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Libro N° 15052. Memorias Del Movimiento Obrero Mundial. Rangel, Jaime.


© Libro N° 15052. Memorias Del Movimiento Obrero Mundial. Rangel, Jaime. Emancipación. Abril 25 de 2026

 

Título Original: © Memorias del Movimiento Obrero Mundial

 

Versión Original: © Memorias del Movimiento Obrero Mundial

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://revolucionobrera.com/wp-content/uploads/2026/03/memorias-del-movimiento-obrero-mundial.pdf


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Jaime Rangel  


 

 

 

 

 

Memorias Del Movimiento Obrero Mundial

Jaime Rangel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 JAIME RANGEL



MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Título Original:

Memorias del Movimiento Obrero Mundial



 

1a. Edición:

Colombia, enero de 2026

Edición e impresión: Periódico Revolución Obrera

 

Este libro es editado, impreso y distribuido por Revolución Obrera,órgano de la Unión Obrera Comunista (marxista-leninista-maoista).

 

Se permite y recomienda su traducción, reproducción y muy amplia difusión

 

 

 

 

 

 



Información y contacto:

www.revolucionobrera.com contacto@revolucionobrera.com



 

Contenido



 

Prólogo.....................................................................................5

 

A Manera de Introducción.................................................... 7

CAPÍTULO 1

EL NACIMIENTO DE LA CLASE OBRERA.....................9

CAPÍTULO 2

EL PRIMERO DE MAYO Y EL MOVIMIENTO

OBRERO EN ESTADOS UNIDOS....................................19

CAPÍTULO 3

EL MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA...........41

CAPÍTULO 4

LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL

DE LOS TRABAJADORES..................................................57

CAPÍTULO 5

EL CAPITAL. CRÍTICA

DE LA ECONOMÍAPOLÍTICA........................................90

CAPÍTULO 6

LA COMUNADE PARÍS...................................................107

CAPÍTULO 7

EL PROGRAMADE GOTHA...........................................146

CAPÍTULO 8

EL ANTI-DÜHRING...........................................................151



 



 

Prólogo



 

El libroquetieneel lectorensus manoses partedeltra- bajo del camarada Jaime Rangel, uno de los más grandes dirigentes del movimiento comunista en Colombia  y de los  más  notables  del  Movimiento  Comunista  Internacio- nal en lo queva del presente siglo. Jaime Rangel se propu- so entregar de forma didáctica: «la historia del proceso de formación y desarrollo de la clase obrera en su materiali- dad  (situación,  organización,  lucha,  internacionalización) y en su conciencia (de su situación en la sociedad, sus in- tereses, sus tareasy misión histórica)», para decirlo en sus propias palabras.

Esta historia del movimiento obrero fue presentada en 33 entregas en el periódico Revolución Obrera, órgano central de la Unión Obrera Comunista (mlm) en el trans- cursodevariosaños.Un trabajoqueel autorse vio obliga- do a posponer por periodos ante otras urgencias del mo- vimiento comunista como la lucha contra el revisionismo yla claudicación en Nepal, contra el centrismo en las filas del extinto Movimiento Revolucionario Internacionalista, contra  el  revisionismo  de  la  «nueva  síntesis  de Avakian», en la elaboración de la Propuesta de Formulación de una Línea  Para  la  Unidad  del  Movimiento Comunista  Inter- nacional, además de las tareas teóricas, políticasy organi- zativasde la UOC(mlm) de la cualfue su SecretarioPolíti- co hasta pocos meses antes de su fallecimiento en agosto de 2023.

Por consiguiente su trabajo sobre la Historia del Mo- vimiento Obrero apenas alcanzó a recorrer  las primeras etapas desde el surgimiento del proletariado hasta 1878, fecha en que fue publicado El Antidühring, quedan- do pendiente un largo trecho de la historia de nuestro



 

MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

movimiento; un trabajo que se hace necesario completar por parte de los nuevos camaradas; por cuanto, como de- cía Jaime Rangel:

Todo obrero que tenga la aspiración de transformar- se en proletario consciente debe conocer la historia de su  movimiento, su origen,  vicisitudes, experiencias,  vic- torias  y  derrotas en su lucha  de clase. Solo así  se puede comprenderquela teoríaes la experienciadel Movimiento Obrero de todos los países tomada en su aspecto general; que, si los obreros no cuentan con un Partido político in- dependiente, su lucha será malograday puesta al servicio de los  intereses de otras clases; que el  oportunismo es el principal respaldo de la burguesía en el seno del Movi- miento Obrero y sin su derrota será imposible vencer a la burguesíay al imperialismo.

No es una tarea academicista sino de orden práctico para  la  lucha  del proletariado mundial que hoy  enfrenta grandes desafíos ante la agudización extrema de las con- tradicciones del imperialismo que anuncian su muerte; pero que así mismo, hacen resurgir como nuevas, las vie- jas recetasde los utopistasy los enemigos,queya hansido derrotadas teórica  y prácticamente en la larga lucha del movimiento obrero por su liberación.

Finalmente, la publicación de esta serie de artículos en el presente libro, hace parte de la decisión del Comi- té  de  Dirección  de  la UOC  (mlm)  de  recopilar y publicar los principales escritos del camarada Jaime Rangel con el propósito de rendirhomenaje a su memoriay permitirle a las nuevas generaciones, conocer de forma ordenada sus contribuciones a la  causa  de la  emancipación del prole- tariado  y a su lucha  infatigable por  abolir  toda  forma  de explotacióny de opresión sobre la tierra.

Comisión de Agitacióny Propaganda Unión Obrera Comunista (mlm) Colombia, enero 2026

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Memorias del

Movimiento Obrero Mundial

Jaime Rangel



 

A manerade introducción

Cuando se habla de historia, es común el extravío bur- gués de reducirlaal recuento de unaserie de sucesos caó- ticos, aislados  y de hazañas de heroicos personajes. No, la historia es el proceso de desarrollo de la humanidad, el movimiento de la sociedad desde niveles primitivos hasta su más perfecta organización alcanzada desde comienzos delsigloXX: el socialismo.Es unmovimientoquetal como el de la  naturaleza  se rige por  leyes, cuyo conocimiento fue el gran logro del Materialismo Histórico Marxista.

Una faceta de esa historia de la sociedad es la del Mo- vimiento Obrero internacional, el mejor de los sucesos que le haya podido ocurrir a la humanidad en los últimos siglos, porque constituye todo un torbellino revoluciona- rio que pondrá en orden de nuevo a esta descompuesta y embrollada sociedad que nos ha deparado el capitalismo imperialista.

Todo obrero que tenga  la  aspiración de transformarse en proletario consciente debe conocer la historia de su movimiento, su origen,vicisitudes, experiencias,victorias y derrotas en su lucha  de clase. Solo así se puede com- prender que la teoría es la experiencia del Movimiento Obrero en todos los países tomada en su aspecto general; que, si los obreros no cuentan con un Partido político in- dependiente, su lucha será malograda y puesta al servicio de los intereses de otras clases; que el oportunismo es el principal respaldo de la burguesía en el seno del Movi- miento Obrero y sin su derrota será imposible vencer a la burguesíay al imperialismo. En pocas palabras, la Historia del Movimiento Obrero es la historia del proceso de for- mación y desarrollo de la clase obrera en su materialidad

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

(situación, organización, lucha, internacionalización) y en su conciencia (de su situación en la sociedad, sus intere- ses, sus tareasy misión histórica).

Empecemos por distinguir entre «Proletariado» y «Mo- vimientoObrero».Se le llamaproletariadoa la claseobre- ra moderna que, si bien es libre individualmente  y libre de medios de producción, está atada al salario como una clase de esclavos asalariados. Pertenecen a ella quienes devengan el sustento de la venta de su fuerza de trabajo; venta que no constituye una relación jurídica, sino social. En su mayoría están masivamente concentrados (llámese

organizados) en fábricas,y su posición de estar completa- mente desposeídos de los medios de producción los con- vierte en la única claseverdaderamente revolucionaria de la actualidad.

Por su parte, el Movimiento Obrero está conformado por los proletarios de todos los países, organizados y mo- vilizados en lucha  por  los intereses que le son comunes como  clase.  En  un  comienzo  su  lucha  era  entablada  por

obreros aislados, después agrupados por fábrica, y más tarde  se  fue  ampliando  a los  obreros  del  mismo  oficio  o diversos oficios en una localidad, ciudad o país.

Así se fue acrecentando su número y concentración, progresó su organización independiente y sus luchas ad- quirieron el carácter  de choques en toda  la  línea  contra la clase de los burgueses. Sin embargo, la organización del proletariado como clase solo se hizo efectiva cuan- do constituyó su propio Partido político independiente, encargado de dirigir  toda  la  lucha  de toda  la  clase hacia el cumplimiento de su misión histórica: emanciparse y emancipar a la humanidad de la opresión y la explotación capitalistas, lo cual implica liquidar la propiedad priva- da —soporte  básico  de  la explotación  del  hombre  por el hombre—, terminando con las diferencias de clase por su posición ante los medios de produccióny conduciendo la sociedad al socialismoy al comunismo.

Jaime Rangel

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CAPÍTULO 1 - El Nacimiento de la Clase Obrera



 

 



CAPÍTULO 1

 

 

EL NACIMIENTO DE LA CLASE OBRERA

Del continenteeuropeo,les correspondióa Italia,Ingla- terra, Franciay Alemania serlos países donde el capitalis- mo se impuso porvez primera como el modo de produc- ción dominante de la sociedad;y, porvez primera, colocócomo protagonistas en la lucha de clases de esa sociedad a la burguesíay el proletariado.

Durante el siglo XVI, Inglaterra había sido sacudida por varias revoluciones políticas y sociales como parteras del nuevo modo de producción capitalista, nacido de las en- trañas del vetusto modo de producción feudal. Aún en el siglo XVII el trabajo se hacía a mano, pues aún no se apli- caba  el  vapor  a la  producción, la  electricidad estaba  por descubrirse y apenas se fraguaban las condiciones socia- les para la invención de las máquinas que transformarían la producción.

Y fue  justo  en  Inglaterra donde,  a partir del  siglo XVI- II, se desató una poderosa Revolución Industrial que reemplazó el trabajo a mano por el trabajo con máqui- nas, sustituyó el taller  del artesano  y la  manufactura  por

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

fábricas que debían concentrar un capital y una gran can- tidadde obrerosa condiciónde quefuesenlibres(no sier- vos atadosa la tierra)y expropiados(sin propiedadprivada sobre los medios de producción). Las pequeñas aldeas se convirtieron en ciudadesy pulularon por doquier grandes inventos tales como: la lanzadera de Key (1733), la hila- dora mecánica «Jenny» de 16 a 18 husos (1764), la hilado- ra Crompton  (hilo  fino y fuerte)  (1799),  el  telar mecánico de Cartwright (1785), la máquina de vapor de James Watt (1767) (que a su vez obligó a aplicar la ciencia y la investi- gación a la industria, así como a perfeccionar la metalur- gia, la minería y la fundición), el buque a vapor de Fulton (1807), la locomotora de Stephenson (1812).

Por su  parte,  en  Francia,  la  Revolución  Industrial  tuvo lugarmás tardey fue más lentaque en Inglaterra, tanto asíque en la época de la Gran Revolución Burguesa (1789) un 8,7 % de la poblaciónse distribuíaenlas ciudadesy un 91,3 % en el campo: la mayoría de la población estaba com- puesta  por  campesinos  medio  siervos  que  dependían  de unaformao de otradel señorfeudal.La revoluciónindus- trial era imposible sin acabar  con el régimen absolutista feudal, esto es, sin liberar la mano de obra de los campe- sinos.  Solo  a comienzos  del  siglo XIX se  extiende  el  uso de máquinas en las distintas ramas de la  producción. La industria de la seda se desarrolló gracias al telarmecánico de Jacquard, perfeccionado luego por Breton, y de 1830 a 1848 el número de máquinas a vapor pasó de 616 a 4853.

Y mucho más tarde que en Inglaterra y Francia llegó la Revolución  Industrial  a Alemania, y con  ella  el  capitalis- mo. Hasta 1848, el estamento principal era la aristocracia feudal.  Las  causas  fundamentales  del  atraso  de  los  Esta- dos alemanes eran: el fraccionamiento político del país y el dominio del orden de cosas feudal  y semifeudal. El capitalismo se desarrolló sobre todo en la industria textil y minera,y principalmente en las décadas de 1830 y 1840; pero la naciente industria alemana, solo podía competir

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CAPÍTULO 1 - El Nacimiento de la Clase Obrera

con la  experimentada  industria  inglesa, atacando brutal- mente el nivel de vida de los obreros.

La revolucionarización de la producción impregnó a la sociedad con dos consecuencias principales: 1) Aparecen dos clases nuevas: proletariosy burgueses; y 2) coexis- ten en luchairreconciliable.

La configuracióndelproletariadoindustrialarrancacon el  despojo  a los  campesinos.  Es  cierto  que  en  Inglaterra desdeel sigloXV habíacomenzadola liquidacióndelrégi- men de servidumbre, pero los campesinos eran económi- camenteindependientestansoloenla forma,puesla tierra seguía perteneciendo a los terratenientes. Debido al auge y la demanda de producción de lanay paños, tanto en In- glaterra como en el continente, el proceso de desalojo lo aceleró el capitalismo a fines del siglo XVI y principios del XVII,  siendo  los  campesinos  completamente  despojados durante el siglo XVIII. Así quedaron doblemente «libres»:

de la opresión feudal y de los medios de producción, esto es, quedaron convertidos en asalariados. La otra fuente del proletariado fue la ruina de los artesanos.

Las  características  de  la situación de la clase obrera recién nacida se originan en el mismo proceso capitalista y, por tanto, son comunes a los diversos países, a saber:

•þÿSonconvertidos en apéndices de las máquinas, con una rigurosadisciplinade fábrica,similara la de las cárceles.

•þÿObligados junto con niñosy mujeres a trabajar jornadas de 16 y 18 horas para lograrmás rendimiento a favordel capitalista.

•þÿSin ninguna protección en el trabajo, se les obliga a ha- cerle  mantenimiento  a las  máquinas  sin  apagarlas  para no rebajarla producción, lo cual ocasionamuchos acci- dentes, la mayoría fatales.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

•þÿReciben salarios de hambre recortados con multas y, para favorecerla reducción de costos del capitalista, les hacen trampas en su liquidación.

•þÿViven hacinados en barriadas aledañas a las fábricas, antihigiénicas, contaminadasy convertidas en verdade- ros focos de enfermedadesy epidemias.

Las relaciones económicasy sociales entabladas porlas nuevas  clases  produjeron  una consecuencia directa e in- mediata: la acumulación de riqueza en la burguesía y de pobrezaen el proletariado. De ahí que el nacimien- to de la clase obrera haya sido una tragedia pero, a la vez, la mejor noticia para la humanidad en toda su historia, porque es la clase destinadaa emanciparladefinitivamen- te. La dura situación material de la clase obrera, sumada a la carencia absoluta de derechos políticos, se convirtió en la base objetivaparael florecimiento de su luchacontrala burguesíay el capitalismo.

Comienzala luchade los Luditas

La clase obrera recién nacida atribuía a las máquinas la raíz de todos los males que padecía. No sospechaba  del capitalismo que parecía ser una fuerza indestructible y muy poderosa pero, en cambio, las máquinas sí se podían destruir.

En un comienzo los obreros ingleses solicitaron al par- lamento  la prohibición  de  las  máquinas;  desde  luego,  les fue negada la solicitud. Deciden, entonces, resolver el problema a su manera: asaltar las fábricas y destruir las máquinas.  8000  obreros  de  Lancaster  (algunos  armados) dirigidos porNed Ludd, en 1779, inician una gran destruc- ción de máquinas.

Esta lucha se conoce en las Memorias del Movimiento Obrero Mundial, como «El Movimiento de los Luditas». Sus batallasse repitieronen 1811 y 1816, y no soloen Ingla- terra, también en Renania, Wesfalia y Silesia —cunas del

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CAPÍTULO 1 - El Nacimiento de la Clase Obrera

movimiento obrero en Alemania—, en la década de 1830, se desarrollan acciones semejantes a las de los Luditas, así comoen Franciadondeel movimientode destructores de máquinasfue ampliamentedifundido.El Movimiento de los Luditas fue la forma primaria del Movimiento Obrero.

Al mismo tiempo, surgió un movimiento huelguístico estrictamente proletario, se fundan las primeras organi- zaciones obreras bajo la forma de cajas de auxilio mutuo, clubes, sindicatos o asociaciones por oficios. La desastro- sa situación de los obreros y sus primeros intentos de or- ganización fueron dos condiciones propicias para desatar una forma de lucha eficaz para resistira los capitalistas: la huelga. Fue tal su impacto que ya en 1799 el parlamento inglés  aprueba  la  ley de  prohibición  de  huelgas,  por exi- gencia de los capitalistas.

La mordaza tiene dos efectos: de una parte, limita tem- poralmente la lucha obrera pero, de otra, obliga a los

obrerosa organizarsesecretamentey les despiertaunain- quietud: en el conflicto entre proletarios y capitalistas, el Estado  no  era neutral,  favorecía a los  dueños  del  capital. Su conciencia espontánea solo les dicta que deben luchar porel sufragiouniversal,surgiendoasí organizacionespo- líticas de carácter  democrático, que de por  sí reflejan la inclinación de la clase obrera por participar en la lucha política. Pero de inmediato, esa sencilla actividad política de  los  obreros  es  declarada  delito y,  como  escarmiento, sonmasacradosen unaprotestaen la ciudadde Manches- teren1819. La sangre,envez de ahogar,nutrelas protestas que se extienden a varias ciudades, logrando desarrollar formas de organización para  el choque  violento. No fue en vano,  en  1824  el  gobierno  retira  la  prohibición  de  las coaliciones obreras y empiezan a surgir organizaciones sindicales por toda Inglaterra, llamadas tradeuniones.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Se desencadenael movimiento de los Cartistas

En 1836, se fundan en Inglaterra dos organizaciones: la Asociación Obrera de Londres  y la Gran Liga del Norte (en  Leeds),  fueron  los  centros  orgánicos  del  nuevo  desa- rrollo del Movimiento Obrero llamado El Cartismo.

La Carta del Pueblo, redactada en 1838, firmada por 1.250.000 personasy entregada al Parlamento, fue el Pro- grama del Cartismo. El primero de sus seis puntos rezaba:

«Voto para  cada  hombre mayor  de 21 años, cuerdo  y sin antecedentes penales». Los Cartistas creían que, al ob- tener estas reformas, se podría tener una mayoría obrera que legislara a favorde los obreros,y en su respaldo orga- nizaron mítines de 80.000, 200.000y 400.000 personas.

La composición de clase del movimiento en un co- mienzo era heterogénea, muy mezclado con pequeños propietarios, lo cual le restó fuerza a sus acciones. Entre los obreros había disposición de lucha, pero no tenían un Partido que los dirigiera. El Comité Ejecutivo de los Car- tistas  redactó  una segunda petición  con  reivindicaciones de  carácter muy proletario;  el  Parlamento  rechazó  todas las peticiones.

La claseobrerarespondió,en los principalescentrosfa- briles  del  país,  con  una  huelga  de  carácter político,  pues su principal reivindicación era la aprobación de la Carta. Sin dirección, sin organización, esta lucha fue sofocada y desapareció el Cartismo.

De ahí en adelante las tradeuniones inglesas no fueron prohibidas,sinomaniatadasporla burguesíade unaforma más sutil y efectiva para controlarlas: mediante el sobor- no  a los  propios  obreros. Así  se  engendra la más  terrible fisura y división  que  ha  padecido  el  Movimiento  Obrero Mundial durante toda  su historia: la  aristocracia  obre- ra, esto es, la fracción de la clase obrera (sobornada) que defiende la ideología y los intereses de la burguesía, en

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CAPÍTULO 1 - El Nacimiento de la Clase Obrera

el propio seno del movimiento obrero. No por casualidad fue, más adelante, la base social del oportunismo.

El Movimiento Cartista fue el primer movimiento verdaderamentepolíticoy demasasdela claseobre- ra. Su luchano fue envano: en 1842 se prohibió el trabajo en  el  subsuelo  para mujeres y niños;  en  1844  se  fijó  en  5 horas y media la jornada para los niños textileros; en 1847 se fijó en 10 horas la jornada laboral.

Llegan las insurreccionesy revoluciones obreras

Durante las primeras décadas del siglo XVII, el capita- lismo tuvo gran desarrollo en países de Europa continen- tal y con él sobrevinieron las crisis económicasy sociales, y los estallidos de movimientos espontáneos en  Austria, Sicilia, Bélgica,Alemania, Francia. En este último, a partir de 1830 se impuso la  organización de fábrica  en la  pro- ducción  de  algodón,  lana,  seda,  lino y papel. Y organizar la producción significaba organizar a los obreros, cuyas huelgas, manifestaciones de masas, sociedades secretas y hasta insurrecciones armadas fueron fenómenos corrien- tes en esta época.

En julio de 1830 los obreros de París empuñaron las armas, iniciando un alzamiento que se transformó en re- volución. La falta de organización independiente de los

obreros permitió a la burguesía alzarse con el triunfo: fue derrocado  el  monarca  Carlos X (representante y vestigio de la reacción feudal)y colocado en el trono a Luis Felipe de Orleans (representante de la nueva burguesía financie- ra).

El Movimiento Obrero independiente en Francia co- menzódirectamenteconlas insurreccionesdelos obreros de la seda en Lyon de 1831 y 1834. El 21 de noviembre de 1831 fueron masacrados manifestantes obreros tejedores en Lyon y, como siempre, creció la indignación y luego de tres días de lucha armada los obreros se adueñaron de

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Lyon. Pero carecían de Partido, de Programa, de  víncu- los tanto con los obreros de otras ciudades como con los campesinos.Así, la insurrección fue sofocada, pero su im- portancia histórica no pudo ser borrada porque demostróel surgimiento de una nueva fuerza en Francia: la clase

obrera.

Los años entre 1830 y 1848 estuvieron llenos de levan- tamientos que no tienen parecido en otros países, ni en Inglaterra, ni en Alemania, ni en Estados Unidos: rebelión de  los  obreros  de  París  en  junio  de  1832 y abril  de  1834; insurrecciones de los obreros de Lyon en 1831 y 1834; insurrección en 1839, dirigida  por Augusto Blanqui (diri- gente  revolucionario,  comunista  utópico,  quien  organizógruposclandestinos,perosu métodoerapasarporencima del movimiento de masas y realizar acciones individuales que la clase obrera miró con simpatía pero sin seguirlo; de ahí que los «modernos» métodos de guevaristas e «iz- quierdistas» sean tan antiguos como Blanqui y, en ocasio- nes, los denominemos «Blanquismo»); disturbios en Lille, Clermont Toulouse  en  1840;  grandes  huelgas  de  inspira- ción política de carpinteros y ebanistas en 1833 y 1845 en París;huelgade minerosenAnzínen 1833 y en St-Etienne en 1844 y 1846; revoluciones obreras en París en febrero y junio de 1848.

El 22 de febrero de 1848 se convocó a un banquete que debíaterminarenmanifestación,puesla actividadpolítica había sido prohibida por el gobierno. Se dio una circuns- tanciaespecial: la guardianacional, en un primermomen- to, se negó a reprimir a los obreros. El pueblo (burgueses republicanosy obreros socialistas) ocupó el palacio, el rey Luis Felipe salió de huida, dejando el campo paraestable- cer un Gobierno Provisional con dualidad de poderes: los burgueses  republicanos  se  oponen  a las  reivindicaciones

obreras, los obreros socialistas exigen reivindicaciones queafectanlos interesesburgueses.Entrelos socialistasse incluían pequeñoburgueses moderados como Luis Blanc,

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CAPÍTULO 1 - El Nacimiento de la Clase Obrera

quien atacaba el capitalismo, pero rechazaba la teoría de la lucha de clases.

La carencia de dirección en los obreros (incluso Proud- hon, ideólogo de la pequeñaburguesía y fundador del anarquismo, confiaba en la Asamblea Nacional de la cual era miembro) contribuyó a que la dualidad de poderes se inclinaraa favorde la burguesía.En mayoes arrestadoAu- gusto Blanqui y, el 24 de junio, es decretado el Estado de sitio, y fueron  lanzados  contra  la  clase  obrera,  la  guardia móvil y el  ejército;  no  obstante  la ausencia de  dirección, los obreroslibranunaluchaheroicahastael final en su úl- timo bastión, el barrio St. Antoine.A partirde allí se gene- raliza la masacre: no menos de 100.000 muertos y 15.000 condenados  a trabajos  forzados  en  las  colonias.  Fue  esta la primera gran guerra civil entre el proletariado y la bur- guesía en Francia.

El Atelier, uno de los más importantes periódicos re- dactado  por obreros,  publicó  el  Programa  de  reivindica- ciones para la Revolución de 1848 en su primera etapa:

1.þÿ              Limitación de la jornada de trabajo

2.þÿ Abolición del sistema de los subcontratistas 3.þÿ Reglamentación de la colocación

4.þÿ           Establecimiento de un salario mínimo

5.þÿ              Supresión de la obligación de la libreta de trabajo

6.þÿ Reglamentación de la competencia hecha a los obre- ros con la mano de obra de prisioneros o conventos

7.þÿ Transformación profunda de los consejos de conci- liación

8.þÿ Indemnización por los accidentes de trabajo 9.þÿ Cajas de retiros para la vejez

10.þÿ     Libertad de reunión, de coalicióny de asociación

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Entre tanto, en  Alemania, en 1844 ocurre la insurrec- ción de los tejedores de Silesia, con la  cual comienza  el Movimiento  Obrero  de  masas  en  ese  país.  Los  tejedores sufrían doble  yugo: del empresario acaparador  y del te- rrateniente, a quien debían pagar impuestos por derecho a tejer.  Los  obreros  silesianos  pagaban  impuesto  agrario, impuesto estamental, tributo por la tierra, prestaciones personales o compensadas en dinero, tributos comuna- les, desembolsos paraescuelas, desembolsos paraseguros contra incendios, etc. En 1848 se libra un movimiento de carácter  violento contra el hambre, conocido como «La guerra de las patatas», y se libró en vísperas de las revolu- ciones de 1848 en Europa.

En Alemania eran muy reducidas las posibilidades de

organización de asociaciones proletarias revolucionarias, pues el yugo político era muy pesado; por eso, las prime- ras organizaciones obreras surgieron en el extranjero. Las más importantes organizaciones fueron la Unión Popular Alemana,  en  París  (de  emigrados)  en  1832;  la  Liga  de  los Miserables, en 1833; la Liga de los Justos, en 1836; la Liga de los Comunistas, en 1847, de cuyo seno brotaría el pri- mer programa político verdaderamente  independiente para el Movimiento Obrero: el Manifiesto del Partido Co- munista.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CAPÍTULO 2 - El Primero de Mayo y el Movimiento Obrero en Estados Unidos



 

 



CAPÍTULO 2

 

 

EL PRIMERO DE MAYO Y EL MOVIMIENTO OBRERO EN ESTADOS UNIDOS

Surge el Movimiento Obrero en Estados Unidos

La colonización de Estados Unidos estuvo vinculada de  modo  indisoluble  al  proceso  de  acumulación  origina- ria con sus clásicas características: exterminio masivo de indígenas, apropiación de tierras, desalojo de pequeños granjeros, cruel explotación de obreros asalariados, tra- bajo forzado de blancos, esclavitud de negros, trata de es- clavos y contrabando  rayano  en  la  piratería.  Desde  1763, en lo que se llamó la «Paz de París», Inglaterra impuso su reputación colonizadora sobre otros países colonizadores (Francia, Holanda, España), los mismos que años más tar- de apoyarían la Guerra de Independencia que con la ba- talla de Yorktown, en 1781, selló el fin del coloniaje inglés en América del Norte.

Muchos de sus habitantes eran oriundos de la metró- poli inglesa, llegados a América como buscadores de «fe- licidad», pues no eran pocas las noticias exageradas que

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llegaban a Europa pintando a Estados Unidos como un país donde la «gran propiedad pública de la tierra» le per- mitíavivir confortablemente a toda su población.

En el apéndicea la ediciónamericanade la famosaobra de Federico Engels, tituladaLasituación de la clase obre- ra en Inglaterra, se encuentra el siguiente pasaje: «Había dos factores que durante largo tiempo previnieron que las consecuencias inevitables del sistema capitalista no se revelasen  en América  en  toda  su  amplitud.  Estos  eran  el acceso a la propiedad de la tierra barata y el gran contin- gente de emigrantes. Permitían a la  gran masa  de la  po- blación americana nativa retirarse a una edad temprana del trabajo asalariado  y hacerse granjeros, comerciantes

o incluso empresarios, mientras que lo más duro del tra- bajo  asalariado,  con  su  estatus  de  proletario  de  por vida, caía en su mayor parte sobre el inmigrante. Pero América había crecido desde esa fase primaria, habían desapareci- do los bosques vírgenes sin límites y las praderas aún más ilimitadas iban pasando cada vez con mayor rapidez de las  manos  de  la  nación y de  los  estados  a las  de  los  pro- pietarios privados. La gran válvula de seguridad contra el crecimiento de un proletariado permanente había dejado de funcionar de modo efectivo».

Y en verdad que la posibilidad de convertirse en gran- jero del Oeste, para el proletario desarraigado de Europa que llegaba al Este, fue casi siempre tan solo una posi- bilidad teórica, pues carecía de posibilidades materiales para  atravesar  el continente,  y de herramientas  y aperos agrícolas para arrancarle a la tierra su sustento. En su in- mensa mayoría, tal como aún ocurre hoy, los «buscadores de felicidad» encontraron una cruel explotación a manos de la  burguesía  colonial  y de los plantadores esclavistas; estos últimos eran a su vez los compradores, tal como en la antigua Roma, de miles de esclavos negros procedentes de África.



 

 

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CAPÍTULO 1 - El Nacimiento de la Clase Obrera

En el censo de 1850 se encontró que un 10 % de la po- blación de Estados Unidos era de inmigrantes, entre los cuales,  los  obreros  constituían  cerca  de  la  cuarta  parte y muchos de ellos habían participado en las luchas del Mo- vimiento Obrero en Europa; todos fueron a parar  como mano de obra libre a la industria  y sus grandes fábricas asentadas en el Este, en ciudades como Chicago. Las pri- meras  máquinas y fábricas  aparecieron  en América en  la década de 1780, pero el amplio desarrollo industrial se lo- gró entre 1820y 1840y, con él, la formación de la burgue- sía y del proletariado.

Como ya  lo  sabíamos  por la  experiencia  en  Europa,  la situación de la clase obrera naciente en Estados Unidos también  era miserable,  con  largas  jornadas,  con  gran  ex- plotación de las mujeres y los niños, con grandes diferen- cias entre la situación de los obreros blancosy los negros, entrelos calificadosy los no calificados,entreel salariode los hombres y el de las mujeres; y sobre esa base material se desarrolló el movimiento obrero en Estados Unidos.

A las numerosas huelgas que desde el siglo XVIII se lle- varon a cabo sobre todo en la minería  y en la industria naval, la burguesíalas calificabacomo «motines»y los cas- tigaba  severamente. Así  mismo,  el  gobierno  había  decla- rado complot criminal toda asociación obrera, lo cual no pudo evitar que, aunque pocas, se fundaran asociaciones

obreras secretas y, más tarde, sindicatos en las grandes ciudades, cuyas reivindicaciones fueron: el sufragio uni- versal, la  concesión gratuita  de parcelas, la  organización de escuelas y bibliotecas, la regularización de los salarios y la reducción de la jornada de trabajo.

Un amplio movimiento de masas se desató en la década de 1830, empuñando como principales reivindicaciones:

la jornada laboral de 10 horas e instrucción general; lo- gra conquistar, en 1840, esa jornada para todas las empre- sas públicas  y la enseñanza general en  varios Estados.  A



 

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partirde 1845 se intensificó el movimiento obrero, libran- do  grandes  huelgas  que,  aunque  fueron  sofocadas  con  la fuerza armada, se constituyeron en preámbulo y prepa- ración  de  las  históricas  jornadas  de  1886  en  la ciudad  de Chicagoy el resto del país.

En el año 1986, con ocasión del Centenario de esas ba- tallas  del  Movimiento  Obrero,  los  camaradas  del  Partido Comunista Revolucionario de Estados Unidos publicaron una semblanza histórica, en la cual narran con lujo de de- talles los acontecimientos, precisan las tendencias políti- cas existentes, así como los puntos débiles  y fuertes del movimiento, que a continuación reproducimos.

Haymarket 1886y el «Elemento Problemático»

En 1885, una circular recorrió de mano en mano las fi- las del proletariado en Estados Unidos. Con las siguientes palabras, hizo un llamamiento a realizar acciones de toda la clase el 1° de Mayo de 1886:

«¡Un  día de rebelión, no de descanso! Un  día no

ordenado porlos voceros jactanciosos de las instituciones que  tienen  encadenado  al  mundo  del  trabajador.  ¡Un  día enqueel trabajadorhacesus propiasleyesy tieneel poder de ejecutarlas! Todo sin el consentimiento ni aprobación de los que oprimen y gobiernan. Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los  pueblos  de  toda  nación.  Un  día  de  protesta  contra  la

opresión  y la tiranía, contra la ignorancia  y la guerra de todo tipo. Un día en que comenzara disfrutar“ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que nos dé la gana”».

Hace  cien  años,  el  1°  de  mayo  de  1886,  una huelga ge- neral estalló por todo Estados Unidos. En pocos días cul- minó en los sucesos porsiempre asociados con el nombre Haymarket. En 1889, el congreso fundador de la nueva

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CAPÍTULO 2 - El Primero de Mayo y el Movimiento Obrero en Estados Unidos

Segunda Internacional marxista declaró el Primero de Mayoun día paraaccionesmundialesdelproletariado[...].

Bravo polvorín en preparación

Antes, la  vida en Estados Unidos, incluso para los in- migrantes pobres, era mejor que en los países que habían abandonado. Con el explosivo crecimiento industrial y el robosistemáticodelcontinentea los mexicanosy los pue- blos autóctonos, había escaseado la mano de obra; como resultado, el desempleo era poco y los sueldos eran rela- tivamente altos. Además, ese recurso especial de Estados Unidos«tierragratis(es decir,robada)»les dioa sectoresde la clase trabajadora por lo menos la esperanza de obtener propiedad. La esperanza de encontrar una oportunidad e incluso  una  manía  especulativa  alentaba  a los  trabajado- res.  No  obstante,  en  la  década  de  1880  grandes  cambios socavaron la base material de tales «sueños americanos».

La clase capitalista había derrocado a los esclavistas del Surunasdécadasantesy, durantela décadade 1870, reasi- miló a los esclavistas en un orden más moderno [...].

Al  mismo  tiempo,  más  o menos,  se  concluyó  la  última de las «guerras indígenas». [...] Para muchos trabajadores, la conquista final de los indígenas marcó el fin de los sue-ños de ir al «oeste». No había más «tierras gratis» que ro- bar, ni una «válvula de seguridad» para la reserva de mano de  obra.  Junto  con  eso,  en  1873  ocurrió  una  devastadora«Gran Depresión» que duró dos décadas.

El número de desempleados ascendió vertiginosamen- te. La automatización de labores especializadas produjo cambios históricos en la estructura de la clase obrera. La pobreza, con todas sus úlceras, se mostró como nunca.

Habiendo  aplastado  a los  indígenas,  robado  a México, derrotado a los esclavistas y traicionado a los esclavos, el capital estadounidense recurrió a engordarse con mano

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de obra importada en sus fábricas. Sin embargo, mientras la  clase  dominante  consolidaba  su  sistema  de  oropel,  en medio de la escualidez, hombresy mujeres comenzaban a tener nuevos sueños: sueños proletarios. En una babel de idiomas, estos sueños se expresaron en la política.

La tempestad se prepara

Después de 1877, las dos clases entendieron bien que pronto estallarían nuevos conflictos. En el horizonte la burguesíaveía una «Comuna americana» y preparaba me- didas sangrientas para reprimirla; en las ciudades prin- cipales convirtió los arsenales en fortalezas; transformóla Guardia Nacional  en  un  ejército  con  armas  modernas; contratógrandesejércitosprivadosde informantes,mato- nesy Pinkerton (guardias privados).

Los trabajadores también se preparaban, política y mi- litarmente. Formaron sociedades secretas, tradeunionesy partidos de la clase obrera, y en su seno se debatía cómo deberían responder los oprimidos al deterioro de su si- tuación. Hoy, cuando las palabras «movimiento laboral americano» evocan instantáneamente imágenes de chovi- nismo (nacionalismo burgués) y reacción, es difícil imagi- narse la luz radical que otrora emanaba de los sindicatos.

En ese entonces los sindicatos eran redes semilegales (en la práctica, completamente ilegales) en las fábricas. La policía rutinariamente dispersaba las reuniones de los trabajadores, golpeandoy encarcelando a los organizado- res.  [...]  En  ese  entonces  hacer huelga quería decir hacer guerra contra todos los poderes de la sociedad. El reclu- tamiento de equipos de esquiroles en los hambrientos tu- gurios era cosa de todos los días. Los paros, incluso los que se concentraban en demandas claramente económi- cas,  rápidamente  se  convertían  en  rebeliones  radicales y se extendían a la clase como un contagio.

Chicago dio a luz un mundo particularmente radical. El núcleo  del  Sindicato  Central  de Trabajo  (la mayor de  las

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CAPÍTULO 2 - El Primero de Mayo y el Movimiento Obrero en Estados Unidos

redes sindicales en competencia) lo constituían revolu- cionarios. En este contexto, los revolucionarios circula- ban una prensa verdaderamente incendiaria: el periódico bisemanal en inglés de Albert Parsons, el Alarma, tenía de dos a tres mil lectores. August Spies era el director del diario en alemán Arbeiter Zeitung, con una circulación de cinco mil ejemplares. Salían otros órganos revoluciona- rios, y se realizaban estimulantes polémicas y propaganda en tres o cuatro idiomas.

En 1885 el Sindicato Central de Trabajo de Chicago aprobó una resolución que concentra el estado de ánimo de los obreros: «Llamamos urgentemente a la clase asala- riada  a armarse para  poder  presentar  a sus explotadores el único argumento que puede ser efectivo: la violencia». Tales llamamientos no eran abstractos. En Chicago, un núcleo de trabajadores, en su gran mayoría de Alemania, formaron milicias armadas llamadas LehrundWehrVere- ins  (Asociaciones  de  Estudio y Resistencia)  para  respon- der del mismo modo a la violencia de los ejércitos priva- dos de los patronos. También se formaron el Club Inglés (paralos trabajadores angloparlantes), los Francotiradores de Bohemia (para los checoeslovacos)y un grupo francés. Haycrónicas de diez compañías, muchas dirigidas porve- teranos de las guerras europeas y estadounidenses. No es de extrañarse que la burguesíarespondieraen 1879 prohi- biendo estas milicias obreras [...].

Mientras  tanto,  las  fuerzas  radicales  de  la  clase  obrera crecían paralelas al claro fracaso de las actividades elec- torales. En las urnas se reprimieron las aspiraciones de la clase obrera con los medios más crudos: votos fraudulen- tos, sobornosy ataques policiales.

Como  resultado,  en  los  choques  brutales  de  1877 y sus complejas secuelas, un sector significativo del proletaria- do, concentrado especialmente en Chicago, comenzó a tener una profunda desconfianza del sistema constitucio- nal del país como  vehículo para  la  emancipación. Se les

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llamó «el elemento problemático»; una fúrica [sic] historia burguesadiceque«consistíanprincipalmentedelas clases más bajas e ignorantes de bávaros, bohemios, húngaros, alemanes,austríacosy otrosquecelebrabanreunionesse- cretas en grupos organizados armados y equipados como los nihilistas de Rusia y los comunistas de Francia. Se au- todenominaban socialistas. Su emblema era rojo».

Desafortunadamente, el principal partido socialista or- ganizado de ese entonces, el Partido Socialistade los Tra- bajadores  (PST),  cayó  bajo  el  control  de  reformistas  que adoraban la arena electoraly rechazaban la lucha armada. Aunque  esos  revisionistas  a veces  se  declaraban  partida- rios de Carlos Marx, eran precisamente gente de la cala-ña de la que Marx escribió: «Sembré dientes de dragón y coseché pulgas». El PSTexpulsó a las fuerzas de Lehrund Wehr, diciendo que los trabajadores armados manchaban la imagen de su partido.

La ideología socialista que prevalecía en los sectores de trabajadores de inclinaciones más revolucionarias era el anarquismo,  en  una  forma  sindicalista  particular  llamada la «Idea de Chicago».



 

El aspecto revolucionario de la «Ideade Chicago»

La «Idea de Chicago» se expresó en un manifiesto anar- quista escrito en el Congreso de la Asociación Interna- cional del Pueblo Trabajador (IWPA), en Pittsburgh, en

octubre de 1883, proclamó:

«Este sistema es injusto, demente y asesino. Así que es necesario destruirlo totalmente con todos los medios posibles y con la mayor energía de parte de todos los que sufren  bajo  él y que  no  quieren  ser  responsables  de  que siga existiendo debido a su inactividad».

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CAPÍTULO 2 - El Primero de Mayo y el Movimiento Obrero en Estados Unidos

«Agitación con fines de organización; organización con fines de rebelión. En estas pocas palabras se trazan los  caminos  que  los  trabajadores  deben  seguir si  quieren deshacerse de sus cadenas...».

«Si pudiera haber dudas sobre este punto, hace mucho deben haberlas borrado las brutalidades que el burgués de todo país“enAmérica, así como en Europa”  comete constantemente,cadavezqueel proletariadoencualquier parte busca enérgicamente mejorarsu situación. Salta a la vista que la lucha del proletariado con el burgués será de un carácter revolucionario,violento».

La «Idea de Chicago» combatió específicamente la no- ción de que el terrory el asesinato individual pueden des- truir  al opresor. Buscaba un movimiento de masas de la clase obreraque no abandonarala luchapormigajas. Para los revolucionariosy parala burguesíala Comunade París era un modelo de lo que podría surgir.

Para los historiadores revisionistas y de otro tipo que escriben  sobre  el  primer Primero  de  Mayo,  esta afinidad a la violencia revolucionaria es algo para esconder o criti- car. Sin embargo, ¿qué revolucionario auténtico hoy pue- de encontrar aquí razón de crítica?

La verdaderadebilidadde la «Ideade Chicago»y su mo- vimiento radicó en su culto de la espontaneidad. Se creyódogmáticamente que unas estructuras sindicales amorfas solas  serían vehículos  suficientes  para  una victoria  revo- lucionaria. Esto provenía de los principios anarquistas de que solo es necesario romperel casco de la viejasociedad con una resuelta huelga general de los trabajadores y que un nuevomundosurgiráautomáticamentede la autoorga- nización de los oprimidos. Un «orden natural» místico, no un nuevo Estado revolucionario, era  su meta. Planearon dispersar el poder estatal, no ejercerlo.

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La movilización de fuerzas

Despuésde queel proletariadose recuperóde los suce- sos de 1877 [ola de huelgas reprimidas a sangrey fuego], el movimiento se extendió como un incendio incontrolable, especialmente cuando se concentró en la demanda de la jornada de ocho horas.

En 1884, una de las redes sindicales nacionales, la Con- federaciónde GremiosOrganizadosy Tradeuniones,con- vocó a un día nacional de acción. El 1° de mayo de 1886, propusieron, los trabajadores simplemente impondrían la jornadade ocho horasy cerrarían las puertas de cualquier fábrica  que  no  accediera.  La  demanda  de  ocho  horas  se iba a transformar de una demanda económica de los tra- bajadores contra sus patronos inmediatos a una demanda política de una clase contra otra.

El  plan  recibió  una  tremenda y entusiasta  acogida.  [...] No es necesario explicar por qué el «movimiento de ocho horas» recibió un apoyo tan ferviente. El día de trabajo típico era de dieciocho horas. Los trabajadores, literal- mente, trabajaban hasta morirse; su vida la conformaba el trabajo, un descansito y el hambre. Antes de que los trabajadorescomoclasepudieranalzarla cabezahaciale- janos horizontes, anhelaban momentos libres para pensar y educarse.

En las calles, trabajadores alzados cantaban: «Nos pro- ponemos rehacer  las  cosas. / Estamos hartos  del trabajo por nada, / escasamente para vivir; / jamás una hora para pensar».

El año 1886 fue un «año loco». Incluso antes de la pri- mavera, comenzó unaola de huelgas a nivel nacional. Dos meses antes del Primero de Mayo, escribe un historiador,«ocurrieron repetidos disturbios (en Chicago)  y se  veían con frecuencia vagones llenos de policías armados que corríanporla ciudad».El directordelChicagoDailyNews

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CAPÍTULO 2 - El Primero de Mayo y el Movimiento Obrero en Estados Unidos

escribió: «Se predecía una repetición de los motines de la Comuna de París».

En las filas de los trabajadores, la tempestad que se pre- paraba suscitó un debate intenso. Varias tendencias polí- ticas dudaban seriamente del movimiento... por  razones diametralmente opuestas. El liderato extremadamente conservador  de los Caballeros del  Trabajo sacó una cir- cular secreta con su posición. Este credo de «trabajo edu- cacional paciente y lento» es muy reconocible hoy: «Nin- guna  asamblea  de  los  Caballeros  del Trabajo  debe  hacer huelga por el sistema de ocho horas el 1° de mayo con la impresión de que están obedeciendo órdenes del lidera- to,  porque  tal  orden  no  se  dio y no  se  dará.  Ni  el  patrón ni  el  empleado  conocen  las  necesidades y las  exigencias del plan de menos horas. Si una rama de trabajo o una asamblea está en tal condición, recordemos que hay mu- chos completamente ignorantes del movimiento. De los sesenta millones de habitantes de Estados Unidos  y Ca- nadá, nuestra orden posiblemente cuenta con trescientos mil. ¿Podemos moldearel sentimiento de millones a favor del  plan  de  menos  horas  antes  del  1°  de  mayo?  No  tiene sentido pensarlo. Aprendamos por qué nuestras horas de trabajo deben reducirsey luego enseñémoslo a otros [...]».

En contraste, los anarquistas criticaron el «plan de ocho horas» porque, como demanda, pensaban que no atacaba directamente al sistema. Igual que Marx, cuyas obras ha- bíanestudiadovarioslíderes,creíanque«en vez del credo conservador,“¡unsueldojustode un día porel trabajojus- to de un día!”, (la clase obrera) debe inscribir en su estan- darte la  consigna  revolucionaria: “¡Abolición del sistema de salarios!”».

Sin embargo, a diferencia  de Marx, los anarquistas no captaron  el  papel  que  un  movimiento  político  de  toda la clase podría jugar para aglutinar al proletariado en una fuerza  consciente  de  clase. Albert  Parsons  militó  mucho

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tiempo en las Ligas de Ocho Horas, pero hasta diciembre de 1885 escribió en su periódico Alarma: «A nosotros, de la Internacional (hacía referencia a la anarquista IWPA- COR)nospreguntanconfrecuenciaporquéno apoyamos activamente  al  movimiento  de  la  propuesta  de  ocho  ho- ras. Echémosle mano a lo que podemos conseguir, dicen nuestros amigos de ocho horas, porque si pedimos dema- siado podríamos no recibir nada. Contestamos: Porque no haremos compromisos. O nuestra posición de que los capitalistas no tienen ningún derecho a la posesión exclu- siva de  los  medios  de vida es verdad  o no  lo  es.  Si  tene- mos razón, pues  reconocer  que los capitalistas tienen el derecho a ocho horas de nuestro trabajo es más que un compromiso; es una virtual concesión de que el sistema de salarios es justo». La prensa anarquista sostenía: «Aun- que el sistemade ocho horas se establecieraen estatardía fecha, los trabajadores asalariados... seguirían siendo los esclavos de sus amos».

Tal posición ignoraba el avance de la lucha de clases en ese momento: antes de esa década, la burguesía había jugado un papel predominante en el movimiento revolu- cionario y ejerció el liderato de la lucha contra el sistema de esclavitud. En este contexto, la demanda de «ocho ho- ras» jugaba un papel crucial para diferenciar las nacientes corrientes proletarias de las de otras clases.

Objetivamente, los trabajadores estaban trazando una línea de batalla entre clases  y, a pesar de las tergiversa- ciones subsiguientes de los historiadores, así fue como llegaron a ver el «movimiento de ocho horas» todos los lados. Naturalmente, algunos trabajadores se apresuraron a unirse por razones no más elevadas que ganar un día de trabajo más corto para sí o para su taller. La naturaleza de todos los grandes movimientos es que atraen la parti- cipación  de  capas  anteriormente  pasivas  e inconscientes delproletariado.Sin embargo,decirqueesofuela esencia de 1886, como lo hacen los revisionistas, es más que una

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mentira. Pretende establecer que el proletariado no tiene aspiraciones más elevadas que un poco de tiempo libre y bienestar dentro de este sistema.

A diferencia de Powderly, los anarcosocialistas de Chi- cago, una vez que se dieron cuenta del impacto objeti- vo  de  tal  movimiento  histórico,  simplemente  no  estaban dispuestos a ir contra la corriente. Echaron a un lado sus prejuicios previos y entraron a un movimiento, en gran medida espontáneo, para infundirle un contenido revolu- cionario.

Parsons escribió que sus fuerzas se unieron «primero, porque era un movimiento de clase contra la dominación, y por eso  histórico,  revolucionario y necesario; y segun- do, decidimos no mantenernos apartados paraque no nos malentendieran nuestros compañeros de trabajo».

El 19 de marzo de 1886, el Arbeiter Zeitung escribió: «Si no  nos  movemos  pronto  para  una  revolución  sangrienta, no dejaremos a nuestros hijos más que la pobrezay escla- vitud.Así que prepárense, con toda discreción, para la re- volución». Las Lehr undWehrVerein cobraron fuerzas; al aproximarse  la primavera contaban  con  más  de  mil  mili- tantes.Se hablabade miliciasde defensasimilaresen Cin- cinnati, Detroit, St. Louis, Omaha, Newark, Nueva  York, San Francisco, Denvery otras ciudades.

Al aproximarse el día definitivo, marchas semanales re- corrían las calles de Chicago con pancartas así: «La revo- lución social», «Abajo el trono, el altary los adinerados» y«Obreros ármense». Durante las marchas nocturnas, con antorchas iluminándoles la cara, los trabajadores canta- ban: Millones de trabajadores están despertando / ahí es- tán marchando adelante. / Todos los tiranos están tem- blando / antes de que se desvanezca su poder.

La víspera del Primero de Mayo, el Arbeiter Zeitung publicó los siguientes pasajes, que muestran el tono de

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confrontación que imperaba: «¡Adelante con valor! El Conflicto ha comenzado. Un ejército de trabajadores asa- lariados está desocupado. El capitalismo esconde sus ga- rrasde tigredetrásde las murallasdelorden.Obreros,que vuestra  consigna  sea:  ¡No  al  compromiso!  ¡Cobardes  a la retaguardia! ¡Hombres al frente!».

«La suerte está echada. Ha llegado el Primero de Mayo. Durante veinte años el pueblo trabajador ha venido pidiendo que los concusionarios establezcan el sistema de ocho horas, pero lo han entretenido con promesas. Hace dos años los trabajadores decidieron que se debe introducir el sistema de ocho horas en Estados Unidos el primerdía de mayode 1886. En todaspartes,se reconociólo razonablequeeraestademanda.Todos,aparentemente, estabana favordereducirlas horas;peroal aproximarsela hora, se perfiló un cambio. Lo que en teoríaerarazonable y modesto pasó a ser insolente e irrazonable. Finalmente quedóclaroqueel himnodeochohorassecantósolamente para alejar a los burros de trabajo del socialismo».

«Que los trabajadores pueden insistir enérgicamente en el movimiento de ocho horas, jamás se le ocurrió al patrón...  Lo  que  hay que ver es  si  los  trabajadores  se  so- meterán o harán que sus  verdugos potenciales reconoz- can las ideas modernas. Esperamos que sea lo último».

Ese número del periódico publicó unaadvertenciapro- minente: «Se dice que en la persona de uno de los cama- radas  arrestados  en  Nueva York  se  encontró  una  lista  de miembrosy quea todoslos camaradascomprometidoslos hanarrestado.Así que,destruyantodaslas listasde miem- brosy libros de acta donde se tengan tales cosas. Limpien sus armas,completensus municiones.Los asesinosa suel- do  de  los  capitalistas,  la policía y la milicia,  están  listos  a matar.  Ningún  obrero  debe  salir de  su  casa en  estos  días con los bolsillosvacíos».

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CAPÍTULO 2 - El Primero de Mayo y el Movimiento Obrero en Estados Unidos

La clase dominante también hacía sus preparativos, apuntando  especialmente  al  liderato  de  los  trabajadores. El Chicago Mail sacó un editorial ominoso: «Hay dos ru- fianes peligrosos sueltos en esta ciudad; dos cobardes es- curridizos que se proponen armar  bronca. Uno se llama Parsons; el otro se llama Spies... Obsérvenlos hoy. No les quiten el ojo de encima. Háganlos personalmente respon- sables de cualquierproblemaque ocurra. Denles un casti- go ejemplar si ocurren problemas».

¡Primero de Mayo!

Primero de Mayo de 1886. Un periódico de Chicago in- formó: «No salía humo de las altas chimeneas de las fábri- cas y talleres;y todo tenía un aire dominical». El Philadel- phiaTribune escribió: «Al “elemento obrero”lo ha picado una especie de tarántula universal... se ha “alocado”».

En Detroit, 11.000 trabajadores marcharon en un desfi- le de ocho horas. En Nueva York, una marcha con antor- chas de 25.000 obreros pasó como torrente de Broadway a Union Square, 40.000 hicieron huelga. En Cincinnati, un trabajador describió el mitin inicial: «Solamente lleva- mos  banderas  rojas...  la  única  canción  que  cantamos  fue `Arbeiters Marseillaise´... un batallón obrero de 400 rifles Springfield encabezó el desfile. Era la Leher und Wehr Verein, la sociedad protectora  y educacional de obreros aguerridos... Todos esperábamos violencia, supongo». En Louisville, Kentucky, más de 6000 trabajadores, negros y blancos, marcharon por el Parque Nacional violando de- liberadamente el edicto que prohibía la entrada de gente de color. En Chicago, el baluarte de la rebelión, por lo menos  30.000  obreros  hicieron  huelga. Todos  los  trenes pararon, los corrales de ganado se cerraron, los muelles estaban repletos de barcazas llenas de carga. A los líderes conservadores los empujaron a la periferia. Un gran cho- rro de proletarios y familias, en ropa de domingo, llenó la avenida Michigan.

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Pero la calma «dominical» era engañosa y temporal. Escondidos en los callejones, desparramados en techos estratégicos, esperaban policías armados listos para una guerra franca. En los arsenales esperaban mil miembros de la Guardia Nacional con equipo especial: ametrallado- ras Gatling.

El «Comité de Ciudadanos» de la clase dominante de Chicago  decidió  que  era  necesario  crear incidentes  para decapitar y aplastar el movimiento. La policía comenzó a atacara los trabajadores dondequieraque se congregaran. Un reportepolicialvirulentodeclaróqueel 2 de mayouna«gran fuerzase reunió»y se atrevió a ponerla banderana- cional patas arriba, «izándola al revés, símbolo de la revo- luciónqueplaneanhacerenlas institucionesamericanas».

La masacre de McCormick

Un incidente crítico ocurrió en la plantade McCormick Reaper.  Desde  mediados  del verano,  los  patronos  cerra- ron la planta a los trabajadores sindicalizados y la policía llevaba a diario grupos de esquiroles. El 2 de mayo, Spies, agotado, se presentó para dar uno de sus muchísimos dis- cursos ante los trabajadores reunidos en el campo. Mien- tras un grupo de 6000 o 7000 trabajadores escuchaban, unos cuantos centenares fueron a confrontar a los esqui- roles que en ese momento salían de la planta.

Del Arbeiter Zeitung del 4 de mayo: «De repente, se

oyeron disparos cerca de la planta de McCormicky más o menos setentay cinco asesinos robustos, grandotesy bien comidos, al mando de un teniente gordo de policía, pasa- ron, seguidos por tres vagones llenos de bestias del orden público».

En medio de una batalla de piedras de los obreros y las balas de la policía, los trabajadores de repente se disper- sarony huyeron. En la espaldales explotaron balas. Porlo

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CAPÍTULO 2 - El Primero de Mayo y el Movimiento Obrero en Estados Unidos

menosdostrabajadorescayeronmuertos;muchosqueda- ron heridos, entre ellos muchos niños.

En cosa de horas un volante, escrito por el iracundo Spies,circulabaenlos tuguriosdela claseobrera.«¡¡¡Obre- ros,A Las Armas!!!»; proclamó: «Sus amos desataron a sus sabuesos (la policía) y mataron a seis de sus hermanos en McCormickestatarde.Matarona los desafortunadospor- que ellos, como ustedes, tuvieron el  valor  de desobede- cer  la voluntad  suprema  de  sus  patronos...  Se  alzarán  en masa, como Hércules,  y destruirán el nefando monstruo quebuscadestruirlos.¡A las armas,llamamosa las armas!».

Al día siguiente, el 3 de mayo, el crecimiento de la huel- ga era«alarmante».En el movimientoparticipabanmásde 340.000 trabajadores portodo el país, 190.000 de ellos en huelga.  En  Chicago,  80.000  hacían  huelga.  Cuando  cen- tenares de costureras se lanzaron a la calle para sumarse a las manifestaciones, el Chicago Tribune berreó: «¡Ama- zonas bravas!».

En este momento candente, el Arbeiter Zeitung hizo un llamamientoa la luchaarmada,comosiemprelo habíahe- cho, salvo que ahora tenía un claro tono de urgencia. «La sangre se ha vertido. Ocurrió lo que tenía que ocurrir. La milicia no ha estado entrenándose en vano. A lo largo de la historia,el origende la propiedadprivadaha sidola vio- lencia. La guerra de clases ha llegado... En la pobre choza, mujeres y niños cubiertos de retazos lloran por marido y padre. En el palacio hacen brindis, con copas llenas de vino costoso, por la felicidad de los bandidos sangrientos del ordenpúblico.Séquenselas lágrimas,pobresy conde- nados: anímense esclavos y tumben el sistema de latroci- nio».

En las salas de reunión de los proletarios, rugían in- tensos debates; «el tigre capitalista» efectivamente había atacado y miles debatían cómo responder.Aparentemen- te, importantes facciones querían una insurrección. Se

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

convocó una reunión popular en la plaza Haymarket para la noche del 4 de mayo. Preocupados por  la posibilidad de una emboscada, los organizadores escogieron un lu- gar abierto y grande  con  muchas  rutas  de  escape.  Luego de una reñida disputa, Spies dijo después, convenció a los

organizadores de Haymarket de que retiraran su llama- miento a un mitin armadoy que, en su lugar, celebraran el mitin con el mayor número de asistentes posible.

El incidente de Haymarket

La mañana del 4 de mayo, la policía atacó una columna de 3000 huelguistas. Por toda la ciudad se formaron gru- pos  de  trabajadores. Al  atardecer,  Haymarket  era una de las muchas reuniones de protesta, con 3000 participan- tes. Los discursos siguieron, uno tras otro, desde la parte de atrás de un vagón. Al comenzar a llover, la reunión se disolvió. De repente, cuando solamente quedaban 200 asistentes, un destacamento de 180 policías, fuertemente armados,  se  presentó y un  oficial  ordenó  dispersarse.  Le respondieron que era un mitin legal y pacífico. Cuando el capitán de policía  se  volteó para  darles órdenes a sus hombres, una bomba estalló en sus filas. La policía trans- formó a Haymarket en una zona de fuego indiscriminado, descargando salva tras salva contra la multitud, matando a varios e hiriendo a 200. En el barrio reinaba el terror; las farmacias estaban apiñadas de heridos. Siete agentes mu- rieron, la mayoría a causa de balas de armas de la policía.

La clase dominante usó este incidente como pretexto para desatar su planeada ofensiva: en las calles, en los tri- bunales y en la prensa. Los periódicos, en Chicago y por todo el país, se volvieron locos. Demandaron la ejecución instantánea de todo subversivo. Los titulares bramaban:

«Brutossangrientos»,«Rufianesrojos»,«Ondeabanbande- ras rojas», «Dinamarquistas». El Chicago Tribune escribióel 6 de mayo:«Estasserpientesse hancalentadoy alimen- tado bajo el sol de la tolerancia hasta que, al final, se han

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CAPÍTULO 2 - El Primero de Mayo y el Movimiento Obrero en Estados Unidos

envalentonado para atacar la sociedad, el orden público y el gobierno». El Chicago Herald del 6 de mayo: «La chus- ma  que Spies  y Fielden incitaron a matar  no son ameri- canos. Son la hez de Europa que ha venido a estas costas para  abusar de  la  hospitalidad y desafiar la  autoridad  del país».

El 5 de mayo, en Milwaukee, la milicia del Estado res- pondió con una masacre sangrienta de un mitin de tra- bajadores; balacearon a ocho trabajadores polacos y un alemán porviolar la ley marcial.

En Chicago, una operación rastrillo llenó las cárceles de miles de revolucionarios  y huelguistas. Para  describir los interrogatorios, algunos historiadores han usado la pa- labra «tortura». Los grupos de caza usaron listas de sus- cripción.  Entraron  a la  fuerza  a salas  de  reunión y casas, destruyeron prensas obreras. Arrestaron a todo el equipo de imprenta del Arbeiter Zeitung. La policía exhibió to- das las «pruebas» que se había precavido de «encontrar»:

municiones, rifles, espadas, porras, publicaciones, bande- ras rojas, pancartas agitadoras, plomo a granel, moldes de balas, dinamita, bombas, instrucciones parafabricarbom- bas, campos subterráneos de tiro al blanco... La prensa hizo mucho escándalo sobre cadadescubrimiento. Frente a esta salva de ataques, la huelga general se desintegró. El liderato de los trabajadores de inclinaciones revoluciona- rias estaba en las garras de la burguesía.



 

El juicio de Haymarket

La clase  dominante  abrió  un  gran  jurado  en  Chicago  a mediados de mayo de 1886. La acusación: asesinarun po- licía que murió en Haymarket. Todos los acusados eran miembrosprominentesdela IWPA:AugustSpies,Michael Schwab,SamuelFielden,AlbertR. Parsons,AdolfFischer, George Engel, Louis Lingg y Oscar Neebe.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

A todas luces, el juicio fue un linchamiento legal. Pri- mero,juzgarona todoslos acusadosenun juicioconjunto, aunque eran un grupo muydiverso, con ideas políticas de diferentes tendencias, que jugaron papeles muy distintos en los hechos de mayo.

Segundo, la manipulación del jurado fue frontal. El pro- ceso normal de escoger  a los jurados por  sorteo se des- cartó de plano; en su lugar  se nombró un alguacil espe- cial. Este se jactó: «Estoy manejando este proceso y séqué debo hacer. Estos tiposvan a colgarde una horca con plena seguridad».

Finalmente, y lo más importante, el juicio se celebrósin ninguna prueba de participación en el incidente de la bomba. Solamente dos de los ocho acusados estaban pre- sentes en la reunión donde estalló.

La cuestión de quién soltó la bomba se ha debatido, pero jamás se ha resuelto. Parece que fue un tal Rudolf Schnaubelty que la fabricó Louis Lingg (quien ciertamen- te defendía a gritos el uso de la dinamita). Una importante pregunta es si Schnaubelt era un luchador callejero anar- quista que fue a atacar a los policías asesinos, o si era un agente  provocador policial.  Los  hechos  son  contradicto- rios. Se ha probado, sin embargo, que la policía lo detuvo dosvecesdespuésde Haymarkety lo soltó.Estoa lo míni- moindicaquea la policíano le interesabasometera juicio a la persona que soltó la bomba; su verdadero blanco era el liderato de la rebelión, no un perpetrador secundario y ciertamente  no  un  agente  policial.  Schnaubelt  desapare- ció de Chicago.

El juicioduróvariosmeses.Amenazarony sobornarona variostrabajadoresparaquedieranun testimonioridículo sobre conspiraciones de todo tipo. Del tribunal manaban cuentos sensacionalistas para excitaral país. El asunto era claro, las palabras del fiscal Grinnell hablaban por sí mis- mas:

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CAPÍTULO 2 - El Primero de Mayo y el Movimiento Obrero en Estados Unidos

«La ley está en juicio. La anarquía está en juicio. El gran jurado ha escogido y acusado a estos hombres porque fueron los líderes. No son más culpables que los miles que los siguieron. Señores del jurado, condenen a estos hombres,denlesuncastigoejemplar,ahórquenlosy salven nuestras instituciones, nuestra sociedad».

El juez agregó que era suficiente que el Estado probara que«estospocosacusadoshanpropugnadoel usode pro- yectiles mortales contra la policía en ocasiones que po- drían ocurrir en el futuro...».

En resumen,la burguesíaestadounidenseya estabaper- feccionando su método de disfrazar los juicios políticos usando «leyes de conspiración», para encubrir la supre- sión de ideas y organizaciones revolucionarias. Los juz- garon  por el  crimen  de  dirigir a los  oprimidos,  ni  más  ni menos.

A los condenados los llamaron a hablar  antes de sen- tenciarlos.  Un  periodista  escribió:  «No  muestran  ni  arre- pentimiento ni remordimientoy en su mente torcida es la sociedad la que está en juicio, no ellos».

Resumiendo  sus  principios  revolucionarios  ante  el  tri- bunal, Spies concluyó con estas palabras: «Bueno, estas son mis ideas... si ustedes piensan que pueden borrar es- tas ideas que están ganando más y más partidarios con el paso de cada día, si ustedes piensan que pueden borrarlas ahorcándonos,si unavez másustedesimponenla penade muerte por atreverse a decir la verdad“ylos reto a mos- trarnos cuándo hemos mentido” digo, si la muerte es la pena por declarar la verdad, ¡pues pagaré con orgullo y desafío el alto precio! ¡Llamen al verdugo!».

Lingg, de 21 años, escupió con desafío: «Repito que soy enemigo del“orden”de hoy y repito que, con to- das mis fuerzas, mientras tenga aliento para respirar, lo

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

combatiré... Los desprecio. Desprecio su orden, sus leyes, su autoridad apuntalada por la fuerza.  Ahórquenme por ello».

Los siete fueron condenados a muerte.

Surgió un gran movimiento para  defenderlos; se cele- braron mítines por todo el mundo: Holanda, Francia, Ru- sia, Italia,Españay portodoEstadosUnidos.EnAlemania, la reacción de los trabajadores sobre Haymarket perturbótanto a Bismarck que prohibió toda reunión pública.

Al aproximarseel día de la ejecución,cambiaronla sen- tenciade dos de los condenados a cadenaperpetua. Louis Lingg  apareció  muerto  en  su  celda:  un  fulminante  de  di- namita le voló la tapa de los sesos. No se sabe si esto fue un acto final de desafío; sin embargo, se rumoraba que le iban a suspender la ejecución, así que es probable que su muerte fuera un asesinato.

El 11 de noviembrede 1886, denominadoluegoel «Vier- nes  negro»,  fue  el  día programado  para la ejecución.  Los periódicos  de  Chicago vibraban  con  rumores  de  que  iba a estallar una guerra civil en las calles. El medio millón de personas que asistieron al cortejo fúnebre es testimonio de que el nerviosismo de la burguesía era justificado. Y parece que se propusieron planes de atacar la cárcel. No

obstante, los condenados hicieron que sus compañeros prometieran no llevar a cabo tales «actos temerarios».

Al mediodía, cuatro hombres (Spies, Engel, Parsons y Fischer)  se  presentaron  ante  la horca,  con  togas  blancas. Spies habló, mientras le cubrían la cabezacon la capucha:

«Llegará un tiempo en que nuestro silencio será más po- deroso  que  las voces  que  ustedes  estrangulan  hoy».  Par- sons gritó: «¡Permítame hablar, sheriff... Matson! Que se

oiga la voz del pueblo...». El nudo corredizo se apretó si- lenciándolo.



 

 

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CAPÍTULO 3 - El Manifiesto del Partido Comunista



 

 



CAPÍTULO 3

 

 

EL MANIFIESTO DELPARTIDO COMUNISTA

 

Programade luchadel Proletariado Mundial

Durante  los  años  de  las  insurrecciones  obreras  en  Eu- ropa (1830–1848), por entre las filas proletarias fluían diversas corrientes de pensamiento «socialista», así entre comillas porque, si bien todas se inspiraban en la necesi- dad de lucharcontra la desigualdad reinante en el sistema capitalista,  eran  diferenciadas  entre  sí y hasta  completa- mente opuestas, debido a que cada corriente le atribuía la desigualdad social a causas diferentes. Ese enfrentamien- to entre las corrientes ideológicas «socialistas», por posi- cionarse en las mentes de los proletarios insurrectos, fue una condición muy favorable tanto para que surgiera el socialismo  científico,  acrisolado  en  la  propia  lucha  de  la clase obrera, como para el comienzo de la fusión de esas ideas científicas socialistas con la lucha política del movi- miento obrero.

El surgimientodelmarxismodivideen dosla historiade las ideassocialistasporaquellaépoca.Entrelas Corrientes

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Socialistas Premarxistas sobresalen los socialistasutópi- cos, quienes hasta 1848 predominaban en el movimiento

obreroy se conocíanmáscomo«corrientesdelsocialismo y comunismo crítico utópicos»; sus representantes más destacados fueron Saint Simony Carlos Fourier (Francia), Roberto  Owen  (Inglaterra) y Guillermo Weitling  (Alema- nia),  quienes  en  su  literatura  lograron  presentir  tesis  po- sitivas de lo que sería  la  sociedad futura: «Supresión del contraste entre la ciudad y el campo, la abolición de la familia, de la ganancia privada y del trabajo asalariado, la proclamación de la armonía socialy la transformación del Estado en una simple administración de la producción».

Todos  advertían  los  antagonismos  de  clase  en  el  capi- talismo y soñaban  con  una sociedad  igualitaria deseando mejorarlas condiciones devidade todos los miembros de la  sociedad,  incluso  de  los  más  privilegiados,  pero,  a ex- cepción deWeitling, eran contrarios a la luchapolítica de los obreros, repudiaban su acción revolucionaria

porque, para estos socialistas utópicos, el proletariado solo existía en calidad de clase sufriday no de clase revo- lucionaria con movimiento político propio.

Para la construcción de sus fantásticos proyectos so- ciales terminaban dependiendo del espíritu filantrópi- co y humanitario de los propios industriales capitalis- tas. Weitling sí exhortaba al proletariado a luchar, pero tenía una consideración fundamental errada: creía que los mejores luchadores contra esa desigualdad eran los lumpemproletarios, incluso los bandidos, por ser en apariencia los más enemigos de la sociedad capitalista.

Existía otra corriente socialista, la del socialismo  re- accionario que tenía partidarios entre la aristocracia francesa e inglesa, enfrentada a la clase de la moderna sociedad que venía a destronarla: la burguesa. En su li- teratura apelaron a hacer causa común con los «pobres

obreros» presentándoles su anticuado sistemade explota- ciónfeudalcomo«más benevolente»queel capitalista,sin

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CAPÍTULO 3 - El Manifiesto del Partido Comunista

percibir que  este  era  «precisamente  un  retoño  necesario del  régimen  social  suyo»;  además,  cuando  criticaban  a la burguesía por haber hecho  surgir la clase  de  los  proleta- rios, lo hacían sobre todo recriminando el carácter revo- lucionario de esta nueva clase.

El socialismo reaccionario también fue abanderado por la pequeñaburguesía que se veía abocada a la ruina con  el  desarrollo  de  la  gran  industria y,  como  es  natural, empuñóla causaobreradesdeel puntodevistadelinterés del pequeño propietario, por lo cual, si bien «Demostróde una manera irrefutable los efectos destructores de la maquinaria y de  la  división  del  trabajo,  la  concentración de los capitales y de la propiedad territorial, la superpro- ducción,las crisis,la inevitableruinade los pequeñosbur- gueses y de los campesinos,  la  miseria  del proletariado, la anarquía en  la producción...»1 su  anhelo  era reestable- cer las antiguas relaciones de propiedad y de producción, esto es, envez de mirarhaciaadelante, añorabanvolveral modo de explotación feudal que, como pequeños propie- tarios, les parecía más llevadero.

Y no faltaron los socialistas burgueses y pequeño- burgueses, representados por humanistas, benefactores, filántropos, reformadores, inventores de «sistemas» que curaran las lacras del capitalismo sin lucha revolucionaria y sin  cambiar  la  sociedad;  deseaban  atacar  los  males  del capitalismo, pero con el propósito expreso de consolidar la sociedad burguesa, lo cual era justamente su utopismo, pues dichos males surgen irremediablemente de las rela- ciones sociales de producción capitalistas.

Eran partidarios de un socialismo de pequeños propie- tarios, donde los obreros estuviesen apartados de todo movimiento revolucionario, siendo su máxima aspiración las reformas administrativas, sustentadas en la errónea te-



1 El Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo 3: Literatura socialistay comunista, El socialismo reaccionario.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

sis de que «No es tal o cual cambio político el que podrábeneficiarles, sino solamente una transformación de las condiciones  materiales  de vida,  de  las  relaciones  econó- micas».2 El representante más destacado de esta corrien- te fue Proudhon, ideólogo tanto del anarquismo como de«sistemas completos» de socialismo burgués, donde las«reformas administrativas» no afectan a las relaciones en- tre el capitaly el trabajo asalariado.

Ninguna de las anteriores corrientes socialistas com- prendió que la añorada nueva sociedad socialista solo puede provenir de las entrañas de la vieja sociedad capi- talista, en la cual son sus propias e intrínsecas contradic- ciones insolubles las que la empujan a nacer,y frente a las cuales el movimiento obrero tiene una misión histórica jamás enfrentada por clase alguna en la historia de la so- ciedad: «Su lucha es la lucha de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría, no por privilegiosy mo- nopolios de clase, sino porla abolición de todo dominioy toda diferencia de clase».

El Socialismo Científico

Junto y en lucha con las corrientes antes mencionadas, se desarrolló otro socialismo distinto en esencia: el so- cialismo científico. Desde 1844, Carlos Marxy Federico Engels  habían  coincidido  en  la  conclusión  de  que  la  po- lítica  y la historia hay que explicarlas por las relaciones económicas y no  a la  inversa, y habían  elaborado  los  as- pectos fundamentales de la concepción materialista de la historia, con la  cual  ya  se podía  explicar y entender  que fenómenos del Movimiento Obrero tales como la lucha de los luditas, el cartismo, el comunismo igualitario de Weitling no eran casualidades sino «formas»más o menos desarrolladas de la lucha de clase del proletariado contra la burguesía.



 



2 El Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo 3: Literatura socialista y comunista, El socialismo pequeñoburgués.

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CAPÍTULO 3 - El Manifiesto del Partido Comunista

En 1845 Marx había desarrollado su teoría materialis- ta de  la historia hasta comprender que  el  comunismo  no consistía en exprimirde la fantasía un ideal de la sociedad lo  más  perfecto  posible,  sino  en  comprender el  carácter, las condiciones y, como consecuencia de ello, los objeti- vos  generales  de  la  lucha  librada  por el  proletariado. Tal concepción materialista de la historia fue expuesta por vez primera en el manuscrito de Carlos Marx y Federico Engels: Laideología alemana (1845-1846).

Por esa misma época, el período de 1836 a 1852, trans- curría el primer Movimiento Obrero verdaderamente in- ternacional, el cual arrancó con el Movimiento Obrero alemán. En aquellos años, no solo era simultánea la lucha

obrera  por  reivindicaciones comunes en distintos países europeos, sino que las organizaciones obreras también eran internacionales, tal como la Liga de los Comunistas, primera organización  comunista internacional  del  prole- tariado,fundadabajola orientacióny participacióndirecta de Carlos Marxy Federico Engels en 1847, en un Congre- so de su antecesorala Liga de los Justicieros, organización política alemana fundada en  1836  con  predominio  de  las ideas del comunismo igualitario francésy de Weitling.

Marx  expuso su teoría  sobre el comunismo científico, cuyos principios fueron aprobados por unanimidad en el II Congreso de la Liga, encomendándosele que —junto con Engels— la presentara en forma de manifiesto. Así se elaboró el Manifiesto del Partido Comunista y fue publi- cado pocas semanas antes de la revolución de febrero de 1848; en él se cristalizó la derrota teórica de las corrien- tes socialistas premarxistas, pues echó portierratodas sus fantasías, al explicar las causas reales de la situación de la clase obreray el camino real para su emancipación.

Los prefacios del Manifiesto

En febrero de 1848, en Londres y en idioma alemán, el Manifiesto del Partido Comunista fue publicado por



 

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

primera vez. En los años posteriores fue editado tantas veces en diversos idiomas  y países, que Federico Enge- ls en los Prefacios a la edición inglesa de 1888 y alemana de 1890, resaltó: «...en 1887, el socialismo continental era casi exclusivamente la teoría formulada en el Manifiesto. Y así,  la historia del  Manifiesto  refleja hasta cierto  punto la historia del movimiento obrero moderno desde 1848. Actualmente es, sin duda, la obra más difundida, la más internacional  de  toda  la  literatura  socialista,  el  programa común  de  muchos  millones  de  obreros  de  todos  los  paí- ses, desde Siberia hasta California».

Escritos porMarxy/o Engels, cada edición iniciaba con Prefacios,degranimportanciaparacomprenderel origen, contenido y significación histórica del Manifiesto, tanto así, que se hizo costumbre incluirlos en las ediciones pos- teriores a 1893  y, hoy  en día, Prefacios  y Manifiesto son considerados como un solo cuerpo.

En ellos se recordaban o machacaban características básicas del marxismo, como la relación entre la teoríay la realidad, que en el Prefacio a la edición alemana de 1872 se  destaca así:  «Aunque  las  condiciones  hayan  cambiado mucho en los últimos veinticinco años, los principios ge- nerales expuestos en este Manifiesto siguen siendo hoy, en su conjunto, enteramente acertados». [...] «El mismo Manifiestoexplicaquela aplicaciónprácticade esosprin- cipiosdependerásiemprey en todaspartesde las circuns- tancias históricas existentes, y que, por tanto, no se con- cede importancia exclusiva a las medidas revolucionarias enumeradas al final del capítulo II».

O la teoría sobre el carácter de clase del Estado, que la  propia  lucha  de la  clase obrera  había  comprobado en las batallas de 1848  y 1871: «La Comuna ha demostrado, sobre todo, que“laclase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines”».



 

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CAPÍTULO 3 - El Manifiesto del Partido Comunista

Después de la muerte de Marx, en el Prefacio a la edi- ción alemana de 1883, Engels resalta la idea fundamental

o núcleo del Manifiesto, aclarando que pertenece única y exclusivamente a Marx: «...la producción económica  y la estructura social que  de  ella se  deriva necesariamente en cada época histórica, constituyen la base sobre la cual descansa la historia política e intelectual de esa época; que, por tanto, toda la historia (desde la disolución del régimen primitivo de propiedad común de la tierra) ha sido una historia de lucha de clases, de lucha entre clases explotadoras  y  explotadas, dominantes  y  dominadas, en las diferentes fases del desarrollo social; y que ahora esta lucha ha llegado a una  fase en que la clase explotada  y

oprimida (el proletariado) no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime (la burguesía), sin emancipar, al mismo tiempoy parasiempre, a la sociedad enterade laexplotación,laopresióny lasluchasde clases».

El Prefacio de la edición inglesade 1888 es buenaopor- tunidad para que Engels explique la relación entre la teoría  del socialismo científico  y el desarrollo del movi- miento obrero, cuya derrota en 1848 ocasionó el olvido del  Manifiesto  por más  de veinticinco  años,  luego  de  los cuales volvió al primer plano y se difundió profusamente entre el proletariado de todos los países, que había logra- do desarrollarse intelectualmente a través «...de la acción combinaday de la discusiónmutua.Los propiosaconteci- mientos y vicisitudes de la lucha contra el capital, las de- rrotas más aún que las victorias, no podían dejar de hacer ver a la gente la insuficiencia de todas sus panaceas favo- ritasy prepararel camino paraunamejorcomprensión de las verdaderas condiciones de la emancipación de la clase

obrera».

En estemismoPrefacioEngelsexplicaporquéal Mani- fiesto se le llamó comunista y no socialista: «...cuando fue escrito no pudimos titularle Manifiesto Socialista. En 1847 se llamaban socialistas, por  una  parte, todos los adeptos

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

de  los  diferentes  sistemas  utópicos;  ...de  otra  parte,  toda suerte de curanderos sociales que prometían suprimir, con sus diferentes emplastos, las lacras sociales sin dañar al capital ni a la ganancia. En ambos casos, gentes que se hallaban fuera del movimiento obrero y que buscaban apoyo más bien en las clases “instruidas”. En cambio, la parte de la clase obrera que había llegado al convenci- miento de la insuficiencia de las simples revoluciones po- líticas  y proclamaba  la  necesidad de una  transformación fundamental de toda la sociedad, se llamaba entonces co- munista.  Era  un  comunismo  rudimentario y tosco,  pura- mente instintivo; ...Así, el socialismo en 1847, era un mo- vimiento de la clase burguesa,y el comunismo lo era de la clase obrera».

¿Qué es el Manifiesto del Partido Comunista?

La  aparición  del  Manifiesto  coincide  con  las  insurrec- ciones obreras de 1848 en Alemania, Italia, Hungría y Francia, período en el cual la Liga de los Comunistas fue una  excelente  escuela  de  actuación  revolucionaria,  llevóla concienciay contribuyó a la dirección de la luchaobre- ra,  sorteando  incluso  limitaciones  de  la  clase  tales  como las  tendencias  nacionalistas,  localistas y la  falta  de  expe- riencia en la lucha política como clase guiada por un pro- grama independiente.

El auge de la revolución obrera culmina cuando la cri- sis industrial de 1847 es superada  y comienza un perío- do de prosperidad industrial, favoreciendo la  derrota  de las  insurrecciones  obreras,  aún  en  el  caso  de  los  obreros de París quienes más allá de derribar al gobierno, estaban dispuestos a derrocar todo el régimen burgués, pero no pudieron coronar tal revolución porque ni el desarrollo económico del país, ni la conciencia de la clase obrera francesa  habían  alcanzado  su  nivel.  Los  burgueses  cose- charon los frutos de la revolución, impusieron la reacción

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CAPÍTULO 3 - El Manifiesto del Partido Comunista

y en 1852 condenaron a los dirigentes de la Liga en el pro- ceso de Colonia.

El  Manifiesto  fue  el  Programa  internacional  de  la  Liga de los Comunistas y, como tal, el Programa Comunista del movimiento obrero, en el cual se expuso por vez pri- mera la teoría del  comunismo  científico,  demostrando  la inevitable derrota del capitalismo  y la necesaria  victoria de la revoluciónproletaria,queencuentraen la propiaso- ciedadcapitalistalas contradiccionesy las fuerzassociales necesarias para su realización.

En el Manifiesto, dice Lenin:«Se expone, con una cla- ridad y una brillantez geniales, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente aplicado también al campode la vidasocial,la dialécticacomola máscomple- ta y profunda doctrina del desarrollo, la teoría de la lucha de clasesy del papel revolucionario histórico mundial del proletariadocomocreadorde unasociedadnueva,comu- nista».

Por  su  contenido  es  el  Programa  de  lucha  de  la  clase de los proletarios; porsu forma es unadeclaración públi- ca de los conceptos, fines y tendencias del Partido de los comunistas.

Burguesesy Proletarios

Es la primera parte del Manifiesto, en la cual se precisa el papel de la lucha de clases como motor del desarrollo histórico, y cómo en la sociedad capitalista las contradic- ciones de clase se han simplificado a tal punto, que se po- larizaron en una lucha irreconciliable entre burgueses y proletarios.

Marx  y Engels advirtieron la cercanía del ocaso de la burguesía, como en efecto ocurrió a partir del siglo XX cuando el capitalismo entró en su fase de agonía imperia- lista.Esa advertencianoeraunaprofecía,sinoel resultado

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

de su comprensión científica del movimiento materialista dialéctico de la sociedad, pues habían comprobado —en el laboratorio de la historia— que la burguesía  ya había cumplido su papel revolucionario frente a las relaciones feudales: creando el mercado mundial  y dándole un ca- rácter cosmopolita a la producción y al consumo de las mercancías;  sometiendo  el  campo  a la  explotación  de  la ciudad  y, por  ende, subyugando a los  campesinos al do- minio burgués; subordinando los países bárbaros a los ci- vilizados y el Oriente al Occidente; aglomerando a la po- blación; transformando los pequeños talleres en la gran fábrica capitalista; centralizando los medios de produc- ción y concentrando su propiedad en manos de unos po- cos.

Ese portentoso desarrollo de las fuerzas productivas (instrumentos de producción y hombres trabajadores) re- sultó demasiado poderoso para las relaciones sociales de producción burguesas que, por estar basadas en la explo- tación  del  trabajo  asalariado,  se  convirtieron  en  un  obs- táculo que impide el libre desarrollo de las fuerzas pro- ductivas, ahogándolas  y destruyéndolas. La Negación de la Negación, ley dialéctica que también rige inexorable el desarrollo social, ha dictado su sentencia: ¡la burguesía tiene que perecer!, porque solo puede existir a condición de desarrollarincesantementelas fuerzasproductivasy, al hacerlo, las nuevas fuerzas productivas socializadas exi- gen  nuevas y acordes  relaciones  sociales  de  producción, ya no  basadas  en  la explotación,  sino  en  la cooperación; exigen el fin del dominio explotador y opresor de la bur- guesíasobrela sociedady, portanto,el fin de la propiedad privada sobre los medios de producción, pues las relacio- nes  de  propiedad  son  apenas  la expresión  jurídica de  las relaciones de producción.

La  rebelión de las fuerzas productivas contra  las rela- ciones capitalistas de producción desata fuerzas econó- micas incontrolables, manifiestas en crisis comerciales  y

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CAPÍTULO 3 - El Manifiesto del Partido Comunista

de producción que, como una epidemia de superproduc- ción, azota a toda la sociedad por poseer demasiados me- dios de vida, demasiada industria, demasiado comercio, privándola súbitamente de todos sus medios de subsis- tencia. Impotente, la burguesía se  ve obligada a destruir en  masa  las  fuerzas  productivas y a intensificar la  explo- tación, con lo cual lo único que hace es preparar nuevasy más profundas crisis.

El  Manifiesto  explica  cómo  la  burguesía  no  solo  trabóel desarrollo de toda la sociedad, sino que además creó la clase encargada de revolucionar las relaciones sociales de producción: el proletariado, a quien le corresponde se- pultar a la burguesíay su sistema capitalista.

Los  proletarios  son  los  obreros  modernos,  clase  social que  solo  puede vivir a condición  de  encontrar trabajo, y solo lo encuentra a condición de que acreciente el capi- tal. Su única y exclusiva propiedad es su fuerza de traba- jo, convertida en una mercancía sujeta a los vaivenes del mercado y de  las  crisis,  cuyo  precio—elsalario—  se  re- duce a lo que cuestan los medios indispensables paravivir y reproducirse. Bajo las relaciones capitalistas de explota- ción, el trabajo asalariado no tiene atractivo para el obre- ro,  porque  con  él  no  crea propiedad  para sí  mismo,  sino capital parael burgués, quien lo acumulacomo propiedad privada. Y  si quienes producen el capital constituyen la inmensa  mayoría  de  la  sociedad,  es  a ella  a quien  le  co- rresponde apropiarse de su producido, en calidad de pro- piedad socialista, lo cual sí se corresponde con el carácter social de la producción.

La gran fábrica capitalista concentró grandes masas de

obreros en verdaderos cuarteles donde «no son solamen- te esclavos de la clase burguesa, del Estado burgués, sino diariamente,a todashoras,esclavosde la máquina,delca- pataz y, sobre todo, del patrón de la fábrica». De ahí que la clase de los obreros modernos, debido a su situación



 

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

de  productores  de  la  riqueza  social y de  desposeídos  de propiedad sobre los medios de producción, se constitu- ye en la única clase verdaderamente revolucionaria en la sociedad capitalista. En cambio, la pequeñaburguesía es una clase inestable y vacilante ante la revolución, debido a que tiene un doble carácter: propietaria  de medios de producción (lo cual la torna conservadora y reaccionaria) y constantemente  arruinada y lanzada a las  filas  del  pro- letariado (lo cual la vuelve revolucionaria en la medida en quedefiendano sus interesespresentes,sinosus intereses futuros).

Desde cuando surge la clase obrera, comienza su lucha contra la burguesía, si bien en un comienzo es aislada, lo- cal y contra las máquinas, después logra uniones y coali- ciones en cada país y a nivel internacional, facilitadas de una parte  porque  los  obreros  no  tienen  patria y,  de  otra, porque «los intereses  y las condiciones de existencia de los proletarios se igualan cada  vez más a medida que la máquinava borrandolas diferenciasen el trabajoy reduce el salario,casientodaspartes,a un niveligualmentebajo». Esa  unión  cada vez  más  extensa  de  los  obreros  convier- te  su  lucha  en  una  lucha de  clase,  es  decir,  en  una  lucha política que va más allá de la lucha inmediata en defensa del salario. Es así que los proletarios se  ven abocados a empuñar las armas sociales que la propia burguesía a for- jado para su muerte, pero ellos, «no pueden conquistar las fuerzas productivas sociales, sino aboliendo su propio modo de apropiación en vigory, por tanto, todo modo de apropiación existente hasta nuestros días. Los proletarios no tienen nada que salvaguardar; tienen que destruirtodo lo quehastaahorahavenidogarantizandoy asegurandola propiedad privada existente».

La  magistral  conclusión  del  primer capítulo  del  Mani- fiesto:«La existenciadela burguesíaes,enlosucesivo, incompatibleconla dela sociedad...Su hundimiento y la victoria  del proletariado son igualmente inevi- tables»ha alentado e inspirado la lucha del Movimiento

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CAPÍTULO 3 - El Manifiesto del Partido Comunista

Obrero Mundial a lo largo de los últimos años, en los cua- les, en tres ocasiones ha logrado tomarse el cielo por asalto.

Proletariosy Comunistas

El capitalismo es el triunfo del dominio económico y político de la burguesía en la sociedad, pero su existencia está  condicionada  por el  trabajo  asalariado  de  los  prole- tarios; por  tanto, esta  clase de obreros modernos puede decidir el  fin  del  capitalismo  si  pone  fin  a la  explotación asalariadade su trabajo.Es esala misiónhistóricadel pro- letariado,  y a ella está dedicado el segundo capítulo del Manifiesto.

La fuerza de trabajo de todo el proletariado (tanto de quienesestánactivos,comodequienesestánenla reserva delas filas deldesempleo)estáa disposicióndetodoel ca- pital, que la consume en la producción de los bienes ma- terialesde la sociedad.Su resultadoes un productosocial, un capital acrecentado, valorizado, que no se convierte en propiedad de toda la sociedad, sino en capital privado. Esto ocurre porque las relaciones sociales de producción entre capitalistas y obreros son de explotación asalariada, puesla propiedadprivadade los capitalistassobrelos me- diosde producciónles da derechoa apropiarsedelcapital social, retribuyendo a los proletarios dueños de la fuerza de trabajo solo un salario para reponerlay reproducirla.

Para  que  el  proletariado  pueda  romper  las  cadenas  de su esclavitud asalariada, tiene que hacersaltarlos cimien- tos  de  toda  la  sociedad  capitalista.  En  una  palabra,  tiene que abolir la propiedad privada burguesa como la expre- sión más acabada de la propiedad privada en general; ese es precisamente el gran propósito de los comunistas.

Diceel Manifiestoquelos comunistasno tienenni pue- den tener  otros intereses distintos a los del proletariado en su conjunto; no proclaman ni inventan ideas y princi- pios sectarios ajenos a la sociedad, pues sus teorías son la

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

expresión de las condiciones reales de la lucha de clases existentey desu movimientohistórico.Los comunistasno son  un  partido  separado  del  proletariado,  sino  una parte de él; prácticamentees el sectormásresueltoquesiempre impulsa hacia adelante a los demás; teóricamente tiene unaventaja sobre el resto del proletariado: su visión clara de las condiciones, la marcha  y los resultados generales del movimiento proletario.

El Manifiesto señala que, a diferencia de otros partidos–patrióticos, nacionalistas, reformistas– el de los comu- nistashacevalerlos interesescomunesde todoel proleta- riadoindependientementede su nacionalidad,puescomo clase obrera mundial no tiene patria, y sí, unos mismos enemigos, unos comunes intereses  y unos idénticos ob- jetivos; así mismo, los comunistas representan los intere- ses del movimiento obrero en su conjunto en las diversas fases de desarrollo de la  lucha  entre el proletariado  y la burguesía.

«Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada»puntualiza el Manifiesto. Y esto significa abolir la propie- dad privada burguesa, pues de un lado, la propiedad pri- vada del pequeño propietario de la ciudad  y del campo ya la ha ido aboliendo la misma industria capitalista y, de

otro, el trabajo asalariado no crea propiedad para el pro- letario, solo acrecienta el capital, como producto colecti- vo de muchos miembros de la sociedad que se lo apropia una sola clase: la burguesía.

Terminar  con el carácter  de clase de la  propiedad so- bre ese producto colectivo, transformándola en propie- dad  de  todos  los  miembros  de  la  sociedad,  es  la  esencia de la abolición de la propiedad privada que se proponen los comunistas.«Porconsiguiente,–diceel Manifiesto–lo que el obrero asalariado se apropiaporsu actividad es es- trictamente lo que necesita para la mera reproducción de

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CAPÍTULO 3 - El Manifiesto del Partido Comunista

su vida.No queremosde ningunamaneraabolirestaapro- piación personal de los productos del trabajo, indispensa- ble  a la mera reproducción  de  la vida humana,  esa apro- piación,  que  no  deja ningún  beneficio  líquido  que  pueda dar  un  poder  sobre  el  trabajo  de  otro.  Lo  que  queremos suprimires el caráctermiserablede esaapropiación(...) El comunismo no arrebata a nadie la facultad de apropiarse de los productos sociales; no quita  más que el poder  de sojuzgar el trabajo ajeno por medio de esta apropiación».

Hacer  saltar  los cimientos de toda la sociedad capita- lista significa, entonces, expropiar a los expropiadores–«violación despótica del derecho de propiedad y de las relacionesburguesasde producción», en palabrasdelMa- nifiesto–, romper las relaciones sociales de explotación asalariaday romperconlas relacionesde propiedadtradi- cionales, todo lo cual conllevaría a cambiar las ideas do- minantes en la sociedad capitalista que son las ideas de la burguesía, a cambiar el carácter de clase en la educación arrancándolade su influencia,a terminarla situaciónde la mujercomo simple instrumento de reproducción, a abolir la explotación de una nación por otra. En todo esto con- siste la revolución del proletariado.

Ella, exige que los comunistas dejen claro en la con- cienciade la claseobrerasu antagonismoconla burguesía y la necesidad de constituirse en clase cuya organización y destacamento devanguardiasea el partido de los comu- nistas, organizador y dirigente de su lucha política contra la dominación burguesa. Derrocarviolentamente el poder de la burguesíaes condiciónparaqueel proletariadopue- da conquistar el poder político  y convertirse en la clase dominante de la sociedad, sin lo cual jamás podría expro- piar el capital a la burguesía.

En las palabras finales del segundo capítulo del Ma- nifiesto  se  indica  el  inevitable  rumbo  de  la  sociedad  ha- cia el comunismo: «En sustitución de la antigua sociedad

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, sur- girá una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos».

En la entrega No. 5 de estas Memorias se hizo referen- cia a la críticade la literaturasocialistay comunista–con- tenido del tercer capítulo del Manifiesto– que por aque- lla época de 1847 se difundía entre el movimiento obrero europeo.

Enel capítulofinaldelManifiesto,dedicadoala «Actitud de los comunistas ante los diferentes partidos de

oposición», Marxy Engels dejan nítido el deslinde de los comunistas con respecto a los partidos oportunistas cuyo interésporlas ventajasinmediatasy pasajerasdeun sector del proletariado en un momento dado o en un país deter- minado, los lleva a la renuncia de los objetivos finales de todo  el  movimiento,  mientras  que  los  comunistas,  por el contrario, al luchar por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera, defienden siempre su por- venir dentro del movimiento actual.

Las palabras finales del Manifiesto del  Partido Comu- nista  condensan  la forma como  se  lograrán  los  objetivos de los comunistas, el inevitable fin que le espera a las cla- ses explotadoras y el luminoso porvenir del proletariado:

«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos solo pueden ser alcanzados derrocando por la  violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no  tienen  nada  que  perder  en  ella  más  que  sus  cadenas. Tienen,  en  cambio,  un  mundo  que  ganar.  ¡Proletarios  de todos los países, uníos!».

Ningún  obrero  deseoso  de  participar conscientemente en la lucha contra la explotación capitalista puede que- darse sin leerel Manifiesto del Partido Comunista, que es el programa de su lucha como clase mundial.

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores



 

 



CAPÍTULO 4

 

 

LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES

 

Algunos antecedentes de la I Internacional

La salida a la luz pública del Manifiesto del Partido Co- munista (1848) coincide con una gran agudización de la lucha de clases entre el proletariadoy la burguesía en Eu- ropa: la revolución de febrero en Francia, la insurrección popular de marzo en Vienay en Berlín, la insurrección de junio en París, las insurrecciones de liberación nacional en Hungría, Italia y Polonia. En todas ellas fue doblegada la clase obrera, declinó el movimiento revolucionario por reformas  sociales  en  Europa,  desapareció  el  movimiento

obrero de la escena política, quedando relegadas a un se- gundo plano las tesis del Manifiesto.

La más significativa de las batallas de clases ocurrió en- tre el 23 y 26 de junio de 1848 en París, donde los obre- ros realizaron una insurrección, tan heroica y radical que ha sido incrustada en la historia del movimiento obrero como su primera  gran guerra  civil contra  la  burguesía;  y

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

su derrota, como unade las más sanguinariasy crueles re- presalias de la burguesía francesa contra el proletariado.

Fue tal el exterminio que, dice Engels en uno de los prólogos del Manifiesto:«Relegó de nuevo a segundo pla- no, por cierto tiempo, las aspiraciones sociales y políticas de la clase obrera europea (...) hubo de limitarse a luchar por un  escenario  político  para  su  actividad y a ocupar la posición de ala extrema izquierda de la clase media radi- cal.  Todo  movimiento  obrero  independiente  era  despia- dadamente perseguido, en cuanto daba señales de vida».

Los acontecimientos de la  lucha  de clases en Francia, entre 1848  y 1851, fueron analizados magistralmente por Carlos Marx en su obra El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, en la cual desarrolla las teorías de la lucha de clases y la revolución proletaria, la doctrina del Estado y la dictadura del proletariado, llegando a concluir que:

«Todas  las  revoluciones  perfeccionaban  esta  máquina  [el Estado], en vez de destrozarla», con lo cual definió —con toda  precisión—  el  asunto  fundamental  de  la  actitud  del proletariado  frente  al  Estado  burgués:  destruirlo y cons- truir  uno nuevo. En esta obra, también Marx  dedica es- pecial  atención  al  estudio  de  la  importancia  que  tiene  el campesinado como aliado del proletariado, y al papel de los partidos políticos en la vida social.

Si bien la Liga de los Comunistas hacía propaganda por doquier  estuvieran sus miembros en los distintos países, era débil como organización para poder acelerar el movi- miento revolucionario; aun así, con tal limitación, fue una excelente escuelade actuación revolucionaria. En 1850 se dividió en dos fracciones: la de Marxy Engels y la de Wi- llich y Schapper,  partidarios  de  la  tesis  «extremoizquier- dista» de que para organizar una nueva insurrección en Alemaniabastabacon conseguir, mediante un empréstito, una cantidad de dinero y reunir algunos hombres resuel- tos para provocarla.



 

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

El período de la lucha de clases que despunta con la derrota de las insurrecciones obreras en Europa es unaépoca de temible reacción monárquico-burguesa que se extiende hasta 1862, en la cual son suprimidas todas las libertades políticas, prohibidas las uniones obreras y apresados varios dirigentes de la Liga de los Comunistas, contraquienesse organizóel procesode Coloniade 1852; mediante documentos falsos y perjurios, se condenó a siete de los once acusados a penas de cárcel entre tres y seis años. Los miembros restantes disolvieron formal- mente la Liga.

Por aquellos años, al ceder la crisis económica de 1847, sobreviene la prosperidad: un auge industrial que, unido a la gran emigración de proletarios (muchos de ellos exper- tos insurrectos), causada por el descubrimiento de minas de oro en Californiay enAustralia, desalentó todo intento de movimientorevolucionarioy paralizóla organizacióny el movimiento obrero hasta los años de la siguiente crisis en  1857.  Cuando  comienza  un  nuevo  reanimamiento  del proletariado, sobre todo de las ramas de la construccióny del mueble,y muyespecialmente el proletariado de Sajo- nia (Alemania), donde representantes de la «vieja guardia»del movimiento obrero de 1848 le hacían propaganda a la necesidad de un movimiento obrero independiente que no  se  convirtiera en  simple  comodín  de  la lucha entre  la burguesía progresistay Bismarck –ministro presidente de Prusiay representante de los «junkers» (aristocracia terra- teniente)–,sinoqueaprovecharaa su favoresacontradic- ción.

Es entonces cuando salta a la escena el abogado Fer- nandoLassalle,fundadordela tendenciaoportunistaenel movimiento obrero alemán, al cual se adhiere después de ser partícipe del movimiento democrático en 1848. Ami- go del éxito inmediato y la «política positiva», extremada- mente vanidoso para impresionar a las masas atrasadas, y presuntuoso de ser el creador del movimiento obrero

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

alemán, negando todo nexo con el anterior  movimiento revolucionario,  Lassalle  coquetea con  el  gobierno,  silen- ciando la contradicción del movimiento obrero con los«junkers». Crédulo de las bondades del Estado, con fre- cuencia recomienda a los obreros inadmisibles súplicas que, según él, Bismarck atendería por contrariar a la bur- guesía.

Para enfrentaral programa que los progresistas burgue- ses proponían pararemediarla situación de miseriade los

obreros,  levantó  la  bandera  de  la  imprescindible  necesi- dad de organizar un partido obrero y, tomando prestadas ideas del Manifiestoy de otras obras de Marx, las pervier- te, quitándoles su filo revolucionario con el argumento de  que,  por táctica,  no  se  podía asustar a las  masas  poco conscientes con las ideas del comunismo.Así, termina re- duciendo su Programa Obrero a la conquista del sufragio universal como reivindicación política fundamental y, en lo económico, a organizar sociedades de producción con la ayuda de créditos del Estado, pues, de acuerdo con su«ley de bronce», es imposible elevar el salario más allá de un mínimo determinado.

Los  comunistas  por su  parte,  encabezados  por Marx y Engels, rechazaron ese programa, mantuvieron su activi- dad propagandística demandando la independencia del movimiento  obrero,  tanto  con  respecto  a Bismarck y los«junkers» como a la burguesía, denunciando que en las verdaderas causas de las diversas guerras que azotaban a Europa  estaban  los  intereses  capitalistas  de  la  burguesía, animando al proletariado a emprender de nuevo su com- bate de clase contra sus enemigos, para lo cual era nece- sario reorganizar sus fuerzas a nivel internacional.

Fundación de la Asociación Internacional de losTrabajadores

El 28 deseptiembrede1864 enSt. Martin’sHalldeLon- dresse llevóa caboungranmitininternacionaldeobreros,

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

enel cual,se fundóla AsociaciónInternacionaldelos Tra- bajadores(conocidaluegocomoI Internacional).Se eligióun Comité Provisional (órgano dirigente de la Asociación, y conocido posteriormente como el Consejo General o Consejo Central) compuesto de unos cincuenta  vocales, la mitad de ellos obreros ingleses; una decena, alemanes, en su mayoría antiguos miembros de la Liga de los Comu- nistas, como Marx, Eccarius, Lessner, Lochnery Pfänder; nueve  franceses;  seis  italianos;  dos  polacos y dos  suizos. El Comité nombró unaSección encargadade prepararlos proyectos de un Manifiesto Inaugural y unos Estatutos de la Asociación, documentos redactados magistralmente por Carlos Marx,y que el 1° de noviembre de 1864 fueron aprobados por unanimidad  y con gran entusiasmo en el Comité.

Y  no era  nada  fácil lograr  la  unanimidad de represen- tantes obreros de países como Francia e Inglaterra donde el nuevo resurgir del movimiento obrero se había encon- trado con una unidad nacional consolidada; mientras que enAlemaniae Italiaardían los movimientos nacionales de independencia, lo cual contrarrestaba el espíritu interna- cionalista de  la nueva Asociación.  De  igual  forma que  en ella convergían corrientes como la influida por Blanqui, cuyo programa no se basaba en la lucha de la clase obrera sino en la audacia de una minoría para alzarse con el po- der en un golpe de mano; o la fuerte corriente en el pro- letariado francés influida por las ideas de Proudhon, cuyo programa renunciaba a la lucha política de la clase obrera a cambio de experimentos tales como obtener créditos bancarios gratuitos para los obreros, a cuenta del Estado.

A pesarde talesdiferencias,el surgimientode la Asocia- ciónocurreporquela claseobrerase habíarecuperadode las  derrotas  sufridas  en  los  años  1848-1852,  había vuelto a reunir un vasto  ejército  para poder enfrentar de  nuevo a sus  enemigos  de  clase.  La Asociación  Internacional  de los Trabajadores no fue una organización restringida a los

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

comunistas, ni mucho menos, sino que tuvo como fina- lidad  unificar y articular la lucha dispersa del  movimien- to obrero en los distintos países o, como escribió Engels,«agrupar en su seno a todo el proletariado militante de Europa y América»en correspondencia con el carácter internacional de la lucha del movimiento obrero, procla- madoen el Manifiesto del Partido Comunistay expresado en su llamado final: ¡Proletarios del mundo, uníos!

El carácteramplio de la Asociación no permitíaadoptar plenamente el programa comunista del Manifiesto, sino uno más amplio, que diera cabida a otras distintas co- rrientes del movimiento obrero: los tradeunionistas ingle- ses; los proudhonistas franceses, belgas, italianos y espa-ñoles; los lassalleanos alemanes.Y no se crea que era este un ensayo de conciliación y eclecticismo, era la exigencia necesaria del desarrollo del movimiento obrero en ese entonces; planeada conscientemente por los marxistas pues,  para que  las  tesis  del  socialismo  científico  expues- tas en el Manifiesto triunfaran sobre el resto de corrientes socialistas  era necesario,  no  tanto  cultivar en  privado  «el pensamiento del liderato», como pregonaron algunos gru- pos y partidos  del  entonces  MRI,  sino,  ante  todo y sobre todo–yen ello confiaba ciegamente el mismo Marx–, «el desarrollointelectualdela claseobrera,quedebíaresultar inevitablemente de la acción combinaday de la discusión mutua».

La AsociaciónInternacionalde los Trabajadoresse pro- puso reemplazarlas viejasy desgastadas sectas socialistas, porunaverdaderaorganización de la clase obreraque sir- viera para llevar a cabo  su  lucha real. Así,  el  trabajo  fun- damental de la Asociación se encaminó a formar, en las ideas del socialismo científico, la conciencia de los obre- ros  de vanguardia  de  los  países  capitalistas;  pero,  no  por ello dejó de participardecididay activamente en los com- bates  directos  del  proletariado,  de  los  cuales  el  principal



 

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

poraquellaépocafue la revoluciónobrerade 1871: La Co- muna de París.

El Programa de la Asociación Internacional de los Tra- bajadores  está expresado  en  el  preámbulo  de  los  Estatu- tos,y plantea:

•þÿLaemancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera.

•þÿLa emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios de clase, sino porla abolición de todo domi- nio de clase.

•þÿEl sometimiento económico del trabajador a los mono- polizadores de los medios de trabajo, es decir, de las fuentes  de vida,  es  la  base  de  la  servidumbre  en  todas sus formas, de toda miseria social, degradación intelec- tualy dependencia política.

•þÿLa emancipación económica de la clase obrera es el gran fin al que todo movimiento político debe ser  su- bordinado como medio.

•þÿTodoslos esfuerzoshaciaestefin hanfracasadoporfal- ta de solidaridad entre los obreros, y de unión fraternal entre las clases obreras de los diferentes países.

La amplitud del Programa de la Asociación era una in- evitable necesidad para el ulterior desarrollo amplio y unificadodel movimientoobreropero, a su vez, implicaba enfrentar  a corrientes  tan  hostiles  al  Marxismo,  como  el Anarquismo de la Alianza de la Democracia Socialista di- rigida por el ruso Bakunin; y, aunque la condición para su ingreso era disolverse, una vez admitida rehusó la disolu- cióny, porel contrario, Bakunin se propuso crear, bajo su propiadireccióny al interiorde la Asociación, «otrainter- nacional» fraccional llamada La Alianza de la Democracia Socialista.

En oposición al programa de los comunistas, cuya base  es  la  lucha  política  del  proletariado,  el Anarquismo

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Bakuninista confeccionó un programa con retazos de ideaspequeñoburguesas,superficialmentehilvanadas,ba- sado en la negación de la lucha política de la clase obrera:

•þÿSupanacea: la igualdad de las clases, pero sin atacar las causas reales de las diferencias de clase en la sociedad.

•þÿSu consigna: ¡contra el autoritarismo! suprimiendo el Estado mediante un decreto (¡¡¡del Estado!!!)

•þÿSu punto de partida para el movimiento social: la aboli- ción del derecho de herencia.

•þÿSu dogma obligatorio: el ateísmo para los miembros de la Internacional.

•þÿSu dogmaprincipal:la abstenciónproudhonistadelmo- vimiento político.

Con un programa  así, no era  de extrañar  que después de la derrotade la Comunade Parísen 1871, Bakuniny sus discípulos se manifestaran contra  la  idea  de la  dictadura delproletariado,y contrala constituciónde su partidopo- lítico independiente organizado de acuerdo con el princi- pio del centralismo democrático.

El anarquismo, con su intriga escisionista, saboteó el propósito de la Internacional, obligándola a expulsar a Bakunin en 1872, en el Congreso de La Haya, en el cual se consideró que la Internacional había cumplido su papel histórico, que consistía en echar los cimientos de la lucha internacional por el socialismo. Era el momento para que el movimiento obrero desplegaratodasu amplitudy crea- ra partidos socialistas en cada país.

La batalla del marxismo contra el anarquismo, en el senode la AsociaciónInternacionalde los Trabajadores(y en el propiosenodelConsejoGeneral),fueen realidadun combate sin tregua contra las sectas que impideny desar- man la lucha real de la clase obrera.

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

Los estatutos de la Asociación Internacional de losTrabajadores

Los integrantesde la Comisión,quehabíasidoencarga- da por el Comité Provisional (más tarde llamado Consejo General)  para  redactar el  Proyecto  de  Estatutos,  presen- taron no una, sinovarias propuestas. Fue el caso de Man- zzini quien, sin comprender la importancia ni el papel de la lucha de  clases  del  proletariado,  hizo  corresponder su Proyecto  de  Estatutos  más  con  la rigurosa centralización de una secta de conspiradores que con la organización de la Asociación Internacional, dispuesta, ante todo, a co- nectar y unificar  el  movimiento  de  la  clase  obrera,  hasta entonces disperso en los diversos países.

Por  su parte, el Proyecto de Estatutos presentado por CarlosMarxse correspondíaconel amplioManifiesto In- augural de la Asociación, pues ambos se atenían estricta- mente  a la  situación y a las  exigencias  del  momento,  sin abandonar la perspectiva del comunismo.  Ambos docu- mentos eran como el Manifiesto Comunista: fuertes en su fondo, en su contenido; y, a la vez, se diferenciaban deél  en  que  tenían  una forma suave.  El  Comité  Provisional acogió por unanimidad, el 1.o de noviembre de 1864, este proyecto  como  los  Estatutos  Provisionales  de  la Asocia- ción  Internacional  de  los Trabajadores y,  solo  hasta sep- tiembre de 1871 la II Conferencia de Londres, sobre la base de los Estatutos Provisionales, aprueba los Estatutos Generales de la I Internacional.

Los Estatutos de la I Internacional tienen dos partes di- ferenciadas: principios  y organización. En la  primera, se formulan las tareas generales del movimiento obrero a ni- vel internacional, a manera de un resumen del contenido fundamental expuesto en el Manifiesto Inaugural: la cla- se obrera como protagonista de su propia emancipación, cuyo carácter es internacional, pues no se trata de un problema nacional ni local, sino social; la emancipación

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

económica de la clase obrera como supremo objetivo, al cual  debe  subordinarse  todo  movimiento  político,  como medio.

En la parte de organización, los Estatutos establecen el nombre de la Asociación; ordenan que todos los años los delegados de las secciones realicen un Congreso obrero general que proclame las aspiraciones comunes de la cla- se  obrera,  tome  las  medidas  para asegurar el  éxito  de  las actividades de la  Asociación  y elija su Consejo General, integrado porobreros de los diferentes países, entre quie- nesse designaránresponsablesparagestionarsus asuntos, talescomoun secretariogeneral,un tesoreroy secretarios para cada país.

Es de anotarque, a lo largo de la historiade la I Interna- cional, sus Estatutos conservaron intactos sus rasgos fun- damentales,  sufriendo  apenas  modificaciones  en  asuntos de orden secundario. Una de ellas fue la de, por iniciativa de Marx, suprimirel cargo de «Presidente» establecido en los Estatutos Provisionales, pues en la práctica, el propio trabajo de los secretarios lo convirtió en un cargo inútil.

Los Estatutos determinaron las atribuciones del Conse- jo General:

•þÿServir de órgano internacional de enlace entre las orga- nizaciones obreras de los diversos países.

•þÿInformarlos constantemente sobre el acontecer de su movimiento en los demás países.

•þÿOrganizar y dirigir investigaciones  estadísticas  sobre  la situación de la clase obrera en los diversos países.

•þÿSometera debate, en todas las asociaciones obreras, los temas de interés general que proponga alguna de ellas.

•þÿUna vez  definida la acción  inmediata,  como  el  caso  de conflictos internacionales, impulsar acciones conjuntas y simultáneas de la clase obrera.



 

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

•þÿImpulsary contribuir a la centralización nacional de las numerosas, pequeñas, aisladas y dispersas sociedades

obreras locales.

•þÿPublicar informes periódicos para facilitar la relación entre las asociaciones.

Finalmente, los Estatutos de la I internacional permiten conservar intacta la organización de las sociedades obre- ras que se le adhieran, responsabilizan a cada sección de la Internacional de la honestidad de los miembros admiti- dos y establecen que puede ser aceptado como miembro todo el que adopte y defienda los principios de la Asocia- ción Internacional de los Trabajadores.

Los Estatutos Generales de la I Internacional se convir- tieron en el modelo de Estatutos adoptado por  diversos partidos en Europa. Su correcta concepción sobre la im- portancia decisiva de la lucha de clase de los obreros per- mitía (en viday presencia del propio Marx) que reuniones tan importantes como lo fue la I Conferencia de Londres, de 1865, según relato de Franz Mehring: «Deliberaba por las mañanas a puerta cerrada bajo la presidencia de Jung, y por las noches en sesiones semipúblicas que presidía Odger. En estas reuniones nocturnas se debatía ante un público obrero, los puntos esclarecidos en las sesiones privadas».

Los Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los  Trabajadores son ejemplo de cómo la  unidad or- ganizativa del proletariado presupone  y exige su unidad ideológica y política; y, sobre todo, cómo puede materia- lizar  de una forma sencilla pero clara  y precisa, las nor- mas por las cuales rige su vida organizada. Las polémicas en torno a los Estatutos Generales demuestran que no es nada nueva la lucha entre quienes desprecian la organi- zación  de  los  obreros,  o la  reducen  a la  organización  de sectas aisladas de conspiradores, y quienes, adoptando el principio de los Estatutos Generales que dice: «El éxito

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

del movimiento obrero en cada país, no puede ser asegu- radomásqueporla fuerzaresultantede la unióny la orga- nización», conciben la organización de los obreros como un  fuerte y eficaz  instrumento  de  su  lucha de  clase.  Esta divergencia es tan vieja como la lucha entre el marxismo y el oportunismo.

Vicisitudes de la I Internacional

La Asociación  Internacional  de  los  Trabajadores  (I  In- ternacional) se fundó para organizar al proletariado de Europa y América en un gran ejército internacional cuya lucha fuera unida y mancomunada. Esa característica im- plicómuchasde sus vicisitudes,de las cualesvamosa des- tacar algunas relacionadas con los siguientes aspectos:

Primero, porserunaorganización obrerainternacional, tuvo la gran ventaja de ser apoyada por la clase más joven y revolucionaria de la sociedad pero, así mismo, sufrió las mismas dificultades económicas en que se debate esa cla- se  explotada y desposeída  de  los  medios  de  producción, recibió en su seno los litigios originados en la situación política y social del proletariado y fue hostigada por la burguesía,  dispuesta  a hacer fracasar este  primer intento internacionalista del proletariado de organizarse y luchar como una sola clase.

Segundo, por la amplitud programática de la I Interna- cional  para  permitir  la  incorporación  de  las  diversas  co- rrientes del movimiento obrero en un único ejército in- ternacional proletario, la Asociación Internacional de los Trabajadores fue un hervidero permanente de lucha de líneas, lo cual permitió su desarrolloy el cumplimiento de su papel de formar, en los países capitalistas de la época, la conciencia de los obreros en las ideas del socialismo científico.



 

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

Crisis financierasy desafíos organizativos de la I Internacional

La situación financiera de la I Internacional siempre fue de calamidad, «el presupuesto del Consejo General se componía de cantidades negativasy en progresión ascen- dente», en palabras de Marx. Una idea más concreta de estasituación la puede brindarel hecho de que durante el primer año solo se recaudaron 33 libras, y el presupuesto de gastos de propaganday realización del primerCongre- so se estimaba en 150 libras; todo porque el aporte de las

organizaciones obreras era en extremo modesto en com- paración con la numerosa cantidad de sus afiliados.

Cuando se funda la I Internacional, Carlos Marx no te- nía en el centro de sus preocupaciones las tareas de orga- nización, sino que se hallaba trabajando intensamente en su obra cumbre El Capital; sin embargo, por el desarrollo de  los  acontecimientos  en  la Asociación,  se vio  obligado a participar activamente y al hacerlo, con su claridad teó- rica sobre la misión del movimiento obrero y el papel de su  lucha  de  clase,  terminó  siendo  el  cerebro  del  Conse- jo General a cuyo trabajo dedicaba una gran cantidad de esfuerzos  y de tiempo, con el agravante de que por  ello no abandonó sus trabajos científicos, sino que —por el contrario— los incrementó debido a las polémicas susci- tadas en el Consejo y, para completar, con un quebranto cadavez mayor de su estado de salud, deteriorada princi- palmente por el trabajo excesivo en las noches –según el dictamen médico– y en medio de las más crueles condi- cionesde pobreza.El 14 de febrerode 1866 le escribíaa su amigoEngels:«Ayer volvía estarinutilizado,puesmesalióun  perverso  perro  de  carbunclo  en  el  costado  izquierdo. Si tuviese bastante dinero para mi familia y el libro estu- viese terminado, me daría lo mismo estirar  la pata  y ser arrojado al muladarhoyque mañana. Pero, en las circuns- tancias dichas no puede ser».



 

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A todas estas dificultades supo sobreponerse la I In- ternacional, tuvo secciones en diversos países de Europa y Norteamérica, celebró no pocas Conferencias y Con- gresos, se expresó a través de diversos órganos oficiales en los países y cumplió con organizar por primera vez un inmenso ejército proletario internacional ante el cual la burguesía no pudo ocultar su temor.

Los tres años iniciales de la I Internacional fueron años deextremasdificultades,caracterizadosporlas pugnasin- evitables, sobre todo al comienzo de una asociación que acogía en su seno a organizaciones obreras de diversos países, que además de ser  influenciadas por  las distintas corrientes del socialismo (reaccionario, burgués, peque-ñoburgués,  utópico,  científico...)  traían  consigo  los  alter- cados generados en su propia experiencia de lucha en cada país,  y las pugnas derivadas de las contradicciones entre naciones y países a causa de la opresión y la subyu- gación nacional.

Fue así como la lassalleana Asociación General de Obreros alemanes se negó a pertenecera la Internacional, si bien luego de la muerte de Fernando Lassalle se argu- mentara por el director del periódico El socialdemócrata, Schweitzer, que la no afiliación formal obedecía a la pro- hibición  de  las  leyes  alemanas  de  articular varias  asocia- ciones. Lo cierto es que, durante los primeros años los

obreros  alemanes  solo  participaron  en  la  I Internacional a través de sus  desterrados residentes en  Inglaterra y en Suiza.

Entre los obreros franceses, desde la revolución del 48 se había incubado el repudio mutuo entre «obreros inte- lectuales y manuales»; los literatos condenaban todo mo- vimiento obrero que los desconociesey, a su vez, los pro- letariosteníanmuypresenteslas traicionesdelos literatos. Esta antipatía se transformó en escándalo en el Congreso

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

de Ginebra en 1866, cuando al arribo de un grupo de es- tudiantes revolucionarios blanquistas (partidarios no de la lucha  de  masas,  sino  de  la  actividad  intrépida  de  peque-ños  grupos  de  conspiradores)  que  sin  ser delegados  cau- sabangranalboroto,chocaronconlos obrerosquieneslos expulsaron a la fuerza, proponiendo que la Internacional solo admitiese obreros manuales y no intelectuales; esa propuestafue negadaporel Congreso.Y fue justamenteel proletariado francés quién proclamó la Comuna de París en 1871, en la cual, a pesarde su corta existencia, se mate- rializó  el  objetivo  declarado  en  el  Manifiesto  Inaugural y enel Preámbulodelos Estatutosdela AsociaciónInterna- cional de los Trabajadores: «...la emancipación económi- ca de los trabajadores es el supremo objetivo a que debe subordinarse todo movimiento político, como medio...».



 

Huelgasy persecución

La opresión inglesasobre Irlandadesatabael recelo en- tre los obreros inconscientes de ambos países, quienes en las grandesfábricasinglesasse dividíanen dosbandos:los

obreros ingleses y los obreros irlandeses. Los primeros se jactaban de pertenecer a la nación opresora y considera- ban a los obreros irlandeses como despreciables compe- tidores que ocasionaban la  rebaja  de los salarios; por  su parte,estosconsiderabana los obrerosinglesescómplices y dóciles  instrumentos  de  los  opresores.  Este  antagonis- mo,  que  era fomentado  por la burguesía y la aristocracia a través de la prensa y el púlpito, dividía y tornaba im- potente a la clase obrera inglesa, a pesar de su gran or- ganización. La Internacional tenía entonces el deber de defender la causa de los irlandeses y de hacer entender a la  clase obrera  inglesa  que la  primera  condición para  su propia  emancipación  era  apoyar  la  emancipación  nacio- nal de Irlanda.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Y fueron las tradeuniones —gran organización de los

obreros ingleses— el pilar central de la Asociación Inter- nacional  de  los Trabajadores,  a donde  confluyeron  tipó- grafos, tabaqueros, ebanistas, así como los sindicatos de

obreros poco calificados, como la sociedad de templado- res  con  sus  30.000  afiliados.  La  influencia  de  la  Interna- cional  tuvo  gran  mérito  en  el  potente  movimiento  de  las tradeuniones a nivel nacional durante 1866, en favor de una reforma electoral.

Como no podía faltar, en el curso del movimiento aflo- ró  la vieja  costumbre  tradeunionista  de  buscar  apoyo  en los radicales burgueses quienes, ni cortos ni perezosos, la emprendieron  contra la independencia de  clase  abande- rada por la Internacional para todos los aspectos de la lu- cha obrera y, aprovechando la agobiante situación finan- ciera del semanario The Commonwealth (órgano oficial de la Internacional en Inglaterra), mediante su «ayuda»económica lo convirtieron finalmente en una prensa reformista. El Consejo General de la I Internacional y, en especial, Carlos Marx combatieron sin descanso la per- niciosa influencia reformista de los dirigentes y su nociva dependencia tradicional de la burguesía radical.

La actividad de la I Internacional logró que los obreros en diversos países repudiaran la opresión nacional inglesa sobre Irlanda, la feroz represión ruso-zarista de la insu- rrección polacay que se movilizaran contra las guerras de agresión de los capitalistas, en particular, la franco-pru- sianade 1870. Así, la I Internacionalse convirtióenel cen- tro de una beligerante oposición proletaria a la política de los gobiernos capitalistas, quienes para confundir a los

obreros y debilitar su  presión  empezaron  a urdir intrigas a través de la prensa acerca de: «las fabulosas riquezas de la Internacional y sus millones de militantes dispuestos a destruirel mundocivilizadoporordendel ConsejoGene- ral», cuandoya sabemos que los ingresos de la Internacio- nal eran insignificantes.

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

La actividad de la I  Internacional revolucionó la con- ciencia de millones de obreros, haciéndoles comprender lo comunes que eran sus intereses, la  importancia  de su unidad  y el poder  de su lucha  independiente. Ese avan- ce les permitió obtener  triunfos en el movimiento huel- guístico  de  los  años  60;  en  particular,  la  crisis  capitalista de  1866  en  Europa  conllevó  el  aumento  del  hambre y la agudización de las contradicciones sociales, desatándose una poderosa ola de huelgas.Apenas surgían espontánea- mente las huelgas, intervenía  el Consejo General de la  I Internacional para contribuir al triunfo de la causa obre- ra, actividad que lo convirtió de hecho en un centro de

orientación y coordinación de la lucha y de las campañas de solidaridad internacional con los maquinistas ferrovia- rios, los cajistas de imprenta  y los albañiles de Ginebra, con los broncistas de París, con los tabaqueros de Ambe- res; amarrando las manos a los capitalistas acostumbrados a romper huelgas utilizando esquiroles traídos de otros países.

Fue  tal  el  prestigio  de  la I Internacional  que  rebasó  su poder real no solo entre los obreros, sino ante todo entre los capitalistas quienes, impotentes ante las huelgas, re- husaban aceptar  que su causa estaba en las condiciones de miseria de la clase obrera, y mejor se la adjudicaban a los «manejos diabólicos» de la Internacional, un «mons- truo» al que debían perseguiry aniquilar. Así, cada huelga se transformaba de hecho en una batalla de vida o muerte por la Internacional.

Una de estas batallas tuvo lugar en Basilea, en 1868, los

obrerosdela construcción,los cinterosy tintorerosfueron a la huelga por aumento de salario y reducción de la jor- nada.Los capitalistasles impusieroncomocondiciónpara el arreglo que debían separarse de la Internacional, pero los huelguistasrechazaronel chantajey, conla solidaridad de  los  obreros  internacionalistas  de  Inglaterra,  Francia y

otrospaíses,ganaronla huelga.Sin embargo,en represalia

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

los capitalistas de Basilea suprimieron de improviso las horas de descanso a que tenían derecho los cinteros de una  fábrica,  ante  lo  cual,  una  parte  de  los  obreros  se  re- sistióy fue arrojada a la calleviolentamente porla policía; la indignación se extendió a los demás obreros de Basilea, movilizándose de inmediato en una lucha que duróvarios mesesy, a pesar de la persecución policial en una especie de estado de guerra, permanecieron fieles a la Internacio- nal, con el apoyo de los obreros de otros países triunfaron sobre  los  capitalistas y lo  celebraron  con  una imponente manifestación por las calles de la ciudad.

También en Alemania, en Francia, en Bélgica el Estado de los capitalistas desató terribles persecuciones contrala I Internacional, pero ella no se amilanó y, por encima del terror, hizo suya la causa del proletariado internacional, denunció los brutales atropellos de la policía contra los

obrerosy organizó el auxilio paralas familias de los muer- tos, heridos o encarcelados.

Una preocupación permanente de Marx  y los marxis- tas  en  la I Internacional  fue vincular las  ideas  del  comu- nismo científico al movimiento obrero, para fundamentar su conciencia internacionalista, elevar  su nivel ideológi- co, político y organizativo. Fue así como la opinión de un miembro del Consejo que argumentaba la inutilidad de la luchaporsalariosdebidoa quelos capitalistasla compen- saban con la subida de los precios, fue rebatida por Marx, quien  aprovechó  ese  debate  para fundamentar la impor- tancia de la lucha económica de los obreros.

La necesidad de la lucha

por unAlzaGeneral de Salarios

Rebajarlos salarios ha sido una muyvieja costumbre de la burguesía en las épocas de crisis en su economía ca- pitalista, lo cual, genera en el proletariado la necesidad espontánea de paralizar la producción para defender su

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

salario y evitar un mayor deterioro en sus condiciones de vida y de trabajo. Así ocurrió en Europa cuando, prome- diando la octava década del siglo XIX, la crisis económi- ca sacudió a los principales países capitalistas y, a su vez, desató un amplio movimiento huelguístico por  aumento de salarios, lo cual obligó a que temas como la huelga, los sindicatosy la luchaporsalariosfueranel centrode enco- nadasdiscusionesenlos Congresosde la I Internacional,y particularmente en las reuniones de su Consejo General.

En él, JuanWeston, delegado porel movimiento obrero inglés  y discípulo del famoso socialista utópico Roberto Owen, defendió públicamente la tesis según la cual «la elevación de los salarios no podía mejorar la situación de los obreros y debía considerarse perjudicial a la actividad de las tradeuniones». Tal falsedad fue refutada por Carlos Marx  en  un  informe  ante  el  Consejo  General,  en  el  cual expone los fundamentos de su teoría de la plusvalía, crí- tica demoledora a las corrientes del movimiento obrero contrarias a la lucha económicay a la actividad de los sin- dicatos (los proudhonistasy lassalleanos).

El informe fue publicado en 1898 por Eleonora (hija de Marx) en el folleto Valor, precio  y  ganancia  y, desde entonces, es parte de sus obras escogidas bajo el título Salario, precio y ganancia, de obligatorio conocimien- to  y estudio para todo obrero que desee conocer  el ca- mino de su emancipación, pues allí «Marx  se pronuncia resueltamente contra la prédica de la pasividad y la resignaciónde los proletariosfrentea su explotaciónporel capitaly argumentateóricamenteel papel,lasignificación de la lucha de los obreros, subrayando la necesidad de subordinarlaa la metafinaldel proletariado: la supresión del sistema de trabajo asalariado».

Esta polémica con el ciudadano Weston fue un buen motivo  para  que  Marx,  quien  había  estudiado  profunda- mente  las  leyes  del  movimiento  social y en  particular las



 

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

contradicciones del modo de producción capitalista ba- sado en la explotación asalariada, mostrara cómo cuando el capitalista paga el salario al obrero, le hace creer que le está pagando todo el trabajo realizado durante la jornada. Pero,en realidad,esaes solounaaparienciaengañosaque Marx la traspasa para demostrar, con todo el rigor cientí- fico,queel capitalistanole retribuyeal obrerotodoel tra- bajorealizado,sinoapenasunaparteconunvalor(salario) quees equivalentesoloa los gastosmínimosde subsisten- cia del obreroy su familia (alimentación, techo,vestido).

El restodeltrabajorealizadoes un trabajono retribuido que  se  lo  apropia  el  capitalista  bajo  la  forma  de  la  plus- valía, que es repartida entre toda la clase capitalista (una parte como interés parala burguesíafinancieraque pres- ta  capital  para  producir,  otra  parte  como  ganancia  para la  burguesía  industrial  poseedora  de  los  instrumentos  de producción y, la parte restante, como renta para los bur- gueses o terratenientes dueños de las tierras donde están las fábricasy demás medios de producción).

Marx, al demostrar  la falsa apariencia del contrato de trabajo  asalariado,  derivó varias  importantísimas  conclu- siones, tales como las siguientes:

Primera: el valor de las mercancías lo determina la can- tidad  total  de  trabajo  socialmente  necesario  para produ- cirlas, y no la proporción entre trabajo pagado (salario) y trabajo  no  retribuido  (plusvalía).  Por tanto,  si  el  salario no  determina  el valor  de  las  mercancías,  un  alza  general de salarios tampoco puede determinar un alza general de precios de las mercancías.

Segunda: un alza general de salarios lo que sí determina es  la  disminución  de  la  cuota  general  de  ganancia  de  los capitalistas.

Tercera: si el obrero permite que el capitalistale usurpe todo  su  tiempo  (prolongándole  la jornada de  trabajo  que

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

equivalea rebajarel salario)o le agotetodasu energía(au- mentándolela intensidaddeltrabajoquetambiénes reba- jar el salario)cae en la degradaciónde unabestiade carga.

Cuarta: la tendencia general del sistema de producción capitalista es  a reducir los  salarios,  por tanto,  la lucha de resistencia contra su  rebaja y por el  alza general  de  sala- rios es posibley necesaria.

Quinta:  la  lucha  de  resistencia  es  una  lucha  contra  los efectos de la explotación asalariada, pero no contra sus causas.  Es  apenas  una  palanca  para  apoyar  toda  la  lucha de la clase obrera por abolir la explotación asalariada.

El problemade los sindicatos

El problema de los sindicatos también ocasionó encen- didos debates, sobre todo en el Congreso de Ginebra, en 1866. Los delegados franceses influenciados por las ideas económicas de Proudhon rechazaban abiertamente las huelgas  y las organizaciones de resistencia; solo acepta- ban la cooperacióny la organización de mutualidades que establecieran el crédito para los obreros, ojalá sin interés.

Porsu parte,los delegadoslondinensesy alemaneseran acérrimos partidarios de la organización del proletaria- do en sindicatos, surgidos de la lucha entre el capital y el trabajo asalariado, como resultado de la experiencia de la lucha obrera por obtener colectivamente un contrato de  trabajo  favorable  para  sus  condiciones  de vida, y que atenúe la competencia entre los obreros a causa de la ne- cesidad del salario.

Aquí la divergenciaconsistíaen que los proudhonianos, como  resultado  de  negar  la  lucha  de  clases y la  explota- ción asalariada, afirmaban que el contrato de trabajo en- tre el capitalista y el obrero era libre y justo, cuando en la realidad  dicho  contrato  se  realiza  en  completa  desigual- dadentrelas partes:de un lado,el capitalistadueñode los

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

medios  de  producción y,  de  otro,  el  obrero  solo  propie- tario de su fuerza de trabajo. Y es esa fuerza corporal del

obrero, esa energía  viviente, la que, al consumirse en la producción,da comoresultadoun incrementodel capital, una riqueza que se distribuye en forma también desigual:

al  obrero  productor de  la  riqueza  solo  le  corresponde  el salarioparaquepuedaseguirtrabajando,entanto,al pará- sitocapitalistaquenoproduce,el contratole da derechoa apropiarse de toda la plusvalía, para acumular más capital que le permita seguir esclavizando el trabajo obrero.

Al capitalista lo respalda la fuerza de su sociedad con su Estado, sus destacamentos armados, su gobierno, sus partidos, sus leyes, su prensa...Y, para hacer frente a todo ese poderde clase, los obreros solo cuentan con su fuerza social,su número,su masa;perosi estamasaestádividida, su fuerza se desvanece. De ahí la necesidad inevitable de la organización obrera en sindicatos para resistir al poder avasallador de los capitalistas y en partido político, ya no para resistir, sino para derrotar en lucha política de clase todoel poderdelcapital,luchaquedebeserapoyadatam- bién por los sindicatos si pretenden la real emancipación del trabajo asalariado.

Aceptaro no la luchapolíticadelproletariadoy su orga- nización en partido político fue otra de las grandes diver- gencias en el seno de la I Internacional.

La necesidad del Partidoy de la luchapolítica del proletariado

Las varias corrientes del movimiento obrero que se ex- presaban en la  Asociación Internacional de los  Trabaja- dores  no  permitían  que  fuera fácil  ni  inmediato  el  triun- fo de las teorías marxistas que hablaban de «la  lucha  de clases como ley  objetiva  de la  sociedad»(independiente de la voluntad de los hombres), de «la lucha política»(tan necesaria para la clase obrera como su lucha económica)

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

y de «la independencia en la políticay en el partido»(para poder triunfar sobre la burguesía).

Estas teorías, fundamentales en la ciencia revoluciona- ria del proletariado, solo podían cimentarse en la Interna- cional mediante la confrontación con las tesis contrarias; y solo podían serentendidas, aceptadasy acatadas porlos

obreros, si ellos se enteraban de esas polémicas pero, más que eso, si utilizaban tales teorías para guiarse en la lucha contrasus antagónicosenemigosdeclase:la burguesíay la aristocracia terrateniente.

Si bien en el Manifiesto Inaugural había  quedado ex- preso que para conseguir todos los objetivos que se pro- pone el proletariado«la conquista del poder  político ha venidoa ser,porlo tanto,el grandeberdela claseobrera», en los Estatutos Provisionales quedó dicho que «la eman- cipación económica de la clase obrera es, por lo tanto, el gran fin al que todo movimiento político debe ser subor- dinado como medio».

Fue esta una de las tesis que más fuertes discusiones provocó, tanto en las dos Conferenciasy cinco Congresos de  la Internacional,  como  en  el  mismo  Consejo  General, en donde fue habitual la lucha de tendencias y cotidianas las polémicas sobre las guerras de agresión, el militaris- mo,  la lucha por los  salarios,  los  sindicatos,  el  trabajo  de la mujer, la propiedad privada, etc. Pero el punto de cho- que  más  impetuoso y permanente  siempre  fue  entre  dos concepciones radicalmente opuestas: la lucha de clases y lucha política de las masas obreras, versus la conciliación de clasesy el sectarismo.

Tres fueron las fuerzas opuestas, en diverso grado, a las tesis marxistas sobre lucha de clases, lucha políticay par- tido independientes:

La primera, representada en la influencia que sobre las tradeuniones obreras inglesas ejercía la concepción

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

derechista de sus dirigentes, quienes no rechazaban de planola necesidadde la luchapolíticade los obreros,pero sí su independencia, pues la sometían al acuerdo con la burguesíaradical.Estoes, se oponíana unaluchaverdade- ramente proletaria e independiente de la tutela burguesa.

La segunda, expresada en la notable influencia que so- brelos obrerosfrancesesteníael proudhonismo,corriente que negaba no solo la lucha política del proletariado, sino toda lucha de clases,y pregonaba la fantasía pequeñobur- guesade remediarla situaciónde la claseobreramediante cooperativas  concertadoras  de  créditos  populares  con  el Estado.

La tercera fue el anarquismo, defensor de la nivelación de  clases y la supresión  del  Estado,  del  cual  no  admitían su  papel  como  órgano  de  dominación  de  clase.  En  con- secuencia, negaban la necesidad de lucha política del proletariado, reduciendo la lucha por la emancipación de la clase obrera a la huelga económica general y la acción aventurera de un puñado de conspiradores.

En la forma, ninguna de estas corrientes se oponía a la emancipación  económica de  la clase  obrera y,  aunque cada una la entendía a su manera, todas coincidían en re- chazar la lucha de masas del proletariado para derrotar el poderdelEstadoburgués:unos,los tradeunionistas,acep- taban la lucha política pero no como lucha radical contra todo el poderde la burguesía, sino a favorde una parte de la burguesía; otros, los proudhonistas y anarquistas puros, negaban toda lucha política.

Solo la corriente marxista en la Internacional entendía que,paraconquistarla emancipacióneconómicadela cla- se obrera, eray sigue siendo necesario expropiar a la bur- guesíade los mediosde producción.Paraellodebe,antes, destruirel viejoy caducoEstadoburguésy construirsobre sus ruinas el nuevo Estado de Dictadura del Proletariado

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

(objetivo  inmediato  de  su  lucha  política),  cuya  forma  fue revelada por la experiencia de la Comuna de París.

La clase obrera debe luchar políticamente para lograr su emancipación económica, fue el principio abandera- do por  la  Internacional. Pero no bastaba  aceptarlo en la letra, pues existían—ysiguen existiendo— dos interpre- taciones  opuestas  de  lucha política:  la pequeñaburguesía (y la burguesía radical de aquella época) concibe la lucha políticacomo un fin en sí misma, que lo único que se pro- pone es remodelar las formas políticas existentes, hacerle mantenimiento a las instituciones del Estado burgués y utilizar esas instituciones (que son la expresión material del  poder de  la  burguesía)  para  ilusamente  «remediar»  la situación  económica de  los  trabajadores  mediante  refor- mas a las leyes burguesas... En fin, todo el sutil engaño de la democracia burguesa.

En cambio, el proletariado consciente utiliza su lucha política solo como un medio que lo arme con el poder político para llevar a cabo su propósito fundamental: ex- propiar a los expropiadores, sin lo cual, no cabe ni hablar de emancipación económica.  Ambas clases luchan polí- ticamente: una, para reforzar el poder de la burguesía; la

otra, para destruirlo.

Defendero negarla necesidad de la luchapolíticainde- pendientede la claseobreraimplicabameteren discusión la necesidad de su partido político e independiente. En este  tema  se  enfrentaron  ardorosa y violentamente  mar- xistas y anarquistas, tal como ocurrió en la II Conferencia de  la  Internacional  (celebrada  en  Londres  en  octubre  de 1871, pocos meses después de la  Comuna  de París) cuya

Resolución sobre La Acción Política de la Clase Obrera

(la más importante aprobada) dice en unos de sus apartes:

«En su lucha contra el poder colectivo de las clases poseedoras, el proletariado no puede actuar  como clase sino constituyéndose él mismo en partido político propio

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

y opuesto  a todos  los  antiguos  partidos  formados  por las clases poseedoras.

Estaconstitución del proletariado en partido político es indispensable paraasegurarel triunfo de la revolución so- cial y el logro de su fin supremo: la abolición de las clases.

La coalición de las fuerzas obreras, obtenida ya por medio de la lucha económica, debe servir también de pa- lanca en manos de esta clase en su lucha contra el poder político de sus explotadores».

En 1872, el Congresode La HayaratificóesaResolución y agregó: «Por cuanto los señores de la tierra y del capital se sirven siempre de sus privilegios políticos para defen- dery perpetuar sus monopolios económicos y sojuzgar el trabajo, la conquista del poder político pasa a ser el gran deber del proletariado».

La II Conferencia de Londresy el Congreso de La Haya se centraron en defender la necesidad de la lucha y la

organización políticas del proletariado. Una lucha tenaz entre el marxismo y el anarquismo sectario que, en lugar de la lucha consciente obrera, amplia, de masas, contra el poder del capital, exaltaba la lucha aventurera de las sectas al comando de la «juventud sin clase, las masas campesinas y el proletariado andrajoso»;  y en lugar del Partido  disciplinado,  organizado  de  acuerdo  con  el  cen- tralismodemocráticoy conprofundasraícesentrelas ma- sas, proclamaba la secreta, aislada y vertical organización de los conspiradores.

Los derrotados anarquistas dirigidos por Bakunin, pos- terior a la  Conferencia y en  confabulación  con  otras  co- rrientes antimarxistas, realizaron una infame campaña contra  la  Internacional,  pero  de  nuevo  fueron  repelidos, derrotados y expulsados en el Congreso de La Haya, que sería el último de la Asociación Internacional de los Tra- bajadores.

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

Disolución de la I Internacional

En el verano de 1869, la Asociación Internacional de los Trabajadores realizó el Congreso de Basilea, en el cual se discutió a profundidad un tema que en 1868 el Congreso de  Bruselas ya  había  mencionado:  el  problema  de  la  so- cialización de los medios de producción. Los marxistas (adversarios de la propiedad privada sobre los medios de producción) dejaron completamente destrozadas, en el campo de batalla teórico, las teorías de Proudhon. Tomófuerza,  entonces,  otra  tendencia  adversa  al  marxismo,  la representada por el ruso Miguel Bakunin: el anarquismo.

En Basilea, la tendencia anarquista no mostró su ver- dadera cara, sino que se presentó como abanderada de la  lucha  contra  el derecho de herencia y desvió la  aten- ción  hacia  el  reclamo  al  alemán  Liebknecht  por su  críti- ca demoledora contra la actividad  de  Bakunin  en  la Liga (burguesa) de la Paz y la Libertad, (la cual abandonó en el congresode Bernaen 1868, siendomiembrode su ComitéCentral),denunciándolesu viejaconcepciónburguesapa- neslavista de privilegiar la unidad nacional de los eslavos sobre la unidad de los obreros como clase. Esa crítica fue publicada en  el  órgano  central  de  un  nuevo  Partido  que, alrededor del programa de la Internacional, fundaron los marxistas dirigidos por Liebknecht y Bebel en el Congre- so de Eisenach, luego de una victoriosa batalla contra las ideas del lassalleano Schweitzer.

El pasaje de una carta de Bakunin a Marx ilustra so- bre cómo el padre del anarquismo «vendía carne de perro con piel de cordero»: «Desde el adiós público y solem- ne que en el congreso de Berna he dado a los burgueses, no conozco otra sociedad ni otro medio que el mundo de  los  obreros.  Mi  patria  será  en  adelante  la  Internacio- nal,  de  la  que  tú  eres  uno  de  los  principales  fundadores. Ya lo vez, amigo mío, soy tu discípulo y estoy ufano de serlo». Sin embargo, en los hechos, Bakunin no ingresa a



 

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

la  Internacional,  sino  que  funda  su  propia Alianza  Inter- nacional de la Democracia Socialista en 1868,  y pide su ingreso a la Internacional en calidad de asociación aparte con programa y estatutos propios. Desde luego, el Con- sejo  General  rechazó  la  petición,  condicionándola  a que se disolviera la  Alianza, lo cual fue aceptado de palabra por Bakunin quien la disolvió oficialmente, pero mantuvo secreta la organización para apoderarse de la Internacio- nal. De tiempo atrás, Bakunin, en contraposición a Marx (a quien criticaba por «sobreestimar» la importancia de la claseobrera),argumentabaqueeranlos intelectualesy los estudiantes (representantes de la democracia burguesa), y especialmente los desclasados (el lumpen), el elemento más revolucionario de la sociedad.

Sin embargo, tal apreciación fue negada por la expe- riencia de la Comuna de París, triunfo obrero que aterro- rizó a la burguesía, no solo de Francia sino de toda Euro- pa, quien con saña cobróvenganza sanguinaria contra ese intento de establecer la dictadura del proletariado. Así, la I Internacional, «haciéndose cargo de la herencia de la Comuna, con todo su activo y su pasivo, sin beneficio de inventario», se convirtió en el blanco de la cobarde perse- cución de los gobiernos burgueses,y fue cubierta de infa- miaporla gran prensareaccionaria.A esteataque burgués contra la organización internacional de la clase obrera, se le sumó un enemigo en las propias filas de la Internacio- nal:  los  anarquistas,  quienes  (además  de  ser  maestros  en la  intriga) solo  veían en la  experiencia  de la  Comuna  un ejemplo negativoy, de hecho, se convirtieron en sus capi- tuladores y declarados enemigos del comunismo científi- co (del marxismo)cuyaconclusiónrespectoa la experien- cia  de  la  Comuna  fue  diametralmente  opuesta:  «después de  la  Comuna  no  solo  la  teoría,  sino  también  la  práctica evidenciaron claramente que pararealizartransformacio- nes socialistas hay  que tener  por  fuerza  un sólido poder político  de  la  clase  obrera,  poder que  no  puede  tomarse sin contar esta con su propio partido político».

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

Se realiza entonces la ya referida Conferencia de Lon- dres  en  1871,  en  la  cual,  además  de  la  derrota  teórica  de las ideas anarquistas opuestas a toda lucha política por parte del proletariado, y a su organización como clase para conquistar  el poder  político, también se prohíbe la

organización de sociedades separatistas especiales con programas propios dentro de la Internacional. De nuevo, los anarquistas «confiesan» públicamente la disolución de su Alianza, proponen transformar la Internacional en una«Asociación Internacional de Sindicatos, ajena a la políti- ca» y se  declaran  en  rebeldía  contra  el  Consejo  General, a quien acusaban de haber impuesto a la Internacional el dogma de «la necesidad de un partido para que el prole- tariado pudiera conquistar el poder político», solicitando la realización de un Congreso para zanjar definitivamente la divergencia.

El Congreso, en efecto, se realizó en La Haya, del 2 al 7 de septiembre de 1872, sin la presencia de Bakunin, pero sí con la de Engels  y Marx, quien por primera  vez asis- tía  a un Congreso de la Internacional; en él, la lucha  de tendencias  comenzó  con  la discusión  sobre  la validez  de cadadelegadoy de cadamandato(representación),lo cual

ocupó los tres primeros días.

En este Congreso se solidificaron aún más las bases ideológicas y orgánicas del partido obrero, que ya habían sido establecidas por la Conferencia de Londres; se con- cluyó  que  la Alianza  de  los  anarquistas  seguía  existiendo enel senodela Internacionaly se decidió,porResolución, excluira sus dirigentesinspiradores:Bakuniny Guillaume.

Los marxistas ateniéndose a la realidad que señalaba, en  primer lugar,  el  cumplimiento  por la Internacional  de su propósitoinicial(elevarel nivelde concienciade la cla- se obreray movilizarla como un gran ejército),y la llegada del  momento  en  que  el  proletariado  debía dirigir sus  es- fuerzos hacia la creación y el fortalecimiento de partidos

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

obreros independientes en cada país.Y, en segundo, lugar indicaba que en Francia la derrota de la Comuna de París en 1871  y la consiguiente persecución a los comunardos sobrevivientes, a quienes la burguesía les imputaba como crimen el solo hecho de pertenecer a la Internacional, resquebrajó el apoyo directo  y material del proletariado francés; en  Alemania también Bismarck desató una  vio- lenta persecución contra los afiliados a la Internacional, encarcelando a Liebknecht  y Bebel por  protestar  contra la anexión de las provincias francesas deAlsaciay Lorena, y por  solidarizarse con la  Comuna; en Inglaterra, donde la  burguesía  aprovechó en beneficio propio la  guerra  de 1870 entre Alemania y Francia, a tal punto que pudo ma- niatarla concienciade los dirigentestradeunionistasfavo- reciéndoles sus bolsillos al colocar legalmente a su dispo- sición  las  cajas  sindicales,  además,  porque  a la burguesía inglesa le interesaba utilizar a los propios caudillos sin- dicales  para  frenar el  poderoso  movimiento  huelguístico desatado por la conquista de la jornada de nueve horas, y bien se sabe que cuando los capitalistas logran aburguesar paulatinamente a los dirigentes sindicales, estos terminan

odiando las huelgas tanto o más que la propia burguesía, y repudiando a los revolucionarios como lo hicieron los dirigentes sindicales ingleses al pedir  un  voto de censu- ra contra Marx por haberles denunciado su corrupción... todo lo anterior  unido al feroz ataque burgués contra la Internacional porlas acciones de La Comuna, ocasionó la separación de la sección inglesa.

En consideración a estas razones, era muy  difícil sos- tener la residencia del Consejo General en Europa, por lo cual Engels propuso, y fue aceptado con mucho dolor por  los  delegados  al  Congreso,  trasladar  el  domicilio  del Consejo General a Nueva York, pues allí existían condi- ciones  más  favorables, y es  desde  esta  ciudad  donde,  en 1876,  el  Consejo  General  anuncia  el  fin  de  la Asociación Internacional de los Trabajadores.Al culminar el Congre- so de La Haya, Marx exclamó: «Por lo que a mí se refiere,

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

proseguiré mi obra, trabajaré sin fatiga para establecer esta solidaridad  fecunda para el  porvenir entre  todos  los trabajadores.  Yo no me marcho de la Internacional,  y el resto de mi vida estará consagrado, lo mismo que mis es- fuerzos pasados, al triunfo de las ideas sociales, que con- ducirán,tardeo temprano,a la victoriadelproletariadoen todo el mundo».

El papel histórico de la I Internacional

Haocurridoenla historiadelMovimientoObreroMun- dial que, cuando es derrotada una revolución o cuando cesa su  vida útil una organización, como fue la Interna- cional, siempre surgen dos grandes interpretaciones del proceso: una(inspiradaporla burguesía,y acolitadaporla pequeñaburguesíay el oportunismo) dictamina que la de- rrota o el  acabose  de  la organización  constituyen  la «de- rrota total y absoluta» y demuestran  que  «el  socialismo y el comunismo no tienen perspectiva»; la  otra valoración es la del proletariado, que a través de su historiaha tenido que  aprender más  de  sus  derrotas  que  de  sus victorias, y que  se  rige  por  la  lógica  «de  derrota  en  derrota,  hasta  la victoria final».

Así  sucedió con la disolución de la I  Internacional:

para la burguesía, los intelectuales pequeñoburgueses, los aburguesados dirigentes tradeunionistas y los anarquistas significó el fracaso del socialismo científico, de la lucha política del proletariado y de su organización de clase; para  todos ellos, fue una  experiencia  inútil, que no dejónada. Esa  fue la valoración metafísica y burguesa  de la  I Internacional.

En cambio, para los marxistasy el proletariado, la diso- lución de la Internacional fue parte de su proceso dialéc- tico de transformación «en Partidos más o menos orga- nizados  dentro  de  las  fronteras  nacionales,  forman  otros tantos grupos internacionales, no ya secciones aisladas,

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

diseminadas acá y allá por los distintos países y manteni- das en cohesión en su periferia por un Consejo General; son las masas obreras mismas las que mantienen un inter- cambio constante, activo, directo, entroncadas unas con

otras,  por el  trueque  de  ideas,  la ayuda mutua y los  fines comunes... Es decir, que la internacional lejos de morir, no ha hechomásquepasarde su primerensayoa unafase másalta,dondesus primitivastendenciashanencontrado, en parte al menos,  realización. Y  todavía  habrá  de sufrir no pocas transformaciones en el transcurso de su evolu- ción progresiva, hasta  llegar  a escribir  el último capítulo de su historia» (Marx).

Para comprender mejor el papel histórico desempeña- do porla I Internacional, son de especial interés las cartas queFedericoEngelsdirigióa AugustoBebelel 20 de junio de 1873, y a Adolph Sorge el 12 de septiembre de 1874.

En  resumen,  la Asociación  Internacional  de  los Traba- jadores  propinó  enormes  derrotas  teóricas  a las  diversas corrientes del socialismo utópico  y de los «sistemas im- puestos desde afuera» a la sociedad, promovidos dentro del movimiento obrero por los ideólogos pequeñobur- gueses. Difundió la  teoría  del socialismo científico en el movimiento obrero, sobre todo de los países donde el ca- pitalismo tenía  mayor  desarrollo. Enseñó al proletariado internacional la táctica marxista de lucha, guiándolo para queen su propiaexperienciaaprendieraa utilizaradecua- damente sus formas de luchay de organización.Abonó el terreno para la creación de partidos proletarios indepen- dientes y revolucionarios  en  cada país,  tal  como  sucedióen Austria (1874), en Dinamarca (1876), en Bélgica y Espa-ña (1879), en Franciay Hungría (1880), en Inglaterra (1881) y en Polonia e Italia (1882).

Llegamosasí, al final delpasajedeestasMemoriasdedi- cado a la Asociación Internacional de los Trabajadores, la

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CAPÍTULO 4 - La Asociación Internacional de los Trabajadores

primera organización proletaria verdaderamente interna- cional y verdaderamente al servicio de su lucha de clase, porque le trazó el caminoy creó los cimientos.

«Bien es cierto que la Internacional tan solo vivió9 años, pero la unión eterna que estableció entre los proletarios de todos los países vive todavía y subsiste  más  fuerte  que  nunca...  La  clase  obrera  de 1874, cuando la Internacional dejó de existir, era muy distinta de la de 1864, en el momento de su fundación». (Federico Engels)

«La I Internacional echó los cimientos de la lucha proletariainternacionalporel socialismo».(Vladimir I. Lenin)



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CAPÍTULO 5

 

 

EL CAPITAL. CRÍTICADE LA ECONOMÍAPOLÍTICA

Su preparación

El Capital. Crítica de la Economía Política es la obra cumbre del marxismo. Carlos Marx y Federico Engels, desde los años 40 del siglo XIX, iniciaron la exposición de  los  resultados  de  sus  investigaciones  en  el  terreno  de la Economía Política en trabajos tales como Manuscri- tos económico-filosóficos de 1844, La Ideología Alemana, Miseria de la Filosofía, Trabajo Asalariado y Capital, Manifiesto del  Partido Comunista, en los cuales se des- cubren las causas de la  explotación capitalista, se saca  a flote el antagonismo irreconciliable de la contradicción entre los intereses de los obreros asalariados  y los capi- talistas, y se demuestra que la sociedad regida por las re- laciones económicas capitalistas es una  etapa  transitoria de la sociedad, que debe ser negada por la revolución del proletariado, parahacerlaavanzara unasuperioretapade desarrollo: el comunismo, al cual hay que arribar a través de una nueva etapa de transición, la sociedad socialista.

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CAPÍTULO 5 - El Capital. Crítica de la Economía Política

Si bien la investigación, preparación de borradores y exposición de las conclusiones de El Capital ocupó 40 años de la vida  de  Carlos Marx, tuvo  varias  interrupcio- nes,talescomola ocasionadaporlas revolucionesobreras en Europa en 1848–1849, o por la luchay actividades de la I Internacional.

Entre 1857 y 1858, Marx comienza a sistematizar los datos  recogidos a lo largo de 15 años de investigación,  y elabora el primer esbozo del plan general de El Capital, y desde entonces se propone preparar la publicación de la

obra en forma de fascículos, editando el primero en 1859 bajo el título de Contribución a la Crítica de la Economía Política.

En  el  trabajo  de  preparación  de  los  siguientes  fascícu- los,  entre  1861 y 1863,  Marx produce  bajo  el  mismo  títu- lo Contribución a la  Crítica  de la  Economía  Política  un extenso manuscrito compuesto por 23 cuadernos, que lo lleva  a modificar  el plan de publicación de la  obra, pro- poniéndose presentarla mejor  en cuatro tomos.  Algunos de estos cuadernos fueron dedicados específicamente a la historia de  las  doctrinas  económicas y,  como  tales,  los publicó posteriormente el Partido Comunista de la Unión Soviética, como el IV Tomo de El  Capital,  bajo el título Teorías de la Plusvalía.

Los cuadernos restantes del manuscrito estaban dedi- cados  a los  problemas  teóricos  que  luego  se  tratarían  en los otros tres tomos de El Capital.  Y  todos, de conjun- to, fueron expuestos de nuevo con todo detalle en otro manuscrito, elaborado entre 1863 y enero de 1866. Y solo después de haber culminado tal manuscrito de toda la

obra,Marxse dedicóa pulirlaminuciosamente,empezan- do por preparar para la imprenta el Tomo I de El Capital, al cual le dio una nueva redacción de fondo, para que pu- diera ver la luz  en  su  primera edición  en  idioma alemán, en septiembre de 1867.



 

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Marx persiste  en  preparar la publicación  de  los  demás tomos, pero no consigue terminarla, obligado a interrum- pirla, de una parte, por su intensa actividad en el Consejo General de la I Internacional y, de otra, por sus agudos problemas de salud que finalmente lo llevaron a la tumba el  14  de  marzo  de  1883.  Le  correspondió  entonces  a Fe- derico Engels preparar la publicación del material elabo- rado, editar en 1885 el Tomo II, y en 1894 el Tomo III de El Capital.

Las leyes que Marx, en El Capital. Crítica de la Econo- mía Política  (1867),  estudió  en  su  singular aplicación  a la sociedad  capitalista y explicó  —con  absoluto  rigor  cien- tífico su profundo funcionamiento y su ineludible cum- plimiento— en el Prólogo de Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859), las había resumido magis- tralmente en su forma universal, como leyes que rigen el desarrollo de la sociedad en todas sus etapas:

«El resultado general a que llegué y que, una vez

obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: en la  producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económicadela sociedad,la baserealsobrela quese levantala superestructurajurídicay políticay a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritualengeneral.No es la concienciadelhombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.

Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción

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CAPÍTULO 5 - El Capital. Crítica de la Economía Política

existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas  relaciones  se  convierten  en  trabas  suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella.»

Cuando  se  estudian  esas  revoluciones,  hay que  distin- guir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias natura- les, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas,  en  una palabra,  las  formas  ideológicas  en  que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y lu- chan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no pode- mos  juzgar tampoco  a estas  épocas  de  revolución  por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta  conciencia  por  las  contradicciones  de  la vida  mate- rial,  por el  conflicto  existente  entre  las  fuerzas  producti- vas socialesy las relaciones de producción.

Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben den- tro de ella,y jamás aparecen nuevasy más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales parasu existenciahayanmaduradoen el senode la propia sociedadantigua.Poreso,la humanidadse proponesiem- pre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas,vemos siempre que estos objetivos solo brotan cuando  ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización.

La Economía Política clásica, como ciencia burguesa, llegó en sus investigaciones hasta la comprensión de que las gananciasteníanrelaciónconel trabajo,perosin jamás

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

admitir  que  la  fuente  de  tales  ganancias  estaba  en  la  ex- plotación asalariada del trabajo. Sus máximos exponen- tes,Adam Smithy David Ricardo, aunque eran científicos, no podíanaclararel verdaderomeollodel enriquecimien- to capitalista, porque su punto de vista era burgués. En cambio, Marx y Engels adoptaron el punto de vista del proletariado y tomaron como suyos los intereses y las ne- cesidades  de  clase,  con  lo  cual  pudieron  darle  un  pode- rosoy revolucionario desarrollo al estudio científico de la economía.

La EconomíaPolítica

La Economía Política es una de las tres partes integran- tesdelmarxismo,nocomosimplecontinuacióndela Eco- nomía Política Clásica, sino como su negación dialéctica:

tomándola como fuente o punto de partida, criticándolay elevándola a una base cualitativamente distinta, queya no sirve a los intereses de la burguesía sino del proletariado. Esta nueva Economía Política es el contenido fundamen- tal del marxismo, y se dedica al estudio de las relaciones sociales de los hombres en la producción.

En el prólogoa la primeraediciónde El Capital. Crítica de la Economía Política Marx resalta que «la finalidad úl- timade estaobraes, en efecto,descubrirla ley económica que preside el movimiento de la  sociedad moderna», de ahí  que  esté  centrado  en  el  estudio  científico  de  la  rela- ción entre el Capital y el Trabajo, relación que se consti- tuye en el eje central del sistema capitalista:

•þÿTodariquezatienesu fuenteen la naturalezay el Traba- jo, y este como tiempo de trabajo vivo o tiempo social- mente necesario para producir una mercancía, se con- vierteen la medidadelvalorde las mercancíasy medida de todos los valores.

•þÿEl trabajo también existe como trabajo acumulado o trabajo muerto, llamado capital; el cual, cuando se

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CAPÍTULO 5 - El Capital. Crítica de la Economía Política

relaciona  con  el  trabajo vivo  del  obrero  en  el  proceso de la producción, da como resultado una asombrosa elevación de la productividad del trabajo vivo, por lo cual se le retribuye con un beneficio o ganancia al due-ño delcapital,y conun salarioal dueñodeltrabajovivo.

•þÿEnel  proceso  de  producción  de  la  sociedad  moderna, los  capitalistas  son  cada vez  menos y las  ganancias  del trabajo acumulado que poseen en propiedad privada son cada día mayores y gigantescas; mientras que el sa- lariodel trabajovivo del obrerose reducecadavez más, y ellos, los obreros, son cada día más numerosos y más pobres.

•þÿ¿A qué se debe este portentoso fenómeno? A que el capitalista encuentra en el mercado una mercancía que tiene una cualidad especial: al consumirse, crea un nuevovalor.Esamercancíaes la fuerzadetrabajo,queal emplearseenunapartedela jornada(tiemponecesario), produce el valor que el obrero necesita para conseguir sus mediosdevida,y queel capitalistale retribuyecomo salario. Pero la fuerza de trabado ha sido comprada por el capitalista para consumirla durante toda la jornada, por lo cual, en el tiempo restante (tiempo excedente) el

obrerosigueproduciendoun mayorvalor,unaplusvalía, que se la apropiay acumula el capitalista.

•þÿEste trabajo no retribuido de toda la clase obrera o, en

otras palabras, la explotación asalariada, es la fuente de toda la plusvalía de todos los capitalistas, quienes la di- viden en la ganancia para el capital industrial, el interés para el capital financiero y la renta para el dueño de la tierra o terrateniente capitalista.

•þÿEl sistema de producción capitalista, basado en la ex- plotación asalariada, es solo una fase transitoria de la sociedad, cuya misión histórica fue desarrollar las fuer- zas productivas a tal punto que fuera posible pasar a un nuevo nivel de desarrollo social, basado en la coopera- ción del trabajo.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

•þÿLaspropias  contradicciones  internas  del  sistema  capi- talista terminan  amenazando  la existencia misma de  la principal fuerza productiva de la sociedad moderna: el proletariado,  y lo colocan ante la ineludible exigencia de perecer o convertirse en la nueva clase expropiado- ra y sepulturera de los expropiadores capitalistas; en la nueva  clase  dominante  que,  apoyada  en  un  nuevo  Es- tado de Dictadura del Proletariado, tiene como misión entregar nuevamente la propiedad sobre los medios de producción a toda la sociedad.

El método de Marx para llegar a tan extraordinarios descubrimientos en el terreno de la Economía Política, parte de concebir el movimiento social no como una se- cuencia de hechos aisladosy fortuitos, sino como un pro- ceso histórico regido por leyes y contradicciones inde- pendientes de la voluntady la conciencia de los hombres; un  proceso  que va de  lo  simple  a lo  complejo,  que  exige una exhaustiva  y rigurosa investigación de la realidad, y la primera y más simple relación histórica de la sociedad capitalista,  su  célula  económica  fundamental  es  la  forma valor que reviste la mercancía, en cuyo estudio profundo Marx no encuentra cosas, sino relaciones entre personas y, más exactamente, relaciones entre clases, ante lo cual, como lo expusiera una publicación de la época «Marx solo se preocupa de una cosa: de demostrar mediante una  concienzuda  investigación  científica  la  necesidad  de determinados  órdenes  de  relaciones  sociales y de  poner de manifiesto del modo más impecable los hechos que le sirven de punto de partida y de apoyo». De este fenóme- no elemental y despreciado por los economistas burgue- ses de la época, parte Marx para exponer el contenido de todo su estudio en los tres libros de El Capital. Crítica de la Economía Política:

I-þÿ Proceso de produccióny acumulación. II-þÿ Proceso de circulación.

III-þÿ Proceso de producción, acumulación y circulación visto en su conjunto.

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CAPÍTULO 5 - El Capital. Crítica de la Economía Política

Las clases de la sociedad capitalista

El estudio científico de las leyes y del movimiento de la sociedad  capitalista  llevó  a Carlos  Marx  a concluir en  su

obraEl Capital. Críticade la EconomíaPolíticaque: «Los propietarios de simple fuerza de trabajo, los propietarios de  capital y los  propietarios  de  tierras,  cuyas  respectivas fuentes de ingresos son el salario, la ganancia  y la renta del suelo, es decir, los obreros asalariados, los capitalis- tas y los terratenientes, forman las tres grandes clases de la sociedad moderna, basada en el régimen capitalista de producción».

Aun  así,  en  la actualidad,  no  pocos  marxistas,  en  su  li- teratura revolucionaria, se empeñan en desconocer esa conclusión y, con mucha frecuencia, identifican a los campesinos como una clase básica de la sociedad capita- lista,y a los terratenientes los conciben únicamente como vestigio de la sociedad feudal. En atención al énfasis en las denuncias políticas que entre las masas debe hacer la agitación,  se  podría pasar por alto  esa apreciación;  pero, en términos de la propaganda y de la teoría científica del proletariado, esas afirmaciones son unilaterales, impreci- sas y no marxistas.

En realidad, el capitalismo, al imponerse como modo de producción en la agricultura de una sociedad dada, no asimila  ni incorpora  a los campesinos del feudalismo tal como eran en esa  sociedad; sino que, inevitablemente  y como ley, descompone, desintegra y diferencia al antiguo campesinado, a tal punto que deja de seruna clase o esta- mento de clase feudal para dividirse en burgueses y pro- letarios.  Los  primeros, ya  sean  pequeños  o grandes  pro- pietarios  de  medios  de  producción  capitalistas,  compran la fuerzade trabajo de los segundos en unarelación social que ya no es de tributo ni de trabajo de prestación perso- nal del siervo, sino de explotación del trabajo asalariado.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

De ahí que, en las sociedades donde el trabajo asalaria- dose ha convertidoenla basedelas relacionessocialesde producción, la renta de los terratenientes ya no proviene de la explotación del trabajo servil, sino de la explotación asalariada del  trabajo  obrero.  Este  cambio  en  el  origen y la naturaleza de  su  renta los  ha transformado  en  terrate- nientes capitalistas.

En  El Capital,  Marx no  deja lugar a duda sobre  cuáles son  las  clases  básicas  de  la  sociedad  capitalista:  «Trátase de tres grandes grupos sociales cuyos componentes, los individuos que los forman,  viven respectivamente de un salario, es decir, de la explotación de su fuerza de trabajo, de su capital o de su propiedad territorial».

El Salario

Desde los albores del capitalismo hasta nuestros días, la burguesía ha presentado el salario como el pago de todo el trabajo del obrero; pero, en realidad, eso es solo una apariencia que Marx, en El Capital. Crítica de la Econo- míaPolítica, atraviesapararevelarporvez primerala ver- dadera esencia del salario.

Para determinar el valor del trabajo del obrero hay que empezar por distinguir entre su fuerza de trabajo («condi- ciones físicas y espirituales que se dan en la corporeidad, en la personalidad  viviente de un hombre»)  y su trabajo como la función de la fuerza de trabajo.

Lo que la Economía Política Clásica (burguesa) llama«valor del  trabajo»  (salario)  es,  en  realidad,  estrictamente el valorde la fuerzade trabajo, porque el obrero novende su trabajo, sino su fuerza de trabajo;y la vende tal y como

ocurre con cualquier mercancía: por su valor, que en este caso se determina por  el tiempo de trabajo socialmente necesarioparaproducirlay reproducirlao, lo quees equi- valente, por el  valor de los artículos de primera necesi- dad indispensables para producir, desarrollar, mantener,

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CAPÍTULO 5 - El Capital. Crítica de la Economía Política

reponer y perpetuar esa fuerza de  trabajo  o,  lo  que  es  lo mismo,  por lo  que  cuesta  conservar y reproducir a la  fa- milia obrera.

Pero  el  capitalista  cuando  compra  fuerza  de  trabajo  la usa  durante  un  tiempo  mayor al  necesario  para  producir su propio  valor  (salario),  y el mayor valor  (plusvalía) que

obtiene en ese tiempo excedente es la motivación, la cau- sa y el único fin de su inversión.

Aparece así una importante relación que antes estaba

oculta tras la mera apariencia del salario: el valor de la fuerza de trabajo es siempre más reducido que el valor de su función, de su trabajo. En otras palabras, el valor de cambio  de  la  fuerza  de  trabajo  (salario)  es  menor  que  su valor de uso (producto de valor); y ese producto de valor no depende de lo que valga la fuerza de trabajo (valor de cambio), sino de lo que dure su función (valor de uso).

Sin embargo, a los ojos de la sociedad, en los términos jurídicosdelcontratodetrabajoy enel cerebrodelobrero inconsciente,el salariose presentacomoel preciodetoda la jornada de trabajo, quedando oculta la clave, la esencia y la razón de ser de la sociedad capitalista: el trabajo ex- cedente no retribuido al obrero asalariado.

En El Capital. Crítica de la Economía Política, Marx sacaa la luz estacruelrealidad,demostrandocontodapre- cisión que el trabajo sobrante no pagado a la clase obrera es la fuente de la riqueza y de la opulencia de la burgue- sía y los terratenientes capitalistas, es la base que soporta y justifica  la  existencia  de todo el régimen capitalista  de producción. Demuestra con exactitud científica que el modo de producción capitalista, basado en la explotación asalariada, ya ha dado lo que podía dar al desarrollo his- tórico  de  la sociedad, ya los  obreros  dueños  de  la fuerza de trabajopuedeny tienenqueconvertirsetambiénen los dueños de los medios de producción, ya no necesitan de los capitalistas, sino que son ellos, los proletarios, quienes

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

puedendecidirsi clausurano no la válvulade oxígenoque le  permite vivir al  capitalismo:  la explotación  del  trabajo asalariado.

La Plusvalía

Al imponerse, el modo de producción capitalistaindus- trializó y concentró los antiguos y dispersos medios de producción, transformándolos de medios individuales en medios sociales; esto, a su  vez, significaba  la  concentra- ción de los trabajadores,ya no en calidad de siervos, ni de artesanos, ni de trabajadores independientes, sino de mo- dernos esclavos asalariados. La propiedad de los produc- tos sociales no pertenecía a sus directos creadores, sino a los propietariosde los mediosde producción.El capitalis- mo es un proceso social en su conjunto: toda la burguesía compra toda la fuerza de trabajo de toda la clase obrera; y la compra para usarla en la producción de mercancías.

Al consumirla,esafuerzadetrabajoproduceenuntiem- po necesario (una parte de la jornada) su propio valor de cambio que, transfigurado en precio, es el salario recibido por el obrero; y en el tiempo excedente (la parte restante de la jornada) produce una plusvalía que no le pertenece al obrero, sino al capitalista asistido por el derecho que le

otorga el ser dueño de los medios de producción y haber comprado la fuerza de trabajo para usarla durante toda la jornada.

Esta es la relación esencial entre el capital y el trabajo. Esta es la relación básica de toda la sociedad capitalista que, mientras exista, condenará al obrero a ser siempre

obrero más pobre, y al capitalista a ser siempre capitalista más rico. Los dos términos están en una relación inversa:

a más plusvalía para el capitalista, menor  salario para el proletario; y a un aumento general de salarios para la cla- se obrera, una disminución general de la plusvalía para la burguesía.

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CAPÍTULO 5 - El Capital. Crítica de la Economía Política

Por tanto, la ganancia del capitalista no resulta de ven- der las  mercancías  por encima  de  su valor;  el valor de  la mercancía ya encierra de hecho la plusvalía. En otras pa- labras, la parte del valor de la mercancía en la cual se ma- terializa el trabajo no retribuido al obrero, es la plusvalía, y consta de tres partes: la renta del suelo queva al bolsillo del terrateniente por tener el monopolio territorial; el in- terés que va a las arcas del burgués financiero, por haber prestado su capital en la forma de medios de trabajo o de dinero; y la ganancia para el  burgués  industrial  o comer- cial,  por ser el  propietario  de  medios  de  producción  (fá- bricas, máquinas, herramientas, locales, transportes, etc.).

Y, aunquelos explotadoressiemprehanconfundidoa la gente con las apariencias de este fenómeno, presentando la renta del suelo, el interésy la ganancia como productos exclusivos de la tierra  y del capital; son en realidad tres partes  esenciales  de  la  plusvalía, y todas  provienen  de  la explotación del trabajo asalariado, aplicado a la tierra o al capital.

La burguesía siempre ha evitado cuidadosamente el tema de  la plusvalía y,  para ello,  ha presentado  al  salario con la falsaaparienciade remuneración de todo el trabajo del  obrero; y su  ganancia  como  fruto  directo y de  por  sídel capital. Se entiende que, si la burguesía reconociera que el verdadero origen de su capital (ganancia acumula- da), es decir, de su poder, estáen la explotación asalariada de todoel proletariadocomoclase,y noenlas habilidades gerenciales, ni en las capacidades de los inversionistas, ni mucho menos en su sagrado derecho hereditario; enton- ces, ella misma habría colocado su cabeza en la guillotina.

Como en los demás modos de producción, también en el capitalismo, uno de sus componentes son las fuerzas productivas  (la  técnica,  la  tecnología,  los  obreros,  su  ex- periencia y su capacidad productiva), las cuales progre- san incesantemente, haciendo cadavez más productivo el



 

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

trabajo social. Esto obliga a los capitalistas a invertir más capital en medios de producción (capital constante) en comparación con el capital invertido en comprar  fuerza de trabajo(capitalvariable)quees la fuentedelvalor,de la plusvalía, de la ganancia. Esto significa que los capitalistas

obtienen más producción, pero con productos de menos valor; disminuye el precio de cada mercancía  y aumen- ta  el  número  de  mercancías  producidas.  En  términos  de ganancias, mayor masa de ganancia, pero con una decre- ciente cuota de ganancia (g’) entendida como proporción entre la plusvalía obteniday el capital total invertido en la producción (p/C)).

Son varias las formas utilizadas por los capitalistas para contrarrestar la tendencia decreciente de su cuota de ga- nancia, pero las predilectas son: aumentar el grado de ex- plotación del trabajo (prolongando la jornada o intensifi- cándolo) y reducir los salarios por debajo de su valor.

En el proceso de desarrollo del capitalismo, el progre- so de las fuerzas productivas es, a la vez, desastroso para la clase obrera porque cada  vez más el capitalismo estáen menos capacidad de utilizar la fuerza de trabajo de los

obreros, aumentando incesantemente el ejército indus- trial de reserva, con lo cual aumentala competenciaentre los obreros, competencia que se traduce en rebaja del sa- lario; y alentador  porque,  independientemente  de  la vo- luntad de las clases en lucha, representa un acercamiento inevitable hacia el fin del capitalismo  y el comienzo del socialismo.

Son las propias leyes económicas, objetivas e ineludi- bles del sistema de producción capitalista, las que indican su caducidad históricay la necesidad de su reemplazo por un sistema con unas relaciones sociales de producción basadas en la cooperación de los productores, donde el producto social sea también de propiedad social, don- de fluya  libre el desarrollo de las fuerzas productivas en



 

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CAPÍTULO 5 - El Capital. Crítica de la Economía Política

provechodelprogresogeneraldela sociedad:esesistema, es el socialismo.

La RentaCapitalistadel Suelo

La renta capitalista de la tierra tiene su origen en socie- dades anteriores al capitalismo pues, en esencia, lo que hubo fue una transformación de las rentas anteriores feu- dales o semifeudales (en trabajo, en especie o en dinero) a la renta capitalista en  dinero.  Cuando  el  capitalismo  se impuso sobre el feudalismo,  y más exactamente cuando empezó a penetrar al campo, a la agricultura, la burguesía encontró que toda la tierra ya tenía dueños; era una pro- piedad privada monopolizada.  Ante tal situación, o bien debía suprimir ese  monopolio  de  la propiedad  territorial nacionalizando la tierra, o bien continuar pagándole a los terratenientes una renta por el uso de la tierra.

La primera opción de suprimirla propiedad privada so- brela tierra,nacionalizándola,fueinclusolevantadacomo consigaporlos sectoresmásradicalesdela viejaburguesía revolucionaria, pero pronto fue acallada y olvidada, pues representaba: en primerlugar, un golpe mortal a su misma propiedad privada, que es la base del sistema burgués de explotación asalariada;  y, en segundo lugar, porque mu- chos burgueses se convirtieron en propietarios territoria- les y muchos terratenientes, en burgueses compradores de fuerza de trabajo para explotar la tierra.

Se impuso, entonces, el camino de pagarles una renta a los terratenientes, con el agravante de que la tierra existe de  por sí  —como  tal  no  proviene  de  un  trabajo— y si  el trabajo es la fuente del valor de las mercancías, entonces, la tierra no posee valor; pero sí posee un precio que es el equivalente al capital necesario para obtener un interés igual  a la renta de  la tierra.  Por tanto,  no  se  compra o se vende tierra, sino la renta que de ella se obtiene; el terra- tenientese embolsaesarentaúnicamenteporqueposeela

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

propiedadprivadaterritorial,y la poseeúnicamenteporel respeto que la burguesíale profesaa la propiedad privada.

Bajo el régimen capitalista en la producción agrícola existe el obrero asalariado, quien es el verdadero agricul- tor porque con su trabajo le arranca productos a la tierra; existe el capitalista, quien es un arrendatario que nove en la  agricultura  más que una  rama  especial de producción en  la cual  puede  explotar fuerza de  trabajo  para obtener plusvalía; y existe el terrateniente a quien el capitalista le paga un arriendo por el derecho a invertir su capital en la tierra.A esta suma de dinero se le llama rentacapitalista del  suelo, y se  la  apropia  el  terrateniente  —quien  no  le aporta  nada  a la  producción—  por  el  solo  hecho  de  po- seer la propiedad privada sobre la tierra. En este sentido general, es una renta absoluta porque no depende de la situación o la fertilidad de la tierra.

Mientras que en la industria el precio de producción de las mercancías (gastos de producción más ganancia me- dia) lo determinan las condiciones medias de producción; enla agriculturael preciodelos productosagrícolaslo de- terminan las condiciones de las peores tierras, debido, de una parte, a que la producción en las mejores y medianas tierras es insuficiente para el consumo social,  y de otra, a que así se le garantiza la ganancia media al capitalista que invierte en las peores tierras. Esto trae como conse- cuencia que, los capitalistas que invierten en tierras de mediana o mejor calidad pueden producir con un precio inferioral precio general de producción, perovenden con ese precio general. Sin necesidad de  vender  por  encima del precio medio de los productos agrícolas, obtienen una ganancia adicional sobre la ganancia media obtenida en las peorestierras,plusvalíaadicionalquese transformaen renta diferencial para el terrateniente.

Por tanto, un capitalista puede arrendar una tierra con algunas ventajas naturales, tales como saltos de agua,

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CAPÍTULO 5 - El Capital. Crítica de la Economía Política

mejor grado  de  fertilidad  o la  situación  favorable  para  el mercadeo.Al invertirsu capitaly explotarfuerzade traba- jo en estas extraordinarias condiciones, consigue un ren- dimiento  también  extraordinario  con  la  misma  inversión de capital, esto es, obtiene una ganancia adicional por sobre la ganancia media. Esa ganancia extraordinaria se convierte  en  renta  diferencial  para  el  terrateniente,  por- que el capitalistase ve obligado a cedérselaenvirtud de la propiedad privada sobre esa tierra, favorecida por condi- ciones naturales extraordinarias.

También sucede que una tierra de condiciones norma- les es arrendadaporun capitalista,quienle hacesucesivas inversiones de capital en fuerza de trabajo, en medios de producción  o en  mejoras  técnicas,  hasta  lograr  una  pro- ducción agrícola intensificada.  Así obtiene una ganancia adicional, una plusvalía extraordinaria que se la embol- sa como capitalista mientras tenga vigente su contrato de arrendamiento.  Al finalizar tal contrato, esa ganancia extraordinaria también se transforma en renta diferencial parael bolsillodelterrateniente,encalidadde propietario privado de la tierra mejorada.

Las características más generales de la renta capitalista del suelo son:

•þÿLosterratenientes siguen existiendo en la sociedad ca- pitalista, gracias al respeto de la burguesía frente a la propiedad privada.

•þÿLa renta que reciben por la explotación capitalista de la tierra es una renta capitalista, ya no en calidad de te- rratenientes feudales sino de terratenientes capitalistas.

•þÿLa renta capitalista del suelo que se apropian los terra- tenientes  no  es  fruto  intrínseco  de  la  tierra,  sino  de  la fuerza de  trabajo  usada para cultivarla.  Por tanto,  toda rentacapitalistadelsueloes partede la plusvalíaprodu- cida por el trabajo asalariado.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

•þÿLarenta capitalista del suelo se la embolsa el terrate- niente, no por ser fruto de la tierra como lo presenta la engañosa apariencia, sino por su posesión monopolista de la tierra.

•þÿLa propiedad privada territorial es también la causa por la cual también la ganancia extraordinaria se transfiere del capitalista arrendatario al terrateniente en forma de renta diferencial.

•þÿLa renta capitalista obstruye el desarrollo de la agricul- tura, encarece los productos agrícolasy privaa la socie- dad de los beneficios de la mayorproductividad del tra- bajo en las tierras mejor situadas o de mejor fertilidad.

•þÿAsí, acabarconla propiedadprivadasobrela tierrase ha convertidoen unanecesidadsocial,conlo cualse liqui- daría de un solo tajo la renta absoluta que la sociedad le tributa a los terratenientes.

•þÿPero se conservaría la renta diferencial proveniente del monopolio de la explotación capitalista de la tierra, ga- nancia extraordinaria que solo cesaría, si se liquida la propiedad  privada  de  los  capitalistas  sobre  los  medios de  producción,  es  decir,  si  se  acaba con  el  régimen  de explotación asalariada.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París



 

 



CAPÍTULO 6

 

 

LA COMUNADE PARÍS

 

 

Unanecesariaubicación histórica

Como parte del poderoso desarrollo del capitalismo en Europa durante el siglo XIX, a partir de 1830 se expandióen Francia la organización fabril de la producción, con ello también se potenció la organización de los obreros franceses, quienes en aquel año se habían levantado en insurreccióncontrael régimenreaccionariodelos Borbo- nes  representante  del  interés  burgués  sobre  la  gran  pro- piedad  territorial.  Fue  el  proletariado  quien  llevó  a cabo esta  revolución  burguesa  de  julio  de  1830,  pero  quien  se apoderó del poder del Estado no fue el proletariado, sino la burguesía monárquica que instauró el régimen de Luis Felipe de Orleans en representación de los intereses de la aristocracia  financiera y de  la  gran  burguesía  industrial y comercial.

Los años 30 fueron testigos de no pocas insurreccio- nes locales, como preámbulo a la revolución de febrero de 1848 en París, cuando vuelve a cargar el proletariado y

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

de nuevola victoriasobreel derrocadorégimende los Or- leans le es arrebatada por la burguesía republicana quien, bajo la forma de una república burguesa, proclama el do- minio completo de la burguesía en nombre del pueblo, poder contra el cual a los pocos meses, en junio de 1848,

otravez se insurreccionael proletariado,colocandoen ja- que durante cinco días al poder militar burgués de París, para luego ser derrotado y ahogado en sangre su movi- miento. Y en esta batalla, cuando la lucha era contra toda la burguesía, el proletariado fue víctima de la vacilación y la traición de la pequeñaburguesía, cuya base social cam- pesina conservadora permitió  que  se  incubara la contra- rrevoluciónburguesa,llevandoal podermedianteel golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851 a Luis Bonaparte, quien se entroniza como el emperador Napoleón III para retornar al dominio burgués en nombre de la monarquía.

A lo largodeestasinsurreccionesy revoluciones,el pro- letariadono se diferenciócomoclaseporqueno se expre- saba como partido político independiente ni comprendía que debía presentar sus intereses de clase como los inte- reses revolucionarios de la sociedad, sino que intentaba hacerlosvaleral ladoy de conjunto con los intereses de la burguesía, de tal forma que cuando en junio de 1848 por primera  vez se enfrenta cara a cara con la burguesía, su programa de reivindicaciones, se convierte en un progra- ma subversivo que afecta el interés de la burguesía, y esta responde  con  la  matanza,  la  prisión y el  destierro  de  los insurrectos. Estos fueron los puntos esenciales de progra- ma de reivindicaciones del proletariado:

1.þÿ          Limitación de la jornada de trabajo

2.þÿ Abolición del sistema de los subcontratistas 3.þÿ Reglamentación de la colocación

4.þÿ       Establecimiento de un salario mínimo

5.þÿ          Supresión de la obligación de la libreta de trabajo



 

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

6.þÿ Reglamentación  de  la competencia hecha a los  obre- ros con la mano de obra de prisioneros o conventos

7.þÿ Transformación profunda de los consejos de concilia- ción

8.þÿ Indemnización por los accidentes de trabajo 9.þÿ Cajas de retiros para la vejez

10.þÿ Libertad de reunión, de coalicióny de asociación. Estas décadas de revolución en Europa fueron una

condición muy propicia para que florecieran las ideas so- cialistas y comunistas, para que cuajara el primer partido político verdaderamente independiente y verdaderamen- te internacionalista de la clase obrera: La Liga de los Co- munistas,  que  empuñó  como  programa  el  Manifiesto  del Partido Comunista, elaborado por Carlos Marx y Federi- co Engels,y publicado en febrero de 1848.

Las derrotas de las insurrecciones obreras en Europa, y el paso de la crisis capitalista de 1847 al auge industrial, condenaron al silencioy al olvido las ideas del Manifiesto por casi 20 años. Pero fueron precisamente estas ideas, y la experiencia política del corto período de existencia de la Liga de los Comunistas,las condicionesdelmovimiento consciente que permitieron reanimar la organización del movimiento obrero en la forma de la Asociación Inter- nacional de los Trabajadores (conocida como I Interna- cional) fundada el 28 de septiembre de 1864 en Londres, cuyo carácter amplio respondía a la exigencia de organi- zar el gran ejército proletario de Europay Estados Unidos y, portanto, de abanderarun programa más amplio que el Manifiesto:

•þÿLaemancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera.

•þÿLa emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios de clase, sino porla abolición de todo domi- nio de clase.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

•þÿElsometimiento económico del trabajador a los mono- polizadores de los medios de trabajo, es decir, de las fuentes  de vida,  es  la  base  de  la  servidumbre  en  todas sus formas, de toda miseria social, degradación intelec- tualy dependencia política.

•þÿLa emancipación económica de la clase obrera es el gran fin al que todo movimiento político debe ser  su- bordinado como medio.

•þÿTodoslos esfuerzoshaciaestefin hanfracasadoporfal- ta de solidaridad entre los obreros, y de unión fraternal entre las clases obreras de los diferentes países.

El trabajo fundamental de la I Internacional consistióen  formar la  conciencia  de  los  obreros  de vanguardia  de los países capitalistas en las ideas del socialismo científico (por aquella época, en septiembre de 1867, vio la luz el primer tomo de El Capital); sin, por ello, dejar de partici- par activamente en la lucha directa del proletariado, cuya principal  batalla  de  la  época  fue  la  revolución  obrera  de 1871 más conocida  en la  historia  del movimiento obrero como La Comunade París.

Antecedentes inmediatos de La Comuna

Una  vez derrotada la insurrección obrera de París, en junio de 1848, con el golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851, Luis Bonaparte se proclamó emperador Napo- león III (a quienVíctorHugo llamara«Napoleón el peque-ño») e instauró en Francia el Segundo Imperio.

Y, como en toda dictadura de la burguesía sea cual sea su forma,los trabajadoressonquienesllevanla peorparte; tambiénbajoel SegundoImperiola explotaciónse hizoin- soportabley fuerondiezmadaslas organizacionesobreras. Sin  embargo,  el  auge  económico  del  capitalismo  francés terminó en los años 60, lo cual, junto con la recuperación del movimiento obrero, causó un quebrantamiento del régimen  de  Napoleón  III  quien,  para  sobreaguar y hacer

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

frente a la crisis capitalista, se vio obligado—el19 de julio de 1870— a embarcarse en la aventurade unaguerracon- tra Prusia para la conquista de nuevos territorios.

Pero Prusia recién había triunfado, en 1864 y 1866, ha- llándose militarmente muy bien preparada para la gue- rra, por lo cual, Bismarck al mando del ejército alemán contraatacó causando una estruendosa derrota al ejército francés, capturando al Emperadory a 100.000 de sus sol- dados, el 2 de septiembre, en la batalla de Sedán.

Ante tal descalabro, las masas trabajadoras se insurrec- cionaronen Parísy declararonla República,sepultandoel Segundo Imperio y formando un «Gobierno de la Defen- sa Nacional», compuesto por monárquicosy republicanos (enemigos de la insurrección obrerade 1848), encabezado porel generalTrochuennombredela oposiciónburguesa republicana.

Ante  el  estallido  de  la guerra franco-prusiana,  los  diri- gentes socialistas alemanes Liebknetcht y Bebel se abs- tuvieron de votar los créditos de guerra en el Reichtag; en cambio, los nacionalistas lasalleanos dieron su voto de apoyo a Bismark. Así mismo, el Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores, de inme- diato, lanzó desde Londres un Primer Manifiesto llaman- do a la unidad internacionalistade la clase obreray decla- rando  su  emancipación  como  una  causa  completamente incompatible  con  la  guerra  criminal  de  la  burguesía  que, tras intereses nacionales, esquilma y sacrifica a las masas del pueblo.

Las tropas prusianas cercaron la capital ante lo cual las masas, en procura de la defensa de la nación contra el agresor extranjero, respaldaron al «Gobierno de la De- fensa Nacional» quien contaba con un ejército regular  y una milicia llamada «Guardia Nacional», compuesta por 200.000 trabajadores soldados. Pero los miles de obreros armados representaban más peligro para los capitalistas

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

franceses que tener  el ejército prusiano a las puertas de la ciudad, motivo suficiente para que el gobierno burgués tomara la decisión de preparar la rendición.

Esa  traidora  pretensión  de  la  burguesía  republicana  es enfrentada por la movilización de las masas obrerasy tra- bajadoras  en  general,  apoyando,  el  31  de  octubre,  el  pri- merintentoarmadode la GuardiaNacionalporderribaral gobierno. Seis meses de asedio del ejército alemán fueron seis meses de empeoramiento de la situación económica del pueblo que, unida a la pretendida capitulación bur- guesadel «Gobierno de DefensaNacional», el 22 de enero desatan una segunda intentona de derrocamiento del go- bierno  bajo  el  grito  de  ¡Abajo  los  traidores!  Las  calles  de París  son  ensordecidas  por  el  sonido  de  los  fusiles,  pero la intentona fracasa y el gobierno, a cuya cabeza ahora se encuentra el general  Vinoy  en reemplazo de Trochu, encuentra pretexto para prohibir los Clubes republicanos (que junto con los Comités de  Vigilancia de cada distri- to eran la verdadera organización de base de las masas) y dicta órdenes de aprehensión contra insurrectos, a quie- nes se acusa de «agentes prusianos».

Las negociaciones de la capitulación de París terminan el 27 de enero, y el gobierno promulga las condiciones de la  rendición,  con  la  cual  termina  la  aventura  imperial  de«Napoleón el pequeño», cediendoAlsacia, una parte de la Lorenay Metz;y pagando durante tres años una indemni- zación de guerrapor5000 millones, como condición para poner  fin a la ocupación del territorio francés. Luis Na- poleón Bonaparte jamás pudo retornar a Franciay muere exiliado en Inglaterra.

Otra de las condiciones de la rendición fue la inmediata elección de una Asamblea Nacional que designara un go- bierno legal para garantizar la rendición de Francia frente a Prusia.  Y, tal como había ocurrido el 10 de diciembre de 1848, también el 8 de febrero de 1871 el voto de los



 

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

campesinos impuso una mayoría conservadora de 450 monárquicos, de los 750 diputados de la Asamblea Nacio- nal, que de inmediato nombra  como jefe del gobierno a un abogado arribista y recalcitrante reaccionario llamado Adolfo  Thiers,  suspende  la  poca  paga  de la  Guardia  Na- cional y toma medidas de guerra contra la población tra- bajadora parisina, ya desesperada por el hambre y la po- breza causadas por el cerco militar alemán.

Del lado de la revolución, el 15 de febrero se había ele- gido un Comité Central de la Federación de Guardias Na- cionales, en representación de 215 batallones equipados con2000cañonesy 450.000armasdefuego,incluidoslos cañones y las ametralladoras que a principios de marzo fueran  abandonados  por las  tropas  de Thiers,  ante  la  in- cursión temporal en París de 30.000 hombres del ejército alemán.

La  «amenaza»  de  los  obreros  armados  llenó  de  pánico al gobierno burgués, que no pudo más que declarar de hecho la  guerra  civil al ordenar  que 20.000 soldados, al mando del general Lecomte, en la madrugada del 18 de marzo,tomaranlos cañonesquela GuardiaNacionaltenía ubicados en Montmartre, estratégica posición para domi- nar la ciudad. Tal armamento había sido producido en los meses del asedio prusiano  y había sido pagado por  sus- cripción pública, por lo cual los obreros lo consideraban de  su  propiedad y se  dispusieron  a defenderlos  a sangre y fuego, desplegando inmensas manifestaciones obreras y republicanas por  la  ciudad,  y colocando un cordón de barricadas alrededor del barrio de Saint-Honoré.

Solo unos cuantos disparos antecedieron al abrazo fra- terno entre soldados y guardias nacionales, siendo des-

obedecida la orden de Lecomte de disparar a la multitud y, en cambio, cumplida la rendición del ejército ante la Guardia Nacional y la ejecución de los generales Lecom- te  y Clément  Thomas, este último asesino  y verdugo de



 

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

los  obreros  insurrectos  en  1848.  El  enano Thiers,  ante  la deserción de su ejército, junto con la Asamblea Nacional huyó de París paraatrincherarse enVersalles, la nuevaca- pital  de  la  burguesía y en  donde,  Thiers  como  jefe  de  la burguesía francesa, recibió el apoyo de la burguesía pru- siana en cabeza de Bismarck para, unidas, contraatacar la insurrección obrera de París.

Proclamación de La Comunade París

El  18  de  marzo  estalló  en  París  una  revolución  espon- tánea, sin la preparación consciente del partido político proletario, siendo su aparición causada principalmente por: la guerra franco-alemana (el ejército prusiano sitia a París,la amenazay la someteal hambre);la indignaciónde los obreros (ante la traición de la burguesía republicana y la composición reaccionaria de la Asamblea Nacional); el desarrollo de las ideas socialistas en general (por influen- cia  de  la  I Internacional)  unido  a la  situación  de  desem- pleo del proletariado  y de ruina  de la  pequeñaburguesía (víctimas de la política del Segundo Imperio). Ese día Pa- rís amaneció tomada por los obreros armados, alzados en revolución contra el gobierno de Thiers que pretendía adueñarse  de  los  cañones  de  la  Guardia  Nacional  ubica- dos en Montmartre. Si bien, de inmediato los obreros de

otrasciudadesse solidarizaronconla luchade los obreros parisinos, proclamando del 22 al 25 de marzo Comunas en Lyon, Saint-Etienne, Le Creusot, Marsella, Narbona y Toulouse,  estas  no  perduraron  a causa de  su  propia des-

organización. En París, muy  apresuradamente el ComitéCentralconvocóa elecciones,expresandoen su proclama de despedida: «No perder  de  vista que los hombres que mejor os servirán serán los que escojáis de entre vosotros mismos. Los que vivan vuestra propiavida, los que sufran vuestros propios dolores. Desconfiad igualmente de los ambiciosos tanto como de los recién llegados. Desconfiad igualmente de los charlatanes. Evitad a aquellos a quienes ha favorecido la fortuna, porque el que ha sido favorecido

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

porla fortunaes difícilqueestédispuestoa miraral traba- jador como a un hermano».

Dicen los historiadores que la Comuna de París fue elegida el  domingo  26  de  marzo,  cuando  227.000  perso- nas asistieron a las elecciones, y fue proclamada el 28 de marzo con ochenta concejales de los cuales sesentay seis eran revolucionarios, siendo obreros veinticinco de ellos, en su mayoría jóvenes de no más  de veinticinco años. Al respecto, la afirmación de Engels «los miembros de la Co- muna eran todos, casi sin excepción, obreros o represen- tantes  reconocidos  por  los  obreros»  trasluce  la  diferente apreciación del estadístico según sean sus intereses de clase. El 29 de marzo se organiza el gobierno de la Co- muna  conformado por  nueve Comisiones de trabajo, de cinco miembros cada una (Finanzas, Guerra, Justicia, Se- guridad Nacional, Subsistencias, Cambio y Trabajo, Rela- ciones Exteriores, Servicios Públicos y Enseñanza) cuyos delegados forman una Comisión Ejecutiva.

Si bien, de los miembros revolucionarios de la Comuna solo unaminoríaeran influidos porla Asociación Interna- cional de los Trabajadores, estos desempeñaron un deci- sivo papel en el gobierno: Varlin pasa de las finanzas a los abastecimientos y de  estos  a la intendencia,  enfrentando la  atención  alimenticia  de  300.000  desempleados;  el  jo- ven contador Jourde se encarga de las finanzas; Theisz,

organizadorde la Federación de Sociedades Obreras, con el apoyo de los trabajadores del correo, en 48 horas lo reorganiza, pues estaba abandonado y con avisos orde- nando  a sus  empleados  trasladarse  a Versalles  bajo  ame- naza de despido; Avrial, delegado del cuartel de artillería, aprueba el  reglamento  que  fija la jornada laboral  en  diez horas para los talleres del Louvre; Léo Frankel, al fren- te de la Comisión de Cambio y Trabajo, se apoya en una comisión de iniciativas compuesta por trabajadores, en la cual Elizabeth Dimitrief se encarga de la organización de las mujeres obreras.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Así, sencillo, barato, compuesto de trabajadores, sin charlataneríaparlamentaria,el gobiernode la Comunale- gisla y ejecuta al mismo tiempo, medidas revolucionarias comolas descritasporEngelsen la Introducciónal clásico documento de Marx sobre la Comuna, La Guerra Civil en Francia: «El 30, la Comuna abolió la conscripción y el ejército permanente y declaró única fuerza armada a la Guardia Nacional, en la que debían enrolarse todos los ciudadanos  capaces  de  empuñar las  armas.  Condonó  los pagos de alquilerdeviviendas desde octubre de 1870 has- ta abril de 1871, incluyendo en cuenta para futuros pagos de alquileres las cantidades  ya abonadas,  y suspendió la venta de objetos empeñados en el monte de piedad de la ciudad. El mismo día 30 fueron confirmados en sus cargos los extranjeros elegidos para la Comuna, pues“labande- ra de  la Comuna es  la bandera de  la República mundial”. El 1  de abril se acordó que el sueldo máximo que podría percibirun funcionariode la Comuna,y portantolos mis- mos miembros de esta, no podría exceder de 6000 fran- cos (4800 marcos). Al día siguiente, la Comuna decretó la separación de la Iglesia del Estadoy la supresión de todas las partidasconsignadasenel presupuestodelEstadopara fines religiosos, declarando propiedad nacional todos los bienes  de  la  Iglesia;  como  consecuencia  de  esto,  el  8 de abril se ordenó que se eliminase de las escuelas todos los símbolos religiosos, imágenes, dogmas, oraciones, en una palabra,“todolo quecaedentrodela órbitadela concien- cia individual”,  orden  que  fue  aplicándose  gradualmente. El  día  5,  en vista  de  que  las  tropas  de Versalles  fusilaban diariamente a los combatientes de la Comuna capturados por ellas, se dictó un decreto ordenando la detención de rehenes,peroestadisposiciónnuncase llevóa la práctica. El  día 6,  el  137  Batallón  de  la Guardia Nacional  sacó  a la calle la guillotinay la quemó públicamente, entre el entu- siasmo popular. El 12, la Comuna acordó que la Columna Triunfal de la  plaza Vendôme, fundida  con el bronce de los cañones tomados por Napoleón después de la guerra

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

de 1809, se demoliese, como símbolo de chovinismo e in- citación a los odios entre naciones. Esta  disposición fue cumplida el 16 de mayo. El 16 de abril, la Comuna ordenóque se abriese un registro estadístico de todas las fábricas clausuradas por los patronos y se preparasen los planes para reanudar su explotación con los obreros que antes trabajaban en ellas, organizándoles en sociedades coope- rativas, y que se planease también la agrupación de todas estas cooperativas en una  gran Unión. El 20, la  Comuna declaró abolido el trabajo nocturno de los panaderos y suprimió también las oficinas de colocación, que durante el Segundo Imperio eran un monopolio de ciertos sujetos designados por la policía, explotadores de primera fila de los obreros. Las oficinas fueron transferidas a las alcaldías de los veinte distritos de París. El 30 de abril, la Comuna

ordenó la clausura de las casas de empeño, basándose en queeranunaformade explotaciónprivadade los obreros, en pugnaconel derechode estosa disponerde sus instru- mentos  de  trabajo y de  crédito.  El  5 de  mayo,  dispuso  la demolición de la Capilla Expiatoria, que se había erigido para expiar la ejecución de Luis XVI».

Como  se  puede ver,  las  medidas  de  la  Comuna  tienen un rasgo especialmente revolucionario, muy distinto de las medidas revolucionarias que en su tiempo adoptaban las revoluciones burguesas, y muy distante de las medi- das «revolucionarias» típicas de las revoluciones peque-ñoburguesas. Dice Engels, que en la Comuna sus medi- das tuvieron un caráctermarcadamente proletario debido al  componente  obrero  de  sus  miembros, y distingue  tres categorías  en  sus  decretos:  unos,  fueron  reformas  que  la burguesía republicana no se atrevía implantar por vil co- bardía, pues servían de cimientos indispensables para  la libre acción de la clase obrera (caso de la implantación del principio de que, con respecto al Estado, la religión es  un  asunto  de  incumbencia  puramente  privada);  otros, salvaguardaban directamente los intereses inmediatos de la clase  obrera (caso  del  empleo,  salario,  jornada,  etc.), y

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otros tenían ya un tinte socialista que rompían con el vie- jo orden social (caso del funcionamiento de la Comuna como un nuevo tipo de Estado  y la abolición de ciertas formas de explotación capitalista). Sobre esta  última  ca- tegoría, Lenin explica «...en la sociedad moderna, el pro- letariado, avasallado en lo económico por el capital, no puededominarpolíticamentesi norompelas cadenasque lo atan al capital. De ahí que el movimiento de la Comu- na debiera adquirir inevitablemente un tinte socialista, es decir, debiera tender al derrocamiento del dominio de la burguesía,  de  la  dominación  del  capital,  a la  destrucción de las bases mismas del régimen social contemporáneo».

Por su contenido la Comuna de París representa un acontecimiento sin precedentes en la historia del movi- miento obrero, donde por vez primera el proletariado se convierte en clase gobernante en alianza con la pequeña- burguesía que se unió a su lucha. Por su forma, la Comu- na  de  París  se  convirtió  en  el  ejemplo y camino  a seguir por la clase obrera mundial, porque en tan solo 72 días de existencia descubrióy le enseñó cómo se debe resolverel problemacrucialde su revoluciónpolítica:el problemade la  destrucción  del  Estado  burgués y la  instauración  de  la dictadura del proletariado.

El Estado tipo Comuna

La derrota de los ejércitos del Emperador Napoleón III significó la caída del Segundo Imperio, dando paso a la República, en la forma de un Gobierno de la Defensa Na- cional  en  manos  de  la burguesía republicana.  El  proleta- riadohabíaaceptadoestaformade repúblicasoloy a con- dición  de  llevar a cabo  la defensa nacional.  Pero  cuando la burguesía alemana transformó su guerra defensiva en guerra de agresión contra la nación francesa, la burguesía republicana capituló  humillándose  como  un  gobierno  de la traiciónnacional.Conlos ejércitosprusianosa las puer- tas de París solo era posible defender la ciudad armando

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

a la población y armar a la población parisina era armar a la clase obrera, lo cual significaba armar la revolución del proletariado.

La Guardia Nacional fue la forma que tomó el arma- mento general del pueblo, lo cual desvelaba más a la bur- guesía  francesa  que el asedio del ejército alemán.  Tanto así  que  Julio  Favre,  ministro  de  Negocios  Extranjeros  en el gobierno burgués, confesó en alguna de sus cartas que se  «defendían»  no  de  los  soldados  prusianos,  sino  de  los

obrerosde París.Y buenarazónteníanlos burgueses,pues sabían que si el proletariado armado derrotabala agresión de la burguesía alemana, de hecho, quedaba derrotada también la burguesía francesa, cuyo gobierno y ejército habían huido de París. Por tanto, para la burguesía, la de- fensa del poderdel capital estaba porencima de la defen- sa de la nación.

La preocupación principal de la burguesía francesa era¡desarmara los obreros!Pretendióhacerloel 18 de marzo, precipitando una espontánea revolución obrera que que- dó  dueña  del  poder estatal  ante  la  huida  de Thiers y sus ejércitosa Versalles.Así lo expresóel ComitéCentralde la Guardia Nacional en su Manifiesto del 18 de marzo: «Los proletarios de París, en medio de los fracasosy las traicio- nes de las clases dominantes, se han dado cuenta de que ha  llegado la  hora  de salvar  la  situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos públicos... Han com- prendido que es su deberimperiosoy su derecho indiscu- tible hacerse dueños de sus propios destinos, tomando el poder». Fueesteel inmortalaportede la Comunade París a la experienciay la luchadel movimiento obrero interna- cional: resolver, con la iniciativade las masas, el problema del cómo debe ser un Estado en manos del proletariado.

Para aquel entonces, el socialismo ya se había confi- gurado como ciencia a lo largo de una permanente lucha contra tendencias y doctrinas adversas, y al calor de la

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

prácticaen la luchade clase del proletariado.Ya desde los años 40 del siglo  XIX, el marxismo  venía descubriendo, como  parte  del  materialismo  histórico,  que  el  Estado  no ha existido ni existirá siempre, sino que es un producto social propio de las sociedades divididas en clases; un ór- gano de opresión e instrumento de explotación, no situa- do  por encima o al  margen  de  las  clases,  sino  al  servicio de la claseo clasesdominantesque,porlo general,sonlas clases económicamente dominantes.

Sin embargo, la experiencia de la lucha política de la clase  obrera  todavía  no  aportaba  el  conocimiento  direc- to para pulimentar esa teoría. De tal forma que, en 1848, cuando se publica el Manifiesto del Partido Comunista, redactado  por  Carlos  Marx y Federico  Engels,  la  idea  se plantea muy en general: la necesidad de la «organización del proletariado como clase dominante». Es la práctica de las insurrecciones obreras de 1848 en Europa la que permite a Marx desarrollary concretar la conclusiónLa dictadura de clase del proletariado como punto necesario de transición para la supresión de las diferencias de clase en general», expuesta en su obra Las  luchas  de  clases  en Francia de 1848 a 1850, y complementada con una inge- niosa observación: «Todas las revoluciones perfecciona- ban esta máquina [el Estado] en vez de destruirla», hecha en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, escrito a fi- nales de 1851 y principios de 1852.

Fue la experiencia de la Comuna de París la que revelóla forma de esa organización del proletariado como clase dominante, la forma del Estado de dictadura del prole- tariado, a instaurarse en lugar del Estado burgués, al que se debe destruir hasta los cimientos. Así lo expresó Marx en el Manifiesto del Consejo General de la Asociación In- ternacional de los  Trabajadores, titulado La  guerra  civil en Francia: «La Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase produc- tora contra la clase apropiadora, la forma política al fin

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

descubierta para llevara cabo dentro de ella la emancipa- ción económica del trabajo».

Aun cuando la experiencia, el desarrollo y la organiza- ciónde la luchadelproletariadocomoclaseindependien- te no le otorgaban todavía la suficiente preparación para convertirse  en  clase  gobernante,  el  gran  desarrollo  capi- talista de la sociedad francesa permitía que la clase obre- ra  tomase  la vanguardia  de  la  revolución,  como  en  efec- to lo hizo. Por primera vez en la historia del movimiento

obrero,  el  proletariado  mantuvo  la  iniciativa  hasta  tomar el poder.A pesar de las limitaciones, fue asombrosa la ac- tuación, el avance y las medidas dictadas por la Comuna, entre  las  cuales  destella  su  actuación  frente  al  poder del Estado,impulsadaporla guerracivily, enaltísimoporcen- taje, fruto de la iniciativa creadora de las masas obreras.

Contrael monopoliodelas armasenmanosdeunafuer- za especial de represión al servicio de la clase dominante, fuerza que constituye el pilar central del Estado burgués, la Comuna de París, en su primer decreto, colocó las ar- masdirectamenteenmanosdelproletariadocomola nue- va clase dominante. Suprimió el ejército permanente y lo sustituyó por el pueblo en armas, al declarar a la Guardia Nacional única fuerza armada, en la cual debían alistarse todos los ciudadanos capaces de empuñar las armas.

Contra la transformación del Estado  y de sus órganos en señores parásitos de la sociedad, en burocracia del Es- tado, la Comuna de París los convirtió en servidores de la sociedad: «En primer lugar, —dice Engels— cubrió to- dos  los  cargos  administrativos,  judiciales y de  enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar, todos los funcionarios altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores».

Así, formada por consejeros municipales elegidos por sufragio universal, la Comuna de París no era una institu-

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

ción parlamentaria, sino una corporación de trabajo, eje- cutivay legislativa al mismo tiempo.

Sencillas  medidas  que  significaron  tan  profundas y ra- dicales transformaciones en el Estado que, en realidad, la Comunade Paríses la negacióndialécticadelviejoEstado burgués en un nuevo tipo de Estado con un gobierno ba- rato de la clase obrera.

En  cuanto  a tal  nuevo  tipo  de  Estado,  la  esencia  de  la Comuna puede resumirse así:

•þÿLafuente de su poder está en la iniciativa directa de las masas populares desde abajo.

•þÿSustitución de la policía y del ejército como institucio- nes apartadas del puebloy contrapuestas a él, por el ar- mamento general del pueblo.

•þÿSustitución de la burocracia del Estado por funciona- rios asalariados elegibles y removibles por las masas en cualquier momento.

«LaComunatuvoquereconocerdesdeelprimermomento que la clase obrera, al llegar al poder, no podía seguir gobernando con la  vieja  máquina del Estado; que, para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase  obrera tenía,  de una parte,  que  barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ellay, de  otra  parte,  precaverse  contra  sus  propios  diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revo- cables en cualquier  momento». Federico Engels. La  Co- muna  de  París,  como  nuevo  tipo  de  Estado,  fue  la  nega- ción del Estado burgués; y, al mismo tiempo, el comienzo de la negación de todo Estado.

Desde el momento en que la sociedad se dividió en cla- ses, es decir, entre unos que trabajan y otros que viven del trabajo ajeno, se hizo necesario un poderespecial que impidiera la destrucción de la sociedad a cuenta de los antagonismos irreconciliables entre sus clases. Ese poder

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

especial es el Estado, cuya función consiste en refrenar el antagonismo entre las clases, amortiguando sus choques, lo cual no significa conciliar los intereses de las clases an- tagónicas (como lo interpretan y desean los oportunistas), sino todo lo contrario, garantizar el dominio de una clase sobre otras, para lo cual, el Estado priva a las clases opri- midas de ciertos medios  y procedimientos de lucha. De ahí que el instrumento principal, o el pilar  central de la fuerza del Estado, lo constituyen los destacamentos ar- mados de carácter profesional (las fuerzas armadas del ejército  y la policía) quienes tienen el monopolio de las armas  y, junto con sus cárceles, convierten al Estado en una máquina para la opresión de una clase por otra.

Particularmente, en la sociedad capitalista la burguesía pregona  que esa  máquina  del Estado es «una  institución democrática al servicio de toda la sociedad» y, por tanto,«situada por encima de toda la sociedad». Pero eso no es más que una  falsa  apariencia, pues el Estado es un pro- ducto social que tiene un definido carácter de clase; en el capitalismo es un Estado burgués cuya fuente de poder está en el capital y sirve exclusivamente a los intereses de una minoría de la sociedad, los capitalistas (burgueses, te- rratenientes  e imperialistas),  siendo,  además  de  máquina de represión, un instrumento de explotación en manos de los  dueños  del  capital,  que  funciona con  un  gigantesco y costoso aparato burocrático de jueces y diputados par- lanchines, quienes, junto con las fuerzas armadas,  viven como parásitos a cuenta de los impuestos arrancados al pueblo.

El Estado tipo Comuna sigue siendo Estado de clase porque  sirve  al  proletariado  como  clase  dominante  para ejercer su dictadura sobre los antiguos opresoresy explo- tadores; pero es un nuevo Estado que niega al viejo Esta- do burgués, primero porque su fuente de poder está en la iniciativa directa de las masas populares desde abajo, sirviendo y defendiendo, por vez primera en la historia

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de la sociedad, los intereses de la inmensa mayoría (las masas trabajadoras), ya no con destacamentos especiales armados, sino con el armamento general del pueblo en sustitucióndelejércitoy la policía(institucionesapartadas de las masas  y contrapuestas a ellas);  y segundo, porque sustituye el gigantesco aparato burocrático del Estado por funcionarios elegiblesy removibles porlas masas en cual- quier momento y todos, absolutamente todos, remunera- dosconsalariosde obrero.Respectoa estassencillaspero profundastransformaciones,concluyeMarx:«La Comuna convirtió  en  una realidad  ese  tópico  de  todas  las  revolu- ciones burguesas, que es“ungobierno barato”, al destruir las dos grandes fuentes de gastos: el ejército permanente y la burocracia del Estado».

Y en la medida en que las funciones del Estado (que antes  eran  privilegio  y ocupación  de  cuerpos  o destaca- mentosespecialesapartadosdelpueblo)fueroncolocadas porla Comunaen manosde las masastrabajadoras,en esa misma medida se inicia la negación del Estado en general como institución especial de la sociedad, pues sus funcio- nes empiezan a ser cumplidas por toda la sociedad.

Negar  el Estado burgués no es remodelarlo, sino des- truirlo mediante la violencia revolucionaria; destruir su pilar central, sus aparatos e instituciones burocráticas. Esta es la característica esencial de la revolución del pro- letariadoy, de hecho, la abismal diferenciacon las revolu- ciones de la pequeñaburguesía, que en lugarde destruirel Estado burgués lo preservan con el argumento de ejercer a través de él una verdadera  democracia, con lo cual, loúnico que hacen es maquillar  la  dictadura  burguesa, go- bernando en beneficio de la burguesía, pues el carácter de clase de tal Estado sigue siendo burgués, donde la de- mocracia es para los explotadores y la dictadura para los explotados.

En cambio, la democracia proletaria significa dicta- dura abierta sobre la burguesía, los terratenientes y los

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

imperialistas, y democracia real para las masas trabaja- doras de obreros  y campesinos. Mientras la democracia burguesa no va más allá de la proclamación formal de los derechosy las libertades del pueblo, la democracia prole- taria consiste en la participación real de las masas traba- jadoras en la administración del Estado y en el usufructo de  los  bienes  expropiados  a los  expropiadores.  Mientras para la burguesía «igualdad»  es  un  concepto  jurídico  que disfraza  la  desigualdad  de  las  clases,  para  el  proletariado igualdad significa acabar con las diferencias de clase en la posesión de los medios de producción.

De  ahí,  que  como  dijera  Marx  refiriéndose  al  régimen de la Comunade París,«la dominaciónpolíticade los pro- ductores es incompatible con la perpetuación de su es- clavitud  social»,  por  tanto,  el  poder  de  la  Comuna  como nuevo tipo de Estado «había de servir de palanca para ex- tirparlos cimientos económicos sobre los que descansa la existencia de las clasesy, por consiguiente, la dominación de clase. Emancipando el trabajo, todo hombre se con- vierte en trabajador, y el trabajo productivo deja de ser atributo de una clase».

Por eso la Comuna no convirtió el poder político en un fin en sí mismo, sino en un medio para expropiara los ex- propiadores, como lo demuestra  su actuación práctica  a pesarde su cortaexistenciade dos meses: abolió el traba- jo nocturno para los obreros panaderos, suprimió las ofi- cinas de empleo, prohibió con penas la prácticafrecuente de los patronos de rebajar los salarios mediante multas a los  obreros,  entregó  a las  asociaciones  obreras  todos  los talleres y las fábricas que habían sido clausurados por sus dueños, condonó los pagos de arrendamiento desde

octubre de 1870 hasta abril de 1871, prohibió la venta de

objetos  empeñados y clausuró  las  casas  de  empeño,  dis- puso  la  asociación  cooperativa  de  los  obreros  de  la  gran industria y la manufactura, y la organización  de  todas  las cooperativas  en  una gran  Unión,  liberó  a los  campesinos

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de las costas derivadas de la guerra adjudicándoselas a sus  verdaderos causantes, dictó medidas para  destruir  la fuerzaespiritual de represión de la iglesiaseparándoladel Estado y expropiando  a todas  las  iglesias  como  corpora- ciones poseedoras, abrió gratuitamente al pueblo todas las  instituciones  de  enseñanza  eliminando  de  ellas  todos los símbolos religiosos, imágenes, dogmas, oraciones, constriñéndolos a la órbita de la conciencia individual. La Comuna de París cuyo poder  había sido inspirado en el sentimiento de la defensa de la nación contra la agresión prusiana,  por su  carácter de  clase  proletario  se  convirtióen  un  nuevo  tipo  de  Estado  con  un  gobierno  obrero  au- ténticamente internacional.

«La clase obrera no esperaba de la Comuna ningún milagro.  Los  obreros  no  tienen  ninguna  utopía  lista  para implantarla par récret du peuple [por decreto del pueblo]. Saben que, para conseguir su propia emancipación, y con ella esa forma superior  de  vida  hacia  la que tiende irre- sistiblemente  la sociedad  actual  por su  propio  desarrollo económico, tendrán que pasar por largas luchas, por toda una serie de procesos históricos, que transformarán com- pletamente las circunstancias y los hombres. Ellos no tie- nen  que  realizar  ningunos  ideales,  sino  simplemente  dar suelta  a los elementos de la nueva sociedad que la  vieja sociedad burguesa agonizante lleva en su seno». Carlos Marx

La Comunay el Internacionalismo Proletario

Fundada la Asociación Internacional de los Trabajado- res (el 28 de septiembre de 1864) se dedicó a organizar al  proletariado  de  Europa y América  en  un  gran  ejército internacional que luchara como una y la misma clase. Tal actividad  en  Francia  desató  el  odio y la  persecución  por parte del emperador Napoleón III, para quien la Interna- cionaleraun «enemigopeligroso»acusadade serunaaso- ciación secretaque complotabaparaasesinarlo. La propia

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

actividad  pública  de  la  Internacional,  contra  el  despotis- mo del Segundo Imperio  y en favor  de los intereses del proletariado como clase internacional, fue la mejor arma para enfrentary refutar las tramoyas del emperador.

Fue así como, en julio de 1870, apenas iniciadala guerra franco-prusiana  y, en septiembre del mismo año, recién derrotado el ejército imperial en Sedán, el Consejo Ge- neral  de  la  I Internacional  se  pronunció,  respectivamen- te, en un Primery Segundo Manifiestos contra las guerras anexionistas. Denunció a las clases dominantes, cuyos in- tereses son los causantes de las guerras de conquista, con las cuales también se pretende aniquilar el movimiento revolucionario  del  proletariado.  La  I Internacional  llama a la clase obrera de los países enfrentados a unirse y em- puñar  el internacionalismo proletario, con la  convicción de  que  solo  el  poder del  proletariado  podrá acabar defi- nitivamente con las guerras, pues barrerá sus causas. El Segundo Manifiesto de la Internacional termina con es- tas palabras: «Que las secciones de la  Asociación Inter- nacional de los  Trabajadores de cada país exhorten a la clase  obrera a la acción.  Si  los  obreros  olvidan  su  deber, si permanecen pasivos, la horrible guerra actual no serámás que la precursora de nuevas luchas internacionales todavía más espantosasy conducirá en cada país a nuevas derrotas de los obreros por los señores de la espada, de la tierray del capital. ¡Viva la República!».

Organizaciones obreras de Francia y Alemania inter- cambiaron  mensajes  de  paz y amistad,  como  anticipo  de la políticainternacional de paz de unanuevasociedad go- bernada, en todos los países, por el proletariado. La sec- ción  francesa  de  la  I Internacional,  articulada  en  seccio- nes  de  barrios,  sociedades  obreras y cooperativas,  desde su creación en 1865, dio decidido apoyo al movimiento huelguístico. Esto le permitió ganar una buena influencia en el movimiento obrero francés y contrarrestar el apoli- ticismo pregonado por los proudhonianos. Los militantes

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

internacionalistas iban directamente a las regiones donde estallaban las huelgas y contribuían a extender la organi- zacióny la luchade resistenciaeconómica,lo cualacarreóla represiónsobrela secciónfrancesadela I Internacional,

obligándola a sucesivas disolucionesy reorganizaciones.

A principios de 1870, los internacionalistas eran la fuer- za principal del movimiento obrero francés, cuya prin- cipal expresión era el movimiento huelguístico, que fue reprimidoferozmente.Los militantesmásactivosde París y de provincia fueron detenidos, encarcelados o tuvieron que huir. En esa desfavorable situación, los partidarios de la I Internacional tienen que afrontar la guerray, luego, la Comunade París. En esas condiciones: unaciudad rodea- da por el ejército alemán  y los dirigentes obreros inter- nacionalistas en prisión, Marx y Engels consideraban que si la clase obrera intentaba derribar el gobierno sería una acción desesperada y prematura; recomendaban mejor trabajar en la organización de la clase para, con todas sus fuerzas, obtenerel triunfo de la emancipación del trabajo. De ahí que los miembros de la sección francesa de la I In- ternacional centraran su labor de propaganda en explicar el  alcance  de  la  organización  obrera,  en  miras  a la  lucha por una «República social universal».

El 26 de marzo de 1871, al serelegidala Comuna, quedócompuesta por una mayoría de miembros integrada por blanquistas (también predominantes en el Comité Central de la Guardia Nacional) y una minoría compuesta por afi- liados a la  I  Internacional, entre quienes prevalecían los discípulos de la escuela de Proudhon. Se dice que fue- ron los proudhonianos los principales responsables de los decretos  económicos  de  la Comuna,  mientras  la respon- sabilidad  principal  en  los  actos  u omisiones  políticos  re- cayó sobre los blanquistas (quienes en gran mayoría eran socialistas solo por instinto revolucionario y proletario). Y  agrega Engels: «La ironía de la historia quiso —como acontece generalmente cuando el poder cae en manos

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

de doctrinarios— que tanto unos como otros hiciesen lo contrario de lo que la doctrina de su escuela prescribía».

El Proudhonismo se había consagrado como la doctri- na de los pequeños propietarios (campesinosy artesanos), acérrima  enemiga  de la  asociación obrera. Sin embargo, el  decreto  económico  más  importante  de  la Comuna or- denóla organizaciónde la granindustriay la manufactura,

organización basada no solo en la asociación de los obre- ros dentro de la fábrica, sino en la unificación de las aso- ciaciones en una gran Unión que, de haber sobrevivido la Comuna, dice MarxForzosamente habría conducido enúltima instancia al  comunismo,  o sea,  a lo  más  antitético de la doctrina proudhoniana».

Blanqui, jefe de la escuela de la conspiración, concebía el problema de tomar el poder del Estado como producto no de la lucha de las masas, sino de la acción intrépida de un pequeño grupo de hombres que arrastraría tras de sus caudillos a las pasivas masas del pueblo y, por tanto, exi- gía la centralización absoluta del poder del Estado en las manos de tales caudillos. No obstante, contra esa idea de absoluto centralismo, en los hechos todas las proclamas de la  Comuna  invitaron a crear  una  organización nacio- nal, una  Federación o unión libre de todas las Comunas de Francia con París.

Por tanto, la experiencia de la Comuna de París se con- virtió  en  la  sepultura  de  las  doctrinas  que  preconizaban, tanto el socialismo pequeñoburgués como el socialismo utópico.  Contrariando  las  doctrinas  de  la mayoría de  sus dirigentes, el carácter de clase proletario de la Comuna hizo prevalecer en sus hechos, medidas y decretos, la aplicación  concreta  del  socialismo  científico  y del  inter- nacionalismo.Destruyóel viejoEstado,instauróun nuevo tipo de Estado y colocó el poder en manos de las masas, para proceder a la expropiación de los expropiadores. Esto quedó apenas iniciado, pues se interpuso la derrota



 

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

de la Comunacausadaporunas específicas circunstancias históricas (de las cuales se tratará luego). A  los dos días de  ser  proclamada,  la  Comuna  confirmó  en  sus  cargos  a los extranjeros elegidos indicando que «La bandera de la Comuna es la bandera de la República Mundial»; el 12 de abril,  en  presencia  de  dos  ejércitos  burgueses,  el  prusia- no y el bonapartista, ordenó la demolición de la Columna Triunfal de la  plaza  de Vendôme (fundida  con el bronce de los cañones que Napoleón había tomado en 1809) por ser  un símbolo de chovinismo e incitación al odio entre naciones.

Al ser derrotada la Comuna de París, el Consejo Ge- neral  de  la Asociación  Internacional  de  los Trabajadores aprobó el Manifiesto dirigido a todos los miembros de la Asociación, redactado porMarx, titulado La Guerra Civil en Francia. Se constituyó en una obra clásica del mar- xismo que, tomando la realidad de la experiencia de la Comuna de  París,  desarrolló  la teoría en  asuntos  tan  de- cisivos como la lucha de clases, el Estado, la revolución y la dictaduradel proletariado. Destacando en su contenido principal la siempre revolucionaria idea de la necesidad histórica de destruir el Estado burgués y sustituirlo por un  nuevo  Estado  tipo  Comuna,  como  forma estatal  de  la dictadura del proletariado. En uno de sus apartes alude así al internacionalismo: «La Comuna concedió a todos los extranjeros el honor de morir por una causa inmor- tal. Entre la guerra exterior perdida por su traición,  y la guerra civil fomentada por su conspiración con el invasor extranjero, la burguesíaencontrabatiempo paradarprue- ba  de  patriotismo,  organizando  batidas  policíacas  contra los  alemanes  residentes  en  Francia.  La  Comuna  nombróa un obrero alemán [Leo Frankel] su ministro de Trabajo. Thiers, la burguesía, el Segundo Imperio, habían engaña- do constantemente a Polonia con ostentosas manifesta- ciones de simpatía, mientras, en realidad, la traicionaban a los intereses de Rusia, a la que prestaban los más sucios

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

servicios. La Comuna honró a los heroicos hijos de Polo- nia  [ J.  Dombrowski y W. Wróblewski],  colocándolos  a la cabeza de los defensores de París».

La Comunafueal principiounmovimientoheterogéneo y confuso, un gobierno de coalición que abarcaba miem- bros  de  la Internacional,  blanquistas,  proudhonianos,  re- publicanos  burgueses  (temerosos  de  que  se  restableciera la  monarquía)  y nacionalistas (ilusionados en que la  Co- muna relanzara la guerra contra Prusia). Pero en el cur- so  mismo  de  su  movimiento,  el  papel  fundamental  en  su actuación  fue  desempeñado  por los  obreros  (sobre  todo, artesanos de París), entre quienes desde años antes la I Internacional había realizado una intensa labor de propa- ganda socialista, logrando que muchos se afiliaran a ella.

Un añodespuésde serderrotadala Comuna,el Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajado- res, en reunión del 20 de febrero de 1872 a propuesta de Jung, convocó un mitin de masas en Londres paraconme- morarel primeraniversarioel 18 de marzo.El mitinpúbli- co no se realizó por la negativa, a última hora, del dueño del local. Sin embargo, los miembros de la I Internacional y los exfederados organizaron una reunión solemne en la cual fueron adoptadas tres breves resoluciones escritas por Marx especialmente para el mitin.

Resoluciones del mitin convocado paraconme- morar el aniversario de La Comunade París

El mitin convocado paraconmemorarel aniversario del 18 de marzo de 1871 ha adoptado las siguientes resolucio- nes:

I.þÿ Considera que  el  glorioso  movimiento  iniciado  el  18 de marzo es la aurora de la gran revolución social lla- mada a liberar para siempre a la humanidad de la so- ciedad de clases.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

II.þÿ Declaraquelas necedadesy los crímenesdelas clases burguesas, coligadas en toda Europa por su odio ha- cia los trabajadores, han condenado la vieja sociedad a la muerte, sean las que sean las formas de gobierno, monárquicas o republicanas.

III.þÿ Proclama que la cruzada de todos los gobiernos con- tra la Internacional y el terrorismo, tanto de los ase- sinos deVersalles como de sus vencedores prusianos, prueban  la inanidad  de  sus  éxitos y afirman  que  tras la heroica vanguardia destruida por las  fuerzas  man- comunadas de Thiers y de Guillermo se encuentra el amenazante ejército del proletariado universal.

«Últimamente, las palabras “dictadura del proletariado”han vuelto a sumir en santo horror al filisteo socialdemó- crata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz pre- senta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahíla dictadura del proletariado!». Federico Engels

Las mujeres de La Comuna

Decía Carlos Marx que «Cualquiera que conozca algo de historia sabe que los grandes cambios sociales son im- posibles  sin  el  fermento  femenino», y la revolución  de  la Comuna de París confirmó a plenitud esta verdad, donde el valor y heroísmo de las mujeres les acarreó el violento

odio  de  la burguesía  descargado  como  persecución,  cár- cel, destierro  y fusilamiento, siendo acusadas por el go- bierno con la despectiva denominación de les pétroleuses (las incendiarias).

Ya desde la Revolución Francesa en 1789 quedó en evi- dencia  el gran peso e importancia  desempeñado por  las mujeres  en  las  revoluciones  de  la  época  del  capitalismo:

participanen la lucha,esgrimensus propiasreivindicacio- nes políticas, construyen organizaciones para exigirla de- fensa de los derechos de la mujer... si bien, toda su lucha en  aquella  época  estaba  todavía  restringida  al  contenido

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de clase de la revolución burguesa y, por tanto, la eman- cipación de la mujer no sobrepasaba el marco burgués de la  igualdad  formal,  es  decir,  el  marco  de  la  opresión y la desigualdad real.

En cambio, la participación de las mujeres en las in- surrecciones  obreras  de  1848 ya  se  correspondía  con  un contenido diferente, porque ellas formaban parte de la clase  de  los  obreros  modernos  que,  a su vez,  había dado importantes pasos hacia su configuración como clase in- dependiente (con la  Liga  de los Comunistas como orga- nización internacional; y el Manifiesto del Partido Co- munista como programa propio). Desde aquella época el deslinde entre el socialismo científico marxistay el socia- lismo pequeñoburgués de Proudhon se hizo extensivo a la  concepción sobre el papel de la  mujer: mientras para el marxismo era necesaria e inevitable la participación de la mujer en la lucha revolucionaria, pues su verdadera emancipación solo es posible como parte de la  emanci- pación del trabajo asalariado; para el mutualismo proud- honiano la mujer debía ser relegada exclusivamente a las labores  del  hogar,  llegando  a tal  extremo  que,  dice Allan Todden Lasrevoluciones 1789-1917: «CuandoJeanneDé- roin [mujer costurera de profesión y militante de izquier- da] propusopresentarsecomocandidatademócrataenlas elecciones de mayo de 1849, P. J. Proudhon la declaró no apta porque los órganos que las mujeres poseen para ali- mentar a los bebés no las hacen apropiadas para el voto; ella respondió pidiéndole que le mostrara el órgano mas- culino que le facultaba para el voto».

La participaciónrevolucionariade las mujeresen la Co- muna  de  París  fue  especialmente  destacada,  debido  a su experiencia en  anteriores  revoluciones y a la claridad  de su papel  y avance de su organización, en lo cual influyódecididamente la actividad de la  Asociación Internacio- nal  de  los Trabajadores,  que,  en  noviembre  de  1869,  ha- bía cristalizado en la creación de la Cámara Federal de

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

las  Sociedades  Obreras y la  Federación  de  las  Secciones Parisienses de la Internacional, al tiempo que —comenta Encarna Ruíz  Galacho  en  La Comuna de  París y la doc- trina  marxista del Estado—:«El internacionalista Euge- ne Varlin y sus  camaradas,  al  fundar en  1866  la Sociedad de los Obreros Encuadernadores de París, inscribe en los estatutos  la igualdad  de  los  derechos  de  la mujer obrera. Más adelante, en julio de 1869, las obreras del devanadoy la torsión de la seda y las ovalistas, que mantendrían una huelga exitosa, se constituyeron en sección de la Interna- cional».

El 18  de marzo de 1871, cuando estalla la revolución

obrera, fueron las mujeres las primeras en alertar sobre la intención del ejército de  Thiers de apoderarse de los cañones de Montmartre. Fueron las mujeres quienes se plantaron frente a las tropas del gobierno impidiendo con sus cuerpos la movilización de los cañones. Fueron las mujeres quienes incitaron al proletariado  y a la Guardia Nacional a salir en defensa de los cañones, que significa- ba la defensa de París. Dice Allan Todd: «En concreto, las mujeres trabajaron en fábricas de armasy municiones, hi- cieron uniformes  y dotaron de personal a los hospitales improvisados, además de ayudar a construir barricadas. A muchasse las destinóa los batallonesdela GuardiaNacio- nal como cantinières, donde se encargaban de proporcio- nar alimentos y bebidas  a los  soldados  de  las  barricadas, además  de  los  primeros  auxilios  básicos.  En  teoría,  eran cuatro las cantinières destinadas a cada batallón, pero en la práctica solían ser  muchas más. Por  otra parte, abun- dantesdatosmuestranquemuchasmujeresrecogieronlas armas de hombres muertos o heridosy lucharon con gran determinacióny valentía.Tambiénhuboun batallóncom- puesto por 120 mujeres de la Guardia Nacional que luchóconarrojoenlas barricadasdurantela últimasemanadela Comuna. Obligadas a retirarse de la barricada de la Place Blanche, se trasladaron a la Place Pigalle y lucharon hasta

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

quelas rodearon.Algunasescaparonal BoulevardMagen- ta, donde todas murieron en la lucha final».

En la Comuna de París las mujeres no se organizaron con el carácter de «movimiento feminista» ni tampoco elaboraronun programacon«reivindicacionesfeministas»y, si bienorganizaroncooperativas,sindicatosy clubeses- pecíficos para las mujeres (Comité de Mujeres para la Vi- gilancia, Club de la Revolución Social, Club de la Revolu- ción,Uniónde Mujeresparala Defensade Parísy la Ayuda a los Heridos, fundada por miembros de la Internacional), lo más importante fue su participación como mujeres

obrerasy en organizaciones obreras, donde reivindicaron la igualdad de derechos (Club de los Proletarios, Club de los Librepensadores, las Secciones de la Internacionaly la misma Comuna).

Entre las mujeres revolucionarias de la Comuna de Pa- rís se destacan: Elizabeth Dmitrieff quien a los 17 años se afilió a la I Internacional y fue una de las siete del ComitéEjecutivo  de  la Unión  de  Mujeres;  «...André  Léo  respon- sable  de  la publicación  del  periódico  La Sociale;  Beatriz Excoffon, Sophie Poirier y Anna Jaclard, militantes del Comité de Mujeres para la Vigilancia; Marie-Catherine Rigissart, que comandó un batallón de mujeres; Adélaide Valentin, que llegó al puesto de coronel, y Louise Necke- becker,  capitán  de  compañía;  Nathalie  Lemel, Aline  Jac- quier, Marcelle Tinayre, Otavine Tardif y Blanche Lefeb- vre  fundadoras  de  la  Unión  de  Mujeres,  siendo  la  última ejecutada multitudinariamente por  las tropas reacciona- rias,y Joséphine Courbois, que luchó en 1848 en las barri- cadas  de  Lyón,  donde  era  conocida  como  la  reina  de  las barricadas.Se debecitaraúna JeanneHachette,Victorine Louvert, Marguerite Lachaise, Josephine Marchais, Leon- tine Suétens  y Natalie Lemel» (Silvio Costa, La  Comuna de París y las Mujeres Revolucionarias).

Pero, sin duda la mujer revolucionaria más conocida de la Comuna de París fue Louise Michel, fundadora de la

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Unión de Mujeres para la Defensa de París de Apoyo a los Heridosy miembrode la I Internacional.Fuemaestra,hija natural de una sirvienta. Participó en el Club de la Revo- lución y sus  milicias,  comandando  un  batallón  femenino que  combatió  en  las  barricadas  de  París.  En  el  juicio  fue ejemplo de firmeza y convicción revolucionaria, rechazólos abogados designados y presentó su propia defensa, como la defensa de la causa de la Comuna: «No quiero defenderme. Pertenezco toda a la Revolución Social. De- claro aceptar la responsabilidad de mis actos (...) lo que exijo de vosotros... es el campo de Satory, dondeya caye- ron  mis  hermanos.  Es  preciso  separarme  de  la  sociedad, les dijeron que lo hicieran, ¡pues bien! El Comisario de la República  tiene  razón. Ya  que,  según  parece,  todo  cora- zón que bate por la libertad solo tiene derecho a un poco de plomo, ¡exijo mi parte! Si me dejáis vivir, no cesaré de clamarvenganzay de denunciar, en venganza de mis her- manos, a los asesinos de la Comisión de las Gracias». Fue desterrada  por  10 años a Nueva  Caledonia, en donde se unió a la lucha por la independencia política de esa colo- nia francesa; en 1898 escribió Memorias de la Comuna; muere  en  1905  mientras  daba una conferencia a trabaja- dores en Marsella,y es enterrada envuelta en el estandar- te de la Comuna de París.

«Hay pruebas —diceAllanTodd— que indican que, du- rante los últimos días, las mujeres aguantaron más tiempo tras las barricadas que los hombres. En total, se sometió a 1051 mujeres a consejos de guerra, realizados entre agosto de 1871 y enero de 1873: a ocho se las sentenció a muerte, a nueve a trabajos forzadosy a 36 a su deportación a colo- nias penitenciarias».

La derrotade La Comunade París

Al gran triunfo militar conseguido el 18 de marzo de 1871 por  el pueblo en armas sobre el ejército de  Thiers, siguió una decisión incomprensible del Comité Central

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

de la Guardia Nacional: no avanzar sobre Versalles, hacia donde habíahuido el ejército derrotado. Solo el 3 de abril se intentó una ofensiva que fracasó pues, aunque contaba con gran entusiasmo de los comuneros, carecía de prepa- ración políticay militar. El gobierno de Thiers aprovechóla ventaja para reorganizar sus fuerzas militares fortaleci- das con la ayuda de Bismark quien, en representación de la  burguesía  alemana, ordenó liberar  a cientos de solda- dos franceses prisioneros en Sedány en Metz, paraque se unieran a las hordas armadas deVersalles. Esto les otorgó, para los primeros días de mayo, una decisiva superioridad militar sobre los insurrectos de París.

Desde su proclamación el 28 de marzo, la actividad de la Comuna de París fue en gran parte absorbida porla de- fensa militar de la ciudad sometida a continuo asedio por las tropas prusianas y francesas. Desde el 27 de septiem- bre fueron frecuentes los intercambios de disparos entre las fuerzas de  Versalles  y los defensores de las murallas; y cuando  los  comuneros  caían  como  prisioneros  en  ma- nos de Thiers, sin excepción, eran fusilados. Si bien en el frente sur de París, el 11 de abril habían rechazado con gran  éxito  el  ataque  de  las  tropas  francesas,  no  pudieron detener su avance el 3 de mayo sobre Moulin Saquet, el 9 la destrucción a cañonazos del fuerte Issy, y el 14 la pér- dida  del fuerte de Vanves. En el frente occidental desde el 7 de abril se había perdido el puente sobre el río Sena en  Neuilly,  por donde  las  tropas  francesas  incursionaron hastaapoderarse a comienzos de mayo del cinturón urba- no y finalmente, el 21 de mayo, penetraron al interior de París. El ejército prusiano controlaba el perímetro nortey

oriental de la ciudad, pordonde permitían libre paso a los soldadosversalleses.

La  resistencia  más débil se dio en los barrios ricos de la ciudad, situados en su parte occidental; mientras, fue muytenaz la resistencia en los barrios obreros del oriente donde,  así  como  en  el  centro  de  París,  durante  la  última

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

semana de mayo, se levantaron barricadas por doquier con ayudade mujeresy niños.Dicen los historiadoresque en  un  solo  día se  levantaron  más  de  160  barricadas, y en total más de 600; en general, tenían 2 metros de altura y estaban construidas con piedras sacadas de las calles, con parrillas de metal, un cañón o una ametralladora y una  Bandera  Roja  ondeando en su parte superior.  Algu- nas fueron construidas de colchones, otras eran simples bloqueos de las calles con carretas, ladrillos, sacos de are- na o cualquier cosa. Y fue famosa la barricada de la Plaza Blanch,  construida por un  batallón  de  120  mujeres  quie- nes la defendieron valerosamente hasta ser masacradas después de su caída.  Y, desde luego, fueron los obreros los únicos fieles a la Comuna hasta su derrota, fueron susúltimosdefensoresen unaluchadesigualy heroicade más de ocho días en las alturas de Bellevilley Ménilmontant.

Y es allí donde empieza la masacre, descrita así por Federico Engels: «Y entonces llegó a su apogeo aquella matanza de hombres desarmados, mujeres y niños, que habían hecho estragos durante toda  la  semana  con furia creciente.Ya los fusilesde retrocarganomatabanbastante de prisa,y entraronen juegolas ametralladorasparaabatir por centenares a los vencidos. El Muro de los Federados del cementerio de Père Luchaise, donde se consumó elúltimo asesinato en masa, queda todavía en pie, testimo- nio mudo pero elocuente del frenesí al que es capaz de llegar la clase  dominante  cuando  el  proletariado  se  atre- ve a reclamar sus derechos. Luego, cuando se vio que era imposible matarlos a todos, vinieron las detenciones en masa, comenzaron los fusilamientos de víctimas capri- chosamente seleccionadas entre las celdas de presos y el trasladodelos demása grandescamposdeconcentración, donde esperaban la vista de los Consejos de Guerra.

Las tropas prusianas que tenían cercado el sector nor- deste de París recibieron la orden de no dejarpasara nin- gún fugitivo,perolos oficialesconfrecuenciacerrabanlos

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

ojos cuando los soldados prestaban más obediencia a los dictadosde humanidadquea las órdenesde superioridad; menciónespecialmerece,porsu humanocomportamien- to, el cuerpo de ejército de Sajonia, que dejó paso libre a muchas personas, cuya calidad de luchadores de la Co- muna saltaba a la vista».

El 28 de mayo de 1871 fue derrotada la Comuna por las fuerzas reaccionarias del gobierno de Thiers. 30.000 ma- sacrados entre hombres, mujeres y niños. 20.000 asesi- nados en las semanas siguientes, y durante todo el mes de junio, fusilado todo quien insinuara sospecha de haber participado o colaborado con la Comuna. La sangrienta derrota de la Comuna causó más muertos que todas las batallas de la guerra franco-prusiana, e incluso más que los 19.000 muertos del año y medio de terror de la Revo- lución Francesa.

Si bien las realizaciones políticas y económicas de la Comuna de París, durante sus escasos 72 días de existen- cia, ya la habían  inmortalizado  para la historia del  movi- miento obrero como la primera forma de dictadura del proletariado y el primer intento obrero de expropiar a los expropiadores; no a menos altura estuvo su defensa ante el salvaje asalto de los reaccionarios, dejando plasmado para  la  historia  universal  que  al  carácter sanguinario,  te- rrorista y asesino  de  la burguesía para defender sus  inte- reses quevan en contravía con la marcha de la historia; se le opone la firmeza, el heroísmo, el sacrificio e incluso la magnanimidad de la clase obrera en la lucha por su cau- sa, pues si bien tiene y debe destruir el poder del Estado burgués mediante la violencia revolucionaria, mediante la fuerza de las armas, mediante la guerra que es lucha polí- tica con  derramamiento  de  sangre,  jamás  derramará más de la necesariani porvenganzani porescarnio,puestran- sitael caminomáscivilizadoparaderrocara los enemigos:

la lucha de  clases,  cuya dirección  inevitable  es  el  triunfo de la dictadura del proletariado.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

A la memoriade La Comuna3



 

V. I. Lenin

 

Han pasado cuarenta años desde la proclamación de la Comuna de París. Según la costumbre establecida, el pro- letariado  francés  honró  con  mítines y manifestaciones  la memoria de los hombres de la revolución del 18 de mar- zo de 1871. A finales de mayo volverá a llevar coronas de flores a las tumbas de los communards fusilados, víctimas de la terrible «Semana de Mayo»,y ante ellasvolverá a ju- rar que  luchará sin  descanso  hasta el  total  triunfo  de  sus ideas, hasta dar cabal cumplimiento a la obra que ellos le legaron.

¿Porquéel proletariado,nosolofrancés,sinoel de todo el mundo, honra a los hombres de la Comuna de París como a sus predecesores? ¿Cuál es la herencia de la Co- muna?

La  Comuna  surgió  espontáneamente,  nadie  la  preparóde modo consciente y sistemático. La desgraciada gue- rra con Alemania, las privaciones durante el sitio, la des-

ocupación entre el proletariado y la ruina de la peque-ñaburguesía, la indignación de las masas contra las clases superiores y las autoridades, que habían demostrado una incapacidad absoluta, la sorda efervescencia en la clase

obrera, descontentade su situacióny ansiosade un nuevo régimen  social;  la  composición  reaccionaria  de  la Asam- blea Nacional, que hacía temer por el destino de la Repú- blica, todo elloy otras muchas causas se combinaron para

 



3þÿ Para culminar lo concerniente a la Comuna de París, un período tan im- portante en la historia de lucha del proletariado, transcribimos un selecto artículo de Vladimir Ilich Lenin publicado en Rabóchaya Gazeta No. 4-5, 15 (28) de abril de 1911

 

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

impulsar a la población de París a la revolución del 18 de marzo, que puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional,  en  manos  de  la clase  obrera y de  la pequeñaburguesía, que se había unido a ella.

Fue un acontecimiento histórico sin precedentes. Has- ta  entonces,  el  poder  había  estado,  por  regla  general,  en manos de los terratenientes y de los capitalistas, es decir, de  sus  apoderados,  que  constituían  el  llamado  gobierno. Después de la revolución del 18 de marzo, cuando el go- bierno  del  señor Thiers  huyó  de  París  con  sus  tropas,  su policía  y sus funcionarios, el pueblo quedó dueño de la situación y el  poder pasó  a manos  del  proletariado.  Pero en la sociedad moderna, el proletariado, avasallado en lo económico porel capital, no puede dominarpolíticamen- te  si  no  rompe  las  cadenas  que  lo  atan  al  capital.  De  ahíque el movimiento de la Comuna debiera adquirir inevi- tablemente un tinte socialista, es decir, debiera tender al derrocamientodel dominiode la burguesía,de la domina- ción del capital, a la destrucción de las bases mismas del régimen social contemporáneo.

Al principio se trató de un movimiento muy heterogé- neo y confuso. Se adhirieron a él los patriotas, con la es- peranza de que la Comuna reanudaría la guerra contra los alemanes, llevándola a un venturoso desenlace. Los apo- yaron asimismo los pequeños tenderos, en peligro de rui- na si no se aplazaba el pago de las deudas vencidas de los alquileres (aplazamiento que les negaba el gobierno, pero que la Comunales concedió). Porúltimo, en un comienzo también simpatizaron en cierto grado con él los republi- canos burgueses, temerosos de que la reaccionariaAsam- blea Nacional (los «rurales», los salvajes terratenientes) restablecieran la monarquía. Pero el papel fundamental en este movimiento fue desempeñado, naturalmente, por los  obreros  (sobre  todo,  los  artesanos  de  París),  entre  los cuales se había realizado en los últimos años del Segundo

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Imperiounaintensapropagandasocialista,y queinclusive muchos de ellos estaban afiliados a la Internacional.

Sololos obrerospermanecieronfielesa la Comunahas- ta el fin. Los burgueses republicanos y la pequeñaburgue- sía se apartaron bien pronto de ella: unos se asustaron por el  carácter socialista  revolucionario  del  movimiento,  por su carácterproletario;otrosse apartaronde ella al verque estabacondenadaa unaderrotainevitable.Sololos prole- tarios franceses apoyaron a su gobierno, sin temor ni des- mayos, solo ellos lucharony murieron porél, es decir, por la  emancipación de la  clase obrera, por  un futuro mejor para los trabajadores.

Abandonada por sus aliados de ayer y sin contar con ningún  apoyo,  la  Comuna  tenía  que  ser  derrotada  inevi- tablemente. Toda la burguesía de Francia, todos los te- rratenientes,  corredores  de  bolsa y fabricantes,  todos  los grandes  y pequeños ladrones, todos los explotadores, se unieron  contra ella.  Con  la ayuda de  Bismarck (que  dejóen libertad a 100.000 soldados franceses prisioneros de los alemanes para aplastar al París revolucionario), esta coaliciónburguesalogróenfrentarconel proletariadopa- risiense a los campesinos ignorantes  y a la pequeñabur- guesía de provincias, y rodear la mitad de París con un círculo de hierro (la otra mitad había sido cercada por el ejército alemán). En algunas grandes ciudades de Francia (Marsella, Lyon, Saint-Etienne, Dijon y otras) los obreros también  intentaron  tomar  el  poder,  proclamar  la  Comu- na y acudir en auxilio de París, pero estos intentos fraca- saron rápidamente. Y París, que había sido la primera en enarbolar la bandera de la insurrección proletaria, que- dó  abandonada  a sus  propias  fuerzas y condenada  a una muerte cierta.

Para que una revolución social pueda triunfar, necesita por lo menos dos condiciones: un alto desarrollo de las fuerzas productivasy un proletariado preparado paraella.

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

Pero en 1871 se carecía de ambas condiciones. El capita- lismo francés se hallaba aún poco desarrollado, y Francia era entonces, en lo fundamental, un país de pequeñabur- guesía (artesanos, campesinos, tenderos, etc.). Por otra parte, no existía un partido obrero,  y la clase obrera no estaba  preparada  ni había  tenido un largo adiestramien- to,  y en su mayoría  ni siquiera  comprendía  con claridad cuáles eran sus fines ni cómo podía alcanzarlos. No había una organización política seria del proletariado, ni fuertes sindicatos, ni sociedades cooperativas...

Pero lo que le faltó a la Comuna fue, principalmente tiempo, posibilidad de darse cuenta de la situación y em- prender la realización de su programa. No había tenido tiempo de iniciar la tarea cuando el gobierno, atrinchera- do en Versalles y apoyado por toda la burguesía, inició las

operaciones  militares  contra  París.  La  Comuna  tuvo  que pensarantetodoensu propiadefensa.Y hastael final mis- mo, que sobrevino en la semana del 21 al 28 de mayo, no pudo pensar con seriedad en otra cosa.

Sin embargo, pese a esas condiciones tan desfavorables y a la brevedaddesu existencia,la Comunaadoptóalgunas medidas que caracterizan suficientemente su verdadero sentido  y sus objetivos. La Comuna sustituyó el ejército regular,  instrumento  ciego  en  manos  de  las  clases  domi- nantes, y armó  a todo  el  pueblo;  proclamó  la separación de la Iglesia del Estado; suprimió la subvención del culto (es decir, el sueldo que el Estado pagaba al clero) y dio un carácter estrictamente  laico  a la instrucción  pública,  con lo que asestó un fuerte golpe a los gendarmes de sota- na. Poco fue lo que pudo hacer en el terreno puramente social, pero ese poco muestra  con suficiente claridad su carácterde gobierno popular, de gobierno obrero: se pro- hibió el trabajo nocturno en las panaderías; fue abolido el sistema de multas, esa expoliación consagrada por ley de quese hacíavíctimaa los obreros;porúltimo,se promulgó



 

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

el famoso decreto en  virtud del cual todas las fábricas  y todos los talleres abandonados o paralizados por sus due-ños eran entregados a las cooperativas obreras, con el fin de reanudar la producción. Y para subrayar, como si dijé- ramos, su carácter de gobierno auténticamente democrá- ticoy proletario, la Comuna dispuso que la remuneración de  todos los  funcionarios  administrativos  y del gobierno no fuerasuperioral salario normal de un obrero, ni pasara en ningún caso de los 6000 francos al año (menos de 200 rublos mensuales).

Todas estas medidas mostraban elocuentemente que la Comuna era una amenaza mortal para el viejo mundo, basado en la opresión  y la explotación. Esa era la razón de que la sociedad burguesa no pudiera dormir tranquila mientras en el ayuntamiento de París ondeara la bandera roja del proletariado.  Y  cuando la fuerza organizada del gobiernopudo,porfin, dominara la fuerzamalorganizada de la revolución, los generales bonapartistas, esos genera- les  batidos  por los  alemanes y valientes  ante  sus  compa- triotasvencidos,esosRénnenkampfy Meller-Zakomielski franceses,  hicieron  una  matanza  como  París  jamás  había visto.

Cerca de 30.000 parisienses fueron muertos por la sol- dadescadesenfrenada;unos5000fuerondetenidosy mu- chos de ellos ejecutados posteriormente; miles fueron los desterrados o condenados a trabajos forzados. En total, Parísperdiócercade100.000desus hijos,entreellosa los mejores obreros de todos los oficios.

La burguesía estaba contenta. «¡Ahora se ha acabado con el socialismo para  mucho tiempo!», decía  su jefe, el sanguinario enano Thiers, cuando él y sus generales aho- garon  en  sangre  la sublevación  del  proletariado  de  París. Pero esos cuervos burgueses graznaron en vano. Después de  seis  años  de  haber sido  aplastada la Comuna,  cuando

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CAPÍTULO 6 - La Comuna de París

muchos  de  sus  luchadores  se  hallaban  aún  en  presidio  o en el exilio, se iniciaba en Francia un nuevo movimiento

obrero. La nueva generación socialista, enriquecida con la experiencia de sus predecesores, cuya derrota no la ha- bía desanimado en absoluto, recogió la banderaque había caído  de  las  manos  de  los  luchadores  de  la  Comuna y la llevó adelante con firmeza y audacia, al grito de «¡Viva la revolución  social, viva la Comuna!». Y tres  o cuatro  años más tarde, un nuevo partido obreroy la agitación levanta- da por este en el país obligaron a las clases dominantes a poner en libertad a los communards que el gobierno aún mantenía presos.

La memoria de los luchadores de la Comuna es honra- da no solo por los obreros franceses, sino también por el proletariado de todo el mundo, pues aquella no luchó por un objetivo local o estrechamente nacional, sino por la emancipaciónde todala humanidadtrabajadora,de todos los humillados y ofendidos. Como combatiente de van- guardiade la revolución social, la Comunase ha ganado la simpatía en todos los lugares donde sufre y lucha el pro- letariado. La epopeya de su vida y de su muerte, el ejem- plo de un gobierno obrero que conquistó y retuvo en sus manos durante más de dos meses la Capital del mundo, el espectáculo de la heroica lucha del proletariado y de sus sufrimientosdespuésde la derrota,todoestoha levantado la moral de millones de obreros, alentado sus esperanzas y ganado sus simpatías para el socialismo. El tronar de los cañones  de  París  ha  despertado  de  su  sueño  profundo  a las capas más atrasadas del proletariado y ha dado en to- das partes un impulso a la  propaganda  socialista  revolu- cionaria.Poresono ha muertola causade la Comuna,por eso sigueviviendo hasta hoydía en cada uno de nosotros.

La causa de la Comuna es la causa de la revolución so- cial, es la causa de la completa emancipación política  y económica de los trabajadores, es la causa del proletaria- do mundial.Y en este sentido es inmortal.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL



 

 



CAPÍTULO 7

 

 

EL PROGRAMADE GOTHA

 

 

La  gran  batalla  de  clases  de  la  Comuna  de  París  había finalizado en 1871. Mientras la burguesía saciaba su sed de venganza  reaccionaria  contra  los  comuneros,  el  socialis- mo científico  y el comunismo se extendían por Europa, Estados Unidos y Australia, con paso de triunfo sobre las tendencias utópicas, pequeñoburguesas y reaccionarias del socialismo. Ese impulso del pensamiento científico se  reforzó  con  el  impulso  de  la experiencia directa de  la Comuna, haciendo que los obreros en cada país iniciaran en  serio  la  construcción  de  su  partido  para  expresarse y actuar como clase independientey consciente.

Tal vez Alemania había sido el único país donde el mo- vimiento político de la clase obrera copó desde un prin- cipio el ámbito nacional, obteniendo en 1864 el primer triunfo electoral, logrando 9 actas en el Reichstag, de las cuales 3 le correspondían a la tendencia lassalleana y 6 a los eisenachanos.Eranestaslas dosgrandescorrientesdel movimiento obrero alemán: la primera influida por  Fer- nando Lassalle, un publicista pequeñoburgués de visión

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CAPÍTULO 7 - El Programa de Gotha

sectariae impulsordelcaminoreformistapararesolverlos problemas  de  los  obreros;  la segunda,  configurada desde el  Congreso  de  Eisenach  reunido  del  7  al  9 de  agosto  de 1869, con destacados dirigentes obreros como Augusto Bebel y Guillermo Liebknecht, y un Programa fiel a la lí- nea general  de  la Asociación  Internacional  de  los Traba- jadores.

Por insistencia de los lassalleanos, cundió un espíritu unificadordel movimientoobreroalemán,precipitándose un Proyecto de Programa elaborado por representantes de ambas tendencias y, sobre el cual, el Congreso de Go- tha, celebrado entre el 22 y 25 de mayo de 1875, selló su unificación en el Partido Obrero Socialista de Alemania.

El Proyecto de Programafue criticado severamente por Marxy Engels días antes del Congreso: en la carta de En- gels a Augusto Bebel escrita entre el 18 y 28 de marzo de 1875, enla cartadel5 demayodirigidaporMarxa W. Brac- ke, y en el escrito de Marx, Glosas Marginales al Progra- ma del Partido  Obrero Alemán, estos  últimos  publicados más tarde, en 1891, bajo el título Crítica del Programa de Gotha  con  prólogo  de  Engels.  Estos  documentos  compi- lan y dan cuenta de un importantísimo episodio de lucha ideológica de los maestros sobre el contenido y la impor- tancia del  Programa para la unidad y el  éxito  del  Partido del proletariado en su lucha política contra la burguesía.

En  las  cartas  de  Marx y Engels  se  reconviene  a los  je- fes obreros que, obnubilados por la unificación, habían renunciado a su Programa correcto de Eisenach, pactan- do  una  unidad  frágil  e inservible  para  la  lucha  del  movi- miento obrero. En las Glosas Marginales, también cono- cidas como la Carta-programa, Marx pulveriza punto por punto, idea por idea, todas las falsificaciones lassalleanas del Programa de la I  Internacional, en una intransigente defensa de  los  principios,  de  la cual  Engels  en  su  carta a Bebel, destaca cinco aspectos:



 

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

El  primero,  demostrando  la  falsedad  de  la  concepción lassalleana sobre la clase obrera, frente a la cual todas las

otrasno formanmásqueunamasareaccionariaque,sien- do exacto solo en circunstancias excepcionales, es histó- ricamente falso y una tergiversación de la verdad dicha en el Manifiesto Comunista: «De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, solo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado en cambio, es su producto más peculiar».

El segundo, el Programa de Gotha, al convertir en aspi- ración  común  de  los  obreros  de  todos  los  países  «la  fra- ternización  internacional  de  los  pueblos»  (consigna de  la Liga por la Paz y la Libertad, una organización pacifista de republicanos y liberales pequeñoburgueses), reniega prácticamentey porcompleto del principio internaciona- lista del movimiento obrero, reducido por los lassallea- nos a un punto de vista nacional estrecho, eludiendo la precisión del Manifiesto Comunista sobre la necesidad del movimiento obrero de organizarse como clase, como partido en su propio país para poder luchar, lo cual le da a su lucha un carácter nacional solo por su forma, no por su contenido que es estrictamente internacionalista, pues

obedece a la luchade unaclase cuyasituación, interesesy

objetivos son materialmente internacionales.

El tercero, el Programa de Gotha en lugar de propo- nerse «abolir  el sistema  del trabajo asalariado», habla  de«la abolición del sistema del salario» y su «ley de bronce», concepción  económica errada de  los  lassalleanos  basada en la teoría de la población malthusiana (también errada), según la cual siempre habrá obreros de sobra, por lo cual, solo  pueden  recibir en  término  medio  el  mínimo  del  sa- lario y, por tanto —agregan los economistas burgueses—, nunca  se  podrá  acabar con  la  miseria  sino  solo  generali- zarla. Por aquella época, ya Marx había demostrado en El

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CAPÍTULO 7 - El Programa de Gotha

Capital que el salario se regula por diversas leyes com- plejas y flexibles, no de bronce; que la apariencia del sa- lario como el valor—oel precio— del trabajo, era falsa y

ocultabala verdadsobreel salario:el valor—oel precio—de la  fuerza  de trabajo, dejando en claro que «el obrero asalariado solo está autorizado a trabajar  para mantener su propia  vida, es decir, a vivir, si trabaja gratis durante cierto tiempo para el capitalista..., que todo el sistema de producción capitalista gira en torno a la prolongación de este trabajo gratuito..., que, por tanto, el sistema de traba- jo  asalariado  es  un  sistema de  esclavitud,  una esclavitud quese hacemásduraa medidaquese desarrollanlas fuer- zas socialesproductivasdel trabajo,aunqueel obreroestémejor o peor remunerado».

El cuarto. El Programa de Gotha, al levantar como principal  reivindicación  social  la  «ayuda  del  Estado  a las cooperativas de producción» consideradas por la secta lassalleana como la «base de la nueva sociedad», renuncia al  camino  señalado  por  la  I Internacional  de  la  transfor- mación revolucionaria de la sociedad mediante la lucha de  clases, y no  con  los  empréstitos  del  Estado.  Crea  una fantasíasobre las sociedades cooperativas que, dentro del capitalismo, solovaleny le sirven al movimiento obrero si sonindependientesde la protecciónde la burguesía,de su Estado y su  gobierno. En  pocas palabras,  en el  programa de Gotha los eisenachanos abandonaron el movimiento de clases, para acoger el movimiento de las sectas prego- nado por los lassalleanos.

El quinto, pararematar, no se mientaparanadala nece- sidad de los obreros de organizarse en sindicatos que, por su carácter  de masas, en palabras de Engels «se trata  de la verdadera organización de clase del proletariado, en la que esteventila sus luchas diarias con el capital, en la que se educay disciplina a sí mismo».



 

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Haberaceptado el Programa de Gotha, tras el ánimo de unificar el movimiento obrero alemán en un solo parti- do, en vez de un avance, significó un terrible retroceso porque sumió en la humillación, el eclecticismo, la confu- sión y la desmoralización a la corriente internacionalista, la más consciente  y luchadora; mientras que sirvió para prestigiary afianzar una corriente no socialista dentro del proletariado. En este caso la unificación fue un éxito efí- mero, muycostoso para todo el movimiento obrero.

Y si bien por aquella época el socialismo científico triunfante  en  la  batalla  teórica  estaba  apenas  calando  en la concienciade los obreros,erainadmisiblela aceptación del Proyecto de Programa por parte de los eisenachanos, quienes  no  tenían  nada  que  aprender de  los  lassalleanos en el aspecto teórico, el decisivo para el programa. Era inconcebible que en miras a la unificación se hubiese aceptado  un  Proyecto  de  Programa  desmoralizador  para el  Partido,  pues  estaba  edificado  sobre  las  concepciones lassalleanas, corriente sectariaque negabala luchade cla- ses y erigía en panacea universal la ayuda del Estado.

Los principios económicos y la táctica lassalleanos fue- ron demolidos teóricamente en la Crítica al Programa de Gotha surtiendo, con lujo de claridad  y precisión, la in- valuable  enseñanza  para  el  movimiento  obrero  de  jamás conciliar con el oportunismo ni pisotear los principios en aras de juntar fuerzas; pues «en un programa de princi- pios... se coloca ante todo el mundo los jalones por los que  se  mide  el  nivel  del  movimiento  del  partido» y,  ante la tan  necesaria unidad  de  los  obreros,  que  por sí  misma les satisface  y los anima, si no es posible cimentarla so- bre un Programa claro y preciso, es preferible solo pactar acuerdostemporalesparala acción,antesquesacrificarel porvenir del movimiento.



 

 

 

 

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CAPÍTULO 8 - El Anti-Dühring



 

 



CAPÍTULO 8

 

 

EL ANTI-DÜHRING

Unaguíauniversal paratransformarel mundo

 

Su necesidad

La  segunda  mitad del siglo  XIX  fue la  época  donde el movimiento  obrero  maduró  como  el  movimiento  de  una clase  internacional  con  los  mismos  enemigos y unos  co- munes interesesy objetivos, que libró heroicas batallas en Parísconla Comunay enEstadosUnidosporla Jornadade 8 horas de trabajo; batallas que sirvieron para corroborar por experiencia directa la insuficiencia de la mera organi- zación sindicaly de la lucha de resistencia, es decir, la ne- cesidad de expresarse como clase conscientey para sí, en Partidos y Asociaciones Internacionales que dirigieran su lucha política por el poder Estatal. El movimiento obrero porfin se habíapertrechadode unaideologíay un progra- ma propios, que definían el contenido de la lucha de una clase independiente cuyos intereses se corresponden con la dirección que marca la tendencia histórica de la socie- dad hacia el socialismo.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Y si el Manifiesto  del Partido  Comunista había formu- lado con precisión el Programa de la lucha de clase del proletariado hasta el comunismo, fue El Capital la ela- boración  teórica que  desde  el  punto  de vista económico derrumbó las fantasías socialisteras de la época, colocán- dole a la lucha de los obreros modernos la férrea base científica del conocimiento profundo de las relaciones de producción en la sociedad capitalista, y de sus leyes de desarrollo, que inexorablemente la conducen a la deca- dencia y caducidad, haciendo inevitable el advenimiento del socialismo y el comunismo, como una etapa superior de desarrollo social.

En esta lucha abierta, públicay sin tregua contra las co- rrientes que concebían el socialismo como una sociedad fantástica impuesta desde fuera y sin nada que ver con el capitalismo, cuando estaban siendo aniquiladas teórica- mente escuelas tales como el socialismo pequeñoburgués de  Proudhon,  el  anarquismo  de  Bakunin  y el  sectarismo de  Lassalle,  de  repente,  en  1875  aparece  en Alemania un profesor llamado Eugenio Dühring quien, apoyado en las teorías  de  Proudhon y Lassalle,  lanza  una  fuerte  embes- tida de idealismo, de metafísica, de utopismo, en general de fantasía para soñar en un capitalismo sin sus males; un embrollado sistema que significaba la subversión de toda la  ciencia  en general  y, en particular, de la  ciencia  de la revolución proletaria, el marxismo en sus partes integran- tes:  la  filosofía  del  materialismo  dialéctico  e histórico,  la economía políticay el socialismo científico.

Un ataque del cual advertía Engels en 1878: «Por lo visto, la libertad científica consiste en escribir de todo aquello que no se ha estudiado, queriendo luego impo- ner esas elucubraciones como el único método rigurosa- mente científico del mundo. El señor Dühring no es más que uno de los tipos más representativos de esa  ruidosa seudociencia que por todas partes se coloca hoy en Ale- mania, a fuerza de codazos, en primera fila y que atruena el espacio con su estrepitoso... ruido de latón».

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CAPÍTULO 8 - El Anti-Dühring

Y es que por aquellos días abundaban los «creadores de sistemas» filosóficos, económicos, políticos, naturales, etc., donde una parte de la prensa socialista se prestaba para publicarcandorosamente las doctrinas dühringianas, y no faltaba quien (como Most) las popularizara entre los

obreros, siendo el discípulo más fanático de Dühring, el dirigente  del  partido  Eduardo  Bersntein,  quien  contami- nó a no pocos dirigentes eisenachanos (tales como Most, Bebel y Bracke) y años más tarde saltó a la palestra como ideólogo del revisionismo clásico. El propio Bebel des- de la cárcel escribió artículos para el Vorwärts, haciendo apología de  las  teorías  de  Dühring,  lo  cual  llevó  al  límite la preocupación de Marx y Engels, que por aquellos días residían en Londres.

Más que la tenaz insistencia de Liebknecht para que se confrontara de raíz a Dühring, fue el enorme peligro para la conciencia todavía en  formación  del  movimiento

obrero  lo  que  hizo  inaplazable y necesario  que  Federico Engelsse dieraa la tareade demolerhastalos cimientosel tan  «novedoso»  sistema,  en  una formidable  lucha teórica recopilada  en  1878  en  el  Anti-Dühring  cuyo  título  origi- nal fue, La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring.

En realidad, la polémica se había iniciado desde el 1  de enero de 1877 publicada por artículos en el Vorwärts, ór- gano  central  del  partido  socialdemócrata  alemán:  la  pri- mera sección sobre filosofía apareció a lo largo de die- cinueve  números  del  periódico  hasta  el  13  de  mayo  (por cierto publicada con mutilaciones y descuido editorial que no hizo esperar la protesta airada de Engels al jefe de redacción Liebknecht quien se encontraba muy distraído en la lucha electoral); la segunda sección sobre Economía Políticase publicóen nueveentregasentreel 27 de junioy el 30 de diciembre de 1877; y la tercera sección sobre So- cialismo se insertó en cinco números entre el 5 de mayoy el 7 de julio de 1878.

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

El Anti-Dühring no es una disquisición académica con un profesor universitario, ni la entronización de una doc- trina sobre las nubes, ni la oposición de otro sistema al sistemadel profesorDühring. Es unaardiente luchateóri- ca que aprovecha la necesidad de combatir las especula- cionesde Dühring,paraexponer,defendery desarrollarla ciencia de la revolución proletaria, para armar las mentes de los proletarioscoadyuvandoa quelas ideasse convier- tan en la fuerza material de la lucha obrera, la lucha de laúnicaclase que porvez primeraen la historiapuede exigir la abolicióndelas clasesengeneral,puessu emancipación como clase implica la emancipación de la humanidad.

El Anti-Dühring es una guía universal para transformar el mundo.



 

La introducción

La demoledoraluchateóricaque Engels libró contralas especulaciones del profesor Dühring fue en realidad una brillante defensa, exposición y desarrollo de la filosofía del materialismo dialéctico e histórico, de la economía política marxista y del socialismo científico, cuestiones que  años  después,  Lenin  denominaría  las  tres  partes  del marxismo. Una ciencia íntegra coherente y exacta, con raíces en los hechos económicos del capitalismo, pero enlazada en su forma teórica con el pensamiento existen- te en aquella época.

Por ello Engels dedica la parte introductoria del An- ti-Dühring, en primer lugar, a mencionar las corrientes de pensamiento con las cuales enlazaba el marxismo, ne- gándolas en un desarrollo cualitativamente superior;y, en segundo lugar, a resumir en frases textuales lo prometido por Dühring.

En una rápida referencia al pensamiento que antecedióa la ciencia marxista, Engels comienza mencionando a los

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CAPÍTULO 8 - El Anti-Dühring

teóricos  de  la  gran  Revolución  Francesa,  quienes  fueron radicalmente revolucionarios frente a las anteriores for- mas  de  sociedad y de  Estado,  a sus  tradiciones y prejui- cios, superstición e injusticia, privilegios y opresión; con- denandotodolo retrógradocomoirracionalen el tribunal de la razón. Sin embargo, el Reino de la Razón no era más que la idealización del Reino de la Burguesía: la justicia eterna se encarnó en la justicia de los tribunales burgue- ses, la igualdad de todos los ciudadanos en la igualdad burguesa ante la ley, la propiedad burguesa en uno de los másesencialesderechosdel hombre,y el Estadode la Ra- zón se materializó en la República democrática burguesa.

Los representantes teóricos de la burguesía desde un comienzopresentaronla luchacontrala nobleza,nocomo una lucha de clases en defensa de los intereses burgueses, sino como una gesta en defensa de los intereses de todos los trabajadores explotados y oprimidos por el reino de los feudales. Desde entonces, siempre la burguesía dice ser la representante y defensora de  los  intereses  de  todo el pueblo. Pero, junto a la contradicción entre feudales y burgueses, desde un comienzo existe la contradicción entre explotadores y explotados, entre ricos ociosos y pobres trabajadores, entre burguesía y proletariado. En consecuencia,  siempre,  dentro  de  cada gran  movimiento burgués,surgieronmanifestacionesde movimientosinde- pendientes contra la propia burguesía: Thomas Münzer en Alemania,  los  levellers  en  la  revolución  inglesa, y Ba- beuf en la gran revolución francesa.

El capitalismo llegó a la historia acompañado de sus se- pultureros: los esclavos modernos asalariados, la clase de los proletariosque,desdemuytempranaedad,comenzóa elaborar expresiones teóricas revolucionarias tales como las ideas comunistas francesas de Morelly  y Mably bajo la  forma  doctrinaria  de un comunismo ascético esparta- no  que  se  atrevió  a exigir  la  supresión  de  las  diferencias de clase; las ideas de los grandes socialistas utópicos de

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

Francia e Inglaterra, Saint Simon, Fuoriery Robert Owen quienes, no en nombre del proletariado sino de toda la humanidad,condenaronel mundoburguéstambiéncomo algo irracional; y las ideas del comunismo igualitario utó- pico de Weitling, dirigente del movimiento obrero ale- mán. Para todos ellos el socialismo debía ser la expresión de la verdad absoluta, de la razóny la justiciaabsolutas, es decir, un socialismo ideal sin ninguna procedencia de las contradicciones de la sociedad capitalista.

Además de la filosofía francesa del siglo XVIII, surgióla filosofía clásica alemana cuya máxima expresión fue Hegel, quien hizo conscientes las leyes de la dialéctica, restituyéndola como la forma suprema de pensamiento, pues ya había sido practicada por los antiguos filósofos griegos  de  una  manera  innata y espontánea.  Pero  la  dia- léctica, «que concibe las cosas y sus reflejos conceptuales esencialmente en su conexión, en su encadenamiento, su movimiento, su origen y su perecer», no fue el método de pensamiento que cautivó a los filósofos del siglo XIX por- que fueron arrollados por la fuerte y directa influencia de los científicos, los protagonistas del monumental desarro- llo en todaslas cienciasdesdemediadosdelsiglo XV. Y los científicos,desdeluego,se especializaronen el estudiode las partes de la naturaleza, en sus procesos o fenómenos como hechos aislados y en reposo, esto es, fueron limita- dosal métododepensamientometafísicoparael cual,«las cosasy sus imágenes mentales, los conceptos, son objetos de  investigación  dados  de  una vez y para  siempre,  aisla- dos, uno tras otro y sin necesidad de contemplar el otro, firmes, fijos y rígidos».

En contraprestación,el estudiocientíficodela naturale- za —genuinamente dialéctica— proporcionó una cantera de  pruebas  sobre  el  funcionamiento  de  todas  sus  partes, procesos y fenómenos, acorde con la dialéctica y no con la metafísica. El progreso científico permitió al marxismo

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CAPÍTULO 8 - El Anti-Dühring

formularel materialismo dialéctico, en negación del idea- lismo dialéctico de la filosofía clásica alemana, y como concepción y método generales de pensamiento necesa- rios para todas las ciencias; suprimiendo el pedestal de la filosofía como madre de todas ellas y reduciéndola a la  doctrina  del  pensamiento y de  sus  leyes,  es  decir,  a la lógica formaly la dialéctica.

Por su  parte,  desde  mucho  antes,  se  habían  producido acontecimientos históricos que al estudiarlos con el mé- todo del materialismo dialéctico cambiaban por comple- to  la  faz  hasta  entonces  conocida  de  la  historia  que  solo mostraba las hazañas de los grandes hombres, cuando en realidad ha sido la historia de la lucha de clases, donde tales clases en la sociedad son producto de sus relaciones de producción y distribución, siendo la estructura eco- nómica de la sociedad el fundamento a partir del cual se explica  toda  la  superestructura  —que  se  levanta  sobre  la estructura—encuantoa institucionespolíticasy jurídicas, así como sus representaciones filosóficas, religiosas, artís- ticas, morales, etc.

Estanuevacienciaparaestudiarla historiadela sociedad y comprender  las leyes de su movimiento  y la  dirección de su desarrollo es el materialismo histórico, unaconcep- ción que permite explicar la conciencia del hombre —sus ideas— a partir de la forma como vive—suser—. Con tal concepción se pudo mostrar, cómo los propios hechos de la  vida desmentían las teorías que ya desde aquellos tiempos promulgaban los economistas burgueses sobre«la identidad de intereses entre el capital y el trabajo», sobre el capitalismo como fuente de «armonía  general  y bienestar universal del pueblo». El materialismo histórico permitió  examinar el  modo  de  producción  capitalista  en su conexión con otros modos de producción, su nece- sidad histórica  y la necesidad de su desaparición, cues- tión  que  el  socialismo  utópico  nunca  pudo  comprender,

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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL

pues siempre se circunscribió a criticar las consecuencias desastrosas del capitalismo.

Al comprenderlas leyesinternasdelcapitalismose des- cubrió que el capitalista, aun comprando la fuerza de tra- bajo del obrero al precio que tiene como mercancía —el salario—, obtiene de esa fuerza un valor mayor que el pa- gado,unaplusvalía—apropiacióndeltrabajonopagado—, lo cual caracteriza la explotación del trabajo asalariado y es, por tanto, el soporte fundamental de la existencia y el desarrollo  del  sistema  capitalista,  puesto  que  la  plusvalía que produce toda la clase obrera se acumula en manos de las clases poseedoras de los medios de producción.

Estos dos grandes descubrimientos del marxismo: la concepción  materialista de  la historia y la ley de  la plus- valía, convirtieron el anhelo socialista de los explotados en una ciencia que niega las utópicas ensoñaciones so- cialistas con el socialismo científico; que encuentra en las entrañas del capitalismo, en sus contradicciones internas, las causas de su desaparición histórica y las premisas, las fuerzas  y la necesidad inevitable de una  nueva sociedad socialista gobernada por el proletariado, como una etapa de transición hacia la sociedad sin clases, el comunismo.

De ahí que Engels, al comenzar su histórica polémi- ca, precisó: «El socialismo moderno es, ante todo, por su contenido, el producto de la percepción de las contradic- ciones de clase entre poseedores y desposeídos, asalaria- dos y burgueses, por una parte, y de la anarquía reinante en la producción, por otra. Pero por su forma teórica, se presenta inicialmente como una ulterior continuación, en apariencia más consecuente, de los principios sentados por los grandes ilustrados franceses del siglo XVIII».

Estandoasí las cosasdelpensamientosocial,apareceun profesor universitario  llamado  Eugen  Dühring  anuncian- do la subversión total de la filosofía, la economía política

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CAPÍTULO 8 - El Anti-Dühring

y el socialismo.Y, bajo la advertenciade su lenguaje como«lo selectode un modode expresiónsin contemplaciones, y al mismo tiempo modesto en el auténtico sentido de la palabra», Dühring en filosofía se declara como el único filósofo del presentey del futuro en cuyo «sistema natural

o de la filosofía de la realidad... la realidad es pensada en este sistema de tal modo que excluye toda veleidad de concepcióndel mundofantasiosa,subjetivistay limitada... una  investigación  que  llega  hasta  las  raíces...  una  ciencia radical, una concepción estrictamente científica de las cosas y de los hombres... un trabajo de pensamiento que penetra todo  en  todas  direcciones...». En  política y eco- nomíaDühringpromete«ampliostrabajoshistóricosy sis- temáticos... los cualesya han aportado en economía crea- doras inflexiones...» un plan sistemático completamente elaborado para  la  sociedad del futuro «fruto práctico de una teoría clara  y que llega hasta las últimas raíces... un auténtico propio en el lugarde la propiedad solo aparente y transitoria o violenta...».

Dice Engels que cuando se cree tener la  verdad defi- nitiva de última instancia y el único proceder científico riguroso, es inevitable el desprecio total por el resto de la  humanidad, errada y acientífica... ese es el sentimien- to del señor Dühring ante sus predecesores y los grandes pensadores. Finaliza la Introducción con estas palabras:

«Tras  de  lo  cual  moriremos  sumidos  en  el  más  profundo respeto por el genio más poderoso de todos los tiempos. A condiciónde quetodoseaefectivamentecomoél dice».


FIN

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