PODCAST REVISTA

Libros Más Recientes

Emancipación N° 1054. Anális Geopolítico Retorno Colonial. VER CANAL EMANCIPACIÓN

Emancipación N° 1054. Avances Científicos, Cáncer y Salud. VER CANAL EMANCIPACIÓN

Emancipación N° 1053. El Mundo en Transición de muerte y terror, pero también de esperanza. VER CANAL EMANCIPACIÓN

Emancipación N° 1052.Un Nuevo Orden Mundial. VER CANAL EMANCIPACIÓN

Emancipación N° 1051. VER CANAL EMANCIPACIÓN

Emancipación N° 1050. VER CANAL EMANCIPACIÓN

ACTUALIDAD

📰 ACTUALIDAD

Ciencia, actualidad, educación y análisis

Cargando noticias...

Libro N° 15475. Los Surrealistas Franceses. César Moro.

Guillermo Molina Miranda agosto 12, 2026


© Libro N° 15475. Los Surrealistas Franceses. César Moro. Emancipación. Agosto 15 de 2026

 

Título Original: © Los Surrealistas Franceses. César Moro

 

Versión Original: © Los Surrealistas Franceses. César Moro

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://materialdelectura.unam.mx/indices/167-075-surrealistas-franceses


 

Licencia Creative Commons:

Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la fuente.

La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida su comercialización.

Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores

No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines comerciales

No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este texto.

 

Portada E.O. de:  Imagen con chatGPT

 

 

 

 

 

© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

Los Surrealistas Franceses  

César Moro 


César Moro 
Los surrealistas franceses

 

Edición y prólogo de

Luis Mario Schneider

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Universidad Nacional Autónoma de México Coordinación de Difusión Cultural

Dirección de Literatura

 

MÉXICO, 2010


Índice

Nota introductoria                                  3

Nota                                                          7

Configuración                                           8

En tu lugar desconfiaría del caballero

DE PAJA                                                     8

Cartero cheval                                        9

El gran socorro mortífero                      11

Algunas de las palabras que, hasta ahora,

ME ESTABAN MISTERIOSAMENTE PROHIBIDAS             12

Entre otras                                              13

Una noche                                                 14

EL FENÓMENO BIOLÓGICO                             14

Entre nuestros artículos                        17

La hora del pastor                                   18

André Bretón                                           19

Gruta                                                        19

Háblame                                                    20

28 DE NOVIEMBRE XXXV                                                         21

Anuncio                                                    22

He aquí todos los siglos pasados a filo

DE ESPADA                                                                                       22

Los sentidos                                              23


Nota introductoria

 

 

El poeta-pintor César Moro (1903-1956) llegó a México en marzo de 1938. Llegó para quedarse diez años. Venía de haber vivido los últimos tres años en su país, el Perú, porque desde 1925 a 1935 había hecho Moro de París su morada.

Llegó a México incitado por el México de Agustín Lazo a quien conocía cuando el pintor, escenógrafo y dramaturgo estudiaba en el atellier de Charles Dullin en la Francia de los finales de la década del 20. Vino por Agustín Lazo y aquí heredó también a su mejor amigo: Xavier Villaurrutia. Cuando los surrealistas — Benjamín Péret, Remedios Varo, Wolfgang Paalen, Alice Rahon, Leonora Carrington— llegaron después de 1940 terminaron por completar ese círculo inquietante y exclusivo del mundo de Moro en nuestro país. Quizá faltaría nombrar a Francisco Zendejas y a la Cretina, una minúscula tortuga con la que el poeta templaba su paciencia, alimentaba su extravagancia haciéndola peatona de la Alameda Central.

Aquí escribió y publicó sus libros más importantes, sus ensayos más desmitificadores y agresivos. Aquí conoció, en la provincia, la persona destinataria de Lettre d'amour, aun amor-pasión vivido entre sombras y marginalidades.

Llegó en marzo de 1938, poco antes de la llegada de André Breton de quien era amigo desde París y con quien colaboró en Le Surréalisme au Service de la Révolution, porque este peruano es indudablemente el primer escritor aceptado desde sus inicios en ese movimiento. De paso conviene reflejar una paradoja: cuando muchos de nuestros poetas continentales se afilian al surrealismo por los cincuentas este surrealista de primera hora, es decir de 25 años antes, ya había abandonado las filas.

En México Moro fue casi el cicerone de Breton. Las pocas fotografías que existen del francés durante su estancia aquí lo muestran con el peruano, las únicas en las que no aparecen juntos son en las que Breton está


junto a Trotski. Fue su cicerone y además su máximo propagandista.

De una forma general la intelectualidad mexicana no desconocía qué cosa era el surrealismo, quiénes sus dirigentes, cuáles sus experiencias y propósitos. Había información periodística más o menos abundante y hasta se reproducía material pictórico en revistas y suplementos literarios. Otra cosa era, sin embargo, el conocimiento medio tacaño y subestimativo que se tenía de la literatura surrealista y la casi absoluta falta de traducciones, hecho que no había modificado ni siquiera la presencia de Artaud en México, durante 1936. Hay que recordar que apenas después de 1960 se empiezan a traducir las obras surrealistas en México.

El primero en dar a conocer algo de esta poesía fue Jorge Cuesta quien, a raíz de su viaje a Francia en 1928 y de conocer personalmente a Breton y a Robert Desnos, traduce poemas de Paul Eluard en la Revista Contemporáneos, en mayo de 1929. Tienen que pasar otros nueve años para encontrar nuevamente poesía surrealista en nuestros medios de difusión cultural. Este hecho se debe a la labor de César Moro y a la llegada de Breton.

Los surrealistas franceses titula César Moro a su breve antología poética, editada como “Suplemento No. 3” de la revista Poesía, dirigida por Neftalí Beltrán y que corresponde al mes de mayo. Todas las traducciones corren por cuenta del poeta peruano, precedidas por su propia y poética visión, llamándola sencillamente “Nota”.

Doce son los poetas y el orden es alfabético: Hans Arp

—un fragmento de “Configuración”, del libro Le siège de l’air—; André Breton —“En tu lugar desconfiaría del caballero de paja”, poema de L’air de l’eau—; Paul Eluard —“Algunas de las palabras que, hasta ahora, me estaban misteriosamente prohibidas”: Giorgio de Chirico —“Una noche”, aparecido en La Revolution Surréaliste No. 5—; Salvador Dalí —“El fenómeno biológico”—; Marcel Duchamp —“Entre nuestros artículos”, incluido en la Anthologie de l’humor noir—; Georges Hugnet —“La hora del pastor”—; Alice Rahon


—“Gruta”—; Benjamin Péret —“Háblame” de Je su-blime—; Pablo Picasso —“28 de Noviembre XXXV”, publicado en español en Cahiers d’Art No. 5 y 6—; Gisèle Prassinos —“Anuncio”—; y Gui Rosey —“He aquí todos los siglos pasados a filo de espada”, un fragmento de Drapeau nègre.

Una medida bastante ilustrativa del pensamiento de los cronistas culturales respecto a la incomprensión que muestran frente al surrealismo —por otro lado es un lugar común que en Latinoamérica la pretendida ingeniosidad encubra siempre la ignorancia— es la “píldora” que sobre esta antología se inserta con el encabezado “Un peso de poesía” en El Nacional el 25 de julio de 1938:

Pero oigamos lo que dice el César Moro, traductor de poetas sobrerealistas en el “Suplemento” alquitranadamente compungido de Neftalí: “El surrealismo es el cordón que une la bomba de dinamita con el fuego para hacer la montaña”. ¿Entendido? Se necesita un traductor que hable el lenguaje de los topos.

 

En ese mismo año, Letras de México, dirigida por Octavio G. Barreda, en su número 27, del l de mayo se dedica íntegramente a Breton y al surrealismo. De ese material destaca, en las páginas 3 y 4, una breve muestra de la poesía surrealista. César Moro traduce “Cartero Cheval”. “El gran socorro mortífero” de An-dré Breton; “Los sentidos” de Gui Rosey; “Mil veces” de Benjamin Péret y “Entre otras” de Paul Eluard. De Moro el poema dedicado a André Breton.

He tomado como base Los surrealistas franceses y añado para esta edición los demás poemas traducidos por el peruano y aparecidos en Letras de México durante la estancia de Breton aquí, incluyendo el que le fuera dedicado.

Esta antología sigue siendo de singular vigencia en nuestra literatura por ser la única compilación poética que aún existe en México sobre ese movimiento francés. Por el conocimiento que tenía su autor del surrealismo y por la calidad de la traducción esta muestra es un documento de necesaria difusión de la


estética más revolucionaria del siglo XX.

 

 

Luis Mario Schneider


Nota

 

 

El surrealismo es el cordón que une la bomba de dinamita con el fuego para hacer volar la montaña. La cita de las tormentas portadoras del rayo y de la lluvia de fuego. El bosque virgen y la miríada de aves de plumaje eléctrico cubriendo el cielo tempestuoso. La esmeralda de Nerón. Una llanura inmensa poblada de sarcófagos de hielo encerrando lianas y lámparas de acetileno, globos de azogue, mujeres desnudas coronadas de cardos y de fresas. El tigre real que asola las tierras de tesoros. La estatura de la noche de plumas de paraíso salpicada con sangre de jirafas degolladas bajo la luna. El día inmenso de cristal de roca y los jardines de cristal de roca. Los nombres de Sade, Lautréamont, Rimbaud, Jarry, en formas diversas y delirantes de aerolito sobre una sábana de sangre transparente que agita el viento nocturno sobre el basalto ardiente del insomnio.

 

César Moro


Configuración

 

 

Los cabellos blancos de las piedras, los cabellos negros de las aguas, los

cabellos verdes de los niños, los cabellos azules de los ojos

las aguas cierran sus ojos pues del cielo caen piedras y niños a las piedras a las aguas a los niños y a los ojos

caen los cabellos.

las piedras tienen en su bolsillo derecho mantequilla y en su bolsillo

izquierdo pan y cada uno los toma con gran consideración

por sandwiches,

los sandwiches de piedras llevan una raya a la derecha los sandwiches

de agua llevan una raya a la izquierda y los sandwiches de

niño llevan la raya al medio.

 

Hans Arp

 

 

EN TU LUGAR DESCONFIARÍA del caballero de paja Esa especie de Roger libertando a Angélica Leitmotiv aquí de las bocas del metropolitano Dispuestas en fila en tus cabellos

Es una encantadora alucinación liliputiense Pero el caballero de paja el caballero de paja

Te pone a la grupa y os precipitáis en la alta alameda de álamos

Cuyas primeras hojas perdidas ponen mantequilla en las rosas

trozos de pan del aire Adoro esas hojas al igual

Que aquello que hay de supremamente independiente en ti

Su pálida balanza Para contar violetas

Estrictamente lo necesario para que se transparente en


los más

tiernos pliegues de tu cuerpo

El mensaje indescifrable capital

De una botella que ha guardado mucho tiempo el mar

 

Y las adoro cuando se juntan como un gallo blanco Furioso en la escalinata del castillo de la violencia Bajo la luz vuelta desgarradora donde no se trata ya de

vivir

En el soto encantado

Donde el cazador apunta con un fusil de culata de faisán

Esas hojas que son la moneda de Danae

Cuando me es posible acercarme a ti hasta no verte Estrechar en ti ese lugar amarillo devastado

El más resplandeciente de tu ojo Donde los árboles vuelan

Donde los edificios comienzan a ser sacudidos por una alegría

de mala ley

Donde los juegos del circo se continúan con un lujo desenfrenado

en la calle

Sobrevivir

De lo más lejano dos o tres siluetas se desprenden Sobre el grupo estrecho flamea la bandera

parlamentaria.

 

André Breton

 

Cartero cheval

 

 

Nosotros los pájaros que encantas siempre desde lo alto de esos belvederes

Y que cada noche no formamos más que una rama florecida de tus hombros a los brazos de tu carretilla bienamada

 

Que nos desprendemos más vivos que centellas de tu


muñeca

Somos los suspiros de la estatua de cristal que se incorpora cuando el hombre duerme

Y brechas brillantes se abren en su lecho Brechas por las que pueden percibirse ciervos de

cuernos de coral en un claro del bosque

Y mujeres desnudas en lo profundo de una mina Recuerdas te levantabas entonces descendías del tren Sin una mirada para la locomotora presa de inmensas

raíces barométricas

Que se queja en la selva virgen con todas sus calderas doloridas

Sus chimeneas con humo de jacintos y movida por serpientes azules

Te precedíamos entonces nosotros las plantas sujetas a metamorfosis

Que cada noche hacíamos signos que el hombre puede sorprender

Mientras su casa se desploma y se sorprende ante los engranajes singulares

Que busca su lecho con el corredor y la escalera La escalera se ramifica indefinidamente

 

Conduce a una puerta de haces de heno se abre de pronto sobre una plaza pública

Hecha de dorsos de cisnes una ala abierta para el pasamano

Gira sobre sí misma como si fuera a morderse

Pero se contenta con abrir bajo nuestros pasos todos sus escalones como gavetas

Gavetas de pan gavetas de vino gavetas de jabón gavetas de espigas gavetas de escaleras

Gavetas de carne con empuñadura de cabellos A la hora precisa en que millares de patos de

Vaucanson se alisan las plumas

Sin volverte tomabas la llana con que se hacen los senos

Te sonreíamos nos enlazabas por el talle Y tomábamos las actitudes según tu placer

Inmóviles para siempre bajo nuestros párpados tal como la mujer gusta de ver el hombre


Después de haber hecho el amor

André Bretón

 

 

El gran socorro mortífero

 

 

La estatua de Lautréamont

Con zócalo de sellos de quinina El campo raso

El autor de las Poesías está acostado boca abajo Y cerca de él vela el helodermo sospechoso

Su oreja izquierda pegada al suelo es una caja con vidrieras

Ocupada por un relámpago el artista no ha olvidado de hacer figurar por encima de él

El globo azul cielo en forma de cabeza de Turco

El cisne de Montevideo cuyas alas están desplegadas y siempre prontas a agitarse

Cuando se trata de atraer del horizonte a los otros cisnes

Abre sobre el falso universo dos ojos de colores diferentes

El uno de sulfato de hierro sobre el enrejado de pestañas el otro de barro diamantino

Contempla el gran exágono en forma de embudo en el que se crisparán bien pronto las máquinas

Que el hombre se encarniza en cubrir de vendajes Reaviva con su bujía de radio los fondos del crisol

humano

El sexo de plumas el cerebro de papel aceitado Preside en las ceremonias dos veces nocturnas que

tienen por fin sustracción hecha del fuego intervertir los corazones del hombre y del pájaro

Yo tengo acceso a él en calidad de convulsionario Las mujeres arrobadoras que me introducen en el

vagón acolchado de rosas

Donde una hamaca que cuidaron de hacerme con sus cabelleras me está reservada

De toda eternidad

Me recomiendan antes de partir no resfriarme en la


lectura del periódico

Parece que la estatua cerca de la cual la grama de mis terminaciones nerviosas

Llega a destino es afinada cada noche como un piano

 

André Breton

 

 

Algunas de las palabras que, hasta ahora, me estaban misteriosamente prohibidas

 

 

a André Bretón

 

La palabra cementerio

A los otros de soñar con un cementerio ardiente La palabra casita

Se la encuentra a menudo

En los avisos de los periódicos en las canciones Tiene arrugas es un viejo disfrazado

Tiene un dedal en el dedo es un papagayo maduro Petróleo

Conocido por ejemplos preciosos En las manos de los incendios

Neurastenia una palabra que no tiene afrenta Una sombra de casís entre dos ojos parecidos La palabra criolla toda de corcho sobre raso La palabra bañadera que es arrastrada

Por caballos perfectos más feos que muletas Bajo la lámpara esta noche glorieta es un nombre Y domina un espejo donde se inmoviliza

Hiladora palabra que se derrite hamaca vid saqueada Olivo chimenea con tambor de resplandores

El teclado de los rebaños se apaga en la llanura Fortaleza malicia vana

Venenoso telón de caoba Velador mueca elástica

Hacha error jugado a los dados Vocal timbre inmenso

Sollozo de estaño risa de buena tierra La palabra gatillo estupro luminoso


Efímera el azur en las venas

La palabra bólido geranio en la ventana abierta Sobre un corazón batiente

La palabra contextura bloque de marfil Pan petrificado plumas mojadas

La palabra frustrar alcohol marchito Pasillo sin puertas muerte lírica

La palabra muchacho como un islote Mirtilla lava galón cigarro

Letargo azulina circo fusión Cuántas quedan de esas palabras Que no me conducían a nada Palabras maravillosas como las otras Oh imperio mío de hombre

Palabras que escribo aquí Contra toda evidencia Con la gran preocupación De decir todo

 

Paul Eluard

 

 

Entre otras

 

 

A la sombra de los árboles Como en tiempo de los milagros,

 

En medio de los hombres Como la más bella mujer

 

Sin nostalgia, sin afrenta, He dejado el mundo.

 

—¿Qué habéis visto?

 

—Una mujer joven, grande y bella En vestido negro muy escotado.

 

Paul Eluard


 

Una noche

 

 

La noche última el viento silbaba tan fuerte que creí iba a derribar las rocas de cartón.

Mientras duraron las tinieblas las luces eléctricas Ardían como corazones.

En el tercer sueño me desperté cerca de un lago Donde venían a morir las aguas de dos ríos.

Alrededor de la mesa las mujeres leían. Y el monje se callaba en la sombra.

Lentamente pasé el puente y en el fondo del agua oscura

Vi pasar lentamente grandes peces negros.

Súbitamente me encontraba en una ciudad grande y cuadrada.

Todas las ventanas estaban cerradas, doquier silencio Doquier meditación

Y el monje pasó aún al lado mío. A través los agujeros de su silencio podrido vi la belleza de su cuerpo pálido y blanco como una estatua del amor.

Al despertar la dicha dormía aún cerca de mí.

 

Giorgio De Chirico

 

 

 

EL FENÓMENO BIOLÓGICO

y dinámico

que constituye el cubismo de





Picasso ha sido
el primer gran canibalismo imaginativo 
sobrepasando las ambiciones experimentales 
de la física matemática
moderna.


La vida de Picasso formará la base polémica aún incomprendida según la cual

la psicología física abrirá de nuevo

una brecha de carne viva y de obscuridad

a la filosofía.

Pues a causa

del pensamiento materialista anárquico

y sistemático de

Picasso

podremos conocer físicamente experimentalmente

y sin necesidad

de las novedades “problemáticas” psicológicas de sabor kantiano

de los “gestaltistes” toda la miseria

de los

objetos de conciencia localizados y confortables con sus átomos flojos

las sensaciones infinitas y

diplomáticas.

 

Pues el pensamiento hiper-materialista de Picasso

prueba

que el canibalismo de la raza devora

“la especie intelectual” que el vino regional moja ya

la bragueta familiar

de las matemáticas fenomenologistas del


porvenir

que existen “figuras estrictas” extra-psicológicas intermediarias

entre

la grasa imaginativa y

los idealismos monetarios entre

las aritméticas transfinidas

y las matemáticas sanguinarias entre la entidad “estructural” de un “lenguado obsesionante” y la conducta de los seres vivos

en contacto con “el lenguado obsesionante” pues el lenguado en cuestión

permanece totalmente exterior a la comprensión de

la

gestalt-teoría puesto que

esta teoría de la figura estricta

y de la estructura no posee

medios físicos que permitan el análisis

ni aun

el registro

del comportamiento humano frente

a las estructuras y a las figuras que se presentan objetivamente como

físicamente delirantes pues


no existe

en nuestros días que yo sepa una física

de la psico-patología una física de la paranoia

la que no podría ser considerada sino

como

la base experimental de la próxima filosofía

de la

psico-patología de la próxima

filosofía de la actividad "paranoico-crítica" la cual un día

tentaré de examinar polémicamente si tengo tiempo

y humor.

 

Salvador Dalí

 

 

Entre nuestros artículos

 

 

Entre nuestros artículos de quincallería perezosa recomendamos la llave de agua que se detiene de fluir cuando no se le escucha.

Física de equipaje:

Calcular la diferencia entre los volúmenes de aire desplazado por una camisa limpia (planchada y doblada) y la misma camisa sucia.

Ajuste de coincidencia de objetos o partes de objetos; la jerarquía de esta especie de ajuste está en razón directa del “disparate”.

Una caja de cerillas completa es más ligera que una caja empezada porque no hace ruido.

¿Será necesario reaccionar contra la pereza de los


rieles en el intervalo de dos pasos de trenes?

Transformador destinado a utilizar las pequeñas energías desperdiciadas tales como:

la exhalación del humo de tabaco,

el exceso de presión sobre un timbre eléctrico...

el crecimiento de los cabellos, de los vellos y de las uñas,

la caída de la orina y de los excrementos,

los movimientos de miedo, de sorpresa, de tedio, de cólera, la risa,

la caída de las lágrimas,

los gestos demostrativos de las manos, de los pies, los tics,

las miradas duras, los brazos que caen,

el desperezarse, el bostezo, el estornudo, el esputo ordinario y el de sangre,

los vómitos,

la eyaculación,

los cabellos rebeldes, la espiga, el ruido al sonarse, el ronquido, el desvanecimiento,

el silbido, el canto, los suspiros,

etc.

 

Marcel Duchamp

 

 

 

La hora del pastor

 

 

Los campos invadían las calles

y los salones de lámparas de cristal. Oquedales se instalaban en los patios, hayas se anudaban en las lumbreras, un buey se transformaba en mesa.

 

Niños con zuecos, el rostro blanco, derrochaban sin contar entre los helechos.


Vestíase talones y peinadoras.

A mediodía, señores de frac, inclinados sobre los musgos,

una por una recogían un centenar de perlas.

 

Un vestido de noche corría y gritaba en un claro del bosque.

 

Georges Hugnet

 

 

André Bretón

 

 

Como un piano de cola de caballo de cauda de estrellas

Sobre el firmamento lúgubre Pesado de sangre coagulada

Arremolinando nubes arco-iris falanges de planetas y miríadas de aves

El fuego indeleble avanza

Los cipreses arden los tigres las panteras y los animales nobles

Se tornan incandescentes

El cuidado del alba ha sido abandonado

Y la noche se cierne sobre la tierra devastada

La comarca de tesoros guarda para siempre tu nombre

 

México, abril 1938

César Moro

 

 

Gruta

 

 

Gruta de bronce

amplificador de las tempestades de los dos hemisferios

donde las sombras no pueden morir


la cabeza del búho de piedra vela

sobre la ciudad de los marinos Limbos de fuentes no nacidas de amores ahogados

bajo parejas de falsos amantes falsos pensamientos

falsas ventanas

en las murallas de la noche falsa virtud de los débiles

nuestros huesos encrespándose en el fuego desierto calcinado de espera

donde reina la loca del espejo.

 

Alice Rahon Paalen

 

 

Háblame

 

 

El negro de humo el negro animal el negro negro

se han dado cita entre dos monumentos a los muertos que pueden parecer mis orejas

donde el eco de tu voz de mica marina repite indefinidamente tu nombre

que se parece tanto a lo contrario de un eclipse de sol que yo me creo cuando tú me miras

una “espuela de caballero en un ventisquero” cuya puerta abrieras

con la esperanza de ver escaparse una golondrina de petróleo inflamado

pero de la espuela brotará un manantial de petróleo ardiente

si tú lo quieres

como una golondrina

quiere la hora de verano para tocar la música de las tormentas

y la fábrica como haría una mosca que sueña con una telaraña de azúcar en un vaso de ojo


a veces azul como una estrella veloz reflejada por un huevo

a veces verde como un manantial rezumando de un reloj

 

Benjamin Péret

 

28 DE NOVIEMBRE XXXV

 

Lengua de fuego abanica su cara en la flauta la copa que cantándole roe la puñalada del azul

tan gracioso

que sentado en el ojo del toro

inscrito en su cabeza adornada con jazmines espera que hinche la vela el trozo de cristal

que el viento envuelto en el embozo del mandoble chorreando caricias

reparte el pan al ciego y a la paloma color de lilas

y aprieta de toda su maldad contra los labios del limón ardiendo

el cuerno retorcido

que espanta con sus gestos de adiós la catedral que se desmaya en sus brazos sin un ole estallando en su mirada la radio amanecida

que fotografiando en el beso una chinche de sol se come el aroma de la hora que cae

y atraviesa la página que vuela

deshace el ramillete que se lleva metido entre el ala que suspira

y el miedo que sonríe

el cuchillo que salta de contento

dejándole aún hoy flotando como quiere y de cualquier manera

al momento preciso y necesario en lo alto del pozo

el grito de la rosa que la mano le tira como una limosnita

 

Pablo Picasso


 

Anuncio

 

 

Un señor que tomaba el metropolitano tenía bajo el brazo un gran paquete del que salía un trozo de tela verde. Como todo el mundo le miraba, dijo desatando su zapato: “Emplead la tinta Watterman”. Luego descendió los tramos de la escalera cojeando.

Así que llegó abajo, se sentó en un banco con los pies bajo su trasero. Y ahí, comenzó a desembalar su paquete. Pero no sacó nada, ni siquiera un trozo de tela verde.

 

Cuando el tren entró en la estación, partió corriendo con su paquete bajo el brazo. Pero no había ya tela verde. Sólo una cresta de gallina colgaba. El tren silbó.

 

A lo lejos se escuchó una voz grasosa: “Es una marca muy buena”.

Cerca de mí, un señor se puso verde.

 

Gisèle Prassinos

 

 

He aquí todos los siglos pasados a filo de espada

 

 

He aquí todos los siglos pasados a filo de espada cabeza de madera donde el ojo izquierdo no palpita

sino para salvar al otro de la miseria

no hay de creíble en el seno vaporoso de las geografías venosas

sino las huidas indeterminadas de rostros encadenados de horribles palideces

sino la obra simbólica de microbios sabios al fondo de


las cavernas apasionantes de la materia sino el monumento irracional de la tempestad

abatiendo la virtud

y el inolvidable desorden de una voz desesperada

Ahora que los proverbios seductores viajan a costa de los ojos

los brazos escasean de recuerdos y caen a lo largo del cielo

todos los dioses han regresado a sus conchas y la muerte vestida de soldado

coloca el terror blanco bajo urna en las patrias pintadas de nuevo

he aquí viniendo por los senderos trillados de fiebre lenta

el tiempo de las grandes mudas nocturnas del terciopelo y de las lúcidas encantaciones donde el hombre

rompedor de muertes y de palabras trepa al oro escarpado

lleno de ruidos

como una selva virgen...

 

Gui Rosey

 

 

Los sentidos

 

 

El brazo nebuloso de la naturaleza amontona los olores de la tarde en la carroza extinguida del crepúsculo. Fatiga de la tempestad enganchada que relincha a las estrellas. Marino de las nieves y de los trigos, el silencio, y el pájaro cuya jaula será de mimbre y el mimbre de ondas y de colores. Pintura musical.

 

Vía azul de las voces lejanas, todos los caminos de la noche salen a unir los mundos. Todos los caminos no son de este mundo, pero se asemejan entre ellos como lo invisible y lo visible y las divinidades estelares.


Más allá de los espejos. Desenlace del porvenir entrevisto por el ojo de una cerradura. Vejez ínfima o infinita, suenas medianoche. La carpa destinada al sortilegio de las aguas habla de oro ahora que el céfiro de las hadas es el lenguaje de las flores y que la historia del cielo revive en la novela que la lluvia escribe sobre la tierra.

Tristeza irreversible, todos los sentimientos, todos los matices del corazón, pasan por los brazos de la nautraleza. Todas las maldiciones, todas las declamaciones del corazón, pasan por el cerebro de la naturaleza. Y todo se pierde como el anillo de las bodas eternas con la esperanza.

 

Gui Rosey


 

 

 

 

 

 

 

 

Ilustración de portada: Dibujo de Francis Picabia



Editor: Pablo Mora

FIN

Related Posts

Libros del 15001 al 16000 330374824870216407
- Navigation - Archive Status