Libro N° 10830. Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 1. Franco, Mercedes
© Libro N° 10830.
Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 1.
Franco, Mercedes. Emancipación. Enero 28 de 2023
Título original: ©
Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga
No. 1. Mercedes Franco
Versión Original: © Pasiones
Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 1. Mercedes Franco
Circulación
conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:
https://docer.com.ar/doc/10ene8
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar,
difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la
fuente.
La Biblioteca
Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante
los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus respectivos
autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los Diseños y
edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de textos. El
uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida su
comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No
comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No
derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Fondo:
https://img.freepik.com/vector-gratis/lineas-zoom-comic-amarillas-fondo-detallado-semitono_1409-1603.jpg?w=900&t=st=1673218825~exp=1673219425~hmac=6c2c2db8358b88385ec78d2e3a63308cfbb73b056db47ca2e330dcd50a4fad5c
Portada
E.O. de Imagen original:
https://docer.com.ar/doc/10ene8
© Edición, reedición
y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS
SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
PASIONES PROHIBIDAS DE MI PASADO
Saga No. 1
Mercedes Franco
Pasiones
Prohibidas De Mi Pasado
Saga No. 1
Mercedes
Franco
Pasiones
Prohibidas De Mi Pasado. Una Novela
Romántica
que no podrás parar de leer.
Saga No. 1
Mercedes
Franco
Tabla de Contenidos
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Continuará…
Capítulo 1
A los diez años, Isabella soñaba con tener un esposo que se pareciera al
príncipe azul; era casi un héroe mítico que le mostraría lo que era el amor
verdadero. Definitivamente, era una niña llena de ilusiones, su madre siempre
trataba de hacerle ver la realidad y enseñarle que los hombres no eran
criaturas de otro planeta, sino seres de carne y hueso. Pero ella se cuidaba de
no prestarle atención, porque le gustaba la sensación que le producía su mundo
imaginario.
- ¿Cuándo aprenderás? El día
que te enamores, sabrás cómo son las cosas en la vida real.
Su mundo era un lugar idílico, los fines de semana iba con sus padres a
pasear por los Campos Elíseos; en otras ocasiones, los paseos los daba en
Fontainebleau y el trato privilegiado que se les otorgaba en la embajada, la
hacía sentir como una princesa. Esto creó en su mente un sentido de importancia
que, no obstante, no llegaba a ser arrogancia, y cuando a los 16 años su padre
fue trasladado nuevamente a Venezuela, sintió que su mundo se hacía pedazos.
- Pero mamá, no quiero irme a
ese lugar, aquí me siento feliz.
- Lo sé hija, pero tu padre
debe ir porque el gobierno lo está llamando y es necesario que volvamos.
- Pero yo me puedo quedar aquí
con la tía Marcele.
- De ningún modo, una chica de
tu edad debe estar con sus padres.
- Entonces, ¿me vas a obligar
a irme a ese lugar? No mamá, no iré.
- Sí que irás, claro que sí.
Entonces, sus padres la obligaron a regresar a su país, por lo que no le
dio más opción que someterse a los designios de sus progenitores. Era el año de
2008 cuando arribaron al aeropuerto de Maiquetía, ubicado en el estado Vargas;
los recibió la emblemática
3
obra de Carlos Cruz Diez, entonces ella jugó con los tramos de colores
de la misma como lo hizo cuando tenía cinco años y partieron a Francia. Allí
estaba otra vez sin saber qué sería de su vida.
Por la ventanilla, veía el mar alejarse de sus ojos y mentalmente se
despidió de su vida, entregándose con resignación a todo lo que le
sobreviniera. La carretera le pareció mustia, nada que ver con el maravilloso
invierno parisino, ni siquiera la conmovió el agradable y cálido día que estaba
haciendo. A pesar de que se encontraban rodeados de la exuberante naturaleza
llena de verdes casi neón, en su mente ella seguía añorando su hermosa academia
y los verdes opacos del bosque de Fontainebleau. Las visitas del colegio al
palacio de Versalles y los paseos al museo Louvre.
Su padre observaba soslayadamente cada detalle de su comportamiento y su
cara disconformidad, trataba de ignorarla para no dejarse manipular por
niñerías. Qué podía saber esa niña de la vida, si siempre estuvo con él cuidada
y protegida por sus guardaespaldas; él era un hombre de la milicia y lo último
que aceptaría, era dejarse dominar por una pequeña voluntariosa.
- Sonríe Isabella.
- No tengo nada porqué
sonreír.
- ¡Oh vaya! ¡De qué te quejas
niña! Mira alrededor, mira a aquellos niños, ¿sabes lo afortunada que eres de
tener todo lo que tienes?
- Pero ellos por lo menos
parece que son libres, yo soy una prisionera en una jaula de oro como Marie
Antoinette.
- Jajajajaja. ¿Qué sabes tú de
prisiones? Si hubieses estado el 14 de febrero como yo, sabrías lo que es
bueno, niña malcriada.
- No seguiré teniendo esta
conversación.
- ¡Qué niña más voluntariosa!
Dijo su madre, con ese colegio tan costoso y no aprendiste nada.
- Jum, hizo un mohín, y
entonces se dedicó a mirar por la ventana e ignorar a sus padres.
4
La carretera de La Guaira a Caracas se le hizo eterna y cuando por fin
entraron en la ciudad, era mucho más pequeña de lo que había imaginado o visto,
nada que ver con la antigua y portentosa París; la majestuosidad y belleza de
El Ávila levantándose a su lado derecho, no fue suficiente para conmoverla. La
escrutó y vio los edificios grises de estilo geométrico con algunos grafitis
aquí y allá, y sintió que el mundo se le venía encima, allí no había nada bueno
para ella. Justamente, era como María Antonieta quien había perdido su palacio
y su mundo de un momento a otro para ser recluida en las tullerías, y luego por
fin en la cárcel.
- ¿Y bien? Parece que
estuvieras condenada a la muerte.
- Lo estoy como Charlotte
Corday.
- Bien, es hora que practiques
el castellano y dejes el francés para su momento.
- ¡Bah!
- Bien, ya casi llegamos. Dijo
su madre mirando con alegría el paisaje.
Desde Cumbres de Curumo, el valle se veía imponente, las serranías se
destacaban a las cinco de la tarde con verdes intensos bajo los matices
dorados, generando un contraste poderoso. Cuando llegaron a la casa, era una
deslumbrante mansión de un blanco impoluto, estaba custodiada por enormes pinos
canadienses y un lago donde habitaban hermosos cisnes. La grama extremadamente
cuidada, le daba un aspecto equívoco de un palacete.
- Y bien, ¿qué te parece? Le
dijo Eleazar a su esposa.
- Muy bien, es hermosa. Bueno,
no es tan grande como la embajada, pero es bellísima. Muy bien cuidada, estoy
satisfecha.
- ¿Qué te parece Isabella?
¿Verdad que es bella?
- Si tú lo dices…
- Bien, es difícil
complacerte.
- Sólo quiero ir a mi cuarto y
acostarme a dormir, estoy demasiado cansada.
- ¡Oh bien! Perfecto, aquí
viene el ataque adolescente otra vez.
5
- Sí, así es mamá.
- Bien, vamos adentro. Ni modo
Eleazar, no hay maneras de complacer a esta niña.
Se encaminaron hacia dentro de la casa; el mayordomo les abrió la puerta
y era una mansión fascinante con un estilo ecléctico y líneas modernas que
imitaba el estilo de construcción de Andrew Lloyd Wright. Ella observó la
empinada escalera de líneas simples y elegantes en color negro, contrastando el
níveo tono de las paredes.
- Pasen adelante señores.
- Gracias Fernando, ¿cómo
estás?
- Muy bien General Valencia,
adelante.
- Gracias, te presento a mi
esposa Isabel Gómez de Valencia.
- Mucho gusto señora,
bienvenida a su casa.
- Gracias Fernando.
- Y esta es mi hija Isabella
Valencia.
- Mucho gusto señorita,
bienvenida a su casa.
- Gracias, dijo secamente.
¿Dónde están las habitaciones? Estoy muerta del cansancio.
- Isabella, ¿dónde están tus
modales?
- Tranquila señorita, Camille
le va a mostrar sus habitaciones a la señorita.
- Discúlpate con el señor
Fernando Isabella.
- No es necesario señora.
- Sí lo es.
- Disculpe señor Fernando,
dijo ella entornando los ojos.
- Camille, por favor muéstrale
a la señorita Valencia sus habitaciones.
- Inmediatamente, dijo
haciendo una graciosa reverencia.
Isabella trató de disimular la risa que le causaba todo ese protocolo
absurdo, detestaba las formalidades, ya que toda su vida había girado en torno
a ellas. Con sus amigas en Francia, se trataban de la manera más informal
posible, ese mito de los modales franceses estaba tan pasado de moda que no
creía que en algún lugar de la tierra se usara todavía.
- Bien, vamos.
6
La chica caminó delante de ella con gracia, mientras subía con su
equipaje de mano, solamente una verdadera francesa podría hacer algo como eso.
Era una chica diminuta de cuerpo estilizado, como una sílfide, con el cabello
corto en un estilo bob muy desenvuelto.
- Tu es française.
- Oui madeimoselle.
- Quel endroit.
- Je suis de provence.
- Merveilleux, J'aime la
provence.
- Madeimoselle, su madre pidió
encarecidamente que usted hablara en español, no en francés.
- ¡Oh vaya! ¿Hasta allí llegan
sus alcances en seleccionar el idioma en el que puedo hablar?
- Lo siento señorita.
- Pero, puede ser un secreto
entre las dos, cuando estemos solas como ahora, podemos hablar en francés.
- Me puedo meter en un
problema señorita.
- Anda, aunque sea un ratito,
no quiero perder la fluidez del idioma. ¿Con quién voy a hablar en esta casa o
en ese colegio donde tengo que ir? Anda por favor.
- Bien señorita, pero por
favor sólo entre usted y yo, como práctica.
- Eres un cielo Camille, así
hablamos de Francia y no sabes lo desagradable que es este lugar para mí, me
siento asfixiada.
- Pero señorita, Caracas me
parece muy hermosa y el clima es excelente, le dijo con una gran sonrisa, lo
que pasa es que no la ha conocido, ya verá que le gustará.
- Nada que ver. Soy francesa
de corazón, no quiero saber nada de esto.
- Jajajajaja. Ay señorita, yo
soy francesa y le aseguro que este clima es mágico.
- Mmmm, bien, veremos.
- Bueno señorita, la dejo para
que se instale, le puse todo aquí. Dentro de un rato Gabriel vendrá con su
equipaje y yo me encargaré de arreglarle su ropa.
7
- Nada de eso, yo misma
arreglo mis cosas.
- No señorita, no puedo
permitir eso, es mi trabajo.
- Necesito que nos entendamos
tú y yo, no me gustan esas formalidades estúpidas, me ponen de un increíble mal
humor; entonces, si no me quieres ver así, es mejor que te acoples a mí.
- Ay señorita, usted me puede
meter en un gran lío.
- Tranquila, será entre tú y
yo. Nadie va a saber nada. Es que tengo manías, mi forma de hacer las cosas y
no me gusta que nadie me cambie nada ¿ok?
- Bien, dijo ella pensando qué
cosas tendría escondidas como para no querer que ella las revisara.
Después de todo, esos jóvenes de clase alta tenían vicios, ella había
visto lo suficiente como para pensar que la mayoría tenía debilidad por las
sustancias ilícitas y, tal vez, esta no era la excepción. La miró examinándola
en profundidad, buscando algún vestigio que denotara el origen de su extraño
comportamiento.
- ¿Qué me miras Camille?
- Nada señorita.
- Sí, ya sé que estás
pensando.
- ¿Lo sabe?
- Sí, estás pensando que es
extraño mi comportamiento, pero la verdad soy una maniática del orden y me
gustan las cosas de maneras particulares; por ejemplo, esto, dijo señalando lo
que ella había arreglado. Está mal colocado, nunca pongas las cosas dobladas de
esta manera, es un desperdicio de espacio, además, se arrugan más de la cuenta.
Se colocan así, ves, enrolladas.
Camille la miró disimulando la gracia que la causaba el que una chica
tan joven tuviese un comportamiento tan maniático, pero en el fondo le caía
bien, no sonaba como las chicas de su edad, las cuales eran casi todas
superficiales y elitescas. Lo que no sabía, era que las manías de Isabella eran
producto de la estricta disciplina del colegio de monjas, y no era una
necesidad compulsiva, sino un tic nervioso creado por la Madre Marie Fleury.
8
- Como usted diga señorita.
- ¡Oh vaya! Esto es un
desastre también.
- Jajajaja. ¡Oh cielos
señorita! Usted tendrá que enseñarme cómo le gustan las cosas.
- Creo que sí. Bien, veremos.
Así que para distraerse del humor que le causaba estar en ese indeseable
lugar, se dedicó a arreglar el closet hasta que quedó como a ella le gustaba.
Se alejó para ver el resultado de su trabajo, entonces sonrió haciéndole una
seña a Camille para que viera cómo había quedado.
- Bien señorita, Camile le
sonrió pensando que estaba bien loca, más que todos los demás chicos que había
conocido y atendido antes.
- Camille ¿qué edad tienes?
- 23 años señorita.
- ¡Genial! Entonces tú y yo
nos la llevaremos muy bien.
- Así es señorita, le dijo
siguiéndole la corriente.
- Bien Camille, ya puedes
retirarte.
- Está bien señorita.
Entonces, Camille bajó y la dejó a solas para organizar el resto del
equipaje, Isabella se acostó boca arriba en la cama pensando en lo que haría el
día de mañana y lo mal que se sentiría entre todas esas personas extrañas con
las que debía tratar de ahora en adelante. Para ella, era una verdadera
pesadilla estar con ese montón de gente rara; en Francia tenía un buen grupo de
compañeros y, aunque no tenía muchos amigos, por lo menos “hablaban el mismo
idioma”. Disfrutaban viendo la naturaleza y leyendo buenos libros, les gustaba
dilucidar sobre la esencia de la vida y pensar en las grandes cuestiones del
universo.
Sintió escalofríos sólo de pensar en qué pasaría si les caía mal a todos
o se burlarían de ella como le había sucedido antes en muchas ocasiones. Sintió
un golpe en el corazón y angustia. Ella no era muy buena para hacer nuevos
amigos y eso era lo que más le molestaba a sus padres y aún así, no les
importaba someterla a esa
9
tortura; le parecía muy egoísta de su parte obligarla a cambiar de
ambiente y tener otra vida.
- Bien, dijo levantándose y se
dirigió al baño.
Este era espacioso y muy bonito, no sabía si estaba remodelado a
propósito, pero eran sus colores favoritos; las baldosas tenían un tono crema
suave y los acentos eran en azul turquesa, la ducha amplia y muy grande, casi
con un efecto de lluvia. La probó para estar segura que había agua caliente,
del lado derecho tenía una hermosa cesta de rafia donde estaban apiladas un
montón de toallas de color blanco y turquesa.
Se quitó la ropa y se dirigió al espejo, el cual era de cuerpo completo,
se miró y dio un suspiro de desaprobación; definitivamente, ella no cumplía con
sus propios y altos estándares de belleza, aunque era delgada, se sentía sin
formas, no tenía esos hermosos senos exuberantes que otras chicas de su edad
poseían y su cuerpo era casi como un palillo. El hermoso cabello rubio y liso
tampoco parecía cumplir con sus expectativas, le faltaba cuerpo, este era
rebelde y parecía empeñarse en estar plano y sin volumen como una tabla.
Se tocó la cara y allí estaba esa piel pálida como un papel; los grandes
ojos verdes eran lo único que la satisfacía de su rostro, eran hermosos,
almendrados, con grandes y abundantes pestañas, sonrió con aprobación. Luego
bajó hacia la nariz recta y un tanto ancha en la base. Puff, nada que ver con
las hermosas narices apolíneas de las modelos que tanto admiraba y, que, alguna
vez, había visto en uno de los centros comerciales parisinos.
Luego observó sus labios, gruesos, los detestaba, sentía que la hacían
ver muy ordinaria, casi sin clase; en su mente era más bonita una boca un poco
más delgada y estilizada, que suavizara sus facciones y las hiciera un poco más
“nórdicas”. Ella tenía palabras para todo, muy ancha, demasiado exótica, un
poco desordenada, desprolija, entre otras terminologías que desarrolló a lo
largo de su corta vida.
10
Se alejó un poco del espejo y negó con la cabeza, estaba segura que
cuando creciera necesitaría un cirugía plástica para resolver todo ese
desastre, tal parecía que en ella todo lo que debía estar pequeño, era grande y
lo corto largo, lo claro oscuro y viceversa. Viéndola objetivamente, era una
chica linda y con rostro tierno, sólo que ella misma no podía verlo porque se
la pasaba comparándose con los estándares impuestos, en su mente era un
completo desastre y como tal se comportaba.
En ese momento, recordó la primera vez que le gustó un chico, estaba en
primaria y éste al verla se burló de su gesto de regalarle una flor, su acción
la traumatizó de por vida y nunca más se atrevió a acercarse a un hombre. De
ahí en adelante, cada vez que le llamaba la atención un chico, simplemente se
dedicaba a mirarlo en silencio, esperando con ilusión que éste se acercara a
ella, pero eso nunca pasaba, siempre llegaba el día en que este aparecía de la
mano con otra chica, rompiéndole el corazón.
Generalmente, la muchacha era alguien que cumplía con esos requisitos
que ella tanto anhelaba, un busto hermoso, cintura de avispa, caderas bien
formadas, es decir, un cuerpo escultural y una cara de ángel. Se sentía sin
esperanzas, tal vez se quedara toda su vida sola y nunca encontraría el amor de
su vida, al menos no así como estaba. Sintió un nudo en su garganta recordando
a Michelle, el chico más bello del colegio; cuando lo vio entrar la primera
vez, su corazón se paralizó, era lo más hermoso que vio en su vida y, por
supuesto, sabía con certeza que un chico así jamás repararía en ella.
Efectivamente, al mes se había hecho novio de Caroline, la hija del Ministro,
la chica más sexy del colegio, y ella sonrió con resignación, era de esperarse
que dos seres tan hermosos debían encontrarse y estar juntos en algún momento.
Esa pareja era la envidia de todas las demás chicas, era como estar
presente en algún estreno de Hollywood, con sus cuerpos perfectos y esas
sonrisas espectaculares.
- Bien, este año será
diferente, dijo en voz alta, aunque sabiendo en el fondo que todos los años
decía lo mismo y siempre pasaba igual.
11
Miró a su alrededor y vio unos hermosos jabones en forma de estrella de
mar, y se dio cuenta que su padre efectivamente había remodelado el baño para
que ella se sintiera lo más cómoda posible, con ese ambiente marino que tanto
le gustaba, se sentía cómoda entre los colores beige, turquesa y el blanco que
le aportaban frescura y elegancia a esa estancia que era uno de sus lugares
favoritos en todo el mundo. Allí en su propio baño estaba segura de los embates
del mundo, podía pensar, concentrarse, relajarse y sentirse como en su mundo
especial, donde imaginaba que era alguien importante, que estaba destinada a un
lugar especial y que sería muy reconocida.
Tomó una de las mascarillas que tenía en la repisa del espejo “Cúrcuma y
Granada” decía el empaque, lo abrió y el olor era francamente estupendo, cerró
los ojos mientras aspiraba toda la deliciosa esencia; instantáneamente, se
sintió trasportaba a un lugar especial, una playa en el sur de Francia, el
mejor día de su vida, allí conoció a un chico extrañamente hermoso. Estaba
buscando estrellas de mar y él se acercó para hablarle. Entablaron una
conversación que duró horas, él parecía sencillo y franco, y al final, cuando
se iba, la tomó de la mano y le dio un beso en los labios. Ese fue su primer
beso, él le dijo que se llamaba Andrew, eso fue lo único que supo, lo buscó al
siguiente día, pero no lo volvió a ver más.
Recordó la tibia sensación de sus labios sobre los suyos, el suave olor
de su piel que parecía un bosque de pinos silvestres y un ligero toque marino
que seguramente provenía de la brisa que azotaba el lugar. Se quedaron unos
segundos así y ella vio el profundo color azul de sus ojos que casi era más
vibrante que el mar que los rodeaba.
- Eres tierna, ¿nunca habías
hecho esto verdad?
- No, le dijo negando con la
cabeza.
- Eres muy linda, me gustó
mucho.
- A mí también.
12
El silencio que siguió a esas palabras fue exageradamente largo,
entonces él se apartó y la miró con sus hermosos ojos de cielo.
- Se me hace tarde, me tengo
que ir.
- Pero… ¿cómo te llamas?
- Eh… Andrew.
- ¿Andrew? Bonito nombre.
- ¿Y tú?
- Isabella.
- Hermoso nombre, tierno y
luminoso como tú.
Ella le sonrió, era el cumplido más extraño que le habían hecho en su
vida pero sonaba muy lindo, “luminosa”, esa era la definición de sí misma que
más le gustaba. Entonces, él le volvió a sonreír y se dio la vuelta.
- Espera, ¿te puedo ver otra
vez?
- Sí, eh… yo te busco.
- Bien, ya sabes dónde estaré,
le dijo ella señalando la playa.
- Así será. Bien, estaré
mañana aquí.
- Yo también estaré aquí, te
lo prometo y sintió una cálida sensación en su corazón.
Cuando se alejó, ella se quedó con la sensación que había encontrado por
fin alguien con quien compartir; un chico que parecía realmente interesado,
especial y profundo, nada que ver con los tontos que había tenido contacto
anteriormente. Era increíblemente más hermoso que Michelle, alto, espigado, de
increíbles y etéreos ojos azules. Su piel era como porcelana, era el muchacho
más sexy que había conocido en su vida y no podía creer que alguien así se
fijara en ella, parecía el mejor sueño que había tenido en toda su vida.
Al día siguiente, cuando fue a la cita, su corazón latía fuertemente,
pero luego la desilusión fue tan fuerte al saber que él nunca acudió. Era de
esperarse, todo había sido una mentira como solía ocurrirle, seguramente una
burla, una especie de broma de mal gusto, tal vez una apuesta; le había pasado
tantas cosas malas
13
que ya nada le impresionaba. Sacudió la cabeza para no dejarse llevar
por esos pensamientos negativos que tanto la acosaban algunas veces.
- ¡Tonta! Se dijo. ¿Hasta
cuándo vas a pensar en esa tontería?
Ese fue su primer beso y nunca lo olvidaría porque había sido lo más
lindo que le pasó hasta esa fecha y, de sólo recordarlo, le daba escalofríos.
Pero era evidente que para él había sido un juego, algo sin importancia, ni
trascendencia.
- Bien, ¡ponte la bendita
mascarilla y ya! Se dijo con molestia.
Hasta cuándo se iba a seguir haciendo daño recordando ese momento. Había
pasado tres años y todavía le daba vueltas en la cabeza, pensando porqué no
había ido, seguro lo imaginaba con alguna chica linda paseando; era obvio que
entre ella y alguna de esas mujeres no había ni que pensarlo para saber que
siempre escogería a alguien más, ya que ella sería la última opción que un
chico escogería.
Se recogió el cabello con una liga y luego se colocó la mascarilla, se
recostó en el diván y puso en su celular música de relajación, cerró los ojos y
otra vez ese hermoso rostro vino a su mente, sobre todo por los increíbles ojos
azules que se destacaban en su cara, la línea perfecta del perfil y el cabello
negro intenso en contraste con la blanca piel suave y hermosa como la
porcelana. Era increíblemente varonil y le trasmitía una extraña corriente
eléctrica que nunca había sentido en toda su vida.
- Andrew, Andrew, se repetía
en su mente con esa voz profunda aun suave por la tierna edad.
Andrew, solo sabía su nombre, no tenía ninguna pista para buscarlo, pero
igualmente lo había hecho incontables veces en el Facebook tratando de
localizarlo, pero todas sus búsquedas habían sido infructuosas. Tal vez, estaba
equivocada y su nombre no se escribía de esa manera o, peor aún, quizá él no se
llamaba de esa manera, entonces jamás le encontraría. Para ella, ese beso
representaba lo más importante que le había sucedido, pero tal vez
14
para él, solo había sido un momento, el impulso de hacer algo en un
instante de emoción, es decir, nada, no representaba nada en su corazón, por
eso no había acudido y por la misma razón no la buscó después para pedirle
excusas, ni tratar de localizarla de ninguna forma.
Esperó como una tonta por un año, se imaginaba que él llegaba a la
puerta de su casa con esa hermosa sonrisa y sus ojos celestes diciéndole “te
encontré”, pero no era así, nunca pasó. Aparte de su nombre, solamente sabía
que por su acento y manera de hablar no era francés, tenía un acento que no
conocía ni sabía dónde atribuirlo. Esas dos variables eran insuficientes cuando
de localizar a una persona en concreto se trataba, así que luego de ese lapso
de tiempo, en el cual esperaba que él llegara, su esperanza se esfumó. Aunque
lo buscó después incontables veces por las redes sociales, jamás lo hallaba, no
tenía contacto con ninguno de sus conocidos, ni compañeros del colegio, era
como buscar una aguja en un pajar.
Abrió los ojos molesta, por seguirse atormentando con ese pensamiento
estúpido, ahora menos que nunca podría encontrarlo, no metida en ese lugar
lejano, y si lo encontraba igual, qué podría pasar. Lo más probable es que se
sintiera humillada nuevamente, pues descubriría que todo fue una gran burla de
la vida y que él nunca le interesó realmente, ni pensó por un instante tener
nada con ella. A veces era mejor dejar las cosas como estaban para no dañar los
hermosos recuerdos con la dolorosa verdad.
- ¡Ya tonta! Se dijo en voz
alta, luego se colocó la mano sobre la boca, no quería que nadie la oyera
diciendo esas cosas.
Isabella era una chica sumamente reservada, nadie sabía absolutamente
acerca de sus sentimientos, por fuera parecía una persona hermética que no
demostraba sus emociones, pues no quería ser débil y que otros se aprovecharan
de ella. Así que, en consecuencia, se veía como una chica simplona y sin
gracia, siempre estaba seria y no compartía con nadie, esto la aislaba aún más
del entorno, haciéndola parecer taciturna y desagradable.
15
Entonces, volvió a cerrar los ojos y trató con todas sus fuerzas de
pensar en otra cosa, así comenzó a traer a su mente las fotografías que su tía
Marcele le había mostrado, de cómo en ese maravilloso verano la había llevado
hasta la Costa Azul para tomar las fotos a unas modelos de una campaña, y ella
se divirtió mientras su tía le enseñaba el arte de la fotografía. Allí, en su
estudio, aprendió a usar la cámara y buscar la luz. Su tía, hermanastra de su
madre, la animó a estudiar fotografía, y ella con esa ilusión en su corazón se
dedicó a hacer un taller al salir del colegio, escondida de su padre, al cual
detestaba ese tipo de oficios no intelectuales, según sus propias palabras.
Allí, el profesor le enseñó todas las técnicas, y al ver su talento, la
empleó medio tiempo como su ayudante. Por su parte, su madre sumamente
disgustada aceptó a regañadientes, ya que como hija de un diplomático, era muy
peligroso que se expusiera de esa forma, pero no tuvo corazón para decirle que
no, así que la ayudó diciéndole a su padre que estaba haciendo un curso de
idiomas para mejorar su francés. Y con esto obtuvo la aprobación, porque no
había nada que le gustara más a su padre que lo francés, ya que era el epítome
de la clase y elegancia.
Eleazar Valencia era un hombre que le gustaba escalar, había crecido en
un hogar de clase media situado en el área metropolitana y trató de crecer
socialmente escalando como pudo con uñas y dientes. Cuando se enroló en el
golpe de estado, jamás pensó que con el tiempo, éste tendría las consecuencias
que se generaron. Así con el visto bueno por su excelente gestión, comenzó a
ascender en su carrera política y pronto subió de grados como la espuma,
teniendo grandes alcances y obteniendo cada vez más puestos relevantes hasta
llegar a Comisionado del embajador, puesto en el cual se desempeñó con éxito
por varios años. Ahora era llamado a una plaza superior y se encontraba
entusiasmado de demostrar todo su potencial y dejar en alto el nombre del
proceso y sus ideales.
“Si vas a hacerlo, hazlo bien” ese era su lema. Él detestaba la
mediocridad en todos sus ámbitos, por eso obligaba a su esposa a
16
estar siempre de punta en blanco, ya que la esposa de un oficial debía
demostrar clase y categoría, pues era un reflejo de sí mismo, de lo que él
representaba como esposo. ¿Qué clase de hombre tendría una esposa desarreglada
y mal vestida? Este sería alguien sin aspiraciones, con mal gusto y sin los
recursos necesarios para suministrarle lo necesario a una mujer de categoría.
En las reuniones de la embajada, Isabel de Valencia era la mujer más
hermosa y elegante, todo giraba a su alrededor por su gracia y simpatía; así,
con su belleza serena y distinguida, destilaba clase y altura. Además, tenía a
su favor el hecho de ser hijastra de un conocido escritor e intelectual francés
y esto le añadía, a su parecer, un encanto mayor, ya que no había nada más
elegante que una mujer francesa con un ascendiente intelectual como el de
Fabián Cocteau. Él se sentía orgulloso de llevarla del brazo y sonreía cada vez
que los hombres la miraban o cuando las mujeres cuchicheaban preguntándose qué
hacía para verse siempre tan espectacular.
“¡Qué hermosa señora Isabel! ¿Cómo hace?, ¿qué vestido es?, ¡oh
maravilloso!”, esas eran las frases típicas que desataban su presencia en
cualquier lugar donde la hermosa mujer estuviera. Pero, por lo contrario,
Isabella era otra cosa, no le gustaban las formalidades, detestaba los
protocolos y etiquetas, así como sonreírle a los extraños. Afortunadamente,
para ella casi nunca su presencia era requerida para este tipo de eventos.
No obstante, cuando pasaba, era una completa tortura para ella, pues
debía sonreír y hablar con personas que siempre le preguntaban la misma
tontería, muchas veces se preguntaba cómo estas personas que estaban
capacitadas para dirigir un país y establecer relaciones, tenían tan poca
imaginación como para siempre preguntar las mismas tonterías. “¿Cómo estás y
qué estudias?” “¡qué bello es tu país!”, todos le decían lo mismo y ella
asentía, aunque no lo conocía realmente y ni siquiera se recordaba de él.
- Isabella ¿estás en el baño?
Le dijo su mamá sacándola de sus pensamientos.
17
- Sí mamá, aquí estoy.
- ¿Puedes salir un momento?
- Sí, ya voy.
- Bien hija, aquí te espero.
Ella tardó unos minutos en salir, mientras tanto, su mamá miraba
examinando la habitación para verificar que tuviese las exigencias que ella
había estipulado para la remodelación. Y sonrió porque se sentía satisfecha con
los resultados que podía percibir.
- Y bien mamá, dime.
- No entiendo esa manera tuya.
Tanto pagar a esa maestra de modales para que te comportes como cualquier chica
sin clase.
- ¿Para eso me llamaste? Me
estoy haciendo una mascarilla, le dijo señalándose el rostro.
- Me parece excelente, creo
que es nuestro deber vernos bien.
- ¿Para que mi padre se sienta
a gusto y alabe su ego?
- ¿Qué cosas dices?, tal
parece que no quisieras a tu padre.
- No es eso, sino que me
exaspera su forma de ser, vive por complacer a todo el mundo, eso es una
estupidez.
- Isabella, no uses ese
vocabulario, ¡respeta a tu padre!
- Siempre lo respeto, pero él
nunca lo hace conmigo.
- ¿A qué te refieres?
- Que siempre tengo que hacer
todo escondido, siempre es lo mismo y eso me cansa. Me siento harta, con él
todo es malo, a menos que sea algo que le guste, me molesta y perturba.
- Él quiere lo mejor para ti.
- Pero eso no quiere decir que
lo que él piense sea realmente lo mejor para mí.
- Mmm, también tienes razón,
pero lo cierto es que tu padre está muy estresado hija, tiene muchas
ocupaciones y con este nuevo cargo va a estar sumamente estresado.
- ¿Aún más? Él vive estresado
todo el tiempo.
- Trata de entenderlo hija, él
tiene grandes responsabilidades con el gobierno, eso no es un juego, de él
depende mucha gente, cuando seas adulta lo entenderás.
- Sí claro, ya me sé todo eso
mamá ¿eso era lo que me querías decir?
18
- Ya va hija, ¿por qué siempre
estás como a la defensiva conmigo?
- Porque ustedes lo único que
hacen es criticarme todo el tiempo, si soy mucho esto o lo otro, ¿cómo crees
que me siento cuando dices algo como eso?
- Pero todo lo que te digo es
por tu bien hija, necesitas como… arreglarte más, deberías aprovechar esta
ocasión para reinventarte, podemos ir de compras, buscarte ropa bonita para que
estés más a tono con las chicas y así hagas más amigas.
- Mmm, sabía que por ahí venía
esta conversación, no quiero hacer amigas por algo tan tonto como una
apariencia física mamá, me parece estúpido, allá tenía amigas verdaderas que me
querían por quien soy, no por cómo me veo, eso me parece muy tonto.
- Pero puedes ser ambas cosas
hija; ser inteligente y especial, además de estar arreglada y verte bonita con
excelente gusto, eso te ayudaría mucho en la vida, por más que lo niegues, la
apariencia física es muy importante.
- Ajá, sí lo sé, pero no me
interesa.
- ¿Por qué te condenas al
ostracismo?
- Por qué sé lo que significa
y todas esas tontas no lo saben. Solo hablan de tonterías, novios y artistas,
¿para qué querría tener compañías como esas?
- Porque es necesario que te
relaciones y dejes de pasar tu vida encerrada. Hija eres joven, necesitas
salir, hablar con otros, conversar de cosas de tu edad. Mira esto, todos estos
libros, por Dios, podrías pasar por un erudito anciano y no una chica de tu
edad. Kant, Schopenhauer, Kierkegaard, ¿qué es todo eso?
- Se llama filosofía y me
gusta, se llama leer y cultivar el intelecto, estudiar y llenar tu mente de
textos nutridos y llenos de sabiduría.
- Mmm entiendo hija, eso está
muy bien, pero mírate, debes acoplar toda esa intelectualidad y sapiencia con
el exterior, ¿de qué sirve saber tantas cosas si cuando la gente te ve no
calzas ni cuadras con esos conocimientos? Tú misma formas una
19
barrera entre tú y los demás, y te sirve para protegerte, pero también
los alejas.
- Ok madre.
- ¿Podrías darle importancia a
lo que te digo aunque sea por una vez en tu vida?
- Sí mamá, te escucho, pero me
niego a plegarme a este estúpido sistema; no lo entiendes, las mujeres estamos
supeditadas a ser unos objetos, unos objetos estéticos, estamos en un sistema
que nos orilla a eso, haciéndonos perder de nuestra esencia, es parte de la
cultura patriarcal, es un sistema opresor que permite que las mujeres estén
ocupadas en esas tonterías, mientras los hombres se dedican a las cosas
verdaderamente importantes, como mi padre.
- ¡Por Dios! Ni hablar, ya
estoy cansada de esto, yo cumplo con darte mis consejos, pero tú eres
insufrible, sé cómo podrías salir de ese caparazón, pero la única que puede
hacerlo eres tú misma, sólo espero que un día no te despiertes pensando que
desperdiciaste los mejores años de tu vida luchando contra algo que ni tú misma
sabes qué es.
- Sí, sé que es. Tú eres la
que está ciega.
- Bien, trata de arreglarte
mañana, aunque sea un poco. Ponte un poco de maquillaje, unos zarcillos, no lo
sé, péinate bonito, tienes un cabello precioso.
- Ok está bien, te haré caso
solamente por complacerte.
- Bien, me gusta oírlo, aunque
sea por complacerme como dices, pero ya verás que si lo haces, recibirás buenas
opiniones e, incluso, las personas cambian contigo.
- Veremos.
- ¿Quieres apostar?
- ¿Isabel de Valencia
apostando? No pensé que ese día llegara.
- Jajajajaja, si es por
desmentir tus hipótesis, lo haré.
- Mmm bien. Vale, está bien y
le ofreció el dedo meñique como señal de su pacto.
- Jajajajaja, me haces
recordar cuando estabas pequeña.
- Bien, entonces ¿apostamos a
que no pasa nada?
- Apostamos, pero me tienes
que dejar arreglarte, personalmente me encargaré.
20
- Señora esposa del Ministro,
¿usted tiene tiempo para esas nimiedades?
- Por mi hija, claro que sí.
- Bien mamá, trato hecho.
- Trato hecho, dame ese
meñique jajajajaa.
Ambas estrecharon la mano y se miraron con cara de reto, en ese momento
pensaban que tenían la razón, pero solamente al siguiente día sabrían la
respuesta.
- Bien hija, te dejo para que
sigas con tu tratamiento de belleza, te recomiendo las sales del mar muerto,
las mandé a poner en tu repisa, son buenísimas para realizar una buena
exfoliación en todo tu cuerpo.
- Bien, jajaja. Lo tendré en
cuenta mamá.
- Hazme caso, eso hace una
gran diferencia en la belleza de tu piel, además, cuando tengas que ponerte
traje de baño, me lo agradecerás, te lo prometo.
Esa noche Isabella estuvo un buen rato dando vueltas en la cama,
recordando al chico de la playa, no podía sencillamente sacarse esa imagen de
su cabeza, era la única ilusión que había embargado su corazón, pero ahora
debía enfocar su vida en otras cosas. Este era un nuevo comienzo y le probaría
a su mamá lo equivocada que estaba el pensar que, con un simple maquillaje, las
cosas podrían cambiar para ella.
Soñó que estaba en una playa inmensa, el mar estaba precioso y hacía un
día cálido, el sol calentaba su cuerpo y el intenso azul turquesa parecía de
ensueño y, a su vez, refleja destellos multicolores en su superficie, lo cual
le sorprendió grandemente por el hermoso efecto que lograba. Entonces, una
figura avanzó hasta ella, era él, pero no podía percibir su rostro con
claridad, porque estaba envuelto en una especie de bruma que le hacía lucir
difuminado y disperso.
- Andrew, dijo.
Pero él no le respondió, solamente se quedó observándole en silencio,
entonces ella se acercó para verle mejor y justo cuando
21
estaba a punto de darle un beso, sintió una fuerte sacudida, cuando de
repente se despertó.
- Señorita, es hora de
despertarse, ya son las 6:00 a.m.
- ¡Oh cielos Camille! Estaba
soñando.
- ¿Algo bueno señorita?
- Sí, pero lo dañaste.
- Jajajaja, señorita lo
siento, es que ya son las seis, su mamá me dijo que debía despertarla a esa
hora.
- ¿Y qué rayos tengo que hacer
despierta a las seis si entro en el colegio a las nueve?
- Pues, eso me dijo, así que
es bueno que se bañe. Yo iré alistando su ropa.
- Bien, quiero desayunar aquí.
- Su padre quería que
desayunara en el comedor.
- Noooo, qué aburrido. Tráeme
el desayuno aquí, por favor.
- Oh, no lo sé señorita,
tendría que decirle a su mamá.
- Bien, voy a bañarme mientras
te encargas de eso.
Camille alistó toda la ropa del uniforme y luego bajó a verificar lo del
desayuno, entonces, su padre le dio órdenes expresas que debía bajar al comedor
apenas estuviera lista. Mientras tanto, Isabella se daba una ducha y se aplicó
el famoso exfoliador de sales del mar muerto que le dijo su madre, debía
complacerla en todo para poder comprobarle con veracidad lo equivocada que
estaba en la vida al darle tanta importancia a la apariencia física.
Luego se lavó el cabello y se dio cuenta que lo tenía más largo, era
increíblemente tedioso peinarse, pero su madre le gustaba el cabello largo y
así debía llevarlo, de lo contrario, lo habrá llevado corto que era mucho más
práctico. Salió y se colocó una bata de felpa, entonces se volvió a mirar al
espejo. Uff, definitivamente su mamá iba a fracasar estrepitosamente, ese día
había amanecido con unas ojeras terribles producto del trasnocho de la noche
anterior, pues estuvo media noche dando vueltas en la cama por la ansiedad del
día siguiente.
- Ufff jajajajaja veremos
quién gana.
22
Se aplicó crema humectante y serum en el rostro, se soltó el cabello el
cual llevaba envuelto con una toalla y procedió a secarlo, cosa que detestaba
por lo tedioso que le parecía, pero no le quedaba de otra, cuando terminó de
hacerlo, su cabello se veía increíblemente liso, hermoso, brillante, sano y de
un tono rubio cenizo precioso.
Entonces, salió del baño y Camille la estaba esperando con la mala
noticia, su padre le exigía bajar a desayunar.
- Definitivamente, está
decidido a amargarme la existencia hasta el final.
- Jajajaja, no se moleste
señorita, haga lo que él le dice, después usted puede hacer lo que quiera.
- ¿Qué más quisiera yo?
Desearía tener 18 para hacer lo que me venga en gana.
- Jajajajaja yo también
pensaba eso señorita, pero las cosas nunca resultan ser así a menos que usted
se mantenga sola con su propio dinero.
- Bien, entonces eso haré, me
conseguiré un buen empleo y ya verás que haré lo que me dé la gana.
- Jajajajaja, le deseo suerte
con eso.
En eso entró su madre con otra mujer que le sonreía y la observaba como
si fuese un fenómeno de circo.
- Buenos días mi pequeña, te
presento a Mariam, ella es una excelente estilista y te va a arreglar esta
mañana.
- Mmm, ¿así que tuviste que
traer una estilista?, ¿no lo puedes hacer tú misma?
- Saluda hija. Tus modales,
tus modales.
- ¿Cómo está señora?
- ¡Qué jovencita tan preciosa!
Nadie me dijo que sería tan bella, esto va a ser un trabajo muy sencillo
señora.
- Ya lo creo, dijo su madre
sonriendo de gusto y realmente emocionada. Pero tenemos hasta las ocho y media
para lograrlo.
- Será hasta las ocho, papá
quiere que baje a desayunar.
23
- Mmm nada de eso, le diré que
esto es una causa mayor. Ahora mismo bajo y hablo con él.
- Si es que puedes
convencerlo.
- Te aseguro que así será.
- Bien, comencemos, dijo la
estilista.
- Bien, haga lo que quiera.
- ¿No tienes nada en mente?
- No, esto es una apuesta con
mi mamá y quiero que no tenga excusas cuando gane, dijo levantando la voz para
enfatizar su punto.
- Jajajajaja, ¿cuándo te irás
a sacar ese sarcasmo de encima? Dijo torciéndole los ojos.
- Más clase. Por favor señora
esposa del Ministro.
- Compórtate Isabella, estás
delante de la señora Mariam, ten un poco de sutileza, por favor.
- Bien, como quieras.
Camille trataba de disimular la risa que le daba la actitud entre la
madre y la hija, las cuales parecían dos pequeñas peleando.
- Bueno, creo que aquí se
podrían cortar algunas capas para darle un poco más de volumen.
- Perfecto, eso mismo había
pensado.
- Y aquí, por ejemplo, sé que
hoy no porque no daría tiempo; pero se le pueden colocar más luces y raíces
oscuras para darle un aspecto más moderno y generar más volumen también.
- Usted es muy conocedora
señora, esa idea es muy buena.
- Un momento, me rindo por
este día, pero nadie habló nada de luces, ni nada de eso.
- Jajajaja, cuando gane mi
apuesta tendrás que hacerte lo que te diga.
- Perfecto, lo último que
necesitaba, que me siguieran mandando en la vida, por favor, estás peor que el
general Valencia.
- ¡Oh por Dios! Eres tan
dramática, por un simple color de cabello haces una pataleta.
- Bien, haz lo que quieras,
mejor, así cuando te des cuenta de que yo tengo la razón, no podrás esgrimirme
ningún argumento.
24
- Ya verás lo equivocada que
estás y la miró fijamente como cuando retas a alguien.
- A ver, quítate esto.
- ¿Qué? No mamá, sin lentes no
voy a ver nada.
- Claro que vas a ver, para
eso traje estos, le dijo mostrándole unos lentes de contacto.
- Sabes que detesto los lentes
de contacto.
- Pero los usarás, porque así
te verás más linda que con esas horribles gafas que ocultan tu atractivo más
hermoso que son tus bellos ojos.
- Ay mamá, no te pases.
- Dijiste que ibas a hacer
todo lo que yo te dijera ¿ok? Entonces te pondrás los lentes.
- Bien, dijo cruzándose de
brazos.
La estilista comenzó a trabajar y luego de hacerle un hermoso arreglo al
frente con el cabello, dejó toda la parte de atrás suelta, la maquilló
desapareciendo las terribles ojeras que se habían formado por la noche de
desvelo. Le arregló las cejas y cuando terminó, su madre y ella la
contemplaron, así como Camille y se quedaron pasmadas.
- ¡Vaya! Excelente trabajo
Mariam. Quedó estupenda.
- Hija, quedaste maravillosa,
definitivamente perderás esa apuesta.
- Lo veremos.
- Mírate.
- No, no quiero verme,
simplemente iré así y por las reacciones sabré lo que pasa.
- Pero…
- Nada.
- Tienes que verte para
colocarte los lentes.
- Sí, pero sólo veré los ojos,
no miraré nada más.
- ¡Oh por Dios! Eres tan
caprichosa, ¿qué voy a hacer contigo?, ¿cuándo te portarás como una chica de tu
edad?
- Ya verás que gano yo.
25
Capítulo 2
La limosina la llevó hasta el Colegio Sagrado Corazón, donde debería
pasar los próximos dos años estudiando. La construcción era increíblemente
hermosa y los jardines exteriores de una belleza magnificente, ella se
impresionó porque parecían estar en algún lugar de Europa y no en Caracas.
Cuando el auto se estacionó enfrente, ella sintió un fuerte golpeteo en su
corazón, tenía los nervios a flor de piel, no sabía lo que encontraría en ese
lugar, pero lo más probable es que fuese más de lo mismo que siempre sucedía
con ella, así que se encontraba preparada psicológicamente y resignada a su
triste destino.
- Bien señorita, ya llegamos.
- Sí, ya me di cuenta señor
Luis.
- Vamos, no tiene que decirme
así, me puede llamar simplemente Luis, así, a secas.
- No es educado tratar a una
persona mayor de esa manera.
- No soy tan viejo señorita,
sólo tengo 50 años.
Ella lo miró de arriba abajo con gesto sarcástico, pues obviamente,
desde su perspectiva, un hombre de 50 años era prácticamente un anciano. Así
que él se dio cuenta y comenzó a reír a carcajadas.
- Disculpe Luis, le diré como
usted quiera.
- Entonces ¿va a bajar
señorita o nos quedaremos aquí todo el día?
- Sí, claro que voy a bajar,
solo estoy...
- ¿Respirando profundo?
- Eh no, mirando el lugar,
es…bonito.
- Señorita, usted es una chica
especial, no tenga miedo de esas personas, no tienen nada que enseñarle, usted
ha estado en
27
Francia por Dios, vivía allá después de eso, vivir en ese lugar
maravilloso, no hay nada que alguien allí dentro deba decirle.
- No tengo idea porqué me
dices todo esto.
- Jajajaja, bien. Supongo que
soy un viejo loco que comienza a hablar incoherencias.
- Sí, eso creo, sólo estoy
apreciando el estilo arquitectónico.
- Por supuesto.
Entonces ella lo miró con agradecimiento y volvió a ver el edificio.
- Gracias Luis, le dijo
sonriente.
- De nada señorita, todo va a
salir bien.
- Eso espero.
Ella avanzó nerviosa por la calzada, algunos muchachos comenzaron a
observarla con curiosidad. Mientras ella los miraba de soslayo, apretó más las
tiras de su morral, sentía que los latidos le llegaban a la boca. Entró por el
gran portón y entonces se asustó al ver tantas personas al saber que todos se
quedaron mirándola, era un rostro fresco y diferente, por eso decidió caminar
con seguridad. Sintió cómo algunos chicos la miraban y comenzaron a cuchichear,
ella se puso nerviosa, entonces se movió lentamente hacia un lado y vio un
letrero que decía “baño”.
Se precipitó hacia esa puerta y al pasar frente al espejo se detuvo en
seco, allí, frente a ella, estaba una hermosa chica rubia que la miraba con
ojos asombrados, grandes e increíblemente hermosos.
- ¡Rayos! Dijo.
Su madre tenía razón, se veía muy hermosa, no podía creerlo, era ella,
tenía una especie de brillo especial. El maquillaje sí funcionaba y el cabello
se le veía muy lindo con ese peinado de trenzas recogidas hacia atrás y la
mitad del cabello suelto. Se quedó con la boca abierta mirándose un rato, luego
de lo cual una de las puertas de los cubículos sonó y ella volteó
intempestivamente.
- Ese lenguaje no es aceptable
en el Sagrado Corazón.
28
- Mmm.
- Hola mi nombre es Alicia, le
dijo ofreciéndole la mano.
Ella se la estrechó y le sonrió, Alicia mostraba la apariencia de una
chica rebelde, tenía un tatuaje en el brazo derecho, el cual se tapaba con el
pulóver del colegio. Su cabello negro intenso tenía matices azulados y su cara
demostraba mucha seguridad y un tanto de rudeza.
- Y bien, ¿tú no tienes
nombre?
- ¡Oh disculpa! Mi nombre es
Isabella.
- Isabella, bien y veo que vas
a ¿primer año?
- Sí, así es.
- Bien y ¿en qué sección
estás?
- Mmm, aquí dice que en la B.
- Oh bien, estás de suerte. Yo
voy a esa, ven conmigo, te llevo hasta allá.
- ¿En serio? Genial.
- Vamos chica cara de susto.
- ¿Cara de susto?
- Jajaja sí. Estás tan pálida
como un papel.
- Ese es mi color natural.
- ¡Oh cielos! Entonces
necesitas urgentemente algo de sol en esa piel niña.
- ¿En serio? ¿Tan mal estoy?
- Jajajajaja, ¿todavía lo
preguntas? ¡Vaya niña! ¿En qué planeta vives y de dónde vienes?
- De Francia.
- Jajajajaja, es una
expresión, cielos.
- ¡Oh lo siento! No estoy al
tanto de esos modismos.
- Creo que es mejor que no
hables, solo déjame mostrarte cómo son las cosas aquí ¿sí? No hables.
- Ok, está bien.
- Bueno. Ahora sí vamos, ven
conmigo.
- Ok.
La siguió y subieron las escaleras, fueron como cuatro pisos y cuando
llegó arriba, estaba jadeando, el lugar era inmenso, gracias
29
a Alicia podía llegar hasta ahí, de lo contrario estaría perdida. El
salón era muy grande, de tipo inclinado, al fondo estaba situada una gran
pantalla de proyección, parecía salido de la película La Sonrisa de Mona Lisa,
ella sonrió porque aunque estaba acostumbrada a ese tipo de espacios, este le
pareció encantador por el estilo más bien vintage que poseía.
- Bueno, este es el lugar,
ahora esperemos que lleguen los niños.
- ¿Los niños?
- Sí, los que deberían
comportarse como chicos grandes, pero todavía lo hacen como niños de la
escuela.
- Ok, entiendo.
- Sí, pero tú eres diferente,
pareces más madura.
- Gracias jajajaja.
- ¿Y entonces vienes de
Francia?
- Así es.
- ¿Y cómo caíste aquí?
- Pues, mi padre fue
trasladado para acá.
- ¡Ohhh bien! Bueno, aquí
tendrás mejor clima. En París llueve muchísimo, aquí es más cálido, te irá
mejor.
- La verdad extraño estar
allá.
- Ya se te pasará jajajaja.
Aquí hay muchas cosas interesantes que ver, los paisajes y cosas, que no son
los paisajes precisamente.
- ¿A qué te refieres?
- Hombres amor, hombres.
- Ahhhh ya entiendo jajaja.
- Sí, tengo que darte unas
lecciones para que actualices tu vocabulario, es terrible.
- Oh sí por favor jajajaja.
- Bien, mira quién viene allí.
- ¿Quién?
- El grupo de las chicas
populares, ¿te has dado cuenta que siempre hay unas así en todos lados?, son
como una plaga universal.
- Sí es cierto jajajaja. Eres
muy graciosa.
- Buenas. Dijeron ellas con un
tono displicente.
30
- Buenas, contestó Isabella.
Entonces una chica de cabello castaño muy hermosa se acercó a ella y se
le quedó mirando y luego le dijo:
- ¿Y tú quién eres?
- ¡Oh Sara! Tú y tus malos
modales. ¿Desde cuándo una chica fina y con clase como tú se le acerca a la
gente para preguntarle cosas de esa forma?
- Tú cállate, nadie está
hablando contigo.
- Hola, mi nombre es Isabella.
- Mmm, ¿así que eres nueva eh?
A mitad de año… buena suerte con eso.
- Gracias.
Las otras chicas comenzaron a reír porque, obviamente, no había
entendido el contenido sarcástico presente en esa frase. Sara se le quedó
mirando con detenimiento y entonces rompió a reír al ver que ella todavía no
captaba el significado de la frase.
- Jajajaja me encantas. ¿Ni
siquiera sabes lo que te estoy diciendo verdad?
- Así parece, le contestó
Isabella.
- Jajajaja. Bien chicas, me
gusta, es linda y nunca hemos tenido una rubia ¿qué dicen ustedes?
Ellas se quedaron mirando, como analizando la intención de Sara,
entonces asintieron con la cabeza, mientras Sara le extendió la mano a Isabella
invitándola a sentarse con ellas.
- Aquí estoy bien, pero
gracias.
- Es una invitación exclusiva.
- ¡Ja! Sí, exclusiva, por
favor.
- Tú no te metas.
- Gracias, lo que pasa es que
aquí me siento bien. Ves, hace mucha luz y es muy agradable.
- Mmm ¿qué? ¿Nunca habías
visto luz o qué?
31
- Es que en París, no sé cómo
explicarlo. El sol es más suave, en cambio aquí es potente y agradable, me
genera una sensación cálida y agradable.
Sara abrió los ojos como platos al escucharla hablar. Acto seguido, se
sentó rápidamente a su lado y se inclinó hacia ella emocionada. Isabella se
extrañó de su reacción, su cara había cambiado y ahora parecía que cobraba
vida.
- ¿Vienes de París? Cuéntame.
- Sí, vivía allá.
- ¿En serio? ¡Guao! Yo siempre
he querido vivir allí. Claro que he ido, obvio, pero nunca he vivido allá.
Cuéntamelo todo.
- Como ¿qué?
- Lo que quieras, ¿a quién has
conocido?, artistas, no lo sé, cualquier cosa interesante.
- Bueno, la última vez que fui
al Museo del Louvre, había una exposición de arte abstracto increíble, los
mejores maestros del expresionismo abstracto, no te podrías imaginar…
- Isabella, lo que su cerebro
hueco quiere decir, interrumpió Alicia, cuando habla de artistas es a Lady
Gaga, modelos, actores de Hollywood, a eso específicamente. No creo que quiera
saber nada de expresionismo abstracto.
- Mmm, primero que todo,
respeta loca. Luego aumenta la dosis de los tranquilizantes, pero en todo caso,
si quiero. Sabes, si viste a alguna modelo o alguien así cool, ¿me entiendes?
- Eh sí, vi una vez a varias
modelos mientras estaba en un centro comercial, hacían una campaña y según me
dijo una compañera son modelos famosas.
- Bien, dime a quien, decía
rebullendo en su asiento, mientras Isabella no podía entender el porqué de
tanta emoción.
- Genial, ¡cool! tienes que
contármelo todo, le dijo tocándole el brazo, en cuanto salgamos de clases,
tenemos que conversar tú y yo.
- Bien, ok.
- Bueno, entonces se levantó y
volvió a su asiento, mientras las otras cuchicheaban con ella.
32
Alicia la miró y entornó los ojos mientras Isabella le sonreía; ese tipo
de actitudes le parecían tan infantiles, pero ahora no podía darse el lujo de
rechazar a nadie, necesitaba contar con cualquier aliado que pudiera. Pero lo
que le llamó la atención, es que era la primera vez que alguien la trataba de
esa forma como si ella fuese alguien interesante.
En ese momento comenzaron a llegar sus compañeros, muchos de ellos la
miraban impresionados, sentía que sus rostros tenían una expresión muy
diferente, parecían incluso, verla con admiración, estaba muy extrañada.
- Buenos días, dijo la
profesora, ¿cómo están mis chicos hoy?
- Bien, dijeron todos a coro.
- Ok, ok. ¿Están listos para
el examen sorpresa?
- ¿Qué? Dijeron algunas con
cara de pavor.
- Es broma, tranquilos,
tranquilos jajajaja. Haremos un taller en grupo, ya no se infarten.
La profesora Ericka Ramírez era una mujer de unos 36 años, alta y
delgada, con el cabello rizado de un tono castaño rojizo; vestía un poco
desenfadada para el ambiente en el que estaba y se notaba que era una mujer
descomplicada; le gustaba bromear con sus estudiantes e incentivarlos a
trabajar en un ambiente más informal. Así que se quitó el pulóver que cargaba y
empezó a organizar los materiales en su escritorio. Era la asignatura Historia
del Arte, Isabella estaba tranquila porque había visto esa materia antes y
siempre le había ido muy bien.
- Bueno, primero lo primero.
Seguro muchos se preguntarán quién es esa linda rubia que está sentada en mi
pupitre de enfrente ¿estaré soñando? ¿Mis sueños se hicieron realidad?
Jajajaja. Sí o no, no lo sé, lo cierto es que, por favor Isabella, pasa adelante.
- ¡Oh rayos! Pensó Isabella,
era justo lo que no quería.
- Sí, sé que estás pensando
que esta profesora me hace pasar aquí, justo lo que no quería jajaja. Pero es
necesario que tus compañeros te conozcan, además, te ves muy linda con ese
peinado, ¿qué mejor oportunidad de lucirlo no?
33
- ¡Oh cielos! Miró a Alicia
que le hizo una señal de aprobación con el dedo pulgar, por lo que avanzó
lentamente y con resignación.
- Vamos Isabella, pasa
adelante, ven niña.
- Bien, mi nombre es Isabella
Valencia, tengo 16 años y, bueno, llegué ayer a Caracas, así que estoy un tanto
descolocada, acepto cualquier ayuda.
- Yo te pudo ayudar amor, dijo
un chico muy guapo que estaba en la última fila.
- Jajajaja. Rieron todos los
chicos.
- Gracias Sebastián, ¡qué
amable de tu parte ser tan caballero! Le dijo la profesora riendo.
- ¡Yo también la quiero
ayudar! Dijo otro chico de la fila de adelante.
- Bien, Isabella aquí vas a
tener mucha ayuda, ¡qué afortunada!
- Bien, agradezco mucho, y
bueno, tengo muchas expectativas de estudiar aquí. Cuando llegué me pareció un
lugar muy lindo, gracias por recibirme.
- Bueno Isabella, gracias por
presentarte, se te olvidó decir que vienes de Francia. Chicos, Isabella viene
de París. ¿Genial no? ¡Muy cool!, como dicen ustedes.
- Sí, dijo una de las amigas
de Sara, emocionada hasta la hiperventilación.
- Podrán hablar con ella
muchas cosas de moda, así que adelante. Muy bien Isabella, gracias, ya puedes
sentarte.
- Gracias profesora.
Mientras caminaba hacia su asiento, sintió que la miraban, pero esta vez
era algo positivo, no era la misma sensación de temor; el mismo frío negativo
que la había invadido en el pasado, esto era completamente diferente. Aun así,
se sentía muy nerviosa; al sentarse, la profesora comenzó con la clase.
- Bien chicos, vamos a hacer
los equipos. Comencemos con Isabella, tú estarás con Sara, Carla, Mariela y
Daniela.
- Ok, dijo ella levantándose y
mirando a Alicia, que era con quien quería trabajar.
34
- ¡Hi chica! Ven siéntate con
nosotras, le dijo Sara, sacándole una silla.
- Bien, gracias.
Las otras muchachas la observaban y evaluaban con detenimiento, veían su
ropa y apariencia con detenimiento. Eso la hacía sentir terriblemente incómoda,
pero respiró profundo y se metalizó que debía aguantarlo por su propio bien.
- Bien chicos, les voy a
entregar este material, realizarán un análisis, luego me entregarán un informe
del mismo. Vamos a comenzar, dijo repartiendo los escritos entre todos los
grupos.
- Tomen chicas, espero les
vaya bien.
- Gracias profesora, le dijo
Sara y luego entornó los ojos cuando esta dio la espalda.
- Jajajajaja, rieron las
otras, pero a Isabella le pareció muy inmadura su actitud.
- Bien, aquí dice que es
estilo Rococó.
- Bien pásamelo dijo Isabella,
he visto ese tema antes.
- Cierto, a ver revísalo.
- Mmm ajám… a ver, bien, bien.
- Y entonces ¿vamos a realizar
el trabajo o qué? Dijo Daniela.
- Sí, claro. Hagamos lo
siguiente, dijo Isabella, yo tomaré este punto y ustedes se pueden repartir
estos. Cada una hace una parte y luego juntamos la información.
- Ok, pero tenemos una sola
guía, ¿cómo hacemos?
- ¡Oh por favor Carla! Tómale
fotos con tu celular, le dijo. Mira cómo lo está haciendo Isabella, ¡cielos qué
falta de imaginación la tuya!
Luego todas decidieron trabajar de esa manera, menos Sara, quien se
quedó con la guía original, entonces empezaron a hacer el trabajo como les
había indicado Isabella. Estaba acostumbrada a dirigir, aunque socialmente no
era muy exitosa, cuando se trataba de cosas académicas, podía tomar la
iniciativa, porque era organizada, metódica y sabía cómo dirigir a otras
personas para lograr un objetivo en común. Su mente poseía una gran claridad
cuando se trataba de generar textos y estructuras de conocimiento.
35
Su mano volaba sobre el papel, mientras las otras chicas se miraban y
releían el texto, poniendo cara de confusión, Sara trataba de enfocarse y
escribir algunas ideas, pero no con mucho éxito. Al cabo de unos minutos,
Isabella ya tenía el suyo listo, entonces las miró y las demás la observaban
con estupor.
- ¿Y bien? ¿Están listas? Les
dijo.
- No, no podemos ser tan
rápidas como tú.
- Ok, bueno, las espero
entonces, dijo volviendo a releer el texto.
- Pero, creo que es mejor si
nos ayudas a hacerlo.
- Bien, dime qué es lo que no
entiendes.
- Jajajaja la verdad no
entiendo nada.
- Jajaja ok bien, léelo.
Entonces, una a una fueron leyendo el texto mientras Isabella se los iba
explicando con facilidad y ellas copiaban; la profesora no perdió detalle y
sonreía al ver la actitud de liderazgo que mostraba Isabella y la seguridad con
la cual dirigía el equipo. Por esa misma razón la había colocado con ellas,
porque eran unas chicas más bien descuidadas en los estudios, y al ver su
calificaciones y observaciones, se dio cuenta que era una excelente estudiante
y que podría ayudarlas.
- Bueno, ya está, dijo
sonriendo y grapando las páginas.
- ¡Oh qué bien! Ahora
conversemos nosotras, mientras los demás terminan.
- Ok, bien.
- ¿Dónde vivías allá en París?
- En la Embajada de Francia.
- ¿En serio? ¿Dónde queda eso?
- En la 11 Rue Copernic.
Todas se quedaron maravilladas al oírla hablar en francés y Sara sintió
un dejo de envidia, pero una chica francesa le daba encanto a su equipo, así
que se tragó su orgullo.
- ¿Y tu padre trabajaba allí
entonces?
- Sí, mi padre era… cómo
decirte… era el asistente del embajador, como su suplente por decirlo así.
36
- ¡Genial! ¿Y eso es tan
glamuroso como dicen?
- Sí, eh… había muchas fiestas
elegantes para recibir personajes de la política y cosas así, pero no pienses
que es divertido, porque en realidad es muy fastidioso.
- ¿Cómo puedes decir eso? ¿Qué
puede haber más encantador que una fiesta de gala?
- Bueno, para mí muchas cosas,
y sí, asistí a algunas que eran menos aburridas, pero siempre es lo mismo, no
creas que es algo espectacular.
- ¡Oh! Porque estás
acostumbrada a ellas cariño. Me gustaría ir a una de esas fiestas y conocer a
mucha gente importante.
- ¿Y qué más hacías allá en
París?
- Estudiaba fotografía,
paseaba con mis amigas por los centros comerciales y tiendas, íbamos al campo,
a la playa, de viajes y excursiones, varias cosas.
- Suena muy divertido, ¿me
imagino que te habrá parecido sumamente fastidioso tener que venir aquí, luego
de estar en ese lugar tan glamoroso?
- Jajajaj algo así, se vuelve
muy natural cuando vives allá, y bueno, digamos que el clima muchas veces es
bastante malo; en cambio, ustedes aquí tienen un sol delicioso. Yo estoy muy
blanca, me haría bien un poco de sol caraqueño.
- ¡Oh bien! Te invito a mi
casa, haré una piscina fantástica, irán los más populares del colegio y allí te
puedes asolear todo lo que quieras.
- ¿En serio? ¿Me vas a invitar
a tu casa?
- Sí claro, este fin de
semana. Ya verás que es muy divertido y así podremos lucir nuestra ropa. Traje
un bikini de Miami que es una belleza y no me lo he estrenado.
- Está bien, dijo ella con una
sonrisa.
- Bueno, bueno, ahora llegó el
momento de hablar de los chicos más lindos del colegio, dijo Sara tratando de
dominar la conversación.
- Jajajaja, ese es mi momento
favorito, dijo Carla.
- Ni lo digas.
- Bueno, el año pasado estuve
con Mario, pero ahora tengo a alguien más en mente.
37
- ¿A quién?, ¿a quién? Le
preguntó Mariela.
- Mmm hay que evolucionar
chicas, aspirar a más siempre, ya se los he dicho.
- Pero di ¿quién es? Me va a
dar algo aquí.
- Sólo les diré dos palabras:
Abel Ricard.
- No puede ser, cielos ¿Abe
Ricard?
- Sí, lo viste este año, se ve
más súper sexy que nunca, ¡por Dios! Ese hombre no deja de verse cada vez
mejor, tiene que ser mío.
- Puedes contar con nosotras
para lo que sea, les dijeron sus amigas.
- Bueno Isabella, tú no lo
conoces, pero cuando lo veas nos darás toda la razón.
- Bien, me imagino que sí.
- Así que tú, le dijo a Carla,
tienes que encargarte de invitarlo a esa piscinada, es del todo obligatorio que
lo hagas, ya me compré un bikini súper sexy para ese día así que… ufff ese
chico no sabe lo que le espera, rojo, provocador, ya verán.
- Pero, ¿terminó con Eva
Schell?
- Uff sí. Eva ya es historia y
aunque no lo fuese, ante mí no tiene nada que buscar.
- Eso te iba a decir amiga,
este año te ves más hermosa, él no podrá resistirse jajajaja.
- Y cuando me vea con ese
traje de baño, menos.
- ¿Y tú?, ¿qué traje de baño
te pondrás?, dijo interpelando a Isabella.
- Pues, no sé, tengo que
revisar.
- ¿Tienes que revisar? ¡Oh por
Dios!, ¿cuándo se ha visto que vayas a una piscinada así? Niña, debes saber
exactamente todo el look que usarás, es un conjunto; el bikini debe combinar
con los lentes, la toalla, el pareo, cielos.
- No lo sabía, es que...
- ¡Oh Dios! ¿Qué le enseñan a
las chicas en Francia? ¡Eso es terrible, necesitas ayuda urgente!
- ¿Qué vas a hacer esta tarde?
Le dijo Sara.
- Tengo lecciones de inglés.
38
- ¡Oh cielos! ¿Así que eres de
esas chicas que todo el tiempo se la pasan estudiando?
- No propiamente, pero me
interesa perfeccionar mi acento para hablar mejor ese idioma.
- Eres muy dedicada, ¿tienes
novio?
- No, ahora no tengo, dijo
ella tratando de no sonrojarse.
- Por eso no tienes novio
cariño, le dijo Sara. Le dedicas mucho tiempo a esas cosas y poco a buscar uno.
- Supongo que llegará con el
tiempo.
- Jajajajaja, los novios no
“llegan” cariño, hay que buscarlos y el sábado verás a lo que me refiero con
ese término jajajaja.
- Bien, como digas.
- Ok, bueno ¿cómo estás con
Manuel?
- Terminamos, el muy
desgraciado me engañó, estaba saliendo con otra; una chica de otro lugar, se
fue de viaje con ella.
- ¿En serio? No puedo creerlo,
¿te dejó por otra?, ¡qué idiota!, ¿quién te dejaría por otra? Estás mejor sin
él cariño, definitivamente te hizo un favor, créeme.
- Bueno, ¿qué les puedo decir?
Seguro que se presenta algo mejor, ya verán, para mí en cuanto sale uno, entra
otro que es mil veces mejor que el anterior, ese es mi lema.
La clase terminó y salieron juntas, Isabella esperó a Alicia, pero veía
que esta no se movía de su asiento, así que se devolvió.
- ¿Vas a venir?
- No si andas con esas tontas.
- No sé cómo deshacerme de
ellas, ¡son un verdadero fastidio!
- Mmm deberías ir a su
piscinada y luego me cuentas los chismes de lo que veas.
- ¿Te parece buena idea?
- Sí, claro, yo no puedo
entrar en su círculo, pero tú sí y a mí me gustaría saber las cosas que hacen.
Trabajo en el periódico y quiero hacer un artículo, pero me falta material, eso
me podría servir de algo, necesito documentar los hábitos de las chicas tontas
adolescentes.
- Eso suena muy raro.
- Ni tanto, ¿sabes lo difícil
que es lograr un buen artículo?
39
- No, no lo sé.
- Entonces ¿te animas?
- Mmm, es un sacrificio.
- Te daré lo que quieras.
- Como ¿qué?
- Una cita con mi hermano.
- ¿Y quién es tu hermano?
- Uno de los chicos más
populares del colegio.
- Sí, ¿cómo se llama?
- Gabriel Durán.
- ¡Oh! Ok, jajajaja no
tranquila, no necesito una cita con tu hermano, lo haré por ti, para ayudarte.
- Te podría convenir, mi
hermano es el mejor amigo del chico más sexy del colegio.
- Y ese ¿quién es?
- Abel Ricard.
- Jajajajajajajaja.
- ¿Por qué te ríes?
- Porque ese chico lo estaba
mencionando Sara.
- ¿Sí? A ver, cuéntamelo todo.
- Pues, dijo que iba a tratar
de conquistarlo en esa fulana piscinada que está organizando su amiga Carla.
- Jajajajaja, lo sabía, lo
sabía. Desde el principio supe que lo haría, había tardado en hacerlo.
- Dijo que él había terminado
con una tal Eva.
- Sí, su novia, pero ya
terminaron. Y la muyyy sólo estaba esperando eso para abalanzarse sobre él.
- ¿Te puedo preguntar algo?
- Sí.
- ¿Por qué tienes molestia
hacia ella? Aparte de ser una persona superficial obviamente.
- Trató de enamorar a mi
hermano, pero yo sabía que era novia de otro chico, es una loca, ¿cómo te
diría? De esas que andan con uno y con otro. Ten cuidado, solo no andes tanto
con ella, porque pensarán que tú eres igual.
- ¡Cuánta intriga hay aquí!
Jajajaja ¡Por Dios!
- Sí, esto es como una serie
de adolescentes o algo así.
40
- Ya veo.
- Eh… Isabella, ¿vienes con
nosotras?
- ¿No ves que estamos
hablando?
- La verdad no sé qué puedan
hablar ustedes dos.
- Ya voy, ¿me puedes esperar
un momento por favor?
- Sí, claro, te espero en la
entrada.
- Gracias.
- Y bien, ¿entonces me
ayudarás?
- Sí, lo haré, pero sólo por
tu artículo, no quiero aparecer en algún problema tengan ustedes, ¿sí?
- Muy bien, no hay problema.
- Gracias.
- Entonces, me iré con ellas
para ver qué es lo que quieren.
- Ok, y recuerda… ten cuidado,
suelen ser muy persuasivas.
- Está bien amiga, gracias por
ayudarme hoy.
Entonces, se dirigió hacia la entrada donde estaban las chicas, quienes
la esperaban para ir a la próxima clase. Ella respiró profundo, preparándose
psicológicamente para escuchar todos los comentarios superficiales que ellas
hacían. Isabella estaba acostumbrada a conversar de temas profundos, pues sus
amigas eran tan intelectuales como ella, pero estas chicas solamente sabían
hablar de moda y hombres, esos eran sus dos únicos temas de conversación.
- Bueno, como te iba diciendo
ya sé qué le diré a Abel.
Isabella entornó los ojos y supo que ese día sería realmente largo.
41
Capítulo 3
Cuando llegó a la casa, subió a su habitación cansada, ya que soportar
toda la mañana las tonterías de esas chicas no fue nada fácil, por lo que dio
gracias a Dios por zafarse de ellas lo más pronto que pudo. Se recostó en la
cama para descansar un poco y retomar sus amadas lecciones de inglés. Cuando
estaba a punto de concretarlo, entró su madre con varias bolsas que tenían la
apariencia de ser ropa.
- Y bien Isabella, cuéntame.
- Mamá, ¿no tienes algo que
hacer por allí, digo como encargarte de reuniones o cosas correspondientes a tu
investidura?
- Jajajaja sí, mil cosas, pero
no me iba a perder de esto por nada del mundo.
- Mmm, ya veo, esto es como
demasiado interesante.
- Todo lo que tenga que ver
contigo es interesante para mí.
- Ok, está bien.
- Entonces dime.
- ¿Qué cosa?
- No te hagas la loca, ¿cómo
te fue en el colegio?
- ¡Oh cielos! Está bien,
tenías razón. Toda esa gente superficial estaba embelesada con ese montón de
cosas que me pusieron en la cara.
- Mmm, te lo dije, y lo más
probable es que como te sentías más segura, proyectaste un comportamiento
distinto al que siempre tienes.
- Puede ser.
- ¿Hiciste amigos?
- Bueno, en realidad sí hice
una amiga. Se llama Alicia, me cayó bien, es toda ecléctica y agradable, otras
no sé, estoy dudosa; son las típicas chicas creídas que sólo hablan tonterías,
pero al parecer, son muy populares en el colegio.
- ¡Oh vaya! Ahora andas con
las chicas populares del colegio, creo que eso significa algo.
42
- De paso, me invitaron a una
piscinada en casa de una de ellas el sábado.
- Jajajajaja te lo dije
Isabella. Bien, gané la apuesta, gané.
- Así parece, pero maduremos
por favor. Mmm…estoy decepcionada de las personas, sólo ven las apariencias y
nada más.
- ¿Por qué eres tan
complicada? Te aseguro que no se trata solamente de eso, es por tu forma de
hablar y mostrarte, eres muy cerrada hija, así que es algo que viene de
adentro. Ahora eres interesante para ellos, una novedad, así que gané y ahora
deberás pagar el precio.
- ¿Cuál precio? No dijimos
nada de eso.
- Aquí tienes, ropa, mucha
ropa bonita, la mejor que pude conseguir para ti, no sabes cuánto he esperado
esto, es como un sueño hecho realidad.
- ¡Oh mamá!, ¡qué fastidio! Lo
sabía, lo sabía.
- Creo que eres la única chica
en el mundo que se molesta porque su mamá le compra ropa hermosa.
- ¿En qué más te complaceré?
- De haber sabido lo de la
piscinada, te hubiese comprado un traje de baño nuevo.
- Nada de eso, tengo muchos
allí.
- Cielos, ¿no sabes que para
una fiesta en la piscina debes arreglar tu ajuar completo?
- ¡Dios! Jajajaja, hablaste
igual que una de esas chicas, me asustas mamá.
- Mañana lo compramos y
lucirás preciosa.
- No mamá, por favor.
- Lo compramos mañana, no lo
volveré a repetir ¿ok?
- ¡Oh cielos! Como digas, de
ahora en adelante no me molestaré hablando, sólo te diré que sí a todo.
- Perfecto, eso me gusta.
Al día siguiente la llevó de compras, era prácticamente una pesadilla
desde su punto de vista. Mientras su madre parecía levitar por las tiendas,
ella se mostraba completamente fastidiada,
43
indiferente ante todo el desfile de trajes de baño que su madre iba
presentando ante sus ojos.
- Mira este, ¿no me digas que
no es una monada?
- ¡Mamá, por Dios! No me voy a
colocar ese pequeño trapito, es casi obsceno.
- ¿Por qué eres tan puritana?,
no te críe de esa manera, además, tienes un cuerpo lindo.
- Mírame, parezco un palillo.
- No eres un palillo, eres una
chica con cuerpo de modelo.
- Jajajajaja, una manera muy
positiva de plantearlo.
- Vamos, póntelo anda.
- Ay mamá, no quiero ponerme
nada de eso.
- Tienes que hacerlo, sino
¿cómo sabremos si te queda bien?
- ¡Oh cielos! Está bien, me
pondré el bendito traje de baño.
- Y este también.
- ¿En serio?
- No me mires así Isabella
Valencia, ya ves que tu madre siempre tiene la razón.
- Bien, como digas, no me
molestaré en discutir contigo.
Ella procedió a medirse con estoica resignación, los trajes de baño que
su madre le iba pasando de uno en uno. El primero no le gustó para nada, era
simple y de líneas rectas, la hacía ver incluso, más delgada de lo que era; el
segundo era algo más halagador, pero se veía plana como una tabla con él, así
que lo descartó. El tercero era de un rojo intenso que resaltaba el color de su
piel, pero ella era muy tímida como para colocarse un tono tan provocativo como
ese.
- Entonces Isabella, todos son
preciosos ¿qué vamos a hacer contigo?
- Dame el otro, ese que viste,
el amarillo.
- Bien, pero te advierto que
es más revelador que los anteriores.
Al probárselo, por alguna extraña razón le gustó, tenía una especie de
estructura que ajustaba su cuerpo en los lugares adecuados, con un sostén
interno que elevaba los senos y los
44
aumentaba de volumen e, igualmente, sucedía en su parte posterior. Así,
su cuerpo se veía mucho más atlético.
Sonrió y se sintió hermosa, por primera vez en su vida podía ponerse
algo con lo cual se sentía cómoda y, lo más extraño, es que precisamente fuese
un traje de baño lo que le produjese ese efecto. Se miró y rotó en varios
ángulos para estar segura que era verdad y no un sueño el que se viera linda
con eso puesto. El traje tenía un escote pronunciado adelante y una especie de
tejido en negro y color limón; una combinación extraña que, sin embargo, lucía
elegante e impactante.
- Y bien Isabella, dámelo para
buscar otros.
- No, este me gusta.
- ¿Qué?
- Que este me gusta.
- ¿Es en serio?
- Sí, mamáaaaa.
- A ver, déjame verlo.
- ¡Ay mamá! ¿Qué edad tengo?
¿Cinco años?
- Anda, déjame verlo, quiero
saber cómo te queda.
- Está bien, a veces eres tan
insistente.
- A ver, a ver, dijo mientras
abría la puerta, ¡Oh cielos! Hija te ves hermosa, dijo mientras su cara se
iluminó.
- ¿En serio?
- Sí, te ves hermosa, le dijo
mientras la miraba a los ojos a través del espejo del probador.
- ¡Mentirosa!
- ¿Por qué dices eso?
- Nunca me habías dicho algo
así.
- No es cierto, hija.
- Sí lo es.
- Ay amor, y la abrazó por
detrás, así estuvieron un largo rato contemplándose en el espejo, de pronto, a
Isabella se le aguaron los ojos.
- Hija, ¿por qué te pones así?
- Por nada, dijo mientras se
enjugaba los ojos con el antebrazo.
- Ok, entonces ¿vamos a llevar
este?
45
- Sí mamá, llevaremos este.
- Y… ¿sería muy positivo si
vemos lentes y sombreros?
- Lentes sí, pero sombreros no
mamá, eso está pasado de moda.
- Claro que no, sabes que así
se usa en la Riviera Francesa, ¿recuerdas cuando fuimos a Cannes?
- Pero aquí no estamos en
Cannes mamá, aquí a las personas les gusta vestirse diferente, con un look más
latino.
- Bien, pero todo es cuestión
de actitud, siempre puedes imponer modas.
- Jajajaja, ahora me conformo
con que me acepten en el grupo, después hablaremos de imponer modas.
- Bien, entonces ¿Chanel?
- Of course mamá.
Luego que estuvieron listas, fueron a almorzar e Isabella estaba
particularmente callada, era el recuerdo de Andrew que la perseguía y se le
presentaba en las ocasiones más inverosímiles.
- ¿Qué te pasa hija?, ¿estás
nerviosa?
- ¿Por qué estaría nerviosa
mamá?
- Bueno, porque exponerse ante
personas nuevas siempre genera nervios.
- Sí, sí lo estoy, pero ahora
siento otra cosa.
- A ver, cuéntame.
- No voy a hablarte de eso.
- Mmm, soy tu madre, puedes
confiar en mí.
- No lo sé mamá, es incómodo
hablar de esas cosas contigo.
- ¿Estás enamorada hija? Dime,
puedes confiar en tu madre.
- No mamá, no estoy enamorada,
a veces quisiera estarlo.
- ¡Oh bebé! No sabes cómo he
querido oírte decir eso desde hace tanto tiempo jaja.
- Ay mamá, pareces una de las
chicas del colegio.
- Jajajaja, a ver, a ver
cuéntale todo a mami.
- No hay nada que contar.
- Claro que sí.
- Bien, cuando fuimos a La
Costa Azul conocí a un muchacho.
- ¿En serio? No me dijiste
nada, eso hace tanto tiempo. Vaya que eres cerrada hija, a ver ¿cómo fue?
46
- No pasó nada, nos dimos un
beso y ya.
- Isabella Valencia jajaja,
estoy orgullosa de ti.
- ¡Mamá!
- En serio, qué lindo y ¿cómo
fue?
- Ay mamá, no quiero hablar de
eso contigo.
- Tu primer beso, qué lindo,
¿dónde está ese chico?
- Nunca más lo volví a ver,
creo que todo fue una burla de su parte.
- No digas eso bebé, hay cosas
que suceden en el momento y no perduran, pero eso no quiere decir que no sea
especial.
- Pero me dijo que volvería al
día siguiente y nunca volvió, y se le humedecieron los ojos.
- Ay bebé, ¿no sabes qué le
pasó?, a lo mejor le sucedió algo malo y no pudo ir y después le dio pena. Tal
vez, no supo cómo contactarte, hay tantas cosas que pueden suceder.
- Tienes mucha creatividad
mamá, deberías escribir novelas.
- Sí, también lo creo, y tú
eres una dramaqueen total.
- Algo así, el sistema mamá,
el sistema nos hace así, y deja tus modismos de los 80 por favor.
- Mmm bien, volvamos a lo del
chico y menos al sistema.
- ¡Oh mamá! Creo que te la
llevarías mejor con mis compañeras del colegio que yo.
- Puede ser, en el colegio yo
era muy popular.
- Me imagino.
- ¿Y era lindo?, cuéntamelo
todo.
- Sí, mamá, era lindo, muy
lindo de hecho.
- ¡Qué maravilla! Esa es mi
niña.
- Te escuchara papá…
- Ah… es la verdad, eso es muy
emocionante, mucho.
- ¿Con quién fue tu primer
beso?
- Con un chico del colegio y
era muyyyy guapo, era el más popular.
- Jajajajaja, me imagino. En
mi colegio hay uno, ellas dicen que es hermoso, una de las chicas se muere por
él.
- ¿Y tú?
47
- No, ni siquiera lo conozco.
Ellas dicen que es muy bonito y es el más popular, pero no sé quién es, dijeron
que lo iban a invitar a la piscinada.
- ¡Qué emoción!
- Sí, pero no para mí, porque
la líder del grupo de chismosas chic, ya le tiene el ojo puesto.
- ¡Oh cielos, qué mal!
- Me da igual mamá, ya te dije
que no sé quién es.
- Qué emocionante, bien, ya
verás que te va muy bien en esa fiesta, va a ser genial.
- Eso espero.
- Entonces, ¿estabas pensando
en ese chico?
- Sí, mamá, pero no digas nada
por favor.
- Claro que no hija, eso es
entre tú y yo, le dijo acariciándole el brazo y mirándola con ternura.
Isabella la miró, la vio tan tierna y cariñosa, estaba muy cercana, a
pesar de su actitud siempre correctiva y un tanto superficial, eso la hizo
sentir bien, como una oleada cálida en su corazón.
- Gracias mamá.
- ¿Por qué mi pequeña?
- Por este día contigo. Nunca
pensé que me divertiría junto a ti.
- Jajajaja, gracias por esas
palabras.
- Lo que quiero decir, es que
estas cosas para mí son incómodas, pero extrañamente he disfrutado este día
contigo.
- Entiendo pequeña, yo también
he disfrutado mucho este día contigo, verás que de ahora en adelante todo
estará mejor, que las cosas del pasado se quedaran atrás. Tienes una gran vida
por delante mi bebé.
- Espero que sea así, entonces
se quedó en silencio un rato mirando alrededor.
- Bien, creo que es hora de
irnos, tengo que preparar unas cosas con las damas del Comité de Caridad.
- Bien mamá.
48
El día sábado se sentía muy nerviosa, nunca había estado en una
piscinada y no sabía qué se hacía en ese tipo de ocasiones. Así que preparó un
bolso con todo lo que pensó, podía necesitar y se vistió con un lindo vestido
que le había llevado su madre.
- Se ve muy linda señorita.
- Gracias Camille, pero
recuerda tu promesa de hablarme en francés.
- Bien señorita.
- ça a l'air joli.
- Merci Camille.
- Bueno, luego continuamos, me
tengo que ir.
- Como usted diga señorita,
espere no olvide llevarse sus lentes de sol.
- Gracias jajaja, sino mi
madre me mata.
Cuando llegó al lugar estaba muy nerviosa, era una casa encantadora,
pero obviamente, no tan grande como alguna de las que ella había habitado, era
de muy buen gusto tanto los jardines como la decoración. Ya había un montón de
chicos llegando y parecía que la fiesta sería muy grande. A Isabella le
palpitaba fuertemente el corazón, porque odiaba todo ese tipo de eventos
sociales, se sentía como un náufrago a la deriva.
En la entrada, había una chica vestida al estilo hawaiano, quien le
colocó un hermoso collar de flores y le entregó una bebida de color fucsia.
- Usted es la señorita
Isabella ¿verdad?
- Sí ¿cómo sabe?
- Porque la señorita Carla me
dio su descripción y órdenes expresas de esperarla con esto.
Entonces, le mostró una flor de Liz y se la colocó en la ropa.
- Ok, gracias. Dijo sin saber
lo que eso significaba.
- ¿Sabe lo que significa?
- No.
- ¡Oh bueno! Entonces dejaré
que ella se lo diga, es algo bueno.
- ¡Oh bien! Dijo extrañada,
gracias.
49
- Venga señorita, usted viene
por este lado.
- ¿Por qué?
- La señorita Carla la está
esperando.
- Eh y…
- Venga, yo le indico el
camino.
La condujo por una estancia y luego hacia las escaleras laterales, por
allí subieron dos pisos, cuando llegaron a un ala de la casa, toda esa área
pertenecía a Carla, al parecer se había adueñado de ese sector de la mansión. A
Isabella eso le pareció el colmo en la falta de gusto, no se imaginaba para qué
alguien querría tanto espacio cuando con un buen cuarto era más que suficiente.
- Permiso, aquí está la
señorita Isabella.
- Bien, gracias Luisa, puedes
retirarte.
La chica salió y entonces Carla se abalanzó sobre Isabella con una
enorme sonrisa en los labios, todas tenían una actitud muy sospechosa y ella
francamente no sabía a qué atribuírselo, pero como fuese, le inspiraba una gran
desconfianza. Las miró analizándolas y tratando de discernir qué estaba pasando
allí.
- Hola Isabella, por fin
llegas, te estábamos esperando.
- A mí ¿por qué?
- Porque, bueno, ayer
estuvimos hablando y… decidimos que queremos que seas parte de nuestro grupo.
- ¿En serio?
- Sí, mírate eres muy linda y
nunca hemos tenido una rubia.
- Mmm una vez dijo Sara, hace
mucho tiempo, pero ya saben cómo terminó todo eso, pero esta vez será
diferente.
- ¿Y cómo terminó todo eso?,
preguntó.
- Después te contaré a su
tiempo.
- Mmm, bien.
- Pero no te preocupes, ella
no era rubia natural como tú jajajaja, debió ser por eso.
- Ok, bien, dijo ella sin
tener la menor idea de lo que hablaban y pensando que tenían un tornillo zafado
en la cabeza.
- Para eso es el prendedor, le
dijo Mariela.
- Ahhh entiendo, simboliza el
grupo.
50
- No, simboliza tu compromiso
con el grupo.
- ¿Cómo es eso?
- Que tenemos normas que se
deben cumplir.
- ¿Y cuáles son?
- Ahora no te las diremos
porque, bueno, necesitamos tiempo y una reunión especial de grupo.
- Mmm, pero aún no he dicho
que acepto.
- Jajajajaja, no hace falta
cariño, no hay nadie que se niegue a estar en nuestro grupo, ¿sabes cuántas
chicas matarían por estar en tu lugar?
- Bien, esperemos la reunión
entonces.
Las chicas se miraron como con ganas de decir algo, pero se quedaron
calladas y luego Sara habló:
- Bien, seremos sinceras
contigo, necesitamos en el grupo una chica como tú.
- ¿Como yo?
- Sí, eres rubia, bonita, con
clase, vienes de Europa y eso nos dará mucha clase a todas.
- ¿En serio? Les preguntó
pensando en lo tontas que se oían diciendo esas cosas.
- Sí, y… bueno, nos dimos
cuenta de que eres una chica un tanto intelectual y creo que saldremos muy
bien, así que también te necesitamos en ese sentido.
- Es decir, ¿que quieren a
alguien que las ayude con sus calificaciones?
- Más o menos sí, pero también
con lo otro que te dije.
- Mmm y ¿qué me ofrecen
ustedes a mí?, les dijo con una seguridad inusitada.
- Bueno, te ofrecemos el
respaldo del equipo, la seguridad que nadie va a molestarte y… es decir, vas a
estar con las chicas más populares del colegio, creo que eso es más que
suficiente, muchas matarían por eso.
- Sí, ya lo dijiste. Bien,
entonces esperemos la reunión y hablamos bien de todo ¿les parece?
- Bien, dijo Sara ofreciéndole
la mano para que se la estrechara, ¿es un trato?
51
- Bien, es un trato, le dijo
Isabella. ¿Y ahora me imagino que van a bajar?
- Jajajaja claro que no. Nunca
bajamos a una fiesta hasta que estén todas las personas, siempre hacemos una
entrada.
- ¡Oh entiendo! Dijo
nuevamente pensando en lo tonto que era todo eso.
Isabella parecía una adulta prematura, prácticamente era una persona
mayor tratando de vivir en el cuerpo de una chica, ya que se le antojaba cosas
sumamente inmaduras, pero debía aguantar estoicamente por las conveniencias
sociales y la alarmante necesidad de encajar en ese grupo. Pero en realidad,
las veía como a unas niñitas caprichosas que no tenían más nada que hacer con
su tiempo, solo molestar y fastidiar a otros o lucirse con superficialidades.
- Esperemos aquí hasta que se
caldeen las cosas abajo y llegue mi Abel.
- ¿Y cómo sabrás cuando
llegue?
- Una de mis chicas me avisará
por mensajes, obvio.
- ¿Una de tus chicas?
- Sí, son aspirantes al grupo,
son chicas jóvenes de los primeros años que desean ser parte del grupo.
- ¿Y tú les haces creer que sí
serán pate del grupo?
- Bueno, me son útiles y
obtienen ciertas influencias con ellos, así que todas salimos ganando.
- ¿Y desde cuándo hacen
ustedes esto, es decir, lo del grupo?
- Bueno, la primera chica ya
no está, era la líder del grupo, pero se graduó e hizo su vida, ella comenzó a
reunir a las chicas y me reclutó, me entrenó para ser líder como ella y aprendí
mucho de ella, ahora somos las más populares gracias a ella.
- ¿Y esa es la rubia que
mencionas?
- No, de eso hablaremos
después.
- Bien, entonces sólo seguimos
esperando aquí y ya.
- Así es.
- Ok, me voy a sentar aquí,
dijo tomando un sillón que estaba cerca.
52
Cuando ya casi se lograba poner cómoda, de pronto Sara dio un brinco y
saltó como una tigresa que se lanza sobre su presa. Entonces, se dirigió hacia
la puerta.
- Ya está aquí chicas, ya
llegó ¡Es Abel!
- ¡Oh cielos! Déjame verte,
estás perfecta, ahora sí, dijo Carla.
- Ven, vamos Isabella, ven,
debemos bajar todas juntas.
- Bien, dijo ella disimulando
la risa que le causaba todo ese ritual estúpido.
Entonces, bajaron por la escalera de enfrente, ante la mirada atónita de
todos los chicos del colegio, Sara bajaba las escaleras con gracia como si
fuese una gacela, con su traje nuevo y su estilo de súper modelo, las demás
chicas trataban de imitarla, Mariela sin mucho éxito, ya que su talento no era
precisamente caminar con elegancia. Isabella a medida que bajaba, se daba
cuenta que todos los chicos la miraban, ella jamás se había sentido así, era
como si de repente la vida le hubiese cambiado y se fuese transformado en el
centro de todo, estaba en el ojo del huracán.
De pronto, algo llamó su atención, un chico alto de cabello muy negro y
piel clara, el cual sobresalía del montón, su actitud era segura, estaba
sencillamente parado allí, al parecer sin participar del ritual tonto de
esperar que el grupo de chicas bajase por las escaleras. Su rostro le recordaba
algo, no sabía con precisión qué era, pero a medida que iba bajando, le parecía
que recordaba algo, era una imagen que su cerebro estaba tratando de procesar.
Sara bajó y entonces se precipitó hacia donde estaba el chico, se plantó
frente a él con una enorme y perfecta sonrisa saludándolo, este no pareció muy
efusivo, la miró y trató de ser cortés con ella, pero la verdad, se notaba que
no había química, aunque tratara de forzarla. Luego él se quedó mirando a
Isabella, sus hermosos ojos azules parecieron cobrar vida.
- Eh, oh cielos Isabella, te
presento a Abel, es el chico del que te hablé.
Abel la miró, entonces Isabella sintió un golpe en su corazón, era
Andrew, allí estaba después de tanto tiempo. Estaba mucho
53
más alto y varonil, los músculos le daban un aspecto muy masculino, pero
sus ojos azules como el cielo seguían allí intactos como en el mar, donde se
dieron ese primer beso.
- ¿Isabella?, dijo él como si
ese nombre le acariciara en los labios.
Ella fingió que no lo conocía porque tenía miedo que él la rechazara y
luego de todo lo que había hablado Sara, no le convenía ponerse en evidencia
delante de toda esa gente, así que le siguió la corriente.
- Sí, soy Isabella Valencia.
- Bonito nombre, se pudo notar
un brillo de reconocimiento en sus ojos.
- Gracias.
- Y bien, Abel, qué bueno que
viniste, ahora esto sí será una fiesta.
- Sí, bueno, en realidad vine
porque cancelaron las prácticas del equipo y no tenía nada que hacer.
- Jajajaja no digas eso
delante de Carla, le daría algo.
- Tranquila, no diré nada, y
tú Isabella ¿nunca te había visto por aquí?
- Sí, es que vivía en Francia.
- ¿Puedes creerlo? Isabella
vivía en Francia, ahora está aquí con nosotras, y la reclutamos para el grupo.
- ¡Oh cielos!, dijo él
sarcásticamente.
Sin embargo, Sara parecía inmune a sus desplantes y, aunque mostrara su
indiferencia hacia ella, parecía no darse por vencida.
- Abel, anda, vamos a bailar,
esta es mi canción favorita.
- La verdad, no tengo muchas
ganas de bailar.
- Vamos, anda, compláceme, le
dijo halándolo por el brazo.
- Está bien, le respondió a
regañadientes.
Pero mientras avanzaba con ella hacia el centro del salón, miraba a
Isabella, quien lo seguía con la mirada como preguntándose cómo había pasado
todo esto.
54
- ¿Crees que existan almas
gemelas?, le preguntó Sara a Abel.
- Sí, sí lo creo, le contestó
mientras miraba a Isabella.
Isabella se apartó de allí, dirigiéndose hacia la piscina donde varios
de los chicos ya estaban bañándose y jugando. Decidió sentarse en una de las
sillas reclinables, sintiéndose extraña, tenía una pulsación en su corazón,
¿cómo pudo estar tan ciega?, años y años deseando ver a Andrew, soñando con él,
haciéndose historias en la cabeza y ahora estaba allí en esa casa, precisamente
era el objeto de deseo de su supuesta amiga y, de paso, ni siquiera se llamaba
Andrew, sino Abel.
Todo eso le pareció como una rara burla del destino, venir desde tan
lejos para ser desengañada de esa forma, no tenía precio. Se quedó mirando los
reflejos de la piscina, que con la luz del sol, formaba hermosos matices y
recordó el tonto sueño del mar con los colores múltiples. ¡Bah! Se dijo, ¡qué
tontería y qué pérdida de tiempo!
En esas meditaciones estaba cuando escuchó una voz a su lado, volteó y
era Andrew, bueno Abel, quien la miraba fijamente sorprendido.
- Isabella.
- Andrew, o debo decir Abel.
- Yo eh… bueno ¿qué haces
aquí?
- ¿Qué?
- ¿Por qué estás aquí, no
entiendo?
- Mmm ¿y tú me lo preguntas?,
creo que soy yo la que debería hacerlo, ¿qué haces aquí?
- Yo vivo aquí, en Caracas.
- ¿Pensé que vivías en
Francia?
- No, estaba de paso,
digámoslo así.
- Y aprovechaste para que tu
estadía fuese mejor, supongo.
- No, no es eso, sé lo que
debes estar pensando.
- Sabes, no tiene importancia.
- Para mí sí, y se quedó
mirándola fijamente con profundidad, sus ojos por un instante volvieron a ser
como el mar de la Costa Azul, hermoso y pleno de azul vibrante.
55
- Permíteme que lo dude.
- Sé porque lo dices, pero yo…
- No tienes que explicar nada
Andrew, me mentiste, ni siquiera te llamas así, no hay explicaciones que dar.
- Yo sí, creo que debo darlas.
- Esta conversación no tiene
sentido, eso fue hace como… eh no sé.
- Fue hace tres años Isabella
y aún lo recuerdo.
- Sí claro, mírate, eres como
la estrella del colegio o algo así.
- Algo así, pero tú Isabella,
te ves, no sé hermosa, te ves realmente hermosa, ya no usas anteojos.
- Sí los uso, sólo que ahora
no los traigo puestos, pero eso no tiene nada que ver.
- Te ves bellísima, cuando te
vi bajando las escaleras, no lo sé, sentí algo en mi corazón, fue muy extraño.
- Bien por ti.
- Sé por qué estás tan
molesta.
- Y dime genio, ¿por qué crees
que sea?
- Jajajajaja se me había
olvidado lo encantadoramente sarcástica que puedes ser, eso me gusta.
- ¿Y bien?
- Que eres una chica brillante
y eso me encanta de ti.
- Sí, tan brillante como para
recordar el beso que nos dimos, un beso de hace mil años con un chico que ni
siquiera se llama como pensaba y que, de paso, me dejó plantada en plena playa
y del cual no supe nunca más nada. Así de brillante como para recordar eso vez
tras vez y encontrarte hoy como si nada en este lugar, y de paso bailando, con
una de mis compañeras de estudio.
- ¿Sara?
- Sí, Sara.
- ¡Oh cielos! Ella no es nada
para mí, se la pasa buscándome, pero nada que ver Isabella.
- Sí me imagino. Bien, no has
contestado.
- Lo del nombre fue una
tontería, no lo sé, la verdad no sé porqué no te di mi nombre verdadero.
Supongo que por inmadurez,
56
quizá quería vivir un romance como en las películas, no tengo idea de lo
que pasaba por mi mente en ese momento.
- Bien, simplemente se te
ocurrió de improviso.
- Algo así.
- ¿Y el dejarme plantada?
Entonces, él bajó la mirada y se quedó un momento callado, su rostro se
tornó triste y le dijo con la voz un tanto desencajada.
- Ese día mi madre murió
Isabella… Continuará…
Esta historia continúa con los libros 2 y 3 de esta misma saga, que las
puedes encontrar en Amazon.
Si te ha gustado este libro, por favor déjame una reseña en Amazon ya
que eso me ayudará a que lo lean otras personas.
Sigue…

