© Libro N° 15047. Frida. Reyes, Yolanda. Emancipación. Abril 18 de 2026
Título Original: ©
Versión Original: ©
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original
de textos:
https://www.cuatrogatos.org/es/site/narrativa/78
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una
licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido,
con la única condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio
de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos
publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del
conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones
originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está
prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con
fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir
este texto.
Portada E.O. de: Imagen con Nano Banana 2
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
FRIDA
Yolanda
Reyes
Frida
Yolanda Reyes
Frida
Yolanda Reyes
De regreso al estudio. Otra vez, primer día de colegio. Faltan tres
meses, veinte días y cinco horas para las próximas vacaciones. El profesor no
preparó clase. Parece que el nuevo curso lo toma de sorpresa. Para salir del
paso, ordena con una voz aprendida de memoria:
–Saquen el cuaderno y escriban con esfero azul y buena letra, una
composición sobre las vacaciones. Mínimo una página por lado y lado, sin saltar
renglón. Ojo con la ortografía y la puntuación. Tienen cuarenta y cinco
minutos. ¿Hay preguntas?
Nadie tiene preguntas. Ni respuestas. Solo una mano que no obedece
órdenes porque viene de vacaciones. Y un cuaderno rayado de cien páginas, que
hoy se estrena con el viejo tema de todos los años: "¿Qué hice en mis
vacaciones?".
"En mis vacaciones conocí a una sueca. Se llama Frida y vino desde
muy lejos a visitar a sus abuelos colombianos. Tiene el pelo más largo, más
liso y más blanco que he conocido. Las cejas y las pestañas también son
blancas. Los ojos son de color cielo y, cuando se ríe, se le arruga la nariz.
Es un poco más alta que yo, y eso que es un año menor. Es lindísima.
Para venir desde Estocolmo, capital de Suecia, hasta Cartagena, ciudad
de Colombia, tuvo que atravesar prácticamente la mitad del mundo. Pasó tres
días cambiando de aviones y de horarios. Me contó que en un avión le sirvieron
el desayuno a la hora del almuerzo y el almuerzo a la hora de la comida y que
luego apagaron las luces del avión para hacer dormir a los pasajeros, porque en
el cielo del país por donde volaban era de noche. Así, de tan lejos, es ella y
yo no puedo dejar de pensarla un solo minuto. Cierro los ojos para repasar
todos los momentos de estas vacaciones, para volver a pasar la película de
Frida por mi cabeza.
Cuando me concentro bien, puedo oír su voz y sus palabras enredando el
español. Yo le enseñé a decir camarón con chipichipi, chévere, zapote y otras
cosas que no puedo repetir. Ella me enseñó a besar. Fuimos al muelle y me
preguntó si había besado a alguien, como en las películas. Yo le dije que sí,
para no quedar como un inmaduro, pero no tenía ni idea y las piernas me
temblaban y me puse del color de este papel.
Ella tomó la iniciativa. Me besó. No fue tan fácil como yo creía. Además
fue tan rápido que no tuve tiempo de pensar "qué hago", como pasa en
el cine, con esos besos larguísimos. Pero fue suficiente para no olvidarla
nunca. Nunca jamás, así me pasen muchas cosas de ahora en adelante.
Casi no pudimos estar solos Frida y yo. Siempre estaban mis primas por
ahí, con sus risitas y sus secretos, molestando a 'los novios'. Solo el último
día, para la despedida, nos dejaron en paz. Tuvimos tiempo de comer raspados y
de caminar a la orilla del mar, tomados de la mano y sin decir ni una palabra,
para que la voz no nos temblara.
Un negrito pasó por la playa vendiendo anillos de carey y compramos uno
para cada uno. Alcanzamos a hacer un trato: no quitarnos los anillos hasta el
día en que volvamos a encontrarnos. Después aparecieron otra vez las primas y
ya no se volvieron a ir. Nos tocó decirnos adiós, como si apenas fuéramos
conocidos, para no ir a llorar ahí, delante de todo el mundo.
Ahora está muy lejos. En 'ESTO ES EL COLMO DE LEJOS', ¡en Suecia! y yo
ni siquiera puedo imaginarla allá porque no conozco ni su cuarto ni su casa ni
su horario. Seguro está dormida mientras yo escribo aquí, esta composición.
Para mí la vida se divide en dos: antes y después de Frida. No sé cómo
pude vivir estos once años de mi vida sin ella. No sé cómo hacer para vivir de
ahora en adelante. No existe nadie mejor para mí. Paso revista, una por una, a
todas las niñas de mi clase (¿las habrá besado alguien?).
Anoche me dormí llorando y debí llorar en sueños porque la almohada
amaneció mojada. Esto de enamorarse es muy duro...".
Levanto la cabeza del cuaderno y me encuentro con los ojos del profesor
clavados en los míos.
–A ver, Santiago. Léanos en voz alta lo que escribió tan concentrado.
Y yo empiezo a leer, con una voz automática, la misma composición de
todos los años:
"En mis vacaciones no hice nada especial. No salí a ninguna parte,
me quedé en la casa, ordené el cuarto, jugué fútbol, leí muchos libros, monté
en bicicleta, etcétera, etcétera".
El profesor me mira con una mirada lejana, incrédula, distraída. ¿Será
que él también se enamoró en estas vacaciones?
FIN

No hay comentarios:
Publicar un comentario