Libro N° 10826. El Roce Del Amante. Kiss, Sophie.
© Libro N° 10826.
El Roce Del Amante. Kiss,
Sophie. Emancipación. Enero 28 de 2023
Título original: ©
El Roce Del Amante. Sophie Kiss
Versión Original: © El
Roce Del Amante. Sophie Kiss
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SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
Sophie Kiss
El Roce
Del Amante
Sophie
Kiss
EL ROCE DEL AMANTE
Novela Romántica
Escrita por
Sophie Kiss
2019
Contenido
EL ROCE DEL AMANTE
DERECHOS DE AUTOR
ESTAHISTORIACOMIENZAASÍ…
CAPITULO I
CAPITULO II
CAPITULO III
CAPITULO IV
CAPITULO V
CAPITULO VI
CAPITULO VII
CAPITULO VIII
CAPITULO IX
DERECHOS DE AUTOR
Copyright 2019 por Sophie Kiss - Todos los derechos reservados.
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Introducción
Este libro es una obra de ficción en su totalidad. Tenga en cuenta que
los nombres, personajes, lugares e incidentes son productos de la imaginación
del escritor o han sido utilizados ficticiamente y no deben tomarse como
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ESTA HISTORIA COMIENZA ASÍ…
¿Por qué vivimos? ¿Cuál es el sentido de transitar por la vida? El amor
es un buen motivo. De no ser por él, seguramente moriríamos de aburrimiento.
Qué no se ha dicho y hecho, en su nombre. Y a todas estas, aún creemos o
seguimos con la idea ilusa que todo lo que nos ocurre debido al amor, es por su
culpa, cuando los verdaderos culpables somos nosotros mismos por nuestras
decisiones.
Helena y Mario han comprometido sus vidas para darle rienda suelta a un
hermoso idilio. Desde la universidad supieron que eran el uno para el otro. Su
relación es estable, ellos están seguros que su amor es un verdadero, juntos
para siempre. ¿Serán almas gemelas que se han encontrado para volver a vivir en
un eterno por siempre?
La ambición de Mario por tenerlo todo lo va llevando a caer en un juego
de seducción peligroso que le tienta a escurrirse en el mundo de la
infidelidad.
¿Por qué una pareja felizmente enamorada termina tropezando con la
infidelidad?
Muchos son los matices y las circunstancias que conllevan a una persona
a convertirse en un infiel.
A veces una aventura no significa mucho, pero cuando se convierte en una
necesidad, posiblemente sea una evidencia de algo que se esconde, se usa la
infidelidad como un escape para no afrontar un problema con la pareja o con una
parte de nosotros que no hemos terminado de aclarar.
Si piensas que tu relación es tan sólida, que nada ni nadie puede
invadir. Ten cuidado. ¿Qué es el amor: un encuentro o un complemento?
CAPITULO I
Amor Quebrantable
̶36,37,38,39, 40. ̶ El suspiro en pleno le devuelve tranquilidad a la
agitada rutina de ejercicios de Helena. Necesita darle vigor a sus mañanas para
ir con energías renovadas a su puesto de trabajo.
En la regadera Mario tararea alguna letra improvisada. Mezcla las letras
y los ritmos. Ir al gimnasio lo activa. Está en casa después de sus matutinas
series machaca músculos. Es un adicto. Eso lo piensa Helena porque ni siquiera
los fines de semana deja de hacerlas. Y lo más absurdo de todo, es que su
cuerpo no refleja ni un puñetero ápice de tonicidad. Eso siempre le ha causado
ruido, pero no todos los cuerpos reaccionan de la misma manera a la actividad
física.
Mario sale de la regadera, pasa a la carrera con la toalla en la cabeza.
Le gusta exhibirse. Mientras lo hace mueve su pelvis para que el glande de su
pene chocara contra su pelvis y sus bolas. Ese bamboleo, lo llamaba la rutina
del pene bailador.
̶¡Mario por Dios! No vayas a mojar todo el piso. Sabes que me pone de
malas pulgas poner mis pies en todo el desastre que vas haciendo. ̶Le increpa
Helena al incorporarse no sin antes darle una mirada fulminante.
La respuesta fue una palmada en su trasero recio. Su piel hermosamente
pálida refleja la marca de los dedos de Mario. Se voltea con furia y Mario le
muerde los labios. Toma su mano y la pone en su pene.
̶Nos da tiempo para hacer un rapidito. ̶Le suplica Mario con la
respiración entrecortada.
̶¡Estás loco! Es tardísimo. Y estoy hecha un asco. Toda sudada. Estoy
sucia.
Te̶ he dicho que eso me excita más. Sucia. ¡Mira! ̶Le indica Mario
señalando con sus manos una erección perfecta. Hace un ademan de agradecimiento
doblando su cuerpo hacia adelante ante la multitud imaginaria que aplaude la
velocidad y disposición que tiene su pene ante la posibilidad de tener un
encuentro sexual, un mañanero.
Mario apunta su miembro hacia la ropa interior. Su pene entreabre los
labios vaginales de Helena, quien sonríe con picardía.
̶Me vuelves loca. Tus besos me saben a gloria ̶ Se meten a la cama para
un encuentro intimo rápido.
La salida del apartamento a es a la carrera. Ella va ajustándose los
zarcillos. Reprochando que siempre le sucede lo mismo. Salen tarde por estar
inventando. En el fondo sabe que esa es una de las ventajas de estar casado.
Puedes hacer lo que desees con tu pareja sin sentir remordimiento.
Helena y Mario viven casados desde hace 5 años. Se conocieron en la
universidad de Washington en Seattle. Toda la carrera profesional la hicieron
de novios. Él se licenció en leyes y trabaja en un sólido bufe. Ella hizo lo
propio en la facultad de negocios y economía, obteniendo su título en gerencia
de negocios.
Difícilmente se les podía ver separados. La boda estuvo a todo dar. Se
caso de velo y corona. Mario fue el primer amor de Helena. Esa noche se entregó
por primera vez a un hombre. Desde entonces vive y muere por él. Todo lo que
sabe de la intimidad: Besar, gemir, tomar una postura pasiva o activa, morder o
gritar lo ha aprendido y hecho, solo con Mario.
Las parejas transitan por diversas mareas de conflictos. En algunas más
que en otras las vicisitudes mellan el amor. Hasta los más grandes amores pasan
por esas épocas donde se pone en jaque la relación. Precisamente son los
mejores momentos, y por supuesto, el verdadero amor, los pilares fundamentales
que evitan una separación. En el momento que las parejas se establecen, el
acuerdo tácito de fidelidad y el de evitar comportamientos que se hacían cuando
eran solteros, es un compromiso acordado y no se debe romper.
Aquel martes por la tarde Mario se veía ansioso. Por más que tratara de
disimular se le notaba a leguas que andaba en alguna movida rara. Helena lo
veía mientras limpiaba la cocina. Estaba extraño. Algo no le cuadraba dentro de
los movimientos habituales que Mario suele mostrar.
<< Y a este que le pasa.
¿Por qué esa felicidad repentina?, ¿Qué andará tramando? Espero que no esté por
ahí inventando nada que tenga que ver con faldas>>
Las mujeres tienen un sexto sentido para eso de los líos de faldas. No
es la primera vez que Helena ha tenido su bronca con Mario. En varias
ocasiones le ha puesto reparo. Pero piensa que no es que él va por ahí
buscando con quien acostarse. Esto le permite justificarlo, es de cierta manera
un pañito de agua tibia, se consuela con pensar que existen mujeres que les
importa un bledo los compromisos y se aventuran con cualquier tío hasta que
logran acostarse. El tema con esa situación, es que no es sencillo zafarse por
el peligro de iniciar un romance o peor aún, poner la torta con un embarazo no
deseado. Otro punto que muchas veces se pasa desapercibido es el hecho que no
se sabe a ciencia cierta si esos encuentros sexuales vengan acompañados de
alguna enfermedad de transmisión sexual, caras vemos corazones no sabemos.
̶Amor, Bruno me escribió y me está pidiendo que lo acompañe a una
despedida de soltero de un amigo. No quiere ir solo. ¡Qué fastidio!
̶Mario entre los tantos amigos que tiene tu jefe. ¿Solo se acordó de ti?
Tu eres un hombre casado, vale. Eso de andar por ahí de juerga no me parece. Y
no creas que me chupo el dedo. ¿Qué coño es lo que te pasa a ti?
̶Mi amor. Confía en mí. No ando en nada raro. Es una salida por
compromiso no es por gusto. Sabes que Bruno no invita a todo el mundo. Y es una
oportunidad para hacer buenas migas con él. Quien quita y hasta consigo un
ascenso. ̶Mario es convincente. No es por nada que trabaja en el bufe que
preside Bruno. Sabe que palabras escoger, en qué momento decirlas y cuando debe
tensar o suavizar su tono de voz. Es un maestro en la persuasión.
Mordiéndose los pensamientos Helena masculla palabras de rabia. No le
parece que a estas alturas de su vida matrimonial deba tomarse tan serenamente
una salida de su marido. Ella se desvive por él. En ningún momento le ha dado
motivos a Mario para que si quiera le hiciera algún tipo de reclamo o duda en
cuanto a su amor. Se entrego a él en cuerpo, pensamiento y alma. Le pertenece.
<<Sera que estoy exagerando toda la situación. ¿Y si me está
diciendo la verdad? Me vale. Lo que es del cura va para misa. No me cuesta nada
verificar que realmente anda con el cabrón de Bruno>>
Toma su teléfono y marca el número del bufete.
̶Buenas noches.
̶Buenas noches. ¿En qué puedo ayudarla?
̶¿Es el bufete ScrhoeterGoldmark Bender?
̶Si. ¿Con quién desea que la comunique? ¿Señorita...? ̶La secretaria
queda en espera del nombre.
̶Sara. Señorita me urge hablar con el señor Bruno. ¿Sera posible? Debo
hablar directamente con él. ̶Helena sabe que Bruno no la va atender sino viene
recomendada por alguien. Claro y también sabía que no podía hablar con él
porque enseguida le reconocería la voz. Se conocen desde hace tiempo. En un
principio Mario tuvo por varios meses algo de celos por la atención exagerada
que parecía brindarle Bruno a su esposa. ̶El abogado Mario Ariztigueta me paso
el número de contacto para localizarlo.
̶Señora Sara, voy a tomar nota porque en estos momentos el señor Bruno
está reunido con unos socios y según tengo entendido esa reunión se demora.
̶No se preocupe. Mañana paso por el bufete. Gracias buenas noches.
̶A la orden, buenas noches.
Helena esta deshecha. Le olía que su marido estaba mintiendo, no se hace
a la idea de perdonarle un nuevo desliz. Los hechos al parecer confirman que su
marido está en una movida oculta. Decide tomar una ducha para calmar los
nervios. Mientras se desviste, el esbelto cuerpo va tomando forma ante el
espejo. Su cabellera rubia cae sin prejuicios sobre los hombros. Se descuelgan
cuando se inclina para deshacerse del bikini negro íntimo. Los pechos
sobresalen del brasier. Son protuberancias amplias. Al estar completamente
desnuda se mira de lado ante el espejo y admira las dimensiones de las curvas,
siempre le han parecido sexy.
<<No sé cómo Mario piensa en otra mujer. ¿Sera que necesito más
experiencia? ¿Estará buscando nuevas emociones en la cama? ¿Qué coño está
buscando?>>
El agua tibia le devuelve paz. Se sujeta los cabellos. Al cerrar los
ojos, sus sentidos amplían el arco referencial de lo que percibe. Siente las
gotas roer por su espalda. Lava cada centímetro de piel. Se enjuaga. Se siente
limpia. El halo tibio del agua empapa los vidrios de las puertas corredizas. Se
queda por un momento inmóvil bajo la ducha. Sus puños se cierran contra la
pared. No da crédito a la nueva estupidez que está haciendo el cabrón de Mario.
Dentro de la habitación no puede conciliar la tranquilidad. Esta
afectada. A nadie le gusta jugar el papel de tonto. Un impulso le hace tomar el
celular y marcar. La línea no logra ponerse en contacto. El sonido
característico le devuelve un mensaje indicando que el teléfono no tiene
cobertura (algo poco usual al menos que se salga de las inmediaciones de la
ciudad) o simplemente, está apagado.
Helena trata de ocuparse en algo. Tiene la mosca detrás de la oreja.
Busca en que entretenerse. Revisando las redes encuentra un local nocturno que
esta de lanzamiento de apertura. Al ver la propuesta de invitación encuentra
una serie de detalles, el instinto laboral sale a relucir, nota que fácilmente
puede corregir toda esa propuesta y plantearla de un modo que fuera persuasivo
e interesante, tiene presente que la publicación no genera engagement y los
hashtags están fuera de onda, no por nada en la revista en que trabaja, es la
jefa del departamento de publicidad. Guarda la publicación para usarla en algún
otro momento para mostrar cómo no deben hacerse ese tipo de publicidades.
Mario regresó tarde en la noche. No acostumbrada a salir los días de
semana porque eventualmente debe trabajar al otro día. Sin embargo, con la
excusa para irse de juerga con el jefe, le daba cierta holgura para escaparse
por unas horas. La escapada le llevo a un bar donde hacían striptease. Por
mensajería le pasaron la información que este sitio era una locura, los
espectáculos venían con una carga erótica y sexual. Sus clientes y algunos
amigos cercanos habían experimentado emociones intensas en ese puticlub.
De plano al llegar una chica estaba en la tarima excesivamente hermosa
el número que realizaba era de una aguerrida vaquera, en una silla tenía a su
víctima. La coreografía sugería excitación plena. Después de sentarse y ser
abordado por varias chicas, hizo la selección respectiva de una hembra con el
cabello con rulos, sus moños de niña ingenua y la carita de traviesa le gusto.
Con un paneo rápido del lugar supo que por ahí solo desfilaban la creme de los
puteros de Seattle.
̶¿Que hace un hombre como tú en estos sitios? ̶La voz de Juliette es
sensual. Los gestos y las posturas de su cuerpo insinúan interés y buscan crear
el ambiente idóneo para llamar la atención total de su cliente.
Las chicas que se desempeñan en clubs nocturnos son maestras en el arte
del rapport. Desarrollan con elevada precisión esa técnica de empatía su
aprendizaje se basa en la observación y en el cómo abordar la
comunicación con los clientes para realizar un acercamiento de interés donde
puedan conseguir dinero, La ilusión es su arma mortal, le hacen creer al
cliente que comprenden sus sentimientos y que ellas han venido al mundo, solo
para complacerlos.
̶¿Estas seguras que me darás lo que busco?
Así̶ es que me gustan los hombres que sean exigentes. No sabes lo que me
excita atender a un cliente que sabe lo que quiere. Eso ahorra tiempo y brinda
mayores momentos de placer. Déjame adivinar. ¿Tu mujer no te complace?
En̶ todo. Es un ángel. Lo que pasa es que me gustaría hacer cochinadas y
no creo que ella si quiera me permita plantearle algo así.
No̶ te preocupes rey. Estoy para servirte. Pide por esa boquita y yo me
pondré como quieras.
Helena se quedó dormida asqueada de la excusa estúpida que uso Mario
para escabullirse quién sabe con quién. Él llego tarde para cuando se dio
cuenta estaba bañado y se había metido en la cama.
Bien temprano en la mañana. Se levantan como de costumbre. Helena con la
rabia interna comienza a mordisquearlo. Se le cuela por debajo de las sabanas.
Quiere seguir el guion para ver hasta donde llegaba el descaro de Mario.
̶Amor tengo una resaca terrible. De verdad me encantaría comerte el
coño, pero eso de hacerlo a medias no me entusiasma. ̶Termina la disertación
con un beso.
<<El hijo de puta con su beso de Judas cree que da por saldada su
inexplicable noche de farra y de putas>>.
En el baño Mario se desgarra la garganta haciendo el intento de cantar.
<<Cuenta felicidad despide, el muy cabrón>>.
Helena hace su acostumbrada rutina en ropa interior. Está hecha una loba
herida. De repente se percata que ya no hay ruido en el baño. Se acerca
sigilosamente hasta la puerta. Escucha el susurro de Mario. Los decibeles están
en un nivel mínimo. Apenas le alcanza para distinguir alguna palabra.
Agudiza el sentido auditivo y cree escuchar un reproche a la persona que
le ha llamado. Le indica que está en su casa y que después le llamaba.
Helena corre a la habitación. Disimula haciendo hincapié en cada
repetición de abdominales. Se desnuda y le pasa por el lado a Mario. Este ni
siquiera se inmuta. Siente que el corazón se le destroza. No había ningún
interés. Eso era un indicativo que se había satisfecho la noche anterior.
Helena esta hastiada. En los pensamientos no le cabe la idea de volver a
darle una oportunidad a su esposo. Día a día va uniendo pedazos de los muchos
cabos sueltos que va dejando la estela de infidelidad de Mario. Sin duda alguna
anda en una aventura. Sus salidas a deshoras y su extraño comportamiento
evitándola hasta para acostarse con ella, es una evidencia clara de su falta de
tacto y de respeto por su matrimonio. Que morro tiene este.
<<Esto es demasiado. Si no me quiere, si no me aprecia. Que se
vaya con la perra con la que anda revolcándose. Cualquier hombre daría un ojo
de la cara por tenerme a su lado. Esta vez no lo voy a perdonar. Si quiere
hacer las cosas así, entonces la guerra está declarada...>>
El abrazo por la cintura la saca de onda. Mario le clava un beso en el
cuello. Lejos de sentirse amada le invade una sensación de repulsión.
Como̶ está la mujer más bella del mundo.
̶¿Estás seguro de lo que dices? ̶La mirada de Helena trataba de hacerle
una tomografía a Mario para ver qué tan sucia tenía la conciencia.
Mas̶ que seguro. Estaba pensando en esta semana. Que debías tomarte un
descanso del trabajo. No sé. Hace algún tiempo que no visitas a tus padres.
Después no quiero que me eches en cara que por mi culpa nunca más los fuiste a
visitar.
Me̶ estás hablando en serio. ̶Helena no sale del asombro por la cara
dura que tiene Mario al proponerle semejante tontería. El muy desgraciado
estaba creando un espacio para seguramente venir al apartamento a revolcarse
con su nueva conquista. Como lo conoce muy bien sino es ese el plan entonces
seguramente planteara algún evento improvisado para irse él de viaje. ̶¿Tanto
te fastidio aquí? ̶Trata de ser lo más irónica posible. No se la va a poner en
bandeja de plata.
Que̶ locuras dices mi amor. Cambiemos de tema. Bruno me comentó
que ayer una tal Sara llama al bufete y que dio mi nombre de referencia,
pero no recuerdo a ese cliente.
Yo̶ menos. Quizás es una de tus tantas amiguitas del gimnasio. ̶La rabia
contenida de Helena hace que desvíe la mirada. No quiere confrontarlo aún.
̶Deja los celos, en mi corazón no hay espacio para más nadie solo para
ti mi reina.
̶¿Me lo juras?
Sabes̶ que no me gustan esas tonterías. Si no me crees es tu problema.
Fue̶ tarareando una canción hasta la habitación para terminar de vestirse y
salir a trabajar.
CAPITULO II
Te amare con todas mis fuerzas
Vivir en pareja no es sencillo. Al igual que el ser humano con sus
biorritmos, el matrimonio también pasa por etapas. En lo que concierne a la
vida de Helena nunca fue una chiquilla loca. Desde temprana edad mostro
carácter y el hecho de ser la hermana intermedia entre dos hermanos, la
convertían en un espécimen femenino que sabía luchar por lo que quería.
Al terminar la universidad a pesar de haber contraído matrimonio con
Mario estaba enfocada en no abandonar su carrera profesional. Era una chica
independiente. Su estilo elegante la hacía lucir bien ante las demás chicas.
Tenía ese porte natural de reina. Rubia. Curvas delineadas. Senos grandes y
cintura de avispa. Esas peculiaridades la convertían en el cotilleo de amigos
de estudio, o del trabajo. Pasar desapercibida era un detalle que jamás en la
vida le iba a ocurrir. Siempre llamaba la atención.
Crecer en “La Ciudad Esmeralda” como se le conoce a Seattle tiene sus
ventajas. Está muy lejos de ser una atareada ciudad, donde el ruido y el
tráfico inhumano causan estrés y desconcierto. Aquí reina la tranquilidad. Es
más, si se le diera la oportunidad a algún maestro del feng shui para que
realizara la distribución energética de los distintos elementos naturales para
que pudiera crear un lugar apacible lleno de energía y armonía, Seattle tendría
un alto porcentaje de permanecer tal cual como esta. Lagos, montañas, árboles y
sobre todo pocas personas. Es un sitio tranquilo lleno de agradable energía
positiva. Sus aires frescos por la Bahía Elliot en la ensenada de PugetSoung
que airea vientos del pacifico renueva cada día las esperanzas de quienes hacen
vida en sus predios.
Seattle hace que los recuerdos permanezcan inalterados a lo largo del
tiempo. La lluvia constante invita a calmarse y a vivir en un clima de genuina
paz. Muchas de sus tardes son frías y algunas noches son aún más frías.
Que placer es descubrir la tibia piel de tu pareja debajo de las
sabanas. Mientras afuera arrecia un clima que amenaza con descargar una
torrencial agonía, por conveniencia existencial la lluvia en Seattle no azota
ventanas o estremece con rabia los árboles. Es un rocío constante que empapa
convirtiendo la atmosfera en una humedad fresca y agradable que contagia
magia.
Nada mejor para el alma y el corazón que después de hacer el amor a mas
no poder, se tenga la oportunidad de compartir una aromática taza de café en
las cafeterías dispuestas a cada paso de los transeúntes que tratan de
conseguir una guarida para reafirmar su felicidad y paz.
La tranquilidad que irradia Seattle, no influye en el matrimonio de
Helena. La marea esta alta. Mario es un hombre sagaz. En pro de recuperar la
sonrisa de su esposa, se hace a la idea que su último escape es una chorrada y
Helena le está haciendo un escándalo por una tontería.
Para sorprender a Helena se prepara una velada, sabe que eso siempre le
ha dado resultados positivos. La relación aún estaba tensa. En la mente de
Helena la idea fresca de los comportamientos y llamadas a escondidas de su
esposo seguían acabando con su paciencia. Nadie podía sacarle de la cabeza que
Mario andaba enredado con alguna mujer. Vivir bajo esa constante presión era
difícil. La situación se desbordo al llegar al punto de inflexión donde casi no
tenían sexo. Claro una pareja acostumbrada a tener encuentros íntimos tres
veces o cuatro veces por semana, tener un margen de poca actividad sexual se
convierte en una eternidad.
Para el hombre el sexo es un complemento de su vida normal. Lo relaciona
más a lo físico. Es así de Simple. Cuando siente ganas, trata en lo posible de
satisfacer ese impulso. En la mujer la situación es un poco más compleja. No se
trata solo de satisfacción física. Hacer el amor es una reafirmación de lo que
siente por la persona amada. El trato de su pareja en el día a día va abonando
puntos a favor. La comunicación. El trato, las palabras dulces, en fin, el
cerebro de la mujer forma un compendio de lo que vive con su pareja y al estar
esos nexos satisfechos siente un impulso en el deseo a niveles de locura y
lujuria. No quiere decir esto que la mujer no pueda disfrutar de encuentros
sexuales casuales, el hombre procede por instinto en cambio en la mujer existe
un contenido emocional y mental que va desde el amor hasta el odio.
Helena no quería polemizar el hecho que su marido al igual que todos los
hombres casados tienen aventurillas a escondidas de sus esposas, ese es un
acuerdo tácito que permiten las esposas siempre y cuando se haga una que otra
vez y no sea algo que se vaya presumiendo a los cuatro vientos. Para
salvaguardar las apariencias Helena cede terreno y acepta salir a cenar con su
esposo. En el fondo las parejas que se aman así cometan errores y estén
plagados de conflictos que es una constante permanente, siempre tratan en lo
posible de recuperar su amor. La separación es último recurso. Por eso ella
asume el riesgo, tiene la esperanza en que las cosas van a mejorar y sin
importar lo que haya sucedido, el perdón puede superar esos escollos en las
relaciones de pareja. Además, no es la primera vez que ella se deja llevar por
Mario haciendo de la reconciliación un nuevo comienzo. Él sabe que teclas
apretar. La conoce muy bien. El detalle es que con el pasar del tiempo, de
tanto incurrir en las mismas estupideces, las personas se van cansando de
repetir una y otra vez las mismas escenas, una especie de deja
vureconciliatorio, pero en su interior van tomando un comportamiento
destructivo de aceptación donde saben que su pareja no la valora completamente.
̶Está haciendo más frio que de costumbre.
̶¿Te parece? Aquí adentro esta cálido el ambiente. ̶Exclamó Mario
resoplando el café.
Cada vez que tienen una oportunidad sobre todo después de cenar se
pasean por alguno de los cientos de Starbucks que circundan por los predios de
sus trabajos o de su apartamento. Nadie puede dejar pasar el hecho que en esta
ciudad se toma demasiado café. La única explicación para salirse de la regla,
es que se sufra de algún tipo de condición médica que no te permita saborear
los distintos sabores y aromas del café.
Hoy̶ estás más linda que de costumbre.
Ya̶ esas palabras no te las creo Mario. ¿Dime que quieres? ¿Vas a salir
este fin de semana con tu jefecito?
̶ ¡Auch! Eso me dolió. Estas
de malas pulgas. Estoy tratando de arreglar las cosas. Yo sé cómo se le pasa
eso a mí reina. ̶Susurro Mario en la oreja de Helena al darle un leve mordisco.
Te̶ aseguro que no he sido yo, para tu fortuna y tranquilidad. Quien
anda haciendo estupideces. Ya no me besas. ¿No te parezco atractiva? ¿Se nos
acabó la magia? Aunque sería bueno que lo vivieras. Me gustaría que por un
instante te pusieras en mi lugar. La̶ mirada de Helena era retadora.
̶ ¿Serias capaz? ̶Mario trata
de ver que tan lejos puede llegar la amenaza de su esposa.
̶Espero que no sea necesario. A veces aplicar el ojo por ojo acaba con
el problema de un solo golpe. ̶Aclaro y tomo un sorbo largo de café.
̶¡Ah no! ¿Esto de que va? Contestó̶ Mario a la defensiva.
Dímelo̶ tú. ¿Estoy equivocada?
̶¡No!, ¡no!, claro que te equivocas. Quizás tienes razón en algunas
cosas, pero no en todo. He estado con casos complicados y tú sabes cómo es
Bruno. Decirle que no, es imposible. Es por eso que debo estar más tiempo en
las oficinas, asistir a reuniones fuera de horario. Me disculpo por eso. Jamás
te traicionaría mi amor. ̶Poso sus labios en la mano de Helena.
Regresan a casa. No hay un plan evidente. Helena esta espléndida.
Después de quitarse la ropa, va hacia el lavado con una braguita transparente
donde el hilo de la parte trasera le iba abriendo las nalgas en dos hemisferios
perfectos, esa imagen captura la atención de Mario que la va siguiendo. Se le
disparan pensamientos obscenos. Y un vibrante deseo le recorre la entrepierna.
Él desea a su esposa, a pesar de sus desvaríos íntimos que lo han llevado la
estupidez de serle infiel. Para ahorrar tiempo se mete debajo de las sabanas
sin ropa interior. Helena termina de quitarse el maquillaje, de lavarse la cara
y cepillarse el cabello.
Helena̶ ven a dormir. Papi te espera. ̶ Mario se mueve rápidamente. Pone
la luz de la habitación a medias. Coloca la lista de música favorita en el
teléfono y hace un nuevo salto olímpico debajo de las sabanas.
̶¿Qué te pasa Mario? ̶Preguntó Helena a la vez que sacaba suavemente su
larga cabellera rubia que peinaba con delicadeza.
Termina en el lavado. Al meterse en la cama. Mario se le pega a su
regazo. La erección por poco le abre la espalda.
̶¡Es en serio?
Ponte̶ brava conmigo todo lo que quieras. Sabes que nuestro amiguito no
entiende de razones. ̶Bromea Mario y con los labios le señala su pene. Prosigue
su aproximación, le besa suavemente. Su lengua recorre sutilmente la parte del
cuello que esta próxima a su oreja izquierda. Esto lo acompaña con un
movimiento profundo de cadera que lo termina de acoplar a las curvas de la
espalda y nalgas de Helena.
Al voltearse. Mario la toma por el cuello, solo está marcando posición
de macho alfa. Deja una de sus manos escurrirse hasta sus pechos. Mete
una de ellas en el brasier para palpar la circunferencia amplia y tibia de las
aureolas de sus tetas.
Helena se voltea. Mario toma uno de sus muslos pálidos apartándolo, esto
crea un espacio por donde puede colarse. Quedaron abrazados en forma de
tijeras. Ella sigue sin quitarse la braguita. La poca tela que separa el
ardiente miembro de Mario y su vagina, es mínimo. Siente como el glande hace
esfuerzos desmedidos para ir por ella, la diminuta tela apenas si puede
contener el duro miembro. Quiere penetrarla. Sin embargo, se toman su tiempo.
Mario sabe que estos juegos previos de toques íntimos y lamidas eróticas al
prolongarse, crearan más ansiedad y la recompensa será una gran cantidad de
líquidos vaginales que abrazaran sin medida, la amplitud de su larga virilidad.
Ella ha aprendido a moverse. Se coloca a horcajadas sobre el pene de su
esposo. Se quita el sujetador. Mario se abalanza, cual poseso a meter toda la
aureola y el pezón dentro de su boca. Helena se desahoga con un apretón. Su
mano está detrás de la cabeza de su esposo. La mordida controlada la incita a
levantar un poco la tela mínima de la braguita y con la rudeza de sus caderas
introduce más de la mitad del miembro erguido. Gime y se derrumba. La presión
que ejerce la braga por no permitirle entrar por completo la masculinidad
basculante de su esposo hace fricción contra sus labios íntimos y el clítoris,
ese calor hace que entren en frenesí.
Ante el momento de desespero, Mario la levanta. Ella se apresura para
quedar totalmente desnuda. Al terminar, la devuelve a su posición original,
encima de él. Esta vez él profundiza la penetración impulsando sus caderas
hacia el techo y ella se agita hacia a delante y hacia atrás. La humedad tibia
va embriagando toda la dimensión del pene de Mario. El calor intenso de sus
sexos, el agite de su respiración y la sensación de un encuentro sexual
postergado junto con el tema de la reconciliación, les hace apretarse con
dureza. Las pieles y las penetraciones se convierten en azotes intensos, es
rabia, es pasión, es el deseo cabalgando entre sus piernas. Los espasmos
inclementes de la parte interna de la vagina de Helena y el pálpito chorreante
del pene de Mario los deja estar un rato más en la misma posición. Se han
desprendido de cualquier sentimiento de duda o de rabia. Están aliviados. Han
tenido una nueva oportunidad para reafirmar lo que sienten. Se aman. Y eso es
lo que verdaderamente importa.
̶Si no fueran por estos momentos la vida fuera una locura. ̶Susurra
Helena abrazada a Mario.
̶Te amo. ̶Murmuró Mario sobre los labios de su esposa. Ella sonríe
dentro del beso.
Gracias̶ por la cena. ̶Le dice Helena. Se pierde en sus pensamientos. Le
fascina hacer el amor con Mario, pero no deja de darle vuelta al asunto de la
infidelidad. Bajo estas preocupaciones quedo sumida en un profundo y
gratificante sueño.
Desde lo lejos una tormenta está por llegar al lugar. El viento arrecia.
El agua del mar zigzaguea intensamente. Ella camina, la sed inminente hace
notar que lleva un buen tiempo caminando. No tiene zapatos o sandalias. Las
huellas sobre la arena son borradas por la estela de la ola que retrocede en
busca del resto del océano. El viento la despeina. Esta intranquila. En su
pecho hay una sensación de búsqueda. Articula en su mente el nombre de su
esposo. Lo está buscando. No logra dar con su paradero. Grita a los cuatro
vientos su desesperación. Como una loca corre sin descanso. Las personas a su
alrededor se apartan, les da la impresión que es capaz de cualquier cosa. Nadie
parece entender su agonía. Con las manos sobre el rostro llora sin control.
Aseguraba que él la amaba, pero alguien lo aparto de su lado. A lo lejos una
mujer camina en cámara lenta acelerada. Viene con un vestido negro, deshecho.
La cabellera le tapa el rostro. Siente que está en peligro. Se incorpora y
comienza a correr, pero sus piernas avanzan lentamente. Huye con todas sus
fuerzas cuando las fuerzas se la agotan voltea para ver si la había dejado
atrás. Para su tranquilidad no estaba. Al volver la cara, súbitamente aparece
la mujer tomándola por los hombros con fuerza descomunal, le brota sangre, las
garras machacan la piel, le duele y el rostro de la mujer se devela, es una
calavera y le dice: Es mío. Mío. Un grito de mujer demencial la hace
despertarse con agitación.
̶Buenos días Erika
̶Oye Helena. Que buen semblante traes hoy. Te ves llena de energía.
¿Alguien la paso muy bien anoche Rita?
Es̶ que se le nota a leguas. Eso no puede ocultarse amiga mía. ̶Le grita
desde el otro lado del escritorio a Rita.
̶¡Vamos chicas a trabajar! Dejen el cotilleo. ̶Les grita Helena mientras
va de camino hacia su oficina. Cerrando la puerta tras de sí.
Desde hace un par de años es la jefa del departamento de publicidad de
una prestigiosa revista. Para el momento que la contrataron el antiguo
encargado del área de publicidad dejo su puesto de manera abrupta. Algo
relacionado con asuntos personales fue el aval que uso para dejar su cargo.
La responsabilidad del mercadeo y la publicidad recayó sobre sus
hombros. Una revista depende mayoritariamente de los espacios publicitarios que
inserta en las ediciones. La revista estaba ubicada en el centro de la ciudad.
En las inmediaciones quedaban varios cafés. Estos locales crean un espacio
ideal para complementar la rutina diaria del curro.
Como parte de su equipo de trabajo le asignaron dos chicas pasantes:
Rita y Erika, desde que se conocieron hicieron buenas migas y hasta el día de
hoy son inseparables.
Cuando se casó con Mario el primero en conseguir una buena oferta de
trabajo fue él. Por ayuda de su padre pudo entrar en el bufete de un amigo de
la familia. Al cabo de varios meses y por la impresión positiva que le dio a
Bruno, su jefe inmediato, tuvo el atrevimiento de pedirle ayuda para ver si lo
ayudaba con su esposa. Este le sugirió que fuera a probar suerte en la revista
Mujer este medio de comunicación, estaba en su apogeo y seguramente por el
crecimiento que experimentaban con sus clientes requerirían reclutar personal
que trajeran ideas innovadoras y refrescantes facilitando la renovación de las
publicaciones ya que una de las particularidades de la revista era ser pioneros
en aplicar estrategias y técnicas de persuasión atípicas. En una ocasión
armaron un set en un restaurant de comida típica de la India, con tigres y
elefantes. Eso emocionó al público durante varios días. Bruno podía echarle una
mano porque en el departamento de recursos humanos de la revista trabajaba una
prima.
La publicidad se le daba de manera natural a Helena. Había realizado
buenos proyectos lo cual se traducía en impulsos monetarios para la revista
Mujer. Estaba siempre al tanto sobre los emprendimientos y los locales nuevos
que trataban de abrirse paso en Seattle. Muchas empresas querían probar suerte
en Seattle siguiendo los pasos de Microsoft y Amazon convertidos hoy en día en
grandes emporios. Su olfato para contactar y cerrar contratos de publicidad con
su equipo de chicas era notable y siempre recibían elogios por los logros
alcanzados. El editor jefe estaba encantado con el desempeño de
Helena desde que arribó a la revista Mujer se sentía orgulloso por
haberle dado la oportunidad. Ella era además de guapa, una mujer competitiva y
no escatimada esfuerzos en exigirse, le encantaba estar en la cresta de la ola.
Por el favor recibido por parte del jefe de Mario, Helena siempre quedo
agradecida y le tenía aprecio, Bruno le facilitó conseguir el trabajo.
CAPITULO III
El ojo de la venganza
El dolor de la infidelidad y la continua incertidumbre de si la pareja
aun te ama, es una corriente continua que va socavando las puertas del corazón
de la persona que aun ama. El drama personal al sufrir infidelidad, es una
situación que no es sencilla de llevar. No solo se trata de pasar la página
para seguir viviendo, sino que además el compromiso de convivir en pareja queda
vulnerado y el pacto del encuentro íntimo queda rasgado.
El sufrimiento que le ha causado Mario le ha agrietado el corazón a
Helena comprometiendo los sueños y los anhelos de vivir en pareja. El
autocastigo es otra de las razones que maltratan la vida de Helena, se pasa
horas enteras rebanándose los sesos para darle respuestas a sus dudas y a su
dolor:
<< ¿Por qué me hace esto?,
¿Ya no me quiere?, ¿Por qué nos ha pasado esto?, ¿Es mi culpa?, ¿Pude evitado?,
¿Seré capaz de perdonarlo?, ¿Quiero seguir con él?>>
Lo peor de la situación de infidelidad que no se resuelve a tiempo, es
el círculo vicioso que se crea. Helena sabe que esta de manos atadas. Las
acciones de Mario le han dejado bien claro que no piensa cambiar. Ella se ha
esforzado para que la relación se mantuviera, ha hecho de todo, desde recibir
ayuda de amigos hasta asistir a reuniones con consejeros matrimoniales. Todas
esas oportunidades para restablecer la relación se han convertido en pañitos de
agua tibia. Por un tiempo dan la impresión que funcionan, pero luego su esposo
retoma sus andanzas. La euforia y el sentido de conquista le impregnan el alma
llevándolo a cometer una y otra vez actos furtivos de infidelidad. Ella no ha
dado con la razón de por qué Mario se escurre en otras faldas.
Juliette es la chica de turno al bate. Desde que Mario la conoció en el
club nocturno ha estado flechado con ella. El juego sexual es lo que lo mola
para seguir hundido en las piernas de esta chica que sabe usar a la perfección
cada centímetro de su piel e intimidad.
En la casa comparten sus actividades con normalidad. Sin embargo, el
entramado mental es agotador. Helena porque trata de descubrir las jugarretas
de su esposo y por parte de Mario que trata de no llamar la atención, se
mantiene en bajo perfil, pero resulta demasiado sospechoso.
̶Amor tienes toda la espalda maltratada. Mírate en el espejo. ¿Qué te
paso? ̶ Helena esta asombrada de las marcas que presenta la espalda de Mario.
̶¿Marcas? Déjame ver. ̶Se para frente al espejo. La imagen del último
encuentro con Juliette le muestra la razón de porque esta así. Ella lo puso de
espaldas, la azoto con sus manos por las nalgas, posteriormente pasaba sus uñas
largas por la espalda con una presión que iba en aumento y finalmente le
mordisqueo dolorosamente. Luego se acostó abriendo bien las piernas para que la
penetrara. Durante cada empuje ella le clavaba las uñas con fuerza.
!Oh!̶ sería el puñetero perro de Bruno. Después del gimnasio pasamos por
su casa que me iba a comentar algo de un caso y nos tomaríamos algunas cervezas
y me puse a jugar con el perro. Sabes que cuando uno está empapado de sudor la
piel se vuelve delicada. Eso fue el condenado perro.
Helena lo decidió, ya no le creía nada, eso que tenía en la espalda eran
arañazos, pero no producidos por un perro sino por una perra, si su esposo
quería destruir su matrimonio, el del problema era él y no ella. Le parecía
suficiente todo lo que le había perdonado. La rabia inicial se ha ido
convirtiendo en una salvia más densa, con el pasar del tiempo se ha hecho más
fuerte. Sufrir es una opción que no está dispuesta a seguir permitiendo que
surja en su corazón. Mario no la respeta. Y lo más irónico es que ni por la
cabeza le pasa que ella podría ser una mujer de armas tomar. ¿Por qué no
pagarle con la misma moneda? Acostarse con otro hombre no le sería nada
complicado. Eso le inquieta más de la cuenta. Traga grueso porque jamás se ha
dado a la tarea de pensar en otro hombre de esa manera. Sentir manos ajenas.
Besos distintos y ser penetrada por otro pene. No es algo que se le dé como si
nada.
Enciende la TV, pero sus pensamientos están en otras latitudes. Por
casualidad se tropieza con una película que le llama la atención,
IndecentProposalcon Robert Redford y Demi Moore la trama está marcada por la
infidelidad permitida por un millón de dólares sin embargo lo que más le
pareció interesante, es que una de las cosas que marco al protagonista pareja
de Demi Moore era el hecho que le insistía en preguntarle si le había gustado
como se lo había hecho, si lo disfruto, si le agrado el otro pene. Eso
puso en su cabeza una brújula de acción que sin duda podría causarle un
dolor infinito a Mario, en su entorno cercano existen muchos candidatos que
podían acostarse con ella. Sabía como la miraban y seguramente la deseaban
ocultamente si se lo proponía era solo cuestión de tiempo.
Se durmió ideando alguna estrategia. Mario llego bien entrada la noche.
Y como de costumbre tomo un baño con la excusa habitual de no querer manchar su
nido de amor con suciedad de la calle. Aunque lo que realmente hacia era
limpiar las evidencias de los revolcones que se daba con cuenta mujerzuela o
chica fácil se encontraba en su camino.
Helena entro en una turbulencia de ideas sobre cómo hacerle pagar a
Mario sus indecencias. Día a día elaboraba listas de posibles
candidatos:
<<Mi jefe es todo un amor, pero demasiado mayor. Si tuviera 20
años menos sería el candidato ideal. Aunque pensándolo bien, ese sería un gusto
para mí y de seguro a Mario ni si quiera le importaría mi aventura con él. Eso
es muy sencillo y no le causaría incomodidad o dolor>>
Estaba sorprendida en cuanto pasaba por su cabeza en relación con su
venganza. Esa actitud no debe sorprenderla porque cuando se proponía hacer algo
se empleaba al 100 por ciento, todas sus acciones y pensamientos se enfocaban
hasta lograr conseguir su objetivo. No por nada tiene en su escritorio un
recuerdo donde dice: “Para conseguir todo en la vida solo basta tener un 100
porciento de determinación”
Bruno además de ser el jefe de Mario. Se llevaba bien con Helena. Era un
buen amigo. Gracias a él, sus carreras consiguieron asidero para iniciarse en
el mundo profesional.
En una de las tantas tardes que Bruno regresaba del almuerzo con su
andar rápido y comedido se dirigía a la puerta principal del bufete. Con sus 35
años se mantenía en forma. Su cuerpo no era atlético pero lucía bien. Elegante.
Mirada indagadora y un tono de voz grueso lleno de persuasión. Ese día noto de
reojo que Mario llegaba en un auto particular. En el interior había una chica
más joven del que se despedía con un típico comportamiento que denotaba
intimidad.
Antes de terminar el atareado día concertó una cita con Mario para
precisar algunas acciones en relación a varios casos de demanda laboral y malas
praxis médicas que por lo general dejaban una buena tajada de dinero.
En esto Bruno ponía siempre a los mejores de su equipo de trabajo, Mario
era uno de ellos. Luego de establecer los argumentos y las disertaciones que
debían exhibir en el escrito legal de la contrademanda. Le surge el deber moral
de conversar con su amigo.
̶Mario estoy sumamente complacido con tu desempeño. ̶Dejo una pausa para
llenar los vasos con whisky.
̶No me digas que este es el preámbulo para echarme a la calle. ̶Comenta
Mario riéndose mientras rodea la oficina para deleitarse con la vista nocturna
que ofrece el despacho del jefe.
Eso̶ es algo que continúo contemplando. No me tientes. ̶Se sonríe
dándole el vaso.
̶¡Salud! ¿Qué celebramos?
̶Brindemos por la vida y el amor. ¿Cómo van las cosas con Helena?
̶Viento en popa. Nunca hemos estado mejor.
̶ Mario soy tu amigo.
Siéntete en confianza. Hace algunos años la dedicación al trabajo me hizo
perder la posibilidad de vivir con Carolina una vida en pareja. ¿Seguro que
está todo bien? ̶Esta vez la pregunta la acompaña con una mirada
recriminatoria.
̶Anda al grano. No entiendo. Te dije que vamos bien. Una que otra pelea,
pero eso es normal. ¿Cierto?
̶No me voy a meter en tu vida. Eso lo respeto. Trata en lo posible de no
mezclar el placer con el trabajo. Para que me entiendas bien, los detalles de
tu vida no los traigas al trabajo. Si tienes alguna aventura o romance por
favor como amigo te pido que seas más discreto. Eres un hombre casado y no es
conveniente andarte por ahí exhibiéndote más de lo debido.
̶Gracias por el trago Bruno. No puedo llegar tarde porque después Helena
se pone de malas pulgas. Agradezco tu sinceridad. Nos vemos mañana. ̶Mario
prefirió dejar la conversación hasta ese punto, aunque entendió perfectamente
lo que le sugería Bruno.
Bruno lo miro hasta que salió de la oficina. No entendía a su amigo. Con
una mujer tan hermosa como Helena, andar por ahí haciéndose el gilipollas. Las
mujeres necesitan hombres de experiencia que la entiendan y
más aún la ayuden a conocer su sensualidad. Las mujeres tienen un switch
que al encontrarlo la convierten en una dócil y complaciente mujer. Se lamenta
que sea ahora cuando puede ver con claridad por que perdió a Carolina. El trago
le abre una puerta en el tiempo sabe lo tonto que fue, los tantos errores que
cometió al meterse con cuanta secretaria podía. Sabe en el fondo que él lo echo
todo a perder.
̶¿Y ahora de dónde vienes Mario? Y tienes un aliento de haber estado
tomando. La̶ cara de Helena es una furia.
̶Nada, que a Bruno le dio por charlar más de la cuenta. ̶Le contesta con
fastidio.
̶Tú me ves la cara de idiota. Todos los días es una excusa nueva.
Realmente he puesto de mi parte, pero a ti te vale mierda. ̶Grita con rabia y
hastió Helena.
̶¡Oye te estás montando un pollo! Y nada de lo que dices tiene sentido.
Te he contado que vengo del bufete y esta vez te estoy diciendo la verdad. ¡Por
Dios!
̶Ya no sé qué creerte o no Mario. Te has convertido en un hijo de puta
mentiroso y te vale madre esta relación. ̶Los gritos desaforados de Helena
ocupan cada rincón del apartamento. Lo que realmente deseaba era darle un par
de hostias para que entrara en razón.
̶De verdad que hoy no estoy para esto. ̶El portazo por poco derriba la
pared y los soportes de la puerta.
̶¡Cabrón de mierda! ̶Le va diciendo caminando tras de él. Mario sale
bufando del apartamento hacia cualquier otro lugar que le de tranquilidad.
<<Esto es una mierda. No me voy a quedar a deshojar margaritas y
esperar que ese hijo de puta se apiade un poco y me ame. Me largo de aquí
también>>
Helena con lo cabreada que estaba no pretendía entregarse al dolor. Se
vistió, realmente no necesitaba de mucho acomodo para lucir bien. Era guapa por
donde se le mirase. Sus senos. Sus nalgas. Su cintura y la larga cabellera eran
suficientes para verse elegante. Esa sensualidad innata le salía por los poros.
Se puso un pantalón beige, una blusa a medio busto y se colocó una chaqueta.
Quedo elegantemente sensual.
Toma un taxi y llega a un local. Pide un trago. La copa tipo coctel por
la longitud de su cuello, larga, es elegante y se adapta a la perfección a la
mano del comensal. Helena observa el color refrescante. Es un tono bermellón
(rojo anaranjado). La copa no contiene hielo, desde la primera vez que lo probó
le encanto. El cosmopolitan, es su trago predilecto.
De dos sorbos tomo su primera copa.
̶¿Le preparo otro? ̶El chico que atiende la barra pregunta amablemente
con la mirada amplia.
̶Por favor. Esto me calma.
El segundo trago le supo mejor. Su matrimonio lejos de ofrecer algún
tipo de esperanza de mejora, parecía perdido. Estaba harta de tantas mentiras.
Tenía entre ceja y ceja la idea que debía zafarse del dolor pagándole con la
misma moneda a Mario. Era hora de voltear la tortilla.
̶La copa no te va hablar y hasta donde sé, los amigos imaginarios nos
abandonan cuando nos hacemos adultos. ̶Le toma la mejilla para darle un buen
beso.
̶¡Bruno que sorpresa! ̶Le devuelve el beso.
̶¡Dios los cría y ellos se juntan! ¿Qué haces aquí sola? ¿Y Mario?
Inquirió Bruno tratando de encontrarle explicación a lo de Helena.
̶¡No me preguntes por ese hijo de puta!
̶¡Hum! Ya veo. Parece que no estáis muy bien entre Mario y tú. ̶Repuso
Bruno.
Bruno era un tipo divertido. Tenía anécdotas increíbles. Entre copa y
copa. Las risas comenzaron a crear un ambiente relajado. Poco a poco Helena
abrió su corazón. Conocía desde hace varios años a Bruno. Se sentía en
confianza.
̶Te voy a confesar algo Helena. Mario es un tonto. Tener una mujer tan
hermosa a su lado y no valorarla. Eso es imperdonable. Por experiencia te digo
que a la larga terminas pagando todas esas estupideces. ̶Vacía su trago sin ver
a Helena.
Ella está viéndolo fijamente. Sus palabras adormecían su dolor. Dentro
de su lista de posibles candidatos no había contemplado a Bruno. No entendía
por qué estaba fuera de la preselección. Era un tipo agradable. Su voz
experimentada era seductora. La forma en cómo se manejaba, le daba carácter y
brindaba seguridad. En la situación que se encontraba, se le dibujo una imagen
del jefe de su marido que lucía completamente distinta a como lo había
considerado hasta ese momento. Le pareció atractivo.
Con cada cosmopolitan que tomaba se le iba haciendo más factible su sed
de venganza. Y el bombillo se le encendió. Indudablemente tuvo la idea malévola
que Mario se iba a cabrear mucho, si se acostaba, nada menos y nada más que con
su querido jefe. Eso le producía placer. Ponerlo en sus zapatos para que
experimentara un poco su mundo de dudas, incertidumbres y desconfianza. No era
partidaria de la traición. Las circunstancias la han estado empujando a
sumergirse en un mundo desconocido del no saber si podrá dar marcha atrás.
Porque quien traiciona una vez, volverá hacerlo en algún momento, lo más
difícil siempre es la primera vez.
Bruno ve una oportunidad con Helena. Hubo un momento que trato de ligar
con ella después de conseguirle el trabajo, pero se le hizo difícil. Ahora ella
con algo más de experiencia, le hace posible que pueda sucumbir a sus encantos.
Y sería la ocasión perfecta. Como buen sabueso, sabía cuándo puede atrapar su
presa. Sin embargo, debe andarse con cuidado no vaya a ser que por las copas se
vaya a dar un tortazo. Y en este tema de parejas una posible reconciliación
siempre está en puertas lo que podría dejarlo mal parado ante su mejor empleado
Mario. Además, como buen espécimen femenina ninguna mujer pedirá que la lleven
a la cama. Le parece atractivo la insinuación y el juego sutil de la seducción.
̶Últimamente he estado reflexionando más sobre la vida. Y muchas veces
dejamos pasar oportunidades no solo en el trabajo sino en lo personal. Somos
seres humanos llenos de miedos, deseos y pasiones. Lo que buscamos en la vida a
veces se nos presenta sin pedirlo. ¿No te parece? ̶ Menciona Bruno con aires
filosóficos. Deja colar su mano hasta la pierna de Helena indicándole que
estaba ahí para ella.
̶Indudablemente. Y lo más cumbre de todo el asunto de la vida y el rollo
existencial, es que das todo por sentado y cuando menos te lo esperas las
situaciones ponen tu mundo al revés y haces cosas que antes te parecían
absurdas o impensables. ¡Creo que se me subieron las copas a la cabeza! ̶Suelta
una gran carcajada, pero coloca la mano sobre la de Bruno.
Por un momento cruzan las miradas. Sorben un trago de sus copas. Un
extraño calor se apodera de sus cuerpos. Quieren dar ese paso incomodo, pero no
saben cómo hacerlo sin ser tan evidentes en lo que desean.
̶Estas hermosa Helena. Ahora que lo pienso...olvídalo ̶Bruno asume el
papel de tímido seductor.
̶Que me ibas a decir.
̶No sé, si deba. Eres mi amiga, pero...
̶¡Hostia! Tú no eres hombre de andarte por las ramas. ¿Qué quieres
decirme?
̶ Si tuviera la oportunidad
de pedir un último deseo antes de mi eminente ejecución pediría pasarla al lado
de una mujer tan bella como tú. ¡Ya
lo dije! ¡Ya lo solté! Bruno̶ lanza el dardo.
̶Y debes estar en una situación tan comprometedora para pedir ese deseo.
̶Helena le toma de la mano. Su piel tibia entrecruza los dedos. ̶Pide la cuenta
y vámonos a otro lugar para ver si yo soy quien te ejecuto.
En el apartamento de Bruno se cuelgan en un largo beso. Helena esta
temerosa, pero le va dando forma a ese sentimiento de miedo y de encuentro. No
le desagrada. Sentirse deseada le despierta el instinto y la sed de sexo que
tenía un poco dormida.
Bruno le muerde los lóbulos de las orejas. Su mano entra en el pantalón
y coloca sus dedos en la humedad de su vagina. Va por lo que quiere. La ha
deseado desde hace mucho. La oportunidad le lleva, no solo tener sexo, quiere
poseerla, penetrarla Darle un revolcón como Dios manda. Ella muerde los labios.
Está a gusto. Se maneja con soltura. Esta desinhibida. Le muerde el cuello.
Acto seguido le desabrocha el pantalón se lo quita con desespero. Con destreza
le quita la tanga intima. La voltea contra la pared. Ni siquiera se quita el
pantalón. La sigue besando frenéticamente. Saca su pene enrojecido por el
vaivén de sus caderas al frotarse contra la pelvis de Helena. Ella se sujeta a
su cuello. La toma de las dos piernas entre sus brazos. Al pegarla a la pared
siente un estremecimiento en su vagina. Está en una apertura total. Bruno roza
los pliegues de su vagina con el prepucio y glande del pene. La acuosidad tibia
de Helena prepara la erección para que entre con suavidad. No ha sentido otro
miembro masculino en su vagina. La espera, le desespera. No sabe si le dolerá o
si le producirá asco. Por su mente pasan imágenes borrosas
de Mario cuando hacia el amor con ella. Por poco pierde el interés.
Bruno la estruja contra la pared y le introduce todo el pene con fuerza. Ella
gime y la imagen de Mario con otra mujer le reaviva las ganas. Se estremece y
mueve sus caderas con demencia. Entra y sale múltiples veces la entrepierna de
Bruno. La locura. El miedo. El desespero y la sed de venganza hace que ella
alcance el orgasmo y de igual manera se corre Bruno.
Por un momento los invade la cordura. Se miran con vergüenza. Se les
acabo el frenesí. Sin cruzar ninguna palabra. Se reajustan las ropas.
̶Ya cumplí tu deseo. Puedes morir en paz. ̶Le suelta Helena abriendo la
puerta para partir a su casa.
Bruno se quedó el sabor agridulce de la traición de la amistad de Helena
y peor aún de su amigo.
CAPITULO IV Rienda suelta al placer
Seattle brinda un gran espectáculo natural. Las parejas tienden afianzar
su compromiso de amor en sus alrededores porque tiene lugares maravillosos para
declarar un compromiso de amor o para hacer promesas imborrables. Helena se
hizo novia de Mario en una visita al mirador SpaceNeedle. Esa tarde llena de
amor hicieron un recorrido romántico en el monorriel por toda la zona comercial
del centro de Seattle.
Ese recuerdo le reconforta. Aun hoy cuando las cosas no van del todo
bien. Cada uno hace lo que le place. El contrato de amor que los tiene
compartiendo la misma cama sigue fracturado. Respetan lo único que los mantiene
unidos, la esperanza por ver llegar tiempos mejores. Y ya ni siquiera eso.
Helena ha dado un paso más en su camino de venganza. Eso la tiene con muchos
pensamientos encontrados. Bruno no estuvo nada mal en la cama. Fue distinto. Y
le gusto. ¿Esa había sido una buena decisión ante la infidelidad de Mario?
Los pensamientos no los tenía muy claros. ¿Quería aun a Mario o no?
Decide reflexionar. El cielo estaba despejado. La claridad en el horizonte
permitía una visión amplia desde la altura siempre la ha fascinado ir hasta el
SpaceNeedle esos 184 metros de altitud, le hace despejar su mente al tener a la
mano una panorámica de gran parte de la línea costera de Seattle. Los
rascacielos emergen a través de los ventanales. La vista de 360°permite soñar
con tocar el cielo. La sensación de estar tan alto le reconforta, se siente
segura. Los problemas, las estupideces y la falta de atención de Mario se
quedaban anclados abajo. Se sentía liviana. Toda la carga de la culpa o el
cuestionamiento de sí como mujer debía vengarse siéndole infiel a su marido, en
esos predios le era una acción perfectamente valedera.
<<Que estás haciendo con tu vida Helena. ¿Quién gana con todo
esto? Sin duda, Bruno es el ganador por aprovechar el momento. Me follo y
aprovecho mi debilidad. No sé si sigo amando a Mario. Tampoco es que, de una
noche a otra, ya no sienta nada por él, pero algo se rompió. La inocencia de la
magia del amor se hizo añicos. Esa fuerza donde pensaba que todo lo podíamos
superar se ha hecho menos. Estoy metida en un viacrucis.
¿Deberíamos acabar con todo esto y que cada quien siga su camino? O
¿Debo luchar por lo que queda de nuestro amor?>>
La mirada sigue auscultando el horizonte. La lejanía parece tener ese
poder reconfortante para darnos soluciones a los problemas en los que creemos
nunca poder sobrellevar. Es una tranquilidad inalterable. Esa sensación de
infinitud se cuela ante nuestros ojos. La respiración se aquieta. Por un
instante nos sentimos mejor. Pero independientemente de cómo elijas sentirte,
la verdad sigue estando en el poder de nuestras decisiones. En nuestro
proceder. Vayamos a donde vayamos nunca podremos ocultarnos de nosotros mismos.
̶Chicas las reuní hoy porque debemos seguir impulsando el desarrollo de
la revista. Hay que aprovechar la receptividad de nuestros artículos. Debemos
ser más agresivas. Rita tu ojo fotográfico debe enfocarse en presentar lo que
desea promocionar el negocio sin perder de vista el sentido innovador de
nuestra política. Erika debemos trabajar de la mano para hacer que las imágenes
insinúen engagement. Esa es la idea como un solo núcleo conseguir que nuestros
anunciantes y lectores se sientan complacidos. Nuestra revista tiene que seguir
siendo un icono en Seattle. ̶Los pensamientos de Helena seguían fluyendo. Todas
tomaban notas para seguir al pie de la letra las solicitudes de su jefa. Sabían
que su sentido de oportunidad lo tenía bien desarrollado.
̶¿Con que ramo de comercio te gustaría que comenzáramos Helena? ̶Propuso
Rita sin apartar la mirada del block de notas.
̶Déjame ver. ¿Tienen a la mano algún ejemplar del mes pasado?
̶Toma. Erika̶ siempre estaba lista para la acción.
̶Sin duda alguna. Es lo que me pareció. Los espacios están saturados del
mercado inmobiliario. Necesitamos atraer a un público más joven y dinámico.
Recordó que había guardado unas imágenes de un post de Instagram de un bar. ̶Lo
ubica en sus elementos guardados, el sitio se llama TavernLaw. ̶Vean este post
que imágenes tan incoherentes y lo peor aún no transmiten un mensaje claro. Me
pondré en contacto con el gerente para promocionarlo en nuestra revista.
La tarde se les va en afinar la nueva propuesta en la que había pensado
Helena. Era oportuno que lo más pronto posible se pusiera en contacto con el
encargado del bar.
̶Caramba mi amor, se puede saber a dónde vas. ̶Insiste Mario al ver a su
esposa mientras elige ropa.
̶ Espero que no estés
hablando en serio. Voy a un compromiso de trabajo. Con̶ un hastió disimulado le
responde.
̶¿Y no me invitas?
̶Si quieres venir, es tu problema. Voy a una reunión y no sé hasta qué
hora se prolongue. Vamos todos estamos buscando promocionar nuevos clientes.
̶Suena aburrido. Si me siento solo, salgo a tomarme un café o a un
trago. Y ya veré si te alcanzo en ese bar.
Se despiden con un beso ligero.
El bar estaba atestado, los días lunes funciona con un horario hasta las
2 de la mañana. Helena fue sola al TavernLaw, le mintió a Mario a propósito, el
germen de la infidelidad estaba haciendo efecto, además como se iba a reunir
con el encargado necesitaba esgrimir bien los detalles de la negociación para
luego hacer una sesión más formal con su equipo de trabajo.
Después de usar sus tácticas de persuasión y su experiencia en
publicidad logra convencer al encargado quien gustosamente la invitó a que se
quedara hasta la hora que quisiera, podía tomar y comer sin pagar absolutamente
nada. Para que de esa manera degustara ampliamente del bar y así lograra captar
su esencia. Él debía marcharse temprano porque tenía un compromiso ineludible.
Ni por un momento lo dudo, pidió su trago preferido. Un cosmopolitan. Lo
degusta con placer. Aun los sentimientos estaban a flor de piel de lo ocurrido
la última vez cuando tomo esta bebida, se fue a la cama con Bruno. Giraba la
copa. Y continuaba pensando. De cierta manera el hecho de acostarse con el jefe
de su marido se dio de una manera inesperada, pero había el aliciente que lo
conocía desde hace varios años. Ese pequeño detalle le facilito las cosas,
aunque después le arropo un aire de vergüenza. Cada sorbo le sabía a necesidad:
de ser comprendida, sorprendida o amada, sin esos elementos no estaba haciendo
gran cosa con su vida.
En un abrir y cerrar de ojos no se percató que la copa hacía rato estaba
vacía. Un nuevo trago la trae al mundo.
̶¡Que lo disfrute! Inquiere̶ el chico de la barra.
̶Gracias, pero no había pedido una nueva copa.
̶Disculpe ese trago lo invita el señor de aquella mesa. ̶Con sus labios
apunta en dirección noreste del bar.
Al voltearse ve a un chico de cabello largo, pero estaban ajustados a
una especie de cola. Labios gruesos. Mirada penetrante. La ropa ceñida al
cuerpo le daba un aire juvenil y elegante. Tenía buen porte. Fresco. Jovial.
Irradiaba una sonrisa segura y picara.
̶¡Salud! ̶Mueve los labios Helena y a la vez levanta la copa en su
dirección.
̶¡Salud! El̶ hombre enigmático asienta.
Le inquieta la situación. De alguna manera sentía que había creado una
atmosfera donde irradiaba una especie de aura de apertura para concertar
encuentros con cualquier otro hombre que no fuera su pareja, claro esto
pululaba en sus pensamientos. Cuando estaba sumida en la vida bajo la sombra de
Mario, una que otra vez, algunos osados se atrevían a decirle frases o le
dirigían miradas insinuantes, pero no trascendían de ser solo travesuras sin
consecuencias. Desde que tomo la dura decisión de pagarle con la misma moneda a
Mario. Ejecutar su venganza de infidelidad, se despertó en su cuerpo, una
especie de puerta o aroma que detectan los hombres y por eso actúan con mayor
osadía.
̶Me disculpo nuevamente por entrometerme en tus pensamientos. No deja de
inquietarme el hecho que una mujer tan bella, se encuentre aquí, sola y con un
mar de pensamientos que le hacen perderse lo que sucede en el alrededor. ̶La
voz con acento europeo del extraño y su apreciación acertada hace que Helena se
sonría.
̶Muy perceptivo. Desde que era una cría me advirtieron siempre que no
era conveniente hablar con extraños.
̶Estoy de acuerdo. Antonio Ciferelli para servirle. En todo lo que
desee. Lo̶ último se lo susurra.
̶Helena. Es un placer. ̶Lo aproxima hacia ella. Mientras le susurra
¿Estás seguro? Puedo ser un peligro. ̶De alguna manera Helena se siente
en sintonía con Antonio. Apenas lo está conociendo, pero esta cómoda.
La noche dentro del bar continua en su habitual comportamiento. Voces en
mil direcciones. Música en decibeles altos. Copas por doquier. Antonio y Helena
sincronizaron muchos aspectos de sus vidas. Ella no daba crédito a lo que
estaba experimentando. Tener esa cercanía con un perfecto extraño. Antonio no
era para nada mal parecido. Manos grandes. Pecho y espalda con suficiente
espacio para ahuecar el ala. Sonrisa y mirada picara.
̶¿Qué haces para vivir?
̶Tengo un buen ojo para los negocios. Según tengo entendido. ̶Su voz
despertaba curiosidad. Era comedido en las palabras que decía. Incluso las
miradas las combinaba con sus palabras. Un hombre con un sentido del hablar y
accionar en el momento preciso. Se notaba que el macho bravío tenía sus horas
de vuelo al manejarse con las mujeres.
<<Sera igual de preciso follando. Mantendrá esa misma postura de
chico rebelde pero elegante o será todo un toro>>
̶¿Por qué te sonríes? La̶ mirada de Antonio cuestiona a Helena.
̶ Por nada. ̶Helena entra en
una risa frenética. A tal punto que se sonroja. Pensó que había descubierto la
travesura que estaba pensando.
̶Me parece que se relaciona conmigo. ¿Me equivoco?
̶No sé cómo lo haces, pero tienes ese don de adivinar lo que las
personas piensan.
̶ Te comenté que soy bueno
con los negocios. Las relaciones personales, los amigos, la vida en si misma se
trata de negociar posiciones. Constantemente negociamos tiempo, sueños, deseos
o amor.
̶Que teoría tan interesante.
Esto̶ puede parecerte descabellado, pero cuando te vi me dieron unas
ganas irresistibles de estar contigo. ̶Le menciona Antonio sin quitarle la
mirada. Y̶ siempre le hago caso a mis corazonadas.
̶Vale, ya está. Aquí estamos conversando, estás conmigo.
̶ No me
explique bien. Me
refería al hecho
de estar íntimamente
contigo.
Se miran. Y asientan en pícara sintonía. El día los sorprendió desnudos.
̶Por dios. ¿Qué hora es? ̶Pregunta Helena con las sabanas pegadas a la
cara.
̶Las 9:00 am.
̶¿Qué? No puede ser. ¡Mierda!
A la carrera se viste. Y sin cruzar ninguna palabra adicional, Antonio
observa cómo sus nalgas vibran con cada carrerilla en procura de las ropas que
están regadas en todas partes. Nota la belleza de Helena. Como loca va a la
puerta para salir del apartamento lujoso de Antonio.
̶Helena abajo en recepción pide un taxi. Le̶ grita. Apenas̶ si lo
escucha sale a toda velocidad.
̶¿A dónde la llevo señorita. Pregunta̶ el taxista?
̶Escúcheme bien, voy a esta dirección. Me espera mientras me doy una
ducha y me cambio de ropa. Luego vamos a las oficinas de la revista Mujer.
¿Conoce la dirección? Su̶ pregunta es con desespero.
̶Tranquila señorita aquí la espero.
En camino al apartamento va armando una hipótesis creíble para si quiera
posponer la pelea con Mario hasta que salga de la oficina. Mete las llaves en
la cerradura. De primera impresión. No nota ningún sonido. Revisa el piso. No
encuentra a Mario. Suspira con tranquilidad. Se ducha. Escoge lo primero que ve
en el armario y vuelve a salir velozmente para dirigirse a la oficina.
La cabeza va dándole vueltas. Durante el cambio de luz del semáforo se
pierde en sus pensamientos.
<<Esto se me está saliendo de control. No puedo estar por ahí como
una golfa. Acostándome con cualquier tío que me parezca simpático o sea
distinto a Mario. Ya van dos. Y en lugar de sentir remordimiento. Me siento
bien. Me agrada la atención y el esmero que ponen para hacerme sentir amada.
>>
̶Jefa buen día ¿Cómo nos fue anoche? Pregunta̶ ingenuamente Rita.
̶¡No pudo ser mejor! Tenemos una oportunidad de concretar un nuevo
aliado publicitario. Tú y Erika deben visitar el negocio durante la
semana. Necesitamos presentar una propuesta lo más rápido posible. La idea es
impactarlos.
̶Por cierto, Mario llamo temprano. ̶Comenta Erika con picardía.
̶ De eso quería comentarte.
Sin muchas explicaciones. Si en algún momento Mario te llama o se comunica con
Erika por favor díganle que me quede en su casa. Después les contare con más
detalle.
Durante el resto de la jornada de trabajo Helena se enfocó en sus
tareas. Llamó nuevamente al dueño del Bar para darle las gracias y decirle que
su equipo de trabajo visitaría el local durante la semana.
Helena̶ me parece genial. Me tomé la libertad de darle tu número
telefónico a uno de mis socios que se interesó en tu revista. Él es accionista
de varios bares y restaurantes aquí en Seattle. Espero que no haya sido
imprudente por no consultarte antes.
̶En lo absoluto no te preocupes. Es más, te doy las gracias.
Al regresar a casa Mario mira la televisión. Coloca sus pertenencias en
la repisa del mueble dispuesto cerca de la puerta.
̶¿No me vas a saludar? Pregunta̶ irónicamente Mario.
̶Mario estoy exhausta. Me duele todo el cuerpo y de verdad que no estoy
de humor.
̶Imagino que ahora se están volteando los papeles. Tú vas a la calle
cuando te da la regalada gana. No duermes en casa. ¿Tienes algo que contarme?
¿Andas de amante de alguien? ̶El tono de la voz de Mario sugiere que está
preocupado.
̶ No me vengas con esas
estupideces. Si vamos hablarnos con la verdad. Creo que tú no saldrías bien
parado. ¿Te parece que soy estúpida? Tú andas por ahí haciendo de las tuyas.
Esas salidas extrañas. Llamadas ocultas. Y la que debo dar explicaciones soy yo.
Tú si eres cínico.
̶Tu imaginación no tiene límites. Quiero dejar bien claro que si las
cosas van a ser de esta manera. Así serán de ahora en adelante. Que todo se
vaya a la mierda.
Helena se da la vuelta. Lo que primero comenzó con un leve gemido se
convirtió en un mar de lágrimas. Lloraba sin control. No era por lo que
Mario le acababa de decir. Era por la carga emocional por haber caído tan bajo
y querer vengarse de las infidelidades de su marido. Le dolía ya no ser, la
niña ingenua que creía todo posible. El amor era su escudo ante las
adversidades. Eso le causaba una pena inmensa. Como habían logrado perder su
amor.
Mario se acerca y la toma del hombro. Ella rechaza su contacto se siente
asqueada de todo. Lo culpa a él por convertirla en alguien que ni ella misma se
reconoce.
̶Discúlpame mi amor. Debes entenderme. Me preocupé por ti anoche y me
imaginé locuras. Ya está. Ven dame un beso.
Helena se resiste, pero sabe que en el fondo él tiene razón. Un beso los
abraza. Las lágrimas siguen corriendo por sus mejillas. El primer amor es una
fuerza de inmensa magnitud. Entre el dolor y los sentimientos encontrados, se
sumergen con lo que les queda de amor en el sofá. Los movimientos de las
caderas de Helena están cargados de rabia. Por su mente pasan imágenes de los
cuerpos de Bruno y de Antonio. Se estremece. Rasga la piel de Mario quien junto
con ella se corre en un sincronizado polvo.
̶Estaba en casa de las chicas. Tomamos más de la cuenta y me fui con
ellas para seguir la juerga. Me pareció inoportuno venirme en ese estado y a
esas horas de la noche.
̶Hiciste bien mi amor. Confió en ti. Lo que pasa es que los celos me
devoraron la tranquilidad. No pasa nada. Te amo.
Cada palabra que escuchaba diciéndole que creyera en el amor, en la
confianza o en la fidelidad eran dagas que se le clavaban en el alma porque el
corazón aún se le está recuperando.
La traición tiene muchas aristas. Sus etapas se parecen al duelo de
perder a una persona. Helena está ahora en la etapa de depresión luego de haber
pasado por un periodo de crisis, negación y enojo.
Por un par de días el fuego del amor se mantuvo tranquilo. La
convivencia estaba fluyendo con normalidad. La vida se puede convertir en una
terrible encrucijada sino se resuelven las situaciones de la mejor manera. Y
todo acto tiene consecuencias.
Mario tomaba una ducha. Y el teléfono de Helena vibro indicando
algún mensaje.
̶Por Dios quien puede ser. No respetan mi tranquilidad.
̶Pasa algo mi amor. ̶Pregunta Mario desde la regadera.
Al desbloquear su teléfono ve un número extraño que le envía un mensaje
de WhatsApp:
“Deseo tener tu cuerpo encima de mí. ¿Cuándo nos vemos? Antonio”
El corazón por poco se le sale. Corre hacia un rincón de la cocina. Está
haciendo lo mismo que Mario. Escurriéndose para encubrir su infidelidad.
“Antonio ahora no puedo hablar. Te llamo luego” ̶¿Quién era Helena?
̶Mario la sorprende con un abrazo.
̶Erika preguntando estupideces. ̶ Con el corazón a mil por hora se
voltea y lo besa profundamente. Y aprieta el botón de bloqueo de su teléfono.
CAPITULO V Tentación y vergüenza
En el ordenador aparecen una serie de imágenes del Bar TavernLaw. Helena
revisa los detalles. Las imágenes son fantásticas. El colorido. Las personas.
̶Esto es lo que estaba buscando. Frescura. Emoción. ¡No puede ser! ̶Ve
una de las fotografías, le parece reconocer a alguien. Le da click al botón del
signo más. Los ojos se le abren de par en par. Sus dos manos tapan su boca. ¡La
madre que los parió!
En una mesa al fondo del bar aparecen sonriendo con un par de chicas.
Mario y Antonio.
<< Esto no puede ser. ¿Se
conocen? Y si le cuenta de mí. Que me folló. Esto parece una pesadilla de
mierda>>
Con los nervios de punta sale de la oficina. En el camino se encuentra
con Erika y Rita.
̶Las felicito por el trabajo. Lo único que falta es colocarle los
mensajes persuasivos de los slogans del negocio. Y todo lo que ustedes saben
hacer. Hoy me voy a tomar la tarde. Debo resolver unos asuntos personales.
Las dos se quedaron pensativas. Asintiendo que su jefa últimamente
estaba actuando raro. Y eso es poco común en su temperamento tan centrado y
enfocado en el trabajo.
Helena toma su teléfono y marca el número de Antonio.
̶¿Antonio cuando nos podemos ver?
̶Cuando quieras mi reina. ¿Y eso?
<< Hijo de puta, es que
conoces a mi marido y no quiero pasar por una situación vergonzosa y se entere
que me follaste. ¿Qué te parece?>>
̶Quiero que aclaremos algo. Y luego cada quien con su vida.
̶¡Ah ya veo! Bueno, pero, así como lo planteas, no me da ningún tipo de
emoción. Si lo que deseas es una despedida lo haremos a lo grande. Te
escribiré cuando y donde.
<<Esto es el colmo. Si será de engreído y gilipollas. Quiere dar
una fiesta de despedida. Lo único que le falta hacer, es una publicación en las
redes sociales con un selfie de los dos semidesnudos. La vida es una cosa
seria. Cuando decido tomar el toro por los cuernos con lo de la infidelidad.
Resulta que me acuesto con conocidos de mi esposo. Que puñetera vida>>
Los golpes sobre el volante calman la incertidumbre de Helena mientras
va de vuelta a su piso.
La espera se hace inaguantable. La ansiedad por darle fin a esta
ridícula situación carcomía su tranquilidad. Cuando existe algún sentimiento de
culpa o peso en la conciencia, se sufre del síndrome de culpabilidad. Es una
sensación permanente de acoso donde en todo momento se está a la defensiva. Es
la única manera de poder darle largas en el tiempo a una mentira. No por algo
dicen que la mentira tienes patas cortas.
̶Helena este fin de semana conocí a un tío bien simpático en el bar.
̶¿Por qué no dices las cosas como son? Estabas ahí liando con alguna
chica. ̶Le respondió sin prestarle mucha atención. Aprovecho el momento y le
dejó caer una espinita.
̶ ¡Va! Sabes que cuando salgo
a deshoras, lo hago por negocios o alguna reunión absurda de Bruno. Por cierto,
últimamente ha estado de un humor. Le dice, si a todo. Me da la impresión que
anda con alguna conquista nueva.
Helena hace un bufido tratando de encontrar aire. Debía disimular su
angustia. En el fondo esperaba que a Bruno no se le fuera la lengua y la
descubriera ante Mario.
̶Bueno al parecer todos ustedes andan en esa onda. Buscando amoríos.
Claro con la diferencia que él es soltero. ̶Le indica con mirada
recriminadora.
̶Coño Helena cuando te pones de malas pulgas eres insufrible.
̶No es mi culpa. Yo no era así.
̶Lo que te iba a contar, es que conocí a este tipo y me invito a salir
para ver si puedo brindarle algún tipo de asesoría legal con sus negocios.
̶De verdad que lo tuyo es insólito. Es el descaro total. Me imagino que
a fin de mes las cuentas estarán abultadas por los pagos de todos estos
clientes o clientas.
̶No voy a discutir. El bar cierra hoy temprano. Cualquier cosa me
llamas. Según está dando el boom ahorita. Vi un post de la revista
promocionándolo. ¿Fue allí donde fuiste la otra noche?
̶¡Ah! Si, el TavernLaw. ¿Y quién es ese cliente? ¿Es el encargado? Es
bien simpático, por cierto.
̶Aquí tengo su tarjeta. Antonio Ciferelli.
Era normal que Mario aprovechara estas salidas relacionadas con el
trabajo para escaparse con chicas desinhibidas. Eso sí, siempre ponía los
puntos sobre las íes cuando se metía en la cama con alguna de ellas. Solo sexo.
Era un hombre casado y quería seguir siéndolo. Al final eran felices todos.
Con el susto y la preocupación Helena no veía cuando Antonio le iba a
decir el día de su encuentro. No quería presionar mucho porque con lo engreído
que era y además con dinero, seguro le iba importar un pepino ponerse a indagar
o incluso podía existir la posibilidad que, en alguna conversación con Mario,
este le podía decir que era el esposo de Helena. Y ahí, se destaparía la olla
podrida de su infidelidad. Tiene claro que está pagando con la misma moneda a
su marido, pero la idea tampoco, era exponer su vida privada al mundo entero.
Aunque como iban las cosas, sí alguna persona dentro de ese círculo amoroso se
ponía en modo investigación tenía mucha posibilidad de unir los cabos sueltos.
Por eso debía actuar con cautela. Y resolver todo lo más pronto posible.
“Nos vemos mañana. Ponte bella”
“Ok ¿Dónde?”
“1000 1st Ave, Seattle, WA, 98104. Me escribes cuando llegues allí.”
Ya las explicaciones sobraban, eso era algo del pasado. Helena y Mario
procuraban tener un ambiente donde no existiera conflictividad por esa razón
evitaban en lo posible, caer en discusiones, aunque en algunas ocasiones a
Helena se le iba la lengua.
<<El Antonio no sé qué se estará pensando. No le voy a dar más
larga a este asunto. Hoy mismo resolveremos este error>>
“Ya llegué. ¿Dónde estás? Estoy parada frente al InternalReveneuService
por la calle c/c madison.”
“Perfecto. Cruza la calle y subiendo conseguirás al Loews Hotel 1000
Seattle No te puedes perder.”
Helena va echando pestes. Por la ocurrencia de Antonio. No había ninguna
duda que su intención no era otra, más que follársela una vez más. Un acto
conmemorativo de despedida.
La entrada del Loews Hotel 1000 es modesta. No le sorprende. Pasa a
través de un haz de luces azules que hacen contraste con el color crema de su
ropa. El lobby sigue una línea minimalista. Del techo se desprenden lámparas en
forma de gotas alargadas, terminan en una agradable tonalidad de luz cálida y
fresca. Desde el fondo aparece Antonio, las escaleras semejan unas cascadas
transparentes con azulejos, está incrustada en una pared de mármol. Está
vestido completamente de blanco con un sombrero que hacía juego con su atuendo.
̶No dejas de sorprenderme. Siempre elegantemente bella.
Tanto̶ misterio me desespera Antonio.
̶¿Misterio? No te entiendo. Solo ha sucedido entre nosotros lo que hemos
querido que suceda. Ya no somos unos críos, Helena. Deja de estresarte. Vamos
por una copa. ̶Antonio le pasa la mano por la cintura con absoluta confianza.
No tenía por qué andarse por las ramas y en el fondo esa arrogancia le gustaba
a Helena.
El Bar es íntimo. Antonio pide el mejor champagne. Por el precio del
descorche le sirven varias tapas. Las copas se adosan de una lluvia ascendente
de burbujas. Exudan un halo frio. Emana un aroma fresco.
̶¿Por qué brindamos? ̶Las palabras de Helena quedan adornadas con la
redondez exuberante de sus labios.
Por̶ la vida, porque nos permitió conocernos. ̶La mirada de Antonio se
escurría por los labios provocativos de Helena y terminaba en la amplitud de
sus grandes tetas. Al momento de sorber la champaña, no solo cataba el sabor
del espumante, también estaba adherido al recuerdo del aroma tibio de la piel
intima de Helena.
̶Antonio te agradezco toda tu gentileza. Y de alguna manera hemos
creamos buenas migas. ̶La mano de Antonio en su boca la calla.
̶Helena no te estoy pidiendo que nos casemos o algo por el estilo. Se
nos dio un momento de encuentro íntimo. Somos personas adultas. Tomamos lo que
la vida nos pone a la mano.
̶Precisamente. Lo que quiero decirte es que no podemos continuar
viéndonos. De alguna manera debo rehacer mi vida y creo que lo más sensato es
que dejemos esto hasta aquí. Vivamos con estos recuerdos.
Antonio se aproximó a la boca de Helena. Respiró profundamente su
aliento. Su mente rehuía de los labios de quien no era su marido, pero el
cuerpo hizo caso omiso y le correspondió. El mundo de falsedad de su matrimonio
contractaba con la sinceridad con que la deseaba Antonio.
Las instrucciones de Antonio se siguieron al pie de la letra. Ambos
dispusieron que su estancia debiera continuar en la intimidad de la habitación.
No se podía negar el gusto ostentoso de Antonio. Al abrir la puerta del
dormitorio. La mirada atónita de Helena impacto en el hermoso mural de cristal
que bordeaba toda la habitación. Ese panel traslucido le permitía observar a su
entero placer la ciudad de Seattle en la noche. Por un lado, tenía acceso a la
bahía. Grandes luces hacían su recorrido por las tranquilas aguas dejando una
estela de luz a su paso. Si agudizaba un poco más la vista podía notar al fondo
una inmensa alfombra oscura que se levantaba hacia la negrura de la noche, las
montañas eran testigos mudos del ocaso de aquel día donde por última vez se
entregaría Antonio.
El llamado de la puerta no la saco de su momento. La cama kingsize
dispuesta estratégicamente evitaba perderse el espectáculo de los matices dados
por el titilar de las luces de la ciudad y de la noche. Le apeteció por un
instante que su cuerpo fuera tocado por los despuntes de los primeros rayos de
un nuevo día desnuda en esa cama y con esa vista única. Una ensoñación
imposible. Su descaro no le permitía ser tan arrogante para llegar tan lejos.
Su itinerario estaba bajo un hechizo, cual cenicienta. Sabía que si se quedaba
allí toda la noche no volvería a casa nunca más.
Antonio se le aproxima con una botella nueva de champaña. Antes de
entregarle la copa le da un beso intenso. Las almohadas y los cojines sirven de
contención para la espalda de Helena. La intimidad de la habitación la hace
desinhibirse. Se acomoda para darle espacio a la entrepierna de su amante.
Las ropas se anteponen a sus deseos.
A cada lado de la cama una perilla circular cerca de las lámparas en
forma de globo, les permite regular el tono de claridad de la habitación. Pasa
de un blanco ostra a una tonalidad más crema. La habitación destila lujo por
doquier. Helena toma la copa. Ahí mismo al borde de la cama se quita la parte
de su atuendo. En topless hurga los rincones que no había visto. Al fondo
contrario a la puerta de entrada está un sofá amplio en frente tiene un
televisor. Revisa el baño y se queda asombrada. Un inmenso ventanal deja ver
los rascacielos que le circundan, poco le importa si alguien pudiera estar
espiándola. Termina por quitarse toda la ropa. Se mete en la tina.
̶Antonio estoy aquí. Ven
̶Creo que deberías ponerle agua.
̶Y si lo hacemos aquí adentro.
La locura enardeció el deseo de Antonio. Se adentró junto con la botella
de champaña. Ella lo dirigió. Dejo que tomara su lugar en el fondo de la tina.
A horcajadas, una posición en la que disfruta mucho la penetración por las
contracciones de la vagina al momento de alcanzar el orgasmo, toma la parte
superior del pene de Antonio, hace unos movimientos frenéticos en los bordes y
en el clítoris. La salvia le corre a borbotones. Enseguida lo sumerge dentro de
sus pliegues, la densidad acuosa le permite deslizarse suavemente hasta donde
le permite la física de su miembro. Agitaciones. Estremecimientos. Mordidas y
líquidos acuosos terminan por extinguir la furia del deseo que los envolvió en
ese encuentro de despedida.
Sin embargo, los últimos encuentros no se consuelan con una sola
copulación. La sensación de nunca volverse a ver, les avivaba el ánimo. Un
segundo asalto ocurrió en el sofá. Ahí Helena fue asaltada desde atrás, se posó
en cuatro puntos para mantener el equilibrio ante cada punzada del miembro
erecto de Antonio que no vacilaba en ningún momento. El alcohol le ayudaba a no
perderse en el mundo de la precocidad. Finalmente, la cama fue el campo de
batalla final. Antes de continuar su batalla sexual tomaron dos copas
terminándose la segunda botella de champan. El orgasmo cuando es continuo suele
ser más intenso. Y un zumbido interno de sus sexos les hizo saber que habían
alcanzado la zona limítrofe de sus fuerzas. La despedida había colmado sus
expectativas. Helena se despidió con un sutil beso en los labios de
Antonio. Esperaba nunca más volverlo a ver, pero que bien follaba.
CAPITULO VI
Un aperitivo ¿Por qué no?
La montaña quedaba al final de un lugar descampado. La hierba crecía con
abundancia. A medida que se adentraba en el sendero, el ruido de la ciudad se
hacía ínfimo. Los sonidos de la naturaleza comenzaban a rasgar el silencio. Los
zapatos apartaban las briznas de hierba, crujían ante el peso de las huellas.
Había una sensación de sobresalto que anticipaba el asalto de alguna bestia
salvaje. El corazón palpitaba despavorido. Al final del sendero percibe algo
que asemeja a una especie de escondite natural. Tenía la corazonada que en el
fondo aparecería la presencia que asechaba desde hacía rato mientras la seguía
por el camino de sus huellas. Al aproximarse descubre que es una cueva. No hay
escape, es necesario entrar. Una carcajada hace estremecer la osadía que sigue
alentándome para que continúe. La cueva ahoga esa carcajada irónica. La voz
gruesa de ultratumba inquiere mi presencia. Es una especie de tribunal
inquisitorio. El que preside la ceremonia tiene cabeza de carnero. Hay otras
voces, pero no se dejan ver. Coreaban: ¡Culpable!, ¡culpable! ¡Es una puta! ¡La
peor de todas las putas! Sentencia eterna que la folle el descalabrador. Ante
el cuerpo desnudo de la chica aparece un carnero de dos cabezas con un enorme
pene. La chica entiende la sentencia. La penetración del carnero es dolorosa y
profunda, un grito desgarrador llena la cueva y la cara de la chica se devela.
Soy yo, Helena la puta. Sobresaltada y agotada sale del trance del sueño. Por
la fuerza de un estremecimiento.
̶¡Helena!, ¡Helena!, despierta. ¡Helena! Las̶ manos de Mario la sujetan.
̶No dejen que me hagan daño. ̶dice la voz entrecortada de Helena, está
sudorosa y se aferra a Mario.
̶Mi amor has tenido una pesadilla. Estoy contigo. Solo fue un mal sueño.
Voy a por un vaso de agua.
̶¡No!, ¡no! estoy bien. Quédate a mi lado, no quiero estar sola.
El termostato del cuerpo es la conciencia. Podemos engañar a medio
mundo, pero a nosotros, difícilmente. Los sueños son misteriosos y enigmáticos
forma parte de lo que somos, sobre todo son las decantaciones de lo que hacemos
y pensamos.
Muchas veces somos arrastrados a situaciones sin estar comprometidos
realmente con ese accionar y en lo más profundo del ser se cuelan pensamientos
y principios que rechazan lo que estamos haciendo. Son sentimientos
encontrados. Sensaciones desabridas que recriminan a gritos que recuperemos
nuestra vida anterior. Helena ha disfrutado de cada encuentro con sus amantes,
pero al final, siempre prevalece lo que debe ser correcto.
Helena recibe un mensaje de su jefe:
“Necesito reunirme contigo hoy. Cuando llegues a la oficina por favor
pasa por mi despacho.”
“¿Pasa algo?”
“Aquí te cuento.”
<< ¿Que habrá ocurrido? ¿Se
habrá enterado de mis indiscreciones>> ̶¿Se puede entrar?
̶Te estaba esperando. ¿Café o té? ̶Café
̶¿Has dormido bien últimamente? Tienes una cara. Bueno a lo que vamos.
Necesito un favor. Un pariente lejano me ha solicitado una ayuda. Su último
hijo acaba de finalizar sus estudios universitarios en el área de
digitalización y creación de contenidos digitales. Es un crio muy joven apenas
tiene 22 años. La idea es brindarle una pequeña pasantía por nuestra revista
para que finalmente tenga algún tipo de experiencia cuando solicite empleo en
su destino final en Europa.
̶Disculpe jefe ¿Y qué tengo que ver yo en todo esto?
̶ Precisamente como quiero
que se lleve una buena impresión y verdaderamente tenga una experiencia
profesional de altura, me pareció conveniente asignarlo a tu equipo de trabajo.
Realmente lo que pensé es que mientras este aquí con nosotros, seas tú, su asesora
en todo lo que necesite a nivel profesional. ¿Harías eso por mí?
̶Está demás que te mencione lo ocupado que estamos con los nuevos
clientes y los otros proyectos que estamos por desarrollar, pero no me puedo
negar, tú has sido como un padre para mí. ¿Y cuándo empezaríamos con mi
asignación de canguro?
̶No lo veas así. Además, por experiencia sé que cuando se enseña la
persona termina por aprender el doble de lo que sabe. Me complace que Leonel
quede en tus manos.
Helena se marcha sin darle mucha cabeza al pedido de su jefe. Tenía
demasiado en juego y pensar en la nueva tutela que debía darle al tal Leonel,
le importaba un rábano. Estaba a la expectativa. Antonio es un tipo encantador
sin embargo en su interior no el tipo de hombre que le diera feeling para
compartir el resto de sus días. Es un gigoló. Su mundo y su vida llevan
intenciones distintas a las suyas. Y ni siquiera podía pensar en Bruno. Llevaba
sus horas de vuelo. Además, es un poco mayor. Folla bien, pero no encaja con lo
que su corazón necesita.
Pasaron algunos días en calma. Antonio no dio señales de seguir
haciéndole el juego a Helena. Bruno continuaba con su vida en el bufete. De vez
en cuando le enviaba una que otra publicación de Instagram con mensajes
sugerentes, pero nada que no pudiera controlar. Mario mostraba algunas veces
interés en ella, pero continuaba hurgando en la calle para satisfacer lo que
sus deseos inconclusos no terminaban por germinar en su esposa. Así que en el
balance general de su situación marital continuaba haciendo aguas. ¿Hasta
cuando se sostendría esa red de mentiras y de traición mutua? De alguna manera
se sospechaban como en la película Señor y Señora Smith con Brad Pitt y
AngelineJolie.
Cuando Helena se concentrada en las diversas actividades de la promoción
de los negocios que habían accedido a ser colocados dentro de la revista Mujer
era difícil sacarla de esa abstracción. Ella llamaba a esos momentos “instantes
de contemplación creativa”. Erika y Rita sabían que cada inicio de semana
Helena los dedicaba a planificar y concretar estrategias para dirigir el
desempeño de su equipo de trabajo. Nadie debía molestarla.
La puerta se abre. No hubo un previo aviso para saber si se podía entrar
o no. La perilla gira junto con el rechinar de las bisagras. El estribillo del
material metálico entrando en contacto, se hace más intenso. Ella sigue inerte.
Su disgusto lo manifiesta en indiferencia. Vuelve un sonido de la puerta
colisionando con el marco para cerrarse por completo, se escapa un sonido seco.
Se ajusta las gafas la persona que está de pie próximo al escritorio
transparente. Un mar de papeles en un orden estructurado cubre la superficie de
vidrio. Una agenda abierta muestra apuntes. La silla de cuero negro recubre
la espalda. La larga cabellera queda a medio cubrir. El armario del
frente del escritorio guarda algunos libros y carpetas de acordeón. El ambiente
se siente fresco. Hay una silla en el frente.
̶¿Puedo? Dice̶ la voz jovial.
̶¡Joder! Helena̶ se tapa la cara con las manos y lanza un resoplido.
̶ Disculpe no era mi
intención molestarla. ̶Dice el chico con cara conmocionada.
Helena quita en cámara lenta sus manos del rostro. La primera impresión
siempre marca la diferencia. La imagen de su rostro le emociona, cejas pobladas
ligeramente levantadas. Cabello ondulado, con cuidado observaba la parte
frontal, una cola sujetaba con desenfreno el resto de los cabellos castaños. La
barba amplia, acomodada solo en las zonas límites le daba aires de madurez,
todo lo demás crecía sin remordimiento. Mentón pronunciado. La mirada
desprendía un halo tierno y oscuro. Insinuaba picardía, dulzura y alguno que
otro secreto. Tenía una camiseta negra ajustada. La combinaba con una chaqueta
de lana gris y unos vaqueros degastados se le descolgaban a la cadera.
Fácilmente alcanzaba el 1 metro 80 cm de estatura.
Disculpa̶. No te lo tomes personal. Lo que sucede es que me encuentro en
un proyecto donde debo estar enfocada al 110%. ̶Le dice Helena extendiendo su
mano para presentarse formalmente.
Soy̶ Leonel.
Me̶ llamo Helena. Toma asiento por favor. Me ha contado el señor Héctor
que eres la ostia en lo que haces. Le̶ pregunta con asiduo interés.
Me̶ mola mucho lo que hago. El tiempo y el espacio de alguna manera
desaparecen y me concentro en mi mundo. Por eso te comprendí cuando entré. No̶
le aparta la mirada. Por un momento Helena creyó pillarlo viéndole los pechos.
Son un imán irresistible para las miradas.
De̶ momento no tengo aun nada que asignarte. Déjame ver en que puedo
ocuparte. Podrías ayudarme un poco aquí. ¿Me permites esas dos carpetas del
estante?
̶¿Las negras?
Si,̶ las negras. ̶Helena se
hace la distraída
haciendo como la que
buscaba algo. Esta es una travesura de su instinto femenino que
últimamente lo tiene a flor de piel. Había inspeccionado al chaval de manera
frontal ahora necesitaba hacerle el debido escaneo a su trasero y espalda. Lo
detalla. Nalgas ajustadas y redondas. Espalda amplia. Reúne las condiciones. Es
un ejemplar alfa. Joven, pero no deja de ser un espécimen atractivo. ̶Gracias.
Se me ocurre que por estos días te familiarices un poco con nuestros procesos y
procedimientos, Rita y Erika pueden echarte una mano para que te adaptes
rápido.
Seguro̶. Lo que usted diga jefa. ̶Hace un ademán con las manos saludando
a su superior. Helena sintió un escalofrió intenso de poder. Le gustó esa
sensación de dominio sobre la especie masculina.
Leonel iba ganando de a poco el corazón de todos en la revista.
Irradiaba una energía que mitigaba el aburrimiento. Helena seguía sintiendo
mariposas en el estómago en las oportunidades donde debía compartir alguna
tarea con él. Podría decirse que era su crush. Esa idea le emocionaba sin
embargo no dejaba de sentirse avergonzada. Leonel era un chico con un futuro
prometedor. Además de listo poseía un atractivo peculiar. Daba la impresión de
ser un chico rebelde por su outfit, pero cuando charlabas con él, enseguida
notabas su agudeza mental y lo bien enfocado que estaba en su carrera
profesional. Su meta era continuar su preparación en Europa.
̶¡Hola Jefecita! En̶ tono de burla Erika se dirige a Helena.
No̶ molestemos a la tutora de Leonel. Insistió̶ Rita para apoyar a
Erika.
La mirada recriminatoria de Helena hacia las dos, cortaba el aire. Sabía
bien como disimular sus deseos más íntimos. Las mujeres tienen un sexto sentido
y no se les escapa nada.
̶¿Y ustedes dos que se traen? La curiosidad las mata. Déjense del
cotilleo. Para que lo tengan claro no ando por ahí buscando liarme con ningún
crio. Es un bebe y soy una mujer casada. Con problemas, pero al fin y al cabo
casada.
No̶ puedes negar que el crio se las trae.
Una̶ espaldota. Una mirada traviesa. Me congela la sangre. Este barco ya
está haciendo aguas de solo imaginarlo sin camisa.
̶¡Ah no! Suficiente me vale lo que digan las dos, a currar. ̶En el
momento que termina de vociferar su reprimenda aparece de improvisto
Leonel.
Erika y Rita cruzan las miradas soltando un estrepito de carcajadas.
Nos̶ vemos a la vuelta jefecita. ̶Le dicen nuevamente las dos en coro.
Deberíamos̶ salir un día de estos Leonel para mostrarte lo más cool de
Seattle.
No̶ creo que pueda con las dos. Lo que se me ocurre es que salgamos
todos, incluso podríamos anotar a Helena. Es nuestra inspiración diaria para
dar lo mejor de nosotros.
Las chicas abren los ojos ante la punzada directa que acaba de lanzar
Leonel. El ambiente se carga de una vibra de emociones disimuladas. La puerta
se cierra. La situación se torna un poco incómoda para Helena. No podía
permitirse ser el cotilleo de la revista. Además, Leonel era un conocido de
Héctor. Que iba a decir su jefe si se enterara en caso que quisiera tener un
desliz con este chaval.
̶¿Helena estas bien?
Si,̶ si, genial
No̶ me respondiste. Saldrías conmigo para ver a Seattle de noche. Me
entusiasmo la idea. A veces es bueno apartarse de vez en cuando del trabajo.
Eso nos mantiene fresca la creatividad. ¿Te animas?
No̶ sé Leonel. Además de las responsabilidades de la revista, tengo
esposo. Y no creo que andar por ahí haciéndome la chiquilla de las fiestas sea
bien visto por él.
Me̶ mal interpretaste Helena. Es una salida profesional. Salimos
conocemos algunos sitios, lo que estén de moda y de allí tomamos ideas para
luego hacerles una propuesta y así convertirlos en parte de nuestro staff de
patrocinadores.
̶Si lo vemos desde ese punto de vista, vale, me anoto. Déjame coordinar
con las chicas para ver cuando podemos ir.
Vuelves̶ a mal interpretarme.
Disculpa,̶ pero estoy fuera de onda.
La̶ invitación es solo para ti. Nos iríamos solo los dos. A fin de
cuentas, las ideas creativas las desarrollas tú y yo te sigo para aplicar mi
magia digital. No tendría caso invitar a las chicas.
La cara de Helena se ruborizo. No sabe a qué juega Leonel. ¿Estará
seduciéndome? O ¿Realmente está pensando en el trabajo?
Reviso̶ la agenda y vemos cuando consigo un espacio... ̶Leonel no la
deja terminar.
Hoy̶ en la noche. ¿Dime por donde paso por ti?
Le incomoda la situación y a la vez le atrapa la idea que Leonel esté
pensando en ella como una mujer.
Podemos̶ encontrarnos en el SomeRandon Bar ¿Sabes dónde queda?
Allí̶ estaré. Nos vemos a las 8:00. Debo ejercitarme.
Mario tuvo que irse de viaje por unos días, según él, asuntos
relacionados con algún cliente VIP que merecía su atención dedicada. Ya no
tenía caso seguir indagando en sus falsas verdades.
Después de recibir los mensajes de Leonel, Helena sucumbe en
pensamientos cargados de erotismo. Se lo imagina en poses varoniles haciendo
ejercicios. Los sudores recorren el zigzag de sus abdominales definidos. No sin
antes dejar empapado su pecho velludo. Un suspiro profundo la hace volver en
sí.
Leonel llegó un poco más temprano. Es caballeroso y por nada del mundo
dejaría esperando a una chica y mucho menos, si es su jefa. Hace su
investigación previa del lugar. El sitio está atestado. Mientras revisa el
sitio las chicas que están ahí para ligar le lanzan miradas insinuantes, las
más osadas hasta le sonríen guiñándole el ojo. Son invitaciones para que las
acompañe.
En la barra toma una cerveza. Al voltearse se queda boquiabierto Helena
trae una falda con unos tenis. La blusa deja en evidencia la protuberancia de
sus amplias tetas. El cabello suelto le hace juego con las caderas. Se ve como
una cría, pero con un aire de lujuria y dominio de escena. Leonel siente unas
ganas incontrolables de besarla.
Estas̶ hermosa Helena.
Mas bella que
de costumbre quise
decir.
Tartamudeo̶ Leonel un poco.
Eres̶ tan amable. ̶Le da un beso recio en la mejilla. El aroma dulce de
su fragancia le cautiva los sentidos. Entre cierra los ojos para no
desperdiciar la oportunidad de tenerla tan cerca sin comprometer su puesto de
trabajo.
̶¿Me invitas una cerveza? Le̶ susurro en el oído.
A diferencia de otras ocasiones donde era acosada por los hombres ella
está tomando la batuta. Cuando Leonel le da la cerveza ella le roza
intencionalmente la mano con sus largas uñas.
Así̶ que el niño prodigio nos dejará pronto.
No̶ lo pongas de esa manera. Tengo mucho que agradecerte. Me has
brindado las herramientas necesarias para abrirme paso en Europa. Eres una
buena tutora.
Hice̶ lo que pude. Imagino que te van a sobrar tutoras, amigas y novias.
̶¿Eso crees? Siempre he tenido una debilidad por las mujeres que son
seguras de sí mismas. Y el hecho que sean algo mayores y tengan experiencia es
un aditivo que las hace irresistibles.
Fíjate̶ por donde van las cosas. Yo me hacía a la idea que eras un niño
rebelde y tímido, pero parece que me equivoque. Sabes cómo manejarte bien con
las mujeres.
Te̶ voy a confesar algo. Y no me importa si lo crees o no. Hace algún
tiempo estuve con una chica. Fue realmente mi primera vez con ella. Sin
embargo, después de esa relación por lo demás tormentosa. Tome como una especie
de descanso. Un celibato que duro 5 años.
̶¿Es coña? ¿cierto?
Para̶ nada. Fue demasiada conflictiva esa relación. Al punto que iba,
era que en ese periodo donde muchas chicas no entendían mi proceder,
catalogándolo de absurdo, además de poner en entre dicho mi inclinación sexual.
Lo tomé como un periodo de aprendizaje. Leí mucho. Observe mucho. Que es lo que
querían las mujeres y como podíamos convivir el hombre y la mujer de manera
complementaría.
Eso̶ fue lo primero que vi en ti, una mirada indagadora. ¿Y te ha
funcionado tu teoría de entender lo que desea una mujer?
Sinceramente̶ no. Ustedes son ampliamente complejas. ̶Le comenta con una
larga carcajada.
Eso̶ es completamente cierto. ̶Le devuelve la mirada sonriéndole con
pícara atención.
̶Helena sabes que estoy por partir hacia Europa, pero antes de irme si
convenimos...
<<Claro que vamos a convenir. Nos acostamos para que te lleves un
recuerdo de mis piernas y de lo mucho que aprendiste a mi lado. Solo pídemelo
con esa sonrisa malévola y no me quites la mirada.>>
No̶ sé cómo te lo vayas a tomar.
̶¡Vale!, ¡suéltalo y ya!
̶¿Te podría llamar cuando este en Europa para consultarte cualquier
duda? Le̶ menciona Leonel.
No̶ hay problema llámame, Leonel. ̶Musitó Helena, gira al lado contrario
de la barra, deja que su cabello caiga en su cara y hace un soplido lazándolo
por delante de sus ojos. Toma un trago largo de cerveza. Al tiempo que el frio
incesante le pasa por la garganta, la mano de Leonel se posa sobre su hombro.
Se gira hacia él.
Lo̶ otro que te quería decir es esto. ̶Le roza los labios. La sensación
tibia le quema la lengua, la garganta y le estremece todo el cuerpo. ̶Ahora por
mi osadía, estoy dispuesto en aceptar tu despido sin ningún remordimiento, eso
lo quería hacer desde la primera vez que te vi sentada en tu oficina. Elegante
y bella.
̶¿Despido? Eso lo vamos a discutir en otro lugar.
Las circunstancias llevan de la mano a Leonel y a Helena hacia un
encuentro íntimo. Son hechos en la vida de las personas. No es un tema de si es
correcto o no. Hay que encontrarse en el zapato del otro para poder entender
porque hace lo que hace. Es un sin sentido creer tener la verdad en las manos.
Lo verdaderamente cierto en esta vida es que cuando partamos de este mundo,
todo se acaba y de lo único que puedes tener a la mano en ese momento final es
un hermoso recuerdo de un encuentro inolvidable.
En la habitación la luz marca en el alrededor, sombras tenues. Los
labios mudos se entrecruzan, el halito del tibio aliento les invita a continuar
descubriendo cuanto crece sus deseos. Reina la calma. No es necesario entrar en
un descontrolado y agitado tumulto de movimientos. Las manos se deslizan
tranquilamente en los pliegues de las pieles. El aroma de Leonel
masculinamente intenso hace enloquecer a Helena. Eso le lleva a morder con
premura su cuello. Lame ampliamente, va descendiendo y en las tetillas amplias
le dibuja círculos suaves. Le muerde ligeramente. Sigue descifrando los
senderos del cuerpo velludo y delineado de Leonel. Le besa con intensidad, pero
sin perderse en las redes del desespero. Restriega todo su rostro por la zona
abdominal. Se encuentra con la liga del boxer. Lo mira traviesamente. Sus dos
manos abren un espacio y se lo quita. Le sigue minando el cuerpo de besos. El
elástico deseo de Leonel está en su máxima elevación, una lamida ligera y luego
lo busca domar con un gran ahogo. Leonel se estremece acariciándole el cabello
a Helena. Mientras la boca tibia lo deleita, sus manos acarician las amplias
proporciones de sus tetas. Helena está en modo traviesa. Se pone de espaldas a
Leonel sentándose en su virilidad. Él tiene un panorama extenso de los
movimientos de sus caderas. Las nalgas rebotan intensamente arrancándole
gemidos a la noche. Los sutiles deseos de cada uno van adquiriendo forma en
distintas posturas. Quizás por la tranquilidad de las penetraciones y los
besos, les permite proseguir con el deseo al máximo nivel sin llegar al
orgasmo. Cuando así lo deciden se procuran más intensidad. Se desparraman sus
adentros haciendo que los tibios sudores de sus sexos expriman a mas no poder,
toda la pasión que acaban de experimentar. El sueño y un abrazo eterno los deja
sin fuerzas para dormir hasta la luz del alba completamente desnudos.
CAPITULO VII
El amor siempre salva
La partida de Leonel dejó a Helena confundida y en una laguna de
sentimientos dudosos. Su mundo estaba sumido en una barrena de emociones
encontradas. Su corazón seguía perdido. Aunque había satisfecho su instinto
íntimo, usando la bandera de la venganza, resultó poco favorable en cuanto a
sentirse amada plenamente. En que acabará esta vida sin sentido. Solo sexo y
más sexo. Era una mujer hermosa, exitosa a nivel profesional pero un completo
fracaso en su vida matrimonial.
La condición natural del ser humano es compartir la vida al lado de otra
persona. Vinimos a vivir en pareja. Desde que se crea en nuestra mente la
esperanza en hallar el amor verdadero, una sed de búsqueda nos asalta hasta que
logremos encontrar a esa otra mitad. Esa búsqueda puede llevar muchas horas o
años y el encuentro, sí lo merecemos, quizás nos dure toda la vida o
simplemente se convierte en un remanso donde cargaremos con ese recuerdo por el
resto de nuestras vidas. Las almas gemelas siempre se consiguen, pero no es una
condición definitiva que deban acompañarse toda la existencia, su propósito es
solo encontrarse sin importar cuantas vidas u obstáculos deban franquear, es el
amor, el que verdaderamente indica la duración de ese encuentro.
La mano se mueve lentamente. El aire se corta con cada movimiento de su
cuerpo. No hay tensión alguna. La respiración calmada crea pálpitos
controlados. Un amplio sentimiento de paz lo regocija de sobre manera, está
feliz y tranquilo. Termina su sesión de Taichi, esta práctica le ha permitido
calmar su mente junto con la meditación ha logrado encontrar una comprensión
profunda y real de la situación de su vida. Está en un punto donde la mejor
manera de llevar el día a día es dejar que las cosas fluyan y de esa manera ir
descifrando cuales son las decisiones que mejor se adecuan para su aprendizaje
en este plano terrenal.
En ese estado de plenitud un pensamiento rasga su tranquilidad. Es
nostalgia. Sus hijos están en otro lugar y la mujer con la que pensaba que
viviría el resto de su vida, los acompaña. Desde que se inició el proceso del
divorcio Alejandro tomo un camino distinto al que solía llevar mientras tenía
una familia. Los problemas del día a día y la incompatibilidad de
caracteres les hizo decidirse por la separación, sus hijos merecían tener mejor
calidad de vida. Entendieron en buenos términos que ellos no debían convertirse
en víctimas y por su bienestar lo mejor era llevarse lo mejor posible.
Afortunadamente la separación no se debía a una tercera persona. Eso dejaba
abierta la posibilidad a una posible reconciliación. Es lo menos que esperaban
sus hijos.
Las almas gemelas tienen un momento para el encuentro. Es poco probable
que las personas seamos capaces de saber a ciencia cierta cuando es que ocurre.
Es un instante donde el universo se confabula y les traza un camino para hacer
posible su comunión.
Alejandro es un profesional dedicado, es bueno con los números. Su
trabajo consiste en llevar los libros contables de distintos tipos de negocios.
Esto le ha creado cierto prestigio. Convirtiéndolo en uno de los mejores
contadores de la ciudad. En la habitación de su penthouse elige el tipo de
reloj que usará, tiene una amplia colección. Le gusta vestirse sin mucho
protocolo, nunca ha usado traje o corbata, eso le parece una camisa de fuerza,
algo que no combina con su jovial y prestigiosa fama. Y en el estacionamiento
decanta la decisión sobre que auto usar, el negro. Estaba elegido, sería el
Porsche. Quería llegar más temprano a su oficina. Un buen trato no se puede
hacer esperar. En este mundo de gente adinerada se profesa que la suerte no es
algo que cae del cielo por el contrario cada quien la forja.
El éxito le sigue sonriendo, un empresario importante, que es dueño de
varios bares y pubs del centro de la ciudad por recomendación de un amigo, le
contrata para que lleve las finanzas de sus negocios. Su decisión es costosa,
pero quiere ahorrarse problemas y por eso contrata a Alejandro, es uno de los
mejores.
En una de esas noches de soledad luego de finalizar su sesión de
meditación tuvo en su corazón, una sensación extraña de melancolía. Los
recuerdos se le cuelan en ese instante de paz. Vuelve a los tiempos donde los
problemas no se veían como muros infranqueables. En aquellos días de
universidad su corazón estaba flechado por una hermosa rubia. Ese amor
contrastaba con su piel oscura pero sus ojos claros dibujaban la silueta del
cuerpo de esa hermosa chica, cada vez que se encontraban. Extrañamente siguió
pensando en ella. Se sirve una copa doble de escoses. Nunca había
perdido el contacto con ella. Se enteraba de cosas por amigos comunes.
No habían vuelto a coincidir. A lo único que tenía acceso era el recuerdo de
cuanto había hecho en la universidad por esa chica para conquistarla y
finalmente la perdió en manos de otro tonto que se quedó con el premio gordo,
su amor.
No era usual que sintiera esa conexión con ese amor de universidad.
Últimamente Alejandro ha conseguido escuchar la voz interior de su corazón. La
sensibilidad lograda por la nueva forma de vida que ha adoptado, le permite
tomar decisiones enfocadas en su bienestar y en el de las personas que se
involucran en alguna relación de trabajo con él, trata en lo posible que
siempre sea una interrelación de ganar-ganar. Sin duda la soledad y la
meditación han ayudado a sobrellevar todo lo que implica un divorcio, no ha
perdido la cabeza. Y un detalle importante que sale a relucir siempre con mayor
frecuencia son las corazonadas, ese sexto sentido que de vez en cuando nos
habla y no lo escuchamos precisamente por encontrarnos sumergidos en el día a
día, es un abismo que nos atrapa y nos hace ser como autómatas.
En Seattle no se puede hablar de bullicio o estrés por el tráfico.
Indudablemente las personas van y vienen del trabajo, la diferencia con
respecto a otras metrópolis es la cantidad, hasta cierto punto es manejable.
Por lo general los cafés están a reventar en las horas antes de entrar a las
oficinas. Suele ser una regla general pasar por un café o un chocolate caliente
antes de comenzar la faena de trabajo. Alejandro a pesar de ser un hombre
adinerado le encanta pasar por estos sitios porque escucha a las personas, se
encuentra con sus miradas, sus miedos o la belleza de muchas chicas. En cada
oportunidad que se lo permite el tiempo, se detiene para sentirse vivo.
̶Buen día quisiera un café cargado con un toque de leche. ̶Le indica a
la dependiente que le devuelve una sonrisa. Alejandro es fornido. Tiene 30
años, tiene un atractivo sensual por el contraste de su piel y los ojos, es un
embrujo que atrapa a las chicas.
Toma la taza de café y se dirige hacia la mesa para revisar los mensajes
de su smartphone. Súbitamente una chica rubia viene del lado contrario sin
siquiera percatarse lo cerca que estaba de Alejandro, su intento de avisarle la
inminente colisión fue una acción nula. Además de caer su café y el de ella,
creando un desastre espantoso en el suelo. Y después de recibir el aplauso de
los demás comensales, una costumbre propia de ese local por un
tema de cultura escandinava donde se aplaude este tipo de situaciones
para espantar la mala vibra y mejorar la suerte. El dueño del local creó ese
ritual.
̶Disculpa mi idiotez, estaba escribiendo y bueno ya ves lo que paso.
̶Esto lo dice la chica rubia sin levantar la mirada.
No̶ te preocupes Helena.
No̶ puede ser. ̶Sorprendida la da un abrazo a Alejandro. ̶ ¿Cuánto
tiempo ha pasado?
Unos̶ cuantos años.
Te̶ perdí la pista desde la universidad. Te ves muy bien. Relajado.
Tranquilo. ¿Cuéntame que haces?
Me̶ dedique a lo mío. Los números, soy contador. No me puedo quejar. La̶
mirada de Alejandro se centra en los detalles del cabello de Helena, su
sonrisa, los gestos para quitarse los flequillos que se descuelgan en sus ojos,
su perfume. ̶Y t sigas igual de hermosa. Me parece que el tiempo no ha pasado.
Nunca̶ has dejado de ser un solete conmigo.
Quizás̶ fue por eso que te perdí con Mario.
Ni̶ si quiera lo menciones. Ese es un hijo de puta. ̶Enseguida le cambia
el semblante a Helena, sus facciones se ponen en modo estrés.
Creo̶ que no debí tocar esa tecla. ̶Responde Alejandro con una mirada
insinuante.
Si̶ tienes tiempo podemos conversar un poco y así recuperamos algo del
tiempo que hemos perdido.
En̶ lo que respecta a mí. No tengo un jefe sobre mí. El tiempo lo puedo
emplear como lo crea conveniente.
Tampoco̶ yo. Déjame pasar un mensaje para que no me esperen hoy.
Por̶ lo pronto como esto va para largo pediré más café y algunos
tentempiés. Las historias largas me dan ganas de comer.
Alejandro siempre fue un caballero con Helena. A diferencia de Mario que
al comienzo de la relación la abordó con todo su ser, un comportamiento que,
con el tiempo, la rutina, le hizo aburrirse y por eso creó todo ese
submundo lleno de mentiras e incongruencias para darle rienda suelta a
los deseos que ya no lograba despertar Helena en él.
Helena describió con lujo de detalles todo el calvario que le había
hecho pasar Mario. Sus arrebatos insensatos de ira y cada una de las veces que
ella sospechaba que le era infiel. Alejandro no podía creer lo relatado por su
amor platónico. El gilipollas de Mario había desaprovechado la oportunidad que
la vida le había dado para ser feliz al lado de una mujer tan hermosa como
Helena.
No̶ me lo creo.
̶¿Qué no te crees?
̶Que teniendo la mujer más bella del mundo alguien pueda estar pensando
en otra.
Eso̶ lo crees tú, pero no él.
̶Helena no te apetece tomarte una copa. Llevamos varias horas acá.
Podemos pasar por algún pub o bar y así continuamos esta conversa.
Acuerdan ir al bar. Helena pide su bebida relajante un cosmopolitan.
Alejandro se toma un escoces 18 años.
̶¿Y estás casado? ¿Quién es la afortunada?
Si̶ y no.
̶¿Como es eso?
Estuve̶ casado durante 7 años. Y ahora mismo estoy en un proceso de
separación tengo dos hermosos chicos, Ryan de 5 años y Lian de 3 años.
̶¡Upss! Cuanto lo siento.
Bueno̶ mi caso no fue tan complicado, no hubo ninguna tercera persona.
Simplemente nos dimos cuenta que no éramos, el uno para el otro. Desde el punto
de vista legal se alega razones irreconciliables. Hemos quedado en buenos
términos. Es la suerte de los que tenemos éxito a nivel profesional, pero en lo
personal nuestras vidas son un desastre.
Cuando̶ uno decide vivir con una persona piensa que será por el resto de
su vida, sin embargo, eso es una utopía.
La conversación sigue ahondando los detalles de la vida de Alejandro
y de Helena. El interés mutuo los lleva de la mano para continuar
conversando por varias horas más. Ninguno siente aburrimiento.
Es̶ extraño, pero no recuerdo la última vez que conversé con alguien
tanto tiempo.
Si̶ es algo poco común, digno de ser contado, sobre todo en estos
tiempos donde los teléfonos se han inmiscuido en cada parte de nuestras vidas.
̶¿Y qué piensas hacer?
No̶ sé cómo te vayas a tomar lo que te voy a decir. Me siento a gusto
contigo. Debo ser honesta. Y tengo que contárselo a alguien y mi corazón te
elige en este momento para que guardes mi secreto.
Mi̶ lady me halaga ser portador de semejante responsabilidad. ̶Le sonríe
Alejandro. Su boca provocativa mezclada con las miradas incesantes de sus ojos
de colores, captan el interés de Helena. Además de la confianza, es un macho
alfa. Su cuerpo destila masculinidad en cada movimiento y gesto.
La̶ rabia por sentirme como una estúpida al lado de Mario, me llevo a la
conclusión que debía vengarme de él. Y la forma que deduje, por cierto, no me
siento orgullosa de haberlo hecho, fue salir con algunos tíos. Una cosa llevo a
la otra y termine acostándome con ellos.
Eso̶ fue extremo. No me mal intérpretes, pero cambiar tu convicción de
vida por un gilipollas. No le veo caso, caer en esa locura. Porque al final él
seguirá siendo el mismo y tu habrás cambiado. Eso es lo que no me parece.
¿Cambiaste?
No̶ lo había visto de esa manera. Supongo que sí. Ya no soy la misma
niña tonta. Ahora me siento distinta, pero para bien.
Viéndolo̶ desde ese punto de vista. Era necesario que vivieras esas
aventuras. Si me permites, ahora me recuerdo de un amigo que dice: No existe
nada más odioso que dar un consejo y más aún cuando nadie lo ha pedido, pero me
voy a tomar la libertad de hacerlo. Helena tienes una vida por delante. No
sigas en este juego destructivo, tu vales como mujer. Debes decidirte,
encuentra tu camino y determina, si es al lado de Mario o si debes labrar el
propio, lejos de él.
Alejandro se encuentra en una posición que lo favorece. Está en proceso
de divorcio. Helena está herida y seguramente en estas circunstancias
puede tener una oportunidad con ella. En el fondo le sigue gustando.
Vuelve a comprobarlo al sentirse atraído por ella después de tantos años, sin
verla y le tiene sin cuidado, la confesión que le acaba de hacer. Cuando hay
química y atracción muchas cosas son dejadas de lado.
CAPITULO VIII
El clímax de la venganza
El escalofrió envuelve el cuerpo dócil de Helena. Está postrada en una
cama, en una llanura. Llevaba poca ropa. A los lejos ve venir a un hombre
fornido. Cabalga un corcel sin silla, su aspecto es tosco y salvaje, va por
ella. No siente que su seguridad está comprometida, por el contrario, está en
una posición donde no parece poner resistencia. La escena muestra un deseo
pasional por el hombre que está próximo a su cuerpo. Su piel es de color
oscura, es fornido, su cuerpo presenta batallas musculares intensas. Su
atractivo es exótico. Al cerrar las distancias de su boca y la de ella, ve su
rostro, es una versión erótica de Alejandro. Lo besa sin descanso. Helena se
sobresalta, al despertarse nota que esta húmeda y la almohada está encajada con
precisión milimétrica en su entrepierna. Mario ni siquiera se ha percatado del
sueño erótico en el que estaba metida su esposa.
Volver a dormir se le hace difícil, aún tiene en sus labios, una
sensación agridulce del beso. En la penumbra de la noche reflexiona, no veía a
Alejandro desde hace muchos años, pero la impresión que tuvo de él mientras
conversaban era una cercanía inusual. Le daba la impresión que sabían
entenderse y las palabras iban una detrás de otra, parecía que habían hecho
click. En ningún momento se sintió fuera de lugar por el contrario tenía una
necesidad intensa de contarle todo por lo que estaba pasando. No entendía por
qué lo hacía, pero su corazón desconecto el razonamiento y quedó en un modo de
sentimiento puro. De alguna manera el saber que Alejandro también estaba en un
proceso de divorcio le dio como una especie de gusto. ¿Será que el destino los
estaba acercando? Este era su momento de entender que eran el uno para el otro
y que había elegido mal a su pareja, ¿Mario estaba predestinado para
acompañarle de por vida? Los hechos demuestran que no.
El humo del incienso se interna en todos los rincones circundantes. La
respiración calmada profundiza cada porción de aire que entra y sale en los
pulmones. El ritmo es constante. Los pensamientos vienen y van, existe una
ausencia completa de control. Hay un estado de alerta permanente. El retumbar
del celular reclama por unos instantes su atención. Sin embargo, su postura
sigue inalterable. Al cumplir con el tiempo que se ha interpuesto, abre los
ojos y siente una calma increíble. Está plenamente identificado con el momento
presente.
Antes de tomar la ducha revisa sus mensajes. Uno le llama poderosamente
la atención.
“Nos vemos esta noche. En donde nos tomamos las copas la última vez.
Helena.”
Alejandro no va a desperdiciar ningún momento con Helena, en cada
oportunidad que tenga tratara de sacar el mayor provecho posible. Es el momento
de conquistarla, el viento sopla a su favor.
Coloca su mente en modo conquista. El outfit para la noche, es una
franela ceñida a su cuerpo amplio y definido, la actividad física le permite
mostrar a todo esplendor el trabajo muscular realizado en el gimnasio cuando
era más joven ahora solo le da definición a sus músculos porque en cuanto al
tamaño están en su punto máximo. Sus zapatos casuales son de color blanco, un
pantalón ajustado a la cintura le da el corte distintivo, espalda amplia,
glúteos redondos y piernas torneadas. Se acompaña de una chaqueta. Refresca su
imagen con una fragancia suave pero recia.
Llega al bar, hace un paneo general. En la barra pide algo de tomar.
Siente que alguien le observa, se voltea y hace contacto, es Helena, ella se
incorpora de la silla le saluda, independientemente de lo que se ponga siempre
queda elegante y sensual. Sus labios resaltados en una pintura sutilmente roja,
le permiten experimentar un pensamiento obsceno. Sigue contemplando el
monumento de mujer mientras realiza la aproximación. Ve la inquietante redondez
de los pechos de Helena. En sus predios al darle el distintivo saludo con un
beso, aspira la mezcla de la fragancia embriagadora de su piel y su perfume.
No̶ me perdonaría sí te hice esperar.
Para̶ nada, llegue hace un momento.
Las miradas hacen blanco en toda la extensibilidad corporal que la
distancia y la velocidad de los ojos, les permitía, ella diviso mentón,
pectorales, abdomen, entrepierna y nalgas. Alejandro se fijó en ella en una
secuencia par de partes: Labios-tetas, nalgas-piernas, cabello-tetas,
ojos-tetas, nariz y por supuesto, tetas.
El encuentro los entusiasma, la velada transcurría con toda normalidad.
Charlaban de los más cómodo y seguían sus instintos con absoluta
confianza. No entendían como después de tanto tiempo podían mantener ese nivel
de compenetración.
Desde la entrada del bar, una presencia se hace acompañar de una mirada
furiosa, se pasea por entre las personas con una idea entre ceja y ceja, que
puñetera razón tendría su mujer para estar en este bar, ¿Con quién se estaba
viendo a escondidas? Mario se había dado a la tarea de seguir a Helena. No
toleraba la idea que su esposa le estuviera poniendo los cuernos. Eso no es
correcto. La sociedad impone criterios bien claros en cuanto a la infidelidad,
los hombres tienen el derecho natural de hacerlo, pero para el caso de las
mujeres el adulterio es injustificado y la mujer que cae en esas prácticas
asquerosas, es una puta de pacotilla. Los pasos van decididos, la música no
calma su ansiedad. A lo lejos, los ve juntos, los pálpitos descontrolados de su
pecho le enervan la compostura, se aproxima, va en un modo de absoluta ceguera
irracional, hasta la mesa donde su mujer está acompañada por un tío que de
momento no lo reconoció. El fuego de la rabia no le dejaba espacios a sus
sentidos para notar algo diferente al hecho que su esposa estaba saliendo con
otro hombre.
Caramba̶ Helena, así que este es tu secretito. ̶Le dice con toda la
rabia e ironía del mundo. La sujeta con fuerza por el brazo levantándola de la
mesa.
̶¡Mario!, ¡Suéltame hijo de puta!, no vengas a montarte una escenita, no
tienes la moral para si quiera juzgarme. Así que lo mejor que puedes hacer es
largarte de aquí.
̶¡Vale Mario!, no te cabrees, Helena y yo solo estamos charlando.
̶¡Que cojonudo, Alejandro! No has superado el tema de tu obsesión con
Helena, que por cierto es mi esposa. Mételo en el chip de tu cabeza, Helena se
decidió por mí, supéralo, Tu aquí estas de sobra. ̶Le indica machacando sus
dedos contra el pecho de Alejandro.
Las sillas se ven apartadas de un lado a otro por la fuerza centrípeta
de los orgullos de los machos alfas. Helena se interpone entre los dos para
evitar cualquier tontería.
̶¡Hostias!, Esto era lo único que me faltaba, contenerlos a los dos como
si fueran dos críos. Yo no estoy para estas estupideces. ̶Acto seguido toma su
cartera sale presurosa del bar sin voltear.
̶¡Helena! Grita̶ Alejandro.
Mario corre detrás de ella. En el fondo esa situación hace que le hierva
la sangre a Alejandro, pero Helena es aún, la mujer de Mario,
independientemente de la situación por la que están atravesando, esa era su
realidad. No le queda otra opción, se queda en el bar, toma algunas copas y
regresa a su apartamento cavilando todo lo sucedido.
Al llegar al piso, Mario y Helena ni se hablan. Están furiosos. Las
palabras estaban ausentes. Cada quien toma su lugar en la cama.
̶Me vas a decir que hacías ahí con Alejandro. ¿De qué va todo esto?
̶Pregunta Mario.
Vale,̶ que no pasa nada. Solo conversábamos. ̶ Le miente sin
remordimiento. ̶No me juzgues Mario, tu si andas viéndote a escondidas con
quien sabe quién. Si no te lo he dicho es para tratar de salvar lo nuestro,
pero eso a ti te tiene sin cuidado. Así que si no te importa quiero descansar.
Ya mañana veremos qué coño vamos hacer con lo nuestro.
Helena estaba agotada de tantas discusiones, pero en esta situación
absurda le encanto que Mario sintiera esos celos. Entro en una serie de
pensamientos dispersos sobre las diversas razones que tuvo Mario para caer en
ese arrebato de celos. ¿Me persiguió? ¿será que todavía le importo? La duda
creció exponencialmente. Incluso se sintió un poco mal por lo de su venganza.
Quizás no todo estaba perdido y lo único que necesitaba Mario, era dudar del
amor de Helena para sentirse nuevamente seducido por ella. Con esas
interrogantes entro al mundo de los sueños.
El aroma de café recién hecho la trae devuelta al mundo. Languidece unos
minutos para tomar fuerzas. Llega a la cocina arrastrando los pies. Toma una
taza y vierte gran cantidad. Escucha la regadera, su cabeza le continúa dando
vueltas a la reacción de su esposo la noche anterior. Estuvo reflexionando un
momento. Pensó que hacía mucho tiempo que no almorzaban en casa. Ella no
acostumbraba hacerlo por los compromisos con la revista, prefería comer en la
calle para mantener su ritmo en el trabajo. Mario por el contrario comía
siempre lunes y martes en casa. Ese martes decidido sorprenderlo, lo esperaría
en casa con el almuerzo.
Mario̶ debemos conversar.
Te̶ parece. Exhala̶ una ironía absoluta.
̶Debemos tratar de solventar lo nuestro. ̶Se le aproxima sujetando su
cintura.
Es̶ lo que deberíamos hacer, pero ya se me hizo tarde. ̶Le estampa un
beso en los labios y se marcha.
Si quería arreglar su situación amorosa era necesario ponerse a trabajar
en ello. Se vistió y fue por unos víveres para preparar el almuerzo, también
compro una botella de vino. Hoy sería un martes importante en sus vidas,
posiblemente quedaría todo lo sucedido como un mal recuerdo, una etapa oscura
en su matrimonio. Las parejas tienen sus altibajos. Con toda la ilusión
descorcha el vino, se entusiasma y prepara la comida con todo el amor del
mundo. El tiempo transcurre, las horas pasan, pero Mario no aparece. Decide
enviarle un mensaje.
“Te espero en casa. ¿Te prepare almuerzo, vienes?”
La respuesta nula de Mario le indicaba que le importaba un pepino su
propuesta. Mario tenía el teléfono apagado. Su interés para ese día no estaba
en recibir llamadas o mensajes.
Helena toma una última copa y se va decepcionada, puso de su parte, pero
no paso lo que esperaba, seguramente ese día su marido tuvo algún compromiso
mayor, en fin, como ya no se comunicaban tanto la sorpresa se le vino abajo.
Antes de irse hacia la oficina se detiene por un café. En el lugar no
entraba nadie más, la primera hora de la tarde ofrecía ese tipo de
congestionamientos. Pide lo que necesita, mientras saca la tarjeta para pagar
su pedido, escucha una risa, es de una chica, además de parecer sumamente
feliz, le llamo la atención ver su rostro. La ubica en por un ligero espacio
entre las personas de la cafetería. Es joven y hermosa. Toma su pedido y se da
vuelta para ir a la salida. Voltea nuevamente hacia la mesa donde está la chica
y ve con mayor atención. El corazón le salta, no lo cree. Mario es su
acompañante.
Le asalta una duda mortal. Una daga final le carcome el corazón, ¿Sera
posible que el hijo de puta de Mario este ligando con esa chica? No puede
quedarse con esa incertidumbre. Espera en su auto. Los ve salir del lugar
tomados de la mano. Los sigue por unas cuantas calles. Las sospechas confirman
la realidad al verlos aparcar en un motel. Ella sabe que no se va a
esos sitios para cerrar negocios. La transacción que sucede en esos
lugares, es sexo.
La esperanza de recuperar su amor se le desvanece. No había ninguna
oportunidad para salvar su relación. No sintió rabia. Lo único que cubrió su
pensamiento fue hacer un acto final de despedida. ¿Cuál escena podría ser el
clímax de su venganza? Se lo pensó bien y activó su jugada maestra.
Después de unas
horas toma su teléfono
y marca, llama a
Mario.
Quería ver que tan morro era su marido.
Amor̶ dime. Disculpa que no respondí tu mensaje apenas si lo estoy
viendo. ¿Almorzaste?
̶ ¿Dónde andas
mi amor? ̶Esta sorprendida
porque le contestó
el
teléfono.
Donde̶ más en el curro. Hoy fue un día terrible. Tengo jaqueca. ̶La voz
tranquila indicaba su dominio total de la mentira.
<<Hijo de puta, acostándote con otra y haciéndose el
inocentón>>
Mario̶ qué te parece si compras algo de tomar y tenemos una buena dosis
de sexo ardiente esta noche. Recuerda que me dejaste vestida de novia en el
almuerzo
̶ ¿Esta noche? ̶Se nota que
eso no lo esperaba. Helena lo toma desprevenido.
̶¿Vas a desperdiciar este cuerpo que está necesitado de amor? ̶Helena
aplica todas sus armas, ningún hombre por más cansado que esté se resiste a una
reconciliación lujuriosa. ̶Es más estoy dispuesta que hagas conmigo lo que te
plazca. Es la hora que apartemos las diferencias y recuperemos nuestro amor. Yo
estoy dispuesta, ¿y tú?
Vale̶ mi amor. Cuando salga del trabajo compro unas bebidas y nos vemos
en casa. Ponte la braguita roja y los tacones que se amarran hasta las
rodillas.
Lo̶ que tú quieras.
Helena sigue desarrollando su jugada final. No había vuelta atrás.
La hora pautada se acercaba, sigue al pie de la letra lo que le dijo
Mario, se coloca el atuendo sexy, al terminar de perfumarse y acicalar su
cabello, pinta sus labios gruesos. No puede negar que esta hermosa.
Envía un mensaje:
“Te estoy esperando, esta es una buena oportunidad para follar como Dios
manda.”
Los minutos siguen transcurriendo. Toma de nuevo el teléfono:
“Cuanto te falta para llegar, estoy ansiosa.” “Estoy cerca.”
Suena el timbre. Con desespero le toma. Ni siquiera le da oportunidad
para decir algo. El deseo se le cuela por los labios. Una mordida intensa le
cubre sus labios. Prosigue con una lamida amplia de su boca, desciende por el
cuello y le quita la camisa con fuerza. Van dando tras pies chocando con cada
objeto y pared. Ella lo va dirigiendo hacia la habitación, le desabrocha el
pantalón.
̶¿Estas segura de esto Helena?
Nunca̶ estuve tan segura. Cállate y penétrame.
La orden fue seguida al pie de la letra. Siente el ímpetu de su
masculinidad abrirse paso en los pliegues húmedos de sus labios vaginales. Ella
le complace moviendo sus caderas con intensidad, está sentada sobre su pene.
Las llaves giran la cerradura de la puerta. La imaginación va llevando
su accionar. La botella de vino queda sin corcho, con las copas en la mano, va
por ella. La inquietud le sobre salta, se imagina que seguramente ella le
espera en la cama con sus piernas bien abiertas, está ansioso porque hace un
buen tiempo que no follan. Le parece escuchar algo.
<< ¿Estará viendo una porno? Seguro quiere que me la folle
duro>>
Mario empuja la puerta y sorpresa. La botella cae y se hace añicos. Los
ojos se le desorbitan. Helena está follando con otro hombre que al verse
descubierto la empuja hacia un lado.
Helena̶ me dijiste que no iba a venir. ̶La voz asustada de Bruno resuena
en la habitación. Se para a la carrera mientras se viste.
̶¡Zorra! ¿Cómo pudiste hacerme esto? ̶Grita Mario desaforadamente.
¿Y̶ con él?
̶Mario te juro que no es lo que parece. No sé cómo me metí en todo esto.
̶Bruno trata de apaciguar la evidente rabia de Mario.
Helena yace a un lado de la cama completamente desnuda. Lo mira como una
niña traviesa, se pasea de un lado al otro de la habitación.
Y̶ tú Mario, te has preguntado de una puñetera vez que has hecho conmigo
durante todos estos años.
En vista que Mario estaba enfocado en Helena. Bruno se abrió paso veloz.
Los deja a la carrera. El corazón se le iba a partir en dos.
Helena̶ no debiste hacer esto. ̶Se le aproxima con furia sujetándola por
ambos brazos.
̶ ¡Suéltame hijo de puta! ̶Se
sienta en el espaldar de la cama sujetándose ambas rodillas contra su pecho.
Llorando, pero con absoluta resolución lo desafía con su mirada. ̶Todo este
tiempo has sido tú, el que ha estado poniéndome los cuernos. Acostándote con
cualquiera. ¡Mario por Dios! Te faltó huevos para decirme que no me amabas.
Para ti era sencillo resolver la situación, follabas con otra y te sentías
realizado. ¿Y yo? Aguantando callada. Sumisa.
Siempre̶ respete este hogar. Jamás mancille lo hermoso que teníamos,
pero tú llegaste demasiado lejos Helena. Había esperanzas en recuperar lo
nuestro. Ahora es irremediable.
Quieres̶ que lo haga verdaderamente irremediable, seré más valiente que
tú. Entérate de una vez, me he acostado con otros hombres. Y lo he disfrutado,
me ha gustado y me he sentido plena. ¡Esto se fue a la mierda Mario! Ya no hay
vuelta atrás. Y sabes lo peor de todo esto, es que yo te amaba y me has
convertido en una persona que ya no cree en el amor y mucho menos en los
hombres. Lo teníamos todo y lo echaste a perder por tu orgullo de macho.
Indudablemente Mario estaba conmocionado jamás se hubiera esperado que
Helena lo traicionara en su propia cama y con uno de sus mejores amigos.
Lágrimas de dolor recorren sus mejillas. El golpe fue certero. Estaba hecho un
cristo. La imagen de su mujer desnuda penetrada por otro hombre es algo que
marca a cualquier hombre. Incomprensiblemente él sentía
que podía follar con cuanta mujer quisiera, pero su mujer debía
mantenerse inmaculada y pura solo para él.
No podía refutar nada. Realmente no quería hacerlo estaba devastado. No
es igual imaginarte una escena de infidelidad que comprobar por tus propios
ojos y además presenciar que te están traicionando en tu apartamento y en tu
propia cama. Decir que su comportamiento es exagerado seria poco preciso porque
esa verdad de la que fue testigo, realmente le duele. Las palabras sobraban. Al
dejarla sola. Helena termina de vestirse. Lo hace despacio. Ahora sino cabía
duda alguna que volver con Mario será imposible. Debía comenzar una vida nueva.
CAPITULO IX
Amor Sálvame
La soledad aprieta hasta los huesos. Las situaciones de la vida tienden
a demostrarnos que estamos en este mundo para aprender a vivir con nosotros
mismos y finalmente con los otros. Desde el momento en que nacemos se despierta
una necesidad instintiva para encontrar nuestra otra mitad. Una persona que nos
complemente y que esté dispuesta a vivir fielmente a nuestro lado. Es un
contrato que debería tener caducidad.
Helena sabe que no había vuelta atrás. Dejaría a Mario y eso implicaba
ubicar un nuevo piso donde debía iniciar su nueva vida. La noche se alarga,
empaca lo más importante. Lo mejor era marcharse antes que volviera de esa
manera evitaría una posible confrontación o pelea. Ya no era necesario
enfrascarse en algo que había terminado hace mucho y no fue hasta ahora que con
la consumación de su acto infiel final hizo que el vaso se rebosara.
Ya ubicada en un nuevo piso, a su mente y su corazón, la única persona
que le viene importa en ese nuevo mundo, es Alejandro. Ya habían pasado varios
días desde que dejo a Mario. Siente mariposas en el estómago y se decide
llamarlo.
Hola̶ Alejandro.
Helena̶ reina, ¿cómo te va?
̶¡Ay Alejandro! Estoy echa un cristo. Ya lo mío con Mario se acabó para
siempre.
̶¿Que me estás diciendo Helena?
Así̶ como lo oyes. Se acabo. Hace unos días descubrí un nuevo amorcito
de Mario y se me subió la rabia a la cabeza.
̶¿Qué hiciste Helena?
No̶ se me ocurrió otra cosa, quise pagarle con la misma moneda, pero
subí el nivel. Llame a su jefe, ya antes nos habíamos acostado. ̶ Hizo una
pausa. Me̶ da mucha vergüenza contarte todo esto.
No̶ te preocupes Helena somos amigos y vamos, últimamente hemos
estado más unidos que nunca antes.
̶Bueno hice que Mario llegara al piso en el momento preciso. ¿Me
entiendes?
̶Absolutamente.
̶Te podrás imaginar la escena.
̶¡Madre mía! ¿Cuándo paso eso?
Hace̶ unos días. Y desde ese momento alquile un nuevo piso.
Helena̶ tú eres una mujer buena, todo lo que ha sucedido ha sido por la
culpa de Mario. Sus acciones te fueron llevando por el desfiladero. Es
comprensible que la rabia te haya segado. Sin embargo, lo que hiciste no fue lo
más correcto.
Alejandro̶ eso lo tengo claro desde el principio, tienes razón, pero no
es fácil todo sucedió bajo mis narices. ¿Sabes que es difícil? Hacerse la vista
gorda. Eso fue lo más duro quizás por eso al momento de acostarme con otros lo
hacía con rabia y devoción.
Sabes̶ que cuentas con todo mi apoyo. Me gustaría ayudarte a pasar esta
página. ¿Te parece si salimos a tomarnos algo?
Por̶ mi está bien.
Con la decisión de divorciarse, Helena está consciente que a partir de
ese momento ha elegido ser nuevamente una mujer soltera y libre. De ahora en
adelante tiene el control total de su vida. Afortunadamente no tuvo hijos con
Mario. Eso de cierta manera hará que el proceso no sea tan doloroso y
traumático. A pesar que ya no tiene una persona a su lado a quien rendirle
cuentas, estar libre después de tanto tiempo la pone un poco fuera de onda. Ese
miedo debe convertirlo en una plataforma para conseguir un nuevo amor. En lo
único que debería preocuparse Helena a partir de ahora, es en su felicidad.
La etapa donde se sentía abatida por el dolor que le causaba Mario al no
valorar su amor ha quedado en el pasado. Ahora que es una mujer sin compromiso
debe pensar en darle un mejor provecho a su tiempo libre, por lo cual no es
conveniente pasar mucho tiempo en casa. Es necesario que su mente se ocupe de
otras cosas, el trabajo, es sin duda un punto de apoyo fenomenal ya que le
permite distraerse alejando sus pensamientos de la tristeza y de la
depresión.
Desde que apareció Alejandro no ha dejado de pensar en él. Precisamente
llegó en la etapa final de su proceso de separación. Además de ser un punto de
apoyo como amigo, su corazón siente afinidad por él. Quizás era momento de
abrir una ventana en su vida y dejar que entrara sin ningún miramiento. Darle
la oportunidad que hace años le negó por escoger al gilipollas de Mario. La
vida es un enigma. Las circunstancias ocurren en el momento adecuado, ni antes
ni después. Todo llega en el momento justo.
Te̶ doy las gracias por invitarme a despejar un poco la cabeza.
Al̶ contrario más bien te agradezco que aceptaras salir porque con todo
ese lio de tu separación, era normal que estuvieras de malas pulgas.
Por̶ eso quise salir. No me siento a gusto con la soledad.
Sabes̶ algo. En el momento que me separé de mi esposa quedé sumido en un
profundo estado de vacío. Tenía una soledad compartida: En mi cama y en toda la
casa, los niños dejaron un gran vacío.
̶Supongo que fue terrible. ̶Indica Helena tomando las manos de
Alejandro.
̶Ni te lo imaginas. Pensé en tantas estupideces. Entonces una noche de
insomnio revisé cuanto pude de videos de superación en Youtube y encontré uno
en especial, que decía que para superar las crisis era necesario ir hasta el
fondo para revisar sinceramente como te sentías. Lo que encontré fue un
desastre. Lloré muchas noches. Estar sin mis hijos me destrozó la vida.
̶Alejandro toma un trago largo, sus ojos se pusieron vidriosos.
Te̶ voy a confesar algo. Nadie está, tan al tanto de lo de mi
separación, como tú. La única persona a la que le he confiado todo lo que hice
es a ti.
Pues̶ nada, agradezco la confianza.
Mas̶ que confianza es por lo cómoda que me siento cuando estoy contigo.
Las miradas se entrecruzan. Hay muchas cosas que no se han dicho, pero
todo un torrente de sentimientos le inunda los pensamientos, a los dos. El
destino les ha puesto una oportunidad. No es una tarea sencilla volver a creer
en el amor después de pasar por un divorcio. Son almas heridas que necesitan
llenar el vacío que les ha dejado el desamor.
Helena̶ sé que es demasiado pronto para ti pensar en el amor. Tampoco es
sencillo para mí, pero no podemos ir por la vida lamentándonos porque no
supieron valorarnos. Y de alguna manera esta historia inconclusa entre los dos,
es un pendiente que el destino pone nuevamente entre nosotros.
Alejandro̶ me he equivocado en todo. Ahora mismo no tengo ni puñetera
idea a donde apuntar mi vida. ¿Te parece que sería lo más apropiado en estos
momentos que pensemos en un, tú y yo?
Sí,̶ absolutamente, sí deberíamos darnos la oportunidad. El proceso de
cura toma tiempo. Es necesario que cerremos nuestras cicatrices y desterremos
nuestros demonios. Imagina por un momento a los dos en una cabaña, pescando con
una chimenea encendida, despidiendo el año viejo en un París o llevando a
nuestros hijos a su primer día de escuela. Esto lo podemos hacer juntos. Vamos
a darnos esa oportunidad y curemos nuestros corazones sin separarnos. Nos lo
merecemos.
Helena se siente en calma con Alejandro, sus palabras, su mirada, la
energía que emanaba su sonrisa, todo su ser le parecía atractivo. Con un beso
sellan el nuevo comienzo.
Vámonos̶ a cualquier otro lugar que no sea ni mi casa ni la tuya.
Alejandro no tenía problema alguno con la petición de Helena, es más le
parecía lo más idóneo, si querían construir una historia nueva debían comenzar
con buen pie. Afortunadamente poseía una propiedad cerca de la montaña. Era un
refugio que le permitía escapar al bullicio y servía de templo personal al que
asistía cada vez que tenía alguna inquietud existencial.
El lugar es acogedor. El aroma es fresco. La chimenea impregna los
rincones con el olor de la madera que se sacrifica en pro de producir un cálido
encuentro. La emoción circunda a Helena y Alejandro, sin embardo la atmosfera
en lugar de estar inclinada hacia una pasión descontrolada que solo anhela
poseer con prontitud el cuerpo del otro, lo que se percibe es un plácido al fin
estamos juntos. No había prontitud por estar sumidos en la intimidad de sus
cuerpos. No es que no lo desearan. Exploraban lo que sentían. Se dejan llevar
por esa mística realidad que los va seduciendo.
En la cocina por lo reducido de los espacios se cercan las distancias.
Alejandro toma el rostro de Helena con ambas manos, posa sus labios en los
de ella, el toque es sutil pero profundo. Las miradas se pliegan hacia
la eternidad de sus labios. Sus bocas dejan caer los grilletes que las ataban a
viejas sensaciones. Helena nunca había sentido tanta ternura. Alejandro
continuaba descubriendo cuan diferente era la realidad de besar a la mujer por
la que había suspirado tanto tiempo. Le daba la impresión que no habían estado
nunca separados. Sirven dos copas de un buen tinto. Helena entrecruza los dedos
con la mano de Alejandro se dirigen a la habitación. La vista del firmamento
nocturno quedaba justamente sobre la cama. Un inmenso cristal develaba las
estrellas y la negrura de la noche.
̶ ¿Te gusta? ̶Pregunta
Alejandro mientras la toma por la espalda cruzando sus manos por su vientre y
ahuecando su boca en el cuello de Helena.
Me̶ vas a llamar loca, pero tengo la impresión que he estado aquí antes.
Es precioso el lugar.
Alejandro toma su tiempo, trata de absorber la dulzura del aroma de su
cuello. Ella deja caer su cabeza hacia atrás. Repentinamente se suelta y corre.
Al igual que unos críos se meten debajo de las sabanas. Lo hicieron
sincronizadamente. Estallaron en miles de carcajadas. Se rieron hasta más no
poder. Contemplaban acostados las estrellas.
Este̶ es mi refugio Helena. Eres la primera mujer que me acompaña a este
lugar.
Por̶ quien me tomas Alejandro ¿Tu esposa nunca vino? Bueno tu ex quise
decir.
Ella̶ detestaba el campo, trate, pero fue una misión imposible.
El tiempo continuaba su andar. Ellos seguían entregados el uno al otro.
En ningún momento los sobrecogió el aburrimiento. Tenían sus cabezas en
contacto, pero sus cuerpos estaban en direcciones opuestas. Con calma voltearon
sus caras. No existe mejor manjar en el universo que dar un beso de medio lado
a la persona que amas. Es una perspectiva emocionante y distinta. Sus lenguas
pasean los rincones de sus bocas. La cera de las emociones ante la calentura de
sus alientos derrama pasión dentro de sus cuerpos. Se desvisten. El instinto
les hace abrazarse. Danzan con su desnudez. Se aprietan en un largo abrazo y
vuelven a unir sus labios. Dejan colar mordidas y lamidas traviesas. El fuego
se aviva en las colmenas de sus sexos. El momento les va dando las pautas sobre
lo que deben hacer. Alejandro se recuesta de lado a Helena que
yace lateralmente de espaldas delante de él. La besa por el cuello. Las
nalgas de Helena se incrustan en el pene de Alejandro. Juegan, aún no quiere
penetrarla. Al besarla le toma unos de sus pechos y con sus dedos manosea el
pezón erecto. La música del alma se cuela en ese instante. Helena se desborda
en deseo. Nadie la había tocado de esa manera. Alejandro se acuesta y la pone
encima de él, nuevamente de espaldas. Su pene hiper erecto, toca los pliegues
de los labios íntimos de Helena. Le sujeta el cuello y le besa. El peso
presiona las nalgas contra el vientre de Alejandro, con ambas manos le toca el
clítoris. Helena se estremece. Con suavidad inicia la penetración aperturando
ligeramente con sus dedos los labios internos. La salvia tibia recibe con los
brazos abiertos al miembro erecto. Se mueven ligeramente. La calma les hace
sentir los roces y los sonidos íntimos. Caminan juntos en ese mar del deseo.
Helena expande sus piernas a plenitud. No es un acto sexual común y corriente.
La entrega es desmedida en el sentido de no existir duda alguna de lo que están
viviendo. Helena se voltea. Sentada sobre Alejandro, lo besa. Hunde sus caderas
hasta tocar con sus nalgas la pelvis de él. Se recuesta contra su pecho sin
perder la profundidad de la penetración, con un suspiro profundo se recuesta
sobre su pecho. Las contracciones de las paredes vaginales van en aumento.
Alejandro está sumido en un éxtasis integral. La conexión física la siente a
nivel espiritual Es una meditación activa donde usan sus sexos para sincronizar
sus energías. Copulan de distintas formas. La entrega intima les lleva una gran
parte de la noche. Aquí el sexo no es un fin sino un medio que les permitirá
fusionar sus vidas. El cuerpo está sujeto a las leyes de la física, la
fricción, los movimientos de las pelvis y la prolongación del deseo hasta el
nivel del nunca retorno les hace alcanzar un orgasmo de plenitud total. Se
quedan abrazados y desnudos.
La mañana los sorprende con sus manos entrelazadas por los dedos. Cuando
estás con la persona idónea se vive en una comunión permanente.
Irremediablemente quedas prendado a ese ser por toda la eternidad. Vinimos al
mundo como una sola alma que por alguna razón son separadas para que en el
transitar de varias vidas puedan volver a encontrarse y así compartir todo lo
aprendido. Se piensa que somos seres con un cuerpo físico que tiene
experiencias espirituales, pero verdaderamente somos seres espirituales que tenemos
experiencias físicas. La prueba a superar es no quedarse impregnado en las
circunstancias físicas de los placeres, para así finalmente tener el
merecimiento de reencontrar esa alma que se separó de nosotros en el principio
de los tiempos para fusionarse con la infinitud del universo.
Alejandro y Helena repatriaron el dolor a tierras desconocidas. Sus
corazones sintieron alivio y decidieron darse la oportunidad de compartir
juntos hasta donde la vida se los permita.

