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Libro N° 14693. De La Última Hornada. Dicenta, Joaquín.

Guillermo Molina Miranda mayo 19, 2026


© Libro N° 14693. De La Última Hornada. Dicenta, Joaquín. Emancipación. Enero 10 de 2026

 

Título Original: © De La Última Hornada. Joaquín Dicenta

 

Versión Original: © De La Última Hornada. Joaquín Dicenta

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://gansoypulpo.com/autor/dicenta/nb0437-de-la-ultima-hornada/


 

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Portada E.O. de:  

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

DE LA ÚLTIMA HORNADA

Joaquín Dicenta


 

 

 

De La Última Hornada

Joaquín Dicenta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

Table of Contents

Nota previa

Autor

De la última hornada



 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota previa

Se reproduce a continuación el relato De la última hornada, de Joaquín Dicenta.

Ganso y Pulpo ha realizado su edición a partir del texto publicado en el diario El Liberal el día 11 de diciembre de 1890 (año XII, núm. 4.195).

El texto se corresponde con el identificador editorial GYP-NB0437, habiéndose podido actualizar su ortografía y gramática de acuerdo con las reglas vigentes del idioma español. Estos cambios suponen, en el plano ortográfico, la supresión del acento en monosílabos y la actualización de aquel léxico técnico y/o extranjerismos que están actualmente integrados en el idioma. En el plano gramatical ha podido variar el texto en relación a la disposición de signos de puntuación, principalmente en relación al empleo de la raya.

En cuanto a la licencia de esta edición debe tenerse en cuenta que el texto reproducido es de dominio público (Joaquín Dicenta falleció en 1917). Por otra parte, tanto la portada como la edición aquí presentadas se distribuyen gratuitamente bajo licencia Creative Commons por la editorial electrónica Ganso y Pulpo, que espera se comparta en los mismos términos que los estipulados originalmente (edición íntegra, sin ánimo de lucro y respetuosa tanto con el texto como con el trabajo desempeñado por la editorial).

El presente ePub está libre de DRM y validado técnicamente, como puede comprobarse mediante la aplicación web del IDPF.

Todas las posibles modificaciones realizadas hasta la fecha en este libro están declaradas en el registro de cambios general, que encontrará en la página web del proyecto.

Sin más, esperamos que disfrute de su lectura. Todas sus apreciaciones, sugerencias y observaciones son bienvenidas en nuestro formulario de contacto.

Ganso y Pulpo

Creación: Barcelona, 20 de junio de 2019

Última revisión: Barcelona, 30 de julio de 2019

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Joaquín Dicenta

Nacimiento03-02-1862

Calatayud, Zaragoza, España

Defunción21-02-1917

Alicante, España

EtiquetaEscritor naturalista

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Introducción

Joaquín Dicenta, dramaturgo, poeta, narrador y periodista; padre del dramaturgo y poeta de mismo nombre y del actor Manuel Dicenta; es uno de los modelos ejemplares de la juventud artista, bohemia, pendenciera y atea que pululaba el Madrid de finales del siglo XIX.

Ya en 1878 fue expulsado de la Academia de Artillería de Segovia a causa de su vida disoluta, donde alcohol y mujeres eran la constante. Asistente frecuente de los arrabales y los barrios marginales de Madrid {hecho censurado en su caso por Unamuno y Azorín}, fue introduciéndose poco a poco en círculos republicanos y demócratas, donde conoció el «socialismo utópico», el «krausismo» y entabló gran amistad con el también bohemio Manuel Paso.

Su labor como escritor se inició con colaboraciones en periódicos como El Liberal o la revista Edén y, aunque el éxito le viniese principalmente de sus dramas {digno de mención el éxito de Juan José, melodrama con que se inicia el «drama social» en España}, son recurrentes sus colaboraciones narrativas y poéticas en revistas como La Vida Galante y resulta significativa su labor editorial en el semanario Germinal {donde publicaban los escritores autodenominados como «Gente nueva»} o el diario republicano El País.

Fundador junto a Ruperto Chapí de la Sociedad de Autores en 1889, hoy podemos acceder a su producción literaria libremente. Ganso y Pulpo pretende contribuir a ello con la reedición de varios de sus textos.

Semblanza

Ganso y Pulpo se encuentra actualmente en proceso de documentación para ofrecerle información rigurosa y pertinente al respecto de este punto.

Labor literaria

Ganso y Pulpo se encuentra actualmente en proceso de documentación para ofrecerle información rigurosa y pertinente al respecto de este punto.

Producción

Novela

·    Garcés de Marsilla {1891}

·    Tinta negra {1891}

·    Rebelión {1893}

·    Los asistentes {1895}

·    De la batalla {1896}

·    Juan José en capilla {1896}

·    Crónicas {1898}

·    Lorenzo {1899}

·    La cortijera {1900}

·    Espumas y plomo: cartas sin sobre {1903}

·    De piedra a piedra {1904}

·    La finca de los muertos {1904}

·    Traperías {1905}

·    Desde los rosales {1906}

·    Una letra de cambio {1907}

·    Del camino {1908}

·    Galerna {1908}

·    La gañanía {1908}

·    Cuentos : Dedicatoria.- El nido de gorriones.- La epopeya de una cíngara.- En la estación.- Aniversario negro {1909}

·    El sino {1909}

·    El idilio de Pedrín {1910}

·    Por Bretaña {1910}

·    Rebeldía {1910}

·    ¿Cuál de los dos? {1911}

·    El tío Quico {1911}

·    Una lección de amores {1911; edición póstuma en 1927}

·    Bajo los mirtos {1912}

·    Idos y muertos {1912}

·    Infanticida {1912}

·    Los bárbaros {1912}

·    ¡Redención! {1912}

·    Encarnación {1913}

·    El bufón {1913}

·    El hampón {1913}

·    La ciudad de plomo {1913}

·    Los de abajo {1913}

·    Mares de España {1913}

·    Página rota {1913}

·    Puesta de sol {1913}

·    Sol de invierno {1913}

·    Caballería maleante {1914}

·    De la vida que pasa : novelas cortas {1914}

·    El pasaporte amarillo {1914}

·    Estrellita de Alba {1914}

·    Malvarrosa {1914}

·    El capitán Anselmo {1915}

·    El caudillo {1915}

·    Entre dos luces {1915}

·    Luz {1915}

·    Mi Venus {1915}

·    El hijo del odio {1916}

·    Gente nueva {1916}

·    Interior {1916}

·    Juan José : novela {1916}

·    La herencia {1916}

·    ¡Quién fuera tú! {1916}

·    Flor de espino {1917}

·    Mujeres {1917; obra póstuma}

·    Paraíso perdido {1917}

Teatro

·    El suicidio de Werther : drama en cuatro actos y en verso {1888}

·    Spoliarium : cuadros sociales {1888}

·    La mejor ley : obra dramática {1889}

·    Los irresponsables : drama en tres actos y verso {1890}

·    Honra y vida : leyenda dramática en un acto y en verso {1891}

·    El duque de Gandía : drama lírico en tres actos y un epílogo, en verso {1894}

·    Luciano : drama en tres actos y en prosa {1894}

·    Juan José {1895}

·    El señor feudal : drama en tres actos y en prosa {1896}

·    Curro Vargas : zarzuela {1898}

·    El león de bronce : comedia en prosa {1900}

·    El tío Gervasio : monólogo en un acto y en prosa {1900}

·    Aurora : drama en tres actos y prosa {1902}

·    De tren en tren : comedia en un acto inspirada en un cuento francés {1902}

·    Raimundo Lulio: drama lírico en tres actos y un epílogo {1903}

·    Juan Francisco : drama lírico en tres actos y en verso {1904}

·    El vals de las sombras : juguete cómico-lírico en un acto y en prosa {1905}

·    Entre rocas : zarzuela {1905}

·    La conversión de Mañara : comedia en tres actos y seis cuadros, en verso {1905}

·    Amor de artistas : comedia en cuatro actos y prosa {1906}

·    Daniel : drama en cuatro actos y en prosa {1907}

·    Lorenza : comedia en tres actos y en prosa {1907}

·    Marinera : monólogo en un acto y en prosa {1907}

·    El crimen de ayer : drama en tres actos y en prosa {1908}

·    La confesión : comedia en un acto y en prosa {1908}

·    Los majos de plante : sainete en un acto y tres cuadros, en verso {1908}

·    Los tres maridos burlados : enredo en tres cuadros y un prólogo, en verso, inspirado en la novela de Tirso de Molina {1909}

·    ¡Pa mí que nieva! : modismo en dos cuadros y en prosa {1913}

·    Sobrevivirse : drama en tres actos y un prólogo en prosa {1913}

·    El lobo : drama en tres actos y en prosa {1914}

·    El idilio de Pedrín : poema en tres actos y un epílogo, en verso {1915}

·    Los irresponsables : drama en tres actos y en verso {1915}

·    La promesa : leyenda lírica-dramática en cinco jornadas, inspirada en un cuento de Gustavo A. Bécquer {1917; obra póstuma}

Lírica

·    Sevillanas {1892}

·    Del tiempo mozo : versos {1912}

·    El libro de mis quimeras : poesías {1912}

Ensayo

·    Informe sobre la reorganización de la enseñanza municipal de Madrid {1910}

Traducción

·    El místico : drama en cuatro actos y en prosa, escrito en catalán por Santiago Rusiñol {1909}

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DE LA ÚLTIMA HORNADA

 

—No le quepa a V. duda; el secreto de la vida está en divertirse y solo en divertirse, sin descuidar, por supuesto, lo que a nuestras comodidades y a nuestro porvenir se refiere.

Así se expresaba un joven de veintidós a veintitrés años, asiduo concurrente a cierto café donde asisto yo todas las tardes, como quien asiste a una cátedra; porque si el café constituye en la mayoría de los casos un centro de holganza y un congreso de maldicientes, puede también resultar, para quien sabe utilizarlo, un observatorio de hombres como otro cualquiera.

Aquel joven era y sigue siendo mi contertulio de mesa; yo me complazco en escucharle porque representa de hecho y de derecho a la última hornada de nuestra juventud y, ¡qué demonio!, bien vale la pena de perder un par de horas averiguando cómo razonan y cómo discurren los que a vuelta de algunos años han de influir en los destinos de la patria con el esfuerzo de sus músculos o con los productos de su inteligencia.

Viste el mozo a quien me refiero con irreprochable elegancia. Entre él y los figurines de sastrería solo existe una diferencia: los segundos no hablan, mi contertulio lo hace por los codos. Si este hecho resulta favorable para los figurines o para mi amigo, cosa es difícil de averiguar; yo al menos reservo cuidadosamente mi opinión. Su indumentaria, repito, es de última moda y ajusta a maravilla en su cuerpo débil, sobre cuyos hombros descansa una cabeza de ojos perezosos, y de cutis pálido, no con esa palidez mate y saludable que acusa la energía de un temperamento nervioso, sino con esa otra palidez blancuzca y enfermiza por medio de la cual se manifiesta el desplome de un organismo deshecho por abusos propios y por males hereditarios. Yo contemplo siempre a este individuo con íntima tristeza, porque me parece que él y cuantos iguales a él circulan por calles, salones y teatros, son los últimos esputos de una raza que sucumbe con el raquitismo en la sangre y el desequilibrio en el cerebro.

—¿Con que divertirse, eh? ¿Nada más que divertirse? —exclamé, repitiendo las últimas frases de mi interlocutor.

—Así como suena —repuso él—. De sobra he hecho perdiendo seis años en estudiar a tropezones una carrera que me dé posición oficial en el mundo; ahora que tengo el título pienso gozar todo lo que pueda y hasta donde mis recursos me lo permitan; por algo hay en la corte mujeres hermosas y maridos simples, y padres imbéciles, y centros de placer; por algo soy joven. ¡Qué diablo! Los hombres como yo no han nacido para el trabajo. Que trabajen las bestias y los jornaleros; que discurran los filósofos; que inventen los sabios. Yo no me ocupo en tales disparates.

—¿De modo que piensa usted dedicar la vida entera a divertirse? ¿Que no tiene usted otros propósitos? ¿Que de joven, como lo es usted hoy y de hombre maduro, como lo será usted mañana, y de viejo —porque a viejo llegará usted si no se muere— está decidido a hacer lo mismo, sin preocuparse de otra cosa?

—¡Quia, no, señor! Soy hombre práctico. No me lanzaré a esos desenfrenos públicos y casi siempre inofensivos que perjudican el bienestar y el porvenir de algunos infelices. Si tuviera una fortuna inmensa acaso lo haría, pero no la tengo. Cuando lo juzgue necesario y útil a las contingencias futuras de mi vida, me casaré.

—¿Para constituir un hogar dichoso? ¿Para enaltecerse por el trabajo? ¿Para mirarse en los ojos de una mujer bella y virtuosa? ¿Para tener una compañera en sus alegrías y un consuelo en sus infortunios? ¿Para…?

—¡Quiere V. callar, hombre, quiere usted callar! ¿Quién se casa en el mundo para eso?… Lo que menos me importa a mí es que mi mujer sea guapa y buena y humilde; lo que necesito yo, ante todo, y sobre todo, es una mujer rica, tampoco me opongo a que sea tonta: miel sobre hojuelas. Con esposa de tales condiciones, podía seguir divirtiéndome sin temor a miserias y contrariedades. En sabiendo cubrir las formas —de esto yo me encargo— se consigue la felicidad. Si mi mujer es fea, pagaré con mi dinero o con el suyo (para el caso es igual) una querida hermosa que satisfaga mis apetitos. Tendré buena casa, buena mesa, caballos en la cuadra, un coche a mi disposición, amigos que me agasajen y me adulen; trabajaré poco o, mejor dicho, no trabajaré nada; solo que a fin de no merecer entre mi familia renombre de holgazán, procuraré habilitarme un despacho pertrechado con todos los requisitos de fórmula, desde una mesa muy grande y un tintero casi tan grande como la mesa, hasta una biblioteca llena por libros de todos los autores, clases e idiomas.

—¿Piensa usted entregarse a la lectura en sus ratos de ocio?

—No, señor. ¡Lecturas!… ¿A qué fin?… Los versos me fastidian, las novelas me aburren, la ciencia me empalaga. ¿Qué me importan a mí los sentimientos traducidos por un poeta en renglones cortos que siempre me suenan a hueco? ¿De qué valen esas pinturas de costumbres que hacen los novelistas condenándolo todo y sin arreglar nada? ¿Qué se me da a mí de los inventos modernos? ¡Inventos!… Con utilizarlos cuando los necesite, tengo bastante. Lo de la biblioteca lo haré por lujo y nada más; se lo juro a V. sinceramente.

—No reclamo el juramento, amigo mío; le creo a usted bajo su palabra de honor.

—Muchas gracias.

—¿Siendo usted tan poco aficionado a la literatura, aborrecerá también el teatro?

—El teatro es distinto; en el teatro hay gente, se lucen trajes, joyas; se habla, se murmura… Como entretenimiento, no me parece mal. Palco en la Ópera no ha de faltarme si mis deseos se realizan; y para solaz del espíritu ahí están los teatrillos de hora, que son una deliciosa institución. Lo que sí le prometo a usted con toda mi alma es no asistir a los teatros donde se representen dramas y comedias serias. No pienso frecuentarlos más que en días de estreno, y eso para ver si logro reventar la obra y matar al autor a silbidos.

—También lo creo, joven; no necesita usted esforzarse en demostrarlo; pero permítame V. una pregunta. Fuera parte de la querida que a diario aburre, de la ópera que toca cada tres noches y de los teatrillos por entregas, V. que ni lee, ni estudia, ni se molesta en discurrir, ¿cómo piensa emplear su tiempo?

—¿Cómo?… Dedicándolo a otras cosas, las cuales, sobre no valer menos, entretienen más. Dos horas de sala de armas no hay quien me las quite; manejo la espada, el florete y la pistola regularmente, y no quiero perder la costumbre; así, cuando tenga una de esas cuestiones de amor propio, que nunca faltan en el gran mundo, mataré a mi contrario; esto proporciona fama y prestigio; desde la sala de armas saldré a dar un paseo a caballo, porque soy buen jinete, no he descuidado mi educación, y los días de aburrimiento me iré de caza; también soy un cazador notable.

—Me felicito de ello; siendo buen jinete, buen cazador y esgrimidor famoso, puede V. prestar grandes servicios a la patria acudiendo a salvarla el día que se encuentre en peligro.

—¡La patria!… ¿Y qué es la patria? ¿Por ventura existe? La patria se encuentra en cualquier sitio donde uno pueda vivir tranquilo y satisfecho. ¡Defenderla! Que la defiendan los soldados y la gente de poco más o menos; bueno que esta idea se emplea para conmover a las masas; para adquirir popularidad; pero sacrificarse por ella es un absurdo; claro que yo no diré tales cosas cuando me nombren diputado; hablaré de la patria todos los días y en todos mis discursos, y haré lo que hacen muchos, la mayor parte de los que la invocan; llevarla en los labios y suprimirla del corazón.

—¡Magnífico! Eso se llama tener práctica y experiencia y espíritu sagaz y calculista. Por supuesto, que cuando V. ocupe un escaño en el Congreso de los Diputados no lo hará ansioso de proteger los derechos del ciudadano, los intereses del país, las libertades públicas, el progreso, etc.; se servirá V. de estas palabras en obsequio propio y llegará a ministro —porque V. llega a ministro de seguro— para satisfacer su vanidad y el apetito de unos cuantos aduladores.

—Justo. Ha interpretado V. mis sentimientos a maravilla.

—¡Basta, joven, basta! —exclamé estrechando entre mis brazos, con tanta fuerza que casi lo ahogo, a aquel representante de la moderna juventud—, basta; no siga usted; tiene usted razón que le sobra. El secreto de la vida está en divertirse; ¿para qué sirven todos esos nombres huecos de amor, virtud, justicia, patria, civilización y progreso? ¿Qué es la ciencia, sino una carga insoportable? ¿Qué es el arte, sino una mentira estúpida? Nada, nada; yo felicito a usted cordialmente desde el fondo de mi corazón. Buenos trajes, buenos caballos, buena mesa, buena salud y buenas queridas; ¿lo demás qué importa? Adelante, amigo, adelante, y si alguien le dice que con tales ideas y con tan pobre juventud las naciones se estancan y los pueblos desaparecen, diga V. que por muy deprisa que vayan las cosas, usted no ha de verlas

Ni yo tampoco.


FIN

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