Libro N° 10854. En Torno Al Marxismo Y La Guerra. Luna, Alan.
© Libro N° 10854.
En Torno Al Marxismo Y La Guerra. Luna,
Alan. Emancipación. Febrero 4 de 2023
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En Torno Al Marxismo Y La Guerra. Alan
Luna
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Torno Al Marxismo Y La Guerra. Alan Luna
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EN TORNO AL MARXISMO Y LA GUERRA
Alan Luna
En Torno
Al Marxismo Y La Guerra
Alan Luna
EN TORNO
AL MARXISMO Y LA GUERRA
ALAN LUNA
Introducción
El caso
de la guerra nos ayuda a entender la profundidad y complejidad en la forma en
la que desde Marx y Engels se analizan los fenómenos porque el claro rasero que
se le aplica a la conexión entre estructura y superestructura en otros aspectos
de la vida social, no se aplica de manera inmediata como un simple fenómeno
surgido del desarrollo de las fuerzas productivas en el caso del análisis de la
guerra. Es decir que, aunque en el fondo de todos los fenómenos, como dice Marx
en la Contribución a la crítica de la economía política, se
encuentre su explicación en la economía o estructura social, en realidad en
muchas ocasiones esto no es suficiente para explicar dicho fenómeno en sí.
Veremos, por tanto, a través de algunos textos clásicos de Marx y Engels la
forma en que el problema de la guerra ayuda a entender la conexión entre
estructura y superestructura de manera más rica, así como la necesidad de
desechar los esquematismos que se han difundido como lo “clásico” del
pensamiento marxista.
El
planteamiento de Engels en el Anti-Dühring
Es en
el Anti-Dühring en donde Engels hace un esfuerzo por explicar
a grandes rasgos la teoría que Marx y él mismo desarrollaron a lo largo de su
trabajo intelectual. En numerosas ocasiones habían expresado su deseo de tratar
de manera más profunda algunos de los supuestos que se encontraban ya en su
teoría, pero que solamente sería posible tratar una vez que culminara la obra
que en esos momentos ocupaba la mayoría de sus esfuerzos: la crítica a la
economía política que se plasmó en El capital.
El texto
por entero es una respuesta al pensador Eugen Dühring, quien en contra del
marxismo había desarrollado una teoría propia del socialismo. El texto se
divide en tres partes principales: a) Filosofía, b) Economía política y c)
Socialismo. Es en la segunda sección que se encuentra “La teoría de la
violencia y el poder”, en donde se exponen los argumentos que según Engels
defiende la teoría del marxismo en torno a las relaciones de poder con todas
las acciones que este último implica, la forma en que se implementa algún tipo
de violencia como por ejemplo las políticas de guerra. Sin embargo, veremos
que, aunque en el Anti-Dühring se puede ver una explicación
sistemática de lo que podría considerarse una teoría general sobre la violencia
y el poder en el marxismo, en realidad ésta va transformándose, dependiendo no
tanto del tiempo, sino del estudio concreto de la política internacional, lo
que nos lleva a profundizar en la especificidad del pensamiento marxista como
un análisis de la totalidad concreta. Pero empecemos con lo que se explica en
el Anti-Dühring.
El texto
se desenvuelve con las constantes referencias de Engels a los textos del
pensador que intenta refutar, tratando de contra argumentar los fallos en su
teoría. En el caso de la teoría de la violencia y el poder en el texto de Dühring
se lee: “La formación de las relaciones políticas es lo históricamente
fundamental, y las dependencias económicas no son más
que un efecto o caso especial y, por lo tanto, siempre hechos de
segundo orden. Algunos de los recientes sistemas socialistas parecen
evidentemente presentar una actitud completamente invertida respecto de este
principio rector, pues desarrollan las subordinaciones políticas como a partir
de las condiciones económicas.” (Engels, 1981;151) La postura de Dühring
es pues, clara. En la dialéctica de la determinación de las condiciones
subjetivas y objetivas, son las relaciones políticas las que determinan la
historia, y lo económico es lo secundario, en contra de “Algunos de los
recientes sistemas socialistas…”, clara alusión al marxismo.
Engels,
intentando desarrollar la postura del marxismo, responde que esto es inexacto.
Para clarificar al respecto, desarrolla la forma en la que Dühring
analiza el libro de Robinson Crusoe. La relación que se entabla
entre Robinson y Viernes es de dominio del primero sobre el segundo y este
dominio se da por medio de la violencia, esto es, un acto político. Explica
Engels: “Y como esa opresión constituye el punto de partida y el hecho fundamental
de toda la historia pasada, y como la tal acción ha sido inoculada de
injusticia por el pecado original, de tal modo que en los periodos posteriores
se ha suavizado simplemente y se ha “transformado en las formas, más
indirectas, de la dependencia económica; y puesto que en esta opresión
originaria se basa toda la “propiedad violenta” vigente hasta hoy: es claro que
todos los fenómenos económicos tienen que explicarse por causas políticas, o
sea por la violencia.” (Engels, 1981;151-152). Contrariamente a la visión de Dühring,
Engels dice: “… contra el explicito precepto del señor Dühring, Robinson
no ha “tomado como punto de partida y por sí misma la agrupación política”
producida por el sometimiento de Viernes, sino que “la ha tratado
exclusivamente como medio de lograr el pienso” …” (Engels,
1981;152). De esta forma, el mismo ejemplo sirve para mostrar dos puntos de
vista distintos, el primero en donde la violencia es lo que justifica la
historia, y el segundo que explica a la violencia como el medio para lograr lo
verdaderamente importante: el sustento; de esta manera Engels cree demostrar
que “… el poder, la violencia, no es más que el medio, mientras que la ventaja
económica es el fin” (Engels, 1981;152-153), y con esto quedaría explicitada la
postura marxista de la cuestión.
Engels
utiliza los ejemplos históricos para repasar su planteamiento en contra de la
opinión de Dühring empezando por estudiar la importancia de la base
material-económica necesaria para el desarrollo de las relaciones políticas:
“Para que en tiempos de las guerras médicas el número de esclavos fuera en
Corintio de 460.000, con lo que había diez esclavos para cada miembro de la
población libre, hizo falta algo más que “poder y violencia”, a saber, una
industria artesanal y suntuaria muy desarrollada, y un amplísimo comercio”.
(Engels, 1981;153) De esta manera, lo que sustenta la posibilidad de la
dominación de gran cantidad de esclavos por mano de unos cuantos hombres
libres, no es solamente la opresión y la violencia que se ejerce por parte del
pequeño número de explotadores de la mano de obra esclava, sino una base
económica que le precede. Con esto no quiere decir Engels, según hacemos notar,
que no haya en absoluto dominio, poder que se implementa en las distintas
relaciones sociales, o incluso violencia, que se utilice para la dominación de
una parte de la humanidad por otra, sino que estas relaciones de poder dependen
y en cierta medida se modifican, de las bases desarrolladas en la organización
económica y técnica de algún momento histórico.
Dühring
prosigue en su intento de desarrollar su punto de vista, y este es que la
propiedad actual no es sino el resultado de la violencia y la caracteriza como:
“Aquella forma de dominio que se basa no solo meramente en la
exclusión del prójimo del uso de los medios naturales de existencia, sino,
además, cosa más importante, en el sometimiento del hombre civil.” (Engels,
1981;154). A esto opone Engels la propiedad como desarrollo de los medios de
producción y no por medio de la violencia y del robo, dice que “Ni siquiera la
formación de una aristocracia espontánea, como la que tuvo lugar entre los
celtas, los germanos y en el Pendjab indio sobre la base de la propiedad común
del suelo, se basa al principio en la violencia, sino en la voluntariedad y la
costumbre.” (Engels, 1981;155)
Lo que
Engels pretende demostrar aquí en contra de lo que dice Dühring, es
que para que la violencia y el poder se manifiesten no hace falta una simple
voluntad, es decir que, como Marx también opinaba, “Los hombres hacen su
propia historia, pero no la hacen a su voluntad, bajo condiciones elegidas
por ellos mismos, sino bajo condiciones directamente existentes, dadas y
heredadas.” (Marx, 2015;39). Las condiciones reales determinan la forma en que
se manifiesta la violencia, de cualquiera de los tipos que son analizados por
el marxismo: lucha de clases, guerra civil, guerra entre naciones
(imperialismo). Así, la violencia de la que hace uso Robinson presupone un
estado de desarrollo de la técnica que corresponde a su vez al desarrollo de
las fuerzas productivas de una sociedad. Habrá que preguntar en el ejemplo de
Robinson y Viernes de dónde sale el puñal con el que es sometido Viernes pues
“Ni en las fantásticas islas de las robinsonadas crecen hasta ahora los puñales
como las hojas de los árboles…”(Engels, 1981;159). Pregunta Engels qué
pasaría si del mismo modo en que Robinson ha conseguido su puñal Viernes se
consigue un revólver y la respuesta es, según él, clara: “… el revólver triunfa
sobre el puñal y con esto quedará claro incluso para el más pueril de los
axiomáticos que el poder no es un mero acto de voluntad, sino que exige para su
actuación previas condiciones reales, señaladamente herramientas o
instrumentos, […], en una palabra, que la victoria del poder o la violencia se
basa en la producción de armas, y ésta a su vez en la producción en general, es
decir: en el “poder económico”, en la “situación económica”, en los
medios materiales a disposición de la violencia.” (Engels,
1981;159)
En la
tercera y última parte de lo correspondiente a “La teoría de la violencia y el
poder” Engels extrae un último argumento de Dühring en donde expone que
“La instauración de un dominio económico sobre las cosas ha tenido como
presupuesto el dominio político, social y económico del hombre sobre el hombre.
¿Cómo podría imaginarse a un gran propietario de la tierra sin incluir en la
imagen todo su señorío sobre los esclavos, siervos u hombres indirectamente
sometidos?” (Engels, 1981;168). Pero el error de Dühring aquí es,
nuevamente según Engels, presuponer la explotación de la tierra en zonas
grandes sin analizar su desarrollo desde las contradicciones económicas más
elementales: “… al principio de la historia de todos los pueblos de cultura no
encontramos a los ‘grandes propietarios del suelo’ que nos desliza aquí el
señor Dühring con ese habitual estilo de prestidigitador al que él llama
‘dialéctica natural’, sino que encontramos comunidades tribales o de aldea con
propiedad común de la tierra.” (Engels, 1981;169). Por tal motivo, la filosofía
de la violencia, o la concepción de la violencia y del poder que ofrece Dühring,
sirve aquí también para ayudar a explicar la concepción marxista: no es el
impulso de las voluntades o de la moral abstracta del ser humano lo que
implanta la violencia como motor de la historia en su mero
impulso subjetivo, sino que por el contrario, solo en la medida en que lo
permite el desarrollo económico se pueden desatar los niveles de violencia y
las formas de utilizar el poder para el dominio de unos sobre otros. Más aún,
Si el
señor Dühring no quiere decir con su dominio del hombre por el hombre,
como condición previa del dominio de la naturaleza por el hombre, sino que
nuestra actual situación económica, el grado de desarrollo hoy alcanzado por la
agricultura y la industria, es el resultado de una historia social desarrollada
a través de contraposiciones de clase, relaciones de dominio de servidumbre,
entonces está diciendo algo que desde el Manifiesto Comunista ha
tenido tiempo de sobra para convertirse en un lugar común. Lo que importa es
explicar el origen de las clases y de las relaciones de dominio… (Engels,
1981;172).
Pero si
bien el desarrollo de las condiciones materiales permite la manifestación de la
violencia en algún grado y forma, lo cierto es que a su vez ésta es necesaria
para el desarrollo y avance de las mismas condiciones que permiten su
aparición. La relación entre economía y violencia no puede ser estática y
determinista en este sentido, la violencia y el poder representan un estado del
desarrollo de las fuerzas productivas que, a su vez, se van aprovechando de las
formas de violencia para acelerar su desarrollo. Esto es lo que le permite a
Engels la evaluación de la violencia no en su aspecto meramente moral. En
contra del señor Dühring que opina que el poder es absolutamente malo,
Engels opina que “… la violencia desempeña otro papel en la historia, un papel
revolucionario; de que, según palabra de Marx, es la comadrona de toda vieja
sociedad que anda grávida de otra nueva; de que es el instrumento con el cual
el movimiento social se impone y rompe formas políticas enrigidecidas y
muertas.” (Engels, 1981;177). Con esto queda el panorama general de la teoría
de la violencia y el poder de Engels, poniendo la dialéctica entre las
condiciones materiales y las subjetivas de tal manera que las primeras
determinen a las segundas.
Engels y
la revisión de la actividad del revolucionario como combatiente
A esta
visión tan determinista se le opone el mismo Engels. A lo largo de escritos
posteriores va analizando cómo la forma en la que se cambian las condiciones
específicas económicas influye también en la forma en que se implementan las
políticas de guerra, incluso para el estudio de en qué medida la revolución
puede llegar a ser un enfrentamiento armado entre dos clases sociales
distintas. Pero esta transformación, y esto es importante, depende no solamente
del movimiento en la llamada estructura de la sociedad, sino que son
desencadenadas por una serie de determinaciones políticas y organizativas que
enriquecen el análisis marxista. Esto quiere decir que, aunque en “Última
instancia” como decía Marx mismo, las causas de los problemas puedan ser,
quitándole toda concreción, la economía de una sociedad, en realidad hay una
serie de eventos que nos indican que para poder dar el diagnóstico correcto de
un fenómeno se debe estudiar el movimiento interno de la “superestructura”
social.
Engels en
una introducción al trabajo de Marx La lucha de clases en Francia menciona
algunas cuestiones reveladoras que ayudan a entender mejor la problemática de
la lucha revolucionaria. Durante algún tiempo la lucha estaba determinada por
ciertas condiciones que hacían posible la disputa de los ciudadanos organizados
contra las fuerzas militares del Estado. Al no estar tan desarrolladas las
herramientas con las que se combatía, prácticamente cualquiera que se procurara
armas podía hacer frente a las milicias armadas. Engels explica que no era que
las masas populares, o quienes quiera que fueran los rebeldes, tuvieran las
mismas ventajas para derrotar al enemigo que se les pusiera enfrente, aunque
fueran las fuerzas armadas del Estado, lógicamente mejor entrenadas, sino que
las condiciones objetivas, en este caso la poca separación que había en la
técnica de un bando respecto del otro permitía condiciones que hacían posible
la victoria por otros medios. Engels explica que “… en la época clásica de las
luchas callejeras la barricada tenía más eficacia moral que material. Era un
medio para quebrantar la firmeza de las tropas. Si se sostenía hasta la
consecución de este objetivo, se alcanzaba la victoria, si no, venía la
derrota. Este es el aspecto principal de la cuestión y no hay que perderlo de
vista tampoco cuando se investiguen las posibilidades de las luchas callejeras
que se puedan presentar en el futuro.” (Engels, 1974;265). Es fundamental la
cita anterior por diferentes razones, una de las más llamativas es la
importancia moral de las barricadas que depende del desenvolvimiento de la
guerra, no determinada en absoluto por cierto nivel de desarrollo
armamentístico. La lucha no está resuelta de una vez y por todas, esa es una de
las lecturas equivocadas que pueden desprenderse de la simplificación de la
relación estructura-superestructura; aunque la base determine en última
instancia las posibilidades de aparición de las formas de la superestructura,
en realidad no hay una reciprocidad tan simple.
Una
visión simplista de la relación entre las dos partes fundamentales de la
estructura social llevaría a pensar que no hay más que analizar la sola
economía y desprender de ahí toda la construcción de algún fenómeno, pero en
realidad las formas que se manifiestan, que se desprenden de la base económica
son variadas, y lo que hay que hacer es estudiar, aparte de cómo influye la
base estructural, la lógica interna de la superestructura, cómo se han
manifestado, cuáles son las contradicciones internas que han permitido que se
desarrollen de cierto modo y no de otro, hay que atender a la “síntesis de
determinaciones”, tal era el método científico aceptado por Marx.
En el
estudio de las modernas formas de oponerse a la fuerza organizada del Estado,
Engels analiza las condiciones que se le presentaban desde el punto de vista
anteriormente mencionado. El desarrollo de la técnica de las armas permitía
cierto nivel de respuesta por parte de los opositores del régimen. Sin
embargo, la ventaja aparente no estaba determinada ya por dicho desarrollo
embrionario, sino que dependía de una serie de sucesos que determinaban que
las barricadas desempeñaran el papel deseado o no. La eficacia de dicho método
de combate era, a decir de Engels, más bien moral. Dependiendo de cómo se
desarrollara el combate, la posibilidad de la victoria estaba en que, debido a
la capacidad de respuesta que aún se tenía en ese tiempo, la resistencia prolongada
a un ataque de las tropas del Estado creaba agotamiento moral de éstas, lo que
sentaba una base, esta vez subjetiva, en donde podía fincarse la
victoria.
Más
adelante en el mismo artículo Engels menciona que el desarrollo de la técnica
de las armas hacía casi imposible la lucha revolucionaria por este medio lo que
llevaba a pensar en nuevas formas de lucha. Pero los cambios no son solamente
estructurales, no es solamente el desarrollo técnico el que determina las
nuevas condiciones, en gran medida se crean condiciones subjetivas que juegan
un papel importante para determinar la situación del movimiento que pretenda
influir en la conciencia de la masa. La situación en 1849 Engels la ve del
siguiente modo:
La
burguesía se había colocado en todas partes al lado de los gobiernos, ‘la
cultura y la propiedad’ saludaban y obsequiaban a las tropas enviadas contra
las insurrecciones. La barricada había perdido su encanto; el soldado ya no
veía detrás de ella al ‘pueblo’, sino a rebeldes, a agitadores, a saqueadores,
a partidarios del reparto, a la hez de la sociedad; con el tiempo, el oficial
se había ido entrenando en las formas tácticas de la lucha de calles: ya no se
lanzaba de frente y a pecho descubierto hacia el parapeto improvisado, sino que
lo flanqueaba a través de huertas, de patios y de casas. (Engels,
1974;265-266).
Si bien
la técnica armamentística se había desarrollado a gran escala, lo
cierto es que aquí Engels quiere hacer notar algo muy distinto, el cambio en
algunos aspectos que comúnmente serían clasificados del lado de la
superestructura social. El ánimo de los soldados ya no era el mismo de
antes cuando les costaba disparar hacia los manifestantes por identificar en
ellos a la masa popular. Esto es elemental a la hora de analizar la importancia
de la superestructura, de la evolución ideológica en sus contradicciones
internas, por ejemplo, o del control que los diversos grupos políticos tienen
de sectores elementales que pueden influir en la opinión de la masa, esto es,
los medios de difusión masiva. Pero también los nuevos conocimientos se
hicieron presentes, y no necesariamente por una evolución radical del
armamento utilizado, sino por la asimilación de las formas de combatir
del enemigo y de la evolución de las tácticas utilizadas hasta el
momento. Todo esto es un desarrollo no de la técnica impulsada por la economía,
sino de la guerra misma, de su ley interna, con relativa independencia de la
base material que le da sustento.
Gallie y
la inconsistencia de la postura de Engels
En un
famoso libro titulado Filósofos de la paz y de la guerra el
filósofo W. B. Gallie analiza la inconsistencia de Engels en torno a su postura
de la teoría de la violencia y del poder, representada en la postura sobre la
guerra del colega y amigo de Marx. Sintetizando lo anteriormente dicho, podemos
decir que por un lado está la postura de las determinaciones que sufren las
partes de la superestructura social por parte de la estructura, de tal manera
que gran parte de las relaciones sociales están determinadas por el desarrollo
de los medios de producción, así como las formas de violencia están
determinadas por la economía de cierto momento histórico o como la guerra y sus
formas estaría determinada por el desarrollo tecnológico disponible en el
momento. Sin embargo, por otro lado, se nos muestra la relativa independencia
de la superestructura que puede influir en el mismo desarrollo de la estructura
y, por lo tanto, del papel que la guerra y las relaciones de poder tienen en el
desarrollo de la sociedad socialista.
Por lo
anterior, Gallie se plantea la cuestión de qué es lo que busca el marxismo en
sus opiniones acerca de la guerra y cuál es la enseñanza que podemos sacar de
ello. Lo primero que hay que tomar en cuenta es el hecho de que para el
marxismo la guerra no es en sí ni un bien ni un mal, que representa cosas
distintas dependiendo de la situación histórica, y que, a pesar de esto no es
posible que podamos explicar la guerra y la paz solamente “… como efectos
calculables y graduables de cambios más profundos en el modo en que las
sociedades organizan su fuerza productiva.” (Gallie, 2014;141). Gallie ve
en el desarrollo de la teoría del marxismo por parte de Engels una demostración
de que la guerra (y podríamos decir que otras partes de la llamada superestructura)
tiene una relativa independencia que hace que sirva de importante apoyo y base
del desarrollo de las mismas condiciones estructurales.
Basando
su análisis en los textos clásicos de Engels, principalmente en el Anti-Dühring,
observa Gallie que si bien es verdad que la guerra juega un papel importante en
beneficio de ciertos intereses económicos, la guerra tiene otra dimensión más
allá de la simple utilización en pro de dichos intereses. Gallie dice que
“… en el curso de su planteamiento, Engels observa de manera más bien
sorpresiva que la ‘guerra era tan antigua como la existencia simultánea, lado a
lado, de diversos grupos de comunidades’. En otras palabras, la existencia de
la guerra en contraste con la función social que en este punto se le atribuye,
se postula desde el principio como un factor independiente de la situación que
va a explicarse.” (Gallie, 2014;144). De esta forma, la guerra, aunque al
servicio de intereses económicos, es una condición de las sociedades mismas,
quienes deben desarrollar métodos para defenderse de otros grupos sociales
desde la aparición de las comunidades mismas; en este sentido, las distintas
guerras no son simplemente una respuesta a condiciones materiales-económicas,
sino que son una necesidad desde el punto de vista de los distintos grupos
sociales que defienden naciones con culturas e ideas distintas.
La
complejidad de la estructura social permite el desarrollo independiente
(relativo, recalcamos nuevamente) que hace tan importante una buena lectura de
la guerra y sus consecuencias para la táctica que ha de tomar el movimiento
socialista si quiere influir de manera real en la transformación de una nación.
Es importante tomar en cuenta, para el combate contra el dogmatismo, la opinión
que sobre el tema tienen Marx y Engels, “Ambos nos muestran la guerra y los
métodos de hacer la guerra profundamente influenciados por otras formas de
actividad mucho más constructivas y creadoras; pero también nos muestran a la
guerra determinando y apoyando a éstas de las maneras más sorprendentes y
perdurables.” (Gallie, 2014;149). Se hace aquí explícita la dialéctica entre el
objeto y el sujeto, entre la estructura y la superestructura. La base material
que determina el “edificio social” no es sino lo que determina las condiciones
de existencia de los fenómenos, pero esto en un plano de la realidad, desde
cierta perspectiva. Nada impide que las creaciones de esta base, de esta
estructura, no tengan vida propia y, de hecho, siguiendo el pensamiento de Marx
y Engels, es importante analizar su estructura interna y su movimiento
particular para tomar las medidas tácticas correspondientes para actuar de
cierta manera u otra en el plano del movimiento político.
Gallie,
analizando un texto de Engels sobre La lucha de clases en Francia,
escrito por Marx, observa que, aunque había ciertos avances técnicos en las
armas que determinaban la oportunidad de actuar de manera directa o indirecta
en la lucha revolucionaria armada, había otras condiciones no propiamente
técnicas. A la par que el desarrollo de los medios de comunicación, que hacían
más fácil la agrupación de refuerzos por parte de las fuerzas del Estado, o del
perfeccionamiento de los proyectiles que hacían que solamente un grupo selecto
de hombres entrenados pudiera manejar ese tipo de armamento o por lo menos solo
ellos tuvieran oportunidad de conseguirlo, a la par de todo eso, repetimos, “…
quizá lo más importante de todo, eran las calles anchas y los largos
alojamientos regulares de los suburbios industriales de la mayoría de las
grandes ciudades europeas, que ya podían ser dominados y despejados en unos
momentos, como nunca antes, por los cañones” (Gallie, 2014;156). Es verdad que
es necesario cierto desarrollo para implementar estas reformas en el plano de
la arquitectura de la sociedad, pero en cierto sentido los mismos recursos, el
mismo nivel de desarrollo, organizado de manera diferente, puede
cambiar las cosas de manera sustancial como para modificar la forma en la que
se combate en una guerra civil, por ejemplo. Para hacer las calles más anchas y
reorganizar la distribución de la ciudad para hacer más operativa y eficaz la
lucha contra las barricadas no se necesitó de un cambio en el modo de
producción, y sí implicó el fin[1] de
la lucha armada, por lo menos en esas ciudades, como método efectivo para dar
la lucha revolucionaria.
Marx: de
las Tesis sobre Feuerbach y el Manifiesto
En el
desarrollo del problema de la guerra, la violencia y el poder, se ve reflejada
la preocupación de Marx de la dialéctica entre lo objetivo y los subjetivo,
entre la materia y la idea. Ya en las famosas tesis sobre Feuerbach declara que
“El defecto fundamental de todo materialismo anterior —incluido el de
Feuerbach— es que sólo concibe el objeto, la realidad, la sensoriedad, bajo la
forma de objeto [Objekt] o de contemplación,
pero no como actividad sensorial humano, como práctica,
no de un modo subjetivo.” (Engels, 1970;9). Esto es lo que nos permite entender
cómo es que, por un lado, Marx defiende una postura materialista y, por el
otro, intenta rescatar la parte de actividad del ser humano que permite a su
vez la transformación de la materia y los fenómenos en general.
El papel
que juega la lucha, la confrontación, la guerra en cierto sentido, para el
desarrollo histórico es muy importante. La subjetividad del ser humano se
revela aquí como la creadora, la constructora de la historia. Esto se puede
apreciar ya en un texto también debatido y difundido asombrosamente a lo largo
y ancho del orbe: el Manifiesto del partido comunista.
Son
muchas las frases del texto que se han hecho célebres, que no es de los más
largos de Marx, ni de Engels mismo, pero la que abre la parte de “Burgueses y
proletarios” hace reflexionar sobre el tópico que tratamos en este trabajo: “La
historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha
de clases.” (Marx, Engels, 1977;20). El desarrollo económico y técnico es la
base de la lucha de clases, depende de este la forma en la que se presenta
dicha lucha, pero con la concepción de la lucha de clases Marx y Engels dejan
ver la importancia de la batalla en las ideas y la política para el desarrollo
de la historia.
El modo
de producción feudal, anterior al capitalismo, se desarrolló de tal manera que
engendró las bases para la aparición de la sociedad capitalista, ya que el
movimiento interno de dicha sociedad alcanzó cierto punto en donde las
relaciones feudales de producción necesitaban ser cambiadas por otras y es ahí
en donde se hace necesario el cambio de modo de producción. Marx en el
desarrollo de su exposición explica:
Hemos
visto, pues, que los medios de producción y de cambio, sobre cuya base se ha
formado la burguesía, fueron creados en la sociedad feudal. Al alcanzar un
cierto grado de desarrollo, estos medios de producción y de cambio, las
condiciones en las que la sociedad feudal producía y cambiaba, la organización
feudal de la agricultura y de la industria manufacturera, en una palabra, las
relaciones feudales de propiedad cesaron de corresponder a las fuerzas
productivas ya desarrolladas. Frenaban la producción en lugar de impulsarla. Se
transformaron en otras tantas trabas. Era preciso romper esas trabas, y las
rompieron.” (Marx, Engels, 1977;25).
En la
cita anterior queda claro lo que hemos tratado de exponer. En primer lugar, hay
cierto desarrollo de la economía por las contradicciones internas del
desarrollo de los medios de producción, esto no es más que decir que hay una
constante evolución de la forma en que la humanidad se procura los bienes para
poder sobrevivir. Pero llega un momento en que es necesario un cambio, pues el
modo de producción anterior ha llegado a su límite. Ahora bien, cuando es
necesario “romper las trabas”, como dice el Manifiesto, ¿quién las
rompe? No es un movimiento que llegue por inteligencia exterior a los sujetos
actuantes de la sociedad, es necesaria la participación de la mente humana que
actúa y hace posible el cambio. La libertad de acción juega aquí también un
papel importante.
Conclusiones
La
problemática de la guerra en el marxismo, ejemplificada en la teoría de la
violencia y el poder escrita en el Anti-Dühring, nos presenta una
oportunidad para reflexionar sobre uno de los problemas clásicos del marxismo,
a saber, el de la estructura y la superestructura social y hasta dónde hay que
respetar la ortodoxia marxista sin convertir su pensamiento en papel muerto.
Podemos
entender mejor la dialéctica interna de la determinación económica y las
manifestaciones de la superestructura analizando un problema que, por parte de
los padres del marxismo, se profundizó hasta dar herramientas para estudiar la
relativa independencia de los fenómenos superestructurales. Dicha independencia
es importante, pues de otra manera la acción revolucionaria queda inhabilitada,
debemos defender siempre la capacidad de inventiva de la sociedad para resolver
problemas que no se van a solucionar por determinación de las causas
económicas. Y a la vez, debemos comprender cómo es que es posible salirse de la
determinación económica para plantear una sociedad distinta de esta; esto no es
posible sin traspasar las fronteras de lo ya conocido y apoyarnos de esta
libertad intelectual para plantear modernas soluciones y, en esa medida, hacer
nuestra propia historia.
Estudiar
el movimiento independiente e interno de la guerra, así como de las demás
partes de la llamada superestructura debe ser una parte del estudio de la
totalidad del fenómeno, tomando en cuenta que el modo en que todos estos
confluyen, conforman su totalidad concreta. Es decir, una vez que estudiemos,
llenando de concreción el fenómeno superestructural, en este caso la guerra, no
debe dejarse de lado las condiciones materiales que le dan origen, evaluando el
correcto peso de estas condiciones, para obtener conclusiones cada vez más
concretas de la realidad que queremos estudiar y conocer.
Alan Luna
es filósofo por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios
Económicos y Sociales.
[1] Esto
tampoco es absoluto, Engels dice que es “casi imposible” pensar en la lucha por
medio de barricadas con el moderno desarrollo técnico de las armas, aunque será
una cuestión que se deberá analizar dependiendo de las condiciones concretas de
cada nación.
Bibliografía
Engels,
Friedrich (1981). Anti-Dügring, Grijalbo, México.
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(1974). Temas Militares, Cartago, Argentina.
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W.B. (2008). Filósofos de la paz y de la guerra, FCE, México.
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Karl y Engels, Friedrich (1970). Tesis sobre Feuerbach y otros escritos
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Karl (2015). El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Alianza,
España.

