Libro N° 12909. Tesis Sobre La Historia. Benjamin, Walter.
© Libro N° 12909. Tesis Sobre La Historia. Benjamin, Walter. Emancipación.
Agosto 24 de 2024
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Tesis Sobre La Historia. Walter
Benjamin
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La Historia. Walter Benjamin
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© Edición,
reedición y Colección Biblioteca
Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
TESIS SOBRE LA HISTORIA
Walter Benjamin
Tesis
Sobre La Historia
Walter
Benjamin
Walter
Benjamin
Tesis de
la Historia y otros fragmentos
Edición,
traducción e introducción
Bolívar
Echeverría
Fuente:
Universidad
Autónoma de la Ciudad de México
P. 03020,
México, D. F.
Editorial
Ítaca
© 2008 de
la traducción y de la introducción:
Bolívar
Echeverría
© 2008
Editorial Ítaca / David Moreno Soto
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contenidos de este libro pueden ser reproducidos, en todo o en parte, siempre y
cuando se cite la fuente y se haga con fines académicos, y no comerciales
Maquetación
actual:
Demófilo
/ Omegalfa
2024
______________________________
Biblioteca
Virtual
OMEGALFA
2024
Walter Benjamin · Tesis Sobre La
Historia /
2
"Sobre el concepto de
historia" es el último escrito de Wal-ter Benjamín, compuesto entre fines
de 1939 y comienzos de 1940, a partir de notas escritas en un cuaderno, en
pa-peles de muy distintos formatos, inclusive en bordes de periódicos.
Bolívar Echeverría, traductor y
editor de esta versión, nos explica en su estudio introductorio que Benjamin
in-tenta en estas notas construir el "armazón teórico" de una
historia crítica de la génesis de la sociedad moderna en la que trabajaba desde
hacía años -el proyecto monumental que quedó inconcluso y cuyo manuscrito
conocemos bajo el nombre de "Los pasajes de París"- y esbozar una
crítica de los fundamentos teóricos del discurso sustentado por la
socialdemocracia y que luego pasó a ser la teoría del socialismo
"realmente existente". Benjamin describe — continúa— lo que debería
ser el "materialismo histórico" como discurso teórico marxista
adecuado a un socialismo verdaderamente revolucionario, e intenta demostrar que
una teoría de la revolución adecuada a la crisis de la mo-dernidad capitalista
debe combinar el utopismo con el mesianismo haciendo que ambos se exijan
mutuamente a dar más de sí mismos.
En este volumen se incluye la
versión original de "Sobre el concepto de historia" editada de
acuerdo con las notas que se encuentran en la versión del "ejemplar de
mano" del autor, descubierto con posterioridad a la publicación del texto
principal, y, como "Apuntes, notas y variantes", los fragmentos que
han quedado de los materiales pro-ducidos por Walter Benjamin durante su
elaboración de las "Tesis".
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia
3
/
I n d i c e
Introducción: Benjamin, la
condición
judía y la política, por B.
Echeverría 6
Sobre el concepto de historia. 21
Tesis sobre la historia:
apuntes, notas, variantes 37
1. Apuntes sobre el tema. 37
2. “Nuevas tesis”. 45
3. Temas varios. 48
4. Nota sueltas. 55
5.Variantes. 67
Nota editorial. 76
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia
4
/
TESIS SOBRE LA HISTORIA
Y OTROS FRAGMENTOS
Introducción y traducción
de Bolívar Echeverría
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia
5
/
INTRODUCCION
Bolívar Echeverría
BENJAMIN, LA CONDICION JUDÍA Y LA
POLÍTICA
Me dicen que, adelantándote a los
verdugos,
has levantado la mano contra ti
mismo.
Ocho años desterrado,
observando el ascenso del
enemigo,
empujado finalmente a una
frontera incruzable, has cruzado, me dicen, otra que sí es cruzable.
Imperios se derrumban. Los jefes
de pandilla se pasean como hombres de estado. Los pueblos se han vuelto
invisibles bajo sus armamentos.
Así el futuro está en tinieblas,
y débiles las fuerzas del bien. Tú veías todo esto
cuando destruiste el cuerpo
destinado a la tortura
Bertolt Brecht (1940)
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia
6
/
LAS reflexiones de Walter
Benjamín a las que su pri-mer editor, Theodor W. Adorno, intituló “Sobre el
concepto de historia”, conocidas también como “Tesis so-bre la historia”,
fueron publicadas por primera vez en Los Ángeles, en 1942, a dos años de la muerte
de su autor — del suicidio al que lo obligó la persecución
nacionalsocia-lista—, en una entrega especial, impresa en mimeógrafo, de la
revista que el Institut für Sozialforschung editaba en Fráncfort, antes del
exilio a Estados Unidos de su princi-
pal animador, Max Horkheimer.
No hay un texto acabado de éste
que es el último escrito de Benjamin. “Sobre el concepto de historia” es un
borra-dor compuesto en diferentes momentos, entre fines de 1939 y comienzos de
1940, a partir de notas escritas en un cuaderno y en papeles de muy distintos
formatos, inclu-sive en bordes de periódicos.
Es el escrito de un hombre que
huye, de un judío perse-guido. Se trata de reflexiones que, en 1940, cuando las
cir-cunstancias en torno a la guerra le impelen a escribirlas, llevan a su
autor a percatarse de que “las había tenido en resguardo consigo mismo, a salvo
incluso de él mismo, durante unos veinte años”. Son ideas que envía por co-rreo
a su amiga Gretel Adorno “más como un manojo de hierbas juntado en paseos
pensativos”, destinado a un in-tercambio de ideas íntimo, “que como un conjunto
de te-sis” que estuviera maduro ya para la publicación y pre-parado así para
absorber el “entusiasta malentendido” que su contenido iba a provocar
necesariamente.
Miradas como un hecho de
‘‘biografía intelectual”, las re-flexiones “Sobre el concepto de historia”
aparecieron en la obra de Benjamin en relación con la necesidad de cons-truir
un “armazón teórico” destinado a sustentar esa his-toria crítica de la génesis
de la sociedad moderna en la
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
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que intentaba trabajar desde
hacía años. Se trata de un proyecto monumental que quedó inconcluso y cuyo
ma-nuscrito conocemos bajo el nombre de “Los pasajes de París”. Con su texto,
de factura inusitada, Benjamin pen-saba introducir un nuevo tipo de discurso
reflexivo, he-cho de una red de articulaciones entre fragmentos del ha-bla de
“la cosa misma”, cuyo tejedor se jugaría por entero en el desempeño creativo de
selección y combinación. Pa-rís, la ciudad a la que él llamó “la capital del
siglo XIX”, abordada en su conjunto, pero desde el mirador de la cul-tura
cotidiana, debía ser el primer sujeto-objeto de esta nueva manera de construir
un relato histórico materia-lista.
Miradas en una perspectiva más
amplia, las reflexiones de Benjamin sobre la historia pertenecen a ese género
es-caso de los escritos de náufragos, borroneados para ser metidos en una
botella y entregados al correo aleatorio del mar. Ahí está, en efecto, inocultable,
el naufragio per-sonal de Benjamin, su incapacidad de montar una carrera
intelectual que pudiera sustentarlo “con decencia” y aho-rrarle la necesidad de
someterse a las incomprensiones teóricas de sus amigos mecenas; su torpeza
catastrófica en el manejo de su situación de exiliado que terminó por llevarle
a la incruzable frontera de España y finalmente al suicidio. Pero el verdadero
naufragio que está también ahí, del cual el suyo propio no es más que una
alegoría, es para Benjamin un fracaso colectivo: el de un mundo completo,
dentro de él, de una época y, dentro de ésta, de un proyecto.
Una cierta tendencia del ánimo
público parece dominar la redacción de estas reflexiones, la sensación
coyuntural de derrota y de indignación que prevalecía entre todos los
antifascistas consecuentes después del Tratado de
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
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Múnich (1938) y el Pacto
Germano-Soviético (1939). Con el primero, los gobiernos occidentales —que
debían de-fender la democracia frente al totalitarismo— habían claudicado ante
el Tercer Reich; con el segundo, los in-tereses del Imperio Ruso habían pasado
a suplantar ya definitivamente a los de la revolución socialista. El texto de
Benjamin está redactado dentro de esta atmósfera anímica de impotencia y
encono, y así lo delata en nume-rosos pasajes.
“Sobre el concepto de historia”
esboza una crítica de los fundamentos teóricos del discurso comunista o
socia-lista, teniendo en cuenta como elemento de referencia la versión
“oficial” del mismo, la que desde finales del siglo XIX se conoció como “teoría
o marxismo de la socialde-mocracia” y que, pasado el tiempo y sin alteraciones
ver-daderamente sustanciales, pasó a ser “la teoría o el mar-xismo” del
socialismo “realmente existente”. Benjamin parte del doloroso reconocimiento de
que todo el movi-miento histórico conocido desde mediados del siglo XIX como
“revolución comunista” o “socialista” ha termi-nado por ser un intento
fracasado. Y en las pocas diez pá-ginas de esta obra se imagina lo que podría
ser o lo que debería ser el núcleo de un discurso socialista o comu-nista
diferente —¿del futuro?—, verdaderamente histó-rico y verdaderamente
materialista, el discurso revolu-cionario adecuado a la época del ocaso de la
modernidad capitalista.
En el texto de Benjamin habla un
discurso extemporá-neo, que se sostiene en la soledad, que no se sustenta en
una praxis política real. Es un escrito de intenciones pri-mordialmente
políticas pero escrito, paradójicamente, por alguien que carece de interlocutores
políticos; un texto, además, que tiene claridad sobre esto, que sabe que
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
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es una palabra perdida en el
aire, dicha tal vez, en el me-jor de los casos, para unos hipotéticos
“comunistas”, “so-cialistas” o “anarquistas” del futuro.
La crítica del autodenominado
“socialismo marxista” que Benjamin plantea en él está formulada en un nivel
tal, que atañe lo mismo a la tradición occidental de la so-cialdemocracia que a
su versión europeo-oriental o stali-nista. Para él, en efecto —como para tantos
otros marxis-tas heterodoxos, de Korsch y Brecht a Wittfogel, Bloch o
Horkheimer—, la doctrina del “comunismo” stalinista no es más que una
configuración específica de un fenómeno ideológico que lo precede, esto es, del
socialismo de la so-cialdemocracia tal como se desarrolla —en desacuerdo más o
menos explícito con Marx— en el último cuarto del siglo XIX en Alemania; un
socialismo que marcará en de-finitiva la pauta de lo que habrá de ser la
cultura política revolucionaria a lo largo del siglo xx. Las reflexiones o
“tesis” de Benjamín “sobre el concepto de historia” se re-dactan en abierta
polémica contra esta cultura política, de la que el socialismo que “existió
realmente” hasta 1989 fue la muestra postrera y más disminuida.
Al tratar de Walter Benjamin
resulta casi ineludible hacer referencia a la imagen que tenemos de él como
per-sona: la imagen del indefenso. Esta imagen —magistral-mente delineada por
Hanna Arendt en su retrato del “bu-ckliger”— se impone por sí misma cada vez
que se trata de describir la ubicación de Benjamin en el mundo en que le tocó
vivir. Es sin duda una imagen atinada, pero es también una imagen incompleta,
unilateral y, en esa me-dida, engañosa. Las malas relaciones con el padre
—ge-melo berlinés, podría decirse, de ese otro padre paradig-mático que en esos
mismos años, en Praga, le hacía la vida imposible a Franz Kafka—, el
malentendido
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
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cotidiano con la familia y con
los amigos, la inadaptación a la vida académica de la universidad, todos estos
son rasgos típicos de la sociabilidad de alguien que no está en buenos términos
con el mundo y que lleva sin duda las de perder. A esto es necesario añadir sus
malas relaciones con el dinero, que si bien no le impedían sistemática-mente
—como a su héroe, Baudelaire— “la disposición de las reservas”, el acceso a los
objetos de la “alta cul-tura”, mantenían su vida en una situación de precario
bienestar, de inseguridad permanente. Pero esta inade-cuación con los usos de
su tiempo, con las costumbres de su ciudad, que da a Benjamin la apariencia de
alguien anacrónico o excéntrico, no puede verse solamente como un vuelco
autodestructivo de sus pulsiones. Se diría, más allá de esto, que es el
resultado necesario de una vida que para afirmarse como tal tiene que cumplirse
contra la co-rriente, en medio de una propuesta difusa pero incondi-cional de
inadecuación con las condiciones en las que debe desenvolverse. En este sentido
su indefensión es ac-tiva, no pasiva; no es una indefensión sufrida sino
provo-cada por él mismo. Expresa una afectividad militante pero ambivalente
ante una realidad global, sintetizadora de todas las realidades particulares
que pueblan el hori-zonte de su experiencia; una realidad que él percibe a un
tiempo como fascinante y amenazadora, como deseable y repulsiva, y en la que no
es posible distinguir con clari-dad dónde termina lo uno y dónde comienza lo
otro; esta realidad a la que, siguiendo precisamente a Baudelaire, hemos dado
en llamar “modernidad” y que él intentará descifrar a lo largo de toda su obra,
especialmente en esa tour de force de la escritura en torno a “Los pasajes de
Pa-rís”.
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
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Walter Benjamin es uno de los
grandes autores con los que contó la cultura occidental europea en los años
veinte y treinta del siglo xx, uno de los más inquietos y agudos cultivadores y
críticos de esa cultura y de la vida mo-derna que la ha sustentado. Es
prototípico del intelectual europeo moderno, pero lo es de un modo particular,
pro-pio de una condición específica a la que suele llamarse la “condición
judía”.
Cuando hablamos de la cultura
occidental europea y la queremos ver como ella quisiera ser vista —como una
cultura que estaría más allá de los particularismos nacio-nales del continente
y los pueblos europeos, que conten-dría el esbozo de una cultura universal y
con ello la prueba de que tal cosa es posible— el contexto al que ha-cemos
referencia es en verdad una construcción imagina-ria en la que sólo algunos de
los europeos (o, si se quiere, todos ellos pero sólo parcialmente o sólo de vez
en cuando) habitan realmente. Hablamos de algo que en verdad no existe, no de
una realidad sino de un sueño. El viajero que se acerca a Europa desde la
periferia y busca en ella, como algo directamente perceptible —más allá de la
uniformidad impuesta por el consumismo mo-derno—, una identidad universalista
compartida se en-cuentra con que tal cosa no es más que una invención, se
percata de que el acercamiento es siempre a realidades humanas de identidad
excluyente: a Alemania, a Francia, a Inglaterra, y de ninguna manera efectivamente
a “Eu-ropa”. Por lo general, y no obstante la vigencia de una moneda y de
planes compartidos, las distintas “culturas nacionales” del continente europeo
se dan la espalda unas a otras; el diálogo entre ellas, las raras veces que
de-ciden entablarlo, les resulta extremamente difícil.
El sueño de una cultura europea
en el que vivió Walter
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
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Benjamín comenzó a adquirir
perfil a finales del siglo XVIII, el Siglo de las Luces, y se desvaneció de
repente, con la segunda guerra mundial, en el siglo xx, que ha pa-sado como un
Siglo de Tinieblas. Era un sueño que in-tentó contrarrestar los efectos
devastadores de la barbarie nacionalista por la que había decidido marchar la
historia de la modernización capitalista, que pretendía continuar, pero en el
registro laico, lo que la ecclesia catholica había hecho bajo el registro
religioso en los tiempos preparato-rios de la modernidad: afirmar, aunque fuera
bajo el in-seguro nombre de “Europa”, la validez de la socialidad abstracta y
universal del intercambio mercantil, de esa socialidad que resulta
indispensable para la civilización moderna en la medida en que implica el
modelo de una cultura del ser humano en general más allá de las
deter-minaciones que provienen de los sujetos trascendentes (las comunidades
convertidas en estados) y su concreción atávica excluyente.
Es comprensible que los
principales constructores de la alta cultura europea se encontraran entre
aquellos que debían querer que ese sueño se volviese una realidad porque del
hecho de que lo fuera dependía la justificación del carácter sui generis de su propia
identidad. No es exa-gerado decir que la cultura de una Europa cosmopolita,
universal, ha sido un sueño cuya realización se empren-dió en gran medida desde
la condición judía: si en algún lado prendió la ilusión de ser europeo fue
justamente, y con fuerza avasalladora, entre los que podríamos llamar
intelectuales judíos. Éstos eran, dentro de la comunidad judía de la diáspora,
aquellos que reconocían —como lo dice bien George Steiner— que el pueblo judío
no puede ni necesita tener ya otro territorio que no sea el libro, la
Escritura, y más aún: la quintaesencia de la Escritura;
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
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aquellos que creían ver la
posibilidad de su integración, como judíos, en una sociedad de nuevo tipo,
moderna, cuya cultura parecía estar en proceso de liberarse de los excesos de
concreción de su código, de desechar ciertas marcas de su identidad que se
habían convertido en sim-ples emblemas superficiales o folclóricos, y de
consti-tuirse, por tanto, como una propuesta de cultura univer-sal. Un sueño:
el de los judíos que intentaron tomar dis-tancia respecto de la existencia
tradicional en sus comu-nidades y fundirse o integrarse efectivamente en la
socie-dad europea como sociedad cosmopolita.
Esta disposición que los
intelectuales judíos creyeron encontrar en el occidente europeo moderno parecía
em-patar, por otro lado, con lo que podríamos llamar el ca-rácter proteico de
la identidad cultural judía. La observa-ción de Steiner es sin duda correcta:
donde se juega la identidad judía es en la estructuración de los contenidos de
un código cultural más que en estos contenidos mis-mos. La identidad de la
cultura judía en la diáspora no está enraizada en determinadas simbolizaciones
elemen-tales efectivas como lo está la identidad cultural de los pueblos
sedentarios de Europa. Es una identidad que puede ser nómada, que, en este
sentido, puede ser abs-tracta, plasmarse en el nivel de los modos de uso, en
las estrategias del “habla” de cualquier código. Esta capaci-dad de moverse
entre los distintos códigos que permane-cen sedentarios, atados a sus propios
contenidos, de sal-vaguardar su identidad perdiéndola aparentemente al pasar a
través de otros códigos, es justamente la que pa-rece tener su contraparte en
el proceso de universaliza-ción de la cultura europea que se anuncia en la
moderni-dad. El integracionismo de una buena parte de la pobla-ción judía de la
Europa central y occidental en una
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
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cultura europea universal, más
deseada que real, es un movimiento histórico que se deja medir en la magnitud y
la diversidad de esa gran constelación de profesionistas, intelectuales,
artistas y políticos judíos que se extiende fa-vorablemente sobre todo el
panorama de la alta cultura europea a comienzos del siglo xx. Por esta razón,
ante la perspectiva desoladora que se esbozaba ya para la histo-ria de la
modernidad después de la segunda guerra mun-dial, no dejaba de ser comprensible
la actitud de Adorno; una actitud que compensaba la amargura y el desengaño por
un sueño que se ha desvanecido —el proyecto fraca-sado de levantar una cultura
universal de corte euro-peo— con una fidelidad casi metafísica al cultivo de la
razón crítica.
Las reflexiones de Benjamin
“Sobre el concepto de histo-ria” ofrecen un aspecto que confirma lo anterior y
que puede servir de entrada al núcleo de su preocupación fi-losófico-política.
En ellas se hace evidente un esfuerzo de reflexión sumamente especial que
pretende reconectar premeditadamente dos tendencias contrapuestas del pensar
europeo, inseparables aunque sólo yuxtapuestas en su tradición y propias, la
una, de la cultura judía y, la otra, de la cultura occidental: la tendencia al
mesianismo, por un lado, y la tendencia al utopismo, por otro. Tal vez lo más
característico y lo más fascinante del discurso de Benjamin en esta pequeña
obra inconclusa sea precisa-mente este intento.
En la época en que Benjamin anota
sus reflexiones sobre la historia, a las que Adorno, de haber querido, bien
pudo haber intitulado “Tesis sobre el materialismo histórico”, la relación
afectiva más fuerte que mantiene, aparte de la casi fraternal con Gerschom
Scholem, es sin duda con
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
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comunistas como Asja Lacis o
Bertolt Brecht. Especial-mente con Brecht —poeta y hombre de teatro de primer
orden, hombre político, comunista militante, que pre-tende estar más allá del
totalitarismo stalinista y que plantea una y otra vez la necesidad de imaginar
un socia-lismo y un marxismo diferentes—, se encuentra en un diálogo
intermitente y productivo; un diálogo a veces tenso, dados los malentendidos
provenientes de la in-compatibilidad de sus personalidades, pero sustentado en
una simpatía básica. Hasta cierto punto, las “Tesis so-bre la historia” son una
especie de carta que Benjamín es-cribe a Bertolt Brecht para exponerle algo que
le había planteado ya verbalmente en sus discusiones en Dina-marca o de paso en
la correspondencia, pero que nunca había podido formular adecuadamente: cómo
cree él que podría ser el “materialismo histórico”, el discurso teórico
marxista adecuado a un socialismo verdaderamente re-volucionario.
Dicho en pocas palabras, lo que
Benjamin propone en es-tas reflexiones es lo siguiente: introducir una radical
co-rrección mesiánica al utopismo propio del socialismo re-volucionario, sacar
de su escondite al “enano teológico” que es el secreto de la eficiencia
discursiva del materia-lismo histórico. Ha llegado el momento, dice, de que el
discurso histórico materialista, preparándose para una nueva —posible,
deseable— época de actualidad de la re-volución, dé un vuelco, de que reconozca
y asuma que, en lo profundo, lo principal de él es su momento teoló-gico, es
decir, la acción en él, implícita pero determinante, de una tematización de
algo así como “lo divino”, de un drama cuya tensión, al desenvolverse en la
marcha de las cosas, unifica al género humano como realidad histórica. Es
probable que en esta propuesta de transformar el
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historia /
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utopismo occidental mediante el
mesianismo judeocris-tiano, más allá de su apariencia escandalosa, que “abre la
puerta al malentendido”, se encuentre el punto más in-quietante y sugerente de
este texto de Walter Benjamin. ¿Utopismo occidental? ¿Mesianismo judío?
El utopismo occidental, en el
sentido último de la pala-bra, consiste en una determinada manera de estar en
el mundo en que vivimos; de vivirlo como un mundo que normal o efectivamente es
imperfecto, incompleto, “inau-téntico”, pero que tiene en sí mismo, coexistente
con él, una versión suya, perfecta, acabada o “auténtica”; una versión, además,
que debería estar siempre en el lugar o la dimensión de lo real, pero que no
está allí, que no tiene lugar más que en aquellos momentos en que el ser
hu-mano merece su estatus ontológico excepcional, es decir, está a la altura de
su destino. Este mundo perfecto que está allí como posibilidad del mundo
actual, y que es coextensivo a él, constituye el fundamento de una crítica
espontánea de lo establecido; es en cierta medida una es-pecie de exigencia
objetiva que le pide transformarse ra-dicalmente o quitarse del lugar de lo
realmente existente para ponerse él allí. La percepción del mundo como
esen-cialmente perfectible es propia del utopismo occidental. La percepción del
mundo como una realidad que tiene en sí misma otra dimensión, virtual; una
dimensión mejor, que “quisiera” ser real pero que no lo puede ser porque el
plano de lo efectivamente real está ocupado —aunque defectuosamente.
Algo similar a esto, pero en un
registro mítico completa-mente diferente, encontramos también en el espíritu
me-siánico. De estirpe oriental, capaz de percibir a una lucha permanente entre
el bien y el mal como determinante del ser de lo real, mira en la vida humana,
lo mismo en la
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pequeña de todos los días que en
la vida grande de los pueblos, una victoria parcial del mal sobre el bien.
Cul-pable por haber roto el equilibrio perfecto del ser, por el pecado original
de existir a su manera, el ser humano tiene prohibido el acceso al disfrute del
mundo en su ple-nitud o autenticidad. Por ello, en principio, el sentido de la
marcha histórica es desastroso. En esta historia, que se muestra dominada por
el mal, vislumbra sin embargo la posibilidad de que aparezca algún día el
momento de la redención, del acto o el sacrificio mesiánico capaz de in-tegrar
al mal humano en el bien universal, revertir ese sentido desastroso de la
historia y de (re)abrir las puertas del paraíso para el ser humano. En el
planteamiento de la posibilidad de un momento mesiánico de inflexión en el
decurso del drama de la Creación encontramos también, aunque de otra manera,
que en la tradición occidental, la percepción de que la realidad dada posee en
sí misma la potencia de ser una realidad diferente, radicalmente me-jor que la
efectiva o establecida.
Dos modos completamente distintos
de vivir la evanes-cencia de lo dado, de estar en la realidad, pero
cuestio-nándola, trascendiéndola. En ambos se vive la riqueza cualitativa del
mundo como una metamorfosis, pero mientras en el primero, en el utópico u occidental,
ella acontece como un cambio de apariencia por parte de las substancias, en el
segundo, en el mesiánico o levantino, ella tiene lugar, a la inversa, como un
cambio de residencia por parte de las formas. El primero, el utopista —que
pro-vendría tal vez de los pueblos atados a un territorio— ve en lo que está
allí, en lo actual o establecido, una versión disminuida de otra cosa que, sin
estar allí, podría estarlo. El segundo, el mesiánico —que viene seguramente de
los pueblos nómadas— ve en lo que está allí, en lo actual o
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
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efectivo, la porción de pérdida
que algún día o en alguna otra parte habrá de recobrarse.
El núcleo reflexivo o el punto
teórico central en torno al que giran los muy variados temas que Benjamín
aborda en sus “tesis” está dado por el intento de mostrar que una teoría de la
revolución adecuada a la crisis de la moder-nidad capitalista sólo puede
cumplir su tarea de reflexión si es capaz de construirse al combinar el
utopismo con el mesianismo haciendo que ambos se exijan mutuamente a dar más de
sí mismos.
La dimensión política no sólo de
la obra de Walter Benja-min sino también de su vida puede ser vista como uno de
los ejemplos más claros de “disimultaneidad” o extem-poraneidad que se dieron
en el siglo xx. Incluso sus tomas de posición explícitas, que lo alían
inconfundiblemente con los movimientos de izquierda y las utopías de una
modernidad comunista, incluyen un sesgo de argumen-tación que está en
contraposición con la cultura política contemporánea, con aquello que se ha
concebido y se concibe como discusión en torno a las alternativas de la gestión
soberana del estado. Su discurso político es inser-vible en la discusión que se
desenvuelve en el escenario formal de la política, en la lucha ideológica,
estratégica y táctica de los frentes, los partidos, las fracciones y los
in-dividuos que han protagonizado las tomas de decisión colectivas y han
pretendido “hacer la historia” durante todo el siglo xx. La inactualidad
evidente del “discurso político” de Benjamin se convierte sin embargo en una
peculiar actualidad de otro orden cuando, en los inicios de este nuevo siglo
—¿milenio?—, en condiciones en que la cultura política de la modernidad
capitalista parece irremediablemente fatigada, nos percatamos de lo mucho
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
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de ilusorio que tuvo toda esa
actividad política, aparen-temente tan realista, del siglo xx; del alto grado
de “inac-tualidad” respecto de la vida política profunda de las so-ciedades
modernas del que han adolecido las nociones de “autoridad”, de “legitimidad” y
de “gobierno” lo mismo de los viejos estados nacionales tradicionales que de
sus reacomodos transnacionales “posmodernos”.
Apenas ahora, cuando este nuevo
siglo comienza, parece llegado el tiempo de considerar el incómodo atractivo
que siempre tuvieron las esporádicas intervenciones de Benjamin —a un tiempo
lejanas y apasionadas— en el campo del discurso político, de tomarlas en serio
como tales y no solamente como extravíos políticos de un hom-bre de letras.
Esta preocupación extemporánea por lo po-lítico, esta falta de conexión con el
ajetreo de la realpolitik que se da sin embargo dentro de un compromiso
pro-fundo con el acontecer de la vida pública, esta especie de nostalgia por el
presente que ilumina al discurso de Ben-jamín cuando habla de lo político hacen
del suyo un dis-curso especialmente fascinante. En medio de una situa-ción de
crisis generalizada de la cultura política y del dis-curso político en cuanto
tal, la aproximación de Benjamin a ellos, tan excéntrica, tan extemporánea, tan
“fuera de la realidad” como parece estar, se enciende con una capaci-dad
desbordada de irradiar sugerencias, y adquiere una capacidad de seducción
inigualable.
Bolívar Echeverría
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
20
Walter Benjamin
SOBRE EL CONCEPTO
DE HISTORIA
I
Según se cuenta, hubo un autómata
construido de ma-nera tal, que a cada movimiento de un jugador de ajedrez
respondía con otro que le aseguraba el triunfo en la par-tida. Un muñeco
vestido de turco, con la boquilla del nar-guile en la boca, estaba sentado ante
el tablero que des-cansaba sobre una amplia mesa.
Un sistema de espejos producía la
ilusión de que todos los lados de la mesa eran transparentes. En realidad,
den-tro de ella había un enano jorobado que era un maestro en ajedrez y que
movía la mano del muñeco mediante cordeles. En la filosofía, uno puede imaginar
un equiva-lente de ese mecanismo; está hecho para que venza siem-pre el muñeco
que conocemos como “materialismo histó-rico”. Puede competir sin más con
cualquiera siempre que ponga a su servicio a la teología, la misma que hoy,
como se sabe, además de ser pequeña y fea, no debe de-jarse ver por nadie.
II
“A las peculiaridades más
notorias del espíritu humano, dice Lotze, pertenece [...] junto a tanto egoísmo
en lo par-ticular, una falta de envidia general de todo presente res-pecto de
su futuro.” Esta reflexión apunta hacia el hecho
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
21
de que la imagen de felicidad que
cultivamos se encuen-tra teñida por completo por el tiempo al que el curso de
nuestra propia existencia nos ha confinado. Una felicidad capaz de despertar
envidia en nosotros sólo la hay en el aire que hemos respirado junto con otros
humanos, a los que hubiéramos podido dirigirnos; junto con las mujeres que se
nos hubiesen podido entregar. Con otras palabras, en la idea que nos hacemos de
la felicidad late insepara-blemente la de la redención. Lo mismo sucede con la
idea del pasado, de la que la historia hace asunto suyo. El pa-sado lleva un
índice oculto que no deja de remitirlo a la redención. ¿Acaso no nos roza, a
nosotros también, una ráfaga del aire que envolvía a los de antes? ¿Acaso en
las voces a las que prestamos oído no resuena el eco de otras voces que dejaron
de sonar? ¿Acaso las mujeres a las que hoy cortejamos no tienen hermanas que
ellas ya no llega-ron a conocer? Si es así, un secreto compromiso de
en-cuentro1 [Verabredung] está entonces vigente entre las ge-neraciones del
pasado y la nuestra. Es decir: éramos es-perados sobre la tierra. También a
nosotros, entonces, como a toda otra generación, nos ha sido conferida una
débil fuerza mesiánica a la que el pasado tiene derecho de dirigir sus
reclamos. Reclamos que no se satisfacen fácil-mente, como bien lo sabe el
materialista histórico.
III
El cronista. que hace la relación
de los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños responde
con ello a la verdad de que nada de lo que tuvo lugar al-guna vez debe darse
por perdido para la historia. Aun-que, por supuesto, sólo a la humanidad
redimida le
1 En
alemán: Verabredung
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
22
concierne enteramente su pasado;
Lo que quiere decir: sólo a la humanidad redimida se le ha vuelto citable su
pasado en cada uno de sus momentos. Cada uno de sus instantes vividos se
convierte en un punto en la orden del día2 [citation a l’ordre du jour], día
éste que es precisamente el día del Juicio final.
IV
Procuraos primero alimento y
vestido, que así el Reino de Dios os llegará por sí mismo.
Hegel, 1807
La lucha de clases que tiene
siempre ante los ojos el ma-terialista histórico educado en Marx, es la lucha
por las cosas toscas y materiales, sin las cuales no hay cosas finas y
espirituales. Estas últimas, sin embargo, están presentes en la lucha de clases
de una manera diferente de la que tienen en la representación que hay de ellas
como un bo-tín que cae en manos del vencedor. Están vivas en esta lucha en
forma de confianza en sí mismo, de valentía, de humor, de astucia, de
incondicionalidad, y su eficacia se remonta en la lejanía del tiempo. Van a
poner en cuestión, siempre de nuevo, todos los triunfos que alguna vez
fa-vorecieron a los dominadores. Como las flores vuelven su corola hacia el
sol, así también todo lo que ha sido, en virtud de un heliotropismo de estirpe
secreta, tiende a di-rigirse hacia ese sol que está por salir en el cielo de la
his-toria. Con ésta, la más inaparente de todas las transfor-maciones, debe
saber entenderse el materialista histórico.
2 Francés
en el original: citation à l’ordre du jour.
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
23
V
La imagen verdadera del pasado
pasa de largo veloz-mente3 [huscht]. El pasado sólo es atrapable como la
ima-gen que refulge, para nunca más volver, en el instante en que se vuelve
reconocible. “La verdad no se nos esca-pará”: esta frase que proviene de Gottfried
Keller indica el punto exacto, dentro de la imagen de la historia del
his-toricismo, donde le atina el golpe del materialismo histó-rico. Porque la
imagen verdadera del pasado es una ima-gen que amenaza con desaparecer con todo
presente que no se reconozca aludido en ella.4
VI
Articular históricamente el
pasado no significa conocerlo “tal como verdaderamente fue”. Significa
apoderarse de un recuerdo tal como éste relumbra en un instante de pe-ligro. De
lo que se trata para el materialismo histórico es de atrapar una imagen del
pasado tal como ésta se le en-foca de repente al sujeto histórico en el
instante del peli-gro. El peligro amenaza tanto a la permanencia de la
tra-dición como a los receptores de la misma. Para ambos es uno y el mismo: el
peligro de entregarse como instrumen-tos de la clase dominante. En cada época
es preciso hacer nuevamente el intento de arrancar la tradición de manos del
conformismo, que está siempre a punto de someterla. Pues el Mesías no sólo
viene como Redentor sino también como vencedor del Anticristo. Encender en el
pasado la chispa de la esperanza es un don que sólo se encuentra
3 En
alemán: huscht
4 T4
(véase la nota editorial) continúa: “La buena nueva que el histo-riador del
pasado trae, con pulso acelerado, sale de una boca que tal vez, ya en el
instante en que se abre, habla al vacío.”
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
24
en aquel historiador que está
compenetrado con esto: tam-poco los muertos estarán a salvo del enemigo si éste
vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer.
VII
Considerad lo oscuro y el gran
frío de este valle que resuena de lamentos.
Brecht, La ópera de tres
centavos.
Fustel de Coulanges le recomienda
al historiador que quiera revivir una época, que se quite de la cabeza todo lo
que sabe del curso ulterior de la historia. Mejor no se podría identificar al
procedimiento con el que ha roto el materialismo histórico. Es un procedimiento
de empatía. Su origen está en la apatía del corazón, la acedía que no se atreve
a adueñarse de la imagen histórica auténtica, que relumbra fugazmente. Los
teólogos medievales vie-ron en ella el origen profundo de la tristeza.
Flaubert, que algo sabía de ella, escribió5 “Pocos adivinarán cuán triste se ha
necesitado ser para resucitar a Cartago.”]
La naturaleza de esta tristeza se
esclarece cuando se pre-gunta con quién empatiza el historiador historicista.
La respuesta resulta inevitable: con el vencedor. Y quienes dominan en cada
caso son los herederos de todos aque-llos que vencieron alguna vez. Por
consiguiente, la empa-tía con el vencedor resulta en cada caso favorable para
el dominador del momento.
5 Francés
en el original: : uPeu de gens devineront combien il a fallu etre triste pour
ressusciter Carthague”
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
25
El materialista histórico tiene
suficiente con esto. Todos aquellos que se hicieron de la victoria hasta
nuestros días marchan en el cortejo triunfal de los dominadores de hoy, que
avanza por encima de aquellos que hoy yacen en el suelo. Y como ha sido siempre
la costumbre, el botín de guerra es conducido también en el cortejo triunfal.
El nombre que recibe habla de bienes culturales, los mismos que van a encontrar
en el materialista histórico un obser-vador que toma distancia. Porque todos
los bienes cultu-rales que abarca su mirada, sin excepción, tienen para él una
procedencia en la que no puede pensar sin horror. Todos deben su existencia no
sólo a la fatiga de los gran-des genios que los crearon, sino también a la
servidumbre anónima de sus contemporáneos. No hay documento de cultura que no
sea a la vez un documento de barbarie. Y así como éste no está libre de
barbarie, tampoco lo está el proceso de la transmisión a través del cual los
unos lo he-redan de los otros. Por eso el materialista histórico se aparta de
ella en la medida de lo posible. Mira como ta-rea suya la de cepillar la
historia a contrapelo.
VIII
La tradición de los oprimidos nos
enseña que el “estado de excepción” en que ahora vivimos es en verdad la regla.
El concepto de historia al que lleguemos debe resultar coherente con ello.
Promover el verdadero estado de ex-cepción se nos presentará entonces como
tarea nuestra, lo que mejorará nuestra posición en la lucha contra el
fas-cismo. La oportunidad que éste tiene está, en parte no in-significante, en
que sus adversarios lo enfrentan en nom-bre del progreso como norma histórica.
El asombro ante el hecho de que
las cosas que vivimos
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
26
sean “aún” posibles en el siglo
veinte no tiene nada de fi-losófico. No está al comienzo de ningún
conocimiento, a no ser el de que la idea de la historia de la cual proviene ya
no puede sostenerse.
IX
Mi ala está pronta al vuelo.
Retornar, lo haría con gusto, pues, aun fuera yo tiempo vivo, mi suerte sería
escasa.
Gerhard Scholem, Saludo del Angelus.
Hay un cuadro de Klee que se
titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de
alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desorbi-tados,
la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese
aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece
como una ca-dena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a
sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera
detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán
sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el
ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia
el futuro, al cual vuelve las espal-das, mientras el cúmulo de ruinas crece
ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso.
X
Los temas de meditación que la
regla conventual pro-ponía a los hermanos novicios tenían la tarea de alejarlos
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
27
del mundo y sus afanes. La
reflexión que desarrollamos aquí procede de una determinación parecida. En un
mo-mento en que los políticos, en quienes los adversarios del fascismo habían
puesto su esperanza, yacen por tierra y refuerzan su derrota con la traición a
su propia causa, esta reflexión se propone desatar al que vive en el mundo de
la política de las redes en que ellos lo han envuelto. Ella parte de la
consideración de que la fe ciega de esos políticos en el progreso, la confianza
en su “base de ma-sas” y, por último, su servil inserción en un aparato
in-controlable no han sido más que tres aspectos de la misma cosa. Es una
reflexión que procura dar una idea respecto de lo caro que le cuesta a nuestro
pensamiento habitual una representación de la historia que evite toda
complicidad con aquella a la que esos políticos siguen aferrados.
XI
El conformismo, que desde el
principio se encontró a gusto en la socialdemocracia, no afecta sólo a sus
tácticas políticas sino también a sus ideas económicas. Esta es una de las
razones de su colapso ulterior. No hay otra cosa que haya corrompido más a la
clase trabajadora alemana que la idea de que ella nada con la corriente. El
desarrollo técnico era para ella el declive de la corriente con la que creía
estar nadando. De allí no había más que un paso a la ilusión de que el trabajo
en las fábricas, que sería pro-pio de la marcha del progreso técnico,
constituye de por sí una acción política. Bajo una figura secularizada, la
an-tigua moral protestante del trabajo celebraba su resurrec-ción entre los
obreros alemanes. El programa de Gotha muestra ya señales de esta confusión.
Define al trabajo como “la fuente de toda riqueza y de toda cultura”.
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
28
Presintiendo algo malo, Marx
respondió que el hombre que no posee otra propiedad aparte de su fuerza de
tra-bajo “está forzado a ser esclavo de otros hombres, de aquellos que se han
convertido [...] en propietarios”. A pesar de ello, la confusión continúa
difundiéndose y poco después Josef Dietzgen proclama: “Trabajo es el nombre del
Mesías del tiempo nuevo. En el [...] mejoramiento [...] del trabajo [...]
estriba la riqueza, que podrá hacer ahora lo que ningún redentor pudo lograr.”
Esta concepción del marxismo
vulgar sobre lo que es el trabajo no se detiene demasiado en la cuestión acerca
del efecto que el producto del trabajo ejerce sobre los trabaja-dores cuando
éstos no pueden disponer de él. Sólo está dispuesta a percibir los progresos
del dominio sobre la naturaleza, no los retrocesos de la sociedad. Muestra ya
los rasgos tecnocráticos con los que nos toparemos más tarde en el fascismo.
Entre ellos se encuentra un concepto de naturaleza que se aleja con aciagos
presagios del que tenían las utopías socialistas anteriores a la revolución de
1848. El trabajo, tal como se lo entiende de ahí en ade-lante, se resuelve en
la explotación de la naturaleza, ex-plotación a la que se le contrapone con
ingenua satisfac-ción la explotación del proletariado. Comparados con esta
concepción positivista, los fantaseos que tanto mate-rial han dado para
escarnecer a un Fourier revelan un sentido sorprendentemente sano. Para
Fourier, el trabajo social bien ordenado debería tener como consecuencia que cuatro
lunas iluminen la noche terrestre, que el hielo se retire de los polos, que el
agua del mar no sea más sa-lada y que los animales feroces se pongan al
servicio de los hombres. Todo esto habla de un trabajo que, lejos de explotar a
la naturaleza, es capaz de ayudarle a parir las creaciones que dormitan como
posibles en su seno. Al
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
29
concepto corrupto de trabajo le
corresponde como com-plemento esa naturaleza que, según la expresión de
Dietzgen, “está gratis ahí”.
XII
Necesitamos de la historia, pero
de otra manera de como la necesita el ocioso exquisito en los jardines del
saber.
Nietzsche, Beneficios y
perjuicios de la historia para la vida.
El sujeto del conocimiento
histórico es la clase oprimida misma, cuando combate. En Marx aparece como la
úl-tima clase esclavizada, como la clase vengadora que lleva a su fin la obra
de la liberación en nombre de tantas ge-neraciones de vencidos. Esta conciencia,
que por corto tiempo volvió a tener vigencia con el movimiento Sparta-cus, ha
sido siempre desagradable para la socialdemocra-cia. En el curso de treinta
años ha logrado borrar casi por completo el nombre de un Blanqui, cuyo timbre
metálico hizo temblar al siglo pasado. Se ha contentado con asig-nar a la clase
trabajadora el papel de redentora de las ge-neraciones futuras, cortando así el
nervio de su mejor fuerza. En esta escuela, la clase desaprendió lo mismo el
odio que la voluntad de sacrificio. Pues ambos se nutren de la imagen de los
antepasados esclavizados y no del ideal de los descendientes liberados. 6
6 T4
continúa: “Si hay una generación que debe saberlo, esa es la
nuestra: lo que podemos esperar
de los que vendrán no es que nos agradezcan por nuestras grandes acciones, sino
que se acuerden de nosotros, que fuimos abatidos. La revolución rusa sabía de
esto.
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
30
XIII
Puesto que nuestra causa se
vuelve más clara cada día y el pueblo cada día más sabio.
Wilhelm Dietzgen, La filosofa
socialdemócrata
La teoría socialdemócrata, y aún
más su práctica, estuvo determinada por un concepto de progreso que no se
ate-nía a la realidad sino que poseía una pretensión dogmá-tica. Tal como se
pintaba en las cabezas de los socialde-mócratas, el progreso era, primero, un
progreso de la hu-manidad misma (y no sólo de sus destrezas y conoci-mientos).
Segundo, era un progreso sin término (en co-rrespondencia con una
perfectibilidad infinita de la hu-manidad). Tercero, pasaba por esencialmente
indetenible (recorriendo automáticamente un curso sea recto o en es-piral).
Cada uno de estos predicados es controvertible y en cada uno ellos la crítica
podría iniciar su trabajo. Pero la crítica —si ha de ser inclemente— debe ir
más allá de estos predicados y dirigirse a algo que les sea común a todos
ellos. La idea de un progreso del género humano en la historia es inseparable
de la representación de su movimiento como un avanzar por un tiempo homogéneo y
vacío. La crítica de esta representación del movimiento histórico debe constituir
el fundamento de la crítica de la idea de progreso en general.
La consigna ‘¡Sin gloria para el
vencedor, sin compasión con el vencido!’ es radical porque expresa una
solidaridad que es mayor con los hermanos muertos que con los herederos.”
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
31
XIV
El origen es la meta.
Karl Kraus, Palabras en versos I
La historia es objeto de una
construcción cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y vacío sino el que está
lleno de “tiempo del ahora” 7 [ietztzeit]. Así, para Robespierre la antigua
Roma era un pasado cargado de “tiempo del ahora” que él hacía saltar del continuum
de la historia. La Revolución Francesa se entendía a sí misma como un re-torno
de Roma. Citaba a la antigua Roma tal como la moda a veces cita a un atuendo de
otros tiempos.
La moda tiene un olfato para lo
actual donde quiera que lo actual dé señas de estar en la espesura de lo de
antaño. La moda es un salto de tigre al pasado. Sólo que tiene lu-gar en una
arena en donde manda la clase dominante. El mismo salto, bajo el cielo libre de
la historia, es ese salto dialéctico que es la revolución como la comprendía
Marx.
XV
La conciencia de hacer saltar el
continuum de la historia es propia de las clases revo1ucionarias en el instante
de su acción. La Gran Revolución introdujo un nuevo calen-dario. El día con el
que comienza un calendario actúa como un acelerador histórico. Y es en el fondo
el mismo día que vuelve siempre en la figura de los días festivos, que son días
de rememoración. Los calendarios miden el tiempo, pero no como relojes. Son
monumentos de una conciencia histórica de la cual en Europa, desde hace cien
7 En
alemán: jetztzeit.
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
32
años, parece haberse perdido todo
rastro. Todavía du-rante la Revolución de Julio se registró un episodio que
mostraba a esa conciencia saliendo por sus fueros. Cuando cayó la noche del
primer día de combate ocurrió que, en muchos lugares de París, independientemente
y al mismo tiempo, hubo disparos contra los relojes de las torres. Un testigo
ocular, cuyo acierto resultó tal vez de la rima, escribió entonces:
Qui le croirait! On dit
qu’irrités contre l'heure
De nouveaux Josués, au pied de
chaqué tour,
Tiraient sur les cadrans pour
arreter le jour. 8
XVI
El materialista histórico no
puede renunciar al concepto de un presente que no es tránsito, en el cual el
tiempo se equilibra y entra en un estado de detención. Pues este concepto
define justo ese presente en el cual él escribe his-toria por cuenta propia. El
historicismo levanta la imagen “eterna” del pasado, el materialista histórico
una expe-riencia única del mismo que se mantiene en su singulari-dad. Deja que
los otros se agoten con la puta del “hubo una vez”, en el burdel del
historicismo. Él permanece dueño de sus fuerzas: lo suficientemente hombre como
para hacer saltar el continuum de la historia.
8 ¡Quién
lo creería! Se dice que, irritados contra la hora
nuevos Josués, al pie de cada
torre,
disparaban sobre los cuadrantes,
para detener el tiempo.
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
33
XVII
El historicismo culmina con todo
derecho en la historia universal. Es de ella tal vez de la que la
historiografía ma-terialista se diferencia más netamente que de ninguna otra en
cuestiones de método. La historia universal carece de una armazón teórica. Su
procedimiento es aditivo: su-ministra la masa de hechos que se necesita para
llenar el tiempo homogéneo y vacío. En el fundamento de la his-toriografía
materialista hay en cambio un principio cons-tructivo. Propio del pensar no es
sólo el movimiento de las ideas sino igualmente su detención. Cuando el pensar
se para de golpe en medio de una constelación saturada de tensiones, provoca en
ella un schock que la hace crista-lizar como mónada. El materialista histórico
aborda un objeto histórico única y solamente allí donde éste se le presenta
como mónada. En esta estructura reconoce el signo de una detención mesiánica
del acaecer o, dicho de otra manera, de una oportunidad revolucionaria en la
lu-cha por el pasado oprimido. Y la aprovecha para hacer saltar a una
determinada época del curso homogéneo de la historia, de igual modo que hacer
saltar de su época a una determinada vida o del conjunto de una obra a una obra
determinada. El beneficio de este procedimiento re-side en que en la obra se
halla conservado y superado el conjunto de la obra, en ésta toda la época y en
la época el curso entero de la historia. El fruto sustancioso de lo
com-prendido históricamente tiene en su interior al tiempo como semilla
preciosa pero insípida.
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
34
XVIII 9
En la idea de la sociedad sin
clases, Marx secularizó la idea del tiempo mesiánico. Y es bueno que haya sido
así. La desgracia empieza cuando la socialdemocracia eleva esta idea a “ideal”.
El ideal fue definido en la doctrina neokantiana como una “tarea infinita”. Y
esta doctrina fue la filosofía escolar del partido socialdemócrata —de Schmidt
y Stadler a Natorp y Vorlander—. Una vez defi-nida la sociedad sin clases como
tarea infinita, el tiempo vacío y homogéneo se transformó, por decirlo así, en
una antesala en la que se podía esperar con más o menos se-renidad el
advenimiento de la situación revolucionaria. En realidad no hay un instante que
no traiga consigo su oportunidad revolucionaria —sólo que ésta tiene que ser
definida en su singularidad específica, esto es, como la oportunidad de una
solución completamente nueva ante una tarea completamente nueva—. Al pensador
revolu-cionario la oportunidad revolucionaria peculiar de cada instante
histórico se le confirma a partir de una situación política dada. Pero se le
confirma también, y no en menor medida, por la clave que dota a ese instante
del poder para abrir un determinado recinto del pasado completa-mente
clausurado hasta entonces. El ingreso en este re-cinto coincide estrictamente
con la acción política; y es a través de él que ésta, por aniquiladora que sea,
se da a conocer como mesiánica.10
9 Véase
la “Nota editorial” del presente volumen.
10 El manuscrito 1098 v continúa: “(La sociedad sin clases no es la
meta final del progreso en la historia sino su interrupción, tantas veces
fallida y por fin llevada a efecto.)”.
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
35
XIX
“Los escasos cinco milenios del
homo sapiens —dice uno de los biólogos más recientes— representan, en relación
con la historia de la vida orgánica sobre la tierra, unos dos segundos al final
de una jornada de veinticuatro horas. Llevada a esta escala, la historia de la
humanidad civili-zada ocuparía la quinta parte del último segundo de la última
hora.” El “tiempo del ahora”, que como modelo del tiempo mesiánico resume en
una prodigiosa abrevia-tura la historia entera de la humanidad, coincide
exacta-mente con esa figura que representa la historia de la hu-manidad dentro
del universo.
[APÉNDICE]
A
El historicismo se contenta con
establecer un nexo causal entre distintos momentos de la historia. Pero ningún
he-cho es ya un hecho histórico solamente por ser una causa. Habrá de serlo,
póstumamente, en virtud de acaecimien-tos que pueden estar separados de él por
milenios. El his-toriador que parte de esta comprobación no permite ya que la
sucesión de acaecimientos le corra entre los dedos como un rosario. Aprehende
la constelación en la que ha entrado su propia época con una muy determinada
época anterior. Funda de esta manera un concepto del presente como ese “tiempo
de ahora” en el que están incrustadas astillas del tiempo mesiánico.
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
36
B
Es seguro que los adivinos que
inquirían al tiempo por los secretos que él guarda dentro de sí no lo
experimen-taban como homogéneo ni como vacío. Quien tiene esto a la vista puede
llegar tal vez a hacerse una idea de la forma en que el pasado era aprehendido
en la rememo-ración, es decir, precisamente como tal. Se sabe que a los judíos
les estaba prohibido investigar el futuro. La Thorá y la plegaria los
instruyen, en cambio, en la rememora-ción. Esto los liberaba del encantamiento
del futuro al que sucumben aquellos que buscan información en los adivinos. A
pesar de esto, el futuro no se convirtió para los judíos en un tiempo homogéneo
y vacío. Porque en él cada segundo era la pequeña puerta por la que podía
pa-sar el Mesías.
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
37
Walter Benjamin
Tesis sobre la Historia:
APUNTES, NOTAS Y VARIANTES
1. Apuntes sobre el tema
Para la detención mesiánica del
acontecerse podría apro-vechar la definición del estilo “clásico”, según
Focillon: “Breve minuto de plena posesión de las formas, se pre-
senta [...] como una felicidad
fugaz, como la de los griegos: el fiel de la balanza no oscila sino débilmente.
Lo que espero no es verla pronto inclinarse nuevamente, me-nos aún el momento
de la fijación absoluta, sino, en el mi-lagro de esta inmovilidad dubitativa,
el temblor ligero, imperceptible, que me indica que vive.”11
Henri Focillon: Vie des formes,
París, 1934, p. 18. Ms-BA 1095
Focillon sobre la obra de arte:
“En el instante en que nace,
11 “Breve minute de pleine possession des formes, il se présente
[...] comme un bonheur rapide, comme Tateme des Grecs: le fleau de la balance
n'oscille plus que faiblement. Ce que j'attends, ce n 'est pas de la voir
bientot de nouveau pencher, encore moins le mo-ment de la fixité absolue, mais,
dans le miracle de cette immobilité hésitante, le tremblement leger,
imperceptible, qui m’indique qu'elle vit”
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
38
ella es un fenómeno de ruptura.
Una expresión corriente nos lo hace sentir vivamente: ‘hacer época’ no es
interve-nir pasivamente en la cronología, es interrumpir el mo-mento.”12 Ibid.,
pp. 94.
Ms-BA 1096
El credo del historicismo según
Louis Dimier (L’évolution contre l’esprit, París 1939, p. 46-47):
“Es la curiosidad por el hecho lo
que impulsa al historia-dor a la investigación; es la curiosidad por el hecho
lo que atrae y cautiva a su lector [...] Los testimonios [...] hacen que uno no
pueda dudar del asunto, es su concatenación natural lo que completa la
persuasión … Lo que resulta es que el hecho permanece entero, intacto [...]
todo su arte se reduce a no tocar nada en el asunto, a observar lo que Fustel
de Coulanges ha denominado atinadamente ‘la castidad de la historia’ [...]”13
—Hay que señalar que en el
trasfondo de este credo se encuentra en Dimier el recuerdo de los testimonios
en el viejo y el nuevo Testamentos, incluidos los milagros ates-tiguados, a los
que defiende en este capítulo con un gran despliegue de minucias. El burdo
positivismo de esta
12 “A l’instant ou elle nait, elle est phénomene de rupture. Une
ex-pression courante nous le fait vivement sentir: ‘faire date’, ce n’est pas
intervenir passivement dans la chronologie, c’est brusquer le moment.” ...]
13 “C'est la curiosité du fait qui pousse a la recherche l’historien;
c’est la curiosité du fait qui attire et charme son lecteur [...] Les
témoignages [...] font qu’on ne peut douter de la chose, c’est leur
enchainement naturel qui en consomme la persuasion [...] Le résultat est que le
fait demeure entier, intact [...] Tout son art se résume a n’y point toucher, a
observer ce que Fustel de Coulanges a si bien nommé ‘la chasteté de
l'histoire’.”
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
39
confesión de fe es así una
apariencia (cfr. p. 183).
Dimier (pp. 76-84) contra la idea
de los progresos del gé-nero humano: “En la naturaleza física, la evolución no
es indefinida: tiene un plazo. La bellota se vuelve un roble, y no otra cosa
[...] La especie, lejos de sobrevivir al indi-viduo, comienza por morir con él,
[...] sin ser así el sujeto de continuidad alguna, ella no puede serlo de
ningún desarrollo, menos aún de un desarrollo cuyo individuo no genere ninguna
idea [...] La quimera de una evolución, que [...] Comte [...] lleva a la
historia de los espíritus, no sólo carece de todo fundamento sino de toda apariencia,
si se toman ejemplos de la naturaleza física. Es pues gra-tuito que se tenga a
la evolución por una ley revelada por la historia; ni siquiera esbozada se
encuentra allí. Esta lenta formación de la moral y de la razón, con la que se
nos quiere pagar, no resulta de ningún testimonio [...] Nada es pues más
parecido, bajo diversas figuras, que la humanidad de todos los tiempos. El
mismo genio creador en acción, la misma impotencia [ ...] para recoger sólo los
buenos frutos de ella. Uno no puede menos que quedar atónito cuando
profesionales del pensamiento no se can-san de descubrir en este progreso
limitado [ . .. ] y preca-rio, un movimiento de la ‘razón universal’ . ”14
14 “Dans la nature physique, l’évolution n’est pas indéfinie; elle a
un terme. Le gland devient chene et rien davantage [...] L’espéce, loin de
survivre a l’individu, commencepar mourir avec lui, [...] ainsi n’étant le
sujet d’aucune continuité, elle ne peut etre celui d’aucun développement,
encore moins dun développement dont l’individu ne forme aucune idée [...] Non
seulement tout fondement, mais toute
apparence manque, en prenant des exemples dans la nature physique, a la chimere
devolution portée dans l'histoire des esprits [...] [par] Comte [...] C’est done gratis qu’on donne l’évolution
pour une loi révélée par l’histoire; elle n’y est meme pas ébau-chée. Cette
lente formation de la morale et de la raison, dont on
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
40
Ms-BA 1097
La empatía con lo que ha sido
está finalmente al servicio de su reactualización. La tendencia a esta última
no va en vano junto a una idea positivista de la historia (como se muestra en
Eduard Meyer). La proyección de lo pasado en el presente es análoga, en el
campo de la historia, a la sustitución de configuraciones idénticas dentro de
las transformaciones del mundo material. Dicha sustitución fue planteada por
Meyerson como el fundamento de las ciencias naturales (De lexplication dans les
sciences [París, 1921].
La proyección, por su parte, es
la quintaesencia del carác-ter propiamente “científico” de la historia como lo
con-cibe el positivismo. Un carácter que se adquiere a cambio de la extirpación
de todo lo que recuerde a lo que en ella hay de rememoración, según su
determinación original. La vitalidad falsa de las reactualizaciones, la
eliminación en ellas de todo eco del “lamento” que viene de la histo-ria,
indican una sumisión definitiva de la empatía al con-cepto moderno de ciencia.
Con otras palabras: el propósito
de encontrar “leyes” para el transcurso de los acontecimientos en la historia
no es la única manera, y menos aún la más sutil, de
nous paye, ne ressort d’aucun
témoignage [..] Rien n’est done si semblable sous des figures diverses, que
l'humanité de tous les temps. Le meme génie créateur a l’reuvre, la meme
impuissance [...] a n’en recueillir que les bons fruits. On ne peut done que
tom-ber des nues quand [...] des professionnels de la pensée ne laissent pas de
découvrir dans ce progres borné [...] et précaire, un mou-vement de la ‘raison
universelle”
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
41
equiparar la historiografía a las
ciencias naturales. La idea de que la tarea del historiador es la de
“reactualizar” lo pasado es culpable de la misma asimilación, pero no se deja
detectar tan fácilmente.
Ms-BA 1098 r
XVII A
En la representación de la
sociedad sin clases, Marx secu-larizó la representación del tiempo mesiánico. Y
es bueno que haya sido así. La desgracia empieza cuando la social-democracia
eleva esta representación a “ideal”. El ideal fue definido en la doctrina
neokantiana como una “tarea infinita”. Y esta doctrina fue la filosofía escolar
del par-tido socialdemócrata —de Schmidt y Stadler a Natorp y Vorlander. Una
vez definida la sociedad sin clases como tarea infinita, el tiempo vacío y
homogéneo se trans-formó, por decirlo así, en una antesala en la que se podía
esperar con más o menos serenidad el advenimiento de la situación
revolucionaria. En realidad no hay un ins-tante que no traiga consigo su
oportunidad revoluciona-ria —sólo que ésta tiene que ser definida en su
singulari-dad específica, esto es, como la oportunidad de una solu-ción
completamente nueva ante una tarea completa-mente nueva. Al pensador
revolucionario la oportunidad revolucionaria peculiar de cada instante
histórico se le confirma a partir de la situación política. Pero se le
con-firma también, y no en menor medida, por la clave que da a ese instante el
poder para abrir un determinado re-cinto del pasado, completamente clausurado
hasta en-tonces. El ingreso en este recinto coincide estrictamente con la
acción política; y es a través de él que ésta, por ani-quiladora que sea, se da
a conocer como mesiánica. (La
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
42
sociedad sin clases no es la meta
final del progreso en la historia, sino su interrupción, tantas veces fallida y
por fin llevada a efecto.)
Ms-BA 1098 v
El materialista histórico que va
en busca de la estructura de la historia pone en práctica, a su manera, una
especie de análisis espectral. Así como el físico reconoce al ultra-violeta en
el espectro solar, así él reconoce una fuerza me-siánica en la historia. El que
quiera saber en qué estado se encuentra la “humanidad redimida”, a qué
condicio-nes está sometida la entrada en ese estado y cuándo se podrá contar
con ella hará preguntas que no tienen res-puesta. Es como si preguntara por el
color de los rayos ultravioleta.
Ms-BA 1099
Marx dice que las revoluciones
son la locomotora de la historia mundial. Pero tal vez se trata de algo por
com-pleto diferente. Tal vez las revoluciones son el manotazo hacia el freno de
emergencia que da el género humano que viaja en ese tren.
Ms-BA 1100
En la obra de Marx pueden
mencionarse tres conceptos fundamentales; el conjunto de su armazón teórico
puede verse como el intento de soldar estos tres conceptos entre sí. Se trata
de la lucha de clases del proletariado, la mar-cha del desarrollo histórico (el
progreso) y la sociedad sin clases. La estructura del concepto central se
presenta en
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
43
Marx de la siguiente manera: en
el transcurso del desa-rrollo histórico, a través de una serie de luchas de
clase, la humanidad arriba a la sociedad sin clases. —Pero la sociedad sin
clases no debe concebirse como el punto fi-nal de un desarrollo histórico. —De
esta concepción erró-nea surgió, entre otras cosas, entre los epígonos, la idea
de una “situación revolucionaria” que, como ha resul-tado evidente, no se
presenta nunca. —Al concepto de la sociedad sin clases le debe ser devuelto su
rostro auténti-camente mesiánico, y esto en interés de la propia política
revolucionaria del proletariado.
Ms-BA 1103
“La revolución es la locomotora
de la historia.” (Los via-jeros en el vagón.)
La confianza en la acumulación
cuantitativa está en la base lo mismo de la fe testaruda en el progreso que de
la confianza en la “base de masas”.
Alcance filosófico-histórico y
político del concepto de re-torno. El Día del juicio es el presente volteado
hacia atrás.
Importancia metódica de la
confrontación de la época de que se trata en cada caso con la historia previa,
tal como está lo mismo en el trabajo sobre el cine [(La obra de arte en la
época de su reproductibilidad técnica)] (en la caracterís-tica del valor ritual)
que en el que versa sobre Baudelaire (en la característica del aura) [(“Sobre
algunos motivos en Baudelaire”)]. En virtud de esta confrontación, la época de
la que se trata en cada caso se vuelve solidaria con el presente actual del que
escribe la historia.
Ms-BA 1105
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
44
2. “NUEVAS TESIS”
Nuevas tesis B
La historia tiene que ver con
interrelaciones y también con encadenamientos causales tejidos fortuitamente.
Al dar ella una idea de lo constitutivamente citable de su ob-jeto, éste, en su
versión más elevada, debe ofrecerse como un instante de la humanidad. El tiempo
debe estar en él en estado de detenimiento.
La imagen dialéctica es un
relámpago que va por sobre todo el horizonte del pasado.
Articular históricamente algo
pasado significa: reconocer en el pasado aquello que se conjunta en la
constelación de uno y un mismo instante. El conocimiento histórico sólo es
posible únicamente en el instante histórico. Pero el conocimiento en el instante
histórico es siempre el co-nocimiento de un instante. Al replegarse como un
ins-tante —como una imagen dialéctica—, el pasado entra en el recuerdo obligado
de la humanidad.
Hay que definir la imagen
dialéctica como el recuerdo obligado de la humanidad redimida.
La noción de una historia
universal está atada a la del progreso y a la de la cultura. Para que todos los
instantes en la historia de la humanidad puedan ser alineados en la cadena del
progreso tienen que ser puestos sobre el co-mún denominador de la cultura, de
la Ilustración, del Es-píritu objetivo o como se lo quiera llamar.
Ms-BA 491
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
45
Nuevas Tesis C
Sólo cuando el transcurso
histórico se desliza fácilmente para el historiador, como un hilo, se puede
hablar de pro-greso. Si es en cambio una cuerda de muchos hilos des-hilvanados,
que cuelga en cabos destejidos, ninguno de éstos tendrá un lugar determinado
mientras no sean to-dos recogidos y entretejidos como una red para el cabello.
La concepción fundamental del
mito es el mundo como castigo —un castigo que genera sus castigados. El eterno
retorno es la tarea del castigo escolar proyectada hacia lo cósmico: la
humanidad tiene que copiar su texto en innu-merables repeticiones. (Paul Eluard:
Répétitions, 1922.)
La eternidad del castigo infernal
le ha quebrado a la idea antigua del eterno retorno tal vez la más terrible de
sus puntas. Pone la eternidad del sufrimiento en el lugar en que estaba la
eternidad del ciclo.
Al pensar una vez más, en el
siglo XIX, la idea del eterno retorno, Nietzsche hace él mismo la figura de
aquel en quien se cumple esa condena mítica. Puesto que la esen-cia del
acontecer mítico es el retorno. (Sísifo, las Danai-des.)
Ms-BA 489
Nuevas Tesis H
Disolverse en historia pragmática
no es algo que pueda ir en provecho de la historia de la cultura. Por lo demás,
la concepción pragmática de la historia no fracasa ante las posibles exigencias
que levante la “ciencia estricta” en nombre de la ley de la causalidad. Fracasa
en un desfasa-miento de la perspectiva histórica. Una época que ya no está en
capacidad de transfigurar sus posiciones de
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
46
dominio de manera originaria ya
no está en relación con la transfiguración que aprovechaba a las posiciones de
dominio del pasado.
El sujeto que escribe la historia
es por derecho propio aquella parte de la humanidad cuya solidaridad abarca a
todos los oprimidos. Aquella parte que puede correr el más grande de los
riesgos teóricos porque en la práctica es la que menos tiene que perder.
No toda historia universal tiene
que ser reaccionaria. Lo es la historia universal carente de un principio
construc-tivo. Es el principio constructivo de la historia universal lo que
permite que ella sea representada en la historia de lo parcial. Se trata, en
otras palabras, de un principio mo-nadológico. Existe en la historia de la
redención.
La idea de la prosa coincide con
la idea mesiánica de la historia universal (Lesskov).
Ms-BA 484
Nuevas Tesis K
“Organizar el pesimismo quiere
decir [...] en el espacio de la acción política [...] descubrir el espacio de
la imagen. Pero este espacio de la imagen ya no es abarcable de ma-nera
contemplativa [...] Este espacio de la imagen bus-cado [...], el mundo de
actualidad omni-lateral e integral. (“Surrealismo” [(véase el ensayo de
Benjamín)]).
La redención es el limes
[frontera] del progreso.
El mundo mesiánico es el mundo de
la actualidad omni-lateral e integral. Sólo en ésta hay una historia universal.
Pero no como escrita sino como cumplida en la festivi-dad. En una fiesta
depurada de toda solemnidad. Que no
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
47
conoce ningún cántico festivo. Su
lenguaje es la prosa li-berada, la que ha hecho saltar los grilletes de la
escritura. (La idea de la prosa coincide con la idea mesiánica de la historia
universal. Cfr., en “El narrador”: las clases de prosa poética como espectro de
la prosa histórica.)
La multiplicidad de las
“historias” está emparentada, si no es que es idéntica, con la multiplicidad de
las lenguas. En el sentido actual, la historia universal es siempre una especie
de esperanto. (Da expresión a la esperanza del gé-nero humano del mismo modo en
que lo hace el nombre de esta lengua universal.)
Ms-BA 490
3. TEMAS VARIOS
Nota preliminar
En la rememoración tenemos una
experiencia que nos prohíbe comprender la historia de manera fundamental-mente
ateológica en la misma medida en no debemos in-tentar escribirla en conceptos
teológicos.
Mi pensamiento se comporta con la
teología como el pa-pel secante con la tinta. Está completamente absorbido por
ella. Pero si fuera por el papel secante, nada de lo que está escrito quedaría.
Hay un concepto de lo presente
según el cual éste consti-tuye el objeto (intencional) de una profecía. Este
concepto es el (complemento) correlato del concepto de esa historia que sólo
hace su aparición como en un relámpago. Es un concepto político desde sus bases
y Turgot así lo define,
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
48
en efecto. Es el sentido
esotérico de la frase que dice que el historiador es un profeta volteado hacia
atrás. Da la es-palda a su propia época; su mirada de vidente se en-ciende ante
las cumbres de los acontecimientos de antes, que se acumulan en el pasado. A
esta mirada de vidente, su propia época le está presente de manera más clara
que a aquellos que “mantienen” el paso con su época.
Ms-BA472
Cuestiones de método III
Con el ritmo acelerado de la
técnica, al que corresponde una decadencia igualmente acelerada de la
tradición, la parte del inconsciente colectivo, el rostro arcaico de una época,
sale a la luz mucho más rápidamente que antes, incluso ya para la época que le
sigue. De ahí la mirada surrealista sobre la historia.
A la forma del nuevo medio de
producción, que al prin-cipio está dominada todavía por la del anterior (Marx)
corresponde, en la supraestructura, una conciencia oní-rica en la que lo nuevo
se expresa de manera ejemplar a través de una configuración fantástica.
Michelet: “Chaqué époque reve la suivante” [“Cada época sueña a la
si-guiente.”]5 Sin esta pre-forma fantástica en la conciencia onírica no surge
nada nuevo. Sus manifestaciones no se encuentran, sin embargo, sólo en el arte.
Para el siglo XIX es decisivo el que la fantasía desborde sus límites por
to-das partes.
Ms-BA467
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
49
El problema de la tradición
La dialéctica en estado de
detenimiento
(Aporía fundamental: “La
tradición como el discontinuum de lo que ha sido en oposición a la historia
como el conti-nuum de los acontecimientos.” “Puede ser que la conti-nuidad de
la tradición sea una apariencia. Pero entonces precisamente la constancia de
esta apariencia de constan-cia instituye en ella la continuidad.”)
(Aporía fundamental: “La historia
de los oprimidos es un discontinuum.” “Tarea de la historia es adueñarse de la
tradición de los oprimidos.”)
Más sobre estas aporías: “El
continuum de la historia es el de los opresores. Mientras que la idea de un
continuum iguala todo al nivel del suelo, la idea de un discontinuum es la base
de la tradición auténtica.” La conciencia de una discontinuidad histórica es lo
propio de las clases revolu-cionarias en el instante de su acción. Por otro
lado, sin embargo, la más estrecha de las conexiones prevalece en-tre la acción
revolucionaria de una clase y el concepto que esta clase tiene no sólo de la
historia por venir sino tam-bién de la historia que ha sido. Esto es sólo en
apariencia una contradicción: la Revolución Francesa se remontó hasta la
República Romana por sobre el abismo de dos milenios.
Ms-BA469
El problema de la tradición II
En el proletariado, la conciencia
del nuevo comienzo no entró en correspondencia con ningún precedente
histó-rico. No tuvo lugar ningún recuerdo. (Se quiso instituirlo
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
50
artificialmente en obras como la
Historia de las guerras campesinas de Zimmermann. Pero sin ningún éxito.).
Es la tradición de los oprimidos
en la cual la clase traba-jadora se presenta como la última clase avasallada,
como la clase vengadora, la clase liberadora. De esta conciencia se deshizo la
socialdemocracia desde un principio. Le atribuyó a la clase trabajadora el
papel de redentora de generaciones venideras. Con ello le cercenó el tendón de
su fuerza. En esta escuela, la clase desaprendió lo mismo el odio que la
capacidad de sacrificio. Ya que éstos se nu-tren más de la imagen verdadera de
los antecesores so-metidos que de la imagen ideal de los descendientes
libe-rados. En los inicios de la Revolución Rusa estaba viva una conciencia de
esto. Si la consigna “ni gloria para el vencedor ni piedad para el vencido” es
tan conmovedora lo es porque expresa antes una solidaridad con los her-manos
muertos que con los hermanos por venir. “Amo las generaciones de los siglos
venideros”, escribe el joven Holderlin. ¿Pero no es esto, al mismo tiempo, una
confe-sión de la debilidad congénita de la burguesía alemana?
Ms-BA 466 r
El ahora de la cognoscibilidad
La afirmación de que el
historiador es un profeta vol-teado hacia atrás puede ser entendida de dos
maneras. La manera tradicional dice que el historiador, transportán-dose a un
pasado remoto, profetiza lo que para éste tenía que ser todavía un futuro pero
que entre tanto se ha con-vertido también en pasado. Esta visión se corresponde
de la manera más precisa con la teoría de la empatía histó-rica que Fustel de
Coulanges revistió en la forma de un consejo: “Si vous voulez revivre une
époque, oubliez que vous
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
51
savez ce qui s'estpassé apres
elle” [“Si queréis revivir una época, olvidad que sabéis lo que sucedió después
de ella.”]— Pero la afirmación puede interpretarse de una manera completamente
distinta, y entenderse así: el his-toriador le vuelve las espaldas a su propia
época, y su mi-rada de vidente se enciende en las cumbres de las gene-raciones
humanas anteriores, que se hunden cada vez más hondo en el pasado. Es
precisamente para esta mi-rada de vidente para la cual la propia época se
encuentra presente de manera más clara que para aquellos contem-poráneos que
“avanzan al paso” de ella. No en vano de-fine Turgot el concepto de un presente
que fuera la meta intencional de una profecía como un concepto esencial y
fundamentalmente político. “Antes de que hayamos po-dido informarnos de un
determinado estado de cosas, dice Turgot, ya éste se ha alterado muchas veces.
Es así que siempre nos enteramos demasiado tarde de lo que ha sucedido. Y por
eso puede decirse de la política que ella está llamada, por decirlo así, a
prever el presente.” Preci-samente este concepto del presente es el que está en
la base de la actualidad de una historiografía auténtica. Quien anda en el
pasado como en un desván de trastos, hurgando entre ejemplos y analogías, no
tiene ni la me-nor idea de cuánto, en un instante dado, depende de la
actualización del pasado.
Ms-BA 471
La imagen dialéctica
(Si se quiere considerar la
historia como un texto vale para ella lo que un autor reciente dice acerca de
los textos literarios: el pasado ha consignado en ellos imágenes que se podrían
comparar a las que son fijadas por una placa
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
52
fotosensible. “Sólo el futuro
tiene a su disposición revela-dores lo bastante fuertes como para hacer que la
imagen salga a relucir con todos sus detalles. Ciertas páginas de Marivaux o de
Rousseau dejan ver un sentido secreto que los lectores de su época no pudieron
descifrar completa-mente.” (Monglond). El método histórico es un método
filológico cuyo motivo es el libro de la vida. “Leer lo que nunca fue escrito”,
está en Hofmannsthal. El lector al que se refiere es el historiador verdadero.)
La pluralidad de historias se
parece a la pluralidad de las lenguas. En el sentido de hoy, la historia
universal no puede ser otra cosa que una especie de esperanto. La idea de una
historia universal es mesiánica.
El mundo mesiánico es un mundo de
actualidad omni-lateral e integral. Sólo a partir de él hay una historia
uni-versal. Pero no como escrita sino como celebrada festiva-mente. En un
festejo depurado de toda solemnidad. Que no conoce cantos festivos. Su lengua
es prosa integral, que ha hecho saltar los grilletes de la escritura y es
enten-dida por todos los hombres (como lo es el idioma de los pájaros por los
nacidos con buena estrella). La idea de la prosa coincide con la idea mesiánica
de una historia uni-versal (las especies de la prosa artística como el espectro
de las especies histórico-universales) en [mi ensayo] “El
narrador-[Consideraciones sobre la obra de Nikolai Lesskov]”).
Ms-BA 470
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
53
Críticas
Crítica del progreso —sobre la
alegoría.
Crítica de la historia de la
cultura y de la historia de la literatura.
Crítica de la historia universal.
Crítica de la empatía. Crítica
histórica. Cita. Inculpación.
Introducción.
Crítica de la apreciación.
Crítica de la historia en
compartimentos.
Crítica de la teoría del progreso
infinito.
Crítica de la teoría del progreso
automático.
Crítica de la teoría de un
progreso posible en todos los campos. Ningún progreso en el arte según su
elemento profético. Diferencia entre progresos de los usos y cos-tumbres —¿pero
dónde está el criterio común? — y pro-gresos morales, para los que se ofrecen
como objeto el cri-terio de la voluntad pura, del carácter inteligible.
Crítica de la teoría del progreso
en Marx. El progreso, de-finido allí por el desenvolvimiento de las fuerzas
produc-tivas. Pero a ellas pertenece el ser humano, en su caso el proletariado.
Con ello sólo se deja para después la pre-gunta por el criterium.
Ms-BA475
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
54
4. FRAGMENTOS SUELTOS
B 14
El mundo mesiánico es un mundo de
actualidad omnila-teral e integral. Sólo con él hay una historia universal. Lo
que ahora se designa así no puede ser otra cosa que una especie de esperanto.
Nada podrá expresarla si no se des-enreda antes la confusión que proviene de la
construc-ción de la Torre de Babel. Presupone una lengua a la que todo texto se
pudiera traducir sin pérdida, sea de una len-gua viva o muerta. O, mejor dicho,
ella misma, esta len-gua, es esa historia. Pero no como escrita sino como cum-plida
festivamente. En un festejo que está depurado de toda solemnidad y que no
conoce cantos festivos. Su len-gua es la idea misma de la prosa, que es
entendida por todos los hombres como el lenguaje de los pájaros por los nacidos
con buena estrella.
Ms-BA 441
A
La lámpara eterna es una imagen
de la existencia histó-rica auténtica. Es la imagen de la humanidad redimida,
de la llama que se enciende el Día del Juicio Final y que encuentra su alimento
en todo lo que alguna vez sucedió entre los hombres.
La Gran Revolución citaba a la
Roma antigua.
Conexión entre la terca fe en el
progreso y la confianza en la base de masas: la acumulación cuantitativa es
sufi-ciente.
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
55
“La revolución es la locomotora
de la historia mundial”, los viajeros en el vagón
Los momentos destructivos:
desconstrucción de la histo-ria universal, se deja de lado el elemento épico,
ninguna empatía con el vencedor. A la historia hay que cepillarla a contrapelo.
Se elimina la historia de la cultura como tal: tiene que ser integrada a la
historia de las luchas de cla-ses.
Ejemplo de representación
histórica auténtica: “A los que vendrán” [(véase el poema de B. Brecht)]. De
los que ven-drán no pretendemos gratitud por nuestros triunfos, sino
rememoración de nuestras derrotas. Eso es consuelo: el consuelo que sólo puede
haber para quienes ya no tienen esperanza de consuelo.
Considerad lo oscuro y el gran
frío
de este valle que resuena de
lamentos.
[(Véanse los últimos versos de la
Ópera de tres centavos, de B. Brecht)]
(Para la empatía con el
vencedor.)
La moda como cita de
indumentarias del pasado (consi-derarlo también en la interpretación del pasaje
de Blan-qui sobre la crinolina).
Ms-BA 446
Una idea de la historia que se
liberara del esquema de la progresión dentro de un tiempo vacío y homogéneo
vol-vería, por fin, a poner en campaña las energías destructi-vas del
materialismo histórico, que han permanecido pa-ralizadas por tanto tiempo. Ello
pondría a tambalearse a
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
56
las tres posiciones más
importantes del historicismo. El primer golpe debe dirigirse contra la idea de
la historia universal. La idea de que la historia del género humano está
compuesta por las historias de los pueblos es hoy, cuando la esencia de los pueblos
se encuentra oscurecida tanto por su estructura actual como por sus actuales
rela-ciones que mantienen actualmente entre sí, es hoy una evasiva de la simple
pereza del pensamiento. (La idea de una historia universal comparte su destino
con la idea de una lengua universal. Mientras esta última tuvo un fun-damento,
fuese éste teológico como en la Edad Media, o lógico como, últimamente, en
Leibniz, la historia univer-sal no era un imposible para el pensamiento. En
cambio, tal como ha sido practicada desde el siglo pasado la his-toria
universal sólo puede ser una especie de esperanto.)
— La segunda posición fortificada
del historicismo hay que encontrarla en la idea de que la historia es algo que
se deja narrar. En el curso de la construcción, ineludible-mente, una
investigación materialista hará que salte el momento épico. Tiene que admitírsela
tal como Marx, en tanto que autor, lo hizo en El Capital, hay que asumir la
eliminación del elemento épico. Marx reconoció que la historia del capital sólo
puede construirse dentro de la ar-mazón férrea, de tensiones amplias, de una
teoría. Los in-tereses de la humanidad están mejor recogidos en el es-bozo
teórico que Marx traza en su obra de lo que es el trabajo sometido al dominio
del capital que en las monu-mentales y complicadas obras del historicismo, que
son, en el fondo, tranquilas. Más difícil es honrar la memoria de los sin
nombre que la de los famosos, de los festejados, sin exceptuar la de los poetas
y pensadores. La construc-ción histórica está consagrada a la memoria de los
sin nombre. El tercer bastión del historicismo es el más fuerte y el más
difícil de atacar. Se presenta como la “empatía
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
57
con el vencedor”. Los dominadores
en un determinado momento son los herederos de todos los que alguna vez
vencieron en la historia. La empatía con el vencedor be-neficia siempre a los
dominadores del momento. El ma-terialista histórico tiene en cuenta este estado
de cosas. Y se da cuenta además de que este estado de cosas está bien fundado.
Quien quiera que haya alcanzado hasta el día de hoy la victoria en las mil
batallas de las que está atra-vesada la historia tiene su parte en los triunfos
de los que hoy dominan sobre los que hoy son dominados. No de otro modo sino
muy críticamente, el materialista histó-rico examinará el inventario del botín
que los primeros ponen a exhibición ante estos últimos. A este inventario se le
denomina cultura. Sin ninguna excepción, todo lo que de bienes culturales el
materialista histórico alcanza con su mirada tiene una procedencia que él no
puede ob-servar sin espanto. Su existencia no se debe sólo al es-fuerzo de los
grandes genios que lo crearon sino también a la servidumbre anónima de sus
contemporáneos. Nunca un documento de la cultura es tal sin ser a la vez un
documento de la barbarie. El materialista histórico guarda distancia ante ello.
Tiene que cepillar la historia a contrapelo sirviéndose para ello de hasta el
último de los recursos und [müf)te er die Feuerzange zu Hilfe nehmen].
MS-BA 447 y 1094
Fuerza del odio en Marx.
Disposición de la clase trabaja-dora para la lucha. Juntar la destrucción
revolucionaria con el pensamiento de la redención. (Nechayev. Los demo-nios.)
Existe la relación más estrecha
entre la acción histórica de una clase y el concepto que esta clase tiene no
sólo de la
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
58
historia venidera sino también de
la pretérita. Esto no contradice más que en apariencia la afirmación de que la
conciencia de la discontinuidad histórica es lo caracterís-tico de las clases
revolucionarias en el instante de su ac-ción. Pues no faltan aquí las
precedencias históricas: Roma para la Revolución Francesa. La relación
mencio-nada se perturba en el proletariado: a la conciencia de la nueva
intervención no le correspondió ninguna prece-dencia histórica, no tuvo lugar
ningún recuerdo. Al prin-cipio se intentó instituirla (cfr. la Historia de las
guerras campesinas, de Zimmermann). Mientras la idea del conti-nuum lo iguala
todo al nivel más bajo, la idea del discon-tinuum es el fundamento de la
tradición auténtica. Hay que hacer evidente la relación entre el sentimiento
del nuevo comienzo y la tradición.
MS-BA 449
El elemento destructivo o crítico
en la historiografía se hace patente cuando hace saltar la continuidad
histórica. La historiografía auténtica no elige su objeto con ligereza. No lo
toma, lo extrae haciéndolo saltar del curso histó-rico. Este elemento destructivo
en la historiografía debe entenderse como una reacción a una constelación de
pe-ligros que amenaza tanto a lo transmitido en la tradición como a su
receptor. La historiografía se enfrenta a esta constelación de peligros; ante
ella tiene que mostrar su presencia de ánimo. La imagen dialéctica destella
como un relámpago en medio de esta constelación de peligros. Es idéntica al
objeto histórico; justifica que se haga saltar el continuum.
En la historiografía auténtica,
el impulso de salvación es tan fuerte como el impulso destructivo. ¿Pero de qué
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
59
puede ser rescatado algo que ya
ha sido? No tanto del desprestigio y el menosprecio en que ha caído sino de una
determinada manera de ser transmitido. Una manera que, al dignificarlo como
“herencia”, resulta más desas-trosa que lo que podría ser su desaparición.
La manera corriente de exponer la
historia le da mucha importancia a la elaboración de una continuidad. Atri-buye
valor a aquellos elementos de lo que ha sido que ya han pasado a formar parte
de su eficacia ulterior.
Se le escapan aquellos pasajes en
donde lo transmitido se interrumpe, y junto con ellos también sus asperezas y
pi-cos, que son los que ofrecen un punto de apoyo a aquel que quiere llegar más
allá de lo transmitido.
Ms-BA 473
No se trata de que lo pasado
arroje su luz sobre lo pre-sente o lo presente sobre lo pasado; la imagen es
aquello en donde el pasado y el
presente se juntan para
constituir una constelación. Mientras que la relación del antes con el ahora es
pura-mente temporal (continua), la del pasado con el presente es una relación
dialéctica, a saltos.
Determinada con mayor precisión,
la imagen del pasado que relampaguea en el ahora de su cognoscibilidad es una
imagen del recuerdo. Se asemeja a las imágenes del propio pasado que se le
aparecen al hombre en un ins-tante de peligro. Son imágenes que vienen, como se
sabe, de manera involuntaria. La historia es, entonces, en sen-tido estricto,
una imagen surgida de la remembranza in-voluntaria; una imagen que se le enfoca
súbitamente al sujeto de la historia en el instante de peligro. La
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
60
capacidad del historiador depende
de la agudeza de su conciencia para percibir la crisis en que el sujeto de la
his-toria ha entrado en un momento dado. Este sujeto no es de ninguna manera un
sujeto trascendental sino la clase oprimida que lucha en su situación de mayor
riesgo. En el instante histórico, el conocimiento histórico es para ella y
únicamente para ella. Con esta determinación se con-firma la eliminación del
momento épico en la exposición de la historia. Al recuerdo involuntario no se
le aparece nunca —y esto lo diferencia del arbitrario— un trans-curso sino tan
sólo una imagen. (De ahí el “desorden” como espacio figurativo de la
remembranza involunta-ria.)
Ms-BA 474
Las curiosidades y la curiosité
Teología como enano jorobado, la
mesa transparente del ajedrecista.
La más pequeña garantía, la
brizna de paja a la que trata de aferrarse el que se ahoga.
Definición del presente como
catástrofe; definición desde el tiempo mesiánico.
El Mesías interrumpe la historia;
el Mesías no aparece al final de un desarrollo.
Los niños como representantes del
paraíso.
La historia de los oprimidos, un
discontinuum.
El proletariado como sucesor de
los oprimidos; extinción de esta conciencia entre los marxistas.
Ms-BA477
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
61
El progreso no está en ninguna
relación con la interrup-ción de la historia. Esta interrupción sufre bajo el
prejui-cio de la doctrina de la perfectibilidad infinita.
La destrucción como el clima de
auténtica humanidad. (Proust sobre la bondad.) Es sugerente medir la afección
destructiva de Baudelaire con la pasión destructiva de-terminada por lo
político. Desde ésta, su impulso des-tructivo parece tal vez débil. Exponer,
por otro lado, su comportamiento con Jeanne Duval como humanidad au-téntica en
el clima de la destrucción.
Relación entre regresión y
destrucción.
Función de la utopía política:
iluminar la zona de lo que merece ser destruido.
Mi psicología del carácter
destructivo, y la proletaria, para la crítica de Blanqui.
Ms-BA 480
La remembranza como la brizna de
paja.
La catástrofe es el progreso, el
progreso es la catástrofe.
La catástrofe como el continumn
de la historia.
Presencia de ánimo como lo
redentor; presencia de ánimo en el captar las imágenes fugaces; presencia de
ánimo y detención.
Definición de la presencia de
ánimo, vincularla con esto; qué quiere decir: el historiador debe dejarse ir.
Legitimación moral, justificación
del interés en la histo-ria.
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia
62
/
El sujeto de la historia: los
oprimidos, no la humanidad.
El continuum es el de los
opresores.
Hacer saltar el presente fuera
del continuum del tiempo histórico: tarea del historiador.
Ms-BA481
Interpretación del Angelus Nouus
[de Paul Klee]: las alas son velas. El viento, que sopla desde el Paraíso, está
en ellas.
La sociedad sin clases como
parachoques.
Witiko y Salambó presentan sus
épocas como cerradas en sí mismas, “inmediatas a Dios”. Parecido a como estas
novelas hacen saltar el continuum temporal, también la exposición histórica
debe poder hacerlo.
Flaubert tenía probablemente la
más profunda descon-fianza de todas las representaciones de la historia que
es-taban en boga en el siglo diecinueve. Como teórico de la historia era
seguramente más bien un nihilista.
Las revoluciones hacen visible la
ruptura del continuum, lo simbolizan con el acto de comenzar un nuevo recuento
de los años. Cromwell.
Necesidad de una teoría de la
historia desde la cual pueda ser examinado el fascismo.
La idea de sacrificio no puede
imponerse sin la idea de redención. Intento de mover a los obreros al
sacrificio. Pero no se fue capaz de darle al individuo la idea de que era
insustituible. Durante el periodo heroico los bolche-viques alcanzaron, según confesión
propia, grandes lo-gros en lo contrario: sin gloria para el vencedor, sin
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
63
piedad para el vencido.
Ms-BA482
Categorías entre las cuales hay
que desarrollar el con-cepto del tiempo histórico.
El concepto del tiempo histórico
está en oposición a la idea de un continuum temporal.
La lámpara eterna es una imagen
de la existencia histó-rica genuina. Ella cita lo que ha sido —la llama que una
vez fue encendida— in perpetuum al darle un alimento siempre nuevo.
La existencia de la sociedad sin
clases no puede ser pen-sada en el mismo tiempo de la lucha por ella. Pero el
con-cepto del presente, en un sentido capaz de comprometer al historiador, está
definido necesariamente por estos dos órdenes temporales. Sin algún tipo de
verificación por parte de la sociedad sin clases sólo hay del pasado una
historia hecha de retazos. En esa medida, todo concepto del presente forma
parte del concepto del Día del Juicio.
La palabra apócrifa de un
evangelio: sobre aquello en que yo encuentre a cada quien, sobre eso voy a
juzgarlo — arroja una luz peculiar sobre el Día del Juicio. Recuerda la
anotación de Kafka: el Juicio Final es un estado de sitio. Pero le añade algo
más: según ella, el Día del Juicio no se diferenciaría de los demás. De todos
modos esta palabra del evangelio entrega el canon del concepto de lo pre-sente
que el historiador hace suyo. Cada instante es el ins-tante del juicio sobre
ciertos instantes que lo precedieron.
Extractos del Fuchs [(ver el
artículo de Benjamín, “Eduard Fuchs, el coleccionista y el historiador”)].
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
64
Ms-BA 483
Incorporar el pasaje sobre la
mirada de vidente de Joch-mann en los fundamentos de los pasajes. [(Ver, de
Benja-min, la “Introducción” a Jochmann.)]
La mirada del vidente se enciende
ante el pasado, que se aleja rápidamente. Es decir, el vidente no está vuelto
ha-cia el futuro: la figura de éste la contempla él en la pe-numbra vespertina
del pasado que se desvanece ante sus ojos en la noche de los tiempos. Esta
relación de vidente con el futuro pertenece sin falta a la actitud definida por
Marx del historiador determinado por la situación social actual.
¿Crítica y profecía deberían ser
las categorías que se jun-tan en la “salvación” del pasado?
¿Cómo se ha de conciliar la
crítica al pasado (p. ej. Joch-mann) con su salvación?
Reconocer la eternidad de los
acaecimientos históricos quiere decir propiamente: atenerse a la eternidad de
su transitoriedad.
Ms-BA 485
Hay que insertar tres elementos
entre los fundamentos de la visión materialista de la historia: la
discontinuidad del tiempo histórico, la fuerza destructiva de la clase
trabaja-dora, la tradición de los oprimidos.
La tradición de los oprimidos
convierte a la clase trabaja-dora en redentora. El error fatal en la visión
histórica de la socialdemo- cracia fue éste: la clase trabajadora debía
presentarse como redentora ante las generaciones
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
65
venideras. Pero decisivo es más
bien que su fuerza reden-tora responda ante las generaciones que existieron
antes que ella. (También su función de vengadora está referida a las
generaciones anteriores.)
Ms-BA 486
“Valoración” es empatía con la
catástrofe.
La historia no sólo tiene la
tarea de hacerse de la tradición de los oprimidos, sino también de fundarla.
Desatar las fuerzas destructivas
que residen en la idea de redención.
El asombro ante el hecho de que
“algo semejante” sea to-davía posible en el siglo xx —este asombro no es de
nin-guna manera filosófico. No está al comienzo de ningún conocimiento, a no
ser el de que el concepto de historia del que proviene no es un concepto válido
(es insosteni-ble).
Tenemos que arribar a un concepto
de historia de acuerdo al cual el estado de excepción en que vivimos
re-presente la regla. Entonces estará ante nuestros ojos la ta-rea histórica de
promover el estado de excepción; lo que hará que mejore mucho nuestra posición
en la lucha con-tra el fascismo. La superioridad que éste tiene sobre la
iz-quierda encuentra su expresión, y no la menor, en que ésta se le enfrenta en
nombre de la norma histórica, de una especie de constitución histórica
promedio.
Ms-BA488
Quintaesencia del conocimiento
histórico: la más tem-prana de las miradas sobre los comienzos.
Ms-BA 1063
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
66
5. VARIANTES
Nota preliminar
Es sabido que durante un tiempo
circuló la leyenda de un autómata que estaba tan maravillosamente construido,
que a cada movida de un ajedrecista contestaba por sí mismo con la jugada
correcta. Un muñeco en atuendo turco, con la pipa del narguile en la boca,
estaba sentado ante el tablero que descansaba sobre una mesa. Un sis-tema de
espejos despertaba la ilusión de que se podía ver a través de esa mesa. En
verdad, ahí adentro estaba sen-tado un enano jorobado, que era un maestro en el
juego del ajedrez y que guiaba la mano del muñeco mediante cordeles una vez que
había encontrado la jugada co-rrecta. Cualquiera que se quisiera medir con el
muñeco podía ocupar el asiento vacío que estaba instalado frente a él. Me
podría imaginar un equivalente de esta instala-ción en la filosofía, tanto más
fácilmente cuanto que la disputa por el concepto verdadero de la historia puede
pensarse muy bien bajo la forma de una partida entre los contrincantes. Si
fuera por mí, el ganador debe ser el mu-ñeco turco, que entre los filósofos se
llama materialismo. Puede enfrentar sin más a cualquier adversario si tiene
seguros los servicios de la teología, que hoy, de todos mo-dos, es pequeña y
fea y no debe dejarse ver en ningún lado.
Ms-BA 466 v
B 3
La imagen verdadera del pasado
pasa de largo veloz-mente. El pasado sólo es atrapable como la imagen que
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
67
relumbra, para nunca más volver,
en el instante en que se vuelve reconocible. Si es auténtica, ello se debe a su
fuga-cidad. En ésta reside su oportunidad única. Precisamente porque esta
verdad es pasajera y porque un soplo se la lleva es mucho lo que depende de
ella. La apariencia en cambio espera en su sitio pues se aviene mejor con la
eter-nidad.
Ms-BA440
A 4
“La verdad no se nos escapará”:
esta frase que proviene de Gottfried Keller indica el punto exacto, dentro de
la imagen de la historia del historicismo, donde le atina el golpe del
materialismo histórico. Porque la imagen ver-dadera del pasado es una imagen
que amenaza con des-aparecer con todo presente que no se reconozca aludido en
ella.
La buena nueva que el historiador
del pasado trae, con pulso acelerado, sale de una boca que tal vez ya en el
ins-tante en que se abre habla al vacío. El salvamento que el historiador
realiza en lo pasado sólo puede realizarse como en algo que en el instante que
sigue fuera a per-derse insalvablemente.
Ms-BA 448
12
Si se mira más de cerca, lo que
está en la base del histori-cismo y su cómoda narración es la empatía. Fustel
de Coulanges la invoca al recomendar a los historiadores que si quieren vivir
nuevamente una época deben sacarse
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
68
de la cabeza todo lo que puedan
saber del transcurso ul-terior de la historia.
No se puede caracterizar mejor el
método al que se en-frenta el materialismo histórico.
El historicismo se contenta con
reconocer un nexo causal entre los distintos momentos de la historia. Pero
ningún hecho, por ser una causa, es ya por ello histórico. Lo será,
póstumamente, en virtud de acaecimientos que pueden estar separados de él por milenios.
Para el historiador que parte de esto la sucesión de acaecimientos deja de
co-rrerle entre los dedos como un rosario. Capta la constela-ción en que ha
entrado su propia época con otra, muy de-terminada, del pasado. Da así
fundamento a un concepto del presente como un tiempo del ahora en el que
estuvie-ran incrustadas astillas del tiempo mesiánico. Este con-cepto introduce
una interconexión entre historiografía y política que es idéntica a la
interconexión teológica entre rememoración y redención. Este presente se plasma
en imágenes a las que se les puede llamar dialécticas". Re-presentan una
“ocurrencia salvadora” de la humanidad.
Ms-BA442
[(Falta el inicio)] [...] estado
de hecho. Da cuenta también de que este estado de hecho está hondamente
fundado. Quien sea que hasta ahora haya obtenido la victoria en las mil
batallas de las que está llena la historia tiene su parte en el triunfo de los
dominadores de hoy sobre el conjunto de los oprimidos.
El inventario del botín que ponen
en exhibición ante los derrotados no será considerado por el materialista
histó-rico de otro modo que críticamente. A este inventario se
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
69
le llama cultura. Todos los
bienes culturales que el mate-rialista histórico alcanza a mirar, lo que ha
llegado a él como arte y como ciencia, todo eso, sin excepción, tiene una
procedencia que él no puede considerar sin espanto. No sólo debe su existencia
al esfuerzo de quienes lo crea-ron sino también a la servidumbre anónima de sus
con-temporáneos. No hay jamás un documento de cultura que no sea a la vez un
documento de barbarie. Allí donde el historicismo celebra a genios y a héroes
el materialista histórico mantiene su distancia, sirviéndose para ello de hasta
el último de los recursos.
Ms-BA 1073 v
IXa
El conformismo, que desde el
comienzo se sintió como en casa en la socialdemocracia, no sólo afecta a los
objetivos políticos de ésta sino también a sus términos económicos. La conexión
entre estas dos causas de la desgracia que sobrevino después es manifiesta.
Cualquier investigación más o
menos exacta confirma esto. “Es interés de la Comuna, dice Dietzgen, suprimir
la propiedad privada de la tierra [. ..] Dónde o cuándo ha de empezarse con
ello, si mediante un pacto secreto con Bismarck, [. ..] si en las barricadas de
París [...], todas éstas son [...] cuestiones [...] extemporáneas. Aguardamos
nuestro momento [. ..] Puesto que nuestra causa se vuelve más clara cada día y
el pueblo cada día más sabio. No hay otra cosa que haya corrompido más a la
clase trabajadora alemana que la idea de que ella nada a favor de la
co-rriente. Puesto que la inclinación de esta corriente como [. ..]” [(Se
interrumpe)].
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
70
Ms-BA 1079 r
[(Falta el inicio)] [. ..] sólo
juzgada según esta concepción socialdemócrata, probablemente todo su sentido.
Ilus-tran que el trabajo de los harmoniens, muy lejos de explo-tar a la
naturaleza la volvería más bien fructífera y la com-pletaría. Al concepto
degenerado del trabajo como explo-tación de la naturaleza pertenece como su
complemento la naturaleza, aquélla que, como se expresa Dietzgen, “está ahí
gratuitamente”.
Ms-BA 1072
8
La historia es objeto de una
construcción cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y vacío sino otro, lleno de
tiempo del ahora. Donde el pasado está cargado de este material explosivo la
investigación materialista le pone la mecha al “continuum de la historia”. Con
este procedi-miento, lo que pretende es hacer que la época salte fuera de él (y
así ella hace saltar una vida humana fuera de su época y una obra singular
fuera de la obra de una vida).
El beneficio que resulta de este
proceder consiste en que la obra entera está conservada y superada en la obra
sin-gular, la época en la obra y el curso entero de la historia en la época. La
ley (esquema) que está en la base de este método es la de una dialéctica en
estado de detenimiento. El fruto sustancioso de lo que ha sido comprendido
his-tóricamente tiene en su interior el tiempo como semilla (grano) preciosa
(fértil), pero, eso sí, insípida (sobria).
Ms-BA 443
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
71
El día en que empieza un
calendario cumple, sin em-bargo, la función de acelerar el tiempo histórico.
Este día es también, en el fondo, el día que vuelve una y otra vez con la
imagen de los días festivos, que son días de con-memoración. Los calendarios,
en efecto, no miden el tiempo como relojes. Dan testimonio de que en otras
épo-cas el tiempo histórico fue mejor entendido que a partir de mediados del
siglo pasado. Todavía durante la Revo-lución de Julio se registró un episodio
en el que uno puede hacerse esto presente.
Ms-BA 1055 v
11
Este concepto de un presente que
no es tránsito sino en el cual el tiempo está firme y ha entrado en un estado
de detenimiento es algo a lo que la dialéctica materialista no puede renunciar.
Puesto que este concepto define preci-samente el presente en el cual, en cada
caso, se escribe la historia. Este presente es, por más que suene extraño, el
objeto de una profecía. Esta no anuncia, pues, lo veni-dero. Sólo delata
aquello por lo que la campana ya dobló. Y es el político quien mejor sabe lo
mucho que se necesita ser profeta para decir eso. Este concepto del presente Se
encuentra formulado con precisión en Turgot. “Antes de que podamos habernos
informado sobre un estado de co-sas dado, escribe, éste se ha transformado ya
muchas ve-ces. Es así que siempre nos enteramos demasiado tarde de lo que ha
sucedido. Por ello es que puede decirse de la política que está destinada, en
cierto modo, a prever el presente.” De la historia puede decirse lo mismo. El
his-toriador es un profeta volteado hacia atrás. Contempla su
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia
72
/
propia época en el médium de las
fatalidades ya sucedi-das. Con eso, ciertamente, termina para él todo sosiego
en el narrar.
Ms-BA444
XV
El historicismo culmina, con todo
derecho, en la historia universal. La historiografía materialista se distancia
me-todológicamente de ella quizá con más claridad que de ninguna otra. No hay
en ella una armazón teórica. Su proceder es aditivo: moviliza a la masa de los
hechos para llenar el tiempo homogéneo y vacío. Bajo la historiografía
materialista, en cambio, hay el fundamento de un princi-pio constructivo real.
Es el principio monadológico. El materialista histórico sólo aborda el pasado
allí donde se le presenta con esta estructura, que es rigurosamente idéntica a
la de la actualidad mesiánica. Es en virtud de ella que él hace saltar a una
determinada época fuera del transcurso homogéneo de la historia; así hace
saltar tam-bién a una determinada vida fuera de su época, y a una determinada
obra fuera de la obra completa de una vida.
Con ello se separa de manera
inconfundible de los histo-riadores universales. Su objeto es monadológico. El
bene-ficio de este procedimiento consiste en que la obra singu-lar está
conservada y superada en la obra completa, lo mismo que en la obra completa la
época y en la época el curso entero de la historia. El fruto sustancioso de lo
com-prendido históricamente tiene al tiempo en su interior, como semilla
fértil, aunque privada de su sabor.
Ms-BA450
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
73
XV
El historicismo culmina, con todo
derecho, en la historia universal. La historiografía materialista se distancia
me-todológicamente de ella quizá con más claridad que de ninguna otra. No hay
en ella una armazón teórica. Su proceder es aditivo: moviliza la masa de los
hechos para llenar el tiempo homogéneo y vacío. Bajo la historiografía
materialista, en cambio, hay el fundamento de un princi-pio constructivo. Es el
principio monadológico. El mate-rialista histórico sólo aborda el pasado allí
donde éste se le presenta como una mónada. En esta estructura reco-noce el
signo de una interrupción mesiánica del aconte-cer; es decir, de una
oportunidad revolucionaria en la lu-cha por el pasado oprimido. La aprovecha y
hace saltar a una muy determinada época fuera del transcurrir homo-géneo;
asimismo, hace saltar a una determinada vida fuera de la época; así también a
una determinada obra fuera de la obra completa de una vida. El beneficio de
este procedimiento consiste en que la obra completa está con-servada y superada
en la obra singular, lo mismo que en la obra completa la época y en la época el
curso entero de la historia. El fruto sustancioso de lo comprendido
histó-ricamente tiene al tiempo en su interior, como semilla fér-
til, aunque carente de sabor. Ms-BA 451
XVa
El historicismo se contenta con
establecer un nexo cau-sal entre los sucesos que se siguen unos a otros en la
his-toria. Pero no por ser una causa un hecho es ya histórico. Lo será,
póstumamente, en virtud de. acaecimientos que pueden estar separados de él por
siglos. Para el historia-dor que parte de esto la sucesión de acaecimientos
deja
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
74
de correrle entre los dedos como
un rosario. Deja de so-meterse a la idea de que la historia es algo que se deja
narrar. En una investigación materialista, la continuidad épica entra en
quiebra en beneficio de la coherencia cons-tructiva. Marx reconoció que “la
historia” del capital se expone como la armazón de hierro, ampliamente
ten-sada, de una teoría. Abarca la constelación en la que su propia época había
entrado con muy determinados mo-mentos anteriores de la historia. Contiene un
concepto del presente como un tiempo del ahora en el que están ' incrustadas
astillas del tiempo mesiánico.
Ms-BA 1104
Debe estar permitido imaginar
que, en las prácticas má-gicas que averiguan el futuro, el tiempo, al que ellas
in-dagan por lo que encierra en su seno, no es imaginado ni como homogéneo ni
como vacío. Cuando se tiene esto en cuenta se ve perfectamente cómo el pasado
está presente para la rememoración: esto es, de ese modo. Se sabe que a los
judíos les estaba vedado consultar al futuro.
La rememoración, en la que
debemos ver la quintaesen-cia de su representación teológica de la historia,
desen-canta el futuro, al que la magia oye y se somete. Pero no por ello hace
del futuro un tiempo vacío. Pues para ella cada segundo es la pequeña puerta
por donde puede pa-sar el Mesías. El ángulo dentro del cual se mueve es la
rememoración.
Sobre la antigua práctica de la
adivinación: el tiempo al que allí se le inquiere por lo que [...] encierra no
es pen-sado ni como homogéneo ni como vacío.
Ms-BA 1053 v
Walter Benjamin · Tesis sobre la
historia /
75
NOTA EDITORIAL
El texto original de “Sobre el
concepto de historia” -“Über den Begriff der Geschichte”- se encuentra en
Walter Benjamin, Gesammelte Werke, edición
de Rolf Tiedemann y Hermann
Schweppenhauser, Suhr-kamp, Fránkfort, tomo I, pp. 693-703 y 1223-1266, así
como tomo VII, pp. 783-784. De acuerdo a los suplemen-tos publicados en este
último tomo (1989), la tesis que lle-vaba el número XVIII en la edición del
tomo I de 1974 lleva ahora el número XIX pues antes de ella entra la “tesis
XVIII” (conocida como “xviia” en las notas del tomo 1, p. 1231) que se
encuentra en la versión del “ejemplar de mano” de Benjamín —descubierto por
Giorgio Agamben con posterioridad a esa edición—, que los editores alema-nes
denominan “Typoskript 4” (T4).
El texto original de “Tesis sobre
la historia: apuntes, notas y variantes” contiene los fragmentos que han
quedado de los materiales producidos por Walter Benjamin durante su elaboración
de las “Tesis”. Se encuentra en el tomo I,
pp. 1228-1252, de la misma publicación. La anotación al pie de cada
fragmento indica la ubicación de su manus-crito en el Benjamin-Archiv.
Las observaciones entre corchetes
recogen anotaciones de los editores del texto en alemán.

