© Libro N° 6169.
Manual De Historia De La Medicina. Gargantilla Madera, Pedro. Emancipación. Junio 29
de 2019.
Título
original: © Manual De Historia De La Medicina. Pedro Gargantilla
Madera
Versión Original: © Manual De Historia De La Medicina. Pedro
Gargantilla Madera
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
MANUAL DE HISTORIA DE LA MEDICINA
Pedro Gargantilla Madera
A
Andreas y Alejandro, mis hijos, por las horas de juego que les he robado; a
Berta, mi mujer, por su apoyo incondicional.
Prólogo
La
Historia de la Medicina es parte de la Historia del hombre, es la ciencia que
se encarga del estudio de las medidas llevadas a cabo para combatir las
enfermedades y preservar la salud, en cualquier momento histórico y en
cualquier área geográfica. Esta monografía no es un tratado enciclopédico, como
se puede intuir por el título. Mi intención ha sido mucho más humilde, he
pretendido ofrecer una visión integradora del saber médico y facilitar al
lector un guión sobre cuáles fueron los principales hitos y las figuras que
permitieron el avance científico a través de los siglos. Se han incluido
fragmentos extraídos de obras originales para acercar al lector a las fuentes
de la Historia de la Medicina.
Espero
que el lector disfrute tanto con la lectura de esta «historia» como yo lo he
hecho con su preparación.
Alpedrete,
septiembre 2008
Tema
1
Medicina prehistórica y primitiva
Contenido:
Paleopatología
Los primeros cirujanos
Enfermedades
Terapéutica prehistórica
La figura del chamán
En
1851 Daniel Wilson utilizó por primera vez el término prehistoria, el
cual no fue inicialmente muy bien aceptado debido a que etimológicamente
indicaba que había existido un periodo de tiempo anterior a la Historia, es
decir, que el hombre tuvo un tiempo carente de Historia en su pasado.
La
Prehistoria abarca desde la aparición de la vida humana hasta el primer
testimonio escrito (4000 a. de JC), a pesar de que la escritura no fue un
proceso sincrónico en todas las civilizaciones. Este periodo se puede
subdividir en: paleolítico, mesolítico, neolítico y edad de los metales.
A
pesar de que a priori la medicina prehistórica y primitiva
parece estar muy alejada en tiempo y espacio de la medicina actual, existen en
nuestras sociedades creencias y prácticas populares con fundamentos muy
similares, es lo que se conoce como folkmedicina.
Entre los numerosos ejemplos que podrían citarse se encuentra el «mal de ojo»,
que sirve para explicar dolencias o muertes inesperadas, las malformaciones que
aparecen en los recién nacidos y que son atribuidas a «antojos» no satisfechos
durante el embarazo, los «alunados»...
La “Mujer de Laussel (Dordoña. Francia) lleva un creciente lunar como
símbolo de la renovación continua de la vida.
Así
mismo, en nuestro lenguaje disponemos de «fórmulas mágicas» con las que
tratamos de contrarrestar determinados efectos nocivos: ¡Jesús!, ¡salud!,
¡lagarto, lagarto!...
Paleopatología
Para acercarnos a los orígenes de la medicina prehistórica disponemos de dos
procedimientos: estudiar los conceptos sobre enfermedad y prácticas
terapéuticas que llevan a cabo los pueblos primitivos que han sobrevivido hasta
nuestros días y mediante la paleopatología. En cuanto al estudio de la medicina
primitiva, es bastante probable que la medicina que practican en la actualidad
los grupos sociales primitivos sea el reflejo de la que existía en los albores
de la civilización, antes de que se desarrollara la escritura. Así por ejemplo,
en numerosos pueblos primitivos los antropólogos han constatado que uno de los
remedios más recurridos para contener la hemorragia de una herida es cubrirla
con telarañas. Este remedio se utilizó durante siglos en Europa, hasta el punto
de que todos los soldados que participaron en la Batalla de Crécy (1346)
llevaban entre sus pertenencias una cajita con telarañas.
La paleopatología fue creada a fines del siglo XIX por sir Mark Armand Ruffer,
un médico británico destinado en Egipto y en la India, y se puede definir como
la ciencia que estudia las enfermedades demostrables en épocas pasadas. Los
paleopatólogos disponen de una serie de fuentes: restos óseos, momias, estudio
de las analogías con las enfermedades de los primates y restos culturales
(dibujos y pinturas). Los métodos usados son muy variados: microscópicos,
macroscópicos, químicos, radiológicos, genéticos y estadísticos. En las últimas
décadas el desarrollo de la paleogenética (estudio de la conformación molecular
del ADN encontrado en fósiles) ha permitido ampliar los conocimientos médicos
del hombre prehistórico. Los paleopatólogos, por ejemplo, han identificado la
existencia de tumores óseos en el hombre de Java (Pithecanthropus
erectus), que vivió hace uno o dos millones de años, o caries en
algunas piezas dentarias de Australopithecus (grupo de
homínidos que vivió hace unos tres millones de años).
A
través del morfograma, un esquema diseñado por Decourt y Doumic, podemos
obtener datos antropométricos de los restos encontrados. Habitualmente se
utilizan cinco medidas: longitud total, anchura de hombros (diámetro
bihumeral), diámetro bitrocantéreo, perímetro torácico y la distancia entre el
trocánter mayor y el pie (expresión de la longitud del miembro inferior). La
relación entre el diámetro bihumeral y bitrocantéreo es un dato orientativo en
cuanto a masculinidad o la feminidad del sujeto encontrado; mientras que la
longitud corporal y la longitud del miembro inferior nos aporta información
sobre la función hipofisaria o tiroidea.
Los primeros cirujanos
El
término cirugía deriva del griego cheiros, que significa mano, y
de ergon,trabajo. Así pues, literalmente la cirugía sería el arte
de trabajar con las manos. El nacimiento de la cirugía se puede fijar en el
Neolítico, durante el cual aparecieron unos «profesionales» que con técnicas y
adminículos muy rudimentarios practicaron las primeras trepanaciones (del
gr. trypanon, perforar). Los arqueólogos han encontrado
cráneos, con una antigüedad que se remonta al año 3000 a. de JC, en los que se
habían practicado trepanaciones. Los más antiguos encontrados se ubican en la
cuenca del río Danubio.
En
cuanto al área geográfica de difusión de la trepanación craneal prehistórica es
extraordinariamente amplia: Europa, Asia y América. Así, disponemos de más de
medio millar de cráneos trepanados en el Paleolítico japonés, muy superior es
la cifra correspondiente al Neolítico europeo. En América estos hallazgos son
especialmente abundantes en Perú a partir del segundo milenio antes de nuestra
Era.
En contra de lo que pudiera pensarse a priori, un elevado
número de los pacientes consiguieron sobrevivir a la trepanación, a juzgar por
las cicatrices encontradas en los cráneos. En un estudio realizado en los
restos óseos hallados en la tribu Yanto (Perú) los investigadores encontraron
tejido calloso en 250 de los 400 cráneos analizados. En los cráneos europeos el
índice de supervivencia es menor. Por otra parte, se han encontrado cráneos en
los que se realizaron varias trepanaciones, en un cráneo inca se han
identificado hasta siete perforaciones, algunas de las cuales se realizaron en
periodos diferentes de tiempo.
El
material quirúrgico que utilizaron para realizar la intervención era muy
elemental, se realizaba habitualmente con ayuda de una lámina de piedra bien
pulida. En cuanto a la vía de abordaje, el cirujano podía elegir tres
diferentes: una simple perforación, el raspado paulatino sobre la zona o bien
realizar cortes rectilíneos o circulares. Habitualmente las incisiones se
realizaban en los huesos temporal y occipital, probablemente la experiencia les
enseñó que cuando la trepanación se realizaba a nivel del hueso parietal se
producía una hemorragia más copiosa y el pronóstico era peor.
A pesar de que desconocemos cuáles eran las indicaciones de este acto médico,
la hipótesis más aceptada es la concepción mágico-religiosa. No es difícil
imaginar que un enfermo epiléptico o con fuertes cefaleas fuera considerado en
aquella época un endemoniado, una persona portadora de un espíritu maligno.
Únicamente a través de la trepanación el demonio podría ser eliminado del
cuerpo del enfermo y el paciente podría recuperar la salud.
El
fragmento óseo extraído (rondelle) era considerado un amuleto
valiosísimo, a partir de ese momento su propietario no se separaría de él
durante el resto de su vida, en el supuesto de que consiguiera sobrevivir al
acto quirúrgico, ya que en caso contrario uno de los miembros del grupo
«heredaría» el fragmento. De esta forma los hombres prehistóricos mantenían
presentes a sus muertos (rito mágico-religioso).
Tampoco es descabellado pensar que los cirujanos primitivos además de realizar
trepanaciones fuesen capaces de drenar las heridas. En esta línea, se ha
constatado que lo indios dakota utilizaban el cañón afilado de una pluma,
previamente adosado a la vejiga de un animal, para aspirar el pus de una
herida. Cuando la herida era drenada dejaban unos cañones huecos en ella para
que los fluidos pudiesen salir. Este principio sigue estando vigente en la
actualidad, con la diferencia que se emplean tubos de goma.
Enfermedades
Entre las enfermedades más frecuentes de la prehistoria se encontraron, sin
lugar a dudas, las fracturas y las heridas. Los restos óseos han permitido a
los investigadores demostrar la existencia de osteomielitis, osteomas,
meningiomas (el hallazgo más antiguo se remonta a un niño Homo erectus encontrado
en Niza y que vivió hace unos 200.000 años), artrosis o raquitismo.
En
una sociedad de cazadores nómadas la existencia de una fractura ponía en
peligro el grupo, ya que retrasaba o impedía la marcha. Por este motivo la idea
de fijar un hueso roto, con la intención de inmovilizarlo, no debió tardar en
surgir; de esta forma se evitaban los dolores producidos por el traumatismo y
se favorecía la movilidad del enfermo. El entablillado se realizaba de forma
muy elemental, generalmente con ramas. En algunos pueblos primitivos emplean
arcilla blanda, con la cual forman una especie de funda en torno al miembro
fracturado, una técnica que recuerda bastante a las actuales escayolas.
Los
médicos aztecas recomendaban la siguiente medida ante una fractura:
«Primero ha de ser entablillado, extendido y ajustado (...) y si esto no
bastara, ha de hacerse una incisión, descubriendo los extremos del hueso, y se
insertará una rama de abeto en la cavidad de la médula».
Durante
el Neolítico la vida media estaba en torno a los treinta años y la longevidad
del hombre era superior a la de la mujer, esto se debe a que los partos y los
embarazos tenían una elevada mortalidad. También es probable que las mejores
piezas de carne fueran para los varones, ya que debían de ser robustos y estar
bien alimentados para que pudieran salir a cazar.
Terapéutica prehistórica
La
medicina prehistórica se caracterizó por ser intuitiva, mágica y religiosa.
Nuestros antepasados, como respuesta al dolor, a una hemorragia o a una herida
reaccionaban instintivamente friccionando la región anatómica, chupando la
herida o comprimiendo la hemorragia.
Tabla 1. Farmacopea primitiva
Con
el paso del tiempo atribuirían a los fenómenos naturales (sol, luna, erupciones
volcánicas...) voluntades sobrenaturales a las que sería preciso rendir
reverencia. La enfermedad sería producida por estas voluntades, por espíritus
malignos o por seres humanos en los que se habrían encarnado tales espíritus.
Con el paso del tiempo la enfermedad adquirió un concepto
mágico-religioso.
De
forma simultánea, y como producto de la experiencia y del empirismo, el hombre
primitivo comprobó que existían ciertas sustancias vegetales que tenían poderes
curativos, iniciándose así una rudimentaria farmacopea. Las contribuciones de
la medicina primitiva a la terapéutica médica han sido muy diversas (Tabla 1) y
una práctica universal fue cubrir las heridas con hojas y otras materias
vegetales.
La figura del chamán
En
la medicina primitiva no existe distinción entre enfermedad orgánica, funcional
y psicosomática, debido a que el concepto que prima es el mágico. Para estos
pueblos la enfermedad puede ser producida por el azar (vgr. procesos
traumáticos) o por procesos de tipo mágico. En un estudio realizado por
Clements (1932) se concluyó que existen cinco causas mágicas capaces de
producir la enfermedad (Tabla 2).
Tabla 2. Causas mágicas de enfermedad
La
infracción del tabú se produce cuando se rompen las normas sociales que
intentan preservar al individuo de las impurezas. Se suele relacionar con los
alimentos (consumo de alimentos y bebidas prohibidas), la conducta sexual
(mantener relaciones sexuales durante el periodo menstrual o entre
consanguíneos) y las relaciones del individuo con la familia y el grupo social
(desobediencia a padres y sacerdotes).
La inducción de la enfermedad por un hechizo dañino es muy característica de
los pueblos africanos y en algunos grupos étnicos de Las Antillas. Se realizan
efigies de madera, arcilla o cera que son traspasadas con clavos o en las que
se realizan mutilaciones para que aparezcan en los enemigos. Esta concepción de
la enfermedad explica su rechazo a dejarse fotografiar, ya que su imagen podría
ser utilizada para provocarles un daño.
Hay
una creencia ancestral de que existen espíritus buenos y malos que se
encuentran localizados en objetos inanimados y en seres vivos. Es necesario
realizar determinados rituales a estos espíritus para no ofenderles, puesto que
en tal caso podrían invadir al individuo y ocasionarle enfermedades. La
intrusión de un cuerpo extraño dentro del organismo es la base de su rechazo a
recibir inyecciones y transfusiones.
En todas las culturas primitivas existe la creencia universal de que el alma es
la parte esencial del individuo y que se puede perder de muy diversas formas,
como por ejemplo por un susto, por un accidente imprevisto o por un temor
desencadenado de forma súbita. La localización del alma varía de unas culturas
a otras, en algunas se encuentra en las uñas, en otras en el pelo o, incluso,
puede localizarse en los excrementos.
Cuando el hombre prehistórico se hizo sedentario apareció la figura del sanador
o chamán, se trataba de un miembro del grupo capaz de diagnosticar,
pronosticar, preparar un medicamento sanador o realizar un rito mágico. Para el
diagnóstico, obviamente, el chamán recurría a métodos mágicos que le permitían
identificar la dolencia, con tal fin arrojaba granos de maíz, piedras o huesos
pequeños, o examinaba las vísceras de animales sacrificados. En otros casos el
chamán entraba en un estado de trance, tras inhalar polvos de semillas
alucinógenas, que le ponía en contacto con la divinidad.
La clave del poder curativo radicaba en la capacidad de liberar la fuerza
psíquica del individuo enfermo. Las formas de expresión eran muy variadas:
transferir el maleficio a otra persona o a un animal doméstico (pollo, cabra) o
bien proyectar el mal hacia un objeto inanimado (generalmente un utensilio de
madera), que posteriormente sería abandonado en un sendero de la selva o
enviado al mar en una pequeña embarcación. En aquellos casos en los que se
había producido una infracción del tabú era muy importante que el enfermo
reconociese su culpabilidad mediante un proceso de catarsis, ya que al ser consciente
de las faltas morales cometidas podría recuperar la salud. Con este fin se
realizaban además ritos de purificación con agua (vgr. los hindúes en el
Ganges), ayuno, inducción del vómito o de purgas.
En
aquellas dolencias provocadas por simpatía maléfica era preciso realizar
exorcismos y conjuros siguiendo ritos y fórmulas mágicas establecidas. Las
enfermedades producidas por intrusión de cuerpos extraños eran tratadas
mediante ventosas y maniobras de succión, posteriormente el chamán exhibiría a
la comunidad pequeños objetos (huesos, piedras), que supuestamente habían sido
extraídos al enfermo.
En aquellos casos en los que la enfermedad era provocada por la posesión de un
espíritu maligno se recurría a intentar expulsar al espíritu asustándole con
ruidos, batiendo instrumentos (sonajeros, tambores) o realizando danzas
rituales mientras se recitaban textos mágicos. Por último, si la enfermedad
había sido causada por el rapto del alma, el chamán tenía que desdoblar la suya
y hacer que saliese en busca del alma del enfermo, para que la obligase a
reintegrarse nuevamente en el cuerpo abandonado.
Por último, señalar que todos los autores, con Ackerknecht a la cabeza,
insisten en que el médico primitivo era sincero con el ejercicio de su
profesión, tanto desde el punto de vista vocacional como en su creencia. La
medicina que realizaba el chamán se puede considerar que era terapéuticamente
más completa que la actual, porque en el concepto de enfermedad se integraban
aspectos orgánicos y psicosomáticos.
La
figura del chamán debió surgir por la necesidad de buscar intermediarios entre
los dioses y los hombres, para terminar con la acción maléfica de los
espíritus. La representación gráfica más antigua del chamán es la que aparece
en una pintura rupestre encontrada en una cueva de Ariege (Francia),
llamada Les trois freres(los tres hermanos), ya que fue descubierta
por los tres hijos del Conde de Begouen. En ella aparece representado un hombre
ataviado con la piel de un animal, la cabeza y cuernos de un reno, y orejas
parecidas a las de un oso. Parece encontrarse practicando los pasos de un baile
o de una danza ceremonial.
La
actitud que adoptaba el grupo frente al paciente era muy variada, si la
enfermedad era leve se le administraba un tratamiento pero si era grave o de
causa incomprensible se consideraba que era un castigo divino, en tal caso
podría ser abandonado a su suerte o ser sacrificado a los dioses.
Cráneo datado en el Neolítico, 3500 a. JC., conservado en el Museo de
Historia Natural de Lausanne, trepanado posiblemente con sílex.
Tema
2
Medicina en Sumeria, Babilonia y Asiria
Contenido:
Código
de Hammurabi
Cuando los enfermos asisten a la plaza
Acto médico
Terapéutica
Origen del caduceo
Código Hammurabi
Entre
los años 3200 y 3800 a. de JC los sumerios se asentaron en una llanura fértil
comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates, que nacen en las montañas de
Armenia y desembocan en el Golfo Pérsico. Era el inicio de la civilización
mesopotámica, no en balde Mesopotamia significa región entre
ríos (del griego Mesos, entre, y Potmós, río).
Fue sede de unas extraordinarias civilizaciones y el centro más importante de
la cultura humana. En Mesopotamia surgieron y se asentaron los sumerios con su
capital Ur, los acadios, los babilónicos y los asirios, con su capital Nínive.
Entre los numerosos monarcas que gobernaron esta región merece la pena destacar
a Sargon, Asurbanipal, Nabucodonosor y Hammurabi, entre otros.
Esta
área geográfica se encontraba en el paso de numerosas rutas de caravanas,
rodeada por desiertos y expuesta al asalto de los nómadas, motivo por el cual
los mesopotámicos edificaron ciudades amuralladas. A estos pueblos debemos
adquisiciones tan importantes como un sistema de pesos y medidas, la rueda, la
polea, la palanca, el vidrio, la cerámica, la división del año en 12 meses y
365 días, la semana en siete días, la hora en 60 minutos y el minuto en 60
segundos.
Las
más antiguas fuentes médicas escritas proceden de las civilizaciones
mesopotámicas, disponemos de tablillas de arcilla grabadas con un estilete
(escritura cuneiforme) en las que se abordan aspectos médicos. El documento
médico más antiguo conocido es una tablilla sumeria del tercer milenio en la
que aparecen recogidas quince recetas médicas, fue encontrada en Nippur en
1974, en la biblioteca del Palacio Real de Ebla.
Código de Hammurabi
Hammurabi
fue un monarca de la primera dinastía babilónica que reinó entre los años 2125
y 2081 a. de JC, y que promulgó la más antigua colección de leyes que se
conoce. El código que lleva su nombre fue descubierto en las ruinas de Susa,
bajo los escombros del antiguo palacio real, y en la actualidad se encuentra en
el Museo del Louvre, en París. Sus medidas son 2.25 m de altura y 1.90 m de
circunferencia en su base, en la cual se encuentra grabado el texto oficial del
código.
En
la parte superior aparece el rey recibiendo las leyes del dios Shamash, dios
del sol y de la justicia, vestido con traje de volantes, sentado en un trono
con escabel y con una tiara de cuernos sobre la cabeza. A sus espaldas aparecen
dos llamas simbólicas. La divinidad dirige su mano derecha, armada de cetro,
hacia Hammurabi, que se encuentra de pie, en actitud hierática y reveladora.
Tabla 1. Código de Hammurabi
El
código de Hammurabi se compone de tres partes: introducción, texto propiamente
dicho y conclusión. La introducción consta de pomposas frases que hacen
relación al establecimiento de «la justicia y la felicidad» para todos los
súbditos. El texto jurídico contiene 282 artículos en los cuales se abordan
aspectos relacionados con los delitos, la familia, la propiedad, la herencia o
relativos a la esclavitud. Desde el punto de vista médico, hay artículos que
regulan la actividad de los profesionales y fijan los honorarios que deben
recibir los médicos según la intervención efectuada y la clase social a la que
pertenece el enfermo (Tabla 1).
Cuando
los enfermos asistían a las plazas
La
escritura más antigua del mundo es la cuneiforme, de la cual poseemos treinta
mil tablillas grabadas con un estilete, fueron encontradas en la biblioteca de
Assurbanipal en Nínive. En ellos podemos leer, por ejemplo, el célebre Poema
de la creación o Eunama elis, y el no menos
importante Poema de Gilgamesh. Aproximadamente 800 tablillas están relacionadas
con cuestiones de tipo médico, entre las cuales hay una que perteneció a
Ur-Lugal-Edin y que actualmente se encuentra en el Museo del Louvre. En ella aparece
su nombre junto a dos cuchillos, la imagen de dos dioses y la siguiente
inscripción:
« Oh dios Edin-Mugi, ministro del dios Gir que asiste a las madres
durante el parto, Ur-Lugal-Edin, el médico es tu servidor».
A
través de la lectura de las tabillas hemos podido saber que los conceptos
terapéuticos asirio-babilónicos se basaban en la creencia de que todos los
fenómenos terrenales o cósmicos se encontraban subordinados a la voluntad de
los dioses (carácter teúrgico de la medicina), todas las dolencias o maleficios
eran producidos por demonios y las curas se explicaban a través de una
correlación estrecha con los dioses o con genios benéficos. En la medicina
mesopotámica la dolencia es un castigo divino, originado por una falta, por eso
motivo la intervención del médico-sacerdote se iniciará con una confesión y la
curación tiene un tinte de purificación.
En
la medicina mesopotámica se pueden distinguir tres aspectos: teúrgico,
astrológico y aritmético. Cuando un mesopotámico enfermaba se daba por hecho de
que el paciente o alguno de sus familiares habían cometido algún pecado y que
la dolencia era la manifestación del castigo divino. El vocablo que utilizaban
los mesopotámicos para referirse a una enfermedad era shertu, que
al mismo tiempo significaba pecado, castigo y cólera de los dioses.
En
su concepción mágico-religiosa distinguían una triada superior o cósmica (Anu,
dios del cielo; Enlil, dios de la tierra; Ea, dios de las aguas), una triada
astral (Sin, dios de la luna; Shamash, dios del sol; Ishtar, diosa del amor, de
la maternidad y de la fecundidad), dioses secundarios, genios buenos (Lamassu)
y demonios (Utukku). Ea, cuya ciudad santa fue Eridú, era la deidad más
importante de la medicina asiria, era al mismo tiempo el dios de las aguas, de
la purificación, de los oráculos y de los exorcismos. En la Tabla 2 aparecen
recogidos algunos de los seis mil espíritus malignos que podían producir
enfermedades.
Tabla 2. Dioses mesopotámicos
relacionados con la aparición de enfermedades
En
cuanto al segundo aspecto, la astrología, los mesopotámicos pensaban que los
astros participaban en la aparición de algunas enfermedades, así como en la
exacerbación de ciertas afecciones o en el destino del hombre.
Por último, se encontraba la influencia de los números, la cual se trasluce del
hecho de que admitían la existencia de días favorables y de días adversos para
visitar a los enfermos y para administrar medicamentos. Así por ejemplo,
sabemos que para ellos los peores días eran los divisibles por siete.
Heródoto (1-86 a. de JC) refiere que cuando visitó Mesopotamia observó que «los
babilonios traían a sus enfermos al mercado», les hacían sentarse en el suelo y
esperar a que pasara algún viandante, el cual estaba obligado a preguntarles y
a recomendarles algún remedio, en el supuesto de que hubiese enfermado con
síntomas similares.
Acto médico
La medicina era un arte sagrado para los mesopotámicos, se enseñaba en el
templo y el médico-sacerdote era uno de los personajes más doctos de la ciudad-estado,
sabía leer y escribir, estaba versado en ciencia, religión, literatura,
adivinación y astrología.
Los médicos-sacerdotes podían pertenecer a tres categorías: baru (se ocupaban
del diagnóstico, de las causas de la enfermedad y del pronóstico), ashipu
(exorcista que arroja los demonios causantes de la enfermedad) y asu (encargado
de suministrar los medicamentos). Nos han llegado algunos de los conjuros que
se empleaban contra la mordedura de serpiente o contra la picadura del
escorpión.
Dado que la vida era entendida como un don de los dioses, la enfermedad era el
resultado de un castigo divino, por este motivo la intervención del médico o
sacerdote se iniciaba con una confesión por parte del paciente. En la primera
parte del acto médico (anamnesis) se producía un pormenorizado interrogatorio a
través del cual el médico trataba de descubrir el pecado causante de la
enfermedad. No era infrecuente que el médico realizase las siguientes
preguntas: ¿Has dicho sí, cuando querías decir no? ¿Has dado falsas cuentas?
¿Has pisado agua sucia? ¿Has enfrentado a un amigo contra un enemigo?
A continuación se intentaba llegar al diagnóstico de la enfermedad y al
pronóstico, para lo cual se servían de la adivinación. Utilizaban numerosos
métodos, como podía ser la observación de animales o insectos que se encontraba
en su camino cuando iba a ver a su paciente, así, un ave volando a su derecha
indicaba que habría mejoría, mientras que si volaba por la izquierda era señal
de mal augurio. También empleaban la empiromancia (fuego), lecanimancia
(polvo), oniromancia (sueños), economancia (dibujos que realiza el aceite al
ser mezclado con agua)... De todas las formas de adivinación que empleaban la
más costosa era la hepatoscopia, que consistía en sacrificar un animal, generalmente
un cordero o un cabrito, y estudiar la forma, volumen, color, surcos. de su
hígado.
¿Por qué estudiaban con tanta minuciosidad esta víscera y no otra? Porque para
los mesopotámicos el hígado era el asiento del alma y centro de la vida, se
suponía que la sangre se originaba en este órgano y que desde aquí era
distribuida al resto del organismo. Los sacerdotes mesopotámicos describieron
en el hígado montículos, ríos, caminos, un palacio con sus puertas, una mano,
una oreja, un diente, un dedo, etc.
En el estudio de la anatomía del hígado distinguieron un lóbulo derecho (pars
familiaris) y uno izquierdo (pars hostilis). La parte
derecha se consultaba para cuestiones relativas al propio interrogador y la
izquierda para lo concerniente a las otras partes implicadas en la cuestión. En
los templos se conservaban modelos de arcilla de hígados normales para
facilitar el proceso de adivinación, lo que vendría a corresponder, salvando la
distancia, a nuestros modernos atlas de anatomía.
La práctica de la hepatoscopia se extendió a Grecia, Roma y Etruria. En Electra de
Eurípides, por ejemplo, se puede leer:
«Entonces
cogió a la víctima explorándola, en el hígado no había ninguna protuberancia,
pero los conductos biliares revelaban una sorpresa desagradable para el
espectador».
Terapéutica
El tratamiento era bastante complejo e incluía exorcismos, plegarias,
sacrificios a los dioses, penitencias, baños, masajes o la administración de
fármacos. La mayoría de las drogas que se mencionan en las tablillas
cuneiformes pertenecen al reino vegetal (utilizaron hasta 250 variedades de
plantas medicinales), pero también emplearon minerales y materias procedente
del reino animal (Tabla 3). La mayoría de los medicamentos eran ingeridos con
cerveza para paliar el sabor desagradable que producían. Así mismo, los médicos
conocían los emplastos y los vendajes, que se colocaban sobre las pomadas,
elaboradas con grasas.
Tabla
3. Tratamientos mesopotámicos
En
Nínive se han encontrado instrumentos quirúrgicos (bisturís, sierras, trépanos)
realizados con bronce y obsidiana.
Entre los múltiples tratamientos quirúrgicos que realizaron se encuentran, por
ejemplo, la curación de heridas, la evacuación de abscesos, flebotomías,
amputaciones, trepanaciones y operaciones de cataratas.
Origen del caduceo
Desde Mesopotamia se ha utilizado la serpiente como símbolo médico y tiene su
origen en la leyenda sumeria del héroe Gilgamesh. Entre las múltiples aventuras
que corrió al lado de su inseparable amigo Enkidu, se cuenta que se sumergió
hasta el fondo del mar para coger la planta de la eterna juventud. A su
regreso, y en un descuido, una serpiente le robó y engulló la planta,
rejuveneciendo, mudando su piel y curando las enfermedades. A partir de ese
momento la serpiente estará estrechamente relacionada al caduceo. En ocasiones
aparecen dos serpientes, una de ellas beneficiosa para la agricultura y otra
venenosa.
El texto médico más antiguo que se conoce sobre tabilla de barro,
aproximadamente del año 2200-2000 a.C. Se trata de la colección de 15 recetas
empíricas en la escritura cuneiforme de un sanador sumerio, lo que indica que
el tratamiento no era siempre religioso o mágico. Museo de la Universidad de
Filadelfia.
A la
primera se la ha asociado con la sabiduría y la curación, mientras que a las
serpientes venenosa con la muerte, el mal y el caos.
Tema 3
Medicina en el Antiguo Egipto
Contenido:
El
corazón y los met
Los médicos
Divinidades relacionadas con la salud
Enseñanza médica
Relación médico-paciente
Imhotep
Papiros médicos
El arte del embalsamamiento
Vasos canopos
Juicio de Osiris
Diagnóstico y terapéutica
Amuletos
Legislación higiénica
Historia de los enemas
El ojo de Horus
No
existe otro país en que el nacimiento, apogeo y fin de una cultura abarque
tanto periodo de tiempo como en el caso de Egipto, al que Heródoto definió
como un don del Nilo. Al comenzar la transición del Neolítico
los egipcios se distribuyeron a lo largo del río Nilo en pequeños poblados
llamados nomos y que eran regidos por monarcas independientes.
Estatuilla de bronce del dios Imhotep, que, como médico sacerdote instruido,
lleva en el regazo un rollo de papiro
Hacia
el tercer milenio antes de Cristo uno de ellos, el rey Nemes, unificó todos los
nomos bajo su persona, creando la primera de las treinta dinastías que
perduraron casi 4.000 años.
El corazón y los met
La práctica médica en el Antiguo Egipto mezclaba elementos mágicos y religiosos
con conocimientos anatómicos y fisiológicos. Los médicos clasificaron las
enfermedades en tres categorías: las que eran atribuidas a espíritus malignos,
las provocadas por traumatismos y las de causas desconocidas, atribuidas a los
dioses. Para ellos el cuerpo humano estaba constituido por una serie de canales
o conductos a través de los cuales circulaba aire, sangre, alimentos y
esperma.
En el papiro de Smith se incluyó el llamado Tratado del Corazón, en
donde se señalaba que este órgano era el más importante del cuerpo. Su latido
se percibía en el pulso, y en él residía el pensamiento y los sentimientos.
Para los egipcios la facultad del razonamiento y las emociones residían, pues,
en el corazón. Según el tratado mencionado el corazón tenía la capacidad de
poder hablar, pero no era entendido por todas las personas, los médicos eran de
los pocos que tenían la capacidad de poder escuchar sus palabras.
Además el corazón era el centro de un complicado sistema de canales, en número
de 36, que recibían el nombre de met. A través de los canales
circulaban fluidos y aire. La salud se perdía cuando dentro de los canales
había retenciones. Así por ejemplo, el estreñimiento era producto de una
obstrucción los intestinos, la infertilidad se producía cuando los conductos
sexuales se atascaban.
Por este motivo, uno de los tratamientos más recurridos fueron las
sangrías.
La acción de divinidades malignas era considerada como una causa frecuente de
enfermedad, en determinadas situaciones aquellas originarían un acumulo de
fluidos dañinos.
Los médicos
Los egipcios llamaban a los médicos swnw, que significa «el
hombre de los que sufren o están enfermos» y se representaba como un
símbolo en forma de flecha, que ha sido interpretado como una evocación a la
lanceta quirúrgica. Los médicos eran hombres cultos y estaban relacionados con
las elites sacerdotales y los escribas de la época. Su pericia era muy admirada
por otros pueblos mediterráneos hasta el punto de que a veces eran llamados por
soberanos extranjeros. Así por ejemplo, sabemos que los reyes persas Ciro y
Darío fueron atendidos por swnw. En la Odisea, Homero afirma que «los
médicos egipcios eran más hábiles que los de otras tierras».
A través del papiro de Ebers sabemos que había tres categorías de médicos: los
que utilizaban medicamentos en sus tratamientos, los cirujanos, llamados
también sacerdotes de Sekhmet (diosa leona, responsable de las enfermedades y
las epidemias) y los magos o conjuradores de enfermedades. Sekhmet era una divinidad
sanadora conocida como la señora de la pestilencia.
En Egipto había un sistema jerarquizado de rangos, de menor a mayor eran: el
Médico, el Médico Jefe, el Médico Inspector y el Médico Superintendente. Los
médicos de palacio eran considerados Senior. Por encima de todos ellos estaba
el Médico Mayor del Alto y Bajo Egipto, una especie de ministro de salud.
Heródoto afirmó que cada médico trataba un solo tipo de enfermedad, lo cual ha
sido interpretado como una incipiente especialización médica. Algunos autores
han llegado a señalar que había hasta 82 tipos de especialistas diferentes.
Había especialistas de los ojos, de la dentadura, del vientre, de los fluidos
internos e incluso «un curador o guardián del ano» (Iry). Se
cuenta que el faraón Senusret tenía un médico para el ojo derecho y otro para
el izquierdo. El egipcio más antiguo con un título médico del que tenemos
constancia fue Hesy-Re, que vivió durante la Tercera Dinastía (2620 a. de JC) y
que estaba especializado en patología dental.
Divinidades relacionadas con la salud
Los egipcios pensaban que el cuerpo humano estaba dividido en 36 partes
distintas y que cada una de ellas estaba tutelada por una divinidad diferente.
Así, Duau se invocaba en la curación de enfermedades oculares; Bes, Tauret y
Hathor eran los protectores del parto y embarazo; Horus era invocado en el caso
de sufrir picaduras venenosas; Isis era la encargada de tutelar el hígado;
Neftys los pulmones; Neit los niños y Selket los intestinos. Además de la
mencionada diosa Sekhmet, el dios Thot estaba relacionado con las enfermedades
y las curaciones, era el patrón de los escribas y habitualmente se le
representaba como un ibis. A esta divinidad se la relacionaba, además, con la
personificación de la inteligencia divina y se la consideraba el inventor de la
escritura, de la gramática y de las matemáticas. A Thot le estaba encomendado
el cuidado de Horus, el hijo de Osiris e Iris, el cual estaba reencarnado en la
tierra en la figura del faraón.
Enseñanza médica
Los médicos recibían una sólida formación y obtenían sus conocimientos en «las
Casas de la Vida» (Per-Ankh), las más conocidas eran las de Sais,
Tebas y Heliópolis, y estaban adscritas a templos. En realidad no eran escuelas
médicas, se podría decir que se trataba de centros de documentación, allí se
copiaban y se archivaban textos. Se puede decir que eran, en este sentido,
verdaderos centros del saber, colegios iniciáticos que constituían verdaderos
templos de la sabiduría. Su jerarquía era muy compleja y especializada, pues
abarcaba desde el joven discípulo o el simple aprendiz de escriba hasta los
grandes sabios iniciados que oficiaban las solemnes ceremonias del
faraón.
En la medicina egipcia no estaba permitida la disección en cuerpos humanos, tan
sólo se llevaría a cabo durante el periodo ptolemaico.
Relación médico-paciente
La mayoría de los estudiosos opina que la asistencia médica en el antiguo
Egipto se llevaba a cabo en el domicilio de los pacientes. A pesar de todo,
existen datos que apoyan la teoría de que los enfermos acudían a los templos en
busca de remedios para sus enfermedades. Así por ejemplo, en el templo hallado
en Denderah se han encontrado una especie de sanatorio adosado a las
habitaciones dedicadas al culto.
Al igual que sucedía en la medicina mesopotámica, un médico estaba sujeto a
represalias en caso de que hubiera fracaso terapéutico y se acompañase de la
muerte del paciente. En este caso el médico podía ser castigado incluso con la
pena de muerte. En cuanto a los honorarios, se cree que la práctica médica
egipcia era gratuita o bien que el trabajo médico era retribuido con
especias.
Imhotep
El médico más brillante de la medicina egipcia fue Imhotep, que vivió en tomo
al 3000 a. de JC. Su figura es equivalente a la de Asclepio en Grecia. Se sabe
que fue visir del rey Zoser, de la III dinastía, y que tuvo conocimientos de
astronomía y de arquitectura, no en vano a él se debió la construcción de la
pirámide escalonada de Sakkara. A su muerte, el cuerpo de Imhotep fue llevado
al Nilo en una ceremonia que supuso el inicio de su glorificación, siglos
después se convertiría en un dios de la medicina.
Papiros médicos
La escritura egipcia era una combinación de sílabas y sonidos de letras, no
existían vocales. Los papiros médicos egipcios evidencian un enfoque racional
en medicina y cirugía, basado en la observación clínica y en la separación
entre magia, religión y medicina. A través de ellos hemos obtenido la mayor
parte de los conocimientos de la medicina egipcia. En la actualidad conservamos
quince y se encuentran archivados, en su mayor parte, en Estados Unidos,
Inglaterra y Alemania. Su antigüedad data entre 1900 y 1200 años a. de
JC.
En un principio pertenecieron a los 32 libros Heméticos (sagrados) que se
conservaban en los templos, se llevaban en las procesiones sagradas y estaban
dedicados a Thoth, el protector del arte caligráfico.
·
Papiro de Kahun
Es el más antiguo y describe el tratamiento de las enfermedades ginecológicas,
así como los métodos para el diagnóstico del embarazo y la determinación
prenatal del sexo.
·
Papiro de Ebers
Constituye una recopilación de las más diversas disciplinas médicas, incluye
una extensa farmacopea y la descripción de numerosas enfermedades. En relación
con la cirugía existen algunas menciones al tratamiento de las mordeduras de
cocodrilo y de las quemaduras.
·
Papiro de Edwin Smith
Se trata de un papiro de contenido quirúrgico y aborda, con una extraordinaria
precisión, descripciones de heridas, fracturas, luxaciones, quemaduras,
abscesos y tumores. También aparecen descripciones de instrumental quirúrgico.
El
arte del embalsamamiento
Como ningún otro pueblo de la antigüedad los egipcios, a través del
embalsamamiento, tuvieron la oportunidad de examinar las vísceras humanas, sin
embargo, el embalsamamiento se realizaba por motivos religiosos y no médicos,
por lo que no avanzaron en cuanto a conocimientos anatómicos se refiere. A
través del embalsamamiento se evitaba que el ka (espíritu)
abandonase el cuerpo.
El embalsamamiento no fue una práctica generalizada, sabemos que estaba
reservado a los faraones y a los nobles. En primer lugar, y a través de un
gancho que se introducía por las fosas nasales, se extraía el cerebro, al que
no se consideraba de especial importancia y que era desechado. Seguidamente la
cavidad craneal se rellenaba con agua salada. Con un cuchillo de piedra se
realizaba una incisión lateral en el abdomen y se vaciaban las vísceras
toraco-abdominales, dejando únicamente en su lugar el corazón, ya que, como ya
se ha señalado, para los egipcios el entendimiento y la inteligencia residía en
el corazón. A continuación lavaban la cavidad abdominal con vino y hierbas
aromáticas, para rellenarla posteriormente con mirra y arena. Posteriormente se
cosía la incisión y el cadáver era sumergido en un baño de sosa durante 70
días. El cuerpo se cubría con una envoltura de fibra untada con goma y se
introducía en el ataúd.
Vasos canopos
Los vasos canopos era el recipiente que se empleaba en el Antiguo Egipto para
depositar las vísceras de los difuntos, lavadas y embalsamadas, para mantener a
salvo la imagen unitaria del cuerpo. Los vasos eran introducidos en una caja de
madera. El nombre de los vasos hace alusión al nombre del piloto que llevó a
Menelao y a su esposa Helena de regreso a Esparta, pero que no pudo completar
la travesía porque falleció en la ciudad de Alejandría, en donde Osiris era
adorado como una jarra con cabeza antropomórfica.
Los vasos canopos eran cuatro y representaban a una divinidades llamadas Hijos
de Horus, las cuales protegían el contenido de la destrucción. Las divinidades
eran: Amset (vasija con tapa en forma de cabeza humana y que albergaba el
hígado), Hapy (cabeza en forma de papión y en ella se guardaban los pulmones),
Kebehsenuf (tenía forma de halcón y contenía los intestinos) y Duamutef (tapa
en forma de chacal y albergaba el estómago del difunto). Cada vaso estaba
protegido a su vez por una diosa titular: Isis, Neftis, Selkis y Neit, y debían
estar orientados hacia los cuatro puntos cardinales (el hígado al sur, los
pulmones al norte, los intestinos al oeste y el estómago al este).
Juicio de Osiris
El acontecimiento más importante para un difunto en el Antiguo Egipto era el
juicio de Osiris. El espíritu del fallecido era guiado por Anubis (dios con
cabeza de chacal) ante el tribunal de Osiris, allí aquél extraía mágicamente el
Ib (el corazón) y lo depositaba sobre uno de los platillos de una balanza que
allí había. El Ib era contrapesado con la pluma de Maat, símbolo de la verdad y
de la justicia universal. Mientras tanto un jurado, formado por diferentes
dioses, realizaba una serie de preguntas acerca de su vida. En función de cómo
fuesen las respuestas el corazón disminuía o aumentaba su peso. Dyehuty hacía
las veces de escriba y anotaba los resultados, para luego entregárselos a
Osiris.
Al final el dios dictaba su sentencia: si era afirmativa el Ka (fuerza vital) y
el Ba (fuerza anímica) podían ir a encontrarse con la momia, conformarían el Aj
y el difunto viviría eternamente. Por el contrario, si el veredicto era
negativo, el Ib sería arrojado al Ammit, un ser con cabeza de cocodrilo,
melena, torso y brazos de león, y piernas de hipopótamo, para que lo
devorase.
Diagnóstico y terapéutica
El diagnóstico lo fundamentaban en la exploración del enfermo: inspección,
examen del pulso y auscultación. El médico interrogaba, inspeccionaba, palpaba
al paciente, observaba y olía las secreciones. Tras el diagnóstico se realizaba
una explicación rigurosa de la enfermedad y de señalaba el pronóstico de la
misma: «un caso que voy a tratar» o «un caso que no
puedo tratar».
En cuanto a los remedios terapéuticos, los médicos egipcios disponía de tres
pilares: dieta, fármacos y cirugía. En los papiros se nombran alrededor de 500
sustancias diferentes, entre las que se encuentran algunas con claros efectos
farmacológicos (opio, aceite de ricino, papaverina, digital). La digital, tal
como consta en el papiro de Ebers, se administraba en casos de afecciones
cardíacas.
Otorgaron una especial importancia a los enemas o lavativas, a través de las
sustancias evacuantes se conseguía eliminar los «agentes malsanos». Para
ellos los enemas representaban el pico acorvado del ibis, ave consagrada a
Thot, siendo esta divinidad la que realmente curaba a los pacientes.
En una de las jambas de la entrada del templo de Menphis se encuentra el
grabado más antiguo de una intervención quirúrgica: una circuncisión.
Realizaban la circuncisión a los recién nacidos (no podían penetran en los
templos aquellos varones que no estuvieran circuncidados) y empleaban cuchillos
para abrir abscesos. Algunos autores piensan que la circuncisión era un rito
iniciático relacionado con el culto al dios Ra. Durante la dominación romana
(30 a. de JC 395 d. de JC) tan sólo podían ser sacerdotes aquellos hombres que
estaban circuncidados.
En contra de lo que se ha creído durante mucho tiempo, las trepanaciones fueron
poco frecuentes en la medicina egipcia.
Los médicos egipcios aplicaron tablillas a los huesos fracturados para que se
soldasen con mayor facilidad, para ello vendaban la tablilla de madera con
lino. En el papiro de Hearst se describe otra técnica: después de ajustar la
zona fracturada aplicar un vendaje rígido, preparado a base de harina y miel,
ya que cuando se seca se convierte en una pasta dura y resistente.
Amuletos
Los talismanes protegían a los egipcios de todo tipo de males. Las imágenes más
utilizadas fueron el udyat (ojo de Horus), que protegía a los niños; las de la
diosa Tauret (hipopótamo preñada), que ayudaba a las mujeres a concebir; una
rana, que evitaba los abortos y el dios enano Bes, que protegía a niños y
embarazadas por igual (habitualmente se representa con una expresión
horripilante y con la lengua fuera de la boca, con el objeto de espantar a los
espíritus malignos).
Legislación higiénica
Las leyes sanitarias egipcias eran muy estrictas, la higiene debía ser
escrupulosamente cumplida. Los sacerdotes, por ejemplo, estaban obligados a
bañarse varias veces al día. Sabemos que había ordenanzas médicas encargadas de
velar por el correcto estado de las aguas, leyes relacionadas con la dieta, las
relaciones sexuales, el aseo corporal y la limpieza del hogar.
Historia de los enemas
El término enema o clíster deriva del término griego klyzein que
significa enjuagar, de esta forma un enema consiste en introducir un líquido a
través del orificio anal para «enjuagar los intestinos». Los primeros enemas de
los que se tiene constancia fueron aplicados en el Antiguo Egipto. En esta
civilización existía la creencia de que era el ibis, el ave ligada al dios
Thot, el que introducía su pico en el ano para sanar al paciente.
A partir de Galeno los enemas se emplearon con una intención purificadora, era
el modo de extraer los humores corruptos (materia pecans) y
establecer el equilibrio humoral. Siglos después, Avicena recomendaba la
administración de un medicamento que «conduce a la victoria», se refería al
aceite de crotón, extraído de un árbol procedente de la India (Croton
tiglium) y que es parecido al aceite de ricino.
Uno de los médicos bizantinos más prestigiosos fue Alejandro de Talles
(525-605), hermano del arquitecto de la basílica de Santa Sofía. Este galeno
recomendaba el consumo de ruibarbo o de escarabajos verdes vivos para favorecer
la deposición.
La práctica de los enemas estuvo tan extendida a lo largo del siglo XVI que en
ciertos círculos sociales era considerado de mal gusto el hecho de no aplicarse
enemas con cierta regularidad. En ese siglo el doctor Paré diseñó un extraño
dispositivo, a modo de vejiga con dos conductos y una cánula, a través del cual
el paciente se podía autoadministrar la lavativa.
Posteriormente, el doctor Fernel, médico personal de Catalina de Médicis,
dedicaría un volumen completo de su tratado de cirugía a la técnica de los
enemas. Este médico aconsejaba utilizar una vejiga de cerdo seca provista de
una espita redonda y como lavativa una solución elaborada con sal y miel.
El ojo de Horus
El ojo de Horus simbolizaba en la cultura egipcia el poder curativo. El dios
Horus era hijo de Isis y Osiris, tenia cabeza de halcón y sufrió el robo de uno
de sus ojos por Seth. En ese instante se apagó la luz celeste y se hizo la
noche. Isis acudió a socorrer a su hijo y tras devolverle la vista se hizo de
día. La historia se repitió a intervalos, lo cual explica la existencia del día
y la noche. El ojo de Horus, en este sentido, es una alegoría del triunfo de la
vida sobre la muerte.
Dibujo del Ojo de Horus, sostenido por el dios Toth, que se asemeja a la
letra R. Probablemente se trate de la letra latina R (para recipe=recibe) que
los médicos estampan en sus recetas desde la Edad Media.
Contenido:
Libros
sagrados
Relación médico-paciente
Concepto de enfermedad
Conocimientos médicos
Terapéutica
Circuncisión
La
historia judía se remonta al momento en el que el arca de Noé encalló en el
monte Ararat, los hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet) dieron origen a tres etnias:
semitas, camitas y jafetitas. Abraham recibió la orden de Yahvéh de asentarse
en la tierra de Canaán, la tierra prometida, para ello partió
inmediatamente de su patria, Ur, en Mesopotamia.
Cuchillo del siglo XVIII usado en las circuncisiones.
Una
vez establecidos en Israel, la tierra fue dividida entre las doce tribus, las
cuales, con el paso del tiempo, dieron origen a una forma de gobierno
monárquica, siendo los reyes más famosos Saúl, David y Salomón.
El símbolo judío por excelencia es la estrella de David, llamada así por la
creencia de que este rey lo adoptó como símbolo de armas en su escudo de guerra
y en el de sus soldados. La kipá (solideo tradicional judío) y
el menorá (candelabro ritual de siete brazos) son dos de los
símbolos más conocidos de la tradición judía.
La vida judía se rige por un calendario basado en la combinación del ciclo
mensual lunar y del año solar, cuyos orígenes se remontan a tiempos bíblicos.
La festividad más venerada es el Shabat, considerado sagrado y tan sólo
superado, en cuanto a solemnidad se refiere, por el Yom Kipur, el Día del
Perdón.
Libros
sagrados
El judaísmo se basa en el Tanaj o Antiguo Testamento, se trata de un compendio
de 24 libros que cuenta la historia del hombre y de los judíos, desde la
Creación hasta la construcción del Segundo Templo. Los cinco primeros libros
(Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) reciben el nombre de
Pentateuco o Torá y se considera que fueron escritos por inspiración divina y,
por tanto, son sagrados. Su lectura pública se realiza en la sinagoga los
lunes, jueves y sábados.
La Mishná es un cuerpo exegético de leyes judías, que recogen la tradición oral
judía y que está redactada a manera de versículos cortos. El Talmud está
formado por la Mishná y un voluminoso corpus de
interpretaciones y comentarios, denominados Guemará.
Relación médico-paciente
A pesar de que los judíos no aceptaban las supersticiones y las creencias de
sus contemporáneos, sí atribuían la salud y la enfermedad a una fuente divina.
Para ellos la salud estaba en manos de Yahvé y los médicos eran simplemente un
instrumento divino. Entre los judíos, a diferencia de los egipcios, no había
médicos especializados, pero en el Talmud se menciona dos tipos de
médicos: rophe y rophe umman, esto es, el
médico experimentado y el cirujano.
Los enfermos eran atendidos en sus casas o en ciertas dependencias habilitadas
en las sinagogas, que contaban con salas, a modo de quirófanos, construidas con
mármol para mantenerlas limpias.
Por ley, los médicos debían recibir honorarios adecuados a su trabajo, no se
aprobaban los servicios médicos gratuitos, ya que creían que «un médico
que no cobra es porque no vale». Sin embargo, se les exigía que los
honorarios fueran acordes con los recursos económicos de los pacientes.
Concepto de enfermedad
La religión judía es monoteísta, Yahvé es el único dios, responsable de todo lo
creado, de la función sanadora y, al mismo tiempo, de todos los males, que
envía para expirar las culpas. Por este motivo, la salud es un don divino y la
enfermedad es el castigo por haber cometido un pecado (se recupera la salud
mediante la conducta moral, la oración y los sacrificios).
Conocimientos médicos
La época de la medicina hebrea medieval, también denominada talmúdica,
comprende desde el siglo II a. de JC hasta el VI d. de JC. Los médicos hebreos
consideraban al corazón como sede del alma, lo que concuerda con las enseñanzas
aristotélicas, siendo
para ellos la sangre el principio vital. Sabían que el miedo producía
palpitaciones y alteraciones del pulso y que el contagio directo de las
enfermedades ocurría a través de alimentos en mal estado, secreciones, agua
sucia o a través del aire.
La mayor parte del conocimiento que tenemos de la medicina hebrea proviene del
Antiguo Testamento. En él se citan varias leyes y rituales relacionados con la
salud, tales como, por ejemplo, el aislamiento de personas infectadas (Levítico13:45-46), lavarse
tras manipular cuerpos difuntos (Números 19:11-19)y el entierro de
los excrementos lejos de las viviendas (Deuteronomio 23:12-13).
Los mandatos hebreos incluyen aspectos relacionados con la supresión de
enfermedades venérea y prostitución, cuidado de la piel, baños, alimentación,
vivienda y ropas, regulación del trabajo, sexualidad, disciplina, etc.
La alimentación y la higiene tienen especial importancia en la Biblia. El
Talmud recoge aspectos relacionados con el mal de ojo y los amuletos.
Terapéutica
Los métodos de tratamiento más utilizados eran la dieta, compresas calientes y
frías, sudoración, curas de reposo, baños, cambios de clima, hidroterapia,
psicoterapia, masajes y gimnasia. Es sabido que empleaban hierbas para tratar
el estreñimiento y que conocían la «desinfección» de instrumentos con
fumigación, lavado e ignición.
Por último, señalar que la higiene sexual tuvo también gran importancia, la
mujer era considerada impura durante el tiempo que durase la menstruación, al
final de la cual debía tomar un baño ritual, para poder reanudar su vida
sexual.
Semuel Aba Hakohén (165-257 d.de JC) escribe:
«El
lavado matutino de manos y pies es más eficaz que todos los colirios del mundo»
y «el cambio de una costumbre es el comienzo de una enfermedad».
Circuncisión
La circuncisión es la ablación del prepucio, la parte de la piel que cubre el
pene. Este tipo de intervención se realiza en la actualidad entre los judíos,
los musulmanes, los coptos, los bantúes y los aborígenes australianos.
Para Elliot Smith esta práctica se realizaba hace 4.000 años en Egipto, a
juzgar por el hallazgo de un relieve encontrado en el templo de Memphis. Es
probable que fuese un ritual egipcio reservado exclusivamente a los sacerdotes
y que, con el paso del tiempo, se extendiese a faraones y familiares.
Posteriormente, sería copiado por los altos dignatarios y el resultado final
fue que nadie que no estuviera circuncidado pudiese entrar en un templo
sagrado. El filósofo griego Pitágoras, que vivió en el siglo VI a. de JC, cuenta
que tuvo que dejarse circuncidar para poder entrar en un santuario
egipcio.
Desde Egipto la circuncisión se extendió a los reinos vecinos y es bastante
probable que los hebreos la introdujeran en su costumbre durante el cautiverio
egipcio (1280 a. de JC). Para ellos se trata de un pacto entre los hombres y
Yahvé, que debe realizarse el octavo día de vida por el mohel: «Esta es
la alianza entre Yo y tú y tu descendencia, y debes obedecerla: todos los
varones de tu pueblo serán circuncidados» (Génesis 17:1-2, 10-14).
Grabado representando una circuncisión en una tumba de Saqqara, frente a
Memphis, Egipto.
Contenido:
Concepto
de salud y enfermedad
Diagnóstico y terapéutica
Página manuscrita del Atharva-Veda (800 a. de C.Tubinga)
La
medicina hindú puede remontarse a cuatro mil años antes de Jesucristo, aunque
no alcanzó un grado de perfección hasta la mitad del segundo milenio antes de
nuestra era. Los libros hindúes más antiguos conocidos, el Rig-Veda y el
Atharva-Veda , tienen un carácter teúrgico y mágico. Durante el periodo
brahamánico (800 a. de JC 1000 d. de JC) los médicos pertenecían a una casta
inferior a la de los sacerdotes y hacían un juramento similar al de Hipócrates.
La medicina tuvo entonces carácter especulativo y fue ejercida por
personalidades médicas que impulsaban su progreso.
Concepto de salud y enfermedad
La medicina hindú entendía el cuerpo humano como un microcosmos, construido a
imagen del macrocosmos del universo. Para ellos el cuerpo tiene 365 huesos,
tantos como días del año o piedras del altar de sacrificio. Así mismo, tanto el
cuerpo como el universo están constituidos por cinco elementos básicos:
espacio, tierra, viento, fuego y agua.
El concepto básico de salud consiste en el perfecto equilibrio de los tres
elementos corporales: aire (prana), flema (kapha) y
bilis (pitta). Estos elemento son físicos corporales, no
espirituales, pero no son visibles. El aire regula la zona corporal inferior al
ombligo, circula por el cuerpo y es responsable de los sonidos vocales, la
digestión y la evacuación fecal. La bilis se relaciona con el fuego y es la
encargada de regular la región comprendida entre el ombligo y el corazón. Se
encarga de preparar el alimento para ser digerido, controla los deseos del
corazón y proporciona la visión y mantiene el brillo de la piel.
Por último, la flema (kapha) era la más estable, se encarga de la región
anatómica situada por encima del corazón. Mantiene unidos los órganos del
cuerpo y regula los movimientos.
Admitían como causa de enfermedad ciertas influencias extrañas (demonios,
espíritus malignos) y los pecados (cometidos en esta vida o en otra anterior,
siendo estos últimos los responsables de las enfermedades congénitas).
Tenían conocimientos de cuáles eran los días fecundos de la mujer, ya que «para
tener hijos con seguridad» los médicos hindúes recomendaban mantener
relaciones sexuales entre el noveno y el decimosexto día después del comienzo
de la menstruación.
El Ayur Veda (ayur, duración de la vida, y veda, verdad)
es el libro clave de la medicina hindú. En sus páginas se recoge un extracto de
la filosofía médica y fue escrito por varios autores. En él se recogen diversos
remedios terapéuticos entre los que destacan las plantas, las cuales permiten
armonizar el equilibrio entre el paciente y las influencias de la vida
(trabajo, familia...).
Diagnóstico y terapéutica
Para llegar al diagnóstico los médicos hindúes llevaban a cabo una exploración
minuciosa en la cual realizaban una inspección, palpación y auscultación,
además de emplear el sentido del olfato, el del gusto, apreciar el aliento y
probar la orina de los pacientes.
La terapéutica estaba basada en la higiene, la dieta y ciertas medidas
eliminatorias. Se recomendaba, como parte del culto religioso, los baños y los
lavados frecuentes. La alimentación debía ser, principalmente, vegetal y entre
las medidas terapéuticas que empleaban se encontraban las sangrías, las
ventosas, los vomitivos y las irrigaciones vaginales y uretrales. Otras medidas
higiénicas eran la cremación de los cadáveres y la prohibición de casarse con
mujeres en cuyas familias hubiese la tisis, la epilepsia o la
elefantiasis.
En cualquier caso, donde sobresalió notablemente la medicina hindú fue en la
cirugía, la que contaba con un arsenal quirúrgico abundante (escalpelos,
sierras, tijeras, ganchos, sondas, fórceps). Los aspirantes al ejercicio de la
cirugía iniciaban su aprendizaje haciendo incisiones en sacos o calabazas y
practicando la sección de venas de animales muertos, lo cual pone de manifiesto
la existencia de una cirugía experimental.
Se usaba la hipnosis como anestesia y se practicaban operaciones complejas,
tales como la extracción de cataratas, la litotomía, la cesárea y el hidrocele.
Sin embargo, la operación por excelencia era la rinoplastia que se hacía para
reparar la pérdida de la nariz amputada por castigo. El método consistía en la
aplicación a la nariz de un colgajo de piel tallado en la frente.
El cirujano indio Sushruta, que vivió en el siglo VII a. de JC, es considerado
el padre de la cirugía plástica, a lo largo de su vida profesional realizó
numerosas rinoplastias, ya que la sección nasal era el castigo de los
adúlteros, los cuales trataban de borrar esa ignominia judicial.
Para finalizar, señalar que la civilización hindú conocía la organización
hospitalaria, sabemos que existieron nosocomios en Ceylan en
el siglo V a. de JC.
Escultura de terracota de Hánuman volando, mientras carga la cima de la
montaña con la planta medicinal que curará a Rama envenenado
Tema 6
Medicina en la Antigua China
Contenido:
Diagnóstico
y terapéutica
Acupuntura
El
origen de la medicina china se remonta al reinado de tres emperadores
legendarios: Fu-Hsi, Shen Hung y Huang-Ti. Fu-Hsi (2900 a. de JC) sentó las
bases de la filosofía del Yang (lado del sol) y del Yin (lado de la sombra) en
la naturaleza. Shen Hung (2700 a. de JC) creó la medicina herbal y la
acupuntura. Huang-Ti el Emperador Amarillo (2600 a. de JC) fue
el autor del texto más antiguo de medicina, el Nei King o Canon de la Medicina
Interna, escrito en forma de diálogos entre el emperador y sus ministros.
En la concepción de la medicina china el hombre es un microcosmos que participa
de las cualidades del macrocosmos o universo, formado por el dios Pan Ku e
integrado por dos principios opuestos (Yin y Yang), de los cuales participa
también el organismo humano. Los dos principios se distribuyen por el cuerpo a
través de unos canales (chin), las enfermedades se producen cuando hay
obstrucciones en estos canales. En la concepción médica china el cuerpo humano
es sagrado y, por tanto, no se permitía la realización de autopsias.
El Yang representa el cielo, la luz, la fuerza, la dureza, el calor... mientras
que el Yin representa la luna, la tierra, la oscuridad, la debilidad,. El Yang
es todo lo activo y masculino, el Yin es todo lo pasivo y femenino. La salud,
el bienestar, resulta del perfecto equilibrio entre estas dos fuerzas
antagónicas.
En la filosofía china todo gira en torno al número cinco: 5 ciclos, 5 planetas,
5 tonos, 5 sabores, 5 colores y 5 elementos componentes del Universo (tierra,
madera, fuego, metal y agua). En el cuerpo humano se distinguían cinco vísceras
principales (corazón, pulmones, riñones, hígado y bazo) a las cuales estaban
subordinadas otras cinco (estómago, intestino delgado, intestino grueso, uréter
y vejiga).
Para los chinos el corazón era el órgano principal, el cual era a su vez una
copia en miniatura del Universo. Creían que los hombres nobles tenían siete
cavidades cardiacas, cinco los hombres de talento, dos los normales y tan sólo
una los idiotas.
Diagnóstico y terapéutica
Los métodos chinos de diagnóstico eran la anamnesis, el examen del pulso, la
inspección, la palpación de las zonas afectadas y el estudio de la voz. La
técnica diagnóstica más importante fue el examen del pulso, primero lo tomaban
en el brazo derecho y después en el izquierdo. El médico lo comparaba con el
suyo, anotaba la hora, el día y la estación. Cada pulsación tenía tres
divisiones diferentes, cada una de las cuales se asociaba a un órgano
específico.
En el caso de las mujeres no estaba permitido que un hombre pudiera
explorarlas, por lo que éstas señalaban el punto donde las dolía en una figura
de cerámica o madera.
En el Nei King se pueden distinguir cinco tipos de tratamientos: aquellos que
curan el alma, la dieta, los fármacos, la acupuntura y la moxibustión.
Hubo pocos avances quirúrgicos en la medicina china, ya que tenían pocos
conocimientos anatómicos. Es sabido que provocaban la deformación de los pies y
que practicaban con relativa frecuencia la castración. El vendaje de los pies
suponía el desarrollo del pie zambo artificial. Durante un milenio, todas las
muchachas jóvenes de familia acomodada plegaron gradualmente sus dedos por
debajo de la planta del pie y, con unos vendajes bien apretados, juntando el
calcáneo con la parte anterior. Sin el «loto de oro», esto es,
el moldeado ideal de los pies, una joven no era casadera ni podía convertirse
en cortesana.
Acupuntura
La acupuntura fue la intervención más importante de la medicina china, cuya
técnica consistía en introducir en distintas partes del cuerpo (hasta 388)
agujas calientes o frías, de oro, plata o hierro.
Huang-Ti el Emperador Amarillo
Con
ello se pretendía penetrar en uno de los doce canales por los que circulaban
los dos principios vitales, con el fin de resolver las obstrucciones y
restaurar así el equilibrio orgánico total.
Por último, practicaban la moxibustión, se trataba de un remedio terapéutico
que multiplicaba los efectos terapéuticos de la acupuntura por medio del calor.
Consistía en quemar pequeños conos separados con hojas pulverizadas de Artemisa
vulgaris mezclados con incienso, a fin de obtener efectos revulsivos.
Tema 7
Medicina prehipocrática
Contenido:
La
primera cesárea de la historia
La Ilíada, un tratado de traumatología
Los templos de Asclepio
Las escuelas médicas
Vasija griega del 480-470 a. JC, representando una escena quirúrgica.
La
medicina prehipocrática está basada en los dos elementos característicos de la
medicina arcaica: lo sobrenatural y lo puramente empírico; durante esta época
van a coexistir la medicina religiosa y la racional. De esta forma, se rinde
culto a Apolo, el dios del que se origina la enseñanza del arte de curar, y se
diviniza a Asclepio, su hijo, al que se dedican templos sanadores por toda
Grecia.
La primera cesárea de la Historia
Cuenta Estrabón que Corónide, hija de Felgias, rey de los lapitas acostumbraba
a bañarse a orillas del lago Beobes, en Tesalia. Cierto día acertó a pasar por
allí Apolo, el dios de la música, se quedó prendado de su belleza y la
convirtió en su amante, no tardando en dejarla embarazada.
Cuando el dios se fue a Delfos a atender algunos asuntos relacionados con el
oráculo de su templo, dejó a un cuervo de plumaje blanco para que vigilara a
Corónide en su ausencia. La joven se había enamorado de Isquis, hijo de
Arcadio, de Elato, con el que mantuvo un romance. Cuando el cuervo se enteró de
los devaneos de la joven voló raudo y veloz hasta Delfos para notificar a Apolo
la infidelidad de su amada. El dios maldijo al mensajero por no haber arrancado
los ojos a Isquis y como castigo le condenó a él y a todos sus descendientes a
ser de color negro y no blanco, como habían sido hasta aquel momento. A partir
de entonces los cuervos son negros. Artemisa, la hermana de Apolo, vengó la
afrenta y disparó una de sus flechas envenenadas contra la infiel Corónide,
provocándole la muerte. En ese momento llevaba en sus entrañas un niño
(Asclepio), hijo del dios solar.
Afortunadamente, acertó a pasar por allí Hermes, el dios del comercio, quien se
apiadó del pobre niño y lo extrajo del vientre materno, realizando de esta
forma la primera cesárea de la historia. A continuación entregó al recién
nacido a Apolo, su padre.
El dios, dado que no podía hacerse cargo de su educación, decidió llevarlo a la
cueva en la que moraba el centauro Quirón para que le cuidara y le enseñara el
arte de la medicina. Este centauro se había encargado con anterioridad de la
educación de Aquiles.
Asclepio tuvo por esposa a Epiona, con la que tuvo varios hijos: Godalirio,
Macaón (médicos que aparecen en la Iliada), Telesforo, Hygeia (de la que deriva
el término higiene), Panacea («la que todo lo cura»), Egle (partera) y Laso
(enfermera). Su veneración se extendió rápidamente por toda Grecia y llegó a
Roma, en donde su nombre fue latinizado a Esculapio. Habitualmente se le
representa vistiendo un largo manto, con parte del tórax expuesto, y con un
largo báculo de madera con una serpiente enrollada.
La Iliada, un tratado de traumatología
La guerra de Troya, la antigua Ilium, tuvo lugar en torno al
1200 a. de JC, pero fue narrada por Homero unos cinco siglos después. Las
descripciones que aparecen en la Ilíada coinciden con los hallazgos
arqueológicos de la época, lo cual nos permite extrapolar los datos médicos que
en ella se contienen.
En esta obra aparece una de las primeras descripciones de una herida de guerra,
la víctima fue Menelao, el ultrajado esposo de Helena, quien resultó herido en
una muñeca por una flecha. Su hermano Agamenón, el rey micénico y caudillo de
las tropas griegas, ordenó a uno de los heraldos que avisase a Macaón, hijo de
Asclepio, para que le curase y extrajese la flecha:
«al
ver la herida por donde había penetrado la dolorosa flecha, absorbió la sangre
y luego la calmó con un bálsamo que Quirón diera antes amablemente a su padre».
En
los textos de Homero aparecen, aproximadamente, 150 términos médicos, la
mayoría anatómicos (ostea, pleurai, sternon, stethos, omphalos...).
Así mismo, se mencionan términos con función fisiológica: physis (naturaleza
propia de las cosas), psykhé (aliento vital), oneiroi (sueños)
o phrénes (inteligencia). Aparecen recogidas 147 heridas, en
las cuales se describe con precisión la región anatómica afectada, el tipo de
arma utilizada y la mortalidad (pronóstico) de las mismas. En cuanto a la
práctica médica o al tratamiento, disponemos de pocos datos para realizar un
análisis exhaustivo; se menciona una gran variedad de plantas medicinales,
entre ellas el eléboro, las sales de hierro y el nepente.
Los templos de Asclepio
Los griegos concebían la enfermedad como un acto punitivo de los dioses, que a
través de sus flechas castigaban una falta individual (locura, ceguera, lepra)
o a un colectivo (epidemias). Los centros médicos de la época eran los templos
dedicados a Asclepio (asklepeia), de los cuales quedan
vestigios en Cos, Epidauro y Pérgamo, entre otros lugares. Para su edificación
se eligieron lugares sanos, con agua abundante y naturaleza exuberante, hasta
donde llegaban los enfermos en un largo peregrinar.
Los sacerdotes consagrados al templo los recibían y les relataban las
curaciones que allí habían conseguido, a continuación el enfermo realizaba una
ofrenda en honor a Asclepio y un ritual (baños, masajes, unciones) para
prepararse para el descanso nocturno. La curación tenía lugar en el abaton del
templo, en las proximidades de la estatura del dios. Mientras el paciente
dormía (incubatio) se le aparecía el dios, o bien le sanaba de
la dolencia y o le relataba la forma mediante la cual se curaría. A la mañana
siguiente el sueño era relatado al sacerdote, el cual lo interpretaba y le
aplicaba el tratamiento más adecuado (amuletos, oraciones, pociones...). Las
dietas, los ejercicios y los baños formaban parte del tratamiento de los
pacientes, ya que la higiene y la nutrición se consideraban indispensables para
la cura.
En caso de que el paciente se curase de su enfermedad era costumbre que
dedicara un anatema, representando en metal o en cera el órgano afectado y que
dejara una tablilla votiva con la descripción del caso.
Desgraciadamente no nos han llegado documentos en los que se describan estas
actividades, el único que tenemos es un fragmento de una comedia de
Aristófanes. En él un esclavo explica que:
«al
anochecer los enfermos se acuestan en las camas de reposo (gr. cline, de
donde deriva el término clínico). Los siervos del templo (gr.
therapeutes) apagan la luz y piden silencio. Un sacerdote da entonces una
vuelta para recoger el pan de oblación de los altares. Después aparece el dios
escoltado por sus dos hijas y un esclavo. Va de cama en cama para examinar a
los enfermos y mezcla ungüentos y jarabes».
El
culto a Asclepio alcanzó su cenit hacia el 500 a. de JC, época en la que había
más de 300 templos consagrados al dios en el mundo helénico, en especial, en
Atenas, Pérgamo y Epidauro. Fue tal la importancia que adquirió que los
sacerdotes llegaron a formar una corporación médica.
Las escuelas médicas
Al tiempo que florecía el culto a Asclepio surgió una filosofía médica mucho
más científica. En torno al 700 a. de JC se fundó en Cnido (Asia Menor) la
primera escuela importante que rechazaba la medicina teúrgica y que basaba los
diagnósticos en las observaciones realizadas junto al enfermo. A finales del
siglo VI a. de JC ya había seis escuelas médicas de renombre: Crotona,
Agrigento, Cirene, Rodas, Cnido y Cos.
Asclepio
Las
escuelas no deben ser entendidas como instituciones docentes, sino como grupos
de médicos que compartían un mismo lugar de trabajo o una orientación
teórico-práctica similar. El aprendizaje era artesanal, en muchas ocasiones de
tipo familiar y el médico pertenecía al grupo de los artesanos. Tan sólo
algunos de ellos, y gracias al prestigio de sus conocimientos, consiguieron
obtener la consideración de un estrato superior. Las escuelas de Rodas y Cirene
apenas nos han dejado huella, las más importantes fueron las de Cnido y Cos, en
donde se elaboraron los textos hipocráticos, como veremos más adelante.
Alcmeón de Crotona (último tercio del siglo VI a. de JC) es el autor del primer
libro griego médico del que se tiene noticia. Entre sus contribuciones merece
la pena destacar la concepción del cerebro como el centro vital y la teoría de
que la enfermedad se produce como consecuencia de un desequilibrio entre los
principios opuestos (húmedo y seco, cálido y frío, amargo y dulce). Alcmeón fue
predecesor de las disecciones y uno de los primeros en observar que las
arterias estaban vacías y las venas llenas de sangre, lo cual le hizo intuir
que las arterias conducían aire.
Empédocles (495-435 a. de JC) fue el médico más destacado de la escuela de
Agrigento y sostuvo que la materia estaba constituida por cuatro elementos
básicos: fuego, agua, tierra y aire; de esta forma sentó las bases de la teoría
de los humores de Hipócrates.
Contenido:
Corpus
hippocraticum
El concepto de physis
Teoría de los cuatro humores
Prognosis y diagnosis
Concepto de enfermedad
Terapéutica
Práctica de la medicina
Juramento hipocrático
Instrumentos quirúrgicos de la época de Hipócrates (Museo Arqueológico de
Epiduro
Aproximadamente
un siglo después del nacimiento de la escuela de Cnido apareció una escuela
competidora, en la cercana isla de Cos, en el Egeo. Uno de sus directores fue
Hipócrates (460-377 a. de JC), el médico más importante de la antigüedad y
considerado como el padre de la medicina. Se sabe que nació en la isla de Cos
(Grecia) y que realizó numerosos viajes antes de establecerse definitivamente
en su isla natal, para dedicarse a la enseñanza y la práctica de la medicina.
Murió en Larissa (Grecia), en donde se afincó durante los últimos años de su
vida. Nadie duda que Hipócrates fue un médico con una especialidad habilidad y
que trabajó durante algún tiempo en la escuela de Cos, pero no es tan seguro
que fuese el autor del juramento hipocrático o que escribiese en su totalidad
el célebre Corpus hippocraticum.
La vida de Hipócrates coincide con la edad de oro helenística, en la que
destacaron personajes de la talla de Pericles, en política; Sócrates y
Protágoras, en filosofía, Heródoto y Tucídides, en historia; o Esquilo,
Sófocles y Eurípides, en teatro.
Corpus hippocraticum
El Corpus hippocraticum es lo único que nos ha llegado de la biblioteca médica
de la Escuela de Cos y está constituido por 72 obras, en las cuales se repudia
la medicina teúrgica y filosófica previa. Los textos hipocráticos proceden en
su mayor parte de las escuelas de Cnido y Cos, si bien podemos distinguir
claramente tres etapas: siglo V a. de JC, segunda mitad del siglo IV a. de JC y
posterior al siglo IV a. de JC. La etapa hipocrática central (segunda mitad del
siglo V a. de JC) está integrada por textos procedentes de las escuelas de
Cnido y Cos.
La escuela de Cnido debió tener contactos con los pitagóricos, los egipcios y
los persas. Su figura principal fue Califonte y de esta escuela proceden Sobre
las enfermedades y Enfermedades II.
La figura más destacada de la escuela de Cos fue, como ya se ha señalado,
Hipócrates, en su doctrina se daba gran importancia a los síntomas referidos
por el paciente, sin embargo, tenía mayores limitaciones desde el punto de
vista terapéutico que la de Cnido. Es sabido que el tratamiento de la escuela
de Cos se realizaba básicamente a base de purgantes y productos lácteos. De
esta escuela proceden Sobre la dieta en las enfermedades agudas, Sobre
los aires, las aguas y los lugares, los Pronósticos, los Aforismos (Tabla
1), Epidemias I y II, Sobre las heridas de la cabeza, Sobre las
fracturas y Sobre las articulaciones .
Durante la segunda mitad del siglo IV hubo influencias sofistas, lo cual hizo
que se plantearan dudas sobre la terapéutica y el pronóstico ( Sobre la
dieta, Sobre la naturaleza del hombre).
Por último, hay tratados escritos a partir del siglo IV a. de JC, en los que
existen influencias aristotélicas, epicúreas y estoicas ( Sobre el
corazón, Sobre el alimento, Sobre el médico).
Tabla
1. Aforismos
Describiremos
de forma somera algunos de sus volúmenes más importantes. En el Tratado
de los aires, las aguas y los lugares, en vez de atribuir un origen
divino a las enfermedades, analiza las causas ambientales (agentes externos) de
las mismas. Se sugiere que el clima, el agua o la situación geográfica de una
ciudad pueden ayudar al médico a evaluar la salud general de sus habitantes.
En Tratado del pronóstico y Aforismos se anticipa la idea de
que el médico podría predecir la evolución de una enfermedad mediante la
observación de un número suficiente de casos. Una idea novedosa en aquellos
momentos. En Régimen y Régimen en enfermedades agudas se hace
hincapié en la dieta, en el estilo de vida del paciente y en cómo ello influye
la convalecencia sobre la salud.
La enfermedad sagrada es un tratado sobre la epilepsia y se revela
el rudimentario conocimiento de la anatomía que imperaba en la antigua Grecia.
Se creía que su causa era la falta de aire, transportada al cerebro y las
extremidades a través de las venas.
En Articulaciones se describe el banco hipocrático para el
tratamiento de las luxaciones.
El concepto de physis
La elaboración la primera medicina científica (medicina hipocrática) duró
aproximadamente trescientos años y su principal hazaña consistió en sustituir
la explicación de la salud y enfermedad con elementos mágicos y sobrenaturales
por una teoría circunscrita a la esfera del hombre y la naturaleza. La
observación racional fue el marco de esta teoría, se trató de una ciencia
empírica que nació de la filosofía y que más adelante se separó de ésta. El
hombre siguió concibiéndose, siguiendo a Demócrito, como el mundo en
pequeño (microcosmos).
La idea fundamental que esta nueva medicina tomó de la filosofía presocrática
fue la de naturaleza (physis). Para los hipocráticos la physis posee
una fuerza que no puede ser superada por el hombre y tiene límites
infranqueables por lo humano. La naturaleza tiene armonía y produce armonía,
esto es, posee fuerzas capaces de restablecer el orden. Además tiene una
razón (lógos), accesible a la razón humana; por ese motivo
existe la fisiología (estudio de la naturaleza). Además, la naturaleza posee
ciertas fuerzas o principios elementales activos (dynámeis), que
son lo seco, lo húmedo, lo caliente y lo frío.
Los cambios o movimientos (kínesis) que ocurren en la
naturaleza pueden producirse por necesidad o por azar. En el
primer caso, los cambios son inexorables, en el segundo caso puede intervenir
el hombre. Los cambios inexorables (fatum) son superiores a las
fuerzas humanas, por ese motivo no pueden ser dominados por el hombre.
Teoría de los cuatro humores
Debido a que el hombre es un mundo en pequeño, su naturaleza
debe tener los atributos de la physis. La vida es un continuo
cambio de la naturaleza, desde el nacimiento hasta la muerte, existiendo una
mezcla de las cualidades primarias (krasis) y una conexión entre las
distintas partes del cuerpo (sympátheia). El mantenimiento de ambas
se debe a tres elementos: el calor innato (un agente interno que reside en el
ventrículo izquierdo), los alimentos y el aire (pneuma); este último
penetra en el cuerpo por la nariz, la boca y toda la superficie corporal.
Es importante destacar el hecho de que en los textos hipocráticos se estudia el
cuerpo humano sin diferenciar función y forma, y que los conocimientos
anatómicos aparecen dispersos y sin seguir una sistematización.
En la medicina hipocrática surge la idea de los humores como elementos
activosque contiene el cuerpo. ¿Cuántos humores hay? En el tratado Sobre
la medicina antigua se supone que existe un número ilimitado de
humores, en el libro Sobre las enfermedades, se señala que los humores
son cuatro, siendo uno de ellos es el agua. En el tratado Sobre la naturaleza
del hombre aparecen los constituyentes definitivos con la bilis negra
en lugar del agua.
En los escritos hipocráticos se afirma que existen dos pares de humores, cada
par con cualidades opuestas: sangre y bilis negra, flema y bilis amarilla. Cada
humor posee las cualidades de uno de los elementos de la physis (aire,
tierra, agua y fuego). De esta forma, la sangre es caliente y seca como el aire
y aumenta en primavera; la bilis negra, cálida y húmeda como la tierra y
aumenta en otoño; la flema, fría y húmeda como el agua y aumenta en invierno, y
la bilis amarilla, fría y seca como el fuego y aumenta en verano. En
definitiva, la doctrina hipocrática no se asentaba sobre la anatomía, sino
sobre los cuatro elementos de Empédocles.
¿Dónde se originan los humores? La sangre se origina y se renueva en el
corazón; la bilis negra en el bazo; la flema en el cerebro, y la bilis amarilla
en el hígado. Estos humores no son ficticios, pueden verse: la sangre en las
heridas; la bilis negra en las deposiciones (en especial en las melenas); la
flema en los catarros nasales; y la bilis amarilla en los vómitos.
De la lectura de los textos destaca la relación que existe entre los humores y
las estaciones del año, así por ejemplo, las enfermedades con exceso de flema
ocurren en el invierno y pueden manifestarse como afectación pulmonar,
acumulación de líquido en el abdomen o como una disentería.
Polibo, cuñado de Hipócrates, desarrolló una teoría Sobre la naturaleza
humana,observó una relación entre los humores y los temperamentos, así por
ejemplo, en el temperamento melancólico (lóbrego) domina la bilis negra.
Posteriormente los árabes, siguiendo esta misma doctrina, describirán los
temperamentos sanguíneo (pletórico, vivaz), flemático (frío) y colérico
(tempestuoso). Nos encontramos ante el germen de la medicina psicosomática y de
la teoría de los tipos constitucionales.
Prognosis y diagnosis
Para ejercer la medicina era preciso hacer una representación mental de la
enfermedad del paciente en todo el curso temporal (pasado, presente y futuro).
Esta representación es la prognosis. El acceso al pasado el
médico lo buscaba interrogando al paciente (anamnesis) desde
los comienzos de su afección. El estado presente constituía la diágnosis y
llegaba a ella a través de los seméix,
es decir, los signos y síntomas de enfermedad, cuyo estudio es la semiología.
En Sobre la oficina del médico podemos leer:
«Con
lo que se ve, lo que se toca, lo que se oye, lo que puede percibirse con la
vista, el tacto, el oído, la nariz y la lengua, el entendimiento; lo que puede
conocer todo aquello con que conocemos».
En
este sentido es célebre la descripción que realiza de la facies hipocrática:
«En
las enfermedades agudas hay que observar atentamente esto: en primer lugar, el
rostro del paciente, si es parecido al de las personas sanas, y sobre todo si
se parece a sí mismo. Esto sería lo mejor, y lo contrario de su aspecto normal,
lo más peligroso. Puede presentar el aspecto siguiente: nariz afilada, ojos
hundidos, sienes deprimidas, orejas frías y contraídas, y los lóbulos de las
orejas desviados; la piel de la frente, dura, tensa y reseca, y la tez de todo
el rostro, amarillenta u oscura».
A
través de hipótesis y deducciones el médico se representaba el curso futuro,
era la tarea más compleja, y para elaborarla debía recurrir a su saber,
experiencia e inteligencia. Esta capacidad intelectual de integración es la
parte fundamental del arte médico.
El médico hipocrático debía reconocer en primer lugar si la enfermedad era
un cambio por necesidad (ananke) o por azar. En el primer
caso, se debía abstener de intervenir. En el caso de que tuviera que actuar,
debía tener presente el principio de ser útil o no dañar (opheléin e me
bláptein), precepto que dio origen al célebre primum non
nocere (ante todo no dañar). En el libro II de Las
predicciones se puede leer:
«Yo
no hago adivinación, yo describo los signos que permiten conjeturar qué
enfermos sanarán y cuáles morirán».
Así
mismo, era muy importante reconocer el momento propicio para instaurar el
tratamiento, puesto que no hacerlo en el momento idóneo podía provocar que
fuese ineficaz. Esto queda reflejado en su primer aforismo:
«La
vida es breve; el arte, largo; la ocasión, fugaz; la experiencia, engañosa; el
juicio, difícil. Es necesario que no sólo el médico mismo se entregue haciendo
lo debido, sino también el enfermo y los presentes, y que se den las
circunstancias externas».
Concepto
de enfermedad
La salud fue concebida como una buena mezcla de los humores (eyctasía), lo
que significaba que existía una completa armonía en la naturaleza del hombre.
El concepto de salud conlleva fortaleza, justicia, equilibrio y belleza. La
enfermedad era un cambio de esta naturaleza y se producía por una alteración en
los humores ( dyscrasía); en ese sentido se entendía que el hombre
enfermaba en su totalidad.
La enfermedad (nósas) fue concebida como un proceso que se
producía en el tiempo; las enfermedades, como todo cambio, tienen sus causas y
aspectos específicos, que se manifiestan en el tiempo, constituyendo un curso
natural. Las ideas de modo típico y aspecto específico se convertirán después
en los conceptos de género y especie. El proceso nosológico general era el
siguiente: por alguna causa (presente en los alimentos o en el aire) se
producía un exceso de un humor. Esta sustancia (materia peccans) pasaba
por un proceso de cocción producido por el calor innato (pépsis), por
lo que se mezclaba y era eliminada por la orina, las heces o por alguna vía. Si
la eliminación era rápida se llamaba crisis,y si era lenta se
denominaba lysis. En otras ocasiones la materia
peccans se separaba y se depositaba en algún órgano, lo cual podía dar
lugar, por ejemplo, a la formación de un absceso.
Las enfermedades tenían días críticos, días en que podía ocurrir la crisis. Así,
uno de los aforismos dice:
«El
cuarto día es indicador del séptimo; el octavo, comienzo de otra semana; ha de
observarse el undécimo, pues éste es cuarto de la segunda semana. Ha de
observarse a su vez el decimoséptimo, pues éste es el cuarto a partir del
decimocuarto, séptimo a partir del undécimo».
La
teoría de los días críticos está basada en la experiencia, en la observación de
que ciertas fiebres hacían crísis en días determinados, como
las fiebres palúdicas terciana y cuartana.
En este aforismo podemos detectar la presencia de influencias
mágico-religiosas, los números no fueron elegidos al azar. El número cuatro es
un número pitagórico, representa el volumen y es uno de los enteros sencillos
de la cuarta justa en la escala musical. El número siete era de origen
babilónico y era el número de los planetas conocidos en ese momento (Mercurio,
Venus, Luna, Marte, Júpiter, Saturno y Sol).
¿Cuántas enfermedades conocían? Nuestro concepto de enfermedad es diferente al
de la medicina hipocrática, con frecuencia lo que hoy para nosotros es un
síntoma o un signo para ellos era una enfermedad. El estudio de las causas de
las enfermedades (etiología), aunque de reconocida importancia
teórica, se desarrolló poco, porque los métodos de examen que disponían eran
muy elementales.
Los factores etiológicos principales eran el clima, las estaciones, los
vientos, los lugares, los alimentos y los traumatismos físicos. El aire (pneuma) llegó
a tener un papel importantísimo en la medicina hipocrática.
Uno de los hechos que llaman la atención es que no se investigase la
concatenación de las alteraciones desencadenadas por el proceso patológico (patogenia).
Terapéutica
El principio básico de la terapéutica hipocrática es que la naturaleza(physis) es
la que cura y el médico es un simple mediador (vis medicatrix naturae). El
tratamiento de las enfermedades se debe regir por tres normas: favorecer y no
perjudicar, abstenerse de tratar enfermedades producidas por la «necesidad
forzosa» (incurables) y emplear remedios con cualidades contrarias al
desequilibrio, por ejemplo, se emplearán remedios calientes y secos cuando
exista un exceso de lo frío y de lo húmedo.
Sin embargo, en tres tratados (Sobre los lugares del hombre, Sobre la
enfermedad sagrada y en el libro VI de Las epidemias) se
recomienda utilizar tratamientos con cualidades similares a las que produce el
desequilibrio (similia similibus curantur), esto será una de
las bases de la medicina homeopática de Samuel Hahnemann.
El médico hipocrático disponía de tres armas terapéuticas: la dieta ( díaita),
la farmacéutica y la cirugía. La dieta, en contra de lo que pueda creerse a
priori, era la más importante, la disciplina en que se medía el arte
terapéutico. El vocablo díaita (dieta) se refería no sólo a la
alimentación sino a todo el régimen de vida.
Se conocía como phármacon a una sustancia extraña al
organismo, que no era necesariamente beneficiosa. Se pensaba que el phármacon tenía
la capacidad de atraer sustancias corporales afines a su naturaleza, de
arrastrarlas y de esta forma poder purificar al organismo. Los médicos
hipocráticos dieron gran importancia a los purgantes, como elemento de
purificación (kátharsis) del cuerpo y de eliminación de los
humores alterados. Los elementos empleados fueron, fundamentalmente, de origen
vegetal y aparecen recogidos en los textos procedentes de la escuela de
Cnido.
Tradicionalmente se ha transmitido la idea de que Hipócrates fue un internista,
sin embargo, uno de los aspectos más destacados de la colección hipocrática fue
el quirúrgico. La palabra cirugía procede de chéir (mano)
y érgon (trabajo), es decir, es el trabajo médico
realizado con las manos. Para el médico hipocrático era muy importante
tener habilidad manual y se distinguían dos tipos de cirugía, una puramente
manual y otra instrumental. A la primera pertenecía, por ejemplo, la reducción
de fracturas; a la segunda, el uso del bisturí (el arte de drenar abscesos o
realizar sangrías).
Práctica de la medicina
La salud era el bien más preciado en la sociedad griega, sin salud no podía
haber belleza. Por este motivo, el médico tuvo una posición social reconocida,
a pesar de que su ejercicio profesional conllevaba dos hechos por los que era
menospreciado: manual y retribuido con dinero.
Aquel que quería dedicarse a la medicina comenzaba como aprendiz al lado de un
maestro, en agradecimiento debía pagarle unos honorarios y prestarle un
juramento. En el tratado hipocrático se recogen las cualidades que debe tener
un joven para ejercer la profesión:
«habilidad
natural, instrucción, un lugar favorable para el estudio, intuición desde la
niñez, amor al trabajo, tiempo. Ante todo, se requiere una habilidad natural
porque si la naturaleza se opone, todos los esfuerzos serán vanos».
¿Cómo
se realizaba el ejercicio de la profesión? Únicamente las grandes comunidades
disponían de un médico municipal permanente, al que se pagaba con un salario
previamente fijado. Lo habitual era que el médico se desplazase de una ciudad a
otra en busca de trabajo. En aquella época las ciudades carecían de legislación
respecto a licencias médicas. Cuando el médico (iatros) llegaba
a un ciudad lo primero que hacía era alquilar una casa (consulta con sala
quirúrgica), la cual se convertía en el iatreion (vocablo de
donde deriva iatrogénico) y adonde acudirían los pacientes a ser evaluados.
Únicamente aquellos pacientes con elevado poder adquisitivo podrían ser
atendidos en su casa. La consulta entre colegas debió ser una práctica
habitual.
El pronóstico de la enfermedad era una parte muy importante del ejercicio
médico, puesto que era la mejor forma de adquirir un cierto prestigio, sin
embargo, la norma era no decir al paciente qué afección tenía y mucho menos si
ésta era grave.
En cuanto a la figura de la mujer, vivió en una situación de desamparo, ya que
rara vez recibía atención sanitaria y además tenía prohibido realizar el
ejercicio de la medicina.
Juramento hipocrático
Uno de los aspectos más relevantes del arte hipocrático fue que la profesión
médica alcanzó una enorme dignidad. El médico, en su quehacer, debía estar
guiado por dos principios básicos: el amor al hombre y el amor a su arte. Se
exigía que el médico cumpliese sus deberes frente a la polis, frente
al enfermo y frente a otros médicos. La idea moral culminaba en que el médico
debía ser bello y bueno (calós cagathós), es decir, debía
cuidar su presencia (siempre debía visitar a los pacientes perfectamente
aseado, bien vestido y perfumado) para que fuese agradable al paciente. Además
se exigía que gozase de buena salud, para poder inspirar confianza. Así mismo,
era menester que hablase con corrección, serenidad y moderación. En los textos
hipocráticos se señala que cuando un médico consiga alcanzar todas estas
premisas se habrá convertido en noble ( aristos).
Tabla
2. Juramento hipocrático
La
grandeza de la medicina hipocrática está más allá de la metodología
diagnóstica, pronóstica y terapéutica, hay que buscarla en el asentamiento de
las bases de la ética médica. Los estudiosos fechan el Juramento hipocrático
(Tabla 2) a fines del siglo V a. de JC o en la primera mitad del IV a. de JC,
es decir, lo sitúan en época de Hipócrates. Se trata de una declaración de
carácter ético-profesional en el que se señalaba, entre otras cosas, que el
médico debía contar con un carácter honesto, calmado, comprensivo y
serio.
El Juramento comienza invocando a los dioses, a Apolo y sus descendientes, a
continuación se establece un contrato, un código y se concluye señalando las
consecuencias terrenas derivadas de su cumplimiento y la trasgresión. El
Juramento presenta varios aspectos problemáticos aún no resueltos. ¿Se trata de
un texto unitario, de fragmentos compuestos o de un texto interpolado? ¿Quién
prestaba el Juramento, todos los médicos o sólo los de un determinado círculo?
¿Era este Juramento una realidad o sólo la expresión de un ideal?
El código también plantea problemas, así ¿por qué no usar el bisturí ni
siquiera para la talla vesical en caso de cálculos? Se ha explicado esto último
como expresión de un cierto grado de especialización. Pero probablemente no
implicaba que la cirugía comenzase a separarse de la medicina, lo cual sucederá
en la medicina alejandrina.
En la sociedad griega clásica la salud era el bien supremo. Un antiguo
proverbio ático rezaba: El verdadero aristócrata es el que goza de un
cuerpo saludable. El ser humano ideal era un hombre desarrollado
armónicamente en cuerpo y alma, noble y bello. La enfermedad era un gran mal,
que hacía al hombre de menor valía. Por este motivo, era frecuente que los
nacidos débiles o lisiados fueran eliminados. De forma paralela, el aborto era
una práctica habitual. Entonces, ¿por qué se prohíbe en el Juramento? Algunos
historiadores basan en este hecho la hipótesis de que el juramento no se
originó en Cos ni en Cnido, sino en el círculo de influencia de los
pitagóricos.
Dibujo de un banco hipocrático del período bizantino
Tema 9
Medicina posthipocrática
Contenido:
Aristóteles
y la anatomía comparada
Teofrasto de Eresos
Diocles de Caristo
Praxágoras de Cos
Mnesitheos de Atenas
Hombre vomitando como medio eficaz de liberar del cuerpo los excesos de
humores. Relieve atribuido a Brygos (490-480 a. JC.)
Aristóteles
y la anatomía comparada
La figura más importante de la medicina del siglo IV a. de JC fue, con gran
diferencia, Aristóteles (348-322 a. de JC). Nació en Estagira (Tracia) y era
hijo de un médico macedonio. A los 17 años se incorporó a la Academia de
Platón, en donde permaneció hasta la muerte del filósofo. Posteriormente se
dedicó a viajar por la Hélade y, a petición de Filipo de Macedonia, se
convirtió en el tutor de Alejandro Magno. Cuando el joven se lanzó a la
conquista de Asia decidió regresar a Atenas en donde fundó el célebre Liceo.
Allí Aristóteles, en un jardín con columnas (perípatos), enseñaba
una filosofía que recibió el nombre de peripatética. La escuela peripatética
contó con varios médicos de enorme valía: Diocles de Karistos, Praxágoras de
Cos y Teofrasto de Eresos.
Aristóteles fue un pensador creativo que abordó numerosos campos del saber, en
el aspecto médico destacaron sus estudios anatómicos, siendo el fundador de la
anatomía comparada, la cual ejerció una enorme influencia en el pensamiento
escolástico medieval.
Aristóteles ordenó los animales (Historia de los animales) en
una serie de niveles, cada vez más complicados, formando una «escala de la
naturaleza», en cuya cima se encontraba el hombre, al cual seguían los
cuadrúpedos vivíparos.
Sabemos que realizó interesantes estudios embriológicos (Sobre la
generación de los animales) utilizando embriones de pollo. Su
hipótesis de trabajo fue que el desarrollo embrionario se producía como
consecuencia de un proceso de configuración (epigénesis). Así mismo, fue un
férreo defensor de la generación espontánea, según la cual, cualquier sustancia
en descomposición es capaz de generar gusanos o larvas.
A Aristóteles debemos la introducción del concepto de «parte anatómica» como
unidad morfológica observable por su contenido ( partes similares)
o por su contorno (partes disimilares). En las partes similares se
incluiría la sangre, la grasa, el hueso, el cartílago..., de esta forma se
estaba adelantando en varios siglos a la idea de los «tejidos». Las partes
disimilares hacían referencia a los órganos que realizaban una función
propia.
Con ciertos matices, la epigénesis, la generación espontánea y la «escala de la
naturaleza» mantuvieron su vigencia hasta bien entrado el siglo XVII, sin
embargo, no sucedió lo mismo con sus teorías sobre anatomía comparada.
Teofrasto de Eresos
Fue el discípulo más aventajado de Aristóteles, su aportación principal fue en
el campo de la botánica (Historia de las plantas y Sobre
las causas de las plantas).Teofrasto aplicó el concepto de «parte
anatómica» a los vegetales, diferenciado sus características, y clasificándolas
en cuatro grandes grupos (árboles, arbustos, subarbustos e hierbas),
clasificación que perduró hasta el Renacimiento. Desde el punto de vista
médico, Teofastro clasificó más de quinientas especies, algunas de ellas fueron
recogidas durante las campañas de Alejandro Magno.
Aquiles venda a Patroclo. Taza de Sosias griega del 500 a.C. Museo
Statliche, Berlín.
Diocles
de Caristo
Vivió en el siglo IV a. de JC y escribió los primeros textos monográficos sobre
anatomía y plantas medicinales, además de ser el autor de otro sobre
«dietética». En todos sus escritos se puede observar grandes influencias
aristotélicas.
Praxágoras de Cos
Fue el último gran médico de la escuela coica. Al igual que en el caso de
Diocles de Karistos, de su obra tan sólo se conservan fragmentos. Escribió un
tratado referido a las enfermedades de «países lejanos» (Morbi
peregrini) y fue el primer gran médico en prestar importancia al pulso
como elemento diagnóstico, pese a pensar que por las arterias circulaba
aire.
Mnesitheos de Atenas
Fue el primer médico que realizó una clasificación sistemática y cerrada de las
enfermedades.
Tema 10
La Escuela de Alejandría
Contenido:
Herófilo,
el primer anatomista
Erasístrato y la plétora
Faro de Alejandría
El
periodo alejandrino se extiende desde el 336 a. de JC, año en que Alejandro
Magno conquistó la ciudad de Tebas, hasta el año 30 a. de JC, en el cual Egipto
pasó a ser provincia romana. Ptolomeo I Soler fue uno de los generales del
conquistador macedonio y el fundador de la dinastía de los Lágidas, que reinó
durante tres siglos en Egipto. Ptolomeo I convirtió a Alejandría en la capital
de Egipto, transformándola en un centro comercial y desbancando a Atenas como
foco cultural. Ptolomeo mandó construir el Museion (280 a. de
JC), el principal centro de difusión de la medicina griega; junto a él se
encontraba la célebre biblioteca de Alejandría. Durante su reinado también se
construyó el faro de Alejandría, una de las siete maravillas de la
antigüedad.
En el siglo III a. de JC la escuela Alejandrina alcanzó su apogeo y en ella
brillaron con luz propia dos grandes figuras: Herófilo de Calcedonia y
Erasístrato.
En la escuela de Alejandría comenzó la medicina con una base
científico-natural, en la que el médico dejaba de ser un filósofo especulativo
y se convertía en un médico-científico, con formación anatómica y
fisiológica.
Herófilo, el primer anatomista
Herófilo es considerado el primer anatomista. Nació en el siglo IV a. de JC y
fue discípulo de Praxágoras. Realizó numerosas disecciones de cadáveres humanos
y vivisecciones en los condenados a muerte, lo cual le permitió realizar
importantes aportaciones anatómicas. Efectuó descubrimientos importantes en el
sistema nervioso, afirmando que el cerebro era la sede de las funciones
mentales. Distinguió por vez primera los nervios de los tendones, así como los
nervios sensitivos de los motores. A él se debe la primera descripción de los
plexos coroideos y del IV ventrículo. En su honor a la confluencia de los senos
cerebrales se le sigue denominando prensa de Herófilo. También estudió la
anatomía del globo ocular, llegando a distinguir la córnea, la coroides y la
retina. Se interesó por el aparato digestivo, demostró que las venas
intestinales terminan en el hígado y dio nombre al duodeno.
Erasístrato y la plétora
Erasístrato de Ceos es considerado el primer patólogo. Postuló que el mecanismo
etiopatogénico más importante era la plétora, el exceso de
sangre y de materias alimentarias en las venas, lo cual provoca que las venas
se hinchasen y acabasen rompiéndose. Cuando un órgano se volvía «pletórico»
impedía la entrada de aire (pneuma) en las arterias, lo hacía
que funcionase de forma incorrecta. Para Erasístrato la plétora era la
responsable de la aparición de fiebre e inflamación.
Como es fácil comprender, Erasístrato se opuso con firmeza a la teoría de los
humores y defendió el origen de la enfermedad desde un punto de vista mecánico
(concepción mecanicista): la plétora impide la entrada del pneuma y,
por lo tanto, provoca la degradación del órgano.
Erasístrato fue el autor de dos obras de anatomía, de las cuales tan sólo
conservamos fragmentos. Fue especialmente importante su estudio del sistema
biliar, llegando a descubrir el colédoco (ductus choledochus), conducto
encargado de recoger la bilis del hígado y conducirla hasta el duodeno.
Herófilo
Sus
estudios en el cadáver le hicieron deducir que las arterias se encontraban
exangües, por lo que pensó que por ellas debía fluir aire. Entonces, ¿por qué
cuando nos hacemos una herida sale sangre? Según Erasístrato porque la sangre
ha penetrado en las arterias y ha desplazado al aire. Este médico postuló,
además, que había un sistema intermedio entre las arterias y las venas, al que
llamó synanastomosis, y al que siglos después Malpighi
denominaría capilares.
Para Erasístrato la sangre se formaba en el hígado a partir de los alimentos
digeridos y posteriormente era conducida desde el estómago hasta el ventrículo
derecho. Gracias a la contracción cardiaca la sangre era bombeada hacia los
pulmones, siendo las válvulas cardiacas las que impedían que regresase
nuevamente al corazón.
Por último señalar que a él se debe el descubrimiento de la epiglotis,
corrigiendo el error que se había arrastrado hasta ese momento de creer que los
líquidos ingeridos pasaban al pulmón para ser refrigerados.
Contenido:
Escuelas
médicas
Celso
Plinio
Dioscórides
Galeno
Sorano de Éfeso
Las primeras matronas
Teriaca, un veneno universal
La práctica médica
Las primeras enfermeras
Aportaciones de la medicina romana
Los
romanos llegaron a crear uno de los imperios más poderosos del mundo conocido.
Antes de la absorción de la medicina griega, la medicina romana tenía ya una
larga historia heredada de los etruscos, tanto en sus aspectos laicos como
religiosos, siendo estos últimos los que ejercieron una influencia más
duradera.
El legado etrusco se reflejaba en la confianza que tuvieron los romanos en la
adivinación mediante las entrañas de los animales, en el uso de las cartas
pronósticas etruscas, en las procesiones religiosas y en la adoración a los
dioses para que cesaran las epidemias.
Con enorme velocidad los dioses nativos de la medicina romana o los
transferidos por los griegos se multiplicaron. Entre las divinidades
relacionadas con la salud-enfermedad del panteón romano se encontraba Asclepio,
que fue latinizado a Esculapio e introducido en Roma en el año 295 a. de JC en
forma de serpiente enviada desde el templo de Epidauro; Febris, la diosa de la
malaria de los pantanos de Roma; Scabies, diosa de la sarna; Angura, diosa de
los dolores de cabeza; Mefitis, diosa de la fetidez...
Con el transcurrir de los años la teurgia y la superstición dejaron paso a
actitudes más racionales, a pesar de todo, un aspecto medico de influencia
etrusca que perduró durante mucho tiempo fue la dedicación de exvotos a los
dioses, por parte de los enfermos, para pedir o agradecer su curación.
Poco a poco, y como consecuencia de las conquistas romanas, la cultura que
había florecido en Alejandría comenzó a apagarse, por este motivo los médicos
buscaron nuevos horizontes, y creyeron encontrarlo en Roma. No tardó en
aparecer una corriente migratoria que propició la aparición de una colonia de
médicos en Roma. Uno de los primeros médicos alejandrinos que se hizo célebre
en Roma fue Asclepíades de Prusa (siglo I a de JC), padre de la teoría
solidista. Desde sus inicios rechazó la medicina hipocrática, a la cual
consideraba «una meditación sobre la muerte». Para Asclepíades
el cuerpo humano estaba integrado por una porción de partículas invisibles
(átomos) por entre las cuales circulaban los humores. La salud y la enfermedad
dependían de la relación que existía entre estas partículas. Utilizó el
concepto de oncos o masa para describir los órganos enfermos,
término que daría lugar al vocablo oncología.
Sus discípulos, de los cuales el más destacado fue Themison, crearon la escuela
metódica, según la cual las enfermedades dependían del estado de constricción y
relajación anormal de los vasos. De esta forma, se distinguían dos estados:
el status strictus (de tensión) y el status laxus (de
relajación), pudiendo haber, no obstante, situaciones intermedias (status
mixtus). El tratamiento, como es fácil comprender, podía ser de dos
tipos, o bien una terapia constrictora (vino, vinagre y agua fría) o bien una
dilatadora (sangría, masaje, ventosas).
Areteo de Capadocia abogó por la observación detallada de los enfermos,
siguiendo, en este sentido, la línea hipocrática, y por la fundamentación
anatómica de los procesos clínicos. Areteo fue un médico excepcional, describió
el aura que precede a las crisis convulsivas, la apoplejía, la lepra, la gota y
el asma. Por sorprendente que pueda parecemos, fue el primero en observar que
la hemiplejia aparece en el lado opuesto al hemisferio donde se producen las
alteraciones cerebrales; que la hemoptisis era un síntoma típico de la
tuberculosis y que el síncope podía ser debido a algún problema cardiaco.
En el siglo I d. de JC Plinio escribía: «el pueblo romano estuvo
durante más de seiscientos años no sin medicina, sino sin médicos». En
general, cada familia era atendida por el pater familiae, pero
ningún ciudadano ejercía la medicina fuera de su hogar. Esto se debía a que la
clase alta romana sentía por el trabajo manual la misma aversión que los
primeros griegos, y pensaba que la práctica de la medicina era algo indigno en
un hombre instruido.
La situación cambió cuando en el año 46 a. de JC Julio Cesar, intentando
disminuir la hambruna que padecía la ciudad, desterró a todos los extranjeros
con excepción de los médicos, a quienes otorgó la ciudadanía.
A Catón el Censor (234-149 a. de JC) le irritaba especialmente el control que
ejercían las ideas griegas sobre la vida intelectual romana, a las que
consideraba decadentes y deshonestas. Por esta razón arremetió de modo especial
contra los médicos griegos en un intento de restaurar las que él consideraba
útiles prácticas romanas. Catón aconsejó el uso de la col y el vino para
mantener la salud y tratar las enfermedades, y acompañó sus tratamientos con
fórmulas mágicas y encantamientos.
Escuelas médicas
En el siglo III a. de JC el arte médico hipocrático se dividió en dos escuelas
en las que el pensamiento de los clásicos se desvirtuó, la escuela dogmática y
la escuela empírica. La primera representaba la exageración de la tendencia
especulativa y como reacción surgió la escuela empírica.
En el siglo I a. de JC se consolidó una tercera corriente, la escuela metódica,
basada en el atomismo de Demócrito. Los metódicos defendían una concepción
simplista de las enfermedades, atribuían la génesis de las mismas al estado en
que se encontraban los poros del cuerpo, determinados por los átomos. Con el
tiempo, esta fue la escuela que triunfó en Roma.
Casi de forma simultánea se afianzó otra corriente, la de los pneumáticos que
asignaban al estado y a la acción del aire dentro del cuerpo una especial
importancia en la génesis de las enfermedades. Para ellos el pneuma que
llegaba a los pulmones se distribuía por las arterias después de alcanzar el
corazón. El pneuma era considerado un principio vital impulsor
y nutritivo, cuyo estado se apreciaba en el pulso. Si por cualquier motivo se
producía una discrasia de los humores el pneuma podía
aumentar, disminuir o descomponerse, favoreciendo la aparición de
enfermedades.
Celso
De la biografía de Aulio Cornelio Celso disponemos de pocos datos. Vivió a
caballo entre el imperio de Octavio Augusto y Tiberio, y es sabido que era un
patricio romano culto y de estilo depurado. Parece ser que no era médico de
profesión, si bien a él se debe la primera historia de la medicina de una forma
organizada, lo cual le valió el nombre de «Hipócrates latino» y «Cicerón de la
medicina». Celso estudió la evolución de la medicina desde las naciones «más
bárbaras» hasta la medicina hipocrática y alejandrina.
A este médico se debe la siguiente frase:
«el
arte de curar debe descansar sobre bases científicas, que se apoye en causas
manifiestas y rechazar las causas ocultas».
Tan
sólo conservamos uno de sus tratados De re medica (Sobre la
medicina), que formaba parte de su obra enciclopédica De artibus (Sobre
las artes), que constataba de ocho libros. De re medica es el
tratado médico más completo, coherente y homogéneo que se conserva de la
antigüedad.
Celso dividió la terapéutica en Dietética, Farmaceútica y Cirugía, tradujo al
latín los términos griegos y otorgó a la cirugía una posición
privilegiada: primus interpares (primera entre iguales).
Señaló las cualidades que debía tener todo cirujano:
«debe
ser joven o cuando menos no muy viejo, su pulso debe ser firme y seguro, sin
que jamás le tiemble. Debe poder usar la mano izquierda con igual destreza que
la derecha, su visión debe ser aguda y clara, su mente intrépida y debe sentir
la piedad necesaria, no a tal grado que se sienta conmovido por las lágrimas,
no debe ni apresurar la operación más de la cuenta, ni cortar menos de lo que
fuere necesario, sino hacer todo exactamente como si los gritos del otro no le
impresionaran ».
Entre
sus aportaciones más originales se encuentra la primera descripción de la
apendicitis. Es sabido que abogó por la práctica de disecciones como una fase
muy importante en el proceso de aprendizaje y en cierta ocasión llegó a
afirmar:
«el
arte de la medicina debe ser racional (...) abrir los cuerpos de los muertos es
una necesidad para los que aprender».
En
el campo de la traumatología sugirió el empleo de férulas y en dietética abogó
por el empleo de enemas y de dietas de adelgazamiento cuando fuese
necesario.
A él debemos la descripción de los signos de la infamación:
«en
verdad los signos de la inflamación son cuatro: tumor y rubor con calor y
dolor» (rubor et tumor, cum dolore et calore).
Para
Celso la cirugía era inseparable de la dietética y la farmacoterapia, tal y
como se puede leer en su obra:
«Y
en esa misma época la medicina fue dividida en tres partes, de manera que una
era la que curaba mediante la dieta; la segunda, mediante los medicamentos y la
tercera, mediante la mano. A la primera llamaron los griegos ‘dietética’; a la
segunda, ‘farmacéutica y a la tercera, ‘cirugía’».
Plinio
Cayo Plinio (Plinio el viejo) fue el autor de la monumental Historia
Natural, escrita entre los años 23 y 79 de nuestra era y dedicada al
emperador Tito, en ella anotó todo cuanto leía u oía. De los 37 volúmenes de
los que consta su obra, dedicó 13 a la terapéutica, en donde aparecen recogidos
remedios elaborados a base de cadáveres, excreciones humanas, sangre, pelo,
leche de mujer o saliva. Plinio tuvo el mérito de ser el primer pensador que
cita sus fuentes bibliográficas.
Dioscórides
Fue uno de los cirujanos de los ejércitos de Nerón y fue el primero que se
ocupó de la botánica médica entendida como una ciencia aplicada al servicio de
la medicina. Es sabido que llegó a clasificar unas 600 plantas de acuerdo con
las enfermedades que curaban (Sobre materia médica). Esta obra
alcanzó una gran difusión y se convirtió en el principal manual de farmacopea
que se utilizaba durante la Edad Media y el Renacimiento. Este autor describió,
por ejemplo, las propiedades de la manzanilla: «las raíces, las flores
y las hojas ayudan a entrar en calor y son adelgazantes».
Dioscórides gozó de gran fama, hasta el punto que su vino de mandrágora se
recomendó durante mucho tiempo como hipnótico y como anestésico (debía ser
administrado antes de las intervenciones quirúrgicas).
En el año 512 apareció en Bizancio una impresionante edición ilustrada, el
llamado Dioscórides vienés, que hoy se conserva en Viena.
Galeno
Galeno nació en Pérgamo en el año 129 d. de JC. Su padre, que además de
arquitecto era terrateniente, lo educó en el pensamiento estoico, pensando en
hacer de su hijo un filósofo. Durante diez años estudió en las mejores escuelas
de su tiempo, entre las que se encontraba las de Esmirna, Corinto y, por
supuesto, la de Alejandría. A orillas del Mediterráneo estudió la anatomía ósea
sobre esqueletos humanos, pero no la anatomía de partes blandas, puesto que ya
no se hacían disecciones sobre cadáveres humanos, aunque sí en cerdos y monos.
De aquí deriva el gran error de Galeno, que se perpetuará durante varios
siglos, el hecho de considerar los órganos humanos como análogos a los de estos
animales.
Tras ejercer durante cuatro años como médico de gladiadores en Pérgamo, etapa
en la que aumentó sus conocimientos de anatomía y traumatología, se trasladó a
Roma, en donde alcanzó gran prestigio y llegó a disfrutar de la protección de
los familiares del emperador Marco Aurelio. Hacia el 166 abandonó la capital
imperial, para volver tres años después, como médico personal de Cómodo, hijo
de Marco Aurelio.
Su fama se debió a los acertados diagnósticos que realizó en algunas
personalidades romanas, así por ejemplo, llegó a relacionar que la parálisis de
los tres dedos de una mano de un filósofo se debían a una lesión ubicada en la
columna vertebral, y que el insomnio de una matrona romana era debido al mal de
amores que sufría por un actor famoso, ya que cada vez que se mencionaba su
nombre se le aceleraba el pulso.
Escribió numerosas obras, que comprenden más de 400 volúmenes, las cuales
constituyen la cumbre de la medicina antigua y el legado más importante, al
aceptar la unidad sistemática. En la Tabla 1 aparecen recogidos sus principales
escritos. En ellos podemos distinguir cuatro elementos integrantes: la
tradición hipocrática, el pensamiento platónico y aristotélico, algunos
enfoques de diversas escuelas médicas y sus aportaciones personales.
Galeno adoptó la doctrina hipocrática de los cuatro humores; asumió las
nociones de «partes similares» y «disimilares» de la teoría aristotélica, así
como sus planteamientos sobre embriología. La base de la fisiología galénica se
basa en la naturaleza, movimiento, causa y finalidad de Aristóteles.
Tabla
1. Principales escritos de Galeno
Siguiendo
el esquema tripartito del alma platónico (concupiscente, con sede en el hígado;
irascible, localizada en el corazón; y racional, ubicada en el cerebro)
consideró que el alma era el principio vital y que se expresa en sus
facultades. Galeno distinguió dos tipos de facultades: principales
(vegetativas, cardiorrespiratorias y nerviosas) y secundarias (atractiva,
retentiva, excretiva y conversiva).
Durante su estancia en Roma fue testigo de importantes acontecimientos, como la
llegada de la «Peste de los Antoninos», que describió y relató
en sus escritos, las Guerras Marcomanas, el asesinato de Cómodo, la guerra
civil y la llegada al trono de Séptimo Severo. Debido a que la disección de
cadáveres estaba prohibida por la ley, realizó estudios diseccionando animales,
fundamentalmente cerdos y monos. Es sabido que realizó vivisecciones de muchos
animales con el fin de poder estudiar la función de los riñones y la médula
espinal. En este sentido puede ser considerado el primer investigador
experimental:
«Corto
y hábil es el sendero de la especulación, pero no conduce a ninguna parte;
largo y penoso es el camino del experimento, pero nos lleva a conocer la
verdad».
Realizó
estudios con perros, cerdos y caballos, les produjo lesiones cerebrales y
medulares para trazar la trayectoria de los nervios.
Galeno fue el primero en determinar el mecanismo fisiológico de la voz al
descubrir la relación entre el cerebro y la laringe; describió con detalle los
dos párpados y los seis músculos oculares, así como muchos músculos de la
cabeza, cuello, tronco y extremidades. Afirmó que las arterias y venas se
anastomosan entre si a través de todo el organismo, intercambiándose sangre y
humores por medio de ciertos poros. Fue el primero en corregir el error de
Erasístrato que afirmaba que por las arterias circulaba aire (Tabla 2).
Para Galeno la sangre se producía en el hígado por elaboración del quilo,transportado
desde el intestino. Desde el hígado llegaba a la aurícula derecha, desde la
cual seguía tres caminos: una parte se distribuía a los órganos por las venas
cavas, otra parte pasaba al ventrículo derecho y de éste, al izquierdo a través
de supuestos poros invisibles del tabique ventricular; finalmente otra parte
llegaba a los pulmones pasando por el ventrículo derecho; desde los pulmones
fluía el aire hasta el corazón.
Galeno consideraba que la sangre no circulaba sino que estaba sometida a un
vaivén. Las arterias y las venas tenían funciones diferentes: las venas tenían
sangre con sustancias nutritivas, mientras que las arterias llevaban sangre
con espíritu vital, compuesto por sangre y aire.
Fue un gran observador, lo cual le permitió distinguir cuadros clínicos
aparentemente semejantes: diferenció la neumonía de la pleuresía y la
hemoptisis de la hematemesis. Para Galeno las causas de las enfermedades podían
ser de tres tipos: inmediatas, internas (herencia biológica y constitución del
individuo) y externas. Dentro de las externas distinguía las «cosas no
naturales» (aire, ambiente, comida, bebida, trabajo, descanso, sueño, vigilia,
excreciones, secreciones y afectos del ánimo) y «cosas naturales» (el cuerpo,
sus facultades y partes). La conjunción de las causas internas y externas
conducía a los trastornos de la krasis (temperamentum), a los
que denominaba causas inmediatas.
Por último, en cuanto al tratamiento se refiere, recomendaba el empleo de
vegetales, minerales y sustancia de origen animal, si bien se mostró bastante
escéptico en cuanto a los efectos beneficiosos de de estas últimas. Daba
preferencia a los medicamentos simples, en De Simplicium Medicamentorum
Temperamentos et Factultativus analizó 473 medicamentos. En la terapia
galénica se incluía además de los fármacos la higiene, la gimnasia, los
ejercicios respiratorios y la dieta.
Tabla
2. Algunas de las aportaciones de Galeno
Sorano
de Éfeso
Sorano de Éfeso ejerció la medicina durante el siglo II d. de JC, en tiempos de
los emperadores Trajano y Adriano. Era un hombre culto y pertenecía a la
escuela metódica. Ha pasado a la posteridad por escribir la primera biografía
de Hipócrates y por su libro de ginecología ( «De las enfermedades de
la mujer»), siendo considerado por ello el Fundador de la Ginecología y
Obstetricia.
Desgraciadamente sólo conservamos parte de su obra. La primera está dedicada a
las comadronas, hace referencia a las cualidades físicas y espirituales que
debían tener las mujeres que ejerciesen esta profesión; a continuación aborda
aspectos anatómicos, fisiológicos y patológicos de la menstruación, embarazo y
parto. Sorano de Éfeso describió hasta diez posiciones que el feto podía adoptar
dentro del útero, recomendó como realizar la ligadura del cordón umbilical, así
como el lavado de los ojos al recién nacido. A él se debe la invención de la
silla de parto romana. De sus escritos se puede deducir que conocía la rotura
de membranas o el ensanchamiento del canal uterino externo para acelerar partos
lentos.
Así mismo, Sorano sugería a la matrona que apoyara la mano sobre el periné con
una compresa de lino para evitar el desgarro durante el periodo expulsivo.
También aconsejaba sobre cómo había que elegir el ama de cría, cuyas cualidades
morales y físicas han sido objeto de dogma.
Las primeras matronas
Las matronas tomaron su nombre de obstetrix que era el vocablo
que se utilizaba para designar a las parteras romanas. Etimológicamente es una
palabra latina que deriva del verbo obstare, que significa
estar al lado o delante de. En este sentido la partera sería la mujer que
acompañaría a la parturienta.
Las parteras de la antigüedad eran mujeres autodidactas que no tenían ninguna
preparación, entrenamiento ni educación especial. Ejercían su arte siguiendo
las normas empíricas que habían recibido por tradición oral a través de las
parteras más antiguas, a lo cual añadían su propia experiencia.
A Hipócrates se le atribuyen las primeras lecciones prácticas, a pesar de que
partía de conocimientos anatómicos erróneos y carecía de experiencia en la
observación directa de los partos. Para Hipócrates el feto tendía a abandonar
el útero materno obligado por el hambre, y nacía en virtud a sus propias
fuerzas. Pensaba que el parto natural era imposible en presentación podálica, y
que había que intentar convertirlo en cefálica, en caso contrario aconsejaba la
embriotomía.
Sorano de Éfeso consideró que las comadronas no necesitaban ser madres para
comprender cómo se debía asistir a los partos, pero sí que era necesario que
supiesen leer y escribir:
«esta
debe ser capaz de leer y escribir, para poder comprender el arte a través de la
teoría». Además es necesario que cumpla una serie de cualidades: «buena
memoria, ser industriosa y paciente, moral para inspirar confianza, estar
dotada de una mente sana y tener una constitución fuerte y, finalmente, debe
poseer dedos largos y delicados, con las uñas cortas».
Teriaca,
un remedio universal
Andrómaco, el médico del emperador romano Nerón, mejoró la receta creada en el
siglo I por Mitrídates VI Eupátor, rey del Ponto, el mitrídato. Se trataba de
uno de los remedios universales y antídotos más empleados en la antigüedad. La
nueva receta de Andrómaco contenía 64 ingredientes, entre los que se
encontraba, por ejemplo, sangre de pato, veneno de víbora, vino y miel.
Durante mucho tiempo la teriaca de Andrómaco se usó como remedio contra venenos
vegetales y animales, contra el aire putrefacto, la cefalea, la epilepsia, la
disnea y la hemoptisis.
La práctica médica
El ejercicio médico en Roma era libre, pero en la época de la República, como
ya se ha señalado, estaba mal visto, por lo que la mayoría de los médicos eran
de origen griego. A partir del siglo I a. de JC la situación cambió y los
médicos tuvieron una posición privilegiada, por ejemplo, no tenían que pagar
impuestos y estaban exentos de realizar el servicio militar. De esta forma se
hizo más atractiva la profesión, hasta el punto de que fue necesario fijar el
número máximo de médicos por ciudad.
Los médicos recibieron el nombre de valde docti y para obtener
tal rango debía acreditarse los conocimientos y la experiencia. Poco a poco se
fueron regularizando los estudios de medicina y se exigía, para poder ejercer
la profesión, presentar certificados de buena conducta. Habitualmente los estudiantes
terminaban sus estudios antes de cumplir los 20 años de edad.
Como ya se comentó, en la Grecia clásica la asistencia médica se llevaba a cabo
en los iatreion, una especie de clínica privada, en Roma se
realizaba en las tabernae. Como es sabido, el foro era la
plaza principal de la ciudad romana, alrededor de la cual tenía lugar la vida
económica, política y administrativa de la misma. Se situaban los edificios más
importantes de la ciudad: el templo al este, la basílica la norte, y las
tiendas o tabernae al oeste.
La única asistencia organizada era la hospitalaria, a la cual nos referiremos
más adelante. En la medicina romana, al igual que sucedió en la medicina
helenística, los medici chirurgici estaban separados de
los medici clinici, situación que se consolidaría durante la
Edad Media.
En Roma, se empleaba la palabra apotheca y apothecari (proceden
del griego apoteke) para designar a los establecimientos o
estancias donde se almacenaban mercancías destinadas al comercio. A las
estancias o dependencias destinadas exclusivamente a la preparación y
distribución de fármacos se las denominaba medicatrinas que, a
semejanza de las actuales farmacias, estaban rotuladas a la entrada y adornadas
con los símbolos de Esculapio. En ellas se elaboraban los fármacos y se
preparaban moldes para hacer píldoras, cápsulas, mesas de mármol para
confeccionar pomadas, balanzas de brazos iguales y de brazos desiguales, y una
serie de pesos medicinales. En esta época se introdujeron dos formas
farmacéuticas nuevas: los sinapismos (medicamento elaborado con semilla de
mostaza negra y que se utilizaba como revulsivo) y los esparadrapos.
Las primeras enfermeras
En el Nuevo Testamento el servicio a los demás, incluido el físico, es
expresado por el vocablo griego diakonia, del que deriva
«diaconisas». La primera diaconisa fue Febé, que aparece mencionada por San
Pablo en su Carta a los Romanos. Aquellas diaconisas se encargaban de los
enfermos y en palabras de Laín Entralgo fueron las primeas enfermeras de la
historia.
El primer documento escrito del trabajo de las enfermeras es una descripción en
piedra caliza procedente del reinado de Ramsés II (1250 a. de JC), en el cual
se puede leer que determinadas mujeres fueron dispensadas de la obligación de
trabajar en la construcción de los templos del Valle de los Reyes para
permanecer en sus casas atendiendo a familiares enfermos. También es sabido que
los sacerdotes de los templos contaban con la ayuda de algunas mujeres, con
frecuencia de extracción social elevada, para atender a los enfermos.
La mayoría de los estudiosos están de acuerdo en afirmar que la profesión de
enfermería surgió en la India en torno al siglo VI a. de JC. En el Susruta
Samhita se describen cuáles debían ser las cualidades de las enfermeras:
limpieza, inteligencia, simpatía, debían inspirar confianza, no debían ser
propensas al enfado, debían saber controlar su genio y tener una absoluta
fidelidad hacia el médico. Sabemos que Asoka, el gran monarca hindú, construyó
dieciocho hospitales y que en ellos trabajaban numerosas enfermeras.
Los griegos no reconocieron la figura femenina en el contexto socio-sanitario,
por lo que no hubo enfermeras en la antigua Grecia, de hecho en el Corpus
hippocraticum no se menciona en ningún momento que las mujeres
prestasen algún tipo de ayuda a los iatrós:
«Deja
al cuidado del enfermo a uno de tus ayudantes, a quienes darás todas las
instrucciones pertinentes sobre la administración del tratamiento y la
vigilancia de la enfermedad».
Las
única acción en las que participaron las mujeres fue en el acto de cortar el
cordón umbilical, por este motivo a las comadronas griegas se las denominaba
onphalotamai (del gr. onphalo, ombligo).
La situación cambió en época romana, las mujeres disfrutaron de un estatus
distinto, fueron respetadas y gozaron de cierto movimiento. Algunas
mujeres (diakonissae) acudían al más antiguo templo cristiano
de Roma a atender a los enfermos.
En España el nacimiento de la enfermería se produjo en época de Isabel la
Católica, durante el sitio de Granada algunas damas se ocuparon de la atención
de los heridos en tiendas de campaña.
Aportaciones de la medicina romana
La medicina romana hizo, fundamentalmente, tres aportaciones a la medicina:
mayor desarrollo de la cirugía, construcción de los primeros grandes hospitales
y la realización de obras sanitarias.
La sanidad militar, sin duda, fue de gran importancia para el mantenimiento y
expansión del orden romano. Era vital mantener a las tropas lo más saludable
que fuera posible, y que tanto los heridos como los enfermos recibieran
cuidados en razón a la escasez de buenos reclutas. Por este motivo, el mayor
desarrollo de la cirugía se circunscribió prácticamente al campo de la cirugía
militar, sabemos que, por ejemplo, cada legión romana (constituida por unos
5.000 soldados de infantería) estaba asistida por 24 cirujanos. Disponían de
unos 200 instrumentos quirúrgicos entre los que se incluyen fórceps para
extraer proyectiles, sondas, espátulas para aplicar ungüentos, pequeñas palas
con una cuchilla en el extremo, horcas para separar el tejido muscular, pinzas,
agujas tanto curvas como rectas, y tablillas para piernas. Todos los cirujanos
militares sabían cómo usar los torniquetes, los clampajes arteriales y las
ligaduras para detener la hemorragia, además sabían que la amputación podía
prevenir gangrenas mortales. En las amputaciones la carne sobre la herida se
cortaba sobre el hueso con un escalpelo, pero no sobre las articulaciones, y
entonces el hueso era serrado, dejando suficiente piel colgando, para después
poder alisar el hueso, doblar la piel situada por encima y coserla para cubrir
el hueso. Los cirujanos romanos practicaban una rudimentaria anestesia mediante
esponjas colocadas en la boca del paciente, de las que goteaban jugos
soporíferos como la mandrágora.
Pero, sin duda, lo que más sorprende es que estos médicos ya utilizasen métodos
antisépticos, a pesar de que, obviamente, desconocían la relación que existía
entre los gérmenes y las enfermedades. Entre esos métodos destaca el hecho de
que hervían el instrumental antes de utilizarlo y el que no reemplearán el
mismo instrumento en un paciente sin antes rehervirlo. Además es sabido que
lavaban las heridas con acetum, un potente antiséptico.
Fue el Imperio Romano quien introdujo la palabra «médico» en nuestro lenguaje,
ya que el oficial médico de las unidades de combate romanas era conocido
como medicus. Este médico era escogido entre los soldados y
entrenado por el ejército. Aunque los médicos del ejército creían profundamente
en las prácticas trascendentales, las supersticiones, los rituales y los
conjuros, trabajaban sobre la base del ensayo-error y se transmitían lo que
aprendían los unos a los otros y a las nuevas generaciones.
Con el paso del tiempo la enseñanza médica militar se reglamentó, y ya a
principios del siglo I d. de JC a todos los médicos del ejército se les exigía
asistir a la nueva Escuela de Medicina Militar.
Los hospitales romanos (valetudinaria) no tuvieron parangón en
la Antigüedad y se construyeron principalmente para atender a los soldados. El
término procede de vocablo latino valetudo que significa
estado de salud y enfermedad. Los restos arqueológicos más antiguos encontrados
corresponden al periodo que va desde el 9 a. de JC hasta el 50 d. de JC.
Inicialmente, los soldados heridos se alojaban en las casas de los ricos, más
tarde se erigieron tiendas de campaña separadas de los barracones y,
finalmente, se construyeron los valetudinaria en todas las
guarniciones situadas a lo largo de las fronteras del imperio. Estos hospitales
eran de planta rectangular y fueron edificados con piedra y madera, estaban
cuidadosamente planificados y dotados de instrumental, provisiones y
medicamentos. Se accedía a las instalaciones a través de un vestíbulo que
conducía a una sala. En el centro había un patio interior cuadrado rodeado por
salas de columnas y de edificios, en los cuales, a lo largo de una sala mediana
se hallaban dispuestas unas celdas individuales alineadas. Los baños estaban
compuestos por tres salas, equipadas con agua caliente, fría y templada, y los
inodoros disponían de un sifón de agua. El personal de los hospitales militares
estaba compuesto por médicos, farmacólogos, escribas e inspectores. La
responsabilidad del valetudinaria recaía sobre el optio
valetudinarii, un delegado del praefectus castrorum, que
solía ser un oficial perteneciente al «consejo» de este.
El valetudinaria más antiguo del que tenemos noticia es de Aliso, en Haltern
(Westfalia), que fue construido antes del 14 d. de JC. Con posterioridad
aparecieron los de Novaseium y Vetera (Alemania), Vindonissa (Suiza), Carnutum
y Lauriacum (Austria), Inchtuthil (Escocia) y Lambaesis (entre Túnez y
Argelia). Nunca se construyeron en los grandes núcleos urbanos, con excepción del
hospital de Lambaesis. Los hospitales civiles no aparecieron hasta bien entrado
el siglo IV d. de JC.
Los grandes acueductos fue una de las señas de identidad del Imperio, en Roma
hubo catorce acueductos que sumaban una longitud de 2.000 Km y que proporcionaban
teóricamente a cada persona el consumo de 500 litros diarios de agua. La
purificación se conseguía colocando depósitos y albercas a lo largo del
trayecto que recorría el agua, quedando la destinada a la bebida separada del
resto.
Durante el mandato de Nerva, Sexto Julio Frontino fue nombrado curator
aquarum, esto es, el responsable de la administración de las aguas.
Este patricio elaboró un informe donde describía la situación en la que se
encontraba el abastecimiento de la ciudad. Así pues, se puede decir que una de
las primeras auditorías ambientales de la historia fue la de los acueductos de
Roma.
Junto al abastecimiento de agua, muchas de las ciudades disponían de un sistema
de eliminación de las aguas residuales. Había también en algunas ciudades
grandes complejos de alcantarillas y tuberías colocadas bajo los edificios y
las calles, las galerías subterráneas fueron denominadas cuniculi. Las
galerías más pequeñas desembocaban en un colector principal que seguía el
trazado de las calles.
En Roma se construyó la Cloaca Máxima, una espectacular obra de alcantarillado,
por la que podían circular carros y hombres a caballo. Las casas romanas (domus) disponían
de letrinas, como las que pueden visitarse en Éfeso, que consistían en una
plancha agujereada sobre dos soportes de mampostería, si bien, en ocasiones era
un simple orificio. Así mismo, los romanos podían acudir a las letrinas
públicas, que a pesar de que eran de uso colectivo eran más lujosas, se trataba
de un espacio comunitario en donde
se podía conversar mientras se satisfacían las necesidades corporales. Los
asientos estaban situados directamente por encima de una cloaca que evacuaba
los residuos, sistema que aseguraba una higiene correcta y que preservaba de
los malos olores. A los pies de los usuarios discurría un pequeño canal de
agua. Con la ayuda de una esponja fijada al extremo de un bastón se limpiaban a
través de la abertura practicada en el asiento. Habitualmente había una pequeña
pila, situada en un rincón, en donde podía lavarse las manos. Además las
letrinas públicas estaban equipadas con estufas (hipocaustos) para
el invierno y adornadas con mármoles y estatuas. Los foricarum eran los
encargados de mantener salubres las letrinas, a cambio recibían un óbolo de los
usuarios.
Los romanos conocieron la relación existente entre tierras pantanosas y las
enfermedades; ya en el siglo I a. de JC Marco Varrón advirtió en contra de la
edificación en las proximidades de los pantanos: «porque allí nacen
ciertas diminutas criaturas que no pueden verse con los ojos, que flotan en el
aire y entran en el cuerpo por la nariz y la boca, causando graves
enfermedades».
Los baños públicos se convirtieron en lugar de encuentro para los ciudadanos
romanos. En las antiguas villas romanas los baños se denominaban balnea
o balneum (de donde procede el término balneario) y si eran públicos
recibían el nombre de thermae o therma. El nombre de termas se
aplicó por primera vez a unos baño construidos por Agripina en el año 25 d. de
JC. En el siglo III había en Roma 15 termas y 856 baños. Vitrubio, un destacado
arquitecto de la época de César y Augusto, describió los efectos beneficiosos
de las fuentes de agua caliente:
«las
fuentes que contienen azufre (...) restituyen la función de los nervios,
calentando la humedad que daña la salud y secándola del organismo con ayuda del
calor».
En
los baños romanos existían unas dependencias llamadas apodyterium, una
especie de vestuarios en donde se despojaban de la ropa, a continuación pasaban
al caldearium con baños de agua caliente, tepidarium para
baños de vapor y frigidarium, con agua fría; además de un natatorium, una
piscina al aire libre. El interior de las estancias y las piscinas de agua
caliente se realizaba mediante el sistema de hypocaustum, basado en
la distribución mediante túneles y tubos de agua caliente y vapor que se
extendía por debajo de los suelos de las estancias y piscinas y era alimentado
por una serie de hornos que se hallaban en los sótanos (Tabla 3).
En el caldearium se frotaban los cuerpos con la strigile para
retirar el aceite, el sudor y la suciedad de la piel. El ciclo solía terminar
en el unctorium, en donde se aplicaban pomadas, ungüentos y
perfumes a los bañistas.
El acceso a los baños romanos era libre o previo pago de una entrada mínima,
allí se disponía también de salas de masaje, zonas para tomar el sol (solarium), jugar
a la palestra e incluso una biblioteca, como sucede en las colosales termas de
Caracalla.
Catéteres romanos. Siglo I a. C.
En
época de Augusto, Agripa nombró una comisión encargada de la supervisión de los
baños públicos, lo cual incluía la comprobación de los calentadores, su
limpieza y mantenimiento.
En época romana se creó la figura del inspector de salud pública, que
habitualmente era ejercida por los médicos del ejército. Estos inspectores
examinaban de forma concienzuda numerosos aspectos, desde el sistema de
alcantarillas, hasta la provisión de alimentos o la reglamentación de la
prostitución.
Tabla
3. Estancias habituales de los baños romanos
Contenido:
Hospitales
como refugio para peregrinos
Cosme y Damián, protectores de los médicos
Oribasio
Alexandro de Tralles
Etión de Amida
Pablo de Egina
Monasterio Montecasino
En
el año 395, tras la muerte de Teodosio el Grande, el imperio
romano se dividió en dos: Occidente, cuya capital siguió siendo Roma, y
Oriente, con capital en Constantinopla. El Imperio Romano de Oriente
(bizantino) heredó la tradición médica griega. El centro médico de mayor
importancia durante este periodo siguió siendo Alejandría, en donde destacó la
figura de Zenón de Chipre y sus discípulos.
En el siglo IV vivió Posidonio el cual fue recordado durante los siglos
siguientes por su teoría sobre la localización de las facultades cognitivas,
para él la imaginación residía en la parte anterior; mientras que la cogitativa
o inteligencia se ubicaba en el ventrículo medio y la memoria residía en la
parte posterior. Esta teoría se mantuvo vigente hasta bien entrado el
Renacimiento.
Hospitales como refugio para peregrinos
La medicina bizantina no reglamentó la titulación ni la enseñanza médica, por
lo que, en un sentido estricto, no llegó a convertirse en una profesión. No
puede decirse que hubiera centros de enseñanza equiparables a las universidades
europeas, si bien es cierto que los hospitales alcanzaron un enorme
desarrollo.
Basilio el Grande (330-379) ordenó la construcción de grandes instalaciones
«hospitalarias» cerca de Cesarea, comenzando de esta forma la historia del
hospital en el Occidente cristiano. El término hospital procede
del latín hospes,que significaba huésped y de hospitium, albergue.
El edificio constaba de una serie de pequeñas construcciones agrupadas
alrededor de una iglesia, siguiendo el modelo de los pueblos
sacerdotales egipcios, antecesores de los conventos medievales.
Inicialmente estos lugares eran xenodoquias (del gr. xenos, extranjero,
y dochion, recibimiento), esto es, «albergues para
extranjeros». Esta concepción se debía a la ley ordenada por el emperador
Juliano el Apóstata (331-363): «No sólo para los extranjeros de nuestra
fe, sino para todos los viajeros pobres». Con esta filosofía se
crearon hospitales en Edesa (375), Antioquia (398) y Efeso (451).
La secta cristiana de los nestorianos creó albergues para extranjeros en
Gondishapur (450) y, probablemente, a lo largo de la Ruta de la Seda.
Cosme y Damián, protectores de los médicos
En el siglo II los cristianos comenzaron a venerar a sus mártires como santos,
surgiendo leyendas sobre curaciones milagrosas, lo cual provocó la aparición de
numerosas rutas de peregrinación hacia el lugar donde estaban enterrados los
santos. A partir del siglo VIII comenzaron a aparecer un activo comercio de
reliquias sanadoras. Por lo general se trataba de fragmentos de los restos
mortales de los santos: cabellos, huesos, uñas... Los cristianos pensaban que
la fuerza espiritual de los santos se transmitía a través de las
reliquias.
Desde Bizancio se extendió el culto a dos hermanos médicos, Cosme y Damián,
procedentes de Cilicia, en el sur de Anatolia. Según el martirologio, murieron
mártires hacia el año 303, bajo el reinado del emperador romano Diocleciano.
Según la leyenda se trataba de dos médicos que trataban a sus pacientes sin
cobrar nada, esto les valió el apodo de anágyroi (en griego,
sin dinero). Entre las milagrosas curaciones que se les atribuyeron destacaba
el trasplante de una pierna. Según reza la leyenda, recogida por Jacobo de
Vorágine (siglo XIII) en su Leyenda aurea, los dos santos
amputaron una pierna a un hombre de color que acababa de fallecer, para
trasplantársela a un enfermo, mientras dormía. Al parecer, cuando el paciente
despertó, pudo volver a caminar sin presentar ningún tipo de dolor.
Este milagro tuvo una gran difusión en los siglos posteriores y aparece
representado en numerosos cuadros del siglo XV y XVI.
Oribasio
Oribasio (325-403) nació en Pérgamo y estudió medicina con Zenón. En su ciudad
natal tuvo la suerte de atender al emperador Juliano El Apóstata, quien
le llevó como médico y bibliotecario a la Galia.
Este médico fue un gran compilador de medicina, su Synagogai está
constituida por 70 volúmenes en los que se recopila lo mejor de la medicina
grecorromana. Es considerado un médico iatrosofista, por su orientación
retórica y filosófica, así como por su interés por el conocimiento de los
libros griegos clásicos. En sus obras aparece descrita, entre otros aspectos,
la semiología de las lesiones de la médula espinal y la inhibición provocada en
los niños escolares con el castigo, lo cual hace que sea considerado como uno
de los primeros escritores en abordar aspectos pedagógicos.
Alexandro de Tralles
Alexandro (525-560) nació en Tralles, una ciudad de Lydia, y era hijo de
Stephano, médico, y hermano de Anthemio, el constructor de Santa Sofía. Sabemos
que realizó numerosos viajes a lo largo y ancho del Mediterráneo, llegando
hasta la península Ibérica y la Galia. En la última etapa de su vida optaría
por asentarse en Roma, ciudad en la que murió.
Fue seguidor devoto de la medicina galénica y un gran enciclopedista, al igual
que Orbasio. En sus descripciones aparecen descripciones originales de las
parasitosis intestinales y a él se debe el empleo por vez primera del cólquico
en el tratamiento de la gota. No deja de ser curioso que en sus escritos haya
recomendaciones terapéuticas que sean injustificables, como por ejemplo la de
comer escarabajos verdes vivos o administrar beleño negro que haya sido cogido
con los dedos índice y pulgar, con la luna en Piscis o en Acuario, ya que de
otra forma carecería de valor terapéutico.
Etión de Amida
Este médico destacó especialmente por sus conocimientos quirúrgicos. De entre
sus obras merece la pena destacar De vasorum dilatatione, en
donde aborda de forma original los aneurismas. Fue uno de los primeros
cirujanos ginecológicos y dedicó a esta especialidad 112 capítulos. Su
principal aportación práctica fue la introducción del especulo vaginal y la
metodología para mantener a la mujer con las piernas abiertas durante las
intervenciones ginecológicas. Sabemos que ordenaba colocar a la paciente con
las rodillas flexionadas, los muslos apretados contra el estómago y las piernas
tan abiertas como le fuera posible. Además hacía que le atasen una cuerda a un
tobillo, la pasasen en torno a la rodilla del mismo lado, luego por detrás del
cuello, por la otra rodilla y finalmente por el tobillo del otro miembro. De
esta forma era imposible que la mujer pudiese moverse durante la intervención.
Pablo de Egina
Pablo nació en Egina, en el siglo VII, una pequeña isla situada frente al Pireo
y es considerado el último médico de la Bizancio clásica. Fue el autor de Epitome
medicae o Hypomnema, una auténtica biblia médica, en especial para los
cirujanos, que se encontraba dividida en siete libros. En el primero abordó el
régimen de vida y describió la patología humoral galénica y la manera de llevar
a cabo una dieta adecuada. En el segundo trató las fiebres, afirmando que las
altas eran típicas de las enfermedades agudas, mientras que las moderadas lo
eran de las crónicas.
En el tercer libro estudió todas las enfermedades, empezando por la cabeza y
acabando en los pies. El cuarto era un tratado de dermatología; el quinto de
toxicología y en él recogía diferentes opiniones sobre los venenos.
El sexto era una monografía de cirugía, siendo una de las principales vías de
transmisión de la cirugía y la obstetricia al mundo islámico y a Europa
occidental, a pesar de que en algunos aspectos supuso un retroceso (se omitía
la descripción del útero y la presentación podálica, por ejemplo). Abulcasis
difundió este libro por casi todo el mundo islámico.
Por último, en el séptimo Pablo de Egina resumía las medicinas simples y las
compuestas, entre las que había 90 minerales, 600 plantas y 168 animales.
Contenido:
Escuela
de Gundishapur
Práctica médica
Rhazes
Avicena
Avenzoar
Averroes
Maimónides
Abulcasis
Alep, le Bimaristan (Hospitalpsiquiátrico del siglo XIV)
En
el año 622 se produjo el viaje (hégira) de Mahoma a La Meca, marcando el inicio
del calendario musulmán. Con enorme rapidez las enseñanzas del profeta se
difundieron desde la India hasta la península Ibérica. Córdoba fue la capital y
el centro científico-económico de la España árabe. El florecimiento de la
ciudad comenzó en el 749 con la huida de un príncipe de la dinastía de los
omeyas, la primera de los califatos musulmanes (661-750) de Damasco.
En el Corán se señala que la fuente de todas las cosas es Alá y si el hombre se
opone a la voluntad divina será castigado con la enfermedad.
Escuela de Gundishapur
En el año 489 se produjo el concilio de Edessa, tras el cual el obispo Cyro
expulsó a los médicos griegos nestorianos, los cuales se refugiaron en
Gundishapur, en las proximidades del Golfo Pérsico, y fundaron una escuela de
medicina. En el año 529 el emperador Justiniano clausuró la escuela de Atenas,
por lo que los médicos atenienses decidieron migrar a Gundishapur. Dos siglos
después esta escuela adquirió un enorme prestigio y fue conocida como Academia
Hippocratica,en alusión a la doctrina que mantenía.
En el año 765 el califa al-Mansur, de la dinastía de los Abbasidas, enfermó y
como ninguno de sus médicos conseguía devolverle la salud se desplazó hasta
Gundishapur, en donde fue atendido en su hospital. Tras su reestablecimiento se
interesó por la medicina que allí se practicaba y ordenó que se tradujesen al
árabe los escritos de Hipócrates, Aristóteles, Dioscórides y Galeno. A partir
de ese momento, en la escuela de Gundishapur se formaron generaciones de
médicos árabes, en donde estudiaron además filosofía griega, en particular
aristotélica y platónica, creándose una corriente escolástica musulmana.
Práctica médica
En la medicina islámica surgió la figura del hakim médico-filósofo,
en el camino de la medicina buscaba la sabiduría guiada por normas éticas. En
su aprendizaje adquiría conocimientos básicos, nociones filosóficas,
astronómicas, matemáticas, musicales y religiosas. El método de aprendizaje
consistía en interpretar los textos con el maestro, memorizarlos y recitarlos,
además se discutían mediante un sistema práctico de preguntas y
respuestas.
Con el tiempo se crearon escuelas (madrasa) dentro de las
mezquitas, en donde los estudiantes de medicina tenían su residencia al tiempo
que aprendían el Corán. En Bagdad, a comienzos del siglo IX, se creó la Bayt al
Hikma (Casa de la Sabiduría), por el califa al-Mamuun, a
semejanza de la Academia Hippocratica.
La medicina islámica elevó su calidad científica cuando entraron en contacto
con los médicos nestorianos y comenzaron a estudiar textos filosóficos griegos.
Sus conocimientos anatómicos fueron descriptivos y estaban tomados de los
textos galénicos. Una de sus pocas aportaciones anatómicas se debió a Abd
alLatif (1162-1231) que describió la unidad de la mandíbula inferior y la del
hueso sacro, que Galeno había señalado que estaba formado por dos partes.
La medicina árabe fue una medicina hipocrática clásica. En relación con la
medicina medieval cristiana tenían algunos rasgos comunes: sujeción a los
autores considerados autoridades, abandono de los estudios anatómicos,
desinterés por la cirugía, apego a la cauterización y observancia de la tesis
del pus laudabilis en cirugía. La patología estuvo regida por
la teoría humoral y se explicaba como un desequilibrio en la armonía natural de
los hombres.
Una de las principales contribuciones médicas del islam fue la creación de
hospitales (bimaristan). Tenemos noticias de la existencia de un hospital
en Bagdad en el año 707, al cual seguirían otros: Casa para enfermos mentales
(765), Casa de misericordia (981) y un hospicio con escuelas (1120).
La estructura de los bimaristan era muy similar a los de los
actuales hospitales: tenían una administración separada de la dirección médica,
en el de Bagdad había secciones para hombres y mujeres, lugares dedicados a
cada especialidad (ojos, fiebres y cirugía, fundamentalmente). Los médicos
visitaban a los pacientes acompañados de los estudiantes. En algunos hospitales
había incluso farmacia propia y las recetas que se prescribían eran examinadas
por un funcionario de mercado.
Un caso especial fueron los bimaristan dedicados a enfermos
mentales, en donde las personas peligrosas y agitadas eran encerradas y
encadenadas. Mensualmente uno de los médicos evaluaba su recuperación, en caso
de que se restableciera la salud los pacientes eran liberados y regresaban a
sus domicilios.
El Corán prescribía de forma estricta las reglas de higiene personal (aseo
personal, uso de ropa limpia), por lo que los baños (hamman) tuvieron
una gran importancia cultural e higiénica. En el siglo X había en Bagdad unos
3.000 baños públicos y en Córdoba más de 300. Los médicos islámicos
recomendaban la asistencia frecuente a los baños porque contribuían a aliviar
el cansancio y la apertura de los poros del cuerpo, por donde saldrían los
humores superfluos.
Rhazes
Su verdadero nombre era Abu Bakú Muhammed ibn Zakkariya, si bien fue más
conocido como Razi, en alusión a su ciudad natal, Raj, próxima a Teherán. Fue
el gran clínico de la medicina árabe. De su biografía apenas se conocen datos,
se sabe que nació en el año 860, que vivió setenta y dos años, que se quedó
ciego y que escribió numerosas obras. Su vocación por la medicina fue tardía,
inició sus estudios médicos a los 30 años, inicialmente había estudiado
filosofía y música, llegando a ser un gran guitarrista.
Es sabido que durante un tiempo fue director del hospital de Bagdad. Cuando se
le preguntó sobre el mejor emplazamiento para construirlo, lo primero que hizo
fue colocar trozos de carne fresca en varios lugares de la ciudad. Al cabo de
unos días comprobó la ubicación del trozo que se encontraba en mejores
condiciones y allí recomendó la construcción del hospital por considerar aquel
lugar como el más saludable. Entre las contribuciones de Rhazes a la medicina
árabe destacó la utilización de tripas de animales como hilos para suturas, por
tratarse de un material reabsorbible (catgut). Además fue el primero en
introducir el uso sistemático de preparados químicos en la terapéutica.
Las obras de Rhazes versaron sobre filosofía, matemáticas, física, química y
medicina. Es célebre su Kitab-el-Mansuri (El libro de Mansur) un
manual de medicina, en donde destacó especialmente la monografía sobre la
viruela y el sarampión, la primera sobre esta materia:
«En
cuanto que se observen las viruelas, especialmente cuando son intensas y
numerosas, y contengan gran cantidad de agua, hay que preocuparse de inmediato
de las articulaciones. Hay que frotarlas con sándalo, arcilla armenia, rosas,
alcanfor, vinagre y agua de rosas...».
Su
fama se difundió sobre todo por su obra enciclopédica de la medicina llamada
el-Hawi (Liber continens), obra póstuma, escrita por sus
discípulos, que consta de veinte tomos e incluye historias clínicas originales,
así como experimentos realizados en terapéutica.
Por último, señalar que dominó la cítara y que destacó como cantante,
recomendando a los melancólicos escuchar canciones, tener ante sí objetos muy
costosos y a dormir muchas horas.
Avicena
Avicena (980-1037) fue apodado «el príncipe de los médicos». Es sabido que fue
un niño prodigio y que con tan sólo diez años recitaba de memoria el Corán y
las obras de los clásicos. Primero estudió filosofía, derecho y matemáticas, en
especial la geometría euclidiana. Sus escritos filosóficos fueron considerados
un punto de referencia en la historia de la filosofía y tuvieron gran
influencia en pensadores posteriores, de la talla de Tomás de Aquino.
A los dieciséis años comenzó a estudiar medicina y tan sólo dos años después ya
era famoso por sus conocimientos médicos. A la edad de veinte años escribió su
primera obra: una enciclopedia de 20 volúmenes. En esta obra se aborda, de
forma ejemplar, la medicina general, los medicamentos, la patología de la
cabeza a los pies (a capite ad calcem), la cirugía, la ciencia
de la fiebre y la farmacología. En el siglo XII fue traducida al latín por el
erudito Gerardo de Cremona. Para que nos hagamos una idea de la trascendencia
de esta obra, tan sólo citar un dato: fue impresa 36 veces entre los años 1400
y 1600.
El fallecimiento de su padre le marcó terriblemente, hasta el punto de que
comenzó una vida errante con muchísimos altibajos, pasó de ejercer de visir a
estar preso.
Dejó un gran número de obras, siendo la más importante el Canon de
medicina,una obra de cincuenta volúmenes en la que aborda la teoría médica.
Se estima que contiene, aproximadamente, un millón de vocablos, y fue el
tratado médico que mayor influencia ha tenido durante los siglos
posteriores.
Su sepulcro se encuentra en la actualidad en Hamadan y es un lugar de culto y
peregrinación entre los enfermos, acuden allí buscando curaciones milagrosas.
Uno de sus aforismos más famosos fue: el médico ignorante es el esbirro de la
muerte.
Avenzoar
Fue el más grande de los médicos del Califato de Córdoba y uno de los pocos de
su época que tuvo el valor de oponerse al galenismo. Avenzoar fue el primero en
describir al Sarcoptes scabiei como el agente responsable de
la sarna.
Averroes
Fue alumno de Avenzoar y fue tenido por el hombre más sabio de España en su
tiempo. Destacó especialmente por su doctrina filosófica, la cual era un
peligro para la ortodoxia católica, ya que negaba la inmortalidad de las
almas.
Maimónides
Vivió en el siglo XII y fue más conocido como filósofo que como médico. Su obra
médica más célebre fue Fusul Musa, una colección de 1.500
refranes extractados de los escritos de Galeno. Además fue autor de un tratado
sobre hemorroides, un libro de venenos y antídotos, una disertación sobre el
asma y una obra en la que abordó las relaciones sexuales. Maimónides fue la
última de las grandes figuras médicas producidas por la civilización
hispano-árabe, tras él se produjo el declive de la medicina musulmana.
Abulcasis
Abul Quasim al-Zaharawi, llamado Albucasis, nació en Córdoba en el siglo X, fue
médico personal de Abderramán III y al-Hakam. Fue el único cirujano árabe de
cierta relevancia. Abulcasis tuvo su propia teoría al respecto:
«Pero
el motivo por el que en este nuestro tiempo no encuentro ningún cirujano
profesional radica en que el arte médico es extenso. Quien lo quiera practicar,
pues, debe familiarizarse primero con la anatomía...».
Su
principal obra fue Tesrif (Colección), en la que aparecen
recogidas numerosas descripciones de instrumentos quirúrgicos. Además del
empleo de la cauterización propugnó el uso de vendajes y la realización de
curas impregnadas en vino. A Abulcasis se debe la adopción de sujetar las
piezas dentales con un hilo de oro, un método que ya habían empleado con
anterioridad los etruscos. Fueron especialmente ilustrativas sus descripciones
sobre la técnica de la litotomía y la litotripsia.
Cubierta de Kitab-el-Mansuri, obra médica de Rhazes.
Tema 14
Medicina en la Edad Media
Contenido:
Influencias
en la práctica médica
Medicina monástica
Hospitales Medievales
La escuela de Salerno
Escuela de traductores de Toledo
Escuelas catedralicias
Universidades
Terapéutica
Práctica médica
Curación real
El Maestro Antonio da Budrio enseñando en la Universidad de Bolonia
(principios s. XV).
La
mayor parte de la Edad Media transcurrió entre dos epidemias de peste: la de
Justiniano en el siglo VI y la peste negra, que estalló en el siglo XIV. En el
lapso de tiempo comprendido entre ambas epidemias se extendió por Europa la
lepra y, cuando había declinado ésta apareció la sífilis. La escasez de
conocimientos anatómicos y filosóficos en la Edad Media, debida a la
prohibición de realizar disecciones humanas, por cuestiones religiosas y por la
gran autoridad que todavía ejercía la doctrina de Galeno fue la responsable del
lento progreso de la medicina. Persistían aún las ideas antiguas que afirmaban
que en el corazón había tres ventrículos, que el hígado tenía cinco lóbulos o
que la orina se formaba en el hígado a expensas de los humores y luego se
filtraba en el riñón.
Influencias cristianas en la práctica médica
La figura que marcó el pensamiento de la época fue San Agustín, que vivió en
los siglos V y VI. Su concepción filosófica se orientaba a la salvación eterna
del alma. Para el cristianismo medieval el cuerpo humano era la prisión del
alma y, por ello, no merecía mayor estudio. La vida de este mundo era
desdeñable y todos los ramos del saber estaban subordinados a los fines
religiosos. Se trataba de una visión radicalmente diferente del mundo con
respecto a la concepción griega.
En esta concepción no existía ningún camino hacia Dios por la razón, el único
camino para conocer a Dios era que El (Deus ut revelans) se
nos descubriese. La razón humana no existía sola, era el reflejo de la
iluminación venida de Dios. De aquí surgió el lema de San Agustín: credo
ut intellegam (creo para conocer).
Este camino condujo a la concepción teúrgica, a la terapia mística, a
considerar de eficacia profiláctica el uso de amuletos, talismanes, el culto de
los santos y las creencias en las propiedades curativas de sus reliquias. Así
vemos como los hermanos Cosme y Damián curaban con el auxilio de la fe; se
creía que los santos poseían el don de curar enfermedades específicas, de esta
forma surgió, por ejemplo, la concepción de que Santa Lucía curaba enfermedades
de los ojos, San Roque la peste, San Blas las afecciones de garganta...
En el siglo XI se produjo un primer cambio importante: San Anselmo enunció el
principio fides quaerens intellectum (la fe que busca al
intelecto), es decir, la fe necesita del intelecto. En 1163 se formuló el
famoso edicto del Concilio de Tours: Ecclesia abhorret a sanguine, con
el que oficialmente se prohibía la práctica quirúrgica a los clérigos. Esta
prohibición fue promulgada por el papa Inocencio III y se hizo vigente en 1215.
El edicto se basaba en el derecho canónico: la culpa de la muerte de un hombre
anula para siempre el ejercicio sacerdotal.
Por otra parte, se pensaba que la enfermedad era el castigo de los pecadores,
resultado de la posesión o de la brujería, por este motivo, la oración y la
penitencia eran los principales elementos terapéuticos que ayudaban a alejar el
mal.
En las postrimerías de la Alta Edad media, en el siglo XIII, Santo Tomás vio en
la razón humana una potencia independiente de la fe y, como todo lo humano,
imperfecta. Pero siendo Dios también razón, razón perfecta, y siendo su obra
también racional, El y el mundo eran accesibles a la razón humana. Así, el
hombre con su intelecto, aunque limitado, se vio fortalecido, y no sólo dio un
gran desarrollo a la escolástica, sino que también volvió a ocuparse de la
filosofía y de la cosmología.
Medicina monástica
Hasta mediados de la Alta Edad Media la medicina se ejerció principalmente en
los monasterios. El primero en fundarse fue el de los Benedictinos en el año
529, el Monasterio de Montecasino (Campania). En los siglos siguientes se
fundaron otros en España, Francia, Alemania e Irlanda. Para acoger a los
pobres, enfermos y extranjeros había distintas formas de albergues: casa de
pobres y peregrinos (hospitale pauperum), la posada para
peregrinos ricos (hospitium) y el hospital para monjes (infirmarium).
En el año 537 San Benito redactó su Regula Benedicti, que
hacía del cuidado de los enfermos un deber cristiano. En el capítulo 37 recogía
aspectos relacionados directamente con la medicina: dedicación preeminente a
los enfermos, normas para las celdas de los enfermos y del enfermero, creación
de enfermerías como construcciones anexas a los dormitorios y refectorios, así
como creación de hospitales y jardines botánicos. La regla benedictina contiene
disposiciones prácticas que afectan al infirmarius (médico) y
al servitor (enfermero), se concedía el permiso a los enfermos
de alimentarse de carne, especialmente a los más débiles, para que pudiesen
recuperarse. En el capítulo 36 podemos leer:
«Sobre
todo y ante todo hay que preocuparse de los enfermos. Hay que servirles como al
propio Cristo, pues realmente se le sirve a Él a través de ellos».
El
monasterio de San Gallen, fundado en el siglo VII, siguiendo la regla
benedictina constaba de instalaciones especiales para atender a los enfermos,
pobres y peregrinos. Había una posada para huéspedes de alto rango (domus
hospitum), un albergue para peregrinos (hospitale pauperum) y
un alojamiento para hermanos de la orden procedentes de otros lugares. El infirmarium estaba
destinado a monjes enfermos, de salud delicada y ancianos. Al lado se levantaba
la casa para el médico y una botica. Además había una casa para sangrías y
curas, baños y un huero de plantas medicinales (herbularius).
La ayuda a los enfermos se equiparaba al servicio de Cristo, Casiodoro
(490-583) escribió: «Lo que ofrezcáis, pues a los enfermos es ofrendado
a aquel que reina en los cielos». Este monje se dedicó a la formación
científica de sus monjes en el monasterio de Vivarium, al sur de Italia.
Tras la gran peste que azotó a Europa en el siglo VI y la conquista de Italia
por los lombardos, los monasterios concentraron aun más a la gente culta que
buscaba refugio. Durante este periodo el ejercicio de la medicina, por parte de
los monjes, estaba circunscrito a una misión únicamente caritativa.
La farmacopea de Lorsch (795) es el primer escrito de medicina
monacal que basa su exposición teórica en una apología de los Versos de
Cosme y Damián. En el siglo IX la biblioteca del Monasterio de San
Gallen tenía seis obras de medicina y mil de teología. Los textos médicos,
escritos en latín, eran en su mayoría fragmentos simplificados o resúmenes de
las grandes obras griegas y tenían un marcado carácter práctico. Galeno,
conocido a través de los comentaristas, era la autoridad indiscutida del
momento. De sus obras se dedujo, por ejemplo, la tesis del pus
laudabilis, según la cual el pus era un producto natural que favorecía
la curación de las heridas.
Hacia el 842 Walahfrid Strabo (809-849), abad del monasterio de Reichenau
describió los placeres y utilidades de las plantas en su libro Liber de
cultra hortorum. Estaba escrito en latín y constaba de 444 veros
hexámetros. En 23 versos ensalzó plantas que crecen en el huerto del
monasterio, describiendo sus flores, sus propiedades como hierbas culinarias y
también su efecto como plantas medicinales (Tabla 1).
Tabla
1. Algunas de las plantas del Hortuus
Dentro
de la medicina medieval ocupó una situación destacada Hildegarda de Bingen
(1098-1179), perteneciente a una familia señorial de Bermershein y educada en
el convento de Disibodenberg en las artes liberales. Desde 1136 fue abadesa de
este convento y en 1147 fundó uno propio, en Rupertsberg. En su obra hay dos
grupos de escritos, uno de contenido médicofarmaceútico y otro
místico-religioso. Los libros de ámbito médico son dos: Liber simplicis
medicinae(versa sobre el uso terapéutico de plantas, minerales y animales)
y Liber compositae (aborda la naturaleza, causas y síntomas de
las enfermedades). Hildegarda describió las enfermedades desde la cabeza hasta
los pies, trató cuestiones de índole sexual, enfermedades venéreas, la higiene
del embarazo, el puerperio y reglas para reprimir los deseos sexuales.
La medicina monástica se extendió oficialmente hasta el Concilio de Clermont
(1150), momento en el que se prohibió a los monjes ejercer la medicina porque
perturbaba la vida sacerdotal. En el Concilio de Tours (1163) y el Cuarto
Concilio de Letrán (1215) se prohibió a los clérigos toda actividad médica y,
en especial, la cirugía. A partir de ese momento la medicina dejó de enseñarse
en los monasterios. Hasta ese momento el mayor florecimiento de la medicina se
había producido en el monasterio fundado por san Benito de Nursia en
Montecasino.
Hospitales medievales
El progreso más importante de la medicina medieval fue la construcción de
hospitales, de mayor envergadura que los valetudinaria. El
primero de ellos se construyó en Montpellier. Los hospitales cristianos eran
verdaderos hospicios, estaban destinados a amparar a peregrinos y pobres,
enfermos o no, y a darles hospitalidad. La transformación de
hospicio a hospital se produjo en el siglo XIII. Un carácter propiamente médico
tuvieron los administrados por ciertas órdenes caballerescas, en este sentido,
la Orden de los Caballeros de San Juan tenía su propio hospital en Jerusalén.
En el siglo XII, con la aparición de la epidemia de lepra en Europa se crearon
a su vez los Lazaretos, llamados así en honor a Lázaro, el leproso de la
Biblia. Se calcula que a principios del siglo XIII había unos 19.000.
También existieron hospitales para dementes, la Orden de San Alejo se dedicó
particularmente al cuidado de estos enfermos. El primer manicomio que se fundó
fue el de Bethlem en Londres (1403), al que seguiría el de Valencia (1409),
fundado por el padre Joffre. En pocos años se multiplicó su número en la
península Ibérica: Barcelona (1412), Zaragoza (1425), Sevilla (1436), Palma de
Mallorca (1456), Toledo (1483), Valladolid (1489) y Granada (1504).
La escuela de Salerno
En el sur de Italia el retroceso de la civilización fue menor debido a la
ocupación bizantina, en un primer momento, y la árabe en un segundo periodo. En
el Golfo de Pesto, a pocos kilómetros al sur de Nápoles, se encuentra la ciudad
de Salerno. En el siglo IX se fundó allí una escuela excepcional en varios
aspectos: era exclusivamente médica, laica (civitas hippocratica), entre
su profesorado y alumnado había mujeres, y la medicina y la cirugía no estaban
separadas. La época más gloriosa de esta medicina tuvo lugar durante los siglos
XI y XII. Según la leyenda fue fundada por un griego (Ponto), un cristiano
(Magíster Salernus), un judío (Helino) y un musulmán (Adela). Sin aceptar esto
al pie de la letra, lo cierto es que en la costa occidental de Italia había
numerosos árabes y colonias judías y era un enclave de habla griega, dentro del
mundo romano. Desde el siglo X estuvieron libres del control clerical, aunque
la mayoría de sus profesores eran médicos-clérigos benedicitinos y dominicos
que aceptaron la doctrina hipocrática de los humores. Los primeros textos que
utilizaron en esta escuela fueron el Antrorarius y Antidotarius.
Federico II Hohenstaufen, protector de la medicina y la ciencia, congregó
eruditos musulmanes, judíos y cristianos, como Miguel Escoto, profesor médico
que introdujo en Europa las obras de Avicena y Averroes. En 1231 decretó para
su reino de Sicilia la primera ordenanza médica de occidente, estableció que al
plan de estudios se añadieran tres años de lógica, cinco de medicina y uno de
prácticas, siendo la única escuela en la que al terminar los estudios se
otorgaba el diploma de Médico y el título de doctor. Su plan de estudios fue
tan excepcional que no tardó en ser adoptado por la Universidad de París. Se
exigía a los futuros médicos la realización de un examen para demostrar que
habían adquirido los conocimientos suficientes, tanto de medicina como de
cirugía. Una vez superadas las pruebas los profesores entregarían públicamente
al nuevo doctor o magísterun anillo, una rama de
laurel, un libro y un beso de paz.
Esta escuela estaba centrada en el empirismo y la observación, no en aspectos
teóricos o especulativos. Entre los numerosos textos que conservamos hay
excelentes descripciones clínicas (disentería, enfermedades urogenitales) e
indicaciones terapéuticas (ungüentos con mercurio para afecciones cutáneas y
algas marinas en caso de bocio). El método diagnóstico más extendido fue la
uroscopia, hasta el punto de que se afirmaba que el médico podía determinar la
naturaleza de la enfermedad observando la orina del paciente. Las enseñanzas
sobre la uroscopia llegaron a ser extremadamente prolijas: se analizaba la
calidad y cantidad de orina, la concentración (se distinguían cinco grados
diferentes), el color (había veinte matices), el olor, la transparencia, la
presencia o ausencia de espuma...
Los médicos no diseccionaron cuerpos humanos, sus conocimientos anatómicos los
adquirieron a partir de la anatomía del cerdo, tal y como refleja la obra Anatómicaporci, de
Cophos.
También se dio cierta importancia a la ética médica así, por ejemplo,
Arquimateo aconsejaba al médico no fijarse demasiado en la esposa, las hijas y
las sirvientas del enfermo, puesto que esto repugnaba al Señor y no favorecía
la buena disposición del paciente ni mejoraba su estado de ánimo.
En el siglo XI llegó a la escuela de Salerno una de las figuras más destacas,
su nombre era Constantino el Africano. Había nacido en torno a
1020 en Cartago, de ahí su sobrenombre, y su principal aportación fue la
traducción al latín de textos griegos y árabes. De esta forma llegó a Occidente
el conocimiento médico árabe y clásico.
En Salerno se escribió el Antidotarium, la primera farmacopea
medieval, aunque sin duda la obra más famosa fue el Regimen Sanitatis
Salernitarum, que llegó a tener 1.500 ediciones. Este tratado estaba
escrito en verso para facilitar su memorización. Su datación gira en torno al
siglo XII y en él se recogen 350 consejos relacionados con la higiene, la dieta
y el modo de vida, fruto de las observaciones de los maestros salernitanos
(Tabla 2). En las últimas ediciones los consejos aparecían acompañados de
ilustraciones. En esta obra, por ejemplo, se advierte que no conviene abusar de
la fornicación, leer mucho en la cama, esforzarse en exceso para mover el
vientre o beber demasiado.
En
el siglo XII vivió Ruggiero Frugardi o Roger de Salemo, autor de Chirurgia
magistri Rogeri, la primera obra de cirugía del mundo occidental. La
gran aportación quirúrgica de la escuela de Salerno fue la técnica de curación
de heridas craneales: rechazaron la realización de trepanaciones y sostuvieron
la necesidad de examinar rigurosamente toda herida abierta, ya que se podía
complicar con una hemorragia intracraneal, así como la eliminación de los
fragmentos óseos sueltos y clavados en la carne.
Otro personaje salernitano de gran relevancia fue Trotula de Ruggero
(1150-1160), unos autores señalan que fue esposa de Joannes Platearius y otros
coinciden en afirmar que se trata de un nombre genérico de comadrona. Fue
autora de De passionibus mulierum, un libro dividido en 60
capítulos en los cuales se abordan temas de ginecología, obstetricia y
cosmética. Entre las diferentes técnicas que aparecen recogidas se recomienda
la protección perineal durante el parto y la sutura cuando existan desgarros.
Escuela de traductores de Toledo
La transmisión de los saberes clásicos a través de traducciones árabes tuvo un
escenario idílico en Toledo en el siglo XII. Hubo un ambiente de excepcional
tolerancia, lo cual permitió que pudiesen colaborar estrechamente judíos,
cristianos y musulmanes. El primer grupo de traductores fue el organizado en el
capítulo catedralicio por el cluniaciense francés Raimundo de Sauvetat. A lo
largo del siglo XII se tradujeron la mayor parte de los textos de Galeno,
Avicena, Rhazes y Albucasis. Entre los traductores merece la pena destacar la
figura de Juan Avendahut Hispano y Dominicus Guldisalvus. A diferencia del
carácter local de la escuela de Salerno, en la escuela de traductores de Toledo
colaboraron médicos procedentes de diferentes países europeos.
Escuelas catedralicias
Hacia el año 1000 en Chartres y Reims se abrieron escuelas catedralicias en las
que se impartían las siete artes liberales, que constituían
las tres ciencias formales (gramática, dialéctica y retórica) y las cuatro
ciencias reales (geometría, aritmética, música y astronomía). En las primeras
escuelas monásticas benedictinas las artes liberales también formaron parte de los
planes de estudio, pero no fue así en las escuelas que fundaron con
posterioridad los cistercienses, dominicos y franciscanos, en ellas apenas se
prestó atención a todo lo que no fuera disciplinas teológicas.
Dentro del mismo recinto se realizaba la asistencia religiosa, el cuidado de
los pobres y de los enfermos, así como la transmisión del saber. De esta forma,
los núcleos de conocimiento se trasladaron de los monasterios a las catedrales
o grandes sedes episcopales. El obispo enseñaba en su propia casa y pronto
delegó el cometido didáctico al magíster shcolarium, que a
partir del siglo XII se llamó cancellarius, que se convirtió en la
máxima autoridad de la enseñanza superior. Mientras tanto el preceptor se
encargaba de instruir a los principiantes. El máximo representante de las
escuelas catedralicias fue Guillermo de Champeaux, que fue discípulo de
Abelardo.
Universidades
Las universidades tuvieron su origen en los llamados «Estudios Generales» de
las escuelas municipales, no a partir de las escuelas monásticas ni
catedralicias. Aquéllas eran organizaciones autónomas en las que los
gremios (universitates) de estudiantes (discipulorum) o
de maestros (magistrorum) regulaban la enseñanza,
estableciendo las costumbres y normas universitarias. En este sentido eran
semejantes a otros gremios de personas del mismo oficio. Inicialmente
disfrutaron de la protección del Papa, del emperador o del municipio, con el fin
de librarse de la autoridad del prelado o señor feudal. Recibían varias
prerrogativas, entre ellas, el autogobierno, diversos fueros y la potestad de
conferir títulos. Inicialmente los saberes teóricos se dividieron siguiendo a
Marciano Capella (De septem artibus liberalibus) en: trivium (gramática,
dialéctica y retórica) y quadrivium (aritmética, geometría,
astronomía y música).
La estructura universitaria estaba integrada por cuatro facultades «mayores»
(teología, cánones, derecho y medicina) y una «menor» (artes liberales). El
profesor realizaba la lectio (lectura de las autoridades
clásicas traducidas al latín), desde su cathedra (asiento),
con la aclaración pertinente de palabras y frases, a continuación pasaba a
comentar las quaestiones que planteaba la lectura. El
vocablo facultas, de donde deriva el actual facultad,
determinó el contenido de la ciencia que se profesaba.
En ellas se concibió al trabajo manual con un sentido peyorativo, siguiendo a
Platón (Leyes) y Aristóteles (República), los cuales consideraban
las ocupaciones manuales como tareas serviles. Por este motivo la cirugía quedó
excluida de la enseñanza universitaria.
Las primeras universidades se fundaron a comienzos del siglo XII: Bolonia
(1088), París (1110), Oxford en (1167) y Montpellier (1181). En todas ellas la
medicina estuvo inicialmente en manos del clero. En Bolonia se realizó la
primera autopsia y Mondito de Luzzi escribió Anathomia, que
fue el libro de texto durante tres siglos y que se basa en la disección y
práctica de la anatomía.
La Universidad de Montpellier fue fundada por ex alumnos de Bolonia, tuvo la
facultad de medicina más prestigiosa de la Edad Media y vivió un período de
florecimiento a lo largo del siglo XIII. Entre los médicos que allí se formaron
destacaron Petrus Hispanicus, que en 1277 fue elegido Papa (Juan XXI), Tadeo
Alderotti y Henri de Mondeville, que criticó a Galeno (pus laudabilis) y
abogó por el estudio anatómico. Allí también estudió Arnau de Villanova, que
defendía que la verdad estaba fundada en la experimentación.
Tadeo Alderotti (1222-1303) nació en Florencia en el seno de una familia muy
pobre, lo cual no fue óbice para que fuera médico y llegara a ser
magíster medicorum. A él se debe la creación de la historia
clínica (consilium)bajomedieval. Básicamente consistía en una serie
de «ejemplos» médicos que debían ser utilizados a modo de consejos útiles para
realizar un diagnóstico y pautar un tratamiento. Los ejemplos estaban
constituidos por tres partes: un título, una enumeración de signos y síntomas y
una disputatio sobre las quaestiones más
importantes.
Henry de Mondeville (1260-1320) fue profesor de anatomía y cirujano de
Felipe el Hermoso, y es sabido que recomendaba lavar y suturar
las heridas con sumo cuidado.
Arnau de Villanova (1240-1311) nació en Valencia y estudió en la Universidad de
Montpellier. Después de ejercer durante algún tiempo en su ciudad natal se
desplazó hasta Barcelona, en donde fue médico de cámara de Pedro III y sus
sucesores. Más adelante, a inicios del siglo XIV, se trasladó nuevamente a
Montpellier en donde fue profesor. Se caracterizó por mantener una postura de
independencia de la medicina frente a las especulaciones filosóficas,
defendiendo la importancia de la observación clínica. Su producción escrita fue
extensa y merece la pena destacar un libro que escribió sobre
medicamentos (Antidotarium) y uno sobre aforismos (Parabole
medicationis). Villanova clasificó las enfermedades en: regionales (el
agua y el clima eran aspectos importantes en su papel causal), contagiosas,
hereditarias, epidémicas (en su génesis intervenían los astros) y varias y
desiguales (promovidas por el régimen de vida y las diferencias
constitucionales).
Desde Bolonia la práctica de la disección de cadáveres humanos se extendió a
Montpellier y a otras escuelas médicas o quirúrgicas de la Corona de Aragón, en
el resto de Europa esta práctica no se realizó de forma regular hasta el
Renacimiento. En la península Ibérica alcanzó gran prestigio la Escola
de Cirurgia de Valencia que se creó en 1433, y que a partir de 1478
obtuvo la autorización real para diseccionar cadáveres humanos.
La Universidad de París fue la más prestigiosa en el siglo XIII y en ella
enseñó uno de los hombres más sabios de la Edad Media, Alberto Magno, llamado Doctor
Universalis. Fue un gran enciclopedista que escribió 21 volúmenes del
saber científico. Su fama de erudito fue tan grande que se vio obligado a dar
clases al aire libre para acomodar a sus numerosos oyentes. En la Universidad
de París las disecciones de cadáveres humanos se iniciaron en 1478, pero no
tardaron en interrumpirse y no volvieron a reanudarse hasta 1505.
Rogelio Bacon (1214-1294) fue un fraile franciscano que enseñó en Oxford y
París, fue llamado el Doctor miravilis. Fue un acérrimo defensor
del experimento, describió la brújula, la pólvora y fue un consumado
alquimista.
En España la formación universitaria de médicos dio comienzo en Salamanca,
retomando el esplendor de Toledo, y ganó la carta de ciudadanía con la
aprobación de las Constituciones de Alfonso X (1254). En el
año 1300 se fundó el Estudio General de Lérida.
Ramón Llull nació en Palma de Mallorca en 1232 y murió en la misma ciudad en
1315. Su pensamiento es muy complejo, y de su obra la parte mejor conocida es
la teológica y literaria. Su obra médica está especialmente resumida en
el Libro de los principios de la medicina y en el Arte compendiosa de
la Medicina. La base de la medicina luliana es la estequiología, esto
es, los cuatro elementos (fuego, aire, tierra y aguda) y las cuatro cualidades
(calor, frío, húmedo y seco.
Terapéutica
El tratamiento medieval estaba basado en la expulsión de los humores corruptos
por medio de purgantes, eméticos, ventosas, sangrías y enemas. A fines de la
Edad Media en la terapéutica
predominaba una escuela de medicina astrológica: la Universidad de Bolonia
poseía una cátedra de Astrología que consideraba, por ejemplo, que la Luna
ejercía una mayor influencia sobre la venesección y que el valor de los
eméticos y purgantes dependía de las condiciones del zodiaco.
En la farmacopea medieval se consideraba que las piedras preciosas tenían
poderes curativos, por ejemplo, se pensaba que la esmeralda reprimía los
impulsos sexuales y que el zafiro fortalecía la vista.
Práctica médica
Roger II de Sicilia (1140) fue el primero el promulgar una reglamentación de la
titulación médica:
«Teniendo
en cuenta la gran pérdida y el daño irreparable que puede venir de la impericia
de médicos, disponemos que, a no ser que, tras haber sido aprobado por un
tribunal público de médicos de Salerno, se presente con documentos
testimoniales de rectitud y de suficientes conocimientos, tanto de los maestros
como de las autoridades».
En
1255 Alfonso X el Sabio promulgó el Fuero Real de Castilla en donde se obligaba
a los médicos y cirujanos a realizar un examen médico:
«Ningún
hombre no obre de física (medicina), si no fuera aprobado por buen físico por
los físicos de la villa do hubiere de obrar y por otorgamiento de los alcaldes,
e sobre estos haya carta testimonial del concejo; y esto mismo sea de los
maestros de las llagas (cirujanos) y ninguno de ellos no sean osados de tajar,
ni defender ni de sacar huesos, ni de quemar en ninguna guisa».
En
1329 Alfonso I de Aragón estableció que los médicos, para poder ejercer su
profesión, tenían que disponer de una licencia en la ciudad y en las villas del
reino, tras haber sido previamente aprobados por examinadores nombrados por el
municipio. Así mismo, debían acreditar que habían estudiado medicina durante
cuatro años. Más adelante, los Reyes Católicos (1477) crearon el Tribunal del
Protomedicato, una institución encargada de vigilar y autorizar el ejercicio de
la medicina.
A pesar de todas estas legislaciones, hay que tener en cuenta que no se produjo
una desaparición inmediata de los médicos sin formación universitaria y
titulación académica, y que durante mucho tiempo coexistieron ambos.
Curación real
Cuando el rey Luis IX el Santo (1215-1270) regresó de la Sexta Cruzada comenzó
en Francia la costumbre de la imposición de manos, ritual que practicaba el
monarca en las conmemoraciones de su coronación para evitar la escrofulosis. El
rey inglés Eduardo I se adhirió a este uso en el año 1269: King's touch. En
1723, con motivo de su coronación, Luis XV impuso sus manos a más de 2.000
escrofulosos.
Esta costumbre persistirá hasta el siglo XVIII, siendo la reina Ana de
Inglaterra la última «sanadora real inglesa». En Francia prolongó algún tiempo
más, el último acto sanador en territorio francés tuvo lugar en 1825 con la
coronación del rey borbón Carlos X.
Pacientes mostrando su orina a Constantino el africano
Contenido:
Lepra
Peste
Ergotismo
Grabado que muestra a un médico con el equipo distintivo creado para
protegerse de la peste.
Peste
Boccaccio, el autor florentino del Decamerón, nos explica en diez cuentos las
historias clínicas de siete mujeres y tres hombres que huyen de la peste que
asola Florencia, por lo que bien podría ser considerado un tratado de peste. En
las primeras páginas de su libro nos cuenta por qué los protagonistas huyen de
sus casas, siendo una de las mejores descripciones de la epidemia que asoló
Europa en el siglo XIV:
«Esta
peste cobró una gran fuerza; los enfermos la transmitían a los sanos al
relacionarse con ellos, como ocurre con el fuego a las ramas secas cuando se
les acerca mucho (...) Casi todos tendían a un único fin: apartarse y huir de
los enfermos y de sus cosas; obrando de esta manera creían mantener la vida.
Algunos pensaban que vivir moderadamente y guardarse todo lo superfluo ayudaba
a resistir tan grave calamidad y así, reuniéndose en grupos, vivían alejados de
los demás, recogiéndose en sus casas (...) A la vista de la cantidad de
cadáveres que día a día y casi hora a hora eran trasladados, no bastando la
tierra santa para enterrarlos, ni menos para darles lugares propios, según la
antigua costumbre.».
También
Tetrarca fue testigo de la peste y escribió:
«Ojalá
no hubiera nacido o hubiera muerto ya, este año no solamente nos han arrebatado
a nuestros amigos, sino que han robado al mundo sus pueblos».
Durante
mucho tiempo se empleó el término peste como sinónimo de plaga, en referencia a
una enfermedad epidémica, de aparición brusca y con elevada morbimortalidad.
Algunas de las pestes más célebres a lo largo de la historia, como la descrita
por Tucídides (siglo V a. de JC) o Galeno (siglo II) fueron realmente epidemias
de tifus exantemático u otras afecciones, no epidemias de peste.
El brote de peste bubónica se inició en 1348, cuando los genoveses estaban
sitiados en Khaffa (actual Feodosiya), ciudad portuaria del mar Negro. Los
sitiadores tártaros, antes de retirarse, lanzaron con catapultas cadáveres de
los apestados por encima de las murallas. Los genoveses, que creyeron haber
vencido, embarcaron con destino a Génova llevando la enfermedad con ellos y
diseminándola por toda Europa.
La epidemia provocó la muerte de casi la tercera parte de la población europea.
Ciudades como Florencia, Venecia o París perdieron alrededor de la mitad de sus
habitantes. En la península Ibérica afectó especialmente al reino de Castilla,
provocando incluso la muerte del rey Alfonso XI, durante el cerco de
Gibraltar.
Se tomaron varias actitudes frente a esta epidemia. Por una parte, la plaga fue
interpretada como un castigo divino, por lo que entre las medidas terapéuticas
que se llevaron a cabo en toda Europa destacaron las «procesiones flagelantes»,
que cruzaron regiones y países en actitud penitencial. Estas procesiones fueron
suscitadas por el Papa de Aviñón, y los penitentes iban descalzos, cargados de
cruces, cubiertos de ceniza y sometidos a las más duras disciplinas. Se acusó a
la comunidad judía de ser las responsable del castigo divino, lo cual provocó
el inicio de encarnizadas persecuciones contra los hebreos.
De forma paralela, los médicos adoptaron una serie de medidas higiénicas,
además del aislamiento, destinadas a evitar el contagio: huir de la región
afectada (cito longue et tarde, cuanto más lejos mejor y
volver lo más tarde), purgarse con aloes, realizar sangrías y purificar el aire
con fuego. Los médicos recomendaban que los bubones se madurasen con cebollas e
higos cocidos, que a continuación se abriesen y se curasen.
Se pensaba que existía «algo» desconocido que era capaz de atravesar el aire
desde el enfermo al sano, y desde los objetos inanimados que habían estado en
contacto con los afectados. Por este motivo, cuando un apestado moría se
ordenaba quemar todos los objetos que hubieran estado en contacto con él y se
enjalbegaban las paredes de los edificios en los que había estado albergado.
Estas medidas motivaron que se perdiesen muchas obras de arte que tenían por
soporte los muros de los edificios.
Para evitar que los médicos contrajesen la enfermedad se adoptó un vestuario
peculiar: un amplia capa con mangas hasta las manos, guantes, altas botas, un
sombrero de ala ancha y una «careta» que cubría todo el rostro y que se
prolongaba en una especie de largo pico de ave (en su interior se depositaban
hierbas aromáticas y medicinales).
Simultáneamente se iniciaron medidas de aislamiento, siendo las autoridades de
Marsella las primeras que las adoptaron. Establecieron que todo barco que
llegase a su puerto con un enfermo o con una persona sospechosa de padecer la
enfermedad debía permanecer a bordo durante treinta días antes de bajar a
tierra. Los venecianos prolongaron este periodo a cuarenta días, lo cual dio
lugar al término cuarentena, vocablo que se sigue empleando
para referirnos al periodo de observación al que se someta a una persona para
detectar signos o síntomas de una enfermedad infecciosa.
Actualmente sabemos que la peste está provocada por Yersinia pestis y
que se transmite al hombre a través de la picadura de la pulga Xenopsylla
cheopis,siendo el principal reservorio de la enfermedad la rata negra (Rattus
rattus), la cual llegó a Europa en la época de las cruzadas. La
enfermedad tiene dos formas de presentación: bubónica (a través de la picadura)
y neumónica (la transmisión se produce por las gotitas de Pflügge).
Lepra
Hay que tener presente dos hechos, el primero que el término «lepra» ya aparecía
recogido en el Levítico y, en segundo lugar, que durante muchos siglos englobó
a muchas enfermedades cutáneas que en realidad no eran lepra. Los restos óseos
más antiguos relacionados con el patógeno responsable de la enfermedad (bacilo
de Hansen) datan del siglo VI.
Por otra parte, su contagiosidad es muy limitada, se precisa un contacto
estrecho con el enfermo para adquirir la enfermedad, lo cual contrasta con la
idea que desde la antigüedad se nos ha transmitido de su terrible
contagiosidad.
En el Levítico se dedican dos capítulos completos (13 y 14) a describir con
exactitud los distintos tipos de lepra, a distinguir la enfermedad de otras
afecciones y a las medidas que debe adoptar el enfermo:
«El
leproso llevará sus vestidos rasgados, dejará crecer libremente el cabello de
su cabeza y se tapará hasta el bigote y gritará: ¡Impuro, impuro! En cuanto le
dure la afección, será impuro; impuro es. Permanecerá aislado; su morada estará
fuera del campamento» (Lev 13, 45-46).
Así
mismo, aparecen descritos los signos que deben tener en cuenta las autoridades
religiosas para determinar que el enfermo está curado, lo cual nos indica que
los diagnósticos no eran exactos, pues hasta hace unas décadas se trataba de
una enfermedad que carecía de tratamiento.
Tras el Concilio de Lyon (583) las autoridades religiosas dictaron una serie de
normas relacionadas con el aislamiento de los enfermos. Se ordenó que cuando
una persona fuera diagnosticada de lepra debía ser expulsada de la sociedad y
fuera de los muros de la ciudad y los conventos, a partir de ese momento estaba
condenada a vivir en la leprosería. Inicialmente las colonias de los leprosos
se reducían a unas cuantas cabañas de madera alrededor de una capilla. A partir
de la Alta Edad Media, la mayoría de las leproserías se ubicaron en las
principales vías de comunicación y rutas de peregrinos.
La Iglesia cargó con la principal responsabilidad de mantener a los enfermos,
decidiendo en el año 549, durante el Concilio de Orleáns, ocuparse de la
alimentación y el vestido de los leprosos.
Para mejorar sus condiciones de vida, se permitió a los leprosos mendigar para
pedir ayuda; para ello se les obligaba a llevar una ropa que les distinguiera
y, además, cascabel y campanillas para evitar el peligro de contagio.
El nombre de las leproserías guarda relación con la orden de San Lázaro,
fundada en 1048 para atender a los leprosos. En España estos centros también
recibían el nombre de gaferías (el vocablo gafo significa
agarrotado, en clara alusión a la postura de las manos y los pies de estos
enfermos). La primera leprosería o gafería española fue la de Barcelona, en el
siglo IX, a la que siguieron otras muchas. En 1471 los Reyes Católicos crearon
la figura de los alcaldes de la lepra, los cuales debían asumir las
prerrogativas que con anterioridad tenían los jueces eclesiásticos, en cuanto a
dictaminar del aislamiento de por vida de los enfermos.
Cuando los cruzados enferman también de lepra, la enfermedad deja de ser pecado
para convertirse en una «santa». A partir de entonces se ayudará al enfermo con
verdadero amor cristiano. Poco a poco se fueron suprimen los funerales para los
leprosos y en el tercer Concilio de Letrán (1179) se decidió que la lepra ya no
era motivo de separación.
Ergotismo
El ergotismo se conocía en la Edad Media como ignis sacer (fuego
oculto) o fuego de San Antonio. Este santo fue un ermitaño egipcio que vivió en
el siglo IV y que se hizo célebre por sus visiones del demonio. Su veneración
protegía contra las infecciones, la epilepsia y el fuego. Durante la Edad Media
la orden de San Antonio creó varios hospitales y monasterios para acoger a los
enfermos afectados del ignis sacer. Una de las mejores
descripciones de la época corresponde a Raul Glaver (993), un benedictino de
Cluny, que afirmaba que era una enfermedad que
«atacaba
a los miembros y los separaba del tronco después de haberlos consumido».
En
el año 1089 hubo una epidemia que afectó a toda Europa, diezmando pueblos y
rebaños. Un monje de Baviera dejó a la posteridad una dramática descripción:
«las
entrañas devoradas por el ardor del fuego sagrado, con miembros destruidos,
ennegrecidos como carbón, seres que o bien morían miserablemente o bien veían
sus pies y sus manos gangrenados separarse del resto del cuerpo» .
Habitualmente
la enfermedad se presentaba de forma epidémica a comienzos de la estación
otoñal, en especial cuando el verano había sido tormentoso. Los enfermos
comenzaban a presentar hormigueos en los dedos de las manos y los pies, en las
orejas y la punta de la nariz; además solían presentar nauseas, vómitos y
diarrea. Finalmente se producía de forma sistemática afectación cutánea,
formándose vesículas oscuras que evolucionaban en las zonas señaladas desde el
enrojecimiento hasta la necrosis, y que se acompañaban de un profundo dolor.
Los pacientes que sobrevivían a la enfermedad lo hacían a costa de sufrir
grandes mutilaciones. La enfermedad afectaba a las capas sociales más
desatendidas y, en muchas ocasiones, los síntomas mejoraban o remitían tras
recibir cobijo y alimentación en los monasterios de los monjes
antonianos.
En el siglo XIX se observó que cuando los veranos eran calurosos y húmedos el
grano de centeno era invadido por un hongo (Claviceps purpurea) al
que se ha denominado «cornezuelo de centeno». Desde el punto de vista
farmacológico este patógeno está compuesto por alcaloides, de los cuales
destaca la ergotoxina-ergotamina, que tiene la propiedad de producir
vasoconstricción y, con ella, la gangrena.
Así pues, el fuego de San Antón era una enfermedad epidémica, pero no
contagiosa y que mejoraba cuando se eliminaba de la alimentación el pan
elaborado con el centeno afectado por el hongo.
Dos enfermos ante una leprosería: uno con muletas y el otro con una
escudilla y los obligados cascabeles. Miniatura procedente de un manuscrito de
Vicente de Beauvais (s. XI)
Tema 16
Medicina del Renacimiento
Contenido:
Anatomía
Cirugía
Ginecología y obstetricia
Anatomía patológica
Clínica y epidemiología
Terapéutica
Práctica médica
Sífilis, una enfermedad con nombre de pastor
Grabado del libro De humani corporis fabrica, de Andrés Vesalio
El
Renacimiento (Rinascita, vuelta a nacer) floreció en Italia en el siglo XV
(Quattrocento) y se prolongó a lo largo del siglo XVI (Quinquecento),
irradiándose a toda Europa. El éxito en la adquisición de nuevos conocimientos
y técnicas avivaron la curiosidad por acrecentar el saber y provocaron una
nueva actitud del hombre frente a la naturaleza: no sólo la de conocerla sino
también la de dominarla. La invención de la imprenta fue decisiva en la
difusión del saber. En 1456 se imprimió en Maguncia un calendario de sangrías y
laxantes, con los tipos de la Biblia «de 36 líneas», para los meses del año de
1457. Fue la primera obra impresa de la medicina. Las primeras ediciones
anteriores a 1500 son incunables y solían ser reproducidas de manuscritos y sus
ilustraciones.
Durante el Renacimiento las fronteras se ampliaron, se dio la vuelta al mundo y
Copérnico publicó su sistema heliocéntrico el mismo año en que Vesalio daba a
conocer su Fabrica. Incipit vita nova (una vida nueva
comienza).
Anatomía
Anatomía prevesaliana
Con el Renacimiento floreció la tradición anatómica clásica, recogida en los
textos de Galeno Como ya vimos anteriormente la práctica anatómica con
cadáveres humanos se realizaba de forma regular desde finales del siglo XIII.
El interés de la disección radicó en comprender los textos de Galeno, por este
motivo el profesor leía los textos desde el estrado al tiempo que un ayudante
(cirujano disector) procedía a disecar el cadáver, señalando aquello que el
profesor le indicaba. En este período, como ya se ha señalado, destacó Anatomía, escrita
por el profesor boloñés Mondino de Luzzi, y que fue completada en 1316.
Alessandro Benedetti (1460-1525) fue profesor de la Universidad de Padua en
donde mandó construir el primer anfiteatro anatómico. Este anatomista ordenó
sustituir la terminología de origen árabe por términos de procedencia
griega.
En la Universidad de Padua también fue profesor Gabriele Zerbi (1478-1505), el
primero en agrupar los órganos en sistemas y aparatos, este anatomista fue el
primero en dar nombre al píloro (Anatomiae). Alessandro
Achillini (1463-1512) enseñó en Bolonia y descubrió el martillo y el yunque del
oído, describió los huesos del tarso y el conducto de la glándula
submaxilar.
Berengario da Carpi (1460-1530) fue el anatomista prevesaliano más importante,
después de realizar más de un centenar de disecciones escribió sus Comentaria(1521),
el mayor avance anatómico desde Galeno. En esta obra aparecen descritos el
apéndice, el colédoco, los músculos abdominales, la glándula pineal y la
hipófisis. Así mismo, rectificó la descripción antigua del útero y de la
estructura renal.
En España la gran figura del momento fue el segoviano Andrés Laguna
(1511-1560), es sabido que se graduó en París, en donde publicó Anatómica
methoduscuando todavía era estudiante. Posteriormente viajó a Italia, en
donde llegó a ser médico del papa Julio III. De regreso a España a finales de
1557, fue médico de Carlos V y Felipe II.
Andrés Vesalio
Andrés Vesalio (1514-1564) nació en Bruselas en el seno de una familia de
médicos que durante generaciones habían estado al servicio de los emperadores
alemanes. Fue nombrado profesor de cirugía y anatomía de la Universidad de
Padua, en donde realizaba personalmente la disección del cadáver. En 1543
apareció la primera edición de su obra De humani corporis fabrica (Sobre
el edificio del cuerpo humano), en ella podemos observar una serie de
novedades: descripción de la morfología, separando forma y función (punto de
ruptura con la obra de Galeno), y acompañando las descripciones con numerosas
ilustraciones que ayudan a comprender los textos.
La obra estaba dividida en siete libros (Tabla 1) y a pesar de que fue escrita
en latín trató de reducir el léxico anatómico a la terminología griega. En ella
expuso numerosos errores de Galeno: vena ázigos, la rete mirabile, el
escaleno, el recto abdominal del mono, los cinco lóbulos del hígado, las siete
partes del esternón, el doble conducto biliar, la sutura del maxilar y los
poros interventriculares del corazón.
La demostración de que el tabique ventricular era macizo y que, por tanto, la
sangre no podía atravesarlo hacia el ventrículo izquierdo significó el ocaso de
la fisiología galénica. Con las obras de Galeno y Harvey, Fabrica constituye
uno de los textos fundamentales en la evolución de la medicina, ya que con ella
se instauró el método moderno de la investigación anatómica, basado en la
práctica de la disección sobre el cadáver humano.
Tabla
1. De humani corporis fabrica
Vesalio
estuvo al servicio de Carlos I y Felipe II, durante el reinado de este último
tuvo que abandonar la capital de forma apresurada, partiendo hacia Tierra
Santa. En nuestro país dejó, fundamentalmente, dos discípulos: Luis Collado y
Pedro Ximeno, que iniciaron la escuela de Anatomía de Valencia, la cual se
convirtió, después de la Universidad de Padua, en la segunda universidad que
siguió la nueva corriente morfológica.
Anatomía postvesaliana
Con Vesalio se inició el método y el camino de la anatomía moderna, se inauguró
una escuela de anatomía en Padua y el anfiteatro anatómico fue imitado en otras
universidades europeas. Jacques Dubois (1478-1555), apodado Silvio, fue maestro
de Vesalio y enseñó en la universidad de Montpellier. En su Isagoge (1555)
rectificó la terminología anatómica, describió correctamente el esternón, los
huesos craneales, las inserciones musculares, la vena cava y el cerebro, y dio
nombre al acueducto que comunica el tercer y cuarto ventrículo. Mantuvo una
enconada disputa con Vesalio, hasta el punto de publicar un panfleto en el que
ridiculizaba a su discípulo al utilizar el juego de palabras vesalius-vaesanus (loco).
Gabrielle Falloppio (1523-1562) nació en Modena y se distinguió por las
disecciones que realizó en fetos y en niños, lo cual le permitió identificar
los puntos de osificación, la estructura de los dientes y del oído, en donde
describió por vez primera el estribo. En sus Observationes anatomicae (1561)
describió los pares craneales, la placenta, el clítoris, además dio nombre a la
vagina y a las trompas uterinas, las cuales llevan su nombre.
Gerolamo Fabrizi D’Acquapendente (1533-1619) fue un anatomista contemporáneo a
Vesalio. En De formatione ovi etpulli (1621) describió la
generación y formación del huevo, así como el papel que desempeñaba el útero en
la nutrición del feto. Esta obra puede considerarse el punto de partida de la
embriología moderna.
Por último, señalar que en Roma destacó Bartolommeo Eustacchio (1510-1574) que
en su Opuscula anatomica aparecen descritos los primeros
estudios sobre las glándulas suprarrenales, el conducto torácico y la trompa
auditiva que lleva su nombre.
Cirugía
A comienzos del siglo XIII se había fundado en París el Colegio de San Cosme,
uno de los patronos de la cirugía. Este Colegio subió de estatus a los
cirujanos: los maestros cirujanos, clericales, que sabían latín, vestían toga
larga y hacían la cirugía mayor, en la que se incluía la litotomía; por su
parte, los cirujanos barberos, laicos, que ignoraban el latín, quedaban limitados
a la flebotomía, a la extracción de dientes y a la curación de heridas. Además,
estos últimos (los de «toga corta») para poder ejercer debían ser aprobados por
los primeros (los de «toga larga»).
La instrucción de los cirujanos consistía en un periodo de aprendizaje con un
cirujano durante un periodo de tiempo que oscilaba entre cinco y siete años, la
asistencia a clases de anatomía, curaciones y vendajes en la Facultad de
Medicina y, al finalizar, el pago de elevadas cuotas.
En España la enseñanza, examen y práctica de la cirugía estuvo regida por el
Real Protomedicato (fundado por los Reyes Católicos en 1477). El cirujano
español de mayor renombre durante este periodo fue Dionisio Daza Chacón
(1513-1596), que ejerció de cirujano del Emperador, a quien acompañó en sus
campañas por Alemania. En su obra Práctica y Teórica de Cirugía hizo
alusión a las virtudes que debía poseer todo buen cirujano, así como los
instrumentos que debía utilizar y las técnicas que debía conocer. A pesar de
que contiene los tratamientos habituales en ese momento, esta obra es
enormemente interesante por recoger numerosas experiencias personales del
autor.
Poco a poco la categoría social de los cirujanos ascendió, en este sentido
Francia se adelantó al resto de Europa al suprimir las diferencias entre
médicos y cirujanos. El gran cirujano del momento fue Ambrosio Paré
(1510-1590), contemporáneo de Vesalio. Nació en una familia humilde, su padre
era lacayo, por lo que su educación fue muy deficiente. Comenzó siendo aprendiz
de barbero y a los 17 años logró ser admitido en el Hotel Dieu (Casa de Dios),
un famoso y viejo hospital parisino fundado en el siglo VII. En ese momento sus
condiciones higiénicas eran pésimas y los enfermos estaban hacinados sin
distinción de sexo; no existían salas de operaciones y las intervenciones se
realizaban en los pasillos. Ambroise Paré estuvo allí tres años, después fue
contratado como cirujano personal de un oficial de ejército, algo usual en la
época.
Su primera aportación la realizó en la curación de las heridas por armas de
fuego. Como el disparo era entonces de poco alcance se debía realizar a muy
poca distancia, por lo que los heridos presentaban una quemadura cutánea
secundaria a la pólvora. Este tipo de herida no tenía en ese momento un método
tradicional de tratamiento, ya que no había sido descrita por Galeno. La teoría
más aceptada, impuesta por Giovanni da Vigo, era que la pólvora envenenaba la
herida, por lo que se recomendaba verter aceite de sauco hirviendo.
En la batalla de Vilaine, durante la guerra entre las tropas francesas de
Francisco I y las españolas de Carlos V, Paré asistía a los heridos galos.
Antes de que terminase la contienda al galeno se le acabó el aceite de sauco,
en su defecto optó por emplear una pomada preparada por él a base de yema de
huevo, aceite de rosas y trementina. Al día siguiente de usarla comprobó su
efecto beneficioso: la evolución de las heridas era notablemente mejor que en
aquellas en las que había utilizado el aceite hirviendo.
A este avance siguió otro de mayor importancia: la ligadura arterial en las
amputaciones. Hasta ese momento no se aplicaba la ligadura en las amputaciones,
el tratamiento consistía únicamente en aplicar hierro caliente al muñón.
Otras innovaciones de este cirujano francés fueron la descripción de la técnica
más adecuada para extraer proyectiles de las heridas, el uso del tubo de
drenaje en el tratamiento de los abscesos, la invención de los bragueros para
las hernias, así como el desarrollo de unas prótesis para los amputados. Su
principal obra, escrita en francés, se tituló Método de tratar las
heridas causadas por arcabuces y otros bastones de fuego. Paré fue
médico de cámara del rey y era tan apreciado que, aun siendo calvinista, fue
salvado de la matanza de los hugonotes en la noche de San Bartolomé.
Ginecología y obstetricia
Hasta el momento la práctica estaba en manos de las comadronas y los médicos
tenían prohibido la asistencia a los partos. En 1522, en la ciudad de Hamburgo,
un médico fue quemado vivo por atender un parto disfrazado de mujer. Por este
motivo, no es de extrañar que abundaran los libros de comadres, uno de los más
difundidos fue escrito por Eucharius Roslin (1470-1526), en donde se recogía
los conocimientos de Sorano de Éfeso, y se discutía las indicaciones y la
técnica de la versión podálica. En este libro, en lugar de interpretar el
mecanismo del parto como el resultado de las contracciones uterinas, Roslin
defendía una participación directa del feto en el proceso del parto.
El primer texto ginecológico escrito en castellano fue obra de Damián
Carbón, Libro de Arte de las comadres (1541). Fue impreso en
Palma de Mallorca y abordaba aspectos relacionados con la generación, el parto,
la esterilidad y las enfermedades de los niños. Más adelante Luis Mercado
publicó De mulierum affectionibus (1579), en donde defendió
que la menstruación era una evacuación periódica de los humores para nutrir al
feto.
En cuanto a la cesárea, esta técnica estuvo durante esta época en manos de los
cirujanos, en algunos casos era realizada por personas carentes de educación
quirúrgica. Se cuenta el caso de Jacob Nufer, castrador de cerdos, que en 1500
realizó la intervención en su esposa, al parecer con buen éxito tanto para la
madre como para el niño.
Anatomía patológica
En el siglo XV se practicaron autopsias para comprobar diagnósticos clínicos.
Las primeras exploraciones anatomo-patológicas sistemáticas fueron realizadas
por Antonio Benivieni (14431503). En su actividad médica fue coleccionando
casos clínicos y en veinte de ellos practicó la autopsia. Después de su muerte,
en 1506, y a instancias de su hermano Jerónimo, fue publicada la obra De
abditis nonnullis ac mirandis morborum et sanationum causis (De
algunas causas oscuras y admirables de enfermedades y curaciones), la cual
contenía los casos de autopsias.
Clínica y epidemiología
El clínico más destacado del Renacimiento fue el francés Fernel (1506-1588),
que además de médico fue matemático y astrónomo. Describió la sintomatología de
la influenza y consideró la sífilis y la gonorrea como enfermedades diferentes.
A este médico debemos la denominación de lues venérea. El
término venérea hacía alusión a la diosa Venus, protectora del amor. Fernel fue
el primero en intuir la existencia de fibras o filamentos como
los últimos componentes de la vida, afirmó que las partes sólidas de los
animales estaban constituidas por fibras(villa seu stamina). En
esta línea Fallopio afirmó que las partes similares de
Aristóteles se componían de fibras que cuando se
entremezclaban daban lugar a la textura. La doctrina «de la
fibra» se afianzaría plenamente a lo largo del siglo XVII, siendo su
importancia similar a la teoría humoral para la Medicina Antigua y Medieval. En
el siglo XIX sería desplazada por la teoría celular.
En Villanueva de Sixena nació Miguel Serveto (1511-1553), es sabido que cursó
estudios en París, en donde fue condiscípulo de Andrés Vesalio. Desde muy
pronto su inquietud religiosa le llevó a la heterodoxia, discrepando tanto con
católicos como con protestantes. El enfrentamiento doctrinal con Calvino le
llevaría a la hoguera en la ciudad de Ginebra.
A Serveto se le debe la primera descripción moderna de la circulación pulmonar,
la cual fue incluida en una obra teológica (Christianismi Restitutio) editada
poco antes de su muerte. En ella describió cómo la sangre se mueve desde el
ventrículo derecho hasta la aurícula izquierda, pasando por los pulmones. Con
sólidos argumentos rebatía los supuestos fisiológicos de Galeno, señalando que
tras el nacimiento se cerraba el agujero interauricular. De esta forma Servato
negaba la existencia de los poros interventriculares.
Antes que Serveto, en el siglo XIII, un médico egipcio, Ibnan-Nafis, había
descrito el circuito sanguíneo pulmonar que unía las cavidades cardíacas
derechas con las izquierdas. ¿La teoría de Serveto fue un plagio a la de
Ibn-an-Nafis? Con entera seguridad se sabe que los médicos del Renacimiento no
pudieron tener acceso a esta fuente islámica, por lo que se puede afirmar que
Miguel Serveto fue el redescubridor de la circulación pulmonar.
En la actualidad tan sólo se conservan tres ejemplares de Christianismi
Restitutio: uno en la Biblioteca Nacional de Austria, otro en la Biblioteca
Nacional de París y un tercero en Edimburgo, el resto fueron quemados en la
hoguera.
Terapéutica
Aureolus Theophrastus Bombastus Von Hockenheim (14931541), que este era el
verdadero nombre de Paracelso, fue el pensador más original del siglo XVI. Su
sobrenombre hace alusión al aristócrata romano y escritor médico Celso, al que
nos referimos en su momento. Paracelso refutó las doctrinas de Galeno, rechazó
la patología basada en los humores y proclamó el inicio del reinado de la
química aplicada. La terapéutica se desarrolló siguiendo la filosofía que
abarcaba el estudio de la naturaleza, el hombre y la astronomía, en un afán por
encontrar drogas eficaces a través del conocimiento de la propia química de la
naturaleza.
Paracelso promulgó el valor del azufre, antimonio, plomo, hierro, cobre y sus
compuestos. Consideró que las enfermedades tenían identidad propia y las
clasificó en tartáricas o causadas por sedimentación, producidas por
influencias exteriores (infecciones), por influjo de los espíritus (neurosis) y
por influencias profesionales (por ejemplos, aquellas que afectaban a los
mineros que trabajaban con metales). A Paracelso debemos la introducción de los
remedios químicos en la terapéutica médica, sentando las bases de una
farmacología que hasta entonces no era empleada.
Práctica médica
El médico renacentista era un hombre de ciencia, ocupaba un lugar importante en
la sociedad, siendo estimado y admirado. El ejercicio profesional era ejercido
libremente y los ingresos de los médicos solían ser elevados, a excepción de
algunas poblaciones en las que estaban reglamentados con tarifas
especiales.
A lo largo del Renacimiento las instituciones hospitalarias sufrieron profundos
cambios, a medida que avanzó el siglo XVI el hospital comenzó a ser un centro
de asistencia a enfermos y comenzó a excluir a los pobres y mendigos. Se
fomentó la secularización de los hospitales, se cuidaba al enfermo por razones
médicas, no por el mandato cristiano de la caridad.
En este sentido hay que señalar el surgimiento de dos grandes novedades:
los nosocomios (destinados a enfermos mentales) y los
hospitales dedicados a enfermedades incurables. En el siglo XV
se crearon los primeros nosocomios, denominados Hospitales de Inocentes y
Orates (Casa de Locos). La labor del padre Jofré cristalizó en el primer
nosocomio del mundo occidental en el año 1409 (Hospital de Ignoscents, folls e
orats, esto es, Inocentes, locos y orates). Muy rápidamente le seguirían otros
en diversos reinos peninsulares: Zaragoza (1425), Sevilla (1436), Toledo (1483)
y Valladolid (1489). Entre los hospitales dedicados a enfermedades incurables
tuvieron especial importancia los destinados a los enfermos de sífilis (se
abrieron salas especiales para el cuidado y se aplicaron remedios específicos,
como por ejemplo las unciones mercuriales).
En cuanto a los hospitales con fines militares, los primeros surgieron en el
asedio y conquista del reino de Granada (1484), tal y como relató Hernando del
Pulgar en el sitio de Alora, al ocuparse del Hospital de la Reina.
Desde el punto de vista arquitectónico el hospital renacentista adoptó el
modelo de palacio florentino, por ello la estructura era cruciforme o
cuadrangular con un patio central. Con esa nueva estructura se concedía una
mayor monumentalidad y capacidad de hospitalización, al tiempo que se mejoraba
la ventilación y la luminosidad de los hospitales medievales. Durante este
periodo destacaron los hospitales italianos: Santa Maria la Nuova de Florencia
(1419) y Ospedale Maggiore de Milán (1450). En la península Ibérica se
construyeron el Hospital Real de Santiago (1499) y el Hospital de la Santa Cruz
de Toledo (1505).
Sífilis, una enfermedad con nombre de pastor
Se empezó a utilizar el término sífilis como consecuencia de
una gran epidemia, aunque realmente habría que hablar de pandemia, que asoló
Europa a finales del siglo XV. Se la conoció más bien como Morbus
italicus, hispanus, germanicus o gallicus, en función de quienes
fuesen los que daban la denominación. Los ingleses la llamaban Morbus
gallicus, los portugueses Morbus hispanus y los
franceses Morbus italicus. El que predominó en los textos
latinos fue el de Morbus gallicus, debido a que se relacionó con la
invasión y conquista de Nápoles por las tropas del rey francés Carlos VIII. En
el año 1498 el médico español Francisco López de Villalobos escribió:
«fue
una pestilencia no vista jamás
en metro, ni en prosa, ni en ciencia ni estaría
muy mala y perversa, y cruel sin compás
muy contagiosa y muy sucia en demás».
Una
creencia generalizada durante mucho tiempo fue que la enfermedad procedía de
América, conclusión a la que llegó por primera vez el médico sevillano Rui Díaz
de la Isla, quién trato a los marineros de la expedición colombiana de 1493 que
habían sido afectados por la sífilis. Sin embargo, en la actualidad no existe
ninguna duda de que la sífilis existía en Europa antes del descubrimiento de
América. Se han encontrado esqueletos en Rusia con lesiones patognomónicas y
fechadas en el segundo milenio antes de JC. En las ruinas de Pompeya, ciudad
que fue sepultada en el año 79 por la erupción del Vesubio, se han encontrado
esqueletos con alteraciones que podrían corresponder a sífilis congénita.
En 1999 científicos de la Universidad de Bradford hicieron público un trabajo
realizado en el cementerio de una abadía agustiniana próxima al puerto de
Kingston upon Hull (NE de Inglaterra) en donde se había descubierto tres
esqueletos con síntomas inequívocos de sífilis y cuyo fallecimiento fue datado,
mediante la técnica del carbono 14, entre 1300 y 1450.
El nombre de sífilis se lo otorgó el médico y poeta veronés Girolamo
Fracastoro, en una publicación que realizó el año 1530. Este galeno era además
astrónomo (estudió con Nicolás Copérnico), geólogo y filósofo. Dado que Verona
era en ese momento enemiga de Francia, luchaba al lado de Venecia, Nápoles, del
Sacro Imperio Romano y del Vaticano, el patriotismo de Fracastoro influyó en el
título de su poema: Syphilis sive morbus gállicus (Sífilis o
la enfermedad francesa).
La composición literaria constaba de tres partes. En la primera defendía la
tesis del origen francés de la enfermedad y su relación con la guerra, y
rechazaba la tesis de que la epidemia tuviera su origen en las naves españolas
que retornaban del Nuevo Mundo, porque, según él, se produjo y se difundió con
demasiada rapidez.
El galeno defendía la tesis de las causas naturales contra las ideas de
maldiciones divinas. Considerando la existencia de muchos factores para su
diseminación y la posibilidad de que hubiera partículas que fueran agentes de
contagio, que estarían latentes durante siglos esperando las condiciones
óptimas.
En la segunda parte consideraba que la salvación estaba en el conocimiento y el
buen vivir. Fracastoro recomendaba realizar ejercicios vigorosos, dietas
saludables y frugales, así como la privación de la actividad sexual.
Curiosamente, esta recomendación la relacionaba con el gasto de energía que se
produce al mantener relaciones sexuales y no como fuente de contagio. Además
recomendaba el empleo de sangrías, baños de vapor y purgantes. Por último,
exaltaba las virtudes del mercurio como factor de equilibrio humoral
(emplastos, ingesta, vapores), el cual era fundamental para la curación.
Ambas partes las describía poéticamente, empleando temas mitológicos. Señalaba
que Ilceus, un cazador, había matado al venado sagrado de
Diana, y que Apolo, el hermano gemelo de la diosa, lo había castigado
enviándole el humor de la enfermedad. Más adelante, otra diosa se había
apiadado del cazador y le había enseñado los poderes curativos de los metales,
en especial los del mercurio.
Posteriormente, escribió la tercera parte, en donde incluyó a un pastor de
nombre Syphilis o Syphilus, en lugar del pastor Ilceus, el
cual acabaría dando nombre a la enfermedad. Syphilus y otros
probables descendientes de los hombres de la Atlántida, habían matado unas aves
sagradas y Apolo los había maldecido y enviado una horrible enfermedad contra
él y su pueblo. En este parte Fracastoro mencionaba las bondades terapéuticas
del guayaco, planta procedente del Nuevo Mundo.
Años después (1546) Fracastoro reconoció el origen venéreo de la sífilis en su
obra De contagione et contagiosis morbis et eorum curatione (Del
contagio y de las enfermedades contagiosas y su tratamiento). En ella se
disculpaba por algunos aspectos médicos que aparecían en su poema anterior,
señalando que habían sido fruto de su juventud. Describía los modos de
transmisión, señalaba que las madres enfermas podían transmitir el mal a sus
hijos, bien al nacer o bien durante la lactancia. También describía los signos
y síntomas de la enfermedad, mencionando que en su etiopatogenia intervenían
unos agentes muy pequeños a los que denominó semillas ( semina). En
una de las partes de su obra se podía leer:
«la
infección ocurre solamente cuando dos cuerpos se unen en contacto mutuo intenso
como ocurre en el coito».
En
esta publicación además describía por vez primera todas las enfermedades que en
ese momento podían calificarse como contagiosas (peste, lepra, tisis, sarna,
rabia, erisipela, viruela, ántrax y tracoma) y agregaba, como entidades nuevas,
el tifus exantemático y la sífilis. A Fracastoro hay que reconocerle el mérito
de ser el primero en establecer claramente el concepto de enfermedad
contagiosa, en proponer una forma de contagio secundaria a la transmisión de lo
que él denominó seminaria contagiorum (semillas vivas capaces
de provocar la enfermedad) y en establecer, por lo menos, tres formas posibles
de infección: a) Contacto directo (rabia y lepra), b) A través de fomites
transportando los seminaria prima (ropas de los enfermos), y
c) Por inspiración del aire o miasmas infectados con los seminaria (tisis). A
este médico italiano también le cabe el honor de establecer la separación entre
los conceptos de infección, como causa, y de epidemia, como consecuencia.
La enfermedad no respectó clases sociales y la sufrieron ricos y pobres por
igual. Papas, poetas, artistas y pintores se cuentan por docenas entre los
convalecientes. Entre los hombres ilustres que la sufrieron podemos citar a
Francisco I de Francia, el papa Alejandro Borgia, Benvenuto Cellini, Toulouse-Lautrec,
Randolph Churchill o Iván el Terrible. Como curiosidad señalar que la
protuberancia que aparece en una de las alas de la nariz de Enrique VIII, en el
cuadro pintado por Hans Holbein, probablemente se trate de un chancro
sifilítico.
El tratamiento con mercurio, mencionado por Fracastoro, se mantuvo vigente
hasta comienzos de la II Guerra Mundial, época en que ya se planteó sustituirlo
por bismuto, por considerarlo más eficaz. Durante siglos se empleó aquél
mineral, bien por vía oral (en forma de sales, como el calomel), bien mediante
fricciones, por inyección intramuscular o por inhalación de vapores. Durante la
II Guerra Mundial entre las numerosas medidas terapéuticas que se recomendaban
se encontraban evitar el coito, usar el condón, aplicar calomelanos en
lanolina, evitar la ingesta de bebidas alcohólicas y guardar cama. El
tratamiento con mercurio fue sustituido por la administración de arsénico por
vía endovenosa (Neosalvarsán) y de bismuto por vía intramuscular (yodobismuto
de quinina). El descubrimiento de la penicilina en 1943 relegó al mercurio, al
bismuto y al arsénico en el tratamiento de la sífilis.
La sífilis según Durero
Contenido:
Anatomía
Fisiología
Medicina moderna
Cirugía
Enseñanza médica en España
Un remedio milagroso: la quina
El primitivo microscopio de Antony van Leeuwenhoek que en realidad eran dos
lupas combinadas con las que llegó a alcanzar 260 aumentos, lo cual le permitió
visualizar en 1674 algunos protozoos e infusorios
El
término barroco es un concepto estilístico de las artes
plásticas que se ha hecho extensivo a la poesía, música e historia y que abarca
todo el siglo XVII. Durante este periodo se creó un gigantesco escenario sobre
el que habrían de representarse los más importantes acontecimientos de la
civilización occidental, se acabó con la mayoría de los dogmas medievales y se
sentaron las bases políticas, sociales e intelectuales del mundo moderno. Entre
los grandes avances científicos que se produjeron destacan, por ejemplo, la
invención del cálculo infinitesimal de Leibniz, el descubrimiento de las leyes
del movimiento de los cuerpos celestes por Kepler, la sistematización de las
primeras leyes de la cinemática por Galileo y el enunciado de la gravitación
universal de Newton. En lo relativo a la filosofía y a las ciencias este
período estuvo marcado por dos corrientes opuestas: racionalismo y
experimentación.
El autor más destacado del racionalismo fue Descartes (15961650), en la
búsqueda de lo evidente e irrefutable encontró tan sólo una certeza: el hombre
es un ser pensante, de donde pudo concluir que existía. Según él esta
existencia atañe a una sustancia inmaterial que piensa (sustancia
pensante), el alma. El mundo circundante, al que pertenece el cuerpo
consiste esencialmente en una sustancia que ocupa espacio (sustancia
extensa). Para Descartes únicamente en un órgano se produce la
interacción entre alma y cuerpo, ese órgano era la epífisis.
Por su parte, Francis Bacon (1561-1626) fue el fundador del método experimental
moderno. En su Novum organum sive inditia vera de cognitione naturae expuso
las bases del método inductivo, necesario para la adquisición de conocimientos
partiendo de la observación.
Anatomía
Durante el siglo XVII se fue completando el conocimiento anatómico de diversos
órganos y se describió el sistema de vasos linfáticos. Las nuevas descripciones
se hicieron más abundantes en las glándulas, riñones y cerebro. Podría decirse
que nos encontrábamos en la era de los epónimos, ya que los
nuevos hallazgos eran nominados con el nombre de sus descubridores: Warthon
dejó su nombre vinculado al conducto excretor de las glándulas submaxilar;
Glisson a la cápsula del hígado; Graaf al ovario y al folículo de Graaf; Peyer
a las placas linfoides del intestino delgado; Wirsung al conducto excretor del
páncreas; Stenon al conducto excretor de la parótida; Meibomio a la glándulas
conjuntivales; Santorini al conducto accesorio del páncreas...
El inglés Thomas Willis (1621-1675), en su De anatome cerebri, dio
a conocer la mejor descripción, hasta la fecha, del sistema nervioso central,
descubrió el XI par de nervios craneales y describió el polígono que desde
entonces llevó su nombre. Sostuvo que la memoria radicaba en la corteza
cerebral, lo cual supuso un gran avance. Sin embargo, cometió errores de
interpretación funcional, entre ellos, por ejemplo, asumió que el cuerpo
calloso era el sustrato de la imaginación.
En el Barroco se inventaron los primeros microscopios, los cuales permitieron
realizar grandes progresos médicos. La invención fue atribuida a holandeses e
italianos, de lo que no cabe ninguna duda es que en el año 1610 Galileo
utilizaba su célebre ochialino, más adelante llamado
microscopio. Al parecer el invento se debió a un óptico de Middelburg, llamado
Zacarías Jansen. Los microscopios propiciaron una enorme curiosidad por
observar la realidad que no se veía a simple vista, propiciando el nacimiento
de la anatomía microscópica.
El microscopista más importante de la época fue Marcelo Malphigi (1628-1694).
Sus descubrimientos microscópicos culminaron con el hallazgo de los vasos
capilares observados en el pulmón, los hematíes, los glomérulos renales y los
corpúsculos del bazo. A pesar de que no fue el primero en hablar de células, ya
lo había hecho Robert Hocke, a él se debió el hecho de considerar a la célula
como el fundamento de todo órgano vivo. A Malphigi se le considera el fundador
de la Histología y la Anatomía Microscópica, su obra más importante fue De
pulmonibus (1661).
Entre los grandes microscopistas alemanes destacaron Jan Swanmerdan
(1637-1680), el primero en descubrir los glóbulos
rojos e identificar los vasos linfáticos, y Van Leeuwenhoek, que observó por
vez primera el espermatozoide, el músculo estriado, la estructura del
cristalino y un cuerpo bacteriano (1675).
A los citados autores debe sumarse el inglés Robert Hocke y el valenciano
Crisóstomo Martínez, como figuras destacas del barroco.
Fisiología
Si el Renacimiento médico fue la época gloriosa de la anatomía, el barroco fue
la era de la fisiología. En el siglo XVII la circulación de la sangre fue un
tema enormemente debatido, en el siglo anterior Miguel Serveto había descrito
la circulación pulmonar, Realdo Colombo describió el cambio de color que se
efectuaba en la sangre al pasar por los pulmones y Andrea Cesalpino postuló que
el corazón, y no el hígado, era el órgano central del sistema de vasos, siendo
el primero en llamarlo circulación.
El paso definitivo en el conocimiento de la circulación sanguínea lo dio
William Harvey (1578-1657). Este médico inglés cursó sus estudios en la
Universidad de Cambridge, trasladándose muy pronto a Padua, atraído por los
avances anatómicos de Vesalio. A finales del siglo XVI el gran centro
morfológico de Europa era la Universidad de Padua. Allí aprendió de su maestro,
Fabrizi d'Acquapendente, los conocimientos anatómicos que le serían decisivos
en sus descubrimientos, por ejemplo la existencia de válvulas venosas. En 1628
publicó Exercitatio anatómica de motu cordis et sanguinis in animalibus (Ensayo
anatómico sobre el movimiento del corazón y la sangre en animales), un modelo
de rigor científico. Tan sólo constaba de 72 páginas, en las cuales, tras un
breve proemio, en el que recogía todos los conocimientos de la época
relacionados con el movimiento sanguíneo, explicaba su hipótesis
fisiológica.
Después de más de tres siglos y medio de su publicación puede admirarse la
rigurosidad en la deducción y la pericia en el manejo de la experimentación
(Tabla 1). Tan sólo tuvo un punto en el que no se podía realizar una
verificación concreta: el paso de la sangre de un circuito a otro a nivel
pulmonar, a través de la supuesta sustancia esponjosa pulmonar. Este
punto sería verificado por Marcello Malphigi en 1660, tres años después de la
muerte de Harvey.
Harvey consiguió, además, medir la velocidad de la corriente sanguínea así como
su cantidad, lo cual le permitió deducir que era imposible que fuera producida
por los alimentos y repuesta cada hora, como se venía asumiendo desde hacía
mucho tiempo. Esto le permitió afirmar que la sangre debía fluir continuamente
en círculo, regresando nuevamente al corazón, el cual actuaría como una
bomba.
Harvey demostró que el corazón se contraía durante la sístole, que la sangre
era lanzada desde el corazón derecho a los pulmones y del corazón izquierdo a
la circulación general, y que durante la diástole la sangre fluía de las
grandes venas a las aurículas, para pasar después a los ventrículos. La
explicación del ciclo cardiaco, tal y como lo conocemos hoy en día, supuso una
verdadera revolución para la época.
El descubrimiento de Harvey oscureció sus trabajos de embriología, que no
fueron menos importantes, en los cuales propuso el axioma de que todos los
seres vivos provenimos de un huevo, con lo que refutaba la doctrina de la
generación espontánea propuesta por Aristóteles. Esta teoría vio su
confirmación cuando Graff descubrió el óvulo y Van Leeuwenhoek los
espermatozoides.
Tabla
1. Aportaciones doctrinales de Harvey
Medicina
moderna
El espíritu de conocimiento, al no poder desarrollarse en el ámbito del
aristotelismo universitario, se canalizó por otras vías y dio lugar a que
surgieran las academias. Había varios tipos cada una con sus características
propias, algunas como la Academia dei Lincei (Academia de los Linces) de
Roma funcionaban a modo de reuniones de sabios para presentar y discutir sus
investigaciones, otras como la Royal Society de Londres estaban abiertas a los
aficionados, y otras como la Académie des Sciences de París eran organismos
estatales.
Entre las corrientes científicas de la época estaban la iatroquímica y la
iatrofísica, ambas con un marcado carácter reduccionista. Ninguna tuvo gran
éxito y sus aportaciones fueron relativamente escasas. La iatroquímica dominó
en el norte de Europa, mientras la iatrofísica, bajo la influencia de Descartes
y Galileo, lo hizo en el sur.
Los iatrofísicos defendían que todos los fenómenos de la vida y la enfermedad
podían explicarse a partir de las leyes de la física, considerando que debían
tratarse de acciones puramente mecánicas (locomoción, respiración y digestión).
En esta escuela destacaron dos grandes figuras: Giorgio Baglivi (dividió el
cuerpo humano en máquinas más pequeñas, estableciendo semejanzas, así por
ejemplo, comparó los dientes con las tijeras, el pecho con un fuelle, el
estómago con un frasco, o el corazón y las arterias con obras hidráulicas) y
Santorio Santorio (1561-1636). Este último fue un inventor innato, ideó
numerosos instrumentos de uso clínico y experimental, entre los que destacó una
balanza sensible a las variaciones de la dieta y las producidas por el
ejercicio físico. Con su balanza comprobó que se respiraba no sólo por los
pulmones sino también por la piel, y además cuantificó la respiración
insensible. En este sentido, Santorio fue el precursor del estudio metabólico.
Otros de sus inventos fueron el pulsímetro (pulsilogium), hasta
ese momento el pulso se examinaba únicamente de forma cualitativa, puesto que
los relojes carecían de minutero y segundero; el termómetro clínico, con un
bulbo para colocar en la boca y diversos tipos de camillas e instrumentos
quirúrgicos.
La escuela iatroquímica se inspiró en las teorías de Paracelso, tratando de
explicar los fenómenos fisiológicos y médicos a través de procesos químicos. La
figura más destacada de esta escuela fue Van Helmont (1577-1644), el cual
postuló que el archeus era el principio vital, y que para
poder actuar necesitaba del fermento. Los elementos fundamentales para ellos
eran el agua y el fermento,consideraban que el individuo estaba
compuesto de dos esferas: archeus (alma sensitiva) y mens (espíritu,
lo divino). Pensaba que los agentes nocivos modificaban el archeus, alterando
el fermento, lo cual se manifestaba en la materia con
sedimentaciones. Las enfermedades (ideae morbosae) pasaban a
ser perturbaciones metabólicas con manifestaciones locales, según las
sedimentaciones.
Thomas Willis, del que ya hemos hablado, representaba un eslabón intermedio
entre ambas escuelas, por entender que no todos los procesos fisiopatológicos
podían tener una razonable explicación a través de estos dos sistemas, a pesar
de lo cual demostró una cierta predilección por la Química, lo cual hizo que
realizase estudios analíticos en la orina del diabético, describiendo su olor y
sabor.
En cualquier caso, el gran clínico de la medicina barroca fue Thomas Sydenham
(1624-689), apodado el Hipócrates inglés, para el cual la
causa de todas las enfermedades residía en la naturaleza, la cual poseía un
instinto para curarse a sí misma. Sydenham comenzó sus estudios en Oxford, los
cuales tuvo que abandonar cuando estalló la guerra con Carlos I.
Posteriormente, se instaló como médico en Londres, con una formación deficiente
y sin entusiasmo, hasta el punto de que optó por abandonar la medicina y se
presentó como candidato al parlamento. Afortunadamente para la ciencia, no cosechó
ningún éxito político, por lo que no tuvo más remedio que reconsiderar el
ejercicio de su profesión. Decidió abandonar Inglaterra y marcharse a
Montpellier para completar su formación, regresaría a Londres tiempo después,
cuando ya contaba 37 años de edad.
Sydenham se dedicó por entero a los enfermos, siendo un seguidor de los
preceptos baconianos, de manera que aquilataba su experiencia con todo tipo de
observaciones realizadas en su práctica médica. Consideró necesaria la
observación clínica desde la aparición de los síntomas hasta su desaparición,
es decir, el conocimiento del curso natural de la enfermedad. Antepuso la
observación a cualquier especulación filosófica, bien de tipo iatrofísico o
bien de tipo iatroquímico.
Defendió que era necesario reconocer qué síntomas eran propios de las
enfermedades y cuáles eran atribuibles a las peculiaridades del paciente, para
ello señaló que era necesario ser muy buen observador, en definitiva, muy buen
clínico. Así nació el concepto ontológico de enfermedad como entidad morbosa
abstracta pero generada a partir de la observación real de los pacientes. Su
máxima contribución fue la elaboración del concepto especie morbosa: cada
modo de enfermar se caracteriza por un cuadro clínico (signos y síntomas) que
permite al médico llegar al conocimiento y al diagnóstico de la enfermedad.
Para Sydenham las enfermedades eran regulares en sus manifestaciones.
A través de sus observaciones pudo describir numerosas entidades clínicas:
viruela, paludismo, neumonía, escarlatina, histeria, corea de Sydenham...
Clasificó a las enfermedades en agudas (causadas por Dios) y crónicas (causadas
por el hombre). Su tratado sobre la gota (Tractatus de podagra et
hydrope) es considerado su gran obra maestra:
«Ataca
en la mayoría de los casos a aquella gente mayor, que en tiempos anteriores
vivió de manera opulenta, con comidas abundantes acompañadas de vino y otros
licores, y que luego se volvieron más perezosos, dejaron de lado el ejercicio
físico, al que estaban acostumbrados en su juventud...».
La
terapéutica de Sydenham consistía en dieta, purgantes y pequeñas sangrías, es
sabido que aconsejaba ventilar las alcobas de los enfermos y dar paseos a
caballos a los tuberculosos, y que empleó tónicos de hierro para el tratamiento
de la anemia y que recomendó el empleo de opiáceos líquidos (el laudano de
Sydenham).
Cirugía
A pesar de que las innovaciones que se realizaron en el campo quirúrgico, los
avances no fueron tan espectaculares como en la medicina: Elsholz realizó la
primera inyección intravenosa con éxito (1665) en el hombre y Giavanni Colle
realizó por primera vez una transfusión de sangre (1666), que fue efectuada con
sangre de cordero, lo cual provocó el fallecimiento del paciente.
En Alemania sobresalió Wilhelm Fabry (1560-1634), el padre de la
cirugía alemana, creador del torniquete que lleva su nombre y que lo
aplicaba antes de efectuar las amputaciones de miembros gangrenados. Fabry fue
el primero en recomendar la amputación por encima de la parte enferma.
Enseñanza médica en España
En nuestro país las principales Facultades de Medicina de la época fueron las
de Salamanca, Valladolid, Alcalá, Barcelona, Zaragoza, Lérida y Valencia.
Únicamente en ellas existían todas las cátedras que se consideraban
imprescindibles para obtener una formación completa. En todas ellas, y de forma
sucesiva, se concedían tres títulos: bachiller, licenciado y doctor. La
docencia se impartía leyendo los textos de los autores clásicos y comentando
las cuestiones que planteaban, por lo que los conocimientos eran sumamente
teóricos y la enseñanza práctica se limitaba a las autopsias.
Una vez conseguido el título de bachiller había que realizar, durante al menos
dos años, un trabajo junto a un médico, el cual cobraba por sus enseñanzas.
Algunos bachilleres acudieron al Hospital de Guadalupe, un enclave mariano
ubicado junto al monasterio jerónimo, en donde se hicieron grandes innovaciones
médicas (por ejemplo, allí se realizaban autopsias encaminadas al aprendizaje
médico y se suturaban heridas con hilo, en lugar de cauterizarlas).
A continuación el bachiller volvía al claustro universitario y era examinado,
pudiendo obtener la licencia, de ahí el nombre de licenciado, para poder
establecerse por su cuenta. Era entonces cuando el licenciado se dirigía a una
ciudad o a un pueblo, allí se presentaba al Concejo y a las jerarquías
eclesiásticas. No deja de ser curioso que entre los deberes del médico se
encontrase el hecho de notificar a los pacientes la necesidad de confesarse,
hasta el punto de que si incumplía este deber podía ser castigado con la
privación del título y la excomunión.
Algunos licenciados se examinaban nuevamente para adquirir el grado de doctor,
esto es, el de sabio, que les permitía el acceso a la enseñanza médica.
Por último, señalar que el atuendo típico del médico español de la época estaba
constituido por una capa (ferruelo), sombrero de tafetán, guantes y una gran
sortija de esmeralda, signo que proclamaba su condición de galeno.
Un remedio milagroso: la quina
En 1630 el español Juan de Vega descubrió en Perú la corteza de chinchona
(quina). Los indios de Lima curaron con esta planta a la condesa de Chinchón,
que padecía una fiebre intermitente (paludismo). Este remedio, que a partir de
ese momento fue conocido como los polvos de la condesa, llegó a España en 1638.
Desde Sevilla, y gracias a los jesuitas (polvo de los jesuitas), el nuevo
remedio se difundió con gran rapidez, desatándose una fuerte controversia en
toda Europa respecto a su eficacia.
Lección de anatomía del doctor Deyman, 1656, óleo sobre lienzo, 100 x 134
cm, Rijksmuseum, Amsterdam
Tema 18
Medicina de la Ilustración
Contenido:
Ramazzini
y la medicina laboral
El primer ensayo clínico de la historia
Jenner y la vacuna
Mesmerismo
Psiquiatría y ética
Vitalismo ilustrado
Fisiología experimental
Escuelas de cirugía
Un nuevo concepto: anatomía general
Primeras ambulancias
Alibert lleva a cabo una vacunación contra la viruela como Jenner (pintura
de Constant Desbordes, 1820
El
período de la Ilustración o de Las Luces corresponde al siglo
XVIII y fue una época guiada por un movimiento humanístico surgido en
Inglaterra y Holanda, desde donde se extendió a Francia y Alemania. La
filosofía veía en la razón la facultad esencial del hombre, contenía la medida
de todas las obras y acciones humanas. Para los filósofos el conocimiento y
dominio de la naturaleza era la tarea fundamental del hombre. La razón
ilustrada está basada en el empirismo, desarrollado en Inglaterra por Locke y
Hume, según el cual no hay otro conocimiento que el que no se deriva de la
experiencia.
Desde el punto de vista médico, comenzaron a desarrollarse las universidades
del norte de Europa, desapareciendo la hegemonía de las universidades
italianas, y los logros más notables ocurrieron en la segunda mitad del siglo
XVIII.
Ramazzini y la medicina laboral
En la Ilustración se habló por vez primera de medicina social y
pasó a un primer plano la idea de la prevención de las enfermedades, poco a
poco el clima, factor patógeno de primera línea en la medicina hipocrática,
pasó a un segundo plano, frente a las malas condiciones sociales. Durante esta
época se inició la industrialización, se mejoraron las condiciones higiénicas
de los hospitales y se canalizaron las aguas. En Francia e Inglaterra, además,
se fundaron hospitales pediátricos.
A comienzos de siglo, Bernardino Ramazzini (1633-1714) recogió en su monumental
tratado Sobre las enfermedades de los artesanos la medicina
laboral de su tiempo. Señaló que la práctica de determinadas profesiones era el
determinante para padecer algunas enfermedades, de esta forma sentó las bases
de lo que sería la patología laboral. En él trata de un modo sistemático las
enfermedades de los artesanos sucios (curtidores, queseros,
jaboneros, enterradores, comadronas), de los artesanos
polvorientos (panaderos, molineros, tabaqueros), de los artistas
y artesanos que permanecen de pie, sentados o deambulando y también de los
trabajadores del agua (pescadores, navegantes). En su libro,
refiriéndose a las comadronas, se puede leer:
«el
estar sentadas delante de la silla de parturienta en un barco bajo (...) con
ello se comprime de forma muy intensa el vientre».
El
primer ensayo clínico de la Historia
Durante siglos la enfermedad y el hambre hicieron perecer a los marineros con
más virulencia que los peligros del mar y, en más de una ocasión, fueron las
enfermedades las que truncaron los resultados de heroicas hazañas marítimas. Es
sabido que cuando la navegación se prolongaba durante más de dos o tres meses
aparecía de forma inexorable el escorbuto. En 1535 Jacques Cartier realizó una
sensacional descripción de los síntomas de la enfermedad:
«Esa
enfermedad desconocida empezó a hacer estragos entre nosotros, bajo una forma
muy rara de la que nunca habíamos oído hablar y que jamás habíamos visto. De
tal manera que algunos enfermos perdieron por completo las fuerzas y no podían
sostener de pie. Luego se les hincharon las piernas, los músculos se atrofiaron
y se pusieron negros como carbón. Otros tenían la piel cubierta de manchas de
sangre púrpura desde el tobillo hasta la rodilla, en los muslos, hombros,
brazos y cuello. Les apestaba el aliento y las encías estaban tan pútridas que
la carne se desprendía hasta en la raíz de los dientes que se descarnaban casi
todos».
En
el siglo XVI un fraile agustino, fray Agustín Farfán, había publicado un libro
en el que ensalzaba las virtudes de los cítricos en el tratamiento del
escorbuto:
«A
los que no tenían cuidado se les pudrían las encías y descalcificaban los
dientes y la boca se les hinchaba. Para prevenir este estado, tomaban el jugo
de medio limón o de una naranja amarga que mezclaban con alumbre tostado o
pulverizado» .
En
1753 Lind hizo pública una experiencia personal con extremado rigor científico,
hasta el punto de poder considerar su experimento como el primer ensayo médico.
Inició la experiencia el 20 de mayo de 1747 con doce enfermos de escorbuto, que
iban a bordo del Salisbury. Todos los marineros tenían síntomas muy parecidos:
encías fungosas, petequias, cansancio y debilidad en las rodillas. Lind sometió
a todos ellos al mismo régimen alimenticio y fueron tratados, por pares, de la
siguiente forma: a dos de ellos se les dio un cuarto de galón de sidra al día;
otros dos recibieron 25 gotas de elixir de vitriolo, tres veces al día; dos
tomaron dos cucharadas de vinagre, tres veces al día; dos marineros fueron
sometidos a un tratamiento con medio cuartillo de agua de mar; dos enfermos
comieron diariamente dos naranjas y un limón, aunque tan sólo lo hicieron
durante seis días porque se les agotó la reserva de frutos. Los últimos dos
enfermos recibieron además un electuario compuesto por ajo, granos de mostaza,
goma de mirra y bálsamo del Perú.
El resultado del estudio fue espectacular: al cabo de seis días uno de los
enfermos que había recibido naranjas y limón pudo reanudar su trabajo y el otro
que recibió el mismo tratamiento tuvo una recuperación rápida y completa. El
resto de los marineros empeoraron, a excepción de los dos marineros que habían
recibido sidra, que también mejoraron. La conclusión de Lind fue que los
cítricos ayudaban a combatir el escorbuto, medida que rápidamente fue adoptada
por la marina británica.
Jenner y la vacuna
El progreso más importante de la medicina de esta época fue la introducción en
Europa, a fines de siglo, de una vacuna efectiva y segura contra la
viruela (smallpox). Desde hacía muchos siglos se empleaba un
proceso de «vacunación» procedente de la India, el método se había extendido a
otras regiones fronterizas con bastante éxito. Se trataba de la variola o
variolización, una vacuna preparada a partir del líquido de vesículas de la
viruela, y que producía, en principio, una enfermedad benigna y la consiguiente
protección inmunitaria. Sin embargo, este método tenía elevados riesgos de
provocar la aparición de la enfermedad.
Un método totalmente seguro fue el descubierto por Edward Jenner (1749-1823),
un médico rural que comprobó que las mujeres que ordeñaban vacas con vaccina o
vacuna (cow pox), una enfermedad vacuna benigna caracterizada
por la existencia de lesiones similares a las de la viruela, se infectaban. En
las manos de estas mujeres aparecían unas vesículas similares a las que tenían
las vacas en sus ubres, sin embargo, estas mujeres no contraían la
viruela.
Estimulado por su maestro, el cirujano John Hunter, Jenner investigó este
fenómeno. El 14 de mayo de 1796 inoculó a un niño, James Phipps, con líquido de
una vesícula de una mujer afectada con lesiones de vaccina (Sarah Nelmes). Días
más tarde lo inoculó con líquido de una lesión de un paciente con viruela y el
niño no enfermó. Jenner repitió este procedimiento, que llamó vacunación, con
similares resultados. Dos años después hizo público su trabajo, en un libro de
74 páginas que tuvo una enorme difusión.
La efectividad del método fue reconocida en toda Europa, hasta el punto de que
la familia real inglesa se hizo vacunar; en algunos estados de Alemania se
declaró festivo el día del cumpleaños de Jenner, y en Rusia apareció un nuevo
patronímico: Vacunnoff. En agradecimiento el Parlamento inglés dio un subsidio
a Jenner y en 1803 se fundó en Londres la Sociedad Jenneriana.
En la difusión de la vacuna jenneriana participó el gobierno de Carlos IV, que
en 1803 organizó una expedición, dirigida por el médico alicantino Francisco
Xavier de Balmis, con la misión preventiva de vacunar el continente americano y
las posesiones españolas de Ultramar.
Ya en el siglo XX, la campaña de vacunación de la Organización Mundial de la
Salud dio sus frutos y, tras muchos esfuerzos y millones de dosis, consiguió
erradicar la enfermedad en 1977. El último eslabón de la cadena fue el somalí
Ali Maow Maalin.
Mesmerismo
El mesmerismo fue introducido por Franz Antón Mesmer (17341815) a finales del
siglo XVIII. Este galeno estudió medicina en Viena y realizó una tesis doctoral
que versó sobre la astrología y el uso del magneto, lo cual puso posteriormente
en práctica. Para él existía el fluidum universal, algo que se
encontraba en todas partes, y que fluía de la mano del terapeuta con fines
curativos, especialmente en aquellos pacientes que eran susceptibles.
Mesmer viajó a Francia en donde obtuvo el apoyo de Maria Antonieta y Luis XIV,
permitiéndole fundar la Orden de la Harmonía en donde impartió clases de
magnetismo. No tardó en hacerse un hombre muy popular y amasar una gran
fortuna. Entre sus clientes habituales se encontraba Lafayette y los grandes
literatos, políticos y aristócratas de la época. Sin embargo, Mesmer fracasó en
sus esfuerzos por conseguir reconocimiento científico, una comisión
investigadora de la Academia de Ciencias parisina, dirigida por Benjamin
Franklin, rechazó la teoría de Mesmer por no ser científica. A pesar de la falta
de rigor científico en el método empleado, a Mesmer se le atribuye el mérito de
introducir la hipnosis como método terapéutico.
Psiquiatría y ética
Uno de los frutos del espíritu de la Ilustración fue el progreso que
experimentó la psiquiatría y la preocupación por los aspectos éticos de la
medicina. Despareció la idea de que las alteraciones mentales se debían a la
posesión demoníaca, y con ella las condiciones infrahumanas a las que eran
sometidos esos pacientes. Las alteraciones mentales pasaron a ser enfermedades,
lo cual fue un gran progreso.
Vitalismo ilustrado
Los grandes avances producidos en el siglo anterior, las novedades doctrinales
y el incremento de los saberes médicos hacían necesario una tarea de
recopilación (patología sistemática). En este sentido destacaron tres grandes
tratadistas: Boerhaave, Stahl y Hoffmann.
Durante esta época hubo dos grandes corrientes ideológicas: el vitalismo y la
nosotaxia histórico-natural. Para los vitalistas ilustrados los seres vivos
poseen un principio vital que es lo que les permite
distinguirlos de los seres inanimados. Hubo diferentes escuelas que abrazaron
esta corriente, siendo la más destacada la de Montpellier.
Con la intención de realizar una clasificación sistemática de las enfermedades,
en la que se conjugase la idea de la especie morbosa de Sydenham y el sistema
de clasificación de Linneo, surgió la nosotaxia histórico-cultural, corriente
que no gozó de gran predicamento.
El clínico más destacado del momento fue el holandés Herman Boerhaave (1668-1738),
profesor en Leiden durante más de tres décadas, entre sus discípulos y
seguidores se encontraron los grandes médicos de la Ilustración. Su
tratado Institutiones medicae (1708) llegó a ser el libro de
texto en Europa durante mucho tiempo, hasta el punto de que se crearon cátedras
con el nombre de «Instituciones», que sustituyeron a las antiguas Prima o
Vísperas. De esta forma el galenismo quedó desterrado definitivamente de las
aulas universitarias. En su Introducción a la práctica clínica Boerhaave
estableció las normas básicas para la redacción de la historia clínica.
George Ernst Stahl (1660-1734) postuló su teoría animista. Para él, el ánima era
el principio rector del cuerpo, el que comunicaba a cada órgano su movimiento
vital y el que preservaba al organismo de la putrefacción. Los trastornos
del ánima desembocaban en la aparición de las enfermedades
Friederich Hoffmann (1660-1740) representó un punto intermedio entre el
mecanicismo iatrofísico y el animismo de Stahl. Para Hoffmann la vida consistía
en el movimiento de las partes líquidas y sólidas, siendo el éter el
responsable de la vida y la causa de todos los movimientos del cuerpo.
La introducción de la percusión en la práctica clínica se lo debemos a Leopoldo
Auenbrugger, hijo de un posadero. En más de una ocasión habría visto como su
padre golpeaba los toneles para determinar la altura a la que llegaba el vino y
esto le habría sugerido la idea de usar la percusión en la clínica médica.
Auenbrugger dio a conocer su método en 1760 en su obra Inventum novum(Nuevo
invento). No deja de sorprendernos que se demorase siete años su utilidad para
utilizar la autopsia como control. Poco a poco se fue abandonando el
procedimiento hasta que Corvisart, uno de los médicos de Napoleón, a comienzos
del siglo siguiente, reconoció su importancia.
Otro gran clínico fue William Whittering (1741-1799), a quien debemos la
introducción de la digital en Europa. Fue un observador admirable y uno de los
más grandes botánicos médicos de todos los tiempos. Por último señalar que Carl
von Linné (1707-1778), médico y naturalista, creó el sistema binominal, por
género y especie, de la nomenclatura científica.
Fisiología experimental
En el siglo XVIII se separaron definitivamente anatomía y fisiología.
Pudiéndose distinguir claramente dos orientaciones en la fisiología ilustrada:
la consideración vitalista de los fenómenos orgánicos y el rigor de la
experimentación. Durante este periodo destacaron los trabajos de dos
científicos: el italiano Spallanzani y el suizo von Haller.
Lazzaro Spallanzani (1729-1799), abate, biólogo y profesor de la Universidad de
Pavía, fue uno de los más geniales experimentadores de todos los tiempos. La
teoría de la generación espontánea ya había superada, pero tras el
descubrimiento de las bacterias por parte de Leeuwenhoek la teoría se había
trasladado a estos microorganismos. Spallanzani demostró que tampoco era válida
para éstos. Entre las contribuciones de este médico se encuentra el
descubrimiento de los leucocitos, las propiedades de los jugos gástricos y la
primera fecundación artificial entre un perro y una rana.
Albrecht von Haller (1708-1777) constituye una de las grandes figuras del saber
humano y es considerado por muchos autores como el padre de la fisiología
moderna. Se dedicó al estudio de las propiedades fisiológicas de la fibra
muscular, su irritabilidad y contractilidad, así como la conducción de los
impulsos nerviosos. De su extraordinaria fecundidad científica merece la pena
destacar sus famosos Elementa (Elementos de Fisiología del
cuerpo humano), que constituyen la aportación más importante a la fisiología
ilustrada.
Galvani descubrió que la corriente eléctrica excitaba los nervios motores, este
hallazgo dio origen a largas discusiones sobre la relación existente entre las
propiedades de los nervios y la electricidad.
Durante la Ilustración se describió, científicamente, en qué consistía la
respiración. El gran impulsor en este sentido fue Lavoisier, quien descubrió en
1775 la presencia de oxígeno en el aire. Para este científico la respiración
consistía básicamente en el consumo de oxígeno y la eliminación de anhídrido
carbónico en una determinada proporción. Con la ayuda de Laplace demostró que
en la respiración se consumía la misma cantidad de oxígeno y se eliminaba la
misma cantidad de calor que en la combustión del carbono, sentando con ello las
bases de la calorimetría. Lavoisier midió el consumo de oxígeno durante el
trabajo, la ingestión de alimento y el reposo.
Escuelas de Cirugía
El siglo XVIII fue el siglo de los cirujanos. Se crearon centros superiores
destinados exclusivamente a la formación de cirujanos, con una preparación
científica semejante a la que se impartía en las Universidades. Se crearon las
Escuelas Prácticas de Cirugía en París, Chopart y Desault. En nuestro país
surgieron los Reales Colegios de Cirugía, como el de Cádiz (1748), al que
siguieron los de Barcelona y el de San Carlos de Madrid.
En Francia los médicos y los cirujanos se situaron a la misma altura; en
Inglaterra los barberos fueron separados de los cirujanos (1745) y a fines del
siglo se le otorgaron privilegios al Royal College of Surgeons. Algo similar
sucedió en España, mientras que en Prusia los cirujanos siguieron al margen del
desarrollo científico de la medicina. En esta época destacaron John Hunter,
Jean Petit, Percival Pott (célebre por sus estudios sobre tuberculosis
raquídea) y el italiano Antonio Scarpa.
John Hunter (1728-1793) fue el creador de la patología quirúrgica, entendía que
el cirujano era un profesional que aspiraba a la fundamentación patológica y
científica de su labor manual. En su obra estudiaba por igual la investigación
anatómica y el trabajo quirúrgico. A partir de Hunter el empirismo quirúrgico
se convirtió en Ciencia quirúrgica.
Un nuevo concepto: anatomía general
En Edimburgo la cátedra de anatomía fue ocupada durante más de una centuria por
la misma familia: Alexander Monro I, II y III. Uno de sus miembros dio nombre a
los forámenes interventriculares cerebrales. En la Universidad de Berlín se
sucedieron padre, hijo y nietos de otra familia, los Meckel.
En Francia el anatómico más influyente fue Marie-Franqois Xavier Bichat
(1771-1802), creador del método anatomoclínico, a pesar de su corta vida.
Propuso la creación de una nosografía de base anatomopatológica, para él la
Medicina se convertiría en Ciencia cuando el médico supiese establecer la
relación existente entre el cuadro clínico y las lesiones orgánicas. Además,
Bichat desarrolló la idea de que los seres vivos no son una simple asociación
de órganos que debieran estudiarse de forma separada, sino una intrincada red
de membranas o tejidos (Anatomía general).
En el campo de la anatomía patológica destacó Giovanni Battista Morgagni, el
último de los grandes profesores de la Universidad de Padua. En De
sedibus et causis morborumper anatomen indagatis (Sobre las
localizaciones y causas de las enfermedades indagadas por el anatomista)
describió casos estudiados clínica y anatómicamente. Con esta obra sentó las
bases científicas del estudio anatomo-patológico y cimentó el método
anatomo-clínico.
Por último, señalar que los trabajos de Caspar Wolff en el campo de la
embriología dieron un nuevo impulso a la teoría de la epigénesis frente al
preformacionismo.
Primeras ambulancias
En 1792 el cirujano militar francés Larrey (1766-1842) utiliza por vez primera
ambulancias, llamadas ambulances volantes. Se utilizaron en el
transcurso de la guerra contra los ejércitos de Austria
y Prusia. Hasta entonces lo normal era transportar a los heridos en carretas
sin techo, por caminos muy difíciles e transitar, hasta hospitales no muy
alejados. La mayoría de los heridos fallecían en el camino o en iglesias
habilitadas para prestarles atención. Larrey formó grupos de tres cirujanos a
caballo y una persona que asistía a los enfermos, que transportaban venas y
canastas para trasladar a los enfermos, de esta forma se podía atender en el
mismo campo de batalla. Las canastas de transporte fueron sustituidas por
carruajes ligeros con ballestas. El ejército prusiano no tardó en adoptar las
mismas medidas para sus heridos.
La extracción de la piedra de la locura, del Sosco
Tema 19
Medicina de la primera mitad del siglo XIX
Contenido:
Universidad
humboldtiana
Homeopatía
Teoría celular
Anatomía comparada
Positivismo
Auscultación mediata
Cirugía
Embriología contemporánea
Laennec con su estetoscopio. (Robert A. Thom)
El
siglo XIX fue muy fecundo en progresos científicos y la Medicina siguió el
rumbo que había iniciado en el siglo anterior. La física, la química y la
biología se convirtieron en los puntales de la nueva Medicina. Los
descubrimientos de Faraday (inducción electromagnética y el motor eléctrico),
Edison (lámpara incandescente), Roentgen (rayos X) y Pierre y Marie Curie
(radio) serían aplicados al campo médico.
Universidad humboldtiana
Los avances producidos a finales del siglo XVIII en el campo de la clínica y la
autopsia requerían modificar el modelo universitario. Esto fue lo que hizo
Alemania a comienzos de este siglo, su reforma afectó primero a Prusia y fue
encabezada por el barón Wilhelm von Humboldt, filólogo, humanista y fundador de
la filología comparada. La nueva universidad se concibió a partir del idealismo
alemán y la primera universidad con este modelo fue la de Berlín (1809).
El modelo de la universidad humboldtiana fue copiado rápidamente en el resto de
Europa y Estados Unidos; básicamente consistía en basar la actividad académica
en la investigación y la docencia, incorporando a la enseñanza los resultados
de la nueva investigación.
Homeopatía
En 1810 el médico Samuel Hahnemann (1755-1843) publica Órgano de la
medicina racional, con la que sienta las bases de un nuevo sistema de
medicina: la homeopatía. Para la teoría y prácticas homeopáticas es fundamental
el principio de similitud (lo similar se cura con lo similar). Este
principio contradice la base de la patología humoral, según la cual se toman
medidas contrarias a las que causaron la enfermedad (contraria
contrariis). Hahnemann preparó diluciones crecientes en la proporción
1:100, siendo equivalente cada etapa a una potencia centesimal.
A partir de la década de 1820 se utilizó el término potenciación en lugar del
vocablo dilución.
En poco tiempo el movimiento homeopático encontró muchos seguidores
especialmente en Sajonia. Casi toda la medicina universitaria se opuso
tenazmente al nuevo movimiento. Fuera de Europa los mayores adeptos estaban en
la América Latina y en la India.
Teoría celular
Bichat, como vimos en el capítulo anterior, formuló el moderno concepto de
tejido, al que definió como una parte homogénea de los territorios orgánicos,
con un mismo comportamiento vital, propiedades fisiológicas, mismo origen
embrionario e idéntico modo de enfermar.
Aunque los microscopistas del siglo XVII emplearon el término célula, este
vocablo tan sólo tenía un valor descriptivo, morfológico. El mayor
perfeccionamiento de los microscópicos permitió el desarrollo de la Teoría
celularde la mano de J Schleiden y T Schwann.
Jacob Matias Schleiden (1804-1881) dio un enfoque evolutivo, trató de conocer
cómo surgían las células en el mundo vegetal y llegó a la conclusión de que las
células eran los elementos fundamentales de los seres vivos, desde un punto de
visa morfológico, estructural y fisiológico. Además distinguió tres regiones
celulares: núcleo, membrana y citoplasma. Este concepto sería ampliado al reino
animal gracias a los estudios de Theodor Schwann (1810-1882), llegándose a
afirmar que la célula era el elemento fundamental de todos los seres vivos,
tanto de los vegetales como de los animales. August Mayer bautizó con el
término histología lo que hasta entonces se conocía como anatomía
general, concepto que había sido acuñado por Bichat.
El siguiente paso fue clasificar los tejidos teniendo en cuenta la Teoría
celular,esto es, las células que lo integraban. Jacob Henle (1809-1885)
publicó en 1841 Anatomía general, en donde, por vez primera,
la teoría celular y la histología se conjugaron de forma armoniosa.
Anatomía comparada
Los primeros conceptos de anatomía comparada debieron a Aristóteles. Durante el
Renacimiento y Barroco numerosos descubrimientos anatómicos tuvieron su origen
en el estudio de la morfología animal, siendo luego confirmados en el cuerpo
humano. El gran auge de la Anatomía comparada se produzco a finales de la
Ilustración, cuando Vicq d'Azyr publicó Tratado de Anatomía (1876),
en donde comparó la anatomía humana con la del mono. Sin embargo, sería en la
primera mitad del siglo XIX cuando se convirtió en un saber sistemáticamente
elaborado, esta tarea le correspondió a Georges Cuvier (1769-1832), elpadre
de la morfología comparada. En sus Lecciones de Anatomía
comparada (1805) formuló su teoría.
Positivismo
Durante la primera mitad del siglo XIX la fisiología se convirtió en una
ciencia basada en la investigación experimental (positivismo). Bichat canalizó
el tránsito entre el vitalismo ilustrado y el positivismo.
La figura más destacada del momento fue Francois Magendie (1783-1855) al cual
debemos la realización de numerosos experimentos animales, los cuales le
permitieron describir, por ejemplo, que las raíces posteriores de la médula
tenían una función sensitiva o que una segunda inyección de albúmina de huevo
en el conejo determinaba la muerte del animal que había tolerado la primera, lo
que puede considerarse como el primer experimento de anafilaxia.
Durante el primer tercio del siglo XIX la fisiología alemana estuvo inmersa en
la Filosofía Natural (Naturphilosophie) de los románticos, la
cual presidió el trabajo de fisiólogos y patólogos de las universidades
germánicas meridionales. Esta corriente filosófica estaba fuertemente influida
por Hegel y Schelling. En síntesis afirmaban que la especulación era suficiente
para encontrar las leyes fisiológicas. No tardaron en darse cuenta del error
doctrinal y los fisiólogos modificaron sus métodos de trabajo hacia una
medicina experimental, hacia la positivización.Entre ambas
tendencias se situó lo que se ha llamado la generación intermedia,de
la que Johannes Muller (1801-1858) fue el médico más ilustre y autor de una
conocida monografía sobre los «fenómenos fantásticos de la visión».
Auscultación mediata
Uno de los discípulos de Bichat, Jean Nicolas Corvisart (17751821), médico de
Napoleón (1804-1815), el cual puede ser considerado el verdadero iniciador de
la Medicina anatomoclínica. En su Ensayo sobre las enfermedades y las
lesiones orgánicas del corazón y los grandes vasos (1806) recogió
numerosos casos clínicos sobre las cardiopatías más diversas: calcificación de
las válvulas cardiacas, pericarditis tuberculosa, aneurisma aórtico,
comunicación interventricular... Las principales aportaciones de este clínico
son dos: reintroducción de la percusión torácica como elemento diagnóstico y la
auscultación inmediata, aplicando el pabellón auditivo sobre el tórax del
enfermo.
Sin embargo, la gran figura del momento fue el bretón Renato Teófilo Jacinto
Laennec (1781-1826), médico vinculado al hospital parisino de la Charité, y a
quien debemos el descubrimiento de la auscultación mediata (1816), que dio a
conocer al resto de la comunidad científica tres años después (De
l'auscultacition médiate). Dejemos que sea Laennec quien nos relate su
descubrimiento:
«En
1816 fui consultado por una joven que presentaba síntomas generales de
enfermedad del corazón, y en la cual la aplicación de la mano y la percusión
daban poco resultado a causa de su leve obesidad. Como la edad y el sexo se la
enferma me vedaban el recurso a la auscultación inmediata, vino a mi memoria un
fenómeno acústico muy común: si se aplicaba la oreja a la extremidad de una
viga se oye muy claramente un golpe de alfiler dado en el otro cabo. Imaginé
que se podía sacar partido, en el caso de que se trataba, de esa propiedad de
los cuerpos. Tomé un cuaderno de papel, formé con él un rollo fuertemente
apretado, del cual apliqué un extremo a la región precordial. Poniendo la oreja
en el otro extremo, quedé tan sorprendido como satisfecho, oyendo los latidos
del corazón de una manera mucho más clara y distinta que cuantas veces había
aplicado mi oído inmediatamente».
No
pasó mucho tiempo para que el rollo de papel se convirtiera en un cilindro de
madera, apareciendo así los primeros estetoscopios (del gr. stethos, pecho,
y scopos, explorar).
Además, el nombre de Laennec quedó asociado a una forma de cirrosis hepática.
Curiosamente esto no fue la recompensa por haber realizado alguna aportación
sobre esta materia, sino simplemente se debió a una nota a pie de página en la
que proponía el nombre de cirrosis (kirrós, amarillo ) para el
hígado granular, indurado y amarillento encontrado en la autopsia de un caso
con enfisema pulmonar.
Cirugía
Las técnicas quirúrgicas de la primera mitad del siglo XIX no fueron muy
distintas a las que realizaba Ambrosio Paré en el siglo XVI, la principal
diferenciaba radicaba en que los profesionales tenían mayores conocimientos de
anatomía y patología.
Primera demostración pública de una operación con anestesia, realizada por
William Morton el 16 de octubre de 1846 en Boston. (Cuadro de Robert Hinckley,
1882)
Los
cirujanos más destacados de este periodo fueron: Dupuytren, John y Charles Bell
y Lisfranc. La más notable intervención de la medicina norteamericana se debió
a William Stewart Halsted quién introdujo el uso de guantes de goma, de las
ligaduras de seda y la anestesia por infiltración.
Embriología contemporánea
El verdadero creador de la embriología contemporánea fue Kart Ernst von Baer
(1792-1876), en su obra De ovi mammalium et hominis genesi apareció
la primera descripción del óvulo, hasta entonces confundido con el folículo de
De Graaf.
A este médico se debe el descubrimiento de la notocorda y la clasificación de
las hojas embrionarias en animal y vegetativa. De la primera
proceden el sistema nervioso, los órganos de los sentidos y la piel; de la hoja
vegetativa se originan los órganos correspondientes a la vida vegetativa.
Posteriormente, Robert Remak establecería la existencia de tres hojas
embrionarias: ectodermo, endodermo y mesodermo.
Tema 20
Medicina de la segunda mitad del siglo XIX
Contenido:
Teoría
de la patología celular
Doctrina neuronal
Teoría microbiana de enfermedad
Nacimiento de la bioquímica
Parálisis de Bell
Asepsia y antisepsia
Guantes de goma
Anestesia general
Epidemiología
Teoría de la evolución
Genética
Teoría de la Gestalt
Nacimiento de la psicoterapia
Fisiología instrumental
Cirugía
Los Rayos X
La Cruz Roja
Mujeres en el campo de batalla
Hasta
este momento las autopsias eran practicadas por los mismos clínicos que
atendían a los pacientes. Rokitansky (1804-1878), autor de Tratado de
Anatomía patológica, inauguró una nueva época: la creación de la
anatomía patológica como especialidad, las autopsias pasarían a practicarse en
un instituto de patología.
Santiago Ramón y Cajal
Es
sabido que Rokitansky llegó a practicar con enorme rigor y detalle unas 20.000
autopsias.
Teoría de la patología celular
Henle (1809-1885), recordado por el asa de los túbulos renales, fue un gran
microscopista y puede ser considerado el fundador de la anatomía microscópica.
Su gran obra fue Investigaciones de patología (1840).
El otro gran histólogo de la época fue Albert von Kolliker (1817-1905), quien
realizó importantes contribuciones en la musculatura y el sistema nervioso,
además de demostrar la naturaleza celular de los espermatozoides, una
contribución decisiva para comprender la fecundación.
¿Dónde se localizan las enfermedades? Morgagni (1761) respondió a esta pregunta
señalando que no era en los humores desequilibrados o en el ánimadisipada,
sino en los distintos órganos internos; Bichat (1801) propuso que la
localización se encontraba en los tejidos, finalmente Virchow (1858) concluyó
que se ubicaba a nivel de las células.
La Teoría de la patología celular (Tabla 1) fue formulada en 1852 por Rudolf
Virchow (1821-1902). Este galeno alemán fue nombrado en 1856 profesor de
patología de la Universidad de Berlín. Retomó el concepto de Shleiden y Schwan
de que todos los organismos biológicos están formados por una o más células, a
lo cual añadió que son las unidades más pequeñas del organismo capaces de
sobrevivir aisladas cuando las condiciones del medio son favorables, cada una
de sus partes (núcleo, mitocondria, membrana...) no tiene esa capacidad de vida
independiente. Así pues, si la enfermedad es la vida en condiciones anormales,
el lugar donde se produce la enfermedad debe ser la célula.
Tabla
1.Bases teóricas de la patología celular
Virchow
fue el patólogo más eminente de su época y sus contribuciones fueron
numerosísimas: la correcta interpretación de leucocitosis y leucemia, trombosis
y embolia, descripción del amiloide, de la neuroglia, de la mielina, la
distinción entre hipertrofia e hiperplasia y el concepto de metaplasia, entre
otras muchas.
Doctrina neuronal
Hasta el momento la teoría celular no había sido demostrada en el sistema
nervioso, se pensó que era una red continua de carácter dendrítico hasta que
Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) demostró el concepto de neurona. Su vida
científica puede dividirse en cuatro etapas: la primera autodidacta que abarca
hasta 1888; la segunda, muy decisiva, comprendida entre 1888 y 1893, en la que
elaboró la doctrina de la neurona. La tercera etapa se prolongó hasta 1912 en
la que defendió su teoría frente a las argumentaciones reticulares y, por
último, desde 1912 hasta 1934 en la que consolidó la escuela histológica
española. En 1888 Ramón y Cajal descubrió la famosa ley del contacto pericelular,
según la cual las neuronas no se relacionan por contigüidad sino por
continuidad.
Teoría microbiana de enfermedad
La teoría de la contagiosidad es muy antigua, ya Tucídides (460 a. de JC) en
su Historia de las guerras del Peloponeso atribuía las
epidemias a la corrupción del aire. Como ya vimos, en el siglo XVI Fracastoro
(1478-1553) había señalado que el contagio de algunas enfermedades se debía a
ciertas semillas. La primera demostración de un agente biológico la realizó Giovanni
Cosimo Bonomo (1687) al describir en su microscopio al ácaro Sarcoptes
scabeii, al que responsabilizó de la sarna. Sin embargo, su
descubrimiento quedó en el olvido. Agostino Bassi (1773-1856) demostró
experimentalmente, por vez primera, que un agente biológico era capaz de
producir una enfermedad epidémica. Sus estudios los realizó en la enfermedad
del gusano de seda (calcinaccio o mal del segno).
Otro de los defensores de la teoría infecciosa fue Jacob Henle (1809-1885),
alumno de Müller en Bonn, quien señaló que para que un agente biológico sea
señalado como agente causal de una enfermedad es indispensable que, en todos
los casos, se aísle in vitro a partir de los tejidos
afectados, y que a partir de este aislamiento se compruebe que es capaz de
producir la enfermedad.
La teoría infecciosa se basó en las contribuciones realizadas por Louis Pasteur
(1822-1895) y Robert Koch (1843-1910). Pasteur, que no era médico sino químico,
llegó al campo de las enfermedades infecciosa tras realizar numerosas
contribuciones científicas (Tabla 2): fermentación láctica, anaerobiosis y
acidez de la cerveza y vinos franceses (recomendó el proceso de calentamiento a
50-60°C durante unos minutos, hoy conocido como pasteurización). En el campo de
la microbiología atenuó la virulencia del bacilo del ántrax y en 1885 descubrió
la vacuna de la rabia, tan sólo diez años después fueron vacunadas unas veinte
mil personas, con una tasa de mortalidad inferior al 0.5 por 100.
Tabla
2. Méritos de Pasteur
Robert
Koch (1843-1910) realizó una aportación definitiva a la bacteriología actual,
aportando nuevas técnicas y medios de cultivo más eficaces. Después de muchos
avatares consiguió una plaza en el Hospital de la Charité en 1876, en su
laboratorio llevó a cabo la mayoría de sus trabajos, así como la formulación de
los postulados que llevan su nombre (Tabla 3). En 1882 descubrió el bacilo de
la tuberculosis, que encumbró a Koch a la cima de la ciencia médica y que le
permitió, años más tarde, fundar el Instituto de Enfermedades Infecciosas
(1891).
Koch realizó numerosas misiones sanitarias, las cuales le llevaron a viajar por
todos los continentes tratando de buscar un mejor conocimiento de las
enfermedades endémicas y epidémicas. Uno de los logros más importantes que
consiguió fue el descubrimiento del vibrión colérico, lo cual permitiría a
Jaime Ferrán el desarrollo de una vacuna (1885). Robert Koch fue profesor de
Higiene en la Universidad de Berlín, entre sus numerosos alumnos destacaron
Loeffler, Ehrlich y Wassermann.
Jaime Ferrán Clua (1852-1929) fue un médico español de renombre, consiguió
aislar el vibrión colérico en una epidemia que se desencadenó en Marseille y
Toulon (1884) y con él preparar una vacuna anticolérica con gérmenes vivos, que
fue administrada con éxito un año después en una epidemia que se desencadenó en
Valencia.
Tabla
3. Postulados de Koch
Nacimiento
de la bioquímica
Los progresos más importantes en la química fisiológica se realizaron en
Alemania y destacaron los químicos Justus von Liebig y Friedrich Wohler. A Von
Liebig, el fundador de la bioquímica, se le debe el descubrimiento de los tres
grupos básicos de sustancias orgánicas: hidratos de carbono, proteínas y
grasas. En colaboración con Wohler demostró, por vez primera, la función de un
radical, capaz de permanecer inalterado a lo largo de una amplia serie de
compuestos, comportándose como si fuera un elemento. El descubrimiento del
radical benzoico, el primero que fue descrito, tuvo importancia decisiva para
el estudio de los procesos bioquímicos en el organismo. En 1865 August Kekulé,
cansado por el trabajo y dormitando frente a las llamas del hogar, tuvo una
visión de una serpiente enroscada, lo cual le sugirió la representación
cíclica: el anillo de Kekulé.
Parálisis de Bell
En el siglo XIX resurgió la escuela clínica de Viena, la llamada Nueva Escuela
Vienesa, representada por José Skoda (18051881), un clínico eminente que
estableció las bases físicas de la percusión y la auscultación.
Charles Bell (1774-1842) descubrió que las raíces anteriores de la médula
espinal correspondían a nervios motores y las posteriores, a sensitivos (ley de
Bell-Magendie). Así mismo, descubrió que el V par craneal era un nervio mixto y
que el VII par craneal era motor, cuya lesión producía una parálisis
facial (parálisis de Bell).
También en esta época destacó el fisiólogo alemán Johannes Müller (1801-1858),
médico de origen humilde, hijo de un zapatero, que después de mucho vacilar
entre el sacerdocio y la medicina se decantó por esta última. Comenzó sus
estudios en Bonn donde se formó ligado a la Naturphilosophie. Posteriormente
se doctoró y obtuvo una cátedra en Berlín con tres asignaturas: anatomía,
fisiología y patología. Uno de los méritos más notables fue
su excelencia como maestro, con él se formó toda una generación de científicos
alemanes: Schwann, Remak, Henle, Dubois-Raymond, Pflüger, Kolliker, Helmholtz,
Lieberkühn, Virchow. Entre sus descubrimientos merece la pena destacar el
descubrimiento del mecanismo de la fonación, aclarando el papel de las cuerdas
vocales y sus trabajos en neurofisiología (identificación del arco reflejo
medular sin conexión con centros superiores).
A partir de la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a surgir los métodos
endoscópicos, basados en un foco emisor de luz, que era proyectado sobre la
cavidad explorada y que reflejaba la imagen interna al exterior. El primer
aparato endoscópico fue diseñado por Meno Bozzini (1867). Unos años antes
(1855) el cantante español Manuel García diseñó el primer laringoscopio.
Asepsia y antisepsia
Ignaz Philipp Semmelweis vivió tan sólo 47 años. Nació en 1818 en Ofen, una
ciudad de Hungría, y murió en Viena en 1865. A los 28 años de edad fue nombrado
asistente de la primera clínica ginecológica de Viena. Desde hacía un año el
profesor de clínica era Skoda y el de anatomía patológica Rokitanksky.
En aquellos momentos la fiebre puerperal hacía estragos entre las parturientas
y Semmelweis observó que la mortalidad de las puérperas era mucho mayor en la
clínica en la que concurrían estudiantes de medicina (10%) que en la que no
(3%). Los estudiantes asistían los partos después de haber estado disecando
cadáveres en el pabellón de anatomía. Además, observó que un amigo suyo, el
profesor Kolletschka, murió, con los mismos síntomas que los que tenían las
mujeres con fiebre puerperal, tras haber sido pinchado por un estudiante
mientras realizaba una autopsia. La conjugación de ambos hechos le hizo
sospechar que la causa de la mortalidad estaba en el material putrefacto de las
manos de los estudiantes, por este motivo obligó a los médicos de su equipo a
lavarse las manos después de realizar las autopsias y antes de atender un parto
con un líquido que contenía cloruro de cal. El resultado fue espectacular y no
se hizo esperar, la mortalidad descendió al 1%.
A pesar del éxito cosechado la resistencia y la hostilidad de sus colegas
fueron enormes, se burlaron de él y rechazaron su descubrimiento. Semmelweis,
lleno de amargura, dejó la clínica y perdió la cordura, teniendo que ser
ingresado en un manicomio. Allí, paradojas de la vida, encontró la muerte por
septicemia tras sufrir una herida. Su única obra fue Etiología,
concepto y profilaxis de la fiebre puerperal (1861).
Al cirujano inglés Joseph Lister (1827-1912) se debe la invención de la sutura
reabsorbible, el catgut (tripa de gato), y la creación de
la antisepsia. Lister observó que las fracturas no expuestas
no se infectaban, mientras que las expuestas lo hacían con enorme frecuencia.
Para evitar la infección diseñó la venda oclusiva, un apósito
de ocho capas impregnado, entre otras sustancias, con ácido fénico. Con este
revolucionario método no tardó en disminuir la mortalidad por infección de
heridas.
Guantes de goma
En 1897 el cirujano polaco Mikulic-Radecki (1850-1905) realizó por vez primera
una intervención quirúrgica usando una mascarilla, lo cual supuso un gran
adelanto técnico. La primera descripción de los guantes quirúrgicos había
aparecido unos años antes (1758), en los escritos de un obstetra alemán. En
1847 en la revista Lancet se recomendaba «emplear guantes de caucho
vulcanizado» para evitar infecciones durante las intervenciones quirúrgicas. La
popularización de los guantes se debió al cirujano William Halsted, del
hospital John Hopkins de Baltimore. Se cuenta que su difusión se debió a que
una de sus enfermeras de quirófano, que a la vez era la novia de Halsted, quedó
incapacitada por el eczema que apareció en sus manos, provocado por la solución
de bicloruro de mercurio, sustancia que se utilizaba para esterilizar el
instrumental quirúrgico. Durante mucho tiempo los guantes eran esterilizados al
vapor y se usaba cada par una docena de veces y únicamente se cambiaban durante
el transcurso de una intervención si se manchaban mucho.
Anestesia general
Desde los orígenes la cirugía estuvo limitada por tres grandes obstáculos: la
hemorragia, la infección y el dolor. En el siglo XVI Ambroise Paré introdujo la
técnica de la ligadura de los vasos, en lugar de la cauterización tradicional,
para cohibir las hemorragias; con el desarrollo de la teoría microbiana se
habían cosechado grandes éxitos en el control de las infecciones; tan sólo
quedaba el dolor.
En tiempos de los egipcios se realizaba la anestesia local utilizando emplasto
de eléboro o hinojo silvestre con cantáridas. Durante siglo se utilizaron
diferentes sustancias: alcohol, beleño, cáñamo, opio o acónito, con resultados
dispares, si bien la planta más utilizada durante toda la Historia de la
Medicina fue la mandrágora (Hildegarda von Bigen la recomendaba contra el
dolor y el malhumor). Más adelante surgió la «esponja somnífera»
(mezcla de opio, beleño y mandrágora), la cual era aplicada en la mucosa oral y
nasal de los pacientes. En el siglo XVIII se empleó el opio y el laudano, y
aparecieron algunas prácticas médicas que trataron de conseguir un sueño
anestésico (mesmerismo o magnetismo animal).
El gran salto, en el campo de la anestesia general, se debió a Priestley (1776)
y Humphry Davy (1796), al sintetizar por vez primera el protóxido de nitrógeno.
Davy utilizó el protóxido de nitrógeno inhalado como hipnótico quirúrgico, sin
embargo su empleo no fue bien acogido por la comunidad científica y quedó
relegado a un juego para la sociedad aristocrática (gas hilarante). El propio
Davy describió sus efectos en verso al experimentar en sus propias carnes un
estado de embriaguez:
«En
ningún sueño, salvaje y monstruoso
percibí jamás un embeleso tan ardiente.
Mi fuego quema con un fuego impío
y siento en mis miembros un aliento de heroísmo.
Mis mejillas se abrasan a mil fiebres
y mis ojos estallan de deseo.
¡Cuán leve y remoto se torna mi pecho!
¡Preparado estoy para la omnipotencia!».
En
1842 un estudiante de química, William E Clarke, tras asistir a una actuación
del circo de Samuel Colt en el que observó cómo se curaba a un hombre una
herida bajo los efectos del gas hilarante, usó el óxido nitroso para disminuir
el dolor en la extracción de una pieza dentaria. Con aquella sustancia
consiguió abolir el dolor.
Dos años después, en Connecticut, el dentista Horace Wells (1815-1848) demostró
los beneficios anestésicos del óxido nitroso en sí mismo al dejarse extraer uno
de sus dientes. A partir de ese momento lo comenzó a utilizar como anestésico
en, al menos, 15 extracciones dentales. En 1845, convencido de los excelentes
resultados obtenidos, realizó una demostración pública en el Hospital General
de Massachusetts, en Boston. Sin embargo, el paciente se quejó durante la
extracción y Wells no consiguió convencer al auditorio.
Poco tiempo después, otro dentista norteamericano, William Morton (1819-1868),
ofreció al cirujano John Warren de Boston la posibilidad de ensayar este método
anestésico en una operación quirúrgica, concretamente en la extirpación de un
tumor mandibular. La intervención bajo anestesia general tuvo lugar el 16 de
octubre de 1846 en el Massachusetts General Hospital y fue todo un éxito. En la
Biblioteca Countway de la Universidad de Harvard (Boston) hay un cuadro de
Robert Hinckley, pintado en 1882, en el que se reproduce este episodio. Además,
la sala en donde se llevó a cabo la intervención se conoce actualmente como la
Cúpula del éter.
Al año siguiente un cirujano escocés, James Young Simpson (1811-1870), aplicó
cloroformo a una mujer durante el parto, reduciendo de forma significativa sus
dolores, a partir de este momento fueron centenares las mujeres que se
beneficiaron de este método durante los siguientes años. A través de la
anestesia la cirugía consiguió salvar uno de los grandes escollos que la habían
acompañado durante siglos: el dolor.
Epidemiología
En Epidemias Iy III del Corpus hippocraticum se
nos presentan los padecimientos epidémicos que prevalecían en aquella época en
cada una de las cuatro «constituciones». Realmente vendría a corresponder a
periodos de tiempo de diferentes años, más que a estaciones dentro de un mismo
año. En estas descripciones abundan juicios cualitativos («muchos» y «pocos»),
no cuantitativos.
Sydenham revisó el concepto de «constitución» y examinó nuevamente las
epidemias, de esta forma dividió en dos las fiebres que eran frecuentes en la
capital inglesa: estacionarias e intercurrentes. Así mismo, señaló que su
aparición dependía de la «constitución» de cada año.
Dos siglos después Henle publicó un libro titulado Von den Miasmen und
Kontagien, en donde clasificó las enfermedades epidémicas en tres
grandes grupos: producidas por miasmas (paludismo), producidas inicialmente por
miasmas, pero que en su evolución se forma un parásito en el organismo que se
multiplica y disemina el padecimiento (aquí se encontraban la mayoría de las
enfermedades infecciosas) y las contagiosas (sarna y sífilis).
Sin embargo, el gran paso en la epidemiología lo dio Jonh Snow (1813-1858), un
médico inglés que se dedicó durante años al campo de la anestesia, hasta el
punto de que fue él quien anestesió a la reina Victoria de Inglaterra en uno de
sus partos. En 1854 se desató una epidemia de cólera en la capital inglesa que
Snow relacionó con el abastecimiento de agua de la ciudad. Al parecer, en
aquella época dos compañías (Lambeth y Southwark Vauxhall) tomaban el agua del
río Támesis y competían por suministrársela a la población londinense. Snow
observó que la tasa de mortalidad era más alta en las zonas suministradas por
la compañía Lambeth y que cuando ésta cambió el punto de captación, río arriba,
en donde el agua era más limpia, disminuyó drásticamente los casos de cólera.
Así pues, todo parecía indicar que el agua era un medio de transmisión de la
enfermedad, Snow demostró que la tasa de mortalidad con «agua limpia» era del
3.7 por 1.000 mientras que la tasa de mortalidad del agua que se captaba en las
proximidades de las alcantarillas era del 31.5 por 1.000.
Poco tiempo después surgió un brote epidémico de cólera en un barrio inglés, en
menos de diez días murieron más de 500 personas. Después de realizar una
encuesta casa por casa, Snow demostró que todos los casos estaban muy
concentrados y que los enfermos utilizaban el agua procedente de un pozo de
Broad Street. Al revisar los certificados de defunción observó que unos días
antes de la epidemia había fallecido una niña de cinco meses y que el agua del
lavado de sus ropas había sido arrojado a un desagüe cercano al pozo. Tras
advertir a las autoridades, el mango de la bomba de extracción fue retirado y
la epidemia declinó de forma rápida. Así pues, Snow postuló la idea de que las
deyecciones de pacientes con cólera podía contaminar el agua potable y provocar
una epidemia de cólera.
William Farr (1807-1883) es considerado el padre de las estadísticas vitales,
puesto que fue quien observó por vez primera que la iniciación, desarrollo y
terminación de una epidemia es, con frecuencia, un fenómeno regular, que puede
ser representado en una gráfica y cuya curva puede ser resumida con una fórmula
matemática.
Por último señalar que en la segunda mitad del siglo XIX la Higiene pública se
convirtió en una disciplina experimental, con la ayuda de la recién nacida
Bacteriología, y a ello contribuyó la figura de Max von Pettenkoffer
(1808-1901), fundador del primer Instituto de Higiene en Munich (1875).
Teoría de la evolución
Chevalier de Lamarck (1744-1829) comenzó a estudiar medicina, pero la
abandonaría por la botánica primero y por la zoología después. Fue el iniciador
de la Teoría de la evolución, fundada en la tesis de la
transmisión hereditaria de los caracteres adquiridos por el uso y desuso de los
órganos como respuesta a estímulos externos. Charles Darwin (1809-1882) formó
parte de la tripulación del viaje de El Beagle como
naturalista no remunerado. El viaje comenzó en diciembre de 1831 y se prolongó
hasta octubre de 1836. La primera edición de El origen de las especies se
agotó el día en que vio la luz, tan sólo un mes después apareció la segunda
edición y a fines de ese año la tercera. En la teoría que enunciaba en esa obra
se pueden distinguir cuatro elementos fundamentales (Tabla 4).
Tabla
4.Teoría de la evolución
Genética
Desde Aristóteles se pensaba que el hombre estaba preformado en el semen
varonil, lo que se denominaba homúnculo, y que era depositado
en el seno de la mujer para desarrollarse. El papel de la mujer era meramente
el de una incubadora, permitir que aquel hombre preformado creciese. El primer
cambio en esta concepción lo dio Moreau de Maupertuis en el siglo XVIII, al
intuir que en los caracteres de una persona intervenía tanto el padre como la
madre, así pues el hombre no podía estar preformado. El descubrimiento del
óvulo y del espermatozoide, algún tiempo después, acabó por echar por tierra la
idea del homúnculo.
En cualquier caso, el punto de partida de la genética moderna lo marcó los
descubrimientos de Gregor Mendel (1822-1884). A los 21 años decidió tomar el
hábito e ingresó en el monasterio de Brün (Checoslovaquia), perteneciente a la
orden de San Agustín. Sus célebres experimentos con guisantes los realizó entre
1856 y 1863. Al estudiar la transmisión de los caracteres de las semillas
del Pisum sativum (arveja común): forma de la semilla (redonda
o rugosa), color (verde o amarillo) y longitud del tallo (gigante o enano)
estableció las leyes que llevan su nombre (Tabla 5).
Tabla
5. Leyes de Mendel
Antes
de publicar los resultados envió su trabajó al botánico suizo Karl von Naegeli,
pero éste los devolvió con un juicio desfavorable. A comienzos de 1865 Mendel
expuso sus resultados en dos conferencias y un año después los publicó en
los Anales de la Sociedad de Historia Natural de Brün. Sin
embargo, sus descubrimientos no se conocieron hasta 1900, dieciséis años
después de su muerte, cuando el botánico holandés Hugo De Vries (1848-1935)
encontró la publicación de Mendel y la dio a conocer al resto de la comunidad
científica. De Vries no solo redescubrió las leyes de Mendel sino que también
introdujo el concepto de mutación, denominó así a los cambios bruscos,
repentinos y espontáneos que se incorporaban al genotipo. La selección natural
operaba, por tanto, sobre las mutaciones (neodarwinismo).
El descubrimiento de los cromosomas se debió a Walther Flemming (1843-1885) en
1882, sin embargo, la acuñación de este término fue obra de W. Waldeyer (1888),
a quien además debemos el descubrimiento de los dos tipos de división celular:
mitosis y meiosis.
Teoría de la Gestalt
En 1890 el barón Christian von Ehrenfels (1859-1932) formuló la Teoría
de la Gestalt, según la cual la mente tiene la propiedad de percibir el
todo por encima de sus componentes. Este fue el punto de partida de la concepción
organicista de Ludwig von Bertalanffy, para el que el organismo debe
ser concebido como un sistema jerarquizado con distintos niveles de
organización, cada uno de los cuales tiene algunas propiedades nuevas con
respecto a las existentes en niveles inferiores.
Nacimiento de la psicoterapia
En 1843 James Braid, a pesar del rechazo de la Ciencia Médica hacia el
mesmerismo, publicó Neurynology, en donde analizó las causas
que provocaba el sueño magnético, atribuyéndolo al cansancio que suscitaba la
mirada fija en un punto brillante, al tiempo que señalaba las posibilidades
terapéuticas del sueño hipnótico.
Años después Jean Martin Charcot (1825-1893), clínico de la Salpetriere,
consideró que el hipnotismo no era un recurso terapéutico sino un tipo de
neurosis, provocada por una alteración patológica a nivel del sistema nervioso.
En 1882 Charcot señaló que había tres estados de sueño hipnótico: catalepsia,
sonambulismo y el sueño letárgico. Así mismo, consideraba que la sugestión era
uno de los numerosos efectos del hipnotismo y no un mecanismo explicativo del
mismo.
Fisiología instrumental
Los grandes avances técnicos del momento favorecieron el desarrollo de la
medicina instrumental, con la aparición de nuevos aparatos (espirómetro,
miógrafo, esfigmógrafo, kimógrafo). La gran figura del momento fue Claude
Bernard (1813-1878), probablemente el mejor fisiólogo de la Historia. Fue el
discípulo predilecto de Magendie en el College de France, en donde sucedió a su
maestro (1855).
Sus grandes descubrimientos los realizó en poco más de una década (1846-1857),
siendo considerado el fundador de la medicina experimental. Sus primeras
investigaciones versaron sobre el papel del jugo pancreático (desdoblamiento de
las grasas, conversión del almidón en azúcar y la acción sobre las proteínas),
posteriormente demostró la función glucogénica del hígado, aisló el glucógeno y
demostró su existencia en los músculos y su degradación hasta ácido láctico
durante el trabajo muscular. Basándose en la función glucogénica del hígado
enunció el concepto de secreción interna, un paso decisivo
para el nacimiento de la endocrinología. En 1865 publicó Introduction a
l’étude de la médicine expérimentale, tratado en el que formuló las
bases metodológicas de la medicina experimental y enunció los principios de la
fisiología general. En esta obra podemos leer:
«Primero
observación casual, luego construcción lógica de una hipótesis basada en la
observación, y finalmente, verificación de la hipótesis mediante experimentos
adecuados, para demostrar lo verdadero y lo falso de la suposición (...) En las
ciencias experimentales la medición de los fenómenos es un punto fundamental,
puesto que es por la determinación cuantitativa de un efecto con relación a una
causa dada por lo que puede establecerse una ley de los fenómenos».
Su
obra científica fue realmente impresionante, entre los años 1843 y 1878 llegó a
publicar más de trescientos trabajos científicos novedosos.
Cirugía
Durante este periodo sobresalió Theodor Billroth (1829-1894), uno de los
cirujanos más ilustres de todos los tiempos, y el creador de las técnicas de
gastrectomía. Una de sus aforismos más conocidos fue:
«Un
fracaso enseña más que diez éxitos, siempre que no se oculten los errores, sino
que se investiguen a fondo».
Los
Rayos X
El día de Nochebuena de 1895 Wilhelm Roentgen (1845-1923) dio a conocer un
descubrimiento trascendental: los rayos X. Al parecer estaba investigando la
fluorescencia producida por los rayos catódicos cuando observó que había unos
rayos capaces de atravesar los materiales, a los que denominó X
(«desconocidos»). Tan sólo seis años después fue galardonado con el premio
Nobel de Física. Como curiosidad señalar que la primera radiografía que realizó
Roentgen fue a una de las manos de su esposa Bertha.
La Cruz Roja
En 1859, en una pequeña ciudad llamada Solferino, ubicada en Lombardía, se
enfrentaron dos poderosos ejércitos, de un lado las tropas del Imperio
austríaco de Francisco José, de otro los patriotas italianos de Cavour y
Garibaldi, junto con los soldados del Segundo Imperio francés de Napoleón III.
Las víctimas se contabilizaron por miles, provocando un panorama absolutamente
desolador. Uno de los observadores de aquella masacre fue el banquero suizo
Henri Dunnant, que relató su testimonio en Un recuerdo de Solferino. A
partir de ese momento se dedicó en cuerpo y alma a evitar que estas escenas se
repitieran. Sus esfuerzos se vieron recompensados en 1864, cuando
representantes de catorce naciones se reunieron y celebraron la Conferencia
Internacional de Ginebra, fue el primer paso del nacimiento de la Cruz Roja. En
homenaje a Dunnat, el emblema de la organización fue la bandera suiza pero
invirtiendo sus colores.
Mujeres en el campo de batalla
El punto de partida de la enfermería moderna debe buscarse en la actividad
filantrópica de la cuáquera Elizabeth Fly (1780-1845). En 1829 el pastor alemán
Teodoro Fliedner visitó el Reino Unido y quedó sorprendido por las enseñanzas
de esta joven inglesa. De regreso a Alemania, y en colaboración con su esposa,
abrió una Escuela de Diaconisas de Kaiserwerth para mujeres que quisieran
dedicarse al cuidado de los enfermos en las casas (1836). Algún tiempo después
(1850), una joven, Florence Nightingale (1820-1910), nacida en Florencia pero
afincada en Inglaterra, se desplazó hasta allí y conoció el proyecto del
matrimonio Fliedner.
En marzo de 1854 estalló la guerra de Crimea, que enfrentó a Gran Bretaña y
Francia por un lado y a Rusia por otro. Florence Nightingale, al frente de un
reducido grupo de mujeres voluntarias (treinta y ocho), prestó asistencia a los
heridos del bando inglés. Florence tenía el cargo de Superintendente
del Cuerpo de Enfermería Femenina de los Hospitales Militares Ingleses en
Turquía. Con grandes dosis de amor, paciencia y humanidad consiguieron
atender a los heridos que se hacinaban en los barracones de los hospitales de
campaña. Al término de la guerra había un cuerpo de 125 mujeres totalmente
adiestradas y capacitadas en
esas labores médicas. A su regreso a Inglaterra (1856) Nightingale fundó una
escuela de enfermeras en el hospital de Santo Tomás de Londres e ideó un
uniforme para las alumnas, compuesto de una cofia almidonada, falda oscura y
delantal blanco.
Enfermera de la Cruz Roja atendiendo a un soldado herido. Grabado “Cared
For”. Nacional of Medicine. Bethseda.
Tema 21
Medicina de la segunda mitad del siglo XIX
Contenido:
Psicoanálisis
Patología molecular
Patología social
Grupos sanguíneos
Inmunología
Descubrimiento revolucionario: la insulina
Aparecen los antibióticos
SIDA, la epidemia del siglo XX
Nuevos métodos diagnósticos
La era de los trasplantes
Cirugía plástica y trasplantes cutáneos
Se descubre los anticoagulantes
Los inicios de la radioterapia
Un nuevo concepto de hospital
Electrochoque
El primer bebé probeta
Cirugía mínimamente invasiva: la laparoscopia
A lo
largo del siglo XX la medicina consiguió mayor número de progresos que los
conseguidos desde los tiempos de Hipócrates hasta ese momento, gracias al apoyo
constante de las demás ciencias. Hay tres constantes que definieron la medicina
de esa época: la ciencia positiva, la especulación doctrinal y el
perfeccionamiento técnico. Por otra parte, la creación de los Seguros Sociales
y la existencia de una Medicina socializada han sido uno de los rasgos
singulares de la medicina del siglo pasado.
Tres grandes clínicos del s. XX. De izquierda a derecha: los doctores A.
Pedro Pons, G. Marañón y C. Jimenez Diaz.
En
1948 se creó la Organización Mundial de la Salud (OMS) con sede en Ginebra. Con
ello se sentaron las bases de la cooperación internacional a favor de la mejora
de las condiciones sanitarias.
Psicoanálisis
El psicoanálisis fue creado por un neuropsiquiatra vienés de origen judío,
Sigmund Freud (1856-1939), que había sido discípulo de Charcot. El origen de
esta nueva corriente hay que buscarlo en un caso de histeria, Freud descubrió
que el diálogo con la enferma provocaba una «liberación» en la paciente, con
una remisión temporal de la sintomatología (1895). Este hallazgo le hizo
comprender que el inconsciente está formado por recuerdos olvidados y
reprimidos por el «Yo» consciente y que a veces aparece enmascarado bajo la
forma de síntomas patológicos. La psicología de Freud se caracterizó por ser
pansexualista y en el enfrentamiento del individuo con sus impulsos primarios.
En 1905 Freud publicó los Tres ensayos sobre la vida sexual.
Viktor von Weisazcker (1886-1957), profesor de la Universidad de Heidelberg,
retomó la herencia freudiana y sentó las bases de la Medicina antropológica, en
la que la génesis, la configuración y el curso del proceso morboso deben ser
entendidos desde la propia biografía del paciente.
Después de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en Norteamérica (Escuela de
Chicago) e Inglaterra, se asistió al nacimiento de la Medicina
psicosomática.
En 1952 los psiquiatras franceses Jean Delay y Pierre G Deniker utilizaron por
vez primera la clorpromazina en el tratamiento de la psicosis, acaba de empezar
la era de los psicofármacos. Ese mismo año el psiquiatra S Kline utilizó la
reseprina. En cuanto a la denominación de este nuevo grupo de fármacos se
proponen diferentes nombres, Delay propuso el término neurolépticos (del
griego neuron,nervio; y lepsis, imposición) otros
autores abogaron por el de antipsicóticos.
Patología molecular
Virchow pretendió elevar a dogma la alteración lesional en todos los procesos
morbosos, en la actualidad se pretende ir más allá, tratando de localizar la
lesión no a nivel celular, sino a nivel molecular. La biología molecular
permite la identificación, aislamiento y clonación de genes específicos y, en
muchos casos, la transferencia y expresión en bacterias (moléculas
recombinantes). Estos avances permiten vislumbrar la posibilidad de la terapia
génica, que no se aplicará únicamente a los errores congénitos del metabolismo,
sino a otras enfermedades no hereditarias.
En 1949 Linus Pauling (1901-1995) descubrió que la anemia de las células
falciformes era una enfermedad molecular producida por la alteración de un solo
residuo de aminoácido en las cadenas beta de la hemoglobina.
En el año 1902 Harrison Montgomery observó que algunos cromosomas de los
núcleos del huevo y del esperma tenían el mismo aspecto. Casi simultáneamente
Hugo de Vries logró establecer las bases de la teoría de las mutaciones. En
1909 Wilhelm Johansen introdujo el concepto de gen, referido al material
transmisor de la herencia y distinguió fenotipo de genotipo.
Tan sólo diez años después, en 1919, el biólogo estadounidense Thomas H Morgan
(1866-1945) escribió Las bases sustanciales de la herencia, en
donde reunía todos los resultados obtenidos hasta el momento en los estados
cromosómicos, y poco tiempo después formuló una teoría genética, en la que
establecía una visión matemática de los fenómenos de la herencia.
El siguiente gran salto en este campo se dio en 1953, cuando James Watson y
Francis Crick publicaron el modelo de una doble hélice anticomplementaria en la
que la parte central está ocupada por las bases púricas y pirimidínicas y la
parte externa por los residuos de los carbohidratos (desoxirribosa) unidos a
ácido fosfórico.
Patología social
El concepto de patología social, entendida como tal al estudio de una
enfermedad desde un punto de vista social, surgió en 1912 con la publicación
de La Patología social, de Alfred Grotjahn. Para este autor el
hombre debe ser entendido como un ser social, no sólo como un organismo vivo
(Tabla 1).
Tabla
1. Ideario de la Patología social
Grupos
sanguíneos
En 1901 el médico vienés Karl Landsteiner (1868-1943) hizo público sus
descubrimientos de los tres grupos sanguíneos (A, B y 0). Un año antes había
señalado que «a menudo el suero sanguíneo de las personas normales es
capaz de aglutinar los glóbulos rojos de otros individuos sanos». En
1902 Alfredo de Castello y Adriano Sturli descurbieron un cuarto grupo
sanguíneo (AB), en el que faltaban las isoaglutininas.
Debido a la falta de posibilidades técnicas las transfusiones de sangre no se
generalizaron hasta la I Guerra Mundial, época en la cual todavía no era
infrecuente que se produjeran incidentes graves e incluso mortales.
En 1940 Landsteiner, con la colaboración de Alexander Solomon Wiener, descubrió
el sistema del factor sanguíneo Rhesus (Rh). Para ello inmunizaron conejos con
la sangre de monos Rhesus. Los anticuerpos obtenidos aglutinaban los glóbulos
rojos de los monos, pero también los del ser humano. Un año después Lavine
estableció la relación entre el sistema Rh y la enfermedad hemolítica del recién
nacido.
Inmunología
Se puede decir que la inmunología fue inaugurada tras el descubrimiento de la
fagocitosis en 1884 por Metchinikoff. Poco a poco se fueron realizando nuevos
descubrimientos que acabaron por consolidar la disciplina. En 1902 el fisiólogo
francés Richet introdujo el término anafilaxis (del griego ana, hacia
arriba; phylax, vigilante). En 1958 el hematólogo francés Jean
Dausset, director del Centre Nacional de Transfusión Sanguin de París descubrió
en la superficie de los leucocitos un antígeno relacionado con la
histocompatibilidad (HLA). Este hallazgo marcó un hito en el estudio de los
mecanismos de regulación del sistema inmunológico, ya que abría nuevas puertas
para combatir el rechazo de los trasplantes de órganos.
Descubrimiento revolucionario: la insulina
En 1775 De Bordeau, un médico de Montpellier, postuló que cada órgano producía
una sustancia específica que pasaba a la sangre y que contribuía al equilibrio
del organismo. Nos encontrábamos en el punto de partida del concepto de
hormona. Más de un siglo después, Claude Bernard (1813-1878) introdujo el
término de secreción interna e incluyó al hígado, a la
glándula tiroides y a las glándulas suprarrenales entre los órganos con
secreción interna.
El relevo lo cogería Brown-Séquard (1817-1894), el padre de la endocrinología,
que dedicó toda su vida al estudio de las secreciones internas. Entre sus
experimentos se encuentra el famoso intento de conseguir el
autorrejuvenecimiento por medio de la administración de extractos testiculares.
En 1902 William Bayliss (1860-1924) y Ernest Henry Starling (1866-1927)
descubrieron la secretina, la primera sustancia que recibió el nombre de
hormona (del gr. hormao, yo excito). Doce años después Calvin
Kendal (1886-1972) aisló la hormona tiroidea, la cual fue sintetizada en 1927
por Charles Harington (1897-1980) y George Barrer (1878-1939).
Uno de los grandes triunfos de la medicina del siglo XX fue el descubrimiento
de la insulina. La diabetes (significa sifón en griego) era
conocida desde la antigüedad y su nombre se debe a Arecio de Capadocia (81-138
d. de JC). El sabor dulce de la orina se conocía desde tiempos clásicos y se
atribuye su redescubrimiento a Thomas Willis (1621-1675). En 1815 Michael
Eugene Chevreul (1786-1889), un químico francés, determinó que el sabor dulce
se debía a la presencia de glucosa.
Paul Langerhans (1847-1888) describió en 1869 la glándula pancreática endocrina
y dio nombre al tejido, en forma de islotes, que se encuentra repartido de
forma irregular en el páncreas. El gran paso en la asociación entre diabetes y
páncreas lo dieron Joseph von Mering (1849-1908) y Oskar Minkowski (1858-1931)
en 1889, mientras trabajaban en Estrasburgo, al demostrar que cuando a un perro
se le realizaba una pancreatectomía total desarrollaba diabetes rápidamente
letal.
Sin embargo, el descubrimiento de la insulina no se realizó hasta el verano de
1921, cuando Frederik Banting (1891-1941), de 30 años de edad, y Charles Best
(1899-1978), un estudiante de segundo año de medicina realizaron un experimento
en el laboratorio de Toronto del profesor de fisiología James McLeod
(1876-1935). Este último a pesar de estar ausente durante el descubrimiento
añadió su nombre a la publicación que apareció a comienzos de 1922, lo cual
influyó para que se le otorgase el Premio Nobel de Medicina.
En 1926 Johan Jacob Abel (1857-1938), profesor de farmacología del Johns
Hopkins (Baltimore) sintetizó la insulina en forma cristalina, constituyendo el
inicio de una nueva época.
Aparecen los antibióticos
En 1908 se concedió el premio Nobel de Medicina a Paul Ehrlich (1854-1915), un
bacteriólogo alemán que descubrió varias «balas mágicas», como él las llamaba,
entre las cuales destacaba el arsénico, empleado como tratamiento de la
sífilis.
A comienzos de la década de 1930, Gerhard Domagk (18881964), investigador
alemán, descubrió entre las sulfanilamidas un tinte rojo que protegía al ratón
de los estreptococos. En 1932 patentó su descubrimiento con el nombre de
Prontosil, que pronto resultó eficaz en el tratamiento de las infecciones. No
tardaron en aparecer compuestos afines (sulfamidas). Como recompensa se le
concedió el Premio Nobel de Medicina (1939) que no pudo recoger hasta ocho años
después, por prohibición expresa de las autoridades nazis.
En 1928 un bacteriologo del hospital St. Mary de Londres, Alexander Fleming
(1881-1955), descubrió la penicilina, uno de los hallazgos más transcendentes
de la Historia, al hallar moho en una placa de cultivo de estafilococos. En
1939 Howard Florey (1898-1968) y Erns Chain (1906-1979) descubrieron la forma
de producir penicilina en grandes cantidades.
El siguiente avance importante se produjo en 1944, cuando Selman Abraham
Waksmann (1888-1973), nacido en Ucrania, obtuvo la estreptomicina,
convirtiéndose en el primer remedio eficaz frente a la tuberculosis.
El Instituto Karolinska premió en el año 2005 a los investigadores australianos
Marshall y Warren por su «tenacidad» en los estudios de la gastritis y la
úlcera péptica, que les condujo al descubrimiento del Helicobacterpylori. Sus
investigaciones fueron publicadas en 1982, en ellas cuestionaban los dogmas
establecidos sobre estas enfermedades digestivas. Barry J Marshall, para
convencer a la comunidad científica, llegó a inocularse a sí mismo la
bacteria.
SIDA, la epidemia del siglo XX
La era del SIDA comenzó oficialmente el 5 de junio de 1981, cuando el Center
for Disease Control and Prevention de Estados Unidos provocó una
conferencia de prensa para describir cinco casos de neumonía por Pneumocystis
carinii en Los Ángeles. Tan sólo un mes después se constataron varios
casos de sarcoma de Kaposi. Las primeras verificaciones de estos casos fueron
realizadas por el doctor Michael Gottlieb, de San Francisco. El virus
responsable de esta nueva enfermedad fue aislado por vez primera en 1984, de
forma independiente por el doctor Robert Gallo en Estados Unidos y el doctor
Luc Montagnier en Francia. En 1986 un equipo de investigadores bautizó al virus
del SIDA con el nombre de virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).
Después de una enconada pelea sobre la paternidad del descubrimiento, se aceptó
que Luc Montagnier fue el descubridor del VIH-1 y VIH-2, mientras que Robert
Gallo, que obtuvo la muestra de sangre del Instituto Pasteur, en donde
trabajaba Montagnier, identificó por vez primera los retrovirus humanos.
En 1995 Gallo pasó al Instituto de Virología Humana de la Universidad
Baltimore, de Maryland, en donde descubrió tres factores susceptibles de
impedir la replicación del VIH. En el año 2008 el Instituto Karolinska concedió
el Premio Nobel de Medicina a Luc Montagnier.
Nuevos métodos diagnósticos
Los nuevos avances tecnológicos permitieron a los profesionales mayores
posibilidades diagnósticas y pronósticas. El registro de la actividad eléctrica
(electroencefalograma, electrorretinograma...) se ha perfeccionado
considerablemente en los últimos años (electrocardiograma de esfuerzo) y se ha
generalizado la interpretación de los trazados, siendo más precisa y rigurosa.
Entre los hitos de este avance científico hay que destacar los conseguidos por
Willem Eindhoven (1860-1927) con la invención del primer electrocardiógrafo
(1903) o el de Berger en 1929 (primer registro de la actividad eléctrica del
cerebro).
El descubrimiento de Roentgen (1895) cristalizó pocos años después en
aplicaciones médicas. En 1897 Walter B Cannon (1871-1945), entonces estudiante
de medicina en Harvard, demostró que si a un perro se le administraba comida
con sales de bismuto, el metal podía ser seguido a lo largo del tubo digestivo
por rayos X. Poco tiempo después se observó que si en lugar de bismuto se
utilizaba bario las imágenes eran de mayor calidad. Durante las últimas décadas
hemos asistido a la incorporación de tomografía axial computerizada (TAC),
resonancia magnética nuclear (RMN), angiografía y tomografía por emisión de
positrones (PET) en los protocolos diagnósticos de nuestros hospitales. Otro
descubrimiento de especial relevancia lo constituyó la ecografía, especialmente
en el campo de la obstetricia.
En 1868 un ayudante de Adolf Kussmaul (1822-1902), catedrático de Friburgo,
realizó la primea gastroscopia, tras convencer a un tragasables que ingiriese
un tubo de casi medio metro de largo provisto de un sistema óptico. Los
primeros gastroscopios eran rígidos y provocaban lesiones con relativa
frecuencia, en 1932 Rudolf Schindler construyó un gastroscopio articulado y a
partir de 1960 se introdujeron la fibra de vidrio, lo cual permitió el uso de
tubos flexibles que permiten alcanzar puntos anatómicos que parecían
inalcanzables.
En 1895 Howard Nelly (1858-1943), un cirujano estadounidense, había inventado
el primer rectoscopio.
En 1911, el médico sueco Hans Christian Jacobaeus (18791937) construyó un
toracoscopio para observar la cavidad torácica y mejorar el tratamiento de la
tuberculosis pulmonar.
La era de los trasplantes
El abundante arsenal antimicrobiano, las mejores técnicas anestésicas y los
adelantos tecnológicos han permitido grandes avances en el campo quirúrgico.
Entre los cirujanos más relevantes de la época figuran: Alexis Carrel, que
revolucionó la cirugía vascular; Ernst Wertheim, célebre por introducir la
cirugía radical de cáncer de cuello uterino; Friedrich Trendelemburg, famoso
por mejorar la técnica de la gastrotomía; William Stewart Halsted, a quien
debemos el perfeccionamiento de la cirugía supraclavicular del cáncer de mama;
Harvey Cushing, celebérrimo neurocirujano; y Walton Lillehei y Michael DeBakey,
creadores de las bombas mecánicas que permitieron realizar la circulación
extracorpórea. Alexis Carrel (1873-1948) realizó en 1910 los primeros
trasplantes de vasos completos cosiendo los extremos con suturas evertidas, de
manera que el interior no quedasen hilos y se evitase el riesgo de formación de
trombos. Sin embargo, la primera cirugía de un aneurisma con resección y sutura
de vasos no se llevaría a cabo hasta 1951 por Charles Dubost.
Las primeras descripciones de las varices se remontan a la época de Hipócrates,
quien aconsejaba pincharlas con una aguja. Este tipo de práctica quirúrgica
aparece representada en algunas esculturas de los templos de Asclepio. Durante
la época romana se intervenían, mediante exposición y ligadura. Una de las
descripciones más detalladas de la época se debe a Pablo de Egina, quien
recomendaba realizar la intervención a la altura del muslo. En 1574 Fabricius
ab Aquapendente descubrió las válvulas venosas, dando un importante paso en la
etiopatogenia de la enfermedad. En el siglo XIX Benjamin Brodie (1783-1862)
comprobó que el tamaño de las venas afectadas deterioraba el funcionamiento de
las válvulas, por lo que recomendaba cerrarlas. En 1890 Friderich Trendelenburg
(1844-1924) comenzó a realizar ligaduras altas. Más adelante se combinó esta
técnica con la extracción de la vena enferma, mejorando la evolución de la
enfermedad. Sin embargo, el gran salto terapéutico no se dio hasta la década de
1940, cuando se descubrieron las venas perforantes del muslo.
William Heberden, médico inglés del siglo XVIII, acuñó el término angina de
pecho, si bien no se relacionó la sintomatología con la estenosis coronaria
hasta 1859, tras la publicación de un caso por parte de HP Malmsten y GW Düben.
Dado que la enfermedad era de tipo mecánico, las primeras soluciones que se
ofertaron eran quirúrgicas, sin embargo, la técnica era enormemente compleja debido
a que los vasos coronarios son difíciles de liberar, por su escaso diámetro.
Una de las primeras soluciones que se propusieron fue la omentopexia, esto es,
coser tejido intestinal al corazón con la esperanza que se formen vasos. Con
esta técnica O'Shaughnessy obtuvo algunos éxitos.
En 1948 Claude Beck propuso el desarrollo de los vasos sanguíneos a nivel del
pericardio tras espolvorear tacto. Dos años después Arthur Vineberg conectó las
arterias torácicas directamente al miocardio. La primera cateterización
cardiaca se produjo en 1929, cuando Werner Forssmann (1904-1979), cirujano
alemán, pasó un tubo desde una vena de su brazo hasta el corazón, al tiempo que
observaba el avance en una pantalla fluorescente. En 1978 se produjo otro hito
histórico, Andreas Grüntzig realizó la primera angioplastia coronaria
percutánea transluminal, que fue perfeccionada con la colocación de un
stent.
El primer trasplante experimental fue llevado a cabo en 1902 por Emerich
Ullmann (1861-1937). A este siguieron otros, en todos los casos se observó que
un fenómeno biológico desconocido hasta ese momento provocaba el rechazo de los
órganos y el fallecimiento de los animales. En la década de 1940 Peter Madewar
observó que la duración del trasplante era menor si el receptor había recibido
previamente otro injerto del donante y en 1951 descubrió que la cortisona tenía
funciones inmunosupresoras en el organismo y que, por ese motivo, evitaba el
rechazo de los trasplantes.
En 1954 se realizó el primer trasplante de riñón con buenos resultados (J.
Hartwell Harrison y J Murray, de Boston) entre dos gemelos idénticos. Thomas
Starzl realizó en 1963 el primer trasplante hepático al que seguiría, cuatro
años después, el primer trasplante cardiaco, practicado por Christiaan Barnard
en Sudáfrica.
Cirugía plástica y trasplantes cutáneos
En la antigua India el cirujano Sushruta (siglo V d. de JC) practicaba una
técnica de injerto de piel tras la amputación de la nariz hasta el punto de ser
el fundador de una escuela hindú de enorme prestigio. Los médicos hindúes
tenían una gran experiencia en la práctica de la rinoplastia, ya que la
amputación de la nariz estaba regulada en la legislación como castigo a los que
practicaban el hurto. El narigudo generaba desconfianza entre sus
conciudadanos. La reparación de la nariz la realizaba con un colgajo procedente
de la frente. Además se practicaban otras técnicas de cirugía plástica, por
ejemplo la perforación de las orejas a los niños, para que pudieran llevar
amuletos.
El nacimiento de la cirugía plástica en occidente se produjo varios siglos
después. El apogeo del mal italiano o mal español (sífilis) durante el siglo XV
favoreció que algunos cirujanos se especializaran en la reparación de la nariz
en silla de montar, una deformidad característica de esta enfermedad. En la
Universidad de Bolonia hay una estatua a Gaspare Tagliacozzi, el cual aparece
inmortalizado con una nariz en la mano. Fue, sin duda, el mejor cirujano
plástico del renacimiento, se dice que era tal su reputación que tenía una lista
de espera de hasta cuarenta pacientes. Su técnica consistía en reparar la nariz
con un colgajo de piel del antebrazo. En el año 1597 resumió todos sus
conocimientos en un tratado: De chirurgia curtorum per insitionem.
Como tantos otros médicos ilustres, Tagliacozzi fue un incomprendido por
algunos sectores de la sociedad y la Iglesia le acusó de hereje, por tratar de
mejorar el aspecto humano diseñado por el Todopoderoso. Este hecho motivó que
su cadáver, inicialmente enterrado en el claustro de San Juan Bautista de
Bolonia, fuera desenterrado y conducido a suelo no santo.
Un contemporáneo de Tagliacozzi fue el doctor Heinrich von Pforlspeund, otro
virtuoso de la rinoplastia. Durante toda su vida mantuvo un escrupuloso secreto
de sus conocimientos, hasta el punto de que aconsejaba a sus discípulos:
«si
alguien llega a ti con la nariz desprendida, no dejes que nadie te vea y hazle
jurar que no le contará a nadie como le has curado».
En
el siglo XVI Giovanni Battista Cortesi (1554-1636) empleaba un colgajo de la
piel del brazo como injerto facial. Este médico mantenía el aporte sanguíneo
del brazo hasta que el injerto había prendido.
A pesar de todo, los grandes avances de la cirugía plástica llegaron en el
siglo XX. Los innumerables quemados de la Primera Guerra Mundial propiciaron
que sir Harold Gillies (1882-1960) perfeccionara los instrumentos y los
injertos cutáneos. Durante esta época apareció el dermatomo, un adminículo con
motor eléctrico que permitía cortar láminas dérmicas uniformes de cualquier
espesor y tamaño. Con posterioridad se descubrió el factor de crecimiento
epidérmico (EGF) que permitió tomar zonas de piel de un paciente quemado,
cultivarlas y reimplantarlas para cubrir la lesión. Asimismo, la microcirugía
permitió la conexión de vasos y nervios con ayuda de un microscopio en la unión
de manos o pies amputados.
Se descubren los anticoagulantes
Al médico chino Huang Ti se deben las primeras descripciones de trombosis
venosa profunda y embolias vasculares: «cuando la sangre se coagula en
el pie provoca dolor y frío». En 1718 Giovanni Lancisi demostró por
vez primera la obstrucción del sistema venoso de los miembros inferiores.
Algunos años después, en 1840, Rudolf Virchow anunció la triada de factores
desencadenante de la trombosis.
Desde el punto de vista terapéutico habría que esperar hasta 1916, cuando Jay
Malean, un estudiante de medicina, demostró la disolución de los trombos tras
aplicar cefalina, una sustancia extraída del cerebro. Tres años más tarde Henry
Howell (18601945) publicó sus resultados sobre una sustancia extraída del
hígado, a la que denominó heparina. En 1935 Eirk Torpes (18941973) reveló la
composición química de esta última.
En 1920 se detectó que las vacas que eran alimentadas con forraje estropeado
fallecían de enfermedades circulatorias. Después de dos décadas de
investigación se descubrió que la causa era un compuesto (dicumarol), que
inhibía la circulación sanguínea. Este anticoagulante se convirtió en una
poderosa arma terapéutica.
Los inicios de la radioterapia
Los efectos colaterales de los rayos roentgen no tardaron en aparecer entre los
primeros radiólogos, que trabajan sin protección.
Durante la guerra de Cuba (1888) entre Estados Unidos y España se instaló una
máquina radiográfica en el frente para detectar las balas alojadas en el
cuerpo, se mostró que era ineficaz y que además exigía demasiado tiempo de
exposición. Un soldado americano, McKenna, fue sometido a 20 minutos de
irradiación durante varios días. En su abdomen aparecieron unas lesiones
rojizas difíciles de erradicar, se descubrió que eran los efectos nocivos de la
radiación. Posteriormente, se observó que la radiación actuaba, especialmente,
en las células en crecimiento y mitosis. En 1902 Gentsch realizó los primeros
ensayos con rayos X como parte de la terapéutica del cáncer uterino. Dos años
después von Braun comunicó el efecto beneficioso de la radioterapia en treinta
y tres casos de cáncer de piel.
Un nuevo concepto de hospital
En el siglo XIX surgieron los hospitales clínicos, que en este momento se
convirtieron en hospitales universitarios, como una incorporación de la
enseñanza clínica de las Facultades de Medicina.
Desde 1940 surgió un nuevo concepto de hospital, la mayor demanda social ha
exigió ampliar la cobertura de la asistencia hospitalaria, lo cual ha provocó
que los gobiernos hayan proyectó una reforma importante en este sentido. Se ha
llevado a cabo una rigurosa reforma con la creación de diferentes niveles
sanitarios: municipales, comarcales, regionales y estatales, con los cuales se
trata de ajustar la demanda sanitaria de una forma racional. A la figura de los
hospitales generales se ha añadido la creación de hospitales especializados
(oftalmológicos, pediátricos...). En las últimas décadas la organización
hospitalaria se ha enriquecido con la aparición de directores y gestores, una
nueva especialidad, que busca una mayor eficacia de los recursos.
Electrochoque
Los médicos italianos Ugo Cerletti (1877-1963) y Lucio Bini (1908-1964)
introdujeron un nuevo tratamiento, el electrochoque. Básicamente consistía en
colocar los electrodos en las sienes y administrar una descarga eléctrica.
Prácticamente al instante el paciente tiene espasmos tónico-clónicos y apnea.
Las bases científicas de este nuevo método terapéutico se basan en la hipótesis
de antagonismo entre epilepsia y esquizofrenia.
El primer bebé probeta
El 26 de julio de 1978 nació Louise Brown en Oldham, al norte de Londres, se
trataba del primer bebé que nacía a partir de una fertilización in vitro.
Patrick Steptoe y Robert Edwars fueron los encargados de llevar a cabo la
operación.
Tan sólo cinco años después, en Gran Bretaña y Estados Unidos comenzaron a
utilizarse biopsias de vellosidades coriónicas en el diagnóstico prenatal. A
través de este método era posible extraer células fetales de las vellosidades
coriónicas entre la octava y la décima semana de gestación, constituyendo una
alternativa a la amniocentesis (la cual no se podía practicar hasta la semana
16-18 de gestación).
Cirugía mínimamente invasiva: la laparoscopia
Entre el 20 y el 23 de mayo de 1992, durante el XXI Simposio de la Asociación
Quirúrgica Endoscópica, celebrada en Gotinga, se presentaron las novedades en
el campo de la cirugía: la laparoscopia.
Electromicrografia de un linfocito infectado con el VIH. En la superfecie
podemos ver pequeñas vesículas.
A
través de una cirugía mínimamente invasiva era posible operar determinados
órganos sin necesidad de realizar incisiones en la pared abdominal. A través de
un endoscopio se introducían una luz, para visualizar el campo operatorio (que
era proyectado en una pantalla), y los instrumentos necesarios para cauterizar
y cortar.
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