© Libro N° 15250. Ante La Ley. Kafka, Franz. Emancipación. Junio 13 de 2026
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ANTE LA LEY
Franz Kafka
Ante La Ley
Franz Kafka
Ante La Ley
Franz Kafka
Cuento
Se reconocen los derechos morales de Kafka, Franz. Obra de dominio
público.
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Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este
guardián, y solicita que le
permita entrar en
la Ley. Pero
el guardián contesta
que por ahora
no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo
dejarán entrar.
—Tal vez —dice el centinela— pero no por ahora. La puerta que da a la
Ley estáabierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el
hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:
—Situ deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi
prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y
sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay
guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan
terrible que no puedo mirarlo siquiera.
El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser
siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su
abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y
negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le
permite sentarse a un costado de la puerta.
Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al
guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con
él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son
preguntas indiferentes, como las de los
grandes señores, y,
finalmente siempre le
repite que no
puede dejarlo entrar.
El hombre, que se ha provisto
de muchas cosas
para el viaje,
sacrifica todo, por
valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto,
pero le dice:
—Loacepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.
Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se
olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo
separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente
y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna
a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha
llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las
pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su
vista se debilita,
y ya no sabe
si realmente hay
menos luz, o si
sólo lo engañan sus
ojos. Pero en
medio de la
oscuridad distingue un
resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley.
Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos
largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no
ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la
muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado
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a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas
entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.
—¿Quéquieres saber ahora? —pregunta el guardián—. Eres insaciable.
—Todos se esfuerzan por llegar a la Ley —dice el hombre—; ¿cómo es
posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?
El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus
desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz
atronadora:
—Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti.
Ahora voy a cerrarla.
FIN

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