Libro N° 10837. Élites O Clases Sociales En La Revolución Mexicana. Martínez, Diego.
© Libro N° 10837.
Élites O Clases Sociales En La Revolución Mexicana. Martínez,
Diego. Emancipación. Enero 28 de 2023
Título original: ©
Élites O Clases Sociales En La
Revolución Mexicana. Diego Martínez
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O Clases Sociales En La Revolución Mexicana. Diego Martínez
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ÉLITES O CLASES SOCIALES EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA
Diego Martínez
Élites O
Clases Sociales En La Revolución Mexicana
Diego
Martínez
ÉLITES O
CLASES SOCIALES EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA
DIEGO
MARTÍNEZ
Saber
quién gobierna, quienes tienen el acceso a esa esfera reducida del poder y en
qué condiciones lo hacen, tienen que ser objeto de análisis porque en términos
generales se pudiera pensar que “cualquiera puede ser presidente”, que solo
hace falta un poco de esfuerzo, como la ideología dominante pretende hacer
pensar a la sociedad. La Revolución Mexicana dejó claro que el poder está
distribuido inequitativamente y quienes lo poseen pueden identificarse como una
élite. En este artículo se usará la teoría marxista de la lucha de clases para
hacer el análisis.
Peter H.
Smith (1981), en su libro Los laberintos del poder, hace un
estudio extenso y riguroso sobre las élites políticas en México. Es un buen
punto de partida para desmitificar las ideas que se desprenden de la ideología
dominante: cualquiera puede ser presidente. Cabe mencionar que este libro se
basa en las la teoría de las élites que surgió como una forma alterna de tratar
el problema del poder, en contra de la propuesta de la lucha de clases
propuesta por la tradición marxista. Por eso, para el caso mexicano, el trabajo
de Smith, es solo punto de partida.
Según la
teoría de las elites, debido a que “la distribución del poder político es
inequitativa en todas las sociedades, porque quienes lo poseen en mayor
proporción pueden ser propiamente considerados como una élite”[1],
se puede determinar, que hay una independencia entre los que poseen el poder y
los que no. De esta forma, plantearon que el estudio de la élite puede formar
un campo aparte de investigación, estudiar esa parte de la sociedad que
gobierna separada de la gobernada.
Las
conclusiones a las que llegaron son que, los cambios dentro de las élites
políticas se debían a su autonomía misma. La clase gobernante formaba un grupo
con conciencia de sí misma y organizaba sus acciones con base en esa conciencia
(Mosca). Esta idea supone que los cambios cíclicos dentro de
las élites obedecen a impulsos de carácter psicológico “en el que los excesos
de una contrarrestaban los excesos de la otra”[2]. Esta
postura implicaría tener el conocimiento psicológico de cada individuo que
compone la élite dominante, cosa que resulta imposible. Por tanto, el
planteamiento del problema resulta pertinente, pero al mismo tiempo las formas
en las se concluye no dan una explicación satisfactoria. Esto se debe a la
dicotomía de la que parten; es decir, considerar a gobernantes y gobernados
como polos autónomos que realizan sus cambios dentro de sí mismas sin tener
relación alguna con el resto de la sociedad.
Otras
formas de abordar los problemas son la vertiente política y la económica. En la
primera, los cambios en la política tienen consecuencias en la conformación de
las élites. Los cambios dentro de las leyes brindan la oportunidad a los que no
forman parte de la élite política en un momento determinado, como consecuencia
de esos cambios, formar parte de una élite que desplace a la actual[3]. Los
movimientos sociales también son formas eminentemente políticas que impactan en
la conformación de la élite política, por ejemplo, la Revolución mexicana. La
segunda, la económica, atribuida al marxismo, plantea que con los cambios en la
economía hay inmediatamente cambios en la estructura social y en consecuencia
en la estructura política de las élites.
Decimos
que es atribuida al marxismo, pero en el planteamiento de esta tradición no hay
esa unilateralidad. El mismo Marx cuando menciona por qué es Inglaterra su
objeto de estudio en lo referente al modo de producción capitalista y no otros
países como por ejemplo Alemania, explica que los alemanes claramente tenían ya
formas de producir capitalistas, las relaciones de libre mercado, las
relaciones entre hombres libres y dueños de los medios de producción, donde la
avidez de ganancia son la forma generalizada, pero se encontraban luchando aun
con la vieja forma política feudal. Marx acepta que los cambios puramente
políticos van con retraso respecto a los cambios económicos, pero tampoco niega
otra parte, cuando se refiere a la Revolución francesa, y a Francia como el
país por excelencia de las revoluciones políticas (Engels), como un lugar de
mucho desarrollo político pero que donde no eran plenas las relaciones
capitalistas, como Inglaterra. Por otra parte, no es menos importante el
análisis que hacen Marx y Engels en La Ideología alemana en el
terreno filosófico, cuando aseguran que en Alemania se ha llevado una de las
más grandes revoluciones de toda Europa, pero a nivel del pensamiento. Esto en
un país con formas dominantes de producción feudales.
Tocamos
el tema de Marx porque va a ser la línea teórica sobre la cual desarrollaremos
la tesis que se planteará en este trabajo.
Entonces,
tenemos la teoría de las élites como Peter Smith lo resume:
“la
teoría clásica de las élites encierra una multitud de debilidades. En sus
propios términos le imprime las élites, una cohesión fruto de una
autoconciencia cuya existencia está aún por determinar. Ya sea por benevolencia
o por malicia, la teoría clásica les atribuye cualidades supuestamente
superiores, […] La visión limitada que ofrece le otorga a las élites una
autonomía que parece ignorar el papel que desempeña el común de la gente”[4]
Lo
importante y lo que hay que conservar para desarrollar es la idea de que “el
poder está distribuido inequitativamente y quienes lo poseen pueden ser
identificados como miembros de una élite”. Este planteamiento fue retomado por
Smith para el caso de México a través de un análisis de datos empíricos
ubicados históricamente.
Los datos
y análisis proporcionados por Peter Smith como complemento de la interpretación
marxista de la revolución mexicana ayudan a comprender cómo fue que las masas
encabezadas por Villa y Zapata, siendo los sujetos activos en el movimiento
revolucionario, no fueron los que se colocaron como una nueva élite en el poder
y por el contrario lo hicieron las clases medias y la pequeña burguesía
mexicana que no podía desarrollarse por las limitaciones de los terratenientes
porfiristas. Además de cómo esta burguesía en ascenso logró su consolidación
con la creación de un partido político que terminaría sometiendo a las masas
mismas.
Para este
trabajo nos apoyaremos principalmente en la interpretación del trotskista
Adolfo Gilly sobre la revolución interrumpida.
CÓMO SE
VE LA REVOLUCIÓN
Es
importante dar una caracterización del significado y sentido de la Revolución
pues a causa de la multiplicidad de protagonistas cada uno se llega a denominar
heredero de esta. No es casual que la élite de la década de los treinta en
adelante se considere continuadora legítima y que las leyes que surgieron del
congreso de 1917 estaban en concordancia con su actuar. Para estos la
revolución se convirtió en un factor de legitimación de su permanencia en el
poder, como si fueran materializando los planteamientos revolucionarios, aunque
en algunos aspectos más rápido que otros.[5]
En el
prólogo a su libro sobre la Historia de la revolución rusa, León Trotsky dice:
“La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la
historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios
destinos.”[6] En
estricto sentido, la mexicana es una revolución planteada en estos términos;
las masas fueron las que protagonizaron el movimiento, pero, como igual plantea
Trotsky los verdaderos protagonistas hacen la historia, pero no la escriben.[7]
La
interpretación de la que partimos establece que:
“En
ausencia de dirección proletaria y programa obrero, debió interrumpirse dos
veces: en 1919-1920 primero, en 1940 después, sin poder avanzar hacia sus
conclusiones socialistas; pero, a la vez, sin que el capitalismo lograra
derrotar a las masas arrebatándoles sus conquistas revolucionarias
fundamentales. La burguesía llama revolución a su propio desarrollo: el
movimiento revolucionario de 1910-1920 le abrió las puertas de su
enriquecimiento y crecimiento como clase y le dio el poder político.”[8]
Hay que
destacar según esta interpretación la Revolución mexicana pudo avanzar hacia un
proyecto socialista y ser la vanguardia proletaria en América Latina. La
primera interrupción se da con la muerte de Emiliano Zapata y la segunda con la
salida de Lázaro Cárdenas de la presidencia. El segundo aspecto para destacar
es que esta interrupción no logró arrebatarles a las masas sus conquistas más
importantes, al menos las planteadas en la constitución. Los logros de la
constitución del 1917 fueron ganados por las clases sociales debido a que aún
permanecían con las armas en las manos o al menos eran un peligro para la clase
que se hacía del poder en el congreso.
Se debe
tener en cuenta que, dentro de la visión marxista de la revolución, la mexicana
está dentro del desarrollo del capitalismo. Las élites políticas que surgen y
entran en la disputa representan una tendencia de tal desarrollo, aunque
también hay propuestas sobre superación del mismo (Flores Magón o Zapata).
En
palabras de Enrique Semo Calev:
“El
desarrollo del modo de producción capitalista en nuestro país no es
exclusivamente un fenómeno económico, no es solamente el desarrollo de las
fuerzas productivas, de relaciones de producción capitalistas, sino que
también, y fundamentalmente, es un proceso de lucha de clases”[9]
Para José
Revueltas:
“La
sociedad semifeudal de la “paz porfiriana” cada vez era menos capaz de contener
las fuerzas nuevas en desarrollo. Estas fuerzas chocaban cada vez más y en
forma cada vez más visible y violenta con la estructura feudal de la sociedad”[10]
Para
comprender el papel de las élites políticas es importante tener en cuenta esto,
pues vemos que se dan dentro de una lucha de una forma social que está por
consolidarse y otra que está finalizando. La recomendación de Peter Smith es
válida en el sentido de que se están vinculando los cambios de las élites con
el desarrollo general de la sociedad.
En
resumen, los cambios liderados por los políticos que Smith engloba en la etapa
revolucionaria están relacionados con los cambios en el sistema económico y con
intereses específicos de las clases sociales que se disputan el poder. Esta
disputa de intereses, unos por desarrollar el modo de producción capitalistas y
los propugnadores por superarlos, fueron las élites que representan al primer
sector los que consolidaron su hegemonía.
DE MADERO
AL PNR
Podemos
encontrar una línea de continuidad de Madero hasta la creación de PNR misma que
significa la consolidación de la burguesía mexicana en el poder.
El
impulso inicial de la revolución constitucionalista no fue dado por las clases
bajas, sino por la burguesía misma. Madero formaba parte de las familias
acomodadas del porfirismo, incluso su familia tenía relaciones
político-económicas con Yves Limantour quien fuera ministro de hacienda de
Díaz.
El
maderismo tenía como principal demanda la implantación de la democracia
liberal, y una mayor participación en los asuntos del gobierno.[11] No
se aludía a los grandes problemas sociales del país. Como el curso de los
acontecimientos no favoreció las ambiciones de Madero, se optó por el
levantamiento armado. La capitulación de Díaz no fue mayor problema, pero
terminar con él no significaba terminar con los defensores del sistema, esto
llevó a Madero al “intento de reconciliar a la burguesía porfirista con los
sectores liberales medios que lo habían apoyado bajo la bandera de la
democracia y la legitimidad constitucional.”[12] Con
esta reconciliación se dejaban de lado las demandas de las clases radicales
populares.
No es el
caso aquí relatar los acontecimientos de la lucha carrancista como continuación
del maderismo, sino de dar una explicación sobre los intereses a que obedecían
las acciones más importantes de los constitucionalistas.
Primero,
dentro de la facción constitucionalista, como lo menciona Gilly en la
Revolución Interrumpida, existía la potencialidad de radicalizar la revolución
en términos diferentes. Esta posibilidad estaba representada por Francisco
Villa, razón por cual al ejército comandado por él no se le dio más que el
rango de División y a Villa no le daba otro mérito que el de ser un bandido; el
objetivo fue separar al Villa del poder.
Segundo,
la negativa de los constitucionalistas de aliarse con Zapata y Villa en la
convención de Aguascalientes, aunque eso brindara la posibilidad del término de
la lucha armada, se debió precisamente a la oposición de intereses que se
defendían. Por una parte, como se menciona en el texto de F. Katz La guerra
secreta en México, la nueva burguesía carrancista, en su intento de frenar la
radicalidad “aceptó abiertamente la cooperación de sectores de la vieja
oligarquía. La devolución de las haciendas ocupadas fue, al mismo tiempo, una
transacción y un gesto de buena voluntad”[13]. Al
igual que Madero prefería alianzas con los viejos hacendados que con los
campesinos y aunque tenía una retórica más radical que él, en la práctica era
lo mismo.[14]
La
ruptura que existe entre Carranza y Zapata tiene un claro carácter de clase, no
es tan claro con Villa, que muchas veces se presenta como un conflicto de
liderazgo pues como se sabe ambos formaban parte del mismo ejército. Sin
embargo, una de las diferencias que se tiene es que Villa sí tenía una
inclinación hacia la reforma agraria y claro, el hecho de no querer devolver
las haciendas confiscadas es una prueba. En tanto que existía la amenaza de
Huerta, Carranza y Villa permanecieron juntos. Una vez que Huerta fue
eliminado, el rompimiento fue inevitable.
La
división de facciones dentro de los revolucionarios necesariamente llevaría a
la victoria solo a una, esta fue la reformista, la representada por Carranza,
misma que se presentó en el Congreso de 1917 como vencedora. Es cierto que el
Congreso de 1917 no estaba dominado por carrancistas, y que fue gracias ese
contrapeso que se desechó la propuesta de constitución presentada por él y se
le dio el carácter que todos conocemos los artículos 27, 123 y 3.
E. Semo
menciona que en ocasiones se trata de ocultar ciertos aspectos de la revolución
y ponerle otros. Aquí en la Constitución se suele decir que fue un proyecto de
conjunto y poco se menciona los intereses de clase que se debieron tocar para
poder lograr esos artículos constitucionales.[15] Fue
la situación permanente de los campesinos armados lo que los obligó aceptar
esos cambios; es difícil aceptar que sin la amenaza presente de un nuevo
levantamiento armada se hubieran aceptado los artículos 27, 123 y 3, entre
otros.
Así como
existe una línea de continuidad entre el proyecto político maderista y
carrancista, esta misma nos conduce hasta el callismo. Durante el periodo de
Calles, se crearon los instrumentos capaces de brindar a la burguesía la
seguridad financiera y política. La creación del Banco de México que aseguraba
una financiación ordenada, es decir, que este era el único autorizado para la
impresión de billetes y la asignación de crédito; con el mismo sentido se creó
el Banco de Crédito Agrícola para impulsar el desarrollo agrario en el norte de
donde provenía la nueva clase política.[16]
La
estabilidad en la economía debe ir a la par en la estabilidad política. Con la
reelección de Álvaro Obregón y su posterior asesinato se creó nuevamente una
incertidumbre dentro de la élite política. Había dos caminos, seguir un
gobierno personalista al estilo de Díaz con Plutarco Elías Calles nuevamente
como presidente o se buscaba una alternativa.
La
primera llevaría a caer en un callejón sin salida, pues un gobierno que se basa
en una sola persona necesariamente cuando esta no existiera, tampoco lo haría
el gobierno. La segunda, y fue por la que optó Calles fue crear un organismo
que se encargara de resolver el problema de la sucesión presidencial y dar
mayor continuidad a los proyectos iniciados por la administración anterior.
Este organismo fue el PNR. Peter H. Smith dirá que con la creación del PNR (que
después se transformaría hasta llegar a ser PRI) la élite política mexicana
logró lo que Porfirio Díaz no pudo hacer, e incluso fue más allá. No solo logró
su permanencia en el poder, sino que puso bajo su tutela a los sectores
sociales más importantes: campesinos, ejercito, obreros y sector popular.
ZAPATA,
LA ÉLITE CAMPESINA
En lo que
respecta a Zapata y Villa, a diferencia de la línea de Madero, estos no se
planteaban los problemas del Estado como primordiales. Según Adolfo Gilly, el
maderismo de Villa era “la expresión del sometimiento ideológico del
campesinado a la dirección de una fracción de la burguesía y, en consecuencia,
a su Estado”[17], por
otra parte “El zapatismo no se planteaba, obviamente, la cuestión del Estado ni
se proponía construir otro diferente. Pero en su rechazo a todas las facciones
de la burguesía, en su voluntad de autonomía irreductible, se colocaba fuera
del Estado.”[18] Esto
se expresó cuando se llegaron a los acuerdos para la salida de Díaz del poder,
los zapatistas los desconocieron y continuaron una lucha por la reforma
agraria. Los asuntos agrarios fueron el problema principal entre Madero,
Carranza y Zapata, y por el que los campesinos se presentaron como elemento
radical dentro de la revolución.
Sin
embargo, no bastaba con que los campesinos se mantuvieran en armas para
defender sus intereses, la posibilidad de consolidar sus objetivos residía en
la existencia en una organización político-económica que se opusiera a la
maquinaria representada por el Estado.
En el
caso de los zapatistas, la comuna de Morelos fue la prueba de que existía una
forma de organización diferente a la que las élites políticas de la pequeña
burguesía pregonaban. La reforma agraria significaba necesariamente formas
diferentes a las que existían en los grandes latifundios, sin embargo, el
carácter local le impidió ser atractiva para la demás población. El mismo
Zapata se daba cuenta de eso e instó a los campesinos que se no se limitaran a
trabajar su parcela, sino que colaboraran también para las empresas de carácter
estatal, como los ingenios azucareros, pero tuvo poco éxito.
Hay que
señalar que una de las pruebas que no pudo superar el villismo y zapatismo como
gobierno de carácter nacional fue la Convención de Aguascalientes. Los
convencionistas tomaron la Ciudad de México, pero no supieron qué hacer con
ella, la élite campesina llegó a la silla presidencial, pero cuando
debieron marchar contra Carranza para asegurar su victoria su visión localista
de organización los hizo replegarse y separarse y, en consecuencia, dejar que
los constitucionalistas se reorganizaran. Los resultados de estas acciones son
conocidos por todos.
Es larga
la trayectoria zapatista y mucho se ha dicho de ella, lo mismo sucede con el
villismo, pero, lo importante a señalar desde la perspectiva de las élites es
que estas no se subordinaron, al menos en vida de Zapata[19], a la
élite política que congeniaba con la burguesía escindente en el país. Tampoco
presentaba una opción para la clase obrera, que fue cooptada para luchar
incluso en contra de los campesinos.
Sobre el
papel de la clase obrera en la Revolución mexicana, desde los acuerdos entre la
Casa del Obrero Mundial con Carranza y después los tratos entre Morones y
Obregón, condenaron a esta a una subordinación a las fuerzas estatales a través
de los sindicatos.[20] Carecían
de organización propia y su demanda más importante no era cambiar el sistema
social sino “respeto a su derecho a negociar.”[21]
El ala
radical dentro de la revolución se interrumpió y el cambio dentro de las élites
se dio de tal manera en que las condiciones del desarrollo del capitalismo
fueran las óptimas. La ausencia de una organización que agrupara a las élites
campesinas y obreras hizo que estas se organizaran bajo una dirección burguesa.
***
Hoy en
día es claro que un cambio revolucionario del país no puede ser obra exclusiva
de las “elites gobernantes”. Pero es claro también que, sin la existencia de
una vanguardia política de las clases populares, todo intento de romper con el
actual sistema corre el riesgo de ser cooptado por oportunistas, arribistas
representantes de las clases dominantes. Aunque a muchos izquierdistas, el
término “vanguardia” les parezca inadecuado, los análisis tanto de P. Smith
como de los historiadores marxistas Semo y Gilly demuestran la actualidad de
este, pues, aunque analizan un proceso revolucionario de principios del siglo
XX, la lucha de clases es la que marca la pauta a seguir en las luchas
revolucionarias del siglo XXI.
Diego
Martínez es sociólogo por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de
Estudios Económicos y Sociales.
[1] Peter
Smith, Peter H. Smith; Los laberintos del poder. El reclutamiento entre las
élites políticas en México, 1900 y 1771. El Colegio de México 1981. (Versión
EPUB)
[2] Peter
Smith, op. cit.
[3] En
México la reforma política de 1977 es un ejemplo de estos; se reformó la
estructura jurídica para que ahora tengan oportunidad los que antes no la
tenían, pero no se reformó la estructura socioeconómica.
[4] Peter
Smith, op. cit.
[5] “La
revolución mexicana es el concepto fundamental de la ideología burguesa
contemporánea de nuestro país” Enrique Semo; Reflexiones sobre la revolución
mexicana. En: Interpretaciones de la revolución mexicana, Universidad autónoma
de México y Nueva imagen. México, 1979
[6] Adolfo
Gilly: Tres concepciones de la Revolución Mexicana. En: Antología del
pensamiento crítico mexicano contemporáneo / Enrique Semo … [et al.]; compilado
por Elvira Concheiro Bórquez … [et al.]; coordinación general de Elvira
Concheiro Bórquez … [et al.]. – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires:
CLACSO, 2015. Libro digital, PDF – (Antologías del pensamiento social
latinoamericano y caribeño / Pablo Gentili)
[7] “Las
clases oprimidas crean la historia en las fábricas, en los cuarteles, en los
campos, en las calles de las ciudades. Mas no acostumbran a ponerla por
escrito. Los períodos de tensión máxima de las pasiones sociales dejan en
general poco margen para la contemplación y el relato. Mientras dura la
revolución, todas las musas, incluso esa musa plebeya del periodismo, tan
robusta, la pasan mal”.
[8] Adolfo
Gilly. Op. cit.
[9] Enrique
Semo; Reflexiones sobre la revolución mexicana. En: Interpretaciones de la
revolución mexicana, Universidad autónoma de México y Nueva imagen. México,
1979
[10] Revueltas
Ensayos sobre México. Obras Completas T. 19. Ed. ERA 1985. Pp.: 103
[11] Adolfo
Gilly: La guerra de clases en la revolución mexicana (revolución permanente y
auto-organización de las masas). En: Interpretaciones de la revolución
mexicana, Universidad autónoma de México y Nueva imagen. México, 1979
[12] Viviane
Brachet-Márquez de. E1 pacto de dominación: estado, dase y reforma social en
México, 1910 1995 / Viviane Brachet-Márquez. — México: E1 Colegio de México,
Centro de Estudios Sociológicos, 1996. Pp.: 69
[13] F.
Katz; La guerra secreta en México. Ed. ERA. 1998. Pp.: 295
[14] “Lamentablemente
nunca se han estudiado y el desarrollo y las causas de esta devolución masiva
de tierras, que distingue a la revolución mexicana de otras grandes
revoluciones. Por ello no es fácil analizar los modos de acción y las
reacciones tanto de los afectados por la devolución de las tierras como de
quienes la llevaron a cabo. Es más fácil explicar las motivaciones del mismo
Carranza, puesto que sus acciones concordaban muy bien con su ideología
conservadora” Katz, 1998, p.: 295.
[15] Enrique
Semo; Reflexiones sobre la revolución mexicana. En: Interpretaciones de la
revolución mexicana, Universidad autónoma de México y Nueva imagen. México,
1979
[16] Jorge
Alonso: La dialéctica clases-élites en México. Ediciones de la casa Chata,
México 1976. Pp.: 11
[17] Adolfo
Gilly: La guerra de clases en la revolución mexicana (revolución permanente y
auto-organización de las masas). En: Interpretaciones de la revolución
mexicana, Universidad autónoma de México y Nueva imagen. México, 1979
[18] Adolfo
Gilly op. cit.
[19] Después,
debido a la escasa posibilidad de triunfo de la causa zapatista, uno de los
líderes más importantes después de Zapata, Genovevo de la O, decidió aliarse
con la causa obregonista.
[20] Ver
Barry Car: El movimiento obrero y la política en México 1910-1929; Ed. ERA.
[21] El
pacto de dominación. Estado, clase y reforma social en México (1910-1995);
Viviane Brachet-Márquez. El COLEGIO DE MÉXICO Pp.: 75.
Bibliografía
·
Peter H. Smith; Los laberintos del poder. El
reclutamiento entre las élites políticas en México, 1900 y 1771. El Colegio de
México 1981. (Versión EPUB)
·
Friedrich Katz: La guerra secreta en México. Ed.
Era 1998
·
Adolfo Gilly: La revolución interrumpida. Ed. ERA
2007
·
Jorge Alonzo: La dialéctica clases-élites en
México. Ediciones de la casa Chata, México 1976.

