Libro N° 15475. Los Surrealistas Franceses. César Moro.
© Libro N° 15475. Los Surrealistas Franceses. César Moro. Emancipación. Agosto 15 de 2026
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Los Surrealistas Franceses
César Moro
Edición y prólogo de
Luis Mario Schneider
Universidad Nacional Autónoma de México Coordinación de Difusión Cultural
Dirección de Literatura
MÉXICO, 2010
Índice
Nota introductoria 3
Nota 7
Configuración 8
En tu lugar desconfiaría del caballero
DE PAJA… 8
Cartero cheval 9
El gran socorro mortífero 11
Algunas de las palabras que, hasta ahora,
ME ESTABAN MISTERIOSAMENTE PROHIBIDAS 12
Entre otras 13
Una noche 14
EL FENÓMENO BIOLÓGICO… 14
Entre nuestros artículos 17
La hora del pastor 18
André Bretón 19
Gruta 19
Háblame 20
28 DE NOVIEMBRE XXXV 21
Anuncio 22
He aquí todos los siglos pasados a filo
DE ESPADA 22
Los sentidos 23
Nota introductoria
El poeta-pintor César Moro (1903-1956) llegó a México en marzo de 1938. Llegó para quedarse diez años. Venía de haber vivido los últimos tres años en su país, el Perú, porque desde 1925 a 1935 había hecho Moro de París su morada.
Llegó a México incitado por el México de Agustín Lazo a quien conocía cuando el pintor, escenógrafo y dramaturgo estudiaba en el atellier de Charles Dullin en la Francia de los finales de la década del 20. Vino por Agustín Lazo y aquí heredó también a su mejor amigo: Xavier Villaurrutia. Cuando los surrealistas — Benjamín Péret, Remedios Varo, Wolfgang Paalen, Alice Rahon, Leonora Carrington— llegaron después de 1940 terminaron por completar ese círculo inquietante y exclusivo del mundo de Moro en nuestro país. Quizá faltaría nombrar a Francisco Zendejas y a la Cretina, una minúscula tortuga con la que el poeta templaba su paciencia, alimentaba su extravagancia haciéndola peatona de la Alameda Central.
Aquí escribió y publicó sus libros más importantes, sus ensayos más desmitificadores y agresivos. Aquí conoció, en la provincia, la persona destinataria de Lettre d'amour, aun amor-pasión vivido entre sombras y marginalidades.
Llegó en marzo de 1938, poco antes de la llegada de André Breton de quien era amigo desde París y con quien colaboró en Le Surréalisme au Service de la Révolution, porque este peruano es indudablemente el primer escritor aceptado desde sus inicios en ese movimiento. De paso conviene reflejar una paradoja: cuando muchos de nuestros poetas continentales se afilian al surrealismo por los cincuentas este surrealista de primera hora, es decir de 25 años antes, ya había abandonado las filas.
En México Moro fue casi el cicerone de Breton. Las pocas fotografías que existen del francés durante su estancia aquí lo muestran con el peruano, las únicas en las que no aparecen juntos son en las que Breton está
junto a Trotski. Fue su cicerone y además su máximo propagandista.
De una forma general la intelectualidad mexicana no desconocía qué cosa era el surrealismo, quiénes sus dirigentes, cuáles sus experiencias y propósitos. Había información periodística más o menos abundante y hasta se reproducía material pictórico en revistas y suplementos literarios. Otra cosa era, sin embargo, el conocimiento medio tacaño y subestimativo que se tenía de la literatura surrealista y la casi absoluta falta de traducciones, hecho que no había modificado ni siquiera la presencia de Artaud en México, durante 1936. Hay que recordar que apenas después de 1960 se empiezan a traducir las obras surrealistas en México.
El primero en dar a conocer algo de esta poesía fue Jorge Cuesta quien, a raíz de su viaje a Francia en 1928 y de conocer personalmente a Breton y a Robert Desnos, traduce poemas de Paul Eluard en la Revista Contemporáneos, en mayo de 1929. Tienen que pasar otros nueve años para encontrar nuevamente poesía surrealista en nuestros medios de difusión cultural. Este hecho se debe a la labor de César Moro y a la llegada de Breton.
Los surrealistas franceses titula César Moro a su breve antología poética, editada como “Suplemento No. 3” de la revista Poesía, dirigida por Neftalí Beltrán y que corresponde al mes de mayo. Todas las traducciones corren por cuenta del poeta peruano, precedidas por su propia y poética visión, llamándola sencillamente “Nota”.
Doce son los poetas y el orden es alfabético: Hans Arp
—un fragmento de “Configuración”, del libro Le siège de l’air—; André Breton —“En tu lugar desconfiaría del caballero de paja”, poema de L’air de l’eau—; Paul Eluard —“Algunas de las palabras que, hasta ahora, me estaban misteriosamente prohibidas”: Giorgio de Chirico —“Una noche”, aparecido en La Revolution Surréaliste No. 5—; Salvador Dalí —“El fenómeno biológico”—; Marcel Duchamp —“Entre nuestros artículos”, incluido en la Anthologie de l’humor noir—; Georges Hugnet —“La hora del pastor”—; Alice Rahon
—“Gruta”—; Benjamin Péret —“Háblame” de Je su-blime—; Pablo Picasso —“28 de Noviembre XXXV”, publicado en español en Cahiers d’Art No. 5 y 6—; Gisèle Prassinos —“Anuncio”—; y Gui Rosey —“He aquí todos los siglos pasados a filo de espada”, un fragmento de Drapeau nègre.
Una medida bastante ilustrativa del pensamiento de los cronistas culturales respecto a la incomprensión que muestran frente al surrealismo —por otro lado es un lugar común que en Latinoamérica la pretendida ingeniosidad encubra siempre la ignorancia— es la “píldora” que sobre esta antología se inserta con el encabezado “Un peso de poesía” en El Nacional el 25 de julio de 1938:
Pero oigamos lo que dice el César Moro, traductor de poetas sobrerealistas en el “Suplemento” alquitranadamente compungido de Neftalí: “El surrealismo es el cordón que une la bomba de dinamita con el fuego para hacer la montaña”. ¿Entendido? Se necesita un traductor que hable el lenguaje de los topos.
En ese mismo año, Letras de México, dirigida por Octavio G. Barreda, en su número 27, del l de mayo se dedica íntegramente a Breton y al surrealismo. De ese material destaca, en las páginas 3 y 4, una breve muestra de la poesía surrealista. César Moro traduce “Cartero Cheval”. “El gran socorro mortífero” de An-dré Breton; “Los sentidos” de Gui Rosey; “Mil veces” de Benjamin Péret y “Entre otras” de Paul Eluard. De Moro el poema dedicado a André Breton.
He tomado como base Los surrealistas franceses y añado para esta edición los demás poemas traducidos por el peruano y aparecidos en Letras de México durante la estancia de Breton aquí, incluyendo el que le fuera dedicado.
Esta antología sigue siendo de singular vigencia en nuestra literatura por ser la única compilación poética que aún existe en México sobre ese movimiento francés. Por el conocimiento que tenía su autor del surrealismo y por la calidad de la traducción esta muestra es un documento de necesaria difusión de la
estética más revolucionaria del siglo XX.
Luis Mario Schneider
Nota
El surrealismo es el cordón que une la bomba de dinamita con el fuego para hacer volar la montaña. La cita de las tormentas portadoras del rayo y de la lluvia de fuego. El bosque virgen y la miríada de aves de plumaje eléctrico cubriendo el cielo tempestuoso. La esmeralda de Nerón. Una llanura inmensa poblada de sarcófagos de hielo encerrando lianas y lámparas de acetileno, globos de azogue, mujeres desnudas coronadas de cardos y de fresas. El tigre real que asola las tierras de tesoros. La estatura de la noche de plumas de paraíso salpicada con sangre de jirafas degolladas bajo la luna. El día inmenso de cristal de roca y los jardines de cristal de roca. Los nombres de Sade, Lautréamont, Rimbaud, Jarry, en formas diversas y delirantes de aerolito sobre una sábana de sangre transparente que agita el viento nocturno sobre el basalto ardiente del insomnio.
César Moro
Configuración
Los cabellos blancos de las piedras, los cabellos negros de las aguas, los
cabellos verdes de los niños, los cabellos azules de los ojos
las aguas cierran sus ojos pues del cielo caen piedras y niños a las piedras a las aguas a los niños y a los ojos
caen los cabellos.
las piedras tienen en su bolsillo derecho mantequilla y en su bolsillo
izquierdo pan y cada uno los toma con gran consideración
por sandwiches,
los sandwiches de piedras llevan una raya a la derecha los sandwiches
de agua llevan una raya a la izquierda y los sandwiches de
niño llevan la raya al medio.
Hans Arp
EN TU LUGAR DESCONFIARÍA del caballero de paja Esa especie de Roger libertando a Angélica Leitmotiv aquí de las bocas del metropolitano Dispuestas en fila en tus cabellos
Es una encantadora alucinación liliputiense Pero el caballero de paja el caballero de paja
Te pone a la grupa y os precipitáis en la alta alameda de álamos
Cuyas primeras hojas perdidas ponen mantequilla en las rosas
trozos de pan del aire Adoro esas hojas al igual
Que aquello que hay de supremamente independiente en ti
Su pálida balanza Para contar violetas
Estrictamente lo necesario para que se transparente en
los más
tiernos pliegues de tu cuerpo
El mensaje indescifrable capital
De una botella que ha guardado mucho tiempo el mar
Y las adoro cuando se juntan como un gallo blanco Furioso en la escalinata del castillo de la violencia Bajo la luz vuelta desgarradora donde no se trata ya de
vivir
En el soto encantado
Donde el cazador apunta con un fusil de culata de faisán
Esas hojas que son la moneda de Danae
Cuando me es posible acercarme a ti hasta no verte Estrechar en ti ese lugar amarillo devastado
El más resplandeciente de tu ojo Donde los árboles vuelan
Donde los edificios comienzan a ser sacudidos por una alegría
de mala ley
Donde los juegos del circo se continúan con un lujo desenfrenado
en la calle
Sobrevivir
De lo más lejano dos o tres siluetas se desprenden Sobre el grupo estrecho flamea la bandera
parlamentaria.
André Breton
Cartero cheval
Nosotros los pájaros que encantas siempre desde lo alto de esos belvederes
Y que cada noche no formamos más que una rama florecida de tus hombros a los brazos de tu carretilla bienamada
Que nos desprendemos más vivos que centellas de tu
muñeca
Somos los suspiros de la estatua de cristal que se incorpora cuando el hombre duerme
Y brechas brillantes se abren en su lecho Brechas por las que pueden percibirse ciervos de
cuernos de coral en un claro del bosque
Y mujeres desnudas en lo profundo de una mina Recuerdas te levantabas entonces descendías del tren Sin una mirada para la locomotora presa de inmensas
raíces barométricas
Que se queja en la selva virgen con todas sus calderas doloridas
Sus chimeneas con humo de jacintos y movida por serpientes azules
Te precedíamos entonces nosotros las plantas sujetas a metamorfosis
Que cada noche hacíamos signos que el hombre puede sorprender
Mientras su casa se desploma y se sorprende ante los engranajes singulares
Que busca su lecho con el corredor y la escalera La escalera se ramifica indefinidamente
Conduce a una puerta de haces de heno se abre de pronto sobre una plaza pública
Hecha de dorsos de cisnes una ala abierta para el pasamano
Gira sobre sí misma como si fuera a morderse
Pero se contenta con abrir bajo nuestros pasos todos sus escalones como gavetas
Gavetas de pan gavetas de vino gavetas de jabón gavetas de espigas gavetas de escaleras
Gavetas de carne con empuñadura de cabellos A la hora precisa en que millares de patos de
Vaucanson se alisan las plumas
Sin volverte tomabas la llana con que se hacen los senos
Te sonreíamos nos enlazabas por el talle Y tomábamos las actitudes según tu placer
Inmóviles para siempre bajo nuestros párpados tal como la mujer gusta de ver el hombre
Después de haber hecho el amor
André Bretón
El gran socorro mortífero
La estatua de Lautréamont
Con zócalo de sellos de quinina El campo raso
El autor de las Poesías está acostado boca abajo Y cerca de él vela el helodermo sospechoso
Su oreja izquierda pegada al suelo es una caja con vidrieras
Ocupada por un relámpago el artista no ha olvidado de hacer figurar por encima de él
El globo azul cielo en forma de cabeza de Turco
El cisne de Montevideo cuyas alas están desplegadas y siempre prontas a agitarse
Cuando se trata de atraer del horizonte a los otros cisnes
Abre sobre el falso universo dos ojos de colores diferentes
El uno de sulfato de hierro sobre el enrejado de pestañas el otro de barro diamantino
Contempla el gran exágono en forma de embudo en el que se crisparán bien pronto las máquinas
Que el hombre se encarniza en cubrir de vendajes Reaviva con su bujía de radio los fondos del crisol
humano
El sexo de plumas el cerebro de papel aceitado Preside en las ceremonias dos veces nocturnas que
tienen por fin sustracción hecha del fuego intervertir los corazones del hombre y del pájaro
Yo tengo acceso a él en calidad de convulsionario Las mujeres arrobadoras que me introducen en el
vagón acolchado de rosas
Donde una hamaca que cuidaron de hacerme con sus cabelleras me está reservada
De toda eternidad
Me recomiendan antes de partir no resfriarme en la
lectura del periódico
Parece que la estatua cerca de la cual la grama de mis terminaciones nerviosas
Llega a destino es afinada cada noche como un piano
André Breton
Algunas de las palabras que, hasta ahora, me estaban misteriosamente prohibidas
a André Bretón
La palabra cementerio
A los otros de soñar con un cementerio ardiente La palabra casita
Se la encuentra a menudo
En los avisos de los periódicos en las canciones Tiene arrugas es un viejo disfrazado
Tiene un dedal en el dedo es un papagayo maduro Petróleo
Conocido por ejemplos preciosos En las manos de los incendios
Neurastenia una palabra que no tiene afrenta Una sombra de casís entre dos ojos parecidos La palabra criolla toda de corcho sobre raso La palabra bañadera que es arrastrada
Por caballos perfectos más feos que muletas Bajo la lámpara esta noche glorieta es un nombre Y domina un espejo donde se inmoviliza
Hiladora palabra que se derrite hamaca vid saqueada Olivo chimenea con tambor de resplandores
El teclado de los rebaños se apaga en la llanura Fortaleza malicia vana
Venenoso telón de caoba Velador mueca elástica
Hacha error jugado a los dados Vocal timbre inmenso
Sollozo de estaño risa de buena tierra La palabra gatillo estupro luminoso
Efímera el azur en las venas
La palabra bólido geranio en la ventana abierta Sobre un corazón batiente
La palabra contextura bloque de marfil Pan petrificado plumas mojadas
La palabra frustrar alcohol marchito Pasillo sin puertas muerte lírica
La palabra muchacho como un islote Mirtilla lava galón cigarro
Letargo azulina circo fusión Cuántas quedan de esas palabras Que no me conducían a nada Palabras maravillosas como las otras Oh imperio mío de hombre
Palabras que escribo aquí Contra toda evidencia Con la gran preocupación De decir todo
Paul Eluard
Entre otras
A la sombra de los árboles Como en tiempo de los milagros,
En medio de los hombres Como la más bella mujer
Sin nostalgia, sin afrenta, He dejado el mundo.
—¿Qué habéis visto?
—Una mujer joven, grande y bella En vestido negro muy escotado.
Paul Eluard
Una noche
La noche última el viento silbaba tan fuerte que creí iba a derribar las rocas de cartón.
Mientras duraron las tinieblas las luces eléctricas Ardían como corazones.
En el tercer sueño me desperté cerca de un lago Donde venían a morir las aguas de dos ríos.
Alrededor de la mesa las mujeres leían. Y el monje se callaba en la sombra.
Lentamente pasé el puente y en el fondo del agua oscura
Vi pasar lentamente grandes peces negros.
Súbitamente me encontraba en una ciudad grande y cuadrada.
Todas las ventanas estaban cerradas, doquier silencio Doquier meditación
Y el monje pasó aún al lado mío. A través los agujeros de su silencio podrido vi la belleza de su cuerpo pálido y blanco como una estatua del amor.
Al despertar la dicha dormía aún cerca de mí.
Giorgio De Chirico
EL FENÓMENO BIOLÓGICO
y dinámico
que constituye el cubismo de
La vida de Picasso formará la base polémica aún incomprendida según la cual
la psicología física abrirá de nuevo
una brecha de carne viva y de obscuridad
a la filosofía.
Pues a causa
del pensamiento materialista anárquico
y sistemático de
Picasso
podremos conocer físicamente experimentalmente
y sin necesidad
de las novedades “problemáticas” psicológicas de sabor kantiano
de los “gestaltistes” toda la miseria
de los
objetos de conciencia localizados y confortables con sus átomos flojos
las sensaciones infinitas y
diplomáticas.
Pues el pensamiento hiper-materialista de Picasso
prueba
que el canibalismo de la raza devora
“la especie intelectual” que el vino regional moja ya
la bragueta familiar
de las matemáticas fenomenologistas del
porvenir
que existen “figuras estrictas” extra-psicológicas intermediarias
entre
la grasa imaginativa y
los idealismos monetarios entre
las aritméticas transfinidas
y las matemáticas sanguinarias entre la entidad “estructural” de un “lenguado obsesionante” y la conducta de los seres vivos
en contacto con “el lenguado obsesionante” pues el lenguado en cuestión
permanece totalmente exterior a la comprensión de
la
gestalt-teoría puesto que
esta teoría de la figura estricta
y de la estructura no posee
medios físicos que permitan el análisis
ni aun
el registro
del comportamiento humano frente
a las estructuras y a las figuras que se presentan objetivamente como
físicamente delirantes pues
no existe
en nuestros días que yo sepa una física
de la psico-patología una física de la paranoia
la que no podría ser considerada sino
como
la base experimental de la próxima filosofía
de la
psico-patología de la próxima
filosofía de la actividad "paranoico-crítica" la cual un día
tentaré de examinar polémicamente si tengo tiempo
y humor.
Salvador Dalí
Entre nuestros artículos
Entre nuestros artículos de quincallería perezosa recomendamos la llave de agua que se detiene de fluir cuando no se le escucha.
Física de equipaje:
Calcular la diferencia entre los volúmenes de aire desplazado por una camisa limpia (planchada y doblada) y la misma camisa sucia.
Ajuste de coincidencia de objetos o partes de objetos; la jerarquía de esta especie de ajuste está en razón directa del “disparate”.
Una caja de cerillas completa es más ligera que una caja empezada porque no hace ruido.
¿Será necesario reaccionar contra la pereza de los
rieles en el intervalo de dos pasos de trenes?
Transformador destinado a utilizar las pequeñas energías desperdiciadas tales como:
la exhalación del humo de tabaco,
el exceso de presión sobre un timbre eléctrico...
el crecimiento de los cabellos, de los vellos y de las uñas,
la caída de la orina y de los excrementos,
los movimientos de miedo, de sorpresa, de tedio, de cólera, la risa,
la caída de las lágrimas,
los gestos demostrativos de las manos, de los pies, los tics,
las miradas duras, los brazos que caen,
el desperezarse, el bostezo, el estornudo, el esputo ordinario y el de sangre,
los vómitos,
la eyaculación,
los cabellos rebeldes, la espiga, el ruido al sonarse, el ronquido, el desvanecimiento,
el silbido, el canto, los suspiros,
etc.
Marcel Duchamp
La hora del pastor
Los campos invadían las calles
y los salones de lámparas de cristal. Oquedales se instalaban en los patios, hayas se anudaban en las lumbreras, un buey se transformaba en mesa.
Niños con zuecos, el rostro blanco, derrochaban sin contar entre los helechos.
Vestíase talones y peinadoras.
A mediodía, señores de frac, inclinados sobre los musgos,
una por una recogían un centenar de perlas.
Un vestido de noche corría y gritaba en un claro del bosque.
Georges Hugnet
André Bretón
Como un piano de cola de caballo de cauda de estrellas
Sobre el firmamento lúgubre Pesado de sangre coagulada
Arremolinando nubes arco-iris falanges de planetas y miríadas de aves
El fuego indeleble avanza
Los cipreses arden los tigres las panteras y los animales nobles
Se tornan incandescentes
El cuidado del alba ha sido abandonado
Y la noche se cierne sobre la tierra devastada
La comarca de tesoros guarda para siempre tu nombre
México, abril 1938
César Moro
Gruta
Gruta de bronce
amplificador de las tempestades de los dos hemisferios
donde las sombras no pueden morir
la cabeza del búho de piedra vela
sobre la ciudad de los marinos Limbos de fuentes no nacidas de amores ahogados
bajo parejas de falsos amantes falsos pensamientos
falsas ventanas
en las murallas de la noche falsa virtud de los débiles
nuestros huesos encrespándose en el fuego desierto calcinado de espera
donde reina la loca del espejo.
Alice Rahon Paalen
Háblame
El negro de humo el negro animal el negro negro
se han dado cita entre dos monumentos a los muertos que pueden parecer mis orejas
donde el eco de tu voz de mica marina repite indefinidamente tu nombre
que se parece tanto a lo contrario de un eclipse de sol que yo me creo cuando tú me miras
una “espuela de caballero en un ventisquero” cuya puerta abrieras
con la esperanza de ver escaparse una golondrina de petróleo inflamado
pero de la espuela brotará un manantial de petróleo ardiente
si tú lo quieres
como una golondrina
quiere la hora de verano para tocar la música de las tormentas
y la fábrica como haría una mosca que sueña con una telaraña de azúcar en un vaso de ojo
a veces azul como una estrella veloz reflejada por un huevo
a veces verde como un manantial rezumando de un reloj
Benjamin Péret
28 DE NOVIEMBRE XXXV
Lengua de fuego abanica su cara en la flauta la copa que cantándole roe la puñalada del azul
tan gracioso
que sentado en el ojo del toro
inscrito en su cabeza adornada con jazmines espera que hinche la vela el trozo de cristal
que el viento envuelto en el embozo del mandoble chorreando caricias
reparte el pan al ciego y a la paloma color de lilas
y aprieta de toda su maldad contra los labios del limón ardiendo
el cuerno retorcido
que espanta con sus gestos de adiós la catedral que se desmaya en sus brazos sin un ole estallando en su mirada la radio amanecida
que fotografiando en el beso una chinche de sol se come el aroma de la hora que cae
y atraviesa la página que vuela
deshace el ramillete que se lleva metido entre el ala que suspira
y el miedo que sonríe
el cuchillo que salta de contento
dejándole aún hoy flotando como quiere y de cualquier manera
al momento preciso y necesario en lo alto del pozo
el grito de la rosa que la mano le tira como una limosnita
Pablo Picasso
Anuncio
Un señor que tomaba el metropolitano tenía bajo el brazo un gran paquete del que salía un trozo de tela verde. Como todo el mundo le miraba, dijo desatando su zapato: “Emplead la tinta Watterman”. Luego descendió los tramos de la escalera cojeando.
Así que llegó abajo, se sentó en un banco con los pies bajo su trasero. Y ahí, comenzó a desembalar su paquete. Pero no sacó nada, ni siquiera un trozo de tela verde.
Cuando el tren entró en la estación, partió corriendo con su paquete bajo el brazo. Pero no había ya tela verde. Sólo una cresta de gallina colgaba. El tren silbó.
A lo lejos se escuchó una voz grasosa: “Es una marca muy buena”.
Cerca de mí, un señor se puso verde.
Gisèle Prassinos
He aquí todos los siglos pasados a filo de espada
He aquí todos los siglos pasados a filo de espada cabeza de madera donde el ojo izquierdo no palpita
sino para salvar al otro de la miseria
no hay de creíble en el seno vaporoso de las geografías venosas
sino las huidas indeterminadas de rostros encadenados de horribles palideces
sino la obra simbólica de microbios sabios al fondo de
las cavernas apasionantes de la materia sino el monumento irracional de la tempestad
abatiendo la virtud
y el inolvidable desorden de una voz desesperada
Ahora que los proverbios seductores viajan a costa de los ojos
los brazos escasean de recuerdos y caen a lo largo del cielo
todos los dioses han regresado a sus conchas y la muerte vestida de soldado
coloca el terror blanco bajo urna en las patrias pintadas de nuevo
he aquí viniendo por los senderos trillados de fiebre lenta
el tiempo de las grandes mudas nocturnas del terciopelo y de las lúcidas encantaciones donde el hombre
rompedor de muertes y de palabras trepa al oro escarpado
lleno de ruidos
como una selva virgen...
Gui Rosey
Los sentidos
El brazo nebuloso de la naturaleza amontona los olores de la tarde en la carroza extinguida del crepúsculo. Fatiga de la tempestad enganchada que relincha a las estrellas. Marino de las nieves y de los trigos, el silencio, y el pájaro cuya jaula será de mimbre y el mimbre de ondas y de colores. Pintura musical.
Vía azul de las voces lejanas, todos los caminos de la noche salen a unir los mundos. Todos los caminos no son de este mundo, pero se asemejan entre ellos como lo invisible y lo visible y las divinidades estelares.
Más allá de los espejos. Desenlace del porvenir entrevisto por el ojo de una cerradura. Vejez ínfima o infinita, suenas medianoche. La carpa destinada al sortilegio de las aguas habla de oro ahora que el céfiro de las hadas es el lenguaje de las flores y que la historia del cielo revive en la novela que la lluvia escribe sobre la tierra.
Tristeza irreversible, todos los sentimientos, todos los matices del corazón, pasan por los brazos de la nautraleza. Todas las maldiciones, todas las declamaciones del corazón, pasan por el cerebro de la naturaleza. Y todo se pierde como el anillo de las bodas eternas con la esperanza.
Gui Rosey
Ilustración de portada: Dibujo de Francis Picabia
FIN

