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Libro N° 15249. Águila De Blasón. Del Valle Inclán, Ramón


© Libro N° 15249. Águila De Blasón. Del Valle Inclán, Ramón. Emancipación. Junio 13 de 2026

 

Título Original: © Águila De Blasón. Ramón Del Valle Inclán

 

Versión Original: © Águila De Blasón. Ramón Del Valle Inclán

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

ÁGUILA DE BLASÓN

Ramón Del Valle Inclán   



Águila de blasón
Del Valle Inclán, Ramón 
Novela

Se reconocen los derechos morales de Del Valle Inclán, Ramón Obra de dominio público.
Distribución gratuita. Prohibida su venta y distribución en medios ajenos a la Fundación Carlos Slim.
Fundación Carlos Slim
Lago Zúrich. Plaza Carso II. Piso 5. Col. Ampliación Granada C. P. 11529, Ciudad de México. México.
contacto@pruebat.org

 
JORNADA PRIMERA
 
ESCENA PRIMERA
Fray Jerónimo Argensola clama desde el púlpito, y en la penumbra de la iglesia la voz resuena pavorosa y terrible. En el altar mayor brillan las luces, y el viejo sacristán, con sotana y roquete, pasa y repasa espabilando los cirios.
FRAY JERÓNIMO
£El pecado vive con vosotros, y no pensáis en que la muerte puede sorprenderos! Todas las noches vuestra carne se enciende con el fuego de la impureza, y el cortejo que recibís en vuestro lecho, que cobijáis en las finas holandas, que adormecéis en vuestros brazos, es la sierpe del pecado que toma formas tentadoras. £Todas las noches muerde vuestra boca, la boca pestilente del enemigo!
Se oyen algunos suspiros, y una devota se desmaya. La rodean otras devotas, y en la
oscuridad albean los pañolitos blancos, que esparcen un olor de estoraque al abanicar el rostro de la desmayada. Varias voces susurran en la sombra.
UNA VIEJA¿Quién es?
UNA MOZA No sé, abuela. UN MONAGO
Me parece que es la amiga del Mayorazgo... OTRA VIEJA
£Para qué vendrá la mal casadaála iglesia! UNA VOZ EN LA SOMBRA
Querrá arrepentirse, madre Juliana.
Se oye una risa irreverente, y el murmullo del comento se apaga y se confunde con el murmullo de un rezo.
FRAY JERÓNIMO
Sobre vuestras cabezas, en vez de la cándida paloma que desciende del cielo portadora de la divina Gracia, vuela el cuervo de alas negras, donde se encarna el espíritu de Satanás. Si alguna vez recordáis el frágil barro de que somos hechos, lo hacéis como paganos: os asusta el frío de la sepultura, y el manto de gusanos sobre el cuerpo que pudre la tierra, y las tablas negras del ataúd, y la calavera con sus cuencas vacías, con su mudo y horrible reir. £Pero como vuestra alma no se edifica, sigue prisionera en las cárceles oscuras del pecado!
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Dos señoras, madre é hija, conducen á la desmayada fuera de la iglesia. Ha recobrado el sentido y llora acongojada: sostenida por las dos señoras atraviesa el atrio y una calle angosta, con soportales, donde pasean en parejas algunos seminaristas, mocetones de aspecto aldeano que hablan en dialecto y visten el traje de los clásicos sopistas, burdo manteo de bayeta y derrengado tricornio. Al final de la calle hay una plaza desierta, sombreada por cipreses, como los viejos cementerios. Las tres señoras penetran en una casona antigua. Anochece y en el zaguán de piedra se percibe el olor del mosto.
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ESCENA SEGUNDA
Una sala en la casa infanzona. Las tres señoras susurran en el estrado. Está abierto un balcón y se alcanzaáver gran parte de la plaza, por donde aparece Don Juan Manuel Montenegro: es uno de esos hidalgos mujeriegos y despóticos, hospitalarios y violentos, que se conservan como retratos antiguos en las villas silenciosas y muertas, las villas que evocan con sus nombres feudales un herrumbroso son de armaduras. El Caballero llega con la escopeta al hombro, entre galgos y perdigueros que corretean llenando el silencio de la tarde con la zalagarda de sus ladridos y el cascabeleo de los collares. Desde larga distancia grita llamandoásu barragana, y aquella voz de gran señor, engolada y magnífica, penetra hasta el fondo de la sala y turba el susurro de las tres devotas, oue comentan el sermón de Fray Jerónimo. Sabelita levanta enjugándose los ojos, y sale al ancho balcón de piedra donde aroman los membrillos puestosámadurar.
EL CABALLERO£Isabel! £Isabel! SABELITA
£Aquí estoy!
EL CABALLERO
Que baje por la escopeta Don Galán. SABELITA
¿No sube?
EL CABALLERO
No... Tengo que verme con el capellán de mi sobrino Bradomín. He quedado en iráprobar el vino de una pipa que avillan esta tarde.
SABELITA
¿Ha cazado mucho? EL CABALLERO
Nada, cuatro estorninos. Y tú, por qué has llorado? SABELITA
£Si no he llorado, Don Juan Manuel!
El Caballero descarga su escopeta en el aire, la deja arrimada al muro y se camina sin esperar a que bajen por ella. Al olor de la pólvora, los perros corren en corcovos llenando la plaza con sus ladridos animosos. La barragana, suspirando, se retira del
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balcón. Las otras dos señoras, madreéhija, por mostrarse corteses suspiran también, y comienza de nuevo el afligido susurro de la conversación.
DOÑA ROSITA
£Quién te ha conocido en casa de tu madrina tan alta y tan respetada! El demonio te cegó para enamorarte de Don Juan Manuel.
SABELITA
Me trata comoáuna esclava, me ofende con cuantas mujeres ve, y no puedo dejar de quererle. £Por él condenaré mi alma!
ROSITA MARÍA
Pensándolo es como te condenas. SABELITA
Fray Jerónimo me miraba desde el púlpito. £Yo sentía aquellos ojos de brasa fijos en mí!... No puedo olvidar sus palabras.
DOÑA ROSITA
Lo que debes hacer es no dejar nunca de rezarleála Virgen Santísima. SABELITA
Ya le rezo... £Pero no puede oirme porque estoy en pecado mortal, y así me cogerála muerte!... Daban miedo los ojos de Fray Jerónimo... £No, no olvidaré nunca sus palabras! Las tengo clavadas en el corazón, como tiene las espadas la Virgen Santísima de los Dolores. £Cuántas penas me mandas, Divina Señora!
DOÑA ROSITA
£Sabelita, quién no tiene tribulaciones! ROSITA MARÍA
£Sabelita, todos hemos venido al mundo para sufrir! SABELITA
£Siempre encerrada en este caserón, con vergüenza de que me vean! Si salgo, es como hoy, para irála iglesia, envuelta en mi mantilla... £Y hasta de la iglesia me arrojan!
ROSITA MARÍA£Sabelita, qué cosas! DOÑA ROSITA£Sabelita, no digas!...
Las dos señoras procuran consolarla, y las palabras de la madre y las palabras de la hija se corresponden con la semejanza monótona de las ondas del mar en calma sobre una playa de arena. La barragana del Caballero llora, las dos señoras se santiguan y hay un largo silencio en la sala, que comienzaáser invadida por la oscuridad. Las tres sombras que ocupan el estrado permanecen mudas bajo el vuelo de un mismo pensamiento, el recuerdo del fraile y de sus anatemas, que son en aquella hora como un gran vuelo de murciélagos por la sala oscura. En el silencio resuenan los pasos de
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una vieja que viene por el corredor. Es Micaela la Roja: Sirve desde niña en aquella casona hidalga, y conoció á los difuntos señores. Entra lentamente: En sus manos seniles tiembla la bandeja con las jícaras de cristal, que humean en las marcelinas de plata.
LA ROJA
£Santas y buenas noches! DOÑA ROSITA
£Que siempre has de hacer lo mismo, Sabelita! ROSITA MARÍA
£Pero si nosotros ayunamos! SABELITA
Quebrantáis el ayuno por mí. ROSITA MARÍA
£Qué cosas tienes! DOÑA ROSITA£Válate Dios!
Se resignan con un gesto de amistoso reproche, arrastran sus sillas hacia el velador, y con pulcritud de beatas cada una moja en su jícara medio bizcocho de las benditas monjas de San Payo. Fuera suenan las esquilas de un rebaño, y la voz del zagal que grita debajo de las ventanas.
EL ZAGAL
£Abran el portón! LA ROJA
Ya está ahí el rapaz con el ganado. Vamos allá. EL ZAGAL
£Abran el portón! LA ROJA
£Qué prisa traes, condenado! Ni que te viniese siguiendo un lobo.
Sale la vieja y el choclear de sus madreñas y su voz cascada se extinguen pocoápoco en el largo corredor.
DOÑA ROSITA
£Cómo se conserva esta Micaela la Roja! Debe andar con el siglo, pero es de esas naturalezas antiguas...
ROSITA MARÍA
¿Cuántos años llevará sirviendo en esta casa, Micaela? DOÑA ROSITA
Hija, yo la recuerdo toda mi vida, y no soy ninguna muchacha. SABELITA
¿Cuántos años tiene usted, Doña Rosa?
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DOÑA ROSITA
No me acuerdo... £Muchos! Pero no hablemos de edades que es conversación de lacayos.
ROSITA MARÍA
Ya se ven pocos de estos criados antiguos que se suceden en las familias. DOÑA ROSITA
Micaela la Roja, ha visto nacerátodos los hijos de Don Juan Manuel. Por cierto que son la deshonra de su sangre esos bigardos. Sólo han heredado de su padre el despotismo, pero qué lejos están de su nobleza. Don Juan Manuel lleva un rey dentro.
SABELITA
Hay uno que no es como los otros. DOÑA ROSITA
Miguelito, el que llaman Cara de Plata. SABELITA
Sí, señora. Yo los encontré una tarde en el atrio de la iglesia, y no me arrastraron y me cubrieron de lodo, porque me defendió Cara de Plata.
DOÑA ROSITA
El mayor sobre todo, es un bandolero. A la santa de su madre la tiene tan esclava, que la pobre no puede disponer ni de un ferrado de trigo. Yo tuve, poco hace, un apuro y me fuiáverla en su Pazo de Lantañón. Viaje perdido. Estaba tan pobre como yo. Sus hijos se habían juntado, y le habían vendido el trigo, todavía en el campo.
SABELITA
£Pobre madrina mía! DOÑA ROSITA
Me preguntó por ti, y más te compadece que te culpa. Doña María no concibe que pueda existir una mujer que no esté loca por Don Juan Manuel.
Vuelvenáoirse en el corredor las madreñas de Micaela la Roja. Se acercan con lento y clueco son. Detrás viene el zagal. Trae la montera en las manos y el susto en los ojos.
LA ROJA
Muerto de miedo venía el rapaz. Diz que le seguían unos hombres que estaban
ocultos en el Pinar de los Frailes. ROSITA MARÍA
¿Serían ladrones? DOÑA ROSITA
¿Sería la gavilla de Juan Quinto? LA ROJA
No le presten mucho créditoálas historias de ese rapaz. Extraviósele una oveja y paréceme que todo ello de que le seguían, es para disculparse...
EL ZAGAL
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Que me crea que no, verdad le dije, señora Micaela. Eranle siete hombres con las caras tiznadas.
LA ROJA
£Ay, mi hijo, paréceme que has nacido el año del miedo!
Saboreado el chocolate, las dos señoras, madreéhija, se quedanárezar el rosario. Los criados llegan unoáuno desde la cocina y conforme van llegando se arrodillan en el umbral de la puerta.
SABELITA
£Quién apagó la luz del Cristo! ¿Fué el aire? LA ROJA
No, cordera: Consumióse el aceite.
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ESCENA TERCERA
Sabelita, medio dormida al pie del brasero, espora A Don Juan Manuel. Va sonó la queda en la campana de la Colegiata. Un velón de aceite alumbra la sala, que es grande y desmantelada, con vieja tarima de castaño temblona al andar, y los criados, en la sombra del muro, velan desgranando mazorcas de maíz en torno de las cestas llenas de fruto. Una voz cuenta un cuento. De pronto resuenan fuertes aldabadas y la barragana se despierta con sobresalto.
SABELITA
£El amo!... Bajenáabrir. LA ROJA
No me parece el llamar del amo. SABELITA
¿Pues quién puede seráesta hora? DON GALÁN
£Cómo no sea el trasgo! LA ROJA
Qué más trasgo que tú, Den Galán.
La vieja criada se levanta después de volcar en la cesta el maíz desgranado en su falda, y mira por la ventana. Es noche de luna, y distingue claramente la figura del amo, que espera delante de la puerta en compañía de dos hombres desconocidos, que tienen las caras negras. Al mismo tiempo divisa otros bultos agazapados en la esquina, y con vago recelo entorna la falleba.
LA ROJA¿Quién llama? EL CABALLERO
£Cuidado con abrir!... Asoma una luz para verles la caraáestos sicarios. SABELITA
¿Qué sucede? LA ROJA
£El amo!... £El amo rodeado de una gavilla de ladrones! SABELITA
¿Qué dices? ¿Le han hecho daño? LA ROJA
£Tráenle atado comoáNuestro Señor Jesucristo!
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Asustada la vieja, retrocede hasta el fondo de la sala, donde los criados, en un grupo medroso, murmuran santos nombres con murmullo de rezo. Sabelita, toda trémula, correála ventana.
SABELITA
£Don Juan Manuel! £Don Juan Manuel! ¿Le han hecho daño? ¿Está herido? £Jesús!£Jesús!
EL CABALLERO
£Cuidado con abrir! Estos bandoleros pretenden entrar conmigo.
El Capitán se destaca del quicio de la puerta: Tiene el rostro tiznado, y el habla muy mesurada y cortés.
EL CAPITÁN
Señora, permítanos usted pasar, que de lo contrario, aquí mismo lo degollamos... SABELITA
£No le hagan daño! Ahora les abren. EL CABALLERO
Al que toque la llave he de picarle las manos en un tajo. EL CAPITÁN
£Ya habla usted de más, Señor Don Juan Manuel! EL CABALLERO
£Calla, hijo de una zorra y de cien frailes! EL CAPITÁN
£Un rayo me parta! £Amordazadle! SABELITA
£No le hagan daño!... EL CABALLERO
Isabel, saca una luzála ventana...
Las últimas palabras apenas se oyen. El Caballero forceja entre los ladrones, y su voz muere sofocada bajo el pañuelo con que le amordazan.
SABELITA
£No le hagan daño!... £No le hagan daño por amor de Dios! EL CAPITÁN
Eso deseamos nosotros, señora. Sepa que el pañuelo que le liemos puestoála boca es un pañuelo de seda Pero si tardan en abrir, por dar tiempoáque acuda gente, sepa también que nos iremos con su cabeza cortada.
SABELITA
£La llave! ¿Dónde está la llave?
Se endereza con súbita energía y clama vuelta hacia el grupo de los criados, que buscan la llave torpes y llenos de miedo. Tardan en dar con ella, y los ladrones se impacientan y juran delante de la puerta. Sabelita, alumbrándose con el velón, baja al
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zaguán. Para abrir tiene que dejar la luz en el suelo. Los ladrones penetran sigilosos:
Son siete, y todos llevan el rostro tiznado, menos uno. Que lo enmascara con una máscara negra. Entra el último, arrima la puerta con recelosa previsión. y, sin cerrarla, quita la llave. Con las manos sobre la culata de los pistolones y sobre la cruz de los puñales, los ladrones rodean al viejo hidalgo. Sabelita. suplicante, quiere acercarse, pero el Capitán se lo estorba. Toda trémula, vuelveátomar la luz y empiezaásubir la escalera. En lo alto aparece el grupo pálido y miedoso de los criados.
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ESCENA CUARTA
Una antesala grande y desmantelada. Sabelita deja la luz sobre un arcón y tiene que sentarse, apoyando la pálida cabeza en el muro y cerrando los ojos como si fueseádesmayarse. El Caballero la mira amenazador, y bajo el pañuelo que le amordaza aún ruge con la voz sofocada y confusa.
EL CABALLERO
£He de cortarle las manos! SABELITA
£Perdoname!
EL CABALLERO£Perra salida! SABELITA
£Temí por ti! EL CAPITÁN
Señor Don Juan Manuel, no queremos hacerle daño, pero es preciso que nos diga dónde guarda las onzas.
Don Juan Manuel permanece mudo, y el Capitán, con un gesto manda quitarle el pañuelo que le amordaza la boca. El Caballero se ha detenido en medio de la sala:
Tiene las manos atadas y está pálido de cólera, con los ojos violentos y fieros fulgurando bajo el cano entrecejo. El Capitán de los ladrones le habla.
EL CAPITÁN
Señor Don Juan Manuel, quiere responder ahora? EL CABALLERO
Soltadme las manos. EL CAPITÁN
Ya se las soltaremos. Primero responda. EL CABALLERO
¿Qué queréis saber? EL CAPITAN
¿Dónde guarda el dinero? EL CABALLERO
No tengo dinero. EL CAPITÁN
Hace pocos dias ha vendido dos parejas de ganado en la feria de Barbanzón.
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EL CABALLERO
Y me han robado otros ladrones como. vosotros. EL CAPITÁN
£Mentira, Señor Don Juan Manuel! EL CABALLERO
£Soltadme las manos, y os diré si es mentira, hijos de una zorra!...
El grupo de los ladrones se revuelve y se encrespa con violento son de armas y denuestos. El enmascarado alza la voz imponiendo silencio. Obedecen de mal talante. En aquellos rostros tiznados los ojos brillan con extraña ferocidad, y un sordo y temeroso rosmar estremece todas las bocas. El Capitán llega adonde está Sabelita.
EL CAPITÁN
Señora, no se haga la muerta, y tenga la bondad de guiarnos. SABELITA
No sé... No tenemos dinero... EL CAPITÁN
Está bien. Vamosáregistrar la casa, y usted nos alumbrará.
Al mismo tiempo la obliga á levantarse, asiéndola brutalmente de los hombros. Sabelita reprime un grito y se pasa muchas veces las manos por la frente, con tanto miedo de aquel hombre como del viejo hidalgo, á quien no osa mirar. Quiere acercársele humilde, y el Capitán se lo impide cortés y rufianesco, acompañando las palabras con una sonrisa de su cara tiznada.
EL CAPITÁN
Usted delante alumbrándonos, hermosa. SABELITA
£No!... £No!...
EL CABALLERO Acompáñalos, Isabel. SABELITA
¿Estás herido? EL CABALLERO No.
SABELITA£Perdóname!
EL CABALLERO Acompáñalos.
La barragana, temblando, coge la luz y sale. Los ladrones la siguen con un rumor de pasos cautelosos, y cuando han desaparecido en el fondo del corredor, se alza llena de imperio la voz del viejo hidalgo, y aquella voz de tronante fanfarria resuena por todo el caserón, y hace desatarse con ladridosálos perros vigilantes en el huerto.
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EL CABALLERO
£Sabelita, apaga el velón! EL CAPITÁN
£Cuidado, señora!
EL ENMASCARADO£Maldito viejo!
Sabelita se ha estremecido bajo la ráfaga de aquella voz despótica, y casi inconsciente, como bajo una fuerza sobrenatural, sopla la luz y huye en la oscuridad antes de que puedan estorbarlo los ladrones. El Caballero pide auxilio desde la ventana, y sus voces corren en la noche perseguidas por el ladrido de los perros.
EL CABALLERO
£Fuego! £Fuego! £Socorro!... UN VECINO
¿Dónde es el fuego? EL CABALLERO
£En mi casa! £En casa de Don Juan Manuel!
Temeroso de que sean ladrones, el vecino abreámedias tu puerta, y confirmado en sus recelos al no ver las llamas, cierra cauteloso y prudente. Los ladrones corren hacia donde sonó la voz, y hallan la ventana abierta y sola. Don Juan Manuel ha desaparecido. La luna penetra en la sala y la esclarece débilmente. Reunidos en el fondo, bajo el argentado reflejo, los ladrones se hablan en voz baja.
UN LADRÓN¿Qué hacemos? EL CAPITÁN£Maldita suerte! OTRO LADRÓN
Si acuden, podemos huir saltando las tapias del huerto... OTRO LADRÓN
¿Lo dejamos?
EL ENMASCARADO Dejarlo, no. £Escuchad!...
Callan y atienden. Llegan muy apagadas las voces de Un criadas, que piden socorro en el otro extremo del caserón, y los ladrones se dispersan explorando por las estancias oscuras.
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ESCENA QUINTA
Micaela la Roja grita desde el balcón donde maduran los membrillos. Uno de los ladrones la descubre, y arrastrada, la saca desde el balcón al corredor.
LA ROJA
£Fuego!... £Acudide, vecinos!... £Fuego!.. EL LADRÓN
£Vasámorir! LA ROJA
£Recibe mi alma, Virgen Santísima! EL LADRÓN
£Ay de ti si no cantas! LA ROJA
¿Qué quiere que le diga? EL LADRÓN
¿Dónde esconde el dinero Don Juan Manuel? LA ROJA
Lo tiene enterrado. EL LADRÓN¿Dónde?
LA ROJA
£Muy lejos!... Yo les llevaré. EL LADRÓN
£Mentira! Vasámorir. LA ROJA
£Comí su pan cincuenta años!... EL LADRÓN
Tú hablarás.
Micaela la Roja junta las manos y quiere alzarse de rodillas, peroálos golpes se dobla otra vez. El ladrón le arrolla á la garganta las canas trenzas del pelo, amenazando ahogarla. En aquel momento una puerta se abre con rudo golpe, y en el umbral aparece Don Juan Manuel. El viejo hidalgo tiene las manos desatadas y empuña dos pistolas de arzón. Dispara, y el ladrón cae cerca de la vieja, que se arrastra buscando donde esconderse. Acude el Capitán con otros compañeros, y esclarece el grupo un farol que han buscado en la cocina. Don Juan Manuel los ve llegar y su
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ánimo temerario se acrecienta: levanta la otra pistola, y la azulada vislumbre del fogonazo ilumina un momento aquel rostro de retrato antiguo. La bala rompe el farol. Los ladrones disparan en la oscuridad, y huyen por el huerto, temerosos de que acuda gente. No cesan de oirse las voces cantarinas y asustadas de los criados que, dispersos por el caserón, corren de ventana en ventana.
VOCES DE LOS CRIADOS
£Acudide, vecinos!... £Acudide, vecinos!... SABELITA
£Socorro! £Socorro! LOS PERROS
£Guau! £Guau! £Guau! VOCES DE LOS LADRONES
¿Por dónde escapamos?... Por aquí... £Silencio!... Por aquí... EL CAPITÁN
£Maldita suerte!
VOCES DE LOS LADRONES
¿Y los perros? ¿Quién tiene la carnaza para los perros? EL ENMASCARADO
Los perros me conocen. Yo les hablaré. VOCES DE LOS LADRONES
Saltaremos el muro... ¿Estamos todos? EL CAPITÁN
£Maldita suerte!... £Ahora sale la luna!... VOCES DE LOS LADRONES
Falta uno... No... Contarse... EL CAPITÁN
£Al que no esté que se lo lleve el diablo! LOS PERROS
£Guau! £Guau! £Guau! EL ENMASCARADO£Canoso! £Morita!
Cesan los ladridos, y la luna, saliendo de entre nubes, comienzaáiluminar la sala. En el umbral de la puerta yace Don Juan Manuel. La vieja criada deja su escondrijo, llega y le toca las manos frías. Arrodillándose, le acuesta la cabeza en su regazo y clama con doloridas voces.
LA ROJA
£Señor!... £Mi gran señor!... £No me dirás quien te quitó la noble vida! £No me lo dirás!... £Por mí la perdiste, mi gran señor!
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Las sombras pálidas de los criados comienzanávagar por los corredores. Sabelita entra en la sala, y viendo el cuerpo que yace en tierra, se abrazaáél con gritos de enamorada. Acuden todos los criados, y plañen en redor, arrodillados sobre la tarima, como los vasallos leales plañían en el buen tiempo pasadoálos Señores Reyes.
VOCES DE LOS CRIADOS
£En una horca se vean los que tanta afrenta le hicieron!... £Era el padre de los pobres!... £Era el espejo de los ricos!... £Era el más grande caballero del mundo!...£Castillo fuerte!... £Sol resplandeciente!... £Toro de valentía!...
SABELITA
£Don Juan Manuel! £Amor mío! EL CABALLERO
£Calla, hija del demonio! £Aún no he muerto para tanto lloro!
Abre los ojos lentamente y tornaácerrarlos. La voz, aunque confusa, conserva todo su altivo engolamiento. De la frente herida le mana un hilo de sangre y apenas puede despegar los párpados, sellados por dos coágulos. Se le siente suspirar cobrando aliento: con un penoso esfuerzo abre otra vez los ojos nublados y se incorpora. Puesto en pie, para no caer desvanecido, tiende una mano, palpa en el aire, y se aferra al hombro de la vieja, que, temerosa de verle en tierra por no ser bastante su pobre ayuda, le sostiene con un afán al mismo tiempo afligido y gozoso.
ASÍ TERMINA LA JORNADA PRIMERA
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JORNADA SEGUNDA
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ESCENA PRIMERA
Una sala en la casa infanzona. Apenas la esclarece la lamparilla tic aceite que alumbra bajo morado dosel, los lívidos y ensangrentados pies de un Crucifijo. En el montante de las altas ventanas, raya la luz del amanecer. Micaela la Roja, vela sentada en el umbral de una puerta, y reza con monótono visviseo: sus toscos dedos de aldeana tiemblan sobre las cuentas del rosario, bendito en cien misiones, uno de esos rosarios que engarzan en lambrequín dorado, huesos de aceitunas del Monte Oliveto. Sabelita, cubierta con su mantilla, entra sin hacer ruido.
SABELITA¿Duerme?
MICAELA LA ROJA
Batalla con sus pensamientos, y habla no sé si en sueños si dispierto. Aun cuando nada dice, su corazón sabe quiénes fueron los caínes que le ataron para robarle.
SABELITA
Si lo sabe... Pero por orgullo nada dice, y oculta la pena que le consume. LA ROJA
£Lleva un rey dentro! SABELITA
Al curarle las heridas se le saltaban las lágrimas y no se quejaba. No se queja por no verse compadecido, y su alma y su cuerpo sufren en silencio.
LA ROJA
£Cierto, cordera! Esta noche le oí muchas veces suspirar mientras aquí le velaba con Don Galán. Una vez aventurémeápreguntarle de qué se dolía, y mandóme al infierno con todos los demonios, y no volvíásentirle.
SABELITA
Yo nunca me atrevoápreguntarle. ¿No has oído? LA ROJA
Es el viento en el quicio de la ventana. SABELITA
No sé qué tiene la noche, que aumenta todas las cosas. LA ROJA
Es la noche como un gran bosque escuro lleno de ecos. A mi alma se presenta así. SABELITA
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Si que es medrosa la noche como un gran bosque, como esos bosques que tienen una cruz que recuerda la muerte de un caminante.
LA ROJA
Ya cantan los gallos y pronto amanecerá Dios. SABELITA
Los perros no han cesado de ladrar en toda la noche, como si alguien anduviese rondando la casa. Antes me asoméála ventana, y creí distinguir bultos de hombres vagando por el jardín.
LA ROJA
Las sombras de los árboles fingen esas cosas. Cuando nuestra alma está llena de susto, los ojos de la cara están llenos de figuras de espantar. Yo, alguna vez, pensando en los misterios del otro mundo, he sentido un aliento frío en la cara.
SABELITA
Yo también... Y otras veces, sentí que una puerta se abría detrás de mí, y que una sombra se inclinaba sobre mis hombros.
LA ROJA
No hablemos de esas cosas del misterio, cordera. SABELITA
Tienes razón. LA ROJA
Tocanála misa de alba. SABELITA
Es la tercera vez que tocan. Me levanté con ánimo de oirla, pero me asustaron los bultos que vi en el jardín.
LA ROJA
Iremos las dos juntas, y así nos quitaremos el miedo.
Salen las dos. La vieja criada lleva un farol encendido. El mantelo la cubre como un capuz.
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ESCENA SEGUNDA
El Caballero yace en su lecho, convaleciente de tantas heridas como recibió aquella noche, yásu puerta duerme el criado que cuida de los hurones y de los galgos: un criado que se llama por burlas Don Galán: es viejo y feo, embustero y miedoso, sabe muchas historias, que cuenta con malicia, y en la casa de su amo hace también oficios de bufón. Canta un gallo.
EL CABALLERO£Don Galán! DON GALÁN
£Abriéronse las velaciones! EL CABALLERO
¿Qué dices? DON GALÁN
Que estaba en la compaña de Dios Nuestro Señor. EL CABALLERO
¿Raya el día? DON GALÁN
Los gallos cantan, pero aun hay estrellas. EL CABALLERO
£No puedo dormir! DON GALÁN
£Yámí no me dejan! ¿Mandaba alguna otra cosa, mi amo? EL CABALLERO
Que te vayas al infierno de cabeza. DON GALÁN
£Jujú!... Aguardaréáque mi amo tome otro criado, para no dejarlo solo. EL CABALLERO
Cuéntame, en tanto, alguna mentira, Don Galán. DON GALÁN
Por el mar andan las liebres, por el monte las anguilas. EL CABALLERO
£Calla, imbécil! DON GALÁN Callado me estaba.
23
El bufón hace algunas cabriolas y se echa debajo de la mesa, dispuestoáreanudar el sueño.
EL CABALLERO£Don Galán! DON GALÁN Mande, mi amo. EL CABALLERO
£Juraría que matéáuno de los ladrones! DON GALÁN
De ese se dice que ha resucitado. EL CABALLERO
£Yo le vi caer! DON GALÁN
Fué con el susto, mi amo. EL CABALLERO
£Fué de un pistoletazo! Pero los compañeros se han llevado el cadáver porque al ser reconocido no los delatase.
DON GALÁN
Yo vide cómo le soplaron en el rabo con una paja, y echóácorrer. £Jujú! EL CABALLERO
£Calla, necio! DON GALÁN
Callado me estaba.
La luz del alba raya en las ventanas. En el fondo de la estancia se esboza la cama antigua, de nogal tallado y lustroso. Sobre las almohadas yace la cabeza del Caballero con los ojos abiertos bajo los párpados de cera, y una venda ensangrentada ceñidaála frente. El bufón ronca debajo de la mesa.
EL CABALLERO£Don Galán! DON GALÁN Mande, mi amo. EL CABALLERO
¿Y no se murmura por la villa quiénes eran los bandidos que quisieron robarnos? DON GALÁN
Se murmura que no eran bandidos, sino los hijos de mi amo. £Esas voces, al menos, corren por la villa!
EL CABALLERO£Calla, insolente! DON GALÁN
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Callado me estaba.
Don Galán, debajo de la mesa, infla los carrillos con mueca bufonesca, mientras el Caballero suspira con los ojos cerrados, sintiendo que lentamente se le arrasan de lágrimas. Al cabo de un momento, pasando sobre ellos su mano descarnada de monje feudal, también ríe, y su risa es de una fiereza irónica que exprime amargura.
EL CABALLERO
£Don Galán, qué hacemos con unos hijos que conspiran para robarnos? DON GALÁN
Darnos buena priesaáquedarnos pobres, mi amo, y repartirles la facienda, para que nos dejen morir en santa paz.
EL CABALLERO¿Y después? DON GALÁN
£Jujú!... Después pediremos limosna. EL CABALLERO
Tienes sangre villana, Don Galán. Después nos tocaría robarlesáellos. DON GALÁN
Mejor sería irnosáun convento. EL CABALLERO
Eso cuentan las historias que hizo, al despojarse de su grandeza, el emperador Carlos V.
DON GALÁN
Y por las noches saldríamos de mozas con los hábitos arremangados. EL CABALLERO
Habrá que pensarlo, Don Galán. Ahora abre la ventana y mira si raya el alba. DON GALÁN
Raya, sí, señor. EL CABALLERO
¿Amanece sereno? DON GALÁN
Amanece que es una gloria.
Sabelita y la vieja criada vuelven de la iglesia. Las dos asoman en la puerta de la alcoba. Sabelita se acerca con amorosa timidez.
SABELITA
¿Cómo se ha despertado tan temprano, Don Juan Manuel? DON JUAN MANUEL
£Qué noche!... Dudo si he soñado ó si estuve en vela... £Ni aún ahora lo sé!¿Soñamosóestamos despiertos Don Galán?
DON GALÁN
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Yo solamente sé que estoy sentado, mi amo, y que así descanso de andar por el mundo. £Cuántos años hace que vamos por él, mi amo! Los cabellos que fueron negros, cátelos blancos como el lino de una rueca.
EL CABALLERO
No, no basta estar sentado para descansar, ni basta estar dormido... Es preciso estar muerto. El pensamiento vuela de día y de noche... El mío vuela y realiza todo lo que mis manos no pueden realizar porque me las ata la vejez como me las ataron aquellos miserables. Si estas manos fuesen con mi pensamiento, ya los había ahorcadoátodos.
SABELITA
¿Por qué se exalta?¿Por qué no me dice sus penas, Don Juan Manuel? EL CABALLERO
Yo no tengo penas, y si alguna tuviese me las disiparía Don Galán. ¿No es verdad, imbécil?
DON GALÁN
Verdad debe ser pues siempre me han dicho que tenía en la saliva virtud para curarlas.
EL CABALLERO
¿Por qué lloras, Isabel? Si no sabes reir como ese necio, veáenjugar tus lágrimas donde yo no te vea. Don Galán, avisa que dispongan mi desayuno.
DON GALÁN¿Qué desea?
EL CABALLERO
Pregunta si hay leche cuajada y borona tierna. Antes he de tomar unas torrijas en vino blanco: Doña Sabelita que me las haga bien doradas con azúcar. Y me subes de la bodega un jarro del Condado. Si han puesto las gallinas, que me sirvan lo primero una buena tortilla.
DON GALÁN
£Y si no han puesto las gallinas, nos comeremos el gallo por mal cumplidor! £Jujú! Don Galán, ya en la puerta, hace una cabriola y ríe con su risa pícara y grotesca, la
gran risa de una careta de cartón. El sol matinal penetra en la alcoba, dorando los cristales de la ventana: Suben hasta ella, mecidos por el viento, los pámpanos de una parra, y se veálos gorriones en bandadas caer sobre los racimos en agraz.
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ESCENA TERCERA
Con la fresca de la tarde ha venido el molinero que tiene en arriendo los molinos del Mayorazgo. Trae, como regaloásu amo, una olla de miel, y viene solamente por saber sus nuevas. Es un viejo aldeano lleno de malicias, con mujer moza, galana y encendida, como las manzanas del Señor San Juan. Hace su entrada con la montera entre ambas manos y una salmodia en los labios.
EL MOLINERO
£La Santísima Virgen María no ha permitido que los pobres nos quedásemos sin padre! £Divina Señora, ella querrá guiarála justicia para que descubraáesos mal nacidos y paguen su gran crimen en una horca!... £Contáronme que desde anochecido estuvieron ocultos, al acecho, como raposos! £Que Nuestro Señor no les mandase un rayo del cielo que allí mismo los dejase hechos carbones, para escarmiento!... £Y mi amo no conocióáninguno!... £Para el que mi amo hubiese conocido, juróle que no haría falta verdugo, como yo me lo topase solo en un camino, y me hubiese puesto al hombro una buena carabina mi santo patrono el Señor San Pedro!
El Caballero le interrumpe familiar y despótico, y el viejo ladino se pasa lentamente la montera de una manoáotra.
EL CABALLERO
£Basta de responso! ¿Qué te trae? EL MOLINERO
Traéme el cuidado de que allá estábamos todos, por saber de nuestro amo. EL CABALLERO
¿Y tú mujer, cómo no ha venidoáverme? EL MOLINERO
Por no dejar sola la facienda del amo. EL CABALLERO
Haberte quedado tú en lugar suyo. EL MOLINERO
Tampoco anda buena... Cuando supo la noticia, cayó con sisiones, que bien creímos que se desgraciaba. Según sus cuentas, tócanos bautizo para el mes de Santiago.
EL CABALLERO
Pues le dirás que vengaáverme. Le aparejas la pollina con las jamugas. EL MOLINERO
£Descuide, mi amo! EL CABALLERO
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£Cuidado con que haga el caminoápie! EL MOLINERO
Descuide mi amo. La tengo yo en más estima que el reyála reina. £Y que no quedóella poco sentida de no poder venir! Para regalo del amo, púsome en las alforjas una
olla de miel, porque ya decía la difunta de mi madre, que era la miel tan saludable en los labios de una herida, como en los labios de la boca.
EL CABALLERO
Probaré la miel para que le digas cuánto estimo su agasajo. EL MOLINERO
Más honrada no puede verse nuestra pobreza. EL CABALLERO
£Don Galán, Don Galán! Probaré la miel que ha traído Pedro Rey.
El Caballero, después de haber llamado con voces que resuenan en todo el caserón, sonríe con la nobleza de un príncipe que recibe los dones de sus siervos. Los ojos del molinero brillan maliciosos bajo las cejas blancas de harina: son verdes y transparentes, como el agua del río en la presa del molino. Don Galán responde desde el fondo del corredor.
DON GALÁN
No han dejado nada los canes. EL CABALLERO
¿Qué ha dicho ese villano? EL MOLINERO
Una de sus burlerías, señor.
El Caballero, con el ceño fruncido, mira hacia la puerta. El viejo aldeano sonríe ladino y mira al suelo, dando vueltasála montera. El bufón asoma: Le reluce la rara y con una corteza de pan se limpia los labios.
DON GALÁN
£Jujú! Ya no queda miel, mi amo. Doña Sabelita mandó que se la diesenálos perros, y nos la hemos repartida como buenos hermanos. Doña Sabelita no quiere regalos de esa gente, ni que ellos asomen por esta santa casa.
EL CABALLERO
Aquí no hay más amo que yo ni más voz que la mía. £Isabel!... £Isabel!...
Espera un momento: está pálido de cólera. Don Galán y el molinero se miranáhurto, con malicia villanesca. En la frente desguarnecida del Caballero laten abultadas las venas, que dibujan sus ramas azules bajo el marfil de la piel, be oye el menudo andar de Sabelita. La barragana, al entrar en la alcoba, sonríe, pero en sus ojos, con huellas de lágrimas, se advierte una sombra de miedo, y aun bajo la sonrisa se delata el temblor de los labios descoloridos como rosas marchitas.
SABELITA
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¿Qué hay?
EL CABALLERO
Deseo saber quién es el señor de esta casa. SABELITA
Creo que Don Juan Manuel Montenegro. EL CABALLERO
£Pues si lo soy yo, cómo hay quien amenaza con cerrar la puertaálos criados que yo más estimo porque me sirven mejor?
SABELITA
Yo no amenazo á nadie con cerrar la puerta, y hoy mismo saldré de aquí para siempre...
Su voz enronquecida suena con celosa entereza bajo el velo de las lágrimas. Los dos villanos permanecen graves, y el Caballero ríe con cruel y despótico desdeño.
EL CABALLERO
£Isabel, tú y todos haréis lo que yo mande! Pedro Rey, dirásátu mujer que vengaáverme mañana, y que os perdono la renta fie este año. Isabel, sírvenos un jarro del mejor vino, que quiero que beba conmigo Pedro Rey.
DON GALÁN
El mejor vino, cuando los labios tienen veneno, tórnase más amargo que un solimán. Sabelita, se aleja ahogándose con un sollozo que apenas puede reprimir. Micaela la
Roja, entra un momento después con el jarro, del cual desborda la roja espuma del vino.
EL CABALLERO
No esáti,áquien dije que me los sirviera. LA ROJA
Señor, no quiera humillaráquien por quererle, ya tanto se humilla. En unas andas habla de alzarla, para que la viesen todos. Aunque todos no la verían, que los ojos traidores se arrastran por la tierra como los alacranes, y no pueden mirarála verdad.£La verdad, ciega como la luz! Allí donde no esté aquella santa, que es mi ama por ley de la Iglesia, está esa cordera, que le quiere, y no mira como otras empobrecelle! £Ay, mi rey, no incline las orejasápalabras mentirosas que esconden mucho engaño, y la hiel debajo de la miel!
EL CABALLERO
Sírvele vinoáPedro Rey. PEDRO REY
£A la salud del noble caballero que me lo ofrece, y de hoy en un año torneácatarlo en su noble presencia!
EL CABALLERO Ahora, vete.
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DON GALÁN
Hasta dentro de un año, Pedro Rey. PEDRO REY
Quede mi amo muy dichoso.
Sale, y con burlesca cortesía, le acompaña Don Galán. El Caballero queda pensativo:
una nube de tristeza vela su rostro, y un vapor de lágrimas brilla en el fondo de sus
ojos cavados. LA ROJA
¿Llora, mi amo? EL CABALLERO
Roja, sólo me rodean ingratos y traidores. ¿Crees que no leo en el corazón de esas gentes? Lloro y te asombras, porque siendo tan vieja nunca me habías visto llorar. Lloro como si estuviese solo con mis desengañes y mis recuerdos. Tus ojos no me parecen de este mundo. Cuando yo nací ya estabas en esta casa de mis abuelos, y eres una conseja como aquellas que me contabas de niño. Tus ojos son como el alma de aquel tiempo que muere con nosotros. Los siete malvados que engendré, para mi afrenta, convertirán en un nidal de ladrones, esta casa de mis abuelos. £Conmigo se va el último caballero de mi sangre, y contigo la lealtad de los viejos criados!
LA ROJA
Mi rey,álos criados hácelos la noble condición de los amos. Que la hora de la muerte nos cojaátodos limpios de pecado. No maldiga de aquellosáquienes dió la vida mi amo, que son en las viejas familias como los frutos en los árboles, y las rosas en los rosales. En la mocedad nunca se conoce todo el mal que se haceálos viejos, y hay que mirar con indulgencia las faltas de esa edad.
EL CABALLERO
¿Roja, tú sabes quiénes fueron los que aquella noche me ataron para robarme? LA ROJA
No tenga malos pensamientos señor. Mire que muchas veces el demonio nos engaña asina, para condenar nuestra alma.
EL CABALLERO
Yo he conocido al que venía enmascarado. LA ROJA
¿Y porque pensó conoceráuno ya los culpaátodos? £Angeles míos! ¿Cómo habían de ser capaces de una maldad tan grande?
EL CABALLERO
¿Túno has conocidoáninguno? LA ROJA
A ninguno, y de tan mal pensamiento líbreme Dios Nuestro Señor. F.L CABALLERO
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¿Los has visto después? LA ROJA
Todos los días me topo con alguno que me pide las nuevas. EL CABALLERO
Les habrás, dicho que no me muero por ahora, que no heredarán de mí más que piedras, que si traspasan los umbrales de esta casa, he de matarles y cavarles la sepultura en el zaguán.
LA ROJA
£Mi amo no se atormente! £No sueñe! £No condene su alma, que la está condenando y metiendo en los infiernos con esas malas ideas! Son sus hijos y asina yo he de respetarlos porque en una parte son mis amos, y ustede, porque son los retoños de su sangre.
El Caballero y la vieja, quedan un momento silenciosos. Después el hidalgo con mano temblona requiere el jarro, y llena el vaso en la devota resolución de ahogar con vino sus pesajes.
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ESCENA CUARTA
El molino de Pedro Rey. Delante de la puerta hay una parra sostenida en poyos de piedra. Los juveniles pámpanos parecen adquirir nueva gracia en contraste con los brazos de la vid centenaria y sobre aquellas piedras de una tosquedad céltica. Vuelan los gorriones en bandadas, y en lo alto de la higuera abre los brazos el espantajo grotesco de una vieja vestida de harapos, con la rueca en la cintura, y en la diestra,águisa de huso, el cuerno de una cabra. Sentadaála sombra del emparrado está la molinera, fresca y encendida como las cerezas de Santa María de Meis. Liberata la Blanca bate en un cuenco la nata de la leche, y en la rosa de los labios tiene la rosa de un cantar, por el fondo de la era asoma un caballero cazador, y ante él dos alanos, con carreras locas, vienen y van: Es el primogénito del Mayorazgo: Se llama Don Pedrito.
LIBERATA
£Vexo Cangas, vexo Vigo, Tamen vexo Redondela!...£VexoáPonte de San Payo Caminod’amiña torra! DON PEDRITO
£Buena vista tienes, zorra parda! LIBERATA
£Asús!... A ustede no lo había visto. DON PEDRITO
¿Y el cabrón de tu marido? LIBERATA
£Qué guisa de hablar para un caballero! DON PEDRITO
¿Es cierto que está muy mal herido mi padre? LIBERATA
Eso nos han dicho. DON PEDRITO
¿Túno lo has visto? LIBERATA
No, señor. Que me crea, que no, caí enferma en la cama con dolor de hijada. DON PEDRITO
¿Y Pedro Rey? LIBERATA
32
Hoy ha idoála villa por ver al amo. DON PEDRITO
Necesito hablarle. LIBERATA
Pues nunca mucho puede tardar. DON PEDRITO
Tenéis el molino casi de balde. LIBERATA
¿Qué dice, señor? £Ave María, de balde! DON PEDRITO
De balde, porque doce ferrados de trigo y doce de maíz no son renta. £Y eso cuando la pagáis!
LIBERATA
Será porque el amo nos la perdona. £Ave María, de balde un molino que la mitad del año solamente tiene agua para una piedra! £Las otras dos es milagro que muelan pasado San Martín!
DON PEDRITO
Hoy me parece que muelen todas. LIBERATA
Porque tenemos el agua de los riegos. DON PEDRITO
Pues como la mitad del año solamente muele la piedra del maíz y no da para la renta que pagáis, yo vengoálibraros de esa carga.
LIBERATA
¿Qué dice, señor? DON PEDRITO
£Eso!... Que dejéis por buenas el molino.
Don Pedrito se pone en pie, mira en torno y ríe con risa de lobo. La molinera, que siente de miedo el corazón latirle, también vuelve los ojos al camino, y el camino estásolitario. Liberata quiere levantarse y entrar en la casa.
DON PEDRITO
Vuelveásentarte, Liberata la Blanca. LIBERATA
Iba por unos higos para ofrecérselos. Los liemos cogido esta mañana y algo verdes están, pero los pardales no dejaban uno.
DON PEDRITO
Buen maestro tienen en Pedro Rey. LIBERATA
¿Quiere que le ordeñe la vaca?
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DON PEDRITO
Quiero que vuelvasásentarte, zorra parda. LIBERATA
No se enoje por eso. DON PEDRITO
Es preciso que me paguéisámí la renta que mi padre no cobra, y si no podéis pagarla, que dejéis el molino.
LIBERATA
¿Viene con licencia del amo? DON PEDRITO
Yo de nadie necesito licencia... O me pagáisámí cien ferrados de maíz, que toda la vida rentó el molino,ómañana mismo lo dejáis al casero que antaño lo llevaba.
LIBERATA
£Cómo se conoce que tiene dos hijas mozas el señor Juan de Vermo! DON PEDRITO
Pero para que se acuesten conmigo no se requiere que duerma debajo de la cama ningún cabrón.
LIBERATA
£Si lo dice por mí, sepa que tengo mucha honradez, y que sólo mi marido me calienta las piernas en la cama! £Más honradez que las hijas del de Vermo!
DON PEDRITO
Voyámeterte en el podrido bandullo un puñado de munición lobera. LIBERATA
£Ah, de Dios! £Ah, de Dios!
Don Pedrito requiere la escopeta, y la molinera pretende huiráesconderse en la casa, pero no puede conseguirlo, y con medroso afán vuelve los ojosála vereda. Un zagal, en la orilla del río, da de beberásus vacas, y la molinera clama con más ahinco en demanda de socorro. El zagal, puesta sobre las cejas una mano, otea hacia el molino encaramado en una barda, y después se aleja con sus dos vacas, hilando agua de los hocicos, sin dejarlas que acaben de beber. Don Pedrito, sonriente y cruel, con una expresión que evoca el recuerdo del viejo linajudo, azuzaásus alanos, que se arrojan sobre la molinera y le desgarranádentelladas el vestido, dejándola desnuda. Liberata, dando gritos, huye bajo el emparrado, y su carne tiene un estremecimiento tentador entre los jirones de la basquiña. Con los ojos extraviados se subeáun poyo para defenderse de los canes que se alzan de manos aulladores y saltantes, arregañados los dientes feroces y albos. Hilos de roja sangre corren por las ágiles piernas, que palpitan entre los jirones. Rajo la vid centenaria revive el encanto de las epopeyas primitivas, que cantan la sangre, la violación y la fuerza. Liberata la Blanca suplica y llora. El primogénito siente como un numen profético el alma de los viejos
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versos que oyeron los héroes en las viejas lenguas, y contieneásus perros con grandes voces, y se acercaála molinera, y le ciñe los brazos, y la derriba y la posee. Después de gozarla la ataáun poyo de la parra con los jirones que aun restan de la basquiña, y se aleja silbándoleásus perros.
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ESCENA QUINTA
La velada en el molino. Hay viejos que platican doctoralesála luz del candil, que cuelga de una viga ahumada, y mozos que tientanálas mozas en el fondo oscuro, sobre el heno oloroso. En medio de la algazara la molinera plañe sus males con suspiros, y una abuela curandera poneála lumbre vino con romero, y adoba las yerbas del monte que tienen virtud para curar las heridas y el mal de ojo.
LIBERATA£Cuitada de mi! LA CURANDERA
Ten paciencia, Liberata. LIBERATA
£Ni moverme puedo! UN MOZO
Tiene malas entrañas ese Don Pedrito. UNA VIEJA
£Más negras que el luto de mi alma! UNA MOZA
El año pasado, por el tiempo de la siega, lo topé anochecido al cruzar los esteros, y vino corriendo tras de mi hasta cerca de la iglesia.
LIBERATA
£Suerte que no te alcanzó! UN MOZO
No correría mucho. UN VIEJO
Como era anochecido buscaba compaña para la vía. Juntos os quitabais mejor el miedo.
LA CURANDERA
Pues los otros hermanos no son mejores que Don Pedrito; EL MOLINERO
£Caínes todos! LIBERATA
£Inda peores que judíos! EL MOLINERO
Por la villa se pregona que son ellos quienes quisieron robar en el palacio. LIBERATA
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£Dónde se ha visto los hijos contra los padres! UNA VIEJA
£Da dolor ver esos ejemplos en familias de tanto linaje! £Cómo se acaban las noblezas! £Ay, si hubieseis conocido al abuelo Don Ramón María! £Era el primer caballero de estos contornos, un caballero de aquellos cual no quedan!
EL MOLINERO
¿En dónde dejáisámi amo? ¿Hay otro que lleve su vara más derecha lo mismo con ricos que con pobres? ¿Hay puerta de más caridad que la suya?
UN VIEJO
En esa comparanza inda gana al padre y al abuelo. Las puertas del rey no son más caritativas. Recuérdome un año, por la fiesta, que mandó dar de beber y comerátodos los rapaces que bailaren. Yo era rapaz entonces.
UN MOZO
¿Y con las rapazas qué hizo? UNA MOZA
Eso no se cuenta.
La fragancia del vino que hierve con el romero se difunde por la estancia como un bálsamo oloroso y rústico, un bálsamo de aldeanos y pastores que tuvieren la tradición de una edad remota, crédula y feliz. Algunas mozas se duermen en la vela, yátodas las tienta un mozo parletano. Entre el reír de los viejos y el rosmar de las viejas, van sus manos atrevidas bajo los briales. La curandera sopla el hervor que levanta el vino, y en medio de la algazara plañe siempre sus males Liberata la Blanca.
LIBERATA
£Maldecidos sean el amo y los canes! LA CURANDERA
Maldice del amo, pero no de los canes, que tienen la bendición de Dios Nuestro Señor.
UNA VIEJA
O maldice tan sólo de sus dientes. LA CURANDERA
De todos los animales, solamente los canes tienen saludable la saliva. Cuando Nuestro Señor andaba por el mundo, sucedió que cierto día, después de una jornada muy larga por caminos de monte, se le abrieron en los pies las heridas del clavo de la cruz. A un lado del camino estaba el palacio de un rico, que se llamaba Centurión. Nuestro Señor pidió allí un poco de agua, y el rico, como era gentil, que vieneáser talmente como moro, mandóáunos criados negros que le echasen los perros, y él lo miraba desde su balcón holgándose con las mozas que tenía. Pero los canes, lejos de morder, lamieron los divinos pies, poniendo un gran frescor en las heridas. Nuestro Señor entonces los bendijo, y por eso enantes vos decía que de cuantos animales hay
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en el mundo los solos que tienen en la lengua virtud de curar son los canes. Los demás: Lobos, jabalises, lagartos, todos emponzoñan.
UN MOZO
¿Los lobos también? LA CURANDERA
Los lobos, al que muerden le infunden su ser bravío. Solamente los canes tienen la bendición de Dios Nuestro Señor.
LIBERATA
£Pues maldecidos sean sus dientes! Tengo atarazadas las piernas, que no puedo moverme.
EL MOLINERO
¿Y si conforme eran sabuesos fuesen lobicanes, de qué condición sería la su dentellada?
LA CURANDERA
Como son los lobicanes hijos de cadela y lobo, no tienen en su saliva ni saña ni virtud, porque las dos sangres, al juntarse, se pelean, y sucede que pierden las dos.
UN VIEJO
Veces hay también en que los cachorros siguen el instinto de uno solo de los padres, tal como acontece con nosotros los cristianos.
UN MOZO
Tengo oído que también sucede por veces heredar aquella condición de la leche que se mama, y no de la sangre.
UNA VIEJA
Yo hube una nieta criada por una cabra, y no he visto en los días de mi vida criaturaáquien más le tirase andar por los altos.
LA CURANDERA
¿Y no habéis reparado cómo los mismos lobicanes, algunas lunas, parecen más feroces?
El. MOLINERO
£Síque lo tengo reparado en casa de mi amo! LA CURANDERA
Pues esa luna se corresponde con aquella en que fueron engendrados, y sienten despertarse su ser bravio como un ramo de locura.
EL MOLINERO
¿Y si por acaso muerden en esa sazón?... LA CURANDERA
Talmente como los lobos. Pero hay muchos que ignoran aquesto, y al ver cómo se encona la herida, lo atribuyenáhumores de la persona.
EL MOLINERO
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Por donde conviene saber el remedio para todas las cosas. LA CURANDERA
No hay mal en el mundo que no tenga su medicina en una yerba. UN VIEJO
Eso decían los antiguos, que eran más sabidores que nosotros. Y los moros conocen esos remedios.
LA CURANDERA
Los moros más conocen los venenos y las yerbas que hacen dormir.
La luna se levanta sobre los pinares y blanquea en la puerta del molino, donde mozas y mozos divierten la vela con cuentos de ladrones, de duendes y de ánimas. En los agros vecinos ladran los perros, como si vagasen en la noche los fantasmas de aquellos cuentos aldeanos, y volasen en el claro de luna las brujas sobre sus escobas.
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ESCENA SEXTA
Un mar tranquilo de ría, y un galeón que navega con nordeste fresco. Viana del Prior, la vieja villa feudal, se espeja en las aguas que se tiñen de oro bajo la faz sangrienta de la luna plena. A lo lejos se perfilan inmóviles algunas barcas pescadoras. Son vísperas de feria en la villa, y sobre la cubierta del galeón se agrupan los chalanes y boyeros que acuden con sus ganados. Las yuntas de bueyes, las cabras merinas y los asnos doctorales rebullen bajo la escotilla y topan por asomar sobre la borda sus grandes
ojos tristes y mareados. UN MARINERO
Vamosátener virazón. OTRO MARINERO
Gaviotas por tierra, viento surála vela. EL PATRÓN
Nunca salió mentira.
Los chalanes, cuando no comentan los lances de otras ferias, comentan las hazañas de un famoso bandido. Son tres los chalanes: Manuel Tovio, Manuel Fonseca y Pedro Abuín.
MANUEL TOVIO
De esta vez anduvo equivocado Juan Quinto. Pensó que era lo mismo entrarárobar en la casa de un cura que en la casa de Don Juan Manuel. £Con un puñalála garganta reíase el Mayorazgo sin declarar dónde tenía los dineros!
PEDRO ABUIN
Y dicen que Juan Quinto, viéndole tan valeroso, mandó que le desatasen y le pidióperdón.
MANUEL TOVIO
Decir lo dicen, pero es mentira. MANUEL FONSECA
También se cuenta que Don Juan Manuel le recordó cómo en una ocasión le había sacado de la cárcel, y que entonces mandó desatarle Juan Quinto.
MANUEL TOVIO
Lo cierto de todo nadie lo sabe. Dícense tantas cosas... MANUEL FONSECA
Cuidad que nos tiene fijos los ojos Doña María.
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El chalán indica con el gestoáuna señora pálida y triste, con hábito franciscano, que se halla sentadaála sombra del foque. Después los tres chalanes siguen hablando en voz baja, y alguna vez tercia en la plática un clérigo de aldea.
UN LAÑADOR
Veremos cómo se presenta la feria. UNA CRIBERA
Para ti, como para mi, todas las ferias vienen á ser iguales. De pobres nunca pasamos.
UNA CINTERA
£Graciasáque no falte un pedazo de pan!... Ya estamos llegandoáViana del Prior. Trujimos un viaje de damas, mas temo la vuelta.
El galeón navega en bolina: se oye el crujir marinero de las cuadernas, se ciernen las gaviotas sobre los mástiles, y quiebran el sibiloso y soturno espejo de las aguas, dando tumbos los delfines. Por la banda de babor entra un salsero de espuma, y la señora del hábito franciscano, reza. Un viejo mendicante, que pide para las ánimas, se levanta exhortandoádar para una misa.
EL PATRÓN
No haya temor, Doña María. EL MENDICANTE
Vosotros siempre decís que no haya temor, y la otra feria faltó poco para que todos pereciéramos.
EL PATRÓN
Faltó lo mismo que ahora.
La señora, sin interrumpir el rezo, sonríe con amable melancolía, y da limosna al viejo. Se advierte que su pensamiento está muy distante. El galeón da fondo en la bahía y los marineros que lo tripulan hablanávoces con un viejo patriano de gorro catalán y sotabarba, que sentado en una peña recoge sus aparejos de pesca que tienen en la noche, bajo la luna, un brillo fosforescente y salino. La señora desembarca y desaparece A lo largo de la ribera acompañada del clérigo de aldea.
DOÑA MARÍA
Si aun está abierta la iglesia, entraremos un momento. EL CAPELLÁN
Sí que estará abierta, pues es la hora de rezar las Cruces. DOÑA MARÍA
Las rezaremos en acción de gracias por el feliz viaje que tuvimos. EL CAPELLÁN
¿Nadie tiene noticia de nuestra llegada? DOÑA MARÍA
Nadie.
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EL CAPELLÁN
£Y esa mujer continuará en la casa!... DOÑA MARÍA
Dios Nuestro Señor, aceptará este sacrificio de mi orgullo, en descargo de mis pecados.
Entran en la iglesia, que tiende su atrio de tumbas y de cipreses, hasta la orilla del mar. Un mendigo con esclavina adornada de conchas y luenga barba, pide limosna en el cancel: Parece resucitar la devoción penitente del tiempo antiguo, y ser un hermano de los santos esculpidos en el pórtico. Algunas lámparas brillan en el fondo tenebroso de las capillas donde el oro viejo de los altares resplandece apenas: Las pisadas y las toses resuenan huecas, deformes, graves.
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ESCENA SÉPTIMA
Una sala grande, apenas alumbrada por un velón. El Mayorazgo está sentadoála mesa: Cena con apetito y bebe con largura. El recado es de plata antigua, y son los manteles de lino casero con una cenefa roja como el vino de la tierra. Al otro extremo de la estancia, enfrente del Caballero y sentado en el suelo, está el bufón.
EL CABALLERO
¿Has bajadoála villa? DON GALÁN
No, mi amo.
EL CABALLERO
¿Pues no sabes que es tu obligación divertirme, en tanto ceno, con las historias que corren por ella?
DON GALÁN’
£Jujú!... Si no bajéála villa fué porque la villa subióála casona, mi amo. EL CABALLERO
¿Qué dices, imbécil? DON GALÁN
La verdad, mi amo. Estuvieronáentregarme unos calzones remendados dos señoras principesas que son hermanas mías. £Y cosa que no sepan María la Gazula y Juana la Visoja, nadie lo sabe en la villa! Y no lo dio por honrar mi sangre, que solamente son hermanas por parte de padre, sino por honrarála verdad.
EL CABALLERO
¿Y qué cuentan esas princesas? DON GALÁN!
Ellas no cuentan nada. Las pobres almas dicen lo que oyen... Parece que al venir se han cruzado con uno de los hijos de mi amo, que caminaba cojeando.
EL CABALLERO¿Cuál de ellos? DON GALÁN Don Pedrito.
EL CABALLERO
¿Se sabe por qué cojea? DON GALÁN
Será por no andar derecho. El dice que le coceó un caballo, y otros dicen que tiene un tiro en una pierna, y aun murmuran que le cura en secreto Andrea la Cirujana.
43
El Caballero descarga un puñetazo sobre la musa. El bufón da un salto, y fingiendo un susto grotesco, se poneátemblar con la lengua defuera y los ojos en blanco. El Caballero le arroja su platoála cabeza, y el bufón, que lo atrapa en el aire, se poneálamerlo.
EL CABALLERO
£Le había reconocido! £Que no hubiese dejado muertoáese hijo de Edipo! DON GALÁN
¿Mijo de quién, mi amo? EL CABALLERO
£Del demonio!
Se levanta del sillón y pasea de unoáotro testero con un gesto doloroso y altivo. El bufón permanece sentado en el suelo con el plato en la cabeza como otro yelmo de Mambrino.
EL CABALLERO
¿Qué más murmuran, Imbécil Don Galán? DON GALÁN
Que son hijos de su padre. EL CABALLERO
£Mentira! DON GALÁN
£Jujú!... Eso digo yo, mi amo. EL CABALLERO
£Desvergonzado, tú juegasáquedarte sin lengua!
El Caballero le hace rodar de un puntapié. El bufón se pone saliva en los ojos y finge un llanto humilde.
DON GALÁN
£Dios le dé salud para darme otro! EL CABALLERO
£Tan hijos míos son como de su madre! £Una santa!... DON GALÁN
Una mártir, van diciendo por la villa. EL CABALLERO
Eso es viejo, imbécil Don Galán. Desde el día de la boda dicen lo mismo, y antes ya lo decían, haciendo de profetas. Continúa tus historias, Don Galán.
DON GALÁN
No puedo, mi amo. EL CABALLERO¿Cómo no puedes? DON GALÁN
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Estoy con la alferecía. Míreme temblar. Mame entrado yn gran susto con las amenazas de mi amo. Sepa mi amo que jamás volveréádecir una palabra. No quiero jugaráquedarme sin esta mala mujer desnuda.
Con un gesto de picarda grotesca ce coge la lengua y la saca un palmo fuera de la boca.
EL CABALLERO
Basta de truhanerías, Don Galán. ¿Qué más se dice por la villa? DON CALAN
Pues eso... Que quien saleálos suyos honra merece, y que son hijos de su padre. El CABALLERO
£Mentira! Yo jamás he robado. ¿Cuántos años hace que me sirves, Don Galán? DON GALÁN
£Muchos!
EL CABALLERO¿Cuántos?
DON GALÁN
Más de los que tengo. EL CABALLERO
Y tú, que eres un mal nacido, que solamente buscas murmurar de tu amo, podrás decir...
DON GALÁN
£Jamás de los jamases! Mi amo solamente se robaásí mesmo. EL CABALLERO
£Para dárseloámis criados,ámis amigos,áquien me lo lia pedido! DON GALÁN
Si por su ventura tuviesen en la casa moza que lo valiere, y mi amo la trujese en elánima.
EL CABALLERO
Eres un mal nacido, Don Galán. Yo nunca miré cómo gastaba mi hacienda, y fué de todos.
DON GALÁN
Porque no hay casa sin mujer, y basta para encandilarle una escoba con basquiña. Pero el que como yo tiene la desgracia de no poder llevar corona, jamás ha recibido las generosidades de mi amo. Así, que estoy pensando en casarme.
El Caballero le arroja un hueso, y ríe con una risa de mofa soberana y cruel. El bufón. con aquella manera grotesca de imitar á los perros, que tanto divierte al hidalgo cazador, se aplicaároerle.
EL CABALLERO Cásate, Don Galán.
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DON GALÁN
Antes precisaba que mi amo me dotase. No quiero luego verme desamparado en mitad de la calle, como Doña Sabelita. De nadie quiso despedirse, si no fué de mí, que me dijo, dice: Consérvate guapo, Don Galán.
EL CABALLERO
Imbécil Don Galán, de todo te está permitido hablar menos de la señora Doña Isabel Casto de Cela.
DON GALÁN£Pobre señora! EL CABALLERO
¿Por qué no vieneáservirme? DON GALÁN
Estará llorando en algún rincón. EL CABALLERO
£Isabel! £Isabel! UN ECO
£Sabeeel!... £Sabeeel!
La barragana asoma en la puerta, una nube de tristeza vela sus ojos, ojos de niña y de devota, que tienen algo de flor.
SABELITA
¿Quién me ha llamado? EL CABALLERO
Yo te llamé. ¿Ya no reconoces mi voz, Isabel? SABELITA
£No es esi la voz que otro tiempo me hablaba amorosa! EL CABALLERO
Si quieres servirme comeré, sino que se lo lleven todo. SABELITA
Soy una esclava y no puedo tener voluntad. EL CABALLERO
Don Galán, recoge los manteles. DON GALÁN
No es día de ayuno, mi amo. SABELITA
Nunca me neguéáservirle, Don Juan Manuel.
Sabelita le escancia vino en uno de esos grandes y portugueses vasos de cristal tallado, donde en otro tiempo bebían los frailes y los hidalgos el agrio zumo de los señoriles parrales. Don Calan, debajo de la mesa, rebaña los platos, y el Caballero ríe con ruidosas risas.
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DON GALÁN
Mi amo, ahora podemos beber sin miedoácaernos. £Cátanos ya en la cama! EL CABALLERO
£Calla, imbécil! DON GALÁN
£Jujú! Nueve vasos van, mi amo, y esa no es ley de Dios. £Don Galán apenas lleva uno!
El CABALLERO
¿No has dicho que tenía el vino punta de vinagre? DON GALÁN
Eso fué ayer, que hoy parecióme de regalía. £Talmente que sabeáfresas! EL CABALLERO
A vino, necio. DON GALÁN
Ayer engañéme por catarlo en el vaso de Pedro Rey. £Otra gota, mi amo, por el alma de sus difuntos!
EL CABALLERO
No quiero verte borracho, Don Galán. DON GALÁN
£Vaya un escrúpulo! EL CABALLERO
Si te emborrachas, mandaré que te metan de cabeza en el pozo. DON GALÁN
£Jujú! Como cuando hay sequía, al glorioso San Pudro.
De esta suerte se desenvuelve el coloquio de amo y criado, mientras una nube de tristeza cubre los amorosos ojos de Sabelita. La barragana ha palidecido al oir el murmullo de dos voces que hablan en el corredor, ante la puerta. Con los ojos angustiados y los labios trémulos, retrocede hasta el fondo de la estancia Las rosas de la sangre encienden sus mejillas. Casi al mismo tiempo una mano llena de arrugas alza el cortinón y la vieja criada asoma llorosa.
LA ROJA
Mi amo, que vieneáverle la señora mi ama. SABELITA
£Doña María aquí! DON GALÁN
£Jujú! Ya solamente nos falta Liberata la Blanca. EL CABALLERO
£Calla, villano! DON GALÁN
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£Mejor quiero ser villano que moro de morería con un hato de mozas!
Don Juan Manuel, ensombrecido de pronto, le impone silencio con gesto de imperiosa cólera. Una señora, todavía hermosa, pero encorvada, aparece en la puerta, donde se detiene un momento enjugándose los ojos. El Mayorazgo, repuesto de la sorpresa, posa el vaso sobre los manteles con arrogante golpe, y alza la voz, siempre soberana y magnífica.
EL CABALLERO
£Sea bien venida mi santa y noble compañera Doña María de la Soledad Ponte de Andrade!
DOÑA MARÍA
Me habían dicho que estabas moribundo, y por eso he venido... EL CABALLERO
Debía estarlo, pero yo tengo siete vidas como los gatos monteses. DOÑA MARÍA
£Nunca le agradecerásáDios!... EL CABALLERO
£Ciertamente! £Ciertamente!
El viejo hidalgo asiente con gravedad burlona, agitando la blanca cabellera de novelesca historia, y la señora adelanta algunos pasos seguida de un clérigo de aldea,áquien tiene en su casa como capellán. Don Juan Manuel la contempla con una llama de irónico y compasivo afecto en los ojos. Sabelita, en el fondo de la alcoba, solloza. Doña María, con noble señorío, simula no reparar en ella.
DOÑA MARÍA
Yo también estuve enferma: creo queála muerte... Pero tú no has sabido el camino para iráverme.
EL CABALLERO
No me atreví…; £Te había ofendido tanto! DOÑA MARÍA
£Y olvidaste que yo te perdoné siempre todo!
Don Juan Manuel se cubre los ojos con un ademán trágico aprendido allá en sus mocedades románticas, y la resignada señora le mira con ternura, como miran las abuelas á los niños cuando mienten para ocultar sus travesuras. Al mismo tiempo sonríe con aquella sonrisa delicada y triste, queásu boca marchita le da todavía un encanto de juventud.
EL CABALLERO
María Soledad, yo podré no creer en Dios... DOÑA MARÍA
£No blasfemes! EL CABALLERO
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Pero debo crer que hay santos. DONA MARÍA
£Calla! Ya veo que por esta vez no te mueres... Y puesto que he venido, no me iré sin hablarte como si fuese yo la que hubiese de morir.
EL CABALLERO
También yo tengo que hablarte, María Soledad.
Hay un largo silencio. La barragana, con los ojos llorosos y el pecho agitado, alza los manteles: siente una angustia que le llena el alma en presencia de aquella señora envejecida y resignada, que tiene la sonrisa más triste que las lágrimas, y los ojos, los pobres ojos que la miran compasivos, cansados de llorar las mismas penas de amor que ahora llora Sabelita. El Caballero, después de apurar el último vaso, acuesta la cabeza en el respaldo del sillón y entorna los párpados con ese grato desvanecimiento que producen los vapores del vino. La esposa y la barragana le contemplan con la mirada triste de sus ojos amantes. Después salen con leve andar y en la puerta sin hablarse, se separan. El Caballero ronca.
ASÍ TERMINA LA JORNADA SECUNDA
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JORNADA TERCERA
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ESCENA PRIMERA
Los criados están reunidos en la gran cocina del caserón. En el hogar arde un alegre fuego que pone un reflejo temblador y rojizo sobre aquellos rostros aldeanos, tostados en las sementeras y en las vendimias. Bajo la ancha campana de la chimenea, que cobija el hogar y los escaños donde los criados se sientan, alárganse las lenguas de la llama como para oir las voces fabulosas del viento: Es una chimenea de piedra, que recuerda esos cuentos primitivos y grotescos de las brujas que se escurren por la gramallera abajo, y de los trasgos patizambos que cabalgan sobré los varales donde cuelgan las morrillas puestas al humo. Sentados en torno del houar. los criados dan finálos cuencos de la fabada y sorben las últimas berzas pecadasálas cucharas de boj. Los criados son cinco: Minguiña, una vieja que recuerdaálos difuntos señores; Don Galán, el bufón del Caballero; Juana La Manchada. que sabe los guisos escritos en las rancias recetas de las monjas; Bieito, el rapaz de las vacas, y Rosalva, la rapaza que sirve en la casona, por el yantar y el vestido. Hablan en voz baja.
DON GALÁN
Pues yo vos digo que nunca muchos días está con el amo Dama María. LA MANCHADA
¿Por qué entonces se fué Doña Sabelita? ROSALVA
El amo, agora, querrá vivir como un buen cristiano con nuestra ama Doña María. DON GALÁN
£Jujú! Ya vos digo que nunca tres días están juntos. £Luego veréis la reina que nos da! Sois nuevos en la casa, y no se os alcanza que agora sucederá lo que tantas veces. Fuese Doña Sabelita, pero no estará mucho tiempo mi amo sin traer otra moza para que le espante las moscas mientras duerme. £Jujú!... £Podría ser que ya viniese por el camino!
LA MANCHADA
Tú la conoces, gran raposo. DON GALÁN
£Y todos la conocéis! BIEITO
£Mi alma! Pues yo vos digo que para no vivir cristianamente con el ama, bien se estaba con Doña Sabelita.
LA MANCHADA
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Yo sé quién tú dices, Don Galán. MINGUIÑA
Y todos lo sabemos. Habláis por Liberata la Blanca. Pues yo desde agora vos juro que me iré de la casq, si aquí vieneámandar la mujer de Pedro Rey.
LA MANCHADA
£Siquiera Doña Sabelita era una señora principal! DON GALÁN
Lávate las piernas, Rosalva, que todavía has de ser aqui la reina. ROSALVA
Yo no quiero condenar mi alma. DON GALÁN
Como habría de licenciarte antes de la hora de tu muerte, tiempo te quedaba para arrepentirte.
ROSALVA
£Cuántas burlerías sabes, Don Galán! DON GALÁN
£Jujú! MINGUIÑA
No hagas caso, rapaza. LA MANCHADA
Don Galán, para tanta suerte Rosalva precisaba de casarse contigo, que tienes buena labia para vendérsela al amo, como hace con su mujer Pedro Re).
DON GALÁN
¿Has oído, Rosalva? Así no te condenabas, ni sufrías sonrojo, si tenías indigestión de huesos.
ROSALVA
Que te doy con el cuenco, Don Galán. DON GALÁN
No te enciendas, paloma. MINGUIÑA
Dejaála rapaza, Don Galán. DON GALÁN
£Así la deje Dios! BIEITO
Yo vidc poco haceáDoña Sabelita. MINGUIÑA
¿Cuándo la has visto? BIEITO
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La topé poco hace en el atrio de la iglesia, toda llorosa. £Mas no cuidaba mi alma que se caminase de la casa!
LA MANCHADA
£Mirad ahí, una señora tan principal perdida por el amor de un hombre! MINGUIÑA
Yo sé todas las penas que le ha costado. £Ni sus mismas familias querían oir de ella! ROSALVA
£Y desprecios que le hacían los señores de su clase! DON GALÁN
£Pues ya quisierais vosotras tener su suerte! MINGUIÑA
£Cativa suerte! DON GALÁN
No habéis visto qué piernas tiene, y qué brazos más torneados, y qué pechos más blancos. £Jujú!... £Y qué buena para ama de un canónigo!
MINGUIÑA
£Calla, desvergonzado! DON GALÁN
Lo que vos digo. Más pronto habrá de topar ella acomodo que cualquiera de nosotros, si un día el amo nos despide.
LA MANCHADA
£Eso es verdad! Masámi se me figura que no la echa el amo, sino que ella se huye por no ver que otra le roba su sitio.
DON GALÁN Bien podrá ser. MINGUIÑA
£Cómo ciega el enemigoálas pobres mujeres! DON GALÁN
£Jujú!... A los hombres había de cegar, para que pecasen contigo, Minguiña.
Los criados ríen con alborozo. Se oye la voz del Caballero que llama pidiendo la cena. Juana la Manchada arrima unas trébedes al fuego, y después los criados hablan de una vaca que, en la montaña, parió un choto con dos cabezas.
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ESCENA SEGUNDA
Han sonado las dos de la tarde, clásica hora de la siesta, en el reloj de la Colegiata. Don Ambrosio Malvido, el escribano, llega en una muía ante el portón de la casa infanzona, y se apea ayudado por el alguacil, que lleva toda la mañana esperándole en el zaguán. Juntos suben la ancha escalera de piedra: en lo alto el escribano advierte que aun calza las espuelas, y se sientaáquitárselas. El alguacil llama con su vara.
EL ALGUACIL£Ah de casa!
DON GALÁN¿Quien es?
EL ALGUACIL
El Juzgado de Viana del Prior que vieneávisitaros. ¿Cómo se halla el Señor Don Juan Manuel?
DON GALÁN
Agora descabezaba un sueño. Pero no vos diré si panza arriba si panza abajo. EL ALGUACIL
¿Está ya valiente? DON GALÁN
Nunca estuvo cobarde. EL ALGUACIL
Avísele qu; vieneátomarle declaración el señor escribano Malvido. DON GALÁN
£Jujú!... Esperen sentados, que agora no está de manifiesto.
Don Galán se entra por la casa, y escribano y alguacil quedan esperando en aquella antesala que se abre en la cruz de dos corredores. Sobre el dintel de la puerta canta un mirlo en su jaula de cañas. El escribano se asomaála ventana y contempla el huerto.
EL ESCRIBANO
£Qué hermosas peras verdilargas! EL ALGUACIL
Son lo mismo que las del Priorato. EL ESCRIBANO
Por cierto que me has ofrecido una rama para injertar de escudete. EL ALGUACIL
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Y lo cumpliré, mi señor Don Ambrosio. EL ESCRIBANO
£Ricos frutales tiene el Mayorazgo! ¿Conoces aquellas manzanas? Son reinetas. Mira aquel otro peral.
EL ALGUACIL
De muslo de dama: £Una fruta que se hace agua en la boca! EL ESCRIBANO
£Ave Maria, qué cargado aquel ciruelo! EL ALGUACIL
Siempre cargan mucho las migueleñas. EL ESCRIBANO
No son migueleñas, son de manga de fraile.
El alguacil vuelve A mirar haciendo tornaluz con la mano sobre los ojos, y sonríe como un filósofo. En esta sazón llega el Mayorazgo. La vieja tarima de castaño tiembla bajo su andar marcial, que parece acordarse con los latidos del corazón como se acordan las cadencias de un romance caballeresco.
EL ESCRIBANO
Señor Don Juan Manuel, mil perdones por esta molestia. EL CABALLERO
Con uno solo basta, Señor Malvido. EL ESCRIBANO
Hágame la cortesía de cubrirse, Señor Don Juan Manuel. EL CABALLERO
Yo en mi casa suelo estar como me parece, Señor Malvido. EL ESCRIBANO
Ya sé... Ya sé... EL CABALLERO Sentémonos.
El escribano, un poco sofocado, saca del aforro de su levitón un tintero de asta y lo coloca sobre la mesa. Después hojea los autos y se disponeáescribir.
EL ESCRIBANO
¿Sin duda supondráálo que venimos, Señor Don Juan Manuel?... EL CABALLERO
No supongo nada. EL ESCRIBANO
Puesátomarle declaración... EL CABALLERO
Nada tengo que declarar. EL ESCRIBANO
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¿No sabe, no tiene sospechas de quién le causó las heridas que le retuvieron más de siete dias en la cama?
EL CABALLERO
Son antiguas cicatrices que se han abierto ahora: Achaque de viejos. EL ESCRIBANO
¿De manera que se niegaádeclarar?... EL CABALLERO
Sí, me niego, señor escribano Malvido. EL ESCRIBANO
£Es lástima que no quiera ayudarála justicia! EL CABALLERO
Yo me río de la justicia. EL ESCRIBANO
La declaración de usted podría darnos mucha luz para el esclarecimiento del hecho de autos.
EL CABALLERO
Si yo supiese quiénes eran aquellos bandidos, no se lo contaríaáusted para que se aplicaseállenar folios y más folios de papel sellado, Señor Malvido.
EL ESCRIBANO
¿Y el castigo de los culpables? EL CABALLERO
Yo se lo impondría por mi mano. ¿Sabe usted lo que hizo mi sétimo abuelo el Marqués de Bradomín?
EL ESCRIBANO
No sé... Pero aquellos eran otros tiempos. EL CABALLERO
Para mí son lo mismo éstos que aquéllos. El Marqués, mi abuelo, llevaba muchos años en pleito con los frailes dominicos, y un día, decididoáponerle remate, armóásus criados, entróásaco en el convento, matóásiete frailes que estaban en el coro, y sus cabezas las clavó sobre la puerta de esta casa. Yo, cuando oí esta historiaámi madre, que la contaba escandalizada, decidí transigir con parecidas razones todos los pleitos de mi casa. £Treinta y dos pleitos que teníamos!
EL ESCRIBANO
¿Y en cuántas causas criminales no se vió envuelto? EL CABALLERO
£Y cómo me he reído de ellas! Desde entonces me hice siempre justicia por mi mano, sin que el amigo me moviese ni el enemigo me acobardase. Esa otra justicia con escribanos, alguaciles y cárceles, no niego que sea una invención buena para las
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mujeres, para los niños y para los viejos que tienen temblonas las manos, pero Don Juan Manuel Montenegro todavía no necesita de ella.
EL ESCRIBANO
Pondremos entonces que manifiesta no haber conocido á ninguno de los que entraron en su casa, ni tener sospecha de quiénes fuesen.
EL CABALLERO
Ponga usted que no quiero declarar y que me basto para hacerme justicia, señor escribano Malvido.
EL ESCRIBANO
£Pero eso no puede escribirse, Señor Don Juan Manuel! EL CABALLERO
Pues si eso no puede escribirse, no se escribe nada.
Con arrogante gesto impone sobre los autos su mano descarnada, donde las venas azules parecen dibujar trágicos caminos de exaltación, de violencia y de locura. El escribano y el alguacil se miran atemorizados.
EL ESCRIBANO
£Mi persona es sagrada, Señor Don Juan Manuel! Estoy en funciones y represento al juez.
EL CABALLERO£Aquí el juez soy yo!
EL ESCRIBANO Represento al rey.
EL CABALLERO£El rey soy yo!
EL ESCRIBANO
£Señor Don Juan Manuel! EL CABALLERO
£Señor escribano Malvido! EL ESCRIBANO
He venido confiado en su hidalguía, sin guardias, sin testigos, sólo con el alguacil.£Espero que no me hará violencia!
EL ALGUACIL
£Considere que se compromete y nos compromete, Señor Don Juan Manuel! EL CABALLERO
¿Y qué razón es esa? EL ESCRIBANO
£Usted no es un hombre, Señor Don Juan Manuel! EL CABALLERO
£Yo soy león! £Yo soy tigre!
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Erguido con fiera arrogancia, desgarra los autos y arroja por la ventana aquel tradicional tintero de asta, ejecutoria del señor escribano Malvido. La voz, soberana y tronante, se difunde por todo el caserón, y en los corredores halla un eco que la sigue moribundo. El escribano y el alguacil se retiran prudentes, como dos zorros viejos. Don Juan Manuel tiene en los ojos el resplandor de una burla que llamea como la cólera, esa burla de los tiranos cruel, violenta y fiera. Por uno de los corredores,álas voces infanzonas, asoma el bufón con varios galgos atraillados. Doña María, seguida de su capellán, sale del oratorio y aparece por el fondo del otro corredor. El Caballero, erguido en mitad de la antesala, los saluda con su risa magnífica y feudal.
EL CABALLERO
£Don Galán, échale los galgosáesos villanos que huyen! DON GALÁN
No los atraparían, que en jamás persiguieron liebres tan corredoras. EL CABALLERO
£Van como alma que lleva el diablo! DON GALÁN
£Malo será que tornen! EL CABALLERO
¿Los juzgas tan locos que quieran salir por la ventana? DON GALÁN
Los veremos tornar con un ejército del rey. £Jujú!... Yo me esconderé dentro del horno, y mi amo andará huido otro tanto tiempo como cuando vino el escribano Acuña.
EL CABALLERO
Eres un mal nacido, Don Galán. DON GALÁN
Al fin nacido de hembra, mi amo.
Llegan Doña María y el capellán. Doña María sonríe ron aquella sonrisa delicada y triste, queásu boca marchita le da todavía un encanto de juventud. Camina despacio, y e! capellán se adelantaáprevenirle una silla donde descanse.
EL CABALLERO
¿Qué hace usted, Don Manuelito? EL CAPELLÁN
Para la señora. EL CABALLERO
Esa silla la ocupó un escribano y está condenadaála hoguera. £Es ley de caballería! DON GALÁN
Es ley para descansar en el santo suelo, si nos toman amor y dan en repetir las visitas, como antaño.
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DOÑA MARÍA
¿Por qué ha venido el escribano? EL CABALLERO
Por tomarme una declaración.
Una nube de tristeza vela aquel rostro altivo, de aguileño perfil y ojos cavados de monje guerrero. Doña María le contempla temblando de adivinar el pensamiento que llamea en aquellos ojos.
DOÑA MARÍA
Tenemos que hablar, Juan Manuel. EL CABALLERO
Sí, tenemos que hablar. DOÑA MARÍA
Quisiera volverme hoyámi casa. EL CABALLERO
No me atrevoásuplicarte que te quedes... Pero en estos momentos no sé quénecesidad siento de verteámi lado.
DOÑA MARÍA
¿Qué tienes, Juan Manuel? EL CABALLERO
No sé.
EL CAPELLÁN
El onceno, no estorbar.
Don Manuelito, en el umbral de la puerta, se inclina con doctoral y aldeana cortesía. I.a señora, con un gesto, le indica que se quede, y él vuelveásentarse pasándose el pañuelo de yerbas por la frente sudorosa. Don Galán, en tanto, vaáecharse en el hueco de la ventana.
DON GALÁN
Los canes no estorban, señora ama. DOÑA MARÍA
Estorban cuando ladran. EL CABALLERO
Sal, bufón... £Aquí, hijo mío, no le quieren!
Con la diestra tendida le señala la puerta, y su voz está llena de afecto paternal. Doña María siente despertarse sus fueros de dama linajuda, y dirige al bufón una miradaála vez compasiva y desdeñosa. Don Galán sale tirando de los galgos.
DON GALÁN
£Anday, hermanos míos! DOÑA MARÍA
£Nunca he podido comprender cómo puedes toleraráese Don Galán!
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EL CABALLERO
£Don Galán es mi hombre de placer! Los reyes antiguos, los verdaderos reyes, todos tenían corte de bufones.
DOÑA MARÍA
Yo no alcanzo de esa» historias, pero me basta con saber queálos criados no deben permitírsele ciertas insolencias.
EL CABALLERO
£Niálos criados niáningún nacido! Pero están exentos los bufones, que vienenáser como la voz de nuestra conciencia.
DOÑA MARÍA
£Don Galán la voz de tu conciencia! EL CABALLERO
La voz de mi conciencia que me muestra la vanidad y la miseria de todas las cosas. Don Galán, con sus burlas, sus truhanerías y sus insolencias, edifica mi alma, como ese señor capellán edifica la tuya con sus sermones.
DOÑA MARÍA
£Calla, y no blasfemes, Juan Manuel! EL CABALLERO
No blasfemo, pobre santa, que sólo sabe rezar. Uno y otro nos dicen las verdades amargas y crueles. Tu capellán las entristece con una hopa de cofradía, y mi bufón las alegra con un guiñapo de Carnaval.
EL CAPELLÁN
£Nunca pierde el humor este Don Juan Manuel! DOÑA MARÍA
Usted ya le conoce, Don Manuelito.
El Caballero tiene una llama de ironía en los ojos. Doña María sonríe tímidamente mirando al capellán y haciéndose cruces. Don Manuelito mueve la cabeza con un gesto de aldeano malicioso. Es el capellán un viejo seco y tosco, membrudo de cuerpo y velludo de manos. Lleva una sotana verdeante que al andar se le enreda en las espuelas, y un sombrero castoreño, entre marcial y chalanesco. Don Juan Manuel, le estima por dos galgos muy corredores que tiene, y el clérigo estima al linajudo porque ha visto muchas tierras y cuenta lances de batallas. Don Juan Manuel le interroga campanudo y burlón. Los ojos del clérigo responden árdidos y vibrantes.
EL CABALLERO
¿Cuándo nos echamos al campo, Don Manuelito? EL CAPELLÁN
£Cuando halle cincuenta mozos de ánimo resuelto, Señor Don Juan Manuel! EL CABALLERO
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Ya no hay hombres como nosotros, capaces de morir por una idea. Hoy los enemigos, en vez de odiarse, se dan la mano sonriendo.
EL CAPELLÁN£Acabóse nuestra raza! EL CABALLERO
£Así se hubiese acabado!... Pero es lo peor que degenera. £Yo engendré siete hijos que son siete ladrones cobardes!
DOÑA MARÍA
£Calla! £Calla por favor! ¿Quién ha podido hacerte creer una infamia como esa? EL CABALLERO
Yo conocíáuno de ellos cuando me ataron las manos y la boca. £Malditos sean mil veces! £No heredarán mía ni una piedra!
Don Juan Manuel está en pie: una noble palidez tiéndese por su mejilla, y los ojos le brillan con vapor de lágrimas bajo el cano y tembloroso entrecejo. Su voz soberana, de guerrero antiguo que clama en las batallas maldiciones del enemigo y glorias de sus armas, corre resonante por todo el caserón. Doña María y el capellán se miran llenos de incertidumbre.
EL CAPELLÁN
No debemos creer estas calumnias, Señor Don Juan Manuel. EL CABALLERO
£No son calumnias! DOÑA MARÍA
£Sí, lo son! Yo defiendoámis hijos... Yo no he llevado monstruos en mis entrañas. Don Juan Manuel, sin que se apague la llama violenta de sus ojos, la mira
compasivo, con la£ manos cruzadas sobre la frente, aquella frente altanera y desguarnida que parece cobijar todas las violencias, lo mismo las del amor que las del
odio. En su boca colérica asoma una sonrisa llena de tristeza y de sarcasmo. EL CABALLERO
María Soledad, si cierras los ojos y los oídosálas verdades amargas y crueles, bien haces en cerrarle la puertaáDon Galán.
DOÑA MARÍA
£Yo no quiero creerlo!... £Yo no lo creo! EL CABALLERO
£Pobre mujer, los defiendes porque son tus hijos!... Pero tú sabes bien que si no han intentado robarásu madre es porque se lo da todo...
DOÑA MARÍA
Yo necesito hablarte de nuestros hijos. EL CABALLERO
No quiero oir ni sus nombres, María Soledad.
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DOÑA MARÍA
Es preciso... Yo te lo ruego. EL CABALLERO
El día en que los arrojé de esta casa, los arrojé para siempre de mi corazón. Cuando vivían bajo mi techo yo cerraba los ojos, y aparentaba no advertir como se llevaban el trigo y el maíz de mis tierras. £Alguna vez no tuve para mantenerámis criados! Harto de tolerar aquel saqueo, les ofrecí alimentos fuera de mi casa, y la puerta que les cerré, han querido forzarla como ladrones. Si has venido enviada por ellos, vuelve adonde los dejastes y diles que no los conozco.
La angustiada señora, ahogándose con los sollozos, le abraza y llora escondido el rostro en su hombro. Don Juan Manuel besa con emoción aquella cabeza que las penas han prematuramente blanqueado. La señora se estremece y levanta el rostro húmedo de lágrimas para protestar, para defenderásus hijos, pero siente que las palabras mueren sin salir de los labios, heladas por un soplo que mata su fe, y vuelveállorar sobre el pecho de aqueláquien ama siempre, aquel que aun enciende en la triste vejez de su alma una llama de juventud.
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ESCENA TERCERA
El atrio de una iglesia. Anochece. Al abrigo de la tapia se pasean Don Rosendo, Don Gonzalito, Don Mauro y Farruquiño. Los cuatro son hijos del Mayorazgo. Farruquiño lleva manteo y tricornio, clásica vestimenta que aun conservan los seminaristas en Viana del Prior.
DON GONZALITO
£Tengo ansiedad por saber!... DON MAURO
Yo, ninguna.
DON GONZALITO
¿Conseguirá mi madre convencer al viejo? DON MAURO
No lo espero. FARRUQUIÑO
Grande es el poder de la elocuencia, hermanos míos. Doña María sacará el Cristo. DON MAURO
No creo en los milagros. Tengo por seguro que nos quedaremos como estábamos. DON GONZALITO
Si eso piensas, te lo callas. DON MAURO
Sería preciso que alguien me pusiese la mano en la boca, y aún no ha nacido. DON GONZALITO
La mano no, pero el puño... DON MAURO
Ni la mano, ni el puño, ni el aire. Yo digo aquello que mejor me parece, y quien no guste de oirlo se caminaáotra parte.
DON ROSENDO Tengamos paz FARRUQUIÑO
Paz y concordia entre los príncipes cristianos.
Los cuatro hermanos dan algunos paseos en silencio. Don Mauro es a£to, cenceño, apuesto. Tiene los ojos duros y el corval de la nariz soberbio. Sus palabras son siempre breves, y hay en ellas tal ánimo imperioso, que sin hacer»e amar se hace obedecer. Los cuatro hermanos se parecen.
63
DON GONZALITO
El capellán quedó en traer noticias de lo que hubiese. DON ROSENDO
¿Con quién habló? DON GONZALITO
Conmigo. Nos citamos aquí. DON ROSENDO
¿A qué hora?
DON GONZALITO Al anochecer.
DON ROSENDO Pues ya tarda. DON MAURO
Se habrá detenido en alguna taberna. FARRUQUIÑO
Santuario se dice, hermano. DON GONZALITO
Mi madre llevaba escrito el testamento, donde nos reparte sus bienes en legítimas iguales. Hay una manda de lutos para los criados y otra manda para el capellán. Sus alhajas se las lleva al convento, y con ellas pagará la estancia como señora de piso.
FARRUQUIÑO
¿Es muy grande la manda del capellán? DON GONZALITO
Una misa de seis reales mientras viva. Queda encomendadoánuestra conciencia el pagársela, y mi madre nos hace sobre esto grandes recomendaciones, y hasta nos amenaza con la excomunión.
FARRUQUIÑO
Uos legos no pueden excomulgar. DOS GONZALITO
Pues me quitas un gran peso de encima del alma. DON MAURO
Con excomuniónósin ella, yo nunca he creido que debiésemos cumplir esa manda. Son debilidades de mi madre, que vive dominada por la gente de sacristía.
FARRUQUIÑO
Esa manda debía dejármela á mí para cuando cantase misa. Pero con tales desengaños, casi me entran tentaciones de ahorcar la beca.
DON ROSENDO
Me parece que cobrarías tú lo mismo que el capellán. FARRUQUIÑO
64
£Quién sabe! DON ROSENDO
No riñamos por eso. FARRUQUIÑO
£Tuviera la gloria tan segura! Tengo yo un lindo reclamo para vosotros. ¿Que aflojabais los dineros? Pues en la hora de mi muerte, ya se sabe para quienes habían de ser los cuatro terrón", que dejase. ¿Que no los aflojabais? £Pues testamento en favor del ama!
El capellán entra en el atrio y los segundones van á su encuentro, todavía celebrando los donaires del menor.
DON MAURO
Mal gesto trae. El viejo se niega. DON GONZALITO
¿Buenas noticias? EL CAPELLÁN
Está que no hay quien le hable. DON ROSENDO
¿Por qué?
EL CAPELLÁN
Por el intento del robo... DON ROSENDO
¿Nos culpaátodos? EL CAPELLÁN
A todos.
DON MAURO
¿Yámi madre no le ha dicho?... EL CAPELLÁN
¿Qué podía decirle? DON MAURO
Que no hemos sido nosotros... Decirle quién ha sido. EL CAPELLÁN
¿Cómo acusaráninguno de sus hijos? DON MAURO
Para defenderálos otros. Yo mañana me presento en casa de mi padre yávoces proclamo la verdad.
EL CAPELLÁN¿Túla sabes? ... DON MAURO
Fué mi hermano Pedro. A mi me habló y me negué.
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DON ROSENDO
Y todos nos negamos. EL CAPELLÁN
Y, sin embargo, sois cómplices de ello. ¿Por ventura habéis cumplido con vuestro deber de hijos previniendo d Don Juan Manuel? ¿Qué hicisteis, sacrílegos? Maniatar alúnico de entre vosotros que se opuso y amenazó con decírselo.
DON MAURO
Esas son mentira de Cara de Plata. EL CAPELLÁN
Yoánadie he nombrado. Por lo demás, tampoco os conviene olvidar lo que ayer os dijo vuestra madre: El Caín que acuseásu hermano será desheredado. Y tened en cuenta que, tal vez, aun consiga algo de lo que pretendéis.
DON ROSENDO
¿No se ha vuelto mi madreáLantañón? EL CAPELLÁN
Don Juan Manuel le rogó que se quedase, y se ha impuesto ese sacrificio. Mañana volverááinsistir.
DON ROSENDO Esperemosámañana. DON MAURO
Mi padre se negar i. DON GONZALITO
Es preciso que sepa quién quiso robarle. No tenemos per qué cargar con culpas de
otro. FARRUQUIÑO
Las nuestras nos bastan y nos sobran.
Jinete en un caballo montaraz, de lanudo pelaje y enmarañada crin, entra en el atrio
otro hijo del viejo infanzón: se llama Don Miguel, y, por la hermosura de su rostro, en la villa y toda su tierra le dicen Cara de Plata. Jugador y mujeriego, vive todavía en mayor pobreza que sus hermanos, y tan cargado de deudas, que, para huir la persecución de sus acreedores, anda siempreácaballo por las calles de Viana del Prior. Pero aun en la estrechezáque sus devociones le han llevado, acierta siempreámostrar un animo caballeresco y liberal.
CARA DE PLATA¿Qué noticias? DON MAURO Pleito perdido. DON GONZALITO Todavía no.
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EL CAPELLÁN Mañana se decidirá. CARA DE PLATA
Yo le cedo mi herencia al que hoy me entregue una onza. DON GONZALITO
¿Tútambién desconfías? CARA DE PLATA
Yo, ni confío ni desconfío. Esta noche compro una cuerda y me ahorco. FARRUQUIÑO
£Feliz tú que aun tienes para comprar la cuerda! CARA DE PLATA
O no compro la cuerda, y me ahorco con las riendas del caballo. FARRUQUIÑO
Tengo una empresa que proponerte. CARA DE PLATA
¿Hay dinero de por medio? FARRUQUIÑO
Una onza para los dos. CARA DE PLATA¿Cuándo se cobra? FARRUQUIÑO
Ten paciencia, hermano. Ya hablaremos. CARA DE PLATA
¿A qué hora te cierran el Seminario? FARRUQUIÑO
A las ocho... Peroálas nueve salgo por una ventana. CARA DE PLATA
Entonces, la noche que quieras nos vemos en casa de la Pichona. Si no he llegado, espérame. Por allí asoma un judioáquien le debo dinero. £Adiós!
Hinca las espuelas al caballo y sale al galope, atropellandoáun viejo con antiparras y sombrero de copa que camina ajenjo en una caña de Indias.
CARA DE PLATA
£Apárteseáun lado, mi querido Señor Ginero!£liste maldito caballo tiene la boca de hierro! £No puedo detenerle!...
EL SEÑOR GINERO
£Un rayo te parta, hijo de Faraón! £Como me has dejado sin dineros quieres dejarme sin vida! £Ni aun respetas mis canas! £Tramposo!
DON ROSENDO
Cuidado con lo que se dice, Señor Ginero.
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EL SEÑOR GINERO
¿No ha visto cómo he sido atropellado? FARRUQUIÑO
¿Quién le atropelló? El caballo. Pues maldiga del caballo, Señor Ginero. EL SEÑOR GINERO
£No cobraré nunca lo que me debe! DON MAURO
¿Para qué lo necesita usted, estando con los pies para la cueva? EL SEÑOR GINERO
£Aun he de enterrarámuchos que son jóvenes! FARRUQUIÑO
Yo tengo el espíritu profético, Señor Ginero. Usted morirá bajo el caballo de mi señor hermano, como un moro bajo el caballo del Apóstol.
EL SEÑOR GINERO
Yo soy cristiano viejo, y aunque no tengo escudo soy hidalgo... £He perdido mi dinero, ya lo sé! Paga mejor un pobre que un señor... £Ríanse, búrlense!... Todos esos fueros de soberbia son humo, y lo serán m is. Se abajan los adarves y se alzan los muladares. £Raza de furiosos, raza de déspotas, raza de locos, ya veréis el final que os espera, Montenegros!
El viejo penetra en la iglesia entre las burlas de los segundones,áquienes el cape llín aconseja con prudentes y tímidas palabras que no escandalicenálas puertas de Dios. Se alejan y vuelvenáplaticar del caso que les ha reunido. Sabelita cruza el atrio rebozada en su mantilla. Es ya de noche, y los segundones no reconocen á la barragana de su padre.
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ESCENA CUARTA
Una sala en el caserón. Anochece. Dos mujeres, casi dos sombras, en el estrado. Flota en el aire el balsámico aroma de los membrillos puestosámadurar en aquel gran balcón plateresco con balaustral de piedra. Apenas se oye el murmullo de las dos voces.
LA ROJA
£Cuánto tengo suspirado por volveráverla en esta casa, Dama María! £Cuántas veces tuve intentos de irácalentar estas manos ateridas por la vejez, en aquella cocina del Pazo de Lantañón!
DOÑA MARÍA
Roja, tú no sabes qué triste es hoy el fuego de aquel hogar. LA ROJA
Otro tiempo fué alegre, como las lumbres del Señor San Juan. Eramos doce criados los que á diario nos reuníamos á la redonda de aquel hogar, como los santos apóstoles, y en la siega y en las vendimias éramos más de cincuenta. £Cuentos que allíse contaban, risas que había, cantares de la mocedad, loquear sin pena!
DOÑA MARÍA
Todo pasó, y nuestras manos frías que enfría la muerte, sólo tienen para calentarse la ceniza de aquel tiempo. Mis manos y mi corazón se han enterrado en ella.
LA ROJA
Dama María no vuelva á la tristeza de aquel destierro, y quede aquí donde las tribulaciones tienen el calor de los vivos y no el frío de los muertos. Quede aquí con su cruz.
DOÑA MARÍA
Mi cruz la llevo en todas partes, y aquí veo el pecado siempre ante mis ojos. LA ROJA
No lo verá más. DOÑA MARÍA
El pecado tiene aquí su reino. LA ROJA
Quien lo encendía ya no está aquí. DOÑA MARÍA
Lo enciende el demonio y no veis sus alas de murciélago que os cobijanátodos. LA ROJA
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Lo encendía una triste mujer errada que se ha ido muy lejos. DOÑA MARÍA
£No la nombres! LA ROJA
¿Le negará su perdón, Dama María? DOÑA MARÍA
¿Ves mis ojos? Están cansados de llorar. Por ella he sufrido los mayores dolores de mi vida. Ha olvidado que la había recogido en mi casa y criado como d una hija.
LA ROJA
La cuitada también llora la afrenta y el engaño que hizoásu madrina. A solas con esta vieja dolíase muchas veces, y mía fe que oyéndola, sentí esvanecerse el rencor que la tenía, y entrárseme una gran lástima corazón adentro. Fueron muchas las asechanzas y muchos los revuelos del gavilán, para prender en sus garras la paloma blanca. £Y la prendió, como prendióátantas!
DOÑA MARÍA
£A tantas, tú no puedes saberlo, Roja! LA ROJA
£Le vi nacer, Dama María! DOÑA MARÍA
Lo sé yo sola porque me hizo llorar muchas lágrimas. Esperaba, triste esperanza, que le recobraría con los años, y que cuando los dos fuésemos viejos, seríamos felices... Y acaso nunca tuvo como ahora, esa fuerza para cegarálas mujeres, para hacerse dueño de las almas.
Una sombra ha llegado sin ruido hasta la puerta, y arrodillada en el umbral escucha las palabras sin consuelo de la resignada señora, con el pañuelo sobre los ojos. Es la barragana del Caballero.
SABELITA
£Madrina!... £Pobre madrina mía, cuánto ha debido sufrir en tantos años! DOÑA MARÍA.
Mucho han llorado mis ojos, pero las lágrimas más amargas hasta hoy no las habían vertido.
SABELITA
£Y he sido yo la ingrata, la infame! DOÑA MARÍA
£Y aun has sido peor para ti misma que para mí! SABELITA
Madrina, escúcheme usted. DOÑA MARÍA
¿Qué deseas?
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SABELITA
Vengo de muy lejos. Había salido de esta casa para no volver, y al verme sola, perdida en un camino lie llorado como no había llorado nunca. Con la angustia de mi desamparo, sentí crecer mi ingratitud y mi culpa. Anochecía, y tuve miedo de la noche como de la muerte. Vengo cansada de vagar pollos caminos para arrodillarme ante usted y suplicarle que me perdone. £Madrina, madrina mía, deme sus manos a besar!
DOÑA MARÍA
Me pides las manos y te había dado mi corazón. Te lloré como se lloraáuna hija muerta. No sentía celos, sino pena, una pena muy grande de que tú me engañases.£Ingrata, no era yo tu madre?
SABELITA
£Madre mía! £Madre mía! DOÑA MARÍA
Lo fui, ya no lo soy. SABELITA
£Sí, mi madre, mi madre! DOÑA MARÍA
Levántate. SABELITA
No me niegue besar sus manos. DOÑA MARÍA
£Levántate del suelo, Sabelita! SABELITA
£Debo hablarla así, arrodillada, madrina! DOÑA MARÍA
Así no quiero escucharte.
Le tiende las manos de una albura lunar en la penumbra, aquellas manos ungidas con ese encanto de las flores marchitas que evocan el recuerdo de los jardines con su perfume delicado y muerto. Sabelita las besa sollozando.
SABELITA
£Usted no puede perdonarme, madrina! DOÑA MARÍA
Sí, yo te perdono. SABELITA
£Cuánto la ofendí!... Madrina, quise romper para siempre este lazo de pecado y salir de esta casa...
DOÑA MARÍA
Has hecho bien, porque así salvarás tu alma. Pero yo nada te exijo, hija mía. Sé que cuando te vayas vendrá otra mujer, que acaso no sea como tú... Yo soy vieja y no
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podré ya nunca recobrarle. £No pude cuando era joven y hermosa! £Y tú eres buena, y tú le quieres!...
SABELITA
Si pudiese haber disculpa para mí, sería esa. DOÑA MARÍA
£Cuántos corazones le deben su desgracia! SABELITA
Mi vida no es vida. Ansiaba romper este lazo de pecado y no podía... £Cada pena lo apretaba más! Me faltaba valor para dejarle en momentos tan crueles...
DOÑA MARÍA
£Túsabes quiénes eran los que quisieron robarle! SABELITA
£Sí!
DOÑA MARÍA£Es horrible! SABELITA£Horrible! DOÑA MARÍA
Vine aquí, creyendo que él nada sabía, para pedirle que me dejase retirar d un convento, y repartir entre mis hijos lo que hayan de heredar d la hora de mi muerte. Pero ni aun me atreví d decírselo. Me dió miedo mirar en su corazón. £Los maldice deseando verlos en la miseria!
Las dos sombras suspiran, y hay un silencio largo. La resignada esconde el rostro entre las manos y solloza con sollozos ahogados. En la sala la oscuridad es profunda. La otra sombra toca con una caricia tímida aquella cabeza de plata, que unge el claro de la luna con la tristeza de su ensueño lejano.
SABELITA
Madrina, ya me voy. Madrina mía, no consienta que otra mujer le robe su sitio. Es usted, sólo usted, quien tiene derecho para vivir en esta casa y para cuidarle ahora que está enfermo. Yo me voy porque quiero que usted sea feliz, madrina. Don Juan Manuel, allá en el fondo de su alma, sólo la quiereáusted. £Por Dios se lo pido, no deje su sitio á otra mujer, permanezca siempre á su lado para consolarle, porque sufre!...
DOÑA MARÍA
¿Y tú, adóndc irás? SABELITA
No sé... No sé.. DOÑA MARÍA
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¿Qué vaáser de ti sola, sin amparo de nadie, abandonada en medio del camino como una mendiga?
SABELITA
Usted me perdona y mi alma se ve libre de un cruel remordimiento. Adiós, madrina. DOÑA MARÍA
¿Te vas? SABELITA Sí.
DOÑA MARÍA£De noche! £Sola! SABELITA
Sí.
DOÑA MARÍA
No, no es posible. SABELITA
Si me detuviese acaso me faltaría valor. DOÑA MARÍA
Es verdad. SABELITA
Madrina, no consienta que otra mujer le robe su puesto. DOÑA MARÍA
£Qué importa, si me roba su corazón! Abrázame, Isabel. SABELITA
£Adiós, madrina! DOÑA MARÍA£Adiós, hija mía!
Las dos sombras se abrazan y permanecen así mucho tiempo. Se oyen sus sollozos. Después se aleja el fantasma de una mujer, y de las tinieblas de la sala se destaca con un clueco son de madreñas, la figura de la vieja criada.
LA ROJA
¿Llora, Dama María? DOÑA MARÍA
£A dónde irá esa niña, de noche, sola!... LA ROJA
Dios Nuestro Señor no la dejará en abandono. DOÑA MARÍA
£Perdida por los caminosádónde irá! LA ROJA
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Donde la guíe su Angel. £Ay! Tuviera yo menos años y no iría sola por el mundo, la pobre cordera.
DOÑA MARÍA£Llámala!
LA ROJA
Dama María, aquí condena su alma. DOÑA MARÍA
Llámala. Del mal que le suceda yo tendré la culpa... AI verse sola, sin amparo en la vida, acaso caerá más bajo.
LA ROJA
Aunque la llamase no tornarla. DOÑA MARÍA
£Isabel! £Isabel! LA ROJA
Ya no puede oírnos. Recemos por ella, Dama María.
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ESCENA QUINTA
Una calle. Es de noche. Sabelita camina pegada al muro de las casas arrebujada en su manto, y llora con débil gemido, como niña abandonada. Las calles están desiertas, y los zaguanes de las casas, lóbregos. Sabelita percibeáveces un confuso vocerío, que sale del interior de las tabernas, llenas de marineros, y miedosa, apresura el paso para cruzar ante las puertas, de donde surge una banda Üe luz que tiembla sobre la calle enlosada, hasta el borde de la otra acera. Tal vez una sombra se tambalea en la esquina barbollando confusos discursos. Sabelita pasa recatada en su manto.
LA VOZ DEL BORRACHO
Aquí me tienes, parienta... Sopla Nordeste fresco, parienta... Envaina las uñas, que el hombre de bien tiene que achicar un cuartillo con los amigos... £Cuidado que ya tengo un rumbo dentro! Si usted no es mi parienta, señora. Espere usted, que me estoy pisando la faja. ¿No quiere usted esperar, hermosa?... Navegaremos en conserva...
La sombra avanza, tambaleándose, por medio de la calle. Sabelita apresura el paso, y, pocoápoco, deja de oir la voz incoherente y torpe. Atraviesa una plaza donde hay un convento. Empiezaállover. Se cruza con dos señoras precedidas por un criado aue lleva un gran farol. El viento les estremece las faldas y se las ciñe á las canillas, mostrando el blanco oleaje de las enaguas. Las cabezas desaparecen en la sombra del paraguas que las cobija. El criado mira con curiosidadála arrebujada que cruza la plaza. Sabelita, Iugo de haber pasado, percibe el curioso musitar.
UNA SEÑORA¿Quién era?
EL CRIADO
Parecióme la mal casada. LA OTRA SEÑORA
¿La sobrina del difunto Sumiller? EL CRIADO
No digo que lo fuese...
Sabelita se aleja casi corriendo. Adivina que las dos señoras se han detenido en medio de la plaza y que la atisban con ojos malignos, bajo el aguacero que redobla en el paraguas. Tiene miedo de aquellos ojos como de un maleficio, y corre falta de aliento. Un reloj de torre da las diez, y dos clérigos salen de un ancho zaguán apenas alumbrado por un farol de retorcidos hierros. Son el Deán y el Chantre de la Colegiata.
EL CHANTRE
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£Está lloviendo, Don Lino! EL DEÁN
Mi pierna me lo decía. EL CHANTRE
Y me parece que tenemos agua para toda la semana. EL DEÁN
Hasta la luna nueva no hay que esperar otro tiempo.
Se embozan en los manteos y echan presurosos calle abajo. Sabelita, oculta en el quicio de una puerta, los ve pasarásu lado y suspira al reconocerlos: son los viejos, los tradicionales amigos que hacían tertulia en otro tiempoásu tío el Señor Sumiller. Después sale un caballero precedido de un paje, que alumbra la calle con una linterna de grandes vidrios. Sabelita reconoce en aquella figura hidalga y luenga al famoso Marqués de Bradomín. Tiembla de ser vista, y se cubre el rostro con el manto. El caballero y el paje se han desvanecido en la noche y todavía se oye el hueco son de sus pasos por la calle enlosada. Pasa tiempo. No cesa de llover. El reloj de torre da
otra hora. Sabelita, cruza nuevas calles, muerta de miedo y de cansancio. En la puerta de un garito, dos bultos se detienenáverla, y aun cuando la oscuridad los recata, ella los reconoce por el caballo que uno de ellos tiene de las riendas.
CARA DEPLATA
¿Quien serááesta hora? FARRUQUIÑO
No sé... Y parece joven y guapa. CARA DE PLATA
¿Túla has visto bien? FARRUQUIÑO
Sólo un momento.
Cara de Plata, apresura el paso para alcanzarála desconocida. El caballo trotaásu espalda, v el golpe de las herraduras tiene una sonoridad fanfarrona y sacrílega en la calle desierta. Sabelita, viéndose perseguida, se detiene y espera.
CARA DE PLATA
£Eres tú! ¿Adónde vas, Isabel? ¿Por qué tiemblas?¿Por qué lloras? SABELITA
¿Y tú por qué me persigues? ¿Quién es aquel hombre que se acerca? ¿Alguno de tus hermanos? £Dejadme! £Dejadme!
CARA DE PLATA No temas, Isabel. SABELITA
De ti no, pero de ellos... CARA DE PLATA
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De nadie, porque yo te defiendo. £A pesar de tantas cosas, no he olvidado aquel tiempo, cuando jugábamos en el jardín del viejo Sumiller. ¿Qué desgracia te sucede?¿Dimeámi, por qué lloras, Isabel?
SABELITA
He dejado la casa de tu padre... La he dejado para siempre... He querido devolveros lo que os había robado... No me hagáis daño. Soy una pobre mujer abandonada. Yo nunca conspiré contra vosotros. No me hagáis daño. £Dejadme! £Dejadme!
Sabelita huye, y e! segundón queda inmóvil en mitad de la calle, sorprendido y dudoso. Ya se resuelveáir de nuevo en seguimiento de la barragana, cuando siente en el hombro la mano de Farruquiño.
FARRUQUIÑO
¿Te has vuelto de piedra? ¿Quién era? CARA DE PLATA
No la he conocido. FARRUQUIÑO
¿Verdad que tenía un vago parecido con Sabelita? £Si fuera ella, qué ocasión para ponerle los huesos en un haz!
CARA DE PLATA
£Y qué hazaña de villanos! FARRUQUIÑO
Mejor que tu empeño de hacer el caballero andante.
Los dos segundones vuelven sobre sus pasos, y en la puerta del garito se detienen para seguir renegando de su suerte y de la baraja fullera de un tahúr.
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ESCENA SEXTA
Sabelita huye por las calles desiertas, yícada momento cree sentir p;:sos recatados y traidores que la siguen en la oscuridad. Piensa en morir, y al mismo tiempo teme los riesgos de la noche y siente de miedo el corazón latirle. Hállaseála entrada del viejo puente romano, y la luna ilumina con su luz blanca de leyenda milagrosa, aquella cruz de piedra que la devoción de un hidalgo había hecho levantar sobre el brocal del puente. Un perro ladra, y dos aldeanos vestidos de estameña, con montera y calzón corto, la detienen y se descubren respetuosos para hablarla. El uno es viejo, con guedejas blancas, y el otro, que parece su nieto, es un rapaz ya espigado.
EL ABUELO Arriéndese, mi señora. SABELITA
£No me hagan daño, por amor de Dios! Nada tengo que pueda valerles. EL RAPAZ
No somos ladrones, señora. EL ABUELO
Ni hacemos malánadie, y muy bien hemos de respetarla. Juan da Vila me llamo, para servirla, y este rapaz es mi nieto. Somos de la otra banda del río, cuatro leguas desviado de San Clemente de Brandeso.
El viejo se interrumpe para contar las horas que da un reloj, doce campanadas que caen de lo alto de una torre como doce pájaros negros que vuelan en la oscuridad.
EL RAPAZ
Ya es la media noche. EL ABUELO
Perdone, mi señora, mis habrá de servirnos de madrina en un bautizo. Tengo una hija que no logra familia por mal de ojo que le hicieron siendo moza, y nos han dicho que solamente se rompía el embrujo viniendoáuna puente donde hubiere una cruz, y bautizando con el agua del río después de las doce de la noche. Tres días llevamos acudiendo á este paraje, y el primero no pasó nadie que pudiere apadrinar, y el segundo deshizo la virtud un can que venía escapado de la aldea, y que cruzó la puente aun cuando acudimosáestorbarlo del otro cabo mi yerno, y de aqueste, el rapaz conmigo. Pues sabrá mi señora que para ser roto ei embrujo no ha de cruzar la puente, hasta hecho el bautizo, ni can, ni gato, ni persona humana.
EL RAPAZ
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£Mi alma! Era una bruja aquel can, y con tal burlería quiso ver si nos cansábamos y tornábamosánuestra aldea.
EL ABUELO
Mas contra burlerías hay burlerías, y si las brujas tienen mucho saber, hay quien tiene más, y una saludadora nos dijo que para arredrar al trasgo, y lo mismoálas brujas, en cada cabo de la puente pusiésemos un ochavo moruno de los que tienen el círculo del Rey Salomón.
EL RAPAZ
Y mire la señora, como todo salió al deseo del ánimo, mediante Dios.
Con esta plática cruzan la mitad del puente hasta llegar a! paraje donde está la cruz. Dos mujeres que tocadas con sus mantelos descansan al pie, se levantan y murmuran una rancia salutación. Aquellas dos mujeres son suegra y nuera. La vieja aun conserva los ojos vivaces en un rostro lleno de arrugas, y la otra es una sombra pálida, consumida por la preñez. El marido llega por el otro lado del puente. De su muñeca cuelga el palo endurecido al fuego y herrado como una clava. Saluda con la misma salmodia.
EL MARIDO
£Santas y buenas noches! SABELITA
£No me hagan daño! LA SUEGRA
Como una reina será tratada mi señora. Basta el gran favor que nos hace. LA PREÑADA
£Asi halle la recompensa en la tierra y en el cielo! SABELITA
¿Y el niño que quieren bautizar, dónde está? LA SUEGRA
El niño no es nacido, mi señora. ¿Inda no le dijeron la caridad que esperamos de su buen corazón? £Pobre paloma, así viene temblando! ¿Cuidaba que queríamos hacerle mal?
EL MARIDO
£Sacarle los untos para venderlos! SABELITA
Me dijeron que ibaáser madrina... EL ABUELO
£Cabal! Mas el bautizo se hace en la entraña de la madre para que el hijo nazca en su tiempo y se logre.
LA PREÑADA
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Una mala mujer dióme un hechizo en una manzana reineta, y no logro familia. £Ay, Jesús!
EL MARIDO£Condenada, ladra! LA SUEGRA
Ya le ofrecíamos una carga de trigo porque rompiere el embrujo y no quiso. EL MARIDO
£Condenada ladra! Por no andar en cuentos con la justicia, no la hube tullidoápalos. LA PREÑADA
Ya la castigará Dios Nuestro Señor. LA SUEGRA
£Amén!
El rapaz, que ha bajado en una carreraála orilla del río, torna trayendo el agua del bautismo en un cuenco. La vieja se lo toma de las manos y arrodillándose, lo presentaáSabelita.
LA SUEGRA
Bendiga el agua parí que sea santa, mi señora. ¿Qué nombre quiere ponerle al que está por nacer?
SABELITA
El nombre que diga su madre. LA PREÑADA
El que sea gustosa la madrina. LA SUEGRA
Póngale su nombre, mi señora. SABELITA
Le traería desgracia. LA PREÑADA
Pues, para ser mi gusto, póngasele, si es niña, el nombre de otra que me murió de tres días y que es el nombre de la Madre de Dios.
LA SUEGRA
Y si es un infante, que se llame como mi difunto. £Ay, si el cuitado alzare la cabeza no tendría poco júbilo de verse con un nieto!
La preñada, de rodillas al pie del crucero, con los ojos febriles fulgurando bajo el capuz del manteo, se alza la basquiña y descubre el vientre hidrópico y lívido, con una fe cándida que hace sagrado el impudor. El rapaz alumbra con una antorcha de paja centena, y el abuelo dicta en voz baja la fórmula del rito. Sabelita, traza una cruz con el agua del río sobre aquel vientre fecundo que porta una maldición, y el feto se mueve en las entrañas de la madre, y el misterio de la vida parece surgir del misterio de la noche, bajo la roja llamarada de la antorcha sostenida por un niño, como en el símbolo
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pagano del amor. Sabelita repite en alta voz las palabras que el abuelo dicta en voz baja: La fórmula sagrada que rompe el hechizo.
SABELITA
Yo te bautizo con agua santa del Jordán, como al Señor Jesucristo bautizó el Señor San Juan. Yo te bautizo y te pongo el nombre bendito que porta la santidad y la sanidad consigo. Si niña hubieres de nacer, el nombre de la Virgen Santísima habrás de tener, y si de varón hubieres la condición, tendrás el nombre de San Amaro Glorioso, que se sientaála mesa de Dios Nuestro Señor Todo Poderoso. Amén Jesús.
EL RAPAZ
Levanta la pata y apaga la luz.
Enredador y travieso arroja la antorcha al rio por encima del puente, al mismo tiempo que la preñada, acometida de súbito rubor, deja caer la basquiña y cierra los
ojos, temblorosa y transfigurada, como en éxtasis. Sus labias tiemblan con murmullo ardiente.
LA PREÑADA
El hijo me bate en las entrañas con el talón del pie. SABELITA
Ya no volveremosávernos. £Adiós, buenas gentes! £Adiós! LA SUEGRA
¿A dónde va tan sola, mi señora? Tres hombres hay aquí para acompañarla. SABELITA
No quiero que nadie me acompañe. Voy muy lejos. EL MARIDO
A la fin del mundo que fuere. LA PREÑADA
Deje que la acompañen, señora mi comadre. De verla partirse sola quedaríame en grande cuidado.
LA SUEGRA
Son muy temerosos los caminos y puede ocurrirle alguna desgracia. SABELITA
No me detengan... No me sigan... £Me arrodillaré para pedírselo! EL ABUELO
£Nunca tal permita Dios! LA PREÑADA
Déjeme que la abrace, señora mi comadre.
Sabelita se acercaála preñada que le ciñe los brazos al cuello, y la besa con gratitud respetuosa, en el rostro pálido y frío donde el dolor ha dejado la inmovilidad de una máscara trágica. El alma mística de la aldeana tiene como un oscuro presentimiento de
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las a„on;as y las congojas con que lucha aquel coraron que late sobre el suyo, como un pájaro asustado en la mano de un niño.
LA PREÑADA
Nuestro Señor la acompañe y la guíe por los caminos de, mundo. SABELITA
£Gracias, buena mujer! LA PREÑADA
Y que un día tornenáverla mis ojos libre de pesares, con aquel contento que tienen cuando nace el alba, las yerbas de los campos, y los jilgueros, y los pardales y los mirlos del Señor.
Sabelita, ahogada por los sollozos, huye sin responder, corre con ansias de locura por verse sola en medio del campo, en la soledad de la noche, bajo las estrellas lejanas y milagrosas que se encienden y se apagan como los pensamientos en la
oscuridad de su pena monótona, fatigosa, constante. LA PREÑADA
£Seguidla! £Seguidla! EL MARIDO
Tras ella iremos, mas no te sobresaltes. EL ABUELO
Iré yo con el rapaz, que el hombre casado ha de darle compañaásu mujer.
El viejo y el rapaz se parten en seguimiento de aquella sombra que corre por la orilla del rio, como una sombra encantada por la quimera de la luna que riela sobre las aguas. Los otros, graves y en silencio se tornanála posada, y de allí, cuando amanece,ásu aldea. Un asno patriarcal, aparejado con jamugas llevaála preñada, y el marido y la abuela caminanálos flancos. Al verlos por la vereda aldeana, bajo el celeste vuelo de tórtolas de oro con que las campanas saludan el amanecer, brota en el alma, como el agua de una fuente clara, el recuerdo cándido, ingenuo y piadoso de la HuidaáEgipto.
ASÍ TERMINA LA JORNADA TERCERA
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JORNADA CUARTA
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ESCENA PRIMERA
Una antesala en la cruz de dos corredores. Sobre el muro se desenvuelve, en estampas que ostentan larga leyenda al pie, la historia amorosa de la Señorita de La Valiera. En el fondo hay una ventana desde dor.de el Caballero se divierte tirandoálos vencejos que vuelan en la tarde azul sobre el oscuro jardín de mirtos. Don Juan Manuel, aun lleva una venda sobre el cano entrecejo. La fiebre le enciende los ojos y le ahonda las mejillas. Su mal, es la tristeza de recordar sin esperanza, la figura amorosa y gentil que
otras veces había encantado, como un triunfo de rosas que florecen en un viejo tronco, el soberbio declinar de su vida apasionada y violenta. Don Galán asoma por uno de los corredores.
EL CABALLERO
¿Has averiguado algo? Te dije que no te mostrases ante mis ojos, en tanto no supieses si era vivaómuerta. ¿Qué nueva me traes?
DON GALÁN
Olfateo, mi amo. Ando como un perro perdiguero de acá para acullá. EL CABALLERO
£No ha pensado que me dejaba solo, sumido en la tristeza, cuando están blancos todos mis cabellos! No, no me hubiera abandonado si yo tuviese diez años menos. Entonces seria mi esclava sin que le cansase estar ante mí de rodillas... £Otras han estado! Esta pena que siento ahora y que jamás he sentido, es la tristeza de la vejez y del abandono, es el frío que comienza á invadir mi sangre, es el temblor que se apodera de mis manes. Llegó el momento en que cada día, en que cada hora, es un golpe de azada en la sepultura. £Ah, como tuviese yo diez años menos!
El Caballero se interrumpe y dispara sobre una bandada de vencejos. Ladran los perros en la lejanía. Por uno de los corredores llegan el molinero y su mujer.
EL MOLINERO
Allí tienes el amo, Liberata. LIBERATA
Venturosos los ojos que tornanáverle con salud. EL MOLINERO
¿Da su licencia? EL CABALLERO
Adelante. ¿Llegáis ahora? LIBERATA
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Sí, señor.
EL CABALLERO
Liberata, me han dicho que no andas buena, y en verdad te hallo algo pálida. EL MOLINERO
Pero no es el mal de antaño lo que la tierno con esa color de cera. LIBERATA
Antier pas¿ un susto muy grande. £Creí que era llegada mi hora! EL MOLINERO
Por eso hemos venido los dos, para decirle que nos perdone... LIBERATA
No podemos seguir con el molino, mi amo. Don Pedrito nos tiene amenazados con picarnos el cuello.
EL CABALLERO
¿Y quién es Don Pedrito? LIBERATA
Habla tú, pariente. EL MOLINERO
Habla tú que mejor lo sabes, Liberata. LIBERATA
Dice que habernos de pagarle una rentaódejar el molino. EL CABALLERO
Y vosotros habréis temblado como liebres. LIBERATA
Nosotros, mi amo, queremos vivir en paz EL MOLINERO
Tal, que le traemos la llave. Entrégasela al amo, Liberata. EL CABALLERO
Guardad la llave, y no me tentéis la paciencia. LIBERATA
Por todos los santos del ciclo no me haga volver al molino. Don Pedrito quiso matarme, azuzóme los perros, y tengo todo mi cuerpo atarazado.
EL MOLINERO
Dígole que da dolor verla. Muéstrale al amo cómo tienes las piernas, Liberata. EL CABALLERO
No sabe ese ladrón que no es tu carne para los perros. LIBERATA
Las señales de los dientes las tengo hasta en los pechos. EL MOLINERO
Muéstraselas, Liberata.
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EL CABALLERO
Pedro Rey, no quiero que ese bandido triunfe con su empeño. ¿Os conviene el molino con las tierras de Lantañón?
EL MOLINERO
Hay que servir al amo, Liberata. Puesto que su gusto es que sigamos en el molino, habernos de seguir.
LIBERATA
No lo temo yo por mí, sino por lo que llevo en mis entrañas. EL CABALLERO
¿Os conviene? EL MOLINERO
Nos conviene lo que mi amo ordenare. Ya sabemos que no habrá de ser tirano para la renta.
EL CABALLERO Renta ninguna. LIBERATA
Aun así el corazón me anuncia una desgracia. EL CABALLERO
£Basta de lamentos! Pedro Rey vuélvete al molino, y si ese faccioso asoma la cabeza por encima de la cerca, suéltale un tiro. Yo te doy mi palabra de que te sacaré de la cárcel. Y como para tales empresas las mujeres más estorban que ayudan, se quedaráen mi casa Liberata. Aguarda: Quiero que le mates con mi escopeta y que sea cargada por mi mano.
Los molineros se miranáhurtoála vez con gozo y temor. Don Juan Manuel vierte la pólvora en su palma trémula de cólera y después de repartirla en los dos cañones arranca con brío la baqueta. La brisa perfumada del jardín, entra por la ventana y mueve la ola de su barba y sus cabellos blancos de Rey Mago.
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ESCENA SEGUNDA
La alcoba de Doña María. Es la prima noche. Una cama antigua, de nogal tallado y lustroso, se destaca en el fondo, entre cortinajes de damasco carmesí, que parece tener a gu de litúrgico, tanto recuerda los viejos pendones parroquiales. Un Niño Jesús con túnica blanca bordada de plata parece volar sobre la consola, entre los floreros cargados de azucenas. En las losas de la plaza resuenan las herraduras de un caballo que se detiene piafando debajo del balcón. Han pulsado blandamente en los cristales. La señora se estremece y escucha: Sobre los labios marchitos zozobra el rezo. Están llamando otra vez y se oye el susurro de una voz. Doña María abre el balcón. De pie, sobre el rocín, con ambas manos en los hierros, aparece Cara de Plata.
CARA DE PLATA
£Buenas noches, Doña María! DOÑA MARÍA
No escandalices, hijo. CARA DE PLATA¿Estaba usted dormida? DOÑA MARÍA
Estaba rezando. ¿Quién viene contigo? CARA DE PLATA
Vengo solo. DOÑA MARÍA
¿Y tus hermanos? CARA DE PLATA No los he visto. DOÑA MARÍA
De ti solo, no temo nada. Has sido siempre un caballero, y confío que seguirás siéndolo. Pero no estés así, sobre el caballo, que puedes matarte.
CARA DE PLATA
I Qué más da un día que otro! DOÑA MARÍA
No digas locuras. CARA DE PLATA
Madre, vengoádespedirme de usted. Me voy con los carlistas. DORA MARÍA
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£Valate Dios! ¿Tú necesitas dinero? Pídemelo francamente, pero no me des esc disgusto. ¿Cuánto necesitas?
CARA DE PLATA
Nada. Le digoáusted la verdad. Xavier Bradomín, me ha convencido de que los hombres como yo, sólo tenemos ese camino en la vida. El día en que no podamos alzar banderas por un rey, tendremos que alzarlas por nosotros y robar en los montes. Ese será el final de mis hermanos.
DORA MARÍA
£Calla! No quiero oirte CARA DE PLATA
Xavier Bradomín me lo decía y sus palabras me llegaban al corazón. DOÑA MARÍA
£El Marqués está loco! CARA DE PLATA
Tengo una carta suya para el Rey. DOÑA MARÍA
Dámela que la rompa. CARA DE PLATA
No puedo, señora. Siento en mis venas, la sangre imperiosa, como un vino de trescientos años y haré cosas tan grandes que mis abuelos decenderán de mí.
DOÑA MARÍA
£Hijo de mi alma, tú eres otro loco! CARA DE PLATA
Es posible. Pero el día que recobre la razón, tendré que ahorcarme, madre. DOÑA MARÍA
No me agoníes. ¿Qué necesitas? ¿Qué quieres? £Si es preciso venderé hasta laúltima hilacha, pero no me digas que voyádejar de verte para siempre!
CARA DE PLATA
¿Y quién asegura que no volveré? Yo también tengo siete vidas, romo los gatos monteses y como mi señor padre.
DOÑA MARÍA
Pero mis ojos no te verán.
Doña María, tiende las manos hacia su hijo, y le besa en la frente. Cara de Plata se descubre con respeto. Los ojos de la madre brillan arrasados de lágrimas, y más lejos, detrás de los cipreses, brilla el mar que parece ofrecer su manto de plata y de aventura al mancebo segundón que se aprestaácorrer el mundo.
DOÑA MARÍA
£Hágase la voluntad de Dios! CARA DE PLATA
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Amén, señora madre. DOÑA MARÍA¿Cuándo te irás? CARA DE PLATA Mañana mismo. DOÑA MARÍA
¿Sin besarle la manoátu padre? CARA DE PLATA
Temo que me recibaátiros Don Juan Manuel. DOÑA MARÍA
Hijo mío, sé humilde, y solicita su bendición. Yo intercederé. CARA DE PLATA
£Señora, temblaba de decirlo, pero aun ayer pudo usted defendernos y no quisoóno supo!
DOÑA MARÍA
£Y sabes las torturas de mi corazón! CARA DE PLATA
¿Acaso no veo como el cariño lo hace cruel? Mi padre acusaátodos sus hijos y mi madre no sabe decirle que fué uno solo, quien entró en esta casa con la gavilla de Juan Quinto.
DOÑA MARÍA
No ha sido ninguno. CARA DE PLATA
Ha sido Pedro. DOÑA MARÍA
El también lo niega. CARA DE PLATA Pero yo lo afirmo. DOÑA MARÍA
¿Y serás capaz de acusarle? CARA DE PLATA
Por eso creo mejor no recibir la bendición de mi amantísimo padre. DOÑA MARÍA
Hijo del alma, ten la de tu madre.
Doña María, se inclina sobre el balcón. La mano, de albura lunar, traza una cruz en la noche y se posa en la arrogante y varonil cabeza del mancebo. Cara de Plata la besa ron respeto, y de un salto sr deja caer sobre la silla del rocín. Doña María solloza viéndole partir, y permanece en el balcón hasta que desaparece. Con una congoja, vuelve A entrar en la alcoba, se arrodilla y reza. El Niño Jesús, ron túnica de lentejuelas
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y abalorios, sonríe bajo un fanal y tiende sus manos cándidas, hacia la pobre madre que se queda sin hijo.
ESCENA TERCERA
El Niño Jesús y Doña María, van perdidos por el monte, y se sientanádescansar en la
orilla de un camino. El arco iris cubre el cielo, y doce campanas negras doblanámuerto en la lejanía: Las doce campanas cuelgan, romo dore ahorcados, de las ramas de un árbol gigante.
DOÑA MARÍA
¿Divino Niño, no me dirás por quién doblan esas campanas? EL NIÑO JESÚS
Doblan por Sabelita ¿No la has visto caminando por la otra ribera del rio, y que un demonio negro le tiraba de la falda arrastrándola hacia las aguas?
DOÑA MARÍA
£Sálvala de morir en pecado, mi Niño Jesús! EL NIÑO JESÚS
Si tal sucede, tú habrás regalado esa almaáSatanás. DOÑA MARÍA
£Vamos en su ayuda, mi Niño Jesús! EL NIÑO JESÚS
No sabemos el camino y nos perderíamos otra vez en los breñales del monte, Doña María.
DOÑA MARÍA
Iremosála ventura, mi Niño Jesús. EL NIÑO JESÚS
¿No ves que apenas puedo andar porque soy pequeño? DOÑA MARÍA
Yo te llevaré en mis brazos, Divino Infante. EL NIÑO JESÚS
Tú eres muy vieja y te cansarías, pero, porque no llores, probaréáir andando si me quitas una espina que tengo en un pie.
Doña María se arrodilla, y con piadoso temor quita la espina clavada en el pie Je! Niño. Una gota de sangre asoma en la rosada planta, la señora la besa, y en los labios le queda un dulzor de miel.
EL NIÑO JESÚS
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Dame la mano, Doña María: Nos guiaremos por aquella paloma blanca. DOÑA MARÍA
Divino Infante, deja que mis brazos se santifiquen llevándote en ellos. EL NIÑO JESÚS
Ahora puedo caminar, Doña María.
Se alejan por el sendero, hacia el árbol de cuyo rama e cuelgan las doce campanas, y al acercarse las hallan convertidas en doce cuervos que vuelan graznando sobre sus cabezas. Doña María se estremece.
DOÑA MARÍA
£El vuelo de los cuervos cubre mi corazón! Niño Jesús, deja que me arrodille y que rece por mi ahijada.
EL NIÑO JESÚS
Reza por ella y por ti, que cuando la viste arrepentida no te condolió su desamparo. Si muere en pecado mortal, tú irás también al infierno.
DOÑA MARÍA
Niño Jesús, no acongojes mi alma. EL NIÑO JESÚS
Aprendeáoir la voz de la verdad, Doña María. Llora, pero no oscurezcas con tu llanto mis palabras. Don Juan Manuel oye las burlas crueles que le dice un criado, y túno quieres oir al Niño Jesús.
DOÑA MARÍA
£Perdóname, Divino Infante! EL NIÑO JESÚS
¿Ignorabas que aquella desgraciada ibaáverse sola, sin amparo de nadie?¿Por quéno la guardasteátu lado, para llevarla al convento contigo? No has querido ampararla, porque eres muy mala, Doña María. En el cielo están enojados contigo, pues dejaste que la mujer arrepentida volvieseácacr en el pecado. Eres muy mala, y por serlo tanto sufres el castigo de que el mejor de tus hijos se vayaála guerra, donde hallará la muerte.
Doña María, llora desconsolada. El Niño Jesús se aleja por la orilla del sendero, cogiendo margaritas silvestres, y la señora cuando después de un momento levanta hacia él los ojos llenos de lágrimas, le llama con maternal y piadosa alarma.
DOÑA MARÍA
Niño Jesús, que el camino está lleno de trampas que ponen los pastores para los lobos.
EL NIÑO JESÚS
£Qué miedosa eres, Doña María!
Aun viven en el eco estas palabras, cuando en lo profundo de una cueva, desaparece el Niño Jesús. Doña María lanza un grito, y cierra los ojos donde queda
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temblando el aleteo afanoso de las manos del Niño. Entonces, de la sombra de los breñales sale una doncella que hila un copo de plata, en una rueca de cristal, y acercándose al borde de la cueva, deja cacr el huso que se columpia como una flor prendida en el hilo, y el hilo es como una escala de luz por donde sube el Niño. Ante aquel milagro la señora se arrodilla y reza reconociendo en la doncella que hilaba bajo la sombra de los breñales,ála Virgen Santísima. Un rayo de luna la deslumbra como la estela del prodigio, y sus ojos, llenos de santas visiones, vuelvenácontemplar entre los floreros de azucenas, la túnica blanca del Niño Jesús.
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ESCENA CUARTA
El Caballero se levanta de la mesa tambaleándose y cae en su lecho. Don Galán comienzaáquitarle las botas.
EL CABALLERO
¿Qué hora es, Don Galán? DON GALÁN
Hora de dormir, mi amo. EL CABALLERO
LlamaáLiberata. DON GALÁN
Le silbaré.
EL CABALLERO
Quiero que me caliente la cama. DON GALÁN
£Jujú!
Don Galán acaba de acostarásu amo y sale. El Caballero se ha dormido cuando el bufón y la manceba entran en la alcoba con misterio de clásica trapisonda.
DON GALÁN
Si no eres celosa, has hecho tu suerte, Liberata la Blanca!... £Que no fuese tu marido Don Galán! £Jujú!
LIBERATA
£Calla, burlista, no despiertes al señor mi rey! DON GALÁN
Ya eres el ama, Liberata. LIBERATA
£Qué tengo que ser el ama! DON GALÁN
El ama.¿Pues no sabes que dejó la casa Doña Sabelita? LIBERATA
£La casa! £Qué tiene de dejar la casa! DON GALÁN
£Así muerto me entierren si te cuento mentira! LIBERATA
£A los infiernos vayas con tus andrómenas!
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DON GALÁN
£Jujú! Bien puedes mercarme unos calzones. LIBERATA
¿Pero cuidas que no maginoálo que llamas tú la casa? DON GALÁN
Pues es malicia queámi no se me alcanza. LIBERATA
£A ti, que eres el padre de todas! DON GALÁN
£Por estas que son cruces! LIBERATA
No condenes tu alma. DON GALÁN
¿Quieres declararte? LIBERATA
¿A la cama del amo llamas la casa? DON GALÁN
i Jujú! LIBERATA¿Qué no? DON GALÁN£Jujú! LIBERATA
Mira si alcanzo tus teologías. DON GALÁN
£Jujú! Tendrás que mercarme los calzones. LIBERATA
Fuera ello cierto que habías de tenerlos de paño sedán. DON GALÁN
£Cuánta majeza! ¿Y si luego te enamorabas de verme? LIBERATA
Ya tendría el buen tino de cerrar los ojos cuando pasares por la mi vera.
El Caballero se agita en su lecho y murmura palabras confusas, entrecortadas con ronquidos. El bufón y la molinera callan un momento. Fuera se oye el ladrido de los perros.
LIBERATA
£Asús! No puedo sentir los canes sin que se me estremezcan las carnes. DON GALÁN
£Qué ricas!
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LIBERATA
£No relinches, rijoso! DON GALÁN
Si fuese can te lamería toda... Y como tienes unas carnes tan blancas, también alguna vez te chantaría lo dientes, pero haríalo con más amor que los sabuesos de Don Pedrito.
LIBERATA
¿Escomcnzamos, Don Galán? DON GALÁN
Aquí no... Tras de la puerta. LIBERATA
£Mira que si el amo te escuchare! DON GALÁN
Reiríase. LIBERATA
£Mía fe, que sabes jugar de burlas! DON GALÁN
Por ellas como. LIBERATA
¿Oye, Don Galán, debo esperarme aquí hasta que el amo se despierte? DON GALÁN
Pues mandó que le llamase, tú verás. LIBERATA
Pero tú conoces las costumbres. DON GALÁN
Aun no las tengo bien deprendidas. LIBERATA
¿Y si en toda la noche no se despierta? DON GALÁN
Te acuestas, que la cama es ancha. LIBERATA
No hables más picardías, Don Galán. DON GALÁN
¿Pues no me has preguntado? LIBERATA
Fué por aquel mor de saber si tenía de esperarmeósi tenía de irme. DON GALÁN
£Nueva eres, y más que te haces, Liberata!... LIBERATA
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£Calla!... Parecióme que ibaádespertarse. DON GALÁN
Si eso deseas, por qué no le haces cosquillas donde £e guste? LIBERATA
No escomiences. DON GALÁN
A tú solas te dejo. LIBERATA
En este rincón voyádescabezar un sueño, hasta que mi señor sea servido de abrir los ojos.
DON GALÁN£Jujú!
Liberata, se acomoda para dormir,álos pies de la cama. Don Galán, sale de la alcoba con los carrillos inflados por su gran risa bufonesca. Liberata le ve salir, se santigua y reza una oración. Con el amén en los labios vaácorrer el cerrojo de la puerta, y comienzaádesnudarse. Toda blanca y temblorosa llegaála cama, mulle las almohadas y se oculta en las cobijas con arrumacos de gata. La alcoba yace en silencio. En una palmatoria de plata, la bujía llora sobre la arandela de cristal. Los ratones corren y chillan bajo las tablas del piso.
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ESCENA QUINTA
La Casa de la Pichona. Una cocina terreña. La Pichona, sentada bajo el candil, hace encaje de Camariñas. El humo sa le por los resquicios de la tejavana. Al fondo, separada por viejo cañizo y sobre caballetes de pino emborronados de azul, está la cama: Gergón escueto de panocha, sábanas de estopa y manta de remiendos. Una gallina clueca escarba la tierra del piso en medio de amarillenta pollada, y como distintivo de su dueña, luce calzas de bayetón colorado, que anduvo largo tiempo en un refajo de la Pichona. Cuantos aciertanácruzar la callejuela, pulsan en la ventana con insolente mofa. La Pichona responde con una letanía de denuestos que dura asta que se apaga el rumor de los pasos. Es mujer lozana y de buen donaire para las trapisondas. Llaman en la puerta.
LA PICHONA¿Quién es? FARRUQUIÑO Abre.
LA PICHONA
Estoy en la cama. ¿Quién es? FARRUQUIÑO
Abre con mil demonios, Pichona. LA PICHONA
Abriré con la llave.
La Pichona descorre el cerrojo. Farruquiño entra, y quiere abrazarla festero. La moza le empuja, y el tricornio atravesado con gentil desgaire sobre la cabeza del estudiante, rueda por los suelos.
LA PICHONA Manos quedas. FARRUQUIÑO
¿No ha venido Cara de Plata? LA PICHONA
En todo el santo día no le han visto mis ojos. Agora tiene algún divertimiento que me lo roba. £De por fuerza! Me quería por los quereres del mundo, y alguna bruja le hizo mal de ojo, pues se pasan para mí los días sin probar de la su parte un consuelo de amor. Parece, talmente olvidado que soy mujer y moza. Me crea que no, en todo el mes no hemos deshecho esa cama.¿Ha visto una brasa en el hogar, que es tal como
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un sol pequeño, y la meten en el cántaro y sale hecha un carbón escuro como la noche? Tal le ha sucedido con sus ardores al rey de mi alma, y también rey de mi cuerpo, pues no vale que lo desprecie para que no sea suyo.
FARRUQUIÑO
Mal hecho. Concluirás por secarte, que las mujeres como las plantas necesitan su riego.
LA PICHONA
£Nunca dijo mayor verdad! FARRUQUIÑO
Tanto me conmueven tus quejas que estoy dispuesto á consolarte. Vamos ádeshacer esa cama, Pichona.
LA PICHONA
No sea faccioso. FARRUQUIÑO
£Lucrecia pudibunda, te asusta el incesto? LA PICHONA
Hable en cristiano, y déjese de latines. FARRUQUIÑO
No son latines, Pichona. LA PICHONA
Para mi como si lo fueren, puesto que no alcanzo lo que quiere decir. FARRUQUIÑO
Pero lo imaginas. LA PICHONA
Magino que será alguna picardía.
La Pichona vuelve á sentarse bajo el candil, pone la almohadilla en el regazo y mientras desenreda los bolillos, tiene en la boca los alfileres que luego va clavando en la onda del encaje.
FARRUQUIÑO
Pichona, cuando cante misa, te llevaré de ama. £Buena vida nos aguarda! Tú tienes ricas manos para rellenar morcillas, y cebar capones, y guisar compotas, que es lo necesario para ser ama de cura, Pichona.
LA PICHONA
¿No teme que lo descomulgue el Santo Padre? FARRUQUIÑO
Para evitar ese contratiempo, tendrías que llamarme señor tío.
La Pichona ríe. Farruquiño se acerca y la pellizca. Ella le clava un alfiler en la mano, y redobla la risa. Pulsan en la ventana y la moza se encrespa con el rondador de la calle.
LA PICHONA
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£Así estés toda la vida tocandoámuerto! £Que no andes tres pasos sin quebrarte una pierna! £Tiñoso! £Piojoso! £Sarnoso!
FARRUQUIRO
Eumenide, mereces ser llamada, y no Pichona. LA PICHONA
No ponga alcuños que luego quedan. A ustede tampoco le gustaría que le dijese Don Repenico. Y lo es, y habrá de serlo toda la vida que para eso tiene toda la cara repenicada de las viruelas qué Dios Nuestro Señor quien le puso ese alcuño.
FARRUQUIÑO
Pichona, me parece que no te llevo de ama. LA PICHONA
Para más me estimo.
Se oye el paso de un rocín, y luego al jinete que descabalga. La Pichona abre la puerta. Entra Cara de Plata tirando de las riendas al caballo. La Pichona vaga en torno con aire sumiso y amoroso.
CARA DE PLATA
¿Pichona, tienes un puñado de maíz para el rocín? LA PICHONA
No tengo ni un grano. CARA DE PLATA
Que ayune entonces. FARRUQUIÑO
Ahora le llevaremos á donde podrá dares un hartazgo de yerba. Tenemos que llegarnos al cementerio.
LA PICHONA
£Al cementerio! ¿Yáqué van al cementerio? No seráárezar por sus difuntos. £Mi alma, así me diesen una onza de oro no iba de noche! A un curmano de mi madre que hizo la aventuranza de ir y traer un hueso se le apareció la Santa Compaña.¿Saben lo que es? Toda una procesión de ánimas en pena, con cirios en las manos que son huesos de difuntos. Aquel curmano de mi madre caminó toda la noche con las ánimas, y rayando el día se halló en medio de un pinar, que fué de los frailes, y de allíápoco tiempo empezóáponerse amarillo como la cera y murió.
FARRUQUIÑO
No tengas miedo, yo sé un exorcismo para la Santa Compaña. CARA DE PLATA
Vamos allá. FARRUQUIÑO
Pon al fuego un caldero grande con agua, Pichona. LA PICHONA
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Pondré el de la colada. FARRUQUIÑO
Y dame un saco si tienes.
La Pichona le da el saco, y los segundones salenála callejuela sin responderálas preguntas de la moza, que al verlos desaparecer atranca la puerta, llena de curiosidad y de miedo.
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ESCENA SEXTA
La callejuela. Un perro escarba en un muladar. Llueve. Caía de Plata, que conduce su rocín de las riendas, oye atento las razones de Farruquiño.
FARRUQUIÑO
Vamos al cementerio de la Venerable Orden Tercera. Se trata de hacernos con un esqueleto para venderlo al Seminario. Ya tengo hablado y están deseándolo, porque no vale nada el que hoy tenemos en el aula de Historia Natural. Es un esqueleto formado con huesos reunidos pocoápoco y que no se corresponden. Las tibias, una es de enano y otra de gigante. £Buen esqueloto el que yo he vendido cuando estudiaba en el Seminario de Santiago! El que teníamos allí también era una visión.
CARA DE PLATA
¿Y te dieron una onza? FARRUQUIÑO
No los pagan más. ¿Te parece poco? CARA DE PLATA
Como nunca he tratado en esqueletos, no sé qué decirte. FARRUQUIÑO
Hermano, una onza nunca es de despreciar. CARA DE PLATA
Yo te ayudaré sin interés alguno. £Una onza es ruin fortuna para repartirla entre los dos!
FARRUQUIÑO
Creso, el latino, no hablara con mayor desdén. £Y, sin embargo, esta tarde hubieras vendido tu alma por cuatro pelos de una pelucona!
CARA DE PLATA
Pero esta noche amaneció para mi. Xavier Rradomín me abre su bolsa, y me manda con una misión de confianza al campo de Don Carlos. Dentro de algunas horas debo ponerme en camino.
FARRUQUIÑO
¿Has hecho tu suerte? CARA DE PLATA
Creo que sí. Solamente me apena tener que dejarála pobre Pichona. KARRUQUIÑO
Nómbrameámí tu heredero.
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CARA DE PLATA
Si no entra en un convento, la dejaréálos usureros para pago de deudas.
Sigue lloviendo. Los segundones bajan por la Cuesta de San Francisco donde está el cementerio de la Venerable Orden Tercera. Se detienen ante la reja coronada por una cruz. La luna, anubarrada, se levanta sobre los negros cipreses que bordean la tapia y esclarece en el fondo, las ruinas de una iglesia románica, que sirve de osario. Los dos segundones miran por la reja.
FARRUQUIÑO
Tendremos que saltar la muralla. Yo subiré primero. Ayúdame. CARA DE PLATA
¿Y después quién me ayudaámí? FARRUQUIÑO
Ya dentro, yo te abriré la puerta. CARA DE PLATA
¿Por el lado de la iglesia, no estaba caída la muralla? FARRUQUIÑO
La han levantado.
Farruquiño, se encarama, con ayuda de su hermano y una vez sobre la cresta salta al
otro lado. Con la muralla por medio hablan los dos segundones. FARRUQUIÑO
Por poco me rompo una pierna. CARA DE PLATA
Pues ahí te hubieras quedado hasta mañana. FARRUQUIÑO
No había visto una cruz medio enterrada en la yerba. Si es aviso del ciclo, ya llega tarde.
CARA DE PLATA
Ahora sólo falta que no pueda abrirse la puerta. FARRUQUIÑO
Ya está abierta.
Cara de Plata entra conduciendo de las riendasásu rocín, que olfatea la yerba húmeda de las tumbas. Farruquiño arrima la puerta, y los dos hermanos se alejan haciendo la ronda del cementerio, mientras el rocín pace sobre una sepultura. A espaldas de las ruinas, allí donde nadie puede verlos, buscan entre los nichos de la tapia uno que tenga las piedras desencaladas.
FARRUQUIÑO Probemos en éste. CAKA DE PLATA
Aquí hay otro. No puede leerse el epitafio.
102
FARRUQUIÑO
Qué importa. Hace tiempo que no entierran por esta parte.
Afirman las manos en las argollas de bronce empotradas en una de las losas, aquella que tiene el epitafio, y tiran. Lentamente apartan la piedra, y el hueco negro y frío aparece ante ellos. Farruquiño aventura el brazo dentro del sepulcro, y arrastra hacia fuera una tabla desenclavada por donde corren los gusanos. Un enjambre de mariposas nocturnas, revolotea sobre su cabeza. Con ayuda de la tabla, que se deshace entre sus manos, barre hacia la boca del nicho algunos huesos polvorientos confundidos con las hojas de un misal.
FARRUQUIÑO
Vamosáotro, que aquí es todo ceniza. CARA DE PLATA
Probemos en este. FARRUQUIÑO Falta una anilla. CARA DE PLATA No importa. FARRUQUIÑO
Debimos haber traído un pico. CARA DF PLATA
Ya nos arreglaremos sin él.
Y tiran de la argolla, y cuando han apartado la losa la dejan caer sobre la yerba. En el hueco del nicho se columbra el ataúd, por cuya tapa corre asustada una lagartija. Los dos hermanos lo arrastran hacia fuera y con sendas piedras lo desclavan. Entre los jirones del sudario aparece una momia negra que aun conserva parte del cabello.
FARRUQUIÑO
Esta vez hemos tenido suerte.¿Dónde está el saco? CARA DE PLATA
Tú lo traías. FARRUQUlSÍO
Allí está sobre la yerba CARA DE PLATA
Sólo falta que este compadre no quepa en él. FARRUQUIÑO
Se le hace caber.
Meten al muerto de cabeza en el saco y al entrar los pies se desprenden los zapatos deleznables y llenos de gusanos. Cruzado sobre el rocín lo sacan del cementerio, pero como unas veces se escurre y otras se ladea, en el camino, para sostenerlo acuerda
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montar Cara de Plata. Una rondalla de estudiantes con garrotes y guitarras canta al pie de una reja en la esquina de la calle, y tienen que hacer largo rodeo.
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ESCENA SÉPTIMA
La casa de la Pichona. El candil agoniza, y en el silencio de la noche se oye el borboteo del agua que hierve en un gran caldero de cobre pendiente de la gramallera. Dormita la moza al amor del fuego, y ;í los golpes con que llaman los segundones, se despierta sobresaltada, y con los ojos soñolientos, descorre el cerrojo. Cara de Plata se encorva para poder entrarácaballo, y tras él, recatado entre el tricornio y el manteo, entra Farruquiño. Cara de Plata deja escurrir la carga del borrén y el saco se aplasta sobre el piso terreño con un golpe estoposo. Los pies del muerto asoman fuera.
LA PICHONA
£Santísimo Jesús!... ¿A quién mataron? CARA DE PLATA
No te asustes, Pichona. LA PICHONA
£Santísimo Jesús! £Santísimo Jesús! FARRUQUIÑO
Vasátener cerdo salado todo el año.
La Pichona cierra los ojos horrorizada, y se deja caer al borde de la cama ocultando el rostro en las cobijas remendadas. Cara de Plata se acerca sonriente, y le halaga el cuello comoáun perro fiel.
CARA DE PLATA
Quítame las espuelas, Pichona. LA PICHONA
£Divino Jesús, vendrá la justicia! CARA DE PLATA
No tengas miedo. LA PICHONA
¿A quién mataron? CARA DE PLATA
Al Señor Ginero.¿No te parece bien? LA PICHONA
£lira un cristiano! CARA DE PLATA
Era un judío, Pichona.
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La moza, hincada ante el segundón, le deshebilla las espuelas con las manos trémulas. Farruquiño, en tanto, mete al muerto en el caldero y el agua que se vierte, hace chirriar las brasas. La Pichona, lanza un grito de espanto y se estrecha á las rodillas del galán, hablándole con afligido murmullo. Cara de Plata sonríe.
LA PICHONA
¿Por que le mataste? No fuiste tú, que eres de buena ley, fué ese otro, que es malo como un verdugo de Jerusalén. ¿Verdad que no fuiste tú?¿Por qué has oído sus palabras? ¿No sabías que tiene el engaño de los raposos y las mañas de los lobos?
Cara de Plata, siempre sonriente, la besa en los ojos y en la boca con besos largos y calientes, como prendas de amorosa juventud. La manceba suspira con celo.
FARRUQUIÑO
¿No tienes un caldero más grande, Pichona? LA PICHONA
Aun cuando lo tuviera no se lo daba, Iscariote. CARA DE PLATA
£So!... No te desboques, Pichona.
La Pichona vuelveásuspirar sobre el hombro del segundón, y con los brazos en torno de su cuello, dulcemente le arrastra al borde de la cama. Crujen las tablas. Cara de Plata, desliza una mano entre los tibios y blancos pechos de la manceba.
LA PICHONA
Esperaáque se vaya tu hermano. CARA DE PLATA
Qué importa. LA PICHONA
Tengo vergüenza... CARA DE PLATA£Rica!
LA PICHONA£Mi rey!
Se tienden sobre la cama abrazados y comienzanábesarse. Farruquiño se vuelve y los contempla con gentil malicia.
FARRUQUIÑO
¿No hay un sitio para mí? CARA DE PLATA
Ya tienes tu pareja en el caldero. LA PICHONA
£Divino Jesús! FARRUQUIÑO
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Es una vieja que parece de cordobán. Tiene la piel pegadaálos huesos y no la suelta. Bien hacéis en divertiros, porque esto va para largo.
LA PICHONA
Tesorín, dile que apague la luz. CARA DE PLATA
£Qué remilgos de monja! LA PICHONA
Dísclo.
CARA DE PLATA
Hermano, tu cuñada te ruega que apagues el candil. FARRUQUIÑO
Que perdone mi cuñada, pero yo no renuncioálas buenas vistas. LA PICHONA
£Iscariote!
Con los ojos brillantes, y los pechos fuera del justillo, se incorpora quedándose un zapato que arroja al candil. En la sombra de la chimenea el gato, tiznado de ceniza, maúlla y enarca el lomo, mientras el candil se columpia y se apaga esparciendo un olor de pavesa. Los maullidos del gato continúan en la oscuridad, y acompañan el hervir del agua y el voltear del cuerpo que cuece en el caldero asomando unas veces la calavera aun recubierta por la piel, y otras una mano de momia negruzca y amojamada.
FARRUQUIÑO
£Un rayo me parta si no es el cuerpo de una bruja! Está como mojama dura y no es posible hacerle soltar los huesos. Le doy con las tenazas y suenan como en una pandera vieja. La otra vez, me acuerdo que apenas echamos el cuerpoácocer se quedaron mondos los huesos. Es lo que hacen los rabadanes para limpiarlos del sebo... £Un rayo me parta, si no es una bruja!...
Se oye el golpe de las tenazas sobre las costillas de la momia, y los suspiros de la manceba y el rosmar del gato.
CARA DF. PLATA
Esta dice que no reces, Farruquiño. LA PICHONA
I No me asuste ahora, cuerpo de tal! FARRUQUIÑO
£Así te lleve el demonio! LA PICHONA
A ustede, lo ha de llevar de los pelos. CARA DE PLATA
£Que te como la lengua, Pichona! LA PICHONA
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£Tesorin de la Pichona!
Canta un gallo, y poco después una campana toca á misa de alba. Farruquiño reniega con mayor furia, y su hermano, ya incorporado en el camastro, ríe con frnncas carcajadas. En los resquicios de la ventana comienzaárayar el día.
FARRUQUIÑO
Tengo que entrar en el Seminario antes de que salga el sol... £Maldita suerte! CARA DE PLATA
Pues tú dirás qué hacemos. FARRUQUISO
No hay más que volver con la bruja al cementerio. CARA DE PLATA
Pues vamos allá antes de que claree. LA PICHONA
£No era tal, el Señor Ginero! CARA DE PLATA
Ya oyes que es una bruja. LA PICHONA
£Divino Jesús! £Divino Jesús! FARRUQUIÑO
Poco te lamentabas hace un momento.
La Pichona gimotea acurrucada en el camastro, con la cara entre las manos. Los segundones apartan el caldero de la lumbre, vierten el agua en un sumidero y meten en el sacoála momia horrible en su desnudez, negruzca y rugosa. Farruquiño la carga sobre el rocín, y sale tirando de las riendas. Cara de Plata pone sobre el hogar un puñado de dinero que saca del bolsillo, gana la puerta y en el umbral se despide de la manceba que sigue gimoteando.
CARA DE PLATA
£Adiós, Pichona! Puede ser que no volvamos á vernos porque me voy con los carlistas.
LA PICHONA Ya lo sabía.
CARA DE PLATA
¿Quién pudo decírtelo si lo decidí esta noche? LA PICHONA
Las cartas de la baraja me lo dijeron. CARA DE PLATA
£Adiós!
LA PICHONA Llévese su dinero.
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La moza habla con voz sorda y entenebrecida, los dedos enredados en la crencha y el rostro escondido en la almohada. Cara de Plata cierra la puerta de un golpe, y al alejarse cree oír un sollozo desgarrador. Apresura el paso para juntarse con su hermano, y caminanála par, silenciosos, recelandoácada momento, toparse con alguna beata madrugadora, de las que vanála misa de alba. Cuando lleganála puerta del cementerio no pueden menos de reir al verse libres de aquel cuidado. Farruquiño se afirma el tricornio, se tercia el manteo, coge el saco por el cuello, y dándole dos vueltas en el aire lo arroja por encima de la tapia. Al cacr produce un golpe sordo que tiene un eco en la calle.
FARRUQUIÑO
Era una vieja de cordobán. CARA DE PLATA
Debía ser la tía Dolores Saco. £Maldita vieja! En vida hizo testamento en favor de la criada y de muerta ni los huesos quiso dejarnos. Por su poco amorála familia estarádando vueltas en el infierno.
Los segundones se alejan y al final de la calle se separan. Cara de Plata pone su rocín al galope y se pierde entre los álamos del río cuando una campana toca al alba con alegría y dos beatas bajan la cuesta para oir la misa en la Venerable Orden Tercera.
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ESCENA OCTAVA
Un salón en la casa infanzona. Es ya media mañana. Don Juan Manuel pasea de unoá
otro testero, pasea desde el alba en que abandonó su lecho después dé haber arrojado con bárbaro y musulmán desdeñoási nueva barragana. El bufón levanta el cortinaje de la puerta y da un paso tambaleándose. Su amo le mira con tristeza.
EL CABALLERO¿Quién te ha llamado? DON GALÁN
£Jujú! Si me hubieran llamado habríame hecho el sordo. EL CABALLERO
Yá no me divierten tus burlas. £Estoy demasiado triste, imbécil! DON GALÁN
El que está triste, siempre lo está demasiado. EL CABALLERO
Siento como si un gusano me royese el corazón. DON GALÁN
Es el pensamiento: Un cuervo loco que por veces huyese de la cabeza y se esconde en el pecho.
EL CABALLERO
£No puedo olvidarla! DON GALÁN
Estos ojos la han visto,áorilla del río. EL CABALLERO
£Ten cuidado con las burlas, Don Galán! DON GALÁN
£Jujú! £Se luí hecho pastora! £Quien lo pensara! EL CABALLERO
Villano, si no estuvieses borracho, te arrancaba la lengua. DON GALÁN
£Borracho yo! Con otra como esa, cátate en la cárcel al pobre Don Galán. EL CABALLERO
Despides un vaho de vino que marea. DON GALÁN
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Esas son figuraciones. Un vaso he bebido para refrescarme, pero en jamás estuve más en mis cabales. £Cuitado de mí, había de mercar en vino la soldada del año, y aun no me podrían decir borracho!
EL CABALLERO
£He de pisarte comoáun racimo! DON GALÁN
£Jujú! Atienda mi amo que gentil trenzado de pies, y diga luego.
Don Galán hace un punto do baile tambaleándose. El Caballero le contempla con desdeñosa tristeza, y vuelveácontinuar su paseo entenebrecido y suspirante, con la cabeza caída sobre el pechó.
EL CABALLERO
£Sin duda ha muerto! Esta pena que cubre mi alma es porque lo adivina. DON GALÁN
Yo he vistoáDoña Sabelita. EL CABALLERO
Se te habrá aparecido muerta. DON GALÁN
Me encarecía con mucho duelo queánadie dijese el paraje donde se ocultaba...£Tente lengua!
Don Galán se da con la mano en los labios vinosos, y ríe con su risa bufonesca, que parece brotar sobre el belfo amoratado y reluciente, como en una rústica fontana brota el agua sobre el belfo limoso, de una máscara de piedra. El Caballero vuelve ásuspirar.
EL CABALLERO
£Aquellas manos, que otras veces me servían comoásu rey, están ya frías! Tambiénámí se me apareció el alma en pena, amortajada de blanco. En las manos de ceniza llevaba un rosario que era como una gran cadena, y lo llevaba arrastrando.
DON GALÁN
Acaso fue también aparición del otro mundo la que yo tuve. Sin duda necesita
oraciones para su descanso, y en tanto no las consigue, el alma vaga en pena. EL CABALLERO
Mañana se dirán cien misas en la capilla de mi casa. DON GALÁN
Mi amo, recemos nosotros dos por Doña Sabelita.ÉL CABALLERO
Hace mucho que tengo olvidado el rezar. DON GALÁN
No sea hereje, mi amo. EL CABALLERO
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Mañana cantará mil responsos Don Manuelito. DON GALÁN
£Mil responsos! £Jujú! EL CABALLERO
Creo que eso vale más que nuestras oraciones, Don Galán. DON GALÁN
£Mil responsos libertan del purgatorioácualquier ánima! Mas eso no quita para que recemos nosotros, mi amo.
Don Galán se arrodilla, y hace la señal de la cruz con esa torpeza indecisa y sonámbula que tienen los movimientos de los borrachos. La imagen del bufón aparece en el fondo de un espejo, y el Caballero la contempla en aquella lejanía nebulosa y verdeante como en la quimera de un sueño. Lentamente el cristal de sus ojos se empaña como el cristal del espejo.
EL CABALLERO
¿Túsabes rezar, Don Galán? DON GALÁN
Como el Padre Santo. EL CABALLERO Empieza.
DON GALÁN
£Mi amo, y si no es muerta? Yo la vide y me habló. £Tente lengua! Un response por el eterno descanso de mi ama Doña Sabelita.
EL CABALLERO
Padre Nuestro que estás en los cielos... DON GALÁN
Mi amo, no tenemos hisopo ni caldero. Acaso fué engaño de estos ojos tan ricos, que comerá la tierra, mas tengo para mí que no llevaba mortaja, sino basquiña y zuecos de aldeana.
EL CABALLERO
Calla borracho, que quiero rezar y me distraes. DON GALÁN
Recemosáuna, mi amo. EL CABALLERO
Padre Nuestro que estás en los cielos... DON GALÁN
Amén Jesús.
El Caballero permanece absorto, con la frente inclinada sobre el pecho, y las manos en cruz. Doña María entra sin ruido, como una sombra, y se acerca al arrodillado Caballero.
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DOÑA MARÍA¿Rezas?
EL CABALLERO
Rezo por ella... £María Soledad, quieres que recemos los dos, porque yó solo me pierdo?...
Doña María se arrodilla, y guía el padrenuestro, que acompañan el hidalgo y el bufón. Al terminar se pone en pie el Caballero.
EL CABALLERO
María Soledad, reza tú sola porque mis oraciones de nada valen, v no pueden ser atendidas en el ciclo. Soy un gran pecador y temo que los bienaventurados se tapen los oídos por no escucharme. £Reza tú que eres una santa!
Con un ademán soberano acaricia la plateada cabeza de la dama, y sale. Don Galán ríe con su gran risa bufonesca, y rezonguea con lengua estropajosa, arrodillado áespaldas de Doña María.
DON GALÁN
Diz mi amo que es ánima en pena, y siempre tengo oído que las ánimas andan ensabanadas. £Jujú! Yo la he visto vestida con manteo y madreñas.
DOÑA MARÍA
¿Túhas vistoámi ahijada? DON GALÁN
Habíame dicho mi amo: Búscala Don Galán. DOÑA MARÍA
¿Dónde la has visto? DON GALÁN
Dijeleálos canes: Anday conmigo hermanos, rastreade bien. £Jujú! El amo suspira por ella.
DOÑA MARÍA¿Dónde la has visto? DON GALÁN
Se puso de rodillas, encareciéndome que nada dijese. DOÑA MARÍA
¿Dónde la has visto? DON GALÁN
£Mi amo irá por ella y otra vez la traeráála casona!
Don Galán, ríe sentado sobre la alfombra, enfrente de la dama que le interroga ansiosa y tiende hacia él sus manos, aquellas manos que en otro tiempo han sido muy bellas, y aún conservan ese encanto de las flores marchitas, que evocan el recuerdo de los jardines con su perfume delicado y muerto. Micaela la Roja asoma en la puerta, y gruñe con su autoridad de criada antigua.
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LA ROJA
¿Qué hace aquí ese borracho? £Andaádormir, Don Galán! DOÑA MARÍA
Déjale.¿Será verdad lo que dice?¿Habrá vistoámi ahijada? LA ROJA
Sí, mi señora. La ha visto con una vieja que guarda cabras, en la Gandara de Brandeso. De rodillas le suplicaba que no dijese al amo donde se escondía.
DON GALÁN
£Has hecho juramento y no hablarás, boca de tierra! LA ROJA
Por desatarle la lengua le regalé con torrijas del yantar del amo, y subí de la bodega un jarro de vino de la Arnela.
DON GALÁN
£No hablarás, boca de tierra! LA ROJA
Parece ser que medio muerta, la recogieron unos aldeanos de Brandeso. DON GALÁN
£No hablarás, boca de tierra! LA ROJA
Diz que se arrastraba de rodillas, clamando que si el amo iba por ella, la hallaría muerta. £La pobre cordera teme volver al pecado, Dama María!
DON GALÁN
£Cuida que hasta las manos te besó, Don Galán! £Manos negras, manos de trabajo, no merecíais el regalo de que os tocase aquella boca de carabel!
DOÑA MARÍA
Esta noche tuve una visión que llenó mi alma de remordimiento. Un sueño, que fuécomo un aviso del cielo.
LA ROJA
Nosotros, pobres pecadores, no podemos alcanzar el misterio de las sombras que nos visitan dormidos, ni entender sus voces que nos hablan en la noche escura.
DOÑA MARÍA
Alguna vez en el sueño, nuestra alma las oye y las entiende, pero al despertar pierde la gracia y olvida...
LA ROJA
El día es como un gran pecado, y pone tinieblas en los ojos que han visto, y en los
oídos que escucharon. DOÑA MARÍA
Roja, iré adonde está esa niña sin ventura, y le diré que vuelvaáser mi hija. LA ROJA
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£Dama María, mi señora, mi gran señora, hija de mis entrañas, yo lo pensaba¿mis solas, como se piensan las cosas que nunca suceden! Parecíame uno de esos ejemplos que cuentan de los santos, cuando andaban por el mundo.
DON GALÁN
No hablarás, boca de tierra. LA ROJA
£Alzate del suelo! Espabílate borracho, que estás en presencia de nuestra ama. Espabílate que tienes de acompañarlaádonde está Doña Sabelita.
Don Galán, ríe con su risa vinosa y grotesca, y se revuelca sobre la alfombra, hostigado por el zueco de la vieja. Doña María, sentada en un sillón, ha quedado como abstraída.
ASÍ TERMINA LA JORNADA CUARTA
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JORNADA QUINTA
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ESCENA PRIMERA
Una sala en la casa infanzona. Están cerradas las ventanas, donde bate el sol de la tarde, y en la vaga oscuridad se presiente el bochorno de la siesta. Dos tórtolas, prisioneras en una jaula de mimbres, cantan encima de la puerta que se abre sobre el jardín en la sombra de una parra, una de esas parras anchas, frondosas y viejas de las casas hidalgas. Liberata, hila sentada en el umbral.
LIBERATA
£Rosalva!... £Juana!... ¿Qué hacéis en la cocina? Venid para aquí. ROSALVA
Ahora vamos.
Las criadas salen con sus ruecas, y vanásentarse en dos taburetes, cerca de la molinera, como azafatasálos pies de una reina. Liberata las mira risueña.
LIBERATA
¿Fuese Doña María? LA MANCHADA
Fuese. Siempre dije que nunca mucho tiempo estaba en la casona. ROSALVA
Ya eres el ama, Liberata. LA MANCHADA
Y por muchos años lo seas. Confiésote mi culpa, y no he de negarte que en un comienzo te miraba con mala voluntad, pero bastaron dos días para que te cobrara ley.
ROSALVA
A mí sucedióme lo mismo. LA MANCHADA
Ingrata serías si otra cosa te ocurriere. ¿Quién te ha dado el mantelo que llevas, y el justillo, y hasta la camisa? Desnuda estabas y te ves vestida como una Infanta de las Españas.
LIBERATA
A ti tengo de regalarte aquella gargantilla de los corales que me mercó el amo cuando aun estaba rapaza.
LA MANCHADA
Si no eres celosa, has hecho tu suerte. Ya eres aquí la reina.
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LIBERATA
£Qué tengo de ser la reina! Soy una criada como vosotras. ¿No sabéis cuánto el amo suspira por Doña Sabelita? Mañana, si no es hoy, la veremos entrar por esta puerta. De por fuerza le ha dado algún hechizo, para tener así cautivo su corazón.
LA MANCHADA
Contra hechizos hay hechizos, y si una bruja sabe mucho, dos saben más. ROSALVA
Los hechizos se rompen. LA MANCHADA
¿Por qué no vesála saludadora de Céltigos, que sabe palabras de conjuro, y tiene remedios para todas las cuitas de amores?
LIBERATA
Ya la he visto. ROSALVA
¿Y qué te ha dicho? LIBERATA
Díjome que si hay hechizo, para romperlo, precisaba una prenda que hubiese llevado mucho tiempo Doña Sabelita. Como no la tenía, quedó en venir por ella.
ROSALVA¿Vendrá hoy? LIBERATA
Ahora la espero. ¿Vosotras no podríais darme esa prenda? ROSALVA
Yo guardo un pañuelo bordado, regalo de la señora, pero temo que le venga algún mal.
LIBERATA
£Ave María, rapaza! ¿Por qué ha de venirle mal? ROSALVA
£Cuéntanse tales cosas de la vieja de Célticos! Una moza que había en mi aldea, fuéáverla para que le diese un hechizo con que reteneráun hombre casado. Dióselo, pero fué tal, que al día siguiente la que era su mujer se moría abrasada.
Oyese llamar en el postigo de la cocina. Liberata se pone en pie y escucha: Vuelvenállamar con golpes furtivos y misteriosos. Las tres mujeres se miran, y en sus manos tiemblan suspendidos los husos.
LIBERATA
£Ya está ahí! ¿Negarásme el pañuelo, Rosalva? ROSALVA
£Que no sea para mal de la señora!
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Saca de la faltriquera un pañuelo doblado, y se lo entrega. Liberata vaála puerta y abre con sigilo. La saludadora aparece en el umbral encapuchada con un manteo: La bruja y la barragana, juntas y en silencio atraviesan la sala. Cuando desaparecen, se miran con susto la Manchada y Rosalva.
LA MANCHADA
Rapaza, por todo el oro del mundo, hiciera lo que agora has hecho. ROSALVA
¿Vendrále algún malála señora? LA MANCHADA
Yo no cargara mi alma con ese recelo.
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ESCENA SEGUNDA
Una casa labradora, sobre un viejo camino, cerca de Viana del Prior. Dos mujeres platican en el fondo del zaguán que tiene oscura techumbre de castaño, cuartelada por una viga llena de labores, donde la abuela, en el tiempo de la vendimia, cuelga los grandes y dorados racimos. La puerta abierta, deja ver un fondo de colinas por donde los pastores conducen sus rebaños, y del interior de la casa, llega el canilleo de un telar. Aquellas dos mujeres que platican, son la preñada del embrujo y la suegra.
LA PREÑADA
Mucha codicia dase mi padreámover la lanzadera. LA SUEGRA
Diz que tiene de entregar mañana una tela al ama del Señor Arcipreste. LA PREÑADA
¿No tenía pensado llegarseála villa? LA SUEGRA
Paréceme que ya cambió de idea, y que seré yo, quien haya de verse con el Señor Don Juan Manuel. También tengo el corazón compasivo, mas no hemos de seguir toda la vida en un Ínterin.
LA PREÑADA
¿No dice cosa ninguna la señora mi comadre? LA SUEGRA
Nada dice, y esta es la hora que aun no determina de caminarse. Bien está una caridad, mas no podemos tenerla siempre como una recogida, que hartos trabajos cuesta vivir, y una boca más en todas las ocasiones es un pan más fuera del horno, y un cuenco más de la fabada.
LA PREÑADA
£Fortuna que no cata el vino! LA SUEGRA
Compréndese que la cuitada no quiere ser gravosa, pues aun cuando dice que nunca lo ha catado, paréceme solamente un decir por la vergüenza que le da. £Cuando la oigo suspirar toda la noche desvelada, entrame una pena! Te lo digo, mi hija, si tuviese posibles como tengo para ella buen corazón, nunca la dejarla partirse de mi vera.
LA PREÑADA
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£Y qué será de la triste! Tiene contado mi padre que cuando el rapaz la dió alcance, arrodillóse en la ribera diciéndole que la dejase morir, porque sus penas eran más que las estrellas del cielo.
LA SUEGRA
Primero de verla partirse sola por esos campos, como una paloma sin palomar, tengo determinado llegarmeála villa, si tu padre no lo hace, y pedirle un socorro al Señor Don Juan Manuel. La señora vivió mucho tiempo en la su compaña, y aun imagino que tuvo un hijo que se está criando en San Clemente de Brandeso.
LA PREÑADA
Pues tan gran caballero, no puede dejarla en el triste desamparo que ahora se ve. Extráñame ya que la señora mi comadre no le haya enviadoádecir dónde se halla recogida, mas clama que prefiere la muerte antes que descubrirle este retiro.
LA SUEGRA
Por seguro que si lo supiese, había de recompensarnos el Señor Don Juan Manuel. LA PREÑADA
Por seguro, que es un caballero muy liberal. Tiene contado mi padre que antier cuando estuvo en la villa, un criado de la casona le dijo que la señora mi comadre se había escapado por una basca que le entró, y que estaba como adolecido el noble caballero.
LA SUEGRA
£Ay, hija, celos con rabiaála puerta de la casa! Hallábase acostumbradaáser la reina, y no quiso partir la vara con la mujer de Pedro Rey.
LA PREÑADA
Liberata es de nuestra misma condición, yála señora mi comadre, que viene de mucha nobleza, tenía que dolerle ver cómo se la subían en sus mismas andas.
LA SUEGRA
Hay que tener paciencia en este mundo, mi hija, y el mayor sonrojo ya lo había pasado, pues no hay otro más grande que condenar el alma y perder la gracia de Dios. Sigue un largo silencio. La preñada levanta el demacrado perfil, y queda como enéxtasis con una sonrisa en la rosa pálida de su boca, que cuenta con murmullo de plegaria los saltos del hijo en el claustro de la entraña llena de virtud mística y sagrada. Aquella estancia con su oscura techumbre de castaño, y el telar que llena la casa con su temblor de abuelo centenario, tiene esa paz familiar, ingenua y campesina que se siente como un aroma de otoñales manzanas, conservadas para la compota de Noche
Buena.
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ESCENA TERCERA
Sabelita está sentada á la sombra de unas piedras célticas, doradas por líquenes milenarios. Desde el umbral de la casa se la divisa guardando una vaca, en lo alto de la colina druídica, que tiene la forma de un seno de mujer. Sabelita ha cambiado tanto que apenas evoca su recuerdo. Lleva ahora atavíos de aldeana, camisa de estopa, refajo remendado y madreñas. La vaca, una vaca cobriza, alarga el yugo mordisqueando la yerba que brota en la sombra de aquellas piedras sagradas. De pronto, por entre unas breñas aparecen dos perros: son los galgos que en el zaguán de la casa infanzona suelen verse atados de una cadena. Sabelita palidece al reconocerlos, y otea hacia el camino con ojos asustados, mientras los perros, retozones y saltantes, acuden con ladridos de júbiloálamerle las manos. Un hombre sube por la falda de la colina: Es Don Galán que llega acezando.
DON GALÁN
£Alabado sea Dios! Vengo en una carrera desde la villa. SABELITA
£Qué susto me han dado los perros! DON GALÁN
£Jujú! ¿Cuidó, sin duda, que venía el Señor Don Juan Manuel? ¿Maginóse que yo le había contado como, por un casual, teníala visto en la ribera del rio?
SABELITA
£Lo que temí, no sé!... DON GALÁN
La señora mi ama es quien vieneávisitarla. SABELITA
¿Túle has dicho dónde yo me ocultaba? DON GALÁN
£Así muerto me entierren, si palabra le dije! SABELITA
¿Y cómo lo supo? DON GALÁN
£Mía fe, que no lo discierno! Presumo que habrá tenido revelación, porque muy de mañana me llamó y me dijo de esta conformidad: Don Galán, tú has vistoámi ahijada, y es preciso que me lleves adonde está, para que mi alma se libre de un gran pecado. Anda y avisa que aparejen la pollina.
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SABELITA
¿Y tú, qué has respondido? DON GALÁN
£Jujú! Yo quedóme maginando si sería revelación de un ángelócuento de Micaela. La gran raposa habíame estado sonsacando, y dióme torrijas del yantar del amo, y subió de la cueva por me desatar la lengua, un jarro de vino de la Arnela.
SABELITA
£Y tú, necio, se lo has contado todo! DON GALÁN
£Jujú! Contóselo el jarro. Pero no suspire que ningún mal habrá de traelle esa visita. Doña María viene para llevársela consigo, y sacarla de guardar la vaca y comer caldo de unto. £Jujú!
SABELITA
Ks preciso que no me vea.
Don Galán, sentado sobre la yerba, mueve la cabeza con gravedad lenta y triste. Después descuelga el zurrón que traeála espalda, y s lo presentaáSabelita. En los
ojos del bufón hay una llama de tímida y amorosa ternura. DON GALÁN
Cordera, aquí le traigo un pichón estofado que da gloria. £Jujú! Un abade no lo toma mejor. También le traigo dos manzanas de sangre, las primeras que se cojen este año.£Mírelas que lindas!
SABELITA
Es preciso que no me vea Doña María. DON GALÁN
Paloma del palomar del rey, no eres nacida para comer caldo de unto.
Sabelita calla suspirando, y lentamente sus ojos se arrasan de lágrimas. Don Galán extiende una servilleta sobre la yerba, y saca del zurrón la vianda.
SABELITA
Vuelveáguardar todo eso, y lleva la vacaásu establo, que yo voy al encuentro de mi madrina.
DON GALÁN
No desprecie el don de un pobre, Doña Sabelita. Tome tan siquiera esta manzana. Sabelita, toma una manzana encendida como una rosa y suspira gozando aquel
aroma de bálsamo y de flor. Después sus ojos se detienen amorosos, en la vaca que paceásu lado, arrastrando el ronzal.
SABELITA
£Si pudiese no pensar en las tristezas de mi vida, y ser como tú, pobre Marola!... Llévalaásu dueño, Don Galán.
123
Don Galán se enrollaála muñeca el ronzal de la vaca, y alarga el belfo vinoso para beberse una lágrima. Sabelita se aleja por un sendero entre maizales que bajanála
orilla del rio, y, en sus manos pálidas, la manzana de sangre parece un corazón.
ESCENA CUARTA
En la orilla del río lavan dos mujerucas, y los pardales de una nidada pían escondidos en el mimbral que tiende su cabellera sobre el espejo del remanso. A lo lejos se perfila un gran puente romano por donde cruza la recua de un arriero. Sabelita, sube por la ribera, con la mirada estática, y al reconocerla se asombran las dos lavanderas: Juana la Gazula y Andrea la Visoja.
LA GAZULA
¿Rapaza, tú. distingues quién viene por allí? LA VISOJA
¿Pues quién es, rapaza? LA GAZULA
£Asombráraste! Doña Sabelita vestida de mantelo. Agora nos ha visto. LA VISOJA
¿A dónde irá por esos campos sola? Dijéronme, y no lo había creído, que ya no estabaála vera del Señor Don Juan Manuel.
LA GAZULA
De por fuerza está adolecida. No la miras como se entra por el río... LA VISOJA
£Virgen Santísima!
Las dos mujerucas se yerguen despavoridas. Sabelita está en medio del rio y la corriente la arrebata. Las mujerucas gritan y piden socorro con los brazos en alto. En la
otra orilla, el barquero que dormitaba al sol, desatraca la barca, y boga ayudado por la corriente. Un bulto apareceácorta distancia sobre las aguas y vuelveádesaparecer. El barquero deja los remoséinclinado sobre la borda explora la corriente. Se incorpora de pronto y se arroja al río. Las aguas verdosas le cubren. Pasa un momento. Las dos mujerucas que gritaban en la orilla, han enmudecido pálidas de terror. El barquero aparece otra vez sobre las aguas: Nada con un brazo, y con el otro arrastra por los cabellos el cuerpo de Sabelita. Las dos mujerucas rezan arrodilladas en la orilla, y el barquero las entrevé con angustia, mientras nada sesgando la corriente. Al fin sus pies tocan la arena, se yergue y sale del río llevando en brazos el cuerpo inanimado de Sabelita. Las dos mujerucas correnáél.
124
LA GAZULA
£Te creímos perdido! LA VISOJA
£Bien le rezamos por tiála Virgen Santísima! EL BARQUERO
£Un cirio le debo!
Sabelita yace tendida en la ribera, y las dos mujerucas le desabrochan el justillo y procuran darle calor. El barquero, sobre una piedra, se sacude al sol como los perros de aguas, y contempla su barca que ha idoádar de través en un juncal. Desde la vereda habla un viejo peregrino que va peregrinandoáSantiago.
EL PEREGRINO
Volvedla boca abajo para que vierta el agua que ha bebido.
125
ESCENA QUINTA
Un camino cercano al río. Doña María cruza al paso de su pollina, y el espolique, que camina al flanco, espanta con una rama verde las moscas que zumban sobre el manso testuz de la bestia.
EL ESPOLIQUE
Algo acontece en la ribera del río, mi ama. ¿No ve allí reunida mucha gente? DOÑA MARÍA
Nada veo. Los años se han llevado la vista de mis ojos. EL ESPOLIQUE
Toda la gente que estaba labrando en los campos, baja hacia la ribera. ¿Quiere que me llegueápreguntar, mi ama?
DOÑA MARÍA
£No sé por qué tiembla mi corazón, y tengo miedo de quedarme sola en este camino de la montaña! £Dios haga que la noche no nos coja en él.
EL ESPOLIQUE
Mi ama, llego en una carrera, y así también pido razón del camino y me aseguro mejor...
DOÑA MARÍA
Dicen que la casa de esos aldeanos caritativos, esta pasada la Gandara de Brandeso.¿Túno sabes el camino?
EL ESPOLIQUE
Lo tengo andacio cuando era rapaz. £Otro tiempo!... UN CAMINANTE
£Vaya muy dichosa Dama María! Si no quiere tener un mal encuentro, pase desviado de la ribera del río, pues toda aquella gente que allí se ve, rodeaáuna mujer ahogada que está tendida en la arena.
La señora se santigua rozando en voz baja por la mujer ahogada, y el espolique, sin esperar la venia de su ama, baja en una carreraála orilla del río. Doña María sigue adelante. Una vieja que guarda tres cabras sentada al borde del camino, la interroga con una salmodia que parece la voz lejana de una vieja tradición.
LA VIEJA
£Alma caritativa, quieres decirme si es puesto el sol? DOÑA MARÍA
Tiempo hace que se puso, abuela.
126
LA VIEJA
Cinco años llevo en una noche escura, que no soy ciega de nacencia. DOÑA MARÍA
£Pobre vieja! ¿Y cómo guarda el ganado siendo ciega? LA VIEJA
Los animales me conocen, y yo conozco los parajes á donde llevarlos para que puedan triscar. Soy Liberata la Manífica, que otro tiempo ibaála villa con las peras de
oro y las manzanas reinetas de mi huerto. £Tiempos aquéllos! Después casóse una hija moza que me quedaba, partiéndose de mi vera sin más acordarse, y por tener un pedazo de pan que llevarmeála boca, guardo estas cabras de otra pobre.
DOÑA MARÍA
£Dios le dé paciencia, abuela!
La mansa pollina de la señora sigue camino adelante, con las riendas sueltas, mordisqueando por la verde orilla, y la vieja, con sus tres cabras, va tronqueando detrás: Su voz de sibila se extiende en el silencio del anochecer.
LA VIEJA
£Qué triste es la espera de la muerte! listas cabras me tienen más ley que aquella mala hija. Poco hace oí que sacaban del ríoáuna moza ahogada, y saltóme el corazón pensando si sería esa loba, y deseé tener luz en los ojos para verla muerta. £Pero ni aun la muerte la quiere, y no era ella sino una cuitada que tenía desvariado el sentido! Aquívenía algunas tardes con la vaca, y un día contóme que conocíaámi hija y al caballero que la tiene con el regalo de una reina en un molino suyo. £Maldito había estar el vientre de las mujeres como el vientre de las muías! Los hijos sólo sirven para nos condenar, porque cada hijo es un pecador que damos al mundo. El fuego de la mocedad nos llevaácometer esa culpa de darle ejércitos al gran Satanás, y todos los años los inocentes que inda “beben en el pecho de las madres crucifican al Divino Señor. £Ay, el día de la muerte! £Ay, el día de la muerte! £Ay, el día de la muerte!
Se extingue pocoápoco la voz de la vieja, que ha ido quedando muy atrás. Entre los álamos que marcan la linca irregular del río lucen algunos faroles mortecinos. Doña María avanza al paso de su montura, y de tiempo en tiempo se detiene medrosa para ver si torna el espolique. Las luces se acercan por entre los álamos. Se oye el tardo caminar de gente aldeana que se acerca con un sordo rumor de voces y de pisadas. Dos galgos salen al camino horadando la maleza, y detrás asoma Don Galán.
DON GALÁN
Señora mi ama, no siga más adelante. £Va no es de este mundo aquella paloma blanca!
DOÑA MARÍA
£Xo has querido perdonarme, Divino Jesús! DON GALÁN
127
Tímida de los gavilanes volaste para lo alto, mi paloma real. Andabas sin nido, perdida por los campos, y sin querer tornarte al palomar, y sin querer que te sirviese Don Galán.
El bufón habla entre sollozos, con amargo lloro. Doña María, sentada sobre la orilla del camino, guarda silencio y en torno saltan los galgos dando ladridos de júbilo, que hacen enderezar las orejasála vieja pollina. Don Galán les habla severo y lloroso.
DON GALÁN
Condenados animales, estarvos quietos, ya que sois faltos de entendimiento, y no podéis alcanzar estas penas del mundo, cosas de la vida y de la muerte que solamente sentimos los cristianos. £Estarvos quietos, ladrones! £Canoso, Liberal, no asustéisála pollina y estarvos quietos por amor de Dios! No hace mucho saltabais como agora alredor de aquella cordera... £Acordarvos mal agradecidos como os dió su yantar y lamisteis aquellas manos que agora están frías.
Las luces se acercan por entre los árboles. Algunos aldeanos traen á la mujer ahogada en unas andas de ramaje, cubiertas con una sábana blanca. La cabellera de la muerta cuelga fuera.
EL PEREGRINO
Yo venía por el mismo sendero que esa pobre mujer, y me pareció que estaba loca. LA VISOJA
Se agarrabaálas arenas del fondo y no podían desasiría. Aún trae entre los dedos las algas.
LA GAZULA£Parece muerta! LA VISOJA
No es muerta, que el corazón le late. LA GAZULA
Yo puse el oído sobre su pecho y no lo sentí. LA VISOJA
Late muy despacio, muy despacio... EL PEREGRINO
¿Adóncle la conducimos? UN ZAGAL
Estaba recogida en la casa del tejedor. Aún hoy andaba con la vaca... LA GAZULA
Fuera mejor conducirlaála villa. EL PEREGRINO
¿Tiene allí familias? LA VISOJA
Tuvo el regalo de una reina, más hoy no tiene ni unas pajas donde morir.
128
Hablan detrás de los Arboles: Se acercan lentamente. La niebla del anochecer vela los bultos y las luces. Doña María se incorpora y va á su encuentro con penoso esfuerzo, sacudida por los sollozos.
DOÑA MARÍA
£Dios mío, qué tarde comprendo que para ser bueno hay que ser humano!
129
ESCENA ÚLTIMA
Sala en la casa de Don Juan Manuel Montenegro: Es de noche y apenas la esclarece un velón de aceite. Las dos criadas se disponenácubrir la mesa con manteles que sacan de una alhacena. El Caballero entra huraño, y se sientaála cabecera, en su sillón de moscovia.
EL CABALLERO
Decidávuestra ama que vengaáocupar su puesto. LA MANCHADA
Fuese Dama María. EL CABALLERO
£Todos me abandonan!... £Liberata! £Liberata! LIBERATA
Mande, mi señor. EL CABALLERO
Venácenar conmigo.
Queda un momento abatido, la frente entre las manos, inclinado sobre los manteles. Liberata entra con los ojos brillantes de fiebre. El Caballero, al sentirla se incorpora, y agitando la blanca cabellera de novelesca historia, ahuyenta sus pensamientos. Las dos criadas comienzanáservir, vagan en torno de la mesa, vienen y vanála cocina. El Caballero bebe con largura, y muestra aquel apetito animoso, rústico y fuerte, de los viejos heroes en los banquetes de la vieja aliada. Sentada en frente, la barragana le sirve los manjares y le escancia el vino en uno de esos grandes y portugueses vasos de cristal tallado, donde en otro tiempo bebían los frailes y los hidalgos el agrio zumo de los señoriles parrales.
EL CABALLERO
¿Ha estado aquí el cabrón de tu marido? LIBERATA
Al caer de la tarde estuvo…EL CABALLERO
Me había parecido entender su voz. LIBERATA
Es un hombre muy de bien, y por serlo tanto tiene que verse sin calzones. Otra vez volvióápresentarse en el molino uno de los hijos de mi amo.
EL CABALLERO
130
¿Qué pretendía ese bandido? LIBERATA
Dejó allí su caballo y llevóse las dos vacas. Montado en una, con el rabo sirviéndole de freno, pasó el río.
EL CABALLERO
¿Y por qué no le recibió A tiros esc cabrón? LIBERATA
Es un hombre muy de bien. EL CABALLERO
¿No le había dado mi escopeta y no le había dicho que yo le sacaría de la cárcel? LIBERATA
Fuera bueno que hubiera sido Don Pedrito. EL CABALLERO
¿Quién ha sido? LIBERATA
Cara de Plata que se va con los carlistas... También se llevó la escopeta.
El Caballero queda un momento cejijunto, y luego ríe con su risa violenta y feudal. La molinera le llena el vaso que se enrojece con la sangre de aquellos parrales centenarios, llenos de sombra y alfombrados de yerba, donde en la holganza de las largas siestas solía pacer el rocín de Cara de Plata. Cuando el linajudo deja de beber, entra Micaela la Roja.
LA ROJA
£Señor amo, qué hace sentadoála mesa con esa mala mujer, cuando la muerte estáentrando por sus puertas!
EL CABALLERO
¿Qué dices, vieja loca? LA ROJA
Escuche las voces dt las almas caritativas que la sacaron del río!... £Escuche el gañido de los canes!
EL CABALLERO
Estoy sordo, y agradecéselo d Dios. Lléname el vaso, Liberata. £Pobre vieja, sus cien años la hacen chochear! Sin duda habíase dormido en la cocina pasando las cuentas del rosario, y se ha despertado con ese sueño.
LIBERATA
£Asús! Miedo en el alma pusiéronme sus palabras.
Se oye en la cocina el rumor de una voz aldeana, que grave y piadosa narra entre los criados, como una fábula, que vió en las aguas del rio los cabellos de una mujer, y las manos blancas asomando fuera. Glosanácoro otras voces mendigas, y en espera del aguinaldo, loan su ayuda para salvarála cuitada que tenía desvariado el sentido.
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Sobre aquel murmullo codicioso y lejano se levanta trémula la voz de Don Juan Manuel.
EL CABALLERO
£Qué sucede en mi casa! ¿Esa gente hablaóreza?¿Túhas dicho, vieja loca, que la muerte entraba por estas puertas?
LA ROJA
Sí lo he dicho. EL CABALLERO
¿La muerte para quién? LA ROJA
Para los inocentes. EL CABALLERO
Siendo así poco puede importarnosálos pecadores.
Don Juan Manuel, apura el vaso. Doña María llega por el largo corredor, y desde lejos, en una vaga penumbra, se la ve: Llega lentamente la resignada señora, y en la puerta, con grave y justiciero continente, se detiene sin hablar. El Caballero vuelca de un puntapié el sitial de la molinera, que no osa levantarse del suelo.
LIBERATA
£Qué no acierteáverme, Divino Jesús! EL CABALLERO
Métete debajo de la mesa, can. LA ROJA
£Can rabioso!
EL CABALLERO
£Silencio! Creí que me habías abandonado, María Soledad.
La resignada señora permanece muda y altiva ante la farsa carnavalesca del marido que escondeála manceba debajo de la mesa. En la rosa marchita de su boca tiembla una sonrisa que oculta las lágrimas. Después de un momento deja oir su voz, que suena religiosa y apagada, como la voz que atribuye la fantasíaálas almas en pena.
DOÑA MARÍA
Saldrás de esta casa, y no volverás, mientras en ella esté la pobre criatura. Nuestro Señor no quiso que muriese, y con vida la sacaron del rio... La he perdonado, y vuelveáser mi hija.
EL CABALLERO
. ¿Dónde está? DOÑA MARÍA
£Aquí!... Pero tú no intentes verla. EL CABALLERO
£Quién me lo impediría!
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DOÑA MARÍA
£Yo!... Yo que saldré de aquí llevándola conmigo, y que en la primera puerta pedirépor caridad un rincón para las dos.
EL CABALLERO
£Esta casa, desde hace trescientos años, es la casa de mis abuelos! DOÑA MARÍA
No tardarás en volveráella.
Don Juan Manuel, con mano trémula y rabiosa coge el plato que ante él humea apetitoso, y se lo alargaála manceba escondida debajo de la mesa, al socaire de los manteles.
EL CABALLERO Hártate can. DOÑA MARÍA
£Adiós, para siempre! EL CABALLERO
Espera. ¿La has perdonado? DOÑA MARÍA
¿No te había perdonadoáti? EL CABALLERO
£María Soledad, tu alma es grande y loca! María Soledad, tú eres santa y si digo mentira que me lleve el Demonio! £Vamos, can!
De un puntapié vuelca la mesa, y entre los manteles, y el vino que se derrama ensangrentándolos y el pan y la sal, se arrastra la manceba. Doña María se aleja con el continente de una santa abadesa comendadora y mitrada.
LIBERATA
£No me haga mal! £Por lo que llevo en mis entrañas, no me haga mal! EL CABALLERO
£No ladres, cadela! Sígueme. LIBERATA
£Ni aun puedo alzarme! EL CABALLERO
£No ladres! Vámonos de esta casa... Sígueme, cadela.
Atraviesa los resonantes corredores, desciende la ancha escalera de piedra, y saleála plaza silenciosa y abandonada. En la puerta, bajo el blasón que tiene en sus cuarteles espuelas de caballería y águilas de victoria, se detiene sollozando, y la luna platea su cabeza desnuda. El bufón, sale del ancho zaguán y se acercaásu amo que no le ve llegar.
DON GALÁN
¿A dónde ir con la carga de nuestros pecados?
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EL CABALLERO No sé... LIBERATA
£La noche es fiera, Virgen Santísima! DON GALÁN
Que nos importa, si somos tres estrellas de la noche. EL CABALLERO
Tú eres una estrella porque eres un alma de Dios. Pero esa mujer es una zorra y yo soy un lobo salido, un lobo salido, un lobo salido...
Se aleja. Huye. Sus voces y sus pasos resuenan en la plaza desierta, enlosada como los viejos cementerios. Él eco repite sus palabras fatales. Las ráfagas del viento aborrascan sus cabellos y la ola nevada de su barba. El bufón y la manceba que van detrás, le pierden en la oscuridad de la noche y dejan de oir sus voces.

ASÍ TERMINA LA JORNADA QUINTA





FIN

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