© Libro N° 14968. El Viejo Hildebrando. Hermanos Grimm. Emancipación. Marzo 28 de 2026
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EL
VIEJO HILDEBRANDO
Hermanos
Grimm
El Viejo Hildebrando
Hermanos Grimm
Había una vez un campesino y una campesina. Al cura delpueblo le gustaba
mucho la campesina y siempre estabadeseando pasar, siquiera una vez, un día
entero con ella asolas, divirtiéndose los dos, y a la campesina, bueno,
tambiénle hubiese gustado. Así que un día le dijo a ella:
Bien, mi querida campesina, ya he planeado cómo podemos estar juntos
todo el día pasándolo bien. Mira, el miércoles te metes en lacama y le dices a
tu marido que estás enferma y te pones a lamentarte ya quejarte hasta el
domingo, en que yo predicaré que si alguien tiene encasa un hijo enfermo, o un
marido enfermo, o una mujer enferma, o unpadre enfermo, o una madre enferma, o
una hermana enferma, o unhermano enfermo o quien sea, tiene que hacer una
peregrinación a lamontaña de Glóckerli en Suiza, donde por un ducado * se
puedecomprar un celemín de hojas de laurel y entonces se sanará en el actoel
hijo enfermo, o el marido enfermo, o la mujer enferma, o el padre en-fermo, o
la madre enferma, o la hermana enferma o cualquiera que estéenfermo.Así lo haré
-dijo la campesina.Así que al miércoles siguiente, la campesina se metió en la
cama ycomenzó a lamentarse y a quejarse, y su marido le trajo todo lo que sele
ocurrió, pero nada la remedió.Cuando llegó el domingo, dijo la granjera:Me
encuentro muy mal, pero antes de morirme, me gustaría oír elsermón que predique
hoy el señor cura.Ay, hija mía, no hagas eso -dijo el granjero-; podrías
ponerte peor site levantas. Mira, yo iré a oír el sermón, pondré mucha atención
a lo quediga el señor cura y te lo contaré todo.Bueno-dijo la campesina-, pues
ve y presta mucha atención ycuéntame todo lo que dice.
El campesino se fue a oír el sermón y el señor cura empezó a
predicarque, si alguien tenía en su casa un hijo enfermo, o un marido enfermo,
ouna mujer enferma, o un padre enfermo, o una madre enferma, o unahermana
enferma, o un hermano enfermo, o quien fuera, y hacía unaperegrinación a la
montaña de Glóckerli en Suiza, donde se podíacomprar por un ducado un celemín
de hojas de laurel, sanaría en el actoel hijo enfermo, o el marido enfermo, o
la mujer enferma, o el padreenfermo, o la madre enferma, o la hermana enferma,
o el hermano ocualquiera que estuviese enfermo; y si alguien quería emprender
elviaje, que fuera a verle después de la misa para que él le proporcionarael
ducado y el saco para el laurel.Nadie se puso más contento que el campesino,
que, nada más terminarla misa, fue a ver al párroco y éste le dio el ducado y
el saco para ellaurel. Entonces se fue a su casa y ya desde el portal empezó a
darvoces:¡Eureka! Mujer, estás prácticamente curada. El señor cura ha dicho
ensu sermón que si alguien tenía en su casa un hijo enfermo, o un
maridoenfermo, o una mujer enferma, o un padre enfermo, o una madreenferma, o
una hermana enferma, o un hermano o quien fuera, y se ibaa hacer una
peregrinación a la montaña de Glóckerli en Suiza, donde sepuede comprar por un
ducado un celemín de hojas de laurel, se lecuraría en el acto el hijo enfermo,
o el marido enfermo, o la mujer enferma, o el padre enfermo, o la madre
enferma, o la hermanaenferma, o el hermano o cualquiera que estuviese enfermo.
Yo ya hecogido el ducado y el saco de laurel que me ha dado el señor cura
yempezaré en seguida la peregrinación para que te cures cuanto antes.Y se
marchó en seguida.Apenas se había marchado, se levantó la mujer y apareció el
cura.Pero vamos a dejar a esta pareja y sigamos con el campesino. Este ibapor
el camino, anda que te andarás, para llegar cuanto antes a lamontaña de
Glóckerli, y según iba así se encontró con su compadre. Sucompadre era vendedor
de huevos y venía en ese momento delmercado, donde había vendido los huevos.Alabado
seas -dijo su compadre-. ¿A dónde vas tan deprisa,compadre?Eternamente,
compadre -dijo el granjero-. Mi mujer está enferma yhoy he oído decir al cura
en el sermón que si alguien tiene en casa unhijo enfermo, o un marido enfermo,
o una mujer enferma, o un padreenfermo, o una madre enferma, o una hermana
enferma, o un hermanoo quien sea y hace una peregrinación a la montaña de
Glóckerli, enSuiza, donde por un ducado se puede comprar un celemín de hojas
delaurel, se le curaría en el acto el hijo enfermo, o el marido enfermo, o
lamujer enferma, o el padre enfermo, o la madre enferma, o la hermanaenferma, o
el hermano enfermo o cualquiera que estuviese enfermo; asíque le he cogido al
señor cura el ducado y el saco para el laurel y me hepuesto en camino para
hacer la peregrinación.Pero, por Dios, compadre -dijo el compadre al
campesino-, ¿cómopuedes ser tan simple y creerte tal cosa? Lo que el cura
quiere es estarun día con tu mujer y pasarlo bien, por eso te ha tomado el
pelo, paraque le dejes vía libre.
Vaya -dijo el campesino-, me gustaría saber si lo que dices
esverdad.Bueno -dijo el compadre-, vamos a hacer una cosa: métete en elcesto de
los huevos, que yo te llevaré a casa y lo verás por ti mismo.Y así lo hicieron.
El compadre metió al campesino en su cesto y le llevóa casa. Cuando llegaron a
la casa estaba ésta en plena fiesta. Lacampesina había matado casi todo lo que
había en la granja, habíahecho buñuelos y el cura estaba allí y había traído su
violín.Entonces el compadre llamó a la puerta y la campesina preguntó quequién
era.Soy yo, comadre -dijo el compadre-. Dame hospedaje por estanoche, que no he
podido vender los huevos en el mercado y tengo quevolver a llevarlos a casa,
pero pesan tanto, que no puedo con ellos y yaes de noche.Vaya, compadre -dijo
la granjera-, no llegas en un momentooportuno, pero si no hay más remedio, pasa
y siéntate en el banco de laestufa.Así que el compadre se sentó en el banco de
la estufa con su cesto. El cura y la campesina lo estaban pasando alegremente.
Al cabo de unrato dijo el cura:Anda, querida campesina, cántame algo, que
cantas muy bien:Ay -dijo la campesina-, ya no canto tan bien. En mis añosmozos
sí que lo hacía, pero ya no.Venga -dijo el cura-, anda, cántame un poquito.
Entonces lacampesina empezó a cantar:He enviado a mi marido al monte Glóckerli
en Suiza, y despuésde que él se ha ido sólo me muero de risa.Luego cantó el
párroco:Ojalá que un año entero estuviera el hombre en él,porque a ver para qué
quiero yo un celemín de laurel.¡Aleluya!Después empezó a cantar el compadre (y
aquí tengo que decirque el campesino se llamaba Hildebrando). El compadre
cantó:¡Ay, mi querido Hildebrando! O el calorcillo te atufa,o si los oyes
cantando,¿qué haces aún en la estufa? ¡Aleluya!Entonces cantó el campesino
dentro del cesto:¿Qué he tenido que escuchar? ¡Ya no puedo aguantar esto!Para
ayudar a cantar,voy a salir de mi cesto.Y salió del cesto y, dándole una buena
paliza al cura, lo echóde la casa.
*
* * *
*
FIN


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