Libro N° 10881. Materialismo Dialéctico Y Psicología II. El Marxismo Y La Formación De La Subjetividad. Hernández, Pablo.
© Libro N° 10881.
Materialismo Dialéctico Y Psicología II. El
Marxismo Y La Formación De La Subjetividad. Hernández,
Pablo. Emancipación. Febrero 11 de 2023
Título original: ©
Materialismo Dialéctico Y Psicología II.
El Marxismo Y La Formación De La Subjetividad. Pablo Hernández
Versión Original: © Materialismo
Dialéctico Y Psicología II. El Marxismo Y La Formación De La Subjetividad.
Pablo Hernández
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Materialismo
Dialéctico Y Psicología II
EL MARXISMO Y LA FORMACIÓN DE LA SUBJETIVIDAD
Pablo Hernández
Materialismo Dialéctico Y
Psicología II
El
Marxismo Y La Formación De La Subjetividad
Pablo
Hernández
Materialismo
Dialéctico Y Psicología. I-II. El Marxismo Y La Formación De
La Subjetividad
Pablo
Hernández
Este es
el último de tres artículos en los que intento sostener dos tesis: la primera
es que el problema sobre el origen y el desarrollo de la conciencia es una de
las cuestiones centrales del materialismo dialéctico, y, la segunda, es que la
psicología puede desempeñar (y de hecho así lo ha hecho) un rol decisivo para
contribuir a resolver este problema.
En el
primer artículo, Ubicando el problema fundamental de la filosofía,
señalé que este problema, cuyo núcleo es la relación sujeto-objeto, se ubica en
un nivel muy alto de abstracción, en el cual debemos ubicarnos para comprender
correctamente la cuestión. En el segundo artículo, Distintas soluciones
al problema sujeto-objeto, presenté un mapa bastante somero de algunas
soluciones premarxistas a dicho problema, incluyendo aquellas variantes
dialécticas y no dialécticas. En este tercer artículo, finalmente, trataré de
sintetizar las particularidades de la solución marxista al problema señalado,
así como las implicaciones de esta solución con respecto a las ciencias que
estudian la conciencia humana, especialmente la psicología.
I
Para Marx
y Engels era indispensable recuperar el “núcleo racional” de la filosofía
hegeliana (Marx, 1975, p. 20), es decir, recuperar su método dialéctico, pero
superando su carácter idealista. En este punto, las posturas de los jóvenes
hegelianos de izquierda les parecían insuficientes. La mayoría de ellos se
dedicaba, casi exclusivamente, a cultivar cierta crítica especulativa, es
decir, cierta crítica filosófica que, a pesar de su impronta dialéctica,
terminaba por no ser más que un apéndice teórico a la filosofía hegeliana (Marx
& Engels, 2014). El único que intentó, seriamente, desarrollar una crítica
al idealismo hegeliano para regresar a posiciones materialistas fue Feuerbach
(Engels, 1974b). Sin embargo, con su regreso al materialismo, Feuerbach echó
por la borda el método dialéctico, cayendo en posiciones mecanicistas (Marx,
2011).
En este
contexto, Marx y Engels buscaron rescatar la relación dialéctica entre sujeto y
objeto, pero suprimiendo toda postura teleológica y mesiánica sobre el
espíritu. Aclarando la cuestión: para el materialismo dialéctico, la relación
sujeto-objeto no es una mera relación de preeminencia o de subordinación del
sujeto por parte del objeto. No se trata, simplemente, de si la materia es
preponderante a la idea. Se trata, más bien, de comprender la génesis y el
desarrollo de ambos términos: primero, el desarrollo de la realidad objetiva en
relación con el sujeto y, segundo, el desarrollo del sujeto, y su conciencia,
en relación con la realidad objetiva. Sin embargo, y toda vez que Marx y Engels
abandonan posturas teleológicas, tal relación sujeto-objeto no puede ser
definida y caracterizada de forma apriorística, sino que debe ser estudiada y
conocida directamente en la realidad concreta.
Para Marx
y Engels, entonces, es necesario entender los elementos centrales de la
dialéctica hegeliana, pero no para tratar de determinar solo con esos elementos
y de manera especulativa la historia de la relación sujeto-objeto. Por el
contrario, es necesario comprender los elementos centrales de la dialéctica,
pero para usarlos como guía metodológica en nuestra aproximación al estudio de
la historia real de esa relación.
Es por
esto que, en la Ideología alemana, Marx y Engels (2014) tratan de
develar las raíces histórico-económicas de la filosofía, señalando,
enfáticamente, cómo esta última no brota espontáneamente y en forma pura de la
cabeza de los pensadores, sino que es el producto de ciertas condiciones históricas
y suele responder ante determinados intereses. Estas condiciones son, en lo
fundamental, la existencia de un excedente económico y una división del
trabajo, lo que permite el surgimiento de personas dedicadas exclusivamente a
la actividad intelectual. Y los intereses no son otra cosa que sesgos
ideológicos, es decir, creencias o razonamientos que son reflejo de afinidades
e inclinaciones prácticas, propias de la posición que cada persona ocupa en la
sociedad. De manera que la filosofía, como manifestación de la actividad de un
sujeto pensante, no puede explicarse por sí misma, sino que debe entenderse
como el producto de la actividad histórica de las personas concretas[1].
Sin
embargo, con la Ideología alemana, Marx y Engels se limitaron a
señalar las raíces sociales de la filosofía, mas no agotaron el problema del
origen y desarrollo de la subjetividad. Y es que, aunque la conciencia está
determinada por el modo de vida de las personas, este modo de
vida no determina de manera simple o mecánica todos los aspectos de dicha
conciencia. Es decir, no basta conocer el modo de vida inmediato de las
personas para conocer la formación de su conciencia, sino que es necesario
conocer muchas otras determinaciones. Es importante notar esto porque, a final
de cuentas, Marx y Engels no pretendían agotar un problema que no puede ser
resuelto con una sola investigación y desde una sola disciplina. Lo que
querían, en cambio y entre otras cosas, era mostrar una aplicación metodológica
de la dialéctica materialista en el estudio de los orígenes de la filosofía.
II
Con
respecto al llamado problema fundamental de la filosofía, entonces, el marxismo
es dialéctico porque entiende la relación sujeto-objeto de forma dinámica,
recíproca y contradictoria, comprendiendo que tanto el sujeto como el objeto se
encuentran en constante formación y desarrollo. Y es además una filosofía
materialista por cuanto considera que todo este proceso ocurre como parte de
una sola realidad material, el universo, mismo que existe también como
movimiento, pero que no está signado de manera finalista por ninguna clase de
destino espiritual. En este sentido, la historia de la relación sujeto-objeto
no puede ser agotada y fijada de antemano por una filosofía, sino que solo
puede ser conocida aproximándose a la historia real de esa relación, es decir,
a la historia real de la conciencia y sociedad humana.
Y es
verdad que Marx mismo consideró que para entender a la sociedad era
indispensable estudiar su economía, es decir, sus prácticas y relaciones de
subsistencia. Sin embargo, con esto nunca pretendió haber encontrado la clave
única de explicación de todos los fenómenos sociales. Esto lo dejó muy claro
Engels en su carta a Joseph Bloch, donde señala lo siguiente:
…Según la
concepción materialista de la historia, el factor que en última
instancia determina la historia es la producción y la reproducción de
la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo
tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante,
convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. […] Es difícil
que se consiga explicar económicamente, sin caer en el ridículo, la existencia
de cada pequeño Estado alemán del pasado y del presente o los orígenes de las
permutaciones de consonantes en el alto alemán… (Engels, 1974a, pp. 717–718).
Si la
explicación de todos los fenómenos sociales pudiera encontrarse apelando
sencillamente a algún factor económico, entonces, nos dice Engels, “aplicar la
teoría a una época histórica cualquiera sería más fácil que resolver una simple
ecuación de primer grado” (Engels, 1974a, p. 718). Pero este no es el caso. Y
por eso, aunque la economía es indispensable para estudiar la realidad social,
no es suficiente.
Por eso
tiene mucho sentido que Lenin, en sus Cuadernos filosóficos, haya
señalado con toda precisión que “los campos de conocimiento con los cuáles debe
construirse la teoría del conocimiento y la dialéctica” son la “historia de las
distintas ciencias”, el “desarrollo mental del niño”, la evolución psíquica de
los animales, la “historia del lenguaje”, la “psicología” e, incluso, la
“fisiología de los órganos de los sentidos” (Lenin, 1974, p. 324). En pocas
palabras, para construir la dialéctica (materialista) es necesario que la
filosofía eche mano de todas las ciencias que estudian el origen y desarrollo
de la conciencia en sus niveles evolutivo, histórico e individual.
III
En este
punto debería quedar claro por qué el problema sobre el origen y desarrollo de
la conciencia es central para la filosofía marxista. Y la respuesta es,
primero, porque en su carácter dialéctico, esta filosofía se plantea
explícitamente dicho problema, pues para ella el sujeto no puede ser entendido
como algo preestablecido en el mundo, sino que debe ser concebido como un
fruto, como un producto emergente y cambiante de la realidad; y, segundo,
porque en su carácter materialista, no teleológico ni mistificado, el marxismo
plantea la imposibilidad de establecer, de manera acabada, apriorística y
especulativa, la historia de la relación sujeto-objeto, por lo que dicha
historia debe ser observada en la realidad concreta, tal y como ocurre en la
historia real.
Dicho
esto, debería quedar claro, también, por qué las ciencias cognitivas en general
y la psicología en particular pueden contribuir a la construcción de la
dialéctica, tal y como Lenin lo sugirió, y la respuesta es porque estas
ciencias, en su aproximación sistemática al estudio de la formación y
funcionamiento de la conciencia ayudan a dar cuenta de la manera en que la
subjetividad emerge y se desarrolla en la realidad concreta.
En este
sentido, el materialismo dialéctico no es una filosofía que ya esté acabada de
antemano, sino que es una filosofía que solo se puede ir completando
paulatinamente con el estudio sistemático de la realidad. Por eso, la filosofía
marxista, más que un conjunto de principios o leyes universales debe entenderse
como una aproximación metodológica a la realidad material. Por supuesto, esta
aproximación no puede desafanarse de cuestiones filosóficas, por lo que no
podemos decir, como suele afirmarse erróneamente, que la ciencia sustituye a la
filosofía. La ciencia, en sus bases epistemológicas y en su aproximación
metodológica, depende ampliamente de la comprensión y reflexividad filosófica
de los investigadores, por lo que el estudio de la filosofía resulta siempre
necesario.
IV
Finalmente,
hay que decir que la psicología no solo puede contribuir, potencialmente, a
enriquecer el pensamiento dialéctico, sino que ya lo ha hecho y la psicología
evolutiva[2] es
un claro ejemplo. Investigadores como Piaget (1991; Piaget & Inhelder,
2007), Wallon (2007), Vygotsky (1979, 2013), Luria (1980) o Merani (1965;
1971), entre otros, se han planteado la tarea explícita de estudiar la génesis
y el desarrollo de los procesos psicológicos. Y con sus investigaciones han
contribuido a esclarecer, de manera importante, el proceso de formación de la
conciencia humana.
Piaget
(2007), por ejemplo, logró establecer cómo, a partir de la actividad
sensoriomotora más básica de los recién nacidos, se van desarrollando, de
manera paulatina, toda una serie de habilidades intelectuales que determinarán
completamente su vida psíquica posterior. Aquí, un caso interesante de señalar
por su importancia filosófica es el de la noción de causalidad. Al respecto,
Hume (1974) había afirmado, con razón, que la idea de causalidad no tiene un
referente directo en la experiencia, es decir, que no vemos la causalidad, sino
que la inferimos. Y siguiendo de cerca estos razonamientos, Kant (2009)
concluyó que, efectivamente, la causalidad no podía ser otra cosa que una
categoría pura del entendimiento. Frente a este tipo de posturas, las conclusiones
de Piaget son bastante distintas: en principio, él no niega que la causalidad
carezca de un referente inmediato en la experiencia (como decía Hume), pero al
recurrir a un análisis genético y evolutivo termina por concluir que la noción
de causalidad no es trascendental, sino que emerge como resultado de la
asimilación y acomodación de experiencias del niño, quien no la encuentra en
una sola de sus experiencias sino en el conjunto de todas ellas. En este
sentido, si bien la causalidad es una noción que el sujeto imputa, no es una
noción que trascienda la realidad de la experiencia, sino que emerge de ella,
como atributo del sujeto en su desarrollo psicológico.
Otro caso
interesante es el de Vygotsky, quien estaba particularmente interesado por el
papel de la cultura en la formación intelectual de los niños. Y lo que encontró
fue que el proceso de adquisición de habilidades lingüísticas es crucial no
solo para la comunicación, sino que acarrea transformaciones fundamentales en
el funcionamiento de los procesos psicológicos. Tales transformaciones permiten
que los niños y niñas mejoren su memoria, orienten su atención, modifiquen su
percepción y potencien su capacidad de abstracción, entre otras cosas. En este
sentido, la adquisición del lenguaje, que necesariamente se da por
intermediación de los otros, significa toda una revolución en la conciencia de
los individuos. Y, por tanto, se vuelve imposible seguir entendiendo a los
individuos como entes monádicos con atributos dados de forma aislada, sino que
se vuelve necesario comenzar a entenderlos como una cristalización de
relaciones sociales. En otras palabras, con este tipo de hallazgos ya no
podemos pensar que nuestra conciencia sea un atributo individual y aislado,
sino que es necesario pensar a la mente misma como un producto social.
Como
estos, podríamos seguir listando muchos más casos en que la psicología ha
contribuido a avanzar en nuestros conocimientos sobre el origen y el desarrollo
de la conciencia y la subjetividad. Y si habláramos en términos evolutivos e
históricos, entonces tendríamos que señalar también los aportes de la biología,
de la psicología comparada y evolucionista, así como de las ciencias sociales
en general. Por supuesto, dicha tarea escapa a los límites de este trabajo. Sin
embargo, los aportes están ahí. Tal vez lo que haga falta sea establecer un
dialogo más franco y abierto entre filosofía y ciencia, para conseguir que la
ciencia se nutra de crítica y reflexión, al tiempo que la filosofía se
enriquezca con otras aproximaciones a la realidad.
Pablo
Hernández Jaime es Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de México e
investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
[1] “La
conciencia no puede ser nunca otra cosa que el ser consciente, y el ser de los
hombres es su proceso de vida real” (Marx & Engels, 2014, p. 21).
[2] No
confundir la psicología evolutiva con la psicología evolucionista. La primera,
también denominada genética, estudia el origen y desarrollo de los procesos
psicológicos, mientras que la segunda estudia los procesos psicológicos en
términos de su posible funcionalidad biológico-adaptativa.
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