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Libro N° 10829. Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 2. Franco, Mercedes.

Guillermo Molina Miranda febrero 12, 2026

 


 © Libro N° 10829. Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 2. Franco, Mercedes. Emancipación. Enero 28 de 2023

 

Título original: ©  Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 2. Mercedes Franco

 

Versión Original: © Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 2. Mercedes Franco

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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PASIONES PROHIBIDAS DE MI PASADO

Saga No. 2

Mercedes Franco  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pasiones Prohibidas De Mi Pasado

Saga No. 2

Mercedes Franco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Una Novela

 

 

Romántica que no podrás parar de leer.

 

Saga No. 2

 

 

 

 

 

 

 

Mercedes Franco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tabla de Contenidos

 

 

Capítulo 4

 

Capítulo 5

Capítulo 6

Continuará…

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Capítulo 4

 

 

La noche estaba llena de estrellas, Isabella las observaba con detenimiento, tratando de contarlas, aunque sabía que eso era imposible. Se volteó para mirarlo y él parecía tan embelesado como ella, su rostro reflejaba los colores cárdenos de la fogata, lo cual le daba un matiz más interesante a su cara.

 

—¿Crees que hayan otras personas haciendo lo mismo que nosotros en este momento? —Estoy segura que sí, es bastante probable que eso pase.

 

—Supongo que las estrellas nos inspiran eso en todos lados, queremos dominar el universo a nuestra manera porque no podemos entenderlo.

 

—Lo sublime.

 

—¡Kant! —Le dijo él sonriendo.

 

—Mmm Abel, contigo puedo hablar, eres el único con el que tengo una conversación medianamente interesante.

 

—¿Medianamente?

 

—Es un decir, yo no me hallo en este lugar, esto no es lo mío, siento que todo el tiempo estoy fingiendo ser alguien que… no soy en realidad.

 

—Te entiendo, a mí me pasa lo mismo, todo el tiempo estoy fingiendo ser alguien que no soy.

 

—Pero tú eres el chico más sexy del mundo, es decir, del colegio.

 

—Jajajajaja, no digas eso, tú no, por favor, tú no.

 

—Sabes, tú eres la chica más linda del mundo para mí, no sé, desde que te conocí generaste algo especial en mí, algo que nunca había experimentado en mi vida.

 

—Yo también sentí lo mismo, pero eso hace tanto tiempo, y aun así tardé mucho en olvidar, es decir, en realidad nunca olvidé eso.

 

El día de la fiesta, todo había renacido en su corazón, de sólo mirarlo comenzó a sentir esa misma corriente eléctrica que se había desatado el día que se encontraron por primera vez. Ella trataba de disimular la atracción, ya que a Sara le gustaba él y creía que en el fondo ya no estaba interesada, le parecía que él la había traicionado, que todo era mentira y definitivamente no deseaba estar cerca de alguien así.

 

Pero entonces, él le confesó que no había podido ir a la cita debido a su madre, ese día le había ocurrido la peor tragedia de su vida, una que nunca olvidaría en el resto de su existencia. Un lamentable accidente de tránsito y no la volvió a ver más nunca, era su madre, por Dios, a quien le pasaba eso a los trece años.

 

—Debiste buscarme.

 

—No sabía cómo, no tenía la menor idea de cómo hacerlo.

 

—Yo te busqué de todas las formas, pero no tenía ninguna referencia tuya.

 

—¿Me perdonas? ¿Me perdonas por ser un idiota?

 

—No, no te perdono por ser un idiota, pero te perdono por no haber acudido a la cita.

 

—La verdad pensaba en ti, a veces cuando iba a la playa y me sentaba a pensar, lo hacía recordándote, pero me dije que eso era un sólo episodio de mi vida, que no había sido sino un simple beso, trataba de convencerme, pero me daba cuenta que sí eras importante, porque tuve

 

varias novias y no sentía igual con ellas, por más que me empeñara en tratar de enamorarme, nunca lo hacía.

 

—Mira, una estrella fugaz, ¡qué hermosa!, es demasiado hermosa —dijo muy emocionada.

 

—Ya sabes lo que tienes que hacer.

 

—Sí, pedir un deseo.

 

—A ver, pida su deseo hermosa señorita.

 

—Mmm a ver, a ver, ya.

 

—¿Y entonces?

 

—¿Entonces qué?

 

—¿Qué?

 

—No me vas a decir ¿qué le pediste?

 

—Por supuesto que no, ¿acaso no sabes que nunca debes decir en voz alta un deseo que pidas a una estrella fugaz?

 

—No, no lo sabía, ni he leído nada acerca de eso.

 

—Pues es así, ya lo sabes, sino tu deseo no se cumplirá.

 

—Bueno, entonces no diré nada que pida y así las cosas se darán como las quiero.

 

Abel e Isabella estaban más únicos que nunca, a pesar de las circunstancias del colegio y mantener su relación en secreto. Aunque él no estaba de acuerdo, pero lo hacía por complacerla, porque era la única chica que sabía llegar a su corazón, que podía mantener una conversación interesante y que lo hacía sentir lleno.

 

—¿Qué vamos a hacer ahora?

 

—¿A qué te refieres?

 

—Quisiera que todos supieran que somos novios, estoy cansado de ocultar las cosas. —¿Sabes que me metería en problemas con las chicas del grupo? —¿Y eso qué?

 

—No quiero tener problemas, a Sara todavía no se le quita de la cabeza el tener algo contigo, parece que no hay nada que hagas que a esa chica pueda desanimarla.

 

—¡Qué fastidio con esa mujer! Es increíblemente aburrida, no hace sino hablar de las mismas estupideces vez tras vez.

 

—Jajajajajaja su cartera Chanel, el ala que están construyendo en su casa, como fue una vez a París y vio a Leonardo Di Caprio.

 

—Jajajaja exacto, a eso me refiero. ¡Por Dios! ¿A quién pueden interesarle esas tonterías? —A ellas sí y la verdad no quiero caer en su lista negra, ¿sabes lo terrible que son esas

 

mujeres con sus enemigas?, no quiero caer en eso.

 

—¿Y qué sugieres entonces?, ¿que estemos escondidos sin nunca darnos a conocer?, ¿dependiendo de las acciones o actitudes de un grupo de niñas tontas?, eso no me parece digno de ti Isabella Valencia.

 

—Sabes que no es solamente eso, están también mis padres, mejor dicho, mi padre, él nunca aceptaría que nosotros tengamos algo, él detesta ese tipo de cosas, es muy sobreprotector.

 

—Lo sé, pero estoy seguro que si hablo con él yo…

 

—No lo conoces Abel, mi padre es un militar, cuando decide algo, no hay nadie que pueda convencerlo de lo contrario, es simplemente así y no hay nada que se pueda hacer al respecto.

 

—Siempre hay algo que se puede hacer.

 

—No lo conoces.

 

—Entonces ¿qué haremos?

 

—No lo sé —dijo colocando su cabeza entre las piernas.

 

Sentados así admiraron la profunda noche, cada estrella prometía un futuro, todos los años que les faltaban por vivir, parecían no ser suficientes para ese sentimiento tan bonito que los embargaba por dentro. Se creían inmortales, eran tan jóvenes que pensar en la vejez o la muerte, parecía completamente improbable.

 

—Somos eternos.

 

—No, pero el amor sí lo es.

 

—Me refiero a que no vamos a morir, sólo seremos parte de las estrellas como lo fuimos en algún momento, en un punto de la vida.

 

—Eso es hermoso, somos parte de las estrellas —dijo recostándose sobre él.

 

—Quiero quedarme aquí toda la vida.

 

—Yo también.

 

Entonces se miraron con ternura y allí, en ese lugar tan especial, se dieron un beso apasionado, tanto como sus corazones dulces y adolescentes se lo permitían. En ese momento pensaban que era lo más grande de la vida. Isabella creía que el corazón saldría por su boca, latía muy fuerte y tenía mucho miedo de lo que podría suceder después.

 

—¿Tienes miedo?

 

—¿Por qué?

 

—¿Estás temblando o tienes frío?

 

—No, yo, tengo miedo.

 

—Solo déjame besarte, es lo único que quiero.

 

Él se sentía emocionado, era esa misma chica, aquella que había encontrado por casualidad en un día de playa. Sentía su corazón latir con fuerza, sus manos buscaban el camino para recorrer ese sendero especial, su piel era blanca como la porcelana y suave como la seda. La recorrió poco a poco y sentía tocar las estrellas.

 

Sus manos eran mariposas que apenas estaban aprendiendo a volar, la brisa de la noche los acobijó, dentro de la carpa se sentían en las nubes, era la primera vez para ambos y fue perfecto, entonces abrazados se miraban intensamente.

 

—¿Cómo es posible que sea tu primera vez? —le dijo ella. —¿Sabes ese dicho de crea fama y acuéstate a dormir? —Sí.

 

—Bueno, ese es mi dicho.

 

—No lo puedo creer, pensé que tenías mucha experiencia.

 

—Ya ves que no.

 

—Pero ¿y tus novias?

 

—Bueno, algunas eran verdad, pero la mayoría no, todas decían ser mis novias y yo no lo desmentía, ya sabes cómo es, cosas de chicos. Me daba miedo que supieran que era virgen.

 

—Sí, lo sé, pero creo que nunca me ha afectado como a ti.

 

—Y me alegra nunca haberlo hecho, hasta ahora.

 

—A mí también, si había alguien con quien quisiera estar, ese eres tú y nadie más.

 

—Tus ojos son tan lindos, eres como una muñeca, grandes, lindos, hermosos.

 

—Los tuyos también, tus ojos son lo más bello del mundo, no puedo describirlo, estoy tan enamorada de ti Abel, yo… —y se le salieron las lágrimas.

 

—Ahhh no mi bebé, no llores, no. Eres mi princesita, mi luz, recuerda eso, que estás llena de

 

luz.

 

—Sí, lo recuerdo —dijo ella sonriendo, es la cosa más bella que me han dicho en la vida.

 

—Tú eres la cosa más bella de la vida.

 

Permanecieron abrazados toda la noche, mirándose, con el temor que aquello fuese un sueño, sintiendo el calor de sus propios cuerpos rozándose, llenándolos de amor y pasión.

 

—¿Crees que no tengamos problemas por esto?

 

—No pienses en eso, tú le dijiste a tu mamá que estabas con Alicia y yo estoy con Durán, es perfecto.

 

—Mmmm, eso espero, no sé, nunca había hecho algo como esto.

 

—¿Por eso te preocupas tanto?

 

—¿Y tú no?

 

—Pues, no había hecho nada remotamente parecido a esto, pero sí me había escapado con mis amigos, así que jajajajaja, esto no es nuevo.

 

—Nunca me ha gustado mentirle a mis padres.

 

—Vamos, olvidemos todo eso, no vamos a dañar el momento, disfrutemos de esto que estamos viviendo ahora.

 

—Tienes razón, no quiero que esto tan bonito se vaya a dañar por una simple conversación que no tiene sentido.

 

—¿Crees que hayan otras personas haciendo lo mismo que nosotros?

 

—No lo sé, pero espero que sí, que haya muchas personas como nosotros que estén enamorados y se puedan amar como nosotros lo hacemos ahora en este momento.

 

—Soñé tanto con esto, tanto; no te imaginas, yo siempre me imaginé cómo sería mi primera vez.

 

—Yo también.

 

—¿Te gustó?

 

—Por supuesto que me gustó amor.

 

—¿Y a ti?

 

—Mucho, yo… —dijo sonrojándose, fue maravilloso.

 

La noche avanzaba lenta y la sensación era como de un arrullo, afuera el viento azotaba con fuerza y el aroma del bosque llegaba cada tanto a matizar las notas nocturnas. El eco de la oscuridad era testigo de sus besos y abrazos, la pasión se había desencadenado y sus cuerpos disfrutaban del momento, sintiéndose llenos de algo maravilloso que no les pertenecía, pero que deseaban con todo su ser.

 

Él le sostenía las manos con delicadeza, mientras ambos encontraban nuevamente el camino hacia la felicidad; sus miradas intensas lo decían todo, su alma era diáfana como un cristal, ella podía verlo y él leía en cada espacio de su corazón, con la inocencia de la juventud, almas que no habían sido profanadas por las tergiversaciones, mitos y egoísmos. Él se sentó y ella permanecía entre sus brazos, abrigada con el calor de su cuerpo, sintiendo el cálido olor de su piel, se creía la chica más afortunada del planeta porque tenía consigo al hombre que amaba y nadie cambiaría eso.

 

Sus manos entrelazadas eran muy diferentes, las de ella se veían diminutas, delicadas y blancas, mientras que las de él eran fuertes y grandes de un lindo color bronceado.

 

—Me da la impresión que antes eras más blanco.

 

—Antes de convertirme en un atleta y tener que realizar prácticas todo el tiempo, ¿sabes lo forzado que es practicar casi todos los días?, ese campo es inmenso y a veces hace mucho sol.

 

—Mmmm bueno, de todas formas te ves lindo como sea.

 

—Eres hermosa y estas manitos también lo son.

 

—Jajajajaja.

 

—Prométeme algo.

 

—Dime —le dijo girándose para mirarlo a los ojos.

 

—Que siempre me vas a amar.

 

—Lo prometo.

 

—No, espera, no lo digas tan rápido.

 

—¿Por qué?

 

—Si llegara un día en que no estemos juntos, por cualquier razón, prométeme que no vas a amar a nadie como lo haces conmigo.

 

—Eso es fácil de prometer.

 

—¿Te parece?

 

—Sí, ¿y tú?

 

—Lo primero, prometo que nunca voy a amar a nadie como tú.

 

—Prométeme que no vas a dejar que nadie nos separe nunca.

 

—Te lo prometo amor, te prometo que nada nos va a separar jamás, todo lo que pase será inútil, igual estaremos juntos.

 

Entonces, sintieron unos ruidos afuera y vieron luces que se comenzaron a mover alrededor de la tienda. Isabella se asustó y se agarró de Abel, al mismo tiempo que lo miraba asustada.

 

—¿Qué es eso Abel?, tengo miedo.

 

—Tranquila amor, no pasa nada, cálmate.

 

—Y si son unos ladrones, ¿qué hacemos?

 

—Tranquila, tranquila —dijo mientras trataba de pensar en algo.

 

—Abel, ¿estás ahí dentro?, si eres tú sal.

 

—Es la voz de mi papá.

 

—¡Oh cielos! Nos encontraron, cielos.

 

—Vamos, vístete amor. Yo salgo mientras tú te vistes ¿sí? Tranquila, no va a pasar nada malo, solo es mi papá.

 

Abel abrió la carpa y salió, entonces Isabella trataba de vestirse apresuradamente, pero por los nervios, las manos le temblaban y no podía prácticamente coordinar sus movimientos. Afuera, al salir, él se encontró no solamente con su padre, sino también con el padre de Isabella que lo miraba con el ceño fruncido y con cara de querer matarlo.

 

—Papá ¿qué haces aquí?

 

—¿Y todavía lo preguntas? ¿Sabes el susto que nos han dado a todos? ¿Quién está contigo adentro?

 

—Está mi hija allí dentro ¿verdad?

 

—Sí, señor.

 

—¡Por todos los cielos! —Dijo el general Valencia muy molesto.

 

—Tranquilo general, déjeme arreglar esto.

 

—¿Y cree que algo así tiene arreglo? ¡Por todos los cielos! Sabía que esto traería problemas desde el primer día que te vi en mi casa muchacho condenado.

 

—Un momento general, vamos a calmarnos.

 

—¡No me diga lo que tengo que hacer Ricard, por favor! —Espere general, no se exalte, déjeme resolver esto. —Abel, dile a la señorita Isabella que salga por favor.

 

—¿Por qué tengo que aguantar estas cosas? Camille, por favor, ve a dentro y saca a mi hija de allí.

 

—Sí señor, le respondió asustada y nerviosa.

 

Entonces entró y la encontró atándose sin éxito los zapatos, ya que de los nervios no alcanzaba a amarrárselos debidamente. Cuando la vio, se quedó mirándola con ojos de desamparo y ella se precipitó donde estaba para ayudarla.

 

—Señorita, déjeme ayudarla.

 

—Camille ¿qué haces aquí?

 

—Su padre me trajo.

 

—¿Mi papá está aquí? —Dijo sorprendida.

 

—Sí, señorita, pero no se asuste. Tranquila, lo importante es que salgamos de aquí cuanto antes.

 

—No quiero ir con él.

 

—Tendrá que hacerlo, déjeme ponerle esto —le dijo quitándose la chaqueta y colocándosela para taparla.

 

—No quiero hablar con él —dijo con lágrimas en los ojos.

 

—Vamos señorita, levántese, tenemos que irnos.

 

Ella miró con cara desesperada a Abel, mientras este trataba de darle ánimo, le sonrió, pero a duras penas su expresión parecía una mueca, pues él mismo no sabía qué sería de sí luego de que su padre terminara de sermonearlo. Se quedaron mirando unos segundos.

 

—¿Prométeme que no vas a dejar que nos separen?

 

—Nunca, nunca nos van a separar, te lo prometo y la tomó de la mano.

 

—Te amo.

 

—Yo también te amo Isabella, nadie nos va a separar —le dijo con súbita valentía.

 

Salieron juntos, en cuanto vio la mirada severa y colérica de su padre, supo que las cosas serían mucho más difíciles de lo que pensó. Él la miraba con molestia y decepción, en su frente se pronunciaba una enorme vena que solo había visto en las peores situaciones de la familia o en las crisis del gobierno, eso significaba que era grave, las cosas no serían sencillas y ella estaba en una situación de dificultad tremenda.

 

—Bien Isabella, vámonos.

 

—Papá yo…

 

—Vámonos, en la casa hablamos.

 

—Pero es que Abel.

 

—En la casa hablamos, camina —le dijo tomándola por el brazo—. Y tú jovencito, mantente alejado de mi hija o me veré en la necesidad de recurrir a otros medios.

 

—Por favor General, espere —le dijo el señor Ricard.

 

—No, Ricard es mi hija, mi hija. Mantenga a su hijo alejado de ella o se las verá conmigo —y su voz tomó un matiz velado muy desagradable que Isabella nunca había oído.

 

Isabella volteó mientras su padre se la llevaba mirando a Abel y este le hizo un gesto de adiós con la mano, mientras lloraba, ella se volteaba cada tanto para verlo hasta que su padre la obligó a meterse en el auto. Entonces, desde el asiento trasero se seguía volteando hacia Abel, el cual todavía la observaba mientras su padre parecía regañarlo, él bajaba los ojos y luego volvía a buscarla, así estuvieron hasta que el auto dio una curva y ya no pudo verlo más. Luego, rompió a llorar y Camille trataba de consolarla sobándole la espalda.

 

Su padre se mantuvo en un silencio hermético, ella sabía de sobra que esa era la peor actitud

 

que podía tomar Eleazar Valencia, un hombre tan extrovertido y audaz jamás se ponía de esa forma al menos que el caso fuese extremo, y él estuviese pensando qué medidas tomar para subsanar la situación. Generalmente, cuando esto pasaba, sus resoluciones eran completas y no había margen para la discusión, ni el diálogo, simplemente había que hacer lo que él dijese y más nada.

 

—Papá yo…

 

—Te dije que hablamos en la casa Isabella, ¡no hables! —Y la miró de una manera que daba terror.

 

Así que ella se quedó callada y no se atrevió a decir mi una palabra porque sabía que su padre no se andaba con juegos cuando decía algo y era capaz de todo, tenía miedo por Abel, así que pensó que lo mejor era quedarse en silencio y sólo escuchar lo que su padre tenía por decir, nunca le había visto tan contrariado, sintió escalofríos en su cuerpo. Miró a Camille, quien seguía sobándole la espalda y agradeció profundamente que ella estuviese ahí para apoyarla, de lo contrario, de haber estado sola con su padre, se habría sentido desamparada y con mucha ansiedad.

 

Cuando al fin llegaron a la casa, ella casi temblaba del frío y el temor, no sabía qué decisiones tomaría su padre, pero en todo caso, era evidente que odiaba a Abel y que no la dejaría acercarse a él de ninguna manera, en su mente maquinada ideas para poder verlo o encontrarse con él, pero sabía que era bastante improbable que pudiese engañar a su padre. En estrategias, no había quien le ganase y precisamente por eso el gobierno lo había seleccionado para ese puesto tan importante que ostentaba.

 

—¡Bájate! —Le dijo muy molesto.

 

Ella lo hizo en silencio y sin decir ninguna palabra, se dejó conducir hasta donde él quería, allí dentro en una de las estancias estaba su mamá sentada con el rostro estragado y una cara de gran preocupación. Ella sintió un retorcijón en el estómago, mientras se sentó en el sofá como le indicó su padre, tenía el cuerpo dormido.

 

—Puedes retirarte Camille, gracias.

 

—Sí señor, mientras buscaba con los ojos a Isabella para darle apoyo.

 

—Y bien Isabella, ¿qué significa todo esto?

 

—Yo…

 

—No, tú nada, tú eres una chica de 16 años que supuestamente estaba en casa de una amiga, y en vez de eso, estabas en esa carpa con un chico obviamente haciendo… haciendo por Dios, ¡maldita sea! Solo tienes 16 años, eres mi niña ¿cómo es posible que haya tenido que ver eso? Verte así como una cualquiera con ese tipo.

 

—No soy una cualquiera papá, yo lo amo.

 

—¿Tú lo amas? Jajajajajajaja, ¿escuchaste lo que dijo tu hija? Ella lo ama, claro eso lo explica todo. Bien, ahora me siento mucho más conforme.

 

—Isabella ¿por qué nos mentiste?, ¿quién es ese chico?, no entiendo.

 

—Es mi novio.

 

—Es su novio ves —dijo su padre con sarcasmo—, ¿y desde cuándo te dimos permiso para tener novio?, ¿cuándo nos pediste permiso para eso?

 

—Yo lo amo papá, él es el amor de mi vida.

 

—¡Bah!, ¡qué vas a saber tú de amor! Sólo eres una chica malcriada y voluntariosa.

 

—Tú no lo aceptas, ya no soy una niña. Soy una persona grande y tú quieres seguirme tratando como a una niña de cinco años, no me dejas avanzar.

 

—Imagínate, no la dejo avanzar, si soy tan malo y te encontré teniendo sexo con ese chico,

 

imagínate si te diera más libertad, esto es increíble.

 

—¡Teniendo sexo! ¿A qué te refieres Eleazar?

 

—Pregúntale a tu hija y al amor de su vida, Abel Ricard, el hijo del embajador, el que vino para acá una vez, fingiendo ser sólo un amigo. ¿Qué te parece?, ¿cómo crees que la encontré? Revolcándose con ese tipo, lo vieras. ¡Por Dios! Se nota por encima que está acostumbrado a seducir muchachitas ingenuas como Isabella para llevárselas a la cama o bueno, a cualquier lado básicamente.

 

—Eso no es cierto.

 

—Cállate Isabella, deja que hable tu padre, por Dios, esto es… —dijo completamente atribulada, tapándose la boca mientras se le salían unas lágrimas.

 

—Y si sales embarazada, ¿qué vas a hacer?

 

—Eso no va a pasar.

 

—Ah bueno, por lo menos te cuidaste, gracias.

 

—Papá, no voy a hablar de mi vida íntima contigo.

 

—¡Oh Dios cállate!, ¡cállate Isabella! O te voy a voltear la cara y, créeme, no quiero hacer eso —dijo colérico.

 

—Después de todo lo que hemos hecho por ti, ¡cómo es posible que salgas con esto Isabella!, eres la última chica que pensé podría hacer una locura como esta.

 

—Al parecer, todos estábamos equivocados —dijo su padre atribulado y sentándose en el sofá, mientras se tocaba las sienes.

 

—¿Crees que merecemos esto?, mira a tu padre, con todas las responsabilidades que tiene, ¿crees que merece le hagas esto?

 

—Yo siempre tengo que depender de lo que esté pasando mi padre, pero no puedo supeditar mi vida a las responsabilidades de mi padre, yo soy una persona, un ser individual y tengo derecho a vivir mi vida.

 

—¡Isabella cállate! ¡Cállate por favor!, no quiero tener que pegarte, pero ya no me estás dejando más opciones, por favor no hables más.

 

—Isabella, deja de retar a tu padre, mira lo mal que está, eso no le hace bien a su salud. —No los entiendo, ¿ustedes no quieren que yo sea feliz? —Eres muy egoísta Isabella.

 

—¿Egoísta? Yo vivía muy bien en Francia, allá era feliz y ustedes me obligaron a venir acá, ¿ahora me siento bien aquí y tampoco les gusta?, la verdad no sé qué quieren ustedes, no los entiendo para nada.

 

—Queremos lo mejor para ti Isabella, somos tus padres y definitivamente lo mejor para ti no es un chico como ese, que se nota que está acostumbrado a acostarse con una y con otra. Ese chico tiene fama de estar con todas, es un casanova hija, eso no es lo que te conviene, además, estás muy joven para eso, eres una niña, ahora sólo debes dedicarte a otras cosas como tus estudios.

 

—Yo lo amo, dices así porque no lo conoces, no lo conoces mamá, no tienes idea de quién es, pero no es nada de eso que ustedes están mencionando, él es un buen muchacho, ustedes no lo conocen.

 

—¿Ves cómo lo defiende? Es increíble, yo no puedo con esto, es… es demasiado para mí — dijo él levantándose del sofá—, necesito descansar —entonces, se dirigió hacia la escalera, se volteó y la miró directo a los ojos…— No creas que vas ver a ese chico otra vez, olvídate de ese muchacho, no lo quiero cerca de ti ni a 20 kilómetros.

 

—No puedes evitar eso.

 

—¿Ves cómo me responde tu hija?, ¿la estás escuchando?

 

—Sí, pero no es mi hija, es nuestra hija. Bien Isabella, deja de retar a tu padre, si él lo dice, debes obedecerlo, deja de buscar más problemas.

 

—Me retiro, te espero arriba, y tú ya sabes, no te quiero ver cerca de ese chico nunca más. — Entonces subió las escaleras como si tuviese todo el peso del mundo sobre sus hombros.

 

—Y bien Isabella, soy toda oídos.

 

—¿A qué te refieres mamá?

 

—Quiero que me cuentes todo lo que pasa con ese muchacho.

 

—Mamá, no voy a hacer eso.

 

—Necesito que lo hagas Isabella, es importante que lo hagas, soy tu madre y me interesa lo que te pase. Me interesan tus sentimientos, lo que piensas y quieres, así que si ese muchacho es importante para ti, necesito saber qué es lo que pasa con él.

 

—Mamá Abel, Abel es el chico que encontré en la Costa Azul, mi primer beso ¿recuerdas?

 

—¡Oh cielos! ¿Cómo pasó eso?

 

—No lo sé, simplemente lo encontré en una fiesta y era él, estaba allí, fue muy raro mamá.

 

—Pero, no entiendo, dijiste que el chico se llamaba Andrew, no Abel.

 

—Sí, él me dio otro nombre.

 

—Mmm ¿y por qué hizo eso?

 

—Sí, ya sé lo que estás pensando, que si me mintió en eso, me mentiría en cualquier cosa, pero no es así, fue sólo un juego, cosas de chicos, por eso no me dio su nombre verdadero.

 

—Hija, ¿qué te puedo decir?

 

—¿No me crees verdad?

 

—No sé qué decir, como tú bien lo dijiste, son cosas de chicos, no sé, me siento muy extraña de hablar esto, es decir, eres mi niña y saber que estabas con ese chico ahí en esa carpa haciendo… bueno, ya sabemos que, me da cosa, escalofríos, es una sensación extraña, no lo sé.

 

—¡Mamá!

 

—Entiende a tu madre hija, eres mi bebé, sólo tienes 16 años, eres mi niña pequeña.

 

—Pero ya soy grande mamá, ya crecí, tengo derecho a hacer mi vida.

 

—Jajajaja hacer tu vida, por Dios pequeña, qué sabes tú de eso, de hacer la vida, mírate eres sólo una niña, mi pequeña niña.

 

—No mamá, ya estoy grande. Mírame, soy una mujer.

 

—No se es una mujer por tener relaciones con un hombre hija, se es mujer cuando sabes solucionar los problemas de la vida, defenderte por ti misma, hacer tu propio rumbo.

 

—Eso haré, pero ustedes no me dejan, se la pasan gobernándome y mandándome, diciéndome todo lo que tengo que hacer, allí detrás de mí, incluso gobernando mis sentimientos, diciéndome a quién debo amar, con quién debo estar. Es terrible, si estuvieras en mi lugar, sabrías a qué me refiero.

 

—Cuando tengas hijos, entenderás porqué somos así. No sabes lo que es tener una persona bajo tu responsabilidad y que todo lo que haga dependa de ti, que cualquier cosa mala que le pase será tu culpa, es una responsabilidad inmensa.

 

—Ni que lo digas.

 

—Por favor, ¿dime que te cuidaste?, ¿dime que no estuviste con ese chico sin cuidarte? —No soy estúpida mamá, claro que nos cuidamos.

 

—¡Oh cielos! Me da escalofrío cuando hablas así. ¡Por Dios!, quisiera matarlo, ¡Qué sensación tan horrible!

 

—Ay mamá, ¿por qué son tan anticuados?, ahora todos los chicos hacen eso, ¿sabes que yo era la única chica virgen de mi grupo?

 

—¿Y eso qué?, ¿acaso hay una edad en que tu virginidad es un estorbo del cual debes salir? —Ahora sí.

 

—No hija, es precisamente lo que no he querido para ti, que te dejes llevar por las tonterías que hacen otros chicos, no te dejes llevar por lo que otros hagan, sino por tus propios criterios, para eso te educamos.

 

—No mamá, ustedes me educaron para hacer lo que querían, no para seguir mis propios pensamientos, sino los de ustedes.

 

—No digas eso hija, nosotros te queremos como eres.

 

—Eso tampoco es cierto, siempre has querido cambiarme toda tu vida, pero ese ya es otro tema, otra cosa que no tiene que ver, o sí, pero no quiero hablarlo en este momento.

 

—Hija, nosotros sólo queremos lo mejor para ti, lo mejor. Tu padre se esfuerza trabajando para que tengamos las mayores oportunidades, eres una chica privilegiada, al compararte con tus compañeras lo habrás notado, que estás muy por encima de ellas. Culturalmente, en modales, clase, conocimientos, todo eso que te hemos dado para que puedas salir adelante en la vida.

 

—Sí, claro, y eso lo agradezco mamá, el darme cuenta que he madurado y tengo conocimientos que otros chicos de mi edad no, pero al mismo tiempo ellos saben muchas cosas que yo no sé, y me siento como una estúpida al tratar con ellos, porque no estoy capacitada para estar con otras personas en sociedad, por toda la sobreprotección de ustedes, eso me ha privado de muchas cosas en la vida.

 

—Ay hija, cuando tengas hijos lo entenderás, ya verás el porqué de nuestra forma de ser. —Mamá, la verdad me siento muy cansada y me preocupa la actitud de mi papá hacia Abel. —Él no te va a querer cerca de ese chico, ya sabes cómo es cuando decide hacer algo, sus

 

resoluciones son irrebatibles.

 

—Bien, pero nadie me va a separar de Abel.

 

—Hija, creo que hemos tenido suficiente por hoy, es mejor que vayamos a acostarnos.

 

—Está bien mamá.

 

—Ven acá —le dijo mientras la abrazaba—, por Dios mi pequeña bebé, mi bebé, ¡oh cielos! Esto es demasiado fuerte para mí —dijo con lágrimas en los ojos.

 

Al día siguiente, Isabella se levantó un poco cansada y se estaba arreglando cuando Camille entró y le dijo que su papá necesitaba hablar con ella.

 

—Dile que me estoy arreglando para ir al colegio, que en cuanto termine bajo.

 

—No señorita, su padre dice que baje inmediatamente.

 

—¿Y eso?

 

—No lo sé, pero es mejor que le haga caso.

 

—Está bien, por todos los cielos, dile que ya bajo. ¡Hasta cuándo este hombre me amargará la vida!

 

—Jajaja. Ay señorita, usted tiene unas cosas.

 

Ella se terminó de arreglarse, entonces bajó las escaleras con un extraño temor en su interior, casi le temblaban las piernas, era una especie de frío que la invadía, como una premonición de algo malo que sucedería. Cuando vio el rostro de su padre, supo que estaba en problemas realmente graves.

 

—Buenos días Isabella, toma asiento.

 

—Papá.

 

—Siéntate aquí.

 

—Pero papá…

 

—Escucha lo que te voy a decir y te advierto que no va a gustarte.

 

—¿De qué se trata todo esto? Habla rápido papá, se me va a hacer tarde para ir al colegio.

 

—Ya no vas a estar en ese colegio.

 

—¿A qué te refieres?

 

—Bueno, te irás a Miami, vas a estudiar en un colegio allá, Camille irá contigo y por ahora tu mamá.

 

—¿De qué rayos estás hablando?, apenas me estoy adecuando aquí, ya tengo amigas y ¿ahora resulta que me tengo que ir a Estados Unidos?

 

—Siempre te ha gustado el inglés, allá podrás practicarlo todo el tiempo.

 

—¿De qué hablas? Tengo mi novio, no pienso irme de aquí.

 

—No hables más, ya no quiero saber nada de ese chico, estamos claros, olvídate de ese chico, sencillamente ya no existe, ya no existirá más.

 

—¿Porque tú lo dices? ¿Simplemente porque tú quieres que sea así?, ¿como si fuese magia y él ya no existirá más? Sabes perfectamente que las cosas no funcionan así.

 

—Sí, en realidad cuando te mentalizas las cosas son muy sencillas, simplemente las declaras, luego te pones en sintonía con lo que declaras, así de sencillo, y en este caso yo te daré una ayuda adicional.

 

—Eres un arbitrario, no puedes venir y decidir sobre toda mi vida como si yo fuese una cosa que ustedes mueven de un lado a otro.

 

Su mamá la miraba con ojos tristes, se notaba que le dolía ver a su hija de esa manera, a sabiendas de sus sentimientos. Pero conociendo lo que era mejor para ella, sabía que en ese instante debían alejarla de ese chico antes de que ocurriera algo peor. Era por su propio bien, debían poner tierra de por medio ente ella y ese muchacho que podría dañar para siempre su vida.

 

—¿Tú vas a dejar que me hagan esto mamá?, ¿vas a dejar que me hagan esto?

 

—Hija, entiéndelo, es lo mejor para ti.

 

—¿Así que ustedes a mi espalda planifican y cambian mi vida?, esto es terrible, inadmisible, si me hacen esto jamás los voy a perdonar.

 

—A veces los padres deben sacrificarse por sus hijos, aunque ellos se molesten y no lo entiendan, y no sepan lo que hacemos, pero ese es nuestro trabajo.

 

—Dañarme la vida, ¡ese es su maldito trabajo!

 

—¡Isabella, ese vocabulario!, ¡por Dios, cambia ese vocabulario!

 

—Ese muchacho, debe ser por él.

 

—¿Ahora todo lo que digo o hago es por culpa de Abel?, todo ahora tiene que ver con él, pero nada con ustedes.

 

—Nunca nos habías hablado así, maldiciendo, por favor, esas no son palabras de una niña como tú, no lo son.

 

—¡Bah, basta! ¡No me iré con nadie a ningún lado, no lo haré! —Dijo gritando.

 

—Baja la voz Isabella, no es necesario que eleves la voz.

 

—¡No iré con ustedes a ningún lado!

 

—Sí lo harás Isabella, somos tus padres y tienes que hacer lo que te digamos.

 

—¿Y si no lo hago?

 

—¡Va a pasar y no hay nada que puedes hacer al respecto y no inventes ninguna cosa, si te escapas o haces algo extraño, me encargaré que culpen a ese chico, te lo juro como que me llamo

 

Eleazar valencia!

 

—¡Eleazar por favor! —Le dijo su madre.

 

—¡Es la verdad, lo haré, lo voy a hacer, haré todo lo que sea necesario para que mi niña no salga perjudicada por ese desgraciado!

 

—Eleazar tranquilízate, por favor.

 

—Basta papá, deja de amenazarme —dijo Isabella llorando.

 

—Te juro que lo haré Isabella, no me retes.

 

—Eleazar —le dijo su esposa—, vamos a calmarnos, tranquilizarnos, respira, así no vamos a conseguir nada, siéntate —le dijo tomándolo por el brazo.

 

—Isabella, lo que tu padre quiere decir es que no es conveniente que tengas una relación con ese chico, y que lo mejor es que estés lejos para que pienses bien las cosas, puedas estudiar y seguir adelante con tu vida.

 

—Mamá, no sabes lo que dices.

 

—¿Tu primer beso?, ¡por favor! —Dijo él.

 

Isabella miró a su mamá y se dio cuenta que le había contado su historia con Abel, por lo que se sintió indignada traicionada, era inadmisible lo que había hecho, había confiado en ella y la traicionó, ahora ya nunca más le contaría sus cosas, no era más que una traidora.

 

—Me engañaste, mamá me traicionaste.

 

—No hija, sólo fue un comentario.

 

—Se suponía que solo era entre tú y yo.

 

—¡Ja! Mi hija de 13 besuqueándose con un chico, ¿cómo crees que un padre puede tomar eso, dime a ver?

 

—¡Basta! No quiero seguir hablando con ninguno de ustedes, son arbitrarios, unos traidores ambos —dijo gritado. Entonces subió las escaleras corriendo y cerró la puerta con un golpe.

 

Se tiró en su cama y comenzó a llorar, era el peor momento de su vida, no podía creer que su madre la hubiese traicionado contándole a su padre la historia con Abel, era como colocar armas en el frente enemigo, ahora él tenía mayor información para usarla en su contra. Nunca más confiaría en ella, ahora la trataría como una más, otra persona en su mundo en la cual no podía confiar.

 

Lloró toda la noche, era lo peor que le había pasado, ahora no sólo debía separarse de su amado, sino que su madre era una traidora, no podía creerlo. Sentía un fuerte dolor en el pecho, era una sensación indescriptible, casi no podía respirar, exactamente, como si le fuesen tomado el corazón y lo hubiesen roto. ¿Así era como ellos deseaban que fuese feliz, dañando por completo su vida, obstaculizando su felicidad y llevándola lejos del hombre que amaba?

 

Su padre le había confiscado el celular para que no hablara con Abel, no tenía contacto con el mundo exterior, era una especie de secuestro, estaba allí aislada del mundo exterior, triste, sola, sin el apoyo de nadie, no sabía qué sería de su vida de ahora en adelante. Se quedó dormida llorando y en la mañana no tenía ganas de levantarse, era como si la vida de pronto hubiese perdido todo su sentido, ya no había nada que le importara.

 

—Señorita, tiene que comer algo, vamos, tome.

 

—No Camille, no quiero comer por favor, no tengo apetito.

 

—¿Si quiere le puedo hablar en francés, como a usted le gusta? —Le dijo para animarla. —No, no quiero hablar en francés Camille, no quiero nada por favor, sólo deseo estar sola,

 

por favor.

 

—Está bien señorita, la dejaré sola para que descanse.

 

Estuvo así por cinco días y ya estaba entrando en un estado depresivo, no quería comer ni beber nada, se sentía atribulada y con un gran desánimo.

 

—Hija, tienes que comer algo.

 

—Basta mamá, basta, ya no quiero hablar contigo.

 

—Hija perdóname, no quería hacerte sentir así.

 

—Pero lo hiciste, jamás volveré a confiar en ti, nunca más.

 

—Hija, me duele oírte hablar así, por favor fue mi error, se me salió, lo siento.

 

—No mamá, lo que hiciste no tiene nombre, nunca te perdonaré.

 

—Bien —dijo levantándose—, como quieras hija, pero quiero que sepas que te amo, todo lo que he hecho ha sido por ese motivo.

 

—Sí, claro.

 

—Bien, Camille arreglará tu ropa, nos iremos en una semana.

 

—¿Qué?

 

—Así como lo oyes, nos iremos en una semana, así que prepárate.

 

—Cielos, ustedes hacen lo que les da la gana, así como a mi padre lo mandan de aquí para allá ustedes, quieren hacer lo mismo conmigo, llevarme a cualquier lado como si fuese un muñeco, alguien que no tiene voluntad propia, ustedes dos, son, son lo peor.

 

—Hija, no te pongas así.

 

—¡Los odio! ¡Los odio!

 

—Hija.

 

—Fuera de aquí mamá, quiero que te vayas de aquí ahora.

 

—Hija.

 

—Es mi habitación, aquí puedo hacer lo que quiera, fuera de aquí ahora, no quiero saber nada de ustedes.

 

Cuando su madre salió, ella tiró las almohadas hacia la pared, gritó con furia, grito y gritó hasta que sintió que se le desgarró la garganta. La sensación era horrible y un calor emanaba de su rostro, sentía una rabia tan grande que sentía que el pecho le estallaría. Se quedó llorando con la cara contra la almohada por horas hasta, que se cansó.

 

—Señorita, tiene que tranquilizarse, así no va a conseguir nada.

 

—Tú no lo entiendes.

 

—Si lo entiendo señorita, sé cómo se siente cuando tienes que separarte del amor de tu vida. —¿Cómo es eso?

 

—Yo sé lo que se siente, pero así no va a conseguir nada. Igual sus padres la van a llevar a Estados Unidos.

 

—Voy a perderlo Camille.

 

—Si él la ama de verdad, no será así.

 

—No lo sé Camille, siento que ya no puedo vivir sin él.

 

—Sí jajajaja, entiendo la sensación.

 

—¿Te has enamorado así Camille?

 

—Mucho señorita, varias veces. De hecho, mire, si de verdad le gusta ese chico, haga lo que dice su padre, vaya a Estados Unidos, estudie y trabaje allá, vuélvase independiente, después que ya no dependa de sus padres, entonces podrá buscar a Abel o él irá por usted y ya nadie podrá hacer nada para separarlos, ¿sí me entiende?

 

—Pero eso significa esperar mucho tiempo.

 

—Bueno, cuando se ama, la persona puede esperar por mucho tiempo, aunque francamente, no

 

creo que sea mucho tiempo.

 

—No lo había pensado de esa manera Camille.

 

—Eso es lo que tiene que hacer señorita. Mire puede pelear, patalear, molestarse con sus padres y todo eso, pero igual no va a cambiar las cosas, usted solo terminará agotada y molesta, deprimida. Más bien, enfoque sus energías en lo que es importante, como un reto, fíjese en eso, tome ese objetivo, enfóquese y trabaje por lograrlo.

 

—Camille —le dijo abrazándola—, qué haría yo sin ti, eres mi mejor amiga.

 

—Yo también la aprecio mucho señorita.

 

Ambas se abrazaron por largo rato, Isabella lloró en su regazo por varios minutos hasta que se cansó.

 

—Señorita ¿quiere que le traiga algo rico para comer?

 

—Está bien, gracias Camille.

 

—Muy bien señorita, ya le traigo algo, le va a gustar mucho, ya verá.

 

—Gracias Camille por ser tan linda conmigo.

 

Cuando Camille entró, vio en sus ojos un gesto diferente, ahora parecía más animada e, incluso, con un aire vivaz en sus ojos, se notaba decidida y vio que sus palabras habían cobrado importancia para ella.

 

—Bien señorita aquí está, se lo come todo, todo.

 

—Está bien Camille gracias.

 

Sus padres se sorprendieron cuando la vieron bajar ese día jueves con Camille y Carlos llevando su equipaje, tenía un rostro sereno, parecía muy calmada, pero sólo su madre, quien tenía un ojo zahorí, pudo dilucidar que en su hija había una decisión interna que se podía captar solamente observándola con precisión. Ella le dio los buenos días y luego se dirigió hacia el auto, con calma, incluso, cierta elegancia como en las buenos filmes de los cincuenta.

 

Solamente que esta era la vida real y cuando el avión, despegó en el corazón de Isabella hubo una especie de revelación que le decía que no lo volvería a ver, lágrimas brotaron de sus ojos, trató de recordarlo tal cual como había sido la última vez, con la pasión y la entrega que ambos tuvieron. Sus hermosos ojos azules volvían a su mente y eran tan parecidos a ese mar que ahora observaba y que le deseaba un feliz viaje, parecía despedirse regalándole sus colores más hermosos para que nunca olvidara donde había nacido, y que su país la seguiría amando con Abel incluido, aunque no volviese nunca más.

 

 

Capítulo 5

 

 

Ese día el sol de Miami amaneció más potente que nunca, le otorgaba una energía fantástica, ella definitivamente amaba los días soleados, así que ya eso la ponía de muy buen humor. Fue a la cocina y se preparó un café, mientras esperaba que la máquina filtrara la taza, fue a la terraza a recibir un poco de sol. La sensación cálida era sumamente agradable, una verdadera delicia.

 

—Mmm ¡qué maravilla! —Se dijo mientras observaba el mar, el cual se extendía explayándose en el horizonte y llenando sus ojos, mostrándole toda la belleza que poseía en su azul turquesa.

 

Cerró sus ojos y percibió el delicioso olor marino, se sentía increíblemente afortunada de poder disfrutar de ese maravilloso lugar, al cual había accedido gracias a sus grandes habilidades para negociar. Cuando el vendedor quiso subirle el precio, ella con su gracia característica y coqueteándole, le explicó que como fotógrafa, necesitaba de un lugar hermoso como ese para poder inspirarse y así tener un espacio luminoso para su estudio.

 

Con su encanto natural éste no pudo negarse a su petición, y así había conseguido un apartamento fabuloso por un precio mucho más bajo del que tendría normalmente. Con su sentido de seguridad, fue hacia la cocina y tomó la deliciosa taza de café, la degustó en su paladar y sintió un ligero cosquilleo, sensualmente agradable.

 

—¡Cielos qué buen café¡

 

Estaba muy relajada, ese día tenía la primera sesión a las 10 de la mañana y la segunda a las tres de la tarde, luego debía salir a una reunión con su editor para el nuevo libro que saldría pronto y después saldría cenar con su amiga Florencia. Era uno de esos días ligeros en los que no tenía tantas cosas que hacer y amaba esos momentos en los que podía simplemente sentarse por media hora a contemplar el paisaje y tomarse con calma su café preferido.

 

De pronto su teléfono sonó y era Joaquín, su novio, no pudo evitar una sonrisa al recordar el increíble ramo de rosas rojas que la había mandado el día anterior.

 

—Hola amor, buenos días.

 

—Buenos días mi cosita muñequita.

 

—¿Cómo estás?

 

—Feliz, muy feliz.

 

—Yo también, sólo de oír tu voz me animo, y qué te puedo decir, todavía sonrío al ver ese hermoso ramo que me mandaste.

 

—Sabía que te gustaría, cuando lo vi, pensé en ti inmediatamente, porque, no sé, sentí que se parecía mucho a ti, tan delicado y lindo.

 

—Jajajajaja, tal parece que me conoces bien.

 

—¿Qué vamos a hacer el fin de semana?

 

—Mmm ¿quieres que te lo diga?

 

—Jajajaja, bien, tengo algunas frases para ti.

 

—Como ¿cuáles?

 

—Mar, crepúsculo, picnic romántico.

 

—Suena interesante, ponle velas y rosas, entonces suena como el plan perfecto.

 

—¿Y qué vas a hacer en la noche?

 

—Voy a cenar con Florencia.

 

—¡Oh! Está bien, me parece bien. Te iba a invitar, pero tranquila, disfruta con tus amigas.

 

—Y por eso te amo, eres el novio perfecto.

 

—Gracias por lo que me toca.

 

—Jajajajaja. Amor, recuerda lo que dijiste de recomendarme con tu amigo, el que tiene el restaurant.

 

—Sí, claro, eso está pendiente, ya verás que le fascinará tu trabajo, tus fotos son insuperables.

 

—Gracias amor.

 

—Bueno, te dejo bebé, debo cotejar algunas cosas aquí.

 

—Ok amor, te mando un súper beso, otro y otro.

 

—Jajajajaja, bien, yo también amor.

 

Ella amaba su tranquilidad e, incluso, cuando se trataba de Joaquín, mantenía siempre su espacio propio, tenía sus momentos de soledad y no le gustaba que nadie se los invadiera. Sentía que él se acercaba, pero por alguna razón, no dejaba que terminara de hacerlo, pese a pasar tantos momentos hermosos juntos, aun así, parecía que no se conformaba, se preguntaba si en la vida había algo más que enamorarse, casarse y tener hijos. Se quedó pensando que Joaquín era uno de los mejores hombres que había conocido, tierno, generoso, tranquilo y amable, peor aun así algo faltaba.

 

Miró el reloj y eran las nueve, todavía tenía tiempo de ponerse una mascarilla en la cara, fue al baño y la buscó “Cúrcuma y Granada” su favorita, aspiró el olor y entonces pisó un escollo del pasado, y allí vino el recuerdo, era Abel en la Costa Azul, el primer y más dulce beso del mundo. Sonrió, ¿cómo era posible que después de tanto tiempo se recordara de esas tonterías?, era muy estúpido seguir manteniendo esas imágenes en su cabeza.

 

Pero esos ojos azules, nunca había visto unos como esos, la cosa más bella del mundo, al menos eso pensaba en ese momento de su vida. Abel Ricard, pensó en él como no lo había hecho en mucho tiempo, el hermoso Abel, el chico más sexy del colegio, fue su novio, por lo menos por unos meses, y ahora solo podía reír al recordar esas tonterías de niños, sacudió la cabeza y entonces se colocó la mascarilla, cerró los ojos y se recostó, el aroma era delicioso y la sensación refrescante.

 

Recordó que no había llamado a su madre por lo menos en un mes, se había vuelto una persona muy alejada de su familia pero, aunque lo atribuía a sus múltiples ocupaciones, en el fondo no les perdonaba lo que le hicieron, y mucho menos la imprudencia de su madre al revelar sus secretos personales. Así que se dijo a sí misma que al final del día la llamaría, que seguro sería así, pero siempre se le olvidaba hacerlo.

 

Luego pensó en Joaquín, últimamente estaba muy sospechoso, creía que se traía algo entre manos, tal vez le pediría que vivieran juntos, cosa que detestaba, ya que no le gustaban ese tipo de compromisos. Era reacia y en sus relaciones anteriores cada vez que las cosas se ponían serias, ella siempre hallaba la forma de huir a la situación, posponerlas y finalmente terminar la relación.

 

Los hombres levitaban hacia ella, muchas veces había deseado ser una paria como cuando tenía 13 años, pero eso sencillamente había cambiado, ahora debía ser prudente porque muchas personas se acercaban a su vida, querían ser parte de su mundo, pero era muy cuidadosa de quienes dejaba entrar en éste. A Joaquín le había costado un mundo conquistarla, había sido una odisea que ella aceptara salir con él, pero cuando lo logró, su gesto triunfal le indicaba que estaba deseoso de algo más y, aunque al principio se había mostrado esquiva, Joaquín sabía cómo llegarle y siempre dejaba que ella tuviese su propio espacio, no quería invadir sus momentos.

 

—Bien, es hora de ponerse a trabajar —se dijo.

 

Se quitó la mascarilla y lavó su cara, se aplicó una base suave y un maquillaje natural que sentaba bien a sus hermosas y dulces facciones. Atrás había quedado aquella chica que sentía temor de mostrarse y que estaba insatisfecha consigo misma; al verse al espejo, lo que observaba ahora era una rubia despampanante, que se había hecho a sí misma con esfuerzo y trabajo duro.

 

Observó su cuerpo, el cual era hermoso y curvilíneo, sus brazos torneados y sus piernas marcadas, al igual que su abdomen definido y hermoso, su cintura de avispa y las redondeadas caderas, le daban el aspecto de un hermoso reloj de arena. El tono ligeramente bronceado le sentaba divino, dándole un aire saludable, sonrió al encontrar que se veía exactamente como siempre había querido. Ya no usaba gafas porque se había operado la vista, así que sus hermosos ojos verdes podían estar a la vista de todos, precisamente eran uno de sus mayores encantos y la mayor arma de seducción con la que contaba.

 

—Te ves bien Isabella Valencia, muy bien, jajajaja —se dijo.

 

Pese a tener novio, no dejaba de coquetear con otros hombres. Muchas veces salía y al ser objeto de admiración, le gustaba jugar con esa atención, seducir sin ser obvia, sólo por disfrutar de eso que en su juventud le había sido negado. Pero ahora las cosas eran muy distintas, tal parecía que a cada paso que daba, había alguna mirada masculina sobre ella. Era una especie de atracción animal, ella lo atribuía a la seguridad que había desarrollado al entrar en la universidad, sin historia, ni recuerdos y pronto se convirtió en la chica más popular.

 

Sus padres habían desaprobado su carrera como artista y fotógrafa, pero ella tenía en ese momento dominio sobre su vida, un trabajo estable como ayudante de una fotógrafa reconocida y en sus estudios le iba excelente, así que ya sus padres no tenían mucho que decirle, ella se podía mantener sola, así que como Camille le había dicho, ahora podía hacer lo que quisiera. Pero no buscó a Abel, porque el tiempo había pasado y ya le parecía ridículo buscarlo, había otras cosas e inquietudes, y eso le pareció una chiquillada, un romance juvenil sin importancia.

 

Así que continuó con su vida, viviendo a lo grande, disfrutando de la total libertad que nunca había tenido, sintiéndose plena para hacer lo que mejor le viniera en gana. Disfrutó de salir todas las noches, ir a discotecas, salir con distintos hombres, hasta que al fin se cansó y se dio cuenta que debía llegar a un punto intermedio en su vida o eso le empezaría a pasar factura. Tenía que enfocarse en sus metas y, a falta de Abel, la fotografía cobró importancia. Se dijo que sería la mejor fotógrafa artística y de modas, y así comenzó a trabajar con su acostumbrada personalidad metódica en pro de ese objetivo.

 

Luego de diez años de haber salido de Venezuela, estaba teniendo grandes logros, tenía su propio apartamento, el cual era increíblemente hermoso y muy espacioso, tenía una vida muy cómoda, había trabajado para importante publicaciones como Cosmopolitan, Vanidades, Vogue, Glamour, entre otras. Era reconocida y muchos estilistas, celebridades y diseñadores la buscaban por la interesante combinación de lenguajes que planteaba en sus trabajos, muchas de sus fotos parecían obras artísticas y ese estilo único la había vuelto famosa.

 

Ella se sentía orgullosa de sus logros y ninguno tenía nada que ver con sus padres, por lo que se alegraba más, ahora era una mujer independiente que decidía sobre su propia vida y estaba con quien quisiera y cuando lo quisiera. También había participado en varias exposiciones en diferentes museos, así que estaba desarrollando esa parte de sus talentos, ella podía volver la fotografía una especie de pintura, donde combinada lo abstracto con lo figurativo.

 

—Buenos días señorita.

 

—Buenos días Rafaela —le dijo a su asistente—, ya te atiendo.

 

—Gracias.

 

Rafaela, su asistente, era una chica con un gran instinto creativo y para los negocios; era inteligente y despierta, y por eso mismo le caía bien a Isabella. Le gustaban las personas que sabían lo que querían y hacían todo por lograrlo, así que cuando hizo las entrevistas para ese puesto, supo con certeza que ella sería la persona indicada para ser su asistente.

 

—Buenos días señorita —le dijo ella con su amplia y encantadora sonrisa. —Buenos días Rafa —como le decía cariñosamente—, ¿quieres café? —Sí señorita, sabe que la respuesta a esa pregunta es siempre sí. —Bien, pasa y sírvetelo, dejé suficiente para ti.

 

—Gracias.

 

—Después, vamos a alistar todo porque la sesión es a las 10:00 a.m., y generalmente la gente de Classic son muy puntuales, Eleonora odia la impuntualidad.

 

—Eso es cierto, espero esta vez no nos manden unas modelos como las del otro día, por todos los cielos, ¡qué mujeres tan conflictivas! Estaba que me tiraba por la ventana.

 

—Jajajajaja. Bueno, sea como sea, igual las tenemos que tratar como si fuesen unos inocentes carneritos.

 

—Dios, esa es la parte difícil de este trabajo, de lo demás no me quejo.

 

—Yo tampoco, lidiar con gente problemática es el menor de nuestros problemas.

 

—Jajajaja bien, alistaré todo entonces.

 

Precisamente, a las 10:00 a.m., como un reloj, llegó la gente de Classic y la modelo esta vez se portaba con los modales que se esperarían en una verdadera profesional, por lo que ambas descansaron en ese sentido. La mañana pasó de una manera tranquila; flash tras flash, se iban logrando las tomas y las fotos estaban quedando fantásticas, definitivamente era uno de los días buenos, de esos que terminan con una sonrisa estampada en el rostro.

 

Al concluir la jornada, despidió a Rafaela y entonces se alistó para salir a reunirse con su editor, con el cual la reunión se prolongó por dos horas y media, situación que pensó, sería interminable. Isabella dio un suspiro interno de alivio cuando terminó y sintió una sonrisa interna, ya necesitaba un descanso luego de trabajar todo el día. No obstante, todavía le quedaba por revisar las fotos que mandaría a las revistas, pero antes de eso, necesitaba un break cenando con su amiga.

 

—Vaya chica ocupada, estás casi 45 minutos retrasada.

 

—Lo siento Flore, es que la reunión con mi editor se prolongó más de lo que esperaba.

 

—¡Cielos! Ya casi ordenaba sin ti, ni modo, tú y tus múltiples ocupaciones.

 

—Sí, discúlpame.

 

—Bien, ¿cómo estuvo el día? A juzgar por tu cara, bastante atareado.

 

—Bueno, más o menos. De hecho, creo que para mis estándares, ha sido bastante relajado, en realidad.

 

—Jajajaja. Cielos, bien tú eres única y vives tu vida particular, los demás debemos adherirnos al sistema. En mi caso, los juzgados y todas esas estupideces del estatus quo.

 

—¡Oh cielos! Tú y tus sarcasmos, qué sería de mi vida sin ellos jajajaja. A ver, creo que ordenaré una ensalada de rúcula, esta con queso azul.

 

—Suerte para ti, con esa grasa llegaría rodando como una pelota.

 

—¡Qué exagerada, cielos!

 

—Bien, yo pediré esta con aderezo ligero.

 

—Bien, ordenemos entonces.

 

Luego de ordenar la cena, Florencia parecía un poco distraída y era algo no muy común para

 

su carácter y comportamiento.

 

—¿Qué te pasa Florencia? Estás muy rara.

 

—Es que… te cuento, conocí a alguien, alguien especial. —¿En serio? ¿Tú? ¡guaooo amiga! Me dejas sorprendida. —¿Tan superficial parezco?

 

—No, es que siempre proclamas que no te gustan las relaciones, que son un fastidio y que no soportarías estar más de una semana con el mismo tipo.

 

—No lo sé amiga, supongo que llega un momento en que cambias de opinión, este hombre del que te hablo es especial, no sé qué tiene, pero me fascina, es encantador, es…

 

—Te desconozco, ¿quién eres y qué hiciste con mi amiga? Jajajaja.

 

—Jajajaja esa está buena, creo que me la merezco.

 

—A ver, déjame escucharte, ¿quién es este tipo? Quiero saberlo todo.

 

—Es el tipo más sensual del mundo.

 

—Bueno, comenzamos bien entonces jajajaja.

 

—¡Oh no te imaginas! Lo conocí en un tribunal, es abogado, el más sexy abogado, no sé qué tiene, carácter, inteligente, increíblemente sagaz, ya sabes que eso me fascina, un hombre que sabe cómo conseguir lo que quiere.

 

—Suena muy bien, muy bien.

 

—Además, es alto, muyyy guapo y no sé, la verdad trasmite una sensación que te erizan los vellos del cuerpo. Te cuento, la primera vez que nos besamos, tuve un orgasmo.

 

—¡Cielos!

 

—Sí, así como lo oyes, tuve un increíble orgasmo allí mismo, fue la primera vez que me pasó algo como eso, pero este tipo es… ¡oh cielos! Nunca he tenido tantos orgasmos en toda mi vida como con él.

 

—¡Rayos, qué envidia!

 

—¿Envidia por qué? Tú tienes novio.

 

—Sí, pero es diferente. Sabes, esa sensación se pierde, esa maravillosa sensación, ya sabes cómo es, esa misma.

 

—Sí, sé exactamente a qué te refieres y tú, ¿por qué hablas como si no la sintieras en mucho tiempo?

 

—Mmm aquí entre tú y yo, es así, hace mucho que no lo siento.

 

—¡Oh cielos! Eso es... malo.

 

—No sé qué decirte, hay cosas que jamás se recuperan.

 

—Pero, dime la verdad, ¿sí la sentías con Joaquín… digo…antes?

 

—Mmm es diferente.

 

—Oh amiga eso está mal, so bad.

 

—¿Tú crees?

 

—Claro, si tu novio no te despierta eso, tal vez sea momento de… —¿De qué?

 

—De reevaluar tu relación.

 

—¡Oh no! Las relaciones son más que orgasmos amiga, es una cuestión de conexión, madurez y aceptación.

 

—Ujum, sí, lo que digas.

 

—Hablo en serio.

 

—Sabes, suenas como una mujer que está frustrada y trata de convencerse a sí misma que no lo

 

está, pero sí lo está.

 

—A veces eres muy pesada.

 

—Sí, sobre todo cuando te digo cosas que no quieres oír.

 

—Puede ser.

 

—Es que no es normal amiga, tú estás con un hombre increíble, te veo y es que se nota en tu rostro que no eres feliz.

 

—Soy feliz, claro que sí lo soy.

 

—No amiga, a mí no me engañas, recuerda con quién estás hablando. Soy yo, Florencia, te conozco desde que estábamos en la universidad jajajaja, así que sé no estás conforme.

 

—Mmm vaya, contigo no se puede disimular nada.

 

—Cuéntame ¿qué pasa?

 

—Es que, siento que estamos llegando a un punto de compromiso, no sé, últimamente Joaquín está muy raro, no sé qué le pasa, creo que me va a decir que vivamos juntos.

 

—O tal vez algo peor.

 

—¿En serio? ¿Qué sabes?

 

—No sé nada, pero él es el tipo de hombre que le gusta comprometerse, de hecho, ni siquiera sé qué está haciendo contigo jajaja.

 

—Eres muy mala Florencia Torres.

 

—Es la verdad, está loco por meterse con una fóbica al compromiso como tú, pero bien, ya está visto que a los hombres les gusta eso, que les hagan eso.

 

—Yo no le estoy haciendo nada.

 

—Exacto, te aseguro que si estuvieras enamorada de él, tú misma buscarías la forma de que se comprometiera contigo, te habrías metido en su casa, algo, lo que sea jajajajajaja.

 

—No soy de ese tipo de mujer.

 

—No eres ese tipo de mujer porque no te has enamorado, bueno excepto por… —y se quedó callada.

 

—¿Por qué?

 

—Olvídalo.

 

—Dime lo que quieres decir —le dijo seria.

 

—Olvídalo amiga, era bromeando.

 

—En serio dímelo, anda, dime lo que querías.

 

—Abel Ricard.

 

—Mmm… sabía que dirías eso, pero no tiene que ver, eso fue hace mucho tiempo, era una niña.

 

—A veces esos son los romances más verdaderos, los que se tienen en la juventud, porque uno entrega todo, no como ahora, ya tenemos experiencias, barreras y todo ese montón de basura que vas acumulando con eso que se llama adultez.

 

—Y bien doctor Freud, ¿que más tiene que decirme?

 

—Quiero que seas feliz y aunque Joaquín es un hombre excelente, la verdad no creo que sea el hombre para ti.

 

—Porque tú misma dices que es un hombre excelente.

 

—Sí, pero para otra mujer, no para ti.

 

—¿Por qué? Con él me siento cómoda.

 

—Exacto —le dijo señalándola—, cómoda no es la palabra con la cual yo describiría una relación verdadera, diría pasión, locura, amor, necesidad, sexualidad, no sé, cualquier cosa menos

 

eso. ¿Cómoda? Por todos los cielos, eso es lo menos sexy que he oído en toda mi vida.

 

—¿Por todos los cielos? Es sólo una palabra.

 

—Y la escogiste tú, que es lo peor.

 

—Bien Sigmund ¿qué más?

 

—Que quiero te busques un amor apasionado.

 

—Tengo novio, gracias, no necesito de eso.

 

—¿Y por qué coqueteas con otros hombres si lo amas?

 

—Es mi forma de ser.

 

—No, cuando una mujer está enamorada, sólo tiene ojos para el objeto de su amor.

 

—¿Y precisamente eres tú quien lo dice, quien se la pasa coqueteando con cuanto chico encuentra en todos lados?

 

—Pero no tenía novio, y tú sí.

 

—¿Tenía? Bien, estamos hablando en pasado, es decir, que este sexy hombre nuevo ya es tu novio.

 

—Algo así, al menos pretendo que lo sea jajajaja.

 

—Mmm bien por ti, cuando tengas tiempo con él, verás que las cosas se calman y ya todo no será pasión, sexualidad y todas esas palabras calientes que usas para describir una relación.

 

—¡Ja! Como digas, pero tú amiga mía lo que necesitas es un buen acostón con un hombre que te haga vibrar, eso es lo que Freud te recomienda.

 

—Suenas muy profesional, gracias por tu recomendación Sigmund, puedo hacerlo perfectamente con mi novio.

 

—Suerte con eso entonces, pero créeme, cuando sientas por un hombre la mitad de lo que tenías con Abel Ricard, entonces hablaremos.

 

—No menciones más ese nombre.

 

—¿Por qué? Abel Ricard, Abel Ricard, Abel Ricard… —¡Oh cielos! Madura Flore, madura ¿sí? —Jajajajajajaja, ¿no has sabido nada de él, nunca más?

 

—¿Por qué tendría que saber algo de él? Como te dije, eso fue solamente una tontería de la juventud.

 

—Bien, como digas jajajaja, pero nuevamente te pregunto, ¿has sabido algo de él? —No, no he sabido nada de él.

 

—¿No te da curiosidad saber algo amiga?

 

—No, no sé, la verdagd no pienso en eso.

 

—Mmm, si yo fuese tú, me daría mucho curiosidad saber qué pasó con su vida. —¿Para qué?

 

—Para saber, simplemente para saber qué fue de él, si está vivo, muerto, casado, viudo, divorciado, con hijos, sin hijos, todo eso.

 

—Ok, ¿pero qué lograría con eso?

 

—Nada, olvídalo. Qué aburrida eres, no sé ni por qué eres mi amiga. Yo soy una abogada. Se supone que sea aburrida y tú una loca arista bohemia, ¿qué pasó aquí? Jajajaja.

 

—Puedo ser artista y bohemia, aburrida y poco apasionada a la vez, en el mundo hay de todo ¿no?

 

—Mmm, no me convences amiga, de hecho antes eras más divertida y desde que estás con Joaquín, te has vuelto muy aburrida.

 

—Eso es lo que te pasa, cuando concretes con ese chico verás a lo que me refiero, ya querrás

 

pasar tu tiempo con él y todas esas cosas que ahora te parecen tan cursis te gustarán.

 

—No me refiero a eso, sino que te ves aburrida, eso es, él te aburre.

 

—No te pases Florencia.

 

—Es la verdad y discúlpame si te molesta, pero es la verdad te ves muy aburrida amiga.

 

—Bien, no seguiremos hablando más de mi relación, cambiemos de tema.

 

—Bien, como quieras, pero te digo no sé cómo haces, si yo fuese tú, ya habría buscado en internet para ver qué pasó con ese hombre.

 

—Bien, jajajaja. Se llama estar enfocado en lo importante.

 

—Bien, como digas.

 

—Bien.

 

—¡Oh cielos! Gracias —le dijo al mesero—, esto se ve delicioso.

 

—Oye, mira del otro lado, hay un chico mirándote de una forma muy interesante. —¿Qué parte de que tengo novio no entendiste?

 

—Creo que tú no lo has entendido tampoco, parte de tener novio es comprometerse, comprometerse amiga, precisamente lo que tú no quieres hacer.

 

—¿Podemos cenar tranquilas? Supuestamente vine aquí para desestresarme contigo, pero casi me estás haciendo desear ir a una reunión con mi perfeccionista editor. De verdad es menos estresante hablar con él que contigo.

 

—Jajajajaja. Salud por eso, gracias por lo que me toca. Bien cenemos.

 

—¡Salud! —Le dijo levantando su copa con vino blanco—. Mmm esto sabe delicioso, la rúcula está increíblemente fresca.

 

—Y se ve delicioso también, lástima que no pueda comer nada de eso y ahora menos con este chico tan guapo que he conocido, estoy francamente castigada.

 

—Jajajajaja ¡Por Dios! Eres muy exagerada.

 

—Tú lo dices porque tienes unos genes exageradamente buenos jajajaja. Por ejemplo, tu mamá es divina, parece una modelo, es fantástica, así que te augura un muy buen futuro amiga.

 

—Sí, siempre ha sido muy guapa, recuerdo cuando vivíamos en Francia, mi madre era la más guapa de todas las fiestas de la embajada.

 

—¡Vaya amiga! Has tenido una vida muy interesante.

 

—Ni tanto, ni tanto. Bien, esto oficialmente es lo más rico que he probado —dijo señalando el bistec vegano de hongos.

 

—Se ve delicioso, pero mi ensalada de vegetales confitados está increíble. Definitivamente, apuntaré este restaurant en mi agenda.

 

—Sí, así es, esta comida es deliciosa.

 

—Amiga ¿cómo te fue en la sesión de hoy?

 

—Genial, nada de modelos problemáticas, Thanks God.

 

—Jajajajajaja sí, me imagino.

 

—Es terrible amiga, la otra vez nos tocó una, ¡Dios mío! La cosa más caprichosa del mundo, muy hermosa la muy bitch, ya quisiéramos vernos como ella jajajaja, pero loca, muy loca.

 

—Jajajajaja me imagino, esas tipas están muy locas, pobrecita.

 

—Pero la vieras, las fotos son espectaculares, sino hablara, todo sería genial.

 

—Pobre de ti, lo que tienes que aguantar.

 

—Sí, pero gano buen dinero y jajajajaja, amo lo que hago.

 

—Eres muy suertuda, ganas tanto dinero y de paso lo disfrutas.

 

—Y tú también.

 

—Sí, pero no gano tanto como tú jajajajaja.

 

—Bien jajaja y lo que vendrá amiga, lo que vendrá.

 

—Así será amiga, eres muy talentosa.

 

Cuando ya se iban y luego de despedirse con un beso, Florencia se volteó y le dijo:

 

—Isabella.

 

—Sí, dime amiga.

 

—Recuerda lo que te dije, sé feliz y no te dejes llevar por la comodidad, busca la verdadera felicidad.

 

—Ay Flore.

 

—Recuérdalo, el verdadero amor es el verdadero amor.

 

—Bien, tengo que irme amiga, debo editar las fotos.

 

—Está bien —le dijo sonriendo.

 

Isabella se dirigió al estacionamiento, entró en el auto y puso música, aunque ninguna en particular, era una combinación que había descargado de internet, y de pronto, se escuchó Diamonds de Rihanna, esa letra por alguna razón le hizo recordar a Abel, esa noche donde compartieron tantas cosas, precisamente la noche estrellada. La sensual voz de Rihanna contaba esa historia apasionada, los luceros en el firmamento le hacían recordar cómo ellos contaron las estrellas en esa noche especial.

 

No sabía si era por las palabras de Florencia o simplemente un fenómeno natural de su edad, pero últimamente le dio por pensar en él, y eso le preocupaba, tal vez porque no deseaba comprometerse, pero aunque deseaba ser feliz con alguien, cada vez que las cosas se enseriaban la imagen fantasma volvía a su mente. No era Abel sino el sentimiento, la sensación de que más adelante había otra persona, alguien con quien podría entenderse, una pareja perfecta, esa persona que estaba hecha a su medida, si se casaba o comprometía con alguien más, entonces tal vez se perdería de ese ser especial, rea un miedo recurrente.

 

Era una especie de ansiedad que la perseguía y saboteaba cada una de sus relaciones, ya estaba cansada de ese fenómeno. Vivía en una inconformidad constante, sólo que no se había percatado de su trascendencia hasta que Florencia lo destacó de forma enfática. Mientras iba a su apartamento, la imagen de Abel pasó muchas veces por su cabeza. Pero trató de alejarla como pudo, ahora sólo debía pensar en su relación con Joaquín y se empeñaría que esta vez sí funcionara.

 

En su apartamento se preparó un té verde y se dispuso a editar todas las fotografías que mandaría a las revistas. Este era un trabajo que disfrutaba plenamente, estaba en lo más emocionante del trabajo, cuando sonó su teléfono, era Joaquín. En vez de sentirse emocionaba, la sensación fue más como fastidio, porque esa llamada cortaba la sinergia entre ella y su proceso creativo. Pero recordó que estaba resuelta a comprometerse en una relación seria, así que contestó el teléfono.

 

—Hola amor.

 

—¿Te interrumpo?

 

—No, no, estoy editando.

 

—¡Oh cielo! Lo siento, sé cuánto te gusta ese trabajo.

 

—Sí, tranquilo, dime.

 

—Es que, ¿recuerdas lo que te dije del picnic?

 

—Sí, lo recuerdo.

 

—Bien, este sábado a las 5:30 de la tarde ¿puedes?

 

—Eh, sí, suena interesante.

 

—¿Y bien?, ¿te animas amor?

 

—Sí, claro, pero sintió dentro de su corazón que no estaba esa emoción que se suponía, debía sentir cuando tu novio te invitaba a una cena romántica.

 

—Bien, entonces te paso buscando a esa hora.

 

—Puedo ir en mi auto Joaquín.

 

—No, yo te paso buscando amor, sé por qué te lo digo.

 

—Bien, como quieras mi amor.

 

—Bueno, no te molesto más mi cosita, te dejo para que sigas trabajando tranquila.

 

—Ok, nos vemos entonces.

 

Luego de un silencio en la línea, él le dijo:

 

—Te amo cosita.

 

—Yo también, pero en sus labios la frase sonaba como algo vacío.

 

Eso la puso a pensar qué tanto de realidad había en el discurso de su amiga, si se estaba equivocando gravemente al profundizar su relación con alguien que no era la persona correcta para ella. Pero no, sacudió su cabeza, él era su novio, un excelente hombre que la respetaba y amaba, ese era el verdadero cariño, y no la pasión y esa corriente eléctrica circulando por su cuerpo.

 

Cuando terminó, se dio una ducha y cayó desmayada en la cama, al día siguiente se sintió preocupada porque la idea que le había metido Florencia en la cabeza seguía dando vueltas, rondándole a cada instante y lo siguió haciendo al día siguiente y el siguiente. Entonces, ya era sábado y debía arreglarse para su cita con Joaquín, no obstante, sus pensamientos parecían estar en otro lado, razonando qué vendría después y si estaba cometiendo el peor error de su vida.

 

A las 5:30 p.m., Joaquín la llamó por teléfono, ella sintió un leve retorcijón en el estómago, entonces bajó y allí estaba él sonriéndole, se veía tan dulce, con sus grandes y hermosos ojos negros, y un enorme ramo de rosas rojas. Ella le sonrió y él la miró de arriba abajo, admirando su outfit.

 

—Te ves demasiado hermosa amor.

 

—Gracias, y tú estás muy guapo, entonces le dio un beso tierno en los labios.

 

—Vamos —le dijo él abriéndole la puerta del auto.

 

—Ok bien, señor nos vamos entonces.

 

Luego de una hora conduciendo, Isabella se sintió un poco inquieta, no sabía a dónde iban, las únicas pistas que tenía eran el picnic y ese crepúsculo. Ella se veía encantadora con su vestido blanco estilo vintage y unas hermosas sandalias de plataforma en corcho en tono nude. Su cabello suelto quedaba precioso en contraste con su hermosa piel de porcelana y los labios nítidamente pintados en rojo.

 

—Soy el hombre más afortunado del mundo.

 

—¿Lo eres?

 

—Mírate, soy el novio de la fotógrafa más talentosa y sexy de todo Miami.

 

—¿Sólo de Miami?

 

—Jajajajajaja de todo Estados Unidos.

 

—Mmmm bien, entonces sí, eres un tipo con suerte jajajajaja.

 

—Jajajajajaja, lo sé amor, entonces le dio un beso.

 

—¿A dónde vamos?

 

—No seas impaciente, tienes que esperar.

 

—¿Es que hasta dónde vamos a llegar? Al paso que vamos, iremos a México.

 

—Jajajajajaja. Cielos, qué exagerada Isabella Valencia.

 

—Bien, entonces me quedaré tranquila.

 

—Así quietecita jajajaja.

 

Desde la carretera se podía observar la línea costera y la playa, se veía francamente hermosa con el sol atardeciendo y los reflejos cárdenos dibujando líneas sobre el agua.

 

—Se ve precioso amor, esto es increíble.

 

—Sabía que te gustaría, ¿no es lo más hermoso que has visto en tu vida?

 

—Sí, y pensó en la playa, pero con Abel, en aquel verano en la Costa azul hacia como mil años atrás.

 

—¿En qué piensas amor?

 

—En nada —dijo pensando en lo tonto que era, teniendo a ese espectacular hombre a su lado, estuviera pensando en alguien a quien no había visto en tanto tiempo y a quien prácticamente ya ni conocía.

 

—Mira, ya casi estamos llegando, es por aquí.

 

Cuando descendieron por la entrada, las blancas arenas contrastaban preciosamente con el azul turquesa del mar. De pronto, ante sus ojos apareció una hermosa cabaña, pequeña y encantadora, ella no lo podía creer, toda la entrada estaba llena de velas blancas y repentinamente las luces se encendieron, era exquisito.

 

—Joaquín, cielos ¿qué es esto?

 

—Algo especial para ti.

 

—Dios esto es… es demasiado hermoso, no puedo creerlo. Gracias amor, gracias.

 

—Espera, todavía faltan varias cosas.

 

—¡Oh cielos Joaquín! Esto es demasiado, yo no merezco esto.

 

—Claro que lo mereces, mereces esto y mucho más.

 

—¡Oh cielos!

 

—Ven, vamos —le dijo tomándola de la mano. Ten cuidado, esas sandalias son peligrosas.

 

—Jajajaja sí, no sabía que me meterías por estos lugares inhóspitos.

 

—Debí darte recomendaciones de vestuario.

 

—Bien, si me agarro bien de tu brazo, no pasará nada.

 

—Vamos cariño.

 

Avanzaron hacia dentro y cuando entraron, un mesero estaba posicionado junto con una chica, vestidos y preparados para servirles.

 

—Buenas noches señor, buenas noches señorita.

 

—Buenas noches, ¿qué es todo esto?

 

—Amor, ellos son Ismael y Dalia, nos van a atender esta noche.

 

—Vengan por aquí por favor.

 

—Gracias —dijo ella sorprendida—. Soy Isabella, encantada de compartir con ustedes. —Por aquí por favor Mademoiselle —le dijo conduciéndola hasta la parte trasera de la

 

cabaña.

 

—¡Oh Dios Joaquín! ¡Qué bonito! esto es demasiado hermoso.

 

—Vamos amor, siéntate aquí.

 

El picnic estaba dispuesto con delicadeza, la manta era una exquisitez bordada en blanco y crema, el alumbrado estaba compuesto con farolas y la zona estaba decorada con flores blancas. Alrededor en la grama verde y cuidada, había un montón de velas blancas dispuestas con gracia y

 

sobre ellos un hermoso árbol cubierto de luces blancas, que le daban un delicado y elegante aspecto.

 

—Te pasaste, esto es demasiado, me encanta. —¿Parece que no has perdido lo venezolano aun? —Jajajajaja ¿lo dices por la frase? —Sí, se oye gracioso.

 

—Supongo que nunca dejaré de serlo.

 

—Y bien, nos sentamos aquí y ¿qué sigue luego?

 

—Luego observamos la puesta de sol, mira ¿no es magnífica?

 

—Es sublime, en verdad pocas veces he visto algo más maravilloso. —Cuando lo vi, supe que este sería nuestro lugar especial. —¿Nuestro lugar especial?

 

—Sí, ¿dime si esto no es lo más especial?, y contigo mucho más, tú eres lo más especial que tengo en mi vida.

 

—¡Oh Joaquín!

 

—Mira esos colores, qué hermosos como se funden con el mar, ¿no te parece que es algo maravilloso?

 

—Sí, es sublime, me recuerda a Kant, —y entonces otra vez Abel pasó por su cabeza, su conversación de lo sublime todavía permanecía en algún lugar de su mente.

 

—El hombre, es decir, el ser humano necesita de la belleza para poder sobrevivir, sin esto nada tiene sentido, ¿no lo crees?

 

—Sí, lo creo, es cierto. Sin la belleza el mundo sería solamente como un yermo, un sinsentido constante.

 

—Así lo pienso amor, ves, estamos conectados.

 

—¡Qué bonito! Luego del espectáculo del atardecer ¿qué viene? —La cena, pero ¿por qué estás tan interesada en el itinerario? —No lo sé, solamente es curiosidad.

 

—Dejemos que todo fluya libremente, así es más espontáneo si no sabes lo que viene, ¿no te parece?

 

—Jajajaja, me es difícil ese tipo de actitudes.

 

—Lo sé amor, pero así es más bonito.

 

—Bien, lo intentaré.

 

—Mira allí, ves cómo aquella ave cruza por el firmamento, a veces cuando veo cosas como esas me pregunto, ¿cómo es que tenemos tanta suerte de vivir en este planeta tan maravilloso? No lo sé, ¿cómo es que el ser humano da todo esto por sentado? Yo me siento feliz, es un privilegio disfrutarlo, es belleza en su más puro sentido, sin interpretaciones, ni comparaciones, sólo es belleza en sí misma.

 

—Pulcritud vagans.

 

—Así es, no hay nada más maravilloso…excepto tú, eres mi pulcritud vagans.

 

—Eso no existe amor, sólo se aplica a la naturaleza.

 

—Con el perdón de Kant y todos los grandes filósofos, pero yo te incluyo en esa categoría.

 

—Ok mi profesor, como quieras, haz lo que te venga en gana jajajaja.

 

—Ven acá.

 

—Mmm, ¿me va a besar señor Lorenzo?

 

—Así es señorita valencia.

 

—Bien.

 

Entonces él se acercó y le dio un tierno beso en los labios, meloso y dulce como eran siempre sus besos, y ella se sentía feliz de tener el privilegio de conocer a un hombre tan tierno, con tanta sensibilidad acerca de la naturaleza y de la vida. De verdad era la chica más afortunada del mundo, en su vida solamente habían desfilado hombres maravillosos y se daba cuenta que era ella quien los había apartado.

 

—Señorita, ese beso estuvo delicioso, ¡me encantó!

 

—A mí también me gustó mucho, ten por seguro que esperaré muchos más esta noche.

 

—Y así será.

 

—¡Oh mira cómo ya se está ocultando!

 

—¿Los señores desean vino?

 

—Oh sí por favor —dijo Isabella emocionada—. No hay nada que quede mejor con un espectacular atardecer que una buena copa de vino.

 

—Sí, gracias Ismael.

 

Al instante, Ismael les trajo dos deliciosas copas de vino tinto en su punto justo, delicadamente servido para disfrutar de las delicias de la naturaleza. Ella estaba extasiada, era una de las cosas más lindas que alguien había hecho por ella. Al trasluz de la copa, se veían aún los hermosos colores rojizos y naranjas que morían en el horizonte, desangrándose en el mar y tiñéndolo por completo. Era una vista espectacular y ella estaba ahí con el hombre más importante de su vida disfrutándola, se sentía maravillada.

 

Cuando cayó la noche, el cielo se encontró tachonado de mil estrellas, y en se momento otra vez el recuerdo de Abel pasó por su mente, era algo inevitable, esa fue la última vez que lo vio. ¿Por qué se repetía sin cesar su imagen, esa que creía olvidada, y ahora parecía no desaparecer de su mente por más que se empeñara en lo contrario?

 

—Amor es momento de la cena.

 

—Oh bien, ya tengo hambre.

 

Espérame aquí, voy a ver cómo va todo. Entonces se retiró para supervisar los platillos, mientras ella seguía mirando el nocturno firmamento, era imposible contarlas, eran tantas y tantas como joyas refulgentes. Diamantes como decía la canción de Rihanna que en ese instante vino a su mente. Era fantástico todo lo que Joaquín hacía, pero se preguntaba ¿por qué no terminaba de sentirse feliz?, ¿cómo era que no estaba brincando de felicidad como le sucedería a cualquier otra chica en su lugar?

 

Al momento de la cena estuvo callada, reflexionando en esas cosas, mientras él disfrutaba de cada platillo como el sibarita que era.

 

—Está divina ¿te gusta?

 

—Sí, es un sabor complejo —le dijo al degustar el delicioso risotto—. Está increíblemente cremoso, es no sé, exquisito.

 

—A ver, mi cosita, prueba esto.

 

—Mmm rico.

 

—Me encanta cuando dices esa palabra.

 

—¿Rico?

 

—Sí.

 

—¿Por qué?

 

—En tus labios suena muy sensual.

 

—Jajaja. Cielos, dices cada cosa.

 

—Debe ser el amor.

 

—Sí claro. No te preguntaré qué sigue después de la cena, jajajaja. No quiero dañar el itinerario.

 

—El postre señores.

 

El mismo era un delicioso soufflé de chocolate de un sabor intenso casi decadente, cacao al 90% de pureza, y a ella el paladar parecía terminar de despertarle.

 

—No sé por qué presiento que esto es intencional.

 

—¿Por qué lo dices?

 

—Ya sabes lo que dicen del chocolate.

 

—Jajajajaja Guilty.

 

—Lo sabía, estás planificando algo y ya sé lo que tienes en mente, pero tú no sabes lo que yo pienso.

 

—No, pero espero saberlo.

 

—Jajajajaja, ya lo sabrás si esperas un rato.

 

—¡Oh cielos! Eso suena como una propuesta muy tentadora Isabella.

 

—No te imaginas cuánto.

 

—Bueno, ahora que ya terminó la cena, te diré qué viene después.

 

—A ver —se preparó ella pensando que harían el amor en la playa o algo así.

 

Pero entonces él se arrodilló y se quedó mirándola fijamente al mismo tiempo que sacó una cajita del bolsillo.

 

—Amor, eres tan especial para mí, después de todo el tiempo que hemos compartido, siento que ya no puedo vivir sin ti, y que deseo estar tan cerca, tan cerca como sea posible, es decir, quiero casarme contigo, ¿te gustaría ser mi esposa, mi cosita para siempre?

 

—¡Oh cielos! Me tomaste desprevenida, cielos, cielos Joaquín.

 

—Jajajaja amor, casi te mueres de un infarto.

 

—Tú casi me matas de un infarto.

 

—¿No lo imaginaste?

 

—No, por todos los cielos no.

 

—¿Y qué suponías que iba a hacer?

 

—Decirme que viviéramos juntos.

 

—¡Oh no! Eso me parece muy poco romántico, muy poco.

 

—Bien, pero eso era lo que esperaba.

 

—Entonces ¿te casarías conmigo?

 

—Oh cielos Joaquín —sintió una pulsación fuerte en su corazón cuando dijo: —sí, acepto.

 

—Oh amor, me haces el hombre más feliz del mundo.

 

—Tú también me haces feliz amor.

 

Sin embargo, había imaginado que en ese instante casi deliraría de felicidad, pero no fue así, a pesar de que estaba emocionada y encantada con todos los detalles que Joaquín tuvo con ella, por alguna razón, había un espacio de su alma que permanecía callada, dormida. Un vacío que no podía llenarse por más que quisiera hacerlo.

 

 

Capítulo 6

 

 

Aunque hicieron el amor de la forma más maravillosa y romántica posible, en ella se había despertado algo extraño, una sensación de desilusión, Joaquín no sabía cómo penetrar a esa región escondida de su alma, y lo peor, ni siquiera ella podía hacerlo. Se sentó en la cama y por la ventana se revelaba el espacio nocturno y marino, la luna dominaba en el paisaje y le daba un aspecto platinado, el mar oscuro se bañaba con la argéntea luz de la Selene. Se quedó observando por largo rato, se levantó y fue a observar afuera, hacia un poco de frío, así que tomó una manta y se sentó en un banco ubicado en la parte posterior. Cerró los ojos y respiró hondo, el olor del salitre le llenó los pulmones dándole un poco de energía.

 

No sabía si era eso lo que se suponía debía sentir, ¿era normal estar así y pensar si había algo más? ¿O tal vez se estaba conformando con lo “cómodo” como le dijo Florencia? Era una sensación de angustia e, incluso, sintió que la respiración se le entrecortaba, que tenía el pecho apretado y le falta el aire. Quizá, pensó, era una reacción natural, tal vez todas las novias se sentían así, nerviosas porque el matrimonio era algo nuevo, un compromiso muy grande, uno que ella jamás había pensado en asumir, porque no quería definirse en función a lo que un hombre le dijera.

 

Al día siguiente, después de desayunar, se fueron, él la dejó en su apartamento, Isabella todavía no entraba en conciencia de lo que había pasado la noche anterior. Se sentó en su estudio y colocó los codos sobre el mesón y luego hundió el rostro entre ellos.

 

—¡Rayos! ¿Qué estoy haciendo? —Se preguntó.

 

En ese momento sonó el citofono, ella fue a atender y era Florencia, qué mala suerte, pensó, ahora le preguntaría un montón de cosas, pero ya era tarde para no abrirle o inventar algo. Además, igual se iba a dar cuenta tarde o temprano. Entonces, sólo esperó lo mejor, de todas formas ella era su amiga, no su madre y no le debía explicaciones acerca de su vida privada.

 

—Hola amiga.

 

—Hola Isabella, aquí te traje esto.

 

—¿Qué es?

 

—Tu amado té verde.

 

—¡Oh gracias amiga! Muchas gracias, ya se me estaba acabando, y esta es la marca que me gusta.

 

—¡Oh rayos! ¿Qué es eso en tu mano?

 

—¿Qué cosa?

 

—Eso, eso que tienes en tu dedo anular.

 

—Oh, un anillo.

 

—Ya sé qué es un anillo, ¿pero qué está haciendo ahí? —le dijo un poco turbada. —Florencia ¿realmente tengo que darte todos los detalles de mi vida personal?

 

—No, pero no quiero que termines frustrada y casada con alguien que no sea la persona para

 

ti.

 

—¿Qué sabes tú de eso?

 

—Mucho, soy experta en terminar con personas que no son para mí.

 

—Rayos, deja de meterte en mi vida, si me quiero casar con ese hombre lo haré, no eres mi madre y no te debo explicaciones.

 

—Eso es cierto, no soy tu madre, y no me debes explicaciones, pero sí te las debes a ti misma. Mereces buscar en tu interior y preguntarte si esto es realmente lo que quieres, si ese hombre es quien quieres como esposo. Recuerda, eso no es un juego, es algo muy serio.

 

—No soy una niña Florencia, por favor.

 

—Bien, es todo lo que diré y me siento feliz de cumplir con mi deber de amiga de decírtelo, y bueno, creo que lo mejor es que me retire.

 

—Bien, como quieras, no estoy diciendo que te vayas, pero si eso quieres, puedes hacerlo.

 

—Bien, ya sabes, piénsalo.

 

—Oh cielos Flore, simplemente acepta que me voy a casar con Joaquín y ya.

 

—Bien, nos vemos después amiga.

 

Ella se sintió inquieta luego de esa conversación, en verdad las palabras de Florencia tenían mucho peso para ella, se preguntaba si en el fondo no tendría razón, si se suponía que estuviese delirando de felicidad, pero en realidad, la sensación era más bien de “comodidad”, algo reconfortante, la sensación de lo conocido. Pero ¿por qué eso tenía algo de malo? ¿Por qué sentirse tranquila y cómoda con Joaquín debía ser algo malo?

 

—¿Y qué si quiero estar cómoda? ¡Qué importa! —dijo, y entonces algo pasó por su mente, una idea que se filtró en un instante, como una frase clara. “Y si buscas a Abel en internet”.

 

—No —respondió— ¿para qué? —Y entonces la voz le dijo lo mismo que Florencia—, “para nada en particular”.

 

—¡Oh rayos! Bien, qué más da —entonces abrió su Facebook y colocó el nombre de él en el buscador: Abel Ricard, enter.

 

Entonces, aparecieron los resultados y comenzó a revisar, de pronto sintió un golpe en el corazón, una foto nada más, solamente eso podía desatarle ese fuego adentro. Sintió cierta culpa y quiso cerrar la página, pero luego sus manos se pararon en el acto, se quedó mirándolo, ahí estaba él, sonriente, con esos hermosos ojos celestes, aparecía sentado en Montjuic, hermoso, vestido con una chaqueta de cuero negro y una bufanda.

 

—¡Por Dios! —Dijo pensando en lo sexy que se veía, ¿cómo era posible que ese hombre estuviese más hermoso que nunca?, eso era casi imposible, pero él lo había logrado.

 

Su dedo se corrió hacia el botón de “solicitud de amistad”, tembloroso, sentía la tensión en el botón, quería darle click y al mismo tiempo no lo deseaba. Al final, lo hizo y se sintió mal, colocó su cabeza sobre la mesa, entonces se levantó y fue a la cocina a servirse un vaso de agua. Cuando volvió, observó con horror que la solicitud había sido aceptada y él le había escrito un mensaje. Revisó y casi se cae para atrás, era él efectivamente, sintió un fuerte golpe en su pecho, eso estaba muy mal.

 

—Hola Isabella, no puedo creer que seas tú, ¿cómo estás?

 

Releyó el mensaje varias veces, como si quisiera encontrar alguna clave mágica o frase entreescondida. Entonces, se decidió a contestarle, con las manos temblorosas.

 

—Hola Abel. Sí soy yo, estoy muy bien ¿y tú?

 

—Muy bien, qué maravilloso saber de ti.

 

—Sí, y…

 

—Disculpa, estoy stalkeando tu Facebook y veo que vives en Miami.

 

—Sí, así es ¿y tú dónde vives?

 

—En Barcelona.

 

—¡Oh cielos! ¿Y eso?

 

—Vine a estudiar en la universidad y bueno, me quedé aquí porque me gustó mucho, tengo

 

mucha familia en este lugar y me encanta España, es genial.

 

—Maravilloso, yo…bueno, cuando vivía en Francia pasé varias veces por allá.

 

—Me imagino.

 

—¿Y a qué te dedicas?

 

—Soy fotógrafa.

 

—Con razón.

 

—¿Qué?

 

—Todas las fotografías fantásticas que tienes en tu perfil.

 

—¡Oh gracias! Sí, amo la fotografía.

 

—Sí, recuerdo que me lo llegaste a comentar, tu tía Márcele, ella fue la que te enseñó. —Cielos —dijo conmovida—, ¿todavía recuerdas eso? —Sí, recuerdo todo lo que hablamos.

 

—¿En serio?

 

—Sí, en serio.

 

—Eh… no sé qué decir.

 

—Yo lamento que todo haya terminado de esa manera.

 

—Tranquilo, eso fue hace mucho tiempo.

 

—La verdad, sé que fue hace tiempo, pero igual me pesa que todo haya terminado así.

 

—Entiendo, no te preocupes.

 

—Me alegra tanto saber de ti.

 

Isabella se sentía muy culpable por estar hablando con Abel estando comprometida con Joaquín, pero no podía evitarlo, era una especie de atracción magnética que no la dejaba apartarse de la tentación, aunque deseaba hacerlo, sencillamente no podía. No podía creer que estaba hablando con Abel Ricard, y después de tantos años, era como un sueño hecho realidad, lo había deseado tanto y ahora estaba ahí, parecía tan interesado en saber de ella como antes.

 

Por alguna razón, no le dijo que estaba comprometida, sabía que estaba mal, pero sencillamente no deseaba hablar de ese tema. Hablaron por horas y éstas parecían segundos, allí estaba la energía otra vez, la misma que sintió la primera vez que lo vio en la playa, a los 13 años, cuando se dieron aquel beso inocente. ¿Cómo era posible eso? Alguien que en un momento fue tan cercano y que ahora era prácticamente un desconocido le desataba todas esas sensaciones mágicas.

 

—¿Has pensado en venir a Barcelona?

 

—No, la verdad no, ¿por qué?

 

—Porque…es un lugar hermoso, y… tal vez quieras venir y…no sé… vernos en persona. —Abel yo… —casi le decía de su novio, pero algo la contuvo, sus dedos se paralizaron, y le

 

colocó—, tal vez.

 

—Quiero llamarte ¿puedo?

 

—Mi cámara no está funcionando bien —mintió.

 

—Oh bien, bueno yo…sé que es algo precipitado, pero ya casi estamos en verano y aquí es muy hermoso. Además, las fotografías son muy buenas, si te animas, aquí te espero.

 

—Mmmm, bien lo pensaré.

 

—Ok, entonces… lo espero, espero que te animes a venir.

 

—Ok, bueno ahora tengo que dejarte, porque necesito dormir.

 

—Cierto, bien yo…me gustaría seguir hablando contigo.

 

—A mí también —dijo ella sin pensarlo.

 

Cuando apagó la computadora, sintió como un retorcijón, pero esta vez eran los nervios, así como la culpabilidad de estar hablando y coqueteando con alguien que no era su prometido. Pero la fuerza y energía que eso le imprimía a su cuerpo valía la pena, porque era una sensación enervante que hacía mucho tiempo no experimentaba, como lanzarse en paracaídas y sentir la adrenalina y fuerza de encontrarse al borde de la muerte y en la incertidumbre.

El lunes siguiente todavía sentía la misma sensación, y desde ese día no había hablado con Abel, había pasado una semana, francamente experimentaba múltiples sensaciones, que casi la hacían vibrar.

 

—Hola señorita —le dijo Rafaela.

 

—Hola ¿cómo estás?

 

—Señorita, tenemos un nuevo cliente.

 

—Genial, a ver, cuéntame.

 

—Bueno, lo conocí por intermedio del señor Maxwell, es una revista nueva, desean tomar una fotografía para su nuevo número y quieren a una excelente fotógrafa con una visión muy artística, y el señor Maxwell la recomendó.

 

—Excelente, dime ¿dónde es y qué desean?

 

—Es una revista española se llama Viajando y desean tomar unas fotos en Barcelona, para su nuevo número de viajes.

 

—¿Qué?

 

—Fotos de viajes para promocionar los mejores lugares turísticos y contrastarlos con sitios inéditos que bueno, pasan desapercibidos, cosas que no son obvias.

 

—No, lo otro que dijiste.

 

—Ah es en Barcelona, tengo que prepararle todo, la paga es excelente señorita, ese grupo editorial es muy bueno.

 

—Lo sé, cielos —dijo para sí misma pensando en qué tipo de loca casualidad estaba pasando como para llevarle justo en ese momento a Barcelona.

 

—Y bien señorita ¿aceptará el contrato?

 

Ella lo pensó por unos minutos, luego las palabras salieron solas de su boca:

 

—Sí.

 

Esa noche nuevamente estaba en su cuenta de Facebook y un mensaje llegó a su inbox, era él:

 

—Hola.

 

—Hola —contestó temblorosa.

 

—¿Pensaste en lo que hablamos?

 

—¿Qué cosa?

 

—En venir a Barcelona, yo me muero por verte ¿no te da curiosidad vernos?

 

—Abel, hace mucho tiempo yo…

 

—Quisiera volver a verte, es todo ¿no te da curiosidad vernos? Es solo para hablar, como amigos.

 

—En realidad sí, me da curiosidad verte, entonces pensó que era una tontería, seguramente podría verlo y se daría cuenta que solo eran ideas tontas, que ya no sentía lo mismo, casi como un juego, solo que más interesante.

 

—Entonces, vendrías… ¿vendrías para vernos?

 

De sus labios salió la contestación, casi como si surgieran espontáneamente sin el control de su mente:

 

—Sí, iré.

 

 

Continuará…

 

 

Esta historia es parte de una saga que se complementa con los siguientes libros:

 

Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Una Novela Romántica que no podrás parar de leer. Saga No. 1

 

Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Una Novela Romántica que no podrás parar de leer. Saga No. 3

 

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