© Libro N° 15052. Memorias Del Movimiento Obrero Mundial. Rangel, Jaime. Emancipación. Abril 25 de 2026
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
Jaime
Rangel
Memorias Del Movimiento Obrero Mundial
Jaime Rangel
JAIME RANGEL
MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
Título Original:
Memorias del Movimiento Obrero Mundial
1a. Edición:
Colombia, enero de 2026
Edición e impresión: Periódico Revolución Obrera
Este libro es editado, impreso y distribuido por Revolución Obrera,órgano de la Unión Obrera Comunista (marxista-leninista-maoista).
Se permite y recomienda su traducción, reproducción y muy
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Contenido
Prólogo.....................................................................................5
A Manera de Introducción.................................................... 7
CAPÍTULO 1
EL NACIMIENTO DE LA CLASE OBRERA.....................9
CAPÍTULO 2
EL PRIMERO DE MAYO Y EL MOVIMIENTO
OBRERO EN ESTADOS UNIDOS....................................19
CAPÍTULO 3
EL MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA...........41
CAPÍTULO 4
LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL
DE LOS TRABAJADORES..................................................57
CAPÍTULO 5
EL CAPITAL. CRÍTICA
DE LA ECONOMÍAPOLÍTICA........................................90
CAPÍTULO 6
LA COMUNADE PARÍS...................................................107
CAPÍTULO 7
EL PROGRAMADE GOTHA...........................................146
CAPÍTULO 8
EL ANTI-DÜHRING...........................................................151
Prólogo
El libroquetieneel lectorensus manoses partedeltra- bajo del camarada Jaime Rangel, uno de los más grandes dirigentes del movimiento comunista en Colombia y de los más notables del Movimiento Comunista Internacio- nal en lo queva del presente siglo. Jaime Rangel se propu- so entregar de forma didáctica: «la historia del proceso de formación y desarrollo de la clase obrera en su materiali- dad (situación, organización, lucha, internacionalización) y en su conciencia (de su situación en la sociedad, sus in- tereses, sus tareasy misión histórica)», para decirlo en sus propias palabras.
Esta historia del movimiento obrero fue presentada en 33 entregas en el periódico Revolución Obrera, órgano central de la Unión Obrera Comunista (mlm) en el trans- cursodevariosaños.Un trabajoqueel autorse vio obliga- do a posponer por periodos ante otras urgencias del mo- vimiento comunista como la lucha contra el revisionismo yla claudicación en Nepal, contra el centrismo en las filas del extinto Movimiento Revolucionario Internacionalista, contra el revisionismo de la «nueva síntesis de Avakian», en la elaboración de la Propuesta de Formulación de una Línea Para la Unidad del Movimiento Comunista Inter- nacional, además de las tareas teóricas, políticasy organi- zativasde la UOC(mlm) de la cualfue su SecretarioPolíti- co hasta pocos meses antes de su fallecimiento en agosto de 2023.
Por consiguiente su trabajo sobre la Historia del Mo- vimiento Obrero apenas alcanzó a recorrer las primeras etapas desde el surgimiento del proletariado hasta 1878, fecha en que fue publicado El Antidühring, quedan- do pendiente un largo trecho de la historia de nuestro
MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
movimiento; un trabajo que se hace necesario completar por parte de los nuevos camaradas; por cuanto, como de- cía Jaime Rangel:
Todo obrero que tenga la aspiración de transformar- se en proletario consciente debe conocer la historia de su movimiento, su origen, vicisitudes, experiencias, vic- torias y derrotas en su lucha de clase. Solo así se puede comprenderquela teoríaes la experienciadel Movimiento
Obrero de todos los países tomada en su aspecto general; que, si los obreros no cuentan con un Partido político in- dependiente, su lucha será malograday puesta al servicio
de los intereses de otras clases; que el oportunismo es el principal respaldo de la burguesía en el seno del Movi- miento Obrero y sin su derrota será imposible vencer a la burguesíay al imperialismo.
No es una tarea academicista sino de orden práctico para la lucha del proletariado mundial que hoy enfrenta grandes desafíos ante la agudización extrema de las con- tradicciones del imperialismo que anuncian su muerte; pero que así mismo, hacen resurgir como nuevas, las vie- jas recetasde los utopistasy los enemigos,queya hansido derrotadas teórica y prácticamente en la larga lucha del movimiento obrero por su liberación.
Finalmente, la publicación de esta serie de artículos en el presente libro, hace parte de la decisión del Comi- té de Dirección de la UOC (mlm) de recopilar y publicar los principales escritos del camarada Jaime Rangel con el propósito de rendirhomenaje a su memoriay permitirle a las nuevas generaciones, conocer de forma ordenada sus contribuciones a la causa de la emancipación del prole- tariado y a su lucha infatigable por abolir toda forma de explotacióny de opresión sobre la tierra.
Comisión de Agitacióny Propaganda
Unión Obrera Comunista (mlm) Colombia, enero 2026
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Memorias del
Movimiento Obrero Mundial
Jaime Rangel
A manerade introducción
Cuando se habla de historia, es común el extravío bur- gués de reducirlaal recuento de unaserie de sucesos caó- ticos, aislados y de hazañas de heroicos personajes. No, la historia es el proceso de desarrollo de la humanidad, el movimiento de la sociedad desde niveles primitivos hasta su más perfecta organización alcanzada desde comienzos delsigloXX: el socialismo.Es unmovimientoquetal como el de la naturaleza se rige por leyes, cuyo conocimiento fue el gran logro del Materialismo Histórico Marxista.
Una faceta de esa historia de la sociedad es la del Mo- vimiento Obrero internacional, el mejor de los sucesos que le haya podido ocurrir a la humanidad en los últimos siglos, porque constituye todo un torbellino revoluciona- rio que pondrá en orden de nuevo a esta descompuesta y embrollada sociedad que nos ha deparado el capitalismo imperialista.
Todo obrero que tenga la aspiración de transformarse en proletario consciente debe conocer la historia de su movimiento, su origen,vicisitudes, experiencias,victorias
y derrotas en su lucha de clase. Solo así se puede com- prender que la teoría es la experiencia del Movimiento Obrero en todos los países tomada en su aspecto general; que, si los obreros no cuentan con un Partido político in-
dependiente, su lucha será malograda y puesta al servicio de los intereses de otras clases; que el oportunismo es el principal respaldo de la burguesía en el seno del Movi- miento Obrero y
sin su derrota será imposible vencer a la burguesíay al imperialismo. En pocas palabras, la Historia del Movimiento Obrero es la historia del proceso de for- mación y desarrollo de la clase obrera en su materialidad
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
(situación, organización, lucha, internacionalización) y en su conciencia (de su situación en la sociedad, sus intere- ses, sus tareasy misión histórica).
Empecemos por distinguir entre «Proletariado» y «Mo- vimientoObrero».Se le llamaproletariadoa la claseobre- ra moderna que, si bien es libre individualmente y libre de medios de producción, está atada al salario como una clase de esclavos asalariados. Pertenecen a ella quienes devengan el sustento de la venta de su fuerza de trabajo; venta que no constituye una relación jurídica, sino social. En su mayoría están masivamente concentrados (llámese
organizados) en fábricas,y su posición de estar completa- mente desposeídos de los medios de producción los con- vierte en la única claseverdaderamente revolucionaria de la actualidad.
Por su parte, el Movimiento Obrero está conformado por los proletarios de todos los países, organizados y mo- vilizados en lucha por los intereses que le son comunes como clase. En un comienzo su lucha era entablada por
obreros aislados, después agrupados por fábrica, y más
tarde se fue ampliando a los obreros del mismo oficio o diversos oficios en una localidad, ciudad o país.
Así se fue acrecentando su número y concentración, progresó su organización independiente y sus luchas ad- quirieron el carácter de choques en toda la línea contra la clase de los burgueses. Sin embargo, la organización
del proletariado como clase solo se hizo efectiva cuan- do constituyó su propio Partido político independiente, encargado de dirigir toda la lucha de toda la clase hacia el cumplimiento de su misión histórica: emanciparse y emancipar a la humanidad de la opresión y la explotación capitalistas, lo cual implica liquidar la propiedad priva- da —soporte básico de la explotación del hombre por el hombre—, terminando con las diferencias de clase por su posición ante los medios de produccióny conduciendo la sociedad al socialismoy al comunismo.
Jaime Rangel
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CAPÍTULO 1
- El Nacimiento de la Clase Obrera
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CAPÍTULO 1
EL NACIMIENTO DE LA CLASE OBRERA
Del continenteeuropeo,les correspondióa Italia,Ingla- terra, Franciay Alemania serlos países donde el capitalis- mo se impuso porvez primera como el modo de produc- ción dominante de la sociedad;y, porvez primera, colocócomo protagonistas en la lucha de clases de esa sociedad a la burguesíay el proletariado.
Durante el siglo XVI, Inglaterra había sido sacudida por varias revoluciones políticas y sociales como parteras del nuevo modo de producción capitalista, nacido de las en- trañas del vetusto modo de producción feudal. Aún en el siglo XVII el trabajo se hacía a mano, pues aún no se apli- caba el vapor a la producción, la electricidad estaba por descubrirse y apenas se fraguaban las condiciones socia- les para la invención de las máquinas que transformarían la producción.
Y fue justo en Inglaterra donde, a partir del siglo XVI- II, se desató una poderosa Revolución Industrial que reemplazó el trabajo a mano por el trabajo con máqui- nas, sustituyó el taller del artesano y la manufactura por
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
fábricas que debían concentrar un capital y una gran can- tidadde obrerosa condiciónde quefuesenlibres(no sier-
vos atadosa la tierra)y expropiados(sin propiedadprivada sobre los medios de producción). Las pequeñas aldeas se convirtieron en ciudadesy pulularon por doquier grandes
inventos tales como: la lanzadera de Key (1733), la hila- dora mecánica «Jenny» de 16 a 18 husos (1764), la hilado- ra Crompton (hilo fino y fuerte) (1799), el telar mecánico de Cartwright (1785), la máquina de vapor de James Watt (1767) (que a su vez obligó a aplicar la ciencia y la investi- gación a la industria, así como a perfeccionar la metalur- gia, la minería y la fundición), el buque a
vapor de Fulton (1807), la locomotora de Stephenson (1812).
Por su parte, en Francia, la Revolución Industrial tuvo lugarmás tardey fue más lentaque en Inglaterra, tanto asíque en la época de la Gran Revolución Burguesa (1789) un 8,7 % de la poblaciónse distribuíaenlas ciudadesy un 91,3 % en el campo: la mayoría de la población estaba com- puesta por campesinos medio siervos que dependían de unaformao de otradel señorfeudal.La revoluciónindus- trial era imposible sin acabar con el régimen absolutista feudal, esto es, sin liberar la mano de obra de los campe- sinos. Solo a comienzos del siglo XIX se extiende el uso de máquinas en las distintas ramas de la producción. La industria de la seda se desarrolló gracias al telarmecánico de Jacquard, perfeccionado luego por Breton, y de 1830 a 1848 el número de máquinas a vapor pasó de 616 a 4853.
Y mucho más tarde que en Inglaterra y Francia llegó la Revolución Industrial a Alemania, y con ella el capitalis- mo. Hasta 1848, el estamento principal era la aristocracia feudal. Las causas fundamentales del atraso de los Esta- dos alemanes eran: el fraccionamiento político del país y el dominio del orden de cosas feudal y semifeudal. El capitalismo se desarrolló sobre todo en la industria textil y minera,y principalmente en las décadas de 1830 y 1840; pero la naciente industria alemana, solo podía competir
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CAPÍTULO 1
- El Nacimiento de la Clase Obrera
con la experimentada industria inglesa, atacando brutal- mente el nivel de vida de los obreros.
La revolucionarización de la producción impregnó a la sociedad con dos consecuencias principales: 1) Aparecen
dos clases nuevas: proletariosy burgueses; y 2) coexis- ten en luchairreconciliable.
La configuracióndelproletariadoindustrialarrancacon el despojo a los campesinos. Es cierto que en Inglaterra desdeel sigloXV habíacomenzadola liquidacióndelrégi- men de servidumbre, pero los campesinos eran económi- camenteindependientestansoloenla forma,puesla tierra seguía perteneciendo a los terratenientes. Debido al auge y la demanda de producción de lanay paños, tanto en In- glaterra como en el continente, el proceso de desalojo lo aceleró el capitalismo a fines del siglo XVI y principios del XVII, siendo los campesinos completamente despojados durante el siglo XVIII. Así quedaron doblemente «libres»:
de la opresión feudal y de los medios de producción, esto es, quedaron convertidos en asalariados. La otra fuente del proletariado fue la ruina de los artesanos.
Las características de la situación de la clase obrera recién nacida se originan en el mismo proceso capitalista y, por tanto, son comunes a los diversos países, a saber:
•þÿSonconvertidos en apéndices de las máquinas, con una rigurosadisciplinade fábrica,similara la de las cárceles.
•þÿObligados junto con niñosy mujeres a trabajar jornadas de 16 y 18 horas para lograrmás rendimiento a favordel capitalista.
•þÿSin ninguna protección en el trabajo, se les obliga a ha- cerle mantenimiento a las máquinas sin apagarlas para no rebajarla producción, lo cual ocasionamuchos acci- dentes, la mayoría fatales.
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
•þÿReciben salarios de hambre recortados con multas y, para favorecerla reducción de costos del capitalista, les hacen trampas en su liquidación.
•þÿViven hacinados en barriadas aledañas a las fábricas, antihigiénicas, contaminadasy convertidas en verdade- ros focos de enfermedadesy epidemias.
Las relaciones económicasy sociales entabladas porlas nuevas clases produjeron una consecuencia directa e in- mediata: la acumulación de riqueza en la burguesía y de pobrezaen el proletariado. De ahí que el nacimien- to de la clase obrera haya sido una tragedia pero, a la vez, la mejor noticia para la humanidad en toda su historia, porque es la clase destinadaa emanciparladefinitivamen- te. La dura situación material de la clase obrera, sumada a la carencia absoluta de derechos políticos, se convirtió en la base objetivaparael florecimiento de su luchacontrala burguesíay el capitalismo.
Comienzala luchade los Luditas
La clase obrera recién nacida atribuía a las máquinas la raíz de todos los males que padecía. No sospechaba del capitalismo que parecía ser una fuerza indestructible y muy poderosa pero, en cambio, las máquinas sí se podían destruir.
En un comienzo los obreros ingleses solicitaron al par- lamento la prohibición de las máquinas; desde luego, les fue negada la solicitud. Deciden, entonces, resolver el problema a su manera: asaltar las fábricas y destruir las máquinas. 8000 obreros de Lancaster (algunos armados) dirigidos porNed Ludd, en 1779, inician una gran destruc- ción de máquinas.
Esta lucha se conoce en las Memorias del Movimiento Obrero Mundial, como «El Movimiento de los Luditas». Sus batallasse repitieronen 1811 y 1816, y no soloen Ingla- terra, también en Renania, Wesfalia y Silesia —cunas del
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CAPÍTULO 1
- El Nacimiento de la Clase Obrera
movimiento obrero en Alemania—, en la década de 1830, se desarrollan acciones semejantes a las de los Luditas, así comoen Franciadondeel movimientode destructores de máquinasfue ampliamentedifundido.El Movimiento de los Luditas fue la forma primaria del Movimiento Obrero.
Al mismo tiempo, surgió un movimiento huelguístico estrictamente proletario, se fundan las primeras organi- zaciones obreras bajo la forma de cajas de auxilio mutuo, clubes, sindicatos o asociaciones por oficios. La desastro- sa situación de los obreros y
sus primeros intentos de or- ganización fueron dos condiciones propicias para desatar una forma de lucha eficaz para resistira los capitalistas: la huelga. Fue tal su impacto que ya en 1799 el parlamento inglés aprueba la ley de prohibición de huelgas, por exi- gencia de los capitalistas.
La mordaza tiene dos efectos: de una parte, limita tem- poralmente la lucha obrera pero, de otra, obliga a los
obrerosa organizarsesecretamentey les despiertaunain- quietud: en el conflicto entre proletarios y capitalistas, el Estado no era neutral, favorecía a los dueños del capital. Su conciencia espontánea solo les dicta que deben luchar porel sufragiouniversal,surgiendoasí organizacionespo- líticas de carácter democrático, que de por sí reflejan la inclinación de la clase obrera por participar en la lucha política. Pero de inmediato, esa sencilla actividad política de los obreros es declarada delito y, como escarmiento, sonmasacradosen unaprotestaen la ciudadde Manches- teren1819. La sangre,envez de ahogar,nutrelas protestas que se extienden a varias ciudades, logrando desarrollar formas de organización para el choque violento. No fue en vano, en 1824 el gobierno retira la prohibición de las coaliciones obreras y empiezan a surgir organizaciones sindicales por toda Inglaterra, llamadas tradeuniones.
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
Se desencadenael movimiento de los Cartistas
En 1836, se fundan en Inglaterra dos organizaciones: la Asociación Obrera de Londres y la Gran Liga del Norte (en Leeds), fueron los centros orgánicos del nuevo desa- rrollo del Movimiento Obrero llamado El Cartismo.
La Carta del Pueblo, redactada en 1838, firmada por 1.250.000 personasy entregada al Parlamento, fue el Pro- grama del Cartismo. El primero de sus seis puntos rezaba:
«Voto para cada hombre mayor de 21 años, cuerdo y sin antecedentes penales». Los Cartistas creían que, al ob- tener estas reformas, se podría tener una mayoría obrera que legislara a favorde los obreros,y en su respaldo orga- nizaron mítines de 80.000, 200.000y 400.000 personas.
La composición de clase del movimiento en un co- mienzo era heterogénea, muy mezclado con pequeños propietarios, lo cual le restó fuerza a sus acciones. Entre los obreros había disposición de lucha, pero no tenían un Partido que los dirigiera. El Comité Ejecutivo de los Car- tistas redactó una segunda petición con reivindicaciones de carácter muy proletario; el Parlamento rechazó todas las peticiones.
La claseobrerarespondió,en los principalescentrosfa- briles del país, con una huelga de carácter político, pues su principal reivindicación era la aprobación de la Carta. Sin dirección, sin organización, esta lucha fue sofocada y desapareció el Cartismo.
De ahí en adelante las tradeuniones inglesas no fueron prohibidas,sinomaniatadasporla burguesíade unaforma más sutil y efectiva para controlarlas: mediante el sobor- no a los propios obreros. Así se engendra la más terrible fisura y división que ha padecido el Movimiento Obrero Mundial durante toda su historia: la aristocracia obre- ra, esto es, la fracción de la clase obrera (sobornada) que defiende la ideología y los intereses de la burguesía, en
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CAPÍTULO 1
- El Nacimiento de la Clase Obrera
el propio seno del movimiento obrero. No por casualidad fue, más adelante, la base social del oportunismo.
El Movimiento Cartista fue el primer movimiento verdaderamentepolíticoy demasasdela claseobre- ra. Su luchano fue envano: en 1842 se prohibió el trabajo en el subsuelo para mujeres y niños; en 1844 se fijó en 5 horas y media la jornada para los niños textileros; en 1847 se fijó en 10 horas la jornada laboral.
Llegan las insurreccionesy revoluciones obreras
Durante las primeras décadas del siglo XVII, el capita- lismo tuvo gran desarrollo en países de Europa continen- tal y con él sobrevinieron las crisis económicasy sociales, y los estallidos de movimientos espontáneos en Austria, Sicilia, Bélgica,Alemania, Francia. En este último, a partir de 1830 se impuso la organización de fábrica en la pro- ducción de algodón, lana, seda, lino y papel. Y organizar la producción significaba organizar a los obreros, cuyas huelgas, manifestaciones de masas, sociedades secretas y hasta insurrecciones armadas fueron fenómenos corrien- tes en esta época.
En julio de 1830 los obreros de París empuñaron las armas, iniciando un alzamiento que se transformó en re- volución. La falta de organización independiente de los
obreros permitió a la burguesía alzarse con el triunfo: fue derrocado el monarca Carlos X (representante y vestigio de la reacción feudal)y colocado en el trono a Luis Felipe de Orleans (representante de la nueva burguesía financie- ra).
El Movimiento Obrero independiente en Francia co- menzódirectamenteconlas insurreccionesdelos obreros de la seda en Lyon de 1831 y 1834. El 21 de noviembre de 1831 fueron masacrados manifestantes obreros tejedores en Lyon y, como siempre, creció la indignación y
luego de tres días de lucha armada los obreros se adueñaron de
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
Lyon. Pero carecían de Partido, de Programa, de víncu- los tanto con los obreros de otras ciudades como con los campesinos.Así, la insurrección fue sofocada, pero su im- portancia histórica no pudo ser borrada porque demostróel surgimiento de una nueva fuerza en Francia: la clase
obrera.
Los años entre 1830 y 1848 estuvieron llenos de levan- tamientos que no tienen parecido en otros países, ni en Inglaterra, ni en Alemania, ni en Estados Unidos: rebelión de los obreros de París en junio de 1832 y abril de 1834; insurrecciones de los obreros de Lyon en 1831 y 1834; insurrección en 1839, dirigida por Augusto Blanqui (diri- gente revolucionario, comunista utópico, quien organizógruposclandestinos,perosu métodoerapasarporencima del movimiento de masas y realizar acciones individuales que la clase obrera miró con simpatía pero sin seguirlo; de ahí que los «modernos» métodos de guevaristas e «iz- quierdistas» sean tan antiguos como Blanqui y, en ocasio- nes, los denominemos «Blanquismo»); disturbios en Lille, Clermont Toulouse en 1840; grandes huelgas de inspira- ción política de carpinteros y ebanistas en 1833 y 1845 en París;huelgade minerosenAnzínen 1833 y en St-Etienne en 1844 y 1846; revoluciones obreras en París en febrero y junio de 1848.
El 22 de febrero de 1848 se convocó a un banquete que debíaterminarenmanifestación,puesla actividadpolítica había sido prohibida por el gobierno. Se dio una circuns- tanciaespecial: la guardianacional, en un primermomen- to, se negó a reprimir a los obreros. El pueblo (burgueses republicanosy obreros socialistas) ocupó el palacio, el rey Luis Felipe salió de huida, dejando el campo paraestable- cer un Gobierno Provisional con dualidad de poderes: los burgueses republicanos se oponen a las reivindicaciones
obreras, los obreros socialistas exigen reivindicaciones queafectanlos interesesburgueses.Entrelos socialistasse incluían pequeñoburgueses moderados como Luis Blanc,
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CAPÍTULO 1
- El Nacimiento de la Clase Obrera
quien atacaba el capitalismo, pero rechazaba la teoría de la lucha de clases.
La carencia de dirección en los obreros (incluso Proud- hon, ideólogo de la pequeñaburguesía y fundador del
anarquismo, confiaba en la Asamblea Nacional de la cual era miembro) contribuyó a que la dualidad de poderes se
inclinaraa favorde la burguesía.En mayoes arrestadoAu- gusto Blanqui y, el 24 de junio, es decretado el Estado de sitio, y fueron lanzados contra la clase obrera, la guardia móvil y el ejército; no obstante la ausencia de dirección, los obreroslibranunaluchaheroicahastael final en su úl- timo bastión, el barrio St. Antoine.A partirde allí se gene- raliza la masacre: no menos de 100.000 muertos y 15.000 condenados a trabajos forzados en las colonias. Fue esta la primera gran guerra civil entre el proletariado y la bur- guesía en Francia.
El Atelier, uno de los más importantes periódicos re- dactado por obreros, publicó el Programa de reivindica- ciones para la Revolución de 1848 en su primera etapa:
1.þÿ Limitación de la jornada de trabajo
2.þÿ Abolición del sistema de los subcontratistas 3.þÿ Reglamentación de la colocación
4.þÿ Establecimiento de un salario mínimo
5.þÿ Supresión de la obligación de la libreta de trabajo
6.þÿ Reglamentación de la competencia hecha a los obre- ros con la mano de obra de prisioneros o conventos
7.þÿ Transformación profunda de los consejos de conci- liación
8.þÿ Indemnización por los accidentes de trabajo 9.þÿ Cajas de retiros para la vejez
10.þÿ Libertad de reunión, de coalicióny de asociación
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
Entre tanto, en Alemania, en 1844 ocurre la insurrec-
ción de los tejedores de Silesia, con la cual comienza el Movimiento Obrero de masas en ese país. Los tejedores sufrían doble yugo: del empresario acaparador y del te- rrateniente, a quien debían pagar impuestos por derecho a tejer. Los obreros silesianos pagaban impuesto agrario, impuesto estamental, tributo por la tierra, prestaciones
personales o compensadas en dinero, tributos comuna- les, desembolsos paraescuelas, desembolsos paraseguros contra incendios, etc. En 1848 se libra un movimiento de carácter violento contra el hambre, conocido como «La guerra de las patatas», y se libró en vísperas de las revolu- ciones de 1848 en Europa.
En Alemania eran muy reducidas las posibilidades de
organización de asociaciones proletarias revolucionarias, pues el yugo político era muy pesado; por eso, las prime- ras organizaciones obreras surgieron en el extranjero. Las más importantes organizaciones fueron la Unión Popular Alemana, en París (de emigrados) en 1832; la Liga de los Miserables, en 1833; la Liga de los Justos, en 1836; la Liga de los Comunistas, en 1847, de cuyo seno brotaría el pri- mer programa político verdaderamente independiente para el Movimiento Obrero: el Manifiesto del Partido Co- munista.
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CAPÍTULO 2
- El Primero de Mayo y el Movimiento Obrero
en Estados Unidos
CAPÍTULO 2
EL PRIMERO DE MAYO Y EL MOVIMIENTO OBRERO EN ESTADOS UNIDOS
Surge el Movimiento Obrero en Estados Unidos
La colonización de Estados Unidos estuvo vinculada de modo indisoluble al proceso de acumulación origina- ria con sus clásicas características: exterminio masivo de indígenas, apropiación de tierras, desalojo de pequeños granjeros, cruel explotación de obreros asalariados, tra- bajo forzado de blancos, esclavitud de negros, trata de es- clavos y contrabando rayano en la piratería. Desde 1763, en lo que se llamó la «Paz de París», Inglaterra impuso su reputación colonizadora sobre otros países colonizadores (Francia, Holanda, España), los mismos que años más tar- de apoyarían la Guerra de Independencia que con la ba- talla de Yorktown, en 1781, selló el fin del coloniaje inglés en América del Norte.
Muchos de sus habitantes eran oriundos de la metró- poli inglesa, llegados a América como buscadores de «fe- licidad», pues no eran pocas las noticias exageradas que
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
llegaban a Europa pintando a Estados Unidos como un país donde la «gran propiedad pública de la tierra» le per- mitíavivir confortablemente a toda su población.
En el apéndicea la ediciónamericanade la famosaobra de Federico Engels, tituladaLasituación de la clase obre- ra en Inglaterra, se encuentra el siguiente pasaje: «Había dos factores que durante largo tiempo previnieron que las consecuencias inevitables del sistema capitalista no se revelasen en América en toda su amplitud. Estos eran el acceso a la propiedad de la tierra barata y el gran contin- gente de emigrantes. Permitían a la gran masa de la po- blación americana nativa retirarse a una edad temprana del trabajo asalariado y hacerse granjeros, comerciantes
o incluso empresarios, mientras que lo más duro del tra- bajo asalariado, con su estatus de proletario de por vida, caía en su mayor parte sobre el inmigrante. Pero América había crecido desde esa fase primaria, habían desapareci- do los bosques vírgenes sin límites y las praderas aún más ilimitadas iban pasando cada vez con mayor rapidez de las manos de la nación y de los estados a las de los pro- pietarios privados. La gran válvula de seguridad contra el crecimiento de un proletariado permanente había dejado de funcionar de modo efectivo».
Y en verdad que la posibilidad de convertirse en gran- jero del Oeste, para el proletario desarraigado de Europa que llegaba al Este, fue casi siempre tan solo una posi- bilidad teórica, pues carecía de posibilidades materiales para atravesar el continente, y de herramientas y aperos agrícolas para arrancarle a la tierra su sustento. En su in- mensa mayoría, tal como aún ocurre hoy, los «buscadores de felicidad» encontraron una cruel explotación a
manos de la burguesía colonial y de los plantadores esclavistas; estos últimos eran a su vez los compradores, tal como en la antigua Roma, de miles de esclavos negros procedentes de África.
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CAPÍTULO 1
- El Nacimiento de la Clase Obrera
En el censo de 1850 se encontró que un 10 % de la po- blación de Estados Unidos era de inmigrantes, entre los cuales, los obreros constituían cerca de la cuarta parte y muchos de ellos habían participado en las luchas del Mo- vimiento Obrero en Europa; todos fueron a
parar como mano de obra libre a la industria y
sus grandes fábricas asentadas en el Este, en ciudades como Chicago. Las pri-
meras máquinas y fábricas aparecieron en América en la década de 1780, pero el amplio desarrollo industrial se lo- gró entre 1820y 1840y, con él, la formación de la burgue- sía y del proletariado.
Como ya lo sabíamos por la experiencia en Europa, la situación de la clase obrera naciente en Estados Unidos también era miserable, con largas jornadas, con gran ex- plotación de las mujeres y los niños, con grandes diferen- cias entre la situación de los obreros blancosy los negros, entrelos calificadosy los no calificados,entreel salariode los hombres y el de las mujeres; y sobre esa base material se desarrolló el movimiento obrero en Estados Unidos.
A las numerosas huelgas que desde el siglo XVIII se lle- varon a cabo sobre todo en la minería y en la industria naval, la burguesíalas calificabacomo «motines»y los cas- tigaba severamente. Así mismo, el gobierno había decla- rado complot criminal toda asociación obrera, lo cual no pudo evitar que, aunque pocas, se fundaran asociaciones
obreras secretas y, más tarde, sindicatos en las grandes
ciudades, cuyas reivindicaciones fueron: el sufragio uni- versal, la concesión gratuita de parcelas, la organización de escuelas y bibliotecas, la regularización de los salarios y la reducción de la jornada de trabajo.
Un amplio movimiento de masas se desató en la década
de 1830, empuñando como principales reivindicaciones:
la jornada laboral de 10 horas e instrucción general; lo- gra conquistar, en 1840, esa jornada para todas las empre- sas públicas y la enseñanza general en varios Estados. A
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partirde 1845 se intensificó el movimiento obrero, libran- do grandes huelgas que, aunque fueron sofocadas con la fuerza armada, se constituyeron en preámbulo y prepa- ración de las históricas jornadas de 1886 en la ciudad de Chicagoy el resto del país.
En el año 1986, con ocasión del Centenario de esas ba- tallas del Movimiento Obrero, los camaradas del Partido Comunista Revolucionario de Estados Unidos publicaron una semblanza histórica, en la cual narran con lujo de de- talles los acontecimientos, precisan las tendencias políti- cas existentes, así como los puntos débiles y fuertes del movimiento, que a continuación reproducimos.
Haymarket 1886y el «Elemento Problemático»
En 1885, una circular recorrió de mano en mano las fi- las del proletariado en Estados Unidos. Con las siguientes
palabras, hizo un llamamiento a realizar acciones de toda la clase el 1° de Mayo de 1886:
«¡Un día de rebelión, no de descanso! Un día no
ordenado porlos voceros jactanciosos de las instituciones que tienen encadenado al mundo del trabajador. ¡Un día enqueel trabajadorhacesus propiasleyesy tieneel poder de ejecutarlas! Todo sin el consentimiento ni aprobación de los que oprimen y gobiernan. Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores
se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos de toda nación. Un día de protesta contra la
opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo. Un día en que comenzara disfrutar“ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que nos dé la gana”».
Hace cien años, el 1° de mayo de 1886, una huelga ge- neral estalló por todo Estados Unidos. En pocos días cul- minó en los sucesos porsiempre asociados con el nombre Haymarket. En 1889, el congreso fundador de la nueva
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- El Primero de Mayo y el Movimiento Obrero
en Estados Unidos
Segunda Internacional marxista declaró el Primero de Mayoun día paraaccionesmundialesdelproletariado[...].
Bravo polvorín en preparación
Antes, la vida en Estados Unidos, incluso para los in- migrantes pobres, era mejor que en los países que habían
abandonado. Con el explosivo crecimiento industrial y el robosistemáticodelcontinentea los mexicanosy los pue- blos autóctonos, había escaseado la mano de obra; como resultado, el desempleo era poco y los sueldos eran rela- tivamente altos. Además, ese recurso especial de Estados Unidos«tierragratis(es decir,robada)»les dioa sectoresde la clase trabajadora por lo menos la esperanza de obtener propiedad. La esperanza de encontrar una oportunidad e incluso una manía especulativa alentaba a los trabajado- res. No obstante, en la década de 1880 grandes cambios socavaron la base material de tales «sueños americanos».
La clase capitalista había derrocado a los esclavistas del Surunasdécadasantesy, durantela décadade 1870, reasi-
miló a los esclavistas en un orden más moderno [...].
Al mismo tiempo, más o menos, se concluyó la última de las «guerras indígenas». [...] Para muchos trabajadores, la conquista final de los indígenas marcó el fin de los sue-ños de ir al «oeste». No había más «tierras gratis» que ro- bar, ni una «válvula de seguridad» para la reserva de mano de obra. Junto con eso, en 1873 ocurrió una devastadora«Gran Depresión» que duró dos décadas.
El número de desempleados ascendió vertiginosamen- te. La automatización de labores especializadas produjo cambios históricos en la estructura de la clase obrera. La pobreza, con todas sus úlceras, se mostró como nunca.
Habiendo aplastado a los indígenas, robado a México, derrotado a los esclavistas y traicionado a los esclavos, el capital estadounidense recurrió a engordarse con mano
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
de obra importada en sus fábricas. Sin embargo, mientras la clase dominante consolidaba su sistema de oropel, en medio de la escualidez, hombresy mujeres comenzaban a tener nuevos sueños: sueños proletarios. En una babel de idiomas, estos sueños se expresaron en la política.
La tempestad se prepara
Después de 1877, las dos clases entendieron bien que pronto estallarían nuevos conflictos. En el horizonte la burguesíaveía una «Comuna americana» y preparaba me- didas sangrientas para reprimirla; en las ciudades prin- cipales convirtió los arsenales en fortalezas; transformóla Guardia Nacional en un ejército con armas modernas; contratógrandesejércitosprivadosde informantes,mato- nesy Pinkerton (guardias privados).
Los trabajadores también se preparaban, política y mi- litarmente. Formaron sociedades secretas, tradeunionesy partidos de la clase obrera, y en su seno se debatía cómo deberían responder los oprimidos al deterioro de su si- tuación. Hoy, cuando las palabras «movimiento laboral americano» evocan instantáneamente imágenes de chovi-
nismo (nacionalismo burgués) y reacción, es difícil imagi- narse la luz radical que otrora emanaba de los sindicatos.
En ese entonces los sindicatos eran redes semilegales (en la práctica, completamente ilegales) en las fábricas. La policía rutinariamente dispersaba las reuniones de los trabajadores, golpeandoy encarcelando a los organizado- res. [...] En ese entonces hacer huelga quería decir hacer guerra contra todos los poderes de la sociedad. El reclu-
tamiento de equipos de esquiroles en los hambrientos tu- gurios era cosa de todos los días. Los paros, incluso los que se concentraban en demandas claramente económi- cas, rápidamente se convertían en rebeliones radicales y se extendían a la clase como un contagio.
Chicago dio a luz un mundo particularmente radical. El núcleo del Sindicato Central de Trabajo (la mayor de las
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redes sindicales en competencia) lo constituían revolu- cionarios. En este contexto, los revolucionarios circula- ban una prensa verdaderamente incendiaria: el periódico bisemanal en inglés de Albert Parsons, el Alarma, tenía de dos a tres mil lectores. August Spies era el director del diario en alemán Arbeiter Zeitung, con una circulación de cinco mil ejemplares. Salían otros órganos revoluciona- rios, y se realizaban estimulantes polémicas y propaganda en tres o cuatro idiomas.
En 1885 el Sindicato Central de Trabajo de Chicago aprobó una resolución que concentra el estado de ánimo de los obreros: «Llamamos urgentemente a la clase asala-
riada a armarse para poder presentar a sus explotadores el único argumento que puede ser efectivo: la violencia». Tales llamamientos no eran abstractos. En Chicago, un núcleo de trabajadores, en su gran mayoría de Alemania, formaron milicias armadas llamadas LehrundWehrVere- ins (Asociaciones de Estudio y Resistencia) para respon-
der del mismo modo a la violencia de los ejércitos priva- dos de los patronos. También se formaron el Club Inglés (paralos trabajadores angloparlantes), los Francotiradores de Bohemia (para los checoeslovacos)y un grupo francés. Haycrónicas de diez compañías, muchas dirigidas porve- teranos de las guerras europeas y estadounidenses. No es de extrañarse que la burguesíarespondieraen 1879 prohi- biendo estas milicias obreras [...].
Mientras tanto, las fuerzas radicales de la clase obrera crecían paralelas al claro fracaso de las actividades elec- torales. En las urnas se reprimieron las aspiraciones de la clase obrera con los medios más crudos: votos fraudulen- tos, sobornosy ataques policiales.
Como resultado, en los choques brutales de 1877 y sus complejas secuelas, un sector significativo del proletaria- do, concentrado especialmente en Chicago, comenzó a tener una profunda desconfianza del sistema constitucio- nal del país como vehículo para la emancipación. Se les
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llamó «el elemento problemático»; una fúrica [sic] historia burguesadiceque«consistíanprincipalmentedelas clases más bajas e ignorantes de bávaros, bohemios, húngaros, alemanes,austríacosy otrosquecelebrabanreunionesse- cretas en grupos organizados armados y equipados como los nihilistas de Rusia y los comunistas de Francia. Se au- todenominaban socialistas. Su emblema era rojo».
Desafortunadamente, el principal partido socialista or- ganizado de ese entonces, el Partido Socialistade los Tra- bajadores (PST), cayó bajo el control de reformistas que adoraban la arena electoraly rechazaban la lucha armada. Aunque esos revisionistas a veces se declaraban partida- rios de Carlos Marx, eran precisamente gente de la cala-ña de la que Marx escribió: «Sembré dientes de dragón y coseché pulgas». El PSTexpulsó a las fuerzas de Lehrund Wehr, diciendo que los trabajadores armados manchaban la imagen de su partido.
La ideología socialista que prevalecía en los sectores de trabajadores de inclinaciones más revolucionarias era el anarquismo, en una forma sindicalista particular llamada la «Idea de Chicago».
El aspecto revolucionario de la «Ideade Chicago»
La «Idea de Chicago» se expresó en un manifiesto anar- quista escrito en el Congreso de la Asociación Interna- cional del Pueblo Trabajador (IWPA), en Pittsburgh, en
octubre de 1883, proclamó:
«Este sistema es injusto, demente y asesino. Así que es necesario destruirlo totalmente con todos los medios posibles y con la mayor energía de parte de todos los que sufren bajo él y que no quieren ser responsables de que siga existiendo debido a su inactividad».
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«Agitación con fines de organización; organización con fines de rebelión. En estas pocas palabras se trazan los caminos que los trabajadores deben seguir si quieren deshacerse de sus cadenas...».
«Si pudiera haber dudas sobre este punto, hace mucho deben haberlas borrado las brutalidades que el burgués de todo país“enAmérica, así como en Europa” comete
constantemente,cadavezqueel proletariadoencualquier parte busca enérgicamente mejorarsu situación. Salta a la vista que la lucha del proletariado con el burgués será de un carácter revolucionario,violento».
La «Idea de Chicago» combatió específicamente la no- ción de que el terrory el asesinato individual pueden des- truir al opresor. Buscaba un movimiento de masas de la clase obreraque no abandonarala luchapormigajas. Para los revolucionariosy parala burguesíala Comunade París era un modelo de lo que podría surgir.
Para los historiadores revisionistas y de otro tipo que escriben sobre el primer Primero de Mayo, esta afinidad a la violencia revolucionaria es algo para esconder o criti- car. Sin embargo, ¿qué revolucionario auténtico hoy pue- de encontrar aquí razón de crítica?
La verdaderadebilidadde la «Ideade Chicago»y su mo- vimiento radicó en su culto de la espontaneidad. Se creyódogmáticamente que unas estructuras sindicales amorfas solas serían vehículos suficientes para una victoria revo- lucionaria. Esto provenía de los principios anarquistas de que solo es necesario romperel casco de la viejasociedad con una resuelta huelga general de los trabajadores y que un nuevomundosurgiráautomáticamentede la autoorga- nización de los oprimidos. Un «orden natural» místico, no un nuevo Estado revolucionario, era su meta. Planearon dispersar el poder estatal, no ejercerlo.
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La movilización de fuerzas
Despuésde queel proletariadose recuperóde los suce- sos de 1877 [ola de huelgas reprimidas a sangrey fuego], el movimiento se extendió como un incendio incontrolable, especialmente cuando se concentró en la demanda de la jornada de ocho horas.
En 1884, una de las redes sindicales nacionales, la Con- federaciónde GremiosOrganizadosy Tradeuniones,con- vocó a un día nacional de acción. El 1° de mayo de 1886, propusieron, los trabajadores simplemente impondrían la jornadade ocho horasy cerrarían las puertas de cualquier fábrica que no accediera. La demanda de ocho horas se iba a transformar de una demanda económica de los tra- bajadores contra sus patronos inmediatos a una demanda política de una clase contra otra.
El plan recibió una tremenda y entusiasta acogida. [...] No es necesario explicar por qué el «movimiento de ocho horas» recibió un apoyo tan ferviente. El día de trabajo típico era de dieciocho horas. Los trabajadores, literal- mente, trabajaban hasta morirse; su vida la conformaba el trabajo, un descansito y el hambre. Antes de que los trabajadorescomoclasepudieranalzarla cabezahaciale- janos horizontes, anhelaban momentos libres para pensar y educarse.
En las calles, trabajadores alzados cantaban: «Nos pro- ponemos rehacer las cosas. / Estamos hartos del trabajo por nada, / escasamente para vivir; / jamás una hora para pensar».
El año 1886 fue un «año loco». Incluso antes de la pri- mavera, comenzó unaola de huelgas a nivel nacional. Dos meses antes del Primero de Mayo, escribe un historiador,«ocurrieron repetidos disturbios (en Chicago) y se veían con frecuencia vagones llenos de policías armados que corríanporla ciudad».El directordelChicagoDailyNews
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escribió: «Se predecía una repetición de los motines de la Comuna de París».
En las filas de los trabajadores, la tempestad que se pre- paraba suscitó un debate intenso. Varias tendencias polí- ticas dudaban seriamente del movimiento... por razones
diametralmente opuestas. El liderato extremadamente conservador de los Caballeros del Trabajo sacó una cir-
cular secreta con su posición. Este credo de «trabajo edu- cacional paciente y lento» es muy reconocible hoy: «Nin- guna asamblea de los Caballeros del Trabajo debe hacer huelga por el sistema de ocho horas el 1° de mayo con la impresión de que están obedeciendo órdenes del lidera- to, porque tal orden no se dio y no se dará. Ni el patrón ni el empleado conocen las necesidades y las exigencias del plan de menos horas. Si una rama de trabajo o una asamblea está en tal condición, recordemos que hay mu- chos completamente ignorantes del movimiento. De los sesenta millones de habitantes de Estados Unidos y Ca- nadá, nuestra orden posiblemente cuenta con trescientos mil. ¿Podemos moldearel sentimiento de millones a favor del plan de menos horas antes del 1° de mayo? No tiene sentido pensarlo. Aprendamos por qué nuestras horas de trabajo deben reducirsey luego enseñémoslo a otros [...]».
En contraste, los anarquistas criticaron el «plan de ocho horas» porque, como demanda, pensaban que no atacaba directamente al sistema. Igual que Marx, cuyas obras ha- bíanestudiadovarioslíderes,creíanque«en vez del credo
conservador,“¡unsueldojustode un día porel trabajojus- to de un día!”, (la clase obrera) debe inscribir en su estan- darte la consigna revolucionaria: “¡Abolición del sistema de salarios!”».
Sin embargo, a diferencia de Marx, los anarquistas no captaron el papel que un movimiento político de toda la clase podría jugar para aglutinar al proletariado en una fuerza consciente de clase. Albert Parsons militó mucho
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tiempo en las Ligas de Ocho Horas, pero hasta diciembre de 1885 escribió en su periódico Alarma: «A nosotros, de la Internacional (hacía referencia a la anarquista IWPA- COR)nospreguntanconfrecuenciaporquéno apoyamos activamente al movimiento de la propuesta de ocho ho- ras. Echémosle mano a lo que podemos conseguir, dicen nuestros amigos de ocho horas, porque si pedimos dema- siado podríamos no recibir nada. Contestamos: Porque no haremos compromisos. O nuestra posición de que los capitalistas no tienen ningún derecho a la posesión exclu- siva de los medios de vida es verdad o no lo es. Si tene- mos razón, pues reconocer que los capitalistas tienen el derecho a ocho horas de nuestro trabajo es más que un compromiso; es una virtual concesión de que el sistema de salarios es justo». La prensa anarquista sostenía: «Aun- que el sistemade ocho horas se establecieraen estatardía
fecha, los trabajadores asalariados... seguirían siendo los esclavos de sus amos».
Tal posición ignoraba el avance de la lucha de clases en ese momento: antes de esa década, la burguesía había jugado un papel predominante en el movimiento revolu- cionario y ejerció el liderato de la lucha contra el sistema de esclavitud. En este contexto, la demanda de «ocho ho- ras» jugaba un papel crucial para diferenciar las nacientes
corrientes proletarias de las de otras clases.
Objetivamente, los trabajadores estaban trazando una línea de batalla entre clases y, a
pesar de las tergiversa- ciones subsiguientes de los historiadores, así fue como llegaron a ver el «movimiento de ocho horas» todos los lados. Naturalmente, algunos trabajadores se apresuraron a unirse por razones no más elevadas que ganar un día de trabajo más corto para sí o para su taller. La naturaleza de todos los grandes movimientos es que atraen la parti- cipación de capas anteriormente pasivas e inconscientes delproletariado.Sin embargo,decirqueesofuela esencia de 1886, como lo hacen los revisionistas, es más que una
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mentira. Pretende establecer que el proletariado no tiene aspiraciones más elevadas que un poco de tiempo libre y bienestar dentro de este sistema.
A diferencia de Powderly, los anarcosocialistas de Chi- cago, una vez que se dieron cuenta del impacto objeti- vo de tal movimiento histórico, simplemente no estaban dispuestos a ir contra la corriente. Echaron a un lado sus prejuicios previos y entraron a un movimiento, en gran medida espontáneo, para infundirle un contenido revolu- cionario.
Parsons escribió que sus fuerzas se unieron «primero, porque era un movimiento de clase contra la dominación, y por eso histórico, revolucionario y necesario; y segun- do, decidimos no mantenernos apartados paraque no nos
malentendieran nuestros compañeros de trabajo».
El 19 de marzo de 1886, el Arbeiter Zeitung escribió: «Si no nos movemos pronto para una revolución sangrienta, no dejaremos a nuestros hijos más que la pobrezay escla- vitud.Así que prepárense, con toda discreción, para la re- volución». Las Lehr undWehrVerein cobraron fuerzas; al aproximarse la primavera contaban con más de mil mili- tantes.Se hablabade miliciasde defensasimilaresen Cin- cinnati, Detroit, St. Louis, Omaha, Newark, Nueva York, San Francisco, Denvery otras ciudades.
Al aproximarse el día definitivo, marchas semanales re- corrían las calles de Chicago con pancartas así: «La revo- lución social», «Abajo el trono, el altary los adinerados» y«Obreros ármense». Durante las marchas nocturnas, con antorchas iluminándoles la cara, los trabajadores canta- ban: Millones de trabajadores están despertando / ahí es- tán marchando adelante. / Todos los tiranos están tem- blando /
antes de que se desvanezca su poder.
La víspera del Primero de Mayo, el Arbeiter Zeitung publicó los siguientes pasajes, que muestran el tono de
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confrontación que imperaba: «¡Adelante con valor! El Conflicto ha comenzado. Un ejército de trabajadores asa- lariados está desocupado. El capitalismo esconde sus ga- rrasde tigredetrásde las murallasdelorden.Obreros,que vuestra consigna sea: ¡No al compromiso! ¡Cobardes a la retaguardia! ¡Hombres al frente!».
«La suerte está echada. Ha llegado el Primero de Mayo. Durante veinte años el pueblo trabajador ha venido pidiendo que los concusionarios establezcan el sistema de ocho horas, pero lo han entretenido con promesas. Hace dos años los trabajadores decidieron que se debe introducir el sistema de ocho horas en Estados Unidos el primerdía de mayode 1886. En todaspartes,se reconociólo razonablequeeraestademanda.Todos,aparentemente, estabana favordereducirlas horas;peroal aproximarsela hora, se perfiló un cambio. Lo que en teoríaerarazonable y modesto pasó a ser insolente e irrazonable. Finalmente quedóclaroqueel himnodeochohorassecantósolamente para alejar a los burros de trabajo del socialismo».
«Que los trabajadores pueden insistir enérgicamente en el movimiento de ocho horas, jamás se le ocurrió al patrón... Lo que hay que ver es si los trabajadores se so-
meterán o harán que sus verdugos potenciales reconoz-
can las ideas modernas. Esperamos que sea lo último».
Ese número del periódico publicó unaadvertenciapro- minente: «Se dice que en la persona de uno de los cama- radas arrestados en Nueva York se encontró una lista de miembrosy quea todoslos camaradascomprometidoslos hanarrestado.Así que,destruyantodaslas listasde miem- brosy libros de acta donde se tengan tales cosas. Limpien sus armas,completensus municiones.Los asesinosa suel- do de los capitalistas, la policía y la milicia, están listos a matar. Ningún obrero debe salir de su casa en estos días con los bolsillosvacíos».
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La clase dominante también hacía sus preparativos, apuntando especialmente al liderato de los trabajadores. El Chicago Mail sacó un editorial ominoso: «Hay dos ru- fianes peligrosos sueltos en esta ciudad; dos cobardes es- curridizos que se proponen armar bronca. Uno se llama Parsons; el otro se llama Spies... Obsérvenlos hoy. No les quiten el ojo de encima. Háganlos personalmente respon- sables de cualquierproblemaque ocurra. Denles un casti- go ejemplar si ocurren problemas».
¡Primero de Mayo!
Primero de Mayo de 1886. Un periódico de Chicago in- formó: «No salía humo de las altas chimeneas de las fábri-
cas y talleres;y todo tenía un aire dominical». El Philadel- phiaTribune escribió: «Al “elemento obrero”lo ha picado una especie de tarántula universal... se ha “alocado”».
En Detroit, 11.000 trabajadores marcharon en un desfi- le de ocho horas. En Nueva York, una marcha con antor- chas de 25.000 obreros pasó como torrente de Broadway a Union Square, 40.000 hicieron huelga. En Cincinnati, un trabajador describió el mitin inicial: «Solamente lleva- mos banderas rojas... la única canción que cantamos fue `Arbeiters Marseillaise´... un batallón obrero de 400 rifles Springfield encabezó el desfile. Era la Leher und Wehr Verein, la sociedad protectora y educacional de obreros aguerridos... Todos esperábamos violencia, supongo». En Louisville, Kentucky, más de 6000 trabajadores, negros y blancos, marcharon por el Parque Nacional violando de- liberadamente el edicto que prohibía la entrada de gente de color. En Chicago, el baluarte de la rebelión, por lo menos 30.000 obreros hicieron huelga. Todos los trenes pararon, los corrales de ganado se cerraron, los muelles estaban repletos de barcazas llenas de carga. A los líderes conservadores los empujaron a la periferia. Un gran cho- rro de proletarios y
familias, en ropa de domingo, llenó la avenida Michigan.
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
Pero la calma «dominical» era engañosa y temporal.
Escondidos en los callejones, desparramados en techos estratégicos, esperaban policías armados listos para una guerra franca. En los arsenales esperaban mil miembros de la Guardia Nacional con equipo especial: ametrallado- ras Gatling.
El «Comité de Ciudadanos» de la clase dominante de Chicago decidió que era necesario crear incidentes para
decapitar y aplastar el movimiento. La policía comenzó a atacara los trabajadores dondequieraque se congregaran. Un reportepolicialvirulentodeclaróqueel 2 de mayouna«gran fuerzase reunió»y se atrevió a ponerla banderana- cional patas arriba, «izándola al revés, símbolo de la revo- luciónqueplaneanhacerenlas institucionesamericanas».
La masacre de McCormick
Un incidente crítico ocurrió en la plantade McCormick Reaper. Desde mediados del verano, los patronos cerra- ron la planta a los trabajadores sindicalizados y la policía llevaba a
diario grupos de esquiroles. El 2 de mayo, Spies, agotado, se presentó para dar uno de sus muchísimos dis-
cursos ante los trabajadores reunidos en el campo. Mien- tras un grupo de 6000 o 7000 trabajadores escuchaban, unos cuantos centenares fueron a confrontar a los esqui- roles que en ese momento salían de la planta.
Del Arbeiter Zeitung del 4 de mayo: «De repente, se
oyeron disparos cerca de la planta de McCormicky más o menos setentay cinco asesinos robustos, grandotesy bien comidos, al mando de un teniente gordo de policía, pasa- ron, seguidos por tres vagones llenos de bestias del orden público».
En medio de una batalla de piedras de los obreros y las balas de la policía, los trabajadores de repente se disper- sarony huyeron. En la espaldales explotaron balas. Porlo
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menosdostrabajadorescayeronmuertos;muchosqueda-
ron heridos, entre ellos muchos niños.
En cosa de horas un volante, escrito por el iracundo Spies,circulabaenlos tuguriosdela claseobrera.«¡¡¡Obre- ros,A Las Armas!!!»; proclamó: «Sus amos desataron a sus sabuesos (la policía) y mataron a seis de sus hermanos en McCormickestatarde.Matarona los desafortunadospor- que ellos, como ustedes, tuvieron el valor de desobede- cer la voluntad suprema de sus patronos... Se alzarán en masa, como Hércules, y destruirán el nefando monstruo quebuscadestruirlos.¡A las armas,llamamosa las armas!».
Al día siguiente, el 3 de mayo, el crecimiento de la huel- ga era«alarmante».En el movimientoparticipabanmásde 340.000 trabajadores portodo el país, 190.000 de ellos en huelga. En Chicago, 80.000 hacían huelga. Cuando cen- tenares de costureras se lanzaron a la calle para sumarse a las manifestaciones, el Chicago Tribune berreó: «¡Ama- zonas bravas!».
En este momento candente, el Arbeiter Zeitung hizo un llamamientoa la luchaarmada,comosiemprelo habíahe- cho, salvo que ahora tenía un claro tono de urgencia. «La sangre se ha vertido. Ocurrió lo que tenía que ocurrir. La milicia no ha estado entrenándose en vano. A lo largo de la historia,el origende la propiedadprivadaha sidola vio- lencia. La guerra de clases ha llegado... En la pobre choza,
mujeres y niños cubiertos de retazos lloran por marido y padre. En el palacio hacen brindis, con copas llenas de vino costoso, por la felicidad de los bandidos sangrientos
del ordenpúblico.Séquenselas lágrimas,pobresy conde- nados: anímense esclavos y tumben el sistema de latroci- nio».
En las salas de reunión de los proletarios, rugían in- tensos debates; «el tigre capitalista» efectivamente había atacado y miles debatían cómo responder.Aparentemen- te, importantes facciones querían una insurrección. Se
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convocó una reunión popular en la plaza Haymarket para la noche del 4 de mayo. Preocupados por la posibilidad de una emboscada, los organizadores escogieron un lu- gar abierto y grande con muchas rutas de escape. Luego de una reñida disputa, Spies dijo después, convenció a los
organizadores de Haymarket de que retiraran su llama- miento a un mitin armadoy que, en su lugar, celebraran el mitin con el mayor número de asistentes posible.
El incidente de Haymarket
La mañana del 4 de mayo, la policía atacó una columna de 3000 huelguistas. Por toda la ciudad se formaron gru- pos de trabajadores. Al atardecer, Haymarket era una de las muchas reuniones de protesta, con 3000 participan- tes. Los discursos siguieron, uno tras otro, desde la parte de atrás de un vagón. Al comenzar a llover, la reunión se disolvió. De repente, cuando solamente quedaban 200 asistentes, un destacamento de 180 policías, fuertemente armados, se presentó y un oficial ordenó dispersarse. Le respondieron que era un mitin legal y pacífico. Cuando el capitán de policía se volteó para darles órdenes a sus hombres, una bomba estalló en sus filas. La policía trans-
formó a Haymarket en una zona de fuego indiscriminado, descargando salva tras salva contra la multitud, matando a varios e hiriendo a 200. En el barrio reinaba el terror; las farmacias estaban apiñadas de heridos. Siete agentes mu- rieron, la mayoría a causa de balas de armas de la policía.
La clase dominante usó este incidente como pretexto para desatar su planeada ofensiva: en las calles, en los tri-
bunales y en la prensa. Los periódicos, en Chicago y por
todo el país, se volvieron locos. Demandaron la ejecución instantánea de todo subversivo. Los titulares bramaban:
«Brutossangrientos»,«Rufianesrojos»,«Ondeabanbande- ras rojas», «Dinamarquistas». El Chicago Tribune escribióel 6 de mayo:«Estasserpientesse hancalentadoy alimen- tado bajo el sol de la tolerancia hasta que, al final, se han
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envalentonado para atacar la sociedad, el orden público y el gobierno». El Chicago Herald del 6 de mayo: «La chus- ma que Spies y Fielden incitaron a matar no son ameri- canos. Son la hez de Europa que ha venido a estas costas para abusar de la hospitalidad y desafiar la autoridad del país».
El 5 de mayo, en Milwaukee, la milicia del Estado res-
pondió con una masacre sangrienta de un mitin de tra- bajadores; balacearon a ocho trabajadores polacos y un alemán porviolar la ley marcial.
En Chicago, una operación rastrillo llenó las cárceles de miles de revolucionarios y huelguistas. Para describir los interrogatorios, algunos historiadores han usado la pa- labra «tortura». Los grupos de caza usaron listas de sus- cripción. Entraron a la fuerza a salas de reunión y casas, destruyeron prensas obreras. Arrestaron a todo el equipo de imprenta del Arbeiter Zeitung. La policía exhibió to- das las «pruebas» que se había precavido de «encontrar»:
municiones, rifles, espadas, porras, publicaciones, bande- ras rojas, pancartas agitadoras, plomo a granel, moldes de balas, dinamita, bombas, instrucciones parafabricarbom- bas, campos subterráneos de tiro al blanco... La prensa hizo mucho escándalo sobre cadadescubrimiento. Frente a esta salva de ataques, la huelga general se desintegró. El liderato de los trabajadores de inclinaciones revoluciona- rias estaba en las garras de la burguesía.
El juicio de Haymarket
La clase dominante abrió un gran jurado en Chicago a mediados de mayo de 1886. La acusación: asesinarun po- licía que murió en Haymarket. Todos los acusados eran miembrosprominentesdela IWPA:AugustSpies,Michael Schwab,SamuelFielden,AlbertR. Parsons,AdolfFischer, George Engel, Louis Lingg y Oscar Neebe.
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A todas luces, el juicio fue un linchamiento legal. Pri- mero,juzgarona todoslos acusadosenun juicioconjunto, aunque eran un grupo muydiverso, con ideas políticas de diferentes tendencias, que jugaron papeles muy distintos en los hechos de mayo.
Segundo, la manipulación del jurado fue frontal. El pro- ceso normal de escoger a los jurados por sorteo se des- cartó de plano; en su lugar se nombró un alguacil espe- cial. Este se jactó: «Estoy manejando este proceso y séqué debo hacer. Estos tiposvan a colgarde una horca con plena seguridad».
Finalmente, y lo más importante, el juicio se celebrósin ninguna prueba de participación en el incidente de la bomba. Solamente dos de los ocho acusados estaban pre- sentes en la reunión donde estalló.
La cuestión de quién soltó la bomba se ha debatido, pero jamás se ha resuelto. Parece que fue un tal Rudolf Schnaubelty que la fabricó Louis Lingg (quien ciertamen-
te defendía a gritos el uso de la dinamita). Una importante pregunta es si Schnaubelt era un luchador callejero anar- quista que fue a atacar a los policías asesinos, o si era un agente provocador policial. Los hechos son contradicto- rios. Se ha probado, sin embargo, que la policía lo detuvo dosvecesdespuésde Haymarkety lo soltó.Estoa lo míni- moindicaquea la policíano le interesabasometera
juicio a la persona que soltó la bomba; su verdadero blanco era el liderato de la rebelión, no un perpetrador secundario y ciertamente no un agente policial. Schnaubelt desapare- ció de Chicago.
El juicioduróvariosmeses.Amenazarony sobornarona variostrabajadoresparaquedieranun testimonioridículo sobre conspiraciones de todo tipo. Del tribunal manaban cuentos sensacionalistas para excitaral país. El asunto era claro, las palabras del fiscal Grinnell hablaban por sí mis- mas:
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- El Primero de Mayo y el Movimiento Obrero
en Estados Unidos
«La ley está en juicio. La anarquía está en juicio. El gran jurado ha escogido y acusado a estos hombres porque fueron los líderes. No son más culpables que los miles que los siguieron. Señores del jurado, condenen a estos hombres,denlesuncastigoejemplar,ahórquenlosy salven nuestras instituciones, nuestra sociedad».
El juez agregó que era suficiente que el Estado probara que«estospocosacusadoshanpropugnadoel usode pro- yectiles mortales contra la policía en ocasiones que po- drían ocurrir en el futuro...».
En resumen,la burguesíaestadounidenseya estabaper- feccionando su método de disfrazar los juicios políticos usando «leyes de conspiración», para encubrir la supre- sión de ideas y
organizaciones revolucionarias. Los juz-
garon por el crimen de dirigir a los oprimidos, ni más ni menos.
A los condenados los llamaron a hablar antes de sen- tenciarlos. Un periodista escribió: «No muestran ni arre- pentimiento ni remordimientoy en su mente torcida es la sociedad la que está en juicio, no ellos».
Resumiendo sus principios revolucionarios ante el tri- bunal, Spies concluyó con estas palabras: «Bueno, estas son mis ideas... si ustedes piensan que pueden borrar es- tas ideas que están ganando más y más partidarios con el paso de cada día, si ustedes piensan que pueden borrarlas ahorcándonos,si unavez másustedesimponenla penade muerte por atreverse a decir la verdad“ylos reto a mos- trarnos cuándo hemos mentido” digo, si la muerte es la pena por declarar la verdad, ¡pues pagaré con orgullo y desafío el alto precio! ¡Llamen al verdugo!».
Lingg, de 21 años, escupió con desafío: «Repito que soy enemigo del“orden”de hoy y repito que, con to- das mis fuerzas, mientras tenga aliento para respirar, lo
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
combatiré... Los desprecio. Desprecio su orden, sus leyes, su autoridad apuntalada por la fuerza. Ahórquenme por ello».
Los siete fueron condenados a muerte.
Surgió un gran movimiento para defenderlos; se cele-
braron mítines por todo el mundo: Holanda, Francia, Ru- sia, Italia,Españay portodoEstadosUnidos.EnAlemania, la reacción de los trabajadores sobre Haymarket perturbótanto a Bismarck que prohibió toda reunión pública.
Al aproximarseel día de la ejecución,cambiaronla sen- tenciade dos de los condenados a cadenaperpetua. Louis Lingg apareció muerto en su celda: un fulminante de di- namita le voló la tapa de los sesos. No se sabe si esto fue un acto final de desafío; sin embargo, se rumoraba que le iban a suspender la ejecución, así que es probable que su muerte fuera un asesinato.
El 11 de noviembrede 1886, denominadoluegoel «Vier- nes negro», fue el día programado para la ejecución. Los periódicos de Chicago vibraban con rumores de que iba a estallar una guerra civil en las calles. El medio millón de personas que asistieron al cortejo fúnebre es testimonio de que el nerviosismo de la burguesía era justificado. Y parece que se propusieron planes de atacar la cárcel. No
obstante, los condenados hicieron que sus compañeros prometieran no llevar a cabo tales «actos temerarios».
Al mediodía, cuatro hombres (Spies, Engel, Parsons y Fischer) se presentaron ante la horca, con togas blancas. Spies habló, mientras le cubrían la cabezacon la capucha:
«Llegará un tiempo en que nuestro silencio será más po- deroso que las voces que ustedes estrangulan hoy». Par- sons gritó: «¡Permítame hablar, sheriff... Matson! Que se
oiga la voz del pueblo...». El nudo corredizo se apretó si-
lenciándolo.
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CAPÍTULO 3
- El Manifiesto del Partido Comunista
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CAPÍTULO 3
EL MANIFIESTO DELPARTIDO COMUNISTA
Programade luchadel Proletariado Mundial
Durante los años de las insurrecciones obreras en Eu- ropa (1830–1848), por entre las filas proletarias fluían diversas corrientes de pensamiento «socialista», así entre comillas porque, si bien todas se inspiraban en la necesi- dad de lucharcontra la desigualdad reinante en el sistema capitalista, eran diferenciadas entre sí y hasta completa- mente opuestas, debido a que cada corriente le atribuía la desigualdad social a causas diferentes. Ese enfrentamien-
to entre las corrientes ideológicas «socialistas», por posi- cionarse en las mentes de los proletarios insurrectos, fue una condición muy favorable tanto para que surgiera el socialismo científico, acrisolado en la propia lucha de la clase obrera, como para el comienzo de la fusión de esas ideas científicas socialistas con la lucha política del movi- miento obrero.
El surgimientodelmarxismodivideen dosla historiade las ideassocialistasporaquellaépoca.Entrelas Corrientes
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
Socialistas Premarxistas sobresalen los socialistasutópi- cos, quienes hasta 1848 predominaban en el movimiento
obreroy se conocíanmáscomo«corrientesdelsocialismo y comunismo crítico utópicos»; sus representantes más
destacados fueron Saint Simony Carlos Fourier (Francia), Roberto Owen (Inglaterra) y Guillermo Weitling (Alema- nia), quienes en su literatura lograron presentir tesis po- sitivas de lo que sería la sociedad futura: «Supresión del contraste entre la ciudad y el campo, la abolición de la
familia, de la ganancia privada y del trabajo asalariado, la proclamación de la armonía socialy la transformación del Estado en una simple administración de la producción».
Todos advertían los antagonismos de clase en el capi- talismo y soñaban con una sociedad igualitaria deseando mejorarlas condiciones devidade todos los miembros de la sociedad, incluso de los más privilegiados, pero, a
ex- cepción deWeitling, eran contrarios a
la luchapolítica de los obreros, repudiaban su acción revolucionaria
porque, para estos socialistas utópicos, el proletariado solo existía en calidad de clase sufriday no de clase revo- lucionaria con movimiento político propio.
Para la construcción de sus fantásticos proyectos so- ciales terminaban dependiendo del espíritu filantrópi- co y humanitario de los propios industriales capitalis- tas. Weitling sí exhortaba al proletariado a luchar, pero tenía una consideración fundamental errada: creía que los mejores luchadores contra esa desigualdad eran los lumpemproletarios, incluso los bandidos, por ser en apariencia los más enemigos de la sociedad capitalista.
Existía otra corriente socialista, la del socialismo re-
accionario que tenía partidarios entre la aristocracia francesa e inglesa, enfrentada a la clase de la moderna sociedad que venía a destronarla: la burguesa. En su li- teratura apelaron a hacer causa común con los «pobres
obreros» presentándoles su anticuado sistemade explota- ciónfeudalcomo«más benevolente»queel capitalista,sin
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CAPÍTULO 3
- El Manifiesto del Partido Comunista
percibir que este era «precisamente un retoño necesario del régimen social suyo»; además, cuando criticaban a la burguesía por haber hecho surgir la clase de los proleta- rios, lo hacían sobre todo recriminando el carácter revo- lucionario de esta nueva clase.
El socialismo reaccionario también fue abanderado por la pequeñaburguesía que se veía abocada a la ruina con el desarrollo de la gran industria y, como es natural, empuñóla causaobreradesdeel puntodevistadelinterés del pequeño propietario, por lo cual, si bien «Demostróde una manera irrefutable los efectos destructores de la maquinaria y de la división del trabajo, la concentración de los capitales y de la propiedad territorial, la superpro- ducción,las crisis,la inevitableruinade los pequeñosbur- gueses y de los campesinos, la miseria del proletariado, la anarquía en la producción...»1 su anhelo era reestable- cer las antiguas relaciones de propiedad y de producción,
esto es, envez de mirarhaciaadelante, añorabanvolveral modo de explotación feudal que, como pequeños propie- tarios, les parecía más llevadero.
Y no faltaron los socialistas burgueses y pequeño- burgueses, representados por humanistas, benefactores, filántropos, reformadores, inventores de «sistemas» que curaran las lacras del capitalismo sin lucha revolucionaria y sin cambiar la sociedad; deseaban atacar los males del capitalismo, pero con el propósito expreso de consolidar la sociedad burguesa, lo cual era justamente su utopismo, pues dichos males surgen irremediablemente de las rela-
ciones sociales de producción capitalistas.
Eran partidarios de un socialismo de pequeños propie- tarios, donde los obreros estuviesen apartados de todo movimiento revolucionario, siendo su máxima aspiración las reformas administrativas, sustentadas en la errónea te-
1 El Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo 3: Literatura socialistay comunista, El socialismo reaccionario.
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
sis de que «No es tal o cual cambio político el que podrábeneficiarles, sino solamente una transformación de las condiciones materiales de vida, de las relaciones econó- micas».2 El representante más destacado de esta corrien- te fue Proudhon, ideólogo tanto del anarquismo como de«sistemas completos» de socialismo burgués, donde las«reformas administrativas» no afectan a las relaciones en- tre el capitaly el trabajo asalariado.
Ninguna de las anteriores corrientes socialistas com- prendió que la añorada nueva sociedad socialista solo puede provenir de las entrañas de la vieja sociedad capi- talista, en la cual son sus propias e intrínsecas contradic- ciones insolubles las que la empujan a nacer,y frente a las cuales el movimiento obrero tiene una misión histórica jamás enfrentada por clase alguna en la historia de la so- ciedad: «Su lucha es la lucha de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría, no por privilegiosy mo- nopolios de clase, sino porla abolición de todo dominioy toda diferencia de clase».
El Socialismo Científico
Junto y en lucha con las corrientes antes mencionadas, se desarrolló otro socialismo distinto en esencia: el so- cialismo científico. Desde 1844, Carlos Marxy Federico Engels habían coincidido en la conclusión de que la po- lítica y la historia hay que explicarlas por las relaciones económicas y no a la inversa, y habían elaborado los as- pectos fundamentales de la concepción materialista de la historia, con la cual ya se podía explicar y entender que fenómenos del Movimiento Obrero tales como la lucha de los luditas, el cartismo, el comunismo igualitario de Weitling no eran casualidades sino «formas»más o
menos desarrolladas de la lucha de clase del proletariado contra la burguesía.
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2 El Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo 3: Literatura socialista y comunista, El socialismo pequeñoburgués.
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CAPÍTULO 3
- El Manifiesto del Partido Comunista
En 1845 Marx había desarrollado su teoría materialis- ta de la historia hasta comprender que el comunismo no consistía en exprimirde la fantasía un ideal de la sociedad lo más perfecto posible, sino en comprender el carácter, las condiciones y, como consecuencia de ello, los objeti- vos generales de la lucha librada por el proletariado. Tal concepción materialista de la historia fue expuesta por vez primera en el manuscrito de Carlos Marx y Federico Engels: Laideología alemana (1845-1846).
Por esa misma época, el período de 1836 a 1852, trans- curría el primer Movimiento Obrero verdaderamente in- ternacional, el cual arrancó con el Movimiento Obrero alemán. En aquellos años, no solo era simultánea la lucha
obrera por reivindicaciones comunes en distintos países europeos, sino que las organizaciones obreras también eran internacionales, tal como la Liga de los Comunistas, primera organización comunista internacional del prole- tariado,fundadabajola orientacióny participacióndirecta de Carlos Marxy Federico Engels en 1847, en un Congre- so de su antecesorala Liga de los Justicieros, organización política alemana fundada en 1836 con predominio de las ideas del comunismo igualitario francésy de Weitling.
Marx expuso su teoría sobre el comunismo científico, cuyos principios fueron aprobados por unanimidad en el II Congreso de la Liga, encomendándosele que —junto con Engels— la presentara en forma de manifiesto. Así se
elaboró el Manifiesto del Partido Comunista y fue publi- cado pocas semanas antes de la revolución de febrero de 1848; en él se cristalizó la derrota teórica de las corrien- tes socialistas premarxistas, pues echó portierratodas sus fantasías, al explicar las causas reales de la situación de la clase obreray el camino real para su emancipación.
Los prefacios del Manifiesto
En febrero de 1848, en Londres y en idioma alemán, el Manifiesto del Partido Comunista fue publicado por
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
primera vez. En los años posteriores fue editado tantas veces en diversos idiomas y países, que Federico Enge- ls en los Prefacios a la edición inglesa de 1888 y alemana de 1890, resaltó: «...en 1887, el socialismo continental era casi exclusivamente la teoría formulada en el Manifiesto. Y así, la historia del Manifiesto refleja hasta cierto punto la historia del movimiento obrero moderno desde 1848. Actualmente es, sin duda, la obra más difundida, la más internacional de toda la literatura socialista, el programa común de muchos millones de obreros de todos los paí- ses, desde Siberia hasta California».
Escritos porMarxy/o Engels, cada edición iniciaba con Prefacios,degranimportanciaparacomprenderel origen, contenido y significación histórica del Manifiesto, tanto así, que se hizo costumbre incluirlos en las ediciones pos- teriores a 1893 y, hoy en día, Prefacios y Manifiesto son considerados como un solo cuerpo.
En ellos se recordaban o machacaban características básicas del marxismo, como la relación entre la teoríay la realidad, que en el Prefacio a la edición alemana de 1872 se destaca así: «Aunque las condiciones hayan cambiado mucho en los últimos veinticinco años, los principios ge- nerales expuestos en este Manifiesto siguen siendo hoy, en su conjunto, enteramente acertados». [...] «El mismo Manifiestoexplicaquela aplicaciónprácticade esosprin- cipiosdependerásiemprey en todaspartesde las circuns- tancias históricas existentes, y que, por tanto, no se con- cede importancia exclusiva a las medidas revolucionarias enumeradas al final del capítulo II».
O la teoría sobre el carácter de clase del Estado, que la propia lucha de la clase obrera había comprobado en las batallas de 1848 y 1871: «La Comuna ha demostrado,
sobre todo, que“laclase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines”».
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CAPÍTULO 3
- El Manifiesto del Partido Comunista
Después de la muerte de Marx, en el Prefacio a la edi- ción alemana de 1883, Engels resalta la idea fundamental
o núcleo del Manifiesto, aclarando que pertenece única y
exclusivamente a Marx: «...la producción económica y la estructura social que de ella se deriva necesariamente
en cada época histórica, constituyen la base sobre la cual descansa la historia política e intelectual de esa época; que, por tanto, toda la historia (desde la disolución del régimen primitivo de propiedad común de la tierra) ha sido una historia de lucha de clases, de lucha entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, en las diferentes fases del desarrollo social; y que ahora esta lucha ha llegado a una fase en que la clase explotada y
oprimida (el proletariado) no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime (la burguesía), sin emancipar, al mismo tiempoy parasiempre, a la sociedad enterade laexplotación,laopresióny lasluchasde clases».
El Prefacio de la edición inglesade 1888 es buenaopor- tunidad para que Engels explique la relación entre la teoría del socialismo científico y el desarrollo del movi- miento obrero, cuya derrota en 1848 ocasionó el olvido del Manifiesto por más de veinticinco años, luego de los cuales volvió al primer plano y se difundió profusamente entre el proletariado de todos los países, que había logra- do desarrollarse intelectualmente a través «...de la acción combinaday de la discusiónmutua.Los propiosaconteci- mientos y vicisitudes de la lucha contra el capital, las de- rrotas más aún que las victorias, no podían dejar de hacer ver a la gente la insuficiencia de todas sus panaceas favo- ritasy prepararel camino paraunamejorcomprensión de las verdaderas condiciones de la emancipación de la clase
obrera».
En estemismoPrefacioEngelsexplicaporquéal Mani- fiesto se le llamó comunista y no socialista: «...cuando fue escrito no pudimos titularle Manifiesto Socialista. En 1847 se llamaban socialistas, por una parte, todos los adeptos
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de los diferentes sistemas utópicos; ...de otra parte, toda suerte de curanderos sociales que prometían suprimir, con sus diferentes emplastos, las lacras sociales sin dañar al capital ni a la ganancia. En ambos casos, gentes que se hallaban fuera del movimiento obrero y que buscaban
apoyo más bien en las clases “instruidas”. En cambio, la parte de la clase obrera que había llegado al convenci- miento de la insuficiencia de las simples revoluciones po- líticas y proclamaba la necesidad de una transformación fundamental de toda la sociedad, se llamaba entonces co- munista. Era un comunismo rudimentario y tosco, pura- mente instintivo; ...Así, el socialismo en 1847, era un mo- vimiento de la clase burguesa,y el comunismo lo era de la clase obrera».
¿Qué es el Manifiesto del Partido Comunista?
La aparición del Manifiesto coincide con las insurrec- ciones obreras de 1848 en Alemania, Italia, Hungría y Francia, período en el cual la Liga de los Comunistas fue
una excelente escuela de actuación revolucionaria, llevóla concienciay contribuyó a la dirección de la luchaobre- ra, sorteando incluso limitaciones de la clase tales como las tendencias nacionalistas, localistas y la falta de expe- riencia en la lucha política como clase guiada por un pro- grama independiente.
El auge de la revolución obrera culmina cuando la cri- sis industrial de 1847 es superada y comienza un perío- do de prosperidad industrial, favoreciendo la derrota de las insurrecciones obreras, aún en el caso de los obreros de París quienes más allá de derribar al gobierno, estaban dispuestos a derrocar todo el régimen burgués, pero no pudieron coronar tal revolución porque ni el desarrollo económico del país, ni la conciencia de la clase obrera francesa habían alcanzado su nivel. Los burgueses cose- charon los frutos de la revolución, impusieron la reacción
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CAPÍTULO 3
- El Manifiesto del Partido Comunista
y en 1852 condenaron a los dirigentes de la Liga en el pro- ceso de Colonia.
El Manifiesto fue el Programa internacional de la Liga de los Comunistas y, como tal, el Programa Comunista del movimiento obrero, en el cual se expuso por vez pri- mera la teoría del comunismo científico, demostrando la inevitable derrota del capitalismo y la necesaria victoria de la revoluciónproletaria,queencuentraen la propiaso- ciedadcapitalistalas contradiccionesy
las fuerzassociales necesarias para su realización.
En el Manifiesto, dice Lenin:«Se expone, con una cla-
ridad y una brillantez geniales, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente aplicado también al campode la vidasocial,la dialécticacomola máscomple- ta y profunda doctrina del desarrollo, la teoría de la lucha de clasesy del papel revolucionario histórico mundial del proletariadocomocreadorde unasociedadnueva,comu- nista».
Por su contenido es el Programa de lucha de la clase de los proletarios; porsu forma es unadeclaración públi- ca de los conceptos, fines y tendencias del Partido de los comunistas.
Burguesesy Proletarios
Es la primera parte del Manifiesto, en la cual se precisa el papel de la lucha de clases como motor del desarrollo histórico, y cómo en la sociedad capitalista las contradic- ciones de clase se han simplificado a tal punto, que se po- larizaron en una lucha irreconciliable entre burgueses y proletarios.
Marx y Engels advirtieron la cercanía del ocaso de la burguesía, como en efecto ocurrió a partir del siglo XX cuando el capitalismo entró en su fase de agonía imperia- lista.Esa advertencianoeraunaprofecía,sinoel resultado
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de su comprensión científica del movimiento materialista dialéctico de la sociedad, pues habían comprobado —en el laboratorio de la historia— que la burguesía ya había cumplido su papel revolucionario frente a las relaciones feudales: creando el mercado mundial y dándole un ca- rácter cosmopolita a la producción y al consumo de las mercancías; sometiendo el campo a la explotación de la ciudad y, por ende, subyugando a los campesinos al do- minio burgués; subordinando los países bárbaros a los ci- vilizados y
el Oriente al Occidente; aglomerando a la po- blación; transformando los pequeños talleres en la gran fábrica capitalista; centralizando los medios de produc- ción y concentrando su propiedad en manos de unos po- cos.
Ese portentoso desarrollo de las fuerzas productivas
(instrumentos de producción y hombres trabajadores) re- sultó demasiado poderoso para las relaciones sociales de producción burguesas que, por estar basadas en la explo- tación del trabajo asalariado, se convirtieron en un obs- táculo que impide el libre desarrollo de las fuerzas pro- ductivas, ahogándolas y destruyéndolas. La Negación de la Negación, ley dialéctica que también rige inexorable el desarrollo social, ha dictado su sentencia: ¡la burguesía tiene que perecer!, porque solo puede existir a condición de desarrollarincesantementelas fuerzasproductivasy, al hacerlo, las nuevas fuerzas productivas socializadas exi-
gen nuevas y acordes relaciones sociales de producción, ya no basadas en la explotación, sino en la cooperación; exigen el fin del dominio explotador y opresor de la bur-
guesíasobrela sociedady, portanto,el fin de la propiedad privada sobre los medios de producción, pues las relacio- nes de propiedad son apenas la expresión jurídica de las relaciones de producción.
La rebelión de las fuerzas productivas contra las rela-
ciones capitalistas de producción desata fuerzas econó- micas incontrolables, manifiestas en crisis comerciales y
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CAPÍTULO 3
- El Manifiesto del Partido Comunista
de producción que, como una epidemia de superproduc- ción, azota a toda la sociedad por poseer demasiados me- dios de vida, demasiada industria, demasiado comercio, privándola súbitamente de todos sus medios de subsis- tencia. Impotente, la burguesía se ve obligada a destruir en masa las fuerzas productivas y a intensificar la explo- tación, con lo cual lo único que hace es preparar nuevasy más profundas crisis.
El Manifiesto explica cómo la burguesía no solo trabóel desarrollo de toda la sociedad, sino que además creó la clase encargada de revolucionar las relaciones sociales de producción: el proletariado, a quien le corresponde se- pultar a la burguesíay su sistema capitalista.
Los proletarios son los obreros modernos, clase social que solo puede vivir a condición de encontrar trabajo, y solo lo encuentra a condición de que acreciente el capi- tal. Su única y exclusiva propiedad es su fuerza de traba- jo, convertida en una mercancía sujeta a los vaivenes del mercado y de las crisis, cuyo precio—elsalario— se re-
duce a lo que cuestan los medios indispensables paravivir y reproducirse. Bajo las relaciones capitalistas de explota- ción, el trabajo asalariado no tiene atractivo para el obre- ro, porque con él no crea propiedad para sí mismo, sino capital parael burgués, quien lo acumulacomo propiedad privada. Y si quienes producen el capital constituyen la inmensa mayoría de la sociedad, es a ella a quien le co- rresponde apropiarse de su producido, en calidad de pro- piedad socialista, lo cual sí se corresponde con el carácter social de la producción.
La gran fábrica capitalista concentró grandes masas de
obreros en verdaderos cuarteles donde «no son solamen-
te esclavos de la clase burguesa, del Estado burgués, sino diariamente,a todashoras,esclavosde la máquina,delca- pataz y, sobre todo, del patrón de la fábrica». De ahí que la clase de los obreros modernos, debido a su situación
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
de productores de la riqueza social y de desposeídos de propiedad sobre los medios de producción, se constitu- ye en la única clase verdaderamente revolucionaria en la sociedad capitalista. En cambio, la pequeñaburguesía es una clase inestable y vacilante ante la revolución, debido a que tiene un doble carácter: propietaria de medios de producción (lo cual la torna conservadora y reaccionaria) y constantemente arruinada y lanzada a las filas del pro- letariado (lo cual la vuelve revolucionaria en la medida en quedefiendano sus interesespresentes,sinosus intereses futuros).
Desde cuando surge la clase obrera, comienza su lucha contra la burguesía, si bien en un comienzo es aislada, lo- cal y contra las máquinas, después logra uniones y coali- ciones en cada país y a nivel internacional, facilitadas de una parte porque los obreros no tienen patria y, de otra, porque «los intereses y las condiciones de existencia de los proletarios se igualan cada vez más a medida que la máquinava borrandolas diferenciasen el trabajoy reduce el salario,casientodaspartes,a un niveligualmentebajo». Esa unión cada vez más extensa de los obreros convier- te su lucha en una lucha de clase, es decir, en una lucha política que va más allá de la lucha inmediata en defensa del salario. Es así que los proletarios se ven abocados a empuñar las armas sociales que la propia burguesía a for- jado para su muerte, pero ellos, «no pueden conquistar las fuerzas productivas sociales, sino aboliendo su propio modo de apropiación en vigory, por tanto, todo modo de apropiación existente hasta nuestros días. Los proletarios no tienen nada que salvaguardar; tienen que destruirtodo lo quehastaahorahavenidogarantizandoy asegurandola propiedad privada existente».
La magistral conclusión del primer capítulo del Mani- fiesto:«La existenciadela burguesíaes,enlosucesivo, incompatibleconla dela sociedad...Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevi- tables»ha alentado e inspirado la lucha del Movimiento
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CAPÍTULO 3
- El Manifiesto del Partido Comunista
Obrero Mundial a lo largo de los últimos años, en los cua- les, en tres ocasiones ha logrado tomarse el cielo por asalto.
Proletariosy Comunistas
El capitalismo es el triunfo del dominio económico y político de la burguesía en la sociedad, pero su existencia está condicionada por el trabajo asalariado de los prole- tarios; por tanto, esta clase de obreros modernos puede decidir el fin del capitalismo si pone fin a la explotación asalariadade su trabajo.Es esala misiónhistóricadel pro- letariado, y a ella está dedicado el segundo capítulo del Manifiesto.
La fuerza de trabajo de todo el proletariado (tanto de quienesestánactivos,comodequienesestánenla reserva delas filas deldesempleo)estáa disposicióndetodoel ca- pital, que la consume en la producción de los bienes ma- terialesde la sociedad.Su resultadoes un productosocial, un capital acrecentado, valorizado, que no se convierte en propiedad de toda la sociedad, sino en capital privado. Esto ocurre porque las relaciones sociales de producción
entre capitalistas y obreros son de explotación asalariada, puesla propiedadprivadade los capitalistassobrelos me- diosde producciónles da derechoa apropiarsedelcapital social, retribuyendo a los proletarios dueños de la fuerza de trabajo solo un salario para reponerlay reproducirla.
Para que el proletariado pueda romper las cadenas de su esclavitud asalariada, tiene que hacersaltarlos cimien- tos de toda la sociedad capitalista. En una palabra, tiene que abolir la propiedad privada burguesa como la expre- sión más acabada de la propiedad privada en general; ese es precisamente el gran propósito de los comunistas.
Diceel Manifiestoquelos comunistasno tienenni pue- den tener otros intereses distintos a los del proletariado en su conjunto; no proclaman ni inventan ideas y princi- pios sectarios ajenos a la sociedad, pues sus teorías son la
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
expresión de las condiciones reales de la lucha de clases existentey desu movimientohistórico.Los comunistasno son un partido separado del proletariado, sino una parte de él; prácticamentees el sectormásresueltoquesiempre impulsa hacia adelante a los demás; teóricamente tiene unaventaja sobre el resto del proletariado: su visión clara de las condiciones, la marcha y los resultados generales del movimiento proletario.
El Manifiesto señala que, a
diferencia de otros partidos–patrióticos, nacionalistas, reformistas– el de los comu- nistashacevalerlos interesescomunesde todoel proleta- riadoindependientementede su nacionalidad,puescomo clase obrera mundial no tiene patria, y sí, unos mismos enemigos, unos comunes intereses y unos idénticos ob- jetivos; así mismo, los comunistas representan los intere- ses del movimiento obrero en su conjunto en las diversas fases de desarrollo de la lucha entre el proletariado y la burguesía.
«Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada»puntualiza el Manifiesto. Y esto significa abolir la propie-
dad privada burguesa, pues de un lado, la propiedad pri- vada del pequeño propietario de la ciudad y del campo ya la ha ido aboliendo la misma industria capitalista y, de
otro, el trabajo asalariado no crea propiedad para el pro- letario, solo acrecienta el capital, como producto colecti- vo de muchos miembros de la sociedad que se lo apropia una sola clase: la burguesía.
Terminar con el carácter de clase de la propiedad so- bre ese producto colectivo, transformándola en propie-
dad de todos los miembros de la sociedad, es la esencia de la abolición de la propiedad privada que se proponen los comunistas.«Porconsiguiente,–diceel Manifiesto–lo que el obrero asalariado se apropiaporsu actividad es es- trictamente lo que necesita para la mera reproducción de
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CAPÍTULO 3
- El Manifiesto del Partido Comunista
su vida.No queremosde ningunamaneraabolirestaapro- piación personal de los productos del trabajo, indispensa- ble a la mera reproducción de la vida humana, esa apro- piación, que no deja ningún beneficio líquido que pueda dar un poder sobre el trabajo de otro. Lo que queremos
suprimires el caráctermiserablede esaapropiación(...) El comunismo no arrebata a
nadie la facultad de apropiarse de los productos sociales; no quita más que el poder de sojuzgar el trabajo ajeno por medio de esta apropiación».
Hacer saltar los cimientos de toda la sociedad capita- lista significa, entonces, expropiar a los expropiadores–«violación despótica del derecho de propiedad y de las relacionesburguesasde producción», en palabrasdelMa- nifiesto–, romper las relaciones sociales de explotación asalariaday romperconlas relacionesde propiedadtradi- cionales, todo lo cual conllevaría a cambiar las ideas do- minantes en la sociedad capitalista que son las ideas de la burguesía, a cambiar el carácter de clase en la educación arrancándolade su influencia,a terminarla situaciónde la mujercomo simple instrumento de reproducción, a abolir la explotación de una nación por otra. En todo esto con- siste la revolución del proletariado.
Ella, exige que los comunistas dejen claro en la con- cienciade la claseobrerasu antagonismoconla burguesía y la necesidad de constituirse en clase cuya organización y destacamento devanguardiasea el partido de los comu- nistas, organizador y dirigente de su lucha política contra la dominación burguesa. Derrocarviolentamente el poder de la burguesíaes condiciónparaqueel proletariadopue- da conquistar el poder político y convertirse en la clase dominante de la sociedad, sin lo cual jamás podría expro- piar el capital a la burguesía.
En las palabras finales del segundo capítulo del Ma- nifiesto se indica el inevitable rumbo de la sociedad ha- cia el comunismo: «En sustitución de la antigua sociedad
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, sur- girá una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos».
En la entrega No. 5 de estas Memorias se hizo referen- cia a la críticade la literaturasocialistay comunista–con- tenido del tercer capítulo del Manifiesto– que por aque- lla época de 1847 se difundía entre el movimiento obrero
europeo.
Enel capítulofinaldelManifiesto,dedicadoala «Actitud de los comunistas ante los diferentes partidos de
oposición», Marxy Engels dejan nítido el deslinde de los comunistas con respecto a los partidos oportunistas cuyo interésporlas ventajasinmediatasy pasajerasdeun sector del proletariado en un momento dado o en un país deter- minado, los lleva a la renuncia de los objetivos finales de todo el movimiento, mientras que los comunistas, por el
contrario, al luchar por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera, defienden siempre su por- venir dentro del movimiento actual.
Las palabras finales del Manifiesto del Partido Comu- nista condensan la forma como se lograrán los objetivos de los comunistas, el inevitable fin que le espera a las cla- ses explotadoras y
el luminoso porvenir del proletariado:
«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos solo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. ¡Proletarios de todos los países, uníos!».
Ningún obrero deseoso de participar conscientemente en la lucha contra la explotación capitalista puede que- darse sin leerel Manifiesto del Partido Comunista, que es el programa de su lucha como clase mundial.
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CAPÍTULO 4 -
La Asociación Internacional de los Trabajadores
CAPÍTULO 4
LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES
Algunos antecedentes de la I Internacional
La salida a la luz pública del Manifiesto del Partido Co-
munista (1848) coincide con una gran agudización de la lucha de clases entre el proletariadoy la burguesía en Eu- ropa: la revolución de febrero en Francia, la insurrección popular de marzo en Vienay en Berlín, la insurrección de junio en París, las insurrecciones de liberación nacional en Hungría, Italia y Polonia. En todas ellas fue doblegada la clase obrera, declinó el movimiento revolucionario por reformas sociales en Europa, desapareció el movimiento
obrero de la escena política, quedando relegadas a un se- gundo plano las tesis del Manifiesto.
La más significativa de las batallas de clases ocurrió en- tre el 23 y 26 de junio de 1848 en París, donde los obre- ros realizaron una insurrección, tan heroica y radical que ha sido incrustada en la historia del movimiento obrero como su primera gran guerra civil contra la burguesía; y
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su derrota, como unade las más sanguinariasy crueles re- presalias de la burguesía francesa contra el proletariado.
Fue tal el exterminio que, dice Engels en uno de los prólogos del Manifiesto:«Relegó de nuevo a segundo pla- no, por cierto tiempo, las aspiraciones sociales y políticas de la clase obrera europea (...) hubo de limitarse a luchar por un escenario político para su actividad y a ocupar la posición de ala extrema izquierda de la clase media radi- cal. Todo movimiento obrero independiente era despia- dadamente perseguido, en cuanto daba señales de vida».
Los acontecimientos de la lucha de clases en Francia, entre 1848 y 1851, fueron analizados magistralmente por Carlos Marx en su obra El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, en la cual desarrolla las teorías de la lucha de clases y la revolución proletaria, la doctrina del Estado y la dictadura del proletariado, llegando a concluir que:
«Todas las revoluciones perfeccionaban esta máquina [el Estado], en vez de destrozarla», con lo cual definió —con toda precisión— el asunto fundamental de la actitud del proletariado frente al Estado burgués: destruirlo y cons- truir uno nuevo. En esta obra, también Marx dedica es- pecial atención al estudio de la importancia que tiene el campesinado como aliado del proletariado, y al papel de los partidos políticos en la vida social.
Si bien la Liga de los Comunistas hacía propaganda por doquier estuvieran sus miembros en los distintos países, era débil como organización para poder acelerar el movi- miento revolucionario; aun así, con tal limitación, fue una excelente escuelade actuación revolucionaria. En 1850 se dividió en dos fracciones: la de Marxy Engels y la de Wi- llich y
Schapper, partidarios de la tesis «extremoizquier- dista» de que para organizar una nueva insurrección en Alemaniabastabacon conseguir, mediante un empréstito, una cantidad de dinero y reunir algunos hombres resuel- tos para provocarla.
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El período de la lucha de clases que despunta con la derrota de las insurrecciones obreras en Europa es unaépoca de temible reacción monárquico-burguesa que se extiende hasta 1862, en la cual son suprimidas todas las libertades políticas, prohibidas las uniones obreras y apresados varios dirigentes de la Liga de los Comunistas, contraquienesse organizóel procesode Coloniade 1852; mediante documentos falsos y perjurios, se condenó a siete de los once acusados a penas de cárcel entre tres y seis años. Los miembros restantes disolvieron formal- mente la Liga.
Por aquellos años, al ceder la crisis económica de 1847, sobreviene la prosperidad: un auge industrial que, unido a la gran emigración de proletarios (muchos de ellos exper- tos insurrectos), causada por el descubrimiento de minas de oro en Californiay enAustralia, desalentó todo intento de movimientorevolucionarioy paralizóla organizacióny el movimiento obrero hasta los años de la siguiente crisis en 1857. Cuando comienza un nuevo reanimamiento del
proletariado, sobre todo de las ramas de la construccióny del mueble,y muyespecialmente el proletariado de Sajo- nia (Alemania), donde representantes de la «vieja guardia»del movimiento obrero de 1848 le hacían propaganda a la necesidad de un movimiento obrero independiente que no se convirtiera en simple comodín de la lucha entre la burguesía progresistay Bismarck –ministro presidente de Prusiay representante de los «junkers» (aristocracia terra- teniente)–,sinoqueaprovecharaa su favoresacontradic- ción.
Es entonces cuando salta a la escena el abogado Fer- nandoLassalle,fundadordela tendenciaoportunistaenel movimiento obrero alemán, al cual se adhiere después de ser partícipe del movimiento democrático en 1848. Ami- go del éxito inmediato y la «política positiva», extremada- mente vanidoso para impresionar a las masas atrasadas, y presuntuoso de ser el creador del movimiento obrero
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alemán, negando todo nexo con el anterior movimiento revolucionario, Lassalle coquetea con el gobierno, silen- ciando la contradicción del movimiento obrero con los«junkers». Crédulo de las bondades del Estado, con fre-
cuencia recomienda a los obreros inadmisibles súplicas que, según él, Bismarck atendería por contrariar a la bur- guesía.
Para enfrentaral programa que los progresistas burgue- ses proponían pararemediarla situación de miseriade los
obreros, levantó la bandera de la imprescindible necesi- dad de organizar un partido obrero y, tomando prestadas ideas del Manifiestoy de otras obras de Marx, las pervier- te, quitándoles su filo revolucionario con el argumento de que, por táctica, no se podía asustar a las masas poco conscientes con las ideas del comunismo.Así, termina re- duciendo su Programa Obrero a la conquista del sufragio
universal como reivindicación política fundamental y, en lo económico, a organizar sociedades de producción con la ayuda de créditos del Estado, pues, de acuerdo con su«ley de bronce», es imposible elevar el salario más allá de un mínimo determinado.
Los comunistas por su parte, encabezados por Marx y Engels, rechazaron ese programa, mantuvieron su activi- dad propagandística demandando la independencia del movimiento obrero, tanto con respecto a Bismarck y los«junkers» como a la burguesía, denunciando que en las verdaderas causas de las diversas guerras que azotaban a Europa estaban los intereses capitalistas de la burguesía, animando al proletariado a emprender de nuevo su com- bate de clase contra sus enemigos, para lo cual era nece- sario reorganizar sus fuerzas a nivel internacional.
Fundación de la Asociación Internacional de losTrabajadores
El 28 deseptiembrede1864 enSt. Martin’sHalldeLon- dresse llevóa caboungranmitininternacionaldeobreros,
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enel cual,se fundóla AsociaciónInternacionaldelos Tra- bajadores(conocidaluegocomoI Internacional).Se eligióun Comité Provisional (órgano dirigente de la Asociación, y conocido posteriormente como el Consejo General o Consejo Central) compuesto de unos cincuenta vocales, la mitad de ellos obreros ingleses; una decena, alemanes, en su mayoría antiguos miembros de la Liga de los Comu- nistas, como Marx, Eccarius, Lessner, Lochnery Pfänder; nueve franceses; seis italianos; dos polacos y dos suizos. El Comité nombró unaSección encargadade prepararlos proyectos de un Manifiesto Inaugural y unos Estatutos de la Asociación, documentos redactados magistralmente por Carlos Marx,y que el 1° de noviembre de 1864 fueron
aprobados por unanimidad y con gran entusiasmo en el Comité.
Y no era nada fácil lograr la unanimidad de represen- tantes obreros de países como Francia e Inglaterra donde el nuevo resurgir del movimiento obrero se había encon- trado con una unidad nacional consolidada; mientras que enAlemaniae Italiaardían los movimientos nacionales de independencia, lo cual contrarrestaba el espíritu interna- cionalista de la nueva Asociación. De igual forma que en ella convergían corrientes como la influida por Blanqui, cuyo programa no se basaba en la lucha de la clase obrera sino en la audacia de una minoría para alzarse con el po- der en un golpe de mano; o la fuerte corriente en el pro- letariado francés influida por las ideas de Proudhon, cuyo programa renunciaba a la lucha política de la clase obrera a cambio de experimentos tales como obtener créditos bancarios gratuitos para los obreros, a cuenta del Estado.
A pesarde talesdiferencias,el surgimientode la Asocia- ciónocurreporquela claseobrerase habíarecuperadode las derrotas sufridas en los años 1848-1852, había vuelto a
reunir un vasto ejército para poder enfrentar de nuevo a sus enemigos de clase. La Asociación Internacional de los Trabajadores no fue una organización restringida a los
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comunistas, ni mucho menos, sino que tuvo como fina- lidad unificar y articular la lucha dispersa del movimien- to obrero en los distintos países o, como escribió Engels,«agrupar en su seno a todo el proletariado militante de Europa y América»en correspondencia con el carácter internacional de la lucha del movimiento obrero, procla- madoen el Manifiesto del Partido Comunistay expresado en su llamado final: ¡Proletarios del mundo, uníos!
El carácteramplio de la Asociación no permitíaadoptar
plenamente el programa comunista del Manifiesto, sino uno más amplio, que diera cabida a otras distintas co- rrientes del movimiento obrero: los tradeunionistas ingle- ses; los proudhonistas franceses, belgas, italianos y espa-ñoles; los lassalleanos alemanes.Y no se crea que era este un ensayo de conciliación y eclecticismo, era la exigencia necesaria del desarrollo del movimiento obrero en ese entonces; planeada conscientemente por los marxistas pues, para que las tesis del socialismo científico expues- tas en el Manifiesto triunfaran sobre el resto de corrientes socialistas era necesario, no tanto cultivar en privado «el pensamiento del liderato», como pregonaron algunos gru- pos y partidos del entonces MRI, sino, ante todo y sobre todo–yen ello confiaba ciegamente el mismo Marx–, «el desarrollointelectualdela claseobrera,quedebíaresultar inevitablemente de la acción combinaday de la discusión mutua».
La AsociaciónInternacionalde los Trabajadoresse pro- puso reemplazarlas viejasy desgastadas sectas socialistas, porunaverdaderaorganización de la clase obreraque sir- viera para llevar a cabo su lucha real. Así, el trabajo fun- damental de la Asociación se encaminó a formar, en las ideas del socialismo científico, la conciencia de los obre- ros de vanguardia de los países capitalistas; pero, no por ello dejó de participardecididay activamente en los com- bates directos del proletariado, de los cuales el principal
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poraquellaépocafue la revoluciónobrerade 1871: La Co- muna de París.
El Programa de la Asociación Internacional de los Tra- bajadores está expresado en el preámbulo de los Estatu- tos,y plantea:
•þÿLaemancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera.
•þÿLa emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios de clase, sino porla abolición de todo domi- nio de clase.
•þÿEl sometimiento económico del trabajador a los mono- polizadores de los medios de trabajo, es decir, de las fuentes de vida, es la base de la servidumbre en todas sus formas, de toda miseria social, degradación intelec- tualy dependencia política.
•þÿLa emancipación económica de la clase obrera es el gran fin al que todo movimiento político debe ser su- bordinado como medio.
•þÿTodoslos esfuerzoshaciaestefin hanfracasadoporfal- ta de solidaridad entre los obreros, y de unión fraternal entre las clases obreras de los diferentes países.
La amplitud del Programa de la Asociación era una in- evitable necesidad para el ulterior desarrollo amplio y unificadodel movimientoobreropero, a su vez, implicaba enfrentar a
corrientes tan hostiles al Marxismo, como el Anarquismo de la Alianza de la Democracia Socialista di- rigida por el ruso Bakunin; y, aunque la condición para su ingreso era disolverse, una vez admitida rehusó la disolu- cióny, porel contrario, Bakunin se propuso crear, bajo su propiadireccióny al interiorde la Asociación, «otrainter- nacional» fraccional llamada La Alianza de la Democracia Socialista.
En oposición al programa de los comunistas, cuya base es la lucha política del proletariado, el Anarquismo
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Bakuninista confeccionó un programa con retazos de ideaspequeñoburguesas,superficialmentehilvanadas,ba- sado en la negación de la lucha política de la clase obrera:
•þÿSupanacea: la igualdad de las clases, pero sin atacar las causas reales de las diferencias de clase en la sociedad.
•þÿSu consigna: ¡contra el autoritarismo! suprimiendo el Estado mediante un decreto (¡¡¡del Estado!!!)
•þÿSu punto de partida para el movimiento social: la aboli- ción del derecho de herencia.
•þÿSu dogma obligatorio: el ateísmo para los miembros de la Internacional.
•þÿSu dogmaprincipal:la abstenciónproudhonistadelmo- vimiento político.
Con un programa así, no era de extrañar que después de la derrotade la Comunade Parísen 1871, Bakuniny sus discípulos se manifestaran contra la idea de la dictadura delproletariado,y contrala constituciónde su partidopo- lítico independiente organizado de acuerdo con el princi- pio del centralismo democrático.
El anarquismo, con su intriga escisionista, saboteó el propósito de la Internacional, obligándola a expulsar a Bakunin en 1872, en el Congreso de La Haya, en el cual se consideró que la Internacional había cumplido su papel histórico, que consistía en echar los cimientos de la lucha internacional por el socialismo. Era el momento para que el movimiento obrero desplegaratodasu amplitudy crea-
ra partidos socialistas en cada país.
La batalla del marxismo contra el anarquismo, en el senode la AsociaciónInternacionalde los Trabajadores(y en el propiosenodelConsejoGeneral),fueen realidadun combate sin tregua contra las sectas que impideny desar- man la lucha real de la clase obrera.
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Los estatutos de la Asociación Internacional de losTrabajadores
Los integrantesde la Comisión,quehabíasidoencarga- da por el Comité Provisional (más tarde llamado Consejo General) para redactar el Proyecto de Estatutos, presen- taron no una, sinovarias propuestas. Fue el caso de Man- zzini quien, sin comprender la importancia ni el papel de la lucha de clases del proletariado, hizo corresponder su Proyecto de Estatutos más con la rigurosa centralización de una secta de conspiradores que con la organización de la Asociación Internacional, dispuesta, ante todo, a co- nectar y unificar el movimiento de la clase obrera, hasta entonces disperso en los diversos países.
Por su parte, el Proyecto de Estatutos presentado por CarlosMarxse correspondíaconel amplioManifiesto In-
augural de la Asociación, pues ambos se atenían estricta- mente a la situación y a las exigencias del momento, sin abandonar la perspectiva del comunismo. Ambos docu- mentos eran como el Manifiesto Comunista: fuertes en su fondo, en su contenido; y, a la vez, se diferenciaban deél en que tenían una forma suave. El Comité Provisional acogió por unanimidad, el 1.o de noviembre de 1864, este proyecto como los Estatutos Provisionales de la Asocia- ción Internacional de los Trabajadores y, solo hasta sep- tiembre de 1871 la II Conferencia de Londres, sobre la base de los Estatutos Provisionales, aprueba los Estatutos Generales de la I Internacional.
Los Estatutos de la I Internacional tienen dos partes di- ferenciadas: principios y organización. En la primera, se formulan las tareas generales del movimiento obrero a ni- vel internacional, a manera de un resumen del contenido fundamental expuesto en el Manifiesto Inaugural: la cla-
se obrera como protagonista de su propia emancipación, cuyo carácter es internacional, pues no se trata de un problema nacional ni local, sino social; la emancipación
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económica de la clase obrera como supremo objetivo, al cual debe subordinarse todo movimiento político, como medio.
En la parte de organización, los Estatutos establecen el nombre de la Asociación; ordenan que todos los años los delegados de las secciones realicen un Congreso obrero general que proclame las aspiraciones comunes de la cla-
se obrera, tome las medidas para asegurar el éxito de las actividades de la Asociación y elija su Consejo General,
integrado porobreros de los diferentes países, entre quie- nesse designaránresponsablesparagestionarsus asuntos, talescomoun secretariogeneral,un tesoreroy secretarios para cada país.
Es de anotarque, a lo largo de la historiade la I Interna- cional, sus Estatutos conservaron intactos sus rasgos fun- damentales, sufriendo apenas modificaciones en asuntos de orden secundario. Una de ellas fue la de, por iniciativa de Marx, suprimirel cargo de «Presidente» establecido en los Estatutos Provisionales, pues en la práctica, el propio trabajo de los secretarios lo convirtió en un cargo inútil.
Los Estatutos determinaron las atribuciones del Conse- jo General:
•þÿServir de órgano internacional de enlace entre las orga-
nizaciones obreras de los diversos países.
•þÿInformarlos constantemente sobre el acontecer de su movimiento en los demás países.
•þÿOrganizar y dirigir investigaciones estadísticas sobre la situación de la clase obrera en los diversos países.
•þÿSometera debate, en todas las asociaciones obreras, los temas de interés general que proponga alguna de ellas.
•þÿUna vez definida la acción inmediata, como el caso de conflictos internacionales, impulsar acciones conjuntas y simultáneas de la clase obrera.
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•þÿImpulsary contribuir a la centralización nacional de las numerosas, pequeñas, aisladas y dispersas sociedades
obreras locales.
•þÿPublicar informes periódicos para facilitar la relación entre las asociaciones.
Finalmente, los Estatutos de la I internacional permiten conservar intacta la organización de las sociedades obre- ras que se le adhieran, responsabilizan a cada sección de la Internacional de la honestidad de los miembros admiti- dos y establecen que puede ser aceptado como miembro todo el que adopte y defienda los principios de la Asocia- ción Internacional de los Trabajadores.
Los Estatutos Generales de la I Internacional se convir- tieron en el modelo de Estatutos adoptado por diversos partidos en Europa. Su correcta concepción sobre la im- portancia decisiva de la lucha de clase de los obreros per- mitía (en viday presencia del propio Marx) que reuniones tan importantes como lo fue la I Conferencia de Londres, de 1865, según relato de Franz Mehring: «Deliberaba por las mañanas a puerta cerrada bajo la presidencia de Jung, y por las noches en sesiones semipúblicas que presidía Odger. En estas reuniones nocturnas se debatía ante un público obrero, los puntos esclarecidos en las sesiones
privadas».
Los Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores son ejemplo de cómo la unidad or- ganizativa del proletariado presupone y exige su unidad ideológica y política; y, sobre todo, cómo puede materia- lizar de una forma sencilla pero clara y
precisa, las nor- mas por las cuales rige su vida organizada. Las polémicas en torno a los Estatutos Generales demuestran que no es nada nueva la lucha entre quienes desprecian la organi- zación de los obreros, o la reducen a la organización de sectas aisladas de conspiradores, y quienes, adoptando el principio de los Estatutos Generales que dice: «El éxito
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del movimiento obrero en cada país, no puede ser asegu- radomásqueporla fuerzaresultantede la unióny la orga-
nización», conciben la organización de los obreros como un fuerte y eficaz instrumento de su lucha de clase. Esta
divergencia es tan vieja como la lucha entre el marxismo y el oportunismo.
Vicisitudes de la I Internacional
La Asociación Internacional de los Trabajadores (I In- ternacional) se fundó para organizar al proletariado de Europa y América en un gran ejército internacional cuya
lucha fuera unida y mancomunada. Esa característica im- plicómuchasde sus vicisitudes,de las cualesvamosa des- tacar algunas relacionadas con los siguientes aspectos:
Primero, porserunaorganización obrerainternacional, tuvo la gran ventaja de ser apoyada por la clase más joven y revolucionaria de la sociedad pero, así mismo, sufrió las mismas dificultades económicas en que se debate esa cla-
se explotada y desposeída de los medios de producción, recibió en su seno los litigios originados en la situación política y social del proletariado y fue hostigada por la burguesía, dispuesta a hacer fracasar este primer intento internacionalista del proletariado de organizarse y luchar como una sola clase.
Segundo, por la amplitud programática de la I Interna- cional para permitir la incorporación de las diversas co- rrientes del movimiento obrero en un único ejército in- ternacional proletario, la Asociación Internacional de los Trabajadores fue un hervidero permanente de lucha de líneas, lo cual permitió su desarrolloy el cumplimiento de su papel de formar, en los países capitalistas de la época, la conciencia de los obreros en las ideas del socialismo científico.
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Crisis financierasy desafíos organizativos de la I Internacional
La situación financiera de la I Internacional siempre fue de calamidad, «el presupuesto del Consejo General se componía de cantidades negativasy en progresión ascen- dente», en palabras de Marx. Una idea más concreta de estasituación la puede brindarel hecho de que durante el primer año solo se recaudaron 33 libras, y
el presupuesto de gastos de propaganday realización del primerCongre- so se estimaba en 150 libras; todo porque el aporte de las
organizaciones obreras era en extremo modesto en com- paración con la numerosa cantidad de sus afiliados.
Cuando se funda la I Internacional, Carlos Marx no te- nía en el centro de sus preocupaciones las tareas de orga- nización, sino que se hallaba trabajando intensamente en su obra cumbre El Capital; sin embargo, por el desarrollo de los acontecimientos en la Asociación, se vio obligado a participar activamente y al hacerlo, con su claridad teó- rica sobre la misión del movimiento obrero y el papel de su lucha de clase, terminó siendo el cerebro del Conse- jo General a cuyo trabajo dedicaba una gran cantidad de esfuerzos y de tiempo, con el agravante de que por ello no abandonó sus trabajos científicos, sino que —por el contrario— los incrementó debido a las polémicas susci-
tadas en el Consejo y, para completar, con un quebranto cadavez mayor de su estado de salud, deteriorada princi- palmente por el trabajo excesivo en las noches –según el dictamen médico– y en medio de las más crueles condi- cionesde pobreza.El 14 de febrerode 1866 le escribíaa
su amigoEngels:«Ayer volvía estarinutilizado,puesmesalióun perverso perro de carbunclo en el costado izquierdo. Si tuviese bastante dinero para mi familia y el libro estu- viese terminado, me daría lo mismo estirar la pata y ser arrojado al muladarhoyque mañana. Pero, en las circuns- tancias dichas no puede ser».
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A todas estas dificultades supo sobreponerse la I In- ternacional, tuvo secciones en diversos países de Europa y Norteamérica, celebró no pocas Conferencias y Con- gresos, se expresó a través de diversos órganos oficiales en los países y cumplió con organizar por primera vez un inmenso ejército proletario internacional ante el cual la burguesía no pudo ocultar su temor.
Los tres años iniciales de la I Internacional fueron años deextremasdificultades,caracterizadosporlas pugnasin- evitables, sobre todo al comienzo de una asociación que acogía en su seno a organizaciones obreras de diversos países, que además de ser influenciadas por las distintas corrientes del socialismo (reaccionario, burgués, peque-ñoburgués, utópico, científico...) traían consigo los alter- cados generados en su propia experiencia de lucha en cada país, y las pugnas derivadas de las contradicciones entre naciones y países a causa de la opresión y la subyu- gación nacional.
Fue así como la lassalleana Asociación General de Obreros alemanes se negó a pertenecera la Internacional, si bien luego de la muerte de Fernando Lassalle se argu- mentara por el director del periódico El socialdemócrata, Schweitzer, que la no afiliación formal obedecía a la pro- hibición de las leyes alemanas de articular varias asocia- ciones. Lo cierto es que, durante los primeros años los
obreros alemanes solo participaron en la I Internacional a través de sus desterrados residentes en Inglaterra y en Suiza.
Entre los obreros franceses, desde la revolución del 48 se había incubado el repudio mutuo entre «obreros inte- lectuales y manuales»; los literatos condenaban todo mo- vimiento obrero que los desconociesey, a su vez, los pro- letariosteníanmuypresenteslas traicionesdelos literatos. Esta antipatía se transformó en escándalo en el Congreso
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de Ginebra en 1866, cuando al arribo de un grupo de es- tudiantes revolucionarios blanquistas (partidarios no de la lucha de masas, sino de la actividad intrépida de peque-ños grupos de conspiradores) que sin ser delegados cau- sabangranalboroto,chocaronconlos obrerosquieneslos expulsaron a la fuerza, proponiendo que la Internacional solo admitiese obreros manuales y no intelectuales; esa propuestafue negadaporel Congreso.Y fue justamenteel proletariado francés quién proclamó la Comuna de París en 1871, en la cual, a pesarde su corta existencia, se mate- rializó el objetivo declarado en el Manifiesto Inaugural y enel Preámbulodelos Estatutosdela AsociaciónInterna- cional de los Trabajadores: «...la emancipación económi- ca de los trabajadores es el supremo objetivo a que debe subordinarse todo movimiento político, como medio...».
Huelgasy persecución
La opresión inglesasobre Irlandadesatabael recelo en- tre los obreros inconscientes de ambos países, quienes en las grandesfábricasinglesasse dividíanen dosbandos:los
obreros ingleses y los obreros irlandeses. Los primeros se jactaban de pertenecer a la nación opresora y considera- ban a los obreros irlandeses como despreciables compe- tidores que ocasionaban la rebaja de los salarios; por su parte,estosconsiderabana los obrerosinglesescómplices y dóciles instrumentos de los opresores. Este antagonis- mo, que era fomentado por la burguesía y la aristocracia a través de la prensa y el púlpito, dividía y tornaba im- potente a la clase obrera inglesa, a pesar de su gran or- ganización. La Internacional tenía entonces el deber de defender la causa de los irlandeses y de hacer entender a la clase obrera inglesa que la primera condición para su propia emancipación era apoyar la emancipación nacio- nal de Irlanda.
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Y fueron las tradeuniones —gran organización de los
obreros ingleses— el pilar central de la Asociación Inter- nacional de los Trabajadores, a donde confluyeron tipó- grafos, tabaqueros, ebanistas, así como los sindicatos de
obreros poco calificados, como la sociedad de templado- res con sus 30.000 afiliados. La influencia de la Interna- cional tuvo gran mérito en el potente movimiento de las tradeuniones a nivel nacional durante 1866, en favor de una reforma electoral.
Como no podía faltar, en el curso del movimiento aflo- ró la vieja costumbre tradeunionista de buscar apoyo en los radicales burgueses quienes, ni cortos ni perezosos, la emprendieron contra la independencia de clase abande- rada por la Internacional para todos los aspectos de la lu- cha obrera y, aprovechando la agobiante situación finan- ciera del semanario The Commonwealth (órgano oficial de la Internacional en Inglaterra), mediante su «ayuda»económica lo convirtieron finalmente en una prensa reformista. El Consejo General de la I Internacional y, en especial, Carlos Marx combatieron sin descanso la per- niciosa influencia reformista de los dirigentes y su nociva dependencia tradicional de la burguesía radical.
La actividad de la I Internacional logró que los obreros en diversos países repudiaran la opresión nacional inglesa sobre Irlanda, la feroz represión ruso-zarista de la insu- rrección polacay que se movilizaran contra las guerras de agresión de los capitalistas, en particular, la franco-pru- sianade 1870. Así, la I Internacionalse convirtióenel cen- tro de una beligerante oposición proletaria a la política de los gobiernos capitalistas, quienes para confundir a los
obreros y debilitar su presión empezaron a urdir intrigas a través de la prensa acerca de: «las fabulosas riquezas de la Internacional y sus millones de militantes dispuestos a destruirel mundocivilizadoporordendel ConsejoGene- ral», cuandoya sabemos que los ingresos de la Internacio-
nal eran insignificantes.
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La actividad de la I Internacional revolucionó la con- ciencia de millones de obreros, haciéndoles comprender lo comunes que eran sus intereses, la importancia de su unidad y el poder de su lucha independiente. Ese avan- ce les permitió obtener triunfos en el movimiento huel- guístico de los años 60; en particular, la crisis capitalista de 1866 en Europa conllevó el aumento del hambre y la agudización de las contradicciones sociales, desatándose
una poderosa ola de huelgas.Apenas surgían espontánea- mente las huelgas, intervenía el Consejo General de la I Internacional para contribuir al triunfo de la causa obre- ra, actividad que lo convirtió de hecho en un centro de
orientación y coordinación de la lucha y de las campañas de solidaridad internacional con los maquinistas ferrovia- rios, los cajistas de imprenta y los albañiles de Ginebra, con los broncistas de París, con los tabaqueros de Ambe- res; amarrando las manos a los capitalistas acostumbrados a romper huelgas utilizando esquiroles traídos de otros países.
Fue tal el prestigio de la I
Internacional que rebasó su poder real no solo entre los obreros, sino ante todo entre los capitalistas quienes, impotentes ante las huelgas, re- husaban aceptar que su causa estaba en las condiciones de miseria de la clase obrera, y mejor se la adjudicaban a los «manejos diabólicos» de la Internacional, un «mons- truo» al que debían perseguiry aniquilar. Así, cada huelga se transformaba de hecho en una batalla de vida o muerte por la Internacional.
Una de estas batallas tuvo lugar en Basilea, en 1868, los
obrerosdela construcción,los cinterosy tintorerosfueron a la huelga por aumento de salario y reducción de la jor- nada.Los capitalistasles impusieroncomocondiciónpara el arreglo que debían separarse de la Internacional, pero los huelguistasrechazaronel chantajey, conla solidaridad de los obreros internacionalistas de Inglaterra, Francia y
otrospaíses,ganaronla huelga.Sin embargo,en represalia
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los capitalistas de Basilea suprimieron de improviso las horas de descanso a que tenían derecho los cinteros de una fábrica, ante lo cual, una parte de los obreros se re- sistióy fue arrojada a la calleviolentamente porla policía; la indignación se extendió a los demás obreros de Basilea, movilizándose de inmediato en una lucha que duróvarios mesesy, a pesar de la persecución policial en una especie de estado de guerra, permanecieron fieles a la Internacio- nal, con el apoyo de los obreros de otros países triunfaron sobre los capitalistas y lo celebraron con una imponente manifestación por las calles de la ciudad.
También en Alemania, en Francia, en Bélgica el Estado de los capitalistas desató terribles persecuciones contrala
I Internacional, pero ella no se amilanó y, por encima del terror, hizo suya la causa del proletariado internacional, denunció los brutales atropellos de la policía contra los
obrerosy organizó el auxilio paralas familias de los muer- tos, heridos o encarcelados.
Una preocupación permanente de Marx y los marxis- tas en la I
Internacional fue vincular las ideas del comu- nismo científico al movimiento obrero, para fundamentar su conciencia internacionalista, elevar su nivel ideológi-
co, político y organizativo. Fue así como la opinión de un miembro del Consejo que argumentaba la inutilidad de la luchaporsalariosdebidoa quelos capitalistasla compen- saban con la subida de los precios, fue rebatida por Marx, quien aprovechó ese debate para fundamentar la impor- tancia de la lucha económica de los obreros.
La necesidad de la lucha
por unAlzaGeneral de Salarios
Rebajarlos salarios ha sido una muyvieja costumbre de la burguesía en las épocas de crisis en su economía ca- pitalista, lo cual, genera en el proletariado la necesidad espontánea de paralizar la producción para defender su
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salario y evitar un mayor deterioro en sus condiciones de vida y de trabajo. Así ocurrió en Europa cuando, prome- diando la octava década del siglo XIX, la crisis económi- ca sacudió a los principales países capitalistas y, a su vez, desató un amplio movimiento huelguístico por aumento de salarios, lo cual obligó a que temas como la huelga, los sindicatosy la luchaporsalariosfueranel centrode enco- nadasdiscusionesenlos Congresosde la I Internacional,y particularmente en las reuniones de su Consejo General.
En él, JuanWeston, delegado porel movimiento obrero inglés y
discípulo del famoso socialista utópico Roberto Owen, defendió públicamente la tesis según la cual «la elevación de los salarios no podía mejorar la situación de los obreros y debía considerarse perjudicial a la actividad de las tradeuniones». Tal falsedad fue refutada por Carlos Marx en un informe ante el Consejo General, en el cual expone los fundamentos de su teoría de la plusvalía, crí- tica demoledora a las corrientes del movimiento obrero contrarias a la lucha económicay
a la actividad de los sin- dicatos (los proudhonistasy lassalleanos).
El informe fue publicado en 1898 por Eleonora (hija de Marx) en el folleto Valor, precio y ganancia y, desde entonces, es parte de sus obras escogidas bajo el título Salario, precio y ganancia, de obligatorio conocimien-
to y estudio para todo obrero que desee conocer el ca- mino de su emancipación, pues allí «Marx se pronuncia resueltamente contra la prédica de la pasividad y la
resignaciónde los proletariosfrentea su explotaciónporel capitaly argumentateóricamenteel papel,lasignificación de la lucha de los obreros, subrayando la necesidad de subordinarlaa la metafinaldel proletariado: la supresión del sistema de trabajo asalariado».
Esta polémica con el ciudadano Weston fue un buen motivo para que Marx, quien había estudiado profunda- mente las leyes del movimiento social y en particular las
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contradicciones del modo de producción capitalista ba- sado en la explotación asalariada, mostrara cómo cuando el capitalista paga el salario al obrero, le hace creer que le está pagando todo el trabajo realizado durante la jornada. Pero,en realidad,esaes solounaaparienciaengañosaque Marx la traspasa para demostrar, con todo el rigor cientí- fico,queel capitalistanole retribuyeal obrerotodoel tra- bajorealizado,sinoapenasunaparteconunvalor(salario) quees equivalentesoloa los gastosmínimosde subsisten- cia del obreroy su familia (alimentación, techo,vestido).
El restodeltrabajorealizadoes un trabajono retribuido que se lo apropia el capitalista bajo la forma de la plus- valía, que es repartida entre toda la clase capitalista (una parte como interés parala burguesíafinancieraque pres- ta capital para producir, otra parte como ganancia para la burguesía industrial poseedora de los instrumentos de producción y, la parte restante, como renta para los bur- gueses o terratenientes dueños de las tierras donde están las fábricasy demás medios de producción).
Marx, al demostrar la falsa apariencia del contrato de trabajo asalariado, derivó varias importantísimas conclu- siones, tales como las siguientes:
Primera: el valor de las mercancías lo determina la can- tidad total de trabajo socialmente necesario para produ- cirlas, y
no la proporción entre trabajo pagado (salario) y trabajo no retribuido (plusvalía). Por tanto, si el salario no determina el valor de las mercancías, un alza general de salarios tampoco puede determinar un alza general de precios de las mercancías.
Segunda: un alza general de salarios lo que sí determina es la disminución de la cuota general de ganancia de los
capitalistas.
Tercera: si el obrero permite que el capitalistale usurpe todo su tiempo (prolongándole la jornada de trabajo que
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equivalea rebajarel salario)o le agotetodasu energía(au- mentándolela intensidaddeltrabajoquetambiénes reba- jar el salario)cae en la degradaciónde unabestiade carga.
Cuarta: la tendencia general del sistema de producción capitalista es a reducir los salarios, por tanto, la lucha de resistencia contra su rebaja y por el alza general de sala- rios es posibley necesaria.
Quinta: la lucha de resistencia es una lucha contra los efectos de la explotación asalariada, pero no contra sus
causas. Es apenas una palanca para apoyar toda la lucha de la clase obrera por abolir la explotación asalariada.
El problemade los sindicatos
El problema de los sindicatos también ocasionó encen- didos debates, sobre todo en el Congreso de Ginebra, en 1866. Los delegados franceses influenciados por las ideas económicas de Proudhon rechazaban abiertamente las huelgas y las organizaciones de resistencia; solo acepta- ban la cooperacióny la organización de mutualidades que establecieran el crédito para los obreros, ojalá sin interés.
Porsu parte,los delegadoslondinensesy alemaneseran acérrimos partidarios de la organización del proletaria- do en sindicatos, surgidos de la lucha entre el capital y
el trabajo asalariado, como resultado de la experiencia de la lucha obrera por obtener colectivamente un contrato de trabajo favorable para sus condiciones de vida, y que atenúe la competencia entre los obreros a causa de la ne- cesidad del salario.
Aquí la divergenciaconsistíaen que los proudhonianos, como resultado de negar la lucha de clases y la explota-
ción asalariada, afirmaban que el contrato de trabajo en- tre el capitalista y el obrero era libre y justo, cuando en la realidad dicho contrato se realiza en completa desigual- dadentrelas partes:de un lado,el capitalistadueñode los
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medios de producción y, de otro, el obrero solo propie- tario de su fuerza de trabajo. Y es esa fuerza corporal del
obrero, esa energía viviente, la que, al consumirse en la producción,da comoresultadoun incrementodel capital, una riqueza que se distribuye en forma también desigual:
al obrero productor de la riqueza solo le corresponde el salarioparaquepuedaseguirtrabajando,entanto,al pará- sitocapitalistaquenoproduce,el contratole da derechoa
apropiarse de toda la plusvalía, para acumular más capital que le permita seguir esclavizando el trabajo obrero.
Al capitalista lo respalda la fuerza de su sociedad con su Estado, sus destacamentos armados, su gobierno, sus partidos, sus leyes, su prensa...Y, para hacer frente a todo ese poderde clase, los obreros solo cuentan con su fuerza social,su número,su masa;perosi estamasaestádividida, su fuerza se desvanece. De ahí la necesidad inevitable de la organización obrera en sindicatos para resistir al poder avasallador de los capitalistas y en partido político, ya no para resistir, sino para derrotar en lucha política de clase todoel poderdelcapital,luchaquedebeserapoyadatam- bién por los sindicatos si pretenden la real emancipación del trabajo asalariado.
Aceptaro no la luchapolíticadelproletariadoy su orga- nización en partido político fue otra de las grandes diver- gencias en el seno de la I Internacional.
La necesidad del Partidoy de la luchapolítica del proletariado
Las varias corrientes del movimiento obrero que se ex-
presaban en la Asociación Internacional de los Trabaja- dores no permitían que fuera fácil ni inmediato el triun- fo de las teorías marxistas que hablaban de «la lucha de clases como ley objetiva de la sociedad»(independiente de la voluntad de los hombres), de «la lucha política»(tan necesaria para la clase obrera como su lucha económica)
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y de «la independencia en la políticay en el partido»(para poder triunfar sobre la burguesía).
Estas teorías, fundamentales en la ciencia revoluciona- ria del proletariado, solo podían cimentarse en la Interna- cional mediante la confrontación con las tesis contrarias; y solo podían serentendidas, aceptadasy acatadas porlos
obreros, si ellos se enteraban de esas polémicas pero, más que eso, si utilizaban tales teorías para guiarse en la lucha contrasus antagónicosenemigosdeclase:la burguesíay
la aristocracia terrateniente.
Si bien en el Manifiesto Inaugural había quedado ex- preso que para conseguir todos los objetivos que se pro- pone el proletariado«la conquista del poder político ha venidoa ser,porlo tanto,el grandeberdela claseobrera», en los Estatutos Provisionales quedó dicho que «la eman- cipación económica de la clase obrera es, por lo tanto, el
gran fin al que todo movimiento político debe ser subor- dinado como medio».
Fue esta una de las tesis que más fuertes discusiones provocó, tanto en las dos Conferenciasy cinco Congresos de la Internacional, como en el mismo Consejo General, en donde fue habitual la lucha de tendencias y cotidianas las polémicas sobre las guerras de agresión, el militaris- mo, la lucha por los salarios, los sindicatos, el trabajo de la mujer, la propiedad privada, etc. Pero el punto de cho- que más impetuoso y permanente siempre fue entre dos concepciones radicalmente opuestas: la lucha de clases y lucha política de las masas obreras, versus la conciliación de clasesy el sectarismo.
Tres fueron las fuerzas opuestas, en diverso grado, a las tesis marxistas sobre lucha de clases, lucha políticay par- tido independientes:
La primera, representada en la influencia que sobre las tradeuniones obreras inglesas ejercía la concepción
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derechista de sus dirigentes, quienes no rechazaban de planola necesidadde la luchapolíticade los obreros,pero sí su independencia, pues la sometían al acuerdo con la burguesíaradical.Estoes, se oponíana unaluchaverdade-
ramente proletaria e independiente de la tutela burguesa.
La segunda, expresada en la notable influencia que so- brelos obrerosfrancesesteníael proudhonismo,corriente que negaba no solo la lucha política del proletariado, sino toda lucha de clases,y pregonaba la fantasía pequeñobur- guesade remediarla situaciónde la claseobreramediante cooperativas concertadoras de créditos populares con el Estado.
La tercera fue el anarquismo, defensor de la nivelación de clases y la supresión del Estado, del cual no admitían su papel como órgano de dominación de clase. En con- secuencia, negaban la necesidad de lucha política del
proletariado, reduciendo la lucha por la emancipación de la clase obrera a la huelga económica general y la acción aventurera de un puñado de conspiradores.
En la forma, ninguna de estas corrientes se oponía a la emancipación económica de la clase obrera y, aunque cada una la entendía a su manera, todas coincidían en re- chazar la lucha de masas del proletariado para derrotar el poderdelEstadoburgués:unos,los tradeunionistas,acep- taban la lucha política pero no como lucha radical contra todo el poderde la burguesía, sino a favorde una parte de la burguesía; otros, los proudhonistas y anarquistas puros, negaban toda lucha política.
Solo la corriente marxista en la Internacional entendía que,paraconquistarla emancipacióneconómicadela cla- se obrera, eray sigue siendo necesario expropiar a la bur- guesíade los mediosde producción.Paraellodebe,antes, destruirel viejoy caducoEstadoburguésy construirsobre sus ruinas el nuevo Estado de Dictadura del Proletariado
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(objetivo inmediato de su lucha política), cuya forma fue
revelada por la experiencia de la Comuna de París.
La clase obrera debe luchar políticamente para lograr su emancipación económica, fue el principio abandera- do por la Internacional. Pero no bastaba aceptarlo en la letra, pues existían—ysiguen existiendo— dos interpre- taciones opuestas de lucha política: la pequeñaburguesía (y la burguesía radical de aquella época) concibe la lucha políticacomo un fin en sí misma, que lo único que se pro- pone es remodelar las formas políticas existentes, hacerle
mantenimiento a las instituciones del Estado burgués y
utilizar esas instituciones (que son la expresión material del poder de la burguesía) para ilusamente «remediar» la situación económica de los trabajadores mediante refor- mas a las leyes burguesas... En fin, todo el sutil engaño de la democracia burguesa.
En cambio, el proletariado consciente utiliza su lucha política solo como un medio que lo arme con el poder político para llevar a cabo su propósito fundamental: ex- propiar a los expropiadores, sin lo cual, no cabe ni hablar de emancipación económica. Ambas clases luchan polí- ticamente: una, para reforzar el poder de la burguesía; la
otra, para destruirlo.
Defendero negarla necesidad de la luchapolíticainde- pendientede la claseobreraimplicabameteren discusión la necesidad de su partido político e independiente. En este tema se enfrentaron ardorosa y violentamente mar- xistas y anarquistas, tal como ocurrió en la II Conferencia de la Internacional (celebrada en Londres en octubre de 1871, pocos meses después de la Comuna de París) cuya
Resolución sobre La Acción Política de la Clase Obrera
(la más importante aprobada) dice en unos de sus apartes:
«En su lucha contra el poder colectivo de las clases poseedoras, el proletariado no puede actuar como clase
sino constituyéndose él mismo en partido político propio
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y opuesto a todos los antiguos partidos formados por las clases poseedoras.
Estaconstitución del proletariado en partido político es
indispensable paraasegurarel triunfo de la revolución so- cial y el logro de su fin supremo: la abolición de las clases.
La coalición de las fuerzas obreras, obtenida ya por medio de la lucha económica, debe servir también de pa- lanca en manos de esta clase en su lucha contra el poder político de sus explotadores».
En 1872, el Congresode La HayaratificóesaResolución y agregó: «Por cuanto los señores de la tierra y del capital se sirven siempre de sus privilegios políticos para defen- dery perpetuar sus monopolios económicos y sojuzgar el
trabajo, la conquista del poder político pasa a ser el gran deber del proletariado».
La II Conferencia de Londresy el Congreso de La Haya
se centraron en defender la necesidad de la lucha y la
organización políticas del proletariado. Una lucha tenaz entre el marxismo y el anarquismo sectario que, en lugar de la lucha consciente obrera, amplia, de masas, contra el poder del capital, exaltaba la lucha aventurera de las sectas al comando de la «juventud sin clase, las masas campesinas y el proletariado andrajoso»; y en lugar del Partido disciplinado, organizado de acuerdo con el cen- tralismodemocráticoy conprofundasraícesentrelas ma- sas, proclamaba la secreta, aislada y vertical organización de los conspiradores.
Los derrotados anarquistas dirigidos por Bakunin, pos- terior a la Conferencia y en confabulación con otras co- rrientes antimarxistas, realizaron una infame campaña contra la Internacional, pero de nuevo fueron repelidos, derrotados y expulsados en el Congreso de La Haya, que sería el último de la Asociación Internacional de los Tra- bajadores.
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Disolución de la I Internacional
En el verano de 1869, la Asociación Internacional de los Trabajadores realizó el Congreso de Basilea, en el cual se discutió a profundidad un tema que en 1868 el Congreso de Bruselas ya había mencionado: el problema de la so- cialización de los medios de producción. Los marxistas (adversarios de la propiedad privada sobre los medios de producción) dejaron completamente destrozadas, en el campo de batalla teórico, las teorías de Proudhon. Tomófuerza, entonces, otra tendencia adversa al marxismo, la representada por el ruso Miguel Bakunin: el anarquismo.
En Basilea, la tendencia anarquista no mostró su ver- dadera cara, sino que se presentó como abanderada de la lucha contra el derecho de herencia y desvió la aten- ción hacia el reclamo al alemán Liebknecht por su críti- ca demoledora contra la actividad de Bakunin en la Liga (burguesa) de la Paz y la Libertad, (la cual abandonó en el congresode Bernaen 1868, siendomiembrode su ComitéCentral),denunciándolesu viejaconcepciónburguesapa- neslavista de privilegiar la unidad nacional de los eslavos sobre la unidad de los obreros como clase. Esa crítica fue publicada en el órgano central de un nuevo Partido que, alrededor del programa de la Internacional, fundaron los marxistas dirigidos por Liebknecht y Bebel en el Congre- so de Eisenach, luego de una victoriosa batalla contra las ideas del lassalleano Schweitzer.
El pasaje de una carta de Bakunin a Marx ilustra so-
bre cómo el padre del anarquismo «vendía carne de perro con piel de cordero»: «Desde el adiós público y solem- ne que en el congreso de Berna he dado a los burgueses, no conozco otra sociedad ni otro medio que el mundo de los obreros. Mi patria será en adelante la Internacio- nal, de la que tú eres uno de los principales fundadores. Ya lo vez, amigo mío, soy tu discípulo y estoy ufano de serlo». Sin embargo, en los hechos, Bakunin no ingresa a
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la Internacional, sino que funda su propia Alianza Inter- nacional de la Democracia Socialista en 1868, y pide su ingreso a la Internacional en calidad de asociación aparte con programa y estatutos propios. Desde luego, el Con- sejo General rechazó la petición, condicionándola a que se disolviera la Alianza, lo cual fue aceptado de palabra por Bakunin quien la disolvió oficialmente, pero mantuvo secreta la organización para apoderarse de la Internacio- nal. De tiempo atrás, Bakunin, en contraposición a Marx (a quien criticaba por «sobreestimar» la importancia de la claseobrera),argumentabaqueeranlos intelectualesy los estudiantes (representantes de la democracia burguesa), y especialmente los desclasados (el lumpen), el elemento más revolucionario de la sociedad.
Sin embargo, tal apreciación fue negada por la expe- riencia de la Comuna de París, triunfo obrero que aterro- rizó a la burguesía, no solo de Francia sino de toda Euro- pa, quien con saña cobróvenganza sanguinaria contra ese
intento de establecer la dictadura del proletariado. Así, la I Internacional, «haciéndose cargo de la herencia de la Comuna, con todo su activo y
su pasivo, sin beneficio de inventario», se convirtió en el blanco de la cobarde perse- cución de los gobiernos burgueses,y fue cubierta de infa- miaporla gran prensareaccionaria.A esteataque burgués contra la organización internacional de la clase obrera, se le sumó un enemigo en las propias filas de la Internacio- nal: los anarquistas, quienes (además de ser maestros en la intriga) solo veían en la experiencia de la Comuna un ejemplo negativoy, de hecho, se convirtieron en sus capi- tuladores y declarados enemigos del comunismo científi- co (del marxismo)cuyaconclusiónrespectoa la experien- cia de la Comuna fue diametralmente opuesta: «después de la Comuna no solo la teoría, sino también la práctica evidenciaron claramente que pararealizartransformacio- nes socialistas hay que tener por fuerza un sólido poder político de la clase obrera, poder que no puede tomarse sin contar esta con su propio partido político».
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Se realiza entonces la ya referida Conferencia de Lon- dres en 1871, en la cual, además de la derrota teórica de las ideas anarquistas opuestas a toda lucha política por parte del proletariado, y a su organización como clase para conquistar el poder político, también se prohíbe la
organización de sociedades separatistas especiales con programas propios dentro de la Internacional. De nuevo, los anarquistas «confiesan» públicamente la disolución de su Alianza, proponen transformar la Internacional en una«Asociación Internacional de Sindicatos, ajena a la políti- ca» y
se declaran en rebeldía contra el Consejo General, a quien acusaban de haber impuesto a la Internacional el dogma de «la necesidad de un partido para que el prole- tariado pudiera conquistar el poder político», solicitando la realización de un Congreso para zanjar definitivamente
la divergencia.
El Congreso, en efecto, se realizó en La Haya, del 2 al 7 de septiembre de 1872, sin la presencia de Bakunin, pero sí con la de Engels y Marx, quien por primera vez asis- tía a un Congreso de la Internacional; en él, la lucha de tendencias comenzó con la discusión sobre la validez de cadadelegadoy de cadamandato(representación),lo cual
ocupó los tres primeros días.
En este Congreso se solidificaron aún más las bases ideológicas y orgánicas del partido obrero, que ya habían sido establecidas por la Conferencia de Londres; se con- cluyó que la Alianza de los anarquistas seguía existiendo enel senodela Internacionaly se decidió,porResolución, excluira sus dirigentesinspiradores:Bakuniny Guillaume.
Los marxistas ateniéndose a la realidad que señalaba, en primer lugar, el cumplimiento por la Internacional de su propósitoinicial(elevarel nivelde concienciade la cla- se obreray movilizarla como un gran ejército),y la llegada del momento en que el proletariado debía dirigir sus es- fuerzos hacia la creación y el fortalecimiento de partidos
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obreros independientes en cada país.Y, en segundo, lugar indicaba que en Francia la derrota de la Comuna de París en 1871 y la consiguiente persecución a los comunardos sobrevivientes, a
quienes la burguesía les imputaba como crimen el solo hecho de pertenecer a la Internacional, resquebrajó el apoyo directo y material del proletariado francés; en Alemania también Bismarck desató una vio- lenta persecución contra los afiliados a la Internacional, encarcelando a
Liebknecht y Bebel por protestar contra la anexión de las provincias francesas deAlsaciay Lorena, y por solidarizarse con la Comuna; en Inglaterra, donde la burguesía aprovechó en beneficio propio la guerra de 1870 entre Alemania y Francia, a tal punto que pudo ma- niatarla concienciade los dirigentestradeunionistasfavo- reciéndoles sus bolsillos al colocar legalmente a su dispo- sición las cajas sindicales, además, porque a la burguesía inglesa le interesaba utilizar a los propios caudillos sin- dicales para frenar el poderoso movimiento huelguístico desatado por la conquista de la jornada de nueve horas, y bien se sabe que cuando los capitalistas logran aburguesar paulatinamente a los dirigentes sindicales, estos terminan
odiando las huelgas tanto o más que la propia burguesía,
y repudiando a los revolucionarios como lo hicieron los dirigentes sindicales ingleses al pedir un voto de censu- ra contra Marx por haberles denunciado su corrupción... todo lo anterior unido al feroz ataque burgués contra la Internacional porlas acciones de La Comuna, ocasionó la separación de la sección inglesa.
En consideración a estas razones, era muy difícil sos- tener la residencia del Consejo General en Europa, por lo cual Engels propuso, y fue aceptado con mucho dolor por los delegados al Congreso, trasladar el domicilio del Consejo General a Nueva York, pues allí existían condi- ciones más favorables, y
es desde esta ciudad donde, en 1876, el Consejo General anuncia el fin de la Asociación Internacional de los Trabajadores.Al culminar el Congre- so de La Haya, Marx exclamó: «Por lo que a mí se refiere,
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proseguiré mi obra, trabajaré sin fatiga para establecer esta solidaridad fecunda para el porvenir entre todos los trabajadores. Yo no me marcho de la Internacional, y
el resto de mi vida estará consagrado, lo mismo que mis es- fuerzos pasados, al triunfo de las ideas sociales, que con- ducirán,tardeo temprano,a la victoriadelproletariadoen
todo el mundo».
El papel histórico de la I Internacional
Haocurridoenla historiadelMovimientoObreroMun- dial que, cuando es derrotada una revolución o cuando cesa su vida útil una organización, como fue la Interna- cional, siempre surgen dos grandes interpretaciones del proceso: una(inspiradaporla burguesía,y acolitadaporla pequeñaburguesíay el oportunismo) dictamina que la de- rrota o el acabose de la organización constituyen la «de- rrota total y absoluta» y demuestran que «el socialismo y el comunismo no tienen perspectiva»; la otra valoración es la del proletariado, que a través de su historiaha tenido que aprender más de sus derrotas que de sus victorias, y que se rige por la lógica «de derrota en derrota, hasta la victoria final».
Así sucedió con la disolución de la I Internacional:
para la burguesía, los intelectuales pequeñoburgueses, los aburguesados dirigentes tradeunionistas y los anarquistas significó el fracaso del socialismo científico, de la lucha política del proletariado y de su organización de clase; para todos ellos, fue una experiencia inútil, que no dejónada. Esa fue la valoración metafísica y burguesa de la I Internacional.
En cambio, para los marxistasy el proletariado, la diso- lución de la Internacional fue parte de su proceso dialéc- tico de transformación «en Partidos más o menos orga- nizados dentro de las fronteras nacionales, forman otros tantos grupos internacionales, no ya secciones aisladas,
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diseminadas acá y allá por los distintos países y manteni- das en cohesión en su periferia por un Consejo General; son las masas obreras mismas las que mantienen un inter- cambio constante, activo, directo, entroncadas unas con
otras, por el trueque de ideas, la ayuda mutua y los fines comunes... Es decir, que la internacional lejos de morir, no ha hechomásquepasarde su primerensayoa unafase másalta,dondesus primitivastendenciashanencontrado, en parte al menos, realización. Y todavía habrá de sufrir no pocas transformaciones en el transcurso de su evolu-
ción progresiva, hasta llegar a escribir el último capítulo de su historia» (Marx).
Para comprender mejor el papel histórico desempeña- do porla I Internacional, son de especial interés las cartas queFedericoEngelsdirigióa AugustoBebelel 20 de junio de 1873, y a Adolph Sorge el 12 de septiembre de 1874.
En resumen, la Asociación Internacional de los Traba- jadores propinó enormes derrotas teóricas a las diversas corrientes del socialismo utópico y de los «sistemas im- puestos desde afuera» a la sociedad, promovidos dentro del movimiento obrero por los ideólogos pequeñobur- gueses. Difundió la teoría del socialismo científico en el movimiento obrero, sobre todo de los países donde el ca- pitalismo tenía mayor desarrollo. Enseñó al proletariado internacional la táctica marxista de lucha, guiándolo para queen su propiaexperienciaaprendieraa utilizaradecua- damente sus formas de luchay de organización.Abonó el terreno para la creación de partidos proletarios indepen- dientes y revolucionarios en cada país, tal como sucedióen Austria (1874), en Dinamarca (1876), en Bélgica y Espa-ña (1879), en Franciay Hungría (1880), en Inglaterra (1881) y en Polonia e Italia (1882).
Llegamosasí, al final delpasajedeestasMemoriasdedi- cado a la Asociación Internacional de los Trabajadores, la
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La Asociación Internacional de los Trabajadores
primera organización proletaria verdaderamente interna- cional y verdaderamente al servicio de su lucha de clase, porque le trazó el caminoy creó los cimientos.
«Bien es cierto que la Internacional tan solo vivió9 años, pero la unión eterna que estableció entre los proletarios de todos los países vive todavía y subsiste más fuerte que nunca... La clase obrera de 1874, cuando la Internacional dejó de existir, era
muy distinta de la de 1864, en el momento de su fundación». (Federico Engels)
«La I Internacional echó los cimientos de la lucha proletariainternacionalporel socialismo».(Vladimir
I. Lenin)
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CAPÍTULO 5
EL CAPITAL. CRÍTICADE LA ECONOMÍAPOLÍTICA
Su preparación
El Capital. Crítica de la Economía Política es la obra cumbre del marxismo. Carlos Marx y Federico Engels, desde los años 40 del siglo XIX, iniciaron la exposición de los resultados de sus investigaciones en el terreno de la Economía Política en trabajos tales como Manuscri- tos económico-filosóficos de 1844, La Ideología Alemana,
Miseria de la Filosofía, Trabajo Asalariado y Capital, Manifiesto del Partido Comunista, en los cuales se des- cubren las causas de la explotación capitalista, se saca a flote el antagonismo irreconciliable de la contradicción entre los intereses de los obreros asalariados y los capi- talistas, y se demuestra que la sociedad regida por las re- laciones económicas capitalistas es una etapa transitoria de la sociedad, que debe ser negada por la revolución del proletariado, parahacerlaavanzara unasuperioretapade desarrollo: el comunismo, al cual hay que arribar a través de una nueva etapa de transición, la sociedad socialista.
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CAPÍTULO 5
- El Capital. Crítica de la Economía Política
Si bien la investigación, preparación de borradores y exposición de las conclusiones de El Capital ocupó 40 años de la vida de Carlos Marx, tuvo varias interrupcio- nes,talescomola ocasionadaporlas revolucionesobreras en Europa en 1848–1849, o por la luchay actividades de la I Internacional.
Entre 1857 y 1858, Marx comienza a sistematizar los datos recogidos a lo largo de 15 años de investigación, y elabora el primer esbozo del plan general de El Capital, y desde entonces se propone preparar la publicación de la
obra en forma de fascículos, editando el primero en 1859 bajo el título de Contribución a la Crítica de la Economía Política.
En el trabajo de preparación de los siguientes fascícu- los, entre 1861 y 1863, Marx produce bajo el mismo títu- lo Contribución a la Crítica de la Economía Política un extenso manuscrito compuesto por 23 cuadernos, que lo lleva a modificar el plan de publicación de la obra, pro- poniéndose presentarla mejor en cuatro tomos. Algunos de estos cuadernos fueron dedicados específicamente a la historia de las doctrinas económicas y, como tales, los publicó posteriormente el Partido Comunista de la Unión Soviética, como el IV Tomo de El Capital, bajo el título Teorías de la Plusvalía.
Los cuadernos restantes del manuscrito estaban dedi- cados a los problemas teóricos que luego se tratarían en los otros tres tomos de El Capital. Y todos, de conjun- to, fueron expuestos de nuevo con todo detalle en otro manuscrito, elaborado entre 1863 y enero de 1866. Y solo después de haber culminado tal manuscrito de toda la
obra,Marxse dedicóa pulirlaminuciosamente,empezan- do por preparar para la imprenta el Tomo I de El Capital, al cual le dio una nueva redacción de fondo, para que pu- diera ver la luz en su primera edición en idioma alemán, en septiembre de 1867.
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Marx persiste en preparar la publicación de los demás tomos, pero no consigue terminarla, obligado a interrum- pirla, de una parte, por su intensa actividad en el Consejo General de la I Internacional y, de otra, por sus agudos problemas de salud que finalmente lo llevaron a la tumba el 14 de marzo de 1883. Le correspondió entonces a Fe- derico Engels preparar la publicación del material elabo- rado, editar en 1885 el Tomo II, y en 1894 el Tomo III de El Capital.
Las leyes que Marx, en El Capital. Crítica de la Econo- mía Política (1867), estudió en su singular aplicación a la sociedad capitalista y explicó —con absoluto rigor cien- tífico su profundo funcionamiento y su ineludible cum- plimiento— en el Prólogo de Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859), las había resumido magis- tralmente en su forma universal, como leyes que rigen el
desarrollo de la sociedad en todas sus etapas:
«El resultado general a que llegué y que, una vez
obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones
necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económicadela sociedad,la baserealsobrela quese levantala superestructurajurídicay políticay a
la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritualengeneral.No es la concienciadelhombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.
Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción
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CAPÍTULO 5
- El Capital. Crítica de la Economía Política
existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas,
estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se
abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella.»
Cuando se estudian esas revoluciones, hay que distin- guir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias natura- les, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y lu- chan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no pode- mos juzgar tampoco a estas épocas de revolución por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida mate- rial, por el conflicto existente entre las fuerzas producti- vas socialesy las relaciones de producción.
Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben den- tro de ella,y jamás aparecen nuevasy más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales parasu existenciahayanmaduradoen el senode la propia sociedadantigua.Poreso,la humanidadse proponesiem- pre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas,vemos siempre que estos objetivos solo brotan cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización.
La Economía Política clásica, como ciencia burguesa, llegó en sus investigaciones hasta la comprensión de que las gananciasteníanrelaciónconel trabajo,perosin jamás
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
admitir que la fuente de tales ganancias estaba en la ex- plotación asalariada del trabajo. Sus máximos exponen- tes,Adam Smithy David Ricardo, aunque eran científicos, no podíanaclararel verdaderomeollodel enriquecimien- to capitalista, porque su punto de vista era burgués. En cambio, Marx y Engels adoptaron el punto de vista del proletariado y tomaron como suyos los intereses y las ne- cesidades de clase, con lo cual pudieron darle un pode- rosoy revolucionario desarrollo al estudio científico de la economía.
La EconomíaPolítica
La Economía Política es una de las tres partes integran- tesdelmarxismo,nocomosimplecontinuacióndela Eco- nomía Política Clásica, sino como su negación dialéctica:
tomándola como fuente o
punto de partida, criticándolay elevándola a una base cualitativamente distinta, queya no sirve a los intereses de la burguesía sino del proletariado. Esta nueva Economía Política es el contenido fundamen- tal del marxismo, y se dedica al estudio de las relaciones sociales de los hombres en la producción.
En el prólogoa la primeraediciónde El Capital. Crítica de la Economía Política Marx resalta que «la finalidad úl- timade estaobraes, en efecto,descubrirla ley económica que preside el movimiento de la sociedad moderna», de ahí que esté centrado en el estudio científico de la rela- ción entre el Capital y el Trabajo, relación que se consti- tuye en el eje central del sistema capitalista:
•þÿTodariquezatienesu fuenteen la naturalezay el Traba- jo, y este como tiempo de trabajo vivo o tiempo social- mente necesario para producir una mercancía, se con-
vierteen la medidadelvalorde las mercancíasy medida de todos los valores.
•þÿEl trabajo también existe como trabajo acumulado o trabajo muerto, llamado capital; el cual, cuando se
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CAPÍTULO 5
- El Capital. Crítica de la Economía Política
relaciona con el trabajo vivo del obrero en el proceso de la producción, da como resultado una asombrosa elevación de la productividad del trabajo vivo, por lo
cual se le retribuye con un beneficio o ganancia al due-ño delcapital,y conun salarioal dueñodeltrabajovivo.
•þÿEnel proceso de producción de la sociedad moderna, los capitalistas son cada vez menos y las ganancias del
trabajo acumulado que poseen en propiedad privada son cada día mayores y gigantescas; mientras que el sa- lariodel trabajovivo del obrerose reducecadavez más, y
ellos, los obreros, son cada día más numerosos y más pobres.
•þÿ¿A qué se debe este portentoso fenómeno? A
que el
capitalista encuentra en el mercado una mercancía que tiene una cualidad especial: al consumirse, crea un nuevovalor.Esamercancíaes la fuerzadetrabajo,queal emplearseenunapartedela jornada(tiemponecesario), produce el valor que el obrero necesita para conseguir sus mediosdevida,y queel capitalistale retribuyecomo salario. Pero la fuerza de trabado ha sido comprada por el capitalista para consumirla durante toda la jornada, por lo cual, en el tiempo restante (tiempo excedente) el
obrerosigueproduciendoun mayorvalor,unaplusvalía, que se la apropiay acumula el capitalista.
•þÿEste trabajo no retribuido de toda la clase obrera o, en
otras palabras, la explotación asalariada, es la fuente de toda la plusvalía de todos los capitalistas, quienes la di- viden en la ganancia para el capital industrial, el interés para el capital financiero y la renta para el dueño de la tierra o terrateniente capitalista.
•þÿEl sistema de producción capitalista, basado en la ex- plotación asalariada, es solo una fase transitoria de la sociedad, cuya misión histórica fue desarrollar las fuer- zas productivas a tal punto que fuera posible pasar a un nuevo nivel de desarrollo social, basado en la coopera- ción del trabajo.
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
•þÿLaspropias contradicciones internas del sistema capi- talista terminan amenazando la existencia misma de la principal fuerza productiva de la sociedad moderna: el
proletariado, y lo colocan ante la ineludible exigencia de perecer o convertirse en la nueva clase expropiado- ra y sepulturera de los expropiadores capitalistas; en la nueva clase dominante que, apoyada en un nuevo Es- tado de Dictadura del Proletariado, tiene como misión
entregar nuevamente la propiedad sobre los medios de producción a toda la sociedad.
El método de Marx para llegar a tan extraordinarios descubrimientos en el terreno de la Economía Política, parte de concebir el movimiento social no como una se- cuencia de hechos aisladosy fortuitos, sino como un pro- ceso histórico regido por leyes y contradicciones inde- pendientes de la voluntady la conciencia de los hombres; un proceso que va de lo simple a lo complejo, que exige una exhaustiva y rigurosa investigación de la realidad, y la primera y más simple relación histórica de la sociedad capitalista, su célula económica fundamental es la forma valor que reviste la mercancía, en cuyo estudio profundo Marx no encuentra cosas, sino relaciones entre personas y, más exactamente, relaciones entre clases, ante lo cual, como lo expusiera una publicación de la época «Marx solo se preocupa de una cosa: de demostrar mediante
una concienzuda investigación científica la necesidad de determinados órdenes de relaciones sociales y de poner de manifiesto del modo más impecable los hechos que le sirven de punto de partida y de apoyo». De este fenóme- no elemental y despreciado por los economistas burgue- ses de la época, parte Marx para exponer el contenido de todo su estudio en los tres libros de El Capital. Crítica de la Economía Política:
I-þÿ Proceso de produccióny acumulación. II-þÿ Proceso de circulación.
III-þÿ Proceso de producción, acumulación y circulación
visto en su conjunto.
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CAPÍTULO 5
- El Capital. Crítica de la Economía Política
Las clases de la sociedad capitalista
El estudio científico de las leyes y del movimiento de la sociedad capitalista llevó a
Carlos Marx a concluir en su
obraEl Capital. Críticade la EconomíaPolíticaque: «Los propietarios de simple fuerza de trabajo, los propietarios de capital y los propietarios de tierras, cuyas respectivas fuentes de ingresos son el salario, la ganancia y la renta del suelo, es decir, los obreros asalariados, los capitalis- tas y los terratenientes, forman las tres grandes clases de la sociedad moderna, basada en el régimen capitalista de producción».
Aun así, en la actualidad, no pocos marxistas, en su li- teratura revolucionaria, se empeñan en desconocer esa
conclusión y, con mucha frecuencia, identifican a los campesinos como una clase básica de la sociedad capita- lista,y a los terratenientes los conciben únicamente como vestigio de la sociedad feudal. En atención al énfasis en las denuncias políticas que entre las masas debe hacer la agitación, se podría pasar por alto esa apreciación; pero, en términos de la propaganda y de la teoría científica del proletariado, esas afirmaciones son unilaterales, impreci- sas y no marxistas.
En realidad, el capitalismo, al imponerse como modo de producción en la agricultura de una sociedad dada, no asimila ni incorpora a los campesinos del feudalismo tal como eran en esa sociedad; sino que, inevitablemente y como ley, descompone, desintegra y diferencia al antiguo campesinado, a tal punto que deja de seruna clase o esta- mento de clase feudal para dividirse en burgueses y pro- letarios. Los primeros, ya sean pequeños o grandes pro- pietarios de medios de producción capitalistas, compran la fuerzade trabajo de los segundos en unarelación social que ya no es de tributo ni de trabajo de prestación perso- nal del siervo, sino de explotación del trabajo asalariado.
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
De ahí que, en las sociedades donde el trabajo asalaria- dose ha convertidoenla basedelas relacionessocialesde producción, la renta de los terratenientes ya no proviene de la explotación del trabajo servil, sino de la explotación asalariada del trabajo obrero. Este cambio en el origen y la naturaleza de su renta los ha transformado en terrate- nientes capitalistas.
En El Capital, Marx no deja lugar a duda sobre cuáles son las clases básicas de la sociedad capitalista: «Trátase de tres grandes grupos sociales cuyos componentes, los individuos que los forman, viven respectivamente de un salario, es decir, de la explotación de su fuerza de trabajo, de su capital o de su propiedad territorial».
El Salario
Desde los albores del capitalismo hasta nuestros días, la burguesía ha presentado el salario como el pago de todo el trabajo del obrero; pero, en realidad, eso es solo una apariencia que Marx, en El Capital. Crítica de la Econo- míaPolítica, atraviesapararevelarporvez primerala ver- dadera esencia del salario.
Para determinar el valor del trabajo del obrero hay que empezar por distinguir entre su fuerza de trabajo («condi- ciones físicas y espirituales que se dan en la corporeidad, en la personalidad viviente de un hombre») y su trabajo como la función de la fuerza de trabajo.
Lo que la Economía Política Clásica (burguesa) llama«valor del trabajo» (salario) es, en realidad, estrictamente el valorde la fuerzade trabajo, porque el obrero novende su trabajo, sino su fuerza de trabajo;y la vende tal y como
ocurre con cualquier mercancía: por su valor, que en este caso se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesarioparaproducirlay reproducirlao, lo quees equi- valente, por el valor de los artículos de primera necesi- dad indispensables para producir, desarrollar, mantener,
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CAPÍTULO 5
- El Capital. Crítica de la Economía Política
reponer y perpetuar esa fuerza de trabajo o, lo que es lo mismo, por lo que cuesta conservar y reproducir a la fa- milia obrera.
Pero el capitalista cuando compra fuerza de trabajo la usa durante un tiempo mayor al necesario para producir su propio valor (salario), y el mayor valor (plusvalía) que
obtiene en ese tiempo excedente es la motivación, la cau- sa y el único fin de su inversión.
Aparece así una importante relación que antes estaba
oculta tras la mera apariencia del salario: el valor de la fuerza de trabajo es siempre más reducido que el valor de su función, de su trabajo. En otras palabras, el valor de cambio de la fuerza de trabajo (salario) es menor que su valor de uso (producto de valor); y ese producto de valor no depende de lo que valga la fuerza de trabajo (valor de cambio), sino de lo que dure su función (valor de uso).
Sin embargo, a los ojos de la sociedad, en los términos
jurídicosdelcontratodetrabajoy enel cerebrodelobrero inconsciente,el salariose presentacomoel preciodetoda la jornada de trabajo, quedando oculta la clave, la esencia y la razón de ser de la sociedad capitalista: el trabajo ex- cedente no retribuido al obrero asalariado.
En El Capital. Crítica de la Economía Política, Marx sacaa la luz estacruelrealidad,demostrandocontodapre- cisión que el trabajo sobrante no pagado a la clase obrera es la fuente de la riqueza y de la opulencia de la burgue- sía y
los terratenientes capitalistas, es la base que soporta y justifica la existencia de todo el régimen capitalista de producción. Demuestra con exactitud científica que el modo de producción capitalista, basado en la explotación asalariada, ya ha dado lo que podía dar al desarrollo his- tórico de la sociedad, ya los obreros dueños de la fuerza de trabajopuedeny tienenqueconvertirsetambiénen los dueños de los medios de producción, ya no necesitan de los capitalistas, sino que son ellos, los proletarios, quienes
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
puedendecidirsi clausurano
no la válvulade oxígenoque le permite vivir al capitalismo: la explotación del trabajo asalariado.
La Plusvalía
Al imponerse, el modo de producción capitalistaindus- trializó y concentró los antiguos y dispersos medios de producción, transformándolos de medios individuales en medios sociales; esto, a su vez, significaba la concentra- ción de los trabajadores,ya no en calidad de siervos, ni de artesanos, ni de trabajadores independientes, sino de mo- dernos esclavos asalariados. La propiedad de los produc- tos sociales no pertenecía a sus directos creadores, sino a los propietariosde los mediosde producción.El capitalis- mo es un proceso social en su conjunto: toda la burguesía compra toda la fuerza de trabajo de toda la clase obrera; y la compra para usarla en la producción de mercancías.
Al consumirla,esafuerzadetrabajoproduceenuntiem- po necesario (una parte de la jornada) su propio valor de cambio que, transfigurado en precio, es el salario recibido por el obrero; y en el tiempo excedente (la parte restante de la jornada) produce una plusvalía que no le pertenece al obrero, sino al capitalista asistido por el derecho que le
otorga el ser dueño de los medios de producción y haber comprado la fuerza de trabajo para usarla durante toda la jornada.
Esta es la relación esencial entre el capital y el trabajo. Esta es la relación básica de toda la sociedad capitalista que, mientras exista, condenará al obrero a ser siempre
obrero más pobre, y al capitalista a ser siempre capitalista más rico. Los dos términos están en una relación inversa:
a más plusvalía para el capitalista, menor salario para el proletario; y a un aumento general de salarios para la cla-
se obrera, una disminución general de la plusvalía para la burguesía.
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CAPÍTULO 5
- El Capital. Crítica de la Economía Política
Por tanto, la ganancia del capitalista no resulta de ven- der las mercancías por encima de su valor; el valor de la mercancía ya encierra de hecho la plusvalía. En otras pa- labras, la parte del valor de la mercancía en la cual se ma- terializa el trabajo no retribuido al obrero, es la plusvalía, y consta de tres partes: la renta del suelo queva al bolsillo del terrateniente por tener el monopolio territorial; el in- terés que va a las arcas del burgués financiero, por haber prestado su capital en la forma de medios de trabajo o de dinero; y la ganancia para el burgués industrial o comer- cial, por ser el propietario de medios de producción (fá- bricas, máquinas, herramientas, locales, transportes, etc.).
Y, aunquelos explotadoressiemprehanconfundidoa la gente con las apariencias de este fenómeno, presentando la renta del suelo, el interésy la ganancia como productos exclusivos de la tierra y del capital; son en realidad tres partes esenciales de la plusvalía, y todas provienen de la explotación del trabajo asalariado, aplicado a la tierra o al capital.
La burguesía siempre ha evitado cuidadosamente el tema de la plusvalía y, para ello, ha presentado al salario con la falsaaparienciade remuneración de todo el trabajo del obrero; y su ganancia como fruto directo y de por sídel capital. Se entiende que, si la burguesía reconociera que el verdadero origen de su capital (ganancia acumula- da), es decir, de su poder, estáen la explotación asalariada de todoel proletariadocomoclase,y noenlas habilidades gerenciales, ni en las capacidades de los inversionistas, ni mucho menos en su sagrado derecho hereditario; enton- ces, ella misma habría colocado su cabeza en la guillotina.
Como en los demás modos de producción, también en el capitalismo, uno de sus componentes son las fuerzas productivas (la técnica, la tecnología, los obreros, su ex- periencia y su capacidad productiva), las cuales progre- san incesantemente, haciendo cadavez más productivo el
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
trabajo social. Esto obliga a los capitalistas a invertir más capital en medios de producción (capital constante) en comparación con el capital invertido en comprar fuerza de trabajo(capitalvariable)quees la fuentedelvalor,de la plusvalía, de la ganancia. Esto significa que los capitalistas
obtienen más producción, pero con productos de menos valor; disminuye el precio de cada mercancía y aumen- ta el número de mercancías producidas. En términos de ganancias, mayor masa de ganancia, pero con una decre- ciente cuota de ganancia (g’) entendida como proporción
entre la plusvalía obteniday el capital total invertido en la producción (p/C)).
Son varias las formas utilizadas por los capitalistas para contrarrestar la tendencia decreciente de su cuota de ga- nancia, pero las predilectas son: aumentar el grado de ex- plotación del trabajo (prolongando la jornada o intensifi- cándolo) y reducir los salarios por debajo de su valor.
En el proceso de desarrollo del capitalismo, el progre- so de las fuerzas productivas es, a la vez, desastroso para la clase obrera porque cada vez más el capitalismo estáen menos capacidad de utilizar la fuerza de trabajo de los
obreros, aumentando incesantemente el ejército indus- trial de reserva, con lo cual aumentala competenciaentre los obreros, competencia que se traduce en rebaja del sa- lario; y
alentador porque, independientemente de la vo- luntad de las clases en lucha, representa un acercamiento inevitable hacia el fin del capitalismo y el comienzo del socialismo.
Son las propias leyes económicas, objetivas e ineludi- bles del sistema de producción capitalista, las que indican su caducidad históricay la necesidad de su reemplazo por
un sistema con unas relaciones sociales de producción basadas en la cooperación de los productores, donde el producto social sea también de propiedad social, don- de fluya libre el desarrollo de las fuerzas productivas en
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CAPÍTULO 5
- El Capital. Crítica de la Economía Política
provechodelprogresogeneraldela sociedad:esesistema, es el socialismo.
La RentaCapitalistadel Suelo
La renta capitalista de la tierra tiene su origen en socie- dades anteriores al capitalismo pues, en esencia, lo que hubo fue una transformación de las rentas anteriores feu- dales o semifeudales (en trabajo, en especie o en dinero) a la renta capitalista en dinero. Cuando el capitalismo se impuso sobre el feudalismo, y más exactamente cuando empezó a penetrar al campo, a la agricultura, la burguesía encontró que toda la tierra ya tenía dueños; era una pro- piedad privada monopolizada. Ante tal situación, o bien debía suprimir ese monopolio de la propiedad territorial nacionalizando la tierra, o bien continuar pagándole a los terratenientes una renta por el uso de la tierra.
La primera opción de suprimirla propiedad privada so- brela tierra,nacionalizándola,fueinclusolevantadacomo consigaporlos sectoresmásradicalesdela viejaburguesía revolucionaria, pero pronto fue acallada y
olvidada, pues representaba: en primerlugar, un golpe mortal a su misma propiedad privada, que es la base del sistema burgués de explotación asalariada; y, en segundo lugar, porque mu- chos burgueses se convirtieron en propietarios territoria- les y muchos terratenientes, en burgueses compradores de fuerza de trabajo para explotar la tierra.
Se impuso, entonces, el camino de pagarles una renta a los terratenientes, con el agravante de que la tierra existe de por sí —como tal no proviene de un trabajo— y si el trabajo es la fuente del valor de las mercancías, entonces, la tierra no posee valor; pero sí posee un precio que es el equivalente al capital necesario para obtener un interés igual a la renta de la tierra. Por tanto, no se compra o se vende tierra, sino la renta que de ella se obtiene; el terra- tenientese embolsaesarentaúnicamenteporqueposeela
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
propiedadprivadaterritorial,y la poseeúnicamenteporel respeto que la burguesíale profesaa la propiedad privada.
Bajo el régimen capitalista en la producción agrícola existe el obrero asalariado, quien es el verdadero agricul- tor porque con su trabajo le arranca productos a la tierra;
existe el capitalista, quien es un arrendatario que nove en la agricultura más que una rama especial de producción en la cual puede explotar fuerza de trabajo para obtener plusvalía; y existe el terrateniente a
quien el capitalista le
paga un arriendo por el derecho a invertir su capital en la tierra.A esta suma de dinero se le llama rentacapitalista del suelo, y
se la apropia el terrateniente —quien no le aporta nada a la producción— por el solo hecho de po- seer la propiedad privada sobre la tierra. En este sentido general, es una renta absoluta porque no depende de la situación o la fertilidad de la tierra.
Mientras que en la industria el precio de producción de las mercancías (gastos de producción más ganancia me- dia) lo determinan las condiciones medias de producción; enla agriculturael preciodelos productosagrícolaslo de- terminan las condiciones de las peores tierras, debido, de una parte, a que la producción en las mejores y medianas tierras es insuficiente para el consumo social, y de otra, a que así se le garantiza la ganancia media al capitalista que invierte en las peores tierras. Esto trae como conse- cuencia que, los capitalistas que invierten en tierras de mediana o mejor calidad pueden producir con un precio inferioral precio general de producción, perovenden con ese precio general. Sin necesidad de vender por encima del precio medio de los productos agrícolas, obtienen una ganancia adicional sobre la ganancia media obtenida en las peorestierras,plusvalíaadicionalquese transformaen renta diferencial para el terrateniente.
Por tanto, un capitalista puede arrendar una tierra con algunas ventajas naturales, tales como saltos de agua,
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CAPÍTULO 5
- El Capital. Crítica de la Economía Política
mejor grado de fertilidad o la situación favorable para el mercadeo.Al invertirsu capitaly explotarfuerzade traba- jo en estas extraordinarias condiciones, consigue un ren- dimiento también extraordinario con la misma inversión de capital, esto es, obtiene una ganancia adicional por sobre la ganancia media. Esa ganancia extraordinaria se convierte en renta diferencial para el terrateniente, por- que el capitalistase ve obligado a cedérselaenvirtud de la propiedad privada sobre esa tierra, favorecida por condi- ciones naturales extraordinarias.
También sucede que una tierra de condiciones norma- les es arrendadaporun capitalista,quienle hacesucesivas inversiones de capital en fuerza de trabajo, en medios de producción o en mejoras técnicas, hasta lograr una pro- ducción agrícola intensificada. Así obtiene una ganancia adicional, una plusvalía extraordinaria que se la embol- sa como capitalista mientras tenga vigente su contrato de arrendamiento. Al finalizar tal contrato, esa ganancia extraordinaria también se transforma en renta diferencial parael bolsillodelterrateniente,encalidadde propietario
privado de la tierra mejorada.
Las características más generales de la renta capitalista del suelo son:
•þÿLosterratenientes siguen existiendo en la sociedad ca- pitalista, gracias al respeto de la burguesía frente a la propiedad privada.
•þÿLa renta que reciben por la explotación capitalista de la tierra es una renta capitalista, ya no en calidad de te- rratenientes feudales sino de terratenientes capitalistas.
•þÿLa renta capitalista del suelo que se apropian los terra- tenientes no es fruto intrínseco de la tierra, sino de la fuerza de trabajo usada para cultivarla. Por tanto, toda rentacapitalistadelsueloes partede la plusvalíaprodu- cida por el trabajo asalariado.
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
•þÿLarenta capitalista del suelo se la embolsa el terrate- niente, no por ser fruto de la tierra como lo presenta la engañosa apariencia, sino por su posesión monopolista de la tierra.
•þÿLa propiedad privada territorial es también la causa por la cual también la ganancia extraordinaria se transfiere del capitalista arrendatario al terrateniente en forma de renta diferencial.
•þÿLa renta capitalista obstruye el desarrollo de la agricul-
tura, encarece los productos agrícolasy privaa la socie- dad de los beneficios de la mayorproductividad del tra- bajo en las tierras mejor situadas o de mejor fertilidad.
•þÿAsí, acabarconla propiedadprivadasobrela tierrase ha convertidoen unanecesidadsocial,conlo cualse liqui- daría de un solo tajo la renta absoluta que la sociedad le tributa a los terratenientes.
•þÿPero se conservaría la renta diferencial proveniente del monopolio de la explotación capitalista de la tierra, ga- nancia extraordinaria que solo cesaría, si se liquida la propiedad privada de los capitalistas sobre los medios de producción, es decir, si se acaba con el régimen de explotación asalariada.
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CAPÍTULO 6 -
La Comuna de París
CAPÍTULO 6
LA COMUNADE PARÍS
Unanecesariaubicación histórica
Como parte del poderoso desarrollo del capitalismo en Europa durante el siglo XIX, a
partir de 1830 se expandióen Francia la organización fabril de la producción, con ello también se potenció la organización de los obreros franceses, quienes en aquel año se habían levantado en insurreccióncontrael régimenreaccionariodelos Borbo- nes representante del interés burgués sobre la gran pro- piedad territorial. Fue el proletariado quien llevó a cabo esta revolución burguesa de julio de 1830, pero quien se apoderó del poder del Estado no fue el proletariado, sino la burguesía monárquica que instauró el régimen de Luis Felipe de Orleans en representación de los intereses de la aristocracia financiera y de la gran burguesía industrial y
comercial.
Los años 30 fueron testigos de no pocas insurreccio- nes locales, como preámbulo a la revolución de febrero de 1848 en París, cuando vuelve a
cargar el proletariado y
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
de nuevola victoriasobreel derrocadorégimende los Or- leans le es arrebatada por la burguesía republicana quien,
bajo la forma de una república burguesa, proclama el do- minio completo de la burguesía en nombre del pueblo, poder contra el cual a los pocos meses, en junio de 1848,
otravez se insurreccionael proletariado,colocandoen ja- que durante cinco días al poder militar burgués de París, para luego ser derrotado y ahogado en sangre su movi- miento. Y en esta batalla, cuando la lucha era contra toda la burguesía, el proletariado fue víctima de la vacilación y la traición de la pequeñaburguesía, cuya base social cam- pesina conservadora permitió que se incubara la contra- rrevoluciónburguesa,llevandoal podermedianteel golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851 a Luis Bonaparte, quien se entroniza como el emperador Napoleón III para retornar al dominio burgués en nombre de la monarquía.
A lo largodeestasinsurreccionesy revoluciones,el pro- letariadono se diferenciócomoclaseporqueno se expre- saba como partido político independiente ni comprendía que debía presentar sus intereses de clase como los inte- reses revolucionarios de la sociedad, sino que intentaba hacerlosvaleral ladoy de conjunto con los intereses de la burguesía, de tal forma que cuando en junio de 1848 por primera vez se enfrenta cara a cara con la burguesía, su programa de reivindicaciones, se convierte en un progra- ma subversivo que afecta el interés de la burguesía, y esta responde con la matanza, la prisión y el destierro de los insurrectos. Estos fueron los puntos esenciales de progra- ma de reivindicaciones del proletariado:
1.þÿ Limitación de la jornada de trabajo
2.þÿ Abolición del sistema de los subcontratistas 3.þÿ Reglamentación de la colocación
4.þÿ Establecimiento de un salario mínimo
5.þÿ Supresión de la obligación de la libreta de trabajo
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CAPÍTULO 6 -
La Comuna de París
6.þÿ Reglamentación de la competencia hecha a los obre- ros con la mano de obra de prisioneros o conventos
7.þÿ Transformación profunda de los consejos de concilia- ción
8.þÿ Indemnización por los accidentes de trabajo 9.þÿ Cajas de retiros para la vejez
10.þÿ Libertad de reunión, de coalicióny de asociación. Estas décadas de revolución en Europa fueron una
condición muy propicia para que florecieran las ideas so- cialistas y comunistas, para que cuajara el primer partido político verdaderamente independiente y verdaderamen-
te internacionalista de la clase obrera: La Liga de los Co- munistas, que empuñó como programa el Manifiesto del Partido Comunista, elaborado por Carlos Marx y Federi- co Engels,y publicado en febrero de 1848.
Las derrotas de las insurrecciones obreras en Europa, y el paso de la crisis capitalista de 1847 al auge industrial, condenaron al silencioy al olvido las ideas del Manifiesto por casi 20 años. Pero fueron precisamente estas ideas, y la experiencia política del corto período de existencia de la Liga de los Comunistas,las condicionesdelmovimiento consciente que permitieron reanimar la organización del
movimiento obrero en la forma de la Asociación Inter- nacional de los Trabajadores (conocida como I Interna- cional) fundada el 28 de septiembre de 1864 en Londres,
cuyo carácter amplio respondía a la exigencia de organi- zar el gran ejército proletario de Europay Estados Unidos y, portanto, de abanderarun programa más amplio que el Manifiesto:
•þÿLaemancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera.
•þÿLa emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios de clase, sino porla abolición de todo domi- nio de clase.
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
•þÿElsometimiento económico del trabajador a los mono- polizadores de los medios de trabajo, es decir, de las fuentes de vida, es la base de la servidumbre en todas sus formas, de toda miseria social, degradación intelec- tualy dependencia política.
•þÿLa emancipación económica de la clase obrera es el gran fin al que todo movimiento político debe ser su- bordinado como medio.
•þÿTodoslos esfuerzoshaciaestefin hanfracasadoporfal- ta de solidaridad entre los obreros, y de unión fraternal entre las clases obreras de los diferentes países.
El trabajo fundamental de la I Internacional consistióen formar la conciencia de los obreros de vanguardia de los países capitalistas en las ideas del socialismo científico (por aquella época, en septiembre de 1867, vio la luz el primer tomo de El Capital); sin, por ello, dejar de partici- par activamente en la lucha directa del proletariado, cuya
principal batalla de la época fue la revolución obrera de 1871 más conocida en la historia del movimiento obrero como La Comunade París.
Antecedentes inmediatos de La Comuna
Una vez derrotada la insurrección obrera de París, en junio de 1848, con el golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851, Luis Bonaparte se proclamó emperador Napo- león III (a quienVíctorHugo llamara«Napoleón el peque-ño») e instauró en Francia el Segundo Imperio.
Y, como en toda dictadura de la burguesía sea cual sea su forma,los trabajadoressonquienesllevanla peorparte; tambiénbajoel SegundoImperiola explotaciónse hizoin- soportabley fuerondiezmadaslas organizacionesobreras. Sin embargo, el auge económico del capitalismo francés terminó en los años 60, lo cual, junto con la recuperación del movimiento obrero, causó un quebrantamiento del
régimen de Napoleón III quien, para sobreaguar y hacer
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CAPÍTULO 6 -
La Comuna de París
frente a la crisis capitalista, se vio obligado—el19 de julio de 1870— a embarcarse en la aventurade unaguerracon- tra Prusia para la conquista de nuevos territorios.
Pero Prusia recién había triunfado, en 1864 y 1866, ha- llándose militarmente muy bien preparada para la gue- rra, por lo cual, Bismarck al mando del ejército alemán contraatacó causando una estruendosa derrota al ejército francés, capturando al Emperadory a 100.000 de sus sol- dados, el 2 de septiembre, en la batalla de Sedán.
Ante tal descalabro, las masas trabajadoras se insurrec- cionaronen Parísy declararonla República,sepultandoel Segundo Imperio y formando un «Gobierno de la Defen- sa Nacional», compuesto por monárquicosy republicanos (enemigos de la insurrección obrerade 1848), encabezado porel generalTrochuennombredela oposiciónburguesa republicana.
Ante el estallido de la guerra franco-prusiana, los diri- gentes socialistas alemanes Liebknetcht y Bebel se abs- tuvieron de votar los créditos de guerra en el Reichtag; en cambio, los nacionalistas lasalleanos dieron su voto de apoyo a Bismark. Así mismo, el Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores, de inme- diato, lanzó desde Londres un Primer Manifiesto llaman- do a la unidad internacionalistade la clase obreray decla- rando su emancipación como una causa completamente incompatible con la guerra criminal de la burguesía que, tras intereses nacionales, esquilma y sacrifica a las masas del pueblo.
Las tropas prusianas cercaron la capital ante lo cual las masas, en procura de la defensa de la nación contra el agresor extranjero, respaldaron al «Gobierno de la De- fensa Nacional» quien contaba con un ejército regular y una milicia llamada «Guardia Nacional», compuesta por 200.000 trabajadores soldados. Pero los miles de obreros armados representaban más peligro para los capitalistas
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
franceses que tener el ejército prusiano a las puertas de la ciudad, motivo suficiente para que el gobierno burgués tomara la decisión de preparar la rendición.
Esa traidora pretensión de la burguesía republicana es enfrentada por la movilización de las masas obrerasy tra- bajadoras en general, apoyando, el 31 de octubre, el pri- merintentoarmadode la GuardiaNacionalporderribaral gobierno. Seis meses de asedio del ejército alemán fueron seis meses de empeoramiento de la situación económica del pueblo que, unida a la pretendida capitulación bur- guesadel «Gobierno de DefensaNacional», el 22 de enero desatan una segunda intentona de derrocamiento del go- bierno bajo el grito de ¡Abajo los traidores! Las calles de París son ensordecidas por el sonido de los fusiles, pero la intentona fracasa y el gobierno, a cuya cabeza ahora se encuentra el general Vinoy en reemplazo de Trochu, encuentra pretexto para prohibir los Clubes republicanos (que junto con los Comités de Vigilancia de cada distri- to eran la verdadera organización de base de las masas) y dicta órdenes de aprehensión contra insurrectos, a quie-
nes se acusa de «agentes prusianos».
Las negociaciones de la capitulación de París terminan el 27 de enero, y el gobierno promulga las condiciones de la rendición, con la cual termina la aventura imperial de«Napoleón el pequeño», cediendoAlsacia, una parte de la Lorenay Metz;y pagando durante tres años una indemni- zación de guerrapor5000 millones, como condición para poner fin a la ocupación del territorio francés. Luis Na-
poleón Bonaparte jamás pudo retornar a Franciay muere exiliado en Inglaterra.
Otra de las condiciones de la rendición fue la inmediata
elección de una Asamblea Nacional que designara un go-
bierno legal para garantizar la rendición de Francia frente a Prusia. Y, tal como había ocurrido el 10 de diciembre de 1848, también el 8 de febrero de 1871 el voto de los
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CAPÍTULO 6 -
La Comuna de París
campesinos impuso una mayoría conservadora de 450 monárquicos, de los 750 diputados de la Asamblea Nacio- nal, que de inmediato nombra como jefe del gobierno a un abogado arribista y recalcitrante reaccionario llamado Adolfo Thiers, suspende la poca paga de la Guardia Na- cional y toma medidas de guerra contra la población tra- bajadora parisina, ya desesperada por el hambre y la po- breza causadas por el cerco militar alemán.
Del lado de la revolución, el 15 de febrero se había ele- gido un Comité Central de la Federación de Guardias Na- cionales, en representación de 215 batallones equipados con2000cañonesy 450.000armasdefuego,incluidoslos cañones y las ametralladoras que a principios de marzo fueran abandonados por las tropas de Thiers, ante la in- cursión temporal en París de 30.000 hombres del ejército alemán.
La «amenaza» de los obreros armados llenó de pánico al gobierno burgués, que no pudo más que declarar de hecho la guerra civil al ordenar que 20.000 soldados, al mando del general Lecomte, en la madrugada del 18 de marzo,tomaranlos cañonesquela GuardiaNacionaltenía
ubicados en Montmartre, estratégica posición para domi- nar la ciudad. Tal armamento había sido producido en los meses del asedio prusiano y había sido pagado por sus- cripción pública, por lo cual los obreros lo consideraban de su propiedad y se dispusieron a
defenderlos a sangre y fuego, desplegando inmensas manifestaciones obreras y republicanas por la ciudad, y colocando un cordón de barricadas alrededor del barrio de Saint-Honoré.
Solo unos cuantos disparos antecedieron al abrazo fra- terno entre soldados y guardias nacionales, siendo des-
obedecida la orden de Lecomte de disparar a la multitud y, en cambio, cumplida la rendición del ejército ante la Guardia Nacional y la ejecución de los generales Lecom- te y Clément Thomas, este último asesino y verdugo de
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los obreros insurrectos en 1848. El enano Thiers, ante la deserción de su ejército, junto con la Asamblea Nacional huyó de París paraatrincherarse enVersalles, la nuevaca- pital de la burguesía y en donde, Thiers como jefe de la burguesía francesa, recibió el apoyo de la burguesía pru- siana en cabeza de Bismarck para, unidas, contraatacar la insurrección obrera de París.
Proclamación de La Comunade París
El 18 de marzo estalló en París una revolución espon- tánea, sin la preparación consciente del partido político
proletario, siendo su aparición causada principalmente por: la guerra franco-alemana (el ejército prusiano sitia a
París,la amenazay la someteal hambre);la indignaciónde los obreros (ante la traición de la burguesía republicana y la composición reaccionaria de la Asamblea Nacional); el desarrollo de las ideas socialistas en general (por influen- cia de la I Internacional) unido a la situación de desem- pleo del proletariado y de ruina de la pequeñaburguesía (víctimas de la política del Segundo Imperio). Ese día Pa- rís amaneció tomada por los obreros armados, alzados en revolución contra el gobierno de Thiers que pretendía
adueñarse de los cañones de la Guardia Nacional ubica- dos en Montmartre. Si bien, de inmediato los obreros de
otrasciudadesse solidarizaronconla luchade los obreros parisinos, proclamando del 22 al 25 de marzo Comunas en Lyon, Saint-Etienne, Le Creusot, Marsella, Narbona y
Toulouse, estas no perduraron a
causa de su propia des-
organización. En París, muy apresuradamente el ComitéCentralconvocóa elecciones,expresandoen su proclama de despedida: «No perder de vista que los hombres que mejor os servirán serán los que escojáis de entre vosotros mismos. Los que vivan vuestra propiavida, los que sufran vuestros propios dolores. Desconfiad igualmente de los ambiciosos tanto como de los recién llegados. Desconfiad
igualmente de los charlatanes. Evitad a aquellos a quienes ha favorecido la fortuna, porque el que ha sido favorecido
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CAPÍTULO 6 -
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porla fortunaes difícilqueestédispuestoa miraral traba- jador como a un hermano».
Dicen los historiadores que la Comuna de París fue elegida el domingo 26 de marzo, cuando 227.000 perso- nas asistieron a las elecciones, y fue proclamada el 28 de marzo con ochenta concejales de los cuales sesentay seis eran revolucionarios, siendo obreros veinticinco de ellos, en su mayoría jóvenes de no más de veinticinco años. Al respecto, la afirmación de Engels «los miembros de la Co- muna eran todos, casi sin excepción, obreros o represen- tantes reconocidos por los obreros» trasluce la diferente
apreciación del estadístico según sean sus intereses de clase. El 29 de marzo se organiza el gobierno de la Co- muna conformado por nueve Comisiones de trabajo, de cinco miembros cada una (Finanzas, Guerra, Justicia, Se- guridad Nacional, Subsistencias, Cambio y Trabajo, Rela- ciones Exteriores, Servicios Públicos y Enseñanza) cuyos delegados forman una Comisión Ejecutiva.
Si bien, de los miembros revolucionarios de la Comuna solo unaminoríaeran influidos porla Asociación Interna- cional de los Trabajadores, estos desempeñaron un deci- sivo papel en el gobierno: Varlin pasa de las finanzas a los abastecimientos y de estos a la intendencia, enfrentando la atención alimenticia de 300.000 desempleados; el jo-
ven contador Jourde se encarga de las finanzas; Theisz,
organizadorde la Federación de Sociedades Obreras, con el apoyo de los trabajadores del correo, en 48 horas lo reorganiza, pues estaba abandonado y
con avisos orde- nando a sus empleados trasladarse a Versalles bajo ame- naza de despido; Avrial, delegado del cuartel de artillería, aprueba el reglamento que fija la jornada laboral en diez horas para los talleres del Louvre; Léo Frankel, al fren- te de la Comisión de Cambio y Trabajo, se apoya en una comisión de iniciativas compuesta por trabajadores, en la cual Elizabeth Dimitrief se encarga de la organización de las mujeres obreras.
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Así, sencillo, barato, compuesto de trabajadores, sin charlataneríaparlamentaria,el gobiernode la Comunale- gisla y ejecuta al mismo tiempo, medidas revolucionarias comolas descritasporEngelsen la Introducciónal clásico documento de Marx sobre la Comuna, La Guerra Civil en Francia: «El 30, la Comuna abolió la conscripción y el ejército permanente y declaró única fuerza armada a la Guardia Nacional, en la que debían enrolarse todos los ciudadanos capaces de empuñar las armas. Condonó los pagos de alquilerdeviviendas desde octubre de 1870 has- ta abril de 1871, incluyendo en cuenta para futuros pagos de alquileres las cantidades ya abonadas, y suspendió la venta de objetos empeñados en el monte de piedad de la ciudad. El mismo día 30 fueron confirmados en sus cargos los extranjeros elegidos para la Comuna, pues“labande- ra de la Comuna es la bandera de la República mundial”. El 1 de abril se acordó que el sueldo máximo que podría percibirun funcionariode la Comuna,y portantolos mis- mos miembros de esta, no podría exceder de 6000 fran- cos (4800 marcos). Al día siguiente, la Comuna decretó la separación de la Iglesia del Estadoy la supresión de todas las partidasconsignadasenel presupuestodelEstadopara fines religiosos, declarando propiedad nacional todos los bienes de la Iglesia; como consecuencia de esto, el 8 de abril se ordenó que se eliminase de las escuelas todos los símbolos religiosos, imágenes, dogmas, oraciones, en una palabra,“todolo quecaedentrodela órbitadela concien- cia individual”, orden que fue aplicándose gradualmente. El día 5, en vista de que las tropas de Versalles fusilaban diariamente a los combatientes de la Comuna capturados por ellas, se dictó un decreto ordenando la detención de rehenes,peroestadisposiciónnuncase llevóa la práctica. El día 6, el 137 Batallón de la Guardia Nacional sacó a la calle la guillotinay la quemó públicamente, entre el entu- siasmo popular. El 12, la Comuna acordó que la Columna Triunfal de la plaza Vendôme, fundida con el bronce de los cañones tomados por Napoleón después de la guerra
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CAPÍTULO 6 -
La Comuna de París
de 1809, se demoliese, como símbolo de chovinismo e in-
citación a los odios entre naciones. Esta disposición fue cumplida el 16 de mayo. El 16 de abril, la Comuna ordenóque se abriese un registro estadístico de todas las fábricas clausuradas por los patronos y se preparasen los planes para reanudar su explotación con los obreros que antes trabajaban en ellas, organizándoles en sociedades coope- rativas, y que se planease también la agrupación de todas estas cooperativas en una gran Unión. El 20, la Comuna declaró abolido el trabajo nocturno de los panaderos y suprimió también las oficinas de colocación, que durante el Segundo Imperio eran un monopolio de ciertos sujetos designados por la policía, explotadores de primera fila de los obreros. Las oficinas fueron transferidas a las alcaldías de los veinte distritos de París. El 30 de abril, la Comuna
ordenó la clausura de las casas de empeño, basándose en queeranunaformade explotaciónprivadade los obreros, en pugnaconel derechode estosa disponerde sus instru- mentos de trabajo y de crédito. El 5 de mayo, dispuso la demolición de la Capilla Expiatoria, que se había erigido para expiar la ejecución de Luis XVI».
Como se puede ver, las medidas de la Comuna tienen un rasgo especialmente revolucionario, muy distinto de las medidas revolucionarias que en su tiempo adoptaban las revoluciones burguesas, y muy distante de las medi- das «revolucionarias» típicas de las revoluciones peque-ñoburguesas. Dice Engels, que en la Comuna sus medi- das tuvieron un caráctermarcadamente proletario debido al componente obrero de sus miembros, y distingue tres categorías en sus decretos: unos, fueron reformas que la burguesía republicana no se atrevía implantar por vil co- bardía, pues servían de cimientos indispensables para la libre acción de la clase obrera (caso de la implantación del principio de que, con respecto al Estado, la religión es un asunto de incumbencia puramente privada); otros, salvaguardaban directamente los intereses inmediatos de la clase obrera (caso del empleo, salario, jornada, etc.), y
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otros tenían ya un tinte socialista que rompían con el vie- jo orden social (caso del funcionamiento de la Comuna como un nuevo tipo de Estado y la abolición de ciertas formas de explotación capitalista). Sobre esta última ca- tegoría, Lenin explica «...en la sociedad moderna, el pro- letariado, avasallado en lo económico por el capital, no puededominarpolíticamentesi norompelas cadenasque lo atan al capital. De ahí que el movimiento de la Comu- na debiera adquirir inevitablemente un tinte socialista, es decir, debiera tender al derrocamiento del dominio de la burguesía, de la dominación del capital, a la destrucción de las bases mismas del régimen social contemporáneo».
Por su contenido la Comuna de París representa un acontecimiento sin precedentes en la historia del movi- miento obrero, donde por vez primera el proletariado se convierte en clase gobernante en alianza con la pequeña- burguesía que se unió a su lucha. Por su forma, la Comu- na de París se convirtió en el ejemplo y camino a seguir por la clase obrera mundial, porque en tan solo 72 días de existencia descubrióy le enseñó cómo se debe resolverel problemacrucialde su revoluciónpolítica:el problemade la destrucción del Estado burgués y la instauración de la dictadura del proletariado.
El Estado tipo Comuna
La derrota de los ejércitos del Emperador Napoleón III significó la caída del Segundo Imperio, dando paso a la República, en la forma de un Gobierno de la Defensa Na- cional en manos de la burguesía republicana. El proleta- riadohabíaaceptadoestaformade repúblicasoloy a con- dición de llevar a
cabo la defensa nacional. Pero cuando la burguesía alemana transformó su guerra defensiva en guerra de agresión contra la nación francesa, la burguesía republicana capituló humillándose como un gobierno de la traiciónnacional.Conlos ejércitosprusianosa las puer- tas de París solo era posible defender la ciudad armando
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La Comuna de París
a la población y armar a la población parisina era armar a la clase obrera, lo cual significaba armar la revolución del
proletariado.
La Guardia Nacional fue la forma que tomó el arma- mento general del pueblo, lo cual desvelaba más a la bur- guesía francesa que el asedio del ejército alemán. Tanto así que Julio Favre, ministro de Negocios Extranjeros en el gobierno burgués, confesó en alguna de sus cartas que se «defendían» no de los soldados prusianos, sino de los
obrerosde París.Y buenarazónteníanlos burgueses,pues sabían que si el proletariado armado derrotabala agresión de la burguesía alemana, de hecho, quedaba derrotada
también la burguesía francesa, cuyo gobierno y ejército habían huido de París. Por tanto, para la burguesía, la de- fensa del poderdel capital estaba porencima de la defen- sa de la nación.
La preocupación principal de la burguesía francesa era¡desarmara los obreros!Pretendióhacerloel 18 de marzo, precipitando una espontánea revolución obrera que que- dó dueña del poder estatal ante la huida de Thiers y sus ejércitosa Versalles.Así lo expresóel ComitéCentralde la Guardia Nacional en su Manifiesto del 18 de marzo: «Los proletarios de París, en medio de los fracasosy las traicio- nes de las clases dominantes, se han dado cuenta de que ha llegado la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos públicos... Han com- prendido que es su deberimperiosoy su derecho indiscu- tible hacerse dueños de sus propios destinos, tomando el poder». Fueesteel inmortalaportede la Comunade París a la experienciay la luchadel movimiento obrero interna- cional: resolver, con la iniciativade las masas, el problema del cómo debe ser un Estado en manos del proletariado.
Para aquel entonces, el socialismo ya se había confi- gurado como ciencia a lo largo de una permanente lucha
contra tendencias y doctrinas adversas, y al calor de la
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prácticaen la luchade clase del proletariado.Ya desde los años 40 del siglo XIX, el marxismo venía descubriendo, como parte del materialismo histórico, que el Estado no ha existido ni existirá siempre, sino que es un producto social propio de las sociedades divididas en clases; un ór- gano de opresión e instrumento de explotación, no situa- do por encima o al margen de las clases, sino al servicio de la claseo clasesdominantesque,porlo general,sonlas clases económicamente dominantes.
Sin embargo, la experiencia de la lucha política de la clase obrera todavía no aportaba el conocimiento direc- to para pulimentar esa teoría. De tal forma que, en 1848, cuando se publica el Manifiesto del Partido Comunista, redactado por Carlos Marx y Federico Engels, la idea se
plantea muy en general: la necesidad de la «organización del proletariado como clase dominante». Es la práctica de las insurrecciones obreras de 1848 en Europa la que permite a Marx desarrollary concretar la conclusión:«La dictadura de clase del proletariado como punto necesario de transición para la supresión de las diferencias de clase en general», expuesta en su obra Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, y complementada con una inge- niosa observación: «Todas las revoluciones perfecciona- ban esta máquina [el Estado] en vez de destruirla», hecha en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, escrito a fi- nales de 1851 y principios de 1852.
Fue la experiencia de la Comuna de París la que revelóla forma de esa organización del proletariado como clase dominante, la forma del Estado de dictadura del prole- tariado, a instaurarse en lugar del Estado burgués, al que se debe destruir hasta los cimientos. Así lo expresó Marx en el Manifiesto del Consejo General de la Asociación In- ternacional de los Trabajadores, titulado La guerra civil en Francia: «La Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase produc- tora contra la clase apropiadora, la forma política al fin
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descubierta para llevara cabo dentro de ella la emancipa- ción económica del trabajo».
Aun cuando la experiencia, el desarrollo y la organiza- ciónde la luchadelproletariadocomoclaseindependien- te no le otorgaban todavía la suficiente preparación para convertirse en clase gobernante, el gran desarrollo capi- talista de la sociedad francesa permitía que la clase obre- ra tomase la vanguardia de la revolución, como en efec- to lo hizo. Por primera vez en la historia del movimiento
obrero, el proletariado mantuvo la iniciativa hasta tomar el poder.A pesar de las limitaciones, fue asombrosa la ac- tuación, el avance y las medidas dictadas por la Comuna,
entre las cuales destella su actuación frente al poder del Estado,impulsadaporla guerracivily, enaltísimoporcen- taje, fruto de la iniciativa creadora de las masas obreras.
Contrael monopoliodelas armasenmanosdeunafuer- za especial de represión al servicio de la clase dominante, fuerza que constituye el pilar central del Estado burgués, la Comuna de París, en su primer decreto, colocó las ar- masdirectamenteenmanosdelproletariadocomola nue- va clase dominante. Suprimió el ejército permanente y lo sustituyó por el pueblo en armas, al declarar a la Guardia Nacional única fuerza armada, en la cual debían alistarse todos los ciudadanos capaces de empuñar las armas.
Contra la transformación del Estado y de sus órganos en señores parásitos de la sociedad, en burocracia del Es- tado, la Comuna de París los convirtió en servidores de la sociedad: «En primer lugar, —dice Engels— cubrió to- dos los cargos administrativos, judiciales y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar, todos los funcionarios altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores».
Así, formada por consejeros municipales elegidos por sufragio universal, la Comuna de París no era una institu-
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
ción parlamentaria, sino una corporación de trabajo, eje- cutivay legislativa al mismo tiempo.
Sencillas medidas que significaron tan profundas y ra- dicales transformaciones en el Estado que, en realidad, la Comunade Paríses la negacióndialécticadelviejoEstado burgués en un nuevo tipo de Estado con un gobierno ba- rato de la clase obrera.
En cuanto a tal nuevo tipo de Estado, la esencia de la Comuna puede resumirse así:
•þÿLafuente de su poder está en la iniciativa directa de las masas populares desde abajo.
•þÿSustitución de la policía y del ejército como institucio- nes apartadas del puebloy contrapuestas a él, por el ar- mamento general del pueblo.
•þÿSustitución de la burocracia del Estado por funciona- rios asalariados elegibles y removibles por las masas en cualquier momento.
«LaComunatuvoquereconocerdesdeelprimermomento que la clase obrera, al llegar al poder, no podía seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que, para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tenía, de una parte, que barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ellay, de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revo- cables en cualquier momento». Federico Engels. La Co- muna de París, como nuevo tipo de Estado, fue la nega- ción del Estado burgués; y, al mismo tiempo, el comienzo de la negación de todo Estado.
Desde el momento en que la sociedad se dividió en cla- ses, es decir, entre unos que trabajan y otros que viven del trabajo ajeno, se hizo necesario un poderespecial que impidiera la destrucción de la sociedad a cuenta de los antagonismos irreconciliables entre sus clases. Ese poder
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especial es el Estado, cuya función consiste en refrenar el antagonismo entre las clases, amortiguando sus choques, lo cual no significa conciliar los intereses de las clases an- tagónicas (como lo interpretan y desean los oportunistas), sino todo lo contrario, garantizar el dominio de una clase sobre otras, para lo cual, el Estado priva a las clases opri- midas de ciertos medios y procedimientos de lucha. De ahí que el instrumento principal, o el pilar central de la fuerza del Estado, lo constituyen los destacamentos ar- mados de carácter profesional (las fuerzas armadas del
ejército y la policía) quienes tienen el monopolio de las armas y, junto con sus cárceles, convierten al Estado en una máquina para la opresión de una clase por otra.
Particularmente, en la sociedad capitalista la burguesía pregona que esa máquina del Estado es «una institución democrática al servicio de toda la sociedad» y, por tanto,«situada por encima de toda la sociedad». Pero eso no es más que una falsa apariencia, pues el Estado es un pro- ducto social que tiene un definido carácter de clase; en el capitalismo es un Estado burgués cuya fuente de poder está en el capital y sirve exclusivamente a los intereses de una minoría de la sociedad, los capitalistas (burgueses, te- rratenientes e imperialistas), siendo, además de máquina de represión, un instrumento de explotación en manos de los dueños del capital, que funciona con un gigantesco y costoso aparato burocrático de jueces y diputados par- lanchines, quienes, junto con las fuerzas armadas, viven como parásitos a cuenta de los impuestos arrancados al pueblo.
El Estado tipo Comuna sigue siendo Estado de clase porque sirve al proletariado como clase dominante para
ejercer su dictadura sobre los antiguos opresoresy explo- tadores; pero es un nuevo Estado que niega al viejo Esta- do burgués, primero porque su fuente de poder está en la iniciativa directa de las masas populares desde abajo, sirviendo y defendiendo, por vez primera en la historia
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de la sociedad, los intereses de la inmensa mayoría (las masas trabajadoras), ya no con destacamentos especiales armados, sino con el armamento general del pueblo en sustitucióndelejércitoy la policía(institucionesapartadas de las masas y contrapuestas a ellas); y segundo, porque sustituye el gigantesco aparato burocrático del Estado por funcionarios elegiblesy removibles porlas masas en cual- quier momento y todos, absolutamente todos, remunera- dosconsalariosde obrero.Respectoa estassencillaspero profundastransformaciones,concluyeMarx:«La Comuna convirtió en una realidad ese tópico de todas las revolu-
ciones burguesas, que es“ungobierno barato”, al destruir las dos grandes fuentes de gastos: el ejército permanente y la burocracia del Estado».
Y en la medida en que las funciones del Estado (que antes eran privilegio y ocupación de cuerpos o destaca- mentosespecialesapartadosdelpueblo)fueroncolocadas porla Comunaen manosde las masastrabajadoras,en esa misma medida se inicia la negación del Estado en general como institución especial de la sociedad, pues sus funcio- nes empiezan a ser cumplidas por toda la sociedad.
Negar el Estado burgués no es remodelarlo, sino des- truirlo mediante la violencia revolucionaria; destruir su pilar central, sus aparatos e instituciones burocráticas. Esta es la característica esencial de la revolución del pro- letariadoy, de hecho, la abismal diferenciacon las revolu- ciones de la pequeñaburguesía, que en lugarde destruirel Estado burgués lo preservan con el argumento de ejercer a través de él una verdadera democracia, con lo cual, loúnico que hacen es maquillar la dictadura burguesa, go- bernando en beneficio de la burguesía, pues el carácter de clase de tal Estado sigue siendo burgués, donde la de- mocracia es para los explotadores y la dictadura para los explotados.
En cambio, la democracia proletaria significa dicta-
dura abierta sobre la burguesía, los terratenientes y los
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imperialistas, y democracia real para las masas trabaja- doras de obreros y campesinos. Mientras la democracia burguesa no va más allá de la proclamación formal de los derechosy las libertades del pueblo, la democracia prole- taria consiste en la participación real de las masas traba- jadoras en la administración del Estado y en el usufructo de los bienes expropiados a los expropiadores. Mientras para la burguesía «igualdad» es un concepto jurídico que disfraza la desigualdad de las clases, para el proletariado igualdad significa acabar con las diferencias de clase en la posesión de los medios de producción.
De ahí, que como dijera Marx refiriéndose al régimen de la Comunade París,«la dominaciónpolíticade los pro- ductores es incompatible con la perpetuación de su es- clavitud social», por tanto, el poder de la Comuna como nuevo tipo de Estado «había de servir de palanca para ex- tirparlos cimientos económicos sobre los que descansa la existencia de las clasesy, por consiguiente, la dominación de clase. Emancipando el trabajo, todo hombre se con- vierte en trabajador, y el trabajo productivo deja de ser atributo de una clase».
Por eso la Comuna no convirtió el poder político en un fin en sí mismo, sino en un medio para expropiara los ex- propiadores, como lo demuestra su actuación práctica a pesarde su cortaexistenciade dos meses: abolió el traba- jo nocturno para los obreros panaderos, suprimió las ofi- cinas de empleo, prohibió con penas la prácticafrecuente de los patronos de rebajar los salarios mediante multas a los obreros, entregó a las asociaciones obreras todos los talleres y las fábricas que habían sido clausurados por sus dueños, condonó los pagos de arrendamiento desde
octubre de 1870 hasta abril de 1871, prohibió la venta de
objetos empeñados y clausuró las casas de empeño, dis- puso la asociación cooperativa de los obreros de la gran
industria y la manufactura, y la organización de todas las cooperativas en una gran Unión, liberó a los campesinos
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de las costas derivadas de la guerra adjudicándoselas a sus verdaderos causantes, dictó medidas para destruir la fuerzaespiritual de represión de la iglesiaseparándoladel Estado y expropiando a todas las iglesias como corpora- ciones poseedoras, abrió gratuitamente al pueblo todas las instituciones de enseñanza eliminando de ellas todos los símbolos religiosos, imágenes, dogmas, oraciones, constriñéndolos a la órbita de la conciencia individual. La Comuna de París cuyo poder había sido inspirado en el sentimiento de la defensa de la nación contra la agresión prusiana, por su carácter de clase proletario se convirtióen un nuevo tipo de Estado con un gobierno obrero au- ténticamente internacional.
«La clase obrera no esperaba de la Comuna ningún milagro. Los obreros no tienen ninguna utopía lista para implantarla par récret du peuple [por decreto del pueblo]. Saben que, para conseguir su propia emancipación, y con ella esa forma superior de vida hacia la que tiende irre- sistiblemente la sociedad actual por su propio desarrollo económico, tendrán que pasar por largas luchas, por toda
una serie de procesos históricos, que transformarán com- pletamente las circunstancias y los hombres. Ellos no tie- nen que realizar ningunos ideales, sino simplemente dar suelta a los elementos de la nueva sociedad que la vieja sociedad burguesa agonizante lleva en su seno». Carlos Marx
La Comunay el Internacionalismo Proletario
Fundada la Asociación Internacional de los Trabajado- res (el 28 de septiembre de 1864) se dedicó a organizar al proletariado de Europa y
América en un gran ejército
internacional que luchara como una y la misma clase. Tal actividad en Francia desató el odio y la persecución por parte del emperador Napoleón III, para quien la Interna- cionaleraun «enemigopeligroso»acusadade serunaaso- ciación secretaque complotabaparaasesinarlo. La propia
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CAPÍTULO 6 -
La Comuna de París
actividad pública de la Internacional, contra el despotis- mo del Segundo Imperio y en favor de los intereses del proletariado como clase internacional, fue la mejor arma para enfrentary refutar las tramoyas del emperador.
Fue así como, en julio de 1870, apenas iniciadala guerra franco-prusiana y, en septiembre del mismo año, recién derrotado el ejército imperial en Sedán, el Consejo Ge- neral de la I Internacional se pronunció, respectivamen- te, en un Primery Segundo Manifiestos contra las guerras anexionistas. Denunció a las clases dominantes, cuyos in- tereses son los causantes de las guerras de conquista, con las cuales también se pretende aniquilar el movimiento revolucionario del proletariado. La I Internacional llama a la clase obrera de los países enfrentados a unirse y em- puñar el internacionalismo proletario, con la convicción de que solo el poder del proletariado podrá acabar defi-
nitivamente con las guerras, pues barrerá sus causas. El Segundo Manifiesto de la Internacional termina con es- tas palabras: «Que las secciones de la Asociación Inter- nacional de los Trabajadores de cada país exhorten a la clase obrera a la acción. Si los obreros olvidan su deber, si permanecen pasivos, la horrible guerra actual no serámás que la precursora de nuevas luchas internacionales todavía más espantosasy conducirá en cada país a nuevas derrotas de los obreros por los señores de la espada, de la tierray del capital. ¡Viva la República!».
Organizaciones obreras de Francia y Alemania inter- cambiaron mensajes de paz y amistad, como anticipo de la políticainternacional de paz de unanuevasociedad go-
bernada, en todos los países, por el proletariado. La sec- ción francesa de la I Internacional, articulada en seccio- nes de barrios, sociedades obreras y cooperativas, desde su creación en 1865, dio decidido apoyo al movimiento huelguístico. Esto le permitió ganar una buena influencia en el movimiento obrero francés y contrarrestar el apoli- ticismo pregonado por los proudhonianos. Los militantes
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internacionalistas iban directamente a las regiones donde estallaban las huelgas y contribuían a extender la organi- zacióny la luchade resistenciaeconómica,lo cualacarreóla represiónsobrela secciónfrancesadela I Internacional,
obligándola a sucesivas disolucionesy reorganizaciones.
A principios de 1870, los internacionalistas eran la fuer- za principal del movimiento obrero francés, cuya prin- cipal expresión era el movimiento huelguístico, que fue reprimidoferozmente.Los militantesmásactivosde París y de provincia fueron detenidos, encarcelados o tuvieron que huir. En esa desfavorable situación, los partidarios de la I Internacional tienen que afrontar la guerray, luego, la Comunade París. En esas condiciones: unaciudad rodea- da por el ejército alemán y los dirigentes obreros inter- nacionalistas en prisión, Marx y Engels consideraban que si la clase obrera intentaba derribar el gobierno sería una acción desesperada y prematura; recomendaban mejor trabajar en la organización de la clase para, con todas sus fuerzas, obtenerel triunfo de la emancipación del trabajo. De ahí que los miembros de la sección francesa de la I In- ternacional centraran su labor de propaganda en explicar el alcance de la organización obrera, en miras a la lucha por una «República social universal».
El 26 de marzo de 1871, al serelegidala Comuna, quedócompuesta por una mayoría de miembros integrada por blanquistas (también predominantes en el Comité Central de la Guardia Nacional) y una minoría compuesta por afi- liados a la I Internacional, entre quienes prevalecían los discípulos de la escuela de Proudhon. Se dice que fue- ron los proudhonianos los principales responsables de los decretos económicos de la Comuna, mientras la respon- sabilidad principal en los actos u omisiones políticos re- cayó sobre los blanquistas (quienes en gran mayoría eran socialistas solo por instinto revolucionario y proletario). Y agrega Engels: «La ironía de la historia quiso —como acontece generalmente cuando el poder cae en manos
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La Comuna de París
de doctrinarios— que tanto unos como otros hiciesen lo contrario de lo que la doctrina de su escuela prescribía».
El Proudhonismo se había consagrado como la doctri-
na de los pequeños propietarios (campesinosy artesanos), acérrima enemiga de la asociación obrera. Sin embargo, el decreto económico más importante de la Comuna or- denóla organizaciónde la granindustriay la manufactura,
organización basada no solo en la asociación de los obre- ros dentro de la fábrica, sino en la unificación de las aso- ciaciones en una gran Unión que, de haber sobrevivido la Comuna, dice Marx:«Forzosamente habría conducido enúltima instancia al comunismo, o sea, a lo más antitético de la doctrina proudhoniana».
Blanqui, jefe de la escuela de la conspiración, concebía el problema de tomar el poder del Estado como producto no de la lucha de las masas, sino de la acción intrépida de un pequeño grupo de hombres que arrastraría tras de sus caudillos a las pasivas masas del pueblo y, por tanto, exi- gía la centralización absoluta del poder del Estado en las manos de tales caudillos. No obstante, contra esa idea de absoluto centralismo, en los hechos todas las proclamas de la Comuna invitaron a
crear una organización nacio- nal, una Federación o unión libre de todas las Comunas de Francia con París.
Por tanto, la experiencia de la Comuna de París se con- virtió en la sepultura de las doctrinas que preconizaban, tanto el socialismo pequeñoburgués como el socialismo utópico. Contrariando las doctrinas de la mayoría de sus
dirigentes, el carácter de clase proletario de la Comuna hizo prevalecer en sus hechos, medidas y decretos, la aplicación concreta del socialismo científico y del inter- nacionalismo.Destruyóel viejoEstado,instauróun nuevo tipo de Estado y colocó el poder en manos de las masas, para proceder a la expropiación de los expropiadores. Esto quedó apenas iniciado, pues se interpuso la derrota
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
de la Comunacausadaporunas específicas circunstancias históricas (de las cuales se tratará luego). A los dos días de ser proclamada, la Comuna confirmó en sus cargos a los extranjeros elegidos indicando que «La bandera de la Comuna es la bandera de la República Mundial»; el 12 de abril, en presencia de dos ejércitos burgueses, el prusia- no y el bonapartista, ordenó la demolición de la Columna Triunfal de la plaza de Vendôme (fundida con el bronce de los cañones que Napoleón había tomado en 1809) por ser un símbolo de chovinismo e incitación al odio entre naciones.
Al ser derrotada la Comuna de París, el Consejo Ge- neral de la Asociación Internacional de los Trabajadores aprobó el Manifiesto dirigido a todos los miembros de la Asociación, redactado porMarx, titulado La Guerra Civil en Francia. Se constituyó en una obra clásica del mar- xismo que, tomando la realidad de la experiencia de la Comuna de París, desarrolló la teoría en asuntos tan de- cisivos como la lucha de clases, el Estado, la revolución y la dictaduradel proletariado. Destacando en su contenido principal la siempre revolucionaria idea de la necesidad histórica de destruir el Estado burgués y sustituirlo por
un nuevo Estado tipo Comuna, como forma estatal de la dictadura del proletariado. En uno de sus apartes alude así al internacionalismo: «La Comuna concedió a todos los extranjeros el honor de morir por una causa inmor- tal. Entre la guerra exterior perdida por su traición, y la guerra civil fomentada por su conspiración con el invasor extranjero, la burguesíaencontrabatiempo paradarprue- ba de patriotismo, organizando batidas policíacas contra los alemanes residentes en Francia. La Comuna nombróa un obrero alemán [Leo Frankel] su ministro de Trabajo. Thiers, la burguesía, el Segundo Imperio, habían engaña- do constantemente a Polonia con ostentosas manifesta-
ciones de simpatía, mientras, en realidad, la traicionaban a los intereses de Rusia, a la que prestaban los más sucios
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La Comuna de París
servicios. La Comuna honró a los heroicos hijos de Polo- nia [ J. Dombrowski y W. Wróblewski], colocándolos a la cabeza de los defensores de París».
La Comunafueal principiounmovimientoheterogéneo y confuso, un gobierno de coalición que abarcaba miem- bros de la Internacional, blanquistas, proudhonianos, re- publicanos burgueses (temerosos de que se restableciera la monarquía) y
nacionalistas (ilusionados en que la Co- muna relanzara la guerra contra Prusia). Pero en el cur- so mismo de su movimiento, el papel fundamental en su actuación fue desempeñado por los obreros (sobre todo, artesanos de París), entre quienes desde años antes la I Internacional había realizado una intensa labor de propa- ganda socialista, logrando que muchos se afiliaran a ella.
Un añodespuésde serderrotadala Comuna,el Consejo
General de la Asociación Internacional de los Trabajado- res, en reunión del 20 de febrero de 1872 a propuesta de Jung, convocó un mitin de masas en Londres paraconme- morarel primeraniversarioel 18 de marzo.El mitinpúbli- co no se realizó por la negativa, a última hora, del dueño del local. Sin embargo, los miembros de la I Internacional y
los exfederados organizaron una reunión solemne en la cual fueron adoptadas tres breves resoluciones escritas por Marx especialmente para el mitin.
Resoluciones del mitin convocado paraconme- morar el aniversario de La Comunade París
El mitin convocado paraconmemorarel aniversario del 18 de marzo de 1871 ha adoptado las siguientes resolucio-
nes:
I.þÿ Considera que el glorioso movimiento iniciado el 18 de marzo es la aurora de la gran revolución social lla- mada a liberar para siempre a la humanidad de la so- ciedad de clases.
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II.þÿ Declaraquelas necedadesy los crímenesdelas clases burguesas, coligadas en toda Europa por su odio ha- cia los trabajadores, han condenado la vieja sociedad a la muerte, sean las que sean las formas de gobierno, monárquicas o republicanas.
III.þÿ Proclama que la cruzada de todos los gobiernos con- tra la Internacional y el terrorismo, tanto de los ase- sinos deVersalles como de sus vencedores prusianos, prueban la inanidad de sus éxitos y afirman que tras la heroica vanguardia destruida por las fuerzas man- comunadas de Thiers y de Guillermo se encuentra el amenazante ejército del proletariado universal.
«Últimamente, las palabras “dictadura del proletariado”han vuelto a sumir en santo horror al filisteo socialdemó- crata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz pre- senta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahíla dictadura del proletariado!». Federico Engels
Las mujeres de La Comuna
Decía Carlos Marx que «Cualquiera que conozca algo de historia sabe que los grandes cambios sociales son im- posibles sin el fermento femenino», y la revolución de la Comuna de París confirmó a plenitud esta verdad, donde el valor y heroísmo de las mujeres les acarreó el violento
odio de la burguesía descargado como persecución, cár- cel, destierro y fusilamiento, siendo acusadas por el go- bierno con la despectiva denominación de les pétroleuses (las incendiarias).
Ya desde la Revolución Francesa en 1789 quedó en evi- dencia el gran peso e importancia desempeñado por las mujeres en las revoluciones de la época del capitalismo:
participanen la lucha,esgrimensus propiasreivindicacio- nes políticas, construyen organizaciones para exigirla de- fensa de los derechos de la mujer... si bien, toda su lucha en aquella época estaba todavía restringida al contenido
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de clase de la revolución burguesa y, por tanto, la eman- cipación de la mujer no sobrepasaba el marco burgués de la igualdad formal, es decir, el marco de la opresión y la desigualdad real.
En cambio, la participación de las mujeres en las in- surrecciones obreras de 1848 ya se correspondía con un contenido diferente, porque ellas formaban parte de la clase de los obreros modernos que, a su vez, había dado importantes pasos hacia su configuración como clase in-
dependiente (con la Liga de los Comunistas como orga- nización internacional; y el Manifiesto del Partido Co- munista como programa propio). Desde aquella época el deslinde entre el socialismo científico marxistay el socia- lismo pequeñoburgués de Proudhon se hizo extensivo a la concepción sobre el papel de la mujer: mientras para el marxismo era necesaria e inevitable la participación de la mujer en la lucha revolucionaria, pues su verdadera
emancipación solo es posible como parte de la emanci- pación del trabajo asalariado; para el mutualismo proud- honiano la mujer debía ser relegada exclusivamente a las labores del hogar, llegando a tal extremo que, dice Allan Todden Lasrevoluciones 1789-1917: «CuandoJeanneDé- roin [mujer costurera de profesión y militante de izquier- da] propusopresentarsecomocandidatademócrataenlas elecciones de mayo de 1849, P. J. Proudhon la declaró no apta porque los órganos que las mujeres poseen para ali- mentar a los bebés no las hacen apropiadas para el voto; ella respondió pidiéndole que le mostrara el órgano mas- culino que le facultaba para el voto».
La participaciónrevolucionariade las mujeresen la Co- muna de París fue especialmente destacada, debido a su experiencia en anteriores revoluciones y a la claridad de su papel y avance de su organización, en lo cual influyódecididamente la actividad de la Asociación Internacio- nal de los Trabajadores, que, en noviembre de 1869, ha- bía cristalizado en la creación de la Cámara Federal de
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las Sociedades Obreras y la Federación de las Secciones Parisienses de la Internacional, al tiempo que —comenta Encarna Ruíz Galacho en La Comuna de París y la doc- trina marxista del Estado—:«El internacionalista Euge- ne Varlin y sus camaradas, al fundar en 1866 la Sociedad de los Obreros Encuadernadores de París, inscribe en los estatutos la igualdad de los derechos de la mujer obrera. Más adelante, en julio de 1869, las obreras del devanadoy la torsión de la seda y las ovalistas, que mantendrían una huelga exitosa, se constituyeron en sección de la Interna- cional».
El 18 de marzo de 1871, cuando estalla la revolución
obrera, fueron las mujeres las primeras en alertar sobre la intención del ejército de Thiers de apoderarse de los cañones de Montmartre. Fueron las mujeres quienes se plantaron frente a las tropas del gobierno impidiendo con sus cuerpos la movilización de los cañones. Fueron las mujeres quienes incitaron al proletariado y a la Guardia Nacional a salir en defensa de los cañones, que significa- ba la defensa de París. Dice Allan Todd: «En concreto, las mujeres trabajaron en fábricas de armasy municiones, hi- cieron uniformes y dotaron de personal a los hospitales
improvisados, además de ayudar a construir barricadas. A muchasse las destinóa los batallonesdela GuardiaNacio- nal como cantinières, donde se encargaban de proporcio- nar alimentos y
bebidas a los soldados de las barricadas, además de los primeros auxilios básicos. En teoría, eran cuatro las cantinières destinadas a
cada batallón, pero en la práctica solían ser muchas más. Por otra parte, abun- dantesdatosmuestranquemuchasmujeresrecogieronlas armas de hombres muertos o heridosy lucharon con gran determinacióny valentía.Tambiénhuboun batallóncom- puesto por 120 mujeres de la Guardia Nacional que luchóconarrojoenlas barricadasdurantela últimasemanadela Comuna. Obligadas a retirarse de la barricada de la Place Blanche, se trasladaron a la Place Pigalle y lucharon hasta
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quelas rodearon.Algunasescaparonal BoulevardMagen- ta, donde todas murieron en la lucha final».
En la Comuna de París las mujeres no se organizaron con el carácter de «movimiento feminista» ni tampoco
elaboraronun programacon«reivindicacionesfeministas»y, si bienorganizaroncooperativas,sindicatosy clubeses- pecíficos para las mujeres (Comité de Mujeres para la Vi-
gilancia, Club de la Revolución Social, Club de la Revolu- ción,Uniónde Mujeresparala Defensade Parísy la Ayuda a los Heridos, fundada por miembros de la Internacional), lo más importante fue su participación como mujeres
obrerasy en organizaciones obreras, donde reivindicaron la igualdad de derechos (Club de los Proletarios, Club de los Librepensadores, las Secciones de la Internacionaly la misma Comuna).
Entre las mujeres revolucionarias de la Comuna de Pa- rís se destacan: Elizabeth Dmitrieff quien a los 17 años se afilió a la I Internacional y fue una de las siete del ComitéEjecutivo de la Unión de Mujeres; «...André Léo respon- sable de la publicación del periódico La Sociale; Beatriz
Excoffon, Sophie Poirier y Anna Jaclard, militantes del Comité de Mujeres para la Vigilancia; Marie-Catherine Rigissart, que comandó un batallón de mujeres; Adélaide Valentin, que llegó al puesto de coronel, y Louise Necke- becker, capitán de compañía; Nathalie Lemel, Aline Jac- quier, Marcelle Tinayre, Otavine Tardif y Blanche Lefeb- vre fundadoras de la Unión de Mujeres, siendo la última ejecutada multitudinariamente por las tropas reacciona-
rias,y Joséphine Courbois, que luchó en 1848 en las barri-
cadas de Lyón, donde era conocida como la reina de las barricadas.Se debecitaraúna JeanneHachette,Victorine Louvert, Marguerite Lachaise, Josephine Marchais, Leon- tine Suétens y
Natalie Lemel» (Silvio Costa, La Comuna de París y las Mujeres Revolucionarias).
Pero, sin duda la mujer revolucionaria más conocida de la Comuna de París fue Louise Michel, fundadora de la
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
Unión de Mujeres para la Defensa de París de Apoyo a los Heridosy miembrode la I Internacional.Fuemaestra,hija natural de una sirvienta. Participó en el Club de la Revo- lución y sus milicias, comandando un batallón femenino que combatió en las barricadas de París. En el juicio fue ejemplo de firmeza y convicción revolucionaria, rechazólos abogados designados y presentó su propia defensa, como la defensa de la causa de la Comuna: «No quiero defenderme. Pertenezco toda a la Revolución Social. De- claro aceptar la responsabilidad de mis actos (...) lo que exijo de vosotros... es el campo de Satory, dondeya caye- ron mis hermanos. Es preciso separarme de la sociedad, les dijeron que lo hicieran, ¡pues bien! El Comisario de la República tiene razón. Ya que, según parece, todo cora-
zón que bate por la libertad solo tiene derecho a un poco de plomo, ¡exijo mi parte! Si me dejáis vivir, no cesaré de
clamarvenganzay de denunciar, en venganza de mis her- manos, a los asesinos de la Comisión de las Gracias». Fue desterrada por 10 años a Nueva Caledonia, en donde se unió a la lucha por la independencia política de esa colo- nia francesa; en 1898 escribió Memorias de la Comuna; muere en 1905 mientras daba una conferencia a trabaja- dores en Marsella,y es enterrada envuelta en el estandar- te de la Comuna de París.
«Hay pruebas —diceAllanTodd— que indican que, du- rante los últimos días, las mujeres aguantaron más tiempo tras las barricadas que los hombres. En total, se sometió a 1051 mujeres a consejos de guerra, realizados entre agosto de 1871 y enero de 1873: a ocho se las sentenció a muerte, a nueve a trabajos forzadosy a 36 a su deportación a colo- nias penitenciarias».
La derrotade La Comunade París
Al gran triunfo militar conseguido el 18 de marzo de 1871 por el pueblo en armas sobre el ejército de Thiers, siguió una decisión incomprensible del Comité Central
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de la Guardia Nacional: no avanzar sobre Versalles, hacia donde habíahuido el ejército derrotado. Solo el 3 de abril se intentó una ofensiva que fracasó pues, aunque contaba con gran entusiasmo de los comuneros, carecía de prepa- ración políticay militar. El gobierno de Thiers aprovechóla ventaja para reorganizar sus fuerzas militares fortaleci-
das con la ayuda de Bismark quien, en representación de la burguesía alemana, ordenó liberar a cientos de solda- dos franceses prisioneros en Sedány en Metz, paraque se unieran a las hordas armadas deVersalles. Esto les otorgó, para los primeros días de mayo, una decisiva superioridad militar sobre los insurrectos de París.
Desde su proclamación el 28 de marzo, la actividad de la Comuna de París fue en gran parte absorbida porla de- fensa militar de la ciudad sometida a continuo asedio por las tropas prusianas y
francesas. Desde el 27 de septiem- bre fueron frecuentes los intercambios de disparos entre las fuerzas de Versalles y los defensores de las murallas; y cuando los comuneros caían como prisioneros en ma- nos de Thiers, sin excepción, eran fusilados. Si bien en el frente sur de París, el 11 de abril habían rechazado con gran éxito el ataque de las tropas francesas, no pudieron detener su avance el 3 de mayo sobre Moulin Saquet, el 9 la destrucción a cañonazos del fuerte Issy, y el 14 la pér- dida del fuerte de Vanves. En el frente occidental desde el 7 de abril se había perdido el puente sobre el río Sena en Neuilly, por donde las tropas francesas incursionaron hastaapoderarse a comienzos de mayo del cinturón urba- no y finalmente, el 21 de mayo, penetraron al interior de París. El ejército prusiano controlaba el perímetro nortey
oriental de la ciudad, pordonde permitían libre paso a los soldadosversalleses.
La resistencia más débil se dio en los barrios ricos de la ciudad, situados en su parte occidental; mientras, fue muytenaz la resistencia en los barrios obreros del oriente
donde, así como en el centro de París, durante la última
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semana de mayo, se levantaron barricadas por doquier con ayudade mujeresy niños.Dicen los historiadoresque en un solo día se levantaron más de 160 barricadas, y en total más de 600; en general, tenían 2 metros de altura y estaban construidas con piedras sacadas de las calles, con parrillas de metal, un cañón o una ametralladora y una Bandera Roja ondeando en su parte superior. Algu- nas fueron construidas de colchones, otras eran simples bloqueos de las calles con carretas, ladrillos, sacos de are- na o cualquier cosa. Y fue famosa la barricada de la Plaza Blanch, construida por un batallón de 120 mujeres quie- nes la defendieron valerosamente hasta ser masacradas después de su caída. Y, desde luego, fueron los obreros los únicos fieles a la Comuna hasta su derrota, fueron susúltimosdefensoresen unaluchadesigualy heroicade más
de ocho días en las alturas de Bellevilley Ménilmontant.
Y es allí donde empieza la masacre, descrita así por Federico Engels: «Y entonces llegó a su apogeo aquella matanza de hombres desarmados, mujeres y niños, que habían hecho estragos durante toda la semana con furia creciente.Ya los fusilesde retrocarganomatabanbastante de prisa,y entraronen juegolas ametralladorasparaabatir por centenares a los vencidos. El Muro de los Federados del cementerio de Père Luchaise, donde se consumó elúltimo asesinato en masa, queda todavía en pie, testimo- nio mudo pero elocuente del frenesí al que es capaz de llegar la clase dominante cuando el proletariado se atre- ve a
reclamar sus derechos. Luego, cuando se vio que era imposible matarlos a todos, vinieron las detenciones en masa, comenzaron los fusilamientos de víctimas capri- chosamente seleccionadas entre las celdas de presos y el trasladodelos demása grandescamposdeconcentración, donde esperaban la vista de los Consejos de Guerra.
Las tropas prusianas que tenían cercado el sector nor- deste de París recibieron la orden de no dejarpasara nin- gún fugitivo,perolos oficialesconfrecuenciacerrabanlos
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ojos cuando los soldados prestaban más obediencia a los dictadosde humanidadquea las órdenesde superioridad; menciónespecialmerece,porsu humanocomportamien- to, el cuerpo de ejército de Sajonia, que dejó paso libre a muchas personas, cuya calidad de luchadores de la Co- muna saltaba a la vista».
El 28 de mayo de 1871 fue derrotada la Comuna por las fuerzas reaccionarias del gobierno de Thiers. 30.000 ma- sacrados entre hombres, mujeres y
niños. 20.000 asesi- nados en las semanas siguientes, y durante todo el mes de junio, fusilado todo quien insinuara sospecha de haber participado o colaborado con la Comuna. La sangrienta derrota de la Comuna causó más muertos que todas las batallas de la guerra franco-prusiana, e incluso más que los 19.000 muertos del año y medio de terror de la Revo- lución Francesa.
Si bien las realizaciones políticas y económicas de la Comuna de París, durante sus escasos 72 días de existen- cia, ya la habían inmortalizado para la historia del movi- miento obrero como la primera forma de dictadura del proletariado y el primer intento obrero de expropiar a los expropiadores; no a menos altura estuvo su defensa ante el salvaje asalto de los reaccionarios, dejando plasmado
para la historia universal que al carácter sanguinario, te- rrorista y asesino de la burguesía para defender sus inte- reses quevan en contravía con la marcha de la historia; se le opone la firmeza, el heroísmo, el sacrificio e incluso la magnanimidad de la clase obrera en la lucha por su cau- sa, pues si bien tiene y debe destruir el poder del Estado burgués mediante la violencia revolucionaria, mediante la fuerza de las armas, mediante la guerra que es lucha polí- tica con derramamiento de sangre, jamás derramará más de la necesariani porvenganzani porescarnio,puestran- sitael caminomáscivilizadoparaderrocara los enemigos:
la lucha de clases, cuya dirección inevitable es el triunfo de la dictadura del proletariado.
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A la memoriade La Comuna3
V. I. Lenin
Han pasado cuarenta años desde la proclamación de la Comuna de París. Según la costumbre establecida, el pro- letariado francés honró con mítines y
manifestaciones la memoria de los hombres de la revolución del 18 de mar- zo de 1871. A finales de mayo volverá a llevar coronas de flores a las tumbas de los communards fusilados, víctimas de la terrible «Semana de Mayo»,y ante ellasvolverá a ju- rar que luchará sin descanso hasta el total triunfo de sus
ideas, hasta dar cabal cumplimiento a la obra que ellos le
legaron.
¿Porquéel proletariado,nosolofrancés,sinoel de todo el mundo, honra a los hombres de la Comuna de París como a sus predecesores? ¿Cuál es la herencia de la Co- muna?
La Comuna surgió espontáneamente, nadie la preparóde modo consciente y sistemático. La desgraciada gue- rra con Alemania, las privaciones durante el sitio, la des-
ocupación entre el proletariado y la ruina de la peque-ñaburguesía, la indignación de las masas contra las clases superiores y las autoridades, que habían demostrado una incapacidad absoluta, la sorda efervescencia en la clase
obrera, descontentade su situacióny ansiosade un nuevo régimen social; la composición reaccionaria de la Asam- blea Nacional, que hacía temer por el destino de la Repú- blica, todo elloy otras muchas causas se combinaron para
3þÿ Para culminar lo concerniente a la Comuna de París, un período tan im- portante en la historia de lucha del proletariado, transcribimos un selecto artículo de Vladimir Ilich Lenin publicado en Rabóchaya Gazeta No. 4-5, 15 (28) de abril de 1911
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La Comuna de París
impulsar a la población de París a la revolución del 18 de marzo, que puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, en manos de la clase obrera y de la pequeñaburguesía, que se había unido a ella.
Fue un acontecimiento histórico sin precedentes. Has- ta entonces, el poder había estado, por regla general, en manos de los terratenientes y de los capitalistas, es decir, de sus apoderados, que constituían el llamado gobierno. Después de la revolución del 18 de marzo, cuando el go- bierno del señor Thiers huyó de París con sus tropas, su policía y sus funcionarios, el pueblo quedó dueño de la situación y el poder pasó a manos del proletariado. Pero en la sociedad moderna, el proletariado, avasallado en lo económico porel capital, no puede dominarpolíticamen-
te si no rompe las cadenas que lo atan al capital. De ahíque el movimiento de la Comuna debiera adquirir inevi- tablemente un tinte socialista, es decir, debiera tender al derrocamientodel dominiode la burguesía,de la domina- ción del capital, a la destrucción de las bases mismas del régimen social contemporáneo.
Al principio se trató de un movimiento muy heterogé- neo y confuso. Se adhirieron a él los patriotas, con la es- peranza de que la Comuna reanudaría la guerra contra los alemanes, llevándola a un venturoso desenlace. Los apo- yaron asimismo los pequeños tenderos, en peligro de rui- na si no se aplazaba el pago de las deudas vencidas de los alquileres (aplazamiento que les negaba el gobierno, pero que la Comunales concedió). Porúltimo, en un comienzo también simpatizaron en cierto grado con él los republi-
canos burgueses, temerosos de que la reaccionariaAsam- blea Nacional (los «rurales», los salvajes terratenientes)
restablecieran la monarquía. Pero el papel fundamental en este movimiento fue desempeñado, naturalmente, por los obreros (sobre todo, los artesanos de París), entre los cuales se había realizado en los últimos años del Segundo
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Imperiounaintensapropagandasocialista,y queinclusive muchos de ellos estaban afiliados a la Internacional.
Sololos obrerospermanecieronfielesa la Comunahas- ta el fin. Los burgueses republicanos y la pequeñaburgue- sía se apartaron bien pronto de ella: unos se asustaron por el carácter socialista revolucionario del movimiento, por su carácterproletario;otrosse apartaronde ella al verque estabacondenadaa unaderrotainevitable.Sololos prole- tarios franceses apoyaron a su gobierno, sin temor ni des- mayos, solo ellos lucharony murieron porél, es decir, por la emancipación de la clase obrera, por un futuro mejor para los trabajadores.
Abandonada por sus aliados de ayer y sin contar con ningún apoyo, la Comuna tenía que ser derrotada inevi- tablemente. Toda la burguesía de Francia, todos los te- rratenientes, corredores de bolsa y fabricantes, todos los grandes y pequeños ladrones, todos los explotadores, se unieron contra ella. Con la ayuda de Bismarck (que dejóen libertad a 100.000 soldados franceses prisioneros de los alemanes para aplastar al París revolucionario), esta coaliciónburguesalogróenfrentarconel proletariadopa- risiense a los campesinos ignorantes y a la pequeñabur- guesía de provincias, y rodear la mitad de París con un círculo de hierro (la otra mitad había sido cercada por el ejército alemán). En algunas grandes ciudades de Francia (Marsella, Lyon, Saint-Etienne, Dijon y otras) los obreros también intentaron tomar el poder, proclamar la Comu- na y acudir en auxilio de París, pero estos intentos fraca-
saron rápidamente. Y París, que había sido la primera en enarbolar la bandera de la insurrección proletaria, que-
dó abandonada a sus propias fuerzas y condenada a una muerte cierta.
Para que una revolución social pueda triunfar, necesita por lo menos dos condiciones: un alto desarrollo de las fuerzas productivasy un proletariado preparado paraella.
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Pero en 1871 se carecía de ambas condiciones. El capita- lismo francés se hallaba aún poco desarrollado, y Francia era entonces, en lo fundamental, un país de pequeñabur- guesía (artesanos, campesinos, tenderos, etc.). Por otra parte, no existía un partido obrero, y la clase obrera no estaba preparada ni había tenido un largo adiestramien- to, y en su mayoría ni siquiera comprendía con claridad
cuáles eran sus fines ni cómo podía alcanzarlos. No había una organización política seria del proletariado, ni fuertes sindicatos, ni sociedades cooperativas...
Pero lo que le faltó a la Comuna fue, principalmente tiempo, posibilidad de darse cuenta de la situación y em- prender la realización de su programa. No había tenido tiempo de iniciar la tarea cuando el gobierno, atrinchera- do en Versalles y apoyado por toda la burguesía, inició las
operaciones militares contra París. La Comuna tuvo que pensarantetodoensu propiadefensa.Y hastael final mis- mo, que sobrevino en la semana del 21 al 28 de mayo, no pudo pensar con seriedad en otra cosa.
Sin embargo, pese a esas condiciones tan desfavorables y a
la brevedaddesu existencia,la Comunaadoptóalgunas medidas que caracterizan suficientemente su verdadero sentido y
sus objetivos. La Comuna sustituyó el ejército regular, instrumento ciego en manos de las clases domi- nantes, y armó a todo el pueblo; proclamó la separación de la Iglesia del Estado; suprimió la subvención del culto (es decir, el sueldo que el Estado pagaba al clero) y dio un carácter estrictamente laico a la instrucción pública, con lo que asestó un fuerte golpe a los gendarmes de sota- na. Poco fue lo que pudo hacer en el terreno puramente social, pero ese poco muestra con suficiente claridad su carácterde gobierno popular, de gobierno obrero: se pro- hibió el trabajo nocturno en las panaderías; fue abolido el sistema de multas, esa expoliación consagrada por ley de quese hacíavíctimaa los obreros;porúltimo,se promulgó
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el famoso decreto en virtud del cual todas las fábricas y todos los talleres abandonados o paralizados por sus due-ños eran entregados a las cooperativas obreras, con el fin de reanudar la producción. Y para subrayar, como si dijé-
ramos, su carácter de gobierno auténticamente democrá- ticoy proletario, la Comuna dispuso que la remuneración de todos los funcionarios administrativos y del gobierno no fuerasuperioral salario normal de un obrero, ni pasara en ningún caso de los 6000 francos al año (menos de 200 rublos mensuales).
Todas estas medidas mostraban elocuentemente que la Comuna era una amenaza mortal para el viejo mundo, basado en la opresión y la explotación. Esa era la razón de que la sociedad burguesa no pudiera dormir tranquila mientras en el ayuntamiento de París ondeara la bandera roja del proletariado. Y cuando la fuerza organizada del gobiernopudo,porfin, dominara la fuerzamalorganizada de la revolución, los generales bonapartistas, esos genera- les batidos por los alemanes y
valientes ante sus compa- triotasvencidos,esosRénnenkampfy Meller-Zakomielski franceses, hicieron una matanza como París jamás había visto.
Cerca de 30.000 parisienses fueron muertos por la sol- dadescadesenfrenada;unos5000fuerondetenidosy mu- chos de ellos ejecutados posteriormente; miles fueron los desterrados o condenados a trabajos forzados. En total, Parísperdiócercade100.000desus hijos,entreellosa los mejores obreros de todos los oficios.
La burguesía estaba contenta. «¡Ahora se ha acabado con el socialismo para mucho tiempo!», decía su jefe, el sanguinario enano Thiers, cuando él y sus generales aho- garon en sangre la sublevación del proletariado de París. Pero esos cuervos burgueses graznaron en vano. Después de seis años de haber sido aplastada la Comuna, cuando
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CAPÍTULO 6 -
La Comuna de París
muchos de sus luchadores se hallaban aún en presidio o en el exilio, se iniciaba en Francia un nuevo movimiento
obrero. La nueva generación socialista, enriquecida con la experiencia de sus predecesores, cuya derrota no la ha- bía desanimado en absoluto, recogió la banderaque había
caído de las manos de los luchadores de la Comuna y la llevó adelante con firmeza y audacia, al grito de «¡Viva la revolución social, viva la Comuna!». Y tres o cuatro años
más tarde, un nuevo partido obreroy la agitación levanta- da por este en el país obligaron a las clases dominantes a poner en libertad a los communards que el gobierno aún mantenía presos.
La memoria de los luchadores de la Comuna es honra- da no solo por los obreros franceses, sino también por el proletariado de todo el mundo, pues aquella no luchó por
un objetivo local o estrechamente nacional, sino por la emancipaciónde todala humanidadtrabajadora,de todos los humillados y
ofendidos. Como combatiente de van- guardiade la revolución social, la Comunase ha ganado la simpatía en todos los lugares donde sufre y lucha el pro- letariado. La epopeya de su vida y de su muerte, el ejem- plo de un gobierno obrero que conquistó y retuvo en sus manos durante más de dos meses la Capital del mundo, el espectáculo de la heroica lucha del proletariado y de sus sufrimientosdespuésde la derrota,todoestoha levantado la moral de millones de obreros, alentado sus esperanzas y ganado sus simpatías para el socialismo. El tronar de los cañones de París ha despertado de su sueño profundo a las capas más atrasadas del proletariado y ha dado en to- das partes un impulso a la propaganda socialista revolu- cionaria.Poresono ha muertola causade la Comuna,por eso sigueviviendo hasta hoydía en cada uno de nosotros.
La causa de la Comuna es la causa de la revolución so- cial, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletaria- do mundial.Y en este sentido es inmortal.
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
CAPÍTULO 7
EL PROGRAMADE GOTHA
La gran batalla de clases de la Comuna de París había finalizado en 1871. Mientras la burguesía saciaba su sed de venganza reaccionaria contra los comuneros, el socialis- mo científico y el comunismo se extendían por Europa, Estados Unidos y Australia, con paso de triunfo sobre las tendencias utópicas, pequeñoburguesas y reaccionarias
del socialismo. Ese impulso del pensamiento científico se reforzó con el impulso de la experiencia directa de la Comuna, haciendo que los obreros en cada país iniciaran en serio la construcción de su partido para expresarse y actuar como clase independientey consciente.
Tal vez Alemania había sido el único país donde el mo- vimiento político de la clase obrera copó desde un prin- cipio el ámbito nacional, obteniendo en 1864 el primer triunfo electoral, logrando 9 actas en el Reichstag, de las cuales 3 le correspondían a la tendencia lassalleana y 6 a los eisenachanos.Eranestaslas dosgrandescorrientesdel movimiento obrero alemán: la primera influida por Fer- nando Lassalle, un publicista pequeñoburgués de visión
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CAPÍTULO 7
- El Programa de Gotha
sectariae impulsordelcaminoreformistapararesolverlos problemas de los obreros; la segunda, configurada desde el Congreso de Eisenach reunido del 7 al 9 de agosto de 1869, con destacados dirigentes obreros como Augusto Bebel y Guillermo Liebknecht, y un Programa fiel a la lí- nea general de la Asociación Internacional de los Traba- jadores.
Por insistencia de los lassalleanos, cundió un espíritu unificadordel movimientoobreroalemán,precipitándose un Proyecto de Programa elaborado por representantes de ambas tendencias y, sobre el cual, el Congreso de Go- tha, celebrado entre el 22 y 25 de mayo de 1875, selló su unificación en el Partido Obrero Socialista de Alemania.
El Proyecto de Programafue criticado severamente por Marxy Engels días antes del Congreso: en la carta de En- gels a Augusto Bebel escrita entre el 18 y 28 de marzo de 1875, enla cartadel5 demayodirigidaporMarxa W. Brac- ke, y en el escrito de Marx, Glosas Marginales al Progra- ma del Partido Obrero Alemán, estos últimos publicados más tarde, en 1891, bajo el título Crítica del Programa de Gotha con prólogo de Engels. Estos documentos compi- lan y dan cuenta de un importantísimo episodio de lucha ideológica de los maestros sobre el contenido y la impor- tancia del Programa para la unidad y el éxito del Partido
del proletariado en su lucha política contra la burguesía.
En las cartas de Marx y Engels se reconviene a los je- fes obreros que, obnubilados por la unificación, habían renunciado a su Programa correcto de Eisenach, pactan- do una unidad frágil e inservible para la lucha del movi- miento obrero. En las Glosas Marginales, también cono- cidas como la Carta-programa, Marx pulveriza punto por punto, idea por idea, todas las falsificaciones lassalleanas del Programa de la I Internacional, en una intransigente defensa de los principios, de la cual Engels en su carta a Bebel, destaca cinco aspectos:
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
El primero, demostrando la falsedad de la concepción lassalleana sobre la clase obrera, frente a la cual todas las
otrasno formanmásqueunamasareaccionariaque,sien- do exacto solo en circunstancias excepcionales, es histó-
ricamente falso y una tergiversación de la verdad dicha en el Manifiesto Comunista: «De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, solo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado en cambio, es su producto más peculiar».
El segundo, el Programa de Gotha, al convertir en aspi-
ración común de los obreros de todos los países «la fra- ternización internacional de los pueblos» (consigna de la Liga por la Paz y la Libertad, una organización pacifista de republicanos y liberales pequeñoburgueses), reniega prácticamentey porcompleto del principio internaciona- lista del movimiento obrero, reducido por los lassallea- nos a un punto de vista nacional estrecho, eludiendo la precisión del Manifiesto Comunista sobre la necesidad del movimiento obrero de organizarse como clase, como partido en su propio país para poder luchar, lo cual le da a su lucha un carácter nacional solo por su forma, no por su contenido que es estrictamente internacionalista, pues
obedece a la luchade unaclase cuyasituación, interesesy
objetivos son materialmente internacionales.
El tercero, el Programa de Gotha en lugar de propo- nerse «abolir el sistema del trabajo asalariado», habla de«la abolición del sistema del salario» y su «ley de bronce», concepción económica errada de los lassalleanos basada en la teoría de la población malthusiana (también errada), según la cual siempre habrá obreros de sobra, por lo cual, solo pueden recibir en término medio el mínimo del sa- lario y, por tanto —agregan los economistas burgueses—, nunca se podrá acabar con la miseria sino solo generali- zarla. Por aquella época, ya Marx había demostrado en El
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CAPÍTULO 7
- El Programa de Gotha
Capital que el salario se regula por diversas leyes com- plejas y flexibles, no de bronce; que la apariencia del sa- lario como el valor—oel precio— del trabajo, era falsa y
ocultabala verdadsobreel salario:el valor—oel precio—de la fuerza de trabajo, dejando en claro que «el obrero asalariado solo está autorizado a trabajar para mantener su propia vida, es decir, a vivir, si trabaja gratis durante cierto tiempo para el capitalista..., que todo el sistema de producción capitalista gira en torno a la prolongación de este trabajo gratuito..., que, por tanto, el sistema de traba- jo asalariado es un sistema de esclavitud, una esclavitud quese hacemásduraa medidaquese desarrollanlas fuer- zas socialesproductivasdel trabajo,aunqueel obreroestémejor o peor remunerado».
El cuarto. El Programa de Gotha, al levantar como principal reivindicación social la «ayuda del Estado a las cooperativas de producción» consideradas por la secta lassalleana como la «base de la nueva sociedad», renuncia al camino señalado por la I Internacional de la transfor- mación revolucionaria de la sociedad mediante la lucha de clases, y no con los empréstitos del Estado. Crea una
fantasíasobre las sociedades cooperativas que, dentro del capitalismo, solovaleny le sirven al movimiento obrero si sonindependientesde la protecciónde la burguesía,de su Estado y
su gobierno. En pocas palabras, en el programa de Gotha los eisenachanos abandonaron el movimiento de clases, para acoger el movimiento de las sectas prego- nado por los lassalleanos.
El quinto, pararematar, no se mientaparanadala nece- sidad de los obreros de organizarse en sindicatos que, por su carácter de masas, en palabras de Engels «se trata de la verdadera organización de clase del proletariado, en la que esteventila sus luchas diarias con el capital, en la que se educay disciplina a sí mismo».
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
Haberaceptado el Programa de Gotha, tras el ánimo de unificar el movimiento obrero alemán en un solo parti- do, en vez de un avance, significó un terrible retroceso porque sumió en la humillación, el eclecticismo, la confu- sión y la desmoralización a la corriente internacionalista, la más consciente y luchadora; mientras que sirvió para
prestigiary afianzar una corriente no socialista dentro del proletariado. En este caso la unificación fue un éxito efí- mero, muycostoso para todo el movimiento obrero.
Y si bien por aquella época el socialismo científico triunfante en la batalla teórica estaba apenas calando en la concienciade los obreros,erainadmisiblela aceptación del Proyecto de Programa por parte de los eisenachanos, quienes no tenían nada que aprender de los lassalleanos en el aspecto teórico, el decisivo para el programa. Era
inconcebible que en miras a la unificación se hubiese aceptado un Proyecto de Programa desmoralizador para el Partido, pues estaba edificado sobre las concepciones lassalleanas, corriente sectariaque negabala luchade cla- ses y erigía en panacea universal la ayuda del Estado.
Los principios económicos y la táctica lassalleanos fue- ron demolidos teóricamente en la Crítica al Programa de Gotha surtiendo, con lujo de claridad y
precisión, la in- valuable enseñanza para el movimiento obrero de jamás
conciliar con el oportunismo ni pisotear los principios en aras de juntar fuerzas; pues «en un programa de princi- pios... se coloca ante todo el mundo los jalones por los que se mide el nivel del movimiento del partido» y, ante la tan necesaria unidad de los obreros, que por sí misma les satisface y los anima, si no es posible cimentarla so-
bre un Programa claro y preciso, es preferible solo pactar acuerdostemporalesparala acción,antesquesacrificarel porvenir del movimiento.
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CAPÍTULO 8
- El Anti-Dühring
CAPÍTULO 8
EL ANTI-DÜHRING
Unaguíauniversal paratransformarel mundo
Su necesidad
La segunda mitad del siglo XIX fue la época donde el movimiento obrero maduró como el movimiento de una clase internacional con los mismos enemigos y unos co- munes interesesy objetivos, que libró heroicas batallas en Parísconla Comunay enEstadosUnidosporla Jornadade 8
horas de trabajo; batallas que sirvieron para corroborar por experiencia directa la insuficiencia de la mera organi- zación sindicaly de la lucha de resistencia, es decir, la ne- cesidad de expresarse como clase conscientey para sí, en Partidos y Asociaciones Internacionales que dirigieran su
lucha política por el poder Estatal. El movimiento obrero porfin se habíapertrechadode unaideologíay un progra- ma propios, que definían el contenido de la lucha de una clase independiente cuyos intereses se corresponden con la dirección que marca la tendencia histórica de la socie- dad hacia el socialismo.
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
Y si el Manifiesto del Partido Comunista había formu- lado con precisión el Programa de la lucha de clase del proletariado hasta el comunismo, fue El Capital la ela- boración teórica que desde el punto de vista económico
derrumbó las fantasías socialisteras de la época, colocán- dole a la lucha de los obreros modernos la férrea base científica del conocimiento profundo de las relaciones de producción en la sociedad capitalista, y de sus leyes de desarrollo, que inexorablemente la conducen a la deca- dencia y caducidad, haciendo inevitable el advenimiento del socialismo y el comunismo, como una etapa superior de desarrollo social.
En esta lucha abierta, públicay sin tregua contra las co- rrientes que concebían el socialismo como una sociedad fantástica impuesta desde fuera y sin nada que ver con el capitalismo, cuando estaban siendo aniquiladas teórica- mente escuelas tales como el socialismo pequeñoburgués de Proudhon, el anarquismo de Bakunin y el sectarismo de Lassalle, de repente, en 1875 aparece en Alemania un profesor llamado Eugenio Dühring quien, apoyado en las teorías de Proudhon y Lassalle, lanza una fuerte embes- tida de idealismo, de metafísica, de utopismo, en general de fantasía para soñar en un capitalismo sin sus males; un embrollado sistema que significaba la subversión de toda la ciencia en general y, en particular, de la ciencia de la revolución proletaria, el marxismo en sus partes integran- tes: la filosofía del materialismo dialéctico e histórico, la economía políticay el socialismo científico.
Un ataque del cual advertía Engels en 1878: «Por lo visto, la libertad científica consiste en escribir de todo aquello que no se ha estudiado, queriendo luego impo-
ner esas elucubraciones como el único método rigurosa- mente científico del mundo. El señor Dühring no es más que uno de los tipos más representativos de esa ruidosa seudociencia que por todas partes se coloca hoy en Ale- mania, a fuerza de codazos, en primera fila y que atruena el espacio con su estrepitoso... ruido de latón».
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CAPÍTULO 8
- El Anti-Dühring
Y es que por aquellos días abundaban los «creadores de sistemas» filosóficos, económicos, políticos, naturales, etc., donde una parte de la prensa socialista se prestaba
para publicarcandorosamente las doctrinas dühringianas, y no faltaba quien (como Most) las popularizara entre los
obreros, siendo el discípulo más fanático de Dühring, el dirigente del partido Eduardo Bersntein, quien contami- nó a no pocos dirigentes eisenachanos (tales como Most,
Bebel y
Bracke) y años más tarde saltó a la palestra como ideólogo del revisionismo clásico. El propio Bebel des- de la cárcel escribió artículos para el Vorwärts, haciendo apología de las teorías de Dühring, lo cual llevó al límite la preocupación de Marx y Engels, que por aquellos días residían en Londres.
Más que la tenaz insistencia de Liebknecht para que se confrontara de raíz a Dühring, fue el enorme peligro para la conciencia todavía en formación del movimiento
obrero lo que hizo inaplazable y necesario que Federico Engelsse dieraa la tareade demolerhastalos cimientosel tan «novedoso» sistema, en una formidable lucha teórica recopilada en 1878 en el Anti-Dühring cuyo título origi- nal fue, La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring.
En realidad, la polémica se había iniciado desde el 1 de enero de 1877 publicada por artículos en el Vorwärts, ór- gano central del partido socialdemócrata alemán: la pri- mera sección sobre filosofía apareció a lo largo de die- cinueve números del periódico hasta el 13 de mayo (por cierto publicada con mutilaciones y descuido editorial que no hizo esperar la protesta airada de Engels al jefe de redacción Liebknecht quien se encontraba muy distraído en la lucha electoral); la segunda sección sobre Economía Políticase publicóen nueveentregasentreel 27 de junioy el 30 de diciembre de 1877; y la tercera sección sobre So- cialismo se insertó en cinco números entre el 5 de mayoy el 7 de julio de 1878.
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
El Anti-Dühring no es una disquisición académica con un profesor universitario, ni la entronización de una doc- trina sobre las nubes, ni la oposición de otro sistema al sistemadel profesorDühring. Es unaardiente luchateóri- ca que aprovecha la necesidad de combatir las especula- cionesde Dühring,paraexponer,defendery desarrollarla ciencia de la revolución proletaria, para armar las mentes de los proletarioscoadyuvandoa quelas ideasse convier-
tan en la fuerza material de la lucha obrera, la lucha de laúnicaclase que porvez primeraen la historiapuede exigir la abolicióndelas clasesengeneral,puessu emancipación como clase implica la emancipación de la humanidad.
El Anti-Dühring es una guía universal para transformar el mundo.
La introducción
La demoledoraluchateóricaque Engels libró contralas especulaciones del profesor Dühring fue en realidad una brillante defensa, exposición y desarrollo de la filosofía del materialismo dialéctico e histórico, de la economía política marxista y del socialismo científico, cuestiones que años después, Lenin denominaría las tres partes del
marxismo. Una ciencia íntegra coherente y exacta, con raíces en los hechos económicos del capitalismo, pero enlazada en su forma teórica con el pensamiento existen- te en aquella época.
Por ello Engels dedica la parte introductoria del An- ti-Dühring, en primer lugar, a mencionar las corrientes de pensamiento con las cuales enlazaba el marxismo, ne- gándolas en un desarrollo cualitativamente superior;y, en segundo lugar, a resumir en frases textuales lo prometido por Dühring.
En una rápida referencia al pensamiento que antecedióa la ciencia marxista, Engels comienza mencionando a los
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CAPÍTULO 8
- El Anti-Dühring
teóricos de la gran Revolución Francesa, quienes fueron
radicalmente revolucionarios frente a las anteriores for- mas de sociedad y de Estado, a sus tradiciones y prejui- cios, superstición e injusticia, privilegios y opresión; con- denandotodolo retrógradocomoirracionalen el tribunal de la razón. Sin embargo, el Reino de la Razón no era más que la idealización del Reino de la Burguesía: la justicia eterna se encarnó en la justicia de los tribunales burgue- ses, la igualdad de todos los ciudadanos en la igualdad burguesa ante la ley, la propiedad burguesa en uno de los másesencialesderechosdel hombre,y el Estadode la Ra-
zón se materializó en la República democrática burguesa.
Los representantes teóricos de la burguesía desde un comienzopresentaronla luchacontrala nobleza,nocomo una lucha de clases en defensa de los intereses burgueses,
sino como una gesta en defensa de los intereses de todos los trabajadores explotados y oprimidos por el reino de los feudales. Desde entonces, siempre la burguesía dice
ser la representante y defensora de los intereses de todo el pueblo. Pero, junto a la contradicción entre feudales
y burgueses, desde un comienzo existe la contradicción entre explotadores y explotados, entre ricos ociosos y pobres trabajadores, entre burguesía y proletariado. En consecuencia, siempre, dentro de cada gran movimiento burgués,surgieronmanifestacionesde movimientosinde- pendientes contra la propia burguesía: Thomas Münzer en Alemania, los levellers en la revolución inglesa, y
Ba- beuf en la gran revolución francesa.
El capitalismo llegó a la historia acompañado de sus se- pultureros: los esclavos modernos asalariados, la clase de los proletariosque,desdemuytempranaedad,comenzóa
elaborar expresiones teóricas revolucionarias tales como las ideas comunistas francesas de Morelly y
Mably bajo la forma doctrinaria de un comunismo ascético esparta- no que se atrevió a exigir la supresión de las diferencias de clase; las ideas de los grandes socialistas utópicos de
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
Francia e Inglaterra, Saint Simon, Fuoriery Robert Owen quienes, no en nombre del proletariado sino de toda la humanidad,condenaronel mundoburguéstambiéncomo algo irracional; y las ideas del comunismo igualitario utó- pico de Weitling, dirigente del movimiento obrero ale- mán. Para todos ellos el socialismo debía ser la expresión de la verdad absoluta, de la razóny la justiciaabsolutas, es decir, un socialismo ideal sin ninguna procedencia de las contradicciones de la sociedad capitalista.
Además de la filosofía francesa del siglo XVIII, surgióla filosofía clásica alemana cuya máxima expresión fue Hegel, quien hizo conscientes las leyes de la dialéctica, restituyéndola como la forma suprema de pensamiento, pues ya había sido practicada por los antiguos filósofos griegos de una manera innata y espontánea. Pero la dia- léctica, «que concibe las cosas y sus reflejos conceptuales esencialmente en su conexión, en su encadenamiento, su movimiento, su origen y su perecer», no fue el método de pensamiento que cautivó a los filósofos del siglo XIX por- que fueron arrollados por la fuerte y directa influencia de los científicos, los protagonistas del monumental desarro- llo en todaslas cienciasdesdemediadosdelsiglo XV. Y los científicos,desdeluego,se especializaronen el estudiode las partes de la naturaleza, en sus procesos o fenómenos como hechos aislados y en reposo, esto es, fueron limita- dosal métododepensamientometafísicoparael cual,«las cosasy sus imágenes mentales, los conceptos, son objetos de investigación dados de una vez y para siempre, aisla- dos, uno tras otro y sin necesidad de contemplar el otro, firmes, fijos y rígidos».
En contraprestación,el estudiocientíficodela naturale- za —genuinamente dialéctica— proporcionó una cantera de pruebas sobre el funcionamiento de todas sus partes, procesos y fenómenos, acorde con la dialéctica y no con la metafísica. El progreso científico permitió al marxismo
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CAPÍTULO 8
- El Anti-Dühring
formularel materialismo dialéctico, en negación del idea- lismo dialéctico de la filosofía clásica alemana, y como concepción y método generales de pensamiento necesa- rios para todas las ciencias; suprimiendo el pedestal de la filosofía como madre de todas ellas y reduciéndola a la doctrina del pensamiento y de sus leyes, es decir, a la lógica formaly la dialéctica.
Por su parte, desde mucho antes, se habían producido acontecimientos históricos que al estudiarlos con el mé- todo del materialismo dialéctico cambiaban por comple- to la faz hasta entonces conocida de la historia que solo mostraba las hazañas de los grandes hombres, cuando en realidad ha sido la historia de la lucha de clases, donde tales clases en la sociedad son producto de sus relaciones de producción y distribución, siendo la estructura eco- nómica de la sociedad el fundamento a partir del cual se explica toda la superestructura —que se levanta sobre la estructura—encuantoa institucionespolíticasy jurídicas,
así como sus representaciones filosóficas, religiosas, artís- ticas, morales, etc.
Estanuevacienciaparaestudiarla historiadela sociedad y comprender las leyes de su movimiento y la dirección de su desarrollo es el materialismo histórico, unaconcep- ción que permite explicar la conciencia del hombre —sus ideas— a partir de la forma como vive—suser—. Con tal concepción se pudo mostrar, cómo los propios hechos de la vida desmentían las teorías que ya desde aquellos tiempos promulgaban los economistas burgueses sobre«la identidad de intereses entre el capital y el trabajo», sobre el capitalismo como fuente de «armonía general y bienestar universal del pueblo». El materialismo histórico permitió examinar el modo de producción capitalista en su conexión con otros modos de producción, su nece- sidad histórica y la necesidad de su desaparición, cues- tión que el socialismo utópico nunca pudo comprender,
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MEMORIAS DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL
pues siempre se circunscribió a criticar las consecuencias desastrosas del capitalismo.
Al comprenderlas leyesinternasdelcapitalismose des- cubrió que el capitalista, aun comprando la fuerza de tra- bajo del obrero al precio que tiene como mercancía —el salario—, obtiene de esa fuerza un valor mayor que el pa- gado,unaplusvalía—apropiacióndeltrabajonopagado—, lo cual caracteriza la explotación del trabajo asalariado y es, por tanto, el soporte fundamental de la existencia y el desarrollo del sistema capitalista, puesto que la plusvalía que produce toda la clase obrera se acumula en manos de las clases poseedoras de los medios de producción.
Estos dos grandes descubrimientos del marxismo: la concepción materialista de la historia y la ley de la plus- valía, convirtieron el anhelo socialista de los explotados en una ciencia que niega las utópicas ensoñaciones so- cialistas con el socialismo científico; que encuentra en las entrañas del capitalismo, en sus contradicciones internas, las causas de su desaparición histórica y las premisas, las fuerzas y la necesidad inevitable de una nueva sociedad socialista gobernada por el proletariado, como una etapa de transición hacia la sociedad sin clases, el comunismo.
De ahí que Engels, al comenzar su histórica polémi- ca, precisó: «El socialismo moderno es, ante todo, por su contenido, el producto de la percepción de las contradic- ciones de clase entre poseedores y desposeídos, asalaria- dos y
burgueses, por una parte, y de la anarquía reinante en la producción, por otra. Pero por su forma teórica, se presenta inicialmente como una ulterior continuación, en apariencia más consecuente, de los principios sentados por los grandes ilustrados franceses del siglo XVIII».
Estandoasí las cosasdelpensamientosocial,apareceun profesor universitario llamado Eugen Dühring anuncian- do la subversión total de la filosofía, la economía política
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CAPÍTULO 8
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y el socialismo.Y, bajo la advertenciade su lenguaje como«lo selectode un modode expresiónsin contemplaciones, y al mismo tiempo modesto en el auténtico sentido de la palabra», Dühring en filosofía se declara como el único filósofo del presentey del futuro en cuyo «sistema natural
o de la filosofía de la realidad... la realidad es pensada en este sistema de tal modo que excluye toda veleidad de concepcióndel mundofantasiosa,subjetivistay limitada... una investigación que llega hasta las raíces... una ciencia radical, una concepción estrictamente científica de las cosas y de los hombres... un trabajo de pensamiento que penetra todo en todas direcciones...». En política y eco- nomíaDühringpromete«ampliostrabajoshistóricosy sis- temáticos... los cualesya han aportado en economía crea- doras inflexiones...» un plan sistemático completamente elaborado para la sociedad del futuro «fruto práctico de una teoría clara y que llega hasta las últimas raíces... un auténtico propio en el lugarde la propiedad solo aparente y transitoria o violenta...».
Dice Engels que cuando se cree tener la verdad defi- nitiva de última instancia y el único proceder científico
riguroso, es inevitable el desprecio total por el resto de la humanidad, errada y acientífica... ese es el sentimien- to del señor Dühring ante sus predecesores y los grandes
pensadores. Finaliza la Introducción con estas palabras:
«Tras de lo cual moriremos sumidos en el más profundo respeto por el genio más poderoso de todos los tiempos. A condiciónde quetodoseaefectivamentecomoél dice».
FIN

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