© Libro N° 6202.
Gabinete De Curiosidades Medicas En La Antigüedad. Mckeown, James
C. Emancipación. Julio 13 de 2019.
Título
original: © Gabinete De Curiosidades Medicas En La Antigüedad. James
C. Mckeown
Versión Original: © Gabinete De Curiosidades Medicas En La Antigüedad.
James C. Mckeown
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición
digital de Versión original de textos:
http://www.librosmaravillosos.com/gabinetedecuriosidadesmedicasdelaantiguedad/index.html
Licencia Creative Commons:
Emancipación
Obrera utiliza una licencia Creative
Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única
condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión
cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos
publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del
conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a
Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente
educativos y está prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O. de Imagen original:
http://www.librosmaravillosos.com/gabinetedecuriosidadesmedicasdelaantiguedad/index.html
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
GABINETE DE CURIOSIDADES MEDICAS EN LA ANTIGÜEDAD
James C. Mckeown
CONTENIDO
Prefacio
Medicina,
religión y magia
El
médico en la sociedad
Actitudes
hacia los médicos
Médicos
famosos
Anatomía
Temas
sexuales
Mujeres
y niños
Medicina
preventiva
Pronóstico
y diagnóstico
Enfermedades
y estados excepcionales
Tratamiento
y curas I
Tratamiento
y curas II
Medicina
general
Respice
finem
Glosario
Imágenes
de monedas
Créditos
de las ilustraciones
En
agradecimiento a los médicos y enfermeras
que me salvaron la vida un día de verano.
Prefacio
El
tratado hipocrático Sobre la naturaleza del hombre empieza con
la siguiente declaración: «Aquel que está acostumbrado a escuchar discursos
sobre la naturaleza del hombre en un contexto amplio, y no solo en relación
específica con la medicina, no encontrará nada que sea de su interés en esta
obra mía». Sin embargo, más que en la medicina propiamente dicha, en esta obra
se hace especial hincapié en los aspectos más amplios de la vida en la
Antigüedad tal como se han conservado en los textos médicos. Aquí encontraremos
estampas de médicos lidiando junto al lecho del enfermo y asombrando al
abultado público con sus habilidades quirúrgicas; curas para la migraña como la
de envolver un pez eléctrico, un sujetador femenino o una venda con excrementos
de ratón alrededor de la cabeza del paciente (los dolores de cabeza, y también
la alopecia, se pueden prevenir si uno se corta el pelo el decimoséptimo o
vigesimonoveno día después de luna nueva); burras en el cuarto del enfermo para
garantizarle el suministro de leche fresca; una gran profusión de amuletos,
como una víbora estrangulada para ahuyentar la amigdalitis o un cuco en una
bolsa de piel de liebre para inducir al sueño; y viejos chistes conocidos del
tipo «Un hombre fue al médico y dijo: “Doctor, cuando me despierto me siento
mareado durante media hora, después ya me encuentro bien”. A lo que el médico
respondió: “Entonces ¡levántese media hora más tarde!”».
No
hay modo de mitigar lo disparatado de las innumerables afirmaciones sobre
medicina hechas en la Antigüedad. Si tomamos unos pocos ejemplos al azar, no
podemos sino maravillarnos ante declaraciones como:
Las
medicinas pierden eficacia si se colocan sobre una mesa antes de ser
administradas.
Puede retrasarse la pubertad untando sangre de murciélago sobre los pechos de
las niñas y sobre los testículos de los niños.
Una de las observaciones más profundas de Pitágoras fue el descubrimiento de
que si a un niño se le ponía un nombre con un número impar de vocales tenía
propensión a sufrir cojera, pérdida de visión y otros defectos similares en el
lado derecho del cuerpo, y en el izquierdo si el número de vocales era par.
Es
posible que hoy en día haya algunos médicos que, si piensan en los orígenes de
su profesión, desdeñen sin ambages todos los logros alcanzados en este campo,
anteriores al descubrimiento de los microorganismos y de la tecnología para
estudiarlos. Esta actitud autocomplaciente, que prescinde de las muchas y
brillantes percepciones sobre la medicina que le debemos a la Antigüedad, sería
errónea, pero este libro hace muy poco o nada por corregirla. Como ya se habrá
adivinado por las citas ofrecidas, mi principal aspiración es la de
proporcionar destellos del mundo de la medicina en el pasado lejano que ofrecen
entretenimiento más que conocimiento. No tengo competencia para hablar con
autoridad de ningún tema médico, ni antiguo ni moderno, y mi modus
operandino pretende en absoluto hacer una exposición fiel y equilibrada de
la medicina griega y romana. La atención se centra básicamente en lo raro, lo
extraño, lo totalmente insólito, como el pronóstico a través de la astrología y
el útero errante (véanse pp. 37 y 129); pocos de los textos citados apuntan
siquiera a los aspectos más racionales y científicos del pensamiento médico
antiguo.
La medicina se ha desarrollado de formas tan radicalmente diferentes desde la
Antigüedad que el contenido de este libro resultará en más de una ocasión
sorprendente para el lector más acostumbrado al mundo médico moderno. Se otorga
gran relevancia, por ejemplo, a los supuestos vínculos de la medicina con la
religión y la magia, a los procedimientos pintorescos como las sangrías, y a
anticuadas teorías como la de la tenaz y férrea creencia en los cuatro humores.
Por otro lado, aunque voluminosas, las fuentes antiguas son visiblemente
circunspectas sobre cuestiones de la disciplina que son de vital importancia en
la medicina moderna. Puesto que correspondía a las familias hacerse cargo de
sus enfermos y de sus mayores, poco sabemos del cuidado de los discapacitados
físicos y no existía ninguna especialización en geriatría; la odontología
consistía en poco más que la extracción de dientes (aunque algunas personas
tenían dentaduras o dientes de oro); la adicción, tanto al alcohol como a las
drogas, apenas se menciona; las infecciones de transmisión sexual al parecer no
estaban tan extendidas ni eran tan virulentas como hoy en día; la cirugía se
practicaba con frecuencia, pero, debido a la ignorancia de la anatomía interna
y a la ausencia de anestésicos efectivos, era un remedio temido y desesperado,
y, por consiguiente, los relatos de dicho procedimiento son inevitablemente
breves y superficiales.
Los progresos llevados a cabo en la ciencia médica moderna no tienen
precedentes en cuanto a su alcance y rapidez. Desde comienzos del milenio, se
ha elaborado el mapa del genoma humano, se ha extendido la cirugía robótica y
mínimamente invasiva, y se han creado el primer hígado y el primer riñón
humanos. Las expectativas de avances decisivos en el tratamiento del cáncer,
trastornos genéticos y enfermedades cardíacas y neurológicas son elevadas. Por
supuesto, estas listas podrían alargarse fácilmente. La investigación médica
afronta el futuro con la presunción realista de lograr progresos cada vez más
asombrosos.
No
siempre ha sido así. Hasta épocas relativamente recientes, la medicina, como la
mayoría de las ciencias, estaba firmemente anclada en el venerado pasado más
que en el futuro inexplorado. En la Antigüedad, el médico por excelencia fue
Hipócrates de Cos (ss. V-IV a. C.). Debido a su enorme reputación, le fueron
atribuidos los aproximadamente setenta tratados del corpus hipocrático, aunque
no se puede demostrar la autoría de ninguno de ellos y muchos probablemente se
escribieron tras la muerte de este gran hombre. Galeno (ss. II-III d. C.)
dominó el pensamiento médico occidental prácticamente sin oposición hasta el
Renacimiento, y algunas de sus enseñanzas todavía constituían el dogma vigente
hasta bien entrado el siglo XIX. El hecho de que continuara siendo una
autoridad durante más de un milenio y medio indica un conservadurismo extremo.
En realidad, vemos que este compromiso con la inercia intelectual se extiende a
lo largo de un período todavía más prolongado, puesto que los propios textos de
Galeno están profundamente influenciados por el corpus hipocrático.
En su ensayo Sobre cómo ha de reconocerse al mejor médico, Galeno
insiste repetidamente en que un estudiante de medicina no está debidamente
preparado si no ha adquirido un profundo conocimiento de las enseñanzas de los
principales autores médicos de la Antigüedad. Galeno no es en absoluto una
Figura aislada. El respeto y la deferencia por la arraigada sabiduría
tradicional fueron rasgos harto universales de la enseñanza y práctica médicas
a lo largo de la Antigüedad. Por ejemplo, cuando Escribonio Largo publicó su
colección de prescripciones farmacológicas a mediados del siglo I d. C., hizo
el siguiente comentario introductorio:
Casi
nadie lleva a cabo una minuciosa valoración de las credenciales de un médico
antes de someterse uno mismo y su familia a sus cuidados. En cambio, nadie
encargaría la realización de su retrato a un pintor sin haber evaluado primero
su capacidad mediante el estudio de ejemplos de su obra. Todo el mundo posee un
juego de pesas y medidas de precisión para asegurarse de que no se produzcan
errores en aspectos de la vida que en realidad son bastante triviales. Esto es
así porque las personas otorgan más valor a las cosas que a sí mismas. Por
consiguiente, los médicos no sienten la necesidad de trabajar duro en el
estudio de la medicina. Incluso hay algunos que no solo ignoran los escritos de
los médicos del pasado, cuyas obras constituyen los cimientos de la profesión
médica, sino que además tienen la temeridad de atribuir opiniones totalmente
erróneas a aquellos primeros investigadores. (Prescripciones,
Prefacio).
Asimismo,
Pablo de Egina, que escribió en Alejandría durante los últimos estertores del
mundo clásico, justo antes de que la ciudad fuera conquistada por los árabes en
641 a. C., prologa su Compendio médico del siguiente modo:
Es
extraño que los abogados tengan a mano manuales jurídicos que contienen los
aspectos fundamentales de todas las leyes cada vez que los necesitan, mientras
que los médicos descuidan este particular. Los abogados pueden posponer la
deliberación de cualquier asunto durante largo tiempo, pero nosotros pocas
veces o nunca tenemos esta oportunidad. ... Sus negocios se llevan a cabo casi
exclusivamente en las ciudades, donde hay una abundante provisión de libros,
pero las emergencias médicas no surgen solo en las ciudades o en el campo y en
lugares remotos, sino que a veces se producen en barcos en alta mar, donde la
demora puede ser fatal o como mínimo tener consecuencias muy graves. Es
sumamente difícil, si no totalmente imposible, retener en la memoria todos los
procedimientos médicos y todas las distintas medicinas. Por esta razón he
recopilado este compendio de material de los antiguos textos médicos, con tan
solo una modesta contribución por mi parte, basada en lo que he visto y he
experimentado en mi práctica como médico.
Los
«antiguos textos médicos» de Pablo son en gran medida los de Galeno, que
prosperó casi quinientos años antes, y el corpus hipocrático, escrito casi en
su totalidad en torno a un milenio antes. Teniendo en cuenta este
conservadurismo de profundas raíces, no es de extrañar que los textos médicos
antiguos que se han conservado contengan muy pocos elogios de los nuevos
descubrimientos y sí abundantes críticas a las innovaciones por considerarlas
pura ignorancia o efímera charlatanería, motivadas la mayoría de las veces por
el deseo de enriquecerse con rapidez. Esta crítica predominará en las páginas
que siguen; la profesión médica no siempre ha tenido la consideración positiva
que tiene hoy en día.
Dada
la naturaleza insólitamente estática de las prácticas médicas antiguas, no
importa demasiado cuándo ni quién dijo algo. He presentado la mayoría de las
citas sin comentarios ni notas al pie que distraigan al lector. No obstante, el
glosario de las pp. 309-321 proporcionará información básica sobre las
personas, lugares y acontecimientos que aparecen de forma más destacada en el
presente libro.
La lectura de los textos médicos antiguos, tanto los escritos en griego como en
latín, puede ser un gran desafío. Las dificultades surgen no solo de la
naturaleza a menudo altamente técnica del tema, sino también de la falta de
ediciones fiables de muchos de los textos. Hasta hace muy poco, la mayoría de
las obras de Galeno y de Hipócrates se leían todavía en ediciones basadas en
gran medida en una erudición no siempre satisfactoria que se remontaba al
Renacimiento. Esta deficiencia se está ahora subsanando gracias a los
espléndidos esfuerzos de numerosos estudiosos de diversos países, cuya
investigación es de muy alta calidad. Sin sus esfuerzos, el corpus médico
antiguo supondría todavía un reto mayor de lo que representa para un no
especialista como yo, y no habría tenido acceso a aquellas obras que se han
conservado solamente en traducciones a otras lenguas, especialmente al árabe. A
nivel personal, estoy totalmente en deuda con amigos y colegas. Debra
Hershkowitz leyó el borrador de todo el libro y suprimió el ingente exceso de
material que probablemente no habría fascinado a nadie, salvo a mí. Dos médicos
muy ocupados, Cara Moll y James Nettum, me han salvado de numerosos errores
relativos a la terminología médica moderna. Julie Laskaris, Susan Mattern,
Vivian Nutton, que fue mi profesora hace muchos años, Ralph Rosen, y John
Scarborough, colega mío en Madison, han compartido generosamente conmigo su
vasto conocimiento de la medicina antigua, mejorando con ello este volumen en
muchos aspectos.
Consejo médico
>Antes
de probar cualquiera de los remedios de este Gabinete de curiosidades
médicas de la Antigüedad, consulte a su médico. Si este aprueba más de un
ínfimo porcentaje de estas recetas, cambie de médico.
Puede
leerse a.c, c/c., p.c., h.s., ad lib., s.o.s., mane, nocte (antes,
durante y después de las comidas, a la hora de acostarse, como se quiera,
cuando haga falta, de día o de noche).
Para mejores resultados, no leer más de dos capítulos al día. Exceder la dosis
recomendada no provoca efectos nocivos a largo plazo, pero puede producir
somnolencia y, en casos excepcionales, náuseas.
CITAS
Al
sanador de enfermedades, Asclepio, comienzo a cantar, el hijo de Apolo, a quien
engendró la divina Corónide en la llanura de Dotio, la hija del rey Flegias:
alegría grande para los hombres, de los nocivos dolores alivio.
(Himno Homérico a Asclepio)
Un médico no debe acudir a la poesía para fundamentar sus opiniones, pues
semejante fervor indica incompetencia.
Capítulo 1
Medicina, religión y magia
Contenido:
Divinidades
médicas
Santuarios de sanación
Ofrendas votivas
Medicina y magia
Amuletos
Medicina y astrología
§.
Divinidades médicas
El
centauro Quirón enseñó medicina a Asclepio, hijo de Apolo. Atenea le dio la
sangre que fluyó de las venas de la Gorgona, y con ella curó a mucha gente.
Utilizó la sangre de las venas del lado izquierdo para matar, y la de las venas
del lado derecho para curar. Se dice que de esta manera incluso devolvió la
vida a los muertos. Para evitar que los mortales pensasen que Asclepios era un
dios, Zeus lo mató con un rayo (Zenobio, Proverbios 1.18).
Los
griegos han logrado mayores progresos médicos que los demás pueblos. No
obstante, incluso entre los griegos, la medicina cuenta tan solo con unas pocas
generaciones de antigüedad, y no se remonta a los orígenes de la raza.
Asclepios es conocido como el primer exponente de este arte. En su época, la
medicina era todavía rudimentaria y primitiva, y él acabó siendo considerado un
dios sencillamente porque la desarrolló de una forma más sofisticada (Celso, De
medicina, Prefacio 2).
Asclepios
empleaba sus habilidades médicas solo en beneficio de aquellos que sufrían una
dolencia específica, pero que, por lo demás, estaban sanos por naturaleza y en
virtud de su régimen de vida. A estas personas las curaba con fármacos y
cirugía, instándoles a seguir con su habitual estilo de vida. ... En cambio,
con respecto a las personas crónicamente minadas por males internos, no se
consagraba a prolongar sus vidas inútiles... y posibilitar con ello que
pudieran engendrar descendientes que, como es natural, heredarían su
constitución. Asclepios consideraba que no debía tratar a personas cuyos
hábitos las hacían incapaces de vivir, puesto que curarlas no procuraba ningún
bien, ni a los pacientes ni al estado
(Platón, La República 407d)
Figura 1.1 Apolo, Quirón y Asclepio.
El
inusitado éxito de las curas de Asclepios fue la razón por la que se pensó que
había devuelto la vida a numerosos muertos. Las viejas historias nos cuentan
que Hades le acusó de menguar la importancia de su reino; se lamentaba de que
debido a las curas de Asclepio, el número de personas fallecidas disminuía sin
cesar (Diodoro Sículo, Biblioteca histórica 4.71).
La
serpiente es el animal sagrado de Asclepio. ... Es natural que Asclepios
tuviera a las serpientes como ayudantes, puesto que al mudar la piel tienen
siempre un aspecto joven. Del mismo modo, el dios hace que los enfermos
parezcan jóvenes cuando expulsa su enfermedad como la piel de una serpiente (antiguo
comentarista de Pluto 773, Aristófanes). En cierto modo, puede
parecer paradójico que las serpientes simbolicen la curación cuando hoy en día
mucha gente asocia estas criaturas al veneno y al peligro. Sin embargo, los
griegos y los romanos no adoptaban este punto de vista negativo. Las serpientes
no venenosas eran bien recibidas, puesto que contribuían al control de los
roedores. Incluso hoy en día aparece una serpiente en el caduceo de Asclepios y
en la Copa de Higía como símbolo de diversas asociaciones médicas.
Figura 1.2 La serpiente sagrada se ha deslizado por el báculo de Asclepios y
dirige su mirada hacia él como un perro fiel.
Asclepios
tenía dos hijos, Podalirio y Macaón, que fueron con Agamenón a la guerra de
Troya y prestaron gran ayuda a sus compañeros soldados. A pesar de ello, Homero
no menciona que proporcionasen alivio alguno en la epidemia de peste [en Ilíada I] ni
en ninguna otra de las enfermedades que afligieron a los griegos. Dice que
solían tratar a los pacientes con fármacos o mediante cirugía. De ahí se
desprende que estas debían ser las únicas ramas de la medicina que ejercían y
seguramente eran las prácticas más arraigadas. También podemos aprender de
Homero la creencia de que las enfermedades eran causadas por la ira de los
dioses inmortales, y que los humanos habían de acudir precisamente a los dioses
en busca de alivio para sus dolencias (Celso, De medicina,
Prefacio 3).
Los
hijos de Asclepios no solo ayudaron a los griegos con sus habilidades médicas
sino también con sus armas. Macaón sacrificó su vida en Troya cuando salió del
Caballo de Troya en la ciudad de Príamo (Pseudo-Hipócrates, Discurso
de la Embajada 9).
Después
de Asclepios y sus hijos, nadie digno de distinción practicó la medicina hasta
que se generalizaron los estudios literarios. El estudio de la literatura puede
ser de capital importancia para nuestra mente, pero es perjudicial para nuestro
cuerpo. En un principio, la ciencia médica se consideraba parte de la
filosofía, y por ello el tratamiento de las enfermedades y la contemplación del
mundo natural surgieron de las mismas fuentes: porque, obviamente, las personas
que necesitaban mayores atenciones médicas eran aquellas cuya fuerza física se
había visto mermada por su incesante actividad mental debido a las largas
vigilias nocturnas . (Celso, De medicina, Prefacio 5).
Figura 1.3 Asclepios con su hija, Higía, y sus hijos, Podalirio y Macaón, y
una familia humana que les rinde tributo. Para la diferencia de tamaño entre
las deidades y los mortales (especialmente el diminuto niño pequeño), véanse
también las Figura s 3.1 y 3.2.
§.
Santuarios de sanación
Se
han identificado más de setecientos emplazamientos que funcionaban como
santuarios y capillas en honor a Asclepio.
Ni
bailar en el mismo coro, ni compartir un viaje por mar, ni tener los mismos
maestros crea tanta camaradería como ir juntos en el mismo peregrinaje al
santuario de Asclepios (Elio Arístides, Sobre la concordia entre
estados 520).
La
satisfacción del cliente era vital para la reputación y prosperidad del templo
de sanación. Los siguientes historiales médicos están inscritos en grandes
losas de mármol erigidas en el siglo IV a. C. en el templo de Asclepios de
Epidauro: Un embarazo de tres años. Ithmonica de Pelene acudió al
templo para poder tener hijos. Durmió en el santuario y tuvo una visión. Al
parecer le pidió al dios que le permitiera concebir una hija y Asclepios le
dijo que se quedaría embarazada y que él le concedería cualquier otra cosa que
le pidiese. Ella respondió que no necesitaba nada más. Se quedó encinta y llevó
al bebé en su vientre durante tres años hasta que finalmente regresó para rogar
al dios que le permitiese dar a luz. Durmió en el santuario y tuvo una visión.
Al parecer el dios le preguntó si todo había salido tal como ella le había
pedido y si estaba embarazada. El dios le dijo que ella no había pedido nada
acerca de dar a luz, a pesar de que él le había preguntado si necesitaba alguna
otra cosa y le había dicho que se la concedería. Pero dijo que, puesto que
ahora había venido a suplicarle que pudiera dar a luz, él haría que eso
ocurriera. A continuación salió apresuradamente del sanctasanctórum y tan
pronto como estuvo fuera del santuario dio a luz a una hija(Inscripciones
de Epidauro, Estela A 2).
Epífanes, un muchacho de Epidauro. Este muchacho durmió en el templo cuando
sufría de piedras en el riñón. Le pareció que el dios lo supervisaba y le decía:
« ¿Qué me darás si te curo?». El muchacho respondió: «Diez dados». El dios
rio y le dijo que pondría fin a su sufrimiento. Por la mañana el chico abandonó
el templo curado(Inscripciones de Epidauro, Estela A 8).
Una copa. Mientras caminaba hacia el templo, un portador de equipaje se
cayó. Se levantó, abrió su bolsa y vio que la copa con la que siempre bebía su
dueño se había roto. Se sintió apesadumbrado y se sentó para tratar de unir los
fragmentos rotos. Un transeúnte lo vio y le preguntó: « ¿Por qué pierdes
el tiempo, idiota, pegando la copa? Ni siquiera Asclepios de Epidauro podría
recomponerla». Al oír esto, el esclavo metió los pedazos rotos en su bolsa y se
dirigió al templo. Cuando llegó, abrió la bolsa, sacó la copa y vio que estaba
entera. Le contó lo ocurrido a su propietario y lo que le habían dicho, y al
oírlo, su propietario dedicó la copa al dios (Inscripciones de
Epidauro, Estela A 10).
Un
hombre de Torone, sanguijuelas. Este hombre durmió en la capilla y tuvo un
sueño. Le pareció que el dios le abría el pecho con un cuchillo y le extraía
las sanguijuelas, después le ponía las sanguijuelas en las manos y le cosía el
pecho. Por la mañana abandonó el templo curado, con las criaturas en las manos.
Su madrastra lo había engañado haciéndoselas tragar en una poción en la que
había echado las sanguijuelas (Inscripciones de
Epidauro, Estela A 13).
Heraieo de Mitilene. Este hombre no tenía pelo en la cabeza, pero mucho en
la barbilla. Durmió allí porque estaba avergonzado de que la gente se burlase
de él. Tras frotarle la cabeza con una medicina, el dios hizo que tuviera
cabello (Inscripciones de Epidauro, Estela A 19).
Hermón de Tasos. Asclepios curó su ceguera. Más tarde, el dios lo cegó de
nuevo porque no hizo ninguna ofrenda en agradecimiento por la sanación, pero,
cuando regresó y durmió en el templo, el dios volvió a sanarlo (Inscripciones
de Epidauro, Estela B 2).
Un perro curó a un muchacho de Egina. Tenía un tumor en el cuello. Cuando
acudió al dios, un perro se ocupó de él con la lengua y lo sanó. (Inscripciones
de Epidauro, Estela B 6).
Hagestratos, dolor de cabeza. Este hombre estaba aquejado de insomnio a
causa del dolor de cabeza. Se durmió en el sanctasanctórum y tuvo un sueño. Al
parecer el dios le curó el dolor de cabeza y después lo levantó completamente
desnudo y le enseñó el empuje hacia adelante utilizado en el pancracio [una
mezcla de boxeo y lucha libre]. A la mañana siguiente abandonó el
santuario curado, y poco tiempo después venció en el pancracio de los Juegos
Nemeos (Inscripciones de Epidauro, Estela B 9).
Gorgias de Heraclea, pus. Este hombre sufrió una herida de flecha en el
pulmón en el trascurso de una batalla y durante un año y seis meses le estuvo
supurando tanto que llenó de pus sesenta y siete cuencos. Durmió aquí y tuvo
una visión. Le pareció que el dios le arrancaba la punta de flecha del pulmón.
A la mañana siguiente abandonó el santuario curado, con la punta de flecha en
las manos (Inscripciones de Epidauro, Estela B 10).
Una mujer tenía un gusano en su interior, y los mejores médicos habían
abandonado toda esperanza de curarla. Así pues, se dirigió a Epidauro y rogó a
Asclepios que la liberase del parásito. El dios no estaba presente, pero los
ayudantes del templo tumbaron a la mujer donde el dios solía curar a los
peticionarios. Permaneció tumbada en silencio, tal como se le había indicado.
Los ministros del dios iniciaron el procedimiento necesario para la curación.
Le separaron la cabeza del cuello y a continuación uno de ellos introdujo la
mano en su cuerpo y extrajo el gusano, una bestia muy fea. Sin embargo, no
pudieron volver a encajar la cabeza correctamente, tal como estaba antes. Llegó
el dios y se enfadó con ellos por tratar de hacer algo que estaba fuera de sus
facultades. Entonces, con su irresistible poder divino, le ajustó la cabeza al
cuerpo y le devolvió la salud (Eliano, Historia de los
animales9.33). Las Inscripciones de Epidauro, Estela B 10,
recogen una versión más sucinta de este hecho, en la que la mujer lleva por
nombre Aristágora de Trecén.
Casi
todos los casos registrados en las estelas de Epidauro implican el tratamiento
del paciente durante el sueño. Aristófanes se burla de semejantes curaciones
en Pluto 667-683, donde un esclavo relata de lo sucedido en el
templo de Asclepio, cuando el dios Pluto, ciego, es conducido allí para que le
sea devuelta la vista:
Había
mucha gente en el templo, con todo tipo de afecciones. El asistente del dios
apagó las lámparas y nos mandó a dormir. Dijo que si alguno de nosotros oía
algún ruido, tenía que permanecer en silencio. Todos nos acostamos
plácidamente, pero yo no podía conciliar el sueño porque me atormentaba un
caldero de gachas que había allí, muy cerca de la cabeza de una vieja. Tenía
unas ganas enormes de arrastrarme hacia él y cogerlo. En esto, levanté los ojos
y vi al sacerdote que afanaba las tortas y los higos secos de la sagrada mesa.
Después hizo una visita a todos los altares para comprobar si quedaba algún
pastel, y cuantos panes encontró, los guardó santamente en un saco. Convencido
de lo religioso de la ceremonia, depuse todo escrúpulo y avancé hacia el caldero.
Siendo
Asclepios un dios, no podían fallar las curaciones en su santuario. Las
inscripciones de Epidauro y de otros lugares confirman su rotundo éxito. Los
médicos mortales también eran aficionados a anunciar sus logros. Galeno declara
con orgullo que durante el tiempo que ejerció de médico en el anfiteatro de
Pérgamo no perdió a ningún gladiador, mientras que a su predecesor se le
murieron dieciséis. Asimismo, de los veintidós casos descritos en Historiales
médicos de Rufo de Éfeso, solamente dos terminan con la muerte del
enfermo, uno por falta de cooperación por parte del paciente y el otro por la
incompetencia del personal de enfermería. Sin embargo, más de la mitad de los
casos que se presentan, por ejemplo, en las Epidemias I y III de
Hipócrates terminan con la muerte del paciente. Dada la presión que se ejerce
sobre los médicos para que fomenten y preserven su reputación, esta franqueza
resulta tan sorprendente como encomiable.
Un
médico, lo mismo que un dios salvador, debería tratar por igual a los esclavos,
a los pobres, a los ricos, a los reyes, y debería ayudar a todo el mundo como a
un hermano. Porque todos somos hermanos. No debería odiar a nadie, ni albergar
rencor en su mente, ni alimentar su vanidad (Supplementum
Epigraphicum Graecum 28 [1978] 225). Se trata de un fragmento de una
inscripción dañada procedente del monumento de Sarapion en el templo de
Asclepios en la Acrópolis de Atenas.
El
autor trágico Aristarco de Tegea contrajo una enfermedad. Asclepios lo curó y
le ordenó que le hiciera una ofrenda de agradecimiento por el restablecimiento
de su salud. Así pues, el poeta le ofreció a Asclepios su obra dramática que
lleva por título su nombre. Pero los dioses nunca pedirían ni aceptarían pago
alguno para conceder la salud. ¿Cómo es posible? Después de todo, con su atento
y considerado amor por los humanos, nos proporcionan las mayores bendiciones a
cambio de nada[... luz solar, agua, fuego, aire...] (Eliano frg.
101).
Aristarco
fue un poeta muy celebrado que compitió con Sófocles y Eurípides, y
posiblemente también con Esquilo, en los grandes certámenes atenienses.
Para contrarrestar una terrible epidemia de peste a comienzos del siglo IIIa.
C., los romanos enviaron una embajada con el objetivo de trasladar la estatua
de culto de Esculapio (es decir, Asclepio) de Epidauro a Roma. La serpiente
sagrada del dios también subió a bordo de la embarcación y nadó hacia la orilla
en la isla Tiberina. Por este motivo se construyó allí el templo de Esculapio y
se rodeó la isla con mampostería para darle forma de barco en conmemoración de
la llegada milagrosa del dios. Incluso hoy en día, hay un hospital en la
pequeña isla y una farmacia con un personal extremadamente amable y muy bien
informado.
¿Dónde
estaban las antiguas divinidades de Roma cuando a causa de una devastadora
peste la ciudad se vio obligada a traer a Esculapio desde Epidauro como dios de
la medicina? Júpiter puede que fuera el dios supremo entronizado durante largo
tiempo en el Capitolio, pero sus días de juventud estuvieron dedicados a
escapadas sexuales, y sin duda no le dejaron tiempo para estudiar medicina (San
Agustín , La ciudad de Dios 3.17). Los ataques a la vieja
religión pagana por parte de los Padres de la Iglesia no son siempre muy
sutiles. También San Agustín fue un poco hedonista antes de ver la luz.
Figura 1.4 El mismo paciente aparece dos veces en este panel votivo: el
médico trata el hombro del muchacho y la serpiente le ofrece asistencia
paramédica.
Dado
que resultaba engorroso y molesto proporcionar tratamiento médico a los
esclavos enfermos y agotados, algunas personas tenían la costumbre de
abandonarlos en la isla de Esculapio. Claudio decretó que todos aquellos
esclavos quedaban libres y que no habían de ser devueltos a sus dueños. El que
decidiera matar a sus esclavos enfermos en vez de abandonarlos se exponía a ser
acusado de asesinato (Suetonio, Vida de Claudio 25).
Entra
bien, sal mejor (bonus intra, melior exi) (Corpus de inscripciones
latinas8.1.2584). Una inscripción del templo de Esculapio en Lambesa, en la
provincia romana de África.
§. Ofrendas votivas
Cuando
se producía la curación de una enfermedad que afectaba a una determinada parte
del cuerpo, era una práctica habitual dedicar una imagen o relieve de dicha
parte del cuerpo a la deidad considerada responsable de la sanación. Estas
partes votivas del cuerpo podían estar perfectamente elaboradas, e incluso en
ocasiones chapadas en oro. Por otro lado, muchas partes del cuerpo dedicadas se
fabricaban en serie.
Figura 1.5 Tique (dedica esto en calidad de) ofrenda de agradecimiento a
Asclepios y a Higía. Cabe señalar que las mujeres depositaron más
consagraciones a Asclepios que los hombres.
El
volumen de ofrendas votivas en los templos de los dioses sanadores era tal que
había que sacarlas periódicamente para hacer sitio a las nuevas ofrendas. A
menudo se enterraban en pozos cavados para este propósito. En un santuario de
la ciudad etrusca de Tarquinia, en el norte del Lacio, entre otros muchos
hallazgos se han encontrado más de cuatrocientos modelos en miniatura de úteros
de terracota que miden de promedio unos veinte centímetros. Las radiografías
han revelado que casi todos ellos contienen un diminuto feto de poco más de un
centímetro.
En
el santuario de Asclepios cerca de Sición, hay una estatua de la hija del dios,
Higía [Salud] . Cuesta mucho verla porque está cubierta
de capas de tiras de tela babilónica y rizos de pelo que se han cortado las
mujeres en honor a la diosa(Pausanias, Descripción de Grecia 2.II.6).
Figura 1.6 Gracias, Higía. Una exquisita ofrenda votiva de oro del siglo VI
d. C. aproximadamente. La práctica de realizar estas ofrendas se prolongó hasta
mucho después de que el cristianismo se convirtiese en la religión estatal del
Imperio romano.
§.
Medicina y magia
Nadie
puede dudar de que la magia naciera de la medicina, ni de que bajo la
apariencia de promocionar la salud se erigiera furtivamente en un tipo más
elevado y sagrado de medicina (Plinio, Historia
natural 30.1).
La clase de medicina que administran los médicos junto al lecho del paciente
es prácticamente inútil contra la fiebre, por lo tanto plantearé varios
remedios propuestos por los magos (Plinio, Historia natural 30.
98).
Corta
la pata de una liebre viva y sácale el pelaje del vientre, después libérala.
Con la piel confecciona una hebra resistente y úsala para atar la pata al
cuerpo de la persona enferma. Esto produce una cura maravillosa. La curación
será todavía más eficaz, casi increíble, si eres capaz de encontrar el hueso,
es decir, la pata de la liebre, en las heces de un lobo. ... También ayuda
mucho si le dices a la liebre mientras la sueltas: «Huye, huye, pequeña liebre,
y llévate el dolor contigo»(Marcelo, Sobre medicamentos 39.35).
Motas
vaeta daries dardares astataries dissunapiter y huat
hauat huat ista pista sista dannabo dannaustra y huat haut
haut istasis tarsis ardannabou dannaustrason conjuros aprobados por Catón
el Viejo para el tratamiento de dislocaciones y fracturas (Sobre la
agricultura 160). El texto de estos hechizos en apariencia totalmente
carentes de sentido es evidentemente dudoso. Puede que sean distorsiones de
frases en una lengua hoy inidentificable, pero no en latín, o puede que hayan
sido inventadas en su forma actual, imponentes por su sonido, no por su
significado.
Sicy
cuma cucuma ucuma cuma uma maa , un hechizo para
contener el sangrado de cualquier parte del cuerpo, parece ser de la clase de
conjuros impresionantes pero sin sentido (Marcelo, Sobre medicamentos 10.35).
El ensalmo que le sigue inmediatamente, al parecer para detener la hemorragia
uterina, es diferente porque está en buen latín, pero con poco significado
evidente: «Un hombre estúpido iba por la montaña; el hombre estúpido quedó
estupefacto; te suplico, útero, no emprendas esto con enfado» (stupidus in
monte ibat; stupidus stupuit; adiuro te, matrix, no hoc iracunda suscipias).
Quizá habría que señalar que, en este mismo pasaje, Marcelo comenta también
medidas prácticas para detener sangrados.
Anticonceptivo,
el único del mundo. Coge semillas de algarroba, una por cada año que quieras
permanecer infértil, y empápalas en la sangre menstrual de una mujer. Esta debe
colocárselas en los genitales para que se empapen bien. A continuación coge una
rana viva y métele en la boca las semillas de algarroba para que se las trague
y después suéltala con vida allí donde la atrapaste (Papiros
mágicos griegos 36.320). Igual que con otras muchas prácticas, tanto
si implican magia como si no, es difícil comprender cómo pudieron ocurrírsele a
alguien estos detalles concretos. ¿Por qué ranas? ¿Por qué semillas de
algarroba? ¿Por qué sangre menstrual? ¿Por qué el control de natalidad? Quizá
también deberíamos preguntarnos cómo se las arregla uno para hacerle tragar
algo a una rana.
Se
creía que la sangre menstrual tenía muchos poderes oscuros:
Hace
que el vino nuevo se agrie
Hace que los campos de grano queden yermos
Mata los brotes injertados
Seca las semillas
Hace que las frutas caigan de los árboles
Empaña las superficies brillantes de los espejos
Vuelve romas las armas de hierro
Vuelve opaco el marfil
Mata las colmenas de abejas
Oxida el bronce y el hierro
Llena el aire con un horrible hedor
Vuelve rabiosos a los perros y hace que su mordedura sea incurablemente
venenosa.
(Plinio, Historia
natural 7.64)
Por
otro lado:
Si
una mujer que tiene la menstruación camina desnuda por un campo, las orugas,
los gusanos, las cucarachas y demás plagas abandonan las cosechas (Plinio, Historia
natural 28.78).
Hay
conjuros para ahuyentar las granizadas, para curar diversos tipos de dolencias
y para aliviar las quemaduras, pero no sé si debo mencionarlos, puesto que las
opiniones acerca de dichas medidas están muy divididas. Cada uno debería
formarse su propia opinión al respecto (Plinio, Historia
natural 28.29).
El
hierro tiene otras aplicaciones médicas aparte de su uso para hacer incisiones
quirúrgicas. Tanto los adultos como los niños estarán a salvo de las drogas
nocivas si se traza un círculo en torno a ellos con un instrumento de hierro o
si se dan tres vueltas a su alrededor llevando una punta de lanza de hierro.
Clavar en el umbral de la puerta clavos extraídos de una tumba evita el furor
nocturno. Pinchar a alguien ligeramente con la punta de un arma con la que
alguna persona haya sido herida ayuda a contrarrestar los repentinos dolores
punzantes en el costado o en el pecho. La cauterización con hierro cura algunas
afecciones, especialmente la mordedura de un perro rabioso; incluso si la
enfermedad ya ha arraigado y la víctima tiene miedo de beber, cauterizar la
herida la cura inmediatamente. Beber agua calentada con hierro candente ayuda a
prevenir muchas enfermedades, especialmente la disentería (Plinio, Historia
natural34.151).
Algunas
de las cosas que dicen los vendedores de fármacos y recolectores de raíces son,
supongo, bastante razonables, pero a veces arman demasiado escándalo con sus
exageradas afirmaciones. ... Parece increíblemente disparatado, por ejemplo,
que las peonías haya que recogerlas solo por la noche, por temor a que, si una
persona es vista por un pájaro carpintero mientras recolecta las flores, corre
el riesgo de quedarse ciega, mientras que si un pájaro carpintero la ve
cortando raíces, puede sufrir un prolapso rectal (Teofrasto, Historia
de las plantas 9.8).
Debido
sobre todo a sus propiedades narcóticas y a la forma vagamente humana de su
raíz, la mandrágora solía asociarse con la magia. Josefo describe la manera en
que los recolectores de mandrágora evitan los poderes mortíferos de su raíz:
Cavan
un surco en torno a la planta dejando solo un trozo muy corto de la raíz en la
tierra. A continuación atan un perro a la raíz. Cuando el perro se precipita
para seguir a la persona que lo ató allí, la raíz es arrancada del suelo sin
dificultad, pero el perro muere al instante, en sustitución de la persona que
recolecta la planta. (No hay peligro al recogerla después de que el perro haya
muerto.) A pesar de todos estos riesgos, tiene una propiedad que la hace
extraordinariamente apreciada: los llamados démones, es decir los espíritus de
las personas malvadas, entran en los cuerpos de los vivos y los matan si estos
no reciben ayuda; una simple aplicación de mandrágora los expulsa
inmediatamente (La guerra de los judíos7.183-185).
Figura 1.7 Recolección de la mandrágora.
El
zumo de mandrágora se bebe como antídoto de las mordeduras de serpiente y como
anestésico antes de la cirugía o las inyecciones, pero hay que tener mucho
cuidado con la dosificación: simplemente olisqueándolo, algunas personas se
adormecen (Plinio, Historia natural 25.150).
§.
Amuletos
πέσσε,
πέσσε, πέσσε (pesse, pesse, pese «¡digiere, digiere, digiere!»):
inscripción muy común en los amuletos para ayudar en la digestión.
Muchos
pacientes, sobre todo los ricos, se niegan rotundamente a tomar medicinas o a
que se les apliquen enemas en el vientre, en lugar de ello nos instan a poner
fin a su dolor recurriendo a los amuletos mágicos (Alejandro
de Tralles, Terapéutica2.375).
Coge
varias hebras, preferiblemente teñidas con púrpura marina, colócalas alrededor
de la garganta de una víbora y estrangúlala. Después átate todas las hebras
alrededor del cuello. Este amuleto libera sorprendentemente de la amigdalitis y
de cualquier excrecencia en la zona del cuello (Galeno, Sobre
las mezclas y propiedades de los medicamentos simples 11.860K).
Si
atrapas a dos lagartos copulando y le cortas el pene al macho, lo secas y le
das a beber el polvo a una mujer, ella sentirá una fuerte atracción hacia ti.
... Llevar un rabo de lagarto como amuleto asegura la erección (Cyranides 2.14).
Una
salamandra es una criatura de cuatro patas, más grande que el lagarto verde,
que vive en la espesura y en los bosques... Si una mujer se ata una en la
rodilla, no concebirá ni tendrá el período (Cyranides 2.36).
En
su Ética, Teofrasto cuenta que Pericles recibió la visita de un amigo
cuando estaba enfermo y le mostró un amuleto que las mujeres de su casa le
habían colgado del cuello. Lo hizo para indicar que debía de estar realmente
enfermo para tolerar aquel sinsentido (Plutarco, Vida de
Pericles38). Teofrasto se refiere a la epidemia de peste que asoló Atenas
en 430 a. C. El amuleto no le sirvió de nada a Pericles, que murió a causa de
la epidemia. A pesar de decenas de sugerencias por parte de los eruditos modernos,
la naturaleza exacta de la plaga ateniense no se ha podido determinar;
recientemente se la ha identificado con el ébola.
Figura 1.8 Había muchas clases de amuletos y se llevaban por muchos motivos,
para ahuyentar al mal en general o incluso para protegerse de enfermedades
concretas. El reverso de este amuleto de piedra caliza está tallado para que
parezca una cáscara de nuez.
Un
amuleto de jaspe verde es bueno para el estómago y el esófago. Algunas personas
lo llevan incluso en un anillo con una serpiente grabada en él, tal como
prescribe el rey Nejepsos en su decimocuarto libro. Yo mismo he probado esta
piedra con sumo cuidado: hice un collar con piedrecitas de jaspe verde que me
colgué del cuello de manera que me llegase hasta la boca del estómago. Fueron
eficaces incluso sin el grabado de Nejepsos (Galeno, Sobre las mezclas
y propiedades de los medicamentos simples 12.207K).
Algunos
médicos dicen que los amuletos son efectivos... Yo, por mi parte, no pierdo el
tiempo en estas cosas. Aun así, no deberíamos prohibir que nuestros pacientes
los lleven; no les proporcionan ningún alivio directo, pero quizá sí que animen
a los enfermos por la esperanza que inspiran (Sorano, Ginecología 3.42).
§. Medicina y astrología
Fueron
los egipcios quienes relacionaron la medicina con los poderes de predicción de
la astrología. Si hubieran tenido la creencia de que el futuro no podía ser
alterado o cambiado, nunca habrían ideado formas de ahuyentar, tratar o
protegerse de las enfermedades, tanto universales como concretas, que nos
afligen o que existen entre nosotros a causa de nuestro entorno (Ptolomeo,
Tetrabiblos 1.3.16).
Ptolomeo
nos facilita una lista de las principales partes y funciones del cuerpo que
están influidas por el sol, la luna, y los demás planetas conocidos en la
Antigüedad (Tetrabiblos 3.12.147):
|
Saturno: |
Oído derecho, bazo, vejiga, flema, huesos. |
|
Júpiter: |
Tacto, pulmones, arterias, semen. |
|
Venus: |
Olfato, hígado, carnes. |
|
Mercurio: |
Habla, razón, lengua, bilis, nalgas |
|
Sol: |
Vista, cerebro, corazón, tendones, todas las partes del lado
derecho |
|
Luna: |
Gusto, deglución, estómago, útero, todas las partes del lado
izquierdo |
Los
astrólogos egipcios descubrieron que la luna predice si hay que esperar buenos
o malos tiempos, y sus predicciones no solo se aplican a los enfermos sino
también a las personas sanas. Tengo un registro de estos pronósticos y los
encuentro sumamente precisos (Galeno, Sobre
los días críticos 9.911K). Galeno fue el médico más influyente de la
Antigüedad, pero hoy en día pocos médicos estarían de acuerdo con su visión de
la astrología.
Los
nacidos cuando Júpiter está en esta posición exacta serán abogados o médicos,
con tan gran maestría que los asuntos de los poderosos dependerán de su
intervención. Serán muy populares, pero siempre estarán liados con relaciones
adúlteras, siempre alertas buscando el modo de satisfacer sus deseos o bien
satisfaciéndolos (Fírmico Materno, Astrología 5.2.17).
Las
personas nacidas cuando Marte y Saturno se encuentran en oposición tienen
tendencia a vomitar sangre. En cuanto a los nacidos cuando Marte está en
oposición a la luna y se encuentra en Escorpión, Capricornio, Piscis o Cáncer,
se verán afectados por impétigo, ictericia y lepra. Si Saturno está en
oposición a la luna cuando esta no está en su propia casa ni en la de Saturno,
los nacidos bajo esta circunstancia tendrán hemorroides o serán propensos a
forúnculos (Fírmico Materno, Astrología 7.20.11).
Esta es una pequeña muestra de un largo catálogo de problemas físicos y
mentales que pueden ser predichos por los astrólogos. A diferencia de sus
colegas modernos, los astrólogos de la Antigüedad no sentían la necesidad de
acentuar lo positivo.
Crinas
de Marsella combinaba la medicina con otro arte, la astrología, regulando la
dieta de sus pacientes de acuerdo con el movimiento de las estrellas, tal como
Figura en un diario astrológico (Plinio, Historia
natural29.9).
Había
una fórmula más bien paradójica utilizada al final de algunos horóscopos
griegos, que significaba « ¡Buena suerte!», por lo tanto parece que los
horóscopos médicos y de cualquier otra índole no pretendían ser del todo
categóricos.
Capítulo 2
El médico en la sociedad
Contenido:
Prácticas
médicas
Medicina y dinero
Medicina y derecho
Rivalidad profesional
Curanderos y embaucadores
Mujeres médicas
§.
Prácticas médicas
En
medicina, como en todas las demás disciplinas, hay una enorme diferencia en
habilidad y conocimiento entre un profesional y otro (Hipócrates, Sobre
la medicina antigua 1).
Hay
tres clases de médicos: el médico corriente, el médico de alto nivel y el
médico que ha recibido una buena educación. Existen las tres mismas clases en
la mayoría de las profesiones (Aristóteles, Política 1282a).
Estos
son los requisitos previos para obtener un riguroso conocimiento de las artes
médicas:
· una
aptitud natural
· buena
enseñanza
· una
sólida educación básica
· un
lugar adecuado para el estudio
· apetito
por el trabajo duro
· tiempo.
El
primer requisito es tener una aptitud natural, porque si la naturaleza no
coopera, todo lo demás resulta inútil. El estudio de la medicina puede
compararse con el crecimiento de las plantas: nuestra aptitud natural es la
tierra; la enseñanza que nos dan nuestros maestros es la semilla; nuestra
educación básica es la siembra en el momento correcto; nuestro lugar de estudio
es el nutriente que reciben los vástagos del aire que los rodea; nuestro
trabajo duro es el cuidado de las plantas; el tiempo garantiza un crecimiento
sólido (Hipócrates, Ley 2).
La
medicina hace tiempo que está bien organizada y ha desarrollado un conjunto de
principios y un método sobre cuya base se han realizado numerosos
descubrimientos a lo largo de muchos años. Lo que queda por descubrir se
descubrirá, si el investigador tiene la capacidad requerida y un profundo
conocimiento de lo que ya se ha descubierto, y utiliza dicho conocimiento como
punto de partida. Aquel que subestima y rechaza todo este saber e intenta
proseguir sus investigaciones por otro camino, siguiendo alguna otra teoría, se
ve, y se verá, abocado al desengaño (Hipócrates, Sobre la medicina antigua 2).
No
es posible aprender el arte de la medicina rápidamente. Esta es la razón: es
imposible que la medicina tenga principios fijos, como ocurre, por ejemplo,
cuando uno aprende un determinado método de escritura mediante un determinado
conjunto de reglas que le permiten un completo conocimiento de dicho método.
Todo el mundo tiene la misma comprensión de un sistema de escritura porque el
mismo símbolo se utiliza de la misma manera ahora y en cualquier otro momento,
y nunca se convierte en su opuesto; es siempre invariablemente el mismo y no
depende de las circunstancias. Sin embargo, la medicina hace una cosa en un
momento y otra distinta al siguiente, y tiene efectos completamente diferentes
en la misma persona en momentos distintos, siendo dichos efectos contradictorios (Hipócrates, Lugares
en el hombre 41).
Es
difícil ver cómo un tejedor o un carpintero podrían sacar algún beneficio en su
trabajo a partir del conocimiento de la forma ideal absoluta de tejer o de
practicar la carpintería, o cómo un médico o un general podrían ser mejor
médico o general por el hecho de haber captado el ideal de su profesión. En
realidad, un médico no parece considerar la salud de este modo: él estudia la
salud humana, o quizá la salud de un solo individuo. Después de todo, trata a
sus pacientes uno a uno. Ya es suficiente sobre este tema (Aristóteles, Ética
a Nicómaco 1097 a).
De
una lista fragmentaria de preguntas y respuestas anatómicas, recopilada en
griego en el Egipto romano en el siglo III o IV d. C., Papiros Lund I
7:
¿Por
qué se le llama así al recto?
Porque está posicionado en línea recta [directa], mientras que los otros
intestinos están retorcidos en espiral.
¿Dónde está situado el esfínter?
Al final del recto.
¿De qué está hecho?
Es neurocartilaginoso.
¿Cuál es su finalidad?
Controlar [...] el recto [...] para que no [...] tan fácilmente [...].
Igual
que hay algunos atletas que anhelan ser vencedores olímpicos, pero que no
emprenden ningún entrenamiento que pueda ayudarlos a cumplir su ambición,
también hay médicos que dicen admirar a Hipócrates como médico sin parangón,
pero que no hacen nada que les ayude a emularlo (Galeno, El
mejor médico es también filósofo1.53K).
Deberías
encargar a uno de tus alumnos la tarea de administrar tratamiento y de
asegurarse de que tus instrucciones se llevan a cabo de manera correcta. Escoge
a uno que ya haya sido iniciado en los misterios del arte médica y que sea
capaz de administrar un tratamiento sin problemas y de modificar dicho
tratamiento si surge la necesidad. También debe asegurarse de que nada de lo
que ocurra en los intervalos entre tus visitas escape a tu observación. Nunca
delegues semejante responsabilidad a un profano, porque de lo contrario, si
algo sale mal, tú serás el culpable (Hipócrates, Sobre
la decencia 17).
Me
encontraba mal, pero enseguida viniste a verme, Símaco, acompañado de cien
discípulos tuyos. Cien manos gélidas por el viento del norte me tomaron el
pulso; no tenía fiebre, Símaco, pero ahora sí la tengo (Marcial, Epigramas 5.9).
Cuando
le preguntaron al médico Eurifon con qué maestro había estudiado, él respondió:
«Con Tiempo» (Estobeo, Antología1.8).
Figura 2.1 Sócrates emparejado con Séneca en un busto doble (véase fig.
8.2).
Hombres
de Atenas, nunca he aprendido de nadie el arte de la medicina, ni le he pedido
a ninguno de los médicos que fuera mi maestro. Me he ocupado a conciencia de no
aprender nada de los médicos, ni siquiera de aparentar haber aprendido su arte.
Sin embargo, os pido que me nombréis médico, porque trataré de adquirir esta
habilidad poniendo en peligro vuestras vidas (Jenofonte, Memorias
de Sócrates 4.2.5). Sócrates hace esta propuesta absurda para señalar
lo ilógico que es permitir que oradores sin experiencia insten a la democracia
ateniense a adoptar cualquier política que se les ocurra.
§. Medicina y dinero
Si un hombre rico cae enfermo, físicos sin escrúpulos, conscientes del deseo
de placer que tiene su cliente, no administrarán el tratamiento más adecuado
que le procure una buena salud, sino que prescribirán el régimen más agradable
y placentero. En cualquier caso, no serían capaces de administrar correctamente
el tratamiento más apropiado, aunque quisieran hacerlo. Esto es así porque
nunca ha sido su intención aplicar el arte de la medicina de forma adecuada. Su
único propósito es ganar dinero, poder y posición (Galeno, Sobre
cómo ha de reconocerse al mejor médico 1.6). El propio Galeno tuvo una
reputación más bien negativa durante el período bizantino y la Edad Media por
avaricia.
La
mayoría de médicos que están hoy de moda no tienen tiempo para la búsqueda de
la verdad, puesto que desde que apunta el alba malgastan todo su tiempo
presentando sus respetos a sus patrones, y se pasan toda la noche atiborrándose
y emborrachándose (Galeno, Sobre el método terapéutico 10.76K).
Creo
que incluso un hombre con el conocimiento y la comprensión de Hipócrates habría
olvidado rápidamente todo su saber si se hubiera distraído con comidas
sofisticadas, vino abundante, viajes frecuentes, rondando por las casas de los
ricos y otras diversiones, todas ellas perjudiciales para el tratamiento médico(Galeno, Sobre
cómo ha de reconocerse al mejor médico 9.18).
La
riqueza tiene gran poder para sanar con todo tipo de dispendios un cuerpo que
ha caído enfermo (Eurípides, Electra 427).
En
mis viajes me sucedía con frecuencia que, cuando yo mismo o alguno de mis
sirvientes caíamos enfermos, tenía que tratar con médicos que eran fraudulentos
en muchos aspectos; algunos vendían medicinas corrientes a precios muy
inflados, y otros, inducidos por la avaricia, aceptaban casos que no sabían
cómo curar (Gargilio Marcial, Apéndice a Medicina Plinii,
Prefacio).
A
los dioses subterráneos: la tierra esconde al mejor médico del mundo, Dionisio,
que despreciaba el oro, pero que él mismo era de oro (Notizie
degli scavi di antichità [1941] 193). La inscripción tiene sentido
solo si se asume que la mayoría de los médicos están interesados en ganar
dinero.
Al
dios Men, y a su poder. Prepusa, liberta de la sacerdotisa, rogó en nombre de
su hijo que, si le devolvía la salud sin que ella tuviera que pagar a los
médicos, le erigiría una inscripción como muestra de gratitud. Su plegaria tuvo
respuesta, pero ella no le rindió tributo. Ahora el dios exige el pago y
castiga a su padre Filemón. Por consiguiente, ella le paga ahora por la
respuesta a su plegaria y honrará al dios de ahora en adelante (Epigraphica
Anatólica [1989] 42).
El
médico ideal desdeña el dinero y está totalmente dedicado a su trabajo.
Semejante devoción es imposible para aquellos adictos al vino o a la comida o
al sexo o —dicho sin pelos en la lengua— para los esclavos de su pene o de su
estómago (Galeno, El mejor médico es también filósofo 1.59K).
Ningún
médico, en calidad de médico, examina ni ordena en su propio beneficio, sino
que piensa en el beneficio del paciente (Platón, La
República 342 d).
Si
al visitar a un paciente nuevo lo primero que hicieras fuera negociar los
honorarios, darías al pobre enfermo la impresión de que, a menos que se
alcanzase un acuerdo, te marcharías y lo abandonarías, o lo desatenderías y no
le recetarías ningún tratamiento. Por lo tanto, no pienses en acordar ningún
pago. El paciente ya tiene suficientes problemas y creo que tales angustias no
ayudan, sobre todo si padece una dolencia aguda. Porque si el rápido desarrollo
de la enfermedad no concede tiempo a la duda, tampoco incentiva al buen médico
a pensar en su margen de beneficio, sino que centra su atención en ganarse una
buena reputación por haber tratado con éxito al paciente. Es mejor hostigar a
los pacientes después de salvarles la vida que sacarles el dinero cuando están
postrados a causa de su enfermedad (Hipócrates, Preceptos 4).
Te
insto a que no seas demasiado severo, pues debes tener en cuenta la situación
financiera del paciente. A veces deberías ofrecer tus servicios sin cobrar,
recordando alguna anterior ocasión en la que recibiste un agradecido
reconocimiento o la satisfacción que obtendrás en este caso. Deberías ayudar
especialmente a los extranjeros empobrecidos si tienes la oportunidad de tratar
a estas personas. Porque donde hay amor por la humanidad, también encontrarás
amor por las artes médicas. Algunas personas, aun siendo conscientes de que su
estado es grave, recuperan la salud simplemente gracias al consuelo que les
brinda la amabilidad del médico (Hipócrates, Preceptos 6).
¿Qué
médico hay ahora en Atenas? Ninguno, porque no hay arte donde no hay honorarios (Aristófanes, Pluto407-408).
Heráclito
dice que los médicos cortan, cauterizan y atormentan al enfermo de las formas
más crueles y luego, a pesar de haber infligido exactamente el mismo dolor que
infligen las enfermedades, exigen a sus pacientes unos honorarios que no
merecen en absoluto (Heráclito frg. 58).
Lo
que mantiene controladas las facturas médicas es la competencia entre médicos
rivales, no el sentido de la decencia (Plinio, Historia
natural29.21).
Hay
un principio que habría que observar en todos los casos y en todas partes: el
médico debería estar presente en todo momento para controlar la fortaleza de su
paciente. ... Por ello es evidente que un solo médico no puede tratar a un gran
número de enfermos. ... Sin embargo, puede ganarse más dinero con multitud de
pacientes, por lo que los médicos que son esclavos del lucro adoptan con
entusiasmo aquellos métodos cuyos cuidados no requieren su atención constante(Celso, De
medicina 3.4).
Los
médicos tienen la costumbre de preparar muchos compuestos, pero cuando vas a
comprar estos costosos brebajes, tienes que pagar ingentes sumas de dinero
inútilmente y quedas decepcionado. ¿Por qué no aprender a garantizar la salud
con remedios asequibles ? (Sereno Samónico, Libro
de medicina 27.517).
Según
Hipócrates, no existía límite para los beneficios obtenidos con la medicina.
Uno de sus discípulos, Pródico de Selimbria, inventó la cura del ungüento,
descubriendo con ello una fuente de ingresos para los que lo aplicaban y para
los ayudantes no especializados (Plinio, Historia
natural 29.4). Puede que Plinio el Viejo tuviera una mala opinión de
estas personas, pero su sobrino e hijo adoptivo, Plinio el Joven, tenía en tan
alta estima a su propio médico de ungüentos que le consiguió la ciudadanía de Roma
y Alejandría mediante una dispensa especial del emperador Trajano (Cartas 10.5,
6, 7 y 10).
No
hay ni un solo médico, si lo piensas bien, que quiera que sus propios amigos
estén sanos, ni un soldado al que le gustase ver su ciudad libre de peleas(Filemón, frg.
134).
§. Medicina y derecho
En el año 74 d. C., el emperador Vespasiano concedió generosos privilegios a
los médicos y a los maestros, pero veinte años después, su hijo Domiciano tuvo
que hacer público un decreto destinado a frenar los abusos de aquellos
privilegios:
He decidido que hay que tomar medidas muy estrictas para contener la avaricia
de los físicos y los maestros. Sus habilidades deberían ser transmitidas a
jóvenes libres escogidos, pero se venden de manera escandalosa a muchos
esclavos domésticos que son preparados y enviados a ejercer, no para beneficio
de la humanidad, sino como argucia para ganar dinero. Por consiguiente,
cualquiera que obtenga dinero aleccionando a esclavos en estas profesiones será
privado de los privilegios concedidos por mi divinizado padre, exactamente como
si estuviera ejerciendo su arte en una comunidad extranjera. (Fuentes del
derecho romano antes de Justiniano 427).
En
el año 530 d. C., se fijó un precio máximo para los esclavos según categorías (Codex de
Justiniano 6.43.3):
10
sólidos: esclavos menores de diez años
20 sólidos: esclavos sin oficio
30 sólidos: esclavos con oficio (excepto médicos y notarios)
50 sólidos: notarios, eunucos sin oficio
60 sólidos: médicos y comadronas
70 sólidos: eunucos con oficio
Parece
que los médicos valen más si son eunucos.
Decretamos
que los médicos y los maestros, junto con sus propiedades en sus comunidades,
quedan exentos de obligaciones públicas. ... Dictaminamos además que no deben
ser convocados a los tribunales ni sufrir injusticias, y que cualquiera que sea
desleal con ellos tendrá que pagar cien mil sestercios al Tesoro (Código
Teodosiano 13.3.1).
Incluso
después de haber sido liberados, los antiguos esclavos seguían con la
obligación de proporcionar servicios a sus anteriores propietarios. Si
un liberto practica el arte de la danza, es justo que brinde este servicio sin
cargo no solo a su patrón, sino también en las fiestas organizadas por los
amigos de su patrón. Asimismo, un liberto que practique la medicina debería
tratar a los amigos de su patrón sin cobrar cuando el patrón así lo desee.
Porque no es justo que, para beneficiarse de los servicios de su liberto, un
patrón tenga que dar fiestas constantemente o estar enfermo todo el tiempo (Digesto de
Justiniano 38.1.27).
Lo
ideal sería que un médico destacara en su experiencia médica y que fuera una
persona de excelente carácter. Si carece de alguna de estas cualidades, lo
mejor sería que fuera un hombre bueno sin conocimientos antes que un perfecto
experto, pero sin escrúpulos e inmoral. La decencia que acompaña al buen
carácter parece compensar la falta de conocimiento, mientras que los defectos
morales mancillan y corrompen la habilidad médica, por más grande que sea(Erasístrato, frg.
31).
Aquellos
que son nombrados jefes médicos, sabiendo que su prestación de subsistencia
procede de los impuestos públicos, deberían atender a aquellos que tienen menos
recursos en vez de actuar como esclavos de los ricos (Código
Teodosiano 13.3.8).
Algunas
personas quizás consideren médicos a aquellos que ofrecen curas para una sola
parte del cuerpo o para una determinada afección: por ejemplo, los que se
especializan en el oído, las úlceras o los dientes. Pero las personas que
proporcionan hechizos, invocaciones o exorcismos, para usar la expresión vulgar
utilizada por los charlatanes, han de quedar excluidas de la profesión, puesto
que estas actividades no son ramas de la medicina, por más que haya quienes
insisten en que les han sido de ayuda (Digesto de
Justiniano 50.13.1).
La
incompetencia se considera culpable cuando, por ejemplo, un médico mata a tu
esclavo haciendo una chapuza de operación o cometiendo un error en la
medicación (Institutas de Justiniano 4.3).
Una
anciana con problemas en los ojos llamó al médico. Este acudió y le aplicó
ungüento en los ojos. Mientras tenía los ojos cerrados, el médico fue sacando
sistemáticamente todos los muebles de la casa. Cuando estuvo todo fuera y él la
hubo curado, le pidió los honorarios acordados. Ella se negó a pagar y él la
llevó a los tribunales. La anciana dijo que efectivamente había prometido
pagarle si le devolvía la vista, pero después del tratamiento su vista estaba
peor que antes de la cura, «porque podía ver todos los muebles de mi casa, pero
ahora no veo ninguno» (Esopo, Fábulas 57).
§. Rivalidad profesional
Galeno empieza su libro Pronósticos con un ataque
intransigente a los médicos que prefieren la apariencia de la pericia médica a
la realidad, que miman a los ricos y poderosos con su deferencia y adulación y
actúan como bufones para divertirlos. Estas personas llevan joyas y mantos
caros, van seguidas de una inmensa tropa de ayudantes y tienen instrumentos
médicos de plata, con el fin de persuadir a los profanos de que son dignos de
ser admirados y envidiados. Algunos de estos médicos influyentes
ocultan su considerable ignorancia y hay otros que no saben absolutamente nada.
... Pero esta gente fue la que mandó al exilio fuera de Roma a Quinto, el mejor
médico de su generación, acusado de eliminar a sus pacientes (Pronósticos 14.601K).
Mi
maestro Eudemo me advirtió de que si la camarilla de médicos envidiosos no me
podía derribar con sus malvadas maquinaciones, trataría de envenenarme. Y me
contó sobre cierto joven que había llegado a Roma unos diez años atrás y que,
como yo, había hecho demostraciones prácticas de sus habilidades médicas:
aquellos médicos lo envenenaron junto a dos de sus ayudantes (Galeno, Pronósticos14.623K).
Existe
una medicina maravillosa para el dolor del costado, que ya era conocida por los
médicos desde hacía tiempo, pero Pacio Antíoco la perfeccionó y ganó mucho
dinero recetándola en numerosos casos muy difíciles. Mientras vivió no le dijo
a nadie cuáles eran los ingredientes. Después de su muerte, se escribió la
receta en un librito dedicado al emperador Tiberio y se depositó en las
bibliotecas públicas. Así es como finalmente cayó en mis manos la medicina.
Hasta entonces, por más que lo intentaba, no había manera de averiguar nada. Él
solía elaborarla con sus propias manos, a puerta cerrada, y no confió la receta
a ninguno de sus discípulos; de hecho, para llevarlos a engaño, solía pedir a
sus ayudantes que triturasen los diversos ingredientes en mayores cantidades
que las que eran realmente necesarias (Escribonio
Largo, Prescripciones 97).
Todos
los físicos presentes observaban cómo utilizaba yo estas lociones, pero ninguno
podía seguir mi ejemplo al usarlas porque desconocían el método de aplicación y
la cantidad diaria necesaria de cada loción. ... La mayoría de médicos que
presenciaron mis actuaciones no sabían dónde encontrar material escrito acerca
de esto ni de otros temas. Algunos, después de ver lo que yo hacía, me apodaron « obrador
de maravillas», otros «cuenta-maravillas» (Galeno, Sobre
cómo ha de reconocerse al mejor médico 3.15).
Una
vez asistí a una reunión pública que se había convocado para examinar el
conocimiento de los físicos. Llevé a cabo muchas demostraciones anatómicas ante
los espectadores; hice una incisión en el abdomen de un simio y mostré los
intestinos, después recurrí a los médicos allí presentes para volver a
colocarlos en su sitio y hacer las suturas abdominales necesarias, pero ninguno
se atrevió a hacerlo. Entonces nosotros mismos tratamos al simio haciendo gala
de nuestra pericia, habilidad manual y destreza. Además, cortamos
deliberadamente muchas venas grandes, dejamos que la sangre brotara libremente
y pedimos a los físicos más veteranos que le proporcionaran tratamiento, pero
no tenían nada que ofrecer. Entonces aplicamos nosotros el tratamiento, dejando
claro a la intelectualidad allí presente que los físicos que tienen habilidades
como la mía deberían encargarse de los heridos (Galeno, Sobre cómo ha de
reconocerse al mejor médico 9.6).
§. Curanderos y embaucadores
Los procedimientos para corregir la curvatura de la columna vertebral
causada por una caída pocas veces resultan satisfactorios. No conozco ningún
caso en el que sacudir a un paciente en una escalera de mano haya curado nunca
al afectado. Los médicos que utilizan este método son en su mayoría aquellos
que quieren atraer a una gran muchedumbre para que los contemple boquiabierta,
y su público consiste en la clase de personas que sienten asombro por este tipo
de espectáculos, tanto si se trata de ver a alguien colgado, sacudido o tratado
de alguna otra manera. Siempre aplauden, y el resultado de la pretendida cura
no les importa en absoluto, tanto si perjudica como si beneficia. Los médicos
que conozco y que de verdad utilizan este procedimiento son incompetentes. ...
Creo que no es imposible, en algunos casos, corregir la curvatura, siempre que
se tenga el equipamiento adecuado y que la sacudida se haga correctamente. No
obstante, a mí, personalmente, me avergüenza tratar a los pacientes con estos
métodos, dado que normalmente se asocian a los embaucadores (Hipócrates, Sobre
las articulaciones 42).
Figura 2.2 Terapia de la escalera.
El
arte de la medicina es de todas las artes la más notable. No obstante, debido a
la ignorancia de los que la practican y de los que a la ligera los juzgan,
actualmente está relegada al último lugar. En mi opinión, el error, en este
caso, se debe fundamentalmente a la siguiente causa: que el arte de la medicina
es el único que no tiene fijada una penalización, salvo el deshonor, y eso no
perjudica a quienes no tienen deshonor que perder. Esta clase de médicos son
parecidos a los actores de las tragedias que aparecen en escena como extras con
un papel sin diálogo: parecen actores, visten manto de actor, llevan máscaras
de actor, pero no son actores. También muchos médicos lo son de nombre, pero en
la práctica muy pocos son médicos de verdad (Hipócrates, Ley 1).
La
medicina se compone de tres partes: primero la teoría, después la dieta y la
tercera la cirugía y los fármacos. ... La teoría deriva principalmente de las
escuelas de Herófilo y Calímaco de Alejandría; es sin duda una parte importante
de la medicina, pero la manera petulante y el autobombo de aquellos médicos
podrían hacerte creer que nadie más domina esta disciplina. Sin embargo, cuando
se les enfrenta a la vida real y se les pone al cuidado de un paciente de
verdad, resulta que no son más útiles que las personas que no han leído ni un
solo texto médico. A menudo los enfermos confían en estos médicos, abrumados
por su poderosa elocuencia, y después se ven al borde de la muerte, aunque al
inicio no tuvieran ninguna dolencia grave. Semejantes médicos son como pilotos
que gobiernan barcos siguiendo el manual de instrucciones. Y sin embargo,
cuando desfilan de una ciudad a otra, arrastran a enormes multitudes (Polibio, Historias12.25 d).
Todos
los autores antiguos que han escrito sobre el tema han hecho alguna
contribución, grande o pequeña, a nuestro conocimiento de los fármacos, y lo
hicieron sin recurrir a la brujería ni al engaño como hizo Andreas. ...
Deberías mantenerte alejado de Andreas y de todos los demás embaucadores, sobre
todo de Pánfilo, porque nunca ha visto, ni siquiera en sueños, las plantas que
trata de describir. Tales personas son como heraldos que anuncian las
características distintivas de un esclavo huido al que nunca han visto. Saben
de él por aquellos que sí lo conocen y después hacen públicos los detalles como
si fuera un sonsonete, pero serían incapaces de reconocer al esclavo aunque lo
tuvieran justo al lado (Galeno, Sobre las mezclas
y propiedades de los medicamentos simples 11.795K).
En
todos los aspectos de las artes médicas, debe otorgarse absoluta prioridad a la
curación del enfermo. Si hay más de una manera de alcanzar este objetivo,
deberías elegir el que implique menos revuelo. La decisión tomada por un médico
que no aspire a una inútil popularidad es la más decente y la más profesional(Hipócrates, Sobre
las articulaciones 78).
Algunos
de los que se hacen llamar médicos montan exhibiciones, se sientan en un lugar
visible frente al público y explican en detalle todo lo relativo a cómo se
encajan las articulaciones, la disposición y relativa ubicación de los huesos y
cosas de esta índole: poros, respiración y depuración de los residuos
corporales. Y los hoi polloi los miran embobados; los niños pequeños
no podrían estar más embelesados. Pero un médico de verdad no se comporta de
este modo, no da largos discursos a los enfermos que realmente necesitan su
ayuda. ¡De ninguna manera! El buen médico le dice al paciente lo que tiene que
hacer, le impide que coma o beba lo que se le antoje y coge el escalpelo y saja
los abscesos que pueda haber en su cuerpo (Dión Crisóstomo, Oraciones 33.6).
¿ Qué
mal habría en que los profesionales médicos incompetentes recibieran lo que se
merecen? Tal como están las cosas, son sus pacientes inocentes los que sufren,
como si no tuvieran suficiente con la violencia de su enfermedad para soportar
también la inexperiencia de su médico (Hipócrates, Preceptos 1).
Te
imaginas que, al tener un gran número de libros, impresionarás a la gente y
compensarás tu falta de educación. Lo que no comprendes es que así es
precisamente como actúan los médicos realmente ignorantes: se proveen de cajas
de marfil llenas de medicinas, ventosas de plata, lancetas con mango de oro,
pero cuando verdaderamente tienen que usarlas, ni siquiera saben cómo
sostenerlas; entonces llega un médico que realmente conoce su profesión y
alivia el sufrimiento del paciente con una lanceta cubierta de óxido, pero con
una hoja muy bien afilada (Luciano, Contra el
ignorante que compraba muchos libros 29).
Después
de pasarse todo el tiempo en bibliotecas adquiriendo su enorme experiencia
mediante la lectura de libros de texto, «los médicos de la teoría» están
convencidos de que están preparados para la acción (Polibio, Historias12.25 e).
Hace
cuarenta años, durante el reinado de Tiberio, se puso de moda beber vino con el
estómago vacío y justo antes de las comidas. Era una de aquellas costumbres
foráneas aceptada por los médicos que siempre se esfuerzan por hacerse un
nombre promocionando alguna novedad (Plinio, Historia
natural14.143).
Figura 2.3 Cuchillo quirúrgico romano con el mango moldeado para facilitar
la sujeción.
SÓCRATES: Dime,
si alguno encontrase a tu amigo Eriximaco o a su padre Acumenos y les dijese:
«Yo sé, mediante la aplicación de ciertas sustancias, calentar o enfriar el
cuerpo a mi voluntad, provocar evacuaciones por todos los conductos, y producir
otros efectos semejantes; y con esta ciencia puedo pasar por médico, y me creo
capaz de convertir en médicos a las personas a quienes comunique mi ciencia». A
tu parecer, ¿qué responderían tus ilustres amigos?
FEDRO: Seguramente le preguntarían si sabe además a qué enfermos es
preciso aplicar estos remedios, en qué casos y en qué dosis.
SÓCRATES: Él les respondería que de eso no sabe nada, pero que con
seguridad el que reciba sus lecciones sabrá llenar todas estas condiciones.
FEDRO: Creo que mis amigos dirían que nuestro hombre estaba loco, y que
habiendo abierto por casualidad un libro de medicina u oído hablar de algunos
remedios, se imagina con solo esto ser médico, aunque no entienda una palabra (Platón, Fedro 268a).
§.
Mujeres médicas
Recientemente se ha comprobado que las mujeres tuvieron un papel bastante más
prominente en la profesión médica que lo que se había supuesto con
anterioridad. No obstante, al estar las sociedades antiguas dominadas por el
hombre, los prejuicios solían actuar en contra de las mujeres.
Si
padeces alguna enfermedad indecible, aquí hay mujeres para ayudarte a
solucionar tu mal. Pero si tienes alguna afección que puede contarse a los
varones, dilo, para mostrar este caso a los médicos (Eurípides, Hipólito 293-297;
la nodriza se dirige a Fedra, y se da por sentado que los médicos son hombres).
Antaño
no había comadronas y las mujeres morían porque su recato les prohibía
consultar a los médicos. (Los atenienses se habían asegurado de que ningún
esclavo ni ninguna mujer aprendiesen el arte de la medicina.) Pero una muchacha
llamada Agnodice quería aprender medicina, así que se cortó la larga cabellera,
se vistió como un hombre y se hizo discípula del médico Hierofilo. Aprendió
medicina y, cuando se enteró de que una mujer estaba teniendo un parto difícil,
trató de visitarla. Sin embargo, la mujer, convencida de que Agnodice era un
hombre, se mostró reacia a ponerse en sus manos, por lo que Agnodice se
arremangó las ropas y le demostró que era una mujer. Así fue como empezó a
tratar a las mujeres. Cuando los médicos vieron que ya no se les permitía
visitar a mujeres, empezaron a lanzar acusaciones contra Agnodice, alegando que
«él» era un fino seductor de mujeres, y que estas fingían estar enfermas para
que «él» las visitase. El tribunal estaba a punto de declararla culpable cuando
Agnodice se levantó la túnica y mostró que era una mujer. Los médicos varones
empezaron a acusarla con mayor vehemencia [por infringir
la ley que prohibía a las mujeres estudiar medicina], pero las esposas
de los ciudadanos más destacados acudieron al tribunal y protestaron, «Vosotros
no sois nuestros esposos, sois nuestros enemigos, porque estáis condenando a la
mujer que ha encontrado la manera de salvarnos la vida». Entonces los atenienses
enmendaron la ley para permitir que las mujeres nacidas libres pudieran
estudiar medicina(Higinio, Fábulas 274).
Epitafio
hallado en Pérgamo, en el que un médico honra a su esposa y colega médica:
Adiós Panteia, esposa mía, de tu marido, cuyo dolor por tu devastadora muerte
es inconsolable. Hera, la diosa del matrimonio, nunca ha contemplado una esposa
igual, sobresaliente en belleza, sabiduría y discreción. Todos los hijos que
diste a luz se parecen a mí, y cuidaste de tu esposo y de tus hijos. Mantuviste
a buen rumbo el timón de nuestra vida doméstica y elevaste nuestra reputación
compartida como médicos. Incluso siendo mujer, no fuiste menos que yo en
habilidad. Por esto, Glicón, tu esposo, ha levantado para ti esta tumba, que
también cubre el cuerpo de nuestro inmortal Filadelfo, y en la que yo mismo
yaceré. (Apéndice a la Antología griega 190).
Figura 2.4 El epitafio proclama con orgullo: «Mousa, hija de Agatocles,
médica». Los perros son un bonito toque personal. No significa que Mousa
trabajase tanto con mascotas como con personas. La medicina veterinaria se
centraba en los animales de labor: vacas, caballos, mulas y asnos. No había
veterinarios de animales pequeños, en la Antigüedad la mayoría lo habría
considerado una idea estrafalaria.
Epitafio
de una mujer médica, de Roma:
A mi
diosa sagrada, a Primilla, médica, hija de Lucio Vibio Melito. Vivió 44 años,
de los cuales pasó 30 con Lucio Coceyo Aptoro sin una sola disputa. Aptoro
levantó esta tumba para su excelente y devota esposa y para él mismo. (Corpus
de Inscripciones latinas 6.7581).
Capítulo 3
Actitudes hacia los médicos
Contenido:
Opiniones
varias
El estatus de los médicos
El trato con los pacientes
Cuando los médicos disienten
La cooperación del paciente
Médico, cúrate tú mismo
Chistes de médicos
§.
Opiniones varias
Los griegos son una raza despreciable y rebelde. Con la cesión de su
literatura, destruirán por completo nuestra existencia. Y antes lo harán si nos
envían a sus médicos, porque conspiran para asesinar a todos los bárbaros con
sus medicinas. Nos hacen pagar por el tratamiento a fin de que confiemos más en
ellos y así poder dañarnos más fácilmente (Catón el Viejo, icono de
los valores romanos tradicionales, citado por Plinio en Historia
natural 29.14).
Prácticamente
en todos los casos, tanto si se trata de una enfermedad como de una herida, la
gente culpa al médico de cualquier otro padecimiento que surja como
consecuencia inevitable del dolor que el paciente ya experimenta. No comprenden
las limitaciones que lo hacen inevitable. Supongamos que un médico trata a
alguien que sufre de fiebre o que tiene una herida: si no se produce una
mejoría inmediata en su estado, si al día siguiente se ha deteriorado su salud,
la gente culpa al médico. Pero si hay una mejoría, no elogian al médico de la
misma manera que lo culpan por el deterioro, porque piensan que de todos modos
el paciente habría mejorado (Hipócrates, Enfermedades 1.8).
El
«argumento fácil» reza así: si estás predestinado a recuperarte de tu
enfermedad, te recuperarás, tanto si llamas al médico como si no. Pero si estás
predestinado a no recuperarte de tu enfermedad, no te recuperarás, tanto si
llamas al médico como si no. O bien estás destinado a recuperarte de tu
enfermedad o estás destinado a no recuperarte, por lo tanto, no tiene sentido
llamar al médico (Crisipo, frg. 957).
Si
pueden ver algo perfectamente bien pero no pueden explicarlo, muchos médicos
niegan su existencia (Galeno, Sobre los lugares afectados 8.322K).
Un
médico que parlotea demasiado es un dolor añadido al que ya estás padeciendo (Menandro, Sentencias 379).
En
cualquier profesión, mucho aspaviento, mucho espectáculo, mucho parloteo, que
no beneficia en nada, es una desgracia. Esto es especialmente cierto en la
relativo a la medicina (Hipócrates, Sobre
las articulaciones 44).
La
llamada «terapia de conversación» no tiene nada que ver con ayudar al enfermo;
las enfermedades se curan con medicinas, cirugía y dieta, no con palabras (Filón, Sobre
reuniones para la educación 53).
Algunos
médicos saben cómo tratar casi todas las enfermedades, dolencias o flaquezas,
pero no pueden dar una explicación verdadera o razonable de cómo lo hacen;
también hay médicos de otra clase, astutos charlatanes, excelentes en la
explicación de los síntomas, causas y tratamientos que constituyen la ciencia
de la medicina, pero que cuando se trata de curar realmente a pacientes
enfermos, son totalmente inútiles, incapaces de hacer la menor contribución
para encontrar una cura (Filón, Sobre las
habituales intrigas de lo peor contra lo mejor 43).
Una
persona enferma no busca a un médico elocuente, pero si resulta que un médico
capaz de curar puede también explicar los procedimientos necesarios de manera
elegante, el paciente no lo considerará inapropiado. Esto no quiere decir que
se felicite por la buena suerte de haber encontrado a un médico hábil con las
palabras, porque esto sería lo mismo que si el piloto de un barco fuera bien
parecido además de ser experto. ¿Por qué me deleitas los oídos? Necesito
cauterización, necesito cirugía, necesito que me pongan a dieta (Séneca, Cartas75.7).
A
algunos de los que se toman la molestia de plantear preguntas a los médicos
sobre los pacientes les gustaría recibir respuestas más cortas que sus
preguntas (Galeno, Sobre cómo ha de reconocerse al mejor médico 8.4). La
verborrea gárrula y chillona se consideraba un rasgo laboral típico de la
profesión médica. Galeno se lamenta a menudo de la glossalgia («dolor de
lengua») de los otros médicos, en alusión a que hablan tanto que les duele la
lengua. Sin embargo, él es frecuentemente criticado por sus rodeos tangenciales
y circunloquios. Esta crítica no siempre está del todo justificada. Por
ejemplo, en Sobre los lugares afectados 8.442K, ofrece una
extensa y espléndida descripción de su observación de la conducta instintiva de
una cabra recién nacida antes de llegar al meollo de la cuestión, que es que
del mismo modo que los animales no necesitan que se les enseñe a actuar como lo
hacen, la erección del pene depende también del instinto, no de la instrucción.
Si
no hubiera médicos, no habría nada más estúpido que los maestros (Ateneo, Banquete
de los eruditos15.72). Galeno es uno de los invitados que asisten a esta
cena ficticia, pero él mismo era tan sumamente arrogante que apenas podría
haberlo considerado un ataque personal. Sus propias obras están plagadas de
críticas, probablemente más injuriosas que justificadas, hacia sus colegas
médicos.
En
la actualidad, la mayoría de los que aspiran a ser médicos o filósofos ni
siquiera saben leer correctamente, y sin embargo asisten a las clases de
maestros que han de instruirlos en el campo más importante y hermoso de la
investigación humana, el conocimiento impartido por la filosofía y la medicina.
Esta actitud perezosa se instauró hace mucho tiempo, cuando yo todavía era
joven, pero entonces no era tan desenfrenada como lo es hoy en día (Galeno, Sobre
mis propios libros 19.9K).
En
Sicilia se formó con el respaldo de Empédocles de Agrigento, el gran filósofo
naturalista, una secta médica, llamada los Empíricos porque basaban su creencia
en la experiencia. Pero todas estas escuelas discutían entre ellas y fueron
denunciadas por Herófilo. La secta empírica fracasó porque uno de los
requisitos para ser miembro era saber leer (Plinio, Historia
natural 29.6).
Galeno
dice de sus rivales que «son tan obstinados y polémicos que ni siquiera el
propio Asclepios podría curarlos» (Sobre los días críticos, 9.774K). Más
adelante, en la misma obra, afirma: «Yo mismo no tengo el hábito de enzarzarme
en largas disputas con personas beligerantes» (9.866K). Con la posible
excepción de Sócrates, Galeno es en realidad la última persona con la que nadie
querría discutir.
Sería
muy fácil adquirir en pocos años el conocimiento acumulado por Hipócrates
durante un largo período de tiempo, y después dedicar el resto de la vida de
uno a investigar acerca de aquellos aspectos de la medicina que todavía están
por descubrir (Galeno, El mejor médico es también filósofo 1.57K).
Continúa con este argumento para concluir que solamente su preocupación por el
dinero impide que los médicos modernos conduzcan la medicina a la perfección.
La
única diferencia entre los médicos de Roma y los bandoleros es que los médicos
llevan a cabo sus fechorías en la ciudad, no en las montañas (Galeno, Pronósticos 14.622K).
Donde
hay muchos médicos probablemente también haya muchas enfermedades(Estrabón, Geografía 6.1.8).
Por
lo que respecta a las enfermedades graves, los profanos no saben distinguir
bien qué médicos son excepcionales y tienden a elogiar o a criticar las curas
excéntricas. Es precisamente en el tratamiento de estas enfermedades donde las
personas corrientes se superan a sí mismas en su falta de entendimiento y los
que no son médicos les parece más verosímil que sí lo sean (Hipócrates, Sobre
la dieta en las enfermedades agudas 2).
Cuando
un carpintero está enfermo, pide al médico que le
dé a beber una pócima que le haga vomitar la enfermedad o que le libere de su
dolencia mediante una purga, un cauterio o una incisión. Pero si le prescribe
un tratamiento prolongado, si le aconseja que se envuelva la cabeza con
vendajes y todas las complicaciones que implica semejante cura, dirá
apresuradamente que no tiene tiempo de estar enfermo y que no vale la pena
vivir la vida si eso significa estar ocupado con su enfermedad y descuidar el
trabajo que tiene pendiente. Despide a los médicos que recomiendan esta clase
de tratamientos, regresa a su habitual modo de vida y, o recupera la salud
mientras atiende sus propios asuntos, o bien, si su cuerpo es incapaz de
soportar la presión a la que está sometido, muere y queda liberado de todos sus
males (Platón, La República406 d).
No
se debería culpar a los políticos de las enfermedades políticas más que a un
médico por las físicas, pero sí habría que darles las gracias por curarlas (Pseudo-Démades, Sobre
los doce años 15).
Resulta
profundamente ignominioso que un médico se cree trabajo. Se sabe que muchos
médicos agravan el estado de sus pacientes para poder ganar mayor reputación al
curarlos, pero entonces se revelan incapaces de sanarlos, o lo consiguen solo a
costa de infligir un gran sufrimiento a los desdichados pacientes (Séneca, De
los beneficios 6.36).
§. El estatus de los médicos
Los mortales nunca se acercan tanto a los dioses como cuando devuelven la
buena salud a los demás mortales (Cicerón, En defensa de
Ligario 38).
No
es posible restablecer la salud de todas las personas. Si fuera posible, un
médico sería más grande que un dios (Areteo, Sobre
el tratamiento de las enfermedades crónicas 1.5).
Un
médico que sea también filósofo es igual que un dios. La diferencia entre
medicina y filosofía es tenue, porque todas las cualidades necesarias para
alcanzar la sabiduría son inherentes a la medicina:
· falta
de interés por el dinero
· respeto
· modestia
· moderación
· opiniones
sólidas
· buen
juicio
· compostura
· determinación
· integridad
· una
forma concisa de hablar.
Tanto
el físico como el filósofo comprenden lo que es útil y necesario en la vida;
ambos nos purgan de la impureza; ambos están libres de supersticiones; ambos
tienen una superioridad nata; ambos utilizan su talento contra la
intemperancia, contra la vulgaridad, contra la avaricia, contra la lujuria,
contra el robo, contra la desvergüenza (Hipócrates, Sobre la decencia 5).
Algunas
personas se hacen médicos por la recompensa económica, otras por las exenciones
del servicio público que conlleva, otras por amor a sus semejantes y otras por
la gloria y el honor que la profesión otorga. En la medida en que son
trabajadores sanitarios, reciben el nombre de médicos, pero en la medida en que
trabajan por distintas razones, uno es humanitario, otro busca honores, otra
reputación, y el otro dinero (Galeno, Las
doctrinas de Hipócrates y Platón 9.5.4).
Figura 3.1 Los devotos se acercan a Asclepios y a su hija, Higía, con la
debida deferencia.
Figura 3.2 Un médico es abordado con la debida deferencia. Como indica el
tamaño relativo de las Figura s, se ha convertido en héroe, con estatus
semidivino.
Para
ser reconocido como profesional cualificado, un médico no necesita hacer
demostraciones de sus habilidades, a pesar de que la medicina sea una
disciplina eminentemente práctica; todo cuanto tiene que hacer es confirmar que
ha recibido formación en Alejandría (Amiano
Marcelino, Historia del Imperio romano22.16).
Cuando
los pacientes no requieren remedios, sino que simplemente necesitan que se les
imponga una dieta sana, basta incluso un médico mediano. Pero cuando hay que
recurrir a los medicamentos, sabemos que hace falta un médico de más empuje (Platón, La
República 459 c).
El
tratamiento médico varía enormemente, dependiendo del estatus del paciente:
Los esclavos enfermos son tratados casi siempre por médicos que también son
esclavos... Esta clase de médicos nunca da ni recibe ningún informe sobre la
particular dolencia del esclavo. El médico sencillamente le dice al paciente lo
que tiene que hacer, basándose en lo que su experiencia le aconseja. Lo hace
con un talante de profundo conocimiento, con gravedad y de forma tiránica, y a
continuación se marcha apresuradamente a por otro paciente, liberando así al
propietario de la molestia de cuidar a sus esclavos enfermos.
Un médico libre generalmente trata y supervisa las enfermedades de las personas
libres. Lo hace investigando el origen y naturaleza de la enfermedad,
implicando al paciente y a sus amigos. Recoge información del enfermo y al
mismo tiempo lo mantiene informado, en la medida de lo posible, y no da
instrucciones sobre la cura hasta que ha convencido a su paciente de que la
siga (Platón, Leyes 720a).
Juliano,
el último emperador pagano de Roma, hace el mismo razonamiento aunque con menos
delicadeza:
Los médicos libres simplemente ordenan a sus pacientes que sigan las pautas
necesarias del tratamiento, pero si alguien tiene la mala suerte de ser esclavo
y la pericia para ser médico, tiene que prodigarse en adulaciones y dar
tratamiento a su propietario al mismo tiempo (Juliano, Contra Heraclio 3).
Los
médicos tienden a exagerar su propia importancia asegurando que las cosas más
banales son más importantes de lo que son y exagerando los peligros(Mimnermo, frg.
24).
El
cuidado de los caballos y las mulas era harto importante para los escritores
griegos y para los latinos. Dado que estos animales son inferiores solo a los
seres humanos, la medicina veterinaria ocupa el segundo lugar después del
tratamiento de los humanos, puesto que los caballos y las mulas son muy útiles
en la guerra y muy atractivos en la paz. Sin embargo, al ser considerada menos
prestigiosa que una carrera de medicina, la profesión veterinaria no tiene
entre sus seguidores a las personas más destacadas, y los libros sobre esta
materia no están tan bien escritos (Vegecio, Mulomedicina 1,
Prólogo 1).
§. El trato con los pacientes
La imagen profesional de un médico exige que presente un aspecto saludable,
de acuerdo con su complexión natural, porque la gente corriente piensa que si
no ofrece buenas condiciones físicas, no será capaz de cuidar de nadie más.
Debe hacer gala de una buena higiene personal, con un atuendo respetable e ir
perfumado con ungüentos de buen aroma (pero no en exceso). Los enfermos
reaccionan de forma positiva ante estos detalles. Si es sabio, el médico
también prestará atención a su código moral, no solo siendo discreto sino
también llevando una vida ordenada. Esto tiene magníficos efectos en su
reputación. Ha de comportarse como un caballero, con dignidad y compasión en
sus relaciones con todo el mundo. Un desparpajo audaz en ocasiones resulta
útil, aunque es visto con recelo. ... Un médico tiene que aparentar seriedad,
pero sin ser excesivamente distante, porque esto le hace parecer arrogante y
antipático. No obstante, si ríe mucho y es demasiado alegre, se le considerará
vulgar, y es de vital importancia evitar la vulgaridad. Debería tratar a todo
el mundo con equidad, puesto que la imparcialidad le ayudará en el cuidado de
los enfermos. Los pacientes tienen una relación muy íntima con su médico,
porque se ponen en sus manos. En cualquier momento entra en contacto con
mujeres, muchachas y otras preciadas posesiones; es esencial que ejercite el
autocontrol en su trato con ellas. Estas son las cualidades necesarias en un
físico (Hipócrates, Sobre el médico 1).
Cuando
entres en la habitación de un enfermo, ten en cuenta lo siguiente:
adopta
una correcta postura sedente
sé modesto
muestra decoro
muestra autoridad
sé breve en tu discurso
permanece tranquilo
presta atención
sé diligente
reacciona rápidamente a la crítica
ejercita el autocontrol cuando te enfrentes a dificultades
regaña a todo aquel que cause problemas
prepárate para cumplir con tu deber. (Hipócrates, Sobre
la decencia 12)
Figura 3.3 Asclepios tratando a un paciente, con Higía de ayudante.
Asclepíades
de Bitinia dice que el deber de un médico es atender al enfermo con prudencia,
rapidez y amabilidad. Este es el ideal al que hay que aspirar, mientras que la
premura excesiva y la indebida tolerancia ante los deseos del paciente tienden
a ser peligrosas (Celso, De medicina 3.4).
Si
deseas ser médico y has podido encontrar maestros, comparte tu pericia con
generosidad, practica la bondad y el amor hacia el resto de la humanidad.
Cuando te llamen para ver a un paciente, corre; cuando entres en la habitación,
examina al paciente lo mejor que sepas; compadécete de los que sufren y
comparte la alegría de los que se han curado. Considérate un compañero en sus
dolencias y reúne toda tu habilidad para la lucha. Sé un hermano para los
pacientes de tu misma edad, un hijo para los que son mayores y un padre para
los más jóvenes. Si algún paciente descuida su salud, no pienses que tú puedes
hacer lo mismo (Libanio, Ejercicios de retórica 7.3).
Algunos
médicos son extremadamente groseros. Por ejemplo, Calianax el herofiliano.
Zeuxis asegura que Baqueo escribió sobre él en sus Memorias
de Herófilo y sus seguidores: Cuando un paciente le preguntó a Calianax,
«¿Voy a morir?», este le respondió citando... «También Patroclo ha muerto, y
eso que era mucho mejor que tú» [Homero, Ilíada XXI.107,
palabras de Aquiles cuando está a punto de matar a Licaón, uno de los hijos del
rey Príamo] (Galeno, Comentario de las Epidemias VI de Hipócrates 17b.145K).
Debes
evitar atraer a los pacientes llevando un tocado elaborado y un perfume
refinado. Las idiosincrasias, si son discretas, se consideran elegantes, pero
si son excesivas invitan a la crítica. No te estoy impidiendo que trates de ser
agradable, porque esto va en consonancia con la dignidad de un físico (Hipócrates, Preceptos10).
Deberías
actuar de forma discreta y organizada, ocultando al enfermo la mayoría de las
cosas mientras lo atiendes. ... No le digas nada sobre su estado actual ni
sobre lo que le va a pasar, pues esto a menudo hace que las personas empeoren(Hipócrates, Sobre
la decencia16).
¿Qué
clase de médico puede tratar al enfermo con una breve visita de pasada?
(Séneca, Cartas40.5).
A
menudo he intercambiado cartas para tratar a pacientes que sufrían de
enfermedades oculares y que vivían en países extranjeros. La gente me escribía
desde Hispania, Galia, Asia, Tracia y otros lugares preguntando si tenía alguna
medicina acreditada que pudiera enviarles para tratar las cataratas en su
estadio inicial (Galeno, Sobre los lugares afectados 8.224K).
«Es
la ocasión justamente la que constituye el más poderoso garante de todo asunto
humano»: ocasión significa el momento más oportuno y ventajoso para hacer algo.
Incluso los esfuerzos más tenaces fracasan si se hacen en el momento
inoportuno, como por ejemplo, un médico que argumente la naturaleza de su
enfermedad con un paciente que está sufriendo, o alguien que diserte sobre la
abstinencia con personas ebrias (Sófocles, Electra 75,
con la nota de un comentarista de la Antigüedad).
El
pulso tiende a acelerarse con el baño, el ejercicio, el miedo, la ira o por
cualquier agitación mental. Por lo tanto, la frecuencia cardíaca del paciente
aumenta por la ansiedad generada al pensar en cómo le verá el médico cuando
llegue. Así pues, un médico experimentado evitará coger el brazo del paciente
inmediatamente. Se sentará con expresión alegre y le preguntará cómo se siente.
Si el paciente está nervioso, lo tranquilizará con algunos comentarios
apropiados. Solo entonces tocará de verdad al paciente (Celso, De
medicina3.6). El «síndrome de la bata blanca» ya existía mucho antes de que
los médicos llevasen batas blancas.
Si
estás tratando a un paciente de una enfermedad crónica, interrumpe el
tratamiento durante algún tiempo, puesto que este debilita la constitución del
paciente y resulta menos efectivo debido a la constante aplicación (Rufo
de Éfeso, De la melancolía, frg. 44).
Lanzar
severos reproches y con franqueza a alguien que sufre es como frotar un ojo
herido e inflamado con un ungüento para mejorar la visión: no proporciona
alivio alguno, simplemente añade irritación al dolor y exaspera al que está
afligido. Una persona con buena salud no se enfada ni se vuelve irascible ante
una crítica amable sobre su vida sexual, sus borracheras, su ociosidad, su
actitud remolona ante el ejercicio, sus interminables baños o sus comilonas.
Pero no se puede esperar que una persona enferma tolere que le digan que
enfermó debido a su falta de autocontrol y fuerza de voluntad, o debido a su
glotonería y afición a las mujeres; estos discursos serían peores que su
enfermedad. ¡Qué poco tacto tienes, hombre! Estoy aquí escribiendo mi testamento
mientras los médicos me preparan un castóreo y un escamonio [remedios
desesperados], y tú me reprochas mis faltas (Plutarco, Cómo
distinguir a un adulador de un amigo 69 a).
Si
tu amante está enferma, no te impacientes con ella hasta el punto de que se
disguste contigo. Deberás ser atento y halagador, dentro de lo razonable. No le
prives de comer lo que quiera y no le ofrezcas copas de medicina amarga para
que se las beba, deja que sea tu rival quien se las mezcle (Ovidio, El
arte de amar 2.333-336).
Es
costumbre romana... enterrar el cuerpo del emperador después de un espléndido
funeral. A continuación, sacan un molde de cera de la cabeza del difunto y la
depositan sobre un enorme diván de mármol con capas bordadas en oro. La imagen
es pálida, como la de una persona enferma. Durante siete días, todo el senado,
vestido de negro, se sienta en el lado izquierdo del diván, mientras que en el
derecho, sin ornamentos de oro ni collares, se sientan las mujeres que
comparten la dignidad que corresponde al elevado estatus de sus maridos o
padres. Los médicos acuden cada día, y cada día, tras supuestamente examinar al
enfermo, declaran que su estado está empeorando. Cuando se acuerda que está
muerto, los miembros más nobles del orden ecuestre y especialmente senadores
jóvenes escogidos levantan el diván y lo transportan por la Vía Sacra hasta el
Foro Viejo, lugar donde los magistrados romanos imponen su autoridad (Herodiano, Historia
del Imperio romano 4.2).
§. Cuando los médicos disienten
A menudo oímos que médicos rivales discuten junto al lecho del enfermo, una
escena que sin duda refleja la realidad. En un mundo en el que las credenciales
de un médico no podían evaluarse fácilmente, una persona que pudiera
permitírselo es muy probable que llamase a varios médicos como garantía contra
un posible error fatal cometido por alguno de ellos.
Allí
yace un paciente, dando vueltas y retorciéndose. Entra corriendo una cuadrilla
completa de médicos, pero lo que les motiva no es la compasión por el moribundo
ni un sentimiento de humanidad compartida; todos ellos están allí por la gloria
vana, como si se tratase de una competici ón en
los Juegos Olímpicos. Uno de ellos pronuncia un bonito discurso y otro
argumenta en contra, otro elabora una sutil teoría y otro la rebate (Teodoro
Prisciano, Recetas fáciles de obtener 1, Prefacio).
El
arte médico en su totalidad tiene tan mala reputación entre los profanos que no
se considera un arte en absoluto. Quienes practican la medicina difieren mucho
unos de otros en la forma de manejar una enfermedad aguda: lo que un médico
prescribe como el mejor tratamiento, otro lo considera malo. Así pues, los
profanos pueden decir que la medicina es como una profecía: algunos adivinos
consideran de buen augurio cuando ven un ave por la izquierda, pero si la ven
por la derecha resulta un mal augurio. En cambio, otros augures, viendo al
mismo pájaro, sacan justo la conclusión opuesta (Hipócrates, Sobre
la dieta en las enfermedades agudas 3).
Los
médicos que se reúnen para una consulta nunca deberían discutir ni insultarse
unos a otros. De verdad, un médico no debería estar tan seguro de sus propias
deducciones como para negarle a otro médico sus opiniones. Esto sería una
muestra de inseguridad, la clase de comportamiento mezquino que uno asocia más
con los comerciantes que con los médicos (Hipócrates, Preceptos8).
Ya
que contradigo con frecuencia a los anatomistas más eminentes, creo que es
mejor que diga brevemente algo al respecto. El desacuerdo entre médicos sobre
anatomía no empieza conmigo. Existe desde hace mucho tiempo, y hay dos razones
que explican por qué es así: en primer lugar, porque algunos de los que
escribieron sobre el tema cometieron errores, y, en segundo lugar, porque los
anatomistas utilizaron distintos métodos de instrucción; por lo tanto, aunque
no discrepen entre ellos en la interpretación de lo que ven, transmiten la
impresión de desacuerdo a quienes leen sus libros sin haber tenido ninguna
experiencia personal en la observación de las cosas que se revelan en una
disección (Galeno, Procedimientos anatómicos 2.236K).
§. La cooperación del paciente
Un paciente obstinado hace que su médico sea cruel (Publilio
Siro, SentenciasC5).
Los
médicos han de vigilar también los engaños de los enfermos, que a menudo
mienten en cuanto a la toma de las medicinas prescritas (Hipócrates, Sobre
la decencia 14).
Los
pacientes que han de ser controlados por si no siguen las instrucciones del
médico deberían visitarse diariamente a la misma hora y en el mismo lugar. El
mejor momento es cuando el sol empieza a brillar... porque es entonces cuando
la mente y los ojos del médico son más penetrantes (Hipócrates, Pronóstico2.4).
Se
puede diagnosticar la dolencia de un paciente por sus lamentos, pero se impone
la cautela, puesto que ni siquiera esto basta para un completo diagnóstico,
dado que muchas personas llevan vidas tan suaves y delicadas que pueden montar
un espectáculo de gemidos tan refinado en los detalles como el de los actores
que gimen en las tragedias (Rufo de Éfeso, Preguntas
médicas 41).
Los
enfermos que sufren dolores agudos, cuando ven al médico, ya no sienten dolor (Filemón, frg.
108).
Al
tratar enfermedades hay que tener en cuenta dos aspectos: intentar ayudar o,
por lo menos, no perjudicar. Hay tres elementos en el arte médico: la
enfermedad, el paciente y el médico. El médico es el sirviente del arte, pero
el paciente debería colaborar con el médico para contener su enfermedad(Hipócrates, Epidemias 1.2.5).
No
se obtiene ningún beneficio tratando de ser más listo que el médico, porque los
errores de este hacen menos daño que la tendencia a desobedecer sus órdenes (Aristóteles, Retórica 1375 b).
Pocos
médicos proporcionan un tratamiento adecuado y pocos pacientes siguen los
consejos médicos (Galeno, Sobre los días críticos9.830K)
Galeno,
que se lamentaba con frecuencia de la falta de cooperación de los pacientes,
envidiaba la gran influencia que Asclepios tenía en estos asuntos:
En mi ciudad de Pérgamo hay personas que reciben tratamiento procedente del
dios y que consienten cuando les dice que no beban absolutamente nada, a veces
durante quince largos días, y sin embargo, estas mismas personas nunca
seguirían las instrucciones de un médico. La confianza del paciente de que sin
duda obtendrá un beneficio útil consiste en persuadirle de que haga exactamente
lo que se le dice (Comentario de las «Epidemias VI» de Hipócrates 17b.137K).
En tiempos de Galeno, el centro de culto más importante de Asclepios estaba en
Pérgamo.
Es
mucho más razonable suponer que los pacientes son incapaces de seguir
instrucciones que imaginar que los médicos dan indicaciones inadecuadas. Los
médicos están sanos de cuerpo y mente cuando prescriben un tratamiento... pero
los pacientes no saben lo que les pasa ni por qué están enfermos. ... Sienten
dolor en el presente y temen el futuro, lleno de enfermedad pero vacío de
comida, están más ansiosos por aliviarse de su enfermedad que de seguir una
cura que les devuelva la salud, no enamorados de la muerte pero incapaces de
soportar la vida. En tales circunstancias, ¿es más probable que los pacientes
no sigan las indicaciones de sus médicos y hagan cosas que no han de hacer o
que los médicos den instrucciones inadecuadas ?
(Hipócrates, El arte 7).
Si
una enfermedad y su tratamiento empiezan en igualdad de condiciones en la
carrera hacia la salud, la enfermedad no vencerá, pero si se le da una cabeza
de ventaja sí vencerá. Esta cabeza de ventaja al inicio se debe o bien a la
densa naturaleza de nuestros cuerpos, que permite que las enfermedades
proliferen sin ser vistas, o a la negligencia por parte de los propios
pacientes. Esta negligencia es comprensible: la gente ignora la enfermedad
cuando golpea por primera vez, y solo busca tratamiento cuando siente que ha
caído en sus garras (Hipócrates, El arte 11).
La
manera de asegurarse una buena salud es comprender el propio cuerpo, observar
lo que es bueno o malo para ti, controlar la dieta, abstenerse de placeres que
podrían perjudicar tu bienestar físico, y por último hacer uso de las
habilidades de aquellos que tienen experiencia en asuntos de salud (Cicerón, Sobre
los deberes 2.86).
No
seas reacio a hacer preguntas de profano si con ello se puede contribuir a la
curación. Porque estoy convencido de que fue así como se descubrió la ciencia
médica, mediante la combinación en una sola entidad de todas las observaciones
individuales (Hipócrates, Preceptos 2).
A
todo el mundo le resulta descorazonador desvelar los detalles de sus problemas
de salud, y mucha gente prefiere morir antes que hablarle al médico de una
enfermedad que considera vergonzante. Imagina a un gran físico como Herófilo o
Erasístrato, o incluso al mismísimo Asclepios cuando todavía era mortal, de pie
en la puerta de una casa con sus medicinas y sus instrumentos preguntando si
hay alguien allí con una fístula anal o una mujer con cáncer de útero. Su
intrusión estaría motivada por el deseo de salvar vidas, pero imagino que
cualquiera echaría a semejante médico por acudir a inspeccionar las miserias de
sus semejantes sin esperar a que le llamen. Los entrometidos hacen estas y
otras cosas mucho peores, no para ofrecer tratamiento sino simplemente para
descubrir lo que le pasa a la gente. Por lo tanto, es muy lógico que se les
deteste(Plutarco, Sobre la curiosidad 518 d).
Cuando
los médicos quieren que los niños se tomen una medicina repugnante, untan el
borde de una taza con miel amarilla y dulce para engañar a los labios de los
niños incautos mientras tragan la amarga medicina (Lucrecio, De
la naturaleza de las cosas 4.11-6).
Cuando
un niño se niega a tragar áloe amargo, se le debería obligar, con la cara hacia
arriba y la boca abierta con una cuchara sopera, aunque se resista, le
inyectamos los áloes lo más hondo posible en la garganta mediante una jeringa
con cilindro resistente. Este es un método excelente para manejar a los niños
que no cooperan, y yo a menudo he administrado alimento en forma de sopa a
anoréxicos de esta misma manera (Pablo de Egina, Compendio
médico 4.57).
Es
sumamente fácil recomponer una nariz rota y devolverla a su forma original,
sobre todo si se atiende el mismo día en que se produjo la fractura o poco
tiempo después. Pero los médicos son lentos a la hora de actuar y al principio
manipulan la nariz con demasiada delicadeza. Deberían deslizar un dedo por
ambos lados del tabique nasal ejerciendo una presión descendente. Esto,
combinado con la presión interna de la nariz, pone recto el hueso. No hay
ningún médico tan competente como el propio paciente para llevar a cabo este
procedimiento, utilizando sus propios índices, siempre que esté dispuesto a
hacerlo y sea lo suficientemente valiente para participar, puesto que es el
tratamiento más natural (Hipócrates, Sobre las
articulaciones 37).
Ocurrió
en aquellos días que a Hefestión [amigo íntimo de Alejandro Magno] le dio
calentura, y como era joven y militar no quiso sujetarse a la debida dieta. Tan
pronto como su médico, Glauco, se hubo marchado al teatro, se sentó a la mesa a
comer, y tras zamparse un pollo asado y beberse un gran vaso de vino, puesto a
enfriar, se sintió mucho peor y, al cabo de poco tiempo, murió. Alejandro no
mostró control ninguno en sus lamentos, sino que inmediatamente mandó, en señal
de luto, cortar las crines a todos los caballos y a todas las acémilas, y
quitar las almenas en las ciudades del contorno. Al pobre médico lo crucificó
(Plutarco, Vida de Alejandro 72).
§. Médico, cúrate tú mismo
Es fácil dar consejos cuando los problemas los tiene otro, pero hacer lo que
aconsejas que hagan los demás no es fácil. Como prueba de ello, sé que los
médicos hablan todos muy seriamente a los pacientes sobre autocontrol, pero si
son ellos los que tienen problemas, hacen todo aquello que no les permiten
hacer a sus pacientes. Padecer dolor es muy distinto que simplemente
contemplarlo (Filemón, frg. 75).
Es
médico para otras personas, pero él mismo está cubierto de úlceras Eurípides, frg.
1086).
No
seas como esos médicos incompetentes que aseguran comprender la medicina cuando
tratan las enfermedades de la gente, pero que no pueden curarse a sí
mismos (Cicerón, Cartas a y de sus amigos 4.5.5).
Un
médico curandero trataba de vender un remedio infalible para la tos con
resultados inmediatos, a pesar de que él mismo estaba claramente atormentado
por la tos (Luciano, Apología 7).
§. Chistes de médicos
El médico le dijo a un maestro cuya úvula estaba lesionada que evitase
hablar. De modo que ordenó a su esclavo que devolviera el saludo en su nombre
cada vez que alguien le hablase. Después él mismo le decía a cada una de
aquellas personas: «No te lo tomes a mal si mi esclavo te responde en mi lugar.
El médico me ha ordenado que no hable» (Philogelos, Libro de
chistes 7).
Tras
reducir la fiebre de un paciente de terciana a semi terciana, un médico de Cime [los
cimeos eran proverbialmente estúpidos] le pidió solo la mitad de sus
honorarios (Philogelos, Libro de chistes 175 a).
Ahora la fiebre volvía cada dos días, no cada cuatro, de modo que lo hizo dos
veces mal.
Cuando
el paciente al que estaba operando gritó de dolor, un médico de Cime se fue a
buscar un escalpelo menos afilado (Philogelos, Libro
de chistes177).
Después
de leer el horóscopo de un niño enfermizo, un astrólogo cascarrabias le dijo a
la madre del niño que viviría muchos años. Cuando le reclamó los honorarios,
ella exclamó: «Vuelve mañana y entonces te pagaré». El astrólogo respondió :
« ¿ Significa esto que perderé mis honorarios si muere esta noche?»(Philogelos, Libro
de chistes 187).
Un
hombre con mal aliento fue a ver a su médico y le dijo: «Mire, señor, mi úvula
está colgando». Cuando abrió la boca, el médico retrocedió de un respingo y
dijo: «Su úvula no se ha desprendido, es su recto el que ha subido» (Philogelos, Libro
de chistes237).
Capito,
el médico, aplicó ungüento sobre los ojos de Chryses, cuando este podía ver una
torre alta a un kilómetro y medio de distancia, un hombre a ciento ochenta
metros, una codorniz a seis metros e incluso un piojo a treinta centímetros.
Ahora Chryses no puede ver la ciudad a ciento ochenta metros de distancia, ni
el faro (incluso cuando está encendido) a sesenta metros, solo puede ver un
caballo a quince centímetros, y allí donde antes podía ver una codorniz, ahora
no ve ni una enorme avestruz. Si Capito consigue aplicarle otra dosis de
ungüento, ya no podrá ver siquiera un elefante que esté justo a su lado(Estratón, Antología
griega 11.117).
Socles
prometió enderezar al jorobado Diodoro y amontonó tres piedras enormes, cada de
una de cuatro pies cuadrados, sobre su columna; Diodoro murió aplastado, pero
quedó más recto que una regla (Callicter, Antología
griega11.120).
Contenido:
Hipócrates
Herófilo y Erasístrato
Asclepíades
Jenofonte
Dioscórides
Tésalo
Médicos reales e imperiales
Galeno (el último pero no el menos importante)
§.
Hipócrates
Aun siendo considerado el fundador de la tradición médica occidental, la Figura
de Hipócrates es extremadamente vaga e imprecisa. Se le atribuyen unos setenta
tratados, pero no todos pudieron ser escritos por la misma persona, dadas las
numerosas y significativas contradicciones entre un tratado y otro. De hecho,
es harto probable que el propio Hipócrates no escribiera ninguno. Con esta
salvedad, la convención se refiere a él como al autor de todos ellos.
Por
más sorprendente que parezca, la medicina estuvo sumida en la oscuridad durante
el período que abarca desde la guerra de Troya hasta la guerra del Peloponeso[es
decir, desde finales del siglo XIIIhasta finales del siglo Va. C.]. Después
fue sacada de nuevo a la luz por Hipócrates, nacido en la famosa y poderosa
isla de Cos, que estaba dedicada al dios Asclepio. Era costumbre que aquellos
que se habían curado de una enfermedad consignasen en el templo de Asclepios
los remedios que podían ser útiles para ayudar a la gente que en épocas
posteriores sufriera la misma enfermedad. Se dice que Hipócrates copió estas
curas y que las utilizó como base para la medicina clínica después de que el
templo se quemara (Plinio, Historia natural 29.4).
Figuras 4.1 y 4.2 Fuentes antiguas proporcionan indicios que inducen a
pensar que Hipócrates era de estatura baja, pero no sabemos qué aspecto tenía.
Bien pudo haber sido calvo (1979) o no (1996).
La
vida es breve, el arte largo, la ocasión fugaz, la experiencia engañosa, el
juicio difícil (Aforismos v1.1). Posiblemente la más famosa de las
máximas atribuidas a Hipócrates.
Todo
aquel que consulta los libros escritos por Hipócrates los considera
preeminentes por su comprensión de la medicina y los acepta de buen grado como
si fueran las expresiones de un dios más que las palabras salidas de la boca de
un simple mortal (Suda s.v. Hipócrates).
Hipócrates
trazó su genealogía y remontó veinte generaciones hasta llegar a Heracles,
diecinueve hasta Asclepios (Sorano, Vida de
Hipócrates 1).
Artajerjes
I, rey de Persia, hizo saber a los habitantes de Cos que estaba indignado
porque Hipócrates se había negado a ser su médico en la corte, alegando que era
un enemigo de Grecia:
El gran Artajerjes, rey de reyes, dice esto al pueblo de Cos: Entregad a mis
mensajeros a Hipócrates el médico, una persona de mal carácter, que ha actuado
de manera ultrajante hacia mi persona y hacia los persas. De lo contrario
seréis castigados por contribuir a esta ofensa. Porque arrasaré vuestra ciudad
y arrojaré vuestra isla a las profundidades del mar, asegurándome de que en el
futuro ni siquiera se sepa que en este lugar hubo una isla o ciudad llamada Cos
(Pseudo-Hipócrates, Cartas 8).
Pocos
textos griegos antiguos han tenido tanta influencia en la tradición cultural
occidental como el llamado «juramento hipocrático». Está incluido en el corpus
hipocrático, hay pocas evidencias de que realmente se utilizase en la
Antigüedad. La primera referencia cierta más temprana se remonta al siglo I d.
C., en el prefacio de las Prescripciones de Escribonio Largo:
Un médico, obligado por el sagrado juramento de la profesión médica, no
administrará medicamentos dañinos a los enemigos de su país, aun así atacará a
esos enemigos en calidad de soldado y buen ciudadano.
Al
parecer, ni siquiera la familia de Hipócrates tenía escrúpulos a la hora de
utilizar medicamentos como arma de guerra. Su hijo Tésalo apeló a los
atenienses para que prestasen ayuda a su nativa Cos a cambio de las ventajas
que su ejército, afectado por una enfermedad infecciosa durante un asedio,
había recibido de su antepasado Nebro, «considerado universalmente como el
médico griego más grande de su tiempo»:
La llegada de Nebro al campamento ateniense complació al dios Apolo, que había
provocado la epidemia. Los soldados dejaron de morir y por una divina
casualidad, mientras caminaba por el polvo, el caballo del comandante golpeó
con su casco la tubería subterránea por la que el agua penetraba en el interior
de la muralla de la ciudad. Nebro envenenó el agua con drogas y destruyó las
entrañas de los defensores, contribuyendo así de manera significativa a la toma
de la ciudad (Pseudo-Hipócrates, Discurso de la Embajada 4).
Figura 4.3 Fragmento de un papiro del juramento hipocrático. En las letras
de la primera línea puede leerse κ]αιακροησιοσκαι (k]aiakroesioskai, «y de [mi]
enseñanza y»), de la sección en la que el médico jura transmitir su
conocimiento de forma gratuita.
§.
Herófilo y Erasístrato
Herófilo de Calcedonia y Erasístrato de Ceos son los físicos más estrechamente
relacionados con los estudios de medicina en Alejandría en la primera mitad del
siglo III a. C., durante el breve período en que se practicó libremente la
disección humana.
Cuando
alguien le pidió a Herófilo que definiese al médico perfecto, este le
respondió: «Aquel que es capaz de distinguir lo que es posible de lo que es
imposible» (Estobeo, Antología 4.38.9).
Herófilo,
ese famoso médico (¿o debería decir carnicero?), troceó a centenares de
personas para escudriñar en el interior de la naturaleza y prescindió de los
sentimientos humanos en aras de obtener conocimiento. Pero dudo que sus
investigaciones de los órganos internos aportasen claridad, dado que el proceso
de morir cambia los organismos vivos, sobre todo cuando la forma de la muerte
no es sencilla, sino que más bien causa distorsiones durante la disección(Tertuliano, Acerca
del alma 10).
Cuando
Erasístrato se tropezó con uno que tenía fiebre, pero que seguía comiendo con
buen apetito, le preguntó qué estaba haciendo y el paciente le respondió: «Me
estoy matando con deleite » (Gnomologium Vaticanum 287).
Figura 4.4 El Asclepeion de la isla de Cos, tierra natal de Hipócrates.
§.
Asclepíades
En tiempos de Pompeyo el Grande [es decir, a mediados del siglo I
a. C.] había un maestro de retórica llamado Asclepíades. Tras
considerar que no ganaba lo suficiente con este arte y que su ágil ingenio se
adecuaba mejor a cualquier otra profesión que no fuera hablar en público,
dirigió su atención a la medicina. Nunca la había practicado y no conocía
ninguno de los tratamientos que solo pueden aprenderse mediante la experiencia
práctica personal. Por consiguiente, rechazaba irrevocablemente todo
conocimiento médico consolidado y adulaba a diario a la gente con su torrente
de labia y refinada oratoria. Declaraba que había cinco principios universales
en el tratamiento médico: el ayuno; la ingesta controlada de vino; los masajes;
caminar; montar a caballo o en carro. Como todo el mundo podía permitirse estos
métodos y como todos estaban dispuestos a creer que la manera más fácil era la
verdadera, Asclepíades no tardó en convencer a casi todo el género humano; fue
como si hubiera descendido del cielo para ayudar a la humanidad (Plinio, Historia
natural 26.12).
Asclepíades
de Bitinia merece ser considerado el más grande de todos los médicos. Fundó una
escuela de medicina. Despreciaba a los embajadores que acudían con tentadoras
ofertas del rey Mitrídates de Ponto. Descubrió cómo utilizar el vino en los
tratamientos a los pacientes. Salvó la vida de un hombre cuando su funeral ya
estaba en marcha. Pero lo que le hizo alcanzar la fama fue la apuesta que hizo
con Fortuna: que no debería ser considerado médico de verdad si alguna vez
enfermaba. Ganó la apuesta, porque murió a muy avanzada edad al caer por las
escaleras (Plinio, Historia natural7.124).
En
la Historia natural 23.38, Plinio afirma que Asclepíades
declaró que el poder de los dioses apenas puede igualarse a los beneficios
médicos derivados del vino.
Asclepíades,
el más grande de todos los médicos con la única excepción de Hipócrates, fue el
primero en descubrir las ventajas de dar vino a los enfermos(Apuleyo, Florida 19).
Esta afirmación es totalmente incorrecta, ya que en la obra de
Hipócrates, Sobre la dieta en las enfermedades agudas 14, se
argumentan las ventajas de dar determinados tipos de vino a los pacientes.
§. Jenofonte
Jenofonte de Cos, médico personal del emperador Claudio, aseguraba ser
descendiente directo de Hipócrates. Cuando Agripina sirvió setas
venenosas a su esposo Claudio, Jenofonte, fingiendo ayudarlo a vomitar, le rozó
la garganta con una pluma impregnada de un veneno de efecto rápido (Tácito, Anales 12.67).
§. Dioscórides
Es harto probable que Dioscórides escribiera su influyente De materia médica
a mediados del siglo I d. C. Manuscritos de la obra presentan su nombre como
Pedanio Dioscórides Anazarbeo, dato que nos informa de que provenía de la
oscura ciudad cilicia de Anazarbus (hoy en la Turquía oriental) y de que
probablemente debía su ciudadanía romana al mecenazgo de la poderosa familia
Pedanii. El Pedanio más prominente de ese período fue Lucio Pedanio Segundo
que, mientras servía en calidad de prefecto de Roma, fue asesinado por uno de
sus esclavos por haberle hecho insinuaciones homosexuales. Por decreto
senatorial en respuesta al asesinato, los cuatrocientos esclavos de su
hacienda, entre ellos mujeres y niños, fueron ejecutados. Resulta llamativo
imaginar que este Pedanio pueda haber sido el mecenas del autor de uno de los
textos médicos más importantes de la Antigüedad.
§. Tésalo
Durante el gobierno de Nerón, Tésalo alcanzó la fama en la profesión médica
dejando de lado todo el conocimiento médico adquirido y denunciando a todos los
médicos de todas las épocas con cierta avidez. Podemos hacernos una idea de su
sentido de la razón y de su actitud con solo mirar su tumba de la vía apia, en
cuya inscripción se le menciona con el término griego iatronikes («el
conquistador de médicos») ningún actor ni auriga salió jamás en público
acompañado por una turba tan numerosa (Plinio, historia
natural29.9).
Galeno,
que escribió más de un siglo después de Plinio, seguía criticando a Tesalo por
complacer a la élite romana prometiendo enseñar el arte de la medicina en seis
meses: ahora que las credenciales médicas pueden obtenerse sin
esfuerzo, los zapateros, los carpinteros, los tintoreros y los trabajadores del
bronce han dejado sus oficios y se pelean por hacer lo que hacen los médicos.
Montan sus pequeños y lamentables tenderetes y compiten por el galardón al
mejor médico(Sobre el método terapéutico10.5K). La instrucción del
propio Galeno duró diez años, la preparación médica más larga que se conoce de
la Antigüedad. Consiguió su primer empleo como médico de la escuela de
gladiadores de Pérgamo a la edad de veintiocho años. En cambio, se ha
conservado un epitafio que lamenta la muerte de un cirujano de diecisiete años.
Figura 4.5 Página de uno de los varios manuscritos magníficamente ilustrados
de la obra De materia médica de Dioscórides, que se han conservado en griego,
árabe y latín.
Sentado
en su elevado trono con su pandilla de astutos seguidores, Tésalo tiene una
gran reputación entre personas que son como corderos llorones, se dispone a
argumentar que el mismo tratamiento sirve para todas las heridas recientes, sin
interferencias derivadas de la naturaleza de la parte del cuerpo dañada (Galeno, Sobre
el método terapéutico 10.406K).
§. Médicos reales e imperiales
Fue Aristóteles más que cualquier otro el que implantó en Alejandro el amor
por la medicina. No se sentía atraído simplemente por la teoría médica, sino
que en realidad solía ayudar a sus amigos prescribiendo tratamientos y dietas
para ellos(Plutarco, Vida de Alejandro 8).
Las
personas que sufrían de enfermedades del bazo estaban convencidas de que el rey
Pirro las podía ayudar: este sacrificaba un gallo blanco y presionaba
suavemente con el pie derecho el bazo del doliente, que debía estar tendido
boca arriba. Ninguno era tan pobre ni tan desvalido como para que no se le
concediera este tratamiento si lo solicitaba (Plutarco, Vida
de Pirro 3).
Figura 4.6 Aquiles vendando la herida de Patroclo, presumiblemente después
de haber extraído una flecha del brazo (parte inferior izquierda). Ambos
extremos de la venda rodean el brazo de Patroclo siguiendo el sentido de las
agujas del reloj. Se ha sugerido que, a pesar de ser un gran guerrero y de
haber recibido formación médica del centauro Quirón, Aquiles está representado
aquí como un paramédico incompetente. Esta interpretación se sustenta quizá por
el modo en que Patroclo vuelve la cabeza y extiende la pierna izquierda.
Mitrídates
VI de Ponto fue un médico aficionado. Algunos de sus cortesanos se ponían
voluntariamente en sus manos para cirugía y cauterización. Esto era coba en
acción, no solo de palabra, y él consideraba que la confianza que le
demostraban era testimonio de su destreza (Plutarco, Cómo
distinguir a un adulador de un amigo58 a).
Cuando
el futuro emperador Tiberio estaba en Rodas mencionó por casualidad, mientras
organizaba su agenda del día, que le gustaría visitar a los enfermos de la
ciudad. Su personal malinterpretó lo que pretendía y ordenó que trajesen a
todos los enfermos a la columnata pública y que los alineasen según la
enfermedad que padeciesen. Tiberio quedó sorprendido y asombrado, y durante un
buen rato no supo qué debía hacer, pero finalmente se dirigió a los enfermos
uno a uno y se disculpó por el incidente, sin importarle lo bajo e
insignificante de su estatus (Suetonio, Vida de
Tiberio 11).
Poco
después de su inesperado acceso al poder, Vespasiano seguía careciendo de
prestigio y de cierta majestad, por así decirlo. Pero consiguió también
adquirir estas cualidades. Dos hombres de clase baja, uno cojo y el otro ciego,
se presentaron juntos ante él mientras presidía el tribunal y le suplicaron que
les aplicase la cura que el dios Serapis les había enseñado durante la noche.
Serapis les había dicho que Vespasiano le devolvería a uno la vista si le
escupía en los ojos, y que el cojo andaría recto si se dignaba a tocarle la
pierna con su talón. Vespasiano pensó que había pocas esperanzas de éxito y por
consiguiente se mostró reacio a intentarlo. Sin embargo, finalmente, a
instancia de sus amigos, lo intentó y consiguió curarlos a ambos públicamente
ante una gran muchedumbre(Suetonio, Vida de Vespasiano 7).
Al
emperador Cómodo le encantaban las bromas: ponía a sus ayudantes nombres de
partes íntimas masculinas y femeninas; nombró a un hombre sacerdote de Hércules
porque tenía un pene enorme; en los banquetes hacía mezclar excrementos humanos
con manjares caros; empujó al prefecto de su guardia pretoriana a un estanque
de peces y le obligó a bailar desnudo delante de sus concubinas. Como broche
final del catálogo, se nos dice que incluso fingía ser médico,
desangrando a la gente con sus mortíferos escalpelos (Historia
Augusta, Vida de Cómodo 10).
§. Galeno (el último pero no el menos importante)
A pesar de que más de la mitad de sus obras conocidas se hayan perdido, Galeno
es de lejos el autor más prolífico que ha sobrevivido de la Antigüedad clásica.
No obstante, eso no significa que merezca la reputación de verborrea que se le
ha impuesto; véase «A algunos de los que se toman la molestia...» en el
capítulo 3. Normalmente, su ansia de claridad le obliga a escribir
abundantemente. Sin embargo, hay unas pocas excepciones. Al comienzo de su
obra Del uso de las partes del cuerpo dedica varias páginas a
demostrar que no es físicamente posible que existan los centauros ni que
funcionen con eficiencia: la mitad delantera humana necesitaría una
alimentación muy distinta a la de la mitad trasera caballo, e imaginemos a un
centauro encaramado a una escalera, remando en un bote, escribiendo un libro, o
haciendo otras muchas cosas. No obstante, dado que el intento humorístico de
este pasaje es un raro ejemplo en Galeno, quizá deberíamos alegrarnos de
tenerlo.
Figura 4.7 Sello griego en honor a Galeno. Desconocemos su verdadero
aspecto, igual que desconocemos el de Hipócrates.
Galeno
ofrece memorables atisbos de la vida en el Imperio romano. (No obstante,
deberíamos decir que estos detalles emotivos se encuentran en su mayoría
dispersos dentro de su enorme producción, y encontrarlos requiere mucha
paciencia, puesto que las páginas intermedias de exposición médica no siempre
atrapan el interés del lector profano.) Por ejemplo:
Un elefante muerto, presumiblemente muerto en la arena, atrajo a multitud de
médicos ansiosos por verlo diseccionado (los cocineros del emperador se llevaron
el corazón) (Procedimientos anatómicos 2.619K).
Una buena observación es siempre importante, como bien recalca Galeno cuando
critica condescendientemente a aquellos que están en desacuerdo con él sobre
anatomía: Son como el hombre que estaba contando sus asnos, pero olvidó
incluir aquel sobre el que estaba sentado y acusó a sus vecinos de habérselo
robado, o como el hombre que puso su casa patas arriba buscando unas monedas de
oro que tenía en la mano (Del uso de las partes del cuerpo 3.506K).
Quinto, uno de los grandes médicos de la generación anterior, acudió a visitar
a un paciente rico y poderoso después de cenar. Su aliento olía a vino y el
paciente le pidió que se apartara, pero Quinto le respondió con arrogancia que
puesto que el paciente despedía olor a fiebre, tendría que soportar el olor a
vino. Galeno continúa argumentando sobre un médico al que le olían los sobacos
(Comentario de las «Epidemias VI» de Hipócrates 17b.151K).
Alejandría es el mejor lugar para aprender anatomía. Los estudiantes que no
pueden viajar tan lejos por lo menos deberían buscar oportunidades para
examinar la estructura del hueso: un cadáver arrastrado fuera de su tumba por
una inundación del río, o el esqueleto de un bandolero abatido por un viajero
al que había intentado robar (Procedimientos anatómicos 2.220K).
Hay muchas razones por las que la gente finge estar enferma. Así empieza el
breve tratado de Galeno, Cómo detectar a los falsos enfermos (19.1-7K),
casi en su totalidad dedicado al caso de un esclavo cuya rodilla estaba tan
hinchada que habría horrorizado a cualquier profano, pero no a Galeno, que se
percató de que la hinchazón había sido provocada con tapsia (una zanahoria
mortífera todavía utilizada por los pescadores tradicionales para atontar a los
peces). Las investigaciones revelaron que el esclavo era un mentiroso congénito
y que tenía que salir de viaje para escoltar el carruaje de su amo. Otro de los
esclavos de la casa, que no le tenía ninguna simpatía, le dijo a Galeno que se
resistía porque no quería dejar a una muchacha de la que estaba enamorado. Esta
petulante historia está sacada del comentario de Galeno sobre el segundo libro
de Hipócrates, Epidemias, en el que se debate largo y tendido el
problema de los falsos enfermos.
Es mejor extraer la leche directamente del pezón, tal como recomiendan Eurifon,
Heródoto y Pródico. Es tal su confianza en este método para recuperar el peso
del cuerpo, que ordenan a los pacientes que se han consumido por la tisis que
se metan en la boca el pecho de una mujer y chupen el pezón. Dado que hay mucha
gente que no puede soportar esto, es preferible transferir la leche del pecho
de la mujer al estómago del paciente mientras aún está caliente [esto es, que
se beba en una taza]. La leche de mujer es mejor porque es de la misma
especie. Sin embargo, a mucha gente le repele el mero hecho de que se le dé
leche de mujer como si fueran niños, por lo tanto, puedes darles leche de burra
como si fueran burros (Sobre el método terapéutico 10.474K).
Figura 4.8 Galeno debatiendo con su ídolo Hipócrates en un fresco italiano
del siglo XII.
No
deberías administrar a tu paciente más de medio litro de leche de burra, tal
como me viste hacer a mí: metiendo a la burra en la habitación del paciente
para asegurarte de que no se pierde tiempo entre ordeñar y beber, y haciendo
que el paciente se la beba inmediatamente (Galeno, Sobre el método
terapéutico10.727K).
En otro apartado de la misma obra (10.468), nos enteramos de que, además de
la melka, leche agria helada, a los romanos les gustaba, también
helada, la άφρόγαλα (afrogala), que significa literalmente «leche
espumosa», y suena igual que esa otra bebida todavía popular en Roma, aunque no
en el norte de Italia, cappuccino freddo, pero sin café, ni azúcar
ni hielo.
Contenido:
El
pulso
El corazón
¿El corazón gobierna la cabeza?
No
es posible contemplar sin una fuerte sensación de asco los elementos que juntos
constituyen el ser humano: sangre, carne, huesos, venas y demás(Aristóteles, Partes
de los animales 645 a).
En
mi opinión, no hay punto de partida en el cuerpo. Cada una de las partes del
cuerpo es el comienzo, y a la vez el final, igual que no hay principio en un
círculo. Las enfermedades surgen también en todas las partes del cuerpo
indiscriminadamente (Hipócrates, Lugares en el hombre 1).
En
los tiempos antiguos, no había necesidad de manuales de anatomía, puesto que
los hijos practicaban la disección bajo la supervisión de sus padres, lo mismo
que la lectura y la escritura... y no había temor a que alguien que hubiese
aprendido de este modo olvidase lo que practicaba, como tampoco es probable que
quienes han practicado las letras del alfabeto olviden cómo escribir. ...
Cuando la medicina dejó de estar confinada al clan de los Asclepíades, se fue
deteriorando cada vez más con el paso de cada generación, por esto surgió la
necesidad de los manuales para preservar su conocimiento (Galeno, Procedimientos
anatómicos2.280K).
El
que desee observar las obras de la naturaleza no debería confiar en los libros
de anatomía, sino en sus propios ojos, y o bien acercarse a mí o a uno de mis
colegas o practicar diligentemente la disección por su cuenta. Pero mientras no
haga otra cosa que leer libros, estará confiando en los anatomistas antiguos
más que en nosotros, porque ellos son muchos más (Del
uso de las partes del cuerpo3.98K).
Hay
que ahogar en agua a los simios que se vayan a utilizar en la disección para
evitar daños en los órganos del cuello a causa de la estrangulación (Galeno, Procedimientos
anatómicos 2.423K). Más adelante, en la misma obra conservada solo en
árabe, recomienda utilizar una cabra o un cerdo para la vivisección del
cerebro, puesto que la expresión del rostro de un simio resultaría
descorazonadora, mientras que una cabra o un cerdo no harían más que chillar
enérgicamente.
Galeno
castiga a los médicos demasiado ansiosos por montar una exhibición, pero él
mismo era un hombre muy teatral. Para demostrar el mecanismo vocal, ataba los
nervios intercostales de un cerdo (elegido porque es el animal que más chilla):
el público quedaba asombrado al constatar el silencio del cerdo, pero «todavía
se sorprendía más» cuando deshacía el nudo y el cerdo volvía a chillar (Procedimientos
anatómicos 2.669K).
Dado
que hay varios tipos de enfermedades y dolores que se originan en las regiones
internas del cuerpo, la gente piensa que nadie puede administrar remedios a
menos que esté familiarizado con esas partes del cuerpo. Por consiguiente,
creen que es necesario diseccionar cadáveres y escudriñar en sus órganos
internos y en sus entrañas. Sostienen que Herófilo y Erasístrato fueron, con
mucho, quienes ejercieron mejor este arte y realizaron vivisecciones en
criminales que los reyes ptolemaicos de Egipto les suministraban de sus
prisiones. Mientras todavía quedase un hálito de vida en el cuerpo de las
víctimas, ellos estudiaban cosas que la naturaleza había encerrado previamente:
su posición, color, forma, tamaño, disposición, dureza, suavidad, uniformidad,
el contacto de unos órganos con otros, el movimiento hacia adelante y hacia
atrás, el que una parte encaje con otra o que otra parte encaje en ella. ...
Muchos declaran que no es cruel explotar el sufrimiento infligido a unos pocos
convictos en aras de hallar remedios que beneficiarán a personas inocentes en
los tiempos venideros (Celso, De medicina, Prefacio 23).
Nunca
he intentado diseccionar hormigas, mosquitos, pulgas u otras criaturas
diminutas, pero a menudo he diseccionado animales que trepan, como gatos y
ratones, y animales que reptan, como serpientes, y muchas especies de pájaros y
peces (Galeno, Procedimientos anatómicos 2.537K).
El
universo está oculto por oscuras tinieblas de tal modo que el intelecto humano
no posee la agudeza de visión necesaria para penetrar los cielos ni las
profundidades de la tierra. Ni siquiera entendemos nuestros cuerpos e ignoramos
la posición y finalidad de cada uno de los órganos. Los médicos, cuyo cometido
consiste en saber estas cosas, han abierto cuerpos de arriba abajo para poder
ver los mecanismos internos, pero la secta médica empírica sostiene que esto no
mejora nuestro conocimiento de los órganos del cuerpo, porque puede ocurrir que
el mismo proceso de exponerlos a la vista provoque alteraciones en ellos(Cicerón, Cuestiones
académicas 2.122).
Ya
es hora de que el lector de este libro decida a qué coro quiere unirse, al de
Platón e Hipócrates y otros que admiran las obras de la naturaleza o al coro de
los detractores que se lamentan de que la naturaleza no haya diseñado nuestros
cuerpos de manera que los desechos fluyan de nuestros pies. La persona que osó
refunfuñar de este modo estaba, para mí, tan degradada por la decadencia de su
estilo de vida que pensó que era algo terrible tener que levantarse del diván
para aliviarse. En su opinión, el ser humano estaría mejor diseñado si lo único
que tuviera que hacer fuera estirar el pie y excretar (Galeno, Del
uso de las partes del cuerpo3.236K). Un poco más adelante, Galeno observa
(3.241K) que no se podría encontrar un lugar mejor en el cuerpo de un
animal para ubicar los pies que el sitio en el que están ahora.
Los
dioses imitaron la naturaleza esférica del universo cuando encerraron a los dos
círculos divinos del alma en un cuerpo esférico, es decir, en lo que
denominamos cabeza, la parte más divina de nuestro cuerpo y la que gobierna
sobre las demás... y, para evitar que rodase por el suelo, le proporcionaron un
cuerpo como medio práctico de transporte (Platón, Timeo44 d).
Esta idea de cabezas más o menos libres no es tan extraña como la visión que
tenía Empédocles de la creación antes de que la evolución garantizara la
supervivencia del más fuerte: Muchas cabezas crecieron sin cuello, y
los brazos rondaban desnudos, sin hombros, y los ojos erraban solitarios,
privados de frente (frg. 57).
Empédocles
se equivocaba cuando decía que muchas de las características de los animales
eran resultado de incidentes fortuitos en el curso de su desarrollo, como por
ejemplo cuando aseguraba que la columna vertebral es como es porque se rompió [en
vértebras] al retorcerse el feto [en el útero]
(Aristóteles, Partes de los animales 640 a).
Los
artesanos expertos a menudo exhiben sus habilidades cuando hacen un cerrojo, un
escudo, el mango de una espada, o un cuenco al que añaden alguna decoración u
ornamento que trasciende el valor utilitario del objeto, como una hiedra, una
parra, una rama de ciprés o algo por el estilo. Asimismo, la naturaleza en su
abundancia ornamenta todas las partes del cuerpo, especialmente en los humanos.
En muchas zonas del cuerpo la decoración es obvia, pero a veces queda oculta
por el esplendor del aspecto funcional. Resulta obvio con las orejas y también,
supongo, con la piel de la punta del pene, la parte que la gente denomina
prepucio. Ocurre lo mismo con la carne de las nalgas, porque si miras a un
simio enseguida apreciarás lo fea que sería esta parte del cuerpo si estuviera
expuesta (Galeno, Del uso de las partes del cuerpo 3.898K).
Hay
algunos rasgos externos del cuerpo que están allí solo por apariencia, pero que
no tienen ninguna finalidad práctica: por ejemplo, los pezones de los hombres y
las barbas. Las barbas son puramente ornamentales y no para proporcionar
protección, como bien demuestra la suavidad del rostro de las mujeres; ellas
son el sexo débil, por lo tanto deberían tener una mayor protección (San
Agustín, La ciudad de Dios 22.24).
El
pelo de la barbilla de los hombres no solo cubre sus mejillas, sino que les
confiere también un aspecto elegante. Porque los hombres parecen más dignos,
sobre todo cuando envejecen, si tienen una fina capa de pelo en el rostro. ...
Pero las mujeres no necesitan ningún recubrimiento especial para resguardarlas
del frío, puesto que en general se pasan el tiempo en casa (Galeno, Del
uso de las partes del cuerpo 3.899K).
La
propia naturaleza parece haber aplicado una lógica maravillosa al diseñar
nuestros cuerpos. Situó en lugar bien visible todas las partes atractivas de
nuestra anatomía, mientras que cubrió y ocultó aquellas partes que tienen una
función esencial, pero que resultarían feas y desagradables a la vista (Cicerón, Sobre
los deberes 1.126).
La
mayoría de las partes externas del cuerpo tienen nombres específicos, y debido
a su familiaridad son bien conocidos. Lo contrario ocurre con los órganos
internos; las partes interiores del ser humano son generalmente desconocidas, y
por esto hemos de inspeccionar las distintas partes de otros animales que
tienen una naturaleza comparable a la nuestra (Aristóteles, Historia
de los animales 494 b).
Tanto
los hombres como las mujeres tienen venas gruesas en ambos pechos que hacen una
gran contribución a la inteligencia de una persona (Hipócrates, Epidemias 2.6.19).
Los
mayores expertos declaran que hay una vena que une los ojos con el cerebro.
Creo que también hay una vena que une los ojos con el estómago; en cualquier
caso, es un hecho que nadie ha recibido nunca un golpe en el ojo sin vomitar(Plinio, Historia
natural 11.149).
Las
arterias no tienen sensación, porque no tienen sangre, y no todas contienen el
espíritu vital. Cuando se corta una arteria, solo se paraliza aquella parte del
cuerpo. Las aves no tienen ni venas ni arterias, ni tampoco las tortugas, ni
las lagartijas; estas criaturas tienen muy poca sangre. Las venas están
repartidas por toda la piel y conducen finalmente a unos filamentos
extremadamente finos por los que la sangre ya no puede continuar. Tampoco puede
circular ninguna otra cosa, excepto la humedad que se crea en estos filamentos
en incontables gotas, y que se llama sudor. Las venas tienen un punto de
encuentro central en el ombligo (Plinio, Historia
natural11.220).
Los
machos tienen más dientes que las hembras. Esto es aplicable a los humanos, al
ganado, a las cabras y a los cerdos (Plinio, Historia
natural 11.167).
Los
dientes deberían considerarse huesos, aunque algunas autoridades están en
desacuerdo. Si no nos permiten denominarlos huesos, justo sería que nos dieran
algún otro nombre para ellos. Es evidente que no podríamos llamarlos
cartílagos, ni arterias, ni venas, ni nervios, y todavía sería menos apropiado
llamarlos tejido graso, o cabello, o carne, o glándulas. No podemos en absoluto
nombrarlos como ninguna otra parte del cuerpo. Por consiguiente, si los omito
de mi exposición sobre los nervios, músculos y órganos internos y también de la
argumentación sobre los huesos que estoy iniciando ahora, no podré mencionarlos
en absoluto. Por lo tanto, deberíamos despedir a los expertos (Galeno, Huesos
para principiantes 2.752K).
Los
dientes humanos contienen una especie de veneno; enseñar los dientes delante de
un espejo lo deja opaco y sin brillo, y también mata a los polluelos de las
palomas (Plinio, Historia natural 11.170).
El
hígado es sangre coagulada, y por esto es caliente por naturaleza (Macrobio, Saturnales 7.4.19).
El hígado se consideraba sede de las pasiones, especialmente del amor. Por muy
poco romántico que pueda parecernos, esta idea estuvo vigente hasta época muy
reciente.
El
bazo no hace nada ni tiene ninguna función (Rufo de
Éfeso, Sobre la anatomía de las partes del cuerpo 31)
El
bazo se llama así porque llena [como si el término
latino splen derivase de supplementum] la
parte opuesta del hígado, para asegurarse de que no quede ningún espacio
vacío (San Isidoro, Etimologías 11.1.127).
Un
paciente que padece dolor en el bazo debería tomar raíz u hojas de tamarisco
machacadas con vinagre. Si deseas verificar la efectividad de este tratamiento,
alimenta a un cerdo durante nueve días con raíces u hojas de tamarisco. Si
después matas al cerdo, descubrirás que no tiene bazo (Marcelo, Sobre
medicamentos 23.49).
El
diafragma es el núcleo principal de la hilaridad. Esto se aprecia sobre todo
haciendo cosquillas en las axilas, que están directamente vinculadas al
diafragma. En ningún otro sitio es tan fina la piel, y el placer de rascar es
por lo tanto inmediato. La asociación de la hilaridad con el diafragma es la
que hace que una herida en el diafragma, recibida en batalla o en un
espectáculo de gladiadores, provoque risa y también la muerte (Plinio, Historia
Natural 11.198).
Los
creadores del género humano sabían que no nos contendríamos en la bebida ni en
la comida, y que nuestra voracidad nos haría consumir mucho más de lo razonable
y necesario. Por esto, para evitar que las enfermedades agudas nos destruyeran
y llevasen a la especie humana a una rápida extinción desde el instante de su
nacimiento, los artífices, en previsión a lo que ocurriría, convirtieron lo que
se llama bajo vientre en un receptáculo para la comida y bebida sobrantes, y
enrollaron los intestinos formando circunvoluciones para impedir que el
alimento pasase con excesiva rapidez a través del cuerpo forzándolo a consumir
de inmediato más comida. Esta voracidad e insaciable glotonería harían que toda
la especie humana fuese enemiga de la filosofía y de las musas, insensible al
elemento más divino de nuestra naturaleza (Platón, Timeo 72 e).
§. El pulso
Herófilo tenía tanta confianza en la frecuencia del pulso como indicador
fiable de la salud de una persona que construyó un reloj de agua que contenía
una determinada cantidad de agua calibrada para que se equiparase a la
frecuencia cardíaca de las distintas etapas de la vida de una persona. Iba a
visitar a un paciente, iniciaba el reloj de agua y le tomaba el pulso al
enfermo. La cantidad que el ritmo cardíaco del paciente excedía al ritmo normal
del vaciado del reloj indicaba hasta qué punto su pulso iba demasiado rápido,
es decir, medía la intensidad de la fiebre del paciente. (Marcelino, Sobre
el pulso 11).
Algunos
de los términos utilizados para describir las variaciones del pulso, acuñados
en su mayoría por Herófilo y Arquígenes y sus discípulos, son harto imprecisos.
A menudo se menciona «formicante» junto con «de gacela» y «vermiculante».
Obsérvense también:
agitado
irregular
frenético
intermitente
de cola de ratón
tembloroso
en retroceso
espasmódico
undoso.
El
pulso «formicante» se llama así porque se parece a la criatura conocida como
hormiga. Algunos dicen que recibe este nombre por su pequeño tamaño, otros por
el modo en que se mueve, como ocurre en el caso del pulso «vermiculante» y en
el «de gacela» (Galeno, Diferentes tipos de pulso 8.553K).
El hecho de que Galeno nos dé dos motivos diferentes para justificar el nombre
del pulso muestra una de las dificultades que entrañan las definiciones
extremadamente sutiles de Herófilo.
Estos
médicos siguieron todos a la misma autoridad, la primera en caer en el error,
precisamente porque tenían una idea confusa e inarticulada sobre el pulso.
Después discutieron agriamente, no solo entre ellos sino también con Herófilo,
sobre temas que no tienen ninguna relevancia en el arte de la medicina, ni para
bien ni para mal (Galeno, Diagnóstico por el pulso 8.868K).
El
rey Antígono fue a ver a su hijo Demetrio cuando se enteró de que estaba
enfermo. En la puerta de su habitación se encontró con una hermosa mujer.
Entró, se sentó y le tomó el pulso a su hijo. Demetrio dijo: «Ahora la fiebre
se ha ido»; y Antígono respondió: «Por supuesto que se ha ido, hijo mío. Yo
mismo me la encontré en la puerta cuando se marchaba» (Plutarco, Vida
de Demetrio 19).
§. El corazón
En su argumentación acerca de que la fisiología del cuerpo humano muestra la
maravillosa obra de artesanía de la naturaleza, Cicerón se detiene en seco y
evita detallar los procesos de excreción «por temor a que resulte más bien
desagradable» y pasa a describir el sistema respiratorio:
El aire introducido en los pulmones por medio de la respiración es calentado
primero por el aliento mismo y luego por su contacto con los pulmones; una
parte de él es nuevamente expulsada por el acto de la respiración, y otra es
recibida por una parte del corazón llamada ventrículo, junto al cual hay otro
recipiente similar hacia el que fluye la sangre procedente del hígado a través
de la vena cava. Desde estas cámaras la sangre es difundida hacia todo el
cuerpo a través de las venas y el aliento a través de las arterias (Sobre la
naturaleza de los dioses2.138).
Dicen
que algunas personas nacen con un corazón peludo. Se cree que son
extremadamente valientes, como en el caso de Aristómenes el Mesenio. Tras matar
a trescientos espartanos, fue herido y hecho prisionero, pero escapó del
encarcelamiento en las canteras siguiendo los senderos de los zorros a través
de una cueva. Fue nuevamente capturado, pero cuando sus guardianes se
durmieron, rodó sobre el fuego y quemó sus ataduras a pesar de sufrir también
él quemaduras. Al ser capturado por tercera vez, los espartanos le abrieron el
pecho mientras aún estaba vivo y encontraron que tenía el corazón peludo (Plinio, Historia
natural11.185). El rey Leónidas, que estaba al mando de los trescientos
espartanos que contuvieron a los persas en las Termópilas en 480 a. C., también
tenía el corazón peludo.
Dicen
que el corazón de una persona fallecida por una enfermedad del corazón no puede
ser quemado, y lo mismo es aplicable a aquellos que han muerto envenenados (Plinio, Historia
natural 11.187).
§. ¿El corazón gobierna la cabeza?
Sabemos que los griegos antiguos llevaban un anillo en el dedo de la mano
izquierda que está más cerca del meñique, y dicen que los romanos adoptaron esa
misma práctica. Apión, en su obra Libros egipcios, da la
siguiente explicación: al cortar y abrir los cuerpos humanos, como era
costumbre en Egipto (el procedimiento que los griegos llaman «anatomía»), se
descubrió que había un nervio muy fino que iba al corazón partiendo del dedo
que he mencionado, y desde ningún otro dedo. De modo que les pareció razonable
honrar a dicho dedo con esta ornamentación, puesto que aparentemente tiene una
íntima relación con el corazón, el órgano que gobierna el cuerpo (Aulo
Gelio, Noches áticas 10.10).
Había
muy poco consenso entre filósofos, físicos y otros científicos sobre la
ubicación del hegemonikon (literalmente, «la cosa que
dirige»), la parte del cuerpo que controla las demás partes. El corazón y el
cerebro eran los principales aspirantes a este honor, pero también había otros:
la cabeza entera o el pecho, el espacio entre las cejas, el aliento en torno al
corazón, el estómago.
Médicos
tan influyentes como Praxágoras y Filótimo de Cos sostenían que, mientras que
el alma está ubicada en el corazón, el cerebro es solo una especie de
excrecencia superflua, una derivación de la médula de la columna (Galeno, Del
uso de las partes del cuerpo 3.671K).
Por
lo menos Aristóteles le encontró alguna utilidad al cerebro: La función
del cerebro es la de regular la temperatura de la sangre (Aristóteles, Partes
de los animales 653 b).
Silogismo
de Zenón de Citio, fundador del estoicismo:
La
voz sale a través de la tráquea
Si saliera del cerebro, no saldría de la tráquea
La voz sale del mismo sitio que el habla
El habla sale de la razón
Por lo tanto la razón no está en el cerebro.
(Galeno, Las
doctrinas de Hipócrates y Platón 2.5.8)
Crisipo,
también estoico, ofreció una prueba etimológica de la supremacía del corazón al
señalar que la palabra que designa «corazón» es kardia, con una
forma alternativa, kradia, casi la misma que kratia,
que no existe aislada, sino que se encuentra en palabras compuestas como demokratia,
«gobierno del pueblo» (Galeno, Las doctrinas de Hipócrates y Platón3.5.27).
Más arriba, en la misma obra, Galeno también había hecho hincapié en Crisipo al
declarar que «la etimología es un testigo poco fiable porque a menudo testifica
la verdad de cosas que son justo lo contrario de la verdad» (2.2.7).
El
propio Galeno aborda un criterio más amplio:
El
cerebro está en la cabeza del mismo modo que el rey de Persia vive en una
ciudadela, pero de ello no se desprende necesariamente que el elemento que
gobierna el alma esté ubicado en el cerebro. Solo porque el cerebro tenga los
sentidos situados alrededor como guardaespaldas, o porque la cabeza sea el
equivalente en el cuerpo humano de lo que el cielo es respecto al universo
entero, no significa necesariamente que el cerebro sea la sede del razonamiento
como el cielo es el hogar de los dioses. Los argumentos a favor de que el
cerebro es la parte que rige el cuerpo son mucho más plausibles que los
argumentos a favor del corazón, pero aun así no son fiables (Las
doctrinas de Hipócrates y Platón2.4.17).
El
estómago merece ser llamado el paterfamilias [cabeza de
familia] del cuerpo, como si él solo controlase a todo el animal.
Porque si el estómago enferma, la vida corre peligro dado que el paso de los
alimentos falla; además, la naturaleza le ha concedido al estómago el poder de
decidir si acepta o rechaza la comida, como si fuera capaz de pensamiento
racional (Macrobio, Saturnales7.4.17).
Aquellos
que sostienen que el estómago es el rey de todo el cuerpo parecen basarse en un
razonamiento cierto. Porque si el estómago es fuerte fortalece a todos los
miembros, pero si sufre dolor todos ellos se ven afectados. Incluso se dice
que, si no se cuida debidamente del estómago, este puede dañar al cerebro y
trastornar nuestros sentidos que de lo contrario permanecerían sanos (Sereno
Samónico, Libro de medicina 17.300).
La
erección del pene está causada por el aire. Es una deducción obvia por la
velocidad con que se producen la turgencia y la detumescencia. Ningún líquido
podría provocar un cambio tan rápido. Puesto que es así y puesto que la
disección revela que las arterias que entran en el pene son más bien grandes
para una parte tan pequeña del cuerpo... ¿qué otra conclusión podemos extraer
si no que, cuando el pene aumenta de tamaño, se llena de aire vaporoso que
fluye hasta allí desde las arterias ? (Galeno, Sobre
los lugares afectados 8.441K). Una vez establecido que el aire que
penetra en el pene a través de las arterias provoca la erección, no hace falta
mucho para determinar que el priapismo, la erección involuntaria, se debe a la
flatulencia (Galeno, Causas de los síntomas 7.267K).
Está
meridianamente claro que las personas razonables no entablan relaciones
sexuales por el mero placer, sino más bien para aliviar una molesta urgencia(Galeno, Sobre
los lugares afectados 8.419K).
Un
flujo incontrolable de semen no es fatal, pero es desagradable e incluso
asqueroso oír hablar de ello. ... Incluso los jóvenes que han tenido este
problema parecen irremediablemente viejos, porque son indolentes, están
debilitados, carecen de vitalidad, son indecisos, aburridos, enfermizos, están
ajados, inactivos, pálidos, blancos y afeminados. No tienen apetito, son
sensibles al frío, las extremidades les pesan y tienen las piernas entumecidas,
carecen de control sobre sí mismos y son totalmente apáticos. En muchos casos
esta afección conduce a la parálisis (Areteo, Sobre
las causas y los síntomas de las enfermedades agudas 2.5.1).
En
cuanto a aquellos que obtienen placer del vientre, y se permiten excesivos
caprichos con la comida, la bebida y las relaciones sexuales, para todas estas
personas los placeres son breves y fugaces —solo el tiempo que dura la comida y
la bebida— pero los dolores muchos (Demócrito, frg.
235).
Los
testículos de las mulas castradas, asados y después mezclados con jugo de sauce
hervido en agua, actúan como anticonceptivo (Aecio, Sobre
medicina16.17).
Los
hombres que tienen el pene grande no son tan fértiles como los hombres con
penes de tamaño normal, porque el esperma no es productivo si está frío, y el
esperma tiene que recorrer un trayecto demasiado largo y se enfría (Aristóteles, Sobre
la generación de los animales 718 a).
Es
posible que la esterilidad se deba al hombre, no solo a la mujer, o a ambos.
... Por ejemplo, si un hombre tiene aspecto de eunuco y tiene un pene muy
pequeño, no puede eyacular muy profundamente en la vagina. La corpulencia
excesiva también puede ser causa del problema; los hombres obesos no pueden
eyacular muy adentro de la vagina (Aecio, Sobre
medicina 16.26).
Se
puede examinar la fertilidad del semen de los hombres en el agua. Si es claro y
frío, se extiende por la superficie, pero si es fértil, se hunde hasta el
fondo, puesto que lo que está maduro está caliente y lo que es firme y espeso
está maduro. Las mujeres se pueden examinar con pesarios, para ver si los
olores se filtran y suben hasta el aliento que exhalan, y también frotándoles
los ojos con tintes para ver si tiñen la saliva. Si no se obtienen estos
resultados significa que los pasos por los que debería secretar el exceso de
fluidos están cerrados y bloqueados. La región que rodea los ojos es la parte
de la cabeza que más tiene que ver con el proceso generador. Dos hechos lo
demuestran: los ojos son la única parte del cuerpo que se altera visiblemente
durante el coito, y aquellos que se entregan con frecuencia al acto sexual
tienen los ojos manifiestamente hundidos (Aristóteles, Sobre
la generación de los animales 747 a).
Los
escitas [pueblo nómada de las estepas del norte]... no son
particularmente aficionados al coito, debido a su constitución húmeda y a sus
estómagos blandos y fríos, características que no excitan especialmente la
pasión. Además, su constante cabalgar de un lado a otro reduce sus capacidades
sexuales. Estas son las cosas que afectan a los hombres. En cuanto a las
mujeres, es la carne gorda y húmeda. Sus úteros no pueden retener el esperma y
su menstruación no es como debería ser, porque es escasa y tardía. La boca del
útero está cerrada por la grasa y no admite el esperma. Las mujeres son obesas
y poco habituadas al trabajo duro, y sus estómagos son fríos y blandos. Por
estos motivos la raza de los escitas es irremisiblemente muy poco fértil. Las
mujeres esclavas dan clara muestra de ello, porque tan pronto como yacen con un
hombre se quedan preñadas, y esto se debe a que son delgadas y están
acostumbradas a trabajar duro (Hipócrates, Sobre los aires,
aguas y lugares 20).
Figura 6.1 Es difícil imaginar a este escita provisto de magníficos bigotes
preocupado por sus capacidades, ya sean sexuales o de cualquier otro tipo.
Así
es como tratan los escitas su impotencia. Al inicio de su afección, se abren la
vena que hay detrás de cada oreja. Al brotar la sangre, se debilitan y les
sobreviene el sueño. Cuando se despiertan, algunos están curados, otros no(Hipócrates, Sobre
los aires, aguas y lugares 22).
En
su obra Recetas fáciles de obtener 2.34, Teodoro Prisciano
dedica un capítulo entero al tratamiento de la impotencia. Tras recomendar
ejercicio moderado, masajes realizados por manos femeninas especialmente en las
partes bajas del cuerpo, el uso de distintos ungüentos, alimentos, bebidas,
mucho descanso en una cama confortable durante el día y también durante la
noche, y la adquisición de esclavas jóvenes y atractivas, concluye con la
sugerencia de que uno debería leer literatura que predisponga la mente al
placer mediante la seductora narración de historias eróticas.
Un
hombre que se queda calvo es de naturaleza flemática. Durante el coito, la
flema que tiene en la cabeza se zarandea y se calienta, y cuando se encuentra
con la epidermis, quema las raíces del cabello, que acaba cayendo. Por esta
misma razón los eunucos no se quedan calvos, porque no sufren este fuerte
movimiento que tiene lugar durante el coito y, por consiguiente, la flema no se
calienta y no quema las raíces del cabello (Hipócrates, La
naturaleza del niño 20). Sobre la flema (literalmente «calor» en griego)
y los otros humores, véase capítulo 13.
Según
Hipócrates, las mujeres obtienen un placer menos intenso que los hombres en el
coito, pero dura más (Procreación 4). Este mismo tema es debatido
por Júpiter y Juno en el tercer libro de Las metamorfosis de
Ovidio y resuelto por Tiresias, más conocido por ser el profeta ciego que
aconsejó a los gobernantes de Tebas y después a Ulises en el Inframundo que
como consejero sexual:
Mientras estaba relajado con el néctar, Júpiter le dijo a Juno: «Vosotras las
mujeres sin duda disfrutáis del sexo más que los hombres». Ella no estuvo de
acuerdo y decidieron consultar a Tiresias, porque estaba familiarizado con el
sexo, como hombre y como mujer. Había visto a dos enormes serpientes copulando
en un bosque frondoso y las había golpeado con su bastón. A consecuencia de
ello, se pasó siete otoños convertido en mujer, pero al octavo volvió a ver a
las serpientes y dijo: «Si el golpearos tiene el poder de cambiar el sexo de
quien golpea, volveré a golpearos ahora». Apaleó a las mismas serpientes y
recuperó su apariencia anterior, aquella con la que había nacido. Como árbitro
de la desenfadada discusión, confirmó lo que había dicho Júpiter [pero Juno se
enfadó y lo cegó, por lo que Júpiter compensó su falta de visión con el don de
la profecía. En otro lugar, Tiresias es más concreto y declara que las mujeres
disfrutan del sexo nueve o diez veces más que los hombres (Apolodoro,
Biblioteca 3.6.7)].
También
en la vida real se conocían los cambios de sexo:
En Epidauro había una persona que parecía una muchacha. Había perdido a sus
progenitores, y se llamaba Callo. El orificio que tienen las mujeres en los
genitales estaba, en su caso, sin abrir, pero al lado de lo que llamamos pubis,
tenía desde su nacimiento un conducto por el que excretaba la orina. Cuando
llegó a la edad adulta, vivió con un hombre. Estuvo conviviendo con él durante
dos años, pero no podía tener relaciones sexuales de la manera en que suelen
hacerlo las mujeres y tenía que soportar relaciones contra natura. Al final de
aquel período, le salió una hinchazón en los genitales y sufría terribles
dolores. La visitaron varios médicos, pero ninguno estaba dispuesto a
responsabilizarse de su tratamiento. Sin embargo, un vendedor de fármacos
prometió curarla. Le abrió la zona hinchada y le salieron unos genitales
masculinos, testículos y un pene sin perforación. Mientras todos los presentes
quedaron boquiabiertos ante el extraño suceso, el vendedor empezó a arreglar
los demás defectos. Primero practicó una incisión en la punta del pene y abrió
paso a la uretra, y mediante un tubo de plata empezó a drenar la orina.
Finalmente, escarificó la zona perforada para que de este modo las distintas
partes quedasen unidas.
Después de curarla de esta manera, le exigió el doble de los honorarios
diciendo que él había atendido a una mujer enferma y le había devuelto la salud
a un hombre. Callo abandonó las lanzaderas de su telar y demás instrumentos
para trabajar la lana, y empezó a vestirse y a comportarse como un hombre.
Cambió su nombre por el de Callon añadiendo la letra «n» al final. Algunos
decían que antes de cambiar de sexo había sido sacerdotisa de Démeter y que
después fue juzgada por impiedad, por haber visto cosas que los hombres no
podían ver (Posidonio, frg. 85).
Quizás
la aplicación menos sorprendente de la raya eléctrica (véase fig. 10.5)
mencionada por Plinio es el uso de la hiel de este animal, aplicada sobre los
genitales, como antiafrodisíaco (Historia natural 32.139).
Ostanes
asegura que una mujer pierde interés en el sexo si se frotan sus costados con
la sangre de una garrapata extraída de un toro salvaje negro o si bebe orina de
un macho cabrío mezclada con nardo para disfrazar su horrible sabor (Plinio, Historia
natural 28.256).
Un
lagarto ahogado en la orina de un hombre actúa como anafrodisíaco; también son
efectivos los excrementos de serpiente o de paloma bebidos con aceite de oliva
y vino. La sección derecha del pulmón de un buitre llevada como amuleto en la
piel de una grulla es un poderoso afrodisíaco, como también lo es consumir las
yemas de cinco huevos de paloma mezcladas con un denario de grasa de cerdo y
miel, o golondrinas o huevos de golondrina, o llevar como amuleto el testículo
derecho de un gallo envuelto en piel de carnero (Plinio, Historia
natural 30.141).
Para
aquellos que no sienten entusiasmo por el sexo y les deprime. ... Quema una
lagartija y tritura las cenizas hasta obtener un polvo fino, viértelo sobre
aceite de oliva, unta el dedo gordo del pie derecho con la mezcla y después
practica el sexo. Si quieres parar, saca la mezcla del dedo y lávatelo (Pablo
de Egina, Compendio médico 3.58).
No
parece tan extraño que se pensase que las relaciones sexuales tenían ventajas
medicinales. Ya en el corpus hipocrático se defendían a menudo y de manera
contundente. Por ejemplo: Es bueno para los pacientes bañarse en agua
caliente, dormir en una cama blanda y también emborracharse una o dos veces
(pero no en exceso), tener relaciones sexuales y hacer ejercicios aparte de
caminar(Hipócrates, Sobre la dieta3.85).
El
coito alivia a un hombre al que ha mordido una serpiente o picado un escorpión,
pero perjudica a su pareja (Plinio, Historia natural 28.44).
En
invierno, Timocares sufrió un catarro, sobre todo nasal. Cesaron por completo
las secreciones tras el coito (Hipócrates, Epidemias 7.72).
La
fornicación desinhibida cura la disentería (Hipócrates, Epidemias 7.122).
Los
beneficios derivados del coito son los siguientes:
Alivia
la indigestión causada por el exceso de comida
Hace que el cuerpo sea más ligero, más masculino, más vigoroso
Disipa la ansiedad y la ira incontrolable
Es la mejor cura posible para la depresión
Proporciona una cierta racionalidad al demente
Es un poderoso remedio para combatir los trastornos flemáticos
Devuelve el apetito
Elimina los sueños eróticos.
(Pablo
de Egina, Compendio médico1.35)
El
coito es bueno para el lumbago, para la debilidad de los ojos, para la
enajenación mental y para la depresión (Plinio, Historia
natural 28.58). Como dice Celso, es mejor probar un remedio
arriesgado que no probar ninguno (De medicina, 2.10).
Durante
el juicio en el que se le acusaba de utilizar la magia para hacer que una viuda
mayor y rica se casase con él, Apuleyo argumentó que ella lo había desposado
por motivos de salud: Pudentilla decidió que ya no podía seguir siendo
viuda. Aunque podía soportar la monotonía de la soledad, no podía resistir la
enfermedad física. Era una mujer sumamente respetable que había sobrellevado la
viudedad sin escándalos ni habladurías durante muchos años. Pero ahora estaba
enfermando por falta de un marido y por el prolongado descuido de sus entrañas,
se estaba consumiendo hasta la muerte con las agonías causadas por la
destrucción de su útero. Los médicos y las comadronas estaban de acuerdo en que
su dolencia se debía al hecho de no estar casada, que el problema empeoraba
cada día, y que el matrimonio, mientras todavía conservase algo de juventud,
era la mejor medicina (Discurso en defensa propia69).
El
mismo tratamiento aparece en el undécimo libro Epigramas de
Marcial, que abunda especialmente en obscenidades de todo tipo:
Figura 6.2 La Leda de Marcial tiene un nombre evocador. La reina espartana
Leda, después de copular con Zeus transformado en cisne, puso dos huevos de los
que nacieron Helena y Clitemnestra, y Cástor y Pólux, una hija y un hijo de
cada huevo. La inmortalidad de Zeus solo la heredó un huevo: Pólux y Helena
fueron inmortales, pero no así Cástor ni Clitemnestra, quien tuvo un mal final,
pues murió a manos de su hijo, Orestes.
Leda
le dijo a su anciano esposo que estaba sufriendo un trastorno del útero y se
quejó de que necesitaba que la follasen, pero llorando y gimiendo dijo que su
salud no valía tanto y que había decidido que era preferible morir. El hombre
le rogó que viviese y que no renunciase a sus años de juventud y permitió que
se hiciera lo que él ya no podía hacer. En seguida entraron los médicos y se
retiraron las médicas. Levantó las piernas al aire: ¡Oh gratos remedios !
(11.71).
Recomiendo
que las mujeres jóvenes que sufran una obstrucción del flujo menstrual vivan
con un hombre lo antes posible, porque si dan a luz, recuperarán la salud. De
lo contrario, justo en el momento de la pubertad o muy poco después se verán
aquejadas por esta enfermedad o cualquier otra. Entre las mujeres casadas, las
que no son fértiles son más proclives a padecer dicha dolencia (Hipócrates, Sobre
las enfermedades de las vírgenes 1).
Las
yeguas que no se han apareado corren más rápido que las que sí lo han hecho, y
las cerdas a las que se les ha extraído el útero son más grandes, más fuertes,
se alimentan mejor y tienen la carne tan firme como la de los verracos. El
mismo principio es también aplicable a los humanos. Igual que los hombres que
se abstienen de las relaciones sexuales son más robustos y más grandes que los
demás y llevan vidas más saludables, también en las mujeres es saludable una
prolongada virginidad. Los embarazos y los partos consumen el cuerpo de las
mujeres y hacen que se desgaste rápidamente, mientras que la virginidad les
ahorra estos daños y, por consiguiente, debería ser considerada saludable(Sorano, Ginecología 1.30).
Algunos
hombres se debilitan a causa de las relaciones sexuales desde una edad muy
temprana, mientras que otros, si no tienen sexo con demasiada frecuencia,
sufren pesadez de cabeza, náuseas, fiebre, pérdida de apetito y mala digestión(Galeno, Sobre
los lugares afectados 8.417K).
Es
mejor tener relaciones sexuales infrecuentes, a pesar de que el coito
revitaliza a los atletas indolentes, elimina la voz ronca, cura el lumbago, la
visión opaca, los problemas mentales y la depresión (Plinio, Historia
natural 28.58).
¿Por
qué aquellos que se complacen en practicar el coito con frecuencia y los
eunucos, que nunca lo hacen, sufren por igual de visión borrosa ?
(Pseudo-Aristóteles, Problemas 875 b).
Algunos
médicos recomiendan el coito como cura para la ictericia, basándose en que es
deseable para relajar la carne del paciente. No obstante, también altera los
nervios y reduce la fuerza del cuerpo, que cuando uno está enfermo ha de ser
reconstituida (Celio Aureliano, De las enfermedades crónicas 3.78).
Algunos
médicos han recomendado el coito como cura para la ciática, por lo menos en los
casos en que el problema no haya sido provocado por las relaciones sexuales (Celio
Aureliano, De las enfermedades crónicas 5.22).
El
coito alivia a los afectados por la melancolía o la demencia, puesto que
devuelve la razón al paciente y lo distrae de su obsesión. Este tratamiento es
efectivo incluso si no se practica con la persona a la que ama el paciente (Rufo
de Éfeso, De la melancolía, frg. 58).
Figura 6.3 No se sabe con seguridad si en la Antigüedad las enfermedades
sexuales estaban tan extendidas como hoy en día, pero se ha conservado un gran
número de ofrendas votivas de este tipo.
No
es de extrañar que las personas que se entregan sin moderación al coito
terminen debilitadas, puesto que el cuerpo entero pierde con ello la parte más
pura del semen y del espíritu de la vida. Además, está el placer que conlleva
el sexo; esto por sí solo es suficiente para destruir el tono vital. En el
pasado la gente moría por exceso de placer (Galeno, Semen 4.588K).
Contenido:
Mujeres
pacientes
El útero errante
Embarazo
Comadronas
El parto
Nodrizas
Pediatría
§.
Mujeres pacientes
Los hombres tienen más suturas en el cráneo que las mujeres, porque al ser
su cerebro más grande necesitan más ventilación (Aristóteles, Partes
de los animales 653 b).
Figura 7.1 Medea matando a uno de sus hijos. La uniformidad de la línea de
combate se aseguraba de que ningún soldado sostuviese la espada con la mano
izquierda. Con el escudo en la mano derecha quedarían expuestos él y su
compañero de la izquierda.
A
menudo se ha visto que algunos hombres utilizan ambas manos como si fueran
manos derechas. No ocurre lo mismo con las mujeres, debido a la debilidad de su
naturaleza. Algunos hombres pueden hacerlo gracias a la fuerza que tienen en
los nervios y en los músculos, pero las mujeres no pueden de ningún modo, y han
de conformarse con hacer un uso moderado de la mano derecha solamente (Galeno, Comentario
de los «Aforismos» de Hipócrates, 18 a.148K).
Si
una mujer no concibe y quieres saber si alguna vez lo hará, envuélvela con
mantas y fumiga la parte baja de su cuerpo. Si resulta que el humo pasa a
través de su cuerpo hasta la nariz y la boca, puedes estar seguro de que no es
estéril(Hipócrates, Aforismos 5.59). En este contexto,
la fumigación (terapia del olor) consiste en poner a la mujer en cuclillas
sobre un fuego humeante; véase el apartado Prótesis, en el capítulo 9. La curva
de aprendizaje para este complicado procedimiento era presumiblemente muy
empinada.
Para
aliviar la hinchazón de la vulva resulta efectivo untarla con una mezcla de
aceite y excremento de jabalí salvaje o cerdo doméstico. Todavía es más eficaz
esparcir polvo de excremento seco sobre una bebida, y puede administrarse
incluso a las mujeres embarazadas y a las madres nodrizas (Plinio, Historia
natural 28.249).
Figura 7.2 Mujer con espejo, c. 430 a. C.
En
general, las mujeres no suelen sufrir de hemorroides, ni de hemorragia nasal,
ni de ninguna otra afección similar, a menos que su flujo menstrual se detenga.
Si alguna vez sufren estas dolencias, su flujo menstrual se reduce, como si la
secreción se hubiera transferido a la otra localización (Aristóteles, Sobre
la generación de los animales 727 a).
El
tratamiento de los granos, espinillas y pecas es una pérdida de tiempo, pero no
hay manera de evitar que las mujeres monten un escándalo cuando aparecen(Celso, De
medicina 6.5).
Dicen
que quienes se ocupan de las cremaciones queman a una mujer con cada diez
hombres, porque el cuerpo de las mujeres contiene una sustancia grasa y
resinosa que ayuda a que prendan las llamas (Plutarco, Charlas
de sobremesa615 b)
Galeno
asegura que el período de las mujeres está regulado por la luna (Sobre los
días críticos 9.903K). Aristóteles declara sin profundizar que la
menstruación tiene tendencia a producirse en luna menguante (Sobre la
generación de los animales 738 a, 767 b).
Sorano discrepa: Cada mujer tiene el período de acuerdo con su ritmo
personal. No es verdad... que todas las mujeres tengan el período al mismo
tiempo, en luna menguante (Ginecología 1.21).
§. El útero errante
Los genitales de los hombres son por naturaleza desobedientes y pertinaces,
como cualquier animal vivo que no atiende a razones, incitado por apetitos
furiosos y el anhelo de controlarlo todo. De la misma manera, en las mujeres y
por los mismos motivos, el útero es como una criatura encerrada y ansiosa de
engendrar, y cuando permanece improductivo durante largo tiempo y más allá de
lo debido, se irrita y encoleriza. Anda errante por todo el cuerpo, bloquea los
conductos cerrando el paso al aire e impide la respiración. Cuando esto ocurre,
genera una gran angustia y provoca todo tipo de enfermedades (Platón, Timeo
91b).
La
asfixia histérica. El útero es un órgano que tienen las mujeres. Está situado
entre ambos costados de la mujer y es como un ser vivo, porque se mueve a su
propio antojo hacia el lado derecho o el izquierdo. También puede moverse hacia
arriba, hasta las costillas flotantes, o lateralmente, hacia el hígado o el
bazo. También puede descender. El útero es totalmente errático. Disfruta de los
olores agradables y se precipita hacia ellos, pero le molestan los malos olores
y trata de evitarlos. En general, el útero de la mujer es como un animal dentro
de otro animal (Areteo, Sobre las causas y los síntomas de las
enfermedades agudas2.11).
Sorano
contradice rotundamente esta idea: El útero no sale corriendo como un
animal salvaje de su guarida (Ginecología3.29).
Si
el útero se ha desplazado hacia arriba y está provocando asfixia, aplíquense
paños calientes y quémense sustancias malolientes en cantidades cada vez
mayores bajo la nariz de la paciente. Si se queman en gran cantidad desde el
primer momento, el útero se mueve hacia las regiones bajas y ello causa
trastornos. Dale a beber a la paciente zumo de castor y coniza. Por el
contrario, si el útero se ha deslizado hacia abajo, quema sustancias asquerosas
en las partes bajas de la paciente y sustancias fragantes bajo su nariz (Hipócrates, Sobre
las enfermedades de las mujeres 125).
Una
filacteria de plomo del siglo IV d. C. contiene el siguiente conjuro en latín
para protegerse contra el útero errante: «Útero, yo te digo, “quédate en tu
sitio” [...] yo te exhorto en el nombre de Iao y de Sabao y de Adonai, no te
aferres a su costado, quédate en tu sitio y no hagas daño a Cleuomedes, hija de
[A...» (Zeitschift für Papyrologie und Epigraphik 115 [1997]
291-294).
§. Embarazo
No deberías considerar con escepticismo lo que dicen las mujeres sobre el
parto, porque siempre dicen lo mismo y hablan de algo que conocen. No se las
podría convencer ni con hechos ni con argumentos de que creyeran algo distinto
de lo que saben que está pasando en su propio cuerpo (Hipócrates, Parto de ocho
meses 4).
Como
ayuda para la concepción, Hipócrates recomienda «cachorritos gordos, bien
hervidos, y sepia hervida en vino muy dulce» (Sobre las enfermedades de las
mujeres 217, también Sobre la superfetación 29).
Para
garantizar la concepción, haz que la mujer mordisquee una sepia a medio cocer,
asada sobre una llama, tan caliente como sea posible Hipócrates, Epidemias 2.29).
En su comentario sobre este fragmento, que se ha conservado solamente en árabe,
Galeno ilustra de forma más bien confusa y con gran deleite cómo Filistión, un
médico contemporáneo y conciudadano de Pérgamo, cargó unos honorarios muy
elevados por este tratamiento. Suponía que la sepia, al tener ventosas en los
tentáculos, haría que el semen se adhiriera a las paredes del útero. Mientras
su paciente masticaba la sepia, se sintió mareada y protestó: «Ningún perro se
comería lo que me estás dando a comer, y menos una mujer como yo de una casa
decente y próspera, que se alimenta de comida pura y delicada». A pesar de
ello, continuó con el tratamiento, pero esta vez vomitó y quedó inconsciente.
Entonces, ella y sus sirvientas echaron a Filistión de la casa y él perdió sus
honorarios y su reputación.
Según
Aristóteles, las mujeres encuentran la gestación y el parto más difícil que las
hembras de otros animales, que tienden a estar más adaptadas. Pero añade que
hay algunas mujeres que alcanzan su mejor forma física durante el embarazo,
cuando el exceso de masa corporal se utiliza para proporcionar alimento al feto
(Sobre la generación de los animales 775 a).
Sorano
es uno de los físicos antiguos más admirados hoy en día, lúcido, práctico y
empático, por lo que resulta difícil creer que expresase la siguiente opinión:
De la misma manera que un alimento tragado a regañadientes y sin apetito no se
asimila ni digiere correctamente, tampoco la semilla de un hombre puede
arraigar o, si lo hace, no puede derivar en embarazo a menos que haya
entusiasmo y apetito por el coito [por parte de la mujer].Es posible
sostener que, incluso en el caso de las mujeres que quedan embarazadas por una
violación, por lo menos sintieron deseo, pero quedó oscurecido por su propia
decisión mental(Ginecología 1.37).
Deberías
averiguar cuál de los dos senos de la mujer es más grande, porque el embrión
estará en aquel lado. Lo mismo ocurre con los ojos; el ojo que esté en el lado
en que se encuentra el pecho más grande será también más grande y más brillante
en el interior del párpado (Hipócrates, Sobre la
superfetación 19).
Si
una mujer está embarazada de mellizos y uno de sus pechos se reseca, perderá a
uno de los bebés, el niño, si se trata del pecho derecho, la niña, si es el
izquierdo (Hipócrates, Aforismos5.38).
Una
mujer embarazada tiene buen cutis si el bebé es un niño, pero malo si es una
niña (Hipócrates, Aforismos 5.42).
Una
mujer embarazada tiene mejor cutis y un parto más sencillo si el bebé es un
niño, mientras que si es una niña, el feto es pesado de llevar y las piernas y
las ingles se hinchan ligeramente (Plinio, Historia natural 7.41).
La
siguiente historia se encuentra en los libros del muy antiguo y experimentado
médico Hipócrates. Una mujer estaba a punto de ser castigada sospechosa de
adulterio porque había dado a luz a un niño muy hermoso que no se parecía en
nada a sus padres. Pero el médico comprendió el verdadero motivo y propuso
mirar si por casualidad había el retrato de un muchacho hermoso en la
habitación de la mujer; se halló dicho retrato y la mujer quedó libre de toda
sospecha (San Agustín, Cuestiones sobre el Heptateuco 1.93).
Agustín cita esta historia como un paralelo al engaño de Jacob para que las
crías de las ovejas y cabras de Labán nacieran con la piel y la lana moteadas (Génesis 30:25ss.).
¿ Cómo
es posible que algunas veces los niños se parezcan a otras personas que no son
sus padres? La mayoría de médicos piensan que esto ocurre por pura casualidad
porque, cuando la semilla del hombre y de la mujer se hiela, los niños no se
parecen a sus padres. La opinión de Empédocles es que los niños se modelan en
la imaginación de la mujer en el momento de la concepción, y a menudo ocurre
que un niño nace pareciéndose a una estatua o a un retrato del que su madre se
ha enamorado (Pseudo-Plutarco, Las doctrinas de los filósofos906 e).
¿ Qué
hemos de pensar del hecho de que el estado del alma provoque cambios en el
aspecto del niño que se está concibiendo? Por ejemplo, mientras tenían
relaciones sexuales algunas mujeres vieron monos y dieron a luz a niños que
parecían monos. El rey de los chipriotas, como era deforme, hizo que su esposa
contemplase hermosas estatuas durante el coito y se convirtió en padre de niños
hermosos. Los entrenadores de caballos ponen a los sementales con pedigrí
delante de las yeguas mientras estas se aparean. Una mujer debería estar sobria
durante el coito para que el niño que está siendo concebido no salga feo, ya
que la ebriedad hace que el alma experimente extrañas visiones (Sorano, Ginecología1.39).
Aparte
de las mujeres, pocos animales practican el coito durante el embarazo, y la
superfetación es extremadamente rara. Hay un caso registrado de doce bebés que
nacieron muertos tras un único aborto. Pero si hay un breve intervalo entre la
concepción del primer niño y el segundo, ambos pueden llegar a buen término,
como en el caso de Hércules y su hermano Ificles, o en el de la mujer que tuvo
mellizos, uno que se parecía a su marido y el otro a su amante. Lo mismo
sucedió con la esclava que parió un bebé igual que su amo y otro como el
alguacil, después de haber tenido relaciones sexuales con ambos el mismo día, o
con la mujer que tuvo un hijo a los cinco meses y el otro en el plazo normal
(Plinio, Historia natural 7.48). También se dice que Apolo nació un día después
que su hermana gemela Ártemis.
§.Comadronas
Mediante la administración de medicamentos y la aplicación de hechizos, las
comadronas pueden provocar los dolores de parto y hacerlos menos agudos si
quieren. También pueden ayudar a las mujeres que tienen dificultades para dar a
luz, y practican el aborto si parece deseable (Platón, Teeteto 149d).
El que habla es Sócrates, que acaba de decir que él mismo es hijo de la
comadrona Faenarete (que resulta ser también el nombre de la madre de
Hipócrates).
Una
comadrona no ha de ser avariciosa con el dinero, por miedo a que pueda provocar
maliciosamente un aborto para cobrar (Sorano, Ginecología 1.2).
El aborto no era ilegal en la Antigüedad.
El
niño debería ser extraído del útero desde un plano elevado a un plano inferior.
Pero hacer que la comadrona se arrodille, como recomiendan algunas autoridades,
es indigno y dificulta su trabajo. Lo mismo es aplicable a los casos en que se
la coloca de pie en un agujero en el suelo para que no trabaje con las manos
desde un nivel más alto. Herón aprobó este método, pero no solo es indecoroso,
en realidad es imposible en una habitación ubicada en el piso superior(Sorano, Ginecología 2.5).
La
comadrona debería tener cuidado de no mirar intensamente a los genitales de la
mujer que está de parto, por temor a que su cuerpo se contraiga por la
vergüenza (Sorano, Ginecología2.6).
Los
mejores instrumentos para cortar son los de hierro. No obstante, muchas
comadronas piensan que es de mal augurio utilizar hierro para cortar el cordón
umbilical. Prefieren utilizar un trozo de cristal o de cerámica, o un junco o
la corteza de una hogaza, o si no lo atan fuertemente con una hebra de lino. Es
absolutamente ridículo: después de todo, lo que es de mal augurio es llorar, y
eso es lo primero que hace un niño en su vida (Sorano, Ginecología 2.11).
Figura 7.3 Las asistentas al parto han de ser siempre y exclusivamente
mujeres.
En Vidas
de filósofos 463, Eunapio cuenta una anécdota de una mujer que regenta
una taberna en Roma, pero que también es una hábil comadrona. Está sirviendo
vino a un odioso extranjero egipcio (Eunapio afirma que los egipcios son
adiestrados para comportarse de forma grosera antes de salir al extranjero),
cuando la llaman para que atienda a una pariente que tiene un parto difícil.
Sale apresuradamente sin servir al egipcio el agua caliente para diluir el
vino. Tras el alumbramiento del niño, se lava las manos [¡!] y regresa a su
cliente, que está molesto por la lentitud del servicio. Se tranquiliza cuando
ella le dice por qué se marchó, y, siendo él astrólogo, le ruega que regrese
con la madre y le diga que acaba de dar a luz a un niño que un día será el segundo
hombre más poderoso del imperio (Ablabio, un funcionario corrupto de la corte
de Constantino el Grande).
Figura 7.4 La silla tiene asideros para que la madre pueda sujetarse, pero
por lo demás no parece especialmente apropiada para el propósito que se muestra
en la imagen.
§.El
parto
Los filósofos [en este contexto, los científicos griegos del siglo V a. C.]
proponían diferentes teorías sobre los factores que determinan el sexo de la
criatura:
Alcmeón: la criatura será del mismo sexo que el progenitor que
proporcione la semilla más copiosa.
Hipón: la criatura será una niña si la semilla es clara, y
niño si es más espesa.
Demócrito: la criatura será del mismo sexo que el progenitor
cuya semilla llegue primero al receptáculo.
Parménides: la criatura será del mismo sexo que el progenitor
cuya semilla venza en la lucha por la supremacía.
Anaxágoras y Empédocles: la criatura será un niño si el semen
del padre procede de la parte derecha del cuerpo, y niña si procede de la parte
izquierda(Censorino, El libro del cumpleaños 6.4).
Las
mujeres embarazadas con granos en la cara dan a luz a niñas. Aquellas que
conservan un buen cutis generalmente dan a luz a niños. Si los pezones de la
madre apuntan hacia arriba, será niño, si apuntan hacia abajo, será niña. Coge
leche de una madre y mézclala con comida, haz una pequeña hogaza y cuécela a
fuego moderado. Si se quema por completo, tendrá un niño, pero si se abre por
la mitad, será una niña. Enrolla la misma mezcla de leche y comida en hojas y
cuécela; si se solidifica, tendrá un niño, si se funde, una niña (Hipócrates, Sobre
las mujeres estériles 4).
Si
una mujer desea tener un hijo, debe atarse al pie derecho una cinta blanca de
las que llevan los niños, pero si quiere una hija, tiene que atarse una cinta
negra al pie izquierdo. ... Una mujer que quiera tener un hijo debe untarse el
cuerpo con grasa de ganso y resina de terebinto durante dos días. Concebirá un
niño si el coito se produce al día siguiente. En cambio, para ser padre de un
hijo, el hombre debe vendarse el testículo derecho durante el coito, pero si
desea una hija, ha de vendarse el izquierdo. ... Para determinar si un niño que
no ha nacido es varón o hembra: pon perejil sobre la cabeza de una mujer
embarazada sin que se dé cuenta y dará a luz a un niño o niña, dependiendo del
sexo de la primera persona con la que hable. Este método es infalible. Otra
opción consiste en recoger una muestra de orina de la mujer embarazada. Cava
dos agujeros pequeños y pon semillas de cebada en uno y semillas de trigo en el
otro. Vierte la orina en los dos agujeros y cúbrelos con tierra. Si el trigo
brota primero, engendrará un hijo, si es la cebada, será una hija (Pseudo-Galeno, Remedios
disponibles de inmediato14.476K).
Un
niño tiende a hacer su primer movimiento a los cuarenta días aproximadamente, y
suele ser en el lado derecho del útero, mientras que con la niña esto ocurre a
los noventa días y en el lado izquierdo. ... No obstante, tras el nacimiento,
las mujeres atraviesan más rápidamente que los hombres la juventud, la madurez
y la vejez, especialmente si tienen muchos hijos(Aristóteles, Historia
de los animales 583 b).
Para
comprobar si una mujer está embarazada, dale a beber agua con miel a la hora de
acostarse con el estómago vacío. Si le produce un cólico, está embarazada, de
lo contrario, no lo está (Hipócrates, Aforismos 5.41).
¿ Qué
parte del cuerpo es la primera que se forma por completo en el útero? Los
estoicos piensan que todo el cuerpo se forma al mismo tiempo. Aristóteles
piensa que es la zona lumbar, lo mismo que la quilla es la primera parte de un
barco que se instala. Alcmeón piensa que es la cabeza, puesto que es la que
manda. Algunos médicos creen que es el corazón, con sus venas y arterias. Otros
piensan que el dedo gordo del pie, y otros que el ombligo (Pseudo-Plutarco, Las
doctrinas de los filósofos907 e).
Cuando
fuiste a Liburnia, dijiste que habías visto madres que cargaban leña y al mismo
tiempo amamantaban a sus hijos, unas veces a uno, otras a dos. Esas mujeres
muestran lo débiles e inútiles que son nuestras damas embarazadas, que yacen
tumbadas durante días bajo la red de los mosquitos. ... En Iliria a menudo
sucede que cuando llega el momento del parto, la mujer embarazada se aparta un
poco del lugar en el que está trabajando, da a luz, y vuelve con su hijo con
tan poco revuelo que se diría que sencillamente se lo ha encontrado en vez de
haberlo parido (Varrón, Sobre agricultura 2.10).
Lo
más curioso de Córcega tiene que ver con el nacimiento. Cuando una mujer da a
luz, nadie muestra preocupación por ella ni por el alumbramiento, pero el
marido se derrumba como si estuviera enfermo, y se pone de parto durante un
determinado número de días, mientras su cuerpo sufre aparentemente grandes
dolores (Diodoro Sículo, Biblioteca histórica 5.14).
Gorgias
de Epiro se escurrió del útero de su madre durante su funeral y su inesperado
llanto obligó a los portadores del féretro a detenerse. ... De este modo, en el
mismo momento, una mujer cuya vida había terminado dio a luz, y un niño fue
llevado a enterrar antes de haber nacido (Valerio
Máximo, Hechos y dichos memorables1.8 ext. 5).
Figura 7.5 Un alumbramiento al fresco bajo la sombra de un árbol frondoso.
En épocas pre microbianas, no había razones para buscar un entorno más
esterilizado.
Dicen
que si alguien coge una piedra o cualquier otra arma arrojadiza que haya matado
a tres criaturas vivas —un hombre, un jabalí salvaje y un oso— en tres golpes,
y la lanza al tejado de una casa en la que haya una mujer encinta,
inmediatamente dará a luz, por más difícil que sea el parto (Plinio, Historia
natural 28.33).
Si
una mujer embarazada lleva como amuleto cualquier planta que haya crecido a
través de un cedazo arrojado en un seto, dará a luz rápidamente (Plinio, Historia
natural 24.109).
Si
se fumiga a una mujer que tiene un parto difícil con la grasa del lomo de una
hiena, alumbrará deprisa. ... Colocar la pata derecha de una hiena sobre una
mujer que esté dando a luz, hace que el parto sea fácil, pero simplemente mover
una pata izquierda por encima de ella resulta mortal (Plinio, Historia
natural28.102).
Si
el retraso en el parto supone un riesgo para la vida, hay que darle a la
embarazada la noticia repentina de la muerte o asesinato de un miembro de la
familia, ya sea el marido, el padre, la madre, el hermano o su hijo (Teodoro
Prisciano, Recetas fáciles de obtener, Añadidos 2, p. 341).
La
mortalidad infantil se produce generalmente antes del séptimo día. Por esta
razón no se le pone nombre al niño hasta entonces, cuando los padres están más
seguros de su supervivencia (Aristóteles, Historia de
los animales 588 a).
En
la mayoría de países las mujeres alumbran generalmente a un solo niño por
embarazo, pero los mellizos son frecuentes en muchos lugares del mundo,
especialmente en Egipto. A veces nacen trillizos e incluso cuatrillizos, en
algunos países más que en otros. El número más elevado de niños nacidos en un
parto es de cinco, como ha ocurrido en varias ocasiones. Había una mujer que
alumbró a veinte niños en cuatro partos, cinco cada vez, y la mayoría vivió
hasta la edad adulta (Aristóteles, Historia de los animales 584 b).
En
el decorado de su teatro, Pompeyo el Grande incluyó estatuas de celebridades,
cuidadosamente esculpidas por grandes artistas. Entre ellas estaba Eutiquis [cuyo
nombre significa «mujer afortunada»], que fue conducida a la pira
funeraria por sus veinte hijos; también había una mujer que tenía treinta
hijos, y Alcipe [cuyo nombre significa «Fuerte como un
Caballo»], que dio a luz a un elefante (Plinio, Historia
natural 7.34).
Megástenes
dice que hay mujeres en la India que dan a luz a los sesenta años(Flegón, De
las cosas maravillosas33).
Si
el parto ha provocado la hinchazón de los pechos de una mujer, estos pueden
recuperar su tamaño normal bebiendo excrementos de ratón en agua de lluvia(Plinio, Historia
natural30.124).
Figura 7.6 Emotiva escena doméstica, aunque melancólica, porque está tallada
en un monumento funerario.
Después
del parto, la leche de los pechos de una mujer a menudo se convierte en queso y
causa inflamación (Pablo de Egina, Compendio médico 3.35).
Muchos
niños son propensos a convulsiones, especialmente si toman leche abundante y
sabrosa de una nodriza rolliza. El vino empeora esta enfermedad, y el vino
tinto más que el blanco, sobre todo si no está diluido. El estreñimiento y todo
aquello que provoque gases en un niño es también perjudicial (Aristóteles,
Historia de los animales 588a).
La
naturaleza politeísta de la religión romana se pone de manifiesto en el ingente
despliegue de dioses y diosas, estas todavía más numerosas, responsables de los
distintos aspectos del parto. Esta lista de deidades y sus esferas de
influencia es larga, pero no completa:
|
Juno, Diana, Lucina |
el parto en general |
|
Vitumno, Sentino |
dar vida al feto |
|
Alemona, Fluvionia, Mena |
alimentar al niño no nacido |
|
Levana, Partula |
alumbramiento |
|
Nona |
nacimientos a los nueve meses |
|
Decima |
nacimientos a los diez meses |
|
Antevorta, Postvorta |
posición del feto en el útero |
|
Parcas |
los Destinos que controlan la fortuna del niño en la vida |
|
Rumina |
suministro de leche |
|
Edusa |
lactancia |
|
Osipaga |
huesos fuertes |
|
Cuba |
acostarse |
|
Vagitano |
llorar |
|
Abeona, Adeona |
caminar |
|
Potina |
beber |
|
Cunina |
dormir |
|
Paventia |
ahuyentar el miedo |
§. Nodrizas
Un típico contrato redactado en Alejandría el 29 de marzo del año 13 a. C. (Berliner
Griechische Urkunden 4.1058) para el alquiler de una esclava como
nodriza durante dos años incluye las condiciones a seguir:
cuidar
bien de sí misma y del niño
asegurarse de que no se estropee su leche
abstenerse de relaciones sexuales y evitar el embarazo
no amamantar a ningún otro niño.
Normalmente,
los niños de los ricos eran entregados a amas de leche. En el segundo libro de
su Ginecología, Sorano hace las siguientes recomendaciones:
Figura 7.7 Una dama romana de clase acomodada da de mamar a su bebé mientras
el marido mira. Su estatus es evidente por el peinado elaborado y el elegante
vestido. Además, es improbable que un marido encargase una representación en
mármol de sí mismo mirando con lujuria a una nodriza.
Una
nodriza debería tener entre veinte y cuarenta años y haber tenido dos o tres
niños propios.
Debería tener autocontrol, ser comprensiva y equilibrada, griega y ordenada.
No debe ser supersticiosa.
No debe permitir que el pañal apeste.
No debería beber alcohol, porque el daño físico y psicológico que le provoca el
vino estropea la leche; puede causarle sopor y descuidar al niño o caer sobre
él; las propiedades del vino pasan a la leche, y esto puede provocar lentitud y
somnolencia en el niño, a veces incluso apoplejía, igual que los lechones se
vuelven lentos y torpes si la cerda ha comido plantas con propiedades
narcóticas.
No necesitamos a esos médicos que creen que las niñas deberían ser destetadas
seis meses más tarde que los niños por considerar que son menos robustas. No se
dan cuenta de que algunas niñas son más fuertes y rollizas que los niños.
§. Pediatría
Bajo el título «Cómo saber si vale la pena criar a un bebé», Sorano ofrece a la
comadrona una práctica lista de aspectos a comprobar:
La
madre tiene que haber gozado de buena salud durante el embarazo.
El bebé tiene que haber nacido a término.
La criatura ha de llorar inmediatamente y con fuerza.
Ha de tener perfecto todo el cuerpo y todos los sentidos.
Todos los conductos de su cuerpo deben estar libres de obstrucciones.
Las extremidades deben moverse con rapidez y energía.
Las articulaciones han de doblarse y estirarse con facilidad.
Ha de tener el tamaño y forma adecuados.
Tiene que reaccionar apropiadamente a los estímulos.
(Ginecología
2.10)
La
costumbre más admirable de los egipcios es que crían a todos los niños que
nacen (Estrabón, Geografía 17.2).
Un
padre espartano no tenía autoridad para decidir si quería criar a su hijo o no.
Lo llevaba al consejo de los ancianos de la tribu. Estos examinaban al niño y,
si parecía fuerte y vigoroso, le ordenaban criarlo y le concedían una de las
nueve mil parcelas de tierra. Pero si era débil y deforme, lo enviaban a un
lugar llamado Apótetas («lugar de abandono»), un
lugar escarpado bajo el monte Taigeto, con el argumento de que no Figura ba
entre los intereses del propio niño ni en los del estado el permitirle vivir si
la naturaleza no le había garantizado desde el principio poder crecer y hacerse
fuerte. Por esta misma razón, las mujeres espartanas solían bañar a sus hijos
en vino, no en agua, para poner a prueba su constitución. Dicen que el vino sin
diluir hacía que los niños epilépticos o enfermos se desorientasen y tuvieran
convulsiones, mientras que a los niños sanos los endurecía y se hacían más fuertes (Plutarco, Vida
de Licurgo 16).
Si
un niño de pecho tiene fiebre y lo acuestas para que duerma rodeado de pepinos
de la misma longitud que la del niño, se curará inmediatamente, puesto toda la
calentura pasará a los pepinos (Anónimo
bizantino, Trabajo agrícola12.19).
Los
huesos del cráneo se fijan más tarde que los otros huesos. Por esto en la parte
frontal es tan delgado y débil que puede detectarse el movimiento del cerebro
de un recién nacido no solo al tocarlo sino simplemente mirándolo(Galeno, El
desarrollo del embrión 5.673K).
En
general, un médico no debería tratar a niños con fiebre del mismo modo que
trata a los adultos. Igual que en las demás enfermedades, los niños han de
tratarse con menos rigidez. Extraerles sangre es complicado, y también lo es
administrarles enemas, y no es apropiado torturar a los niños con insomnio,
hambre o sed (Celso, De medicina 3.6).
La
dentición y el prurito que provoca se alivian frotando con mantequilla, sola o
mezclada con miel, las encías del niño. Igual de efectivo resulta frotar sesos
de liebre asados en las encías y después tragarlos. También ayuda comerse un
ratón doméstico hervido. Además, si se les meten en la boca vivos, los ratones
evitan que los niños babeen (Dioscórides, De materia
médica 1.71). Su recomendación para el babeo de los niños es un poco
menos repelente en el siguiente libro: Los ratones domésticos,
troceados y aplicados a la herida, alivian las picaduras de escorpión. Si se
asan y se comen, secan las babas de las bocas de los niños(2.69).
Una
cura para la dentición. Al principio, la naturaleza envía al ser humano al
mundo desnudo. A continuación nos inflige una tortura cuando nos arma con
dientes blancos como la nieve. Por lo tanto, ata alrededor del delicado cuello
de tu hijo dientes de caballo, los primeros dientes que le caen al potrillo
cuando crece. También puedes frotar las tiernas encías del niño con sesos de
cerdo o de liebre, o con la leche blanca de una cabra peluda (Sereno
Samónico , Libro de medicina 58.1029). Pablo de Egina sugiere
que es mejor masajear las encías con grasa de ave o con sesos de liebre
cuando el niño está en el baño (Compendio médico 1.9).
Es
un hecho comprobable que en Roma los niños tienden a tener las piernas
arqueadas. Algunas personas lo atribuyen al agua fría que fluye por debajo de
la ciudad y que hiela los cuerpos. Otras lo atribuyen a la frecuencia con que
las mujeres tienen relaciones sexuales, o a que realizan el coito estando
borrachas. La verdadera razón es la falta de experiencia en la crianza de
niños. En Roma las mujeres no sienten tanto apego por sus hijos como para estar
atentas a todos los detalles del proceso de nutrición, tal como lo hacen las
griegas (Sorano, Ginecología 2.44).
La
mayoría de expertos recomienda dejar de fajar a los niños cuando tienen unos
sesenta días. ... No hay que eliminar todo el fajado enseguida, porque
cualquier cambio drástico y repentino causa molestias. Es mejor liberar una
mano del envoltorio, y al cabo de unos días la otra y después los pies. La mano
derecha debería liberarse primero, puesto que de lo contrario tendría menos
flexibilidad que la otra, ya que empezaría a hacer ejercicio más tarde y esto
provoca que algunas personas sean zurdas (Sorano, Ginecología 2.42).
Por la descripción que da Sorano más arriba en el libro, resulta evidente que
el fajado era mucho más complicado entonces que en la actualidad.
Figura 7.8 Una esclava entrega un bebé a su madre en un vaso griego de c.
450 a. C. He visto pastores griegos que manipulan a los cabritillos recién
nacidos de esta misma manera.
Si
el testículo derecho de un muchacho baja primero en la pubertad, tendrá hijos
varones, si es el izquierdo, serán hijas (Hipócrates, Epidemias 6.4.1).
¿Cuántos hombres recuerdan su paso por la pubertad con la suficiente claridad
como para respaldar o rebatir semejante afirmación? Quizás la mayor prevalencia
de la desnudez masculina en la sociedad de la antigua Grecia facilitase el
seguimiento de estas cosas.
Humedecer
el cráneo de un niño con una esponja fría y después atarle una rana en la
barriga es un tratamiento muy efectivo para las insolaciones (Plinio, Historia
natural 32.138).
Capítulo 8
Medicina preventiva
Contenido:
Dieta
Ejercicio
Medicina y estilo de vida
Salud y entorno
Quienes
interpretan los sueños nos aconsejan tomar precauciones para evitar que nos
sucedan percances, pero no nos enseñan cómo adoptar dichas precauciones.
Simplemente nos enseñan a rezar a los dioses. Rezar está muy bien, pero
deberíamos actuar por nosotros mismos y no solo pedir ayuda a los dioses(Hipócrates, Sobre
la dieta 4.87).
Las
personas ruegan a los dioses que les conserven la salud, sin darse cuenta de
que tienen en su interior el poder de conseguirlo. Traicionan a su propia salud
dando rienda suelta a sus anhelos y siendo autocomplacientes (Demócrito frg.
234).
Lo
que una persona come no es suficiente para garantizarle una buena salud, si no
hace también ejercicio. La comida y el ejercicio tienen cualidades opuestas,
pero trabajan al unísono para garantizar la salud, porque agotar los recursos
está en la naturaleza del ejercicio y reponer lo que se ha mermado en la de la
comida y bebida (Hipócrates, Sobre la dieta1.2).
La
única manera de conservar la salud, tanto del cuerpo como del alma, es no mover
el alma sin el cuerpo ni el cuerpo sin el alma, porque eso garantiza que se
controlen el uno a la otra y que permanezcan equilibrados y saludables. Un
matemático o alguien que desempeñe cualquier otra actividad mental intensa,
debería tomarse un tiempo para ejercitar su cuerpo mediante el ejercicio
físico. Asimismo, una persona dedicada al desarrollo físico debería sacar
tiempo para ejercitar su alma estudiando música y todas las demás ocupaciones
intelectuales. Esto se aplica a todo aquel que pretende ganarse una reputación
como caballero(Platón, Timeo 88 b).
¿ Por
qué hacemos que los hijos de aquellos que mueren de tisis o de un edema se
sienten con los pies en agua hasta que el cadáver haya sido cremado? Se cree
que esto evita que la enfermedad se les contagie (Plutarco, Sobre
el retraso de la divina venganza558 d).
Es
más ridículo que dios castigue a los hijos de los malvados que un médico
administre una medicina a un niño porque su padre o su abuelo está enfermo. En
algunos aspectos la comparación es válida, pero en otros no. Tratar a una
persona no evita que otra esté enferma: nadie que padezca de una enfermedad en
el ojo o que tenga fiebre se ha curado nunca viendo cómo se le aplica ungüento
o un emplasto a otra persona. ... Por otro lado, es necesario y útil, y no
extravagante y disparatado, recetar ejercicio, dieta y medicinas a los hijos de
aquellos que sufren convulsiones, depresión o gota, no porque estén enfermos,
sino para evitar que caigan enfermos. Porque el que hereda de sus padres una
constitución débil no merece castigo, pero sí tratamiento y cuidados preventivos .
(Plutarco, Sobre el retraso de la divina venganza 561 c).
Mucha
gente cree que cortarse el pelo el decimoséptimo o el vigésimo noveno día
después de luna nueva evita la alopecia y los dolores de cabeza (Plinio, Historia
natural 28.28).
Consejo
médico para los viajes por mar. No es fácil ni es de utilidad que una persona
que viaja por mar por primera vez intente resistirse al vómito, porque es lo
que normalmente le proporciona alivio. Después de vomitar, no debería comer
demasiado ni se le debería ofrecer la comida habitual. Debería comer o judías,
impregnadas en vinagre y hervidas con un poco de poleo, o pedazos de pan con
vino de buqué bien diluido. Solo debería beber un poco de vino muy bien diluido
o una mezcla de vinagre y miel. ... Utilícese aroma de membrillo, tomillo o
poleo para contrarrestar los olores desagradables de los barcos. Es importante
que el afectado mire lo menos posible hacia el mar hasta que se aclimate a la
vida de a bordo, también debería tener cuidado de que el agua que bebe no esté
turbia, ni huela mal, ni sea salobre (Dieuques, frg.
19).
Dicen
que una vida rigurosa acarrea más fracasos que alegrías y es más opuesta a la
salud. Por eso elogio menos el exceso que él no propasarse en nada(Eurípides, Hipólito 261-265).
Los
romanos adoraban a los otros dioses para recibir de ellos beneficios, sin
embargo, honraban a la diosa Fiebre con templos para limitar el daño que les
causaba (Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables2.5).
§. Dieta
Los animales salvajes viven de una dieta sencilla de un solo tipo de alimento y
están más sanos que los humanos. Los animales que se guardan en cercados son
susceptibles a enfermedades y desarrollan fácilmente problemas de digestión
debido a la variedad de forraje que se les da. Por otro lado, ningún médico
sería tan imprudente y empecinado en las innovaciones como para ofrecerle una
variedad de platos a un paciente con fiebre, en vez de darle alimentos
sencillos fácilmente digeribles y sin salsas (Plutarco, Charlas de sobremesa
661a).
Si
la misma comida, bebida y otras medidas dietéticas fueran adecuadas tanto para
los enfermos como para los que están sanos, si no hubiera una alternativa
preferible, el arte de la medicina no se habría inventado y no se habrían
emprendido estas investigaciones, porque no habrían sido necesarias (Hipócrates, Sobre
la medicina antigua 3).
Incluso
hoy en día, todavía hay gente, no solo los bárbaros sino también algunos
griegos, que prescinde de la medicina. Cuando caen enfermos, siguen
permitiéndose la misma dieta que cuando estaban sanos, y se niegan a privarse
de aquello que les gusta y a someterse a restricciones (Hipócrates, Sobre
la medicina antigua 5).
Hay
algunos alimentos que calman el hambre y la sed y conservan la fuerza aunque se
tomen en muy pequeñas cantidades: por ejemplo, la mantequilla, el queso de
leche de yegua y el regaliz. Los excesos son muy peligrosos en todos los
aspectos de la vida, pero sobre todo en lo relativo a nuestros cuerpos. Es
mejor reducir todo aquello que es pesado (Plinio, Historia
natural 11.284).
Muchas
personas viven para gratificar a su estómago, y sin embargo, este les causa más
problemas que cualquier otra parte del cuerpo. A veces no deja pasar la comida,
otras no la retiene, unas veces se desborda y otras no la digiere. Nuestros
hábitos han degenerado hasta el punto de que mucha gente muere a causa de la
comida. El estómago es la parte del cuerpo que más molestias acarrea, exigiendo
un pago varias veces al día, como un acreedor. La avaricia se ha vuelto
insistente, más que por cualquier otro motivo, por apaciguar al estómago; es
por el estómago que el lujo sazona nuestra comida con costosas especias; es por
el estómago que nuestras flotas navegan hasta los confines del Imperio; es por
el estómago que se exploran las profundidades del mar. Nadie se deja guiar por
la repugnancia de su producto final para darse cuenta de lo asqueroso que es en
realidad el estómago. Por este motivo la atención médica se centra
especialmente en el estómago (Plinio, Historia
natural 26.43).
La
gente satisface su glotonería con cualquier cosa que produzca la tierra, las
profundidades del mar y el espacio inconmensurable del cielo. ... Sus apetitos
no conocen límites. ... Esta clase de personas no son para mí más que un
conjunto de mandíbulas. ... Son adictos a su comida gourmet ,
que termina al poco rato en el estercolero (Clemente de
Alejandría, Pedagogo 2.1.3).
Los
glotones son fáciles de distinguir, porque se asemejan más a los puercos y a
los perros [en el original hay un juego de sonidos similar (ύσίν ή
κυσίν, husin e kusin)] que a los seres humanos, tan grande
es su afán de hartazgo. Hinchan los dos carrillos a la vez, con los vasos
sanguíneos que sobresalen y el sudor que les empapa el rostro. Les domina el
ansia insaciable, jadeantes por el empacho, mientras atiborran sus vientres de
comida con una avidez antisocial, como si se aprovisionaran para un viaje y no
para la digestión (Clemente de Alejandría, Pedagogo 2.1.11).
¿Qué
necesidad hay de enumerar las penosas y repugnantes indignidades que nos
inundan a raudales mientras atravesamos por el molesto y asqueroso proceso de
la digestión? Creo que es precisamente a esto a lo que se refiere Homero cuando
utiliza el hecho de no alimentarse como prueba de que los dioses no mueren:
«Pues no comen pan ni beben rutilante vino, y por eso no tienen sangre y se
llaman inmortales» [ Ilíada V.341-342]. Lo que
quiere decir es que la comida no solo nos da vida sino que también nos conduce
a la muerte, porque las enfermedades surgen de la comida; se nutren del mismo
alimento que nuestros cuerpos, por lo que la saturación no es menos dañina que
la privación (Plutarco, El banquete de los siete sabios 160 a).
Por otro lado, como el propio Plutarco señala (Sobre la cara visible de la
luna 938 b), se dice que los dioses se deleitan con
ambrosía (literalmente «inmortalidad») y néctar. A excepción de Deméter que,
distraída por el rapto de Perséfone, dio un mordisco al hombro de Pélope, véase
p. 233.
Tras
haber señalado en De la abstinencia de comida de origen animal 1.17
que los vegetarianos se pierden las propiedades que proporciona la carne de los
diferentes animales, como comer víbora para curar la ceguera o para detener la
drástica pérdida de peso, Porfirio argumenta más adelante en el mismo libro
(1.47) y con más convicción las ventajas del vegetarianismo:
Si
nos acostumbramos a quedarnos satisfechos con una dieta muy modesta, nos
liberaremos de innumerables males:
enormes desembolsos
esclavos que nos sirvan
complicados utensilios para comer
modorra
frecuentes enfermedades graves
la necesidad de asistencia médica
estímulos sexuales
abundantes flatulencias
excrementos excesivos
los pesados vínculos de nuestra naturaleza corporal
incitación forzosa al delito.
Una
dieta vegetariana sencilla, al alcance de todo el mundo, nos liberará de una
Ilíada de males y nos proporcionará serenidad y un aspecto saludable, porque
son los comedores de carne, no los comedores de pan, los que se convierten en
ladrones, matones, chantajistas y tiranos.
Galeno
empieza uno de sus tratados sobre nutrición señalando que gran parte de las
frutas y verduras se envían a las ciudades y que quedan muy pocas para la gente
del campo. Esta, durante el invierno, se alimenta básicamente de plantas
leguminosas, pero en primavera se limitan a comer ramitas y brotes de árboles y
arbustos, tubérculos y raíces de plantas indigestas, hierbas silvestres y pasto
(Buen humor y mal humor 6.749K).
El
cerdo es más nutritivo que cualquier otra carne procedente de animales
cuadrúpedos, puesto que es la carne cuyo sabor y olor más se parecen a la carne
humana, tal como muchos han descubierto al probar la carne humana sin saberlo(Pablo
de Egina, Compendio médico 1.84).
Las
carnes que al cuerpo le resultan más ligeras de digerir son el perro bien
hervido, las aves de corral y la liebre (Hipócrates, Sobre
las afecciones 52).
La
carne de perro calienta y seca el cuerpo, y es vigorizante, pero no resulta
fácil de excretar. La carne de cachorro humedece el cuerpo y es fácil de
excretar, pero es más diurética (Hipócrates, Sobre
la dieta 2.46).
La
carne de zorro y de oso es babosa, pero en otoño durante algún tiempo se pone
más firme y entonces es cuando está mejor. En cuanto a los carnívoros, como los
lobos, los leones y otras criaturas semejantes, aquellos que han comido este
tipo de carne dicen que es pesada y difícil de digerir, y que fácilmente
provoca cólicos. La de los ratones de árbol hace evacuar las tripas y no es muy
nutritiva, mientras que por lo que respecta al ratón doméstico, las tortugas
terrestres, los lagartos de campo y otras criaturas semejantes podríamos decir
que aquellos que las comen no son remilgados (Mnesiteo, frg.
39).
El
vino mezclado con agua de mar es especialmente malo para el estómago, los
nervios y la vejiga (Plinio, Historia natural 23.46).
En
Locri occidental, era un delito capital beber vino sin diluir, a menos que lo
hubiera recetado un médico por razones clínicas (Ateneo, Banquete de los
eruditos 10.33).
Está
firmemente establecido que no debería administrarse vino a los pacientes con
fiebre a menos que sean ancianos, e incluso en este caso, solamente cuando haya
pasado la crisis. Si la fiebre es alta, solo debería permitirse el consumo de
vino a pacientes que están definitivamente en remisión, y el riesgo disminuye a
la mitad si la remisión se produce por la noche, cuando el vino puede usarse
para inducir al sueño. No debería administrarse vino a las mujeres que acaban
de dar a luz o de sufrir un aborto, ni a aquellos que padecen de:
exceso
de relaciones sexuales
dolores de cabeza
cualquier dolencia que implique tener las extremidades heladas
fiebre acompañada de tos
temblores
dolor de tendones
dolor de garganta
dolores en la ingle
endurecimiento de los órganos torácicos
palpitación violenta de las venas
espasmos musculares
tétanos
hipo
dificultades respiratorias acompañadas de fiebre
ojos hinchados o fijos
ojos anormalmente brillantes
párpados que no se cierran del todo
ojos inyectados en sangre o lagañosos
lengua gruesa y vellosa
disuria
susceptibilidad al sobresalto
espasmos
accesos de sopor
poluciones nocturnas.
(Plinio,
Historia natural 23.48)
Después
de comer deberías beber agua en la que un herrero haya sumergido hierro
candente, porque es muy efectivo para reducir el bazo. Se ha observado que
animales criados en herrerías tienen el bazo muy pequeño (Celso, De
medicina 4.16).
Para
garantizar que la leche de burra sea de primera calidad, hay que alimentarla
con el forraje adecuado y hacerle hacer ejercicio. Si está amamantando a algún
pollino, este ha de ser retirado. Como resulta evidente para todo el mundo, es
importante que esté en el mejor momento de su vida. Hay también que asegurarse
de que su leche sea fácil de digerir, y no hacer caso de quienes se mofan ante
la idea de poner una burra en la dieta (Galeno, Sobre
el método terapéutico10.477K).
Las
comidas y las bebidas que son ligeramente inferiores pero más sabrosas deberían
ser preferibles a aquellas que son mejores para el paciente pero menos
apetitosas (Hipócrates, Aforismos 2.38).
La
monografía de Plutarco Consejos para conservar la salud hace
mucho hincapié en los problemas dietéticos:
De
vez en cuando deberíamos probar la comida que se sirve a los enfermos, para
familiarizarnos con ella mientras estamos sanos, y no temblar de asco ante este
tipo de dieta como harían los niños pequeños. Deberíamos acostumbrarnos poco a
poco a esta clase de comida para asegurarnos de que, cuando de verdad estemos
enfermos, no nos quejaremos de estos alimentos como si fueran medicinas y no
los rechazaremos solo porque son simples, poco apetitosos y carentes de sabor (123b).
La comida más barata es siempre la más sana para el cuerpo. Es sumamente
importante evitar los excesos en la comida y en la bebida cuando nos preparamos
para una fiesta o una visita de los amigos, o cuando estamos esperando un
banquete para un rey o para un importante funcionario del gobierno, o cualquier
otra ocasión social ineludible. Deberíamos, por así decirlo, prepararnos para
el oleaje y los vientos tormentosos mientras el tiempo es todavía bueno,
asegurándonos de que nuestros cuerpos sean esbeltos y ligeros. Cuando la gente
está reunida charlando alegremente, es bastante difícil mantener la moderación
habitual sin dar a los presentes la impresión de que somos terriblemente
desagradables, molestos e irritantes (123d).
Los propietarios de barcos que impulsados por la codicia cargan en demasía sus
embarcaciones, se pasan el rato achicando agua sin cesar. No debemos seguir su
ejemplo, atiborrándonos y atracándonos, y después recurrir a purgas y enemas.
Deberíamos mantener el cuerpo ligero, para que, si alguna vez es empujado hacia
abajo, su poco peso lo haga subir hacia arriba como un corcho (127c).
Es difícil lidiar con el propio estómago porque, como le gustaba decir a Catón
el Viejo, no tiene oídos. Hemos de ingeniarnos la manera de conseguir que gran
parte de lo que comemos sea menos pesado, controlando el tipo de comida que
elegimos. Hemos de tener cuidado con los alimentos sólidos y muy nutritivos,
como la carne, el queso, los higos secos y los huevos duros. No obstante, es
complicado rechazar siempre estos platos, pero deberíamos centrarnos en comida
ligera y menos contundente, es decir, más verduras y aves, y pescado con bajo
contenido de grasa. Semejante dieta satisface el apetito sin sobrecargar el
cuerpo. La indigestión causada por la ingesta de carne es especialmente
peligrosa, porque la carne no solo produce pesadez inmediata, sino que también
deja tras sí un prolongado y desagradable malestar. Por lo tanto, lo mejor es
acostumbrar el cuerpo a no desear ningún tipo de carne (131e).
En el caso de que no pudieran contener sus apetitos y abstenerse de atacar la
comida como perros o bestias salvajes, los hombres de letras tienen numerosas y
agradables maneras de distraerse y entretenerse en la mesa con conversaciones
sobre temas eruditos. En cambio, las exhortaciones de los entrenadores de
atletismo y los discursos de los maestros de gimnasia afirman que una
conversación intelectual durante la comida estropea el alimento y causa dolor
de cabeza. ... Las autoridades médicas recomiendan dejar un intervalo entre la
cena y el sueño, que es precisamente lo que hacen los hombres de letras. ... El
tiempo dedicado a las discusiones después de la cena es justo el tiempo que
necesita el proceso digestivo para controlar la comida mientras se asienta y
mezcla gradualmente en el estómago (133b).
Lo mejor es adoptar una dieta moderada y prudente para que el cuerpo funcione
de manera eficiente sin que ningún elemento extraño ayude a llenar y a vaciar
el estómago. Pero si surge la necesidad de vomitar, hágase sin medicamentos ni
artificios, sin perturbar el cuerpo más de lo imprescindible para evitar la
indigestión expulsando el exceso de comida inmediatamente y sin dolor. Pues,
así como las telas finas de lino lavadas con jabón y sales se gastan más
deprisa que aquellas que se lavan solo con agua, del mismo modo el uso de
medicamentos para provocar el vómito maltrata y arruina el cuerpo (134d).
§.
Ejercicio
La gimnasia y la medicina son contrarios, pues la medicina necesita provocar
cambios, pero la gimnasia no. A una persona que sufre dolores, los cambios en
su estado actual la benefician, mientras que a una persona sana no (Hipócrates,
Lugares en el hombre 35).
SÓCRATES: ¿Crees que la gente mantiene el cuerpo en forma mediante un
entrenamiento intensivo o mediante un ejercicio moderado?
HABLANTE ANÓNIMO: Creo, Sócrates, tal como reza el dicho, que incluso un cerdo
sabe que es el ejercicio moderado lo que mantiene el cuerpo en forma.
(Platón,
Del amor 134a)
Que
el juego de la pelota era una parte importante del entrenamiento físico puede
deducirse de la estatua del médico Herófilo, que está retratado con una pelota
a su lado y demás equipamiento para hacer ejercicio (Suetonio, Sobre
los juegos de los niños griegos 1).
Galeno
dedicó un breve tratado a los juegos de pelota como una manera barata y segura
de mantenerse en forma. En Sobre el ejercicio con pelota pequeña(5.905K),
expresa su convicción de que la mayoría de ejercicios de gimnasia, en
cambio, son contraproducentes y crean depósitos de grasa que incluso pueden
llegar a inhibir la respiración. Las personas que se ejercitan de este modo no
pueden ser buenos líderes militares ni políticos. Sería mejor delegar
semejantes responsabilidades a un cerdo.
Una
persona sana que está en forma y es libre de hacer cuanto le plazca no debería
sentirse obligada a seguir ningún régimen en particular, ni a tener su propio
médico ni masajista. Debería seguir un estilo de vida variado, a veces en el
campo, a veces en la ciudad, pero debería pasar más tiempo en su granja.
Debería emprender viajes, cazar y relajarse, pero también dedicar buena parte
de su tiempo a ejercitarse. El ocio entorpece el cuerpo y provoca la vejez
prematura, mientras que el trabajo refuerza el cuerpo y prolonga la juventud (Celso, De
medicina 1.1).
Ejercitar
diariamente la voz hablando alto es una forma estupenda de mantenerse sano y
fuerte a la vez. No me refiero a la fuerza que tienen los luchadores, esa que
simplemente añade carne y hace que el exterior del cuerpo sea sólido como las
paredes que soportan una casa. Me refiero a la fuerza que proporciona profundo
vigor y energía real a las partes más vitales e importantes del cuerpo. ... Aun
así, uno tiene que abstenerse de gritar compulsivamente y con vehemencia,
puesto que expulsar el aire de forma irregular y forzada causa roturas y
espasmos (Plutarco, Consejos para conservar la salud 130 b).
Es
esencial procurar no forzar demasiado la voz con el estómago lleno o después
del coito o cuando uno está exhausto. Esto les ocurre con frecuencia a los
políticos y a los profesores cuando se enfrascan en un debate o controversia
política en el momento inoportuno, ya sea por gloria y ambición o por una
recompensa económica (Plutarco, Consejos para conservar la salud130 f).
Figura 8.1 Juego de pelota en un mosaico del siglo IV - V d. C. de una villa
cerca de Piazza Armerina, en el sur de Sicilia.
§.
Medicina y estilo de vida
Confiamos tanto en la medicina porque nuestro estilo de vida moderno es muy
complaciente y extravagante (Amiano Marcelino, Historia del Imperio romano
22.18).
Cuando
las personas autoindulgentes caen enfermas, no acuden a los mejores médicos, a
los que nunca se preocuparon de seleccionar cuando estaban sanas. Llaman a los
médicos a los que están más acostumbrados, y de hecho, estos son los más
ansiosos por adularlos. Semejantes médicos darán a sus pacientes agua fría
cuando así se lo pidan y les permitirán bañarse cuando se les ordene que así lo
hagan. Les ofrecerán vino enfriado con nieve y harán todo lo que se les exija,
como si fueran esclavos: exactamente todo lo contrario de los médicos
asclepianos de los viejos tiempos, que pensaban que habían de mandar sobre sus
pacientes como los generales mandan sobre sus soldados y los reyes sobre sus
súbditos. ... Por lo tanto, las personas corruptas no escogerán al mejor
médico, sino más bien a aquel que esté más versado en la adulación. Este lo
tendrá todo a su alcance y disposición, y todas las puertas se le abrirán, no
tardará en hacerse rico e influyente, y tendrá muchos discípulos, sus ex
amantes después de haber perdido la lozanía de la juventud (Galeno, Sobre
el método terapéutico 10.4K).
Hay
personas que caen enfermas por su propia culpa debido a su perniciosa forma de
vida, pero son reacias a renunciar a ella porque carecen de autocontrol. ¡Qué
vida tan fantástica viven estas personas! Consultan a los médicos, pero eso no
les sirve de nada, aparte de empeorar y complicar sus dolencias. Esperan
siempre que las curen con cualquier medicamento que les recomienden. ... ¿No
resulta gracioso que tengan por su peor enemigo al que les dice la verdad, esto
es, que, si no dejan sus borracheras, sus atracones, sus placeres amorosos y su
ociosidad, ni las medicinas ni los cauterios ni la cirugía ni tampoco los
ensalmos ni los talismanes ni ninguna otra de tales cosas ha de servirles para
nada? (Platón, La República425 e).
Poco
después del septuagésimo tercer día del asedio de Amida, el tribuno Discenes
calculó que el rey persa Sapor había perdido a treinta mil hombres. Era muy
fácil diferenciar entre los muertos persas y los romanos, porque los cadáveres
romanos se partían en dos y se pudrían tan deprisa que al cabo de cuatro días
sus rostros eran irreconocibles, mientras que los cuerpos de los persas muertos
se resecaban como troncos, sin que sus extremidades se consumiesen o
corrompiesen, debido a su estilo de vida más frugal y al calor seco de su
tierra natal (Amiano Marcelino, Historia del Imperio romano 19.9).
El
joven Séneca fue uno de los hombres más ricos del mundo antiguo, pero la
denuncia de la decadencia moderna es un tema constante en sus obras. Su
enérgico ataque a las desastrosas consecuencias de la glotonería en Cartas 95
constituye un buen ejemplo:
La medicina era antiguamente la ciencia de unas cuantas hierbas apropiadas para
restañar los flujos de sangre o para cicatrizar las heridas. Después ha ido
evolucionando poco a poco hasta convertirse en el complejo sistema de hoy en
día. No es de extrañar que tuviese menos trabajo entonces, cuando la gente
tenía organismos sanos y robustos, alimentados con manjares sencillos y fáciles
de digerir que no estaban maleados por la decadente sofisticación. ...
Solo una persona hambrienta podría gozar de la clase de comida que había en los
viejos tiempos. Por esto no necesitaban tanta provisión de médicos, ni tanta
variedad de instrumentos y pastilleros. Las enfermedades eran simples como sus
causas: hace falta una plétora de manjares para crear una plétora de enfermedades.
Mira qué gran variedad de cosas, tras saquear tierra y mar, mezcla el lujo para
hacerlas pasar por la garganta de una sola persona. Es inevitable que alimentos
tan diversos, una vez engullidos, se combatan unos a otros y se digieran mal
mientras pugnan por la supremacía en el estómago. No es, pues, de extrañar que
de manjares tan desavenidos nazcan enfermedades tan caprichosas y variadas, y
que elementos tan diversos, embutidos en el estómago, sean rechazados hacia
afuera. De aquí viene que nuestras dolencias sean tan variadas como nuestro
vivir....
Figura 8.2 Séneca en su época más rolliza. Este busto lo eleva por encima de
su talla filosófica y lo equipara, de forma más bien halagadora, a Sócrates.
Véase fig. 2.1.
Hipócrates,
médico supremo y fundador de la medicina, dijo que las mujeres no están sujetas
a la caída del cabello ni a sufrir de gota, y sin embargo, hoy en día les cae
el cabello y sí sufren de gota. No ha cambiado la naturaleza de las mujeres,
sino que ha sido vencida, puesto que al haber igualado el libertinaje de los
hombres han adquirido también sus dolencias. Trasnochan igual que los hombres,
beben tanto como ellos; los desafían en luchas y en embriaguez. Como ellos,
vomitan todo lo que han ingerido y que el estómago no puede tolerar, y arrojan
tanto vino como han bebido. Mascan hielo como los hombres para aliviar las
náuseas del estómago. En sus pasiones no ceden en nada ante los hombres. ¡Que
los dioses y las diosas las maldigan! ...
Hoy en día, la gente se avergüenza de comer los alimentos por separado, plato
por plato. Todos los sabores se han mezclado en uno solo. Sucede ya a la mesa
aquello que debería suceder en el estómago. Es solo cuestión de tiempo para que
se sirva la comida ya masticada. Casi hemos llegado a esta fase, con las
conchas y los huesos extraídos y el cocinero desempeñando la función
naturalmente asignada a los dientes. ... Que traigan todos los platos a la vez,
que se unan y se combinen los delicados sabores de muchos manjares. ... Que las
ostras, los erizos de mar, los moluscos y los mújoles se cocinen a la vez y se
sirvan mezclados. La comida que se vomita no podría estar más mezclada. La
complejidad de estos platos es equiparable a las enfermedades que causan:
enfermedades complejas y diversas que desafían el análisis y adoptan variadas
formas. Para combatirlas, la medicina ha comenzado a armarse de toda suerte de
tratamientos y observaciones.
Séneca
practicaba la frugalidad que con tanta vehemencia predicaba. En realidad, se
excedía, porque cuando Nerón le obligó a suicidarse, tuvo muchas dificultades
para matarse:
Séneca y su esposa se abrieron las venas de los brazos con una daga en el mismo
momento. Como su anciano cuerpo estaba consumido por su frugal dieta, y la
sangre fluía muy despacio, se cortó las venas de las piernas y también las de
las corvas. ... La muerte llegaba muy lentamente, de manera que le pidió a su
buen amigo, Estacio Aneo, que tenía conocimientos médicos, que le diera la
cicuta que tenía preparada, el veneno utilizado en Atenas para ejecutar a los
condenados. Se la bebió, pero no surtió efecto, pues sus extremidades ya
estaban heladas y el cuerpo resistió el efecto del veneno. Al final, se metió
en una piscina de agua caliente... De allí fue trasladado a un baño y murió
asfixiado a causa del vapor (Tácito, Anales 15.63). Las heridas de su esposa
fueron vendadas y siguió viviendo durante varios años, pero sin acabar de recuperarse
del todo.
¿Quién,
con razón, no se sentiría justificado al criticar los valores modernos? La
extravagancia y el lujo han hecho que nuestro estilo de vida sea más caro. La
vida nunca ha sido tan anhelada como hoy en día, ni menos atendida. Pensamos
que nuestra salud es responsabilidad de los demás, que otras personas deberían
cuidar de ella incluso sin que se lo pidamos, y que nuestros médicos deberían
encargarse de todo. Vivimos nuestras vidas y disfrutamos de nuestros placeres
depositando nuestra confianza en otras personas: no puede haber nada más
vergonzoso que esta actitud (Plinio, Historia
natural 22.14).
¿ Recuerdas
lo que dice la gente cuando está enferma? ... Que no hay nada mejor que la
buena salud, aunque esto escapa a su atención antes de ponerse enferma (Platón, La
República 583 c).
Una
persona enferma carece de toda esperanza de recuperación si su médico le insta
a vivir sin mesura ni moderación (Séneca, Cartas 123).
Nadie
debería hacer del vómito la práctica habitual de un estilo de vida lleno de
excesos. No obstante, la experiencia me lleva a pensar que puede contribuir a
la buena salud, siempre que no se convierta en un hábito diario si se quiere
alcanzar una vejez saludable (Celso, De
medicina1.3).
El
vómito no era la consecuencia desagradable de una borrachera, era parte del
proceso:
Tres cosas a tener en cuenta cuando estás bebiendo mucho: no bebas vino barato;
no bebas vino sin diluir; no comas nada durante las borracheras. Cuando hayas
bebido mucho, no te acuestes sin vomitar tanto como te sea posible. Cuando
hayas vomitado lo suficiente, date un baño y después descansa. Si no puedes
vaciar tu organismo de manera satisfactoria, date un baño más largo
sumergiéndote en una bañera de agua caliente (Mnesiteo, frg. 40).
Contrariamente
a la creencia popular, no hay evidencias de que ni los griegos ni los romanos
tuvieran una estancia especial para vomitar durante los banquetes. Los vomitoria romanos
eran las salidas por las que los espectadores desalojaban en masa el
anfiteatro. Si hubieran existido vomitoria en las casas
romanas, habría sido un indicio de gran depravación. Pero como no los había,
hemos de imaginar un nivel todavía mayor de degeneración, puesto que los
comensales permanecían en su sitio. Por esto precisamente recomendaba el
arquitecto romano Vitruvio que los comedores estuvieran equipados con desagües
y una capa absorbente de carbón bajo el suelo (Sobre arquitectura 7.4.5).
§. Salud y entorno
Dicen que, a pesar de ser consciente del daño que aquello podía provocar en
su salud física, Platón eligió deliberadamente fundar su escuela en la
Academia, una región pestilente cerca de Atenas. Su propósito era erradicar el
exceso de confort físico, de la misma manera que se podan las cepas demasiado
productivas. Yo mismo he oído decir a los médicos que gozar de una excelente
salud es algo realmente peligroso (San Basilio, Cómo leer la
literatura pagana 9.80).
En
las regiones pantanosas, hay que guardarse de las pequeñas criaturas voladoras,
tan diminutas que resultan invisibles. Penetran en el cuerpo por la nariz y la
boca y causan graves enfermedades. Fundanio preguntó :
« ¿ Qué puedo hacer para reducir el riesgo de enfermedades, si heredo
una finca rústica como esta?» Agrio respondió: «Véndela por el máximo valor
posible o, si eso falla, abandónala».
Figura 8.3 Un esclavo sujeta la cabeza de un comensal ebrio mientras vomita
en un cuenco colocado para este propósito. La escena está oportunamente ubicada
en el fondo de una copa fabricada en Atenas durante o antes de sus días de
gloria, cuando las invasiones persas fueron repelidas a comienzos del siglo V
a. C.
Pero
Escrofa sugirió: «Asegúrate de que la granja no esté orientada hacia la
dirección por l a que el viento suele traer las infecciones, y constrúyela en
un lugar elevado, no en un valle, para que nada dañino pueda ser arrastrado
fácilmente. Es más saludable una ubicación en la que le dé el sol todo el día,
porque así, cualquier animalillo diminuto que viva en los alrededores será
dispersado por el viento o morirá por falta de humedad (Varrón, De
las cosas del campo 1.12).
Dicen
que el Vesubio retumba cada cien años o más, pero esto viene sucediendo con
mayor frecuencia en los últimos tiempos. La gente asegura que, cada vez que el
volcán escupe cenizas, en la región crecen cosechas de todo tipo. El aire de la
montaña es muy ligero y más saludable que en cualquier otro lugar del mundo.
Durante muchos años los médicos han mandado allí a pacientes tísicos (Procopio, Historia
de las guerras6.4). La erupción del año 79 d. C. sepultó a las ciudades de
Pompeya y Herculano.
El
filósofo Anaxarco enseñó a su panadero a ponerse guantes cuando amasaba para
evitar que le resbalara el sudor de las manos y a taparse la boca con una
mascarilla para no echar el aliento sobre las pastas que estaba haciendo (Ateneo, Banquete
de los eruditos 12.70). Evidentemente, solo conocemos a este precursor
de las normas de higiene modernas por ser lo bastante insólito como para que se
repare en él.
Las
personas que tienen una constitución débil —la mayoría de los habitantes de las
ciudades y prácticamente todos los que sienten inclinación por la literatura
pertenecen a esta categoría— necesitan cuidar de su salud con más ahínco que
los demás, porque al tomar precauciones compensan las deficiencias de su
bienestar físico, de su entorno o de sus actividades (Celso, De
medicina 1.2).
Figura 8.4 El Vesubio no ha entrado en erupción desde el 23 de marzo de
1944, cuando la invasión de Italia por parte de los aliados estaba en su
momento álgido. La siguiente erupción en esta zona densamente poblada quizá ya
debería haberse producido.
Figura 8.5 Una olla romana de barro cocido, no especialmente artística, pero
saludable.
Las
llagas de todo tipo se curan rápidamente cerca de las minas de cobre (Plinio, Historia
natural 34.100).
Gran
parte del abastecimiento de aguas de los romanos se canalizaba a través de
tuberías de plomo. (El término castellano «plomo» deriva de la palabra
latina plumbum.) Se ha especulado que la infertilidad provocada por
la intoxicación por plomo contribuyó a la caída final del Imperio. No obstante,
los romanos eran perfectamente conscientes de que el agua conducida por
tuberías de terracota era más sana y sabía mejor (Vitruvio, Sobre
arquitectura 8.6.10-11).
Una
fuente todavía más peligrosa de intoxicación por plomo era la de las ollas y
calderos de cocina fabricados por lo menos parcialmente con plomo: El
zumo de uva ha de reducirse en ollas de plomo, no en las de cobre, porque los
recipientes de cobre desprenden óxido durante el proceso de cocción, y eso
estropea el sabor(Columela, De los trabajos del campo 12.20).
Capítulo 9
Pronóstico y diagnóstico
Contenido:
Pronóstico
Fisiognomía
Casos perdidos
§.
Pronóstico
Es imposible devolver la salud a todos los enfermos. Eso sería preferible a
simplemente ser capaz de anticipar el desarrollo de la enfermedad. ... No
obstante, si un médico se dedica al pronóstico, será, con razón, admirado y
considerado un buen físico, porque con ello podrá dar el tratamiento apropiado
a los que es posible salvar, planificando de antemano cualquier eventualidad.
Además, si descubre pronto y da a conocer con antelación qué pacientes vivirán
y quiénes morirán, evita ser considerado responsable de lo que suceda (Hipócrates, Pronóstico 1).
Si
el testículo derecho está replegado y frío es mala señal (Hipócrates, Semanas51).
Si
un paciente tísico pierde el pelo y de hecho está ya casi calvo debido a la
enfermedad, y si su esputo despide un fuerte olor cuando escupe sobre carbón,
deberías decirle que va a morir dentro de muy poco, y que lo matará la diarrea(Hipócrates, Enfermedades 2.48).
Nunca
le hables a un paciente del estado de su salud presente ni futura. Muchos
pacientes empeoran al oír el pronóstico de su estado (Hipócrates, Sobre
la decencia 16).
Si
quieres averiguar si un enfermo se recuperará o no, lávalo durante tres días en
una infusión de agua con jugo de planta camaleón; si sobrevive a este
tratamiento, se recuperará Teofrasto, Historia
de las plantas9.12.1).
Una
garrapata sacada de la oreja izquierda de un perro, llevada como amuleto,
alivia toda clase de males. También se considera un indicador de vida y muerte.
Cuando una persona entra con la garrapata y permanece a los pies de la cama del
enfermo y le pregunta sobre su enfermedad, si el paciente le responde es señal
segura de que se recuperará, pero si no responde, seguro que morirá. El perro
del que se ha extraído la garrapata ha de ser totalmente negro (Plinio,Historia
natural 30.83).
La
manera de hacer predicciones basándose en el momento en que un paciente se
aficiona a la cama es el siguiente:
PRIMER PASO:
Averigua el número de días transcurridos entre la luna nueva anterior al
nacimiento de la persona y su nacimiento.
Divide este número por cuatro.
Toma nota del número de días sobrantes después de la división.
SEGUNDO PASO:
Averigua el número de días transcurridos entre la luna nueva equivalente y el
día de su nacimiento del año en curso.
Divide este número por cuatro.
Toma nota del número restante.
TERCER PASO:
Averigua el número de días transcurridos entre la luna nueva anterior al día en
que se metió en cama y el día en que se metió en cama.
Divide este número por cuatro.
Compara el número restante con los restos de los dos cálculos anteriores.
Si los tres números son el mismo, la crisis es fatal; si son distintos, el
paciente sobrevivirá, sea cual fuere la naturaleza de su enfermedad.
(Vetio
Valente, Antología astrológica 339).
En
la predicción de enfermedades crónicas, determinados signos del zodíaco
corresponden a determinadas partes del cuerpo:
|
Aries |
cabeza |
|
Tauro |
cuello |
|
Géminis |
hombros |
|
Cáncer |
manos y pecho |
|
Leo |
costado y corazón |
|
Virgo |
vientre y columna vertebral |
|
Libra |
vejiga |
|
Escorpión |
genitales y nalgas |
|
Sagitario |
muslos |
|
Capricornio |
rodillas |
|
Acuario |
piernas |
|
Piscis |
pies |
(Doroteo, Carmen
Astrologicum [versión árabe] 4.1)
Ni
siquiera un médico puede saber si alguien que dice tener dolor de cabeza sufre
realmente de dolor de cabeza. No obstante, lo tratará suponiendo que es así.
Esta incertidumbre no menoscaba la validez de la medicina como ciencia(Quintiliano, Instituciones
oratorias 2.17.39).
Incluso
los médicos expertos dicen que deberíamos prestar más atención a los sueños (Aristóteles, De
la adivinación por medio de los sueños 463 a).
Galeno
afirma que, cuando todavía era joven, se convenció mediante sueños de que tenía
que extraerse una gran cantidad de sangre de la mano derecha y esto le curó de
inmediato un dolor crónico que tenía entre el hígado y el diafragma (Del
tratamiento terapéutico mediante la sangría 11.314K). Cuando Galeno
tenía dieciséis años su padre tuvo un sueño que le hizo decidir que su hijo
había de ser médico (Sobre el orden de mis libros 19.59K).
Un
médico debería preguntar a su paciente si duerme o no, y sobre sus pautas
habituales de sueño, y también si tiene visiones o sueños, porque un médico
puede diagnosticar a partir de este tipo de información (Rufo
de Éfeso, Preguntas médicas 29).
Un
hombre soñó que Asclepio, dios de la medicina, le hería en el estómago con una
espada y que moría. Después le creció un tumor en el estómago, pero la cirugía
lo curó (Artemidoro, El libro de la interpretación de los
sueños 5.61).
§. Fisiognomía
Una barriga gorda no produce una mente sutil (Fragmentos
anónimos de la comedia griega 1234) es una frase que se cita o a la
que se alude con aprobación varias veces en el corpus médico.
Aristóteles
no solo creía que hay signos en nuestro cuerpo que predicen nuestra vida
futura, sino que incluso publicó sus opiniones al respecto. Yo lo encuentro
sorprendente y considero que estas ideas son absurdas y que no se han de
proponer sin vacilaciones, no sea que alguien trate ansiosamente de descubrir
estas indicaciones del futuro en su cuerpo. A pesar de ello, las mencionaré,
dado que un científico de la talla de Aristóteles no las despreciaba. Él mismo
proporciona una lista de indicios indicativos de una vida breve: tener pocos
dientes, tener largos los dedos de las manos, un cutis plúmbeo o numerosas
líneas cortas en las manos. Los indicativos de una larga vida son: tener más de
treinta y dos dientes, los hombros caídos, las orejas grandes o solo una o dos
líneas largas en la mano (Plinio, Historia natural 11.273).
La
primera cosa que hacía Pitágoras cuando los jóvenes solicitaban el ingreso en
su escuela era «fisiognomizarlos». Esta palabra significa evaluar el carácter y
disposición de una persona a través de las deducciones obtenidas a partir de su
aspecto y expresión facial y de la forma y porte de su cuerpo en general (Aulo
Gelio, Noches áticas 1.9).
Si
la distancia desde el punto más bajo del pecho de una persona hasta el ombligo
es mayor que la que hay hasta donde empieza el cuello, esta persona es
avariciosa y glotona. Ensalza un torso firme y grande. Un pecho que sea delgado
y débil es indicio de mezquindad y cobardía; un pecho carnoso indica ignorancia
y torpeza. Aquellos que tienen un torso grande cubierto de carne trémula y
oscilante son lascivos y borrachos (Adamancio, Fisiognómica 2.15).
|
Rasgo corporal |
Significado |
|
Orejas grandes |
insensibilidad |
|
Orejas pequeñas (como si se hubieran recortado) |
tendencias criminales |
|
Orejas muy pequeñas |
estupidez |
|
Orejas cuadradas de gran tamaño |
sensibilidad y valentía |
|
Orejas huecas |
ingenio rápido e inteligencia |
|
Orejas no huecas y demasiado redondas |
falta de inteligencia |
(Adamancio, Fisiognómica 2.29).
Una
persona irritante tiene el rostro enjuto, la frente arrugada, cejas retorcidas
y párpados tensos, y se mueve como si la hubieran purgado excesivamente(Adamancio, Fisiognómica 2.51).
En un hombre parlanchín, la parte superior del cuerpo está mucho más
desarrollada que el resto del cuerpo desde la ingle hacia abajo. Estas personas
tienen rasgos faciales irregulares y un estómago velloso (Anónimo, Fisiognómica111).
Los
jugadores tienen los brazos cortos, como las comadrejas, y disfrutan bailando(Pseudo-Aristóteles, Fisiognómica 808 a).
Las
nalgas huesudas y puntiagudas indican fuerza, las nalgas gordas y carnosas
indican debilidad, y las nalgas escuálidas, como si se hubieran raspado hasta
dejarlas desnudas, indican mal carácter, como ocurre con los simios (Pseudo-Aristóteles, Fisiognómica 810 b).
Las personas con la cara pequeña tienen almas pequeñas, como los gatos y los
monos (Pseudo-Aristóteles, Fisiognómica 811 b).
Las
personas con la cara grande tienen pocas luces, como las vacas y los burros(Pseudo-Aristóteles, Fisiognómica 811 b).
Las
personas pelirrojas son muy retorcidas, como los zorros (Pseudo-Aristóteles, Fisiognómica 812 a).
Si
un hombre tiene un lunar cerca de la nariz y un cutis rubicundo, será
sexualmente insaciable (Pseudo-Melampo, Sobre
lunares 3).
Figura
9.1 Jugadores pintados en la pared de una taberna de Pompeya. Ninguno parece
tener los brazos especialmente cortos.
§.
Casos perdidos
Lo que los fármacos no curan, lo cura la cirugía; lo que la cirugía no cura,
lo cura la cauterización; lo que la cauterización no cura hay que considerarlo
incurable(Hipócrates, Aforismos 7.87).
Empezaré
con una definición de lo que considero que es la medicina: consiste en liberar
a los pacientes de sus enfermedades, en mitigar la intensidad de las dolencias
y en no aceptar casos perdidos, puesto que la medicina no puede hacer nada por
ellos (Hipócrates, El arte 3). Esta actitud
despiadadamente pragmática respecto a los casos perdidos no era en absoluto
universal. Cuando la Gran Peste asoló Atenas en 430 a. C., las primeras
víctimas y las más frecuentes fueron los médicos, y hemos de suponer que la
devoción a su oficio provocó la muerte de muchos médicos en todas las épocas.
Algunas
personas critican el arte médico porque los médicos se niegan a aceptar casos
perdidos. Aseguran que los casos que sí aceptan se curarían por sí solos,
mientras que no se acercan a aquellos que necesitan ayuda. Si la medicina es un
arte, afirman, debería curarlos a todos por igual. ... Pero cuando alguien
sufre de una enfermedad que supera con creces los recursos de que dispone la
medicina, no debería alimentarse la esperanza de que esta pueda vencer dicha
afección(Hipócrates, El arte 8).
«Cuando
un caso llega a una fase incurable, ¿por qué deberíamos perder el tiempo
investigándolo?» Sin lugar a dudas, este no es el enfoque correcto, porque
entender la fase incurable es entender el mismo proceso en las fases previas, y
no se pueden separar unas de otras. Hemos de idear el modo de evitar que los
casos curables se conviertan en incurables, y esto se hace sabiendo cuál es la
mejor manera de impedir que evolucionen hasta dicho estadio, pero también
deberíamos prestar atención a los casos incurables para no causar daños
innecesarios (Hipócrates, Sobre las articulaciones 58).
Deberías
evitar los casos de fracturas complicadas siempre que puedas alegar una excusa
decente para no implicarte. Hay poca esperanza de recuperación en estos casos,
y muchos riesgos. Si un médico no consigue encasar el hueso, se le considera
incompetente, mientras que si lo encasa, sitúa al paciente más cerca de la
muerte que de la recuperación (Hipócrates, Sobre
las fracturas 36).
Es
mejor no tratar casos de cáncer interno: el tratamiento simplemente acelera la
muerte, mientras que, si se les deja en paz sin tratamiento, siguen viviendo
durante largo tiempo (Hipócrates, Aforismos 6.38).
Ante
todo, un médico debe saber qué heridas son incurables, cuáles son difíciles de
tratar y cuáles son relativamente fáciles. Un médico astuto no debería
acercarse a una persona que no puede curar, por temor a que parezca que ha
causado la muerte de alguien que de cualquier modo estaba condenado a morir.
Cuando hay cierta esperanza, aunque todavía con un elevado riesgo de que el
paciente muera, el médico debería dejar claro a los parientes que hay
esperanza, pero también riesgo. De este modo, si la herida se impone a sus
habilidades médicas, no se le considerará un ignorante ni se le acusará de
haber cometido un error. Así es como debería actuar un médico prudente. Solo un
animador de feria exageraría la gravedad de la enfermedad de un paciente para
engrandecer su hazaña (Celso, De medicina 5.26).
Figura 9.2 Filoctetes, el arquetípico caso perdido. De camino a Troya, una
serpiente le mordió en el pie. El olor que despedía la herida infectada era tan
fuerte que los griegos lo abandonaron en la isla de Lemnos durante diez años.
No es este el único mito maloliente asociado a Lemnos. Bien por descuidar su
culto o por asesinar a sus hombres, Afrodita hizo que las mujeres de esta isla
apestaran.
Cuando
un médico trata de enderezar o de mover los miembros de una persona que tiene
el tétanos, solo consigue romperlos y fracturarlos estando viva la persona; por
tanto, no pudiendo ofrecer remedio alguno a los dominados por la enfermedad,
solo le queda compadecerse. Tal es la gran desdicha del médico(Areteo, Sobre
las causas y los síntomas de las enfermedades agudas 1.6).
Con
todas las extremidades retorcidas y rotas, solo podía contemplar su inmensa
fortuna, pues no podía moverse ni siquiera en la cama sin ayuda de los demás.
Incluso —y esto es tan triste y penoso de decir— necesitaba que le limpiasen
los dientes y, cuando se lamentaba de las indignidades que padecía a causa de
sus dolencias, a menudo le oían decir que tenía que chupar los dedos de sus
esclavos cada día [los romanos comían con dedos]. Pero siguió
viviendo, y quería seguir viviendo, sobre todo por el apoyo que recibía de su
esposa (Plinio, Cartas 8.18).
No
me suicidaré para huir de mi enfermedad mientras esta sea curable y no me
afecte a la mente. No me pondré las manos encima a causa del dolor, pues morir
así es una derrota. No obstante, si veo que tengo que soportar el dolor
constantemente, me marcharé, no por el dolor en sí, sino porque obstaculizaría
mi razón de vivir. Aquel que se mata porque está sufriendo es débil y cobarde,
y aquel que sigue viviendo para soportar el sufrimiento es un loco (Séneca, Cartas58.36).
De hecho, Séneca sí se suicidó cuando Nerón se lo ordenó; véase «Séneca
practicaba la frugalidad que...» en el apartado Medicina y estilo de vida del
capítulo 8.
Capítulo 10
Enfermedades y estados excepcionales
Contenido:
Heridas
Enfermedades mentales
Epidemias
Venenos
Problemas de peso
La enfermedad sagrada
Gota
Cálculos en la vejiga
Dolencias estacionales
Geriatría
Nuevas enfermedades
§.
Heridas
Un hombre que es médico vale por muchos otros para extraer saetas y
espolvorear benignas medicinas (Homero, Ilíada XI.514-515).
En De
medicina 5.2, Celso enumera sustancias utilizadas para cerrar heridas.
Por ejemplo:
miel
hervida
clara de huevo
olíbano
mirra
cola (concretamente cola de pescado)
goma (concretamente goma arábiga)
caracoles (triturados con el caparazón)
telarañas (para heridas superficiales).
Nada
dificulta más el proceso de curación que los frecuentes cambios de medicación.
Una herida no se cierra nunca si el médico experimenta con diferentes ungüentos (Séneca, Cartas 2.3).
Figura 10.1 Eneas está siendo atendido por una herida. A pesar de que su
hijo Ascanio llora y su angustiada madre, Afrodita, ha bajado del Olimpo para
supervisar la cirugía, él parece despreocupado.
Arzes,
uno de los guardaespaldas de Belisario, fue alcanzado por una flecha entre la
nariz y el ojo derecho. La punta de la flecha penetró hasta la parte trasera
del cuello, donde se quedó alojada, y el resto del asta le sobresalía por la
cara, agitándose mientras cabalgaba. ... Los médicos querían extraer el misil
del rostro de Arzes, pero dudaron angustiados durante largo rato. No les
preocupaba el ojo, que ya daban por perdido; lo que temían era causar la muerte
de un importante miembro del séquito de Belisario al perforar los tejidos y
nervios de aquella zona de la cabeza. Entonces, Teoctisto, uno de los médicos,
ejerció presión sobre la parte trasera del cuello de Arzes para averiguar si
sentía allí un dolor más agudo. Cuando Arzes dijo que sí, Teoctisto anunció:
«Entonces te recuperarás y el ojo quedará intacto». Basaba su afirmación en el
hecho de que la punta de la flecha había penetrado tan adentro que estaba muy
cerca de la piel. Cortó el trozo de asta que sobresalía y lo tiró. A
continuación cortó la piel de detrás del cuello justo en el sitio en el que el
dolor era más intenso y extrajo la punta de la flecha sin dificultad, junto con
el resto del misil, incluidas tres púas que le salían del cuello. De este modo,
Arzes se libró de una herida permanente, sin siquiera una cicatriz en la cara (Procopio, Historia
de las guerras 6.2).
Un
bárbaro disparó a Trajano[un oficial romano, no el emperador del
mismo nombre, que gobernara cuatrocientos años antes] en la cara, por
encima del ojo derecho y muy cerca de la nariz. La punta entera de hierro del
misil, a pesar de ser grande y bastante larga, se clavó tan profundamente en el
cráneo que ni siquiera se veía. El resto del arma cayó al suelo inmediatamente
sin que nadie tirase de ella. (Supongo que la cabeza de hierro no se había
fijado con firmeza.) Trajano no se distrajo con la herida, sino que continuó
persiguiendo y matando al enemigo. Sin embargo, cinco años después la punta de
hierro apareció por sí sola asomando en la cara. Ahora, se ha ido abriendo
camino poco a poco durante tres años. La cabeza entera del arma acabará
saliendo, aunque dentro de algún tiempo. Trajano nunca se preocupó en absoluto
por esta cuestión (Procopio, Historia de las guerras6.5).
Cuando
no se trata correctamente una herida causada por un perro rabioso, el paciente
suele desarrollar temor al agua (lo que los griegos llaman hidrofobia),
sufriendo a la vez de sed y de miedo al agua. Hay pocas esperanzas para la
víctima de esta enfermedad. El único remedio es arrojarlo repentinamente a una
piscina. Si no sabe nadar, se deja que se hunda y que beba, y después se le
sube a la superficie. Hay que repetir este proceso varias veces. Si sabe nadar,
se le sumerge reiteradamente para que, aunque a regañadientes, se llene de
agua. De esta manera, se alivia tanto la sed como el temor al agua (Celso, De
medicina5.27).
Aplíquese
nitrato de potasio finamente molido y miel a las mordeduras de cocodrilo hasta
que queden bien limpias. A continuación rellénense las heridas con miel,
mantequilla, médula de ciervo y grasa de ganso. Galeno asegura conocer a
personas mordidas por cocodrilos que obtuvieron gran alivio con la aplicación
de grasa del mismo cocodrilo que las mordió (Pablo de Egina, Compendio
médico5.25).
A
menudo he tratado con orina las heridas de los dedos de los pies, especialmente
las lesiones causadas por golpes, sobre todo de esclavos y campesinos que
estaban de viaje donde no había médicos. Pongo una compresa encima de la herida
y la sujeto con una venda de lino, después les digo a los pacientes que, cuando
tengan ganas de orinar, apunten el chorro de orina al dedo del pie y que no se
saquen la compresa hasta que la herida esté completamente curada (Galeno, Sobre
las mezclas y propiedades de los medicamentos simples12.286K).
§. Enfermedades mentales
Cuando un médico iba a visitar a un paciente y lo encontraba tumbado en la
cama gimiendo y negándose a comer, si después de examinarlo determinaba que no
tenía fiebre, decía «enfermedad mental» y se marchaba (Plutarco, Sobre
el amor a las riquezas 524 d).
Dado
que estamos compuestos de alma y de cuerpo, debo plantearme cuál es la razón
que explica que para el cuidado y el mantenimiento del cuerpo se haya buscado
un arte, cuya invención, dada su utilidad, se ha atribuido a los dioses
inmortales, mientras que no se ha sentido en igual medida la necesidad de una
medicina del alma antes de su descubrimiento, ni se ha cultivado en la misma
medida una vez conocida, ni ha recibido el reconocimiento y la aprobación de
muchas personas, sino que más bien les ha resultado a muchos sospechosa y
odiosa. ¿Quizá la razón de ello es que el malestar y el dolor del cuerpo lo
juzgamos con el alma, mientras que la enfermedad del alma no la sentimos con el
cuerpo? De aquí resulta que el alma emite un juicio sobre sí misma precisamente
cuando se halla enferma la facultad con la que ella juzga (Cicerón, Disputaciones
tusculanas 3.1).
Antiguamente,
se solía encerrar a oscuras a los pacientes que sufrían trastornos mentales,
con la creencia de que la oscuridad ayudaba a tranquilizarlos. Sin embargo,
Asclepíades dijo que había que mantenerlos con luz, puesto que la oscuridad les
aterrorizaba. Ninguno de estos tratamientos es aplicable universalmente. A
algunos pacientes la luz les molesta, mientras que a otros les altera la
oscuridad; hay también algunos en los que luz y oscuridad no producen ningún
efecto discernible (Celso, De medicina 3.18).
Una
vez examiné a una mujer que se había vendado fuertemente el dedo anular porque
tenía la fantasía de que el universo entero se apoyaba en él. Lloraba por miedo
a que, al doblar el dedo, provocase el derrumbamiento del universo y la
inmediata destrucción de todas las cosas (Alejandro
de Tralles, Terapéutica1.605).
Las
venas varicosas son muy útiles, porque ayudan a los que sufren melancolía,
obsesiones y todo tipo de enfermedades crónicas que afligen a la cabeza.
También funcionan contra el abatimiento y las jorobas de la zona lumbar y
cualquier otra afección causada por la tensión en esa parte del cuerpo (Rufo
de Éfeso, De la melancolía, frg. 74).
Tanto
en los hombres como en las mujeres, si la sangre se acumula en los pechos es
señal del comienzo de la demencia (Hipócrates, Epidemias2.6.32).
No
dejes que tu paciente sospeche que padece melancolía. Haz ver que lo estás
tratando por indigestión, ayúdale a combatir su exceso de pena, terror y
alegría, y evita que piense demasiado (Rufo de Éfeso, De
la melancolía, frg. 40).
Explicación
de la frenitis. La inteligencia de una persona deriva en gran parte, algunos
dirían exclusivamente, de la sangre. Por lo tanto, cuando la bilis se agita y
penetra en la sangre de los vasos sanguíneos, altera la consistencia y
movimiento normal de la sangre e intensifica su movimiento, la hace serosa y la
calienta. Cuando la sangre se calienta, calienta también el resto del cuerpo.
Debido a la intensidad de la fiebre y al contenido de suero en la sangre y su
movimiento anormal, el paciente se trastorna y deja de ser él mismo (Hipócrates, Enfermedades1.30).
Un
hombre mentalmente desequilibrado iba al teatro cada día en Abido y aplaudía
como si estuviera asistiendo a una representación. Cuando recobró la cordura,
dijo que aquel había sido el período más divertido de toda su vida (Pseudo-Aristóteles, Relatos
maravillosos 832 b). Asimismo, un ateniense curado de la
fantasía de que todos los barcos del Pireo eran suyos dijo que nunca había sido
tan feliz como cuando los veía entrar sin percances en el puerto (Eliano, Historias
curiosas 4.25).
En
su tratado de ficción, El desheredado, Luciano imagina un escenario
en el que, anticipando que su padre podría perder la razón, un joven que había
sido desheredado se preparó para ser médico. Su padre se volvió loco, el joven
lo curó y fue readmitido como heredero. Entonces su madrastra enloqueció, pero
él se negó a curarla alegando que no tenía suficiente experiencia. Fue de nuevo
desheredado y llevó a su padre a los tribunales.
Antífono
inventó un modo de abolir la aflicción, comparable al tratamiento que aplican
los médicos para contrarrestar las enfermedades físicas. Montó una oficina
cerca del mercado en Corinto y colgó un letrero que decía que podía tratar a
quienes se sentían afligidos hablando con ellos. Al indagar sobre las causas de
la depresión de las personas, podía curarlas. Sin embargo, pensó que aquella
profesión estaba por debajo de su dignidad, lo dejó todo y volvió a la política(Pseudo-Plutarco, Vidas
de los diez oradores 833 c).
Los
médicos no quieren que las personas se pongan enfermas, y si lo están, quieren
que sean conscientes de que están enfermas. Sin embargo, la falta de conciencia
es típica de las enfermedades del alma. Aquellos que actúan de manera absurda,
extravagante o injusta no creen que estén haciendo nada malo, de hecho algunos
piensan que están haciendo algo útil. Nadie dice que la fiebre sea «salud», ni
que la tisis sea «buen estado», ni la gota «velocidad del pie», ni la palidez
«cutis rosado», mientras que mucha gente dice que la ira es «hombría», que la
lujuria es «afecto», la envidia «rivalidad» y la cobardía «prudencia». Aquellos
que padecen enfermedades físicas llaman a los médicos (porque saben a quién
necesitan para lidiar con el problema), pero los que tienen el alma enferma
evitan a los filósofos, porque imaginan que tienen éxito precisamente en los
temas en los que yerran (Plutarco, Si las
afecciones del alma son peores que las del cuerpo 501 a).
En
el tratamiento de pacientes que padecen demencia, cada caso ha de ser examinado
por separado:
A veces hay que aliviar temores infundados. Por ejemplo, a una persona muy rica
que estaba angustiada ante la posibilidad de morir de inanición, le informaban
de vez en cuando de herencias ficticias que había recibido. A veces hay que
contener a pacientes violentos, algunos incluso necesitan ser controlados con
azotes.
A veces hay que recurrir a maldiciones y amenazas para que el paciente deje de
reír sin motivo.
A veces hay que arrancar a los pacientes de la depresión. En estos casos ayuda
mucho la música, los címbalos o cualquier tipo de ruido. Con frecuencia es más
necesario convenir con el paciente que contradecirlo. Debes devolverlo despacio
y con sutileza de afirmaciones irracionales a un estado mental más equilibrado.
A veces es necesario provocar el interés y la atención del paciente. A los que
les gusta la literatura se les puede leer un libro; hay que leerlo
correctamente, si disfrutan con ello, pero si les irrita, hay que leer mal
porque mientras corrigen los errores distraen la mente.
Hay que instar a los pacientes a que reciten de memoria algo que sepan.
Mezclarlos con los comensales de un banquete ha inducido a algunas personas
dementes a comer sin tener ganas de hacerlo.
(Celso,
De medicina 3.18)
No
hay que permitir que un lunático aparezca en público en la ciudad. Su familia
ha de mantenerlo en casa utilizando los medios que sean necesarios, de lo
contrario pagará una multa (Platón, Leyes 934 c).
Si
sus familiares no son capaces de controlarlo, el gobernador provincial
recurrirá a la solución de confinar a los perturbados en prisión. En caso de
parricidio, el aspecto a determinar es si el perpetrador simplemente fingía
estar loco o si verdaderamente lo estaba en el momento de cometer el crimen. Si
simplemente estaba fingiendo, debería ser castigado, pero si de verdad estaba
loco, hay que encerrarlo (Digesto de Justiniano
1.18.13).
Sin
duda Galeno se compadecía de los pacientes que padecían enfermedades mentales,
pero también es cierto que algunos de los casos que menciona han sido elegidos
por lo chocantes que resultan. Por ejemplo:
Un paciente creía que se había convertido en caracol y se apartaba del camino
de aquellos con los que se encontraba por temor a ser aplastado. Otro paciente,
cada vez que oía cacarear a un gallo, sacudía los brazos contra las costillas,
de la misma manera en que estos baten las alas antes de cacarear, e imitaba el
cacareo. Otro tenía miedo de que Atlas se cansase de sostener el mundo y lo
dejase caer, aplastando y matando a todo el mundo (Sobre los lugares
afectados 8.190K).
§. Epidemias
Cuando una epidemia de una enfermedad azota a una comunidad, es evidente que
la causa no reside en los diversos estilos de vida de la gente, sino en el aire
que todos respiramos. Porque también es evidente que el aire desprende
exhalaciones pestilentes. Este es el consejo que debes dar a la gente en estas
situaciones: ... Deberían reducir al mínimo la cantidad de aire inhalado por la
boca y procurar que el aire sea lo más variado posible, trasladándose lejos de
la fuente de la epidemia. También deberían perder peso, porque entonces no
necesitarían respirar tan a menudo ni tan profundamente (Hipócrates, Naturaleza
del hombre 9).
Al
parecer el emperador Vero estaba destinado a llevar la destrucción a todas las
provincias por las que pasó durante su marcha de regreso de Oriente, e incluso
a la propia Roma. Se dice que la epidemia surgió en Babilonia, cuando un vapor
pestilente escapó de un cofre de oro que un soldado reventó en el templo de
Apolo. Desde allí se propagó por Partia y por todo el mundo (Historia
Augusta, Vida de Vero 8). Cuando el ejército romano
regresaba de sus campañas en Oriente en 165 d. C., trajo consigo una enfermedad,
muy probablemente la viruela, que circuló por el mundo romano durante
veinticinco años, y es posible que matara a seis millones de personas, cifra
que constituía aproximadamente una décima parte de la población del Imperio.
Probablemente, el propio emperador Marco Aurelio murió a causa de la epidemia,
igual que casi todos los esclavos que Galeno tenía en Roma (Sobre no
afligirse 1).
La
pestilencia primero apuntaba contra las acémilas y los ágiles perros [ IlíadaI.47]. Esta
representación homérica del inicio de la epidemia es muy científica. Los
expertos en medicina y filosofía saben, por detalladas observaciones, que los
primeros signos de la infección aparecen en los animales cuadrúpedos. El motivo
es que los humanos respiran un aire más puro porque está más elevado, y el
contagio de la enfermedad no es tan rápido, mientras que los animales, al
tender hacia el suelo, son más vulnerables a inhalar los vapores pestilentes
que surgen de la tierra (Heráclito, Cuestiones homéricas 14).
Solía
comer pulpejos de camello y crestas de gallo cortadas mientras todavía estaban
vivos, y lenguas de pavo real y ruiseñor, porque decían que quien comiera esto
estaría a salvo de plagas (Historia Augusta, Vida de Heliogábalo 20).
Tras un gobierno de escándalo y depravación que duró cuatro años (218-222 d.
C.), Heliogábalo murió, cuando solo tenía diecinueve años, no por ninguna
enfermedad, sino a manos de sus tropas. (El asesinato a manos de los propios
soldados fue, de largo, la clase de muerte más común entre los emperadores
durante el resto del siglo III.)
§. Venenos
Las heridas se agravan si se aproxima una persona que ha sufrido la
mordedura de una serpiente o de un perro. Estas personas hacen que los huevos
de las gallinas se pudran y que el ganado aborte. Tienen en su interior
suficientes residuos del veneno de la mordedura que ellas mismas se vuelven
venenosas para otras criaturas. ... Del mismo modo, aquel al que alguna vez le
ha picado un escorpión, nunca más le picará un avispón, ni una avispa, ni una
abeja. Esto parecerá menos sorprendente si se tiene en cuenta que la vestimenta
que se ha llevado en un funeral no es atacada por las polillas (Plinio, Historia
natural28.32).
Los
testículos de hipopótamo, secados y molidos hasta quedar convertidos en polvo y
bebidos con vino, son un buen antídoto para las mordeduras de serpiente(Dioscórides, De
materia médica 2.23).
Los
trucos con serpientes que realizan los animadores itinerantes no dependen de
ninguna pericia en particular. No requieren más que confianza nata y la
voluntad de asumir riesgos. El veneno de serpiente, como algunos venenos
utilizados en la caza, no hace daño si se traga, pero es muy peligroso en una
herida. No implica riesgo comerse a la serpiente, pero su mordedura es fatal.
Si alguien mete el dedo en la boca de una serpiente que ha sido drogada (un
truco que utilizan los charlatanes ambulantes), comprobará que la saliva no es
dañina, siempre que no muerda. Por este motivo podemos salvar la vida de una
persona chupando el veneno de la herida causada por la mordedura. Solo hay que
tener una precaución sumamente importante: la persona que chupa el veneno tiene
que estar segura de que no tiene llagas abiertas en las encías, ni en el
paladar ni en ningún otro lugar de la boca (Celso, De
medicina 5.27).
El
veneno empleado por las arañas y los escorpiones es tan potente que, aunque la
cantidad sea extremadamente pequeña, el efecto es masivo. La misma
característica puede observarse en el pez torpedo [véase
fig. 10.5]. La descarga que lanzan es tan fuerte que incluso recorre el
tridente que usan los pescadores y les entumece la mano inmediatamente (Galeno, Sobre
los lugares afectados8.421K). Plinio atribuye poderes todavía más
impresionantes a una serpiente pequeña llamada basilisco:
Destruye arbustos sin tocarlos siquiera, simplemente echándoles el aliento, y
quema la hierba y parte las rocas en dos, tal es su maligno poder. Existe la
creencia de que un jinete mató una vez a un basilisco con su lanza, pero su
fuerza destructiva recorrió la lanza y mató al caballo y al caballero (Historia
natural8.78).
Se
cree que la sangre de perro es el mejor remedio para el veneno de las flechas(Plinio, Historia
natural29.58).
Si
una persona a la que le ha picado un escorpión susurra al oído de un asno, el
daño se transfiere inmediatamente al asno (Plinio, Historia
natural 28.155).
§. Problemas de peso
En De medicina 1.3, Celso ofrece una lista de las distintas
maneras de controlar el peso:
Para
ganar peso:
ejercicio moderado
siestas frecuentes
masajes
bañarse después de comer
estreñimiento
moderada exposición al frío del invierno
dormir suficiente, pero no demasiado
una cama blanda
no tener ansiedad
consumir bebidas y alimentos grasos y dulces
comidas frecuentes, tan abundantes como se puedan digerir.
Figura 10.2 Las representaciones de masajes son raras en el arte griego y
romano.
Para
perder peso:
bañarse en agua caliente, sobre todo salada
bañarse con el estómago vacío
exponerse al sol abrasador o a cualquier fuente de calor
preocuparse
estar levantado hasta tarde por la noche
dormir demasiado
dormir demasiado poco
una cama dura en verano
correr
caminar mucho
cualquier tipo de ejercicio enérgico
vomitar
purgas
comida seca y amarga
comer solo una vez al día
beber habitualmente vino sin enfriar con el estómago vacío.
Dado
que las he incluido en la lista de métodos para perder peso, debería
especificar algo sobre el vómito y las purgas. Soy consciente de que
Asclepíades rechazó el vómito en su libro titulado Sobre
conservar la salud. No lo critico por ello si se refería al vómito
habitual diario para aumentar la capacidad de comer más. En este mismo libro,
fue un paso más allá al eliminar también las purgas; ambas cosas son en efecto
perjudiciales si se provocan demasiado enérgicamente con medicamentos (Celso, De
medicina 1.3).
Debido
a su lujoso estilo de vida y a su glotonería diaria, Dionisio, el tirano de
Heraclea, fue engordando tanto que su obesidad le dificultaba respirar. Sus
médicos hicieron fabricar unas agujas delgadas y de diferentes longitudes para
clavárselas en ambos costados o en la barriga si caía en un sueño insólitamente
profundo. Dado que su carne se había insensibilizado por la grasa, las agujas
penetrarían hasta una cierta distancia sin que él las notara, pero si una aguja
alcanzaba un punto no afectado, se despertaría. Si alguien le solicitaba
audiencia, Dionisio se colocaba una caja delante del cuerpo, dejando que
solamente asomase la cabeza por encima mientras despachaba asuntos con sus
visitantes(Ateneo, Banquete de los eruditos 12.72).
Figura 10.3 y 10.4 Nerón (gobernó 54-68 d. C.) justo antes de convertirse en
emperador (izquierda) y hacia finales de su reinado, época en la que estaba
tremendamente gordo.
Lucio
Apronio Cesiano, cónsul junto con Calígula en 39 d. C., tenía un hijo que
estaba tan gordo que no se podía mover. Lo curaron mediante una primitiva
liposucción (Plinio, Historia natural 11.213).
Los
que son gordos por naturaleza tienen más probabilidades que los delgados de
morir rápidamente si contraen una enfermedad (Hipócrates, Aforismos 2.44).
El
alma se trastorna con los pensamientos que provocan ansiedad, y entonces se
calienta y se reseca. Al absorber toda la humedad, el alma se agota, la carne
se desgasta y la persona adelgaza (Hipócrates, Sobre la dieta 2.61).
§. La enfermedad sagrada
La «enfermedad sagrada» era un eufemismo para έπιληψία (epilepsia,
literalmente «estar atacado»). El término griego es menos específico que
«epilepsia», y podría referirse a toda una serie de convulsiones o ataques
repentinos.
En
mi opinión, los primeros en atribuir un origen divino a los ataques no eran muy
distintos de los magos, purificadores, sacerdotes ambulantes y embaucadores de
hoy en día, impostores que se dan aires de piadosos y de tener conocimientos
especiales. Alegar un origen divino es la manera de cubrirse, de disfrazar su
incapacidad al no tener remedio de que servirse para ayudar a los afectados. La
llamaron afección sagrada para evitar que su absoluta ignorancia quedase al
descubierto (Hipócrates, Sobre la enfermedad sagrada 1).
Los
que sufren convulsiones y ya están habituados a la enfermedad presienten de
antemano cuándo van a sufrir un ataque y se apartan de la gente. Corren a su
casa si está cerca, si no, buscan un lugar aislado donde pocos puedan verlos
caer y se esconden. Eso lo hacen por vergüenza de su enfermedad, y no por
terror, como muchos piensan, de algún espíritu divino. Los niños pequeños, al
principio, caen donde sea porque no están familiarizados con la enfermedad.
Pero después de varios ataques, cuando presienten que están a punto de sufrir
uno, corren hacia sus madres o hacia cualquier otra persona a la que conozcan
bien. Hacen esto por miedo y pánico a la dolencia, pero como todavía son niños,
no conocen el sentimiento de la vergüenza (Hipócrates, Sobre
la enfermedad sagrada 12).
Hipócrates,
un hombre de conocimientos divinos, consideraba que el coito era parte de esta
abominable enfermedad que denominamos epilepsia. Sus palabras exactas están
documentadas: el acto sexual es un ataque menor (Aulo
Gelio, Noches áticas 19.2). En realidad, esta frase no se
encuentra en el corpus de los escritos hipocráticos conservados. Galeno (Comentario
de las «Epidemias III» de Hipócrates17 a.521K) y Clemente de
Alejandría (Pedagogo 2.10) la atribuyen al filósofo Demócrito,
mientras que Estobeo (Antología 3.6) se la asigna a Erixímaco, el
médico de El banquete de Platón.
Los
romanos llamaban a estos ataques morbus comitialis, enfermedad de
la asamblea, porque las reuniones políticas se aplazaban si algún asistente
sufría un ataque, pues se consideraba un mal augurio.
En
Trebisonda, en el mar Negro, la miel procedente del boj tiene un olor opresivo.
Dicen que vuelve locas a las personas cuerdas, pero que es un remedio infalible
para las convulsiones (Pseudo-Aristóteles, Relatos maravillosos 831 b).
Dicen
que los ataques se pueden prevenir comiendo sesos de buitre, corazón de gaviota
crudo o hurón doméstico. Yo no he probado ninguno de estos remedios, pero una
vez vi cómo bebían sangre de una persona a la que acababan de matar acercando
una copa a la herida. ¡Oh, qué terrible y urgente necesidad, consentir el
tratamiento de un mal con semejante maldición! Nadie puede asegurarme si
realmente se curaron mediante este tratamiento. Hay otra historia en la que se
comieron el hígado de una persona. ¡Pero dejemos que aquellos capaces de
adoptar semejantes medidas escriban sobre ellas!
(Areteo, Sobre el tratamiento de las enfermedades crónicas1.4).
Algunas personas que sufren convulsiones beben sangre de los gladiadores, de
recipientes vivos, por así decirlo. Es un horrible espectáculo ver cómo los
animales salvajes beben la sangre de los gladiadores en la arena, y sin
embargo, quienes sufren ataques creen que el remedio más efectivo para su
enfermedad es absorber la sangre caliente de una persona mientras todavía
respira y succionar su alma viviente directamente de sus heridas, a pesar de
que no es humano aplicar los labios ni siquiera sobre las heridas de las
bestias salvajes. Otros buscan curación comiendo sesos y médula de las piernas
de los bebés (Plinio, Historia natural28.4).
La
sangre humana, independientemente de la parte del cuerpo de la que haya sido
extraída, es muy efectiva contra la amigdalitis, si se unta sobre el paciente.
Si se aplica sobre la boca de alguien que haya caído presa de convulsiones, se
pone de pie inmediatamente. Algunas autoridades aseguran que habría que tratar
los ataques pinchando los dedos gordos del pie del paciente, y con la sangre
vertida untarle la cara. Otro remedio es hacer que una muchacha toque al
paciente con el pulgar derecho, porque existe la creencia de que las personas
propensas a los ataques deberían comer carne de animales que nunca se han
apareado (Plinio, Historia natural 28.43).
Los
siguientes remedios previenen los ataques:
leche
de yegua.
un espejuelo de caballo [excrecencia córnea en la parte interna de la pata] en
vinagre dulce.
carne de cabra asada en una pira funeraria (tal como recomiendan los Magos).
grasa de cabra hervida con el peso equivalente de hiel de toro, y almacenada en
una vesícula biliar para evitar que toque el suelo. El paciente ha de beber
esta solución con agua mientras permanece de pie.
(Plinio,
Historia natural 28.226)
Se
cree que la cabra es más propensa a los ataques que cualquier otro animal, y
que transmite la infección a quien come su carne o a quien la toca mientras
tiene convulsiones. Dicen que el motivo es que sus vías respiratorias son
estrechas y a menudo se bloquean. Esta es una conjetura a partir de la delgadez
de su voz. Las personas que hablan mientras sufren convulsiones emiten un
sonido muy parecido a un balido (Plutarco, Cuestiones
romanas290 a).
A
las codornices les encanta comer semillas venenosas, y por esto están
desterradas de las mesas. Es costumbre escupir cuando uno ve una codorniz por
precaución contra los ataques, una afección que solo sufren las codornices y
los humanos (Plinio, Historia natural 10.69).
En
su De materia médica, Dioscórides menciona hasta cincuenta
sustancias para prevenir, controlar y curar la epilepsia y otras enfermedades
similares. Se basa principalmente en plantas, pero también hace referencia a:
sangre
y estómago de comadreja pezuña de asno cuajo del estómago de una foca.
limaduras de hierro obtenidas con piedra de afilar procedente de la isla de
Naxos.
amuletos de piedras halladas en el estómago de una golondrina en luna
creciente.
§.
Gota
Marco Agripa [que influyó radicalmente en el curso de la historia
occidental al derrotar a Marco Antonio y Cleopatra en Accio] sufrió
terriblemente de gota durante los últimos años de su vida. Cuando ya no pudo
soportar más el dolor, decidió que valía la pena prescindir de las piernas y
perder toda sensibilidad en las extremidades, si así se libraba de aquella
espantosa agonía. Confiando, pues, en la desastrosa pericia de uno de sus
médicos, pero sin que el emperador Augusto conociera sus intenciones, sumergió
las piernas en vinagre caliente durante un ataque excepcionalmente agudo (Plinio, Historia
natural 23.58).
Celio
decidió que ya no podía soportar la molestia de recorrer Roma de un lado a otro
para presentar sus respetos matinales a los poderosos y empezó a fingir que
tenía gota. Intentó con ahínco demostrar que su afección era genuina mediante
la aplicación de ungüentos y vendas en los pies perfectamente sanos y caminando
con visible y dolorosa cojera. ¡Oh, cuánto puede la preocupación y el arte del
dolor fingido! Celio ha dejado de simular que tiene gota (Marcial, Epigramas7.39).
Cuando
tu paciente tenga un ataque de gota, debes hacer que permanezca de pie a la
orilla del mar, no en la parte seca de la playa, sino en el filo del agua, con
los pies sobre una anguila negra eléctrica. Debería hacer esto hasta que se le
entumezcan el pie y la pierna hasta la altura de la rodilla. Este tratamiento
no solo quita el dolor en pleno ataque sino que evita que se repita en el
futuro. Anteros, el liberto del emperador Tiberio responsable de las herencias,
se curó a sí mismo utilizando este método (Escribonio
Largo, Prescripciones 162).
Este
remedio, como muchos otros de la colección de Escribonio, no es una receta de
medicamentos. Ya había incluido la raya eléctrica como cura para el dolor de
cabeza, independientemente de su intensidad y persistencia. Hay que atar la
raya en la parte del cuerpo donde haya dolor (es decir, en la cabeza), y
dejarla allí hasta que cese el dolor y dicha zona quede entumecida. Escribonio
aconseja tener varias rayas a mano, puesto que a veces dos o tres no son
suficientes para que el tratamiento funcione (Prescripciones 11).
Figura 10.5 Sus cinco ocelli (manchas dorsales) identifican al pez de la
parte inferior como torpedo común (Torpedo torpedo), un tipo de raya eléctrica
todavía muy extendida en el Mediterráneo.
La
orina de hombre es un remedio efectivo para la gota, como queda demostrado por
el hecho de que los lavanderos no sufren de esta afección (Plinio, Historia
natural 28.66). La orina, recogida en tinas colocadas en lugares
públicos, y a veces, canalizada directamente desde las letrinas, se utilizaba
como agente blanqueador en las lavanderías.
§. Cálculos en la vejiga
Hay miles de enfermedades que los mortales han de temer. Determinar cuáles
son las más graves puede parecer una tontería, puesto que cada uno cree que la
dolencia que sufre personalmente en este preciso momento es la más devastadora.
Aun así, la experiencia de generaciones ha llegado a la conclusión de que los
tormentos más temibles son los provocados por las piedras en la vejiga,
adjudicándole el segundo puesto al dolor de estómago y el tercero a los dolores
de cabeza. Del resto de enfermedades casi ninguna induce al suicidio(Plinio, Historia
natural 25.23).
Las
mujeres sufren menos que los hombres de cálculos en la vejiga, porque, en su
caso, la uretra que sale de la vejiga es corta y ancha, de manera que la orina
sale fácilmente, y porque no se frotan los genitales con la mano como hacen los
hombres (Hipócrates, Sobre los aires, aguas y lugares 9).
Un
remedio especialmente efectivo para los cálculos en la vejiga se obtiene de los
genitales de los hurones (Plinio, Historia
natural 11.109).
El
reyezuelo es altamente recomendable como remedio para las piedras en el riñón.
... En vinagre o comido crudo, evita que en un futuro se formen más piedras. El
mismo resultado se consigue quemándolo vivo, con plumas y todo, y bebiendo las
cenizas con vino de miel, solas o mezcladas con pimienta y una hoja del árbol [sin
identificar] (Pablo de Egina, Compendio médico 3.45).
§. Medicina deportiva
La forma de vida de los atletas es indolente y supone riesgos para la salud.
¿O es que no veis que se pasan la vida durmiendo y que, a poco que se aparten
del régimen que les han fijado, contraen enfermedades graves?
(Platón, La República403e).
Figuras 10.6 y 10.7 Este fresco minoico dec. 1500 a. C. sugiere que el boxeo
era más bien un asunto amable. En época clásica las cosas habían cambiado y los
boxeadores empezaron a llevar guantes de cuero duro con accesorios metálicos.
Aun así, a pesar de tener la nariz rota y las orejas de coliflor, el luchador
veterano de la derecha parece llevarlo bastante bien.
Los
atletas viven igual que los cerdos, salvo que los cerdos no hacen
sobreesfuerzos ni se alimentan a la fuerza (Galeno, Exhortación
al estudio de las Artes1.28K).
Mientras
los atletas siguen activos, su cuerpo es vulnerable a infinidad de lesiones,
pero cuando se retiran los riesgos son aún peores. Algunos mueren pronto, otros
consiguen vivir un poco más, pero ni siquiera estos alcanzan la vejez; y si
esto sucede alguna vez, son como las diosas homéricas del arrepentimiento:
tullidas, arrugadas y bizcas. Las murallas que han sido concienzudamente
golpeadas por las máquinas de asedio se desmoronan fácilmente al menor ataque,
... así les ocurre a los cuerpos de los atletas, que, machacados y debilitados
por los golpes recibidos en el desempeño de su oficio, son propensos a las
enfermedades desatadas por el motivo más trivial (Galeno, Exhortación
al estudio de las Artes 1.30K).
Ahora
que ya hemos comentado las mayores ventajas físicas, sobre todo la salud,
pasemos a otros aspectos. En lo que se refiere al atractivo, el ejercicio no
proporciona buen aspecto a los atletas, pues ocurre todo lo contrario, incluso
con aquellos que de natural están bien proporcionados. Los entrenadores se
apoderan de ellos y los engordan, atiborrándolos de sangre y carne (Galeno, Exhortación
al estudio de las Artes 1.32K).
Los
atletas que tienen menos éxito, los que nunca ganan nada, de pronto se
autoproclaman entrenadores y chillan de forma estridente e incomprensible, como
si fueran cerdos. Algunas de estas personas incluso se atreven a escribir sobre
masajes, sobre estar en forma, sobre salud o ejercicio, y tienen la audacia de
atacar y contradecir a los expertos cuyas obras desconocen por completo(Galeno, Trasíbulo 5.894K).
Figura 10.8 Una lista fragmentaria de los vencedores olímpicos del siglo v
a. C., en su día las mayores celebridades del mundo griego, pero ahora
prácticamente perdidos para la historia. Quizá el nombre desconocido del atleta
enfermo de gota figure en ella.
Un
enfermo de gota ganó una carrera en los Juegos Olímpicos durante un período de
remisión de la enfermedad (Areteo, Sobre las
causas y los síntomas de las enfermedades agudas2.12).
Por
consejo médico, como medida preventiva contra la enfermedad del bazo,
Laomedonte de Orcómeno se dedicó a la carrera de larga distancia. Este
tratamiento resultó tan efectivo que acabó compitiendo en los grandes juegos[Olímpicos,
Píticos, Ístmicos, Nemeos] y se convirtió en uno de los mejores
corredores de fondo (Plutarco, Vida de Demóstenes 6).
Las
estatuas de los atletas Polidamas y Teágenes, el primero en Olimpia y el
segundo en la isla de Tasos, curan a los que tienen fiebre (Luciano, La
asamblea de los dioses 12).
Si
un hombre no está interesado en tener hijos, pero le encanta ganar coronas de
la victoria en los juegos o está enfrascado en cualquier otra actividad en la
que sabe que el coito es perjudicial, entonces nada puede ser más beneficioso
que la castración. Por consiguiente, ya es hora de que amputemos los testículos
a los atletas olímpicos (Galeno, Semen 4.571K).
Los
hombres que desde muy pequeños se entrenan para ser atletas o cantantes y se
abstienen de cualquier actividad sexual, manteniéndose al margen de
pensamientos y fantasías sexuales, tienden a tener penes pequeños y
apergaminados, igual que los viejos (Galeno, Sobre
los lugares afectados8.451K).
Una
vez observé a un entrenador que ponía una hoja de plomo debajo de un atleta
para evitar que tuviera sueños húmedos (Galeno, Sobre
cómo hay que proteger la salud 6.446K).
Si
un hombre evita emitir semen, será fuerte, valiente y tan poderoso como una
bestia salvaje. Los atletas que se controlan lo demuestran, porque con la
autocomplacencia los que son superiores por naturaleza acaban siendo mucho más
inferiores que sus inferiores, mientras que mediante el control, los que son
por naturaleza inferiores acaban siendo superiores a sus superiores (Areteo, Sobre
las causas y los síntomas de las enfermedades agudas 2.5.4).
§. Dolencias estacionales
De las estaciones del año, en general, los tiempos secos suelen ser más sanos
que los lluviosos y también menos mortales (Hipócrates, Aforismos 3.15).
Más
adelante, en el mismo libro de Aforismos, Hipócrates relaciona determinadas
enfermedades con determinadas estaciones:
Dolencias asociadas a la primavera:
locura
melancolía convulsiones
flujos sanguíneos anginas
moqueo nasal
ronquera
tos
lepra
pústulas
piel escamosa
piel agrietada (normalmente con lesiones)
tumores
artritis.
Dolencias
asociadas al verano:
algunas
de las asociadas a la primavera, y también fiebre abrasadora constante
vómitos
diarrea
oftalmia
dolor de oídos
llagas en la boca
molestias en los genitales
manchas de calor.
Dolencias
asociadas al otoño:
la
mayoría de las asociadas al verano, y también fiebres palúdicas irregulares
bazo dilatado
edema
tuberculosis
dificultades urinarias
alimentos no digeridos en las heces
disentería
ciática
anginas
asma
problemas intestinales
convulsiones
manías
melancolía.
Dolencias
asociadas al invierno:
Pleuresía
Neumonía
moqueo nasal
ronquera
tos
dolores pectorales
dolores lumbares
dolor de cabeza
mareos
apoplejía.
Al
pensar en la propia salud, es importante tener en cuenta la estación del año:
En invierno es aconsejable comer más y beber menos vino, aunque no tan diluido
como en otros períodos. Mucho pan, y la carne, preferiblemente hervida; las
verduras con moderación. Solo una comida al día, a menos que se padezca de
estreñimiento. Si también se almuerza, la comida debería ser muy ligera, seca,
sin carne y sin vino. En invierno, todos los alimentos y bebidas deberían ser
calientes o producir calor en el cuerpo. Las relaciones sexuales no son tan
dañinas como en otras épocas del año. En primavera hay que comer un poco menos
y beber más vino, pero más diluido que en invierno. Más verduras y más carne,
pero pasando gradualmente de los platos hervidos a los asados. Es la época más
saludable para las relaciones sexuales. En verano, nuestros cuerpos necesitan
comer y beber con más frecuencia. Por lo tanto, deberíamos almorzar y también
cenar. Las verduras y la carne son apropiadas en verano. El vino ha de diluirse
tanto como sea posible para aliviar la sed sin calentar el cuerpo. Baños fríos,
carne asada, comida fría o que enfríe el cuerpo. Dado que tenemos que comer con
más frecuencia, la cantidad de alimentos en cada comida debería ser muy
modesta. En otoño, la variabilidad del clima es muy peligrosa. Nunca hay que
salir de casa sin abrigo y zapatos gruesos, sobre todo en los días más fríos.
No deberías dormir a la intemperie, pero si no hay más remedio, debes abrigarte
bien. Ahora está permitido comer más, pero con menos vino, aunque no tan
diluido. ... El coito no es bueno ni en verano ni en otoño, pero en otoño es
más tolerable; en verano, a ser posible, se recomienda abstinencia total.
(Celso, De Medicina 1.3)
Aquellos
que sufren de la enfermedad conocida como cinantropía o licantropía salen de
noche en el mes de febrero y se comportan exactamente igual que si fueran lobos
o perros. Suelen rondar por las cercanías de las tumbas, por donde deambulan
hasta el amanecer. Estos son los síntomas de esta afección:
cutis
amarillento
expresión ausente
ojos secos, hundidos y sin lágrimas
lengua seca
ausencia de saliva
sed excesiva
úlceras incurables en las piernas (causadas por frecuentes caídas y mordeduras
de perros)
(Aecio,
Sobre medicina 6.11)
§.
Geriatría
Los años siete y nueve y sus múltiplos, por razones naturales y a la vez
misteriosas, afectan a las personas a lo largo de toda su vida con peligrosas y
variadas crisis. De ahí que el año 63, que es múltiplo de estos dos números,
reciba el nombre de androclas [«quebrantahombres»].Nueve veces
siete años son sesenta y tres, y asimismo siete veces nueve años son sesenta y
tres. Puesto que las trayectorias de ambos números coinciden, el año 63 siempre
conlleva el riesgo de graves peligros (Fírmico Materno, Astrología 4.20.3).
Mi
querido Cayo, delicioso borriquito mío, a quien siempre echo de menos, sobre
todo cuando estás lejos de mí. Pero especialmente en días como hoy, mis ojos
buscan a mi querido Cayo. Dondequiera que estés hoy, espero que celebres
contento y con buena salud mi sexagésimo cuarto cumpleaños. Ruego a los dioses
que, todo el tiempo que me quede aún de vida, podamos disfrutarlo sanos y
salvos, mientras tú y tu hermano actuáis como hombres y os preparáis para mi
sucesión (Aulo Gelio, Noches áticas 15.7.3).
Esta carta, enviada a su nieto en septiembre del año 23 d. C., muestra que
incluso Augusto, el primer emperador romano, cuyo éxito se fundamentó en una
perversión sin escrúpulos, tenía un lado más humano.
Ctesias
dice que ningún indio sufre de dolor de cabeza, ni de problemas oculares, ni de
dolor de muelas, ni de úlceras en la boca ni de ningún absceso. Viven hasta los
ciento veinte, ciento treinta o ciento cincuenta años; algunos incluso llegan a
los doscientos (Focio, La biblioteca72.47 a).
Tiene
cierta justificación la idea de que la enfermedad es una vejez que adquirimos
por nuestra cuenta, mientras que la vejez es una enfermedad natural. En
cualquier caso, es cierto que algunas enfermedades tienen los mismos efectos
que la vejez (Aristóteles, Sobre la generación de los animales 784 b).
Menandro
menciona una ley que al parecer se aprobó una vez en la isla de Ceos: «La ley
de los ceanos es una buena ley. Aquel que no pueda vivir una vida sana no
debería vivir una vida insana» [ La citareda,
frg. 12]. Parece que esta ley decretaba que se administrase cicuta
a todos los mayores de sesenta años para asegurarse de que el resto de la
población tuviese suficiente comida. En una ocasión, estando asediados por los
atenienses, votaron la ejecución de los más ancianos y fijaron una edad
concreta, pero los atenienses abandonaron el asedio(Estrabón, Geografía 10.5.6).
Los
estoicos mantienen unánimemente que la vejez sobreviene por falta de calor. ...
Según Asclepíades, los etíopes son viejos a los treinta años, porque sus
cuerpos están expuestos a un calor excesivo y abrasados por el sol, mientras
que los britanos viven ciento veinte años debido al frío de su país y porque
mantienen el ardiente calor en el interior de sus cuerpos. Los etíopes tienen
cuerpos más delicados, relajados por el calor del sol, pero los cuerpos de los
pueblos de las regiones del norte son densos y compactos, y por eso viven más
años (Pseudo-Plutarco, Las doctrinas de los
filósofos 911 b).
Pasar
la juventud en posesión de un cuerpo grande es noble y agradable, pero hacerse
viejo con él resulta inconveniente y menos deseable que tener un cuerpo pequeño (Hipócrates, Aforismos 2.54).
Crátero,
hijo del rey Antígono, asegura conocer a una persona que, en un período de tan
solo siete años, pasó de niño a joven, después se convirtió en un adulto y a
continuación en un viejo; al final murió. Durante este tiempo se casó y tuvo
hijos (Flegón, De las cosas maravillosas 32).
A
todos los peligros de vivir hasta una edad avanzada hay que añadir los
incendios, los derrumbamientos, los naufragios y las laceraciones de los
médicos que buscan los huesos bajo las carnes palpitantes [en
lugar de hacerlo después de la cremación], meten las manos en lo más
hondo de nuestras vísceras e infligen exquisito dolor para curarnos
enfermedades vergonzosas (Séneca, Consolación a Marcia 22).
Durante
la época romana, la esperanza de vida en el nacimiento no superaba los
veinticinco años, y la mayoría de los niños que sobrevivían los peligrosos
cinco primeros años podían esperar vivir unos cuarenta años más. En los
archivos del censo de un distrito de Italia del año 74 d. C., Plinio (Historia
natural 7.164) no tuvo dificultad alguna para encontrar a un nutrido
número de personas que afirmaban tener una edad sorprendentemente
avanzada:
|
Edad |
Número de personas |
|
100 |
54 |
|
110 |
14 |
|
125 |
2 |
|
130 |
4 |
|
135 ó 137 |
4 |
|
140 |
3 |
Tenemos
poca constancia de médicos que trabajasen para aliviar el sufrimiento de los
enfermos terminales, y tampoco parece que se interesasen demasiado por la
eutanasia en el sentido moderno del término. (En la Antigüedad, la eutanasia
[«morir bien»] hacía referencia sobre todo a una muerte heroica en combate.)
§. Nuevas enfermedades
La raza humana vivía antaño sobre la tierra exenta de males, del rudo
trabajo y de las enfermedades crueles que provocan la muerte a los mortales.
Pero Pandora levantó la tapa de un gran vaso y esparció el contenido, causando
terribles aflicciones a la humanidad. ... La tierra y el mar están repletos de
males. Las enfermedades abruman espontáneamente a la humanidad noche y día,
trayendo en silencio tormentos a los mortales (Hesíodo, Los
trabajos y los días90-104). Nótese el término «vaso». La expresión «caja de
Pandora», hoy en día universalizada, proviene de un error de traducción por
parte de Desiderio Erasmo, quizás el erudito más grande de todo el
Renacimiento. (En otros lugares muestra repetidas veces que sabe perfectamente
bien lo que significa la palabra griega.)
A
pesar de que antes las personas no tenían recursos que las ayudasen contra las
enfermedades, es muy probable que gran parte del tiempo estuviesen sanas,
porque su forma de vida estaba exenta de las nocivas influencias de la
ociosidad y el lujo. Estos dos factores debilitaron en primer lugar la salud
física de los griegos y posteriormente atacaron también a los romanos. La
medicina se ha desarrollado a un nivel de sofisticación que no necesitaban ni
nuestros ancestros ni los pueblos extranjeros de hoy en día, y sin embargo, a
duras penas puede garantizar que alguno de nosotros alcance siquiera el umbral
de la vejez (Celso, De medicinaPrefacio 4).
¿ No
era ya bastante malo que la humanidad estuviera expuesta a tantas enfermedades
—más de trescientas— sin tener que temer nuevas? (Plinio, Historia
natural26.9). Plinio está pensando en las nuevas dolencias que los romanos
asociaron a la complaciente opulencia denunciada por Celso (véase más arriba) y
Séneca (véase «El joven Séneca fue uno de los hombres...» en el apartado
Medicina y estilo de vida del capítulo 8). Sería interesante tener un catálogo
de estas trescientas enfermedades o más, con una descripción de cada una de
ellas.
Filón
el médico insistía en que la enfermedad conocida como lepra era un
descubrimiento reciente. Su razonamiento era que ninguno de los médicos
antiguos, que si bien tenían tendencia a disertar sobre aspectos triviales,
pedantes y oscuros, la había mencionado. En apoyo del criterio de Filón, cité
al filósofo Atenodoro, que en su primer libro deEpidemias declara
que la lepra y la hidrofobia aparecieron por primera vez en tiempos de
Asclepíades. Todo el mundo se sorprendió ante la idea de que entonces hubieran
surgido por primera vez nuevas enfermedades, pero consideraron que aún era más
asombroso que aquellos síntomas hubiesen pasado desapercibidos. La mayoría
acabó aceptando esta última opinión, que las enfermedades existían pero que no
se habían detectado, puesto que es más cómodo para la humanidad suponer que la
naturaleza no admite cambios ni se esfuerza por crear nuevos sufrimientos para
el cuerpo igual que los disturbios civiles afectan a las comunidades (Plutarco, Charlas
de sobremesa731 a).
No
es probable que todas las enfermedades surgieran simultáneamente como si fueran
corredores que salen todos a la vez cuando baja la barrera. Seguramente fueron
apareciendo una tras otra, cada una en un momento distinto. Es razonable
suponer que nuestros cuerpos se vieron afectados primero por enfermedades
causadas por deficiencias, por el calor o por el frío. La glotonería, la
complacencia y la vida lujosa aparecieron posteriormente acompañadas de la
indolencia y la ociosidad surgidas de la abundancia de todas las necesidades de
la vida. Esto engendró un exceso perjudicial, que acarreó toda clase de
dolencias nuevas con interminables transformaciones y complejidades (Plutarco, Charlas
de sobremesa732 d).
Plutarco
prosigue con el catálogo de enfermedades nuevas y desconocidas:
La Gran Peste de Atenas. Las aves y los animales que escarban en la carroña se
negaron a tocar los cadáveres de los muertos a causa de la plaga, y Tucídides
infiere [Historia2.50] que ha de tratarse de una enfermedad
hasta entonces desconocida.
Un estallido de peste a orillas del mar Rojo, cuyos síntomas nunca antes
documentados eran pequeñas serpientes que se abrían camino a dentelladas desde
el interior de las piernas y brazos de las personas. Si se tocaban, las
serpientes volvían a entrar y causaban insoportables inflamaciones al
enroscarse en torno a los músculos de la víctima.
Una persona que había padecido dificultades de micción durante mucho tiempo
evacuó un tallo de cebada con nudos y todo.
Un ateniense eyaculó, junto con una gran cantidad de semen, una criatura peluda
que se movía rápidamente con muchos pies.
Una mujer hibernaba durante dos meses al año en una cueva de Cilicia, y la
única señal clara de vida era su respiración. (Esto se atribuye a la autoridad
de Aristóteles, pero no aparece en sus obras conservadas.)
Una persona enferma del hígado vigilaba atentamente a los ratones domésticos y
los cazaba. (También esto se atribuye a la autoridad de Aristóteles; en este
caso hace referencia a su obra perdida dirigida a Menón el físico.)
Surgen
tantas enfermedades terribles en el cuerpo que no todas están incluidas en los
libros médicos (San Agustín, La ciudad de Dios 22.22).
Capítulo 11
Tratamiento y curas I
Contenido:
Cirugía
Procedimientos
Sangría
Vendajes
Prótesis
Medicina derivada de los animales
Atención personal
Errores médicos
En
mi opinión, el estado actual del conocimiento médico representa el total
descubrimiento de este arte, porque es capaz de dar instrucciones precisas
sobre la naturaleza de las enfermedades y explicar los aspectos esenciales de
su tratamiento (Hipócrates, Lugares en el hombre 46).
En
la Antigüedad muchos aspectos del tratamiento eran muy estresantes y poco
sofisticados (Plinio, Historia natural 26.16).
§. Cirugía
No es fácil explicar los procedimientos quirúrgicos por escrito (Hipócrates,
Sobre las articulaciones 33).
Algunas
personas temen tanto a la cirugía que ni siquiera pueden pensar en el dolor que
les espera sin desmayarse (Galeno, Comentario de los
«Tratados quirúrgicos» de Hipócrates 18 b.686K).
Imaginar
algo terrible es peor que experimentarlo de verdad. Por ejemplo, a veces ocurre
que las personas a las que se les aplica la cirugía o algún otro proceso
similar pueden soportar el dolor, mientras que aquellos que los rodean se
desmayan con solo pensar en lo que está pasando (Sexto
Empírico, Esbozos pirrónicos 3.236).
Un
médico que lleva a cabo una trepanación debería retirar la sierra con
frecuencia y sumergirla en agua fría para evitar que el hueso se caliente. Con
el movimiento circular, la sierra se calienta y a su vez calienta y seca el
hueso, haciendo que se desprenda más hueso del necesario en torno al agujero(Hipócrates, Sobre
las heridas de la cabeza 21).
En
los casos de fractura de cráneo que comportan lesiones en la duramadre, si el
paciente está alterado, utilizamos cadenas durante la cirugía. Los asistentes
han de estar sentados cerca de la mesa de operaciones, uno de ellos sujetando
la cabeza del paciente y el otro atento a cualquier imprevisto que pueda surgir
durante el procedimiento. Las orejas del paciente han de estar taponadas para
impedir que se alarme al oír el ruido del hueso al quebrarse (Oribasio, Compilaciones
médicas 46.11).
Muchas
personas se vuelven cobardes cuando tienen que enfrentarse a un tratamiento con
hoja de hierro y temen el dolor que comporta la cura más que el daño que se
producirá si no reciben atención. Por lo tanto, procurémosles cierto consuelo a
los que vacilan ante la idea del dolor y hagamos que los que sufren sean
capaces de enfrentarse al tratamiento con valor. Que la mano del cirujano sea
delicada para que pueda realizar la incisión fácilmente, y que su hoja esté
afilada, porque la punta roma es causa de gran dolor. ... Es conveniente ungir
la hoja de hierro que inflige la herida antes de hundirla en la lesión. Hemos
de decir «Ta Ta» tres veces, escupir y recitar cierta frase latina incluida en
el quinto pentágono frente a los signos de la escala cromática, un alfa tendida
seguida de un signo y una gama invertida seguida de dos signos. El dolor
desaparecerá. Que los hijos de los médicos atiendan la herida, puesto que el
paciente se someterá impávido a sus cuidados (Julio
Africano, Kestoi 1.4).
El
que quiera practicar la cirugía debería ir de campaña con un ejército de
mercenarios (Hipócrates, Sobre el médico 14).
No
es de buen médico entonar conjuros a una herida que reclama amputación(Sófocles, Ayante 581).
Si
un médico espera y le da tiempo a la enfermedad, esta suele curarse más que si
se opera (Eurípides frg. 1072).
Los
nuevos reclutas chillan incuso cuando sus heridas son superficiales y temen a
las manos del cirujano más de lo que temen a la espada. Pero los soldados
veteranos, incluso cuando tienen heridas profundas, se someten pacientemente al
tratamiento sin el menor gemido, como si sus cuerpos no les pertenecieran(Séneca, A
su madre, Helvia 3.1).
Un
cirujano ha de ser más bien joven, de manos fuertes y firmes, ambidextro, con
buena vista y deseoso de curar a su paciente, pero lo bastante sereno como para
no precipitarse o seccionar menos de lo necesario. Ha de realizar su tarea como
si los gritos del paciente no le afectasen en lo más mínimo (Celso, De
medicina Prefacio 7).
Una
vez llamaron a un médico para que tratase a la hija de un rey, pero no podía
hacerlo sin recurrir a la cirugía. Mientras le ponía un vendaje en una
protuberancia que tenía en el pecho, le aplicó un escalpelo que había escondido
en una esponja. La muchacha se habría resistido al tratamiento si se le hubiera
realizado abiertamente, pero toleró el dolor porque no se lo esperaba. A veces,
el engaño es la única manera de llevar a cabo una cura (Séneca, De
la ira 3.39).
Hay
tres razones por las que un médico debería ocultar su tratamiento. No debe
exponerlo a la vista de los asistentes cuando el espectáculo es repulsivo o
cuando se amputa un miembro del moribundo, por temor a que la visión de la
amputación cause aflicción a la familia o a los sirvientes del paciente. La
tercera razón que nos induce al ocultamiento es la cobardía y debilidad del
paciente. En este caso hay que disimular y decir: «Operaré mañana, pero ahora
voy a proteger la parte delicada o a tratarla con agua caliente o con esponjas
sumergidas en resina caliente». Hazle creer que eso es lo que vas a hacer y
entonces lo cogerás desprevenido mientras practicas la incisión. En ningún otro
caso debe usarse la ocultación (Notas de Ali ibn
Ridwan al Comentario de los « Tratados quirúrgicos» de
Hipócrates 18 b.686K de Galeno).
Son
de sobra conocidos el coraje y la templanza de Mario. Su actitud ante la
cirugía es buen ejemplo de ello. Al parecer tenía ambas piernas repletas de
feas varices, por lo que decidió ponerse en manos de un cirujano. Le presentó,
pues, una pierna, y sin que se la atasen, sin encogerse y sin emitir suspiro
alguno, toleró en silencio los violentos dolores de las incisiones con el
rostro inalterable. Pero, cuando el médico se disponía a pasar a la otra
pierna, esta vez Mario no se la alargó. Dijo que ya veía que la cura no era
digna del dolor que acarreaba(Plutarco, Vida de
Mario 6). Gayo Mario fue una destacada Figura política y militar de la
Roma de comienzos del siglo I a. C. Cicerón asegura que fue el primero en
someterse a la cirugía sin estar atado, y que después otras personas siguieron
su ejemplo (Disputaciones tusculanas 2.53).
Figura 11.1 Ofrenda votiva que muestra un tumor en el pecho.
A
pesar de que muchos autores de textos médicos debaten con frecuencia sobre las
venas varicosas, se sabe que Cicerón fue la otra única persona de la Antigüedad
que las sufrió. Es casual que Mario y Cicerón fueran originarios de la misma
ciudad y que tuvieran un parentesco lejano por matrimonio. ¿Había algo en el
agua? Como ejemplos extremos de tolerancia al dolor, Séneca menciona a un
paciente anónimo que continuó leyendo un libro mientras le extraían las venas
varicosas y a la víctima de una tortura que siguió sonriendo a sus verdugos (Cartas78.18).
Galeno señala que algunos médicos se niegan a practicar flebotomías porque
saben que hay pacientes que mueren del susto antes incluso de iniciar el
procedimiento (Flebotomía, Contra Erasístrato11.151K).
Figura 11.2 Una enorme pierna con venas varicosas como ofrenda votiva a
Asclepio.
A
veces, a consecuencia de una herida en el estómago, las entrañas salen al
exterior. ... Si el intestino delgado está perforado, no hay nada que se pueda
hacer. El intestino grueso puede suturarse: no hay muchas probabilidades de
éxito, pero es mejor la esperanza incierta que la desesperanza cierta (Celso, De
medicina 7.16). Tras describir el procedimiento a adoptar, que, a
falta de anestésicos verdaderamente efectivos, debía de ser atroz,
concluye: Al colocar de nuevo los intestinos en su sitio, el cirujano
debe seguir la secuencia inversa a la que salieron. Cuando las entrañas están
otra vez dentro, hay que sacudir con suavidad al paciente para que cada pliegue
regrese por sí solo a su posición y permanezca allí.
No
es propio de un amigo, sino de un astuto tramposo, mejorar la propia reputación
aprovechándose de los errores de otras personas para quedar bien ante los
asistentes y comportándose como esos cirujanos que realizan operaciones en los
teatros con el fin de aumentar la clientela (Plutarco, Cómo
distinguir a un adulador de un amigo 71 a).
Una
inscripción fragmentaria del siglo II d. C. procedente de Éfeso (Inschriften
aus Kleinasien 14 1162) documenta las distintas competiciones médicas
del Gran Festival de Asclepio: Terapéutica, Cirugía, Casos prácticos e
Instrumentos quirúrgicos.
§. Procedimientos
Es más sencillo curar a un esclavo que sufre de un edema que a una persona
libre. El proceso implica soportar hambre, sed e innumerables medidas molestas
durante un largo período. Por consiguiente, resulta más fácil ayudar a aquellos
a quienes se les puede obligar a soportar el tratamiento que a aquellos cuya
libertad no les hace ningún bien (Celso, De medicina 3.21).
Cómo
actuar con los tatuajes, extraído de las obras de Arquígenes: puedes quitar los
tatuajes frotándolos con una mezcla de vinagre muy fuerte y de la materia que
se pega en los lados de los orinales (Pablo de Egina, Compendio
médico 4.7).
La
supuración de las úlceras es relativamente sencilla de tratar. Pero también
supura la parte exterior del pulmón, normalmente debido a una rotura o
desgarro. El pus se acumula allí. Cuando esto ocurre, se sacude al paciente, el
pus se desparrama y hace un ruido: este es el lugar en el que hay que
cauterizar(Hipócrates, Lugares en el hombre 14).
Figura 11.3 Recipientes para sangrías y una maleta abierta con instrumentos
médicos. Esta maleta debió de ser muy útil, puesto que los médicos hacían más
visitas domiciliarias que hoy en día, y podían necesitar instrumentos
quirúrgicos en casa del paciente.
Al
parecer, los médicos pueden contribuir a la prevención de enfermedades
pestilentes encendiendo un fuego intenso, porque así el aire se hace menos
denso. Esta purificación es más efectiva si se queman maderas olorosas y
agradables como la del ciprés, el enebro y el pino. En cualquier caso, cuentan
que el médico Acrón se labró una estimable reputación en tiempos de la Gran
Peste de Atenas, puesto que ayudó a muchas personas prescribiendo que
mantuviesen un fuego encendido junto a los que sufrían. Aristóteles dice que
las fragantes exhalaciones de los perfumes, las flores y los prados influyen en
la salud tanto como en el placer, porque derraman suavemente su delicada
calidez sobre el cerebro, que por naturaleza es frío y g élido
(Plutarco, De Isis y Osiris 383 c).
Quema
todas las hemorroides sin dejar ni una sola sin cauterizar. Reconocerás sin
dificultad las hemorroides porque sobresalen en la parte interna del recto como
uvas negras, y cuando se fuerza el ano hacia el exterior escupen sangre. Hay
que sujetar con firmeza la cabeza y los brazos del paciente para que no se
mueva, pero déjale gritar durante la cauterización porque así el recto se
proyectará hacia fuera más fácilmente (Hipócrates, Hemorroides 2).
Si
crece un pólipo en la nariz e hincha la fosa nasal hacia un lado, hay que
sacarlo arrastrándolo con un lazo desde la nariz hasta la boca. También se
puede eliminar con medicamentos (Hipócrates, Sobre
las afecciones 5).
Hay
personas que no pueden hablar porque nacieron con la lengua unida a la carne
por la parte inferior. El procedimiento a seguir es sujetar la lengua con
fórceps y después cortar las membranas que hay debajo, con sumo cuidado de no
dañar las venas circundantes ni de que se produzca un sangrado excesivo que
perjudique al paciente. ... En cuanto se recuperan de la operación, la mayoría
pueden hablar. Conozco a una persona que fue operada y que podía sacar la
lengua más allá de los dientes, pero que no podía hablar. Esto ilustra el
argumento de que, en medicina, a pesar de que el procedimiento sea siempre el
mismo, los resultados no siempre son los mismos (Celso, De
medicina 7.12).
El
tratamiento más efectivo para una persona que ha sido azotada es envolverla en
la piel de una oveja recién desollada mientras aún está caliente; se sentirá
mejor al cabo de un día y una noche (Pablo de Egina, Compendio
médico 4.12).
Figura 11.4 Cosme y Damián, santos patronos de la medicina, reemplazando la
pierna infectada de un paciente por una pierna sana de una persona que acababa
de morir. El paciente parece milagrosamente ajeno al tratamiento. No se nos
dice cómo reaccionó cuando se despertó y vio que tenía las piernas de
diferentes colores.
Cuando
la gente come, a menudo se traga espinas o cosas similares que se clavan en
diversas partes de la garganta. Los huesos que son visibles se pueden extraer
con un fórceps confeccionado para este propósito, pero para los huesos clavados
más abajo, en el esófago, se necesitan otros métodos. Algunos médicos
recomiendan tragar trozos grandes de comida, como tallos de lechuga o pedazos
de pan. Otros le piden al paciente que se trague un trozo pequeño de esponja
limpia y suave atado a un hilo y después, sujetando el hilo, tiran hacia arriba
tantas veces como sea necesario hasta que el hueso se clave en la esponja y
salga con ella (Pablo de Egina, Compendio médico6.32).
Tragarse
una píldora de plomo es beneficioso para las personas que sufren un bloqueo
intestinal, porque con el peso empuja y expulsa lo que esté provocando la
obstrucción (Celio Aureliano, De las enfermedades crónicas 3.17.160).
Un
hombre sufría porque pensaba que le habían cortado la cabeza como castigo por
haberse erigido en tirano. El médico Filotimo lo curó colocándole en la cabeza
un gorro de plomo bien ajustado. El paciente sintió el peso y creyó que le
habían devuelto la cabeza (Alejandro de Tralles, Terapéutica 1.607).
Una
persona que debido a la embriaguez haya perdido la voz, recupera la salud si
inmediatamente cae en un estado febril; si no es así, morirá al tercer día. Si
te encuentras con una persona en este estado, lávala con abundante agua
caliente y báñale la cabeza con esponjas sumergidas en agua caliente, después
pela cebollas y pónselas en las fosas nasales (Hipócrates, Enfermedades 2.22).
Una
de las numerosas curas para las verrugas recogidas por Plinio: En luna
nueva, la gente frota las verrugas (sean del tipo que sean) con garbanzos (uno
para cada verruga), después mete los garbanzos en una bolsita de lino, la ata y
la arroja a sus espaldas, convencida de que esto la librará de las verrugas(Historia
natural 22.149).
Los
expertos dicen que es vital que los emplastos para los abscesos los aplique una
virgen desnuda después de haber ayunado ambos, ella y el paciente. La muchacha
ha de tocar al paciente con el dorso de la mano y pronunciar: «Apolo dice que
ninguna enfermedad puede empeorar si una virgen desnuda la revisa». Ha de
recitar esto tres veces con la mano girada y los dos han de escupir tres veces (Plinio, Historia
natural 26.93).
En
lo relativo a la caja cilíndrica que algunos médicos ajustan alrededor de las
piernas rotas, no estoy seguro de qué consejo dar. No es tan beneficiosa como
imaginan aquellos que la usan, porque no inmoviliza la pierna... y el paciente
se siente bastante incómodo con fragmentos de madera atados a la pierna de este
modo, a menos que se inserte algún material de relleno. Pero es muy útil cuando
hay que cambiar la cama o cuando el paciente ha de ir al baño. Con o sin caja,
el tratamiento puede ser bueno o malo. La gente corriente confía más si se
utiliza la caja, por lo tanto, si el médico la usa, es más probable que escape
a las críticas. Dicho esto, no es una práctica médica sensata (Hipócrates, Sobre
las fracturas16).
Veo
que las autoridades médicas afirman que no hay mejor manera de realizar una
cauterización que utilizando una bola de cristal que atraiga los rayos del sol(Plinio, Historia
natural 37.28).
Para
tratar la escrófula es beneficioso comer la parte central de una serpiente tras
cortarle la cabeza y la cola o quemarla en una olla de loza y después beber las
cenizas. Es especialmente eficaz si la serpiente ha muerto atropellada entre
los surcos formados por las ruedas de las carretas (Plinio, Historia
natural 30.37).
Los
milpiés se utilizan para curar el asma: tres veces siete milpiés disueltos en
miel ática y sorbidos con una pajita (Plinio, Historia
natural 30.47). La expresión «tres veces siete» en vez de «veintiuno»
denota la influencia de la magia.
§. Sangría
Un profesional experimentado puede sangrar muy rápidamente, pero el
procedimiento es sumamente difícil para quienes carecen de experiencia (Celso, De
medicina 2.10).
Galeno
reconoce que algunas personas morían después de practicarles una sangría o
incluso ante la perspectiva de sufrir este tratamiento, y había quienes
preguntaban cuál era la diferencia entre la flebotomía no regulada y el
asesinato (Flebotomía, Contra Erasístrato11.151K).
La
sangría [cura] la flatulencia (Hipócrates, Epidemias 2.5).
Una lacónica máxima impropia del corpus hipocrático.
Las
sanguijuelas son capaces de chupar la sangre enferma y dejar la sangre pura(Juliano, Contra
los galileos 198).
Cuando
hay una pérdida significativa de sangre a causa de una herida en una parte del
cuerpo en la que no hay tendones ni músculos, como en la frente o en la parte
superior de la cabeza, lo mejor es aplicar una ventosa en alguna otra zona del
cuerpo para desviar el flujo de sangre hacia allí (Celso, De
medicina 5.26.21).
Figura 11.5 Un médico practica una sangría mientras los demás pacientes
aguardan su turno.
§.
Vendajes
El hombre dio una descripción de cómo aplicar vendajes, puesto que
consideraba importante practicar esta habilidad desde el inicio. El vendaje
puede practicarse bien con trozos de madera tallados en forma de pierna humana
o, en su defecto, sobre cuerpos de niños (Galeno, Comentario
de los «Tratados quirúrgicos» de Hipócrates 18b.630K). Nótese
que Galeno se refiere a Hipócrates simplemente como «el hombre» (τάνδρός, tandros)
como homenaje a su superioridad.
Cuando
los médicos vendan heridas, lo hacen meticulosamente, no de forma arbitraria,
para que el vendaje, además de útil, sea también elegante (San
Agustín, De la doctrina cristiana1.14).
Abstente
de vendajes vistosos y llamativos, porque no sirven de nada, son vulgares y
terriblemente pretenciosos; es más, a menudo causan daños al paciente. Una
persona enferma no quiere que la doten de un aspecto agradable, quiere que la
ayuden (Hipócrates, Sobre el médico 4).
Los
médicos que cometen errores son aquellos que confían demasiado en la teoría.
Fijar un brazo roto no es difícil, prácticamente todos los médicos pueden
hacerlo. Pero me siento obligado a escribir sobre este tema con cierta
extensión porque soy consciente de que hay médicos cuyas formas de vendar los
brazos rotos les han proporcionado una reputación de grandes expertos, cuando
de hecho estos métodos deberían haber desvelado su ignorancia. Esta clase de
juicios erróneos afecta a otros muchos aspectos de la ciencia médica. La gente
prefiere lo raro a lo obvio y se entusiasma con lo exótico antes de saber si es
efectivo, mientras que ignora lo conocido, que sabe que sí es efectivo. Las
ideas extravagantes son mejor consideradas que las sencillas (Hipócrates, Sobre
las fracturas 1).
Deberías
tener claro que vendar una mandíbula rota de manera eficiente hace poco bien,
pero vendarla de forma inexperta hace mucho daño (Hipócrates, Sobre
las articulaciones32).
A
aquellos que se dedican a las exhibiciones gratuitas de destreza manual les
encanta encontrarse con una nariz rota para vendar. Durante un día, o quizá
dos, el médico se pavonea con su obra y el paciente está contento con su
vendaje. Pero después, el paciente no tarda en irritarse por la incomodidad de
dicho vendaje. A pesar de ello, el médico está satisfecho porque ha demostrado
que sabe cómo aplicar un complicado vendaje en la nariz de una persona (Hipócrates, Sobre
las articulaciones 35).
En
su tratado Sobre los vendajes, Sorano cataloga y describe sesenta
tipos de vendajes. Muy pocos se conocen por otras fuentes. Algunos de los
nombres más interesantes dan poca o ninguna información sobre la función
concreta de ese vendaje en particular. Por ejemplo:
Hacha
Barquita
Auriga
Rayo
Tortuga
Halcón o águila
Liebre con orejas
Liebre sin orejas.
§.
Prótesis
Tántalo cortó en pedazos a su hijo Pélope y se lo dio a comer a los dioses
olímpicos. Pero el repugnante acto fue detectado: el cuerpo de Pélope fue
restaurado y devuelto a la vida. No obstante, Démeter, distraída, se había
comido parte del hombro, por lo que le fue sustituido por una prótesis de
marfil. Plinio nos cuenta que el hombro artificial estaba expuesto en Elis (Historia
natural28.34), mientras que, en una oda escrita para un patrón que
aseguraba descender de Tántalo (Odas Olímpicas 1), Píndaro niega la
historia entera. Los poetas tenían la libertad de tomarse estas licencias. En
otra oda en honor a un patrón que declaraba descender de Heracles, pero que era
bajo de estatura, Píndaro asegura que el propio Heracles, arquetipo de la fuerza
física, no era demasiado alto.
Figura 11.6 Elegantes vendajes de un manuscrito de Sorano del sigloXI.
Poco
o nada se dice de las prótesis en la literatura médica conservada. Hay un único
ejemplo de un miembro protésico que ha sobrevivido desde la Antigüedad: una
pierna derecha artificial, desde la rodilla hasta el tobillo, enterrada con su
propietario, probablemente un varón adulto, en una tumba descubierta en Capua a
finales del siglo XIX. Fechada en torno a 300 a. C., era de madera y estaba
cubierta de bronce. El Royal College of Surgeons Hunterian Museum de Londres la
adquirió por medios dudosos, pero quedó destruida durante el bombardeo de 1941.
Una copia y algunas fotografías es todo cuanto queda.
El
profeta Hegesístrato de Elis escapó de Esparta serrándose el pie por el empeine
con un instrumento de hierro introducido a escondidas en la prisión. Cuando se
le hubo curado la herida, se hizo hacer un pie de madera y, debido al odio que
sentía por Esparta, ayudó a los persas a llevar a cabo sacrificios a la manera
griega antes de la batalla de Platea, en 479 a. C. (Heródoto, Historias 9.37).
El
bisabuelo de Lucio Sergio Catilina, que trató de subvertir el estado romano en
el año 63 a. C., fue un héroe de la segunda guerra púnica. Fue capturado dos
veces por Aníbal y permaneció encadenado durante veinte meses, pero escapó dos
veces. Su brazo derecho era una prótesis de hierro, de manera que podía seguir
combatiendo, y en dos ocasiones su caballo murió estando debajo de él
(Plinio, Historia natural 7.104).
No
hace mucho tiempo, había en Asia Menor un hombre rico al que le amputaron los
dos pies a consecuencia de un accidente. Supongo que se habían gangrenado por
congelación cuando iba de viaje. Tras sufrir esta espantosa desgracia resolvió
hacerse unos pies de madera. Solía desplazarse con los pies atados con correas
y ayudado por sus esclavos (Luciano, El
bibliómano ignorante 6).
Dientes
y cabellos comprados —y no te da vergüenza— llevas. ¿Qué harás con tu ojo,
Lelia? No se compra (Marcial, Epigramas 12.23).
§. Medicina derivada de los animales
La intención de la naturaleza, madre de todas las cosas, no fue que las
criaturas naciesen simplemente para comer y ser comidas. Introdujo remedios en
sus entrañas, igual que hizo con las cosas inanimadas, porque quería que estos
medios efectivos garantes de vida proviniesen de otras formas de vida. Hay que
reflexionar sobre este argumento realmente extraordinario (Plinio, Historia
natural 27.146).
He
oído decir muchas veces que comer un polluelo de golondrina protege contra la
angina durante un año entero. Se supone que ayuda, al inicio de la enfermedad,
si se quema el pájaro, se conserva en sal y luego se muele hasta convertirlo en
polvo. Hay que beberlo con aguamiel. Dado que este remedio cuenta con un amplio
predicamento popular y no hace ningún daño, he creído que lo mejor es incluirlo
en mi libro, aunque no haya leído nada sobre el mismo en las habituales fuentes
médicas (Celso, De medicina 4.7).
Los
ciervos no padecen enfermedades que provoquen fiebre. De hecho, ellos mismos
proporcionan la medicina que previene dichas dolencias. Se dice que en épocas
recientes algunas damas de la familia imperial adquirieron el hábito de comer
carne de venado cada mañana y ya no volvieron a tener fiebre durante el resto
de sus largas vidas. Existe la creencia de que esta precaución solo es efectiva
si se ha dado muerte al ciervo con una sola herida (Plinio, Historia
natural 8.119).
Los
remedios a base de plantas que incluye Dioscórides en De materia médicaestán
en gran medida libres de supersticiones, magia y dichos populares, pero sus
remedios derivados de los animales suelen ser menos convincentes. En el Segundo
Libro, como cura para el dolor de muelas, recomienda enjuagar los dientes con
piel mudada de serpiente hervida en vinagre, o con ranas hervidas en agua y
vinagre, o con gusanos de tierra hervidos en aceite y vertidos en el oído del
lado de la cabeza opuesto a la muela que causa dolor. Los usos que atribuye a
los excrementos (2.80) son muchos y variados (véase también el apartado Lista
de remedios del capítulo 12 para otro catálogo de Dioscórides sobre las
aplicaciones médicas de productos animales). Por ejemplo:
|
Tipo de excremento |
Afecciones que alivia |
|
vaca |
heridas, ciática, tumores, inflamación de huesos, prolapso
uterino, y el humo ahuyenta a los mosquitos |
|
cabra |
ictericia, dificultades en el flujo menstrual, alopecia, gota,
mordedura de serpiente, infecciones cutáneas, inflamación de glándulas,
ciática, y también actúa como abortivo |
|
oveja |
granos, callos, verrugas, quemaduras |
|
jabalí |
vómitos de sangre, dolores del costado, hernias, convulsiones,
luxaciones |
|
asno y caballo |
sangrado, picaduras de escorpión |
|
paloma |
tumores, forúnculos, quemaduras |
|
pollo |
lo mismo que los excrementos de paloma, pero también
envenenamiento por setas y cólicos |
|
cigüeña |
convulsiones |
|
buitre |
actúa como abortivo |
|
ratón |
alopecia, cálculos en la vejiga, estreñimiento infantil |
|
perro |
amigdalitis, y también limpia el estómago |
|
humano |
amigdalitis, inflamación de heridas, y también cierra heridas |
|
cocodrilo |
se utiliza en cosmética facial para las mujeres. |
Los
esguinces y los moratones se curan con excremento de jabalí recogido en
primavera y dejado secar. Este tratamiento se utiliza para aquellos que han
sido arrastrados por un carro o aplastados por sus ruedas o magullados de
cualquier otra forma. El excremento fresco se puede untar por encima (Plinio, Historia
natural 28.237).
Un
ungüento para calvas. Cójanse cuatro dracmas de pimienta, excremento de oveja
seco, mostaza de seto y semilla de rúcula, tres dracmas de eléboro blanco y
excremento de ratón, mézclense estos ingredientes con la hiel de un toro, una
cabra o un cerdo (Oribasio, Prescripciones selectas 4.1).
Curé
a un campesino con tumores en la rodilla y en otras partes del cuerpo mediante
la aplicación de emplastos de excremento de cabra, pero esta medicación es
demasiado fuerte para las damas de la ciudad, niños pequeños o para cualquiera
que tenga la carne blanda. ...Algunas personas del campo tienen la carne muy
dura, como los asnos, y pueden tragar píldoras de excremento de cabra (Galeno, Sobre
las mezclas y propiedades de los medicamentos simples12.298K).
Comer
carne de víbora hervida agudiza la vista, tonifica el sistema nervioso y frena
las inflamaciones escrofulosas. Al pelar la serpiente, hay que tirar la cabeza
y la cola, porque allí no hay carne. ... Saca las entrañas, lava lo que queda y
córtalo en pedazos, después hiérvelo con aceite de oliva, vino, un poco de sal
y eneldo. La gente dice que los que comen carne de víbora se convierten en
pasto de los piojos, pero no es verdad. Otros dicen que este alimento fomenta
la longevidad. También se hacen sales con la carne de víbora para combatir las
mismas dolencias, pero no es tan efectivo. Se introduce una víbora viva en una
olla nueva junto con una pinta de sal, una pinta de higos molidos y media pinta
de miel. Se unta la olla en torno a la tapa con barro y se cuece en un horno
hasta que las sales queden carbonizadas. A continuación se tritura el contenido
hasta pulverizarlo y se almacena. A veces se le añaden especias para que las
sales sean más sabrosas (Dioscórides, De materia
médica 2.16).
En
un caldo con sal y aceite de oliva, las ranas son un buen antídoto para el
veneno de cualquier tipo de serpiente. Esta mezcla también es efectiva contra
las persistentes inflamaciones supurantes de los tendones. Las ranas quemadas,
convertidas en cenizas y untadas sobre las heridas en forma de ungüento
contienen el flujo de sangre. Curan la alopecia si se frotan por encima con
alquitrán líquido. Derramar gotas de sangre de ranas verdes sobre los párpados
evita que vuelvan a crecer las pestañas después de haberlas arrancado. Si se
hierven con agua y vinagre y después se aplica la mezcla alrededor de la boca
son un buen remedio para el dolor de muelas (Dioscórides, De
materia médica 2.26).
En
su obra De materia médica 2.24, Dioscórides cataloga las
numerosas propiedades medicinales de los testículos de los castores. Estimulan,
por ejemplo, el flujo menstrual, son abortivos y expulsan la placenta; son
efectivos contra las flatulencias, los cólicos, el hipo, los venenos mortales,
el varicocele, la apatía, los temblores, las convulsiones y todo tipo de
depresiones y trastornos nerviosos.
Dioscórides
prosigue y comenta: La creencia de que el castor, cuando es perseguido
por los cazadores, se arranca los testículos y los tira carece de todo
fundamento. Esta idea tan extendida aparece, por ejemplo, en Eliano, Historia
de los animales 6.34: Un castor sabe por qué los cazadores lo
persiguen con tanto ahínco. Baja la cabeza y se arranca los testículos de un
mordisco para arrojarlos después a los cazadores, de la misma manera que una
persona sensata salva la vida entregando a los ladrones todas sus pertenencias
cuando es capturada. Algunos autores romanos imaginaron una relación
entre castor (término latino) y castro (del
verbo castrar en primera persona). La razón aducida por Dioscórides para
resistirse a esta leyenda rural es muy práctica: Es imposible que un
castor alcance sus testículos, porque están muy apretados contra el cuerpo,
como los de los cerdos.
La
foca es como el castor en versión anfibia y por su naturaleza. Vomita la hiel,
que resulta útil en muchos medicamentos, y también el cuajo, que es un remedio
para los ataques. Se comporta así porque sabe que los cazadores la persiguen
para obtener estas sustancias. Teofrasto documenta que cuando las lagartijas
mudan de piel como las serpientes, se la tragan inmediatamente. Si se les puede
arrebatar antes de que se la traguen, resulta beneficiosa para curar las
convulsiones y los ataques. Dicen que las mordeduras de las lagartijas son
inofensivas en Grecia, pero dañinas en Sicilia (Plinio, Historia
natural 8.111).
Especial
mención merece otro remedio de Dioscórides que no utiliza hierbas:
Gloios, la mugre recogida en los baños, es capaz de calentar, suavizar y
dispersar diversas sustancias, y es buena para las fisuras anales y nódulos, si
se aplica en forma de ungüento. Un apósito de mugre y polvo recogidos del
terreno en el que se desarrolla la lucha libre ayuda con los tumores de los
nudillos, y si este apósito se aplica caliente en vez de una cataplasma
emoliente o calentada, también alivia a los quienes sufren de ciática. La mugre
rascada de las paredes y estatuas de los gimnasios calienta y disuelve los
tumores inflamados y es adecuada para el tratamiento de abrasiones y viejas
llagas (De materia médica 1.30).
Una
cabeza de musaraña, convertida en cenizas y triturada hasta quedar pulverizada
con antimonio, es un excelente remedio para los ojos llorosos (Plinio, Historia
natural29.118).
Dicen
que la grasa de lirón y de musaraña después de hervirlos es muy eficaz en la
prevención de la parálisis (Plinio, Historia natural 30.86).
Los
caracoles son especialmente adecuados para los dolores de estómago. Hay que
escaldarlos enteros, luego asarlos sobre carbón tal como están y consumirlos
con salsa de pescado y vino. Recientemente se ha confirmado que los caracoles
africanos son especialmente beneficiosos . [Plinio acaba de
recomendar la ingesta de ratones africanos como remedio para enfermedades de
los pulmones.] La gente procura comer un número impar de caracoles. Sin
embargo, su jugo causa mal aliento (Plinio, Historia natural 30.44).
Apolonio
recomienda la siguiente cura para la caspa: Frótese la cabeza del paciente con
orina de toro y después repítase el proceso del mismo modo con orina de
camello. Este procedimiento debería llevarse a cabo durante varios días. No
obstante, yo informaría al paciente de que nadie con el más mínimo sentido de
la higiene personal toleraría que se le echase orina de cualquier animal sobre
la cabeza ni siquiera una vez, y mucho menos diariamente durante varios días.
Sobre todo porque la molestia es mínima y puede curarse fácilmente por otros
medios (Galeno, Sobre la composición de los medicamentos
según los lugares 12.476K). Para métodos un poco menos drásticos de
curar la caspa, véanse pp. 270 y 273.
Para
curar el dolor de garganta, Apolonio recomienda beber orina de asno, tanta como
sea posible y lo más caliente posible. Dice que esto sirve también para las
anginas. Pero me admiran quienes escriben sobre estos remedios, porque sé que,
casi sin excepciones, cualquiera preferiría morir antes que beber orina de asno(Galeno, Sobre
la composición de los medicamentos según los lugares 12.982K).
La
gente de campo ha descubierto por experiencia que una persona que padece
terriblemente por un tumor siente alivio si come serpiente (Celso, De
medicina5.28).
Galeno
recoge, y al parecer acepta como genuinos, dos casos en que los pacientes que
sufrían de lepra se curaron radicalmente al beber vino en el que, sin saberlo
ellos, se había ahogado una víbora (Sobre las mezclas y propiedades de los
medicamentos simples 12.312K).
§. Atención personal
La cera de los oídos es fatal si es dulce, pero no si es amarga (Hipócrates, Epidemias 6.5).
¿Quién llevó a cabo estos análisis?
Muchos
médicos creen que deberían probar ellos personalmente el sudor del paciente o
la cera de su oído, porque están convencidos de que pueden sacar conclusiones a
partir de ello (Causas de los síntomas 7.76K).
En
Roma alguien inventó recientemente una técnica oral para curar... verrugas
sésiles. ... La persona que lleva a cabo el procedimiento empieza colocando los
labios encima de las verrugas y succiona, como si estuviera mamando leche de
una teta, para extraerlas y liberarlas de la raíz; a continuación las aprisiona
con los dientes incisivos y rápidamente tira de ellas y las arranca (Galeno, Sobre
el método terapéutico 10.1011K). Galeno prosigue diciendo que un
médico con la suficiente habilidad y los mejores instrumentos para la tarea,
incluyendo una púa de pluma de águila, no tiene que recurrir a este método tan
extremo.
§.Errores médicos
Incluso los médicos cometen errores con frecuencia (Cicerón, Sobre
la naturaleza de los dioses 3.15).
Yo
recomendaría fervientemente al médico que comete ligeros errores. Es difícil
encontrar la precisión absoluta, ya que la mayoría de médicos son semejantes a
navegantes inexpertos. Mientras el tiempo es bueno, sus errores no son
evidentes. Pero cuando se encuentran atrapados en una gran tormenta con vientos
huracanados, enseguida se ve que lo que destruye el barco es su ignorancia y
sus errores. Eso es lo que ocurre con los malos médicos, que conforman la
mayoría. Mientras se ocupan de dolencias menores —y las enfermedades más
comunes son de este tipo— ni siquiera los errores más burdos perjudicarían
seriamente al paciente, y pocas veces son visibles para el profano. Pero cuando
se tropiezan con una enfermedad grave que amenaza la vida del paciente, sus equivocaciones
y falta de pericia se hacen evidentes para todos(Hipócrates, Sobre
la medicina antigua 9).
Hipócrates
escribió que una vez las suturas del cráneo de una persona le llevaron a
engaño. Semejante confesión en relación con asuntos de gran importancia es
propia de un gran hombre (Celso, De medicina 8.4).
Celso se refiere a Epidemias5.27: Un hombre llamado
Autónomo murió dieciséis días después de haber recibido un golpe en la cabeza.
Era verano y fue golpeado con una piedra en las suturas frontales y coronales
del cráneo. No me percaté de que era necesaria la cirugía. Me equivoqué porque el
daño causado por el proyectil estaba justo en las suturas, como después se hizo
evidente.
He
anotado los detalles de mi infructuoso intento por curar la deformidad espinal
de un paciente, porque incluso de los experimentos que redundan en fracaso se
pueden aprender buenas lecciones, siempre que se sepa por qué fracasaron(Hipócrates, Sobre
las articulaciones 47).
Creo
que el famoso médico Hipócrates se comportó de modo muy encomiable al reconocer
los errores que había cometido, para evitar que otros los repitieran en el
futuro (Quintiliano, Instituciones oratorias 3.6.64).
He
seguido practicando la medicina hasta mi vejez, pero hasta hoy nunca he
cometido ningún error garrafal, ni en el pronóstico ni en el tratamiento,
aunque sí he visto equivocarse a muchos médicos de sobrada reputación (Galeno, Sobre
los lugares afectados 8.146K).
Galeno
no parece menos ingenuo que sus rivales cuando describe como algo sumamente
divertido el fracaso público de un médico rival en la curación de un paciente
de hígado. Tras relatar el caso exhaustivamente, nos cuenta que el rival trajo
a un grupo de amigos del paciente para que lo vieran curado, pero, tal como
había pronosticado Galeno, lo encontraron muerto (Sobre el método
terapéutico10.909K). También se regodea en grado sumo ante el ridículo
fracaso en la demostración de la potencia de un medicamento muy apreciado para
curar la gota: el tratamiento se experimenta en un paciente cuyo estado es
moderadamente grave, pero que durante la noche casi quedó paralizado (Sobre
las mezclas y propiedades de los medicamentos simples 11.432K). Hoy en
día el hecho de alegrarse del mal ajeno no tiene cabida en la profesión médica,
pero en el despiadado y feroz mundo de la medicina en la Antigüedad era
endémico y virulento.
Capítulo 12
Tratamiento y curas II
Contenido:
Fármacos
Remedios a base de plantas
Terapia musical
Baños
Sueño
Animales médicos
Curas accidentales
Medicina extranjera
Dolor de oído
Sordera
Problemas oculares
Dolor de muelas
§.
Fármacos
Una persona enferma que es sensata solo acudirá a las medicinas como último
recurso, porque las enfermedades son como criaturas vivas, no deberían ser
provocadas por los medicamentos a menos que atenten contra la vida (Platón, Timeo 89 a).
Al
principio, el ser humano era reacio a someterse a la cirugía o a la
cauterización. Aún sigue siendo así con mucha gente, o con casi todo el mundo,
y a menos que se sientan obligados por la necesidad y sea su última esperanza
de recuperar la salud, se niegan a someterse a estos procedimientos, que son
casi insoportables. Por consiguiente, no encuentro ninguna razón por la que la
profesión médica no pueda utilizar fármacos, a menos que sea por no revelar la
propia ignorancia. Los médicos que carecen de experiencia en este tipo de
tratamiento merecen nuestra repulsa por descuidar esta rama esencial de la
medicina, pero aquellos que sí saben lo útiles que son los fármacos, y que aun
así se niegan a utilizarlos, incurren en una falta todavía mayor, porque están
llenos de prejuicios, un mal que hay que aborrecer en todo ser viviente, pero
especialmente en los médicos (Escribonio Largo, Prescripciones,
Prefacio).
Cuentan
que Herófilo, considerado uno de los médicos más grandes, dijo que las
medicinas son las manos de los dioses. En mi opinión, estaba en lo cierto,
puesto que los fármacos que se han probado y analizado pueden lograr el mismo
resultado que la intervención divina (Escribonio
Largo, Prescripciones, Prefacio).
Si
dices que los fármacos en sí mismos no son nada, tendrás razón, porque no son
nada a menos que sean administrados por alguien que sepa cómo usarlos
correctamente. Asimismo, si dices que «las medicinas son como las manos de los
dioses» tendrás igualmente razón, porque son de gran ayuda para aquel que ha
sido instruido en el método lógico y es inteligente por naturaleza (Galeno, Sobre
la composición de los medicamentos según los lugares12.966K).
Existe
una gran discrepancia en el modo en que los médicos utilizan las medicinas, ya
sea en su forma simple o en compuestos. En consecuencia, resulta evidente que
cada médico sigue su propio criterio en vez de confiar en hechos firmemente
consolidados (Celso, De medicina 2.33).
Si
se me permite decirlo, los médicos ignoran todo lo relativo a los fármacos. ...
La preparación de medicamentos solía ser una parte esencial de la labor médica.
Pero hoy en día, si a un médico se le ocurre elaborar una receta que
casualmente ha encontrado en un libro, tendrá que experimentar con los
ingredientes a expensas de su desgraciado paciente, porque ha de confiar en los
boticarios y estos lo estropean todo con sus adulteraciones fraudulentas. En la
actualidad, los médicos incluso compran emplastos y ungüentos para los ojos ya
preparados, y esto no hace más que alentar a los boticarios a corromper sus
mercancías (Plinio, Historia natural 34.108).
El
objetivo de los vendedores de medicinas es labrarse una buena reputación, y
tratan siempre de congraciarse con el público diciendo lo que es más popular.
Así es como se ganan la vida (Polibio, Historias 12.25 e).
Es
importante dedicarle un tiempo a examinar personalmente cada medicina para
distinguir las que son efectivas de las que son inútiles, porque los vendedores
de fármacos son tan taimados en la adulteración de los medicamentos que pueden
engañar incluso a personas que tienen gran experiencia en la materia (Galeno, Antídotos 14.7K).
Como
he dicho muchas veces, las recetas para elaborar medicinas están mejor en verso
que en prosa, porque no solo son más fáciles de memorizar, sino que garantizan
la precisión de las cantidades de los distintos ingredientes (Galeno, Sobre
la composición de los medicamentos según los géneros 13.820K).
Como
las reglas de escansión del verso latino y griego eran muy estrictas, los
errores y cambios deliberados podían detectarse rápidamente. Por ejemplo, para
la preparación de una pócima para aliviar el dolor de oído, Sereno Samónico
dice: Después pondrás dientes de ajo, en número de siete, y siete
altramuces en una olla de loza. En latín esto conforma versos de un
hexámetro y medio: allia tum septem numero, septemque lupinos /
cretaceam dabis in testam. El metro de los números más próximos es distinto
al del siete (cinco, quinque; seis, sex; ocho, octo;
nueve, novem), por lo tanto ninguno de ellos podría pasar
inadvertido si se sustituyese el siete en este verso.
Al
margen de este motivo práctico para evitar errores y adulteraciones
deliberadas, a los médicos les gusta hacer gala de sus habilidades a la hora de
versificar: Marcelo de Side, un médico que vivió durante el reinado de
Marco Antonino, escribió cuarenta y dos libros médicos en verso épico. Su
temática incluía fragmentos sobre hombres lobo (Suda s.v. Marcelo).
Galeno
enumera los ingredientes y las cantidades exactas requeridas en un medicamento
para prevenir e invertir el proceso de la caída del cabello, pero advierte de
que las circunstancias en las que se tropezó con la receta hacen que sea aún
provisional. Un médico amigo suyo la encontró en una libreta de cuero que había
pertenecido a un médico fallecido. Por desgracia, la receta estaba protegida
con símbolos secretos, y Galeno y otros médicos todavía estaban trabajando con
los ingredientes para determinar la exacta proporción de los mismos (Sobre
la composición de los medicamentos según los lugares 12.423K).
Los
boticarios a veces apuntaban mal los ingredientes de un medicamento y las
cantidades para confundir a sus rivales en el oficio. La confusión podía surgir
igualmente sin estos subterfugios, porque no siempre estaba claro el sistema de
medición utilizado. Galeno, por ejemplo, se lamentaba cuando no se especificaba
si el sistema era romano o griego, ateniense, alejandrino, efesio o cualquier
otro (Sobre la composición de los medicamentos según sus clases 13.893K).
En
tiempos de mi padre y de mi abuelo, ningún médico prescribía eléboro. No se
comprendía su preparación ni su dosificación. Si alguien lo recetaba, primero
le pedía al paciente que hiciese testamento, dado que el riesgo al que iba a
someterse era muy elevado. La mayoría morían ahogados con el eléboro y muy
pocos sobrevivían. Sin embargo, hoy en día parece que es más seguro (Ctesias, Índica
frg. 68).
Hay
muchas pastillas diferentes para una gran variedad de usos. Las que calman el
dolor mediante el sueño se llaman anodinas. No deben recetarse excepto en caso
de extrema necesidad, porque sus ingredientes son muy activos y perjudican el
estómago Celso, De medicina 5.25).
Un
médico que distribuye exactamente la misma cantidad y peso de una medicina a
todos los pacientes es extremadamente ridículo (Plutarco, Charlas de sobremesa
643c).
§. Remedios a base de plantas
En tiempos de Hipócrates, y durante muchas generaciones posteriores,
predominaron los tratamientos simples y naturales, pero gradualmente, la
experiencia, el maestro más eficiente de todas las cosas, y especialmente de la
medicina, degeneró en meras palabras e interminables charlas. Era mucho más
agradable sentarse en las escuelas y escuchar discursos que salir hacia lugares
remotos en busca de las distintas hierbas en la estación adecuada (Plinio,
Historia natural26.11). No obstante, el rechazo de las medicinas simples y
baratas debió de haber comenzado mucho antes, aunque por una razón muy
distinta. El ingrediente que se incluye con más frecuencia en las medicinas
prescritas en el corpus hipocrático es la mirra, un producto sumamente caro
importado de Oriente. La mirra tiene cualidades antisépticas, pero se especula
que el motivo principal por el que se la incluía era el de aumentar el
prestigio de los médicos que recetaban estos medicamentos tan costosos.
El
motivo por el que hay tan poca investigación en torno a las propiedades médicas
de las distintas plantas es que solamente las utilizan los campesinos
analfabetos que viven rodeados de ellas; el resto de la gente, enfrentada a las
hordas de médicos, no se molesta en buscar hierbas medicinales (Plinio, Historia
natural 25.16).
Las
setas venenosas solo pueden ser detectadas por la población rural, sobre todo
por aquellos que las recogen. Pero incluso estas personas pueden engañarse. Por
ejemplo, si hay una madriguera de serpientes en los alrededores y la serpiente
huele una seta cuando esta empieza a crecer, la afinidad de la seta con las
sustancias tóxicas hace que esta absorba el veneno de la serpiente(Plinio, Historia
natural 22.95).
La
naturaleza quiso que nuestras únicas medicinas fueran aquellas que están a
nuestro alcance, que son fáciles de encontrar, que no cuestan nada y que
provienen de las mismas fuentes que los alimentos de los que vivimos. Pero
después, el engaño humano y el fraude lucrativo maquinaron esos horribles
talleres que nos prometen a cada uno de nosotros la manera de prolongar
nuestras vidas, siempre que estemos dispuestos a pagar por ello. De repente, la
gente canta alabanzas de mezclas y compuestos altamente elaborados, las curas
de Arabia y la India son las más valiosas. Una medicación para una pequeña
úlcera se importa del mar Rojo, aunque los más pobres de nosotros comamos cada
día alimentos que deberían ser la fuente de nuestros medicamentos. Pero si los
remedios se obtuvieran de las plantas y arbustos que crecen en nuestros
jardines, no habría arte menos considerado que la medicina (Plinio, Historia
natural 24.4).
Arcadia
y Laconia producen plantas medicinales. Esto explica la costumbre de los
arcadios de beber leche en lugar de tomar medicinas en primavera, estación en
que los jugos de estas plantas están en su apogeo. La leche es especialmente
rica en medicinas en primavera. Beben leche de vaca porque la vaca es el animal
más tragón y el que más variedad de hierbas ingiere (Teofrasto, Historia
de las plantas9.15).
Algunas
raíces se conservan más tiempo, otras menos. El eléboro mantiene sus
propiedades durante treinta años, la aristoloquia durante cinco o seis. ... De
todas las plantas medicinales, aquella cuya virtud perdura más
tiempo es el pepinillo del diablo, y cuanto más viejo, mejor. En
efecto, un médico que no era petulante ni embustero me contó que él tenía uno
de doscientos años, pero que conservaba su extraordinaria potencia. Se lo había
dado cierta persona como regalo. El motivo por el que había permanecido en
perfecto estado de conservación durante tanto tiempo es la humedad.
(Teofrasto, Historia de las plantas 9.14).
Figura 12.1 Medea, una extraordinaria herbolaria pero una mala publicidad
para la medicina extranjera. Tras demostrar sus poderes de rejuvenecimiento
transformando un viejo carnero en un corderito después de cortarlo en pedazos y
hervirlo en un caldero de agua mezclada con hierbas secretas, convenció a las
hijas del rey Pelias para que lo sometieran al mismo tratamiento. Sin embargo,
en esta ocasión no añadió las hierbas y así, su marido, Jasón, se vio liberado
de su gran enemigo.
Mientras
el centauro Quirón manipulaba las armas de Hércules, que estaba de visita, le
cayó una flecha en la pezuña y se curó con centaura. (Esta planta tiene el
nombre alternativo de «quironion».) ... La centaura es tan efectiva en la
curación de las heridas que se dice que los trozos de carne se vuelven a unir
si se hierven con esta planta (Plinio, Historia
natural 25.66).
El
cedro gigante produce una resina que es extremadamente efectiva contra el dolor
de muelas. Rompe los dientes y los extrae, aliviando así el dolor. ... Yo no me
atrevería a usarlo como enjuague bucal en una solución con vinagre para
combatir el dolor de muelas, ni tampoco estaría dispuesto a inyectármelo en el
oído como remedio para la sordera o las lombrices. No obstante, tiene una
cualidad sorprendente: si antes del coito se lavan los genitales del hombre con
esta solución, se evita el embarazo (Plinio, Historia
natural 24.11).
Jenócrates
nos informa de un hecho sorprendente, si es realmente cierto. Asegura que si
una mujer se traga una semilla de coriandro, la menstruación se le retrasa un
día, dos días si se traga dos semillas, y así sucesivamente según el número de
semillas (Plinio, Historia natural 20.218).
El
hinojo africano se hizo famoso gracias al emperador Nerón. Al inicio de su
reinado, mientras rondaba por las calles en pos de sus aventuras nocturnas, le
dejaron maltrecha la cara a base de golpes. Él mismo se aplicó un ungüento
elaborado con jugo de hinojo, olíbano y cera, y al día siguiente desmintió las
habladurías sobre la pelea paseándose sin magulladura ninguna (Plinio, Historia
natural 13.126). Es posible que Tácito se refiera a este mismo
incidente en Anales 13.25: Un joven de rango
senatorial se defendió cuando Nerón se abalanzó sobre él, pero se disculpó
cuando reconoció a su atacante; fue un error fatal, porque después fue obligado
a suicidarse. A partir de aquel día, Nerón tuvo la precaución de llevar consigo
una escolta de soldados y gladiadores en sus correrías.
Dicen
que la menta cura las enfermedades que afectan al bazo, siempre que el paciente
la ingiera en el jardín, directamente de la planta y sin arrancarla, durante
nueve días consecutivos. Mientras la mastica ha de declarar que está haciendo
un tratamiento para el bazo (Plinio, Historia natural 20.53).
Las
dos variedades de la planta conocida como «thlapsi» [bolsa
de pastor] son efectivas contra las molestias inguinales. Los expertos
recomiendan que los que la recolecten digan que la cogen para tratar
enfermedades de la ingle, cualquier tipo de absceso y heridas. También
recomiendan arrancarla con una sola mano(Plinio, Historia natural 27.139).
Casi
al final de su tratado Sobre Agricultura, Catón el Viejo dedica dos
capítulos (156-157) insólitamente efusivos a documentar los efectos benéficos
que ejerce la col en la salud, tanto si se come como si se bebe su zumo o si se
aplica externamente como vendaje o emplasto. Bañar a los niños en orina de
alguien que haya comido col los hace robustos; estos baños también favorecen la
claridad de visión, eliminan los dolores de cabeza y cuello, e inmunizan frente
a problemas ginecológicos. Otra de sus grandes cualidades es su bajo coste,
pero Catón, de sobra conocido por su parsimonia, se muestra lo bastante
entusiasmado como para añadir: «Y aunque fuera caro, deberías usarlo
igualmente en aras de tu salud».
Catón
personifica el viejo estilo de vida romano, que se resiste tercamente a las
nuevas prácticas importadas de Grecia. (Para su opinión sobre los médicos
griegos, véase capítulo 3.) Con frecuencia se da por sentado que su elogio de
la humilde col es parte de su actitud tradicional, pero de hecho en el mundo
griego la col estaba considerada un vegetal que obraba maravillas. Plinio
ofrece una lista de los griegos que cantaron sus loas (Historia
natural 20.78). Oribasio (Corpus Medicorum Graecorum 6.1.
p. 100) conserva breves fragmentos de una monografía sobre la col en medicina,
escrita en tiempos de Catón por Mnesiteo de Cícico. Por otro lado, la col es
uno de los ingredientes de las píldoras halladas en el Relitto del
Pozzino, los restos del naufragio de un barco que zarpó de Grecia y que se
hundió a la altura de la costa de la Toscana poco después de la muerte de Catón
en 149 a. C.
§. Terapia musical
Como leí hace poco en un libro de Teofrasto, mucha gente ha dejado
constancia de su creencia de que, cuando el dolor de cadera es especialmente
agudo, puede aliviarse con las suaves melodías de una flauta. También hay un
libro de Demócrito que asegura que las mordeduras de víbora pueden curarse con
música de flauta hábilmente interpretada. Este libro informa de que la música
de la flauta ayuda a curar muchas enfermedades. La mente y el cuerpo humanos
están tan íntimamente interconectados que existe un estrecho vínculo entre las
enfermedades físicas y mentales y sus remedios (Aulo Gelio, Noches
áticas 4.13).
Según
argumenta Teofrasto en Sobre las inspiraciones, la
música es útil en el tratamiento de muchas dolencias, tanto mentales como
físicas, como los desmayos, los ataques de pánico y trastornos mentales de
larga duración. Asegura que la música de la gaita cura la ciática y las
convulsiones (Teofrasto frg.88).
Asclepíades,
el médico, solía emplear música para devolver a su estado normal el juicio de
los mentalmente inestables. Herófilo, que también era médico, aseguraba que el
pulso de las venas se movía con los ritmos musicales(Censorino, El
libro del cumpleaños 12).
Los
pitagóricos utilizaban ensalmos para contrarrestar algunas enfermedades, y
creían que la música mejora la salud, siempre que se utilice debidamente.
También usaban expresiones escogidas de Homero y Hesíodo para corregir los
defectos del alma (Jámblico, Vida pitagórica29.164).
Para
evitar el útero errante, Mantias [un farmacólogo del siglo II
a. C.] utilizaba música de flautas y tambores cuando intuía la
inminencia de un ataque (Sorano, Ginecología 3.29).
Para el útero errante, véase el apartado con el mismo nombre en el capítulo 7.
Algunos
médicos aprueban el uso de la música en la sanación, como recoge el hermano de
Filistión en Sobre los remedios 22. Afirma que cuando un músico
tocaba la gaita sobre las partes del cuerpo que provocaban dolor, estas
empezaban a palpitar y a estremecerse y el dolor perdía intensidad. Algunos
dicen que Pitágoras inventó la terapia musical, pero en opinión de Sorano, los
que creen que una enfermedad grave puede curarse con melodías y canciones
parecen estar guiados por una idea ilusoria (Celio Aureliano, De
las enfermedades crónicas 5.23).
§. Baños
Los griegos llaman a los baños βαλανεϊον (balaneion) porque
expulsan (βάλλω, ballo) de nuestra mente las preocupaciones (San
Agustín, Confesiones 9.12).
El
vino bebido con moderación alivia el alma y destierra de ella el dolor. Hay
otras cosas que tienen el mismo efecto, como los baños moderadamente calientes.
Esto es lo que inspira a la gente a cantar cuando está en el baño (Rufo
de Éfeso, De la melancolía, frg. 61).
Entiendo
que entre los bárbaros es costumbre bañar a los niños frecuentemente en agua
fría, mientras que los griegos cocemos a nuestros niños en frecuentes baños
calientes. Son las niñeras las que nos han convencido de que esto es bueno.
Aprecian el sopor que provocan los baños calientes, porque de este modo los
niños molestan menos durante la noche, y aseguran que los niños tienen
dificultades a la hora de dormir si no se les ha hervido suavemente con un baño(Oribasio, Compilaciones
médicas10.7).
A
falta de agentes químicos limpiadores, ir a los baños es una de las
peores cosas que se pueden hacer si se tiene una herida que todavía tiene
materia mórbida, porque el baño la reblandece y la ensucia, cosa que a menudo
causa infecciones(Celso, De medicina 5.28).
Figura 12.2 Un cuerno y un órgano de agua. ¿Cómo sonaban los dos a la vez?
Para
las mordeduras de perro rabioso, algunos médicos envían al paciente
directamente a los baños a que sude tanto como pueda. Dejan la herida al
descubierto para que el veneno vaya goteando (Celso, De
medicina 5.27).
Escribonio
Largo elogia un determinado tipo de apósito por ser muy útil para las heridas y
mordeduras, para inhibir tumores y pus, y porque no se cae si se lleva en los
baños (Prescripciones 214).
Figura 12.3
Es posible que mucha gente encontrase los baños reconfortantes y relajantes,
pero en general los baños públicos eran menos salubres que la imagen que de
ellos tenemos hoy en día. Las divinidades que más se veneraban en los complejos
termales eran Asclepios y su hija Higía, cosa que nos hace suponer que los
enfermos constituían una considerable parte de la clientela. De hecho, el
emperador Adriano solo permitía a los enfermos ir a los baños antes de la
octava hora (2 p. m.) (Historia Augusta, Vida de Adriano22.7).
¿Qué
crees que conlleva una visita a los baños? Aceite de oliva, sudor, porquería,
agua llena de gloios [véase «Especial mención merece otro remedio...» en el
capítulo 11], un asunto verdaderamente asqueroso (Marco
Aurelio, Meditaciones8.24).
Algunas
personas ni siquiera se molestan en hacerse masajes, simplemente se embadurnan
con aceite de oliva y se meten directamente en el agua. A veces incluso cogen
un estrígilo y se rascan el sudor en el baño mismo (Galeno, Sobre
cómo hay que proteger la salud 6.406K)
Cuando
en la conversación surgió la duda acerca del número de los que padecían de
hernias en Roma, el emperador Heliogábalo mandó hacer una lista de todas
aquellas personas y a continuación hizo que las enviasen a los baños, donde él
mismo se bañó con ellas. El grupo incluía a algunos personajes de alto rango(Historia
Augusta, Vida de Heliogábalo 25). La Historia
Augusta no es del todo fiable: en el mismo fragmento, se nos informa
de que Heliogábalo tenía recogidas diez mil libras de telarañas.
Los
baños, el vino y el sexo destruyen nuestros cuerpos, pero los baños, el vino y
el sexo son lo que hacen que la vida valga la pena .
Este pareado se ha encontrado en diversos grafitos latinos (Corpus de
inscripciones latinas3.12274 c, 6.15258, 6.19007, 14.914), y es
muy similar al epigrama griego anónimo «El vino y los baños y el ansia sexual
nos mandan rápidamente al Hades por el camino más corto» (Antología griega 10.112).
Una versión ligeramente modernizada del pareado pervive en italiano: Bacco,
tabacco e Venere / riducono l’uomo in cenere («Baco, tabaco y Venus
reducen el hombre a cenizas»). Aristóteles expresa la misma idea de forma más
pedante: Hay muchas personas de buena salud a las que nadie felicitaría
por su buena salud, porque la consiguen absteniéndose de todos o de la mayoría
de los placeres humanos (Retórica 1361 b).
Figura 12.4 Asclepios junto a su hija, Higia, que alimenta a la serpiente
sagrada.
§.
Sueño
Algunos médicos dicen que el sueño nos sobreviene cuando exhalaciones de la
comida se filtran suavemente por nuestro tracto digestivo y nos provocan una
especie de cosquilleo (Plutarco, De Isis y Osiris 384a).
¿ Cuáles
son las causas del sueño y de la muerte? Según Alcmeón, nos dormimos cuando la
sangre de nuestras venas se retira, nos despertamos cuando vuelve a fluir, y
morimos cuando se retira del todo (Pseudo-Plutarco, Las
doctrinas de los filósofos 909 d).
Una
cura para el insomnio: atar los brazos y piernas del paciente a la hora en que
suele acostarse y forzarlo a permanecer despierto. Si cierra los ojos, hay que
obligarle a abrirlos. Hágase esto exhaustivamente, después desatarlo
repentinamente, sacar la lámpara y asegurarse de que nadie le moleste(Oribasio, Sinopsis
para Eustatio, su hijo 6.31, inspirado en una obra perdida de Galeno).
El
sueño puede ser inducido mediante:
lanolina diluida en un cuarto de pinta de vino con un pellizco de mirra o bien
mezclada con grasa de ganso y vino de mirto;
un cuco en una bosa de piel de liebre llevado como amuleto;
el pico de un polluelo de garza en una bolsa de piel de asno atada a la frente;
el pico tiene el mismo efecto por sí solo si se sumerge en vino.
Figura 12.5 Sueño y Muerte (debidamente etiquetados por el pintor) retiran
el cuerpo de Sarpedón, hijo mortal de Zeus, del campo de batalla en Troya.
El
sueño puede prevenirse mediante:
la cabeza disecada de un murciélago llevada como amuleto.
(Plinio, Historia Natural 30.140)
Los
médicos suelen armar mucho jaleo y preparar multitud de medicamentos sin ser
capaces de librar al paciente de su enfermedad. Pero el sueño aparece sin
previo aviso y cura todas las enfermedades, liberando a las víctimas de
numerosos males. La noche es una medicina no solo para los sufrimientos físicos
sino también para las enfermedades mentales, pues calma nuestras mentes cuando
están afligidas por el dolor (Juan
Crisóstomo, Homilías 49, p. 98).
Tras
negarse a entrar en el dormitorio de un paciente que estaba durmiendo,
Erasístrato declaró: «Veo que aquí ya hay un médico mejor» (Pseudo-Cecilio
Balbo, Sententiae 43).
§. Animales médicos
En realidad el hipopótamo ha sido nuestro maestro en un procedimiento médico
en particular. Cuando engorda porque no para de pastar, sale a la orilla y
busca un lugar donde los juncos estén recién cortados. Cuando ve un tocón
afilado, presiona el cuerpo contra dicho tocón para abrirse una vena de la
pierna y, mediante el sangrado, aliviar el cuerpo, que de lo contrario
enfermaría. Después del sangrado, el hipopótamo se cubre la herida con barro (Plinio, Historia
natural8.96).
Plinio
prosigue y deja constancia de otros remedios aprendidos del mundo animal. Por
ejemplo:
Los ciervos nos han enseñado que el díctamo es bueno para la extracción de
flechas, porque cuando se les dispara comen esta hierba y la flecha es
expulsada.
Los ciervos también comen cangrejos como cura para las picaduras de araña.
Un antídoto excepcional para la mordedura de serpiente es la planta [no se
nombra] con la que los lagartos curan sus heridas cuando pelean con las
serpientes.
Las golondrinas nos han enseñado que la celidonia mayor es muy buena para la
vista, porque la utilizan para tratar a sus polluelos si su vista está dañada.
Por no mencionar a las arañas, ciervos y cangrejos, ¿por qué distingue Plinio a
las golondrinas? ¿Cómo puede uno saber si los polluelos de golondrina están
ciegos? Aristóteles hace una observación igualmente sorprendente en Sobre
la generación de los animales 775a: Si se les pinchan
los ojos a las golondrinas cuando todavía son jóvenes, recuperan la vista,
porque la ceguera se produce cuando acaban de nacer y no están del todo
desarrolladas. Por este motivo sus ojos vuelven a formarse y a crecer.
En
el único fragmento conservado de una obra titulada Sobre la antipatía y
la simpatía, el escritor griego Nepualio, por lo demás desconocido, ofrece
una lista de las diferentes variedades de automedicación que practican los
animales:
Si
un león está enfermo, se come a un mono.
Si una pantera está enferma, bebe sangre de perro.
Si un tigre está enfermo, come excrementos humanos.
Si un mono está enfermo, se bebe su propia orina.
Si una cabra ha recibido un disparo, come díctamo y expulsa la flecha.
Si un águila está enferma, se come a una tortuga.
Si un cisne está enfermo, come ranas.
Si un leopardo está enfermo, bebe sangre de cabra salvaje.
Durante
la hibernación, el oso se pasa cuarenta días sin comer ni ingerir ningún tipo
de alimento, y esta excesiva colicuación provoca que los intestinos se plieguen
y compriman. El oso lo sabe y, por lo tanto, cuando sale de su guarida come una
planta llamada aro silvestre. Esto le produce una flatulencia que abre y
ensancha el tracto intestinal del oso, posibilitando la ingesta de alimentos.
Cuando los intestinos vuelven a estar llenos, el animal come unas cuantas
hormigas, que le facilitan la evacuación. Eso es todo cuanto tengo que decir,
mis queridos prójimos, sobre el proceso natural por el que los osos se vacían y
llenan por sí solos, un proceso que no necesita de ningún médico ni de
medicamentos(Eliano, Historia de los animales 6.3).
Un
perro que tiene molestias por haber comido demasiado, si ingiere una
determinada hierba que crece en los muros secos de piedra, vomita todo lo que
le causa malestar junto con flema y bilis, y evacúa una gran cantidad de
excrementos. De este modo se asegura una buena salud, sin necesidad de que
ningún médico le asista. Con ello vacía también una considerable cantidad de
bilis negra, que, si permanece en el cuerpo, provoca la rabia, una enfermedad
terrible en los perros. Los perros que tienen lombrices comen paja, como afirma
Aristóteles [Historia de los animales 612 a]. Los
perros heridos tienen la lengua para curarse: con ella lamen la zona lesionada
y recuperan la salud, prescindiendo de vendajes, emplastos y medicamentos
complejos (Eliano, Historia de los animales 8.9).
Los
elefantes se ayudan unos a otros cuando los cazan, y defienden a cualquier
miembro del grupo que esté exhausto. Si lo pueden apartar del peligro, le
frotan las heridas con exudaciones del árbol de aloe, dispuestos a su alrededor
como si fueran médicos (Filóstrato, Vida de
Apolonio 2.16).
§. Curas accidentales
Vale la pena aprender de cualquier fuente sobre medicinas que se puedan
beber o aplicar a las heridas. Estas cosas no se descubrieron mediante
deducción, sino por mera casualidad, y no tanto por expertos como por la gente
corriente(Hipócrates, Sobre las afecciones 45).
Algunos
descubrimientos médicos se hicieron de forma accidental. Por ejemplo, el
abatimiento de las cataratas se descubrió cuando una cabra con cataratas
recuperó la vista después de clavarse un junco puntiagudo en el ojo. La
aplicación de enemas se concibió gracias al hábito que tienen los ibis de
llenarse la piel del cuello con agua del mar o del Nilo, como si fuera una pera
para enemas, e inyectarse el líquido por detrás a través del pico (Pseudo-Galeno, Introducción
o El médico14.675K). Sobre este último tratamiento, el yatrosofista Severo
dice: Cuando el ibis, un pájaro insaciable que se atiborra de moluscos,
está estreñido, se aplica una cura bastante excéntrica que le proporciona
alivio y le permite volver a atracarse de comida (Sobre enemas 1).
Un
potencial asesino infligió una herida providencial a Jasón, el cruel tirano de
Feras. Le tendió una emboscada y lo golpeó con la espada. Con esta acción, le
reventó un tumor que ningún médico había sido capaz de curar, y lo liberó así
de una dolencia mortal (Valerio Máximo, Hechos y
dichos memorables1.8 ext. 6).
La
experiencia nos ha enseñado que una persona que ha sido mordida por un áspid ha
de beber vinagre. Cuentan que esto se descubrió a raíz de una mordedura sufrida
por un muchacho, que le provocó una sed espantosa, en parte debido a la
mordedura y en parte por el excesivo calor. Se encontraba en una región seca y
al no poder encontrar ningún otro líquido, se bebió el vinagre que por
casualidad tenía y eso le salvó la vida (Celso, De
medicina 5.27).
Figura 12.6 El ibis africano ya no se encuentra en Egipto, donde sin duda se
contempló por primera vez su automedicación.
El
gobernador de Egipto condenó a unos criminales convictos a ser arrojados a las
bestias rapaces. Mientras se dirigían hacia el lugar destinado al castigo de
los ladrones, una mujer que vendía productos junto al camino se apiadó de ellos
y les dio un poco de limón del que ella estaba comiendo. Ellos lo aceptaron y
se lo comieron, y al poco rato fueron expuestos a los áspides, unas temibles
criaturas salvajes. Los mordieron, pero las víctimas no sufrieron daño alguno.
El gobernador quedó atónito. Finalmente, le preguntó al soldado que custodiaba
a los criminales si habían comido o bebido algo. Cuando se enteró de que les
habían dado trozos de limón, ordenó que al día siguiente le dieran limón a un
condenado y al otro no. El que lo había comido no sufrió ningún daño al ser
mordido, pero el otro murió al instante. Visto que otros muchos experimentos
producían el mismo resultado, quedó probado que el limón era un antídoto para
todas las sustancias mortíferas (Ateneo, Banquete
de los eruditos 3.28).
§. Medicina extranjera
Igual que la agricultura promete alimento a los sanos, también la medicina
promete salud a los enfermos. No hay ningún lugar en el mundo en el que no haya
medicina, porque incluso los pueblos más atrasados han descubierto el uso de
las hierbas y de otros remedios de fácil alcance para sanar heridas y
enfermedades (Celso, De medicina, Prefacio 1).
Hay
diferencias considerables entre las razas. Por ejemplo, nos cuentan que los
habitantes de Egipto, Arabia, Siria y Cilicia están afectados por varios tipos
de lombrices intestinales que no se encuentran en Tracia ni en Frigia. Pero
esto no es tan sorprendente como el hecho de que estos parásitos se encuentren
entre los tebanos de Beocia, pero no entre los atenienses de la vecina región
del Ática(Plinio, Historia natural 27.145).
Los
egipcios se servían de plantas y otros remedios como bien atestigua Homero
cuando dice: «La tierra de Egipto es fértil y produce muchas drogas que son
beneficiosas cuando se mezclan, y muchas que son mortales». Es muy probable que
gran parte de la información sobre cirugía la descubrieran los primeros médicos
cuando abrían los cadáveres para la momificación (Pseudo-Galeno, Introducción
o El médico 14.675K).
Figura 12.7 Como espectáculo eran más apreciados los combates entre
gladiadores o contra animales salvajes que contemplar a leopardos (leones,
tigres u osos) destrozando a las víctimas atadas a estacas o arrojadas como
alimento servido a domicilio y sobre ruedas.
Helena
verti ó en el vino que bebía una droga que borraba la
pena y la amargura y suscitaba olvido de todos los pesares. Quien la tomara una
vez que se había mezclado en la crátera, no derramaba, al menos en un día,
llanto por sus mejillas, ni aunque se le murieran su madre y su padre, ni si
ante él cayeran destrozados por el bronce su hermano o un hijo querido y lo
viera con sus ojos. Tales ingeniosos remedios poseía la hija de Zeus, que le
había procurado Polidamna, la esposa de Ton, la egipcia, que allí la fértil
tierra produce esas drogas, muchas que resultan beneficiosas en la mezcla, y
muchas perniciosas. Cualquier persona entendida en todas ellas se hace un buen
médico. Pues, desde luego, son de la estirpe de Apolo Peán [dios de la
sanación] (Homero, Odisea IV. 220-232).
En
Egipto, la medicina está organizada de la siguiente manera: cada médico se
dedica a una única enfermedad y nada más, y todo el país está lleno de médicos,
algunos especializados en los ojos, otros en la cabeza, otros en los dientes,
otros en el estómago y otros en las enfermedades más oscuras (Heródoto, Historias2.84).
La afirmación de Heródoto queda corroborada por la estela de Irika-Ra, erigida
en Luxor unos quinientos años antes. No obstante, había, o había habido,
excepciones. La estela de Irenajty, de finales del tercer milenio, lo proclama
como Médico de los ojos de Palacio, Médico del estómago de Palacio,
Pastor del recto, Intérprete de los líquidos, Médico de Palacio, Inspector de
médicos de Palacio, Jefe de médicos de Palacio, y Encantador de escorpiones.
En
Egipto, los médicos pueden cambiar de un tratamiento a otro diferente al cabo
de cuatro días, pero si realizan alguna modificación antes de este plazo, lo
hacen por su cuenta y riesgo (Aristóteles, Política 1286 a).
Normalmente,
la lepra se encontraba solo en Egipto. Cuando la contrajeron los faraones, fue
fatal para sus súbditos, porque parte del tratamiento consistía en bañarse en
bañeras de llenas de sangre humana caliente (Plinio, Historia
natural26.8).
Aparte
de los libios, los egipcios son el pueblo más sano del mundo. En mi opinión, el
motivo es que viven en un clima invariable. Porque son los cambios,
especialmente de una estación a otra, los que causan más enfermedades(Heródoto, Historias2.77).
El
siguiente hábito lo practican algunos de los nómadas libios, o quizás todos (no
lo puedo asegurar). Cuando sus hijos cumplen cuatro años, les queman las venas
de la parte superior de la cabeza, o en algunos casos las venas de las sienes,
con lana de oveja engrasada. Lo hacen para asegurarse de que la flema que fluye
hacia abajo desde la cabeza no les dañe en ningún momento de su vida, y
atribuyen a esta costumbre su buena salud. Los libios son, sin duda, el más
sano de todos los pueblos conocidos, pero no puedo confirmar que esta sea la
razón. Si un niño sufre convulsiones durante el procedimiento, combaten el
ataque echándole orina de cabra por encima. Estoy trasladando lo que los
propios libios dicen (Heródoto, Historias 4.187).
La
forma babilónica tradicional de tratar a los enfermos es muy sagaz. No tienen
médicos, y a falta de ellos, llevan a los enfermos al mercado donde la gente se
les acerca y les da consejos sobre su enfermedad si han sufrido personalmente
la dolencia o conocen a alguien que la haya sufrido. Al acercarse y dar
consejos, recomiendan los procedimientos que ellos u otra persona han seguido
para librarse de una enfermedad similar. No está permitido pasar en silencio
por delante de una persona enferma sin preguntarle qué le sucede (Heródoto, Historias 1.197).
No
voy a discutir sobre medicinas elaboradas con ingredientes traídos de la India,
de Arabia o de cualquier otra parte del mundo para venderlas aquí. Las
sustancias producidas en lugares tan remotos no son adecuadas para nuestros
remedios; no crecen para nosotros, de hecho tampoco crecen para la población
nativa de allí, porque de lo contrario no las venderían a los otros pueblos. Lo
razonable es que quien quiera dichas sustancias, las compre para hacer
perfumes, ungüentos o artículos de lujo, o como contribución a las ceremonias
religiosas, puesto que rezamos a los dioses con incienso. Mi intención es
demostrar que es posible mantener una buena salud sin estas sustancias, y lo
haré aunque solo sea para avergonzar a aquellas personas que buscan satisfacción
en este moderno y decadente modo de vida (Plinio, Historia
natural22.118).
En
la India hay una ley que condena a muerte a todo aquel que descubre una
sustancia mortífera, a menos que encuentre también el antídoto. En este caso
recibe una recompensa del rey (Estrabón, Geografía 15.1.22).
Los
padeanos son una tribu nómada de la India que come carne cruda. Se dice que
cuando un hombre o una mujer de la tribu caen enfermos, tienen la siguiente
costumbre: si se trata de un hombre, los hombres que son sus más íntimos amigos
lo matan, declarando que les está estropeando la carne porque la enfermedad lo
está consumiendo. Él niega estar enfermo, pero ellos no le creen y lo matan y
celebran un banquete. Asimismo, si se trata de una mujer, sus amigas más
íntimas hacen exactamente lo mismo que los hombres (Heródoto, Historias 3.99).
Los
francos [la tribu germánica que dio nombre a Francia] consideran
que la panceta cruda es la panacea, hasta el punto de que hace innecesarias a
todas las demás medicinas. Puede masticarse o bien aplicarse a las heridas (Antimo, Sobre
la observancia de las comidas 14). Las cataplasmas de panceta pueden
parecer extravagantes, pero nótese la recomendación de Dioscórides: Trocear
pollo y aplicar los pedazos sobre las heridas proporciona alivio en las
mordeduras de serpiente; pero hay que cambiar el pollo con regularidad (De
materia médica2.49). ¿Acaso son menos eficaces estos remedios que el filete
sobre un ojo morado?
§. Lista de remedios
Sugerencias para el tratamiento de un paciente con problemas digestivos:
Después de hacer ejercicio, debería dar un paseo, pero no muy largo.
Después de cenar, debería dar un paseo corto, no más de un trecho después de
levantarse de la mesa.
De buena mañana, debería dar un paseo más largo.
Debería tomar un baño caliente y recibir un masaje con ungüentos.
Que duerma mucho en una cama blanda.
Debería tener de relaciones sexuales con cierta frecuencia.
Reducir la ingesta de comida a una cuarta parte durante un período de diez
días.
(Hipócrates, Sobre la dieta 3.80)
Dicen
que la grasa de león contrarresta la traición.
La grasa de elefante y la grasa de ciervo, aplicadas en forma de ungüento,
ahuyentan a las serpientes.
La grasa del macho cabrío alivia la gota si se mezcla con azafrán y excrementos
de cabra (la grasa de oveja tiene el mismo efecto).
La grasa de cerdo es buena para los trastornos del útero y nalgas, y para las
quemaduras.
La grasa de asno deja todas las cicatrices del mismo color.
La grasa de ganso, como la de las aves de corral en general, es buena para las
dolencias femeninas, labios agrietados, manchas faciales y dolor de oído.
La grasa de oso es buena para los sabañones, y al parecer detiene la pérdida de
cabello.
La grasa de víbora es buena para la vista opaca y las cataratas cuando se
mezcla a partes iguales con aceite de cedro, miel ática y aceite de oliva
envejecido. Untada fresca sin mezclar en las axilas depiladas, impide que el
pelo vuelva a crecer.
(Dioscórides,
De materia médica2.76)
Una
solución de vinagre y agua salada es buena para las úlceras gangrenosas y
sépticas, las mordeduras de perro y las de criaturas venenosas. En el caso de
pacientes operados de cálculos, detiene el sangrado si la herida se impregna
con dicha solución inmediatamente después de la cirugía. También proporciona
alivio a quienes sufren de prolapso rectal. Se utiliza como supositorio en
casos de disentería complicada con úlceras sépticas, aunque a continuación hay
que aplicar un enema de leche. Si se traga o se usa para hacer gárgaras, libera
al cuerpo de sanguijuelas y cura la caspa y otras afecciones cutáneas (Dioscórides, De
materia médica5.15).
La
mordedura humana es una de las más peligrosas. Puede curarse con cera del oído.
No hay que sorprenderse, puesto que la cera del oído, sobre todo si se obtiene
de una persona ejecutada y se aplica mientras aún está fresca, cura incluso las
picaduras de escorpión y las mordeduras de serpiente. También es efectiva
contra los padrastros, como el diente humano lo es contra la mordedura de
serpiente si se muele hasta convertirlo en polvo (Plinio, Historia
natural28.40).
En
su Historia natural 20.23, Plinio enumera las muchas
cualidades medicinales de los rábanos. Por ejemplo, tanto si se beben como si
se llevan como amuleto, ayudan en el tratamiento del asma, depresión, edema,
convulsiones, apatía, lombrices intestinales, dolencias hepáticas, dolores de
espalda, sordera, visión reducida, pérdida del cabello (en mujeres) y ladillas.
Frenan también el exceso de flema y bilis, y reducen el bazo dilatado. Son
efectivos en purgas, diuréticos y eméticos (para aquellos que han comido
demasiado). En forma de ungüento, curan las mordeduras de serpiente, y un trozo
de rábano colocado sobre el lomo de un escorpión lo mata. También son
afrodisíacos (aunque hay quien relaciona esta ventaja con daños en la voz).
Elogios
al esputo (Plinio, Historia Natural 28.35):
Escupir mientras se ayuna ahuyenta a las serpientes.
Escupir evita las convulsiones.
Escupir protege contra hechizos mágicos y las nefastas consecuencias de
tropezarse con una persona coja del pie derecho.
Escupir sobre el propio regazo propicia el perdón de los dioses por tener
aspiraciones presuntuosas.
Es costumbre escupir tres veces para asegurar la eficacia de una medicina en el
momento en que se administra.
Es costumbre marcar los forúnculos recientes con salivazos mientras se ayuna.
Plinio
sigue enumerando las bondades de la saliva (Plinio, Historia natural28.37):
Las pápulas y granos leprosos, los ojos empañados y las excrecencias cancerosas
se curan untándolos con saliva mientras se ayuna.
Los dolores en el cuello se alivian si se aplica saliva en la corva de la
pierna derecha con la mano derecha y en la corva de la pierna izquierda con la
mano izquierda.
Escupir sobre una criatura que se haya introducido en el oído de una persona
hace que salga.
Escupir sobre la propia orina durante la micción actúa como hechizo protector,
igual que si se escupe en el zapato derecho antes de ponérselo, o si se escupe
cuando se pasa por delante de un sitio en el que uno haya estado en peligro
antes.
Las
virtudes del berro (Anónimo bizantino, Trabajo agrícola 12.26):
Mezcladas con harina de alubias y una pizca de aceite de mirra, las semillas de
berro curan las pústulas y las hinchazones escrofulosas de las glándulas del
cuello (en lugar de vendajes de lino deberían usarse hojas de col).
Bebido con vino y menta, expulsa las lombrices y la tenia solitaria.
Hervido con leche de cabra, cura los problemas de tórax.
Utilizado como fumigante, ahuyenta a las serpientes.
Dicen que los que comen berro tienen una inteligencia más aguda.
Las semillas de berro inhiben el apetito sexual.
Bebido con miel, cura la tos.
Se aplica también a las úlceras que se extienden.
El zumo de berro frena la caída del cabello.
Mezclado con grasa de ganso, el berro cura la caspa y las pequeñas llagas en la
cabeza.
Mezclado con levadura, produce forúnculos en la cabeza.
Dicen que el zumo de berro, vertido en los oídos, cura el dolor de muelas.
Tratamientos
para los oídos, ojos y dientes
§.
Dolor de oído
Para orejas magulladas: Hipócrates aconseja dejar que se curen solas, pero
nuestros pacientes a menudo nos presionan para que les apliquemos algún
tratamiento. Estos son algunos de los métodos que podrían emplearse...
(Pablo de Egina, Compendio médico3.23).
En
su De materia médica, Dioscórides se ocupa predominantemente de los
remedios herbales, pero la pequeña sección al comienzo del Libro 2 sobre curas
derivadas de los animales contiene muchos remedios para problemas de oídos. Las
siguientes sustancias han de ser untadas o instiladas en el oído afectado. No
deben ingerirse oralmente:
Grasa
de pollo
Grasa de zorro
Grasa de ganso
Grasa de ganso con lombrices de tierra
Grasa de ganso con lanolina (también es buena para las llagas genitales)
Vísceras de cucarachas, hervidas o molidas y convertidas en polvo con aceite
Milpiés, triturados y calentados con aceite de rosas en piel de granada
Arañas, hervidas en aceite de rosas
Hiel de cerdo
Hiel de toro, mezclada con leche de cabra o de mujer
Orina de toro, mezclada con mirra
Orina de perro, hervida en piel de granada
Orina de cabra
Orina de jabalí
Piel de serpiente, hervida en vino.
Las
criaturas diminutas y las piedrecillas tienen tendencia a introducirse en los
oídos de las personas. Si una pulga penetra en el oído, hay que insertar un
poco de lana; la pulga se aferra a ella y así se puede extraer. ... Un vigoroso
estornudo también expulsa a los cuerpos extraños, igual que un potente chorro
de agua mediante una jeringa para el oído. Otro método consiste en equilibrar
una tabla de madera de modo que ninguno de los extremos toque el suelo y
después atar al paciente a la tabla, tumbado de manera que lado del oído
afectado quede hacia abajo sobresaliendo del extremo de la tabla. La otra punta
de la tabla donde están los pies se golpea con un mazo: esto sacude el oído y
desprende cualquier cosa que haya en él (Celso, De
medicina 6.7).
Para
el dolor de oído. Envuelve un dedo con lana y vierte aceite encima. Después pon
la bola de lana en la palma de la mano y colócala debajo de la oreja del
paciente, de manera que crea ha salido algo del oído. A continuación arroja la
lana al fuego. Es un truco (Hipócrates, Epidemias6.5.7). Al comentar este
fragmento, Galeno se niega a creer que Hipócrates defendiera cualquier tipo de
truco y declara: Es mejor suponer que Hipócrates sencillamente no escribió este
pasaje (Galeno, Comentario de las «Epidemias VI» de Hipócrates17b.269K).
§. Sordera
A veces la fiebre provoca una pérdida de audición, pero el problema se puede
solventar si el paciente tiene un sangrado nasal o un movimiento de intestinos.
No hay nada más efectivo contra la sordera que un movimiento bilioso de los
intestinos (Celso, De medicina 2.8).
Asclepíades
curaba a los que sufrían de una sordera profunda mediante toques de trompeta (Marciano
Capella, Las nupcias de Mercurio con Filología 9.926).
Las
personas se quedan sordas y mudas al mismo tiempo, y las dolencias del oído se
transforman en enfermedades pulmonares. Algunas personas tosen cuando se rascan
la oreja (Pseudo-Aristóteles, Problemas 961 b).
Los
ciegos congénitos son más inteligentes que los sordomudos (Aristóteles, Sobre
los sentidos 437 a).
Figura 12.8 Hace mucho tiempo, Cutius Gallus te había prometido a ti, hijo
de Apolo, estas orejas, y las depositó aquí cuando sus oídos sanaron (Corpus de
inscripciones latinas 3.7266).
Ofrenda
típica del templo de Asclepios en Epidauro, con la salvedad de que la
inscripción está en latín, no en griego, y la dedicatoria lleva un nombre
romano. El culto a Asclepios en Epidauro no quedó interrumpido por la conquista
romana de Grecia en el siglo II a. C., a pesar de que dicha conquista culminase
con la destrucción de Corinto en 146, la ciudad griega más próspera del
continente, a tan solo 56 kilómetros al norte.
§. Problemas oculares
Un niño con estrabismo congénito puede tratarse atándole una máscara a la
cara para que tenga que mirar recto hacia adelante. Hay que colocarle una
lámpara justo delante, que no lo ilumine lateralmente. Si el niño sigue mirando
hacia su nariz, habrá que atar bolitas de lana púrpura en las esquinas
exteriores de los ojos, en dirección a las sienes, para que, al mirarlas
fijamente, corrija la visión(Oribasio, Sinopsis para Eustatio, su
hijo 8.51).
Un
ataque de visión opaca puede estar precedido por:
indigestión
crónica
borracheras de vino no diluido
insolación
sensación ardiente en la cabeza
un frío
leer o bañarse inmediatamente después de comer
vomitar a horas intempestivas
practicar el coito sin moderación a horas intempestivas
retención violenta de la respiración, como ocurre con los trompetistas
(Aecio, Sobre medicina 7.50).
Hay
una anomalía en los ojos que permite ver adecuadamente durante el día, pero
nada en absoluto durante la noche. Las mujeres que tienen un ciclo menstrual
regular son inmunes a ella. Hay que frotar los ojos de quienes sufren esta
dolencia con el jugo sanguinolento que gotea de un hígado mientras se asa. El
mejor es el hígado de cabra, y el de un macho es preferible al de la hembra. El
paciente también debería ingerir el hígado (Celso, De
medicina 6.6).
El
jugo de nabo, de sabor intenso, extraído en el momento de la cosecha y mezclado
con leche de mujer, se usa para baños oculares y para tratar la visión
defectuosa (Plinio, Historia natural 18.130).
El
acónito tiene una raíz que brilla como el alabastro y que tiene forma de cola
de escorpión. Dicen que si se toca un escorpión con una raíz de acónito, queda
paralizado, mientras que el eléboro blanco lo reanima. Se utiliza en medicina
para aliviar el dolor ocular. La raíz de acónito envuelta en trozos de carne
mata a los leopardos, jabalíes, lobos y toda clase de animales salvajes (Dioscórides, De
materia médica 4.76).
Si
te sale un orzuelo en el ojo derecho, cógelo con tres dedos de la mano
izquierda, sitúate de cara al este a cielo abierto y di:
Una mula no da a luz ni una piedra produce lana. Que no crezca ninguna simiente
para esta enfermedad, y si crece, que se marchite.
Tras pronunciar estas palabras, toca la tierra con los mismos tres dedos y
escupe. Repite esto tres veces. (Marcelo, Sobre medicamentos 8.190).
Después
de arrancar las pestañas molestas, puede evitarse que vuelvan a crecer mediante
la aplicación de:
bilis
de erizo
clara de huevo de lagarto
cenizas de salamandra
bilis de lagartija verde en vino blanco expuesta al sol en un recipiente de
cobre hasta que adquiera la densidad y consistencia de la miel
cenizas de polluelos de golondrina mezcladas con savia lechosa de euforbio
baba de caracol.
(Plinio, Historia natural 29.116)
Un
oftalmólogo llamado Justus curó a muchos pacientes que tenían un flujo
purulento en los ojos haciendo que se sentaran erguidos en una silla,
sujetándoles la cabeza por ambos lados y sacudiéndola de forma tan enérgica que
podíamos ver con claridad cómo descendía el pus (Galeno, Sobre
el método terapéutico 10.1019K).
El
ojo izquierdo debería ser operado con la mano derecha, y el ojo derecho con la
mano izquierda (Celso, De medicina 7.7).
§. Dolor de muelas
El dolor de muelas es uno de los mayores tormentos. ... Cuando el dolor es
tan intenso que requiere la extracción, si se inserta un grano de pimienta sin
la cáscara externa o bayas de hiedra peladas en la cavidad, se parte la muela y
se cae a trozos. También se puede asar la espinosa cola de una raya, triturarla
hasta convertirla en polvo y después añadir resina. Esta mezcla se unta
alrededor de la muela y la deja suelta. ... Estos son algunos de los remedios
reconocidos por los médicos (Celso, De medicina 6.9).
En
su Historia natural 32.80, Plinio recomienda rascar las encías
con espinas de pescado o con el aguijón de una raya como cura para el dolor de
muelas, o bien enjuagar la boca con sesos de cazón hervidos en aceite de oliva.
A continuación detalla la importante contribución de las ranas a la
odontología:
Hervir las ranas en vinagre por separado y utilizarlas para el lavado bucal. Si
un paciente se resistía debido al desagradable sabor, Salustio Dionisio solía
colgar varias ranas por las ancas para que el fluido de la boca gotease en el
vinagre hirviendo. Los pacientes con un estómago resistente tenían que masticar
las ranas hervidas en su propio jugo.
Algunos médicos atan una rana entera a la mandíbula del paciente [para prevenir
o aliviar el dolor de muelas].Otros reducen diez ranas en tres pintas de
vinagre a un tercio del volumen para aflojar las muelas.
Otros hierven los corazones de cuarenta y seis ranas en una pinta de aceite de
oliva añejo en una olla de cobre, y vierten el líquido en el oído del mismo
lado de la muela que provoca el dolor.
Otros aplican a la muela dolorida una mezcla de hígado de rana hervido y batido
con miel.
Figura 12.9 Dentadura votiva de terracota.
Vierte
la grasa de una cucaracha sin cabeza calentada en agua de rosas en el oído
correspondiente [del mismo lado de la cara en el que está la muela
dolorida] (Galeno, Sobre la composición de los medicamentos según los
lugares 12.861K). Esta recomendación, que Galeno cita del médico
Arquígenes, del siglo I- II d. C., es extremadamente repugnante, pero todavía
lo es más en la versión textualmente corrupta que ofrece Aecio tres siglos
después de Galeno, en la que «sin cabeza» se ha transformado en «la que se tira
pedos» (tes bdeouses en lugar de tes kephales deouses)
(De medicina 8.35).
Contenido:
Medicina
y cocina
Incendios médicos provocados
Sabiduría médica
Problemas médicos
Lenguaje médico
Los
pasajes mencionados en esta sección son en realidad una miscelánea. Sin
embargo, me ha parecido más adecuado agruparlos aquí en vez de insertarlos
ectópicamente en cualquier otro lugar o eliminarlos por completo, porque, como
diría Hipócrates, por lo menos no hacen daño.
Los
elementos de los que está hecho el mundo son el aire, el fuego, el agua y la
tierra; las estaciones de las que está hecho el año son la primavera, el
verano, el otoño y el invierno; los humores de los que están hechos los
animales y los humanos son la bilis amarilla, la sangre, la flema y la bilis
negra. Los humores están todos mezclados con la humedad, el calor, la sequedad
y el frío. La sangre, el aire y la primavera son húmedos y calientes (aunque
hay cierta polémica sobre si esto se aplica al aire), y la bilis amarilla, el
verano y el fuego son calientes y secos, mientras que la bilis negra, la tierra
y el otoño son fríos y secos, y la flema, el agua y el invierno son fríos y
húmedos (Pseudo-Galeno, Sobre los humores 19.485K).
El término humor deriva de la palabra griega chymos,
que significa «savia» o «jugo», mientras que el sentido de «ingenio» es de
desarrollo posterior. La idea de que el cuerpo humano está compuesto por cuatro
humores probablemente tenga su origen en Egipto o Mesopotamia, pero los
primeros que formularon el principio de que la salud dependía del correcto
equilibrio entre ellos y también de su armonía con los elementos y las
estaciones, fueron los griegos, en torno al año 400 a. C. La teoría de los
humores fue combatida con vehemencia por Paracelso en el siglo XVI, pero se
perpetuó hasta mediados del siglo XIX, cuando finalmente fue desterrada para
siempre por los nuevos descubrimientos de la patología celular. Muy pocas
personas son conscientes hoy en día de los orígenes de términos como
«melancolía», «flemático» y «sanguíneo». Pocas creencias tan absolutamente
carentes de fundamento científico han impedido el progreso durante tanto
tiempo.
A
continuación, un sencillo ejemplo de la clase de absurdo que engendró la teoría
de los humores. Para citar un proverbio griego, una sola gota lo dice todo
sobre el contenido del frasco:
¿Cómo
es que la flema, a pesar de ser pesada y fría, y por consiguiente con una
tendencia natural a descender, asciende desde los pies hasta la cabeza y los
ojos? La flema no asciende por voluntad propia. Cada parte independiente del
cuerpo tiene el poder de rechazarla y la expulsa hacia arriba, hasta que
alcanza la parte más débil del cuerpo, y esa parte, al ser tan débil, es
incapaz de librarse de la flema que la oprime y le provoca flujos. Es lo mismo
que cuando un grupo numeroso de personas se va pasando un ascua ardiente de una
a otra; cada persona se afana por lanzar el ascua a otra hasta que llega a la
persona más débil y allí se queda (Pseudo-Alejandro de
Afrodisias, Problemas 3.15).
Los
piojos tienden a infestar las cabezas de los niños, las de los hombres menos, y
las de las mujeres más que las de los hombres. Las personas que tienen piojos
en la cabeza sufren menos de dolor de cabeza (Aristóteles, Historia
de los animales 557 a).
El
dictador Sila murió infestado de piojos, con el cuerpo consumido por diminutos
animales que se alimentan y reproducen en la sangre (Plinio, Historia
natural26.138).
Las
personas calvas no suelen padecer de venas varicosas. Si un calvo tiene
varices, el pelo le vuelve a crecer (Hipócrates, Aforismos 6.34).
Los
tartamudos son especialmente vulnerables a prolongados ataques de diarrea(Hipócrates, Aforismos 6.32).
Cuando
el hígado se expande en dirección al diafragma, el paciente sufre delirios.
Cree ver serpientes y todo tipo de animales, soldados armados en combate y él
mismo cree estar luchando contra ellos. ... Esta enfermedad afecta
principalmente a las personas cuando viajan al extranjero o recorren un camino
solitario, pero también ataca en otros momentos (Hipócrates, Días
críticos 3).
Si
mezclases tinte azul o rojo con agua y se lo dieses a beber a un animal muy
sediento (sobre todo a un cerdo, puesto que es un animal que no se preocupa
demasiado por las apariencias), y después le cortases la garganta mientras
todavía bebe, descubrirías que la tráquea le ha quedado teñida con la bebida(Hipócrates, Corazón 2).
Hay
circunstancias en las que incluso las personas sanas son incapaces de orinar.
Por ejemplo, en las reuniones de la asamblea o del senado, en los tribunales o
en un banquete. Cuando alguien retiene la orina durante un tiempo inusualmente
prolongado, la vejiga se distiende y, en consecuencia, la persona no puede
orinar(Galeno, Sobre los lugares afectados 8.407K).
El emperador Claudio era consciente de esta dificultad: Dicen que
incluso se planteaba emitir un edicto que permitiese eructar y expulsar ventosidades
en la mesa, porque supo que un convidado estuvo a punto de morir por haberse
contenido en su presencia(Suetonio, Vida de Claudio32). Por más
lógico que pueda parecer, no hemos de deducir que hubiera una ley contra las
ventosidades.
El
estornudo se produce cuando el cerebro se calienta o cuando la cavidad craneal
se llena de humedad. En el interior, el aire se desborda y hace ruido porque
tiene que salir por un paso muy estrecho (Hipócrates, Aforismos 7.51).
El
miedo va acompañado de un relajamiento de los intestinos, porque los músculos
que normalmente cierran el paso de los residuos se quedan sin la fuerza del
alma, que se retira a un lugar remoto de nuestro cuerpo distendiendo con ello
los lazos que retienen los residuos hasta que se presenta la oportunidad de
evacuarlos (Macrobio, Saturnales 7.11.9).
Algunos
filósofos estoicos piensan que la ira se gesta en el pecho cuando la sangre
hierve en torno al corazón. El motivo por el que se ha asignado a la ira esta
ubicación en particular es sencillamente porque el pecho es la parte más
caliente de todo el cuerpo. La ira se va formando gradualmente en personas con
exceso de humedad [en combinación con los humores], porque no tienen
un remanente de calor, pero lo adquieren a través del movimiento. Por esta
razón los estallidos de cólera de los niños y de las mujeres son fieros, pero
no muy significativos, y pueden explotar por causas triviales. En los períodos
de la vida en los que entre los humores del cuerpo predomina la sequedad, la
ira es fuerte y vehemente, pero estable, sin empeorar, porque el frío prevalece
sobre el calor, que se desvanece. Los viejos son irascibles y quejicas, lo
mismo que los enfermos y aquellos cuyo calor se ha consumido por el agotamiento
o por la pérdida de sangre. Lo mismo puede aplicarse a los que se han
debilitado por el hambre y la sed, a los anémicos, a los desnutridos y a los
débiles. El vino inflama las pasiones violentas, porque aumenta el calor.
Algunas personas hierven y se enojan cuando están ebrias, otras solamente
cuando están achispadas: depende de cada individuo. También por este motivo los
pelirrojos y los que tienen el cutis rubicundo son especialmente susceptibles a
la ira: su sangre está en un constante estado de incesante movimiento (Séneca, De
la ira 2.19).
Figura 13.1 Una anciana ebria sujetando una gran jarra de vino.
Todo
lo que se encuentra en la parte derecha del cuerpo es más fuerte, y todo lo que
está en el lado izquierdo es proporcionalmente más débil. La razón de ello es
que el lado derecho está regulado por el calor del cuerpo, mientras que el
izquierdo está entorpecido por el contacto con el frío que controla este lado(Macrobio, Saturnales 7.4.21).
Los
médicos no se preocupan tanto por las fiebres que tienen un origen claro y
sólido como por las que surgen despacio y misteriosamente. De la misma manera,
las implacables riñas baladíes entre marido y mujer día tras día son
imperceptibles para mucha gente, pero al final crean un distanciamiento y
desbaratan su vida en común (Plutarco, Preceptos
conyugales 141 b).
¿ Qué
clase de médico dejaría de aconsejar a un paciente enfermo, y después
aparecería en su funeral y explicaría a la apenada familia el tratamiento que
habría podido curarlo? (Esquines, Contra Ctesifonte 225).
¿ Qué
clase de médico invita a la gente a ser sus pacientes? He oído que hoy en día
hay médicos en Roma que anuncian sus servicios. Sin embargo, cuando viví allí,
era el paciente el que llamaba al médico (Epícteto, Discursos 3.23).
Teofrasto
cuenta una historia sobre las llamas que salían disparadas de los ojos de una
persona, y Megetio, médico de Alejandría, me dijo que había visto cómo surgía
una llama de la cadera de una persona con ciática y quemaba las sábanas de la
cama (Simplicio, Comentario de «Sobre el cielo» de
Aristóteles 7, p. 602).
Una
mujer sufría el delirio de que se había tragado una serpiente. Su médico la
curó dándole un emético y colocando discretamente una serpiente en el cuenco en
el que había vomitado. Un hombre estaba muy angustiado porque imaginaba que un
muerto lo había llamado por su nombre. Su médico lo curó disfrazándose del
fantasma del hombre muerto, asesinado por unos ladrones en el cementerio a las
puertas de la ciudad (Galeno, Comentario de las
«Epidemias II» de Hipócrates2.208W-P).
Si
un paciente padece dolores de cabeza, es beneficioso bañarle la cabeza con agua
muy caliente y hacer que expulse la flema y las mucosidades provocándole el
estornudo (Hipócrates, Sobre las afecciones 2).
Esto seguramente era más efectivo que la sugerencia de Plinio de que los
dolores de cabeza pueden aliviarse untando la frente del paciente con
la mugre producida al verter vinagre en los goznes de las puertas o bien
envolviendo alrededor de las sienes la cuerda de un ahorcado... o atando el
sujetador de una mujer en torno a la cabeza del paciente(Plinio, Historia
natural28.49, 76).
Este
uso de los lazos y de los sujetadores puede parecer extraño, pero sigue un
modelo: Dicen que, para contrarrestar los dolores de cabeza provocados
por haber bebido demasiado vino, Dioniso, el dios del vino, se ató una cinta
alrededor de la cabeza. ... Este parece ser el origen de la costumbre de que
los reyes lleven corona [διάδημα (diadema, literalmente «atar
alrededor»)] (Diodoro Sículo, Biblioteca histórica 4.4).
Algunos
médicos recomiendan a los pacientes que sufren ictericia que mantengan los ojos
fijos en algo hecho de oro o bien de color de oro; también aconsejan poner
mantas de este color en la cama (Celio
Aureliano, De las enfermedades crónicas 3.78). La teoría es
que la similitud de color trasladará el color insano de los pacientes al objeto
dorado, pero Aureliano comenta que el procedimiento puede actuar a la inversa,
y que en cualquier caso los objetos podrían deprimir al paciente recordándole
su enfermedad.
Muchos
creían que el amor, como la epilepsia y otros ataques (véase apartado La
enfermedad sagrada en el capítulo 10), era una afección enviada por los dioses,
una idea que Galeno se sintió impulsado a contradecir: Las penas de
amor no son una enfermedad divina, sino un estado puramente humano, a menos que
uno otorgue credibilidad a las historias mitológicas y acepte que hay personas
cuyo sufrimiento ha sido provocado por una divinidad diminuta y recién nacida
armada con flechas ardientes (Comentario de «Pronóstico» de
Hipócrates 18 b.19K).
Figura 13.2 Dioniso y dos ménades. La liebre es el regalo tradicional entre
amantes. La inscripción nombra a Dioniso y al artista que pintó el ánfora
(DIONYSOS AMASIS ME POIESEN, «Dioniso Amasis me hizo»).
Del
mismo modo que las plantas están sujetas a la tierra, nosotros estamos sujetos
al aire mediante nuestras fosas nasales y todo nuestro cuerpo (Papiro
médico anónimo de Londres 3.21).
« Es
difícil tener contento a un enfermo a causa de su malestar» [Eurípides, Orestes 232]. Encuentran
irritantes a sus esposas, critican al médico, se quejan de la cama y, como dice
Ión [frg. 56]: «Los amigos les molestan cuando llegan y les
ofenden cuando se van». Pero cuando están curados de su enfermedad y han
recuperado la salud, todo es bueno y agradable. El hombre al que ayer le
repugnaba la sola idea de comer huevos, refinados pasteles y pan elaborado con
la mejor harina, hoy devora ansioso una copiosa comida de pan tosco con
aceitunas y berros (Plutarco, Sobre la paz de la mente 466 c).
La
naturaleza ejerce de médico para sí misma. Se ingenia sus propios métodos sin
recurrir al razonamiento. Por ejemplo, el parpadeo, las funciones de la lengua
y otras cosas similares. La naturaleza proporciona lo que precisa sin necesidad
de instrucción, sin tener que aprender nada: lágrimas, secreciones nasales,
estornudos, cera de los oídos, saliva, expectoración, inhalación, exhalación,
bostezo, tos, hipo, y también la excreción de orina, la evacuación de dos
clases de vientos, el de la comida y el de la respiración, cosas específicas de
las mujeres, y cosas que afectan al resto del cuerpo, como el sudor, el picor,
el estiramiento y similares (Hipócrates, Epidemias 6.5).
Figuras13.3 y 13.4 Originariamente, Eros se concibió como un vigoroso
adolescente. La imagen que lo representa como un tipo pequeño, rechoncho y
angelical es de evolución tardía.
Los
seguidores de Erasístrato sostienen que los alimentos se trituran en el
estómago; los de Plistónico, que se pudren; los hipocráticos, que se cuecen con
el calor corporal. Después están los que apoyan a Asclepíades, y que consideran
que todas estas especulaciones son inútiles e irrelevantes, porque ellos creen
que no existe nada parecido a la digestión y que los alimentos se distribuyen
por el cuerpo tal y como se ingirieron (Celso, De
medicina, Prefacio 20).
La
medicina es una de las artes creativas, pero más complicada que la
arquitectura, la carpintería o el arte del tejido. Una buena comparación sería
la reparación de una casa que ha sufrido daños o el remiendo de una tela que se
ha desgarrado (Galeno, La composición del arte médica 1.303K).
Medicina y cocina
Los médicos deberían tener por lo menos un conocimiento básico de cocina,
puesto que cuando dos alimentos son igual de saludables, el que mejor sabe es
el más fácil de digerir (Galeno, Sobre las propiedades de los
alimentos 6.609K).
La
culinaria se introduce en la medicina y finge conocer los alimentos más
convenientes para el cuerpo, de manera que si, ante niños u hombres tan
insensatos como niños, un cocinero y un médico tuvieran que poner en juicio
quién de los dos conoce mejor los alimentos beneficiosos y nocivos, el médico
moriría de hambre (Platón, Gorgias 464 d).
En
general, soñar con el boxeo es malo. No solo pronostica desgracias, sino
también pérdidas reales, puesto que el rostro se desFigura y hay pérdida de
sangre, que simboliza dinero. Estos sueños son buenos solo para quienes se
ganan la vida con la sangre, y me refiero a los médicos, sacrificadores de
animales y cocineros (Artemidoro, El libro de la
interpretación de los sueños1.61).
Aun
sin ser una buena persona, un hombre puede ser médico, piloto de barco, maestro
o incluso chef (Séneca, Cartas 87.17).
Los
médicos que estuvieron en el ejército durante la guerra germánica tuvieron la
oportunidad de diseccionar los cuerpos de los bárbaros, pero no aprendieron más
que lo que aprenden los cocineros cuando cortan carne en la cocina (Galeno, Sobre
la composición de los medicamentos según los géneros 13.604K).
La
medicina entiende de todas las ciencias humanas y es superior al arte
culinario. No obstante, es insignificante comparada con las curas de
inspiración divina reveladas por el oráculo de Delfos, tanto a las personas
como a la humanidad en general, aplicables a todas las enfermedades y dolencias (Elio
Arístides, A Platón en defensa de la Retórica 35).
§. Incendios médicos provocados
Había una tradición hostil que aseguraba que Hipócrates había eliminado toda
posible competencia prendiendo fuego a los archivos médicos guardados en Cos o
en Cnido, una ciudad cercana en el continente que tenía una gran reputación en
medicina (Sorano, Vida de Hipócrates 4).
Galeno
sospechaba que el médico alejandrino Heracleiano había quemado las obras de su
padre Numesiano sobre anatomía para impedir que otros se beneficiasen de ellas.
El
propio Galeno perdió muchos de sus escritos e importantes archivos médicos en
el gran incendio del depósito público romano de 192 d. C. El fragmento en el
que habla de su reacción ante esta pérdida, Sobre no afligirse, no
fue descubierto hasta 2005.
Dicen
que Paracelso empezó sus clases de medicina en Basilea en el siglo XVI quemando
obras de Galeno y Avicena como un gesto contra la nefasta influencia de la
tradición.
§. Sabiduría médica
No sirve de nada esperar hasta haberlo curado para decirle a un enfermo: «
¡Paga!» (Proverbio latino medieval).
Dar
consejos a un anciano es lo mismo que proporcionar tratamiento médico a un
cadáver (Demócrito, frg. 302).
Un
médico no es más que un consuelo del espíritu (Petronio, El
Satiricón 42).
La
filosofía es la medicina de la mente (Cicerón, Disputaciones
tusculanas3.6).
Cuando
los remedios habituales no surten efecto, los médicos prueban los contrarios (Séneca, De
la clemencia9.6).
Si
tu estómago, tus pulmones y tus pies están bien, no hay nada más que toda la
riqueza de los reyes pueda darte (Horacio, Epístolas 1.12.5-6).
Hay
algunas personas que parecen excelentes médicos para sí mismos, pero no podrían
hacer nada para ayudar a los demás (Aristóteles, Ética
a Nicómaco 1180 b).
Mejor
es padecer una afección que cuidar de ella. Lo uno es sencillo; a lo otro se
une la tristeza de la mente y la fatiga de los brazos (Eurípides, Hipólito 186-188).
Lo
bueno del dolor es que, si dura mucho tiempo, no puede ser grave, y si es
grave, no puede durar mucho (Séneca, Cartas 94).
El
tiempo, médico universal, te curará (Filípides, frg.
32).
§. Problemas médicos
¿Por qué tiembla la gente después de estornudar o de orinar? ¿Es porque
ambas acciones hacen que las venas se vacíen y el aire que penetra provoca el
temblor? (Pseudo-Aristóteles, Problemas 887b).
¿ Cómo
es que la orina huele peor cuanto más tiempo pasa en el cuerpo, y en cambio con
las heces ocurre lo contrario? ¿Es acaso porque las heces se secan cuanto más
tiempo permanecen en el cuerpo (y lo que es seco es menos propenso a
descomponerse), mientras que la orina se hace más espesa a medida que pierde su
frescura, y se parece menos al líquido originalmente ingerido?
(Pseudo-Aristóteles, Problemas 907 b).
¿ Por
qué expulsamos gas cuando orinamos? Porque la vejiga, cuando está llena,
presiona sobre el recto, pero cuando la vejiga se relaja, el aire atrapado en
el recto se escapa (Pseudo-Alejandro de Afrodisias, Problemas 4.16).
¿ Por
qué las axilas huelen peor que cualquier otra parte del cuerpo? ¿Es acaso
porque hay muy poca ventilación en este lugar? La humedad no circula y por
consiguiente se produce un olor desagradable debido a la putrefacción. O quizás
se deba a que las axilas nunca se mueven ni ejercitan (Pseudo-Aristóteles, Problemas 908 b).
¿Por
qué caen enfermos aquellos que entran en contacto con ciertas enfermedades,
pero nadie se pone sano por estar en contacto con personas sanas? ¿Es acaso
porque la enfermedad es movimiento y la salud descanso, y la enfermedad mueve
cosas, pero la salud no ? (Pseudo-Aristóteles, Problemas 886 b).
¿ Cómo
es que todo aquel que destaca en filosofía, política, literatura o cualquier
otro arte sufre a todas luces de melancolía, y en algunos casos con tanta
intensidad que acaba afectado por las enfermedades que se originan en la bilis
negra [μελαίνη χολή, melaine chole]?
(Pseudo-Aristóteles, Problemas 953 a). La
argumentación que sigue es una de las más largas de Problemas, y no
se da ninguna respuesta clara y sucinta.
¿ Cómo
es que después de la muerte todas las partes del cuerpo se relajan, y solo los
testículos permanecen levantados? Porque los hombres eyaculan esperma cuando
mueren. El esperma tiende a ser expulsado cuando los testículos están
retraídos, y así tras la muerte quedan erguidos (Casio
Yatrosofista, Problemas 47).
¿Por
qué a los borrachos les gusta beber vino barato? Porque los que beben mucho
tienen los poros dilatados. El vino de calidad es fino y transpira por los
poros grandes sin detenerse, mientras que el vino barato, al no ser fino, se
detiene y se queda, y al parecer eso es lo que proporciona placer (Casio
Yatrosofista, Problemas 48).
¿ Cómo
es que cuando la gente está dormida expulsa gases con más frecuencia que
estornuda o eructa? El motivo es que, al calentarse la zona del estómago
durante el sueño, los líquidos del estómago se convierten en vapor, que se abre
camino por la salida más cercana (Pseudo-Aristóteles, Problemas 963 a).
¿ Por
qué se consume la grasa cuando la gente hace ejercicio? ¿Es acaso porque la
grasa se derrite cuando se calienta, y el movimiento la calienta, mientras que
la carne no se derrite? (Pseudo-Aristóteles, Problemas 880 b).
¿ Por
qué la zona en torno al estómago acumula más grasa? ¿Es acaso porque el
estómago está cerca de las provisiones de comida? Todas las demás partes del
cuerpo obtienen el alimento procedente del estómago, mientras que el estómago
obtiene alimento de sí mismo. ¿O es porque el estómago es el que hace menos
ejercicio extenuante, dado que no tiene articulaciones?
(Pseudo-Aristóteles, Problemas 881 a).
¿Por
qué una herida causada con un instrumento de bronce cura más rápidamente que si
se inflige con uno de hierro? ¿Es quizás porque
el bronce es más suave y desgarra menos la carne y provoca una herida más
pequeña? ¿O es que, a pesar de que el hierro tenga una hoja más afilada, el
bronce corta más fácilmente y causa menos dolor? Una cosa es segura: el bronce
tiene propiedades curativas y eso hace que el proceso de recuperación empiece
con brío. Dado que la medicina se aplica en el mismo momento en que se inflige
la herida, la curación comienza mucho más deprisa (Pseudo-Aristóteles, Problemas 863 a).
¿Cómo
es que, aun siendo ambos ojos y ambas orejas tan similares, un ojo comparte el
sufrimiento del otro ojo, pero las orejas no? Es porque los ojos no solo son
similares, sino que están muy cerca el uno del otro, mientras que las orejas
están muy separadas (Casio Yatrosofista, Problemas 17).
Miguel
Pselo, que escribió en la Constantinopla del siglo XI, copió la siguiente
observación y muchas otras por el estilo extraídas de forma muy abreviada de la
obra Problemas de Pseudo-Alejandro, recopiladas quizás unos
ochocientos años antes:
A menudo las personas tiemblan cuando orinan porque con la orina sale una
intensa bilis y produce escozor en la vejiga que contiene la orina; esto hace
que todo el cuerpo actúe por simpatía con esta parte. Esto les ocurre sobre
todo a los niños, porque sus ansias de comida hacen que produzcan muchos
residuos.
Figura 13.5 Según una versión del mito, al principio los griegos no fueron
capaces de encontrar Troya y tuvieron que regresar a Grecia. Durante aquella
primera expedición, Aquiles hirió a Télefo con su lanza. La herida no sanaba,
pero Télefo recibió un oráculo que decía que «el que causó la herida también la
curará». Con la promesa de mostrarles a los griegos el camino hacia Troya,
convenció a Aquiles para que lo curase raspando el óxido de la punta de la
lanza en la herida.
Cuando
los niños pequeños se caen al suelo no sufren fracturas, porque se adaptan al
suelo. Del mismo modo, una esponja no se rompe, pero una olla de loza sí.
El cabello y las uñas de las personas no siguen creciendo después de muertos,
como algunos afirman; simplemente da la impresión de que es así porque la carne
del entorno se consume.
(Opusculum,
55.642, 655, 770)
§.
Lenguaje médico
Los
médicos de la Antigüedad solían expresarse en general de manera menos técnica
que los médicos de hoy en día, pero la precisión de la que carecía su lenguaje
se compensaba con el vigor que mostraba. Examinemos estos símiles hipocráticos
tan sumamente reales, una Figura retórica que escasea en la literatura médica
moderna:
Si pones una oliva en una aceitera de boca estrecha y se gira de lado, será
difícil poder sacarla. Del mismo modo, el parto de una mujer se complica si el
niño se gira de lado en el útero (Sobre las enfermedades de las mujeres 8.78).
Una persona afectada por el tifus adquiere un cutis pálido, demacrado y
amarillento, como una bolsa llena de orina (Sobre las afecciones internas 43).
En una variedad de ictericia aguda y de fatal y rápido desenlace, toda la piel
del paciente adquiere el color de la granada, o se pone más verde que los
lagartos verdes (Enfermedades 3.11).
Hipócrates
no fue el único en concebir este tipo de comparaciones. Aquí tenemos un par de
ejemplos procedentes de fragmentos de Herófilo:
Al principio, debido a su potencia, los médicos eran reacios a utilizar el
eléboro en dosis lo bastante grandes como para obtener el efecto deseado, tanto
en calidad de purga como en calidad de emético. No obstante, esta planta tiene
la excelente cualidad de atravesar el sistema tan deprisa que no causa daños.
Herófilo defendió la popularidad del eléboro cuando lo comparó con un aguerrido
general, que enardece a los habitantes de una ciudad asediada y después los
conduce personalmente al combate (Plinio, Historia natural 25.58).
En su estado original, en las mujeres que todavía son vírgenes, el orificio
uterino es suave y carnoso, esponjoso como los pulmones y blando como la
lengua. Pero en las mujeres que han dado a luz se vuelve más duro, como la
cabeza de un pulpo o la laringe, como dice Herófilo, porque el paso de las
secreciones y de los bebés en el momento de nacer lo endurecen (Sorano, Ginecología 1.10).
La
opacidad no es recomendable: ¿Qué sentido tendría que un médico
recetase a un paciente comer «criaturas terrígenas, herbívoras, que llevan la
casa a cuestas y que carecen de sangre» en vez de decir «caracoles» como todo
el mundo? (Cicerón, Sobre la adivinación2.133).
Hoy en día no necesitamos asistencia médica solo para heridas y enfermedades
epidémicas. No, porque debido a nuestra molicie e inapropiado régimen de vida,
la gente se llena de humores y flatos, como si sus cuerpos fueran pantanos. ¿No
te parece vergonzoso el modo en que obligamos a los ingeniosos seguidores de
Asclepíades a poner a las enfermedades nombres como flatulencia o catarro?
(Platón, La República405 d).
Existía
la creencia de que el nombre romano César derivaba del verbo
latino caedere, «cortar», porque uno de los ancestros de la familia
había sido cortado del útero materno. Sin embargo, los autores médicos no
mencionan las cesáreas y es probable que no fuera un procedimiento normal en la
Antigüedad.
En
su veneración por los Viejos Tiempos, Galeno despotrica porque la antigua
simplicidad y claridad han desaparecido del lenguaje para ser reemplazadas por
debates tortuosos sobre cada sílaba. Olvida, muy convenientemente, las
dificultades a las que tuvo que enfrentarse Herófilo quinientos años antes para
que le aceptaran sus descripciones de los tipos de pulso (véase «El pulso
"formicante" se llama así...» que aparece en el apartado El pulso en
el capítulo 5):
Hoy en día, si un médico califica de «vehemente» a un pulso fuerte, otro médico
dirá que un pulso «vehemente» es «grande», «lleno», y «rápido». ... Y así
sucesivamente, hasta que aparece un séptimo y un octavo médico para interpretar
a su manera estos términos. ¿Qué clase de batalla crees que habrá? La clase de
batalla que vemos a menudo en el templo de la Paz y en la habitación del
enfermo, donde algunas personas no saben controlar sus puños (Diferentes
tipos de pulso8.494K).
El
propio Galeno no se muestra reacio a hacer finas distinciones, tan sutiles que
los otros médicos tienen verdaderas dificultades para seguirlas. Por ejemplo:
Hay un total de quince tipos de agotamiento: cuatro son sencillos, por las
heridas (A), por la tensión (B), por la inflamación (C), por la dieta (D), y
once son combinaciones (AB, AC, AD, BC, BD, CD, ABC, ABD, ACD, BCD, ABCD) (Sobre
cómo hay que proteger la salud 6.217K).
«Clítoris»
es una palabra griega, pero en la Antigüedad no se utilizaba mucho. El
lexicógrafo Pólux la define de forma harto curiosa como «el trocito de carne
bailando en el centro» (Onomasticon 2.174). Lo destacable de esta
definición es que «bailando» (skairon) es un anagrama de «trocito de
carne» (sarkion).
El
mayor error de Arquígenes fue el de utilizar términos adecuados para una
sensación distinta de aquella sobre la que estaba escribiendo. Por ejemplo,
califica de agudo el dolor de riñones, o de astringente un dolor en la vejiga.
Estos términos son para humores que se reconocen con la lengua y nuestro
sentido del gusto. ... Por lo tanto, no nos aporta mayor comprensión sobre lo
que entiende Arquígenes por dolor agudo o astringente que si lo hubiera
calificado de azul, rojo o gris o de cualquier otro color (Galeno, Sobre
los lugares afectados 8.113K).
No
existía ningún término, ni en griego ni en latín, para designar lo que
denominamos «resfriado común».
Galeno
declara que, «uno de los profesores que hoy en día están de moda casi me
estrangula» durante una discusión sobre terminología sostenida en público (Diferentes
tipos de pulso8.571K).
Las
vértebras caudales todavía se conocen con el nombre de coxis, que
es el término griego para «cuco». Este nombre deriva presumiblemente de su
forma. No obstante, resulta difícil comprender por qué se imaginó que la
rabadilla presentaba el mismo aspecto que el pico de un cuco precisamente,
puesto que hay otras muchas aves igualmente candidatas. (La mayoría de los
huesos tienen nombres latinos, puestos por los romanos hace mucho tiempo. La
palabra latina para «cuco» es cucūlus, pero ¿quizás los romanos dudaron
a la hora de utilizar este término debido a su similitud con cūlus,
un vocablo no demasiado respetuoso para el no muy distante ano?) Un autor
médico tardío nos ofrece una explicación bastante diferente:
Según
Galeno, el coxis recibe este nombre porque los vientos que se expulsan desde
allí por el trasero hacen un sonido semejante al del «cuco» cuando chocan con
dicho hueso (Melecio, Sobre la naturaleza humana 111).
Empédocles,
tras comparar puos, calostro, y puon, pus, declaró que
la leche es sangre corrupta (frg. 59), pero Aristóteles lo niega
argumentando que la leche es sangre digerida (Sobre la generación de los
animales 777a).
La
alopecia [«calvicie», derivada de «alopex», literalmente
«zorro»] es una enfermedad que afecta a la cabeza, una metáfora del
animal, porque dicen que allí donde orina un zorro, la tierra permanece yerma
durante ese año (Antiguo comentarista de Calímaco, Himnos 3.79).
A
pesar de haber vivido muchos años en la corte imperial de Roma, Galeno no
sintió, al parecer, ninguna necesidad de aprender latín ni ninguna otra lengua
que no fuera el griego: Todo el mundo puede aprender griego, que es una
lengua meliflua. No obstante, si uno desea aprender alguno de los idiomas que
hablan los bárbaros, debería ser consciente de que algunas lenguas suenan como
los ruidos que hacen los cerdos o las ranas o los cuervos, porque carecen de
encanto, y algunas personas las hablan como si estuvieran roncando, siseando o
chillando (Diferentes tipos de pulso 8.586K).
Los
textos médicos en lenguas distintas del griego carecen de prestigio incluso
entre los incultos que no saben griego. Por lo que respecta a los temas de
salud, la gente confía menos si sabe lo que está pasando (Plinio, Historia
natural 29.17).
Contenido:
Dr.
Muerte
Cualquiera
que afirme ser médico obtiene la confianza inmediata. La medicina es la única
profesión en la que ocurre esto a pesar de que no hay otra profesión en la que
la falsedad sea más peligrosa. Sin embargo, no prestamos atención a este
peligro, porque todo el mundo encuentra seductora la dulzura del pensamiento
ilusorio. Por otro lado, no hay ninguna ley que castigue a la ignorancia que
cuesta vidas, y no hay precedente de enmienda. Los médicos aprenden a costa de
poner en peligro nuestras vidas y de llevar a cabo experimentos que conducen a
la muerte. Solo los médicos gozan de total impunidad si matan a la gente. De
hecho, la crítica se traslada al paciente, que es acusado de autocomplacencia:
se considera que los que mueren son responsables de haberse provocado la muerte(Plinio, Historia
natural 29.17).
Una
muerte repentina le arrebató los años más prósperos de su alma inocente, porque
los médicos lo operaron y lo mataron (L’Année
épigraphique [1911] 191, de un epitafio).
Una
persona enferma que nombra heredero a su médico se hace un flaco favor(Publilio
Siro, Sentencias M 24).
Crateas
el médico y Damon el sepulturero tenían un acuerdo. Damon robaba los sudarios
de los cadáveres y se los enviaba a su amigo Crateas para que los utilizase
como vendas. Crateas correspondía enviando todos sus pacientes a Damon para que
los enterrase (Anónimo, Antología griega11.125).
Estamos
todos preocupados por mi querida hija Severiana, porque no está bien. Ansía el
aire saludable del campo, ... y creemos que, si nos negamos a los deseos de
nuestra paciente, su salud empeorará. Por lo tanto, hemos decidido huir con
toda nuestra familia del sofocante calor de la ciudad y así escapar del consejo
de nuestros médicos, que se sientan en torno al lecho del enfermo y discuten.
Con su limitada experiencia y sus ilimitadas visitas están exterminando
concienzudamente a multitud de enfermos (Sidonio, Cartas 2.12).
Sin
duda todos esos médicos buscan publicidad a través de algún tratamiento
novedoso, y compran su fama a expensas de nuestras vidas. Esta es la razón de
las odiosas rivalidades diagnósticas junto al lecho del enfermo, en las que
ningún médico se pone de acuerdo por temor a parecer inferior. Es también la
razón de aquel triste epitafio «Morí por exceso de médicos» (Plinio, Historia
natural 29.11). Plinio pudo escapar de este terrible final, pues es
bien sabido que murió asfixiado en la erupción del Vesubio el 24-25 de agosto
de 79 d. C.
Cuando
le preguntaron al rey espartano cómo podían conquistar a los tracios,
respondió: «Nombrando general a nuestro médico y médico a nuestro general»(Plutarco, Máximas
de espartanos 231 a). El asunto es que los médicos son más
efectivos matando a gente que los generales.
Ayer
el médico Marcus le tomó el pulso a la estatua de piedra de Zeus, y hoy, aun
siendo Zeus el inmortal y estando hecho de piedra, la estatua es conducida para
su entierro (Lucilio, Antología griega 11.113).
Andrágoras
se bañó con nosotros, cenó entre risas, y, a la mañana siguiente, se lo
encontraron muerto. ¿Preguntas, Faustino, la causa de tan repentina muerte?
Había visto en sueños al médico Hermócrates (Marcial, Epigramas 6.53).
Alexis
el médico administró purgas a cinco pacientes y eméticos a otros cinco. Visitó
a cinco y aplicó ungüentos a cinco. Ahora, para todos ellos, hay una noche, una
medicina, un fabricante de ataúdes, una tumba, un Inframundo y un lamento(Callicter, Antología
griega 11.122).
Cuando
Marcus cayó enfermo, el augur Diodorus le dijo que solo le quedaban seis días
de vida. Pero Alcon el médico es más poderoso que los dioses y los hados,
porque demostró que la predicción era falsa: palpó la mano del paciente, que
habría vivido si no lo hubiera tocado, y Marcus perdió inmediatamente sus seis
días (Ausonio, Epigramas 77).
Para
los que sufren de obstrucción intestinal, la muerte es una bendición. No es
correcto que un médico responsable la provoque. Pero sí es correcto que le
procure descanso al paciente con narcóticos si ve que los síntomas son
irremediables (Areteo, Sobre el tratamiento de las enfermedades
crónicas 2.5).
Unos
gemelos, cuyos padres todavía vivían, cayeron enfermos. Los médicos consultados
dijeron que los dos sufrían la misma enfermedad. Los otros médicos no tenían
esperanzas de poderlos salvar, pero uno afirmó que podía salvar a uno de los
gemelos si examinaba los órganos internos del otro gemelo mientras todavía
estaba vivo. Con el permiso del padre abrió de arriba abajo a uno de los niños
y procedió al examen. El otro gemelo se curó, pero el padre fue acusado de
maltrato por la madre (Quintiliano, Declamaciones mayores, Prefacio
8).
Figura 14.1 GNOTHI SAUTON, «conócete a ti mismo». Esta extraña Figura , en
vías de convertirse en un esqueleto, está reclinada como si estuviera en un
banquete. El sentimiento, similar a memento mori «recuerda (que vas) a morir» y
carpe diem «disfruta del día», es un recordatorio solemne de la mortalidad
humana.
Una
justificación de la vivisección: No es cruel, como sostiene la mayoría,
que se busquen remedios para las enfermedades de personas inocentes en el
futuro a través del sufrimiento de unos pocos criminales (Celso, De
medicina, Prefacio 26).
Oh,
Muerte sanadora, no postergues el venir a mí. Eres el único médico para las
enfermedades incurables, pues ningún dolor aflige a un cadáver (Esquilo frg.
399 b).
La
muerte es el médico que al final cura nuestras enfermedades (Sófocles frg.
698).
La
muerte es el antídoto universal (Artemidoro, El
libro de la interpretación de los sueños 4.71 ).
En
lugar de notas explicativas al pie del texto, este glosario define brevemente a
algunas de las personas, lugares, sucesos e instituciones que se mencionan con
mayor frecuencia y preponderancia en el libro. No es completo, pero puede
encontrarse más información en fuentes de referencia como el Oxford
Classical Dictionary (Oxford University Press, 4ª ed., 2012).
o Adamancio: médico
y filósofo del siglo Vd. C.
o Adriano (Publio
Elio Trajano Adriano, 76-138 d. C.): emperador romano (gobernó 117-138).
o Aecio
de Amida: médico del siglo VId. C.
o África: provincia
romana, situada prácticamente en la moderna Libia y Túnez.
o Agamenón: rey
de Micenas, caudillo de los griegos en Troya.
o Agripa (Marco
Vipsanio Agripa, c. 63-12 a. C.): amigo íntimo y personal de
Augusto y líder de las fuerzas victoriosas en Accio.
o Alejandría: fundada
por Alejandro en la orilla occidental del delta del Nilo en 331 a. C., un gran
centro cosmopolita de conocimiento y cultura.
o Alejandro
de Tralles: médico del siglo VId. C.
o Alejandro
Magno (356-323 a. C.): rey de Macedonia y conquistador del
Imperio persa.
o Ali
ibn Ridwan: científico árabe del siglo XI.
o Amiano
Marcelino (c. 325-después de 391 d. C.): el último gran
historiador romano.
o Anónimo
bizantino, Trabajo agrícola: recopilación sobre agricultura del siglo X.
o Antimo: médico
del siglo Xd. C., autor de un tratado latino sobre dietética.
o Antología
griega: una colección de unos 3.700 epigramas compuestos por centenares
de poetas sobre un amplio abanico de temas, escritos a lo largo de un período
de 1.600 años aproximadamente.
o Apuleyo: escritor
romano del siglo IId. C.
o Arcadia: región
situada en el centro del Peloponeso.
o Areteo
de Capadocia: médico griego del siglo Id. C.
o Aristófanes (c.
455- c. 388 a. C.): comediógrafo ateniense.
o Aristóteles
de Estagira (384-322 a. C.): científico y filósofo de incalculable
influencia.
o Arquígenes
de Apamea: médico griego del siglo IId. C.
o Artajerjes
II: rey de Persia (gobernó 405/404-359/358 a. C.).
o Artemidoro
de Daldis: autor del siglo II d. C. de El libro de la
interpretación de los sueños.
o Asclepíades
de Bitinia: médico griego del siglo II- Ia. C.
o Asclepios (en
latín, Esculapio): dios de la medicina.
o Ateneo
de Naucratis: autor de finales del siglo II d. C. de Banquete de los
eruditos, un batiburrillo de debates sobre literatura, filosofía,
derecho, medicina y otros temas.
o Ática: región
del interior de Atenas.
o Augusto (63
a. C.-14 d. C.; antes de 27 a. C., llamado Octavio): el primer emperador romano
y el más influyente (gobernó 31 a. C.14 d. C.).
o Aulo
Gelio (c. 125-después de 180 d. C.): autor de Noches
áticas, una recopilación de citas y debates sobre temas misceláneos y de
amplio alcance.
o Ausonio (Décimo
Magno Ausonio, de Burdeos, c. 310-394 d. C.): maestro y
escritor.
o Avicena (c.
980-1037): polímata persa, un Aristóteles tardío.
o Beocia: región
situada en el centro de Grecia, al norte del Ática.
o Bitinia: región
situada en el noroeste de Asia Menor (Turquía).
o Calígula (Cayo
Julio César Augusto Germánico, 12-41 d. C., conocido oficialmente como Cayo):
emperador romano (gobernó 37-41).
o Calímaco
de Cirene: erudito y poeta del siglo III a. C. en la Biblioteca de
Alejandría y en la corte ptolemaica.
o Casio
Yatrosofista: autor de una colección de Problemas médicos, de fecha
desconocida.
o Catilina (Lucio
Sergio Catilina, 108-62 a. C.): cabecilla de una conspiración en el año 63 a.
C. para derrocar al gobierno romano.
o Catón (Marco
Porcio Catón, 234-149 a. C.): defensor emblemático de la forma de vida romana
sencilla y tradicional, la mos maiorum («la costumbre de los
ancestros»); su bisnieto homónimo (95-46 a. C.) tenía también una actitud
conservadora respecto a la política y a la vida en general.
o Celio
Aureliano: escritor médico latino del siglo IV- Vd. C.
o Celso (Aulo
Cornelio Celso, 25 a. C.-50 d. C.): autor de una enciclopedia de la que solo se
han conservado los libros de medicina.
o Censorino: erudito
y escritor del siglo IIId. C.
o Centauros: caballos
mitad hombre y hombres mitad caballo, especialmente asociados a Tesalia.
o César (Cayo
Julio César, 102 o 100-44 a. C.): el romano más grande de todos.
o Cicerón (Marco
Tulio Cicerón, 106-43 a. C.): el más grande de los oradores romanos y destacado
político de finales de la República.
o Cilicia: región
situada en el sureste de Asia Menor (Turquía).
o Claudio (Tiberio
Claudio Nerón Druso Germánico, 10 a. C.- 54 d. C.): cuarto emperador romano
(gobernó 41-54).
o Cleopatra: Cleopatra
VII, última gobernante griega de Egipto, amante de Julio César y de Marco
Antonio, con quien fue derrotada por Octaviano en Accio.
o Cnido: ciudad
griega en el suroeste de Asia Menor (Turquía).
o Código
Teodosiano: código legal romano encargado por Teodosio II (gobernó 408-450).
o Columela (Lucio
Junio Moderato Columela): escritor sobre agricultura y árboles del siglo I d.
C.
o Cómodo (Lucio
Aurelio Cómodo Antonino, 161-192 d. C.): hijo de Marco Aurelio y emperador loco
por excelencia (gobernó 180-192).
o Constantino
el Grande (Flavio Valerio Aurelio Constantino Augusto, c.
272-337 d. C.): emperador romano (gobernó 306-337).
o Cos: isla
del mar Egeo.
o Crisipo
de Solos (c. 280-207 a. C.): cabeza de la escuela estoica de
Atenas.
o Ctesias
de Cnido: médico de Artajerjes II de Persia (gobernó 405/404-359/358 a.
C.), autor de relatos históricos y geográficos del Imperio persa, poco fiable y
hoy en día la mayoría perdidos.
o Cyranides: tratado
sobre medicina mágica popular, recopilado por primera vez probablemente en el
siglo IV d. C.
o Delfos: santuario
y oráculo de Apolo situado en el centro de Grecia.
o Demócrito
de Abdera (c. 460-¿? a. C.): filósofo atomista.
o Demóstenes (384-322
a. C.): el más grande de los oradores atenienses.
o Dieuques: escritor
médico de los siglos IV- IIIa. C.
o Diodoro
Sículo (c. 90- c. 27 a. C.): autor de una
historia universal en griego.
o Dión
Crisóstomo (c. 45-después de 110 d. C.): orador y filósofo
popular.
o Dionisio
de Halicarnaso (c. 60-después de 7 a. C.): autor griego de una
historia de Roma hasta la primera guerra púnica y de varios tratados sobre
retórica.
o Dionisio
I (c. 430-367 a. C.): tirano de Siracusa.
o Dioscórides
de Anazarbeo: autor del siglo I d. C. de De materia médica, un
estudio harto influyente de cinco libros sobre las plantas utilizadas en
medicina.
o Domiciano (Tito
Flavio Domiciano, 51-96 d. C.): emperador romano (gobernó 81-96).
o Doroteo
de Sidón: astrólogo del siglo Id. C.
o Dracma: unidad
básica de moneda griega, cuyo valor variaba en las diferentes poleis.
o Éfeso: ciudad
griega situada en la costa occidental de Asia Menor (Turquía).
o Egina: isla
a 24 kilómetros de la costa ateniense.
o Eliano (Claudio
Eliano, c. 165- c. 235 d. C.): autor de Sobre
los animales y de Historias curiosas, fuentes ricas en
curiosidades y sabiduría popular.
o Elio
Arístides (117- c. 185 d. C.): sofista,
hipocondríaco y hombre de letras, autor de una amplia gama de obras en prosa,
muy admirado en la Antigüedad, pero a menudo bastante aburrido.
o Empédocles
de Agrigento (c. 492-432 a. C.): filósofo naturalista.
o Eneas: príncipe
de Troya e hijo de la diosa Venus; legendario fundador del pueblo romano.
o Epícteto: filósofo
estoico de los siglos I- IId. C., esclavo en los comienzos de su vida.
o Epidauro: ciudad
situada en el noreste del Peloponeso, especialmente famosa como centro de culto
de Asclepio.
o Erasístrato
de Ceos: médico de los siglos IV- IIIa. C. en Alejandría.
o Escitas: bárbaros
que vivían al norte y este del Danubio.
o Escribonio
Largo: autor de un libro de recetas de medicamentos del siglo Id. C.
o Esopo: semilegendario
escritor de fábulas.
o Esquilo: junto
con Sófocles y Eurípides, los dramaturgos trágicos atenienses más grandes del
siglo V a. C.
o Esquines: orador
ateniense del siglo IVa. C.
o Estobeo (Ioannes
Stobaeus [Juan de Estobeo (en Macedonia)]): probablemente autor del siglo V d.
C. de una antología de extractos de prosa y poesía sobre varios temas.
o Estrabón (¿64
a. C.-24 d. C.?): autor de un voluminoso tratado en griego, la Geografía.
o Eunapio
de Sardes (c.347-414 d. C.): intelectual e historiador
griego.
o Eurípides: junto
con Esquilo y Sófocles, los dramaturgos trágicos atenienses más grandes del
siglo V a. C.
o Filemón: comediógrafo
de los siglos IV- IIIa. C.
o Filípides: comediógrafo
de los siglos IV- IIIa. C.
o Filón
de Alejandría: erudito y filósofo judío del siglo Id. C.
o Filóstrato (c.
170- c. 250 d. C.): sofista griego, al que se le atribuye una
amplia gama de obras.
o Fírmico
Materno: astrólogo del siglo IVd. C.
o Flegón
de Tralles: escritor de misceláneas del siglo IId. C.
o Focio (c.
810- c. 893 d. C.): patriarca de Constantinopla y autor de La
biblioteca, 280 capítulos que proporcionan relatos de libros que había
leído.
o Frigia: región
situada en centro oeste de Asia Menor (Turquía).
o Galeno
de Pérgamo (Claudio Galeno, c. 129- c. 217 d.
C.): el médico más influyente de la Antigüedad, extraordinariamente obstinado.
o Galos: los
habitantes de la Francia moderna y regiones circundantes.
o Gargilio
Marcial: escritor sobre jardines y medicina del siglo IIId. C.
o Gnomologium
Vaticanum: una recopilación del siglo XIV de sabios refranes, extraídos
principalmente de fuentes clásicas.
o Gorgias
de Leontinos (c. 480- c. 380 a. C.): filósofo,
orador y político griego.
o Guerra
de Troya: escenario de la épica de Homero, probablemente en el siglo XIII
a. C.
o Guerra
del Peloponeso: librada en 431-404 a. C. por Esparta y sus aliados contra Atenas
y sus aliados.
o Guerras
púnicas (264-241, 218-201, 149-146 a. C.): las tres guerras fueron
libradas por Roma contra los cartagineses (cuyo origen fenicio en el
Mediterráneo oriental se refleja en el término «púnico»).
o Halicarnaso: ciudad
griega en el suroeste de Asia Menor (Turquía).
o Helena:
hija de Zeus y Leda, esposa de Menelao.
o Heliogábalo (Marco
Aurelio Antonino Augusto, c. 203-222 d. C.): emperador romano
(gobernó 218-222).
o Heráclito: filósofo
de los siglos VI- Va. C.
o Herodiano (c. 170- c.
240 d. C.): autor de una historia griega de Roma desde 180 hasta 238 d. C.
o Heródoto
de Halicarnaso (¿?- c. 425 a. C.): autor de Historias,
un relato de las guerras médicas y de los pueblos implicados.
o Herófilo
de Calcedonia: médico en Alejandría. Al igual que Erasístrato, su importancia
se apreciaría mejor si se hubiesen conservado más textos suyos.
o Hesíodo: autor
de los siglos VIII- VII a. C. de Los trabajos y los días y de
la Teogonía, además de composiciones poéticas perdidas en su
mayoría.
o Hipócrates
de Cos (c.470- c.400 a. C.): padre de la
medicina occidental.
o Historia
Augusta: La Historia Augusta es una serie muy poco
fiable de biografías de emperadores y usurpadores de los siglos II y III, de
fecha y autoría inciertas. Las citas procedentes de dicho texto deberían
considerarse con particular escepticismo.
o Homero: el
más grande de todos los poetas; si alguna vez existió, probablemente vivió en
el siglo VIII a. C.
o Horacio (Quinto
Horacio Flaco, 65-8 a. C.): destacado poeta de la era augústea.
o Jámblico
de Calcis (c.245- c.325 d. C.): filósofo
neoplatónico.
o Jenócrates
de Calcedonia (c. 396- c.314 a. C.): ocupó la
dirección de la Academia de filosofía de Atenas.
o Jenofonte (c. 430-354
a. C.): soldado ateniense que escribió sobre filosofía, política, historia,
caza y caballos.
o Jerjes
I: rey de Persia (gobernó 486-465 a. C.).
o Josefo (Tito
Flavio Josefo, 37- después de 100 d. C.): autor de Las guerras de los
judíos y Antigüedades judías.
o Juan
Crisóstomo (c.350-407 d. C.): teólogo cristiano.
o Juliano (Claudio
Juliano Apóstata, c.331-363 d. C.): emperador romano (gobernó
360-363).
o Julio
Africano: autor del siglo II d. C. de una crónica de historia universal y
de los Kestoi, una colección de información miscelánea de amplio
alcance.
o Justiniano
I (Flavio Pedro Sabacio Justiniano, 482/483-565 d. C.):
dirigente del imperio oriental (gobernó 527-565), que encargó la compilación
del corpus iuris civilis, los textos jurídicos romanos más
importantes e influyentes.
o Lacio: región
del centro de Italia, en torno a Roma.
o Laconia: región
situada en el sur del Peloponeso, tierra de los espartanos.
o Libanio
de Antioquía (314-393 d. C.): maestro y orador griego.
o Licurgo: legislador
espartano semilegendario.
o Luciano
de Samóstata: autor del siglo II d. C. de ensayos, diálogos y narraciones con
comentarios ingeniosos y satíricos sobre literatura y cultura contemporánea.
o Macrobio (Ambrosio
Teodosio Macrobio, finales del siglo IV y principios del V d. C.): gramático y
filósofo, autor, en particular, de Saturnales, un diálogo sobre
muchos temas, especialmente de crítica literaria de Virgilio.
o Marcelino: autor
¿del siglo II? d. C. de una monografía sobre los pulsos.
o Marcelo
Empírico: escritor médico del siglo IV-Vd. C.
o Marcial (Cayo
Valerio Marcial, c. 40- c. 101 d. C):
escritor prolífico de epigramas, de los que unos pocos son mejores que el
resto.
o Marciano
Capella: autor del siglo V d. C. de una enciclopedia latina de las artes
liberales.
o Marco
Antonio (83-30 a. C.): lugarteniente de Julio César, amante de
Cleopatra y rival de Octavio por el poder.
o Marco
Aurelio (Marco Aurelio Antonino Augusto, 121-180 d. C.): filósofo
estoico y emperador (gobernó 161-180).
o Mario (Cayo
Mario, c. 157-86 a. C.): militar destacado y Figura política de
finales del siglo II y comienzos del I a. C.
o Menandro (c.344-292/291
a. C.): comediógrafo ateniense.
o Miguel
Pselo (1018-después de 1081 d. C.): escritor prolífico de obras
de historia, filosofía, retórica, ciencia y literatura.
o Mimnermo: poeta
griego del siglo VIIa. C.
o Mitrídates (132-63
a. C.): Mitrídates VI (gobernó 120-63) de Ponto, en la moderna Turquía, el
enemigo extranjero de Roma más peligroso del siglo I a. C.
o Mnesiteo: escritor
médico ateniense del siglo IVa. C.
o Nerón (Nerón
Claudio César Augusto Germánico, 37-68 d. C.): emperador romano (gobernó
54-68).
o Octavio: véase Augusto.
o Oribasio: médico
griego del siglo IVd. C.
o Pablo
de Egina: médico griego del siglo VIId. C.
o Paracelso: científico
suizo del siglo XVI, que prefería que se le conociese como «Semejante a Celso»
más que por su nombre real, Filipo Aureolo Teofrasto Bombasto de Hohenheim. A
pesar de su reputación de arrogante, el término «bombástico» no se debe a él.
o Partia: el
imperio parto, que se extendía por buena parte del territorio desde el
Mediterráneo hasta la India, constituía una seria amenaza para las posesiones
romanas en Oriente.
o Pausanias
de Magnesia: autor del siglo II d. C. de Descripción de Grecia,
un relato detallado de gran parte de las regiones de la provincia romana de
Acaya.
o Pérgamo: ciudad
griega cerca de la costa occidental de Asia Menor (Turquía).
o Pericles (c.495-429
a. C.): líder político y militar ateniense.
o Petronio (¿Petronio
Árbitro?, probablemente de Nerón): autor de El Satiricón, una
novela satírica.
o Philogelos: recopilación
antigua de chistes que se mofa de personajes y profesiones más que de
individuos.
o Píndaro (c.
518- c.438 a. C.): poeta lírico beocio.
o Pireo: puerto
de Atenas.
o Pirro (319/318-272
a. C.): rey de Epiro en la Grecia occidental, que invadió Italia en 280 para
combatir contra los romanos.
o Pitágoras
de Samos: filósofo del siglo VIa. C.
o Platón (c. 429-347
a. C.): filósofo para el que la tradición filosófica occidental es una serie de
notas a pie de página.
o Plinio
el Joven (Cayo Plinio Cecilio Segundo, ¿62-113 d. C.?): sobrino e
hijo adoptivo de Plinio el Viejo.
o Plinio
el Viejo (Cayo Plinio Segundo 23-79 d. C.): autor de la Historia
natural, una interminable y fascinante enciclopedia, que transmite (según
cálculos del propio Plinio) veinte mil datos. Los estudiosos modernos
incrementarían este total a unos treinta y siete mil aproximadamente.
o Plutarco (c. 45-127
d. C.): además de biografías de griegos y romanos prominentes, escribió
también Obras morales y de costumbres, ensayos sobre un variado
espectro de temas filosóficos, religiosos y literarios.
o Polibio (c. 203-120
a. C.): autor de Historias, un relato en griego de la expansión de
Roma en 220-146 a. C.
o Pólux: lexicógrafo
del siglo IId. C.
o Pompeyo (Gneo
Pompeyo Magno, 106-48 a. C.): destacada Figura militar y política de finales de
la República romana.
o Porfirio
de Tiro: filósofo neoplatónico del siglo IIId. C.
o Posidonio
de Apamea (c.135- c.50 a. C.): filósofo estoico,
científico e historiador.
o Príamo: último
rey de Troya.
o Procopio
de Cesarea: historiador del siglo VId. C.
o Pseudo-Alejandro
de Afrodisias: autor de una colección de Problemas médicos, de
fecha desconocida.
o Pseudo-Cecilio
Balbo: recopilador del siglo ¿ II? d. C. de una antología de citas de
filósofos.
o Pseudo-Démades: autor
desconocido del discurso Sobre los doce años, falsamente
atribuido al orador Démades del siglo IV a. C.
o Pseudo-Melampo: autor
desconocido de un breve tratado griego sobre el arte perdido de la adivinación
a través de los lunares (las preocupantes manchas epidérmicas).
o Ptolomeo (Claudio
Ptolomeo): astrónomo griego del siglo IId. C.
o Publilio
Siro: escritor del siglo I a. C. de mimos latinos, obras sobre temas
cotidianos, conocidos en gran parte por una colección de aforismos extraídos,
al parecer, de dichas obras.
o Quintiliano (Marco
Fabio Quintiliano, c. 35- c. 100 d. C.):
autor de Instituciones oratorias, un tratado de retórica altamente
influyente.
o Regium: ciudad
situada en el estrecho de Mesina (la moderna Regio de Calabria).
o Rodas: isla
al suroeste de Turquía.
o Rufo
de Éfeso: médico griego de los siglos I-IId. C.
o San
Agustín (Aurelio Agustino, 354-430 d. C.): autor de La
ciudad de Dios, Confesiones y de más de un centenar de obras.
o San
Basilio (c.329-381 d. C.): obispo y teólogo.
o San
Clemente de Alejandría (c.150- c.212
d. C.): apologeta cristiano y filósofo.
o San
Isidoro (c.560-636 d. C.): teólogo, erudito y santo patrono
de internet.
o Séneca
el Joven (Lucio Anneo Séneca, ¿4 a. C.?-65 d. C.): político,
filósofo, dramaturgo y consejero de Nerón.
o Sereno
Samónico: autor de siglo ¿ II?-¿ IV? d. C. de un libro de recetas de
medicamentos escrito en verso.
o Sexto
Empírico: filósofo escéptico, probablemente del siglo IId. C.
o Sidonio
Apolinar: escritor cristiano del siglo Vd. C.
o Sila (Lucio
Cornelio Sila Félix, c. 138-78 a. C.): gobernó Roma durante
los primeros años del siglo I a.C.
o Simplicio: filósofo
neoplatónico del siglo VId. C.
o Siracusa: ciudad
griega de la costa este de Sicilia.
o Sócrates (469-399
a. C.): filósofo griego por excelencia.
o Sófocles: junto
con Esquilo y Eurípides, los dramaturgos trágicos atenienses más grandes del
siglo V a. C.
o Sorano
de Éfeso: médico griego de los siglos I-II d. C. que ejerció en Roma y
merece mayor notoriedad.
o Suda: enciclopedia
histórica bizantina del siglo X.
o Suetonio (Cayo
Suetonio Tranquilo, c.70- después de 130 d. C.): autor de
biografías de Julio César y de los once primeros emperadores, así como de
poetas, retóricos y maestros.
o Tácito (¿Publio?
Cornelio Tácito, c. 56- c. 117 d. C.): el más
grande de los historiadores romanos.
o Tebas: ciudad
de Beocia.
o Teles: filósofo
cínico del siglo IIIa. C.
o Teodoro
Prisciano: autor de los siglos IV-Vd. C. de Recetas fáciles de
obtener.
o Teofrasto (c.370- c.287
a. C.): sucesor de Aristóteles al frente del Liceo.
o Teognis
de Megara: poeta griego del siglo Va. C.
o Tertuliano: teólogo
del siglo II-IIId. C.
o Tesalia: región
de la Grecia central, especialmente asociada a la magia.
o Tesalo
de Tralles: médico del siglo Id. C.
o Tíber: río
que pasa por Roma.
o Tiberio (Tiberio
Claudio Nerón, 42 a. C.-37 d. C.): emperador romano (gobernó 14-37).
o Tiresias: legendario
profeta tebano.
o Tracia: región
que ocupaban las Grecia, Bulgaria y Turquía europea modernas.
o Trajano (Marco
Ulpio Nerva Trajano, 53-117 d. C.): emperador romano (gobernó 98-117).
o Tralles: ciudad
ubicada en el oeste de Asia Menor (Turquía).
o Tucídides (c.455- c.400
a. C.): almirante ateniense y autor de un relato de la guerra del Peloponeso.
o Valerio
Máximo (floreció en época de Tiberio): autor de una colección
moralizante de Hechos y dichos memorables.
o Varrón (Marco
Terencio Varrón, 116-27 a. C.): prolífico autor sobre una variedad de temas,
cuyas únicas obras que se han conservado completas o una parte sustancial de
las mismas son su Sobre agricultura y Sobre la lengua
latina.
o Vegecio (Publio
Flavio Vegecio Renato, de fecha desconocida de finales del Imperio): autor
de Compendio de técnica militar y Medicina
veterinaria.
o Vero (Lucio
Aurelio Vero Augusto, 130-169 d. C.): emperador romano (gobernó junto con Marco
Aurelio 161-169).
o Vespasiano (Tito
Flavio Vespasiano, 9-79 d. C.): emperador romano (gobernó 69-79).
o Vetio
Valente de Antioquía (8 de febrero de 120 d. C. - ¿?): autor de un tratado
sobre astrología.
o Vitruvio (¿Marco
Vitruvio? Polión, antes de 70- c. 25 a. C.): autor de un tratado de
arquitectura sumamente influyente.
o Zenobio: recopilador
del siglo II d. C. de proverbios griegos.
o Zenón
de Citio (335-263 a. C.): fundador del estoicismo.
Todas
las imágenes de las monedas que encabezan los capítulos y que aparecen en el
interior de los mismos han sido reproducidas por cortesía de Classical
Numismatic Group, Inc., www.cngcoins.com.
Capítulo 1: Un Asclepios de aspecto algo tosco en una moneda
acuñada en torno a 236 d. C. por Maximino el Tracio, que, según las fuentes,
con 2, 59 metros fue sin duda el emperador romano más alto.
Capítulo 2: Asclepios con su hija Higía en una moneda acuñada en
Pérgamo, ciudad natal del gran Galeno.
Capítulo 3: Asclepios en una moneda de Epidauro, su centro de culto
más importante.
Capítulo 4: Asclepios examinando la pezuña de un toro (con la pata
doblada de forma poco realista).
Capítulo 5: Asclepios transportado sobre las alas de un águila.
Capítulo 6: Asclepios con su bastón, el caduceo, en el que aparece
enroscada la serpiente sagrada, es transportado por una serpiente alada en una
moneda acuñada en Pérgamo para conmemorar una visita del emperador romano
Caracalla al templo del dios en 214 d. C.
Capítulo 7: Asclepios con su serpiente sagrada.
Capítulo 8: La serpiente de Asclepios enroscada en torno al
caduceo.
Capítulo 9: La diosa romana Salus (Salud) en una moneda de oro
de c. 65 d. C.
Capítulo 10: Asclepios es transportado en un carro tirado por
centauros.
Capítulo 11: El emperador romano Caracalla visita en Pérgamo el
santuario de Asclepio, cuya estatua más bien achaparrada se yergue sobre un
pedestal.
Capítulo 12: Una pequeña estatua de Asclepios y su serpiente sobre
un misterioso pie.
Capítulo 13: Una mujer vierte una libación en un plato que sostiene
Asclepio.
Capítulo 14: La diosa Salus (Salud) alimentando a la serpiente
sagrada de Asclepios en una moneda emitida en agradecimiento por el nacimiento
sin percances de un niño o niños de Faustina, esposa del emperador romano Marco
Aurelio. Faustina (cuyo nombre significa «mujer afortunada») tuvo por lo menos
trece hijos, incluyendo a dos pares de gemelos, pero solo dos niñas y un niño
sobrevivieron hasta la edad adulta. El chico, Cómodo, fue uno de los
emperadores más despreciables de Roma.
·
Fig. 1.1 Dominio público.
·
Fig. 1.2 Dominio público.
·
Fig. 1.3 © Vanni Archive/ Album
·
Fig. 1.4 © Erich Lessing/ Album
·
Fig. 1.5 Dominio público.
·
Fig. 1.6 Cortesía de Classical Numismatic Group.
·
Fig. 1.7 Dominio público.
·
Fig. 1.8 Dominio público.
·
Fig. 2.1 Fotografía de Carole Raddato.
·
Fig. 2.2 © DeA Picture Library/ Album
·
Fig. 2.3 Science Museum, Londres, Wellcome Images.
·
Fig. 2.4 © Erich Lessing/ Album
·
Fig. 3.1 © Kathleen Cohen.
·
Fig. 3.2 Berlin/Antikensammlung, Staatliche Museen/Juergen Liepe
·
Fig. 3.3 Sites & Photos/Art Resource, NY.
·
Figs. 4.1 y 4.2 Imágenes cortesía de Shutterstock, Inc.
·
Fig. 4.3 Wellcome Library, Londres.
·
Fig. 4.4 Dominio público.
·
Fig. 4.5 Dominio público.
·
Fig. 4.6 Fotografía de Carole Raddato.
·
Fig. 4.7 Imagen cortesía de Shutterstock, Inc.
·
Fig. 4.8 Fotografía de Nina Aldin Thune.
·
Fig. 6.1 © Erich Lessing/ Album
·
Fig. 6.2 Mongolo1984, Creative Commons License.
·
Fig. 6.3 Science Museum, Londres, Wellcome Images.
·
Fig. 7.1 Dominio público.
·
Fig. 7.2 Dominio público.
·
Fig. 7.3 Science Museum, Londres, Wellcome Images.
·
Fig. 7.4 HIP/ AGE
·
Fig. 7.5 Dave & Margie Hill/Kleerup from Centennial, CO,
USA.
·
Fig. 7.6 Dominio público.
·
Fig. 7.7 Fotografía de Marie-Lan Nguyen.
·
Fig. 7.8 Bildarchiv Preussischer Kulturbesitz
·
Fig. 8.1 Dominio público.
·
Fig. 8.2 Fotografía de Calidius.
·
Fig. 8.3 Fotografía de Stefano Bolognini.
·
Fig. 8.4 Dominio público.
·
Fig. 8.5 Imagen cortesía de Shutterstock, Inc.
·
Fig. 9.1 Dominio público.
·
Fig. 9.2 Fletcher Fund, 1956.
·
Fig. 10.1 Fotografía de Sailko.
·
Fig. 10.2 Wellcome Library, Londres.
·
Figs. 10.3 y 10.4 Cortesía de Classical Numismatic Group.
·
Fig. 10.5 Fotografía de Shakko.
·
Figs. 10.6 y 10.7 Fotografía de Carole Raddato.
·
Fig. 10.8 Dominio público.
·
Fig. 11.1 Wellcome Library, Londres.
·
Fig. 11.2 Sheila Terry/Science Photo Library/ AGE
·
Fig. 11.3 Dominio público.
·
Fig. 11.4 Wellcome Library, Londres.
·
Fig. 11.5 Science Photo Library/ AGE
·
Fig. 11.6 Album
·
Fig. 12.1 Fotografía de Anagoria.
·
Fig. 12.2 Fotografía de Carole Raddato.
·
Fig. 12.3 Dominio público.
·
Fig. 12.4 Erich Lessing/ Album
·
Fig. 12.5 Dominio público.
·
Fig. 12.6 Fotografía de Bernard Gagnon.
·
Fig. 12.7 Dominio público.
·
Fig. 12.8 © Kathleen Cohen.
·
Fig. 12.9 Wellcome Library, Londres.
·
Fig. 13.1 Fotografía de Marcus Cyron.
·
Fig. 13.2 Fotografía de Marie-Lan Nguyen.
·
Figs. 13.3 y 13.4 Fotografía de Yair Haklai (13.3) y Marie-Lan
Nguyen (13.4).
·
Fig. 13.5 © De A Picture Library/Album
·
Fig. 14.1 Dominio público.

No hay comentarios:
Publicar un comentario