Libro N° 10828. Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 3. Franco, Mercedes.
© Libro N° 10828.
Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga No.
3. Franco, Mercedes. Emancipación. Enero 28 de 2023
Título original: ©
Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga
No. 3. Mercedes Franco
Versión Original: © Pasiones
Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 3. Mercedes Franco
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PASIONES PROHIBIDAS DE MI PASADO
Saga No. 3
Mercedes Franco
Pasiones
Prohibidas De Mi Pasado
Saga No.
3
Mercedes
Franco
Pasiones
Prohibidas De Mi Pasado. Una Novela
Romántica
que no podrás parar de leer.
Saga No.
3
Mercedes
Franco
Tabla de Contenidos
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
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Capítulo 7
Se sentía muy nerviosa, hacía un día muy soleado, así que antes de
salir, se colocó protector solar. Cuando se dirigió al lugar, su pecho latía
con fuerza a cada paso que daba; era como un fuerte pulso interno. Hacía tanto
tiempo que no lo veía y, además, estaba la otra sensación de culpa, el haber
venido a ese lugar supuestamente por trabajo, pero francamente, en el fondo lo
que deseaba era encontrarse con él nuevamente.
Dos semanas antes le había dicho a su novio que se iría de viaje a
Barcelona y cuando éste se ofreció a acompañarla, ella lo evadió, aludiendo
diferentes causas; así que era evidente que deseaba viajar sola. Lo sabía, se
conocía, lo que había empezado a sentir desde la primera conversación con Abel
era algo muy distinto a lo que vivía en su relación con Joaquín o cualquier
otro hombre que conoció en su adultez.
Tenía la buena excusa del trabajo con la revista, pero esa no era la
causa principal, así que no deseaba pensar mucho como solía hacerlo porque no
quería encontrarse con esa voz acusadora que le decía lo mal que se estaba
portando. No había hecho nada malo después de todo; total, solamente lo quería
ver y conversar, qué podía suceder si ya era una mujer adulta.
Avanzó casi como un impulso, se sentía en un sueño, hacía tanto tiempo
que no estaba en España y ahora se sentía libre, sola, en otro mundo. El lugar
concertado fue el Parque Güell, no podía ser mejor; el verano español estaba
más ardiente que nunca, ella se ubicó en un lugar desde donde podía observar
todo el maravilloso paisaje.
Estaba concentrada mirándolo y observando el refulgente sol, cuando
alguien se le acercó y escuchó esa voz maravillosa:
—Hola Isabella.
Ella volteó intempestivamente porque ese sonido fue como un golpe que
desgarraba el vacío, un arañazo que al fin lograba romper la membrana que la
había mantenido en ese lugar desierto, en el espacio de la soledad emocional.
Pero con esas dos palabras, por alguna extraña razón, de golpe todo había
caído.
—Hola —le dijo y cuando lo vio, supo que había sido un error llegar
hasta ese lugar.
—Te ves, no sé, me quedé sin palabras —le dijo riendo encantadoramente.
—Eh… yo, no sé qué decir, es que… cielos jajajajaja.
—Sí, hace tanto que no nos veíamos, esto es como surrealista.
—Así es —le dijo y sentía su cuerpo vibrar por dentro.
Abel Ricard se había convertido en un hombre completamente turbador,
estaba más alto y atlético, su piel ligeramente bronceada le hacía lucir mucho
mejor, su cabello era de un negro intenso y la sombra de la barba era del mismo
color. Esta última le daba un aspecto más sexy y completamente masculino,
vestía una sencilla franela y unos jeans gastados, ella se preguntaba cómo
alguien podía lucir tan sensual con una ropa sencilla como esa.
—Y bien, no sé qué decirte, yo…bien, este...
—Jajajajajaja. Sí, te entiendo.
—¿Te digo la verdad?
—Sí, claro.
—Estaba muy emocionado por volver a verte.
—¡Qué bien!
—¿Y… tú?
—Mmm también, sí. Es… no sé, es raro, hace tanto tiempo que no nos
vemos, es algo como… —¿Un sueño?
—Sí, exacto, como un sueño.
—Me hace recordar la Costa Azul.
—¡Cielos! ¿Todavía recuerdas eso?
—Por supuesto, siempre recuerdo eso.
—No sé qué decirte.
—Tienes novio ¿verdad?
—¿Por qué me preguntas eso?
—Por tu actitud, te ves un poco esquiva jajaja, no lo sé. Además, una
mujer como tú, mírate, eres maravillosa, inteligente, ¿cómo alguien así no
podría tener novio?
—¿Y tú? ¿Tienes novia?
—En realidad terminé una relación hace algún tiempo y digamos que me
estoy dando un break.
—Entiendo.
—¿Y tú?
—Bueno en realidad sí, tengo novio.
—Oh bien, ¡qué afortunado ese hombre!
—En realidad la afortunada soy yo, él es una gran persona, es ese tipo
de personas con las que puedes hablar cualquier cosa, te sientes cómodo con
alguien así, es genial.
—Mmm ¡qué bien!
—¿Qué?
—Nada, nada.
—Ok, y… ya sabes qué hago y tú ¿a qué te dedicas?
—Trabajo en una revista.
—¿Sí? Interesante, ¿qué haces?
—Hago de todo en realidad jajajaja. Digamos que sufro del síndrome del
trabajador múltiple. —Pero, ¿cuál es tu profesión?, es decir, ¿qué estudiaste?,
¿qué haces? —Soy periodista.
—¡Oh bien, interesante! ¿Haces reportajes para esa revista?
—Sí, jajaja algo así.
—Bien, suenas muy misterioso jajajajaja.
—No, nada que ver, sólo que deseo enfocarme en ti, es decir, en
conocerte, saber qué ha sido de tu vida, qué haces, todo, aunque ya veo que has
sido una mujer muy exitosa. Eso es fantástico, porque siempre pensé que sería
así, ¿recuerdas en nuestras conversaciones cuando hablábamos?, no sé, se notaba
que ibas a hacer algo grande, era apasionante escucharte.
—¿En serio?
—Sí, no tenías nada que ver con las chicas tontas del colegio,
sencillamente tú no encajabas ahí, eso me parecía hechizante y genial.
—Gracias por eso.
—Es la verdad, cada vez que hablaba contigo, aprendía cosas maravillosas
y, pues, creo que eso me inspiró.
—¿En serio? ¿Hablas en serio Abel?
—Sí, tener tu pasión por
la fotografía, por
cada cosa, tu nivel
de excelencia, era
algo
impresionante, eso me hizo desear ir más allá, ser el mejor en lo que
hacía, antes de vernos nuevamente, de encontrarnos en el colegio, me sentía un
poco a la deriva. Perdía el tiempo en tonterías, pero cuando nos separamos, yo
usé ese dolor, el no tenerte para llegar a mis objetivos y así logré todo en la
vida.
—¡Guaooo! Me dejas sin palabras, no sé qué decirte —dijo ella
francamente turbada. —Podemos decir que el día está hermoso y que el verano es
maravilloso, que Barcelona es
espectacular, que no me canso de vivir en ella, que soy feliz aquí,
etc., etc.
—Eh…
—Pero en realidad lo que quiero decir es que estás más hermosa que
nunca, tu cabello, no sé, esos ojos se ven maravillosos.
—Abel.
—Bien, bien, no diré más nada, el novio, sí jajajaja.
—Sí, recuérdalo.
—Mmm, ¿pero eso no me priva de mirarte?, es decir, ¿de admirarte?
—Tú también luces muy guapo, así que me cuesta pensar que no tengas
novia, desde que eras un chica las mujeres pululaban a tu alrededor.
—Sí, pero al final de cuentas, quien decido soy yo ¿no crees?
—Eso es cierto, muy cierto.
—¿Y tú me imagino que también?
—Sí, pero solamente uno pudo conquistar mi corazón, se dio cuenta que al
decir esto sonó falso, su corazón no había sido conquistado por su novio, era
sólo una mentira.
—¡Qué bueno! Me alegra, eres muy afortunada y te lo mereces, mereces a
un hombre que te amé así. Pero si ese tipo se porta mal contigo en alguna
oportunidad, ya sabes que debe atenerse a las consecuencias conmigo ¿eh?
—Jajajajaja eso no pasará, definitivamente no.
—¿Entonces es un santo?
—Algo así.
—Cielos, nadie puede competir con eso.
—Nadie tiene que competir con eso, diría yo.
—Bien.
—Mira esto, ¿no te parece fantástico?, es Gaudí, ¿no es lo máximo?
—Por supuesto, es maravilloso, gracias por invitarme aquí, me siento, no
sé, como libre. —Sí, tengo especialmente la hipótesis que aquí uno se siente
libre, completamente libre, yo
también capté ese mismo sentido.
—Todo esto tiene un sentido tan orgánico, marino, es como estar en una
cueva o algo así, pero…
—La maravilla de la arquitectura, la complejidad del lenguaje humano, es
seductor.
—Sí, seductor, esa es precisamente la palabra que estaba buscando.
—Cuando lo dices con acento español, incluso suena más excitante
jajajaja.
—Sí, sé a qué te refieres jajajaja.
—Mmm, ven, quiero mostrarte algo —le dijo y su mano casi buscaba
rozarla, pero ella sabía cómo esquivarlo sin que se notara.
—¡Qué bello, este mar es espectacular!
—Vamos a recorrer el lugar ¿te parece?
—Sí, perfecto, tú serás mi guía.
—Bien, vamos por aquí.
—¡Oh cielos! Esta pared, me fascina esa textura. Espérate, voy a tomar
una foto, aquí hay un muy efecto de luz.
—Ok, ya se desató la artista jajajaja.
—Es porque puedo ver cosas que tú no jajajaja.
—Bien, entonces aprenderé contigo.
—Bien, ¿ves esta luz?, es lo que necesito, así se verán los volúmenes,
esos contrastes de allí son geniales.
—Jajajaja ¡guaoo!, me fascina cómo describes una foto, es fantástico, es
decir, tu proceso.
—Jajajajaja, bueno ya verás, jajaja.
—Bueno, vamos a la Plaza de la Naturaleza, te va a fascinar.
—Oh bien, jajajaja, vamos entonces.
—Mira esto, mira se llama Los Jardines de Austria.
—Sí, jajaja.
—Quiero ser el mejor guía para ti.
—Ya veo, eres muy eficiente jajajaja.
—Por ti, sí.
—Mmm, entonces la corriente eléctrica comenzó a fluir y ella trataba que
no se notara la fuerte atracción que se estaba generando en ese momento.
—Sabes, eh… ¿quieres que nos tomemos un café?
—Sí, perfecto, debemos disfrutar.
—Bien, ven por aquí.
Se sentaron en un lugar divino donde se podía ver la costa, ella estaba
extasiada, tal parecía que el mar siempre giraba alrededor de sus vidas. Se
sentía en paz, con una libertad especial, casi como si pudiera volar.
—Sabes, me siento feliz —dijo él y su sonrisa destellaba una gran
luminosidad.
Oh cielos, pensó, se veía espectacular. Cómo era posible que se hubiese
olvidado de ese rostro, y no solamente eso, sino su sonrisa y esa maravillosa
forma de ser, espontánea, natural y humilde.
—Yo también me siento feliz —y al ver la reacción de él, se arrepintió
de decirlo.
—Te ves hermosa cuando dices eso.
—Mmm gracias —y bajó la mirada.
—Lo siento, sé que tienes novio, discúlpame si te hice sentir incómoda.
—Por favor, dos cafés —le dijo al mesero.
—Enseguida señor.
—Aquí el café es delicioso, te va a gustar.
—Bien, excelente, me fascina un buen café.
—Ahora, dime, ¿eres feliz?
—¿Por qué me preguntas eso?
—Bueno, supongo que es curiosidad, tanto tiempo sin vernos y no sé, me
gustaría saber más acerca de ti.
—Bien, sí, soy feliz, es decir, supongo que la felicidad como la
concebimos es un estado transitorio, no creo que haya nada como “la felicidad”,
sólo hay momentos felices, porque todos pasamos por situaciones malas y buenas
o muy buenas, entonces son cosas transitorias.
—Ves, por eso me fascina hablar contigo, es como si el tiempo no fuese
pasado.
—Jajajajaja, ¡oh cielos!, no sé qué decirte.
—No digas nada, sólo esperemos el café, nada más.
—Bien, miremos el mar, desde aquí está precioso.
—Me declaro tu guía oficial, si quieres ver el mar, conozco un lugar muy
especial. —¿Sí, dónde?
—En la Barceloneta.
—Oh sí me encantaría ir.
—Bien, listo, hagamos el itinerario.
—Perfecto.
—Sus cafés —dijo el mesero sonriente.
—Mmm huele delicioso este café.
—Es uno de los mejores cafés de España señorita —le dijo el mesero.
—Genial, huele delicioso, muchas gracias.
—Mmm Dios mío, vivo por cosas como estas —dijo Abel—, me fascina, es
como placer en el paladar, untuoso, esto sí es verdadero café.
Ella lo miraba y no entendía cómo todo lo que él decía o hablaba podía
ser tan sensual, era increíble que hasta hablando de un simple café pudiera
verse de esa manera. La forma cómo movía las manos, la manera de gesticular con
sus labios, el tono de la voz, y esa maravillosa sonrisa, destellante y
hermosa.
—Dices las cosas de una manera, no lo sé, inspiras, hasta con algo tan
sencillo como un café, es como si tuvieras la capacidad de disfrutar cada
pequeña cosa de la vida.
—Jajajajaja, aprendí que en un momento se puede perder todo, a veces la
vida te enseña esas lecciones de una manera muy fuerte, en mi caso con la
muerte de mi madre y…
—¿Qué?
—Cuando te perdí.
—Eh… cielos, yo…
—Tranquila, no tienes que decir nada, sólo quiero contarte lo que he
pasado.
—Lo primero es que estaba decidido a buscarte y llevarte conmigo, decía
que nadie nos separaría, luego te fuiste y me sentí de manos atadas, sentí
incluso que me habías traicionado, porque nunca me buscaste y yo sentí que en
realidad no me habías querido tanto como decías.
—No te busqué porque no pude, mi padre me dijo expresamente que no te
podía buscar o te metería en serios problemas, sabes que mi padre nunca mentía
cuando decía algo como eso, él era un militar experimentado, qué te puedo
decir, me asusté, era sólo una niña. Camille, mi ayudante, me aconsejó que
viajara, estudiara, trabajara y cuando fuese independiente, yo podría buscarte
y hacer nuestras vidas como quisiéramos.
—Y ¿lo intentaste?
—Sí, pero cuando al fin logré mi independencia, ya lo nuestro, seamos
francos, no tenía sentido, me convencí que eran cosas de niños, entiendes como
es.
—A medias.
—Pero tú tampoco me buscaste.
—Lo intenté, pero pensé con el tiempo que no te importaba, porque nunca
me buscaste, pensé que ya no me querías, y por lo que veo, estaba en lo cierto.
—Pero había pasado mucho tiempo, éramos solamente unos niños.
—Lo sé, pero mis sentimientos fueron los mismos por mucho tiempo.
—Disculpa yo… creí que ya no significaría nada para ti.
—No fue así.
—¡Cielos! Eso que me dices me sorprende yo…
—Bueno, sé que no hay excusas, debí hacer más. Ir a Estados Unidos,
buscarte, no lo sé, hacer lo que fuese necesario para honrar nuestro amor, creo
que no hice lo suficiente por nuestra relación.
—No te culpes, eras un niño, no podíamos decidir por nosotros mismos,
teníamos padres que nos decían qué hacer.
—En algún momento llegué a pensar que me odiabas.
—No por Dios jajajajaja, nunca lo asumí de esa manera.
—Me alegra saberlo.
De pronto, se hizo un silencio, Isabella se sintió incómoda, pensó que
aquello era solamente una tonta travesura, una manera de jugar, que solamente
se verían y reirían de todo aquello, que al estar cerca de él le daría risa
recordar todo lo que vivieron. Diría algo como “cómo pude fijarme en este
chico”, pero nada de eso sucedió, al contrario, ella se dio cuenta que había
caído en su propia trampa y que el destino la había acorralado sin darle la
oportunidad de escapar.
Se miraron profundamente, sus ojos eran tan intensos como antes, de un
azul profundo, flaqueados por matices grisáceos, perfectos, puros y llenos de
ternura, sus grandes ojos, esos que le habían hecho perder la cabeza. Error, se
dio cuenta muy tarde del terrible paso que había dado.
—Parece que nos quedamos en silencio.
—Sí, jajajaja.
—Bien, ¿quieres que vayamos a la Barceloneta?
—Sí, perfecto.
—Bien, vamos.
Era el lugar menos propicio para dejar las cosa claras con una antigua
pareja, el amor aportaba un toque romántico que recordaba a su playa, aquella
en la que se conocieron. Era como volver 13 años atrás, cuando se dieron ese
tierno beso y hablaron toda la tarde hasta que el viento se confundió con el
murmullo de sus almas diciéndoles que estaban enamorados.
—Este lugar es fantástico, de verdad es maravilloso. Nunca había venido,
me recuerda… —¿A la Costa Azul? —Le dijo él.
—Sí, en realidad estaba pensando en eso, precisamente en la Costa Azul.
—Ese fue un hermoso día.
—Sí, lo fue.
—Fue la primera vez que me enamoré, ese día fue mi primer beso también.
—¿Nunca me habías dicho que fue tu primer beso?
—Así es.
—Me sorprendes, no puedo creerlo, desde ese momento teníamos tanto en
común, aunque no lo supiese.
—Tú has sido todas mis primeras veces, incluyendo este lugar, es la
primera vez que traigo a una mujer aquí.
—Jajajajaja, pero esto no es una cita Abel.
—Lo sé, pero es igual, es la primera vez. Como te dije, tú eres mis
primeras veces.
—Abel, por favor —dijo ella bajando la vista.
La brisa marina movía su cabello, cerró los ojos y sintió esa
maravillosa energía en el aire, el sonido de las olas y la relajante sensación.
—Isabella Valencia.
—Dime Abel.
—Me gusta cómo suena ese nombre.
—Mmm ¿Isabella Valencia?, ya no sé quién soy en realidad, no soy la
misma de antes, ahora soy otra persona.
—¿Por qué?
—No lo sé, la verdad no sé ni cómo llegué hasta aquí, en un momento era
una niña feliz en París y luego estoy en Barcelona con un hombre con el cual
tuve una relación en mi pasado.
—Bien Isabella, yo también era un chico normal hasta que me enamoré de
ti y nunca más volví a ser el mismo.
—Entonces estamos iguales, sabemos lo que siente alguien que pierde al
amor de su vida y cree que para esta persona no significó nada o por lo menos
no lo que uno creía.
—Pero me dijiste que no te importaba, lo acabas de decir.
Ella lo miró y le entornó los ojos, como diciéndole ¿es en serio?
Después de todo, cómo podrías descubrir tus verdaderos sentimientos con alguien
que era un total desconocido, por mucho que lo conocieras en el pasado. Era muy
difícil sincerarse con una persona así, entonces, lo mejor sería fingir
indiferencia y una aceptable madurez, una actitud de comprensión, que
simplemente decir lo que en realidad estaba pensando: ¿por qué no hiciste más?
¿Por qué no me buscaste? ¿Acaso no era tan importante para ti?
—¿Te sientes bien?
—Sí, me siento bien, es sólo que este lugar, me pone un poco nostálgica,
es como si me hubiese cegado, construido una vida alrededor de una muralla, una
tan grande que yo misma olvidé que estaba, me sentía incómoda, pero no sabía
por qué. Entonces contacté contigo y me di cuenta que estaba en la conformidad,
no sé cómo explicarlo.
—¡Qué raro!
—¿Qué?
—Este lugar siempre me pone nostálgico.
—¿Y eso te gusta?
—Pues sí, creo que la nostalgia es parte de la vida —le dijo con una
encantadora sonrisa, mientras se pasaba la mano por el cabello revuelto en un
gesto encantador.
Al verlo, ella sintió un leve retorcijón en el estómago, se veía
encantador, el sol incidía sobre su cabello generando unos suaves matices color
caoba que lo hacían ver aún más atractivo. Su aire descomplicado era realmente
seductor, ella sintió una corriente eléctrica por todo su cuerpo que bajando
hacia esa zona íntima, una sensación emocionante, apasionada que nunca había
sentido.
—Creo que lo mejor es que me vaya.
—¿Por qué? Si solamente llevamos un par de horas juntos.
—Creo que es más que suficiente.
—No digas eso, yo pensaba mostrarte todo el muelle.
—La verdad no creo que sea buena idea Abel, no lo sé, creo que todo esto
fue una idea terrible, dime la verdad ¿tienes novia, pareja, lo que sea?
—En este momento no. Como te dije, terminé una relación, pero ahora
estoy solo.
—Yo, tengo novio y siento que esto no está bien.
—Pero no estamos haciendo nada malo.
—Yo siento que solamente recordamos el pasado, es mejor hablar del
futuro, dejar todo eso atrás, en el lugar donde está. Después de todo, las
cosas pasan por alguna razón y si no estamos
juntos, debe haber algo implicado.
—Lo único implicado es que no pusimos suficiente empeño en estar juntos,
eso es lo que está implicado en todo esto.
—¿Te refieres a mí?
—No, me refiero a los dos, a los dos. Creo que ninguno hizo lo
suficiente para luchar contra nuestros padres, con todo lo que teníamos en
contra.
—Tal vez era lo más adecuado en el momento, después de todo, teníamos
una vida por delante, tantas cosas por hacer.
—Por Dios Isabella, suenas como el General Valencia.
—Jajajaja y tú suenas como tu padre.
—Bien, ¿entonces sólo olvidamos todo y nos hacemos los tontos?
—¿A qué te refieres?
—A esto, a esto —dijo apasionadamente— o niégame que no sientes esta
misma corriente eléctrica que estoy experimentando, esta sensación maravillosa
que no había experimentado en tantos años, esa sensación paralizante que me
hace pensar en ti y desear besarte.
—Abel por Dios, es mejor que me vaya, te dije que eso no puede ser.
—No me respondiste.
—No hay nada que responder, no hay nada, soy una mujer comprometida.
—¿Comprometida?
—Sí.
—¿Y dónde está tu anillo?
—No lo cargo.
—¿Te lo quitaste? Primero me evadiste cuando te pregunté por Facebook si
tenías una relación, después me dices que tienes novio y ahora que te vas a
casar y sin embargo viniste sola hasta aquí para encontrarte conmigo ¿cómo se
llama eso?
—Viaje de negocios, tonto, así se llama.
—Creo que es algo más y aunque no lo admitas, lo sabes bien, que en
realidad deseabas encontrarte conmigo, y que sientes lo mismo que yo, lo sé.
Recuerda que te conozco, sé perfectamente lo que significa esa mirada tuya. Sí,
esa que tienes en este mismo momento.
—Estás loco.
—Sabes que no es así, puedo sentirlo, lo sentimos desde el primer
momento que nos conocimos y aquí está, tal como el primer día. Dime qué mujer
satisfecha con una relación la describe como algo “cómodo”. Por todos los
cielos, es lo más aburrido que he oído en toda mi vida.
—No te pases Abel Ricard.
—Cielos Isabella, lo sabes, sé que lo sabes, sólo que no quieres
admitirlo.
—Este paseo se terminó Abel, de verdad me alegró mucho volver a verte,
pero ya debo irme, tengo cosas que hacer.
—Por favor Isabella, no te vayas yo…
—No digas más, no quiero seguir hablando, no quiero que sigas juzgando
mi relación, ni opines sobre mis cosas, después de todo esto, no es más que una
ilusión, al fin y al cabo tú y yo realmente no somos más que un par de
desconocidos.
—Eso lo dices de la boca para afuera, pero sabes que no es así.
—Bien, piensa lo que quieras Abel, te deseo la mejor de la suerte y
mucha felicidad.
—Ok Isabella, yo te deseo que entres en razón y que no te cases con un
hombre que no amas.
—Adiós Abel, fue un placer. —Entonces se dio media vuelta y comenzó a
marcharse.
Sintió una gran ira mientras se dirigía hacia el hotel, cómo era posible
que Abel, que era prácticamente un desconocido, se atreviera a juzgarle, a
definir su relación y subestimarla, qué clase de persona se creía como para
poner de menos su compromiso con Joaquín, se sentía realmente molesta. Aunque
en el fondo era la exposición lo que más le molestaba, que él tuviese
fácilmente la comprensión de que ella se hallaba en un laberinto sin salida, en
una relación que no la satisfacía por entero y que la dejaba expuesta como una
mujer con la gran indecisión de hacer lo que quisiera realmente, sin asumir la
entera voluntad que poseía.
Capítulo 8
Abrió los ojos lentamente y sintió dentro de sí una sensación incómoda,
ese día debía ir a la entrevista con los clientes de la revista. Esa sería la
primera vez que se veían en persona y eso la ponía un poco nerviosa, pero era
una profesional capacitada con una amplia experiencia, así que sabía
perfectamente que estaría bien. Sin embargo, estaba el asunto de Abel, para eso
sí no tenía ningún precedente, era un caso único y no sabía cómo comportarse.
Abel la había tratado de contactar, al revisar su teléfono, vio todos
los mensajes que le había dejado por internet, se sintió un poco culpable de
tratarlo mal, pero era una cosa de emergencia, estaba poniéndose fuera de
peligro. Aunque en el fondo lo único que deseaba era entregarse a la fuerza de
esa grandiosa tentación que la invadía.
—Bien Isabella, madura, ¿qué te pasa?
Se dio una ducha y luego se vistió con una blusa blanca de seda y un par
de jeans, hacía demasiado calor en ese lugar, el verano Español estaba peor de
lo que recordaba, así que se recogió el pelo en un moño alto, necesitaba estar
lo más cómoda posible. Se miró en el espejo y estaba preciosa, sus ojos
parecían centellear, no era por la luz del sol, era como un rescoldo interno
que se había avivado y eso le resultaba francamente preocupante.
—Isabella, tranquila, fue sólo un encuentro de amigos, fue sólo eso,
tienes una vida en Miami, un novio maravilloso que te ama y se quiere casar
contigo ¿ok?
—Eso, así, sonríe, sonríe. Estás aquí por cosas de trabajo, nada más,
solamente viniste a trabajar, tomar las fotos, luego te irás y seguirás con tu
vida… —y cuando dijo eso, sintió un quiebre dentro, como una fuerza extraña,
contraria a sus afirmaciones.
Ella se apartó del espejo, entonces salió del apartamento, fue a buscar
un café para despabilarse y poder conectar bien sus neuronas. Al tomar la
deliciosa bebida, se sintió un poco mejor.
—Ves, se dijo, sólo te hacía falta una buena dosis de cafeína para
avivar tus sentidos.
Miró el reloj y estaba justo a tiempo para la reunión, caminó hasta el
lugar de encuentro y era el grupo editorial BOX, del cual era socio el señor
Maxwell, con quien había trabajado exitosamente en varias oportunidades. Esta
era una ocasión fantástica para ampliar su rango de acción hacia otros rubros
como la fotografía de viajes, eso le daría mayor diversidad a su negocio, era
fantástico para ella.
—Buenos días señorita.
—Buenos días, tengo una cita con el señor Hernández.
—Revista Viajar, bien, piso 20, señorita por este ascensor.
—Muchas gracias, muy amable.
Entró en el elevador y pudo ver claramente su hermosa imagen, lucía
encantadora, y no era que lo hubiese hecho de forma intencional, sino que en
ella había ahora un brillo especial, algo nuevo que brotaba de todo su ser. Se
preguntaba porqué se veía tan feliz cuando acababa de despedirse de él, cuando
tal vez no lo vería nunca más en su vida, ¿por qué entonces se veía así?, llena
de vida.
Al abrirse el ascensor, observó el logo de la revista en la pared
frontal, tenía un estilo náutico que se le hizo familiar, la decoración del
recinto llevaba la misma temática. Avanzó hasta donde
estaba una hermosa chica, que con amabilidad y una gran sonrisa la
saludó.
—Buenos días señorita Valencia.
—Buenos días, vengo…
—¿Viene a su cita con el señor Hernández?
—Así es.
—Pero él no se encuentra en la ciudad en estos momentos.
—Ok, entonces ¿con quién puedo hablar?
—Sí, se entrevistará con su jefe, él la está esperando, por favor, pase
adelante. —Eh… y su jefe es…
—El dueño de la revista señorita, venga, la conduzco hasta la puerta.
—Ok. Gracias.
La chica la llevó hasta la puerta, una voz le dijo que entrara, entonces
ella abrió, le sonrió y le dijo:
—Ya puede pasar señorita, ¿desea tomar algo?
—No gracias, por ahora estoy bien.
—Muy bien, pase.
Ella entró, la oficina era muy amplia, al fondo había ventanas
panorámicas que dejaban ver una hermosa vista de la ciudad.
—Pase, por favor, escuchó esa voz.
Entonces cuando lo miró, se quedó de una pieza, esto era inconcebible,
increíble, era algo extraño, pero parecía que la vida solamente le traía ese
tipo de situaciones.
—¿Qué rayos haces aquí?
—Hola Isabella, bienvenida.
—¿Esto es una burla verdad, una broma?
—No, no es una broma.
—¿Periodista eh...?
—Sí, te dije que hacía de todo, esta es mi revista.
—Cielos, así que me trajiste hasta aquí engañada, es increíble.
—No te traje hasta aquí engañada, este trabajo es algo serio y quería a
la mejor para él y esa persona eres tú.
—Ayer cuando nos encontramos tú me hablaste y sabías todo esto, y sin
embargo seguiste fingiendo. Cielos Abel Ricard, eres un gran descarado, siempre
haces lo que te da la gana ¿cierto?
—No, no me malentiendas, por favor.
—¿Qué podría malentender Abel? ¿Que hiciste todo este plan macabro para
traerme hasta aquí porque sabías que de otra manera nunca habría venido a
Barcelona?
—Sabes que eso no es cierto.
—¿Ah no?
—No, igual acudiste a la cita sin saber que yo tenía que ver con el
trabajo que viniste a hacer.
—Pero vine por trabajo, no por ti.
—Eso no importa, igual fuiste a la cita.
—¿Por qué no dijiste la verdad?
—¿De qué otra manera sabría que deseabas verme?
—Abel…
—No podría saberlo Isabella.
—Mmm, cielos Abel,
esto es una
completa locura, tú
estás completamente loco
—dijo
sentándose—. ¿Dime que este trabajo es algo serio y no una mentira?
—Es algo serio, te lo prometo, jamás te faltaría el respeto de esa
forma.
—Bien, hablemos de trabajo entonces, a eso vine.
—¿Y después…?
—Después nada Abel, hablemos solo de trabajo, soy una profesional.
—Bien, entonces hablemos.
—Perfecto, esto es lo que queremos —le dijo pasándole unos diseños donde
se apreciaban algunas vistas conocidas de la ciudad. Lo que vi ayer, por
ejemplo, me gustó mucho, la manera cómo enfocaste la perspectiva de la pared,
de esa forma artística, fue fantástico, eso es lo que quiero en mi revista. No
deseo el típico recorrido turístico, eso lo hace todo el mundo. Lo que queremos
es contrastar esos lugares con otros poco conocidos, los cuales ya tenemos
pautados, son inéditos y los turistas no los conocen.
—Ok, entiendo, me parece una buena idea.
—Entonces ¿lo harás?
—Claro, a eso vine.
—Lo digo por mí, por todo esto.
—Te dije que soy una profesional, no combino mi trabajo con cosas
personales.
—Excelente —le dijo sonriendo. Me alegra contar con alguien tan
talentosa como tú, es sencillamente fantástico.
—¿Has investigado mi trabajo?
—Sí.
—Es decir, ¿que cuando hablamos ya sabías acerca de mí?
—No, en realidad, cuando me hablaste fue el momento en que empecé a
investigar acerca de ti y me di cuenta que eras perfecta para este trabajo,
pero si te lo ofrecía directamente no ibas a aceptar ¿o sí?
—Probablemente no.
—Por eso no te quise decir la verdad directamente, quería que lo
hicieras tú, este trabajo, no lo sé, siento que otro fotógrafo no lo
entendería, tal vez algunos sí, pero es tu óptima la que me interesa.
—Bien, perfecto, me gustará antes visitar estos lugares y así poder
evaluarlos, ¿te parece? —Sí, perfecto, puedo llevarte.
—No creo que sea buena idea Abel y mucho menos después de lo que pasó
ayer.
—Mmm bien, puedo asignarte alguien para que te lleve, pero la verdad,
preferiría hacerlo yo, porque necesito plantearte algunas cosas.
—¿Haces esto con todos tus fotógrafos?
—No, la verdad no, pero contigo tengo una conexión y sé que vas a
entender lo que te diga. —Mmm, no lo sé Abel. La verdad me parece que estamos
jugando con algo que… —Hablaremos sólo de trabajo, lo prometo.
—Jajajaja, ya no tenemos 16 años, sabes que eso no es verdad.
—Ayer estaba tan enfocado que no te pregunté de otros aspectos de tu
vida.
—Eh…
—El General Valencia ¿cómo está?
—Retirado, en Miami, vive en un maravilloso lugar con mi madre.
—Así que ya no está en Venezuela.
—No, ahora ya no. Está dedicado a otras cosas, tiene su propia empresa y
bueno, digamos que
eso le ha sentado bien; francamente ahora lo veo más feliz, sin tanta
presión política sobre sus hombros.
—¿Y tu madre?, me imagino que tan guapa como siempre.
—Pues sí, eso francamente me da esperanzas, jajajaja. Quiere decir que
tal vez sea como ella y me mantenga igual por muchos años.
—Roguemos que sea así jajajaja.
—Sí, pero dijimos que sólo hablaríamos de trabajo ¿ves? Es
increíblemente difícil, cielos, ya estamos hablando de mi madre.
—Sí, tienes razón.
—Y el embajador ¿cómo está?
—Muy bien, ahora vive en Suecia con su esposa.
—¡Qué bien! Bueno, creo que todos hicieron su vida ¿cierto?
—Todos excepto nosotros jajaja.
—Yo hice mi vida Abel y no quiero discutir sobre ese tema ¿está bien?
—Está bien, está bien, no me mires así, jajajaja.
—Mmm Abel Ricard, te conozco, pensé que seguiría molesta contigo, pero
no sé por qué no puedo estarlo.
—¿Será por mi encanto irresistible?
—No, no lo creo, pienso que se debe a que me haces reír porque eres un
payaso nato.
—Jajajajajaja, ¡oh cielos!, gracias, gracias.
—No es cierto, tus chistes siempre fueron los peores del mundo, sólo que
por ser tú, me reía como nunca.
—Ya ves, no necesito hacer mucho para hacerte reír, soy un gran payaso y
por ti lo hago con gusto.
—Mmm a ver, volvamos al trabajo.
—Bien.
—Entonces, ¿el pago sería el mismo que se había estipulado por la video
conferencia? —Así es, además, si consideras que necesitas más, también podemos
hablarlo. —Quiero que sea un trato justo, no me pagues más porque soy yo.
—No, no pienses eso, somos profesionales y en ese sentido soy muy
correcto con lo que hago, el pago es el que mereces por todo ese trabajo.
—Bien, entonces dame el itinerario para las fotos.
—Aquí está, si quieres, ¿puedes decirme cuándo quieres que… vayamos?
—Abel, Abel…
—Jajajaja cielos, es que es más sencillo para mí. Si escucho tus ideas,
así podemos dialogar y te cuento realmente cómo lo quiero.
—Sabes que eso no es cierto.
—Sí es cierto, ¿me crees tan poco maduro? Vamos Isabella, anda, es algo
de trabajo, es por la calidad del mismo.
—¡Oh Dios! Está bien, está bien. Ya deja de insistir, mañana a las 10:00
a.m., ¿te parece? Aunque es fin de semana, no sé si tengas algo más que hacer,
yo…
—No, no tengo más nada que hacer.
—Sé que no es el horario de trabajo, pero yo trabajo cualquier día y a
cualquier hora, para mí es normal, pero si tú no puedes…
—Te dije que puedo, entonces te paso buscando al hotel.
—Puedo ir en taxi.
—No tiene sentido, yo conozco todas las locaciones y te puedo llevar a
cada una de ellas.
—Mmm ok, está bien, mañana a las 10:00 a.m., entonces.
—Perfecto.
—Tu oficina es linda, me gusta mucho y esta vista es, es sencillamente
espectacular.
—Mira, ven acá —le dijo señalándole los ventanales—, ven acércate
jajajaja, no muerdo.
—Espero que no jajajaja.
—Ven, mira hacia allá.
—¡Oh rayos! Jajajajaja.
—El General Valencia no aprobaría ese vocabulario.
—El General Valencia no va a enterarse de esto.
—Jajajaja por mi boca no lo sabrá, por lo menos.
—Bien, perfecto, me encantaría ahorrarme un sermón, de esos que a él le
encanta dar porque nunca entiende que ya no tengo cinco años.
—Sí, me imagino, entiendo cómo es, seguro te dice: ¿cuándo te vas a
casar?, ¿cuándo tendrás hijos? y todo eso.
—Mi madre sí, es un completo fastidio.
—Jajajajajaja cielos, mira, mira esto —le dijo señalando un punto en el
horizonte donde se podía observar el mar explayado ante sus ojos.
—¡Oh guaooo! No había reparado en esto, eres un suertudo, tienes esta
maravillosa vista ante tus ojos.
—Sí, soy un bastardo con suerte jaja.
—Pero uno muy guapo.
—¿Qué?
—Nada, nada.
—Ya te oí, oí lo que me dijiste.
—Entonces, ¿para qué quieres que te lo repita?
—No lo sé jajajajaja, porque me encanta que lo digas.
—Mmm, ¡vayaa! Esto es, es sencillamente hermoso, me encanta, eres tan
afortunado.
—Ni tanto —dijo acercándose un poco a ella, pudo sentir el calor de su
piel y ese delicioso aroma masculino que ya había captado el día del paseo al
Parque Güell.
—Creo que es mejor que me retire, si tienes algo más que enviarme,
puedes hacerlo por mi correo, ¿te parece?
—Me parece —le dijo mirándola directamente a la boca y ella se sintió un
poco nerviosa.
—Bien, entonces, me retiro —dijo señalando la puerta y tratando de
actuar natural.
—Bien —pero él no se movía y le obstaculizaba el paso.
—Mmm ¿puedes moverte para poder pasar por favor?
—Jajajajaja ok lo siento, es que, es que yo…
—Ok, pero sigues allí y…
—Eh….
—Abel…
—Isabella… su mirada tenía una sonrisa pícara.
—Abel, por favor, dijimos que esto será netamente profesional
¿recuerdas?
—Así será, entonces se apartó para dejarla pasar, pero mientras lo
hacía, rozó con delicadeza su cabello y esto la hizo erizarse de pies a cabeza.
—Eh… bueno, me voy.
—Ok, entonces ¿nos vemos mañana?
—Así será, te espero puntual.
—Allí estaré, lo prometo —dijo haciendo una señal militar con la
puntualidad inglesa, lo prometo.
—Bien.
—¿Puedo despedirme con un beso?
—¿Qué tan profesional es eso señor Ricard?
—Bien, ni modo, como digas, como usted diga señorita Valencia.
—Bien, ¿puedes darme un beso en la mejilla?
—Ok —dijo él sonriendo.
Entonces, le dio un beso y sólo con ese roce Isabella sintió una
contracción dentro de su vientre, éste parecía que duraba más de lo debido.
Recordó a Florencia cuando le decía que solamente la persona adecuada podría
generarle esa sensación en su cuerpo. Por su parte, Abel aspiró su delicioso
perfume Coco Mademoiselle, cerró los ojos y suspiró, fueron segundos
encantadores y parecía que no deseaban despegarse el uno del otro.
—Bien, entonces me retiro.
—Ok, nos vemos mañana entonces.
—Perfecto y sintió que caminaba hacia la puerta dando pasos en zigzag,
como si no pudiera controlar completamente su cuerpo.
—Adiós señorita.
—Adiós, gracias por todo —le contestó mientras llamaba el elevador.
Estando en el elevador, sintió que solamente allí podía recuperar el
aliento, lejos de Abel, de esa maravillosa tentación que representaba su
presencia y el delicioso olor de su cuerpo. Fantaseó unos instantes cómo sería
verlo desnudo otra vez como aquel día en la carpa, pero sacudió la cabeza para
espantar esas fantasías que no eran correspondientes para una chica
comprometida.
Entonces, revisó su celular y tenía un montón de mensajes de Joaquín.
Cielos, lo había olvidado por completo, cómo era posible que se hubiese
olvidado de su novio, su cabeza estaba en otro mundo, pensó que era la peor
novia del universo.
Comenzó a revisar cada mensaje y mientras los leía uno a uno, se sentía
más culpable que con el anterior. Joaquín era un amor y se notaba que ella era
lo más importante de su mundo.
—Hola amor, me has hecho tanta falta, sé que debes estar ocupada y todo
eso, pero no quiero molestarte, sólo quiero que sepas que me haces el hombre
más feliz del universo.
—Hola amor, mi cosita, cuando puedas llamarme hazlo, te extraño mucho.
Estuve pensando en algunas cosas para la boda, estoy tan emocionado, quizá sea
cursi para un hombre, pero me siento muy feliz y no dejo de pensar en ese día
tan especial.
—Hola Isa, estoy un poco preocupado porque no he sabido nada de ti, por
favor en cuanto puedas comunícate conmigo, me gustaría saber cómo te fue en la
reunión y cómo van las cosas. Yo aquí mirando el mar, pensando en ti y en lo
mucho que me haces falta cuando despierto, la verdad, la distancia me ha hecho
reconocer que tomé la decisión correcta, no puedo estar sin ti amor, eres lo
mejor que me ha pasado en la vida.
—¡Oh cielos! —Se dijo—, soy una mala persona, ¿qué clase de novia eres
Isabella Valencia? ¡Eres la peor!
Entonces, le mandó un mensaje, pero por más que trataba de imprimirle
calidez a sus palabras, se daba cuenta que parecían forzadas, sabía que lo
quería, pero esa pasión no estaba allí, eso era
algo que le preocupaba, solamente que no quería admitirlo.
—Hola amor, disculpa, estuve con Jet Lat, un poco desorientada, cansada,
fui a recorrer la ciudad, y bueno, hoy tuve la reunión con la gente de la
revista, todo bien, debo recorrer las locaciones para plantear lo que quiero en
las fotos. Después comenzaré el trabajo. Yo también te extraño.
Él no contestó al momento por la diferencia horaria, se le había
olvidado ese detalle. Pero se sintió satisfecha porque había “cumplido” con
responderle. Se dirigió a la ventana y observó el paisaje, pero no pensaba en
Joaquín, ni en las expectativas de la boda, su mente parecía estar en otro
lado, en el paseo por la Barceloneta y el Parque, en los hermosos ojos azules
de Abel y la expectativa de verlo nuevamente al día siguiente. Estaba muy mal,
pero su cuerpo hablaba, no podía disimularlo, reaccionaba como nunca antes, ni
siquiera le pasaba con Joaquín, pese a ser un hombre fantástico.
—Bien Isabella, ahora debes pensar en lo que tienes que hacer, en ser
una novia fantástica y verte genial en tu boda, eso es lo que corresponde. Deja
de pensar en ese hombre, eso no es más que una fantasía, tu vida real está en
Miami, con tu novio y tu familia. —Pero al recordar al General Valencia, sonrió
divertida al pensar qué sentiría él si supiera que ella estaba en Barcelona y
precisamente con Abel Ricard jajajaja; era demasiado graciosa esa situación y
no podía hacer nada por evitarlo.
Miró con cuidado el cambio de matices que se comenzaba a percibir en el
cielo, era realmente hermoso, pocas experiencias tan lindas como ver un
atardecer en Barcelona con el mar y con la emoción del nuevo trabajo que haría.
Trataba de enfocarse en la boda y la supuesta emoción que había visto en
algunas de sus amigas, casi parecían vibrar de la felicidad, pero ella no
sentía nada de eso.
—Y bien Isabella, es hora de bañarse querida, estás destruida jajajaja
—se dijo con ese acostumbrado juego que tenía de hablarse a sí misma como si
fuese otra persona.
Se dirigió al baño y francamente se sentía un poco turbada, toda esa
interacción con Abel la había dejado un tanto excitada, ese hombre tenía una
cualidad especial que la llenaba de pies a cabeza de una sensación erótica. Se
quitó la ropa, observándose al espejo, sintió una corriente que la recorría,
mientras acariciaba su cuello, comenzó a sentir esas contracciones en su
vientre cuando pensaba en él, las cuales aumentaban cada vez más.
—¡Oh cielos! Estúpida Florencia —se dijo—, ella tenía razón, de solo
pensar en Abel, su cuerpo respondía instantáneamente. Era una sensación
maravillosa, pulsante y cada vez más fuerte, generando escalofríos en todo su
cuerpo.
Decidió colocarse una bata de felpa, entonces se volvió a mirar en el
espejo, ¿cómo era posible que se sintiera tan insatisfecha, tan vacía por
dentro cuando tenía tantas oportunidades en la vida? Era una cosa incongruente,
pero sentía que necesitaba algo más, pero ¿qué era?, ni siquiera quería
pensarlo, no deseaba concentrarse en eso, sólo dejarse llevar por la sensación
que su cuerpo estaba experimentando en ese instante. Así que deslizó su mano
por sus piernas y comenzó a acariciarse suavemente, se retorció al sentir la
deliciosa sensación desde lo más profundo de su ser.
Luego, comenzó a incrementar la intensidad y en su mente una fantasía
cobró fuerza, era él, Abel, tocándola con fuerza, llevándola hacia sí y
acariciándola justo como le gustaba, con pasión y lujuria. Su cuerpo vibraba
cuando imaginaba como él lo haría, sintiendo en su fantasía la sensación del
roce de su piel, la calidez y la sensación de los vellos de todo su cuerpo. Se
erizaba imaginando las fuertes caricias de sus brazos musculosos, pero no, no
debía pensar en eso, estaba
muy mal, pero la sensación era deliciosa, como nunca la había sentido.
—¡Oh cielos! —Dijo al sentir la magnífica sensación, las contracciones
se intensificaban y ella experimentaba el calor por toda su piel. Las oleadas
se hacían más intensas hasta que supo que se acercaba, su cuerpo comenzó a
pulsar con intensidad, ella se retorcía de placer y la imagen de él la
estimulaba como nunca, era fantástico.
Entonces, supo que ya venía, sus contracciones comenzaron a hacerle
vibrar, era un orgasmo intenso de esos que te dejan temblando y preguntándote
qué hiciste para volver a repetirlo. Recorrió sensualmente sus suaves piernas y
se dio cuenta que podría seguir así por toda la noche, solamente manteniendo
esa imagen en su cabeza, ¿cómo era posible que ese hombre desatara esa
respuesta tan visceral en todo su ser?
—Mmm, cielos, cielos —su respiración estaba muy agitada, jadeaba, ella
seguía con ganas de más, nunca se había sentido tan excitada en toda su vida.
Sencillamente, no podía parar, luego de un instante, lo volvió a hacer
otra vez y fue más intensa que la anterior, tanto que de su cuerpo sintió una
leve eyaculación femenina, cosa que jamás le había sucedido. Después de todo,
Abel tenía razón, ellos experimentaban juntos muchas veces, ¡y esta primera vez
era la mejor de todas! Nunca se había tocado pensando en él, porque sólo tenía
la imagen del chico y le parecía un irrespeto contra su relación, pero ahora
las cosas eran diferentes. Abel era un hombre turbador, sensualmente
inspirador, que podía generar una sensación erótica en cualquier persona y ella
por supuesto no era la excepción.
—Abel, por todos los cielos, ¿qué tienes?, ¿qué tienes que me haces
sentir de esta manera? — Dijo recostándose en el sillón del baño, ¿qué es lo
que tienes condenado que me haces sentir de esta forma tan particular? ¡Eres
increíble, maravilloso!
Se quedó un rato inmóvil, sin pensar en nada en particular, disfrutando
de la deliciosa sensación, un cansancio agradable que le generaba complacencia,
pero aún no había terminado, todavía tenía energía para más. Así que esperó un
instante, cerró los ojos y recordó el delicioso aroma a playa. El salitre del
mar y la delicada brisa, la calidez de los rayos solares, la sensación
liberadora y, sobre todo, no sabía por qué la relacionaba siempre con Abel. El
mar y Abel en su mente parecían un solo ser.
Recurrió a la imagen dos veces más y luego se sintió complacida, se
levantó y fue directo a la ducha, ¿eso contaba cómo infidelidad? Para ella era
obvio que sí, para otros sería una tontería, pero ella sabía que esto no era el
tonto coqueteo que solía mantener a veces cuando se iba de fiesta, porque ese
era simplemente un juego, algo que sabía no pasaría de allí y que ella misma
deseaba que no avanzara a mayores. Pero este caso era diferente, deseaba que
pasara todo con Abel, es más, su cuerpo se lo pedía agritos, había pisado la
trampa y cayó en ella de la forma más estúpida posible.
Luego de la ducha, se secó con una deliciosa toalla afelpada y mullida,
sintió un reconfortamiento interior maravilloso, como después de hacer el amor
por horas con la persona que amas. Se aplicó una crema especial en todo su
cuerpo, era tan sensual el olor, la sensación de la experiencia la dejó
deliciosamente cansada, ahora sólo quería ponerse sus cremas y acostarse a
dormir por horas y horas. Y, además, aunque no quería admitirlo, tenía la
ilusión de verse con Abel al día siguiente.
A las 10:00 a.m., había acordado con él y, al pensarlo, sentía una gran
emoción, como cuando tenía 16 años y él le decía que pasaría a su casa para
hacer las tareas. La misma sensación genuina y sencilla, la respuesta emocional
de una adolescente, eso le gustaba, le hacía sentir viva por primera vez en
muchos años. Y ahí iba estaba otra primera vez, todo parecía así con él, una
gran
novedad.
Pero era lo suficientemente experimentada para saber que todas esas
emociones podían mermar con el tiempo, y por otro lado, estaba el hecho cierto
que nunca había sentido eso por Joaquín, ni siquiera la primera vez que
estuvieron juntos, con él todo era calmado y reposado, le hacía sentir cómoda,
en control, sin el temor de perder el manejo de sus emociones y vida. Qué
ironía, le gustaba esa sensación y precisamente era la razón por la que estaba
con él, también por el hecho que respetaba su espacio, puesto que no invadía su
vida ni demandaba nada como solían hacer otros hombres.
Sin embargo, a su vez, esa misma sensación era la que le hacía sentir
ahogada, con franco desánimo, porque no había expectativa, parecían un
matrimonio de 20 años, ya Florencia se lo había dicho y ella no quiso hacerle
caso, pero por lo visto, tenía la razón. Entonces, se preguntaba cómo se
casaría así, se comenzaba a cuestionar si ya estaba tan aburrida, ¿cómo
comprometerse con un hombre que no le exaltaba, ni le hacía sentir mariposas en
el estómago?
Dejó eso de lado, todavía no quería enfrentar el tema, así que revisó la
lista de locaciones que Abel le había dado y comenzó a buscarlas en su teléfono
para hacerse a la idea para planear lo que haría. Le gustaba siempre tener algo
de antemano, no era la típica chica que llega con las manos vacías esperando
que pase le mejor o que las ideas le fluyan desde algún lugar misterioso. Le
gustaba investigar, interpretar y crear imágenes mentales, luego hacía los
diseños o los pintaba en su cuaderno con acuarelas u otro medio plástico a su
alcance, pero generalmente lo hacía con acuarelas, porque le gustaba la
espontaneidad de la mancha sobre el papel.
Revisó una a una y las buscó en internet, entonces con esas fantásticas
vistas empezó a dibujar las propuestas. Sonreía de la emoción, empezó a
realizar los dibujos con la interpretación de esas visiones. Tenía que admitir,
fuera toda modestia, que se veía espectacular, entonces las fotografió y no
dejó de sentir un hormigueo interno cuando se las mandó a Abel por el whatsapp.
A los minutos recibió una respuesta de él:
—Cielos son maravillosos, Isabella, me encantan, están geniales.
—Gracias, quiero plantearlo así, es como una historia, una historia de
vida para que las personas se identifiquen y piensen, eso me pasará a mí.
—Sí, lo entendí, por eso me encanta, es lo queremos, algo diferente, una
óptica distinta, y no las aburridas fotos de siempre, que sólo muestran algo
impersonal.
—¡Qué bueno! Me alegra que lo hayas entendido. A veces me ha pasado que
con un nuevo cliente no entienden mi perspectiva.
—Bueno, perfecto, a mí también me gusta ver más allá de las obviedades.
—Sí, es así, pero a veces, esa creatividad me hace perder algún cliente.
—Bueno, pero a mí sí me gusta, es excelente, sabía que tú eras la
persona ideal para este trabajo. Es maravilloso, genial, quiero ver más de tu
trabajo, quiero que trabajes siempre con nosotros.
—Bien, eso lo hablaremos después.
—Ok, como quieras.
—Mmm, me inspiran mucho esos lugares, son realmente fantásticos, no
sabía que existían, de hecho, las veces que vine con mis padres, nunca fui a
ellos.
—Son lugares que los turistas no conocen, esa es mi idea, promover las
cosas que las personas generalmente no pueden ver más allá de los sitios
turísticos, plantear otras visiones y exponer la magia de Barcelona.
—¡Qué bien! Me gusta eso.
—Y… ¿cómo te has sentido aquí?
—Bien, me he sentido bien. Claro, me ha pegado un poco el cambio de
horario, pero ya me acostumbré.
—Me gustaría que te acostumbraras siempre a estar aquí.
—¿Qué quiere decir eso?
—Que me gustaría que siempre estuvieses aquí, trabajando conmigo en la
revista.
—Tengo mi estudio y mi vida en Miami, Abel.
—Lo sé hermosa, pero es lo que yo desearía. No estoy diciendo que eso
sea así, es solamente un deseo mío, yo…
—Abel, recuerda lo que hemos hablado —se sintió como una hipócrita
porque acababa de estimularse precisamente pensando en él.
—Bien, lo sé, disculpa, es que no puedo evitarlo, yo… bien, olvídalo,
entonces nos vemos mañana ¿sí?
—Está bien a las 10:00 a.m., en punto.
—Listo señorita Valencia, su chofer la buscará puntual en su hotel.
—Perfecto.
—Isabella…
—¿Qué?
—Que pases buenas noches y sueñes con algo hermoso.
—Bien, igualmente, que sueñes con algo hermoso.
—Soñaré con alguien hermoso.
—OK, bien, entonces te dejo, estoy un poco cansada, mejor voy a dormir.
—Ok, bye.
Isabella se recostó en la silla, estaba emocionada como pocas veces en
su vida, él entendía su trabajo, sabía lo que quería dar a entender con su
interpretación artística. Entonces, deseó quedarse a trabajar con él, como
había planteado, se imaginó cómo sería estar así, teniendo un estudio en
Barcelona, estar cerca de él, trabajando para su revista y creando juntos cosas
hermosas, teniendo esa maravillosa sinergia. Sentía escalofríos al pensarlo,
era una situación idílica, fantasiosa, carente de las variables reales de la
vida cotidiana, pero por alguna razón, sintió un reconfortante gusto interno.
Entonces, decidió que ya era hora de acostarse, habían sido demasiadas
emociones juntas para un día, necesitaba de descansar y serenarse para poner
las cosas en perspectiva, no le gustaba tomar decisiones apresuradas, ni
trabajar a la ligera. Así que terminó de hacerse su rutina de belleza, luego se
acostó en la cama y se puso su antifaz para dormir.
Comenzó a soñar nuevamente con esa playa en la Costa Azul, era el mismo
sueño que había tenido antes, sólo que esta vez él tenía rostro. Allí estaba
sonriente, luminoso, se acercó y casi sentía su aroma, la calidez de su piel,
la sensación agradable de su textura, la barba y aliento, la sensación húmeda
del beso, como lo había deseado recorriendo todo su ser, la tomó por la cintura
y la atrajo hasta así. Luego deslizó su lengua en la boca de una manera
encantadora, y entonces, la tomó en sus brazos de forma arrebatadora.
La sensación era inigualable, la penetraba por cada poro de su piel, una
corriente que la recorría y se apoderaba de todo su cuerpo. Estaba en lo mejor
del sueño cuando de pronto se despertó, pero no sin antes percatarse que había
tenido un intenso orgasmo; sí, aún dormida, él lograba generar esa respuesta en
su cuerpo. Se quedó sentada en la cama, colocó la cabeza entre sus rodillas,
respiró profundo y cerró los ojos otra vez. Cómo era posible que ese hombre
pudiera
dominar sus sensaciones de esa manera, su cuerpo tenía una respuesta
visceral, pero tal vez en la vida real no fuese así, sino un producto de su
imaginación.
—A ver, a ver Isabella, deja de compórtate así, como si tuvieras 15
años; eres una mujer madura, una adulta, no una niñita. Además, eres una mujer
comprometida que está preparando su boda muy pronto y tiene un novio
maravilloso, el mejor del mundo, no puedes perder todo eso por un capricho de
verano.
Volvió a acostarse, cuando despertó, ya era de día, se había quedado
dormida, eran las 10:00 a.m., y se suponía que era ella quien debía tener un
horario inglés. Salió disparada de la cama, se dio una ducha rápida y apenas
estaba saliendo cuando sonó su teléfono, era Abel escribiéndole para decirle
que la estaba esperando abajo. Llegó súper puntual como lo había prometido.
Entonces, le respondió:
—Espérame, ya bajo en un rato. Seré sincera, me quedé dormida,
discúlpame, tuve una mala noche.
—Bien, tranquila, no te preocupes. Te espero afuera, mi auto es de color
rojo.
—Ok, bajo en unos minutos.
Entonces se maquilló lo más rápido que pudo, se vistió con lo primero
que consiguió, costumbre que detestaba, pero se le había olvidado preparar su
ropa la noche anterior. Salió casi corriendo por la puerta, por poco olvida los
diseños que hizo. Cuando bajó y salió del hotel, buscó por todos lados hasta
que al fin vio a alguien agitarle la mano. Su auto era un hermoso, un
Lamborgini rojo y viéndolo supo que ese día prometía.
Cuando se acercó, sintió un escalofrío en todo el cuerpo, él le sonrió
encantadoramente abriéndole la puerta del auto.
—Adelante Madam.
—Gracias. ¡Vaya! Me gusta tu auto.
—Sí, es divertido ¿no te parece?
—Sí, poco práctico, pero divertido.
—Lo uso en ocasiones especiales.
—Mmm ¿como esta?
—Sí, exacto como esta. Es una ocasión especial.
—Aquí vamos otra vez.
—Tranquila, me voy a portar bien Isabella, te lo prometo. Le dijo
haciendo un gesto gracioso con la mano.
—Bien, entonces prosigamos. Vamos al primer lugar, tú me conduces. Como
dijiste el otro día, eres mi guía turístico oficial ¿no?
—Así es Señorita Valencia.
—Bien, entonces adelante caballero —dijo siguiéndole la corriente en su
juego de galantería
—. ¡Oh vaya! Suena increíble este auto, ese motor, tengo ganas de
correr, correr mucho. —No te conocía ese instinto aventurero.
—Bueno, ya lo conoces, hay muchas cosas que no sabes de mí. —Quiero
conocerlo, deseo saber todo de ti.
—Bien, entonces ¿a dónde vamos?
—Este primer lugar es muy especial, pero quiero que sea una sorpresa, no
te diré, porque cuando lo veas, vas a entender lo que quiero y deseo comprobar
si es cierto mi instinto.
—Ok, entonces no quiero saber nada, deja que al primer golpe de vista
evalúe y así veremos si pensamos igual.
—Bien. Eso suena divertido.
—Ok.
—¡Oh cielos!, pero no corras tanto.
—Dijiste que querías velocidad.
—Sí, bueno, pero no tanto, nos vas a matar.
—Jajajajaja, cobarde. No vamos tan rápido.
Cuando llegaron, el lugar parecía idílico, estaba lleno de enredaderas y
estructuras por donde podían caminar, las flores tenían colores violetas y
rosados, estaban por doquier, al final había un túnel que daba al mar, el azul
contrastaba con el verdor y las maravillas floridas, en fotografías se verían
fantásticas, pensó ella.
—¡Oh cielos! Es mejor que en las fotos.
—Es encantador, ¿cierto?
—Y tú ¿habías venido antes?
—Por supuesto, conozco personalmente todos los sitios, digamos que son
un descubrimiento personal, momentos que he compartido con personas conocedoras
del lugar que llevan años explorando, haciendo deportes extremos, cosas así y
he ido recolectando las fotos hasta que se me ocurrió la idea.
—¡Guaooo! El mar es muyyy azul, se parece a tus… a tus ojos.
—¿En serio?
—¡Ohhhh! Olvídalo ¿sí?
—¿Cómo puedo olvidar algo como eso? —le dijo acercándosele.
—Abel ¿qué haces?
—Nada, solo nada.
Ella se dio cuenta que estaba más cerca de lo normal, pero aunque
deseaba moverse, su cuerpo no lo hacía.
Por dentro decía “muévete” Isabella “muévete”. Pero era inútil, él
siguió avanzando, entonces la tomó por la cintura, ella miró alrededor y no
había más nadie, estaban solos en ese lugar, ella misma se había metido en su
propia trampa y ahora no tenía cómo escapar, su cuerpo no deseaba hacerlo.
—Abel no —le dijo, pero él no le hizo caso.
—Quiero besarte.
—¡Oh cielos! Alcanzó a decir.
Era igual que en su sueño, él la tomó sujetándola contra la pared del
túnel, entonces la besó con profundidad y en instante su cuerpo reaccionó. Sus
brazos lo apretaron con fuerza para hallar el equilibrio, mientras él la seguía
besando, ella perdió el sentido de la lucidez, sencillamente no podía pensar en
nada.
Isabella rodeó su cuerpo con las piernas para sostenerse mejor, entonces
él metió la mano debajo de su falda y antes de que la tocara, sintió un fuerte
orgasmo que se precipitó por todo su cuerpo haciéndola temblar.
—Tuviste un…
—Sí, así es.
—Vaya, ¡qué delicioso!
—A ver, si te toco aquí ¿qué pasa?
—¡Ohhh Abel no! Esto no está bien, por favor.
—No pienses en nada,
solamente siente esto
—entonces deslizó su mano
y comenzó a
acariciarla en su zona íntima. Ella se apretó con más fuerza y él la
tocaba de una forma que nunca había sentido, era una fuerza que provenía de lo
más profundo, él sabía exactamente cómo aplicarla para volverla loca de placer.
Hacía tanto tiempo que no sentía su cuerpo y ahora todo era diferente, sus
músculos, la virilidad y esa fuerza que la sometía de una maravillosa manera.
—Abel, no, Abel.
Él le bajó los pantis, con cuidado se acercó y comenzó a penetrarla,
ella se estremeció de pies a cabeza, la sensación era increíblemente deliciosa
y cálida. Indescriptible, mucho mejor de lo que había imaginado. No podía
pensar con claridad, solamente quería seguir sintiendo esa fuerza dentro de sí
que la sometía y la hacía sentir de una manera maravillosa. Allí, sujeta a él,
trataba se seguir su ritmo, el calor de su cuerpo era increíble y la manera
como le hacia el amor también.
Al fin, su cuerpo se tornó tan caliente que creía estar hirviendo, la
sangre le había subido al rostro, gemía, temblaba.
—Abel, cielos, No.
—¿Te gusta así?
—Sí, Abel.
—A mí también me gusta.
Al fin llegaron al orgasmo y era tan intenso que ella no podía creerlo,
jamás había tenido uno así, se apretó contra él, sintiéndolo con gran
intensidad, apretándole con las uñas la espalda, tanto, que él gimió.
—Lo siento.
—No te preocupes, me gusta.
Ella se acomodó rápidamente, entonces, lo miró con lujuria, él la veía
con intenso placer, tanto que decidieron quedarse unos segundos así.
—Es lo más increíble que he hecho en mi vida —le dijo él.
—Esto fue una locura.
—No digas eso, dañas la magia del momento.
—Es una locura, es la verdad.
—Vamos, sabes perfectamente que los dos lo deseábamos, desde el primer
momento que nos vimos.
—Pero sabes que no está bien, conoces mi situación.
—No quiero hablar de eso, me niego —entonces, salió del túnel y caminó
rumbo a la playa. —Pero Abel, escúchame, tenemos que hablar —le dijo caminando
detrás de él. Abel,
escúchame, escúchame. Hey, por favor, tenemos que hablar.
—¿Qué quieres que te diga?
—Que debemos comportarnos como unos adultos y esto que hicimos no dice
nada de eso. —Estoy harto de comportarme como otros me dicen. Por comportarme,
precisamente he sido
tremendamente infeliz y, por cierto, tú también.
—No he dicho nada de eso.
—Claro que sí, lo dijiste el día de nuestra visita al parque, dijiste
que te sentías inconforme con tu vida, que sentías un vacío.
—Cielos Abel.
—Lo dijiste, no quiero hablar más, esto que nos ha pasado me hace
tremendamente feliz y hace mucho tiempo que no me sentía tan bien.
Él se quedó mirando el mar fijamente y en silencio, respiró profundo,
ella permaneció a su lado quieta, observando la playa.
—A veces las cosas no son lo que quisiéramos ¿no lo crees?
—Sí, ya lo creo, pero siempre se puede luchar para cambiar ese hecho.
—Pero llega un momento en la vida cuando hay cosas que no tienen revés.
—Eso es mentira, no creo en eso. Las cosas siempre pueden cambiar si así
lo queremos —dijo sin dejar de mirar el mar. Yo me hice a mí mismo, de la nada,
sin depender de las influencias de mi padre, cambié una vida de comodidades
regaladas por otra de méritos propios, así que cuando deseamos hacer las cosas
diferentes, es factible.
—¿Crees que yo no lo he hecho, que todo me ha sido regalado?
—No he dicho eso, ¿solamente crees que debes casarte con ese hombre
aunque es evidente que no lo amas?
—Nadie ha dicho eso.
—Pero es obvio que no lo amas. Si fuese así, no estarías aquí.
—Es decir, crees que…
—No estoy diciendo nada malo, al contrario —dijo volteando para mirarla
a los ojos, ahora eres más sincera. Cuando te das cuenta que tu corazón te está
gritando que no te cases, con el que estás por pura y simple comodidad.
—¿Quién eres para decirme todas esas cosas?
—El hombre que quieres, ese soy, y no lo digo por alardear, ni ser
ególatra, ni creerme más que nadie, no dudo que ese hombre sea bueno, por algo
decidiste aceptarlo. Pero eso no quiere decir que sea la persona adecuada para
ti, no quiere decir que debas casarte con él, que tengas que amarlo simplemente
porque él te ama a ti, no tienes que amarlo, Isabella no tienes que sentirte
obligada a nada.
—Nadie me obliga a nada Abel, estoy con Joaquín porque quiero.
—Joaquín, así se llama. Atrévete a sincerarte contigo misma y verás que
Joaquín no es más que un espejismo que has usado para justificar que en
realidad no eres feliz, que eso es una vida construida, fantasma y no la
verdadera felicidad.
—Abel, por Dios, ya no hables más, se supone que deberíamos estar
trabajando, por eso precisamente no quería aceptar esto, mira todo el desastre
que hemos hecho.
—Yo no lo llamaría así. Para mí es lo más hermoso que me ha pasado en la
vida, nunca lo definiría de esa manera —dijo un poco molesto.
—No te pongas así Abel, para ti es fácil porque eres un hombre soltero,
pero yo no, me voy a casar, ¿cómo crees que me siento? Acabo de traicionar a mi
novio que me ama, que es el hombre más espectacular del mundo, no es fácil para
mí.
—Entiendo, creo que lo mejor es que te lleve al hotel o a la oficina y
te mande con otra persona a hacer el recorrido.
—Espera, quiero ver esto un rato más, yo… —y entonces comenzó a llorar.
—No, no llores Isa, no te pongas así. Lo siento, he sido un estúpido,
entiendo que eres una mujer comprometida. Perdóname, he sido un idiota.
—No, tú has mostrado lo que sientes, sin disimulos, ni todas esas
tonterías que tenemos las personas siempre. Y sí, tienes razón, yo he estado
terriblemente inconforme, pero hasta el día que hablamos, no había querido
admitirlo y ahora ya no sé qué hacer, no sé…
—Ven conmigo, olvídate de él, tal vez no se lo merezca porque es un gran
hombre, pero tú tampoco mereces estar con alguien a quien no amas ¿no lo crees?
—No sé qué decirte.
—Mírame —le dijo acercándose y tomándole el mentón con la mano—. Mírame
y dime que lo
amas, que si te casas con ese hombre te sentirás plena y feliz, que no
te vas a arrepentir de tomar esa decisión, que serás feliz y te sentirás llena
por dentro al estar con él.
—Abel, por todos los cielos, ¿por qué me haces esto?
—Dímelo, anda dímelo. No, no voltees, dímelo mirándome a los ojos,
directamente a los ojos. Ella se quedó callada y las lágrimas le rodaban por
las mejillas, no podía sencillamente pronunciar palabra, sabía que en realidad
no amaba a Joaquín y no podía seguir con esa mentira, porque en los cuatro días
que llevaba en Barcelona, jamás había sido tan feliz. Entendía que esa
sensación era solo comparable con la misma felicidad que sentía con Abel cuando
tenía 16 años,
en ese momento en que él era su primer amor, el primer beso y su primera
experiencia sexual. Entonces, Abel la besó con todas sus fuerzas, la abrazó con
pasión, llevándola al paraíso, era
una tontería seguir negándolo, después de tanto tiempo aún amaba a Abel
Ricard. Para qué ocultar más sus sentimientos, era mejor entregarse a ellos y
dejarse llevar, después pensaría en qué hacer con su vida.
No supo ni cómo llegó a la casa de Abel, no se fijó en ningún detalle ni
en las hermosas decoraciones estilo barroco que él tenía en la entrada, solo
podía pensar en una sola cosa y eso era amarlo hasta que se cansara y ya no
quedara nada. Él recorrió su espalda desnuda, besándola con intensidad, conocía
sus puntos sensibles, aunque no la había visto en mucho tiempo, aún recordaba
su cuerpo, era una especie de instinto primario. Ella gemía de placer ante la
humedad y sapiencia de sus labios y lengua.
Sintiendo el roce de su cuerpo sobre ella, creía estar en un paraíso, un
oasis en el desierto, donde el agua era algo opcional, donde sus besos eran
totalmente necesarios. Sus bocas se fundieron mientras estaban en esa posición,
él la trajo hasta sí abrigándola en su regazo, entonces comenzó a penetrarla en
profundidad. El roce era intenso y, por alguna razón, la sensación cálida de su
pelvis era indescriptible, penetraba más profundamente que en otras posiciones
que ella conocía, entonces sentía no solamente la pasión, sino la ternura y el
amor que percibió hace muchos años con ese chico, en el Abel que ella
recordaba, y eso la hizo sentir feliz, porque no había cambiado, al menos no en
ese aspecto.
—¡Oh Abel! —Era lo único que podía decir para expresar sus sentimientos
ante la potente sensación de su penetración y la fuerza de su masculinidad,
sosteniéndola en ese preciso momento en el paraíso.
Él continuó aumentando la intensidad hasta que entonces la volteó, ella
se dejó llevar, porque sólo deseaba sentir, quería que él la hiciese delirar de
placer. Lo besó justo en los labios, plenamente en su boca y abrazándolo, se
dejó llevar por su ritmo, a la deliciosa cadencia que su compás marcaba. Así
estuvieron cada vez con mayor intensidad, hasta que al fin el maravilloso
orgasmo se presentó y ella estalló de felicidad, las contracciones eran
increíblemente tan fuertes que la hacían delirar y gritar de placer. Él sentía
lo mismo, no podía salir de su asombro que fuese ella quien estuviese ahí,
después de haberlo deseado tanto, al fin ella estaba ahí, a su lado, amándolo
como lo había deseado.
—¡Oh cielos Isabella! ¡Esto es maravilloso, maravilloso!
Isabella no podía decir palabra, estaba jadeando, tan cansada que apenas
podía respirar y necesitaba recuperarse, entonces él la abrazó y cobijó entre
sus cálidos brazos. Se sentía flotando al estar así con él, entre sus brazos se
sentía plena, jamás imaginó que sus sueños se hicieran realidad, mucho menos
que sus fantasías se quedaran tan cortas al ser comparadas con la realidad.
Pues ese encuentro sexual no tenía ni punto de comparación con lo que ella
había imaginado.
—Abel, esto fue maravilloso.
—También lo fue para mí amor, me alegra que ya hayas recuperado el
aliento.
—Muy gracioso.
—En serio, me alegra que lo hayas hecho, deseaba tanto oír tu hermosa
voz, decirme esas palabras.
—No sé ni qué decir, no puedo comparar esto con nada conocido, es la
sensación más maravillosa del mundo, algo indescriptible.
—Eso se llama amor, así es cuando haces el amor con la persona que amas,
y yo me siento exactamente igual que tú, esto es lo más maravilloso que he
hecho en toda mi vida, porque desde hacía 10 años no estaba con la persona que
amo.
—Abel, no digas esas cosas, me haces casi llorar cuando hablas así.
—No sé cómo expresarlo de otra forma, me siento completamente feliz, no
sé cómo decirlo, es así, y no puedo, ni quiero disimularlo, sencillamente no
quiero hacerlo.
—Mmm esta piel tuya, sabes, me vuelve loca, es que…, y respiró en su
pecho, hueles tan divino, es genial.
—Mmm usted también huele muy divino señorita Valencia —dijo imitando su
mismo gesto al oler su pecho.
—Jajaja, olvidaba lo payaso que eres para todo.
—Es parte de mi encanto ¿no crees?
—Jajajajajaja.
—¿De qué ríes?, ¿de mis malos chistes?, a ver señorita, dígame.
—No, me río pensando en la cara del general Valencia si supiera esto.
—Jajajajajaja cielos, es verdad. ¿Te imaginas su cara?, después de todo
lo que hizo, ahora estamos juntos, tal cual como nos encontró esa noche,
solamente que ahora no puede hacer nada para separarnos.
—Sí, el general hizo un gran esfuerzo, pero el destino quiere otra cosa
y con eso no se puede luchar.
—Yo creo que con su confrontación, lo único que logró en mí, fue que te
amara más. —¿Crees que sin su resistencia esto no sería tan intenso como lo es?
—No, para nada sería igual. Pero al imprimirle resistencia, intensificó
mi necesidad de estar contigo, como dicen por ahí, el ser humano es de
rupturas, y cuando se te presentan, es cuanto más creces por dentro.
—Eso es cierto, pero…yo igual te amaba desde el día que nos besamos por
primera vez. —Eso también fue una ruptura, porque no nos vimos más, y por la
misma razón nos
extrañábamos, ¿no crees que es extraño que en nuestra historia hayan
tantas cosas en contra? —Sí, definitivamente, pero, las cosas difíciles nos
hacen crecer como bien dices.
—Amor, yo… es como mágico —le dijo tomando una de sus manos—. Por mi
parte, nadie nos va a separar.
Ella permaneció callada porque en realidad no quería pensar en ese
punto, no deseaba razonar, sino dejarse llevar hasta que no quedara otra
alternativa que pensar. Pero por ahora, solamente quería estar con Abel,
disfrutar de su cuerpo, esos deliciosos besos y toda la pasión que este le
brindaba, esa sensación loca y plena de la cual tantas veces su amiga Florencia
le había hablado y que ahora se hacía plenamente tangible para ella. Sí existía
y no era producto de la loca imaginación de su amiga.
—Esto es como estar flotando ¿no crees?
—Es exactamente como me siento —le dijo él. Es como si pudiera volar y
flotar ligeramente
como una pluma.
—Yo siento lo mismo, pellízcame.
—Te gusta jugar así eh...
—Jajajaja no tonto. Quiero que me pellizques para saber si esto no es un
sueño. Si es la
realidad, es que me da miedo despertarme y que tú no estés conmigo, que
todo sea producto de mi
imaginación como me pasó otras veces.
—Eh…, un momento ¿cómo es eso?
—Tú sólo pellízcame.
—Bien, entonces lo hizo.
—¡Ayyy, no tan duro!
—Me dijiste que lo hiciera jajajajaja… Pero, un momento, dijiste que lo
habías imaginado, así que usted señorita, cuénteme con lujo de detalles cómo es
esa historia que me parece muy interesante.
—Bien, esa historia consiste en fantasear contigo.
—Mmm interesante, muy interesante, así que fantaseabas, y ¿qué hacías
mientras fantaseabas conmigo?
—Ya sabes qué hacía.
Capítulo 9
Ella miraba la espectacular vista que se apreciaba desde el balcón del
cuarto, con el mar embravecido agitando sobre los acantilados y la brisa marina
azotándole el rostro. Estuvo como por media hora allí, hasta que Abel se acercó
con cuidado para no perturbarla.
—¿Qué haces amor?
Isabella no respondió, se quedó callada, entonces él se sentía un poco
preocupado acerca de su actitud, ¿qué estaría pensando?, ¿será que se sentía
mal por lo que habían hecho? No lo sabía y en realidad tenía mucho miedo de
preguntarle.
—Amor —le dijo tomándola suavemente por la cintura y atrayéndola—, ¿qué
sucede?, ¿te sientes bien?
—Sí, tranquilo, estoy bien. Es sólo que, no sé, me hechiza este paisaje,
es diferente, es un mar salvaje, embravecido, masculino.
—¿Masculino?
—Sí, es fuerte, poderoso y su color, es tan… intenso, maravilloso.
—Tú sabes cómo describir las cosas, francamente puedes decir las cosas
más sencillas de una manera muy sensual.
—Todo para ti es sensual.
—Contigo sí.
—¿No te emociona pararte todas las mañanas aquí y ver esto? No sé cómo
describirlo es, es…
—Sublime.
—Sí, Kant jajajaja, esa es la palabra, sublime.
—Es una sensación amenazadora y eso me gusta. No lo sé, peligrosa y
hermosa al mismo tiempo.
—Y ¿no te emociona la belleza?
—Sí, pero es cuestión de costumbre, el ser humano es un animal de
costumbres supongo.
—Yo no podría acostumbrarme a eso, es demasiado hermoso, igual que tú
—le dijo volteándose y tomando la cara con una mano atrayéndolo hacia sí,
entonces se besaron.
—Podría acostumbrarme a tenerte aquí todas las mañanas y besarte de esa
manera tan encantadora.
—Sería… genial sentir este maravilloso olor, es perfecto.
—¿Cuál olor?
—El aroma del mar, mezclado con tu olor natural, es parecido y la
sensación es algo salvaje. —Mmm lo ves, tu forma de hablar es tan erótica, no
sé cómo lo haces, pero todo lo que dices
me excita.
—Jajajaja, tienes eso en tu mente cariño, creo que tú eres muy sensual.
—Creo que hace mucho tiempo que no hacía el amor y hacerlo contigo es
como… maravilloso.
—Yo siento lo mismo, estar contigo es maravilloso, tú me haces sentir en
las nubes, llena, llena, no tengo palabras para describirlo, creo que… y se le
salieron las lágrimas.
—¿Qué pasa bebé? No, no amor, no llores bebé. Se supone que debemos
estar felices por esto,
al fin estamos juntos como lo deseamos por tanto tiempo y nadie nos
puede separar, ahora nosotros somos los que decidimos qué hacer con nuestras
vidas.
—Es que…
—¿Qué amor?
—Me siento sumamente culpable.
—¡Oh cielo! No pienses en eso, ¿por qué siempre debemos estar pensando
en alguien?, ¿por qué nunca podemos simplemente pensar en nosotros mismos y ya?
—Eso quisiera, pero hay otras personas involucradas en todo esto.
—¿Te refieres a ese novio tuyo Joaquín?
—No digas así, no es ese novio Joaquín, es mi prometido.
—¡Oh cielos! —Dijo soltándola y sintiéndose celoso—. Valiente prometido
ese tuyo, sabes francamente, no puedo creer que le digas así.
—Abel….
—Después de todo lo que ha pasado entre tú y yo, ¿cómo puedes llamarle
así?
—Él es un hombre increíble.
—Está bien, eso me parece genial, me alegro por él, que sea tan buena
persona, pero eso no quiere decir que lo ames y mucho menos que te vayas a
casar con él. Si lo amaras… no me mires así, si lo amaras no estarías aquí y lo
sabes.
—Abel, él…
—¡Te fastidia! No te da lo que necesitas, si te diera todo lo que
necesitas no estarías conmigo ahora, habrías venido tal vez, pero nada de esto
hubiese pasado o él hubiese venido contigo.
—Se ofreció venir.
—Y le dijiste que no ¿cierto?
—Sí.
—Ya lo ves, sabías que me verías, que nos encontraríamos y no lo querías
traer para que no dañara este encuentro.
—¡Oh cielos Abel! Dices las cosas de una manera horrible, suena
francamente terrible. —Puede que te suene terrible, pero es la verdad, lo
hiciste, viniste sola porque no querías que
él obstaculizara esto, que dañara nuestro encuentro y tuvieses que
cargar con ese hombre todo el viaje.
—No quiero discutir esto.
—En algún momento tendremos que discutirlo. ¿Quieres decirme algo?
—No, no quiero decir nada.
—Exacto, no dices nada, eso es lo que me preocupa. Yo te amo Isabella,
soy sincero y estoy dispuesto a decirte las cosas con claridad.
—Abel, debes darme tiempo, esto es muy intempestivo.
—Bien, pero cuando amas, no necesitas pensar tanto las cosas.
—Recuerda lo que te dije.
—Está bien —dijo recostándose en el barandal, entiendo… el señor Joaquín
y su maravillosa forma de ser.
Isabella en realidad no sabía qué hacer, estaba sumamente confundida,
aunque ahora se daba cuenta de que amaba a Abel, con Joaquín tenía la
tranquilidad y la estabilidad que le gustaba. Él era un remanso de
tranquilidad, alegría y ternura, con Abel las cosas eran diferentes, se parecía
a ese mar que ahora observaban, agitado, salvaje, aventurero; con él la vida
era diferente, no había remanso de tranquilidad, sino una apasionada aventura,
llena de altibajos e incertidumbre, con el
cual se sentía en la cuerda floja.
—Dime algo —le dijo él.
—No sé Abel, sólo quiero estar callada en este momento, no quiero pensar
en nada.
—Bien amor, entonces te volveré a abrazar así, —y la apretó con fuerza,
no deseaba presionarla porque no quería dañar el momento. En su instante
preciso ella decidiría y él se encargaría de convencerla con sus encantos y una
buena dosis de sexo apasionado varias veces al día, no había mejor herramienta
de convencimiento que esa.
—Mmm, ese abrazo se siente muy bien, me encanta, eres tan… tan, cálido,
no sé, me gustas tanto, entonces se volteó y lo comenzó a besar con pasión e
introdujo su lengua en la boca de él.
Hicieron el amor de una forma lenta y deliciosa, él la sostuvo con
delicadeza atrayéndola hacia su cuerpo y colocándola en su regazo.
—¿Te gusta?
—Sí, mucho.
—¿Te gusta esto? —le dijo mientras comenzaba a penetrarla con suavidad.
—Sí, mucho —mientras apretaba sus piernas alrededor de su cintura con
fuerza.
—¡Oh guaooo! Eso que haces es genial, me encanta, sigue así.
—Cielos, eso es… es…
Él aumentó el ritmo y la fuerza, ella se contorsionaba de placer, sentía
que ya casi estaba a punto de llegar a un delicioso orgasmo. Otro más, no podía
creerlo, había perdido la cuenta de cuántos había tenido con ese hombre, jamás
disfrutó de tantos en un mes y mucho menos en dos días.
Al fin, ella se dio cuenta que estaba cerca, la sensación era deliciosa,
las contracciones esporádicas se hacían más frecuentes y con mayor intensidad,
se producían desde lo más profundo. Eso la hacía temblar, se apoyaba
fuertemente de él y se elevó para acercarse más, apretando sus muslos, lo que
le hizo sentir a Abel una fuerte presión interna. Su cuerpo se contrajo, él la
miró con un gesto malicioso, de su cuerpo corrían un delicioso sudor, estaba
maravillosamente resbaladizo, ella se sujetaba y trataba de acercarse cada vez
más.
—Así amor —decía él, no acertaba a pensar en otra cosa, porque el placer
que sentía era demasiado delicioso.
—Amor, me haces sentir, cielos, tú me haces sentir como nadie —dijo
mientras se colocaba la mano en su rostro y apretaba su entrecejo de placer.
—Amor, siénteme, siente esto —le dijo mientras se impulsaba con más
fuerza.
—¡Oh cielos!
Isabella sintió que no podía más, el esfuerzo era tremendo, necesitaba
mucha fuerza para sostenerse en esa posición y los músculos le temblaban, su
cuerpo le indicaba que ya casi llegaba al orgasmo, el calor era intenso y por
sus piernas corrían ligeras gotas de sudor. Cerraba los ojos para no mirar a
Abel, porque su rostro tenía una intensa expresión, en ese momento no deseaba
conectarse con ese sentimiento que la hacía sentir tan culpable, quería el
placer, pero también alejarse de las emociones.
—Amor, mírame.
—No.
—¿Por qué?
—Me gusta más así.
—¡Oh amor! Así, me gusta tanto eso —decía él al sentir la presión que
ella ejercía sobre su miembro.
—¡Oh rayos! —Dijo ella al llegar al orgasmo, era una sensación intensa y
maravillosa. —¡Ohhh!
Ambos se sintieron maravillosamente bien, luego de terminar; pero ella
se colocó dándole la espalda, como si quisiera mantener su distancia. Él se
sintió extrañado, pero respetó el espacio que ella necesitaba; se quedó en
silencio a su lado, esperando que Isabella reaccionara, pero estuvo así como
una hora, entonces se quedó dormida. Abel la observó y dejó que siguiera
durmiendo en paz.
Se levantó y fue al baño, se dio una ducha fría; mientras el agua
recorría su cuerpo, él seguía evocando esa deliciosa sensación de estar dentro
de ella. Sólo de pensarlo, sentía escalofríos por todo el cuerpo, especialmente
allí en su zona íntima. Había imaginado tantas veces hacer el amor con
Isabella, así como era ahora, tratando de pensar, no en la chica de 16 años,
sino en una mujer, le resultaba difícil, pero después de hablar con ella y
verla en el Facebook, su imaginación no podía parar.
Entonces se volvió a meter en la ducha porque comenzó a sentirse
excitado otra vez, esa mujer lo volvía loco. No sabía qué rayos le había dado,
pero nunca se había sentido tan enamorado en toda su vida. Se colocó una bata
de baño y luego, al pasar por la habitación, la vio profundamente dormida, eso
le generó una ternura increíble.
Luego, se puso a cocinar, quería sorprenderla con un almuerzo delicioso
y, como siempre le sucedía, el tiempo pasó volando, preparó una pasta con salsa
bechamel y maíz tierno, pan de ajo y un postre de frutas. Estaba comenzando a
servir la mesa cuando ella despertó. Miró a su alrededor y de pronto se le
había olvidado dónde estaba, buscó su cartera por todos lados hasta que la
encontró en una de las mesitas de noche. Allí estaba el celular y tenía un
montón de mensajes de Joaquín, se dio una palmada en la frente, aparte del
mensaje que le había enviado, se había olvidado escribirle.
—Hola amor, estoy preocupado. Recibí tu mensaje, pero te he escrito y
nada, llamé a tu hotel y no estabas allí. Por favor, si lees este mensaje,
llámame cosita, estoy angustiado. Pasó algo, necesito hablar contigo.
—¡Cielos, cielos!
—Amor, necesito que me llames, es urgente, tengo que decirte algo
importante.
Quería llamarlo por Facetime, pero le parecía muy descarado hacerlo en
la propia casa de Abel, y al mismo tiempo, se sintió preocupada pensando qué
sería eso tan importante que él tenía que decirle.
Allí olvidó la magia de ese maravilloso encuentro erótico y cayó
nuevamente en cuenta de que tenía un novio que la estaba esperando en Estados
Unidos y que muy probablemente estaba gestionando trámites para la boda,
mientras ella se acostaba con su sexy ex novio de la infancia. No se podría ser
alguien más ruin. Pero ¿cómo decirle eso a Joaquín?, no sabía qué hacer, no
quería hacerle daño, él no se merecía algo así, era un hombre maravilloso y
ella no era digna de su confianza.
—Piensa, piensa, Isabella, piensa. Cielos, soy un desastre.
Se levantó y comenzó a recoger toda su ropa, no podía pensar con
claridad, entonces se calzó con unas pantuflas, no sabía exactamente qué haría,
fue al baño y se dio una ducha, luego se arregló como pudo. Se colocó
nuevamente la ropa tratando de acomodarla para que no se viera tan desaliñada,
pero era evidente que era del día anterior.
Entonces, salió a buscar a Abel para decirle que necesitaba irse, lo
halló en el comedor con la mesa servida y una hermosa sonrisa en el rostro. No
hallaba qué hacer, no había forma que alguno
de esos dos hombres no saliera herido con su decisión. Se quedó impávida
frente a la mesa, atónita.
—Siéntate amor.
—Necesitamos hablar Abel.
—A ver, dime amor.
—Tengo que irme.
—¿Por qué? Come primero, vamos a compartir. Mira, recuerdas cómo te
gustaba la pasta con “jojotos” ¿recuerdas?
—¡Oh cielos sí! Pero es que…
—¿Qué?
—Mi novio me dejó un mensaje, dice que lo llame urgente, no sé qué es,
no sé si le pasó algo, necesito llamarlo y tengo que irme.
—Mmm, bien, ¿por qué no lo llamas aquí?
—No puedo hacer eso.
—¿Por qué?
—Me parece incorrecto.
—Bien, entonces te parece correcto irte y llamarlo desde tu hotel,
aunque es exactamente igual, ya no podemos retroceder Isabella.
—No seguiré discutiendo eso Abel, sólo me iré.
—¿Y no vas a comer nada de lo que hice especialmente para ti?
—Lo siento, se ve delicioso y te agradezco mucho, pero esto es algo
urgente.
—Muy bien, entonces vete. Entiendo, no lo sé —dijo pasándose la mano por
el cabello—, espero que todo esté bien, que no le haya pasado nada malo.
—Hablamos después sí.
—Está bien —dijo tratando de disimular su malestar.
—Estás molesto ¿verdad?
—Sí lo estoy, pero no hablemos de eso ahora, hablamos después.
—Bien, te lo prometo —dijo acercándose y tomándole de la mano.
—Bien.
—Te llamaré un taxi.
—Gracias.
—¿Tendrías tiempo para comer mientras lo esperas? —Lo siento, es que no
tengo apetito, estoy preocupada. —Ok, bien.
Ella salió de allí muy angustiada, el taxi parecía nunca llegar al
hotel, se tardaba demasiado y el tráfico era horrible.
—Hola Joaquín, ¿qué pasa amor?, me asustaste con tu mensaje.
—¿Dónde estabas? Te llamé muchas veces.
—Estaba… trabajando cielo, pero habla, dime ¿qué pasó?
—Es el General.
—¿Qué le pasó? Dime ¿qué pasó?
—No se ha sentido bien, ahora está en el hospital.
—Dios, voy para allá enseguida. Voy a tratar de ir en el primer vuelo
que consiga, ¿Ok? Dile a mi mamá eso.
—Bien amor, pero tranquila, no te angusties.
—Bien, voy a ver qué hago.
Entonces llamó a Abel para informarle lo sucedido, aunque en realidad no
tenía cabeza para nada, sentía que se lo debía, porque estaría abandonando el
trabajo para el cual la había contratado.
—Hola amor, ¿qué pasó?
—Mi padre está enfermo, tengo que irme, estoy tratando de buscar un
vuelo para Miami, pero no consigo ninguno.
—No te preocupes, yo puedo enviar mi avión para que te lleve.
—¿Tienes un maldito avión?
—Sí amor, espérame allí. Prepara todo lo que necesitas, yo me encargo de
lo demás. —Pero Abel, yo…
—Pero nada Isabella, sólo espérame allí, voy por ti.
Pasaron dos horas y al cabo de ese tiempo, Abel le avisó en un mensaje
que la estaba esperando en la recepción. El botones la escoltó con las maletas
hasta el auto que los estaba esperando fuera.
—Gracias por esto Abel —le dijo una vez dentro del auto.
—No tienes que darme las gracias, yo sé perfectamente lo que se siente
en momentos como este.
—Entonces… bueno, no sé qué decirte, gracias por mandarme en tu avión,
esto me ahorra muchísimo tiempo.
—Yo voy a ir contigo —le dijo mirándola directamente a los ojos.
—Abel, no, no puedes…
—Tranquila, tu novio no va a saber nada, iré como un amigo, para
apoyarte, eso es lo que hacen los amigos ¿no?
—Pero Abel, no sé, está mal, Joaquín…
—Iré Isabella, no te voy a dejar sola en todo esto, olvídate de eso, tú
vas acompañada por mí.
—¡Oh Abel! —Le dijo recostándose en su hombro, esto está muy mal, muy
mal.
—No pienses en eso ahora, solamente piensa en tu padre, que se va a
poner bien, que todo va a estar bien.
Durante todo el vuelo, ella estuvo muy angustiada, trató de dormir un
poco pero le costaba mucho tranquilizarse. Abel trataba de consolarla, pero al
mismo tiempo deseaba darle su espacio. Apenas habían llegado, fueron
directamente a la Clínica Jackson Memorial donde estaba su padre. Subieron
juntos a la habitación y cuando entró se encontró con su madre.
—Mamá ¿qué pasó?
—Tranquila, fue un preinfarto, ahora se encuentra más estable.
—¡Oh Dios! Gracias —dijo sentándose, por unos minutos se le olvidó que
Abel estaba con ella.
—Buenas, espero su esposo se mejore.
—Gracias, y usted es…
—Es un amigo mamá, él me trajo en su avión desde España para que pudiera
llegar.
—No sé por qué… pero usted me parece conocido. Mucho gusto, Isabel de
Valencia.
—Abel…
—¿Abel?
—Sí.
—¡Ohhh! ¿Eres Abel Ricard? —Dijo ella sorprendida reconociéndolo—, sólo
que ahora te
ves… te ves diferente —y miró a Isabella, pero no dijo nada.
—Mamá ¿qué dicen los médicos?
—Ahora está estable Isabella, pero quieren dejarlo en observación para
hacerle estudios. En este momento Joaquín está gestionando unos exámenes que
deben hacerle. Y… —dijo bajando la voz para que solamente Isabella entendiera—,
en cualquier momento va a llegar.
Isabella miró a su mamá y supo que ya se había dado cuenta de lo que
estaba sucediendo.
—Bien —entonces se levantó y fue hacia donde estaba Abel.
—Isabella, quisiera quedarme aquí contigo, sabes que sí, pero quiero
ahorrarte problemas, creo que tu madre se dio cuenta.
—Sí, es probable —dijo ella disimulando la situación.
—Bien, me iré, pero podemos hablar luego, es decir, cuando puedas, tú me
entiendes.
—Sí, gracias Abel, discúlpame, después de todo lo que has hecho por mí,
no puedo corresponderte como debería.
—No te preocupes.
En ese momento entró Joaquín, cuando la vio, se dirigió hacia ella para
abrazarla besándola en los labios, ella se notaba incómoda; en ese momento Abel
se retiró sin despedirse.
—Amor, por fin llegaste.
—Sí —dijo mostrándose un poco evasiva.
—Bien, dentro de un rato van a llevarse a tu papá para hacerle unos
exámenes.
—Bien, entonces… esperaré aquí.
—Y ese hombre ¿quién era? Se fue y no me lo presentaste.
—Es…
—Eh…
—Un amigo de España —dijo su madre—, es un viejo amigo de la familia,
que… nos hizo el favor de traer a Isabella en su avión, es muy amable ¿verdad?
—Sí, realmente bastante amable diría yo. —Dijo mirando a Isabella y su
extraña expresión.
—Bien Isabella, ve para que hables con tu padre, ya se está despertando,
vamos.
Isabella miró a su mamá con gesto de agradecimiento, era la primera vez
que hacía algo así y la había sacado de un impase muy desagradable. Ella se
sentó al lado del General y le tomó la mano, éste abrió lentamente sus ojos y
cuando la reconoció, una sonrisa se esbozó en sus labios.
—Hija.
—No hables papá, no debes agitarte.
—Hija, necesito hablar contigo, necesito…
—No papá, después hablamos, ahora tienes que estar tranquilo, descansar,
dentro de un rato te van a buscar para hacerte unos exámenes, debes estar
tranquilo y no agitarte.
—Hija.
—Ya papá, tranquilo, dedes estar tranquilo.
—Eleazar hazle caso a Isabella, no hables, después podemos conversar
¿bien? Todo va a estar bien.
Luego que lo llevaron al laboratorio, Joaquín estuvo pendiente, después
se fue a su casa a bañarse para ir a trabajar. Entonces, ella y su madre fueron
a la cafetería a tomar algo para despertarse un poco.
—No quiero meterme en tu vida Isabella, pero me gustaría saber ¿qué hace
aquí Abel Ricard?
—¿Lo reconociste?
—Reconocería ese rostro en cualquier lado, por cierto, se ve guapísimo.
—Mamá.
—Yo sólo digo, es la verdad, se ve muy bien, muy atractivo.
—Me vino a traer en su avión.
—Mmm ¿y él es piloto o qué?
—No mamá, pero le dio cosa mandarme sola con todo este problema.
—Mmm pero quiere decir que él vive en España, qué casualidad que siendo
tan grande ese país te lo hayas encontrado.
—Mamá, recuerda que ya no tengo 16 años, sino 27.
—Lo sé hija, pero, es que no quiero meterme en tus asuntos, tú eres una
mujer comprometida y ese chico, ese chico se le nota que está enamorado de ti.
—¿A quién?
—Abel Ricard, se le ve por encima que está muy enamorado de ti, es obvio
que es así.
—Mamá, cielos, tú y tus cosas.
—Hija, ten cuidado, las tentaciones como esas suelen ser muy fuertes.
—¿Y crees que yo no tengo suficiente fuerza de voluntad?
—Nadie tendría suficiente fuerza de voluntad.
—Mamá, hablas de una manera escandalosa.
—La experiencia hija y tu actitud.
—¿Cómo que mi actitud?
—Se te nota, se nota que ustedes dos tienen una química muy grande, es
más… —¿Qué mamá?
—Me atrevería a decir que hay algo más entre ustedes dos.
—Mamá cielos, ¿por qué dices eso?
—Soy tu madre y te conozco, se te nota. Mírate, estás luminosa,
rozagante, feliz, no te había visto de esa manera en mucho tiempo. Dime la
verdad ¿tienes algo con ese muchacho cierto?
—Mamáaaaa.
—Ya con eso me dices todo, ¿y cómo queda Joaquín en todo esto?
—Estoy muy confundida mamá.
—Sabes, antes le daba mucha importancia a las relaciones y las
apariencias, pero ahora que estamos retirados de toda esa vida social, las
cosas han cambiado y quería pedirte disculpas hija, creo que no fui una buena
madre para ti.
—No digas eso mamá, mira todo lo que he logrado.
—Sí, pero no eres feliz, estás comprometida con un hombre que no te
llena y al cual no amas, y la mejor muestra es como lo recibiste, creo que te
habrías emocionado más por un par de zapatos.
—¡Qué exagerada, por Dios!
—No, hija, es la verdad, debes sincerarte, si no lo amas debes hablar
con él, Joaquín es un buen hombre y no merece eso, y tú tampoco mereces estar
con un hombre que no amas, necesitas ser feliz. Si esa felicidad es Abel
Ricard, entonces debes ir por ella.
—Mamá, pensé que odiabas a Abel.
—No, solamente protegía a mi niña, pero si él es tu felicidad —le dijo
tomándola de las manos—, entonces no dudes en ir por él.
—Apenas lo conozco mamá, ¿si dejo a Joaquín por un hombre que no es lo
que pienso y pierdo un buen hombre por nada?
—Jajajaja hija, si amaras a Joaquín, ni siquiera considerarías hacerlo,
no trates a ese pobre
chico como un seguro, sea como sea, no lo amas y no es justo para ti, ni
para él que tengas una relación por comodidad.
—¿Comodidad? —Esa palabra me persigue.
—Piénsalo hija, sea como sea, esa relación no se sostiene por sí misma,
se te nota, en cambio cuando te vi entrar con Abel centellabas, eso es lo que
quiero para ti, que vibres de la emoción y felicidad de estar con ese hombre
que quieres.
—Mamá, nunca pensé oírte decir algo como eso, pero gracias, gracias por
esas palabras. Entonces se fueron a la habitación para esperar que llegara el
General, 30 minutos después, las
enfermeras lo trajeron y parecía tener un mejor color en la piel, al ver
a Isabella sonrió.
—Hija —le dijo extendiéndole la mano.
—General, ¿cómo se siente? Pasemos revista —le dijo sonriente.
—Hija, necesitamos hablar.
—Papá, no quiero que te agites ni te pongas mal, estuviste muy enfermo,
vamos con calma ¿sí?
—Esto es importante hija.
—Bien general, dígame.
—Dime padre, por favor.
—Bien papá, dime, pero tranquilo, no te exaltes.
—Quiero pedirte perdón hija.
—¿Por qué papá?
—Por negarte tantas cosas, por sobreprotegerte y no brindarte la
libertad de elegir lo mejor para ti.
—¡Papá! —Dijo ella asombrada.
—Sí, hija. No fui un buen padre para ti, entonces Isabella miró a su
mamá. Yo te alejé de muchas cosas, porque quería protegerte, pero solamente te
hice daño y ahora me arrepiento, quiero que seas feliz, y…
—Respira papá, no te exaltes.
—No quiero que te cases con Joaquín.
—Papá, acabas de decir que quieres mi felicidad.
—Por eso mismo, él es un buen muchacho, pero nunca vas a ser feliz con
él porque no lo amas.
—Papá, ustedes parecen estar de acuerdo.
—No hija, tu papá llegó a esa conclusión por sí mismo.
—Hija, no te cases con ese muchacho, vas a ser muy infeliz.
—Mmm, bien, papá te entiendo y acepto tus disculpas, ahora voy a salir
un momento, necesito tomar un poco de aire.
—Está bien hija —le dijo besándole la mano.
Isabella salió a la terraza para respirar, se sentía francamente
molesta, ahora sus padres parecían estar de acuerdo para decirle que su
relación con Joaquín tampoco era la adecuada. No existía manera de poderlos
complacer, ella pensaba que al fin haría algo que les gustaba, pero ahora
entendía que no era de esa forma. Le parecía injusto, otra vez se sentía como
una muñeca en manos de otros.
—Hola —y volteó extrañada.
—Disculpa, sé que no debería estar aquí, pero… no quería dejarte sola.
—¡Oh Abel! —Y empezó a llorar recostándose en su hombro.
—¿Qué pasa amor?
—No lo sé, no lo sé.
—Oh amor, tu padre se va a poner bien.
—Solo abrázame, no quiero hablar.
Capítulo 10
Dos meses después, el General se estaba recuperando en casa, Isabella se
había dedicado en cuerpo y alma a cuidarlo, en conjunto con su madre. Había
tratado de postergar la decisión acerca de su vida con la excusa de la
enfermedad de éste, pero cada vez se mostraba más alejada de Joaquín.
—Quiero mostrarte algo Isabela —le dijo su madre llevándola a la sala de
estar.
—Ok, mamá, dime.
—Mira esto, es algo que encontré hace poco, cuando estaba redecorando.
—Mmm un álbum, bien.
—Obsérvalo, quiero que lo veas.
—No entiendo mamá.
—Sólo míralo.
—Bien —dijo mientras comenzaba a hojearlo—, ¡ohhh! Jajajaja qué lindo,
miraaa soy yo, ¡oh cielos!, era una bebé muy linda.
—Sí, siempre fuiste una bebé muy hermosa, todos querían cargarte, jugar
contigo jajaja. —Esta foto me encanta, esta soy yo, jajaja, pero este otro bebé
¿quién es? —¿No lo reconoces?
—No, no sé quién es.
—Míralo bien.
—No lo sé mamá, pero me veo muy contenta jugando con él jajajaja es un
bebé muy lindo.
—Esa foto la tomamos en nuestra visita a Argentina.
—¿Argentina?
—Sí.
—No entiendo, no recuerdo esto.
—Es Abel hija, ese niño es Abel.
—¡Cielos!
—Sí, yo me asombré cuando lo descubrí, es decir, que esa conexión entre
ustedes ya había sucedido antes, desde que eran pequeños.
—Tienes razón, me veo muy feliz allí.
—Al igual que ahora, es decir, el día que te vi entrar con él al
hospital lo entendí. Hija, si lo amas ve por él, no lo dejes escapar.
—Ay mamá —le dijo abrazándola y comenzó a llorar—, gracias por esto, es
el mejor regalo que me has dado en toda mi vida.
—¿Cuál hija?
—Esto, la libertad, la libertad de decidir lo que crea mejor para mi
vida.
—Es hora que tomes una decisión, no postergues más tu vida, hija.
—Bien mamá, gracias.
El vuelo en el avión se le hizo demasiado largo, cuando llegó al
edificio, casi levitaba por la emoción. Ahora era libre para decidir sobre su
vida y estaba decidida a arriesgarse. Cuando entró en la oficina vibraba, así
que esto era sentirse vivo, el temor y la incertidumbre de arriesgarlo todo por
una emoción, por el sentimiento de entregarse a lo desconocido, pensó.
—Buenas señorita, ¿en qué puedo ayudarla?
—Necesito hablar con el señor Ricard.
—Él no está señorita.
—¡Oh cielos! ¿Sabe dónde lo puedo encontrar?
—Mmm usted es la señorita Valencia ¿verdad? Estuvo aquí hace un tiempo.
—Sí, así es.
—Oh usted era la fotógrafa, bien, entonces sí le puedo informar, muy
bien, es un placer verla nuevamente.
—Gracias.
—Él está en una locación, están tomando unas fotos, es en la
Barceloneta, ¿sabe dónde es?
—Sí —dijo con una gran sonrisa.
—Están aquí señorita.
—Gracias, muchas gracias —dijo tomando la dirección que la chica le
había apuntado en un papel, salió prácticamente corriendo de allí.
Cuando llegó el mar estaba impactante y a lo lejos se veía al equipo
tomando las fotos, su corazón casi parecía salirse por la boca, era una
sensación poderosa. Se bajó del taxi y caminó decidida hacia donde estaban las
personas, mientras iba hacia el sitio distinguió a Abel, era imposible que
pasara desapercibido, se veía hermoso, aun con esa ropa tan casual. Ya
comenzaba el otoño y el viento era mucho más frío que meses atrás.
—Abel.
Él volteó inmediatamente como si le fuese aguijoneado en la nuca,
entonces la miró y su expresión cambió completamente, como si la vida volviese
a su cuerpo. Ambos sabían lo que eso significaba, él hizo caso omiso de todo lo
que pasaba a su alrededor y corrió hacia ella, entonces la tomó en sus brazos,
la besó, y nunca más la dejó escapar de nuevo.
Seis meses después frente a la Costa Azul, se dieron el beso que le
debían a ese lugar desde hacía 13 años, ella con un hermoso y sencillo vestido
blanco, y el con un traje Valentino en color crema. Estaba como su madre lo
había deseado centelleante, vibrante de felicidad. Mientras le tomaban las
fotos, Florencia le hacía señas indicándole que eso era amar de verdad, que así
era como tenía que sentirse.
Diez años antes se habían conocido, pero lo cierto era que 20 años
atrás, ya sabían de sus existencias, como si la vida quisiera probarlos de
todas las formas. Pues estaban destinados a estar juntos y no había nada que
pudiese hacer para impedirlo, porque esta era esa clase de amor que ni el
tiempo, ni la distancia logran opacar.
Fin.
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