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Libro N° 10830. Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 1. Franco, Mercedes

Guillermo Molina Miranda febrero 12, 2026

 

 © Libro N° 10830. Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 1. Franco, Mercedes. Emancipación. Enero 28 de 2023

 

Título original: ©  Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 1. Mercedes Franco

 

Versión Original: © Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Saga No. 1. Mercedes Franco

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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PASIONES PROHIBIDAS DE MI PASADO

Saga No. 1

Mercedes Franco  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pasiones Prohibidas De Mi Pasado

Saga No. 1

Mercedes Franco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pasiones Prohibidas De Mi Pasado. Una Novela

 

 

Romántica que no podrás parar de leer.

 

Saga No. 1

 

 

 

 

 

 

 

Mercedes Franco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tabla de Contenidos

 

 

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Continuará…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1

 

A los diez años, Isabella soñaba con tener un esposo que se pareciera al príncipe azul; era casi un héroe mítico que le mostraría lo que era el amor verdadero. Definitivamente, era una niña llena de ilusiones, su madre siempre trataba de hacerle ver la realidad y enseñarle que los hombres no eran criaturas de otro planeta, sino seres de carne y hueso. Pero ella se cuidaba de no prestarle atención, porque le gustaba la sensación que le producía su mundo imaginario.

 

-      ¿Cuándo aprenderás? El día que te enamores, sabrás cómo son las cosas en la vida real.

 

Su mundo era un lugar idílico, los fines de semana iba con sus padres a pasear por los Campos Elíseos; en otras ocasiones, los paseos los daba en Fontainebleau y el trato privilegiado que se les otorgaba en la embajada, la hacía sentir como una princesa. Esto creó en su mente un sentido de importancia que, no obstante, no llegaba a ser arrogancia, y cuando a los 16 años su padre fue trasladado nuevamente a Venezuela, sintió que su mundo se hacía pedazos.

 

-      Pero mamá, no quiero irme a ese lugar, aquí me siento feliz.

 

-      Lo sé hija, pero tu padre debe ir porque el gobierno lo está llamando y es necesario que volvamos.

 

-      Pero yo me puedo quedar aquí con la tía Marcele.

 

-      De ningún modo, una chica de tu edad debe estar con sus padres.

 

-      Entonces, ¿me vas a obligar a irme a ese lugar? No mamá, no iré.

 

-      Sí que irás, claro que sí.

 

Entonces, sus padres la obligaron a regresar a su país, por lo que no le dio más opción que someterse a los designios de sus progenitores. Era el año de 2008 cuando arribaron al aeropuerto de Maiquetía, ubicado en el estado Vargas; los recibió la emblemática

 

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obra de Carlos Cruz Diez, entonces ella jugó con los tramos de colores de la misma como lo hizo cuando tenía cinco años y partieron a Francia. Allí estaba otra vez sin saber qué sería de su vida.

 

Por la ventanilla, veía el mar alejarse de sus ojos y mentalmente se despidió de su vida, entregándose con resignación a todo lo que le sobreviniera. La carretera le pareció mustia, nada que ver con el maravilloso invierno parisino, ni siquiera la conmovió el agradable y cálido día que estaba haciendo. A pesar de que se encontraban rodeados de la exuberante naturaleza llena de verdes casi neón, en su mente ella seguía añorando su hermosa academia y los verdes opacos del bosque de Fontainebleau. Las visitas del colegio al palacio de Versalles y los paseos al museo Louvre.

 

Su padre observaba soslayadamente cada detalle de su comportamiento y su cara disconformidad, trataba de ignorarla para no dejarse manipular por niñerías. Qué podía saber esa niña de la vida, si siempre estuvo con él cuidada y protegida por sus guardaespaldas; él era un hombre de la milicia y lo último que aceptaría, era dejarse dominar por una pequeña voluntariosa.

 

-      Sonríe Isabella.

 

-      No tengo nada porqué sonreír.

 

-      ¡Oh vaya! ¡De qué te quejas niña! Mira alrededor, mira a aquellos niños, ¿sabes lo afortunada que eres de tener todo lo que tienes?

 

-      Pero ellos por lo menos parece que son libres, yo soy una prisionera en una jaula de oro como Marie Antoinette.

 

-      Jajajajaja. ¿Qué sabes tú de prisiones? Si hubieses estado el 14 de febrero como yo, sabrías lo que es bueno, niña malcriada.

 

-      No seguiré teniendo esta conversación.

 

-      ¡Qué niña más voluntariosa! Dijo su madre, con ese colegio tan costoso y no aprendiste nada.

 

-      Jum, hizo un mohín, y entonces se dedicó a mirar por la ventana e ignorar a sus padres.

 

 

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La carretera de La Guaira a Caracas se le hizo eterna y cuando por fin entraron en la ciudad, era mucho más pequeña de lo que había imaginado o visto, nada que ver con la antigua y portentosa París; la majestuosidad y belleza de El Ávila levantándose a su lado derecho, no fue suficiente para conmoverla. La escrutó y vio los edificios grises de estilo geométrico con algunos grafitis aquí y allá, y sintió que el mundo se le venía encima, allí no había nada bueno para ella. Justamente, era como María Antonieta quien había perdido su palacio y su mundo de un momento a otro para ser recluida en las tullerías, y luego por fin en la cárcel.

 

-      ¿Y bien? Parece que estuvieras condenada a la muerte.

 

-      Lo estoy como Charlotte Corday.

 

-      Bien, es hora que practiques el castellano y dejes el francés para su momento.

 

-      ¡Bah!

 

-      Bien, ya casi llegamos. Dijo su madre mirando con alegría el paisaje.

 

Desde Cumbres de Curumo, el valle se veía imponente, las serranías se destacaban a las cinco de la tarde con verdes intensos bajo los matices dorados, generando un contraste poderoso. Cuando llegaron a la casa, era una deslumbrante mansión de un blanco impoluto, estaba custodiada por enormes pinos canadienses y un lago donde habitaban hermosos cisnes. La grama extremadamente cuidada, le daba un aspecto equívoco de un palacete.

 

-      Y bien, ¿qué te parece? Le dijo Eleazar a su esposa.

 

-      Muy bien, es hermosa. Bueno, no es tan grande como la embajada, pero es bellísima. Muy bien cuidada, estoy satisfecha.

 

-      ¿Qué te parece Isabella? ¿Verdad que es bella?

 

-      Si tú lo dices…

 

-      Bien, es difícil complacerte.

 

-      Sólo quiero ir a mi cuarto y acostarme a dormir, estoy demasiado cansada.

 

-      ¡Oh bien! Perfecto, aquí viene el ataque adolescente otra vez.

 

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-      Sí, así es mamá.

 

-      Bien, vamos adentro. Ni modo Eleazar, no hay maneras de complacer a esta niña.

 

Se encaminaron hacia dentro de la casa; el mayordomo les abrió la puerta y era una mansión fascinante con un estilo ecléctico y líneas modernas que imitaba el estilo de construcción de Andrew Lloyd Wright. Ella observó la empinada escalera de líneas simples y elegantes en color negro, contrastando el níveo tono de las paredes.

 

-      Pasen adelante señores.

 

-      Gracias Fernando, ¿cómo estás?

 

-      Muy bien General Valencia, adelante.

 

-      Gracias, te presento a mi esposa Isabel Gómez de Valencia.

 

-      Mucho gusto señora, bienvenida a su casa.

 

-      Gracias Fernando.

 

-      Y esta es mi hija Isabella Valencia.

 

-      Mucho gusto señorita, bienvenida a su casa.

 

-      Gracias, dijo secamente. ¿Dónde están las habitaciones? Estoy muerta del cansancio.

 

-      Isabella, ¿dónde están tus modales?

 

-      Tranquila señorita, Camille le va a mostrar sus habitaciones a la señorita.

 

-      Discúlpate con el señor Fernando Isabella.

 

-      No es necesario señora.

 

-      Sí lo es.

 

-      Disculpe señor Fernando, dijo ella entornando los ojos.

 

-      Camille, por favor muéstrale a la señorita Valencia sus habitaciones.

 

-      Inmediatamente, dijo haciendo una graciosa reverencia.

 

Isabella trató de disimular la risa que le causaba todo ese protocolo absurdo, detestaba las formalidades, ya que toda su vida había girado en torno a ellas. Con sus amigas en Francia, se trataban de la manera más informal posible, ese mito de los modales franceses estaba tan pasado de moda que no creía que en algún lugar de la tierra se usara todavía.

 

-      Bien, vamos.

 

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La chica caminó delante de ella con gracia, mientras subía con su equipaje de mano, solamente una verdadera francesa podría hacer algo como eso. Era una chica diminuta de cuerpo estilizado, como una sílfide, con el cabello corto en un estilo bob muy desenvuelto.

 

-      Tu es française.

 

-      Oui madeimoselle.

 

-      Quel endroit.

 

-      Je suis de provence.

 

-      Merveilleux, J'aime la provence.

 

-      Madeimoselle, su madre pidió encarecidamente que usted hablara en español, no en francés.

 

-      ¡Oh vaya! ¿Hasta allí llegan sus alcances en seleccionar el idioma en el que puedo hablar?

 

-      Lo siento señorita.

 

-      Pero, puede ser un secreto entre las dos, cuando estemos solas como ahora, podemos hablar en francés.

 

-      Me puedo meter en un problema señorita.

 

-      Anda, aunque sea un ratito, no quiero perder la fluidez del idioma. ¿Con quién voy a hablar en esta casa o en ese colegio donde tengo que ir? Anda por favor.

 

-      Bien señorita, pero por favor sólo entre usted y yo, como práctica.

 

-      Eres un cielo Camille, así hablamos de Francia y no sabes lo desagradable que es este lugar para mí, me siento asfixiada.

 

-      Pero señorita, Caracas me parece muy hermosa y el clima es excelente, le dijo con una gran sonrisa, lo que pasa es que no la ha conocido, ya verá que le gustará.

 

-      Nada que ver. Soy francesa de corazón, no quiero saber nada de esto.

 

-      Jajajajaja. Ay señorita, yo soy francesa y le aseguro que este clima es mágico.

 

-      Mmmm, bien, veremos.

 

-      Bueno señorita, la dejo para que se instale, le puse todo aquí. Dentro de un rato Gabriel vendrá con su equipaje y yo me encargaré de arreglarle su ropa.

 

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-      Nada de eso, yo misma arreglo mis cosas.

 

-      No señorita, no puedo permitir eso, es mi trabajo.

 

-      Necesito que nos entendamos tú y yo, no me gustan esas formalidades estúpidas, me ponen de un increíble mal humor; entonces, si no me quieres ver así, es mejor que te acoples a mí.

-      Ay señorita, usted me puede meter en un gran lío.

 

-      Tranquila, será entre tú y yo. Nadie va a saber nada. Es que tengo manías, mi forma de hacer las cosas y no me gusta que nadie me cambie nada ¿ok?

 

-      Bien, dijo ella pensando qué cosas tendría escondidas como para no querer que ella las revisara.

 

Después de todo, esos jóvenes de clase alta tenían vicios, ella había visto lo suficiente como para pensar que la mayoría tenía debilidad por las sustancias ilícitas y, tal vez, esta no era la excepción. La miró examinándola en profundidad, buscando algún vestigio que denotara el origen de su extraño comportamiento.

 

-      ¿Qué me miras Camille?

 

-      Nada señorita.

 

-      Sí, ya sé que estás pensando.

 

-      ¿Lo sabe?

 

-      Sí, estás pensando que es extraño mi comportamiento, pero la verdad soy una maniática del orden y me gustan las cosas de maneras particulares; por ejemplo, esto, dijo señalando lo que ella había arreglado. Está mal colocado, nunca pongas las cosas dobladas de esta manera, es un desperdicio de espacio, además, se arrugan más de la cuenta. Se colocan así, ves, enrolladas.

 

Camille la miró disimulando la gracia que la causaba el que una chica tan joven tuviese un comportamiento tan maniático, pero en el fondo le caía bien, no sonaba como las chicas de su edad, las cuales eran casi todas superficiales y elitescas. Lo que no sabía, era que las manías de Isabella eran producto de la estricta disciplina del colegio de monjas, y no era una necesidad compulsiva, sino un tic nervioso creado por la Madre Marie Fleury.

 

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-      Como usted diga señorita.

 

-      ¡Oh vaya! Esto es un desastre también.

 

-      Jajajaja. ¡Oh cielos señorita! Usted tendrá que enseñarme cómo le gustan las cosas.

 

-      Creo que sí. Bien, veremos.

 

Así que para distraerse del humor que le causaba estar en ese indeseable lugar, se dedicó a arreglar el closet hasta que quedó como a ella le gustaba. Se alejó para ver el resultado de su trabajo, entonces sonrió haciéndole una seña a Camille para que viera cómo había quedado.

 

-      Bien señorita, Camile le sonrió pensando que estaba bien loca, más que todos los demás chicos que había conocido y atendido antes.

 

-      Camille ¿qué edad tienes?

 

-      23 años señorita.

 

-      ¡Genial! Entonces tú y yo nos la llevaremos muy bien.

 

-      Así es señorita, le dijo siguiéndole la corriente.

 

-      Bien Camille, ya puedes retirarte.

 

-      Está bien señorita.

 

Entonces, Camille bajó y la dejó a solas para organizar el resto del equipaje, Isabella se acostó boca arriba en la cama pensando en lo que haría el día de mañana y lo mal que se sentiría entre todas esas personas extrañas con las que debía tratar de ahora en adelante. Para ella, era una verdadera pesadilla estar con ese montón de gente rara; en Francia tenía un buen grupo de compañeros y, aunque no tenía muchos amigos, por lo menos “hablaban el mismo idioma”. Disfrutaban viendo la naturaleza y leyendo buenos libros, les gustaba dilucidar sobre la esencia de la vida y pensar en las grandes cuestiones del universo.

 

Sintió escalofríos sólo de pensar en qué pasaría si les caía mal a todos o se burlarían de ella como le había sucedido antes en muchas ocasiones. Sintió un golpe en el corazón y angustia. Ella no era muy buena para hacer nuevos amigos y eso era lo que más le molestaba a sus padres y aún así, no les importaba someterla a esa

 

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tortura; le parecía muy egoísta de su parte obligarla a cambiar de ambiente y tener otra vida.

 

-      Bien, dijo levantándose y se dirigió al baño.

 

Este era espacioso y muy bonito, no sabía si estaba remodelado a propósito, pero eran sus colores favoritos; las baldosas tenían un tono crema suave y los acentos eran en azul turquesa, la ducha amplia y muy grande, casi con un efecto de lluvia. La probó para estar segura que había agua caliente, del lado derecho tenía una hermosa cesta de rafia donde estaban apiladas un montón de toallas de color blanco y turquesa.

 

Se quitó la ropa y se dirigió al espejo, el cual era de cuerpo completo, se miró y dio un suspiro de desaprobación; definitivamente, ella no cumplía con sus propios y altos estándares de belleza, aunque era delgada, se sentía sin formas, no tenía esos hermosos senos exuberantes que otras chicas de su edad poseían y su cuerpo era casi como un palillo. El hermoso cabello rubio y liso tampoco parecía cumplir con sus expectativas, le faltaba cuerpo, este era rebelde y parecía empeñarse en estar plano y sin volumen como una tabla.

 

Se tocó la cara y allí estaba esa piel pálida como un papel; los grandes ojos verdes eran lo único que la satisfacía de su rostro, eran hermosos, almendrados, con grandes y abundantes pestañas, sonrió con aprobación. Luego bajó hacia la nariz recta y un tanto ancha en la base. Puff, nada que ver con las hermosas narices apolíneas de las modelos que tanto admiraba y, que, alguna vez, había visto en uno de los centros comerciales parisinos.

 

Luego observó sus labios, gruesos, los detestaba, sentía que la hacían ver muy ordinaria, casi sin clase; en su mente era más bonita una boca un poco más delgada y estilizada, que suavizara sus facciones y las hiciera un poco más “nórdicas”. Ella tenía palabras para todo, muy ancha, demasiado exótica, un poco desordenada, desprolija, entre otras terminologías que desarrolló a lo largo de su corta vida.

 

 

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Se alejó un poco del espejo y negó con la cabeza, estaba segura que cuando creciera necesitaría un cirugía plástica para resolver todo ese desastre, tal parecía que en ella todo lo que debía estar pequeño, era grande y lo corto largo, lo claro oscuro y viceversa. Viéndola objetivamente, era una chica linda y con rostro tierno, sólo que ella misma no podía verlo porque se la pasaba comparándose con los estándares impuestos, en su mente era un completo desastre y como tal se comportaba.

 

En ese momento, recordó la primera vez que le gustó un chico, estaba en primaria y éste al verla se burló de su gesto de regalarle una flor, su acción la traumatizó de por vida y nunca más se atrevió a acercarse a un hombre. De ahí en adelante, cada vez que le llamaba la atención un chico, simplemente se dedicaba a mirarlo en silencio, esperando con ilusión que éste se acercara a ella, pero eso nunca pasaba, siempre llegaba el día en que este aparecía de la mano con otra chica, rompiéndole el corazón.

 

Generalmente, la muchacha era alguien que cumplía con esos requisitos que ella tanto anhelaba, un busto hermoso, cintura de avispa, caderas bien formadas, es decir, un cuerpo escultural y una cara de ángel. Se sentía sin esperanzas, tal vez se quedara toda su vida sola y nunca encontraría el amor de su vida, al menos no así como estaba. Sintió un nudo en su garganta recordando a Michelle, el chico más bello del colegio; cuando lo vio entrar la primera vez, su corazón se paralizó, era lo más hermoso que vio en su vida y, por supuesto, sabía con certeza que un chico así jamás repararía en ella. Efectivamente, al mes se había hecho novio de Caroline, la hija del Ministro, la chica más sexy del colegio, y ella sonrió con resignación, era de esperarse que dos seres tan hermosos debían encontrarse y estar juntos en algún momento.

 

Esa pareja era la envidia de todas las demás chicas, era como estar presente en algún estreno de Hollywood, con sus cuerpos perfectos y esas sonrisas espectaculares.

 

-      Bien, este año será diferente, dijo en voz alta, aunque sabiendo en el fondo que todos los años decía lo mismo y siempre pasaba igual.

 

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Miró a su alrededor y vio unos hermosos jabones en forma de estrella de mar, y se dio cuenta que su padre efectivamente había remodelado el baño para que ella se sintiera lo más cómoda posible, con ese ambiente marino que tanto le gustaba, se sentía cómoda entre los colores beige, turquesa y el blanco que le aportaban frescura y elegancia a esa estancia que era uno de sus lugares favoritos en todo el mundo. Allí en su propio baño estaba segura de los embates del mundo, podía pensar, concentrarse, relajarse y sentirse como en su mundo especial, donde imaginaba que era alguien importante, que estaba destinada a un lugar especial y que sería muy reconocida.

 

Tomó una de las mascarillas que tenía en la repisa del espejo “Cúrcuma y Granada” decía el empaque, lo abrió y el olor era francamente estupendo, cerró los ojos mientras aspiraba toda la deliciosa esencia; instantáneamente, se sintió trasportaba a un lugar especial, una playa en el sur de Francia, el mejor día de su vida, allí conoció a un chico extrañamente hermoso. Estaba buscando estrellas de mar y él se acercó para hablarle. Entablaron una conversación que duró horas, él parecía sencillo y franco, y al final, cuando se iba, la tomó de la mano y le dio un beso en los labios. Ese fue su primer beso, él le dijo que se llamaba Andrew, eso fue lo único que supo, lo buscó al siguiente día, pero no lo volvió a ver más.

 

Recordó la tibia sensación de sus labios sobre los suyos, el suave olor de su piel que parecía un bosque de pinos silvestres y un ligero toque marino que seguramente provenía de la brisa que azotaba el lugar. Se quedaron unos segundos así y ella vio el profundo color azul de sus ojos que casi era más vibrante que el mar que los rodeaba.

 

-      Eres tierna, ¿nunca habías hecho esto verdad?

 

-      No, le dijo negando con la cabeza.

 

-      Eres muy linda, me gustó mucho.

 

-      A mí también.

 

 

 

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El silencio que siguió a esas palabras fue exageradamente largo, entonces él se apartó y la miró con sus hermosos ojos de cielo.

 

-      Se me hace tarde, me tengo que ir.

 

-      Pero… ¿cómo te llamas?

 

-      Eh… Andrew.

 

-      ¿Andrew? Bonito nombre.

 

-      ¿Y tú?

 

-      Isabella.

 

-      Hermoso nombre, tierno y luminoso como tú.

 

Ella le sonrió, era el cumplido más extraño que le habían hecho en su vida pero sonaba muy lindo, “luminosa”, esa era la definición de sí misma que más le gustaba. Entonces, él le volvió a sonreír y se dio la vuelta.

 

-      Espera, ¿te puedo ver otra vez?

 

-      Sí, eh… yo te busco.

 

-      Bien, ya sabes dónde estaré, le dijo ella señalando la playa.

 

-      Así será. Bien, estaré mañana aquí.

 

-      Yo también estaré aquí, te lo prometo y sintió una cálida sensación en su corazón.

 

Cuando se alejó, ella se quedó con la sensación que había encontrado por fin alguien con quien compartir; un chico que parecía realmente interesado, especial y profundo, nada que ver con los tontos que había tenido contacto anteriormente. Era increíblemente más hermoso que Michelle, alto, espigado, de increíbles y etéreos ojos azules. Su piel era como porcelana, era el muchacho más sexy que había conocido en su vida y no podía creer que alguien así se fijara en ella, parecía el mejor sueño que había tenido en toda su vida.

 

Al día siguiente, cuando fue a la cita, su corazón latía fuertemente, pero luego la desilusión fue tan fuerte al saber que él nunca acudió. Era de esperarse, todo había sido una mentira como solía ocurrirle, seguramente una burla, una especie de broma de mal gusto, tal vez una apuesta; le había pasado tantas cosas malas

 

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que ya nada le impresionaba. Sacudió la cabeza para no dejarse llevar por esos pensamientos negativos que tanto la acosaban algunas veces.

 

-      ¡Tonta! Se dijo. ¿Hasta cuándo vas a pensar en esa tontería?

 

Ese fue su primer beso y nunca lo olvidaría porque había sido lo más lindo que le pasó hasta esa fecha y, de sólo recordarlo, le daba escalofríos. Pero era evidente que para él había sido un juego, algo sin importancia, ni trascendencia.

 

-      Bien, ¡ponte la bendita mascarilla y ya! Se dijo con molestia.

 

Hasta cuándo se iba a seguir haciendo daño recordando ese momento. Había pasado tres años y todavía le daba vueltas en la cabeza, pensando porqué no había ido, seguro lo imaginaba con alguna chica linda paseando; era obvio que entre ella y alguna de esas mujeres no había ni que pensarlo para saber que siempre escogería a alguien más, ya que ella sería la última opción que un chico escogería.

 

Se recogió el cabello con una liga y luego se colocó la mascarilla, se recostó en el diván y puso en su celular música de relajación, cerró los ojos y otra vez ese hermoso rostro vino a su mente, sobre todo por los increíbles ojos azules que se destacaban en su cara, la línea perfecta del perfil y el cabello negro intenso en contraste con la blanca piel suave y hermosa como la porcelana. Era increíblemente varonil y le trasmitía una extraña corriente eléctrica que nunca había sentido en toda su vida.

 

-      Andrew, Andrew, se repetía en su mente con esa voz profunda aun suave por la tierna edad.

 

Andrew, solo sabía su nombre, no tenía ninguna pista para buscarlo, pero igualmente lo había hecho incontables veces en el Facebook tratando de localizarlo, pero todas sus búsquedas habían sido infructuosas. Tal vez, estaba equivocada y su nombre no se escribía de esa manera o, peor aún, quizá él no se llamaba de esa manera, entonces jamás le encontraría. Para ella, ese beso representaba lo más importante que le había sucedido, pero tal vez

 

14

 

para él, solo había sido un momento, el impulso de hacer algo en un instante de emoción, es decir, nada, no representaba nada en su corazón, por eso no había acudido y por la misma razón no la buscó después para pedirle excusas, ni tratar de localizarla de ninguna forma.

 

Esperó como una tonta por un año, se imaginaba que él llegaba a la puerta de su casa con esa hermosa sonrisa y sus ojos celestes diciéndole “te encontré”, pero no era así, nunca pasó. Aparte de su nombre, solamente sabía que por su acento y manera de hablar no era francés, tenía un acento que no conocía ni sabía dónde atribuirlo. Esas dos variables eran insuficientes cuando de localizar a una persona en concreto se trataba, así que luego de ese lapso de tiempo, en el cual esperaba que él llegara, su esperanza se esfumó. Aunque lo buscó después incontables veces por las redes sociales, jamás lo hallaba, no tenía contacto con ninguno de sus conocidos, ni compañeros del colegio, era como buscar una aguja en un pajar.

 

 

Abrió los ojos molesta, por seguirse atormentando con ese pensamiento estúpido, ahora menos que nunca podría encontrarlo, no metida en ese lugar lejano, y si lo encontraba igual, qué podría pasar. Lo más probable es que se sintiera humillada nuevamente, pues descubriría que todo fue una gran burla de la vida y que él nunca le interesó realmente, ni pensó por un instante tener nada con ella. A veces era mejor dejar las cosas como estaban para no dañar los hermosos recuerdos con la dolorosa verdad.

 

-      ¡Ya tonta! Se dijo en voz alta, luego se colocó la mano sobre la boca, no quería que nadie la oyera diciendo esas cosas.

 

Isabella era una chica sumamente reservada, nadie sabía absolutamente acerca de sus sentimientos, por fuera parecía una persona hermética que no demostraba sus emociones, pues no quería ser débil y que otros se aprovecharan de ella. Así que, en consecuencia, se veía como una chica simplona y sin gracia, siempre estaba seria y no compartía con nadie, esto la aislaba aún más del entorno, haciéndola parecer taciturna y desagradable.

 

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Entonces, volvió a cerrar los ojos y trató con todas sus fuerzas de pensar en otra cosa, así comenzó a traer a su mente las fotografías que su tía Marcele le había mostrado, de cómo en ese maravilloso verano la había llevado hasta la Costa Azul para tomar las fotos a unas modelos de una campaña, y ella se divirtió mientras su tía le enseñaba el arte de la fotografía. Allí, en su estudio, aprendió a usar la cámara y buscar la luz. Su tía, hermanastra de su madre, la animó a estudiar fotografía, y ella con esa ilusión en su corazón se dedicó a hacer un taller al salir del colegio, escondida de su padre, al cual detestaba ese tipo de oficios no intelectuales, según sus propias palabras.

 

Allí, el profesor le enseñó todas las técnicas, y al ver su talento, la empleó medio tiempo como su ayudante. Por su parte, su madre sumamente disgustada aceptó a regañadientes, ya que como hija de un diplomático, era muy peligroso que se expusiera de esa forma, pero no tuvo corazón para decirle que no, así que la ayudó diciéndole a su padre que estaba haciendo un curso de idiomas para mejorar su francés. Y con esto obtuvo la aprobación, porque no había nada que le gustara más a su padre que lo francés, ya que era el epítome de la clase y elegancia.

 

Eleazar Valencia era un hombre que le gustaba escalar, había crecido en un hogar de clase media situado en el área metropolitana y trató de crecer socialmente escalando como pudo con uñas y dientes. Cuando se enroló en el golpe de estado, jamás pensó que con el tiempo, éste tendría las consecuencias que se generaron. Así con el visto bueno por su excelente gestión, comenzó a ascender en su carrera política y pronto subió de grados como la espuma, teniendo grandes alcances y obteniendo cada vez más puestos relevantes hasta llegar a Comisionado del embajador, puesto en el cual se desempeñó con éxito por varios años. Ahora era llamado a una plaza superior y se encontraba entusiasmado de demostrar todo su potencial y dejar en alto el nombre del proceso y sus ideales.

 

 

“Si vas a hacerlo, hazlo bien” ese era su lema. Él detestaba la mediocridad en todos sus ámbitos, por eso obligaba a su esposa a

 

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estar siempre de punta en blanco, ya que la esposa de un oficial debía demostrar clase y categoría, pues era un reflejo de sí mismo, de lo que él representaba como esposo. ¿Qué clase de hombre tendría una esposa desarreglada y mal vestida? Este sería alguien sin aspiraciones, con mal gusto y sin los recursos necesarios para suministrarle lo necesario a una mujer de categoría.

 

En las reuniones de la embajada, Isabel de Valencia era la mujer más hermosa y elegante, todo giraba a su alrededor por su gracia y simpatía; así, con su belleza serena y distinguida, destilaba clase y altura. Además, tenía a su favor el hecho de ser hijastra de un conocido escritor e intelectual francés y esto le añadía, a su parecer, un encanto mayor, ya que no había nada más elegante que una mujer francesa con un ascendiente intelectual como el de Fabián Cocteau. Él se sentía orgulloso de llevarla del brazo y sonreía cada vez que los hombres la miraban o cuando las mujeres cuchicheaban preguntándose qué hacía para verse siempre tan espectacular.

 

“¡Qué hermosa señora Isabel! ¿Cómo hace?, ¿qué vestido es?, ¡oh maravilloso!”, esas eran las frases típicas que desataban su presencia en cualquier lugar donde la hermosa mujer estuviera. Pero, por lo contrario, Isabella era otra cosa, no le gustaban las formalidades, detestaba los protocolos y etiquetas, así como sonreírle a los extraños. Afortunadamente, para ella casi nunca su presencia era requerida para este tipo de eventos.

 

No obstante, cuando pasaba, era una completa tortura para ella, pues debía sonreír y hablar con personas que siempre le preguntaban la misma tontería, muchas veces se preguntaba cómo estas personas que estaban capacitadas para dirigir un país y establecer relaciones, tenían tan poca imaginación como para siempre preguntar las mismas tonterías. “¿Cómo estás y qué estudias?” “¡qué bello es tu país!”, todos le decían lo mismo y ella asentía, aunque no lo conocía realmente y ni siquiera se recordaba de él.

 

-      Isabella ¿estás en el baño? Le dijo su mamá sacándola de sus pensamientos.

 

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-      Sí mamá, aquí estoy.

 

-      ¿Puedes salir un momento?

 

-      Sí, ya voy.

 

-      Bien hija, aquí te espero.

 

Ella tardó unos minutos en salir, mientras tanto, su mamá miraba examinando la habitación para verificar que tuviese las exigencias que ella había estipulado para la remodelación. Y sonrió porque se sentía satisfecha con los resultados que podía percibir.

 

-      Y bien mamá, dime.

 

-      No entiendo esa manera tuya. Tanto pagar a esa maestra de modales para que te comportes como cualquier chica sin clase.

 

-      ¿Para eso me llamaste? Me estoy haciendo una mascarilla, le dijo señalándose el rostro.

 

-      Me parece excelente, creo que es nuestro deber vernos bien.

 

-      ¿Para que mi padre se sienta a gusto y alabe su ego?

 

-      ¿Qué cosas dices?, tal parece que no quisieras a tu padre.

 

-      No es eso, sino que me exaspera su forma de ser, vive por complacer a todo el mundo, eso es una estupidez.

 

-      Isabella, no uses ese vocabulario, ¡respeta a tu padre!

 

-      Siempre lo respeto, pero él nunca lo hace conmigo.

 

-      ¿A qué te refieres?

 

-      Que siempre tengo que hacer todo escondido, siempre es lo mismo y eso me cansa. Me siento harta, con él todo es malo, a menos que sea algo que le guste, me molesta y perturba.

-      Él quiere lo mejor para ti.

 

-      Pero eso no quiere decir que lo que él piense sea realmente lo mejor para mí.

 

-      Mmm, también tienes razón, pero lo cierto es que tu padre está muy estresado hija, tiene muchas ocupaciones y con este nuevo cargo va a estar sumamente estresado.

 

-      ¿Aún más? Él vive estresado todo el tiempo.

 

-      Trata de entenderlo hija, él tiene grandes responsabilidades con el gobierno, eso no es un juego, de él depende mucha gente, cuando seas adulta lo entenderás.

 

-      Sí claro, ya me sé todo eso mamá ¿eso era lo que me querías decir?

 

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-      Ya va hija, ¿por qué siempre estás como a la defensiva conmigo?

 

-      Porque ustedes lo único que hacen es criticarme todo el tiempo, si soy mucho esto o lo otro, ¿cómo crees que me siento cuando dices algo como eso?

 

-      Pero todo lo que te digo es por tu bien hija, necesitas como… arreglarte más, deberías aprovechar esta ocasión para reinventarte, podemos ir de compras, buscarte ropa bonita para que estés más a tono con las chicas y así hagas más amigas.

 

-      Mmm, sabía que por ahí venía esta conversación, no quiero hacer amigas por algo tan tonto como una apariencia física mamá, me parece estúpido, allá tenía amigas verdaderas que me querían por quien soy, no por cómo me veo, eso me parece muy tonto.

 

-      Pero puedes ser ambas cosas hija; ser inteligente y especial, además de estar arreglada y verte bonita con excelente gusto, eso te ayudaría mucho en la vida, por más que lo niegues, la apariencia física es muy importante.

-      Ajá, sí lo sé, pero no me interesa.

 

-      ¿Por qué te condenas al ostracismo?

 

-      Por qué sé lo que significa y todas esas tontas no lo saben. Solo hablan de tonterías, novios y artistas, ¿para qué querría tener compañías como esas?

 

-      Porque es necesario que te relaciones y dejes de pasar tu vida encerrada. Hija eres joven, necesitas salir, hablar con otros, conversar de cosas de tu edad. Mira esto, todos estos libros, por Dios, podrías pasar por un erudito anciano y no una chica de tu edad. Kant, Schopenhauer, Kierkegaard, ¿qué es todo eso?

 

-      Se llama filosofía y me gusta, se llama leer y cultivar el intelecto, estudiar y llenar tu mente de textos nutridos y llenos de sabiduría.

 

-      Mmm entiendo hija, eso está muy bien, pero mírate, debes acoplar toda esa intelectualidad y sapiencia con el exterior, ¿de qué sirve saber tantas cosas si cuando la gente te ve no calzas ni cuadras con esos conocimientos? Tú misma formas una

 

 

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barrera entre tú y los demás, y te sirve para protegerte, pero también los alejas.

-      Ok madre.

 

-      ¿Podrías darle importancia a lo que te digo aunque sea por una vez en tu vida?

 

-      Sí mamá, te escucho, pero me niego a plegarme a este estúpido sistema; no lo entiendes, las mujeres estamos supeditadas a ser unos objetos, unos objetos estéticos, estamos en un sistema que nos orilla a eso, haciéndonos perder de nuestra esencia, es parte de la cultura patriarcal, es un sistema opresor que permite que las mujeres estén ocupadas en esas tonterías, mientras los hombres se dedican a las cosas verdaderamente importantes, como mi padre.

 

-      ¡Por Dios! Ni hablar, ya estoy cansada de esto, yo cumplo con darte mis consejos, pero tú eres insufrible, sé cómo podrías salir de ese caparazón, pero la única que puede hacerlo eres tú misma, sólo espero que un día no te despiertes pensando que desperdiciaste los mejores años de tu vida luchando contra algo que ni tú misma sabes qué es.

-      Sí, sé que es. Tú eres la que está ciega.

 

-      Bien, trata de arreglarte mañana, aunque sea un poco. Ponte un poco de maquillaje, unos zarcillos, no lo sé, péinate bonito, tienes un cabello precioso.

 

-      Ok está bien, te haré caso solamente por complacerte.

 

-      Bien, me gusta oírlo, aunque sea por complacerme como dices, pero ya verás que si lo haces, recibirás buenas opiniones e, incluso, las personas cambian contigo.

 

-      Veremos.

 

-      ¿Quieres apostar?

 

-      ¿Isabel de Valencia apostando? No pensé que ese día llegara.

 

-      Jajajajaja, si es por desmentir tus hipótesis, lo haré.

 

-      Mmm bien. Vale, está bien y le ofreció el dedo meñique como señal de su pacto.

 

-      Jajajajaja, me haces recordar cuando estabas pequeña.

 

-      Bien, entonces ¿apostamos a que no pasa nada?

 

-      Apostamos, pero me tienes que dejar arreglarte, personalmente me encargaré.

 

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-      Señora esposa del Ministro, ¿usted tiene tiempo para esas nimiedades?

 

-      Por mi hija, claro que sí.

 

-      Bien mamá, trato hecho.

 

-      Trato hecho, dame ese meñique jajajajaa.

 

Ambas estrecharon la mano y se miraron con cara de reto, en ese momento pensaban que tenían la razón, pero solamente al siguiente día sabrían la respuesta.

 

-      Bien hija, te dejo para que sigas con tu tratamiento de belleza, te recomiendo las sales del mar muerto, las mandé a poner en tu repisa, son buenísimas para realizar una buena exfoliación en todo tu cuerpo.

-      Bien, jajaja. Lo tendré en cuenta mamá.

 

-      Hazme caso, eso hace una gran diferencia en la belleza de tu piel, además, cuando tengas que ponerte traje de baño, me lo agradecerás, te lo prometo.

 

Esa noche Isabella estuvo un buen rato dando vueltas en la cama, recordando al chico de la playa, no podía sencillamente sacarse esa imagen de su cabeza, era la única ilusión que había embargado su corazón, pero ahora debía enfocar su vida en otras cosas. Este era un nuevo comienzo y le probaría a su mamá lo equivocada que estaba el pensar que, con un simple maquillaje, las cosas podrían cambiar para ella.

 

Soñó que estaba en una playa inmensa, el mar estaba precioso y hacía un día cálido, el sol calentaba su cuerpo y el intenso azul turquesa parecía de ensueño y, a su vez, refleja destellos multicolores en su superficie, lo cual le sorprendió grandemente por el hermoso efecto que lograba. Entonces, una figura avanzó hasta ella, era él, pero no podía percibir su rostro con claridad, porque estaba envuelto en una especie de bruma que le hacía lucir difuminado y disperso.

 

-      Andrew, dijo.

 

Pero él no le respondió, solamente se quedó observándole en silencio, entonces ella se acercó para verle mejor y justo cuando

 

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estaba a punto de darle un beso, sintió una fuerte sacudida, cuando de repente se despertó.

 

-      Señorita, es hora de despertarse, ya son las 6:00 a.m.

 

-      ¡Oh cielos Camille! Estaba soñando.

 

-      ¿Algo bueno señorita?

 

-      Sí, pero lo dañaste.

 

-      Jajajaja, señorita lo siento, es que ya son las seis, su mamá me dijo que debía despertarla a esa hora.

 

-      ¿Y qué rayos tengo que hacer despierta a las seis si entro en el colegio a las nueve?

 

-      Pues, eso me dijo, así que es bueno que se bañe. Yo iré alistando su ropa.

 

-      Bien, quiero desayunar aquí.

 

-      Su padre quería que desayunara en el comedor.

 

-      Noooo, qué aburrido. Tráeme el desayuno aquí, por favor.

 

-      Oh, no lo sé señorita, tendría que decirle a su mamá.

 

-      Bien, voy a bañarme mientras te encargas de eso.

 

Camille alistó toda la ropa del uniforme y luego bajó a verificar lo del desayuno, entonces, su padre le dio órdenes expresas que debía bajar al comedor apenas estuviera lista. Mientras tanto, Isabella se daba una ducha y se aplicó el famoso exfoliador de sales del mar muerto que le dijo su madre, debía complacerla en todo para poder comprobarle con veracidad lo equivocada que estaba en la vida al darle tanta importancia a la apariencia física.

 

Luego se lavó el cabello y se dio cuenta que lo tenía más largo, era increíblemente tedioso peinarse, pero su madre le gustaba el cabello largo y así debía llevarlo, de lo contrario, lo habrá llevado corto que era mucho más práctico. Salió y se colocó una bata de felpa, entonces se volvió a mirar al espejo. Uff, definitivamente su mamá iba a fracasar estrepitosamente, ese día había amanecido con unas ojeras terribles producto del trasnocho de la noche anterior, pues estuvo media noche dando vueltas en la cama por la ansiedad del día siguiente.

 

-      Ufff jajajajaja veremos quién gana.

 

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Se aplicó crema humectante y serum en el rostro, se soltó el cabello el cual llevaba envuelto con una toalla y procedió a secarlo, cosa que detestaba por lo tedioso que le parecía, pero no le quedaba de otra, cuando terminó de hacerlo, su cabello se veía increíblemente liso, hermoso, brillante, sano y de un tono rubio cenizo precioso.

 

Entonces, salió del baño y Camille la estaba esperando con la mala noticia, su padre le exigía bajar a desayunar.

 

-      Definitivamente, está decidido a amargarme la existencia hasta el final.

 

-      Jajajaja, no se moleste señorita, haga lo que él le dice, después usted puede hacer lo que quiera.

 

-      ¿Qué más quisiera yo? Desearía tener 18 para hacer lo que me venga en gana.

 

-      Jajajajaja yo también pensaba eso señorita, pero las cosas nunca resultan ser así a menos que usted se mantenga sola con su propio dinero.

 

-      Bien, entonces eso haré, me conseguiré un buen empleo y ya verás que haré lo que me dé la gana.

 

-      Jajajajaja, le deseo suerte con eso.

 

En eso entró su madre con otra mujer que le sonreía y la observaba como si fuese un fenómeno de circo.

 

-      Buenos días mi pequeña, te presento a Mariam, ella es una excelente estilista y te va a arreglar esta mañana.

 

-      Mmm, ¿así que tuviste que traer una estilista?, ¿no lo puedes hacer tú misma?

 

-      Saluda hija. Tus modales, tus modales.

 

-      ¿Cómo está señora?

 

-      ¡Qué jovencita tan preciosa! Nadie me dijo que sería tan bella, esto va a ser un trabajo muy sencillo señora.

 

-      Ya lo creo, dijo su madre sonriendo de gusto y realmente emocionada. Pero tenemos hasta las ocho y media para lograrlo.

 

-      Será hasta las ocho, papá quiere que baje a desayunar.

 

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-      Mmm nada de eso, le diré que esto es una causa mayor. Ahora mismo bajo y hablo con él.

 

-      Si es que puedes convencerlo.

 

-      Te aseguro que así será.

 

-      Bien, comencemos, dijo la estilista.

 

-      Bien, haga lo que quiera.

 

-      ¿No tienes nada en mente?

 

-      No, esto es una apuesta con mi mamá y quiero que no tenga excusas cuando gane, dijo levantando la voz para enfatizar su punto.

 

-      Jajajajaja, ¿cuándo te irás a sacar ese sarcasmo de encima? Dijo torciéndole los ojos.

 

-      Más clase. Por favor señora esposa del Ministro.

 

-      Compórtate Isabella, estás delante de la señora Mariam, ten un poco de sutileza, por favor.

 

-      Bien, como quieras.

 

Camille trataba de disimular la risa que le daba la actitud entre la madre y la hija, las cuales parecían dos pequeñas peleando.

 

-      Bueno, creo que aquí se podrían cortar algunas capas para darle un poco más de volumen.

 

-      Perfecto, eso mismo había pensado.

 

-      Y aquí, por ejemplo, sé que hoy no porque no daría tiempo; pero se le pueden colocar más luces y raíces oscuras para darle un aspecto más moderno y generar más volumen también.

-      Usted es muy conocedora señora, esa idea es muy buena.

 

-      Un momento, me rindo por este día, pero nadie habló nada de luces, ni nada de eso.

 

-      Jajajaja, cuando gane mi apuesta tendrás que hacerte lo que te diga.

 

-      Perfecto, lo último que necesitaba, que me siguieran mandando en la vida, por favor, estás peor que el general Valencia.

 

-      ¡Oh por Dios! Eres tan dramática, por un simple color de cabello haces una pataleta.

 

-      Bien, haz lo que quieras, mejor, así cuando te des cuenta de que yo tengo la razón, no podrás esgrimirme ningún argumento.

 

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-      Ya verás lo equivocada que estás y la miró fijamente como cuando retas a alguien.

 

-      A ver, quítate esto.

 

-      ¿Qué? No mamá, sin lentes no voy a ver nada.

 

-      Claro que vas a ver, para eso traje estos, le dijo mostrándole unos lentes de contacto.

 

-      Sabes que detesto los lentes de contacto.

 

-      Pero los usarás, porque así te verás más linda que con esas horribles gafas que ocultan tu atractivo más hermoso que son tus bellos ojos.

 

-      Ay mamá, no te pases.

 

-      Dijiste que ibas a hacer todo lo que yo te dijera ¿ok? Entonces te pondrás los lentes.

 

-      Bien, dijo cruzándose de brazos.

 

La estilista comenzó a trabajar y luego de hacerle un hermoso arreglo al frente con el cabello, dejó toda la parte de atrás suelta, la maquilló desapareciendo las terribles ojeras que se habían formado por la noche de desvelo. Le arregló las cejas y cuando terminó, su madre y ella la contemplaron, así como Camille y se quedaron pasmadas.

 

-      ¡Vaya! Excelente trabajo Mariam. Quedó estupenda.

 

-      Hija, quedaste maravillosa, definitivamente perderás esa apuesta.

 

-      Lo veremos.

 

-      Mírate.

 

-      No, no quiero verme, simplemente iré así y por las reacciones sabré lo que pasa.

 

-      Pero…

 

-      Nada.

 

-      Tienes que verte para colocarte los lentes.

 

-      Sí, pero sólo veré los ojos, no miraré nada más.

 

-      ¡Oh por Dios! Eres tan caprichosa, ¿qué voy a hacer contigo?, ¿cuándo te portarás como una chica de tu edad?

 

-      Ya verás que gano yo.

 

 

 

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Capítulo 2

 

 

La limosina la llevó hasta el Colegio Sagrado Corazón, donde debería pasar los próximos dos años estudiando. La construcción era increíblemente hermosa y los jardines exteriores de una belleza magnificente, ella se impresionó porque parecían estar en algún lugar de Europa y no en Caracas. Cuando el auto se estacionó enfrente, ella sintió un fuerte golpeteo en su corazón, tenía los nervios a flor de piel, no sabía lo que encontraría en ese lugar, pero lo más probable es que fuese más de lo mismo que siempre sucedía con ella, así que se encontraba preparada psicológicamente y resignada a su triste destino.

 

-      Bien señorita, ya llegamos.

 

-      Sí, ya me di cuenta señor Luis.

 

-      Vamos, no tiene que decirme así, me puede llamar simplemente Luis, así, a secas.

 

-      No es educado tratar a una persona mayor de esa manera.

 

-      No soy tan viejo señorita, sólo tengo 50 años.

 

Ella lo miró de arriba abajo con gesto sarcástico, pues obviamente, desde su perspectiva, un hombre de 50 años era prácticamente un anciano. Así que él se dio cuenta y comenzó a reír a carcajadas.

 

-      Disculpe Luis, le diré como usted quiera.

 

-      Entonces ¿va a bajar señorita o nos quedaremos aquí todo el día?

 

-      Sí, claro que voy a bajar, solo estoy...

 

-      ¿Respirando profundo?

 

-      Eh no, mirando el lugar, es…bonito.

 

-      Señorita, usted es una chica especial, no tenga miedo de esas personas, no tienen nada que enseñarle, usted ha estado en

 

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Francia por Dios, vivía allá después de eso, vivir en ese lugar maravilloso, no hay nada que alguien allí dentro deba decirle.

-      No tengo idea porqué me dices todo esto.

 

-      Jajajaja, bien. Supongo que soy un viejo loco que comienza a hablar incoherencias.

 

-      Sí, eso creo, sólo estoy apreciando el estilo arquitectónico.

 

-      Por supuesto.

 

Entonces ella lo miró con agradecimiento y volvió a ver el edificio.

 

-      Gracias Luis, le dijo sonriente.

 

-      De nada señorita, todo va a salir bien.

 

-      Eso espero.

 

Ella avanzó nerviosa por la calzada, algunos muchachos comenzaron a observarla con curiosidad. Mientras ella los miraba de soslayo, apretó más las tiras de su morral, sentía que los latidos le llegaban a la boca. Entró por el gran portón y entonces se asustó al ver tantas personas al saber que todos se quedaron mirándola, era un rostro fresco y diferente, por eso decidió caminar con seguridad. Sintió cómo algunos chicos la miraban y comenzaron a cuchichear, ella se puso nerviosa, entonces se movió lentamente hacia un lado y vio un letrero que decía “baño”.

 

Se precipitó hacia esa puerta y al pasar frente al espejo se detuvo en seco, allí, frente a ella, estaba una hermosa chica rubia que la miraba con ojos asombrados, grandes e increíblemente hermosos.

 

-      ¡Rayos! Dijo.

 

Su madre tenía razón, se veía muy hermosa, no podía creerlo, era ella, tenía una especie de brillo especial. El maquillaje sí funcionaba y el cabello se le veía muy lindo con ese peinado de trenzas recogidas hacia atrás y la mitad del cabello suelto. Se quedó con la boca abierta mirándose un rato, luego de lo cual una de las puertas de los cubículos sonó y ella volteó intempestivamente.

 

-      Ese lenguaje no es aceptable en el Sagrado Corazón.

 

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-      Mmm.

 

-      Hola mi nombre es Alicia, le dijo ofreciéndole la mano.

 

Ella se la estrechó y le sonrió, Alicia mostraba la apariencia de una chica rebelde, tenía un tatuaje en el brazo derecho, el cual se tapaba con el pulóver del colegio. Su cabello negro intenso tenía matices azulados y su cara demostraba mucha seguridad y un tanto de rudeza.

 

-      Y bien, ¿tú no tienes nombre?

 

-      ¡Oh disculpa! Mi nombre es Isabella.

 

-      Isabella, bien y veo que vas a ¿primer año?

 

-      Sí, así es.

 

-      Bien y ¿en qué sección estás?

 

-      Mmm, aquí dice que en la B.

 

-      Oh bien, estás de suerte. Yo voy a esa, ven conmigo, te llevo hasta allá.

 

-      ¿En serio? Genial.

 

-      Vamos chica cara de susto.

 

-      ¿Cara de susto?

 

-      Jajaja sí. Estás tan pálida como un papel.

 

-      Ese es mi color natural.

 

-      ¡Oh cielos! Entonces necesitas urgentemente algo de sol en esa piel niña.

 

-      ¿En serio? ¿Tan mal estoy?

 

-      Jajajajaja, ¿todavía lo preguntas? ¡Vaya niña! ¿En qué planeta vives y de dónde vienes?

 

-      De Francia.

 

-      Jajajajaja, es una expresión, cielos.

 

-      ¡Oh lo siento! No estoy al tanto de esos modismos.

 

-      Creo que es mejor que no hables, solo déjame mostrarte cómo son las cosas aquí ¿sí? No hables.

 

-      Ok, está bien.

 

-      Bueno. Ahora sí vamos, ven conmigo.

 

-      Ok.

 

La siguió y subieron las escaleras, fueron como cuatro pisos y cuando llegó arriba, estaba jadeando, el lugar era inmenso, gracias

 

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a Alicia podía llegar hasta ahí, de lo contrario estaría perdida. El salón era muy grande, de tipo inclinado, al fondo estaba situada una gran pantalla de proyección, parecía salido de la película La Sonrisa de Mona Lisa, ella sonrió porque aunque estaba acostumbrada a ese tipo de espacios, este le pareció encantador por el estilo más bien vintage que poseía.

 

-      Bueno, este es el lugar, ahora esperemos que lleguen los niños.

 

-      ¿Los niños?

 

-      Sí, los que deberían comportarse como chicos grandes, pero todavía lo hacen como niños de la escuela.

 

-      Ok, entiendo.

 

-      Sí, pero tú eres diferente, pareces más madura.

 

-      Gracias jajajaja.

 

-      ¿Y entonces vienes de Francia?

 

-      Así es.

 

-      ¿Y cómo caíste aquí?

 

-      Pues, mi padre fue trasladado para acá.

 

-      ¡Ohhh bien! Bueno, aquí tendrás mejor clima. En París llueve muchísimo, aquí es más cálido, te irá mejor.

 

-      La verdad extraño estar allá.

 

-      Ya se te pasará jajajaja. Aquí hay muchas cosas interesantes que ver, los paisajes y cosas, que no son los paisajes precisamente.

 

-      ¿A qué te refieres?

 

-      Hombres amor, hombres.

 

-      Ahhhh ya entiendo jajaja.

 

-      Sí, tengo que darte unas lecciones para que actualices tu vocabulario, es terrible.

 

-      Oh sí por favor jajajaja.

 

-      Bien, mira quién viene allí.

 

-      ¿Quién?

 

-      El grupo de las chicas populares, ¿te has dado cuenta que siempre hay unas así en todos lados?, son como una plaga universal.

 

-      Sí es cierto jajajaja. Eres muy graciosa.

 

-      Buenas. Dijeron ellas con un tono displicente.

 

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-      Buenas, contestó Isabella.

 

Entonces una chica de cabello castaño muy hermosa se acercó a ella y se le quedó mirando y luego le dijo:

 

-      ¿Y tú quién eres?

 

-      ¡Oh Sara! Tú y tus malos modales. ¿Desde cuándo una chica fina y con clase como tú se le acerca a la gente para preguntarle cosas de esa forma?

 

-      Tú cállate, nadie está hablando contigo.

 

-      Hola, mi nombre es Isabella.

 

-      Mmm, ¿así que eres nueva eh? A mitad de año… buena suerte con eso.

 

-      Gracias.

 

Las otras chicas comenzaron a reír porque, obviamente, no había entendido el contenido sarcástico presente en esa frase. Sara se le quedó mirando con detenimiento y entonces rompió a reír al ver que ella todavía no captaba el significado de la frase.

 

-      Jajajaja me encantas. ¿Ni siquiera sabes lo que te estoy diciendo verdad?

 

-      Así parece, le contestó Isabella.

 

-      Jajajaja. Bien chicas, me gusta, es linda y nunca hemos tenido una rubia ¿qué dicen ustedes?

 

Ellas se quedaron mirando, como analizando la intención de Sara, entonces asintieron con la cabeza, mientras Sara le extendió la mano a Isabella invitándola a sentarse con ellas.

 

-      Aquí estoy bien, pero gracias.

 

-      Es una invitación exclusiva.

 

-      ¡Ja! Sí, exclusiva, por favor.

 

-      Tú no te metas.

 

-      Gracias, lo que pasa es que aquí me siento bien. Ves, hace mucha luz y es muy agradable.

 

-      Mmm ¿qué? ¿Nunca habías visto luz o qué?

 

 

 

 

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-      Es que en París, no sé cómo explicarlo. El sol es más suave, en cambio aquí es potente y agradable, me genera una sensación cálida y agradable.

 

Sara abrió los ojos como platos al escucharla hablar. Acto seguido, se sentó rápidamente a su lado y se inclinó hacia ella emocionada. Isabella se extrañó de su reacción, su cara había cambiado y ahora parecía que cobraba vida.

 

-      ¿Vienes de París? Cuéntame.

 

-      Sí, vivía allá.

 

-      ¿En serio? ¡Guao! Yo siempre he querido vivir allí. Claro que he ido, obvio, pero nunca he vivido allá. Cuéntamelo todo.

 

-      Como ¿qué?

 

-      Lo que quieras, ¿a quién has conocido?, artistas, no lo sé, cualquier cosa interesante.

 

-      Bueno, la última vez que fui al Museo del Louvre, había una exposición de arte abstracto increíble, los mejores maestros del expresionismo abstracto, no te podrías imaginar…

 

-      Isabella, lo que su cerebro hueco quiere decir, interrumpió Alicia, cuando habla de artistas es a Lady Gaga, modelos, actores de Hollywood, a eso específicamente. No creo que quiera saber nada de expresionismo abstracto.

 

-      Mmm, primero que todo, respeta loca. Luego aumenta la dosis de los tranquilizantes, pero en todo caso, si quiero. Sabes, si viste a alguna modelo o alguien así cool, ¿me entiendes?

 

-      Eh sí, vi una vez a varias modelos mientras estaba en un centro comercial, hacían una campaña y según me dijo una compañera son modelos famosas.

 

-      Bien, dime a quien, decía rebullendo en su asiento, mientras Isabella no podía entender el porqué de tanta emoción.

 

-      Genial, ¡cool! tienes que contármelo todo, le dijo tocándole el brazo, en cuanto salgamos de clases, tenemos que conversar tú y yo.

 

-      Bien, ok.

 

-      Bueno, entonces se levantó y volvió a su asiento, mientras las otras cuchicheaban con ella.

 

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Alicia la miró y entornó los ojos mientras Isabella le sonreía; ese tipo de actitudes le parecían tan infantiles, pero ahora no podía darse el lujo de rechazar a nadie, necesitaba contar con cualquier aliado que pudiera. Pero lo que le llamó la atención, es que era la primera vez que alguien la trataba de esa forma como si ella fuese alguien interesante.

 

En ese momento comenzaron a llegar sus compañeros, muchos de ellos la miraban impresionados, sentía que sus rostros tenían una expresión muy diferente, parecían incluso, verla con admiración, estaba muy extrañada.

 

-      Buenos días, dijo la profesora, ¿cómo están mis chicos hoy?

 

-      Bien, dijeron todos a coro.

 

-      Ok, ok. ¿Están listos para el examen sorpresa?

 

-      ¿Qué? Dijeron algunas con cara de pavor.

 

-      Es broma, tranquilos, tranquilos jajajaja. Haremos un taller en grupo, ya no se infarten.

 

La profesora Ericka Ramírez era una mujer de unos 36 años, alta y delgada, con el cabello rizado de un tono castaño rojizo; vestía un poco desenfadada para el ambiente en el que estaba y se notaba que era una mujer descomplicada; le gustaba bromear con sus estudiantes e incentivarlos a trabajar en un ambiente más informal. Así que se quitó el pulóver que cargaba y empezó a organizar los materiales en su escritorio. Era la asignatura Historia del Arte, Isabella estaba tranquila porque había visto esa materia antes y siempre le había ido muy bien.

 

-      Bueno, primero lo primero. Seguro muchos se preguntarán quién es esa linda rubia que está sentada en mi pupitre de enfrente ¿estaré soñando? ¿Mis sueños se hicieron realidad? Jajajaja. Sí o no, no lo sé, lo cierto es que, por favor Isabella, pasa adelante.

-      ¡Oh rayos! Pensó Isabella, era justo lo que no quería.

 

-      Sí, sé que estás pensando que esta profesora me hace pasar aquí, justo lo que no quería jajaja. Pero es necesario que tus compañeros te conozcan, además, te ves muy linda con ese peinado, ¿qué mejor oportunidad de lucirlo no?

 

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-      ¡Oh cielos! Miró a Alicia que le hizo una señal de aprobación con el dedo pulgar, por lo que avanzó lentamente y con resignación.

 

-      Vamos Isabella, pasa adelante, ven niña.

 

-      Bien, mi nombre es Isabella Valencia, tengo 16 años y, bueno, llegué ayer a Caracas, así que estoy un tanto descolocada, acepto cualquier ayuda.

 

-      Yo te pudo ayudar amor, dijo un chico muy guapo que estaba en la última fila.

 

-      Jajajaja. Rieron todos los chicos.

 

-      Gracias Sebastián, ¡qué amable de tu parte ser tan caballero! Le dijo la profesora riendo.

 

-      ¡Yo también la quiero ayudar! Dijo otro chico de la fila de adelante.

 

-      Bien, Isabella aquí vas a tener mucha ayuda, ¡qué afortunada!

 

-      Bien, agradezco mucho, y bueno, tengo muchas expectativas de estudiar aquí. Cuando llegué me pareció un lugar muy lindo, gracias por recibirme.

 

-      Bueno Isabella, gracias por presentarte, se te olvidó decir que vienes de Francia. Chicos, Isabella viene de París. ¿Genial no? ¡Muy cool!, como dicen ustedes.

 

-      Sí, dijo una de las amigas de Sara, emocionada hasta la hiperventilación.

 

-      Podrán hablar con ella muchas cosas de moda, así que adelante. Muy bien Isabella, gracias, ya puedes sentarte.

 

-      Gracias profesora.

 

Mientras caminaba hacia su asiento, sintió que la miraban, pero esta vez era algo positivo, no era la misma sensación de temor; el mismo frío negativo que la había invadido en el pasado, esto era completamente diferente. Aun así, se sentía muy nerviosa; al sentarse, la profesora comenzó con la clase.

 

-      Bien chicos, vamos a hacer los equipos. Comencemos con Isabella, tú estarás con Sara, Carla, Mariela y Daniela.

 

-      Ok, dijo ella levantándose y mirando a Alicia, que era con quien quería trabajar.

 

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-      ¡Hi chica! Ven siéntate con nosotras, le dijo Sara, sacándole una silla.

 

-      Bien, gracias.

 

Las otras muchachas la observaban y evaluaban con detenimiento, veían su ropa y apariencia con detenimiento. Eso la hacía sentir terriblemente incómoda, pero respiró profundo y se metalizó que debía aguantarlo por su propio bien.

 

-      Bien chicos, les voy a entregar este material, realizarán un análisis, luego me entregarán un informe del mismo. Vamos a comenzar, dijo repartiendo los escritos entre todos los grupos.

-      Tomen chicas, espero les vaya bien.

 

-      Gracias profesora, le dijo Sara y luego entornó los ojos cuando esta dio la espalda.

 

-      Jajajajaja, rieron las otras, pero a Isabella le pareció muy inmadura su actitud.

 

-      Bien, aquí dice que es estilo Rococó.

 

-      Bien pásamelo dijo Isabella, he visto ese tema antes.

 

-      Cierto, a ver revísalo.

 

-      Mmm ajám… a ver, bien, bien.

 

-      Y entonces ¿vamos a realizar el trabajo o qué? Dijo Daniela.

 

-      Sí, claro. Hagamos lo siguiente, dijo Isabella, yo tomaré este punto y ustedes se pueden repartir estos. Cada una hace una parte y luego juntamos la información.

 

-      Ok, pero tenemos una sola guía, ¿cómo hacemos?

 

-      ¡Oh por favor Carla! Tómale fotos con tu celular, le dijo. Mira cómo lo está haciendo Isabella, ¡cielos qué falta de imaginación la tuya!

 

Luego todas decidieron trabajar de esa manera, menos Sara, quien se quedó con la guía original, entonces empezaron a hacer el trabajo como les había indicado Isabella. Estaba acostumbrada a dirigir, aunque socialmente no era muy exitosa, cuando se trataba de cosas académicas, podía tomar la iniciativa, porque era organizada, metódica y sabía cómo dirigir a otras personas para lograr un objetivo en común. Su mente poseía una gran claridad cuando se trataba de generar textos y estructuras de conocimiento.

 

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Su mano volaba sobre el papel, mientras las otras chicas se miraban y releían el texto, poniendo cara de confusión, Sara trataba de enfocarse y escribir algunas ideas, pero no con mucho éxito. Al cabo de unos minutos, Isabella ya tenía el suyo listo, entonces las miró y las demás la observaban con estupor.

 

-      ¿Y bien? ¿Están listas? Les dijo.

 

-      No, no podemos ser tan rápidas como tú.

 

-      Ok, bueno, las espero entonces, dijo volviendo a releer el texto.

 

-      Pero, creo que es mejor si nos ayudas a hacerlo.

 

-      Bien, dime qué es lo que no entiendes.

 

-      Jajajaja la verdad no entiendo nada.

 

-      Jajaja ok bien, léelo.

 

Entonces, una a una fueron leyendo el texto mientras Isabella se los iba explicando con facilidad y ellas copiaban; la profesora no perdió detalle y sonreía al ver la actitud de liderazgo que mostraba Isabella y la seguridad con la cual dirigía el equipo. Por esa misma razón la había colocado con ellas, porque eran unas chicas más bien descuidadas en los estudios, y al ver su calificaciones y observaciones, se dio cuenta que era una excelente estudiante y que podría ayudarlas.

 

-      Bueno, ya está, dijo sonriendo y grapando las páginas.

 

-      ¡Oh qué bien! Ahora conversemos nosotras, mientras los demás terminan.

 

-      Ok, bien.

 

-      ¿Dónde vivías allá en París?

 

-      En la Embajada de Francia.

 

-      ¿En serio? ¿Dónde queda eso?

 

-      En la 11 Rue Copernic.

 

Todas se quedaron maravilladas al oírla hablar en francés y Sara sintió un dejo de envidia, pero una chica francesa le daba encanto a su equipo, así que se tragó su orgullo.

 

-      ¿Y tu padre trabajaba allí entonces?

 

-      Sí, mi padre era… cómo decirte… era el asistente del embajador, como su suplente por decirlo así.

 

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-      ¡Genial! ¿Y eso es tan glamuroso como dicen?

 

-      Sí, eh… había muchas fiestas elegantes para recibir personajes de la política y cosas así, pero no pienses que es divertido, porque en realidad es muy fastidioso.

 

-      ¿Cómo puedes decir eso? ¿Qué puede haber más encantador que una fiesta de gala?

 

-      Bueno, para mí muchas cosas, y sí, asistí a algunas que eran menos aburridas, pero siempre es lo mismo, no creas que es algo espectacular.

 

-      ¡Oh! Porque estás acostumbrada a ellas cariño. Me gustaría ir a una de esas fiestas y conocer a mucha gente importante.

 

-      ¿Y qué más hacías allá en París?

 

-      Estudiaba fotografía, paseaba con mis amigas por los centros comerciales y tiendas, íbamos al campo, a la playa, de viajes y excursiones, varias cosas.

 

-      Suena muy divertido, ¿me imagino que te habrá parecido sumamente fastidioso tener que venir aquí, luego de estar en ese lugar tan glamoroso?

 

-      Jajajaj algo así, se vuelve muy natural cuando vives allá, y bueno, digamos que el clima muchas veces es bastante malo; en cambio, ustedes aquí tienen un sol delicioso. Yo estoy muy blanca, me haría bien un poco de sol caraqueño.

 

-      ¡Oh bien! Te invito a mi casa, haré una piscina fantástica, irán los más populares del colegio y allí te puedes asolear todo lo que quieras.

-      ¿En serio? ¿Me vas a invitar a tu casa?

 

-      Sí claro, este fin de semana. Ya verás que es muy divertido y así podremos lucir nuestra ropa. Traje un bikini de Miami que es una belleza y no me lo he estrenado.

 

-      Está bien, dijo ella con una sonrisa.

 

-      Bueno, bueno, ahora llegó el momento de hablar de los chicos más lindos del colegio, dijo Sara tratando de dominar la conversación.

 

-      Jajajaja, ese es mi momento favorito, dijo Carla.

 

-      Ni lo digas.

 

-      Bueno, el año pasado estuve con Mario, pero ahora tengo a alguien más en mente.

 

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-      ¿A quién?, ¿a quién? Le preguntó Mariela.

 

-      Mmm hay que evolucionar chicas, aspirar a más siempre, ya se los he dicho.

 

-      Pero di ¿quién es? Me va a dar algo aquí.

 

-      Sólo les diré dos palabras: Abel Ricard.

 

-      No puede ser, cielos ¿Abe Ricard?

 

-      Sí, lo viste este año, se ve más súper sexy que nunca, ¡por Dios! Ese hombre no deja de verse cada vez mejor, tiene que ser mío.

 

-      Puedes contar con nosotras para lo que sea, les dijeron sus amigas.

 

-      Bueno Isabella, tú no lo conoces, pero cuando lo veas nos darás toda la razón.

 

-      Bien, me imagino que sí.

 

-      Así que tú, le dijo a Carla, tienes que encargarte de invitarlo a esa piscinada, es del todo obligatorio que lo hagas, ya me compré un bikini súper sexy para ese día así que… ufff ese chico no sabe lo que le espera, rojo, provocador, ya verán.

-      Pero, ¿terminó con Eva Schell?

 

-      Uff sí. Eva ya es historia y aunque no lo fuese, ante mí no tiene nada que buscar.

 

-      Eso te iba a decir amiga, este año te ves más hermosa, él no podrá resistirse jajajaja.

 

-      Y cuando me vea con ese traje de baño, menos.

 

-      ¿Y tú?, ¿qué traje de baño te pondrás?, dijo interpelando a Isabella.

 

-      Pues, no sé, tengo que revisar.

 

-      ¿Tienes que revisar? ¡Oh por Dios!, ¿cuándo se ha visto que vayas a una piscinada así? Niña, debes saber exactamente todo el look que usarás, es un conjunto; el bikini debe combinar con los lentes, la toalla, el pareo, cielos.

-      No lo sabía, es que...

 

-      ¡Oh Dios! ¿Qué le enseñan a las chicas en Francia? ¡Eso es terrible, necesitas ayuda urgente!

 

-      ¿Qué vas a hacer esta tarde? Le dijo Sara.

 

-      Tengo lecciones de inglés.

 

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-      ¡Oh cielos! ¿Así que eres de esas chicas que todo el tiempo se la pasan estudiando?

 

-      No propiamente, pero me interesa perfeccionar mi acento para hablar mejor ese idioma.

 

-      Eres muy dedicada, ¿tienes novio?

 

-      No, ahora no tengo, dijo ella tratando de no sonrojarse.

 

-      Por eso no tienes novio cariño, le dijo Sara. Le dedicas mucho tiempo a esas cosas y poco a buscar uno.

 

-      Supongo que llegará con el tiempo.

 

-      Jajajajaja, los novios no “llegan” cariño, hay que buscarlos y el sábado verás a lo que me refiero con ese término jajajaja.

 

-      Bien, como digas.

 

-      Ok, bueno ¿cómo estás con Manuel?

 

-      Terminamos, el muy desgraciado me engañó, estaba saliendo con otra; una chica de otro lugar, se fue de viaje con ella.

 

-      ¿En serio? No puedo creerlo, ¿te dejó por otra?, ¡qué idiota!, ¿quién te dejaría por otra? Estás mejor sin él cariño, definitivamente te hizo un favor, créeme.

 

-      Bueno, ¿qué les puedo decir? Seguro que se presenta algo mejor, ya verán, para mí en cuanto sale uno, entra otro que es mil veces mejor que el anterior, ese es mi lema.

 

La clase terminó y salieron juntas, Isabella esperó a Alicia, pero veía que esta no se movía de su asiento, así que se devolvió.

 

-      ¿Vas a venir?

 

-      No si andas con esas tontas.

 

-      No sé cómo deshacerme de ellas, ¡son un verdadero fastidio!

 

-      Mmm deberías ir a su piscinada y luego me cuentas los chismes de lo que veas.

 

-      ¿Te parece buena idea?

 

-      Sí, claro, yo no puedo entrar en su círculo, pero tú sí y a mí me gustaría saber las cosas que hacen. Trabajo en el periódico y quiero hacer un artículo, pero me falta material, eso me podría servir de algo, necesito documentar los hábitos de las chicas tontas adolescentes.

-      Eso suena muy raro.

 

-      Ni tanto, ¿sabes lo difícil que es lograr un buen artículo?

 

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-      No, no lo sé.

 

-      Entonces ¿te animas?

 

-      Mmm, es un sacrificio.

 

-      Te daré lo que quieras.

 

-      Como ¿qué?

 

-      Una cita con mi hermano.

 

-      ¿Y quién es tu hermano?

 

-      Uno de los chicos más populares del colegio.

 

-      Sí, ¿cómo se llama?

 

-      Gabriel Durán.

 

-      ¡Oh! Ok, jajajaja no tranquila, no necesito una cita con tu hermano, lo haré por ti, para ayudarte.

 

-      Te podría convenir, mi hermano es el mejor amigo del chico más sexy del colegio.

 

-      Y ese ¿quién es?

 

-      Abel Ricard.

 

-      Jajajajajajajaja.

 

-      ¿Por qué te ríes?

 

-      Porque ese chico lo estaba mencionando Sara.

 

-      ¿Sí? A ver, cuéntamelo todo.

 

-      Pues, dijo que iba a tratar de conquistarlo en esa fulana piscinada que está organizando su amiga Carla.

 

-      Jajajajaja, lo sabía, lo sabía. Desde el principio supe que lo haría, había tardado en hacerlo.

 

-      Dijo que él había terminado con una tal Eva.

 

-      Sí, su novia, pero ya terminaron. Y la muyyy sólo estaba esperando eso para abalanzarse sobre él.

 

-      ¿Te puedo preguntar algo?

 

-      Sí.

 

-      ¿Por qué tienes molestia hacia ella? Aparte de ser una persona superficial obviamente.

 

-      Trató de enamorar a mi hermano, pero yo sabía que era novia de otro chico, es una loca, ¿cómo te diría? De esas que andan con uno y con otro. Ten cuidado, solo no andes tanto con ella, porque pensarán que tú eres igual.

 

-      ¡Cuánta intriga hay aquí! Jajajaja ¡Por Dios!

 

-      Sí, esto es como una serie de adolescentes o algo así.

 

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-      Ya veo.

 

-      Eh… Isabella, ¿vienes con nosotras?

 

-      ¿No ves que estamos hablando?

 

-      La verdad no sé qué puedan hablar ustedes dos.

 

-      Ya voy, ¿me puedes esperar un momento por favor?

 

-      Sí, claro, te espero en la entrada.

 

-      Gracias.

 

-      Y bien, ¿entonces me ayudarás?

 

-      Sí, lo haré, pero sólo por tu artículo, no quiero aparecer en algún problema tengan ustedes, ¿sí?

 

-      Muy bien, no hay problema.

 

-      Gracias.

 

-      Entonces, me iré con ellas para ver qué es lo que quieren.

 

-      Ok, y recuerda… ten cuidado, suelen ser muy persuasivas.

 

-      Está bien amiga, gracias por ayudarme hoy.

 

Entonces, se dirigió hacia la entrada donde estaban las chicas, quienes la esperaban para ir a la próxima clase. Ella respiró profundo, preparándose psicológicamente para escuchar todos los comentarios superficiales que ellas hacían. Isabella estaba acostumbrada a conversar de temas profundos, pues sus amigas eran tan intelectuales como ella, pero estas chicas solamente sabían hablar de moda y hombres, esos eran sus dos únicos temas de conversación.

 

-      Bueno, como te iba diciendo ya sé qué le diré a Abel.

 

Isabella entornó los ojos y supo que ese día sería realmente largo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Capítulo 3

 

Cuando llegó a la casa, subió a su habitación cansada, ya que soportar toda la mañana las tonterías de esas chicas no fue nada fácil, por lo que dio gracias a Dios por zafarse de ellas lo más pronto que pudo. Se recostó en la cama para descansar un poco y retomar sus amadas lecciones de inglés. Cuando estaba a punto de concretarlo, entró su madre con varias bolsas que tenían la apariencia de ser ropa.

 

-      Y bien Isabella, cuéntame.

 

-      Mamá, ¿no tienes algo que hacer por allí, digo como encargarte de reuniones o cosas correspondientes a tu investidura?

 

-      Jajajaja sí, mil cosas, pero no me iba a perder de esto por nada del mundo.

 

-      Mmm, ya veo, esto es como demasiado interesante.

 

-      Todo lo que tenga que ver contigo es interesante para mí.

 

-      Ok, está bien.

 

-      Entonces dime.

 

-      ¿Qué cosa?

 

-      No te hagas la loca, ¿cómo te fue en el colegio?

 

-      ¡Oh cielos! Está bien, tenías razón. Toda esa gente superficial estaba embelesada con ese montón de cosas que me pusieron en la cara.

 

-      Mmm, te lo dije, y lo más probable es que como te sentías más segura, proyectaste un comportamiento distinto al que siempre tienes.

 

-      Puede ser.

 

-      ¿Hiciste amigos?

 

-      Bueno, en realidad sí hice una amiga. Se llama Alicia, me cayó bien, es toda ecléctica y agradable, otras no sé, estoy dudosa; son las típicas chicas creídas que sólo hablan tonterías, pero al parecer, son muy populares en el colegio.

 

-      ¡Oh vaya! Ahora andas con las chicas populares del colegio, creo que eso significa algo.

 

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-      De paso, me invitaron a una piscinada en casa de una de ellas el sábado.

 

-      Jajajajaja te lo dije Isabella. Bien, gané la apuesta, gané.

 

-      Así parece, pero maduremos por favor. Mmm…estoy decepcionada de las personas, sólo ven las apariencias y nada más.

 

-      ¿Por qué eres tan complicada? Te aseguro que no se trata solamente de eso, es por tu forma de hablar y mostrarte, eres muy cerrada hija, así que es algo que viene de adentro. Ahora eres interesante para ellos, una novedad, así que gané y ahora deberás pagar el precio.

-      ¿Cuál precio? No dijimos nada de eso.

 

-      Aquí tienes, ropa, mucha ropa bonita, la mejor que pude conseguir para ti, no sabes cuánto he esperado esto, es como un sueño hecho realidad.

 

-      ¡Oh mamá!, ¡qué fastidio! Lo sabía, lo sabía.

 

-      Creo que eres la única chica en el mundo que se molesta porque su mamá le compra ropa hermosa.

 

-      ¿En qué más te complaceré?

 

-      De haber sabido lo de la piscinada, te hubiese comprado un traje de baño nuevo.

 

-      Nada de eso, tengo muchos allí.

 

-      Cielos, ¿no sabes que para una fiesta en la piscina debes arreglar tu ajuar completo?

 

-      ¡Dios! Jajajaja, hablaste igual que una de esas chicas, me asustas mamá.

 

-      Mañana lo compramos y lucirás preciosa.

 

-      No mamá, por favor.

 

-      Lo compramos mañana, no lo volveré a repetir ¿ok?

 

-      ¡Oh cielos! Como digas, de ahora en adelante no me molestaré hablando, sólo te diré que sí a todo.

 

-      Perfecto, eso me gusta.

 

Al día siguiente la llevó de compras, era prácticamente una pesadilla desde su punto de vista. Mientras su madre parecía levitar por las tiendas, ella se mostraba completamente fastidiada,

 

 

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indiferente ante todo el desfile de trajes de baño que su madre iba presentando ante sus ojos.

 

-      Mira este, ¿no me digas que no es una monada?

 

-      ¡Mamá, por Dios! No me voy a colocar ese pequeño trapito, es casi obsceno.

 

-      ¿Por qué eres tan puritana?, no te críe de esa manera, además, tienes un cuerpo lindo.

 

-      Mírame, parezco un palillo.

 

-      No eres un palillo, eres una chica con cuerpo de modelo.

 

-      Jajajajaja, una manera muy positiva de plantearlo.

 

-      Vamos, póntelo anda.

 

-      Ay mamá, no quiero ponerme nada de eso.

 

-      Tienes que hacerlo, sino ¿cómo sabremos si te queda bien?

 

-      ¡Oh cielos! Está bien, me pondré el bendito traje de baño.

 

-      Y este también.

 

-      ¿En serio?

 

-      No me mires así Isabella Valencia, ya ves que tu madre siempre tiene la razón.

 

-      Bien, como digas, no me molestaré en discutir contigo.

 

Ella procedió a medirse con estoica resignación, los trajes de baño que su madre le iba pasando de uno en uno. El primero no le gustó para nada, era simple y de líneas rectas, la hacía ver incluso, más delgada de lo que era; el segundo era algo más halagador, pero se veía plana como una tabla con él, así que lo descartó. El tercero era de un rojo intenso que resaltaba el color de su piel, pero ella era muy tímida como para colocarse un tono tan provocativo como ese.

 

-      Entonces Isabella, todos son preciosos ¿qué vamos a hacer contigo?

 

-      Dame el otro, ese que viste, el amarillo.

 

-      Bien, pero te advierto que es más revelador que los anteriores.

 

Al probárselo, por alguna extraña razón le gustó, tenía una especie de estructura que ajustaba su cuerpo en los lugares adecuados, con un sostén interno que elevaba los senos y los

 

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aumentaba de volumen e, igualmente, sucedía en su parte posterior. Así, su cuerpo se veía mucho más atlético.

 

Sonrió y se sintió hermosa, por primera vez en su vida podía ponerse algo con lo cual se sentía cómoda y, lo más extraño, es que precisamente fuese un traje de baño lo que le produjese ese efecto. Se miró y rotó en varios ángulos para estar segura que era verdad y no un sueño el que se viera linda con eso puesto. El traje tenía un escote pronunciado adelante y una especie de tejido en negro y color limón; una combinación extraña que, sin embargo, lucía elegante e impactante.

 

-      Y bien Isabella, dámelo para buscar otros.

 

-      No, este me gusta.

 

-      ¿Qué?

 

-      Que este me gusta.

 

-      ¿Es en serio?

 

-      Sí, mamáaaaa.

 

-      A ver, déjame verlo.

 

-      ¡Ay mamá! ¿Qué edad tengo? ¿Cinco años?

 

-      Anda, déjame verlo, quiero saber cómo te queda.

 

-      Está bien, a veces eres tan insistente.

 

-      A ver, a ver, dijo mientras abría la puerta, ¡Oh cielos! Hija te ves hermosa, dijo mientras su cara se iluminó.

 

-      ¿En serio?

 

-      Sí, te ves hermosa, le dijo mientras la miraba a los ojos a través del espejo del probador.

 

-      ¡Mentirosa!

 

-      ¿Por qué dices eso?

 

-      Nunca me habías dicho algo así.

 

-      No es cierto, hija.

 

-      Sí lo es.

 

-      Ay amor, y la abrazó por detrás, así estuvieron un largo rato contemplándose en el espejo, de pronto, a Isabella se le aguaron los ojos.

 

-      Hija, ¿por qué te pones así?

 

-      Por nada, dijo mientras se enjugaba los ojos con el antebrazo.

 

-      Ok, entonces ¿vamos a llevar este?

 

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-      Sí mamá, llevaremos este.

 

-      Y… ¿sería muy positivo si vemos lentes y sombreros?

 

-      Lentes sí, pero sombreros no mamá, eso está pasado de moda.

 

-      Claro que no, sabes que así se usa en la Riviera Francesa, ¿recuerdas cuando fuimos a Cannes?

 

-      Pero aquí no estamos en Cannes mamá, aquí a las personas les gusta vestirse diferente, con un look más latino.

 

-      Bien, pero todo es cuestión de actitud, siempre puedes imponer modas.

 

-      Jajajaja, ahora me conformo con que me acepten en el grupo, después hablaremos de imponer modas.

 

-      Bien, entonces ¿Chanel?

 

-      Of course mamá.

 

Luego que estuvieron listas, fueron a almorzar e Isabella estaba particularmente callada, era el recuerdo de Andrew que la perseguía y se le presentaba en las ocasiones más inverosímiles.

 

-      ¿Qué te pasa hija?, ¿estás nerviosa?

 

-      ¿Por qué estaría nerviosa mamá?

 

-      Bueno, porque exponerse ante personas nuevas siempre genera nervios.

 

-      Sí, sí lo estoy, pero ahora siento otra cosa.

 

-      A ver, cuéntame.

 

-      No voy a hablarte de eso.

 

-      Mmm, soy tu madre, puedes confiar en mí.

 

-      No lo sé mamá, es incómodo hablar de esas cosas contigo.

 

-      ¿Estás enamorada hija? Dime, puedes confiar en tu madre.

 

-      No mamá, no estoy enamorada, a veces quisiera estarlo.

 

-      ¡Oh bebé! No sabes cómo he querido oírte decir eso desde hace tanto tiempo jaja.

 

-      Ay mamá, pareces una de las chicas del colegio.

 

-      Jajajaja, a ver, a ver cuéntale todo a mami.

 

-      No hay nada que contar.

 

-      Claro que sí.

 

-      Bien, cuando fuimos a La Costa Azul conocí a un muchacho.

 

-      ¿En serio? No me dijiste nada, eso hace tanto tiempo. Vaya que eres cerrada hija, a ver ¿cómo fue?

 

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-      No pasó nada, nos dimos un beso y ya.

 

-      Isabella Valencia jajaja, estoy orgullosa de ti.

 

-      ¡Mamá!

 

-      En serio, qué lindo y ¿cómo fue?

 

-      Ay mamá, no quiero hablar de eso contigo.

 

-      Tu primer beso, qué lindo, ¿dónde está ese chico?

 

-      Nunca más lo volví a ver, creo que todo fue una burla de su parte.

 

-      No digas eso bebé, hay cosas que suceden en el momento y no perduran, pero eso no quiere decir que no sea especial.

 

-      Pero me dijo que volvería al día siguiente y nunca volvió, y se le humedecieron los ojos.

 

-      Ay bebé, ¿no sabes qué le pasó?, a lo mejor le sucedió algo malo y no pudo ir y después le dio pena. Tal vez, no supo cómo contactarte, hay tantas cosas que pueden suceder.

 

-      Tienes mucha creatividad mamá, deberías escribir novelas.

 

-      Sí, también lo creo, y tú eres una dramaqueen total.

 

-      Algo así, el sistema mamá, el sistema nos hace así, y deja tus modismos de los 80 por favor.

 

-      Mmm bien, volvamos a lo del chico y menos al sistema.

 

-      ¡Oh mamá! Creo que te la llevarías mejor con mis compañeras del colegio que yo.

 

-      Puede ser, en el colegio yo era muy popular.

 

-      Me imagino.

 

-      ¿Y era lindo?, cuéntamelo todo.

 

-      Sí, mamá, era lindo, muy lindo de hecho.

 

-      ¡Qué maravilla! Esa es mi niña.

 

-      Te escuchara papá…

 

-      Ah… es la verdad, eso es muy emocionante, mucho.

 

-      ¿Con quién fue tu primer beso?

 

-      Con un chico del colegio y era muyyyy guapo, era el más popular.

 

-      Jajajajaja, me imagino. En mi colegio hay uno, ellas dicen que es hermoso, una de las chicas se muere por él.

 

-      ¿Y tú?

 

 

 

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-      No, ni siquiera lo conozco. Ellas dicen que es muy bonito y es el más popular, pero no sé quién es, dijeron que lo iban a invitar a la piscinada.

 

-      ¡Qué emoción!

 

-      Sí, pero no para mí, porque la líder del grupo de chismosas chic, ya le tiene el ojo puesto.

 

-      ¡Oh cielos, qué mal!

 

-      Me da igual mamá, ya te dije que no sé quién es.

 

-      Qué emocionante, bien, ya verás que te va muy bien en esa fiesta, va a ser genial.

 

-      Eso espero.

 

-      Entonces, ¿estabas pensando en ese chico?

 

-      Sí, mamá, pero no digas nada por favor.

 

-      Claro que no hija, eso es entre tú y yo, le dijo acariciándole el brazo y mirándola con ternura.

 

Isabella la miró, la vio tan tierna y cariñosa, estaba muy cercana, a pesar de su actitud siempre correctiva y un tanto superficial, eso la hizo sentir bien, como una oleada cálida en su corazón.

 

-      Gracias mamá.

 

-      ¿Por qué mi pequeña?

 

-      Por este día contigo. Nunca pensé que me divertiría junto a ti.

 

-      Jajajaja, gracias por esas palabras.

 

-      Lo que quiero decir, es que estas cosas para mí son incómodas, pero extrañamente he disfrutado este día contigo.

 

-      Entiendo pequeña, yo también he disfrutado mucho este día contigo, verás que de ahora en adelante todo estará mejor, que las cosas del pasado se quedaran atrás. Tienes una gran vida por delante mi bebé.

 

-      Espero que sea así, entonces se quedó en silencio un rato mirando alrededor.

 

-      Bien, creo que es hora de irnos, tengo que preparar unas cosas con las damas del Comité de Caridad.

 

-      Bien mamá.

 

 

 

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El día sábado se sentía muy nerviosa, nunca había estado en una piscinada y no sabía qué se hacía en ese tipo de ocasiones. Así que preparó un bolso con todo lo que pensó, podía necesitar y se vistió con un lindo vestido que le había llevado su madre.

 

-      Se ve muy linda señorita.

 

-      Gracias Camille, pero recuerda tu promesa de hablarme en francés.

 

-      Bien señorita.

 

-      ça a l'air joli.

 

-      Merci Camille.

 

-      Bueno, luego continuamos, me tengo que ir.

 

-      Como usted diga señorita, espere no olvide llevarse sus lentes de sol.

 

-      Gracias jajaja, sino mi madre me mata.

 

Cuando llegó al lugar estaba muy nerviosa, era una casa encantadora, pero obviamente, no tan grande como alguna de las que ella había habitado, era de muy buen gusto tanto los jardines como la decoración. Ya había un montón de chicos llegando y parecía que la fiesta sería muy grande. A Isabella le palpitaba fuertemente el corazón, porque odiaba todo ese tipo de eventos sociales, se sentía como un náufrago a la deriva.

 

En la entrada, había una chica vestida al estilo hawaiano, quien le colocó un hermoso collar de flores y le entregó una bebida de color fucsia.

 

-      Usted es la señorita Isabella ¿verdad?

 

-      Sí ¿cómo sabe?

 

-      Porque la señorita Carla me dio su descripción y órdenes expresas de esperarla con esto.

 

Entonces, le mostró una flor de Liz y se la colocó en la ropa.

 

-      Ok, gracias. Dijo sin saber lo que eso significaba.

 

-      ¿Sabe lo que significa?

 

-      No.

 

-      ¡Oh bueno! Entonces dejaré que ella se lo diga, es algo bueno.

 

-      ¡Oh bien! Dijo extrañada, gracias.

49

 

-      Venga señorita, usted viene por este lado.

 

-      ¿Por qué?

 

-      La señorita Carla la está esperando.

 

-      Eh y…

 

-      Venga, yo le indico el camino.

 

La condujo por una estancia y luego hacia las escaleras laterales, por allí subieron dos pisos, cuando llegaron a un ala de la casa, toda esa área pertenecía a Carla, al parecer se había adueñado de ese sector de la mansión. A Isabella eso le pareció el colmo en la falta de gusto, no se imaginaba para qué alguien querría tanto espacio cuando con un buen cuarto era más que suficiente.

 

-      Permiso, aquí está la señorita Isabella.

 

-      Bien, gracias Luisa, puedes retirarte.

 

La chica salió y entonces Carla se abalanzó sobre Isabella con una enorme sonrisa en los labios, todas tenían una actitud muy sospechosa y ella francamente no sabía a qué atribuírselo, pero como fuese, le inspiraba una gran desconfianza. Las miró analizándolas y tratando de discernir qué estaba pasando allí.

 

-      Hola Isabella, por fin llegas, te estábamos esperando.

 

-      A mí ¿por qué?

 

-      Porque, bueno, ayer estuvimos hablando y… decidimos que queremos que seas parte de nuestro grupo.

 

-      ¿En serio?

 

-      Sí, mírate eres muy linda y nunca hemos tenido una rubia.

 

-      Mmm una vez dijo Sara, hace mucho tiempo, pero ya saben cómo terminó todo eso, pero esta vez será diferente.

 

-      ¿Y cómo terminó todo eso?, preguntó.

 

-      Después te contaré a su tiempo.

 

-      Mmm, bien.

 

-      Pero no te preocupes, ella no era rubia natural como tú jajajaja, debió ser por eso.

 

-      Ok, bien, dijo ella sin tener la menor idea de lo que hablaban y pensando que tenían un tornillo zafado en la cabeza.

 

-      Para eso es el prendedor, le dijo Mariela.

 

-      Ahhh entiendo, simboliza el grupo.

 

50

 

-      No, simboliza tu compromiso con el grupo.

 

-      ¿Cómo es eso?

 

-      Que tenemos normas que se deben cumplir.

 

-      ¿Y cuáles son?

 

-      Ahora no te las diremos porque, bueno, necesitamos tiempo y una reunión especial de grupo.

 

-      Mmm, pero aún no he dicho que acepto.

 

-      Jajajajaja, no hace falta cariño, no hay nadie que se niegue a estar en nuestro grupo, ¿sabes cuántas chicas matarían por estar en tu lugar?

 

-      Bien, esperemos la reunión entonces.

 

Las chicas se miraron como con ganas de decir algo, pero se quedaron calladas y luego Sara habló:

 

-      Bien, seremos sinceras contigo, necesitamos en el grupo una chica como tú.

 

-      ¿Como yo?

 

-      Sí, eres rubia, bonita, con clase, vienes de Europa y eso nos dará mucha clase a todas.

 

-      ¿En serio? Les preguntó pensando en lo tontas que se oían diciendo esas cosas.

 

-      Sí, y… bueno, nos dimos cuenta de que eres una chica un tanto intelectual y creo que saldremos muy bien, así que también te necesitamos en ese sentido.

 

-      Es decir, ¿que quieren a alguien que las ayude con sus calificaciones?

 

-      Más o menos sí, pero también con lo otro que te dije.

 

-      Mmm y ¿qué me ofrecen ustedes a mí?, les dijo con una seguridad inusitada.

 

-      Bueno, te ofrecemos el respaldo del equipo, la seguridad que nadie va a molestarte y… es decir, vas a estar con las chicas más populares del colegio, creo que eso es más que suficiente, muchas matarían por eso.

 

-      Sí, ya lo dijiste. Bien, entonces esperemos la reunión y hablamos bien de todo ¿les parece?

 

-      Bien, dijo Sara ofreciéndole la mano para que se la estrechara, ¿es un trato?

 

51

 

-      Bien, es un trato, le dijo Isabella. ¿Y ahora me imagino que van a bajar?

 

-      Jajajaja claro que no. Nunca bajamos a una fiesta hasta que estén todas las personas, siempre hacemos una entrada.

 

-      ¡Oh entiendo! Dijo nuevamente pensando en lo tonto que era todo eso.

 

Isabella parecía una adulta prematura, prácticamente era una persona mayor tratando de vivir en el cuerpo de una chica, ya que se le antojaba cosas sumamente inmaduras, pero debía aguantar estoicamente por las conveniencias sociales y la alarmante necesidad de encajar en ese grupo. Pero en realidad, las veía como a unas niñitas caprichosas que no tenían más nada que hacer con su tiempo, solo molestar y fastidiar a otros o lucirse con superficialidades.

 

-      Esperemos aquí hasta que se caldeen las cosas abajo y llegue mi Abel.

 

-      ¿Y cómo sabrás cuando llegue?

 

-      Una de mis chicas me avisará por mensajes, obvio.

 

-      ¿Una de tus chicas?

 

-      Sí, son aspirantes al grupo, son chicas jóvenes de los primeros años que desean ser parte del grupo.

 

-      ¿Y tú les haces creer que sí serán pate del grupo?

 

-      Bueno, me son útiles y obtienen ciertas influencias con ellos, así que todas salimos ganando.

 

-      ¿Y desde cuándo hacen ustedes esto, es decir, lo del grupo?

 

-      Bueno, la primera chica ya no está, era la líder del grupo, pero se graduó e hizo su vida, ella comenzó a reunir a las chicas y me reclutó, me entrenó para ser líder como ella y aprendí mucho de ella, ahora somos las más populares gracias a ella.

-      ¿Y esa es la rubia que mencionas?

 

-      No, de eso hablaremos después.

 

-      Bien, entonces sólo seguimos esperando aquí y ya.

 

-      Así es.

 

-      Ok, me voy a sentar aquí, dijo tomando un sillón que estaba cerca.

 

52

 

Cuando ya casi se lograba poner cómoda, de pronto Sara dio un brinco y saltó como una tigresa que se lanza sobre su presa. Entonces, se dirigió hacia la puerta.

 

-      Ya está aquí chicas, ya llegó ¡Es Abel!

 

-      ¡Oh cielos! Déjame verte, estás perfecta, ahora sí, dijo Carla.

 

-      Ven, vamos Isabella, ven, debemos bajar todas juntas.

 

-      Bien, dijo ella disimulando la risa que le causaba todo ese ritual estúpido.

 

Entonces, bajaron por la escalera de enfrente, ante la mirada atónita de todos los chicos del colegio, Sara bajaba las escaleras con gracia como si fuese una gacela, con su traje nuevo y su estilo de súper modelo, las demás chicas trataban de imitarla, Mariela sin mucho éxito, ya que su talento no era precisamente caminar con elegancia. Isabella a medida que bajaba, se daba cuenta que todos los chicos la miraban, ella jamás se había sentido así, era como si de repente la vida le hubiese cambiado y se fuese transformado en el centro de todo, estaba en el ojo del huracán.

 

De pronto, algo llamó su atención, un chico alto de cabello muy negro y piel clara, el cual sobresalía del montón, su actitud era segura, estaba sencillamente parado allí, al parecer sin participar del ritual tonto de esperar que el grupo de chicas bajase por las escaleras. Su rostro le recordaba algo, no sabía con precisión qué era, pero a medida que iba bajando, le parecía que recordaba algo, era una imagen que su cerebro estaba tratando de procesar.

 

Sara bajó y entonces se precipitó hacia donde estaba el chico, se plantó frente a él con una enorme y perfecta sonrisa saludándolo, este no pareció muy efusivo, la miró y trató de ser cortés con ella, pero la verdad, se notaba que no había química, aunque tratara de forzarla. Luego él se quedó mirando a Isabella, sus hermosos ojos azules parecieron cobrar vida.

 

-      Eh, oh cielos Isabella, te presento a Abel, es el chico del que te hablé.

 

Abel la miró, entonces Isabella sintió un golpe en su corazón, era Andrew, allí estaba después de tanto tiempo. Estaba mucho

 

53

 

más alto y varonil, los músculos le daban un aspecto muy masculino, pero sus ojos azules como el cielo seguían allí intactos como en el mar, donde se dieron ese primer beso.

 

-      ¿Isabella?, dijo él como si ese nombre le acariciara en los labios.

 

Ella fingió que no lo conocía porque tenía miedo que él la rechazara y luego de todo lo que había hablado Sara, no le convenía ponerse en evidencia delante de toda esa gente, así que le siguió la corriente.

 

-      Sí, soy Isabella Valencia.

 

-      Bonito nombre, se pudo notar un brillo de reconocimiento en sus ojos.

 

-      Gracias.

 

-      Y bien, Abel, qué bueno que viniste, ahora esto sí será una fiesta.

 

-      Sí, bueno, en realidad vine porque cancelaron las prácticas del equipo y no tenía nada que hacer.

 

-      Jajajaja no digas eso delante de Carla, le daría algo.

 

-      Tranquila, no diré nada, y tú Isabella ¿nunca te había visto por aquí?

 

-      Sí, es que vivía en Francia.

 

-      ¿Puedes creerlo? Isabella vivía en Francia, ahora está aquí con nosotras, y la reclutamos para el grupo.

 

-      ¡Oh cielos!, dijo él sarcásticamente.

 

Sin embargo, Sara parecía inmune a sus desplantes y, aunque mostrara su indiferencia hacia ella, parecía no darse por vencida.

 

-      Abel, anda, vamos a bailar, esta es mi canción favorita.

 

-      La verdad, no tengo muchas ganas de bailar.

 

-      Vamos, anda, compláceme, le dijo halándolo por el brazo.

 

-      Está bien, le respondió a regañadientes.

 

Pero mientras avanzaba con ella hacia el centro del salón, miraba a Isabella, quien lo seguía con la mirada como preguntándose cómo había pasado todo esto.

 

54

 

-      ¿Crees que existan almas gemelas?, le preguntó Sara a Abel.

 

-      Sí, sí lo creo, le contestó mientras miraba a Isabella.

 

Isabella se apartó de allí, dirigiéndose hacia la piscina donde varios de los chicos ya estaban bañándose y jugando. Decidió sentarse en una de las sillas reclinables, sintiéndose extraña, tenía una pulsación en su corazón, ¿cómo pudo estar tan ciega?, años y años deseando ver a Andrew, soñando con él, haciéndose historias en la cabeza y ahora estaba allí en esa casa, precisamente era el objeto de deseo de su supuesta amiga y, de paso, ni siquiera se llamaba Andrew, sino Abel.

 

Todo eso le pareció como una rara burla del destino, venir desde tan lejos para ser desengañada de esa forma, no tenía precio. Se quedó mirando los reflejos de la piscina, que con la luz del sol, formaba hermosos matices y recordó el tonto sueño del mar con los colores múltiples. ¡Bah! Se dijo, ¡qué tontería y qué pérdida de tiempo!

 

En esas meditaciones estaba cuando escuchó una voz a su lado, volteó y era Andrew, bueno Abel, quien la miraba fijamente sorprendido.

 

-      Isabella.

 

-      Andrew, o debo decir Abel.

 

-      Yo eh… bueno ¿qué haces aquí?

 

-      ¿Qué?

 

-      ¿Por qué estás aquí, no entiendo?

 

-      Mmm ¿y tú me lo preguntas?, creo que soy yo la que debería hacerlo, ¿qué haces aquí?

 

-      Yo vivo aquí, en Caracas.

 

-      ¿Pensé que vivías en Francia?

 

-      No, estaba de paso, digámoslo así.

 

-      Y aprovechaste para que tu estadía fuese mejor, supongo.

 

-      No, no es eso, sé lo que debes estar pensando.

 

-      Sabes, no tiene importancia.

 

-      Para mí sí, y se quedó mirándola fijamente con profundidad, sus ojos por un instante volvieron a ser como el mar de la Costa Azul, hermoso y pleno de azul vibrante.

 

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-      Permíteme que lo dude.

 

-      Sé porque lo dices, pero yo…

 

-      No tienes que explicar nada Andrew, me mentiste, ni siquiera te llamas así, no hay explicaciones que dar.

 

-      Yo sí, creo que debo darlas.

 

-      Esta conversación no tiene sentido, eso fue hace como… eh no sé.

 

-      Fue hace tres años Isabella y aún lo recuerdo.

 

-      Sí claro, mírate, eres como la estrella del colegio o algo así.

 

-      Algo así, pero tú Isabella, te ves, no sé hermosa, te ves realmente hermosa, ya no usas anteojos.

 

-      Sí los uso, sólo que ahora no los traigo puestos, pero eso no tiene nada que ver.

 

-      Te ves bellísima, cuando te vi bajando las escaleras, no lo sé, sentí algo en mi corazón, fue muy extraño.

 

-      Bien por ti.

 

-      Sé por qué estás tan molesta.

 

-      Y dime genio, ¿por qué crees que sea?

 

-      Jajajajaja se me había olvidado lo encantadoramente sarcástica que puedes ser, eso me gusta.

 

-      ¿Y bien?

 

-      Que eres una chica brillante y eso me encanta de ti.

 

-      Sí, tan brillante como para recordar el beso que nos dimos, un beso de hace mil años con un chico que ni siquiera se llama como pensaba y que, de paso, me dejó plantada en plena playa y del cual no supe nunca más nada. Así de brillante como para recordar eso vez tras vez y encontrarte hoy como si nada en este lugar, y de paso bailando, con una de mis compañeras de estudio.

-      ¿Sara?

 

-      Sí, Sara.

 

-      ¡Oh cielos! Ella no es nada para mí, se la pasa buscándome, pero nada que ver Isabella.

 

-      Sí me imagino. Bien, no has contestado.

 

-      Lo del nombre fue una tontería, no lo sé, la verdad no sé porqué no te di mi nombre verdadero. Supongo que por inmadurez,

 

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quizá quería vivir un romance como en las películas, no tengo idea de lo que pasaba por mi mente en ese momento.

-      Bien, simplemente se te ocurrió de improviso.

 

-      Algo así.

 

-      ¿Y el dejarme plantada?

 

Entonces, él bajó la mirada y se quedó un momento callado, su rostro se tornó triste y le dijo con la voz un tanto desencajada.

 

-      Ese día mi madre murió Isabella… Continuará…

 

Esta historia continúa con los libros 2 y 3 de esta misma saga, que las puedes encontrar en Amazon.

 

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Sigue…

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