Libro N° 13525. Los Cuidadores. Almena, Fernando.
© Libro N° 13525. Los Cuidadores. Almena, Fernando. Emancipación.
Febrero 15 de 2025
Título Original: ©
Los Cuidadores. Fernando Almena
Versión Original: ©
Los Cuidadores. Fernando Almena
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
Fernando Almena
Los
Cuidadores
Fernando Almena
Los cuidadores
Fernando Almena
PERSONAJES
CUIDADORA.
CUIDADOR.
GENERAL.
(En escena, el GENERAL, decrépito y con aspecto de ido, en silla de
ruedas, el CUIDADOR y la CUIDADORA, ambos de mediana edad y vestidos con cierto
formalismo. Algunos asientos y una mesa con periódicos encima.)
CUIDADORA.- No entiendo cómo nos hemos
prestado para este trabajo.
CUIDADOR.- Por dinero.
CUIDADORA.- Si económicamente fuera t an
atractivo lo habría solicitado más gente. Los únicos, tú y yo. Nos lo han dado
por aclamación.
CUIDADOR.- La convocatoria era muy
restringida. El ministro lo consideraba un trabajo de responsabilidad y
sumamente delicado, y comprometido.
CUIDADORA. - ¿Y por qué no se ha ocupado él
directamente, o él y su mujer?
CUIDADOR.- Su distinguida esposa está en
las Bahamas con su amante.
CUIDADORA.- Pues que lo hubiera hecho el
ministro con la suya.
CUIDADOR.- Imposible, está en las islas
Caimán con el suyo, quiero decir que la amante del ministro está con su amante,
que, a su vez, puede tener su propia amante, que sería la amante del amant e de
la amante del ministro. Podría llegar hasta al infinito para hacerte comprender
la imp osibilidad de que el ministro se ocupara.
CUIDADORA. - No creo que llegaras al
infinito siendo infinito. (Breve pausa.) Mentiría si dijera
que no lo hago por dinero, sabida mi dedicación a la política, ni porque el
ministro me lo pidió, pero tuve además otro motivo quizá decisivo: (se
acerca al GENERAL y lo observa) quería conocer de cerca al tirano.
(El GENERAL suelta una ventosidad y, ya satisfecho, apoya la barbilla
sobre el pecho, como si dormitara.)
1
CUIDADOR.- Similares
motivos me empujaron, admitiendo el dinero y la amenaza del ministro de
retirarme sus favores, pero también el morbo de conocer de cerca al que fuera
tan prepotente personaje.
GENERAL.- (Levanta la cabeza y sonríe.) Ta...
ta... ta...
CUIDADORA.- ¿Qué habrá querido decir? CUIDADOR.- Yo
juraría que patata. CUIDADORA.- Lo creo indigno en un militar
de carrera. Lástima no haber traído un magnetófono. Quizá habría sido una frase
para la Historia.
CUIDADOR.- Qué más da, su biografía está
repleta de frases. La más famosa fue aquella de...
GENERAL.- (Con voz apagada, como hablará siempre.)
¡Fusiladlos!
(La CUIDADORA y el CUIDADOR retroceden un paso con temor. El GENERAL
emite una especie de carcajada siniestra.)
CUIDADORA.- Has tenido miedo.
CUIDADOR.- Y tú.
CUIDADORA.- La costumbre. (Breve
pausa.) No entiendo por qué hemos de cuidar a este tipo siniestro.
Nunca creí que le permitieran continuar en el país.
CUIDADOR.- Las presiones internacionales.
Esa suerte de connivencia entre altos dignatarios, favores pretéritos...
GENERAL.- Devolución.
CUIDADORA.- Dijo revolución, estoy segura. CUIDADOR.- También
yo creí entender... ¿Habría que avisar al ministro?
CUIDADORA.- No creo, (mira de cerca
al GENERAL) no parece ya peligroso.
CUIDADOR. - No te fíes. (Se acerca
al GENERAL y lo observa.) Pues no, con el miedo que le tuvimos en la
clandestinidad...
CUIDADORA.- (Se crece.)Tiemposnuevos. (Vaala
mesa, coge un periódico y se acerca al GENERAL.) Mire, general, hoy se
puede decir lo que se piensa con absoluta libertad. (Que tiene de nuevo
gacha la cabeza, sin levantarla, emite un ruido como el de una pedorreta.) ¿Lo
duda? Mire, mire. (Abre
el periódico por cualquier página y lee.) "Alea jacta est", "La suerte está echada".
Dígame, ¿cuándo durante su mandato pudo publicar nadie algo tan expresivo como
esto?, y además en latín por si alguien no se entera.
(El GENERAL emite un sonido gutural, que parece una
risa ahogada.)
CUIDADOR.- (En voz baja, a CUIDADORA.) Disculpa, creo que le leíste un titular deportivo.
2
CUIDADORA.- (Tras un breve silencio, durante
el que mira con regodeo al GENERAL.) Me parece un
sueño verlo así, acabado. Años aguardando este momento. (El
GENERAL la mira y sonríe, no se sabe bien si con cinismo o burla.) Digo, general, que me sorprende contemplarlo así, descabalgado del
pedestal, de la peana en que era adorado por quienes nos masacraban a los que
pugnábamos por nuestros derechos.
GENERAL.- (Levanta con esfuerzo una mano.) Orden y justicia.
CUIDADORA.- Y se permite reclamar justicia
cuando, si la hubiera, debería estar pudriéndose en una celda inmunda.
Semejante desfachatez sólo es posible en un tipejo tan esperpéntico como usted.
Mírenlo: el gran valedor del orden y la moral. (Ríe.) ¿Dónde
quedó su puritanismo, general? ¿Dónde sus encendidas soflamas sobre la
castidad? (Se acerca hasta casi rozar al GENERAL.) ¿Sabe que
ahora el pueblo practica el sexo a voluntad y sin límites?
CUIDADOR.- No te acerques tanto. CUIDADORA.- ¿Temes
que me ataque? CUIDADOR.- (Con una sonrisa.) Que se ponga
cachondo.
CUIDADORA.- ¿Podría, general? ¿Tendría
fuerzas o lo
vencerían sus castos escrúpulos? (Se levanta la falda y le
enseña una pierna, se la acerca hasta casi rozarlo con ella.)
¿No le gustaría acariciarla, sobarla, babearla, general? (El
GENERAL le acaricia la pierna, como un niño acariciaría un juguete. Ella le
pega una bofetada.) ¡Cerdo, farsante, hipócrita!
GENERAL.- (Lloriquea.) Exterminadlos. CUIDADOR.- Míralo,
aún se cree el sumo poder. Se siente emperador, el pequeño Napoleón. No se
preocupe, le daremos el inmenso placer de ser coronado. (Coge el
periódico, hace un gorro en forma de bicornio y se lo coloca en la cabeza al
GENERAL, que sonríe.) He aquí, señoras y señores, a su excelencia el
invicto general, el inconmovible opresor.
Ríndale pleitesía el pueblo, ese pueblo hoy libre y democrático.
(El GENERAL ríe como con recochineo.)
CUIDADORA.- ¡Basta de risas! Usted ya no es
nadie.
(La CUIDADORA se sitúa detrás de la silla de ruedas y la
vuelca hacia delante. El GENERAL cae al suelo.)
3
CUIDADOR.- Sólo un
comemierda, que ya no impresiona.
La democracia ha triunfado. ¡Viva la democracia!
(El CUIDADOR propina varias patadas al GENERAL.)
CUIDADORA.- ¡Viva la libertad! (Salta
repetidamente sobre el cuerpo caído del GENERAL, pateándolo.) Creyó
que su poder sería eterno, pero se equivocó, general. Sus incontables víctimas
gozarían si lo pudieran ver. Sólo es un guiñapo.
(La CUIDADORA y el CUIDADOR cogen de las manos al GENERAL y lo arrastran
por escena. Al fin, lo dejan junto a la silla. Un silencio.)
CUIDADOR.- (Se acerca al cuerpo del GENERAL.)
Creo que está muerto.
CUIDADORA.- ¡Oh, no! El ministro nos
escogió para que lo cuidáramos. Nos hizo responsables. Dijo que confiaba en
nuestra competencia y en la exquisitez de nuestro trato, y nosotros... Nos
matará. Sabes que por menos...
CUIDADOR.- Espera, pongámoslo en la silla.
Diremos que sufrió un ataque... En sus condiciones no sorprenderá. CUIDADORA.- Sí,
quizá sea lo mejor.
(Sientan al GENERAL en su silla, le componen la figura hasta que parece
que dormita plácidamente. Se separan para admirar su aspecto.)
CUIDADOR.- Enternece mirarlo.
CUIDADORA.- Creerán que al final su
espíritu halló la paz.
CUIDADOR.- Pues que en paz descanse.
(De repente, el GENERAL se mueve y, con cierta dificultad, se pone de
pie. Los CUIDADORES lo miran con estupor y miedo, y huyen de escena a la
carrera.)
GENERAL.- (Con una inocente y abierta sonrisa.) Caca.
(Y cae con rapidez el telón.)
F I N

