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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
NUBE
NARANJA-AMARILLA
Jorge
Fábregas
Teatro Para
Niños
Nube Naranja-Amarilla
Teatro para niños
Primera edición SEP, 2025
D.R. © Secretaría de Educación
Pública, 2025
Argentina 28, Centro,
06020, Ciudad de México
ISBN 978-607-643-280-8
Prohibida su reproducción por
cualquier medio mecánico o electrónico sin la autorización escrita de los
editores.
Distribución gratuita-Prohibida
su venta
NUBE
NARANJA AMARILLA
Teatro
para niños
Personajes
Edy
(niño)
Mamá
(de Edy)
Güera
(canaria, mamá de Lila y Osi)
Cuau
(canario, papá de Lila y Osi)
Abuela
(de Edy)
Lila
(canaria)
Osi (canario)
Patrón
(canario, abuelo de Lila y Osi))
EDY está
jugando futbol. Se escucha la voz de su mamá.
MAMÁ:
¡Edy! ¡Edy!
EDY:
¿Sí, mamá?
MAMÁ:
Ya nos vamos a casa de tu abuelita para las vacaciones de verano.
EDY salta
de emoción.
EDY:
¡Yei! Sí, me gusta ir a casa de mi abuelita, la quiero mucho. Algunos de mis
amigos se quejan cuando visitan a sus abuelos porque les parecen aburridos.
Pero mi abuelita es muy divertida, y además, en su azotea tiene ocho jaulas,
cada una con una pareja de canarios.
Se
descubren las 8 jaulas.
EDY: Me gusta verlos; saltan de un lado a otro y cantan muy
bonito, es increíble cómo de sus piquitos tan pequeños salen notas musicales
tan grandes.
GÜERA:
Mira, ahí está el niñito ese otra vez.
CUAU:
Cántale más para que nos dé más alpiste.
EDY: Mi abuelita me deja llenarles sus platitos con alpiste.
GÜERA:
¡Eso!
EDY: Cada uno vive en su propia casa de barrotes. Es como un
pueblo chiquito de personas emplumadas en donde todos cantan y gritan al mismo
tiempo. Adiós, canaritos, nos vemos en la siguiente tarde.
CUAU:
¡Adiós, niño!
EDY:
Subo con mi abuelita por las tardes para limpiar las jaulas. Yo siempre vi dos
canarios amarillos en cada casita, pero en estas vacaciones, justo después de
la primavera, cada pareja tuvo dos canaritos anaranjados.
GÜERA:
Así es, cada pareja de canarios tuvimos dos canaritos, es decir, ¡en una
primavera pasamos de ser ocho canarios a ser 16!
CUAU: Tuvimos una canarita, que se llama Lila, y un canarito, que
se llama Osi.
EDY: Le dije a mi abuelita que su pueblo de canarios estaba muy
bonito. Pero también le confesé algo que había pensado desde hacía mucho
tiempo. Abuelita, parece un pueblo muy grande, pero también parece una cárcel,
no pueden salir.
ABUELA:
Ay, Edy, ya sé, pero estas aves se han criado en cautiverio desde hace mucho
tiempo, ya no sabrían sobrevivir por sí solos en libertad.
EDY:
¿Por qué?
ABUELA:
Porque no sabrían dónde obtener su comida. Nosotros les damos de comer y se han
acostumbrado a eso. Además, como vuelan muy poco en sus jaulas, tienen débiles
sus alitas, no podrían llegar muy lejos. Tenerlos en jaulas es la única forma
de que sigan con vida.
EDY:
Ah, entonces los estamos salvando, ¿verdad?
ABUELA:
Pues sí, son aves para vivir en casas de humanos.
EDY: Un día subí a la azotea yo solo; estuve un rato viéndolos
de cerca. Volaban dentro de sus jaulas y chocaban contra los barrotes, estaban
muy inquietos, como si las paredes de barrotes les quedaran chicas. De pronto,
escuché una voz quedita y melodiosa, como si estuviera cantando cada una de las
palabras:
LILA:
Deberías de ponerte a volar.
EDY: Volví la mirada de un lado a otro, pero no había nadie en
la azotea más que los pájaros y yo. Así que me dio mucho miedo y me eché a
correr.
ABUELA:
Edy, ya van dos días que no subes con los canarios, te toca limpiarles las
jaulas.
EDY: No
le dije que tenía miedo de subir por la voz que había escuchado, así que subí
de nuevo, yo solito, con mucho cuidado. Me fijé que no hubiera nadie… Los
canarios seguían en lo suyo, todo bien, estaban como siempre. Comencé con el
alpiste y las vainas y sin problemas llegué hasta la séptima jaula…Y entonces…
LILA:
Yo que tú ya estaría jugando con el viento…
EDY: ¡Volví a escuchar la voz!
OSI:
¿Por qué no aprovechas la oportunidad?
EDY: ¡Ay! Otra voz.
LILA:
¡Vamos! Vuela un poco, niño.
EDY:
¿Quién me está diciendo todo eso?
LILA y
OSI: ¡Nosotros!
EDY:
¿Quién?
LILA y
OSI: ¡Nosotros!
EDY: La
voz provenía justo de la jaula de la Güera y Cuau; ¡sus hijos me estaban
hablando!
LILA:
¡Hasta que te diste cuenta! Yo soy Lila.
OSI: Y
yo Osi.
EDY: Yo
me llamo Edy, pero ¿cómo es que me hablan y los entiendo?
GÜERA:
Siempre hemos hablado, pero como Lila y Osi son niños, como tú, tal vez ahora
tus oídos están más sensibles y nos entiendes.
Edy,
todavía un poco temeroso:
EDY:
Ah, qué bien, ¿qué me estaban diciendo?
LILA:
¡Que deberías de estar jugando con el viento!
OSI:
Claro, porque estás libre, no te rodea ningún barrote.
EDY:
Ah, sí, pero es que yo soy un niño, no soy un pájaro. No sé volar.
OSI:
Mira, levanta las alas y muévelas así.
LILA: Y
así, que tus plumas dejen pasar la corriente de aire, se siente muy bien.
EDY:
Pero es que yo no tengo alas.
OSI:
Oh, ya vi. Pobre de ti.
LILA:
Tan libre y sin poder volar.
EDY:
Pero puedo correr, miren.
LILA:
Sí, corres bien.
OSI:
Entonces por eso nos tienes aquí encerrados, porque crees que no podemos volar.
EDY: Mi
abuelita dice que no podrían vivir fuera de sus jaulas.
OSI:
Entonces tu abuelita es la que nos tiene presos.
LILA:
Hay mucho cielo allá afuera que podemos conquistar; seríamos felices volando
libres.
EDY:
¿En serio?
OSI:
Sí. Abre los barrotes.
EDY: El
canario más viejo de las jaulas, al que mi abuelita llama Patrón, sacó su
cabecita entre los barrotes y me dijo:
PATRÓN:
No les hagas caso, son demasiado jóvenes y no saben lo que dicen. Si salieran
de la jaula se cansarían de inmediato, porque sus alas no están listas para
luchar contra el viento.
GÜERA:
Es lo que yo les había dicho.
LILA:
No nos va a pasar nada. Somos fuertes y tenemos muchas ganas de volar. Abre la
jaula.
EDY: Varios
canarios más me gritaron que no abriera las puertas, mientras que los más
chicos me gritaban que sí las abriera.
LILA:
¡Vamos, anímate!
PATRÓN:
No, no lo hagas.
EDY: No
me atreví a decir algo en ese momento. Estaba muy difícil de pensarse, porque a
mí me parecía que si tenían alas, deberían volar, pero también mi abuelita y yo
los queríamos mucho, y no nos gustaría que les pasara algo malo. Les dije que
tanto ellos como yo, lo teníamos que pensar muy bien. Y me fui. Pasé unos días
pensando cómo le podríamos hacer. Hasta que llegué a la conclusión de que no
podía tomar una decisión yo solo; teníamos que planear las cosas entre los
canarios y yo. Así que subí nuevamente con ellos.
Los
canarios le cantan y los canarios pequeños lo
reciben con porras.
EDY:
Gracias por recibirme así, pero todavía no sé bien qué hacer; sólo se me ocurre
una cosa.
LILA:
Dinos lo que se te ocurre, Edy.
EDY:
Pues que uno de ustedes salga y vuele un rato para ver si sus alas son tan
fuertes como para mantenerlo vivo fuera de la jaula o no.
OSI:
Yo, yo quiero salir.
LILA:
Yo también.
PATRÓN:
Tu plan es temerario, da miedo… Aunque… sólo funcionará si al canario que salga
se le amarra un cordón para que no se vaya demasiado lejos.
EDY: La
sugerencia de Patrón nos pareció muy buena. Me puse a buscar un cordón lo
suficientemente largo. Agarré una madeja del estambre con que mi abuelita me
estaba haciendo un suéter.
OSI: ¡A
mí, a mí! ¡Pónganme la cuerda a mí!
LILA:
Mejor a mí, sé que tengo más fuerza en las alas que Osi.
EDY: No
sólo Osi y Lila querían hacer la prueba: también otros canarios jóvenes querían
salir. Así que también me pareció muy difícil escoger a alguien.
PATRÓN:
Dinos a quién eliges para hacer la prueba, niño.
EDY:
Está bien: que sea Lila.
LILA:
¡Yeiii!
EDY:
Lila se puso feliz y los otros canaritos exclamaron un “Ah”, así como de
decepción. Me di cuenta de que no era tan fácil decidir, porque nunca estarán
todos contentos. Pero bueno, es mejor decidirse que quedarse con la duda.
GÜERA:
Con mucho cuidado, hija, y con mucho cuidado tú también, Edy; las patitas de
los canarios son frágiles, no le amarres con mucha fuerza ese hilo.
EDY: Le
amarré la patita a Lila. Lo hice con mucho cuidado, tal como me lo pidió su
mamá. Abrí la puertecita y Lila de inmediato se lanzó fuera de la jaula. No
voló: cayó directito al piso, como si fuera una piedra anaranjada.
GÜERA:
¡Lila!
CUAU:
¿Estás bien, hija?
EDY: Me acosté en el suelo para mirar a Lila a los ojos
mientras le hablaba (se acuesta junto a LILA). ¿Estás
bien, Lila?
LILA:
Creo que sí. Me di un panzazo.
EDY:
Creo que saliste demasiado rápido. Una vez me caí así: salí muy rápido de mi
casa, no me había atado las agujetas de los tenis, y ¡suelo! Me caí. Levántate
poco a poquito.
LILA:
Sí, voy.
GÜERA:
Mueve tus alas igualito como cuando estás en la jaula. Es lo mismo, nada más
que afuera sí podrás volar más distancia.
EDY:
Lila comenzó a mover sus alas como se lo pidió su mamá. Y se elevó, primero un
poco, pero casi de inmediato despegó tanto que rebasó con mucho mi estatura y
el estambre se puso muy tenso.
LILA:
¡Yujuu! ¡Yujuu! ¡Es maravilloso!
EDY:
Lila volaba con ganas; yo sentía cómo el estambre me jalaba la mano. Los demás
canarios estaban emocionados, le aplaudían y la festejaban.
CUAU:
¡Eso es hermanita, muy bien!
EDY:
Pero, de pronto, Lila dejó de volar y cayó al piso nuevamente.
LILA:
Ay, me volví a pegar en la panza. Pero estoy bien, estoy bien.
EDY:
¿Qué pasó?
LILA:
Me cansé, eso fue todo. Ya no pude seguir volando.
EDY:
Metí a Lila en su jaula; le dolía la panza por los golpazos, pero estaba bien.
PATRÓN:
Se los dije, no estamos preparados para salir a volar fuera de las jaulas.
Nuestras alas son muy débiles.
GÜERA:
Pero voló muy bien.
PATRÓN:
Sí, pero sólo por veinte segundos.
LILA:
¡Fue más que eso!
PATRÓN:
No importa lo que haya sido: te cansaste y te caíste. De haber caído así en la
calle, te habría podido cazar un gato, o tal vez un humano te hubiera pisado.
¡No podemos salir de nuestras jaulas! Es demasiado riesgoso. ¡Punto final!
EDY:
Los canaritos se pusieron muy tristes. Yo volví al día siguiente junto con mi
abuelita para limpiarles las jaulas, pero ninguno nos recibió con su canto.
ABUELA:
Qué raro, ninguno está cantando, y muy pocos apenas y trinan, ¿qué les pasará?
EDY: No
me atreví a decirle lo que había ocurrido.
ABUELA:
Se les ve sanos… Más bien parecen… tristes, sí, eso parecen. No sé por qué.
EDY: En
los siguientes días tampoco cantaron y mi abuelita llevó a la casa a un
veterinario. Los examinó uno a uno y finalmente dijo lo mismo que mi abuelita:
“Los canarios están sanos, pero parecen tristes”, eso dijo.
ABUELA:
Su tristeza me da tristeza.
EDY: Me
sentí muy mal: los canarios tristes, mi abuelita triste; era demasiada tristeza
para pasar el verano. Tenía que hacer algo.
EDY camina de un lado a otro, pensando. De pronto parece que tiene una idea.
Va con los CANARIOS.
EDY:
Estuve pensando toda la tarde y parte de la noche, hasta que se me ocurrió una
idea muy buena.
GÜERA:
¿Qué se te ocurrió, Edy?
EDY: Ya
sé lo que podemos hacer. ¡Tienen que entrenar!
PATRÓN:
¿Qué es eso?
CUAU:
Sí, eso suena medio raro, no sabemos qué es.
EDY:
Miren, cuando mi papá me compró una bicicleta, al principio yo no sabía andar
en ella; entonces le puso unas rueditas en la parte de atrás para que no
perdiera el equilibrio. Me puse a entrenar con ellas y luego luego aprendí a
andar en bici, pero ya sin rueditas.
LILA:
Pero nosotros no tenemos rueditas.
OSI: Ni
sabemos lo que es una bicicleta.
EDY: Lo
que quiero decirles es que entrenar les puede servir de mucho. Hacer ejercicios
de vuelo, empezar con poquito, pero seguirle y seguirle ¡hasta que sus músculos
estén fuertes y puedan volar fuera de la jaula! Así como yo le hice con mi
bicicleta.
PATRÓN:
Es un plan muy tonto.
CUAU: A
mí me parece que es un buen plan, tiene lógica.
GÜERA:
Claro: si lo haces poco a poco pero muchas veces, terminarás por hacerlo mucho
mejor que al principio.
EDY: Y
hay que tener paciencia, porque uno mejora poquito a poquito. ¿Se animan?
LILA:
¡Sí!
OSI:
¡Sí!
EDY:
Así comenzaron los canaritos a hacer sus ejercicios: hacían sentadillas,
levantaban peso con sus alas y emprendían vuelos cortos dentro de sus jaulas,
que terminaron por convertirse en pequeños gimnasios.
PATRÓN:
Yo fui el único que no quiso hacer ejercicios.
LILA:
Ándale, abuelo, para que te pongas más fuertote.
PATRÓN:
No, para un pájaro doméstico volar libre es una tontería.
EDY:
Eso dijo Patrón en un principio, justo cuando todos los canarios comenzaron a
entrenarse.
Los
CANARIOS hacen todo tipo de ejercicios, hasta lograr una coreografía coordinada muy energética.
EDY: A
mi abuelita se le quitó su tristeza porque los canarios cantaban mientras
hacían ejercicio.
ABUELA:
¡Eso! ¡canten, canaritos, canten!
EDY:
Claro, ella no sabía lo que estaban haciendo. Había que fijarse muy bien para
comprender que ese relajo que traían eran puras rutinas de ejercicios.
OSI:
Viva, viva, ¡también son divertidos!
EDY:
Del entrenamiento en la jaula pasamos a entrenar afuera con hilos de estambre.
Podía amarrar a cuatro canarios a la vez, o sea, iba de jaula en jaula, una a
una, haciendo volar a sus habitantes.
GÜERA:
Esto es maravilloso.
CUAU:
Al fin me siento como un canario completo, ¡vuelo!
LILA:
¡Les dije! ¡Es muy bonito!
OSI:
¡Yuju!
EDY:
Así entrenamos con cada uno de los pájaros, menos con Patrón. Yo sostenía los
estambres en mi puño y ellos volaban como si fueran cuatro pequeños papalotes.
LILA:
Muy pronto vamos a poder aguantar para volar sin cordones.
PATRÓN:
No lo van a lograr, yo lo sé.
EDY:
Después de varios días en los que los canarios salían a entrenar su vuelo, se
estancaron. Después de unos minutos todos regresaban a sus jaulas muy cansados
y adoloridos. Era como si, una vez que ya había aprendido a andar en bici y
estaba listo para irme solo, sin rueditas, volviera a necesitarlas.
LILA:
Me siento más fuerte, pero me sigo cansando y ahora también duele.
OSI:
Estoy igual que tú: cuando parece que voy a volar más, ya no puedo seguir. Me
duele justo donde nacen mis alas.
EDY:
Eso está raro, deberían de sentirse cada vez mejor.
GÜERA:
¿Será que por haber nacido en una jaula, nuestras alas son incapaces para
volar?
CUAU:
Tal vez. Pero si es así, entonces nunca podremos volar más de lo que ya lo
hacemos.
LILA:
Oh, no.
EDY:
Los canarios se pusieron tristes nuevamente; yo también. Habíamos trabajado
mucho en los últimos días y teníamos mucha ilusión de que pudieran volar. Algo
estaba fallando y no sabía qué.
ABUELA:
Otra vez dejaron de cantar los canaritos. ¿Pues qué les pasa, que están así,
tan sentimentales?
EDY:
Pensé que no había de otra que seguir entrenándolos, seguro se pondrían más
fuertes si trabajaban más.
LILA:
¡Sí! ¡Seguiremos entrenando!
Los
CANARIOS hacen sus ejercicios y vuelan, pero en todos los casos terminan en el suelo, exhaustos y adoloridos.
OSI: Es
inútil, no podemos seguir.
GÜERA:
Por más que entrenamos algo pasa que cuando queremos volar nos duelen las alas
y nos cansamos.
LILA:
Tan maravilloso y divertido que es volar.
PATRÓN:
Pues será muy divertido, pero todos lo están haciendo mal. GÜERA: ¿Tú cómo
sabes?
PATRÓN:
Porque hace mucho tiempo yo volaba libremente, hasta que me atraparon y me
metieron en una jaula. Por eso sé muy bien cuándo alguien está volando mal, y
ustedes están volando mal.
GÜERA:
¿Por qué no nos lo habías dicho?
PATRÓN:
No me lo preguntaron.
LILA:
¿Y qué estamos haciendo mal, abuelo?
PATRÓN:
Es muy sencillo: les falta el movimiento girador de la alita.
CUAU:
¿Qué es eso?
PATRÓN:
Cuando uno vuela hay que hacer un pequeño giro en el nacimiento del ala. Ese
simple movimiento evita que uno se canse, porque distribuye el peso del cuerpo
en el aire y no en los músculos. ¡Es el movimiento girador de la alita!
LILA:
¡Aaaah! ¿Así?
PATRÓN:
Exacto.
EDY:
Probemos.
PATRÓN:
No, no lo hagan; no deben volar.
EDY:
Probemos; seguro nos va a servir, parece un buen consejo.
Los
canarios vuelan sin esfuerzo, atados al
estambre.
LILA:
Oh, sí, se siente mucho mejor.
OSI:
¡Ligeros como plumas!
GÜERA:
¡Esto es vida!
EDY: El
consejo del abuelo funcionó muy bien. Los canaritos comenzaron a volar mejor y
no se cansaban ni les dolían las alas.
Los
canarios vuelan más rápido y hacen piruetas.
LILA:
¡Es maravilloso, abuelo! ¿Por qué no te unes a nosotros y vuelas?
PATRÓN:
Sé que es maravilloso, pero insisto en que no hay que volar. Además, creo que
ya no podré hacerlo, ha pasado mucho tiempo desde que era libre.
GÜERA:
¡Inténtalo!
OSI:
Sí, abuelo, no se te pudo haber olvidado cómo hacerlo.
CUAU:
¡Vamos, Patrón! ¡Anímate!
EDY:
Para animarlo, los canarios le cantaron muy fuerte a su abuelo. Patrón no
parecía muy convencido, así que los canarios siguieron cantándole; le cantaron
toda la tarde y toda la noche.
ABUELA (se asoma): Insisto, estos canarios están muy raros: primero
dejan de cantar y ahora están cantando ¡en la noche!
EDY: A
mi abuela y a mí no nos molestó que cantaran en la noche; al contrario, nos
sentimos arrullados. A la mañana siguiente los canarios seguían cantando y noté
que Patrón tenía otra actitud; parecía entusiasmado.
PATRÓN:
Abre esa jaula, niño, tengo una cita con el viento.
EDY: Al
oír eso, todos los canarios le echaron porras cantadas.
CANARIOS:
Tutututututú-tititití-pío pío-tutitutitú, ¡viva el abuelo Patrón!
EDY: El
abuelo se acercó a la puerta abierta; se detuvo ante ella y yo le até un cordón
de estambre a su patita. Respiró hondo y se lanzó hacia afuera. Por un momento
se quedó suspendido en el aire, pero fue sólo un instante. Todos nos quedamos
callados cuando vimos que el abuelo cayó pesadamente al suelo. Ahí se quedó,
sin moverse, por unos segundos.
LILA:
¿Qué pasó, abuelo?
ABUELO:
Hace tanto que no vuelo que tengo entumidas mis alas.
EDY: A
mi abuelita a veces se le entumen los tobillos y entonces se da masaje. Eso
hice con Patrón: le froté con mucho cuidado sus alitas, hasta que comenzó a
moverlas por sí mismo. Se elevó poco a poco. Dio una, dos, tres, cuatro vueltas
alrededor de mí, mientras cantaba:
PATRÓN:
¡Esto es vida! Tututurututú-titutitutí-pío pío... Bueno, pude volar tantito,
necesito entrenarme como ustedes para seguirle.
EDY:
Los canarios le echaron más porras, estaban felices.
GÜERA:
Todos podemos volar ya sin caernos.
LILA:
Ya no necesitamos el estambre.
OSI:
Déjanos volar solos, deja abiertas las puertas de las jaulas.
EDY:
Eso hice, pero cerré la puerta del cuarto en donde están las jaulas. Así
podrían volar en él, pero sin salir al aire libre. Les dije: “Luego de volar se
regresan a sus jaulas”.
CUAU:
Está bien.
EDY: Al
día siguiente abrí una a una las puertas de las jaulas. De ellas fueron
saliendo rápidamente figuras anaranjadas y amarillas que parecían las piezas
sueltas de algo mayor. Los canarios comenzaron a formar una especie de tornado
a mi alrededor. Quedé en medio de un remolino hermoso que hacía cosquillitas al
rozarme con sus cientos de plumitas, ¡y al mismo tiempo cantaban! Al ver esa
nube naranja amarilla musical que me rodeaba y que me provocaba cosquillas,
sentí que yo mismo estaba volando con ellos. ¡Volar así también es maravilloso!
Luego de un par de minutos, los canarios regresaron a sus jaulas.
GÜERA:
¿Y bien?
LILA:
Se quedó mudo.
OSI:
¿Te gustó lo que sentiste?
EDY
(Tarda en responder): Sí, mucho. ¡Me encantó!
CUAU:
Quisimos que sintieras más o menos lo que se siente volar.
EDY: En
verdad fue muy bonito, les dije. Y aunque sentí que me elevaba, seguro ellos
sentían todavía más bonito cuando de verdad lo hacían.
LILA:
¿Vas a dejar que volemos allá afuera?
EDY:
Primero tengo que hablar con mi abuelita. (Sale) Todavía me sentía flotando
dentro de esa nube naranja amarilla.
OSI:
Suerte, Edy, aquí te esperamos con las alas abiertas.
EDY:
Pensé muy bien lo que tenía qué hacer. Sería muy injusto impedirles a los
canarios hacer algo tan bonito como volar, pero tenía muy claro que mi abuelita
era la dueña de los canarios. Ella los había cuidado y alimentado desde siempre
y gracias a ella habían podido tener a sus hijitos. Otra decisión difícil.
EDY va con
su ABUELA, hablan algo inaudible. EDY le coloca una venda en los ojos a su
ABUELA, la toma de la mano y la lleva al cuarto de los CANARIOS. Cuando llegan,
los CANARIOS vuelan alrededor de la ABUELA y le ofrecen la misma experiencia
que le regalaron a EDY. La ABUELA parece volar junto con EDY en medio del
tornado naranja amarillo. Finalmente se quita la venda y los CANARIOS comienzan
a cantarle.
ABUELA:
¡Qué hermoso! Edy, esto es grandioso, es poesía, es como sentir un poema en la
piel.
Los
CANARIOS terminan de volar, regresan a sus jaulas en silencio.
LILA:
¿Y bien?
ABUELA:
¡Ah! O me estoy volviendo loca o esa canarita acaba de decir: “¿Y bien?”
EDY:
Ellos hablan, abuelita; lo que pasa es que hay que estar sensible para poder
entenderles.
GÜERA:
Queremos que nos dejen volar fuera de este cuarto.
ABUELA:
Imposible, no podrían alimentarse por sí solos y hay muchos gatos allá afuera.
CUAU:
Sólo queremos salir a volar por la mañana; dejen las puertas abiertas,
regresaremos a nuestras jaulas por la tarde.
GÜERA:
Seguirán siendo nuestras casas.
PATRÓN:
Pero ahora tendrán las puertas abiertas.
ABUELA:
¡¿Tú también, Patrón?!
PATRÓN:
¡Volví a sentir lo que significa volar y no puedo dejar de hacerlo!
EDY: En
la tarde del último día de ese verano que pasé con mi abuelita subimos juntos
para sentir esa nube naranja amarilla de los canarios. Cuando terminaron con el
tornadito de plumas, notamos que Lila y Osi no estaban.
GÜERA:
Decidieron ser libres. Se fueron.
EDY: Me
puse un poco triste porque yo quería mucho a esos pajaritos. Me preocupé por
ellos, pero en otra visita que le hice a mi abuelita vimos a Lila y Osi en un
árbol cercano, volando libremente junto a unos pájaros silvestres y unos
gorriones. Así que cuando pienso en ellos ya no me pongo triste, porque sé que
están realizando su sueño de volar libres y me siento contento porque yo ayudé
en algo para que cumplieran ese sueño.
ABUELA:
Otra cosa que te tengo que agradecer, querido Edy, es que puedo subir a mi
azotea cada tarde y sentir el vuelo de los canarios. Ya sabes, se siente como
si uno mismo estuviera volando. Eso me tranquiliza y me da ánimo para seguir
adelante y abrir los ojos ante tanta belleza que tiene la vida. ¡Gracias!
EDY:
¡Gracias a ti, abuelita, y a tus canarios! Desde esa
ocasión, cuando visito a mi abuelita subimos a la azotea en la tarde para dejar
que los canarios salgan y den sus vueltas. Ellos se sienten libres y nosotros
también. ¡Es muy bonito volar!
Los
canarios vuelan y cantan muy felices alrededor de EDY y su ABUELA, creando de
nuevo su hermosa nube naranja amarilla.
FIN

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