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Libro N° 15250. Ante La Ley. Kafka, Franz.


© Libro N° 15250. Ante La Ley. Kafka, Franz. Emancipación. Junio 13 de 2026

 

Título Original: © Ante La Ley. Franz Kafka

 

Versión Original: © Ante La Ley. Franz Kafka

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://cdn.pruebat.org/libros/pdf/Ante-la-ley-Kafka.pdf


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




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ANTE LA LEY

Franz Kafka  


 

 

 

Ante La Ley

Franz Kafka

 

 

 

 

 

 

 

Ante La Ley

Franz Kafka

Cuento

 

Se reconocen los derechos morales de Kafka, Franz. Obra de dominio público.

Distribución gratuita. Prohibida su venta y distribución en medios ajenos a la Fundación Carlos Slim.

 

  

 

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Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita  que  le  permita  entrar  en  la  Ley.  Pero  el  guardián  contesta  que  por  ahora  no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.

—Tal vez —dice el centinela— pero no por ahora. La puerta que da a la Ley estáabierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:

—Situ deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y  sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.

El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.

Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los  grandes  señores,  y,  finalmente  siempre  le  repite  que  no  puede  dejarlo  entrar.  El hombre,  que  se  ha  provisto  de  muchas  cosas  para  el  viaje,  sacrifica  todo,  por  valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:

—Loacepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.

Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se

olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente,  su  vista  se  debilita,  y ya  no  sabe  si  realmente  hay  menos  luz,  o si  sólo  lo engañan  sus  ojos.  Pero  en  medio  de  la  oscuridad  distingue  un  resplandor,  que  surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado

 

 

 

 

3

 

 

 

a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.

—¿Quéquieres saber ahora? —pregunta el guardián—. Eres insaciable.

—Todos se esfuerzan por llegar a la Ley —dice el hombre—; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?

El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:

—Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.


FIN

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