© Libro N° 14745. El Economista Del Socialismo Contemporáneo. Kalecki, Michal. Emancipación. Enero 24 de 2026
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EL
ECONOMISTA DEL SOCIALISMO CONTEMPORÁNEO
Michal
Kalecki
El Economista Del Socialismo Contemporáneo
Michal Kalecki
MICHAL KALECKI, EL ECONOMISTA DEL SOCIALISMO CONTEMPORÁNEO
Enviado por RS el Jue, 03/29/2012 - 11:17.
Es conocido el nombre de John Maynard Keynes como el economista más
influyente del siglo XX, ya que produjo una revolución en la teoría y en la
política económica. Pero muy pocos, incluyendo a los estudiantes de economía,
saben que Michal Kalecki llegó a las mismas conclusiones fundamentales tres
años antes que aquél. Por lo que, por un acto de justicia académica, la teoría
keynesiana debería llamarse, por lo menos, teoría de Kalecki-Keynes. Aunque hay
que decir, en defensa de la honestidad intelectual de Keynes, que el no conocía
la obra de Kalecki sino que se trató de un hecho más –bastante habitual en la
historia de la ciencia- de elaboraciones similares totalmente independientes,
surgidas como respuesta a las necesidades objetivas de la época. Kalecki fue un
estadístico-matemático y economista polaco que reunía todas las condiciones
para no trascender: escribía en polaco, una lengua marginal para el
conocimiento científico universal, era pobre, judío y marxista. En cambio,
Keynes pertenecía a un país central, era rico e intelectualmente muy conocido
y, además, profesor de una de las universidades más prestigiosas del mundo.
La versión de Kalecki de la demanda efectiva y sus consecuencias parece
superior a la de Keynes, ya que no depende de algunos supuestos dudosos que
este último había heredado de la teoría neoclásica. Kalecki no utilizó el
supuesto de competencia perfecta y el de los rendimientos decrecientes y, en
lugar del “hombre económico” abstracto con su propensión a consumir y su
conducta dependiente de la tasa de interés para maximizar las ganancias,
aparecen –como corresponde a un análisis socialista- las clases sociales con
sus comportamientos típicos.
La formación intelectual de Kalecki
Nació en Polonia en 1899 y murió allí en 1970. De familia muy humilde,
estudió ingeniería en la politécnica de Varsovia. En 1918 publicó un artículo
matemático original.
Entre 1918 y 1921 estuvo afectado al ejército y, luego del servicio
militar, continuó sus estudios en el politécnico de Gdansk. En 1924, a punto de
recibirse de ingeniero, debió interrumpir sus estudios porque el padre se había
quedado sin trabajo y tuvo que convertirse en el sostén económico de la
familia. Se desempeñó en distintas tareas, como recolectar datos estadísticos y
la realización de estudios de mercado, lo que lo llevó a familiarizarse con
los temas económicos. Además, en su carácter de militante socialista había
estudiado -como autodidacta- El Capital y otros trabajos de Carlos Marx. Años
después ingresó en un periódico como especialista en economía, y en 1929 (por
sus antecedentes de los artículos firmados en el periódico) obtuvo un cargo en
el Instituto de Investigación de Ciclos Económicos y Precios de Polonia. Allí
intensificó los estudios de economía y estadística. En 1931 se casó con una
especialista en estadística, que fue su compañera de toda la vida.
A partir de ese momento todos sus trabajos estuvieron orientados hacia
la teoría y la política económica. La famosa economista inglesa Joan Robinson,
en la introducción al libro Estudios sobre la teoría de los ciclos económicos,
sostiene que su autor, Kalecki, “tenía una gran ventaja sobre Keynes: nunca
había aprendido economía ortodoxa (…) El único economista al que había
estudiado era Marx”. Por el contrario, Keynes (tal como confiesa al finalizar
el prólogo a la Teoría General) debió luchar con las ideas inculcadas por la
teoría ortodoxa: “Las ideas que tan laboriosamente se expresan aquí son
extremadamente simples y deberían ser obvias. La dificultad no reside tanto en
las nuevas ideas como en deshacerse de las viejas, que se ramifican hasta
alcanzar cada uno de los rincones de la mente de aquellos que, como la mayoría
de nosotros, han sido educados en ellas”.
Los trabajos económicos de Kalecki
En los años ’30 publicó varios artículos sobre teoría y política
económica. Hay uno en particular que es de interés para nosotros; en el
artículo
“Sobre el comercio exterior y las exportaciones internas” de 1933 alertó
sobre las limitaciones en la balanza de pagos que produciría un desarrollo
industrial orientado hacia el mercado interno, como ocurrió en nuestro país
veinte años después con el proceso de industrialización por sustitución de
importaciones y que llevó al “pare y arranque” de nuestra economía (el “stop
and go”). También de 1933 es su artículo sobre los ciclos económicos, que es la
primera explicación matemática conocida del ciclo económico (la segunda
corresponde al profesor Frish). En este artículo desarrolló el tema de la
demanda efectiva, el papel de la inversión en la determinación del nivel del
ingreso nacional y otros tópicos en forma coincidente con el desarrollo que
hizo Keynes en La Teoría General de 1936. Este trabajo lo presentó en la
Asociación Internacional de Econometría y, en 1935, una versión del mismo se
publicó en francés en la “Revue de Economía Politique”.
En 1936 viajó a Suecia becado; allí conoció a la obra de Keynes;
entusiasmado con las coincidencias teóricas con su propio trabajo, viajó a
Inglaterra, donde permaneció nueve años. Según George R. Feiwel fue proverbial
su sentido natural del humor, que usaba hábilmente para desarmar a sus
contrincantes, y que todavía se recuerda en Cambridge y Oxford. Por ejemplo,
comentaba Kalecki que, a su llegada a Inglaterra, estaba ansioso de conocer a
un “auténtico caballero inglés”, pero sólo logró encontrar a dos: Piero
Sraffa, un italiano, y Maurice Dobb, un comunista.
En 1939 publicó en Inglaterra “Ensayos sobre la teoría de las
fluctuaciones económicas”. Allí escribió que “La tragedia de la inversión es
que origina crisis porque es útil. Sin duda mucha gente considerará esta teoría
como una paradoja. Pero no es la teoría lo que es paradójica sino su objeto, la
economía capitalista”.
Entre 1940 y 1945 trabajó en el Instituto de Estadística de Oxford. Allí
participó del trabajo colectivo “La economía del pleno empleo” (1944) del
Instituto de Oxford, contemporáneo al conocido informe Beveridge sobre el
mismo tema. Kalecki defendió como herramientas de política económica a los
subsidios al consumo y a las empresas, así como el impuesto a las rentas y al
capital, sosteniendo que tienden a igualar la distribución del ingreso sin
afectar al monto de las inversiones; complementariamente, aconsejó un
tratamiento especial para las inversiones productivas. También insistió sobre
la importancia de saber el destino del gasto, ya que no se trata simple
mente de hacer pozos durante el día y taparlos durante la noche, según
el conocido ejemplo de Keynes.
Terminada la guerra, en 1945 viajó a Francia para realizar un estudio
sobre el racionamiento en la postguerra y luego se radicó por el término de
quince meses en Montreal, contratado por la OIT para trabajar sobre la
reconstrucción y el pleno empleo. Dictó seminarios en la Universidad de esa
ciudad.
En 1946, luego de una visita a Varsovia, fue a Nueva York contratado por
las Naciones Unidas como director de la división de Estabilidad Económica y
Desarrollo. Responsable de varios trabajos, en particular los “Informe
Económico Mundial” desde 1948 a 1953. Según Feiwel, Kalecki sostuvo en una
oportunidad que “el único resultado palpable de su consejo es el caso de
Israel, donde el gobierno procedió a hacer exactamente lo opuesto de lo que él
había recomendado”. Renunció en 1954, resentido por la caza de brujas de
McCarthy que, si bien no lo afectó personalmente, sí lo hizo con varios de sus
amigos.
Vuelto a Inglaterra, en 1954 publicó Teoría de la dinámica económica,
posiblemente su obra más importante de desarrollo teórico.
En 1955 volvió a Polonia, donde fue nombrado profesor universitario.
Entre 1956 y 1960 trabajó con Oscar Lange en la Oficina de Planificación,
dirigiendo el plan a largo plazo para Polonia. Por su participación en los
hechos de 1956 y sus simpatías hacia la liberación política se sintió
desplazado. De todas formas, en 1963 presidió la delegación polaca en la
Conferencia sobre ciencia y tecnología de las Naciones Unidas.
Durante esta época tuvo una importante producción intelectual plasmada
en artículos y libros, en particular El desarrollo de la economía socialista y
Economía socialista y mixta, los que están traducidos al castellano.
Cuentan sus allegados que en sus últimos años se sentía afectado
emocionalmente porque, después de haber defendido durante su vida al gasto
estatal como medio para lograr la mejoría económica global, veía que en el
mundo se lo destinaba al armamentismo y militarismo en general y a un
despilfarro no social del mismo. Vale la pena detenerse en algunos aspectos de
su desarrollo teórico.
El gasto de los empresarios
En un modelo simplificado, donde existen solamente capitalistas y
obreros (como el que utiliza Marx en el tomo I de El Capital), el ingreso está
dado por los sueldos y jornales de los trabajadores y la ganancia de los
capitalistas, mientras que al producto nacional está destinado al consumo de
los obreros y de los capitalistas y los bienes de producción que conforman la
inversión. Es decir:
Si suponemos que los trabajadores consumen íntegramente su ingreso,
podemos simplificar el primer término de ambos miembros, y nos queda
Ganancias = Consumo de capitalistas + Inversión de las empresas
Por la lógica del capitalismo, los empresarios tratan de maximizar sus
ganancias, pero el importe preciso no lo pueden decidir ellos sino que resulta
del funcionamiento del mercado. En cambio, sí pueden decidir cuanto consumen y
cuanto invierten. Es decir, el segundo miembro de la igualdad anterior
determina el monto de la primera. La decisión del gasto de los capitalistas es
la que determina –en última instancia-cuál va a ser su ganancia. O, en otros
términos y en palabras de Kalecki, “los trabajadores gastan cuanto ganan y los
capitalistas ganan lo que gastan”.
Cuando el gasto de los capitalistas es insuficiente, disminuyen las
ganancias, cierran las empresas, hay desocupación y quiebras, como en los años
’30 (que es lo que tenían presente Kalecki y Keynes). La demanda efectiva es
insuficiente para mantener la actividad con la plena utilización de los
recursos disponibles tanto de trabajo como de capital.
En forma sencilla se puede extender el esquema a una economía compleja,
con estado y comercio exterior; todos los ingresos de los distintos sectores de
la burguesía, como intereses y rentas, están incorporados como parte de la
ganancia bruta. En estas condiciones, el ingreso nacional sigue dividido entre
retribución a los trabajadores y ganancias (brutas, antes del pago de
impuestos) mientras que la oferta general de bienes está dada por el producto
nacional (Y) más las importaciones (M), total de bienes que pueden estar
destinados al consumo de los trabajadores (Ct), al consumo de los
capitalistas (Cc), al gasto del Estado (G), a la inversión (I) o a la
exportación (X).
En símbolos es:
Y + M = Ct + Cc + G + I + X
Restando de ambos miembros al monto de las importaciones, M, queda:
Y = Ct + Cc + G + I + (X – M)
Si sustraemos de los ingresos los impuestos, el esquema es el siguiente:
Restando el importe de los impuestos de ambos sectores, a la derecha nos
queda “Gastos del Estado menos Impuestos” que es igual al déficit estatal:
• Sueldos y jornales (neto de impuestos)
• Consumo de trabajadores
Ganancias brutas (netas de impuestos)
Consumo de capitalistas
Inversión
Déficit del Estado
Exportaciones menos
importaciones Si mantenemos el supuesto de que los trabajadores gastan
en consumo el total de su ingreso (es decir, el ahorro de algunos
aproximadamente se compensa con el exceso de gasto de otros) resulta que la
ganancia de los empresarios es igual a su gasto en consumo e inversión más el
déficit del Estado y el superávit en la balanza comercial. El gasto del Estado
financiado con créditos
o emisión monetaria y el exceso de exportaciones sobre las importaciones
reemplazan a las inversiones cuando estas son insuficientes e impulsan a la
demanda efectiva para alcanzar la ocupación plena de los recursos existentes.
Son los lineamientos de la política “keynesiana” que dieron lugar al estado de
bienestar de la última postguerra.
El papel del trabajo
Kalecki verificó estadísticamente la constancia a corto plazo de las
proporciones en la división del producto entre trabajo y capital, hecho
ratificado por muchos estudios y que ha dado lugar a lo que en la literatura
económica se denomina “Ley de Bowley”, aunque no se puedan hacer predicciones
a largo plazo de las mismas, ya que son el resultado de la política económica
adoptada. Esta constancia en la distribución al corto plazo significa que la
proporción de la remuneración laboral total (W) respecto al total al total de
ganancias (P) o respecto del ingreso nacional (Y) son (siempre a corto plazo)
estables. Es decir, P/W ó W/Y tienden a mantenerse sin modificaciones.
Teniendo a la vista el último diagrama, supongamos ahora que se produce
un aumento de las exportaciones (por ejemplo, de un valor de 200) y, para
simplificar, que no se modifican en el proceso las inversiones ni los
impuestos o las importaciones. Significa que, en un primer paso, han aumentado
tanto el ingreso nacional como las ganancias en 200; pero ese aumento implica
un incremento del trabajo insumido (y por lo tanto de los salarios, en la
proporción W/Y que corresponda a 200), y, por lo tanto, el aumento del consumo
de los trabajadores en esa proporción y también el consumo de los capitalistas
(según su propensión a consumir) por el aumento de las ganancias. Ese aumento
secundario del ingreso genera un nuevo aumento de salarios y ganancias y así
sucesivamente hasta que se estabilice en un nuevo equilibrio, con un ingreso
incrementado en un monto muy superior a los 200 del aumento inicial de las
exportaciones. Lo mismo ocurriría con un aumento de las inversiones o del gasto
público. Es el conocido efecto multiplicador del gasto (gasto público,
inversiones o exportaciones) que popularizó Keynes a partir de la Teoría
General.
Kalecki utiliza en sus deducciones (y ocasionalmente en su exposición) a
los esquemas de reproducción ampliada de Marx, lo que tiene la ventaja de poner
de manifiesto la importancia del factor distribución del producto entre las
clases sociales (cuanto mayor sea la proporción de los salarios en el producto
y cuanto más consuman los capitalistas, mayor será el efecto multiplicador
sobre el ingreso nacional). Keynes llegó al mismo resultado utilizando el
concepto del multiplicador que tomó de Kahn (que fue su discípulo) y que le dio
claridad a su exposición.
Kalecki ha insistido (y demostrado matemáticamente) que cuanto mayor es
la proporción del ingreso de los trabajadores en la distribución del producto
total, mayor es el nivel del producto. Esto se ve directamente al analizar el
multiplicador del gasto, que en Kalecki es directamente proporcional a la
participación de los trabajadores en el producto y de la propensión al consumo
de los capitalistas ante un aumento de las ganancias. También está implícito en
Keynes, donde el multiplicador depende de la magnitud de la propensión marginal
a consumir: como los trabajadores tienen una propensión que tiende a uno, todo
aumento de su participación en el producto implica aumento de la propensión
marginal a consumir keynesiana. Es decir, para crecer económicamente un país
debe distribuir equitativamente su ingreso. Parece elemental, porque el
crecimiento de la producción requiere mercados crecientes que la absorban, pero
no es de comprensión tan inmediata. Para la ortodoxia económica no es
necesariamente así ¿Recuerdan al Ministro de Economía López Murphy, durante el
gobierno de De la Rúa, que propuso bajar los sueldos para disminuir la
desocupación y superar la crisis? Además de ser políticamente inviable hubiera
sido un disparate económico: hubiera agravado la situación y adelantado la
crisis que pretendía evitar.
El ciclo político
En 1943, en Inglaterra, cuando todavía no había terminado la Segunda
Guerra, publicó un artículo que tituló “Los aspectos políticos del pleno
empleo”, basado en su propia experiencia en la discusión con los asesores
financieros, las organizaciones empresarias y los políticos de su época, a los
que no podía convencer de cosas evidentes, por lo que escribió que no era que
“no creyesen en su economía, con lo pobre que es. Pero la ignorancia obstinada
es normal-mente una manifestación de motivaciones políticas subyacentes”, que
es lo mismo que debe haber pensado la presidenta del Banco Central, Mercedes
Marcó del Pont, luego de sus presentaciones en el Congreso Argentino.
Cuando existe depresión y altos niveles de desocupación y la opinión
pública clama por una solución, el camino es el gasto del estado, ya que los
incentivos al sector privado (disminución de la tasa de interés, menores
impuestos) re-sultan insuficientes. La recuperación debe venir de la mano del
gasto público. Kalecki decía que son conocidos los mecanismos de política
económica para lograr la recuperación y mantener una situación cercana a la
ocupación plena. Pero el grave problema era “vender” esas ideas políticamente.
Según Kalecki, los sectores privilegiados, por ejemplo las entidades que
nu-clean a las grandes empresas y a los grandes dueños de la tierra, temen a la
intervención del Estado en procura del pleno empleo por diversas razones, que
analiza detenidamente. La primera es el miedo a la interferencia del gobierno
y a la pérdida de poder que esto significa; les gusta que “se busque la
confianza de los empresarios y del mercado”. La segunda es el temor al
relajamiento de la disciplina laboral; el agotamiento del “ejército de
reserva” de trabajadores desocupados fortalece al poder sindical y da fuerza a
los reclamos de mayores salarios reales y de mejores condiciones de trabajo.
En tercer lugar está la preocupación por las políticas igualitarias y de
redistribución del ingreso que acompañan a la mayor intervención estatal. De
acuerdo a su experiencia de los años ’30, decía que el único aumento del gasto
estatal que los privilegiados aceptan sin oposición es el armamentismo. Cosa
que la historia de nuestros tiempos puede corroborar.
El problema adicional es que una política de ingresos para combatir la
desocupación viene acompañada de presiones inflacionarias originadas en el
crecimiento de la demanda. Como se demostrara años después, con la “Curva de
Phillips”, un aumento en algunos puntos en la tasa de inflación es el precio a
pagar por una disminución de la desocupación, o –a la inversa-el incremento de
la desocupación es el costo de cortar la inflación.
Por todas esas razones, con la recuperación económica empieza una
campaña desempolvando mitos como el del equilibrio presupuestario o la
ineficiencia estatal, se denuncia el exceso de gasto público y las presiones
inflacionarias y se reclama el ajuste de las cuentas públicas para parar la
inflación.
Según las palabras de Kalecki, el ciclo político funciona así: “Durante
la depresión, ya sea bajo la presión de las masas o incluso sin ella, se
emprenderá una inversión pública financiada mediante el endeudamiento para
impedir el desempleo a gran escala. Pero si se intenta aplicar este método a
fin de mantener el alto nivel de empleo alcanzado en el subsiguiente auge es
posible que se confronte una fuerte oposición de los dirigentes empresariales.
Como ya se ha discutido, el pleno empleo perdurable no goza en absoluto de sus
simpatías. Los trabajadores estarían fuera de control y los capitanes de la
industria estarían impacientes de darles una lección. Más aún, el incremento
durante la recuperación presenta desventajas para los pequeños y grandes rentistas
y los hace sentirse cansados del auge. En esta situación, posiblemente se forme
un poderoso bloque entre las grandes empresas y los intereses de los rentis
tas, y posiblemente encontrarán más de un economista que declare que la
situación es manifiestamente poco sólida. La presión de todas estas fuerzas, y
en particular de las grandes empresas –por lo general con influencia poderosa
en los departamentos gubernamentales-, inducirá probablemente al gobierno a
volver a la política ortodoxa de reducción del déficit presupuestario. Vendrá
después una depresión en la que la política de gastos volvería otra vez a su
sitio”. Y vuelta a empezar.
Ayuda a que el ciclo político sea una realidad la falta de memoria
colectiva de la sociedad, que tiende a sepultar en el olvido los malos
momentos. Muchos de los que en la Argentina de hoy protestan por la situación
actual y reclaman por un ajuste del gasto del estado han olvidado los años
previos a 2001, cuando no podían dormir por la deuda impaga en el banco, por la
sombra de la quiebra sobre sus empresas o por el temor a perder el empleo.
El futuro del capitalismo
Kalecki no era optimista respecto al futuro del capitalismo. Las
inversiones son el motor del crecimiento del producto que, en el capitalismo,
dependen de la evolución de la tasa de ganancia y de los recursos acumulados
por las empresas, además de factores externos, como las innovaciones. Coincide
con Keynes en que las inversiones crean el ahorro necesario, contrariamente a
la teoría neoclásica que ve en el ahorro previo los fondos que la hacen
posible. Creía que había fundamentalmente dos factores que presionaban contra
la posibilidad de un crecimiento armónico a largo plazo: 1-El permanente
aumento del grado de monopolio que, al incrementar las tasas de ganancias de
los sectores concentrados, disminuye la tasa general de ganancia para el resto
de los capitalistas y, también, disminuye el coeficiente de participación del
trabajo en el total del producto, volviendo menor al multiplicador del gasto;
además, el monopolio tiende a administrar la incorporación de innovaciones en
función de sus intereses, lo que actúa en sentido contrario al progreso. 2-El
ahorro de los no capitalistas, en particular de los rentistas, que representa
un obstáculo para el crecimiento.
El caso de Japón, sociedad muy rica que por excesos de ahorro desde hace
muchos años tiene un crecimiento nulo, puede servir de confirmación de las
predicciones de Kalecki. Como también la hipertrofia financiera del mundo
globalizado en crisis permanente de la actualidad.
Hace más de medio siglo terminaba su libro Teoría de la dinámica
económica con estas palabras: “Nuestro análisis demuestra, como hemos indicado
antes, que el desarrollo a largo plazo no es inherente a la economía
capitalista. Para sostener un movimiento de ascenso a largo plazo se requieren
‘factores de desarrollo específicos’. Entre estos hemos señalado que las
innovaciones en el sentido más general son el promotor más importante del
desarrollo. En cambio, otro de los factores de largo plazo que hemos considerado,
el ahorro de los rentistas, resulta ser más bien un obstáculo que un estímulo
al desarrollo.
“Si se reduce la intensidad de las innovaciones en las etapas
posteriores del desarrollo capitalista, se origina un retraso del crecimiento
del capital y la producción. Además, si el efecto que el aumento de grado de
monopolio tie-ne sobre la distribución del ingreso nacional no es
contrarrestado por otros factores, habrá un desplazamiento relativo de los
salarios hacia las ganancias y esto constituirá un motivo más para que se torne
más lento el aumento a largo plazo de la producción.
“Si la tasa de aumento de la producción desciende por debajo de la tasa
combinado de incremento de la productividad del trabajo y de la población, la
desocupación acusará un aumento a largo plazo. Según lo dicho antes, este
fenómeno probablemente no pondrá en movimiento fuerzas que alivien
automáticamente el alza de la desocupación mediante una mayor tasa de
incremento de la producción.”
La economía del socialismo
Feldman fue un economista soviético que en 1928 publicó en un artículo
un modelo simplificado para el crecimiento socialista, basado en los esquemas
de reproducción ampliada de Marx; allí demuestra que, en la asignación de
recursos para la inversión, cuanto mayor sea la proporción destinada a la
producción de bienes de producción, es decir, a la industria pesada, mayor será
el crecimiento de la economía y, también, a largo plazo, será mayor el consumo
que si, a corto plazo, se da prioridad a éste. El modelo fue conocido en
Occidente en su versión keynesiana bajo el nombre de “Modelo de
Feldman-Mahalanobis”, aplicado con éxito en India luego de la Segunda Guerra.
A pesar de que Feldman estuvo enrolado en la corriente trotskista, el mode-lo
fue aplicado (sin mayores créditos para su autor) por el estalinismo en el
proceso de rápida industrialización de la Unión Soviética. Así, Strumlim, el
economista oficial de esa época, sostuvo que la ley de desarrollo
balanceado de Stalin se puede reducir “a la regla de que la producción de
bienes de producción debe necesariamente, de acuerdo con el plan, superar al
incremento en la producción de bienes de consumo” (citado por Feiwel, pg. 356).
La demostración de Feldman es correcta y tiene muchos elementos
positivos, por ejemplo es el primero en poner de manifiesto que no basta con
hablar de inversión sino que es necesario contar con los bienes de producción
disponibles para ello. Pero, también, contiene simplificaciones que hay que
tener presente. Tal vez la más importante es el supuesto de que no existe lapso
entre la decisión de inversión y la maduración de la misma y la disponibilidad
de su producción, lo que puede llevar a subestimar el sacrificio exigido a las
generaciones presentes para lograr un rápido crecimiento económico y un aumento
futuro del consumo.
Ese modelo de industrialización fue aplicado mecánicamente en las
llamadas “democracias populares” europeas, con la tentación de los
planificadores de apurar el crecimiento productivo del sistema (y las
necesidades de gasto militar propios de la Guerra Fría) ajustando el consumo
presente. Este sacrificio exigido a la población probablemente sea una de las
causas que restaron apoyo popular al sistema y finalmente llevaron a la
implosión.
En Polonia se aplicó de tal forma el modelo que la desproporción entre
la industria pesada en desmedro del consumo, según Oscar Lange, creció hasta
tal punto que la economía nacional estuvo al borde del colapso.
Kalecki (lo mismo que Lange) fue muy crítico con la ortodoxia aplicada,
lo que se puede apreciar en el concepto que tenía sobre la economía del
socialismo, plasmada en la definición que dio de él: “El socialismo es un
sistema que posibilita la utilización plena y racional del excedente económico
en beneficio del consumo presente y futuro de la población trabajadora”.
Hoy, luego de la debacle del llamado “socialismo real” y en momentos de
profunda crisis capitalista global, hay mucho para aprender en la teoría
económica de Michal Kalecki.
FIN

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