Libro N° 10889. El Triste Oficio De Winston Smith. Cots, Fernando José.
© Libro N° 10889.
El Triste Oficio De Winston Smith. Cots,
Fernando José. Emancipación. Febrero 11 de 2023
Título original: ©
El Triste Oficio De Winston Smith. Fernando
José Cots
Versión Original: © El
Triste Oficio De Winston Smith. Fernando José Cots
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EL TRISTE OFICIO DE WINSTON SMITH
Fernando José Cots
El Triste
Oficio De Winston Smith
Fernando
José Cots
El Triste
Oficio De Winston Smith
Fernando
José Cots
¿Quién es
Winston Smith?
Para
quien no lo sepa, es el protagonista de «1984», la novela de
George Orwell. Un clásico que relata un mundo opresivo, donde nada escapa a la
supervisión del Estado -el «Gran Hermano»- ni siquiera los sentimientos más
personales.
Cada casa
tiene una especie de televisor donde lo único que se pasa es propaganda del
Régimen pero que, a su vez, es una cámara que espía a los habitantes en forma
rotativa. Sorprenden un gesto de «deslealtad» y de ese pobre infeliz no queda
ni la memoria.
Ni el
refugio del silencio les es concedido a los desgraciados habitantes de ese
Estado llamado «Oceanía», quienes deben continuamente, por medio de gestos
exaltados, ensalzar al régimen y denostar a sus enemigos.
Winston
Smith se refugia en una vida gris, con un matrimonio a disgusto, procurando
salvarse de peor destino gracias a ser «mentalmente invisible» por su silencio
y su discreción.
Sin
revelar ningún secreto clave de la novela, puedo decir en qué trabaja Winston
Smith en ese mundo. Es una especie de… corrector periodístico.
El mundo
de «1984»
Winston
vive en una tierra dividida en tres grande potencias: Oceanía, Eurasia y
Estasia. Si consideramos que el libro fue escrito alrededor del año 1948 y en
China recién estaba asomando Mao… hay que calificar a Orwell de visionario.
Pero
estas tres potencias están trenzadas en una guerra cruel que se parece
demasiado a nuestro juego de «Tute Cabrero», donde juegan tres jugadores; dos
se confabulan contra un tercero, pero esa alianza es efímera ya que uno de
ellos puede aliarse con el atacado y volverse en contra de su antiguo socio.
Y el
juego puede volverse infinito… y desesperante.
Cuando
eso pasa en medio de una guerra de tres partes, el resultado peor no puede ser.
Pero nadie, en toda Oceanía, puede cuestionar ese juego de lealtades falsas.
Aún sobre la marcha, si el enemigo pasa a ser amigo y viceversa, los
propagandistas no hacen más que cambiar los nombres propios del discurso. Y la
gente está obligada a seguir con sus expresiones públicas de entusiasmo o
condena.
Y ése es
el oficio de Smith: Corregir los diarios hacia atrás, eliminar toda referencia
a la amistad con el actual enemigo y la enemistad con el actual «amigo».
Por
algunos detalles, sopecho que Orwell no acabó de corregir el original antes que
fuese publicado. Las actuales publicaciones tienen un epílogo descriptivo del
mundo orwelliano cuando el desarrollo de la historia ya ha terminado. Si no, no
se explicaría cómo Smith, más allá de corregir las informaciones de los diarios
de archivo, podría corregir los ejemplares que cada lector guarda en su casa.
Pero este
oficio de «corregir la Historia hacia atrás» es el eje de este ensayo… y la
referencia a uno de los géneros de Ciencia Ficción más difíciles de transitar:
Las Ucronías.
Las
diferentes «Historias»
Según una
teoría cuya demostración no dispongo, existirían infinitos «universos» o
«continuos». Cada uno de ellos es un calco de nuestro universo, sólo que con
diferencias marcadas por el desarrollo de la Historia.
La
pregunta clave que dispara la Ucronía es: ¿Qué habría pasado si, en vez de
suceder lo que sucedió, hubiese sucedido lo contrario?
Y muy
erradas no andan algunas Ucronías. Según referencias, ya en la Biblioteca de
Alejandría (la de la antigüedad)había diseños de máquinas de vapor,
sistemas de navegación a mar abierto, propuestas de máquinas voladoras, formas
alternativas de energía, etc.
Más cerca
en el tiempo, ciertas crónicas relatan que el monje inglés Roger Bacon diseñó
esos mismos artilugios y que se defendió de una horda por medio de un «shock»
eléctrico.
El mismo
Leonardo da Vinci diseñó máquinas que, si se hubiesen aplicado en su tiempo, el
perfil del mundo habría sido muy diferente.
Y a
Willhelm Reich se le reían en la cara cuando hablaba de la energía «Orgónica»;
lo calificaron de loco, al punto de internarlo en un manicomio. No obstante,
resulta sospechoso que el FBI haya allanado su domicilio tras su muerte y haya
secuestrado todos sus archivos.
Lo que me
hace pensar que este mundo que conocemos tiene una especie de «guardianes» que
procura que no tomemos ciertos caminos antes del tiempo que ellos consideran
«adecuado».
Isaac
Asimov, en su «Trilogía de las Fundaciónes»los llamó la
Segunda Fundación y les dio un carácter benévolo. ¿Serán realmente así?
Aún así,
la especulación sobre esos mundos posibles es materia legítima de la
literatura, dependiendo su calidad del grado de conocimiento histórico y
reflexión filosófica de cada autor.
Pero… ¿De
qué Ucronía estamos hablando?
La
legítima Ucronía
La
Ciencia Ficción abunda en obras de este género, muchas de ellas excelentes.
Siempre se parte de un hecho histórico conocido, se invierte el resultado y se
pinta un mundo «actual» pero de evolución diferente, que sirve de marco a la
historia que se relata.
Así la
Ciencia Ficción anglosajona ha dado a luz relatos en mundos donde fracasó la
Revolución Americana, donde el sur ganó la Guerra de Secesión, donde Napoleón
triunfó en Waterloo y sometió a Inglaterra, donde el III Reich triunfó sobre el
mundo, etc.
En
Argentina ha cultivado mucho este género Sergio Gaut Vel Hartman, quien tiene
una serie de relatos relativos a la «Secretaría de Asuntos Estrambóticos». Es
un edificio que existe en un universo paralelo y que tiene muchas puertas, cada
una de ellas sale a un universo diferente, pero en el mismo tiempo.
Entiéndase
bien: En los relatos de Gaut Vel Hartman nadie viaja en el tiempo. Esa
Secretaría se limita (salvo en algún relato que yo no haya leído) a
observar esos otros mundos e investigar el punto de quiebre de cada historia.
La
Ucronía soberbia
Pero
existe otro tipo de Ucronía, ésta carente de toda legitimidad. La Ucronía que
involucra viajes en el tiempo para «corregir la Historia».
Recuerdo
un relato (no su título)sobre un grupo de judíos, algunos
sobrevivientes del Holocausto, que desarrollan una máquina del tiempo y
contratan a un sicario para que mate a Hitler mientras él es niño.
El
sicario viaja en el tiempo; pero como él tiene la memoria de acontecimientos
que sucederán después, llega al pasado con amnesia y la misión fracasa.
Aún así,
me interesa hacer una semblanza de dos filmes muy conocidos y reflexionar sobre
su verosimilitud.
«Volver
al Futuro»
En esta
historia, Marty Mc Fly, un chico hijo de una familia de perdedores, hace
amistad con el profesor Emmet Brown, a quien muchos consideran un loco
inofensivo; pero él tiene afecto por el «Doc», como lo llama.
La
familia de Marty está constituida por un padre pusilánime, quien es humillado y
explotado por Biff desde que iban ambos al secundario; la madre, una mujer
abandonada de sí misma; un hermano mayor naturalmente zaparrastroso y una
hermana menor hipercontrolada por su madre como si estuviese destinada a un
convento.
Marty
viaja al pasado y, por accidente, impide que sus padres se conozcan, lo que
pone en compromiso su misma existencia. Con la ayuda del «Doc» de esa época,
corrige su error y sus padres se conocen y se enamoran; el resultado es que,
cuando él vuelve a su época, su padre se ha convertido en un triunfador, su
madre en una señora que cuida su aspecto, su hermano mayor en un «gentleman» y
su hermana en la más popular de todas las chicas.
Y
entonces cabe preguntarse:
Si Biff
basurea al padre de Marty y quiere a toda costa tener a su madre, casi hasta
como trofeo… ¿cómo podrían haberse casado? ¿Sería Biff el verdadero padre del
hermano mayor de Marty y, por la época, el padre de Marty habría «cubierto las
apariencias»? En ese caso, en el nuevo hogar de Marty ese hermano no existiría,
ya que ese hombre que descubre su carácter y su determinación sería el escudo
que su futura esposa necesita contra el prepotente Biff.
Si la
familia original de Marty, familia de perdedores, vivía en un plan de vivienda…
¿cómo es que la nueva familia de ganadores vive en el mismo lugar, por cuidado
que esté? Si el padre, desde joven, se consagró como escritor, lógico es que
viva en una casa mejor, en un vecindario mejor.
Si Marty
fue criado en esa familia de perdedores… ¿qué pasó con el Marty criado en esa
familia de ganadores? ¿A dónde fue? ¿Habría sido amigo del profesor Brown?
Y las
preguntas se podrían extender hacia el infinito, que quedarían en su mayoría
sin respuesta.
Aunque
habría una explicación que podría dar una respuesta general, que satisfaga
resignadamente.
Por
referencias sé que el guión original de «Volver al Futuro»(la
primera)durmió varios años en un cajón hasta que alguien se acordó que
existía. También sé que la máquina del tiempo no era un De Lorean, sino que no
estaba definida.
Y lo más
importante de todo, este filme se produjo durante la Era Reagan, una era
signada por el optimismo forzado y una sorda censura a temas comprometidos o
simplemente «bajoneantes».
Así que
es muy probable que el guión haya sido manipulado para lograr este imposible
«happy end» sin preocuparse demasiado por la Filosofía de la Historia.
El éxito
determinó que, casi sin pérdida de tiempo, se produjesen sus dos secuelas, las
que tendrían su miga para analizar, pero que resultan igualmente incoherentes.
«Timecop»
Si bien
no pasa de ser un producto para lucimiento de Jean Claude Van Damme, vale
referirse a esta historia.
Aquí ya
se trata de toda una organización policial que «vigila» el «normal curso de la
Historia», para evitar que viajeros en el tiempo la alteren en su provecho.
Pero hay
un capitoste importante que aspira a convertirse en dictador absoluto de su
mundo, así es que viaja al pasado y comienza a crear las condiciones para tener
ese poder en el presente.
La misión
del «Héroe» es viajar al pasado para impedir esos cambios, pero va y vuelve,
cada vez a un universo diferente (uno donde la tiranía ha triunfado y
él escapa de milagro), hasta que por fin logra «enderezar el entuerto» y
normalizar su mundo, esta vez ya sin el capitoste problemático.
Y
entonces cabe preguntarse:
¿Qué pasa
en todos esos universos, donde la tiranía ha triunfado o las circunstancias
están cambiadas? ¿Hay otros «heroes» que han vencido, se han adaptado o han
sucumbido?
Un caso
personal
Mi abuelo
materno era un ser contradictorio. Por un lado, simpatizaba con la República
Española y fue uno de los fundadores del Centro Republicano Español, que desde
Argentina tendió ayudas al legítimo gobierno amenazado.
Por el
otro, era un guardián celoso y tiránico de mi madre (púber por
entonces)y sus dos hermanas menores. A tal punto que mi madre sólo pudo
conocer a mi padre cuando éste, en 1947, en su calidad de Instructor Scout,
visitó su casa buscando al único hermano varón de mi madre que era de su tropa.
De otra manera, yo no habría nacido.
Ahora
bien; como todos saben, en nuestro universo el III Reich fue derrotado y el
tirano Francisco Franco debió hacer, a partir de ese momento, buena letra con
las potencias triunfantes.
Pero si
el III Reich hubiese resultado triunfador, las tiranías de entonces habrían
hecho buenas migas con nuestros derechistas telúricos, que ya estaban en el
poder a partir de 1943.
Eso
habría significado la deportación para mi abuelo, quien nunca se nacionalizó
argentino, para que una vez en España fuese fusilado o terminase de por vida en
una cárcel franquista.
Entonces
mi madre se habría visto libre de su férula y difícilmente habría conocido a mi
padre.
Por
lógica, en ese universo yo no habría tenido demasiadas oportunidades de ser
gestado.
Como
pueden ver, las probabilidades que propone la especulación de la Historia
afectan -y mucho- las historias individuales. Distinto es la Macro Historia o
Historia propiamente dicha, que se rige por leyes que Isaac Asimov intuyó y
expuso en su «Trilogía de las Fundaciones».
Allí es
más difícil -no imposible- que un acto individual cambie el devenir de los
acontecimientos. Podrá haber diferencias sutiles, pero en esencia habría sido
lo mismo.
Como creo
haber citado en otra parte, la situación de Alemania no sólo tras la I Guerra
Mundial, sino tras la crisis de 1930, era tal que, si no hubiese estado Hitler,
alguien habría hecho algo parecido a lo que él hizo.
Y eso se
puede aplicar a casi todos los acontecimientos históricos que han tenido alguna
relevancia.
La
Soberbia
No es
extraño que el Cine y la Literatura norteamericanas tengan este tipo de
Ucronías, donde la Historia se cambia a placer viajando en el tiempo.
Es otra
expresión de soberbia de quien se sabe Amo en el resto de los terrenos, por más
que procure forrar su garrote con sedas.
Ese es el
triste oficio de Winston Smith, inventar un pasado de mentiras para conformar
al Gran Hermano. Tristes creadores que, sin cultura y sin reflexión, se prestan
a ese manoseo de la Historia.
Sí
rescato las Ucronías legítimas, las que especulan sobre un posible mundo a
partir de un determinado resultado histórico.
Y más
rescato aquellas obras hechas por autores que conocen la Historia a fondo y que
han ejercitado la Filosofía. Que son críticos con respecto a algunas
probabilidades y que son lo suficientemente honestos como para respetar sus
premisas.
Casi una
Ucronía
Un
curioso ejercicio ucrónico sería rescatar células de grandes personajes y crear
clones a partir de ellas, haciéndolos vivir en nuestro tiempo y en condiciones
similares o distintas a las del original.
Esa es la
clave de la novela «Los Niños del Brasil»de Ira Levin, en la
cual un discutible doctor Menguele, refugiado en Paraguay, desarrolla una serie
de clones de Hitler para luego criarlos en hogares similares a los del
«Führer», de modo de lograr un nuevo líder para las generaciones futuras.
Y aunque
el Menguele de la novela muere a manos de un parafraseado Simon
Wiesentahl (con otro nombre), uno de sus clones se perfila como el
líder del futuro.
El error
de Ira Levin consiste en creer que se pueden reproducir todaslas
circunstancias de la vida de Hitler en sus clones.
Por
ejemplo: Cuando para adoptar los clones se le acaban los matrimonios de edades
tan dispares cuyo padre sea un funcionario (como eran los verdaderos
padres de Hitler), se resigna acudiendo a ejecutivos; cuando un ejecutivo
tiene una mentalidad distinta a la de un funcionario. Alois Schicklegrüber, el
verdadero padre de Hitler, era un ser mediocre, cosa difícil que un ejecutivo
sea. Su mayor orgullo era tener los bigotes dos centímetros más largos que los
del Kaiser.
Asimismo,
esa disparidad de edad entre ambos cónyugues hace que las agencias legales les
nieguen la adopción… y por eso recurren a la adopción clandestina que Menguele
les ofrece, sin saber de qué se trata. Si un matrimonio adopta, significa que
no tiene hijos. Hitler tenía hermanos y hermanas mayores. La crianza en un
hogar así es distinta de la de un hijo único.
Por no
mencionar los años de Viena, misteriosos hasta para los mismos historiadores
nazis, donde el joven Hitler parece haber sufrido experiencias terribles que
jamás confesó.
Aún así,
esta extraña Ucronía es válida como fuente de literatura. Y más lo es cuando se
da al clon una vida diferente del original.
El
original Napoleón Bonaparte era capaz de dictar cuatro o cinco discursos a la
vez sin perder el hilo en ninguno de ellos. Recordaba a sus soldados por nombre
y apellido sin equivocarse. Organizó el sistema de impuestos de Francia de modo
tal que siguió usándose hasta pasada la mitad del Siglo XX. Fue el que
dijo: «China es un gigante dormido. Déjenlo dormir. El día que
despierte temblará el mundo.»
¿Se
imagina un clon de Napoleón, hoy, estudiando informática? ¡Tiembla Bill Gates!
Y siempre
sería hermoso pensar en un clon de Norma Jean Baker criándose en un hogar sano.
Por supuesto, no sería Norma Jean Baker ni Marilyn Monroe. Sería una muchacha
normal, bella, con absoluto derecho a la felicidad que le fue quitada a la
original.
Conclusiones
Nosotros
somos nuestro pasado y el pasado es fáctico; vale decir, inmodificable. Ese
pasado nos ha formado y nosotros no seríamos lo que somos si no hubiésemos
tenido esas vivencias.
De ese
modo, si alguien viajase al pasado y alterase alguna de esas vivencias, nuestro
modo de ver las cosas sería diferente, por lo que no habríamos podido jamás
inspirar ese viaje al pasado con esos objetivos.
Ahora
bien: Que el pasado sea fáctico, no quiere decir que sea
determinante. Podemos haber cometido errores, haber vivido experiencias
terribles, etc. Pero está en nosotros definir, desde el presente hacia el
futuro, si seguiremos tropezando con las mismas piedras o intentaremos, con
serenidad y cerebro, cambiar el rumbo para mejor.
De otro
modo, nos haríamos cómplices morales de esas Ucronías soberbias, sin darnos
cuenta que contribuiríamos a dejar de ser lo que somos para terminar no siendo
nada.-
Fernando
José Cots
Marzo de
2010

