Libro N° 10882. ¿Qué Significa Politizar El Arte (De Acuerdo Con Walter Benjamin)? Hernández, Pablo.
© Libro N° 10882.
¿Qué Significa Politizar El Arte (De Acuerdo Con
Walter Benjamin)? Hernández,
Pablo. Emancipación. Febrero 11 de 2023
Título original: ©
¿Qué Significa Politizar El Arte (De
Acuerdo Con Walter Benjamin)? Pablo Hernández
Versión Original: © ¿Qué
Significa Politizar El Arte (De Acuerdo Con Walter Benjamin)? Pablo Hernández
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¿QUÉ
SIGNIFICA POLITIZAR EL ARTE
(De Acuerdo Con Walter Benjamin)?
Pablo Hernández
¿Qué
Significa Politizar El Arte
(De
Acuerdo Con Walter Benjamin)?
Pablo
Hernández
¿Qué
Significa Politizar El Arte (De Acuerdo Con Walter Benjamin)?
Pablo
Hernández
Este
artículo es una conjetura con base en algunas de las ideas vertidas por Walter
Benjamin en su libro La obra de arte en la época de la
reproductibilidad técnica (2003). La conjetura en cuestión trata de
responder la pregunta que da título a este artículo: ¿qué significa o cómo
podemos entender la politización del arte? Cabe señalar que esta pregunta no es
explícitamente respondida por Benjamin, al menos en este libro. Sin embargo,
considero que, triangulando con la filosofía de Marx, específicamente con su
crítica a las distintas formas de enajenación, y considerando la
caracterización que Benjamin hace de la “estetización de la política” es
posible inferir al menos un significado aceptable, y congruente con el
marxismo, de lo que puede entenderse por politizar el arte.
Antes de
comenzar debo decir que el término “politizar” es bastante común y polisémico,
por lo que se usa con distintos significados entre analistas, columnistas e
investigadores. Por lo mismo, debo aclarar que no pretendo dar una definición
única o totalizante de lo que significa “politizar.” Lo que sí busco es, en
cambio, proponer solo una forma, que sea a la vez crítica y programática, de
entender la relación entre arte y política.
I. El
autor
Walter
Benjamin fue un judío e intelectual comunista nacido en 1892, en Alemania. El
libro que nos ocupa fue publicado por primera vez en 1936, en el contexto de la
consolidación del fascismo alemán. Tan solo cuatro años después, Benjamin
moriría bajo circunstancias extrañas, presumiblemente como resultado de un
suicidio, mientras trataba de huir, rumbo a España, de la ocupación alemana en
Francia. Por su doble condición, como comunista y judío, Benjamin terminó por
ser víctima de la abominación nazi (Echeverría, 2003, 2008).
La obra
de arte en la época de su reproductibilidad técnica, si bien
es un libro que analiza los cambios en la función social del arte en relación
con las innovaciones tecnológicas es, también y al mismo tiempo, una feroz
crítica a los usos enajenantes del arte por parte de los Estados totalitarios,
especialmente del fascismo.
II. El
libro
Se trata
de un libro breve, con poco más de 60 cuartillas, y está compuesto por 19
apartados cortos, cada uno con tan solo unas pocas ideas centrales. El estilo
de Benjamin es, además, claro y ameno, aunque teóricamente profundo y
conceptualmente denso. Con su estructura de apartados sucintos, ideas cortas y
redacción clara, el libro resulta fácil de consultar y ameno de leer. Sin
embargo, por su potencia y densidad teórica, el texto resulta también difícil
de asir y sintetizar.
Se trata
de un libro profundamente conceptual, pero también es un texto que recorre una
línea argumentativa central, mientras abre todas las ventanas que encuentra a
su paso, dejando que el lector se asome a una enorme cantidad de problemas,
pero sin detenerse a analizar cada uno. El libro es un abreboca teórico, que
propone conceptos rigurosos, pero que no explora sus límites, dejando los
horizontes abiertos. Todo esto hace que el libro de Benjamin termine por ser
una especie de cuadro impresionista, efectivo para evocar imágenes, pero poco
preciso para demarcar ciertos límites y fronteras.
III. El
argumento
El tema
del libro es la función social del arte en relación con los cambios
tecnológicos. El argumento de Benjamin es que, con el desarrollo tecnológico y
la consecuente capacidad de reproducir y exhibir obras de arte de forma masiva,
el arte mismo cambia su función social: si antes servía más como vehículo para
la reproducción de órdenes, culturas e imaginarios tradicionales, ahora, con la
reproductibilidad técnica, el arte pierde –en gran medida, si no es que
completamente– esta función, cayendo por completo en el terreno de las disputas
políticas, donde los distintos grupos y clases sociales buscan, de alguna
manera, obtener algún provecho.
El arte
en la época de la reproductibilidad técnica, dicho de manera muy sucinta, es un
arte que podría servir como medio de educación y autoconocimiento creativo de
las masas, pero también es un arte que está en constante disputa política y que
continuamente se vuelve víctima de usos instrumentales y enajenantes. Esta
forma de emplear el arte, como mera e irreflexiva propaganda de intereses
particulares y, muchas veces, reaccionarios, es lo que Benjamin denomina
“estetización de la política.” Para él esta es, precisamente, la manera en que
el fascismo se relaciona con el arte, usándolo, por ejemplo, para embellecer y
ensalzar la guerra, logrando que las personas sean capaces, incluso, “vivir su
propia aniquilación como un goce estético de primer orden” (Benjamin, 2003, p.
99).
El libro
termina afirmando, sin embargo, que, si bien el fascismo efectúa una
estetización de la política, el comunismo, por el contrario, “responde con la
politización del arte” (Benjamin, 2003, p. 99).
IV. ¿La
politización del arte?
Benjamin
no define lo que entiende por “politización del arte.” Sin embargo, una cosa es
segura: se trata de una forma distinta de vincular el arte con la política, una
forma que no puede ser enajenante ni meramente instrumental.
A
continuación, trataré de formular mi conjetura, explicitando lo que podría
entenderse por politización del arte para el marxismo en general y para
Benjamin en particular. Para lograr esto, haré dos cosas: primero, analizaré un
poco más la argumentación de Benjamin y, segundo, señalaré algunas cuestiones
relativas al concepto marxiano de enajenación, mismo que está presente en el
texto de Benjamin y que –a mi modo de ver– puede aclarar muy bien la cuestión.
V. La
estetización de la política
Cuando
Benjamin habla del arte previo a la reproductibilidad técnica, habla de un arte
que es percibido con cierta “aura” de autenticidad, misterio y lejanía, y habla
también de un arte cuya función social es reproducir y conservar la tradición.
Con la reproductibilidad técnica esto cambia. La masificación del arte hace que
el aura desaparezca. Antes, el arte obligaba a las personas a acercarse a él,
comprendiéndolo en sus circunstancias y contexto, reconociendo su aura de
autenticidad y, con ello, apropiándose subrepticiamente de la tradición
cultural en que dicha obra está embebida. Pero con la reproductibilidad técnica
esta obligación desaparece. Ahora las personas pueden apropiarse del arte en
sus propios términos.
Con la
reproductibilidad técnica, el arte pierde su anclaje funcional con el pasado y
cae de lleno en el presente. Ahora el arte no nos obliga –tanto como antes– a
mirar al pasado, sino que lo usamos para pensarnos desde nuestro presente. Por
eso ahora la función social del arte cae por completo en las disputas
políticas, en los conflictos del presente por definir el futuro, en la moderna
lucha de clases.
Es en
este contexto en el que el arte puede ser usado como mera e irreflexiva
propaganda: como un simple instrumento de la política para manipular a las
masas, sin crear conciencia y sin educar, e incluso previniendo que esto
ocurra, generando distracción. La estetización de la política es esto: el arte
como simple propaganda para manipular y prevenir la reflexión crítica de la
sociedad.
VI. Arte
y enajenación
Cuando
Benjamin critica la estetización de la política no aboga por un arte desligado
de la política. Esto es muy claro. Para él, el arte siempre realiza alguna
función social, por lo que es preciso tener clara su relación con la política y
tomar partido al respecto. La tesis crítica de Benjamin es, en todo caso, que
el arte de masas no debería desempeñar un papel enajenante, reducido a la mera
propaganda y, peor aún, en beneficio de posturas políticas misantrópicas, como
las del fascismo.
Cuando
hablamos de enajenación en el marxismo nos estamos refiriendo a una categoría
de relevancia teórica y metodológica, pero también a una categoría de
importancia programática. Por supuesto, en términos generales, y de acuerdo con
Marx, puede afirmarse que la enajenación se refiere a cualquier producto o
actividad humana que ha caído fuera del control de su creador. En otras
palabras, hablamos de enajenación cuando algo nuestro se vuelve ajeno o extraño
a nosotros (Marx, 1972). El concepto es tan amplio como eso y es de suma
importancia para entender la fundamentación genético-estructural del
materialismo histórico, así como la articulación de los conceptos en El
Capital. Sin embargo, este concepto también es importante porque nos
recuerda que las críticas del marxismo no son solo críticas científicas, sino
que también son críticas que están orientadas normativamente. Esta orientación
u horizonte normativo consiste, fundamentalmente, aunque no de manera
exclusiva, en superar toda forma histórica de enajenación, creando las
condiciones sociales que devuelvan autonomía real y capacidad de decisión
efectiva a las personas en sociedad, favoreciendo, además, el desarrollo
integral de sus necesidades y capacidades humanas (Hernández Jaime, 2022).
VII. La
politización del arte
Cuando
Benjamin afirma que la politización del arte se opone a la estetización de la
política, lo que quiere decir es que, el marxismo se opone tajantemente a un
arte enajenante, reducido al papel de mera propaganda y orientado a la
destrucción humana. El arte de masas –pues se trata del arte en un contexto de
reproductibilidad técnica– debe ser un arte orientado al autoconocimiento, a la
educación y al desarrollo de los artistas y la sociedad, un arte que genere
reflexión, que conmueva, que contribuya a generar pensamiento crítico. Por
supuesto, el arte tiene que tomar postura política, pero este posicionamiento
no puede ser irreflexivo y dogmático, no puede ser solo propaganda (aunque
pueda llegar a serlo). La politización del arte es la superación del arte como
instrumento político: es, en cambio, la activación política del arte como un
arte consciente, reflexivo y crítico, que contribuya a formar estos atributos
en la sociedad.
La
estetización de la política convierte al arte en instrumento de destrucción. La
politización del arte convierte a esta última en un agente de liberación. Por
supuesto, la diferencia entre una y otra no radica en si dicho arte aborda
temas más o menos “bonitos”, “decentes” o “militantes.” El mundo es lo que es,
con su luz, su oscuridad y sus matices, con su belleza y su fealdad. Todo tema
merece ser tratado por el arte, y de la forma más conveniente que los artistas
encuentren para hacerlo. La diferencia entre el arte que destruye y el arte que
edifica radica en si la obra contribuye a generar autoconocimiento y crítica, o
si se limita a hacer propaganda irreflexiva y a buscar obediencia ciega o
desentendimiento.
Pablo
Hernández Jaime es Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de México e
investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
Referencias
Benjamin,
W. (2003). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica.
Itaca.
Echeverría,
B. (2003). Introducción. En La obra de arte en la época de su
reproductibilidad técnica. Itaca.
Echeverría,
B. (2008). Introducción. En Tesis sobre la historia y otros fragmentos.
Itaca; UACM.
Hernández
Jaime, P. B. (2022, marzo). La causa marxista por la liberación humana. ACES.
Apuntes Críticos sobre Economía y Sociedad, 6–22. HTTPS://CEMEESORG.FILES.WORDPRESS.COM/2022/04/ACES-5.PDF
Marx, K.
(1972). Manuscritos: Economía y Filosofía. Alianza Editorial.

