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© Libro N° 15360. La Sangre Y Sus Fantasmas. Malpica, Javier. Emancipación. Julio 18 de 2026

 

Título Original: © La Sangre Y Sus Fantasmas. Javier Malpica

 

Versión Original: © La Sangre Y Sus Fantasmas. Javier Malpica

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://bdchamakes.sep.gob.mx/epub-reader/sangreFantasmas.html


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

LA SANGRE Y SUS FANTASMAS

Javier Malpica  


La Sangre Y Sus Fantasmas

Javier Malpica

 

 

Table of Contents

 

 

 

La sangre y sus fantasmas

Personajes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera edición SEP, 2025

D.R. © Secretaría de Educación Pública, 2025

Argentina 28, Centro,

06020, Ciudad de México

 

ISBN 978-607-643-286-0

Prohibida su reproducción por cualquier medio mecánico o electrónico sin la autorización escrita de los editores.

Distribución gratuita-Prohibida su venta

 

 

 

 

La sangre y sus fantasmas

 

Obra de teatro

 


 

 Personajes:

 

 

Andrea

 

Fernanda 

 

Emilio  

 

Santiago

 

Diego

 

Todos adolescentes de aproximadamente quince años.

 

 

 

 

Época:

 

Actual

 

 

 

 

Lugar:

 

Una ciudad en la provincia.

Recámara de Andrea y bodega de una escuela

La recámara cuenta con dos puertas (una principal, otra que lleva a un baño) y con una ventana. Todas pueden ser o no visibles.

 

 


 

Santiago vestido elegantemente. Es la versión onírica de Andrea. De frente al público.

 

 

Santiago: Yo la quiero. Tuvimos sexo porque la amo. De verdad. Así se lo dije. Nunca lo planeé. Fue algo natural... (Pausa. Transición). Pero no me hagan demasiado caso. No soy yo el que habla. Es ella. Ella que siempre imagina cosas. Debe ser por tanto libro romántico que lee... Son sus deseos secretos. Lo sé porque éste no soy yo. Me he mirado al espejo y nunca he tenido el cabello así. Y la ropa. Ahora parece que estoy hablando de ella, pero la verdad es que lo más probable es que ahora esté en el ensayo de teatro pensando en otras niñas... Ella quiere creer que somos uno mismo. Que nuestras voces son iguales...  Que yo estoy en su mente y ella en la mía... Que compartimos la misma sangre...

 

 

Oscuro.

 

Andrea ante la puerta abierta. Emilio del otro lado. Tiene aspecto casi femenino: Su vestimenta, cabello, etc.  Santiago, en su versión onírica, detrás de Andrea permanece a la expectativa. Es el pensamiento de ella. Emilio nunca nota la presencia de Santiago. El diálogo se da sólo entre Andrea y Emilio, con la voz de Santiago como acotador.

Andrea claramente está molesta con la presencia de Emilio, pero se esfuerza en que no se note demasiado.

 

 

Santiago: Abro la puerta y a quién veo: Emilio Lomelí.  No me queda otra que decir:

 

Andrea: Hola.

 

Emilio: Hola, Andrea.

 

Santiago: Esto de seguro es idea de mi madre. Yo le dije claramente que quería que Fernanda me trajera las tareas. Fernanda. Fernanda.

 

Andrea: ¿Y Fernanda?

 

Emilio: ¿Fernanda?

 

Santiago: ¿Por qué tenían que mandarme a  esta
 niña? No puedo ni verla... Qué nadie le explicó alguna vez cómo debía vestirse... Parece que se quedó atascada en la primaria.

 

Andrea: Olvídalo...

 

Emilio: ¿Qué lees?

 

Santiago: Qué le importa.

 

 

Andrea esconde un libro de vampiros.

 

 

Andrea: Un libro.

 

Emilio: De vampiros.

 

Andrea y Santiago: ¿Qué quieres?

 

Emilio: Me pidieron que te trajera la tarea y te dijera lo que vimos en la escuela.

 

Andrea y Santiago: ¿Y por qué tú?

 

Emilio: Básicamente hay que hacer un resumen de la obra de teatro que estamos ensayando...

 

Santiago: ¿Básicamente?... tampoco puedo escucharla... ¿por qué habla así?

 

Emilio: Se llama Bodas de Sangre. Es sobre una novia que se fuga con su exnovio el día de su boda... 

 

Andrea: Yo pedí que fuera Fernanda quien viniera.

 

Emilio: Fernanda no está en el grupo.

 

Andrea: ¿Y qué importa? Ella puede pedirle la tarea a Santiago.

 

Emilio: ¿Santiago?

 

Andrea: Mi novio.

 

Emilio: No sabía que fueran novios.

 

Santiago: Y yo que creí que era inteligente.

 

Andrea: ¿Tienes un celular?

 

Emilio: ¿Qué?

 

Santiago: Tu celular, pendeja.

 

Emilio: Tu mamá me lo quitó en la entrada... Me dijo que me lo devolvería al rato.

 

Andrea: Está bien... dame esas tareas y vete...

 

Emilio: No.

 

Andrea y Santiago: ¿No?

 

Emilio: Se supone que tenemos que hacerla juntos.

 

Andrea: Pues no quiero.

 

Emilio: ¿Cómo?

 

Andrea: Vete. Vete.

 

Emilio: No.

 

Santiago: Se lo buscó.

 

Andrea: (Grita). Mamá... Mamá.

 

Emilio: Espera.

 

Andrea: ¿Qué?

 

Emilio: Tengo que quedarme.

 

Santiago: ¿Está hablando en serio?

 

Andrea: ¿Hablas en serio?

 

Emilio: Por favor, Andrea

 

Santiago: No... 

 

Andrea: Está bien...

 

Santiago mira extrañado a Andrea.

 

Andrea: Pero sólo un rato...

 

Santiago: (A Andrea). ¿Qué haces? 

 

Andrea: Y vas a hacer mi tarea...

 

Santiago: Mínimo.

 

Andrea: Le vas a decir a mi madre que quiero que venga Fernanda.

 

 

Pausa. Andrea se pone a leer su libro sin prestarle atención.

 

 

Andrea: Y te vas a quedar callado.

 

Santiago: No quiero oír tu voz de niña llorona.

 

 

Pausa.

 

 

Emilio: Andrea...

 

Andrea: ¿Qué?

 

Santiago: ¿Qué parte de no quiero oírte no entendiste?

 

Emilio: Gracias.

 

 

Oscuro.

 

Fernanda de frente al público. Escribe una carta.

 

 

Fernanda: Oye, güey. ¿Todo bien? Tu cel muerto. No he querido llamar a tu casa ni ir porque tu mamá como que me odia. Yo creo que desde esa vez que le recomendé la dieta de los tres brócolis... pero yo no quise decirle que estuviera o gorda o algo así... Me dijeron que estás enferma y que no vendrás en toda la semana. ¿No será que...? Ni quiero escribirlo aquí. Capaz que la CIA lo ve y se enteran y le dicen a tu mamá que es peor que la CIA y sus torturadores... Acá ya empezaron con los pinches chismes. Santiago y Diego están medio raros. La verdad a mí me vale madres por Diego. Me da un poco de lástima porque se ve que yo le gusto un chingo... Yo lo hice por... Como tú decías... para dejar a las niñas atrás, ¿qué no?

 

 

Oscuro.

 

Habitación de Andrea. Noche.  Santiago en su versión onírica, furtivamente permanece de pie en un punto en el que Andrea no lo ve, hasta que ella nota su presencia. Ella no se asusta por esa súbita aparición.

 

 

Andrea: ¿Por dónde entraste?

 

Santiago: ¿Por donde más?

 

Andrea: No me gusta que hagas eso.

 

Santiago: Nadie me va a ver si tienes abierta la ventana.

 

Andrea: ¿No te da miedo?

 

Santiago: No son tantos pisos.

 

Andrea: ¿Y si mejor vuelas?

 

Santiago: Has visto muchas películas...

 

 

Pausa.

 

 

Andrea: No pude ver a Fernanda.

 

Santiago: Sí, lo sé, pero ¿por qué no se lo pidieron a otra persona?

 

Andrea: Mi mamá que no confía en mis amigos.

 

Santiago: Pero sí confía en esa niña.

 

Andrea: No es una niña...

 

Santiago: Tú me dijiste que jugabas a la comidita con el marica.

 

Andrea: Teníamos siete años.

 

Santiago: A los siete años yo jugaba futbol americano y luchitas.

 

Andrea: No creo que Emilio sea marica. Yo más bien creo que es muuuy raro.

 

Santiago: ¿Por qué no lo corriste?

 

Andrea: Me prometió que le pediría a mi madre que viniera Fernanda.

 

Santiago: Si al menos me hicieras caso.

 

Andrea: Lo hago.

 

Santiago: Intentas, pero a veces tienes que ser muy firme. Hoy titubeaste por un momento... No sé por qué titubeaste.

 

Andrea: Es que a veces tu voz en mi cabeza...

 

Santiago: Ya me lo dijiste.

 

Andrea: Pero es por lo mucho que nos queremos, ¿no?

 

Santiago: Necesitas la ayuda de Fernanda.

 

Andrea: Le puedo pedir a Emilio...

 

Santiago: Tienes que oír mi voz y verlo como la niña chismosa que es. Y así no vas a decirle nada. Yo me encargaré de eso.

 

Andrea: Oír tu voz.

 

Santiago: Hoy titubeaste...

 

 

Pausa.

 

 

Andrea: ¿Por qué cuando me visitas no me besas?

 

Santiago: Tú lo dijiste, tal vez es porque te amo demasiado.

 

Andrea: ¿En serio?

 

 

Oscuro.

 

Santiago, en versión real, y Diego chatean con sus celulares.

 

 

Santiago: Pinche Bodas de Sangre.

 

Diego: Es sólo una obra.

 

Santiago: Está muy cabrón.

 

Diego: Muy.

 

Santiago: Voy a salirme.

 

Diego: Te reprobarían.

 

Santiago: Me vale.

 

Diego: ¿De verdad?

 

Santiago: Todo por el pinche maricón de la Emilia.

 

Diego: ¿Se puso a llorar?

 

Santiago: Por eso se dio cuenta el maestro.

 

Diego: ¿Y qué tal se veía?

 

Santiago: Como pirujita.

 

Diego: Me lo perdí.

 

Santiago: Fue una pinche broma.

 

Diego: ¿Qué tal la peluca?

 

Santiago: Rubia.

 

Diego: De nena.

 

Santiago: De princesa.

 

Diego: ¿Y el vestido?

 

Santiago: De puta...

 

Diego: Cómo no lo vi.

 

Santiago: Jaja.

 

Diego: ¿Y los castigó a todos?

 

Santiago: A todos.

 

Diego: Pues ahora te toca.

 

Santiago: No voy a hacerlo.

 

Diego: Es sólo para una obra.

 

Santiago: Ni madres.

 

Diego: Ahora tú vas a ser la de la peluca.

 

Santiago: Cállate.

 

Diego: Y la de vestido.

 

Santiago: Piche güey.

 

Diego: Jaja.

 

Santiago: Fue una pinche broma.

 

Diego: ¿Y por qué a todos?

 

Santiago: A todos.

 

Diego: ¿Hasta las viejas?

 

Santiago: Fueron las que más se rieron.

 

Diego: Y te va a tocar ser la novia.

 

Santiago: Pinche chingadera.

 

Diego: Va a estar cagado.

 

Santiago: Ideas de maricón.

 

Diego: El maestro de teatro nos es maricón.

 

Santiago: Teatro es igual a maricas.

 

Diego: Su vieja es una actriz.

 

Santiago: Le voy a poner en su madre.

 

Diego: ¿Al maestro?

 

Santiago: A la Emilia, güey.

 

Diego: Él va a ser tu novio.

 

Santiago: ¿Qué?

 

Diego: En la obra, güey.

 

Santiago: No chingues.

 

Diego: ¿No ves cómo te ve?

 

Santiago: No mames.

 

Diego: Se merece una putiza.

 

Santiago: Una cabrona putiza.

 

Diego: ¿Y Andrea?

 

Santiago: Otra vez no vino.

 

Diego: ¿No?

 

Santiago: Sigue enferma.

 

Diego: Pues qué pedo.

 

Santiago: Es lo que digo.

 

Diego: ¿Hablaste a su casa?

 

Santiago: Nel... ¿Y la Fer?

 

Diego: Nada.

 

Santiago: ¿Sigue sin pelarte?

 

Diego:

 

Santiago: Pinches viejas.

 

Diego: ¿Y si está?

 

Santiago: No me chingues.

 

Diego: Pero, ¿y si está?

 

Santiago: Ellas lo quisieron así.

 

Diego: Las dos quisieron.

 

Santiago: Pinches viejas.

 

Diego: Pinches viejas.

 

Santiago: Puras mamadas me pasan.

 

Diego: Jaja.

 

 

Oscuro.

 

Habitación de Andrea. Tarde. Santiago en su versión onírica. Emilio con apariencia femenina más acentuada. El diálogo se sigue dando sólo entre Emilio y Andrea. Emilio entra del baño.

 

 

Emilio: ¿Sabes que la puerta de tu baño se abre hacia afuera?

 

Andrea: (Sin escucharlo). Pero si Fernanda es mi mejor amiga.

 

Emilio: Eso le dije: que tú y ella están siempre juntas, pero me dijo literal:

 

Santiago: ¿Literal? (A Andrea). ¿Está hablando en serio?

 

Emilio: “Esa Fernanda de seguro fue la que le metió esas ideas en la cabeza”

 

Santiago: Debo ser fuerte como me dijo Santiago... debo correrlo de aquí...

 

Andrea: Yo creo que...

 

Emilio: ¿Es cierto que te desmayaste?

 

Santiago: ¿Qué?

 

Andrea: ¿Qué dijiste?

 

Emilio: Tu mamá le dijo a mi mamá.

 

Andrea: ¿En serio?

 

Santiago: Tenía que ser la chismosa de mi madre.

 

Andrea: ¿Y alguien más lo sabe?

 

Emilio: En la escuela sólo saben que estás enferma.

 

Santiago: Menos mal.

 

Emilio: La maestra nos dijo que era algo del estómago, tal vez por algo que comiste.

 

Andrea: Más bien por algo que no comí.

 

Emilio: ¿Cómo?

 

Santiago: No debí decirle eso... Aunque tal vez sí conviene que se crea que soy...

 

Andrea: Cree que soy anoréxica, sólo porque el otro día... No quiere que nadie se entere. Por eso me tiene encerrada... sin celular y sin computadora.

 

Emilio: ¿En serio?

 

Santiago: La cara que ha puesto...

 

Andrea: Según ella tengo los típicos síntomas de la anoréxica.

 

Emilio: ¿Pérdida de peso?

 

Andrea: Y depresión. Y el cabello fino... Dime, ¿acaso ves mi cabello más fino? Alucina. Se le ha metido la idea de que me meto al baño a escondidas para vomitar. No me va a dejar salir de aquí hasta que aumente cinco kilos.

 

Emilio: ...

 

Santiago: Eso... creo que la convencí. Nada más hay que ver esa cara de tontita.

 

Emilio: En el grupo todo mundo piensa otra cosa...

 

Andrea: ¿Qué?

 

Emilio: Que estás... tú sabes.

 

Santiago: Cómo me desespera. Con razón mi novio no la aguanta.

 

Andrea: No... no sé.

 

Emilio: Pues que estás embarazada.

 

Santiago: En la madre.

 

Andrea: ¿Embarazada?

 

Emilio: Ya ves cómo son de chismosos.

 

 

Andrea se lleva la mano al rostro en señal de preocupación.

 

 

Santiago: No debí llevarme la mano a la cara de ese modo... Tranquila, Andrea...

 

Emilio: ¿Te pasa algo?

 

Santiago: No... no debo confiar en ella... debo ser firme... pero qué puedo hacer...

 

Emilio: Sé que no soy tu mejor amigo, pero nos conocemos desde hace tiempo...

 

Andrea: ...

 

Emilio: Puedes confiar en mí

 

Santiago: No... No...

 

Andrea: Pero tienes que prometerme que lo que voy a decirte no se lo dirás a nadie.

 

Santiago: (A Andrea). ¿Qué estás haciendo?

 

Andrea: Tienes que jurarlo por tu vida y lo más sagrado del universo. Promételo.

 

Santiago: (A Andrea). Pero, ¿Qué haces?

 

Andrea: Por tu mamá y la tumba de tus antepasados.

 

Santiago: (A Andrea). No.

 

Emilio: Por mi mamá y la tumba de mis antepasados.

 

Andrea: ...

 

Santiago: (A Andrea). No lo digas... No lo digas...

 

Andrea: No es seguro... pero tal vez, quiero decir... Creo que sí estoy... tú sabes.

 

Emilio: ¿En serio?

 

Santiago: ¿Qué haces, Andrea? ¿Qué haces?

 

Andrea: Pero mi mamá no lo sabe. Ni nadie.

 

Emilio: Qué fuerte.

 

Andrea: Lo prometiste...

 

Santiago: Pero, ¿qué hice?... mi novio me va a matar.

 

Emilio: ¿Es de tu... novio?

 

Santiago: (A Emilio). ¿A qué viene eso?

 

Andrea: Claro que es de Santiago.

 

Emilio: Qué fuerte.

 

Andrea: Necesito que me ayudes...

 

Emilio: Pero yo no sé nada de eso.

 

Santiago: Lo sabía... ¿Lo ves, Andrea?

 

Andrea: Tienes que ayudarme y traer a Fernanda aquí.

 

Emilio: No sé.

 

Andrea: Entonces tú tienes que conseguirme una prueba de embarazo.

 

Emilio: No. No. ¿Cómo crees?

 

Santiago: ¿Lo ves, Andrea?

 

Andrea: ¿No?

 

Emilio: ¿Por qué no le escribes una carta?

 

Andrea: ¿No ves que me castigaron la computadora?

 

Emilio: Escríbela a mano. Como ella. (Le extiende una carta).

 

Santiago: (A Emilio). ¿Y a qué horas me la ibas a dar animal?

 

 

Andrea toma la carta y la lee con avidez. Santiago lee por detrás de Andrea la carta. Emilio toma el libro de Andrea.

 

 

Emilio: ¿Qué tal está tu libro de vampiros?

 

Santiago: ¿Santiago raro?

 

Pausa.

 

Emilio: Tu mamá... se encierra en el cuarto de la tele y no sale para nada... Ayer ni me pude despedir de ella...

 

Santiago: ¿Y eso qué tiene que ver?

 

Emilio: Creo que puedo hacer que Fernanda entre sin que tu mamá se dé cuenta...

 

Andrea: ...

 

 

Oscuro.

 

Habitación de Andrea. Noche. Santiago en su visión onírica.

 

 

Andrea: ¿Y si estuviera de verdad en fase terminal de la anorexia? Como todas esas modelos que se mueren en sus camas... ¿De verdad creería que me puedo aliviar sola? ¿Así, sin psicólogos ni nutriólogos, ni astrólogos?... No quiero ni pensar qué pasaría si estuviera embarazada. Me encerraría en una clínica para pobres en un pueblo perdido de Tabasco. Qué asco... (Pausa). ¿Hay vampiros anoréxicos? (Pausa). Al menos mírame. (Pausa). Es horrible que cuando le hables a tu novio no te pele.

 

Santiago: Así sabes lo que se siente. Lo que se siente que alguien te hable con insistencia y que no lo escuchen.

 

Andrea: ¿Cuándo hice eso?

 

Santiago: (Imitándola). “Tienes que jurarlo por tu mamá y por la tumba de tus antepasados. Promételo. Promételo.”

 

Andrea: Era el único modo de que trajera a Fernanda.

 

Santiago: No deberías confiar en ese mariquita...

 

Andrea: Ya te dije que no creo que sea un mariquita.

 

Santiago: ¿Y entonces por qué lo sigues viendo como niña?

 

Andrea: ¿Yo?

 

Santiago: ¿Acaso lo amas?

 

Andrea: ¿Cómo lo voy a amar?

 

Santiago: Confías en él...  En cambio
, a mí dices que me amas, pero no confías en mí. La persona que te ama se entrega y hace lo que el otro le dice... se convierte en la voz del otro.

 

Andrea: ¿Tú me amas?

 

Santiago: ...

 

 

Santiago se acerca, la besa. Luego intenta morderle el cuello. Andrea se aparta.

 

 

Andrea: ¿Las mujeres vampiras tienen menstruación? Digo, si las tienen deben de sufrir mucho. Imagínate una vampira que lo que necesita es de la sangre...

 

Santiago: Ya te dije que lo que circula por nuestras venas no es sangre.

 

Andrea: ¿Y yo?

 

Santiago: Tú aún eres una humana y por eso puedes embarazarte de un vampiro...

 

Andrea: Y si me muerdes y resulta que estoy embarazada, ¿qué le pasará al niño?

 

Santiago: ...

 

 

Oscuro.

 

Fernanda lee una carta de frente al público.

 

 

Fernanda: Así, encerrada, Fer…Como en una película de esas de terror. ¿Te acuerdas de lo que te dije que tenía que pasar por estos días? Pues no pasó. Necesito que me traigas una prueba... tú sabes... Pero ten cuidado, nadie puede saber... Emilio te va a hacer entrar en la casa, ponte de acuerdo con él. ¿De verdad Santiago está raro? Tengo que verlo. Pero no le vayas a decir nada, ¿eh? Si supieras las cosas que he soñado... No se te olvide traer un celular.

 

 

Oscuro.

 

Habitación de Andrea. Tarde. Emilio en su versión femenina. Fernanda y Andrea en escena. Santiago en su versión onírica, como el pensamiento de Andrea, aunque ahora es cada vez más parecido a una voz interior que continúa aparte del diálogo de los otros.

 

Fernanda: Es que tu mamá se “acarlota” a cada rato. Así dice mi tía cuando alguien se pone como histérica: “que se acarlota”. Es una expresión que se inventó porque dicen que había una tal Carlota que se volvió loquita.

 

Santiago: ¿De qué hablas, Fernanda?

 

Emilio: Carlota de Borbón, la esposa de Maximiliano.

 

Andrea: ¿Quién es Maximiliano?

 

Fernanda: El autor del comunismo.

 

Emilio: Ese es Marx.

 

Fernanda: Pues dice mi tía que esa tal Carlota le empezó a patinar el coco cuando se murió su esposo que era una especie de rey.

 

Santiago: ¿Qué pendejadas son estas?

 

Andrea: O sea, un rey comunista.

 

Santiago: No, Andrea...  Tú no.

 

Fernanda: No sé si era comunista, pero ella lo quería mucho, aunque no era muy guapo, tenía una barba muy grande y rara.

 

Emilio: Marx también tenía una gran barba.

 

Fernanda: Por eso los confundí.

 

Santiago: (A Andrea). El celular... ¿Me oyes? El celular.

 

Emilio: Maximiliano fue nombrado emperador de México cuando la invasión francesa... no me van a decir que no se acuerdan de eso...

 

Santiago: Cálmate matada...

 

Andrea: Clases de historia... lo que más aborrezco.

 

Santiago: (A Andrea). Eso.

 

Andrea: Mi mamá está loca, pero no se siente ninguna reina viuda todo lo que hace es encerrarme sin ningún motivo, por eso tenemos que hablar bajo.

 

Fernanda: Se “acarlota”, te digo.

 

Santiago: (A Andrea). Ya basta con esta pendejada ... Andrea... Andrea...

 

Andrea: ¿Trajiste el celular?

 

Santiago: Vaya.

 

Fernanda le pasa el celular. Andrea marca. Santiago se aleja de Andrea como si supiera cómo va a estar la conversación.

 

Andrea: Qué padre oír tu voz... Sí, Andrea... Sí... Fernanda me lo prestó... No sabes... Prisionera... Mi mamá... No tengo cel ni compu... Tenemos que hablar... Claro... ¿Estás en la obra? Cómo me hubiera gustado estar en ella... Ok... Te mando besos... Te a...

 

 

Cuelga.

 

 

Fernanda: ¿Y?

 

Santiago: (A Andrea). Todo está bien, de verdad me agarraste justo en el ensayo...

 

Andrea: Es que estaba en lo de la obra de teatro y no podía hablar mucho.

 

Santiago: No es que te haya querido colgar o algo así.

 

Andrea: No es que me haya...

 

Fernanda: Claro que no.

 

Santiago: (A Andrea). No te apures por eso. ¿Eh, Andrea? Andrea...

 

Andrea: Tú ibas a estar en la obra, ¿no, Emilio?

 

Santiago: Andrea, no quieras distraerte...

 

Fernanda: (A Emilio). Qué bueno que no te quedaste. Creo que es una obra en puro verso, casi casi de la época de Maximiliano y Marx juntos.

 

 

Pausa.

 

 

Andrea: (A Fernanda). ¿Y entonces?

 

Fernanda: ¿Entonces...?

 

Andrea: La prueba...

 

Fernanda: Oye, Emilio, ¿tú crees que podrías ir por agua?

 

Emilio: Claro. Para la prueba.

 

Santiago: Sí. Que se vaya de aquí.

 

 

Emilio sale.

 

 

Fernanda: Tú estás mal, Andrea. ¿Sabías que todos se burlan de él en la escuela?

 

Santiago: Eso. (A Andrea). Escucha a tu amiga.

 

Andrea: Por alguna razón lo he visto siempre como si fuera una amiga. No sé.

 

Santiago: ¿Por qué cuentas esto, Andrea?

 

Fernanda: Dicen que todos tenemos un lado femenino y uno masculino. A lo mejor tú sólo ves su lado femenino... De todas formas yo no le podría contar, así como así de mi embarazo.

 

Andrea: Retraso... todavía no sabemos.

 

Santiago: Esto está de la chingada.

 

Andrea: Ha venido todos los días a traerme la tarea.

 

Fernanda: Viene para escaparse de la clase de teatro. ¿No supiste lo que pasó? Claro. Si no te hubieran castigado... por eso te lo escribí en esta carta...

 

 

Andrea toma la carta, pero no puede leerla por la entrada de Emilio, así que la guarda. Emilio le extiende el vaso a Andrea, pero lo toma Fernanda con prisa y la bebe con rapidez ante la extrañeza de Emilio, Andrea y Santiago.

 

 

Fernanda: Pues como dice mi tía. “Al mal paso darle prisa”.

 

Fernanda saca una cadena con un anillo.

 

Fernanda: Bueno, se supone que el anillo debería ser de oro, pero igual sirve...

 

Andrea, Emilio y Santiago: ¿Sirve, para qué?

 

Fernanda: Pues para saber si vas a tener un niño, pero no sólo eso, sino para saber su sexo. Si la cadena se mueve de lado a lado, entonces vas a tener una niña y si se mueve en círculos, entonces tendrás niño... o no sé si era al revés...

 

Emilio: Esto como que no es muy científico.

 

Santiago: (A Andrea). Ahora si estoy de acuerdo con la matada.

 

Andrea: (A Fernanda). ¿Estás segura de esto?

 

Fernanda: Necesito silencio. (Sostiene la cadena enfrente del vientre de Andrea).

 

Andrea: No se mueve. No estoy embarazada.

 

Emilio: O vas a tener un niño sin sexo.

 

Fernanda: (Con sorna). Qué gracioso... Mira... (La cadena se mueve en todas direcciones). Es niño. No. Niña... No. Niño. Niña.

 

Andrea: ¿Cuatro bebés?

 

Santiago: ¿Qué pendejadas son éstas?

 

Andrea: Yo no estoy muy segura de esto, Fernanda.

 

Emilio: Esto no es una prueba confiable de embarazo.

 

Fernanda: No se preocupen. Si no creen en la cadenita. Aquí tengo el test infalible. A ver. (Lee de unas hojas de revista).

 

Emilio: ¿Una revista de mujeres?

 

Santiago: Esto sí no lo soporto... (A Andrea). Si me necesitas… (Sale al baño).

 

Fernanda: “Primer síntoma: Sensación de cansancio. Esto debido a los altos niveles de la hormona progesterona”. (A Andrea). ¿Te sientes cansada?

 

Andrea: Pues me siento cansada de estar aquí sin hacer nada.

 

Fernanda: Vamos a ponerle una palomita.

 

Emilio: No me parece esto muy adecuado.

 

Fernanda: “Segundo síntoma. La Náusea. Es posible incluso que se desee vomitar entre la segunda y la octava semana del embarazo”.

 

Andrea: De lo que siento asco es de estar aquí encerrada.

 

Fernanda: Otra palomita.

 

Emilio: Aunque esos síntomas son ciertos, no es posible decidir si estás embarazada con un test de revista.

 

Fernanda: Tú espérate. (Lee) “Ir al baño con más frecuencia. (A Andrea). ¿Te has levantado en la noche a hacer pipí más de una vez?

 

Andrea: No.

 

Fernanda: Eso nos da un tache.

 

Andrea: Tiene razón Emilio... No creo que esto me vaya a dar una respuesta.

 

Fernanda: (Lee) “Cambios de preferencia en la comida”. (A Andrea). Quiero que te imagines un rico plátano con chamoy y miel y unas sardinas con chongos zamoranos. ¿Cuál se te antoja más?

 

Andrea: Ninguno, qué asco.

 

Fernanda: Otro tache.

 

Emilio: (Examinando las hojas). Ni siquiera está hecha por un médico.

 

Fernanda: (Lee). “Cambio de temperatura”. (A Andrea). ¿Te has sentido acalorada?

 

Andrea: Normal.

 

Fernanda: O sea que ni tache ni palomita.

 

Fernanda: Según esto... Estás embarazada y No estás embarazada. Es un empate.

 

Emilio: No se puede estar medio embarazada.

 

Fernanda: Ok. Ok... Qué pesado… Hay otra prueba que me contó mi tía que no tiene falla: Se pone a enfriar un vaso de vidrio con la primera orina de la mañana y se espera a ver qué pasa con las nubosidades que se forman, si se quedan flotando así como pescaditos, es que estás embarazada, si se hunden como submarinos, es que no.

 

Andrea: No voy a poner a enfriar mi orina por ahí. Mi mamá se va a dar cuenta.

 

Fernanda: Es infalible. Así, comprobadísimo.

 

Emilio: Pero no es científico.

 

Andrea: (A Fernanda. Alterada). No lo puedo creer. Fernanda. Yo creí que me ayudarías con una prueba de verdad. ¿Y sabes qué es lo peor? Santiago está raro y no sé si es por esto...

 

Fernanda: Tú me dijiste que fuera cuidadosa. No pude traer una prueba casera porque no la iba a comprar, así como así. Capaz que alguien me reconoce en la farmacia. Como la vez que todo el pueblo se enteró que mi tía tenía hemorroides por ir a comprar ella misma la medicina.

 

Andrea: Es que ya han pasado un poco más de dos ciclos... y yo soy muy regular.

 

Emilio: Se supone que el ciclo menstrual se regulariza con los años. Y a tu edad no puedes saber si eres regular o no.

 

Fernanda: Y mi abuelita decía que mientras estabas menstruando no debías lavarte la cabeza, ni comer huevos.

 

Andrea: ¿Eso que tiene que ver?

 

Fernanda: ¿Quieres saber lo que creo? Estás embarazada. Número uno, lo hiciste en sin condón, número dos la cadena se movió como raro, pero se movió, y número tres, tu ciclo es de veintiocho días, como en todas las mujeres.

 

Emilio: El ciclo no es igual en todas las mujeres. Lo mismo pasa con el sangrado.

 

Fernanda: El sangrado. Tú qué sabes del sangrado de nosotras las mujeres...

 

Emilio: Lo que digo es que necesitamos una prueba de laboratorio o casera.

 

Fernanda: ¿Quieres que le saquemos una muestra de sangre y la llevemos al seguro social para que nos digan? Pues no podemos. Ella quiere DISCRECIÓN.

 

 

Emilio saca una prueba de embarazo casera.

 

 

Fernanda: ¿Cómo la conseguiste?

 

Emilio: Me dieron dos barras en el centro de salud... Y fui “discreto”.

 

Fernanda: ¿Y por qué no la sacaste desde el principio?

 

 

Fernanda le arrebata la prueba a Emilio.

 

 

Emilio: Lo que la prueba detecta es la presencia de una hormona en la orina.

 

Fernanda: (Lee las instrucciones). Dice que es recomendable hacerla después de siete días de retraso en el periodo. (A Andrea). Siete días de retraso sí tienes.

 

Andrea: O sea que tengo que orinar sobre la barra esta. Qué asco.

 

Fernanda: (Leyendo). Debes asear los genitales primero con un algodón húmedo, luego orinar un poco en el water, retener un poco la orina y luego orinar directamente sobre la prueba.  También dice que bien puedes orinar sobre un frasco y luego meter la prueba en el frasco, pero eso está como que más difícil. Ah... y al final te la tienes que beber. Guácala.

 

Andrea: ¿En serio?

 

Fernanda: No. Eso último fue broma. Pero dice que es importante que sea la primera orina de la mañana.

 

Andrea: No me voy a estar esperando hasta mañana. Me urge saber...

 

Fernanda: Yo digo que lo hagas de una vez... Seguro que tienes ganas de ir al baño, si no, Emilio puede ir por otro vaso con agua.

 

Andrea: Ayúdame, Fernanda.

 

Fernanda: ¿Quieres que te la sostenga?... No... Tú tienes que hacerlo sola, mi reina. O que te ayude Emilia... digo Emilio, ¿no que lo ves como una amiga?... Aunque yo opino que quien debería estar aquí es el bruto de Santiago.

 

 

Santiago entra.

 

 

Emilio: ¿Me ves como una amiga?

 

Santiago: (A Andrea). ¿Qué sucede, Andrea?

 

Fernanda: ¿Por qué no le dijiste nada a Santiago?

 

Andrea: ¿Qué cosa?

 

Fernanda: Creí que para eso querías el celular para decirle que sospechabas que estabas embarazada.

 

Andrea: No me atreví.

 

Emilio: ¿Me ves como a una amiga?

 

Santiago: ¿Me tienes miedo?

 

 

Oscuro.

 

Andrea lee una carta frente al público.

 

 

Andrea: Dicen que el maestro de teatro llegó con los vestuarios de la obra y tuvo que salir un momento. Entonces que agarra Santiago y que convence a todos de que vistan a Emilia, digo a Emilio, de mujer... Tú sabes por todo lo que dicen de él. Y se defendió... entonces que alguien le habló al maestro y zaz que los cachan. Apenas le habían puesto la peluca y un vestido, así por encimita. Entonces al teacher se le ocurrió castigarlos haciendo que todos los papeles los hiciera alguien del sexo opuesto. Ya sabes, los papeles femeninos los harían los hombres y así... ¿Y quién crees que la va a hacer de la Novia? A lo mejor por eso Santiago está tan raro... Todos están furiosos con Emilio, dicen que le van a poner una que lo van a hacer escupir sangre hasta que le salga negro de la boca... Eso dicen.

 

 

Oscuro.

 

Bodega. Mañana. Santiago, en su versión real, y Diego fuman.

 

 

Diego: A lo mejor ya le bajó.

 

Santiago: Eso sí me lo hubiera dicho.

 

Diego: No sé sí tendría un hijo con Fernanda.

 

Santiago: Pinche buena suerte la tuya.

 

Diego: ¿Cuánto llevaba de retraso?

 

Santiago: No sé.

 

Diego: Deberías preguntarle...

 

Santiago: ¿Y si estuviera embarazada? ¿Quién dice que es mío?

 

Diego: Es tu novia.

 

Santiago: No es mi novia.

 

Diego: Tú me dijiste que eran novios de secreto...

 

Santiago: Bueno sí... Pero a mí no me consta que no se haya metido con otros.

 

Diego: Pero igual puede ser tuyo.

 

Santiago: Debería de huir a Guatemala. 

 

Diego: ¿En serio ya no le vas a contestar el teléfono?

 

Santiago: Ya mejor apagué el celular.

 

Diego: ¿Por qué no le hablas y aclaras todo?

 

Santiago: No quiero que me vaya a lloriquear o a ponerse como loca.

 

Diego: Debieron haber usado condón.

 

Santiago: Tú tampoco lo usaste.

 

Diego: Debimos haber usado condón...

 

Santiago: No puedes pensar en ponerte un condón en ese momento. Quería que lo hiciéramos ya. Y ni modo que no lo hiciera.

 

Diego: Te verías mal.

 

Santiago: Como un marica.

 

Diego: Fernanda estaba en sus días... y es más difícil que así se embaracen.

 

Santiago: No mames. ¿Y si te manchaba de sangre? Te podía haber dado sida.

 

Diego: Es muy chica para tener sida.

 

Santiago: ¿Qué no ves, pendejo, que por eso echan esa sangre? Es sangre sucia...

 

Diego: Si Andrea hubiera sido virgen te hubiera manchado.

 

Santiago: Sí qué asco...

 

Diego: ¿Si hubiera sido virgen te la hubieras cogido?

 

Santiago: Ni madres... aunque estaba tan urgida como una virgen... y cuando están así de urgidas, no puedes decir que no... hay que cogérselas varias veces.

 

Diego: No puedes.

 

Santiago: Te verías mal.

 

Diego: Como un marica.

 

Santiago: Si al menos me hubiera gustado tanto como a ella.

 

Diego: ¿De verdad empezó a gemir?

 

Santiago: Ya te dije mil veces que sí.

 

Diego: Es que Andrea no parece como de las que gimieran

 

Santiago: Y luego me pregunta que si la quiero y que si somos novios... ¿qué le podía decir? Y ahora sólo necesitamos un poco de sangre sucia, carajo.

 

Diego: No creo que sea sólo un poco.

 

Santiago: Un día se les mancha la toalla y ya.

 

Diego: Yo había oído que sangraban por varios días. Por eso están tan de malas.

 

Santiago: Se morirían... Es un día... Se ponen la toalla por días porque nunca están seguras que día les va a bajar... Esa sangre es traicionera. Sucia y traicionera. Por eso se ponen de malas.

 

Diego: ¿Qué hago si me hablan?

 

Santiago: Mejor tú también apaga tu celular.

 

 

Oscuro.

 

Continúa la escena en la habitación de Andrea. Fernanda lee la prueba de embarazo.

 

 

Fernanda: (Lee). “…es posible que los niveles de hormona del embarazo en la orina no hayan sido lo suficientemente altos todavía. Se recomienda volver a hacer la prueba en la fecha en la que se debería tener el periodo. Si dicha fecha ya pasó, la prueba se debe hacer tres días después. Si la prueba sigue dando negativa y no ha tenido el periodo, consulte a un médico.”

 

Santiago: (Intentando calmarse). No hay que preocuparse.

 

Andrea: Igual no es tan confiable.

 

Emilio: Su efectividad es superior a noventa por ciento.

 

Andrea: ¿Tenía que cambiar o no tenía que cambiar?

 

Fernanda: Cambiar. Las dos veces tenía que cambiar.

 

Andrea: Yo como que las veo igual...

 

Fernanda: Pues además de fecundada estás ciega.

 

Emilio: O daltónica.

 

Andrea: (Un tanto desesperada). Estoy embarazada. Preñada... Panzona... Así...

 

Fernanda: Panzona todavía no te ves.

 

Santiago: Ya encontraremos algo qué hacer.

 

Fernanda: Después de lo que me contaste. No me explico cómo pudiste quedar... ¿cómo dijiste? Preñada...

 

Emilio: (A Andrea). ¿Qué le contaste?

 

Santiago: ¿Qué?

 

Andrea: Pues...

 

 

Andrea se dirige al baño.

 

 

Santiago: (A Andrea). ¿Qué le contaste?

 

 

Andrea sale del baño, pero deja dentro a Santiago y lo encierra.

 

 

Santiago: (Off). Andrea... ¿qué haces?

 

 

Santiago golpeará intermitentemente la puerta.

 

 

Andrea: Ni siquiera me gustó mucho.

 

Santiago: (Off). ¿Qué pasa allá afuera?

 

Fernanda: Porque era tu primera vez.

 

Andrea: Y también la tuya.

 

Emilio: ¿Eran vírgenes?

 

Fernanda: ¿Y a ti qué te importa?

 

Emilio: Siempre creí que ya tenían experiencia.

 

Andrea: Hicimos un pacto...

 

 

Santiago toca fuerte la puerta.

 

 

Santiago: (Off). Está bien, Andrea... no quieres que diga nada ok, pero date cuenta...

 

Andrea: Las dos perderíamos la virginidad el mismo día. Pero no le dijimos a ellos.

 

Fernanda: No, pues si quieres cuéntale toda mi vida, Andrea... Si quieres traigo mi diario con todos los cochinos detalles.

 

Emilio: ¿Y por qué no usaron condones?

 

Andrea: Hicimos cuentas...

 

Fernanda: Creímos que ellos llevarían.

 

Emilio: El método del ritmo es el peor de todos.

 

Fernanda: Gracias por decirlo ahora.

 

Andrea: No sé cómo voy a poder ocultárselo a mi mamá.

 

Fernanda: ¿Sabes qué hizo mi prima cuando se le retrasó el ciclo? Embarró sus toallas con salsa de tomate.

 

Andrea: Yo no voy a embarrar mis toallas con cátsup.

 

Fernanda: Obvio que no, güey. Te cacharían, como a mi prima.

 

Emilio: Eso es lo malo de no usar métodos anticonceptivos confiables.

 

Fernanda: (A Andrea). Neta que no entiendo cómo pudiste quedar así: fecundada.

 

Andrea: Deja de decir que quedé fecundada... se oye horrible...

 

Fernanda: Como le digas no va a cambiar tu estado biológico psicológico emocional.

 

Andrea: En cambio tú... por lo que me contaste, debiste haber quedado más fecundada que una coneja.

 

Fernanda: Yo siempre supe que no me iba a embarazar. No podía ser.

 

Emilio: Si no usaron condón, todo puede pasar…

 

Fernanda: No vamos a hablar de sexo contigo, ni de cómo lo hicimos... ni...

 

Andrea: Pues fue...

 

 

Santiago golpea la puerta.

 

 

Santiago: (Off). Andrea… ya fue mucho.

 

Andrea: (Casi en secreto con pena) ...muy rápido.

 

Fernanda: Andrea.

 

Andrea: ¿Qué?

 

Emilio: Que haya sido rápido o lento no importa.

 

Fernanda: Sólo se la metió un poco... ¿Ya?

 

Andrea: Fernanda.

 

Fernanda: ¿Qué? Tú empezaste. Si vamos a hablar. Vamos a hablar. Eso me dijiste. Que apenas y te la metió... que te dio miedo y le dijiste que nada más la puntita. (A Emilio). Ni siquiera sangró y eso que era virgen... y por eso, mi querido sabio, no debía estar embarazada.

 

Emilio: No todas las mujeres sangran en la primera relación.

 

Fernanda: Te digo que apenas fue la punta. LA PUNTA.

 

Emilio: ¿Y por dónde crees que sale el semen?

 

Andrea: (A Fernanda). En cambio, a ti te la requetemetió varias veces.

 

Fernanda: Si, pero se vino fuera... Por eso... no podía haber quedado embarazada. Y eso de que me la requetemetió sí que se oye horrible.

 

Andrea: Pues yo creo que tuviste suerte.

 

Emilio: Un poco de esperma pudo haber escapado en el líquido preseminal.

 

Fernanda: Preseminal tienes el cerebro...

 

Andrea: Ya... Fernanda.

 

Fernanda: Es que me desespera que crea que lo sabe todo.

 

 

Pausa incómoda.

 

 

Santiago: (Off). Andrea.

 

Emilio: (A Andrea). ¿Y qué vas a hacer?

 

Andrea: Supongo que tendría que hablar con Santiago.

 

Fernanda: Si me hubiera embarazado de Diego, yo me muero.

 

Andrea: Pero creo que voy a tenerlo...

 

Emilio y Fernanda: ¿Cómo?

 

Andrea: Ya habíamos platicado sobre casarnos en cuanto termináramos la escuela.

 

Emilio: ¿Tan pronto?

 

Andrea: Si el niño se adelantó, ni modo.

 

Fernanda: ¿Y vas a dejar la escuela? ¿Dónde vas a vivir?

 

Emilio: Si no lo quieres hay otras opciones.

 

Andrea: Es de Santiago y mío. No quererlo sería como no quererlo a él.

 

Fernanda: ¿Y si él no lo quiere?

 

Andrea: Claro que lo va a querer…

 

Fernanda: ¿Por qué no le vuelves a marcar?

 

 

Andrea abre el baño. Santiago sale y se aparta. Andrea marca del celular sin resultados.

 

 

Santiago: (A Andrea). No tiene caso que quieras ocultarme cosas, Andrea.

 

Emilio: ¿Se estará escondiendo?

 

Fernanda: A lo mejor está descompuesto.

 

Emilio: Si decides tenerlo nosotros podríamos ayudarte...

 

Fernanda: A darle el biberón y esas cosas... porque cambiar pañales ni madres.

 

Emilio: Santiago es el que le debería cambiar los pañales.

 

Santiago: (A Andrea). ¿Cambiar pañales?

 

Fernanda: (A Emilio). Perdón por decirte que tienes el cerebro...

 

Emilio: Preseminal.

 

Andrea: (A Fernanda). Necesito que me hagas un favor.

 

 

Oscuro.

 

Habitación de Andrea. Noche. Andrea y Santiago. Éste en su versión onírica. Andrea lee del libro de Bodas de Sangre.

 

 

Andrea: “…y al final la sangre pudo más. ¡La sangre! Hay que seguir el camino de la sangre. Pero sangre que ve la luz se la bebe la tierra. ¿Y qué? Vale más ser muerto desangrado que vivo con ella podrida.” Sangre que ve la luz se la bebe la tierra... ¿qué significa?

 

Santiago: Ya no escuchas mi voz... Te has apartado... Antes éramos uno y ahora... hasta me encierras y me bloqueas.

 

Andrea: Tú eras quien quería que viera a Fernanda.

 

Santiago: Si tenemos a ese niño, será de dos mundos diferentes... no sabemos qué pueda pasar. Necesitamos estar unidos. (Pausa). Si no he contestado el teléfono, debe ser por algo importante. No es que no quiera contestarte. Lo que quiero es verte. Verte de frente y platicarlo.

 

Andrea: Deberíamos estar felices... por el hijo que tendremos... ¿Por qué estás así?

 

Santiago: Me visten de novia de pueblo en una obra que no me interesa y tú quieres que conteste el teléfono. No puedo ni imaginarme lo que debo estar sufriendo. Y tú quieres decirme que voy a ser padre... Es mucho para mí.

 

Andrea: (Hojeando el libro). El Novio y La Novia... ¿Por qué no tienen nombre?

 

Santiago: Es una obra antigua.

 

Andrea: Ella se fuga con su exnovio que sí tiene nombre… El Novio sin nombre los va a buscar y pelea con el exnovio... ¿en qué termina?

 

 

Aparece Emilio en la ventana lleva la cara pintada de blanco.

 

 

Emilio: (Off). “La luna deja un cuchillo abandonado en el aire, que siendo acecho de plomo quiere ser dolor de sangre. ¡Déjenme entrar! ¡Vengo helada por paredes y cristales! ¡Abran los tejados y pechos donde pueda calentarme!”

 

Santiago: No lo dejes entrar.

 

Andrea: Es sólo Emilio. Pero se ve muy pálido. (Se acerca a la ventana). Ya se fue. (Abre).  Dejó una navaja.

 

 

Oscuro.

 

Diego y Santiago ensayan en la bodega. Mañana. Diego lee del libro. Usa una peluca femenina. Santiago en su versión real.

 

 

Diego: “Mi hijo...sus lágrimas son lágrimas de los ojos nada más, y las mías vendrán cuando yo esté sola, de las plantas de los pies, de mis raíces, y serán más ardientes que la sangre...” Entras...

 

 

Entra Santiago con peluca femenina…

 

Santiago: “He venido para que me mate y que me lleven con ellos.  Pero no con las manos; con garfios de alambre, con una hoz, y con fuerza, hasta que se rompa en mis huesos...
” (Olvida sus líneas)

 

Diego: (Apuntando). “¡Quiero que sepa...”

 

Santiago: “¡Quiero que sepa que yo soy limpia, que estaré loca, pero que me pueden enterrar sin que ningún hombre se haya mirado en la blancura de mis pechos!”

 

Diego: “¿Qué me importa eso a mí?”

 

Santiago: “¡Porque yo me fui con el otro, me fui! Tú también te hubieras ido... (Olvida sus líneas).” ...Ya... ya... (Se despoja de la peluca).

 

Diego: No está mal la obra ésta... La Novia va con la Madre del Novio y no le pide consuelo, ni perdón… le pide que la mate.

 

 

Pausa.

 

 

Santiago: Todos se van a reír de mí...

 

Diego: Estuve leyendo que esto se hacía mucho en el teatro de la época de Shakespeare... todos los papeles de mujeres los hacían los hombres.

 

Santiago: Época de maricones. Vestían mallas y usaban pelucas blancas.

 

Diego: Nadie se va reír.

 

Santiago: Y los que más me encabrona es que la niña de Emilio se salvó de hacer el ridículo como todos.

 

Diego: Ya sabes que es la niña consentida de todos los profesores.

 

Santiago: Tengo que pensar en algo para vengarme de él.

 

Diego: Kola-loka en el cierre de su mochila.

 

Santiago: No.

 

Diego: Le podemos hacer como con el Gasparín. Le decimos que huele culero el escritorio del profesor, cuando se agache a oler, le empujamos la jeta y que se joda la nariz.

 

Santiago: No.

 

Diego: Usar su mochila como piñata.

 

Santiago: Algo más culero.

 

Diego: Hay que darle un chicle de ajo o de chile habanero.

 

Santiago: No.

 

Diego: Calzón chino. Pamba china. Algo chino.

 

Santiago: No. Hay que pensarlo bien.

 

Diego: ¿Será cierto que le perdonaron estar en la obra para que le ayude a estudiar a Andrea?

 

Santiago: ¿Él va a ver a Andrea?

 

Diego: Le pregunté a Fernanda, pero no me quiso decir.

 

Santiago: Otra razón más para terminar ya con esto.

 

Diego: ¿De verdad lo vas a hacer?

 

Santiago: Le escribí una carta...

 

Diego: Aún no sabes si de verdad está embarazada...

 

Santiago: Tú le vas a pedir a Fernanda que se la entregue.

 

Diego: ¿La vas a tronar con una carta?

 

Santiago: Te digo que ni siquiera es mi novia... Ella lo cree así, pero no...

 

Diego: ¿Y por qué no la vas a ver o le hablas?

 

Santiago: Ya la conozco y no quiero un drama de telenovela...

 

Diego: Pero, ¿qué le dices en la carta?

 

Santiago: La verdad. Para eso son las cartas, ¿no? Para decir la verdad.

 

 

Pausa.

 

 

Diego: ¿Quieres volver a repasar tu papel?

 

 

Oscuro.

 

Habitación de Andrea. Tarde. Emilio y Andrea hablan. Emilio en una versión cada vez menos femenina.  Santiago en su versión onírica, aparte. Es una voz interna en la cabeza de Andrea. Cada vez más débil..
.

 

 

Emilio: Yo no sabía que los vampiros podían tener hijos…

 

Andrea: ¿Y por qué no?

 

Santiago: Ni lo escuches, Andrea, él qué va a saber.

 

Andrea: Si se enamoran y hacen el amor, claro que pueden. ¿Dónde está lo raro? Si no, los vampiros se extinguirían. Dime de dónde saldrían más vampiros.

 

Emilio: Yo sabía que los vampiros no se extinguían porque mordían a otros infectando a la gente de su mal...

 

Andrea: Yo tenía una visión romántica y vienes a echármela a perder.

 

Emilio: ¿Y yo salía en tu sueño?

 

Andrea: Y pues sí.

 

Emilio: ¿Y era vampiro?

 

Andrea: No.

 

Emilio: ¿No?

 

Santiago: (A Andrea). No le va a gustar.

 

Andrea: Eras un zombi. Y Fernanda era una mujer lobo.

 

Emilio: Un zombi no está tan mal.

 

Andrea: Una zombi mujer.

 

Emilio: ¿Una zombi?

 

Andrea: Pero aparecías en una pequeña parte. Como los orcos esos en El Señor de los Anillos.

 

Emilio: ¿Así me ves? ¿Cómo una mujer muerta?

 

Andrea: Debías estar agradecida, no estabas embarazada como yo.

 

Emilio: ¿Agradecida?

 

Andrea: ¿Cómo?

 

Emilio: Dijiste “debías estar agradecida”.

 

Andrea: No es cierto. Dije agradecido.

 

Emilio: Dijiste agradecida.

 

Andrea: Y dije embarazada, pero porque eras una mujer zombi.

 

Emilio: Lo de agradecida, me lo dijiste a mí, no a la mujer zombi…

 

 

Pausa.

 

 

Andrea: ¿Es cierto lo que pasó en el ensayo?... (Pausa). Me lo contó Fernanda. Fue muy mala onda lo que te hicieron... (Pausa). Leí la obra, ¿quién ibas a ser?

 

Emilio: La luna.

 

 

Ante los ojos de Andrea, Emilio se va deshaciendo de la apariencia femenina que aún tiene. Esto hace que Santiago se incorpore y se acerque.

 

 

Emilio: “No quiero sombras. Mis rayos han de entrar en todas partes, y haya en los troncos oscuros un rumor de claridades, para que esta noche tengan mis mejillas dulce sangre...”

 

Santiago: (A Andrea). No.

 

Emilio: “...y los juncos agrupados en los anchos pies del aire. ¿Quién se oculta?”

 

Santiago: (A Andrea). No… No.

 

Emilio: “¡Afuera digo! ¡No! ¡No podrán escaparse! Yo haré lucir al caballo una fiebre de diamante.”

 

Andrea: Te la aprendiste.

 

Santiago: Pero ¿qué haces, Andrea?

 

Emilio: Me gusta el teatro.

 

Santiago: Ya la oíste, Andrea. Es una niña... Le gusta el teatro...

 

Andrea: Lo hiciste muy bien...

 

Santiago: (Derrotado). Andrea...

 

 

Un silbido del otro lado de la ventana.

 

 

Emilio: Ahí está Fernanda... Le voy a abrir.

 

Andrea: Creo que deberías regresar a la obra... digo, si te gusta el teatro.

 

 

Emilio sale.

 

 

Santiago: ¿Qué está pasando, Andrea?... Ahora ya ignoras mi voz...

 

 

Andrea toma su libro de vampiros. Ella lo ignora.

 

 

Santiago: Le hubieras dicho que llegó a querer apartarme de ti como un zombi, disfrazado y con un cuchillo... Y ahora... de pronto es un... (Pausa).¿En qué piensas? No puedo leer tu mente, ¿qué pasa?... No me vas a decir que... ¿Qué está pasando entre nosotros, Andrea? (Pausa). Andrea...

 

 

Andrea avienta el libro. Santiago está consternado. Fernanda y Emilio entran hablando.

 

 

Andrea: Cállense… Mi mamá los va a oír. (Cierra la puerta).

 

Fernanda: (A Andrea). ¿En serio soñaste que ibas a tener un bebé vampiro?... Qué cool. Como en la película.

 

Emilio: Eso le dije, que es por leer tantas veces esos libros y ver esas películas.

 

Fernanda: (A Andrea). ¿Cómo lo amamantarías? Seguro te mordería la teta, ¿no?

 

Emilio: (A Fernanda). Yo era un zombi y tú una mujer lobo.

 

Andrea: No voy a poder dormir pensando en un niño que me muerde la teta.

 

Fernanda: Y yo no voy a poder dormir pensando en que me voy a llenar de pelo y ponerme a ladrarle a la luna.

 

Andrea: Fue sólo un sueño. ¿Ustedes creen que yo me veo como una vampira?

 

Fernanda: A veces te veo un poco chupasangres.

 

Emilio: Mi mamá me dice que debo espabilarme un poco más...

 

Fernanda: ¿Una loba? ¿Lo dices por esa vez que se me olvidó depilarme?

 

Andrea: No les hubiera contado nada.

 

Emilio: Al menos tu sueñas cosas interesantes...

 

Pausa.

 

Andrea: ¿Y?

 

Fernanda: No lo encontré... Y también estuve intentando marcar a su celular y nada.

 

Andrea: ¿Por qué se estará escondiendo?

 

Fernanda: Hablé con Diego...

 

 

Santiago se vuelve a mostrar interesado.

 

Oscuro.

 

Bodega. Diego ensaya con un libro y una peluca femenina sobre la cabeza. Fernanda aparece sin que él lo note.

 

 

Diego: “Por eso es tan terrible ver la sangre de una derramada por el suelo. Una fuente que corre un minuto y a nosotros nos ha costado años. Cuando yo llegué a ver a mi hijo, estaba tumbado en mitad de la calle. Me mojé las manos de sangre y me las lamí con la lengua. Porque era mía.”

 

 

Diego nota a Fernanda. Se quita apenado la peluca.

 

 

Fernanda: ¡Híjole! No sabía que te gustara el teatro.

 

Diego: Sólo estaba ayudando a ensayar a Santiago.

 

Fernanda: ¿De verdad va a salir de Novia Traicionera?

 

Diego: La Novia que se queda sola.

 

Fernanda: Se lo merece...

 

Diego: ¿Santiago o la Novia?

 

 

Pausa.

 

 

Fernanda: ¿Dónde está?

 

Diego: No sé de qué hablas.

 

Fernanda: Me dijeron que debía estar contigo y te seguí. ¿Se está escondiendo o qué?

 

Diego: ¿Por qué habría de estarse escondiendo?

 

Fernanda: Hazte el que no sabes... Ayer le marcamos y luego apagó su celular.

 

Diego: Está confundido.

 

Fernanda: ¿Cómo crees que está Andrea? Son novios y no le contesta el teléfono.

 

Diego: Él dice que no...

 

Fernanda: Que no qué.

 

Diego: Que no son novios.

 

Fernanda: Se acostaron. Cogieron... Cómo no van a ser... ¿Eso te dijo?

 

Diego: Él dice que sólo son buenos amigos...

 

Fernanda: Buenos amigos... ¿qué quiere decir con eso?

 

 

Pausa.

 

 

Diego: ¿Y cómo está Andrea?

 

Fernanda: ¿Santiago te pidió que preguntaras por cómo está Andrea?

 

Diego: No. ¿Por qué?

 

Fernanda: No me gustó la manera en como me preguntaste... como si... raro.

 

Diego: (Inquisitivo). Pero está bien...

 

Fernanda: Ahí estás otra vez...

 

Diego: Yo...

 

Fernanda: Sí. Ella está bien... Está muy bien de salud. Te digo que la fui a ver y está muy bien. Buen color de piel. Cabello sedoso. Todo.

 

 

Pausa.

 

 

Fernanda: Tú me pediste un favor. ¿te acuerdas?...

 

Diego: Tú prometiste que sería nuestro secreto.

 

Fernanda: Si no me dices qué se trae Santiago con Andrea, toda la escuela va a saber que no se te para... que ni siquiera pudiste metérmela.

 

Diego: No, Fernanda...

 

Fernanda: Yo protegí tu reputación y ni siquiera sé por qué...

 

Diego: Pero... si Santiago...

 

 

Aparece Santiago en su versión onírica. No se percatan de su presencia. Es una voz en la mente de Diego. El diálogo se da sólo entre Fernanda y Diego.

 

 

Santiago: Claro que me voy a enterar.

 

Fernanda: ¿Qué te pasa?

 

Santiago: No le pasa nada, pendeja.

 

Diego: Es mi amigo.

 

Fernanda: Ese Santiago de verdad es un cabrón... Los tiene a ti y a Andrea...

 

Diego: Creo que tiene miedo...

 

Santiago: No te atrevas.

 

Fernanda: ¿Miedo?

 

Santiago: (A Diego). Calladito...

 

Diego: Nada.

 

Santiago: Dale ya la carta y que se deje de estar molestando.

 

Diego: Me dio una carta. Creo que ahí le explica todo a Andrea.

 

Fernanda: Esto es muy raro. ¿Por qué no habla con ella, por qué se esconde?

 

Santiago: No me estoy escondiendo de nadie. (A Diego). Díselo.

 

Diego: Lo que pasa es que sospecha.

 

Fernanda: Sospecha.

 

Diego: Que Andrea está embarazada.

 

Santiago: ¿Qué haces, cabrón?

 

Fernanda: ¿Y si así fuera?

 

Diego: Dice que no es suyo...

 

Santiago: Claro que no es mío.

 

Fernanda: Claro que es suyo.

 

Diego y Santiago: Entonces está embarazada.

 

Fernanda: Estoy hablando hipotéticamente. Como si estuviera, pero no. ¿Entiendes?

 

Diego: Dice que es muy joven para ser padre.

 

Fernanda: ¿Y Andrea está en la edad perfecta para estar panzona?

 

Santiago: Eso no importa.

 

Diego: Te digo que está confundido.

 

Fernanda: Típico ... creen que por huir, los problemas desaparecen.

 

Santiago: Ese bebé no es mi problema.

 

Diego: Así lo ve él. No yo... Si tú te hubieras embarazado, Fernanda... Yo...

 

Fernanda: Por suerte aún no se puede embarazar una con el pensamiento...

 

Diego: No le vas a decir a nadie... ¿verdad? Ni a Santiago...

 

Fernanda: Dile a Santiago que si Andrea estuviera embarazada, en el caso hipotético que lo estuviera, hay pruebas con las que se puede demostrar que también es muy su pedo.

 

Santiago: Te digo que no es mi pedo. (A Diego). No es mi pinche pedo. Díselo.

 

Diego: ...

 

 

Sale Fernanda.

 

Oscuro.

 

Continúa la escena anterior en la habitación de Andrea.

 

 

Fernanda: Te digo que sólo le dije muy tranquilamente que en el caso hipotético y supuesto de que estuvieras embarazada Santiago tendría que apoyarte.

 

Pausa. Aparece Diego en una versión onírica. Su apariencia es la de un zombi. Nadie lo percibe. Es una voz en la cabeza de Andrea. No participa en el diálogo.

 

 

Andrea: Tengo que deshacerme de él.

 

Diego: Santiago dice que no son novios...

 

Fernanda: ¿Estás bien, Andrea?

 

Emilio: Tú dijiste ayer que lo querías.

 

Andrea: Dije que tal vez lo hubiera considerado.

 

Diego: Santiago dice que sólo son amigos.

 

Fernanda: Tal vez deberías esperarte a hablar con él.

 

Andrea: Ustedes dos decían que lo mejor era que abortara.

 

Fernanda: Porque estás muy chica para tener un hijo.

 

Emilio: (A Andrea). Porque no puedes dejar la escuela.

 

Diego: Santiago está confundido.

 

Emilio: Apenas ayer nos dijiste que sí querías al niño.

 

Fernanda: (A Andrea). Hasta te soñaste embarazada.

 

Diego: Santiago dice que no puede ser padre.

 

Andrea: Cambié de opinión.

 

Diego: Santiago dice que no es su problema.

 

 

Pausa. Diego desaparece. Santiago se incorpora entusiasmado.

 

 

Andrea: ¿Me van a ayudar?

 

Santiago: Deja que te ayuden. Aún puedes recuperar a Santiago.

 

Fernanda: No lo estarás haciendo por lo que te dije.

 

Santiago: (A Andrea). No les digas lo que quieren oír... se van a burlar de ti.

 

Andrea: Mi mamá ya se dio cuenta que no tengo el periodo... Se enteró que con la anorexia eso puede pasar... cree que perdí el periodo por la anorexia... 

 

Santiago: Que no te importe mentir.

 

Andrea: Me dijo que ahora sí me va a llevar al médico...

 

Santiago: Hay que recuperar a Santiago. Si él no quiere un hijo...

 

Andrea: No puedo dejar que me lleve...

 

 

La voz de Santiago gana fuerza. Otra vez es el pensamiento de Andrea.

 

 

Santiago: No es que esté decepcionada de él... No es que aún siga en mi cabeza.

 

Fernanda: ¿En serio las mujeres con anorexia pierden el periodo?

 

Emilio: Fernanda.

 

Santiago: (Un tanto desesperado). Cómo dice que no éramos novios. Pero sí somos.

 

Andrea: (Un tanto desesperada). ¿Me van a ayudar?

 

Emilio: ¿Estás segura que tu mamá no entendería?

 

Andrea: Si me encerró con lo de la anorexia, imaginan lo que haría si se entera...

 

Fernanda: Mi mamá me mataría y está menos “carlota” que tu mamá.

 

Emilio: (A Andrea). Si de verdad quieres deshacerte de él, lo mejor que podemos hacer es ir a un hospital.

 

Andrea: Todo mundo se enteraría. Tiene que ser aquí. Y pronto.

 

Santiago: (Desesperado). Lo importante es que Santiago nunca se enteró que estuve embarazada...

 

Emilio: Pero un aborto es algo delicado.

 

Andrea: (Desesperada). Pues me van a ayudar si no quieren que me tire de las escaleras.

 

Santiago: Un aborto.

 

Fernanda: No tienes escaleras.

 

Andrea: Bueno, del buró... Así se pierden los niños. Con un golpe. ¿no?

 

Emilio: No digas tonterías, Andrea.

 

Andrea: ¿Qué dices?

 

Fernanda: Que no digas pendejadas.

 

Andrea: Que me tiro del buró...

 

Fernanda: ¿Y por qué no mejor te pateamos la panza para que salga el feto hecho pedacitos?

 

Andrea: Pues no estaría mal...

 

Fernanda: Estás bien idiota.

 

Santiago: (A Andrea). No... no estás idiota.

 

 

Pausa.

 

Santiago: ¿Andrea? ¿Me oyes?

 

 

Pausa.

 

 

Emilio: La puerta de tu baño abre hacia fuera.

 

Andrea, Santiago y Fernanda: ¿Qué?

 

Emilio: Está mal. Ya te lo había dicho... Un día alguien te puede bloquear la entrada y te quedarías ahí atrapada...

 

Fernanda: ¿Por qué cuentas eso ahora, Emilio? ¿No ves cómo está Andrea?

 

Emilio: (A Andrea). Si vas a hacer las cosas hay que hacerlas bien. No como el idiota que puso la puerta de tu baño...

 

Fernanda: Fue su papá...

 

Emilio: No sabía...

 

Andrea: No te preocupes. Era un idiota.

 

Fernanda: Emilio tiene razón... Si vas a abortar tienes que hacerlo bien...

 

Emilio: Podemos ir a una clínica en la capital. Ahí es legal hacerlo.

 

Santiago: No...

 

Andrea: Tengo que hacerlo aquí. Ustedes pueden investigar... Como lo de la prueba de embarazo casera.

 

Emilio: No hay abortos caseros.

 

Fernanda: Ahora sí ya estás peor que tu mamá, Andrea.

 

Andrea: Si eres mi amiga, me vas a ayudar.

 

Fernanda: ...

 

Andrea: Emilio...

 

Emilio: ...

 

Andrea: ¿Mañana?

 

 

Pausa.

 

 

Fernanda: ¿Es para recuperar a Santiago?

 

Santiago: Sí.

 

Andrea: (Casi al mismo tiempo que Santiago). Te lo juro que no.

 

 

Fernanda le extiende una carta.

 

 

Andrea: ¿Y por qué no me la diste antes?

 

Fernanda: Porque antes de que te lave el coco con sus mentiras, quería saber qué era lo que pensabas.

 

 

Andrea lee la carta con avidez. Santiago queda expectante.

 

 

Fernanda: Mejor será que nos vayamos, Emilio.

 

Santiago: Ya no me busques, somos diferentes. No quiero novias, no quiero compromisos ¿Cómo puedo querer un hijo, si ni siquiera quiero una novia? Si algo te pasa no es mi problema.

 

Santiago: ¿Qué chingados está pasando por tu cabeza?

 

Andrea: ¿Y si tú fueras el embarazado? Un cambio de papeles como en tu obra de teatro.

 

Santiago: Yo no quiero este niño.

 

Andrea: Ya lo sé.

 

Santiago: Los vampiros no pueden tener hijos… ¿Me odias?

 

Andrea: ¿Lo dices por la carta, por lo que le hiciste a Emilio o por lo que le dijiste a Diego?

 

Santiago: ¿Por eso has decidido deshacerte de tu hijo? ¿Tú crees que con esto me estás eliminando de tu cabeza?

 

Andrea: ¿Qué dices si uso la navaja que nos dejó la Luna?

 

Santiago: Tal vez me matarás en tus sueños, pero no me dejarás de escuchar. Ahora estoy más cerca de ti que nunca… Yo ya estoy en tu cuerpo…

 

Andrea: Esperen... 

 

 

Fernanda y Emilio se vuelven. Andrea termina la carta. Queda atónita.

 

 

Andrea: Los veo mañana.

 

 

Oscuro.

 

Habitación de Andrea. Tarde. Fernanda, Emilio y Andrea. Santiago en su versión onírica es una voz insistente en la cabeza de Andrea. Se le ve enfermo. Aparte y sudando.

 

 

Fernanda: Puse la pregunta en un foro. Así como si fueras tú para que me dieran una respuesta. Me puse el nombre de Teté... En una página vi, que una chava se metió un gancho para provocarse un aborto. Claro, la pobre se desgarró y chingó a su madre… si al menos le hubiera puesto un condón en la punta. Uno como el que no usaste. Muchos me mentaron la madre. Hubo unos que me dijeron que yo era una asesina por tan sólo pensarlo, que si quería una buena solución pues que me suicidara.

 

Santiago: Me estarías matando, Andrea... Ya jamás me escucharías...

 

Andrea: Claro, como no están en mi situación...

 

Emilio: De seguro puras respuestas así te dieron.

 

Fernanda: Les digo que de pendeja y asesina no bajaban a la pobre de Teté.

 

Emilio: Es que un aborto es ilegal en muchos lados.

 

Andrea: Y vas a decir que es pecado.

 

Santiago: Es pecado... y tú eres católica.

 

Fernanda: Otros me decían lo típico de que si por un rato de placer estaba pagando las consecuencias, que por qué mejor no lo daba en adopción...

 

Andrea: Que hay gente que nunca ha podido tener hijos...

 

Santiago: Ellos si que apreciarían un bebé...

 

Fernanda: Que el feto siente todo.

 

Santiago: (A Andrea). Claro que siente...

 

Fernanda: ...Y quién sabe qué más... pero nadie me daba una respuesta...

 

Emilio: Nadie te va a dar una fórmula de aborto casero... eso es como pedir consejos para suicidarte o para matar a tu vecino.

 

Fernanda: Hubo una que me dijo que su tía ayudó a abortar a una chava con un tubo. Lo metían en la vagina y eso provocaba un vacío o algo así y el... bueno... Y al final me sugería que por qué no me metía un tubo también... la verdad no sé si me estaba ayudando o me estaba insultando.

 

Santiago: No escuches ya nada de esto, Andrea.

 

Andrea: Seguro que alguien ha abortado en su casa...

 

Emilio: Y seguro acabó desangrándose en un hospital.

 

Andrea: Debe haber una píldora...

 

Emilio: Si te hubieras tomado la píldora del día siguiente, pero cuando era tiempo.

 

Andrea: Como no inventen la máquina del tiempo mañana.

 

Emilio: No hay soluciones milagrosas.

 

Santiago: No hay nada, Andrea, nada...

 

Fernanda: Pues ya estaba harta de los insultos sobre todo cuando uno me dijo que yo era un aborto de la naturaleza. Entonces que busco: “pastillas abortivas”. En una página decía, que sólo se necesita una dosis de cuatro pastillas de... 
misoprosnoséquéchingados...aquí las apunté (Lee de unos apuntes). Dicen que después de unos como cólicos comienzas a sangrar y ya sabes...

 

Santiago: No escuches, Andrea.

 

Andrea: Ahora sólo tenemos que comprar esas pastillas...

 

Fernanda: Misopro… (Lee)…

 

Emilio: ...sol.

 

Fernanda: No creo que sea fácil conseguirlas...

 

Emilio: Yo creo que aún estás a tiempo de pensarlo, Andrea.

 

Andrea: Tú porque quieres que me quede con el niño.

 

Santiago: Para que viva...

 

Emilio: Lo que digo es que podemos ir a una clínica se supone que en la capital por ley te deben operar...

 

Santiago: Odio los hospitales...

 

Emilio: Debe haber varios centros y refugios que te pueden ayudar...

 

Santiago: Yo no quiero ir a un lugar para mujeres golpeadas y abandonadas.

 

Emilio: Sólo tenemos que salir de aquí y tomar un autobús...

 

Andrea: Y que se entere mi mamá.

 

Emilio: Es preferible a que te vayas a provocar algo grave...

 

Andrea: Es que necesito hacer algo ya...

 

Santiago: Andrea...

 

Andrea: (A Santiago). Cállate...

 

Emilio: ¿En serio te sientes bien?

 

Fernanda: (A Andrea). Siéntate.

 

 

Pausa.

 

 

Andrea: Tengo que matar a Santiago.

 

Fernanda: ¿No decías que Santiago no tenía nada que ver con esto?

 

Andrea. Quise decir... al hijo de Santiago.

 

Santiago: No estarías matando a Santiago. Te estarías matando a ti misma.

 

Andrea: Siento que el niño está creciendo, que se está alimentando de mí, que se está bebiendo mi sangre... que se va a apoderar de mi voluntad.

 

 

Santiago se aparta con sus dolores. Emilio saca unas pastillas.

 

 

Andrea: ¿Y esas de dónde las sacaste?

 

Emilio: No quieren saber.

 

Fernanda: Tú pareces farmacia.

 

Emilio: ¿Estás segura?

 

Santiago: No...

 

Emilio: Con una es suficiente.

 

Andrea: Ya me dio miedo.

 

Santiago: No, Andrea.

 

 

Andrea toma la pastilla y la ingiere.

 

 

Fernanda: En la madre... lo hiciste.

 

Santiago: Qué hiciste... Es... (Se queja) No es cierto...

 

 

Santiago se retuerce. Andrea se asusta y la vomita. Santiago respira aliviado.

 

 

Andrea: Lo iba a hacer tan sólo porque odio a Santiago... por lo que me escribió, porque me di cuenta que no me ama.

 

Fernanda: Cálmate... (A Emilio). ¿Y tú? Qué cabrón resultaste. Cómo se te ocurre darle un abortivo, así como así...

 

Emilio: Era una vitamina...

 

Fernanda: ¿Qué?

 

Andrea: ¿Por qué te burlas de mí?

 

Emilio: Quería entenderte...

 

Andrea: No me atrevo a abortar y no me atrevo a tener un hijo que no quiero.

 

Emilio: Mañana te voy a traer algo mejor. Algo que si te va a servir...

 

Fernanda: (Con sorna). ¿Una aspirina?

 

Emilio: (A Andrea). ¿Confías en mí?

 

 

Oscuro.

 

Habitación de Andrea. Noche. Santiago en su versión onírica, presenta un vientre abultado, como si estuviera embarazado. Andrea se muestra indiferente.

 

 

Andrea: Las leyes son para romperse.

 

Santiago: Las leyes se tienen que obedecer...

 

Andrea: Hay cosas que no entiendo de su supuesto mundo vampírico.

 

Santiago: Así funcionan las cosas y ya.

 

Andrea: ¿Por qué no pueden morder en el cuello a ancianos, niños o tullidos? ¿No es eso discriminación?

 

Santiago: ¿Por qué haces esto, Andrea?

 

Andrea: Lo de no dejarse fotografiar... se me hace como un poco mamón.

 

Santiago: Había aceptado que me usaras para tus fantasías y sueños... que imaginaras que te amo...

 

Andrea: ...

 

Santiago: No puedo estar embarazado.

 

Andrea: Pues yo te veo muy “preñado”.

 

Santiago: ¿Qué chingados está pasando por tu cabeza?

 

Andrea: Tienes que tranquilizarte. No sólo estás embarazado, sino que estás a punto de dar a luz... ¿o se dice “dar a oscuridad”?

 

Santiago: Yo no quiero este niño.

 

Andrea: Ya lo sé.

 

Santiago: Los vampiros no pueden tener hijos...

 

Andrea: Y no tienen un corazón que les bombee sangre... tú me lo dijiste... pero tienen veneno y es tu veneno el que alimentará a nuestro pequeño bebé.

 

Santiago: Tú eres la que debía estar embarazada, no yo.

 

Andrea: O sea que estaba bien que yo me embarazara, pero tú no.

 

Santiago: ¿Es una venganza por lo que te dije en la carta?

 

Andrea: Es sólo un cambio de papeles... como en tu obra de teatro.

 

Santiago: Te advertí de lo peligroso de crear a un Santiago que no es el verdadero. Véngate de él. No de mí.

 

Andrea: Cada quien a su tiempo.

 

Santiago: (Se queja). Espera...

 

Andrea: ¿Ya empezaron las contracciones? No puede ser, apenas tienes dos meses.

 

Santiago: Se siente horrible... es como... como... tienes que llevarme a un hospital.

 

Andrea: Los vampiros no pueden revelar su identidad en público.

 

Santiago: Tengo que deshacerme de este niño.

 

Andrea: Podríamos hacerte una cesárea.

 

Santiago: ¿Me odias?

 

Andrea: ¿Lo dices por la carta, por lo que le hiciste a Emilio o por lo que le dijiste a Diego?

 

Santiago: ¿Por eso has decidido deshacerte de tu hijo?

 

Andrea: Sólo quiero que sufras... antes de matarte.

 

Santiago: ¿Tú crees que con esto me estás eliminando de tu cabeza?

 

Andrea: Blablabla... ¿Qué dices si uso la navaja que nos dejó la Luna? ¿Funcionará como una estaca?

 

Santiago: Tal vez me matarás en tus sueños, pero no me dejarás de escuchar. Ahora estoy más cerca de ti que nunca... Yo ya estoy en tu cuerpo...

 

 

Andrea toma la navaja que le dejó Emilio. Se le acerca a Santiago decidida.

 

Oscuro.

 

Diego y Santiago en los baños. Mañana.  Ensayan con ayuda de una navaja. Santiago en su versión real.

 

 

Santiago: “Y esto es un cuchillo, un cuchillito que apenas cabe en la mano; pez sin escamas ni río, para que un día señalado, entre las dos y las tres, con este cuchillo, se queden dos hombres duros con los labios amarillos.”

 

Diego: (Lee). “Y apenas cabe en la mano, pero que penetra frío por las carnes asombradas y allí se para, en el sitio donde tiembla enmarañada la oscura raíz del grito.”

 

Santiago: ¿Ya habrá leído mi carta?... Espero que no me busque.

 

Diego: Te va a buscar...

 

Santiago: Carajo... No entiendo qué más pueda querer. Ya se lo dije todo.

 

Diego: Si está enamorada... no va a dejarlo pasar... yo no lo dejaría... digo... si fuera mujer y si estuviera enamorada... de ti.

 

Santiago: Todo lo que yo quería era pasármela bien.

 

Diego: ¿Le dijiste alguna vez que la amabas?

 

Santiago: Claro que no... Tal vez me lo preguntó...

 

Diego: Y le dijiste que sí.

 

Santiago: Pinches viejas. Necesitan muy poco para enamorarse. Una pinche cogida.

 

Diego: A veces es más... Es que te conocen demasiado bien y se dan cuenta que eres especial y... 

 

Santiago: Si fuéramos novios y estuviéramos por casarnos... pero ni eso...

 

Diego: Tal vez no esté enamorada ni embarazada.

 

Santiago: ¿Cómo haces para que una vieja te odie?

 

Diego: Tal vez se imaginó que tú estabas enamorado... Tal vez vio señales... Tal vez se dio cuenta de otras cosas... (Diego saca una carta).

 

Santiago: Tú dijiste que le diste mi carta...  ¿Es de ella?

 

Diego: Te escribí algo.

 

 

Diego extiende la carta. Aparece Emilio. Diego esconde su carta.

 

 

Emilio: Santiago, tengo que hablar contigo.

 

 

Diego y Santiago se quedan sin saber qué decir. Se ven unos a otros, petrificados.

 

Oscuro.

 

Andrea sube por la ventana un gancho atado a una cuerda en el que está ensartada una carta. Le hace una señal a alguien afuera. Fernanda aparte habla al frente. Mientras habla y Andrea lee, se da simultáneamente la escena entre Emilio, Santiago y Diego.

 

 

Emilio: Quiero hablar contigo, Santiago.

 

Fernanda: ¡Lo que pasó, güey! Emilio no iba a traerte ninguna matrona, ni una inyección, quiso traer a Santiago a tu casa, le dijo que tenía que responsabilizarse de su hijo... antes de que hablara con él yo le dije que era una pendejada, que no se expusiera. La verdad es que nunca creí que lo haría, pero fue a buscarlo hasta la bodega donde se escapan a fumar...

 

Emilio: (A Santiago). Pero ella dice que es tu hijo.

 

Santiago: Eso dice ella.

 

Fernanda: Me dijo Julio que se asomó a la bodega y que oyó voces... no pudo entender mucho, sólo la voz de Santiago que estaba muy encabronado.

 

Santiago: (A Emilio). Mejor lárgate, mariquita.

 

Emilio: Tú puedes convencerla de que haga lo correcto.

 

Santiago: No es mi problema.

 

Emilio: ¿Sabes que está dispuesta a abortar en su casa?

 

Santiago: Es su problema.

 

Emilio: No te importa que pueda morir.

 

Santiago: De eso se trata el aborto.

 

Emilio: Me refiero a ella, pendejo.

 

Santiago: ¿A quién le dices pendejo, pendejo?

 

Emilio: Le voy a decir a todos que eres un pinche marica.

 

Santiago: ¿Yo, marica?

 

Emilio: Déjame.

 

Diego: Tú te quedas aquí, marica.

 

 

Pausa.

 

 

Emilio: Marica tú, que no te atreves a decirle a Santiago lo que sientes por él.

 

Santiago: ¿Qué?

 

Diego: ¿Qué pendejadas dices?

 

Emilio: Que se te nota a kilómetros como lo miras, como  babeas
 por él. Haces todo lo que te ordena. Besas el suelo que pisa. Te gusta, pero prefieres hacerte el macho con él antes de reconocer lo que eres.

 

Diego: Ahora sí, te chingaste, pinche puto.

 

 

Mientras Fernanda habla, Diego y Emilio pelean. Santiago se lanza sobre Emilio, pero hiere a Diego con la navaja.  Santiago tira la navaja y sale asustado. Emilio lo pretende detener, Diego toma la navaja, sujeta a Emilio por la espalda y lo hiere a su vez.

 

 

Fernanda: Para cuando abrieron la puerta. Emilio y Diego estaban en el suelo sangrando... con heridas de navaja...parece que la navaja la usaban para ensayar la obra... Emilio y Diego están en el hospital... Pero el bruto de tu novio huyó... nadie sabe a dónde pudo ir. Antes de que entrara a hablar con Santiago, Emilio me dio una carta para ti... yo creo que sabía...

 

 

Emilio y Diego de frente al público.

 

 

Emilio: Estoy harto de los que abusan. Me da miedo, pero ya estoy... hasta la madre...hasta la madre de tener miedo. ¿Te acuerdas que cuando éramos chicos nos pinchamos el dedo y juramos que seríamos amigos de sangre para siempre? Sé que tú también tienes miedo. Pero no debes, no debemos... Hay que hacer las cosas bien, Andrea.

 

Diego: (Lee una carta). He pensado mucho en esto. No creas... Espero que no te vayas a reír... Yo sé que no tengo oportunidad, pero es algo que tenía que decirte. Es algo más fuerte que yo. Y ya no lo puedo esconder. Siempre te he querido como amigo, pero de un tiempo acá, lo que siento por ti... lo que siento por ti... está cabrón... (Rompe la carta).

 

Fernanda: Andrea, luego vengo para ver qué hacemos con tu “asunto”, pero antes voy a ir a ver a Emilio y a Diego al hospital...  A llevarles flores, creo... Ya sé que Diego no se ha portado de lo mejor y no merece que le lleve ni un nopal, pero qué quieres...

 

 

Santiago en su versión real entra por la ventana.

 

 

Andrea: ¿Cómo llegaste aquí?

 

Santiago: Trepé por la herrería.

 

Andrea: Pudiste haberte caído.

 

Santiago: Necesito que me dejes esconder.

 

Andrea: (Casi para sí). ¿Vienes a pedir perdón o a pedirme que te mate?

 

Santiago: ¿Cómo?

 

Andrea: Creí que no querías verme.

 

Santiago: Cómo crees.

 

Andrea: Tú me lo escribiste.

 

Santiago: No hagas caso...

 

Andrea: Que no soy tu novia.

 

Santiago: Claro que lo eres.

 

Andrea: Que no te importaban mis problemas... Que no querías volver a verme.

 

Santiago: Es que estaba confundido.

 

Andrea: Ahora yo estoy confundida.

 

Santiago: Algo pasó y tengo que irme... (Pausa). Necesito que me prestes dinero, Andrea.

 

Andrea: ¿Esa es tu manera de arreglar las cosas?

 

Santiago: Si quieres acompañarme.

 

Andrea: Podemos irnos juntos...

 

Santiago: ¿Tienes dinero?

 

Andrea: Pensaba en ir a la capital a abortar con mis ahorros.

 

Santiago: ¿Abortar?

 

Andrea: Dicen que ahí es legal hacerlo.

 

Santiago: Pero yo pensaba en que ir más lejos.

 

Andrea: Entonces tendremos a nuestro hijo.

 

Santiago: Sí.

 

Andrea: Y nos casaremos.

 

Santiago: Sí.

 

Andrea: Y seremos felices los tres.

 

Santiago: Sí.

 

Andrea: Tengo que juntar unas cosas.

 

Santiago: No hay mucho tiempo.

 

Andrea: Tienes sangre en la camisa...

 

Santiago: Fue... un accidente.

 

Andrea: ¿Por qué no te lavas? Te puedo prestar una playera.

 

 

Santiago se quita la playera y toma la que Andrea le ha prestado.

 

 

Santiago: Tú busca el dinero.

 

Andrea: ...

 

Santiago: Tuve un pleito con Diego... supe que estaba enamorado de mí. El muy maricón... nos peleamos... seguro me van a expulsar... De todas formas, ya no quiero seguir estudiando... Lo mejor de todo es dejar esa estúpida obra... Tienes razón... hay que irnos juntos. Tengo miedo...Y sé que tú también tienes miedo. Pero no debes, no debemos... Hay que hacer las cosas bien, Andrea.

 

 

Andrea cierra la puerta del baño. Le pone un obstáculo. Mira la sangre en la camisa.

 

 

Andrea: Le dije a mi mamá que tenía novio. No sé por qué lo hice, entonces decidió encerrarme... porque no le quise decir quién era. Me dijo que aquí me quedaría hasta que me encontrara otra escuela de puras mujeres, que pediría que trajeran mis tareas para guardar las apariencias, pero que ya no regresaría. Le dije que me pondría a huelga de hambre... y me dijo que si quería volverme una anoréxica era mi problema, pero que no saldría de aquí... no le importó que hasta me desmayé, claro que eso lo fingí... tú sabes...  Había pensado en mantener mi embarazo y que nadie se diera cuenta... luego tendría el niño y lo dejaría en la puerta de tu
casa.. eso pensaba... ¿no es muy loco a veces lo que uno piensa?

 

Santiago: (Off). Andrea... Andrea... se quedó atorada la puerta... Andrea...

 

 

Andrea toma el libro de vampiros y lo tira a la basura. Se acerca a la puerta de su cuarto. 

 

 

Andrea: Mamá... ¿puedes venir?... Necesito hablar contigo.

 

 

Oscuro.

 

Santiago continúa gritando. Los fantasmas desaparecen.

 


FIN

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