Libro N° 10849. El Gato De Schrödinger. Patiño, Juan Pablo.
© Libro N° 10849.
El Gato De Schrödinger. Patiño,
Juan Pablo. Emancipación. Enero 28 de 2023
Título original: ©
El Gato De Schrödinger. Juan Pablo
Patiño
Versión Original: © El
Gato De Schrödinger. Juan Pablo Patiño
Circulación
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https://axxon.com.ar/rev/2010/03/el-gato-de-schrodinger-juan-pablo-patino/
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Portada
E.O. de Imagen original:
Ilustración
para el cuento "El gato de Schrödinger", de Juan Pablo Patiño
©
2010, Guillermo Vidal: https://axxon.com.ar/rev/206/cuento3ilus1.jpg
© Edición, reedición
y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS
SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
Juan Pablo Patiño
El Gato
De Schrödinger
Juan
Pablo Patiño
El Gato De Schrödinger
Juan Pablo Patiño
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Debía
saltar la cerca armada. Todas las luces estaban apagadas y no observaba
movimiento alguno. Se le presentó la oportunidad poco frecuente de entrar
cubierto por la noche y estar a sus anchas, de hurgar y esculcar sin molestia
alguna, y por qué no, de hacer algo fuera de lo común con cualquier cosa que
encontrara dentro. Empezó a subir por el roble. A través de una de sus ramas
franquearía la pretendida trampa llena de amenazantes y puntiagudas lanzas. En
la inagotable negritud sólo lo guiaba el deleite del deseado botín.
Al trepar
notó la languidez del árbol. La corteza se desprendía con una facilidad
sorprendente, dificultando su labor. Era impelido a apurarse. La opaca calle
era transitada y no quería toparse con algún ser extraño que le hiciera
fracasar en su hazaña. Nadie debía verlo. Subiendo poco a poco, aferrándose al
tronco, llegó a la altura necesaria para ser conducido al otro lado. Al
comenzar a cruzar sobre la rama se acentuó la agónica debilidad de la
estructura del árbol. Estrangulado quizás por el tiempo, parecía
desquebrajarse. Dio unos pequeños pasos de acróbata sólo para comprobar lo
endeble del puente. No soportaría su peso mucho tiempo y se derrumbaría al
abismo. Por ello decidió, de un dos por tres, con un par de largas zancadas,
atravesar brincando sobre el confuso montículo el cual lo esperaba más allá de
aquella insignificante división. Al dar el primer paso y al quedar a medio
metro del centro sustentador de ese brazo escuchó y sintió su tenebrosa
fractura. Sólo alcanzó a dar un salto desesperado hacia las sombras. A pesar de
su ligereza el esfuerzo fue insuficiente. La azarosa falta de equilibrio
provocada por la prisa de salvar su pellejo no le permitió salir ileso. No
obstante su agilidad, una vara traicionera y mordaz le desgarró una extremidad.
Tendido en el pasto se revisó. Un rasguño doloroso le dilaceraba. No hizo ruido
alguno ni interpeló a su suerte. Era una experiencia infortunada y nada más. La
herida no era ni importante, ni profunda, ni definitiva. Pudo pararse sin mucha
dificultad. Ello significaba poco, sólo un pequeño inconveniente en su tarea.
Un par de días y se recuperaría. La posible recompensa lo instigó a seguir.
Seguro sería buena. La vastedad de la casa lo prometía.
Una vez
levantado se percató del daño sufrido por la rama a pesar de que ésta no estaba
del todo rota. Ello representaría, unido a la herida, un serio problema al
momento de huir subiendo el soporte de los juegos del patio hacia ella. Su ruta
de escape pendía peligrosamente encima del ejército de lanzas. Las opciones
eran o arriesgarse y confiar en su instinto, destreza y suerte para sortear la
serie de armas de la cerca o intentar una escurridiza huida, quién sabe cómo,
por alguna puerta. Cada opción implicaba un cierto riesgo. Ya tomaría una
decisión más tarde. Ahora la concentración debía ser orientada a su oscura
labor. Enfocó su atención en la magnífica oportunidad frente a sí. En esos
lóbregos instantes la mansión estaría en plácida y gozosa soledad.
Empezó a
cruzar por las tinieblas hacia el jardín trasero el cual se descubría a cada
paso. Caminó paralelo a la ambigua geometría de la casa de un solo piso. Las
formas se fundían con la hondura del ambiente. Siguió descendiendo hacia las
sombras. Al avanzar sintió una punzada en la herida alargándose. No era
suficiente el dolor para disminuir su esmero, sin embargo. Cojeaba, pero ya se
recuperaría. Se acercó a la nebulosa ventana de la habitación principal no sin
haber notado, a pesar de la atezada distancia, el críptico estudio junto a ésta
y sus innumerables máscaras. Todas ellas parecían vigilarlo. Una inagotable
repetición de imágenes lo observaba. Una infinitud de reflejos daba la
impresión de examinarlo. No se inmutó y comenzó a intuir cuál sería la mejor
forma de entrar. De súbito escuchó el estruendo de alguna puerta cerrándose.
Saltó detrás de un arbusto desde donde podría, oculto, ver qué sucedía. Dio
cuenta de un haz de luz proveniente de la ventana principal rompiendo la
aleatoria oscuridad. El escondite de su ser estaba a escasos metros de la
ventana, aunque era lo suficiente denso y fusco. Era el lugar perfecto para
espiar. Su parda apariencia estaba cubierta del todo. Se quedó en dilatada
quietud aunque se sintió trastornado por la repentina invasión a su andar.
Tendría que aguardar. La tranquila noche había sido perturbada.
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Vio cómo
una mujer joven entraba apresurada a la habitación. Se sentó en el tocador con
el rostro angustiado. Un cierto jadeo la poseía. Se miró en el espejo y después
de uno o dos minutos comenzó a desmaquillarse y a quitarse las joyas. De pronto
en el fondo se apreció un sujeto que se había quedado sin cruzar la puerta. Con
la cara desaliñadase paseaba como si estuviera a punto de dar un paso al vacío.
Con gestos ofuscados en intervalos movía los labios y agitaba las manos. De
manera intempestiva interrumpía por unos segundos su espectáculo para
acariciarse la nuca. Daba la impresión de no decidirse a dónde entrar.
Alternaba su visión entre el aposento y la estancia contigua en la cual la
multiplicidad de máscaras aguardaba. Inició un felino andar de un lado a otro.
Desde la ventana sólo se podía ver cómo aparecía al borde del cuarto para de
inmediato regresar al del estudio. Se asomaba al umbral de una pieza y en el
siguiente instante al de la otra, y así alternativamente. De repente observó
hacia donde estaba la mujer y entró. Ella continuó apreciándose a sí misma
mientras el hombre tomaba un bate. Con suavidad pero de manera firme lo alzó,
caminando en dirección hacia ella. Con lentitud se fue acercando, rompiendo la
distancia, acechándola.
Al ver el
delirante drama entre la pareja quiso correr y perderse en la penumbra. Sin
embargo algo se lo impidió. Deseó escapar, no obstante una fuerza física
interna lo contuvo. Cerró los ojos para tomar una resolución. Se sintió huir y
escabullirse de lo inevitable, decidió quedarse empero. La lúgubre
representaciónlo habría de seducir sin duda. Al abrir los ojos siguió atento.
Pasaron eternos instantes. Cada paso del sujetoera de terrible premonición. De
pronto se detuvo. Después de unos segundos —quizás minutos— en los que la
escena quedó en suspenso, contempló el vertiginoso golpe, presagio de la
aniquilación. Aquel ruido le atravesó y le desgarró las entrañas. Su dolor fue
tan real que lo desquició. Debido a la nitidez del grito escuchado tuvo la impresión
de percibir el chillar surgido de sí mismo. Enseguida continuó apreciando el
resultado estridente del espectáculo. La mujer yacía en el taburete con su
reflejo aún fiel. El hombre con la mirada clavada en el suelo permaneció
inmóvil.
Descansó
en el sombrío pasto ahíto de la función recién admirada. Nada le atravesaba el
cerebro ya. Nunca olvidaría lo visto. Ahora debía irse. No podía estar más ahí.
Al pararse y volver la cabeza hacia la casa sus músculos se paralizaron y cada
pelo de su cuerpo se erizó ante esa nueva imagen. Se percató a través de la
ventana del cuarto principal y la del estudio una indescriptible realidad
simultánea, duplicada. No lo pudo creer. Siguió viendo al asesino y a la vez
observaba al mismo individuo en la habitación contigua. Una suerte de
desdoblamiento había acaecido en el momento de tomar la decisión en la
divergencia creada por las dos puertas que daban a las piezas. El segundo
sujeto se encontraba tendido en el sillón rodeado de un sin fin de reflejos. Las
manos le cubrían la cara mientras era acogido por las máscaras. Regresó de
nuevo la vista al cuarto y la escena primera continuaba. Se sintió desfallecer
ante la desbordante verdad. La incertidumbre lo abordó. La efigie impávida se
abandonó al inextricable caos. De repente notó cómo entraba al estudio por la
puerta de ese nuevo universo la amada recién muerta. Paso a paso caminó hasta
el hombre y se inclinó ante él para murmurarle algo. La negación de la cabeza
fue la única respuesta. Repartió su visión entre las dos realidades sólo para
darse cuenta del inicio de la catástrofe. El asesino comenzó a huir mientras el
otro con vehemencia empujó a la mujer para correr también. El encuentro fuera
de las puertas era irremediable. Él, en su nocturno escondite, intuyó que la
convergencia de los dos mundos separados hacía unos instantes conduciría a una
peor e incierta desgracia. No pudo más ser testigo de aquella incoherencia
total. Un doloroso terror le recorrió el cuerpo y decidió entonces fugarse como
ellos. Cruzó apresurado el turbio jardín en dirección la calle. Se detuvo al
ver la rama rota del todo. El vértigo lo invadió. Inclinó la cabeza con la
mirada clavada en el suelo y permaneció inmóvil frente a la infausta silueta
del ser que en su huida, minutos antes, había sido atravesado por las
inexorables lanzas de la cerca.
Juan
Pablo Patiño Káram nació en la ciudad de México el 22 de septiembre de 1973.
Realizó estudios en Ingeniería, una Maestría en Letras Iberoamericanas en la
Universidad Iberoamericana de la ciudad de Puebla, México y un Doctorado sobre
Estudios de Lenguas y Literaturas en el Ámbito Románico en la Universidad de
Barcelona. Ha publicado artículos de crítica y cuentos en distintas revistas,
como en la publicación on line ESPÉCULO de la Universidad Complutense de
Madrid, en la revista CRÍTICA y otras. También ha participado en distintos
talleres de creación, por ejemplo el de escritor Ricardo Bernal y el del poeta
Alejandro Palma. Hemos publicado en Axxón: MANUSCRITO OLVIDADO EN UNA MESA
DE UN CAFÉ (181)
Este
cuento se vincula temáticamente con ¿QUÉ ES
EL «SECRETARIADO CUÁNTICO»?, de Saurio, LA BALA, de
Georges Bormand, EN ALAS DE MARIPOSA, de
Ricardo Castrilli, Espejos
que se multiplican, Zapping por Eduardo J. Carletti
Axxón 206
– marzo de 2010
Cuento de autor latinoamericano (Cuento : Fantástico : Ciencia Ficción : Física
cuántica : Probabilidad : Experimentos : México : Mexicano).

