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Libro N° 15473. Poesía Polaca Contemporánea. Iwaszkiewicz, Przyboá, Rózewicz, Herbert, Szymborska, Grochowiak y Bialoszewski

Guillermo Molina Miranda agosto 12, 2026


© Libro N° 15473. Poesía Polaca Contemporánea. Iwaszkiewicz, Przyboá, Rózewicz, Herbert, Szymborska, Grochowiak y Bialoszewski . Emancipación. Agosto 15 de 2026

 

Título Original: © POESÍA POLACA CONTEMPORÁNEA. Iwaszkiewicz, Przyboá, Rózewicz, Herbert, Szymborska, Grochowiak y Bialoszewski

 

Versión Original: © Poesía Polaca Contemporánea. Iwaszkiewicz, Przyboá, Rózewicz, Herbert, Szymborska, Grochowiak y Bialoszewski

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/poesia_polaca-31.pdf


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

POESÍA POLACA CONTEMPORÁNEA

Iwaszkiewicz, Przyboá, Rózewicz, Herbert, Szymborska, Grochowiak y Bialoszewski


Poesía polaca contemporánea

Iwaszkiewicz, Przyboá, Rózewicz, Herbert, Szymborska, Grochowiak

y Bialoszewski.

 

Selección, traducciones y notas de

Krystyna Rodowska

 

 

 

 

 

Universidad Nacional Autónoma de México

 

Coordinación de Difusión Cultural

Dirección de Literatura

México 2008


Índice

Nota introductoria                                   4

Jaroslaw Iwaszkiewicz                              5

Principium Individuationis                     6

El viejo poeta                                        6

Julián Przybos                                         10

Hacia la montaña                                11

Notre Dame                                        11

La Catedral en Losan                          12

Madrugada de Abril                            13

Tadeusz Różewicz                                    14

Vi a unos locos                                   15

La espina                                            15

En la mitad de la vida                          16

Las formas                                          18

Cuento sobre las viejas feas                 19

Zbigniew Herbert                                    22

Jonás                                                  23

Petrificados pero vivos                        24

¡Jamás ángel!                                      24

El abismo del Señor Cogito                 25

Mensaje del Señor Cogito                    26

Wislawa Szymborska                              28

Nada dos veces                                   29

Dos monos de Breughel                       30

Bajo una estrella                                 30


Utopía                                                31

Stanislaw Grochowiak                           33

La separación                                      34

Irse desnudando hacia el sueño            35

Hombría                                             36

Cuando no quede nada                        36

Miron Białoszewski                                 38

Verde ergo es                                      39

Testimonio del sueño                          39

Qué fácil perder la fe                           40

Mironpena                                          40

Autorretrato vívido                              41

A través del vidrio                               42



Nota introductoria

 

 

Esta breve antología de la poesía polaca contemporá-nea aparece en un terreno virgen, alejado de cualquier contacto que no fuera obviamente casual con la poesía polaca del pasado y del presente. Solamente unas po-cas personas de la “élite” han oído hablar o han leído los textos traducidos a otros idiomas de Adán Mickie-wicz, Zbigniew Herbert o Czeslaw Milosz; de este último, gracias al hecho de que reside en los Estados Unidos. Algunos estudiosos quizá conocen el número especial de la “Unión” cubana, publicada por Casa de las Américas en 1970, dedicado a la literatura polaca, donde aparece también una antología de la poesía con-temporánea, hecha en colaboración con los poetas cu-banos.

Ante esta situación, he decidido presentar por lo menos los principales momentos de la poesía polaca del siglo XX; es decir, los fenómenos personales y los enfoques poéticos del mundo que siguen siendo vitales desde la perspectiva actual. Sin embargo, en el caso de una poesía casi totalmente desconocida por el lector mexicano, los poemas abandonados a sí mismos —yo creo— se “defienden” débilmente. Por esta razón los acompaño con notas que en realidad se encargan tam-bién de llenar —por lo menos en una pequeña parte—este vacío de información histórica y crítica.

 

 

Krystyna Rodowska


Jaroslaw Iwaszkiewicz

 

 

 

JAROSLAW IWASZKIEWICZ nació en Varsovia el 20 de febrero de 1894 y murió en la misma ciudad en marzo de 1980, en Ucrania. Poeta, novelis-ta, cuentista, dramaturgo, crítico de literatura y de música, ensayista. Traductor de Shakespeare, Andersen, Kirkegaard, Rimbaud, Claudel, Gide, Giraudoux, Pablo Neruda, Czechow y Tolstoi. Fue presidente de la Unión de Escritores Polacos y dirigió la revista Twórczosc (Creación). Renunció a hacer una lista de sus principales obras, porque ésta resul-taría larguísima. Me limito sólo a mencionar que Iwaszkiewicz no es totalmente desconocido en México, donde se publicaron dos traduccio-nes de sus libros: Chopin, en 1948 (SEP) y Madre Juana de los Ángeles, en 1977 (Era).

Iwaszkiewicz es un personaje gigantesco y total que no deja de asom-brar a sus contemporáneos. Su vasta cultura literaria y musical, su conocimiento de varias filosofías y literaturas europeas —sin hablar del conocimiento de varios idiomas de este mundano, diplomático y viajero incansable—, el ejercicio ininterrumpido de diversas disciplinas literarias, su profundo humanismo, el culto firme a la individualidad de raíz romántica, la preocupación por lo dramático y lo misterioso en la existencia, hacen de este longevo escritor, nacido a finales del siglo XIX, uno de los grandes presentes de la literatura polaca contemporánea. La actividad creadora de Iwaszkiewicz durante sus últimos años, junto con su rara capacidad de evolucionar, parecen verdaderamente inagotables.

Debutó como poeta en 1919 con su libro Las octavillas. Junto con los otros poetas del grupo “Skamander”, forjó los principios de una nueva poética abierta a las inspiraciones de varias culturas y varias tradiciones, tanto a la estilización como a la “cotidianidad” concebida como un valor vital y estético de una poesía que tenía que superar las exaltaciones verbales del expresionismo desmesurado del periodo del modernismo.

Los dos poemas que aquí se incluyen pertenecen a un Iwaskiewicz tar-dío —”El viejo poeta” forma parte de su último libro de poemas. El mapa del tiempo—, que supo renunciar a las tentaciones de una orna-mentación refinada, expresando en una forma densa y despojada la esen-cia del drama existencial del hombre.


Principium individuationis

 

¿Dónde está la granada cuya semilla soy yo?

 

¿Y dónde el melón del que soy rebanada?

 

¿El filo del cuchillo de plata por qué me ha cortado?

¿Crecerá el árbol de la semilla?

¿Late la vida en la rebanada?

 

El cuchillo me penetra en cada instante. A mis gritos responde el silencio.

 

 

 

El viejo poeta

 

I

 

El poeta dice:

Mujer, ¿no ves estas dos moscas inmóviles sobre la repisa de la ventana

matadas con el insecticida?

 

No valen más para el universo que nuestros queridos perros

muertos que yacen bajo esta piedra.

 

¿Recuerdas la palabra “Tropka” cuando le decíamos algo

y él no entendía

arrugaba la frente, se concentraba y no entendía?

 

Era un animal


Mira, nos hablan nubes auroras estrellas vientos

y tampoco entendemos

 

Nos hablan espacios celestes

árboles que florecen hablan flores

crecen

y hablan

y no entendemos Así será

Nos quedaremos en el universo cual dos moscas muertas

dos perros tirados cual dos puras nadas Ellos también amaban y querían entender

 

II

 

El poeta dice:

Mujer, ¡no te vayas!

¡Quédate un rato conmigo!

 

Es que deseo estar solo y si tú te vas

acudirán todos ellos

 

Vendrá Tuwim1

con una rama de grandes manzanas como la que se había llevado

de nuestras bodas de plata


1 Julian Tuwim (1894-1953). Uno de los creadores del grupo “Skaman-der” que dominaba el panorama de la poesía polaca en los años veinte. Autor de muchos libros de poesía, investigador y renovador incansable del idioma polaco. Famoso por sus poemas para niños. Traductor de la poesía rusa y francesa.


En seguida vendrá Czeslaw2 tan jovencito como aquel día en que llegó de Wilno

con las palabras “le adoro”

 

Llegará Tolek3

el mismo de antes, cuando contaba en Aída4 las fábulas a Marysia5

Acudirá Olek6 con su loro llegará la mariposa

que un día ha penetrado en nuestro dormitorio Era grande y rarísima

 

Se poblará el mundo alrededor de nosotros

 

No te vayas quédate conmigo

Porque quiero estar solo Totalmente solo

 

III

 

El poeta dice:

Mujer, éramos jóvenes,

hemos visto el océano en Skagen y Barcelona

y Mattehorn y Dent du Midi teníamos amistades


2 Czeslaw Milosz (1911-2004). El más destacado representante de la llamada “Segunda Vanguardia de Wilno”, en los años treinta. Poeta, ensayista, novelista. Traductor de la poesía anglosajona al polaco y de la poesía polaca al inglés. A partir de 1951 permaneció en los Estados Unidos. Fue profesor de la Universidad de Berkeley.

3 Antoni Slonimski (1895-1976), junto con Jaroslaw Iwaszkiewicz, Jan Lechon, Julian Tuwim y Kazimierz Wierzynski, uno de los fundadores del grupo “Skamander”. Poeta, dramaturgo, crítico de teatro.

4 El nombre de la residencia del joven Iwaszkiewicz y de su esposa, cerca de Varsovia.

5 La hija mayor de Iwaszkiewicz.

6 Amigo del poeta, músico


conversábamos con Lechon7 con Witkacy8 y con Sartre nos encantaba Proust

leíamos el Núcleo de la oscuridad Ana Karénina

Las cenizas9

Y ahora estamos viejos y solos

Peleamos seguimos buscando los libros perdidos

 

pañuelos cerillas anteojos

 

Y cuando estemos ante el Señor de la Nada

de nada nos servirá

haber bailado en las bodas campestres y en los salones del rey

 

Y nadie preguntará por nuestras moscas nuestros perros

nuestros libros perdidos nuestros pañuelos

 

y anteojos

 

 

 

 

 


7 Jan Lechon (1899-1966, en Nueva York). Poeta, ensayista y diplomático.

8 Stanislaw Ignacy Witkiewicz, pintor, filósofo, teórico de teatro y dra-maturgo polaco de fama mundial, conocido en Polonia bajo el nombre de “Witkacy”. Al enterarse de que los alemanes invadieron el país, se dispa-ró un tiro en 1939.

9 El título de la novela de Stefan Zeromski, el más grande novelista polaco en el periodo del modernismo (La joven Polonia). Epopeya del destino nacional en los tiempos napoleónicos.


Julian Przyboś

 

 

 

JULIAN PRZYBOŚ nació el 5 de marzo de 1901 en Gwoznica y murió el 6 de octubre de 1970 en Varsovia. Poeta y ensayista, teórico y animador del grupo de la “Vanguardia de Cracovia”, que surgió en los años veinte y tuvo una enorme influencia en las generaciones literarias posteriores que todavía no se ha extinguido. Debutó en 1925 con un libro de poemas. Los tornillos. Sus principales libros de poesía: Mientras vivimos (1944), Lo mínimo de las palabras (1956), Instrumento hecho de luz (1958) y Poesías escogidas (1969).

De origen campesino, soñaba en unir las profundas transformaciones sociales con la revolución en el terreno de la imaginación. Fue un poeta de la materia encendida por la fuerza de la visión, del paisaje de las montañas y de las catedrales, de una dialéctica sorprendente de las altu-ras y las profundidades. Amante del día y de la primavera, de todo lo que crece y se desborda. El poema —igual que para el otro “creacionista”, que Przyboś seguramente desconocía, Vicente Huidobro— era un acto de creación, totalmente autónomo frente a la convención de un lenguaje tradicional, descriptivo y anecdótico. Para cada situación se requiere un nuevo enfoque lírico que la descubra —afirmaba Przyboś, mostrándose fiel a lo largo de su obra a esta consigna vanguardista. Proclamaba la economía de los medios de construcción, el rigor y el antisentimenta-lismo. El sentimiento, la pasión —si la es verdaderamente— cambia la manera de percibir el mundo, es decir, se integra en su expresión lírica. El poema Catedral en Losana es el recuerdo de un amor que crea una nueva visión de la catedral, de “la misma pero no idéntica”, de la “que no es más que real”, sin unos ojos “que la habían llenado de luz”. Los ver-bos preferidos de Julián Przyboś, “veo”, “oigo”, reflejan el voluntarismo apasionado de este demiurgo, tal vez el último grande de la poesía polaca contemporánea que haya confiado hasta tal punto en el poder del “ins-trumento hecho de luz”.


Hacia la montaña

 

1

Arrojé la ciudad como una piedra detrás de mí

y antes de que cayera abrí mis oídos.

La montaña: recién articulado el silencio del mundo.

2

El exceso de la tierra invadió el cielo.

El horizonte

circula por encima de mi frente y pesa cada vez más.

Con la fuerza de dos manos cargo mi cabeza.

 

Como si me hubiera aplastado la cumbre caída de la tierra.

 

 

 

Notre Dame

 

¡Y el espacio brotó

de un millón de dedos unidos para rezar!

Pero el terror puntiagudo me hundió

en su Entraña.

Escarnecido y despreciado por las quimeras con su boca abierta por la lluvia

me pregunto: ¿Quién soy yo vivo al pie de los pilares?

Estos muros desprendidos de la roca se levantan del sarcófago, sus quijadas se alzan por encima de mí.


¿Quién estremeció las tinieblas?

¿Quién las plegó? ¿Quién las abrazó?

 

Ya sé. Las cruces sujetadas

a sus Cristos hay que convertirlas en andamios verticales con sus peldaños, igualar la voluntad con el azul más hondo del cielo,

y a la propia muerte

hay que clavarla con el rayo del gótico—

 

—arriba en la piedra angular

palpita el vuelo atrapado de las flechas—

 

Perduro bajo el trueno de las piedras que suben siempre, implacablemente, hasta que de repente el vértigo

las haga precipitarse en el fondo

de dos torres dos honduras detenidas.

¿Quién concibió ese abismo?

¿Quién lo expulsó hacia arriba?

 

 

 

La catedral en Losana

 

Para recuperar la inspiración

capaz de confesar el oculto amor, remoto, a punto de desaparecer,

se necesitaba una catedral. La estoy mirando: tus ojos la habían llenado de luz,

detenida en sus arcos.

Así se creó el espacio. Lo ha bordeado la piedra inmovilizándolo.

 

El tiempo pesaba como una roca.

Lo levanté en vilo, estoy de nuevo aquí, resucité por un instante y otra vez estoy


como había estado, ocurro en lo antes ocurrido.

Veo: el espacio luminoso se vino abajo, quebrándose,

con mis pasos resuenan las piedras, otras y otras más,

la nave regresa a la roca.

La misma y no la idéntica catedral, la de cuya luz se apoderó el muro está aquí

y ya no es más que real.

 

Aplastado por las piedras contemplo la nada.

 

Es tan palpablemente inconcebible

la catedral como el peso de la montaña sobre el pecho, como la derrota.

La contemplo hasta que el arco más alto se arrodille ante mi tristeza.

 

El corazón de una campana tembló, empezando a latir, rítmicamente.

 

 

 

Madrugada de abril

 

Los árboles —cunas del espacio—columpiaron el cielo en los prados.

Madrugada en el jardín, madrugada

volante, madrugada por encima de nosotros, tiempo es ya

de que surja el sol.

 

¡Quítale, esposa, pañales de sombra, a esa criatura desnuda

que por primera vez al mundo, a nosotros, tan soberanos, mira!


Tadeusz Różewicz

 

 

 

TADEUSZ RÓŻEWICZ nació el 9 de septiembre de 1921 en Radomsk. Dramaturgo, cuentista, autor de guiones de cine. Poeta de una ruptura tajante con la tradición, ha revisado el concepto mismo de poesía y su razón de ser. Es una personalidad determinante para la evolución de la poesía polaca después de la segunda guerra mundial.

Sus principales libros de poesía: La inquietud (1947), La llanura (1954), El poema abierto (1956), Conversación con el príncipe (1960), La voz de un anónimo (1961), La rosa verde (1961), El rostro tercero (1968), Regio (1969) y Una pobre alma (1976), Diario dramático (1979), En la superficie del poema y en su interior (1983), Deslumbra-mientos (1987), Palabra tras palabra (1994), Siempre un fragmento (1998). En México es conocido sobre todo como autor de obras de teatro, tales como El fichero y La vieja mujer empolla, traducidas al español y puestas varias veces en escena.

El joven Różewicz vivió en propia piel la experiencia de su genera-ción, llamada “la generación del Apocalipsis”. Vivió verdaderamente “un fin del mundo”, que siempre puede repetirse, y al verse salvado no pudo evitar plantearse una pregunta dramática: frente a la verdad terrible del homicidio ¿qué puede la cultura, la poesía, con todas sus reglas del juego y sus “bellas mentiras”? La respuesta sólo pudo ser negativa y Różewicz ha proclamado su famoso veredicto: “la poesía está muerta”. En otras palabras, si la poesía quiere salvar su vida, tiene que acabar con una poesía de ayer, con la buena conciencia de los señores y las señoras poetas. Ya no era posible creer en la palabra bella y metafísica. El único camino era el de la antipoesía. Esta nueva actitud, la nueva conciencia del poeta, tuvo que buscar nuevos medios de expresión. De ahí viene la práctica de la palabra despojada de cualquier adorno, la poética de repor-taje, de diálogo o de monólogo interior; el desprestigio de la metáfora.

En toda la obra de Różewicz —autor que está evolucionando hasta hoy— se percibe una oposición dramática entre el mundo de la cultura y el reino feroz de la biología. De un lado la Arcadia añorada del arte (Różewicz estudió la historia del arte), del otro, la verdad cruda, definiti-va de la carne humana. El Coliseo, Venecia, los encantos de la pintura italiana, evocados en su largo poema-reportaje “Et in Arcadia ego” y la memoria atroz de la historia irreparable. Różewicz, dando la espalda a los valores estéticos, opta por una ética desilusionada y sin mística. Considera que “el poeta del basurero está más cercano a la verdad que el poeta de las nubes”. De ahí viene su afirmación de los valores cotidianos, a “las viejas feas malignas”, a las “viejas que empollan”, porque —según el poeta— son ellas las que encarnan la verdadera sabiduría de la vida.

Después de publicar Regio, la palabra poética de Różewicz no ha cesa-do de erotizarse, es decir, de volverse Cuerpo. El cuerpo como cárcel y liberación, origen y anunciación del final, instrumento de goce y objeto de descomposición. Różewicz partió del cuerpo-carne sangrienta y humi-llada por la muerte para llegar al cuerpo-amor, al desnudarse furtivo y condenado al olvido de los amantes. En este terreno, Różewicz, maduro, está buscando la trascendencia


Vi a unos locos

 

Vi a unos locos

caminaban por la superficie del mar creían hasta el final

y se ahogaron

 

aún hoy voltean

a mi insegura barca

rechazo estas manos sepulcrales

yo cruelmente vivo

 

las rechazo año tras año

 

 

 

La espina

 

no creo

no creo desde que abro los ojos hasta cerrarlos

 

no creo desde una orilla hasta la otra

de mi vida

no creo

con la misma profundidad con que mi madre

creía

no creo

al comer pan al beber agua

al amar un cuerpo

no creo

en sus templos

en sus curas en sus signos


no creo

al pasar por la calle de una ciudad por el campo

bajo la lluvia en el aire dentro del resplandor de la anunciación

 

leo sus parábolas

rectas como la espiga del trigo y evoco a un dios

que no sabía reír

pienso

en un dios

pequeño y sangrante que yace

en los blancos lienzos de la infancia

pienso

en una espina que desgarra nuestros ojos nuestras bocas ahora

y en la hora de la muerte

 

 

 

En la mitad de la vida

 

Después del fin del mundo después de mi propia muerte

me encontré en la mitad de la vida construyéndome

construyendo la vida

los seres los animales los paisajes

 

esto es una mesa —decía—esto es una mesa

sobre la mesa pan y cuchillo cuchillo para cortar pan

pan —alimento del hombre


al hombre hay que amarlo

—aprendía día y noche—

¿a quién debes amar?

yo contestaba: al hombre

 

esto es una ventana —decía—esto es una ventana

detrás de la ventana hay un jardín en el jardín veo un manzano

el manzano florece pierde flores

se forman frutas maduran

mi padre arranca una manzana

el hombre que arrancó la manzana es mi padre

me senté en el umbral esta anciana que pasa

arrastrando una cabra amarrada

vale más que siete maravillas del mundo

 

quien piensa y siente lo contrario

asesina a la humanidad

 

esto es el hombre árbol esto es

pan

 

los humanos comen para vivir

—me estaba repitiendo—

la vida humana es importante la vida humana tiene peso

el peso de la vida

vale más que todas las cosas creadas por los seres humanos

el hombre es un tesoro insistía—


esto es agua —acariciaba su superficie con las manos dialogaba con el río

agua —decía—agua buena

soy yo

 

el hombre le hablaba al agua le hablaba a la luna

a las flores de la lluvia a la tierra bajo sus pies a los pájaros

y al cielo

no le contestaba el cielo se quedó callada la tierra si oyes una voz brotando

de la tierra de los ríos del cielo es una voz gemela

del otro

 

 

 

Las formas

 

Las formas de antaño muy bien ordenadas y dóciles, siempre dispuestas a soportar

el largo de la materia muerta del poema, asustadas por el fuego y el hedor de la sangre rompieron filas y corrieron al azar

 

y ahora

invaden a su creador

lo desgarran lo arrastran por largas calles

que ni siquiera recuerdan los desfiles

de todas las orquestas escuelas procesiones

 

hinchada de sangre carne que todavía respira


les sirve de alimento

a aquellas formas perfectas aprietan tan fuerte

 

su botín

que ni siquiera se salva el silencio

 

 

Cuento sobre las viejas feas

 

me gustan las viejas las viejas feas malignas

ellas: sal de la tierra

no les da asco la basura humana

 

son ellas que conocen el revés de la medalla

del amor de la fe

las viejas vienen y van

mientras los dictadores se hacen los graciosos

mostrando sus manos en sangre

 

las viejas feas se levantan junto con el sol

compran carne frutas pan lavan hacen la cocina

se quedan en las calles con brazos cruzados y se callan

 

las viejas

son inmortales


Hamlet se agita dentro de su red Fausto hace un juego vil y ridículo Raskolnikov bate con su hacha

las viejas son irrebatibles sonríen levemente

 

muere el dios

las viejas se levantan sin hacerle caso cada día

compran pan vino pescado se muere la civilización

las viejas se levantan junto con el sol abren las ventanas

tiran la basura

se muere el hombre las viejas

lavan al difunto entierran a sus muertos siembran flores

sobre sus tumbas

 

me gustan las viejas las viejas feas malignas

 

creen en la vida eterna ellas: sal de la tierra corteza del árbol

mirando con sus ojos de humildes bestias

 

cobardía y heroísmo grandeza y mezquindad

a todo le dan una dimensión

 

conforme a las exigencias del día de su día cotidiano

 

sus hijos descubren América perecen en las Termópilas


crucificados se desangran conquistan el Cosmos

 

las viejas salen a las calles junto con el sol compran leche pan carne todavía falta pimienta para el guiso

las viejas abren las ventanas

sólo los tontos se ríen de las viejas

de las viejas feas malignas

 

porque ellas son mujeres hermosas

las buenas viejas hermosas

 

como huevos secretos sin misterio

bolas rodando incansablemente

 

las viejas son momias

como de gatos sagrados

 

pequeñas

todas arrugadas

y cada día más secas manantiales frutas

o gordas

budas ensimismadas

 

cuando mueren se les escapa

una pobre lágrima juntándose con una sonrisa feliz

de jovenzuela


Zbigniew Herbert

 

 

ZBIGNIEW HERBERT nació el 29 de octubre de 1924 en Lwow y murió en Varsovia el 28 de julio de 1998. Publicó sus primeros poemas en 1948, pero su verdadero debut tuvo lugar en 1956 (durante el periodo de la dominación del realismo socialista guardó silencio). Es también ensayis-ta, autor de obras teatrales, traductor de poesía. Ha sido traducido a varios idiomas, entre otros al inglés, francés, alemán, ruso.

Sus principales libros de poesía: La cuerda de la luz (1956), Hermes, el perro y la estrella (1957), Estudio del objeto (1961), Inscripción (1969), Poesías escogidas (1971) y Señor Cogito (1974), Informe desde la ciu-dad sitiada y otros poemas, publicada en 1984 es un alegato contra los problemas de una sociedad, la polaca, bajo la ley marcial..

Toda la obra de Herbert es una defensa apasionada de la historia y de la cultura, hecha no desde el punto de vista del esteta y erudito, sino de un moralista inquieto, deseoso de salvar ante todo la dimensión humana de sus contemporáneos. Herbert inició su obra poética bajo el signo de las mismas experiencias de Tadeusz Różewicz, pero ha sacado de ellas conclusiones diferentes. Para él, sí es posible “volver a ofrecer al traicio-nado mundo una rosa”, y hacerlo “con una gravedad mortal”. Para el poeta el fracaso moral y la pérdida del sistema de valores del hombre europeo después de la guerra es una razón más para buscar el apoyo en la gran herencia común de la cultura mediterránea. Nadie más en la poesía polaca contemporánea ha sido tan consciente de que este mundo, “petri-ficado” en los libros de texto y en los museos, representa un punto de referencia, una raíz, en fin, nuestra riqueza que sigue siendo válida. Al reintegrar a los dioses y a los héroes antiguos en el mundo contemporá-neo, Herbert les quita su solemnidad de momias sagradas del pasado, su Jonás “se muere de cáncer en un hospital” y el Fortinbrás de su poema-diálogo con Hamlet, ya muerto tiene rasgos de un príncipe del siglo xx.

En toda la obra de Herbert existe una tensión dialéctica entre lo concre-to y lo abstracto, entre lo particular y lo universal. No obstante, si este poeta vuelve a recurrir a “las grandes palabras humanas”, el desmitifica-dor que hay en él no deja de luchar con el mitólogo y esta lucha constan-te le confiere a su poesía un tono particularmente dramático. En este mundo el sufrimiento adquiere un valor supremo. Al hombre —dice Herbert— no le queda más que un heroísmo cotidiano, humilde y estoi-co, no le queda más que saber convivir con el abismo, “justo a su medi-da”, que de todas maneras lo devorará.


Jonás

 


 

 

 

Jonás hijo de Amiar


Y preparó el Señor un pez grande

para que tragara a Jonás.


huyendo de una misión peligrosa tomó un barco que iba

de Jope a Tarsis

lo que sucedió después es bien sabido viento terrible, tempestad

los tripulantes arrojan a Jonás en las profundidades

el mar se levanta por su propia furia viene el pez profético

tres días y tres noches reza Jonás en su vientre por fin el pez lo devuelve a tierra firme

un Jonás contemporáneo se sumerge como piedra si le toca una ballena

no tiene ni tiempo para un suspiro

en el caso de que se salve actúa con más astucia que su compañero bíblico nunca más se encarga

de una misión peligrosa se deja crecer la barba y lejos del mar

lejos de Nínive

escondiéndose bajo un falso apellido se vuelve comerciante de ganado

y de objetos antiguos

los agentes de Leviatán no rechazan los sobornos

no sienten el soplo del destino son empleados de la casualidad


en un hospital bien limpio Jonás muere de cáncer sin darse cuenta

de quién había sido

 

puesta sobre su frente se apaga la parábola

el bálsamo de un relato bíblico nada puede con su cuerpo

 

 

Petrificados pero vivos

 

Tridimensionales ilustraciones en los lamentables libros de texto. Mortalmente pálidos, con la cabellera enveje-cida, el carcaj vacío y el torso eternizado. Inmóviles en estas islas estériles, entre piedras vivas, bajo un cielo frondoso. Simétrica Afrodita, Júpiter por perros aulla-do, Baco embriagado con yeso. Oprobio de la natura-leza. Herpes de las alamedas.

Los verdaderos dioses sólo por un momento y sin gusto se incorporan en la piedra. Su poderoso ministe-rio encargado de producir truenos, tormentas y albora-das, plagas y lluvias de oro, exigía extraordinaria movilidad. Huían de las ciudades calcinadas. Sobre una ola servicial navegaban hacia lejanas islas. Pordio-seros harapientos, borraban fronteras de tiempos y civilizaciones.

Perseguidos y perseguidores, sudados, gritones, en una imparable carrera hacia la huidiza humanidad.

 

 

 

¡Jamás Ángel!

 

Si después de la muerte quieren convertirnos en una miserable flamita que divaga en los senderos de los vientos, hay que rebelarse. ¡Para qué el descanso eter-no en el seno del aire, a la sombra de la amarillenta


gloria, entre los balbuceantes coros bidimensionales! Hay que incorporarse a la piedra, al árbol, a la hendi-dura de la reja del jardín. Más vale ser rechinar del piso que horror transparente de perfección.

 

 

 

El abismo del señor Cogito

 

En casa no hay peligro pero detrás del umbral

cada vez que el Señor Cogito sale por la mañana a pasear se abre delante de él

un abismo

no el abismo de Pascal

tampoco el despeñadero de Dostoyevski es un abismo

justo a la medida del Señor Cogito

su calidad particular:

nada insondable ni aterrorizador

lo sigue como si fuera una sombra lo espera frente a la panadería

en el parque junto con el Señor Cogito por encima de su hombro

lee el periódico

 

molesto como un tumor apegado como un perro

y ni siquiera tan profundo para absorberlo con la cabeza las piernas y las manos

 

un día

el abismo tal vez se haga más grande más maduro

se ponga serio


¡ay si se supiera qué agua darle con que semilla alimentarlo!

 

ahora

basta con que el Señor Cogito recoja un puñado de arena para taparlo

sin embargo no lo hace al regresar a casa

deja al abismo tranquilo detrás del umbral ocultándolo cuidadosamente con un viejo trapo

 

 

 

Mensaje del señor Cogito

 

Ve sigue a los otros los que alcanzaron su oscura meta, vellocino dorado de la nada —tu premio final

Levanta la cabeza entre los que andan arrodillados o dan la espalda

entre los que yacen

 

No has sido salvado para vivir

poco tiempo te queda da tu testimonio

 

Se valiente si la razón te falla

al fin de cuentas sólo cuenta eso Que tu inválida Ira sea como un mar

cada vez que oigas las voces abatidas de los torturados que no te abandone tu hermano el Desprecio

frente a espías verdugos y cobardes

 

serán ellos los que ganarán

con un profundo alivio arrojando tierra sobre tu ataúd


el gusano no faltará para corregir tu biografía

 

y no perdones no tienes el poder

de perdonar en nombre de los traicionados en la luz del alba

 

pero líbrete dios del menor orgullo en el espejo contempla tu cara

de payaso repitiéndote: he sido llamado

¿no había mejores que yo?

 

guárdate de ser árido ama los manantiales de la primera luz las desconocidas aves

y robles del invierno

 

un brillo sobre el muro un esplendor del cielo no necesitan calor de tu aliento

nada más dicen esto: no tienes remedio

 

y no te duermas si una luz en los montes te llama: levántate sigue

hasta que en el pecho la sangre conmueva tu oscuro astro

 

repite los antiguos conjuros humanos las fábulas las leyendas

así conseguirás el bien que nunca será tuyo repite las grandes palabras repite insiste como los otros los que caminaban

por el desierto quedándose en la arena

por todo esto algo te darán

azotes de burla golpes de cuchillo

sigue —sólo así serás admitido

a la santa congregación de las calaveras

frías de tus ancestros —Gilgamés Héctor Rolando defensores del reino sin fin

de los muros en cenizas Se fiel Sigue


Wislawa Szymborska

 

 

 

WISLAWA SZYMBORSKA, poeta, traductora de poesía y periodista, nació el 2 de julio de 1923 en Bnin, cerca de Poznan. Reside desde hace años en Cracovia. Despertó el profundo interés de los críticos y los lectores con su tercer libro de poemas. Llamada a Yeti (1957), cuya publicación coincidió con la aparición de otros representantes de la generación de 1956. A partir de este tiempo vieron luz otros libros de poemas de Szymborska: Gran número (1976), Gente en el puente (1986), Fin y principio (1993), En el puente (1992), De la muerte sin exagerar (1996), No sé qué gente (1997), título que dio a su discurso cuando recibió el Premio Nobel de Literatura.

La finura de la palabra poética de Szymborska pierde mucho en la traducción al español. Su lenguaje tiene una vibración emocional e intelectual muy particular, debido a una mezcla de observaciones muy concretas, tomadas frecuentemente del mundo de la biología, y de un tono lírico sobrio, siempre atenuado por la ironía. Cada poema parece una joya, perfecta e irrepetible, que la poeta elabora con la máxima discreción. Szymborska suele partir de un dicho, de un giro coloquial, de una pequeña observación práctica o de un reflejo de sus lecturas, defor-mándolo, arrojando sobre este dato una nueva luz, siempre teñida de humor lingüístico. Una grave meditación filosófica sobre la situación del hombre contemporáneo, expresada a través de la danza de una sirena muda de Christian Andersen. Porque amar a la poesía —después de la lección de Tadeuz Różewicz— implica renunciar a la belleza demasiado “alta” de una poesía confiada en sí misma. Para expresar sus inquietudes de ser pensante y comprometido, Szymborska ha preferido olvidar su voz de concertista. No obstante, algunos de sus poemas, gracias a la sencillez y a la elegancia innata de la forma, han sido divulgados como poesía cantada y tuvieron mucho éxito en Polonia, como es el caso de Nada dos veces.


Nada dos veces

 

Nada ocurre dos veces y nunca ocurrirá.

Nacimos sin experiencia, moriremos sin rutina.

 

Aunque fuéramos los alumnos

más torpes en la escuela del mundo, nunca más repasaremos

ningún verano o invierno.

Ningún día se repite,

no hay dos noches iguales,

dos besos que dieran lo mismo, dos miradas en los mismos ojos.

Ayer alguien pronunciaba tu nombre en mi presencia, como si de repente cayera

una rosa por la ventana abierta.

 

Hoy, cuando estamos juntos, vuelvo la cara hacia el muro.

¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?

¿Es flor? ¿O tal vez piedra?

 

¿Y por qué tú, mala hora,

te enredas en un miedo inútil? Eres, pues estás pasando, pasarás —es bello esto.

 

Sonrientes, abrazados, intentemos encontrarnos, aunque seamos distintos como dos gotas de agua.


Dos monos de Breughel

 

Mi gran sueño de colegiala:

dos monos sentados atados con la cadena; afuera vuela el cielo, se está bañando el mar.

Paso un examen

de historia de la humanidad. Balbuceo y tropiezo.

Un mono me contempla y escucha con ironía,

el otro semeja dormir; pero cuando mi pregunta

se desvanece en el silencio, él me susurra algo

con un suave ruido de cadena.

 

 

 

Bajo una estrella

 

Perdona, azar, que te llame necesidad. Perdón, necesidad, si al tenerte me equivoco. Perdonen, difuntos, que apenas los recuerde.

Perdón, tiempo, por todo lo que se me escapa en un segundo.

Perdóname, viejo amor, que el nuevo me parezca el primero.

Perdónenme, guerras lejanas, por traer flores a casa.

Perdonen, heridas abiertas, que acabe de pincharme el dedo.

Perdónenme los que claman desde el abismo por escuchar ese disco de minueto.

Perdónenme, los que corren en las estaciones, por quedarme dormida al amanecer.

Perdón, esperanza azuzada, porque a veces estalle de risa.

Disculpen, desiertos, por no ofrecerles ni una gota de agua.


Y tú, halcón, idéntico desde siempre, enjaulado, que miras fijamente el mismo punto,

perdóname, aunque seas un pájaro embalsamado.

Discúlpame, árbol cortado, por las cuatro patas de la mesa.

Perdón, grandes preguntas, por darles respuestas fútiles.

Verdad, no me hagas demasiado caso. Trascendencia, muéstrate generosa.

Soporta tú, misterio del ser, que no haga más que deshilvanar tu solemne velo.

No me condenes, alma, por tenerte tan rara vez. Todo, perdóname si no estoy en todas partes.

Me disculpo frente a todo por mi incapacidad de ser cada uno o cada una.

Sé que mientras vivo, nada me justifica, pues yo mismo soy mi propio obstáculo.

Lenguaje, no me tomes a mal por servirme de tus patéticas palabras

y luego empeñarme en que parezcan ligeras.

 

 

Utopía

 

Una isla donde todo se aclara.

Ahí se pisa la tierra firme de las pruebas.

Hay un solo camino, el de la llegada.

Los arbustos encorvados se pliegan bajo el peso de las respuestas.

Ahí crece el árbol de la Hipótesis Adecuada con las ramas desenredadas desde siempre.

El árbol de la Comprensión, deslumbrante, recto, junto al manantial que susurra: “Es así.”

Más se interna en el bosque, más se abre el Valle de la Obviedad.

Si surge una duda, la desvanece el viento.

El eco, sin que nadie se lo pida, toma la palabra con ganas,

y aclara los misterios del mundo.


A la derecha, una cueva donde hay sentido.

A la izquierda, el Lago de la Profunda Convicción.

La verdad se desprende del fondo y ya flota en la superficie.

La Seguridad Intocable domina el Valle.

Desde su cumbre se contempla la esencia de las cosas.

 

A pesar de tantos atractivos la isla está despoblada, y las pequeñas huellas de los pies, reconocibles

en la orilla,

se dirigen todas, sin excepción, al mar. Como si sólo se hubieran ido desde allí para volver a sumergirse, sin remedio, en una vida inconcebible.


Stanislaw Grochowiak

 

 

 

STANISLAW GROCHOWIAK, poeta, dramaturgo, cuentista, novelista, crítico de poesía, autor de guiones de cine y de estupendos poemas para niños, nació el 24 de enero de 1934 en Leszno —región de la Gran Polonia— y murió el 2 de septiembre de 1976 en Varsovia. La muerte prematura de Grochowiak privó a la cultura polaca de uno de sus creadores más in-quietos y multifacéticos.

Grochowiak era una personalidad misteriosa y obsesionante. Un poeta inspirado y maldito, de la más pura cepa romántica. Vivió intensamente, sin tomar precauciones, precipitando él mismo su muerte a través del alcoholismo.

Balada caballeresca, Minueto con atizador, Irse desnudando hacia el sueño y Las uvas espinas, cambiaron totalmente el paisaje de la poesía lírica al final de los años cincuenta. Contra el optimismo obligatorio del periodo anterior, Grochowiak reaccionó con una poesía trágica, oscura y estetizante que exaltaba los aspectos antes descuidados del hombre: su naturaleza biológica y erótica, su relación con las cosas feas, triviales e incluso repugnantes, expresada en un lenguaje sofisticado. En este senti-do, Grochowiak, atacado muchas veces por el poeta de la visión diáfana del mundo, Julián Przyboś, es un continuador de la línea baudeleriana. Poeta de desnudos, de naturalezas muertas, de “lecciones de anatomía”, de sonetos blancos, grises y pardos, de haikus, Grochowiak es un pintor fascinado por la densidad de la materia, que se asoma a la metafísica sólo a través de aquélla.

“Al país del moho —mi oscura patria— se entra por el amor” confiesa Grochowiak en uno de sus poemas más bellos. El amor, más bien el erotismo del poeta, es un reverso de su obsesión de la fealdad y de la muerte, que a fin de cuentas no es más que un “irse desnudando hacia el sueño”. La idea par excellence barroca: la muerte es una prolongación metafísica del amor, y el amor, una iniciación en la muerte.

Grochowiak encontró en la poesía del barroco polaco una fuente inago-table de inspiración. Este gran conocedor de, la poesía medieval y barro-ca en Polonia y en Francia, más bien merece el nombre de un enamorado que se arrodilla ante la tradición. Esta actitud lo llevó directamente a la estilización, al uso de las palabras arcaicas, al cultivo de unas rimas y ritmos perfeccionistas. Pero los viejos moldes se transforman bajo su mano alucinante y —según dice en uno de sus poemas publicados pós-tumamente— “a esta barca no le perjudica el rumbo”.


La separación

 

Debe haber una medianoche que ya no veré,

la medianoche del mundo y la de veinticuatro horas.

El tiempo y el espacio hilvanado con la única estrella,

bajo la cual tan sólo ha nacido la muerte.

El olor de la medianoche yace en los oídos de los muertos,

en las narices de perros pasmados, en el sinfín de la nieve

y en las medallas de porcelana por las que se asoman los niños, quietos al fin.

 

El sabor de la medianoche pegado a la mano aquella.

Cuando la toqué sabía a hierro bajo un soplo de frío.

Desde entonces huyo a media lengua, desde entonces

balbuceo.

 

 

 

para los amantes —el mismo afán que para los muertos

La alcoba del amor que sea velada con terror a Dios

Prohibido el acceso a los niños

Para los amantes —fúnebres en la dicha el mismo atuendo

Antes de que se tapien las puertas, se atranque la tierra,

el satín más pesado sobre sus cuerpos se corroerá


Irse desnudando hacia el sueño

 

Nos desplazamos juntos en esta cavidad disforme Ella alquitranada

Yo con vestido azul Ella enverdeciendo desde la calvicie

Aquí —indica—

el primerísimo clavo Aquí suspenderás

la cítara de tus dos manos

 

¿Y este jilguero

a lo mejor en ellas?

—Yo pregunto—

Ella sorda de ambas estrellas negras Aquí —indica—

el siguiente clavo

Aquí suspenderás el tul plateado de tus pulmones

¿Y esta rosa posiblemente en ellos?

—Yo pregunto—

Ella ciega de ambos oídos perfectos Aquí —indica—

el clavo para la cabeza Suspéndela suavemente el pico abajo

 

Y ya no pregunto Me quedo desnudo

con la aureola del Bautista por encima del cuello

de alambre


Hombría

 

Te escribo de nuevo una carta seria sobre la hombría

 

Sapiencia en cueros vivos cual un venado

chorreando sangre en la purísima nieve

Sapiencia triste como un peón

que lava sus piernas antes de marcharse al hospital

 

Sólo bomba de jabón repleta de risa

que revienta en medio de los funerales

 

Sin embargo la cabeza esta joroba peluda tiene su gran orgullo de un globo

sin par

Se refugia —si exterminio—en el cálido sótano

de llorosos labios

 

 

 

Cuando no queda nada

 

Te colocaré desnuda entre vanidades Habrá vestidos pesados como el agua Habrá medias con olor a manzana Habrá tocados de ala ancha

Habrá metal

 

Te tendré desnuda en el paisaje oscuro denso de candeleros, bronces y porcelanas de las cuales humee el ponche de vainilla


en las irritadas narices de los inmóviles galgos

 

Sintió esta necesidad Rembrandt cuando a Saskia pintaba y ella huía de su propia muerte

 

Como si quisiera impedirla con peso de racimos atraparla con eí resplandor de los candeleros


Miron Białoszewski

 

 

 

MIRON BIAŁOSZEWSKI nació en 1922 en Varsovia y murió el 17 de junio de 1983. Se dio a conocer como poeta en 1947, publicando sus primeros poemas en revistas literarias, luego se hundió en el silencio voluntario, absteniéndose de publicar hasta 1956, en un periodo estéril para la cultu-ra y hostil a cualquier clase de experimento.

Sus principales libros de poesía: Circulaciones de las cosas (1965), Balance de los antojos (1959), Las emociones desorientadas (1961), Érase y érase (1965) y Poesías escogidas (1967).

En 1970 apareció Diario de la insurrección de Varsovia y en 1971 el Teatro particular, donde recogió su obra teatral. En 1973 publicó el libro de narraciones Las denuncias de la realidad y en 1976, Susurros, fusio-nes, continuaciones.

Białoszewski, en todo lo que escribe, se revela ante todo como poeta. Es una poesía-juego, poesía-chiste, poesía-investigación de las cosas elementales, conscientemente pobre y aparentemente antipoética. Su enfoque del mundo se nutre libremente del “argot” de los suburbios de Varsovia y de las escenas cotidianas. Para él no hay terrenos indignos de ser explotados poéticamente, todo le sirve de material: el hecho de estar en la cama, el mirar por la ventana, una conversación furtiva con el amigo o la contemplación de una virgen o santa rústica en una pequeña iglesia de un pueblito. La poesía —para Białoszewski— surge del hecho mismo de que existimos y tratamos de definir —como si fuera por pri-mera vez— la relación entre yo-el mundo, yo-los objetos más cercanos, tales como estufa, piso, pared, cuchara o cobija. Todo es una buena oportunidad para encantarse, cualquier cosa es capaz también de trasmi-tir al poeta un mensaje filosófico, histórico o estético.

Desafortunadamente, la mayoría de los “susurros, fusiones y denuncias de la realidad” de Białoszewski resultan casi intraducibles, aunque, paradójicamente, este poeta es últimamente muy traducido al inglés y al francés. Se tendría que inventar otro idioma español, una rama fresca de este idioma-árbol, que quizás todavía no existe —aunque pueda salir de un tronco tan robusto como César Vallejo—, en fin, intentar dar unos equivalentes de la escritura de Białoszewski. Para dar por lo menos una idea de lo que hubiera podido representar este intento, me atreví a ofrecer un equivalente breve del famoso poema Minonczarnia Mironpena.

Białoszewski —controvertido y comentadísimo— no tiene discípulos ni imitadores. Es irrepetible como un capricho sagrado de la naturaleza. En fin, su aspiración máxima es encontrar el único tono que haga borrar la frontera entre realidad y literatura, resaltando una manera de ser y de verse a sí mismo y a los demás. Una manera muy “aparte”, alejada de otros lenguajes poéticos.

En la portada de su último libro aparece un busto de Juan Sebastián Bach rodeado de flores y hierbas silvestres y metido en una simple carre-tilla de albañil. Me parece que el artista-grabador ha captado maravillo-samente la esencia del arte de Białoszewski.


Verde ergo es

 

eres... o no eres creer en ti o dudar

no importa de qué estás fabricado de qué quizás de nada

 

verde

con tu barniz de luna tu —paisaje invernal

un simple pedazo de loza apenas poblado

y frío

con sus adornos de árboles

y de niebla

al bordo

 

y mientras nada sé de ti

ni del gusano de minivacío que te muerde

no pienso llamarte nieve

ni extremidad de un pueblito ni fondo

de una noche de luna llena

 

puedes tocarme

el más bello preludio de la inquietud

 

 

 

Testimonio del sueño

 

Detrás de las cabeceras de las camas nosotros —barracas cinematográficas del sueño

 

No podemos ni silbar ni aplaudir


Lo único que ocurre

es que vociferamos en el lenguaje de los monos

—nuestro antiguo dialecto—las cosas más actuales

 

Y de veras, entonces estamos viviendo nuestra propia era

 

 

Qué fácil perder la fe

 

Vino el caballo y el carruaje. Los veo. Creo en ellos.

 

Está anocheciendo.

 

Vino el caballo y el carruaje.

Pero ya el caballo tenía otro caballo. Y el carruaje —otro carruaje.

Paseaban los grandes bultos de sus sombras

por las limas de las acacias.

Y ya era difícil creer

en caballo y en carruaje.

 

 

 

Mironpena

 

pena el hombre Mirón pena otra vez pende —

jo de las palabras incierto de quehaceres un ser es


Autorretrato vívido

 

Me miran.

Quiere decir que tengo cara.

De todos los rostros que conozco

del que menos me acuerdo es el mío.

A veces mis manos viven sin comunicarse.

¿Tal vez sea mejor no sumarlas?

¿Dónde están mis límites?

Pues lo que me encrespa

es el moverme o vivir a medias.

Sin embargo siempre se arrastra en mí diminuto o lleno

un atisbo del ser.

Cargándome cargo

un espacio propio a mí.

Si lo pierdo

significará que no existo.

No existo ergo no dudo.

 

 

las civilizaciones: cómo han vivido

las culturas: qué han pensado y sentido

y según Ludwik / un día vino y al quitarse el abrigo /:

la civilización ya lo sé es una mecánica de la vida

¿Y qué opinó sobre el arte?

/ eso ya hace un tiempo /

¿con qué

empieza?

con un primer gesto desinteresado


A TRAVÉS DEL VIDRIO

 

Abajo resplandece la plaza la calle ofrece su visión llega, continua, prende luces:

primera, segunda, tercera,

se desvía

los tranvías se desvían, no se ven traviesas cruzan

un parque alguien camina con su cabeza

por atrás de blanco este niño en los brazos de blanco

al lado construyen

detallitos detallitos

resumiendo: yo —de pie—en la ventana —a tientas—

faltan para las seis ¿sobre qué fondo?

—espero—

—como si me hubieran pintado—


FIN

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