Libro N° 10855. Materialismo Dialéctico Y Psicología. Ubicando El Problema Fundamental De La Filosofía. Hernández, Pablo.
© Libro N° 10855.
Materialismo Dialéctico Y Psicología. Ubicando El
Problema Fundamental De La Filosofía. Hernández,
Pablo. Emancipación. Febrero 4 de 2023
Título original: ©
Materialismo Dialéctico Y Psicología.
Ubicando El Problema Fundamental De La Filosofía. Pablo Hernández
Versión Original: © Materialismo
Dialéctico Y Psicología. Ubicando El Problema Fundamental De La Filosofía.
Pablo Hernández
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MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOLOGÍA.
Ubicando El Problema Fundamental De La
Filosofía
Pablo Hernández
Materialismo
Dialéctico Y Psicología. Ubicando El Problema Fundamental De La Filosofía
Pablo
Hernández
MATERIALISMO
DIALÉCTICO Y PSICOLOGÍA. I/III. UBICANDO EL PROBLEMA FUNDAMENTAL DE
LA FILOSOFÍA
PABLO
HERNÁNDEZ
En los
siguientes tres artículos trataré de sostener dos tesis: la primera es que el
problema sobre el origen y el desarrollo de la conciencia es uno de los
problemas centrales del materialismo dialéctico, y, la segunda, es que la
psicología puede desempeñar (y de hecho así lo ha hecho) un rol decisivo para
contribuir a resolver este problema.
Para
sostener ambas tesis me remitiré, en este primer artículo, al llamado problema
fundamental de la filosofía y trataré de ubicarlo en su correcto nivel de
abstracción. En el segundo artículo presentaré, de manera sintética, un abanico
con distintas soluciones a dicho problema. En el tercer artículo, finalmente,
abordaré la solución marxista al llamado problema fundamental y las
implicaciones que esto tiene con respecto a las ciencias que estudian el
desarrollo de la conciencia humana.
I
En los
manuales de filosofía marxista se suele decir que hay algo que podemos
denominar el problema fundamental de la filosofía. Y para tratar de
explicarnos la cuestión nos dicen que este problema trata sobre qué fue primero
y qué es lo más importante, si la idea o la materia (Afanasiev, 1985).
Habría
que empezar por decir que esta manera de plantear el problema es no solo
esquemática, sino también imprecisa y puede llevarnos inadvertidamente a
cometer errores importantes.
Lo
primero que hay que decir es que el llamado problema fundamental de la
filosofía no es una simple dicotomía; es decir, no hay tal cosa como solo dos
posturas filosóficas. Es verdad que podemos dividir las distintas filosofías en
dos grupos: idealistas y materialistas. Pero al interior de cada grupo hay
diferentes posturas y algunas son más ricas en contenido y representan aportes
más relevantes para el pensamiento filosófico que otras, sin que necesariamente
estas posturas sean materialistas. De manera que algunas formas de idealismo
podemos considerarlas superiores a muchas otras formas de materialismo.
Lo que
quiero decir es que suscribir posiciones materialistas, asumiendo que “la
materia es preeminente”, no garantiza que nuestra posición filosófica sea
verdadera, revolucionaria o siquiera cercana al materialismo dialéctico.
Dividir el campo filosófico en dos y decir que el materialismo tiene la
razón, casi por el solo hecho de ser materialismo, hace que ignoremos este
sencillo hecho. E ignorarlo no es un problema menor, sino uno bastante grave,
porque el materialismo dialéctico no es una forma de materialismo
que se opone y niega, tirando por la borda, despreciando, al idealismo, sino
que es una postura que aprehende, comprende y supera tanto a
los materialismos como a los idealismos precedentes.
La
importancia del llamado problema fundamental de la filosofía no
consiste solo ni principalmente en decantarse apriorística o
sencillamente, sin mayor consideración, por una postura materialista. La
importancia del problema fundamental de la filosofía radica,
primero, en comprender la relevancia del problema en sí mismo y, después, en
entender la racionalidad de la solución específica del materialismo
dialéctico.
II
Para
entender la importancia del problema fundamental de la filosofía es
cuando menos pertinente plantearlo en otros términos: los de la relación
sujeto-objeto. Y cuando hablamos de esta relación es necesario, primero,
ubicarnos en el nivel de abstracción adecuado.
Una
abstracción, como es sabido y suscrito por marxistas[1], es en
lo fundamental un objeto de la conciencia, una idea, que substrae u
omite ciertas características del objeto real al cual está referido. O sea, una
abstracción es una imagen mental de algún objeto real a la que le faltan
ciertas características, muchas o pocas. Y decimos que una abstracción es una
idea porque en la realidad los objetos poseen siempre todos sus atributos,
existen de manera íntegra e indivisible, pero mentalmente podemos omitir,
deliberada o accidentalmente, algunos de sus rasgos: por ejemplo, podemos
imaginar una manzana y sustraer su color y su textura, pensando solamente sus
contornos, y, no obstante, la manzana real siempre poseerá todos sus rasgos,
sean o no evidentes o conocidos por nosotros. Y así ocurre con cualquier
objeto.
Esta
capacidad, de representarnos los objetos de la realidad de forma abstracta en
nuestra mente, es una capacidad que los seres humanos desarrollamos solo de
manera paulatina, a lo largo de nuestro desarrollo filogenético,
sociogenético y ontogenético, es decir, a lo largo de nuestra evolución
como especie, con el transcurso de la historia y a lo largo de nuestro
desarrollo como individuos (Luria, 1980; Merani & Merani, 1971). Y la
importancia de esta capacidad de abstracción, tal y como se ha podido comprobar
con las investigaciones de Piaget (1991; Piaget & Inhelder, 2007), radica
en que nos permite encontrar patrones de regularidad, establecer distinciones,
clasificaciones, sucesiones, inferir causalidades y, en general, reconstruir
conceptualmente nuestra experiencia para formular representaciones más
sistemáticas y completas del mundo en que vivimos. En ese sentido, la
abstracción es la base sobre la cuál podemos superar el conocimiento sumamente
parcial, sesgado y unilateral de nuestra experiencia directa y cotidiana.[2]
Ahora
bien, el pensamiento abstracto ha sido empleado por la filosofía con el
objetivo de tratar de encontrar explicaciones sistemáticas, satisfactorias y,
en algunos casos, exhaustivas sobre problemas de muy distinta índole como la
verdad, la belleza, el deber, la libertad, los valores, la divinidad, el ser,
etcétera. Y es, precisamente, en este ejercicio de reflexión que los filósofos
han llegado al análisis de problemas sumamente abstractos, como el de la relación
sujeto-objeto. Y este problema es sumamente abstracto
porque cuando pensamos en él es necesario suspender nuestras
creencias y hacer abstracción de prácticamente todas las características o
supuestos que tengamos sobre la realidad, sobre las ideas y sobre la materia.
Cuando analizamos la relación sujeto-objeto ni el sujeto ni el
objeto se refieren a alguna persona o cosa en específico, sino que se refieren
a un sujeto en general, cualquier sujeto, algún sujeto, y a un objeto en
general, cualquier objeto, todos los objetos.
III
Si usted,
lector, no ha estudiado nada de filosofía quizá le cueste trabajo entender este
último punto. Sin embargo, hay una forma más o menos fácil de comprender el
problema y es siguiendo, precisamente, la duda metódica de Descartes (2012).
Esta duda consiste, fundamentalmente, en que nos imaginemos dos cosas: la
primera es que nuestros sentidos nos engañan y no podemos confiar en ellos y la
segunda es que nuestra razón, nuestra conciencia, también puede estar
engañándonos.
Como
consecuencia de estas dos dudas, entonces, no podemos confiar en lo que vemos,
en lo que oímos o en lo que sentimos y tampoco podemos confiar en lo que
pensamos. Es decir, no podemos confiar en prácticamente nada. No sabemos si las
cosas están ahí o no, y si existen tal vez no sepamos como son. Lo que busca
Descartes con esta duda sistemática es que cuestionemos todo y nos hagamos
conscientes de que todas nuestras creencias, muy probablemente, están mal
fundamentadas.
Con este
ejercicio, Descartes intenta que hagamos abstracción de todo, que empecemos a
sustraer mentalmente todas las cosas que creemos saber del mundo. Pero aquí es
donde nos lleva a una primera certeza: por más que dudes de todo,
no puedes dudar de algo: no puedes dudar que alguien está dudando y que ese
alguien existe[3]. ¿Quién
es ese alguien? Como hicimos abstracción de todo y dudamos de todo, no lo
sabemos. ¿Lo que ve es real o no es real? Tampoco lo sabemos, al menos por
ahora.
Pues
bien, el problema de la relación sujeto-objeto se ubica en
este nivel de abstracción: un nivel donde el sujeto es, aún, un sujeto genérico
e indeterminado que está en relación con un mundo de objetos también
indeterminados. Y por eso, el problema estriba, precisamente, en tratar de
definir, de una manera filosóficamente satisfactoria, cuál es la naturaleza
específica de lo subjetivo, de lo objetivo y de la relación que se establece
entre ambos términos.
Por eso,
cuando algunos filósofos se preguntan si es posible justificar la verdadera
existencia de la realidad objetiva, de hecho, se están haciendo una pregunta
bastante difícil de responder y que no puede ser resuelta con alguna
perogrullada practicista. Para resolver esta pregunta filosófica de manera
rigurosa y satisfactoria es necesario encontrar alguna justificación coherente,
que no violente los supuestos del análisis filosófico en curso. Algunos, como
el mismo Descartes, optaron por pasar de la existencia del sujeto a la
existencia de Dios, encontrando así una justificación para la existencia del
mundo objetivo. Otros, como Kant (2009), establecieron que era posible que en
realidad existieran ambos mundos, el del sujeto y el de los objetos, pero también
dijo que dichas realidades solo pueden ser conocidas de manera parcial y
limitada. Otros más, como Fichte (1964) negaron la posibilidad de asegurar
filosóficamente la existencia de la realidad objetiva y, por tanto, trataron de
definir y entender el mundo de los objetos como subsumido, subordinado, al
sujeto.
Cada
filósofo o filósofa, propositivamente o no, termina tomando una posición con
respecto al problema fundamental de la filosofía. Y para analizarlos todos
necesitaríamos una revisión pormenorizada, lo que con gran probabilidad
requeriría más de un libro y que, por obvias razones, no podemos incluir en
estos tres artículos. Sin embargo, al ubicarnos en el nivel de abstracción
pertinente, ya hemos dado un paso importante para la comprensión de dicho
problema. El siguiente paso será elaborar un mapa de las alternativas de
solución, lo que nos permitirá apreciar el panorama general del problema y
comprender su sentido esencial.
Pablo
Hernández Jaime es Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de México e
investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
[1] La
definición de qué es abstracto y qué concreto es clara desde la Introducción
general a la crítica de la economía política (Marx, 2007), pero
también está presente en gran cantidad de obras marxistas, como Dialéctica
de lo concreto (Kosik, 1967) o Lógica
Dialéctica (Iliénkov, 1977). De hecho, es un tema bastante
frecuente en filosofía marxista.
[2] Cuando
en el marxismo se suele hablar del ascenso de lo abstracto a lo concreto,
precisamente, se está hablando de un proceso posterior, sustentado en la propia
capacidad de abstracción, y orientado específicamente a la reconstrucción
conceptual de una totalidad concreta u objeto sustantivo de
conocimiento en sus rasgos esenciales y en su lógica o dinámica interna. En ese
sentido, lo concreto, como producto conceptual de nuestra mente no es algo
directamente accesible a la percepción, sino que es el producto más o menos
acabado de un proceso de investigación y conocimiento científicos (Marx, 2007).
[3] Este
es el sentido preciso de su famoso razonamiento cogito ergo sum.
Referencias
Afanasiev,
V. (1985). Manual de filosofía. Editorial Letras; Editorial
Cártago.
Descartes,
R. (2012). Meditaciones Metafísicas Seguidas de las Objeciones y Respuestas.
En Descartes. Editorial Gredos.
Fichte,
G. (1964). Primera y segunda introducción a la teoría de la ciencia (J.
Gaos (ed.)). UNAM.
Iliénkov,
E. (1977). Lógica Dialéctica. Editorial Progreso.
Kant, I.
(2009). Crítica de la Razón Pura. Fondo de Cultura Económica; UAM;
UNAM.
Kosik, K.
(1967). Dialéctica de lo concreto. Grijalbo.
Luria, A.
(1980). Introducción Evolucionista a la Psicología. Editorial
Fontanella.
Marx, K.
(2007). Introducción. En Elementos Fundamentales para la Crítica de la
Economía Política. Borrador 1857-1858. Volumen 1. Siglo XXI.
Merani,
A., & Merani, S. (1971). La Génesis del Pensamiento. Grijalbo.
Piaget,
J. (1991). Seis Estudios de Psicologia. Ediciónes Labor.
Piaget,
J., & Inhelder, B. (2007). Psicologia del Niño (17a ed.).
Ediciónes Morata.

