Libro N° 10810. Capitalismo, Reflexión, Praxis. Bravo, Betzy.
© Libro N° 10810.
Capitalismo, Reflexión, Praxis. Bravo,
Betzy. Emancipación. Enero 21 de 2023
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Capitalismo, Reflexión, Praxis. Betzy
Bravo
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Reflexión, Praxis. Betzy Bravo
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y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS
SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
CAPITALISMO, REFLEXIÓN, PRAXIS
Betzy Bravo
Capitalismo,
Reflexión, Praxis
Betzy
Bravo
CAPITALISMO,
REFLEXIÓN, PRAXIS
BETZY
BRAVO
Estamos
en un momento álgido del capitalismo en donde la pobreza es cada vez mayor.
Miles son las personas que no encuentran salida a las crisis, éstas tienen
consecuencias graves no sólo en materia económica, sino en el ámbito social y
psicológico; la confusión, la inmovilidad y la depresión ganan la partida
cuando el suelo vacila. Nuestra tierra es más pobre cada día y es necesario
encontrar certezas o soluciones a los problemas, tarea que no puede hacerse sin
que primero se comprenda la naturaleza y el origen de los problemas; la
reflexión, el pensamiento, la filosofía, reclaman su lugar en el presente.
En 1843,
Marx hizo hincapié en el esclarecimiento de la filosofía crítica, no quiso
levantar ningún estandarte dogmático y llamó a reformar la conciencia, a “hacer
que el mundo sea consciente de su propia conciencia”,[1] es
decir, a construir un mundo autoconsciente; en otras palabras: exhortó a
comprender la unidad histórica viviente en relación con el individuo enajenado.
Al conocimiento de esa unidad histórica Marx lo llamó conocimiento de lo real,
se trata de un descubrimiento al que se llega luego de un análisis profundo de
las relaciones económicas y sociales y que tiene un valor humanístico
invaluable.
Para
llegar a dicho grado de la conciencia la herramienta útil es la crítica; es
necesario que el ser humano critique (analice y delimite) las condiciones
objetivas y subjetivas que le rodean. Dice Marx: “el crítico puede […] comenzar
con cualquier forma de la conciencia teórica y práctica, y partiendo de las
formas propias de la realidad existente desarrollar la verdadera realidad como
su deber-ser y su fin último”;[2] el
filósofo alemán propone ser razonable, elaborar un programa político de acuerdo
con la realidad, es decir, proponer respuestas a las necesidades reales del
mundo. Conocer la realidad profundamente tiene, entonces, una necesidad
política: la de corresponder o solucionar los problemas que en esa realidad
existen.
El
problema urgente por resolver para quienes somos marxistas es el de la
injusticia económica y social que provoca grandes males en la mayoría de la
población. En este sistema aparece la agonía como algo fundamental, lo cual es
un hecho conveniente para el mismo modelo económico, que es movido por la
esperanza lisonjera e inhumana (o la filosofía de la miseria): hay gente que
muere de hambre mientras que a una cúpula no le alcanzaría cien años para
gastar toda su fortuna.
En
nuestro país, de acuerdo con el Consejo Nacional de la Evaluación de la
Política de Desarrollo Social (Coneval), hubo un aumento de entre 8.9 y 9.8
millones de pobres en 2020.[3] El
escenario es lamentable: 70.9 millones de pobres, 56.7% de la población y 90
millones de mexicanos o mexicanas viven sin ingresos suficientes para vivir. Además, de acuerdo con el
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la población mexicana
económicamente activa es de 57.7 millones, de los que 31.3 millones trabajan en
la informalidad, es decir, no tienen ninguna garantía de remuneración o de
sustento en caso de contingencia.[4]
Los
fracasos de la clase desposeída son causados por el interés de la clase
burguesa; no obstante, los derrumbes aparecen como elementos ontológicos, es
decir, como sufrimientos inherentes naturalmente a los desposeídos. Es
efectiva la apariencia que lleva a cabo el sistema económico moderno, su manera
de operar es peculiar y difícil de aprehender. Dicho mecanismo complejo del
sistema mercantil fue deshilvanado por Marx en El capital.
El
estudio de Marx traspasa las intuiciones, o las apariencias, es decir, que va
más allá del grado básico del conocimiento. La apariencia, denominada también
existencia, se distingue de la realidad. La existencia se da en un primer
momento del conocer, antes de que sepamos todas las determinaciones de un
fenómeno específico, o en otras palabras: antes de que conozcamos concretamente
al fenómeno, esto significa que la existencia (o la apariencia) es un
conocimiento parcial, limitado o unilateral, acerca de nuestro objeto de
estudio. Podría ser, por ejemplo, una taza de café nuestro objeto de estudio, y
un conocimiento aparente de éste sería simplemente saber su precio dejando del
lado los demás aspectos que lo determinan: su origen, la forma en que se produjo,
cómo llegó hasta nuestras manos, cuántos trabajadores fueron explotados para su
producción, etc. Y, mientras más nos acercamos a conocer todos los ámbitos que
logran la constitución de esa taza de café, más la conoceremos de forma
concreta, es decir, con múltiples determinaciones, lo cual implica acercarnos
cada vez más al conocimiento real de esa taza de café.
En el
acercamiento al conocimiento real de nuestro objeto de estudio surgen
descubrimientos que muchas veces contradicen (o niegan) juicios anteriores
acerca del fenómeno u objeto de estudio: lo que nos acerca al conocimiento de
la realidad es un camino dialéctico. La naturaleza del pensar es dialéctica,
recurre a la negación y para que las negaciones se superen se requiere la
experiencia. La experiencia, de acuerdo con Hegel,[5] es
lo más aproximado al conocimiento de lo real, en tanto que la realidad es el
Espíritu hecho mundo y el pensamiento filosófico está nutrido de esa realidad
efectiva (es decir, de la experiencia).
Así, lo
concreto no puede comprenderse sin lo abstracto, ambas partes de la realidad
son necesarias para que avancemos en el conocimiento. Es por eso que el saber
va construyéndose con base en categorías, o conocimiento abstracto, pero que
requieren de determinaciones concretas y, desde luego, de la experiencia.
En Marx
hay un análisis abstracto que ayuda a conocer objetos en concreto, tal es el
caso conocido de su explicación de la mercancía: la forma elemental del sistema
capitalista que sirve de vía para develar la realidad de éste. Lo que se
plantea Marx es lo siguiente: desvelar el secreto que oculta la forma de la
mercancía; así, no se trata solamente de hallar el núcleo real de la mercancía
sino la razón del valor de la mercancía, es decir, se trata de de exhibir cómo
es que surgen las apariencias, o en otras palabras, cómo es que se da el
fetichismo de la mercancía.
Éste es
un punto intrincado en la filosofía de Marx que dirige hacia una ontología que
rompe el canon clásico filosófico, ya que no se trata de una división hostil
entre apariencia y realidad, sino que la apariencia forma parte esencial de la
realidad, esto es, que la apariencia se realiza en las relaciones sociales
ordinarias. En el capitalismo, las mercancías se reducen a una objetividad
espectral, al trabajo humano abstracto (una gelatina de trabajo humano
indiferenciado), así, “un valor de uso o un bien, por ende, sólo tiene un
valor porque en él está objetivado o materializado trabajo abstractamente
humano.”[6] Las
mercancías se realizan sólo al ser intercambiadas, el valor de éstas está
oculto en la relación social de intercambio.
En este
sistema se producen mercancías con el objetivo de crear plusvalor, se trata de
un orden social enajenado: el principio es la actividad valorizadora del valor,
es el fetiche del capital en donde el valor que engendra valor rinde interés.
Una vez que se parte de la mercancía se descubren las relaciones que se
establecen en la estructura mercantil, todas las formas de objetividad y
subjetividad que conllevan a injusticias y cosificación.
El
secreto de la mercancía es desmistificado: los objetos producidos como
mercancías llegan a ser innecesarios porque se produce por el mero interés de
la ganancia, ya no hay planeación para satisfacer necesidades primarias sino el
puro impulso del enriquecimiento de unos cuantos.
El
trabajo, que engloba la producción, es la realización histórica de la humanidad
cosificada; la propiedad social del trabajo aparece como propiedad objetiva de
las mercancías, parece que éstas tienen una propiedad social naturalmente:
aparecen relacionándose con el ser humano como si se tratara de deidades.
Este
fetichismo de la mercancía confluye en cada momento histórico de nuestra
realidad, en los hechos cotidianos cada trabajador y trabajadora son parte de
un orden enajenante y fetichizado. Y que cada ser humano sea consciente de esta
realidad le brinda las bases para saber cuál es su lugar en la historia, para
que sepa que los sufrimientos que vive cada día no son orden divina sino que se
pueden desmontar y reemplazar por algo justo. Es por eso que la reflexión
profunda sobre la sociedad es imprescindible, es un paso que no debemos obviar
si queremos eliminar eficazmente las causas de aquello que nos aqueja.
El
impulso principal para transformar el mundo es la injusticia, y lo que
posibilita la constancia en esta praxis es, de acuerdo con Ernst Bloch, la
esperanza. Se trata de soñar hacia adelante o conscientemente, se trata de
“sueños diurnos”. “Los sueños soñados despierto pueden […] hacerse
verdaderamente más intensos, es decir, más lúcidos, menos arbitrarios, más
conocidos, más entendidos y más en mediación con las cosas. A fin de que el
trigo que quiera madurar pueda ser estimulado y recolectado.”[7] Esto
implica que todo lo existente ha de ser considerado, no debe pasarse por alto;
la realidad, pues, tiene que considerarse en toda su concreción para poder
actuar en conformidad y no de manera esporádica, inconsciente o pesimista. Es
decir, que cada cual debe insertarse en la historia, en el curso dialéctico de
la vida.
Conducirse
práxicamente es comprender los fenómenos, que no soportarlos sin entenderlos ni
perderse en el lamento sin eliminar la causa y, por tanto, el sufrimiento. No
obstante, en el abandono y el sufrimiento, surgen los sueños soñados cuando
estamos despiertos; ésta es la filosofía del futuro, teoría-práctica latente
que confía en el conocimiento que anticipa lo que no es aún y puede proponer
mejores posibilidades para vivir. A través de Marx se pueden hallar
posibilidades reales. Lo esencial de nuestra vida se conforma por el pasado,
pero sobre todo debe concebirse en relación con nuestro futuro, la lucha
necesaria es por los días venideros, en colectivo y concienzudamente.
Betzy
Bravo es licenciada en filosofía por la UNAM.
[1] Marx, K.,
Carta a Arnold Ruge (1843).
[2] Ídem.
[3] Consejo
Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social [Coneval], “Informe
de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2020”, Comunicado núm. 1.
[4] Instituto
Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], “Estadísticas a propósito del Día
del Trabajo. Datos nacionales”, p. 1.
[5] Cf.
Hegel, GWF, Fenomenología del espíritu, p. 446.
[6] Marx,
K., El capital, p. 47.
[7] Bloch,
E., El principio esperanza [1], p. 26.
____________
Bibliografía
Bloch,
Ernst, El principio esperanza [1]. Editorial Trotta, España, 2007.
[Trad. esp.: Felipe González Vicén].
Comisión
Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), “El desafío social en
tiempos del COVID-19”, 12 de mayo de 2020, pp. 22. [En línea]: HTTPS://BIT.LY/3NII6MQ.
Hegel, G.
W. F., Fenomenología del espíritu. Fondo de Cultura Económica,
México, 1966. [Trad. esp.: Wenceslao Roces].
Marx,
Karl, El Capital. Siglo XXI, Argentina, 2017. [Trad. esp.: Pedro
Scarón].
____________,
Carta a Arnold Ruge [En línea]: HTTPS://BIT.LY/3N7EAGP.

