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Libro N° 15474. Siete Poetas Norteamericanas Contemporáneas. Jong, Levertov, Piercy, Plath, Rich, Sexton, Wakoski

Guillermo Molina Miranda agosto 12, 2026


© Libro N° 15474. Siete Poetas Norteamericanas Contemporáneas. Jong, Levertov, Piercy, Plath, Rich, Sexton, Wakoski. Emancipación. Agosto 15 de 2026

 

Título Original: © Siete Poetas Norteamericanas Contemporáneas. Jong, Levertov, Piercy, Plath, Rich, Sexton, Wakoski 

 

Versión Original: © Siete Poetas Norteamericanas Contemporáneas. Jong, Levertov, Piercy, Plath, Rich, Sexton, Wakoski 

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf3/7poetas-norteamericanas.pdf


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

SIETE POETAS NORTEAMERICANAS CONTEMPORÁNEAS

Jong, Levertov, Piercy, Plath, Rich, Sexton, Wakoski  




Siete poetas norteamericanas contemporáneas

Jong, Levertov, Piercy, Plath, Rich, Sexton, Wakoski

Selección, notas y traducciones de BETH MILLER

 

 

 

 

 

 

 

 

Universidad Nacional Autónoma de México Coordinación de Difusión Cultural

Dirección de Literatura

 

México 2008


Índice

Nota introductoria                                    3

Beth Miller

Erica Jong                                                    6

Los mandamientos Envidia del Pene

Denise Levertov                                           8

Hora de dormir

El dolor del matrimonio Tulipanes rojos Nuestros cuerpos

Marge Piercy                                              11

La más clara alegría

Sylvia Plath                                               11

El colgado Bondad

Adrienne Rich                                              12

Traducciones

Sueño que soy la muerte de Orfeo La Novena Sinfonía de Beethoven

entendida por fin como un mensaje sexual.

La extranjera

Buceando en el naufragio

 

Anne Sexton                                                 18

Cuando un hombre entra en una mujer Después de Auschwitz

 

Diane Wakoski                                              22

Mi certificado de boda El mecánico

Historia


Nota introductoria

 

De las poetas aquí incluidas, Sylvia Plath (1932-63) junto con Erica Jong (n. 1942) son quizá las más conocidas en México. Sin embargo, todas —y muchas de las que faltan— me parecen buenas poetas. Esta sería razón suficiente para incluirlas en una antología. También hay una segunda razón. Todas ellas, sin llegar a formar un grupo, con matices, preferencias, estilos y simpatías diferentes, han contribuido a la evolución de la conciencia del movimiento feminista contemporáneo.

Erica Jong, conocida en español por su novela feminista Miedo de volar, ha publicado varios libros de poesía y pertenece a una generación de poetas norteamericanas militantes del feminismo. La fuerza y el candor de su poesía pueden producir en el lector reacciones encontradas. “Ha sido muy importante para mí —dice— tanto en la poesía como en la ficción, escribir libremente sobre las mujeres y sobre la sexualidad de las mujeres.” Refiriéndose a sí misma, Jong ha escrito: “Llegué a enamorarme de la poesía de Neruda y Alberti, y aprendí el valor de la poesía que hurga en las profundidades de la inconciencia y se apoya en la asociación de imágenes. Me parece que estas dos influencias —la sátira incisiva y la creencia permanente en el valor del material inconsciente— han dado forma a mi voz como poeta.”

Denise Levertov (1923-1997), autora de quince volúmenes de poesía, es, como las otras autoras, ganadora de muchos premios. Frecuentemente se le asocia con los poetas “proyectistas” o “Black Mountain” (que incluye además a Charles Olson/Robert Duncan y Robert Creeley), pero es una poeta con voz propia que escribe desde el círculo de su experiencia e imaginación con mucha intensidad y destreza. Como escribió en “Arte”, aspira al verso poético de “ónix, acero”.

Marge Piercy (n. 1936) ha escrito cuatro novelas y siete libros de poemas. Su poesía es directa, en gran parte dedicada a las relaciones humanas. Escribe acerca de la colisión del sentimiento humano con las fuerzas colectivas e históricas. Piercy demuestra tener tanto una conciencia de la lucha de clases como de la lucha de las mujeres. De su arte poético ha escrito: “No escribo en las formas tradicionales de la poesía inglesa sino con ritmos derivados del lenguaje norteamericano hablado. Uso la línea corta que aprendimos en William Carlos Williams y la línea larga profética de Whitman a través de Alien Ginsberg, pero básicamente uso mis oídos. Hago poemas que, en primer lugar, son hablados y, en segundo lugar, son leídos con los ojos... En los últimos años he publicado en ‘la prensa alternativa’ (como llamábamos a la prensa subterránea) y en las publicaciones y revistas feministas con tanta frecuencia como en las


revistas poéticas y literarias... Soy radical y feminista comprometida. No entiendo las distinciones entre la poesía privada y la social: después de todo, el amor se da entre dos personas.”

Adrienne Rich (n. 1929) ha publicado nueve volúmenes de poemas, además de numerosos ensayos literarios y feministas. Cuando tenía veintidós años ganó el premio de la Universidad de Yale con su primer libro de poesía y en 1974 ganó el “National Book Award” para poesía de los EUA. Se puede decir que su poesía está muy unida a su pensamiento social y político. Para Rich incluso el amor es político y la artista es creadora de sí misma por medio de la poesía. El poema es una parte de la realidad con la potencialidad de transformar la realidad misma. Aunque técnicamente es heredera de Ezra Pound y de William Carlos Williams, filosóficamente la suya es una poesía nueva en continuo proceso de experimentación.

Como Sylvia Plath, Anne Sexton (1928-1974) ha ejercido mucha influencia sobre poetas más jóvenes, por la fuerza y originalidad de su voz poética y por el dramatismo de su poesía confesional. Sylvia Plath, además de escribir poesía, publicó una novela: The Bell Jar, (1963) a la que ella describe como “una obra autobiográfica de aprendiz que tuve que escribir para librarme del pasado”. Su poesía, como la autobiografía, es intensamente personal y candida. Sexton es autora de una docena de colecciones de poemas. Sobre su propia obra Sexton comenta: “Me siento a gusto trabajando tanto con formas estrictas que difieren de poema a poema, como con los que yo llamo poemas libres. En cada ocasión busco la voz del poema y cada vez es diferente. Rilke, Rimbaud, Kafka y Neruda han ejercido su influencia sobre mí. Mis temas tratan de la vida y de la muerte, del ser hija, de la locura, la maternidad y el amor. Mis poemas son intensamente físicos.” En ambos casos, el suicidio atrajo la atención pública hacia sus obras.

La prolífica Diane Wakoski (n. 1937) publicó su primer libro de poesías en 1962, seguido hasta la fecha por veintisiete más, todos marcados por una imaginación poética de gran originalidad y lucidez. La mayoría parten de una unidad a nivel intuitivo. Quizá su obra más famosa (ahora pieza de coleccionistas) sea la secuencia de poemas a Jorge Washington, figura histórica y símbolo patriarcal. Su poesía incorpora la experiencia social y cultural. Los sentimientos de celos, cólera, necesidad sexual, avaricia y pavor se repiten en imágenes cambiantes que derivan de la realidad contemporánea. Dos de los poemas de Wakoski que incluí en esta selección provienen de un volumen titulado The Motorcyele Betrayal Poems (1971) que lleva en su portada la dedicatoria siguiente: “Este libro está dedicado a todos esos hombres que alguna vez me traicionaron, con la esperanza de que se caigan de sus motocicletas y se rompan la cara.”


Esta antología lleva la misma dedicatoria, aunque también va dedicada, con mejor voluntad, a los amigos leales.

 

Beth Miller


ERICA JONG

Los mandamientos

 

No querrás de veras ser poet(is)a. Primero, si eres mujer, tienes que ser tres veces mejor que cualquiera de los hombres. Segundo, tienes que acostarte con todo el mundo. Y tercero, tienes que haberte muerto.

Poeta masculino, en conversación.

 

Si una mujer quiere ser poeta,

debe dormir cerca de la luna a cara abierta; debe caminar a través de misma estudiando el

paisaje;

no debe escribir sus poemas con sangre menstrual.

Si una mujer quiere ser poeta,

debe correr hacia atrás en torno al volcán; debe palpar el movimiento a lo largo de sus

grietas;

no debe conseguir un doctorado en sismografía.

Si una mujer quiere ser poeta,

no debe acostarse con manuscritos incircuncisos; no debe escribir odas a sus abortos;

no debe hacer caldos de vieja carne de unicornio.

Si una mujer quiere ser poeta,

debe leer libros de cocina francesa y legumbres chinas;

debe chupar poetas franceses para refrescar su aliento;

no debe masturbarse en talleres de poesía.

Si una mujer quiere ser poeta,

debe pelar los vellos de sus pupilas; debe escuchar la respiración de hombres

durmientes;

debe escuchar los espacios entre esa respiración.

Si una mujer quiere ser poeta,

no debe escribir sus poemas con pene artificial; debe rezar para que sus hijos sean mujeres;


debe perdonar a su padre su esperma más valiente.

 

 

Envidia del pene

 

Envidio a los hombres que pueden anhelar con infinita vaciedad

el cuerpo de una mujer, que esperan que su anhelo haga un niño,

que su oquedad misma fertilice lo oscuro.

Las mujeres no se hacen ilusiones sobre esto, ya que son a la vez

casas y túneles,

copas y las que escancian el vino,

ya que conocen el vacío como estado temporal entre dos plenitudes,

y no ven en ello ningún romance.

Si yo fuera hombre,

condenado a esa infinita vaciedad, y no teniendo alternativa,

encontraría, como los otros, sin duda, una mujer

para bautizarla Vientre de Luna, Madona, Diosa del Cabello de Oro y hacerla tienda de mi deseo, paracaídas de seda de mi lujuria,

icono ojiazul de mi sagrada comezón sexual, madre de mi hambre.

Pero ya que soy mujer,

debo no sólo inspirar el poema sino también escribirlo a máquina, no sólo concebir al niño

sino también darlo a luz, no sólo dar a luz al niño sino también bañarlo,


no sólo bañar al niño sino también alimentarlo, no sólo alimentar al niño sino también llevarlo

a todas partes, a todas partes...

 

mientras que los hombres escriben poemas sobre los misterios de la maternidad.

 

Envidio a los hombres que pueden anhelar con infinita vaciedad.

 

 

 

DENISE LEVERTOV HORA DE DORMIR

Somos un prado donde zumban las abejas, mente y cuerpo son casi uno

como el fuego crepita en la estufa y nuestros ojos se cierran,

 

y boca a boca, la cobijas sobre nuestros hombros,

 

dormitamos como caballos en el campo, de acuerdo; aunque el frío otoñal

 

circunda nuestra cama tibia, y aunque

de día somos singulares y muchas veces solos.

 

 

El dolor del matrimonio

 

El dolor del matrimonio:

 

muslo y lengua, querido pesan con él,

rebota en los dientes




Buscamos comunión, querido, y somos rechazados

ambos

 

Es leviatán y nosotros encerrados en su barriga buscando alegría, alguna alegría no conocible fuera,

dos a dos en el arca de su dolor.

 

 

Tulipanes rojos

 

Tulipanes rojos

que viven en su muerte abochornados de azul selvático

tulipanes

que se vuelven alas oídos del viento

conejos con los ojos en blanco

 

viento del oeste

que sacude el vidrio flojo

 

pétalos que caen

con ese sonido que uno atiende

 

Nuestros cuerpos

 

Nuestros cuerpos, todavía jóvenes bajo la grabada ansiedad de nuestros rostros, e inocentemente

 

más expresivos que rostros: pezones, ombligo y vello púbico hacen de todos modos una


especie de rostro: o considerando las sombras redondeadas

en pecho, nalga, cojones

 

lo regordete de mi vientre, el hueco de tu

ingle, como una constelación,

 

cómo se inclina desde la tierra hasta el amanecer en un gesto de juego y

 

sabia compasión nada como esto viene a darse

 

en ojos o pensativas bocas.

Amo

 

la línea o surco que desciende

por mi cuerpo del esternón a la cintura. Habla de anhelo, de

distancia.

 

Tu larga espalda, color de arena y configuración de huesos, dice

lo que a la puesta del sol dice el cielo casi blanco

sobre un profundo bosque al

que vuelve una manada de cornejas.


MARGE PIERCY

La más clara alegría

 

La más clara alegría

es el cese de un gran sufrimiento.

Cuando la campana de hierro se quita de la cabeza, cuando el clamoroso choque se apacigua en los

nervios,

cuando el cuerpo se desliza libre como la carnada del anzuelo

y el pútrido aire de la ciudad empieza a bullir en los pulmones.

La luz resbala en miel sobre los ojos. El austero techo se vuelve merengue. El cuerpo se desenreda, se despliega prodigiosamente vacío como un lirio. Respirar es bailar.

Muda y enteramente

como la albahaca en la ventana levanto la nariz al sol.







SYLVIA PLATH EL COLGADO

Por las raíces de mi pelo algún dios me agarró.

Me crispé en sus azules voltios como un profeta del desierto.

 

Las noches de pronto se cerraron como párpado de lagarto:

Un mundo de calvos días blancos en una cuenca sin sombra.

 

Un aburrimiento de buitres me clavó a este árbol. Si él fuera yo, haría lo que yo hice.


Bondad

 

La bondad se desliza por mi casa. Doña Bondad, ¡tan amable!

Las joyas rojas y amarillas de sus anillos humean En las ventanas, los espejos

Se llenan de sonrisas.

 

¿Qué hay tan real como el grito de un niño? El grito del conejo puede ser más salvaje Pero no tiene alma.

El azúcar lo cura todo, según dice la Bondad. El azúcar es un fluido necesario.

 

Sus cristales un pequeño emplasto.

¡Oh bondad, bondad

Dulcemente recogiendo pedacitos!

Mis sedas japonesas, mariposas desesperadas Pueden a cualquier momento ser clavadas,

anestesiadas.

Y aquí vienes tú, con una taza de té En guirnaldas de vapor.

Pero la poesía es un jet de sangre, No hay manera de pararla.

Me acercas dos niños, dos rosas.

 

 

ADRIENNE RÍCH TRADUCCIONES

De una mujer

de mi edad o quizá más joven me muestras poemas traducidos de tu lengua

 

Hay ciertas palabras: enemiga, horno, dolor suficientes para convencerme

que es una mujer de mi tiempo


Obsesionada

por el Amor, nuestro tema:

lo hemos tejido como yedra a nuestros muros cocido en el horno como pan

cargado como plomo en los tobillos visto con binoculares

como si fuera helicóptero

trayendo alimento a nuestra hambre o el satélite

de un poder hostil

 

Comienzo a ver a esa mujer haciendo cosas: cocinando el arroz planchando la falda

pasando a máquina un manuscrito hasta el alba

 

intentando llamar desde una cabina

En el cuarto de un hombre

el teléfono suena sin respuesta y le oye decir

“No te preocupes”, “Se cansará”.

Le oye contar su historia a su hermana que se vuelve enemiga

y que en su propio tiempo velará su propio camino hacia el dolor ignorante que ese camino atroz es compartido, innecesario

y político.

 

 

Sueño que soy la muerte de Orfeo

 

Estoy caminando aprisa por las estriaciones de luz y oscuridad tiradas bajo una arcada.

Soy una mujer en la plenitud de la vida con ciertos poderes,

y esos poderes severamente limitados

por autoridades cuyas caras raramente veo.


Soy una mujer en la plenitud de la vida manejando a su poeta muerto en un negro

Rolls-Royce

a través de un paisaje de crepúsculos y abrojos.

Una mujer con cierta misión que obedecida al pie de la letra la dejará intacta.

Una mujer con nervios de pantera

una mujer de contactos entre Hell's-Angels

una mujer sintiendo la abundancia de sus poderes en el momento preciso en que no debe usarlos una mujer juramentada con la lucidez

que ve a través de fuegos humeantes

y de mutilaciones criminales de estas subterráneas calles

a su poeta muerto aprendiendo a caminar hacia atrás contra el viento

al otro lado del espejo

 

La Novena Sinfonía de Beethoven entendida por fin como un mesaje sexual

 

Un hombre aterrorizado de impotencia o infertilidad, sin saber la diferencia, un hombre tratando de decir algo aullando desde la música

climatérica de su enteramente aislada alma

gritando al Gozo desde el túnel de su yo una música sin la sombra

de otra persona dentro, música

que trata de decir algo que el hombre

no quiere que salga, quisiera guardar si pudiera amordazada y amarrada y azotada con cuerdas de

Gozo

donde todo es silencio y

el golpear de un puño sangriento sobre una mesa astillada.


La extranjera

 

Mirando como antes he mirado, derecho al corazón de la calle hasta el río

caminando por los ríos de las avenidas

sintiendo el temblor de las cuevas bajo el asfalto viendo encenderse las luces en las torres caminando como antes he caminado

como un hombre, como una mujer, en la ciudad mi ira visionaria despejando mi vista

y las detalladas percepciones de misericordia floreciendo de esa ira

 

si al entrar en un cuarto desde la aguda luz brumosa los oigo hablar un idioma muerto

si preguntan mi identidad

¿qué puedo decir sino que soy la andrógina?

yo soy la mente viva que no pueden describir en su idioma muerto

el sustantivo perdido, el verbo que sobrevive sólo en infinitivo

las letras de mi nombre están escritas entre los párpados

del recién nacido

 

Buceando en el naufragio

 

Tras haber leído el libro de mitos, y cargado la cámara

y probado el filo del cuchillo,

me pongo la coraza de hule negro las aletas absurdas

la careta torpe y solemne. Tengo que hacer todo esto no como Cousteau

con su tripulación diligente

a bordo de una asoleada goleta sino aquí a solas.


Hay una escalera.

La escalera permanece colgada inocentemente al lado de la goleta.

Nosotros que la hemos usado sabemos para qué sirve.

Sería si no

sólo una cosa marítima, un utensilio cualquiera.

 

Desciendo.

Escalón tras escalón y todavía el oxígeno me sumerge

la luz azul

de átomos claros

de nuestro aire humano. Desciendo.

Las aletas me estorban,

como un insecto me arrastro por la escalera y no hay nadie

para decirme cuándo el océano empezará.

Primero el aire es azul y luego más azul y luego verde y luego

pierde color y estoy perdiendo conciencia y sin embargo

mi careta es poderosa

llena la sangre con potencia el mar es otra historia

el mar no es cuestión de potencia tengo que aprender sola

a torcer mi cuerpo sin esfuerzo en el elemento profundo.

 

Y ahora: es fácil olvidar a qué vine

entre tantos que aquí han vivido siempre ondeando entre escollos sus dentados abanicos


y además

aquí abajo respiras de otro modo.

 

Vine a explorar el naufragio. Las palabras son propósitos las palabras son mapas.

Vine a ver el daño hecho

y los tesoros que sobreviven Acaricio el resplandor de mi lámpara lentamente por el flanco

de algo más permanente que peces o algas.

 

Lo que vine a buscar:

el naufragio y no la historia del naufragio la cosa misma y no el mito

la cara ahogada de mirada fija hacia el sol

la evidencia del daño gastada por sales y vaivenes

hasta llegar a esta belleza raída las costillas del desastre curvando su declaración

entre fantasmas tentativos.

Este es el lugar.

Y aquí estoy, las sirenas cuyo pelo negro

fluye negro, el hombre sirena en su cuerpo blindado Rodeamos el naufragio

buceamos en la bodega silenciosos.

Soy ella: Soy él

 

cuya cara ahogada duerme con ojos abiertos cuyos pechos aguantan todavía la tensión cuya carga de plata, cobre, bronce yace oscuramente en toneles

medio abandonado y pudriéndose

somos los instrumentos medio destruidos que una vez siguieron un rumbo

la bitácora comida por el agua


la brújula equivocada

Somos, soy, eres por cobardía o valor

quien halla nuestro camino de regreso a esta escena

llevando un cuchillo, una cámara un libro de mitos

en el que no aparecen nuestros nombres.

 

 

ANNE SEXTON

 

Cuando un hombre entra en una mujer

 

Cuando un hombre entra en una mujer,

como el oleaje que muerde la orilla, una y otra vez,

y la mujer abre la boca de placer y sus dientes brillan

como el alfabeto,

Logos aparece ordeñando una estrella, y el hombre

dentro de la mujer hace un nudo,

para que nunca más estén separados y la mujer

sube a una flor y Logos aparece y desata los ríos.

Este hombre, esta mujer

con su doble hambre, han procurado penetrar la cortina de Dios,

lo cual brevemente han logrado aunque Dios


'

 

en su perversidad deshace el nudo.

 

 

Después de Auschwitz

 

Ira

negra como un garfio me ataja.

Cada día cada nazi

agarró, a las ocho de la mañana, un bebé

y lo frió para el desayuno en su sartén.

 

Y la muerte observa con ojo casual y juega con la mugre bajo las uñas.

El hombre es malo

—digo en voz alta. El hombre es una flor que se debe incendiar

—digo en voz alta.

El hombre es un pájaro lleno de lodo

—digo en voz alta.

 

Y la muerte observa con ojo casual y se rasga el ano.

El hombre con sus dedos milagrosos y los dedos del pie rosaditos

no es templo sino letrina

—digo en voz alta.

Que el hombre nunca vuelva a levantar su tacita de té.

Que el hombre nunca vuelva a escribir un libro. Que el hombre nunca vuelva a ponerse el zapato. Que el hombre nunca vuelva a levantar los ojos en una suave noche de julio.


Nunca. Nunca. Nunca. Nunca. Nunca. Estas cosas digo en voz alta.

 

Ruego al Señor que no escuche.

 

 

 

Alcahueta de Dios

 

Con todas mis preguntas,

todas las palabras nihilistas en mi cabeza, fui en busca de una respuesta,

en busca del otro mundo

que alcancé al cavar bajo tierra.

Crucé piedras más solemnes que predicadores, traspasé raíces que pulsaban como venas

en busca de algún animal de sabiduría, podría decirse, que en búsqueda

de mi esposo (o sea, el que te saca adelante).

Abajo. Abajo. Abajo.

Allí encontré un ratón

con árboles que crecían de su vientre. Era todo sabio.

Era mi esposo.

Pero estaba mudo.

 

Hizo tres cosas.

Expulsó una calabaza de agua. Entonces le pegué en la cabeza, suave, un golpe como una llamada.

Luego expulsó una calabaza de cerveza.

Llamé otra vez

y por fin un plato de caldillo.

 

Esas eran mis respuestas. Agua. Cerveza. Alimento. Pero no estuve satisfecha.


Entonces el ratón lamió mi piel leprosa y tuve mi respuesta decisiva.

 

El alma no quedó curada, estaba tan llena como un ropero de vestidos que no me venían. Agua. Cerveza. Caldillo.

Tenía que ser suficiente.

¿Pues quién soy yo, esposo,

para rehusar el poner nombre a los alimentos en una época de hambre?

 

 

Ángeles caídos

 

“¿Quiénes son?”

“Ángeles caídos que no eran bastante buenos para ser salvados, ni bastante malos para ser perdidos”, dice la gente del pueblo.

 

Llegan a mi limpia hoja

de papel y dejan una mancha Rorschach. No lo hacen por crueles,

lo hacen para darme un signo—

quieren forzarme, como dijo una vez Aubrey Beardsley,

a moverlo hasta que algo salga. Aunque soy torpe,

cumplo.

Pues soy como ellos—salvada y perdida a la vez,

cayendo como Humpty Dumpty abajo del alfabeto.

 

Cada mañana los corro de mi cama y cuando se meten en la ensalada, revolcándose en ella como un perro, los entresaco uno por uno

así como mi hija entresaca las anchoas.

En mayo bailan sobre los junquillos, gastando los dedos de sus pies


riendo como peces.

En noviembre,

mes del pavor,

chupan su niñez de las moras

y las vuelven agrias e incomibles.

 

Sin embargo son compañeros.

Distribuyen su magia de Salvavidas Surtidas

y hacen menearse la vida. Me acompañan al dentista y protegen del taladro.

Al mismo tiempo, van conmigo a clases

y mienten a mis alumnos.

 

Oh ángel caído, compañero dentro de mí, susurra algo sagrado

antes de que me pellizques hasta el sepulcro.

 

DIANE WAKOSKI

 

Mi certificado de boda

 

Hay sombras

que parecen peligrosas manchas en tus pulmones

llenando

un retrato tuyo

que tengo en mi mente.

 

 

El mecánico

 

La mayoría de los hombres usan los ojos

como metrónomo para marcar el compás


del caminar de una mujer cómo sus caderas se ciñen

contra la tela, igual que los higos en el árbol

justo antes de reventar sus moradas pieles, para medir qué tanto

de su andar emplea en la cama de noche,

la jarra del cielo llenándose de vía láctea centellea cada vez

que ella mueve los labios.

 

pero, claro, los secretos

no son los golpes obvios en la canción

que cualquier baterista puede dar

 

oyendo la velocidad del motor

—hecho también de golpes—tan rápidos,

sutiles, supongo,

que llegan como un sonido continuo o el corazón que, por supuesto, golpea sin ventilador

que lo mantenga fresco;

es una prueba, un ritmo,

que no podrían ver aquellos ojos medidores

aunque tal vez haya algunos con dedos y oídos

tan cerca de los motores

con aceite limpio circulando por los oídos que depure la sesera,

quizás algunos... puedan decir


en qué consiste

el secreto sangrar de una mujer

 

Como mujer

con estrellas untuosas en todos los puntos de mi piel

nunca podría

fiarme de un hombre que no fuera mecánico; un hombre que usa sus ojos,

sus manos, escucha

al corazón.

 

Historia

 

Un hombre me preguntó la historia de mi vida.

Dije

que yo no tenía historia.

Que todas mis historias eran vidas, como hongos,

aparentemente sin raíces,

aunque las esporas, microscópicas, que bailan en la tierra

como mi mano roza tu cara mientras duermes,

ya no son misteriosas;

y recordé que todas mis historias son una sola, dejando a una mujer con un puñado de plata que se vuelve luz de luna

desvanece como el aire, desaparece con el sol,

permaneciendo ella con sus manos abiertas y la poesía que es música,

una canción que nos ronda a todos


es lo que le queda,

su realidad misteriosamente, quizá microscópicamente, ida

 

terreno pantanoso.


 

 

 

para aparecer en otro


Yo busco al mago que entienda lo que es invisible

al ojo desnudo,

que lea la poesía como un texto para una nueva especie de jardín, que convierta la luz de luna

en un puñado de plata, en algo sólido y real, no en ilusión,

no en viejas historias,

no en la vieja versión de la vida, no en hongos venenosos.

Hongos, comibles, hermosos,

que dejan caer las esporas y dan vida

justamente como nosotros.

La historia de mi vida es

que continúa.


FIN

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