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Libro N° 13525. Los Cuidadores. Almena, Fernando.

Guillermo Molina Miranda abril 07, 2026


© Libro N° 13525. Los Cuidadores. Almena, Fernando. Emancipación. Febrero 15 de 2025

 

Título Original: © Los Cuidadores. Fernando Almena

 

Versión Original: © Los Cuidadores. Fernando Almena

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS CUIDADORES

Fernando Almena

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Cuidadores

Fernando Almena

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los cuidadores

 

Fernando Almena

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PERSONAJES

 

CUIDADORA.

 

CUIDADOR.

 

GENERAL.

 

 

(En escena, el GENERAL, decrépito y con aspecto de ido, en silla de ruedas, el CUIDADOR y la CUIDADORA, ambos de mediana edad y vestidos con cierto formalismo. Algunos asientos y una mesa con periódicos encima.)

 

CUIDADORA.- No entiendo cómo nos hemos prestado para este trabajo.

CUIDADOR.- Por dinero.

 

CUIDADORA.- Si económicamente fuera t an atractivo lo habría solicitado más gente. Los únicos, tú y yo. Nos lo han dado por aclamación.

 

CUIDADOR.- La convocatoria era muy restringida. El ministro lo consideraba un trabajo de responsabilidad y sumamente delicado, y comprometido.

CUIDADORA. - ¿Y por qué no se ha ocupado él directamente, o él y su mujer?

 

CUIDADOR.- Su distinguida esposa está en las Bahamas con su amante.

 

CUIDADORA.- Pues que lo hubiera hecho el ministro con la suya.

 

CUIDADOR.- Imposible, está en las islas Caimán con el suyo, quiero decir que la amante del ministro está con su amante, que, a su vez, puede tener su propia amante, que sería la amante del amant e de la amante del ministro. Podría llegar hasta al infinito para hacerte comprender la imp osibilidad de que el ministro se ocupara.

 

CUIDADORA. - No creo que llegaras al infinito siendo infinito. (Breve pausa.) Mentiría si dijera que no lo hago por dinero, sabida mi dedicación a la política, ni porque el ministro me lo pidió, pero tuve además otro motivo quizá decisivo: (se acerca al GENERAL y lo observa) quería conocer de cerca al tirano.

 

(El GENERAL suelta una ventosidad y, ya satisfecho, apoya la barbilla sobre el pecho, como si dormitara.)



 

 

 

 

 

 

1



CUIDADOR.- Similares motivos me empujaron, admitiendo el dinero y la amenaza del ministro de retirarme sus favores, pero también el morbo de conocer de cerca al que fuera tan prepotente personaje.

 

GENERAL.- (Levanta la cabeza y sonríe.) Ta...

ta... ta...

 

CUIDADORA.- ¿Qué habrá querido decir? CUIDADOR.- Yo juraría que patata. CUIDADORA.- Lo creo indigno en un militar de carrera. Lástima no haber traído un magnetófono. Quizá habría sido una frase para la Historia.

 

CUIDADOR.- Qué más da, su biografía está repleta de frases. La más famosa fue aquella de...

GENERAL.- (Con voz apagada, como hablará siempre.)

 

¡Fusiladlos!

 

(La CUIDADORA y el CUIDADOR retroceden un paso con temor. El GENERAL emite una especie de carcajada siniestra.)

 

CUIDADORA.- Has tenido miedo.

 

CUIDADOR.- Y tú.

 

CUIDADORA.- La costumbre. (Breve pausa.) No entiendo por qué hemos de cuidar a este tipo siniestro. Nunca creí que le permitieran continuar en el país.

 

CUIDADOR.- Las presiones internacionales. Esa suerte de connivencia entre altos dignatarios, favores pretéritos...

 

GENERAL.- Devolución.

 

CUIDADORA.- Dijo revolución, estoy segura. CUIDADOR.- También yo creí entender... ¿Habría que avisar al ministro?

 

CUIDADORA.- No creo, (mira de cerca al GENERAL) no parece ya peligroso.

CUIDADOR. - No te fíes. (Se acerca al GENERAL y lo observa.) Pues no, con el miedo que le tuvimos en la clandestinidad...

 

CUIDADORA.- (Se crece.)Tiemposnuevos. (Vaala mesa, coge un periódico y se acerca al GENERAL.) Mire, general, hoy se puede decir lo que se piensa con absoluta libertad. (Que tiene de nuevo gacha la cabeza, sin levantarla, emite un ruido como el de una pedorreta.) ¿Lo duda? Mire, mire. (Abre

 

el periódico por cualquier página y lee.) "Alea jacta est", "La suerte está echada". Dígame, ¿cuándo durante su mandato pudo publicar nadie algo tan expresivo como esto?, y además en latín por si alguien no se entera.

 

(El GENERAL emite un sonido gutural, que parece una

 

risa ahogada.)

 

CUIDADOR.- (En voz baja, a CUIDADORA.) Disculpa, creo que le leíste un titular deportivo.



 

 

 

2



CUIDADORA.- (Tras un breve silencio, durante el que mira con regodeo al GENERAL.) Me parece un sueño verlo así, acabado. Años aguardando este momento. (El

 

GENERAL la mira y sonríe, no se sabe bien si con cinismo o burla.) Digo, general, que me sorprende contemplarlo así, descabalgado del pedestal, de la peana en que era adorado por quienes nos masacraban a los que pugnábamos por nuestros derechos.

 

GENERAL.- (Levanta con esfuerzo una mano.) Orden y justicia.

CUIDADORA.- Y se permite reclamar justicia cuando, si la hubiera, debería estar pudriéndose en una celda inmunda. Semejante desfachatez sólo es posible en un tipejo tan esperpéntico como usted. Mírenlo: el gran valedor del orden y la moral. (Ríe.) ¿Dónde quedó su puritanismo, general? ¿Dónde sus encendidas soflamas sobre la castidad? (Se acerca hasta casi rozar al GENERAL.) ¿Sabe que ahora el pueblo practica el sexo a voluntad y sin límites?

CUIDADOR.- No te acerques tanto. CUIDADORA.- ¿Temes que me ataque? CUIDADOR.- (Con una sonrisa.) Que se ponga cachondo.

 

CUIDADORA.- ¿Podría, general? ¿Tendría fuerzas o lo

 

vencerían sus castos escrúpulos? (Se levanta la falda y le enseña una pierna, se la acerca hasta casi rozarlo con ella.)

 

¿No le gustaría acariciarla, sobarla, babearla, general? (El GENERAL le acaricia la pierna, como un niño acariciaría un juguete. Ella le pega una bofetada.) ¡Cerdo, farsante, hipócrita!

 

GENERAL.- (Lloriquea.) Exterminadlos. CUIDADOR.- Míralo, aún se cree el sumo poder. Se siente emperador, el pequeño Napoleón. No se preocupe, le daremos el inmenso placer de ser coronado. (Coge el periódico, hace un gorro en forma de bicornio y se lo coloca en la cabeza al GENERAL, que sonríe.) He aquí, señoras y señores, a su excelencia el invicto general, el inconmovible opresor.

 

Ríndale pleitesía el pueblo, ese pueblo hoy libre y democrático.

 

(El GENERAL ríe como con recochineo.)

 

CUIDADORA.- ¡Basta de risas! Usted ya no es nadie.

 

(La CUIDADORA se sitúa detrás de la silla de ruedas y la

 

vuelca hacia delante. El GENERAL cae al suelo.)


3



CUIDADOR.- Sólo un comemierda, que ya no impresiona.

 

La democracia ha triunfado. ¡Viva la democracia!

 

(El CUIDADOR propina varias patadas al GENERAL.)

 

CUIDADORA.- ¡Viva la libertad! (Salta repetidamente sobre el cuerpo caído del GENERAL, pateándolo.) Creyó que su poder sería eterno, pero se equivocó, general. Sus incontables víctimas gozarían si lo pudieran ver. Sólo es un guiñapo.

 

(La CUIDADORA y el CUIDADOR cogen de las manos al GENERAL y lo arrastran por escena. Al fin, lo dejan junto a la silla. Un silencio.)

 

CUIDADOR.- (Se acerca al cuerpo del GENERAL.)

 

Creo que está muerto.

 

CUIDADORA.- ¡Oh, no! El ministro nos escogió para que lo cuidáramos. Nos hizo responsables. Dijo que confiaba en nuestra competencia y en la exquisitez de nuestro trato, y nosotros... Nos matará. Sabes que por menos...

 

CUIDADOR.- Espera, pongámoslo en la silla. Diremos que sufrió un ataque... En sus condiciones no sorprenderá. CUIDADORA.- Sí, quizá sea lo mejor.

 

(Sientan al GENERAL en su silla, le componen la figura hasta que parece que dormita plácidamente. Se separan para admirar su aspecto.)

 

CUIDADOR.- Enternece mirarlo.

 

CUIDADORA.- Creerán que al final su espíritu halló la paz.

 

CUIDADOR.- Pues que en paz descanse.

 

(De repente, el GENERAL se mueve y, con cierta dificultad, se pone de pie. Los CUIDADORES lo miran con estupor y miedo, y huyen de escena a la carrera.)

 

GENERAL.- (Con una inocente y abierta sonrisa.) Caca.

 

(Y cae con rapidez el telón.)

 

F I N

 






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