Libro N° 10840. Desigualdad Sí, Pero No Excesiva: Medidas De Control Para Evitar La Inestabilidad Política En Las Dinastías Qin Y Han. Lázaro, Ehécatl.
© Libro N° 10840.
Desigualdad Sí, Pero No Excesiva: Medidas De
Control Para Evitar La Inestabilidad Política En Las Dinastías Qin Y Han. Lázaro,
Ehécatl. Emancipación. Enero 28 de 2023
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Desigualdad Sí, Pero No Excesiva:
Medidas De Control Para Evitar La Inestabilidad Política En Las Dinastías Qin Y
Han. Ehécatl Lázaro
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Sí, Pero No Excesiva: Medidas De Control Para Evitar La Inestabilidad Política
En Las Dinastías Qin Y Han. Ehécatl Lázaro
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DESIGUALDAD SÍ, PERO NO EXCESIVA: MEDIDAS DE
CONTROL PARA EVITAR LA INESTABILIDAD POLÍTICA EN LAS DINASTÍAS QIN Y HAN
Ehécatl Lázaro
Desigualdad
Sí, Pero No Excesiva: Medidas De Control Para Evitar La Inestabilidad Política
En Las Dinastías Qin Y Han
Ehécatl
Lázaro
Desigualdad
Sí, Pero No Excesiva: Medidas De Control Para Evitar La Inestabilidad Política
En Las Dinastías Qin Y Han
Ehécatl
Lázaro
El
periodo que comprende a las dinastías Qin y Han es considerado como una de las
etapas más importantes en la historia de China. A pesar de su corta duración,
la dinastía Qin (221-206 a.n.e.) logró desarrollar un sistema político que se
convirtió en la base del Estado chino que prevaleció hasta comienzos del siglo
XX: el sistema imperial. Por su parte, la dinastía Han (206 a.n.e.-220)
perfeccionó el sistema imperial, amplió sus fronteras territoriales y gobernó
durante cuatro siglos; su impronta en la historia china fue tan grande que el
grupo étnico actualmente mayoritario lleva ese nombre.
¿Cómo
lograron Qin y Han consolidar una unidad política y territorial después de 500
años de fragmentación e inestabilidad en Zhou oriental? Los factores que
intervinieron son de diversa índole, pero este ensayo se restringe a un solo
aspecto central: la desigualdad económica. En concreto, se hace una revisión de
las medidas de control que implementó el gobierno central para evitar que la
desigualdad económica amenazara la estabilidad política del imperio. La
revisión comienza con la estratificación social de las dos dinastías,
posteriormente se aborda la concepción de la desigualdad económica en el
confucianismo y el legalismo, y por último se describen las medidas que tomaron
Qin y Han para evitar el crecimiento excesivo de la desigualdad económica.
La
estratificación social en Qin y Han
La
estratificación social que se implantó a partir del gobierno del primer
emperador, Qín Shǐ Huáng, tiene sus raíces en las reformas políticas y
económicas que se impulsaron en el Estado de Qin en el periodo de los Reinos
Combatientes. Tales reformas fueron ideadas y aplicadas por Shāng Yāng, uno de
los fundadores del legalismo, y le permitieron a Qin desarrollar una
estratificación social diferente a la que existía en Zhou oriental.
Las
reformas de Shāng Yāng son las siguientes. En el terreno político, la
superficie de Qin se distribuyó en 31 áreas y a cada una de se le asignó un
magistrado que respondía directamente al gobierno central. La reforma agraria
modificó la tenencia de la tierra, aboliendo el sistema de pozo que venía de
Zhou oriental y permitiendo la compra y venta de tierras. Se erigió el
principio de que la ley debía ser conocida por todos y que todos por igual
debían cumplirla. Se promovió la reducción de las familias y la responsabilidad
grupal de los individuos como mecanismos de control de la población. Se
estableció una jerarquía de rangos honorarios a la cual se podía acceder según
los méritos individuales y cuyas recompensas podían ser exenciones de
impuestos, de trabajos, tierras, entre otros beneficios. Y se esbozó una
política económica que favorecía a la agricultura y la guerra como actividades
primarias, mientras calificaba al comercio y a la manufactura como actividades
secundarias.
A través
de estas reformas, la dinastía Qin logró restarle poder a las familias
aristocráticas provenientes de Zhou oriental, quienes estaban acostumbradas a
tener sus propios cotos de poder según el sistema fēngjiàn. La aristocracia
tradicional no solo perdió control político sobre sus “feudos” sino también vio
socavado su poder económico al decretarse la compra y venta de tierras,
principal bien en el que descansaba su riqueza. En contraste, el poder central
de Qin se incrementó, se afianzó su control sobre la población, y la mano dura
de su gobierno logró la estabilidad política suficiente para derrotar a los
otros seis reinos.
Como
emperador, Qín Shǐ Huáng unificó todo el territorio en una misma unidad
política, la dividió en 36 unidades administrativas cuyos jefes eran designados
centralmente y respondían al poder imperial con sede en Xiányáng, a donde
fueron desplazadas las viejas aristocracias de los otros reinos para que no
obstruyeran el nuevo sistema político. Asimismo, se modificó la propiedad de la
tierra, se aplicó la ley que se había desarrollado en Qin, se movilizaron
grandes grupos para las obras imperiales como la Gran Muralla, se uniformaron
las unidades de medida, y se aplicó el escalafón de rangos meritorios. Todas
estas modificaciones impactaron en la estratificación social del imperio
(Fairbank 1986).
A finales
de Zhou oriental podían diferenciarse dos grandes grupos sociales: los
gobernantes y los gobernados. Dentro de los gobernantes se encontraba todo el
escalafón de la aristocracia tradicional: reyes, duques, marqueses, condes,
vizcondes y barones; dentro de los gobernados se encontraba la naciente clase
de los letrados, los caballeros, campesinos, artesanos y comerciantes (Wu
2002). Desde la época de Zhou oriental, el grupo que se encontraba más abajo en
la escala de riqueza e ingresos eran los campesinos. El crecimiento económico
que se vivió en Primaveras y Otoños y los Reinos Combatientes incrementó la
desigualdad entre los estratos: los mercaderes y terratenientes se
enriquecieron más mientras muchos campesinos perdieron sus tierras y se endeudaron
hasta el punto de caer en la esclavitud (Gernet 2005).
Lo que
cambió con la dinastía Qin fue que se le restó poder a la aristocracia
tradicional y la clase de los letrados cobró mayor importancia, pero la
situación de la clase campesina no mejoró. A las duras condiciones de vida se
le añadieron las leyes draconianas impuestas por el nuevo imperio. Únicamente
con un sistema de castigos tan riguroso pudo la dinastía Qin mantener una
frágil estabilidad política que solo duró 15 años (Folch 2002). Finalmente, fue
entre los estratos campesinos donde inició la rebelión que puso en crisis al
primer imperio.
En la
dinastía Han, la estratificación social partió de lo que había dejado la
dinastía Qin, pero se complejizó aún más. La posición de cada familia estaba
dada por su ocupación, su educación, su riqueza y su poder político. A partir
de este criterio, se identifican seis clases sociales bien definidas: el
emperador y su familia, luego los nobles, oficiales, eunucos, comunes y hasta
el fondo los esclavos.
En la
clase de los nobles se encontraban tres subgrupos: los familiares imperiales a
quienes el emperador Gāozǔ les había entregado tierras en un estatus similar al
antiguo fēngjiàn, las familias de las emperatrices y los oficiales meritorios.
Los oficiales o letrados estaban un peldaño debajo de los nobles en la escala
socioeconómica, pero tenían un estatus elevado respecto a las clases bajas:
posiciones como el consejero imperial eran de gran peso y prestigio, además de
que recibían altos salarios y tenían privilegios. Debajo de los oficiales
estaban los eunucos, quienes desempeñaban sus funciones en los círculos más
íntimos de la corte imperial; a finales de la dinastía Han, y en dinastías
posteriores, los eunucos lograron un estatus alto que los colocó en la cúspide
de la lucha por el poder.
El
escalafón de la clase de los comunes se estructuraba de la siguiente manera:
hasta arriba los letrados que no habían alcanzado el estatus de oficiales,
luego los campesinos, después los artesanos y por último los comerciantes. En
la categoría de campesinos no se incluyen solamente a quienes trabajaban la
tierra, sino principalmente a los dueños de esta. La mayoría de los campesinos
eran propietarios de pequeñas porciones de tierra y algunos no tenían ninguna,
sino que eran trabajadores que trabajaban por un salario. En contraste, los
grandes terratenientes normalmente eran oficiales, nobles o comerciantes, pero
sus tierras eran trabajadas por la clase de los campesinos pobres. El elevado
estatus legal de los campesinos estaba en contraste con su verdadera situación
socioeconómica.
Los
artesanos teóricamente estaban por arriba de los comerciantes, pero debajo de
los campesinos; sin embargo, en los hechos la riqueza de los comerciantes
normalmente superaba aquella que podían acumular los artesanos. En el caso de
los comerciantes, es necesario precisar que esta categoría no englobaba solo a
los que trasladaban productos de un lugar a otro y a quienes los vendían, sino
también a quienes se ocupaban en las minas, en la producción de sal, criaban
ganado vacuno y porcino, pescaban, prestaban dinero, entre otras actividades.
Los miembros de esta clase social superaban económicamente a los demás
integrantes del estrato de los comunes, y algunos tenían tanta riqueza o más
que los oficiales. Hasta el fondo de la escala social estaban los esclavos (Qu
1972).
Si bien
la desigualdad económica llegó a ser muy grande entre los estratos más altos y
bajos de las sociedades de Qin y Han, sí existía cierta movilidad social que
permitía ascender o descender en la escala: la necesidad de un sistema
burocrático robusto abría la posibilidad de que miembros de los estratos
inferiores aspiraran a cargos intermedios o altos que les permitieran vivir con
mayor holgura.
La
desigualdad económica en el legalismo y el confucianismo
Legalismo
Durante
la dinastía Qin el legalismo fue elevado a la categoría de doctrina oficial.
Afianzado en Qin desde la época de los Reinos Combatientes, el legalismo se
generalizó a los otros seis reinos cuando Qín Shǐ Huáng unificó el primer
imperio. Como individuo, el primer emperador no era un gran estadista ni un
teórico del legalismo, pero tampoco eran necesarias esas cualidades para el
funcionamiento del imperio: el legalismo se fundaba en el supuesto de que la
ley y los ministros, más que la cabeza del sistema político, eran los
responsables de que la sociedad marchara correctamente. Mientras el emperador
se guiaba personalmente por el daoísmo religioso (buscando la vida eterna,
etc.) el primer ministro Lǐ Sī (280-208 a.n.e.) se esforzaba por llevar a cabo las
máximas del pensamiento legalista para fortalecer al Estado (Bodde 1938). ¿Qué
lugar ocupa la desigualdad económica en las ideas de los representantes más
destacados del legalismo?
Al igual
que las demás corrientes del pensamiento chino que surgieron en la Edad Axial,
el legalismo se planteó como preocupación central la búsqueda del Dào, es
decir, “la búsqueda del camino para ordenar el Estado y conducir la vida
propia” (Graham 2012, 15). Entre los fundadores del legalismo se identifica al
gran reformador de Qin, Shāng Yāng (390-338 a.n.e.), sin embargo, grandes
partes del libro que se le atribuye no fueron escritas por él sino por autores
posteriores. Si bien fue un pionero en la práctica y la reflexión del
legalismo, las ideas de Shāng Yāng no pueden estudiarse por las limitaciones
del material existente.
El
principal exponente del legalismo es Hán Fēi (280-233 a.n.e.), cuyo pensamiento
se encuentra en el Hán Fēizǐ. El legalismo plantea que debe establecerse una
ley que dicte claramente el comportamiento de los individuos, estipulando
recompensas y castigos según se cumplan o violen dichas normas. A diferencia de
otras corrientes, para el legalismo la aplicación de la ley incluye por igual a
ricos y pobres, a nobles y comunes, pues si la ley no funciona correctamente no
puede haber orden en la sociedad: no son las virtudes de las personas las que
conducen al fortalecimiento de un Estado, sino sus leyes e instituciones. Puede
decirse que el legalismo no desarrolla una concepción moral, sino que se enfoca
en los mecanismos que pueden llevar a un gobierno a su correcto funcionamiento
usando la ley como instrumento primordial.
Para los
legalistas, las desigualdades sociales y económicas son necesarias si se busca
construir un Estado poderoso: “En el gobierno, si se introducen reglas que el
pueblo odia, éste se debilita; si son reglas que le placen, se fortalece.
Cuando el pueblo es débil, el Estado es fuerte, cuando el pueblo es fuerte, el
Estado es débil” (Graham 2012, 524). Los intereses del Estado y del
pueblo son inversamente proporcionales: tanto peor sea la situación del pueblo,
tanto mejor será la situación del gobierno, y viceversa. Atenuar las
desigualdades no representa algo positivo, sino negativo, para el correcto
funcionamiento del Estado.
Confucianismo
La
dinastía Han se caracteriza por haber recuperado el confucianismo después de
que en la dinastía Qin los letrados confucianos habían recibido los peores
tratos y las ideas de Confucio se habían considerado contrarias al buen
gobierno. El nuevo impulso que tuvo
el confucianismo durante los cuatro siglos que dura Han se vio reflejado en el
enriquecimiento de esta tradición de pensamiento por figuras como Dǒng Zhòngshū
(179-104 a.n.e.). Por otro lado, la educación y los mecanismos para acceder a
la burocracia fueron moldeados por los principios confucianos, haciendo del
confucianismo la filosofía oficial de la dinastía Han. ¿Cómo se abordó el
fenómeno de la desigualdad económica desde el confucianismo y su relación con
la estabilidad política?
En
contraste con el legalismo, el confucianismo sí considera que el correcto
funcionamiento del sistema político se basa en la legitimación del gobernante,
la cual se relaciona directamente con las condiciones de vida del pueblo y con
la desigualdad entre los estratos sociales. Para Confucio, la relación entre el
gobernante y los gobernados era similar a la relación que existe entre un padre
y su hijo: jerárquica, pero también educadora y procuradora de un nivel
aceptable de vida. Confucio ponía entre los deberes de los soberanos velar por
el bienestar material y por la seguridad de su pueblo (Flora Botton 2021).
Mèngzǐ
(372-289 a.n.e.), otro gran pensador de la tradición confuciana, profundiza en
los planteamientos de Confucio. Para él, es obligación del gobernante
garantizar el bienestar material y la felicidad del pueblo, debe cuidar que
nadie muera por falta de alimento y debe establecer un sistema de tributos que
no lastime la situación de las clases desfavorecidas. Estas medidas, además de
que son justas en el entendido de que el soberano trata a su pueblo con la
misma humanidad que un padre trata a su hijo, son necesarias para evitar la
insubordinación y la violencia. Mèngzǐ advierte que la legitimidad del
gobernante recae en su aceptación por el pueblo: si el soberano pierde la
confianza del pueblo, entonces puede llegar a ser destituido (Flora Botton
2021).
Xúnzǐ
(310-235 a.n.e.), maestro de los legalistas Hán Fēi y Lǐ Sī, insiste en que los
líderes de la organización social deben tomar en cuenta las necesidades del
pueblo y garantizar en lo posible su satisfacción. La relación entre
desigualdad económica e inestabilidad política fue expresada metafóricamente
por Xúnzǐ cuando dijo que el gobernante es como un barco y el pueblo como el
agua, que así como lo sostiene puede hacerlo naufragar (Flora Botton 2021).
Ya en la
dinastía Han, Dǒng Zhòngshū es quien mejor expresa las preocupaciones del
confucianismo por la desigualdad social. Él observa con claridad la situación
precaria del pueblo y culpa a los malos funcionarios de no comunicarle al
emperador este problema. Para él, los niveles de desigualdad que se han
alcanzado en la sociedad de Han pueden hacer estallar la estabilidad política
de la que gozaban en ese momento: “El soberano tiene grandes palacios, pero los
impuestos y tributos no tienen límite y despojan al pueblo de su riqueza; los
trabajos forzados y las labores obligatorias roban al pueblo su tiempo; el
sinfín de quehaceres deja al pueblo sin fuerzas y es así como infelices y
desdichados se rebelan” (Flora Botton 2021, 96). Aconseja también evitar demostraciones
excesivas de riqueza: “si el soberano es pródigo y derrochador, si rebasa todos
los límites y abandona el decoro, entonces el pueblo se rebela, y cuando el
pueblo se rebela el soberano está perdido” (Flora Botton 2021, 96).
Como se
ve, en el pensamiento confuciano sí había una preocupación por la desigualdad
entre clases sociales. Pero esto no quiere decir que hubiera una posición
contra la estratificación social, ya que el confucianismo planteaba que era
absolutamente necesaria una jerarquía para conservar el orden social y que una
sociedad igualitaria sería ingobernable porque cada quién haría lo que su
voluntad le indicara. El confucianismo defiende una sociedad estratificada,
pero también pone atención en que las desigualdades no se vuelvan tan grandes y
puedan amenazar la estabilidad política. Hay aquí un fundamento ético y
político de la preocupación por las condiciones de vida de las clases bajas.
Las
medidas contra la desigualdad excesiva
Las
medidas en Qin
En
general, la dinastía Qin no implementó políticas para mitigar la desigualdad
entre los diferentes estratos de la sociedad. Tanto el legalismo como las
medidas para acabar con el sistema fēngjiàn estaban orientados a fortalecer el
Estado, dejando fuera la vinculación entre las desigualdades económicas y la
estabilidad del sistema político. Probablemente, la constatación de que esta
forma de gobierno había conducido al fortalecimiento del Estado Qin en el
periodo de los Reinos Combatientes, y después a la conquista de los otros seis
Estados, llevó a pensar a los ministros y teóricos del primer imperio que esa
forma de gobierno podía continuar a una escala ampliada.
En el
gobierno de Qín Shǐ Huáng los dos extremos de la desigualdad económica se
encontraban dentro del grupo de los comunes. Los comerciantes, si bien no eran
favorecidos por la concepción legalista de las actividades primarias y
secundarias, en los hechos tenían una gran capacidad económica. Algunos casos
que quedaron registrados dan fe del poder económico que alcanzaron: un artesano
del hierro tenía una vida tan cómoda como la de un gobernante, otro artesano
del hierro podía asociarse con un señor feudal para sus negocios, un ganadero
incluso visitaba a Qín Shǐ Huáng y era recibido como señor feudal, lo mismo que
una viuda dueña de una mina de cinabrio, quien también era recibida en la corte
del primer emperador y tratada con honores de gran señora. El caso más
ilustrativo es el de Lǚ Bùwéi, quien pasó de ser un próspero empresario a un
marqués ennoblecido y llegó a ser consejero imperial. El primer emperador
incluso lo llamaba “tío” (Qu 1972).
La buena
relación entre el poder imperial y los ricos comerciantes expresa un
entendimiento mutuo: más que dictar medidas para limitar el enriquecimiento de
este grupo social, parece que el gobierno central veía con buenos ojos a estos
ricos que no provenían de la aristocracia. Por el contrario, los campesinos
pobres tenían ingresos muy escasos por su trabajo, debían pagar altos impuestos
y además estaban obligados a participar en los trabajos forzados de las obras
imperiales. La desatención del descontento permitió que creciera la revuelta de
Chén Shèng, misma que inició la crisis final de Qin (Bodde 1938, 174).
Las
medidas en Han
En
contraste con la breve dinastía Qin, la dinastía Han se extendió por cuatro
siglos, lapso en el que cambiaron las medidas que aplicó el gobierno imperial
respecto a la desigualdad económica entre los estratos sociales.
En sus
inicios, el gobierno tomó medidas de control contra los comerciantes e
industriales para evitar perjuicios económicos, políticos y sociales que se
podían derivar de la creciente desigualdad. Fue con el emperador Wu (156-87
a.n.e.) cuando las medidas contra el grupo de los comerciantes se consolidaron:
se les elevaron los impuestos, en 117 a.n.e. se estableció el monopolio estatal
sobre la sal y el hierro, dos productos con grandes márgenes de ganancia, y en
98 a.n.e. también se estableció el monopolio del Estado sobre el alcohol. Las
medidas se implementaron fundamentalmente con dos objetivos: el primero fue
ampliar los ingresos del Estado, puesto que el expansionismo territorial de Han
demandaba mayores recursos para el cuidado de las fronteras y para el
mantenimiento de los ejércitos; el segundo fue reducir el poder de los grandes
comerciantes, industriales y artesanos, quienes habían acumulado riquezas tan
grandes como para entorpecer las decisiones que tomaba el gobierno central.
Además de los impuestos y el establecimiento de monopolios, a los comerciantes
se les prohibió usar trajes de seda, montar caballos y llevar armas (Gernet
2005).
Otro
aspecto importante en la primera parte de la dinastía Han es la propiedad de la
tierra. El proceso de concentración de tierras que ya había iniciado con la
dinastía Qin continuó bajo la nueva dinastía y los grandes terratenientes se
volvieron un foco de tensión social respecto a los campesinos pobres. En vista
de la potencialmente explosiva situación del campo, el gobierno central dictó
en el siglo I a.n.e. decretos que limitaban las extensiones de las propiedades
privadas (Gernet 2005). Como parte de esta política, el emperador Wu llegó a
confiscar tierras y a ejecutar a grandes terratenientes (Botton 2019). A pesar
de todas estas medidas, la desigualdad económica entre los estratos superiores
y los inferiores no acortó.
El
gobierno de Wáng Mǎng, del año 9 al 23 de nuestra era, tomó medidas más
radicales para disminuir la desigualdad económica entre ricos y pobres.
Estatalizó toda la propiedad de la tierra, así como todos los esclavos, se
hicieron reformas monetarias y se emitieron nuevas piezas de moneda, con todo
lo cual trataba de aumentar el poder del Estado y disminuir el poder de los
grandes comerciantes, terratenientes e industriales. Las dificultades que
surgen con estas reformas, así como las catástrofes naturales de la época, como
el desbordamiento del río Amarillo, crearon las condiciones para que bandas de
campesinos pobres se sublevaran y pusieran punto final a la breve dinastía Xin
(Gernet 2005).
La
rebelión de los Cejas Rojas fue derrotada y la dinastía Han continuó bajo el
gobierno del emperador Guāngwǔ en el año 25. En la segunda parte de la dinastía
las medidas dictadas contra los grandes comerciantes, terratenientes e
industriales se eliminaron, reforzando el poder de los estratos sociales
superiores. De hecho, el propio Guāngwǔ provenía de una clase de grandes
terratenientes que se había rebelado varias veces contra el gobierno de Wáng
Mǎng sin lograr su cometido. Al mismo tiempo que se eliminaron las medidas
contra comerciantes, terratenientes e industriales, se eliminaron también los
monopolios estatales que se habían establecido en la primera parte de la
dinastía sobre el hierro, la sal y el alcohol. En este periodo floreció el
comercio con Asia central, lo cual se reflejó en un mayor enriquecimiento de
los estratos superiores.
A finales
de la dinastía Han, en el siglo II, los estratos superiores se disputan el
poder imperial mientras los estratos bajos comienzan a levantarse en armas. Por
un lado, eunucos y terratenientes se enfrascan en luchas que le restan
estabilidad política al imperio. Por el otro, los campesinos empobrecidos de la
región de Sichuan se rebelan guiados por concepciones mesiánicas cercanas al
daoísmo (doctrina de las cinco medidas de arroz) y en la región de Shandong
surge la sublevación de los Turbantes Amarillos, también inspirada en ideas
daoístas. Las rebeliones campesinas dieron la pauta para la fragmentación
definitiva de la dinastía Han, que llegó a su final el año 220.
Conclusiones
Las
tendencias a aumentar la desigualdad económica entre los estratos sociales de
las dinastías Qin y Han fueron una fuente de tensiones políticas que amenazaron
permanentemente la estabilidad del imperio. Los esfuerzos del gobierno imperial
por impedir que las desigualdades económicas se tradujeran en desestabilización
política fueron diferentes en Qin y Han. La primera dinastía aplicó los
preceptos legalistas para fortalecer al Estado imperial y confió la estabilidad
al cumplimiento riguroso de la ley. En lo referente a las medidas para limitar
la desigualdad, la dinastía Qin prácticamente no intervino más que en el
debilitamiento de la aristocracia tradicional, pero permitió que la riqueza y
el poder de los comerciantes, industriales y artesanos aumentaran mientras en
el otro extremo los estratos inferiores se veían explotados por los
terratenientes, los impuestos y los trabajos forzados. Finalmente, las
tensiones políticas estallaron en los levantamientos campesinos que acabaron
con la dinastía.
Las
medidas de la dinastía Han contra la excesiva desigualdad económica se pueden
dividir en tres momentos: Han occidental, Wáng Mǎng y Han oriental. Los
primeros Han implementaron fuertes medidas contra comerciantes, industriales,
artesanos y terratenientes en aras de obtener más ingresos para las arcas del
Estado y para disminuir la desigualdad entre los estratos sociales superiores e
inferiores. Partiendo de los principios confucianos, los gobernantes asumían
que el bienestar y la felicidad del pueblo eran el fundamento de su
legitimidad, y que un pueblo descontento podía significar la caída del soberano
en turno.
Con Wáng
Mǎng las medidas se radicalizaron y toda la propiedad de la tierra pasó a manos
del Estado. Asimismo, las reformas monetarias y económicas buscaban disminuir
la capacidad económica de los estratos sociales más altos. Es Wáng Mǎng quien
expresa de manera más abierta su preocupación por las condiciones de vida de
los campesinos pobres. Sin embargo, las medidas fracasan y la estabilidad
política se ve quebrantada por los levantamientos tanto de los campesinos
pobres como de los estratos superiores. Se considera que las reformas
económicas de Wang Mang eran una aplicación más cercana al confucianismo que
las reformas de los primeros Han.
Por
último, los segundos Han eliminaron las restricciones al comercio y eliminaron
también los monopolios estatales impuestos por los primeros Han, permitiendo
que los comerciantes, artesanos, industriales y terratenientes se enriquecieran
aceleradamente. Otro factor que contribuyó a ello fue la ruta comercial de Asia
central, la cual comenzó a tener gran dinamismo en el siglo I de nuestra era.
Al desatender la creciente desigualdad económica, las condiciones de los
estratos inferiores se deterioraron y buscaron opciones de vida en las
sociedades milenaristas que surgieron a finales del siglo II. Las rebeliones de
los Turbantes Amarillos y la doctrina de las cinco porciones de arroz, más las
disputas entre terratenientes y eunucos en la corte, acabaron con la poca
estabilidad política que todavía quedaba en Han.
Cabe
resaltar que el legalismo y el confucianismo, así como la dinastía Qin y la
dinastía Han, defendían la existencia de una estratificación social bien
definida como condición indispensable para mantener un orden. Donde sí hubo
diferencias entre el legalismo y el confucianismo fue en la conveniencia de
mantener las desigualdades económicas acotadas a ciertos límites como mecanismo
para prevenir la inestabilidad política: el legalismo y la dinastía Qin no lo
consideraron necesario y no tomaron medidas al respecto; el confucianismo, los
primeros Han y Wáng Mǎng sí se preocuparon por ello y tomaron medidas, mientras
los segundos Han ya no lo hicieron. Ante la ausencia de medidas para limitar la
desigualdad (Qin) o la insuficiencia de ellas (Han), los estratos más bajos de
la jerarquía social se sublevaron. Para decirlo con Xúnzǐ, el barco-soberano se
hundió en un mar-popular que ya no lo apoyaba.
Ehécatl
Lázaro es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM e investigador
del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
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