Libro N° 10808. Neoliberalismo, Cadenas Globales De Valor Y Desarrollo Económico. Lara, Jesús.
© Libro N° 10808.
Neoliberalismo, Cadenas Globales De Valor Y
Desarrollo Económico. Lara,
Jesús. Emancipación. Enero 21 de 2023
Título original: ©
Neoliberalismo, Cadenas Globales De
Valor Y Desarrollo Económico. Jesús Lara
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Cadenas Globales De Valor Y Desarrollo Económico. Jesús Lara
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NEOLIBERALISMO, CADENAS GLOBALES DE VALOR Y
DESARROLLO ECONÓMICO
Jesús Lara
Neoliberalismo,
Cadenas Globales De Valor Y Desarrollo Económico
Jesús
Lara
NEOLIBERALISMO,
CADENAS GLOBALES DE VALOR Y DESARROLLO ECONÓMICO
JESÚS
LARA
Introducción
La
caracterización del capitalismo contemporáneo como neoliberalismo es correcta
solo si este no reduce su especificidad al carácter desregulado del mercado. En
efecto, la desregulación del mercado de bienes, capital y trabajo, que permite
la libre movilidad de los primeros dos y reduce el poder del último, son
características cruciales del capitalismo actual, que contrastan marcadamente
con las instituciones promovidas por los estados nacionales durante la segunda
posguerra. Sin embargo, la caracterización resulta parcial si no se incorpora
el otro elemento central de nuestros tiempos: la aceleración en la
mundialización del capital, referida más comúnmente como globalización. En este
ensayo mencionaré las características principales de este proceso y cómo ha
afectado las perspectivas de desarrollo económico en la periferia del sistema
capitalista mundial.
La
división del trabajo y el desarrollo económico
La
creciente importancia del comercio internacional y el flujo de capital en forma
de inversión extrajera directa o de portafolio son los elementos más visibles
de la globalización neoliberal capitalista. Pero, su característica esencial es
la transformación en la organización de la producción y distribución a escala
global. El cambio consiste en el aumento de la fragmentación de las distintas
etapas de la producción de los bienes y su distribución en varios países del
mundo. Así, cada vez más componentes de un producto final no solo no se
producen dentro del mismo establecimiento (como tradicionalmente fue en “la
gran fábrica fordista”), sino que se distribuyen en distintos países.
Desde un
primer punto de vista, la globalización representa una profundización de la
división técnica del trabajo, una mayor división de las operaciones de la
producción (Ho, 2016). Sin embargo, esto, en sí mismo, no representa ninguna
anomalía, sino que es una tendencia más del desarrollo capitalista. Esto lo
tenía claro Marx, quien en el tomo II de El Capital argumentó que:
“Partiendo
del supuesto de que ésta (la producción mercantil) es la forma general, ella
condiciona, por su parte, una división siempre creciente del trabajo
social, es decir, una especialización siempre mayor del producto que un
capitalista determinado produce como mercancía, una separación cada vez mayor
de procesos de producción complementarios que se vuelven autónomos. … la
producción de los medios de producción se separa, en la misma medida, de la
producción de la mercancía para la cual ellos constituyen los medios de
producción, y éstos se le presentan a cada productor de mercancías como
mercancías que él no produce, sino que compra para su proceso determinado de
producción. Surgen de ramos de la producción completamente separados del
suyo y explotados de manera autónoma, y entran como mercancías en su ramo de
producción, es decir que tiene que comprarlas. Las condiciones materiales de la
producción mercantil se le contraponen, en proporción cada vez mayor, como
productos de otros productores de mercancías, como mercancías” (Marx, 1976).
La
globalización pues, consiste en que la tendencia a la “separación cada vez
mayor de procesos de producción complementarios que se vuelven autónomos”
rebase las fronteras nacionales. Dos cuestiones emergen de este análisis.
Primero: ¿cómo conciliar esta visión sobre una “creciente especialización del
producto” con el análisis de Marx acerca de las tendencias a la concentración y
centralización del capital, y a la realidad empírica de que la mayoría de las
ramas económicas están controladas por pocos grupos de gigantes empresariales?
Segundo, ¿qué relevancia tiene esta tendencia de carácter técnico -que
corresponde a la esfera del valor de uso y del trabajo útil, para el análisis
del capitalismo actual y del desarrollo en el Sur Global? La primera pregunta
será respondida en la siguiente sección. Podemos adelantar que, lejos de ser
dos tendencias opuestas, ambas actúan de manera conjunta, lo que genera,
simultáneamente, una ultra centralización del capital y la hiper
especialización de la producción. Con respecto a la segunda, Lenin (1972)
explica que, al abordar el problema de la formación del mercado interno en una
economía capitalista, es preciso pasar del análisis del capital en general a su
división por sectores de la producción. Más específicamente:
El
problema estriba precisamente en esto: ¿de dónde tomarán los obreros y
capitalistas los artículos de su consumo?, ¿de dónde tomarán los últimos los
medios de producción?, ¿de qué manera el producto obtenido cubrirá todas estas
demandas y permitirá ampliar la producción? […] por ello es absolutamente
imprescindible la diferenciación de los productos, que desempeñan un papel muy
heterogéneo en el proceso de la economía social
Y, al
respecto, afirma que:
El
mercado interior … se crea por el desarrollo de esta economía mercantil, y el
grado de fraccionamiento en la división social del trabajo determina la altura
de su desarrollo; […] desarrollándose principalmente a cuenta de los medios de
producción, los cuales van ocupando en la sociedad capitalista un puesto más y
más considerable.
Lenin.
1976.
Es decir,
las cuestiones de dónde y cómo se vende el producto, y de dónde y cómo
adquieren capitalistas medios de producción y fuerza de trabajo, así como el
estudio de la formación del mercado interior, cuestiones todas esenciales para
el estudio del desarrollo económico, tienen como base el estudio de la división
del trabajo. Actualmente, ésta debe entenderse como una división global del
trabajo: estudiar en dónde se producen qué tipo de bienes y cómo se
intercambian entre países, pues, es fundamental para entender los procesos de
desarrollo al interior de los países.
Este
enfoque no es ninguna novedad. La teoría marxista del imperialismo y de la
dependencia, con diferentes énfasis y objetos de estudio, han enfatizado este
aspecto del problema. Así pues, aunque el análisis de la división del trabajo a
nivel mundial para explicar el (sub)desarrollo no es nuevo sí lo es la nueva
dimensión que ésta toma en el capitalismo neoliberal. La explicación de esto
corresponde al siguiente apartado.
La
globalización neoliberal y las Cadenas Globales de Valor
En el
capitalismo actual, las etiquetas “hecho en” son en gran parte
anacrónicas, pues la mayoría de los productos manufacturados son, en realidad,
“hechos en el mundo” (Ántras, 2020). Los diversos componentes de una
mercancía se producen en diversas partes del mundo y son posteriormente
ensamblados para destinarse a su consumo final. Los procesos de Investigación y
Desarrollo (I+D) y de venta, por lo general, se realizan en los países ricos,
donde las Empresas Multinacionales (EMNs) tienen su sede. La globalización
consiste, pues, en el surgimiento y extensión de lo que la literatura ha
denominado Cadenas Globales de Valor (CGV). En una primera instancia, una CGV
se refiere al conjunto de actividades -distribuidas global o regionalmente- que
son necesarias para la producción y distribución de un bien. Sin embargo, una
aproximación que enfatiza la división del trabajo, las define como “una forma
específica de división del trabajo […] una CGV delimita un espacio
geográficamente -y en ocasiones legalmente- fragmentado, en el que mercancias
incompletas son integradas y valorizadas a través de un proceso unificado de
trabajo” (Smichowski et al., 2021). Las CGV son una forma de división del
trabajo capitalista fragmentada pero unificada.
La
pregunta obligada es la siguiente: ¿qué unifica esta fragmentación? Todos los
enfoques teóricos, desde el marxismo hasta la economía neoclásica (en menor
medida), concuerdan en que no es el funcionamiento espontáneo del mercado, pues
las CGV no se componen de empresas simétricas que se relacionan exclusivamente
a través del intercambio. En realidad, aceptan que la unificación y
coordinación de esta división del trabajo ha sido encabezado y dirigido por las
grandes empresas multinacionales (EMNs) localizadas en el Norte Global. A estas
empresas se le denomina empresa líder o matriz.
Estas empresas son participes de ciertas etapas de producción, pero delegan
otras –la mayoría- a otras empresas localizadas en el mismo país o
en otras partes del mundo.
Como
afirma Weber -con más exactitud que Ántras-, la leyenda, “diseñado en
California, ensamblado en China” describe de forma mucho más precisa las
jerarquías y la división del trabajo que caracteriza al mundo actualmente. Esto
es así porque las actividades intensivas en conocimiento, de alta tecnología, y
que dependen de “activos intangibles”[1], están
reservadas geográficamente para las EMNs en sus países sede (los países ricos),
mientras que actividades menos sofisticadas, generalmente intensivas en trabajo
no calificado, se realizan en países del Sur Global, ya sea mediante Inversión
Extranjera Directa o mediante la subcontratación u outsorcing. Este
última forma se va convirtiendo en la norma. La subcontratación u outsourcing consiste
en que la empresa líder da las especificaciones exactas del producto o
componente a las empresas proveedoras, en ocasiones proveyendo ella misma la
tecnología y las materias primas, para que las empresas proveedoras,
localizadas en el Sur Global, produzcan el componente con bajos costos de
producción. Esto es posible por el monopolio tecnológico -garantizado por la
protección a la propiedad intelectual que ejercen los gobiernos nacionales y
las instituciones económicas mundiales- del que gozan las empresas líderes.
Esto les permite, además, capturar la mayor parte del valor agregado a lo largo
de la cadena. La monopolización intelectual y de capacidades, provoca que la
apropiación de valor se desligue de la producción física del producto, como
muestra la Figura 1, que contrasta le relación entre actividad y apropiación de
valor en la manufactura clásica, de 1970 para atrás, con la manufactura
globalizada de la actualidad.
Figura 1.
Tomada de Furand & Mildberg (2019)
Esta
creciente fragmentación de la producción ha sido posible por el desarrollo de
las Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs) (Baldwin, 2013); los
cambios de política en favor de la liberalización comercial y financiera y la
protección a la propiedad intelectual impulsada a finales de los ochenta y
sobre todo en los noventa (Cedric y Durand, 2019). Los avances en las TICs
hacen posible la coordinación en tiempo real de actividades mutuamente
dependientes localizadas en puntos geográficos distantes. Las EMNs aprovecharon
estos cambios para impulsar sus nuevas estrategias encaminadas a reducir sus
costos y aumentar la productividad. Baldwin (2013) lo expresa muy claramente:
la subcontratación permite a las empresas líderes combinar la tecnología de
punta del Norte global con la fuerza de trabajo barata del Sur. La clave es que
el Norte sí puede acceder al trabajo barato del Sur, pero el Sur no pueden
acceder a la tecnología de punta del Norte. En el corazón de la globalización
se encuentra, pues, una asimetría que condiciona la forma de desarrollo
capitalista tanto en el Norte como en el Sur.
Desarrollo
económico y en la época de las CGV
El
proceso de expansión y desarrollo del capitalismo ha sido siempre desigual; por
lo tanto, ha generado resultados distintos en las diversas formaciones sociales
que integran al sistema capitalista mundial. Aunque se suele afirmar que la
visión de Marx sobre el desarrollo del capitalismo ignoraba estas asimetrías,
lo cierto es que él tenía claro que la relación de fuerzas influía los
resultados de la expansión del capitalismo. En El Capital, escribió al
respecto:
“Una
nueva división internacional del trabajo aparece, una adecuada a los
requerimientos de los principales países industriales, y convierte una parte
del globo en un campo agrícola de producción para proveer a la otra parte, que
permanece preeminentemente como un campo industrial” (citado en Ho, 2016)
Esta idea
la desarrolló más profundamente en los últimos años de su vida al analizar a
Rusia y otras formaciones precapitalistas. Sin embargo, fueron las teorías
marxistas del imperialismo y sus sucesoras en el Tercer Mundo, las teorías de
la dependencia, quienes hicieron del desarrollo desigual y combinado del
capitalismo el punto de partida de sus análisis teóricos. Mientras las primeras
se enfocaron en la rivalidad entre potencias imperialistas, las segundas
tomaron esta desigualdad como punto de partida para estudiar sus efectos sobre
el desarrollo capitalista de los países dependientes o periféricos. El
efecto de la introducción del capitalismo desde el Centro a la Periferia, de
acuerdo con Samir Amin (1974), fue, efectivamente, el surgimiento de
formaciones sociales capitalistas, sí, pero con características estructurales y
dinámicas distintas a las del Centro. Estas características las sistematiza
Amin en los siguientes tres puntos:
1.
Productividad desigual entre y al
interior de los sectores económicos, o dualismo: la coexistencia de sectores
modernos, altamente productivos, con métodos de producción tradicionales y
tecnologías de subsistencia.
2.
La desarticulación estructural del
sistema productivo: la falta de encadenamientos hacia atrás y hacia adelante al
interior y entre los distintos sectores económicos.
3.
La dominación desde el exterior: el
hecho de que las economías periféricas carecen de una dinámica interna
autónoma: dependen de la demanda, inversión y tecnología del exterior.
Las
estrategias de desarrollo o industrialización puestas en marcha en la mayoría
de los países periféricos del mundo tenían el objetivo de superar estas tres
características estructurales, mediante la homogeneización (modernización) del
aparato productivo y el desarrollo de encadenamientos entre los distintos
sectores. Estas estrategias incluyeron un amplio rango de políticas
macroeconómicas e industriales, combinadas en algunos casos con intentos de
planificación económica por parte del Estado y el control de algunos sectores
estratégicos. La gran diversidad que han asumido éstas hace cualquier tipología
difícil. Sin embargo, la literatura ha identificado las dos estrategias
principales: la Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) y la
Industrialización Orientada a las Exportaciones (IOE). Ambas estrategias tenían
el objetivo de desarrollar sectores industriales completos a nivel nacional, es
decir, construir nacionalmente toda la cadena de oferta necesaria para la
producción de un bien final. Los medios para hacerlo, sin embargo, son
distintos.
En la
ISI, se protege el mercado interno de la competencia extranjera mediante
medidas arancelarias y no arancelarias: la fuente de demanda es el mercado
interno. En América Latina, se comenzó con la sustitución de importaciones de
bienes de consumo “ligeros” o no durables y bienes intermedios simples, y se
pretendía avanzar después a la producción de bienes de consumo durables (como
electrodomésticos y automóviles) para después avanzar a la sustitución de los
bienes más complejos: los de capital. La mayoría de estas experiencias en
América Latina, México incluido, fueron incapaces de completar la fase difícil
o “dura” de la sustitución de importaciones, y la falta de competitividad de la
industria nacional terminó agravando los desequilibrios internos y externos
abriendo el paso al neoliberalismo.
En parte
como respuesta al parcial fracaso de la ISI, se promueve, en cambio, la IOE.
Este paradigma tiene dos variantes: la primera está asociada a las políticas
neoliberales del Consenso de Washington (Baldwin, 2013). Esta perspectiva
sostiene que lo que está bloqueando el desarrollo de los países periféricos son
las distorsiones asociadas a la intervención estatal en la economía, que genera
ineficiencias dinámicas e inestabilidad macroeconómica. Eliminadas estas
distorsiones, los países subdesarrollados, abundantes en fuerza de trabajo “no
calificada” y, por lo tanto, con bajos salarios, podrían hacer uso de esta
ventaja comparativa para exportar bienes manufacturados -ayudados por la
inversión extranjera, a la que se le deberían dar todas las seguridades y
condiciones- a los mercados de los países ricos, lo que permitiría, además de
generar crecimiento, corregir el desequilibrio externo y, sumado a una política
de austeridad, corregir el desequilibrio interno.
Uno
de los errores más comunes es creer que la IOE de libre mercado es la única que
existe. En contraste, (Mildberg & Winkler, 2013) señalan que la estrategia
de IOE ha sido importante para varios países que no se han plegado a la receta
descrita en el párrafo anterior, sino que lo han hecho por medio de políticas
industriales encaminadas a promover sectores estratégicos con los que, en
principio, no se tiene “ventaja comparativa”. Tal es el caso de los Tigres
Asiáticos, quienes combinaron la sustitución de importaciones con la promoción
de exportaciones para incentivar el aumento en la competitividad de los
sectores seleccionados y evitar la reproducción de ineficiencias y
estancamiento que caracterizó gran parte de esos sectores en América Latina.
¿En qué
ha cambiado la segunda globalización capitalista y el surgimiento de las CGV
ambas estrategias? Es evidente que el camino que siguen actualmente los
países subdesarrollados no se puede catalogar como EOI en el sentido clásico.
Esto es así porque la globalización de la producción, el auge del outsorcing y
el desarrollo de las Cadenas Globales de Valor han alterado sustancialmente la
dinámica de la producción industrial y del comercio internacional. La EOI hace
referencia, en cualquiera de sus dos variantes, a la competencia en bienes
finales, donde la cadena de oferta para la producción de esos bienes se
encuentra casi completamente en un solo país. Pero la fragmentación de la
producción global implica que es posible, en principio, participar en esta
industria sin necesidad de construir las cadenas de oferta completas, sino
mediante la integración o inserción a cadenas que ya existen.
Esta inserción, a su vez, sucede en las etapas de producción en la que el país
tiene algún tipo de ventaja, ya sea por sus costos de producción o por su
localización geográfica. El país, pues, se especializa no en bienes
finales, sino en etapas del proceso de producción de uno o más
bienes finales. Así, por ejemplo, es claro que la afirmación de que México
está especializado en la producción y exportación de automóviles es, en el
mejor de los casos, parcial. México, en realidad, está especializado en algunas
etapas de la cadena global de oferta de la industria automotriz. Más
específicamente en la producción de autopartes simples y en el. El diseño de
los automóviles, la producción de semiconductores o la fabricación de las
máquinas que se usan en el ensamblaje, todas ellas partes del proceso de
producción del automóvil, no se realizan en México, sino en otros países del mundo.
A este tipo de inserción Mildberg & Winkler (2013) lo denominan
Industrialización por Especialización Vertical (IEV). La IEV hace referencia a
la medida en que las exportaciones dependen de las importaciones de insumos. La
aparición de la IEV puede, entonces, interpretarse como el resultado “del
aumento en el grado en que los bienes y servicios tranzados entre fronteras son
bienes intermedios en lugar de finales” (Ántras, 2020).
De tal
forma, se afirma que el proceso de desarrollo se simplifica profundamente: los
países no necesitan inmiscuirse el tortuoso, difícil y riesgoso proceso de
construir bases industriales para la producción de bienes finales, lo que
requiere de abarcadoras y riesgosas intervenciones estatales que pueden generar
“distorsiones” e “ineficiencias”: solo se tienen que insertar en las CGV
construidas por las EMNs de los países ricos, aprovechar sus capacidades
tecnológicas y logísticas, y acceder así a los métodos de producción más
eficientes, a insumos baratos y de mejor calidad y a los mercados de
consumidores mundiales de los países ricos (Baldwin, 2013).
Los
argumentos abundan contra este optimismo. El primero es que, lo que hace a la
industrialización relevante desde el punto de vista del crecimiento y el
desarrollo, es precisamente que, en su forma clásica, requería el
establecimiento simultáneo de sectores económicos complementarios, lo que
implicaba la formación de encadenamientos productivos que, bajo ciertas
condiciones, tendía a generar un crecimiento económico y tecnológico endógenos.
La industria en su forma clásica, pues, contrastaba con las economías de
enclave que caracterizan a los países dependientes de la producción y
exportación de bienes primarios. Sin embargo, la globalización ha alterado este
carácter integrado de la producción industrial: hoy, es posible insertarse en
la producción de los más modernos bienes para el mercado global y que estas
industrias estén prácticamente “desconectadas” del aparato productivo
doméstico. Este escenario no es solo una posibilidad, sino que, dejado a las
fuerzas del mercado, tiene a ser el resultado natural. Ya desde mediados del
siglo pasado, diversos economistas observaron que las EMNs instaladas en los
países periféricos tendían a comportarse como enclaves: importando la mayor
parte de insumos y bienes de capital y permaneciendo al margen de la economía
doméstica. Esta situación, en la época de la producción global a través de la
IED y la subcontratación, no se ha alterado sustancialmente.
De hecho,
la forma más sencilla y rápida de integrarse a las CGV es mediante la creación
de Zonas de Procesamiento de Exportaciones (ZPEs), conocidas en otras partes
como Zonas Económicas Especiales (ZEEs). “Las ZPEs son espacios regulatorios en
un país encaminados a la atracción de empresas orientadas a la exportación, que
ofrecen concesiones especiales en cuanto impuestos, aranceles y regulaciones
(Mildberg &Winkler, 2013)”. Es decir, para poder insertarse en las CGVs, el
país periférico debe proveer las condiciones que lo hagan suficientemente
atractivo con respecto a los demás países. El problema es que, por su misma
naturaleza, las actividades productivas desarrolladas en las ZPEs se resisten a
la formación de encadenamientos con la economía doméstica, formando modernos
enclaves industriales exportadores. La frontera norte mexicana y la industria
maquiladora son un claro ejemplo de esta dinámica.
El
segundo hecho, que ha recibido mucha más atención en la lectura, tiene que ver
con las etapas dentro de la CGV en las cuales se especializan los países
periféricos. Estas etapas son, por lo general, la producción de componentes
simples y el ensamblaje que, al operar con tecnología y bienes de capital
producidos en el Norte Global, capturan la menor parte del valor producido.
Esto es posible porque las EMNs, que poseen una posición monopólica de la
tecnología y oligopólica en sus respectivos mercados, son capaces de crear
condiciones ultra competitivas entre las empresas proveedoras de los distintos
componentes. Así, éstas se ven obligadas a reducir permanentemente los costos a
través de la profundización de la explotación y la precariedad laborales. Para
evitar esta trampa y desarrollarse, los objetivos de la política de desarrollo
y de las empresas nacionales deben ser ascender[2] en
la Cadena Global de Valor. Ascender se refiere a la capacidad
de los productores para moverse a etapas de la cadena más sofisticadas o a
mejorar los productos y procesos que ya realiza. En cualquier caso, la
implicación práctica del ascenso es que la empresa en cuestión
es capaz de capturar una mayor parte del valor producido a lo largo de la
cadena. Una vez inserto en las GVC, el país puede desarrollarse en la medida en
que ascienda en esas GCV. Sin embargo, tanto teórica como
empíricamente hay serias objeciones a este planteamiento. En primer lugar,
ascender no implica la formación de encadenamientos productivos con la economía
doméstica, lo que implicaría la formación de enclaves modernos y de alta
productividad pero que no pueden ser motor del desarrollo. En segundo lugar,
ascender implica entrar en competencia directa con las empresas más productivas
y avanzadas del planeta. En su última etapa, implica disputarle su posición a
las grandes EMNs que controlan los mercados a nivel mundial. Este proceso,
pues, dista de ser automático y, de hecho, existen muy pocos casos exitosos,
pues implican enfrentar barreras de tipo económico, tecnológico y legal, siendo
los Derechos de Propiedad Intelectual uno de los más importantes (Lee, 2020).
Conclusión
Una forma
de aproximarnos a la comprensión del capitalismo neoliberal es entenderlo como
el desarrollo combinado de las siguientes tres tendencias: la creciente
división de las operaciones de producción o “especialización cada vez mayor del
producto”. la centralización del capital y mundialización del capital. El
resultado es un patrón de producción y acumulación global caracterizado por la
fragmentación de las etapas de producción y su distribución en el mundo, pero
siendo estos procesos controlados y administrados por los grandes oligopolios
con sede en el Norte Global, que derivan su poder de sus ventajas tecnológicas
y logísticas, así como de una forma de regulación internacional que favorece su
libre operación en el mundo: una combinación de liberalización comercial y
financiera con una muy fuerte protección a los Derechos de Propiedad
Intelectual.
Esto ha
alterado la división internacional del trabajo, la naturaleza de la industria
y, por lo tanto, las estrategias y perspectivas de desarrollo económico en la
periferia. Por un lado, actividades de producción manufacturera que antes
estaban reservadas para los países ricos hoy se desplazan a los países pobres
buscando recortar al máximo los costos de producción, mientras que las
actividades de I+D, marketing, retail y la manufactura de
bienes de alta tecnología sigue estando reservada para el Norte Global, lo que
les permite apropiarse de la mayor parte del valor. La consecuencia es que la
producción industrial se ha transformado: ahora requiere, en mayor medida la
adquisición de insumos y tecnología producidas en otras partes del mundo. La
implicación es que estrategias clásicas como la Sustitución de Importaciones o
la Promoción de Exportaciones se vuelven mucho más complicadas. Sin embargo, la
estrategia de ascender en las CGV a través de la
Industrialización por Especialización Vertical (IEV) presenta serias
dificultades, incrustadas en la naturaleza jerárquica y desigual de las CGV, lo
que hace que la tendencia sea hacia la creciente polarización al interior y
entre las naciones, y no hacia la convergencia, como apuntan los propagandistas
de la globalización
La
comprensión de estas transformaciones es fundamental para pensar en estrategias
y tácticas de desarrollo en el futuro inmediato. ¿Cómo desarrollar un aparato
productivo moderno, articulado y autocéntrico cuando la división técnica del
trabajo a escala global y el control que sobre ella ejercen los oligopolios del
Norte Global alcanza las dimensiones actuales? La respuesta a esta pregunta es
clave para cualquier movimiento del Sur Global que se proponga una
transformación radical de su sociedad.
Jesús
Lara es economista por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano
de Estudios Económicos y Sociales.
[1] “Los
intangibles son activos no-financieros que no poseen sustancia física, que son
no-rivales en el consumo y al menos parcialmente apropiables. Información
computarizada, ‘know-how’ tecnológico obras artísticas originales, diseños y
nuevos productos, marcas, entrenamiento proveído por el empleador y estructura
organizacionales son algunos de los principales activos intangibles“. (Corrado,
Haskel, Iommi, & Jona Lasinio, 2012)”. (Durand & Milberg, 2019)
[2] Ascender es
una traducción inexacta del concepto en inglés upgrade, que se
utiliza incluso en la mayoría de la literatura en español.
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Referencias
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