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Título Original: © El Economista Del Socialismo Contemporáneo. Michal Kalecki

 

Versión Original: © El Economista Del Socialismo Contemporáneo. Michal Kalecki

 

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http://www.revistasocialista.com.ar/node/86


 

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EL ECONOMISTA DEL SOCIALISMO CONTEMPORÁNEO

Michal Kalecki


 

 

 

El Economista Del Socialismo Contemporáneo

Michal Kalecki

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MICHAL KALECKI, EL ECONOMISTA DEL SOCIALISMO CONTEMPORÁNEO

Enviado por RS el Jue, 03/29/2012 - 11:17.

Es conocido el nombre de John Maynard Keynes como el economis­ta más influyente del siglo XX, ya que produjo una revolución en la teoría y en la política económica. Pero muy pocos, incluyendo a los estudiantes de economía, saben que Michal Kalecki llegó a las mismas conclusiones fundamentales tres años antes que aquél. Por lo que, por un acto de justicia académica, la teoría keynesiana debería llamarse, por lo menos, teoría de Kalecki-Keynes. Aunque hay que decir, en defensa de la honestidad intelectual de Keynes, que el no conocía la obra de Kalecki sino que se trató de un hecho más –bastante habitual en la historia de la cien­cia- de elaboraciones similares totalmente independientes, surgidas como respuesta a las necesidades objetivas de la época. Kalecki fue un estadístico-matemático y economista polaco que reunía todas las condiciones para no trascender: escribía en polaco, una lengua marginal para el conocimiento científico universal, era pobre, judío y marxista. En cambio, Keynes pertenecía a un país central, era rico e intelectualmente muy conocido y, además, profesor de una de las universidades más prestigiosas del mundo.

La versión de Kalecki de la demanda efectiva y sus consecuencias parece superior a la de Keynes, ya que no depende de algunos supuestos dudosos que este último había heredado de la teoría neoclásica. Kalecki no utilizó el supuesto de competencia perfecta y el de los rendimientos decrecientes y, en lugar del “hombre económico” abstracto con su propensión a con­sumir y su conducta dependiente de la tasa de interés para maximizar las ganancias, aparecen –como corresponde a un análisis socialista- las clases sociales con sus comportamientos típicos.

La formación intelectual de Kalecki

Nació en Polonia en 1899 y murió allí en 1970. De familia muy humilde, estudió ingeniería en la politécnica de Varsovia. En 1918 publicó un artículo matemático original.

Entre 1918 y 1921 estuvo afectado al ejército y, luego del servicio militar, continuó sus estudios en el politécnico de Gdansk. En 1924, a punto de recibirse de ingeniero, debió interrumpir sus estudios porque el padre se había quedado sin trabajo y tuvo que convertirse en el sostén económi­co de la familia. Se desempeñó en distintas tareas, como recolectar datos estadísticos y la realización de estudios de mercado, lo que lo llevó a fami­liarizarse con los temas económicos. Además, en su carácter de militante socialista había estudiado -como autodidacta- El Capital y otros trabajos de Carlos Marx. Años después ingresó en un periódico como especialista en economía, y en 1929 (por sus antecedentes de los artículos firmados en el periódico) obtuvo un cargo en el Instituto de Investigación de Ciclos Económicos y Precios de Polonia. Allí intensificó los estudios de economía y estadística. En 1931 se casó con una especialista en estadística, que fue su compañera de toda la vida.

A partir de ese momento todos sus trabajos estuvieron orientados hacia la teoría y la política económica. La famosa economista inglesa Joan Ro­binson, en la introducción al libro Estudios sobre la teoría de los ciclos económicos, sostiene que su autor, Kalecki, “tenía una gran ventaja sobre Keynes: nunca había aprendido economía ortodoxa (…) El único econo­mista al que había estudiado era Marx”. Por el contrario, Keynes (tal como confiesa al finalizar el prólogo a la Teoría General) debió luchar con las ideas inculcadas por la teoría ortodoxa: “Las ideas que tan laboriosamen­te se expresan aquí son extremadamente simples y deberían ser obvias. La dificultad no reside tanto en las nuevas ideas como en deshacerse de las viejas, que se ramifican hasta alcanzar cada uno de los rincones de la mente de aquellos que, como la mayoría de nosotros, han sido educados en ellas”.

Los trabajos económicos de Kalecki

En los años ’30 publicó varios artículos sobre teoría y política económi­ca. Hay uno en particular que es de interés para nosotros; en el artículo

“Sobre el comercio exterior y las exportaciones internas” de 1933 alertó sobre las limitaciones en la balanza de pagos que produciría un desa­rrollo industrial orientado hacia el mercado interno, como ocurrió en nuestro país veinte años después con el proceso de industrialización por sustitución de importaciones y que llevó al “pare y arranque” de nuestra economía (el “stop and go”). También de 1933 es su artículo sobre los ciclos económicos, que es la pri­mera explicación matemática conocida del ciclo económico (la segunda corresponde al profesor Frish). En este artículo desarrolló el tema de la demanda efectiva, el papel de la inversión en la determinación del nivel del ingreso nacional y otros tópicos en forma coincidente con el desarrollo que hizo Keynes en La Teoría General de 1936. Este trabajo lo presentó en la Asociación Internacional de Econometría y, en 1935, una versión del mis­mo se publicó en francés en la “Revue de Economía Politique”.

En 1936 viajó a Suecia becado; allí conoció a la obra de Keynes; entusiasma­do con las coincidencias teóricas con su propio trabajo, viajó a Inglaterra, donde permaneció nueve años. Según George R. Feiwel fue proverbial su sentido natural del humor, que usaba hábilmente para desarmar a sus con­trincantes, y que todavía se recuerda en Cambridge y Oxford. Por ejemplo, comentaba Kalecki que, a su llegada a Inglaterra, estaba ansioso de conocer a un “auténtico caballero inglés”, pero sólo logró encontrar a dos: Piero Sra­ffa, un italiano, y Maurice Dobb, un comunista.

En 1939 publicó en Inglaterra “Ensayos sobre la teoría de las fluctuaciones económicas”. Allí escribió que “La tragedia de la inversión es que origina crisis porque es útil. Sin duda mucha gente considerará esta teoría como una paradoja. Pero no es la teoría lo que es paradójica sino su objeto, la economía capitalista”.

Entre 1940 y 1945 trabajó en el Instituto de Estadística de Oxford. Allí par­ticipó del trabajo colectivo “La economía del pleno empleo” (1944) del Ins­tituto de Oxford, contemporáneo al conocido informe Beveridge sobre el mismo tema. Kalecki defendió como herramientas de política económica a los subsidios al consumo y a las empresas, así como el impuesto a las rentas y al capital, sosteniendo que tienden a igualar la distribución del ingreso sin afectar al monto de las inversiones; complementariamente, aconsejó un tratamiento especial para las inversiones productivas. También insistió so­bre la importancia de saber el destino del gasto, ya que no se trata simple­

mente de hacer pozos durante el día y taparlos durante la noche, según el conocido ejemplo de Keynes.

Terminada la guerra, en 1945 viajó a Francia para realizar un estudio so­bre el racionamiento en la postguerra y luego se radicó por el término de quince meses en Montreal, contratado por la OIT para trabajar sobre la reconstrucción y el pleno empleo. Dictó seminarios en la Universidad de esa ciudad.

En 1946, luego de una visita a Varsovia, fue a Nueva York contratado por las Naciones Unidas como director de la división de Estabilidad Económi­ca y Desarrollo. Responsable de varios trabajos, en particular los “Informe Económico Mundial” desde 1948 a 1953. Según Feiwel, Kalecki sostuvo en una oportunidad que “el único resultado palpable de su consejo es el caso de Israel, donde el gobierno procedió a hacer exactamente lo opuesto de lo que él había recomendado”. Renunció en 1954, resentido por la caza de brujas de McCarthy que, si bien no lo afectó personalmente, sí lo hizo con varios de sus amigos.

Vuelto a Inglaterra, en 1954 publicó Teoría de la dinámica económica, po­siblemente su obra más importante de desarrollo teórico.

En 1955 volvió a Polonia, donde fue nombrado profesor universitario. En­tre 1956 y 1960 trabajó con Oscar Lange en la Oficina de Planificación, dirigiendo el plan a largo plazo para Polonia. Por su participación en los hechos de 1956 y sus simpatías hacia la liberación política se sintió despla­zado. De todas formas, en 1963 presidió la delegación polaca en la Confe­rencia sobre ciencia y tecnología de las Naciones Unidas.

Durante esta época tuvo una importante producción intelectual plasmada en artículos y libros, en particular El desarrollo de la economía socialista y Economía socialista y mixta, los que están traducidos al castellano.

Cuentan sus allegados que en sus últimos años se sentía afectado emocio­nalmente porque, después de haber defendido durante su vida al gasto es­tatal como medio para lograr la mejoría económica global, veía que en el mundo se lo destinaba al armamentismo y militarismo en general y a un despilfarro no social del mismo. Vale la pena detenerse en algunos aspectos de su desarrollo teórico.

El gasto de los empresarios

En un modelo simplificado, donde existen solamente capitalistas y obreros (como el que utiliza Marx en el tomo I de El Capital), el ingreso está dado por los sueldos y jornales de los trabajadores y la ganancia de los capitalistas, mientras que al producto nacional está destinado al consumo de los obreros y de los capitalistas y los bienes de producción que conforman la inversión. Es decir:

Si suponemos que los trabajadores consumen íntegramente su ingreso, pode­mos simplificar el primer término de ambos miembros, y nos queda

Ganancias = Consumo de capitalistas + Inversión de las empresas

Por la lógica del capitalismo, los empresarios tratan de maximizar sus ganan­cias, pero el importe preciso no lo pueden decidir ellos sino que resulta del funcionamiento del mercado. En cambio, sí pueden decidir cuanto consu­men y cuanto invierten. Es decir, el segundo miembro de la igualdad anterior determina el monto de la primera. La decisión del gasto de los capitalistas es la que determina –en última instancia-cuál va a ser su ganancia. O, en otros términos y en palabras de Kalecki, “los trabajadores gastan cuanto ganan y los capitalistas ganan lo que gastan”.

Cuando el gasto de los capitalistas es insuficiente, disminuyen las ganancias, cierran las empresas, hay desocupación y quiebras, como en los años ’30 (que es lo que tenían presente Kalecki y Keynes). La demanda efectiva es insu­ficiente para mantener la actividad con la plena utilización de los recursos disponibles tanto de trabajo como de capital.

En forma sencilla se puede extender el esquema a una economía compleja, con estado y comercio exterior; todos los ingresos de los distintos sectores de la burguesía, como intereses y rentas, están incorporados como parte de la ganancia bruta. En estas condiciones, el ingreso nacional sigue dividido entre retribución a los trabajadores y ganancias (brutas, antes del pago de impuestos) mientras que la oferta general de bienes está dada por el produc­to nacional (Y) más las importaciones (M), total de bienes que pueden estar

destinados al consumo de los trabajadores (Ct), al consumo de los capita­listas (Cc), al gasto del Estado (G), a la inversión (I) o a la exportación (X).

En símbolos es:

Y + M = Ct + Cc + G + I + X

Restando de ambos miembros al monto de las importaciones, M, queda:

Y = Ct + Cc + G + I + (X – M)

Si sustraemos de los ingresos los impuestos, el esquema es el siguiente:

Restando el importe de los impuestos de ambos sectores, a la derecha nos queda “Gastos del Estado menos Impuestos” que es igual al déficit estatal:

• Sueldos y jornales (neto de impuestos)

• Consumo de trabajadores

Ganancias brutas (netas de impuestos)

Consumo de capitalistas

Inversión

Déficit del Estado

Exportaciones menos

importaciones Si mantenemos el supuesto de que los trabajadores gastan en consumo el total de su ingreso (es decir, el ahorro de algunos aproximadamente se com­pensa con el exceso de gasto de otros) resulta que la ganancia de los empre­sarios es igual a su gasto en consumo e inversión más el déficit del Estado y el superávit en la balanza comercial. El gasto del Estado financiado con créditos

o emisión monetaria y el exceso de exportaciones sobre las importaciones reemplazan a las inversiones cuando estas son insuficientes e impulsan a la demanda efectiva para alcanzar la ocupación plena de los recursos existentes. Son los lineamientos de la política “keynesiana” que dieron lugar al estado de bienestar de la última postguerra.

El papel del trabajo

Kalecki verificó estadísticamente la constancia a corto plazo de las propor­ciones en la división del producto entre trabajo y capital, hecho ratificado por muchos estudios y que ha dado lugar a lo que en la literatura económi­ca se denomina “Ley de Bowley”, aunque no se puedan hacer predicciones a largo plazo de las mismas, ya que son el resultado de la política econó­mica adoptada. Esta constancia en la distribución al corto plazo significa que la proporción de la remuneración laboral total (W) respecto al total al total de ganancias (P) o respecto del ingreso nacional (Y) son (siempre a corto plazo) estables. Es decir, P/W ó W/Y tienden a mantenerse sin modificaciones.

Teniendo a la vista el último diagrama, supongamos ahora que se produce un aumento de las exportaciones (por ejemplo, de un valor de 200) y, para simplificar, que no se modifican en el proceso las inversiones ni los impues­tos o las importaciones. Significa que, en un primer paso, han aumentado tanto el ingreso nacional como las ganancias en 200; pero ese aumento im­plica un incremento del trabajo insumido (y por lo tanto de los salarios, en la proporción W/Y que corresponda a 200), y, por lo tanto, el aumento del consumo de los trabajadores en esa proporción y también el consumo de los capitalistas (según su propensión a consumir) por el aumento de las ganancias. Ese aumento secundario del ingreso genera un nuevo aumento de salarios y ganancias y así sucesivamente hasta que se estabilice en un nuevo equilibrio, con un ingreso incrementado en un monto muy superior a los 200 del aumento inicial de las exportaciones. Lo mismo ocurriría con un aumento de las inversiones o del gasto público. Es el conocido efecto multiplicador del gasto (gasto público, inversiones o exportaciones) que popularizó Keynes a partir de la Teoría General.

Kalecki utiliza en sus deducciones (y ocasionalmente en su exposición) a los esquemas de reproducción ampliada de Marx, lo que tiene la ventaja de poner de manifiesto la importancia del factor distribución del producto entre las clases sociales (cuanto mayor sea la proporción de los salarios en el producto y cuanto más consuman los capitalistas, mayor será el efecto multiplicador sobre el ingreso nacional). Keynes llegó al mismo resultado utilizando el concepto del multiplicador que tomó de Kahn (que fue su discípulo) y que le dio claridad a su exposición.

Kalecki ha insistido (y demostrado matemáticamente) que cuanto mayor es la proporción del ingreso de los trabajadores en la distribución del produc­to total, mayor es el nivel del producto. Esto se ve directamente al analizar el multiplicador del gasto, que en Kalecki es directamente proporcional a la participación de los trabajadores en el producto y de la propensión al consumo de los capitalistas ante un aumento de las ganancias. También está implícito en Keynes, donde el multiplicador depende de la magnitud de la propensión marginal a consumir: como los trabajadores tienen una propensión que tiende a uno, todo aumento de su participación en el pro­ducto implica aumento de la propensión marginal a consumir keynesiana. Es decir, para crecer económicamente un país debe distribuir equitativa­mente su ingreso. Parece elemental, porque el crecimiento de la producción requiere mercados crecientes que la absorban, pero no es de comprensión tan inmediata. Para la ortodoxia económica no es necesariamente así ¿Re­cuerdan al Ministro de Economía López Murphy, durante el gobierno de De la Rúa, que propuso bajar los sueldos para disminuir la desocupación y superar la crisis? Además de ser políticamente inviable hubiera sido un disparate económico: hubiera agravado la situación y adelantado la crisis que pretendía evitar.

El ciclo político

En 1943, en Inglaterra, cuando todavía no había terminado la Segunda Gue­rra, publicó un artículo que tituló “Los aspectos políticos del pleno empleo”, basado en su propia experiencia en la discusión con los asesores financieros, las organizaciones empresarias y los políticos de su época, a los que no podía convencer de cosas evidentes, por lo que escribió que no era que “no creyesen en su economía, con lo pobre que es. Pero la ignorancia obstinada es normal-mente una manifestación de motivaciones políticas subyacentes”, que es lo mismo que debe haber pensado la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, luego de sus presentaciones en el Congreso Argentino.

Cuando existe depresión y altos niveles de desocupación y la opinión pública clama por una solución, el camino es el gasto del estado, ya que los incentivos al sector privado (disminución de la tasa de interés, menores impuestos) re-sultan insuficientes. La recuperación debe venir de la mano del gasto público. Kalecki decía que son conocidos los mecanismos de política económica para lograr la recuperación y mantener una situación cercana a la ocupación ple­na. Pero el grave problema era “vender” esas ideas políticamente.

Según Kalecki, los sectores privilegiados, por ejemplo las entidades que nu-clean a las grandes empresas y a los grandes dueños de la tierra, temen a la intervención del Estado en procura del pleno empleo por diversas razones, que analiza detenidamente. La primera es el miedo a la interferencia del go­bierno y a la pérdida de poder que esto significa; les gusta que “se busque la confianza de los empresarios y del mercado”. La segunda es el temor al rela­jamiento de la disciplina laboral; el agotamiento del “ejército de reserva” de trabajadores desocupados fortalece al poder sindical y da fuerza a los recla­mos de mayores salarios reales y de mejores condiciones de trabajo. En tercer lugar está la preocupación por las políticas igualitarias y de redistribución del ingreso que acompañan a la mayor intervención estatal. De acuerdo a su ex­periencia de los años ’30, decía que el único aumento del gasto estatal que los privilegiados aceptan sin oposición es el armamentismo. Cosa que la historia de nuestros tiempos puede corroborar.

El problema adicional es que una política de ingresos para combatir la des­ocupación viene acompañada de presiones inflacionarias originadas en el crecimiento de la demanda. Como se demostrara años después, con la “Cur­va de Phillips”, un aumento en algunos puntos en la tasa de inflación es el precio a pagar por una disminución de la desocupación, o –a la inversa-el incremento de la desocupación es el costo de cortar la inflación.

Por todas esas razones, con la recuperación económica empieza una campaña desempolvando mitos como el del equilibrio presupuestario o la ineficiencia estatal, se denuncia el exceso de gasto público y las presiones inflacionarias y se reclama el ajuste de las cuentas públicas para parar la inflación.

Según las palabras de Kalecki, el ciclo político funciona así: “Durante la de­presión, ya sea bajo la presión de las masas o incluso sin ella, se emprenderá una inversión pública financiada mediante el endeudamiento para impedir el desempleo a gran escala. Pero si se intenta aplicar este método a fin de mante­ner el alto nivel de empleo alcanzado en el subsiguiente auge es posible que se confronte una fuerte oposición de los dirigentes empresariales. Como ya se ha discutido, el pleno empleo perdurable no goza en absoluto de sus simpa­tías. Los trabajadores estarían fuera de control y los capitanes de la industria estarían impacientes de darles una lección. Más aún, el incremento durante la recuperación presenta desventajas para los pequeños y grandes rentistas y los hace sentirse cansados del auge. En esta situación, posiblemente se forme un poderoso bloque entre las grandes empresas y los intereses de los rentis­

tas, y posiblemente encontrarán más de un economista que declare que la situación es manifiestamente poco sólida. La presión de todas estas fuerzas, y en particular de las grandes empresas –por lo general con influencia pode­rosa en los departamentos gubernamentales-, inducirá probablemente al go­bierno a volver a la política ortodoxa de reducción del déficit presupuestario. Vendrá después una depresión en la que la política de gastos volvería otra vez a su sitio”. Y vuelta a empezar.

Ayuda a que el ciclo político sea una realidad la falta de memoria colectiva de la sociedad, que tiende a sepultar en el olvido los malos momentos. Mu­chos de los que en la Argentina de hoy protestan por la situación actual y reclaman por un ajuste del gasto del estado han olvidado los años previos a 2001, cuando no podían dormir por la deuda impaga en el banco, por la sombra de la quiebra sobre sus empresas o por el temor a perder el empleo.

El futuro del capitalismo

Kalecki no era optimista respecto al futuro del capitalismo. Las inver­siones son el motor del crecimiento del producto que, en el capitalismo, dependen de la evolución de la tasa de ganancia y de los recursos acu­mulados por las empresas, además de factores externos, como las inno­vaciones. Coincide con Keynes en que las inversiones crean el ahorro ne­cesario, contrariamente a la teoría neoclásica que ve en el ahorro previo los fondos que la hacen posible. Creía que había fundamentalmente dos factores que presionaban contra la posibilidad de un crecimiento armó­nico a largo plazo: 1-El permanente aumento del grado de monopolio que, al incrementar las tasas de ganancias de los sectores concentrados, disminuye la tasa general de ganancia para el resto de los capitalistas y, también, disminuye el coeficiente de participación del trabajo en el total del producto, volviendo menor al multiplicador del gasto; además, el mo­nopolio tiende a administrar la incorporación de innovaciones en fun­ción de sus intereses, lo que actúa en sentido contrario al progreso. 2-El ahorro de los no capitalistas, en particular de los rentistas, que representa un obstáculo para el crecimiento.

El caso de Japón, sociedad muy rica que por excesos de ahorro desde hace muchos años tiene un crecimiento nulo, puede servir de confirmación de las predicciones de Kalecki. Como también la hipertrofia financiera del mundo globalizado en crisis permanente de la actualidad.

Hace más de medio siglo terminaba su libro Teoría de la dinámica económica con estas palabras: “Nuestro análisis demuestra, como hemos indicado antes, que el desarrollo a largo plazo no es inherente a la economía capitalista. Para sostener un mo­vimiento de ascenso a largo plazo se requieren ‘factores de desarrollo espe­cíficos’. Entre estos hemos señalado que las innovaciones en el sentido más general son el promotor más importante del desarrollo. En cambio, otro de los factores de largo plazo que hemos considerado, el ahorro de los rentistas, resulta ser más bien un obstáculo que un estímulo al desarrollo.

“Si se reduce la intensidad de las innovaciones en las etapas posteriores del desarrollo capitalista, se origina un retraso del crecimiento del capital y la producción. Además, si el efecto que el aumento de grado de monopolio tie-ne sobre la distribución del ingreso nacional no es contrarrestado por otros factores, habrá un desplazamiento relativo de los salarios hacia las ganancias y esto constituirá un motivo más para que se torne más lento el aumento a largo plazo de la producción.

“Si la tasa de aumento de la producción desciende por debajo de la tasa com­binado de incremento de la productividad del trabajo y de la población, la desocupación acusará un aumento a largo plazo. Según lo dicho antes, este fenómeno probablemente no pondrá en movimiento fuerzas que alivien au­tomáticamente el alza de la desocupación mediante una mayor tasa de incre­mento de la producción.”

La economía del socialismo

Feldman fue un economista soviético que en 1928 publicó en un artículo un modelo simplificado para el crecimiento socialista, basado en los esquemas de reproducción ampliada de Marx; allí demuestra que, en la asignación de recursos para la inversión, cuanto mayor sea la proporción destinada a la producción de bienes de producción, es decir, a la industria pesada, mayor será el crecimiento de la economía y, también, a largo plazo, será mayor el consumo que si, a corto plazo, se da prioridad a éste. El modelo fue conocido en Occidente en su versión keynesiana bajo el nombre de “Modelo de Feld­man-Mahalanobis”, aplicado con éxito en India luego de la Segunda Guerra. A pesar de que Feldman estuvo enrolado en la corriente trotskista, el mode-lo fue aplicado (sin mayores créditos para su autor) por el estalinismo en el proceso de rápida industrialización de la Unión Soviética. Así, Strumlim, el

economista oficial de esa época, sostuvo que la ley de desarrollo balanceado de Stalin se puede reducir “a la regla de que la producción de bienes de pro­ducción debe necesariamente, de acuerdo con el plan, superar al incremento en la producción de bienes de consumo” (citado por Feiwel, pg. 356).

La demostración de Feldman es correcta y tiene muchos elementos positivos, por ejemplo es el primero en poner de manifiesto que no basta con hablar de inversión sino que es necesario contar con los bienes de producción dispo­nibles para ello. Pero, también, contiene simplificaciones que hay que tener presente. Tal vez la más importante es el supuesto de que no existe lapso entre la decisión de inversión y la maduración de la misma y la disponibilidad de su producción, lo que puede llevar a subestimar el sacrificio exigido a las generaciones presentes para lograr un rápido crecimiento económico y un aumento futuro del consumo.

Ese modelo de industrialización fue aplicado mecánicamente en las llamadas “democracias populares” europeas, con la tentación de los planificadores de apurar el crecimiento productivo del sistema (y las necesidades de gasto mi­litar propios de la Guerra Fría) ajustando el consumo presente. Este sacrificio exigido a la población probablemente sea una de las causas que restaron apo­yo popular al sistema y finalmente llevaron a la implosión.

En Polonia se aplicó de tal forma el modelo que la desproporción entre la industria pesada en desmedro del consumo, según Oscar Lange, creció has­ta tal punto que la economía nacional estuvo al borde del colapso.

Kalecki (lo mismo que Lange) fue muy crítico con la ortodoxia aplicada, lo que se puede apreciar en el concepto que tenía sobre la economía del socialis­mo, plasmada en la definición que dio de él: “El socialismo es un sistema que posibilita la utilización plena y racional del excedente económico en benefi­cio del consumo presente y futuro de la población trabajadora”.

Hoy, luego de la debacle del llamado “socialismo real” y en momentos de profunda crisis capitalista global, hay mucho para aprender en la teoría eco­nómica de Michal Kalecki.   

 


FIN

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