© Libro N° 10965. ¿El Patrimonio De La Cultura Popular
Tradicional Es Realmente Inmaterial O Intangible? Guanche Pérez, Jesús. Emancipación. Marzo
4 de 2023
Título original: © ¿El Patrimonio De La Cultura Popular
Tradicional Es Realmente Inmaterial O Intangible? Jesús Guanche Pérez
Versión Original: © ¿El Patrimonio De La
Cultura Popular Tradicional Es Realmente Inmaterial O Intangible? Jesús Guanche
Pérez
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y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS
SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
¿EL PATRIMONIO DE LA
CULTURA POPULAR TRADICIONAL ES REALMENTE INMATERIAL O INTANGIBLE?
Jesús Guanche Pérez
¿El Patrimonio De La Cultura Popular Tradicional Es Realmente Inmaterial
O Intangible?
Jesús
Guanche Pérez
Se discute la separación artificial entre lo material y lo inmaterial y
entre lo material y lo espiritual en la que incurre muchas ideologías del
presente
En las últimas dos décadas la UNESCO ha promovido esfuerzos sistemáticos
por incluir en las políticas gubernamentales destinadas a la preservación del
patrimonio mundial esa significativa parte de la creación humana no limitada a
los valores patrimoniales objetuales, que abarcan desde la conciencia
identitaria y diferenciadora de unos pueblos respecto de otros, basados la
tradición oral y gestual, hasta las diversas formas de comunicación artística
cuya percepción no sólo depende de algunos órganos de los sentidos como la
vista y el tacto.
Un sintético recuento histórico nos hace posible valorar los procesos de
avance y las limitaciones que a nuestro juicio aun tienen los esfuerzos
realizados:
• En 1972 fue aprobado por la Conferencia General la Convención
para la protección del patrimonio mundial cultural y natural. Desde
entonces se comienza a tomar cierto interés en la protección del patrimonio no
limitado a los bienes objetuales.
• Durante 1988-2002 la Oficina Regional de Cultura para América Latina y
el Caribe de la UNESCO publica la revista Oralidad. Para el
rescate de la tradición oral de América Latina y el Caribe, que
conforma un espacio de reflexión, discusión y difusión del patrimonio oral de
la región.
• En 1989 se adopta la Recomendación sobre la salvaguardia de la
cultura tradicional y popular. Se define aquí el patrimonio oral y el
llamado desde entonces «patrimonio inmaterial» en franca sinominia con el de
cultura tradicional y popular como:
«El conjunto de creaciones que emanan de una comunidad cultural fundadas
en la tradición, expresadas por un grupo o por individuos y que reconocidamente
responden a las expectativas de la comunidad en cuanto a expresión de su
identidad cultural y social; las normas y los valores se trasmiten oralmente,
por imitación o de otras maneras. Sus formas comprenden, entre otras, la
lengua, la literatura, la música, la danza, los juegos, la mitología, los
ritos, las costumbres, la artesanía, la arquitectura y otras artes.»{1}
En el ámbito conceptual estricto, si lo analizamos como definición de la
«cultura tradicional y popular», que ya en Cuba veníamos publicando materiales
al respecto desde fines de la década del 70 del pasado siglo XX,{2} el punto de vista es aceptable aunque ciertamente descriptivo. A
la luz de varias décadas aun considero valido el concepto de cultura
popular tradicional como categoría antropológica compuesta por tres
términos concatenados, donde el tercero especifica la cualidad del segundo y
este circunscribe el amplio espectro semántico del primero, que es la
referencia principal; es decir, define el núcleo duro de la continuidad
cultural en su dinámica implícita. Este criterio se diferencia de otra
definición ya referida que parte de una sumatoria simple de términos vinculados
por una conjunción gramatical; pero si esta definición se pretende equiparar
con el denominado «patrimonio inmaterial» el contenido resulta contradictorio e
inapropiado, tal como veremos más adelante.
El paso positivo radicó en reconocer la cultura tradicional y
popular como parte del patrimonio, fomentar la cooperación
internacional y adoptar medidas para su identificación, conservación,
preservación, difusión y protección.
• En 1993 se inician dos proyectos de la UNESCO sobre Los
tesoros humanos vivos y El libro de las lenguas en peligro.
El primero está dedicado a «personas que encarnan, en grado máximo, las
destrezas y técnicas necesarias para la manifestación de ciertos aspectos de la
vida cultural de un pueblo y la perdurabilidad de su patrimonio cultural
material»{3}; y el segundo «es una iniciativa dirigida a uno de los vehículos
fundamentales de la expresión [humana]: la lengua».{4} Debido a este trabajo se publicó en 1996 el Atlas mundial
de las lenguas en peligro de desaparición.
• Durante 1995-1999 se auspiciaron ocho conferencias regionales con el
objetivo de aplicar la Recomendación de 1989. La
correspondiente a América Latina y el Caribe se efectuó en México, en 1997, y
resaltó la prioridad de la conservación y el desarrollo de las culturas
tradicionales y populares como instrumentos para salvaguardar la diversidad
cultural frente a los problemas de la globalización y sus pretensiones
homogeneizantes.
• En 1997 también se efectuó en Marruecos una Consulta
internacional de expertos sobre la preservación de los espacios culturales
populares y se definió el concepto de «el patrimonio oral de la
humanidad».
• En 1998 el Consejo Ejecutivo de la UNESCO aprobó los criterios de
elección de los espacios culturales susceptibles de ser proclamados símbolos
del patrimonio oral de la humanidad.
• En 1999 se decide crear la distinción internacional Obras
maestras del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad, cuya
primera proclamación se efectuó en París en mayo del 2001. Ya aquí se incorpora
la noción de «inmaterial» como concepto añadido al patrimonio oral.
En el área regional de América Latina y el Caribe fueron proclamadas
cuatro expresiones culturales:
• La lengua, danzas y música de los garifuna (Belice, Honduras,
Guatemala y Nicaragua).
• El carnaval de Oruro (Bolivia).
• Espacio cultural de la hermandad del Espíritu Santo de los congos de Villa
Mella (República Dominicana).
• El pueblo zápara (Perú y Ecuador).
• En el 2001 se efectúa en Turín, Italia, la reunión internacional de
expertos sobre Patrimonio cultural inmaterial: definiciones
operacionales. Ya aquí se encuentra la convocatoria servida sin la oralidad como
substancia pertinente, pues lo «inmaterial» la ha subsumido. En este contexto
se elabora un plan de acción para salvaguardar el patrimonio cultural
denominado «inmaterial» en el que se contempla la redacción de un instrumento
normativo internacional de su protección dirigido a los creadores y las
comunidades poseedoras de este patrimonio.
• En enero del 2002 se realiza en Brasil el Seminario sobre el
patrimonio inmaterial, donde se sientan las bases para la elaboración
del Primer anteproyecto de convención internacional para la
salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial.
• En septiembre del 2002 se efectúa en Estambul, Turquía, la IIIª Mesa
Redonda de los Ministros de Cultura sobre el tema El patrimonio
cultural inmaterial, espejo de la diversidad cultural, como si fuera
posible percibir ante un espejo culturalmente diverso manifestaciones ya
inmaterializadas por los que pretenden subsumir la permanencia de la realidad
objetiva en lo efímero de la conciencia individual. Como resultado del
encuentro se da a conocer la Declaración de Estambul,{5} compuesta por nueve puntos que convocan a la reflexión y la
acción.
Aunque todo este esfuerzo ha sido continuo y creciente, existen
insuficiencias conceptuales y terminológicas que lejos de ayudar y aclarar,
confunden y enturbian el desenvolvimiento de tan loable y necesario trabajo.
Si tomamos como referencia inicial la definición de cultura
tradicional y popular propuesta en 1989, que de modo equivalente,
aunque no ingenuo, se identificó luego con la definición de «patrimonio
inmaterial», podemos constatar que cualesquiera de los componentes utilizados
para delimitar la definición como: «la lengua, la literatura, la música, la
danza, los juegos, la mitología, los ritos, las costumbres, la artesanía, la
arquitectura y otras artes» no son en absoluto inmateriales, sino formas
particulares y complejas de la materia humana y sociocultural, que abarca desde
el psiquismo y su intensa actividad neuronal, fisiológica y metabólica, en
constante interacción con el medio, hasta los resultados de la creación humana
(individual y colectiva) que previamente ha transitado por las posibilidades
que en cada lengua ofrece el pensamiento abstracto, precisamente una de las
formas más complejas e inexploradas de la materia.
Para delimitar el campo terminológico de materia, partimos
de su contenido filosófico desde el prisma cosmovisivo del materialismo
dialéctico. En este sentido, el término materia designa:
«a la materia determinada, es decir, a todo tipo de
entidad que, dotada de algún tipo de unidad, consta necesariamente de
multiplicidades de partes variables (cuantitativas o cualitativas) que, sin
embargo, se codeterminan recíprocamente (causalmente, estructuralmente). La materia
determinada comprende diversos géneros de materialidad: un primer género, que
engloba a las materialidades dadas en el espacio y en el tiempo (a las
materialidades físicas); un segundo género que comprende a las materialidades
dadas antes en una dimensión temporal que espacial (son las materialidades de
orden subjetivo) y un tercer género de materialidades, en el que se incluyen
los sistemas ideales de índole matemática, lógica, &c. y que propiamente no
se recluyen en un lugar o tiempo propios» (Bueno, 1990:49-50).
La riqueza de la realidad es siempre más amplia y profunda que el
limitado arsenal denominativo que posee cada lengua para definir de modo
pertinente los conceptos. De ahí que la idea de nombrar «patrimonio inmaterial»
a esta parte tan importante del quehacer humano sea un hecho inapropiado e
insuficiente, pero triunfante al menos en el contexto unescario. La noción de
«cultura inmaterial» ha representado un significativo salto atrás en relación
con lo que la antropología cultural ya había avanzado al colocar a la cultura
tradicional y popular en el centro de interés y acción de la UNESCO.
La inconsistencia de la definición maniquea de «patrimonio inmaterial»
parte de su oposición a la de patrimonio material, tal como se
evidencia en múltiples textos de la UNESCO, como si lo que no se pudiera tocar
o ver a simple tacto o golpe de vista no fuera sencillamente materia.
Esta inconsistencia tiene profundas implicaciones en los órdenes lógico y
metodológico, pues la definición se asocia más con la noción de materia en
el lenguaje vulgar o mundano que en los ámbitos científico y filosófico.
Si la UNESCO es una respetable Organización para la Educación, la
Ciencia y la Cultura, ¿por qué no aprovecha precisamente todo lo aportado por
la cultura científica y por otros saberes de la humanidad para volcarlo de modo
útil en aspectos claves del pensamiento abstracto como es la definición de
conceptos?
La noción de patrimonio material es lógicamente
identificable con el concepto de materia física o corpórea en un estado sólido,
pues «la sustancia corpórea sólida tiene el principio de ser operable en cuanto
tal y su situación en física podría compararse a la que conviene a los números
reales en cuanto instrumentos de medida» (Bueno, 1990:17).
Opuestamente, la otra noción de «patrimonio inmaterial» se asocia con la
materia física incorpórea que incluye múltiples estados de la materia, como las
ondas lumínicas, sonoras, calóricas y otras, que no pueden ser percibidas de
modo simple por determinados órganos de los sentidos, pero existen –tal como
han demostrado las leyes físicas, biológicas y de otras ciencias naturales–
independientemente de nuestra conciencia. Por lo que la propia denominación de
«inmaterial» resulta inapropiada y metodológicamente inconsistente contra algo
que se quiere proteger.
Con el concepto de «patrimonio inmaterial» sucede algo equivalente a lo
que con el concepto físico de «antimateria».{6} El propio desarrollo de la mecánica cuántica, la física nuclear,
la astrofísica y más recientemente la nanotecnología, han llevado a la
necesidad de reconocer campos de la realidad que operan más allá de la
materialidad conocida y de modo también paradójico fue formulado el concepto
físico de «antimateria», que en el orden lógico es un concepto poco riguroso y
mal articulado, independientemente de la objetividad de la realidad que con el
se designa.
En este sentido, el así denominado «patrimonio inmaterial» pretende
identificar una significativa parte del propio patrimonio material que
opera en los ámbitos axiológico, gnoseológico y ontológico, es decir, en los
modos de valorar lo propio y lo ajeno, en el conocer y conocerse, y en las
cualidades que asume la conciencia sobre el ser individual y social, pero
debido a su inconsistencia denominativa figura como contrario al concepto
general envolvente.
Como alternativa a dicha idea se ha empleado la de patrimonio
cultural intangible, tal como señala en uno de sus mensajes el
Director General de la UNESCO,{7} quien lo define:
«como las creaciones colectivas de una comunidad cultural, enraizada en
sus tradiciones. [Sus] diferentes formas [...] se expresan a través de los
idiomas, las tradiciones orales, las costumbres, la música, la danza, los
ritos, los festivales, la medicina tradicional, la artesanía y las habilidades
constructivas tradicionales.»{8}
Es decir, una definición muy cercana a la de cultura tradicional
y popular, pero sin el ruido subjetivista de lo «inmaterial».
Resulta también paradójico que la UNESCO haya promovido importantes
foros internacionales sobre pensamiento complejo,{9} transdisciplinariedad{10} y otros problemas actuales del conocimiento y en este aspecto se
haya caído en la trampa del simplismo al tratar de oponer al patrimonio
material, un supuesto concepto de «patrimonio inmaterial» que
filosóficamente anula la gigantesca riqueza humana que pretende defender.
En ocasiones también se identifican la noción de «patrimonio inmaterial»
con la de patrimonio intangible como si fueran sinónimos o
conceptos equivalentes. La propia revista Oralidad a la que
hemos hecho referencia también puede servir de ejemplo. En el texto dedicado a
«La UNESCO y el patrimonio inmaterial» se hace referencia a las Obras maestras
del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad (2002:8), mientras que
posteriormente se anuncian las Obras maestras del patrimonio oral e intangible
de la región (2002:12) de América Latina y el Caribe.
Aunque la noción de patrimonio intangible es más
sensualista, pues su alcance semántico se encuentra limitado a uno de los
órganos de los sentidos (el tacto) y por lo tanto también resulta estrecho en
su potencialidad epistemológica, el concepto ya desarrollado de cultura
tradicional y popular mantiene un mayor y más preciso alcance
antropológico y por definición se encuentra en la esencia misma de la creación
y transmisión de la cultura.
Está claro que la cultura es un componente esencial de la condición
humana, por lo que la valoración y designación del patrimonio creado por la
humanidad es un resultado complejo cuya definición no debe reducirse a
determinadas cualidades limitadas a los órganos de los sentidos, sino a todas
ellas. Todo ese patrimonio ubicado hasta hoy en la pequeña esfera azul que
compartimos como casa común está constituido por formas específicas de la
materia, desde los cuerpos sólidos que conforman las ciudades y obras arquitectónicas,
hasta los impulsos nerviosos que se transmiten a alta velocidad para propiciar
la conversión de ideas en modos orales, gestuales o escritos de comunicación.
La separación artificial entre lo material y lo inmaterial, entre lo
material y lo espiritual, representa una convención estéril que opone el
pensamiento simple al pensamiento complejo, nos aleja de la riqueza misma de la
realidad y limita nuestras capacidades para el conocimiento verdadero.
Fuentes
Alvargonzález, David. «Transdisciplinariedad», en El Catoblepas, enero 2003, nº 11, página 12.
En http://nodulo.org/ec/2003/n011p12.htm
Bueno, Gustavo. Materia, Pentalfa Ediciones, Oviedo
1990.
Colectivo de autores. Cultura popular tradicional cubana, Centro
de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana «Juan Marinello» y Centro de
Antropología, La Habana 1999.
El correo de la UNESCO, París, febrero de
1996.
Enciclopedia Encarta, Microsoft
Corporation, 2002.
Guanche, Jesús. «Significación de la cultura popular tradicional»,
en Revolución y Cultura, nº 85, La Habana, 1979: 26-29 y en
boletín Atlas, nº 1, La Habana, 1980: 14-20.
— «Hacia un enfoque sistémico de la cultura cubana», en Revolución
y Cultura, nº 90, La Habana, 1980: 35-40.
Matsuura, Koichiro. «Mensaje del Director General de la UNESCO»,
en Oralidad. Para el rescate de la tradición oral de América Latina y
el Caribe, nº 11, La Habana, 2002: 5.
s./a. «La UNESCO y el patrimonio inmaterial», en Oralidad. Para
el rescate de la tradición oral de América Latina y el Caribe, nº 11,
La Habana, 2002: 7-9.
Notas
{1} Véase «La UNESCO y el patrimonio inmaterial», en Oralidad.
Para el rescate de la tradición oral de América Latina y el Caribe, nº
11, La Habana, 2002:7.
{2} Véanse Jesús Guanche, «Significación de la cultura popular
tradicional», en Revolución y Cultura, nº 85, La Habana, 1979:
26-29 y en boletín Atlas, nº 1, La Habana, 1980: 14-20; «Hacia
un enfoque sistémico de la cultura cubana», en Revolución y Cultura, nº
90, La Habana, 1980: 35-40; y Colectivo de autores, Cultura popular
tradicional cubana, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura
Cubana «Juan Marinello» y Centro de Antropología, La Habana 1999.
{3} «La UNESCO y el patrimonio inmaterial», en op. cit., 2002:
8.
{4} Ibídem. 2002:8.
{5} «Declaración de Estambul», en op. cit., 2002:
10-11.
{6} Puede definirse como la materia compuesta de partículas
elementales que son imágenes especulares –en cierto sentido– de las partículas
que forman la materia ordinaria que conocemos. Las también denominadas antipartículas tienen
la misma masa que las partículas correspondientes, pero su carga eléctrica y
otras propiedades son inversas. Por ejemplo, la antipartícula correspondiente
al electrón, llamada positrón, tiene carga positiva, pero en todos los demás
aspectos es idéntica al electrón. La antipartícula correspondiente al neutrón,
que no tiene carga, difiere de éste por tener un momento magnético de signo
opuesto (el momento magnético es otra propiedad electromagnética). En cuanto al
resto de parámetros que determinan las propiedades dinámicas de las partículas
elementales, como la masa o los tiempos de desintegración, las antipartículas
son idénticas a las partículas correspondientes (Véase Enciclopedia
Encarta, 2002).
{7} Véase Koichiro Matsuura. «Mensaje del Director General de la
UNESCO», en Oralidad. Para el rescate de la tradición oral de América
Latina y el Caribe, nº 11, La Habana, 2002: 5.
{8} Ibídem, 2002: 5.
{9} La revista El correo de la UNESCO de febrero de
1996 fue dedicada a la Complejidad.
{10} Véase a David Alvargonzález, «Transdisciplinariedad» (sobre la crítica a esta concepción), en El Catoblepas, enero
2003, nº 11, página 12.

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