Libro N° 13514. Resistencia Vs. Emancipación: Foucault, Marcuse, Marx Y La Actualidad. Anderson, Kevin B.
© Libro N° 13514. Resistencia Vs.
Emancipación: Foucault, Marcuse, Marx Y La Actualidad. Anderson, Kevin B. Emancipación.
Febrero 15 de 2025
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Resistencia Vs. Emancipación: Foucault, Marcuse, Marx Y La
Actualidad. Kevin B. Anderson
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Resistencia Vs. Emancipación: Foucault, Marcuse, Marx Y La Actualidad. Kevin B.
Anderson
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Foucault, Marcuse, Marx Y La Actualidad
Kevin B. Anderson
RESISTENCIA
VS. EMANCIPACIÓN:
Foucault, Marcuse, Marx Y
La Actualidad
Kevin B. Anderson
«Resistencia
Vs. Emancipación: Foucault, Marcuse, Marx Y La Actualidad»: Kevin
B. Anderson
05/06/2020
[Nota introductoria a la
traducción al castellano. Este artículo apareció en el año 2013, en medio
de la ola de movimientos radicales que estallaron a raíz de la Gran Recesión y
de las revoluciones árabes del 2011. En los años siguientes estas revoluciones
fueron mayormente aplastadas por los viejos regímenes y hemos presenciado la
llegada al poder de los populismos de derecha, desde la India a los EEUU, y
desde Hungría a Brasil. En 2019, de todas formas, la ola revolucionaria ha
retornado al estallar significativos levantamientos en muchos países, primero en
Hong Kong y Sudán, y luego en Argelia, Chile y el Líbano.
Durante
el mismo período (2013/19), el marxismo ha experimentado un resurgimiento
global, al mismo tiempo que las ideas de Foucault han retrocedido. En un mismo
nivel, este declive ha sido provocado por las críticas de jóvenes intelectuales
sobre la indiferencia –o, lo que es peor, el posible apoyo- con que Foucault
recibió el surgimiento del neoliberalismo en los años previos a su muerte en
1984. Dicho retroceso también puede ser relacionado, de modo dialéctico, con el
resurgimiento marxista.
De todas
formas, el pensamiento de Foucault continúa siendo un importante marco de
referencia para muchos críticos y filósofos sociales y activistas de izquierda,
entre ellos muchos anarquistas. Algunos anarquistas -y el movimiento
antifascista de EE UU, relacionado estrechamente con esta ideología-, al igual
que Foucault, hacen hincapié en la resistencia a expensas de la articulación de
una alternativa positiva y humanista (aun cuando la mención directa de Foucault
ha disminuido). Muchos intelectuales relevantes también admiran –y con razón-
las críticas de Foucault a la prisión moderna y al apparatus (dispositivo)
de la sexualidad. Además, muchos de sus seguidores continúan ocupando
importantes posiciones de dirección en algunas universidades, especialmente en
EE UU e Inglaterra, donde en ciertas ocasiones adoptan formas de radicalismo
supuestamente a la izquierda de Marx.
Por todas
las razones expuestas, mi crítica a Foucault del año 2013 puede ser todavía de
algún interés, por lo que me alegra su publicación en español.
Con un
cálido agradecimiento hacia José Saraví, el traductor. Kevin B. Anderson]
I. El
cambiante mundo, 2011-12
Vivimos
en un mundo muy diferente al de hace solamente unos años atrás. No sólo hemos
sufrido la mayor depresión económica desde los años 30, además hemos
presenciado la emergencia de nuevas formas de la lucha de clases.
Principalmente nos referimos a las revoluciones árabes de 2011-12, aún en
desarrollo. Desde 1848 el mundo no experimentaba tal cantidad de situaciones
revolucionarias en tan corto período de tiempo. Por otro lado, a diferencia de
los otros levantamientos democráticos del nuevo siglo (Irán 2009, Ucrania 2004,
Serbia 2000, etc.), las revoluciones árabes lograron articular las demandas
económicas con las políticas. La propagación de estas revoluciones a países
cuyos gobiernos han hecho gran alarde de su antiimperialismo como Libia y
Siria, han puesto a prueba a todos aquellos en la izquierda que ponen la
oposición al imperialismo de EE UU por encima de cualquier otra cuestión (1).
Algunos
otros conflictos estratégicos han emergido junto al despertar de las
revoluciones árabes, entre ellos las revueltas de la juventud inglesa del
verano del 2011, un serio cuestionamiento al Estado racista y represor y la
austeridad económica. Todavía veremos otros fuertes movimientos contra la
austeridad y la opresión económica, sobre todo en Grecia (desde antes del
2011), aunque también en España e Israel, así como la de los trabajadores de
Wisconsin. En EE UU e Inglaterra, el movimiento Occupy de 2011-12 ha
galvanizado una nueva generación de jóvenes radicales, muy notable en Oakland,
California, donde han sido capaces de paralizar uno de los mayores puertos del
mundo, por momentos conectados con las protestas por el asesinato del joven
afronorteamericano Oscar Grant, perpetrado por un policía de tránsito local.
Pueden
hacerse algunas críticas a estos movimientos sobre sus prácticas organizativas
o sus posiciones políticas. En la exposición que sigue, sin embargo, me
gustaría concentrarme en una orientación filosófica que ha influido en los
movimientos radicales contemporáneos, centrado en la preocupación por las
distintas nociones de resistencia.
II.
Foucault y la resistencia
En la
última década las corrientes de pensamiento post-estructuralista se han
fusionado con los anarquistas o algunos elementos marxistas produciendo nuevas
nociones de resistencia. Estas nociones incluyen, entre otras: resistencia al
poder, al Estado, a la vigilancia, a la hegemonía cultural y al capital.
Sin duda,
esto constituye un avance sobre otras formas de radicalismo intelectual -desde
Althusser hasta Adorno- que privilegiaron la hegemonía hasta casi la exclusión
del concepto de resistencia. Pero este avance ha tenido su precio, como
discutiremos aquí.
Sin
embargo, antes de empezar debemos preguntarnos: ¿de dónde proviene el uso
actual del término resistencia? No, aparentemente, de los
movimientos de resistencia contra el fascismo durante la Segunda Guerra
Mundial. Podemos, en cambio, rastrear el uso corriente del término en un origen
más reciente: los escritos de Michel Foucault sobre poder y resistencia. Aunque
este término no es muy utilizado por Foucault en sus primeros escritos, en 1976
ubica la resistencia al mismo nivel que el poder. A esa altura, él describe al
poder como una “relación”, “no algo que se adquiera, arranque o comparta” (2).
Esta noción de poder como relación seguramente fue acuñada teniendo en mente -y
probablemente como un sustituto o superación del mismo- el concepto marxista
del capital como una relación social, y no como una cosa.
Foucault
afirma, además: “donde hay poder hay resistencia, y no obstante (o mejor: por
lo mismo), ésta nunca está en posición de exterioridad respecto del poder (…).
No pueden existir más que en función de una multiplicidad de puntos de
resistencia (…). Respecto del poder no existe, pues, un lugar
del Gran Rechazo -alma de la revuelta, foco de todas las rebeliones, ley pura
del revolucionario. En cambio encontramos casos específicos de resistencia (…).
Constituyen el otro término en las relaciones de poder; en ellas se inscriben
como el irreducible elemento de enfrentamiento” (3).
Advirtamos
-y volveré sobre esto más adelante- el ataque explícito de Foucault a la noción
marcusiana de Gran Rechazo, uno de sus pocas confrontaciones directas con la
teoría social de la Escuela de Frankfurt.
III.
Crítica del concepto foucaultiano de resistencia
¿Por qué
este concepto de resistencia ha reemplazado en gran medida a
algunos precedentes como emancipación, liberación, sociedad
libre de explotación/alienación, y otros similares, y a qué coste?
A nivel
del activismo político, un coste obvio de adoptar o eventualmente ajustar este
término está relacionado con el hecho de que no todas las formas de resistencia
son equivalentes. ¿Es la resistencia al poder desde la derecha lo mismo que
desde el marxismo o el anarquismo? ¿Es la resistencia al imperialismo de
Occidente desde el fundamentalismo religioso lo mismo que desde los movimientos
de liberación nacional? ¿Es la resistencia de la iglesia católica a las
campañas oficiales de control de la natalidad en EEUU lo mismo que desde el
movimiento obrero? ¿Son las fundamentalistas religiosas que ocuparon la
Mezquita Roja en Islambad (Pakistán, 2007), con el fin de aniquilar la libre
expresión, equivalentes a las feministas socialistas también de Pakistán como
Malala Youzafrai, quien sufrió un intento de asesinato por causas similares?
(4).
Este tipo
de cuestiones subyacen al embarazoso apoyo de Foucault al liderazgo del
Ayatollah Khomeini durante la Revolución Iraní de 1978-9, durante la cual
desestimó las preocupaciones expresadas por las feministas iraníes. Al asumir
el poder Khomeini en 1979, Foucault escribió sobre la resistencia islámica al
imperialismo, después de referirse de forma burlona a nociones
marxistas-leninistas del tipo “lucha de clases, destacamentos armados” por
estar fuera de tiempo y lugar (5): “De tal manera, es cierto que como un
movimiento islámico, puede encender la región, haciendo tambalear los regímenes
más inestables y alborotar a los más sólidos. El Islam -que no es solamente una
religión sino un modo de vida, la adhesión a una historia y a una civilización-
tiene buenas posibilidades de convertirse en un barril de pólvora afectando a
cientos de millones de personas. Desde ayer, todo Estado musulmán puede ser
revolucionado desde su interior, basándose en sus tradiciones consagradas” (6).
Un
segundo problema es que el concepto foucaultiano de resistencia carece de la
noción de emancipación. Como John Holloway argumenta, “en el análisis de
Foucault existe una inmensa multitud de resistencias que son esenciales al
poder, pero no existe posibilidad de emancipación. La única posibilidad es una
cambiante constelación de poder-y-resistencia sin fin” (7).
En su
introducción a una selección de escritos de Marcuse, D. Kellner, C. Pierce y T.
Lewis (2011) sostienen un argumento similar, en una vena más filosófica: “con
el surgimiento del posmodernismo y el discurso del poder -en particular,
Foucault y su crítica del Gran Rechazo-, se puso de moda el reemplazo de la
revolución por la resistencia (o micro-resistencia). La resistencia es aquí
interna al poder y en última instancia producida por el poder; por lo tanto,
desafía al poder desde adentro”. Kellner y sus colegas continúan citando la
crítica en la que S. Zizek dice que tal concepto de resistencia “no da lugar a
la postura radical de la reestructuración del orden simbólico hegemónico,
consumada en su totalidad”(8).
IV.
El Gran Rechazo de Marcuse
¿Qué
quiso expresar realmente Marcuse con su Gran Rechazo? En su
libro El hombre unidimensional (1964), extensamente difundido
en Francia durante los años previos a la publicación de Historia de la
sexualidad de Foucault (1976), Marcuse ubicó la oposición
revolucionaria al capitalismo moderno, no entre los sectores empleados de la
clase obrera, sino entre los bohemios, los desempleados, y las minorías
raciales, quienes desafiaban “las reglas del juego”:
“Sin
embargo, bajo la base popular conservadora se encuentra el sustrato de los
proscritos y los extraños, los explotados y los perseguidos de
otras razas y de otros colores, los parados y los que no pueden ser empleados……
Así, su oposición es revolucionaria aún si su conciencia no lo es. Su oposición
golpea al sistema desde el exterior y por lo tanto no es derrotada por el
sistema…… La teoría crítica de la sociedad no posee conceptos que puedan tender
un puente sobre el abismo entre el presente y su futuro; sin sostener ninguna
promesa, ni tener ningún éxito, sigue siendo negativa. Así, quiere permanecer
leal a aquellos que, sin esperanza, han dado y dan su vida al Gran Rechazo”(9).
Por más
que mucho de esto fuera expresado en un lenguaje de profundo pesimismo sobre
las perspectivas futuras de la humanidad, está claro que la visión
revolucionaria de Marcuse incluía la necesidad de una completa abolición de las
relaciones capitalistas, de la clase social sobre las que se basan y sus
nocivos subproductos, desde el militarismo hasta el embrutecedor conformismo de
la sociedad de consumo. En resumen, él veía la necesidad de una revolución
total, por más improbable que pudiera parecer su posibilidad histórica.
El
principal desacuerdo entre Marcuse y Foucault fue el siguiente: a menos que
esas formas de resistencia se transformasen en formas de emancipación, ligadas
a una visión de nuevas relaciones humanas, serían la fundación y el logro de
poco o nada más que ese gesto de Gran Rechazo.
En gran
parte, el Gran Rechazo marcusiano estuvo basado en la noción hegeliana de
negatividad, de absoluta negatividad, donde se construye lo positivo al tiempo
que lo viejo está siendo negado. Esto es, desde luego, lo que Marx afirmó en
los Manuscritos cuando calificó a la negatividad de “principio
motor y generador” de la filosofía de Hegel (10).
Pero
el Gran Rechazo marcusiano también nos trae ecos del “deber
ser” kantiano, donde lo normativo y lo descriptivo son separados radicalmente.
Esto puede verse en la bastante abstracta crítica kantiana de la guerra. Donde
los absolutos hegelianos son concretos, en el sentido de ligarse a reales
posibilidades en un mundo dado, Kant fue más abstracto, por ejemplo con
panaceas como la Paz Perpetua, que aconsejaba a las naciones en
guerra desde su pedestal filosófico, sin señalar ninguna fuerza social concreta
capaz de llevar a cabo semejante transformación.
El grito generalizado
contra la injusticia y la opresión con el que Holloway comienza Cambiar
el mundo sin tomar el poder también padece de algunos de estos
problemas, como cuando afirma: “La pérdida de la esperanza en la posibilidad de
una sociedad más humana no es resultado de que las personas estén ciegas a los
horrores del capitalismo, es, simplemente, que parece no haber ningún otro
lugar adonde ir, ninguna otredad a la que volverse…… Entonces, quizás no
deberíamos abandonar nuestra negatividad sino que, por el contrario, deberíamos
intentar teorizar el mundo desde la perspectiva del grito” (11).
V.
Dunayevskaya, Marcuse y Foucault
Visto
desde la óptica foucaultiana de la interminable constelación de
poder-resistencia-poder, el Gran Rechazo de Marcuse guarda
ciertas similitudes con la crítica del marxismo del siglo XX articulada por mi
mentora, la filósofa marxista-humanista Raya Dunayevskaya:
“Sin
dicha visión de nuevas revoluciones, un nuevo individuo, un nuevo universal,
una nueva sociedad, ni nuevas relaciones humanas”, y “sin una filosofía de la
revolución, el activismo se agota en el mero antiimperialismo y
anticapitalismo, sin nunca revelar su razón de ser” (12).
Dunayevskaya
además conceptualizó algunos grupos y fuerzas sociales de oposición -el
activismo sindical, la juventud, el feminismo radical, los afrodescendientes y
otras minorías raciales, y los movimientos tercermundistas -que podrían ser,
autoorganizados y en unidad, lo suficientemente poderosos para dar vida a la
aspiración por una nueva sociedad. En contraste, la política emancipatoria de
Marcuse en la forma del Gran Rechazo continuó representando
más bien una actitud existencial, carente de una seria posibilidad de
realización a causa de su forma de negación, indeterminada antes que
determinada o específica (13).
Por otro
lado, al llevar su Gran Rechazo a tan alto nivel de
indeterminación, Marcuse -así como el marxismo emancipatorio de los años 60 más
generalmente- quedó expuesto a las críticas de Foucault y otras similares. De
acuerdo con Foucault, el Gran Rechazo fue un montón de
aire caliente mezclado con nobles sentimientos, como se ha visto en
muchos pronunciamientos de filósofos radicales como Jean Paul Sartre. Para
Foucault, dichos filósofos siempre están dispuestos a asumir una posición, pero
no a realizar la labor intelectual necesaria para desarrollar realmente el
conocimiento. Recordemos la evocación foucaultiana del intelectual específico
antes que el generalista (como Sartre), algo que él practicó durante su trabajo
de apoyo a los presos durante los años 70, durante los cuales llevó a cabo la
investigación que redundaría en su influyente libro Vigilar y castigar.
Desde luego, dicho libro también contenía muchas limitaciones, especialmente la
subestimación de las corrientes emancipatorias que atravesaron el sistema
penitenciario occidental durante los años 70, como se demostró dramáticamente
en el levantamiento de la prisión de Attica del año 1971.
¿Puede la
obra de Marx -y la de Hegel, su mentor filosófico- ayudarnos a resolver el
acertijo que nos ha dejado Foucault, así como Marcuse y Halloway? ¿Puede acaso
proveernos universales emancipatorios que sean verdaderamente concretos? Y
aunque sea éste el caso, ¿sus universales todavía hoy podrían interpelarnos,
podrían todavía guiar nuestra práctica?
Como
afirmo en mi último libro, Marx at the Margins (14), la
crítica marxista del capital era a la vez global y local, universal y
particular. Durante cuatro décadas, Marx examinó la relación de la raza, la
etnia y el nacionalismo con la revolución, particularmente en Polonia y en la
Guerra Civil norteamericana, y en Irlanda. Estos escritos desmienten la idea de
que la conceptualización marxista de la modernidad capitalista constituye una
gran narrativa totalizante, en la cual son subsumidas las
categorías de raza, etnia y nación.
Tomemos,
por ejemplo, sus escritos sobre Irlanda de 1869-70, donde se conecta clase con
nacionalismo, raza y etnia -un debate que había comenzado con sus escritos
sobre Polonia y la Guerra Civil estadounidense. En el seno de la Primera.
Internacional, Irlanda fue una de las principales causas de la ruptura con el
anarquista Miguel Bakunin, quien no quería que la Internacional se viera
envuelta en asuntos no clasistas, como la defensa de los presos
políticos irlandeses. Por su parte, Marx pensaba que este asunto estaba
íntimamente conectado con la lucha de clases en Gran Bretaña. Todo esto lo
condujo a importantes reflexiones teóicas.
Hacia
1870, Marx veía la profunda ligazón de la lucha independentista irlandesa con
la lucha de los trabajadores británicos contra el capital. Esto se ve en la
“Comunicación confidencial” de marzo de 1870, una réplica a Bakunin que
escribió en nombre del Concejo General de la Internacional. La conciencia de la
clase trabajadora inglesa, escribió Marx, era atenuada por el prejuicio
anti-irlandés, en una dinámica similar al racismo blanco en los EEUU:
“El
obrero medio inglés odia al irlandés, al que considera un rival que hace que
bajen los salarios y su standard of life (…). Lo mira casi
como los blancos pobres de los estados meridionales de Norteamérica miraban a
los esclavos negros. La burguesía fomenta y conserva artificialmente este
antagonismo entre los proletarios dentro de Inglaterra misma. Sabe que en esta
escisión del proletariado reside el auténtico secreto del mantenimiento de su
poderío.” (15).
Además,
la lucha independentista irlandesa, escribió en su réplica a Bakunin, podría
convertirse en la “palanca” que podría desafiar al capitalismo inglés y, por
tanto, global como parte de una lucha revolucionaria internacional:
“La
iniciativa revolucionaria partirá, sin duda, de Francia, pero sólo Inglaterra
podrá servir de palanca para una revolución económica seria (…). Es el único
país en el que la forma capitalista, es decir, la agrupación del
trabajo en vasta escala bajo el poder de patronos capitalistas se ha extendido
casi a toda la producción…… Los ingleses poseen todas las premisas materiales necesarias
para la revolución social. Lo que les falta es espíritu de
generalización y fervor revolucionario. Sólo el Consejo General está en
condiciones de remediarlo y acelerar de este modo el movimiento auténticamente
revolucionario en este país y, por consiguiente, en todas partes……
Si bien Inglaterra es el baluarte de los grandes propietarios de tierra y del
capitalismo europeo, el único punto en el que se le puede asestar un duro golpe
a la Inglaterra oficial es Irlanda” (16).
La última
afirmación sobre los terratenientes está referida al campesinado revolucionario
irlandés. Su oposición al sistema era acrecentada por la cuestión nacional, ya
que la clase terrateniente en Irlanda era en su gran mayoría británica, no
irlandesa. Irlanda era además donde la aristocracia terrateniente, parte de la
clase dirigente inglesa junto al capitalismo industrial, tenía importantes
propiedades. Es de destacar que ese período fue además marcado por el
surgimiento del fenianismo, un movimiento nacionalista revolucionario con un
fuerte componente clasista enfrentado tanto a los terratenientes irlandeses
como a los ingleses.
VII.
Marx: Fuerzas productivas y tiempo libre
Por
supuesto, el núcleo de los trabajos de Marx examinaba las relaciones
capitalistas y su superación, no la emancipación nacional. Después de todo,
este fue el centro de sus argumentos sobre el trabajo en Irlanda e Inglaterra,
sobre la emancipación nacional irlandesa y sobre la revolución de la clase
obrera inglesa (ambas potenciales por supuesto). Todo esto se apoya en las
conquistas de la era capitalista, sobre todo el monopolio de las fuerzas
productivas. Como desarrolló extensamente en los Grundrisse, estas
nuevas fuerzas productivas crearon la posibilidad de tiempo libre creativo para
todos en lugar del trabajo embrutecedor, siempre y cuando el capitalismo
pudiera ser superado:
“La
creación de muchotiempo disponible -aparte del tiempo de trabajo necesario-
para la sociedad en general, y para cada miembro de la misma (esto es, margen
del desarrollo de todas las fuerzas productivas del individuo y por ende
también de la sociedad), esta creación de tiempo de no trabajo, se presenta
desde el punto de vista del capital, al igual que en todos los estudios
precedentes, como también de no trabajo o tiempo libre (sólo) para algunos. El
capital, por añadidura, aumenta el tiempo de plustrabajo de la masa mediante todos
los recursos del arte y de la ciencia (…). De esta forma, a pesar de sí mismo,
es útil para la creación de los medios de tiempo social disponible, para
reducir a un mínimo decreciente el tiempo de trabajo de toda la sociedad y así,
volver libre el tiempo de todos para el propio desarrollo de los mismos.” (17).
Eventualmente,
sostuvo Marx, este potencial no realizado desafiaría por sí mismo al
capitalismo, y los obreros se movilizarían para derribarlo: “Una vez que lo
haga……el desarrollo de la fuerza productiva social será tan rápido
que…….crecerá el tiempo disponiblede todos. Ya que la riqueza real es la fuerza
productiva desarrollada de todos los individuos. Ya no es entonces, en modo
alguno, el tiempo de trabajo, la medida de la riqueza, sino el tiempo
disponible” (18).
Para
Marx, no obstante, este doloroso camino a través del modo capitalista de
producción no necesariamente tendría que ser transitado por todas las
sociedades, ya que sólo algunas entre las más avanzadas habían desarrollado
dichas fuerzas productivas, si bien en medio de toda la explotación y
alienación del capitalismo.
VIII.
Marx: Los múltiples caminos del desarrollo y de la revolución
Al final
de su vida, Marx examinó el asunto de si acaso Rusia y las sociedades agrarias
de Asia estarían destinadas inevitablemente a modernizarse a la manera
capitalista occidental. En su conocida carta a la revolucionaria rusa Vera
Zasulich de 1881, concluyó que eran posibles caminos alternativos de
desarrollo. Basó su juicio en gran parte en las marcadas diferencias entre la
estructura social del campo ruso (y frecuentemente sus contrapartes asiáticos),
con su propiedad comunal y relaciones de producción, y el campo bajo el
feudalismo en Europa occidental, con sus relaciones sociales algo más
individualizadas. También agregó que sus recientes estudios de la sociedad rusa
“me han convencido de que la comuna es el punto de apoyo para la regeneración
social de Rusia” (19). En el prólogo a la edición rusa de1882 del Manifiesto
Comunista, Marx y Engels sugirieron que un levantamiento provocado por esas
formaciones comunales en Rusia podría ser el puntapié inicial de una revolución
comunista mundial, si dicho movimiento se conectara con uno similar en
territorio del capitalismo occidental.
Por otro
lado, Marx elaboró un aspecto filosófico clave durante una de sus reflexiones,
que desafía la acusación posmodernista (de F. Lyotard y otros) de que su
trabajo constituyera una gran narrativa más, o una totalidad
en la cual quedaran subsumidas todas las particularidades. Esto también es
relevante en lo que respecta al planteamiento foucaultiano de casos específicos
de resistencia contra un holístico Gran Rechazo.
Este es un punto que nos conduce nuevamente, tanto a la diferencia con el
abstracto universal a la manera kantiana como al tipo hegeliano del universal
concreto.
En una
carta de 1877 en respuesta a una crítica a El Capital por
unilateral del escritor ruso N. K.Mikhailovsky, Marx se defendió de su
acusación, según la cual Rusia debería seguir el mismo camino que Inglaterra,
haciendo progresar primero sus fuerzas productivas y sólo después podría
contemplar la posibilidad de la verdadera emancipación, de una sociedad
socialista. En respuesta a sus críticos, y al torpe intento de su mentor
Mikhailovsky de defenderlos, atribuyéndole la autoría de una teoría simplemente
formalista, Marx negó explícitamente que hubiera desarrollado “una teoría
histórico-filosófica sobre la evolución general, fatalmente impuesta a todos
los pueblos…” (20). Esto además modificó su posición en los escritos de 1853
para el New York Tribune sobre India, donde implícitamente
apoyaba al colonialismo británico como una etapa necesaria en la modernización
de Asia, una posición que él y Engels también tomaron con respecto a China en
el Manifiesto Comunista (1848).
De este
modo, en la década de 1880 Marx no solamente estaba teorizando de manera muy
concreta sobre las posibilidades revolucionarias de Rusia en toda su
especificidad, mientras ligaba al mismo tiempo el movimiento revolucionario
ruso -basado en el campesinado- con el movimiento radical de los obreros
occidentales. Además, lo estaba esbozando filosóficamente al desechar
explícitamente la necesidad imperiosa de “una teoría histórico-filosófica sobre
la evolución general, fatalmente impuesta a todos los pueblos” (21).
IX. Los
universales concretos de Hegel
Todo esto
estaba basado en el lado más crítico y revolucionario del legado hegeliano, no
en sus textos más conservadores como Filosofía del Derecho o Filosofía
de la Historia, sino en los más abstractos como Fenomenología del
Espíritu, la Ciencia de la Lógica, y Filosofía del
Espíritu. Como observó Raya Dunayevskaya: “Precisamente donde Hegel parece
más abstracto, donde parece cerrar totalmente las puertas al movimiento general
de la historia, allí deja entrar la savia de la dialéctica: la negatividad
absoluta.” (22).
Pero como
Marx, Hegel también evitó los universales abstractos de tipo kantiano; de
hecho, los criticó severamente. Es famoso su ataque a la universalidad
abstracta, ejemplificada por “una noche en la cual, como dice el dicho,
todas las ovejas son negras” (23). El dardo hegeliano iba dirigido directamente
hacia todas las versiones de la razón iluminista que él consideraba demasiado
formalistas, las cuales conceptualizaban la experiencia humana por la vía de
categorías que descuidaban las particularidades históricas y culturales. En
resumen, lo particular estaría siendo engullido por lo universal.
Al mismo
tiempo, los particulares hegelianos con frecuencia apuntan en dirección a lo
universal. Así, el esclavo desarrolla una “opinión sobre sí mismo” en su famosa
reflexión sobre el amo y el esclavo en la Fenomenología, lo que
significa un gran paso en el desarrollo de la conciencia humana, parte del
camino hacia la negatividad absoluta. Al mismo tiempo, el voluntarismo
autosatisfecho y el exagerado sentido de importancia del amo constituyen un
callejón sin salida en la misma ruta hacia la emancipación de dicha conciencia.
Por otra
parte, de acuerdo con Hegel, lo universal puede algunas veces ejercer presión
sobre lo particular, empujándolo hacia la emancipación universal. Este no es un
proceso fácil, y conlleva marchas y contramarchas. Algunos de ellos son
gigantescos fracasos, el Terror bajo la revolución Francesa por ejemplo el
cual, según Hegel, devoró dicha revolución a causa de su intento de saltar con
rapidez a la libertad absoluta. Aquí, Hegel nos brinda una crítica avant
la lettredel totalitarismo moderno con sus juicios espectaculares y purgas,
desde la Rusia de Stalin hasta la Alemania nazi y la China de Mao.
El
influjo de lo universal, de la futura emancipación siempre está ahí, aun si por
momentos se encuentra sumergida, oculta bajo la superficie de la sociedad. Por
ejemplo, en algún punto -en una declaración que enfurece a empiristas y
realistas- Hegel escribe que “el hecho es, antes de que exista” (24). C. L. R.
James posteriormente lo expresó con términos marxistas en su famosa expresión:
“el futuro está en el presente” (25).
El
universal concreto de Hegel está indudablemente relacionado con el concepto
marxista de la emancipación humana. En 1859 Marx describió al capitalismo,
simplemente, como una parte de la “prehistoria de la sociedad humana” (26).
Esto claramente se apoya en el concepto de socialismo, y de la emancipación del
trabajo. Este tema puede encontrarse a lo largo de toda su obra, y en su obra
de juventud La ideología alemana (en coautoría con Engels),
con su visión de la vida en el comunismo como aquella donde el individuo podrá
desarrollar tanto el trabajo intelectual como el manual, procurando su comida a
la vez que filosofando. Esto marca también las teorizaciones maduras de
su Crítica al Programa de Gotha (1875) sobre la superación de
“la antítesis entre trabajo manual y el trabajo intelectual” (27).
Marx hace
alusión a esta noción de una emancipación completa de la existencia humana no
sólo en varios textos cortos, sino además a lo largo de sus trabajos
principales de crítica de la economía política, desde los Grundrisse hasta El
Capital, como Peter Hudis ha expuesto en su Marx’s Concept of the
Alternative to Capitalism. En los Grundisse, Marx escribió:
“…si se
despoja a la riqueza de su limitada forma burguesa, ¿qué es la riqueza sino la
universalidad de las necesidades, capacidades, goces, fuerzas productivas,
etc., de los individuos, creada en el intercambio universal? ¿(Qué, si no) el
desarrollo pleno del dominio humano sobre las fuerzas naturales, tanto las de
la así llamada naturaleza como sobre su propia naturaleza? ¿(Qué, si no) la
elaboración absoluta de sus disposiciones creadoras sin otro presupuesto que el
desarrollo histórico previo, que convierte en objetivo a esta plenitud total
del desarrollo de todas las fuerzas humanas, que en cuanto tales, no medidas
con un patrón preestablecido? ¿(Qué, sino una elaboración como
resultado de)) la cual el hombre no se reproduce en su carácter determinado
sino que produce su plenitud total? ¿(Como resultado de) la cual no busca
permanecer como algo devenido sino que está en el movimiento absoluto del
devenir?” (28)
Una
década después, en El Capital, Marx elaboró su concepto del fetichismo
de la mercancía, según el cual las relaciones humanas son equivalentes a
las relaciones entre las cosas, totalmente objetivadas e instrumentalizadas.
Para ser exactos, es una óptica distorsionada, pero también es en parte una
realidad que, bajo el capitalismo, eso es “lo que son realmente” las relaciones
humanas. Un pasaje escalofriante… Y mientras Marx contrapone el sutil,
encubierto fetichismo de la mercancía con la brutal dominación del feudalismo
sobre el campesinado, mayormente la comparación es con la aún no nacida
sociedad, que está en todo caso preñada con el capitalismo en su interior. Aquí
es donde el velo del fetiche que oculta la realidad de las relaciones sociales
es barrido por la auto-organización de la clase trabajadora: “La figura del
proceso social de vida…… solo perderá su místico velo neblinoso cuando, como
producto de hombres libremente asociados, estos la hayan sometido a su control
planificado y consciente” (29). Esto requiere un “fundamento material” que se
ha desarrollado a través de un largo y doloroso proceso, durante muchos siglos
(p.173).
Trabajo
libre y asociado es también el término que utilizó Marx para describir la
Comuna de París (1871) en La guerra civil en Francia. Allí, afirmó
que la Comuna constituyó “la forma política más avanzada descubierta bajo la
cual conseguir la emancipación económica del trabajo” (30). Del mismo modo, tan
pronto como en 1843, escribió sobre la diferencia entre la emancipación
meramente política y la completa emancipación humana: “la emancipación política representa
un gran progreso y, aunque no sea la forma última de la emancipación humana en
general, sí es la forma última de la emancipación humana dentro del
orden del mundo actual” (31); (32); (33).
Este
dialéctico y prefigurativo punto de vista está muy lejos del concepto
foucaultiano de pluralidad de resistencias, un concepto que impide
plantear la visión de un futuro en el cual dichas resistencias podrían ya no
ser necesarias.
Para ser
exactos, Marx mencionó el término resistencia de vez en
cuando, por ejemplo, en su descripción de la lucha de los trabajadores contra
las voraces pretensiones del capital, por la disminución de las horas de
trabajo: “No bien la clase obrera, aturdida por el estruendo de la producción,
recobró el conocimiento, comenzó su resistencia, y en primer lugar en el país
natal de la gran industria, Inglaterra” (34). Pero él lo ligaba a un más amplio
concepto de la emancipación humana.
Incluso
Holloway, uno de los críticos más incisivos desde la izquierda a Foucault,
falló al momento de desarrollar completamente dicho futuro de emancipación a un
nivel filosófico, basado como está en una forma de negatividad dialéctica, la
de T. Adorno, en la cual lo positivo al interior de lo negativo es dejado de
lado, si no abiertamente rechazado. Como escribieron Arvind Gosh y Peter Hudis:
“Lo que
Holloway falla en discriminar, de todos modos, es que para Marx la mera
negatividad no supera por sí misma el fetichismo de la mercancía. En el primer
capítulo de El Capital no dice que el embrujo del fetichismo
de la mercancía pueda ser roto simplemente a través de la ´resistencia
cotidiana´ o la pura negatividad. En cambio, dice que dicho embrujo es roto
cuando tenemos ´a cambio, la mancomunidad de individuos libremente
asociados´”(35). Esto señala la limitación de la noción del grito de
Holloway, como se ha mencionado más arriba.
XI.
Conclusiones
1. Las
teorías de la resistencia basadas en Foucault, además de otras discusiones
contemporáneas, exhiben serios problemas, entre ellos nociones de resistencia
que fallan en distinguir entre diferentes tipos de resistencia al poder, ya
sean reaccionarios o emancipatorios.
2. Otro
problema es que la noción de resistencia a menudo implica una serie de
circularidad o permanencia de resistencia -y de poder- que obstruye la
posibilidad de una trascendencia del capital y del Estado de una manera
positiva, emancipatoria.
3.
El Gran Rechazo de Marcuse, que Foucault atacó injustamente,
es un ejemplo clave de política verdaderamente emancipatoria. Al mismo tiempo,
sin embargo, el Gran Rechazo es demasiado abstracto, con
vestigios del formalismo kantiano, proporcionando así una brecha para el tipo
de críticas formuladas por Foucault.
4. Un
regreso a Marx posteriormente a estos debates entre resistencia y emancipación
demuestra que su dialéctica general -arraigada en Hegel- no es la de un
universalismo abstracto, sino que contiene espacio suficiente para abarcar las
especificidades de nación, etnia y raza, asuntos sobre los cuales él hizo
contribuciones importantes y originales. La teorización de Marx sobre raza,
etnicidad y nacionalismo en relación con clase y revolución permanece muy
relevante en la actualidad, como puede verse por ejemplo en las revueltas de la
juventud británica de 2011.
5.
Especialmente en sus últimos escritos, Marx teorizó sobre modos autóctonos de
oposición al capital y su necesidad de conectarse con las clases trabajadoras
de los sectores más desarrollados tecnológicamente (y viceversa). La
persistencia de estos asuntos puede ser observada principalmente hoy en algunas
partes de América Latina, como Bolivia.
6. Por
último, el proyecto intelectual de Marx en conjunto es guiado por la visión
futura de una sociedad emancipada. Este es el punto de vista desde el cual
evaluaba, criticaba, y basó sus intentos de trascender la sociedad capitalista.
Kevin B.
Anderson es profesor en la Universidad de California, Santa Bárbara, y
autor de varias obras, entre ellas Marx at the margins: On Nationalism,
Ethbicity and Non-Western Societies.
Traducción
para viento sur: José
Saraví
Notas
1. Anderson,
K. (2012) “Year Two of the Arab Revolutions”, Logos Journal11:4.
2. Foucault,
M. (2014), Historia de la sexualidad vol.1. Buenos Aires,
Siglo XXI Editores, p. 116.
3. Op. cit.,
pp 116/17.
4. Weinberg,
B. (2012). “Will American Left Betray Heroine Malala Yousafzay?”, World
War 4 Report, 12710/2012 http://www.ww4report.com/node/11487.
5. AfaryJ. y
Anderson K.(2005) Foucault and the Iranian Revolution, Chicago:
University of Chicago Press, p. 239.
6. Op. cit.,
p. 241.
7. Holloway,
J. (2002) Cambiar el mundo sin tomar el poder, Chile-Argentina:
Editorial Herramienta, p. 45.
8. Introducción
a Marcuse, Psychoanalysis and Emancipation, Nueva York: Routledge,
2011, p. 63.
9. Marcuse,
H. El hombre unidimensional, Barcelona, Planeta – Agostini, 1985,
pp 285/6.
10. Marx, K.
(1978) En Fromm (comp.) Marx y su concepto del hombre. México:
Fondo de Cultura Económica, p. 183.
11. Holloway,
J. Op. cit., p 13.
12. Dunayevskaya,
R. .http://rosalux.org.mx/sites/default/files/node_gallery/rosa_luxemburgo_por_dunayevskaya.pdf,
p. 397.
13. Sobre la
ausencia de un concepto de negación determinada en el pensamiento de Marcuse,
ver Kellner, H. Herbert Marcuse and the Crisis of Marxism,
Berkeley: University of California Press, 1984.
14. Anderson,
K. (2010) Marx at the Margins: On Nationalism, Ethnicity and
Non-Western Societies. Chicago: University of Chicago Press. (Disponible en
Internet).
15. Marx,
K. Extracto de una comunicación confidencial,http://www.marxists.org/espanol/m-e/i870s/educ70s.htm.
16. Marx, K.
y Engels, F.Op.cit.
17. Marx,
K. Grundrisse. México, Siglo XXI Editorial, pp 231/2.
18. Marx, K.
Op. cit., pp 231/2
19. Marx, K.
(1990), “Borradores de una respuesta”. En T. Shanin (ed.), El Marx
tardío y la vía rusa, Madrid: Editorial Revolución, p.160.
20. Marx, K.
Op. cit., p. 174.
21. Marx, K.
Op. cit., p. 174.
22. Dunayevskaya,
R. https://desarmandolacultura.files.wordpress.com/2018/04/dunayevskaya-raya-filosofia-y-revolucion-de-hegel-a-marx-y-de-sartre-a-mao.pdf., p. 44.
23. Hegel, G.
(1992) Fenomenología del Espíritu, Buenos Aires: Fondo de
Cultura Económica, p. 15.
24. Hegel,
G., Ciencia de la Lógica vol. 2.
25. James, C.
L. R. (1980), “Dialectical Materialism and the Fate of Humanity”. Spheres
of Existence: Selected Writings, Londres: Alison & Busby, p. 79.
26. Marx, K.
(2014),“Crítica del Programa de Gotha”, Antología. Buenos Aires:
Siglo XXI Editores, p. 346.
27. Hudis,
P. Marx´s Concept of the Alternative to Capitalism (Leiden:
Brill, 2012).
28. Marx, K.
Grundrisse vol. I, pp 447/448.
29. Marx, K.
(2012)El Capital, vol. I, Buenos Aires: Siglo XXI Editores, p. 97.
30. Marx,
K. La Guerra civil en Francia. Disponible en:marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/guer.htm.
31. Marx, K.
(2014) “Sobre la cuestión judía”. Antología, Buenos Aires, Siglo
XXI Editores, p. 36.
32. Comninel,
G. “Emancipation in Marx´s Early Work”, en Marx for Today,
ed.:Musto, M, Nueva York: Routledge, 2012, pp 73-91
33. En mi
libro Marx at themargins he reflexionado sobre las
limitaciones en la caracterización de los judíos y el judaísmo contenidos en el
ensayo de Marx.
34. Marx, K.
(2017) El Capital, vol. I, p. 345.
35. «Can We
Change the World without Taking Power?» Open Space Forum (India),
19 de octubre de 2005. http://www.openspaceforum.net/twiki/tiki-read_article.php?articleId:49). Gosh,
A. y Hudis, P.

