Libro N° 10838. América Latina En El Pensamiento De Mao Zedong. Lázaro, Ehécatl.
© Libro N° 10838.
América Latina En El Pensamiento De Mao Zedong. Lázaro,
Ehécatl. Emancipación. Enero 28 de 2023
Título original: ©
América Latina En El Pensamiento De Mao
Zedong. Ehécatl Lázaro
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Latina En El Pensamiento De Mao Zedong. Ehécatl Lázaro
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SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
AMÉRICA LATINA EN EL PENSAMIENTO DE
MAO ZEDONG
Ehécatl Lázaro
América
Latina En El Pensamiento De Mao Zedong
Ehécatl
Lázaro
AMÉRICA
LATINA EN EL PENSAMIENTO DE MAO ZEDONG
EHÉCATL
LÁZARO
América
Latina no fue una región con un peso importante en la política exterior de la
República Popular de China entre 1949 y 1976. Fundada en un contexto de Guerra
Fría, y envuelta en conflictos bélicos desde su segundo año de existencia
(Corea), la República Popular de China desplegó una política exterior que
privilegió su relación con la Unión Soviética y los países del bloque
socialista, y posteriormente su relación con el Sudeste de Asia y con África.
La distancia geográfica, la inexistencia de países socialistas (hasta antes de
la Revolución Cubana) y la ausencia de relaciones comerciales, permitieron que
América Latina no fuera prioridad en la política exterior que desplegó la
República Popular de China en sus primeros años.
Sin
embargo, de la baja intensidad que tuvieron las relaciones entre China y
América Latina no se desprende que América Latina no ocupara un lugar en el
pensamiento de Mao Zedong, el líder más destacado del Partido Comunista de
China y la figura con más poder en el gobierno chino desde 1949 hasta su
fallecimiento en 1976. En diversas conversaciones que sostuvo Mao con
personajes latinoamericanos que visitaron China, es posible observar el interés
que mostraba el líder chino por la situación de América Latina y el análisis
que hacía de la región a partir de su concepción geopolítica fundada en el
marxismo-leninismo.
En este
ensayo se revisa someramente la concepción de Mao sobre América Latina desde
dos perspectivas: una general y otra casuística. En la perspectiva general se
incluye la visión bipolar del mundo, las zonas intermedias y la teoría de los
tres mundos. En la perspectiva casuística se revisan las ideas de Mao sobre
países determinados de América Latina. Para esta segunda perspectiva se
revisaron las conversaciones entre Mao y algunas visitas latinoamericanas,
cuyas transcripciones se encuentran en el Woodrow Wilson Internacional Center.
Una revisión minuciosa de todas las conversaciones de Mao con personajes
latinoamericanos seguramente arrojaría resultados más significativos, pero un
proyecto de esa magnitud rebasa los límites de este ensayo.
La
perspectiva general
1. Los
dos campos: imperialismo y socialismo
En el
discurso que pronunció el 30 de junio de 1949, en conmemoración del 28
aniversario del Partido Comunista de China, Mao Zedong delineó un principio
general que definiría la política exterior de China durante las décadas de 1950
y 1960[1]. En ese
discurso, en el que Mao anunció públicamente que la nueva China se inclinaría
hacia el lado de la Unión Soviética, Mao también expresó la concepción de que
el mundo estaba dividido en dos campos de países: los imperialistas y sus
lacayos, con Estados Unidos a la cabeza, y los países socialistas, con la Unión
Soviética como principal fuerza. En esta lucha no existían terceras vías,
opciones intermedias o posiciones neutras: todos los países pertenecían a un
campo u otro.
De
acuerdo con el marxismo-leninismo que defendía Mao, el imperialismo era la fase
más avanzada del capitalismo y al mismo tiempo la antesala del socialismo[2]. Después
de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se había convertido en la
principal potencia capitalista y era el país con mayor peso en las relaciones
de dominación y explotación de los países colonizados. Pero Estados Unidos no
era el único, pues también los países europeos como Inglaterra, Francia,
Holanda, Alemania, Japón, entre otros, formaban parte de ese bloque.
En el
otro extremo estaban la Unión Soviética y las Democracias Populares de Europa
del este. Pertenecer al bloque socialista tenía implicaciones que iban más allá
de las relaciones de amistad y alianza con la Unión Soviética y Europa del
este. Implicaba también desplegar una política exterior que se basara en el
internacionalismo proletario, según el cual la clase obrera de todo el mundo
debía apoyarse mutuamente en la lucha contra el imperialismo para avanzar en la
construcción de una sociedad global socialista.
En este
esquema teórico sostenido por Mao a finales de la década de 1940 y principios
de 1950, América Latina ocupaba, junto a Asia y África, el lugar de los países
víctimas del imperialismo. En esas tres regiones la mayoría de los países
estaba gobernada por burguesías locales cuya actividad les servía a las
burguesías de los países imperialistas para mantener la dominación. La lucha
contra el imperialismo era la lucha por el triunfo de las fuerzas comunistas
sobre los gobiernos lacayos del imperialismo de América Latina, Asia y África.
2. Los
dos campos y las zonas intermedias
A finales
de la década de 1950 Mao modificó su concepción de la geopolítica
internacional, añadiendo nuevos términos que matizaban su anterior idea de los
dos campos. En 1958, en una conversación que sostuvo con un par de periodistas
brasileños, el líder chino señaló que su anterior concepción de los dos campos
no era aplicable a todos los países, pues algunos no pertenecían ni al campo
imperialista ni al socialista, sino que eran países nacionalistas; tal era el
caso de India, Indonesia y la República Árabe Unida[3]. En esta
conversación se prefiguraba el término de zonas intermedias que más tarde Mao
explicitó. Algunos analistas rastrean el mismo término en un año tan anterior
como 1946, en una conversación que tuvo Mao con la corresponsal estadounidense
Anna Louise Strong[4].
Cuando
Mao empleó este término de manera más desarrollada fue en septiembre de 1963,
en una conferencia del Comité Central del Partido Comunista de China[5]. En su
discurso, Mao expresó que había dos zonas intermedias: una era América Latina,
Asia y África, y la otra Europa, Japón y Canadá. Los países atrasados
económicamente de América Latina, África y Asia, y los países económicamente
avanzados e imperialistas de Europa, Japón y Canadá, compartían la
característica de que se oponían al imperialismo estadounidense, aunque en el
caso de los países imperialistas esta oposición se debía a la defensa de sus
propios intereses nacionales imperialistas.
La
Conferencia de Bandung de 1955 se realizó bajo este cambio de perspectiva
impulsado por Mao. Asimismo, en la segunda mitad de la década de 1950, y luego
con mayor fuerza en la década de 1960, la disputa sino-soviética tuvo una
impronta importante en la reconceptualización del nacionalismo dentro del
esquema de los dos campos. Así como había países en zonas intermedias respecto
al imperialismo estadounidense, también los países de Europa del este se
encontraban en una zona intermedia respecto al social-imperialismo soviético.
3. Los
tres mundos
En la
década de 1970 Mao nuevamente modificó su perspectiva general sobre la
geopolítica mundial. En conversación sostenida en 1974 con Kenneth Kaunda,
presidente de Zambia, Mao le expuso a este su concepción de los tres mundos[6]. En el
primer mundo se encontraban Estados Unidos y la Unión Soviética, caracterizados
como poseedores de bombas atómicas y como los países más ricos; en el segundo
mundo, países de nivel económico medio, como los europeos, Japón, Australia y
Canadá, quienes no poseían bombas atómicas y eran menos ricos que los países
del primer mundo; y en el tercer mundo se encontraban todos los países de
América Latina, África y Asia, con excepción de Japón. Después de la muerte de
Mao, en la segunda mitad de la década de 1970, esta concepción de los tres
mundos fue tomada por Deng Xiaoping.
Estas
perspectivas generales que tuvo Mao sobre América Latina influyeron
decisivamente en la política exterior que desplegó China con los países de la
región[7]. La
política de pueblo a pueblo que se sostuvo entre 1949 y 1969, respondía
fundamentalmente al internacionalismo proletario del marxismo-leninismo, por un
lado, y por el otro a la imposibilidad de mantener relaciones diplomáticas con
un conjunto de países que no reconocían a Beijing sino a Taipéi como verdadero
representante de toda China. A partir de 1970, después del acercamiento entre
la administración Nixon y Mao, los países latinoamericanos comenzaron a
reconocer a Beijing como representante de toda China (solo Cuba lo había hecho
antes, en 1960) y se inició una nueva etapa consistente en cuidar el estatus
diplomático. La no ruptura de relaciones con Chile después del golpe de Estado
de 1973 se enmarca en este escenario de búsqueda de reconocimiento diplomático
y disputas con la Unión Soviética.
Los casos
nacionales
Entre
1949 y 1970 Zhou Enlai estableció una política en la cual China y América
Latina debía “desarrollar intercambios de pueblo a pueblo, esforzarse por
establecer relaciones amistosas y desarrollar relaciones económicas y
culturales, para gradualmente avanzar hacía el establecimiento de relaciones
diplomáticas”[8]. En ese
contexto, alrededor de 1,200 personas de 19 países latinoamericanos visitaron
China entre 1950 y 1959, mientras que China envió 16 delegaciones culturales,
artísticas, económicas y comerciales a América Latina.
El perfil
de los visitantes latinoamericanos fue muy variado. De México, por ejemplo,
fueron comunistas como Vicente Lombardo Toledano (1949), artistas como David
Alfaro Siqueiros (1956), filósofos como Eli de Gortari (1954), escritores como
Fernando Benítez (1952) y expresidentes como Lázaro Cárdenas (1959) y Emilio
Portes Gil (1960)[9].
Paralelamente a las visitas de las personalidades culturales, científicas y
políticas, hubo todo un movimiento de comunistas mexicanos interesados en la
experiencia china, algunos de los cuales recibieron capacitación sobre el
pensamiento y la acción del maoísmo, como Florencio Medrano, fundador del
Partido Proletario Unido de América[10].
Como
México, todos los países latinoamericanos enviaron a China personalidades
destacadas para alimentar la relación pueblo a pueblo, y comunistas que
buscaban aprender de la experiencia china para hacer la revolución en sus
países y avanzar en la construcción del socialismo. Sin embargo, en las
conversaciones de Mao Zedong conservadas en el Woodrow Wilson International
Center, ninguna de las entrevistas tiene como interlocutor a un representante
mexicano. En ese sentido, los países que destacan son Cuba y Brasil, pero
también hay registros con representantes de Guatemala, Chile, Perú y Ecuador. A
través de estas conversaciones es posible aproximarse a las ideas que tenía Mao
sobre América Latina en las décadas de 1950 y 1960.
1. Cuba
Cuba fue
el primer país de América Latina en reconocer diplomáticamente a Beijing (1960)
y también fue el país con el que más intercambios hubo. Las conversaciones de
Mao registradas se distribuyen de la siguiente forma: tres en 1960, tres
en1961, dos en 1963 y una en 1966. Los interlocutores de Mao son: Blas Roca
Calderio (Partido Comunista de Cuba), Ernesto Guevara, Osvaldo Dorticos
(presidente de Cuba) y delegaciones culturales, sindicales y de mujeres.
Entre
todos sus interlocutores cubanos, con quien Mao tiene una relación de mayor
confianza es con Blas Roca Calderio (1960), comunista cubano con el cual había
trabado conversación en 1956[11]. A Mao
le interesa vivamente conocer el proceso de la Revolución Cubana y saber qué
posición asumirá en el escenario geopolítico mundial. Le queda claro el
carácter imperialista de la revolución y siente simpatía por Fidel Castro, pero
le inquieta que ni él ni Ernesto Guevara sean comunistas declarados. Inquiere
sobre la visita de Fidel a Estados Unidos en 1959, sondea la relación que hay
entre el Partido Comunista y el Movimiento 26 de Julio y se pregunta hasta qué
punto controlan realmente los comunistas el proceso revolucionario.
A partir
de la conversación con Roca se infiere que Mao se siente esperanzado por el
triunfo de la Revolución Cubana, pero tiene pocas certezas sobre el curso que
puedan tomar sus líderes. Por otro lado, considera que el caso de Cuba puede
ejercer gran atracción entre los pueblos latinoamericanos, al mismo tiempo que
le preocupa una posible invasión armada de Estados Unidos, en alianza con sus
países aliados de la región. Pregunta por el movimiento revolucionario en
República Dominicana y muestra un vivo interés por la situación revolucionaria
en los demás países de América Latina.
A lo que
más atención le presta Mao, a petición de Roca, es al programa que llevará a
cabo la revolución cubana. Moa le aconseja a Roca que en Cuba, como en todos
los países de América Latina, Asia y África, los revolucionarios deben aplicar
el marxismo-leninismo a sus propias circunstancias nacionales. Lo que haga
Cuba, sostiene Mao, es fundamental para la lucha contra el imperialismo
estadounidense, pues al ser el primer país socialista de América Latina, y al
ser un pequeño país a poca distancia de Estados Unidos, la isla se volverá un
referente no solo para la región sino para todo el mundo.
Ese mismo
año, pero siete meses después, Mao conversó con Ernesto Guevara[12]. Le
pregunta si el modelo de la revolución cubana puede funcionar en los otros
países de América Latina y cuestiona a Guevara concretamente sobre la situación
revolucionario en Perú, Colombia, Guatemala, Nicaragua y República Dominicana.
Un aspecto destacable de la conversación entre Mao y Guevara es que el líder
chino le insinúa un reclamo al cubano al señalarle que el año anterior Guevara
había visitado todos los países grandes de Asia con excepción de China. En el
contexto de la disputa sino-soviética, que en 1960 todavía no se desarrollaba
totalmente pero ya estaba en camino, a Mao parece preocuparle que Cuba se
incline por la Unión Soviética y no por China. Quizá también por eso, o solo
como gesto de cortesía, Mao halaga a Guevara comentando un artículo suyo
publicado en la revista cubana Verde Olivo.
Además de
esas delegaciones culturales, en 1961 Mao habló con el presidente de Cuba,
Osvaldo Dorticos[13].
En dicha conversación Mao compartió impresiones con el presidente cubano sobre
las dificultades de reconstruir la economía después de la revolución y sobre
las relaciones diplomáticas de Cuba, pero no se explayó en otros temas. Destaca
la simpatía que expresa Mao por el gobierno del brasileño Joao Goulart, quien
había visitado China en 1960 y había formado buenas relaciones con el líder
chino.
En sus
conversaciones con las delegaciones culturales cubanas de 1961, Mao no entabla
conversaciones directamente con otro interlocutor, sino con grupos de jóvenes
interesados en hacer la revolución en América Latina[14]. Le
interesa que los pueblos de América Latina no sigan el modelo cubano a priori,
sino que cada pueblo decida por sí mismo si lo adopta o no. Este comentario
pudiera estar relacionado con el contexto de la disputa sino-soviética, aunque
parece más probable que simplemente fuera un “consejo revolucionario” de no
aplicar mecánicamente experiencias de otros países a los movimientos
revolucionarios propios.
En 1966
Mao ya habla abiertamente contra los revisionistas soviéticos[15]. Con el
apoyo de la Revolución Cubana, opina, es posible que la revolución se extienda
por toda América Latina y que Estados Unidos vea incendiado su patio trasero.
Ante este escenario, y en clara alusión a los partidos comunistas
pro-soviéticos, Mao advierte que algunos partidos que se hacen llamar
revolucionarios en realidad no lo son, pero es posible que la revolución
latinoamericana triunfe, pues sí hay genuinos movimientos revolucionarios en
Venezuela, Perú, Colombia, Uruguay, Chile, Argentina, Ecuador, México,
Guatemala, Nicaragua, Haití y República Dominicana.
2. Brasil
En 1958
Mao se reunió con los periodistas brasileños Mariudim y Dotere[16].
La conversación es interesante porque Mao defiende su idea de las zonas
intermedias y señala que los países nacionalistas no necesariamente pertenecen
al campo imperialista o al socialista, pero con el hecho de oponerse al
imperialismo para lograr sus intereses nacionalistas ya estaban aportando a la
lucha contra el campo imperialista sin necesidad de declararse partidarios del
socialismo.
Mao
observa con especial interés el proceso revolucionario en Brasil. Quizá no por
su desarrollo real sino por lo que representa el país en América Latina. En su
conversación de 1959 con Plínio de Arruda Sampaio, Mao afirma que, por su
tamaño territorial, por su población y por sus recursos, Brasil puede jugar un
rol muy importante en la región. Un país con las dimensiones de Brasil bien
puede ayudar a Cuba o Venezuela, piensa. En esta misma línea de razonamiento,
Mao plantea la posibilidad de integrar a todos los países latinoamericanos en
un gran país, pues algunos países son tan pequeños que los imperialistas pueden
“comérselos de un mordisco”. Mao cae inesperadamente en la idea de Bolívar y
Martí de formar una gran entidad política con todos los países de América
Latina para hacerle frente al imperialismo estadounidense.
3.
Guatemala
El
gobierno de Jacobo Árbenz fue derrocado en 1954 por un golpe de Estado
promovido por Estados Unidos. Dos años después, Árbenz estaba en Beijing
conversando con Mao Zedong[17]. La
conversación registrada es larga. En ella, Mao se solidariza con Árbenz, lo
anima a continuar la lucha antiimperialista y le advierte que el pueblo de
Guatemala y América Latina debe buscar su propia forma de luchar contra el
imperialismo. La experiencia china no puede ser copiada, dice Mao, sino solo
usada como referencia. Con Árbenz, que era nacionalista pero no comunista, Mao
no habla en términos de marxismo-leninismo ni de revolución socialista, sino
solo de luchar conjuntamente contra el imperialismo de Estados Unidos.
4. Perú
Esta
conversación registra una entrevista que en 1964 mantuvieron Mao y un grupo de
estudiantes jóvenes provenientes de varios países de África y América Latina,
entre los cuales destaca un delegado peruano[18]. La
relevancia de esta transcripción radica en el análisis que hace Mao sobre el
papel que puede desempeñar la burguesía nacional en la lucha contra el
imperialismo. El comentario de Mao sobre la situación de Perú y las
posibilidades de una revolución se detona después de que el estudiante peruano
le preguntara qué esperanzas tenía para Perú. Según Mao, el futuro de Perú,
como el de todos los países latinoamericanos, era derrocar al imperialismo.
Pero en esa lucha, advierte Mao, es necesario contar con la burguesía
nacionalista, la cual no comparte los intereses del imperialismo y puede
colaborar en la lucha. También es necesario que el movimiento revolucionario no
se pliegue a la línea de los revisionistas soviéticos, dice, quienes buscan
impedir la revolución para mantener el statu quo imperialista.
5. Chile
y Ecuador
Mao
conversó con una delegación de periodistas chilenos en 1964, aunque la plática
versó más sobre otros temas que sobre Chile[19]. Se
muestra en la plática la preocupación de Mao por la situación de Brasil luego
del golpe de Estado que derrocara a Goulart. Con la delegación cultural
ecuatoriana, la conversación de 1961 no es sobre temas relacionados con el
imperialismo sino sobre el uso que se puede hacer de la herencia cultural de
los países para contribuir a la revolución socialista[20].
Conclusiones
La visión
de Mao Zedong sobre América Latina en las décadas de 1950 y 1960, estuvo
determinada por un conjunto de factores como la geografía, las relaciones de
China con los países de la región, la disputa sino-soviética y el rol de
América Latina en el sistema teórico del marxismo leninismo. Para Mao, América
Latina (junto a Asia y África) era una pieza clave en la lucha contra el
imperialismo, pero al mismo tiempo era una región muy lejana de China y con la
cual casi no existían relaciones comerciales o diplomáticas. A pesar de que no
ocupaban su interés tanto como Asia y África, en las décadas de 1950 y 1960 Mao
mantuvo un vivo interés por lo que ocurría en los países de América Latina, tal
como lo muestran las conversaciones registradas en el Woodrow Wilson
International Center.
Mao
concibió a América Latina de distinta manera conforme evolucionaba su forma de
entender el sistema internacional. Al principio, bajo la idea de los dos campos
(el imperialista y el socialista), América Latina formaba parte del campo
imperialista, por lo que las clases obreras latinoamericanas debían luchar
contra sus gobiernos lacayos para establecer una sociedad socialista. Después,
en el contexto de la disputa sino-soviética, Mao planteó que los países de
América Latina no necesariamente pertenecían al imperialismo o al socialismo,
sino que podían tener posiciones nacionalistas, lo que él llamó zonas
intermedias. Por último, la teoría de los tres mundos colocaba a América Latina
al lado de China como parte del tercer mundo, mientras equiparaba a Estados
Unidos con la Unión Soviética al colocar a ambas potencias como parte del
primer mundo. Así, a pesar de la evolución de su pensamiento, América Latina
siempre jugó un papel fundamental en la lucha contra el imperialismo, ya fuera
el estadounidense, primero, o el soviético, después.
En
términos nacionales, Mao conocía poco la situación de los países de América
Latina. En sus conversaciones con representantes cubanos, brasileños,
guatemaltecos, peruanos, chilenos y ecuatorianos, Mao trata de conocer la
composición social y demográfica, el clima, la situación económica y el ánimo
de la clase obrera de cada país. Es un hombre en busca de información. Su
interés, en línea con su pensamiento marxista-leninista, es siempre contribuir
a la transformación revolucionaria de los países latinoamericanos, para lo cual
interroga a sus interlocutores y les ofrece sus concejos. Así, por ejemplo,
insiste en que la experiencia china o la experiencia cubana no deben ser
tomadas como modelos a seguir por los otros países latinoamericanos, sino que
cada país debe aplicar el marxismo-leninismo a sus propias condiciones locales.
Aconseja también formar alianzas con la burguesía nacionalista para luchar
contra el imperialismo, o unir a toda América Latina en un mismo país para que
el imperialismo no pueda aprovecharse de los países chicos de la región.
Por
último, a partir de las conversaciones revisadas se observa que Mao Zedong les
atribuye a Cuba y Brasil los principales roles en la lucha contra el
imperialismo en América Latina. En el caso de Cuba, al ser el primer país
latinoamericano que hizo una revolución socialista, Mao cree que puede
funcionar como un imán que atraiga a los pueblos de la región para luchar
contra el imperialismo. En el caso de Brasil, el tamaño del país lo convierte
en una plataforma privilegiada para apoyar a otros países. Por lo menos hasta
antes del golpe de Estado de 1964, las probabilidades de que Brasil se
convirtiera en una avanzada contra el imperialismo estadounidense, con el
gobierno de Goulart, a Mao le parecían muy altas.
Para
tener una imagen más completa del lugar que ocupó América Latina en el
pensamiento de Mao Zedong sería necesario hacer una revisión detallada de las
conversaciones que sostuvo el líder chino con los visitantes latinoamericanos
que se entrevistaron con él. Pekín Informa y otras
publicaciones de la época pueden servir como base para un análisis más
ambicioso sobre este mismo tema.
Ehécatl
Lázaro cursa una maestría en Estudios de China en El Colegio de México y es
investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
[1] Mao
Zedong (1949), “On the people’s democratic dictatorship: in commemoration of
the twenty-eight anniversary of the communist party of China”, Woodrow Wilson
International Center, p. 4.
[2] Véase
Lenin (1916), Imperialismo, fase superior del capitalismo.
[3] Mao
Zedong (1958), “Fight for national independence and do away with blind worship
of the West”, Woodrow Wilson International Center, p. 1.
[4] Mao
Zedong (1946), “Talk with the American correspondent Anna Louise Strong”,
Woodrow Wilson International Center, p. 1.
[5] Mao
Zedong (1963), “There are two intermediate zones”, Woodrow Wilson International
Center.
[6] Mao
Zedong (1974), “On the question of the differentiation of the three worlds”,
Woodrow Wilson International Center.
[7] Zheng
Bingwen (2012), “The present situation and prospects of China-Latin American
relations: review of the history since 1949”, en He Shuangrong, China-Latin
American relations: review and analysis, p. 1.
[8] Ibid,
p. 2.
[9] Luis
Abraham Barandica (2013), De viajeros, ideas y propaganda.
Latinoamérica y la China Popular, Palabra de Clío.
[10] Paul
Lawrence (2016), “De revolucionarios a colaboradores”, en Istor,
Maoísmos en la historia, p. 10.
[11] Mao
Zedong (1960), “Excerpts of the Memorandum of the conversation between Mao
Zedong and Blas Roca Calderio”, Woodrow Wilson International Center.
[12] Mao
Zedong (1960), “Memorandum of conversation between Mao Zedong and Ernesto Che
Guevara”, Woodrow Wilson International Center.
[13] Mao
Zedong (1961), “Memorandum of conversation between Mao Zedong and Cuban
president Osvaldo Dorticos”, Woodrow Wilson International Center.
[14] Mao
Zedong (1963), “Talk on June at a meeting with Cuban delegations of culture,
trade unions, youth, etc.”, Woodrow Wilson International Center.
[15] Mao
Zedong (1966), “Remarks at a Meeting with Friends from Japan, Cuba, Brazil and
Argentina”, Woodrow Wilson International Center.
[16] Mao
Zedong (1958), “Fight for national independence and do away with blind worship
of the West”, Woodrow Wilson International Center.
[17] Mao
Zedong (1956), “Conversation from audience with former president Árbenz of
Guatemala and his wife”, Woodrow Wilson International Center.
[18] Mao
Zedong (1964), “Remarks at a meeting with delegations of young students from
Africa and Latin America”, Woodrow Wilson International Center.
[19] Mao
Zedong (1964), “Talk to a delegation of Chilean journalists”, Woodrow Wilson
International Center.
[20] Mao
Zedong (1961), “Chairman Mao’s conversation with Cuban women’s delegation and
Ecuadorian cultural delegation”, Woodrow Wilson International Center.
Obras
consultadas
Fuentes
primarias
Mao
Zedong (1946), “Talk with the American correspondent Anna Louise Strong”,
Woodrow Wilson International Center.
Mao
Zedong (1949), “On the people’s democratic dictatorship: in commemoration of
the twenty-eight anniversary of the communist party of China”, Woodrow Wilson
International Center.
Mao
Zedong (1956), “Conversation from audience with former president Árbenz of
Guatemala and his wife”, Woodrow Wilson International Center.
Mao
Zedong (1958), “Fight for national independence and do away with blind worship
of the West”, Woodrow Wilson International Center.
Mao
Zedong (1960), “Excerpts of the Memorandum of the conversation between Mao
Zedong and Blas Roca Calderio”, Woodrow Wilson International Center.
Mao
Zedong (1960), “Memorandum of conversation between Mao Zedong and Ernesto Che
Guevara”, Woodrow Wilson International Center.
Mao
Zedong (1961), “Chairman Mao’s conversation with Cuban women’s delegation and
Ecuadorian cultural delegation”, Woodrow Wilson International Center.
Mao
Zedong (1961), “Memorandum of conversation between Mao Zedong and Cuban
president Osvaldo Dorticos”, Woodrow Wilson International Center
Mao
Zedong (1963), “Talk on June at a meeting with Cuban delegations of culture,
trade unions, youth, etc.”, Woodrow Wilson International Center.
Mao
Zedong (1963), “There are two intermediate zones”, Woodrow Wilson International
Center.
Mao
Zedong (1964), “Remarks at a meeting with delegations of young students from
Africa and Latin America”, Woodrow Wilson International Center.
Mao
Zedong (1964), “Talk to a delegation of Chilean journalists”, Woodrow Wilson
International Center.
Mao
Zedong (1966), “Remarks at a Meeting with Friends from Japan, Cuba, Brazil and
Argentina”, Woodrow Wilson International Center.
Mao
Zedong (1974), “On the question of the differentiation of the three worlds”,
Woodrow Wilson International Center.
Fuentes
secundarias
Luis
Abraham Barandica (2013), De viajeros, ideas y propaganda.
Latinoamérica y la China Popular, Palabra de Clío.
Paul
Lawrence (2016), “De revolucionarios a colaboradores”, en Istor,
Maoísmos en la historia.
Zheng
Bingwen (2012), “The present situation and prospects of China-Latin American
relations: review of the history since 1949”, en He Shuangrong, China-Latin
American relations: review and analysis.

