Libro N° 9639. Recuerdos De Mi Vida. Tomo 2. Ramón y Cajal, Santiago.
© Libro N° 9639. Recuerdos De Mi Vida. Tomo 2. Ramón y Cajal,
Santiago. Emancipación. Febrero 26 de 2022.
Título original: © Recuerdos De Mi Vida. (Tomo 2 De 2). Santiago
Ramón y Cajal
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Original: © Recuerdos De Mi Vida. (Tomo 2 De 2). Santiago Ramón y Cajal
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RECUERDOS DE MI VIDA
(Tomo 2 De 2)
Santiago Ramón Y Cajal
Recuerdos De Mi Vida
(Tomo 2 De 2)
Santiago Ramón y Cajal
Title: Recuerdos de mi vida
(tomo 2 de 2)
Author: Santiago Ramón y
Cajal
Release Date: November 12,
2019 [EBook #60675]
Language: Spanish
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GUTENBERG EBOOK RECUERDOS DE MI VIDA (TOMO 2 DE 2) ***
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[p. i]
S. RAMÓN Y CAJAL
Recuerdos
de mi vida
CON 180 GRABADOS Y MUCHAS
FOTOGRAFÍAS
INTERCALADAS EN EL TEXTO
TOMO II
HISTORIA DE
MI LABOR CIENTÍFICA
MADRID
IMPRENTA Y LIBRERÍA DE
NICOLÁS MOYA
Garcilaso, 6,
y Carretas, 8.
—
1917
[p. ii]Es propiedad del
autor.
[p. iii]
DOS PALABRAS AL LECTOR
Este segundo volumen de mis Recuerdos difiere
esencialmente del anterior. En el primero, describí los estravíos de una
voluntad distraída y sobrado inclinada á los devaneos artístico-literarios.
Mientras que, en el presente, se da cuenta de cómo, á impulsos del sentimiento
patriótico y de la triste convicción de nuestro atraso cultural, fué dicha
voluntad disciplinada y orientada hacia la producción científica.
Si el citado tomo I fué obra de la edad madura,
éste constituye labor de la vejez, pues ha sido redactado durante los luctuosos
años de 1915 y 1916, época de la horrenda guerra europea. Tal retraso en la
publicación explica ciertos cambios inevitables de tendencias y hasta de
estilo. No en vano pasan los años y nos adoctrina la experiencia. Las cosas que
á la triunfante luz del mediodía parecían doradas, se empalidecen, cuando no se
tiñen del color complementario, á la claror azulada del ocaso. Con todo eso, he
tratado de defenderme contra esa inversión crítica, tan común en los viejos, de
la cual constituye síntoma grave el consabido laudator temporis acti.
Además de castigar algo la enfadosa frondosidad del
estilo, he callado por impertinentes ó nada interesantes[p. iv] muchos
episodios de mi vida. Creo actualmente que el tema principal de mi libro debe
ser exponer la génesis de mi modesta contribución científica, ó en otros
términos, referir cómo surgió y se realizó el pensamiento, un poco quimérico,
de fabricar Histología española, á despecho de la indiferencia cuando no de la
hostilidad del medio intelectual. He tenido, sobre todo, presente, que lo único
capaz de justificar esta publicación, es su posible virtualidad pedagógica. Ni
he olvidado que la mayoría de mis lectores son médicos y naturalistas.
El lector ávido de amenidades y ajeno á las
ciencias biológicas quedará defraudado. Aconséjole que prescinda de los
capítulos salpicados de citas y grabados. Singularmente áridos y técnicos son
los XVI, XVIII, XIX y, sobre todo, los terribles XXI y XXII, con que remata la
obra. Sin faltar á mi programa, ha sido imposible evitar ciertas tabarras, que
el lector sabrá perdonarme en gracia de la intención docente y de las
exigencias de la verdad histórica.
Madrid, Febrero de 1917.
[p. 1]
CAPÍTULO PRIMERO
Decidido á seguir la carrera del profesorado, me
gradúo de doctor y me preparo para oposiciones á cátedras. — Iniciación en los
estudios micrográficos. — Fracaso previsto de mis primeras oposiciones. — Los
vicios de mi educación intelectual y social. — Corregidos en parte, triunfo al
fin, obteniendo la cátedra de Anatomía descriptiva de la Universidad de
Valencia.
ada digno de contarse ocurrió durante los años
1876 y 1877. Continué en Zaragoza estudiando Anatomía y Embriología, y en los
ratos libres ayudaba á mi padre en el penoso servicio del Hospital, supliéndole
en las guardias y encargándome de las curas de algunos de sus enfermos
particulares de cirugía. Porque dejo apuntado ya que mi progenitor había
adquirido sólida fama en esta especialidad, operaba mucho y, no obstante su
actividad infatigable, faltábale tiempo para acudir á su numerosa clientela.
Mis aspiraciones al Magisterio (más que sentidas
espontáneamente, sugeridas de continuo por mi padre) me obligaron á graduarme
de doctor. Táctica excelente hubiera sido haber cursado oficialmente en Madrid
las tres asignaturas cuya aprobación era entonces obligatoria para alcanzar la
codiciada borla doctoral (Historia de la Medicina, Análisis
química é Histología normal y patológica).[p. 2] Mi
estancia durante un año en la Corte habríame reportado positivas é
inapreciables ventajas: hubiera conocido personalmente á algunos de mis futuros
jueces; asistido á ejercicios de oposición, á fin de enterarme del aspecto
técnico y artístico de semejantes certámenes; y adquirido, en cuanto mi
natural, un tanto rudo y arisco, consintiese, ese barniz de simpático despejo y
de urbana cortesía que tanto realzan al mérito positivo. Pero mi padre,
temeroso sin duda de que, lejos de su vigilancia, reincidiese en mis devaneos
artísticos —y quizás tenía razón— resolvió matricularme libremente en las
citadas asignaturas, reteniéndome en Zaragoza. Para el estudio de la Química
analítica confióme á la dirección de D. Ramón Ríos, farmacéutico
muy ilustrado y á la sazón encargado de una fábrica muy acreditada de productos
químicos. En cuanto á la Historia de la Medicina y á la Histología
normal y patológica, debía asimilármelas autodidácticamente, por la lectura
de los libros de texto, pues no había en la capital aragonesa quien pudiera
enseñármelas.
Cuando, llegado el mes de Junio, me disponía en
Madrid á sufrir la prueba del curso, experimenté dos sorpresas desagradables:
Todo el caudal de conocimientos analíticos laboriosamente acopiado en el
Laboratorio del Dr. Ríos vino á ser inútil; porque, según recordarán
cuantos estudiaron por aquellos tiempos, el bueno de Ríos titular de la citada
asignatura en la Facultad de Farmacia, sólo exigía á los médicos, con una
piedad que tenía mucho de desdén, un programa minúsculo de cuatro ó cinco preguntas,
en cada una de las cuales incluía tan sólo algunos cuadros analíticos de aguas
minerales, composición de la orina, leche, sangre; cuadros sinópticos que todo
el mundo se sabía de coro para salir del paso. Trabajo perdido resultó también
el estudio asiduo de la Historia de la Medi[p. 3]cina según
cierto libro francés declarado de texto. Mis condiscípulos de Madrid, que
estaban en el secreto, me desilusionaron profundamente al informarme de que la
susodicha obra no servía de nada, puesto que el Dr. Santero exigía casi
exclusivamente la doctrina de cierto librito, desconocido para mí,
titulado Prolegómenos clínicos, en cuyas páginas el afamado
profesor de San Carlos desarrollaba elocuentemente un curso de filosofía médica
y daba rienda suelta á su pasión fervorosa por Hipócrates y el hipocratismo.
Sólo el Dr. Maestre de San Juan, profesor de Histología, ateníase
fielmente al enunciado de su asignatura, examinando con arreglo al texto y
programas oficiales.
No tuve, por consiguiente, más remedio que
encasquetarme, en tres ó cuatro días de trabajo febril, los amenos cuadros
analíticos del Dr. Ríos y los briosos y entusiastas alegatos vitalistas del Dr.
Santero. Gran suerte fué salir del apretado lance sin más consecuencias que una
horrible cefalalgia y cierta aversión enconada á la mal llamada libertad de
enseñanza; merced á la cual se da con frecuencia el caso —hoy como entonces— de
que el alumno libre, fiado en la solemnidad del programa oficial, ignore la materia
explicada por el catedrático, y de que éste prescinda, á veces, con admirable
desenvoltura, de la ciencia que, reglamentariamente, viene obligado á explicar.
Sugestionado por algunas bellas preparaciones
micrográficas que el Dr. Maestre de San Juan y sus ayudantes (el Dr. López
García entre otros) tuvieron la bondad de mostrarme, y deseoso por otra parte
de aprender lo mejor posible la Anatomía general, complemento
indispensable de la descriptiva, resolví, á mi regreso á Zaragoza,
crearme un Laboratorio micrográfico. Contando con la bondad inagotable de D.
Aureliano Maestre, aprobé fácilmente la[p. 4] Histología; pero ni había
visto una célula, ni era capaz de efectuar el más sencillo análisis
micrográfico. Y fué lo peor que, á la sazón, no había en Zaragoza persona capaz
de orientarme en los dominios de lo infinitamente pequeño. Además, la Facultad
de Medicina, de que era yo ayudante y auxiliar, andaba muy escasa de medios
prácticos. Sólo en el Laboratorio de Fisiología existía un microscopio bastante
bueno. Con este viejo instrumento amplificante, y gracias á la buena amistad
con que me distinguía el doctor Borao[1],
por entonces ayudante de Fisiología, admiré por primera vez el sorprendente
espectáculo de la circulación de la sangre. De tan sugestiva demostración he
hablado ya en otro lugar[2]. Aquí
expresaré tan sólo que ella contribuyó sobremanera á desarrollar en mí la
afición á los estudios micrográficos.
Escogido un desván como obrador de mis ensayos
prácticos, y reunidos algunos reactivos, sólo me faltaba un buen modelo de
microscopio. Las menguadas reliquias de mis alcances de Cuba no daban para
tanto. Por fortuna, durante mi última gira á la Corte, me enteré de que en la
calle del León, núm. 25, principal (¡no lo he olvidado todavía!) habitaba
cierto almacenista de instrumentos médicos, D. Francisco Chenel, quien
proporcionaba, á plazos, excelentes microscopios de Nachet y Verick, marcas
francesas entonces muy en boga. Entablé, pues, correspondencia con dicho
comerciante y ajustamos las condiciones: consistían en abonarle en cuatro
plazos 140 duros, importe de un buen modelo Verick, con todos sus accesorios.
La[p. 5] amplificación de las lentes (entre ellas figuraba un objetivo de
inmersión al agua) pasaba de 800 veces. Poco después me proporcioné, de la
misma casa, un microtomo de Ranvier, una tournette ó
rueda giratoria y otros muchos útiles de micrografía. Á todo subvinieron mi
paga modesta de auxiliar y las flacas ganancias proporcionadas por los repasos
de Anatomía; pero las bases financieras del Laboratorio y Biblioteca fueron mis
economías de Cuba. Véase cómo las enfermedades adquiridas en la gran Antilla
resultaron á la postre provechosas. Por seguro tengo que, sin ellas, no habría
ahorrado un céntimo durante mi estancia en Ultramar, ni contado, por
consiguiente, para mi educación científica con los recursos indispensables.
Menester era, además, adquirir libros y Revistas
micrográficos. Escaso andaba de los primeros, á causa de no traducir el alemán,
idioma en que corrían impresos los mejores Tratados de Anatomía é Histología.
Solamente en versiones francesas conseguí leer la Anatomía general,
de Henle, y el Tratado clásico de Histología é Histoquimia, de
Frey. El Van Kempen y el Robin, excelentes libros franceses, sirviéronme
igualmente de guías. Para los trabajos prácticos pude consultar el Microscopio
en Medicina, de Beale, su Protoplasma y vida y el
conocido Manual técnico, de Latteux. En cuanto á Revistas
científicas, la escasez de mi peculio me obligó á circunscribirme al abono de
unos Archivos ingleses (The Quarterly microscopical Science) y á una
Revista mensual francesa, dirigida por E. Pelletan (Journal de micrographie).
De obras españolas disponía de la del Dr. Maestre de San Juan, muy copiosa en
datos, aunque de lectura un tanto difícil.
Como se ve por lo expuesto, empecé á trabajar en la
soledad, sin maestros, y con no muy sobrados medios; mas á todo suplía mi
ingenuo entusiasmo y decidida vocación.[p. 6] Lo esencial para mí era
modelar mi cerebro, reorganizarlo con vistas á la especialización, adaptarlo,
en fin, rigurosamente á las tareas analíticas del Laboratorio.
Claro es que, durante la luna de miel del
microscopio, no hacía sino curiosear sin método y desflorar asuntos. Se me
ofrecía un campo maravilloso de exploraciones, lleno de gratísimas sorpresas.
Con este espíritu de expectador embobado, examiné los glóbulos de la sangre,
las células epiteliales, los corpúsculos musculares, los nerviosos, etc.,
deteniéndome acá y allá para dibujar ó fotografiar las escenas más cautivadoras
de la vida de los infinitamente pequeños.
Dada la facilidad de las demostraciones,
sorprendíame sobremanera la ausencia casi absoluta de curiosidad objetiva de
nuestros Profesores, los cuales se pasaban el tiempo hablándonos prolijamente
de células sanas y enfermas, sin hacer el menor esfuerzo por conocer de vista á
esos transcendentales y misteriosos protagonistas de la vida y del dolor. ¡Qué
digo!... ¡Muchos, quizás la mayoría de los Profesores de aquellos tiempos
menospreciaban el microscopio, juzgándolo hasta perjudicial para el progreso de
la Biología!... Á juicio de nuestros misoneistas del magisterio, las
maravillosas descripciones de células y de parásitos invisibles constituían
pura fantasía. Recuerdo que, por aquella época, cierto catedrático de Madrid,
que jamás quiso asomarse al ocular de un instrumento amplificante, calificaba
de Anatomía celestial á la Anatomía microscópica. La frase,
que hizo fortuna, retrata bien el estado de espíritu de aquella generación de
Profesores.
Sin duda, contábanse honrosas excepciones. De
cualquier modo, importa notar que, aun los escasos maestros cultivadores del
instrumento de Jansen y creyentes en sus revelaciones, carecían de esa fe
robusta y de esa inquietud[p. 7] intelectual que inducen á comprobar
personal y diligentemente las descripciones de los sabios. Acaso diputaban la
técnica histológica cual disciplina dificilísima. De semejante dejadez y falta
de entusiasmo hacia estudios que han revolucionado después la ciencia y
descubierto horizontes inmensos á la fisiología y la patología, da también
testimonio un curioso relato de A. Kölliker[3],
célebre histólogo alemán que visitó Madrid allá por el año de 1849.
Comenzaba, según decía, á deletrear con delectación
el admirable libro de la organización íntima y microscópica del cuerpo humano,
cuando se anunció en la Gaceta la vacante de las cátedras
de Anatomía descriptiva y general de Granada y Zaragoza.
Contrarióme la noticia, porque distaba mucho de estar preparado para tomar
parte en el arduo torneo de la oposición. Según dejo apuntado en párrafos
anteriores, antes de entrar en liza, hubiera deseado presenciar este linaje de
contiendas, conocer los[p. 8] gustos del público y de los jueces,
adquirir, en suma, la norma con que se aprecian los valores positivos
cotizables en el mercado universitario. Pero el autor de mis días, que, como
todo padre, se hacía hartas ilusiones acerca de los méritos y capacidades de su
hijo, mostrose implacable. No hubo, pues, más remedio que obedecerle. Y así,
desesperanzado, y haciendo, como suele decirse, de tripas corazón, concurrí á
aquellas oposiciones, en las cuales, para dos plazas, lucharon encarnizadamente
nueve ó diez opositores, algunos verdaderamente brillantes.
Durante los ejercicios, mis fundados recelos
quedaron plenamente confirmados. Pusieron aquéllos de manifiesto, según yo
presumía, que en la Anatomía descriptiva clásica y prácticas
de disección rayaba yo tan alto como el que más. Pero la imparcialidad
me obliga á reconocer que, bajo ciertos respectos, mostré también deplorables
deficiencias: ignorancia de algunos conceptos biológicos de alcance filosófico;
desdén hacia reglas interpretativas sacadas de la anatomía comparada, la
ontogenia ó la filogenia; desconocimiento de ciertas minucias y perfiles de
técnica histológica puestos en moda por el Dr. Maestre de San Juan; en fin,
desvío hacia todas esas especulaciones de carácter ornamental, preciadas flores
de pensamiento que ennoblecen las áridas cuestiones anatómicas y elevan y
amenizan la discusión.
Pero no fué esto sólo. En aquella ocasión revelé,
además, lagunas de educación intelectual y social no sospechadas por mi padre.
Perjudicóme, en efecto, sobremanera, mi ignorancia de las formas de la cortesía
al uso en los torneos académicos; me deslució una emotividad exagerada,
achacable sin duda á mi nativa timidez, pero sobre todo á la falta de costumbre
de hablar ante públicos selectos y exigentes; hízome, en fin, fracasar la
llaneza y sen[p. 9]cillez del estilo y hasta, á lo que yo pienso, la única de
mis buenas cualidades: la total ausencia de pedantismo y solemnidad expositiva.
Entre aquellos jóvenes almibarados, educados en el retoricismo clásico de
nuestros Ateneos, mi ingenuidad de pensamiento y de expresión sonaba á
rusticidad y bajeza. En mi candor de doctrino, asombrábame el garbo y la
gallardía con que algunos opositores de la clase de facundos hacían excursiones
de placer por el dilatado campo del evolucionismo ó del vitalismo, ó, cambiando
de registro, proclamaban, sin venir á cuento y llenos de evangélica unción, la
existencia de Dios y del alma, con ocasión de referir la forma del calcáneo ó
del apéndice ileocecal. Á la verdad, ni entonces ni después fuí bastante
refinado para cultivar tan transparentes habilidades, ni para exornar mi pobre
ciencia con filigranas y colorines, reñidos, á mi ver, con la austeridad y el
decoro de la cátedra.
Pero, volviendo á mi derrota, añado que sólo en dos
cosas atraje un tanto la curiosidad del público y del Jurado: por mis dibujos
de color en la pizarra el día de la lección, y por los copiosos detalles con
que adorné las pocas preguntas de anatomía descriptiva que me tocaron en el
primer ejercicio (la mayoría de los temas se referían á técnica histológica y á
cuestiones generales, en que yo flojeaba). En cuanto al ejercicio práctico, en
que tantas esperanzas cifrara el autor de mis días, constituyó, como de
costumbre, pura comedia. Escogióse al efecto una disección llanísima: la
preparación de algunos ligamentos articulares. De esta suerte todos quedamos
igualados.
En mi fracaso, que sentía sobre todo por el
disgusto y decepción que iba á ocasionar á mi progenitor y maestro, me consoló
algo el saber que se me adjudicó un voto para una de las cátedras, y que este
voto lo debí á un profesor[p. 10] tan sabio, recto y concienzudo como el
Dr. Martínez y Molina, con razón llamado la perla de San Carlos[4].
Transcurrido más de un año (1879), se anunció á
oposición la vacante de la cátedra de Granada. Conocedor de mis defectos, había
procurado corregirlos en la medida de lo posible. Perfeccionéme en la técnica
histológica, sirviéndome de guía el admirable libro titulado Manuel
technique d’histologie[5],
escrito por Ranvier, ilustre Profesor del Colegio de Francia; aprendí á
traducir el alemán científico; adquirí y estudié á conciencia diversas obras
tudescas de Anatomía descriptiva, general y comparada; me impuse en las
modernas teorías tocantes á la evolución, de que por entonces eran
porta-estandartes ilustres Darwin, Häckel y Huxley; amplié bastante mis
noticias embriológicas; adornéme, en fin, con algunos de aquellos primores
especulativos que, según pude ver, seducían, acaso más de la cuenta, á públicos
y tribunales. Por primera vez, en mi vida, decidí, pues, ser algo hábil y
ofrendar sacrificios á las gracias.
Tranquilo y esperanzado estaba, dando los últimos
toques á mi intensiva preparación anatómica, cuando cierto día me detiene un
amigo, espetándome á quemarropa:
[p. 11]—Voy á darte un consejo. No te presentes en
las próximas oposiciones á la cátedra de Granada.
—¿Por qué?
—Porque no te toca todavía: déjalo para
más adelante y todo saldrá como una seda.
—Pero...
—Advierte, criatura, que el tribunal de oposiciones
que acaba de nombrarse ha sido forjado expresamente para hacer catedrático á
M., por cuyos talentos ciertos señores de Madrid sienten gran admiración.
—Pero si M. se ha preparado siempre para
oposiciones á Patología médica y jamás se ocupó de Anatomía...
—Cierto; mas no es cosa de esperar varios años una
vacante de Patología. Sus poderosos protectores desean hacerlo catedrático
sobre la marcha; y puesto que, por ahora, la única puerta abierta es la Anatomía
descriptiva, á ella se atienen. ¡Vamos!... sé por una vez siquiera sumiso y
razonable, y evita el aumentar, con tus imprudencias, el número de tus
enemigos. Cediendo, te congraciarás con personajes omnipotentes, de cuya buena
voluntad depende tu porvenir...
—Agradezco tus consejos, pero no puedo seguirlos.
Desertando de las oposiciones, mi padre se pondría, y con razón, furioso, yo no
tendría más remedio que arrinconarme en un pueblo. Además, después de varios
años de asidua preparación anatómica, ¿no sería bochornoso desaprovechar la
primera ocasión que se me presenta para justificar mis pretensiones? Por
importante que sea alcanzar la codiciada prebenda, lo es todavía más demostrar
á mis jueces y al público que he perfeccionado mis conocimientos y que, penetrado
de mis defectos, he sabido, si no corregirlos del todo, atenuarlos
notablemente, triunfando de mí mismo.
[p. 12]—¡Pues no serás nunca catedrático ó lo serás
muy tarde, cuando peines canas!...
—Al precio de la cobardía y de la abdicación no lo
seré nunca...
Pronto tuve ocasión de comprobar la exactitud de la
noticia. En efecto, el tribunal, salvo alguna excepción, constaba de amigos y
clientes del que por entonces ejercía omnímoda é irresistible influencia en la
provisión de cátedras de Medicina. En descargo del aludido personaje, debo, sin
embargo, declarar que M. había sido un brillante discípulo suyo, que adornaban
á éste prendas relevantes de carácter y talento, y además que en asegurar el
triunfo del novel anatómico puso todo su empeño el Dr. Fernández de la Vega,
catedrático de Anatomía de Zaragoza, pariente del ilustre Presidente del
tribunal y condiscípulo y fraternal amigo de M.[6].
Á su tiempo[7],
verificáronse las oposiciones. En ellas tuve la suerte de hacer patentes los
progresos de mi aplicación. Mis conocimientos histológicos proporcionáronme
ocasiones de lucimiento; y la lectura de las Revistas y libros alemanes,
ignorados de mis adversarios, prestaron á mi labor un colorido de erudición y
modernismo sumamente simpáticos.
Sólo había un contrincante que contrarrestaba y
sosla[p. 13]yaba habilísimamente mis asaltos, si no por la superioridad de su
preparación anatómica (que era nada vulgar), por la claridad y agudeza de su
entendimiento y la hermosura incomparable de su palabra. Aludo al malogrado é
ilustre maestro D. Federico Olóriz, quien, estrenándose en aquella contienda,
dió ya la medida de todo lo que valía y podía esperarse del futuro catedrático
de la Facultad de Medicina de Madrid.
Entonces, D. Federico, que figuraba en mi trinca,
atacábame reciamente, persuadido quizás de que yo era el único adversario serio
con quien tenía que habérselas. Y cuando, platicando campechanamente en los
pasillos de San Carlos, le saqué de su error, pronunciando el nombre del
afortunado candidato oficial, reíase de lo que llamaba mis pesadas bromas
aragonesas.
—¡Pero si no pasa de ser un joven discreto que
denuncia á la legua al primerizo en los estudios anatómicos y en el arte de la
disección!
—Pues ese anatómico improvisado será catedrático de
Granada, y usted, con todo su saber y talento, tendrá que resignarse al humilde
papel de ayudante suyo, á menos de cambiar definitivamente de rumbo...
—¡Imposible!...
Pero el imposible se cumplió. Los amigos del
Presidente dieron una vez más pruebas de su inquebrantable disciplina, y el
pobre Olóriz, asombro del público y de los jueces, tuvo que contentarse con un
tercer lugar en terna (yo obtuve el segundo).
Con todo lo cual no quiero expresar que M. fuera un
mal catedrático. El dictador de San Carlos no solía poner sus ojos en tontos.
Dejo consignado ya que M. era un joven de mucho despejo y aplicación y que, si
se lo hubiera propuesto de veras, habría llegado á ser un excelente[p.
14] maestro de Anatomía. En aquella contienda faltáronle preparación
teórica suficiente y vocación por el escalpelo. Así, en cuanto se le
proporcionó ocasión, trasladóse á una cátedra de Patología médica de Zaragoza,
donde resultó, según era de presumir, un buen maestro de Clínica médica. Más
adelante, con aplauso de muchos —incluyendo el mío muy sincero—, ascendió, por
concurso, á una cátedra de San Carlos.
Creo que fué en Marzo de 1879 cuando se me nombró,
en virtud de oposición, Director de Museos anatómicos de la
Facultad de Medicina de Zaragoza. De aquellos ejercicios, á que concurrió,
entre otros jóvenes, cierto discípulo muy brillante de la Escuela de Valencia
—por cierto apasionadísimo de Darwin y de Häckel—, sólo quiero recoger un dato
revelador de las grandes simpatías con que me distinguían mis
paisanos y maestros. Acabado el último ejercicio, los dos catedráticos
zaragozanos votaron sin vacilar al opositor valenciano; y precisamente los tres
profesores forasteros, que acababan de ganar por oposición sus cátedras, y
eran, por tanto, ajenos á las ruines rencillas de campanario, me otorgaron sus
sufragios. Uno de estos varones rectos, á quienes debo eterno agradecimiento,
fué D. Francisco Criado y Aguilar, actual decano de la Facultad de Medicina de
Madrid[8].
El autor allá por los años de 1878 ó 1879,
enfermo todavía del paludismo contraído en Cuba.
Transcurridos cuatro años (1883) publicáronse dos
nuevas[p. 15] vacantes á proveer en turno de oposición: la de Madrid,
producida por el fallecimiento del caballeroso y buenísimo Dr. Martínez Molina,
y la de Valencia, debida á la muerte del Dr. Navarro. Apocado como siempre en
mis aspiraciones, firmé exclusivamente las oposiciones de Valencia: con mejor
acuerdo, Olóriz solicitó ambas plazas.
En aquella ocasión demostróse una vez más el adagio
vulgar: «del exceso del mal viene el remedio». El escándalo provocado por la
injusticia cometida con Olóriz en sus oposiciones á la cátedra de Granada
(1880), repercutió desde la Universidad á las esferas del Gobierno. Y ocurrió
que el Sr. Gamazo, á la sazón Ministro de Fomento, resuelto á evitar nuevos
abusos, designó, ó influyó para que se designase, un Tribunal cuyo saber é
independencia estuvieran al abrigo de toda sospecha. La presidencia del nuevo
Jurado fué otorgada al Dr. Encinas, quien, con la ruda franqueza proverbial en
él, expresó al Ministro:
—Donde yo esté no valdrán chanchullos. Á fuer de
caballero, prometo desde ahora que, ó no habrá catedrático, ó lo será por
unanimidad. Y eso lo mismo en la cátedra de Madrid que en la de Valencia.
Y así acaeció.
Gracias á la imparcialidad de este Tribunal, donde,
según tengo entendido, no figuraba ningún juez de los anteriores, Olóriz y yo,
infelices provincianos desprovistos de valedores, conseguimos al fin honrarnos
con la toga del maestro. Como teníamos descontado, el brillante discípulo de la
Escuela de Granada triunfó sobre sus contrincantes por voto unánime de los
jueces. Y el mismo Tribunal, salvo el Presidente, que, por motivos de salud,
fué sustituído por el gran Letamendi, tuvo también la bondad de proponerme, nemine
discrepante, para la cátedra de Ana[p. 16]tomía de la Facultad de Medicina
de Valencia. Yo rendí siempre al genialísimo maestro catalán culto fervoroso;
pero desde entonces, á la ingenua admiración intelectual, juntáronse las
cálidas y leales ofrendas del afecto y la gratitud[9].
[p. 17]
CAPÍTULO II
Caigo enfermo con una afección pulmonar grave. —
Abatimiento y desesperanza durante mi cura en Panticosa. — Restablecimiento de
mi salud en San Juan de la Peña. — La fotografía como alimento de mis gustos
artísticos contrariados. — Contraigo matrimonio y comienzan las preocupaciones
de la familia, que en nada menoscaban el progreso de mis estudios. — Vaticinios
fallidos de mis padres y amigos con ocasión de mi boda. — Mis primeros ensayos
científicos.
l deseo de juntar en un solo capítulo cuanto
se refiere á mis fracasos y éxitos como opositor, me han llevado á alterar el
orden cronológico de la narración. Necesito, pues, retroceder ahora en la
corriente de mis recuerdos y referir algunos hechos ocurridos en el lapso de
tiempo mediante entre 1878 y 1884, fecha de mi toma de posesión de la Cátedra
de Anatomía de Valencia.
Allá por el año de 1878, hallábame cierta noche en
el jardín del café de la Iberia, en compañía de mi querido amigo D. Francisco
Ledesma —abogado de talento y á la sazón capitán del Cuerpo de Administración
Militar—, jugando empeñada partida de ajedrez. Cuando más absorto estaba
meditando una jugada, me acometió de pronto una hemoptisis. Disimulé lo mejor
que pude el accidente, por no alarmar al amigo, y continué la partida hasta su
término. Con la preocupación consiguiente, retiréme á[p. 18] casa. En el
camino cesó casi del todo la hemorragia. Nada dije á mi familia; cené poco;
rehuí toda conversación de sobremesa y acostéme en seguida. Al poco rato me
asaltó formidable hemorragia: la sangre, roja y espumosa, ascendía á borbotones
del pulmón á la boca, amenazándome con la asfixia. Avisé á mi padre, que se
alarmó visiblemente, prescribiéndome el tratamiento habitual en casos tales.
La palidez y emaciación progresivas que había
notado en su hijo desde algunos meses atrás, en complicidad con los efectos del
paludismo, jamás completamente extirpados, le habían llevado á sospechar que se
preparaba gravísima infección. Naturalmente, mi padre no me expresó de modo
explícito su convicción, ni sus pesimísimos pronósticos; pero yo los adiviné
fácilmente, al través de su minucioso interrogatorio y de sus frases
artificiosamente confortadoras.
Además, un médico rara vez se hace ilusiones sobre
su estado. Estaban demasiado frescos en mi memoria los síntomas del terrible
mal aprendidos en los libros, así como las tristes imágenes de infelices
soldados que, después de su repatriación, morían en los hospitales ó en el seno
de sus familias, víctimas de la tisis traidoramente preparada por el paludismo.
Por otra parte, mi hábito exterior no era para ilusionar á
nadie: la fiebre alta consecutiva al accidente hemorrágico, la disnea, la tos
pertinaz, los sudores, la demacración..., todos los rasgos de mi dolencia
coincidían punto por punto con aquellas deplorablemente exactas descripciones
de las obras patológicas. ¡Cuánto hubiera yo dado entonces por borrar las
nociones científicas aprendidas! ¡Qué pena ser médico y enfermo á la vez!...
Ello es que caí en un abatimiento y desesperanza
que no había conocido ni en los más graves episodios morbo[p. 19]sos de mi
estancia en Cuba. Contribuyó también, sin duda, á mi desaliento el recuerdo,
harto vivo y punzante, de mi vencimiento en Madrid.
Me era imposible desterrar de mi espíritu la
angustiosa idea de la muerte. Aferrábase á mi sensibilidad exasperada con una
obstinación que rechazaba, á priori, los planes terapéuticos é
higiénicos mejor encaminados. Consideraba fenecida mi carrera, frustrado mi
destino, pura quimera el ideal de contribuir con algo al acervo común de la
cultura patria.
Reconocí, lleno de amargura, que el disparatado
romanticismo adquirido durante mi adolescencia con las lecturas de
Chateaubriand, Lamartine, Victor Hugo, Lord Byron y Espronceda, me había
asesinado. Á causa de ellas, había consumido sandiamente todo el rico
patrimonio de energía fisiológica heredado de mis mayores. En mi desesperación,
volvíme misántropo y llegué á menospreciar las cosas más santas y venerables...
Dos meses después pude, sin embargo, abandonar el
lecho, pero sin alegría y sin ilusiones. «Esto es una tregua —me decía—, no una
resurrección. Volverán nuevos ataques y con ellos el ineluctable desenlace...»
Sólo la religión me hubiera consolado. Por
desgracia, mi fe había sufrido honda crisis con la lectura de los libros de
filosofía. Ciertamente, del naufragio se habían salvado dos altos principios:
la existencia del alma inmortal y la de un ser supremo rector del mundo y de la
vida. Pero la especie de estoicismo á lo Epicteto y Marco Aurelio, que yo
profesaba entonces (si verdaderamente profesaba alguna filosofía), no
transcendía del mundo del pensamiento á la esfera de la voluntad. El instinto
vital, esencialmente egoísta, se revelaba contra las consecuencias prácticas de
una concepción filosófica, que pone la dicha en la serena[p.
20] resignación al destino y en la ciega obediencia á las leyes naturales.
«Admito —me decía— que el viejo, y más si es
filósofo, muera impasible y resignado; la muerte llega en sazón, cumplido el
fin primordial de la vida, labrado un modesto sillar en el luminoso templo del
espíritu.» Por lo cual comprendía bien que Epicuro anciano, atormentado por el
mal de piedra, y sobreponiéndose á sus torturas, escribiera á su amigo Idomeneo
estas palabras, donde resplandece noble y consolador orgullo: «Hallándome en el
feliz y último día de mi vida, y aun ya muriendo, os escribimos así: tanto es
el dolor que nos causan la estranguria y la disentería, que parece no puede ser
ya mayor su vehemencia. No obstante, se compensa de algún modo con la
recordación de nuestros inventos y raciocinios»[10].
¿Dónde estaban mis invenciones para consolarme? Ni
¿cómo aceptará resignado la muerte quien, por no haber en realidad vivido, no
deja rastro de sí ni en los libros ni en las almas? Esta idea de la
irremediable inutilidad de mi existencia sumergíame en angustiosa zozobra.
Más sereno y alentado que yo, mi padre concibió
esperanzas de curación, al advertir en mi dolencia los primeros tenues signos
de alivio. Para promoverla y consolidarla, me envió, llegado el verano, á los
tan acreditados baños de Panticosa. Deseaba que, una vez tomadas las aguas,
permaneciera yo un mes ó dos, en compañía de mi hermana, instalado en la cima
del famoso Monte Pano, en San Juan de la Peña, donde existe un convento
semiarruinado, habitado por pastores y rodeado de bosques seculares. El programa,
como vamos á ver, cumplióse en todas sus partes.
[p. 21]En Panticosa comencé á reaccionar algo
contra mi desaliento. Sin embargo, de vez en cuando, sufría crisis de negra
tristeza á lo Leopardi. El sentimentalismo de mi adolescencia tuvo por aquel
tiempo peligrosos retoñamientos. Unas veces, escribía versos henchidos de
necios é impíos apóstrofes; otras, inspirado en ideas casi suicidas, ascendía
renqueando y febril á los picachos próximos al balneario, y me abismaba en la
contemplación de aquel cielo azul, casi negro en fuerza de la pureza del aire,
y en donde en breve —pensaba yo— habría de perderse para siempre mi alma
errante. Recuerdo que una tarde, presa de mis raptos macabros, escalé cima
elevada, á la que llegué sin resuello y casi desfalleciente; y tumbado sobre
una peña, concebí el propósito de dejarme morir de cara á las estrellas, lejos
de los hombres, sin más testigos que las águilas, ni más sudario que la próxima
nevada otoñal. ¡Qué delirios!...
Pero aquella muerte poética y romántica que yo
apetecía (ó fingía apetecer, por puro diletantismo morboso, porque realmente de
aquellos nebulosos estados de conciencia no me doy cuenta ahora claramente) no
acababa de llegar. Y cosa singular, cuantas más atrocidades cometía menos grave
me encontraba. Cesaron las hemoptisis; disminuía la fiebre; abonanzaba el
estado general; en fin, mis pulmones y músculos, sometidos á pruebas bárbaras,
funcionaban de cada vez mejor. Estaba visto, que no se muere cuando se piensa.
Á lo mejor, el caballo que creíamos apocado y débil resulta más animoso que el
jinete, á quien suele dar elocuentes lecciones de discreción y cordura. Poco á
poco, la convicción de la vida se abrió paso en mi corazón y en mi espíritu.
Aparte la incuestionable mejoría, contribuyó no
poco á darme ánimos el sugestivo y admirable espectáculo de la[p.
22] tranquilidad de los tuberculosos. Sabido es que el valor y la alegría
son esencialmente contagiosos. Ninguno de aquellos tísicos, la mayoría jóvenes
como yo, confesaba su mal; antes bien, afirmaban, impertérritos, ser simples
catarrosos ó padecer del estómago. Algunos decían acudir al balneario sin
necesidad, por puro agradecimiento á las milagrosas aguas; palabras de
seguridad que resultaban amargamente irónicas al contemplar el amoratado círculo
de los hundidos ojos y las febriles rosetas de las mejillas. Aun los postrados
en el lecho, mostrábanse en su mayoría satisfechos, pareciendo abrigar la firme
creencia en próxima curación.
Recuerdo á este propósito la respuesta de una
señorita muy discreta de Cervera, á quien conocía yo por haber sido, durante mi
estancia en Cataluña, varias veces alojado en su casa. Sorprendido al
contemplar los estragos que la traidora enfermedad había causado en su hermoso
rostro, la pregunté, harto indiscretamente, cómo iba de salud.
—Yo, muy bien, gracias á Dios —contestó—. Por
fortuna no tengo nada. Si vengo á estas aguas es por acompañar á mi padre, que
padece un catarro crónico. Tan buena me encuentro, que dentro de dos meses
pienso casarme con L. (un propietario muy honorable de la localidad).
Meses después supe que la valerosa doncella, cuya
boda parecía tan próxima, había fallecido por consunción. Y es que la mujer
tiene para la enfermedad una entereza de que carecemos los hombres. El instinto
le da increíble fortaleza. Sabe ó adivina que la belleza es el resplandor de la
salud, y oculta con exquisito pudor, y á veces con sutilísimos ardides, sus
íntimas dolencias.
Monasterio viejo de San Juan de la Peña. La famosa
cueva contemplada á vista de pájaro (fotografía hecha por el autor con placas
de su fabricación).
Bosque de pinos situado en la cima del Monte Pano,
en donde convalecí de la tuberculosis (fotografía hecha por el autor).
La afabilidad de los tuberculosos y, sobre todo, el
tranquilo valor de la tísica de Cervera, acabaron por avergon[p. 23]zarme.
Resolví desde entonces no estar enfermo. Sobreponiéndose autocráticamente á mis
pulmones, mi cerebro decretó que todo era aprensión injustificada. Se acabaron
para mi las meticulosidades del régimen, las prescripciones de la higiene y de
la farmacopea. En mi desprecio por la terapéutica, suspendí definitivamente la
bebida de la famosa agua nitrogenada, é hice vida absolutamente normal.
Ciertamente, mis pulmones refunfuñaban algo; pero yo juré no hacerles caso.
¡Allá ellos! Y me entregué al dibujo, á la fotografía, á la conversación y al
paseo, como si tuviera ante mí un programa de vida y de acción inacabable.
Cuando, de regreso del balneario, pasé por Jaca y
me instalé con mi hermana en el monasterio nuevo de San Juan de la Peña,
hallábame sumamente animado y con todos los signos de una franca convalecencia.
Lo apacible y pintoresco del lugar; una alimentación suculenta á base de carne
y leche; giras diarias por los bosques circundantes; interesantes visitas al
viejo monasterio de la Cueva, donde duermen su eterno sueño los antiguos
monarcas de Aragón; excursiones fotográficas á los alrededores de la montaña y
á la cercana aldea de Santa Cruz de la Serós, etc..., acabaron por traerme, con
la seguridad de vivir, el vigor del cuerpo y la serenidad del espíritu. Héteme,
pues, reintegrado al cauce de la existencia, con sus inquietudes y batallas.
¡Aún no era tiempo!...
Grandes médicos son el sol, el aire, el silencio y
el arte. Los dos primeros tonifican el cuerpo; los dos últimos apagan las
vibraciones del dolor, nos libran de nuestras ideas, á veces más virulentas que
el peor de los microbios, y derivan nuestra sensibilidad hacia el mundo, fuente
de los goces más puros y vivificantes.
Considero que la fotografía, de que era yo entonces
fer[p. 24]viente aficionado, cooperó muy eficazmente á distraerme y
tranquilizarme. Ella me obligaba á continuado ejercicio, y, proponiéndome á
diario la ejecución de temas artísticos, sazonaba la monotonía de mi retiro con
el placer de la dificultad vencida y con la contemplación de los bellos cuadros
de una naturaleza variada y pintoresca.
Estas aficiones al arte de Daguerre habían nacido
años antes, en la época del colodion heróico, y su cultivo
vino á ser como una compensación feliz, destinada á satisfacer tendencias
pictóricas definitivamente defraudadas por consecuencia de mi cambio de rumbo
profesional. Porque sólo el objetivo fotográfico puede saciar el hambre de
belleza plástica de quienes no gozaron del vagar necesario para ejercitar
metódicamente el pincel y la paleta.
Más tarde, casado ya, llevé mi culto por el arte
fotográfico hasta convertirme en fabricante de placas al gelatino-bromuro,
y me pasaba las noches en un granero vaciando emulsiones sensibles, entre los
rojos fulgores de la linterna y ante el asombro de la vecindad curiosa, que me
tomaba por duende ó nigromántico. Esta nueva ocupación, tan distante de mi
devoción hacia la Anatomía, fué consecuencia de las insistentes demandas de los
profesionales de la fotografía. Desconocíanse por aquella época en España las
placas ultrarrápidas al gelatino-bromuro, fabricadas á la sazón por la casa
Monckoven, y que costaban, por cierto, sumamente caras. Había yo leído en un
libro moderno la fórmula de la emulsión argéntica sensible, y me propuse
fabricarla para satisfacer mis aficiones á la fotografía instantánea, empresa
inabordable con el engorroso proceder del colodion húmedo. Tuve la
suerte de atinar pronto con las manipulaciones y aun de mejorar la fórmula de
la emulsión; y mis afortunadas instantáneas de lances del toreo, y
singularmente una, tomada del palco[p. 25] presidencial cuajado de
hermosas señoritas (tratábase de cierta corrida de beneficencia, patrocinada y
presidida por la aristocracia aragonesa), hicieron furor, corriendo por los
estudios fotográficos y alborotando á los aficionados. Mis placas rápidas
gustaron tanto, que muchos deseaban ensayarlas.
Sin quererlo, pues, me ví obligado á fabricar
emulsiones para los fotógrafos de dentro y fuera de la capital, instalando
apresuradamente un obrador en el granero de mi casa y convirtiendo á mi mujer
en ayudante. Si en aquella ocasión hubiera yo topado con un socio inteligente y
en posesión de algún capital, habríase creado en España una industria
importantísima[11] y
perfectamente viable. Porque, en mis probaturas, había dado yo, casualmente,
con un proceder de emulsión más sensible que los conocidos hasta entonces, y
por tanto, de facilísima defensa contra la inevitable concurrencia extranjera.
Por desgracia, absorbido por mis trabajos anatómicos y con la preparación de
mis oposiciones, abandoné aquel rico filón que inopinadamente se me presentaba.
Allá á fines del 79, cuando, olvidado de mis
achaques, acababa de obtener la plaza de Director del Museo Ana[p.
26]tómico, tomé la resolución de casarme, contra la opinión de mis
padres y de los amigos, que presagiaban un desastre. Para un soñador
impenitente, despreciador del vil metal y de todos los prejuicios sociales,
claro es que mi matrimonio debía indefectiblemente constituir un enlace
romántico.
He aquí cómo conocí á mi futura: De vuelta de un
paseo por Torrero, encontré cierta tarde á una joven de apariencia modesta,
acompañada de su madre. Su rostro, sonrosado y primaveral, asemejábase al de
las madonas de Rafael, y aún mejor, á cierto cromo-grabado alemán que yo había
admirado mucho y que representaba la Margarita del Fausto. Me atrajeron, sin
duda, la dulzura y suavidad de sus facciones, la esbeltez de su talle, sus
grandes ojos verdes encuadrados de largas pestañas y la frondosidad de sus cabellos;
pero me sedujo más que nada cierto aire de infantil inocencia y de melancólica
resignación desprendido de toda su persona. Seguí á la joven desconocida hasta
su domicilio; averigüé que era huérfana de padre —un modesto empleado—, y que
se trataba de una muchacha honrada, modesta y hacendosa. Y entablé relaciones
con ella. Tiempo después, sin que los consejos de la familia fueran poderosos á
disuadirme, contraje matrimonio, no sin estudiar á fondo la psicología de mi
novia, que resultaba ser, según yo deseaba, complementaria de la mía.
Mi resolución, comentada por los camaradas en
tertulias y cafés, fué unánimemente calificada de locura. Ciertamente, mirado
el acto desde el punto de vista económico, podía significar un desastre. Valor
se necesitaba, en efecto, para fundar una familia cuando todo mi haber se
reducía al sueldo de 25 duros al mes, y á los 8 ó 10 más, á lo sumo, granjeados
por mis repasos de Anatomía é Histología. Así es que la boda se celebró casi en
secreto; no quise[p. 27] molestar á los parientes ni amigos con andanzas
que sólo interesaban á mi persona.
Recuerdo que cierto compañero, extrañado de verme
entrar con tanto heroísmo en el azaroso gremio de los padres de familia,
exclamó: «¡El pobre Ramón se ha perdido para siempre! ¡Adiós estudio, ciencia y
ambiciones generosas!»
Fatídicos eran los presagios: mi padre vaticinaba
mi muerte en breve plazo; los amigos me daban por definitivamente fracasado.
Y en principio, mis censores discurrían
atinadamente. Es incuestionable que, en la mayoría de los casos, la vanidad
femenil, junto con las necesidades y afanes del hogar, acaparan financieramente
toda la actividad mental del esposo, á quien se impone, con todo su desolador
prosaísmo, el conocido primum vivere... Mas en los negocios humanos
es preciso, para acertar, fijarse, más que en las reglas, en las condiciones
individuales, en las tendencias y sentimientos íntimos. Olvidamos á menudo que,
en la sociedad conyugal, al lado de factores económicos, actúan también
resortes éticos y sentimentales decisivos, á cuyo influjo prodúcense impensadas
y casi siempre felices metamorfosis de la personalidad física y moral de los
esposos. En virtud de estas transformaciones mentales y de la consiguiente
integración de actividades, la sociedad conyugal constituye una personalidad
superior, capaz de crear valores intelectuales y económicos enteramente nuevos
ó apenas latentes en los sumandos.
Por no haber tenido en cuenta estos factores,
fallaron de medio á medio las profecías de los amigos. Físicamente, mejoré á
ojos vistos, reconociendo todos que, desde mi regreso de Cuba, jamás fué mi
estado tan satisfactorio. Mi mujer, con una abnegación y una ternura más que
mater[p. 28]nales, se desvelaba por cuidarme y consolidar mi salud. En cuanto
al tan cacareado abandono del estudio y de toda ambición elevada, bastará hacer
notar que años siguientes, y cuando ya tenía dos hijos, publiqué mis primeros trabajos
científicos y gané por oposición la cátedra de Anatomía de Valencia.
La armonía y la paz del matrimonio tienen por
condición inexcusable el que la mujer acepte de buen grado el ideal de la vida
perseguido por el marido. Por consiguiente, malógranse la dicha del hogar y las
más nobles ambiciones cuando la compañera se erige, según vemos á menudo, en
director espiritual de la familia, y organiza por sí el programa de los
trabajos y aspiraciones de su cónyuge. Bajo este aspecto, debo confesar que
jamás tuve motivo de disgusto.
Lejos de lamentar, según les ha ocurrido á muchos
aficionados á la ciencia ó al arte en España[12], esa
derivación casi exclusiva de las rentas hacia las disipaciones y vanidades del
vestir, del teatro ó del lujo doméstico, sólo hallé en mi compañera facilidades
para costear y satisfacer mis aficiones y continuar mi carrera. No hubo, pues,
dinero para perifollos, teatros, coches y veraneos, pero sí para libros,
Revistas y objetos de Laboratorio. Y aunque estos elogios parezcan extraños y
aun inconvenientes en mi pluma, complázcome en declarar, que no obstante una
belleza que parecía invitarla á lucir en visitas, paseos y recepciones, mi
esposa se condenó alegremente á la obscuridad, permaneciendo sencilla en sus
gustos, y sin más aspiraciones que la dicha tranquila, el buen orden en la
administración del hogar y la felicidad del marido y de sus hi[p. 29]jos. Que,
dados mi carácter y tendencias, mi elección fué un acierto, reconociéronlo
pronto mis progenitores, singularmente mi madre, que acabó por querer
sinceramente á su nuera, con quien compartía tantas virtudes domésticas y
tantas analogías de gustos y carácter.
Digamos ahora algo de mis primeras producciones
científicas. Según es de presumir, tales ensayos (en número de dos, publicados
en Zaragoza en folleto aparte), fueron bastante flojos.
El primero de ellos, intitulado: Investigaciones
experimentales sobre la inflamación en el mesenterio, la córnea y el cartílago,
apareció en 1880, ilustrado con algunos grabados litográficos que ejecuté yo
mismo[13], falto de
recursos para pagar el trabajo de un artista. Discutíase entonces con calor
entre los anatomo-patólogos la cuestión del mecanismo íntimo de la inflamación,
y singularmente el interesante problema del origen de los glóbulos de pus. La
mayoría de los sabios, siguiendo á Virchow, admitían que estas células
provienen de la multiplicación de los elementos conectivos del tejido
inflamado; los menos, inspirados en los trabajos de Cohnheim, preferían
considerar aquellos glóbulos como leucocitos emigrados de la sangre. Deseando
formar opinión personal sobre el asunto,[p. 30] examiné experimentalmente
el tema debatido, reproduciendo y analizando esmeradamente los famosos
experimentos de Cohnheim sobre el mesenterio inflamado de la rana curarizada.
Por desgracia, estaba yo entonces harto influído por las ideas de Duval, Hayem
y otros histólogos franceses (que negaban la diapédesis de los glóbulos
blancos) y fuí arrastrado á una solución sincrética ó de transacción, errónea
conforme suelen ser en ciencia casi todas las opiniones diagonales. Proclamé,
pues, la doctrina de Virchow tocante al origen de los glóbulos de pus y células
conectivas embrionarias de la cicatriz, y reputé el fenómeno de la emigración
de los leucocitos, no cual proceso constante de la flogosis, sino como un
episodio extraordinario, acaecido solamente cuando los tejidos sufren
accidentalmente tracciones ó graves deterioros mecánicos.
Prescindiendo de la tesis principal, contiene este
folleto bastantes detalles nuevos acerca de las modificaciones de las células
de los tejidos inflamados (córnea, cartílago, mesenterio); se señala en él por
primera vez la capacidad fagocítica de las plaquetas de la sangre; se estudian
prolijamente las alteraciones del cemento inter-epitelial del peritoneo y de
los capilares, etc.; pequeñas novedades que, al igual de todo lo que dí á la
estampa por aquellos tiempos, pasaron absolutamente desapercibidas de los
sabios. Ni podía ocurrir otra cosa escribiendo en español, lengua desconocida
de los investigadores, y haciendo tímidas ediciones de 100 ejemplares, que se
agotaban rápidamente en regalos á personas ajenas á mis aficiones. De todos
modos, con el olvido de estas menudas aportaciones, no se perdió cosa mayor.
De más enjundia y de sabor más severamente objetivo
fué mi segundo trabajo, aparecido también en Zaragoza bajo el título de Observaciones
microscópicas sobre las ter[p. 31]minaciones nerviosas en los músculos
voluntarios, é ilustrado con dos láminas litografiadas iluminadas á mano.
En esta monografía se explora, con los métodos entonces en boga (el del cloruro
de oro y el del nitrato de plata ordinario), el modo de terminar las fibras
nerviosas sobre los músculos estriados de los batracios, confirmando en principio
las descripciones, entonces muy discutidas, de Krause y Ranvier[14]. Como
positiva contribución al conocimiento del tema, descríbense en dicho folleto
algunos tipos nuevos de arborización nerviosa terminal (cuatro variedades); se
expone un interesante perfeccionamiento del método de Cohnheim al nitrato de
plata (tratamiento previo de los músculos por el agua acetificada) y se aplica,
en fin, por primera vez, al teñido del sistema nervioso periférico el nitrato
argéntico amoniacal, reactivo que, andando el tiempo y en las manos de
Fajersztajn y Bielschowsky, había de ser fundamento de valiosos métodos de
impregnación de las fibras y células nerviosas.
No obstante la mediocridad de los resultados,
dichos ensayos de labor inquisitiva fueron para mí muy educadores. Me trajeron
el conocimiento de mí mismo y el conocimiento de la psicología de los sabios.
Claro es que yo me adjudicaba, à priori,
con mucho de petulancia y presunción, algunas aptitudes para la investigación
científica; que sin cierta inmodestia, ó dígase confianza excesiva en las
propias fuerzas, nadie acomete em[p. 32]presa de importancia. Pero, después de
aventurarme en el examen objetivo de los problemas biológicos creció la fe en
mí mismo, porque me pareció que se confirmaban à posteriori las
cualidades presupuestas, entre las cuales (todas, naturalmente, de orden
secundario, pero adecuado para la labor emprendida) descollaban: paciencia
rayana en la obstinación para el adueñamiento de los métodos histológicos;
destreza y maña para reemplazar disposiciones experimentales costosas con
sencillos é improvisados artilugios; continuidad y celo infatigables para la
observación de los hechos, y, en fin, la mejor de todas, flexibilidad para
cambiar bruscamente de opinión y corregir errores y ligerezas. Además, aquella
labor que mis camaradas estimaban aburrida, representaba para mí la más atrayente
de las distracciones. Asomado ansiosamente al ocular, transcurrían rápidas las
veladas invernales, sin echar de menos teatros y tertulias. Recuerdo que una
vez me pasé sobre el microscopio veinte horas seguidas, avizorando los gestos
de un leucocito moroso, en sus laboriosos forcejeos para evadirse de un capilar
sanguíneo.
Pero como antes decía, no sólo trabé conocimiento
conmigo mismo, sino también con los sabios; porque nada permite calar más hondo
en el espíritu del investigador que el confrontar severamente su interpretación
personal con la realidad misma, siguiendo de cerca los pasos y rodeos de aquél
al través de los obstáculos é insidias con que la naturaleza parece defenderse
de la humana curiosidad. En este cotejo entre el modelo y la copia, se hacen
patentes la finura intelectual, la extensa cultura, los ardides metodológicos,
á veces los atisbos geniales; pero se reconocen también los
prejuicios, descuidos y equivocaciones del hombre de ciencia. Una vez
demostrados, estos pequeños errores resultan utilísimos, ya que poseen la
virtud de[p. 33] sacudir el apocamiento y la inercia del principiante, á
quien infunden esa ciega confianza en las propias aptitudes á que antes aludía.
De la compulsa general efectuada entre los libros y las cosas, saqué entonces
la conclusión de que los sabios —exceptuadas las escasas cabezas geniales— son
hombres como todos los demás, sin otra ventaja que el haberse preparado
adecuadamente para la investigación al lado de maestros ilustres y al calor
comunicativo de las escuelas científicas.
Pero el fruto más preciado obtenido de los
consabidos ensayos experimentales, así como del conjunto de mis observaciones
histológicas de entonces, fué la profunda convicción de que la naturaleza viva,
lejos de estar agotada y apurada, nos reserva á todos, grandes y chicos, áreas
inacabables de tierras ignotas; y que, aun en los dominios al parecer más
trillados, quedan todavía muchas incógnitas por despejar.
No llegaba, empero, mi optimismo hasta el punto de
olvidar las dificultades de la empresa y desconocer mi escasa preparación para
acometerla. Á pesar de mi juvenil presunción, reconocí pronto alguno de mis
defectos: urgía ampliar y modernizar mis conocimientos en física y otras
ciencias naturales; apagar simpatías teóricas y encariñamientos hacia las
propias hipótesis; refrenar la natural propensión á publicar antes de tiempo,
interpretando precipitadamente los hechos, sin apurar antes y discutir rigurosamente
todas las posibilidades; y, sobre todo, acrecentar suficientemente mi caudal
bibliográfico, á fin de evitar la amarga decepción que produce el tomar como
propia cosecha el fruto del ajeno trabajo.
Á corregir esta última deficiencia, que me
preocupaba realmente —faltas como estaban y están todavía las Universidades
españolas de colecciones de Revistas extranje[p. 34]ras—, respondieron nuevos
sacrificios pecuniarios. Aumenté la lista de mis suscripciones con dos más: la
del Journal de l´Anatomie et de la Physiologie, publicado en París
por el profesor Robin, que resumía las conquistas micrográficas de la ciencia
francesa; y la del Archiv für mikroskopische Anatomie und
Entwicklungsgeschichte, publicación lujosa, adornada con admirables
cromolitografías, dirigida por el ilustre W. Waldeyer, de Berlín, y donde veían
la luz las más valiosas contribuciones de los histólogos y embriólogos
alemanes, rusos y escandinavos.
El autor en 1884, recién trasladado á la cátedra de
Anatomía de Valencia.
Comprendí también que, á más de los libros de
texto, debía adquirir y estudiar esas monumentales monografías, realzadas por
moderna y puntual bibliografía, escritas por sabios afamados ó por una reunión
de investigadores eméritos. El modelo, por entonces, de esta clase de extensos
Tratados, preciosos para el aficionado al Laboratorio, estaba representado por
el Handbuch der Lehre von den Geweben, del profesor Stricker; cada
uno de sus capítulos corría á cargo de un especialista renombrado. Á esta misma
categoría pertenecían también los admirables libros de Ranvier, titulados Leçons
sur le système nerveux (dos tomos)[15] y
sus Leçons d’Anatomie générale[16],
así como los bien documentados Tratados de Schwalbe acerca del[p.
35] sistema nervioso (Lehrbuch der Neurologie) y los órganos de los
sentidos (Anatomie der Sinnesorgane). Y no cito otras muchas obras
histológicas, fisiológicas y anatómicas por temor á la prolijidad y porque,
además, no tuvieron para mí la eficacia cultural y educativa de las nombradas.
Cuando á fines del año 1885 me disponía á
trasladarme á Valencia, mi familia había aumentado con dos hijos y estaba á
punto de nacerme otro. Se ve, pues, que los hijos de la carne y los hijos del
espíritu surgían á la par. Pero los segundos jamás perjudicaron á los primeros.
Si cada recién nacido trae bajo el brazo, según dicho vulgar, una hogaza, cada
monografía publicada aportaba, con las nobles satisfacciones del espíritu, el
pan material de la existencia. Ellas me dieron reputación de trabajador y estudioso
—únicos méritos que no se regatean porque no dan envidia— y contribuyeron á
sustentar y elevar el crédito de mi modesta Academia de Anatomía é Histología.
Ellas, en fin, con mis libros posteriores, me granjearon después en Madrid
valiosas simpatías y aprobaciones.
[p. 37]
CAPÍTULO III
Mi traslación á Valencia. — Mis giras por la ciudad
y sus alrededores. — Los oradores del Ateneo Valenciano. — Epidemia colérica de
1885 é inoculaciones profilácticas del Dr. Ferrán. — Encargado por la
Diputación de Zaragoza del estudio de la vacunación anticolérica, doy una
conferencia en la capital aragonesa y la Diputación recompensa mi labor
publicando mis estudios y regalándome magnífico microscopio. — Resultados de
mis investigaciones sobre el cólera. — Trabajos histológicos. — Decido publicar
mis pesquisas en Revistas extranjeras.
llá por los primeros días de Enero de 1884 me
trasladé á Valencia, tomando posesión de la Cátedra de Anatomía. Me hospedé
provisionalmente con mi familia en una fonda situada en la Plaza del Mercado,
cerca de la famosa Lonja de la Seda. Comprados los muebles necesarios, nos
instalamos después en modesta casa de la calle de las Avellanas, donde disponía
de sala holgada y capaz para laboratorio. Días después me nacía una hija.
Fiel á mi pensamiento de que las cosas son más
interesantes que los hombres, consagré algunos días á explorar las curiosidades
de la ciudad. Visité la magnífica Catedral; subí al Miguelete para admirar la
hermosura y extensión de la huerta y la cinta de plata del lejano mar
latino;[p. 38] escudriñé los alrededores de la ciudad y los encantadores
pueblecillos del Cabañal, Godella, Burjasot, etc. Visité el puerto del Grao,
ordinario paseo del pueblo valenciano en días de asueto, y asalté, en fin, lleno
de voracidad artística y arqueológica, las ruinas del teatro romano de Sagunto.
Me encontraba en un país nuevo para mí, de
suavísima temperatura, en cuyos campos florecían la pita y el naranjo, y en
cuyos espíritus anidaban la cortesía, la cultura y el ingenio. Por algo se
llama á Valencia la Atenas española.
Fuí cordialmente acogido en la Facultad de
Medicina. Era rector entonces el notable cirujano Ferrer Viñerta, temperamento
brusco, vehemente y autoritario, pero bonachón y cariñoso en el fondo.
Brillaban en el elenco docente maestros tan prestigiosos como Campá, Gimeno,
Ferrer y Julve, Peregrín Casanova, Gómez Reig, Orts, Magraner, Machi, Crous y
Casellas, Moliner, etc. Caí bien en aquella piña de excelentes compañeros. Con
su viveza meridional se dieron pronto cuenta de que el nuevo colega no venía á quitar
moños á nadie, ni en la esfera académica ni en la arena del ejercicio
profesional, sino á vivir modesta, pero independientemente, entregado á sus
favoritos estudios, ajeno á la política y á toda suerte de camarillas y
clientelas caciquiles.
Á fin de despolarizarme algo de
las tareas micrográficas que absorbían y cuasi deformaban, por exclusivismo
funcional, todas mis facultades, me hice socio del Casino de la
Agricultura, centro de la gente de buen tono, donde encontré una piña de
personas cultas y agradabilísimas. Entre ellas recuerdo al simpático y culto
profesor de Historia Natural, Arévalo Vaca; á Guillén, médico y naturalista
distinguido; al farmacéutico Narciso Loras, amigo[p. 39] buenísimo; á
Villafañé, catedrático de Matemáticas de la Universidad, polemista ardoroso y
atrabiliario, pero inocente en el fondo; á Peset, joven brillante entonces y
actual profesor de Terapéutica de Valencia; á D. Prudencio Solís, catedrático
de la Escuela normal, cabeza culta, equilibrada y persona de bellísimos
sentimientos, etc.
Con igual propósito ingresé en el Ateneo
Valenciano, centro científico-literario, similar del de Madrid, que
congregaba por aquella época lo más selecto y brillante de la juventud
intelectual de la región levantina. Allí, en aquel modesto local de
la calle de Cavanilles, tuve ocasión de conocer y aplaudir, entre otras
personas de renombre, al joven entonces, y ya clarísimo orador y maestro,
Amalio Gimeno; á Segura, consumado dialéctico y culto expositor de las
cuestiones sociales; á Luis Morote, que acababa de leer á Flaubert, los
Goncourt y Zola, y criticaba, amena y espiritualmente, las tendencias del
naturalismo literario; á mi paisano M. Zabala, recién llegado de Zaragoza, que
sobresalía por la sobriedad y la intención de su oratoria, y por su particular
competencia en las ciencias históricas; á M. Mas, cirujano humanista, que
esgrimía con igual desembarazo la lengua y el bisturí, y que era en aquella
casa intérprete elocuente y autorizado del libre examen y de los credos
políticos ultra-radicales; al afamado profesor Pérez Pujol, peritísimo en la
historia de la Edad Media y en las ciencias sociales, y cuyas frases fluían,
puras y armoniosas, como raudal sonoro en artística fontana. Allí, en aquella
incubadora de artistas de la palabra ó de la pluma, y con motivo de no sé qué
inauguración solemne, admiré también por vez primera el verbo soberano de
Moret, quien disertó acerca del progreso social, y cuya palabra, colorista y
jugosa, pintaba cuadros tan plásticos y reales, que al evocar entonces, por
contra[p. 40]posición con la moderna civilización, basada en la libertad, la
civilización antigua, fundada en la esclavitud, nos parecía contemplar al
suavísimo Platón filosofando con sus discípulos en el jardín de Academo, entre
calles de mirtos y adelfas, y á la sombra de plátanos seculares; mientras los
esclavos labraban penosamente la tierra ó gemían de fatiga en el obrador del
artífice para que, cual flor del espíritu, resplandecieran gloriosos la ciencia
y el arte griegos... En aquella casa, en fin, admiré, tiempos después, al
asombroso y malogrado aragonés D. Joaquín Arnau, talento tan vasto y completo,
que ganó simultáneamente por oposición tres cátedras de asignaturas diferentes,
y á quien la Universidad de Valencia, fertilísima en oradores, escogió para dar,
en nombre del Claustro, la bienvenida al gran Castelar, con ocasión de una
visita del célebre tribuno á la Atenas levantina.
Este oreo literario y político hízome mucho bien,
evitando á mi cerebro esas temibles atrofias compensadoras del especialismo
profesional, en virtud de las cuales vemos con pena todos los días á
matemáticos, físicos, químicos y naturalistas insignes, discurrir como si
carecieran de sentido común, en cuanto se les saca de sus habituales estudios,
y se les obliga á platicar de filosofía, de arte ó de ciencias sociales.
Dejo apuntado algo acerca de lo modesto de mi
domicilio. Añadiré ahora que me confiné, conscientemente y por sistema, en la
mediocridad económica, á fin de disponer á mi talante de todo el tiempo que me
dejaba libre la enseñanza oficial. Penetrado de que un presupuesto equilibrado
es condición inexcusable de la paz del hogar y de la serenidad de espíritu
necesaria á la actividad científica, decidí vivir con los 52 duros de paga
mensual á que ascendía mi haber de catedrático (3.500 pesetas al año).[p. 41] Pero
como un Laboratorio en plena actividad consume casi tanto como la familia, hube
de buscar, según costumbre, ingresos complementarios, no en el ejercicio
profesional, según hábito general, sino en la extensión de la función
pedagógica. Organicé, por tanto, en Valencia, con mejor éxito todavía que en
Zaragoza, un curso práctico de Histología normal y patológica, al cual
acudieron bastantes médicos que cursaban libremente el doctorado, y algunos
doctores deseosos de ampliar sus conocimientos en Histología y Bacteriología;
ciencia esta última que entonces alboreaba prometedora en el horizonte, á
impulsos de los geniales descubrimientos de Pasteur y de Koch.
Uno de los jóvenes más asiduamente asistentes á mis
lecciones, fué el Dr. Bartual, talento sólido y completo (actualmente
catedrático de Histología de Valencia), y cuyo alejamiento del Laboratorio, por
imposición del enervante medio social, deploramos cuantos conocimos de cerca
sus excepcionales aptitudes y su adecuada y concienzuda preparación para la
investigación científica; otro discípulo, frustrado igualmente para la ciencia
por falta de ambiente, fué el Dr. E. Alabern, á quien faltó resolución para desertar
oportunamente del Cuerpo de Aduanas y consagrarse á la carrera del profesorado.
Pero la lista de los buenos, extraviados en el desierto, sería interminable...
Con los nuevos ingresos no sólo evité el
temible déficit, sino que alimenté holgadamente mi Laboratorio,
procurándome además nuevos aparatos científicos; por ejemplo: un microtomo
automático de Reichert, que me prestó inestimables servicios. Porque hasta
entonces no había usado más microtomo que la vulgar navaja barbera (el
rudimentario microtomo de Ranvier que poseía ofrecía más inconvenientes que
ventajas), para el manejo de la cual había adquirido, ciertamente, bastante
habilidad, mas con cuyo[p. 42] auxilio resultaba imposible conseguir
regularmente cortes finos de alguna extensión.
El cólera de 1885, que hizo tantos estragos en
Valencia y su comarca, me obligó temporalmente á abandonar las células y fijar
mi atención en el bacillus comma, el insidioso protagonista (recién
descubierto por Koch en la India) de la asoladora epidemia. Decía en páginas
anteriores que en el horizonte científico surgía un nuevo mundo, la microbiología,
consagrada al estudio de los microbios ó bacterias (hongos archimicroscópicos,
agentes de las infecciones) y al mecanismo de su acción patógena sobre el hombre
y los animales. Las novísimas y sorprendentes conquistas de Pasteur y Chaveau,
en Francia, y de Koch, Cohn, Löffler, etc., en Alemania, atrajeron vivamente la
atención de los micrógrafos, muchos de los cuales desertaron del viejo solar
histológico, fundado por Schwann y Virchow, para plantar sus tiendas en el
terreno casi virgen de los invisibles enemigos de la vida. Yo sufrí también la
sugestión del nuevo sol de la ciencia, que iluminaba con inesperadas claridades
los obscuros problemas de la Medicina. Y cedí durante algunos meses á las
seducciones del mundo de los seres infinitamente pequeños. Fabriqué caldos,
teñí microbios y mandé construir estufas y esterilizadoras para cultivarlos. Ya
práctico en estas manipulaciones, busqué y capturé en los hospitales de
coléricos el famoso vírgula de Koch, y dime á comprobar la forma de sus
colonias en gelatina y agar-agar, con las demás propiedades
biológicas, ricas en valor diagnóstico, señaladas por el ilustre bacteriólogo
alemán.
Eran días de intensa emoción. La población,
diezmada por el azote, vivía en la zozobra, aunque no perdió nunca (dicho sea
en honor de Valencia) la serenidad; los hospitales, singularmente el de San
Pablo, rebosaban de coléri[p. 43]cos. Recuerdo que en mi propio domicilio
(calle de Colón) murieron varios atacados.
Como de costumbre, reinaban entre los médicos la
contradicción y la duda. Los viejos galenos, recelosos de toda novedad,
ateníanse, en teoría, á la doctrina clásica de los miasmas, y, en el orden
práctico, al inevitable láudano de Sydenham. Los creyentes en el microbio,
jóvenes en su mayoría, recomendaban hervir el agua potable y no ingerir
alimento ni bebida que no hubiera sufrido cocción preliminar. Atribuyo al uso
del agua hervida y demás precauciones higiénicas, la inmunidad de mi familia,
no obstante conservar en mi Laboratorio casero deyecciones de colérico y
cultivos del germen en gelatinas y caldos.
Por cierto que por aquellos días (2 de Julio de
1885), período culminante de la epidemia, me nació mi cuarto hijo.
En medio de la preocupación general apareció en
Valencia el Dr. Ferrán, célebre médico tortosino, predicando por boca de
elocuentes amigos y admiradores, la buena nueva de la vacuna anticolérica.
Después de algunos experimentos de Laboratorio practicados en conejos de
Indias, y de ciertas audaces y abnegadas auto-inoculaciones, creyó haber
encontrado un cultivo del vírgula que, inoculado en el hombre, le inmuniza
seguramente contra el microbio virulento llegado por la vía bucal.
La clase médica, emocionada por el anuncio de la
citada vacuna, discutió vehementemente el tema en Academias y Ateneos, Revistas
profesionales y hasta en periódicos políticos. Como siempre, mostrose en el
debate ese dualismo irreductible de viejos y jóvenes, de misoneistas y
filoneistas. Para los primeros, la vacuna constituía deplorable error
científico, cuando no industrial negocio de mal género; los segundos se
entusiasmaron con la iniciativa del[p. 44] médico tortosino, cuyos
talentos y laboriosidad pusieron en las nubes. En fin, ciertos devotos
fervientes de Ferrán llevaron su celo higiénico hasta organizar un comité ó
sociedad encargada de hacer propaganda, fabricar en grande escala la vacuna,
gestionar del Gobierno y de las autoridades autorización para ensayar la nueva
inmunización, y en fin, una vez logrado el permiso, efectuarla sistemáticamente
en todas las provincias atacadas.
Invitado insistentemente por el citado comité, yo
decliné humildemente la honra de colaborar en la obra común; deseaba conservar
mi independencia de juicio y quedar inmune de toda sospecha crematística.
Porque, á la verdad, valor hacía falta para desafiar las virulentas campañas
que el Dr. Moliner y otros médicos hacían desde los periódicos contra los
fundamentos científicos de la vacuna, y sobre todo, contra el comité
profiláctico... Además, parecíame prematura la fe en el novísimo remedio. ¡Y si
á la postre resultaba que la tal vacuna no vacunaba!...
Pocos conservamos, durante aquella efervescencia
pasional, donde los intereses luchaban con más encarnizamiento que las ideas,
la serenidad de espíritu necesaria para juzgar. No me envanecen mis aciertos de
entonces; nada hay más fácil que hallar el buen camino cuando nuestro
pensamiento recibe su inspiración en las alturas del patriotismo, y la voluntad
se mantiene ajena á toda baja concupiscencia ó bastardo interés. Y el mejor
galardón de mi conducta lo recibo hoy al ver que, no obstante los años transcurridos,
puedo mantener en lo científico y en lo moral mis puntos de vista de entonces.
Durante aquellos días, á cuantos me hicieron la honra de consultarme sobre las
mencionadas inoculaciones, expresé lo que diría hoy mismo si el caso se
repitiese: gran satisfacción de que á un médico español se debiera tan loable
iniciativa; mi deseo de[p. 45] que, comprobada la inocuidad de la vacuna,
se ensayara en las personas y poblaciones que lo solicitaran; el consejo de
que, para evitar censuras y murmuraciones, dichas prácticas fueran al principio
inspeccionadas por una comisión oficial, encargada, además, de formar
estadísticas imparciales de los resultados obtenidos; en fin, mis ruegos
encarecidos, á los fines morales y patrióticos de la empresa, de que el Dr. Ferrán
declarara explícitamente el secreto de su vacuna, con el objeto de que las
delegaciones extranjeras y españolas, reunidas á la sazón en Valencia, no
quedaran defraudadas en su expectación ni sospecharan de la buena fe de la
sociedad vacunadora, ni, en fin, formaran de nosotros una opinión poco
lisonjera.
No tuve la fortuna de ser oído. Y ello me dolió
mucho, porque mis fáciles vaticinios se cumplieron en todas sus partes, con
bochorno del nombre español. Aquellos extranjeros que por primera vez
concurrieron á España para comprobar una invención científica, chasqueados en
su curiosidad, y exagerando quizás la transcendencia práctica de algunos
defectos metodológicos (impureza eventual de los cultivos del vírgula,
deficiencias del instrumental usado en la esterilización de los caldos y en la
expedición de éstos á las sucursales de vacunación, etc.), una vez regresados á
sus sendos países, escribieron de Ferrán y de los médicos españoles verdaderos
horrores... ¡Oh, qué amargo desencanto devoraron entonces quienes, como yo,
encendidos en celo patriótico y en irreflexivo entusiasmo, saludábamos en el
Dr. Ferrán una gloria positiva de la ciencia española!
La circunstancia de vivir yo en Valencia y ser
aficionado á la micrografía, me valió ser designado por la Diputación
provincial de Zaragoza, en unión del Dr. Lite, delegado oficial, para estudiar
la enfermedad epidémica reinante en la región levantina (todavía se discutía si
era ó no[p. 46] cólera) y emitir dictamen sobre el valor real de la
profilaxis.
Cumpliendo, pues, el honroso cometido, seguí
atentamente la campaña de la sociedad vacunadora; conferencié con los delegados
científicos oficiales (el Dr. Mendoza entre otros); practiqué experimentos de
inoculación del vírgula en los animales; analicé bacteriológicamente varias
muestras del caldo utilizado por Ferrán en sus inoculaciones; me inyecté yo
mismo la linfa vacunífera á fin de conocer de cerca sus efectos fisiológicos;
y, en fin, comprobé estadísticas oficiales y particulares, etc.
Allegados los datos necesarios, aquel verano me
trasladé á Zaragoza (Julio de 1885), ante cuya Diputación y en presencia de
numeroso público expuse el resultado de mis estudios y experimentos. Mis
conclusiones afirmaban resueltamente el carácter colérico de la epidemia, que
se había propagado entonces por gran parte de España; atribuían, como cosa muy
verosímil, al vírgula de Koch la responsabilidad de la
infección; ponían en duda el pretendido cólera experimental en los conejos y
cobayas, animales en quienes sólo se producían, por inyección del microbio,
fenómenos inflamatorios locales ó septicémicos harto diferentes del síndrome
colérico del hombre; y en lo tocante al punto principal, ó sea la profilaxis,
me declaré poco favorable al procedimiento Ferrán, aunque admitiendo su
práctica, á título de investigación científica (los cultivos puros del vírgula
inyectados bajo la piel resultan inofensivos) y sin forjarme grandes ilusiones
sobre su eficacia.
Expuestas oralmente las citadas conclusiones,
primer avance de mis observaciones y juicios sobre el tema, proseguí
ahincadamente las pesquisas experimentales. Á este propósito, me instalé con la
familia en una finca ó Torre (llamada Torre de las
canales) que poseía mi padre cerca[p. 47] de San Juan, á legua y media
de Zaragoza, donde organicé un Laboratorio de campaña, y pude, sin recelo,
guardar y estudiar tranquilamente mis cobayas y conejos inoculados. No me
faltaron los vírgulas, primera materia de mis pesquisas, pues
precisamente por aquellos días se había extendido el cólera por los pueblos y
casas de campo de la huerta y hacía estragos en la capital, en cuyos hospitales
me proporcioné abundante semilla para mis cultivos.
Por cierto que, acerca del modo de propagación de
la epidemia, confirmé desde luego su origen hídrico. Por ejemplo: los
huertanos, que no obstante vivir casi aislados en las torres, hacían uso del
agua de las acequias contaminadas por el lavado de ropas de coléricos, eran
frecuentes víctimas del cólera; en tanto que solían librarse fácilmente
aquellas familias que, por precaución, bebían agua de los pozos ó se servían
exclusivamente de la hervida.
Mis ensayos de profilaxis en los animales
reveláronme que el problema de la inmunización era harto más arduo de lo que se
creía. Conseguíase, en efecto, según anunciaba Ferrán, á favor de inyecciones
subcutáneas de cultivos del vírgula, cierta resistencia del cobaya enfrente de
ulteriores y más fuertes dosis del microbio virulento, inoculado por idéntica
vía; mas, careciendo el comma de Koch de acción patógena en el
intestino de dicho roedor, resultaba imposible aportar prueba decisiva y
concluyente sobre la eficiencia de la inyección. Para procurarse esta
demostración, fuera preciso hallar un mamífero colerizable por la vía bucal y
susceptible de hacerse refractario á la infección intestinal, mediante previa
inoculación subcutánea de cultivos puros del vírgula virulento ó atenuado. Por
desgracia, este animal, idóneo á la dilucidación del grave problema
profiláctico, se desconocía entonces.
Á fines de Septiembre de aquel año, según prometí á
la[p. 48] Diputación provincial zaragozana, redacté extensa monografía,
bajo el título de Estudios sobre el microbio vírgula del cólera y las
inoculaciones profilácticas. Zaragoza, 1885. El librito, que se imprimió
por cuenta de dicha Corporación[17], apareció
ilustrado por 8 grabados litográficos ejecutados por mí y algunos de ellos
tirados en color.
Excusado es advertir que semejante monografía,
redactada con ocasión de una misión oficial, y sin los medios de trabajo
necesarios, no contiene ningún hecho nuevo importante. Representaba, ante todo,
el fruto de una labor de confirmación y contraste de los memorables y entonces
novísimos descubrimientos de Koch y de las estimables contribuciones de Hueppe,
van Ermergen, Nicati y Riesch, Ferrán, etc. Con todo eso, según suele acontecer
en todo estudio minucioso y esmerado, sus páginas encierran algunos detalles
descriptivos originales y tal cual apreciación teórica no exenta de valor.
Entre otras menudencias originales, figuraban, en
el orden técnico, un proceder práctico y sencillo para teñir el bacillus
comma, y otro encaminado á conservar, colorear y montar definitivamente sus
colonias en gelatina y agar, etcétera. (Citado y confirmado más adelante por
van Ermergen).
En el orden científico, añadíamos: a,
un análisis compa[p. 49]rativo minucioso, de los microbios de las aguas y
deyecciones, dotados, á semejanza del vírgula, de la propiedad de liquidar la
gelatina; b, la demostración (independientemente de Pfeiffer) de
que el microbio de Koch, poco patógeno en inyección subcutánea, resulta
sumamente virulento en el peritoneo del cobaya; c, y, sobre todo,
la prueba experimental de la vacuna química, es decir, de la
posibilidad de preservar á los animales de los efectos tóxicos del vírgula más
virulento, inyectándoles de antemano, por la vía hipodérmica, cierta cantidad
de cultivos muertos por el calor[18].
En el orden teórico, contenía mi Memoria algunos
puntos de vista dignos de atención, puesto que han sido repetidos después por
eximios bacteriólogos al justipreciar los fundamentos teóricos y valor práctico
de las vacunas de Ferrán, Haffkine, Kölle y otros. «Difícil parece admitir
—decíamos— que la mera inoculación hipodérmica en el hombre de un cultivo puro
de vírgulas, incapaces de emigrar hasta el intestino, ni de provocar, por
consiguiente, trastorno alguno análogo al cólera, sea poderosa á esterilizar completamente
el tubo digestivo, órgano en continuación del mundo exterior y exclusivo
terreno donde[p. 50] prospera y desarrolla su formidable poder patógeno el
germen de dicha enfermedad.» Y no menciono aquí, á causa de su carácter
meramente crítico y circunstancial, los experimentos y observaciones
probatorios de que los famosos cuerpos muriformes de Ferrán,
por los cuales ascendía el vírgula á la categoría botánica de las peronosporas,
representaban, con otras formas aliadas, simples cristales precipitados en los
caldos, y de que los oogonos, aparatos de reproducción señalados en
el vírgula por el mismo autor, constituían formas monstruosas ó degenerativas
aparecidas en los terrenos esquilmados.
Acerca de este último punto, es decir, tocante á
los procesos regresivos observables en el protoplasma del bacillus
comma senil, ó que se cría en medios pobres en substancias nutritivas,
publiqué ulteriormente una comunicación en La Crónica Médica, de
Valencia (Contribución al estudio de las formas involutivas y monstruosas
del coma-bacilo de Koch, 20 de Diciembre de 1885), en donde se demostraba
el carácter francamente degenerativo, no sólo de los oogonos de
Ferrán, sino de los pretendidos esporos de Hueppe, Ceci, etc.[19].
Excusado es decir que todas estas modestas
contribuciones teórico-experimentales pasaron inadvertidas por los
bacteriólogos. Eran aquellos tiempos harto difíciles para los españoles
aficionados á la investigación. Debíamos luchar con el prejuicio universal de
nuestra incultura y de nuestra radical indiferencia hacia los grandes
problemas[p. 51] biológicos. Admitíase que España produjera algún artista
genial, tal cual poeta melenudo, y copiosos danzantes de ambos sexos; pero se
rechazaba hasta la hipótesis de que surgiera en ella un verdadero hombre de
ciencia. Acaso contribuyeron algo al desdén con que entonces nos trataban los
sabios, la inhábil actitud adoptada por Ferrán con los delegados extranjeros en
el asunto de la profilaxis colérica, y los candorosos errores del médico
tortosino en punto á la morfología y multiplicación del vírgula de
Koch.
Con todo, si mi labor careció de eco en los
Laboratorios de París y Berlín —y con ello no se perdió cosa mayor—, valióme,
en cambio, un galardón material y espiritual de gran transcendencia para mi
carrera. Agradecida la Diputación de Zaragoza al celo y desinterés con que
trabajé por servirla, decidió recompensar mis desvelos, regalándome un
magnífico microscopio Zeiss. Al recibir aquel impensado obsequio, no cabía en
mí de satisfacción y alegría. Al lado de tan espléndido Statif, con
profusión de objetivos, entre otros el famoso 1,18 de inmersión
homogénea, última palabra entonces de la óptica amplificante, mi pobre
microscopio Verick parecía desvencijado cerrojo. Me complazco en reconocer que,
gracias á tan espiritual agasajo, la culta Corporación aragonesa cooperó
eficacísimamente á mi futura labor científica, pues me equiparó técnicamente
con los micrógrafos extranjeros mejor instalados, permitiéndome abordar, sin
recelos y con la debida eficiencia, los delicados problemas de la estructura de
las células y del mecanismo de su multiplicación.
Dejo apuntado ya que la referida investigación
sobre el cólera me trajo el gusto por la bacteriología y por el estudio de los
problemas patológicos. Muchas veces me he preguntado si no hubiera sido mejor
para mi porvenir[p. 52] moral y económico haber cedido á la sugestión de
la moda, abandonando definitivamente, á ejemplo de muchos, la célula por el
microbio. Ciertamente, no faltaban incentivos y razones para justificar un
cambio de frente. El camino histológico me condenaba sin remisión á la pobreza,
en compensación de la cual sólo brindaba, si lo recorría con fortuna, el frío
elogio ó la tibia y razonable estima de dos ó tres docenas de sabios, harto más
inclinados á la emulación que al panegírico; mientras que el camino de la
bacteriología, menos trillado entonces y bordeado de tierras casi vírgenes,
prometía al investigador afortunado inagotables veneros económicos, fama
popular ruidosa, y acaso gloriosa epifanía. Ahí estaban como ejemplos vivos y
emulaciones soberanas esos bienhechores de la humanidad, que antaño se llamaban
Pasteur, Koch, Lister, y que hoy se llaman Behring, Roux, Ehrlich, Löffler,
Schaudin, Grassi, Metchnikoff, etc.
Sin embargo, movido por mis inclinaciones, y sobre
todo por motivos de índole económica, escogí al fin la discreta senda
histológica, la de los goces tranquilos. Sabía bien que por angosta jamás
podría recorrerla en carroza; pero me sentiría dichoso asistiendo en mi rincón,
y en el olvido de todos, al espectáculo cautivador de la vida animal íntima, y
escuchando embelesado, desde el ocular del microscopio, los rumores de la
bulliciosa colmena que todos llevamos dentro. En cuanto á la razón económica
aludida, no es otra que lo oneroso de los trabajos bacteriológicos.
La Histología es ciencia modesta y barata.
Adquirido el microscopio, redúcese el gasto á reponer algunos reactivos poco
dispendiosos, y á procurarse, de vez en cuando, tal cual rana, salamandra ó
conejo. Pero la Bacteriología es ciencia de lujo. Su culto requiere toda una
Arca de[p. 53] Noé de víctimas propiciatorias. Cada experimento encaminado
á fijar el poder patógeno de un germen, ó la acción de toxinas y vacunas, exige
una hecatombe de conejos, conejillos de Indias, á veces de carneros y de mamíferos
más corpulentos. Súmese á esto el dineral que cuesta la cría y reposición de
tantos animales de experimentación, amén del gasto de gas indispensable al
régimen de autoclaves y estufas de esterilización é incubación.
Tal fué la consideración, harto prosaica y terrena,
que me obligó á guardar fidelidad á la religión de la célula y á despedirme con
pena del microbio, al cual sólo de tarde en tarde, con ocasión de análisis
periciales ó de investigaciones comprobatorias, me digné saludar, penetrado de
ese afecto respetuoso, no exento de envidia, con que saludamos al amigo
millonario, de quien nuestra inopia nos aleja irremediablemente.
Regresado, pues, á Valencia en Octubre de 1885,
continué entregándome con pasión al análisis de los tejidos vivos. Fruto de
aquella labor, que se prolongó dos ó tres años (de 1885 á 1888) fueron varias
comunicaciones de Histología comparada concernientes: á la estructura del
cartílago, de la lente del cristalino, y, sobre todo, de la fibra muscular de
los insectos y de algunos vertebrados. Pecaría de ingrato y olvidadizo si no
consignara ahora que en la nomenclatura y sistemática de los insectos y demás
animales estudiados (batracios, reptiles, etc.), prestáronme inestimable
concurso el ilustre naturalista Boscá, á la sazón Director del Jardín botánico
de Valencia, mi excelente amigo Arévalo Vaca, Catedrático de Historia natural y
el Dr. Guillén, distinguido médico naturalista[20].
[p. 54]
Ocupábame también por entonces en la publicación de
una obra extensa de Histología y técnica micrográfica, que salía
por cuadernos. Su impresión corría á cargo del activo editor valenciano D.
Pascual Aguilar, quien sin escatimar gastos había lanzado ya el primer
fascículo (comprensivo de la Técnica micrográfica y Elementología),
en Mayo de 1884[21].
Sosteníanme en esta empresa varios motivos: el
deseo de reunir en haz todas las observaciones más ó menos originales
recolectadas á campo traviesa en los dominios histológicos; la conveniencia de
disciplinar mi desbordante curiosidad, moldeándola en las rigideces de un
programa fijado de antemano; y, sobre todo, el patriótico anhelo de que viera
la luz en nuestro país un tratado anatómico que, en vez de concretarse á
reflejar modestamente la ciencia europea, desarrollara en lo posible doctrina
propia, basada en personal investigación. Sentíame avergonzado y dolorido al
comprobar que los pocos libros anatómicos é histológicos, no traducidos,
publicados hasta entonces en España, carecían de grabados originales y ofrecían
exclusivamente descripciones servilmente copiadas de las obras extranjeras.
En contraposición con tan bochornosa costumbre,
hija de tradicional pereza, mi libro había de contener solamente, según promesa
solemne del prólogo, grabados originales y conclusiones deducidas de personales
pesquisas. No me arredraban entonces la insuficiente preparación[p.
55] científica ni la penuria bibliográfica. Daba por seguro que, en mi
impaciencia y aturdimiento de incipiente observador, habría de incurrir
inevitablemente en equivocaciones y temeridades; mas, cegado por mi exaltación
patriótica, prefería en todo caso el error propio al error ajeno, la hipótesis
estrafalaria concebida por mí á la teoría ingeniosa, pero falsa ó insuficiente,
sugerida por otros. Que en mi actitud mental entraba por mucho la infatuación y
el orgullo... ¡quién lo duda! Pero este orgullo se coloreaba con los matices
simpáticos del amor á la raza. Hoy siéntome satisfecho de aquellas gallardías.
Que las cuestas á arriba hay que acometerlas á todo vapor, aprovechando como
combustible hasta las malas pasiones, como sean dinamógenas. Y en la
investigación científica la cuesta es el empezar. Quédese el freno para más
adelante, vencidas ya las grandes resistencias.
Á la citada obra estuve ahincadamente consagrado
desde 1884 á 1888. Al acabarse, comprendía 203 grabados en madera, copiados de
mis preparaciones, y ejecutados por un excelente artista valenciano y contaba
con 692 páginas, de letra menuda. Agotada pronto la primera edición, contra mis
previsiones, hubo de imprimirse la segunda en 1893, cuando yo me había
trasladado á la Universidad de Barcelona. El editor Aguilar hizo, según
noticias, un bonito negocio.
En vena de confidencias acerca de mis publicaciones
de aquellos tiempos, no debo omitir ciertos artículos de popularización
histológica que, bajo el título de Las maravillas de la Histología,
aparecieron en La Clínica[22], semanario
profesional de Zaragoza, dirigido por mi condiscípulo y[p. 56] amigo D.
Joaquín Gimeno Vizarra. Algunos de estos artículos, desbordantes de fantasía y
de ingenuo lirismo, fueron reproducidos y ampliados después en la Crónica
de Ciencias Médicas de Valencia. Firmábalos el doctor Bacteria,
pseudónimo terrible, que yo usaba para mis temeridades
filosofico-científicas y las críticas joco-serias. Dejando aparte el estilo,
inspirado en la manera frondosa y bejucal del gran Castelar —¡estilo Castelar sin
Castelar!—, alentaba en dichos trabajitos el buen propósito de llamar la
atención de los médicos curiosos sobre el encanto inefable del mundo, casi
ignoto, de células y microbios, y de la importancia excepcional de su estudio
objetivo y directo.
Al emborronar estas cuartillas tengo ante mí los
precitados artículos. Perdone el lector mi vanidad senil si declaro que ahora,
pasados treinta y tres años, hallo algún solaz en leer estas fervorosas
expansiones científico-literarias. Dejando á un lado exageraciones de
pensamiento é incorrecciones de forma, transciende de ellas algo como un aroma
confortador de confianza juvenil y de fe robusta en el progreso social y
científico. Hallo también atrayente cierto sentimiento de curiosidad
frescamente satisfecha, y un fervor de pasión hacia el estudio de los arcanos
de la vida, que en vano buscaríamos hoy en los escritos primerizos de la
ponderada, equilibrada, circunspecta y financiera juventud intelectual.
Como muestra de mi estilo de entonces y de las
ideas filosofico-biológicas que me seducían, voy á transcribir aquí algunos
párrafos de los consabidos artículos de La Clínica.
Entre los espectáculos cautivadores que nos ofrece
el microscopio, enumeraba:
«La contracción amiboidea ó
protoplásmica, que permi[p. 57]te al leucocito errante abrir brecha en la pared
vascular, desertando de la sangre á las comarcas conjuntivas, á la manera del
preso que lima las rejas de su cárcel; los campos traqueales y laríngeos,
sembrados de pestañas vibrátiles que, por virtud de secretos
impulsos, ondean, cual campo de espigas, al soplo de brisa vernal; el
incansable latigueo del zoospermo, corriendo desalentado hacia el óvulo, imán
de sus amores; la célula nerviosa, la más noble casta de elementos orgánicos,
extendiendo sus brazos de gigante, á modo de los tentáculos de un pulpo, hasta
las provincias fronterizas del mundo exterior, para vigilar las constantes
asechanzas de las fuerzas fisico-químicas; el óvulo, con su sencilla y severa
arquitectura, guardando el secreto de las formas orgánicas y cuyo protoplasma
se asemeja á la nebulosa donde bullen en germen mundos innumerables, que se
desprenderán en futuros anillos; la geométrica arquitectura de la fibra
muscular (especie de complicadísima pila de Volta), donde, á semejanza
de la locomotora, el calor se transforma en fuerza mecánica; la célula
glandular que, por sencilla manera, fabrica los fermentos de la
química viviente, consumiendo generosamente su propia vida en provecho de los
demás elementos sus hermanos; las células adiposas, modelo de
economía doméstica, quienes en previsión de futuras escaseces, reservan los
alimentos sobrantes del festín de la vida para utilizarlos en las huelgas
orgánicas y en los grandes conflictos nutritivos... Todos estos fenómenos, tan
varios, tan maravillosamente coordinados, atraen con seducción irresistible, y
su contemplación inunda nuestro espíritu de satisfacciones tan puras y elevadas
como perdurables.»
Para ver de cerca é intimar efusivamente con los
protagonistas de tan sorprendentes fenómenos, añadíamos: «Venid con nosotros al
laboratorio del micrógrafo. Allí,[p. 58] sobre la platina del microscopio,
desgarrad el pétalo de una flor, sin consideración á su hermosura ni á su
aroma: arrancad después una parcela de los tejidos animales; disociadla sin
piedad, aunque las fibras contráctiles palpiten y se estremezcan al contacto de
las agujas. Asomaos después á la ventana del ocular, y... cosa notable, resultado
estupendo, la hoja del vegetal como el tejido del animal os revelarán por todas
partes una construcción idéntica: especie de colmena formada por celdillas y
más celdillas, separadas por una argamasa intersticial poco abundante, y
albergando en sus cavidades, no la miel de la abeja, sino la miel de la vida,
bajo la forma de una materia albuminoide, semisólida, granulosa, cuyo seno
encierra un pequeño corpúsculo: el núcleo.»
«Examinad ahora una gota de saliva, un poco del
epitelio que cubre vuestra lengua, una gota de vuestra sangre, el moho de las
materias orgánicas en descomposición, etc... y siempre la misma referida
arquitectura: células y más células, más ó menos transformadas, repitiéndose
con monotonía y uniformidad abrumadoras.»
«Esta tenacidad de composición de los tejidos
orgánicos, en el líquido como en el sólido, así en el músculo como en el
nervio, en el tallo como en la flor; esta repetición fastidiosa del mismo tema
estructural constituye la verdad primordial de la histología; el hecho básico
sobre que se funda la grandiosa y transcendental teoría celular de
Schwann y de Virchow.»
Expongo después el aspecto fisiológico de tan
soberana concepción, y me pregunto: «¿Será posible que dentro de nuestro
edificio orgánico habiten innumerables inquilinos que se agitan febriles, á
impulsos de espontánea actividad, sin que nos percatemos de ello? ¿Y nuestra
tan decantada unidad psicológica? ¿En qué han venido á parar[p. 59] el
pensamiento y la conciencia con esta audaz transformación del hombre en un
polípero?... Cierto que pueblan nuestro cuerpo millones de organismos
autónomos, eternos y fieles compañeros de glorias y fatigas, cuyas alegrías y
tristezas son las nuestras; y cierto que tan próximas existencias pasan
desapercibidas del yo; pero este fenómeno tiene fácil y llana
explicación si consideramos que el hombre siente y piensa por sus células
nerviosas, y que el no yo, el verdadero mundo exterior comienza ya
para él en las fronteras de las circunvoluciones cerebrales.» (Aquí late en
germen y obscuramente la hipótesis formulada después por Durand de Gross y
Forel acerca de la existencia de conciencias medulares y ganglionares
múltiples, ignoradas del yo, el cual representaría la conciencia privilegiada y
autocrática de las células cerebrales).
Harto influído por las ideas de Häckel y Huxley y
por la poco afortunada teoría del plason, de Claudio Bernard, me
declaraba partidario, en principio, de la generación espontánea, pese á los
experimentos de Pasteur, que hallaba concluyentes solamente por lo que toca al
origen de la vida actual.
«¡Quién sabe —exclamaba, lleno de ingenuo
optimismo,— si los sabios del porvenir demostrarán algún día que el Génesis de
la vida, que las tradiciones de los pueblos nos pintan con poéticos colores
cual obra de un Creador omnipotente, surgida en el grandioso teatro de una
naturaleza virgen, bajo los rayos de un sol joven y como nunca esplendente y
entre los hosanas de los ángeles y querubines... quién sabe, repito, si la
ciencia logrará probar que la vida tuvo más humildes orígenes, iniciándose en
los tenebrosos senos del mar, sin más protagonista que los átomos con su
perpetuo palpitar, sin más testigos que las fuerzas fisico-químicas!...»
[p. 60]En otro artículo señalo, acaso por primera
vez, un concepto que ha tenido después en Alemania sabios y autorizados
intérpretes: el de la concurrencia y lucha intercelular dentro del organismo.
«¿Quién osará negar que existe una severa
competencia de carreristas en los zoospermos, que, para dar cima al acto
supremo de la fecundación, vuelan en denso enjambre hacia el óvulo? Sólo uno de
ellos, el más fuerte, ó el más afortunado, sobrevivirá á la destrucción
irrevocable para sus compañeros más perezosos. No más él rasgará el misterioso
velo de la membrana vitelina, y se unirá al fin, despojado de su cola
degradante y en conjugación sublime, con el núcleo femenino. De este ósculo de
amor brotará la innumerable progenie de células del organismo. Pero sólo aquel
zoospermo privilegiado alcanzará el alto honor de perpetuar la raza y de
conservar y transmitir, cual nueva vestal, el fuego sagrado de la vida...»
Señalábamos después la rigurosa concurrencia
nutritiva de las células de un mismo tejido, las luchas homéricas libradas
entre los elementos semiasfixiados de los territorios inflamados, ó de los
elementos amenazados por la invasión de los tumores. Y, en fin,
independientemente de Metchnikoff, hablábamos «de las reacciones de las células
contra los gérmenes animales ó vegetales que pululan por la atmósfera y
penetran en el organismo; de la guerra incesante librada entre lo pequeño y lo
grande; entre lo visible y lo invisible, etc.»
Mas para atenuar la crudeza de esta desconsoladora
verdad (la lucha universal), añadimos que «así como en toda nación civilizada
la concurrencia vital se extingue ó se atenúa en gran parte por la división del
trabajo, que hace á los ciudadanos solidarios en sus intereses y aspiraciones,
también en el estado orgánico, gracias á la previ[p. 61]sión de las células
nerviosas y al citado reparto profesional y, en fin, á la supresión del ocio y
de la excesiva libertad individual, etc., la lucha desaparece ó se dulcifica,
mostrándose no más cuando la alimentación comunal (de órganos ó células) se
compromete gravemente por causas interiores ó exteriores.»
En otro pasaje hacía notar, en coincidencia con
muchos biólogos y filósofos á quienes no había leído, que la naturaleza sólo se
preocupa de la vida de la especie. «Una existencia, por grande que sea, aun
realzada por el prestigio de la idea, aun ennoblecida por los fulgores del
genio, nada significa á los ojos de la Naturaleza. Que todo un pueblo sucumba;
que razas enteras sean aniquiladas en la lucha por la vida; que especies
zoológicas antes pujantes sean inmoladas en la bárbara batalla, poco importa al
principio director del mundo orgánico... Lo importante es ganar la contienda,
tocar la meta final objeto de la evolución orgánica.»
¿Cuál es esta finalidad, caso de existir? ¡Profundo
misterio!
En otro artículo nos consolábamos de la
impenetrabilidad del tremendo arcano y de la inexorabilidad de la muerte
individual, proclamado la eternidad y continuidad del protoplasma, es decir, de
lo que, después de nosotros, llamó Weissmann plasma germinativo.
«Consolémonos, considerando que si la célula y el
individuo, sucumben, la especie humana y, sobre todo, el protoplasma,
son imperecederos. El accidente muere, pero la esencia, ó sea la vida,
subsiste. Estimando el mundo orgánico como un árbol cuyo tronco fué el primer
protoplasma, cuyas ramas y hojas forman todas las especies nacidas después por
diferenciación y perfeccionamiento, ¡qué importa que algunas ramitas se
desgajen á impulsos del ven[p. 62]dabal, si el tronco y la matriz
protoplasmática subsisten vigorosos; prometiendo retoños de cada vez más
hermosos y lozanos!... No hay, pensándolo bien, organismos progenitores y
producidos, ni individuos independientes, ni vivos ni muertos, sino una
sola substancia, el protoplasma, que llena el mundo con sus
creaciones, que crece, se ramifica, se moldea temporalmente en individuos
efímeros, pero que nunca sucumbe. En nuestro ser se agita aún aquel viejo
protoplasma del archiplason (es decir, la primera célula
aparecida en el cosmos), punto de partida quizás de toda la evolución
orgánica.»
(Es curiosa la coincidencia de esta doctrina
pseudopanteísta con algunas lucubraciones posteriores de Weissmann, Le Dantec y
otros).
«Este protoplasma llenó con sus creaciones el
espacio y el tiempo; él se arrastró en el gusano, vistióse de irisados colores
en el vegetal, adornóse con la radiante corona del espíritu en el mamífero.
Comenzó inconsciente y terminó consciente. Fué esclavo y juguete de las fuerzas
cósmicas y acabó por ser el látigo de la naturaleza y el autócrata de la
creación.» (Adviértanse también singulares concordancias con las conocidas
ideas de Schopenhauer y Hartmann, Spencer, etc., á quienes no había leído todavía.
¿Es que llegó hasta mí algún resumen de la filosofía de lo Inconsciente ya
entonces publicada? No lo recuerdo).
«¿Á dónde va la vida? nos preguntamos en otro
pasaje del mismo atrevido artículo. ¡Cualquiera lo sabe!... Pero entonces
creíamos probable que la evolución tiende á producir formas de cada vez más
perfectas, más progresivas, siquiera no viéramos muy claro el concepto de
perfección.»
«¿Ha llegado á la meta y agotado su fecundidad en
el organismo humano ó guarda en cartera proyectos de más elevados organismos,
de seres infinitamente más espiritua[p. 63]les y clarividentes, destinados á
descorrer el velo que cubre las causas primeras, y acabando con todas las
obscuras polémicas de sabios y filósofos? (¿Quién no ve aquí en esbozo la
teoría del superhombre, defendida posteriormente por Nietzsche?)»
«¡Quién sabe!... —continuábamos—. ¡Acaso ese
protoplasma semidiós fenecerá también, en aquel triste día apocalíptico, en que
la antorcha solar se apague, el rescoldo central de nuestro globo se enfríe y
no queden sobre su corteza sino fúnebres despojos é infecundas cenizas!... ¡Día
horrendo, soledad angustiosa, noche obscurísima aquella en la cual se apague
con la luz de nuestro Universo la luz del pensamiento! ¡Pero no... esto es
imposible!... ¡Aquel protoplasma soberano, cuyas creaciones abrumaron el espacio,
que taladró cordilleras, que transformó los mares y continentes, que jugó con
el viento, con el vapor y con el rayo, que esculpió el planeta para hacer de él
un palacio digno de su grandeza, y subyugó las fuerzas naturales,
convirtiéndolas en esclavos de sus caprichos..., no puede morir!... Cuando
nuestro miserable planeta se fatigue y la fría vejez haya consumido el fuego de
su corazón, y la tierra se torne cual páramo helado, y el sol enrojecido y
muriente amenace sumirnos en tinieblas eternas..., el protoplasma orgánico
habrá tocado la perfección de su obra. ¡Entonces el rey de la Creación
abandonará para siempre la humilde cuna que meció su infancia, asaltará
audazmente otros mundos y tomará solemne posesión del Universo!...»
¡Bien se ve que no había leído á Clausius ni
conocía las fatídicas predicciones de la termo-dinámica!... ¡Ante mi optimismo
candoroso quédase en mantillas el de Metchnikoff, quien en libro reciente (Estudios
sobre la naturaleza humana) sólo promete á la especie humana, para[p.
64] cuando las neuronas aprendan á defenderse mejor de
los fagocitos y toxinas intestinales, una senectud tranquila,
plácida y exquisitamente adaptada á la idea de la muerte!... Adelantándome en
muchos años á las tan decantadas fantasías de Wells, daba yo por misión
fundamental de la evolución, la eternidad de la vida y la conquista intelectual
y material del Cosmos... Excusez du peu!...
[p. 65]
CAPÍTULO IV
Decido publicar mis trabajos en el extranjero. —
Invitación del profesor W. Krause, de Gotinga, de colaborar en su Revista. —
Mis primeras exploraciones sobre el sistema nervioso. — Dificultades
encontradas. — Excelencias del método de Golgi y excesivo nacionalismo de los
sabios. — Mis distracciones en Valencia: las excursiones del Gaster-Club y
las maravillas de la sugestión y del hipnotismo.
unque el fruto de mis pesquisas había sido
hasta entonces harto mezquino, me acometió la comezón de exportarlo al mercado
extranjero. Tal propósito parecióme hasta indispensable á los fines de mi
educación científica. Es verdad vulgar que sólo luchando con los fuertes se
llega á ser fuerte. Correr solitario en la angosta pista nacional, jaleado por
amigos, no es lo más adecuado para resultar un atleta. Con las células
nerviosas ocurre lo que con las tropas: instruídas exclusivamente para las
luchas civiles ó en previsión de motines callejeros, difícilmente harán frente
á un ejército extranjero organizado técnica y moralmente para la guerra grande,
es decir, para los conflictos internacionales. Sobre que la crítica severa de
los extraños no es absolutamente necesaria: hiere la carne ruda y ásperamente,
cual cincel sobre el mármol; pero modela y hermosea la estatua intelectual.
[p. 66]Y al reflejar imparcialmente nuestros
defectos, nos trae también el conocimiento objetivo de nuestras fuerzas.
El profesor W. Krause, de Gotinga (1889), actual
Catedrático de Histología en la Universidad de Berlín.
Penetrado de estas verdades, aproveché la primera
ocasión que se me presentó de colaborar en Revistas alemanas, entonces, como
hoy, las más leídas y autorizadas. Un histólogo célebre de la Universidad de
Göttingen, M. W. Krause, fué mi introductor en el mundo sabio. Con el título
de International Monatsschrift für Anatomie und Physiologie,
publicaba dicho Profesor cierta Revista mensual, donde figuraban comunicaciones
en francés, in[p. 67]glés, italiano y alemán. Había leído algún trabajillo mío,
andaba no muy sobrado de original y solicitó benévolamente mi concurso,
ofreciéndome costear todas las cromolitografías necesarias y regalarme una
tirada de 50 ejemplares. Encantado de la invitación, me apresuré á satisfacer
sus deseos, enviándole desde Valencia, y con intervalo de dos años, dos
monografías redactadas en un francés aproximado y adornadas con profusión de
dibujos.
Pecaría de ingrato si no recordara aquí que el
doctor Krause, Profesor entonces de Histología en Göttingen y actualmente en
Berlín, me animó mucho con sus consejos y me instruyó con sus cartas llenas de
preciosas indicaciones bibliográficas. En sus buenos oficios, llegó hasta
prestarme ó regalarme folletos antiguos de difícil ó imposible adquisición en
el mercado alemán. Aprovecho esta ocasión para testimoniar al viejo maestro y
generoso mentor la expresión de mi cordial gratitud y sincero afecto. Más adelante,
con ocasión de un viaje á Alemania, tendré ocasión de hablar del insigne
investigador.
Volviendo á las mentadas comunicaciones, diré que
la primera llevaba por título Contribution à l’étude des cellules
anastomosées des épithéliums pavimenteux[23].
En ella analizaba yo la estructura íntima de las células epiteliales de algunas
mucosas (corneal, palpebral, lingual) y del bulbo piloso. Después de reconocer
y describir el retículo intraprotoplásmico y filamentos comunicantes
intracelulares, señalados años antes por Bizzozero y Ranvier en la epidermis de
la piel, confirmaba estas mismas disposiciones en la córnea (epitelio anterior)
y en las vainas del bulbo piloso, órganos en que no se habían obser[p. 68]vado;
y añadía la existencia, en los referidos hilos de unión de una envoltura ó
forro en continuación, al parecer, con la membrana celular. Semejante pormenor
estructural fué ulteriormente comprobado, con alguna variante de apreciación,
por Ide, Kromayer y, años después, por Unna, de Hamburgo.
La segunda comunicación, que apareció en 1888 con
el título de Observations sur la texture des fibres musculaires des
pattes et des ailes des insectes[24],
fué de más fuste y harto más rica en detalles descriptivos nuevos. Versaba
principalmente sobre la textura de la fibra muscular de los insectos, campo de
observación preferido por los histólogos, á causa del gran tamaño que, en
dichos articulados, poseen las bandas ó rayas transversales de la materia
contráctil, y de la comodidad de observarlas en vivo sobre la platina del
microscopio. La colecta y preparación del material necesario para la redacción
de esta extensa monografía (que llevaba anejas cuatro grandes láminas
litografiadas), costóme unos dos años, durante los cuales exploré numerosos
géneros y especies de insectos. Contenía mi comunicación bastantes
observaciones originales de histología comparada, algunas de las cuales fueron
posteriormente comprobadas por los histólogos. Por desgracia, si estuve
trabajador y celoso en la observación y acarreo de los hechos, no fuí
igualmente afortunado en su interpretación.
Reinaba entonces en histología una de esas
concepciones esquemáticas que fascinan temporalmente los espíritus é influyen
decisivamente en las pesquisas y opiniones de la juventud. Aludo á la teoría
reticular de Heitzmann y[p. 69] Carnoy, aplicada muy
ingeniosamente á la constitución de la materia estriada de los músculos por el
mismo Carnoy, autor de la célebre Biología celular[25], y después
por el inglés Melland y el belga van Gehuchten. Y yo, seducido por el talento
de estos sabios y el prestigio de la teoría, incurrí en la debilidad de
considerar, como ellos, la substancia contráctil como una rejilla de fibrillas
sutiles (las hebras preexistentes aparecidas en los preparados
de los ácidos y del cloruro de oro) unidas transversalmente por la red
emplazada al nivel de la línea de Krause. Lo grave de esta apreciación era su
exagerado exclusivismo, es decir, la negación rotunda de la preexistencia, en
el vivo, de las fibrillas primitivas de los autores (las columnillas de
Kölliker), las cuales eran audazmente interpretadas como el resultado de la
coagulación post-mortem de cierta materia líquida alojada en
las mallas de la red. Más adelante volví sobre esta opinión, criticada
vivamente por Rollet, Kölliker y otros, los cuales alegaban con razón que los
pretendidos artefactos eran observables hasta en los músculos
vivos de ciertos insectos.
Insisto en estos detalles, porque deseo prevenir á
la juventud contra la invencible fuerza sugestiva de las teorías simplistas y
gallardamente unificadoras. Subyugados por la teoría, los principiantes
histólogos veíamos entonces redes por todas partes. Lo que especialmente nos
cautivaba era que dicha especulación identificaba el complejo subtractum estructural
de la fibra estriada con el sencillo retículo ó armazón fibrillar de todo
protoplasma. Cualquiera que fuera la célula, amibo ó corpúsculo contráctil, el
protagonista fisiológico, ó sea el factor activo, estaba siempre representado
por la redecilla ó esqueleto elemental.
[p. 70]De estas ilusiones ningún histólogo está
libre, máxime si es debutante. Caemos tanto mejor en el lazo cuanto que los
esquemas sencillos estimulan y halagan tendencias profundamente arraigadas en
el espíritu: la inclinación nativa al ahorro de esfuerzo mental y la
propensión, casi irresistible, á tomar como verdadero lo que satisface á
nuestro sentido estético, por exhibirse bajo formas arquitectónicas sencillas y
armoniosas. Como siempre, la razón calla ante la belleza. El caso de Friné se
repite constantemente. Sin embargo, no hay equivocación inútil como nos asista
el sincero propósito de la enmienda. Y yo, persuadido de que la fama duradera
sólo acompaña á la verdad, deseaba acertar á todo trance. En adelante, pues,
reaccioné vivamente contra esos esquemas teóricos, al través de los cuales la
realidad desaparece ó se deforma.
En mis exploraciones sistemáticas por los dominios
de la anatomía microscópica llegó el turno del sistema nervioso, esa obra
maestra de la vida. Lo examiné febrilmente en los animales, teniendo por guías
los libros de Meynert, Hugenin, Luys, Schwalbe y, sobre todo, los incomparables
de Ranvier, de cuya ingeniosa técnica me serví con tesón escrupuloso.
Importa recordar que los recursos analíticos de
aquellos tiempos eran asaz insuficientes para abordar eficazmente el magno y
atrayente problema. Desconocíanse todavía agentes tintóreos capaces de teñir
selectivamente las expansiones de las células nerviosas y que consintieran
perseguirlas, con alguna seguridad, al través de la formidable maraña de la
substancia gris.
Ciertamente, desde la época de Meynert se
practicaba con algún éxito el método de los cortes finos seriados, impregnados
en carmín ó hematoxilina, á que se añadió por entonces el método de Weigert
para el teñido de las fibras[p. 71] meduladas; mas por desgracia, los
mejores preparados no revelaban sino el cuerpo protoplásmico de las células
nerviosas con sus núcleos, y algo, muy poco, del arranque ó trayecto inicial de
los apéndices dendrítico y nervioso.
Algo más expresivo, á los efectos de la revelación
de la morfología celular, resultaba el proceder de la disociación mecánica,
puesto en boga por Deiters, Schültze y Ranvier. Este aislamiento elemental
efectuábase, de ordinario, á favor de las agujas, sobre el porta-objetos,
previa maceración de la trama nerviosa en disoluciones débiles de bicromato de
potasa. Tratándose de nervios, semejante recurso proporcionaba muy claras
imágenes, máxime si se le combinaba, á ejemplo de Ranvier, Schiefferdecker, Segall,
etc., con la acción impregnadora —subsiguiente ó preliminar según los casos—
del nitrato de plata ó del ácido ósmico. Pero aplicada al análisis de los
ganglios, de la retina, de la médula espinal ó del cerebro, la delicada
operación de desprender las células de su ganga de cemento y de desenredar y
extender con las agujas sus brazos ramificados, constituía empresa de
benedictino.
¡Qué dicha cuando, á fuerza de paciencia,
lográbamos aislar por completo un elemento de neuroglia, con su forma típica en
araña, ó una neurona motriz colosal de la médula, bien destacados y libres sus
robustos cilindro-eje y dendritas! ¡Qué triunfo sorprender en afortunadas
disociaciones de los ganglios raquídeos la bifurcación de la expansión única, ó
desbrozar de su zarzal neuróglico la pirámide cerebral, es decir, la noble y
enigmática célula del pensamiento! Estos modestos éxitos de manipulador nos llenaban
de ingenua vanidad y de íntima satisfacción. Lo malo era que semejante alarde,
un poco pueril, de virtuosidad técnica, halagaba harto poco al entendimiento
científico, desilusionado al reconocer su radical impoten[p. 72]cia para
dilucidar el soberano misterio de la organización cerebral. Los más vitales y
hondos problemas de la máquina nerviosa columbrábanse cual cimas inaccesibles.
Á nuestra febril curiosidad se sustraía cuanto se refiere á la ardua cuestión
del origen y terminación de las fibras nerviosas dentro de los centros, y á la
no menos fundamental y apremiante de las íntimas conexiones intercelulares.
Nadie podía contestar á esta sencilla interrogación: ¿Cómo se transmite la
corriente nerviosa desde una fibra sensitiva á una motora? Ciertamente, no
faltaban hipótesis; pero todas ellas carecían de base objetiva suficiente.
Y, sin embargo, á despecho de la impotencia del
análisis, el problema nos atraía irresistiblemente. Adivinábamos el supremo
interés que, para una psicología racional, tenía el formar un concepto claro de
la organización del cerebro. Conocer el cerebro —nos decíamos en nuestros
entusiasmos idealistas— equivale á averiguar el cauce material del pensamiento
y de la voluntad, sorprender la historia íntima de la vida en su perpetuo duelo
con las energías exteriores; historia resumida, y en cierto modo esculpida, en
esas coordinaciones neuronales defensivas del reflejo, del instinto y de la
asociación de las ideas. Mas, por desgracia, faltábanos el arma poderosa con
que descuajar la selva impenetrable de la substancia gris, de esa constelación
de incógnitas, como en su lenguaje brillante, la llamaba Letamendi.
Y con todo eso, mi pesimismo era exagerado, según
hemos de ver. Claro es que el aludido desideratum era y es aún
hoy ideal inaccesible. Pero algo se podía avanzar hacia él aprovechando la
técnica de entonces. En realidad, el instrumento revelador existía; sólo que ni
yo, aislado en mi rincón, lo conocía, ni se había divulgado apenas entre los
sabios, no obstante haber visto la luz por los años[p. 73] de 1880. Fué
descubierto por C. Golgi, eximio histólogo de Pavía, favorecido por la
casualidad, musa inspiradora de los grandes hallazgos. En sus probaturas
tintoriales, notó este sabio que el protoplasma de las células nerviosas, tan
rebelde á las coloraciones artificiales, posee el precioso atributo de atraer
vivamente el precipitado de cromato de plata, cuando este
precipitado se produce en el espesor mismo de las piezas. El modus
operandi, sencillísimo, redúcese á indurar por varios días trozos de
substancia gris en soluciones de bicromato de potasa (ó de
líquido de Müller), ó mejor aún, en mezcla de bicromato y de solución al 1 por
100 de ácido ósmico; para tratarlos después mediante soluciones
diluídas (al 0,75) de nitrato de plata cristalizado. Genérase
de este modo un depósito de bicromato argéntico, el cual, por
dichosa singularidad que no se ha explicado todavía, selecciona ciertas células
nerviosas con exclusión absoluta de otras. Al examinar la preparación, los
corpúsculos de la substancia gris muéstranse teñidos de negro achocolatado
hasta en sus más finos ramúsculos, que destacan con insuperable claridad, sobre
un fondo amarillo transparente, formado por los elementos no impregnados.
Gracias á tan valiosa reacción, consiguió Golgi, durante varios años de labor,
esclarecer no pocos puntos importantes de la morfología de las células y
apéndices nerviosos. Pero, según dejo apuntado, el admirable método de Golgi
era por entonces (1887-1888) desconocido por la inmensa mayoría de los
neurólogos ó desestimado de los pocos que tuvieron noticia precisa de él. El
libro de Ranvier, mi biblia técnica de entonces, le consagraba solamente unas
cuantas líneas informativas, escritas displicentemente. Veíase á la legua que
el sabio francés no lo había ensayado. Naturalmente, los lectores de Ranvier
pensábamos que el susodicho método no valía la pena.
Camilo Golgi, profesor de la Facultad de Medicina
de Pavía.
[p. 74]Debo á L. Simarro, el afamado psiquiatra y
neurólogo de Valencia, el inolvidable favor de haberme mostrado las primeras
buenas preparaciones efectuadas con el proceder del cromato de plata, y de
haber llamado mi atención sobre la excepcional importancia del libro del sabio
italiano, sobre la íntima estructura de la substancia gris[26]. He aquí
cómo fué ello. Merece contarse el hecho, porque sobre haber tenido importancia
decisiva en mi carrera, demuestra una vez más la potencia sugestiva y
dinamógena de las cosas vistas, es decir, de la percepción directa
del objeto, en frente de la debilísima y por no decir nula in[p. 75]fluencia de
estas mismas cosas, cuando á la mente llegan por las descoloridas descripciones
de los libros.
Allá por el año de 1887 fuí nombrado juez de
oposiciones á cátedras de Anatomía descriptiva. Deseoso de aprovechar mi
estancia en Madrid para informarme de las novedades científicas, púseme en
comunicación con cuantos en la corte cultivaban los estudios micrográficos.
Entre otras visitas instructivas, mencionaré: la girada al Museo de
Historia natural, donde conocí al modestísimo cuanto sabio naturalista D.
Ignacio Bolívar; la consagrada al Laboratorio de Histología de San Carlos,
dirigido por el benemérito Dr. Maestre, y cuyo ayudante, el Dr. López García,
mostróme las últimas novedades técnicas de Ranvier, de quien había sido
devotísimo y aprovechado discípulo; la dirigida á cierto Instituto
biológico particular, instalado en la calle de la Gorguera, en el cual
trabajaban varios jóvenes médicos, entre ellos el Dr. D. Federico Rubio, y
sobre todo D. Luis Simarro, recién llegado de París y entregado al noble empeño
de promover entre nosotros el gusto hacia la investigación; y, en fin, la
verificada al laboratorio privado del prestigioso neurólogo valenciano, quien,
por cultivar la especialidad profesional de las enfermedades mentales, se
ocupaba en el análisis de las alteraciones del sistema nervioso (asistido, por
cierto, de copiosísima biblioteca neurológica), ensayando paciente y
esmeradamente cuantas novedades técnicas aparecían en el extranjero.
Fué precisamente en casa del Dr. Simarro, situada
en la calle del Arco de Santa María, 41, donde por primera vez tuve ocasión de
admirar excelentes preparaciones del método de Weigert-Pal, y singularmente,
según dejo apuntado, aquellos cortes famosos del cerebro, impregnados mediante
el proceder argéntico del sabio de Pavía.
[p. 76]Expresaba en párrafos anteriores la sorpresa
sentida al conocer de visu la maravillosa potencia reveladora
de la reacción cromo-argéntica y la ninguna emoción provocada en el mundo
científico por su hallazgo. ¿Cómo explicar tan extraña indiferencia? Hoy, que
conozco bien la psicología de los sabios, hallo la cosa muy natural. En
Francia, como en Alemania, y más en ésta que en aquélla, reina una severa
disciplina de escuela. Por respeto al maestro, ningún discípulo suele emplear
métodos de investigación que no se deban á aquél. En cuanto á los grandes
investigadores, creeríanse deshonrados trabajando con métodos ajenos. Las dos
grandes pasiones del hombre de ciencia son el orgullo y el patriotismo.
Trabajan, sin duda, por amor á la verdad, pero laboran aún más en pro de su
prestigio personal ó de la fama intelectual de su país. Soldado del espíritu,
el investigador defiende á su patria con el microscopio, la balanza, la retorta
ó el telescopio. Por donde, lejos de acoger con agrado y curiosidad la conquista
realizada en extrañas tierras, la recibe receloso, como si le trajera grave
humillación. Á menos que el invento sea de tal magnitud y transcendencia
industrial que, ignorarlo, constituyera pecado de leso patriotismo. ¡Cuántas
veces, en mi ya larga carrera, he padecido los desalentadores efectos de tales
miserias!... Más adelante, empero, tendré ocasión de elogiar á sabios que, por
honrosa excepción, sienten placer en realzar, con trabajos de confirmación y
ampliación, el mérito forastero preterido ó ignorado. ¡Pero qué raros tan
nobles caracteres!...
Á mi regreso á Valencia decidí emplear en grande
escala el método de Golgi y estudiarlo con todo el tesón de que soy capaz.
Innumerables probaturas, hechas por Bartual y por mí, en muchos centros
nerviosos y especies animales, nos convencieron de que el nuevo recurso
analítico[p. 77] tenía ante sí brillante porvenir, sobre todo si se
encontraba manera de corregirlo de su carácter un tanto caprichoso y aleatorio[27]. El logro de
una buena preparación constituía sorpresa agradable y motivo de jubilosas
esperanzas.
Hasta entonces, nuestras preparaciones del cerebro,
cerebelo, médula espinal, etc., confirmaban plenamente los descubrimientos del
célebre histólogo de Pavía; pero ningún hecho nuevo de importancia aparecía en
ellas. No me abandonó por eso la fe en el método. Estaba plenamente persuadido
de que, para avanzar seriamente en el conocimiento estructural de los centros
nerviosos, era de todo punto preciso servirse de procederes capaces de mostrar,
vigorosa y selectivamente teñidas sobre fondo claro, las más tenues raicillas
nerviosas. Sabido es que la substancia gris representa algo así como fieltro
apretadísimo de hebras ultrafinas: nada valen los cortes delgados ni las
coloraciones completas para perseguir estos filamentos. Requiérense al efecto
reacciones intensísimas que consientan[p. 78] el empleo de cortes muy
gruesos, casi macroscópicos (las[p. 79] expansiones de las células
nerviosas tienen á veces muchos milímetros y aun centímetros de longitud), y
cuya transparencia, no obstante el insólito espesor, sea posible, gracias á la
exclusiva coloración de algunas pocas células ó fibras que destaquen en medio
de extensas masas celulares incoloras. Sólo así resulta empresa factible seguir
un conductor nervioso desde su origen hasta su terminación.
Interior de la cueva de Sardaña, no lejos de
Jérica, en la sierra de Espadán.
Fotografía tomada en una de las excursiones del Gaster-Club.
De cualquier modo, estábamos ya en posesión del
instrumento requerido. Faltaba solamente determinar escrupulosamente las
condiciones de la reacción cromo-argéntica, disciplinarla para adaptarla á cada
caso particular. Y si el encéfalo y demás órganos centrales adultos del hombre
y vertebrados son demasiado complejos para permitir descubrir, mediante dicho
recurso, su plan estructural, ¿por qué no aplicar sistemáticamente el método á
los animales inferiores ó á las fases tempranas de la evolución ontogénica, en
las cuales el sistema nervioso debe ofrecer organización sencilla y, por
decirlo así, esquemática?
Tal era el programa de trabajo que nos impusimos.
Iniciado en Valencia, sólo cuando me trasladé á Barcelona fué cumplido con una
perseverancia, un entusiasmo y un éxito que superaron mis esperanzas. Pero de
esto trataremos oportunamente.
No todo fué, durante mi estancia en la capital
valenciana (años de 1886 y 1887) austera y febril labor de laboratorio.
Tuvieron también su correspondiente laboreo los barbechos artísticos y
filosóficos del cerebro. Forzoso era proporcionar á cada célula su ración y á
cada instinto honesto ocasión propicia de ejercitarse. Á guisa de
desentumecedores de neuronas en riesgo de anquilosis, desarrollé dos órdenes de
distracciones: las excursiones pintorescas, y el estudio experimental del
hipnotismo, ciencia naciente[p. 80] que por entonces atraía la curiosidad
pública y apasionaba los espíritus.
Vista parcial del teatro romano de Sagunto.
Fotografía tomada en una de las excursiones del Gaster-Club.
Poco hablaré de las excursiones, cuyo relato sólo
puede ser interesante para los escasos supervivientes de aquellas agradables é
higiénicas expansiones. Recordaré no más que varios contertulios del Casino
de la Agricultura (Arévalo Vaca, Dr. Guillén, el farmacéutico Dr.
Chiarri, doctor Narciso Loras, D. Prudencio Solís, Marsal, Soto, Rodrigo, E.
Alabern, F. Peset, Gaspar, Nogueroles, Castro, etc.), organizamos una Sociedad
gastronómico deportiva, rotulada humorísticamente el Gaster-Club.
Los fines de esta[p. 81] reunión de gente de buen humor reducíanse á girar
visitas domingueras á los parajes más atrayentes y pintorescos del reino de
Valencia; tomar fotografías de escenas[p. 82] y paisajes interesantes; dar
de vez en cuando juego supraintensivo á músculos y pulmones, caminando entre
algarrobos, palmitos, pinos y adelfas, y, en fin, saborear la tan suculenta y
acreditada paella valenciana. El Reglamento, redactado por mí, excluía como
cosa nefanda y abominable cuanto oliera á política, religión ó filosofía, con
sus inevitables derivaciones, las controversias acaloradas, perturbadoras de la
digestión y enervadoras de la buena amistad. Sólo de ciencia y arte estaba
permitido discurrir, y eso en términos llanos y fácilmente comprensibles.
Teníamos guerra declarada al énfasis y á la declamación.
Los camaradas del Gaster-Club fotografiados
en las ruinas del teatro romano de Sagunto: 1, Arévalo; 2, Paco el Cocinero; 3,
Gaspar; 4, Cajal; 5, P. Solís; 6, Rodrigo; 7, N. Loras; 10, Chiarri; 11,
Nogueroles, etc.
Por amor á la Comunidad, sometiéronse los socios á
la más exquisita división del trabajo. Arévalo Vaca tomó sobre sí la misión de
adiestrarnos en el conocimiento práctico de la geología y fauna de los terrenos
visitados; Guillén, futuro Director del Jardín Botánico, quedó encargado de lo
concerniente á la flora; tocóme el doble papel de cronista y fotógrafo de las
excursiones; el amigo Marsal, profesor de Matemáticas, recibió el delicado
encargo de administrar los fondos de la Sociedad y de fijar á prorrateo los
gastos de cada gira, cosa á veces difícil porque solíamos sumar un número primo
y él tenía la preocupación, muy natural, de obtener dividendos enteros y
exactos; un simpático empleado de ferrocarriles[28], fué
encargado de la locomoción, corriendo de su parte el alquiler de caballerías y
la obtención de billetes de ferrocarril á bajo precio, con tarifas de alivio
destinadas á murgas aldeanas ó á farándulas trashumantes; en fin, un confitero
retirado y rico, águila en el arte culinario, dirigía á conciencia la
confección de las paellas y elaboración de postres.
Y así, de paella en paella, y siempre en amena y
cordial[p. 83] compañía, visitamos todos los rincones atrayentes de la
comarca levantina. Sagunto, Castellón, Játiva, Sueca, Cullera,
el Desierto de las Palmas, Burjasot, La
Albufera, Gandía, las sierras del Monduber y Espadán,
etc., desfilaron sucesivamente por el objetivo de mi Kodak, cuajando en pruebas
que guardamos piadosamente, como recuerdos de añorada juventud, los pocos
supervivientes de aquella generación. Como homenaje cordial á los excelentes
camaradas desaparecidos para siempre, reproducimos aquí varias fotografías
entresacadas de las numerosísimas conservadas en el Álbum del famoso Gaster-Club.
En cuanto á la otra distracción aludida, tuvo sabor
más científico, y consistió en la confirmación experimental y en grande escala
de los celebérrimos estudios acerca del sonambulismo artificial y fenómenos de
sugestión, efectuados en Francia por Charcot, Liébeault, Bernheim, Beaunis,
etcétera. Estas investigaciones de psicología mórbida, emprendidas en el
extranjero por sabios famosos habituados á las observaciones exactas, tuvieron
inmensa resonancia. Merced á ellas, recibieron al fin carta de naturaleza en la
ciencia muchos de los estupendos milagros narrados por Mesmer y exhibidos
aparatosamente por los magnetizadores de teatro. Una ciencia nueva, heredera
directa de la hechicería medioeval, había aparecido. De ella transcendía algo
acremente pecaminoso é irresistiblemente tentador para la juventud novelera.
Preciso es convenir que, á despecho de tres siglos de ciencia positiva, la
afición á lo maravilloso tiene todavía honda raigambre en el espíritu humano.
Somos aún demasiado supersticiosos. Miles de años de fe ciega en lo
sobrenatural, parecen haber creado en el cerebro algo así como un ganglio
religioso. Desaparecido casi enteramente en algunas personas, y caído en
atrofia en otras, persiste pujante en las más. Por esprit fort que[p.
84] se sea, ¿quién no ha oído sonar alguna vez aquellas místicas campanas
de Is de que habla Renan, ó sentido rebrotar lozana la creencia en genios,
duendes y aparecidos?
Por esta vez, sin embargo, no se trataba de
manifestaciones sobrenaturales, sino de sorprendentes y harto descuidadas
actividades, ó si se quiere anomalías del dinamismo cerebral.
Para estudiarlas metódicamente, varios amigos,
algunos de ellos tertulianos del Casino de la Agricultura, organizamos un Comité
de investigaciones psicológicas. É inauguramos nuestras pesquisas por la
busca y captura de sujetos idóneos. Por mi casa, convertida al efecto en
domicilio social, desfilaron especies notabilísimas de histéricas,
neurasténicos, maníacos y hasta de acreditados mediums espiritistas.
En breve tiempo recogimos copiosa colección de interesantes documentos. Llenos
de asombro, hubimos á confirmar casi todos los estupendos fenómenos descritos
por los sabios, singularmente los señalados por Bernheim, de Nancy. Ocioso
fuera citar menudamente los resultados obtenidos. Carecen de novedad é interés,
y más hoy, después de la publicación de tantos Tratados magistrales relativos á
este orden de estudios.
Mencionaré, solamente, los experimentos de hipnosis
producidos en las personas sanas y al parecer limpias de toda tara neurótica
(algunos de ellos, abogados, médicos, etc.). Sobrevenido el grado de sopor y de
pasibilidad indispensables, producíanse á la orden del hipnotizador, y tanto
durante el sueño como después de despertarse, la catalepsia cérea y
la analgesia; congestiones y hemorragias por
sugestión; alucinaciones positivas y negativas de todo linaje
(visuales, acústicas, táctiles); amnesia total ó parcial; evocación
de imágenes olvidadas ó casi olvidadas; desdoblamiento de la
personalidad; eclipse ó inversión de los[p.
85] sentimientos más arraigados; y en fin, abolición total
del libre albedrío, es decir, de la facultad crítica y de la selección
motivada de las reacciones motrices. Hasta los actos más repugnantes al
carácter ó los más contrarios á la moral y á la decencia, eran fatal y
necesariamente ejecutados. Sujeto hubo que ajustó estrictamente su vida,
durante una semana, á un programa especial lleno de acciones extravagantes é
ilógicas, sugerido durante el estado somnambúlico.
Y llevando la sugestión al terreno terapéutico,
conseguí realizar prodigios que envidiaría el más hábil de los taumaturgos.
Mencionaré: la transformación radical del estado emocional de los enfermos
(paso casi instantáneo de la tristeza á la alegría); la restauración del
apetito en histeroepilépticas inapetentes y emaciadísimas; la curación, por
simple mandato, de diversas especies de parálisis crónicas de naturaleza
histérica; la cesación brusca de ataques de histerismo con pérdida del
conocimiento; el olvido radical de acontecimientos dolorosos y atormentadores;
la abolición completa de los dolores del parto en mujeres normales[29]; en fin, la
anestesia quirúrgica, etc.
La fama de ciertas curas milagrosas recaídas en
histéricas y neurasténicos, divulgóse rápidamente por la ciudad. Á mi consulta
acudían enjambres de desequilibrados y hasta de locos de atar. Ocasión propicia
hubiera sido aquella para crearme pingüe clientela, si mi carácter y mis gustos
lo hubieran consentido. Pero, satisfecha mi curiosidad, licencié á mis
enfermos, á quienes, naturalmente, no solía pasar la nota de honorarios: harto
pagado quedaba con que se prestaran dócilmente á mis experimentos.
[p. 86]Durante aquellas épicas pesquisas sobre la
psicología morbosa, sólo se me resistieron tenazmente esos fenómenos
extraordinarios, confinantes con el espiritismo, á saber: la visión á través de
cuerpos opacos, la transposición sensorial, la sugestión mental, la telepatía,
etc., estupendos milagros afirmados muy formalmente por Ochorowicz, Lombroso,
Rochas, Zöllner, Richet, P. Gibier, Flammarion, Myers, etc.
¿Fracasaron quizás por imposibles? Tal creo hoy.
Los secuaces de Allan Kardek y los partidarios de la fuerza cerebral radiante,
dirán acaso que no tuve suerte. Sin embargo, puse en mis observaciones la mejor
voluntad y no escatimé gasto ni diligencia para procurarme los sujetos dotados
de virtudes más transcendentales. Pero bastaba con que yo asistiera á una
sesión de adivinación, sugestión mental, doble vista, comunicación con los
espíritus, posesión demoniaca, etc., para que, á la luz de la más sencilla crítica,
se disiparan cual humo todas las propiedades maravillosas de los mediums ó
de las histéricas zahoríes. Lo admirable en aquellas sesiones no eran los sujetos,
sino la increíble ingenuidad de los asistentes, que tomaban, cual
manifestaciones sobrenaturales, ciertos fenómenos nerviosos (autosugestión sobre
todo) de los mediums, ó la mera coincidencia de hechos, ó los
efectos del hábito mental, ó, en fin, los fáciles y conocidos ardides del cumberlandismo,
tan exhibido después en los teatros[30].
[p. 87]
En suma, y prescindiendo aquí de los milagros
increíbles atribuídos á ciertos sujetos, declaro que, los consabidos
experimentos de sugestión causáronme un doble sentimiento de estupor y
desilusión: estupor al reconocer la realidad de fenómenos de automatismo
cerebral, estimados hasta entonces como farsas y trampantojos de magnetizadores
de circo; y decepción dolorosa al considerar que el tan decantado cerebro
humano, la «obra maestra de la creación», adolece del enorme defecto de la
sugestibilidad; defecto, en cuya virtud, hasta la más excelsa inteligencia,
puede, en ocasiones, convertirse por ministerio de hábiles sugestionadores,
conscientes ó inconscientes (oradores, políticos, guerreros, apóstoles, etc.),
en humilde y pasivo instrumento de delirios, ambiciones ó codicias.
[p. 89]
CAPÍTULO V
Mi traslación á la Cátedra de Histología de
Barcelona. — Los nuevos compañeros de Facultad. — La peña del Café de Pelayo. —
Mis investigaciones sobre el sistema nervioso conducen á resultados
interesantes. — Mi excesiva fecundidad científica durante 1888, me obliga á publicar
una Revista micrográfica. — Las leyes de la morfología y conexión de las
células nerviosas. — Resumen de algunos descubrimientos en el cerebelo, retina,
médula espinal, lóbulo óptico, etc.
romediado el año de 1887, fué reformado el
plan de enseñanza médica. La asignatura de Histología normal y
patológica que figuraba en el doctorado y explicaba el Dr. Maestre de
San Juan, quedó incorporada al período de la licenciatura. Dadas mis aficiones,
natural parecía que yo aprovechase la reforma, concursando alguna de las nuevas
cátedras creadas, cosa fácil después de todo, porque las nuevas disposiciones
legales consideraban la Anatomía como disciplina análoga, á los efectos de
traslaciones y concursos, de la asignatura recién creada.
Habiendo tocado á turno de concurso las vacantes de
Barcelona y Zaragoza, vacilé algún tiempo en mi elección. Mi primer pensamiento
fué trasladarme á la capital aragonesa. Hacia ella me arrastraban el amor de la
tierra, los recuerdos de la juventud y el afecto á la familia. Pero enfrente de
estos sentimientos prevalecieron consideracio[p. 90]nes de orden honestamente
utilitario. Para el hombre votado á una idea y resuelto á rendirle toda su
actividad, las ciudades grandes son preferibles á las pequeñas. En éstas, las
gentes se conocen demasiado, ó demasiado pronto, para vivir en santa calma. Y
el tiempo se va en halagar á los amigos y combatir á los adversarios. Importa
notar, además, que por aquellos tiempos el claustro de mi venerada Alma
mater, á causa de dos ó tres desequilibrados, ardía en rencillas y
antagonismos impropios del decoro de la toga. No faltan, por desgracia,
temperamentos malévolos en las grandes poblaciones universitarias; pero aquí
las toxinas humanas, diluídas por la distancia, pierden ó atenúan notablemente
sus efectos.
Temeroso, pues, de que mis fuerzas se disiparan en
vanas y dolorosas frotaciones, resolví al fin, contra el consejo de mi familia,
trasladarme á la ciudad condal. Y acerté en mis presunciones, porque en
Barcelona encontré no sólo el sereno ambiente indispensable á mis trabajos,
sino facilidades que no hubiera hallado en Zaragoza para organizar un bien
provisto laboratorio y publicar folletos ilustrados con profusión de
litografías y fotograbados. Precisamente, durante los primeros años pasados en
la ciudad condal, aparecieron las más importantes de mis comunicaciones
científicas.
Preocupado, como siempre, de no turbar la ecuación
entre los gastos y los ingresos, me instalé modestamente en una casa barata de
la calle de la Riera Alta, próxima al Hospital de Santa Cruz, donde, por
entonces, estaba la Facultad de Medicina. Ulteriormente, y contando ya con
otros emolumentos (los proporcionados por algunos médicos deseosos de ampliar
en mi laboratorio sus conocimientos histológicos y bacteriológicos), me mudé á
la calle del Bruch, á cierta casa nueva y relativamente lujosa. En ella[p. 91] dispuse
de una hermosa sala donde instalar el laboratorio y de un jardín anejo, muy
apropiado para conservar los animales en curso de experimentación.
Allí recibieron enseñanza micrográfica, entre otros
jóvenes de mérito, Durán y Ventosa, hijo del ex ministro Durán y Bas; Pí y
Gilbert, que hizo brillantes oposiciones á cátedras de Histología y publicó
algún trabajo en mi Revista; el malogrado Gil Saltor[31],
futuro profesor de Histología en Zaragoza y de Patología externa en Barcelona;
Bofill, que llegó á ser, andando el tiempo, un buen naturalista; Sala Pons, que
publicó años después algunas investigaciones interesantes sobre la estructura
del cerebro de las aves y la médula espinal de los batracios, etc.
Dada la proverbial cortesía catalana, huelga decir
que en mis compañeros de Facultad hallé sentimientos de consideración y
respeto. Pasa el catalán por ser un tanto brusco y excesivamente reservado con
los forasteros; pero le adornan dos cualidades preciosas: siente y practica
fervorosamente la doble virtud del trabajo y de la economía; y acaso por esto
mismo, evita rencillas y cominerías y respeta religiosamente el tiempo de los
demás.
Entre los comprofesores con quienes me ligaron
lazos de afecto sincero, recuerdo á nuestro excelente decano el Dr. Juan Rull,
profesor de Obstetricia; al simpático doctor Campá, que acababa de trasladarse
desde la Universidad de Valencia; á Batlles, catedrático de Anatomía, orador
colorista y afluentísimo; al anciano y benemérito Silóniz, un andaluz á quien
treinta años de permanencia en Barcelona no habían quitado el gracioso acento
gaditano; á Coll y Pujol, enclenque y valetudinario entonces, pero[p. 92] que
ha alcanzado los setenta sin jubilarse; á Pí, maestro de Patología general, una
de las cabezas más reflexivas y equilibradas de la Facultad; á Giné y Partagás,
orador brioso y publicista fecundo y agudo; á Valentí, profesor de Medicina
legal, expositor sutil, pero algo desconcertante y paradójico; al Dr. Morales,
prestigioso cirujano andaluz, á quien los barceloneses llamaban el moro
triste, por su aspecto de Boabdil destronado; á Robert, clínico eminente,
luchador de palabra precisa é intencionada, que, andando el tiempo, debía
sorprendernos á todos dirigiendo el nacionalismo catalán y proclamando urbi
et orbi, un poco á la ligera (no era antropólogo, ni había leído á Olóriz y
Aranzadi), la tesis de la superioridad del cráneo catalán sobre el castellano;
opinión desinteresada, pues además de gozar de un cráneo pequeño, aunque bien
amueblado, había nacido en Méjico y ostentaba un apellido francés; en fin, al
simpático Bonet, quien, gracias á su viveza y habilísima política, llegó á
rector de la Universidad, á senador y hasta á barón de Bonet, etc.,
etc.
¡Lástima que tan lucido elenco de maestros
desarrollara sus funciones en el vetusto y ruinoso Hospital de Santa Cruz, en
donde si no faltaban enfermos y facilidades, por tanto, para la enseñanza
clínica, se carecía del indispensable local para cátedras y laboratorios! Por
lo que á mí respecta, hízose lo posible para organizar la enseñanza
micrográfica. Gracias á la benevolencia del Dr. Rull, conseguí una sala,
relativamente capaz, destinada á las manipulaciones y demostraciones de
Histología y Bacteriología, amén de un buen microscopio Zeiss y de algunas
estufas de esterilización y vegetación. Contando con alumnos poco numerosos,
pero muy aplicados y formales, pude, no obstante la pequeñez del laboratorio,
dar una enseñanza práctica harto más eficaz que la actualmente dada en[p.
93] Madrid, donde la masa trepidante de trescientos alumnos turba el buen
orden del aula y esteriliza las iniciativas pedagógicas mejor encaminadas.
Novato todavía en los estudios de Anatomía
patológica, tomé á empeño adquirir conocimientos positivos en esta rama de la
Medicina, haciendo autopsias é iniciándome en los secretos de la patología
experimental. Por fortuna, los cadáveres abundaban en el Hospital de Santa
Cruz. Pasábame diariamente algunas horas en la sala de disección: recogía
tumores; exploraba infecciones; cultivaba microbios y, sobre la base de algunas
piezas interesantes, llevaba adelante mis estudios sobre el sistema nervioso
del hombre. Casi todas las figuras relativas á la inflamación, degeneraciones, tumores é infecciones,
incluídos en la primera edición de mi Manual de Anatomía patológica
general[32] son
copias de preparaciones efectuadas con aquel rico material necrópsico, al que
se añadieron algunos tumores é infecciones proporcionados por Profesores de
otros hospitales ó por los veterinarios municipales. La ejecución de estos
trabajos y la redacción del citado libro fueron la principal tarea del año 1887
y comienzos del 88.
Dejo expresado en otro lugar que el hombre de
laboratorio, ajeno á la política y al ejercicio profesional, nada frecuentador
de casinos y teatros, necesita, para no llegar al enquistamiento intelectual ó
caer en la estrafalariez, del oreo confortador de la tertulia. Es preciso que
llegue hasta él, simplificado y elaborado por el ajeno ingenio, algo de lo que
en el mundo pasa. Ocioso es notar que tales reuniones, para ser amenas y
educadoras, deben comprender temperamentos mentales diversos y especialistas dife[p.
94]rentes. Sólo los ricos, es decir, los escuetamente capitalistas, y las malas
personas serán cuidadosamente eliminados; porque si los últimos causan
disgustos, los primeros disgustan del ideal, que es harto peor. La buena peña
supone atinado reparto de papeles. Un comensal tratará de política; otro de
negocios; aquél comentará, leve y graciosamente, los sucesos locales ó
nacionales; el de más allá se entusiasmará con la literatura ó con el arte;
alguien cultivará la nota cómica; hasta la voz grave de un defensor celoso del
orden social, y del consabido consorcio entre el altar y el trono, se oirá con
gusto de vez en cuando; mas para el hombre de laboratorio, los más útiles y
sugestivos contertulios serán sus colegas de otras Facultades, los capaces de
comentar sin pedantería las últimas revelaciones de las respectivas ciencias.
Sin responder enteramente á este ideal, la tertulia
del Café de Pelayo (trasladada después á la Pajarera de
la Plaza de Cataluña), donde fuí presentado en los primeros meses de 1887, me
resultó singularmente grata y provechosa. Preponderaban, y ello era bueno, los
Catedráticos de la Facultad de Ciencias; pero figuraban también políticos,
literatos, médicos y hombres de negocios. Recuerdo, entre otros: al amigo
Lozano, Catedrático de Física; á Castro Pulido, Profesor de Cosmografía y
pulcro y fácil conversador; á Villafañé (recién llegado de Valencia), carácter
atrabiliario, defensor de una estrafalaria teoría filosófica sobre el átomo
pensante, con que nos dió tremendas tabarras; á Domenech, un buen
Catedrático de Geometría, arquitecto, catalanista ferviente y partidario, en
último término[33], de la
anexión á Francia (solía decir que[p. 95] Cataluña estaba llamada á ser la
Bélgica del Sud); á V. García de la Cruz, Profesor de Química, bonísima persona
y talento clarísimo, del cual hablaré luego; á Solsona, médico locuaz y
zaragatero que abusaba de los específicos y de los autobombos periodísticos; á
Soriano, Catedrático de latín y activo periodista; á Schwarz, Profesor de
Historia (entonces auxiliar), orador fogoso, prototipo del vir bonus
dicendi peritus, que llegó á Concejal, Alcalde y no sé si á Diputado á
Cortes; á Sedó (yerno), fabricante de tejidos, persona lista y diestra en
negocios; á Pablo Calvell, abogado con fábrica, dotado de finísimo ingenio
satírico, fértil en ocurrencias agudas y oportunísimas[34], etc. Á esta
peña agregáronse más adelante B. Bonet, entonces boticario en Gracia, hoy
Profesor en la Facultad de Farmacia de Madrid, y mi paisano Odón de Buen,
naturalista de mucho mérito, y en fin, otras muchas personas borradas de mi
memoria.
Juzgo excesivamente egoísta aquel dicho antiguo,
desaprobado por Cicerón, «que se debe amar como quien ha de aborrecer»; pero
estimo prudente para salvaguardar la[p. 96] santa libertad, no extremar el
trato amistoso hasta esa embarazosa intimidad que merma nuestro tiempo, se
entromete en caseros asuntos y coarta gustos é iniciativas. De esta discreta
reserva, hice, sin embargo, excepción en favor de Victorino García de la Cruz,
uno de los más asiduos y agradables comensales de la referida peña. De ideas
filosóficas no siempre armónicas con las mías, coincidíamos en muchos gustos y
tendencias: igual despreocupación del dinero; el mismo culto hacia el arte, y
en su defecto, hacia la fotografía; parecida aflicción patriótica al reconocer
nuestro decaimiento científico; igual entusiasmo, en fin, por la investigación
original y el renacimiento intelectual de España.
Durante varios años de íntimo trato, fué Victorino
el único confidente de mis proyectos. Comunicábale á diario el estado de mis
trabajos, los obstáculos que me detenían, así como mis caras ilusiones y
esperanzas. Al principio, me oía con extrañeza, casi con incredulidad. Patriota
sincero, la desesperanza había ganado su espíritu y paralizado sus fuerzas. Mas
al fin mis predicaciones obraron en él una especie de contagio. Y siguiendo mi
ejemplo, acabó por escoger en el dominio de la física, que cultivó siempre con
amor, algunos temas de estudio, baratos, es decir, accesibles á los
mezquinos medios con que contaba. Años después, recordando mis alentadoras
exhortaciones, solía decir que sin mi estímulo no hubieran aparecido nunca sus
interesantes descubrimientos sobre Las leyes de los líquidos turbios y
gases nebulosos, y otras conquistas científicas de positivo valor.
En el curso de estas memorias hemos de ver á menudo
acreditado el dicho de Cisneros: «Fray Ejemplo es el mejor
predicador.»
¡Pobre Victorino! Era un talento reflexivo y
penetrante,[p. 97] un trabajador infatigable y probo. Murió, joven aún,
años después, cuando, trasladado á la Corte, había conseguido, por sus
indiscutibles méritos, un sillón en la Real Academia de Ciencias y alcanzado
bien cimentada notoriedad. Y cayó víctima de una virtud, como otros caen
víctimas del vicio. Su virtud consistió en adaptarse austera y resignadamente á
la pobreza, habitando con su bastante numerosa familia en casas baratas,
sórdidas, emplazadas en barrios malsanos, atenido estrictamente á la paga de
Profesor que, por aquellos tiempos, constituía mera ración de entretenimiento.
En virtud de esta penuria, que transcendía naturalmente á sus medios de
investigación y de información bibliográfica, le ocurrió más de una vez perder
las ventajas de la prioridad, hallando la solución de difíciles problemas, poco
después de esclarecidos en Revistas alemanas, que él desconocía, por sabios de
primera fuerza. Así y todo, su obra original es copiosa é importante. En
fin, Victorino profesaba, en materia de higiene, ideas demasiado personales, y
por tanto, demasiado peligrosas. De esta debilidad, que tanto contribuyó á
precipitar la muerte del querido compañero, trataré más adelante.
Volviendo al relato de mis trabajos, consignaré
que, adelantada mi labor preparatoria en Anatomía patológica, proseguí con
inusitado ardor las investigaciones acerca del sistema nervioso. El método de
Golgi comenzaba á ser fecundo en mis manos.
Y llegó el año 1888, mi año cumbre, mi
año de fortuna. Porque durante este año, que se levanta en mi memoria con
arreboles de aurora, surgieron al fin aquellos descubrimientos interesantes,
ansiosamente esperados y codiciados. Sin ellos, habría yo vegetado tristemente
en una Universidad provinciana, sin pasar, en el orden científico, de la
categoría de jornalero detallista, más ó menos estimable.[p. 98] Por
ellos, llegué á sentir el acre halago de la celebridad; mi humilde apellido,
pronunciado á la alemana (Cayal), traspasó las fronteras; en fin, mis ideas,
divulgadas entre los sabios, discutiéronse con calor. Desde entonces, el tajo
de la ciencia contó con un obrero más.
¿Cómo fué ello? Perdonará el lector si, á un
acontecimiento tan decisivo para mi carrera, consagro aquí algunos comentarios
y amplificaciones. Declaro desde luego que la nueva verdad,
laboriosamente buscada y tan esquiva durante dos años de vanos tanteos, surgió
de repente en mi espíritu como una revelación. Las leyes que rigen la
morfología y las conexiones de las células nerviosas en la substancia gris,
patentes primeramente en mis estudios del cerebelo, confirmáronse en todos los
órganos sucesivamente explorados. Séame lícito formularlas desde luego:
1.ª Las ramificaciones colaterales y terminales de
todo cilindro-eje acaban en la substancia gris, no mediante red difusa, según
defendían Gerlach y Golgi con la mayoría de los neurólogos, sino mediante
arborizaciones libres, dispuestas en variedad de formas (cestas ó nidos pericelulares,
ramas trepadoras, etc.).
2.ª Estas ramificaciones se aplican íntimamente al
cuerpo y dendritas de las células nerviosas, estableciéndose un contacto ó
articulación entre el protoplasma receptor y los últimos ramúsculos axónicos.
De las referidas leyes anatómicas despréndense dos
corolarios fisiológicos:
3.ª Puesto que al cuerpo y dendritas de las
neuronas se aplican estrechamente las últimas raicillas de los cilindros-ejes,
es preciso admitir que el soma y las expansiones protoplásmicas participan en
la cadena de conducción, es decir, que reciben y propagan el impulso nervioso,
contrariamente á la opinión de Golgi, para quien dichos seg[p. 99]mentos
celulares desempeñarían un papel meramente nutritivo.
4.ª Excluída la continuidad substancial entre
célula y célula, se impone la opinión de que el impulso nervioso se transmite
por contacto, como en las articulaciones de los conductores eléctricos, ó por
una suerte de inducción, como en los carretes de igual nombre.
Las referidas leyes, puro resultado inductivo del
análisis estructural del cerebelo, fueron confirmadas después en todos los
órganos nerviosos explorados (retina, bulbo olfatorio, ganglios sensitivos y
simpáticos, cerebro, médula espinal, bulbo raquídeo, etc.). Ulteriores trabajos
nuestros y ajenos (de Kölliker, Retzius, van Gehuchten, His, Edinger, v.
Lenhossék, Athias, Lugaro, P. Ramón, Cl. Sala, etc.), revelaron que las
referidas normas estructurales y fisiológicas se aplicaban, también, sin
violencia, al sistema nervioso de vertebrados é invertebrados. Según ocurre con
todas las concepciones legítimas, la mía fué consolidándose y ganando
progresivamente en dignidad conforme se acrecía el círculo de la exploración
comprobatoria.
Pero en mi afán de condensar en breves
proposiciones lo esencial de los resultados obtenidos, no he contestado aún á
la interrogación formulada en párrafos anteriores.
¿Cómo fueron las referidas leyes descubiertas? ¿Por
qué mi labor, atenida durante dos años á la modesta confirmación de las
conquistas de Deiters, Ranvier, Krause, Kölliker y, sobre todo, de Golgi,
adquirió de repente vuelo y originalidad sorprendentes?
Quiero ser franco con el lector. Á mis éxitos de
entonces contribuyeron, sin duda, algunos perfeccionamientos del método
cromo-argéntico, singularmente la modificación[p. 100] designada proceder
de doble impregnación[35]; pero el
resorte principal, la causa verdaderamente eficiente, consistió —¡quién lo
dijera!— en haber aplicado á la resolución del problema de la
substancia gris los dictados del más vulgar sentido común. En vez de atacar
al toro por las astas, según la frase vulgar, yo me permití algunos rodeos
estratégicos. Pero esto exige una amplificación.
Dejo consignado en el capítulo anterior, y repetido
hace un momento, que el gran enigma de la organización del cerebro se cifra en
averiguar el modo de terminarse las ramificaciones nerviosas y de enlazarse
recíprocamente las neuronas. Reproduciendo un símil ya mencionado, tratábase de
inquirir cómo rematan las raíces y las ramas de esos árboles de la substancia
gris, de esa selva tan densa que, por refinamiento de complicación, carece de
vacíos, de suerte que los troncos, ramas y hojas se tocan por todas partes.
Dos medios ocurren para individualizar
convenientemente los elementos de este bosque inextricable. El más natural y
sencillo al parecer, pero en realidad el más difícil, consiste en explorar
intrépidamente la selva adulta, limpiando el terreno de arbustos y plantas
parásitas, y[p. 101] aislando, en fin, cada especie arbórea, tanto de sus
parásitos como de sus congéneres. Tal es el recurso, aplicado en Neurología por
la mayoría de los autores, desde la época de Stilling, Deiters y Schültze
(disociación mecánica y química) hasta la de Weigert y Golgi, en que el
aislamiento de cada forma celular ó de cada fibra se conseguía ópticamente, es
decir, por desaparición ó incoloración de la mayoría de los factores
integrantes de la substancia gris. Mas semejante táctica, á la que Golgi y
Weigert debieron notables descubrimientos, resulta poco apropiada á la
dilucidación del problema propuesto, á causa de la enorme longitud y
extraordinaria frondosidad del ramaje nervioso, que inevitablemente aparece
mutilado y casi indescifrable en cada corte.
El segundo camino ofrecido á la razón constituye lo
que, en términos biológicos, se designa método ontogénico ó
embriológico. Puesto que la selva adulta resulta impenetrable é
indefinible, ¿por qué no recurrir al estudio del bosque joven, como si
dijéramos, en estado de vivero? Tal fué la sencillísima idea inspiradora de mis
reiterados ensayos del método argéntico en los embriones de ave y de mamífero.
Escogiendo bien la fase evolutiva, ó más claro, aplicando el método antes de la
aparición en los axones de la vaina medular (obstáculo casi infranqueable á la
reacción), las células nerviosas, relativamente pequeñas, destacan íntegras
dentro de cada corte; las ramificaciones terminales del cilindro-eje dibújanse
clarísimas y perfectamente libres; los nidos pericelulares, esto es, las
articulaciones interneuronales, aparecen sencillas, adquiriendo gradualmente
intrincamiento y extensión; en suma, surge ante nuestros ojos, con admirable
claridad y precisión, el plan fundamental de la composición histológica de la
substancia gris. Para colmo de fortuna, la reacción cromo-argén[p. 102]tica,
incompleta y azarosa en el adulto, proporciona en los embriones coloraciones
espléndidas, singularmente extensas y constantes.
¿Cómo —se dirá— tratándose de cosa tan vulgar, no
dieron en ella los sabios? Ciertamente, el recurso debió ocurrir á muchos. Años
después tuve noticia de que el mismo Golgi había ya aplicado su método á los
embriones y animales jóvenes y obtenido algún resultado excelente; pero no
insistió en sus probaturas, ni presumió quizás que, por semejante camino,
pudiera adelantarse en la dilucidación del problema estructural de los centros.
Tan poca importancia debió conceder á tales ensayos que, en su obra magna antes
citada, las observaciones consignadas refiérense exclusivamente al sistema
nervioso adulto del hombre y mamíferos. De cualquier modo, mi fácil éxito
comprueba una vez más que las ideas no se muestran fecundas con quien las
sugiere ó las aplica por primera vez, sino con los tenaces que las sienten con
vehemencia y en cuya virtualidad ponen toda su fe y todo su amor. Bajo este
aspecto, bien puede afirmarse que las conquistas científicas son creaciones de
la voluntad y ofrendas de la pasión.
Consciente de haber encontrado una dirección
fecunda, procuré aprovecharme de ella, consagrándome al trabajo, no ya con
ahinco, sino con furia. Al compás de los nuevos hechos en mis preparaciones,
las ideas bullían y se atropellaban en mi espíritu. Una fiebre de publicidad me
devoraba. Á fin de exteriorizar mis pensamientos, servíme al principio de
cierta Revista médica profesional, la Gaceta Médica Catalana. Pero
en rápido crescendo la marea ideal y la impaciencia por
publicar, este cauce me resultaba estrecho. Contrariábame mucho la lentitud de
la imprenta y la tiranía de las fechas. Para sacudir de una vez tales trabas,
decidí publicar por mi cuenta una nueva Re[p. 103]vista, la Revista
trimestral de Histología normal y patológica. El primer cuaderno vió la luz
en Mayo de 1888 y el segundo apareció en el mes de Agosto del mismo año.
Naturalmente, todos los artículos, en número de seis, brotaron de mi pluma. De
mis manos salieron también las seis tablas litográficas anejas. Razones
económicas obligáronme á no tirar, por entonces, en junto, más de 60
ejemplares, destinados casi enteramente á los sabios extranjeros.
Excusado es decir que la vorágine de publicidad
absorbió enteramente mis ingresos ordinarios y extraordinarios. Ante aquella
racha asoladora de gastos, mi pobre mujer, atareada con la cría y vigilancia de
cinco diablillos (durante el primer año de mi estancia en Barcelona me nació un
hijo más), resolvió pasarse sin criada. Adivinaba, sin duda, en mi cerebro, la
gestación de algo insólito y decisivo para el porvenir de la familia, y evitó,
discreta y abnegadamente, todo conato de competencia y de envidia entre los
hijos de la carne y las criaturas del espíritu.
[p. 105]
CAPÍTULO VI
Algunos detalles tocantes á mis trabajos de 1888. —
Las cestas del cerebelo, el axon de los granos y
las fibras musgosas y trepadoras. — Valor decisivo
de estos encuentros para la resolución del problema de la conexión
intercelular. — Teoría reticular de Gerlach y de Golgi. — Los
atisbos geniales de His y Forel. — Confirmación en la retina y lóbulo óptico de
las leyes conectivas inducidas del análisis del cerebelo. —
Plan estructural de la médula espinal. — Averiguación del modo de terminar en
los centros los nervios sensitivos y sensoriales. — Otros trabajos menos
importantes.
onsignadas en el capítulo precedente, en
síntesis abreviada, las conclusiones más generales de mis estudios en los
centros nerviosos durante los años 1888 y 1889, séame lícito entrar ahora en la
exposición somera, y lo más clara posible, de los hallazgos más interesantes.
Estos hallazgos refiérense al cerebelo de las aves y
mamíferos, á la retina, á la médula espinal y
al lóbulo óptico de las aves.
Cerebelo.—Mis estudios sobre la estructura de este centro
nervioso iniciáronse en las aves jóvenes y adultas; siguieron luego los
referentes al cerebelo de los mamíferos. Dos Memorias, amén de algunas
comunicaciones preventivas, consagramos, desde 1888 á 1889, á este fecundo
tema.
Fig. 1.—Corte transversal de una lámina cerebelosa.
Figura semiesquemática.— A y B, células estrelladas de la capa molecular
(células de cesta), cuyo axon (a) genera nidos terminales en
torno de las células de Purkinje (C); b, axon de estos últimos
corpúsculos.
[p. 106]En la primera, publicada en Mayo de 1888[36], constan ya
los principales hechos sobre que se fundan las leyes anatomo-fisiológicas
enunciadas en el capítulo precedente. En efecto; con ocasión del análisis del
axon de las células estrelladas pequeñas de la capa molecular del
cerebelo, se describe por primera vez el modo real de terminación
de las fibras nerviosas en la substancia gris, problema sobre el cual sólo
poseíamos soluciones hipotéticas. De esta[p. 107] interesante observación,
comprobada después por numerosos autores (Kölliker, van Gehuchten, Retzius,
Edinger, v. Lenhossék, Athias, etc.), damos copia en la figura 1, C,
correspondiente al cerebelo de los mamíferos. Nótese cómo el cilindro-eje de
las referidas células estrelladas pequeñas marcha desde luego
en dirección transversal á la circunvolución cerebelosa, describiendo un curso
arciforme, y emitiendo numerosas ramas colaterales, caracterizadas por la
propiedad de espesarse progresivamente. En fin, tanto el remate de la expansión
funcional como sus numerosas proyecciones descendentes, se resuelven en ciertos
flecos ó borlas terminales, íntimamente aplicadas al cuerpo de las células de
Purkinje, en torno de las cuales generan á modo de nido ó cesta complicados.
Digno de mencionarse es también, por su valor
teórico, el encuentro en la capa de los granos de un tipo
especial de fibra centrípeta, bautizada con el nombre de fibra musgosa,
la cual exhibe, tanto en su cabo final como en sus ramas colaterales (fig.
2, a), ciertas eflorescencias ó rosáceas, de apéndices
cortos, tuberosos, libremente terminados. Ulteriores observaciones nuestras
pusieron de manifiesto que semejantes excrecencias entran en estrecha
articulación con las arborizaciones digitiformes de los granos,
arborizaciones descritas también por primera vez, dicho sea de pasada, en la
comunicación aludida.
En fin, en el citado trabajo se llama asimismo la
atención de los sabios acerca de la existencia en derredor de las dendritas de
los corpúsculos de Purkinje y, en general, de toda prolongación protoplásmica,
de una especie de vello de finísimos y cortos apéndices (espinas
peridendríticas), confirmadas y estudiadas después por numerosos autores.
La segunda comunicación relativa al cerebelo,
publi[p. 108]cada en Agosto de 1888[37], contiene
dos hechos capitales:
a) El descubrimiento del axon delicadísimo de los granos (células
pequeñísimas de la zona segunda de la corteza cerebelosa)[38], el cual,
según mostramos en la figura 2, d, c, asciende á la
capa molecular, donde, á diversas alturas para cada célula, se divide en ángulo
recto, produciendo dos sutilísimas ramas orientadas en opuesto sentido (figura
2, e). Estas larguísimas proyecciones, que llamé fibras
paralelas, á causa de marchar paralelamente en el sentido de la
circunvolución cerebelosa, y por tanto, en dirección normal al ramaje de las
células de Purkinje, aparecen en cantidad formidable, rellenan todos los
intersticios de la zona molecular y, tras largo é indiviso trayecto, acaban en
los extremos de cada lámina. Tan general es su existencia y uniforme su
disposición, que se las encuentra casi con los mismos caracteres en toda la
serie de los vertebrados, desde el pez hasta el hombre. Constituyen, pues, un
factor importante del centro cerebeloso.
b) El otro afortunado encuentro es el de las fibras trepadoras (fig.
3, c). Estos robustos conductores emanan de los ganglios de la
protuberancia; invaden el eje blanco central de las láminas cerebelosas;
cruzan, sin ramificarse, la capa de los granos; asaltan después el plano de las
células de Purkinje, y costean, en fin, el soma y tallo principal de estos
elementos, á los cuales se adaptan estrechamente. Arribadas al nivel de los
primeros brazos del citado tron[p. 109]co dendrítico, descompónense en plexos
paralelos serpenteantes que ascienden á lo largo de las ramas protoplásmicas, á
cuyo contorno se aplican, al modo de la hiedra ó de las lianas al tallo de los
árboles (fig. 3, a).
Fig. 2.—Corte longitudinal de una circunvolución
cerebelosa.— A, capa molecular; B, capa de las células de Purkinje; C, capa de
los granos; D, substancia blanca; a, rosáceas de las fibras
musgosas; b, soma de las células de Purkinje; c,
fibrillas paralelas; d, granos con su axon ascendente; e,
división de este axon. (Figura semiesquemática).
Tan afortunado hallazgo, uno de los más bellos con
que me agasajó el azar en aquella época fecunda, significaba[p. 110] la
prueba terminante de la transmisión de los impulsos nerviosos por
contacto. Así lo reconocieron sabios insignes al comprobar, años después,
mi descripción de las fibras musgosas y trepadoras.
Fig. 3.—Trozo de un corte transversal de una
circunvolución.— A, capa molecular; B, capa de los granos; C, células de
Purkinje; a, arborización trepadora; b, axon de
Purkinje; c, cilindro-eje llegado de la substancia blanca y
ramificado sobre las dendritas de las células de Purkinje.
Al dar cuenta de la labor del trienio de 1891 á
1894, añadiré otros encuentros de menos importancia concernientes á la corteza
cerebelosa. Para alivio del lector poco familiarizado con estas materias,
reproducimos aquí una figura donde se presenta, de modo esquemático, el estado
de nuestros conocimientos sobre el cerebelo después de[p. 111] mis
observaciones de 1888 y 1889. Este esquema (fig. 4) fué compuesto para ilustrar
unas conferencias pronunciadas más tarde (1894) ante la Academia de
Ciencias Médicas de Cataluña. Del éxito inesperado de estas lecciones, que
se tradujeron inmediatamente al francés, inglés y alemán, diré algo más
adelante.
Fig. 4.—Corte transversal semiesquemático de una
circunvolución cerebelosa de mamífero.— A, zona molecular; B, zona de los
granos; C, zona de la substancia blanca; a, célula de Purkinje
vista de plano; b, células estrelladas pequeñas de la zona
molecular; d, arborizaciones finales descendentes que rodean las
células de Purkinje; e, células estrelladas superficiales; g,
granos con sus cilindros-ejes ascendentes bifurcados en i; h,
fibras musgosas; j, célula neuróglica de penacho; n,
fibras trepadoras; m, célula neuróglica de la zona de los
granos; f, células estrelladas grandes de la zona de los granos.
Las conclusiones de mis investigaciones acerca del
cerebelo contradecían rudamente las ideas, á la sazón reinantes, sobre la fina
anatomía de la substancia gris. Claro es que mis puntos de vista eran harto
revolucionarios para ser fácilmente admitidos. Mas por esta vez abrigaba la
certidumbre de no haberme equivocado; porque, en realidad, las leyes enunciadas
venían á ser la expresión ingenua de los hechos, sin mezcla alguna de
subjetivismo. No se trataba ahora de una hipótesis más, sino de una inducción
legítima con todas las garantías lógicas apetecibles, según reconocieron más
tarde insignes histólogos y neurólogos. Estaba yo demasiado escarmentado por el
error cometido al interpretar temerariamente la estructura del tejido muscular,
para proceder de ligero ó dejarme seducir por una mera concepción teórica,
propia ó ajena.
Á fin de que el lector siga fácilmente el curso de
mis trabajos y excuse el tono polémico de algunos de mis futuros escritos,
conviene exponer aquí, en breves términos, las opiniones reinantes por entonces
entre los sabios sobre la constitución íntima de la substancia gris.
Dos hipótesis principales se disputaban el campo de
la ciencia: la del retículo, defendida por casi todos los
neurólogos; la de la libre terminación, insinuada tímidamente por
dos solitarios, His y Forel, sin eco en las escuelas.
La hipótesis de la red era el
formidable enemigo. Note el lector, que también aquí, á semejanza de lo
ocurrido en la fibra muscular estriada, nos salía al paso el prejuicio[p.
112] del retículo; sin embargo, en esta ocasión la supuesta re[p.
113]jilla difusa no era intracelular, sino intercelular.
Creada por Gerlach, sostenida después por Meynert y otros neurólogos célebres,
durante una época en que la penuria metodológica excusaba las aventuras de la
fantasía, la teoría reticular recibió, al fin, de Golgi una forma
arquitectónica nueva y atrayente, y hasta cierta apariencia de apoyo en los
hechos de observación.
Para el sabio de Pavía, la substancia gris
constituye el punto de encuentro y fusión de todas las fibras aferentes y
eferentes de los centros nerviosos, así como de los axones de los elementos
autóctonos. Á este retículo, continuo y de formidable riqueza fibrilar,
concurrirían los siguientes factores: 1.º, las ramificaciones terminales de los
cilindros-ejes sensitivos ó simplemente aferentes de otros centros nerviosos;
2.º, las ramas colaterales del axon de ciertos elementos grandes, designados
por Golgi células motrices (grandes pirámides cerebrales,
células de Purkinje del cerebelo, etc.) y que yo bauticé, para no prejuzgar su
fisiologismo, elementos de axon largo; y 3.º, las arborizaciones
terminales del cilindro-eje de otras células nerviosas, consideradas
arbitrariamente como sensitivas (Golgi) y que yo
califiqué células de axon corto.
Á diferencia de Gerlach, según el cual cooperarían
también en la construcción del retículo difuso las últimas proyecciones del
ramaje protoplásmico neuronal, Golgi redujo los componentes del mismo á las
ramificaciones nerviosas. Para que el lector, ajeno á esta clase de asuntos,
pueda comprender fácilmente las hipótesis reticulares de Gerlach y de Golgi,
reproducimos esquemáticamente la manera según la cual los referidos sabios
concebían las comunicaciones anatomo-fisiológicas entre las raíces motrices y
sensitivas de la médula espinal (fig. 5, C y fig. 9, I).
Fig. 5.—Esquema de la estructura de la substancia
gris de la médula espinal, según los autores de la época pregolgiana.— A,
raíces anteriores; B, raíz posterior; C, red intersticial de la substancia
gris; D, surco anterior de la médula; E, cordón de Goll; F, cordón de Burdach;
H, célula motriz; I, vía piramidal cruzada; G, columna de Clarke; J, ganglio
sensitivo.
Dejamos expresado que la capacidad sugestiva de
ciertas[p. 114] fórmulas, extremadamente esquemáticas, depende de su
comodidad. Admitido el supuesto de la red, nada más fácil que el
estudio objetivo de un grupo de neuronas ó del comportamiento terminal de un
manojo de conductores; redúcese todo á dar por averiguado que, las últimas
raicillas nerviosas, previas algunas dicotomías, se pierden y desvanecen en la
consabida red intersticial; en esa especie de piélago fisiológico insondable,
en el cual, por un lado, desembocarían las corrientes arribadas de los órganos
sensoriales, y de donde brotarían, por otro, á modo de ríos surgidos de alpinos
lagos, los conductores motores ó centrífugos. Comodín admirable, porque
dispensa de todo esfuerzo analítico encaminado á determinar en cada caso el
itinerario seguido al través de la substancia gris por el impulso nervioso. Con
razón se ha dicho que la hipótesis reticular, en fuerza de pretender explicarlo
todo llana y sencillamente, no explica absolutamente nada; y lo que es más
grave, embaraza y casi hace superfluas las futuras pesquisas tocantes á la
organización íntima de los centros. Sólo á fuerza de habilidades, de
inconsecuencias, de subterfugios, podía la susodicha concepción (por lo demás,
defendida casi exclusivamente por Golgi y sus discípulos inmediatos) adaptarse
á las exigencias de la fisiología, cuya doctrina de los reflejos, actos
instintivos, localizaciones funcionales del cerebro, etc.,
demandan imperiosamente el señalamiento de vías ó cauces de conducción,
perfectamente circunscritos, al través del eje cerebro-raquídeo.
Enfrente de la teoría de las redes militaban
solamente, según dejamos dicho, dos observadores de gran mérito, His y Forel,
quienes, con reservas y prudencias excusables por la carencia de hechos
precisos de observación, anunciaron (1887) la posibilidad de que las
expansiones de las células nerviosas se terminaran libremente en la subs[p.
115]tancia gris. Consecuencia natural de tal modo de ver era la transmisión por
contacto de los impulsos nerviosos. Así, Forel, vista la imposibilidad de
sorprender anastomosis evidentes en el seno de la substancia gris, daba por
probable que las expansiones neuronales se tocaban entre sí, á semejanza de las
frondas ó copas en el bosque. En cuanto al ilustre profesor de Leipzig,
procediendo por generalización (1886), conjeturaba que, pues las arborizaciones
nerviosas (entonces bien conocidas) de la placa motriz acaban[p.
116] libremente, según es notorio, entrando en contacto con la materia
estriada, estimaba lógico admitir igual disposición terminal para los conductores
distribuídos y ramificados en los centros cerebro-raquídeos.
Mas al discurrir de esta suerte, His y Forel no
abandonaban la esfera de las hipótesis. Imposible resultaba, sin descender al
terreno del análisis estructural, refutar á Golgi, quien, á las tímidas
alegaciones teóricas de aquellos sabios, contraponía aparatoso alegato de
observaciones concienzudas. Para resolver definitivamente la cuestión,
precisaba presentar neta, exacta é indiscutiblemente las últimas
ramificaciones de los cilindros-ejes centrales, no vistas por nadie, y
determinar además entre qué factores celulares se efectúa el imaginado
contacto. Porque admitir vagamente el hecho de la transmisión mediata ó
articulación interneuronal, sin señalar con precisión entre qué apéndices
celulares se produce, resulta casi tan cómodamente peligroso como la socorrida
teoría reticular. Supongamos, por ejemplo: según parece deducirse de las
manifestaciones de Forel, que el susodicho contacto afecta carácter difuso,
verificándose entre dendritas pertenecientes á vecinas neuronas, ó entre
ramificaciones axónicas de diverso origen, ó, en fin, entre apéndices
protoplásmicos y raicillas nerviosas terminales. La consecuencia fatal,
indeclinable de tal supuesto será la indeterminación de los cauces de la
vibración nerviosa, y, en el fondo, la reedición, bajo nueva forma, de la
teoría reticular, de esa especie de panteísmo protoplásmico, tan
grato á los comodones de la observación como contrario á los postulados de la
neurogenia, de la fisiología y de la anatomía patológica. Afirmar que todo
se comunica con todo, vale tanto como declarar la absoluta
incognoscibilidad del órgano del alma.
[p. 117]Nuestra obra consistió, precisamente, en
prestar base objetiva á los geniales pero vagos atisbos de His y Forel. Con el
encuentro afortunado de las cestas terminales y de las fibras
trepadoras, demostramos que el contacto no se verifica entre
dendritas solas, ni entre arborizaciones nerviosas, sino entre éstas, de una
parte, y el soma y prolongaciones protoplásmicas neuronales, de otra; que, en
fin, una célula contrae, á menudo, conexiones con arborizaciones nerviosas de
diversa procedencia, y que, recíprocamente, cada axon admite contacto, mediante
colaterales y ramas terminales, con diferentes tipos de neuronas; no obstante
lo cual, quedan reservadas en la substancia gris vías bien deslindadas de
conducción, de acuerdo con las exigencias de la fisiología y la patología
nerviosas.
Dejamos dicho que las concepciones legítimas se
reconocen en que, en vez de perder, ganan y se robustecen ante las nuevas
observaciones. Tal le ocurrió á la ley de la transmisión por contacto, sometida
al contraste del análisis estructural de la retina y centros ópticos.
Retina.—Fué en la retina de las aves donde iniciamos esta
labor de contraste. Ocioso é inoportuno fuera, después de las consideraciones
precedentes, entrar aquí en detalles descriptivos. Bástenos señalar
sucintamente los nuevos hechos contenidos en la aludida comunicación[39].
a) Demostración de que los conos y bastones se
terminan libremente al nivel de la capa plexiforme externa,
articulándose con el penacho exterior de las células bipolares (fig. 6).
b) Descubrimiento, debajo de la capa plexiforme externa, de
unos elementos especiales en forma de brocha y provistos de dendritas
ascendentes repartidas en dicha zona (fig. 6, h).
[p. 118]c) Hallazgo de las fibras
centrífugas de la retina, es decir, de una categoría especial de
fibras del nervio óptico, que, después de cruzar la zona plexiforme
interna, acaban por una arborización varicosa y libre entre los
espongioblastos. Este hecho interesante, que ha servido de base, entre otras
concepciones fecundas, á la teoría de los nervo-nervorum de
Duval, fué confirmado por Dogiel, quien lo había negado en un principio (fig.
8, b, c, d, e).
d) Descubrimiento, simultáneamente con Dogiel (Anatomischen Anzeiger,
Mayo de 1888), de la maza de Landolt, en las células bipolares de las aves y de
las colaterales de las expansiones descendentes de éstas (fig. 7, A).
e) Descripción de muchos tipos morfológicos nuevos de espongioblastos (células
nerviosas exentas de axon).
Fig. 6.—Capas de los granos externos y plexiforme
externa de la retina de las aves.— a, b, d,
variedades de conos; c, bastones; h, células
horizontales.
f) Demostración de varios pisos de arborización nerviosa en la zona
plexiforme interna, revelando que, á estos niveles, las dendritas de las
células ganglionares se relacionan, por contacto, con la ramificación
descendente y ramas colaterales de las bipolares, y no mediante red
difusa, según había descrito Tartuferi en la retina de los mamíferos (fig.
7, A, B).
g) Exposición de muchos detalles morfológicos de las fibras de Müller de
las aves.
En las figuras 6, 7 y 8 mostramos esquemáticamente
lo más esencial de mis hallazgos en la retina. Nótese, sobre todo, cómo las
tres series de neuronas (conos y bastones, bipolares y
gangliónicas) se articulan, según dos planos concéntricos.
[p. 119]Husos musculares.—De cierto alcance
para la fisiología muscular resulta también un pequeño trabajo aparecido en el
mismo número de la Revista de Histología, y titulado Terminaciones
nerviosas en los husos musculares de la rana[40].
Fig. 7.—Esquema donde se muestran las conexiones
entre las diversas neuronas de la retina de las aves y la marcha del impulso
nervioso— A, células bipolares.
En esta comunicación, basada en las revelaciones
del método de Ehrlich al azul de metileno, se hace notar:
a) La existencia en los husos de Kühne de los batracios
y reptiles (fibras musculares pequeñas portadoras de un órgano nervioso
terminal específico y, al parecer, sensitivo, pero de significación dudosa por
entonces) de dos clases de arborizaciones nerviosas:[p. 120] una, la ya
conocida por los autores, continuada con fibras gruesas; otra ú otras, no
descritas, más finas, situadas en las regiones alejadas de la tumefacción
fusiforme.
b) En vista de que una de las terminaciones es enteramente idéntica á la
de las placas motrices ordinarias, y que la otra posee caracteres en un todo
semejantes á los observados en los órganos músculo-tendinosos de Golgi,
califícase la arborización pequeña de motriz, y la extensa ó
específica de sensitiva. La excitación de este último aparato
terminal, durante la contracción de los músculos, suscitaría, al llegar al
cerebro, la percepción del estado de contracción de los músculos (sentido
muscular de que hablan los fisiólogos).
Fig. 8.—Algunos tipos de células gangliónicas (B,
C) de la retina de las aves; e, b, d, f,
arborización final de las fibras centrífugas.
Parecidos hechos fueron posteriormente comunicados
por Ruffini, Huber y de Witt, Dogiel, Sherrington, etc., quienes adoptaron
también, aunque sin conocerla, nuestra interpretación fisiológica. Opinión
semejante defendió asimismo, en igual fecha que nosotros, Kerschner (Anat.
Anzeiger, 1.º de Mayo de 1888), aunque sin precisar detalles ni dar figuras
de la doble terminación.
En fin, para poner remate á esta pesada reseña
acerca de la labor de 1888, citemos aún dos artículos, de menos enjundia que
los precedentes.
El primero, concerniente á la textura de la
fibra mus[p. 121]cular del corazón[41], contenía,
entre otros hechos, los siguientes:
a) Demostración, en torno de las fibras cardíacas, de un verdadero
sarcolema, más fino que el de las células estriadas comunes. (Confirmado muchos
años después por Hoche, Ebner, Heidenhain, Marceau, etc.).
b) Indicación de que las llamadas placas ó escaleras de
cemento intercalar de las células cardíacas corresponden á las líneas
de Krause, y ofrecen una situación infrasarcolemática.
El segundo artículo versaba sobre las células
y tubos nerviosos del lóbulo cerebral eléctrico del torpedo[42], donde el
tamaño colosal de los elementos presta singulares facilidades al análisis. Á
favor de la disociación y del método de Boveri (mezcla de ácido ósmico y
nitrato de plata), se pusieron de manifiesto los siguientes hechos:
a) Existencia de positivas estrangulaciones en los tubos conductores de
un centro nervioso, las cuales habían sido negadas por Ranvier y sólo
mencionadas en la substancia blanca de la médula espinal por Tourneaux y Le
Goff.
b) Presencia de un anillo de cemento en el punto del axon en que se
inicia la mielina, y de dos anillos al nivel de las estrangulaciones del tubo
medular.
c) Ausencia de anastomosis de las ramificaciones protoplásmicas de las
células, disposición que confirmaba los resultados del método de Golgi.
d) Aparición, en torno del cuerpo de las neuronas, de una fina cubierta.
Esta particularidad sólo muchos años después fué ratificada por los autores.
Hasta aquí, lo publicado en 1888.
[p. 122]Médula espinal.—Durante el año 1889,
mi actividad continuó vigorosa y despierta, aplicándose á diversos temas
neurológicos; sin embargo, concentróse especialmente en el estudio de la médula
espinal de aves y mamíferos.
Al abordar este asunto, cuya obscuridad conocía
bien por haberla padecido muchas veces al explicar, como profesor de Anatomía,
la organización del eje raquídeo, movióme, en primer término, el propósito de
dilucidar en lo posible el arduo problema de la terminación de las raíces
posteriores ó sensitivas. Y aunque, después de mis exploraciones acerca del
cerebelo, resultaba presumible que semejantes arborizaciones siguieran también
la ley del contacto pericelular, era indispensable confirmar de
visu esta concordancia, averiguar con precisión el itinerario real de
las fibras sensitivas al través de la substancia gris, y señalar, en fin, las
neuronas con ellas relacionadas.
Antes de puntualizar mis observaciones, no estará
de más recordar brevemente al lector el estado de nuestros conocimientos acerca
de la organización á la médula espinal allá por los años de 1880 á 1889.
Ciertamente, los experimentos de la fisiología y
los datos recolectados por la anatomía patológica humana y comparada, asistida
del método de las degeneraciones secundarias (Waller, Türk,
Charcot, Bouchard, Lowenthal, Münzer) ó del de las atrofias de
Gudden y Forel, habían logrado fijar el carácter motor ó sensitivo de muchos
nervios, localizar grosso modo el núcleo de origen de los
centrífugos y de terminación de los centrípetos, y diferenciar, en fin, en el
espesor de los cordones, vías ó categorías separadas de fibras de idéntica
conducción (vía piramidal ó de los movimientos voluntarios, vía
cerebelosa ascendente, cordón de Goll formado por fibras
sensitivas centrales, etc.). Por su parte, el análisis macro-microscópico había
alcanzado[p. 123] algunos éxitos positivos, deslindando en la substancia
gris, aparte esas grandes provincias llamadas astas anterior y
posterior, ciertos territorios de peculiar estructura, tales como:
las pléyades celulares motrices del asta ventral, la substancia
gris central, la columna vesiculosa de Clarke, la substancia
de Rolando, las comisuras blanca ó anterior y gris
ó posterior, etc. Se sabía igualmente, ó más bien se adivinaba —porque
demostración fehaciente del hecho no existía— que los tubos de la substancia
blanca están en continuación con axones de neuronas emplazadas en la substancia
gris, los cuales, después de un curso longitudinal más ó menos largo,
retornaban al territorio de las astas, donde primeramente se congregan en haces
de varia dirección, para dispersarse al fin en plexo difuso y enmarañado.
Pero acerca de los puntos principales de la
histología del eje medular raquídeo, esto es, sobre el problema del
origen y terminación de las fibras arribadas de los cordones, el origen de las
comisuras y, en suma, la disposición final de las fibras exógenas ó sensitivas,
los neurólogos sólo exponían conjeturas frecuentemente obscuras, á veces
contradictorias y en todo caso incomprobables. En realidad, la histología de
dicho centro nervioso ofrecía sólo un dato importante, sólidamente cimentado:
el origen real de las raíces anteriores. En efecto; desde la época,
entonces remota, de Deiters, Clarke, Kölliker, quedó patentizado que las
gigantes neuronas multipolares del asta anterior proyectaban hacia adelante
robusto cilindro del eje, que, cruzando el cordón antero-lateral, emerge de la
médula, constituyendo las raíces anteriores, para distribuirse en definitiva en
los músculos voluntarios.
De tal pobreza de noticias anatómicas exactas eran
responsables —ocioso es declararlo— los métodos de investigación, harto
insuficientes para abordar con éxito el arduo[p. 124] problema. Por
ejemplo, el método de las degeneraciones secundarias ya
citado, ó el de las atrofias de Gudden y Forel, si permitían
señalar la situación y curso de ciertas vías nerviosas de la substancia blanca,
mostrábanse incapaces de puntualizar su origen y terminación en la gris; y en
cuanto á los procederes histológicos de Weigert ó del
ácido ósmico, susceptibles, según es notorio, de presentar intensa y
selectivamente teñidos los tubos medulados, estrellábanse contra la fatalidad
de que, justamente los segmentos más interesantes de las fibras nerviosas, es
decir, el segmento de origen celular y la ramificación terminal de las mismas,
carecen de forro de mielina (que es lo que fija el color) y resultan, por ende,
inaccesibles.
La empresa sólo podía ser acometida, con alguna
esperanza de éxito, mediante el método de Golgi, que tiñe precisamente
los segmentos amedulados del protoplasma nervioso. Sólo del
excepcional poder revelador de la reacción cromo-argéntica cabía esperar un
poco de orden en aquel caos de opiniones contradictorias. Mas, según dejo
apuntado, tan valioso recurso, ó no se aplicaba por ningún histólogo, ó se
aplicaba en la médula adulta, donde la reacción negra es eventualísima y en
donde, además, la enormidad de las distancias recorridas por los apéndices
celulares y la complicación estructural hacen estéril todo esfuerzo analítico.
En la figura 5, tomada de los textos neurológicos
más autorizados de la época, reproducimos un esquema de la estructura medular.
En el seno de la substancia gris se observa una red difusa (C, g),
donde vendrán á fundirse, según Gerlach, las extremidades de las dendritas y
las arborizaciones nerviosas de las raíces posteriores ó sensitivas. Para Golgi
—lo hemos dicho ya— (véase la fig. 9, I), la red constaría exclusivamente de
proyecciones nerviosas.
Fig. 9.—Esquemas destinados á comparar la
concepción de Golgi acerca de las comunicaciones sensitivo-motrices de la
médula espinal (I) con el resultado de mis investigaciones (II).— A, raíces
anteriores; B, raíces posteriores; a, colateral de las radiculares
motrices; b, células de axon corto que intervendrían, según Golgi,
en la formación de la red; c, red difusa intersticial; d,
nuestras colaterales largas en contacto con las células motrices; e,
colaterales cortas.
[p. 125]Repárese que los axones de las neuronas
medulares más gruesas se suponen, por conjetura, en continuación con las fibras
de la substancia blanca (fig. 5, g); pero como tales conductores
son escasísimos, con relación al formidable número de fibras gruesas y finas
que el método de Weigert descubre en el espesor de la substancia gris, quedan
sin vinculación conocida la mayoría de los tubos nerviosos procedentes de la
substancia blanca.
Al nivel de la raíz anterior se reconoce la entrada
en[p. 126] ella del axon de las células gigantes del asta anterior; pero
se comete el error de admitir la existencia de cilindros-ejes motores cruzados
(fig. 5, a).
En la región de la columna de Clarke, la citada
figura 5 ofrece, en consonancia con un parecer muy generalizado (Freud,
Edinger, Schiefferdecker, Lenhossék, etc.), ciertos corpúsculos esféricos ó
fusiformes, exentos de dendritas y provistos de dos prolongaciones nerviosas,
una en continuación con las raíces posteriores, y otra, dirigida hacia el
cordón lateral, donde constituiría la vía cerebelosa ascendente (fig.
5, G y C).
La substancia gelatinosa de Rolando sólo
contendría neuroglia con más ó menos cantidad de fibras nerviosas.
En fin, las fibras de la raíz posterior arribadas
de los ganglios sensitivos, se comportarían de muy diversas maneras: un haz de
fibras emana, según dejamos dicho, de las células de la columna de Clarke;
otro, el más importante, se ramificaría, perdiéndose en el espesor del asta
posterior é ingresando en la red continua de Gerlach ó de Golgi (fig. 5, B);
otro fascículo, sin ramificarse en la substancia gris, trazaría un codo para
tornarse ascendente en el cordón de Burdach (d); algunas fibras, en fin,
ganarían las comisuras y el espesor del asta anterior.
Esta, repetimos, era una de tantas
interpretaciones, acaso la más sencilla. Porque la fórmula estructural variaba
bajo la pluma de cada escritor. De mí sé decir que allá, por el decenio de 1877
á 1887, prodújome muchos quebraderos de cabeza el esfuerzo por sacar algo en
limpio de las descripciones de los sabios, en punto á la composición é
itinerario de las raíces sensitivas. Conservo todavía un cuaderno de apuntes,
datado del año 1877, en donde tengo registrados y dibujados en variedad de
colores (para alivio del trance de mis oposiciones á cátedras) tres esque[p.
127]mas perfectamente inconciliables, tomados de los textos neurológicos en
boga. Desconcertado y perdido en aquel mare magnum de fibras y
de células, desesperé á menudo de mis modestas entendederas... ¡Caprichos de la
suerte! ¡Quién me dijera entonces que, andando el tiempo, había yo de
contribuir á desenmarañar un poco la madeja medular!
Ello se debió simplemente —déjolo ya consignado— á
la feliz ocurrencia de aplicar el método de Golgi al estudio de la médula
espinal de los embriones de ave y de mamífero. Holgaría, después de lo
expuesto, entrar en pormenores de mis trabajos, que el lector curioso hallará
en el texto de mis libros y monografías sobre el asunto. Aquí me limitaré á
enumerar las más importantes conclusiones de mis comunicaciones de 1889 y 1890[43]:
1.ª Se describe detalladamente un factor
característico importante de la substancia gris, escapado á la sagacidad de los
cultivadores de los métodos de coloración de la mielina: las colaterales
de la substancia blanca. Ciertamente, tales fibras habían sido percibidas
en buena parte de su trayecto por los neurólogos que hicieron uso de los
métodos comunes ó del de Weigert (Schiefferdecker, Flechsig, Kölliker,
Lenhossék, etc.), pero desconocieron su origen y terminación, considerándolas
hipotéticamente axones directos cordonales ó sensitivos. Las aludidas ramas
nacen en ángulo recto de las fibras longitudinales de todos los cordones,
penetran horizontalmente en el territorio de las astas, donde se terminan á
favor de ra[p. 128]mificaciones libres, espesadas, varicosas, aplicadas
íntimamente al contorno del cuerpo y dendritas de las neuronas. Cada célula
yace en un nido ó maleza de ramúsculos pertenecientes á diversos conductores de
la substancia blanca (fig. 10, e, f y fig. 11, H).
2.ª Se esclarece la composición de las comisuras,
demostrando que la dorsal resulta del cruce de colaterales del
cordón posterior y lateral, y que en la anterior entran tres sistemas de
conductores: colaterales del cordón antero-lateral, axones de células del tipo
comisural y, en algunos casos, expansiones protoplásmicas de neuronas motoras (comisura
protoplásmica) (fig. 10, f, i, a).
Fig. 10.—Esquema de la disposición de las células
nerviosas de la médula espinal y fibras colaterales de la substancia
blanca: a, colateral cruzada de la comisura posterior; b,
colateral del asta posterior; c, colateral larga del cordón
posterior; j, fibra radicular motriz; r, radicular
sensitiva; u, columna de Clarke; f, colaterales de la
comisura anterior; m, célula comisural; n, célula
cordonal; k, célula motriz. (Esta figura es copia de una de las
tablas murales que sirvió para mis conferencias de 1894).
[p. 129]3.ª Atendiendo al paradero del axon, se
establece una clasificación racional de las neuronas de la substancia gris, á
saber: células motrices ó radiculares, células funiculares
ó cordonales y células comisurales, según que su
respectiva expansión funcional salga de la médula, ingrese en los cordones de
su lado ó cruce la línea media para incorporarse á los cordones del opuesto
(fig. 10, j, m, n).
Fig. 11.—Aspecto general de las colaterales en un
corte transversal de la médula espinal.— A, surco anterior; B, plexo de
colaterales del asta anterior; C, comisura anterior de colaterales; G,
colaterales para el asta posterior; H, colaterales largas ó sensitivo-motrices;
J, plexo de colaterales de la columna de Clarke; E, colaterales cruzadas de la
comisura posterior.
4.ª Además de la continuación, por simple
acodamiento, de los axones funiculares y comisurales con tubos longitudinales
de la substancia blanca, se expone la existencia de bifurcaciones en
5.ª Se comunica, además, la presencia de
cilindros-ejes pluri[p. 130]cordonales, quiero decir
progenitores de varios tubos ascendentes y descendentes, incorporados á
cordones diferentes.
6.ª Se prueba que la substancia de Rolando consta,
además de fibras nerviosas y de células de neuroglia, de numerosísimas y
diminutas neuronas, cuyo axon sutilísimo dirígese al cordón posterior y
singularmente á la región limítrofe del lateral, para generar vías cortas
ascendentes y descendentes (fig. 13).
Fig. 12.—Corte longitudinal de los cordones
posterior y lateral de la médula espinal, á fin de mostrar el comportamiento de
las raíces posteriores y el origen de las colaterales.— A, radiculares
sensitivas.
7.ª Se señala, tanto en las aves como en los
mamíferos, la verdadera disposición terminal de las tan discutidas raíces
sensitivas. Según mostramos en el esquema de las figuras 9 y 12, A, cada fibra
llegada del ganglio raquídeo correspondiente se bifurca en rama ascendente y
descendente. La primera constituye de ordinario la vía central, prolongándose
hasta el bulbo; la segunda acaba á distancias variables, arqueándose y
ramificándose en la substancia gris. Del curso del tallo, pero sobre todo del
itinerario longitudinal de ambas ramas[p. 131] ascendente y descendente,
brotan en ángulo recto infinidad de ramas colaterales penetrantes
en la substancia de Rolando y centro del asta dorsal (fig. 9, d, e y
fig. 12, a, b).
Prescindiendo aquí de subdivisiones de haces y
pormenores de conexión, importa notar que las referidas ramas forman dos
grandes corrientes: una de fibras cortas, arborizadas en torno del
soma de las neuronas cordonales y comisurales (asta
posterior, anterior, substancia de Rolando, columna
de Clarke, etc.); otra de fibras largas que, disponiéndose
en haz postero-anterior, cruza casi toda la substancia gris para terminar, al
fin, en los nidos envolventes de las células motrices.
Fig. 13.—Diminutas células nerviosas de la
substancia de Rolando (A, B, F, etc.).— J, región del cordón lateral adonde van
los finísimos axones.
Según puede apreciarse en la figura 11, H, estas
colaterales sensitivas largas tienen por misión propagar el impulso centrípeto,
llegado de la piel y otros órganos sensibles, á las neuronas motoras;
representan, pues, una vía refleja sensitivo-motriz (reflejo-motriz de
Kölliker).
8.ª Por lo que toca á la neuroglia, se sanciona
definitivamente una opinión hipotética, sugerida por Vignal, His y otros, á
saber: que las células en araña (corpúsculos neuróglicos
adultos) no son otra cosa que elementos epiteliales emigrados de su yacimiento
originario, el muro ependimal, y los cuales, por atrofia de sus
apéndi[p. 132]ces polares, se han hecho estrellados. Véase la figura 14, e, g,
donde mostramos las transiciones entre ambas gradaciones evolutivas.
Fig. 14.—Evolución de las células neuróglicas de la
médula espinal del embrión de pollo.— A, epéndimo; a y b,
células epiteliales de los surcos anterior y posterior; g, célula
neuróglica producida por emigración y transformación de una célula epitelial.
9.ª En fin, acerca de los ganglios
raquídeos ó sensitivos, origen de las raíces posteriores, se comprueba
en las aves y mamíferos una suposición muy discutida de His, el célebre
embriólogo de Leipzig, según la cual, las células monopolares sensitivas
afectan, durante las fases más tempranas de su evolución, la figura bipolar con
una expansión gruesa dirigida hacia la periferia (superficies sensibles del
organismo) y otra continuada con las raíces posteriores. Conforme mostramos en
la figura 15, h, i, j, el paso de la forma
en huso á la piriforme ó monopolar resulta de la sucesiva aproximación de los
polos anterior y posterior del soma neuronal, hasta modelarse un tallo común.
[p. 133]Acerca de la interpretación de este hecho
interesante, en cuya virtud repítense en la ontogenia de aves y mamíferos fases
adultas de los corpúsculos sensitivos de invertebrados y vertebrados
inferiores, trataremos más adelante.
Fig. 15.—Corte donde aparecen un trozo de médula
(A), un ganglio raquídeo (D) y otro simpático del embrión de pollo.— B, raíz
anterior de la médula espinal; h, i, j,
gradaciones entre la forma bipolar y monopolar; C, raíz posterior; E, nervio
raquídeo.
Prescindiendo de su virtualidad constructiva, las
precedentes observaciones relativas á la médula espinal revis[p. 134]ten cierto
alcance crítico. Valen por lo que afirman, pero valen también por lo que
niegan. Cuando, disipada la prevención hacia el método de Golgi, gracias á las
predicaciones de Kölliker y nuestras, varios investigadores, entre ellos el
mismo Kölliker, van Gehuchten, Edinger, Lenhossék, Azoulay, Lugaro, etc.,
exploraron dicho órgano nervioso en los embriones y animales jóvenes, se convino
unánimemente en rechazar definitivamente determinados supuestos basados en
observaciones incompletas. Tales son: las radiculares motrices cruzadas (fig.
5, a), las fibras sensitivas continuadas con neuronas de la
columna de Clarke (fig. 5, G), las radiculares posteriores
exentas de divisiones y continuadas con fibras del cordón de Burdach (figura
5, d), etc.
Fig. 16.—Diversos pisos de arborizaciones ópticas
en la corteza gris del lóbulo óptico de un pájaro.— A, fibras
llegadas de la retina; a, b, c, sus
arborizaciones libres.
[p. 135]Lóbulo óptico de las aves.—Acabamos
de ver cómo se verifica en la médula espinal la terminación de las fibras
nerviosas sensitivas. ¿Compórtanse de igual manera las fibras centrípetas
sensoriales, es decir, las llegadas de la retina, bulbo olfatorio, nervio
acústico, etc.? La cuestión entrañaba interés teórico de primer orden. Se
imponía, pues, la exploración de los centros ópticos, á fin de ver
si también en ellos se cumple la ley del contacto mediante arborizaciones
libres pericelulares.
Fig. 17.—Esquema donde aparece el enlace entre las
arborizaciones de las fibras ópticas y cierto elemento de axon arciforme. (Lóbulo
óptico del pájaro de pocos días). Las flechas señalan la marcha del
impulso nervioso.
De todos los centros sensoriales el más cómodo para
esta investigación, y singularmente propicio á las revelaciones de la reacción
cromo-argéntica, es el lóbulo óptico de los embriones de ave y
de aves de pocos días (embrión de pollo desde el dieciséis día en adelante,
pájaros recién nacidos, etc.). La posición dentro de este órgano de las fibras
ópticas ó conductores arribados de la retina, era bastante bien
conocida, gracias á los estudios de Stieda, Bellonci y otros autores. Tales
fibras constituyen una zona[p. 136] superficial, por debajo de la cual
generan un plexo concéntrico, en cuyas mallas aparecen las neuronas receptoras.
Aparte la demostración del modo de terminación de
las fibras ópticas, la citada monografía contiene numerosos datos morfológicos
y estructurales de positivo valor. No hemos de referirlos aquí todos. El lector
curioso de tales asuntos deberá consultar nuestra Memoria de 1889[44] ó la
traducción publicada dos años después en el International Monatsschrift[45] del
Dr. Krause. Citemos tan sólo los hechos que revisten algún alcance fisiológico.
a) Demostración de que las fibras del nervio óptico se terminan en las
zonas más periféricas del lóbulo, á favor de arborizaciones complicadas,
varicosas y libres, las cuales se enlazan por contacto con los penachos
protoplásmicos de numerosos corpúsculos gangliónicos situados en las zonas
profundas del órgano.
b) Descubrimiento de un gran número de tipos morfológicos de neuronas,
entre ellos uno caracterizado por ofrecer un axon singular, de forma recurrente
y nacido del trayecto de la dendrita radial, á gran distancia del soma. Tales
elementos, llamados corpúsculos de axon en cayado, son muy
interesantes para la teoría, pues prueban perentoriamente la conducción axípeta de
las dendritas, etc. (figura 17, A).
Sobre la anatomía del lóbulo óptico de
las aves aportaron después valiosas contribuciones Kölliker, van Gehuchten y,
sobre todo, mi hermano, que consagró al argumento, según haremos notar en su
día, varias importantes comunicaciones. En resumen, tales trabajos confirmaron
la[p. 137] conclusión fundamental desprendida de mis observaciones, á
saber: que también en los centros sensoriales los impulsos aferentes se
propagan por contacto desde las fibras centrípetas ó retinianas á los penachos
protoplásmicos y cuerpo celular de las neuronas centrales.
La intensa labor de mi laboratorio en 1889 permitió
cosechar además tal cual interesante adquisición en otros órganos sensoriales y
hasta en tejidos no nerviosos.
Fig. 18.—Morfología de las células nerviosas
bipolares de la mucosa olfativa del ratón de pocos días.— a,
axon; d, nerviecitos que cruzan el dermis de la mucosa y van al
bulbo olfatorio.
Entre estas escapadas fuera de mis predilectas
aficiones, merece consignarse la rotulada Nuevas aplicaciones del
método de coloración de Golgi[46].
Prescindiendo de cosas menudas, resaltan en este trabajillo los siguientes
hechos:
a) Demostración de la continuación individual de la expansión profunda de
las bipolares olfatorias (corpúsculos situados en la[p.
138] mucosa de este nombre), con una sola fibrilla axónica de los nervios
de la olfación (fig. 18), refutándose, por ende, las pretendidas ramificaciones
mencionadas en estas fibras por Ranvier y Castronuovo (confirmado después por
v. Gehuchten, Retzius, Brun, etc.).
b) Se prueba la existencia, dentro del protoplasma de las células
glandulares salivales, de ramificaciones delicadas continuadas con los
conductos secretorios (confirmado y ampliado notablemente por Retzius, Müller y
otros).
c) Se describen independientemente de Kupffer y mediante el cromato de
plata, los capilares biliares del hígado de diversos
vertebrados.
d) Se prueba que las fibras nerviosas simpáticas acaban libremente sobre
las células glandulares.
Otra de las modestas comunicaciones aludidas vió la
luz en una Revista profesional, La Medicina Práctica[47]. Contiene un
ensayo de interpretación teórica de la totalidad de los hechos morfológicos
recolectados en monografías anteriores. Entre otros conceptos, juzgamos dignos
de ser recordados los siguientes:
a) Se repudia la nomenclatura fisiológica de las neuronas expuesta por
Golgi. Sabido es que este sabio, apoyándose en observaciones insuficientes,
agrupó las células nerviosas en dos grandes clases: células motrices ó
del tipo I, caracterizadas por exhibir talla considerable y ofrecer un axon
que conserva su individualidad y que se continúa con las fibras de la
substancia blanca ó con las raíces motrices; y células sensitivas ó del
tipo II, caracterizadas por afectar de ordinario menor volumen y mostrar un
axon que, á poco de su origen, pierde su individualidad, descomponiéndose en
plena substancia gris en una arborización continuada con la supuesta red
difusa intersticial.
Habiendo encontrado nosotros ambos tipos celulares
de Golgi en la retina y en la mayoría de los centros nerviosos, lo mismo
sensitivos que motores, para no prejuzgar cuestiones no resueltas, sus[p.
139]tituímos la citada nomenclatura por esta otra: células de axon
largo, esto es, participante en la formación de los nervios y de la
substancia blanca; y células de axon corto, arborizado libremente
en el seno de la substancia gris.
b) Se hace de la célula sensorial ó bipolar una
categoría especial de neuronas, estimando la expansión periférica ó receptora
(bipolar olfativa, retiniana, ganglionar raquídea) como una rama dendrítica ó
protoplásmica, cuya misión es recoger corrientes (movimiento celulípeto),
echando así las bases de la teoría de la polarización dinámica,
creada, ulteriormente, por van Gehuchten y nosotros.
c) Se cita el oficio receptor de las dendritas de las células mitrales
del bulbo olfatorio, del ramaje protoplásmico de las células de Purkinje, del
de los corpúsculos gangliónicos retinianos, etc.
d) Se formula la hipótesis de que la morfología y modo de ramificación
del axon guarda relación con el número y forma de los elementos con quienes
establece contactos, etc., etc.
[p. 141]
CAPÍTULO VII
Excesiva reserva de los sabios acerca de mis
trabajos. — Para prevenir desconfianzas decido mostrar mis preparaciones ante
la Sociedad anatómica alemana. — En Berlín contraigo relaciones
personales con los célebres histólogos Alberto Kölliker, His, Waldeyer y otros
sabios tudescos. — Mi visita al Laboratorio de Histología de W. Krause en
Göttingen. — Breve gira por el Norte de Italia. — Impresión personal acerca de
los sabios alemanes.
atural es que todo autor apetezca y se desviva
por la aprobación de su público. Y el mío, formado por limitado
número de especialistas, se hallaba en el extranjero, desparramado por unas
cuantas Universidades alemanas, francesas, italianas, inglesas y escandinavas.
Para sentir esa interior satisfacción de que hablan nuestras
Ordenanzas y seguir trabajando con entusiasmo, érame forzoso conquistar á los
sabios de buena voluntad. Quimérico fuera esperar la unanimidad del aplauso.
¿Cómo iba yo á persuadir á investigadores de antiguo comprometidos en la
defensa de hechos erróneos ó de hipótesis gratuitas? Descontado tenía que mis
ideas habían de molestar á los reticularistas, y singularmente á la
escuela de Golgi. Y aunque mis trabajos de entonces contribuyeron poderosamente
á divulgar los métodos y las conquistas positivas del profesor de Pavía, la
voluntad de los sabios suele ser[p. 142] tan paradójica, que agradece más
la defensa de un error palmario que la comprobación de una verdad discutida.
Mientras tanto, vivía intranquilo y receloso. Me
alarmaba un poco el silencio guardado por los autores, á quienes hice obsequio
de los números de mi Revista, durante la última mitad del año 1888 y la primera
de 1889. Varios trabajos recibidos este último año acerca de la estructura del
sistema nervioso, ó no me citaban ó lo hacían desdeñosamente, como de pasada, y
sin conceder beligerancia á mis opiniones[48]. De la
consulta de las Revistas alemanas saqué la impresión de que la mayoría de los
histólogos ni me había leído.
Pero yo deseaba persuadir á todo trance. Me
sublevaba ante la idea de pasar por iluso ó por farsante. Á dos recursos apelé
para ganar la confianza de los autores imparciales: Fué el primero traducir mis
principales monografías neurológicas al francés, publicándolas en las Revistas
alemanas más autorizadas; consistió el segundo, en mostrar[p.
143] personalmente á los sabios mis mejores preparaciones y con ellas la
legitimidad de mis juicios.
Las traducciones se iniciaron en 1889 y continuaron
el 90 y siguientes. La Revista mensual internacional de mi
amigo el Dr. W. Krause insertó dos Memorias: una consagrada á la organización
del cerebelo[49], y otra al
estudio del lóbulo óptico de las aves[50]. En ambas se
contienen algunos hechos nuevos, además de los aparecidos en la Revista
trimestral; porque yo suelo continuar trabajando en el Laboratorio aun
durante la corrección de las pruebas. El profesor Carlos Bardeleben, de Jena,
con quien entablé correspondencia, concedió también hospitalidad en su entonces
recién creado Anatomischer Anzeiger, á las comunicaciones relativas
á la retina de las aves[51] y á la
fina estructura de la médula espinal[52].
Las referidas traducciones dieron á conocer lo más
esencial de mis aportaciones científicas; empero ellas por sí, aun ilustradas
con láminas escrupulosamente copiadas del natural, no me hubieran granjeado
muchas aprobaciones. Estas vinieron gracias al empleo del segundo recurso
citado: la demostración objetiva directa. Nada convence como[p.
144] los hechos vistos, sobre todo cuando son claros y
categóricos.
Á este propósito, solicité formar parte de la Sociedad
anatómica alemana, donde figuraban anatómicos, histólogos y embriólogos de
muchas naciones, singularmente de la Confederación germánica y de
Austria-Hungría. Dicha Corporación se congregaba cada año en una ciudad
universitaria diferente. Durante las sesiones, los congresistas debatían
problemas anatómicos de actualidad; mostraban, en apoyo de sus doctrinas, las
preparaciones macro-microscópicas obtenidas; comunicaban los detalles de los
métodos usados; en suma, señalábanse á los apasionados de la investigación las
direcciones fecundas y los filones recién abiertos á la explotación científica.
En fin, paralelamente á las tareas del Congreso, los fabricantes exponían las
recientes creaciones de los instrumentos de observación y experimentación.
Mucho se ha abusado después de los Congresos
científicos internacionales. Con todo eso, las reuniones de especialistas
ofrecen ventajas incontestables á los amantes del Laboratorio. En ella se
exhiben los métodos, y se conocen los sabios. Mucho es comprobar de
visu el rendimiento analítico máximo de un proceder en manos de su
inventor; pero vale aún más intimar espiritual y cordialmente con los
inventores. Excelente táctica resulta cultivar la amistad y asegurarse la
benevolencia de aquellos con quienes, por afinidad de gustos, se habrá de
dialogar y acaso contender en noble competencia. Sólo el trato modera y suaviza
las actitudes ariscas del chauvinismo; merced á él, émulos y
rivales pertenecientes á países diversos, acaban por comprenderse y estimarse,
adquiriendo al fin plena conciencia de que son colaboradores y camaradas en una
magna obra común.
[p. 145]La referida Sociedad anatómica
celebraba aquel año de 1889 sus sesiones en la Universidad de Berlín, durante
la primera quincena de Octubre. Obtenido el permiso del Rector (26 de
Septiembre de 1889) para tomar parte en las tareas del susodicho Congreso,
reuní al efecto todos mis escasos ahorros, y me encaminé, lleno de esperanzas,
á la capital del Imperio germánico. En el camino giré algunas instructivas
visitas á las ciudades universitarias de Lyon y Ginebra y á la de Francfort
sobre el Mein, población desprovista de Universidad, pero próvida en sabios de
primer orden. En ella conocí al célebre neurólogo C. Weigert, autor de valiosos
métodos de teñido del tejido nervioso; á Edinger, la mayor autoridad en
neurología comparada, y en fin, á Ehrlich, inventor del proceder tintóreo de su
nombre, y que, andando el tiempo, había de obtener el premio Nobel como
galardón de sus grandes descubrimientos en los dominios de la Bacteriología y
Seroterapia.
Excusado es decir que mis colegas del Congreso
anatómico me dispensaron acogida cortés. Había en ella algo de sorpresa y de
curiosidad expectante. Les chocaba, sin duda, encontrar un español aficionado á
la ciencia y espontáneamente metido en las andanzas de la investigación.
Acabadas las lecciones orales, á que consagré, á causa de mi impaciencia, poca
atención, vinieron las demostraciones.
Desde muy temprano me instalé en la sala
laboratorio ad hoc, donde, en largas mesas y enfrente de amplios
ventanales, se erguían numerosos microscopios. Desembalé mis preparaciones;
requerí dos ó tres instrumentos amplificantes, además de mi excelente modelo
Zeiss, traído por si acaso; enfoqué los cortes más expresivos concernientes á
la estructura del cerebelo, retina y médula
espinal, y en fin, comencé á explicar, en mal francés, ante los
curiosos,[p. 146] el contenido de mis preparaciones. Algunos histólogos me
rodearon; pocos, porque, según ocurre en tales certámenes, cada congresista
atiende á lo suyo: después de todo, natural es que se prefiera enseñar lo
propio á examinar lo ajeno[53].
Entre los que más interés mostraron por mis
demostraciones, debo citar á His, Schwalbe, Retzius, Waldeyer, y singularmente
á Kölliker. Según era de presumir, estos sabios, entonces celebridades
mundiales, iniciaron su examen con más escepticismo que curiosidad. Sin duda
esperaban un fiasco. Mas cuando hubieron desfilado ante sus ojos, en cortejo de
imágenes clarísimas é irreprochables, el axon de los granos del
cerebelo, las cestas pericelulares, las fibras musgosas
y trepadoras, las bifurcaciones y ramas ascendente y descendente de
las raíces sensitivas, las colaterales largas y cortas de los
cordones de substancia blanca,[p. 147] las terminaciones de las
fibras retinianas en el lóbulo óptico, etc., los ceños se desfruncieron. Al
fin, desvanecida la prevención hacia el modesto anatómico español, las
felicitaciones estallaron calurosas y sinceras.
Me asediaban á preguntas acerca de las condiciones
técnicas en cuya virtud semejantes preparados habían sido obtenidos. «Nosotros
hemos ensayado reiteradamente —me decían— el método de Golgi y sólo hemos
conseguido decepciones y fracasos.» Entonces les expuse, en un francés
chabacano, menuda y pacientemente, todos los pequeños secretos de manipulación
de la reacción cromo-argéntica; señalé las edades y condiciones de los
embriones y animales más favorables al logro de buenos preparados, é indiqué
las reglas prácticas encaminadas á aminorar en lo posible el carácter aleatorio
del método, etc.
El más interesado de mis oyentes fué A. Kölliker,
el venerable patriarca de la Histología alemana. Al final de la sesión,
condújome en carruaje al lujoso hotel en que se alojaba; me convidó á comer;
presentóme después á los histólogos y embriólogos más notables de Alemania, y
en fin, se desvivió por hacerme agradable la estancia en la capital prusiana.
—Los resultados obtenidos por usted son tan bellos
—me decía—, que pienso emprender inmediatamente, ajustándome á la técnica de
usted, una serie de trabajos de confirmación. Le he descubierto á
usted, y deseo divulgar en Alemania mi descubrimiento[54].
[p. 148]
Y, en efecto, durante los años de 1890 y
siguientes, aparecieron en diversos Archivos alemanes, y singularmente en
el Zeitschrift f. wissenschaftliche Zoologie —de que el Dr.
Kölliker era director— una serie de magníficas monografías sobre el cerebelo[55], la médula
espinal[56], el bulbo[57], el lóbulo
óptico, etc. En ellas no sólo se confirmaban, según había prometido, mis
modestas conquistas científicas, sino que se ampliaban y perfeccionaban
notablemente, adornándolas además con ingeniosas interpretaciones fisiológicas.
Yo debo mucho al insigne maestro de Würzburgo. Sin
duda que la verdad se habría abierto al fin camino. Mas á la gran autoridad de
Kölliker se debe el que mis ideas fueran rápidamente difundidas y apreciadas
por el mundo sabio. Por honrosa excepción entre los grandes investigadores,
juntaba Kölliker, á un gran talento de observación asistido de infatigable
laboriosidad, modestia encantadora y rectitud y serenidad de juicio
excepcionales. Al insigne maestro bávaro aludía yo, especialmente, cuando, en
capítulos anteriores, deplorando el orgullo satánico de ciertos hombres de
ciencia, declaraba que los había también sapientísimos, al par que buenos y
honrados.
Alberto v. Kölliker, célebre histólogo alemán,
Profesor en la Universidad de Würzburgo.
Era tan poco dado al culto vanidoso de la
consecuencia,[p. 149] que, habiendo sido partidario de la teoría
reticular, la abandonó, adaptándose con flexibilidad juvenil á las nuevas
concepciones del contacto y de la independencia
morfológica de las neuronas. En su afecto hacia mí, llevó la benevolencia
hasta aprender el español para leer mis primeras comunicaciones. Más tarde puso
el colmo á su modestia, traduciendo personalmente para su Zeitschrift
f. wissensch. Zool. el texto de un trabajo mío sobre el Asta[p.
150] de Ammon, etc. Por todo ello y por otras muchas pruebas de
afecto, testimoniadas en cartas y publicaciones, conservo del glorioso maestro
recuerdo imborrable y gratitud profunda.
En el Congreso de Berlín tuve también el honor de
tratar al ilustre Gustavo Retzius, profesor de Anatomía de Estocolmo, uno de
los investigadores más sagaces, laboriosos y concienzudos que he conocido; á W.
His, el gran embriólogo de Leipzig, de quien ya hice memoria en el capítulo
anterior; á Waldeyer, el maestro venerado de la Anatomía é Histología alemanas,
catedrático en la Universidad de Berlín; á van Gehuchten, joven y ya brillante
profesor de la Universidad de Lovaina, con el cual había mantenido ya correspondencia
con ocasión de nuestros trabajos sobre la fibra muscular, y, en fin, á
Schwalbe, C. Bardeleben y otros anatómicos renombrados. De algunos de ellos,
convertidos luego en benévolos patrocinadores de mis ideas, me ocuparé en el
próximo capítulo.
De regreso de Berlín, hice escala en la pequeña
ciudad de Gotinga, donde tuve el gusto de abrazar á mi amigo el Dr. W. Krause.
En su compañía pasé tres ó cuatro días deliciosos. Mostróme lo más importante
de la ciudad, sobre todo los museos y laboratorios de la Universidad; me
presentó á un colega suyo, gran coleccionador de cuadros y admirador de la
pintura española (estaba encantado de un Velázquez harto dudoso que pretendía
poseer), el cual nos agasajó con suculento banquete; y, en fin, me acompañó á
su laboratorio oficial, instalado por cierto en modesta casa de vecindad, y en
donde trabajaban algunos pocos discípulos en medio de un material é
instrumental nada lujoso, pero suficiente. Excusado es decir que me apresuré á
mostrar al Dr. Krause mis preparaciones, y aún le regalé al[p. 151]gunas; las
referentes á la retina, tema en que predilectamente se ocupaba, le interesaron
vivamente.
En nuestras conversaciones de sobremesa cambiamos
noticias acerca de la organización de nuestras respectivas Universidades.
Llenóme de asombro el saber que los profesores eran escogidos casi libremente,
sin oposición ni concurso. Me chocó también la ausencia de plan uniforme de
enseñanza, y algo así como el abandono sistemático de ese espíritu de unidad y
centralización, tan caros hogaño en nuestra España, por imitación servil de la
organización universitaria francesa. Cada ciencia tenía su hogar propio, que
recibía el nombre del Instituto, comprensivo de la cátedra,
laboratorio para el profesor y sus discípulos, la biblioteca, etc. Nada de
exámenes si no es al final de la carrera. En fin, los profesores, distinguidos
en las categorías de docente privado, profesor extraordinario y profesor
numerario, en vez de ajustarse á nómina equitativa, cobraban del Estado y de la
ciudad, según sus méritos, amén de recibir también honorarios de
sus alumnos.
¡Supresión de exámenes, cantonalismo profesoral,
retribución por los alumnos, ingreso sin oposición y sin concurso y,
frecuentemente, por una especie de contrata!... He aquí un conjunto de reformas
que, aplicadas á España, país clásico de la holganza, del favoritismo y de la
cuquería, nos harían retroceder antes de diez años al estado salvaje. Por algo
ha dicho Paulsen que cada país posee el régimen universitario que necesita, es
decir, el mejor posible, dado el estado de la ética social.
Después de este descanso en una apacible y pequeña
Universidad alemana, tan fértil en grandes sabios como limpia de intrigas y
ambiciones, proseguí mi viaje de regreso. Visité rápidamente la pintoresca
Lucerna y el poético lago de los Cuatro Cantones; crucé los Alpes por el San[p.
152] Gotardo, sintiendo en el alma que la escasez de mis recursos no me
permitiera detenerme en la contemplación de aquellos incomparables panoramas, y
en fin, recorrí el Norte de Italia, particularmente Turín, Pavía y Génova, famosas
ciudades universitarias.
En Turín tuve el gusto de conocer personalmente al
insigne histólogo italiano Julio Bizzozero y al no menos célebre profesor
Angelo Mosso. Recuerdo que sus sendas cátedras y laboratorios estaban
instalados en un viejo convento, en locales poco apropiados. Quise averiguar
cuáles eran los recursos de la Universidad y los sueldos de los Profesores, y
me encontré con dos sorpresas: la primera, que el profesorado italiano, con
valer mucho, ganaba poco más que el nuestro (el sueldo límite para los más
antiguos era de 10.000 liras), con un rendimiento docente y científico
infinitamente superior; la segunda, que, inspirándose en altos móviles de
patriotismo y de amor á la ciencia, las Corporaciones populares (como si
dijéramos el Ayuntamiento y la Diputación provincial) y personajes opulentos,
añadían, á la modesta cantidad consignada para material en los presupuestos del
Estado, donativos cuantiosos destinados á experimentos científicos. Una Junta
mixta de próceres y de autoridades administraba estos fondos supletorios, según
las necesidades de cada Cátedra y de cada Profesor.
He aquí una conducta que llenará de estupor á
nuestros Municipios y Diputaciones, tan bien hallados con el cerril y
antipatriótico cantonalismo corporativo. Aparte los altos fines educativos y
culturales, la Universidad y demás Instituciones oficiales representan para la
ciudad, tanto un gran prestigio, como un gran provecho. Ya que no por
solidaridad y amor á la ciencia, por egoísmo y emulación bien entendidos,
deberían las citadas Corporaciones venir en ayuda del Estado, costeando nuevas
enseñanzas, mejo[p. 153]rando las existentes y fomentando, en fin, el espíritu
de investigación. Pero estas verdades tan sencillas, ¿podrían penetrar siquiera
en las compactas cabezas de nuestros ediles ó en las seseras no menos ebúrneas
de nuestros próceres?
En Pavía no tuve el gusto de encontrar al ilustre
profesor Camilo Golgi. Estaba en Roma, á donde le llevaban en ciertas épocas
del año sus iniciativas de Senador. Notemos de pasada que en Italia los sabios
más renombrados suelen recibir, entre otras recompensas, la investidura de
miembros de la Alta Cámara. Contrarióme mucho la ausencia del maestro. Doy por
seguro que, de haber podido mostrarle mis preparaciones y rendirle al mismo
tiempo mis sentimientos de admiración, hubiéranse evitado, para lo futuro, polémicas
y equívocos enfadosos.
En fin, tras una visita rápida á Génova, donde fuí
muy bien recibido por el Profesor de Anatomía, tomé la vuelta de Marsella y
regresé á Barcelona.
De esta rápida excursión por las Universidades
extranjeras, saqué la convicción profunda de que la superioridad cultural de
Alemania, Francia é Italia no estriba en las Instituciones docentes, sino en
los hombres. Lo he dicho ya: los recursos materiales de que
disponían sabios insignes, pareciéronme poco superiores á los nuestros, y en
algún caso, claramente inferiores. Encuéntrase á menudo en Alemania Privat
docent, ilustrado con grandes descubrimientos, y, sin embargo, atenido
durante muchos años á retribuciones que desdeñarían nuestros auxiliares. Pero
hay otro hecho todavía más significativo: con relativa frecuencia (este
fenómeno se da también en Inglaterra), la Universidad llama á su seno á
investigadores geniales, que se formaron solos, en localidades apartadas,
teniendo[p. 154] por laboratorio un desván y sin más recursos que las
modestas economías del médico de aldea.
Bien se ve, pues, que en los países del Norte,
aparte las formas de la organización docente, existe una causa general y
profunda de florecimiento cultural. El vaso parece á veces de tosco barro; pero
la esencia suele ser exquisita.
¿Cuál es esta esencia? Fuera inoportuno estudiar
aquí de pasada las condiciones complejas de la grandeza científica alemana. Y
además, nada nuevo podríamos decir. Limitémonos á consignar no más mis
impresiones de entonces.
La cultura superior parecióme fruto complejo de la
educación individual y social. En la Universidad se enseña á trabajar, pero el
ambiente social, obra del Estado, enseña algo mejor: el respeto y la admiración
hacia el hombre de ciencia. De nada servirá que el universitario reciba una
cultura técnica eficiente y con ella el ansia noble y patriótica de colaborar
en la obra común de la civilización, si, al mismo tiempo, no contempla en torno
suyo despreciada la pereza, aborrecidas la farsa y la intriga, galardonado el
mérito superior y reverenciado el genio.
¡Justicia, en fin!... He aquí el secreto.
[p. 155]
CAPÍTULO VIII
Mi actividad continúa en aumento. — Algunos
estudios sobre el desarrollo del sistema nervioso (médula y cerebelo). —
Curiosa disposición en las fibras musculares de los insectos. — Mis
exploraciones en el bulbo olfatorio justifican plenamente la doctrina del
contacto. — Hallazgos interesantes en la corteza cerebral de los mamíferos. —
Movimiento bibliográfico suscitado por mis investigaciones. — Sabios insignes
que aprueban, confirman ó divulgan mis ideas. — Algunos contratiempos y
pesadumbres.
ueron los años de 1890 y 1891 períodos de
intensa labor y de gratísimas satisfacciones. Alentado con el aplauso de
Kölliker y persuadido de haber hallado al fin mi camino, entreguéme al trabajo
con verdadero furor. No parece sino que deseaba convencer con la masa
aplastante de mis comunicaciones. Sólo durante 1890 publiqué 14 monografías,
sin contar las traducciones. Hoy me asombra aquella actividad devoradora, que
desconcertaba hasta á los investigadores alemanes, los más laboriosos y
pacientes del orbe. Mi tarea comenzaba á las nueve de la mañana y solía
prolongarse hasta cerca de media noche. Y lo más curioso es que el trabajo me
causaba placer. Era una embriaguez deliciosa, un encanto irresistible.
Es que, realmente, dejando aparte los halagos del
amor propio, el jardín de la neurología brinda al investigador[p.
156] espectáculos cautivadores y emociones artísticas incomparables. En él
hallaron, al fin, mis instintos estéticos plena satisfacción. ¡Como el
entomólogo á caza de mariposas de vistosos matices, mi atención perseguía, en
el vergel de la substancia gris, células de formas delicadas y elegantes, las
misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si
esclarecerá algún día el secreto de la vida mental!...
De cualquier modo, la admiración ingenua de la
forma celular constituía uno de mis placeres más gratos. Porque, aun desde el
punto de vista plástico, encierra el tejido nervioso incomparables bellezas.
¿Hay en nuestros parques algún árbol más elegante y frondoso que el corpúsculo
de Purkinje del cerebelo ó la célula psíquica, es decir, la famosa
pirámide cerebral? Los esquemas de las figuras 4 y 8, forzosamente
fragmentarios, donde aparecen respectivamente la ingeniosa arquitectura del
cerebelo y la de la retina, apenas permiten adivinar la suprema belleza y la
elegante variedad de la floresta nerviosa.
¡Y luego es tan dulce, tan confortadora, la emoción
de lo nuevo! ¡Resulta tan suavemente acariciador para la vanidad ó el orgullo
(debilidades humanas con las cuales debe contarse siempre) el sentimiento
aristocrático de descubrir islas recónditas ó formas virginales que parecen
esperar, desde el principio del mundo, un digno contemplador de su belleza!
¡Cuántas veces, durante aquellos años de fiebre
investigadora, me desveló la emoción del hecho recién descubierto! ¡Cuán á
menudo, tras una tarea agotante y un letargo profundo, de esos que, liquidando
atrasos fisiológicos, limpian de nubes la pizarra cerebral, surgió con la
aurora, como escrita por invisible mano, la solución á un problema de
morfología ó de conexión ansiosamente per[p. 157]seguido!... Hoy no me explico
bien cómo aquella tensión continua del intelecto y aquella diaria inquietud
espiritual no trastornaron mi salud. Sin duda la satisfacción soberana de hacer
algo útil constituye un tónico dinámico de primer orden.
No quisiera mortificar al lector hablándole
menudamente de mis trabajos. Que si el narrar es placer, el escuchar es
paciencia, y á veces molestia y desabrimiento. Brevemente, pues, y en estilo
casi telegráfico, daré cuenta de la labor cumplida en 1890.
En mi fuero interno, estimo como lo mejor de mi
labor de entonces las observaciones consagradas á la neurogenia, es
decir, al desarrollo embrionario del sistema nervioso. Perdóneseme si, á pesar
de mi promesa de laconismo, señalo aquí algunos antecedentes.
«Puesto que el cromato de plata proporciona en los
embriones imágenes más instructivas y constantes que en el adulto, ¿por qué no
explorar —me decía— cómo se modela y complica sucesivamente la célula nerviosa,
desde su fase germinal, exenta de expansiones, según demostró His,
hasta su estado adulto y definitivo? En esta trayectoria evolutiva, ¿no se
revelará quizás algo así como un eco ó recapitulación de la historia dramática
vivida por la neurona en sus milenarias andanzas al través de la serie animal?»
Con este espíritu puse manos á la obra, primero en
los embriones de pollo, después en los de mamífero. Y tuve la satisfacción de
sorprender las primeras mutaciones de la neurona, desde los tímidos ensayos de
creación de expansiones frecuentemente rectificadas y hasta reabsorbidas, hasta
la organización definitiva del axon y dendritas. Y, en armonía con el principio
biogenético fundamental de Häckel, hallé que la célula nerviosa repite en su
evolución[p. 158] individual, con algunas simplificaciones y omisiones,
las formas permanentes descubiertas por Retzius y Lenhossék en los ganglios de
los invertebrados.
Excusado es decir que si el problema de la
morfología neuronal aparecía obscuro antes de la publicación de los memorables
trabajos de Golgi, el de la ontogenia presentábase todavía más tenebroso. Á
guisa de soluciones provisionales, corrían las especulaciones más arbitrarias.
El punto más urgente á esclarecer consistía en averiguar cómo se forman los
nervios y en virtud de qué mecanismo los apéndices axónicos se enlazan, sin
errores ni extravíos, con sus aparatos terminales (placas motrices, órganos
sensitivos cutáneos, etc.). No obstante el caos de conjeturas, dos teorías
se disputaban la mayoría de los sufragios.
Para Kupffer, His y Kölliker, el neuroblasto ó
célula nerviosa primitiva genera los nervios, mediante la emisión de un brote ó
apéndice, el axon, que crecería libremente al través de los demás
tejidos para abordar los aparatos terminales, donde acabaría mediante
ramificaciones independientes. En cambio, Hensen y sus adeptos negaban
categóricamente semejante crecimiento libre, admitiendo (al objeto de explicar
la perfecta adecuación y congruencia existentes entre las estaciones centrales
y los aparatos sensitivos y sensoriales periféricos), que el neuroblasto sufre
desde el principio una serie de particiones incompletas[58].
Primeramente y tras la división nuclear, se producirían el soma central y el
órgano receptor periférico; luego ocurriría la emigración de los núcleos, pero
con mantenimiento del protoplasma intermediario, es decir, que me[p. 159]dia
célula con su núcleo permanecería, ab initio, en la piel ú órgano
sensorial periférico, mientras que la otra media yacería en los centros
nerviosos embrionarios (fig. 19, A). En consecuencia, el crecimiento del nervio
se verificaría, no por incremento continuo de un cabo libre, sino median[p.
160]te estiramiento progresivo del puente protoplásmico intermediario. En fin,
nuevas proliferaciones, exclusivamente recaídas en los núcleos, proveerían de
estos órganos, la larguísima cadena de los nervios periféricos.
Fig. 19.—Hipótesis de Hensen acerca del desarrollo
de las fibras nerviosas y aparatos sensitivos periféricos.— A, neuroblasto en
vías de estiramiento; B, cadena de núcleos unidos por puentes
protoplásmicos; a, célula central; b, célula
periférica.
Como variante de esta concepción hipotética de
Hensen, puede estimarse cierta teoría defendida desde antiguo y renovada hasta
hace pocos años, por Beard, Dohrn, Durante, Cornil, Bethe, etc., para quienes
los axones, y por tanto, los nervios, resultarían de la diferenciación y fusión
de larga cadena de neuroblastos emigrados de los centros ó de la membrana
ectodérmica (fig. 20). En sentir de estos sabios, el cilindro-eje embrionario,
lejos de significar el retoño, en vías de crecimiento, del protoplasma de una
célula nerviosa, representaría la obra común histogenética de muchos
corpúsculos ectodérmicos. En las figuras 19 y 20 mostramos esquemáticamente los
rasgos principales de estas dos hipótesis en pugna.
Fig. 20.—Hipótesis catenaria defendida por Beard,
Dohrn, etc. C, serie de neuroblastos independientes; D, los neuroblastos
elaboran trozos de axon nervioso que acaban por juntarse entre sí y con la
célula central (a); b, elementos constructores de la
ramificación periférica.
Mis investigaciones, confirmadas inmediatamente por
Lenhossék y Retzius, contribuyeron á esclarecer el tema debatido, sancionando
definitivamente la concepción hipotética de Kupffer é His, y asentando, en fin,
sobre bases inconmovibles la doctrina (ya muy probable después de los recientes
descubrimientos morfológicos) de la unidad genética de las fibras nerviosas y
de los apéndices protoplásmicos. En efecto, las preparaciones obtenidas por mí
durante las fases más tempranas del embrión de pollo (del segundo al cuarto día
de la incubación), revelaron clarísimamente que, pasado el estado germinal ó
indiferente, la célula nerviosa emite primeramente el axon ó expansión
primordial, según había descubierto His, y sólo en época ulterior produce las
prolongaciones protoplásmicas y colaterales nerviosas. Todos estos apéndices
aparecen continuos con el soma, y crecen sucesivamente, mante[p. 161]niendo su
individualidad hasta alcanzar la longitud adulta y salir al encuentro de los
elementos extraños (musculares, epiteliales ó nerviosos), con quienes deben
mantener comercio fisiológico[59].
Ciertamente, ya el ilustre His había observado el
axon de los neuroblastos más tempranos. Pero los métodos utilizados por el
neurólogo de Leipzig no le permitieron sorprender la forma de crecimiento de
dicha expansión ni espiar el momento de aparición de las dendritas. Además, no
vió ni podía ver, dada la precaria técnica de entonces, el cabo final de
la expansión nerviosa en vías de crecimiento. Y mientras tal observación no se
realizara, la severa objeción de Hensen «nadie ha visto en el embrión el
cabo libre de un nervio en vías de crecimiento» conservaba toda su fuerza.
Fig. 21.—Evolución positiva de la fibra nerviosa,
según las observaciones de His y nuestras.— A, célula germinal; B, fase bipolar
con iniciación de la masa de crecimiento; C, fase de neuroblasto, propiamente
dicho; D, aparición de las dendritas; E, modelamiento de éstas y formación de
las ramas nerviosas colaterales y terminales.
Yo tuve la fortuna de contemplar por primera vez
ese fantástico cabo del axon en crecimiento[60]. En mis
cortes de la médula espinal del embrión de pollo de tres días, mostrábase este
cabo á modo de conglomerado protoplásmico de forma cónica, dotado de
movimientos amiboides. Pudiera compararse á ariete vivo, blando y maleable, que
avanza,[p. 162] empujando mecánicamente los obstáculos hallados en su
camino, hasta asaltar su distrito de terminación periférica. Esta curiosa maza
terminal fué bautizada por mí: cono de crecimiento. Confirmado por
Lenhossék[61],
Retzius, Kölli[p. 163]ker y Athias, y en tiempos más posteriores por Held,
Harrison, etc., constituye hoy hecho vulgar de la ontogenia nerviosa (fig.
21, a).
En mis preparaciones de entonces aparecían también
los primeros conatos productores de las dendritas, que nacen de la porción
originaria del axon (repetición de lo ocurrido en los invertebrados); las
ramificaciones sucesivas de estas expansiones; las fases iniciales de las
colaterales nerviosas; el modelamiento de la arborización terminal del axon; el
mecanismo productivo de la substancia blanca, y en fin, las fases primordiales
de las raíces posteriores con su típica bifurcación, etc. Diversas leyes neurogenéticas,
tales como la de prelación evolutiva de las colaterales del cordón anterior; la
de las neuronas motrices sobre las funiculares; la de las colaterales de la
substancia blanca sobre las brotadas en la substancia gris (colaterales nacidas
del trayecto horizontal de los axones, etc.), y otros muchos hechos que fuera
inoportuno enumerar, quedaron definitivamente establecidos.
Con igual ardor y fortuna acometí después la evolución
ontogénica de las células y fibras de la corteza cerebelosa[62]. En tan
sugestivo dominio, varios interesantes problemas esperaban urgente solución.
¿Cómo crecen las[p. 164] fibras aferentes y se organizan las conexiones
por contigüidad entre las trepadoras, por ejemplo, y el tallo de
los corpúsculos de Purkinje? Durante la ontogenia cerebelosa, la expresión
metafórica arborización trepadora, ¿no implica quizás una acción
real y efectiva de trepar?
Fig. 22.—Desarrollo de las arborizaciones
trepadoras á lo largo del tallo y ramaje del corpúsculo de Purkinje.
Los hechos recolectados en el cerebelo de los
animales recién nacidos contestaron afirmativamente. Conforme advertirá el
lector que pase la vista por la figura 22, los axones de los mencionados
conductores, arribados de centros lejanos, olfatean, digámoslo así,
el soma de los elementos de Purkinje, al cual abrazan, mediante nidos
varicosos, rudimento de la futura arborización. Una vez sobre él, las ramas del
nido nervioso trepan positivamente, á lo largo del tallo
principal y dendritas, hasta generar, por fin, el[p. 165] plexo complicado
característico de los conductores adultos. Excusado es decir que este fenómeno,
tan significativo para la doctrina neuronal, fué comprobado después por los
autores (Retzius, Kölliker, van Gehuchten, Athias, C. Calleja, Azoulay, etc.).
Fig. 23.—Fases de la sucesiva complicación del
ramaje de la célula de Purkinje.— a, dendritas provisionales; c,
colaterales nerviosas exuberantes.
Me atraía también la cuestión de saber cómo
un neuroblasto piriforme, desnudo de expansiones, se convierte
en el árbol prodigioso, especie de seto vivo, de la célula de Purkinje. Mi
curiosidad quedó plenamente satisfecha con el encuentro de las fases
primordiales de esta evolución, de que damos copia en la figura 23. Por cierto
que, de pasada, topamos con un hecho biológico interesante. Echamos de ver que
todo ramaje protoplásmico ó nervioso en vías de formación atraviesa un período,
por decirlo así, caótico, de tanteo, durante el cual son proyectadas al azar
vías de ensayo, destinadas en gran parte á desaparecer (fig. 23, a).
Á semejanza del minero, que cava á ciegas en busca del filón desaparecido, los
brotes protoplásmicos ensayan diversos caminos hasta atinar con el verdadero.
Más adelante, llegadas ya las fibras nerviosas aferentes, ó cuando se modelan y
alcanzan plena sazón las neuronas funcionalmente solidarias, subsisten,
consolidándose, las expansiones útiles y se reabsorben las inútiles ó
exploradoras. En este caso, la naturaleza procede como el jardinero que
endereza y favorece los retoños bien dirigidos y poda los viciosos ó
superfluos. Porque la vida repugna lo redundante y se muestra singularmente
avara de protoplasma y de espacio.
Otro curioso fenómeno de emigración y metamorfosis,
en virtud de irresistibles impulsos y á pesar de los mayores obstáculos,
ofreciéronme los granos jóvenes ó indiferenciados del cerebelo
de los mamíferos recién nacidos.
En la figura 24 reproducimos esquemáticamente
algunas[p. 166] de estas curiosas contradanzas de los granos.
Se sabía desde hacía mucho tiempo que el grano joven ó indiferenciado (fase
germinal) conjuntamente con otras células nerviosas en esbozo, habita la
zona superficial del cerebelo (fig. 24, A) (granos periféricos),
afectando forma poliédrica irregular. Pero nada se conocía de sus ulteriores
evoluciones. Mis observaciones revelaron que el grano sale de
este estado indiferente, tornándose primeramente bipolar horizontal,
es decir, emitiendo dos largas expansiones contrapuestas (4) que
marchan en la dirección de las láminas cerebelosas; después, del lado
profundo del soma, proyecta cierta expansión descendente, que atrayendo hacia
sí buena parte del protoplasma, incluyendo el núcleo, transforma la célula
de bipolar horizontal en bipolar radial ó vertical (fig.
24, 5 y 6). En fin, con el arribo laborioso del soma á las regiones profundas,
coincide la aparición de las finas dendritas y el modelamiento definitivo del
grano cerebeloso (9, 10).
Fig. 24.—Emigración y transformación sucesiva de
los granos del cerebelo.— 1, célula germinal; 2 y 3, aparición de expansiones
polares; 4, formación de la bipolar horizontal; 5 y 6, aparición de una
expansión descendente; 7 y 8, fase de bipolaridad vertical; 9 y 10, creación de
dendritas provisionales ó de tanteo; 11 y 12, modelamiento de las expansiones
definitivas.
[p. 167]Todas estas extrañas evoluciones parecen
encaminadas á fijar desde luego, sobre las partes correspondientes de las
dendritas de Purkinje, la posición de las fibrillas paralelas.
Nótese, en efecto, que las primeras expansiones del grano en fase bipolar
tangencial, no son otra cosa que las delicadas ramas terminales del futuro
cilindro-eje (fibrillas paralelas). Por donde se ve que las ramas
nerviosas se diferencian antes que el axon que las sustenta, del mismo modo que
éste precede á las dendritas.
Las referidas metamorfosis del grano (confirmadas
después por Lugaro, Retzius, Athias y otros sabios), si denuncian algunos
resortes íntimos del mecanismo ontogénico de las neuronas, plantean también
arduos y transcendentales problemas. ¿Qué misteriosas fuerzas presiden la[p.
168] aparición de las expansiones, promueven su crecimiento y
ramificación, provocan la emigración congruente de células y fibras, según
direcciones prefijadas y como obedeciendo á sabio plan arquitectónico, y
establecen, en fin, esos ósculos protoplásmicos, las articulaciones
intercelulares, que parecen constituir el éxtasis final de una épica
historia de amor?...
He aquí un enigma insondable, acerca del cual
expondremos, empero, más adelante, cierta hipótesis —la teoría neurotrópica—,
acogida simpáticamente por muchos neurólogos, aunque prematura é insuficiente,
como todas las que pretenden sondear el formidable abismo de las causas íntimas
de la evolución.
No quiero abusar más de la paciencia del lector,
puntualizando aquí el contenido y alcance de otras comunicaciones de 1890.
Limitareme á transcribir algunos párrafos tomados de la lista de mis trabajos
científicos. Las investigaciones aludidas versan sobre el tejido
muscular de los insectos, las fibras nerviosas del corazón,
la estructura de las circunvoluciones cerebrales, el origen
y terminación de las fibras olfatorias, la estructura de los
ganglios nerviosos, etcétera, etc.
1. Estructura de los músculos estriados[63].—Aplicando
el cromato de plata al estudio de los músculos de las patas[p. 169] y de
las alas de los insectos, pusimos de manifiesto las siguientes
particularidades:
a) La existencia en torno de los haces musculares de las alas de un
sistema especial de células nerviosas estrelladas, cuyos apéndices parecen
entrar en contacto con la materia contráctil.
b) La presencia en torno de cada fibrilla primitiva del haz muscular de
ciertas redes transversales de extraordinaria delicadeza, totalmente invisibles
por otros métodos, y situadas al nivel de las bandas obscuras. Este retículo,
que parece enlazarse con las últimas proyecciones de las tráqueas, varía algo
en número y posición, según las especies de insectos, prefiriendo de ordinario
la altura de las bandas obscuras. Semejante encuentro fué confirmado varios
años después por Fusari en los vertebrados é invertebrados. Los recientes
estudios de Veratti y Holmgren acerca de las citadas redes, sugieren el
pensamiento de que se trata del aparato reticular de Golgi del
tejido muscular (véase más adelante), el cual exhibiría aquí caracteres
especialísimos.
Fig. 25.— A, redes intersticiales situadas en el
sarcoplasma de las fibras musculares de las alas de los insectos; B, dobles
redes horizontales en los músculos de las patas; d, línea de
Krause; a, tráqueas; c, hilos de la red.
Terminaciones nerviosas en el corazón[64].—Se
demuestra en este opúsculo que las fibras nerviosas simpáticas del[p.
170] corazón de los batracios y reptiles se terminan por arborizaciones
pálidas pericelulares, análogas á las descritas en los músculos lisos,
confirmándose de esta suerte la opinión de Arstein, fundada en las revelaciones
del método de Ehrlich.
Cerebro de los mamíferos[65].—En un
primer trabajo sobre el argumento se hacen constar estos tres hechos
interesantes:
a) Descubrimiento, en la primera capa cerebral de los mamíferos, de unos
corpúsculos nerviosos especiales, cuyas dendritas, larguísimas y horizontales,
corren sobre extensión enorme de la superficie cortical.
b) Hallazgo en la misma zona de varios pequeños corpúsculos de axon
corto, desconocidos de los autores.
c) Descripción sucinta de la arborización final, en la zona molecular,
del tallo radial de las células piramidales, es decir, de una fronda ó copa
terminal, que había escapado á la sagacidad de Golgi y sus discípulos.
Estas adquisiciones fueron primeramente confirmadas
por Retzius, que designó las células especiales de la zona primera (células que
él estudió minuciosamente en el cerebro humano) células de Cajal.
Kölliker, van Gehuchten, Schäffer, Veratti, etc., las han confirmado también,
añadiendo, naturalmente, nuevos hechos morfológicos.
De un trabajo fundamental sobre el cerebro,
aparecido en 1892, nos ocuparemos oportunamente.
En una segunda comunicación mucho más extensa[66] se
añaden, con relación á la estructura de la corteza gris del cerebro, los
siguientes datos:
[p. 171]
a) Se prueba que el axon de las medianas y grandes pirámides, así como el
de las células polimorfas, penetra en la substancia blanca, donde á veces se
bifurca.
b) Se mencionan las espinas del tallo y penacho terminal de las
pirámides.
c) Se consigna que el cuerpo calloso consta de tubos directos y de
colaterales de axones de pirámides de proyección ó asociación.
d) Se descubren colaterales y bifurcaciones en las fibras del cuerpo
calloso.
e) Se confirma la existencia en los embriones y mamíferos jóvenes de
células epitélicas, extendidas desde los ventrículos á la superficie cerebral,
y se refutan los errores de Magini acerca de la composición de estas fibras.
f) Se prueba que en el cerebro, como en la médula, muchas células
neuróglicas son elementos epiteliales dislocados y emigrados.
g) Se sorprenden, con el método de Weigert, las estrangulaciones de los
tubos nerviosos cerebrales, negadas por muchos, etc., etc.
Bulbo olfatorio.—De mucho más valor teórico fué el trabajo
consagrado al análisis de las vías olfatorias[67]. Gracias á
la arquitectura regular y relativamente accesible de este centro, por varios
conceptos comparable al cerebelo y á la retina, logramos contrastar una vez más
el papel transmisor de las dendritas y la propagación nerviosa por contacto.
Aparte de su valor crítico y teórico, contiene dicha comunicación algunos datos
objetivos de valor, tales como:
a) La demostración del curso total de las fibras nerviosas olfatorias,
desde la mucosa hasta su arribo al glomérulo del bulbo, en donde se terminan,
no por redes como pensaba Golgi, sino por arborizaciones libres varicosas.
(Confirmado por Retzius, Lenhossék, van Gehuchten y Martin, Calleja, Blanes,
etc.) (fig. 26, D).
b) La existencia de células nerviosas diminutas situadas dentro de los
glomérulos. (Confirmadas por Blanes, etc.).
[p. 172]c) La emergencia de colaterales en
los axones de las células mitrales, colaterales que se ramifican en la capa
molecular. (Confirmadas por Pedro Ramón en las aves, por van Gehuchten, etc.).
d) El hallazgo en la zona de los granos de ciertas células estrelladas
grandes, cuyo axon corto se arboriza en la capa molecular. (Confirmado por van
Gehuchten, etc.).
Fig. 26.—Figura semiesquemática destinada á mostrar
las articulaciones interneuronales en el bulbo olfatorio de los mamíferos.— A,
mucosa olfativa; B, lámina cribosa del etmoides; D, fibra olfativa; C, célula
mitral; a, glomérulo ó territorio de encuentro de las
arborizaciones de las fibras olfativas y del penacho dendrítico de las células
mitrales; f, célula bipolar olfativa; d, axon dirigido
á la región esfenoidal del cerebro.
e) En fin, se traza el esquema dinámico del bulbo, llamando la atención
de los sabios sobre la necesidad de otorgar significación nerviosa, y por
consiguiente, oficio conductor á los brazos proto[p. 173]plásmicos de las
mitrales y células empenachadas, únicas partes celulares penetrantes en los
glomérulos y en contacto íntimo con las fibrillas olfatorias; puesto que,
contra la aserción de Golgi, estas últimas fibras no salen jamás del territorio
glomerular ni en él entran axones de origen central. (Aceptado por Retzius, van
Gehuchten, Kölliker, Waldeyer, Lugaro, Calleja, Blanes, etc.).
El esquema de la figura 26 hará patente la marcha
de las corrientes en los centros olfativos.
La historia de la interpretación fisiológica de la
estructura del bulbo olfatorio ofrece un caso típico de la influencia
paralizante de los prejuicios teóricos. Ya Golgi había descubierto antes que
nosotros los hechos más importantes de la citada estructura, singularmente el
valiosísimo de la concurrencia, dentro de los glomérulos, de las
fibras olfativas, por un lado, y del penacho dendrítico de las células mitrales
(fig. 26, a), por otro; pero su concepción rígida de la red
nerviosa difusa no le permitió comprender el gran alcance fisiológico
de semejante disposición.
De menos valor son algunos artículos relativos á
las células gigantes de la lepra[68] y á la
estructura de los ganglios nerviosos raquídeos[69]. Por ahora
no haremos sino citarlos. Acerca de mis encuentros en los ganglios,
trataremos ex profeso más adelante.
[p. 174]Dejo ya dicho que los años de 1890 y 1891
fueron mi Domingo de Ramos. La generosa acogida que mis ideas obtuvieron de
sabios insignes, motivó una franca confianza en las revelaciones del método de
Golgi y en la exactitud de mis descripciones. En consecuencia, se desarrolló un
movimiento bibliográfico considerable. Todos querían contribuir con algo al
enriquecimiento de la nueva doctrina neurológica, patrocinada en Alemania por
maestros de la talla de His, Waldeyer, Kölliker y Edinger. Los sabios de las
naciones latinas y escandinavas siguieron después. En Italia adoptaron las
nuevas ideas, no obstante la autoridad arrolladora de Golgi, Lugaro y Tanzi; en
Bélgica, van Gehuchten; en Suiza, von Lenhossék; en Suecia, Retzius; en
Francia, Azoulay, Dejerine y sobre todo el célebre profesor de la Universidad
de París, el simpático Matías Duval.
Largo y enfadoso fuera citar todos los discursos,
artículos de propaganda ó trabajos de confirmación con que altos prestigios
ampararon la modestia de mi pabellón científico. Mencionaré no más algunos de
ellos, casi todos aparecidos en 1891.
Uno de los primeros sabios convertidos á mis ideas
fué el profesor de Lovaina A. van Gehuchten, renombrado citólogo de la Escuela
de Carnoy, transformado entonces, por una especie de inducción, en ardoroso
cultivador de la neurología. Permítasenos copiar aquí algunos párrafos de su
famoso discurso de Jubileo[70], en donde el
sabio belga cuenta sus primeros pasos de catecúmeno:
«Era la época —dice van Gehuchten— en que el método
de Golgi encontró al fin aplicación práctica. Los hechos[p. 175] nuevos
revelados por este proceder iban á revolucionar la anatomía del sistema
nervioso. Los laboratorios de Anatomía hallábanse en ebullición. Todos
queríamos aportar nuestra piedra al edificio nuevo que, bajo la impulsión
genial de Cajal, resultaba grandioso. No sólo la técnica del método se había
simplificado, sino que los resultados aportados vinieron á ser más constantes y
decisivos...»
Dr. A. van Gehuchten, profesor de la Universidad de
Lovaina.
«Me pregunta el Comité organizador de esta fiesta
cómo me ocurrió la idea, hace veinticinco años, de dirigir mi actividad
científica hacia los estudios del sistema nervioso. Deseoso de contestaros, he
procurado revivir con el pensa[p. 176]miento los primeros años de mi enseñanza
universitaria. Era en 1888. Estaba yo en correspondencia con Cajal, con ocasión
de trabajos respectivamente publicados sobre la estructura íntima de la célula
muscular. Cierto día me escribe, manifestándome que abandona sus investigaciones
sobre los músculos, para ocuparse de los centros nerviosos, motivando su
decisión en el hecho de haber obtenido resultados notables aplicando sobre los
embriones una de las fórmulas del método de Golgi creado desde 1875. Yo
comprobé sus afirmaciones, persuadiéndome de que tenía razón... El primer paso
estaba dado, después otros siguiéronse naturalmente.»
En efecto, la obra cumplida por van Gehuchten á
partir de aquella sugestión fué importantísima, recayendo sobre gran parte del
sistema nervioso, y especialmente sobre los vertebrados inferiores. Ciñéndonos
á los trabajos de confirmación publicados entonces por el sabio belga,
mencionaremos unas elocuentes conferencias de divulgación pronunciadas ante
la Sociedad Belga de Microscopia[71] y
cierta extensa monografía consagrada al estudio de la médula y del cerebelo,
donde el autor, además de corroborar los hechos descubiertos por mí y por
Kölliker, añade detalles descriptivos nuevos é interpretaciones importantes.
Al insigne sabio belga debí yo ser rápidamente
conocido en los países de lengua francesa. En páginas ulteriores he de volver á
tratar de las iniciativas científicas[p. 177] del malogrado maestro[72], ya que en
los siguientes años nuestras actividades corrieron á menudo paralelas,
acometiendo los mismos temas y contribuyendo á elaborar los mismos conceptos.
Continuaron esta labor de difusión y popularización
dos insignes investigadores alemanes: Waldeyer é His. El primero publicó, en un
semanario médico de Berlín[73], metódica y
clarísima exposición de las nuevas ideas, que ilustró con profusión de gráficos
esquemas. Suya es la palabra neurona (unidad nerviosa),
con que resumió la tesis de la individualidad morfológica, fisiológica y
genética del corpúsculo ganglionar defendida por His y nosotros.
También His[74],
el renombrado embriólogo de Leipzig, de quien hemos hablado ya con merecido
encomio en páginas anteriores, resumió el nuevo concepto de la fina estructura
de los centros en sugestivo folleto, ilustrado con numerosos esquemas. Como es
natural, al exponer los hechos[p. 178] morfológicos señalados por mí y por
Kölliker, recordaba que en los embriones más tempranos los neuroblastos se
comportan como elementos independientes, se desarrollan por vía de crecimiento
y son capaces de emigración.
Dr. G. Retzius, profesor de Anatomía de la
Universidad de Estocolmo.
Interesante asimismo como obra de propaganda fué el
estudio consagrado al tema por Kupffer[75], uno de los
anatómicos y embriólogos más célebres de Alemania, pro[p. 179]motor, según
dejamos dicho, del concepto de la unidad genética de los nervios. Aunque
publicado en fecha posterior (1894), lo citamos aquí por representar un trabajo
divulgador de las nuevas direcciones neurológicas.
La labor del concienzudo Retzius[76] fué
extraordinariamente importante. Este sabio acogió con tanto más agrado el
concepto de la transmisión por contacto, cuanto que, en sus Memorias antiguas
sobre la estructura de los órganos de los sentidos, habíase mostrado muy reacio
en afiliarse á la teoría reticular. Además, había aplicado por entonces el
método de Ehrlich (azul de metileno) al sistema nervioso de los invertebrados
(crustáceos, gusanos, moluscos, etcétera) y hallado, en perfecta concordancia
con mi manera de ver, que la arborización terminal de las fibras nerviosas en
los ganglios no constituye jamás red, sino que aparece perfectamente libre,
entrando en contacto íntimo, en la Punktsubstanz, con las
proyecciones dendríticas de otras neuronas. Ulteriormente, habiendo usado el
cromato de plata con arreglo á mis indicaciones, confirmó y amplió en una serie
de magníficas monografías casi todos los hechos señalados por nosotros en la
evolución ontogénica y estructura adulta de los centros nerviosos[77].
Particularmente interesante es la síntesis de la concepción neuronal con
relación á la estructura de los sentidos, expuesta por[p. 180] dicho sabio
en 1892[78]. Al recordar
su precioso apoyo de entonces, fuera ingrato no mencionar que, por iniciativa
del maestro sueco, obtuvieron mis trabajos la primera distinción académica, la
de miembro de la Real Academia de Medicina de Estocolmo, ante
la cual pronunció varias conferencias resumiendo mis investigaciones, así como
las de Golgi y Kölliker[79].
Poco después intervino Lenhossék, el profesor de
Basilea, tan reservado al principio. Aparte un trabajo fundamental sobre el
sistema nervioso de la lombriz de tierra[80], en que, á
semejanza de Retzius, se corroboraba en los invertebrados la ley del contacto,
dicho sabio publicó un soberbio libro sobre la médula espinal de los mamíferos[81]. En[p.
181] esta obra, de que se hicieron rápidamente dos ediciones, sancionó
Lenhossék cuanto yo había afirmado acerca de la disposición terminal de las
raíces posteriores, estructura de la substancia gris, origen y terminación de
las fibras nerviosas, y enriqueció nuestro conocimiento sobre las colaterales
sensitivas, composición de las raíces posteriores (halló en ellas fibras
motrices), elementos nerviosos y neuróglicos de la substancia gris, etc.,
con valiosas contribuciones[82].
En Francia tuve la suerte de ganar para mi causa al
Dr. L. Azoulay, joven de mucho talento, que confirmó no pocas de mis
conclusiones acerca de la estructura del cerebelo, cerebro y médula espinal, y
llegó á ser con el tiempo el generoso traductor francés de mis libros y el
mejor de mis amigos; y al ilustre Matías Duval, profesor de Histología de la
Facultad de Medicina de París, que llevó su adhesión á mis ideas, hasta mandar
reproducir, en grandes cuadros murales destinados á la enseñanza, los esquemas
de mis publicaciones neurológicas. Los que oyeron,[p. 182] por aquella
época sus elocuentísimas lecciones (Duval era un expositor científico de primer
orden), contaban que, una de sus frases favoritas al inaugurar sus conferencias
acerca del sistema nervioso, era: «Por esta vez la luz nos llega del Mediodía,
de la noble España, país del sol...» Parecidas afectuosas palabras repitió más
tarde en el prólogo con que apadrinó, ante el público francés, la traducción de
mis conferencias de Barcelona.
Aunque dados á la estampa en fechas ulteriores
(1893), citaremos aún, para ser completos, un artículo de vulgarización
publicado en Francia por Dagonet[83];
la elocuente exposición doctrinal de Tanzi, profesor de la Facultad de Medicina
de Florencia[84]; el resumen
de Bergonzini[85],
y, en fin, la presentación benévola de mis ideas, hecha por el célebre Edinger
en su clásico libro sobre la estructura comparativa del sistema nervioso[86].
No todo fueron venturas y satisfacciones durante el
año de 1890 y siguiente. Tuve también inesperados contratiempos.
Uno de ellos fué, en el orden científico, mi
polémica con el profesor Camilo Golgi, que, en artículo publicado en el Anatomischer
Anzeiger[87],
reclamó la prioridad del hallazgo de las fibras colaterales de
la médula espinal. En dicho escrito, harto desabrido y acre de tono, el
maestro[p. 183] de Pavía exhumaba cierta breve comunicación publicada en
1880 en un periódico local de Reggio Emilia (Italia), absolutamente desconocida
de los sabios. En este artículo —olvidado al parecer por el mismo Golgi, puesto
que no alude á él en su obra magna del sistema nervioso (1885)— figura un
párrafo de tres líneas en que se mencionan, en efecto, las famosas ramas
transversales brotadas de los tubos de los cordones.
En términos comedidos[88] contesté
yo, concediéndole de buen grado la prioridad del descubrimiento, aunque
lamentando que un hecho de tamaña importancia hubiera visto solamente la luz en
Revista local desconocida. Y, aprovechando la ocasión, redacté un resumen de
las conclusiones más importantes deducidas de mis trabajos é hice una crítica
severa de las especulaciones teóricas del sabio de Pavía (papel meramente
nutritivo de las dendritas, red nerviosa difusa intersticial, significación
funcional de los dos tipos neuronales, oficio vegetativo de la neuroglia,
etc.).
La justificada reclamación de Golgi disminuyó,
naturalmente, mi caudal de hallazgos en la médula espinal. El saldo en mi favor
fué, sin embargo, suficiente para consolar mi amor propio, un tanto
decepcionado. Considerando sólo el capítulo de las colaterales,
figuran todavía en mi haber personal: la descripción del modo de terminación de
dichas fibras en la substancia gris; sus conexiones, mediante nidos, con las
neuronas motrices y funiculares; su disposición variada en los diversos
cordones, y, en fin, su participación en la constitución de las comisuras
blanca y gris.
[p. 184]De estos percances ningún observador, ni
aun los mejores conocedores de la bibliografía, se verá jamás enteramente
libre. ¿Cómo evitar, en efecto, que, por negligencia, comodidad de redacción,
acaso por asegurar fecha lo más temprana posible, un sabio publique ó entierre (¡se
dan casos!) por varios años, en obscuro boletín local, ó en
las Actas de modesta Academia provinciana, un hecho
interesante recién descubierto? Ciertamente, los cultivadores de la ciencia
venimos obligados á publicar nuestros trabajos en Revistas ó Archivos
universalmente conocidos, para facilitar la pesquisa bibliográfica y evitar
sorpresas desagradables; pero ¿quién no ha incurrido alguna vez en este pecado
de pereza?
Las demás pesadumbres pertenecen al orden familiar
y no interesan al lector. Mi hijo mayor, que prometía ser mozo de
entendimiento, cayó gravemente enfermo con una fiebre tifoidea, de cuyas
resultas, además de paralizarse bastante su desarrollo mental, brotaron los
gérmenes de la enfermedad cardíaca que le llevó, tres lustros después, al
sepulcro. Y una de mis hijas, la primera nacida en Barcelona, fué víctima de la
inexorable meningitis, contraída durante la convalecencia del sarampión. Porque
en las grandes y húmedas urbes toda debilidad resulta peligrosa, á causa del
perpetuo acecho del bacilo de la tuberculosis, suspendido en la atmósfera y en
profusión sembrado por industriales desaprensivos en leches y carnes.
¡Pobre Enriqueta!... Su imagen pálida y doliente
vive en mi memoria, asociada, por singular y amargo contraste, á uno de mis
descubrimientos más bellos: el cilindro-eje de los granos del cerebelo
y su continuación con las fibrillas paralelas de la capa molecular. Acaso
en tan triste ocasión fué el dolor un soberano despertador. Profunda[p.
185]mente desvelado, y rendido de fatiga y de pena, dí en la manía de
embriagarme, durante las altas horas de la noche, con la luz del
microscopio, á fin de adormecer mis crueles torturas. Y cierta noche
aciaga, cuando las tinieblas comenzaban á abatirse sobre un sér inocente,
brilló de repente en mi espíritu el resplandor de una nueva verdad... Pero no
renovemos tristes recuerdos. Además, ¿á quién importan estas cosas?...
[p. 187]
CAPÍTULO IX
Trabajos de 1891. — Con la colaboración de van
Gehuchten, formulo el principio de la polarización dinámica de
las neuronas. — Completo mis anteriores observaciones sobre el cerebro y la
retina y acometo el análisis de los ganglios simpáticos. — Inesperada fortuna
de mis conferencias populares acerca de la estructura fundamental del sistema
nervioso. — Oposiciones á la cátedra de Histología, de Madrid. — Mi traslación
á la Corte en 1892.
a fiebre de trabajo y la tensión de espíritu
remitieron algo durante el año de 1891; sin embargo, la cosecha de
observaciones alcanzó aún cierta importancia. Como veremos luego, el descenso
de mi actividad debióse al tiempo invertido en la preparación intensiva de mis
oposiciones á la cátedra de Madrid.
Dos cosas hay que distinguir en mi labor de 1891:
la elaboración teórica y el acarreo de datos.
En el orden teórico considero como la más
afortunada de mis concepciones el principio de la polarización dinámica,
contenida ya en germen en los ensayos especulativos de 1889[89]. Complázcome
en reconocer que en la elaboración y formulación de este concepto tuvo el
profesor v. Gehuchten participación importante.
Permítame el lector un poco de historia.
[p. 188]No hay histólogo ó fisiólogo que, al
contemplar la morfología complicada de la célula nerviosa con sus dos clases de
expansiones, las protoplásmicas ó cortas y la nerviosa ó
larga, no se haya hecho las siguientes interrogaciones: ¿Cuál es la dirección
del impulso nervioso dentro de la neurona? ¿Propágase como el sonido ó como la
luz en todas direcciones, ó marcha constantemente en un solo sentido á la
manera del agua del molino?
Ciertamente, los fisiólogos habían aportado ya, en
relación á este problema, un dato valioso: que en los axones motores la
descarga nerviosa provocada por las células del asta anterior de la médula
espinal, transmítese exclusivamente en sentido celulífugo, esto es,
desde el soma á la placa motriz ó terminación nerviosa
periférica; y generalizando el supuesto un poco arbitrariamente, ciertos
neurólogos —Gowers, Bechterew, Kölliker, Waldeyer, etc.— atribuyeron á todos
los cilindros-ejes esta misma especie de conducción.
En cuanto al modo de conducción de las expansiones
protoplásmicas, no existía opinión formada. Muchos autores dudaban hasta de su
capacidad de transmitir corrientes (recuérdese la concepción de Golgi sobre el
papel puramente nutritivo de las dendritas). Sólo el fisiólogo Gad supuso,
aunque sin base objetiva suficiente, que las dendritas podrían acaso propagar
el impulso nervioso en sentido celulípeto, es decir, desde los
cabos de estas expansiones al cuerpo celular.
La aparición en 1889 y 1890 de mis trabajos sobre
la retina, bulbo olfatorio, cerebelo y médula espinal cambió algo la faz del
problema, haciéndolo abordable por la vía histológica. Dos adquisiciones, una
objetiva y otra teórica, facilitaron la tarea. Fué la primera la demostración
rigurosa de la capacidad conductriz de las dendritas; consistió[p. 189] la
otra en la identificación, imaginada por mí (1889) sobre la base de
comparaciones morfológicas, de las gruesas expansiones periféricas de los corpúsculos
sensoriales con las prolongaciones protoplásmicas de las neuronas centrales.
Fig. 27.—Esquema destinado á mostrar la dirección
del impulso nervioso en la retina de los vertebrados. —A, retina; B, cuerpo
geniculado externo; a, célula bipolar para bastones; b,
célula bipolar para conos; c, d, células
gangliónicas; e, cono; f, bastoncitos. Las flechas
marcan la dirección de la corriente.
[p. 190]Notemos, en efecto, pasando la vista por
las figuras 27 y 28, que en la membrana visual (células bipolares, conos y
bastones y corpúsculos ganglionares), y en el aparato olfativo (fig. 28), la
expansión ó expansiones celulares gruesas, en un todo comparables con las
dendritas, miran constantemente al mundo exterior y poseen conducción
evidentemente celulípeta, mientras que el axon ó prolongación celulífuga se
orienta hacia los centros nerviosos. Procediendo por inducción, era natural
atribuir iguales propiedades dinámicas á las dendritas de las neuronas
multipolares del cerebro, cerebelo y médula espinal. Así lo expresé yo, aunque
con cierta timidez, en 1889, en mi citado trabajo de La medicina
práctica[90]. En la
figura 29 mostramos la dirección que el impulso nervioso seguiría en un órgano
nervioso central, el cerebelo, caso de que la referida ley posea valor general.
Fig. 28.—Esquema destinado á mostrar la dirección
de la onda nerviosa en la mucosa y centros olfativos. —A, mucosa olfativa; B,
bulbo olfatorio del cerebro; C, lóbulo esfenoidal del cerebro, donde acaban las
vías nacidas del bulbo. Las flechas señalan la dirección del movimiento
nervioso.
Faltóme entonces audacia para elevar la fórmula á
la categoría de ley general. Es preciso convenir en que, no obstante los
progresos hechos en el conocimiento estructural de las vías sensoriales,
gracias á las investigaciones de Golgi, las nuestras y las de Kölliker,
Tartuferi, Retzius y Lenhossék, etc., semejante generalización resultaba
prematura.
Parecióme, además, que ciertos hechos eran
francamente contrarios á la supuesta conducción exclusivamente celulípeta de
las dendritas y celulífuga del axon. Uno de ellos era la
existencia en diversos centros nerviosos de los ver[p. 191]tebrados, y
particularmente en el lóbulo óptico (aves y reptiles) de zonas concéntricas,
donde concurren exclusivamente apéndices protoplásmicos. En tales casos era
forzoso admitir el contacto entre dendritas de origen diverso y, por tanto, una
conducción indiferentemente celulípeta ó celulífuga.
La otra grave dificultad estribaba en las células
de los ganglios sensitivos ó raquídeos, donde la rama
periférica de conducción, indiscutiblemente celulípeta, afecta, por excepción,
en el adulto todos los caracteres estructurales y morfológicos del
cilindro-eje.
Descorazonado ante tales escollos, abandoné la
cuestión que estimé prematuramente planteada, y acaso insoluble, con ayuda de
los métodos histológicos.
Transcurridos dos años, es decir, en 1891, apareció
un interesante trabajo de van Gehuchten[91],
donde se criticaba incidentalmente y en una nota mi atrevida identificación de
las dendritas con las expansiones receptoras de los corpúsculos sensoriales,
así como las consecuencias fisiológicas de semejante supuesto.
«Nos parece difícil —dice este sabio— admitir la
hipótesis, por otra parte muy ingeniosa, de Cajal, según la cual la
prolongación periférica de las células ganglionares sensitivas (alude también á
las bipolares olfativas, retinianas, etc.) sería una prolongación
protoplásmica, mientras que la expansión central representaría un verdadero
axon. Ramón y Cajal ha llegado á esta hipótesis comparando, por ejemplo, los
elementos bipolares de la mucosa olfativa con los elementos de los ganglios
espinales.
»La idea de considerar la prolongación periférica
como[p. 192] protoplásmica es ingeniosa en el sentido de que establece
fácilmente una diferencia funcional entre las expansiones protoplásmicas y
nerviosas. Las prolongaciones protoplásmicas tendrían conducción celulípeta y
servirían para transmitir al cuerpo celular las conmociones nerviosas llegadas
de los vecinos elementos; mientras que el cilindro-eje ofrecería una
conducción celulífuga, destinada á poner el elemento nervioso de
que proviene en relación con los otros.
»Mas para admitir esta hipótesis fuera necesario
modificar completamente la idea que tenemos de las prolongaciones
protoplásmicas, y admitir que una de estas prolongaciones puede llegar á ser el
cilindro-eje de un corpúsculo nervioso, lo que nos parece difícil de aceptar.»
Fig. 29.—Esquema destinado á mostrar la marcha de
las corrientes en el cerebelo, en el supuesto de que la ley de polarización
dinámica tenga carácter general. —a, grano; b, fibra
musgosa; c, corpúsculo de Purkinje; d, fibra paralela.
La lectura de esta crítica incidental del sabio de
Lovaina atrajo mi atención y me llevó á meditar nuevamente sobre el tema. Con
razón afirman los psicólogos que en frente de una idea, repetidamente
apercibida ó pensada, nuestros sucesivos estados de conciencia son siempre
diferentes. Entre la primera y la última aprehensión del concepto, el espíritu
ha ganado en adquisiciones; ciertas ob[p. 193]jeciones pierden su fuerza;
dificultades, al parecer insuperables, se desvanecen; fórjanse, en fin, nuevas
asociaciones de ideas. Tal me ocurrió en aquella ocasión. La precisión con que
dicho sabio planteó el problema modificó el curso de mis pensamientos, y las
dudas discretas, por él expresadas, en vez de detenerme y disuadirme,
produjeron el efecto contrario. La obsesión del tema me perseguía, y lleno de
esperanzas y de alientos, me dije: ¿Por qué dicha fórmula no ha de ser verdad?
¿No es plausible pensar que á cualidades morfológicas diferentes correspondan
funciones algo diversas? Y esta diversidad, nacida por adaptación fisiológica,
¿no podría ser para las dendritas la conducción exclusivamente celulípeta y
para el axon la celulífuga? Probemos otra vez.
Y sometí los hechos adversos á un estudio mucho más
detenido y reflexivo. El primer obstáculo —la existencia de zonas donde
exclusivamente concurrían las dendritas— desvaneciose enteramente al examinar
ciertas preparaciones del lóbulo óptico y cerebro de reptiles, aves y
batracios, ejecutadas por mi hermano, por entonces consagrado ahincadamente al
análisis de los centros de los vertebrados inferiores[92]. Allí, donde
años antes yo no encontraba sino dendritas, los referidos cortes mostraban
ricos plexos nerviosos terminales.
Fig. 30.—Esquema destinado á mostrar las
metamorfosis de situación y morfología sufridas por las células sensitivas en
la serie animal. —A, células sensitivas de la lombriz de tierra (el cuerpo
celular, como demostró Lenhossék, reside en la epidermis); B, células
sensitivas de los moluscos (según Retzius); C, células sensitivas de los peces
inferiores; D, células sensitivas de los mamíferos, aves, reptiles y batracios.
El segundo obstáculo (carácter axónico de la
expansión externa ó celulípeta de las células ganglionares raquídeas), fué
salvado mediante una interpretación racional, funda[p. 194]da en hechos bien
establecidos de la ontogenia y filogenia. Ciertamente, en los vertebrados
superiores, la expansión externa de las células sensitivas posee carácter de
cilindro eje; pero si descendemos en la escala animal (vermes, moluscos,
crustáceos, etc. (fig. 30, A, B), según probaron las investigaciones de Retzius
y Lenhossék) ó nos remontamos á las primeras fases de la época embrionaria,
reconoceremos fácilmente que la célula ganglionar ó sensitiva adopta, no el
tipo monopolar, característico de los vertebrados superiores
(mamíferos, reptiles y batracios), sino el bipolar, á la manera de
los elementos de la mucosa olfa[p. 195]toria, ó los de la membrana visual;
ofreciendo, por consiguiente: cierta expansión externa gruesa,
colectora de corrientes aferentes, exenta de forro medular y con todos los
rasgos distintivos de las dendritas; y una expansión interna, fina,
dirigida á los centros y en posesión de los atributos del cilindro-eje
legítimo. Por donde se infiere que, en el curso de la evolución ontogénica y
filogénica, una expansión primitiva, legítimamente dendrítica en su doble
aspecto dinámico y morfológico, puede adquirir, por adaptación progresiva, los
caracteres estructurales, pero no los dinámicos, del cilindro-eje. Ó en otros
términos: las cualidades anatómicas de las expansiones neuronales no
representan hechos primitivos impuestos fatalmente por ley de evolución, sino
disposiciones secundarias de carácter adaptativo, y en relación, sobre todo,
con la longitud del conductor. Por ejemplo: la posesión de una vaina medular
aisladora en las dendritas (célula sensitiva de los ganglios) relaciónase, más
que con la dirección del movimiento nervioso, con la longitud considerable del
conductor. En la figura 30 mostramos la evolución morfológica y de situación
del cuerpo celular que ha experimentado la célula sensitiva durante su desarrollo
filogénico. Se ve que, conforme progresa la evolución, dicho cuerpo abandona
sucesivamente la piel, confinándose en órganos profundos, y cuando yace cerca
de la médula espinal (reptiles, batracios, aves y mamíferos) comienza otra
emigración, en cuya virtud el núcleo intercalado entre las dos expansiones,
central y periférica, huye hacia la corteza del ganglio, brotando aquéllas en
lo sucesivo de un pedículo inicial con atributos anatómicos de axon[93].
[p. 196]
Esta evolución morfológica de las neuronas
sensitivas se reproduce durante el desarrollo embrionario de los mamíferos y
aves, según mostramos en la figura 31.
Fig. 31.—Fases del desarrollo de las células
sensitivas de los mamíferos. —a, b, fases primitivas; c, d, e,
transiciones de la bipolaridad á la monopolaridad.
Salvadas estas dificultades y previo un análisis
histológico más preciso del efectuado hasta entonces acerca del plan
estructural de las vías sensoriales y sensitivas, fuimos conducidos al
siguiente enunciado[94], que fué
acogido simpáticamente por muchos neurólogos y hasta por el mismo van Gehuchten[95]: La
transmisión del movimiento nervioso se produce siempre desde las ramas
protoplasmáticas y cuerpo celular al axon ó expansión funcional. Toda neurona
posee, pues, un aparato de recepción, el soma y las prolongaciones
protoplásmicas, un aparato de emisión, el axon, y un aparato de distribución,
la arborización nerviosa terminal. Y como esta marcha del impulso
nervioso al través del protoplasma implica cierta orientación constante, algo
así como una polarización de las ondas nerviosas, designamos
la tesis precedente: teoría de la polarización dinámica.
Pero en tan difíciles dominios la verdad completa
rara vez surge de golpe. Se forja poco á poco, tras muchos tanteos y
rectificaciones. Á pesar de su amplitud, el referido principio no resultaba
aplicable á todos los casos conocidos de la morfología neuronal. De su dominio
escapaban muchas neuronas de los invertebrados y algunos elemen[p. 197]tos de
los vertebrados, singularmente ciertas células nerviosas de axon
arciforme, nacido lejos del soma, descubierto por mí y por mi hermano en el
lóbulo óptico de los vertebrados inferiores. Sólo más adelante, en 1897[96], caí en la
cuenta de que, contra el sentir general, el soma ó cuerpo celular no interviene
siempre en la conducción de los impulsos nerviosos recibidos. La onda aferente
se propaga á veces directamente desde las dendritas al axon. Hube, pues, de
sustituir la fórmula incorrecta precedente con esta otra, que designé: Teoría
de la polarización axípeta. El soma y las dendritas poseen
conducción axípeta, es decir,[p. 198] transmiten las ondas
nerviosas hacia el axon. Inversamente el axon ó cilindro-eje goza de conducción
somatófuga ó dendrífuga, propagando los impulsos recibidos por[p. 199] el
soma ó por las dendritas, hacia las arborizaciones terminales nerviosas. Por
consiguiente, las corrientes afluentes al axon no pasan por el soma, sino
cuando éste se interpone entre los aparatos dendrítico y axónico.
Fig. 32.—Esquema de la marcha de las corrientes en
las vías sensitivo-motrices. Admitiendo la fórmula de la polarización axípeta,
evitamos la suposición, contraria á la teoría, de que el pedículo de la célula
sensitiva posea conducción celulípeta y celulífuga á la vez. —A, piel; B,
ganglio raquídeo; C, médula espinal.
Esta fórmula se aplica á todos los casos sin
excepción, tanto de los vertebrados como de los invertebrados, lo mismo en el
adulto que en el embrión. Gracias á su absoluta generalidad, constituye una
preciosa clave interpretativa de la marcha de las corrientes en las neuronas de
los centros. Así lo han reconocido sabios insignes que me han hecho la honra de
aceptarla sin reservas.
Fig. 33.—Esquema destinado á mostrar la marcha de
las corrientes en las células de cayado del lóbulo óptico de peces, batracios y
reptiles, donde el axon surge de una dendrita á gran distancia del cuerpo
celular. Aceptando la fórmula de la polarización axípeta, se evita el escollo
de suponer una doble conducción, celulípeta y celulífuga, en el tallo
intercalado entre el soma y el axon.
Acerca de sus ventajas trataré, empero, más
adelante. Limitareme por ahora á copiar aquí dos figuras esquemáticas (32 y
33), donde el lector podrá reconocer fácilmente cómo, en efecto, dicha fórmula
se aplica lo mismo á los casos difíciles (neuronas cuyas dendritas brotan
del segmento inicial del axon, cual ocurre en los
invertebrados, células con cilindro-eje en cayado, células
ganglionares raquídeas adultas, etc.), que á los tipos neuronales
corrientes del encéfalo de los mamíferos (figs. 28 y 29). Las flechas marcan el
sentido de las corrientes.
Perdone el lector si me he detenido demasiado en
referir los incidentes de mis reflexiones acerca del dinamismo neuronal. He
querido mostrar, con un ejemplo típico, la marcha seguida durante la
elaboración teórica; narrar cómo los obstáculos, al parecer insuperables, que
cierran el paso á una concepción racional, pueden salvarse, volviendo
reiteradamente sobre el tema, eliminando errores y analizando á fondo los
hechos contradictorios; y cómo, en fin, el primer esbozo teórico se afina y
depura por la reflexión, ganando progresivamente en generalidad hasta aplicarse
á todos los casos.
[p. 200]En el terreno de los hechos concretos,
considero como lo mejor de mi labor de 1891 los recolectados en la retina,
cerebro y gran simpático.
La retina mostrose siempre conmigo
generosa. Cada tentativa analítica marcó un progreso más ó menos importante en
el conocimiento de esta membrana, no obstante la formidable concurrencia que me
hacía Dogiel, el gran histólogo ruso, que por aquel tiempo aplicaba con fortuna
al mismo tema el método de Ehrlich al azul de metileno. No es cosa de referir
aquí todos los menudos datos morfológicos y de conexión recogidos durante
aquella campaña en la membrana visual de peces, batracios, reptiles y mamíferos[97]. Para no
molestar demasiado al lector, escogeré solamente uno de los hechos más
interesantes desde el punto de vista fisiológico. Aludo á la existencia de un
doble tipo de célula bipolar en relación con las dos variedades conocidas de
corpúsculos visuales receptores.
Sabido es que, desde la época de J. Müller y M.
Schültze, los fisiólogos y anatómicos admiten en la retina de los vertebrados
dos órdenes de células receptoras: el cono, destinado á la visión
diurna ó cromática, y el bastoncito, destinado á la visión
crepuscular ó incolora. La excitación de estas últimas células produce una
imagen poco detallada y comparable en principio á una fotografía común
desenfocada (los bastones no existen en la foseta central, región[p.
201] de la máxima acuidad visual); mientras que la impresión de los conos,
elementos particularmente concentrados en la fovea centralis, da
copias coloreadas, finas y brillantes, semejantes á una cromofotografía en
placas autocromas. En los peces, las aves diurnas, el ratón, etc., dominan los
bastones; en otros animales, preponderan los conos (aves diurnas, reptiles,
etcétera). Por singular privilegio, reune el hombre la visión cromática del
águila y la crepuscular del pez.
Fig. 34.- Esquema destinado á mostrar los sendos
cauces al través de la retina del impulso recogido por los conos y bastoncitos
de los mamíferos. —a, bastoncitos; b, conos; e,
células bipolares para bastón; f, células bipolares para
conos; r, h, g, z, células
gangliónicas.
Ahora bien; mis observaciones, rectificando las
ideas expuestas por Tartuferi y Dogiel, habían demostrado que por su cabo
inferior, extendido hasta la zona plexiforme (véase la fig.
34, d, c), los bastoncitos y conos se terminan, no
mediante redes, según anunciaron dichos sabios, sino libremente y de modo
diverso: las prolongaciones descendentes de los primeros rematan á favor de una
esférula libre; mientras que la expansión espesa de los segundos acaba en todos
los vertebrados mediante una brocha de raicillas horizontales ramificadas (fig.
34, z).
Fijado este punto importante, yo me planteé una
cues[p. 202]tión muy sencilla. Puesto que la impresión recibida por el
bastoncito es diferente de la recolectada por el cono, precisa de todo punto
que cada una de estas impresiones específicas se propague al través de la
retina por cauce separado.
De ser válidas las conclusiones de Tartuferi y
Dogiel, según las cuales el segundo anillo de la cadena visual estaría
representado por un sólo tipo de bipolar, en continuación conjunta y
substancial, hacia fuera, con los segmentos terminales de conos y bastones, y,
hacia adentro, con las frondas de las células gangliónicas (capa plexiforme
interna), quedaría completamente frustrado el ingenioso arbitrio con que la
naturaleza ha organizado dos órdenes de células foto-receptoras específicas; ya
que desde la segunda neurona visual en adelante ambas impresiones, la del color
y la del blanco y negro, habrían de confundirse corriendo juntas por los mismos
cauces.
Cuando se discurre con sentido común y alzamos el
mazo resueltos á una acción vigorosa, la naturaleza acaba por oirnos.
Consciente de lo que buscaba, dime á explorar acuciosa y reiteradamente la
retina de peces y mamíferos (animales donde la diferenciación entre conos y
bastones llega al sumo); y al fin, como premio á mi fe, dignáronse aparecer
clarísimos y resplandecientes aquellos dos tipos de corpúsculos bipolares
exigidos por la teoría y adivinados por la razón. En la figura 34, e, f,
presentamos esquemáticamente los sendos cauces del bastoncito y del cono al
través de la retina. Nótese cómo una variedad de bipolar se
pone en contacto, mediante su penacho protoplásmico ascendente, con un grupo de
esférulas terminales de los bastoncitos; mientras que la expansión
axónica ó profunda de dicha célula, acabada en pie verrugoso, se articula
inferiormente con el cuerpo de cierta neurona ganglionar gi[p. 203]gante.
Repárese también cómo la célula bipolar para cono entra en
conexión individual, á favor de su penacho externo, con el pie ramificado de un
cono; en tanto que, mediante su axon profundo, extendido en fronda horizontal,
se yuxtapone al ramaje terminal de los medianos y pequeños corpúsculos
gangliónicos (fig. 34, g, h, j y fig.
27, b).
Fig. 35.—Presentación esquemática de algunos de mis
hallazgos en la retina de los mamíferos. —a, b, células
horizontales con sus axones (d, e) terminados en la capa
plexiforme externa; f, g, h, m, n,
diversos tipos de células amacrinas ó espongioblastos; p, amacrinas
dislocadas; r, fibras centrífugas, etc.
Imposible sería consignar aquí, ni aun en forma
sucinta, todos los demás encuentros afortunados logrados en la retina de peces,
batracios, reptiles, aves y mamíferos. Me limitaré solamente á recordar el
hallazgo del axon y arborización nerviosa terminal de los diversos
tipos de corpúsculos horizontales (fig. 35, d, e)
(elementos situados por debajo de la capa plexiforme interna); la descripción
de mu[p. 204]chas variedades morfológicas de amacrinas y elementos
gangliónicos (g, h, m, n),
el análisis de las células neuróglicas ó de Müller en la serie
de los vertebrados, etc., etc. En la figura 35, r, p, o, n, f, a,
mostramos esquemáticamente algunos de estos hallazgos.
Otro de los trabajos en que puse más entusiasmo y
esfuerzo analítico, fué el consagrado á la corteza cerebral de
reptiles, batracios y mamíferos. Á la verdad, el tema me atraía con singular
imperio. El culto al cerebro, enigma entre los enigmas, era viejo en mí, según
dejo expuesto en capítulos anteriores. Pero yo deseaba internarme más en aquel
dominio y determinar en lo posible su plan fundamental, ó al menos llevar á
cabo una requisitoria semejante á la efectuada años antes en el cerebelo. Mas
¡ay!, mis optimismos me engañaban. Porque el artificio soberano de la
substancia gris es tan intrincado, que desafía y desafiará por muchos siglos la
porfiada curiosidad de los investigadores. Ese desorden aparente de la maraña
cerebral, tan alejada de la regularidad y simetría de la médula espinal y
cerebelo, esconde un orden profundo, sutilísimo, actualmente inaccesible. No ya
el monumental encéfalo del homo sapiens, pero hasta el más modesto
del reptil y del batracio, ¡qué digo!, hasta el tan desdeñado y diminuto
ganglio cerebroide del insecto, al parecer meras máquinas reflejas, oponen al
análisis obstáculos insuperables. En la enrevesada urdimbre cerebral, sólo paso
á paso cabe avanzar, y aun así, para ser afortunado, los zapadores deben
llamarse Meynert, Golgi, Edinger, Flechsig, Forel, etc.
Pero mi juventud de entonces, harto confiada y
acaso algo presuntuosa, ignoraba el saludable miedo al error; y me lancé á la
empresa confiado en que en aquella selva temerosa, donde tantos exploradores se
habían perdido, se[p. 205]ríame permitido cobrar, si no tigres y leones,
algunas modestas piezas desdeñadas por los grandes cazadores.
He aquí, brevemente, enumerados algunos de mis
hallazgos de aquella época:
Fig. 36.—Doble esquema donde mostramos la evolución
filogénica y ontogénica de la célula psíquica ó pirámide cerebral. —A, célula
piramidal de un batracio; B, de un reptil; C, del conejo; D, del hombre; a, b, c, d,
fases evolutivas de la célula psíquica en el embrión de mamífero.
1.º Uno de los hechos mejor apreciados entonces fué
la revelación de la existencia constante en la corteza cerebral de batracios,
reptiles, aves y mamíferos, del corpúsculo piramidal, que osé
llamar, con audacia de lenguaje de que hoy me avergüenzo un tanto, la célula
psíquica[98]. Sus
características son: forma alargada, más[p. 206] ó menos cónica ó
piramidal; orientación radial; ostentar constantemente un penacho dendrítico
extendido por la capa molecular ó tangencial del cerebro, y un axon ó expansión
nerviosa dirigido á[p. 207] las regiones profundas, donde constituye vías
de asociación intercortical ó córtico-medular.
La figura 36 me dispensa de entrar en pormenores
acerca de la citada célula psíquica, que fué objeto más adelante,
por parte de mi hermano, de análisis agotantes en reptiles y batracios, y, por
iniciativa de mi discípulo Cl. Sala, de un buen estudio en las aves.
Fig. 37.—Esquema de una sección de la corteza
cerebral de un mamífero de pequeña talla (conejo, ratón, etc). En esta figura
se han reunido algunos de mis hallazgos de 1890 y 1891. —a, células
estrelladas pequeñas de la capa plexiforme ó superficial; b,
corpúsculos fusiformes horizontales; c, elemento de axon ascendente
arborizado en la zona de las medianas pirámides; d, neurona situada
en la capa de corpúsculos polimorfos, cuyo axon se arboriza en la capa
molecular; h, colaterales de la substancia blanca; f,
ramificación terminal de las fibras sensitivas; g, colaterales de
los axones de las pirámides destinadas al cuerpo estriado; A, zona plexiforme;
B, de las pequeñas pirámides; C, de las medianas pirámides; D, de las pirámides
gigantes; E, de los corpúsculos polimorfos; F, substancia blanca; G, cuerpo estriado.
2.º Encuentro en la capa molecular del cerebro de
los mamíferos (donde se suponían existir solamente corpúsculos neuróglicos y
fibras nerviosas), de numerosas neuronas de axon corto, terminado
en el espesor mismo de dicha zona, y clasificables en dos variedades
principales (fig. 37, a, b).
3.º Descripción de numerosas neuronas
fusiformes, habitantes en todos los estratos de la corteza cerebral y
caracterizadas por que su axon, de orientación ascendente, se arboriza en
las zonas de las pequeñas, medianas y grandes pirámides (fig.
37, c, e).
4.º Persecución, por vez primera, del curso de las
fibras de proyección hasta el cuerpo estriado, y señalamiento de sus
colaterales para este cuerpo y para la comisura callosa (fig. 37, g).
5.º Descubrimiento de ciertas fibras gruesas
llegadas del cuerpo estriado y ramificadas libremente en las zonas de las
pirámides (f). Tales fibras, confirmadas por Kölliker, que las
llamó fibras de Cajal, representan probablemente la terminación de
la vía sensitiva central.
6.º Demostración de la terminación libre de las
colaterales de los axones de las pirámides y de las ramillas nerviosas de los
elementos de axon corto (fig. 37, D).
7.º Observación de que las células de Martinotti, ó
de axon ascendente ramificado en la capa molecular, no viven sólo cerca de
ésta, sino en todas las capas de la corteza (fig. 37, d).
8.º Nuevas observaciones sobre la evolución
embrionaria de las células piramidales y de los elementos de neuroglia, etc.
Algunas de estas observaciones y otras que, en
obsequio á la brevedad, no menciono, divulgáronse rápidamente, gracias á mi
precaución de publicarlas en francés, aprovechando cierta Revista histológica
belga, La Cellule[99].
[p. 208]
Poco después, Retzius, Kölliker, mi hermano,
Edinger, Schäffer, etc., confirmaban y ampliaban en algunos puntos los
precedentes resultados.
La última de mis pesquisas de 1891 versó sobre la
estructura del gran simpático. Fué esta indagación, harto más floja
que las anteriores, prueba palmaria del enorme influjo de lo moral sobre lo
intelectual. Por entonces hallábame preocupado con las oposiciones á la cátedra
de Histología de Madrid. La preparación ansiosa de los ejercicios, las
suspensiones que éstos sufrieron, el ajetreo de mis repetidos viajes á la
Corte, interrumpieron la continuidad de mi esfuerzo analítico, arrebatándome
esa tranquilidad de espíritu sin la cual toda obra humana suele resultar pobre,
contradictoria y desprovista de elegancia.
La citada indagación llegaba, sin embargo, á su
hora. Ignorábase por aquel tiempo la verdadera morfología de las neuronas
simpáticas. Diversos histólogos (Remak, Ranvier, Kölliker, etc.) habían
reconocido en ellas expansiones dicotomizadas; pero reinaba la mayor
incertidumbre acerca del carácter y paradero de las mismas. El corpúsculo
simpático, cuya naturaleza motriz parecía indudable, ¿poseía, en concordancia
con el patrón morfológico común, legítimas dendritas y axon, ó más bien, según
sospechaban ciertos neurólogos, todas sus prolongaciones celulares tenían
significación nerviosa, arborizándose en las fibras musculares lisas? ¿Ó
constaba, más bien, según parecer algo indeciso de Kölliker (1890) de un grupo
de axones y de un juego de dendritas?
Fig. 38.—Varias células del gran simpático del
perro. El axon único marcado con c se distingue por carecer de
ramificaciones. A, B, D, F, G, diversos tipos morfológicos de neuronas
simpáticas.
Impaciente por llegar á la meta antes que nadie,
exploré febrilmente los ganglios simpáticos de los embriones de ave,
consiguiendo por lo pronto establecer en sus neuronas la existencia de
prolongaciones protoplásmicas genuinas, acabadas libremente en el seno de la
trama ganglio[p. 209]nar[100].
Pero ofuscado por las apariencias, atribuí á cada célula dos ó más axones (en
armonía con una opinión reciente de Kölliker), cuando positivamente sólo emite
uno. Poco tiempo después, en trabajo especial recaído en los mamíferos,
rectifiqué espontáneamente mi equivocación y formulé la verdadera disposición
de los corpúsculos simpáticos[101]. Mas esta
rectificación tardía deslució mucho mi labor. Y aunque mi nueva concepción
morfológica vió la luz antes de la aparición de las observaciones de van
Gehuchten, Luigi Sala, discípulo de Golgi, y de G. Retzius,[p. 210] á
quienes había yo sugerido la fórmula metodológica apropiada (proceder de doble
impregnación al cromato de plata), no pude evitar se me reprocharan,
con razón, mis titubeos y contradicciones, y se adjudicara á van Gehuchten el
mérito de haber resuelto definitivamente el problema. Algo quedó, naturalmente,
en mi activo: la existencia de las colaterales de las fibras llegadas
de la médula espinal (fibras motrices de primer orden de
los autores y cordones de unión longitudinal de los ganglios); los nidos
nerviosos pericelulares de origen dendrítico; la determinación de
varias modalidades neuronales, etc. Sírvame la figura 38, reproducción de un
grabado anejo al trabajo de 1891, para suplir detalles descriptivos que aquí
resultarían inoportunos.
En fin, para cerrar la lista de las publicaciones
de 1891, me limitaré á citar brevemente un trabajo en colaboración de mi
discípulo Cl. Sala[102], donde se
precisa la verdadera forma de los conductos glandulares del páncreas, así como
el modo de terminación de los nervios simpáticos; otra breve comunicación en
que se describen las terminaciones nerviosas del corazón de los mamíferos[103], probando
que en las fibras musculares cardíacas no existe la placa motriz,
ni la singular disposición referida por Ranvier, sino plexos nerviosos difusos
semejantes á los descritos en los músculos de fibra lisa; cierta nota[104] donde,
á semejanza de las raíces posteriores de la médula espinal, se reconocen
típicas bifurcaciones en los nervios sensitivos, bulbares y craneales (trigémino, nervio
vestibular, coclear[p. 211] ó acústico, etc.); un
estudio sobre la médula de los reptiles, en que se comprueban muchos detalles
hallados anteriormente en la de las aves y mamíferos; y, en fin, una nota
descriptiva de la substancia de Rolando de la médula espinal de los mamíferos[105].
Al final de 1891, el conjunto de mi labor práctica
y la suma de las inducciones teóricas obtenida habían alcanzado suficiente
amplitud y densidad para formar la materia de un libro. Algunos discípulos y
médicos de Barcelona que conocían mis ideas, me invitaron á exponerlas ante
la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña. Deferí gustoso á sus
ruegos, ejecutando para mis conferencias grandes cuadros murales policromados,
representativos, bajo forma esquemática, del plan estructural de los centros
nerviosos y órganos sensoriales. Oyóseme con agrado, y algunos discípulos
entusiastas tuvieron la amabilidad de recoger mis explicaciones y copiar mis
dibujos, publicando en la Revista de Ciencias Médicas de dicha
ciudad una serie de artículos, atentamente revisados y retocados por mí.
Los tales artículos, que vieron la luz en 1892[106], tuvieron un
éxito que me llenó de sorpresa, sobrepujando, no sólo mis esperanzas, sino mis
ilusiones. Ignoro cómo se enteraron en el extranjero de dichas conferencias;
ello fué que en poco tiempo vieron la luz traducciones ó extensas relaciones en
varios idiomas. Hasta el gran W. His, profesor de Leipzig, de cuya buena
amistad hice mérito en[p. 212] capítulos anteriores, propúsome traducirlas
al alemán. La versión tudesca aparecida en 1893[107] corrió
á cargo nada menos que del Dr. H. Held, á la sazón ayudante del maestro (á
quien sucedió en la cátedra) y actualmente una de las mayores ilustraciones de
la Histología alemana. En cuanto á la edición francesa, fué hecha por el Dr.
Azoulay, que tradujo á conciencia un texto especialmente revisado y ampliado
por mí. El pequeño libro, intitulado Les nouvelles ideés sur la fine
anatomie des centres nerveux (Reinwald, París), y autorizado con un
prólogo afectuoso del ilustre profesor Matías Duval, de París, hizo furor: en
menos de tres meses agotáronse dos copiosas ediciones. Tan inesperado favor del
público sugirióme el propósito, que acometí años después, de escribir un libro
extenso donde se estudiara sistemática y minuciosamente la textura del sistema
nervioso de todos los vertebrados y se diera cuenta, con los necesarios
desarrollos, de la totalidad de mi obra científica. Acerca de este formidable
trabajo de benedictino, en que me ocupé ahincadamente durante diez años,
trataré oportunamente.
En Abril de 1892 ocurrió mi traslación á Madrid.
Tras ejercicios de oposición que duraron varios meses é interrumpieron
numerosos incidentes, tuve la fortuna de ser propuesto unánimemente para la
cátedra de Histología normal y Anatomía patológica, vacante por defunción del
inolvidable y benemérito Dr. Maestre de San Juan[108].[p.
213] En el Tribunal, presidido por el Dr. D. Julián Calleja, figuraban
jueces tan prestigiosos como el Dr. Alejandro San Martín, Dr. Federico Olóriz,
el Marqués del Busto, don Antonio Mendoza y los profesores de la asignatura
doctores Cerrada y Gil Saltor.
Mi triunfo no fué fácil, pues contendía con rivales
de mucho mérito, singularmente uno de ellos, á cuyos talentos y cultura siempre
rendí ingenua admiración y cordial estima.
Como no he consentido jamás á mi amor propio el
menor conato de vanidad ni de engreimiento, declaro ahora que mi victoria, tan
sonada por aquellos tiempos entre la clase médica de la Corte, debióse
exclusivamente á dos motivos, en cierto modo impersonales y circunstanciales:
desde luego, á la eficaz preparación lograda, explicando durante cuatro años
consecutivos las asignaturas objeto de la oposición; y, después, al crédito y
favor que mis modestos pero numerosos trabajos científicos (pasaban ya entonces
de 60) habían granjeado entre los sabios extranjeros.
Yo deploré mucho haber debido recurrir, para llegar
á la Universidad Central, ideal de todo catedrático de provincias, á la pugna,
cruel y enconada siempre, de la oposición. Por cultas y corteses que sean las
armas esgrimi[p. 214]das en semejantes lides, dejan siempre en pos rencillas y
resquemores lamentables, enfrían amistades cimentadas á veces en afinidades de
gustos y tendencias, é impiden colaboraciones que podrían ser provechosas para
la ciencia nacional.
Porque, para mí, ser catedrático de la Central
constituía entonces la única esperanza de satisfacer, con cierta holgura, mis
aficiones hacia la investigación y de aumentar mis recursos, harto mermados con
los incesantes gastos de laboratorio y de suscripciones á Revistas, amén del
sostén de numerosa familia. Ricos y prestigiosos eran mis rivales; cultivaban
pingües y bien merecidas clientelas, y podían esperar. Pero yo, enfrascado en
mis trabajos, había perdido casi del todo las aptitudes clínicas; estaba, por
consiguiente, inhabilitado para la labor profesional, única ocupación que puede
conducir al médico al desahogo económico. Sólo en la decorosa industria del
libro de texto, tan fructuosa para los catedráticos de la Corte cuanto precaria
para los de provincias —industria sandiamente motejada por quienes no conocen
sino sus vituperables abusos—, entreveía yo ese modesto pero holgado pasar,
capaz de garantizarme, con la preciosa conquista de mi tiempo, el
bien supremo de la independencia del espíritu.
[p. 215]
CAPÍTULO X
Mi traslación á la Corte. — Me domicilio en la
calle de Atocha, cerca de San Carlos. — Semblanzas de algunos de mis amigos y
colegas de Facultad, hoy desaparecidos: Calleja, Olóriz, Hernando, Letamendi,
San Martín, etc.
uando, de retorno de las oposiciones, me incorporé
á la familia, la encontré aumentada con un hijo más. Ello fué motivo de júbilo,
aunque la aparición de un sexto retoño no suela despertar los mismos
entusiasmos que el primero.
Entre mis comprofesores de Barcelona produjo la
noticia de mi triunfo agradable sorpresa, mezclada acaso con algo de
contrariedad. Parecióme advertir en algunos colegas cierto descontento por no
haber dado oportunamente algún paso encaminado á retenerme indefinidamente en
la capital catalana[109]. Estos
sentimientos de consideración y estima, tan honrosos para mí, tuvieron
expresión amable y entusiasta en cierto banquete de homenaje con que la[p.
216] Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y mis colegas de
claustro obsequiaron al que, durante cerca de cinco años, tuvo el honor de ser
su compañero y colaborador. Al acto asistieron también varios profesores de la
Facultad de Ciencias y los simpáticos contertulios de la peña del café.
Con verdadera pena hube de abandonar á tan
excelentes amigos, y con ellos á una ciudad donde encontré ambiente
singularmente favorable para la ejecución y publicación de mis trabajos
científicos. Con no menos tristeza despedíme de aquella tertulia célebre de
la Pajarera, donde, en compañía de García de la Cruz, Schwarz,
Soriano, Villafañé, Castro Pulido, Castell, Odón de Buen, etc., había pasado
ratos inolvidables.
El eco de mis éxitos de opositor repercutió también
en Zaragoza, entusiasmando, según era natural, á mis amigos y paisanos. Allí,
en el seno del hogar, donde descansé algunos días camino de la Corte, gocé una
de las más puras y nobles satisfacciones que es dable experimentar: la
contemplación del gozo y del orgullo de los ancianos padres..., de aquellos
padres á quienes tantos disgustos causaran en otro tiempo los devaneos y
desobediencias de su hijo... Fué aquella alegría hermosa compensación de sus desvelos
y gran consuelo para mí. ¡Cuánto hubiera dado yo porque la vida de mis
progenitores se hubiera prolongado hasta 1906, fecha del más sonado de mis
triunfos internacionales! Pero la ley de la vida es inexorable, y á pocos
padres es dado ser testigos de la culminación de la carrera filial.
También mis excelentes profesores de Zaragoza
celebraron mi elevación á la Universidad de Madrid. Con alguna excepción,
mostráronse ufanos de su antiguo discípulo, y éste se consideró dichoso por
haber dado pretexto á la sa[p. 217]tisfacción de sus maestros. Á ruego de
aquéllos, y para corresponder á tantos afectuosos plácemes, expuse, en dos
largas conferencias, ilustradas con numerosas figuras, los más importantes
resultados de mis trabajos de laboratorio.
Grande fué la sorpresa de mis maestros de antaño al
saber que indiscutibles autoridades científicas del extranjero habían
confirmado mis modestos hallazgos y adoptado plenamente mis interpretaciones.
Entre los oyentes figuraban algunos condiscípulos y hasta antiguos camaradas de
travesuras y algaradas. Estos últimos mostraban su asombro al reconocer hasta
qué punto había sentado la cabeza el desaplicado chico de D. Justo.
Ofreciéronme, naturalmente, el agasajo ya entonces
á la moda, es decir, el banquete de honor, con los inevitables brindis, tan
impregnados de afecto cuanto de alentadoras y patrióticas esperanzas acerca del
porvenir de la naciente ciencia española. Recuerdo que uno de los brindis más
cariñosos y efusivos fué el del Dr. Fornés, á quien suponía yo, gratuitamente,
algo enfadado conmigo.
Llegué, por fin, á la capital de la Monarquía en
Abril de 1892, á los cuarenta años de edad, ansioso de trabajar y con la
cartera repleta de proyectos científicos. Según costumbre mía, instaléme
modestamente[110], cual cumple
al obrero de la ciencia que siente el santo horror del déficit,
como diría Echegaray, y sabe que las ideas, á semejanza del nenúfar,
florecen solamente en las aguas tranquilas. Pagaba de alquiler dieciséis duros
al mes. Semejante modestia, que algunos tachaban de excesiva é impropia de
un príncipe de la toga académica, según frase de cierto hin[p.
218]chado catedrático, parecíame necesaria mientras tanteaba el terreno y
averiguaba los recursos disponibles para alimentar la familia y desarrollar
cumplidamente mis trabajos. Porque yo siempre diputé peligrosa y contraproducente
la conducta de esos profesores que, recién llegados del rincón provinciano,
instálanse en la Corte á lo dentista americano, gastando sus modestos ahorros
en costearse coche, habitación y mueblaje, en espera de una clientela opulenta
que no se digna comparecer.
Las costumbres de mis nuevos colegas casaban
admirablemente con mi manera de ser. Con íntimo regocijo advertí que en la
Facultad de Medicina, como en la Universidad, nadie hacía caso de nadie.
«Vivimos sin conocernos y morimos sin amarnos», solía decir D. Félix Guzmán,
profesor de Higiene, á quien chocaba mucho ese sistemático apartamiento
espiritual entre los colaboradores de una misma obra. Parecidas sentidas
lamentaciones oí á D. Federico Olóriz, recién trasladado á Madrid desde el
tibio y efusivo hogar granadino.
Hay que desengañarse. La Corte no puede ser para el
hombre laborioso y modesto que gusta del trato social, la soñada «tierra de
amigos» del poeta. Dura y febril es la existencia en las grandes urbes: lo
enorme de las distancias y la carestía de la vida imponen, con el trabajo
forzado, el avaro aprovechamiento de todos los instantes. Cultivar relaciones
resulta un lujo que sólo pueden permitirse los ricos y los ociosos. Pero,
repito, esa relativa soledad sentimental que tanto contristaba á Olóriz, fué siempre
mi alegría. Frialdades y desvíos parecen enojos, cuando son en realidad
libertad y respeto. «Cierto que nadie piensa en mí —me decía al verme al
principio perdido y solitario en el piélago de la Corte—; pero, en cambio, yo
puedo pensar en lo que quiera.» ¡Y no es flojo privilegio!
[p. 219]No obstante lo cual, yo tuve la fortuna de
encontrar y cultivar en la Corte algunas valiosas amistades. Prescindiendo, por
ahora, de los camaradas ajenos al gremio docente (de ellos trataré en otro
lugar), citaré á Olóriz, Hernando, Letamendi, San Martín, Gómez Ocaña, García
de la Cruz, etc. Notemos que, á excepción de San Martín, todos estos amigos
pertenecieron á la modesta y arrinconada grey de profesores teóricos,
ajenos de esa devoradora codicia característica de la mayoría de los grandes
prestigios clínicos. Puesto que, á excepción de Gómez Ocaña, los mencionados
compañeros murieron ya[111], paréceme
justo y plausible estampar aquí algunas frases de elogio, á guisa de semblanza
breve, de algunos de ellos, y como tributo y recuerdo de un afecto sin
eclipses. Á la citada lista agregaré todavía los nombres de D. Julián Calleja y
del Marqués del Busto. No tuve la suerte de tratar en la intimidad á estas dos
prestigiosas figuras de San Carlos; pero merecen aquí un recuerdo afectuoso,
porque les debí apoyos y protecciones oficiales inolvidables.
Comencemos por nuestro decano el benemérito D.
Julián Calleja. Ocioso fuera insistir en su semblanza. Reciente su
fallecimiento, casi todos mis lectores médicos le conocieron, ya que por sus
merecimientos indiscutibles, exquisito don de gentes y el imperio de una
voluntad sugestionadora, alcanzó los más altos puestos profesionales y algunos
cargos políticos importantes. Tenía, naturalmente, sus debilidades, conforme
suelen tenerlas cuantos figurando en los partidos de turno y cultivando
legítimas ambicio[p. 220]nes, resisten difícilmente las caricias de la
adulación ó las intromisiones del caciquismo; pero adornábanle también
cualidades intelectuales y morales de primer orden. Además de ser excelente y
celoso maestro, poseía envidiable talento organizador y, sobre todo, sentía
amor grande á nuestra Facultad de Medicina, por cuyas mejoras y progresos se
desvelaba. No fué un investigador, ni podía serlo dadas sus aficiones á la
política; mas asistió con su estímulo y protección á cuantos veía inclinados á
las tareas del laboratorio.
Todo su valimiento político lo puso en servicio de
San Carlos. Á él se deben, entre otras plausibles iniciativas, los nuevos
laboratorios y clínicas de la docta Casa; la construcción de un piso sobre el
vetusto edificio; la anexión al Hospital clínico de un ala del Hospital
provincial (conseguir esto exigió un pleito laborioso contra la Diputación,
dirigido por D. Julián con insuperable habilidad y entereza); la creación de
las cátedras de especialidades médicas; la organización de los gabinetes de
radiografía, mecanoterapia, etc.
Yo debo agradecerle la construcción y organización
del Laboratorio de Micrografía, uno de los mejores y, por descontado, el más
capaz é importante de San Carlos. La creación de este centro de estudios era
apremiante, porque á mi llegada á la Corte encontréme por todo Laboratorio con
cierto pasillo angosto y largo, pobrísimo de material é instrumental, sin
libros ni biblioteca de Revistas. Quimérico resultaba dar, en tan angosto
local, mediana enseñanza práctica á más de doscientos alumnos oficiales, amén
de los libres.
Requerido por mí, D. Julián tomó sobre sí la
reforma, gestionándola con extraordinario interés. Y haciendo gala de su
maravillosa actividad, consiguió en pocos meses la[p. 221] consignación en
presupuesto de los créditos necesarios y la ejecución de la obra. El nuevo
Laboratorio de Histología, capaz para trescientos alumnos, se eleva frontero á
la calle de Santa Isabel, encima de la grandiosa sala de disección: encierra
gabinete de trabajo para profesores y ayudantes, gran salón de prácticas para los
alumnos, departamentos de Bacteriología, de Microfotografía, etc.
Conseguido el local, siguiéronse los naturales
complementos: la compra de libros y Revistas, adquisición de estufas de
esterilización y vegetación, así como de número suficiente de microscopios. Al
viejo é imponente Ross, el cañón del Laboratorio,
menguadamente acompañado de un par de antiguos modelos de Verick y Nachet,
añadiéronse, en épocas sucesivas, dos magníficos Zeiss y 40 microscopios y
microtomos de Reichert, destinados á los alumnos. ¡Era el ideal codiciado, la
suprema aspiración de una vida!... Y todo ello se llevó á cabo por D. Julián
espontáneamente, sin halagos ni adulaciones, inspirado en el noble entusiasmo
que nuestro decano vitalicio sintió siempre por la función docente.
Ignoro si el venerable D. Julián, actuando en
funciones de cacique universitario, pecó algo, conforme dieron en decir ciertos
adustos censores; pero á todos consta que amó también mucho cosas tan santas
como la ciencia y la enseñanza, y que, á causa de pasión tan hermosa, debemos
perdonárselo todo.
Del ilustre Olóriz me ocupé ya en anteriores
páginas, con ocasión de relatar comunes andanzas de opositores á cátedras.
Séame permitido añadir aquí, en memoria del malogrado compañero, algunas frases
encomiásticas.
Era D. Federico, como le llamábamos amigos y
admiradores, el maestro por excelencia. Lo que en muchos es[p.
222] oficio, constituía en él vocación irresistible. Asiduo, formal y
concienzudo, cumplía con insuperable celo su ministerio docente. De un exterior
algo vulgar, encerraba un espíritu refinadamente aristocrático. Escribía tan
maravillosamente como hablaba, y era dueño de palabra fácil, elegante,
agilísima, puesta al servicio de clarísimo entendimiento[112]. No se
prodigaba, sin embargo. Replegado en su modestia, limpio de todo estímulo
vanidoso, rehuyó siempre la popularidad, como desdeñó la política, campo donde
sus dotes de formidable polemista hubiéranle traído triunfos resonantes.
En funciones de examinador pasaba Olóriz por
riguroso y exigente. Imponía á los discípulos con su severidad; pero los
desarmaba con la justicia. Y, terminada la carrera, aun los más desaplicados le
agradecían sus rigores, rindiéndole filial afecto.
Hacia la época de mi traslación á Madrid vivía el
maestro algo retraído, refugiado en la cátedra y en el hogar, consagrando todos
sus escasos vagares á los estudios antropológicos, en que llegó á ser autoridad
indiscutible. Más adelante, creóse para él en el Ministerio de Gracia y
Justicia una cátedra de Antropología criminal, donde aplicó por
primera vez el sistema de identificación del Dr. Bertillon y asentó las bases
de un ingenioso proceder de clasificación y reconocimiento de las impresiones
digitales. Su voluminosa obra acerca del Índice cefálico en España y
diversos folletos antropológicos dan elocuente testimonio del ardor y acierto
con que el malogrado maestro empren[p. 223]dió la empresa de diferenciar y
clasificar los tipos antropológicos existentes en las diversas provincias
españolas.
¡Lástima grande que las acometidas de una dolencia
cruel quebrantaran casi en plena juventud sus fuerzas físicas, esterilizando la
prosecución y coronamiento de una labor admirable, que había merecido ya
galardones y aplausos entre los sabios extranjeros!... Recuerdo que, entre
otros premios, recibió el de Fauvelle, de la Academia de Medicina de París.
Todos deplorábamos (y de ello se hace eco su amigo
del alma, el Dr. D. José Gómez Ocaña, en sentida y elocuente oración académica)
que el gran Olóriz no lograra en vida, con el renombre merecido, aquellas
ventajas y honores oficiales tan fácilmente alcanzados en nuestro país hasta
por el mérito más discutible, cuando sabe hacerse valer y se exhibe
aparatosamente[113]. Á sus
éxitos sociales se opuso el exceso de sus talentos y virtudes, ó más bien
opusiéronse, como dicen los franceses, «los defectos de sus grandes
cualidades». Irreprensible en su conducta, jamás pudo soportar la injusticia;
austero cumplidor de sus obligaciones, nunca transigió con la holgazanería;
lógico y grave en el pensar y el sentir, aborreció la frivolidad y el error;
decoroso y selecto en el lenguaje, jamás abatió su palabra hasta la vulgaridad
ó la chabacanería.
Olóriz era maestro en todos los momentos de su
vida. Dotado de genio dialéctico y de exquisita sensibilidad para percibir
hasta las más tenues refracciones con que la pasión ó la palabra desfiguran la
verdad, no podía oir un[p. 224] desatino sin corregirlo en el acto. No era
acritud de carácter ni deseo de zaherir, sino tendencia innata á corregir y
edificar. Era un instinto irresistible que se explayaba lo mismo en familia que
en la calle, igual con sus discípulos que con sus compañeros.
Una de sus características consistía en el decoro y
distinción señoril de su palabra. Jamás acertó á ser vulgar. Aun acerca de las
cosas triviales hablaba con tanta corrección y esmero que, al oirle, sentíase
uno como avergonzado de tener que contestarle en el pedestre lenguaje de todo
el mundo. Quienes no le conocían reputaban acaso pedantería lo que era natural
distinción intelectual y deseo de conservar luciente y aguda, en todo caso, el
arma poderosa de su palabra.
Por desgracia, hay excelencias que no se perdonan.
Nos recuerdan demasiado nuestra inferioridad y acaso infunden temor. Por eso á
Olóriz se le estimaba más que se le quería, y dejó muchos admiradores y pocos
amigos.
El caso de Olóriz es muy instructivo. Por de pronto
nos consuela algo de nuestra mediocridad. Y demuestra, además, lo peligroso de
la probidad demasiado escrupulosa y del talento demasiado grande. Tan nobles y
sobresalientes dones sólo son tolerables cuando se atemperan y dulcifican con
algunas debilidades profundamente humanas: con la frivolidad y complacencia que
desarman la envidia y con la piedad y la alegría que nos preservan de la
indignación.
Otra de las personas con quienes mantuve trato
asiduo desde mi llegada á Madrid, fué D. Benito Hernando, catedrático de
Terapéutica, pocos años antes trasladado de Granada. Modestia excesiva,
austeridad de costumbres, desprecio del dinero y de los vanos honores, devoción
y[p. 225] afecto desinteresado hacia los amigos, eran sus más salientes
prendas. No valía menos en el orden intelectual. Era Doctor en Ciencias y
Medicina, carreras que estudió paralela y concienzudamente. Educado por un tío
sacerdote, creía firmemente en Dios; pero creía también en la ciencia. Añoraba
las grandezas de nuestro siglo de oro; veneraba á Cisneros y á Cervantes y
rendía culto fervoroso á la música y al arte cristianos. El amor á la tradición
no le impedía —repetimos— cultivar las Ciencias naturales. Sabido es que
durante cierta época de su vida frecuentó con igual entusiasmo y asiduidad las
iglesias que los laboratorios. De aquellos sus tiempos juveniles data su mejor
obra titulada: La lepra en Granada, concienzuda labor de Anatomía
patológica y de Clínica, menos conocida y encomiada de lo merecido.
Era D. Benito archivo inagotable de anécdotas y
sucedidos, de frases y ocurrencias ingeniosas, que solía traer muy á cuento.
Acaso abusaba algo de su extraordinaria retentiva y del gracejo y agudeza de su
conversación. Hablaba como quien se huelga hablando y sabe que place á sus
oyentes. ¡Es tan difícil, aun á los más discretos, contener y reservar el
talento!
Conmigo y con mi familia portóse con una
generosidad y abnegación que jamás agradeceré bastante. Recién llegados á
Madrid, ofrecióme espontáneamente sus buenos oficios; deshízose cerca de otras
personas en elogios de mis modestos méritos; presentóme á varios personajes del
mundo literario y artístico, entre otros, al sabio D. Facundo Riaño, de cuyo
trato agradabilísimo conservo imborrables recuerdos; dióme antecedentes de
muchos hombres y sucesos actuales y pretéritos; hízome gustar las bellezas y
sublimidades de la arquitectura cristiana, materia en la cual era consumado
maestro; en fin, vino á ser para mí el ami[p. 226]go asiduo y constante, más
aún, el confidente y consejero íntimo.
Otro de los compañeros cuya amistad cultivé fué el
asombroso Letamendi. Halléle bastante envejecido. No era ya Decano de la
Facultad y asistía poco á clase. Por aquella época hallábase atacado de la
torturante enfermedad vesical que le obligaba frecuentemente á recluirse y
suspender sus recepciones, aquellas famosas tertulias de «secano» como las
llamaba él, en que se leían versos, se conversaba deliciosamente y lucía el
maestro sus portentosas facultades de causeur ingenioso, de
músico y de poeta humorístico. De cuando en cuando, recobraba el buen humor y
trabajaba; pero sus palabras y escritos irradiaban á menudo esa tristeza
filosófica con que se contempla el mundo y los hombres cuando se acerca la
trágica despedida. «Escribo á hurtadillas del dolor», decía melancólicamente en
un admirable discurso acerca de los juegos higiénicos, leído por Moret en el
Ateneo.
Su voz era algo nasal y sus frases salían en ritmo
pausado, como de quien medita antes de hablar y desea ser bien comprendido.
Platicando, resultaba infatigable. Su palabra surgía espontánea, vistosa é
irisada, cual surtidor en fontana. Eran aguas profundas y, por tanto, límpidas
y calientes; límpidas por lo impecable de la forma, calientes por la emoción
que les comunicaba. Todos le oíamos embelesados, sin osar la irreverencia de
convertir en diálogo el monólogo. ¿Cómo interrumpir ó desviar, con un comentario
vulgar ó inoportuno, aquella catarata de imágenes brillantes, de frases agudas,
de pensamientos originalísimos?
Durante esos pocos días en que el dolor le olvidaba
y podía pasear, holgábame yo de acompañarle por el Retiro, el[p.
227] Prado ó las calles céntricas. Bastaba la visión instantánea de una
persona, de un objeto cualquiera, para sugerirle en el acto comparaciones tan
ingeniosas como gráficas. Viendo un sujeto muy alto que caminaba torpemente
exclamaba: «Ese hombre va mareado de verse tan alto». Topábamos con un modesto
industrial ambulante que exhibía un fonógrafo, y decía: «Ahí viene el conejo de
Indias parlante» (aludía á la voz chillona y menuda del viejo fonógrafo de
Edison). Aproximábase á nosotros una jamona exuberante y esbelta: «¡Cuidado con
chocar con estos jarrones de carne; á nuestra edad los quebrados
seríamos nosotros!» Al pasar una vez por delante del Ministerio de la
Gobernación, párase de pronto y dice: «Esta es la única Escuela de Geografía de
nuestros gobernadores; aquí saben hacia dónde cae su provincia y aprenden el
camino gracias á la dirección del puntapié con que los despide el Ministro.» De
pronto, una ráfaga del Guadarrama nos obliga á embozarnos, y Letamendi comenta:
«Para estos fríos, el mejor abrigo es la piel de mujer», etc., etc.
D. José tenía el don inapreciable de la amenidad.
Recuerdo que en cada uno de nuestros paseos discurría sobre tema diferente.
Durante su juventud y madurez, había leído mucho y meditado más. Si el hada que
presidió á sus destinos le otorgó todas las gracias, él por su parte ofrendó
fervorosamente á todas las musas. Ahí están para probar su saber casi
universal, y por tanto, su vocación por el trabajo, los admirables libros de
Patología general y de Higiene, sus discursos del Ateneo y los académicos sobre
temas filosóficos, políticos y sociales, sus obras musicales, hasta sus
admirables pinturas. Y con todo eso, el blanco favorito de sus meditaciones fué
la filosofía.
Lástima grande que escrúpulos disculpables en un
enfermo impidieran al maestro la redacción y publicación[p. 228] del fruto
de sus reflexiones. ¡Quién sabe si la filosofía española, tan servil y modesta
que vivió casi siempre de prestado, marchando á remolque del extranjero, habría
tenido al fin su Kant ó su Herbert Spencer! Porque, en mi sentir, Letamendi
era, ante todo y sobre todo, un pensador.
Aventurado resulta juzgar de intenciones no
realizadas, de proyectos agostados en flor por el rigor de adversas
circunstancias. Séame lícito, empero, declarar que se equivocaban tanto el
candoroso Ceferino González, al afirmar que «la filosofía de Letamendi, no
obstante su originalidad, no salía de la corriente cristiana», como quienes,
atenidos al cortés exoterismo de los libros y conferencias de D. José,
diputábanle católico á macha martillo. Harto sabíamos sus íntimos que, en el
fondo, su concepción filosófica era profunda y radicalmente agnóstica.
Sin duda que el sistema filosófico de Letamendi no
hubiera sido, en principio, más verdadero que los conocidos. ¿Existe, por
ventura, alguna interpretación del mundo ó de la vida que sea algo más que
noble y ambicioso ensueño? Pero la novela forjada por D. José habría sido un
libro primoroso, ingeniosísimo, lleno de sorpresas y sugerente quizás de otros
libros igualmente agradables. Con los principios, nociones y categorías de la
razón, habría tejido un nuevo manto, singularmente artístico y fastuoso, tendido
piadosamente sobre los insondables abismos de la muerte y de lo incognoscible.
Y nos habría hecho sentir y pensar... ¿Qué filósofo hizo más?
Rémora para la publicación del libro que preparaba
con el título de «El positivismo absoluto», fueron sus progresivos achaques y
la falta de esas placidez y alegría que sólo da la clara visión de un largo
camino delante de sí. En respuesta á mis excitaciones para que publicara lo
an[p. 229]tes posible su concepción filosófica, exclamaba: «¡Ah, si yo viviera
en Francia ó en Inglaterra!... Poco me quiere usted cuando desea verme, en las
postrimerías de la vida y atormentado por cruel enfermedad, á vueltas con
anatemas y excomuniones episcopales.»
Para los trabajadores metódicos y de pan llevar,
entre los cuales tengo la humildad de contarme, D. José adolecía de un defecto
indisculpable: la manía enciclopédica. Su atención hacía escala en todos los
asuntos, sin anclarse definitivamente en ninguno. Harto conocía él su debilidad
cuando, reaccionando contra cariñosas reprensiones, disculpaba sus «aficiones
rotatorias» satirizando donosamente á los especialistas científicos.
Con candor sólo comparable con mi buena intención,
intenté yo encauzar aquellas admirables facultades, dirigiéndolas resueltamente
hacia la filosofía biológica, para la cual parecíame D. José superiormente
dotado[114]. Con destino
al Congreso Médico de Roma, escribía éste por entonces cierto estudio sintético
sobre el mecanismo de la herencia y las incongruencias del instinto sexual; y
deseoso de documentarle, puse á su disposición los libros, entonces recientes,
de los hermanos Hertwig sobre la conjugación de las células sexuales, y el de
Weissmann sobre la herencia, la naturaleza del plasma germinal y el sentido
biológico de la muerte. Días después me devolvió los volúmenes. ¿Los leyó? Lo
ignoro. En todo caso, el rico arsenal de datos objetivos en ellos contenido fué
poco ó nada aprovechado.
[p. 230]
Hombres como Letamendi, cuando llegan á la madurez,
renuévanse difícilmente. Cerebros en plena efervescencia, desbordantes de
ideas, sólo saben producir. Arrastrados por el gusto y el poder de la creación,
siguen de mala gana las lucubraciones de los otros. Á la manera de la larva,
hilan casi exclusivamente el capullo de la invención con lo asimilado en la
primera juventud. Entristece pensar que, á cierta edad, el mecanismo pensante
está definitivamente construído. Ya no enseñan ni educan las nuevas lecturas;
actúan á lo más como conmutadoras de pensamiento, y sugerentes de temas
retóricos. Segregamos sin absorber. Fatigan las descripciones, embaraza la
copiosidad de los hechos, molestan los detalles. Y, sin embargo, los hechos son
necesarios. Como en el mito de Anteo, sólo recobramos la fuerza al afianzar nuestros
pies sobre la tierra.
¡Suerte aciaga la de España! Casi todos sus hijos
geniales se malogran ó rinden fruto inferior á sus potencialidades. Fáltales,
unas veces, la placidez y serenidad de espíritu, gajes inestimables de la salud
física y moral; otras, el valor y la entereza para desafiar sentimientos y
prejuicios del ambiente; casi siempre, en fin, el trabajo metódico y
disciplinado.
Con D. Alejandro San Martín, el afamado cirujano,
uniéronme estrechos lazos de afecto y de grata intimidad. Nos veíamos casi
diariamente en la famosa peña del Suizo (de ella hablaré más
adelante), cuya presidencia ocupaba por el doble fuero de la antigüedad y del
talento.
Fué San Martín uno de los hombres más cultos,
simpáticos y mejor educados que he conocido. Yo aprendí mucho con su
conversación. Acaso por el contraste de nuestros caracteres hicimos siempre
buenas migas. Á la ruda franqueza de mis juicios, oponía San Martín la ironía,
el eufe[p. 231]mismo y los temperamentos diplomáticos. «Me encantan los métodos
jesuíticos», decíame una vez ex abundantia cordis. En su léxico
faltaban vocablos tan corrientes, y á veces tan necesarios, como «ignorante,
grosero, pedante, etcétera». Juzgando la picardía política ó la farsa
científica, extremaba á veces tanto, acaso irónicamente, el suaviter in
modo...; ponía en sus comentarios personales tales distingos y
atenuaciones, que me impacientaba y casi me irritaba.
Pero si en nuestras amistosas discusiones salía yo
perdiendo, en el intercambio de ideas y sentimientos ganaba siempre. Merced á
sus consejos y sobre todo á la habilidad y discreción de su conducta, conseguí
atenuar un tanto esa desagradable é incivil inclinación á decir toda la verdad
y á indignarme demasiado contra la injusticia. Confieso que en este punto, y no
obstante las lecciones de la experiencia, hállome todavía muy lejos de la
perfección.
Temperamento reflexivo y laborioso, San Martín fué
toda su vida infatigable estudiante. Como decía su condiscípulo el Dr. Cortezo,
«D. Alejandro no fué nunca joven». En su lenguaje algo paradójico, lo reconocía
él mismo, al decirnos: «Yo tuve la desgracia de ser modelo de alumnos sumisos y
aplicados; no puede pedírseme, pues, nada extraordinario.»
Adoraba la música, á la que consagraba casi todos
sus ocios. Y, como la mayoría de los talentos de tipo auditivo, San Martín era
orador, pero orador discursivo, vigoroso, lleno de recursos polémicos y de
imágenes felices y pintorescas. Á su verbo afluente sólo perjudicaba cierto
ligero titubeo en la pronunciación y algo de esa lentitud expositiva de que
adoleció también Letamendi, nacida del empeño en hallar la frase justa y el
argumento que, hiriendo á fondo el corazón del asunto, pasa rozando el corazón
del[p. 232] adversario. En los corps à corps, su palabra
tornábase singularmente ágil é intencionada. Acordándose, sin duda, del propio
oficio, el escalpelo crítico se le convertía en bisturí. Pero ni aun en los
transportes de la pasión olvidaba las buenas formas. Rajaba, inclemente, al
adversario, mas adormeciéndole siempre con el cloroformo de la cortesía y del
halago.
Las vacilaciones del cirujano de San Carlos como
filósofo (en el fondo era kantiano y algo escéptico), como político y hasta
como científico, fueron objeto de censuras entre compañeros poco dados á
estudiar caracteres complejos. Á mí, las fluctuaciones de D. Alejandro me lo
hacían particularmente simpático. Revelaban estudio reflexivo y honradez de
pensamiento. No duda el que quiere, sino el que puede. Sólo las cabezas
sencillas, ó las ayunas de curiosidad filosófica ó científica, gozan del reposo
y la fe. Al modo del aire en las cordilleras, en los espíritus elevados el
pensamiento está en perpetua inquietud. Sabido es que, cuando se medita
demasiado, la acción se vuelve tarda y premiosa; porque, antes de resolver, la
razón debe recorrer largas vías asociativas, dar audiencia, según la frase de
Bismarck, á numerosos pensamientos.
Como Letamendi, y en más recientes tiempos el
asombroso Unamuno, D. Alejandro gustaba mucho de la paradoja, una de las
características del talento vasco, según Sánchez Moguel. Lejos estoy de
censurar esta tendencia de ciertos espíritus selectos. Prescindiendo de su
contenido ideal y ciñéndonos á sus efectos inmediatos, la paradoja representa
un despertador mental de primer orden. Al choque de lo insólito, de lo
inopinado, el sentido crítico, apoltronado por las rutinas de la diaria labor,
reacciona vivamente. Y revélase en cada contradictor lo más íntimo, vivo y
personal de la máquina nerviosa: la imagi[p. 233]nación constructiva. Y el
hombre pensante aparece. Porque, en realidad, los hombres sólo se nos revelan
plenamente cuando les constreñimos á forjar bien ó mal una idea nueva ó un
juicio improvisado; cuando, sorprendidos por la violencia anárquica de la
paradoja, se ven desamparados de los andadores del sentido común y del comodín
de las opiniones hechas, y deben construir en caliente y sobre la marcha una
hipótesis personal.
Tal me pareció ser la intención de las paradojas de
don Alejandro. Estoy persuadido de que no creía en muchas de las que con tanto
calor defendía; constituían, por punto general, ingenioso ardid destinado á
prestar viveza y amenidad á los coloquios del café, y nobleza y animación á las
controversias académicas.
Por lo demás, San Martín fué un catedrático
eminente y celoso, que ha dejado aventajados discípulos. De sus admirables
dotes de investigador y maestro quedan testimonios elocuentes en numerosas
monografías y folletos, amén de varios libros de texto. Entre sus trabajos de
laboratorio descuellan, por la elegante originalidad del pensamiento, los
experimentos de anastomosis arterio-venosa, encaminados á restaurar la
circulación interrumpida en casos de aneurisma, trombus ó
ateroma. Sentía verdadera pasión por nuestro renacimiento intelectual, y, por
encima de todo, vibraba en él un patriotismo ardiente y de bonísima ley. Su
conocimiento de varias lenguas europeas, permitíale renovarse de continuo, á
cuyo fin, durante las vacaciones, visitaba los grandes focos científicos del
extranjero.
Por sus aptitudes para la política (figuraba en el
partido liberal acaudillado por Moret) y su excelente preparación en materias
pedagógicas, D. Alejandro San Martín alcanzó la cartera de Ministro de
Instrucción pública. Según refe[p. 234]riré más adelante, las circunstancias me
permitieron contribuir algo á tan honrosa designación. Si la inestabilidad
ministerial no fuera régimen normal de nuestra política, por seguro tengo que
nuestro amigo habría desarrollado importantes iniciativas en materias docentes y
corregido inveterados abusos.
Merecen también recuerdo de gratitud en estas
páginas otros dos compañeros, con quienes, á causa de la diferencia de edades y
de rumbo social, no llegué á tener intimidad. Aludo al caballeroso Marqués del
Busto, profesor de Obstetricia, quien, deseando proteger el Laboratorio de
Histología de San Carlos, le cedió durante muchos años, y hasta su muerte, sus
emolumentos de Director de Clínicas; y al benemérito Dr. Calvo y Martín,
catedrático de Operaciones, quien entusiasmado por mis modestos éxitos de investigador,
y deseando serme útil, ofrecióme generosamente, con carácter vitalicio,
habitación en una de sus casas, honrándome además con otras atenciones. No
pude, sin embargo, aceptar el agasajo de mi simpático paisano, á causa de mi
deseo de vivir cerca de la Facultad de Medicina (la casa ofrecida estaba en la
calle de Isabel la Católica).
Tales fueron, en suma, entre los compañeros ya
desaparecidos para siempre, los que más influyeron en mí, ora con su apoyo
oficial, ora con sus enseñanzas, y siempre con sus consejos y estimación.
[p. 235]
CAPÍTULO XI
Peligros de Madrid para el hombre de laboratorio. —
Tentaciones del diletantismo científico, literario y artístico. — Mis oreos
espirituales: paseos por los alrededores de Madrid, y la peña del Café Suizo. —
Nuevas investigaciones sobre la estructura del cerebro. — Comienzo la
publicación de mi obra de conjunto sobre la textura del sistema nervioso de los
vertebrados.
adrid es ciudad peligrosísima para el
provinciano laborioso y ávido de ensanchar los horizontes de su inteligencia.
La facilidad y agrado del trato social, la abundancia del talento, el atractivo
de las Sociedades, cenáculos y tertulias, donde ofician de continuo los grandes
prestigios de la política, de la literatura y del arte; los variados
espectáculos teatrales y otras mil distracciones, seducen y cautivan al
forastero, que se encuentra de repente como desimantado y aturdido. En su vida
hase operado radical metamorfosis: la abeja se ha convertido en mariposa,
cuando no en zángano. La filosofía, el arte, la literatura, hasta la política y
los deportes, tiran del alma con mil hilos invisibles y tenaces. Al obrero
atareado, ha sucedido el ameno sibarita intelectual.
Además, el instrumento cerebral forjado durante
muchos años de soledad y recogimiento, se desdiferencia y
embota cual herramienta tocada de orín: la especial mentalidad, traída del
rincón provinciano, va poco á poco igualándose[p. 236] con la mentalidad
de todo el mundo. Los callos se pierden y las manos se enguantan. Y el tiempo
se va en admirar é imitar.
En vano pretendemos hacer alto en la pendiente,
abandonar resueltamente el camino de Sibaris ó de Atenas, retroceder, en fin, á
los severos hábitos de antaño: movidos por el pundonor, llegamos hasta
planear hermosos programas de acción. Mas, desgraciadamente, todo se
malogra...—No queda tiempo para nada —exclamamos con amargura.
Sin embargo, yo me propuse á todo trance cerrar los
oidos al cántico de la sirena cortesana, y defender mi tiempo, trabajando tanto
como en provincias. Y lo conseguí por fin, no sin provocar frialdades, ni
impedir que se me aplicasen los epítetos de hurón, estrafalario y
orgulloso.
—«Pero quién conoce, quién trata, quién puede pedir
un favor á Cajal» —exclamaba cierto clínico eminente en un corro de médicos,
molesto acaso por no tener confianza bastante para hacerme determinada
recomendación. Á mí me asombraba este juicio de los compañeros, y más aún que
echaran á mala parte mi sistemático arrinconamiento. Sorprende, en efecto, que
personas conocedoras y hasta celebradoras de mis modestos frutos de Laboratorio
censurasen precisamente aquellos hábitos y cualidades morales, absolutamente
indispensables para el logro de tales frutos.
Estoy muy lejos de pretender —lo he dicho ya varias
veces— que el hombre de ciencia sea un cartujo; antes bien, estimo necesarios
los pasatiempos, las excursiones, el teatro, el Ateneo, la literatura, las
tertulias, etc. Mas todo á su hora, con medida y como quien toma un
reconstituyente; cuando lo pida el ánimo, en fin, y no cuando lo deseen los
demás. Será egoísmo, pero egoísmo disculpable, porque sin él no hay labor seria
posible.
[p. 237]Precisamente, y por compensación de la
excesiva concentración de la vida de Laboratorio, he cultivado siempre en
Madrid dos distracciones: los paseos al aire libre por los alrededores de la
villa, y las tertulias de café.
¡Los alrededores de Madrid! No es cosa que yo los
descubra ahora, vindicando una vez más al calumniado Manzanares y á la austera
meseta castellana. Menester es tener sentido cromático de oruga para echar
siempre de menos el verde mojado y uniforme de los países del Norte, y
menospreciar la poesía penetrante del gris, del amarillo, del pardo y del azul.
Ni es cierto tampoco que, en el paisaje de la Corte, falte la jugosa nota del
verde. Lejos de ser páramos y eriales, los alrededores de Madrid — el Retiro, la
Moncloa, la Casa de Campo, Amaniel, la Dehesa de la Villa, el Pardo, etc.—, son
de lo más frondoso y pintoresco que poseemos en España. Vivimos en las faldas
de una sierra, cuyo elegante perfil embellece nuestro horizonte y cuyas auras
purifican nuestro ambiente. Y en la primavera y otoño la llanura castellana se
ofrece cubierta de césped y salpicada de flores. En ninguna parte posee el
paisaje contrastes más variados, según las estaciones. Cualquiera que sea la
preocupación del espíritu, siempre hallaremos un rincón solitario cuya apacible
belleza apague las vibraciones del dolor y abra nuevo cauce al pensamiento.
¡Cuántos pequeños descubrimientos asócianse en mi memoria á tal sendero
solitario de la Moncloa ó á un fresno ribereño del Manzanares, ó alguna colina
de Amaniel ó de la Dehesa de la Villa, espléndidos miradores desde los cuales
ostenta el Guadarrama, asomado entre pinos, toda su serena majestad!
Pero además del paisaje físico, conviene también al
hombre de laboratorio el paisaje moral, la amena tertulia, donde, al calor de
la amistad y de la confianza, broten, variadas y espontáneas, las flores del
ingenio.
[p. 238]Á la verdad, en mis primeras tentativas
exploratorias por las tertulias matritenses, fuí poco afortunado. Hallé desde
luego, en el Café de Levante, una peña de antiguos camaradas, en su mayoría
médicos militares, que yo había conocido durante la campaña cubana. Entre estos
simpáticos compañeros reinaba franqueza fraternal, y á ratos su conversación
era viva, chispeante é instructiva. Pero un hado adverso nos perseguía: casi
todos los días, fatal, irremediablemente, los comentarios derivaban hacia la
murmuración contra los superiores jerárquicos ó hacia el escalafón de Sanidad
Militar; ese escalafón maldito, destructor de todo estímulo noble y de toda
ambición generosa, rémora de la justicia, asilo de la gandulería y una de las
mayores calamidades que padecemos en España.
Harto ya de oir hablar del «salto del tapón,
de ascensos y cruces inmerecidas, de carreras escandalosas,
de retiros en buena edad», etc., cuadréme un día y les dije sobre
poco más ó menos:
—Señores, todo eso que ustedes cuentan sobre las
cruces pensionadas, los ascensos de gracia y el escalafón, resulta muy
interesante para la familia; pero en el mundo deben existir otras cosas quizás
más interesantes todavía. Bueno es hablar de las estrellas de la bocamanga;
pero de vez en cuando convendría platicar también de las estrellas del cielo y
de las células, esas estrellas de la vida; laudable es preocuparse de ascender
en la carrera; pero no estaría de más que procurásemos asimismo ascender algo, mediante
el estudio y la reflexión, en el concepto de la propia estima; está
perfectamente eso de prepararse para la vejez apacible y suculento retiro; pero
hallo más urgente y honrado aún trabajar, durante la juventud, para merecerlo.
Á mis amistosos consejos contestaron con bromas y
chi[p. 239]rigotas; los más formales prometieron, sin embargo, enmendarse,
aportando para lo sucesivo temas más variados y amenos; pero, transcurrida la
semana, el hábito restableció su imperio, y reincidimos lamentablemente en los
consabidos comentarios tocantes á los ascensos, camarillas y escalafón. ¡El mal
carecía de remedio! Aquellos beneméritos compañeros, no exentos ciertamente de
talento, aunque petrificados por la ociosa vida de campamentos, cuarteles y
casinos, sólo leían la Gaceta y el Boletín de Sanidad
Militar.
Con pena abandoné el trato de camaradas que
evocaban en mi memoria trances de guerra y juveniles aventuras transatlánticas,
y busqué otra tertulia donde esparcir el ánimo y vivificar las ociosas
barbecheras cerebrales.
Creo que fué San Martín quien me presentó á
la peña del Café Suizo, reunión de rancio y glorioso abolengo,
pues en ella habían figurado políticos, literatos y hasta financieros insignes.
Aunque desde el aspecto político y literario la
citada peña había venido á menos, gozaba todavía por aquel
tiempo de justificado renombre. De allí salieron, según es notorio, Senadores
universitarios, Catedráticos, Rectores, Consejeros y hasta Ministros... Tan
famosas y comentadas llegaron á ser las discusiones de la peña, que ocurrió á
menudo, y con grave riesgo de indiscreción, el hecho de formarse, en las
inmediatas mesas, tertulias parásitas, ó de oyentes, las cuales, por el módico
precio del café, adquirían el derecho de conocer nuestras ideas y murmurar á
mansalva.
Entre los comensales, dominaban naturalmente los
galenos, á la cabeza de los cuales figuraba D. Alejandro; mas colaboraban
también abogados, propietarios, catedráticos de Universidad y, en fin, personas
de toda laya[p. 240] y condición. Todo el mundo era admitido con tal de
ser presentado por un socio formal, y á condición de someterse á las tres
normas siguientes: 1.ª, guardar al discutir el debido respeto á las personas;
2.ª, discurrir de lo que no se entiende ó se entiende poco (tratábase de evitar
las latas pedantes y académicas), y 3.ª, olvidar á la salida todos los
desatinos é incoherencias provocados por el estímulo del café ó por los horrores de
la digestión. Porque importa notar que nuestra reunión se celebraba en las
primeras horas de la tarde, y pocas veces duraba más de una. De esta suerte, al
levantarse la sesión, los cerebros hallábanse caldeados, pero ágiles todavía
para la cotidiana labor. Bueno es divagar algo todos los días; fuera, empero,
peligroso prolongar el diástole de la mente á expensas
del sístole del trabajo.
Á propósito de la citada regla «de olvidar á la
salida las conversaciones de la tertulia», solía advertirnos San Martín,
siempre circunspecto y meticuloso en sus opiniones: «Conste, señores, que no
respondo fuera de aquí de los disparates y tonterías que ustedes me hayan
obligado á decir.» Que tan prudente consejo fué rigurosamente observado, lo
persuade el hecho de que durante más de veinte años de casi diarias
controversias, algunas harto acaloradas, jamás tuvimos un disgusto.
Con pena recuerdo ahora las renovaciones que el
tiempo y la muerte impusieron á nuestra querida peña del Suizo. Estas tertulias
son cuerpos vivos con juventud, madurez y decadencia; y, á semejanza de todo
organismo, se nutren, crecen, asimilan y desasimilan. Nuevas células se
incorporan á la colmena, mientras que otras ¡ay! perecen ó se extravían... ¡Y
los muertos son ya legión!...
Á guisa de homenaje á los simpáticos compañeros
desaparecidos, con quienes durante tantos años comulgamos[p.
241] diariamente «en espíritu y en verdad», desearía yo estampar aquí sus
nombres, con los títulos éticos é intelectuales que les granjearon afecto y
estima perdurables.
Pero fueron tantos, que, dada mi mala memoria,
resulta imposible enumerarlos todos. Citaré, sin embargo, á los más asiduos y
constantes: á Félix Rubio, abogado y propietario, dotado de excelente criterio,
«caballero sin tacha y sin miedo», que debió haber sido militar, y que, no
obstante su devoción por Silvela y sus ideas enérgicamente conservadoras,
renunció á toda aspiración política, asqueado por la corrupción del sufragio y
los desórdenes de la administración; al veterano Alderete, prototipo del castizo
miliciano nacional, algo farolero y candoroso, pero de tan buenos sentimientos,
que había salvado en diversos siniestros urbanos y ferroviarios á numerosas
personas, mereciendo varias cruces de Beneficencia, que ostentaba arrogante en
las procesiones cívicas del Dos de Mayo; á F. Aner, farmacéutico injertado en
burócrata, espíritu rectilíneo, irreductible y apasionado en las polémicas,
fervoroso de Proudhon y de Marx, tan austero que, habiendo podido ser rico,
vivió y murió pobre[115], y tan
optimista que, para él, la humanidad formaba un coro de ángeles, convertidos en
demonios á causa de la nefasta intervención de reyes, magistrados y sacerdotes;
al doctor Carlos de Vicente, carlista librepensador, algo misántropo, agudísimo
y ocurrente, y que, educado en París, lucía un esprit français de
la más fina especie; al Dr. López Silva, médico y naturalista notable, llamado
por antonomasia «la gran persona ó la persona» á causa de su bondad angelical,
el cual tenía la costumbre de retratar á todas las gentes de[p. 242] que
se hablaba, caracterizándolas con rasgos típicos tomados de la Zoología; al
sabio profesor de Literatura don A. Sánchez Moguel, archivo inagotable de
dichos y anécdotas tocantes á personajes políticos y literarios, referidos con
viveza y gracejo insuperables, y cuyo trato resultaba á veces algo difícil por
consecuencia de una vanidad vidriosa é irritable, impropia de talento tan
sólido y brillante; al Dr. Thous, católico ferviente, médico estudioso, y á
quien, á cambio de los buenos ratos que nos proporcionaba con su charla, ora
satírica ora edificante, sólo le reprochábamos la debilidad, harto disculpable,
de insistir demasiado en sus hazañas clínicas; á Fortanet, el conocido
impresor, republicano fogoso y de buena fe; al célebre poeta Marcos Zapata,
poco asiduo á la mesa, y cuyas agudezas y oportunidades, amén del relato de sus
aventuras de bohemio, constituían el deleite de la reunión; al doctor B.
Escribano, el último de los contertulios desaparecidos, sobrio y austero conversador,
cuyas caídas inesperadas desconcertaban á los más afluentes
parlanchines, etc.
La peña del Suizo continúa hoy completamente
renovada, aunque algo decaída, después de la muerte del inolvidable San Martín.
Buenas cosas dijera de los actuales contertulios, muchos de ellos catedráticos,
si la discreción más elemental no me impusiera el silencio. Concretareme á
citar á D. Joaquín Decref, á Castro y Pulido, á Ambrosio Rodríguez, al Dr.
Isla, á Perico Valls, á Blas Cabrera, á Odón de Buen, á F. Martí, á Antonio
Vela, á J. Ramírez Ramos, á Clodomiro Andrés, etc.
Yo debo mucho á la sabrosa tertulia del Suizo.
Aparte ratos inolvidables de esparcimiento y buen humor, en ella aprendí muchas
cosas y me corregí de algunos defectos. Allí elevamos un poco el espíritu,
exponiendo y discutiendo con calor las doctrinas de filósofos antiguos y
moder[p. 243]nos, desde Platón y Epicuro á Schopenhauer y Herbert Spencer;
mostramos veneración y entusiasmo hacia el evolucionismo y sus pontífices,
Darwin y Häckel, y abominamos de la soberbia satánica de Nietzsche. En el
terreno literario, nuestra mesa proclamó el naturalismo contra el romanticismo,
y al revés, según los oradores de turno y el humor del momento. En torno de
ella, Pepe Botella y San Martín, los más filarmónicos de la reunión, riñeron
descomunales batallas en favor de Wagner, cuando en España apenas había más
wagneristas que el regocijado Peña y Goñi.
Burla burlando, también nuestra peña hizo un poco
de política. Sin afiliarse abiertamente á ningún partido turnante, la mesa del
Suizo tuvo siempre espíritu político en el mejor sentido del vocablo. Ella
comentó, acaso con pasión y vehemencia, pero inspirada siempre en el más
acendrado patriotismo, todos los grandes sucesos de la vida nacional;
prorrumpió en gritos de indignación contra las arbitrariedades é injusticias
del caciquismo, y lloró con lágrimas de rabia las inconsciencias é insensateces
que prepararon las ignominias de 1898. Allí, naturalmente, repercutió
clamorosamente la literatura de la regeneración; se recogieron
firmas para el célebre manifiesto de Costa y encontró alientos para su noble
campaña el malogrado apóstol de la europeización española. Persuadidos con el «solitario
de Graus» de que la prosperidad de nuestro país estriba en la «escuela y
la despensa», expusimos y contrastamos reiteradamente los métodos de la
pedagogía científica y las medidas políticas encaminadas á desterrar, ó á limitar
al menos, la incultura de nuestras tierras y de nuestros cerebros. Allí, en
fecha recientísima, nos ha sobrecogido de horror y de asco, borrando las
últimas reliquias del optimismo juvenil, la horrenda guerra europea, que no es,
como se complacen en propalar espíritus candorosos tocados de[p. 244] abogadismo incurable,
el conflicto por los mercados ni la pugna entre dos concepciones antitéticas
del Estado, sino muy principalmente el fruto amargo del orgullo nacional, el
choque inevitable entre oligarquías militares todopoderosas, desvanecidas por
la soberbia y codiciosas de gloria y de dominio. Allí, en suma, si á veces nos
dejamos cautivar por el frívolo placer de la divagación ó de la chismografía,
supimos también elevarnos á menudo sobre las pequeñas miserias de la vida,
sentirnos cada vez más humanos y más españoles, y avanzar algunos pasos por
senderos de paz y de amor hacia luminosos ideales...
Hora es ya de terminar esta larga digresión (que
acaso habrá aliviado al lector de la fastidiosa pero obligada narración de mis
iniciativas científicas de Barcelona) y de señalar brevemente la labor de
laboratorio efectuada en la Corte durante los años 1892 y 1893.
¿Qué temas científicos me solicitaron? Fueron,
entre otros menos apremiantes, la estructura de la retina de los peces
y aves, singularmente de la foseta central; la organización
del Asta de Ammon y corteza occipital del cerebro, y, en fin, la
disposición del gran simpático visceral. Cediendo á un hábito
inveterado en mí, tales materias fueron investigadas casi simultáneamente. En
general, semejante promiscuidad es poco recomendable. Sin embargo, en las
ciencias naturales resulta, en ocasiones, útil desparramar alternativamente la
atención por dos ó más campos de investigación: se aprovecha mejor el material
de trabajo y rinden los métodos más rica cosecha. Aunque parezca paradójico,
dos ó tres temas de estudio cansan menos que uno solo. Teclear insistentemente
la misma cuerda, acaba por ser doloroso. Además, durante la fiebre sagrada,
cuando se siente uno en vena de producir, conviene[p. 245] forzar la
suerte, acaparando, á ser posible, todos los billetes de la lotería.
No tema el lector una exposición circunstanciada de
mis trabajos de 1892 y 1893 sobre las citadas materias. Concretareme á citar
solamente las adquisiciones científicas más salientes.
1. Comencemos por la retina. Según
recordará el lector, mis exploraciones en tan cautivador dominio comenzaron en
Barcelona. Mas deseaba yo completar y consolidar mis hallazgos anteriores,
abarcando con mis observaciones toda la serie de los vertebrados; anhelaba,
sobre todo, atacar el problema estructural de la fovea centralis,
paraje retiniano de la máxima sensibilidad al color y de la suma acuidad
visual. Por fortuna, en Madrid no faltaba abundante material de trabajo. Al
efecto, entablé tratos con un alimañero profesional, que me proveyó de culebras, lagartos, mochuelos, cornejas, lechuzas, gallipatos, salamandras, percas, truchas,
etc., vivos. Y un buen amigo de Cádiz tuvo la amabilidad de enviarme varios
ejemplares del interesantísimo camaleón, la joya de los reptiles,
habitador constante de las dunas gaditanas. Con este copioso material mi
cartapacio llenóse de dibujos interesantes, y mis notas rebosaban de pormenores
descriptivos. Tan rica mies movióme á adelantar una comunicación sobre la retina
de los peces, que se publicó, gracias á la bondad del sabio D. Ignacio
Bolívar, en los Anales de la Sociedad de Historia Natural[116], y á
redactar ulteriormente voluminosa monografía, aparecida en La Cellule[117],[p.
246] reputada Revista biológica belga, ya citada en otro lugar. Esta
última Memoria, una de las más importantes brotadas de mi pluma, resultó
voluminoso libro que mereció, años después, los honores de una traducción
alemana[118].
Fig. 39.—Corte de la retina de la perca. Figura
semiesquemática destinada á mostrar los principales resultados de mis
investigaciones. —A, B, C, cauces específicos de la impresión recogida por los
bastoncitos; D, E, F, cauces de la excitación recolectada por los conos; G, H,
morfología de las células horizontales; a, i, elementos
especiales de la retina de los peces.
Cumpliendo mi promesa de evitar prolijidades, sólo
citaré, de entre los hechos nuevos contenidos en la citada obra, aquellos que
hoy, leyendo en frío y teniendo presente la copiosa bibliografía aparecida
después, halagan[p. 247] más agradablemente mi vanidad de hombre de
laboratorio.
a) Confirmación en la serie de los vertebrados, y muy singularmente en
los peces, cuyo modo de visión aseméjase mucho á la de los mamíferos, de
aquellos dos tipos de células bipolares hallados un año antes
en la membrana visual de los mamíferos, esto es: la célula colosal de ramaje
exterior articulado con los bastones, y la célula pequeña de dendritas
discretas conexionadas con los conos. En la figura 39, que copia una sección de
la retina de los peces teleósteos, destacan claramente ambos tipos de bipolares.
En ella aparecen también otros hallazgos menos importantes. Ejemplo: el de un
tipo celular especial de la capa de los granos internos (I) y
el del axon de diversos tipos de células horizontales (a, G, H).
b) Desentrañamiento de la estructura de la foseta central de
la retina de los reptiles y aves. Semejante estructura, poco conocida hasta
entonces á causa del limitado poder revelador de los preparados comunes (cortes
teñidos de hematoxilina, soluciones de anilinas, etc.), surge clarísima en los
cortes bien impregnados por los métodos de Golgi y Ehrlich, á condición,
naturalmente, de utilizar, en vez del mono ó el hombre (únicos mamíferos
dotados de foseta), los pájaros y aves de rapiña (jilguero,
golondrina, cuervo, halcón, etcétera) ó el camaleón, animales donde los citados
recursos analíticos muéstranse, por fortuna, singularmente propicios.
Esta estructura especial aparece reproducida
esquemáticamente en la figura 40, F. Aparte la delgadez é inclinación notables
de su expansión central (disposición de antiguo conocida), nótese cómo cada pie
de estos corpúsculos visuales contrae articulación individual con un solo
minúsculo penacho ascendente de célula bipolar (b). Tan
exquisita independencia de los cauces visuales, mantiénese también en la zona
plexiforme interna, donde se advierte que cada arborización inferior
de bipolar de cono entra exclusivamente en contacto con el
doble ramaje de un corpúsculo gangliónico (tercera neurona visual)
(C). Para facilitar la comparación, á la izquierda de la misma figura
reproducimos los cauces visuales de las regiones periféricas de la retina.
Obsérvese cómo, en esta región, las articulaciones de los conos con las
bipolares no son individuales, sino colectivas y bastante difusas y extensas (c);
lo que explica perfectamente la indistinción y vaguedad de las imágenes
recogidas por dicho territorio [p. 248]retiniano. Á mayor abundamiento,
cada ganglionar (C2) recoge las impresiones transmitidas por varias
bipolares (f). Si, por ventura, las tres empalizadas neuronales de
la fovea hubiéranse organizado según este plan, habríanse
frustrado enteramente los beneficios de la longitud y finura de los conos,
condiciones anatómicas decisivas, según es notorio, del exquisito poder
diferenciador de la foseta. He aquí una nueva demostración de que
la naturaleza procede siempre en sus creaciones con arreglo á la economía más
estricta y á la más severa lógica.
Fig. 40.—Esquema de los cauces de conducción de la
impresión cromática en la retina de los pájaros. Á la derecha, aparecen las
vías de la foseta central, y á la izquierda, las homónimas del resto de la
retina. —A, conos; B, célula bipolar para cono; C, corpúsculo ganglionar; a,
células amacrinas; b, articulación entre el cono y bipolar en la
foseta; c, articulación entre el cono y las bipolares en los
territorios periféricos de la retina; d, f,
articulación entre una célula gangliónica y varias bipolares.
c) Confirmación en la retina embrionaria de la evolución de los
neuroblastos, señalada por His, nosotros y v. Lenhossék en la médula espinal, y
exposición de una hipótesis encaminada á explicar,[p. 249] ó al menos á
hacer imaginable, el establecimiento en el adulto de conexiones interneuronales
específicas. De esta concepción, llamada teoría quimiotáctica
neurotrópica, trataré oportunamente. Consignaré ahora solamente que, según
la referida hipótesis, se asigna al cono de crecimiento del
axon embrionario la misma propiedad amiboidea atribuída á los leucocitos. Á
semejanza de estos elementos, que marchan hacia los microbios orientándose por
la dirección de las corrientes de difusión de las toxinas, el cono
de crecimiento, impresionado por ciertas substancias estimulantes
derramadas en el plasma intersticial, marcha también, crece y se orienta hacia
los elementos productores de las mismas (corpúsculos musculares, neuronas
situadas en planos distintos de los centros, etc.), acabando por establecer con
ellos conexiones íntimas y estables. Admitida la diversidad y especificidad de
las fuentes de materias reclamos ó quimiotácticas
positivas, esclarécese no sólo el automatismo de la asociación
interneuronal ó entre neuronas y elementos extranerviosos (por ejemplo, con
las fibras musculares), sino el hecho sorprendente de que
semejantes alianzas dinámicas se establezcan sin errores, no dándose jamás el
caso de que un corpúsculo muscular, por ejemplo, carezca de terminación
nerviosa adecuada ni de que una arborización terminal axónica esté privada de
conexión celular específica.
2. Otro de los temas en cuya elucidación puse toda
mi atención, fué la estructura del asta de Ammon, el centro
asociativo más antiguo del cerebro, el almacén de los recuerdos olfativos y de
las reacciones motrices correspondientes.
Ha dicho B. Croce «que toda obra científica es
también una obra de arte», afirmación afín del pensamiento, tantas veces
repetido, de que «la naturaleza es la obra de un artista divino». Y esta
hermosura no toca solamente al orden intelectual, á la exquisita adecuación
entre los medios y los fines; en las ciencias naturales reviste á menudo formas
plásticas admirables, según dejamos notado en capítulos anteriores. De donde
resulta que, por pobre é incompleta que sea la visión objetiva del científico,
siempre conservará un reflejo de la belleza natural. Y aún podría afir[p.
250]marse que los elementos ilógicos y antiestéticos contenidos en la
concepción científica de un fenómeno implican necesariamente error ó
incompresión ideal del copista.
Fig. 41.—Esquema de la arquitectura del asta de
Ammon y fascia dentata, tal como aparece en los cortes
transversales; en esta figura se han reproducido los principales tipos
neuronales descritos por Golgi y Sala. —A, asta de Ammon; B, cuerpo abollonado
ó fascia dentata; D, subículo; C, fimbria; a, pirámide
superior; b, pirámide de la región inferior.
Mas, dejando á un lado este linaje de
consideraciones, recordaré que uno de los estímulos que me llevaron á
escudriñar el asta de Ammon y fascia dentata, fué
la elegante arquitectura ofrecida por las células y estratos de estos centros,
revelada por el ilustre Golgi en su obra magistral[119]. Adornan, en
efecto, al asta de Ammon y cuerpo[p. 251] abollonado,
muchos rasgos de la sencilla belleza de la corteza cerebelosa. Sus células
piramidales, comparables á plantas de jardín —algo así como series de
jacintos—, alinéanse en setos vivos que dibujan curvas graciosas. El examen de
la figura 41 dará alguna idea de esta graciosa estratificación de las neuronas
ammónicas. Inútil es notar que, aprovechando el privilegio de primer ocupante,
el célebre investigador de Pavía hubo de recoger los datos anatómicos más
valiosos respecto á la forma y disposición celulares de los mencionados órganos
nerviosos. Y la obra del maestro fué completada en algunos puntos por[p.
252] sus discípulos Sala y Lugaro, así como por Schäffer, histólogo
alemán.
Fig. 42.—Esquema destinado á presentar la conexión
establecida entre el axon de los granos de la fascia dentata y
las gruesas pirámides del asta de Ammon (región inferior de ésta). —A, capa
molecular de la fascia dentata; B, axon de los granos; C, pirámides
grandes; D, fimbria; c, b, fibras aferentes llegadas de
los centros olfativos secundarios; a, axon. Las flechas señalan la
dirección de las corrientes.
Sin embargo, quedaba aún mucho filón virgen para
los trabajadores de refresco. Era, sobre todo, indispensable explorar los corpúsculos
de axon corto, insuficientemente estudiados por los susodichos sabios, y
urgía además abordar el problema de las conexiones interneuronales,
estableciendo en lo posible las vías recorridas por los impulsos sensoriales ó
aferentes, tarea interesante apenas desflorada por los sabios de la escuela
italiana.
Tales fueron los objetivos perseguidos por mí
durante el año 1892, creo que con alguna fortuna. Los resultados obtenidos
motivaron la redacción de extensa monografía, publicada primeramente en
los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural[120]. En el mismo
año, mi trabajo mereció la honra inestimable de ser traducido al alemán por el
ilustre Kölliker, para su reputada Revista: Zeitschrift f. wissensch.
Zoologie[121].
Como hechos interesantes, fruto de propias
pesquisas, mencionamos los siguientes:
1.º Demostración de que el axon de los granos de
la fascia dentata emite, durante todo su trayecto por la zona
de las pirámides grandes, un sistema de rosáceas ó de excrecencias colaterales
que se articulan con ciertos golfos y desigualdades características del tallo
radial de las citadas células. En la figura 42, B, mostramos muy es[p.
253]quemáticamente (se ha prescindido de casi todos los elementos) esta
interesante conexión entre los granos y las pirámides
gigantes.
2.º Hallazgo por debajo de la zona de los
granos (fascia dentata) de varios tipos de corpúsculos
piramidales cuyo axon corto ascendente constituye, ramificándose, elegantes y
tupidas cestas envolventes del soma y tallos de los granos (véase la fig. 43,
B, C, donde aparece también otro elemento, cuyo axon se ramifica en el espesor
de la capa molecular) (A).
Fig. 43.—Figura semiesquemática donde reproducimos
nuestros principales hallazgos en la fascia dentata. —A, célula de
axon ascendente; B y C, pirámides cuyo axon (a) se termina, mediante
nidos ó cestas (e), que rodean el cuerpo de los granos; D, zona
molecular; F, capa de los granos; E, zona plexiforme; e, cestas.
Nota.—La región copiada en la presente figura corresponde al pequeño cuadrado
trazado en el grabado precedente.
3.º Encuentro en el asta de Ammon (región superior
del stratum oriens) de multitud de neuronas de axon corto, cuyas
ramas nerviosas generan también nidos complicados en torno del soma de las[p.
254] pirámides. En la figura 44, A, B, C, D, mostramos las dos principales
variedades de corpúsculos de esta clase.
Fig. 44.—Mis principales hallazgos en el asta de
Ammon (región superior), mostrados esquemáticamente.— A, B, neuronas cuyo axon
ascendente se descompone en ramas arciformes, formadoras de nidos para los
somas más profundos de la capa de las pirámides.— D, C, neuronas de axon
tangencial constructores de nidos destinados á los cuerpos de las neuronas
piramidales más superficiales; E, célula de axon ascendente (a); F, K,
G, células de axon corto distribuído por el stratum radiatum; J, H,
pirámides dislocadas cortas. La figura actual corresponde al cuadrado grande
del esquema de la página 250.
4.º Señalamiento, por primera vez, de las ramas
colaterales de la substancia blanca y de las fibras terminales llegadas
del Alveus, ó[p. 255] conductores arborizados en las zonas
plexiformes del asta de Ammon y fascia dentata (fig. 44, b).
5.º Encuentro en el stratum radiatum de
numerosas células de axon corto (fig. 44, F, G), así como algunas pirámides
dislocadas (figura 44, H, J).
6.º Determinación de las variantes morfológicas que
separan las pirámides de la región inferior de la constitutiva de la superior
del asta de Ammon. Caracterízanse estas últimas por exhibir tallo liso;
mientras que las primeras muéstranlo erizado de excrecencias verrugosas para
conexionarse con las rosáceas del axon de los granos.
7.º Descripción de la neuroglia de dichos órganos.
8.º Análisis detallado de los plexos nerviosos de
los mismos y, en fin, estudio estructural del subiculum, etc.
El citado folleto contiene, además, un estudio de
la fina anatomía de la corteza esfenoidal del cerebro de los
pequeños mamíferos.
Fig. 45.—Tipo especial de neurona multipolar exenta
de cilindro-eje, que habita en torno de los ganglios de Auerbach y Meissner,
entre las capas de fibras musculares y circulares del intestino, en la túnica
externa de las arterias, y en fin, allí donde existe tejido muscular de fibra
lisa.
3. Nuestra exploración acerca del gran simpático
intestinal tuvo menos importancia[122]. Encierra,
sin embargo, bastantes hechos nuevos, entre los cuales citaremos:
a) El hallazgo, en los ganglios de Meissner y Auerbach, de ciertas cé[p.
256]lulas estrelladas de largas expansiones, las cuales ingresan en los haces
del plexo de igual nombre (confirmado por Dogiel, Lavilla y Kölliker).
b) Descubrimiento de una variedad especial de células estrelladas
pequeñas, yacentes en las mallas de dichos plexos y entre las capas de fibras
musculares (confirmado por Dogiel, Lavilla y Kölliker) y caracterizadas por su
carencia de cilindro-eje (fig. 45). Estos elementos fueron también demostrados
en la rana por el método de Ehrlich[123].
c) La presencia de colaterales nacidas de las fibras de paso de los
ganglios y terminadas por arborizaciones libres en torno de las células de
éstos (confirmado por Dogiel).
Fig. 46.—Plexos de neuronas asteriformes,
generadoras de plexos en la zona glandular del intestino (B) y en el interior
de las vellosidades (A).
[p. 257]d) La existencia de corpúsculos
nerviosos especiales entre las glándulas y en el espesor de las vellosidades,
etc., etc. (fig. 46).
e) Análisis de las terminaciones nerviosas en las fibras lisas.
f) Impregnación de las glándulas intestinales y de las fibrillas
nerviosas de las vellosidades, etc., etc.
En el año de 1893 publicamos todavía otros trabajos
de menor cuantía referentes á la corteza cerebral occipital de
los pequeños mamíferos[124], y á
los tumores malignos del hígado[125]. En fin,
dimos á la estampa nuevas observaciones sobre la estructura de la médula
espinal y gran simpático[126].
[p. 259]
CAPÍTULO XII
La Sociedad Real de Londres me
encarga la Croonian Lecture. — Mi conferencia ante dicha Sociedad.
— Banquetes oficiales y otros agasajos. — Visita á los Institutos científicos
de Londres y gira á las Universidades de Cambridge y Oxford. — Se me nombra
Doctor en Ciencias, honoris causa. — Impresión personal acerca de
la ciencia inglesa y la organización de sus Centros docentes.
llá por Febrero de 1894 llegó á mis manos una
comunicación del Dr. Foster, Secretario de la Sociedad Real de
Londres, invitándome, por acuerdo de tan ilustre Corporación, á pronunciar el
discurso llamado Croonian Lecture. Tratábase de una conferencia
sobre asuntos biológicos, remunerada con 50 libras esterlinas, é instituída por
cierto sabio inglés con la mira de traer á Londres á un investigador nacional ó
extranjero, autor de algún descubrimiento señalado. Prácticas en todo, las
Corporaciones científicas inglesas, no se satisfacen con estimular de lejos la
investigación personal, adjudicando al conquistador de una nueva verdad el
diploma honorífico de rúbrica; desean, además, conocer al autor, oir de sus
labios la exposición de sus trabajos y, sobre todo, examinar y comprobar de
visu los métodos de indagación con ayuda de los cuales el hecho nuevo
fué descubierto. Respondiendo á finalidad tan discretamente utilitaria, las[p.
260] Academias inglesas han creado muchos premios, todos debidos á
iniciativa particular.
El acuerdo de la referida Sociedad Real cogióme
de sorpresa. Estaba en realidad confundido y avergonzado por la lisonjera
invitación, dudando entre aceptarla de plano ó declinarla cortésmente, temeroso
de no corresponder de modo decoroso á la honra que se me dispensaba. En
disculpa de mis vacilaciones, importa notar que la Real Sociedad de
Londres constituye la Institución científica más importante de la Gran
Bretaña y acaso de todo el mundo. Á ella han pertenecido los sabios y
pensadores más ilustres de Inglaterra. Para un profesor francés ó alemán
merecer el título de Fellow de tan prestigiosa Institución,
poder añadir en las tarjetas las codiciadas iniciales F. R. S., representa
suprema aspiración, de muy pocos satisfecha. Además, la Croonian
Lecture había sido siempre encomendada á investigadores de primera
fuerza, entre los cuales recuerdo ahora al ilustre Kölliker[127].
En fin, para colmo de contrariedad, una de mis hijas cayó, por aquellos días,
enferma de bastante cuidado, y mi instinto de padre se inquietaba,
resistiéndose á abandonar á la paciente, no obstante los alentadores vaticinios
que, para tranquilizarme, hacía el Dr. Hernando, médico de cabecera y amigo
generoso de mi familia, según dejo dicho páginas atrás.
Las piadosas seguridades del compañero, la entereza
de mi mujer que me aconsejaba aceptar á todo trance la invitación, una carta
sumamente agradable de M. Foster y[p. 261] otra no menos halagadora del
profesor Ch. Sherrington, acabaron por decidirme. Este último reclamaba
amablemente, á título de neurólogo, el derecho de hospedarme en su casa, á lo
que me instó vivamente también el Secretario de la Sociedad Real.
Comencé, pues, en medio de mis inquietudes, á
redactar en francés la Conferencia, pues no dominaba el inglés lo bastante para
expresarme decorosamente en este idioma; reuní después mis mejores
preparaciones del cerebelo, médula espinal, retina, cerebro, bulbo
olfatorio, etc., y previa licencia de mis superiores jerárquicos, emprendí
el viaje á Inglaterra. Al pasar por París, saludé cordialmente á mi ilustre
amigo Mr. Matías Duval y tuve el gusto de conocer personalmente á mi traductor,
el Dr. Léon Azoulay, quien, lleno de bondad, revisó y corrigió el dudoso
francés de mis cuartillas. En fin, arribado á Londres, púseme á disposición de
la Sociedad Real.
Como me anunció ya el simpático Secretario de dicha
Academia, la hospitalidad que merecí de Ch. Sherrington y de su admirable
compañera fué agradabilísima y llena de atenciones y finezas. No fué menos
benévola y cordial la acogida dispensada al modesto investigador español por
Mr. Foster y otros ilustres miembros de la consabida Sociedad, entre los cuales
recuerdo á Mr. Schäfer, á M. Klein, á Bourdon-Sanderson, á Horsley, á Mott y,
en fin, al eximio Presidente Sir W. Thomson (Lord Kelvin),
descubridor, según es notorio, de la telegrafía transatlántica, y uno de los
hombres más campechanos, sencillos y modestos que he conocido. Á la verdad, la
llaneza y cordialidad de trato de aquellos sabios, los más eminentes de
Inglaterra; su total ausencia de empaque y de orgullo profesional; la placidez
y alegría de sus pláticas privadas, en contraste con la elevación y profundidad
de su obra científica, teníanme embobado.
[p. 262]En su hidalga generosidad, Mr. Sherrington,
á la sazón profesor de Fisiología en una de las Facultades de Medicina de
Londres (creo que en el Bartholomew’s Hospital), tuvo empeño, no
solamente en agasajarme y guiarme al través de la formidable Babel inglesa,
sino en prestarme eficaz y directo concurso en la preparación de mi
Conferencia. Á este propósito, efectuó con los preparados más demostrativos de
mi colección, soberbias microfotografías, destinadas á la proyección, amén de
proporcionarme todo lo necesario para dibujar en colores varios esquemas de
gran tamaño.
Con tales elementos demostrativos, la lección
resultó, á despecho de mi emoción, bastante clara y persuasiva. Si no falla mi
memoria, fué pronunciada el 8 de Marzo, en el palacio llamado Burlington
House, casa social de la Sociedad Real. Comprendió mi discurso lo más
fundamental de mis pesquisas en orden á la morfología y conexiones de las
células nerviosas de la médula espinal, ganglios, cerebelo, retina, bulbo
olfatorio, etc. Y para ponerme á tono con el auditorio, donde predominaban
fisiólogos y médicos, y satisfacer al mismo tiempo el gusto inglés, que exige á
cada cosa un valor práctico ó doctrinal, terminé mi oración desprendiendo de
los hechos expuestos algunas interpretaciones fisiológicas y aun psicológicas
más ó menos verosímiles[128]. De ellas
trataré en otro lugar.
Mencionemos un detalle que tiene su valor. Para no
per[p. 263]der la hilación del discurso, cada oyente tenía en las manos, según
costumbre inglesa, un resumen impreso de lo más importante de aquél. Ni debo
olvidar otra particularidad reveladora de la exquisita cortesía anglo-sajona:
sobre el estrado presidencial, ocupado por Lord Kelvin y varias autoridades
académicas, flameaban entrelazadas las banderas inglesa y española.
Terminado el acto, fuí calurosamente felicitado.
Entre los que estrecharon efusivamente mi mano, reconocí con satisfacción al
ministro de España, D. Cipriano del Mazo, acompañado del Secretario, del
simpático hijo de D. Facundo Riaño, agregado entonces de Embajada, y de algunos
más representantes distinguidos de la colonia española. Fué un día de grata y
noble emoción, de los que viven en la memoria asociados al dulce sentimiento de
la patria.
Sucediéronse luego en serie ininterrumpida
numerosos agasajos, donde se puso de realce la afectuosa esplendidez de la
hospitalidad anglo-sajona. Imposible fuera recordar todas las invitaciones
recibidas y los banquetes celebrados.
Mención particular merece, sin embargo, el banquete
de la Sociedad Real, al cual asistieron muchos invitados llegados de Cambridge
y Oxford. Á la hora del champagne, brindóse calurosamente en honor
de las ciencias inglesa y española, y se hicieron votos por la confraternidad
cordial é intelectual de ambas naciones. Recuerdo todavía parte del elocuente
discurso de Mr. Foster, orador agudo y ocurrente, que sazonaba sus
frases con esa fina sal del humour anglo-sajón, casi
desconocida entre nosotros. Dijo, entre otras cosas halagadoras para España y
para mí, «que gracias á mis trabajos, el bosque impenetrable del sistema
nervioso se había convertido en parque regu[p. 264]lar y deleitoso, y que mis
investigaciones habían establecido colaterales de conexión y placas
motrices entre las almas de España y de Inglaterra, antes apartadas
por siglos de incomprensión y desvío.»
Más íntimo y menos solemne fué el banquete
celebrado en casa del Dr. Paget, donde tuve el gusto de conocer á los
neurólogos y médicos más famosos de la capital inglesa.
Recuerdo asimismo la deliciosa gira al cottage de
mi amigo el Dr. Schäfer, profesor de Fisiología é Histología de una de las
Facultades médicas de Londres. En esta quinta, rodeada de praderas y
bosquecillos, que animaban el juego de los niños y la voz autoritaria de
las nurses, tuve la primera visión de la holgura, comodidad y
elegancia del home inglés, así como del decoro con que en la
opulenta Albión viven los sabios y educan á sus hijos.
Ingrato fuera en este momento omitir la fiesta
familiar y el espléndido banquete celebrados en la Embajada española, con
asistencia de lo más distinguido de la colonia (figuraba entre los invitados el
sabio y venerable Gayangos). Llegada la hora de los brindis, el anfitrión, D.
Cipriano del Mazo, después de encomiar hasta la paradoja mis escasos
merecimientos, entonó un cántico elocuentísimo á la ciencia y filosofía
hispanas. Sus vibrantes y sentidas palabras nos conmovieron á todos, y á mí,
especialmente, que apenas tuve la serenidad suficiente para agradecer sus
elogios[129].
Claro es que, terminados recepciones y banquetes,
dediqué algunos días á admirar las curiosidades y bellezas de[p. 265] la
estupenda capital inglesa: sus suntuosos y artísticos monumentos, el puerto y
los muelles del Támesis, el Museo británico, la Ciudad de
Cristal, los parques incomparables, etc. No sin viva emoción contemplé en
Westminster la estatua de Newton y el sepulcro de Darwin.
Excusado es decir que, aprovechando los buenos
oficios de mi huésped, que se desvivía por complacerme, giré también visitas
instructivas á las principales Instituciones docentes de la ciudad, entre
otras, al King’s College Hospital, al Bartholomew’s
Hospital, al London Hospital, Centros todos de enseñanza
médica, al Royal College of Surgeons, en fin, á la Royal
Medical and Chirurgical Society. Sin embargo, lo que más atrajo mi atención
fueron los laboratorios. En ellos tuve la fortuna de presenciar experimentos
fisiológicos de Ferrier, de Horsley y de Mott, y de examinar las preparaciones
histológicas de Schäfer y de Sherrington. Á este propósito no holgará dar
algunos detalles:
En los laboratorios ingleses estaba entonces muy en
boga aplicar el método de las degeneraciones secundarias, asociado
á la llamada coloración de Marchi (teñido de las piezas
nerviosas en ácido ósmico, etc.). Este proceder, que empleaban con la mira de
precisar el origen y curso de las principales vías que asocian el cerebro y
cerebelo con el bulbo y médula espinal, exige, según es sabido, como condición
previa, la ejecución de arriesgadas y difíciles vivisecciones en monos ó
perros. Una de las practicadas por el profesor Ferrier en el macaco,
impresionóme profundamente, así por la maestría de la manipulación como por la
brillantez del resultado: tratábase de la extirpación total de ambos lóbulos
occipitales del cerebro. Gracias á la habilidad incomparable del operador y á
las exquisitas asepsia y hemostasia logradas, el animal sobrevivió á tan
radical mutilación y fué posible explorar, en su día, las degenera[p.
266]ciones secundarias sobrevenidas. Verdad es que los fisiólogos ingleses y
particularmente Ferrier, el sabio eminente que comparte con Hirtzig y Munk el
descubrimiento de las localizaciones cerebrales, son prodigiosos
experimentadores.
Cuando un profesor extranjero de cierta notoriedad
viaja por Inglaterra y se pone al habla con sus sabios, es de rigor convidarle
á visitar las prestigiosas é históricas Universidades de Cambridge y Oxford,
donde, según es notorio, se adoctrinan la juventud dorada y la aristocracia
intelectual de la raza anglo-sajona. Y si el forastero distinguido ha sido
designado además para la Croonian Lecture ó ha sido agraciado
con alguna otra merced académica, entonces suele proponérsele el honor de
conferirle en Oxford ó en Cambridge, según los estudios del candidato, el grado
de Doctor en Ciencias, honoris causa, ceremonia académica que se
celebra con gran solemnidad.
Tal me ocurrió á mí. Ya desde los primeros días de
mi estancia en Londres recibí atentas misivas del Vice chancellor de
la Universidad de Cambridge y del infatigable Secretario M. Foster (que
pertenecía al Claustro de dicho Centro), requiriéndome amablemente para que
aceptase honor tan señalado.
Á este propósito, varios profesores, entre ellos el
citado Secretario de la Sociedad Real, me condujeron á la histórica
ciudad del Cam, alojándome en un espléndido pabellón del King’s College.
Y después de descansar un día visitando y admirando la estupenda capilla gótica
del colegio, sus excelentes laboratorios, amplias aulas, riquísimas
colecciones, extensos campos de juego dilatados por ambas márgenes del río,
etc., etc., llegó la hora de la solemne fiesta académica.
Celebróse, si mal no recuerdo, el 5 de Marzo, días
antes[p. 267] de mi Conferencia de la Sociedad Real, en el
magnífico salón de actos del Senate House. Conocida la devoción
inglesa por la tradición, ocioso parece advertir que la ceremonia se desarrolló
con arreglo á los más rancios cánones. Á ella asistieron el V. Canciller, las
autoridades locales y académicas, el claustro de Doctores y muchos internos de
los colegios aristocráticos adscritos á la Universidad. Maestros y alumnos
vistieron los tradicionales trajes de doctor, consistentes en una especie de
toga ú hopalanda roja y un birrete especial, en cuya cúspide sobresale apéndice
piramidal de base cuadrada.
Rindiendo á su vez homenaje á la costumbre, el
candidato, un poco azorado, vistió también la original indumentaria. Hubo
música de Beethoven y discurso latino del orator, á estilo
medioeval[130]. Acabado el
discurso de ritual,[p. 268] el Vicecanciller, dirigiéndose al candidato,
declaró que, atendiendo á sus merecimientos, la Universidad le otorgaba
el Grado de doctor en Ciencias. Durante el acto hube de estampar mi
firma —con pluma de ave, para no romper ni aun en cosa nimia los usos
tradicionales— en el gran libro de honor donde figuraban los nombres de todos
los graduados ad honorem. Y, en fin, acabada la solemnidad
académica, celebróse un gran banquete en el King’s College, seguido
un día después de una comida íntima y familiar en el precioso hotel que
extramuros de la villa poseía el Dr. Foster.
De mi visita á Oxford, la admirable ciudad gótica,
inestimable joya medioeval, donde cada casa es un relicario histórico y cada
colegio compite en riqueza y grandiosidad con una mansión real, sólo diré que,
ante tantas maravillas, estaba como embelesado. ¡Qué Bibliotecas, qué Museos,
qué Capillas góticas, qué amplitud, riqueza y comodidad en las habitaciones
destinadas á los colegiales! En paran[p. 269]gón del King’s College,
filigrana del renacimiento, del Baliol College, del Corpus
Christi College y del Magdalen College, exquisitos modelos
del estilo gótico, ó del grandioso John’s College, medio oculto
entre cortinas de yedra, etcétera, el mejor de nuestros edificios docentes
oficiales semeja destartalado y sórdido caserón. Huelga expresar que fuí muy
atendido por los profesores, y singularmente por el sabio Bourdon-Sanderson.
Acerca de este maestro, me es grato expresar que tan encantado quedé de la
actividad y sabia organización de su laboratorio de Fisiología, como de sus
talentos y demás prendas personales.
Para evitar enfadosas prolijidades, omito la
narración de otras muchas cosas que, tanto en Oxford como en Cambridge,
excitaron mi admiración ó despertaron mi interés. Mencionaré no más dos fiestas
de carácter docente, de que guardo grato recuerdo.
Como obsequio á los profesores de Fisiología
forasteros congregados en Cambridge, con ocasión de la citada solemnidad, el
sabio Langley, que ha ilustrado su nombre con importantes descubrimientos
relativos á la actividad del Gran simpático, invitónos á presenciar
uno de sus favoritos experimentos. Tratábase de un gato envenenado con
nicotina, en el cual, con insuperable habilidad, había dicho profesor puesto al
descubierto casi todos los ganglios de la cadena simpática de un lado. Estos ganglios,
no obstante su pequeñez, mostrábanse clarísimos, limpios de sangre y libres de
las vísceras torácicas y abdominales, que habían sido pulcramente, y sin daño
de su integridad, apartadas lateralmente y sujetas con pinzas y cordones
asépticos. El cómo, después de tan formidable traumatismo, latía todavía el
corazón y se conservaban casi íntegras todas las funciones vitales del animal,
constituye para mí misterio impenetrable. Aplicó á seguida la exci[p.
270]tación farádica á los ganglios (lo que equivale prácticamente á estimular
aisladamente las fibras simpáticas, porque la cocaína paraliza el cuerpo de las
células nerviosas), y la contracción de los músculos lisos de los pelos (arrectores
pili), desarrollada en fajas cutáneas ó anillos regulares y sucesivos,
demostró elegantemente, no sólo que cada ganglio inerva un área especial
periférica, sino que esta zona cutánea tiene significación metamérica, á
semejanza de las áreas de distribución de los ganglios sensitivos.
Á la otra fiesta, igualmente instructiva, aunque de
índole mundana y social, asistí por feliz casualidad. Acertó por aquellos días
á celebrarse en Cambridge lo que allí se llama una conversación
científica, especie de tertulia interuniversitaria, destinada á la
exposición popular de los descubrimientos efectuados por los profesores
ingleses y á promover entre ellos ese espíritu de solidaridad intelectual que
tanto se echa de menos entre los investigadores de las naciones latinas. Á este
propósito, congregáronse en un gran salón del King’s College profesores
llegados de todos los centros científicos del Reino Unido, acompañados de sus
familias y de numerosos invitados. Antes de la sesión, cada investigador
dispuso en una mesa el instrumental necesario para sus demostraciones. Los
histólogos y embriólogos aportaron sus preparaciones microscópicas; los
físicos, sus recientes invenciones científicas; los químicos, muestras de las
substancias descubiertas y esquemas del mecanismo de su producción; los
bacteriólogos, cultivos de las nuevas especies microbianas y preparaciones de
los gérmenes patógenos; los astrónomos, dibujos y fotografías —singularmente
espectrales— de los astros, etc. De esta suerte, los sabios, además de
conocerse personalmente, participan de las inquietudes espirituales de sus[p.
271] colegas y ayúdanse recíprocamente en la resolución de los problemas
de actualidad. En cuanto al público lego, así como á los alumnos, reciben el
inestimable beneficio de una ciencia fresca, viva, variada y doblemente
sugestiva, por llevar consigo el incentivo de la novedad y ser declarada por la
palabra autorizada, cálida y entusiasta de su creador. Añadamos todavía que,
terminadas las demostraciones científicas, hízose un poco de música, acabando
la sesión á beneficio de la gente moza, que se entregó á las delicias del
baile.
Aunque el tema es harto conocido y sobre él se han
escrito muchos libros, quisiera decir algo acerca de las Instituciones
universitarias inglesas y de sus frutos docentes. Á la verdad, un mes de
estudios apresurados y superficiales, durante cuyo tiempo vime obligado, por
imperio de las circunstancias, á poner más atención en la exposición de
trabajos propios que en la apreciación de la obra ajena, no me permiten
formular un juicio firme y documentado. Me limitaré á mera impresión personal,
basada parte en lo que ví y parte en las manifestaciones de profesores
conocedores del problema de la enseñanza superior.
Mi opinión podría sintetizarse en esta frase: en
Inglaterra las Instituciones docentes hállanse admirablemente organizadas para
fabricar hombres, pero no para forjar sabios. Y, sin
embargo el sabio abunda y alcanza, á menudo, las más altas cimas de la
originalidad genial. Pero en dicha nación, los científicos y pensadores más
eminentes deben poco á la Universidad: son temperamentos privilegiados que se
abren camino, á pesar de la deficiente é incompleta organización de los Centros
docentes. Porque el investigador no representa aquí, como en Alemania, el
producto directo de la Escuela, sino el fruto indirecto del cultivo de la
personalidad y del robustecimiento de todas las[p. 272] energías del
espíritu. Con algunas restricciones, cabría afirmar que en el país teutón la
organización docente suple al hombre, mientras que en Inglaterra el hombre
suple á la organización. Falta saber si, tratándose de una raza tan
admirablemente dotada como la inglesa, no rendiría aún mejores frutos el método
alemán de instruir mucho educando poco, que el método anglo-sajón de educar
mucho y de instruir sobriamente. Acaso está el ideal, como muchos piensan, en
un perfecto equilibrio entre ambos tipos culturales.
Que las Universidades y Colegios mayores ingleses,
con su carácter de Instituciones privadas, su plena libertad de programas, su
potestad de escoger maestros hasta entre los desprovistos de título
profesional, y su estrecha sujeción á las demandas esencialmente utilitarias de
la clientela, etc., dejan algo que desear en punto á la función de formar
investigadores, confiésanlo paladinamente los mismos maestros ingleses, muchos
de los cuales debieron refinar su adaptación técnica y su instrucción teórica en
las más renombradas Escuelas oficiales alemanas. Algunos de ellos hiciéronme
notar chocantes deficiencias. En efecto, al ojear los programas de estudios de
algunas Facultades médicas, noté con sorpresa que en la mayoría de ellas toda
la labor docente se inspira en el practicismo y el profesionalismo,
hasta el punto de que importantes disciplinas teóricas incluídas en el plan de
estudios de las Universidades francesas, alemanas, italianas y hasta españolas,
faltan por completo ó se les consagra insignificante atención. Á esta causa hay
que atribuir la escasez relativa de histólogos, anatomo-patólogos, embriólogos
y bacteriólogos de Inglaterra por comparación con Alemania ó Francia. Semejante
estado de cosas tiende, sin embargo, á desaparecer. Nos consta que, durante los
últimos años, se han[p. 273] colmado muchas lagunas en los cuadros de
enseñanza, muy particularmente en la organización de las Universidades de tipo
moderno, creadas en Londres, Liverpool, Manchester, etcétera, costeadas casi
enteramente por el Estado é inspeccionadas directamente por él. En estas
novísimas escuelas, sin descuidar la adaptación al mejor rendimiento
profesional, se ha concedido ya á la ciencia pura ó teórica —que en el fondo es
la más exquisitamente práctica de todas, ya que encierra los gérmenes de toda
futura aplicación á los fines de la vida— el debido desarrollo, á imitación de
los programas de los Centros docentes similares de Alemania.
Terminada la misión que me condujo á las islas
británicas y satisfecha mi curiosidad científica y artística, dispuse el viaje
de regreso, no sin reiterar antes á mis generosos huéspedes el Dr. Sherrington,
al Dr. Foster y á otros profesores que me colmaron de atenciones, la ofrenda de
mi cordial gratitud.
¡Qué desencanto al llegar á nuestro Madrid, donde,
por incomprensible contraste, se ofrecen la máxima cultura española con los
peores edificios docentes! Habituada la retina á la imagen de tantos
esplendores y grandezas, infundíame tristeza pensar en nuestra ruin y
antiartística Universidad, en el vetusto y antihigiénico Colegio de San Carlos,
en las lobregueces peligrosas del Hospital Clínico, en el liliputiense Jardín
Botánico del Paseo de Trajineros y en el Museo de Historia Natural, siempre
errante y fugitivo ante el desahucio de la Administración.
Causóme también desilusión el ver á nuestros
estudiantes aislados, sin espíritu corporativo, desperdigados en ruines,
insalubles y sórdidas casas de huéspedes, y entregados á una libertad muy
parecida al abandono; y á los profesores mismos, encastillados en sus Cátedras
como le[p. 274]chuzas en campanario, desconociéndose entre sí y ajenos por
completo á los nobles anhelos de una colaboración orgánica, como si no formaran
parte de un mismo cuerpo ni conspiraran al mismo fin...
Al pisar el umbral de mi casa, latíame
tumultuosamente el corazón. Por incidentes imprevistos, no pude avisar mi
llegada. ¿Cómo encontraría á mi hija? El optimismo de las cartas maternas, ¿no
sería quizás piadoso ardid encaminado á prestarme ánimo durante mi arriesgada
misión?... Por fortuna, los vaticinios de Hernando se habían confirmado. Aunque
muy débil y quebrantada, la enferma entraba ya en franca convalecencia.
Cuando al siguiente día, rodeado de la alegría y
bullicio de los niños, desembalé los regalos comprados en Londres, advertí con
sorpresa que se me habían adelantado en el obsequio: La señora de D. Facundo
Riaño, la hija del sabio Dr. P. Gayangos, con una delicadeza de sentimientos
que nunca olvidaré, había, durante la ausencia del padre, consolado á los
pequeños obsequiándoles con preciosos juguetes. También prodigó á mi esposa
—fatigada y doliente por un mes de insomnios— atenciones y solicitudes inestimables.
¡Bien haya aquella santa mujer, hija y esposa de sabios, cuyas virtudes le
granjearon la estima y veneración de cuantos tuvieron la dicha de tratarla!...
Mi familia en 1894, dos años después de mi traslado
á Madrid.
[p. 275]
CAPÍTULO XIII
Mis trabajos durante los años 1894, 1895 y 1896. —
Disposiciones nuevas observadas en la estructura del bulbo raquídeo, protuberancia, tálamo
óptico, cuerpo estriado, glándula pineal, cuerpo
pituitario, retina, ganglios, etcétera. — Algunas
observaciones sobre la textura del protoplasma y núcleo.
— Para eliminar posibles objeciones, consigo comprobar, con el método de
Ehrlich, al azul de metileno, los hechos más importantes recogidos con ayuda
del cromato de plata.
emo fatigar y aun mortificar al lector con la
relación de mis investigaciones durante el trienio de 1894, 1895 y 1896. Y, sin
embargo, algo he de decir de ellas, aunque sea muy lacónicamente, á menos de
ser infiel al plan expositivo que vengo siguiendo.
Hasta aquí fué tarea fácil, mediante descripciones
simplificadas y figuras esquemáticas, dar al lector idea de mis hallazgos
anatómicos más culminantes. Á ello se prestaba la regularidad arquitectónica y
relativa sencillez de los órganos estudiados. Mas ahora trátase de pesquisas
efectuadas en centros nerviosos de textura singularmente intrincada, tales
como: el bulbo raquídeo, la protuberancia, el tálamo
óptico, los tubérculos cuadrigéminos, etc., órganos mirados con
razón por el estudiante y aun por el maestro como los páramos de la Neurología.
En semejante materia se impone, para no perderse en un dédalo de senderos en[p.
276]trecruzados, el consultar muy de antemano, y con grandísima atención, esas
cartas topográficas basadas en la comparación de series regulares de cortes
transversales, trazadas por la paciencia de Meynert, Schwalbe, Obersteiner,
Flechsig, Cramer, Edinger, van Gehuchten y otros muchos. Mas, por razones
fácilmente presumibles, yo no puedo ahora suplir estos guías autorizados sin
desnaturalizar completamente la índole de este librito. No abusaré, pues, de la
paciencia del lector, ajeno ó poco aficionado á los estudios neurológicos, y me
limitaré á dar una lista bibliográfica, con la escueta enumeración de los
hallazgos más interesantes. Algunas figuras suplirán en lo posible el laconismo
del texto.
La principal exploración verificada durante el
mencionado trienio tuvo por objeto el conocimiento del bulbo raquídeo,
el páramo tedioso á que antes aludía. Sin embargo, no hay paramera, por adusta
que sea, que no ofrezca al botánico alguna flor modesta, pero de exquisita
fragancia. Con la esperanza de hallarla me aventuré en este difícil dominio, no
sin escudriñarlo antes, macroscópicamente, en series regulares de secciones
microtómicas, efectuadas en el hombre, perro, gato, conejo, ratón. Y, como de
ordinario, demandé también al método de Golgi, aplicado en los embriones y
animales jóvenes, sus valiosísimas y terminantes revelaciones.
Como resultado general, las citadas pesquisas
aportaron la prueba de que, en el bulbo, protuberancia, tálamo,
etcétera, imperan también, tanto la ley anatómica del contacto entre
somas y arborizaciones nerviosas, como la ley fisiológica de la polarización
dinámica. Á semejanza de la médula espinal, las raíces sensitivas ó
aferentes de los nervios craneales trigémino, vestibular, acústico,
etc., ofrecen la clásica bifurcación en rama ascendente y descendente[p.
277] (salvo las raíces sensitivas del glosofaríngeo y pneumogástrico,
que sólo poseen rama descendente); y asimismo contraen, á favor de ramas
colaterales y terminales, íntima conexión con el soma y dendritas de las
neuronas motrices (focos del facial, motor del trigémino,
de los motores oculares, etc.), constituyendo el cauce automático
de los movimientos reflejos.
De igual manera, descúbrense en el bulbo y
protuberancia numerosas células de asociación (fascículo
longitudinal posterior, fibras de la substancia reticular,
etc.).
El conocido adagio filosófico «todo es uno y lo
mismo» aplícase singularmente al plan estructural de los centros nerviosos.
Inspirada en móviles exquisitamente económicos, la naturaleza gusta de
repetirse. Gracias á estas providenciales rutinas de la vida, es posible la
ciencia. Reconfórtase el espíritu lógico, ansioso de sencillez y de unidad, al
reconocer que el principio organizador adopta los mismos medios para iguales
fines. «Unidad de plan con infinita variedad de formas» parece ser la divisa de
la vida. Al modo del arquitecto, ajústase en las líneas generales á un cierto
estilo, pero reservándose el derecho de variar hasta la prolijidad los motivos
ornamentales. Á causa de esta inagotable variedad de recursos, evítase la
monotonía y el cansancio en la obra del investigador. Porque precisamente, esas
inesperadas é ingeniosas adaptaciones con que la naturaleza modifica, en cada
caso particular, sus normas esenciales, es lo que alimenta la curiosidad y
mantiene vivo el fuego sagrado del hombre de Laboratorio.
Por desgracia, yo llegaba al filón un poco tarde
para alcanzar grandes sorpresas y descubrimientos de primera fuerza. Edinger,
van Gehuchten, y particularmente Kölliker y Held, se me habían adelantado en la
aplicación[p. 278] afortunada del método de Golgi al análisis estructural
de los focos bulbares y protuberanciales. Debía, por tanto, espigar en campo
segado. Algo, empero, pude recolectar: fué tarea paciente y modesta de
perfeccionamientos, de ampliaciones, de cominerías descriptivas, harto más
trabajosa que brillante. Relatemos brevemente algunas de mis principales
aportaciones.
Fig. 47.—Trozo de un corte de protuberancia de
ratón, donde aparece el origen de los pedúnculos cerebelosos medios.— A, vía
motriz; C, células protuberanciales; E, porción epitelial de la hipófisis.
Comenzaré por recordar la publicación de una
extensa monografía[132] inserta
en los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural. En ella
se tocan diversos temas[p. 279] neurológicos: estructura del
puente de Varolio, de la hipófisis, del cuerpo estriado,
de los focos acústicos, etc.
Fig. 48.—Corte longitudinal de la vía piramidal
(gato) al cruzar la protuberancia, donde aparecen las ramas colaterales que
dicha vía envía á las neuronas protuberanciales, con las cuales entran en
íntimo contacto.
He aquí una lista de los datos más salientes:
Con relación al puente de Varolio[133].—a)
La demostración de que las células de la protuberancia envían
su axon á los pedúnculos cerebelosos medios (fig. 47, b, c).
(Confirmado por Pusateri y van Gehuchten).
[p. 280]b) El hallazgo de las colaterales
pontales de la vía piramidal, importante vía de unión de la corteza
cerebral con el cerebelo (vía cortico-ponto-cerebelosa) (fig.
48, a, e). (Confirmado por Pusateri y otros sabios).
Fig. 49.—Corte longitudinal del cuerpo estriado del
ratón.— A, células nerviosas de axon largo descendente; B, células de axon
corto; D, colaterales para el cuerpo estriado, nacidas en curso de fibras
motrices bajadas de la corteza cerebral. Representación semiesquemática.
Con relación á la hipófisis.— a) Demostración en el espesor de
la hipófisis de un plexo nervioso tupido y delicadísimo,
continuado con tubos llegados con el pedículo de este órgano (fig. 47, P).
b) Hallazgo de terminaciones nerviosas intercelulares en el revestimiento
epitelial de la cavidad del órgano. (Confirmado y ampliado por diversos
autores, singularmente por Tello) (fig. 47, f, E).
Con relación al origen del nervio acústico en las
aves.— Encuentro
de numerosos detalles de estructura de los focos acústicos de las aves,
observación de la bifurcación final del nervio coclear y de ciertas notables
arborizaciones ofrecidas por éste en el tubérculo acústico y ganglios vecinos.
[p. 281]Con relación al cuerpo estriado.— a)
Descubrimiento en este ganglio de células de axon largo descendente y
penetrante en el pedúnculo cerebral (fig. 49, A).
b) Hallazgo de arborizaciones libres emanadas de tubos ascendentes (fig.
49, C).
c) Descripción detallada de los dos tipos celulares que forman los focos
grises de dicho cuerpo, es decir, neuronas de axon largo y neuronas de axon
corto (fig. 49, B). Este trabajo vino á comprobar en los mamíferos algunas
ideas de Edinger sobre la constitución del Stamganglion de los
vertebrados inferiores y acerca del modo de origen de la vía cerebral
fundamental ó descendente.
Fig. 50.—Células de los focos interno (A) y externo
(B) del ganglio de la habénula (tálamo óptico); D, fascículo de Meynert.
Versó otra de nuestras investigaciones de 1894
sobre una región especial del tálamo óptico, designado ganglio
de la[p. 282] habénula[134], centro del
que, por lo que toca á los mamíferos, apenas si se tenían más que datos
groseros de anatomía macroscópica. Yo lo exploré en el ratón, conejo, gato,
etc., con ayuda de los métodos de Weigert, Nissl y Golgi. Además de confirmar
en los mamíferos algunos datos importantes obtenidos por van Gehuchten en
el ganglio de la habénula de los peces, contiene dicho
trabajo:
Fig. 51.—Arborizaciones libres (c)
repartidas por el foco interno (A) del ganglio de la habénula y llegadas de la
vía olfativa designada estría medular (b).
a) La prueba histológica de la existencia en dicho ganglio de dos focos
nerviosos bien deslindados: el interno y el externo (figura
50, A, B).
[p. 283]b) El descubrimiento de la especial
morfología de las neuronas integrantes de los focos habenulares (A) y de la
incorporación de sus finísimos axones á la vía nerviosa designada fascículo
de Meynert.
c) Encuentro en el foco interno de ciertos nidos ó
arborizaciones pericelulares sumamente tupidas, producidas por el ramaje final
de los axones llegados de la Stria medullaris, vía importante
perteneciente al sistema olfativo (fig. 51, c).
Fig. 52.—Arborizaciones terminales (A) de las
fibras ópticas (fibras llegadas de la retina) en la corteza del tubérculo
cuadrigémino anterior.— B, plano de las fibras ópticas; C, D, arborizaciones
visuales profundas.
Más copioso todavía en pormenores descriptivos y
hallazgos anatómicos, fué el estudio consagrado al bulbo raquídeo,
cerebelo y origen de los nervios encefálicos[135], publicado
en 1895, y que forma casi un libro.
He aquí los resultados más valiosos:
[p. 284]a) Demostración de la existencia de
la rama ascendente de bifurcación de la raíz sensitiva del trigémino con
sus colaterales y terminales (fig. 53, A).
b) Determinación de la morfología de las células del foco terminal
sensitivo de este nervio, y de la posición de la vía central engendrada
por ellas.
Fig. 53.—Corte longitudinal y lateral de la
protuberancia y bulbo raquídeo del ratón.— A, raíz sensitiva del
trigémino; a, conjunto de sus ramas ascendentes; b,
ramas descendentes; O, oliva cerebelosa; C, pedúnculo cerebeloso
superior; c, colaterales descendentes nacidas de este pedúnculo; B,
nervio vestibular con su bifurcación.
c) Detalles nuevos relativos á la estructura del foco motor
masticador. (Colaterales motrices del foco descendente motor, etc.).
d) Descubrimiento de un haz nervioso descendente, nacido,
mediante colaterales, del pedúnculo cerebeloso superior (fig. 53, D).
[p. 285]e) Demostración de que el pedúnculo
cerebeloso superior nace de las células de la oliva cerebelosa (fig.
53, O, C).
f) Descubrimiento de las arborizaciones terminales del nervio
óptico en el tubérculo cuadrigémino anterior, así como de las
colaterales descendentes de las fibras ópticas (fig. 52, A, D).
g) Descripción de las terminaciones del fascículo de Meynert en
el ganglio interpeduncular y de las singulares células que en
éste residen.
h) Prueba objetiva de que las fibras nacidas en la oliva bulbar marchan
al cerebelo, y revelación de que las arborizaciones terminales de dicha oliva
emanan de colaterales del resto del cordón antero-lateral.
i) Encuentro, en el dominio de las terminaciones del vago y
glosofaríngeo, de un ganglio medio impar llamado comisural,
á cuyo nivel se entrecruzan y en parte se terminan las fibras del cordón
solitario (fig. 54, A).
j) Descripción detallada de las colaterales sensitivas destinadas á los
focos de los nervios hipogloso, motor ocular externo, masticador, facial,
etc. (fig. 54, f, g).
k) Señalamiento de la existencia, en el fascículo longitudinal
posterior, de numerosas fibras ascendentes procedentes de los focos
sensitivos del bulbo y singularmente del núcleo terminal del vestibular.
l) Descubrimiento de que las ramas ascendentes del nervio
vestibular penetran en el cerebelo, constituyendo, verosímilmente, la
vía por la cual las impresiones de los conductos semicirculares se propagan á
dicho centro (fig. 53, g).
m) Estudio detallado de las células de los focos del vestibular y de las
vías centrales en ellas nacidas.
n) Encuentro de dos focos acústicos nuevos en la región del puente (focos
preolivares interno y externo), y detalles de la morfología de las células
de los ganglios terminales del coclear y de los asociados al cuerpo trapezoide,
etc.
ñ) Descubrimiento, en el tálamo de los roedores y
carniceros, del origen de los haces nerviosos designados por los autores fascículo
de la calota y cordón de Vicq d’Azyr, los cuales no son
sino ramas de bifurcación de un cordón compacto brotado de las células
nerviosas del cuerpo mamilar interno. (Confirmado inmediatamente
por Kölliker). Era entonces creencia general la total independencia de ambas
vías (véase la fig. 53, B, C, V).
[p. 286]Con el designio de completar el precedente
trabajo sobre el bulbo, dimos también á la estampa, años después (en 1897),
otra comunicación, donde se registran las siguientes adquisiciones
complementarias:
Fig. 54.—Corte transversal de la porción posterior
subventricular del bulbo raquídeo del ratón.— A, foco comisural, á cuyo nivel
se cruzan las fibras de ambos fascículos solitarios; B, núcleo del hipogloso
con las colaterales sensitivas ramificadas en él; D, fascículo solitario, es
decir, la porción descendente de las raíces sensitivas del vago y
glosofaríngeo.
a) La revelación, con el método de Golgi, de la morfología y colaterales
nerviosas de las células del foco medular del espinal, así como del enlace de
estos elementos con las colaterales sensitivas.
[p. 287]b) La diferenciación de un foco
especial del cordón lateral del bulbo, foco relacionado con colaterales de la
vía cerebelosa ascendente.
c) Descripción detallada de la morfología de las células de los focos de
Goll y de Burdach.
Fig. 55.—Sección sagital y lateral del tubérculo
mamilar y porción basal del tálamo.— A, neuronas diminutas del cuerpo mamilar;
B, haz genitor, por bifurcación, de los cordones de la calota (c) y de
Vicq d’Azyr (V); D, corteza blanca del tubérculo mamilar del que brotan
colaterales (a).
d) Estudio del remate superior en el bulbo del fascículo reflejo-motor de
las raíces posteriores.
e) Detalles de las terminaciones sensitivas en los focos de Goll y de
Burdach, y demostración de que una parte del cordón de Burdach se hace profundo
en el bulbo, situándose longitudinalmente por delante de la substancia de
Rolando.
[p. 288]f) Se describe un haz del
vago-gloso-faríngeo que se asocia á las fibras bulbares longitudinales del 5.º
par.
g) Se demuestra la existencia de una porción cruzada del nervio
vestibular.
h) Se detalla la estructura del foco de Roller, etc., etc.
Fig. 56.—Algunos elementos de la retina de las aves
con la marcha probable de las corrientes.— a, fibra centrífuga
llegada de los centros nerviosos; b, célula amacrina ó
espongioblasto de asociación; c, axon horizontal de estos
elementos, relacionado mediante extensa arborización con el tallo de las
células amacrinas comunes.
De otras comunicaciones aparecidas en 1895 sólo
mencionaré el argumento: una versó sobre la estructura de los ganglios
centrales del cerebelo[136] (oliva
cerebelosa, ganglio del techo, etc.); otra, de carácter
iconográfico, pero con bastantes pormenores descriptivos nuevos, recayó sobre
la médula espinal[137]. Lo más
interesante de este último tra[p. 289]bajo fué la ejecución de grandes láminas
en colores, copia de mis mejores preparaciones.
Durante el año 1896 mi actividad alcanzó su máximo,
corriendo febril por varios y divergentes cauces y desparramándose alguna vez
sobre temas anteriormente tratados. En uno de estos ritornellos ataqué
con nuevos bríos la retina, el más antiguo y pertinaz de mis amores de
Laboratorio. Fué la nueva contribución[138] de
índole polémica, enderezándose particularmente á refutar las teorías de ciertos
autores (Kallius, Renaut y Dogiel) que pretendían resucitar, bajo formas
especiales, la vieja y siempre retoñante teoría de las redes interneuronales.
Fiel á mi costumbre de no escribir artículos de pura controversia, acudí al
palenque, armado, más que con los arreos de la dialéctica, con observaciones
nuevas dotadas de alguna fuerza persuasiva. Así, después de probar que los
rarísimos casos de fusión anastomótica entre dendritas, ó entre ramas nerviosas
y dendritas, alegados por dichos sabios son meras apariencias ópticas ó
productos artificiales de los reactivos, señalé nuevas y clarísimas
disposiciones de contacto frecuentes en la retina de las aves.
He aquí algunas particularmente significativas:
a) Descubrimiento en las aves de un tipo singular de espongioblasto (capa
de los granos internos), el cual, además de exhibir algunas dendritas
cortas (véase la fig. 56, b), poseen cierto axon robusto, dirigido
horizontalmente por la frontera de la capa plexiforme interna para
descomponerse en extensa y complicada arborización horizontal en contacto quizá
con el tallo descendente de las células amacrinas. Este singular
elemento fué bautizado espongioblasto de asociación.
b) Adición de nuevos detalles á nuestras ya antiguas observacio[p.
290]nes sobre las fibras centrífugas retinianas, con la prueba
de que lo principal de las proyecciones finales varicosas de tales conductores
construye nido apretado dispuesto en torno del soma y groseras dendritas de
los espongioblastos de asociación (véase la figura 56, a).
c) Exposición de nuevos hechos relativos á la evolución ontogénica de los
bastones, conos y demás elementos de la retina.
Fig. 57.—Célula nerviosa de la médula espinal del
conejo.— a, axon; b, husos cromáticos de Nissl, donde
aparece cierta trama esponjosa; d, núcleo.
d) Descripción de un tipo original de la célula nerviosa, hallado en
la capa de los granos internos de las aves, modalidad análoga
á cierta variedad asteriforme referida ya con ocasión de la retina de los peces
(fig. 56, f).
La estructura del protoplasma nervioso y la
organización del núcleo neuronal fué también objeto de algunas[p.
291] exploraciones durante 1896. Estas cuestiones palpitaban entonces en
todos los laboratorios. Averiguada exactamente la morfología general de la
neurona, urgía escudriñar su textura, precisar la urdimbre de que brota y por
donde circula el impulso nervioso. Nissl, Dogiel, Levi, Lenhossék, Marinesco,
Held, Lugaro, Holmgren, van Gehuchten, etc., etc., habían realizado
interesantes hallazgos, empleando la técnica de las anilinas básicas, previa
fijación en alcohol (proceder de Nissl), ó la combinación de las anilinas
ácidas con las básicas, ó, en fin, variantes del antiguo método de Altmann,
etc. Poco pude recoger en este dominio, metódicamente explotado por mis
antecesores.
En la investigación aludida[139] se
consignan, empero, algunas pequeñas contribuciones al conocimiento de la
estructura neuronal:
a) Demostración de la organización esponjosa de los grumos
cromáticos de Nissl, y de la continuación de esta esponja con el
retículo ó armazón revelado en el resto del protoplasma por las anilinas
básicas (fig. 57).
b) Demostración apremiante de la membrana de las células nerviosas de los
vertebrados, órgano que había sido sistemáticamente negado por los autores
(fig. 58, a).
c) Análisis minucioso de la disposición de la substancia basiófila en
diversos tipos de núcleos, tanto nerviosos como neuróglicos.
d) Exploración comparativa de la cromatina protoplásmica (grumos de
Nissl) en las neuronas de vertebrados é invertebrados.
Mis funciones de profesor de Anatomía patológica,
encargado de los análisis oficiales de las Clínicas y del material de las
autopsias, condujéronme á menudo á la exploración y determinación específica de
los tumores ó neo[p. 292]plasias. Los métodos de coloración entonces usados,
valiosos por muchos conceptos, no me parecían suficientemente gráficos para la
enseñanza. Entreguéme, pues, á reiterados ensayos de tintorería histológica,
fruto de los cuales fueron varias fórmulas de teñido tricrómico (amarillo, azul
y rojo) susceptibles de presentar con matiz diferente los diversos factores
histológicos integrantes de los tumores[140]. Una de las
fórmulas que tuvo más aceptación entre los sabios fué la llamada proceder
tricrómico á base de fuchina básica, ácido pícrico y carmín
de índigo. Con ella colóranse, en rojo, los núcleos; en azul
puro ó ligeramente verdoso, los haces colágenos, y, de verde claro,
ó matices amarillentos ó anaranjados, según los casos, las formaciones epiteliales,
etc.
Fig. 58.—Células del ganglio ventral del acústico
(bulbo raquídeo).— a, membrana celular.
En posesión de procederes tintóreos singularmente
expresivos, me engolfé en el estudio de algunos tumores, particularmente en el
análisis del carcinoma, sarcoma, epitelioma,
etc. Dos trabajos acerca de este argumento[p. 293] aparecieron en 1896:
uno especialmente consagrado al estudio estructural de los tumores
epiteliales[141], y otro,
destinado á mostrar las defensas locales desarrolladas por el
organismo contra la invasión del carcinoma y epitelioma.
El primero encierra las siguientes contribuciones:
a) Se exponen detalles nuevos de estructura del estroma del carcinoma y
epitelioma (existencia de fibras de elacina, células conectivas
gigantes, corpúsculos cianófilos, etc.).
b) Se describe la repartición en los tumores de las células
cebadas de Ehrlich, se descubren sus atmósferas secretorias y se
puntualizan sus fases de secreción y excreción. Señálanse además mitosis.
c) Se consigna que las células cianófilas (células plasmáticas de
Unna) no son leucocitos emigrados sino corpúsculos jóvenes del tejido
conectivo, de cuya proliferación resultaría el estroma de las neoplasias (fig.
59, a, b, c).
(Las células cianófilas, que tanta
importancia han adquirido después, siendo objeto de numerosísimas observaciones
anatomo-patológicas, fueron descubiertas por mí en 1890, con ocasión del
estudio de la estructura del sifiloma y otras neoplasias[142], y por Unna
en 1891, que las señaló también, sin conocimiento de mis investigaciones).
d) Se prueba, contra las afirmaciones de muchos autores para quienes
tales células derivan de la sangre ó vendrían á ser privativas de las
producciones patológicas, que en realidad representan elementos normales y
autóctonos del tejido conectivo del hombre y mamíferos superiores.
e) En fin, se consignan nuevas observaciones sobre los cuerpos
fuchinófilos de Russell (inclusiones basiófilas enormes en ciertas
células conectivas de los tumores, singularmente del papiloma), refutándose la
opinión de este autor y de otros, que las diputaban por parásitos, cuando no
son otra cosa que granos de las células cebadas[p. 294] de
Ehrlich, patológicamente hipertrofiados y alterados en sus apetencias
territoriales.
En el segundo trabajo se hace un análisis minucioso
de la obra destructora de los leucocitos contra las células epiteliales
del carcinoma y epitelioma[143], así como
del mecanismo formativo de los globos epidérmicos, los cuales derivan de la
acción de los leucocitos, y constituyen un proceso necrobiótico insuficiente,
en todo caso, como recurso defensivo eficaz. La llegada al tejido epitelial de
los leucocitos sería motivada por la diseminación en el plasma ambiente de
materias quimiotácticas elaboradas por el epitelio.
Fig. 59.—Células cianófilas de los tumores con sus
fases de multiplicación.
En este mismo año publiqué una pequeña nota, donde
se demuestra por primera vez la capacidad fagocitósica de las plaquetas de
los vertebrados inferiores[144]. En
determinadas condiciones, estos corpúsculos sanguíneos son susceptibles de
englobar partículas de carmín, microbios, etc.
[p. 295]Y, en fin, para terminar esta fastidiosa
relación de trabajos, haré mención todavía de otra comunicación[145], donde se
inquieren las conexiones establecidas entre los elementos nerviosos y
neuróglicos (pléyades ó coronas de células de la glia, dispuestos
alrededor del soma neuronal) y se aportan algunas observaciones originales.
Mi furia inquisitiva durante el susodicho año de
1896 no se sació todavía con el estudio de los temas referidos. En los últimos
meses de aquél, volví á menudo con nuevos entusiasmos sobre asuntos
anteriormente tratados; pero esta vez me serví de preferencia, como recurso
revelador, del valioso método de Ehrlich, al cual tantos y tan
bellos descubrimientos debieron Retzius, Dogiel y sus discípulos. Según es
notorio, posee este proceder la inestimable ventaja de teñir en vivo, ó apenas
ocurrida la muerte, las fibras y células nerviosas, que aparecen rigurosamente
seleccionadas de un color azul enérgico. Por desgracia, la reacción vital de
Ehrlich es tan efímera y delicada, que casi todos los agentes fijadores, y
desde luego el alcohol, la decoloran. Así que sólo se aplica con ventaja á
tejidos frescos, disociados en fragmentos ó extendidos en capas delgadas. Por
de contado, el método de los cortes resulta casi inaplicable. Á causa de tales
limitaciones, hacia la época á que aludo, la citada reacción sólo se había
aplicado con ventaja al análisis histológico de la retina, de las terminaciones
nerviosas periféricas, de los pequeños ganglios de vertebrados é invertebrados,
etc.
Ciertamente, el empleo del nuevo fijador al molibdato
amónico, introducido en la técnica por A. Bethe, hacía[p.
296] posible, aunque con hartos inconvenientes, las manipulaciones
microtómicas; pero exceptuados algunos ensayos interesantes de Dogiel recaídos
en el cerebelo de las aves, nadie había logrado ni por el proceder de los
cortes ni por el del examen de trozos disociados, preparaciones demostrativas
de los órganos centrales (cerebelo, cerebro, médula espinal, etc.), de los
mamíferos.
Yo me propuse á todo trance escudriñar, mediante el
azul de metileno, la estructura de la médula espinal, cerebelo, cerebro, asta
de Ammon, etc., no sólo de los pequeños vertebrados, sino de los mamíferos. Y,
en efecto, á vueltas de algunas tentativas, que me llevaron á modificar el
proceder de fijación de Bethe[146], conseguí
corrientemente cortes bastante demostrativos de la organización de dichos
centros.
No fué solamente el estímulo de la curiosidad
científica lo que me movió á estudiar á fondo la técnica de Ehrlich. Entró por
mucho en mi resolución el anhelo, diré más, la apremiante necesidad, de
contrastar, mediante las indiscutibles revelaciones de un método que impregna
las células y fibras casi en vivo, las imágenes clarísimas y terminantes, pero
algo caprichosas, del proceder de Golgi. Ciertamente, el valor analítico del
cromato de plata, en orden á la demostración de la morfología neuronal y al
comportamiento de las fibras nerviosas, hallábase sólidamente garantido por el
hecho de que allí donde métodos de muy diversa índole, por ejemplo, el de
Ehrlich, el de Cox, el de[p. 297] la disociación, el de Golgi, el del
cloruro de oro, etc., son fácilmente aplicables (retina, terminaciones
nerviosas periféricas, etc.), la coincidencia de los resultados es casi
perfecta. Con todo eso, no faltaban escépticos (particularmente entre los que,
faltos de paciencia para dominar las técnicas difíciles y azarosas, sólo
trabajan con los procederes llanos y constantes, aunque sean de mezquino rendimiento)
que se preguntaban, entre envidiosos y malhumorados, si al fin no resultaría
que muchas de las siluetas morfológicas producidas por el cromato argéntico
llegarían á considerarse como depósitos metálicos caprichosos, algo así como
cristalizaciones trepadoras en medios gelatinosos ó como esas células
artificiales provocadas por Leduc, Traube y otros en determinadas soluciones
inorgánicas. Hasta el mismo Kölliker, fervoroso creyente en los milagros del
admirable recurso aportado por la ciencia italiana, hacía reservas sobre la
preexistencia de ciertas disposiciones exclusivamente advertidas en los
preparados de Golgi: refiérome especialmente á las espinas colaterales,
señaladas por mí en las dendritas neuronales (cerebro, cerebelo, asta de Ammon,
etc.). Para el sabio de Würzburgo, trataríase, quizás, de un precipitado
superficial, especie de cristalización en agujas, sedimentado eventualmente
sobre la superficie expansional. Por lo demás, parecidas dudas había formulado
el mismo Golgi sobre el objetivismo de estos apéndices, llamados á ser, andando
el tiempo, objeto de muchas investigaciones fisio-patológicas.
Claro es que yo no participaba de semejantes
recelos. Dilatada experiencia del método habíame traído la profunda convicción
de que las susodichas vellosidades, al igual de cuantas disposiciones aparecen
en las buenas preparaciones del cromato argéntico (esto es, en las obtenidas
sobre piezas frescas rápidamente fijadas y cuya im[p. 298]pregnación finísima y
uniforme carece de precipitados irregulares) corresponden estrictamente á la
realidad. Huelga decir, empero, que mi confianza, fundada en quince años de
trabajos incesantes efectuados con diversos métodos, no podía ser sugestionada
á sabios poco afectos á técnicas no inventadas por ellos, ó á observadores
noveles sin criterio formado sobre el asunto. Era, pues, absolutamente preciso
mostrar á todo el mundo imágenes claras y terminantes, tanto de las espinas
como de otras disposiciones morfológicas descubiertas por mí, empleando al
efecto recursos técnicos radicalmente diferentes del de Golgi.
Fig. 60.—Espinas colaterales de las dendritas (b)
teñidas por una modificación del método de Ehrlich.— a, pirámides
cerebrales del conejo.
[p. 299]Á este propósito respondió principalmente
mi campaña tenaz de fines de 1896 y de casi todo el año 1897, durante cuyo
tiempo servíme casi exclusivamente del método de Ehrlich al azul de metileno.
Mis ensayos, coronados del mejor éxito, fueron varios, versando, uno, sobre las
controvertidas espinas colaterales, otro sobre la estructura
de los ganglios craneales, otro acerca de las neuronas de la capa
molecular del cerebro, en fin, el más extenso é importante abarcó
el cerebelo, corteza cerebral, asta de Ammon, médula
espinal, etc.
En la primera comunicación[147], publicada
en Junio de 1896, demuéstrase perentoriamente, mediante el método de Ehrlich
modificado, la existencia de las susodichas espinas en el tallo y penacho
terminal de las pirámides del cerebro (conejo y gato), donde se exhiben teñidas
de azul claro, y provistas de cierto abultamiento final, intensamente
impregnado (las tumefacciones piriformes, ulteriormente estudiadas
por Demoor, Stefanowska, Manoumelian, Deyber, etc.) (fig. 60, b, d).
En el trabajo más extenso y comprensivo, consagrado
á la organización del cerebelo, cerebro, médula
espinal, asta de Ammon, etc., y adornado con algunas fototipias[148], logré
consolidar, sin la menor duda posible, la preexistencia en el adulto (conejo,
gato, perro, rana, etc.) de las más importantes disposiciones reveladas en los
embriones y animales jóvenes por el método de Golgi (colaterales de la
substancia blanca con sus arborizaciones libres (figura 61, b),
nidos nerviosos del cerebelo y bulbo, morfología de[p. 300] los granos
cerebelosos, fibras trepadoras y musgosas, etc.), refutando así
irrevocablemente á los escépticos, para quienes tales hechos de morfología nerviosa
serían acaso disposiciones peculiares de la época fetal ó quizás depósitos
artificiales del cromato de plata. Además de estos resultados generales, de
incuestionable valor crítico, la citada monografía encerraba algunas
observaciones nuevas:
Fig. 61.—Nidos formados en torno de las grandes
células del asta posterior por las colaterales sensitivas. (Método de Ehrlich).
a) La comprobación de la división en rama ascendente y descendente de las
radiculares posteriores (médula espinal) de los batracios[149], reptiles,
aves y mamíferos, con la demostración de que tales bifurcaciones se producen al
nivel de las estrangulaciones, paraje en donde el axon ofrece un verdadero
anillo ó manguito de cemento (fig. 62, a). Demuéstranse, asimismo,
las estrangulaciones de los tubos nerviosos en la substancia blanca y gris del
cerebro y cerebelo (figura 63, a, b), donde presentan
caracteres algo especiales.
b) Descubrimiento en el espesor del cordón posterior de radiculares
sensitivas trifurcadas (gato). La rama[p. 301] intermedia representaría
una colateral sensitiva-motriz robusta, nacida anticipadamente.
c) Confirmación en diversos vertebrados de las colaterales de la
substancia blanca y de su continuidad con arborizaciones pericelulares. El azul
de metileno les presta aspecto varicoso y permite reconocer que brotan también
de un estrechamiento de los tubos nerviosos (fig. 62, B).
Fig. 62.—Coloración, mediante el método de Ehrlich,
en la médula espinal del gato, de la bifurcación de las raíces sensitivas (a)
y de la existencia de las colaterales de la substancia blanca (B).
d) Coloración de los granos del cerebelo, con su axon en T, de los
corpúsculos de cesta ó estrellados de la capa molecular, etc., de las
arborizaciones finales de las fibras musgosas. Sobre estas rosáceas se
hace un estudio especial, probando que se relacionan, según había yo sospechado
en 1894, mediante una especie de engranaje, con las[p. 302] dendritas
digitiformes de los granos (confirmado por Held, que trabajó sin conocer mis
investigaciones).
e) Impregnación de los cálices de Held del cuerpo trapezoide (una forma
especial de nido pericelular) y revelación de sus proyecciones divergentes
finas, demostradas tanto en las preparaciones de Ehrlich como en las de Golgi.
f) En fin, teñido de numerosas células y fibras del asta de Ammon, fascia
dentata, corteza cerebral, etc., etc. (fig. 64, A).
Fig. 63.—Presentación en la substancia blanca del
cerebro, cerebelo, etc., de las estrangulaciones de la mielina y detalles de la
forma variable del forro de cemento. (Método de Ehrlich).
La tercera monografía, basada en las revelaciones
del azul de metileno, recayó en la corteza cerebral de los
pequeños mamíferos (gato, conejo, etc.), ilustrando predilectamente la
estructura de la capa primera ó plexiforme, en la cual, además de
confirmar plenamente los resultados del método de Golgi, descríbense numerosos
tipos nuevos de células de axon corto[150], por
ejemplo:
[p. 303]a) Células pequeñas de axon
cortísimo y prontamente ramificado.
b) Células de axon corto horizontal distribuído sobre mayor extensión
dentro de la zona primera (fig. 65, A).
Fig. 64.—Pirámides grandes del asta de Ammon
(método de Ehrlich).— e, axon; b, colaterales nerviosas
recurrentes. (La morfología coincide exactamente con la mostrada por el cromato
de plata).
c) Células grandes, de largas dendritas, provistas de un axon horizontal
larguísimo, cuyo paradero no puede sorprenderse.
[p. 304]d) Corpúsculo de axon descendente,
arborizado en la zona 2.ª y 3.ª
e) Se prueba que las células especiales de la capa primera (células de
Cajal, según Retzius) poseen verdaderas dendritas, que se reconocen por sus
varicosidades en presencia del azul de metileno.
f) Se descubren larguísimas fibras meduladas horizontales en la capa
molecular, las cuales se dicotomizan á menudo.
g) Se expone la conjetura de que los corpúsculos de Golgi ó de axon corto
son generadores de fuerza nerviosa, etc., etc.
Fig. 65.—Tipos de células de axon corto de la capa
molecular del cerebro.
h) Se señala en torno de las células nerviosas de axon corto una red
especial no nerviosa, que, mejor investigada más adelante por Golgi, Donaggio,
Held, Bethe, etc., fué punto de partida de grandes controversias. Tal es
el retículo pericelular, llamado de Golgi, por haber sido descrito
exacta y minuciosamente por este sabio en 1898 (fig. 66, A, a).
En fin, el último tema estudiado con el método de
Ehrlich fué la estructura en el adulto de los ganglios sensitivos
raquídeos y craneales[151]. En esta
investigación prestóme su concurso, á título de preparador, mi ayudante[p.
305] de entonces D. Federico Olóriz Ortega, hijo del prestigioso maestro
de Anatomía, de quien con merecido encomio he hablado en anteriores capítulos.
La mencionada monografía, aparte de comprobar en los ganglios craneales algunos
descubrimientos de Dogiel sobre la morfología de las células monopolares de los
ganglios raquídeos, contiene:
Fig. 66.—Células de axon corto de la corteza
cerebral.— a, red superficial situada sobre la membrana
protoplásmica (azul de metileno de Ehrlich).
a) El descubrimiento de ciertas células estrelladas intracapsulares,
coloreables por el azul de metileno, de naturaleza enigmática, y las cuales
designamos provisionalmente células satélites perigangliónicas (fig.
67, A, B).
Semejantes elementos, que desempeñan importante
papel en los procesos patológicos de la neurona sensitiva, han sido confirmados
por numerosos autores (Nageotte, Marinesco, Rossi, v. Lenhossék, etc.).
Fig. 67.—Corpúsculos satélites dispuestos alrededor
de las células ganglionares sensitivas del gato (método de Ehrlich).
b) Reconocimiento de que el glomérulo inicial del axon de las cé[p.
306]lulas sensitivas carece de mielina, iniciándose de ordinario por fuera de
la cápsula pericelular.
c) Descripción de ciertas arborizaciones nerviosas de origen exógeno
distribuídas en torno de las revueltas del glomérulo inicial de la expansión
nerviosa, así como de otras ramificaciones terminales mixtas más complicadas,
porque son á la vez pericelulares y periglomerulares, etc. (fig. 68, a, b).
(Conviene no confundir estas fibras con los ovillos de
Dogiel).
Fig. 68.—Arborizaciones periglomerulares de las
células gangliónicas del gato (método de Ehrlich).
Estos curiosos sistemas de nidos y de fibras
espiroideas encuéntranse también en el hombre, según demostramos años después
(1905) con ayuda de un método especial. Las singulares variaciones morfológicas
y las sorprendentes libraciones de distribución en cada especie animal de los
referidos nidos nerviosos constituyen hoy, gracias á los trabajos
anatomo-patológicos de Nageotte, Marinesco, Lugaro, Rossi, Pacheco, Schäffer,
Exposito, Bielschowsky, Minea, Dustin, etc., y á los de histología comparada de
Dogiel y Levis, Huber, Ranson, uno de los capítulos más interesantes de la
biología ganglionar.
[p. 307]
CAPÍTULO XIV
Las teorías y los hechos. — Firmeza y constancia de
los hechos histológicos. — Carácter instrumental de las hipótesis. — Conviene
de cuando en cuando cultivarlas, pero sin fiarse mucho de ellas. — Inducciones
fisiológicas sacadas de la morfología neuronal. — Explicación histológica del
hábito, del progreso mental en la escala zoológica, del talento y del genio. —
Conjeturas sobre el mecanismo del sueño, atención y asociación. — Exquisita
economía reinante en las creaciones de la vida; leyes de ahorro, de espacio, de
materia y de tiempo de conducción.
uantos cultivan, con más ó menos fortuna, la
histología, ó sus ramas afines, la bacteriología y la embriología, habrán oído
alguna vez, atajando entusiasmos expositivos, comentarios tan desalentadores
como los siguientes:
«¡Magnífica lucubración! Pero, ¿será verdad tanta
belleza? Eso afirma la histología de hoy; ¿lo mantendrá también la histología
de mañana? En plena evolución la biología, ¿quién se acordará, dentro de un
siglo, de las actuales doctrinas histológicas?»
Respondamos con franqueza. Quienes profieren tales
frases, además de mostrar supina ignorancia acerca del carácter esencialmente
objetivo de las ciencias micrográficas, confunden lastimosamente el hecho de
observación,[p. 308] noción fija y perenne, con la interpretación teórica,
esencialmente mudable y acomodaticia.
Desconfiar de la realidad de las adquisiciones
histológicas vale tanto como suponer que la especie nueva descubierta por el
naturalista corre riesgo de inmediata desaparición; que el ganglio, la glándula
ó el vaso discernidos por el anatómico, están en trance de evaporarse; ó que,
en fin, el astro sorprendido por el astrónomo, hállase amenazado de súbita
extinción. La naturaleza del instrumento de observación, ¿puede cambiar la
índole de los hechos?
Se argüirá acaso que, á pesar de todo, en las
ciencias histológicas los hechos se discuten alguna vez. Ciertamente, la
actitud revisionista y un poco escéptica hallábase plenamente justificada hace
cincuenta ó sesenta años, cuando la fina anatomía, aún en cierne, carecía de
métodos de coloración precisos y terminantes. Mas hoy, por fortuna, las cosas
han mejorado radicalmente. Sobre que la crítica científica se ha hecho más
exigente y escrupulosa, no concediendo su exequatur sino á los
hechos estructurales conjunta y concordantemente revelados por técnicas muy
diferentes, los métodos actuales de coloración, los llamados métodos
selectivos, proporcionan imágenes tan claras, nítidas y enérgicamente
contrastadas con el fondo incoloro, que fuera absurdo abrigar la menor duda
acerca de su preexistencia.
No. En nuestra época, los hechos morfológicos
aportados por investigadores serios y competentes, por quienes, á la hora de
describir ó dibujar la imagen microscópica, abstiénense prudentemente de todo
subjetivismo, no son jamás negados ni regateados. Naturalmente, andando el
tiempo, podrá variar su perspectiva ideal, así como el alcance fisiológico de
los mismos, pero sin menoscabo de su[p. 309] objetivismo. Á la hora
presente, discútense de preferencia (y se discutirán mientras la ciencia de la
vida no alcance la plenitud ideal de sus datos ni se remonte á la esfera de las
causas eficientes) las hipótesis fisiológicas y las teorías biológicas
generales (mecanismo de la herencia, de la adaptación y variación, de la
sexualidad, del papel fisiológico de los órganos y tejidos, etc.). Pero,
repito, el dato histológico de primera mano, bien descrito y precisado,
constituye algo fijo y absolutamente estable, contra lo cual ni el tiempo ni
los hombres podrán nada.
Para dejar bien sentada esta doctrina, citaré un
ejemplo concreto tomado de mis modestas investigaciones neurológicas. Aludo á
la concepción neuronal defendida actualmente por la gran mayoría de los
histólogos.
Imaginemos que se descubre un método de coloración
exquisitamente selectivo, en cuya virtud aparece tendido entre mis nidos, fibras
trepadoras ó musgosas, de una parte, y el cuerpo y dendritas
neuronales, de otra, un sistema sutilísimo de hebras anastomóticas
absolutamente invisibles con los procederes actuales. En tal supuesto, las
hojas no representarían las últimas proyecciones del árbol; las arborizaciones
nerviosas y espinas dendríticas señaladas por mí resultarían, en vez de terminales, preterminales.
¿Habríase perdido algo con este transcendental
progreso? ¿Evaporaríanse por eso los nidos, las pláculas y cálices
finales, las ramificaciones de los axones, las espinas de
las dendritas y otras muchas disposiciones de contacto? De ninguna manera.
Dichas formas conservarían íntegramente su valor objetivo y su carácter de
hechos anatómicos generales. Sólo una cosa debería ser corregida: la
interpretación fisiológica. Desde el punto de vista utilitario, tales
disposiciones no podrían justificarse ya por la nece[p. 310]sidad de asegurar
el paso de las corrientes, multiplicando las superficies de contacto. Por
consiguiente, la hipótesis de la transmisión por contigüidad sería
reemplazada por otra: la de la propagación por continuidad. Y se
impondría la averiguación, siguiendo otros derroteros, de la significación
dinámica de las susodichas estructuras. Una vez más haríase patente el carácter
provisorio de nuestras interpretaciones teóricas y la necesidad inexcusable de
renovarlas y perfeccionarlas al compás de los nuevos descubrimientos.
Precisamente por temor á estas posibles decepciones
(la historia de la biología está llena de ellas), soy adepto ferviente de la
religión de los hechos. Se ha dicho infinitas veces, y nosotros lo hemos
repetido también[152], que «los
hechos quedan y las teorías pasan»; que todo investigador que, confiando harto
en la solidez y excelencia de las concepciones generales, desdeña la
contemplación directa de la realidad, corre riesgo de no dejar huella
permanente de su actividad; que los hechos constituyen exclusivamente nuestro
haber positivo, nuestros bienes raíces y nuestra mejor ejecutoria; que, en fin,
en la eterna mudanza de las cosas, ellos sólo se salvarán —y con ellos acaso
una parte, la mejor de nuestra propia personalidad— de los ultrajes del tiempo
y de la indiferencia ó de la injusticia de los hombres.
Todo esto es evidente; pero también es cierto que,
sin teorías é hipótesis, nuestro caudal de hechos positivos resultaría harto
mezquino, acrecentándose muy lentamente. La hipótesis y el dato objetivo están
ligados por estrecha relación etiológica. Aparte su valor conceptual ó
explicativo, entraña la teoría valor instrumental. Observar sin[p.
311] pensar es tan peligroso como pensar sin observar. Ella es nuestra
mejor herramienta intelectual; herramienta, como todas, susceptible de mellarse
y de enmohecerse, necesitada de continuas reparaciones y sustituciones, pero
sin la cual fuera casi imposible labrar honda brecha en el duro bloque de lo
real.
Para el anatómico, el histólogo y el embriólogo,
amarrados al duro banco del análisis, la elaboración doctrinal obedece además á
tendencias lógicas y sentimentales casi irrefrenables. Dificilísimo es
contrarrestar el impulso de la imaginación postergada, que reclama á gritos su
turno de acción. Nos la impone además el juego mismo de nuestro mecanismo
pensante, esencialmente práctico y finalista, el cual nos plantea á diario el
problema de las causas mecánicas y de los móviles utilitarios. Reconocida una
disposición estructural ó morfológica, surge invariablemente en nuestra mente
esta interrogación: ¿Qué servicio fisiológico ó psicológico presta al
organismo? En vano el buen sentido, en pugna con las citadas tendencias, ataja
nuestra curiosidad, advirtiéndonos que el problema ha sido planteado
prematuramente, mucho antes de allegados todos los datos indispensables. Tan
discreta reflexión, si nos vuelve acaso más circunspectos, no paraliza, empero,
el proceso teórico. Sigue impertérrita la fantasía, construyendo sobre arena,
como si ignorase la irremediable caducidad de su obra.
Todo esto es profundamente contradictorio, pero es
fatalmente humano. Nunca fueron buenos amigos la razón y el sentimiento.
Quienes sienten tales anhelos especulativos, conocen de sobra cuán efímera
suele ser, en biología, la obra de los grandes sistematizadores. Y no
obstante...
Todo el precedente preámbulo, del cual pido perdón
al lector, se encamina á disculpar, en lo posible, mis escar[p. 312]ceos
especulativos —pocos por fortuna— y explicar el cómo un fanático irreductible
de la religión de los hechos, ha caído, de vez en cuando, en la debilidad de
sacrificar al ídolo de la teoría deslumbrante, no obstante hallarse íntimamente
persuadido de su irreparable fugacidad, y á despecho de haber declarado
repetidamente «que, si por azares de la suerte, nos vemos compelidos á forjar
hipótesis, procuremos al menos no creer demasiado en ellas».
Desahogada un poco mi conciencia con esta
espontánea confesión, pasaré brevemente á relatar algunas de las lucubraciones
imaginadas durante el trienio susodicho. Y vaya por delante la declaración de
que entre las conjeturas é hipótesis de mi cosecha las hay que me parecen
estimables, y cómodamente defendibles aún hoy, después de veinte años de
progresos incesantes; y las hay, en cambio, francamente inverosímiles,
temerarias é inaceptables. Sobre las primeras insistiré, naturalmente, más que
sobre las segundas, merecedoras sólo de olvido. En fin, algunas pocas de la
primera categoría entran, á juicio mío, en la jerarquía de leyes empíricas
sólidamente fundadas.
Mi primer trabajo de tendencia teórica fué el que,
con el título de Consideraciones generales sobre la morfología de la
célula nerviosa, fué enviado al Congreso internacional de Medicina,
celebrado en Roma (1894).
Tratábase, sobre todo, en esta comunicación, de
indagar las leyes de la evolución del sistema nervioso en la serie animal, y de
marcar, en lo posible, cuáles centros, durante los innúmeros incidentes del
desarrollo, han conservado potencialmente la prístina plasticidad, siendo
capaces de adaptarse estructuralmente á las de cada vez más variadas y
complejas condiciones del Cosmos, y cuáles son los centros, propiamente
animales, como anquilosados por un[p. 313] automatismo milenario y que,
rebeldes á toda acomodación, cancelaron irrevocablemente su historia.
En obsequio á la brevedad enumeremos rápidamente
las principales conclusiones de esta comunicación[153].
a) La ontogenia del tejido nervioso reproduce, de modo
abreviado, con algunas simplificaciones y saltos, la filogenia del
mismo, y eso tanto con relación á la neuroglia como á la célula nerviosa.
b) Desde el punto de vista del desarrollo filogénico, se advierte en todo
vertebrado la presencia simultánea de dos sistemas nerviosos: el sensorial
y sensitivo (ganglios periféricos, retina, bulbo olfatorio, médula
espinal, cerebelo, tálamo, cuerpo estriado, etc.), que ha terminado su
desarrollo por diferenciación, progresando sólo por extensión; y el sistema
nervioso cerebro-cortical (corteza gris y circunvoluciones
cerebrales), que continúa perfeccionándose en la serie animal, tanto por
extensión como por diferenciación estructural y morfológica de sus elementos.
c) La ley del progreso morfológico, asociada á creciente adaptación
funcional, se traduce en las neuronas por la creación y estiramiento de nuevos
apéndices, y, por consiguiente, por la multiplicación y diversificación de las
conexiones intercelulares.
d) Afirmación, sobre la base de numerosas observaciones comparativas, de
que la dimensión del cuerpo de la célula nerviosa y el diámetro del axon no
guardan relación con la especialización fisiológica, sino que son
proporcionales á la riqueza y extensión de la arborización nerviosa terminal, y
por consiguiente, á la amplitud y diversidad de las conexiones.
e) Comparando la morfología y la abundancia relativa de colaterales
nerviosas y protoplásmicas de las pirámides cerebrales en la escala de los
vertebrados, llégase á este resultado: la excelencia intelectual, y sus más
nobles expresiones, el genio y el talento, no dependen de la talla ó del caudal
de las neuronas cerebrales, sino de la copiosidad de sus apéndices de conexión,
ó en otros términos, de la complejidad de las vías de asociación á cortas y á
largas distan[p. 314]cias. Que la abundancia de la substancia blanca denota
riqueza de conexión y, por tanto, superior jerarquía intelectual fué tesis
defendida ya hace tiempo por Meynert y Flechsig, quienes, naturalmente, no
pudieron basarla, en ausencia de métodos selectivos de las expansiones
celulares, sino en la grosera estructura de la substancia gris y blanca,
mostradas por procederes poco eficaces (métodos al carmín, hematoxilina, el de
Weigert, etc.).
f) Explicación de la habilidad profesional, ó sea del perfeccionamiento
funcional acarreado por el ejercicio (educación física, actos de hablar,
escribir, tocar el piano, maestría en la esgrima, etc.), tanto por el
robustecimiento progresivo de las vías nerviosas (conjetura sugerida por Tanzi
y Lugaro) excitadas por el paso de la onda, como por la creación de nuevos
apéndices celulares (crecimiento de nuevas dendritas y alargamiento y
ramificación de colaterales nerviosas, no congénitas), susceptibles de mejorar
el ajuste y la extensión de los contactos, y aun de organizar relaciones
absolutamente nuevas entre neuronas primitivamente inconexas.
Esta última hipótesis, bastante verosímil, y que se
presta, según adivinará el lector, á desenvolvimientos retóricos y psicológicos
muy agradables, fué también enunciada, y decorada con algunos ejemplos y
comparaciones, en nuestra conferencia de Londres del mismo año[154].
Naturalmente, al administrar psicológicamente
los primores de la morfología celular, no excluíamos, ni mucho menos, la parte
que, andando el tiempo, habría de ser atribuída, á los efectos de explicar
histológicamente el hábito, el talento y el genio, á la sutilísima urdimbre del
protoplasma nervioso, cuya complejidad, siempre en aumento, no había llegado
aún á la soberana culminación de hoy. (Ignorábanse entonces las neurofibrillas,
el aparato endocelular de Golgi, y estaba muy fresco todavía el
descubrimiento de los grumos de Nissl).
Animado de igual espíritu, lancé en 1897 á la
publicidad otro trabajo sintético, encaminado á inquirir los postulados[p.
315] de carácter utilitario que, en un último esfuerzo inductivo, aparecen
rigiendo las infinitas variantes de forma, tamaño, posición y dirección de las
neuronas y de las fibras conductrices. Digamos de pasada, que sobre el mismo
asunto tuve la honra de pronunciar una conferencia en el Ateneo de Madrid. (Por
cierto que, como premio á esta disertación, así como de un curso completo
explicado en 1897 y 1898, sobre mis modestas investigaciones científicas, el
ilustre Presidente del Ateneo, D. Segismundo Moret, que siempre me distinguió
con sus bondades, y, la Junta directiva, celosa en estimular y
honrar á todo entusiasta cultivador de la ciencia ó del arte, otorgáronme el
título de socio de mérito).
El trabajo aludido[155], que lleva
por título: Leyes de la morfología y dinamismo de las células nerviosas,
contiene, además de la nueva fórmula de la polarización dinámica,
de que hemos tratado ya en el capítulo IX, una indagación acerca del porqué utilitario de esas curiosas
variantes, al parecer caprichosas, del punto de emergencia del axon (recuérdese
que éste brota, en ocasiones, de una dendrita, á más ó menos distancia del
soma). En sus páginas, procúranse también dilucidar los móviles utilitarios
perseguidos por el organismo con la dislocación ó emigración del
soma, durante la ontogenia y la filogenia. Sabido es que, al estudiar
comparativamente un tipo celular en la serie animal, sorpréndense, no sólo
variaciones de conformación, dependientes de la diversa riqueza de sus
conexiones, sino notables mudanzas de posición estratigráfica (dislocación de
las células ganglionares raquídeas, emigración hacia adelante ó hacia atrás de
los elementos[p. 316] bipolares, amacrinos y gangliónicos de la retina;
alteraciones topográficas de ciertos corpúsculos de la corteza cerebelosa, del
bulbo olfatorio, etc.). Prescindiendo de la situación de ambos factores de la
articulación interneuronal (dendritas y arborización nerviosa final), que
representa algo fijo y constante, cabe afirmar que todo es variable y
acomodaticio en la actitud y topografía de las células nerviosas.
Ahora bien; todas las referidas libraciones de
situación y morfología, y hasta la fórmula misma de la polarización
axípeta, parecen regirse, y en cierto modo explicarse, desde el punto de
vista teleológico, por estos tres postulados económicos:
a) Ahorro de materia (construcción de la vía más corta entre dos
territorios asociados).
b) Ahorro de tiempo de conducción (consecuencia dinámica de la ley
anterior).
c) Economía de espacio. Evítanse todos los huecos inútiles, situándose el
núcleo y, por tanto, el soma neuronal, allí donde hay escasez de arborizaciones
protoplásmicas ó nerviosas.
Con ayuda de estos principios compréndense también
muchas singularidades de la posición y dirección de las vías nerviosas (diversa
topografía de la substancia blanca en la médula y cerebro, forma y orientación
de las bifurcaciones axónicas, marcha de las colaterales, etc.). Excusado es
decir que, lejos de excluirse, los precedentes postulados, combínanse entre sí,
representando el producto estructural algo así como una transacción amistosa
entre los mismos. He aquí el problema arquitectónico que parece haberse
planteado el organismo: construir, con el mínimo de materia y el menor
espacio posible, la máquina nerviosa más ricamente diferenciada y de reacciones
más súbitas, enérgicas y eficaces: caso particular, en suma, de la ley
física tan conocida, del efecto máximo con el esfuerzo mínimo.
En los trabajos anteriores, la elaboración
especulativa sigue muy de cerca al hecho de observación. Los mencio[p.
317]nados conceptos generales (ley del progreso morfológico neuronal, hipótesis
acerca de la adaptación funcional, normas económicas reguladoras de la
disposición del soma, etcétera), representan legítimas inducciones ó hipótesis
plausibles. Todas ellas son susceptibles de corroborarse à posteriori,
confrontándolas con la infinita variedad de las formas neuronales.
Esta severa y saludable adaptación al dato empírico
no resplandece, por desgracia, en otra comunicación publicada en 1895 acerca
del mecanismo histológico de la asociación, ideación y atención[156]. Salvo algún
concepto que considero atinado, en toda esta aventuradísima lucubración campea,
muy á su sabor y talante, la loca de la casa.
Las ideas aprovechables son: la noción de unidad
de impresión y muy particularmente la ley del alud nervioso,
que se formula así: toda impresión periférica, recogida por la arborización
protoplásmica (sensitiva ó sensorial) de una sola célula, propágase en avalancha hacia
los centros; ó, en otros términos, el número de neuronas interesadas en la
conducción crece progresivamente desde la periferia hasta el cerebro, en cuyas
circunvoluciones (focos sensoriales terciarios) reside la base del cono
conductor. De esta ley anatomo-fisiológica, basada en numerosas investigaciones
sobre la organización de las vías vi[p. 318]sual, acústica, olfativa,
etc., sacaron excelente partido Tanzi y Lugaro para esclarecer el mecanismo
probable de la alucinación, asociación de ideas y
otros procesos psicológicos importantes.
Por lo contrario, estimo hoy, de acuerdo con el
juicio de muchos autores de antaño, como conjetura francamente inadmisible la
pretendida participación de la neuroglia en los actos mentales
de la atención y asociación de ideas (en la faz fisiológica ó
somática, naturalmente de estos procesos).
Á fin de comprender, y en cierto modo excusar,
tesis tan estrambótica, séame lícito recordar que allá por el año 1893, el
ilustre profesor Matías Duval imaginó, fundándose en mis trabajos sobre las
conexiones neuronales, cierta ingeniosa hipótesis histológica, explicativa del
sueño y de la vigilia. A juicio del sabio francés, las expansiones de las
células nerviosas gozan de la propiedad de contraerse, al modo de los amibos,
encogiéndose en el sentido de la longitud. Durante la fase de actividad mental,
las ramillas nerviosas se estirarían, entrando en contacto y adhesión íntimos
con el soma neuronal; de este modo el impulso pasaría fácilmente desde una
célula á otra. Lo contrario ocurriría durante el sueño: desarticuladas las
proyecciones nerviosas á causa de la retracción de reposo, suspenderíase la
actividad funcional.
La seductora concepción de Duval fué acogida
benévolamente por varios histologistas. Algunos patólogos, verbi gratia,
Mr. L’Épine, la aplicaron al esclarecimiento del mecanismo histológico de los
estados hipnóticos, distracción, etc. En fin, en algunas escuelas (Demoor,
Stefanowska, Querton, Manoumelian, Deyber, etc.), procuróse contrastar la
hipótesis en el terreno experimental, explorando las variaciones de forma
ofrecidas por las dendritas (de las espinas de éstas, sobre todo)
consecutivamente al envene[p. 319]namiento con la morfina, cloroformo, éter,
etc., y á la acción del frío, de la fatiga, la excitación eléctrica, etc.
Por desgracia, en el terreno de la observación y
experimentación, la concepción del amiboidismo nervioso no
halló apoyo suficiente. Con razón la criticaron diversos autores (Kölliker,
Lugaro, Azoulay, nosotros, Soukhanoff, Reusz, etc.).
En vista del fracaso, yo me pregunté si la referida
actividad amiboide, encaminada á reestablecer los contactos ó á suspenderlos,
no podría atribuirse á la neuroglia (glia de la substancia gris,
naturalmente), cuyas expansiones irregulares, erizadas de espinas, ofrecen
aspecto francamente protoplásmico. Puesto que, según la opinión, altamente
verosímil, de mi hermano, los astrocitos neuróglicos desempeñan papel aislador
del impulso nervioso —para lo cual se interponen entre las neuronas que no
deben entrar en contacto—, ¿no cabría imaginar que, durante la fase de reposo
(sueño, inactividad mental, etc.), tales apéndices se estiran ó relajan,
impidiendo, por consiguiente, contactos, y al contrario, durante la fase de
actividad se retraen, facilitando la aplicación íntima de las ramillas
nerviosas á los somas y dendritas, y por tanto, el paso de las corrientes? De
este modo, reputaba posible el esclarecimiento histológico, no sólo del
tránsito de la vigilia al sueño, y al revés, sino el paso del estado de reposo
mental al de atención expectante, amén del complicadísimo proceso de la
asociación de ideas.
Huelga decir que tan osada concepción, cuya
ingenuidad me hace hoy sonreir, carece de fundamentos objetivos. Alegaba, sin
embargo, como indicio harto deleznable, el hecho de apreciarse en la glia cerebral,
en relación con el modo de muerte y las perturbaciones fisiológicas
precedentes, notables variaciones en la riqueza, espesor y lon[p. 320]gitud de
las expansiones neuróglicas[157].
Empero, de la efectividad de estos cambios no se sigue necesariamente su
conexión causal con las diversas fases de la actividad pensante. Además, al
otorgar graciosamente á la neuroglia la jerarquía de aparato conmutador de los
contactos, regido por la voluntad ó por impulsos inconscientes, postulábase un
hecho cardinal, todavía no descubierto ni siquiera sospechable en el estado
actual de la ciencia: la existencia en la neuroglia de terminaciones nerviosas
específicas promotoras de la contracción de las proyecciones gliomatosas.
Nada más acerca de mi estrafalaria especulación. Y
si, faltando á mi promesa de brevedad, he entrado aquí en algunos desarrollos,
ha sido para advertir al lector de los peligros que lleva consigo la imitación
de las teorías á la moda, ó la frívola vanidad de forjar á ultranza hipótesis
psicológicas.
Tales concepciones caen rápidamente en merecido
olvido, porque la ciencia sólo se interesa por las ideas susceptibles de
contraste experimental y sugerentes de acción. La mía, inspirada por la de
Duval, corrió la misma suerte que la del sabio francés; peor aún, ya que la
teoría del amiboidismo nervioso, plausible en principio, suscitó
algunos trabajos estimables, mientras que la del amiboidismo[p.
321] neuróglico, justamente desdeñada, no dió ocasión á ninguno.
Para cerrar este capítulo, mencionaré dos sucesos
fecundos en consecuencias para el estímulo y prosecución de mi obra científica.
Fué el primero la creación, á costa de no pocos
sacrificios pecuniarios, de mi Revista trimestral micrográfica[158], al objeto
de publicar rápidamente, y sin hacer antesala en las Redacciones de las
revistas nacionales y extranjeras, los trabajos micrográficos del Laboratorio
de la Facultad de Medicina, y de estimular al mismo tiempo los ensayos de mis
discípulos. En dicha publicación vieron la luz varias de las comunicaciones
enumeradas en el presente capítulo y casi todas las aparecidas después, hasta
1901, fecha en que, con recursos oficiales, fundé el Anuario titulado Trabajos
del Laboratorio de investigaciones biológicas. Según presumirá el lector,
mi Revista trimestral no perseguía éxitos financieros.
Contaba, ciertamente, en España con algunos suscriptores generosos, que
pusieron patriótico empeño en sostenerla; pero los abonados del
extranjero escaseaban, no sólo por ignorancia de nuestro idioma, sino porque yo
regalaba mi publicación á casi todos los micrógrafos de nombradía.
Los primeros fascículos de dicha Revista fueron
casi exclusivamente redactados por su director. Poco después, creado un germen
de escuela, ayudáronme eficazmente, entre otros discípulos entusiastas, mi
hermano Pedro Ramón Cajal, á la sazón Catedrático de Histología de Cádiz, que
contribuyó nada menos que con ocho extensas monografías, recaídas sobre
variados temas de neurología com[p. 322]parada (peces, reptiles, aves y
batracios); el malogrado alumno interno R. Terrazas[159], con sus
interesantes estudios de neurogénesis cerebelosa y los
referentes al tejido cartilaginoso; el joven mallorquín Blanes
Viale, alumno aventajadísimo (muerto también en flor, antes del término de la
carrera), con cierta concienzuda indagación acerca del bulbo olfatorio;
Sala Pons, antiguo discípulo de Barcelona, con sus estudios relativos á
la corteza cerebral de las aves y médula espinal de los batracios;
Olóriz Aguilera, cuya colaboración en mis indagaciones sobre la estructura
ganglionar dejo ya consignada; Carlos Calleja, por entonces ayudante
de la Facultad, y autor de valiosa comunicación acerca de la corteza
cerebral olfativa; y en fin, Isidoro Lavilla, actual Catedrático de
Valladolid, que aportó dos estudios importantes: uno sobre el gran
simpático intestinal y otro concerniente á los focos acústicos de
los mamíferos.
El segundo acontecimiento, muy lisonjero para mí,
fué mi elección espontánea de miembro de la Real Academia de Ciencias,
de Madrid. Esta designación tiene su anécdota, que referiré, porque honra mucho
al patriotismo é independencia de la sabia Corporación.
Uno de los más conspicuos académicos, á la sazón
recién llegado de Berlín, contó á sus compañeros que el gran Virchow, entonces
en todo el resplandor de su gloria, habíale sorprendido con una pregunta á que
no pudo responder: «¿En qué se ocupa ahora Cajal? ¿Continúa sus interesantes
descubrimientos?»
Confuso y algo avergonzado nuestro prócer
académico,[p. 323] de que en Berlín inspirara interés la labor de un
español de quien él no sabía palabra, procuró, de regreso á la península,
satisfacer su curiosidad. Y de sus conversaciones con el sabio astrónomo D.
Miguel Merino, el inolvidable secretario perpetuo, surgió el acuerdo de iniciar
y defender mi candidatura para cierta vacante, á la sazón en litigio. Tengo,
pues, el singular privilegio de ser académico á propuesta de
R. Virchow y de D. Miguel Merino.
La redacción del discurso de ingreso, ocurrida en
1897[160], dióme
ocasión de exponer, ex abundantia cordis, algunas reglas y consejos
destinados á despertar en nuestra distraída juventud docente el gusto y la
pasión hacia la investigación científica. Puse especial empeño en hacer amables
y atractivas las tareas del laboratorio, y para lograrlo empleé un lenguaje
llano, sincero y rebosante de entusiasmo comunicativo y de ferviente
patriotismo. Y el éxito superó á mis esperanzas. Tan lisonjera acogida halló mi
fogosa arenga en el público universitario y en la prensa, que, agotada
rápidamente la tirada oficial del discurso, mi excelente amigo el Dr. Lluria,
supliendo mi dejadez, estimó necesario reeditarla por su cuenta, destinando
generosamente la nueva y copiosísima tirada á ser gratuitamente distribuída
entre los estudiantes y diversos centros de enseñanza. Años más tarde, yo
mismo, requerido vivamente por algunas entidades docentes y ciertos lectores
entusiastas, hube de publicar, con nuevas ampliaciones y mejoras,[p.
324] la tercera edición (la cuarta hállase actualmente en prensa).
Y si la índole de mi folleto, pensado y escrito
exclusivamente para España, y enderezado, por tanto, á corregir, acaso con
excesiva viveza, vicios, rutinas y abandonos genuinamente españoles, no me lo
vedara, habría á estas fechas saboreado la satisfacción de verlo traducido á
varios idiomas, por ser muchas las solicitudes de versión á lenguas extrañas,
cortésmente denegadas. Acaso algún día, si me asisten salud y vagares
suficientes, corrija el texto, universalizándolo en lo posible y purgándolo de
ciertos pasajes que sonarían inoportuna ó estridentemente en el oído de
franceses, ingleses ó alemanes, ciudadanos de felices naciones donde la ciencia
no requiere, para ser celosa y abnegadamente cultivada, el empleo de ciertos
excitantes.
Ya en vena de enumerar distinciones y honores,
recordaré también que en 1897 fuí elegido numerario de la Real Academia
de Medicina, de Madrid; que esta misma ilustre Corporación me galardonó,
meses antes, con el premio Rubio (1.000 pesetas), á causa de la publicación de
una obra de texto, entonces reciente, Elementos de Histología; que
en 1896 la Société de Biologie, de París, recompensó
espontáneamente mis trabajos, adjudicándome el premio Fauvelle (1.500
francos); que por la misma época, la famosa Universidad de Würzburgo[161],
con ocasión de la inaugu[p. 325]ración del nuevo Palacio Universitario, me
otorgó, en compañía de algunos Profesores ilustres, el grado de doctor honoris
causa; que años antes (1895), la Sociedad Fisico-Médica de
la misma ciudad bávara, por iniciativa, sin duda, de mi ilustre amigo el Dr. A.
Kölliker, nombróme miembro corresponsal; que, en fin, con igual
distinción honráronme, por entonces, la Academia de Medicina de
Berlín, la Sociedad de Psichatría de Viena, la Sociedad
de Biología de París, la Sociedad Frenática Italiana,
la Academia de Ciencias de Lisboa, etc.
[p. 327]
CAPÍTULO XV
Mi producción en 1898 y 1899. — Abatido por el
desastre colonial, amengua mi fuerza productiva. — Literatura de la
regeneración: su infecundidad en la corrección de los vicios nacionales. —
Teoría de los entrecruzamientos nerviosos y estructura del kiasma
óptico en la serie animal. — Otros trabajos menos importantes.
i obra científica durante el año de 1898, fué
bastante parca y pobre en hechos nuevos. Compréndese fácilmente: fué el año de
la funesta guerra con los Estados Unidos; guerra preparada por la codicia de
nuestros industriales exportadores, la rapacidad de nuestros empleados
ultramarinos y el orgullo y egoísmo de nuestros políticos. Á ella dieron
ocasión, sin duda, defectos hereditarios del carácter nacional, entre otros, un
errado sentimiento del honor y cierta puntillosidad caballeresca, excusable en
los individuos, absurda y antinacional en los pueblos; pero más que nada nos
arrastró á la catástrofe la vergonzosa ignorancia en que vivían nuestros
políticos de la magnitud y eficiencia reales de las propias y de las ajenas
fuerzas. Porque, aunque parezca absurdo, por entonces, diputados, periodistas,
militares, etc., creían de buena fe que nuestros instrumentos bélicos —buques
de madera y ejército de enfermos—, podían medirse ventajosamente con los
formidables de que[p. 328] disponía el enemigo. Que lo malo de un país no
consiste en su debilidad, sino en que ésta sea ignorada de quienes tienen
inexcusable obligación de conocerla.
Justo, sin embargo, es reconocer que tan peligroso
desconocimiento de la realidad internacional tuvo excepciones. Prescindiendo
del pueblo —quien, por haber vertido estérilmente su sangre en dos cruelísimas
campañas, anhelaba la paz á todo trance— existían, hasta en el Ministerio,
hombres, como Sagasta y Moret, que vieron el abismo á que el egoísmo de los
plutócratas y la inconsciencia de las autoridades militares nos conducían. Y,
sin embargo...
¡Pena da recordar cómo á políticos tan perspicaces
y cultos como Moret, Sagasta y Canalejas, penetrados de la salvadora verdad[162], faltóles en
la hora suprema el valor cívico necesario para proclamarla, imponiéndose
enérgicamente á las opiniones y sentimientos de la Corona, del Ejército y de la
Prensa! ¡Tan peligroso y arduo resultaba patentizar á los ojos del pueblo, como
lo hizo austeramente Pí y Margall, que una nación de 90 millones de habitantes,
con riquezas inmensas, recursos industriales y aprestos bélicos inagotables,
había de aplastar irremediablemente á un país pobrísimo, de 17 millones de
almas, y anemiado, además, por cuatro asoladoras guerras civiles!
Pero no renovemos tristes recuerdos y volvamos á
nuestro asunto.
[p. 329]El recuerdo del desastre colonial hállase
vinculado en mi memoria, por asociación cronológica, á la redacción de un
trabajo de tendencias filosóficas acerca de la organización fundamental de
las vías ópticas y la probable significación de los
entrecruzamientos nerviosos[163], una de las
disposiciones anatómicas más singulares y enigmáticas de los vertebrados.
Fig. 69.—El Dr. Olóriz y el que escribe estas
líneas, distrayendo sus ocios con el juego del ajedrez (verano de 1898).
Estábamos á la sazón veraneando en compañía del
inol[p. 330]vidable Olóriz, en el pintoresco pueblo de Miraflores de la Sierra.
Vecinos eran los pequeños hoteles en que nos albergábamos, y así, nuestras
sendas familias formaban como una sola. Á menudo, fatigados de paliquear ó de
leer, nos entregábamos al juego del ajedrez, al que D. Federico era muy
aficionado. (En recuerdo del llorado maestro, inserto aquí una fotografía
íntima, sacada por uno de mis hijos durante cierta partida empeñadísima) (fig.
69). Al atardecer, ahitos de lecturas ó vibrantes con las peripecias del juego,
solíamos descongestionar el cerebro paseando por la carretera que, serpenteando
al pie de la Najarra, remóntase á la Morcuera, para morir en el maravilloso
Monasterio del Paular. Durante tan saludables correrías, placíame comunicar á
mi compañero el fruto de mis meditaciones. Y alentado y autorizado con la
aprobación del amigo, estaba á punto de terminar la redacción de mi trabajo,
cuando en nuestro apacible retiro cayó como una bomba la nueva infausta de la
destrucción de la escuadra de Cervera y de la inminente rendición de Santiago
de Cuba.
La trágica noticia interrumpió bruscamente mi
labor, despertándome á la amarga realidad. Caí en profundo desaliento. ¿Cómo
filosofar cuando la patria está en trance de morir?... Y mi flamante teoría de
los entrecruzamientos ópticos quedó aplazada sine die.
Aquel desfallecimiento de la voluntad —que fué
general entre las clases cultas de la nación— sacóme del laboratorio,
llevándome meses después, cuando la conciencia nacional sacudió su estupor, á
la palestra política. La prensa solicitaba apremiantemente la opinión de todos,
grandes y chicos, acerca de las causas preparatorias de la dolorosa caída, con
la panacea de nuestros males. Y yo, al igual de muchos, jóvenes entonces,
escuché la voz de la sirena periodística. Y contribuí modestamente á la
vibrante litera[p. 331]tura de la regeneración, cuyos elocuentes apóstoles
fueron, según es notorio, el gran Costa, Macías Picavea, Paraíso y Alba. Más
adelante sumáronse á la falange de los veteranos algunos literatos brillantes:
Maeztu, Baroja, Bueno, Valle-Inclán, Azorín, etc.
En el coro de lamentaciones patrióticas, mis
palabras fueron acaso las más estridentes y apasionadas. Sólo lo acerbo del
desengaño podía excusar mis vehemencias. Había soñado con un renacimiento
espiritual que incorporara definitivamente nuestra patria á la comunidad de las
grandes naciones europeas, colaborando con ellas en la magna empresa de la
civilización; y en mi despertar doloroso, encontréme con que España continuaba,
sin posible remedio, su desconsoladora secular decadencia. ¡Qué amargo desencanto!...
Creo sinceramente que mis declaraciones de El
Liberal, Vida Nueva y de otros diarios[164], contenían
algunas censuras justas y apuntaban tal cual remedio atinado. Sin embargo, hoy,
á la distancia de dieciocho años, no puedo releer aquellas ardientes soflamas
sin sentir algún rubor. Me disgustan algunas recriminaciones exageradas ó
injustas, el tono general declamatorio y cierto aire patriarcal y autoritario
impropio de un humilde obrero de la[p. 332] ciencia. ¿Qué autoridad tenía
un pobre profesor, ajeno á los problemas sociales y políticos, para censurar y
corregir?
Fuera de que la retórica no detuvo nunca la
decadencia de un país. Los regeneradores del 98 sólo fuimos leídos por nosotros
mismos: al modo de los sermones, las austeras predicaciones políticas edifican
tan sólo á convencidos. La masa permanece inerte. ¡Triste es reconocer que la
verdad no llega á los perezosos, porque no leen ni sienten, y deja fríos,
cuando no irritados, á los vividores y logreros!
Advierto que recaigo en enfadosas digresiones.
Anudando el hilo de mi narración, repito que el desenlace de la tragedia
colonial interrumpió mis meditaciones sobre la significación del kiasma de
los vertebrados. Mas, al fin, las aguas volvieron á su cauce. Y recobrando el
equilibrio me incorporé al tajo con sin igual ardor. Humillado mi patriotismo
de español, quedó vivo y pujante, y aún diré que exaltado, mi patriotismo de
raza. Y dí cima, al fin, al aludido trabajo, sin perjuicio de planear nueva
labor para lo futuro.
Encierra la susodicha Memoria sobre el kiasma dos
partes: la primera, exclusivamente anatómica, conservará siempre su valor; la
otra, de tendencias psicológicas, sustenta concepciones que fueron blanco, y lo
son aún, de vivas discusiones.
La indagación anatómica fué motivada por dos
Memorias, radicalmente revolucionarias, entonces recientes, de Michel y de
Kölliker. Prodúcese á veces entre los científicos algo así como cansancio de la
verdad consagrada. El furor iconoclasta y revisionista gana hasta á los viejos.
¡Es tan tentador para el amor propio dejar mentirosas varias generaciones de
sabios!... Algo de esto debió pasar por el espíritu de Michel cuando proclamó,
contra lo que desde la[p. 333] época de Newton era general creencia, é
imponen además postulados fisiológicos indeclinables, que el kiasma
óptico del hombre y vertebrados superiores (visión binocular de
campo común), consta exclusivamente de fibras ópticas entrecruzadas;
en consecuencia, el clásico cordón óptico homolateral, que junta
cada ojo con el hemisferio cerebral de su mismo lado, sería mera ilusión
anatómica[165].
Á pesar del aparato de pruebas histológicas con que
el citado sabio autorizó sus osadas afirmaciones, la tesis de Michel causó
general estupefacción. Pero lo más grave fué, que algunos investigadores de
renombre, y sobre todo el venerable Kölliker[166],
la ampararon con su prestigio y hasta procuraron fortalecerla con nuevas
demostraciones anatómicas. Los dibujos del maestro de Würzburgo, calcados sobre
irreprochables preparaciones del método de Weigert, parecían concluyentes.
Quedábamos, pues, privados del indispensable cordón homolateral, y,
por consiguiente, incapacitados para explicar cómo, recibiendo el cerebro dos
imágenes visuales casi idénticas (exigencia de la visión del relieve), sólo
percibimos una.
Ocupado yo entonces en el análisis de los centros
visuales de los mamíferos, tan insólita conclusión prodújome invencible
repugnancia. Ello no podía ser, no debía ser; á menos que la naturaleza,
divorciada de toda ley de armonía, se complazca en lo superfluo ó en lo
absurdo. Y, acudiendo á la observación, me propuse estudiar á fondo el asunto,
abordándolo con los métodos más apropiados; cuanto más, que por entonces me
rondaban por la imaginación algunas conjeturas encaminadas á esclarecer[p.
334] el enigma de los entrecruzamientos nerviosos. Claro es que antes de
hilvanar mi teoría necesitaba saber, á punto fijo, si existían ó no en el
kiasma del hombre y primates, fibras homolaterales.
Puse, pues, manos á la obra, auxiliándome de
copioso material de estudio (peces, batracios, reptiles, aves y mamíferos). Y,
en sustitución del método de Weigert usado por Kölliker (cortes finos seriados
en donde las fibras aparecen truncadas y difícilmente perseguibles), me serví
del de Ehrlich, al azul de metileno, y del de Marchi (degeneraciones
secundarias tras la ablación de un ojo). Ambos procederes permiten allegar
datos decisivos para el esclarecimiento del problema: el primero, por consentir
el examen de cortes muy espesos donde los axones del kiasma pueden seguirse
durante larguísimos trayectos; y el segundo, porque revela con claridad en los
cortes seriados, á favor de ristras de gotas grasientas ennegrecidas, el
trayecto real de las fibras visuales nacidas en cada retina.
El resultado de tales pesquisas fué absolutamente
conforme con la doctrina tradicional. Entrambos recursos demostraron en los
mamíferos de visión binocular la existencia de robustísima vía
óptica homolateral; en los animales donde se indica apenas dicho campo visual
común (conejo, cavia, ratón, etc.), la presencia de algunas fibras
homolaterales, predominando enormemente las cruzadas; y, en fin, en los
vertebrados de campo visual diferente (peces, batracios, reptiles y aves, donde
la visión es panorámica), la existencia de un entrecruzamiento total. El error
de Michel y de Kölliker nació, como nacen siempre los errores histológicos, de
haber exigido del método (el de Weigert) más de lo que buenamente podía dar,
completando lo truncado de sus revelaciones con interpretacio[p. 335]nes
aventuradísimas. Exactos eran los dibujos, pero erradas las conclusiones.
De pasada y para hacer bueno el adagio de que en
las ciencias experimentales cuando se busca con fe y perseverancia siempre se
encuentra algo fuera de programa, tropecé con un hecho interesante. El kiasma
de algunos roedores (conejo, por ejemplo) encierra, además de los conocidos
conductores cruzados y directos, ciertos
tubos bifurcados, esto es, fibras que, brotadas en la retina
(células gangliónicas), divídense en dos ramas (fig. 70), destinadas á
entrambas cintas ópticas. Para Kölliker (que en vista de mi trabajo rectificó
después noblemente su opinión) y para otros autores que trataron de interpretar
fisiológicamente el inesperado hallazgo, las citadas fibras bifurcadas
provendrían de la región retiniana llamada mácula lútea, territorio
correspondiente á la foseta central del hombre y primates. Por
lo demás, tales dicotomías fueron confirmadas ulteriormente en el gato y
ciertos animales por el maestro bávaro.
Fig 70.—Trozo del kiasma óptico del conejo. Método
de Ehrlich.— A, nervio óptico; B, trozo de kiasma con el
arranque de la cinta óptica; a, bifurcaciones de tubos
nerviosos.
Fijado ya el primer punto importante, ó sea la
realidad indiscutible del cruce parcial de las vías ópticas primarias,[p.
336] era llegada la hora de ver cuál de las conjeturas imaginadas acerca
de la significación de los entrecruzamientos cuadraba mejor con las variantes
de organización del kiasma y retina en la serie animal, y con los datos y
postulados de la fisiología de la visión.
Planteemos el problema tal como lo planteaba
entonces mi curiosidad. Notemos de pasada que para la ciencia anatómica de
entonces —cerrada de horizontes y atenida á la mera descripción morfológica—,
no había tal problema. El anatómico puro, como el zoologista descriptivo, es
ajeno á toda inquietud filosófica. Con proclamar que el cruzamiento óptico
constituye ley anatómica de los vertebrados, queda plenamente satisfecho.
Inercia mental incomprensible, porque si la anatomía y la histología deben
aspirar á la jerarquía de verdaderas ciencias, es fuerza que, al modo de la
Química ó de la Astronomía, se preocupen de la evolución de los fenómenos y se
tornen de cada vez más dinámicas y más causales.
Por sentir yo de esta suerte pude abandonar esa
conformidad pasiva y como beatífica, obra del hábito y apagadora de toda
curiosidad etiológica. Sorprendíme profundamente de una cosa de que nadie se
mostraba al parecer sorprendido. Y el kiasma óptico se me presentó como algo
absurdo ó inútil, que agravia nuestro sentido de la simetría y del ahorro,
puesto que merced á aquél los conductores ópticos alargan inútilmente su
trayecto y crean en los centros infinitas complicaciones compensadoras.
«¿No fuera más sencillo —me preguntaba— que cada
cordón óptico desembocara directamente en los centros cerebrales de su lado, ya
que la impresión recibida por cada retina provoca predilectamente reacciones
motrices en las regiones correspondientes de la cabeza, tronco y extremidad
superior?»
[p. 337]Pero las incongruencias aparentes continúan
en el encéfalo y bulbo. También la vía piramidal del cerebro ó
de los movimientos voluntarios, los cordones sensitivos llegados
de la médula y del bulbo, los manojos centrífugos nacidos en el cerebelo, se
entrecruzan total ó casi totalmente.
¡Y luego, la absoluta generalidad, la irreductible
pertinacia de tales decusaciones, iniciadas en los peces y
proseguidas tenazmente hasta el hombre!... En realidad, no faltan en ningún
animal de visión lenticular, es decir, provisto de ojos sencillos, en los
cuales la imagen sintética es proyectada por una lente convergente. Recientemente,
hemos reconocido dicho cruce hasta en los cefalópodos, cuyo ojo obedece también
á la norma estructural del vertebrado.
«Quizás —discurría— el cruce fundamental de las
vías ópticas está fatalmente ligado al mecanismo físico de la visión.
Busquemos, pues, en este mecanismo la razón lógica de tal organización. Una vez
averiguada, nada será más fácil que explicar, á título de disposiciones
compensadoras y correctoras, las decusaciones primordiales de las vías motrices
y sensitivas.»
Y dando de mano á otras conjeturas, se apoderó de
mí, obsesionante, el siguiente pensamiento: Todo tendría llana
explicación, admitiendo que la percepción correcta de un objeto implica la
congruencia de las superficies cerebrales de proyección ó representativas de
cada punto del espacio. Por tanto, para que la percepción mental se
unifique y concuerde exactamente con la realidad exterior, ó, en otros
términos, para que la imagen aportada por el ojo derecho, se continúe con la
aportada por el ojo izquierdo, es de todo punto necesario el entrecruzamiento
lateral de las vías ópticas: cruce total en los animales
de visión pa[p. 338]norámica; cruce parcial en
los animales dotados de campo visivo común.
Los siguientes esquemas explican claramente la
precedente teoría.
Fig. 71.—Esquema destinado á mostrar la
incongruencia de la proyección mental de las imágenes de ambos ojos, en el
supuesto de que no existiera entrecruzamiento de los nervios ópticos.— L,
lóbulos ópticos.
El primer esquema (fig. 71) muestra la forma y
dirección de la imagen óptica mental, en el supuesto de que no hubiese
cruzamiento de los nervios ópticos. La incongruencia de ambas imágenes salta á
la vista: la proyectada por el ojo derecho no conviene con la del izquierdo, y
sería imposible que el animal pudiera sintetizar ambas imágenes en una
representación continua. El horizonte se le presentaría como una vista
panorámica formada con dos fotografías: derecha é izquierda, invertidas
lateralmente.
Examinemos ahora la imagen mental resultante del
entrecruzamiento de los nervios ópticos, entrecruzamiento adoptado por la
naturaleza en los ojos lenticulares. La figura 72, C revela con la mayor
evidencia que, gracias á dicho cruce, ambas imágenes, derecha é iz[p.
339]quierda, se corresponden, componiendo un panorama continuo y desapareciendo
la inversión lateral.
Fig. 72.—Esquema destinado á mostrar el efecto del
entrecruzamiento total de los nervios ópticos en un vertebrado inferior (pez,
anfibio, reptil, ave ó mamífero de visión panorámica). Obsérvese que, gracias á
este cruzamiento, las dos imágenes mentales forman un todo continuo.— O, nervios
ópticos cruzados; C, centros ópticos primarios y secundarios; M, vía motriz
cruzada; S, vía sensitiva central cruzada; R, raíces motrices de la médula
espinal; G, ganglios raquídeos y raíces sensitivas.
Las cosas pasan algo diversamente en los mamíferos,
en donde la doble proyección visual copia la misma región del espacio. En
dichos animales existe, según es sabido, el cordón homolateral (figura
73, d). Á causa de esta vía óptica, la duplicidad de la sensación
visiva, inevitable à priori dado el campo visual común, ha
sido inge[p. 340]niosamente eludida, gracias á la concurrencia en el mismo
grupo de pirámides cerebrales, de aquellas fibras ópticas homolaterales y
oposito-laterales, correspondientes á puntos homólogos de ambas retinas, y
portadoras, por consiguiente, del mismo detalle de la imagen.
Fig. 73.—Esquema destinado á mostrar en el hombre y
mamíferos de campo visual común la imagen mental formada por síntesis de las
dos representaciones del objeto, transmitidas por ambos nervios ópticos.— d,
fascículo óptico homolateral; c, fascículo cruzado; g,
ganglio geniculado externo y pulvinar; Rv, región visual del
cerebro, con la forma de la proyección mental.
En todo caso, según aparece en la figura 73, la
aparición del haz directo no supone abandono de los beneficios del
entrecruzamiento; éstos subsisten, porque decusada la vía óptica principal,
siempre resulta que la imagen proyectada en el cerebro derecho se continúa con
la dibujada en el izquierdo (Rv).
En fin, en la figura 72, M mostramos que el reparto
en ambos cerebros de la representación visiva mental (el izquierdo donde se
proyectan los objetos situados á nuestra derecha, y el derecho donde se pintan
los de la izquierda), ha motivado correlativamente el entrecruzamiento de la
vía motriz principal voluntaria, así como el de las vías sensitivas y
sensoriales primarias de la médula y bulbo (S). Y esto ocurre tanto en los
animales de visión panorámica como en el hombre y primates. La mira perseguida por
el organismo ha sido doble: primeramente coordinar en un solo hemisferio
cerebral las impresiones sensoriales (acústica, olfativa, visual, táctil, etc.)
llegadas por el mismo lado del espacio, á fin de abreviar las consiguien[p.
341]tes vías de asociación, y después, y merced al cruce de las vías motrices
voluntarias, compensar el efecto de las decusaciones sensoriales
para reaccionar predilectamente, con el aparato muscular correspondiente, por
el lado de la excitación periférica.
Fig. 74.—Esquema destinado á mostrar las distintas
especies de fibras de asociación de la corteza y el camino tomado por los
residuos de la sensación para confluir en el recuerdo.— I, imagen mental en el
centro cortical de la visión; R, recuerdo archivado en el foco correspondiente
de representación; d y c, fibras directas y
cruzadas, mediante las cuales la imagen sensorial bilateral es llevada á una
región monolateral de la corteza; Rm, región motriz del
cerebro; Ro, región de representación óptica; Ra, región
de representación acústica; o, región cortical olfativa; Ik,
fibras de asociación iconokinéticas; Im, fibras de asociación
ideokinéticas; Iioa, fibras de asociación interideales ó
acústico-visuales; Iiao, fibras de asociación acústico-olfativas.
En fin, como postulados generales interpretativos
de la organización cerebral señalamos estos cuatro: a) Unidad de
función espacial, ó sea que cada grupo de neuronas cerebrales corresponde
exclusivamente á un punto del espacio y nunca á dos. b) Simetría
concéntrica sensorial. Cada hemisferio simboliza una mitad vertical y
lateral de la superficie cutánea sensible, incluyendo en ella los sentidos y
los aparatos sensibles orgánicos y musculares. c) Ley de asimetría con[p.
342]memorativa. Las esferas sensoriales y motrices de la corteza
cerebral son simétricas, pero no las zonas representativas ó ideales (centros
de asociación de Flechsig), las cuales residen íntegramente en cada
hemisferio (fig. 74, R). Justifícase así la creación del cuerpo calloso (c)
y de otras vías comisurales é intrahemisféricas, destinadas á concentrar en
cada foco conmemorativo isodinámico y monolateral los residuos sensoriales
brotados de entrambos centros perceptivos.
Sirva de explicación la figura 74, donde mostramos
con la disposición probable de los centros perceptivos la justificación teórica
del cuerpo calloso.
En la aludida Memoria sobre el kiasma
óptico se desarrollan también, por incidencia, algunas consideraciones
sobre el posible mecanismo cerebral de la percepción del relieve; y
á título de aplicación de las mismas, descríbense algunas pequeñas invenciones
estereoscópicas, tales como: cierto aparato destinado á contemplar á distancia
el relieve de la doble imagen proyectada por la linterna (aparato fundado en el
principio de los prismas de Nicol y de la polarización por reflexión); y
determinada disposición mecánica, con igual fin concebida, y destinada á
producir eclipses alternativos de la imagen estereoscópica, proyectada en un
telón.
Mis ideas sobre el móvil utilitario de los
entrecruzamientos alcanzaron éxito lisonjero de publicidad. Extractadas ó
reproducidas íntegramente por muchas revistas extranjeras, merecieron además la
honra de una buena traducción alemana, bajo la forma de libro, del Dr. Bresler;
versión amablemente prologada por el célebre profesor Pablo Flechsig, de
Leipzig. No obstante sus defectos, que no desconozco[167], mi teoría
sugirió interesantes tra[p. 343]bajos. Entre otras investigaciones, provocó la
ya mentada de Kölliker[168],
rectificadora de anteriores errores; la de Havet[169],
francamente confirmatoria, recaída en el kiasma de los crustáceos,
y la muy interesante del Dr. Márquez[170], donde los
postulados de mi concepción fueron ingeniosa y afortunadamente aplicados al
esclarecimiento de los cruces de algunos nervios motores del globo ocular.
Conforme era de presumir, los hechos positivos
consignados en mi trabajo acogiéronse con aplauso y apreciáronse en todo su
valor por los sabios especialistas. Mas en cuanto á la teoría propiamente
dicha, los dictámenes discreparon. Ciertos sabios aprobaron provisoriamente la
explicación utilitaria de los entrecruzamientos, en espera de mejor concepción;
otros, como Lugaro, la criticaron con respeto, aceptando, empero, algunos de
sus postulados y proponiendo otra hipótesis; alguno la rechazó de plano, sin aducir
razones serias ni exponer concepción más plausible; cierto médico vienés la
encomió hasta la hipérbole, alzando en su entusiasmo al modesto anatómico
español á la altura de los más geniales pensadores; en fin, dos sabios, inglés
el uno y alemán el otro, publicaron años después mi teoría como fruto de
propias meditaciones: género de homenaje que, por involuntario é impersonal,
hallé singularmente grato. De cualquier modo, repito, ninguno de mis
impugnadores antiguos ó modernos ha logrado imaginar explicación más sencilla y
satisfactoria del cruce fundamental de las vías ópticas en los vertebrados
inferio[p. 344]res y del cruce parcial de las mismas en el hombre y mamíferos.
De los demás trabajos del año 1898, me contentaré
con exponer los títulos y las conclusiones:
Algunos detalles más sobre la anatomía del puente
de Varolio[171].—Contiene
nuevos pormenores sobre las colaterales y bifurcaciones pontales de la vía
piramidal, y cierta teoría poco feliz acerca del modo de acción de este
sistema vector de los movimientos voluntarios.
La estructura del cono terminal de la médula
espinal[172] encierra
multitud de detalles descriptivos nuevos tocantes al comportamiento de la
substancia blanca, raíces posteriores, substancia gris, etcétera, al nivel del
extremo caudal del eje cerebro-raquídeo de los mamíferos, detalles en cuya
exposición no podemos entrar.
La red superficial de las células nerviosas
centrales[173] confirma
en los mamíferos á favor del método de Ehrlich modificado, el encuentro de
Golgi, reivindicando de pasada la prioridad esencial del hecho y añadiendo
algunas minucias descriptivas, etc.
[p. 345]
CAPÍTULO XVI
Mi labor durante los años 1899 y 1900. — Nuevos
estudios sobre la corteza cerebral, en los cuales se aborda el encéfalo humano.
— Elementos característicos del encéfalo del hombre. — Estructura de la región
visual. — Estudios sobre la corteza acústica, táctil y olfativa.
ejo mencionados, en anteriores capítulos,
algunos análisis afortunados de la corteza cerebral de los
mamíferos inferiores. Marchando por este camino, natural era que, tarde ó
temprano, abordase la fina anatomía del cerebro humano, con razón considerado
como la obra maestra de la vida.
Sentía yo entonces vivísima curiosidad —algo
novelesca— por la enigmática organización del órgano del alma. «Reina el hombre
—me decía— sobre la Naturaleza por la excelencia arquitectónica de su cerebro.
Tal es su ejecutoria, su indiscutible título de nobleza y de dominio sobre los
demás animales. Y si mamífero tan ruin como el roedor —el ratón, por ejemplo—
ostenta corteza cerebral de fino y complicadísimo artificio, ¿qué imponderable
estructura, qué asombroso mecanismo no deben de ofrecer las circunvoluciones
del encéfalo humano, singularmente en las razas civilizadas?»
En mis pesquisas guiábame también cierta hipótesis
directriz. Parecíame improbable y hasta un poco atentatoria[p. 346] á la
dignidad humana, la opinión generalmente aceptada por entonces de que entre el
cerebro de los mamíferos (gato, perro, mono, etc.) y el del hombre median
solamente diferencias cuantitativas.
En tal supuesto, la excelencia del encéfalo humano
consistiría exclusivamente en el mayor número de pirámides y en la superior
copiosidad de fibras asociativas. Pero el lenguaje articulado, la capacidad de
abstracción, la aptitud de forjar conceptos y, en fin, el arte de inventar
instrumentos ingeniosos, especie de prolongación de la mano y de los aparatos
sensoriales, ¿no parecen anunciar (aun admitiendo coincidencias fundamentales
de estructura con los animales) la existencia de resortes originales, de algo,
en fin, cualitativamente nuevo y justificativo de la nobleza psicológica
del homo sapiens?
Microscopio en ristre lancéme, pues, con mi
habitual ardor á la conquista de la pretendida característica anatómica del rey
de la Creación, á la revelación de esas enigmáticas neuronas estrictamente
humanas, sobre que se funda nuestra superioridad zoológica.
Á decir verdad, y dada la insuficiencia de los
métodos en boga, la empresa se presentaba ardua y difícil, aun poniendo en ella
paciencia y perseverancia infatigables. Además, era preciso vencer ó burlar
prejuicios morales y sociales, harto difundidos y arraigados.
Sabido es que los métodos de coloración más
exquisitamente selectivos, como el proceder de Ehrlich y el de Golgi, rinden
solamente buenos resultados cuando se aplican sobre piezas nerviosas
fresquísimas, casi palpitantes. Y por exigencias de la ley, consagradora de
añejos infundados temores, el cadáver humano no entra en la jurisdicción del
anatomista sino veinticuatro horas después de la muerte, cuando las
delicadísimas y susceptibles neuronas y cé[p. 347]lulas neuróglicas han sufrido
graves alteraciones y perdido, por ende, su preciosa apetencia por los citados
reactivos (azul de metileno y cromato de plata).
Á pesar de todo, recordará el lector que el método
de la coloración negra había sido ya aplicado con éxito en el hombre por Golgi
y sus discípulos. Es fuerza convenir, sin embargo, que tales ensayos, si
acrecieron singularmente nuestro patrimonio neurológico, no fueron poderosos,
acaso en virtud de las consabidas limitaciones, á esclarecer los rodajes más
importantes de la máquina cerebral humana, á saber: la determinación de sus
tipos celulares específicos en cada provincia encefálica, la forma general de las
conexiones interneuronales, y en fin, el modo de terminar de los conductores
sensitivos y sensoriales arribados de la periferia, etc.
Mas por aquellos tiempos arredrábanme poco los
obstáculos. Decidido á superarlos busqué material para mis trabajos en la
Inclusa y Casa de Maternidad, dominios donde, por razones obvias, la tiranía de
la ley y las preocupaciones de las familias actúan muy laxamente. Gracias á los
buenos oficios del Cuerpo facultativo de los citados establecimientos
benéficos, y sobre todo al decidido concurso del Dr. Figueroa (médico reputado
arrebatado prematuramente á la ciencia), amén de la complacencia con que me favorecieron
las buenísimas hermanas de la Caridad (quienes llevaron su amabilidad hasta
convertirse en ayudantes de autopsia), mis investigaciones marcharon como sobre
ruedas. Puedo afirmar que durante una labor de dos años dispuse libremente de
cientos de fetos y de niños de diversas edades, que disecaba dos ó tres horas
después de la muerte y hasta en caliente.
Mi tesón alcanzó al fin su premio, y á despecho de
los muchos fracasos técnicos (determinadas infecciones impiden[p. 348] la
reacción del cromato argéntico), la colecta de hechos nuevos fué exuberante.
Ante mi insistente curiosidad, el cerebro humano comenzaba á balbucear algunos
de sus secretos. Por desgracia, estas confidencias resultaban todavía harto
fragmentarias. Mas por algo se empieza.
Sólo á grandes rasgos haré el balance de mis
ganancias de entonces. Citaré, entre otros hechos de carácter general, el
encuentro de varios tipos nuevos de neuronas de axon corto, característicos del
cerebro humano; la averiguación, según yo deseaba, de las arborizaciones
terminales de los conductores sensitivos y sensoriales; el hallazgo de cestas pericelulares
legítimas comparables á los elegantes nidos del cerebelo y asta de Ammon; la
discriminación de las varias especies neuronales de la capa molecular, etcétera.
Pero mi principal objetivo consistió en desentrañar la estructura de los centros
perceptivos ó sensoriales (centros de proyección de
Flechsig). En cada uno de ellos, mis preparaciones mostraron, con claridad
absoluta, una urdimbre específica y absolutamente inconfundible, quedando así
asentada sobre bases histológicas inconmovibles la doctrina, a la sazón muy
discutida, de las localizaciones cerebrales.
Claro es que el análisis de los citados centros
efectuóse por etapas. Era labor de muchos años, la cual resultó muy incompleta,
á pesar de mi perseverancia. Primeramente exploré la anatomía de las circunvoluciones
visuales[174] (fisura
calcarina y territorios vecinos del lóbulo occipital), parajes
cerebrales donde son proyectadas las imágenes recogidas por la retina. Tiempo
después, escudriñé las esferas[p. 349] auditiva[175], motriz[176] y olfativa[177]. Y por
causas que expondré oportunamente, sólo puse el pie en el umbral de[p.
350] las esferas conmemorativas (centros de asociación de
Flechsig), no obstante mi ardiente curiosidad alimentada y sobreexcitada por el
éxito.
Fig. 75.—Diversos tipos de neuronas de axon corto
encontrados en la corteza cerebral del niño de pocos meses.— A, célula
bipenachada; B, elemento enano de axon corto; C, célula de cestas;
E, pirámide de ramas colaterales arciformes; D, elemento enano de axon
descompuesto en penacho; F, célula de cilindro-eje ascendente dividido en ramas
horizontales larguísimas.
En la figura 75 presento los tipos neuronales
específicos recogidos por mí en casi todas las provincias cerebrales del
hombre. Estos son: a, cierto corpúsculo diminuto (A), bipenachado,
cuyo axon se descompone en plexos apretados de sentido radial, compuestos de
hebras finísimas; b, un elemento enano, también de axon corto, de
brevísimas y delicadas dendritas, y cuya arborización nerviosa, apenas
perceptible á causa de su extrema sutilidad, construye urdimbre tupidísima (B,
B′); c, otra célula (C), provista de soma más robusto, y cuyo
cilindro-eje genera cestas que rodean el soma de las pirámides; d,
cierta pequeña pirámide (E), caracterizada por exhibir un axon consumido casi
del todo en generar larguísimas colaterales arciformes y recurrentes; e,
determinado corpúsculo de talla exigua, cuyo axon ascendente se arboriza como
en zarzal en los confines de la zona molecular; f,
en fin, numerosas variedades neuronales relativamente robustas, de expansión
funcional ascendente, generadoras, en diversos pisos de la corteza, de
larguísimas ramas horizontales (F).
Los referidos elementos, singularmente el primero,
segundo, cuarto y sexto, son sumamente numerosos y pueden estimarse privativos
del cerebro del hombre. Con lo cual no excluyo en absoluto la posibilidad de
que algunos de ellos inicien ya su aparición, aunque afectando formas y tamaños
más groseros, en la corteza de los mamíferos superiores, singularmente en la
del perro y del mono. En todo caso, mis investigaciones demostraron que la
excelencia funcional del encéfalo humano está íntimamente ligada á la prodigiosa
abundancia é inusitado lujo de formas de las llamadas neuronas de axon corto.
Fig. 76.—Esquema de los elementos y zonas
principales de la corteza visual del hombre (fisura calcarina).— A, capa
molecular; B, zona de las pequeñas y medianas pirámides; C, zona de los gruesos
corpúsculos estrellados; D, capa de los granos ó de los diminutos elementos
asteriformes; E, zona de las pirámides gigantes; F, capa de las pirámides de
axon arciforme; G, zona de los corpúsculos polimorfos; a, b, d,
arborizaciones finales de las fibras visuales centrípetas.
[p. 351]Para los técnicos á quienes interesen algo
estas cosas, referiré brevemente algunos de mis hallazgos más importantes en
los centros perceptivos, ilustrándolos con esquemas.
[p. 352]Esfera visual.— a)
Descubrimiento de las arborizaciones terminales de las fibras de la vía óptica
central (las llegadas del cuerpo geniculado externo). En la figura
76, b, d, mostramos una representación del conjunto del
plexo terminal.
b) Hallazgo, en la zona en que acaban dichas fibras, de unas células
especiales, desprovistas de tallo radial y con figura estrellada. El axon de
tales elementos va á la substancia blanca después de suministrar robustas
colaterales ascendentes (fig. 76, C).
c) Encuentro, en las zonas profundas de la corteza visual, de ciertas
diminutas células (granos profundos), cuyo axon descendente recoda bruscamente,
formando arco, para distribuirse en las zonas superpuestas (figs. 76, F, y 75,
E).
d) Descubrimiento de un tipo menudísimo de célula de axon corto (células
bipenachadas), cuya expansión funcional, delicadísima, se descompone en
hacecillos radiales de hebras que se aplican al tallo y cuerpo de las pirámides
(figs. 76, e, y 75, A).
Continuación de la anterior fué la siguiente
monografía, donde se persigue más de cerca la resolución del problema
estructural de la corteza visual, añadiendo:
a) Una nomenclatura y división racionales de las capas de la substancia
gris cerebral.
b) El estudio detallado de las células horizontales (Cajalsche zellen de
Retzius) de la zona plexiforme (fig. 76, A).
c) Demostración de la existencia en esta capa de numerosos elementos de
axon corto.
d) Hallazgo en las zonas segunda y tercera de varios tipos de corpúsculos
de axon corto, peculiares del cerebro humano (células de asociación vertical,
horizontal á pequeñas distancias, etc.). De ellos damos esquemas en la figura
75.
e) Señalamiento de ciertas células cuyo axon fino y ascendente genera
plexos tupidísimos pericelulares en la zona segunda.
f) Análisis detallado de la estría de Gennari y capa de
las células estrelladas, y demostración de que en esta zona habitan
varios tipos celulares de axon largo y de axon corto. (Subzona externa ó de
las células estrelladas gigantes; subzona interna ó de los
corpúsculos estrellados enanos; células de axon corto ascendente; células
de axon resuelto en arborizaciones próximas y delicadísimas, etc., etc.).
[p. 353]g) Descubrimiento de arborizaciones
pericelulares ó de cestas semejantes á las que rodean las células de Purkinje
del cerebelo, en los cuerpos de pirámides de la corteza motriz y visual.
h) Análisis detallado del comportamiento de las fibras componentes del
plexo ó estría de Gennari, en cuya formación participan:
a) plexo en donde se patentiza la existencia de varias especies de fibras
terminales ó fibras ópticas; b) axones de los granos de la zona de
las células estrelladas pequeñas; c) axones ascendentes de los
elementos de cayado de las capas subyacentes, etc.
Fig. 77.—Conjunto de las arborizaciones terminales
de la vía sensitiva en la corteza motriz del gato.
De esta Memoria hay una buena traducción alemana,
en forma de folleto, del Dr. Bresler[178].
El trabajo sobre la corteza motriz encierra:
a) Un análisis detallado, á favor del método de Nissl, de las
circunvoluciones centrales con determinación de sus analogías y diferencias y
exposición de una nomenclatura racional de sus capas. Se demuestra, contra el
sentir general, que la circunvolución parietal ascendente carece de función
motriz, perteneciendo estructuralmente al sistema de asociación (dictamen
confirmado por todos los autores modernos) (figura 78).
Fig. 78.—Cortes comparativos de las dos
circunvoluciones limitantes de la cisura de Rolando. Adviértase, que mientras
la figura de la derecha, correspondiente á la corteza frontal ascendente, posee
tipo motor, la de la izquierda, correspondiente á la circunvolución parietal
ascendente, afecta estructura y estratigrafía de corteza conmemorativa ó
asociativa.
[p. 354]b) La afirmación de que las gruesas
fibras tangenciales meduladas representan axones de células horizontales.
c) Demostración de los fenómenos de atrofia acaecidos en las dendritas
ascendentes de estas últimas células después del nacimiento.
d) Hallazgo de diversos tipos de corpúsculos de axon corto, habitantes,
tanto en la capa plexiforme como en las zonas segunda y tercera, y descripción
de un elemento nervioso menudísimo, parecido á las células de neuroglia, de las
cuales se distingue por exhibir un axon delicadísimo y arborizado á cortísima
distancia.
e) Demostración de que todas las pirámides y células de tallo radial,
aunque residan en las zonas más profundas, envían un penacho ó fibra
protoplásmicos á la zona plexiforme.
f) Hallazgo de varias células, cuyo axon forma, en torno de las
pirámides, nidos nerviosos terminales.
g) Descripción detallada de la morfología de las pirámides gigantes.
h) Encuentro en la corteza motriz de granos ó elementos pequeños
semejantes á los propios de la región visual.
i) Descubrimiento de las fibras sensitivas terminales, cuyas
arborizaciones forman un plexo tupidísimo alojado en la zona de las medianas
pirámides (fig. 77).
j) Señalamiento de estas mismas fibras terminales en la corteza de los
mamíferos de pequeña talla y demostración de su continuidad con tubos
perforantes del cuerpo estriado.
k) Adopción de un nuevo criterio para la determinación de las esferas
sensoriales de la corteza: la característica de éstas no sería, como se ha
considerado hasta aquí,[p. 355] la presencia de fibras de proyección, sino
la existencia de plexos constituídos por fibras exógenas, llegadas del cuerpo
estriado y continuadas con las vías sensoriales de segundo orden.
l) Se hace una crítica de la conocida clasificación de las
circunvoluciones en centros de asociación y de proyección, y se
defiende también para los pequeños mamíferos la existencia de regiones de asociación
ó conmemorativas.
De este trabajo existe una traducción alemana del
Dr. J. Bresler.
En otra comunicación, aparecida en Marzo de 1900[179], prosigo mis
exploraciones sobre la corteza motriz del hombre y mamíferos
superiores, y añado algunos datos relativos á las fibras callosas,
de asociación y proyección, etc.
Después abordé la corteza acústica y
las circunvoluciones de la ínsula de Reil[180].
Fig. 79.—Células estrelladas gigantes con axon
serpenteante dirigido á la substancia blanca, situadas exclusivamente en el
centro acústico del cerebro.— a, axon.
Como rasgos peculiares de la corteza
acústica señalamos aparte la existencia de pormenores estructurales
imposibles de resumir: a, la presencia constante de ciertas células
gigantes estrelladas de axon largo (fig. 79); y b, la forma
específica de las pirámides (fusiformes, bipenachadas, etc.) (fig. 80).
Fig. 80.—Tipos de células piramidales
características de la ínsula de Reil, territorio que pasa por acústico.
[p. 356]Séame permitido completar esta serie
sistemática de trabajos mencionando todavía, no obstante haber sido publicadas
en 1900 y 1901[181], dos
extensas monografías concernientes á la corteza olfativa del
hombre y mamíferos. Citemos los hechos esenciales en ellas contenidos:
1.º Confirmación y ampliación de algunos hallazgos
hechos antes en la corteza olfativa frontal (región subyacente á la raíz
ex[p. 357]terna del nervio olfatorio), singularmente en lo
tocante á la manera de terminar las fibras olfativas de segundo orden dentro de
la zona molecular del cerebro. En la figura 83, A, que
reproduce un corte de la raíz olfativa externa del gato y de
la substancia gris subyacente, aparece este interesante plexo terminal, en
contacto con el penacho periférico de las células piramidales (fig. 83, D).
Fig. 81.—Elegantes células piramidales
características de la corteza olfativa del hombre, residentes en el lóbulo
piriforme y en la circunvolución del hipocampo.
2.º Demostración de la existencia de tipos
piramidales característicos (provistos de penacho ó borla descendente) en la
circunvolución del hipocampo y lóbulo piriforme del hombre (fig. 81, G), y
señalamiento en otras regiones de la citada circunvolución de variedades
neuronales específicas, así como de sistemas peculiares de agrupación de
pirámides enanas, alternando con elementos asteriformes gigantes (fig. 82, A).
3.º Descubrimiento, en lo alto del lóbulo
olfativo ó piriforme de[p. 358] los mamíferos leiencéfalos y girencéfalos,
de un foco especial (fig. 84), de textura singular, al cual viene á parar
importante vía olfativa, y del cual emana la corriente principal de fibras
exógenas destinada al asta de Ammon. En virtud de este hallazgo, quedó
establecida la existencia de tres focos olfativos escalonados: el foco
olfativo primario ó corteza esfenoidal inferior (fig. 83, A), donde se
terminan las fibras de la raíz externa del bulbo olfatorio;
el foco olfativo secundario (que hemos llamado angular
ó esfeno-occipital), donde acaban fibras nacidas en el núcleo precedente; y
el foco olfativo terciario, representado por el asta de Ammon
y fascia dentata, punto de arborización final de las fibras
emanadas del citado núcleo angular.
Fig. 82.—Trozo de un corte de la región olfativa
central ó principal de la circunvolución del hipocampo humano. Repárense
islotes de células menudas separados por fajas de neuronas gigantes.
4.º Se reconoce que la corriente importante brotada
de este último foco y desembocada en el asta de Ammon, consta de varias vías, y
principalmente de estas dos:
a) Haz esfeno-amónico cruzado ó psalterio
dorsal de los autores, el cual, dirigiéndose al rafe por debajo del
cuerpo calloso, se arbori[p. 359]za en el asta de Ammon y fascia
dentata del lado opuesto, después de suministrar no pocas fibras
al presubículo.
b) El haz esfeno-amónico directo ó vía
perforante, cuyos axones distribuídos en hacecillos escalonados de arriba
abajo, cruzan el subículo y se reparten por las capas moleculares del asta de
Ammon y fascia dentata del mismo lado, poniéndose,
respectivamente, en contacto con el penacho de las pirámides y granos de estos
centros. En la figura 85 mostramos un corte transversal del foco esfeno-occipital ó angular (A)
y de la región contigua del asta de Ammon y subículo. Adviértase en
B, D, E la importantísima corriente de fibras que enlaza aquel ganglio con la
capa molecular del asta de Ammon y la de la fascia dentata.
Fig. 83.—Sección de la corteza olfativa frontal,
según la dirección de la raíz externa olfativa.— A, raíz externa; B, trozo de
bulbo olfativo; D, plexo de colaterales olfativas; F, pirámides, etc.
5.º Diferenciación de varias regiones de la corteza
esfenoidal dotadas de peculiar estructura y en conexión con particulares
sistemas de fibras. Tales son el foco presubicular, situado por
fuera del subículo, la región esfenoidal central ó principal y
la región esfenoidal externa.
6.º Descripción en cada uno de estos focos de
numerosísimos tipos de neuronas, y examen de sus plexos específicos y vías
aferentes y eferentes. Muchos de estos estudios se refieren al hombre,[p.
360] habiendo sido utilizados al efecto los métodos de Nissl, Golgi y
Weigert.
7.º Descripción de la textura de la corteza
interhemisférica ó región próxima al cuerpo calloso, esfera cortical
cuya textura contrasta con la del resto de la región fisural.
8.º Determinación precisa del origen y terminación
de las fibras del cíngulo, vía de proyección anteroposterior,
provista de colaterales de asociación.
9.º En fin, análisis estructural de las estrías
longitudinales y supra-callosas, de los nervios de Lancisio y
del fornix longus de Forel, con muchos detalles nuevos
referentes al origen y marcha de las fibras.
Fig. 84.—Corte del foco esfeno-occipital del gato.
Coloración de Nissl.
La reunión de las citadas monografías constituyó un
libro que tradujo al alemán el Dr. Bresler, y que me valió halagüeños elogios
de las grandes autoridades de la neurología.
Quien desee conocer los detalles descriptivos,
abrumadores por lo prolijos y variados, recogidos pacientemente por mí en el
dominio de la corteza cerebral durante los años 1899, 1900 y 1901, debe
consultar dicha traducción alemana, ó mejor aún, mi Tratado en tres gruesos
volúmenes: Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados,
en cuyo tercer tomo expongo más ceñida y ordenadamente y con esquemas y figuras
aclaratorias no contenidas en las memorias correspondientes, mis ideas y
hallazgos sobre el plan estructural del encéfalo del hombre y mamíferos afines.
Pero de este extenso libro —la obra de mi vida— comenzado en 1899 y terminado
en 1904, me ocuparé oportunamente.
[p. 361]
CAPÍTULO XVII
Con ocasión de conmemorar el decenario de su
fundación la Universidad de Clark (Estados Unidos), centro de estudios
superiores, soy invitado, juntamente con otros profesores europeos, á dar
algunas conferencias. — Tórrido calor de Nueva York. — Mi viaje á Boston y
Worcester (Mass.), donde se celebró la fiesta universitaria. — El patriotismo
anglo-sajón. — Algunas causas morales de la guerra suscitada entre los Estados
Unidos y España. — Las instituciones docentes de Boston y de Nueva York.
allábame, allá por Junio de 1899, enfrascado en las
antedichas exploraciones del cerebro humano, cuando llegó á mis manos una
cortés invitación de la Universidad americana de Worcester (Clark University),
Centro de investigaciones superiores, comparable con el Colegio de
Francia, para dar varias conferencias acerca de mis investigaciones sobre
la corteza cerebral. Tratábase de celebrar cierta fiesta académica solemne, con
asistencia de muchos sabios americanos y europeos, al objeto de conmemorar el X
año de la fundación de la citada Universidad, obra de la generosidad privada,
como suelen serlo entre los yanquis las escuelas profesionales y los
Establecimientos de alta cultura. Para costear gastos de viaje, el oficio de
invitación incluía un cheque de 600 dólares.
[p. 362]Profundamente sorprendido y perplejo quedé
al recibir semejante mensaje. No me explicaba cómo en los Estados Unidos
habíanse acordado de un humilde investigador español, de un profesor
perteneciente á la raza vencida y humillada.
Fig. 85.—Corte horizontal del asta de Ammon y
corteza esfenoidal vecina.— A, núcleo esfeno-occipital ó angular; R, subículo;
J, asta de Ammon; F, capa molecular de la fascia dentata; B,
sección de la vía esfeno-amónica cruzada; D, vía esfeno-amónica directa.
Asaltóme una duda. ¿Podía yo, razonablemente, pocos
meses después de la guerra, vibrantes todavía en España la indignación y el
encono por el inicuo despojo colonial, aceptar tan comprometida misión?
Consulté el caso con el ministro de Fomento,
Marqués de Pidal, y con algunas personas cuyos consejos tenía en mucho; y
contra lo presumible, el Gobierno, los amigos y hasta la Prensa política (que
comentó el suceso con palabras muy halagadoras para mí), aconsejáronme
unánimemente la aceptación del delicado y difícil honor.
[p. 363]De buena gana lo habría declinado. Cuanto
más que mi salud distaba mucho de ser por aquella fecha floreciente. De
resultas de gripe tenaz ó acaso por consecuencia de las emociones excesivas del
laboratorio (cada descubrimiento interesante ó que me lo parece, cuéstame
noches de insomnio), padecía de palpitaciones y arritmias cardíacas, con las
consiguientes preocupaciones é inquietudes. Dócil, sin embargo, á los ruegos de
los amigos y alentado por el ministro, que me señaló decoroso viático, púseme en
camino, acompañado de mi esposa, para que cuidase de mis achaques.
Después de pasar por París, donde tuve el gusto de
saludar á los profesores M. Duval y M. Dejerine, y de abrazar á mis buenos
amigos M. Azoulay y M. Nageotte, nos embarcamos en el Havre con dirección á
Nueva York, en un buque de la Compañía Trasatlántica francesa.
Á bordo tuve la grata sorpresa de encontrar al ilustre Dr. A. Mosso, profesor
de Fisiología de Turín, al gran matemático francés M. E. Picard, profesor del
Colegio de Francia, y al famoso Dr. A. Forel, consagrado por entonces á
interesantes estudios sobre la psicología de las hormigas. Todos estos sabios
habían sido invitados como yo para la Clark Celebration.
Excusado es decir que, en tan selecta compañía, se
nos hicieron brevísimos los doce días de travesía. Los profesores Mosso y
Forel, con quienes intimé mucho durante el viaje, se me revelaron como personas
agradabilísimas, al par que conversadores deliciosos. En nuestros gratos
coloquios de á bordo discurrimos sobre todo lo divino y humano: filosofía,
ciencia, artes, política, etc.
Mediado el mes de Julio, arribábamos á Nueva York,
la estupenda ciudad de los rasca-cielos, de los multimillonarios,
de los trusts avasalladores y del calor sofocan[p. 364]te.
Esto último fué para mí desagradable sorpresa. Creía que los países de
hierba y las ciudades marítimas poseen el privilegio de gozar durante
la canícula de moderada temperatura. Y yo, que en nuestro Madrid, la típica
ciudad del sol y del cielo azul, siéntome enervado cuando el termómetro marca
en las habitaciones 27° y 35° en la calle, tuve, mal de mi grado, que soportar
32° ó 33° centígrados en el hotel y 45° ó 46° en las rúas.
Y no obstante, los yanquis lo soportan como si tal
cosa. Aunque sudando la gota gorda, veíanse por las calles trajinar
afanosamente faquines y albañiles. ¡Oh, la fibra acerada de la raza
anglo-sajona!...
Con aquel sol de fuego y con la profusión de
instalaciones domésticas de gas y electricidad, compréndese que los incendios
sean allí el pan nuestro de cada día. Mal de mi grado hube de presenciar uno de
estos desagradables contratiempos.
Cierto día, y á deshora, inicióse el fuego en el
cuarto de un huésped del principal. Cundió súbitamente la alarma en los hombres
y la nerviosidad y el terror en la mujeres. Algunos huían despavoridos hacia la
escalera principal, interceptada por densa y asfixiante humareda. Otros, más
avisados, nos dirigimos á los balcones, donde la previsión americana,
aleccionada por trágica experiencia, ha dispuesto ciertas grandes escaleras de
salvamento. Pero ¿quién hace bajar á una señora tímida y nerviosa, como buena
española, por aquellos aéreos peldaños? Por suerte, los bomberos acudieron á
tiempo, sofocando rápidamente el incendio.
Pasado el susto, consideré los curiosos incidentes
provocados por el terror. Desde el punto de vista de la psicología individual,
nada hay más instructivo que un siniestro. Al huir, cada cual abraza á su
ídolo: las madres á sus[p. 365] hijos, los recién casados á sus esposas,
las cómicas á sus joyas y preseas, los comerciantes y banqueros á sus carteras
y maletines. No hay como el espanto, para denunciar el verdadero carácter y
valorar rápidamente los bienes de la vida.
Fig. 86.—Algunos rasca-cielos de
la calle ancha ó Broadway, de Nueva York.
No caeré en la tentación de describir la gran
metrópoli americana. Me limitaré á expresar que admiré la famosa estatua de la
libertad de Bartholdi, el barrio comercial de[p. 366] Brooklyn, el puente
audaz sobre el East River, los suntuosos palacios de la V Avenida, la famosa
catedral de San Patricio, de que tomé por cierto excelentes fotografías, los
colosales buildings albergadores de fábricas, sociedades
industriales y grandes rotativos, las deliciosas playas de Brighton y de
Manhattan, el incomparable parque central salpicado de alcores
coronados de rocas y cubierto de magníficos árboles, y, en fin, los espléndidos
comercios donde todo se sirve á máquina y en los cuales, á favor de ingeniosos
artificios, la mercancía demandada circula por carriles aéreos, al través de
inacabables corredores y pisos, llegando en pocos segundos, convenientemente
empaquetada, á las manos del cliente. En la figura adjunta copio una fotografía
que da idea de lo enorme de las construcciones de muchos pisos.
Por cierto que, con ocasión de estos curioseos por
los grandes almacenes, hube de comprobar, con pena, cierta sospecha que yo
tenía sobre los sentimientos instigadores de la agresión de los Estados Unidos
á España. Por consecuencia de la cruel, impolítica y contraproducente medida
de concentrar en campamentos toda la población rural de la
gran Antilla, los cubanos supervivientes que, por falta de ánimos, no
engrosaron las huestes de Maceo, huyeron en masa á los Estados Unidos (Cayo
Hueso, Tampa, Nueva Orleans, Nueva York, etc.), buscando trabajo en campos,
fábricas y comercios. Algunos de estos desventurados, hembras en su mayoría,
con quienes conversamos en los obradores y comercios de Nueva York, nos
refirieron miserias y crueldades desgarradoras. Huelga notar, que las
lamentaciones de tantos millares de prófugos, pregonando y agravando hasta lo
inverosímil la vieja leyenda anglo-sajona de la crueldad española, crearon en
los Estados Unidos un estado emocional, que fué hábilmente ex[p. 367]plotado
por los laborantes cubanos y por el partido imperialista ó intervencionista[182].
Aproximábase la fecha de la fiesta académica de
Worcester. Dí, pues, de mano á mis callejeos y visitas á Institutos científicos
y Museos —algo inferiores entonces á los similares de Inglaterra y Alemania— y
púseme en camino para Boston, ciudad no lejana del término del viaje. Durante
todo el trayecto, hecho en tren expreso, me acompañó el mismo sofocante calor
de Nueva York. Dicho sea en alabanza de la cultura yanki, las empresas de
ferrocarriles hacen lo posible para mitigar las molestias del viajero. Á este
propósito y entre otras comodidades, cada coche dispone de un gran depósito de
agua helada, servida gratuitamente á los pasajeros, por camareros negros, muy
amables y solícitos.
Á nuestro arribo á Worcester la ola de
calor, lejos de ceder, habíase hecho formidable. El hálito abrasador de la
atmósfera, apenas mitigado durante la noche, según ocurre en los climas muy
húmedos, no dejaba respirar. Yo estaba febricitante y semi-congestionado. Por
tal motivo y por haber llegado á deshora, no osé avisar al Rector. Y así pasé
la noche —toledana, en verdad— tratando de aliviar mi angustiosa cefalalgia con
compresas de agua fría.
Para colmo de contrariedad, celebrábase aquel día
la[p. 368] Fiesta de la Independencia, y un estruendo ensordecedor subía
de las calles. Oíanse himnos patrióticos, vivas estentóreos, estallido de
cohetes y, sobre todo, tiros, ya sueltos, ya en descarga cerrada. Asomadas á
ventanas y azoteas, descubrí muchas personas como frenéticas, disparando al
aire sus rifles. En la calle, hasta las mujeres enarbolaban banderas y gritaban
desaforadamente. Dulces expansiones monjiles son nuestras castizas broncas de
la Plaza de Toros, comparadas con el estruendo y bullanga del pueblo americano
durante el famoso Independence day, en el cual, dicho sea de
pasada, ocurren siempre lamentables desgracias. ¡Triste cosa es que los hombres
sólo acierten á mostrar su júbilo haciendo ruido! Á propósito de lo cual,
cabría preguntar: ¿Alborota el pueblo porque está alegre, ó alborota para
alegrarse? Lo segundo paréceme más cierto que lo primero. Porque, dígase lo que
se quiera, el trabajador manual —y aún más el intelectual— son en el fondo
animales tristes y soberanamente aburridos. Pero descartemos reflexiones
impertinentes.
Con el alba pasó, al fin, aquella racha de locura y
desenfreno. Ya entrada la mañana, y aliviado un tanto de los efectos del
insomnio, participé mi llegada al honorable Rector de la Clark
University, el ilustre psicólogo y educador G. Stanley Hall. Poco después
vino á saludarme y á ponerse á mis órdenes el simpático Secretario y profesor
de la Universidad, mozo de tanta cultura como bríos, según demuestra el suceso
siguiente:
Encargada la busca de un carruaje y avisado el
cochero para que, conforme á usanza americana, acomodara el equipaje en el
vehículo, atajóme cortésmente el elegante Secretario con estas inesperadas
frases:
—¡No vale la pena de molestar al cochero!... Aquí
estoy yo para cargar con el baúl.
[p. 369]Y sin oir nuestros ruegos, el flamante
funcionario ladeó garbosamente su inmaculada chistera, y haciendo alarde de
vigor y agilidad insospechables, bajó en un santiamén el baúl-mundo y la maleta
(en junto pesaban cerca de 90 kilos) y los acomodó diestramente en el coche.
Azorada estaba mi mujer al contemplar las manchas
de polvo y los inelegantes pliegues que tan precipitada y ruda faena habían
producido en la irreprochable levita. Y exclamó:
—Pero ¿por qué se ha molestado usted? Eso es cosa
del camarero...
—No —replicó el atildado gentleman—;
esto es obligación de todos. Vivimos en América, patria de la democracia, donde
nadie toma á bochorno ó á deshonra el trabajo manual. Aquí sólo reconocemos la
nobleza del talento y del saber...
He aquí una excelente lección de legítima y sana
democracia. Convengamos, empero, en que tan persuasiva propaganda no está al
alcance de todo el mundo. No basta abandonar aristocráticos humos y señoriles
melindres; hacen falta también músculos de acero.
Guiado por el Secretario, el carruaje nos condujo á
casa del huésped, opulento prócer, entusiasta protector de la Universidad y
prototipo de esa especie de filántropos patriotas de que solamente en
Inglaterra y en los Estados Unidos se dan perfectos ejemplares, quiero decir
limpios de egoísmo confesional y de sectarismo político.
Nuestro patrón Mr. Stephen Salisbury, vivía casi
modestamente, si se tiene en cuenta su gran fortuna, que consagraba á obras de
civismo, cultura y beneficencia. Inspirándose en sentimientos de tolerancia y
altruísmo que sorprenderían á nuestros orondos y fanáticos ricachos, fundó dos
hospitales con sendas iglesias: uno para protes[p. 370]tantes (él profesaba la
religión reformada) y otro para católicos. Además, para deleite y enseñanza de
sus conciudadanos, erigió un suntuoso Museo de Arte, cuyo palacio, así como la
mayoría de los cuadros, regaló al Municipio; donó al pueblo cierto parque
dilatado, valuado en millones, y, además, pasaba por ser, según dejo dicho, uno
de los más devotos y generosos protectores de la Clark University,
donde costeaba cátedras é instituía premios. ¡Qué hombres!...
El benemérito Mr. Salisbury descendía de un noble
inglés arribado á América con los primeros conquistadores, y moraba en cómoda
villa, donde, ocioso es decirlo, nos alojó y trató á cuerpo de rey. Frisaba
nuestro huésped en los sesenta y cinco, y permanecía soltero, por horror, nos
decía, á la mujer americana, cuyas tendencias varoniles y excesiva libertad de
movimientos (la locura feminista culminaba entonces) repugnábanle
invenciblemente.
Había viajado por España y chapurreaba algo el
español. Por cierto, que al recordar las picantes aventuras de sus viajes por
Andalucía y encarecer la gracia y donaire de las hembras de Cádiz, Sevilla y
Granada, solía decirnos que en España «sólo las mujeres tienen talento». Á sus
ojos, nuestros hombres resultaban deplorablemente insignificantes.
—Me complazco, exclamaba á veces, en alojar en mi
casa á un español dotado de sentido común...[183].
[p. 371]
En el adjunto grabado (fig. 87) reproduzco la
fotografía de Mr. Salisbury y de sus dos huéspedes españoles, hecha por un
ayuda de cámara aficionado al arte de Daguerre.
En su afán de sernos agradable y de que mi esposa
pudiera penetrar en la grata intimidad del home americano, Mr.
Salisbury tuvo la bondad de presentarnos á una de sus amigas, Mistress Lawton,
señora viuda (uno de sus hijos se había batido en Cavite contra España), dotada
de positivos talentos musicales. Conocía algo el español y para poder intimar
con mi mujer, reforzó aquellos días su escaso léxico merced á trabajo
supraintensivo. Juntas y convertidas en cordiales amigas, visitaron asilos,
iglesias católicas y hospitales (en uno de los cuales la madre de Mrs. Lawton,
con ese noble altruísmo tan general en América, había legado la renta necesaria
para costear una sala), el Club de las señoras, con magníficos
salones de conversación y lectura, los grandes bazares de la ciudad, etc. Como
muestra de los deliciosos y cómodos hoteles habitados por[p. 372] la clase
media americana, reproduzco en la figura 88 la mansión de la citada señora.
Fig. 87.—Mr. Stephen Salisbury y sus huéspedes
españoles.
Yo encontré también para mis correrías artísticas y
pintorescas mentor muy amable y solícito en cierto profesor ruso de
matemáticas, algo estrafalario, que lucía espléndida melena rubia tendida hasta
la cintura. Enamorado de España, se perecía por hablar nuestra lengua, de la
que hacía calurosos elogios. Su facilidad para los idiomas era portentosa. Con
sólo dos meses de estancia en Granada, había aprendido el español sin olvidar
el francés, el ruso, el polaco, el alemán y el italiano, que hablaba á la[p. 373] perfección.
Su indumentaria, algo estrambótica, corría parejas con su fluvial y romántica
melena; pero en aquel ambiente de amable tolerancia nada chocaba. Le amparaba,
además, su gran competencia en la teoría de los números.
Fig. 88.—Hotel de Mrs. Lawton, en Worcester. Tipo
de las deliciosas casitas habitadas por la clase media americana.
Los días 4 de Julio y siguientes hasta el 10,
fueron consagrados á las fiestas de la Decennial Celebration.
Consistieron en recepciones oficiales, banquetes, giras á los Establecimientos
docentes y á los alrededores pintorescos de la ciudad y, en fin, en las
Conferencias científicas á cargo de profesores americanos y extranjeros. Un
público selecto, llegado de todos los Estados de la Unión, congregóse en
la Clark University, asistiendo asiduamente á las lecciones.
Las mías, en número de tres, versaron sobre
la Estructura de la corteza cerebral del hombre y mamíferos supe[p.
374]riores, tema que, según dejo apuntado, había sido objeto de mis
investigaciones durante los años 1898 y 1899. En mi público figuraban
principalmente médicos, naturalistas y psicólogos. Deseando demostrar
gráficamente mis recientes hallazgos en tan difícil dominio, ayudéme, según
costumbre, de grandes cuadros murales policromados. Para los iniciados en la
técnica neurológica, reservé algunas sesiones de exhibición de preparaciones
micrográficas. Creo que acerté á satisfacer la expectación de mis oyentes; en
todo caso, fuí bastante aplaudido.
Fig. 89.—Edificio central de la Universidad de
Clark.
El texto de las citadas Conferencias, reunido con
el de todas las pronunciadas durante las fiestas, imprimióse á expensas de la
Universidad, en lujosísimo volumen, primorosamente encuadernado[184]. Al frente
de cada serie de lecciones figuraba el retrato del profesor.
[p. 375]La Sesión de clausura,
celebrada el 10 de Julio, fué muy solemne. Leyéronse en ella expresivas cartas
de congratulación del Presidente de la República, Mr. MacKinley, de varios
conspicuos miembros del Senado y, en fin, de muchos sabios ilustres nacionales
y extranjeros; pronunció el Rector G. Stanley Hall, elocuente oración, en la
cual, después de narrar la historia de la Universidad, enumeró los trabajos
científicos realizados y trazó el programa de los futuros desarrollos. Siguió
luego una especie de sermón de tonos elevados, pronunciado por el reverendo Dr.
De Vinton; y, por último, previos los sendos encomios de ritual, fuimos los
cinco profesores extranjeros investidos ceremoniosamente del grado de
doctor honoris causa (Doctor en Derecho, según reza el
diploma), acabando el acto con breves discursos de gracias.
El papel de huésped, más ó menos ilustre, resulta
en América singularmente comprometido. Los yankis no se contentan con aprender
del forastero; desean además ser juzgados por él. Velis nolis, no
tuvimos más remedio que improvisar respuestas á las siguientes delicadas
interrogaciones:
¿Qué defectos halla usted en nuestras Instituciones
docentes? ¿Tendría usted la bondad de señalar las reformas urgentes ó las
medidas encaminadas á perfeccionar la obra de nuestra Universidad?
Claro es que rindiendo culto á la cortesía y á
impulsos de la gratitud, nuestros juicios fueron incondicionalmente
encomiásticos; sin embargo, al través del follaje retórico, apuntaban también
algunas reformas útiles. Yo propuse para el cuadro de enseñanza de la
Universidad, dos novedades: la creación de laboratorio de Investigaciones
bacteriológicas y la de otro de Histología y Patología experimentales.
[p. 376]Mas en esto de las encuestas tuve
peor suerte que mis compañeros. Mi calidad de español me constituía en blanco
preferente de los reporteros políticos. Las periodistas, sobre todo, me
asediaban día y noche. Querían saber de mí —¡ahí es nada!— los inconvenientes ó
las ventajas que para los Estados Unidos podrían derivarse de la anexión de
Cuba, Puerto Rico y Filipinas. ¡Era como mentar la soga en casa del ahorcado!
Salí del paso como pude de tan inoportunos
entrometimientos, no sin incurrir, á causa quizás del mal humor, en bastantes
ligerezas. ¡Espantado quedé al leer en los periódicos locales mis declaraciones
políticas!...
Y menos mal que conseguí evitar á mi esposa los
asaltos de aquellas implacables reporteras (solteronas típicas y genuinos
representantes de lo que Ferrero llamó el tercer sexo), resueltas á
sonsacar á ultranza la opinión de Mistress Cajal, tanto sobre el feminismo
teórico, como sobre el estado en que se encontraba en nuestra patria la campaña
de la emancipación de la mujer.
—En nuestro país —les respondí— vivimos por
desgracia tan atrasados, que las mujeres se contentan todavía con ser femeninas y
no feministas. Y al parecer, ello les basta para su felicidad y la
del hogar.
Por no abusar de la paciencia del lector, omitiré
los festejos, recepciones, festines y agasajos de todo género, de que fuimos
objeto, tanto los huéspedes extranjeros como los representantes de las
Universidades americanas, de parte del ilustre Rector y de los simpáticos
profesores de la Clark University. Por lo que á mí toca, fuera,
empero, ingratitud no consignar las atenciones y delicadezas que merecí á Mr.
A. Gordon Webster, ilustrado profesor de Física, en cuyo hogar tuve el honor de
conocer á la genuina mujer americana, culta, fuerte, hacendosa y exen[p. 377]ta
de enfadosos feminismos; y al Dr. A. Mayer, ferviente admirador y compatriota
de A. Forel, en compañía del cual gusté el placer de visitar los principales
establecimientos de beneficencia, y particularmente un magnífico Hospital
consagrado al tratamiento de las enfermedades nerviosas y mentales; Hospital
donde, por cierto, pude apreciar los inestimables servicios prestados por las
señoritas enfermeras, jóvenes bien educadas, instruídas en los elementos de la
medicina, y que sustituyen allí ventajosamente á nuestras hermanas de la
Caridad.
Mi despedida de Worcester fué precedida de un
episodio, vulgar sin duda en toda fiesta celebrada por jóvenes en tierras
anglosajonas, pero que á mí me produjo profunda impresión.
Habíamos pasado un día en el campo, á la orilla de
un lago pintoresco que sirve de depósito á las aguas potables de la ciudad; y
al final de un banquete, á que asistieron profesores y estudiantes, para poner
remate á los brindis entusiastas, todos los comensales ingleses y americanos
—pasaban de 100— pusiéronse de pie y, con voz robusta y vibrante entonaron
acordes, primero el himno americano y después el inglés God save the
Queen. En el silencio y la obscuridad de la noche, aquellas estrofas
alzadas briosamente de todas las gargantas, sonáronme á sublime cántico
religioso. ¡Profundamente conmovido, mi corazón latía con violencia, un
calofrío sacudió mi piel y mis lágrimas estuvieron á punto de correr!...
El espectáculo era tan emocionante como
instructivo. Aquellos mismos hombres, que momentos antes charlaban y reían con
esa sana alegría, inequívoco signo de fortaleza y optimismo, acordáronse todos,
antes de separarse, de que eran hijos de una misma madre, la noble Albión, y de
que debían, por tanto, sentirse hermanos en espíritu y co[p. 378]razón...
¿Quién conoce el himno patriótico de la raza hispana?
Entonces comprendí muchas cosas. Y mejor que en el
decantado libro de Des Moulins, advertí en qué consiste la
decantada superioridad del pueblo anglo-sajón. Artífices de su grandeza son,
ciertamente, la robusta mentalidad y la rectitud y energía de carácter.
Considero, sin embargo, como principales resortes dos cosas totalmente descuidadas
en España y en los países de nuestra estirpe: la educación del patriotismo y la
inoculación intensiva del espíritu de solidaridad.
Fig. 90.—Las cataratas del Niágara vistas desde la
orilla yanqui.
Ciencia, cultura superior, austeridad
administrativa, orgullo ciudadano, heroísmo militar, etc., representan
transformaciones de una misma energía primordial, el amor de la raza.
En los felices países de lengua inglesa aparece el patriotismo como algo
profundamente místico, como un fanatismo religioso inoculado en la niñez y
fortalecido después por la educación política.
[p. 379]Antes de mi regreso á España visité algunas
ciudades americanas, é hice también, á título de turista y de cultivador
del Kodak, la inevitable excursión á las maravillosas cataratas del
Niágara. Narradas, encomiadas y fotografiadas hasta la saciedad, fuera ahora
imperdonable impertinencia detenerme á describirlas.
Para amenizar y adornar el texto, doy aquí dos de
las instantáneas de mi copiosa colección (figs. 90 y 91).
Fig. 91.—El brazo principal de la catarata
contemplado desde la orilla canadiense.
Entre las grandes urbes visitadas durante mi
estancia en América, guardo, sobre todo, vivo recuerdo de Boston, capital del
Estado de Massachusetts, la región más poblada y exquisitamente
culta de los Estados Unidos.
Sincera admiración y noble envidia prodújome la
visita á la Harvard University.
Cautiváronme sus maestros, alguno tan preclaro como
el profesor S. Minot, de renombre mundial y de quien, dicho sea de pasada, tuve
el honor de ser guiado al través del inacabable dédalo de los palacios
universitarios. Estos espléndidos edificios ocupan área enorme de la
populosa[p. 380] barriada de Boston, llamada, en recuerdo de la célebre
Universidad inglesa, barrio de Cambridge.
Fig. 92.—El Memorial Hall (Universidad
de Harvard) donde los estudiantes celebran sus reuniones. Fachada principal del
grandioso edificio.
Imposible describir aquí estas admirables
Instituciones, casi todas fundadas y sostenidas por los donativos de hijos
preclaros de la ciudad ó de discípulos agradecidos á las enseñanzas del Alma
mater. Me limitaré á citar: la magnífica Facultad de Medicina con
sus ricas colecciones anatomo-patológicas (Warren Anat. Museum) y sus
excelentes Laboratorios de investigación; la Facultad de Ciencias,
con el bien organizado Jefferson Physical Laboratory; el Museo
de la Universidad, enorme construcción que contiene las colecciones donadas
por los célebres naturalistas Agassiz, padre é hijo; el Peabody Museum,
inestimable colección arqueológica; el Hemenway Gymnasium, suntuosa
construcción regalada á los estudiantes por[p. 381] un acaudalado
ciudadano de Boston; la Biblioteca de la Universidad (University Library),
palacio grandioso donde estudiantes y profesores se reunen para consultar no
sólo los libros científicos, sino las revistas más importantes publicadas en el
mundo; los numerosos y suntuosos Colegios (pasan de 70), donde, á usanza
inglesa, moran los estudiantes, vigilados por profesores é instructores
especiales; los extensos campos de instrucción militar, de juegos de tennis,
de balompié, etc., destinados no tanto á la formación física de los colegiales,
cuanto á la educación de la energía. Y, en fin, para acabar la lista (completa
ocuparía varias páginas), citemos el soberbio Memorial Hall,
artístico y monumental palacio cuajado de estatuas de hombres célebres,
adornado con retratos de bienhechores de la Universidad y de inscripciones
clásicas griegas, latinas é inglesas, edificado en memoria de los estudiantes
muertos en[p. 382] la terrible guerra de Secesión: en sus dilatadas salas
celébranse las Juntas de estudiantes, compran éstos por módico precio sus
refrigerios y reciben —y esto es lo más delicadamente espiritual— con la
contemplación de los héroes legendarios de la raza y la meditación de sus
dichos y máximas, lección permanente de elevado y confortador patriotismo.
Fig. 93.—Librería de los Colegios (Gore Hall) de la
Universidad de Boston.
Particularmente instructiva fué también mi visita á
la Biblioteca de la ciudad de Boston, acaso la más copiosa y mejor organizada
del mundo. Á pesar del dédalo inacabable de salas, corredores, ferrocarriles
aéreos por donde circulan los libros; no obstante la legión de empleados,
linotipistas, impresores y encuadernadores, etc., á despecho, en fin, del
ímprobo trabajo que supone disponer, clasificar y catalogar varios millones de
libros, folletos y periódicos, el servicio resulta tan rápido y bien ordenado,
que pocos minutos después de hecho un pedido, llega el volumen á las manos del
lector. Á ruegos de mi[p. 383] acompañante hice la prueba, demandando
cierto ejemplar de las primeras ediciones del Quijote, conservado
allí cual joya inestimable. Trascurridos apenas tres minutos, entregáronme el
precioso ejemplar. Advertí también, contra mis presunciones, que dicha
Biblioteca es muy rica en libros españoles, antiguos y modernos, conservándose
hasta colecciones de nuestros principales periódicos.
Fig. 94.—Escuela médica de Boston (Pabellón
Central).
Y á propósito de la Prensa española y aunque
amargue algo el recuerdo, apuntaré cierta observación del amable Bibliotecario,
por cierto persona cultísima, conocedora del español y del tesoro de nuestros
clásicos (había estado dos años pensionado en Madrid, escudriñando nuestros
archivos y bibliotecas), que tuvo la bondad de mostrarme todas las dependencias
del famoso Establecimiento.
Llegados á la sala de los periódicos extranjeros,
detú[p. 384]vose de pronto, y haciendo una mueca de disgusto, señalóme dos
diarios españoles de gran circulación y cierto periódico satírico, extendidos
sobre una mesa.
Fig. 95.—Comedor de estudiantes del Memorial
Hall, de Boston.
—¡Esos periódicos —exclamó— son responsables de la
mitad de la culpa de la pasada guerra! ¡Nos provocaron imprudentemente,
calificándonos de mercachifles, choriceros y cobardes!...
¡Telegrafiados, traducidos y comentados tan soeces insultos por nuestra Prensa,
causaron profunda indignación hasta en los amigos y admiradores de España,
entre los cuales tenía yo la honra de contarme!...
¡Qué pena oir tales censuras y tener que reconocer
su justicia!...
Terminadas mis excursiones, tomé la vuelta de Nueva
York, á fin de disponer el viaje de regreso. Debiendo aguardar algunos días la
llegada del vapor, procuré aprovecharlos, estudiando mejor las Instituciones
docentes y cu[p. 385]rioseando las novedades y atracciones industriales de la
grandiosa urbe neoyorquina.
Fig. 96.—Vista de conjunto de la Universidad de
Columbia de Nueva York; el edificio central es la biblioteca.
Mi primera visita fué para la Columbia
University, enorme agrupación de magníficas y amplias construcciones donde,
aparte los edificios destinados á la enseñanza, figuran: copiosa biblioteca,
situada en el centro, según aparece en el dibujo adjunto; la capilla, el
gimnasio, el teatro académico, salones de lectura, colegios, Museo de Historia
natural, campos de juegos, etc. En otras barriadas de la ciudad álzanse la
Facultad de Medicina y la de Farmacia, con admirables Laboratorios,
bibliotecas, colegios, y en fin, la Universidad de Nueva York ó University
Heights, como allí la llaman, ilustrada por el célebre profesor Morse,
inventor del telégrafo de su nombre. Fuera interminable describir estas
admirables fundaciones debidas, como la mayoría de las Instituciones docentes
americanas, á la munificencia particular.
Objetos de mi atención fueron también los
pintorescos alrededores de Nueva York y muy singularmente la famosa Escuela
militar de West Point, edificada en una altura, con espléndido
panorama sobre el Hudson. En esta Academia modelo, aislada y alejada de las
distracciones y vicios de la ciudad, llevan los cadetes austera vida
conventual, de estudio intensivo y de recia vigorización muscular; austeridad
mitigada por la visita de sus familias y las de muchas personas de la buena
sociedad neoyorquina, que, en determinados días del mes, toman parte en las
fiestas íntimas de la Escuela, conversan amablemente con los jóvenes oficiales
y les dan la impresión halagadora de que son los hijos predilectos de la patria
y la esperanza de su futuro engrandecimiento.
Quise conocer también las nuevas invenciones
industriales del pueblo más genialmente dotado para el cultivo[p. 386] de
la mecánica, y comprobar de paso los nuevos perfeccionamientos del fonógrafo y grafófono,
con las mejoras introducidas en el genial invento de Edison por el italiano
Bettini. Según se verá, mi curiosidad en este punto envolvía algún interés
personal. Aunque ello parezca extraño, quien esto escribe, incubaba también,
por entonces, cierto perfeccionamiento de la máquina parlante. Según achaque de
todos los inventores, seres radicalmente egoístas, deseaba yo que el
instrumento se mantuviera invariado é inmóvil sobre los principios propuestos
por el célebre mago de Mungo-Park.
Mas para justificarme, necesito retroceder en mi
relato y hacer una digresión que sabrá dispensarme el lector en gracia de la
moraleja que encierra. Allá por los años 1895 y 1896, el fonógrafo de Edison y
sus variantes (el grafófono de cierta casa de Washington y los
famosos diafragmas amplificadores de Bettini), hacían furor en
Madrid. Gracias á la propaganda activa del francés M. Hugens, y sobre todo á
las facilidades de venta de la casa Aramburo, que era como el casino de los
cultivadores del cilindro, la afición á la fonografía cundió cual epidemia,
atacando aun á los que, como yo, fueron siempre refractarios á los encantos de
la música. El invento de Edison nos proporcionó, sin duda, deliciosas veladas
invernales; pero nos llevó también á cometer muchos abusos. Sin la menor
aprensión acometíamos á los artistas eminentes, cuya bondad poníamos á prueba
obligándoles á impresionar romanzas, canciones y parlamentos cómicos. Recuerdo
que en compañía del simpático Pepe Zahonero —un águila en el arte de seducir cómicos,
poetas y parlamentarios—, llevamos nuestra impertinencia hasta abordar al
famoso Romero Robledo, quien lleno de bondad honró nuestra bocina declamando
trozos de sus discursos, entre otros, uno pronunciado[p. 387] en defensa
de la Duquesa de Castro-Enríquez, considerado por él como el mejor de sus
éxitos parlamentarios[185].
Pero las máquinas parlantes de entonces adolecían
de un grave defecto. Los aficionados al fonógrafo recordarán que, cuando se
impresionaba débilmente la cera del cilindro receptor, la voz se reproducía con
timbre y modulación casi naturales, pero con gran tenuidad de volumen,
justificándose la frase de Letamendi, que llamaba al fonógrafo el conejo
parlante. Si, por el contrario, deseando intensificar la impresión, se
cantaba ó hablaba cerca de la bocina, la voz resultaba chirriante, estridente é
insoportable para todo oído delicado.
Previo análisis minucioso de las condiciones
físicas de tan desagradable defecto[186], ocurrióseme
la idea de que[p. 388] si el zafiro grabador, en vez de inscribir la
ondulación sonora en el sentido de la profundidad, pudiera desarrollarla en
plano, trazando sobre placa de cristal ó metal raya continua ó sinuosa, sería
dable intensificar poderosamente el sonido, mejorar la pureza del timbre y, en
fin, descartar ó aminorar al menos el desapacible estridor.
Entusiasmado con la idea encargué á un maquinista
inhábil (á falta de mecánico de precisión) la construcción de mi fonógrafo de
disco, mientras ensayaba métodos prácticos de moldear en gelatina, cera ó
celuloide. Por desgracia, el aparato, si confirmó plenamente el nuevo principio
de inscripción y las ventajas presupuestas, funcionaba deplorablemente. Y
solicitado por más apremiantes ocupaciones, olvidé el desdichado artefacto, que
arrumbé en el desván en espera de un mecánico capaz de comprenderme[187].
Pues bien; el aparato imaginado por mí, y en parte
construído durante los años 1895 y 1896, me lo encontré flamante y recién
lanzado al público con el nombre de gramófono en cierto
comercio de Nueva York. Divulgado después por el mundo entero y explotado por
la Sociedad Americana del Gramophone y sus hijuelas de Europa,
di[p. 389]cho aparato sirvió de base á un negocio espléndido, cifrado en
muchísimos millones.
No por vanidad pueril refiero estas cosas, sino
para que mis lectores biólogos, médicos ó naturalistas, aprendan á mi costa á
no malgastar el tiempo persiguiendo invenciones fuera del círculo de la propia
competencia. Al abandonar el tajo habitual chocamos siempre con el escollo de
ignorar ó de conocer somera ó incompletamente los antecedentes bibliográficos é
industriales (patentes de invención registradas, etc.) del asunto, así como la
labor intensa y sigilosa desarrollada por hábiles ingenieros á sueldo de los
grandes establecimientos industriales de Europa y de América.
En condiciones tales —agravadas todavía en nuestro
país por la casi imposibilidad de hallar talleres donde se construyan
instrumentos delicados y de gran precisión—, el invento acariciado, caso de
realizarse plenamente, suele llegar al mercado con deplorable retraso, y
siempre con mengua de nuestras energías é intereses.
[p. 390]Por otra parte, conviene desconfiar mucho
de las invenciones de sentido común. ¡La lógica es don tan corriente, tan
generosamente repartido! Y aunque sea humillante para el orgullo del
investigador, fuerza es confesar que sólo los hallazgos casuales son completa y
absolutamente nuestros. ¡Precisamente aquellos en que menos parte hemos
tomado!...
[p. 391]
CAPÍTULO XVI bis
Aquejado de una crisis cardíaca, resuelvo vivir en
el campo, donde organizo mi Laboratorio. — En mi casita de Amaniel sorpréndeme
la noticia de la concesión del premio internacional llamado de
Moscou. — Felicitaciones calurosas de los amigos y compañeros, homenajes
entusiastas de los discípulos y fiesta conmemorativa en la Universidad. — Mi
discurso á la juventud en la solemnidad académica. — Por iniciativas de la
Prensa, el Gobierno acuerda crear un Laboratorio de investigaciones biológicas.
— Algunos trabajos emprendidos durante el bienio de 1900 y 1901.
l año de 1900 ocurrió un suceso que tuvo
capital influencia en mi porvenir científico. El Congreso internacional
de Medicina, reunido en París, tuvo la bondad de adjudicarme el importante
y codiciado premio internacional (6.000 francos). Instituído
por la ciudad de Moscou para conmemorar el Congreso médico celebrado pocos años
antes en tal ciudad, dicho galardón debía otorgarse al trabajo médico ó
biológico más importante publicado en el mundo entero, durante cada trienio ó
intervalo entre dos Asambleas médicas. Y á propuesta del Dr. Albrecht, de
Viena, y con el voto unánime de los miembros del Comité directivo,
se convino en galardonar con él mis modestas investigaciones. En la misma
sesión acordóse también celebrar en Madrid el siguiente Congreso de 1903.
[p. 392]Según refirieron testigos presenciales, el
entusiasmo de los delegados y congresistas de los países latinos fué grande y
sincero. Los plácemes á nuestros representantes oficiales y los vivas á España
atronaban la sala. En nombre de nuestro país y de la ciencia española, el Dr.
Calleja, balbuciente de emoción, pronunció elocuente y sentidísimo discurso de
gracias. Fué casi —permítaseme lo excesivo del comentario— una fiesta cordial
de la raza hispana; porque del inesperado triunfo se congratularon, con noble y
generosa unanimidad, todos los congresistas de España y de las Repúblicas
hispano-americanas.
Cuando allá por el mes de Agosto de dicho año,
sucedía esto en París, hallábame yo veraneando en mi recién construída casita
de los Cuatro Caminos, prosiguiendo tranquilamente mis atrayentes exploraciones
sobre la estructura cerebral.
Aunque el hecho carezca de importancia, permítaseme
explicar por qué escogí para la edificación de mi casa de campo un barrio
pobre, habitado casi exclusivamente por obreros.
Durante el otoño é invierno de 1899, mi salud
dejaba harto que desear. Invadióme la neurastenia, acompañada de palpitaciones,
arritmias cardíacas, insomnios, etc., con el consiguiente abatimiento de ánimo.
Semejantes crisis cardíacas atacan frecuentemente á las personas nerviosas
fatigadas, sobre todo durante esa fase de la vida en que declina la madurez y
asoman los primeros desfallecimientos precursores de la vejez. Fuera de que mi
carácter, aun en las épocas de salud floreciente, propendió siempre, según dejo
dicho, á la soledad y al recogimiento. Yo he sido siempre un melancólico, empeñado
en conquistar la alegría y el sueño con la cháchara jovial del café y con las
fatigas y emociones del Laboratorio. Naturalmente, mis[p. 393] dolencias
agriaron aun mi natural triste é hipocondríaco. Y, por reacción fisiológica y
moral, acometióme violenta pasión por el campo. Todo mi afán cifrábase en
disponer de quinta modesta y solitaria, rodeada de jardín, y de cuyas ventanas
se descubrieran, de día, las ingentes cimas del Guadarrama, y de noche, sector
celeste dilatadísimo, no mermado por aleros ni empañado por chimeneas. Aparte
la ansiada ración de infinito, deseaba oponer á mi spleen,
á guisa de contraste sentimental, la oleada de bulliciosa alegría que se
desborda los domingos y tardes soleadas desde las guardillas de Madrid hasta
los democráticos merenderos de Amaniel. Allí, lejos del tumulto cortesano,
trabajaría á mi sabor durante los meses estivales, rodeado de árboles y flores
y en medio de un vivero de animales de Laboratorio —las pobres víctimas de la
Ciencia—, amén de los humildes seres que gratuita y pródigamente nos ofrece
cualquier cercado (lagartijas, lombrices, orugas, caracoles, etcétera). Allí,
en fin, sumergido en aquella calma sedante, aplacaríanse mis nervios y tejería
en paz la tela de mis ideas.
Poco hay que escoger en los alrededores de Madrid
para nido de un espíritu romántico, enamorado de cuadros pintorescos. Sólo las
frondosas hondonadas y las vertientes vecinas del puente de Amaniel, con
espléndidas vistas á la Moncloa, al Guadarrama y á El Escorial, prometían
adecuado marco á mi casita, que á ser posible hubiera emplazado en lo alto del
Guadarrama.
Compré, pues, en dicha barriada de los Cuatro
Caminos huerta no muy extensa, y mandé construir modesta quinta, circundada de
jardín, emparrado é invernadero liliputienses, escalonados en cuesta y
expuestos al sol del mediodía. Y procediendo á lo temerario puse todos mis
ahorros en la obra. Los libros de texto, tan maldecidos por el pa[p. 394]dre de
familia, y obsesión permanente del Marqués de Villaviciosa —conste que los míos
se vendían á 30 reales—, transfiguráronse en ladrillos y baldosas y sublimáronse
después en flores, frutas, abejas y palomas.
Mi curación honró poco á la Farmacopea. Una vez más
triunfó el mejor de los médicos: el instinto, es decir, la incansable vis
medicatrix. Porque luego de instalado con la familia en la campestre
residencia, mi salud mejoró notablemente. Al fin alboreó en mi espíritu, con la
nueva savia, hecha de sol, oxígeno y aromas silvestres, alentador optimismo. Y,
por añadidura, llovieron sobre mí impensadas satisfacciones y venturas.
Fué, pues, como decía antes, en mi modesto cigarral
de Amaniel, situado en la calle de Almansa y frontero del canalillo (que con
sus puentes rústicos y algo de imaginación evocan los románticos canales de
Venecia), donde me sorprendieron el sentido telegrama de felicitación del
doctor Calleja y las benévolas y esperadas ampliaciones noticieriles de la
Prensa.
Grande fué mi alegría al recibir la fausta nueva y
más al advertir que la honra venía acompañada de algunos miles de francos,
dádiva no despreciable para un bolsillo exhausto. «Ce qui ne gâte rien»
como dicen los franceses. Y quedaran colmadas las medidas del deseo, si deberes
elementales de cortesía no me hubieran obligado á contestar á miles de
telegramas de felicitación, tarjetas postales y cartas congratulatorias. Aquel
chaparrón de plácemes —cordialmente agradecidos, naturalmente— duró más de un
mes, obligándome á aplazar sine die mis favoritas ocupaciones
y á exprimir mi pobre magín —casi vacío de fórmulas corteses— en aderezar y
matizar en lo posible las obligadas expresiones de agradecimiento y las
inevitables manifestaciones de modestia.
[p. 395]Entre las felicitaciones, debo recordar,
por la calidad de sus autores, el sentido telegrama de S. M. la Reina Cristina;
la carta afectuosa del Presidente del Consejo de Ministros, D. Francisco
Silvela; la no menos cariñosa del Ministro de Fomento, el Mensaje del
Ayuntamiento de Zaragoza, etc., etc. Ni es lícito pasar por alto los artículos
encomiásticos de la Prensa política y profesional. En mi memoria viven, con
rasgos indelebles, la elocuente biografía escrita para el Heraldo por
mi eminente compañero, el Dr. Amalio Gimeno; la primorosa Crónica de El
Imparcial ofrendada por Mariano de Cavia, el maestro del buen decir y
del patriótico pensar; los artículos laudatorios de El Liberal, La
Época y La Correspondencia, etc.; y, en fin, cierto
panegírico, tan entusiasta como cariñoso, inserto por mi amigo el Dr. Márquez
en un periódico médico.
Y omito la visita de Comisiones, los banquetes
oficiales, los homenajes privados[188], los ágapes
de los amigos.
Aun pecando de prolijo, séame permitido mencionar
todavía algunas distinciones y consagraciones oficiales.
S. M. la Reina me agració, por iniciativa del
Gobierno, con la Gran Cruz de Isabel la Católica, cuyas insignias
costearon generosos los estudiantes de la Facultad de Medicina, en la cual,
dicho sea de pasada, se celebró solemne sesión conmemorativa. Meses después se
me concedía la Gran Cruz de Alfonso XII y se me nombraba
Consejero de Instrucción pública.
[p. 396]Pero el homenaje de que guardo más profundo
agradecimiento fué la fiesta académica celebrada, meses después, en el
paraninfo de la Universidad, con asistencia de los profesores y alumnos. En
ella pronunciaron elocuentes y sentidísimos discursos el Ministro de Fomento,
que se dignó honrar el acto con su presencia; el Rector, Sr. Fernández y
González; y, en fin, D. Julián Calleja y D. Alejandro San Martín.
Mi ingénita cortedad sufrió entonces durísima
prueba. Aquel chaparrón de elogios exagerados, en cuyo fondo latía noble
sentimiento de patriótico regocijo, me emocionó profundamente. Previendo que,
en tan difíciles circunstancias, mi corazón habría de paralizar mi pobre
palabra, dí las gracias en discurso escrito, que fué bastante celebrado y
mereció la honra de ser reproducido, acompañado de agradables comentarios, por
la Prensa política y profesional.
He aquí los principales párrafos de esta oración,
que reproduzco porque, además de contener algunos datos autobiográficos
(motivos de mi actuación científica, etc.), reflejan con bastante fidelidad los
anhelos fervientes de resurgimiento intelectual que el reciente infortunio
nacional había despertado en la juventud universitaria española:
«Señores: El homenaje tan cariñoso como sincero que
el Claustro de la ilustre Universidad de Madrid, presidido por el jefe supremo
de la enseñanza y dignísimo representante del Gobierno de S. M., ha querido
rendirme en el día de hoy, me coloca en un trance apuradísimo. La más elemental
cortesía me obliga á mostrarme agradecido á la inusitada honra que me
dispensáis; pero me impone también, con la obligación de contestaros, un
sosiego de espíritu y una quietud del corazón, de todo punto incompatibles con
la solemnidad del acto y su extraordinaria significación en mi vida
profesional. Permitidme, pues, que en esta ocasión, rompiendo con la cos[p.
397]tumbre, para evitar la emoción paralizante de la palabra hablada, recurra á
la palabra escrita. El cerebro turbado por la emoción es como el lago agitado
por la tormenta: éste no refleja bien las estrellas del cielo y los árboles de
sus orillas; aquél no acierta á traducir las ideas y los sentimientos surgidos
en la mente. Existen sin duda ánimos de tal temple, que saben sentir y pensar á
un tiempo; yo tengo, desgraciadamente, el cerebro esclavo del corazón, y sólo
me permito pensar á hurtadillas de éste.
Sírvanme, pues, estas cuartillas de antifaz que
oculta semblante demudado ó descompuesto. Parapetado tras de ellas, os diré sin
más preámbulos, que vuestros sinceros y entusiastas plácemes me llegan á lo más
vivo é íntimo del alma, y que los inusitados testimonios de consideración y
simpatía con que os habéis complacido en enaltecerme y confundirme, quedarán
grabados perennemente en mi memoria, en el archivo de los recuerdos sagrados,
junto á las placenteras memorias de la edad juvenil, y entretejidos con la
imagen adorada de mi madre.
... Exageráis sin duda el alcance de mis trabajos y
la fortuna de mi obra científica. No rayan tan alto ni van tan lejos como
vuestra benevolencia imagina. Aunque bien se me alcanza que lo extremado de
vuestros encomios encamínase á fin más alto: al premiar al modesto investigador
de hoy, habéis querido sobre todo estimular la investigación científica del
mañana. Con patriótica previsión os proponéis, sin duda, lo que podríamos
llamar la ejemplaridad del aplauso. Patente hoy á los ojos de la
juventud estudiosa la generosidad del Gobierno y de la Universidad para
conmigo, cuantos sientan en sí el acicate de la emulación, podrán decir: «Si
esto se hace con Cajal, humilde explorador de la naturaleza viva, ¿qué no harán
con nosotros si alcanzamos la fortuna de igualar algún día á los más eminentes
impulsores del progreso científico?».
Habéis cariñosamente aludido á lo singular de mis
facultades y á lo peregrino de mis aptitudes para el cultivo de la Ciencia; y
en todo ello habéis mostrado más bondad que justicia. No soy en realidad un
sabio, sino un patriota; tengo más de obrero infatigable que de arquitecto
calculador... La historia de mis méritos es muy sencilla: es la vulgarísima
historia de una voluntad indomable resuelta á triunfar á toda costa. Al
considerar melancólicamente, allá en mis mocedades, cuánto habían decaído la
Anatomía y Biología en España y cuán escasos habían sido los compatriotas que
habían pasado á la historia de la Medicina científica, formé el firme pro[p.
398]pósito de abandonar para siempre mis ambiciones artísticas, dorado ensueño
de mi juventud, y lanzarme osadamente al palenque internacional de la
investigación biológica. Mi fuerza fué el sentimiento patriótico; mi norte el
enaltecimiento de la toga universitaria; mi ideal, aumentar el caudal de ideas
españolas circulantes por el mundo, granjeando respeto y simpatía para nuestra
Ciencia, colaborando, en fin, en la grandiosa empresa de descubrir la
Naturaleza, que es tanto como descubrirnos á nosotros mismos.
Lo conseguido constituye, por tanto, ofrenda de
amor á mi país, fruto del culto ferviente á la gloriosa aula española; pero
obra incompleta, mezquina, que deploro sinceramente sea tan inferior á vuestros
homenajes, tan desproporcionada con las tradiciones de la Universidad, y tan
indigna de los merecimientos de nuestro infortunado país.
... Harto modestos son los lauros conquistados; mas
si en algo los estimáis, bríndolos de todo corazón á la Universidad española,
como ofrenda del discípulo reverente al alma mater, y con ese noble
orgullo con que el soldado consagra á la Virgen, que le amparó en trances
difíciles, el humilde trofeo ganado en playas remotas.
Y bien miradas las cosas, os devuelvo lo que en
justicia os pertenece. Hijo soy de la Universidad; á ella le debo lo que sé y
todo lo que valgo; ella me enseñó á amar la Ciencia y á reverenciar á sus
cultivadores; ella me guió y alentó en mis primeros ensayos experimentales,
ofreciéndome generosamente, en la medida de sus pobres recursos, los medios
materiales para mis trabajos; ella, en fin, al mostrarme un pasado espléndido y
glorioso al través de un presente poco consolador, despertó en mi ánimo juvenil
la fibra del patriotismo, sugiriéndome la inquebrantable resolución de
consagrar mi vida á las tareas redentoras del Laboratorio, para reanudar en
suma, hasta donde mis fuerzas alcanzaran, la casi olvidada tradición de
originalidad de la Medicina española.
Afortunadamente, la Universidad española de hoy
siente ya ansias de vida y de renovación, y desea caminar resueltamente por la
vía del progreso. Revélase en algunos de sus maestros, atenidos antes á su
misión meramente docente, loable emulación por sacudir la tutela intelectual
extranjera, y por cooperar, con propio y personal esfuerzo, á la conquista
pacífica de la naturaleza y del arte. Por fortuna, nuestras aulas, calificadas
más de una vez de fortalezas de la autoridad de los textos y de la rutina del pensamiento,
se han abierto ya al oreo vivificador del espíritu crítico y[p. 399] del
pensar universal, y en ellas brilla con luz propia lucida pléyade de
estadistas, científicos, humanistas y literatos ilustres.
Prosigamos todos con ardor creciente en esta tarea
salvadora; trabajemos para que la Universidad sea lo que debe ser, tanto
fábrica de ideas como foco de educación y cultura nacionales.
Hoy más que nunca urge este supremo llamamiento al
heroísmo del pensar hondo y del esfuerzo viril. Me dirijo á vosotros, los
jóvenes, esperanza del mañana. En estos últimos luctuosos tiempos la patria se
ha achicado; pero vosotros debéis decir: «Á patria chica, alma grande». El
territorio de España ha menguado; juremos todos dilatar su geografía moral é
intelectual. Combatamos al extranjero con ideas, con hechos nuevos, con
invenciones originales y útiles. Y cuando los hombres de las naciones más
civilizadas no puedan discurrir ni hablar en materias filosóficas, científicas,
literarias ó industriales, sin tropezar á cada paso con expresiones ó conceptos
españoles, la defensa de la patria llegará á ser cosa superflua; su honor, su
poderío y su prestigio estarán firmemente garantidos, porque nadie atropella á
lo que ama, ni insulta ó menosprecia lo que admira y respeta.
He nombrado á la patria y deseo que, en tan solemne
ocasión, sea ésta la última palabra de mi desaliñado discurso. Amemos á la
patria, aunque no sea más que por sus inmerecidas desgracias. Porque «el dolor
une más que la alegría», ha dicho Renan. Inculquemos reiteradamente á la
juventud que la cultura superior, la producción artística y científica
originales constituyen labor de elevado patriotismo. Tan digno de loa es quien
se bate con el fusil como el que esgrime la pluma del pensador, la retorta ó el
microscopio. ¡Honremos al guerrero que nos ha conservado el solar fundado por
nuestros mayores! Pero enaltezcamos también al filósofo, al literato, al
jurista, al naturalista y al médico, que defienden en el noble palenque de la
cultura internacional el sagrado depósito de nuestra tradición intelectual, de
nuestra lengua y cultura, en fin, de nuestra personalidad histórica y moral,
tan discutida y á veces tan agraviada entre los extraños.»
En aquella ocasión, la prensa, siempre buenísima
conmigo, prestóme servicio inestimable. En sus bondadosos elogios, exageró, sin
duda, la penuria de mis medios instrumentales, y la desproporción entre mis
recursos económi[p. 400]cos y los resultados obtenidos. En todo caso, sus
campañas, tanto más agradecidas cuanto más espontáneas, crearon cierto estado
de opinión, recogido diligente y generosamente por el Gobierno de D. Francisco
Silvela, quien propuso al Consejo de Ministros, después de amable consulta con
el interesado, la fundación de un Instituto de investigaciones
científicas, donde el humilde laureado de París pudiera desarrollar
ampliamente y sin cortapisas económicas sus trabajos biológicos. Singularmente
entusiastas del pensamiento mostráronse, y así me lo manifestaron, el Ministro
de Instrucción pública, García Alix, y F. Villaverde, á la sazón encargado de
la cartera de Hacienda.
Decidido el Gobierno á realizar prontamente el
pensamiento, tramitóse inmediatamente la indispensable consulta al Consejo de
Estado —las Cortes estaban cerradas— y se consignaron para la compra de
material é instalación del Laboratorio 80.000 pesetas, dejando para las Cortes
la legalización del proyecto, así como la aprobación de los créditos de
material y personal. Con verdadera munificencia fijó el Sr. Silvela la
gratificación del Director en 10.000 pesetas, cifra excesiva que, á mis ruegos,
fué rebajada por el Conde de Romanones, sucesor del Sr. García Alix, cuando en
1901 subió al Poder la situación liberal. Obtenida la sanción de los Cuerpos
Colegisladores, el nuevo Centro de estudios, designado Laboratorio de
Investigaciones biológicas, instalóse provisionalmente en un hotel de la
calle de Ventura de la Vega. Meses después, y por iniciativa del nuevo Ministro
de Instrucción pública, trasladóse definitivamente al Museo del Dr. Velasco. Á
título de ayudante, prestóme su concurso el Dr. Sala Pons, alumno brillante de
la escuela de Barcelona, del cual he hablado ya, con ocasión de enumerar los
colaboradores de mi Revista trimestral micrográfica. En fin,
transcurridos[p. 401] dos ó tres años, aumentóse la plantilla con otro
ayudante y un preparador competente en las artes del dibujo.
Fig. 97.—Conjunto de la arborización terminal del
nervio coclear en los ganglios acústicos del gato.— A, tronco del nervio; B,
rama ascendente; C, rama descendente y posterior. Nótese el diverso
comportamiento de cada rama.
Excusado es decir que la creación del referido
Laboratorio satisfizo plenamente mis aspiraciones. Sobre proporcionarme
instrumental copioso y modernísimo, hizo desaparecer el déficit,
que, no obstante los recursos de la Fa[p. 402]cultad y la generosidad del Dr.
Busto, me ocasionaban la compra de libros y Archivos científicos, y sobre todo
la publicación de mi Revista trimestral, de que vino á ser
continuación el nuevo Anuario titulado Trabajos del Laboratorio de
Investigaciones biológicas. Excelente papel, grabados y litografías sin
tasa, extensión ilimitada del texto en proporción con el original disponible,
fueron las ganancias materiales logradas; y como provechos docentes la
colaboración cada día más intensa y reiterada de mis ayudantes y discípulos. Séame
lícito notar que en los citados Trabajos, creados en 1902, han
visto la luz hasta hoy más de 140 monografías originales, lo que me da el
derecho y la satisfacción de pensar que el sacrificio hecho por el Estado no ha
sido estéril para el progreso de la Ciencia y el crédito de España en el
extranjero.
Todo lo cual demuestra algo que tengo manifestado
ya en otra parte[189], á saber:
que no hay país en donde el trabajo honrado y los esfuerzos en pro de la
Investigación sean más cordial y prácticamente agradecidos que
en España. Estoy por decir, si se me apura, que nuestro calumniado país es
acaso la nación europea en donde el cultivo de la Ciencia constituye más
saneado y decoroso negocio.
Durante el bienio de 1900 y 1901, dí á la estampa
algunos trabajos dignos de ser notados, además de las ya mentadas
comunicaciones sobre la corteza acústica y olfativa. He aquí algunos de ellos:
1.º Disposición terminal de las fibras
acústicas ó del nervio coclear[190] (figura
97).—Se demuestra en este trabajo que las fibras del coclear exhiben dos clases
de arborizaciones: las terminales ó conos de Held,[p.
403] espesas y pobres en ramas, que se aplican sobre las células del foco
ventral; y las colaterales, representadas por ramitas finas, que
constituyen plexos delicados, situados entre las células. Se señalan, también,
diferencias en la disposición de las ramas terminales, según la profundidad en
el foco ventral (B y C), y se consignan algunas inducciones fisiológicas
sacadas de los nuevos hechos de estructura de los ganglios acústicos. En la
figura 97 puede verse el conjunto de la arborización terminal del citado
nervio.
Fig. 98.—Corte que muestra la terminación de la vía
central sensitiva en el ratón.— A, foco sensitivo ó lateral del tálamo; B, vía
sensitiva; E, cuerpo de Luys; G, pedúnculo cerebral; F, fascículo lenticular de
Forel; J, campo de Forel; a, arborizaciones terminales de las
fibras sensitivas.
2.º Contribución al estudio de la vía
sensitiva central y de la estructura del tálamo óptico[191].—Algunos
autores (Monakov, Deje[p. 404]rine, Mahaim, etc.), habían sospechado que las
fibras del lemnisco interno ó vía sensitiva poseían una estación intermediaria
en el tálamo; pero la existencia de semejante interrupción no había podido ser
anatómicamente demostrada.
Nuestras observaciones en el tálamo de ratas y
ratones probaron definitivamente que las fibras del lemnisco interno se
terminan todas, á favor de arborizaciones libres complicadas, en el espesor
del foco talámico ventral (Nissl) ó núcleo lateral (Kölliker)
(A). Dentro de cada arborización yace un islote de células, cuyos axones
dirígense hacia el cerebro, engendrando la vía sensitiva superior ó
talámico-cortical. En la figura 98, A, B, mostramos estos interesantes
hallazgos.
Por primera vez se demuestra también en este
trabajo la presencia de fibras centrífugas ó cortico-talámicas,
que, naciendo en la corteza cerebral y cruzando el cuerpo estriado, se
arborizan en los susodichos islotes talámicos.
Otro hecho nuevo se consigna además: La mayoría de
los autores que se han ocupado del cordón de Forel lo reputan
nacido en el cuerpo estriado (Dejerine, etc.) ó de procedencia óptica
(Kölliker). Nuestras investigaciones probaron incontestablemente que sus fibras
representan colaterales de la vía piramidal, nacidas detrás del cuerpo de Luys,
y dirigidas, por encima de la substancia nigra y en sentido
anteroposterior, á la región de la calota (véase la fig. 98,
F).
En fin, se precisa además el origen y la
terminación de las fibras exógenas del núcleo de Luys, señaladas
por Mirto y Kölliker (E).
Textura del lóbulo olfativo accesorio[192].—Gudden,
Gansen y Kölliker descubrieron en los roedores un departamento superior del
bulbo olfatorio que consideraron como un lóbulo peculiar de este centro, pero
sin asignarle propiedades estructurales específicas.
Nuestras investigaciones probaron que dicho foco
posee una estructura propia distinta de la del resto del lóbulo y que en él
penetra un manojo particular de fibras olfativas. Prescindiendo de pormenores
descriptivos, nos concretaremos á decir que dicho lóbulo, por lo fino y
delicado de su organización, podría compararse con la foseta central de la
retina; es decir, que representaría el lugar de la máxima acuidad olfativa de
los roedores. En la figura 99, D, reproducimos un corte donde se ve penetrar el
fascículo olfativo especial.
Fig. 99.—Sección en el cavia del lóbulo olfativo
accesorio; D, cordón especial destinado á este núcleo; a,
arborizaciones de estas fibras olfativas; b y c,
células especiales de esta región del bulbo.
[p. 405]Significación probable de las células de
axon corto[193].—Después de
revisar la repartición y conexiones de tales neuronas en los diversos focos
nerviosos, se concluye que no pueden estimarse como anillos intercalares
obligados entre las fibras aferentes y las neuronas de axon largo, sino como
cadenas laterales anejas á las vías principales, á quienes proporcionarían
energía nerviosa almacenada. En suma, tales elementos vendrían á ser algo así
como condensadores de potencial destinado á aumentar la tensión del impulso
nervioso en las vías principales aferentes y eferentes. Trabajos ulteriores
recaídos sobre la retina de vertebrados é invertebrados (insectos, cefalópodos,
etc.) nos confirman en tal opinión.
Estructura del tubérculo cuadrigémino posterior[194].—Entre los
hallazgos comunicados en este trabajo, tengo por más importantes los
siguientes:
[p. 406]1.º La demostración de que, en los
roedores, una buena parte de las fibras del lemnisco externo ó
vía acústica central se bifurcan, suministrando una rama posterior arborizada
en el núcleo del tubérculo distal y otra anterior ramificada en el cuerpo
geniculado interno ó posterior (fig. 100, A, a, b).
Fig. 100.—Figura esquemática encaminada á mostrar
el comportamiento en los roedores del lemnisco externo, ó vía
acústica secundaria.— A, lemnisco externo; B, tubérculo cuadrigémino posterior;
C, cuerpo geniculado interno; D, cuerpo geniculado externo; e, vía
acústica talamo-cortical ó terminal; b, bifurcación de la vía
acústica secundaria.
2.º Descubrimiento de que la vía acústica
central descripta por diversos autores, y sobre todo por Held, no
marcha directamente al cerebro, sino que se termina en el cuerpo geniculado
interno, á favor de arborizaciones libres en contacto con neuronas, cuyos
axones forman la vía acústica superior ó tálamo cortical (fig.
100, C).
3.º Aportación de nuevos datos estructurales acerca
del cuerpo geniculado interno y corteza del tubérculo
cuadrigémino posterior (núcleo, corteza lateral, comisuras, etc.).
Imposible dar aquí detalles de estas aportaciones. En la figura 100
reproducimos cierto esquema[p. 407] donde aparecen las vías esenciales
del cuerpo geniculado interno, tubérculo cuadrigémino
posterior y otros centros del tálamo.
Fig. 101.—Corte del cuerpo mamilar y regiones
limítrofes del bulbo y protuberancia.— A, foco mamilar externo; B, pedúnculo
del cuerpo mamilar; C, vía sensitiva ó lemnisco interno; D, vía olfativa de
proyección; P, protuberancia.
En fin, en 1901 dí á la estampa otras
comunicaciones de menor envergadura: una de carácter técnico[195], en donde se
describen varios métodos destinados á teñir el disco de cemento de los tubos
nerviosos centrales, la mielina y los cilindros-ejes; y otra de asunto[p.
408] fotográfico, con la presentación de dos aparatos estereoscópicos
imaginados para el examen de grandes pruebas panorámicas[196].
Las investigaciones efectuadas durante el bienio
1900-1901, tuvieron desarrollo y complemento en las emprendidas en 1902 y 1903.
Preocupado de la organización de los ganglios centrales del cerebro, y
codicioso de aumentar mi haber con nuevos hallazgos en esta terra
ignota, proseguí con mi habitual ardor la tarea analítica que recayó muy
señaladamente sobre la textura del septum lucidum[197],
la fina anatomía del tálamo óptico[198], con
particular consideración de la estructura de los cuerpos de Luys, tubérculos
mamilares y tuber cinereum, y de cierto foco
enigmático, anejo de la cinta óptica[199].
Corrió mi actividad después por los dominios de
los pedúnculos cerebelosos, dilucidando algunos puntos obscuros de
sus conexiones y vías secundarias[200]; abordé,
mediante los métodos de Marchi y Golgi, las relaciones entre el cerebro y
el tubérculo cuadrigémino anterior y tálamo óptico[201] (existencia
de una vía especial llamada córtico-bigeminal), y aporté,
finalmente, algunas menudas contribu[p. 409]ciones metodológicas tocantes á la
coloración de los tubos nerviosos modulados[202] y
manipulación de los cortes[203].
Fig. 102.—Esquema destinado á mostrar, en dirección
sagital, las conexiones de algunos focos del tálamo.— A, foco mamilar externo;
B, núcleo dorsal del tálamo; D, ganglio de la habénula; E, cuerpo
interpeduncular; f, haz de Vicq d’Azyr; g, fascículo de
Meynert; e, pedúnculo del cuerpo mamilar; h, fascículo
de la calota de Gudden; i, stria thalami; F, núcleo
segmental dorsal.
Haré gracia al lector del contenido de estos
trabajos, que, dada su aridez descriptiva, ni aun en resumen me atrevo á
referir. Baste, por ahora, declarar que las citadas comunicaciones sobre
el septo lucido y regiones basa[p. 410]les del tálamo,
esto es, los cuerpos mamilares, el tuber cinereum,
etc., contienen la descripción de numerosos focos y vías nerviosas inadvertidos
de los neurólogos, amén del esclarecimiento de bastantes problemas de conexión
interfocal. Uno de ellos aparece dilucidado en la figura 101, B, donde
mostramos que el pedúnculo del cuerpo mamilar (B) no nace,
sino que se termina mediante arborizaciones libres en ambos focos
mamilares.
El conjunto de las conexiones de los cuerpos
mamilares (A) con los demás núcleos del tálamo y bulbo, así como las
relaciones del núcleo dorsal del tálamo (B) con el cerebro (m, n)
y el bulbo olfativo (b, i) han sido reproducidos en la
figura 102.
Con el análisis de los focos centrales del cerebro
puse remate á lo que podríamos llamar mi programa de morfología neuronal y de
roturación de las tierras encefálicas y medulares, más ó menos cultivadas. En
la segunda mitad de 1903 abrióse para mí nuevo ciclo de investigaciones. En
adelante, mi atención fué atraída, de manera predilecta, por el seductor
problema de la organización íntima de la célula nerviosa y del cilindro-eje.
[p. 411]
CAPÍTULO XVII bis
Participación de los histólogos españoles en el
Congreso médico internacional de 1903 celebrado en Madrid. — Comunicaciones de
algunos profesores extranjeros y nacionales. — Demostración hecha por Simarro
de un método nuevo de coloración de las neurofibrillas. — Partiendo de este
interesante proceder, doy casualmente con una fórmula sencillísima y constante
de impregnación de las neurofibrillas, de los axones y terminaciones nerviosas
centrales y periféricas. — Historia de las tentativas encaminadas al hallazgo
de la nueva fórmula y ulteriores perfeccionamientos de la misma. — Gracias al
nuevo recurso técnico, consigo confirmar y consolidar definitivamente
descubrimientos anteriores y cosechar numerosos hallazgos.
ué el año 1903 uno de los de mayor actividad
del recién creado Laboratorio de Investigaciones biológicas. Una
fiebre de trabajo, sólo comparable con la sufrida en 1889 y 1890, se apoderó de
mí, embargando todas mis facultades. Nada menos que 14 comunicaciones, algunas
equiparables por su volumen á libros, dí á la estampa en dicho año, cuya
segunda mitad considero como la cúspide de mi actividad inquisitiva. Y todavía
pude, durante la canícula, disponer de tiempo bastante para emprender, en
compañía de mi mujer y hermanas, un viaje de turista por la encantadora Italia,
con acompañamiento[p. 412] del indispensable aparato fotográfico, y
haciendo escala en Génova, Milán, Turín, Pavía, Venecia, Florencia, Roma, Pisa,
Nápoles y otras admirables ciudades de la patria del arte. Á tan inusitado
alarde de energías contribuyeron poderosamente dos sucesos afortunados:
Primeramente, las sesiones del Congreso internacional de Medicina,
celebrado en Madrid durante la primavera del citado año; y después, allá por el
mes de Octubre, el encuentro fortuito de cierta fórmula de impregnación de las
células y fibras nerviosas, singularmente fecunda en nuevas revelaciones.
El mencionado Congreso internacional obligó,
naturalmente, á movilizar todas las fuerzas de los aficionados españoles á las
tareas del Laboratorio. Importaba desempeñar un papel lo menos desairado
posible y hubo de echarse el resto, como suele decirse.
Al certamen de Madrid concurrieron numerosos sabios
extranjeros (Behring, Metchnikoff, Waldeyer, Frank, Veratti, van Gehuchten,
Henschen, Unna, Donaggio, etc.) y no pocos médicos nacionales é
hispano-americanos.
Encargado de la presidencia de la Sección
de Anatomía y Antropología, tuve harto trabajo, durante aquellos días de
incesante ajetreo, con organizar y dirigir las sesiones, ultimar las
comunicaciones de los discípulos y mías, disponer veladas de demostraciones
microscópicas, concurrir á banquetes y otros festejos oficiales, etc.
Procuramos todos, en fin, hacer grata á los forasteros ilustres la estancia
entre nosotros.
Entre los congresistas eminentes que tomaron parte
en los trabajos de mi sección, merecen mención especial, no sólo por su
renombre mundial, sino por el interés de sus comunicaciones, Mr. Henschen,
profesor de Estocolmo, que disertó, en una de las cátedras de San Carlos,
sobre[p. 413] casos clínicos de ceguera mental y las
lesiones concomitantes del lóbulo occipital (tema íntimamente relacionado con
mis estudios histológicos acerca de la fisura calcarina); el
profesor Unna, de Hamburgo, dermatólogo insigne, creador de notables métodos de
coloración de los tejidos epitelial y conjuntivo, el cual en brillante
conferencia pública tuvo la galantería de atribuirme la prioridad del
descubrimiento de las células del plasma (mis corpúsculos
cianófilos hallados en los sifilomas); el maestro de
Lovaina Mr. A. van Gehuchten, antiguo amigo, que presentó al Congreso las
primicias de cierto proceder de demostración del trayecto de las raíces
motrices (proceder de la degeneración retrógrada tardía); el Dr. E.
Veratti, joven de mucho talento, discípulo y ayudante de Golgi, de cuyas ideas
y métodos se confesó en varias notas y discusiones entusiasta defensor; el
joven profesor de Módena A. Donaggio, que impresionó agradablemente en las
sesiones demostrativas, exhibiendo bellísimas preparaciones del armazón
interior de las neuronas (las neurofibrillas de
Bethe) coloreado mediante técnica de su invención, que no creyó prudente
divulgar; y, en fin, otros varios concurrentes distinguidos de que no guardo
memoria.
Entre los congresistas españoles —aludo,
naturalmente, á la Sección anatómica y antropológica— merecen
mención especial: el profesor Antón, que pronunció elocuente conferencia acerca
de algunos problemas antropológicos; y muy señaladamente el Dr. L. Simarro,
quien en presencia de numerosos sabios extranjeros mostró, en el Laboratorio
de Investigaciones biológicas, magníficas preparaciones de la red
neurofibrillar impregnadas con un método original de que trataremos
ulteriormente. De menos interés fueron las comunicaciones presentadas por otros
congresistas, incluyendo las mías, una de las cua[p. 414]les[204], de índole
polémica, versó sobre las aventuradas teorías reticularistas de
A. Bethe (cuyo método acababa yo de ensayar). Con ella me propuse, sobre todo,
promover y animar la disensión sobre el importante problema de las conexiones
interneuronales y la fina estructura del protoplasma nervioso, cuestiones por
entonces de palpitante actualidad.
En las sesiones de demostración exhibí muchas
preparaciones escogidas, concernientes á la estructura de la médula espinal,
cerebro y cerebelo; preparaciones teñidas concordantemente por los dos métodos
de Golgi y Ehrlich (cestas nerviosas pericelulares, colaterales y bifurcaciones
nerviosas, etc.) á fin de persuadir á los congresistas de la absoluta
objetividad de mis interpretaciones referentes al modo de terminar las fibras
nerviosas en la substancia gris.
En fin, para ser completo, por lo que hace á mi
personal intervención en dicho certamen, mencionaré todavía mi conferencia,
pronunciada en el gran anfiteatro de San Carlos con asistencia de numerosos
sabios extranjeros, y honrada, además, con la presencia del Presidente del
Consejo[p. 415] de Ministros, Sr. Fernández Villaverde. Versó mi lección
sobre el plan estructural del tálamo óptico[205].
El segundo acontecimiento aludido no puede
referirse sin retroceder algo en el curso del tiempo y exponer algunos
antecedentes técnicos.
Notorio es que, en ciencia como en arte, cada época
tiene su preocupación dominante, á la cual pocos logran sustraerse. Ultimado, ó
al menos notablemente impulsado el conocimiento de la morfología neuronal y del
comportamiento genérico de los apéndices axónicos y dendríticos, la mirada de
la mayoría de los neurólogos volvióse hacia la íntima estructura del
protoplasma nervioso. Al par de otros observadores, yo fuí también arrastrado
por la corriente.
Ciertamente, el problema estructural y la solución
propuesta por los años de 1900 á 1903 eran cosas viejas. Desde hacía muchos
lustros, Max Schutze, Schwalbe, Ranvier, y, en más recientes tiempos, A. Dogiel
(1898), hubieron de percibir, dentro del cuerpo de las células nerviosas,
cierta enigmática urdimbre compuesta de finas y granulosas hebras, prolongadas
hasta las expansiones protoplásmicas.[p. 416] Pero los métodos de la época
eran insuficientes para esclarecer satisfactoriamente el comportamiento de dicho
esqueleto intraprotoplásmico. Semejantes sutilísimos filamentos, ¿constituyen
red ó marchan independientes? ¿Prolónganse dentro de los axones hasta las
arborizaciones terminales mismas? En fin, ¿existen motivos para estimarlos como
vías intracelulares, especialmente diferenciadas para la propagación del
impulso nervioso?
La respuesta definitiva á estas preguntas implicaba
inexcusablemente el encuentro de algún proceder de teñido intensamente
selectivo del referido esqueleto. Con relación á las células nerviosas de
algunos invertebrados (hirudo, pontobdella, etc.), un sabio
húngaro, Mr. Apáthy[206],
de Clausenburg, tuvo la fortuna de tropezar (1897) con este ansiado recurso
analítico (fórmula especial de fijación asociada al cloruro de oro) y de
percibir y demostrar por primera vez, intensa y vigorosamente teñidas en
violado, las consabidas neurofibrillas ó fibrillas
elementales conductrices. Intensa emoción produjeron las bellísimas
preparaciones mostradas por dicho sabio en diversos Congresos. Todos creímos
que al fin se había esclarecido el enigma de la fina estructura neuronal.
Desgraciadamente, el método complicadísimo
imaginado por Apáthy no era aplicable á los vertebrados. Su inconstancia,
además, dejaba tamañitas las fórmulas más azarosas de la técnica histológica.
Cuantos neurólogos lo emplearon, fracasaron lamentablemente.
Y cuando ya, en descenso la ola del entusiasmo,
pensábase que aquellas elegantes redes intracelulares eran qui[p. 417]zá algo
privativo de los vermes, apareció en el palenque otro investigador de grandes
arrestos. Fué el fisiólogo A. Bethe[207], á la sazón
profesor de Strasburgo, quien puso la cuestión nuevamente á la orden del día,
sorprendiéndonos con importante Memoria, donde, auxiliado por un método
especial (combinación de un mordiente, el molibdato amónico, con un
colorante, el azul de toluidina), demostró las fibrillas ó neurofibrillas de
los vertebrados, señaladamente las contenidas en las voluminosas células de la
médula, ganglios, cerebelo, etc. Fascinados por la importancia y novedad de las
revelaciones de Bethe, todos quisimos colaborar en la empresa, esperanzados de
nuevas y estupendas conquistas.
Mas el sino adverso continuaba influyendo. El
enrevesado proceder de A. Bethe no estaba al alcance de todo el mundo. Como el
de Apáthy, sólo floreció en el Laboratorio de su autor ó en las manos de
poquísimos iniciados. En cuanto á mí, logré á fuerza de paciencia algunas
mediocres é insuficientes coloraciones. Y atribuyendo el fiasco á la impericia
del principiante, demandé cortésmente al ingenioso creador del método alguna
preparación típica para confrontarla con las mías.
Semanas después recibía, cuidadosamente embaladas,
cual objeto precioso, dos preparaciones: una, del cerebelo; otra, de la médula
espinal del conejo.
—Estos preparados son excepcionalmente buenos
—escribíame el profesor de Strasburgo—. Han sido ejecutados por el más
aventajado de mis discípulos. Ponga usted cuidado en su manejo y devuélvamelos
lo antes posible, porque no dispongo de otros por ahora.
[p. 418]¡Oh decepción!... ¡Las joyas técnicas,
aquellos preparados inestimables desembalados con emoción y examinados con el
corazón palpitante, no sobrepujaban á los míos!... Ciertamente, dentro del
protoplasma nervioso advertíanse las neurofibrillas impregnadas de violado;
pero tan pálidas en el seno granuloso de la ganga del citoplasma, que resultaba
imposible reconocer netamente su disposición real y sus conexiones con las
demás texturas extracelulares. ¡Y sobre tales imágenes había construído Bethe
formidable edificio teórico! En vano me afanaba en buscar el trayecto exterior
de tan sutiles filamentos. Sin embargo de lo cual, el sabio de Strasburgo nos
hablaba, con sorprendente aplomo, del enlace substancial de aquéllos con la red
pericelular de Golgi, red á su vez caprichosamente interpretada (con olvido ó
menosprecio de todas las terminantes revelaciones de los métodos de Golgi y
Ehrlich) como la porción terminal de las fibras nerviosas. Á la verdad, poco
exigente se mostraba el fisiólogo alemán en cuanto al objetivismo de los datos
sobre que asentar magnas conclusiones.
Ardía yo en deseos de contemplar las susodichas
neurofibrillas en preparaciones irreprochables. Desilusionado de las técnicas
aleatorias é insuficientes de Apáthy y Bethe; imposibilitado, además, de
ensayar la de Donaggio, conservada en secreto, y persuadido, en fin, de que
para la coloración vigorosa de tan sutiles hebras era inexcusable recurrir á
las reducciones metálicas, entreguéme porfiadamente, desde 1901, á numerosos
ensayos de impregnación; aprovechando unas veces la reacción del óxido
de plata amoniacal, descubierta por Fajersztajn (1901); otras, la del
cloruro de oro en presencia del tanino y del ácido pirogálico;
algunas, en fin, las sales haloides de plata y los reductores
fotográficos introducidos en la técnica por Sima[p. 419]rro (1900). Fruto
inicial, aunque poco importante, de aquella obstinada labor, fueron ciertas
fórmulas de coloración de los cilindros-ejes y de la mielina[208]. Pero el
esqueleto neurofibrillar y las terminaciones nerviosas centrales, objetivo
principal de mis afanes, resistíanse obstinadamente.
Á tan empeñadas probaturas incitábame, no tanto la
esperanza de topar con un proceder fácil de demostración de la urdimbre
intraneuronal, cuanto el ansia de descubrir fórmula de impregnación susceptible
de provocar coloraciones intensas, al par que perfectamente
transparentes, de las células y fibras nerviosas. Anhelaba contrastar una
vez más las bellas revelaciones del cromato de plata con las de otro recurso al
que no pudiera reprocharse el defecto de traducir el soma celular y sus
expansiones en siluetas opacas, sin vislumbre de estructura. En fin, me
ilusionaba la esperanza de procurarme un arma poderosa que esgrimir contra
muchos novadores técnicos, inclinados irresistiblemente al vicio anárquico de
negar, en nombre de una nueva verdad, las verdades descubiertas por otros.
Después de infructuosas tentativas con las técnicas
precedentes, consagré en 1903 particular atención al método del Dr. Simarro[209],
primer autor que logró teñir las neurofibrillas mediante las sales de plata.
Consta la técnica del ilustre neurólogo español de
seis operaciones esenciales: 1.ª Envenenamiento de los animales, durante varios
días, con dosis crecientes de bromuro ó de yoduro de potasio.[p. 420] 2.ª
Inmersión por varios días (dos á diez) de trozos de médula espinal en solución
al 1 por 100 de nitrato de plata, al objeto de provocar en los tejidos la
formación de yoduro ó bromuro argénticos ú
otras combinaciones argéntico-orgánicas. Cuando los animales no son
envenenados, el nitrato sólo produce, naturalmente, cloruro y albuminatos
argénticos. 3.ª Induración rápida de las piezas en alcohol é inclusión
subsiguiente en celoidina para efectuar secciones microtómicas, operaciones que
se practican en la obscuridad. 4.ª Exposición de los cortes á la luz como si
fueran papeles fotográficos. 5.ª Revelación de las secciones en el cuarto
obscuro, mediante un reductor fotográfico, por ejemplo: el ácido pirogálico, la
hidroquinona, etc., adicionados de sulfito sódico y de un álcali enérgico. En
fin, fijado en hiposulfito de sosa.
El haloide argéntico (bromuro, yoduro ó simplemente
el cloruro), seleccionado por las células y fibras nerviosas, conviértese por
reducción en depósito metálico finísimo, de matiz pardo ó rojo. Según el autor
del método, las neurofibrillas aparecerían solamente en las piezas bromuradas ó yoduradas.
En las simplemente cloruradas parece no haberlas visto.
Por desgracia, y por lo que toca á la presentación
de las neurofibrillas, el ingenioso método del sabio español dista mucho de ser
constante. Y, cuando por raro caso, lógranse resultados excelentes, el depósito
argéntico escoge de manera casi exclusiva el armazón de las grandes y medianas
células de la médula espinal y bulbo raquídeo. Imposible obtener coloraciones
neurofibrillares en el cerebro, cerebelo, ganglios y terminaciones nerviosas.
Los axones mismos imprégnanse con gran irregularidad. Mis primeras tentativas,
pues, siguiendo la técnica puntualizada por el Dr. Simarro, fueron poco
afortunadas. Estábamos, al parecer, condenados á no disponer jamás de un
recurso analítico constante y general para el teñido del esqueleto
neurofibrillar. Recuérdense los azarosísimos resultados de las técnicas de
Apáthy y Bethe.
Antes de abandonar dicho método, resolví analizarlo
escrupulosamente, variando sus momentos operatorios y determinando, si ello era
posible, las causas de su desalentadora inconstancia. Á este propósito, comencé
por modificar una de las condiciones, ó sea el envenenamiento de los animales.
En vez de yoduros y bromuros, usé diversas sales metálicas, sólo venenosas á
dosis casi masivas (ferrocianuro de potasio, ferricianuro, sulfato de cobre,
etc.); varié metódicamente el tiempo de permanencia de las piezas en la
estufa,[p. 421] así como la proporción del nitrato de plata; prescindí de
la acción de la luz y de los reveladores alcalinos, usando los llamados por
tratadistas de fotografía reductores físicos, etc.
De este esmerado análisis experimental obtuve ya
tres enseñanzas valiosas. 1.º Que la coloración neurofibrillar no tiene nada
que ver con el envenenamiento de los animales, puesto que se obtiene lo mismo
en los envenenados con sales de cobre y hierro que en los no intoxicados. 2.º
Que se precisa el concurso del calor, no bastando la inmersión de las piezas en
el nitrato de plata, por veinticuatro ó cuarenta y ocho horas, sino el uso de
la estufa á 37° durante cuatro días, ó con temperatura del verano (22° á 27°)
por ocho ó nueve. (Esta influencia del calor fué ya sospechada, aunque no
precisada, por Simarro, cuando mentaba la madurez de la emulsión de
bromuros y yoduros). 3.º Que, en fin, en las preparaciones de Simarro
(solarizadas y reveladas como placas fotográficas) existen entremezcladas
perjudicándose mutuamente, dos reacciones, de naturaleza diferente: una
constante, y poco instructiva, la provocada por la luz sobre cloruros y demás
combinaciones argentico-protéicas (teñido en negro granuloso ó pardo de
las estrangulaciones de Ranvier, estrías de Fromman,
coloración parcial de los gruesos axones, etc.); y otra eventual,
afotogénica, muy instructiva, consistente en la impregnación en tono rojo ó
café de las neurofibrillas y nucleolos y motivada probablemente por el depósito
selectivo de plata coloidal.
Pero si los yoduros y bromuros impresionados por la
luz no concurren á la reacción neurofibrillar, ¿cuál es la
combinación argéntica eficaz? ¿Será el cloruro de plata? Ello parecía
improbable, porque los cloruros, en presencia de los reductores alcalinos, no
generan plata coloidal, sino precipitaciones groseras. ¿Cuál es, pues, esta
materia enigmática y en qué condiciones se produce?
Todos estos ensayos é inducciones produjeron un
solo efecto: simplificar la técnica del sabio español, descartando la enfadosa
operación del envenenamiento de los animales y evitando la acción perturbadora
de la luz. Mas, á pesar de todo, malográronse mis esperanzas de prestar á la
coloración neurofibrillar constancia, vigor y generalidad. Comparables en
principio con las de Simarro, mis preparaciones no decían nada nuevo.
[p. 422]Por entonces (Agosto de 1903) y á guisa de
sedante del cerebro sobreexcitado, emprendí el citado viaje de placer por la
seductora Italia. Aquellas nobles y excelsas visiones de arte causáronme vivo
deleite; pero, de vez en cuando retornaban, distrayéndome de mis
contemplaciones, inquietudes de Laboratorio. Ante los cuadros de un Museo ó al
pie de ruinas gloriosas, acometíanme obsesionantes hipótesis necesitadas de
contraste experimental, proyectos técnicos, al parecer, henchidos de promesas.
Cierto día, ya iniciado el viaje de regreso y
vibrante el cerebro por el recio trepidar del tren, apoderóse de mí, con el
imperio de idea fija, cierta sencillísima hipótesis que explicaba
satisfactoriamente las irregularidades del método de Simarro y encerraba en
germen, caso de confirmarse, un recurso analítico tan simple como eficaz. Hoy
no acierto á comprender cómo tan trivial pensamiento tardó tanto en
ocurrírseme. ¡Cuánta verdad es que las más sencillas soluciones acuden siempre
las últimas y que la imaginación constructiva, antes de hallar el buen camino,
la ansiada fórmula económica que diría Mach, comienza por
perderse en lo complicado!...
He aquí la idea elemental y fecunda que tanto
coqueteó antes de entregarse: La substancia enigmática generadora de la
reacción neurofibrillar, debe de ser pura y sencillamente el nitrato de plata
caliente incorporado á los coloides del protoplasma y susceptible de
precipitarse en estado coloidal y en virtud de procesos físicos sobre el
esqueleto neurofibrillar. Cosa rara, una vez surgida en mi mente, la
citada concepción se me presentó como verdad inconcusa y necesaria. Ni por un
momento recelé que el laboratorio pudiera desmentirme.
Es que la hipótesis explicaba llana y
satisfactoriamente todos los hechos contradictorios y resolvía todas las
difi[p. 423]cultades prácticas. Por ejemplo: lo irregular y caprichoso de la
reacción neurofibrillar, en el proceder de Simarro, comprendíase bien,
recordando que el alcohol primero, la mezcla de éter y alcohol después, la
celoidina más tarde, y en fin, los baños reveladores, sustraían casi del todo
el nitrato de plata indispensable á la reacción, sólo retenido de
vez en cuando y accidentalmente por el cuerpo de las neuronas más voluminosas,
ó por los cortes notablemente espesos. Pero lo mejor de la susodicha hipótesis
consistía en que señalaba comodísimo remedio á las mencionadas irregularidades
del teñido. Todo se reducía á reponer en los cortes el nitrato de plata
perdido, ó mejor aún, reducir en masa las piezas recién sacadas del nitrato,
evitando la acción perturbadora del alcohol y la influencia acaso nociva
también de la luz[210].
[p. 424]
Dejo dicho que la precedente hipótesis perseguíame
como una obsesión. Devorábame la impaciencia. Y ansiaba hallarme en el
Laboratorio para poner en práctica mis proyectos. Génova, Niza, Mónaco,
Marsella, todas las rientes y luminosas ciudades de la prestigiosa Côte
d’azur desfilaron por mi retina sin dejar huella apenas en mi
espíritu.
Á mi llegada á Madrid caí sobre los animales de
experimentación guardados en mi Laboratorio como el león sobre su presa. Varios
eran mis proyectos, no todos viables, según se vió después. Contra mis
previsiones, la adición de nitrato de plata á los cortes del método de Simarro
(después de la celoidina, etc.) no mejoró nada los re[p. 425]sultados[211].
En cambio, los dió excelentes otro de mis proyectos, encaminado á reforzar y
retener el nitrato de plata libre de las piezas, á saber: a,
inmersión directa de los trozos nerviosos en nitrato de plata; b,
estufa cuatro días; c, reducción, en bloque y en la obscuridad, de
la sal argéntica mediante baño de ácido pirogálico, con ó sin adición de
formol; d, lavado; e, alcohol; encastramiento en
celoidina y, en fin, secciones microtómicas.
Como se ve, en lugar del desarrollo químico usado
por Simarro, susceptible de actuar solamente sobre las sales haloides
argénticas, previa acción de la luz, yo me serví de un reductor físico (según
el lenguaje de los tratadistas de fotografía) incapaz de ennegrecer los
cloruros, pero capaz de provocar en el seno de las neuronas la formación de
plata coloidal naciente.
Grandes fueron mi emoción y sorpresa. Desde los
primeros ensayos, las neurofibrillas de casi todas las células nerviosas de la
médula, bulbo, ganglios, cerebro y cerebelo, sin contar numerosos tipos de
arborizaciones axónicas terminales, aparecieron espléndidamente impregnadas con
matiz pardo, negro ó rojo ladrillo, perfectamente transparente. Muchas
dendritas perseguíanse á placer al través de la enmarañada urdimbre de la
substancia gris, gracias al intenso tono pardo obscuro de sus hacecillos
neurofibrillares. Según era de prever, la inoportuna reducción de cloruros y
albuminatos argénticos (estrías de Fromman, estrangulaciones,
etc.) brillaba por su ausen[p. 426]cia. En fin, y ésta era la más valiosa
ventaja, dicha coloración, además de lograrse en todos los centros nerviosos,
resultaba absolutamente constante á condición de ajustarse severamente á mi
formulario.
Recuerdo todavía la exclamación admirativa con que,
semanas después del hallazgo, recién publicada una nota explicativa de la
fórmula, me participaba van Gehuchten el resultado de su primer ensayo sobre el
cerebro del conejo. «Je n’ai pas dormi!» Tampoco yo dormí en varios días,
vibrante el cerebro con la concepción de nuevos planes de trabajo y afanado
además con la ingrata tarea de precisar, á fuerza de experimentos, las
condiciones óptimas de la reacción.
Cierta nota preventiva precipitadamente redactada[212] para
unos Archivos médicos, recientemente fundados por el Dr. Cortezo y
el Dr. Pittaluga, completada después por extensa y reposada monografía cuajada
de grabados[213], divulgaron
rápidamente los resultados obtenidos, que fueron confirmados y ampliados
notablemente por multitud de sabios extranjeros. Entre los confirmadores de la
primera hora, á quienes el método rindió pingüe cosecha de hechos nuevos,
recordamos á van der Stricht, van Gehuchten, Michotte, Besta, Azoulay,
Nageotte, Lugaro, Holmgren, Retzius, v. Lenhossék, Schäffer, Humberto Rossi,
Ottorino Rossi, Levi, Pighini, Legendre, Medea, Perroncito, London, G. Sala,
etc., etc.
Con singular fortuna aplicaron en España la nueva
fór[p. 427]mula mi hermano, R. Illera, Dalmacio García y muy singularmente mi
ayudante el Dr. Tello[214], quien en la
exploración á que sometió los centros de los vertebrados inferiores, á más de
recoger copiosa cosecha de hechos nuevos, descubrió el curioso fenómeno de la
alteración neurofibrillar por invernación (transformación fusiforme,
etc.).
No obstante sus excelencias y su capacidad de
revelar el retículo hasta en los más pequeños elementos del cerebro y cerebelo,
el método adolecía aún de algunas lagunas. El nitrato de plata posee mediana
aptitud fijadora, y el modus operandi primeramente adoptado
tiñe muy á menudo pálida y desigualmente los axones. Pero, haciendo preceder la
nitratación argéntica de las piezas de un fijado, por veinticuatro horas, en
alcohol sólo, en formol y mejor aún en el alcohol adicionado de algunas gotas
de amoníaco, corrígese tan grave defecto, lográndose coloraciones enérgicas y
regulares de los cilindros-ejes gruesos y finos, así como de la mayoría de las
arborizaciones nerviosas centrales y periféricas. Esta nueva fórmula tiene,
además, la ventaja de ser aplicable á todos los vertebrados y de producir
imágenes excelentes en los animales recién nacidos ó en fase embrionaria.[215]
He aquí la fórmula definitiva:
1.º Fijación de las piezas en alcohol amoniacal.
(Para 50 centímetros cúbicos de alcohol de 40° añadíanse 5 á 10 gotas de
amoníaco).
[p. 428]
2.º Inmersión de las mismas, durante cinco á seis
días, en nitrato de plata al 3 por 100 (ó al 1 ½, según los casos) conservado
en estufa á 37° y en la obscuridad durante cuatro á seis días.
3.º Después de lavado superficial de los trozos
nerviosos, reducción por veinticuatro horas, también en la obscuridad ó bajo
luz tenue, en el siguiente reductor físico (incapaz de desarrollar los
cloruros): ácido pirogálico, 1; agua, 90; formol, 10.
4.º Lavado rápido de las piezas que se induran en
alcohol. En fin, celoidina y secciones microtómicas.
Más adelante aconsejamos todavía otras fórmulas,
simples variantes de la anterior, con aplicación á casos especiales.
Confío en que perdonará el lector los prolijos
detalles expuestos sobre las indagaciones metodológicas de 1903. Pero el asunto
justifica la extensión. Sobre que la nueva técnica fué la señal de larga serie
de trabajos de laboratorio publicados durante ocho ó diez años, al escribir
estos recuerdos no puedo olvidar que soy preferentemente leído por aficionados
á las tareas del Laboratorio. Ellos sabrán disculparme y acaso agradecerme
ciertas minucias descriptivas. Creo, además, que nada anima tanto al novel investigador
como la narración sincera de las tentativas practicadas, de las sinuosidades y
extravíos de la labor experimental, en fin, de los ardides puestos en juego
durante el largo proceso inquisitivo hasta alcanzar la solución anhelada; verá
que aun las más infelices conjeturas contienen á veces gérmenes de acción
provechosa y suelen recordar las hazañas del Cid, ganando batallas después
de muerto; observará, en fin, que el éxito representa casi siempre función
y premio de la atención ahincada y del trabajo perseverante. Cuando sepa hasta
qué punto influye el azar —el azar bien aprovechado, naturalmente— en los
venturosos hallazgos, repetirá sin duda, lleno de orgullosa confianza, la
conocida exclamación de Corregio ante un cuadro de Rafael «Anch’ io son’
pittore».
[p. 429]En el caso mencionado el fruto logrado
debióse enteramente al esfuerzo analítico insistente y á infatigable paciencia.
Naturalmente, conforme suele ocurrir con todas las invenciones, mi modesto
hallazgo partió de los hechos experimentales señalados por mis antecesores: de
los ensayos de Fajersztajn[216],
que me proporcionaron el uso del formol como coadyuvante reductor del ácido
pirogálico; de la fórmula colorante de Bethe, de quien tomé el líquido fijador
(alcohol amoniacal) y, sobre todo, del proceder fotográfico de Simarro, punto
de partida de mis investigaciones, y á cuyo autor se deben estos dos progresos
cardinales: haber probado el primero la posibilidad de teñir las neurofibrillas
con los compuestos argénticos y haber introducido en la técnica histológica los
reductores fotográficos.
Singular coincidencia. Poco después de publicada mi
fórmula, obtenida, según dejo dicho mediante el análisis experimental de la
reacción de Simarro, el alemán Bielschowsky[217] arribaba
á parecidos resultados, sirviéndose también del nitrato de plata, pero tomando
como punto de partida el método de Fajersztajn. En adelante, la técnica
neurológica contó, pues, con dos recursos analíticos, igualmente fáciles y
fecundos: el de Bielschowsky, especialmente aplicable al encéfalo humano y
señaladamente á sus lesiones anatomo-patológicas, y el mío, singularmente
apropiado para la exploración estructural de los centros nerviosos de los
mamíferos y vertebrados inferiores, ganglios sensitivos y simpáticos,
terminaciones nerviosas y desarrollo embrionario.
[p. 431]
CAPÍTULO XVIII
Mis hallazgos con la nueva fórmula de impregnación
argéntica durante los años 1903, 1904 y 1905. — Real disposición del esqueleto
neurofibrillar en el protoplasma nervioso y en las arborizaciones
pericelulares. — Con la colaboración de Tello, señalo curiosas variaciones
fisiológicas del retículo neurofibrillar bajo la acción de la temperatura; y
ayudado de D. D. García, las variaciones neurofibrillares de la rabia. —
Aplicación del método á los embriones y fetos, y estudio en las aves y
mamíferos de la estructura de los focos bulbares y origen de los nervios
acústicos, motores y sensitivos. — Las neurofibrillas de los vermes,
singularmente del Lumbricus. — Análisis estructural de las placas
motrices, de las neuronas de la retina y de otros órganos sensoriales
periféricos. — Interesantes revelaciones morfológicas conseguidas en los
ganglios sensitivos y simpáticos del hombre, etc.
ugar común es que los
descubrimientos científicos son función de los métodos. Aparecida una técnica
rigurosamente diferenciadora, síguense inmediatamente, en serie lógica y casi
de modo automático, impensados esclarecimientos á problemas antes inaccesibles,
ó insuficientemente resueltos. Y si esto es verdad con relación á todas las
ciencias naturales, lo es de señaladísima manera en los dominios de la
histología. Para el histólogo cada progreso de la técnica tintorial viene á ser
algo así como la adquisición de nuevo sentido abierto hacia lo[p.
432] desconocido. Como si la naturaleza hubiérase propuesto ocultar á
nuestras miradas el maravilloso artificio de la organización, la célula, el
misterioso protagonista de la vida, se recata obstinado en la doble
invisibilidad de lo pequeño y de lo homogéneo. Texturas formidablemente
complejas preséntanse al microscopio con la albura, igualdad de índice de
refracción y virginidad estructural de una masa gelatinosa. Más afortunadas,
las demás ciencias naturales tienen, al menos, su objeto de estudio
directamente accesible á los sentidos. Sólo la histología debe cumplir, antes
de lanzarse á la labor analítica, la previa y difícil tarea de patentizar su
objeto propio. Y en tan rigurosa campaña ha de luchar —lo hemos dicho ya— con
dos grandes adversarios: lo pequeño y lo incoloro. El histólogo sólo podrá
avanzar en el conocimiento de los tejidos, incrustándolos ó tiñéndolos
selectivamente con reactivos variados, capaces de hacer resaltar las
células con gran energía del fondo incoloro. De esta suerte, la colmena celular
se nos ofrece sin velos; diríase que el enjambre de diáfanos é invisibles
infusorios se transforma en bandada de pintadas mariposas.
Por eso, cuando el azar permite á un investigador
crear un nuevo método tintorial-selectivo, ó perfeccionar felizmente alguno de
los conocidos, la histología ensancha su horizonte sensible. Y la cosecha de
hechos nuevos y significativos, la catalogación de formas y estructuras,
efectúase llana y descansadamente, como quien siega á placer en trigal sembrado
por otros.
Fig. 103.—Dos células de la médula espinal del
conejo de pocos días. Adviértanse en a y b indiscutibles
ramificaciones de los filamentos intraprotoplásmicos y legítimas disposiciones
en red.
Algo de esto me ocurrió al explotar
sistemáticamente la fórmula de impregnación del nitrato de plata reducido,
cuyas principales ventajas son, según dejo dicho: la generalidad de sus efectos
y su extraordinaria simplicidad. Esta simplicidad de manipulaciones hizo
posible concen[p. 433]trar formidable labor en brevísimo tiempo; con que logré
adelantarme á Bielschowsky, Donaggio y á otros ilustres introductores de
técnicas valiosísimas, pero menos expeditas y cómodas para la colecta de hechos
nuevos. Las preparaciones clarísimas y terminantes logradas á tan poca costa,
sobre revelar disposiciones morfológicas originales en diversas provincias
nerviosas, y aun en tejidos de otra estirpe, me consintieron confirmar datos
anatómicos antes inseguros, y fortalecer y consolidar doctrinas harto
controvertidas. Excusado es decir que durante los últimos meses de 1903, y en
los años siguientes, me entregué á la[p. 434] tarea, no ya con actividad,
sino con ese celo impetuoso y absorbente, que me ha valido más de una antipatía
entre mis émulos.
Fig. 104.—Figuras semiesquemáticas destinadas á
mostrar el efecto de la invernación en las neurofibrillas de los reptiles
(médula espinal).— A, neurona motriz tomada del lagarto entorpecido por el
frío; B, la misma célula después de la excitación provocada por el calor.
Ya en el primer trabajo aparecido en mi Revista[218], la cosecha
de hechos nuevos ó de consolidación de los poco[p. 435] conocidos, fué
considerable. Citemos aquí, lo más brevemente posible, las más salientes
conquistas:
1. Atañe la primera al problema general de la
arquitectura neurofibrillar, al que hemos aludido ya en el anterior capítulo,
con ocasión de extractar las ideas de Apáthy y Bethe. Mi fórmula prestábase
ventajosamente á ello, á causa de impregnar las neurofibrillas, sobre todo en
los animales jóvenes, de intenso color negro ó café obscuro. Y con efecto, en
la médula espinal, bulbo raquídeo, cerebro, cerebelo, ganglios,
etc., lo mismo en las neuronas voluminosas que en las pequeñas, mostrose
claramente la real configuración del esqueleto del protoplasma nervioso.
Fig. 105.—Efectos de la temperatura en la
disposición del retículo de las células nerviosas (médula espinal) del conejo
de pocos días.— A, temperatura de 25°; C, temperatura de 10° mantenida algunas
horas; B, temperatura de 15°.
Conforme mostramos en la figura 103 y siguientes,
dicho armazón se compone, no de un conjunto de hilos independientes que
pasarían desde el soma á las expansiones, según pensaban Apáthy, Bethe y
Bielschowsky, y en parte también Donaggio, sino de un retículo en donde se
destacan dos clases de hebras: las gruesas ó primarias (a),
intensamente coloreables en café ó rojo pardo, y las finas y
secundarias (b), más débilmente teñidas y enlazadas entre sí y
con las precedentes. Los detalles de las figuras 103 y 104, B nos dispensan de
entrar aquí en prolijidades descriptivas. Por lo demás, la[p.
436] referida disposición reticular fué prontamente confirmada por buen
número de autores, que emplearon asiduamente la nueva fórmula de impregnación:
van Gehuchten, Michotte, G. Sala, L. Azoulay, Nageotte, Dogiel, Marinesco,
Medea, Lugaro, Tello, R. Illera, v. Lenhossék, etc.
Mis estudios mostraron, además, que el citado
esqueleto neurofibrillar exhibe, según los tipos celulares estudiados, algunas
variantes dispositivas. Denso y rico en hebras dispuestas en haces apretados
entre los grumos de Nissl, en las colosales neuronas de la médula, bulbo y
ganglios, consta de escasas hebras, separadas por amplios espacios, en las
diminutas células nerviosas. En fin, en algunos elementos de mediana talla se
contienen dos redes intraprotoplásmicas: perinuclear ó compacta,
formada por las neurofibrillas centrales amibadas de las expansiones; y cortical
ó floja, generada por los filamentos superficiales del axon y dendritas
(fig. 103, A).
2. Mis observaciones revelaron luego un hecho
interesante á cuyo encuentro contribuyó también mi ayudante el Dr. Tello, á
saber: que las neurofibrillas no forman un armazón estable y rígido,
sino que representan algo vivo, mudable y susceptible de reaccionar, cambiando
de aspecto en presencia de estímulos fisiológicos y patológicos[219].
Como prueba de esta transformación mostramos
comparativamente los retículos de las neuronas espinales del lagarto en estado
de entorpecimiento invernal (acción de frío) y en estado de actividad (acción
del calor de la estufa), poniéndose de manifiesto que el frío produce
coalescencia de las neurofibrillas, que se funden en gruesos cordones, y
aumento de la materia argentófila (fig. 104).
Más adelante apareció una extensa monografía[220],
describiendo menudamente las referidas variaciones, no sólo en los reptiles,
sino muy especialmente en los mamíferos jóvenes y hasta en el hirudo.
En la figura 105 podrá notar el lector las sorprendentes mutaciones que sufre
el retículo en los mamíferos jóvenes (conejo) cuando éstos son sometidos á la
acción de bajas temperaturas.
[p. 437]3. Casi contemporáneamente descubrí que la
nueva fórmula suministra también, en determinadas condiciones, imágenes
excelentes del llamado aparato reticular de Golgi de los
epitelios[221]. Este poder
revelador, que se acreditó más tarde en los invertebrados, me permitió discutir
con datos objetivos terminantes las teorías á la sazón en lucha de Holmgren,
Golgi y otros acerca de la naturaleza y morfología del susodicho retículo.
Fig. 106.—Dibujo semiesquemático destinado á
mostrar algunas de las arborizaciones terminales libres reveladas en el
cerebelo por la nueva técnica argéntica.— A, célula estrellada de la capa
molecular; B, cestas pericelulares; D, e, fibras trepadoras;
C, b, ramas colaterales de los axones de Purkinje.
4. En fin, cosa importante, el nuevo recurso
técnico mostrose también propicio, impregnando con inesperado vigor las
neurofibrillas de muchas arborizaciones terminales de los centros (nidos
de las[p. 438] células motrices, cestas pericelulares
de los corpúsculos de Purkinje, fibras musgosas y trepadoras del cerebelo,
etc.) (fig. 106).
Esta propiedad resultó tanto más preciosa cuanto
que carecíamos por entonces de método regular susceptible de comprobar y
contrastar corrientemente en el cerebelo y médula espinal las arborizaciones
nerviosas pericelulares reveladas por el cromato de plata. En presencia de las
elegantísimas preparaciones del cerebelo, donde las cestas,
las fibras musgosas y trepadoras aparecían
nítidas, transparentes, con matices enérgicos y variados, y teñidas por
completo sin la menor laguna tintorial, mi alegría fué inmensa. Habían
quedado para siempre pulverizadas las objeciones de los adustos impugnadores
del método de Golgi, siempre recelosos, de que las siluetas del cromato de
plata no tradujeran disposiciones preexistentes.
Fig. 107.—Aparato endocelular de Golgi demostrado
en las neuronas de la lombriz de tierra.
Según mostramos en la figura 106, la plata coloidal
no sólo reproduce las formas clásicas de los preparados golgianos, sino que
aporta por añadidura interesantísimos é impensados detalles estructurales.
Repárense los anillos terminales de las colaterales re[p. 439]currentes de los
axones de Purkinje (b); la estrangulación inicial del axon de las
células de cesta (a); las cestas propiamente dichas
(B); la arborización serpenteante de las fibras trepadoras (D), etc.
Fig. 108.—Células del intestino de la lombriz con
su característico aparato endocelular.
Como hallazgos accesorios mencionaré todavía:
5. Confirmación, con nuevos detalles, del sistema
neurofibrillar hallado en los invertebrados (hirudo) por Apáthy, y
refutación de la teoría de las redes intercelulares de este autor.
6. Descripción de las fases evolutivas del retículo
neurofibrillar en los embriones y animales recién nacidos (células del cerebro,
cerebelo, ganglios, etc.).
7. Encuentro y descripción por primera vez en los
invertebrados (lumbricus) del aparato reticular de Golgi, que aparece,
tanto en las células nerviosas como en las epiteliales, localizado en un polo
del soma, no lejos del núcleo (figs. 107 y 108).
8. Descubrimiento en las células epiteliales del
intestino del hirudo, de un sistema de fibras libremente terminadas
y comunicantes con espacios linfáticos subyacentes. Estos conductos constituyen
una disposición aparte del aparato tubular de Golgi, Negri y Holmgren.
Confirmado por Holmgren en el hirudo, por Sánchez en varios
crustáceos y recientemente por Río-Hortega, que añade interesantes detalles.
9. Mi ansiosa curiosidad llevóme después á ensayar
reiteradamente el nuevo recurso analítico en los embriones y animales recién
nacidos; y advertí que la coloración se obtiene en los elementos y fibras
nerviosas en vías de evolución con más constancia é intensidad todavía que en
el adulto. Además, la relativa simplicidad estructural y brevedad de las
distancias en los embriones permite resolver problemas de organización casi
inabordables en los animales llegados á pleno desarrollo.
Entre los hechos recogidos en esta indagación[222] citaré[p.
440] los siguientes, referentes á la organización fundamental del bulbo
raquídeo, protuberancia, etc.:
a) Descripción exacta del foco superior ó descendente del
trigémino, en el cual distinguí una porción superior de
células multipolares y otra porción inferior de neuronas
piriformes voluminosas. (Confirmado por P. Ramón en batracios, reptiles y
aves).
b) Observación precisa de los núcleos motores oculares y
singularmente el del motor ocular común de las aves, con sus
diversos subnúcleos, y la marcha de sus axones.
c) Impregnación de los ganglios raquídeos embrionarios. En
ellos se analiza la transformación sufrida por el retículo protoplásmico
durante el tránsito de la fase bipolar á la monopolar. (Confirmado por Besta,
que trabajó con este mismo método).
d) Descripción de los focos del coclear y vestibular en
los embriones, donde se manifiesta que la primera aparición del retículo
diferenciado tiene lugar en torno del núcleo.
e) Reconocimiento de las terminaciones nerviosas en las crestas
acústicas de los embriones de pollo (existencia de fibras colosales y
fibras finas, terminaciones en cabos y por ramas libres horizontales, etc.).
Confirmado en diversos mamíferos, y ampliado con la adición de hechos
interesantes, por London, Kolmer y Bielschowsky.
f) Determinación en las aves del foco intersticial del fascículo
longitudinal posterior, cuyos axones gigantes son descendentes, ingresando
en dicha vía.
g) Localización del núcleo rojo de las aves, así como
señalamiento del origen y decusación del haz de Monakow, sólo
conocido en los mamíferos.
h) Descripción del origen de la vía óptico-refleja descendente del
tubérculo cuadrigémino anterior, etc.
10. Con la esperanza de recolectar nuevos
pormenores estructurales, abordé más tarde el análisis de las placas motrices
de los mamíferos y aves, y publiqué cierta nota[223] acompañada
de expresivos grabados.
[p. 441]En este trabajo se señala por vez primera
el armazón neurofibrillar de las placas motrices de aves y mamíferos,
reconociéndose la estructura reticulada de los ensanchamientos de la
arborización nerviosa y la disposición ansiforme de las neurofibrillas de las
más finas ramificaciones. (Confirmado y ampliado por Dogiel, Botezat
(terminaciones sensitivas), y sobre todo por Tello y Boeke, que han hecho un
buen estudio de las placas motrices de los mamíferos).
Fig. 109.—Hipertrofia y simplificación de las
neurofibrillas en las células de la médula espinal de los animales rábicos.
11. El descubrimiento de las curiosas
transformaciones experimentadas por las neurofibrillas bajo la acción de
estímulos fisiológicos, condújome al examen del retículo en diversos estados
patológicos. Esperaba hallar alguna variación, más ó menos típica, de los
procesos infecciosos del sistema nervioso, susceptible de ser aprovechada en el
diagnóstico. Estas esperanzas confirmáronse plenamente por lo que toca á los
centros nerviosos de los animales rábicos (perro, conejo, hombre, etc.),
exploración en que fuí celosamente ayudado por D. Dalmacio García, Jefe de la
Sección de Veterinaria del Instituto Nacional de Higiene.
[p. 442]En la extensa monografía[224] consagrada
al referido argumento hago constar que, bajo la influencia del virus rábico,
las células nerviosas de los ganglios, médula, bulbo, cerebelo, cerebro, etc.,
del conejo, cavia, perro, etc., pasan por las siguientes fases: a)
aproximación de las neurofibrillas, que se disponen en haces apretados, dejando
libres grandes espacios; b) desaparición de los filamentos
secundarios y fusión de los haces en cordones macizos, sucesivamente más
gruesos y menos numerosos; c) en fin, vacuolización del protoplasma,
lateralización del núcleo, formación de nuevas dendritas (estado irritativo del
retículo), multiplicación de los corpúsculos satélites, alteración varicosa y
destrucción de los axones, transformación de los nidos nerviosos (cerebelo,
médula, etcétera) (fig. 109).
Las citadas alteraciones del retículo se consideran
como una reacción de este órgano celular bajo el estímulo de las toxinas
lísicas, reacción comparable á la desarrollada por el retículo de los reptiles
sometido á la acción del frío.
En fin, considerando la precocidad de dicha
alteración neurofibrillar, la constancia absoluta de su presentación en la
rabia y su ausencia en otras enfermedades infecciosas, se estima la susodicha
hipertrofia neurofibrillar como un seguro signo diagnóstico de la hidrofobia
del hombre y animales. (Confirmado por Marinesco, que estimó la mencionada
lesión como excelente medio de diagnosticar la rabia).
12. En fin, citemos aún, para completar la serie de
los trabajos de 1904, una investigación sobre las neurofibrillas de la
retina[225], de que se
publicó traducción alemana[226],[p.
443] y otra indagación, de igual carácter, acerca de los ganglios
de la lombriz de tierra[227].
En este último trabajo se exponen dos métodos de
impregnación aplicables al estudio de los ganglios del Lumbricus.
El primero, simple modificación del proceder del nitrato de plata reducido
(fijación en formol solo ó con amoníaco), impregna exclusivamente la trama
neuróglica de los invertebrados, de que se da sucinta descripción. El segundo
proceder, combinación de la impregnación argéntica y áurica, tiñe de violeta ó
rojo las neurofibrillas, que se presentan dispuestas en redes tupidas,
extendidas por todo el protoplasma, reproduciendo en principio la disposición
del armazón neurofibrillar de los vertebrados, etc.
No sería completo el inventario de la labor de 1904
si no recordara que, en dicho año, dí feliz acabamiento á mi obra magna en tres
volúmenes, titulada: Histología del sistema nervioso del hombre y de
los vertebrados. (Madrid, 1899 á 1904)[228]. De la
cantidad de trabajo puesto en ella, durante los cinco años que duró la
impresión, darán idea sus 1.800 páginas de texto en 4.º mayor y sus 887
grabados originales, casi todos de gran tamaño. Comprenderá el lector, que al
redactar tan voluminoso libro, donde se resumía y completaba una obstinada
labor de quince años, antes busqué honra que provecho. Y sin pecar de inmodesto
ó petulante, puedo decir que no erraron mis cálculos. Hay trabajos para los
cuales no existe más galardón que el sentimiento de la propia estima y la
aprobación de los doctos. En aquella[p. 444] ocasión, mis esfuerzos y
desvelos alcanzaron la única recompensa á que yo aspiraba: los elogios
respetuosos de la crítica y los lisonjeros juicios de los sabios más
prestigiosos.
Escrito en lengua poco conocida de los sabios, y
presupuesto el carácter original y abundancia de pormenores descriptivos, mi
libro fué honrado con varias solicitudes de traducción. Entre ellas, recuerdo
la que fuéme dirigida por la casa J. A. Barth, de Leipzig, y la formulada por
la casa A. Maloine, de París. Al fin, accedí á una versión francesa, á cargo de
mi amigo el Dr. Léon Azoulay, versión que por haber visto la luz en 1911, debe
estimarse cual obra nueva[229], ya que en
ella incluí todo el fruto de las investigaciones realizadas hasta dicha fecha.
Lo he dicho en otra parte y me complazco en
repetirlo, seguro de que el lector benévolo disculpará mis debilidades. El
objeto de mi obra fué, desde luego, crearme permanente estímulo para el trabajo
intensivo; en previsión de posibles horas de desaliento y de fatiga, quise atar
deliberadamente mi voluntad mediante formal compromiso de honor contraído con
el público. Respondió, además, el citado libro á un egoísmo harto humano para
ser inexcusable: temeroso del olvido y poco seguro de dejar continuadores capaces
de recordar y defender ante los extraños mis modestas adquisiciones
científicas, tuve empeño en reunir en un todo orgánico las monografías
neurológicas publicadas durante tres lustros en Revistas nacionales y
extranjeras, amén de rellenar, con nuevas indagaciones, los puntos antes no
tratados. Pero, ante todo y sobre todo,[p. 445] deseaba que mi libro fuera
—y perdónese el orgullo— el trofeo puesto á los pies de la decaída ciencia
nacional y la ofrenda de fervoroso amor rendida por un español á su menospreciado
país!...
Fig. 110.—Célula sensitiva humana con dendritas
nacientes.
Durante el año 1905, mi actividad tuvo por cauce
principal la arquitectura de los ganglios sensitivos y simpáticos del
hombre adulto y de algunos mamíferos de gran talla. Hasta entonces, los dos
métodos reveladores de la morfología de las neuronas gangliónicas, es decir, el
de Golgi y el de Ehrlich, apenas se habían aplicado al hombre plenamente
desarrollado. Por tanto, las descripciones clásicas de Golgi, Ehrlich, de
Retzius, Dogiel, etc., aludían casi exclusivamente á embriones ó mamíferos
jóvenes y de pequeño volumen (ratón, conejo, gato, etc., entre los mamíferos;
el pollo, entre las aves). Y al considerar las grandes mudanzas sufridas por
todos los centros nerviosos en su tránsito de la fase fetal al estado de plena
madurez, preguntábase uno si durante el desarrollo post-fetal no habrían acaso
los ganglios sensitivos y simpáticos humanos experimentado mutaciones estructurales
de importancia. Mas para esclarecer este punto, la técnica histológica anterior
á 1903 no ofrecía ningún recurso seguro y eficaz.
Esta laguna metodológica fué felizmente colmada por
la nueva fórmula de impregnación, la cual posee la inestimable ventaja de
colorear intensamente las células sensitivas y simpáticas del hombre adulto,
aun en cadáveres poco frescos.
Tamaña excelencia, amén de la constancia y vigor
del[p. 446] teñido, me permitieron, en la primera tentativa exploratoria
de los ganglios sensitivos[230], recolectar
los siguientes datos originales:
Fig. 111.—Otra célula cuyas expansiones han cruzado
la cápsula para terminarse en bolas.
a) Existencia, aparte los tipos monopolares conocidos, de neuronas
sensitivas provistas de axon y de dendritas intracapsulares rematadas en
abultamientos libres (fig. 110, b).
b) Hallazgo, relativamente frecuente en los viejos y frecuentísimo en
determinados estados patológicos, de corpúsculos de cuyo soma ó de cuya
expansión principal emanan hebras finísimas sucesivamente engruesadas y
acabadas por bolas capsuladas situadas sobre la célula, es decir, bajo la
membrana endotelial.
c) Encuentro de neuronas análogas á las anteriores, pero cuyos[p.
447] filamentos, provistos de gruesas esferas finales, se terminan fuera
de la cápsula, entre los manojos de tubos nerviosos intersticiales (figura
111).
Fig. 112.—Células fenestradas del ganglio del vago
en el perro.
d) Descubrimiento, en los ganglios craneales (del vago sobre todo) del
hombre y grandes mamíferos, de un singular tipo celular cuya expansión
nerviosa, en vez de poseer un glomérulo inicial intracapsular, exhibe cierto
curioso sistema de asas anastomóticas nacidas en diferentes puntos de la célula
y con espacios ó mallas rellenas por corpúsculos satélites (figs. 112 y 113).
Fig. 113.—Curiosos tipos de células fenestradas en
los ganglios sensitivos del carnero.
e) Se demuestra que los atributos de este elemento singular,
que llamamos corpúsculo fenestrado, varía mucho, así en morfología
como en abundancia, en las diversas especies animales estudiadas (perro, gato,
asno, caballo, buey, cerdo, carnero, etc.). (Confirmado por Athias en el raposo
y más tarde por Levi, Dogiel y otros sabios, en gran número de vertebrados).
[p. 448]f) Se describen las colaterales de
la substancia blanca de los ganglios y los nidos nerviosos pericelulares del
hombre y mamíferos superiores.
g) En fin, se descubre en los ganglios de los ancianos un tipo especial
de célula avejentada, la célula desgarrada, cuya superficie está
erizada de apéndices neurofibrillares, en cuyos intervalos yacen infinidad de
corpúsculos satélites (fig. 114).
Fig. 114.—Células sensitivas desgarradas.— a,
axon; b, elementos satélites; c, apéndices cortos.
Los extraños tipos de neuronas y los curiosos
fenómenos de retoñamiento descriptos en los ganglios humanos, llamaron
poderosamente la atención de histólogos y anatomo-patólogos, singularmente de
J. Nageotte, quien, merced á penetrantes exploraciones efectuadas con el tantas
veces aludido método en los ganglios de los tabéticos, advirtió,
además de notable incremento de ciertas disposiciones señaladas por nosotros en
personas normales, nuevas formas de regeneración patológica. Abierto el camino,
avanzaron después por él con gran fortuna multitud de neurólogos, entre los que
citaremos: á Levi, Marinesco, H. Rossi, L. Sala, Pacheco, Besta, Schäffer,
Dustin, Ranson, Minea, Bielschowsky, Achúcarro, etc.; animados unos del deseo
de encontrar formas normales nuevas; instigados otros por la esperanza de
sorprender alteraciones es[p. 449]pecíficas concomitantes de determinados
procesos patológicos.
13. No menos insólitos y desconcertantes fueron los
hechos observados al explorar los ganglios simpáticos humanos,
según dan testimonio algunas de las adjuntas figuras.
Fig. 115.—Células del gran simpático del hombre.
Tipo mixto provisto de cortas y largas dendritas.— a, axon; c, b,
dendritas cortas.
Resumiendo esta indagación, una de las más
importantes de aquel año, recordaremos aquí:
a) El descubrimiento, en las células simpáticas del hombre, de una
categoría especial de dendritas hasta entonces no vistas: las dendritas
cortas ó subcapsulares, que proceden de todo el contorno celular y se
terminan libremente entre los corpúsculos satélites pericelulares. Estos
singulares elementos se han llamado después neuronas en corona.
Caracterízanse, sobre todo, por carecer ú ofrecer excepcionalmente dendritas
largas ó extracapsulares. En cuanto al axon, responde á los
rasgos conocidos en las neuronas simpáticas de los mamíferos.
b) La presencia de corpúsculos que, á más de la corona de finas[p.
450] dendritas señalada, ofrecen recias expansiones protoplásmicas
descompuestas en un plexo difuso terminal. En la figura 115 presentamos dos de
estos tipos simpáticos, que son bastante abundantes. Algunas de estas células
exhiben una morfología especial en zurrón ó cometa sumamente
característica. (Véase tan curioso tipo cometario en la figura 116).
c) Descripción de glomérulos de conexión, es decir, de plexos
dendríticos apretadísimos, perfectamente limitados, donde se entrelazan y
convergen expansiones llegadas de varias neuronas.
d) Reconocimiento en el hombre de nidos nerviosos pericelulares,
extremadamente complicados y en conexión quizás con las dendritas cortas ó
subcapsulares. Las ramas finas de que tales nidos se engendran son continuación
de tubos mielínicos llegados de la médula espinal (fig. 116, b).
e) Descripción de nidos nerviosos peridendríticos, etc., etc.
f) En fin, existencia en el hombre de la célula simpática común[231], es decir,
provista de axon y un solo sistema de largas y ramificadas dendritas.
Estos trabajos sobre la morfología de las células
simpáticas fueron comprobados y ampliados por numerosos sabios que aplicaron
nuestra técnica á gran número de vertebrados (Marinesco, Lenhossék, Biondi,
Guido Sala, Müller, Pitzorno, Riquier, Achúcarro, Arcaute, etc.).
Fig. 116.—Célula de tipo en zurrón ó cometa del
gran simpático humano.
[p. 451]14. Por último, para cerrar esta lista
harto pesada de afortunados hallazgos, mencionemos aún cierto trabajo sobre
las neurofibrillas del cerebelo[232] y un
ensayo sobre los efectos del nuevo método sobre la estructura de la
fibra muscular estriada[233].
En el primer trabajo, harto más interesante que el
segundo, se da cuenta de las observaciones recolectadas con el nuevo método
sobre las células estrelladas de la capa plexiforme cerebelosa,
cuyo axon y conocidas colaterales terminadas en cesta pericelular,
tíñense espléndidamente. Entre los datos más salientes cuéntanse los
siguientes:
a) Que el axon de dichas células, compuesto en su cono de origen de
algunas neurofibrillas, se condensa en una sola sumamente delgada, que
ulteriormente se multiplica hasta engendrar un robusto fascículo, repartido en
las colaterales de los nidos nerviosos. Semejante hecho milita en contra de la
hipótesis de Bethe y Bielschowsky, para quienes las neurofibrillas no se
ramificarían nunca, manteniéndose independientes. (Véase la fig. 106, a).
b) Se descubren ciertas fibras horizontales de la capa molecular acabadas
en maza (fibras atascadas).
c) Se confirma con los nuevos métodos la existencia de determinadas
fibras ansiformes del cerebelo joven, hace tiempo descriptas por mí.
d) En fin, abordando el estudio del bulbo, se ponen de manifiesto errores
de itinerario de los nervios motores, incongruencias evolutivas especialmente
significativas para la teoría del crecimiento de los axones (fibras radiculares
extraviadas del patético en el conejo, etc.).
[p. 453]
CAPÍTULO XIX
Trabajos del trienio 1905, 1906 y 1907. —
Investigaciones sobre la regeneración de los nervios y las vías centrales. —
Controversia entre los monogenistas y poligenistas. — El neuronismo sale
triunfante de la prueba a que fué sometido por los adeptos de la teoría
catenaria. — Nuevos estudios sobre la génesis de las vías nerviosas en el
embrión, también fortalecedores de la concepción neuronal. — Hechos
demostrativos de que las neurofibrillas de la célula nerviosa constan de
unidades vivientes relativamente autónomas.
oinciden los años de 1905 y 1906 con el cenit
de mi carrera científica. Durante ellos sonrióme la fortuna hasta el punto de
alcanzar los más altos galardones á que un hombre de ciencia puede aspirar; y
en dicho período, aparte comunicaciones de menor cuantía, efectué observaciones
decisivas para la consolidación de la concepción neuronal, á la sazón muy
discutida.
Comencemos por referir sucintamente lo más granado
de mi labor de Laboratorio durante el citado bienio.
Cediendo á estímulos de que luego hablaré, consagré
primeramente mi atención á dilucidar el siempre controvertido problema del
mecanismo regenerativo de los nervios y vías nerviosas centrales interrumpidas;
y después[p. 454] (y ésta fué tarea ejecutada en la segunda mitad de 1906)
á explorar con la nueva técnica la génesis de las fibras nerviosas del embrión,
tema íntimamente relacionado con el precedente.
Ambos estudios respondieron á cierto estado
circunstancial de opinión. Tras largo período de plácido y casi indisputado
señorío de la doctrina neuronal, cuyas principales pruebas objetivas tuve,
según recordará el lector, la fortuna de aportar, renació con increíble
pujanza, en determinadas escuelas, el viejo y casi olvidado error del reticularismo y
otras similares extravagancias especulativas (teoría catenaria, etc.).
Diríase que ciertos espíritus, propensos al misticismo, son molestados por las
verdades sencillas y patentes. Temperamentos exageradamente altivos, parecen
obstinados en conquistar la fama, no por el honroso y difícil camino del
hallazgo de nuevos hechos, sino por el harto más cómodo y expedito de negar ó
desconceptuar, en nombre de prejuicios aventuradísimos, los hechos más
rigurosamente demostrados. Tan anárquica y desdichada pasión, nunca del todo
desterrada de los dominios biológicos, tuvo, según acabo de decir, su más
elevada culminación allá por los años de 1900 á 1904. Pero entonces los
fanáticos del reticularismo adoptaron nueva táctica. Confiando poco, sin duda,
en alcanzar la victoria en el terreno franco de la morfología neuronal adulta,
escogieron para impugnar el neuronismo el campo, al parecer más propicio, de
la regeneración de los nervios y de la neurogénesis
embrionaria.
Muchos fueron los arriscados aventureros deseosos
de combatir á la sombra de la vieja bandera desplegada ya en 1867 por Gerlach y
Meynert. Discordes, y hasta antagónicos en muchas de sus afirmaciones,
coincidían solamente en un extraño y unánime sentimiento de aversión[p.
455] contra la doctrina del contacto y de la independencia de los
corpúsculos nerviosos; doctrina demostrada hasta la saciedad, según es sabido,
hacía lustros, por His, Forel, nosotros, Lenhossék, Retzius, Kölliker, van
Gehuchten, Lugaro, Waldeyer, Harrison, etc., en el terreno de la histología é
histogenia normales; y por Waller, Münzer, Ranvier, Vanlair, Ziegler, Stroebe,
Forssmann, Marinesco, Langley, Mott, Halliburton, Segale, Purpura y otros
muchos en la esfera de la degeneración y regeneración de los nervios.
Exceptuado el prestigioso profesor Nissl y algún otro, en las filas del
reticularismo formaban jóvenes entusiastas, tan ansiosos de reputación como
candorosos observadores. Recordemos, entre ellos: á Büngner, Joris, Huber, Sedgwig,
Ballance, Wietting, Marchand, Galeotti y Levi, Monckeberg, Durante, O.
Schültze, etc., algunos de los cuales trabajaron en épocas anteriores á 1900.
Caudillo y estratega, por el doble derecho del
talento y de la gallardía crítica, de esta lúcida hueste, vino á ser Alfredo
Bethe, docente de la Universidad de Estrasburgo, á quien hicieron justamente
famoso sus impresionantes estudios sobre las neurofibrillas de los vertebrados.
Aparte la indiscutible autoridad del citado sabio, contribuyeron poderosamente
á fascinar á la juventud universitaria tudesca é italiana (en Francia é
Inglaterra la teoría reticular conquistó pocos adeptos), su insuperable habilidad
polémica, la ingeniosidad de sus recursos técnicos y hasta la brillantez de su
estilo. Aunque defendiendo fórmulas muy diferentes y personales del
reticularismo, contribuyeron á autorizar esta hipótesis aventurada H. Held, de
Leipzig; el profesor Dogiel, de San Petersburgo, y el eximio Golgi, de Pavía.
Con tales fiadores no fué maravilla que se pusiera en moda execrar y hasta
sonreir de la concepción neuronista y del postulado de la conexión por[p.
456] contacto, no obstante constituir, según dejamos dicho, la expresión
fidelísima de innumerables observaciones concordantes[234].
Tan fulminante y difusivo llegó á ser en 1903 el
contagio del reticularismo, gracias, sobre todo, á los sugestivos alegatos de
A. Bethe, que titubeó en su fe neuronista el ilustre Waldeyer, se pasó
temporalmente al bando contrario el profesor Marinesco, y flaqueó, ¡quién lo
dijera!, hasta el ilustre van Gehuchten, una de las columnas del neuronismo; el
cual, sin renunciar enteramente á la doctrina ortodoxa, hizo á los disidentes
la siguiente humillante concesión: «En el adulto la célula nerviosa representa individualidad
perfecta, producto de un solo neuroblasto; mas en el estado patológico, por
ejemplo durante el proceso de la regeneración nerviosa, los nuevos
cilindros-ejes resultan de la fusión y diferenciación de una cadena de
neuroblastos periféricos...»
[p. 457]Lo expuesto hará ver al lector hasta qué
punto arreciaba el peligro. Autor hubo que dió por definitivamente enterrada la
genial concepción de His y Forel. En fin, la quimera reticularista mostrose tan
invasora y empleó en sus objeciones inconsistentes lenguaje tan arrogante y
descomedido, que la paciencia de los neuronistas tocó á su límite. Era preciso
poner un correctivo á la general aberración. Algunos sabios, extrañados de mi
silencio y considerándome acaso como el más obligado á volver por los fueros de
la verdad, escribíanme en son de reproche: «¿Qué hace usted? ¿Cómo no se
defiende?»
He sentido siempre invencible repugnancia hacia las
ociosas polémicas. Con ello piérdese un tiempo precioso que podría emplearse
provechosamente en allegar hechos nuevos. ¿Quién ignora, además, que la verdad,
aun indefensa, acaba por prevalecer? Mas ante la arrolladora marea del error y
ante los reiterados requerimientos de mis amigos, vime obligado á hacer alto en
mi camino y descender á la palestra, doliéndome mucho tener que gastar quizá
dos ó tres años en investigaciones anatomo-patológicas, cuyo fruto no podía ser
otro que confirmar verdades demostradas hacía tiempo por Waller, Ranvier,
Vanlair, Stroebe y otros muchos sabios. Al final de la campaña tuve, sin
embargo, el consuelo de ver que no se había perdido enteramente el tiempo.
Sobre fortalecer varias conclusiones clásicas, algo inseguras á causa de
insuficiencias metodológicas, conseguí recoger algunas observaciones originales
no desprovistas de valor.
Fuera injusto olvidar que en esta ruda batalla en
pro de la verdad no fuí un solitario; acompañáronme también varios prestigiosos
investigadores á quienes, como á mí, soliviantaron las jactancias y temeridades
de los reticularistas. Mencionemos en primer término á Perroncito, discípulo
favorito de Golgi, que aplicó también al tema el nue[p. 458]vo método; á
Lugaro, Medea, Marinesco y Minea, Tello, Nageotte, Krassin, etc., etc. Excusado
es decir que al triunfo de la buena causa contribuyó decisivamente el proceder
del nitrato de plata reducido, el cual, con relación al tema debatido, posee la
inestimable ventaja de teñir total y vigorosamente los brotes ó renuevos de los
axones mutilados (cabo central), brotes que es dable perseguir cómodamente en
secciones espesas al través de la cicatriz y dentro del cabo periférico hasta
los mismos aparatos terminales.
Recordemos ahora algunos antecedentes del problema
de la regeneración de los nervios.
Los patólogos y fisiólogos de la primera mitad del
siglo pasado (Waller, Vulpian, Ranvier, Brown-Sequard, Münzer, etc.) pusieron
de manifiesto el siguiente hecho: cuando en un mamífero joven se corta un
cordón nervioso, la porción de éste situada más allá de la sección (el cabo
periférico) degenera y muere rápidamente, reabsorbiéndose progresivamente
las reliquias del axon y mielina; mientras que, meses después, tanto la
cicatriz intermediaria ó internerviosa, como el cabo periférico, ofrecen
numerosas fibras neoformadas que restablecen total ó parcialmente la
sensibilidad y motilidad del miembro paralizado.
¿En virtud de qué mecanismo histológico se restaura
el cabo periférico destruído y se regeneran las terminaciones nerviosas en
músculos y superficies sensibles?
Las soluciones propuestas giraban todas en torno de
estas dos: la teoría de la continuidad ó monogenista,
sostenida por Waller, Münzer, Ziegler, Ranvier, Vanlair, Stroebe, Kölliker,
Mott, Halliburton, Harrison, Lugaro, etc.; y la teoría de la
discontinuidad ó poligenista, proclamada por algunos
fisiólogos (Vulpian, Brown-Sequard, Bethe) y por buen golpe de
anatomo-patólogos y patólogos (Büngner, Wietting, Ballance, Stewart, Marchand,
Medea, etc.).
[p. 459]Los mantenedores de la primera solución
sostenían que las fibras neoformadas del cabo periférico representan
simplemente la prolongación, por vía de brote y crecimiento progresivo, de los
cilindros-ejes del cabo central, los cuales conservarían plena vitalidad
gracias á su continuidad con la neurona de origen ó centro trófico;
mientras que los adeptos del poligenismo, ó de la segunda teoría, afirmaban
resueltamente que las fibras regeneradas resultan de la diferenciación y
sucesiva transformación de las células de revestimiento de los tubos nerviosos
viejos (núcleo y protoplasma en vías de división de los corpúsculos de
Schwann). Estas células dispondríanse al principio en cadena ó cordón
protoplásmico macizo, dentro de cuyos anillos surgirían progresivamente, por un
acto de diferenciación, sendos trozos axónicos ulteriormente fundidos en
filamento continuo y, al fin, reunidos con los extremos axónicos libres del
cabo central.
Excusado es decir que, no sólo por mi convicción
neuronista, sino hasta por el imperio de tendencias irresistibles, repugnóme
invenciblemente esta explicación. Creyente fervoroso en la unidad de las leyes
biológicas y persuadido de que la Naturaleza procede siempre en sus operaciones
con espíritu de estricta economía, no me cabía en la cabeza que el organismo
empleara para la construcción de los nervios, según la fase evolutiva, dos
mecanismos diversos y casi antagónicos. Porque, de ser cierto el poligenismo en
relación con la regeneración nerviosa, resultaría que durante la neurogénesis
embrionaria el axon representa la obra individual de un neuroblasto ó célula
nerviosa joven; en tanto que, en la regeneración patológica, el axon neoformado
constituye el producto de innumerables células de Schwann ó neuroblastos
periféricos, como algunos los llaman, amén del trozo axónico central,
hechura de un neuroblasto embrionario. Claro es que para ciertos histólogos[p.
460] tamaña contradicción no existía: para ellos (Fragnito, Joris, Besta,
Capobianco, Bethe, etc.), lo mismo en la regeneración nerviosa que en la
neurogénesis embrionaria, el axon prodúcese mediante la fusión de innumerables
células primitivamente independientes (teoría catenaria). Pero semejante
aserción (aceptable para histólogos que sólo habían explorado las fases
tempranas de la neurogenia con métodos fáciles é impotentes para dar
limpia y rigurosamente la silueta de un cilindro-eje en vías de formación) era
incapaz de persuadir á quienes como v. Lenhossék, Retzius, Edinger, Lugaro,
Athias y nosotros, habíamos contemplado, merced á las insuperables revelaciones
del método de Golgi, imágenes clarísimas é irreprochables de los neuroblastos y
de los axones durante todos sus momentos evolutivos; imágenes perentoriamente
demostrativas, según dejamos expuesto en otro capítulo, de la unidad
genética de las citadas expansiones.
Entremos ahora en algunos desarrollos acerca de las
pretendidas pruebas presentadas por Bethe y sus principales corifeos.
Comenzó Bethe sus investigaciones reproduciendo
íntegramente los experimentos de Philippeaux y Vulpian, esto es, resecando en
mamíferos de pocos días trozos de nervio ciático y apartando y ocultando los
cabos de suerte que toda reunión y, por tanto, todo restablecimiento de la
continuidad fisiológica, fuera imposible.
Trabajando en las referidas condiciones, declaró
dicho sabio que en un cierto número de casos (no en todos, limitación muy
significativa), el examen macro-microscópico de la cicatriz reveló interrupción
absoluta de los segmentos, al mismo tiempo que una regeneración más ó menos
avanzada del periférico, como lo denotó el hecho de su excitabilidad
fisiológica. Estas observaciones, así como la comprobación de todas las fases
intermedias entre las células de Schwann y los tubos nerviosos jóvenes, fases
ya señaladas por Büngner, condujéronle á suponer, á semejanza de éste, que los
nervios separados radical y definitivamente de su centro trófico son capaces de
autorregenerarse. Cada axon, pues, representaría la obra[p. 461] común de
muchas células de Schwann, en cuyo protoplasma, arribado á madurez, se
diferenciarían ulteriormente las neurofibrillas, signo positivo de la aparición
de la conductibilidad nerviosa.
Fundaba Bethe tan radical poligenismo, más que
sobre observaciones histológicas precisas, en los resultados de los
experimentos fisiológicos. Así, cuando en cualquiera de los casos de sección
nerviosa citados se excita eléctricamente el cabo periférico autorregenerado,
el animal, insensible al dolor (indicio de incomunicación sensitiva), mueve los
músculos de la pierna y pie; mientras que no se obtienen contracciones
musculares si el segmento estimulado es el central. Las excepciones de esta
regla interprétalas Bethe suponiendo que, á pesar de sus precauciones, hanse
creado comunicaciones eventuales entre los dos cabos.
Comprobaciones más ó menos completas de estas
conclusiones fueron publicadas no sólo por los afiliados al reticularismo,
sino, según dejo apuntado, hasta por neuronistas tan convencidos como Marinesco
y van Gehuchten.
En esta situación del ambiente moral emprendimos en
1905 nuestras investigaciones sobre la regeneración de los nervios[235]. Duraron
cerca de dos años, y recayeron sobre gran número de animales (conejo, gato,
perro, etc.). Las[p. 462] principales conclusiones de estos estudios van
condensadas en las siguientes proposiciones:
Fig. 117.—Cabo central y comienzo de la cicatriz
intermediaria del nervio ciático seccionado y examinado tres días después de la
operación. Gato de pocos días.— F, fibra del cabo central; a, rama
terminal nacida del axon preexistente; C, b, botones finales de las
fibras que marchan por la cicatriz; d, botón de que brotan nuevas
ramas.
1. Cuando se corta el nervio ciático de un mamífero
joven y se sacrifica el animal varios días después de la operación, adviértese
en los preparados efectuados según el citado proceder de impregnación, que gran
número de los cilindros-ejes del cabo central son asiento de un fenómeno muy
activo de retoñamiento. Este retoñamiento se efectúa de dos maneras: a,
la fibra ó fibras nuevas poseen carácter de terminales y brotan del cabo
ensanchado del axon viejo; b, los nuevos conductores representan
ramas colaterales nacidas en ángulo recto ó agudo del antiguo cilindro-eje. En
ambos casos, las ramas neoformadas afectan aspecto semejante á las fibras de
Remak, es decir, que carecen de vaina medular, invaden el exudado interpuesto
entre los cabos nerviosos, se ramifican á menudo en su camino, y, en fin,
acaban libremente á favor de una maza ó botón terminal, especie de
ariete, destinado á empujar las cédulas mesodérmicas y á fraguar una ruta al
través de la futura trama cicatricial (fig. 117, C, b).
[p. 463]El descubrimiento de esta excrecencia
terminal, confirmada después por las investigaciones de Perroncito, Marinesco,
Nageotte, Sala, Tello, Dustin, Rossi, etcétera, reviste cierta importancia para
la resolución del problema debatido, pues gracias á dicho botón protoplásmico
final, cabe precisar en los cortes, no sólo el nivel á que ha llegado el
proceso regenerativo, sino el origen y orientación de los cilindros-ejes
neoformados.
2. Durante sus fases iniciales, las fibras
nerviosas neoformadas, así como sus botones terminales, carecen de núcleos ó de
células de Schwann; pero desde el tercero ó cuarto día en adelante, los
corpúsculos conectivos embrionarios son atraídos, y aparecen en torno de los
axones desnudos núcleos marginales. Esta precedencia formativa de los axones
regenerados sobre los corpúsculos de Schwann, compromete singularmente la
teoría catenaria, pues demuestra que durante las primeras fases de la evolución
de las fibras, faltan por completo las cadenas celulares (véanse las figs. 117
y 118).
Fig. 118.—Cabo central del nervio ciático del gato,
donde aparecen los restos del axon necrosado recubiertos por ramas nacidas de
la porción vivaz del axon: estas ramas no aciertan, á veces, á emerger
rápidamente hacia la cicatriz y generan ovillos complicados (B, C). (La
autopsia efectuóse cincuenta y dos horas después de la operación).
3. Estudiando la marcha de las fibras neoformadas
durante los seis días siguientes á la interrupción nerviosa, reconócese
fácilmente que las mazas terminales crecen al azar en el sentido de la menor
resistencia: un gran número de ellas retrograda, tanto dentro del cabo central,
donde[p. 464] se remontan mucho, como en los territorios perinerviosos;
otra parte de estos conductores, desorientados y errantes, detiénense ante los
obstáculos, trazan revueltas complicadas y se pierden, en definitiva, para los
efectos de la neurotización del cabo periférico.
Fig. 119.—Trozo de cicatriz y cabo periférico del
gato joven, cuyo nervio ciático fué seccionado setenta y dos días antes.
Adviértase cómo los retoños llegados á dicho cabo no forman cadenas, penetrando
ya entre, ya dentro de los estuches del segmento periférico (vainas viejas de
Schwann), á lo largo de las cuales crecen rápidamente (f).— A, cicatriz;
B, cabo periférico. (La reunión de los cabos fué dificultada por obstáculos
mecánicos).
Tales axones extraviados, muy abundantes en los
casos de resección de nervios ó de apartamiento intencional de los cabos
nerviosos, caracterízanse por exhibir una maza ó esfera terminal gigantesca
capsulada, frecuentemente en vías de degeneración. Es[p. 465]tas bolas finales
enormes pertenecen á fibras detenidas en su crecimiento (fig. 120, c).
4. Transcurridos diez ó doce días en los animales
adultos, y seis ó siete en los de pocas semanas, las fibras jóvenes no
extraviadas, errantes por el tejido cicatricial intercalar, asaltan los
estuches del cabo periférico, dentro de los cuales caminan, apartando á su paso
los detritus de mielina todavía no reabsorbidos. Al nivel de los obstáculos,
las nuevas fibras se dividen á menudo, y las ramas marchan flexuosas, caminando
indiferentemente, tanto por las bandas de Büngner, como por sus intersticios (fig.
119, b, c).
Fig. 120.—Curiosos ovillos de fibras regeneradas
creados junto al cabo central ó dentro de éste, á causa de los obstáculos que
para desembocar en la cicatriz encuentran los retoños. Muchos de éstos siguen
trayectos retrógrados, trazando espiras innumerables. Algunos, en fin, rompen
la vieja membrana de Schwann, exhibiendo recio botón final, revelador de larga
detención (c, d, b).
5. Cuando, repitiendo el experimento de Vulpian,
Brown-Sequard, Bethe, etcétera, tras la interrupción traumática de un nervio se
interponen obstáculos á la reunión inmediata de los cabos nerviosos, obsérvase
frecuentemente, dos o tres meses después de la operación, una regeneración muy
avanzada del segmento periférico. Examinado éste con ayuda de nuestro proceder
de teñido, percíbense en su interior numerosos axones jóvenes que se terminan
constantemente, y á niveles diferentes, dentro del cordón nervioso periférico,
á favor de un menudo botón de crecimiento ó de un espesamiento fusiforme
(figura 119, f).
La exploración de la extensa y accidentada cicatriz
que junta los cabos nerviosos distantes, revela, no la ausencia de fibras
nerviosas[p. 466] unitivas, según admitían arbitrariamente los partidarios
de la teoría catenaria, sino un plexo nervioso complicado, formado por
hacecillos de fibras ameduladas, y extendido sin interrupción desde el cabo
central al periférico.
6. Las fibras nerviosas neoformadas divídense
repetidamente en la cicatriz, y muy especialmente en la frontera del cabo
periférico, donde, frecuentemente, cada axon grueso se resuelve en un bouquet de
finas ramillas terminales. Las ramas generadas por cada axon no van consignadas
á un solo tubo viejo, antes bien, se reparten en varios de los vacíos estuches;
de donde resulta que, un grupo relativamente pobre de axones aferentes, puede
inervar buena parte del nervio degenerado (figura 119, b, d).
Notemos que las consabidas ramas, siempre orientadas hacia la periferia, así
como sus mazas libres, son hechos absolutamente inconciliables con la teoría
catenaria.
7. El proceso de la multiplicación de las células
de Schwann del cabo periférico obedece, no al fin de producir cadenas de
elementos transformables por autorregeneración, según afirman Büngner y Bethe,
en cilindros-ejes, sino al de segregar substancias estimulantes, susceptibles
de atraer y encauzar hacia las terminaciones nerviosas motrices y sensitivas
las fibras nerviosas jóvenes errantes por la cicatriz.
Fig. 121.—Fenómenos de retoñamiento abortado de los
axones del cabo central. Gato de varias semanas, siete días después de la
operación.— A, tubo con brotes abortados; B, axon varicoso con bola final; C,
tubo dentro del cual los retoños han producido haces y ovillos complicados.
Dejo dicho ya que un joven investigador italiano,
Aldo[p. 467] Perroncito[236],
discípulo del ilustre histólogo de Pavía, sirvióse también del método del
nitrato de plata reducido (cuya utilidad para las investigaciones
anatomo-patológicas fué ya anunciada por mí en 1904), para el estudio de la
regeneración de los nervios. Las conclusiones á que llegó este sabio
coincidieron casi exactamente con las mías, salvo haber logrado sorprender la
existencia de divisiones y de ramas neoformadas en el cabo central en fecha más
temprana que yo, es decir, desde el segundo día de la sección, y haber descrito
perfectamente las formas iniciales de los haces y ovillos nerviosos, señalados
por diversos autores y detalladamente descritos por nosotros (figuras 120 y
121, C).
Mi aludido trabajo sobre la Regeneración de
los nervios tuvo por objetivo esencial conseguir la prueba objetiva de
que las nuevas fibras aparecidas en el cabo periférico de un
nervio cortado representan incontestablemente brotes axónicos del cabo
central. En cambio, descuidamos algo el examen de los actos iniciales de la
regeneración misma (comportamiento de los axones del cabo central durante los
dos primeros días), tema muy ilustrado, según dejamos dicho, por Perroncito. Á
subsanar esta falta se encaminó cierta comunicación publicada en 1907[237]. En ella,
además de comprobar algunos hechos interesantes señalados por el joven
discípulo de Golgi, pusimos de manifiesto:
[p. 468]1. Que los primeros retoños del cabo
central brotan de preferencia al nivel de los espesamientos axónicos vecinos
del disco de soldadura (tubos medulados).
2. Que los cilindros-ejes del cabo periférico no
mueren instantáneamente al ser bruscamente interrumpidos de su centro trófico;
antes bien, pasan, señaladamente en la vecindad de la cicatriz, por cierto
proceso agónico, durante el cual ensayan la formación de mazas de crecimiento,
botones y ramificaciones, producciones efímeras[p. 469] y frustradas por
no ser influídas por efluvios vivificantes emanados del centro trófico (neurona
con su núcleo).
Fig. 122.—Cilindros-ejes del cabo periférico de un
nervio cortado. Nótese en la zona próxima á la herida fenómenos de
supervivencia y regeneración de las neurofibrillas (C, D). (Gato, cuarenta y
ocho horas de la operación).
3. Que cuando el axon muere súbitamente por
aplastamiento ú otras injurias traumáticas, el protoplasma necrosado, de
aspecto pálido y granuloso, es frecuentemente invadido por neurofibrillas
aisladas, de reciente formación, las cuales acaban mediante anillos, asas y
otras figuras (véanse en la figura 123, a, c, d,
los curiosos retoñamientos intra-axónicos de las neurofibrillas nacidas en la
porción viva del axon). Semejantes fenómenos se desarrollan también en el cabo
periférico de los nervios cortados (fig. 122, a).
Fig. 123.—Fenómenos de retoñamiento intra-axónico
de las neurofibrillas en axones mortificados por la presión de las pinzas (a, b, d, c).—
D, porción central de un axon de que emanan retoños. (Cincuenta y dos horas de
la operación en el gato).
4. En fin, que estos y otros actos vegetativos de
neurofibrillas aisladas, así como los fenómenos más atrás señalados de
metamorfosis del esqueleto neurofibrillar del soma neuronal (rabia, acción del
frío, etc.), implican la idea de que las hebras del axon coloreables por la
plata se componen de unidades vivientes infinitesimales, las neurobionas,
capaces de crecer y multiplicarse con relativa autonomía en el seno del
neuroplasma, y susceptibles de disponerse, según las circunstancias, en
colonias intra-axónicas de variable arquitectura. La mencionada hipótesis de
las neurobionas, explicativa de muchos cambios estructurales de las
neuronas, fué acogida simpáticamente por los autores.
Á causa de estos trabajos, buen número de autores
regresaron al neuronismo. Entre los arrepentidos recordamos á Dorhn, Levi,
Marinesco y van Gehuchten. Siguieron luego los trabajos de confirmación de
Guido Sala, Nageotte, Minea, Lugaro, Dustin, Sala y Cortese, Modena, y sobre
todo de Tello, á quien debemos un brillante estudio sobre la regeneración
de las placas motrices y terminaciones sensitivas[238]. Ni hay que
olvidar aquellos que, sirviéndose de otros métodos, apoyaron el monogenismo:[p.
470] Krassin, Mott y Halliburton, Stewart, Poscharisky, Edmont, Stuart,
etc. La opinión reaccionó, al fin, vigorosamente en favor de la doctrina
clásica del desarrollo continuo ó monogenista.
Hasta Alfredo Bethe, el batallador campeón del
catenarismo, en sus réplicas, no exentas de vivacidad y acrimonia, y
señaladamente en cierto trabajo polémico aparecido en 1907, mostrose bastante
conciliador, pues no negaba ya la capacidad regenerativa de las fibras del cabo
central ni la llegada de sus brotes hasta las fronteras del cabo periférico;
limitábase solamente á defender la necesidad del concurso de las células
de Schwann de este último segmento para hacer efectiva la restauración
nerviosa. Algún tiempo después, apremiado quizá por los argumentos irrebatibles
aducidos por Perroncito, Lugaro, Marinesco y nosotros, el inquieto fisiólogo de
Estrasburgo tomó el partido de abandonar el campo[239]. ¡Victis
honos!
Añadamos aún que autoridades tan prestigiosas como
Retzius, v. Lenhossék, Schiefferdecker, Edinger, Heidenhain, Verworn, Harrison,
etc., que asistieron de lejos, aunque con simpática atención, á los incidentes
del debate, adoptaron explícita ó implícitamente en sus escritos la doctrina
monogenista ó de la continuidad.
Huelga decir que la maltratada concepción
neuronal salió de la prueba fortalecida y subyugante. Lejos de hallar,
según esperaban sus adversarios, en el tema de la regeneración nerviosa
insuperables dificultades, encontró, por el contrario, nuevos argumentos, á
cuya luz no pocos fenómenos enigmáticos de la estructura y mecanismo vegeta[p.
471]tivo del protoplasma nervioso recibieron inesperados esclarecimientos.
Fig. 124.—Corte de la médula espinal, ganglio
raquídeo y raíz anterior de un embrión de pollo de tres días. Adviértase que
todos los axones son continuos, partiendo de sendos neuroblastos.— A, raíz
anterior; B, ganglio raquídeo; b, c, neuroblastos
jóvenes.
El otro trabajo aludido al principio del presente
capítulo versó sobre la Génesis de los nervios y expansiones neuronales
en el embrión[240]. Según era
de presumir, conseguí corroborar, con ayuda del nuevo método, todas las
interesantes revelaciones hechas de 1890 con auxilio de la reac[p. 472]ción
cromo-argéntica. Y después de señalar é impugnar errores de interpretación en
que, engañados por técnicas imperfectas, cayeron Balfour, Beard, Dorhn, Paton,
Capobianco, Fragnito, Besta, Pighini, O. Schültze, etc., logré sentar las
siguientes conclusiones:
a) Que el axon representa constantemente una
prolongación primaria del neuroblasto ó célula nerviosa
embrionaria, según descubrió His y confirmamos nosotros, Lenhossék, Kölliker,
Harrison, etc. (fig. 124, A, a).
b) Que todas las vías nerviosas primeramente aparecidas, desde el tercer
día de la incubación en el pollo, en el eje cerebro-raquídeo, constan
exclusivamente de axones continuos sin el menor rastro de núcleos ni de cadenas
celulares.
c) Que asimismo faltan dichas cadenas celulares en los nervios ó vías
nerviosas extracentrales, siendo escasísimos al principio los núcleos de origen
mesodérmico (del tercero al cuarto día de la incubación) intercalados en ellas.
d) Que el nervio óptico carece al principio de todo núcleo intercalar.
e) Que las dendritas se forman posteriormente al axon, resultando del
estiramiento en direcciones múltiples del protoplasma neuroblástico, y no por
aposición de materia indiferenciada ni por fusión de series celulares.
f) Que las neurofibrillas se diferencian primeramente en
la porción del neuroblasto donde surge el cono de crecimiento,
extendiéndose después á lo largo del axon rudimentario y modelando dentro del
cono mismo una especie de pincel ó paquete fusiforme.
g) Que algunos axones, durante su marcha al través de los tejidos,
exhiben una maza terminal ó hinchazón olivar libre, semejante
á la peculiar de las fibras nerviosas en vías de regeneración (más adelante
interpretamos estas tumefacciones finales como conos de crecimiento de
axones extraviados é hinchados por detención en su marcha) (fig. 125, a).
Omitimos aquí la enumeración de muchos datos
referentes á las metamorfosis del armazón neurofibrillar de las neuronas, al
crecimiento y complicación estructural de los nervios, á la aparición de las
terminaciones nerviosas sensoriales (retina y aparato acústico), á la
diferenciación de las neuronas de los ganglios raquídeos, etc., etc.
[p. 473]Un resumen de estas investigaciones
(confirmadas en principio por Held, según veremos más adelante) fué comunicado
á la Sección anatómica del Congreso internacional de Medicina celebrado
en Lisboa en Abril de 1906.
Ardía yo en deseos de ensayar la nueva fórmula en
el análisis de las degeneraciones y regeneraciones de las vías
centrales, tema sobre el cual habíanse publicado infinidad de monografías
(Eichorst, Stroebe, Schiefferdecker, Kahler, Homen, Lowenthal, Ziegler, Coën,
Barbacci, Lugaro, Nageotte, etc.).
Fig. 125.—Fibras nerviosas del trigémino marchando
libremente al través del mesodermo. Repárese en la ausencia de cadenas
celulares.— a, botón de crecimiento; b, bifurcación.
(Embrión de pollo á los tres días y medio de la incubación.)
Aunque con algunas variantes de apreciación, casi
todos los autores convenían en que es imposible la regeneración de la substancia
blanca de la médula espinal, cerebro, cerebelo, etc., acaso por
ausencia de elementos orientadores ó células de Schwann. Mis
observaciones, recaídas en el nervio óptico y médula espinal,
confirmaron en principio la precedente conclusión; pero demostraron también que
la irregenerabilidad no es ley fatal é ineluctable, sino resultado secundario
de ambiente químico desfavorable al crecimiento de los re[p. 474]toños. En el
cabo central de los axones cortados prodúcense también mazas y botones
de crecimiento que penetran en la cicatriz; de estos conos emanan á
veces proyecciones secundarias prolijamente subdivididas. Mas, en virtud de
causas desconocidas, días después de la lesión, los brotes axónicos recién
formados se marchitan sin cruzar la cicatriz, acabando por reabsorberse.
Durante el año de 1907 dí también á la estampa
otras monografías, sobre cuyo contenido no puedo insistir aquí. Citemos un
trabajo efectuado con la colaboración de Rodríguez Illera[241] sobre
la estructura comparada del cerebelo; otro concerniente al aparato
reticular interno de Golgi-Holmgren[242],
teñido mediante cierta variante especial del método del nitrato de plata
reducido; algunas notas microfotográficas[243] con la
descripción de aparatos destinados á la proyección cinematográfica de copias de
preparaciones espesas ó de planos múltiples; cierta exploración sobre la regeneración
y degeneración de las fibras del cerebro y cerebelo[244] (descubrimiento
de la llamada bola de retracción del cabo central del axon y
de otros curiosos fenómenos); algunas nuevas fórmulas de fijación[245] destinadas
á la técnica de las impregnaciones argénti[p. 475]cas; y, en fin,
dos artículos de carácter polémico publicados en el Anatomischer
Anzeiger.
Constituye el primero[246] ardoroso
y razonado alegato en favor de la concepción neuronal de His y Forel, apoyado
sobre imponente masa de pruebas concordantes deducidas del proceso de la
neurogénesis y del mecanismo de la regeneración de los nervios. En el segundo
artículo[247], publicado
simultáneamente en Alemania y España, se responde á cierta crítica gratuita de
H. Held, defensor de la vieja y abandonada teoría de Hensen, y se comunican
significativas y convincentes observaciones sobre la evolución de los
neuroblastos y la diferenciación neurofibrillar. Acerca de
este último trabajo, bastante rico en hechos originales, diremos algo más
adelante.
[p. 477]
CAPÍTULO XX
Durante el bienio de 1905-1906, soy favorecido por
honores y recompensas extraordinarios. — La medalla de oro de Helmholtz y el
premio Nobel. — Felicitaciones y agasajos a granel. — Inconvenientes de la
celebridad. — Mi viaje á Estocolmo: ceremonias, festejos y discursos. — Miseria
de nuestra representación diplomática. — Moret, que tuvo siempre para mí
benevolencias inmerecidas, pretende hacerme ministro. — Asombro de los
vividores de la política al saber que rechazaba tan codiciado honor. — Tras del
Domingo de Ramos, vino, según temía, mi semana de pasión. — Mordeduras de la
emulación y del despecho: mis polémicas con Apáthy y Held.
n Febrero de 1905 recibí gratísima nueva. En
recompensa de mis modestos trabajos científicos, una de las Corporaciones
científicas más prestigiosas del mundo, la Real Academia de Ciencias de
Berlín, por acuerdo tomado á fines de 1904, tuvo la bondad de adjudicarme
la medalla de oro de Helmholtz. Llegóme tan lisonjera noticia por
atento oficio del Ministro de Estado, acompañado de la comunicación oficial de
la Embajada alemana en Madrid[248]. Pocos días
después transmitíame esta Embajada, además del Reglamento de la Institución[p.
478] del premio Helmholtz, dos enormes medallas: una de oro, de peso de
620 gramos, y otra de cobre, copia de la anterior. Según muestra el grabado
adjunto, en el anverso aparece la efigie del genial físico alemán, y en el
reverso la inscripción: Ramón y Cajal. Año de 1904.
Al pronto no me dí cuenta cabal de la importancia y
alcance de tan honorífica distinción. Adquiridos antecedentes por la lectura
del citado Reglamento, quedé pasmado al saber que la susodicha medalla se
otorgaba cada dos años al autor que hubiere dado cima á más importantes
descubrimientos en cualquiera rama del saber humano. Con asombro y rubor leí la
lista de los laureados.
Instituída la medalla en 1892, en vida del ilustre
físico alemán, fué adjudicada nada menos que á E. du Bois Reimond, Weierstrass,
Robert Bunsen y Lord Kelvin. Y fallecido Helmholtz, siguió otorgándose á sabios
del siguiente calibre: en 1898, á R. Virchow; en 1900, á Sir C. G. Stockes; en
1906, á H. Becquerel; en 1908, á E. Fischer; en 1910, á J. H. van Hoff; en
1912, á Schevendener...; todos lumbreras de la ciencia, investigadores y
creadores geniales. Avergonzado estaba de verme intercalado en esta serie de
gloriosos iniciadores científicos con la medalla de 1904.
Sin extremar la modestia hasta considerarme exento
de merecimientos —lo que constituiría agravio para la doctísima Academia
berlinesa— séame lícito sospechar que en la propuesta de 1904 entró por mucho
el cordial afecto y sincera estimación de mi ilustre amigo el Dr. Waldeyer,
firmante, á título de Secretario de la Presidencia, de la
mencionada comunicación académica.
Fig. 126.—Anverso de la gran medalla de Helmholtz.
Fig. 127.—Reverso con el nombre del recipiendario.
Divulgada la noticia por la Prensa, que la aderezó
con generosos y espirituales elogios, tuve que hacer frente al inevitable alud
de felicitaciones y mensajes congratulato[p. 479]
[p. 480]rios, desde el enviado en nombre de S. M. el Rey por su Secretario Sr.
Merry del Val, hasta los recibidos de las más humildes Corporaciones populares.
Todos fueron cordialmente agradecidos[249].
Transcurridos algunos meses, y cuando el ánimo
reposado y tranquilo volvía á saborear las dulzuras y sorpresas del trabajo
concentrado y silencioso, cierta mañana de Octubre de 1906 sorprendióme, casi
de noche, cierto lacónico telegrama expedido en Estocolmo y redactado en
alemán. El texto decía solamente:
Carolinische Institut verliehen Sie Nobelpreiss.
Firmaba mi simpático colega Emilio Holmgren,
Profesor de la Facultad de Medicina. Poco después llegó otro telegrama de
felicitación de mi entrañable amigo el profesor G. Retzius. En fin,
transcurridos algunos días, obraba en mi poder la comunicación oficial[250] del Real
Instituto Carolino de Estocolmo, Corporación á cuyo cargo corría la[p.
481] adjudicación del premio Nobel para la Sección de Fisiología y
Medicina. Aparte la honra inestimable que se me hacía, el citado premio
tenía expresión económica nada despreciable. Al cambio de entonces, equivalía
en especies sonantes á unos 23.000 duros. La otra mitad fué muy justamente
adjudicada al ilustre Profesor de Pavía Camilo Golgi, creador del método con el
cual dí yo cima á mis descubrimientos más resonantes.
Si la medalla de Helmholtz, galardón
puramente honorífico, causóme halagüeña impresión, el famoso premio Nobel, tan
universalmente conocido como generalmente codiciado, prodújome sorpresa
mezclada con pavor. Interpretando á la letra el Reglamento de la Institución
Nobel, parecía imposible otorgar el premio por la Sección de Medicina y
Fisiología á los histólogos, embriólogos y naturalistas. Además, hasta entonces
habíase solamente adjudicado á bacteriólogos, patólogos y fisiólogos.
Ante la perspectiva de felicitaciones, mensajes,
homenajes, banquetes y demás sobaduras tan honrosas como
molestas, hice los primeros días heroicos esfuerzos por ocultar el suceso.
Vanas fueron mis cautelas. Poco después, la Prensa vocinglera lo divulgó á los
cuatro vientos. Y no hubo más remedio que subirse en peana y convertirse en foco
de las miradas de todos. ¡Cuánto hubiera dado yo por poseer uno de esos
secretos burladeros que, con el nombre de vedados ó fincas de caza (desperdigados
por los breñales de Torrelodones ó El Escorial), constituyen recurso supremo de
nuestros políticos ante los asaltos de la pública curiosidad! Por desgracia,
careciendo de las aficiones cinegéticas de D. Antonio Maura ó del Conde de
Romanones, tuve que entregarme indefenso á los homenajes más ó menos sinceros y
protocolarios de Corporaciones é individuos.
Fig. 128.—Una de las hojas artísticamente miniadas
del diploma del premio Nobel, con las firmas de los profesores del Instituto
Carolino.
[p. 482]Metódica é inexorablemente se desarrolló el
temido programa de agasajos: Telegramas de felicitación; cartas y mensajes
congratulatorios; homenajes de alumnos y profesores; diplomas conmemorativos;
nombramientos honoríficos de Corporaciones científicas y literarias; calles
bautizadas con mi nombre en ciudades y hasta en villorrios;[p.
483] chocolates, anisetes y otras pócimas, dudosamente higiénicas,
rotuladas con mi apellido; ofertas de pingüe participación en empresas
arriesgadas ó quiméricas; demanda apremiante de pensamientos para álbums y
colecciones de autógrafos; petición de destinos y sinecuras...; de todo hubo y
á todo debí resignarme, agradeciéndolo y deplorándolo á un tiempo, con la
sonrisa en los labios y la tristeza en el alma[251]. En
resolución, cuatro largos meses gastados en contestar á felicitaciones, apretar
manos amigas ó indiferentes, hilvanar brindis vulgares, convalecer de
indigestiones y hacer muecas de fatigada satisfacción. ¡Y pensar que yo, para
garantizar la paz del espíritu y huir de toda posible popularidad, escogí
deliberadamente la más obscura, recóndita y antipopular de las ciencias!...
Fig. 129.—Anverso de la medalla Nobel.
Fig. 130.—Reverso con una alegoría de la Medicina.
No incurramos, sin embargo, en exageraciones que en
el[p. 484] caso actual pudieran sonar á ingratitudes. Ni es lícito
extremar los fueros del egoísmo. Fuerza es reconocer que los honores rendidos á
los hombres que, por algún concepto persiguieron el enaltecimiento de su
patria, son éticamente bellos y eficazmente ejemplares: brotan de sentimientos
de solidaridad y gratitud harto nobles para ser vituperables. Toda alma bien
nacida debe agradecerlos y rememorarlos. Pero las gentes latinas somos extremosas
en todo. En contraste con la moderación y frialdad de los pueblos del Norte,
carecemos del sentido de la medida. Y lo que comenzó por ser ofrenda
acariciadora, acaba por resultar importunidad mortificante. En España —y
díganlo si no los Echegaray, los Galdós, los Benavente, los Cávia y otros
muchos justamente homenajeados—, para salir con bien de los obsequios y
agasajos de amigos y admiradores, hay que tener corazón de acero, piel de
elefante y estómago de buitre. Al dulzor de los primeros momentos síguese cierta
apacible amargura. Al modo de la amistad vehemente y ruda, entre nosotros la
fama estruja al acariciar: besa, pero oprime. Nos arrebata las suavidades del
hábito; tur[p. 485]ba la paz del espíritu; coarta el sacrosanto albedrío,
convirtiéndonos en blanco de impertinentes curiosidades; hiere la humildad,
obligándonos de continuo á pensar y hablar de nosotros; y, en fin, altera la
trayectoria de nuestra vida, torciéndola en caprichosos é inútiles meandros.
A fuer de sincero, debo confesar algo que acaso
haga sonreir irónicamente al lector. Como insinué hace poco, el premio Nobel
prodújome más miedo que alegría. Medallas, títulos, condecoraciones, son
distinciones relativamente toleradas por émulos y adversarios. Pero ¡un gran
premio pecuniario!... La honra opulenta es algo irritante y difícilmente
soportable.
Hay, por otra parte, un gran fondo de verdad en el
dicho vulgarísimo de que la adversidad sigue á la ventura como la sombra al
cuerpo. Ambas parecen, en efecto, constituir fases alternativas de la
irremediable oscilación del humano destino. Y no por la influencia de los
quiméricos hados, sino porque la fortuna excesiva tiene la nefasta virtud de
cambiar los sentimientos de los hombres. Ya lo dijo Séneca —y perdóneseme la
pedantería— en forma insuperable: «Conforme crece el número de los que admiran,
crece el de los que envidian. Puse todo mi empeño en levantarme sobre el vulgo,
haciéndome notable por alguna particular cualidad, y no conseguí sino exponerme
á los tiros de la envidia y descubrir al odio la parte en que podía morderme.»
¿Cómo tomarán —me decía— mis contradictores
extranjeros los dones de mi buena estrella? ¿Qué dirán de mí todos esos sabios
cuyos errores tuve la desgracia de poner en evidencia? ¿Cómo justificar á los
ojos de tantos preclaros investigadores preteridos, cuyos superiores
merecimientos me complazco en reconocer, las preferencias del Instituto
Carolino? En fin, y volviendo los ojos á nues[p. 486]tra querida España, ¿qué
haría yo para consolar á ciertos profesores —algunos paisanos míos—, para
quienes fuí siempre una medianía pretenciosa, cuando no un mentecato
trabajador? Porque —¡doloroso es reconocerlo!— los mayores enemigos de los
españoles, son los españoles mismos.
Luego veremos que mis recelos estaban justificados
y que los disgustos comenzaron ya durante mi estancia en la capital de Suecia.
Y no ciertamente á causa de los sabios suecos, modelo de cortesía y buen
sentido, sino del extraño carácter del copartícipe del premio, una de las
personas más engreídas y endiosadas que he conocido.
Pero, descartando comentarios prematuros, digamos
algo de mi viaje. Ordenan los Estatutos de la Institución Nobel que
los laureados concurran personalmente á la solemne ceremonia del reparto de los
premios, que se celebra todos los años el 10 de Diciembre, aniversario de la
muerte de Alfredo Nobel, y que, además, expliquen y demuestren, en conferencia
pública, lo más esencial de sus descubrimientos científicos. Si á nuestro
ilustre Echegaray y al altísimo poeta italiano Carducci, fuéles dispensado el
viaje, en atención á su avanzada edad, yo no pude ni debí sustraerme á la
costumbre, que significa además obligado y cortés testimonio de gratitud al
Patronato de la Institución Nobel y á la generosidad del pueblo escandinavo.
Púseme, pues, en marcha, y llegué á Estocolmo el 6
de Diciembre, días antes del comienzo de las fiestas. Después de abrazar
efusivamente á mis buenísimos amigos y colegas del Instituto Carolino,
Dr. Retzius, G. Holmgren y H. Henschen, fuí presentado al célebre C. Golgi, mi
compañero de premio, y á los demás profesores laureados llegados de Francia é
Inglaterra. Eran éstos J. G. Thomson,[p. 487] á quien se adjudicó el premio
de Física, por sus penetrantes investigaciones acerca de la naturaleza de
la electricidad, y H. Moissan, que recibió el premio de Química, en
consideración á su invención del horno eléctrico y á sus trabajos sobre el
fluor. Dejo apuntado ya que el famoso G. Carducci, recipiendario del premio
de la Poesía, excusó su ausencia por enfermo. En fin, el premio de
la Paz fué otorgado al americano Teodoro Roosevelt. Importa consignar,
en descargo del circunspecto pueblo sueco, que tan extraña decisión fué tomada
por el Storthing noruego, á quien, según cláusula del
testamento Nobel, incumbe conferir el premio de la Paz. ¿No es el
colmo de la ironía y del buen humor convertir en campeón del pacifismo al
temperamento más impetuosamente guerrero y más irreductiblemente imperialista
que ha producido la raza yanqui?
La ceremonia de la adjudicación de los premios fué
una fiesta pomposa y de altísima idealidad. Celebróse, según costumbre, en el
gran salón de la Real Academia de Música, adornado al efecto con el
busto de Nobel, rodeado de flores. Sobre el estrado presidencial veíanse las
banderas y emblemas de Suecia y de las naciones á que pertenecían los
laureados. Presidió S. M. el Rey, acompañado de los Príncipes y Princesas, con su
brillante séquito, y asistieron el Gobierno, el Cuerpo diplomático, los
descendientes de la familia Nobel, altos funcionarios palatinos y militares,
representación de las Cámaras suecas y del Ayuntamiento de la ciudad,
profesores y alumnos de la Universidad y, en fin, numerosas y elegantísimas
damas.
Inició la fiesta el profesor Törnebladh, miembro
del Patronato Nobel, con un noble discurso, en el cual, después de
trazar la historia de la fundación del premio, hizo un elogio caluroso de la
ciencia, que coronó repitiendo la co[p. 488]nocida máxima de Pasteur: «La
ignorancia separa á los hombres, mientras que la ciencia los aproxima.»
Los diplomas y medallas fueron entregados
personalmente por S. M. el Rey, que proclamó los candidatos. En cada caso, el
Presidente de la Academia promotora de la propuesta elogió en breve y sentida
oración los méritos del recipiendario. Según era de presumir, el discurso
encomiástico de los laureados de Fisiología y Medicina corrió
á cargo del ilustre Conde de Mörner, Presidente del Instituto Carolino.
Días después, comenzaron las conferencias de los
candidatos premiados. En el día prefijado para la mía, y ante público selecto é
imponente, expuse lo más esencial de mi labor de investigador, ateniéndome
estrictamente á los hechos y á las inducciones naturalmente surgidas de los
mismos. Conforme á mi costumbre, y á fin de hacerme entender hasta de los
profanos, hice uso de gran número de cuadros policromados de grandes
dimensiones. Mi lección fué, según creo, del agrado del público. En todo caso,
mereció benévolos elogios de los periódicos de la localidad.
De acuerdo con los precedentes, el texto de todas
las conferencias fué publicado semanas después en lujosísimo volumen, adornado
con bellísimos emblemas en colores, con la copia de las medallas, los retratos
de los laureados, y enriquecido además con los sendos discursos de presentación
de los padrinos y del representante oficial del Patronato Nobel[252].
Impórtame hacer constar que en la susodicha
conferen[p. 489]cia hice de mi compañero el profesor C. Golgi el elogio cordial
imperiosamente exigido por la justicia y la cortesía. No procedió con igual
hidalguía el sabio italiano al pronunciar su lección sobre La doctrine
des neurones. Contra lo que todos esperábamos, trató en ella, más que de
puntualizar los valiosos hechos descubiertos por él, de sacar á flote su casi
olvidada teoría de las redes intersticiales nerviosas.
Estaba en su derecho al escoger el tema de su
lección. Lo malo fué que al defender su estrafalaria lucubración —que pudo
disculparse en 1886, cuando los datos básicos de la conexión interneuronal no
habían sido señalados—, hizo gala de un orgullo é injusticia tan inmoderados,
que produjeron deplorable efecto en la concurrencia. Ni por incidencia siquiera
aludió á los casi innumerables trabajos neurológicos aparecidos fuera de
Italia, y aun en Italia misma, desde la remota fecha de su obra magna sobre la fina
estructura del sistema nervioso. Para el anatómico de Pavía, ni Forel, ni
His, ni yo, ni Retzius, ni Waldeyer, ni Kölliker, ni van Gehuchten, ni v.
Lenhossék, ni Edinger, ni mi hermano, ni Tello, ni Athias, ni siquiera su
compatriota Lugaro, habíamos añadido nada interesante á sus hallazgos de
antaño. Por lo mismo, se creyó dispensado de rectificar ninguno de sus viejos
errores teóricos. La ciencia había sido definitivamente fijada, gracias á la
infalibilidad del sabio italiano, en el año de gracia de 1886, época dichosa en
que se definió y divulgó el dogma intangible de la moderna neurología. Huelga
decir que en sus dibujos y descripciones del cerebro, cerebelo, médula, asta de
Ammon, etc., no aparecía ninguna de las disposiciones señaladas por mí y confirmadas
por todos los autores; y cuando se columbraba alguna era artificiosamente
disfrazada y falseada, á fin de adaptarla, velis[p. 490] nolis,
á sus caprichosas concepciones. El noble y discretísimo Retzius estaba
consternado; Holmgren, Henschen y todos los neurólogos é histólogos suecos
contemplaban al orador con estupefacción. Y yo temblaba de impaciencia al ver
que el más elemental respeto á las conveniencias me impedía poner oportuna y
rotunda corrección á tantos vitandos errores y á tantos intencionados olvidos.
No he comprendido jamás á esos extraños
temperamentos mentales, consagrados de por vida al culto del propio yo,
herméticos á toda novación é impermeables á los incesantes cambios sobrevenidos
en el medio intelectual. Para que, dentro de lo humano, semejante actitud fuera
conciliable con el criterio del interés personal, sería preciso que el progreso
se paralizara, que los sabios renunciaran al privilegio de la crítica y que el
nivel mental de los investigadores descendiera tan bajo, que el talento
ensoberbecido, en virtud de sugestión irresistible, impusiera dogmáticamente á
todo el mundo sus visiones personales. Mas como imaginar todo esto es
desposarse con el absurdo, no concibo, repito, á menos de apelar a la
psiquiatría en busca de expresiones adecuadas, la psicología de los susodichos
temperamentos.
Por lo demás, harto prevista tenía yo la referida
contrariedad, desde el punto y hora en que supe cuál era mi compañero de
premio. Y ello contribuyó no poco á que la noticia me causara más amargura que
satisfacción. Porque si hay un histólogo en Italia de quien jamás haya recibido
un franco testimonio de estimación ó de justicia, es el sabio de Pavía[253]. ¡Cruel
ironía de la suerte, emparejar, al[p. 491] modo de hermanos siameses
unidos por la espalda, á adversarios científicos de tan antitético carácter!
La misma olímpica altivez y pretencioso empaque
mostró mi compañero en su brindis del banquete oficial. Esta fiesta solemne fué
ofrecida por los miembros de la Institución Nobel, y á ella asistieron los
Príncipes y magnates, el Cuerpo diplomático y distinguidas representaciones de
las Corporaciones populares y académicas. (Por cierto que S. M., muy amable
conmigo, me recordó sus viajes por Andalucía, é hizo gentiles elogios de las
bellezas de España y del carácter de sus naturales).
Á la hora de los brindis, hablaron muy discreta y
elocuentemente algunos Ministros, los ilustres Presidentes de las Academias y
de la Institución Nobel y los representantes de los países á
que pertenecían los pensionados (menos el encargado de la Legación de España,
que excusó su asistencia). En mi honor el profesor Sundberg pronunció en
francés un toast amabilísimo. Y después, en sendos discursos
de gracias, brindamos cortésmente todos los laureados.
Creo que no desentoné en aquel concierto de afable
cortesanía y gentil confraternidad. En mi breve discurso, pronunciado en
francés, puse especial empeño en consagrar sentido recuerdo á investigadores
preclaros, tan merecedores ó más que Golgi y yo del honroso galardón. He aquí
el texto, que reproduzco para los aficionados á la oratoria oficial, por
necesidad ceremoniosa y ritualista.
Mesdames et Messieurs: Ces moments de profonde
émotion ne sont pas les plus favorables pour extérioriser les sentiments que[p.
492] j’éprouve devant une aussi brillante assemblée et dans une aussi
solennelle occasion. Je me bornerai donc tout simplement à exprimer à l’Institut
Carolin, ma profonde gratitude pour l’honneur extraordinaire qu’il m’a fait
en me décernant, conjointement avec l’illustre Golgi, le prix Nobel de
Physiologie et de Médecine. Je dois aussi remercier de tout mon cœur les
bienveillantes et généreuses paroles que le savant president de cette
Corporation vient de m’adresser en son très eloquent toast.
Les découvertes scientifiques sont presque toujours
le résultat de l’ambiance intelectuelle. C’est un labeur collectif dans lequel
il est souvent difficile d’attribuer le mérite à un savant déterminé. L’Institut
Carolin, s’inspirant d’un grand sentiment de justice et d’équité, a bien
voulu qu’un des copartageants du prix Nobel pour la Physiologie et la Médecine
soit l’illustre Golgi, le prestigieux maître italien, qui, par l’invention de
très importantes méthodes de recherche et par l’esprit d’observation scrupuleuse
et exacte, a le plus contribué à la connaissance de la fine structure et du
mécanisme fonctionnel des centres nerveux. Néanmoins, d’autres savants ont
aussi collaboré très activement à l’œuvre commune, et si vous trouvez dans le
réglement de l’Institution Nobel une borne infranchissable à votre générosité
et à vos sentiments d’équité, je croirais, moi, commettre une grave injustice
si je ne rappellais pas à cette heure, les noms glorieux de His, le génial et
regretté embryologue de Leipzig; de Forel, le savant naturaliste et neurologue
suisse; de v. Kölliker, le vénérable maître, le Nestor de la micrographie à qui
la mort seule pût faire cesser le combat qu’il livrait à la nature vivante à la
quelle il a arraché tant de secrets; de Ehrlich, Marchi et de Weigert,
createurs des importantes méthodes de recherches neurologiques. Je n’oublie pas
non plus la légion de jeunes et brillants professeurs tels que v. Lenhossék,
Dogiel, Lugaro, v. Gehuchten, Held, Edinger, Fusari, L. Sala, Holmgren, etc., etc.;
enfin, l’un de vos chercheurs des plus feconds et infatigables, l’illustre
anthropologue, histologue et embryologue, auquel l’anatomie comparée du système
nerveux est redevable de grandes et positives conquêtes: j’ai nommé —vous
l’avez tous deviné sans doute— le Professeur de Stockholm, G. Retzius.
Tous ces savants, méritent également le grand
honneur que je suis heureux de partager aujourd’hui avec le maître de Pavie,
parce que, outre leurs recherches originales, tous ont contribué à suggé[p.
493]rér, préparer et developper plusieurs points importants de mes modestes
découvertes.
Je finis en levant mon verre pour proposer un toast
à la confraternité des hommes de science, en faisant des vœux pour qu’en dépit
des préjugés de nationalité ou d’école, et en s’inspirant tous du haut et
généreux exemple du grand savant Nobel, gloire du pays scandinave, ils se
reconnaissent comme des fidèles compagnons voués à une œuvre commune, qui ne
peut s’affirmer et progrésser que dans un esprit collectif de justice et
d’affection réciproque.
Aparte las magníficas fiestas oficiales, debemos
mencionar todavía, para ser completos, otras atenciones y finezas con que
algunos sabios insignes y, en general, el cultísimo y hospitalario pueblo
sueco, procuró amenizar nuestra estada en Estocolmo. Recordemos el banquete
ofrecido á los laureados por el Conde de Mörner, Presidente del Instituto
Carolino, y cuya esposa é hijas, prototipos de la espléndida belleza
escandinava, hicieron á maravilla los honores de la casa; la comida íntima con
que me obsequió el Dr. Retzius, en cuyo hotel tuve ocasión de conversar con su
admirable compañera y de conocer la suave y elegante comodidad del hogar sueco;
la función de gala ofrecida á los forasteros en el Teatro de la Opera; la gira
á la antiquísima Universidad de Upsala —el Oxford de Suecia—; la visita
al Skating-Ring, donde se cultiva el favorito deporte de los países
hiperbóreos; el paseo por la bahía, y, en fin, la gira al interesante Parque
zoológico, donde, entre otras curiosidades, se admira cierta colección de viviendas
rústicas, con las ingeniosas labores caseras á que, durante los larguísimos
inviernos suecos, se entrega la familia del campesino.
Para terminar el relato de mi viaje á Suecia, de
cuyos habitantes guardo recuerdos gratísimos, referiré una anécdota y una
observación.
Reciente la separación de Noruega, osé manifestar á
un[p. 494] alto dignatario, á quien tuve el honor de ser presentado, la
extrañeza con que habíamos sabido en España la impasibilidad de Suecia ante el
desgarramiento de la patria común. Y el amable interlocutor, en vez de deplorar
amargamente el hecho, según yo presumía, limitóse á contestarme, con la sonrisa
en los labios: «Tontos de remate hubiéramos sido si, por mantener por la fuerza
nuestra unión con el vecino país, hubiéramos desnivelado nuestro presupuesto
en superávit, y suspendido la triunfadora campaña emprendida en pro
de la cultura general y en contra del alcoholismo.»
La observación concierne á la sórdida miseria con
que España costea los gastos de su representación en el extranjero. Mientras el
Ministro de Suecia en Madrid y los representantes diplomáticos de Francia,
Inglaterra, Italia, etc., en Estocolmo viven en magníficos hoteles, con el
decoro correspondiente á su rango, el encargado de Negocios de España en dicha
nación vegeta precariamente en un piso segundo de modestísima casa de vecindad.
Tan bochornoso contraste trajo consigo cierta omisión, notada por muchos y poco
halagadora para nuestra patria. Rindiendo culto á la cortesía y á la costumbre,
cada Ministro extranjero acreditado en la corte sueca, festeja al compatriota
laureado con un banquete íntimo, al cual asiste lo más escogido de la colonia
de la nación correspondiente. Todos rindieron esta prueba de consideración al
paisano honrado con el premio Nobel, todos..., menos nuestro Ministro, que
deplorando sin duda la falta de local decoroso y de recursos, soslayó el
consabido acto de cortesía. Á bien que la falta fué gentil y gallardamente
compensada —no obstante la modestia de sus medios— por el cultísimo Secretario
de la Legación, Sr. R. Mitjana, quien, dicho sea de pasada, me acompañó
amablemente en mis[p. 495] paseos por la ciudad y en mi visita á Upsala
(hablaba el sueco) y se condujo conmigo como el más campechano y fraternal de
los amigos.
Y el citado caso no es único, por desgracia. En
todas las capitales visitadas por mí (salvo París) he observado con pena que la
Legación española es la más lamentable y mezquina. Por decoro nacional, ¿no
habría manera de remediar algo tan desairada situación?
El tercer suceso próspero —ó que pudo serlo para
mí—, anunciado en el sumario del presente capítulo, fué el empeño del ilustre
Moret, á la sazón jefe del partido liberal, en hacerme Ministro de Instrucción
pública. Ya en 1905, honrándome en el Ateneo con sus amables pláticas, me
anunció sus deseos. Yo me limité á darle las gracias, contestándole con
evasivas corteses. La verdad es que ni yo me sentía político, ni estaba
preparado para el arduo oficio de Ministro, ni acertaba á descubrir en mí, al
hacer examen de conciencia, las dotes en nuestro país indispensables para regir
dignamente una cartera.
Recordará el lector que, cuando en 1905, D. Antonio
Maura derribó la situación conservadora dirigida por Villaverde, subió al poder
el partido liberal, bajo la presidencia de D. Eugenio Montero Ríos.
Desgraciadamente, la poderosa fuerza política acaudillada antaño por Sagasta,
había perdido su cohesión, dividida en grupos atómicos. Y á la cabeza de cada
fracción figuraba un prohombre aspirante á la suprema jefatura.
Mientras tanto, ocurrían los vergonzosos sucesos de
Barcelona (procacidad de los catalanistas del Cut-cut é
indignación patriótica, aunque inoportuna, del ejército). Montero Ríos hubo de
dimitir, y la jefatura fué transferida á D. Segismundo Moret, leader de
la más importante[p. 496] agrupación liberal. Preciso es reconocer que, no
obstante sus altos prestigios, el ilustre orador demócrata no dispuso nunca de
una mayoría disciplinada. Resuelto á restaurar á todo trance la unidad del
partido, concibió el plan, una vez terminadas las fiestas de la boda real, de
disolver los Cuerpos colegisladores y convocar nuevas elecciones. Deseaba
acometer resueltamente la reforma constitucional y votar leyes de tendencia
francamente democrática.
Fué por Marzo de 1906 cuando, en una conferencia
celebrada en su casa, me comunicó el insigne político su pensamiento y me
expresó el deseo de que le prestara mi insignificante concurso. Excuséme, como
otras veces, escudado en mi inexperiencia parlamentaria. Pero la elocuencia de
D. Segismundo era terrible. Con frase inflamada en sincero patriotismo, expuso
las grandes reformas de que estaba necesitada la enseñanza, encareciendo el
honor reservado al Ministro que las convirtiera en leyes; añadió que también
los hombres de ciencia se deben á la política de su país, en aras del cual es
fuerza sacrificar la paz del hogar, cuanto más las satisfacciones egoístas del
laboratorio; y citóme, en fin, para acabar de seducirme, el ejemplo de M.
Berthelot y de otros grandes sabios, que no se desdeñaron para elevar el nivel
cultural de su país, en formar parte de un gobierno.
Sus cálidas exhortaciones hicieron mella en mi
flaca voluntad. Y excitado á mi vez por aquel verbo cautivador, tuve la
debilidad de apuntarle algunas reformas encaminadas á sacudir la Universidad
española de su secular letargo: la contrata, por varios años, de eminentes
investigadores extranjeros; el pensionado, en los grandes focos científicos de
Europa, de lo más brillante de nuestra juventud intelectual, al objeto de
formar el vivero del futuro magisterio; la creación de grandes Colegios,
adscriptos á[p. 497] Institutos y Universidades, con decoroso internado,
juegos higiénicos, celosos instructores y demás excelencias de los similares
establecimientos ingleses; la fundación, en pequeño y por vía de ensayo, de una
especie de Colegio de Francia, ó centro de alta investigación,
donde trabajara holgadamente lo más eminente de nuestro profesorado y lo más
aventajado de los pensionados regresados del extranjero; la creación de premios
pecuniarios en favor de los catedráticos celosos de la enseñanza ó autores de
importantes descubrimientos científicos, á fin de contrarrestar los efectos
sedantes y desalentadores del escalafón, etc.
Y cuando esperaba yo que Moret se mostrara asustado
ante un plan de reformas que implicaba la demanda á las Cortes de créditos
cuantiosos, contestóme jubiloso: —Estamos perfectamente de acuerdo. En cuanto
se plantee la próxima crisis, usted será mi Ministro de Instrucción pública—. Y
embobado por la magia de su palabra y por el ascendiente de su talento me
abstuve de contradecirle.
Semanas después (Abril de 1906) asistí al Congreso
médico internacional de Lisboa. Allí, lejos de la peligrosa sirena
presidencial, recapacité seriamente acerca del arduo compromiso en que me había
metido. Y acabé por advertir que, desorganizado el partido liberal, era quimera
esperar el logro del decreto de disolución é imposible, por tanto, acometer la
magna obra de nuestra elevación pedagógica y cultural. Ante mis compañeros de
profesión, y, sobre todo, á los ojos de los políticos de oficio, iba yo á resultar,
no un hombre de buena voluntad vencido por las circunstancias, sino un vulgar
ambicioso más. Y esto repugnaba á mi conciencia de ciudadano y de patriota.
Y, bajo el peso de tales reflexiones, escribí á
Moret retirándole mi promesa y excusando mi informalidad. El Pre[p. 498]sidente
se enfadó mucho conmigo. Tuvo, sin embargo, la magnanimidad de perdonar mis
veleidades; y meses después llevó su benevolencia hasta el punto de elevar al
Gobierno á uno de mis amigos, D. Alejandro San Martín. El cultísimo profesor de
San Carlos, con quien había yo cambiado impresiones acerca de las reformas
universitarias más urgentes, asumió el delicado encargo de defenderlas, sin
abandonar, naturalmente, personales iniciativas, algunas acaso demasiado
atrevidas (aludo, sobre todo, á la supresión indirecta de la bochornosa
enseñanza libre, desconocida en el extranjero).
Mis fáciles vaticinios cumpliéronse de todo en
todo. La discordia que minaba al partido esterilizó los patrióticos anhelos de
Moret, quien no obtuvo el ansiado decreto de disolución. Y conforme era de
esperar, el Ministerio de que yo debía formar parte (crisis de Junio de 1906),
vivió angustiosa y precariamente, entre intrigas menudas y luchas intestinas.
En fin, dos meses después cayó D. Segismundo con la amargura de no haber
logrado la unión del partido ni dado cima á ninguna de las grandes reformas democráticas
que meditaba.
Decía más atrás que el premio Nobel concedido
por primera vez en 1906 á histólogos, causóme más miedo que satisfacción. ¿Cómo
reaccionarán —pensaba— aquellos pocos sabios, no exentos de mérito, cuyos
errores teóricos tuve la desgracia de poner en evidencia?
Poco tardaron en darme una respuesta. En
significativo contraste con las grandes figuras de la neurología que,
inspiradas en noble generosidad, se apresuraron á felicitarme, algunos
histólogos y naturalistas que me distinguieron siempre con su hostilidad se
exaltaron desaforadamente contra mi modesta persona. Era ya tiempo, se[p.
499]gún mis piadosos cofrades, de aplastar definitivamente el neuronismo,
soterrando de paso á su más fervoroso mantenedor. Y en sus invectivas había
tanta injusticia, se acompañaban de tan virulentas personalidades, resultaban,
en fin, tan desproporcionadas con la insignificancia de mis corteses reparos de
otro tiempo, que fuera candoroso excluir cierto vínculo etiológico entre ellas
y mi inesperada ventura.
No deja, en efecto, de ser significativo el que mi
antiguo amigo H. Held, uno de los detractores de entonces, á quien por cierto
había yo tratado siempre con la consideración debida á su incansable
laboriosidad y positivos méritos, (había sido fervoroso adepto del neuronismo y
hasta traductor en 1894 de un libro mío)[254], se
indignara precisamente en 1907[255], á pretexto
de que en cierta comunicación de mi cosecha, relativa á la génesis de
las neurofibrillas, no estimé pertinente discutir ni aceptar la vetusta
teoría neurogenética de Hensen, concepción definitivamente rechazada, hacía la
friolera de diecisiete años, por eminencias neurológicas del fuste de Kupffer,
Ranvier, His, Golgi, Kölliker, Lenhossék, Retzius, Lugaro, Athias, etcétera. En
cuanto á S. Apáthy, el fogoso naturalista de Klausenburg, esperó también hasta
dicho año de 1907, para sentirse agraviado por las objeciones que, de pasada,
me sugiriera en 1903 su aventuradísima lucubración acerca de la continuidad de
las neurofibrillas en los vermes[256].
[p. 500]Penetrado harto bien de la psicología de
ciertos sabios y de la intención de la nueva campaña, procuré conducirme en mis
réplicas con perfecta ecuanimidad y justicia, persuadido de que, en esta clase
de lides, pasión y razón suelen estar siempre en proporción inversa.
Desentendíme, pues, de todos los ataques personales y fuíme derechamente al
terreno de la observación.
La tesis central de H. Held —simple modificación,
por otra parte, de la vieja concepción de Hensen— consistía en admitir que el
cono de crecimiento de los axones embrionarios no crece libremente hacia su
destino por entre los elementos extraños, según creíamos haber demostrado His,
Kölliker, Lenhossék, yo, Harrison, etc., sino que corre encauzado por el
interior de un sistema de tubos comunicantes preestablecidos. En la médula
primordial, tales conductos orientadores hallaríanse representados por
las células ependimales ó epitélicas; fuera de la médula, es
decir, para los conos y axones aventurados en pleno mesodermo, los
citados estuches estarían constituídos por cadenas radiadas de corpúsculos
conectivos primordiales. Notemos que, en su nueva investigación, Held hizo uso
de mi proceder del nitrato de plata reducido, salvo que en lugar de fijar las
piezas en alcohol, según hacía yo, aplicó de preferencia la piridina,
el fijador del método de Donaggio.
Fácil fué para mí, después de estudiar nueva y
esmeradamente el tema, demostrar en preparaciones irreprochables la sinrazón de
mi colega de Leipzig[257]. Entre otras
observaciones incontestables, resueltamente favorables á la concepción de His,
expuse las siguientes:
[p. 501]a) Los conos de crecimiento recién
formados (embrión de pollo de dos días) crecen y marchan en la médula
primitiva, no por dentro de las células epiteliales (que
forman, según es sabido, un sistema de fibras radiadas á partir del epéndimo),
sino entre dichas células, conforme lo persuade perentoriamente tanto la
absoluta falta de forro exógeno en los axones cortados de través, como los
frecuentes retrocesos, revueltas y extravíos de los mismos antes de encontrar
su camino (fig. 131, a, b, d).
Fig. 131.—Trozo de médula espinal primitiva (A) y
de tejido mesodérmico vecino, tomado de un embrión de pato de tres días. Nótese
cómo en los neuroblastos más jóvenes los conos de crecimiento marchan siempre
entre las células, tanto dentro como fuera de la médula.— E, F, conos que
cruzan libremente el espacio perimedular; D, f, conos cuya posición
libre en el mesodermo es evidente.
b) Los conos cruzan el espacio plasmático perimedular sin ayuda de ningún
corpúsculo orientador (fig. 131, e, F).
c) En el seno del mesodermo resulta facilísimo reconocer
axones absolutamente libres, es decir, alejados de toda célula conjuntiva
embrionaria, los cuales se orientan perfectamente al través de las lagunas
intercelulares (fig. 131, D, f).
[p. 502]d) En ocasiones descúbrense en el
bulbo conos de crecimiento caídos por azar en el líquido ventricular, los
cuales después de una revuelta vuelven á la substancia gris, orientándose
definitivamente (fig. 132, A, E), sin ayuda de estuches celulares.
e) Con frecuencia se descubren en muchos nervios, tales como el patético,
etc., revueltas iniciales incongruentes, denotadoras de extravíos que al fin
son rectificados.
Fig. 132.—Trozo de un corte del bulbo de un embrión
de pollo de cuatro días. Adviértase cómo fibras nerviosas caídas por accidente
en el ventrículo (A, E, C) aparecen libres, orientándose en él para dirigirse á
su destino al través de toda la trama nerviosa.
f) La sección transversal de las raíces nerviosas en sus más tempranas
fases no revelan ningún forro celular, ni siquiera la presencia de núcleos
marginales.
g) Los neuroblastos simpáticos y muchos elementos nerviosos de los
centros emigran, en el curso del desarrollo, de su yacimiento originario,
circulando libremente por entre otros corpúsculos hasta alcanzar su destino.
Fuera absurdo suponer que un robusto neuro[p. 503]blasto simpático es capaz de
alojarse y correr por dentro de un corpúsculo mesodérmico, mucho más delgado
que él.
h) En la regeneración patológica es comunísimo sorprender axones que
caminan y se orientan al través de exudados serosos y hasta de coágulos
sanguíneos, lejos, por tanto, del concurso de las supuestas Leitzellen de
Held.
i) Los experimentos de Tello demostraron que, cuando se secciona el
nervio óptico, una parte de los brotes siguen dirección retrógrada, invaden la
retina y, á impulsos de su potencia de crecimiento, barrenan las capas de esta
membrana sin necesitar para ello de la preformación de estuches orientadores
(fig. 134, A).
Fig. 133.—Corte de la retina del embrión de pollo
de cuatro días. Se demuestra en esta figura que la primera forma del
neuroblasto es bipolar (C, B) y no monopolar.— a, b,
conos de crecimiento cuya posición intercelular es indiscutible.
j) En fin, los experimentos de cultivo artificial de los nervios
embrionarios (experimentos de Harrison y de los sabios de su escuela efectuados
en larvas de batracio) demuestran perentoriamente que los axones y conos de
crecimiento son susceptibles de crecer y marchar al través del plasma
nutritivo, y cuando por azar tropiezan en hilos de fibrina ó con elementos
mesodérmicos, se deslizan sobre ellos como una planta joven sobre su tutor (estereotropismo de
Loeb y Harrison, etc.).
[p. 504]Aparte los datos de alcance polémico, el
citado trabajo encierra también algunos hechos nuevos, en cuya reseña detallada
es imposible entrar aquí. Mencionemos solamente un estudio sobre la evolución
de las células nerviosas de la retina; otro sobre la marcha de los neuroblastos
en la médula espinal primitiva; y otro, en fin, sobre la génesis del gran
simpático.
Fig. 134.—Corte de la retina del conejo adulto,
cuyo nervio óptico fué cortado. Nótese un robusto retoño (A) que, extraviado,
atraviesa por propio impulso y sin vainas celulares, todo el espesor de la
membrana, desde la capa de las fibras del nervio óptico.
Particularmente interesantes son, con relación á la
retina y á la médula espinal estos dos hechos: a, que el
neuroblasto unipolar de His va precedido, según señalé ya en 1890 (el hecho fué
negado por His y otros), de una fase bipolar (fig. 133, C, D,
B), y b, que los conos trazan á menudo revueltas antes de
orientarse, chocando con la basal (fig. 133, a, b), por
entre cuyos pilares se deslizan.
El escrito, ó más bien diatriba de Apáthy,
virulenta en el fondo y groseramente descortés en la forma, y reveladora,
además, de una ignorancia casi absoluta de toda mi obra científica, encaminóse
principalmente á refutar, en provecho de cierta singular concepción tocante al
origen y significación fisiológica de las neurofibrillas de los vermes (hirudo, pontobdella, lumbricus,
etc.), mis ideas sobre la disposición y conexiones de estos filamentos, ideas
compartidas en principio por casi todos los histólogos investiga[p. 505]dores
del asunto (Donaggio, Lugaro, Michotte, van Gehuchten, Marinesco, Nageotte,
Tello, Azoulay, H. Rossi, Levi, Perroncito y, en parte, hasta el mismo Held, mi
contradictor en otros respectos).
El punto sobre que Apáthy hizo particular hincapié,
fué su conocida teoría de la continuidad neurofibrillar. En sentir
del sabio húngaro, las neurofibrillas y sus filamentos
elementales representan el factor exclusivamente conductor del sistema
nervioso. Dispersas unas veces, reunidas otras en hacecillos compactos, las
citadas hebras cruzarían sartas de neuronas sin anastomosarse entre sí, por lo
menos, en los centros. Durante la época embrionaria, las neurofibrillas
surgirían primeramente en la extremidad de los nervios, para invadir
secundariamente los corpúsculos gangliónicos, verdaderas encrucijadas de
aquellos conductores. En consecuencia, el protoplasma neuronal gozaría
exclusivamente de actividad trófica. En fin, al nivel de las terminaciones
nerviosas sensitivas, sensoriales ó motrices, las consabidas hebras elementales
dispondríanse en asas de retorno ó en redes difusas perfectamente continuas.
Tanto el remate como el origen de las neurofibrillas constituiría, por tanto,
pura ilusión. Todo comunica con todo.
Para sostener tan arriesgadísima tesis y combatir
el neuronismo, el sabio húngaro apoyábase en sus excelentes y rarísimas
preparaciones de los ganglios de la sanguijuela y de otros vermes. Á este mismo
terreno acudí yo para refutarle, abundantemente pertrechado de bien logradas
preparaciones, cosa fácil, porque precisamente ciertas fórmulas del nitrato de
plata reducido colorean espléndidamente las neurofibrillas del Hirudo y Alaustomum.
Para dar cima á mi empresa, sometí á severo
análisis y escrupulosa revisión todos los hechos de observación aducidos por
Apáthy. Y la confrontación de sus dibujos, harto esquemáticos y tendenciosos,
con los míos, escrupulosamente copiados del natural, mostró bien á las claras
que mi virulento contradictor había contemplado la naturaleza á través de un
prejuicio teórico. En efecto, ni en las células de la retina, ni en
los corpúsculos simpáticos, ni en los sensitivos del hirudo,
es dable percibir el menor indicio de que las neurofibrillas pasen de una
célula á otra. Además, mis preparados demostraron en el esófago y faringe de la
sanguijuela la existencia indiscutible de neurofibrillas sensitivas terminadas
libremente bajo la cutícula epitelial. Y, en fin, por lo que hace al
comportamiento de las hebras elementales dentro del soma neuronal, mostré, con
abso[p. 506]luta evidencia, que al encontrarse en el protoplasma pierden su
individualidad, generando redes perfectas. Semejantes retículos aparecen
claramente ¡quién lo creyera! hasta en los dibujos de Apáthy. ¿Qué más prueba
de que su concepción de la independencia neurofibrillar representa pura visión
de un espíritu preocupado?...
Creo sinceramente, sin temor de incurrir en la nota
de presuntuoso, que los argumentos de hecho esgrimidos por mí contra las
teorías harto discordantes de Held y de Apáthy, son en el estado actual de la
ciencia irrebatibles. Al menos hasta ahora nadie ha conseguido refutarlos. Por
lo demás, en la reflexiva Alemania la teoría neurogenética del profesor de
Leipzig tuvo muy escaso eco. Desaprobáronla resueltamente, ó se mostraron
esquivos hacia ella, los grandes maestros, como Edinger, Waldeyer, Heidenhain,
Schiefferdecker, etc. Contra ella alzóse también briosamente en América, sobre
abrumadora masa de pruebas experimentales, el célebre Harrison y su escuela. En
fin, en Italia y Francia no granjeó, que yo sepa, un solo adepto.
En cuanto al violento Apáthy, que me amenazaba al
principio con no sé cuantos libros y folletos aplastantes, guardó en lo
sucesivo un silencio que semeja á un acto de contrición.
He aquí otra ruda batalla librada en favor del
neuronismo. ¿Será la última?
Mucho lo dudo. El morboso afán de afirmar y
destacar la propia personalidad, de ser original á ultranza, hace estragos en
nuestra época. Cediendo la juventud á la ley del mínimo esfuerzo, gusta de
revisar valores que reputa dudosos. Y prefiere, en el orden científico, en vez
de descubrir nuevas verdades, destruir el patrimonio ideal del[p.
507] pasado. ¡Es tan cómodo edificar con materiales labrados por otros,
una teoría personal aunque sea ilusoria!...
¡Qué pena da luchar de continuo con los hombres
para defender la verdad, en vez de combatir contra la naturaleza para
arrancarle nuevas verdades!... ¿Pero cómo evitarlo? ¿Quién ignora que cada
conquista científica desaloja un error arraigado, y que detrás de él suele
esconderse la soberbia irritada cuando no el interés exasperado?...
[p. 509]
CAPÍTULO XXI
Relación abreviada de los trabajos efectuados en el
último decenio (1907 á 1917).
— Estudios de anatomía comparada sobre el cerebelo, bulbo
raquídeo y origen de los nervios motores y sensoriales de
peces, aves y mamíferos. — Estructura del núcleo. — Supervivencia de las
neuronas fuera del organismo. — Nuevas investigaciones sobre la degeneración
y regeneración en la médula, cerebro y cerebelo. — Experimentos de
transplantación de nervios. — Hechos favorables á la teoría neurotrópica. —
Producción de nervios artificiales en los ganglios transplantados.
éstame sólo, para terminar el presente libro,
dar cuenta sumaria de la labor desarrollada durante los años posteriores á
1907. Esta labor fué casi tan intensa y variada como en las épocas de mayor
acometividad inquisitiva. Abomino del egoísmo antipatriótico de quienes,
llegados á la cima, no piensan sino en tumbarse á la bartola. Permítaseme la
vanagloria de decir que ni me enervan los triunfos ni me abaten injusticias;
antes bien, después de recibir un galardón, redoblo mi laboriosidad para merecerlo
y, cuando incurro en error, me esfuerzo para hacérmelo perdonar. Y, por encima
de todo, los ajetreos y emociones del Laboratorio me cautivan y deleitan.
Referir en extracto el contenido de todas las
monografías y libros publicados en el referido decenio, exigiría, no[p.
510] dos capítulos, sino otro tomo de regular dimensión. Empero me doy
cuenta del cansancio del lector, que debe estar mareado si ha tenido la
paciencia de asistir al fastidioso desfile de tantas minucias descriptivas.
Además —¿por qué no confesarlo?—, los progresivos achaques de la edad ponen
freno á mi pluma, de cada día más rebelde al pensamiento. No en vano se han
pasado treinta y siete años arrebolado sobre las cuartillas ó palideciendo
sobre el ocular. La emoción de lo inesperado fatiga el corazón, y la atención
ahincada y sin tregua labra en las vías cerebrales hondas rodadas; por ellas
marcha trompicando el pensamiento, que, al chocar con los obstáculos, produce
menos luz que calor.
En estilo casi telegráfico paso, pues, á enumerar
la tarea experimental de los últimos años. Propóngome, para restar prolijidad á
mi relato, prescindir del índice ó sumario que vengo haciendo de las materias
tratadas en cada monografía. De algunas no diré nada. Mi plan consiste en
escoger los hechos de que guardo más agradable impresión ó que prometen mayor
rendimiento teórico.
Y para proceder con algún orden, comenzaré por
agrupar mis escritos en tres clases: monografías descriptivas, comunicaciones
técnicas y libros de conjunto.
Monografías histológicas.—Desarrollan diversidad de asuntos, dominando,
empero, los temas de Anatomía comparada y de Anatomía patológica del sistema
nervioso.
1. La primera serie de comunicaciones aparecida
durante los años 1908 y 1909 enfoca la Histología comparada del
cerebelo, del bulbo raquídeo, de los ganglios acústicos y
el modo de origen y terminación de los nervios sensoriales y motores de
mamíferos, aves y peces, etc. Semejantes preferencias obedecen á mera razón de
comodidad. Dejamos apuntado ya que, en los animales jóvenes y en los fetos[p.
511] avanzados, el método argéntico introducido por nosotros en la técnica
neurológica (fijación en piridina o en alcohol
amoniacal), muéstrase superiormente expresivo. Con admirable limpieza y
variedad de matices revela tanto las neuronas voluminosas como sus robustos
cilindros-ejes, los cuales cabe perseguir á placer al través de las masas de
substancia gris retrasadas en su evolución y, por tanto, apenas teñidas. De
esta preciosa ventaja se han aprovechado en sus investigaciones de anatomía
comparada Tello, Beccari, Mesdag, Lenhossék y otros muchos.
Fig. 135.—Detalles del modo de conexión, por
contacto, del nervio vestibular, con las células gigantescas del núcleo
tangencial del bulbo de las aves.— A, D, F, placas y pedículos terminales del
referido foco vestibular; a, axon de las neuronas.
Prescindiré, conforme anuncié antes, de la
mayoría[p. 512] de los datos estructurales recogidos en dos años de
porfiada labor y mencionaré tan sólo los siguientes:
a) Encuentro en los peces, aves y reptiles de varios focos de terminación
del nervio vestibular, singularmente uno situado lateralmente en el
bulbo y sumamente curioso, por ofrecer cierto modo de conexión por contacto,
hasta entonces inadvertido[258]. Según
mostramos en la figura 135, las fibras de dicho nervio se terminan mediante
recios conos ó placas, íntimamente aplicados sobre la superficie de los
robustos elementos del foco generador de las vías secundarias del nervio
vestibular. Este hecho fué confirmado por Tello y por Beccari. También
Lenhossék observó tiempo después placas análogas en ciertos ganglios
simpáticos. Excusado es decir que semejante disposición representa otra
brillante confirmación de la doctrina del contacto.
b) Demostración en los embriones humanos, de mamífero y de[p.
513] ave de la posición y conexiones del foco descendente (foco
intersticial), del fascículo longitudinal posterior, con
numerosos detalles de los núcleos de origen de los nervios motores oculares.
c) Determinación en las aves de la posición y conexiones de los ganglios
centrales del cerebelo (foco del techo y núcleos olivares),
con la indiscutible prueba de que el pedúnculo cerebeloso superior nace
en la oliva cerebelosa.
d) Descubrimiento en la capa de los granos del cerebelo
de los mamíferos, de ciertos nidos pericelulares no descritos por los autores[259].
Fig. 136.—Terminaciones caliciformes del nervio
vestibular de las aves en el epitelio de las crestas acústicas.— E, fibra
gigante que forma nidos para tres células ciliadas; D, e, fibras
finas distribuídas en plexo horizontal por debajo de dichas células.
e) Análisis en las aves de las arborizaciones periféricas del nervio
coclear y del nervio vestibular. Comunícanse interesantes
detalles sobre el modo de conexión de las fibras acústicas con los corpúsculos
ciliados del ganglio basilar, papila lagenal, etc., y las
del nervio vestibular con las células de igual nombre de
las crestas acústicas (nidos nerviosos pericelulares en forma
de cáliz, etc.) (fig. 136, E, F).
f) Determinación en el bulbo de las aves de la posición y conexiones de
los ganglios acústicos primarios (homólogos del ventral y la[p.
514]teral de los mamíferos), así como de sus vías de unión,
cruzadas y directas, con cierto foco laminar, que representa
verosímilmente la oliva superior accesoria de los vertebrados
superiores. Descríbese además el origen, posición y marcha del cuerpo
trapezoide ó vía acústica secundaria[260].
Fig. 137.—Esquema de las estaciones y vías
acústicas del bulbo de las aves.— A, foco angular; B, núcleo de gruesas
células; D, foco laminar; C, nervio coclear ó acústico; V, nervio vestibular;
T, ganglio tangencial; E, cuerpo trapezoide ó vía acústica secundaria; F, oliva
superior; VI, motor ocular externo.
En la imposibilidad de exponer detalladamente estas
complejísimas conexiones, damos en la figura 137 un esquema de los ganglios
acústicos primarios y de las vías auditivas centrales de las aves. En dicha
figura adviértese que el nervio coclear (C) se divide en dos
ramas: una superior, terminada en el núcleo angular (A), y
otra inferior, acabada mediante elegantes cálices en contacto con los elementos
del foco de gruesas células (B), que corresponde, según
dejamos dicho, al núcleo ventral acústico de los mamíferos. De
esta[p. 515] última estación acústica primaria parte importantísima vía
secundaria transversal que, después de cruzar la línea media por detrás
del fascículo longitudinal posterior, se termina mediante
arborizaciones difusas sobre las células fusiformes del foco laminar del
opuesto lado (D), en donde tiene su origen el cuerpo trapezoide (E).
g) Señalamiento en el bulbo de aves y mamíferos del origen y marcha de
las vías nacidas en los corpúsculos gigantes de la llamada substancia
reticular.
Fig. 138.—Sección transversal del bulbo de un feto
de conejo.— A y B, segmentos del núcleo del nervio hipogloso; M, raíz de este
nervio; D, C, pléyades celulares del núcleo ambiguo del nervio
vago; E, manojo sensitivo cruzado de este nervio, incorporado al fascículo
solitario (G); I, vía descendente del trigémino.
h) Revelación de la presencia, en el bulbo de los mamíferos y aves, de
cierta importante vía sensitiva cruzada, perteneciente al dominio de las
radiculares del vago y glosofaríngeo. Conforme
mostramos en la figura 138, E, esta vía transversal, nacida en los
correspondientes ganglios sensitivos, pasa por detrás del fascículo
longitudinal posterior, cercana al suelo del ventrículo, para tornarse,
vertical y descendente, en el fascículo solitario (fig. 138,
F, G).
[p. 516]Las investigaciones emprendidas durante el
trienio de 1910, 1911 y 1912, fueron bastante heteróclitas, dispersándose por
muchos y variados asuntos. Citemos: la estructura del núcleo,
la autolisis y supervivencia de las neuronas, el problema del neurotropismo,
la transplantación de nervios y ganglios, la técnica de la coloración
de las plaquetas de la sangre, comunicaciones metodológicas acerca de
la demostración del aparato endocelular de Golgi y de la neuroglia del
hombre, estructura del cerebelo, etc. Pero el tema general al
que consagré años de porfiada labor y en donde recogí datos más valiosos y de
superior alcance teórico, fué el concerniente á la degeneración y
regeneración de las neuronas y axones de los ganglios, cerebelo, cerebro y
médula espinal. Como luego veremos, estos últimos estudios, que descorren
un poco el velo de la íntima fisiología del retículo neurofibrillar, vinieron á
corroborar la vieja hipótesis neurotrópica formulada por mí en 1892 y
benévolamente acogida por numerosos autores.
Al pie de estas páginas daremos sucesivamente la
lista de los principales trabajos aludidos. Aquí expondremos por orden
cronológico las conquistas objetivas ó inducciones teóricas más valiosas.
2. Por lo que toca á la estructura íntima del núcleo
de los corpúsculos nerviosos[261], nuestros
insistentes análisis revelaron (aparte la comprobación de muchos datos
referentes al nucleolo, casquete cromático de Levi, granulaciones basiófilas y
neutrófilas del jugo nuclear, etc.) estas tres cosas:
[p. 517]
a) La presencia de un corpúsculo especial de pequeña talla, yacente a
cierta distancia del nucleolo (nuestro cuerpo accesorio) y cuyas
afinidades tintoriales le separan abiertamente del nucleolo principal y
nucleolos accesorios de los autores (figs. 140, a, y 139, d).
b) La coloración mediante el método argéntico de determinadas redes
interiores, que recuerdan el aparato de Golgi del protoplasma.
c) La determinación anatómica y microquímica de ciertos grumos recios,
dispersos por el jugo nuclear (fig. 140, c). En la figura 139 damos
un esquema comprensivo de todos los factores integrantes de la organización
nuclear.
Fig. 139.—Esquema de la estructura del núcleo de
las neuronas.— a, nucleolo con sus esferas argentófilas; b,
cuerpo accesorio; c, casquete cromático; e, grumo
hialino; f, granitos basiófilos; g, armazón fibrilar.
Fig. 140.—Núcleo de las pirámides cerebrales del
hombre.— a, cuerpo accesorio; b, nucleolo; c,
grumos hialinos. Nótese que, usando ciertos fijadores, el proceder argéntico
tiñe exclusivamente el cuerpo accesorio.
3. Interesante fué el resultado de mis experimentos
de autolisis del tejido nervioso y de los ensayos de supervivencia de los
ganglios mantenidos fuera del organismo[262].[p.
518] Creemos haber sido los primeros en demostrar que el corpúsculo
nervioso, á despecho de sus exageradas exigencias de oxígeno y de ambiente
alimenticio renovado, es capaz de sobrevivir hasta dos días por lo menos fuera
del cuerpo de los animales.
Nuestras observaciones recayeron en los ganglios
sensitivos jóvenes (gato de pocos días). Como terreno de cultivo
hubimos de servirnos del líquido cefalorraquídeo mantenido en
estufa á 38°. Desde las dieciséis horas de su separación las células sensitivas
son asiento de un fenómeno de excitación formativa, traducido por la proyección
de largos apéndices ramificados y terminados á favor de mazas ó esferas voluminosas.
Estas producciones nuevas, á veces muy complicadas, constituyen excelente
criterio de la supervivencia neuronal (fig. 141).
Después de nosotros, análogas y todavía más
interesantes neoformaciones (provocadas con ayuda de métodos de cultivo mucho
más perfectos), fueron observadas por Legendre y Minot y por Marinesco y Minea.
4. Copiosísima y altamente interesante fué la
cosecha de adquisiciones en el terreno de la degeneración y
regeneración de la médula espinal[263]. Algunos de
los hechos de que brevemente vamos á dar cuenta representan, según dejamos
apuntado, argumentos de inestimable valor en pro de la doctrina neurotrópica.
Ellos prueban que la creación de retoños y su orientación al través de los
diver[p. 519]sos tejidos, hállase condicionada por la liberación, en torno de
las fibras y células, de fermentos activadores de la asimilación protoplásmica.
Estos agentes catalíticos (substancias neurotrópicas) son fabricados por
el tejido conectivo embrionario; pero muy señaladamente por
las células de Schwann de los tubos nerviosos ordinarios en
trance de regeneración.
Fig. 141.—Formas celulares retoñantes halladas en
un ganglio puesto en estufa durante dos días y embebido en el líquido
cefalorraquídeo —a, axon; e, f, g,
ramas recién formadas.
En condiciones normales, los citados reclamos
faltan en los centros, frustrándose por consiguiente la regeneración de las
fibras de la substancia blanca interrumpida. Mas en cuanto concurren
circunstancias experimentales favorables, la tendencia regenerativa, latente en
las fibras[p. 520] de los centros, se despierta y alcanza extraordinaria
pujanza.
Fig. 142.—Trozo del cordón posterior de la médula
espinal de gato joven, cuyas meninges sufrieron un traumatismo seguido de
producción cicatricial exuberante. —A, cicatriz embrionaria; B, retoño
penetrado en ella; D, fibras longitudinales de la substancia blanca en fase de
irritación productiva.
En la médula espinal, dichas condiciones favorables
se establecen, á menudo, consecutivamente á la sección simultánea de la
substancia blanca y raíces sensitivas y motoras. Iniciada en estos conductores,
con la degeneración de las células de Schwann, la liberación de substancias
neurotrópicas que se difunden hasta el territorio de los cordones medulares
mismos, los axones, antes morosos y como inertes, crecen activamente; no es
raro verlos inva[p. 521]dir el espesor de las raíces, progresando por ellas durante
largas distancias.
Fig. 143.—Corte longitudinal del cordón
antero-lateral del gato de pocos días, en que se seccionó la médula lumbar.— A,
borde de la herida del cordón antero-lateral; B, C, raíces anteriores
degeneradas é invadidas por ramas cordonales neoformadas; a, b,
fibras funiculares que daban ramas á las raíces motrices.
Lo mismo ocurre en el cerebro. Si, conforme ha
probado Tello[264] en sus
brillantes experimentos, se introduce en[p. 522] una herida cerebral un
segmento de nervio degenerado, los axones pertenecientes á las pirámides,
conductores los más apáticos y rebeldes á todo proceso neoformador, sacuden su
inercia, entran en turgescencia productiva y proyectan larguísimos retoños, que
asaltan el secuestro nervioso con la misma acometividad y potencia de
crecimiento características de los renuevos del nervio ciático interrumpido.
En menor escala, gozan también de la propiedad de
elaborar materias neurotrópicas las células conectivas de las cicatrices
durante sus fases iniciales (figs. 142 y 144, B).
Tales hechos, de gran transcendencia biológica,
refutan definitivamente el dogma, generalmente admitido, de la irregenerabilidad
esencial de las vías centrales. Tamaña incapacidad productiva constituye
propiedad contingente y adventicia, motivada, según dejamos dicho, por la
ausencia irremediable, dentro de la substancia blanca y gris, de fuentes
secretoras de agentes catalíticos ó materias orientadoras[265].
Entre las pruebas de tan importante doctrina son
singularmente expresivas las siguientes, extraídas de mis trabajos sobre
la degeneración y regeneración de la médula espinal y
raíces nerviosas.
a) Cuando, por azar del manual operatorio, se hiere en cierta extensión
la pia mater y se crea, por tanto, cierta masa cicatricial
perimedular, sorpréndense muchas veces retoños colaterales brotados de
conductores del cordón posterior, y aun verdaderas fibras terminales, que
emergen del territorio medular y se ramifican prolijamente en el seno del
tejido conectivo. Este se muestra, pues, capaz de despertar, en cierta medida,
la actividad neoformativa de los axones y de atraer los conos de crecimiento
(fig. 142, B).
[p. 523]b) Cuando, consecutivamente á una
herida de la médula y raíces, ó por la propagación á éstas de la inflamación
traumática medular, degeneran las células de Schwann radiculares, éstas inducen
la formación de brotes en la substancia blanca y ejercen violenta atracción de
los mismos hacia sí.
Fig. 144.—Herida transversal de la médula espinal.—
A, cabo superior con fibras retoñantes; B, cicatriz invadida por fibras
sensitivas de las raíces posteriores; E, quiste central de la herida.
En la figura 143, e, c, que
reproduce un corte longitudinal del cordón anterior, puede verse cómo los
axones funiculares cercanos á la[p. 524] herida medular, influídos por los
reclamos llegados de las raíces anteriores degeneradas, emiten ramas que,
después decrecer pujantemente, penetran en dichas raíces, marchando ora por el
interior de las células de Schwann, ora por sus intervalos, convertidas en
conductores motores aberrantes (B, C).
Fig. 145.—Corte longitudinal de las raíces
anteriores de un gato á quien se produjo una herida medular.— A, fibras
sensitivas de la cicatriz invadiendo una raíz anterior degenerada; B, fibras
invasoras ramificándose al nivel de un conglomerado grasiento; C, porción
necrosada del cordón anterior en la inmediación de la herida.
Instructivo es también el caso reproducido en la
figura 145, A, donde vemos varios axones, recién formados, perdidos en la
cicatriz (verosímilmente nacidos del cabo periférico de una raíz sensitiva
cortada), penetrar equivocadamente en cierta raíz motriz degenerada (la cual es
recorrida en sentido centrífugo), irresistiblemente[p. 525] atraídos por
las substancias neurotrópicas elaboradas por las células de Schwann. Lo mismo
ocurre cuando las raíces, separadas y degeneradas, son las posteriores ó sensitivas.
Fig. 146.—Invasión de la médula espinal por
colaterales motrices retrógradas nacidas del trayecto extramedular de las
raíces anteriores. Gato de pocos días, sacrificado cuatro después de la sección
de la médula espinal.— A, B, C, D, ramas motrices recurrentes que invaden la
médula espinal; E, axon casi normal de que emanaban dos colaterales; F, rama
que se hacía longitudinal; H, I, ramas invasoras, varias veces divididas.
5. No todos los extravíos de las fibras cordonales
o de los retoños brotados en las raíces motoras y sensitivas lesionadas (cabo
central, es decir, porción del axon unido á la célula de origen) responden á
procesos neurotrópicos.[p. 526] En las dislocaciones de los retoños
influyen también la ausencia de obstáculos en determinado sentido (la dirección
de la menor resistencia) y cierto impulso de crecimiento desbordante adquirido
por las fibras neoformadas cuando se han nutrido algún tiempo, ó han nacido en terreno
henchido de materias neurotrópicas.
a) Por ejemplo, conforme mostramos en la figura 146, B, G, renuevos
exuberantes, brotados colateralmente en los axones de raíces motrices
lesionadas, invaden retrógradamente la médula espinal para constituir fibras
funiculares aberrantes. El choque eventual con obstáculos invencibles tuerce á
veces el curso de los retoños durante su trayecto intramedular, provocando su
división en rama ascendente y descendente (fig. 146, A).
b) En este orden de fenómenos mecánicos entra, sin duda, el mostrado en
la figura 147, A, B, que reproduce varias raíces sensitivas degeneradas
juntamente con un segmento de cordón posterior completamente necrosado.
Adviértase cómo los retoños surgidos en el cabo periférico de dichas raíces
(lado del ganglio) penetran en la médula espinal en virtud del impulso inicial
(vis à tergo) y organizan á modo de rudimento de cordón posterior. Las
letras K, H, etc., señalan conos de crecimiento, avanzando á guisa de ariete, á
lo largo de las raíces y por el interior del cordón posterior.
Fig. 147.—Trozo del cordón posterior y radiculares
regeneradas del perro de pocos días, cuyo cono terminal fué lesionado en varias
partes.— A, raíces sensitivas; C, fibras sensitivas extraviadas; D, fibra
penetrante que abandona la médula; H, maza terminal; E, fibra que da ramas
recurrentes.
6. Mis estudios en los centros traumatizados
(médula, cerebro y cerebelo) revelaron además la existencia de notables fenómenos
de compensación ó, si se quiere, de adaptación morfológica de las
neuronas á las condiciones fisiológicas artificiales provocadas por la
mutilación. Cuando á una célula nerviosa se le amputa un trozo axónico, no
muere por ello necesariamente, como no sucumbe un individuo privado de un
miembro; antes bien, procura sacar el mejor partido posible de su nueva
situación, eliminando el segmento inútil del conductor (el callejón sin salida,
como si dijéramos) y manteniendo y reforzando sus colaterales, la última de las
cuales se convierte en rama terminal.
[p. 527]He aquí algunos ejemplos instructivos de
tan interesante fenómeno, ilustrados con dibujos semiesquemáticos:
a) Seccionadas las fibras de la substancia blanca medular y ausentes los
catalizadores neurocládicos, la porción axónica situada más allá de
la última colateral, se atrofia y reabsorbe, después de constituir una maza de
retracción (fig. 148, b, d). Repárese en la figura 148,
A cómo dicha colateral se hipertrofia, transformándose en rama terminal, á
causa quizás de absorber ahora ella sola toda la energía de la corriente antes
diluída por dilatada arborización.
Fig. 148.—Trozo del cabo central de la herida
medular del gato joven, tres días después de la operación.— A, colaterales
espesadas que se transformarán en terminales; a, b, c,
trozo longitudinal de los axones destinados á desaparecer; B, mazas de
retracción.
[p. 528]b) Casos todavía más sorprendentes
de la citada adaptación morfológica encuéntranse en el cerebelo y cerebro
traumatizados, según comunicamos en varias extensas monografías[266]. Á causa de
este singular modus vivendi, es dable transformar
experimentalmente[p. 529] una célula de axon largo en una célula de
axon corto. Valgan los dos ejemplos siguientes:
En la figura 149, E, G, perteneciente al cerebelo,
mostramos cómo, merced á la desaparición de la porción periférica del axon de
Purkinje, la arborización nerviosa ha quedado reducida á una ó dos colaterales
iniciales notablemente hipertrofiadas. En adelante, pues, la neurona cerebelosa
no podrá mantener comercio dinámico sino con sus elementos congéneres vecinos,
con cuyos tallos dendríticos entran en contacto las referidas ramas[267].
Fig. 149.—Principales tipos de axones de Purkinje
del cerebelo del gato de veinte días, dos días después del traumatismo. Esta
zona se halla cerca de la herida y los axones pertenecen á dos cortes sucesivos
de la misma región.— A, axon normal; B, axon con varicosidad; C, D, E, G,
axones de tipo arciforme; F, maza final.
Fig. 150.—Corte del cerebro motor del gato de
veinticinco días, sacrificado veinticuatro horas después de la operación.— A,
D, pirámides medianas con colaterales arciformes hipertróficas y cabo axónico
fino y atrófico (a, b); C, F, G, pirámides arciformes cuyo
trozo axónico periférico ha desaparecido; B, pirámide cuyo axon se resuelve en
dos arcos recurrentes; H, herida.
[p. 530]La figura 150, A, D, C, copia el mismo
fenómeno metamórfico con relación á las pirámides cerebrales, cuyo
axon fué interrumpido cerca de la substancia blanca. Adviértase cómo algunas
colaterales próximas á la herida se han reabsorbido, atacadas sin duda de
degenera[p. 531]ción traumática; en cambio, las indemnes, brotadas de la
porción inicial del axon, han conservado su vitalidad, hipertrofiándose
notablemente y adoptando configuración arciforme (f). Las fases
iniciales del proceso adaptativo ofrécense en las células A y B, donde todavía
subsiste cierto segmento axónico (a, b) en vías de atrofia.
Cuando la lesión interesa la región axónica de
donde parten las colaterales iniciales, éstas desaparecen del todo y el axon
exhibe un cabo apuntado (fig. 150, e), que nosotros hubimos de
designar punta de corrosión. Estas neuronas, gravemente mutiladas,
no tardan en degenerar y morir.
Fig. 151.—Cerebro de perro. Retoños brotados de las
varicosidades del cabo central de las pirámides cerebrales.
Los precedentes hechos enseñan que la morfología de
las células nerviosas no obedece á tendencia inmanente y fatal,
mantenida por herencia, como ciertos autores han defendido, sino que depende
enteramente de las circunstancias actuales físicas y químicas del ambiente.
7. Desde el punto de vista de la regeneración,
el cerebro y cerebelo son incomparablemente menos activos que los[p.
532] ganglios y médula espinal. Ningún histólogo consiguió demostrar con
absoluta certeza la realidad de fenómenos regenerativos en la substancia blanca
de dichos centros. Por nuestra parte, sólo á fuerza de porfiadas exploraciones
logramos, al fin, descubrir actos indiscutibles de producción de fibras nuevas,
bien que efímeras y, por consiguiente, frustradas. Semejante precario
retoñamiento obsérvase exclusivamente en animales jóvenes (gato y perro de diez
á veinte días) y al nivel de las varicosidades de trayecto y mazas finales de
los cilindros-ejes interrumpidos dentro de la substancia blanca (cabos
centrales). Dos variedades principales se presentan:
Fig. 152.—Cerebro de perro. Axones del cabo central
con segmentos necrosados (b), dentro de los que penetran bouquets de
neurofibrillas retoñantes (a).
[p. 533]a) De gruesa varicosidad terminal (bola
de retracción) ó de trayecto surgen varias radiaciones, finas y pálidas,
que se pierden en los territorios limítrofes, donde se ramifican y acaban en
punta pálida. Por evocar la figura de la tortuga, designé tan singular
disposición aparato testudoide (fig. 151, E, F, H).
b) En las fronteras de un segmento axónico necrosado, las neurofibrillas
supervivientes de la vecina varicosidad entran en activa proliferación,
generando cierto penacho de ramúsculos que invaden el protoplasma muerto (fig.
152, a), donde acaban mediante botones ó anillos. Por su figura,
que recuerda algo la de la sepia, bauticé tan insólita disposición
con el nombre de aparato cefalopódico.
Las figuras 151 y 152 nos dispensan de entrar en
más pormenores acerca de estas neoformaciones fracasadas.
Fig. 153—Cerebelo del gato de pocos días. Células
de Purkinje excitadas por el traumatismo, de cuyo soma surgen brotes
descendentes (a).
Actos eventuales de regeneración incipiente son
rarísimos en el cerebelo. Con todo eso, á fuerza de insistentes
experimentos de irritación traumática de los corpúsculos de Purkinje, y
escogiendo al efecto mamíferos de pocos días (gato y perro), conseguí percibir
en dichos elementos indubitables señales de retoñamiento. Séame permitido
señalar, entre otras disposiciones de índole neoformativa frustrada, estas dos:
a) Transformación (con creación de ramas abortivas) del ramaje
protoplásmico de los elementos de Purkinje, en elegante bouquet,
compuesto de finos pedículos coronados por botones reticulados (figura
153, c). Para distinguirla de otras, calificamos esta singular
modificación metamorfosis rosaliforme.
[p. 534]b) Emisión, al nivel del soma, de
apéndices delgados laterales ó descendentes terminados á corta distancia (fig.
153, a) mediante anillo, grumo ó varicosidad. Ciertas proyecciones
parecen encerrar una sola neurofibrilla.
Fig. 154.—Pirámides cerebrales del perro. Cerca de
la herida los axones interrumpidos (cabo central) muestran rosarios de bolas
(B, C); D, bolas sueltas cerca de la herida.
8. Por lo que toca al proceso degenerativo
de las fibras y células del cerebro y cerebelo, provocado ora por sección,
ora por contusión, bien por intromisión de cuerpos extraños, la cosecha de
disposiciones morfológicas recogidas fué tan copiosa y variada que sobrepujó á
todas mis esperanzas. Relatarlas todas, aún concisamente, exigiría muchas
páginas. Para no torturar demasiado al lector con interminables listas de
cominerías descriptivas, me contraeré á exponer algunos datos sobresalientes:
a) Corroborando y ampliando resultados, ya señalados en 1907[268], pusimos en
evidencia que todo axon cerebral ó cerebeloso, interrumpido á regular distancia
de la célula de origen, reacciona viva[p. 535]mente, formando al nivel de su
segmento ó cabo central, cierta bola ó maza final,
precedida de otras esferas ó varicosidades extendidas en forma de rosario hasta
la última colateral inicial (fig. 154). Casi todas estas bolas se separan del
axon durante los días siguientes á la lesión, atrofiándose sucesivamente en el
seno de la substancia gris, donde constituyen colonias neurofibrillares
agónicas. Transcurrida una ó dos semanas del traumatismo, permanece solamente
la varicosidad más próxima á la porción indemne del axon, afectando forma de
maza ó de botón terminal. Tal es la bola de retracción, que marca
claramente en una preparación del cerebro y cerebelo la dirección en que se
encuentra la neurona de origen. Las precedentes mutaciones del axon, con la
susodicha autotomía ó acto de eliminación de las esferas,
corresponden genéricamente al proceso comunmente designado por los
autores degeneración traumática del cabo central y estudiado
mediante técnicas insuficientes. En la figura 156, B mostramos varias mazas de
retracción, pertenecientes á las células[p. 536] de Purkinje, ocho días
después de la sección; y en la figura 154 reproducimos el proceso de
arrosariamiento y autotomía de los cilindros-ejes de las pirámides gigantes del
cerebro.
Fig. 155.—Fenómenos de metamorfosis neurofibrillar
en las mazas terminales de axones cerebrales cortados (A, B, C) y en bolas
sueltas (G, F, E).
b) Las grandes bolas desprendidas por autotomía de
robustos cilindros-ejes, conservan, durante mucho tiempo, cierta colonia
central neurofibrillar, la cual en ciertos casos excepcionales, de que damos
copia en la figura 155, E, J, F, ofrece señales evidentes de supervivencia y de
retoñamiento intraprotoplásmico. Son las neurobionas, que, antes de
perecer, intentan durante su agonía esfuerzos desesperados por restablecer la
perdida continuidad con sus hermanas.
Fig. 156.—Ocho días después de la lesión, los
axones de las células de Purkinje (cerebelo del conejo adulto) presentan bolas
de retracción (B).
c) Mis observaciones revelaron también que las neuronas comprometidas por
presiones, conmociones ó traumatismos, recaídos en la vecindad, no sucumben
siempre súbitamente, presa de la desintegración granulosa, sino que se necrosan
por grados, propagándo[p. 537]se el proceso[269] destructivo
desde las capas protoplásmicas superficiales hasta las profundas. En las
figuras 157, A, E y 158, A, E aportamos patentes ejemplos de esta gradual
mortificación. Repárese cómo en torno del núcleo y en el eje de las dendritas
sobrevive tenazmente el armazón protoplásmico que, entrando en excitación
formativa, hipertrofia, á veces, sus neurofibrillas y afecta configuraciones
sorprendentes y variadísimas (fig. 157, D, E).
Fig. 157.—Células de Purkinje del cerebelo
traumatizado. Nótese en A, B y C la presencia de una zona cortical mortificada
con persistencia de las neurofibrillas perinucleares.
d) Entre las modalidades metamórficas del armazón neurofibrillar
lesionado por conmociones y presiones, obsérvase á menudo cierta alteración, en
un todo comparable con la característica de los animales invernantes ó de los
atacados de rabia[270]. Muchas
neurofibrillas han experimentado la hipertrofia fusiforme, mientras
que otras han desaparecido enteramente. Transiciones variadas entre el mero
proceso hipertrófico y la producción de husos hallará el lector en la figura
158, J, G, que copia algunas pirámides cerebrales[p. 538] tomadas de la
vecindad de una herida complicada con los efectos de enérgica contusión.
Fig. 158.—Fenómenos de metamorfosis neurofibrillar
en las pirámides cerebrales próximas á una herida contusa.— A, neurofibrillas
perinucleares vivaces; B, C, D, formación de asas y anillos; J, hipertrofia
neurofibrillar; G, estado fusiforme.
e) Los aludidos trabajos revelaron, asimismo, un hecho de cierto interés
criteriológico[271], pues
permite discernir fácilmente los axones muertos de los vivos. Aludo
á las llamadas fibras conservadas[p. 539] (figura 159, d),
segmentos de cilindros-ejes bruscamente destruídos por el traumatismo, y como
embalsamados por la acción del exudado. Aparecen cerca de las heridas,
afectando todos los atributos de los axones normales, á quienes se asemejan por
su perfecta colora[p. 540]bilidad, forma cilíndrica, aspecto estriado y
ausencia de bolas y varicosidades. Á primera vista confúndense con los axones
vivos. De ellos discrepan, sin embargo, por terminarse en los bordes de la
herida, y á veces en pleno exudado, mediante un gancho (c) ó algunas
vueltas de espira, exhibir trayecto más ó menos serpenteante, y, en fin,
rematar hacia lo profundo de la substancia gris á favor de punta de
corrosión progresivamente pálida (b).
Fig. 159a.—Borde proximal de una herida transversal
del cerebro de gato de un mes, sacrificado veintiuna horas después de la
operación.— A, zona viva ó de reacción; B, zona de corrosión; C, zona de las
fibras conservadas; D, exudado de la herida; a, maza de
refracción; b, punta de corrosión de una fibra conservada y unida
todavía á un axon sano; d, puntas flotantes de fibras conservadas.
En la figura 159a, d, presentamos los
bordes de una herida cerebral cruzados por numerosas fibras conservadas.
Repárese cómo ninguna de ellas ofrece bola de retracción; al revés
de los axones vivaces, los cuales, situados á mayor profundidad, van todos
provistos de varicosidades de trayecto y maza terminal (a).
9. Por lo que hace á las metamorfosis
patológicas y actos regenerativos sobrevenidos en los ganglios sensitivos,
dí á luz dos trabajos de investigación: uno referente á los ganglios
transplantados[272] y
otro (en 1913) tocante á los fenómenos reaccionales en ellos sobrevenidos
consecutivamente al arrancamiento á distancia de los nervios
correspondientes.
Nuestros estudios sobre el fecundo tema de la injertación
de los ganglios sensitivos, confirmaron, desde luego, los bellísimos y
transcendentales experimentos de Nageotte acerca de la metamorfosis de las
neuronas neuropolares en multipolares, amén de la aparición de nidos nerviosos,
la necrosis celular del centro gangliónico seguida de la formación de nódulos
residuales, etc., añadiendo las siguientes observaciones:
a) Si en vez de transplantar ganglios grandes jóvenes bajo la piel de un
animal adulto, según hacían Nageotte, Marinesco, Rossi, Dustin, etc. (homotransplantación),
se injertan pequeñísimos ganglios (los terminales de la cola de caballo) de
mamíferos recién nacidos bajo la piel de animales hermanos (homocronotransplantación)[p.
541] el número de células nerviosas supervivientes es mucho mayor,
salvándose hasta las habitantes en el centro ganglionar, incluyendo sus axones.
De ordinario, en los experimentos de Nageotte estas prolongaciones aparecen
necrosadas. Adviértese también que los fenómenos de creación y proyección de
nuevos apéndices alcanzan inusitada energía (fig. 159b).
Fig. 159b.—Trozo de un pequeño ganglio
transplantado.— A, nervio de nueva formación que cruza la cápsula ganglionar
(B) é invade el tejido conectivo del huésped; C, E, ramas neoformadas que
trazan revueltas en la cápsula; G, H, neuronas muertas; F, apéndice dirigido al
interior del ganglio.
b) Según notamos en la figura 159b, A, la pujanza de crecimiento y
progresión de los citados brotes es tal, que á menudo barrenan la[p.
542] cápsula fibrosa del ganglio injertado. Reunidos en manojos, que son
verdaderos nerviecitos, y traspasada la barrera capsular, los citados retoños,
solicitados sin duda por las substancias neurotrópicas del tejido cicatricial
circunvecino, se derraman en la trama conectiva del huésped, marchando en
desorden, como en busca de los desaparecidos territorios terminales (fig. 159b,
D).
c) De parecida manera se conducen los axones subsistentes de las raíces
gangliónicas. Gracias á la pequeñez del injerto consérvanse vivaces casi todos
ellos y generan, principalmente del lado de la rama periférica, nerviecitos
aberrantes que se pierden en los territorios vecinos del animal receptor.
10. Mis experimentos de arrancamiento de
los nervios[273] por
fuera y á distancia de los ganglios sensitivos, revelaron un hecho de cierto
interés, á saber: que es posible provocar en las neuronas gangliónicas, por
simple conmoción ó vibración mecánica, todos los curiosos fenómenos de
metamorfosis del soma y producción de retoños observados por Nageotte en los
ganglios injertados (creación de apéndices, formación de nidos pericelulares
y de células desgarradas y lobuladas, aparición de nódulos residuales,
etc.).
Cuando el arrancamiento recae en las raíces
motrices, en paraje alejado de la médula espinal, promuévese, entre otros
efectos, ya señalados por Sala y Cortese (que trabajaron también con mi
técnica), la formación de numerosos retoños, muchos de los cuales,
retrogradando en el interior de la raíz, penetran en la médula espinal,
inundando de ramas nerviosas el territorio del cordón antero-lateral.
Asimismo pusimos de manifiesto que las heridas de
los ganglios ó el aplastamiento de sus raíces dan ocasión á[p.
543] fenómenos activos de retoñamiento en las fibras y células sensitivas,
con formación lujuriosa de nidos de extraordinaria complicación.
Fig. 160.—Intercalación de un trozo nervioso en la
herida del ciático. Nótese cómo los retoños del cabo central son atraídos por
los dos extremos del injerto (B), dentro del cual caminan superficiales.— A,
cabo central; C, cabo periférico; d, fibras que, después de
recorrer el injerto, penetran en dicho cabo degenerado.
11. Singularmente expresivos en favor de la teoría
neurotrópica, fueron los resultados de mis experimentos de transplantación
y reimplantación de los cordones nerviosos[274] en el
intervalo de los segmentos del ciático interrumpido. De estos estudios,
confirmatorios, en principio, de los efectuados por Lugaro, Marinesco y Dustin,
despréndese una conclusión importante: que la acción trópica atrayente de las
células de Schwann del injerto hállase íntimamente vinculada con la vitalidad
de las mismas. Injertos muertos (descompuestos ó alterados mediante líquidos
coagulantes, etc.) no ejer[p. 544]cen influjo neurotrópico sobre los retoños
del cabo central del ciático cortado; gruesos y frescos injertos sólo atraen
las fibras por su capa cortical ó subneurilemática, territorio donde las
células de Schwann se mantienen vi[p. 545]vaces y activas; en fin, delgadísimos
y fresquísimos injertos (reimplantación), cuya trama conserva íntegramente sus
propiedades fisiológicas, son invadidos casi enteramente por los retoños
circulantes por el ambiente. En la figura 160 reproducimos el resultado de uno
de nuestros experimentos. Adviértase cómo los axones neoformados en el cabo
central de un nervio seccionado concéntranse en el extremo proximal del injerto
(e), que recorren en toda su longitud para emerger, en fin, por el
opuesto lado é insinuarse en el cabo periférico del ciático (d). Nótese,
además, la preferencia de los retoños por las capas superficiales del nervio
injertado, que son naturalmente las más vivaces y las más activas, por tanto,
para la elaboración de fermentos atrayentes. La citada convergencia axónica,
denotadora de la sensibilidad exquisita de los retoños hacia las substancias liberadas
por el injerto, resulta un hecho singularmente favorable para nuestra teoría
neurotrópica.
12. En diversos estudios sobre la regeneración
habíamos anunciado el pensamiento de que las bolas gigantes,
observadas en el extremo libre de ciertos retoños, tenían por causa el atasco ó
detención eventual de las mazas; que los retrocesos se debían
al choque contra obstáculos insuperables y, en fin, que las divisiones,
aparte la posible intervención de fuentes neurotrópicas múltiples, obedecían
también al topetazo del cono contra células ó conglomerados celulares. Tales
interpretaciones parecían probables, pero no indiscutibles: faltábales la
prueba experimental decisiva.
Á fin de aportarla, efectuamos en 1912[275] algunos
expe[p. 546]rimentos encaminados á angostar gradualmente las rutas destinadas á
recibir á los jóvenes axones y establecer en ellas obstáculos invencibles. Bajo
este aspecto, diónos plena satisfacción el conocido proceder de las ligaduras
nerviosas, combinado con la sección (fig. 161).
Fig. 161.—Cabo periférico de un nervio cortado. En
dicho cabo y no lejos de la herida se hizo una ligadura apretada para impedir
el paso de los retoños invasores.— A, cicatriz internerviosa; B,
ligadura; a, c, retoños insinuados en el cabo
periférico degenerado; C, porción situada debajo de la ligadura, con axones
agónicos (d) en vías de degeneración; b, bola atascada de
que brota una proyección exploradora. (Figura semiesquemática).
Fig. 162.—Nervio ciático multiseccionado. A,
cicatriz principal, frontera del cabo vivaz ó central; B, C, hemisecciones
nerviosas destinadas á crear estrechas fajas cicatriciales, a, b, c,
ramificaciones de los retoños al nivel de las cicatrices. (Figura
semiesquemática).
De nuestro trabajo, notablemente ampliado en el
libro sobre la degeneración y regeneración, extraemos dos figuras,
altamente significativas:
a) La 161, que reproduce esquemáticamente los efectos de una ligadura
moderadamente apretada, prueba perentoriamente que toda detención del
cono de crecimiento tiene por resultado el modelamiento de una bola ó maza de
variable espesor (b). Á veces, cerca de la región de la
ligadura, ó sea de la máxima angostura, las mazas emiten fibras finas
exploradoras, á su vez prontamente atascadas. En la misma figura se observa que
después de chocar con el obstáculo unos pocos axones, retroceden bruscamente,
trazando asas, cuya convexidad señala la presencia de aquél (a).
b) En fin, la figura 162, donde se copia un cabo periférico varias veces
seccionado, demuestra que las divisiones de los axones asaltantes de las viejas
vainas de Schwann (B) ocurren precisamente al nivel de las cicatrices
intermediarias, es decir, en territorios rellenos de células conectivas
irregularmente distribuídas, aunque ricos en materias neurotrópicas. Abundancia
de fermentos estimulantes del crecimiento axónico y presencia de obstáculos
múltiples constituyen, pues, las condiciones determinantes de las
ramificaciones axónicas.
[p. 547]
CAPÍTULO XXII
Continúa la exposición de los trabajos del último
decenio. — Algunos métodos nuevos de investigación: el del formol-urano para la
coloración del aparato endocelular de Golgi y el del
sublimado-oro para la impregnación de la neuroglia de tipo
protoplásmico. — Principales resultados obtenidos en los nervios y centros con
estas nuevas fórmulas. — Investigaciones sobre el ojo y retina de los insectos.
— La retina de los cefalópodos. — Tres libros publicados durante dicho decenio.
— Algunas distinciones honoríficas recibidas durante los últimos años.
nvestigaciones técnicas.—Sin olvidar mis favoritos
estudios sobre el importante problema de la regeneración del sistema nervioso,
fueron los años 1912 y 1913 preferentemente consagrados a investigaciones
metodológicas. Estas exigen atención, paciencia y laboriosidad extraordinarias.
Cuando aplicamos una fórmula de teñido selectivo imaginada por cualquier sabio,
no sospechamos siquiera la cantidad formidable de labor experimental, los
interminables tanteos y probaturas que exigió, primeramente, el encuentro
fortuito de la reacción nueva y útil, y, después, la empresa de
fijar exactamente las condiciones óptimas del éxito favorable. Admiración
compasiva, más que envidia ruin, debieran inspirarnos los raros triunfadores en
este orden de pesquisas. ¡Oh, las febriles é impacientes horas en que se espera
ansiosamente la reacción afortunada[p. 548] que coquetea sin
entregarse!... Porque lo más grave en esta clase de trabajos es que se pueden
consumir en ellos años enteros sin tropezar con nada que valga la pena. Y nada
digo de la decepción causada por el hallazgo eventual de reacciones
interesantes que después, á despecho de obstinadas probaturas, no se dignan
reaparecer[276].
Sirvan estos comentarios de excusa á la escasez de
comunicaciones de los años 1913 y 1914, época del recrudecimiento de mis
indagaciones técnicas, escasez debida también, según relataré después, al hecho
de hallarme á la sazón ocupado en la redacción de dos libros de conjunto sobre
materias muy diferentes.
Mi primera preocupación metodológica se enderezó al
hallazgo de algún proceder fácil y constante de impregnación argéntica
del aparato reticular de Golgi, del cual había yo encontrado
en la fibra muscular de los insectos (1890) un probable antecedente[277]. Recordará
el lector que[p. 549] dicho retículo intracelular fué señalado por Golgi
en las células nerviosas (1898) y observado después en otros tejidos por sus
discípulos Negri, Veratti, Pensa, Marcora, Vechi, etc. (y fuera de Italia por
Holmgren, Retzius, Kopsch, Misch, Bergen, Weigl, etc.).
Pero la fórmula imaginada por Golgi y modificada
por su discípulo Veratti era sumamente aleatoria y difícil. Tampoco la de
Kopsch (ácido ósmico al 2 por 100) daba plena satisfacción. Algo más constante,
aunque inaplicable á muchos tejidos, se mostraba cierta variante del método del
nitrato de plata reducido, con la cual conseguí desde 1903 impregnar el citado
retículo de los invertebrados y el de algunas células epiteliales de los
mamíferos jóvenes. Animado, sin duda, por estos relativos éxitos míos, Golgi,
que laboraba en la misma dirección, modificó felizmente mi fórmula argéntica
con la adición de un fijador: el ácido arsenioso. La reacción parda
recaída en las trabéculas de dicho aparato, resultó más rápida y constante que
en las fórmulas anteriores. Gracias á ella, la escuela de Pavía (Perroncito,
Verson, Riquier, etc.) y en el extranjero Deineka, Legendre y otros, ensancharon
nuestro concepto del comportamiento y significación del susodicho organito
intraprotoplásmico, permitiendo además abordar el tema interesante de sus
metamorfosis durante la multiplicación celular (Perroncito y Deineka).
La nueva fórmula del sabio de Pavía adolecía aún de
algunos inconvenientes. Uno de ellos consistía en el depósito difuso de plata
reducida, que enmascaraba la reacción útil, obligando (Veratti) al empleo de
reactivos aclarado[p. 550]res de acción oxidante y de difícil manejo. En fin,
el método fracasaba todavía en algunos órganos difíciles.
Á fuerza de tanteos y exploraciones, vine á caer
casualmente sobre un fijador excelente: el nitrato de urano. Merced
al empleo de este reactivo, la coloración consíguese corrientemente en todos
los tejidos, singularmente cuando se ensaya en mamíferos jóvenes. En el
nervioso, por ejemplo, lógranse espléndidas coloraciones donde el retículo
destaca perfectamente, en color café ó pardo negro, sobre fondo amarillo limpio
y transparente.
La fórmula aludida es la siguiente:
1. Piezas de 2 á 3 milímetros de espesor son
fijadas de diez á doce horas en este líquido:
|
Nitrato de urano |
1 |
gramo. |
|
Formol |
15 |
cent. cúb. |
|
Agua destilada |
100 |
— |
La adición al fijador de un 20 por 100 de alcohol
puede convenir en algunos casos para mejorar la fijación y afinar el
precipitado metálico.
2. Previo rapidísimo lavado de las piezas, se
sumergen por veinticuatro á cuarenta y ocho horas en nitrato de plata al 1,5
por 100.
3. Descartado el nitrato superficial mediante
rápida enjuagadura, opérase la reducción en este baño, que debe obrar de doce á
veinticuatro horas:
|
Hidroquinona |
1 á 2 |
gramos. |
|
Formol |
15 |
cent. cúb. |
|
Agua |
100 |
— |
|
Sulfito de sosa anhidro |
0,20 á 0,30 |
gramos. |
4. Alcohol, celoidina, etc.
En ciertas condiciones, la citada fórmula impregna
también la neuroglia (dos días de fijación) y las mitocondrias ó
granos intraprotoplásmicos de Benda, Meves y Duesberg (de seis á ocho horas de
fijación).
[p. 551]Aprovechando el impensado hallazgo,
emprendí varios trabajos[278], cuyos
resaltados más interesantes paso á consignar:
a) Demostración, por primera vez, del retículo endocelular en todos los
elementos nerviosos de la retina, en cada uno de los cuales afecta aquél
configuración y estructura algo diversa.
b) Encuentro del citado aparato en la célula de Schwann,
donde, conforme aparece en la figura 163, b, reside en la vecindad
del núcleo, al cual rodea, constituyéndole una especie de corona trabecular con
predominio de los cordones longitudinales.
c) Demostración, por primera vez, del susodicho aparato en las fibras de
Remak, osteoblastos, odontoblastos, corpúsculos neuróglicos y ependimales,
adipoblastos, fibras del cristalino, eritroblastos y leucoblastos, etc.
d) Reconocimiento y estudio del mismo en todas las células del embrión de
pollo (endotelios, piel é intestino, células mesodérmicas, glandulares
primordiales, neuroblastos motores, sensitivos y simpáticos).
e) Análisis de las fases evolutivas por que atraviesa el retículo de
Golgi en las neuronas, desde el estado de elemento germinal á la fase de célula
nerviosa adulta. En la figura 164 mostramos esquemáticamente estas curiosas
mudanzas. Reaparece, como la red, primeramente localizada en el cono de origen
del axon (C); se enriquece progresivamente, extendiéndose en torno del núcleo,
invadiendo gran parte del protoplasma (E, F).
f) Exploración escrupulosa de las variaciones fisiológicas sufri[p.
552]das por el retículo en las células glandulares (páncreas, salivales,
corpúsculos caliciformes del intestino, etc.), en los tejidos en vías de
regresión (cartílago osificante, osteoblastos, células adiposas, etcétera) y en
las neuronas de los ganglios, médula espinal, cerebro y cerebelo (fig. 165).
Imposible dar cuenta de estas variaciones, cuya descripción ocupa muchas
páginas de extensa monografía[279] ilustrada
con abundantes grabados.
Fig. 163.—Tubos nerviosos del conejo joven.— A, B,
C, aparato reticular de Golgi teñido por el método urano-plata; a,
cisura de Lantermann; b, trabéculos del retículo.
g) Análisis de las conexiones del retículo con los grumos de
Nissl, las neurofibrillas y los conductos de Holmgren.
Se demuestra, según aparece en el esquema de la figura 166, que la materia
granulosa constitutiva de las trabéculas del aparato en cuestión reside en el
interior de los conductos de Holmgren, entre manojos de
neurofibrillas, siendo completamente extraña á los grumos de
Nissl.
[p. 553]h) Exploración de las metamorfosis
regresivas y progresivas experimentadas por el retículo en los tubos nerviosos
degenerados (cabo central y periférico de los nervios cortados) y en las
neuronas cerebrales vecinas de las heridas. Durante la degeneración, la
proliferación de la célula de Schwann del cabo periférico de un nervio cortado,
asóciase al aumento de la materia argentófila de su aparato reticular, cuyos
trabéculos se estiran en sentido longitudinal para distribuirse al fin en dos
acúmulos, uno correspondiente á cada célula hija.
Fig. 164.—Esquema destinado á mostrar las fases por
que atraviesa el retículo de Golgi en los neuroblastos del embrión de pollo.—
B, terminación de la fase germinal; C, neuroblasto en fase de bipolaridad; D,
fase de neuroblasto piriforme, E, F, crecimiento del aparato de Golgi al
formarse las dendritas.
i) En fin, se formula cierta hipótesis sobre el significado y alcance de
la posición casi constante del retículo de Golgi en el polo mundial (el
que mira ó miró, ontogénica y filogénicamente, al mundo exterior) de las
células de abolengo ectodérmico (piel, células nerviosas,
glándulas cutáneas, etc.) y en las oriundas del entodermo. Esta
concepción puede formularse así: En el curso de la evolución ontogénica y
filogénica, el retículo y la esfera atractiva de todas las células epiteliales
(ecto y entodérmicas) ocupan el polo orientado hacia el mundo exterior, es
decir, el segmento protoplásmico intercalado entre el núcleo y el cabo celular
libre; mientras que en las[p. 554] células de origen mesodérmico (glóbulos
de la sangre, corpúsculos conectivos, musculares, cartilaginosos, etc.), á
causa sin duda de las frecuentes emigraciones, perdióse la orientación espacial
primitiva de los citados organitos intracelulares, ocupando, de ordinario, el
centro de la masa principal del protoplasma.
Interesantes investigaciones acerca del aparato de
Golgi, de diversos tejidos, fueron efectuadas también, aplicando la técnica del
nitrato de urano, por Tello (células de los tumores y
elementos glandulares de la hipófisis), Del Río-Hortega (ovario y fibras
musculares lisas), Ramón Fañanás (células gigantes del tubérculo, mucosa
y bulbo olfativos y diversos tejidos del embrión de pollo),
Domingo Sánchez (epitelios y neuronas de invertebrados), Sánchez y
Sánchez (neuronas del cerebelo), Castro (botones gustativos),
etc.
Fig. 165.—Variedades morfológicas y cuantitativas
del retículo de Golgi de las células motrices de la médula espinal,
dependientes con toda probabilidad de estados fisiológicos diferentes.
[p. 555]Dejo dicho ya que el proceder del nitrato
de urano colorea también, modificando el tiempo de fijación ó
introduciendo variantes en la composición de la fórmula, ciertos factores
extraños al retículo de Golgi. Merced á esta profusión de efectos selectivos,
conseguí los resultados siguientes:
Fig. 166.—Esquema del aparato de Golgi (célula
motriz de la médula) con sus conexiones con los demás factores protoplásmicos.—
A, contenido del aparato reticular; B, tubos de Holmgren; D, grumos de Nissl;
C, neurofibrillas.
a) Impregnación de la neuroglia de la substancia gris y blanca de los
centros. El depósito argéntico colorea no sólo el protoplasma de los apéndices
radiados y sus pies perivasculares, sino los gliosomas de Fieandt, que se
presentan intensamente teñidos de negro o pardo, sobre fondo ocre claro. En
cuanto á la configuración general del astrocito de la substancia gris, coincide
exactamente con la hace tiempo revelada mediante el método del cromato
argéntico (fig. 167, A).
b) Cuando se ensaya el método en los tubos nerviosos medulados, la
reacción selectiva recae á menudo en los anillos de Segall,
el aparato espiral de Rezzonico y, sobre todo, en una especie
de es[p. 556]queleto ó armazón de fibras longitudinales, contenido en el
espesor de las células de Schwann. Acerca de la disposición de este curioso
armazón, señalado brevemente por mí en los nervios de los mamíferos, ha
practicado en los peces Sánchez y Sánchez (1917) interesantes investigaciones.
c) En fin, modificaciones especiales de la citada fórmula, en cuyo
detalle no podemos entretenernos, permiten impregnar á veces ciertos factores
integrantes del tubo nervioso (cisuras de Lantermann, protoplasma del
corpúsculo de Schwann, doble brazalete de Nageotte, etc.).
Fig. 167.—Células neuróglicas del cerebro del perro
teñidas por el método del formol-urano.— A, corpúsculo que muestra
el aspecto de los teñidos por el cromato de plata; B, pareja neuróglica, cuyas
expansiones exhiben ciertos granos glandulares (gliosomas).
Mis reiteradas inquisiciones técnicas sobre la
coloración selectiva de la neuroglia, estimuladas en buena parte por los
interesantes trabajos de Achúcarro (efectuados en mi la[p. 557]boratorio)
acerca de la estructura y conexiones de la glia humana, me
condujeron en 1913[280] al
hallazgo del método del oro-sublimado, proceder sencillísimo que permite
impregnar específicamente en violado purpúreo los dos tipos
neuróglicos de la corteza cerebral, y muy especialmente la modalidad
protoplásmica ó de cortas radiaciones, tan rebelde, según es notorio,
á las laboriosas coloraciones de Weigert, Fano, Alzheimer y otras
corrientemente usadas por los anatomo-patólogos.
Fig. 168.—Plexo difuso neuróglico revelado en la
substancia gris del cerebro humano por el método del sublimado-oro.—
A, B, células neuróglicas; D, neurona; a, capilar.
[p. 558]De su utilidad para el estudio de las
alteraciones patológicas de la glia humana, dan testimonio los
interesantes trabajos de Achúcarro y Gayarre sobre la demencia
paralítica y senil; los de Lafora, sobre la neuroglia del perro viejo; los
de Achúcarro, sobre el asta de Ammon y acerca de la histología
comparada de la neuroglia; los de Río-Hortega, recaídos en el reblandecimiento
cerebral, etc.
El método es aplicable no sólo al hombre, sino, en
cierta medida, á todos los vertebrados. El Dr. Achúcarro ha logrado
recientemente colorear satisfactoriamente la neuroglia y células ependimales de
los peces, reptiles, aves y pequeños mamíferos, recogiendo copiosa cosecha de
hechos nuevos. Ramón Fañanás ha teñido la neuroglia cerebelosa del
perro, gato y conejo. En fin, en nuestro Laboratorio, el Dr. Havet, de Lovaina,
ha logrado también estimables impregnaciones de la glia ganglionar de
los invertebrados, singularmente del lumbricus, habiendo conseguido
demostrar la existencia constante de astrocitos protoplásmicos,
además de los astrocitos fibrosos.
Á juzgar por los dibujos, descripciones y
microfotografías publicados, en el extranjero el éxito ha sido también
satisfactorio. Consúltense las comunicaciones recientes de Schäffer (Hungría),
Ziveri y Rossi (Italia), Marinesco y Minea (Rumania), etc.
He aquí la fórmula del sublimado-oro:
[p. 559]1.ª Trozos de centros nerviosos, lo más
frescos posible, son sometidos, entre dos y diez días, á la acción del fijador
siguiente:
|
Formol |
15 |
cent. cúb. |
|
Bromuro de amonio |
1,5 á 2 |
gramos. |
|
Agua destilada |
85 |
— |
2.ª Mediante el microtomo de congelación,
efectúanse secciones que se recogerán en agua formólica. Estos cortes deben ser
relativamente gruesos, por ejemplo, de 20 á 25 µ. Semejante espesor, además de
favorecer la reacción, tiene la ventaja de mostrar más completamente las
expansiones de los astrocitos.
3.ª Previo rápido lavado en agua destilada para
extraer el formol, son llevadas las secciones al líquido colorante siguiente
que debe conservarse en la obscuridad:
|
Agua destilada |
60 |
cent. cúb. |
|
Sublimado |
0,5 |
gramos. |
|
Solución de cloruro de oro pardo al 1 por
100 |
10 |
cent. cúb. |
4.ª Al cabo de cuatro ó más horas, tíñense los
cortes en tono purpúreo intenso y se trasladan (manipulándolos con varillas de
cristal) al fijador siguiente:
|
Hiposulfito de sosa |
5 |
gramos. |
|
Agua |
70 |
cent. cúb. |
|
Alcohol ordinario |
30 |
— |
|
Solución concentrada de bisulfito sódico |
5 |
— |
En este baño permanecerán de seis á diez minutos.
5.ª Lavado de los cortes en agua alcohólica al 50
por 100; montaje en porta-objetos donde se enjugará el líquido con papel
chupón; en fin, alcohol absoluto, esencia de orégano, xilol y bálsamo.
Gracias á la comodidad de manipulación y
especificidad de resultados del nuevo recurso de impregnación, conseguí recoger
algunos hechos nuevos y, sobre todo, fijar y consolidar ciertas nociones
fluctuantes y harto discutidas sobre la estructura, evolución y comportamiento
expansional de los dos tipos neuróglicos en el hombre y mamíferos. Mencionemos
rápidamente algunas aportaciones:
[p. 560]a) La demostración de que las
expansiones neuróglicas del tipo llamado protoplásmico se
ramifican prolijamente en el seno de la substancia gris, recorriendo grandes
distancias y generando cierto plexo difuso y denso, pero en todo caso exento de
esas redes admitidas, sin pruebas suficientes, por muchos autores. Las últimas
ramillas neuróglicas acaban libremente, según puede advertirse en la figura
168.
Fig. 169.—Estructura alveolar de los astrocitos de
la substancia gris del cerebro humano. Los espacios claros (A, a)
corresponden á los gliosomas.
b) La prueba objetiva de que todo astrocito de la substancia blanca ó
gris hállase provisto constantemente de uno ó varios pies insertos sobre los
vasos capilares (aparato chupador). Delicadísimos y á veces difíciles de
sorprender en la glia protoplásmica, afectan tales apéndices vasculares gran
robustez en la fibrosa (fig. 168, G).
c) El astrocito protoplásmico posee una estructura que recuerda mucho la
de las células glandulares. En el seno de cierto estroma tupido y como
esponjoso aparecen numerosas vacuolas claras donde[p. 561] se alojan los
gliosomas bien descriptos por Fieandt, Eisath, Nageotte, Mawas y Achúcarro.
d) Conforme señalamos ya hace muchos años, es frecuente encontrar en
torno de las neuronas cierta pléyade de astrocitos protoplásmicos, cuyos
apéndices, ricos en gliosomas, se apoyan sobre la membrana
neuronal. Una disposición frecuente de la glia satélite reproducimos
en la figura 172, A, C, tomada del cerebro del gato adulto.
Fig. 170.—Células adendríticas de la substancia
gris del cerebro del perro (tercer elemento de los centros).— A, astrocito
ordinario; a, b, c, d, etc.,
diversas formas de la célula adendrítica; J, aparato de Golgi de estos
elementos.
Fig. 171.—Substancia blanca del cerebro humano.
Método del sublimado-oro.— A, corpúsculo adendrítico; B, célula neuróglica
ordinaria, intensamente teñida en violado purpúreo.
e) Ciertos autores habían sospechado, aunque sin aportar demostración
perentoria del hecho, la presencia en los centros nerviosos de cierto
corpúsculo pequeño, sin expansiones, quizá de origen mesodérmico y tan extraño
á las neuronas como á la glia. Este tercer elemento de los
centros aparece clarísimamente en nuestros[p. 562] preparados, á
causa de su absoluta incolorabilidad por el método áurico. Testimonio de este
notable contraste es la figura 171, donde presentamos á un tiempo los aspectos
que en los cortes dorados ofrecen los astrocitos neuróglicos y el
susodicho tercer elemento.
Por lo demás, la verdadera morfología de este
singular corpúsculo evidénciase solamente en los preparados teñidos por el
método del urano-formol. Adviértase (fig. 170, a, b, c)
su forma poliédrica, á veces irregularizada por excrecencias marginales, su
proximidad á los vasos, la presentación de diminuto aparato de Golgi, etc.
Fig. 172.—Células neuróglicas satélites (A, B, D)
rodeando el cuerpo de dos células piramidales del cerebro del perro.— a,
corpúsculo satélite adendrítico.
f) El tercer elemento, ó corpúsculo enano adendrítico,
congrégase también en torno de las células nerviosas, singularmente por
debajo[p. 563] de la base de las pirámides, viniendo á constituir otra
variedad de elementos satélites (fig. 172, a). Á
ella pertenecen casi todos esos diminutos corpúsculos que Nissl, nosotros,
Lugaro, Alzheimer, Marinesco y otros muchos autores, sorprendimos hace tiempo
en derredor de las neuronas, sin acertar por entonces á resolver si se trataba
de células de glia legítima, de leucocitos trasmigrados ó de corpúsculos de
naturaleza especial.
Fig. 173.—Fase de aparición, en la médula del gato
joven, de los pies perivasculares.— A, B, células neuróglicas en vías de
partición; D, vaso cortado de través; H, célula donde se diferencia una
fibrilla de Weigert; F, rafe posterior de la médula; a, b,
pies perivasculares.
Con relación á la evolución ontogénica de las
células de neuroglia, nuestras observaciones, efectuadas tanto en los fetos
como en los mamíferos recién nacidos, permiten afirmar:
[p. 564]a) Lo mismo las células epiteliales
dislocadas (célula neuróglica primordial), que el astrocito joven, y aun el
adulto, son capaces de proliferar en condiciones normales (fig. 173, B). Es
frecuente observar, aun en el cerebro adulto, parejas y hasta tétradas de
elementos neuróglicos.
b) Astrocitos fibrosos y protoplásmicos representan la descendencia
directa de corpúsculos epiteliales primitivos del conducto medular del embrión;
su diversidad morfológica y estructural prodúcese por adaptación del tipo
primitivo á ambientes diferentes. Estimamos, por tanto, inadmisible la
hipótesis de la doble estirpe (ectodérmica y mesodérmica) de los astrocitos,
defendida por algunos histólogos y anatomo-patólogos.
c) Durante la época embrionaria, las células de neuroglia realizan actos
de emigración y de transformación que implican capacidad amiboide. Merced á los
efectos de lento amiboidismo, fórmase el pie perivascular ó aparato
chupador, el cual, si representa á veces una proyección protoplásmica
nueva, deriva otras de la dislocación é hipertrofia del apéndice radial ó
primordial (externo casi siempre) del corpúsculo epitélico dislocado (fig.
173, a, b).
d) En armonía con los trabajos de varios autores, singularmente de Fano y
Achúcarro, las fibras de Ranvier-Weigert de los astrocitos de la substancia
blanca representan el producto de una diferenciación intraprotoplásmica. En
ningún caso dichas fibras se emancipan, según creía Weigert, del cuerpo
celular. Recientemente, Del Río-Hortega (1917) ha ilustrado esta doctrina con
interesantes ejemplos de diferenciación fibrillar, tomados de la neuroglia de
los vertebrados é invertebrados.
e) La substancia gris del cerebro humano discrepa de la de los demás
vertebrados superiores, no sólo por la cuantía considerable de células
neuróglicas de tipo protoplásmico ó glandular que contiene, sino por la
relativa pequeñez de éstas, la imponente complejidad del plexo gliomatoso
intersticial y la ninguna tendencia (en estado normal) á producir fibras
protoplásmicas.
Algunos libros publicados.—Vaya por delante mi obra de conjunto sobre
la Degeneración y regeneración del sistema nervioso[281]. Esta
voluminosa obra en dos volúmenes[p. 565] é ilustrada con 317 grabados,
copia de mis preparaciones, constituyó la principal empresa acometida durante
los años 1912, 1913 y 1914. Tan considerable esfuerzo dejóme profundamente
fatigado. Porque no se trataba solamente de compilar sintéticamente todas mis
investigaciones sobre el tema, sino de hacer, ante todo, una obra nueva. Así lo
expresé en el prólogo, donde procuré justificar mi labor con los siguientes
términos:
«El premio Nobel con que el Instituto
Carolino de Estocolmo se dignó recompensar mis escasos méritos
científicos, fué, entre los médicos de raza española, ocasión de patrióticos y
entusiastas testimonios de afecto y consideración. Pero, entre los homenajes
recibidos, ninguno más honroso, por su forma delicada y espiritual, que el
tributado al humilde hombre de ciencia por los compatriotas médicos de la
República Argentina. No creyeron suficiente, para exteriorizar su fervor,
agasajarnos con artístico diploma avalorado con sus firmas autógrafas; sino
que, resueltos á que sus nobles sentimientos cristalizaran en algo útil y
permanente, acordaron imprimir á su costa un libro nuestro necesitado de
publicación.
Tal fué el origen de la obra actual. Al
emprenderla, pensé que podría ser de provecho resumir en un Tratado general los
numerosos trabajos que mis discípulos y yo (sin olvidar los valiosísimos
aportados por ilustres sabios extranjeros) hemos consagrado durante estos
últimos años al arduo problema de la degeneración y regeneración del sistema
nervioso. Pero, en cuanto puse manos á la obra, eché de ver que si la empresa
había de corresponder á la magnitud y nobleza del homenaje, no podía consistir
en mera compilación de datos publicados. Para honrar en lo posible la
desinteresada iniciativa de mis compañeros ultramarinos, me impuse, pues, la
tarea de revisar, mediante pesquisas de laboratorio, todos los temas
anteriormente tratados y, además, la de investigar ex-profeso muchos puntos
obscuros ó dudosos. El libro constituye, por tanto, extensa monografía, en
buena parte original.»
Los capítulos más enriquecidos con nuevas
aportaciones son los que tratan de las fases de la degeneración
valleriana en nervios y vías centrales (mielina y axon); los fe[p.
566]nómenos de multiplicación y transformación de los
corpúsculos de Schwann; las alteraciones degenerativas de los discos de
soldadura, embudos de Lantermann y anillos de Segall; la suerte corrida
por las viejas vainas de Schwann, no neurotizadas, del cabo
periférico; la morfología y estructura del cono de crecimiento dentro
de las bandas de Büngner del citado cabo; la medida de
la velocidad de crecimiento del axon en los diversos terrenos;
las gradaciones de la atrofia de los cilindros-ejes del cabo central,
por debajo de los retoños viables; el análisis del paraje y forma precisas
del nacimiento de los renuevos; los experimentos tocantes á
los injertos nerviosos y gangliónicos; la prueba de que los ganglios
simpáticos transplantados ofrecen también retoños invasores y nódulos
residuales; los efectos de la intercalación de obstáculos en las heridas
nerviosas, al objeto de sorprender los cambios de dirección de las fibras
neoformadas; los fenómenos de proliferación de la neuroglia en
las heridas cerebrales; las metamorfosis del retículo de Golgi en
las zonas degenerativas de la médula y cerebro, y en fin, la exposición y
discusión detenidas de las hipótesis imaginadas para explicar la
génesis y orientación de las fibras nerviosas en el embrión y
los brotes aberrantes de las células gangliónicas sensitivas
normales y transplantadas.
Al texto precede entusiasta y sentida dedicatoria
(probablemente escrita por el sabio y admirable patriota Dr. D. Avelino
Gutiérrez, profesor de la Universidad de Buenos Aires), firmada por 47
simpáticos compañeros, esparcidos por todo el territorio de la República
Argentina. Excusado es decir que á cada suscriptor fué oportunamente repartido
un ejemplar, impreso en papel especial y afectuosamente dedicado.
¡Qué menos podía hacer yo, para pagar tan noble y
es[p. 567]piritual agasajo, que ofrecer á mis compatriotas de allende el mar
una obra original, seriamente meditada y cuidadosamente ilustrada y escrita!...
El segundo libro (por tal lo tengo aunque se
publicó en los Trabajos del Laboratorio) enfocó el tema interesante
de la retina y centros ópticos de los insectos[282]. En esta
obra colaboró mi ayudante D. Domingo Sánchez, contribuyendo, sobre todo, con
numerosas y admirablemente ejecutadas preparaciones.
Según recordará el lector, mis amores hacia la
retina son historia antigua. El tema me cautivó siempre, porque, en mi sentir,
la vida no alcanzó jamás á forjar máquina de tan sutil artificio y tan
perfectamente adecuada á un fin como el aparato visual. Por raro caso, además,
la naturaleza se ha dignado emplear aquí resortes físicos accesibles á nuestro
entendimiento. Ni debo ocultar que en el estudio de dicha membrana sentí por
primera vez flaquear mi fe darwinista (hipótesis de la selección
natural), abrumado y confundido por el soberano ingenio constructor que
campea, no sólo en la retina y aparato dióptrico de los vertebrados, sino hasta
en el ojo del más ruin de los insectos[283].[p.
568] Allí, en fin, sentí más profundamente que en ningún otro tema de
estudio, la sensación escalofriante del insondable misterio de la vida.
Para contribuir siquiera con tenuísimo rayo de luz
á iluminar el tenebroso abismo, y al objeto, además, de completar mi antiguo
libro sobre la retina de los vertebrados con otro estudio de
conjunto relativo á la retina y ojo de los invertebrados, emprendí
en 1915 esta difícil investigación, que, con permiso de mis achaques y
decadencias, durará todavía dos ó tres años.
La complicación de la retina de los insectos es
algo estupendo, desconcertante, sin precedentes en los demás animales. Cuando
se considera la inextricable urdimbre de los ojos compuestos ó en facetas;
cuando se interna uno en el laberinto de neuronas y fibras integrantes de los
tres grandes segmentos retinianos (capa de las ommatidias, retina
intermediaria ó perióptico, retina interna ó epióptico,
etc.); cuando se sorprenden, no un kiasma, como en los vertebrados,
sino tres kiasmas sucesivos de significación enigmática, amén
del inagotable caudal de células amacrinas y de fibras centrífugas; cuando se
medita, en fin, acerca del infinito número y primoroso ajuste de todos estos
factores histológicos, tan sutiles, que los más potentes objetivos consienten
apenas su percepción, queda uno anonadado. ¡Y yo que, engañado por el malha[p.
569]dado prejuicio de la seriación progresiva de las
estructuras zoológicas de función similar, esperaba encontrarme con un plan
estructural sencillísimo y fácilmente abordable! Sin duda que zoólogos,
anatómicos y psicólogos han calumniado á los insectos. Comparada con la retina
de estos al parecer humildes representantes de la vida (himenópteros,
lepidópteros y neurópteros), la retina del ave ó del mamífero superior, se nos
aparece como algo grosero, basto y deplorablemente elemental. La comparación
del rudo reloj de pared con exquisita y diminuta saboneta no da exacta idea del
contraste. Porque el ojo-saboneta del insecto superior no
consta solamente de más tenues rodajes, sino que entraña además varios órganos
complicadísimos, sin representación en los vertebrados.
Con arreglo á los mismos principios está organizado
el cerebro —sobre el cual, dicho sea de pasada, tenemos preparado un trabajo—,
asombro á la par de ingeniosa sutileza y maravillosa adaptación. Nunca mejor
aplicado el conocido adagio latino: in tenuis labor. Penetrando con
el microscopio en esas liliputienses y, sin embargo, frondosísimas selvas
neuronales del ganglio cerebroide de la abeja, se siente la tentación de creer
que lo desdeñosamente llamado por los psicólogos ciego instinto (la intuición de
Bergson), es soberana manifestación del genio. Genio del conocer profundo é
instantáneo, surgido por primera vez en estos pequeños y antiguos seres, para
apagarse después, durante miríadas de siglos, en las groseras construcciones
cerebrales del verme, del pez, del batracio y del reptil.
Renuncio al empeño de dar aquí idea del contenido
objetivo del aludido libro. Es preciso leerlo. Declaro confidencialmente para
aquellos naturalistas ó histólogos que no desdeñen el estudio anatómico de los
más humildes seres, que los hechos originales se cuentan por docenas y que[p.
570] muchos problemas de morfología y conexión neuronales son
satisfactoria y —quiero creerlo— definitivamente esclarecidos. Y esto no es
sino empezar. En mi programa y en el de mi ayudante Sánchez late el empeño de
no cejar hasta sorprender la característica anatómica del instinto.
¿Triunfaremos?...
Vivo contraste con los anteriores libros forma otro
publicado en 1912 sobre La fotografía de los colores[284]. Harto
conoce el lector mis viejas aficiones al arte de Daguerre. Y ahora confesaré,
en el seno de la intimidad, que, á título de recreos ó descansos de más severa
labor, me entregué de vez en cuando á algunas modestas investigaciones sobre la
teoría y práctica del arte de la fotografía[285].
Dos motivos, docente y patriótico el uno, y
sentimental[p. 571] el otro, me inspiraron la redacción del citado libro
fotográfico.
El primer motivo fué contribuir, con mi modesta
iniciativa, á divulgar entre los aficionados á la heliocromía los principios
físicos fundamentales de esta maravillosa aplicación de la ciencia. Así lo
expresaba en el prólogo que encabeza la obra. «Privarse de la teoría —decíamos—
es desdeñar la mitad del placer fotocrómico, que consiste en comprobar
experimentalmente la exactitud de los principios científicos. El devoto de la
fotografía del color no debe ser rutinario practicón, atenido meramente á recetas
y formularios, al modo del carpintero, que, aguijado por la necesidad, abandona
la garlopa por el objetivo. Sólo acierta quien sabe. La interpretación de los
resultados obtenidos y el remedio de los accidentes y fracasos, encuéntrase
exclusivamente en la clara comprensión del mecanismo fisico-químico de cada
operación fotográfica.» Á la verdad, mi sentimiento patriótico irritábase
sobremanera al oir cómo desbarraban muchos aficionados de cierta cultura
(abogados, médicos é ingenieros, etc.), en cuanto discurrían sobre las
probables causas de un tono falso en las autocromas, ó sobre los
hechos físicos en que se fundan los diversos métodos tricrómicos. Bajo este
aspecto de la difusión en nuestro país de los principios rectores de los
procederes fotocrómicos más usuales, creo sinceramente que mi libro, redactado
en lenguaje llano y sencillo é ilustrado con numerosos esquemas originales,
satisfizo una verdadera necesidad.
El segundo motivo pertenece al dominio del corazón.
Mentarlo renueva en mí torturantes recuerdos. El mayor de mis hijos,
precisamente el que más se parecía á mí, así en lo intelectual como en lo
físico, contrajo desde muy joven gravísima enfermedad cardíaca. Desahuciado de
los médi[p. 572]cos é imposibilitado para seguir carrera, púsele al frente de
una librería, al objeto de entretenerle y de disipar en lo posible su negra
melancolía. Y para estimular iniciativas editoriales, base quizás de futuros
negocios, escribí los primeros capítulos del libro. Por desgracia, la
inexorable predicción médica se cumplió, y el autor tuvo á fortiori que
convertirse en editor. Mas no hablemos de cosas tristes. ¡Á qué rememorar
dolores cuyo lenitivo sólo está en el olvido!...
Para ser completo, debiera todavía mencionar aquí
cierto librito, de sabor literario, aparecido en 1905 con el título de Cuentos
de vacaciones, y firmado con el pseudónimo Dr. Bacteria.
Trátase de cinco narraciones, á modo de causeries pseudo-filosóficas,
donde con poca novedad y desmañado estilo se plantean y resuelven algunos
problemas de ética social. Conocedor de los defectos de la citada obrita, no
osé ponerla á la venta. Me limité á regalar algunos ejemplares á los amigos de
cuya bondadosa indulgencia estaba bien seguro. Si dispongo alguna vez del vagar
indispensable, quizás reimprima y ofrezca al público el citado libro,
previamente expurgado de empalagosos lirismos y de no pocas máculas de
pensamiento y de estilo.
Durante los últimos diez años fuí favorecido con
numerosas distinciones. Callarlas en una autobiografía, pudiera achacarse á
orgullo ó ingratitud; complacerse morosamente en su puntual enumeración,
parecería pueril vanidad. Adopto un término medio recordando las más
importantes. En 1906 fuí designado Miembro corresponsal de
famosa Academia de Roma (Regia Lynceorum Academia); en 1909, Fellow de
la Real Sociedad de Londres; en 1910, Socio corresponsal de
la Real Academia de Ciencias de Turín; en 1912, Socio corresponsal de
la Sociedad Italiana de Neu[p. 573]rología; en 1911, Doctor
honorario de Medicina por la Universidad de Cristianía; en
1912, Miembro extranjero de la Real Academia de Turín;
en el mismo año, Miembro honorario de la Sociedad Real
de Ciencias médicas y naturales de Bruselas, y Profesor honorario de
la Universidad de Dublín; en 1913, Asociado extranjero de
la Academia de Medicina de París; en 1916, Miembro
corresponsal del Instituto de Francia, etc., etc. Añadamos
que en 1914 el Gobierno francés me honró otorgándome la condecoración de
la Legión de honor (Commandeur), y que en 1915 el Emperador alemán
me favoreció con la cruz de la Orden «pour le mérite». En fin,
la Academia española de la Lengua, necesitada de un técnico de las
voces y expresiones médicas y biológicas, tuvo la bondad de llamarme á su seno,
y años después (1910), el ilustre y malogrado Canalejas, á la sazón jefe del
partido liberal, me nombró Senador vitalicio.
[p. 575]
CAPÍTULO XXIII
EPÍLOGO
Mi actividad docente y la multiplicación
espiritual. — Discípulos aventajados. — La escuela histológica española. —
Realización parcial de mi ideal patriotico-científico. — Aptitud de los
españoles para la investigación científica. — Sentimiento del deber cumplido. —
Lista de trabajos del autor y de sus discípulos ó inmediatos continuadores.
ocamos al fin del presente libro. Con la mayor
claridad compatible con la brevedad, dejo expuesto lo fundamental de mi modesta
labor y las condiciones que la motivaron.
Conforme he avanzado en la narración, mi autobiografía se
ha despersonalizado. El trabajo regular y el espíritu de aventuras
son cosas incompatibles. De cada vez más pobre en episodios amenos, mi vida ha
sido gradualmente absorbida en mi obra. La abeja ha sido olvidada en
consideración al panal.
Incompleta fuera la actividad del científico si se
contrajera exclusivamente á actuar sobre las cosas; opera también sobre las
almas. Ello es un deber si el hombre de laboratorio pertenece al magisterio
universitario. Entonces hay derecho á esperar que buena parte de su labor sea
em[p. 576]pleada en forjar discípulos que le sucedan y le superen. Nadie negará
que el cumplimiento de tan capital función constituye la más noble ejecutoria
del investigador y el más preeminente título á la gratitud de sus compatriotas.
Conforme dejamos expresado en otro libro[286], importa
mucho al cultivador de la ciencia proceder á su multiplicación espiritual. De
esta suerte la vida del maestro alcanza su plenitud, ya que entraña en potencia
nuevas existencias. «La tarea es sin duda penosa —decíamos—. La actividad del
profesor bifúrcase en las corrientes paralelas del laboratorio y de la
enseñanza. Crecen así sus desvelos, pero aumentan también sus venturas. Sobre
dar pábulo á elevadas tendencias, gozará los deleites de la paternidad ideal, y
sentirá el noble orgullo de haber cumplido honradamente con su triple misión de
investigador, de maestro y de patriota. Ya no declinará su vida en melancólica
soledad; antes bien, verá su ocaso rodeado de un séquito de discípulos
entusiastas capaces de comprender su obra y de hacerla, en lo posible, fecunda
y perenne.»
Excusado es decir que procuré siempre seguir mis
propios consejos. Aunque al alborear mi carrera hube de confinarme, por imperio
del hábito y de la necesidad, en la categoría de los trabajadores solitarios,
me preocupé siempre, sobre todo después que el Estado puso en mis manos
decoroso y bien provisto laboratorio, de fundar una escuela genuinamente
española de histólogos y biólogos. Y pese á los lúgubres voceros de nuestra
decadencia y á los aguafiestas para quienes la ciencia, como la aurora boreal,
sólo embellece el cielo de las regiones hiperbóreas, el ideal soñado está en
gran parte conseguido. La ansiada[p. 577] escuela existe y es foco de
vivísima actividad. Sus descubrimientos importantes (excluyo los modestos míos)
han traspasado las fronteras, y sus métodos é invenciones aplícanse
corrientemente en los laboratorios extranjeros.
No con hueras declamaciones, que pretenden ser
patrióticas y resultan jactancias de ignaro chauvinismo, sino con hechos
positivos é indiscutibles he demostrado la aptitud de la gente hispana para la
investigación científica. La pretendida incapacidad de los españoles para todo
lo que no sea producto de la fantasía ó de la creación artística, ha quedado
reducida á tópico ramplón. Cuando durante la noche el tenebroso mar aparece
tranquilo, basta agitar las aguas para que nubes de noctílucos apagados enciendan
su luz y brillen como estrellas. De igual modo ocurre en el océano social. Ha
sido suficiente que dos ó tres personas (una de ellas el ilustre Dr. Simarro)
sacudiéramos la modorra de la juventud, para que surgiera entre nosotros
brillante pléyade de eméritos investigadores. Por afirmar estoy, sin temor á la
nota de optimista, que en orden á ciertos estudios, que exigen ingeniosidad,
paciencia y obstinación, nuestros compatriotas compiten si no superan á los más
cachazudos é infatigables hijos del Norte. Todo consiste en despertar el
espíritu de curiosidad científica, adormecido durante cuatro siglos de
servidumbre mental, y de inocular con el ejemplo el fuego sagrado de la
indagación personal. Vivimos en un país en que el talento científico se
desconoce á sí mismo. Deber del maestro es revelarlo y orientarlo.
Los jóvenes laboriosos á quienes aludo son ya
legión, sobre todo si juntamos los pretéritos con los presentes. Entre los
antiguos (algunos fallecidos en plena juventud y otros perdidos por desgracia
para la ciencia patria en el[p. 578] desierto de la clínica) citaré
á Cl. Sala, Terrazas, C. Calleja, Olóriz Aguilera, Blanes Viale, J. Bartual, I.
Lavilla, Del Río Lara, Márquez, etc.
Y, entre los modernos, me es muy grato nombrar á mi
hermano, P. Ramón Cajal, á F. Tello, á N. Achúcarro, á Domingo Sánchez, á
Rodríguez Lafora, á Del Río-Hortega. Este grupo de entusiastas trabajadores
acabaron ya su formación y saben caminar solos y triunfar en el terreno de la
investigación. Muchas de las investigaciones que luego citaré, son fruto de su
exclusiva iniciativa. En vías de formación, y con promesas de ópimos frutos,
figuran Arcaute, Fortún, Sacristán, Calandre, Sánchez y Sánchez, Ramón Fañanás,
Luna, Fernando de Castro y otros.
La lista abrumadora de monografías (y sólo incluyo
las efectuadas en mi Laboratorio) de los citados investigadores, registrada al
final de este libro, dará idea de la magnitud é intensidad relativa de la obra
de cada uno. Se verá, además, que, dentro del común fervor hacia la religión
del Laboratorio, cada iniciativa ha corrido por diferente camino.
Los arriba nombrados han sido mis discípulos, en el
amplio sentido de la palabra. Todos han vivido algo mi vida y participado de
mis emociones; todos me han oído pensar, con palabra balbuciente, durante el
ensimismamiento de la atención y en los breves paréntesis del trabajo febril.
Fuera, sin embargo, pueril vanidad é injusta
pretensión atribuirme por entero la paternidad espiritual de los actuales
cultivadores de la histología española. Varios de ellos, singularmente
Achúcarro, Tello y Rodríguez Lafora, han perfeccionado notablemente en el
extranjero su educación técnica y su formación intelectual. Y de los
Laboratorios alemanes, franceses ó ingleses, han aportado á España,[p.
579] amén del dominio de los idiomas y de la bibliografía, novísimos
métodos de investigación, y lo que vale más, la costumbre de la autocrítica y
la severa disciplina del trabajo metódico.
Mi papel principal ha consistido en fomentar el
entusiasmo. Fué siempre mi lema confortar é ilustrar la voluntad con pleno
respeto á las iniciativas individuales. Siempre procuré —y de ello me felicito—
pesar lo menos posible sobre el cerebro de mis discípulos. Toda opinión fruto
de esfuerzo honrado de pensamiento, sobre todo si ha surgido de hechos recién
descubiertos, infúndeme simpatía y respeto, aunque contradiga concepciones
personales largamente acariciadas. ¿Cómo había de caer yo en la tentación de
imponer mis teorías, cuando he dado sobrados ejemplos de abandonarlas ante la
menor contrariedad objetiva?
Profundamente penetrado de estas ideas; deseoso de
evitar que mis continuadores vengan á ser lectores de un solo libro y oyentes
de un solo maestro; resuelto, además, á descartar en lo posible deplorables
polarizaciones ideológicas y metodológicas, puse especial empeño en que mis
discípulos gozasen del beneficio de una pensión en los Laboratorios más
prestigiosos del extranjero. Injusto fuera olvidar que, en esta obra de sano
patriotismo y de confortador oreo doctrinal, ayudáronme solícitos mis dignos
compañeros de la Junta de pensiones, de que soy indigno Presidente.
Y los resultados de semejante táctica han sido
excelentes. Á su vuelta, los pensionados más sobresalientes no sólo han
efectuado conquistas valiosas en los dominios predilectamente explorados por
mí, sino en otros terrenos apenas desflorados en mi Laboratorio, por ejemplo:
en el de la Neurología patológica del hombre, donde
Achúcarro[p. 580] y Lafora han recogido datos de subido valor. Excusado es
advertir que los citados pensionados han desarrollado sus trabajos en mi propio
Laboratorio y que mi Revista se ha visto enriquecida y honrada
con comunicaciones interesantes y variadas. Mención especial merece Achúcarro,
quien, gracias al hallazgo de nuevo y fecundo método de investigación (proceder
del tanino-plata amoniacal) y á sus envidiables dotes docentes, ha creado á su
vez importante escuela anatomo-patológica. Sus discípulos Fortún, Gayarre,
Sacristán, Del Río-Hortega, Calandre, etc., se han ilustrado ya con muy
estimables descubrimientos histológicos, singularmente Del Río-Hortega, autor
de numerosos trabajos sobre el centrosoma, estructura de la
neuroglia, textura de las células epiteliales, disposición
de la trama conectiva de los invertebrados, etc. Estos fervorosos
trabajadores vienen á ser algo así como mis nietos espirituales. Contémplolos
con orgullo de abuelo. La eclosión inesperada de esta segunda
generación intelectual demuestra que la semilla cayó en buen terreno. Todo
asegura que la cosecha de investigadores no se interrumpirá en adelante. En sus
manos está, y ellos lo saben, el porvenir de la histología española.
Debo ahora terminar. Lo exige la impaciencia del
lector; lo impone mi fatiga.
He procurado que mi vida sea en lo posible,
conforme al consejo del filósofo, poema vivo de acción intensa y de heroísmo
callado, en pro de la cultura de mi país. Pobre es mi obra, pero ha sido todo
lo extensa y original que mis escasos talentos consintieron. Para juzgarla con
algún conocimiento de causa, bastará recordar lo que era la histología hispana
cuando yo empecé tímidamente en 1880 y[p. 581] lo que representa en la
actualidad. Lejos estoy —lo he dicho ya—, de excluir otras valiosas colaboraciones:
séame empero permitido pensar que mi obstinada labor ha entrado por algo en el
actual renacimiento biológico de mi país.
Doy por seguro y hasta por conveniente que en el
fluir del tiempo, mi insignificante personalidad será olvidada; con ella
naufragarán, sin duda, muchas de mis ideas. Nada puede substraerse á esta
inexorable ley de la vida y menos los trabajadores humildes. Contra todas las
alegaciones del amor propio, los hechos vinculados inicialmente á un nombre
acabarán por ser anónimos, perdiéndose para siempre en el nirvana de
la Ciencia Universal. Por consiguiente, la monografía, impregnada todavía del
aroma humano, se incorporará, depurada de sentimentalismos, en la doctrina
abstracta del libro de conjunto. Al sol caliente de la actualidad sucederá —si
sucede— la fría claror de la historia erudita...
Mas no tengo el derecho de afligir al lector con
reflexiones melancólicas. No pensemos en cosas tristes. Preocupémonos de la
vida, que es energía, renovación y progreso. Y continuemos trabajando. Sólo la
acción intensa en pro de la verdad justifica el vivir y consuela del dolor y de
la injusticia. Sólo ella posee la rara virtud de convertir al obscuro parásito
social en héroe de leyenda.
Y cultivemos —repito— nuestro jardín, cumpliendo en
lo posible con el doble y austero deber de hombres y de patriotas. Para el
biólogo, el ideal supremo consiste en resolver el enigma del propio yo,
contribuyendo á esclarecer al mismo tiempo el formidable misterio que nos
rodea. No importa que nuestra labor sea prematura é incompleta; de pasada, y en
tanto alborea el ansiado ideal, el mundo se dulcificará gradualmente para el
hombre. La naturale[p. 582]za nos es hostil porque no la conocemos: sus
crueldades representan la venganza contra nuestra indiferencia. Escuchar sus
latidos íntimos con el fervor de apasionada curiosidad, equivale á descifrar
sus secretos: es convertir la iracunda madrastra en tiernísima madre.
¿En qué más noble y humanitaria empresa cabe
emplear la inteligencia?...
[p. 583]
LISTA DE LOS LIBROS Y FOLLETOS CIENTÍFICOS
DEL AUTOR
LIBROS
1. Manual de Histología normal y técnica
micrográfica. Obra ilustrada con 203 grabados originales. 1.ª edición,
Valencia, 1889; 2.ª edición, 1893.
2. Manual de Anatomía patológica general,
seguido de un resumen de Microscopia aplicada á la Histología y Bacteriología
patológicas. (Con numerosos grabados originales, en negro y color). 1.ª
edición, Barcelona, 1890; 5.ª edición, 1913.
3. Manual de Histología normal y de técnica
micrográfica. Madrid. Con 520 grabados. 6.ª edición, 1914.
4. Les nouvelles idées sur la fine anatomie
des centres nerveux. Con numerosos grabados y un prólogo del Dr.
Mathias-Duval. París, 1894.
5. Textura del sistema nervioso del hombre y
de los vertebrados. En tres volúmenes con más de 300 grabados (1899 á
1904).
6. Studien über die Hirnrinde des
Menschen. Leipzig, J. A. Barth, 1906. Con numerosos grabados.
7. Die Retine der
Wirbelthiere. Traducción alemana, con muchas adiciones de mi extensa
Monografía publicada en La Cellule y titulada: La
rétine des vertebrés, 1892. Versión y prólogo del Dr. Greeff. Wiesbaden,
1894.
8. Estudios sobre la degeneración y
regeneración del sistema nervioso. Dos volúmenes con más de 300 grabados.
Madrid, 1912-1914.
[p. 584]9. La fotografía de los
colores. Principios científicos y reglas prácticas. Madrid, 1912.
10. Reglas y consejos sobre la investigación
biológica. 5.ª edición. Madrid, 1916[287].
MONOGRAFÍAS CIENTÍFICAS
11. Investigaciones experimentales sobre la
génesis inflamatoria. Zaragoza. Con dos láminas fotografiadas, 1880.
12. Observaciones microscópicas sobre las
terminaciones nerviosas en los músculos voluntarios de la rana. Zaragoza,
1881. Con dos láminas litografiadas.
13. Estudios sobre el microbio vírgula del
cólera. Zaragoza. Septiembre de 1885. Con 8 grabados.
14. Contribución al estudio de las formas
involutivas y monstruosas del coma-bacilo de Koch. La Crónica Médica. Valencia,
20 de Diciembre de 1885. Con un grabado.
15. Contribution à l’étude des cellules
anastomosées des épithéliums pavimenteux stratifiés. Internationale
Monatsschrift f. Anat. u. Histol. Bd. III. Heft 7. Con una plancha
litográfica.
16. Tejido óseo y coloración de los cortes de
hueso. Boletín Médico Valenciano. Enero de 1887.
17. Notas de laboratorio: I.
Textura de la fibra muscular de los mamíferos. Boletín Médico
Valenciano. Junio de 1887.
18. II. Fibra muscular del ala de los
insectos. Boletín Médico Valenciano. Junio de 1887.
19. III. Músculos de las patas de los
insectos. Boletín Médico Valenciano. Agosto 1887.
20. Sobre los conductos plasmáticos del
cartílago hialino. Crónica Médica de Valencia, 20 de Abril de 1887.
[p. 585]21. Observations sur la texture des
fibres musculaires des pattes et des ailes des insectes. Internationale
Monatsschrift f. Anat. u. Physiol. Bd. V. Heft 6 u. 7. Con 4 planchas
litografiadas que contienen 77 figuras originales.
22. Estructura de los centros nerviosos de las
aves. Con dos láminas litográficas. Revista trimestral de
Histología normal y patológica. Barcelona, 1.º de Mayo de 1888.
23. Morfología y conexiones de los elementos
de la retina de las aves. Revista trimestral de Histología normal y
patológica, núm. 1.º, Mayo de 1888. Con dos láminas litográficas.
24. Terminaciones nerviosas en los husos
musculares de la rana. Revista trimestral de Histología normal y
patológica. Mayo de 1888.
25. Textura de la fibra muscular del
corazón. Revista trimestral de Histología normal y patológica, 1.º
de Mayo de 1888. Con una lámina litografiada.
26. Sobre las fibras nerviosas de la capa
molecular del cerebelo. Revista trimestral de Histología normal y
patológica, 1.º de Agosto de 1888, Barcelona. Con una lámina litográfica.
27. Estructura de la retina de las
aves (continuación del trabajo publicado en el núm. 1.º de la Revista
trimestral de Histología normal y patológica), Agosto, 1888. Con una lámina
litografiada.
28. Nota sobre la estructura de los tubos
nerviosos del órgano cerebral eléctrico del torpedo. Revista trimestral
de Histología normal y patológica, Agosto, 1888.
29. Estructura del cerebelo. Gaceta
Médica Catalana, 15 de Agosto de 1888.
30. Coloración por el método de Golgi de los
centros nerviosos de los embriones de pollo. Gaceta Médica Catalana,
1.º de Enero de 1889.
31. Nota preventiva sobre la estructura de la
médula embrionaria. Gaceta Médica Catalana, 15 de Marzo de 1889.
32. Nota preventiva sobre la estructura de la
médula embrionaria. Gaceta Médica Catalana, 31 Marzo 1889.
33. Dolores del parto considerablemente
atenuados por la sugestión hipnótica. Gaceta Médica Catalana, 31
Agosto 1889.
34. Estructura del lóbulo óptico de las aves y
origen de los nervios ópticos. Revista trimestral de Histología normal
y[p. 586] patológica, 1.º Marzo 1889 (núms. 3 y 4), Barcelona.
Con dos litografías.
35. Contribución al estudio de la estructura
de la médula espinal. Revista trimestral de Histología normal y
patológica, Marzo 1889. Con 4 cincografías y dos láminas litografiadas.
36. Sobre las fibras nerviosas de la capa
granulosa del cerebelo. Revista trimestral de Histología normal y
patológica, Marzo 1889. Con una lámina litografiada.
37. Conservación de las preparaciones de
microbios por desecación. Revista trimestral de Histología normal y
patológica, Marzo 1889.
38. Sur l’origine et la direction des
prolongations nerveuses de la couche moléculaire du cervelet. Intern.
Monatsschrift f. Anat. u. Phys., 1889. Bd. VI, Heft 4 u. 5. Con 2 planchas
litografiadas que contienen muchas figuras.
39. Sur la morphologie et les conexions des
éléments de la rétine des oiseaux. Anatomischer Anzeiger, núm. 4,
1889. Con 4 figuras.
40. Nuevas aplicaciones del método de
coloración de Golgi. Gaceta Médica Catalana, 1889. Con 4 grabados.
41. Conexión general de los elementos
nerviosos. La Medicina Práctica. Madrid, 2 de Octubre de 1889.
42. Sur l’origine et les ramifications des
fibres nerveuses de la moelle embryonaire. Anatomischer Anzeiger,
núm. 5, 1890. Con 8 figuras.
43. Sobre ciertos elementos bipolares del
cerebelo y algunos detalles más sobre el crecimiento y evolución de las fibras
cerebelosas. Gaceta Sanitaria de Barcelona, 10 de Febrero de 1890.
Con 6 grabados.
44. Sur les fibres nerveuses de la couche
granuleuse du cervelet et sur l’évolution des éléments cérébelleux. Internationale
Monatsschrift für Anat. u. Physiol. Bd. VII, H. I, 1890. Con 2
litografías.
45. Nuevas observaciones sobre la estructura
de la médula espinal de los mamíferos. Barcelona, 1.º de Abril de 1890.
Con 7 grabados.
46. Sobre la terminación de los nervios y
tráqueas en los músculos de las alas de los insectos. Barcelona, 1.º de
Abril de 1890. Con 2 grabados.
[p. 587]47. Sobre las células gigantes de la
lepra y sus relaciones con las colonias del bacilo leproso. Gaceta
Sanitaria de Barcelona, 10 de Julio de 1890, núm. 11. Con 3 grabados.
48. Sobre la aparición de las expansiones
celulares en la médula embrionaria. Gaceta Sanitaria de Barcelona,
10 de Agosto de 1890.
49. Sobre las terminaciones nerviosas del
corazón de los batracios y reptiles. Gaceta Sanitaria de Barcelona,
Agosto 1890.
50. Sobre las finas redes terminales de las
tráqueas en los músculos de las patas y alas de los insectos. Gaceta
Sanitaria de Barcelona, 10 de Octubre de 1890. Con 4 figuras.
51. Reponse à Mr. Golgi à propos des fibrilles
collatérales de la moëlle épinière et de la structure générale de la substance
grise. Anatomischer Anzeiger, núm. 20, 1890.
52. À quelle époque apparaissent les
expansions des cellules nerveuses de la moëlle épinière du poulet? Anatomischer
Anzeiger, núms. 21 y 22, 1890.
53. Sobre la existencia de células nerviosas
especiales en la primera capa de las circunvoluciones cerebrales. Gaceta
Médica Catalana, 15 de Diciembre de 1890.
54. À propos de certains éléments bipolaires
du cervelet avec quelques details nouveaux sur l’évolution des fibres
cérébelleuses. Internationale Monatsschrift für Anatomie und
Physiologie, Bd. VII. H. 11, 1890. Con 6 figuras.
55. Origen y terminación de las fibras
nerviosas olfatorias. Barcelona, 11 de Octubre de 1890. Con 6 grabados.
56. Textura de las circunvoluciones cerebrales
de los mamíferos inferiores. Barcelona, Octubre de 1890. Con 2 grabados.
57. Sobre la existencia de terminaciones
nerviosas pericelulares en los ganglios nerviosos raquidianos. Pequeñas
comunicaciones anatómicas. Barcelona, 20 de Diciembre de 1890. Con 2
grabados.
58. Sobre la existencia de colaterales y
bifurcaciones en las fibras de la substancia blanca de la corteza del
cerebro. Barcelona, Diciembre de 1890.
59. Coloration par la méthode de Golgi des
terminaisons des trachées et des nerfs dans les muscles des ailes des
insectes. Zeitschrift f. Wissenschaftliche Mikroskopie, etc. Bd.
VII, 1890. Con una lámina litográfica y 3 grabados.
[p. 588]60. Sobre la existencia de
bifurcaciones y colaterales en los nervios sensitivos craneales y substancia
blanca del cerebro. Gaceta Sanitaria de Barcelona, 10 de Abril de
1891.
61. Terminaciones nerviosas en el corazón de
los mamíferos. Gaceta Sanitaria de Barcelona, 10 de Abril de 1891.
62. Significación fisiológica de las
expansiones protoplásmicas y nerviosas de las células de la substancia
gris. Memoria leída en el Congreso Médico de Valencia. Sesión de 24 de
Junio de 1891. Con 5 grabados.
63. Sur la fine structure du lobe optique des
oiseaux et sur l’origine réelle des nerfs optiques. Internationale
Monatsschrift für Anatomie und Physiologie, tomo VIII, fasc. 9, 1891. Con 2
láminas litografiadas.
64. Pequeñas contribuciones al conocimiento
del sistema nervioso. (Varias investigaciones sobre el gran simpático,
retina, médula espinal y corteza cerebral), 20 de Agosto de 1891. Con 12
grabados.
65. Notas preventivas sobre la retina y gran
simpático de los mamíferos. Gaceta Sanitaria de Barcelona, 10 de
Diciembre de 1891. Con 7 grabados.
66. Terminación de los nervios y tubos
glandulares del páncreas de los vertebrados. (En unión de Cl. Sala). 28 de
Diciembre de 1891, Barcelona. Con 5 grabados.
67. Sur la structure de l’écorce cérébrale de
quelques mammifères. La Cellule, tomo VII, 1er fascicule,
1891. Con tres grandes láminas litografiadas.
68. Nota sobre el plexo de Auerbach de la
rana. Barcelona, 13 de Febrero de 1892. Con 2 grabados.
69. Observaciones anatómicas sobre la corteza
cerebral y asta de Ammon. Actas de la Sociedad Española de Historia
Natural. Segunda serie, tomo I. Sesión de Diciembre de 1892.
70. La retina de los teleósteos y algunas
observaciones sobre la de los vertebrados superiores. Trabajo leído
ante la Sociedad de Historia Natural en 1.º de Junio de 1892. Con 5
cincografías.
71. La rétine des vertébrés. La
Cellule, tomo IX, 1.º fasc. Con 7 grandes láminas litografiadas, que
comprenden más de 60 figuras, 1892.
[p. 589]72. Estructura del asta de Ammon y
fascia dentata. Anales de la Sociedad Española de Historia Natural,
tomo XXII, 1898. Con 22 grabados.
73. Estructura de la corteza occipital de los
pequeños mamíferos. Anales de la Sociedad de Historia Natural, tomo
II, 1893. Con 4 grabados.
74. Adenoma primitivo del hígado. Revista
de Ciencias médicas de Barcelona, 10 de Mayo de 1898. Con 2 figuras.
75. Beiträge zur feineren Anatomie des grossen
Hirns. Traducción alemana, dirigida por Kölliker, de nuestra extensa
Memoria ya citada sobre el asta de Ammon y fascia dentata.
76. Los ganglios y plexos nerviosos del
intestino de los mamíferos y pequeñas adiciones á nuestros trabajos sobre la
médula y gran simpático general, 23 de Noviembre de 1893, Madrid. Con 13
grabados.
77. Sur les ganglions nerveux de
l’intestin. Compt. rend. de la Soc. de Biol., 30 de Diciembre de
1893.
78. Pequeñas adiciones á nuestros trabajos
sobre la médula y gran simpático general. Noviembre de 1893, Madrid.
79. La fine structure des centres
nerveux. The Croonian lecture. Conferencia pronunciada ante la
Sociedad Real de Londres el 8 de Marzo de 1894, y publicada en los Proceedings
of the Royal Society, vol. LV, 1894.
80. Notas preventivas sobre la estructura del
encéfalo de los teleósteos. Anales de la Sociedad Española de Historia
Natural, tomo XXIII, 1894.
81. Algunas contribuciones al conocimiento de
los ganglios del encéfalo. Anales de la Sociedad Española de Historia
Natural, tomo XXIII, 1894. Con 12 grabados.
82. Le Pont de Varole. Bibliographie
anatomique, núm. 6, 1894.
83. Estructura del ganglio de la habénula de
los mamíferos. Trabajo leído en la Sociedad Española de Historia Natural.
Sesión del 4 de Julio de 1894. Con 4 grabados. Publicado en los Anales
de la Sociedad Española de Historia Natural, tomo XXIII, 1894.
84. Consideraciones generales sobre la
morfología de la célula nerviosa. Texto de la Conferencia enviada al
Congreso médico internacional de Roma de 1894. Publicado en La
Veterinaria Española, números del 5 y 20 de Junio de 1894.
[p. 590]85. Ganglions cérébelleux. Bibliographie
anatomique, núm. 1, Enero de 1895.
86. Corps strié. Bibliographie
anatomique, núm. 2, 1895. Con 2 grabados.
87. Algunas conjeturas sobre el mecanismo
anatómico de la asociación, ideación y atención. Revista de Medicina y
Cirugía prácticas. Madrid, 1895.
88. L’anatomie fine de la moelle
épinière. Atlas der pathologischen Histologie des Nervensystems. Con
8 grandes láminas cromolitográficas. Berlín, 1895.
89. Apuntes para el estudio del bulbo
raquídeo, cerebelo y origen de los nervios encefálicos. Anales de la
Sociedad Española de Historia Natural, 1895. Con 31 grabados.
90. Beitrag zur Studium der Medulla oblongata,
des Kleinhirns und des Ursprungs des Gehirnnerven. Traducción alemana,
con un prólogo del Dr. Mendel, de nuestro anterior trabajo sobre el bulbo,
Leipzig. Librería de Ambrosius Bart, 1896.
91. Nouvelles contributions à l’étude
histologique de la rétine et à la question des anastomoses des prolongements
protoplasmiques. Journal de l’Anatomie et de la Physiologie, 13 de
Novembre de 1896. Avec 4 planches litographiques.
92. Las defensas orgánicas en el epitelioma y
carcinoma. Boletín oficial del Colegio de Médicos de Madrid, 1896.
93. Las colaterales y bifurcaciones de las
raíces posteriores de la médula espinal demostradas por el azul de
metileno. Revista de Clínica, de Terapéutica y Farmacia, 10 Octubre
1896, tomo X. Con una figura.
94. Métodos de coloración de las
neoplasias. Revista de Ciencias Médicas de Barcelona, 10 Marzo
1896.
95. Estructura del protoplasma nervioso. Revista
trimestral micrográfica, núm. 1, Marzo 1896. Con 6 figuras. (Sociedad
Española de Historia Natural, 8 de Enero de 1896).
96. La fagocitosis de las plaquetas. Revista
trimestral micrográfica, núm. 4, 1 Marzo de 1896. Con 2 figuras.
97. Sobre las relaciones de las células
nerviosas con las neuróglicas. Revista trimestral micrográfica,
núm. 1, Marzo de 1896. Con 3 figuras.
98. Estudios histológicos sobre los tumores
epiteliales. Revista trimestral micrográfica, núm. 2, Junio de
1896. Con 3 figuras.
[p. 591]99. Las espinas colaterales de las
células del cerebro teñidas con el azul de metileno. Revista trimestral
micrográfica, núm. 2, Junio de 1896. Con 3 grabados.
100. El azul de metileno en los centros
nerviosos. Revista trimestral micrográfica, núms. 3 y 4, 1896. Con
4 láminas litografiadas y 15 grabados intercalados en el texto.
101. Leyes de la morfología y dinamismo de las
células nerviosas. Revista trimestral micrográfica, núm. 1, Marzo
de 1897. Con 14 grabados.
102. Algo sobre la significación fisiológica
de la neuroglia. Revista trimestral micrográfica, núm. 1.º, Marzo
de 1897. Con 9 figuras.
103. Nueva contribución al estudio del bulbo
raquídeo. Revista trimestral micrográfica, núm. 2, 1897. Con 12
grabados.
104. Las células de cilindro-eje corto de la
capa molecular del cerebro. Revista trimestral micrográfica, Junio
de 1897. Con 7 figuras.
105. Los ganglios sensitivos craneales de los
mamíferos (en unión de D. Federico Olóriz Ortega). Revista
trimestral micrográfica. Con 9 figuras.
106. Terminaciones nerviosas en los husos
musculares de la rana. Revista trimestral micrográfica, Diciembre
1897. Con un grabado.
107. Estructura del quiasma óptico y teoría
general de los entrecruzamientos nerviosos. Revista trimestral
micrográfica, núm. 1.º, Marzo 1898. Con 13 grabados.
108. Algunos detalles más sobre la anatomía
del puente de Varolio y consideraciones acerca de la doble vía motriz. Revista
trimestral micrográfica, núm. 2, Junio 1898. Con una figura.
109. Estructura fina del cono terminal de la
médula espinal. Revista trimestral micrográfica, Septiembre 1898.
Con 3 grabados.
110. La red superficial de las células
nerviosas centrales. Revista trimestral micrográfica. Con un
grabado.
111. Apuntes para el estudio experimental de
la corteza visual del cerebro humano. Revista Ibero-Americana de
Ciencias Médicas, núm. 1.º, Marzo 1899. Con 7 grabados.
[p. 592]112. Estudios sobre la corteza
cerebral humana.—I. Región visual. Revista trimestral micrográfica,
núm. 1.º, 1899. Con 23 grabados.
113. Estudios sobre la corteza cerebral
humana.—II. Zona motriz del hombre y mamíferos superiores. Revista
trimestral micrográfica, tomo IV, 1899. Con 31 figuras.
114. Comparative study of the sensory areas of
the human cortex. Con 31 figuras y el retrato del autor. Worcester. Mass.
(Estados Unidos), 1899.
115. Estudios sobre la corteza cerebral
humana.—III. Corteza motriz. Revista trimestral micrográfica, tomo
V, núm. 1.º, Marzo de 1900.
116. Estructura de la corteza acústica y
circunvoluciones de la ínsula. Revista trimestral micrográfica,
tomo V, números 2, 3 y 4, Diciembre de 1900. Con 12 figuras.
117. Disposición terminal de las fibras del
nervio coclear. Revista trimestral micrográfica, tomo V, núms. 2, 3
y 4. Con 2 figuras, 1900.
118. Orígenes y terminaciones de los nervios
olfativos, etc., (en unión de P. Ramón). Memoria galardonada con el premio
Martínez-Molina, 1901. Madrid.
119. Contribución al estudio de la vía
sensitiva central y de la estructura del tálamo óptico. Con 4
grabados. Revista trimestral micrográfica, tomo V.
120. Pequeñas comunicaciones técnicas. Revista
trimestral micrográfica, tomo V, fascículo 3.º, 1900.
121. Estructura de la corteza olfativa del
hombre y mamíferos. Con 72 grabados. Trab. del Lab. de invest.
biol., tomo I, 1901.
122. Textura del lóbulo olfativo
accesorio. Con 5 figuras. Trab. del Lab. de invest. biol.,
tomo I, 1901.
123. Significación probable de las células de
axon corto. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo I. Con 3
esquemas, 1901.
124. Estructura del septum lucidum. Trab.
del Lab. de invest. biol., tomo I. Con 19 grabados, 1902.
125. Sobre un ganglio especial de la corteza
esfeno-occipital. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo I. Con 12
grabados. 1902.
[p. 593]126. Recreaciones estereoscópicas y
binoculares. La Fotografía. Año 1901. Con 5 grabados.
127. Estructura del tubérculo cuadrigémino
posterior, cuerpo geniculado interno y vías acústicas centrales. Trab.
del Lab. de invest. biol., tomo I. Con 6 grabados, 1912.
128. Die endigung des ausseren lemniscus,
etc. Ehrennummer des Deutsch. med. Woch. zum 70 Geburtstags Leyden’s. April,
1902.
129. Sobre un foco gris especial relacionado
con la cinta óptica. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo II. Con
2 grabados, 1903.
130. Anatomía de las placas
fotográficas. La Fotografía, número 17, Febrero de 1903. Con 3
grabados.
131. Las fibras nerviosas de origen cerebral
del tubérculo cuadrigémino anterior y tálamo óptico. Trab. del Lab. de
invest. biol., tomo II. Con 10 grabados, 1903.
132. La doble vía descendente nacida del
pedúnculo cerebeloso superior. Trab. del Lab. de invest. biol.,
tomo II. Con 4 grabados, 1903.
133. Estudios talámicos. Trab. del
Lab. de invest. biol., tomo II. Con 20 grabados, 1903.
134. Plan de estructura del tálamo
óptico. Conferencia dada en la Facultad de Medicina de Madrid el 28 de
Abril de 1903, con ocasión del Congreso médico internacional.
Madrid, 1903. Con 5 esquemas, copias de las tablas murales dibujadas al efecto.
135. Método para colorear la mielina en las
preparaciones del método de Marchi. Trab. del Lab. de invest. biol.,
tomo II, 1903.
136. Un consejo útil para evitar los
inconvenientes de la friabilidad y arrollamiento de los cortes en los
preparados de Golgi y Marchi. Trab. de Lab. de invest. biol., tomo
II, 1903.
137. Consideraciones críticas sobre la teoría
de Bethe acerca de la estructura y conexiones de las células nerviosas. Trab.
del Lab. de invest. biol., tomo II. Con 8 figuras, 1903.
138. Sobre un sencillo método de impregnación
de las fibrillas interiores del protoplasma nervioso. Archivos latinos
de Medicina y Biología, núm. 1, 20 de Octubre de 1903.
[p. 594]139. Sobre la existencia de un aparato
tubuliforme en el protoplasma de las células nerviosas y epiteliales de la
lombriz de tierra. Boletín de la Sociedad Española de Historia Natural. Sesión
de Diciembre de 1903.
140. Algunas adiciones á nuestro artículo
anterior sobre la estructura del protoplasma nervioso. Revista escolar
de Medicina, etc., 15 Diciembre de 1903.
141. Un sencillo método de coloración
selectiva del retículo protoplásmico y sus efectos en los diversos órganos
nerviosos. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo II. Con 38
figuras, 1903.
142. Sobre un nuevo foco subtalámico, al
parecer de naturaleza centrífuga. Nota presentada al Congreso Médico
Internacional de Madrid, 1903. Actas.
143. Sobre la estructura del protoplasma
nervioso. Revista escolar de Medicina, etc., 1.º Noviembre de 1903.
144. Algunos métodos de coloración de los
cilindros-ejes, neurofibrillas y nidos nerviosos. Trab. del Lab. de
invest. biol., tomo III, fascículos 1 y 2, Marzo de 1904.
145. Ueber einige Methoden der
Silberimprägnirung zur Untersuchung der Neurofibrillen, der Achsencylinder und
der Endverzweigungen. Zeitsch. f. wissensch. Mikroskopie u. mikrosk.
Technik. Bd. XX, 1903.
146. Variaciones morfológicas normales y
patológicas del retículo neurofibrillar. Trab. del Lab. de invest.
biol., tomo III, cuadernos 1 y 2. Con 4 grabados, 1904.
147. El aparato tubuliforme del epitelio
intestinal de los mamíferos. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo
III, cuadernos 1 y 2. Con 2 grabados, 1904.
148. Asociación del método del nitrato de
plata al embrionario para el estudio de los focos motores y sensitivos. Trab.
del Lab. de invest. biol., tomo III, fascículos 2 y 3, Junio y Septiembre.
Con 12 grabados, 1904.
149. Interpretaciones conjeturales sobre
algunos puntos de fisiología neurológica. Introducción al libro sobre
la Médula espinal, del Dr. Peláez, 1897.
150. Contribución al estudio de la estructura
de las placas motrices. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo III,
cuadernos 2 y 3. Con 3 grabados, 1904.
[p. 595]151. El retículo neurofibrillar en la
retina. Con un grabado y una lámina litografiada. Trab. del Lab.
de invest. biol., tomo III, fascículo 4, 1904.
152. Das Neurofibrillennetz der Retina. Intern.
Monatssch. f. Anat. u. Physiol. Bd. 21, H. 418, 1905.
153. Las lesiones del retículo de las células
nerviosas en la rabia. (Trabajo hecho en colaboración de D. Dalmacio
García Izcara). Trab. del Lab. de invest. biol., cuaderno 4. Con 28
grabados, 1904.
154. Neuroglia y neurofibrillas del
lumbricus. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo III, cuaderno 4.
Con 4 grabados, 1904.
155. La fotografía cromática de puntos
coloreados. La Fotografía, 1904.
156. Variaciones morfológicas del retículo
nervioso de invertebrados y vertebrados. Trab. del Lab. de invest.
biol., tomo III, cuaderno 4. Con 5 grabados, 1904.
157. Tipos celulares de los ganglios
sensitivos del hombre y mamíferos. Trab. del Lab. de invest. biol.,
tomo IV, fascículos 1 y 2. Con 20 grabados, 1905.
158. Tipos celulares de los ganglios raquídeos
del hombre y mamíferos. Nota leída en la sesión del 1.º de Marzo de
1905. Anales de la Sociedad Española de Historia Natural, 1905.
159. Las células estrelladas de la capa
molecular del cerebelo y algunos hechos contrarios á la función exclusivamente
conductriz de las neurofibrillas. Trab. del Lab. de invest. biol.,
tomo IV, fascículos 1 y 2. Con 2 grabados, 1905.
160. Las células del gran simpático del hombre
adulto. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo IV, fascículos 1 y 2.
Con 14 grabados, 1905.
161. Diagnóstico histológico de la
rabia. Boletín del Instituto de Sueroterapia, etc., de Alfonso XIII,
núm. 1, Marzo 1905.
162. Sobre la degeneración y regeneración de
los nervios. Boletín del Instituto de Sueroterapia, etc., de Alfonso
XIII, 1.ª parte, núm. 2, Julio. 2.ª parte, núm. 8, Septiembre, 1905.
163. Mécanisme de la régénération des
nerfs. Comp. rend. de la Société de Biol. de Paris. Séance 11
Novembre 1905. (Resumen de mis investigaciones sobre el argumento).
[p. 596]164. Mecanismo de la regeneración de
los nervios. Discurso leído en la solemne recepción de la Academia de
Medicina en Marzo de 1906. Con 29 figuras.
165. Mecanismo de la regeneración de los
nervios. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo IV. Con 30 grabados,
1906.
166. Notas preventivas sobre la degeneración y
regeneración de las vías nerviosas centrales. Trab. del Lab. de invest.
biol., tomo IV, 1906.
167. Coloración de la fibra muscular por el
proceder del nitrato de plata reducido. Trab. del Lab. de invest. biol.,
tomo VI. Con un grabado, 1905-1906.
168. Génesis de las fibras nerviosas del
embrión y observaciones contrarias á la teoría catenaria. Trab. del
Lab. de invest. biol., fascículo 4. Con 8 grabados, 1906.
169. Relación de méritos y trabajos
científicos del autor. Resumen de mis investigaciones hasta 1906. Con un
retrato. Madrid, 1906.
170. Una modificación al proceder fotocrómico
de Lumière á la fécula. La Fotografía, 1906.
171. Estructura de las imágenes fotocrómicas
de Lippmann. Con 17 grabados. Revista de la Real Academia de
Ciencias, etcétera. Abril de 1906. Una traducción alemana, con nuevos
experimentos y reglas prácticas, vió la luz en el Zeitschrift f.
wissenchaftliche Photographie. Bd. V, Heft 7, 1907.
172. Reglas prácticas sobre la fotografía
interferencial de Lippmann. Ciencia popular. Barcelona,
Noviembre de 1906.
173. Die histogenetischen Beweise der
Neuronentheorie von His und Forel. Mit. 24 Abbild. Anat. Anzeiger. Bd.
30, 1907.
174. El renacimiento de la doctrina
neuronal. Gaceta médica catalana, tomo XXXI, 1907.
175. Notas microfotográficas. Con 6
grabados. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo V, 1907.
176. Ueber Polychromie mikroskopischer
Metallkörnen. Zeitschr. f. wiss. Photogr. Bd. V, H. 4, 1907.
177. Structure et connexions des
Neurones. Conference Nobel de Estocolmo. Archivio di Fisiologia,
vol. V, fasc. I, 1907.
178. Quelques antécédents ignorés sur les
Plasmazellen. Revista escolar «Cajal». Diciembre de 1907.
[p. 597]179. Una hipótesis sobre la
constitución del retículo de la célula nerviosa. Revista escolar
«Cajal». Año II. núm. 8, Abril de 1907.
180. Las placas autocromas Lumière y el
problema de las copias múltiples. La Fotografía. Madrid, 1907.
181. Las teorías sobre el ensueño. Revista
escolar «Cajal». Año III, 1908.
182. Nouvelles observations sur l’évolution
des neuroblastes avec quelques remarques sur l’hipothèse neurogénétique de
Hensen-Held. Avec 16 gravures. Trab. del Lab. de invest. biol.,
tomo V, 1907, y Anat. Anzeiger. Bd. 32, 1908.
183. L’hipothèse de la continuité d’Apáthy.
Reponse aux objections de cet auteur contre la doctrine neuronale. Avec 12
gravures. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo VI, 1908. Véase
también: Anatomischer Anzeiger. Bd. XXXIII, 1908.
184. Sur un noyau spécial du nerf vestibulaire
des poissons et des oiseaux. Avec 9 fig. Trab. del Lab. de invest.
biol., tomo VI, 1908.
185. Les conduits de Golgi-Holmgren du
protoplasma nerveux et le réseau péricellulaire de la membrane. Avec 6
gravures. Idem, 1908.
186. Sur la signification des cellules
vasoformatives de Ranvier. (Quelques antécédents bibliographiques ignorés
des auteurs). Idem, 1908.
187. El ganglio intersticial del fascículo
longitudinal posterior en el hombre y diversos vertebrados. Con 5
grabados. Idem, 1908.
188. Los ganglios centrales del cerebelo de
las aves. Con 6 grabados. Idem, 1908.
189. Les ganglions terminaux du nerf
acoustique des oiseaux. Avec 7 gravures et une planche. Idem,
1908.
190. Influencia de la quimiotaxis en la
génesis y evolución del sistema nervioso. Con 14 grabados. Discurso
inaugural de la Sección de Ciencias Naturales de la Asociación Española
para el Progreso de las Ciencias. Congreso de Zaragoza, 1908.
191. Contribución al estudio de los ganglios
de la substancia reticular del bulbo, con algunos detalles concernientes á los
focos motores y vías reflejas bulbares y mesocefálicas. Con 11
grabados. Idem, tomo VI, 1909.
[p. 598]192. Nota sobre la estructura de la
retina de la mosca M. vomitoria L. Con 12 grabados. Trab.
del Lab. de invest. biol., 1909. Publicado también en el Boletín de
la Sociedad española de Historia natural. Enero de 1910.
193. El núcleo de las células piramidales del
cerebro humano y de algunos mamíferos. Con 14 grabados. Trab. del
Lab. de invest. biol., tomo VIII, 1910.
194. Obtención de estereofotografías (proceder
de Berthier-Ives) con un solo objetivo. Con 3 grabados. Revista de
Física y Química, 1910.
195. Algunos experimentos de conservación y
autolisis del tejido nervioso. Nota preventiva. Con 3 grabados. Trab.
del Lab. de invest. biol., tomo VIII, 1910.
196. Algunas observaciones favorables á la
hipótesis neurotrópica. Con 13 grabados. Idem, tomo VIII,
1910.
197. Observaciones sobre la regeneración de la
porción intramedular de las raíces sensitivas. Con 5 grabados. Idem,
1910.
198. Algunos hechos de regeneración parcial de
la substancia gris de los centros nerviosos. Con 11 grabados. Idem,
tomo VIII, 1910.
199. Alteraciones de la substancia gris
provocadas por conmoción y aplastamiento. Con 6 grabados. Idem,
tomo IX, 1911.
200. Fibras nerviosas conservadas y fibras
nerviosas degeneradas. Con 9 grabados. Idem, tomo IX, 1911.
201. Sobre ciertos plexos pericelulares de la
capa de los granos del cerebelo. Idem, tomo X, 1912.
202. Proceder heliocrómico por
decoloración. Obtención de pruebas positivas estables con el azul de
metileno. Anales de la Sociedad española de Física y Química. Año
X, Febrero de 1912.
203. Los fenómenos precoces de la degeneración
traumática de las vías centrales. Bol. de la Soc. Esp. de Biol.,
tomo I, 1912.
204. Reacciones degenerativas en las células
de Purkinje del cerebelo bajo la acción del traumatismo. Idem, tomo
I, 1912.
205. Transformación, por efecto traumático, de
las células piramidales del cerebro en corpúsculos nerviosos de axon
corto. Idem, tomos I y II, 1912.
[p. 599]206. Influencia de las condiciones
mecánicas sobre la regeneración de los nervios. Con 3 grabados. Trab.
del Lab. de invest. biol., tomo X, 1912.
207. Fórmula de fijación para la demostración
fácil del aparato reticular de Golgi y apuntes sobre la disposición de este
aparato en la retina, en los nervios y algunos estados patológicos. Con 3
grabados. Idem, tomo X, 1912.
208. El aparato endocelular de Golgi de la
célula de Schwann y algunas observaciones sobre la estructura de los tubos
nerviosos. Con 10 grabados. Idem, tomo X, 1912.
209. Un nuevo proceder para la impregnación de
la neuroglia. Bol. de la Soc. Esp. de Biol., tomo II, 1913.
210. Los problemas de la biología
celular. Discurso inaugural del Congreso de Madrid para el progreso de
las Ciencias. Con 10 grabados. Madrid, Junio de 1913.
211. Fenómenos de excitación neurocládica en
los ganglios y raíces nerviosas consecutivamente al arrancamiento del
ciático. Con 4 grabados. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo
XI, 1913.
212. Estudios sobre la degeneración y
regeneración del sistema nervioso. Idem, tomo I, págs. 537 y
siguientes, 1913.
213. Sobre un nuevo proceder de impregnación
de la neuroglia y sus resultados en el cerebro del hombre y animales. Idem,
tomo XI, 1913.
214. El método sublimado-oro. Zeitschr.
f. wiss. Mikros., etc. Bd. XXXI. Referata, pág. 421, 1914, y en Neurol.
Centralb., 1915. (Eine neue Methode zur Färbung der Neuroglia.)
215. Contribución al conocimiento de la
neuroglia del cerebro humano. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo
XI, 1913.
216. Algunas variaciones fisiológicas y
patológicas del aparato reticular de Golgi. Con 55 grabados. Idem,
tomo XII, 1914. (Esta monografía, sumamente extensa, es sin duda el trabajo de
investigación de mayor envergadura publicado hasta hoy sobre el argumento.)
217. Contribución al conocimiento de los
centros nerviosos de los insectos (con la colaboración de D. Sánchez).
Primera parte: Retina y centros ópticos. Con 85 grabados y 2
láminas cromolitográficas. Idem, tomo XIII, 1915.
[p. 600]218. Variaciones fisiológicas del
retículo de Golgi en algunos elementos epiteliales y mesodérmicos. Bol.
de la Soc. Esp. de Biol., tomo III, 1915.
219. Consideraciones generales sobre la
polarización ontogénica y filogénica del aparato de Golgi. Idem,
tomo III, 1915.
220. Plan fundamental de la retina de los
insectos. Con 5 esquemas. Idem. Año V, 1915.
221. Significación probable de la morfología
de las neuronas de los invertebrados. Con 11 figuras. Idem. Año
V, 1915.
222. El proceder del oro-sublimado para la
coloración de la neuroglia, fascículos 3 y 4, tomo XIV. Idem,
Diciembre de 1916. Con 3 microfotografías.
223. Contribución al conocimiento de la retina
y centros ópticos de los cefalópodos. Trab. del Lab. de invest. biol.,
fascículos 1 y 2, tomo XV, 1917.
224. Consideraciones sobre la significación de
los cruces ópticos de los insectos, crustáceos y cefalópodos. Con varios
esquemas. Idem, tomo XV, 1917.
LIBROS Y FOLLETOS DE CARÁCTER LITERARIO
225. Recuerdos de mi vida. Dos volúmenes,
con numerosas fotografías y grabados, 1901 á 1917.
226. Cuentos de vacaciones. Narraciones
pseudo-científicas. Madrid, 1905.
227. El quijote y el quijotismo. Discurso
leído en la sesión conmemorativa de la Publicación del Quijote, celebrada
por el Colegio Médico el 9 de Mayo de 1905[288].
TRABAJOS DE MIS DISCÍPULOS[289]
Pedro Ramón Cajal (Profesor de la Facultad de Medicina de
Zaragoza).—Investigaciones micrográficas en el encéfalo de los batracios y
reptiles. Zaragoza, 1894.
[p. 601]— Las fibras colaterales de la substancia
blanca de la médula de larvas de batracio. Gaceta Sanitaria de
Barcelona, Octubre 1890.
— El encéfalo de los reptiles (con 8 grabados).
Zaragoza, 1894.
— Estructura del encéfalo del camaleón (con 14
grabados). Rev. trim. microg., tomo I, 1896.
— Los corpúsculos nerviosos de axon corto en los
vertebrados inferiores (con un grabado). Idem, tomo II, 1897.
— El fascículo longitudinal posterior en los
reptiles (con 2 grabados). Idem, 1897.
— Centros ópticos de las aves (con 13
grabados). Idem, tomo III, 1898.
— La célula piramidal del cerebro de los reptiles
(con un grabado). Idem, 1899.
— Adiciones á nuestros trabajos sobre los centros
ópticos de las aves (con 4 grabados). Idem, 1899.
— El lóbulo óptico de los peces (teleósteos), (con
4 grabados). Idem, 1899.
— Ganglio basal de los batracios y fascículo basal
(con 3 grabados). Idem, 1900.
— Algunas reflexiones sobre la evolución de los
corpúsculos piramidales del cerebro. La Clínica Moderna, año I.
Zaragoza, 1902.
— Origen del nervio masticador en las aves,
reptiles y batracios (con 6 grabados). Trab. del Lab. de Invest. biol.,
tomo III, 1904.
Claudio Sala Pons.—La médula espinal de los batracios (con 7
grabados). Barcelona, 1892.
— La corteza cerebral de las aves (con 7 grabados).
Barcelona, 1893.
— La neuroglia de los vertebrados. Tesis del
Doctorado. Barcelona, 1894.
C. Calleja (Catedrático de Histología de la Universidad
de Barcelona).—La región olfatoria del cerebro (con 13 grabados). Madrid, 1893.
— Histogénesis de los centros nerviosos (con 11
grabados). Tesis del Doctorado. Madrid, 1896.
— Método de triple coloración con el carmín
litinado y el picrocarmín de índigo. Rev. trim. microg., tomo II,
1897.
[p. 602]M. Márquez.—Algunas aplicaciones de
las nuevas ideas sobre la estructura del sistema nervioso. Madrid, 1898.
— Nuevas consideraciones acerca de los
entrecruzamientos nerviosos motores del aparato de la visión. Rev.
trim. microg., 1901.
— Contribución al estudio de la acción nociva de la
luz. Revista Ibero-Americana de Ciencias Médicas, 1900.
I. Lavilla (Profesor de la Facultad de Medicina de
Valladolid).—Estructura de los ganglios intestinales (con 4 grabados). Rev.
trim. microg., tomos II y III, 1887.
— Algunos detalles concernientes á la oliva
superior y focos acústicos (con 3 grabados). Idem, tomo III, 1898.
R. Terrazas.—Métodos de coloración de la substancia fundamental
del cartílago. Idem, tomo II, 1896.
— Notas sobre la neuroglia del cerebelo y
crecimiento de los elementos nerviosos (con 6 grabados). Idem, tomo
II, 1897.
T. Blanes.—Sobre algunos puntos dudosos de la estructura del
bulbo olfatorio (con 8 grabados). Idem, tomo III, 1898.
F. Olóriz Ortega.—La placa fotográfica como reactivo químico. Idem,
tomo III, 1897.
— En unión de Cajal, el ya citado trabajo sobre los
ganglios nerviosos craneales. Idem, tomo II, 1897.
J. Havet (Profesor de Anatomía de Lovaina, pensionado
en Madrid para trabajar en mi Laboratorio).—La structure du chiasma optique et
des masses ganglionnaires de l’Astacus fluviatilis. (Avec 3
dessins). Idem, 1898.
— Contribution à l’étude de la névroglie des
invertebrés. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo XIV, 1916.
Eduardo del Río.—Un caso de neoplasia sarcomatosa humana provocada
por coccidias (con 2 grabados). Rev. trim. microg., 1900.
— Algunos datos concernientes á la anatomía
patológica del leproma. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo VIII,
1910.
Forns.—Terminaciones nerviosas en la membrana
timpánica. Idem, tomo II, 1903.
Tello.—Sobre la existencia de neurofibrillas gigantes en
la médula espinal de los reptiles. Idem, tomo II, 1903.
— Disposición macroscópica y estructura del cuerpo
geniculado externo (con 7 grabados). Idem, tomo III, 1904.
[p. 603]— Las neurofibrillas en los vertebrados
inferiores (con 20 grabados). Trab. del Lab. de invest. biol., tomo
III, 1904.
— Terminaciones sensitivas de los pelos, etc. (con
10 grabados). Idem, tomo IV, 1905.
— Terminaciones en los músculos estriados. Idem,
tomo IV, 1905.
— Dégénération et régénération des plaques motrices
après la section des nerfs (avec 16 gravures). Idem, tomo V, 1907.
— La régénération dans les fuseaux de Kühne (avec 2
gravures). Idem, tomo V, 1907.
— La régénération dans les voies optiques (avec 5
gravures). Idem, tomo V, 1907.
— Contribución al conocimiento del encéfalo de los
teleósteos (con 11 grabados). Idem, tomo VII, 1909.
— La influencia del neurotropismo en la
regeneración de los centros nerviosos (con 8 grabados). Idem, tomo
IX, 1911.
— Algunas observaciones con los rayos ultraviolados
(con 8 grabados). Idem, tomo IX, 1911.
— Algunas observaciones sobre la histología de la
hipófisis humana (con 14 grabados). Idem, tomo X, 1912.
— Un curioso retículo de las células del lóbulo
anterior de la hipófisis. Boletín de la Sociedad Española de Biología,
tomo I, 1912.
— El retículo intracelular de Golgi en las células
del lóbulo anterior de la hipófisis humana. Idem, tomo I, 1912.
— El retículo de Golgi en las células de algunos
tumores y en las del granuloma experimental producido por el Kieselgur (con
4 grabados). Trab. del Lab. de invest. biol., tomo XI, 1913.
— Algunas experiencias de injertos nerviosos con
nervios conservados in vitro (con 2 grabados). Idem,
tomo XII, 1914.
— Una variación más de los métodos de la plata para
la rápida impregnación del tejido conectivo. Idem, tomo XII, 1914.
— Génesis de las terminaciones nerviosas motrices y
sensitivas. Idem, tomo XV, 1917.
G. Lafora.—Nuevas investigaciones sobre los cuerpos amiláceos
del interior de las células nerviosas (con 3 grabados). Idem, tomo
XI, 1913.
[p. 604]— Neoformaciones dendríticas en las
neuronas y alteraciones neuróglicas del perro senil. Trab. del Lab. de
invest. biol., tomo XII, 1914.
— Sur la Karyorhexis neuroglique (avec 2
figures). Idem, tomo VIII, 1910.
— Sobre algunas degeneraciones de las células
nerviosas nuevamente conocidas. Boletín de la Sociedad Española de
Biología, tomo I, 1912.
— Sobre la anatomía patológica de la parálisis
agitante. Idem, tomo I, 1912.
— Lesiones peculiares en un cerebro con encefalitis
palúdica. Idem, tomo II, 1913[290].
— Nota para la histopatología de la poliomielitis
endémica. Idem, tomo II, 1913.
— Modifications des cellules névrogliques et des
cellules nerveuses dans un gliome (avec 4 gravures). Trab. del Lab. de
invest. biol., tomo XIV, 1916.
F. Sánchez.—Un sistema de finísimos conductos
intraprotoplásmicos hallado en las células del intestino de algunos isópodos
(con 6 grabados). Idem, tomo III, 1904.
— El método de Cajal en el sistema nervioso de los
invertebrados. Asociación Española para el Progreso de las Ciencias. Congreso
de Zaragoza, 1908.
— L’appareil réticulaire de Cajal-Fusari des
muscles striés (avec 3 gravures). Trab. del Lab. de invest. biol.,
tomo V, 1907.
— El sistema nervioso de los hirudíneos (con 51
grabados y 7 láminas). Idem, tomo VII, 1909, parte 1.ª. Véase
también parte 2.ª (con 44 grabados). Idem, tomo X, 1912.
— Sobre la estructura íntima de la fibra muscular
de los invertebrados (con 2 grabados). Idem, tomo XI, 1913.
— Sobre las terminaciones nerviosas en los insectos
(con 2 grabados). Idem, tomo XI, 1913.
[p. 605]
— Datos para el conocimiento histogénico de los
centros ópticos de los insectos. Evolución de algunos elementos retinianos del
«Pieris brassicæ, L.». Trab. del Lab. de invest. biol., tomo XIV,
1916.
En colaboración con Cajal:
— Contribución al conocimiento de los centros
nerviosos de los insectos. Idem, tomo XIII, 1915.
Sánchez y Sánchez.—El esqueleto protoplásmico ó aparato de sostén de
las células de Schwann (con 6 grabados). Idem, tomo XIV, 1916.
— Recherches sur le réseau endocellulaire de Golgi
dans les cellules de l’écorce du cervelet. Idem, tomo XIV, 1916.
Fernando de Castro.—Nota sobre la disposición del aparato reticular de
Golgi en los botones gustativos. Idem, tomo XIV, 1916.
— Estudios sobre los ganglios sensitivos y
simpáticos del hombre en estado normal y patológico (con más de 50
grabados). Idem, tomo XV, 1917.
N. Achúcarro.—Neuroglia y elementos intersticiales patológicos
del cerebro impregnados por los métodos de reducción de la plata ó por sus
modificaciones (con 12 grabados. Idem, tomo IX, 1911.
— Algunos datos histopatológicos obtenidos con el
procedimiento del tanino y plata amoniacal. Idem, tomo IX, 1911.
— Histopathologisches über Gefässverödung und über
Entwicklung in der Hirnrinde. Idem, tomo VII, 1911.
— Alteraciones nucleares de las pirámides
cerebrales en la rabia y en las esporotricosis experimentales. Idem,
tomo IX, 1911.
— Las células amiboides de la neuroglia teñidas con
el método de la plata reducida. Boletín de la Sociedad Española de
Biología, tomo I, 1912.
— Sobre los núcleos de las células gigantes en un
glioma (con 6 grabados). Trab. del Lab. de invest. biol., tomo X,
1912.
— La membrana de la célula nerviosa. Boletín
de la Sociedad Española de Biología, tomo I, 1912.
[p. 606]
— Nuevo método para el estudio de la neuroglia y
tejido conectivo. Boletín de la Sociedad Española de Biología, tomo
I, 1912.
— Sur la formation des cellules à bâtonnet. Trab.
del Lab. de invest. biol., 1908.
— Cellules allongées et Stäbchenzellen. Idem,
1909.
— Notas sobre la estructura de la neuroglia. Idem,
1913.
— Alteraciones del ganglio cervical superior
simpático en algunas enfermedades mentales (con 10 grabados). Idem,
tomo XII, 1914.
— Nota sobre la estructura y funciones de la
neuroglia y en particular de la neuroglia de la corteza cerebral humana (con 9
grabados). Idem, tomo XI, 1913.
— Contribución al estudio gliotectónico de la
corteza cerebral. El asta de Ammon y la fascia dentata (con 28 grabados en
negro y color). Idem, tomo XII, 1914.
— De l’évolution de la névroglie et spécialement de
ses relations avec l’appareil vasculaire (avec 24 gravures). Idem,
tomo XIII, 1915[291].
N. Achúcarro y Sacristán.—Zur Kenntnis der
Ganglienzellen der menschlichen Zirbeldrüse (con 4 grabados). Idem,
tomo XI, 1913.
— Investigaciones histológicas sobre la glándula
pineal humana. Idem, tomo X, 1912.
N. Achúcarro y Calandre.—El método del tanino
y la plata amoniacal aplicado al estudio del tejido muscular cardíaco del
hombre y del carnero (con 6 grabados). Idem, tomo XI, 1913.
N. Achúcarro y M. Gayarre.—La corteza cerebral
en la demencia paralítica con el nuevo método del oro y sublimado de Cajal (con
15 grabados). Idem, tomo XII, 1912.
— Contribución al estudio de la neuroglia en la
corteza de la demencia senil y su participación en la alteración celular de
Alzheimer (con 9 grabados). Idem, tomo XII, 1914.
[p. 607]Río-Hortega.—Détails nouveaux sur la
structure de l’ovaire (avec 8 gravures). Trab. del Lab. de invest.
biol., tomo XI, 1913.
— Investigations sur le tissu musculaire lisse
(avec 5 gravures). Idem, tomo XI, 1913.
— Alteraciones del sistema nervioso central en un
caso de moquillo (con 18 grabados). Idem, tomo XII, 1915.
— Contribución al estudio de la fina textura de las
células cancerosas. Las epiteliofibrillas (con 7 grabados). Idem,
tomo XII, 1915.
— Contribution á l’étude de l’histopathologie de la
névroglie. Ses variations dans la ramollissement cérébral. Idem,
tomo XIV, 1916.
— Nuevas reglas para la coloración constante de las
formaciones conectivas, por el método de Achúcarro. Idem, tomo XIV,
1916.
— Estudios sobre el centrosoma de las células
nerviosas y neuróglicas de los vertebrados, en sus formas normales y
anormales. Idem, tomo XIV, 1916.
— Sobre la banda de cierre de los epitelios. Boletín
de la Sociedad Española de Biología, tomo III, 1916.
— Alteraciones renales en un caso de enfermedad
bronceada. Idem, tomo IV, 1915.
— El conectivo interepitelial. Trab. del
Lab. de invest. biol., tomo XIV, 1916.
— Estructura fibrilar del protoplasma neuróglico y
origen de las gliofibrillas. Idem, tomo XIV, 1916.
— Sobre la naturaleza de las células
epifisarias. Boletín de la Sociedad Española de Biología, tomo IV,
1916.
J. Ramón Fañanás.—El aparato reticular de Golgi en la mucosa y bulbo
olfativo (con 4 grabados). Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo X,
1912.
— El aparato endocelular de Golgi del embrión de
pollo. Idem, tomo X, 1912.
— Alteraciones del aparato reticular de Golgi en
las células gigantes y otros elementos del tubérculo. Idem, tomo
XI, 1913.
— Contribución al estudio de la neuroglia del
cerebelo (con 3 grabados). Idem, tomo XIV, 1916.
[p. 608]Leoz Ortín y Arcaute.—Procesos
regenerativos del nervio óptico y retina con ocasión de injertos nerviosos (con
4 grabados). Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo XI, 1913.
Arcaute.—Sobre algunas alteraciones de las células de
Purkinje del cerebelo en un caso de sífilis hereditaria. Boletín de la
Sociedad Española de Biología, tomo I, 1912.
— Alteraciones del cerebelo en la parálisis
general. Idem, tomo I, 1912.
Laura Foster.—La degeneración traumática en la médula espinal de
las aves (con 6 grabados). Idem, tomo IX, 1911.
[p. 609]
ÍNDICE
|
Págs. |
|
|
Capítulo I.— Decidido á seguir la carrera del profesorado, me gradúo de doctor y
me preparo para oposiciones á cátedras. — Iniciación en los estudios
micrográficos. — Fracaso previsto de mis primeras oposiciones. — Los vicios
de mi educación intelectual y social. — Corregidos en parte, triunfo al fin,
obteniendo la cátedra de Anatomía descriptiva de la Universidad de Valencia. |
|
|
Capítulo II.— Caigo enfermo con una afección pulmonar grave. — Abatimiento y
desesperanza durante mi cura en Panticosa. — Restablecimiento de mi salud en
San Juan de la Peña. — La fotografía como alimento de mis gustos artísticos
contrariados. — Contraigo matrimonio y comienzan las preocupaciones de la
familia, que en nada menoscaban el progreso de mis estudios. — Vaticinios
fallidos de mis padres y amigos con ocasión de mi boda. — Mis primeros
ensayos científicos. |
|
|
Capítulo III.— Mi traslación á Valencia. — Mis giras por la ciudad y sus
alrededores. — Los oradores del Ateneo Valenciano. — Epidemia colérica de
1885 é inoculaciones profilácticas del Dr. Ferrán. — Encargado por la
Diputación de Zaragoza del estudio de la vacunación anticolérica, doy una
conferencia en la capital aragonesa y la Diputación recompensa mi labor
publicando mis estudios y regalándome magnífico microscopio. — Resultados de
mis investigaciones sobre el cólera. — Trabajos histológicos. — Decido
publicar mis pesquisas en Revistas extranjeras. |
|
|
[p. 610]Capítulo IV.— Decido publicar mis trabajos en el extranjero. — Invitación del
profesor W. Krause, de Gotinga, de colaborar en su Revista. — Mis primeras
exploraciones sobre el sistema nervioso. — Dificultades encontradas. —
Excelencias del método de Golgi y excesivo nacionalismo de los sabios. — Mis
distracciones en Valencia: las excursiones del Gaster-Club y
las maravillas de la sugestión y del hipnotismo. |
|
|
Capítulo V.— Mi traslación á la Cátedra de Histología de Barcelona. — Los nuevos
compañeros de Facultad. — La peña del Café de Pelayo. — Mis investigaciones
sobre el sistema nervioso conducen á resultados interesantes. — Mi excesiva
fecundidad científica durante 1888, me obliga á publicar una Revista
micrográfica. — Las leyes de la morfología y conexión de las células
nerviosas. — Resumen de algunos descubrimientos en el cerebelo, retina,
médula espinal, lóbulo óptico, etc. |
|
|
Capítulo VI.— Algunos detalles tocantes á mis trabajos de 1888. — Las cestas del
cerebelo, el axon de los granos y las fibras
musgosas y trepadoras. — Valor decisivo de estos
encuentros para la resolución del problema de la conexión intercelular.
— Teoría reticular de Gerlach y de Golgi. — Los atisbos
geniales de His y Forel. — Confirmación en la retina y lóbulo óptico de
las leyes conectivas inducidas del análisis del cerebelo. —
Plan estructural de la médula espinal. — Averiguación del modo de terminar en
los centros los nervios sensitivos y sensoriales. — Otros trabajos menos
importantes. |
|
|
Capítulo VII.— Excesiva reserva de los sabios acerca de mis trabajos. — Para
prevenir desconfianzas decido mostrar mis preparaciones ante la Sociedad
anatómica alemana. — En Berlín contraigo relaciones personales con los
célebres histólogos Alberto Kölliker, His, Waldeyer y otros sabios tudescos.
— Mi visita al Laboratorio de Histología de W. Krause en Göttingen. — Breve
gira por el Norte de Italia. — Impresión personal acerca de los sabios
alemanes. |
|
|
Capítulo VIII.— Mi actividad continúa en aumento. — Algunos estudios sobre el
desarrollo del sistema nervioso (médula y cerebelo). — Curiosa disposición en
las fibras[p. 611] musculares de los insectos. — Mis exploraciones en el
bulbo olfatorio justifican plenamente la doctrina del contacto. — Hallazgos
interesantes en la corteza cerebral de los mamíferos. — Movimiento
bibliográfico suscitado por mis investigaciones. — Sabios insignes que
aprueban, confirman ó divulgan mis ideas. — Algunos contratiempos y pesadumbres. |
|
|
Capítulo IX.— Trabajos de 1891. — Con la colaboración de van Gehuchten, formulo
el principio de la polarización dinámica de las neuronas. —
Completo mis anteriores observaciones sobre el cerebro y la retina y acometo
el análisis de los ganglios simpáticos. — Inesperada fortuna de mis
conferencias populares acerca de la estructura fundamental del sistema
nervioso. — Oposiciones á la cátedra de Histología, de Madrid. — Mi
traslación á la Corte en 1892. |
|
|
Capítulo X.— Mi traslación á la Corte. — Me domicilio en la calle de Atocha,
cerca de San Carlos. — Semblanzas de algunos de mis amigos y colegas de
Facultad, hoy desaparecidos: Calleja, Olóriz, Hernando, Letamendi, San
Martín, etc. |
|
|
Capítulo XI.— Peligros de Madrid para el hombre de Laboratorio. — Tentaciones del
diletantismo científico, literario y artístico. — Mis oreos espirituales:
paseos por los alrededores de Madrid, y la peña del Café Suizo. — Nuevas
investigaciones sobre la estructura del cerebro. — Comienzo la publicación de
mi obra de conjunto sobre la textura del sistema nervioso de los vertebrados. |
|
|
Capítulo XII.— La Sociedad Real de Londres me encarga la Croonian
Lecture. — Mi conferencia ante dicha Sociedad. — Banquetes oficiales y
otros agasajos. — Visita á los Institutos científicos de Londres y gira á las
Universidades de Cambridge y Oxford. — Se me nombra Doctor en Ciencias, honoris
causa. — Impresión personal acerca de la ciencia inglesa y la
organización de sus Centros docentes. |
|
|
Capítulo XIII.— Mis trabajos durante los años 1894, 1895 y 1896. — Disposiciones
nuevas observadas en la estructura del bulbo raquídeo, protuberancia, tálamo
óptico, cuerpo estriado, glándula pineal, cuerpo
pituitario, retina, ganglios, etcétera. — Algunas
observaciones sobre la textura del protoplasma y núcleo.
— Para eliminar posibles objeciones, con[p. 612]sigo comprobar, con el método
de Ehrlich, al azul de metileno, los hechos más importantes recogidos con
ayuda del cromato de plata. |
|
|
Capítulo XIV.— Las teorías y los hechos. — Firmeza y constancia de los hechos
histológicos. — Carácter instrumental de las hipótesis. — Conviene de cuando
en cuando cultivarlas, pero sin fiarse mucho de ellas. — Inducciones
fisiológicas sacadas de la morfología neuronal. — Explicación histológica del
hábito, del progreso mental en la escala zoológica, del talento y del genio.
— Conjeturas sobre el mecanismo del sueño, atención y asociación. — Exquisita
economía reinante en las creaciones de la vida; leyes de ahorro, de espacio,
de materia y de tiempo de conducción. |
|
|
Capítulo XV.— Mi producción en 1898 y 1899. — Abatido por el desastre colonial,
amengua mi fuerza productiva. — Literatura de la regeneración: su
infecundidad en la corrección de los vicios nacionales. — Teoría de los
entrecruzamientos nerviosos y estructura del kiasma óptico en
la serie animal. — Otros trabajos menos importantes. |
|
|
Capítulo XVI.— Mi labor durante los años 1899 y 1900. — Nuevos estudios sobre la
corteza cerebral, en los cuales se aborda el encéfalo humano. — Elementos
característicos del encéfalo del hombre. — Estructura de la región visual. —
Estudios sobre la corteza acústica, táctil y olfativa. |
|
|
Capítulo XVII.— Con ocasión de conmemorar el decenario de su fundación la
Universidad de Clark (Estados Unidos), centro de estudios superiores, soy
invitado, juntamente con otros profesores europeos, á dar algunas
conferencias. — Tórrido calor de Nueva York. — Mi viaje á Boston y Worcester
(Mass.), donde se celebró la fiesta universitaria. — El patriotismo
anglo-sajón. — Algunas causas morales de la guerra suscitada entre los
Estados Unidos y España. — Las instituciones docentes de Boston y de Nueva
York. |
|
|
Capítulo XVI bis.— Aquejado de una crisis cardíaca,
resuelvo vivir en el campo, donde organizo mi Laboratorio. — En mi casita de
Amaniel sorpréndeme la noticia de la concesión del premio
internacional llamado de Moscou. — Felicitaciones
calurosas de los amigos y compañeros, homenajes entusiastas de los discípulos
y fiesta conmemorativa en[p. 613] la Universidad. — Mi discurso á la
juventud en la solemnidad académica. — Por iniciativas de la Prensa, el
Gobierno acuerda crear un Laboratorio de investigaciones biológicas. — Algunos
trabajos emprendidos durante el bienio de 1900 y 1901. |
|
|
Capítulo XVII bis.— Participación de los histólogos
españoles en el Congreso médico internacional de 1908 celebrado en Madrid. —
Comunicaciones de algunos profesores extranjeros y nacionales. — Demostración
hecha por Simarro de un método nuevo de coloración de las neurofibrillas. —
Partiendo de este interesante proceder, doy casualmente con una fórmula
sencillísima y constante de impregnación de las neurofibrillas, de los axones
y terminaciones nerviosas centrales y periféricas. — Historia de las
tentativas encaminadas al hallazgo de la nueva fórmula y ulteriores
perfeccionamientos de la misma. — Gracias al nuevo recurso técnico, consigo
confirmar y consolidar definitivamente descubrimientos anteriores y hacer
numerosos hallazgos. |
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Capítulo XVIII.— Mis hallazgos con la nueva fórmula de impregnación argéntica
durante los años 1903, 1904 y 1905. — Real disposición del esqueleto
neurofibrillar en el protoplasma nervioso y en las arborizaciones
pericelulares. — Con la colaboración de Tello, señalo curiosas variaciones
fisiológicas del retículo neurofibrillar bajo la acción de la temperatura; y
ayudado de D. D. García, las variaciones neurofibrillares de la rabia. —
Aplicación del método á los embriones y fetos, y estudio en las aves y
mamíferos de la estructura de los focos bulbares y origen de los nervios
acústicos, motores y sensitivos. — Las neurofibrillas de los vermes,
singularmente del Lumbricus. — Análisis estructural de las placas
motrices, de las neuronas de la retina y de otros órganos sensoriales
periféricos. — Interesantes revelaciones morfológicas conseguidas en los
ganglios sensitivos y simpáticos del hombre, etc. |
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Capítulo XIX.— Trabajos del trienio 1905, 1906 y 1907. — Investigaciones sobre la
regeneración de los nervios y las vías centrales. — Controversia entre los
monogenistas y poligenistas. — El neuronismo sale triunfante de la prueba
á[p. 614] que fué sometido por los adeptos de la teoría catenaria. —
Nuevos estudios sobre la génesis de las vías nerviosas en el embrión, también
fortalecedores de la concepción neuronal. — Hechos demostrativos de que las
neurofibrillas de la célula nerviosa constan de unidades vivientes relativamente
autónomas. |
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Capítulo XX.— Durante el bienio de 1905-1906, soy favorecido por honores y
recompensas extraordinarios. — La medalla de oro de Helmholtz y el premio
Nobel. — Felicitaciones y agasajos á granel. — Inconvenientes de la
celebridad. — Mi viaje á Estocolmo: ceremonias, festejos y discursos. —
Miseria de nuestra representación diplomática. — Moret, que tuvo siempre para
mí benevolencias inmerecidas, pretende hacerme ministro. — Asombro de los
vividores de la política al saber que rechazaba tan codiciado honor. — Tras
del Domingo de Ramos, vino, según temía, mi semana de pasión. — Mordeduras de
la emulación y del despecho: mis polémicas con Apáthy y Held. |
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Capítulo XXI.— Relación abreviada de los trabajos efectuados en el último
decenio (1907 á 1917). — Estudios de Anatomía
comparada sobre el cerebelo, bulbo raquídeo y
origen de los nervios motores y sensoriales de peces, aves y
mamíferos. — Estructura del núcleo. — Supervivencia de las neuronas fuera del
organismo. — Nuevas investigaciones sobre la degeneración y
regeneración en la médula, cerebro y cerebelo. — Experimentos de
trasplantación de nervios. — Hechos favorables á la teoría neurotrópica. —
Producción de nervios artificiales en los ganglios transplantados. |
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Capítulo XXII.— Continúa la exposición de los trabajos del último decenio. —
Algunos métodos nuevos de investigación: el del formol-urano para la
coloración del aparato endocelular de Golgi y el del
sublimado-oro para la impregnación de la neuroglia de tipo
protoplásmico. — Principales resultados obtenidos en los nervios y centros
con estas nuevas fórmulas. — Investigaciones sobre el ojo y retina de los
insectos. — La retina de los cefalópodos. — Tres libros publicados durante
dicho decenio. — Algunas distinciones honoríficas recibidas durante los
últimos años. |
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[p. 615]Capítulo XXIII.— Epílogo. — Mi actividad docente y la
multiplicación espiritual. — Discípulos aventajados. — La escuela histológica
española. — Realización parcial de mi ideal patriotico-científico. — Aptitud
de los españoles para la investigación científica. — Sentimiento del deber
cumplido. — Lista de trabajos del autor y de sus discípulos é inmediatos
continuadores. |
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Lista de los libros y folletos científicos del autor.— Libros. — Monografías científicas. —
Libros y folletos de carácter literario. — Trabajos de mis discípulos. |
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[p. 616]
FE DE ERRATAS
Bastantes descuidos, erratas é incorrecciones se
han deslizado en el texto, cuya enmienda queda al buen juicio del lector.
Mencionaremos algunas:
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PÁGINA |
LÍNEA |
DICE |
DEBE DECIR |
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5 |
aprendido |
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13 |
Rioz |
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|
24 |
Rioz |
||
|
30 |
atisvos |
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|
11 |
plaza de Mirasol |
||
|
17 |
Así todo |
||
|
26 |
1908 |
||
|
27 |
menúfar |
||
|
7 |
por pundonor |
||
|
32 |
Würsburgo |
||
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29 |
coronaba |
||
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27 |
muertas |
||
|
18 |
en |
||
|
17 |
matices |
||
|
10 |
la morfología |
||
|
8 |
de |
||
|
4 |
Funda |
||
|
35 |
1911 |
Nota.—Por inadvertencia ha sido repetida la
numeración de los capítulos XVI y XVII. Para distinguir los duplicados de los
otros, se les ha añadido la palabra bis.
NOTAS
[1] Este
simpático condiscípulo, hijo del Rector de la Universidad de Zaragoza, D.
Jerónimo Borao, murió muy joven.
[2] Cajal:
Reglas y consejos sobre investigación biológica. 3.ª edición muy
aumentada, págs. 106 y 107.
[3] A.
Kölliker: Erinnerungen aus meinem Leben. Leipzig, 1892. En una carta á
su familia, incluída en este libro, describe el Museo de ciencias naturales,
instalado por entonces (1849) en la Casa de Aduanas (actual Ministerio de
Hacienda), y añade: «Del Director Graells debo contaros una anécdota. Luce en
su Laboratorio un magnífico microscopio francés, y como yo le preguntara si
había investigado algo con él, contestóme que no había tenido todavía ocasión
de aplicarlo á sus trabajos científicos por desconocer su manejo. Rogóme que
hiciera alguna demostración con dicho instrumento. Entonces procedí, en unión
de un amigo (M. Witich), á mostrarle los glóbulos de la sangre humana y la
fibra muscular estriada, ante cuyo espectáculo reveló alegría infantil y nos dió
gracias calurosas.»
Si el ilustre sabio alemán hubiera visitado veinte
años después nuestras Facultades de Medicina y Ciencias, habría podido
comprobar igual abandono y apatía. Los imponentes modelos de microscopios de
Ross ó de Hartnak continuaban inmaculados en sus cajas de caoba, sin otro fin
que excitar en vano la curiosidad de los alumnos ó la ingenua admiración de los
papanatas.
[4] Tiempo
después me dijeron que el Dr. Martínez y Molina, único juez que descubrió algún
mérito en el humilde y desconocido provinciano, conservó mucho tiempo, á los
fines de la demostración en cátedra, mis representaciones en color del tejido
óseo y del proceso de la osificación. Tan tímido y huraño era yo entonces, que
ni siquiera me atreví á visitarle para agradecerle su fina y honrosa atención.
[5] Debo al
Dr. Salustiano Fernández de la Vega, opositor triunfante de la cátedra de
Anatomía de Zaragoza, el conocimiento de esta inapreciable obra, que tanto
contribuyó á formar mi gusto hacia la investigación original.
[6] La
devoción y el afecto que D. Salustiano sentía por M. eran tan hondos, que desde
un pueblo de Navarra le trajo á Zaragoza, le alojó en su propio domicilio, le
nombró su ayudante y le instruyó rápidamente en los estudios anatómicos. ¡Y,
sin embargo, estos Pílades y Orestes de la amistad más cordial acabaron por
regañar, en testimonio de que todo es pasajero en este pícaro mundo, hasta los
afectos inspiradores de las grandes generosidades!...
[7] Efectuáronse
en 1880.
[8] Aquel
resultado fué decisivo para mi carrera. Si cualquiera de los jueces forasteros
que tuvieron la bondad de apoyarme hubiera atendido las voces rencorosas de
ciertos profesores aragoneses, mi vida hubiera corrido por cauce diferente.
Porque mi padre, algo desilusionado á causa de mi derrota en Madrid, había
resuelto, en caso de nuevo fracaso, convertirme en médico de partido. Y de
seguro lo hubiera conseguido, aunque no el que yo abandonase mis aficiones
predilectas hacia la investigación micrográfica.
[9] Pasadas
aquellas oposiciones, trabé intimidad con el eximio catedrático de Patología
general de San Carlos, acudiendo casi diariamente á su casa, donde había
instalado un Laboratorio de micrografía y bacteriología. Letamendi tenía empeño
en ilustrar su obra, en vías de ejecución, Curso de Patología general,
con microfotografías, y yo me presté á ejecutar algunas pruebas y á enseñar á
los ayudantas del maestro la fabricación de las placas ultra-rápidas al
gelatino-bromuro, entonces poco ó nada conocidas. ¡Qué ratos deliciosos
pasábamos junto aquel hombre cuyo ingenio, vibrante de gracia y de agudeza,
proyectaba vivísima luz sobre las cuestiones más abstrusas y que, cuando no
convencía, sabía al menos hacer pensar!...
[10] Diógenes
Laercio: Traducción de Ortiz y Sanz, 1887.
[11] Todas
las fábricas que se han instalado después en España sobre la base de grandes
capitales, con ingenieros extranjeros al frente, han fracasado lastimosamente.
Estas iniciativas, laudables en principio, puesto que tiran á rescatar para
España las docenas de millones de francos que nos cuesta la compra en el
extranjero de placas fotográficas, han venido demasiado tarde. Sin fábricas
nacionales de cristal ni de productos químicos, y lo que es más grave, sin
patentes de invención de ninguna especie, se ha querido luchar con las
excelentes marcas extranjeras de Lumière y Jougla, casas que, en virtud de
incesantes trabajos de investigación, han elevado sus placas al último grado de
perfección y fijado precios sumamente moderados.
[12] Á esto
aludo particularmente en mi libro Reglas y consejos sobre la
investigación biológica, 4.ª edición, pág. 154 y siguientes.
[13] Á fin
de ilustrar económicamente mis folletos, estudié prácticamente el manejo del
lápiz y buril litográficos. Todas mis publicaciones de Zaragoza y Barcelona
(1880 á 1890) llevan anejos grabados litográficos de mi cosecha. Tan aficionado
era á este proceder de reproducción, que llegué á aplicar la fotografía al arte
litográfico, obteniendo resultados aceptables. Los zaragozanos contemporáneos
míos acaso recuerden una hoja periodística extraordinaria, conmemorativa de la
concesión del ferrocarril de Zaragoza á Canfranc, algunos de cuyos dibujos,
hechos á pluma y debidos á Pradilla y otros insignes artistas aragoneses,
fueron reproducidos fotolitográficamente por mí.
[14] Estos
tipos fueron más tarde considerados como fruto de propias investigaciones por
Dogiel, profesor de San Petersburgo que, naturalmente, desconocía nuestro
trabajo. Véase:
Dogiel: Methylenblautinction der motorischen
Nervenendigungen in den Muskeln der Amphibien und Reptilien, Arch. für
mikros. Anat., Bd. XXXV, 1890.
También Cuccati confirma inconscientemente algunas
de nuestras descripciones: Intern. Monatssch. f. Anat. u. Physiol.,
Bd. X, 1888.
[15] Ranvier:
Leçons sur l’histologie du système nerveux. Deux volumes, recueillies
par Weber. París, 1878.
[16] Ranvier:
Leçons d’Anatomie générale faites au Collège de France, année 1878-1879.
Idem: Terminaisons nerveuses sensitives. Cornée. Leçons recueillies par Weber, 1881.
Idem: Appareils nerveux terminaux des muscles de la
vie organique, etc. Leçons
recueillies par Weber et Lataste. París, 1880.
Idem: Leçons sur le système musculaire, recueilles par Renaut.
Cito menudamente libros monográficos del ilustre
histólogo francés, porque fueron, junto con el admirable Traité
technique d’Histologie, ya mencionado más atrás, las obras que más
influyeron en mi educación micrográfica. En ellas el profesor del Colegio de
Francia no se limitaba á describir los hechos observados, sino que daba puntual
y clarísima noticia de los procederes prácticos utilizados para la
demostración. Para quien trabaja solo, libros semejantes son preciosísimos,
porque hacen menos sensible la falta de la acción directa del maestro.
[17] La
Diputación me comunicó los acuerdos siguientes, excesivamente honrosos y
halagadores para mí:
«Primero. Pasar á D. Santiago Ramón un oficio de
aplauso por la notable conferencia que ante la misma dió en la mañana del
domingo 19 de Julio, acreditando con su vasta erudición que no en vano goza
fama de eminente micrógrafo.»
«Segundo. Publicar por cuenta de la Diputación la
Memoria que él mismo ha de presentar en su día sobre estudios micrográficos del
microbio del cólera.»—El Vicepresidente, Faustino Sancho y Gil.
[18] Casi
todos los autores atribuyen á dos bacteriólogos americanos, MM. Salmon y Smith
(On a new method of producing inmunity from contagious diseases. Proceed.
of the Biol. Soc. of Washington, 22 Febrero 1886) el honor de haber probado
la posibilidad de vacunar á los animales mediante la inoculación de cultivos
muertos. Séanos lícito recordar que tal demostración fué aportada primeramente
por nosotros en Septiembre de 1885. Por entonces también anunciaron Ferrán y
Pauli haber resuelto el mismo problema; mas como no declararon en 1885 en qué
consistía el modo de fabricación de su vacuna, que sólo divulgaron más tarde en
los Compt. rend. de la Acad. de Sciences (sesión del 18 de
Enero de 1886), mi prioridad no puede ofrecer la menor duda.
[19] Entre
los varios autores que, inconscientemente, confirmaron estos estudios,
citaremos por ejemplo á Podwyssowsky (Centralblatt für pathol. Anat.,
etc., Bd. 1893), quien describe y dibuja exactamente, ocho años después que
nosotros, las mismas degeneraciones del protoplasma bacteriano, así como las
formas esféricas del microbio, adoptando enteramente nuestra interpretación.
[20] Aludo á
las Memorias siguientes: Fibras musculares de las alas de los insectos. Boletín
Médico valenciano. Julio de 1887.—Músculos de las patas de los
insectos. Idem. Agosto de 1887.—Textura de la fibra
muscular de los mamíferos. Idem. Junio de 1887.—Sobre
los conductos plasmáticos del cartílago hialino. Crónica Médica de
Valencia. 20 de Abril de 1887.
[21] Cajal: Manual
de Histología normal y técnica micrográfica. Valencia. Editor: Pascual
Aguilar, 1884-1888.
[22] La
Clínica (Zaragoza). Número del 22 de Julio de 1883 y siguientes.
[23] Cajal: International
Monatsschrift f. Anat. u. Physiol. Bd. III, Heft 7, 1886.
[24] Cajal: International
Monatsschrift f. Anat. u. Physiol. Bd. V, Heft 6, 1888.
[25] Carnoy: La
biologie cellulaire, fasc. I, 1884.
[26] Golgi: Sulla
fina anatomia degli organi centrali del sistema nervoso. Milano, 1885.
[27] Á estas
veleidades de la impregnación cromo-argéntica se debió, sin duda, el que
Simarro, introductor en España de los métodos y descubrimientos de Golgi,
abandonara desalentado sus ensayos. En carta suya de 1889 me decía: «Recibí su
última publicación sobre la estructura de la médula espinal, que me parece un
trabajo notable, mas no convincente, á causa del método de Golgi,
que aun en sus manos de usted, que tanto lo ha perfeccionado, es, más que
demostrativo, un método sugestivo.»
Por seguro tengo que si mi ilustre amigo hubiera
examinado mis preparaciones de la médula espinal, ganglios, cerebelo, etcétera,
habríase plenamente convencido de las excelencias de la técnica golgiana y de
la exactitud absoluta de mis descripciones. Aquéllas y éstas tuvieron la virtud
de persuadir en el Congreso de Berlín de 1889 á los más afamados neurólogos,
prestando boga y actualidad á un método hasta entonces cultivado casi
exclusivamente en Italia.
[28] José
Nogueroles, uno de los pocos supervivientes.
[29] Un caso
de este género fué publicado después en Barcelona en la Gaceta Médica
Catalana, número del 15 de Agosto de 1888.
[30] Acaso
publique algún día, con el título de «¿Hacia el alma?», cierto mamotreto
en que tengo registrados y discutidos muchos de los fracasados ensayos
emprendidos con sujetos españoles (alguno tan fecundo en
ardides como la famosa napolitana Eusapia Paladino), para contrastar la
realidad de los supuestos fenómenos físicos de los mediums (levitación,
aparición de objetos, producción de moldes, movimientos intencionales de las
mesas, escritura directa, etc.). Hasta hoy, nos han detenido, y acaso nos
detengan indefinidamente, sentimientos de piedad y de respeto. Parécenos, en
efecto, poco meritorio extirpar ciertos errores dinamógenos, indispensables
para la dicha de personas que, poco satisfechas de las religiones históricas,
sienten horror hacia el vacío del agnosticismo. Y nos apena, además, tener que
delatar, como testigos de hecho, la odiosa explotación de que fueron víctimas,
á manos de mediums trapaceros, hombres de ciencia tan
simpáticos y prestigiosos como W. Crookes, Zöllner, Flammarion, Lombroso, W. James,
Luciani, etc. Estas caídas de mentalidades que, en los dominios de la ciencia,
demostraron poseer facultades críticas de primer orden, enseñan cuán superfluo
y peligroso resulta abordar el estudio de los fenómenos medianímicos —tan
propicios al fraude y superchería— con el prejuicio de la comunicabilidad de
los muertos con los vivos. Siempre que semejante estado de creencia falta,
las artimañas ingeniosas de los mediums son sorprendidas hasta
por los observadores menos sagaces. De ello pudiéramos citar ejemplos
elocuentísimos.
[31] Murió
pocos años después de tomar posesión de la cátedra de Cirugía de Barcelona.
[32] Cajal:
Manual de Anatomía patológica general, 1.ª edición. Barcelona, 1889-1890.
[33] Según
noticias, en estos últimos años ha abandonado sus radicalismos nacionalistas,
lo que celebro infinito.
[34] Del
saladísimo Pablo Calvell podría referir machos dichos graciosos. Citaré sólo la
siguiente andaluzada, la mayor que he oído en mi vida:
Despedían en la estación al famoso Romero Robledo
varios acompañantes, entre ellos el diputado Sol y Ortega y Pablo Calvell.
Llegado el último apretón de manos, el famoso leader republicano
hizo ademán de sacar una tarjeta. De pronto exclama: —¡Calla!... No llevo
ninguna. No importa... Dada mi popularidad, cuando necesite usted algo de mí,
le bastará escribir en el sobre: Sol, en Barcelona. Y llega la
carta—.
Entonces el socarrón de su compañero, á quien había
molestado la prosopopeya de Sol y Ortega, reprodujo el mismo gesto y exclamó:
—¡Qué casualidad! ¡Tampoco llevo tarjetas!... Afortunadamente soy también un
personaje. Si alguna vez me honra escribiéndome, he aquí mis señas: Pau.
Via Láctea. ¡Y llega la carta!—.
[35] Consiste
en someter las piezas, una vez extraídas del nitrato de plata, á un nuevo
tratamiento por el baño osmiobicrómico y á otra impregnación argéntica. Las
modificaciones en las proporciones del ácido ósmico, bicromato, tiempo de
acción, etc., tienen menos importancia. Merced al método doble, fué
posible lograr en los ganglios, retina y otros órganos difíciles,
impregnaciones excelentes y casi constantes. Pudo también contribuir al éxito
el haber observado que, cuanto más joven es un embrión, menos tiempo de
induración en la mezcla osmio-bicrómica se requiere para conseguir una buena
coloración. Así, mientras Golgi y sus discípulos fijaban las piezas durante
cinco ó más días, yo no solía pasar de uno.
[36] Cajal:
Estructura de los centros nerviosos de las aves. Revista trimestral de
Histología normal y patológica, núm. 1, 1.º de Mayo de 1888.
[37] Cajal:
Sobre las fibras nerviosas de la capa molecular del cerebelo. Revista
trimestral de Histología normal y patológica, Agosto de 1888.
[38] Golgi
acertó ya á diferenciar entre las expansiones de los granos una fibra más fina
ó axon, pero no logró teñirla más que en su porción inicial, creyendo que se
resolvía inmediatamente en una red intersticial difusa.
[39] Cajal:
Estructura de la retina de las aves. Revista trimestral de Histología
normal y patológica, núms. 1 y 2, Mayo y Agosto de 1888.
[40] Cajal:
Terminaciones nerviosas en los husos musculares de la rana. Revista
trimestral de Histología normal y patológica, 1.º de Mayo de 1888.
[41] Cajal:
Textura de la fibra muscular del corazón. Revista trimestral de
Histología normal y patológica, 1.º de Mayo de 1888, con una lámina
litografiada.
[42] Cajal:
Nota sobre la estructura de los tubos nerviosos del órgano cerebral eléctrico
del torpedo. Revista trimestral de Histología normal y patológica,
Agosto de 1888.
[43] Cajal:
Contribución al estudio de la estructura de la médula espinal. Revista
trimestral de Histología normal y patológica, Marzo 1889. Con cuatro
cincografías y dos láminas litografiadas.
— Nota preventiva sobre la estructura de la médula
embrionaria. Gaceta Médica Catalana, 15 y 31 de Marzo de 1889.
— Nuevas observaciones sobre la estructura de la
médula espinal de los mamíferos. Barcelona, 1.º de Abril de 1890. Con siete
grabados.
[44] Cajal:
Estructura del lóbulo óptico de las aves y origen de los nervios ópticos. Revista
trimestral de Histología normal y patológica, 1.º Marzo 1889 (núms. 3 y 4).
Barcelona. Con dos litografías.
[45] Cajal:
Sur la fine structure du lobe optique des oiseaux et sur l’origine réelle des
nerfs optiques. Journ. intern. d’Anat. et de Physiol., tomo VIII,
fasc. 9, 1891. Con dos litografías.
[46] Cajal:
Nuevas aplicaciones del método de coloración de Golgi. Gaceta Médica
Catalana, 1889. Con cuatro grabados.
[47] Cajal:
Conexión general de los elementos nerviosos. La Medicina Práctica. Madrid,
2 de Octubre de 1889.
[48] Aun en
1890, M. von Lenhossék, Profesor de Basilea, con ocasión de una Memoria
consagrada al estudio de las raíces posteriores de la médula espinal,
hacía acerca de mis conclusiones las siguientes reservas: «Resulta muy
sorprendente —alude á la bifurcación de las raíces sensitivas— que hecho tan
cardinal no haya sido sorprendido por nadie, no obstante haber sido la médula
explorada desde hace cincuenta años en todas direcciones y con todos los
métodos. Cuando, según ocurre en los ganglios raquídeos, existe positivamente
una división en Y de las fibras nerviosas, el hecho resulta perfectamente
comprobable, conforme establecieron las observaciones de Ranvier, Stannius,
Kuttner, etcétera.»
Poco tiempo después, Lenhossék se rindió á la
evidencia, viniendo á ser un adepto convencido de mis ideas, que ilustró con
interesantes hallazgos en diferentes provincias del sistema nervioso. Véase
Lenhossék: Hinterwurzel und Hinterstrange. Mitheilung aus dem
Anatomisch. Institut. im Vesalianum, zu Basel, 1890.
[49] Cajal:
Sur l’origine et la direction des prolongations nerveuses de la couche
moléculaire du cervelet. Intern. Monatsschrift. f. Anat. u. Phys. Bd.
VI, Heft 4. u. 5, 1889. Con 3 planchas litografiadas, que contienen muchas
figuras.
[50] Cajal:
Sur la fine structure du lobe optique des oiseaux et sur l’origine réelle des
nerfs optiques. Journ. intern. d’Anat. et de Physiol. Volume
VII, fasc. 9, 1891. Con 2 láminas litografiadas.
[51] Cajal:
Sur la morphologie et les connexions des élements de la rétine des
oiseaux. Anatomischer Anzeiger, núm. 4, 1889. Con 4 figuras.
[52] Cajal:
Sur l’origine et les ramifications des fibres nerveuses de la moelle
embryonnaire. Anatomischer Anzeiger, núm. 5, 1890. Con 8 figuras.
[53] Acaso
interese al lector la transcripción de algunos párrafos alusivos á mis
demostraciones de Berlín, tomados del discurso del célebre neurólogo van
Gehuchten, discurso leído en 1913 con ocasión de la solemne fiesta celebrada en
Lovaina en conmemoración del 25.º año de profesorado de dicho sabio.
«Los hechos descritos por Cajal en sus primeras
publicaciones resultaban tan extraños, que los histólogos de la época —no
pertenecimos felizmente á este número— los acogieron con el mayor escepticismo.
La desconfianza era tal, que en el Congreso de Anatómicos celebrado
en Berlín en 1889, Cajal, que llegó á ser después el gran histólogo de Madrid,
encontrábase sólo, no suscitando en torno suyo sino sonrisas incrédulas.
Todavía creo verlo tomar aparte á Kölliker, entonces maestro incontestable de
la Histología alemana, y arrastrarlo á un rincón de la sala de demostraciones,
para mostrarle en el microscopio sus admirables preparaciones y convencerle al
mismo tiempo de la realidad de los hechos que pretendía haber descubierto. La
demostración fué tan decisiva que, algunos meses más tarde, el histólogo de
Würzburgo confirmaba todos los hechos afirmados por Cajal.» Véase: Le
Neuraxe: Livre Jubilaire, vol. XIV y XV, 1913.
[54] En
carta recibida poco después de mi regreso á Barcelona, repite Kölliker la
promesa:
«Vous avez un grand mérite —me decía— d’avoir
employé le procédé du chromate d’argent rapide dans les jeunes animaux et dans
les embryons. Ainsi ne manquerais-je de faire ressortir vos admirables travaux,
en me réjouissant que le premier histologue que l’Espagne a produit soit un
homme aussi distingué que vous et tout à fait à l’hauteur de la
science.—(Würzburgo, 16 de Noviembre de 1889).»
[55] Kölliker:
Zur feineren Anatomie des centralen Nervensystems. Erster Beitrag. Das
Kleinhirn. Zeitsch. f. wissenschaft. Zoologie. Bd. 49, H. IV,
1890.
[56] Ibid:
Das Rückenmark. Zeitsch. f. wiss. Zool. Bd. 51, H. I, 1890.
[57] Ibid:
Der feinere Bau des verlängerten Markes. Anat. Anzeiger. Bd.
VI, núms. 14 y 15, 1891.
[58] Hensen:
Die Entwicklung der Nervensystems. Virchows Archiv. Bd. XXX,
1864. Véase también: Zeitschrift f. Anat. u. Entwicklung. Bd.
I, 1876.
[59] Mi
trabajo de 1890 tocante á la evolución ontogénica de la médula espinal, lleva
por título: «Sobre la aparición de las expansiones celulares en la médula
embrionaria». Gaceta Sanitaria de Barcelona, 10 de Agosto de 1890.
De esta monografía, adornada con muchos dibujos, se hizo una traducción, con
importantes adiciones, para el Anatomischer Anzeiger, números 21 y
22, 1890, bajo el título: A quelle époque apparaissent les expansions
des cellules nerveuses de la moelle épinière du poulet?
[60] El
profesor His quedó encantado con mi encuentro del cono de crecimiento,
según me expresaba en una de sus cartas. Su alegría se justificaba bien,
recordando que, merced á este hallazgo, quedaron refutadas las objeciones de
Hensen y vino á ser sólidamente cimentada la concepción monogénica del
crecimiento continuo del axon y demás expansiones celulares.
[61] Justo
es consignar que, á excepción del cono de crecimiento, casi todos
estos descubrimientos fueron también hechos por Lenhossék, aunque mi
comunicación viera la luz antes que la suya. Véase Lenhossék: Zur Kenntnis der
ersten Entstehung der Nervenzellen und Nervenfasern beim Vogelembryo. Verhandl.
der X inter. mediz. Kongresses. Bd. II, pág. 114. Berlín, 1890.
[62] Mis
trabajos sobre este punto, son los siguientes:
Cajal: Sobre ciertos elementos bipolares del cerebelo y algunos detalles
sobre el crecimiento y evolución de las fibras cerebelosas. Gaceta
Sanitaria de Barcelona, 10 de Febrero de 1890. Con seis grabados.
Idem: Sobre las fibras nerviosas de la capa granulosa del cerebelo. Revista
trimestral de Histología normal y patológica, Marzo, 1889.
De los precitados trabajos hiciéronse traducciones
publicadas en el Monatsschrift f. Anat. u. Physiol. del Dr.
Krause. Véase: el Bd. VII. Heft I, 1890, y el Bd. VII. Heft II, 1890.
[63] Cajal:
Sobre la terminación de los nervios y tráqueas en los músculos de las alas de
los insectos. Barcelona, 1.º de Abril de 1890. Con dos grabados.
Idem: Sobre las finas redes terminales de las patas y alas de los
insectos. Gaceta Sanitaria de Barcelona, 10 de Octubre de 1890. Con
cuatro figuras.
Estos trabajos fueron resumidos en el Zeitschrift
f. wissenschafliche Mikroskopie, etc. Bd. VII, 1890. Con una lámina
litográfica y tres grabados.
[64] Cajal:
Sobre las terminaciones nerviosas del corazón de los batracios y
reptiles. Gaceta Sanitaria de Barcelona, Agosto, 1890.
[65] Cajal:
Sobre la existencia de células nerviosas especiales en la primera capa de las
circunvoluciones cerebrales. Gaceta Médica Catalana, 15 de
Diciembre de 1890.
[66] Idem:
Textura de las circunvoluciones cerebrales de los mamíferos inferiores.
Barcelona, Octubre de 1890. Con dos grabados.
[67] Cajal:
Origen y terminación de las fibras nerviosas olfatorias. Barcelona, 11 de
Octubre de 1890. Con seis grabados.
[68] Cajal:
Sobre las células gigantes de la lepra y sus relaciones con las colonias del
bacilo leproso. Gaceta Sanitaria de Barcelona, 10 de Julio de 1890,
núm. 11. Con tres grabados. (Descripción de las células gigantes de esta
enfermedad y de sus relaciones con las colonias bacilares colosales, que estimo
siempre intraprotoplásmicas).
[69] Idem:
Sobre la existencia de terminaciones nerviosas pericelulares en los ganglios
nerviosos raquidianos. Pequeñas comunicaciones anatómicas. Barcelona,
20 de Diciembre de 1890. Con dos grabados.
[70] Le
Neuraxe, 1913.
[71] Van
Gehuchten: Les découvertes récentes dans l’Anatomie et l’Histologie du
système nerveux central. Annal. de la Société Belge de Microscopie,
tomo XV, 1891.
Idem: La structure des centres nerveux; la moelle épinière et le
cervelet. La Cellule, tomo VIII, fascículo 1.º 1891.
[72] Todavía
joven y en plena lozanía de espíritu, el profesor van Gehuchten acaba de morir
en Cambridge (Septiembre de 1914), en cuyos célebres colegios universitarios
fueron cordialmente acogidos varios sabios belgas emigrados. El llorado maestro
fué una de tantas víctimas de la horrenda guerra que devasta actualmente á la
culta Europa (escribo en Julio de 1915). El incendio de Lovaina le había
arruinado material y moralmente. Destruída la Universidad, abrasada la
Biblioteca, en pavesas su magnífica colección de preparaciones y aparatos
científicos, y errante, en fin, fuera de su patria, cayó van Gehuchten en un
estado de melancolía y abatimiento profundos. Según noticias que me comunica el
profesor Havet (otro emigrado belga), una pequeña operación (la de la
apendicitis), que, en condiciones ordinarias, habría sido soportada
perfectamente, motivó un incidente cardíaco seguido de muerte.
[73] W.
Waldeyer: Ueber einige neuere Forschungen im Gebiete der Anat. des
Centralennervensystem. Vortrage in der Berliner Med. Gesellschaft. Deutscher
Med. Wochenschrift, 1891.
[74] His:
Ueber der Aufbau unseres Nervensystems. Leipzig, 1891.
[75] Kupffer:
Die Neuronenlehre in der Anat. der Nervensystems. Medizinische
Wochensch. Bd. 41. März, 1894.
[76] Retzius:
Zur Kenntnis der Nervensystems der Crustaceen. Biol. Unters. Neue
Folge. Bd. I. Stockholm, 1890.
Idem: Zur Kenntnis der Nervensystems der Würmer. Biol. Unters. N. F. Bd.
II, 1891.
Idem: Das Nervensystems der Lumbicinen. Biol. Unters. N. F. Bd.
III, 1892.
[77] Idem:
Die nervösen Elemente der Kleinhirnrinde. Biol. Unters. N. F. Bd.
III, 1892.
Idem: Die Endigungsweise der Riechnerven. Biol. Unters. N. F. Bd.
III.
[78] Retzius:
Ueber der neuen Prinzipien in der Gebiete der Nervenhistologie. Biol.
Unters. Bd. IV, 1892.
Idem: Die Cajal’schen Zellen der Grosshirnrinde beim Menschen und bei
Säugethieren. Biol. Unters. Bd. V, 1893.
Idem: Zur Kenntnis der ersten Entwicklung der nervösen Elemente im
Rückenmarke der Hühnschens. Biol. Unters. Bd. V, 1893.
Idem: Die nervösen Elemente im Rückenmarke der Knochenfische, etc. Biol.
Unters. N. F. Bd. V, 1893.
[79] Así me
lo comunicó en amable carta del 25 de Junio de 1891. «He expuesto —me dice— á
menudo en nuestras sociedades científicas y académicas sus bellos
descubrimientos, y últimamente ha sido usted proclamado miembro de
nuestra Academia de Medicina, etc.»
[80] Lenhossék:
Die sensiblen Nerven des Regenwurms. Verlauf. Mitteilung. Basel. Oktober, 1891.
Idem: Ursprung, Verlauf und Endigung der sensiblen Nervenfasern bei
Lumbricus. Arch. f. mikros. Anat. Bd. XXXIX, 1892.
Idem: Neuere Forschungen ueber den feineren Bau der Nervensystems. Correspondenzblatt
f. Schweizer Ärzte. Jahrg. 21, 1891.
[81] Idem:
Der feinere Bau der Nervensystems im Lichte neuester Forschungen. Fortschrift.
d. Med. Bd. X, 1892. En fascículo separado apareció en 1893. La
edición de 1894 es mucho más extensa é importante.
[82] Es
altamente consolador el ver cómo saben cambiar de opinión ciertos nobles y
honrados caracteres. El insigne v. Lenhossék, tan reservado al principio,
escribióme en 1890 frases que, aun descontadas las usuales exageraciones de la
cortesía, resultáronme muy gratas y alentadoras. «Sus reiterados y
sobresalientes descubrimientos —me decía en carta que conservo— prodúcenme gran
admiración por su genio. Considero sus hallazgos como las conquistas más
importantes realizadas desde hace diez años en el dominio de la Anatomía
microscópica. También los profesores His y Kölliker, con quienes he conversado
largamente hace poco en Basilea, y otros varios colegas participan de este
juicio mío. Siento en el alma no haber comprendido antes toda la
importancia de los trabajos de usted, y haber mostrado acerca de ellos un
escepticismo injustificado, que espero habrá usted sabido olvidar.» Por
desgracia —lo he dicho ya— los hombres de este temple moral abundan poco entre
los sabios.
[83] Dagonet: La
Médecine Scientifique, 1893.
[84] Tanzi:
I fatti e le induzione nell’odierna istologia del sistema nervoso.
Reggio-Emilia, 1893.
[85] Bergonzini:
Le scoperte recenti sulla istologia dei centri nervosi. La Rassegna di
Scienze Mediche. Anno 1893.
[86] Edinger:
Vorlesungen ueber den Bau der nervösen Centralorgane, 4 Aufl. 1893.
[87] C.
Golgi: Ueber den feineren Bau der Rückenmarkes. Anat. Anzeiger,
Bd. V, 1890.
[88] Cajal:
Reponse à M. Golgi à propos des fibrilles collatérales de la moelle épinière et
de la structure de la substance grise. Anat. Anzeiger, Bd. V, 1890.
[89] R.
Cajal: Conexión general de los elementos nerviosos, 1889.
[90] «El
papel receptor ó colector de corrientes —decíamos— de las dendritas es
indudable por lo menos en dos casos: en los glomérulos olfativos donde las
fibras nerviosas llegadas de la mucosa nasal entran en relación con el penacho
dendrítico de las células mitrales, y en las células de Purkinje del cerebelo,
cuyas frondas protoplásmicas se ponen en contacto con fibrillas paralelas de
los granos.» La medicina práctica, 1889.
[91] A.
van Gehuchten: La moelle epinière et le cervelet. La Cellule,
tomo VII, 1891.
[92] Oportunamente
hablaré de las importantes investigaciones de mi hermano, relativas á la
histología comparada del sistema nervioso. Los trabajos de este autor, donde
encontré entonces datos preciosos para fundamentar el principio de la
polarización dinámica, llevan por título: Investigaciones de histología
comparada en los centros ópticos de los vertebrados. Tesis. Madrid,
1890, y El encéfalo de los reptiles. Zaragoza, 1891.
[93] Este
curioso desplazamiento del soma, es decir, del núcleo que parece huir del cauce
principal del impulso nervioso como facilitando la creación de caminos
directos, fué más adelante explicado, desde el punto de vista utilitario,
mediante las leyes de economía, de espacio y tiempo de conducción.
[94] Cajal:
Significación fisiológica de las expansiones protoplásmicas y nerviosas de la
substancia gris. Congreso médico valenciano, sesión del 24 de Junio
de 1891. Se publicó también en la Revista de Ciencias médicas de
Barcelona, núms. 22 y 23, 1891.
[95] Van
Gehuchten: Nouvelles recherches sur les ganglions cérébro-spinaux. La
Cellule, tomo VIII, fasc. 2, 1892, etc.
[96] Cajal:
Las leyes de la morfología y dinamismo de las células nerviosas. Revista
trim. microg., núm. 1, 1897.
[97] Cajal:
Estructura de la retina de los reptiles y batracios, con 12 grabados. 20 de
Agosto de 1891.—Notas preventivas sobre la retina y gran simpático de los
mamíferos, Gaceta Sanitaria de Barcelona, con 7 grabados. 10 de
Diciembre de 1891.—La retina de los teleósteos y algunas observaciones sobre la
de los vertebrados superiores, Anales de la Sociedad de Historia
natural, de Madrid, segunda serie, tomo I. Sesión de Diciembre de 1892.
(Este último trabajo se publicó meses después que los anteriores, cuando acababa
de trasladarme á Madrid).
[98] Cajal:
Estructura de la corteza cerebral de batracios, reptiles y aves. Agosto de
1891.
[99] Cajal:
Sur la structure de l’écorce cerébrale de quelques mammifères. La
Cellule, tomo VII, 1er fascicule, 1891. Con tres grandes
láminas litografiadas.
[100] Cajal:
Estructura y conexiones de los ganglios simpáticos (Pequeñas contribuciones
al conocimiento del sistema nervioso). Agosto de 1891. Con 12 grabados.
[101] Cajal:
Notas preventivas sobre la retina y gran simpático de los mamíferos. Gaceta
Sanitaria de Barcelona, 10 de Diciembre de 1891. Con 7 grabados.
[102] S.
R. Cajal y Cl. Sala: Terminaciones de los nervios y tubos
glandulares del páncreas de los vertebrados. 28 Diciembre de 1891. Con cinco
grabados.
[103] Terminaciones
nerviosas en el corazón de los mamíferos. Gaceta Sanitaria de
Barcelona. 10 Abril de 1891.
[104] Sobre
la existencia de bifurcaciones y colaterales en los nervios sensitivos
craneales y substancia blanca del cerebro. Gaceta Sanitaria de
Barcelona. 10 Abril de 1891.
[105] Cajal:
Estos dos estudios aparecieron con otros varios en un extenso folleto
titulado Pequeñas contribuciones al estudio del sistema nervioso.
Agosto de 1891.
[106] Cajal:
Nuevo concepto de la histología de los centros nerviosos. Revista de
Ciencias Médicas de Barcelona, núms. 16, 20, 22 y 23 de 1892, tomo XVIII.
La tirada aparte de todos estos artículos data del comienzo de 1893.
[107] Cajal:
Neue Darstellung vom histologischen Bau des Centralnervensystems. Traducción
del Dr. H. Held. Arch. f. Anat. u. Physiol. Anat. Abtheilung, 1893.
Como proemio de esta versión, hace notar el profesor His que la edición alemana
ha sido cuidada por él y encargada á su ayudante, experto conocedor del asunto.
[108] El
buenísimo de D. Aureliano, á quien tanto venerábamos sus discípulos, sucumbió
de las resultas de un accidente de laboratorio. Una salpicadura de sosa
cáustica, producida por la ruptura de un frasco, determinó la pérdida de la
vista, á que siguió una pasión de ánimo tan grande, que arrebató en pocos meses
al maestro. Fué el Dr. Maestre un excelente profesor, que sabía comunicar sus
entusiasmos á quienes le rodeaban. Yo le debo favores inolvidables. Tras
haberme apadrinado en la ceremonia de la investidura de doctor, me animó
insistentemente durante mis ensayos de investigador, fortaleciendo mi confianza
en las propias fuerzas. Las cartas con que acusaba recibo de mis publicaciones,
constituían para mí un tónico moral de primer orden.
[109] Fué
acaso mi estimado amigo Batlles y Beltrán de Lis quien mostrose más disgustado
con mi traslación á la Corte, pues tenía empeño en crear para mí, en el
Laboratorio Municipal, una plaza de micrógrafo, decorosamente remunerada. La
caída del partido liberal, en cuyas filas militaba, y el consiguiente trasiego
de concejales, dieron al traste con los buenos propósitos de Batlles, á cuyas
generosas gestiones viviré siempre agradecido.
[110] En el
núm. 131, duplicado, de la calle de Atocha.
[111] El Dr.
Hernando vive aún, por fortuna, en Guadalajara, jubilado y doliente; pero en un
estado de postración que casi equivale á la muerte.
[112] Recuérdense
sus admirables conferencias del Ateneo acerca de las escuelas de Manjón, de
Granada; sus primorosos discursos en esta misma Cátedra sobre temas
antropológicos; sus castizas y sabias oraciones académicas, etc.
[113] Todos
los buenos oficios de sus amigos para llevarle al Consejo de Instrucción
pública, donde su acrisolada rectitud y excepcional competencia pedagógica
hubiesen rendido ópimos frutos, fracasaron deplorablemente.
[114] En las
obras de novísimos filósofos naturalistas, encuéntranse conceptos y teorías que
parecen inspirados en los libros de Letamendi. Recordemos, entre otras notables
coincidencias de pensamiento, la fórmula de la vida, casi en
iguales términos expuesta por D. José y por el biólogo francés Le Dantec.
[115] Fué
diputado provincial durante la República y gozó de gran predicamento entre los
demócratas.
[116] Cajal:
La retina de los teleósteos y algunas observaciones sobre la de los vertebrados
inferiores. Anales de la Sociedad Española de Historia Natural,
tomo II, Junio de 1892.
[117] Cajal:
La Rétine des vertébrés. La Cellule, tomo IX. 1892.
[118] Cajal:
Die Retina der Wirbelthiere. Traducción alemana del Dr. R. Greeff. Wiesbaden,
1894.
[119] C.
Golgi: Sulla minuta anatomia degli organi centrali del sistema nervoso.
Milano, 1886.
[120] S.
Ramón y Cajal: Estructura del asta de Ammon y fascia dentata. Anales
de la Sociedad Española de Historia Natural, tomo XXII, 1893.
[121] Esta
traducción lleva por título: «Beiträge zur feineren Anatomie des grossen Hirns.
I. Über die feinere Struktur des Ammonshornes. Zeitschrift f.
wissensch. Zoologie. Bd. LVI, 1893. Más adelante, el histólogo
de Würzburgo confirmó, en trabajo especial, casi todos nuestros
hallazgos.
[122] Cajal:
Los ganglios y plexos nerviosos del intestino de los mamíferos, etc., con 13
grabados. Madrid, Noviembre de 1893.
[123] Cajal:
Nota sobre el plexo de Auerbach de la rana. Barcelona, Febrero de 1892.
[124] Cajal:
Estructura de la corteza occipital de los pequeños mamíferos. Anales de
la Sociedad Española de Historia Natural, tomo II, 1893, con cuatro
grabados.
[125] Cajal:
Adenoma primitivo del hígado. Revista de Ciencias Médicas de Barcelona,
10 de Mayo de 1893.
[126] Cajal:
Pequeñas adiciones á nuestros trabajos sobre la médula y gran simpático
general. Madrid, Noviembre de 1893.
[127] Por
carta del profesor de Würzburgo, se me informaba amablemente del carácter de la
ceremonia, y se me aconsejaba imprimir á mi oración un giro esencialmente
fisiológico. El ilustre Kölliker había pronunciado la Croonian Lecture en
Mayo de 1862; en ella disertó acerca de las «Terminaciones nerviosas en los
músculos».
[128] Esta
conferencia fué publicada con el título de «La fine structure des centres
nerveux», en Proceedings of the Royal Society, vol. 55, 1894.
Contiene muchos grabados, copias de los esquemas utilizados para la lección
dada ante la Sociedad Real. La Prensa inglesa dió también cuenta de
ella, publicando extractos bastante precisos. El lector curioso podrá
consultar, entre otras Revistas, The Ilustrated London News de
7 de Abril de 1894.
[129] Entre
otras frases, hiperbólicamente corteses, recuerdo ruboroso la siguiente: «En
mis repetidos viajes por el mundo, tres veces he sido vivamente impresionado:
una, en presencia de las cataratas del Niágara; otra, en Roma, contemplando el
Coliseo, y otra, oyendo la conferencia de Cajal ante la Sociedad Real.»
[130] He aquí
la curiosa oración del orator oficial, que se repartió impresa
durante la ceremonia. Contiene algunos datos biográficos que hube de facilitar
yo mismo para este efecto.
Hodie laudis genus novum libenter auspicati,
Hispanae gentis civem nunc primum salutamus. Salutamus virum de physiologiae
scientia optime meritum, qui inter flumen Hiberum montesque Pyrenaeos duo et
quadraginta abhinc annos natus et fluminis eiusdem in ripa Caesaraugustae
educatus, primum ibidem, deinde Valentiae, deinceps Barcelonae munere Academico
functus, tot honorum spatio feliciter decurso, nunc denique in urbe, quod
gentis totius caput est, histologiae scientiam praeclare profitetur. Fere decem
abhinc annos professoris munus Valentiae auspicatus, fore auguratus est, ut
intra annos decem studiorum suorum in honorem etiam inter exteras gentes nomem
suum notesceret. Non fefellit augurium; etenim nuper etiam nostras ad oras a
Societate Regia Londinensi honoris causa vocatus, muneri oratorio, virorum
insignium nominibus iampridem ornato, in hunc annum destinatus est. Omitto
opera eius maiora de histologia et de anatomia conscripta; praetereo etiam
opuscula eiusdem quadraginta intra lustra duo in lucem missa; haec enim omnia
ad ipsa scientiae penetralia pertinent. Quid vero dicam de artificio
pulcherrimo quo primum auri, deinde argenti ope, in corpore humano fila quaedam
tenuissima sensibus motibusque ministrantia per ambages suas inextricabiles
aliquatenus explorari poterant? In artificio illo argenti usum, inter Italos
olim inventum, inter Hispanos ab hoc viro in melius mutatum et ad exitum
feliciorem perductum esse constat. Si poeta quidam Romanus regione in eadem
penitus, si Valerius Martialis, inquam, qui expertus didicit fere nihil in vita
sine argento posse perfici, hodie ipse adesset, procul dubio popularem suum
verbis suis paululum mutatis non sine superbia appellaret:—
«Vir Celtiberis non tacende gentibus
Nostraeque laus Hispaniae,...
Te nostri Hiberi ripa gloriabitur,
Nec me tacebit Bilbilis»[131].
Duco ad vos virum et in Hispania et inter exteras
gentes laudem meritu adeptum, histologiae professorem insignem, Santiago
Ramón y Cajal.
[131] Martial,
i 49, 1-2; 61, 11-12.
[132] Cajal:
Algunas contribuciones al conocimiento de los ganglios del encéfalo. Anales
de la Sociedad Española de Historia Natural, tomo XXIII, 1894. Con 12
grabados.
[133] Una
traducción, con algunas adiciones, de la parte de este folleto correspondiente
al cuerpo estriado, publicóse en la Bibliographie
anatomique, núm. 6, 1894, con el título de Le Pont de Varole.
[134] Cajal:
Estructura del ganglio de la habénula de los mamíferos. Anales de la
Sociedad Española de Historia Natural, tomo XXIII, 1894. Con 4 grabados.
[135] Cajal:
Apuntes para el estudio del bulbo raquídeo, cerebelo y origen de los nervios
encefálicos. Anales de la Sociedad Española de Historia Natural. Febrero
de 1895. Con 31 grabados.
De este folleto apareció una versión alemana del
Dr. Bresler, con un prólogo del ilustre profesor M. Mendel, de Berlín (Beitrag
zum Studium der Medulla oblongata, etc. Leipzig, Ambrosius Barth, 1896). La
referida traducción encierra algunas descripciones nuevas tocantes al núcleo
de Deiters (nidos pericelulares), foco ventral del acústico,
terminaciones del coclear, etc.
[136] Cajal:
Ganglions cérébélleux. Bibliographie anatomique, número 1.º. Enero
de 1895.
[137] Cajal:
L’Anatomie fine de la moelle epinière. Atlas der pathologische
Histologie des Nervensystems (con 8 grandes láminas
cromolitográficas). Berlín, 1895.
[138] Cajal:
Nouvelles contributions à l’étude histologique de la rétine et à la question
des anastomoses des prolongements protoplasmiques. Journal de
l’Anatomie et de la Physiol., 12 Nov. 1896. Avec 4 planches litographiques.
[139] Cajal:
Estructura del protoplasma nervioso. Revista trimestral micrográfica,
1.º Marzo 1896. Con 6 figuras.
[140] Cajal:
Métodos de coloración de las neoplasias. Revista de Ciencias Médicas de
Barcelona, 10 de Marzo de 1896.
[141] Cajal:
Estudios histológicos sobre los tumores epiteliales. Revista trimestral
micrográfica, núm. 2, Junio de 1896. Con tres figuras.
[142] Cajal:
Manual de Anatomía patológica general, 1.ª edición. Barcelona, 1890.
[143] Cajal:
Las defensas orgánicas en el epitelioma y carcinoma. Boletín Oficial
del Colegio de Médicos de Madrid, núm. 1, 1896.
[144] Cajal:
La fagocitosis de las plaquetas. Revista trimestral micrográfica,
núm. 4, Marzo de 1896. Con 2 figuras.
[145] Cajal:
Sobre las relaciones de las células nerviosas con las neuróglicas. Revista
trimestral micrográfica, núm. 1, Marzo de 1896. Con 3 figuras.
[146] La
modificación consistía en indurar las piezas fijadas en molibdato, no en
alcohol frío según recomendara Bethe, sino en formol adicionado de cloruro
platínico. Las secciones hacíanse, ora en el microtomo de congelación, ora con
el microtomo ordinario, previo endurecimiento rápido en alcohol saturado de la
combinación azul-molíbdica.
[147] Cajal:
Las espinas colaterales de las células del cerebro teñidas con el azul de
metileno. Revista trimestral micrográfica, número 2, Junio de 1896.
Con 3 grabados.
[148] Cajal:
El azul de metileno en los centros nerviosos. Revista trimestral
micrográfica, núms. 3 y 4, 1896. Con 4 láminas fototípicas y 15 grabados
intercalados en el texto.
[149] Sobre
el tema especial de las bifurcaciones y colaterales de las raíces posteriores
de la médula espinal de batracios y reptiles, publicamos, además, cierta nota
en una Revista profesional. Véase: Las colaterales y bifurcaciones de las
raíces posteriores de la médula espinal demostradas con el azul de
metileno. Revista de Clínica, de Terapéutica y Farmacia, 10 de
Octubre de 1896. Tomo X.
[150] Cajal:
Las células de cilindro-eje corto de la capa molecular del cerebro. Revista
trimestral micrográfica, Junio 1897. Con 7 figuras.
[151] Cajal y Olóriz
Ortega: Los ganglios sensitivos craneales de los mamíferos. Revista
trimestral micrográfica, tomo II, 1897.
[152] Cajal:
Reglas y consejos sobre la investigación biológica. Discurso de recepción de la
Academia de Ciencias, 1894.
[153] Cajal: Consideraciones
generales sobre la morfología de la célula nerviosa. Comunicación
enviada al Congreso médico internacional celebrado en Roma en 1894. Publicado
en las Actas del Congreso y en la Veterinaria española,
núm. 5, 2 de Junio de 1894.
[154] Cajal:
Croonian Lecture, 1894.
[155] Cajal:
Leyes de la morfología y dinamismo de las células nerviosas. Revista
trimestral micrográfica, núm. 1, Marzo de 1897. Con 14 grabados.
[156] Cajal:
Algunas conjeturas sobre el mecanismo anatómico de la asociación, ideación y
atención. Revista de Medicina y Cirugía prácticas. Madrid,
1895.
Se trata de probar en este opúsculo la posibilidad
de explicar, por cambios morfológicos de las células neuróglicas, el mecanismo
(en lo orgánico) de algunos actos mentales.
Se expone, además, la teoría del alud
nervioso y la de la unidad de sensación.
[157] Estas
variaciones, que constituyen fenómeno real, son fácilmente comprensibles dentro
del concepto fisiológico moderno de la glia. Actualmente, gracias á
las investigaciones de numerosos observadores, entre los cuales me complazco en
citar al Dr. Achúcarro, considérase la neuroglia de la substancia gris como
una glándula vascular sanguínea. Su protoplasma, lleno de granos
secretores (los gliosomas de Fieandt), sufre naturalmente esas
oscilaciones de dimensión y forma propias de toda célula glandular, según que
se halle en fase de secreción ó elaboración, ó en fase de excreción ó de
expulsión.
[158] El
primer fascículo vió la luz en Marzo de 1897.
[159] Este
brillante discípulo murió, apenas graduado de doctor, á consecuencia de una
fiebre tifoidea contraída en el primer partido de que fué médico titular.
[160] Cajal:
Reglas y consejos sobre la investigación biológica. Discurso de ingreso
en la Real Academia de Ciencias, etc., 5 de Diciembre de 1897. Este
discurso incluye la contestación del doctor Calleja, decano de la Facultad de
Medicina, quien, aparte elogios exagerados y amables de ritual acerca de mi
obra científica, expone en brillante forma algunas atinadas y prudentes
reflexiones sobre el tema.
[161] Según
registra la Neue Würzburger Zeitung, diario que dió cuenta
detallada de la fiesta, la ceremonia de la inauguración del suntuoso edificio
del Alma Julia fué muy solemne. Asistieron varios Ministros de
la Corona, el Rector, los Decanos de las cuatro Facultades y representantes de
todas las Universidades alemanas. Pronunciáronse muchos discursos, entre ellos
uno muy elocuente del Rector, profesor von Leube. Al final del acto, fueron
proclamados los doctores honorarios, participando conmigo de esta
honra, por la Facultad de Medicina, el ilustre maestro de Estocolmo Dr. G.
Retzius y el gran renovador de la Química orgánica Dr. Fischer, de Leipzig.
[162] El tan
elocuente como malogrado estadista D. José Canalejas, acababa por entonces de
regresar de un viaje de estudio por los Estados Unidos, de cuyos increíbles
progresos, asombroso poder y prosperidad industrial y financiera, hablaba en
privado como de algo insuperable y monstruoso; y, sin embargo, llegada la hora
del conflicto, inspirándose acaso en los escrúpulos de Moret, reservó juicios y
avisos que, proclamados pública y solemnemente en la prensa, hubieran quizás
logrado modificar los extraviados sentimientos de la opinión.
[163] S.
R. Cajal: Estructura del quiasma óptico y teoría general de los
entrecruzamientos nerviosos. Revista trimestral micrográfica, tomo
III, 1898, con 18 grabados.
[164] Como
remedios morales apuntábamos: renunciar al matonismo internacional, á la
ilusión de tomar por progreso real lo que no es más que reflejo pálido de la
civilización extranjera; desterrar el empleo de adjetivos hiperbólicos, de que
tan pródigos fuimos siempre con nuestras medianías; y en fin, crear á todo
trance cultura original. En el orden pedagógico, proponíamos: el pensionado de
profesores y doctores aventajados en el extranjero; la incorporación á nuestros
claustros de investigadores de renombre mundial; el abandono del régimen
enervador del escalafón, sustituído por el sistema alemán de reclutamiento del
profesorado, etc., etc.
[165] Michel:
Lehrbuch der Augenheilkunde, 2 Auf., 1890.
[166] A.
Kölliker: Handbuch der Gewebelehre des Menschen, Bd. II, 1896.
[167] La
sinceridad me obliga á confesar que en mi trabajo se contienen doctrinas de
valor muy desigual. Hoy, á la distancia de veinte años y aparecidas numerosas
investigaciones sobre el tema, estimo como concepción sólidamente fundada la
explicación del cruce fundamental de los nervios ópticos; probable y plausible
nada más el corolario relativo á la decusación compensadora de las vías
motrices y sensoriales, y francamente aventurados ciertos análisis y
conclusiones tocantes á las condiciones histológicas de la percepción del
relieve, etc.
[168] Kölliker:
Neue Beobachtungen zur Anatomie des Chiasma opticum. Würzburg,
1899.
[169] Havet: Revista
trimestral micrográfica, tomo IV, 1899.
[170] Márquez:
Nuevas consideraciones acerca de los entrecruzamientos motores del aparato de
la visión. Revista trimestral micrográfica, tomo X, 1900.
[171] Algunos
detalles más sobre la anatomía del puente de Varolio y consideraciones acerca
de la doble vía motriz. Revista trimestral micrográfica, núm. 2,
Junio de 1898. Con una figura.
[172] Estructura
fina del cono terminal de la médula espinal. Revista trimestral
micrográfica, Septiembre de 1898. Con tres grabados.
[173] La red
superficial de las células nerviosas centrales. Revista trimestral
micrográfica. Con un grabado.
[174] Cajal:
Estudios sobre la corteza cerebral humana. I Región visual. Revista
trimestral micrográfica, tomo IV, 1899. Con 23 grabados.
[175] —
II. Estructura de la corteza acústica y circunvoluciones de la
ínsula. Rev. trim. mic., tomo V, 1900. Con 12 figuras.
[176] —
III. Región motriz del hombre y mamíferos superiores. Rev.
trim. mic., tomo IV. 1899. Con 31 grabados.
[177] —
IV. La corteza olfativa. Rev. trim. mic., tomo V, 1899.
Véase el trabajo más extenso en Trab. del Lab. de Inv. biol., tomo
I, 1901.
[178] Cajal:
Studien über die Hirnrinde des Menschen. Übersetzt von Dr. J. Bresler. Leipzig.
Verlag von A. Barth, 1900.
[179] Cajal:
Estudios sobre la corteza cerebral humana. II. Corteza motriz. Revista
trimestral micrográfica, tomo V, Marzo de 1900.
[180] Estructura
de la corteza acústica, etc. Revista trimestral micrográfica, tomo
V, núm. 2.º y 3.º, Septiembre de 1900.
[181] Cajal:
Estructura de la corteza olfativa del hombre y de los mamíferos
superiores. Revista trimestral micrográfica, núm. 4, Diciembre de
1900. Á esta monografía siguió, en 1901, otra complementaria, aparecida en mi
nueva revista Trabajos del Laboratorio de Investigaciones biológicas,
tomo I.
[182] En
descargo de esta inhábil conducta de las autoridades cubanas, se ha dicho que
también fué empleada por la cultísima Inglaterra en su contienda con los boers.
Pero sobre que una crueldad no se justifica jamás con otra crueldad precedente
ó subsiguiente, quienes así discurren parecen olvidar que sólo las naciones
fuertes pueden cometer impunemente ciertos excesos. Nuestro Gobierno,
autorizando en Cuba las referidas medidas, procedió como si España viviera sola
en el planeta, ó como si las naciones poderosas y dominantes, vecinas de los
Estados débiles, no hubieran en todo tiempo invocado para sus expoliaciones
pretextos de humanidad y civilización.
[183] Por
desgracia, este juicio despectivo hacia los españoles no puede considerarse
como chuscada de comensal amable y chancero. Traduce un sentimiento real,
sumamente generalizado entre los pueblos anglosajones, sobre el cual debieran
meditar mucho peninsulares é hispano-americanos. De mis conversaciones con
yanquis, ingleses y alemanes, he sacado la convicción —no descubro ningún
secreto—, de que, á juicio de los enérgicos y laboriosos hijos del Norte, las
naciones mediterráneas, y singularmente la portuguesa y la española,
constituímos razas decadentes, degeneradas moral y físicamente, á quienes debe
tratarse sin ninguna contemplación. «Por los americanos del Sud no sentimos
ninguna especie de simpatía», decíame confidencialmente cierto profesor yanqui,
poniendo en su pensamiento velos de eufemismo.
Creo sinceramente que somos calumniados; pero creo
también que españoles, portugueses é hispano-americanos, con nuestras grotescas
asonadas y pronunciamientos, nuestro desdén por la ciencia y las grandes
iniciativas industriales —que sólo prosperan cuando se apoyan en
descubrimientos científicos originales—, nuestra secular ausencia de
solidaridad política (rodeados de naciones de fuerza poderosísima y unificadas
vivimos fragmentados en 21 estaditos que se miran con recelo ó se odian
cordialmente) hacemos cuanto es posible para justificar el desprecio y la
codicia de las grandes nacionalidades.
[184] Clark
University, 1889-1899. Decennial Celebration. Worcester Mass.
Printed for the University, 1899.
[185] Por
cierto que habiendo cierto médico forense oído en mi casa éste elocuente
alegato, exclamó: ¡Así se escribe la historia!...
—¿Cómo?... ¿Sospecha usted acaso que la Duquesa
maltrató realmente á la infeliz niña?
—De ello tengo absoluta certidumbre. Hice el examen
de la víctima, cuya piel estaba salpicada de cardenales y contusiones. En un
rapto de cólera la tal Duquesa la golpeó y pateó horriblemente.
¡Vaya con los abogados!... ¡Por algo decía el
despierto Romero que el tal discurso, por cuya virtud quedó la Duquesa absuelta
y limpia de toda sospecha de sevicia, fué el más resonante de sus triunfos!
[186] La
causa del estridor es, según es sabido, puramente mecánica. Conforme revela la
más somera exploración microscópica de los surcos, depende de que el estilete
grabador, en vez de labrar en la cera canal continuo, ondulado en el sentido de
la profundidad, esculpe fosetas aisladas y profundas, separadas mediante
espacios limpios de toda impresión. De donde se infiere que el diafragma,
durante su enérgico vaivén, graba exclusivamente la mitad, y á veces menos, de
la ondulación sonora, sin las curvas secundarias de las notas armónicas
indispensables á la buena traducción del timbre. Y tal defecto resulta
irremediable á causa de la dureza del material de inscripción. El empleo de
amplio cilindro atenúa algo, pero no corrige, el referido defecto.
[187] Sólo en
disposiciones cinemáticas accesorias y en el material usado para el
moldeamiento de los discos (ebonita) difería mi aparato del lanzado por
la Gramophone Company. Yo comenzaba por grabar sobre metal ó
cristal recubiertos por capa de cera, y procedía después á obtener un galvano
del que tomaba copias en gelatina ó celoidina. El movimiento del diafragma
reproductor, inclinado naturalmente en ángulo recto sobre el disco
impresionado, era movido, no por el disco mismo según ocurre en el gramófono de
aguja, sino mediante mecanismo de relojería; disposición, sin duda, menos
elegante y sencilla, pero que tiene la ventaja de conservar mejor los finos
trozos de la inscripción.
Posteriormente, imaginé otro invento fonográfico
más complicado y de difícil ejecución, el fotofonógrafo amplificador,
cuya descripción podrá ver el lector curioso en La Naturaleza, año
1903. El registro de la ondulación del sonido hacíase sobre placa fotográfica
merced á doble espejo fijo en membrana vibrante. Y de esta especie de prueba
negativa se sacaba una positiva sobre cristal gelatinado y sensibilizado,
siguiendo el proceder clásico de Poitevin para la obtención de pruebas al
carbón dotadas de relieve. La sensibilidad del diafragma era tal (el rayo de
luz hacía veces de palanca), que podían registrarse á distancia normal
discursos y obras musicales.
Disponíame ya á ejecutar este nuevo aparato cuando
llegó á mi noticia que el mismo Edison había obtenido patente, poco tiempo
antes, para un invento, si no igual, fundado al menos en el mismo principio. Mi
mala estrella, ó por mejor decir, mi crasa ignorancia de las patentes
fonográficas registradas durante los últimos años, me arrebataron, sin remedio,
el mérito de la prioridad.
[188] No
quisiera dejarme en el tintero el delicado y tiernísimo rasgo de los esposos
Tolosa Latour, ángeles tutelares de la infancia, quienes, después de consultar
los gustos de mis hijos, obsequiáronles con lindos juguetes y hasta con objetos
de valor (un kodak, las obras de Campoamor, caja de música, etc.),
para que asociaran en su memoria el recuerdo del impensado triunfo del padre
con las dulzuras de un deseo satisfecho.
[189] R.
Cajal: Reglas y Consejos sobre la Investigación biológica, 4.ª edición,
1916.
[190] Cajal:
Disposición terminal de las fibras del nervio coclear. Revista
trimestral micrográfica, núms. 2, 3 y 4. Con 2 figuras, 1900.
[191] Cajal:
Contribución al estudio de la vía sensitiva central y de la estructura del
tálamo óptico. (Con 4 grabados). Revista trimestral micrográfica,
tomo V, 1900.
[192] Cajal:
Textura del lóbulo olfativo accesorio. (Con 5 figuras). Trab. del Lab.
de invest. biol., tomo I, 1901.
[193] Cajal:
Significación probable de las células de axon corto. Trab. del Lab. de
invest. biol., tomo I. (Con 3 esquemas), 1901.
[194] Cajal:
Estructura del tubérculo cuadrigémino posterior, cuerpo geniculado interno y
vías acústicas centrales. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo I.
(Con 6 grabados), 1901.
[195] Cajal:
Pequeñas comunicaciones técnicas. Revista trimestral micrográfica,
tomo V, fasc. 3, 1901.
[196] Cajal:
Recreaciones estereoscópicas y binoculares. La Fotografía, 1901.
(Con 5 grabados).
[197] Cajal:
Estructura del septum lucidum. Trab. del Lab. de invest.
biol., tomo I. (Con 19 grabados), 1902.
[198] Cajal:
Estudios talámicos. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo II. (Con
20 grabados), 1903.
[199] Cajal:
Sobre un foco gris especial relacionado con la cinta óptica. Trab. del
Lab. de invest. biol., tomo II. (Con 2 grabados), 1903.
[200] Cajal:
La doble vía descendente nacida del pedúnculo cerebeloso superior. Trab.
del Lab. de invest. biol., tomo II. (Con 4 grabados), 1903.
[201] Cajal:
Las fibras nerviosas de origen cerebral del tubérculo cuadrigémino anterior y
tálamo óptico. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo II. (Con 10
grabados), 1903.
[202] Cajal:
Método para colorear la mielina en las preparaciones del método de
Marchi. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo II, 1903.
[203] Cajal:
Un consejo útil para evitar los inconvenientes de la friabilidad y
arrollamiento de los cortes en los preparados de Golgi y Marchi. Trab.
del Lab. de invest. biol., tomo II, 1903.
[204] Cajal:
Consideraciones críticas sobre la teoría de Bethe acerca de la estructura y
conexiones de las células nerviosas. Trab. del Lab. de invest. biol.,
tomo II, 1903. (Con 8 figuras).
En esta comunicación se exponen (y los trabajos
posteriores de numerosos sabios nos han dado la razón) dos asertos críticos de
cierto interés, á saber:
a) Que, dadas las conexiones reales y la morfología de las neuronas,
las neurofibrillas no pueden ser estimadas, según piensan
Bethe y Apáthy, como la única substancia conductriz del protoplasma nervioso.
b) Que el método de Bethe, por no colorear las arborizaciones
pericelulares y colaterales nerviosas, es improcedente para el estudio de las
conexiones interneuronales.
[205] Cajal:
Plan de estructura del tálamo óptico. Conferencia dada en la Facultad de
Medicina de Madrid el 28 de Abril de 1903 con ocasión del Congreso
médico internacional. Madrid, 1903. (Con 5 esquemas, copias de las tablas
murales dibujadas al efecto).
Contiene este trabajo una síntesis de nuestros
estudios sobre el tálamo con la interpretación fisiológica general de los
nuevos hallazgos.
Entre otros conceptos, se afirma que el tálamo
encierra dos órdenes de focos nerviosos ó estaciones intermediarias: los
focos motores centrífugos residentes, por lo común, en el
plano inferior (cuerpo de Luys, substancia nigra, etc.), que
reciben colaterales de la vía piramidal y cuerpo estriado; y los focos sensoriales
centrípetos, situados en el piso superior y en relación con las vías
sensitivas ó sensoriales aferentes, etc.
[206] S.
Apáthy: Das leitende Element der Nervensystems und seine topographischen
Beziehungen zu den Zellen. Mittheil. a. d. Zool. Station zu Neapel. Bd.
12. H. 4, 1897.
[207] A.
Bethe: Ueber die Neurofibrillen u. der Ganglienzellen von Wirbelthieren und
Beziehungen zu Golginetzen. Arch. f. mikros. Anat., etc. Bd. 55,
1900.
[208] Cajal:
Pequeñas comunicaciones técnicas, etc. Revista trimestral micrográfica,
Tomo V, 1900.
[209] L.
Simarro: Nuevo método histológico de impregnación por las sales
fotográficas de plata. Revista trimestral micrográfica, tomo V,
1900.
[210] Con las
reflexiones y conjeturas precedentes no pretendo sentar doctrina definitiva
acerca del mecanismo íntimo de la reacción neurofibrillar, que, aun hoy y á
pesar de los penetrantes análisis quimico-físicos de Liesegang, permanece en
gran parte enigmática. Me limito solamente á señalar el camino seguido por mi
pensamiento hasta caer, más ó menos casualmente, en la nueva fórmula de
impregnación.
Por lo demás, mi concepción acerca del íntimo
mecanismo de la coloración neurofibrillar en los procederes de Simarro y mío,
ha sufrido variaciones al compás de las nuevas investigaciones técnicas. Al
principio, creí que había perfeccionado decisivamente el método del sabio
español, ó dicho más exactamente, sacado á luz y desarrollado un germen
fecundo, casi ahogado por otras reacciones poco útiles y aun perjudiciales (las
acciones fotogénicas sobre los haloides argénticos). Pero, después, caí en la
cuenta de que el proceso de la coloración es muy complicado, entrando en él
principios de orden físico, por entonces indeterminables. Á corregir mi juicio,
contribuyó el reconocer que era imposible conseguir en los cortes una
coloración neurofibrillar comparable, ni aun de lejos, con las logradas sobre
los bloques nerviosos, no obstante adicionar á las secciones del método de
Simarro la sal argéntica perdida, ó seccionar las piezas, recién extraídas del
baño argéntico, mediante el microtomo de congelación. Sin duda actúan en el
proceso fenómenos de atracción selectiva entre los gel de las
neuronas, de una parte, y los corpúsculos ambientes de plata coloidal;
atracciones sólo posibles, ó sólo prácticamente vigorosas, al abrigo del aire y
en el seno de gruesas masas nerviosas formadas de proteínas en estado coloide.
Parecida opinión, con desarrollos y puntos de vista
interesantes que no puedo detallar aquí, sostiene Liesegang, gran autoridad en
fotoquímica, quien ha consagrado dos profundos análisis al mecanismo físico de
acción de mi fórmula de impregnación. En tales estudios, además de demostrar
palmariamente que el principio de mi proceder nada tiene de común con el de la
reacción de Simarro, expone cierta luminosa hipótesis sobre la acción de los
que él llama gérmenes de reducción. Con el concurso de los
fijadores, ciertas substancias reductrices residentes en el protoplasma
nervioso, formarían, á expensas del nitrato de plata ambiente, gérmenes
infinitesimales de plata reducida, los cuales atraerían vivamente el metal
coloidal producido por la acción del revelador. Véanse los notables trabajos de
Liesegang, singularmente el titulado: Die Kolloidchemie der histologischen
Silberfärbungen. Sonderabdruck der Kolloidchemische Beiheften. Bd.
III. Dresden, 1911.
[211] Aun
hoy, no obstante reiterados ensayos, no he conseguido teñir regularmente las
neurofibrillas en las secciones, cualquiera que sea el fijador empleado, á
menos de recurrir, á la fórmula de Bielschowsky. Modernamente, ha indicado
Liesegang un medio —adición de un coloide (solución espesa de goma, por
ejemplo) al reductor físico— con el cual se obtienen algunos resultados, aunque
de ningún modo comparables á los conseguidos según el modus operandi común.
[212] Cajal:
Sobre un sencillo procedimiento de impregnación de las fibrillas interiores del
protoplasma nervioso. Archivos latinos de Medicina y Cirugía, núm.
20, Octubre de 1903.
[213] Cajal:
Un sencillo método de coloración del retículo protoplásmico y sus efectos en
diversos centros nerviosos. Trab. del Lab. de Invest. biol., 1903.
(Con 38 grabados).
De este trabajo salió á luz, en forma de libro, una
traducción francesa del Dr. Azoulay, con algunas adiciones importantes.
[214] Tello:
Sobre la existencia de neurofibrillas colosales en las neuronas de los
reptiles. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo II, Diciembre de
1903.
Idem: Las neurofibrillas en los vertebrados inferiores. Trab. del
Lab. de Invest. biol., tomo III, 1904.
[215] Cajal:
Algunos métodos de coloración de los cilindros-ejes, neurofibrillas y nidos
nerviosos. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo III, 1904.
[216] Fajersztajn:
Ein neues Silberimpregnationverfahren als Mittel zur Färbung der
Axencylinder. Neurol. Centralbl., núm. 3, 1.º Febr. 1901.
[217] Bielschowsky:
Die Silberimpregnation der Neurofibrillen. Neurol. Centralbl. H.
22, 1.º Nov. 1903.
[218] Cajal:
Un sencillo método de coloración del retículo protoplásmico y sus efectos en
diversos centros nerviosos. Trab. del Lab. de invest. biol., 1903.
[219] Cajal:
Variaciones morfológicas normales y patológicas del retículo
neurofibrillar. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo III,
cuadernos 1 y 2. (Con 4 grabados).
[220] Idem:
Variaciones morfológicas del retículo nervioso de vertebrados é
invertebrados. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo III, 1904.
(Con 5 grabados).
[221] Cajal:
El aparato tubuliforme del epitelio intestinal de los mamíferos. Trab.
del Lab. de Invest. biol., tomo III, cuadernos 1 y 2. (Con 2 grabados).
[222] Cajal:
Asociación del método del nitrato de plata al embrionario para el estudio de
los focos motores y sensitivos. Trab. del Lab. de invest. biol.,
tomo III, fascículos 2 y 3, Junio y Septiembre. (Con 12 grabados).
Sobre el mismo tema se exponen algunas
consideraciones en una Revista estudiantil, Revista escolar de Medicina,
15 Diciembre 1903.
[223] Cajal:
Contribución al estudio de la estructura de las placas motrices. Trab.
del Lab. de invest. biol., tomo III, cuadernos 2 y 3, 1904. (Con 3
grabados).
[224] Cajal y D.
García: Las lesiones del retículo de las células nerviosas en la
rabia. Trab. del Lab. de invest. biol., cuaderno 4, 1904. (Con 28
grabados).
[225] Cajal:
El retículo neurofibrillar de las células de la retina. Trab. del Lab.
de invest. biol., tomo III, fascículo 4, 1904. (Con 1 grabado y 1 lámina
litografiada).
[226] Idem:
Das Neurofibrillennetz der Retina. Intern. Monatssch. f. Anat. u.
Physiol., Bd. 21, H. 418. Número extraordinario destinado á conmemorar el
50 aniversario del Doctorado del ilustre histólogo W. Krause.
[227] Cajal:
Neuroglia y neurofibrillas del Lumbricus. Trab. del Lab. de
invest. biol., tomo III, cuaderno 4. (Con 4 grabados).
[228] Para
animar á los suscriptores, fijóse para los libreros el importe de los tres
tomos en poco más de 10 pesetas (15 para los abonados). Además, teniendo en
cuenta el carácter esencialmente monográfico de la obra, sólo se tiraron 800
ejemplares. Al liquidar y, vendida la edición, hallé que mis pérdidas excedían
de 3.000 pesetas.
[229] Cajal: Histologie
du Système nerveux de l’homme et des vertebrés. Edition française revue et
mise à jour par l’auteur. Traduite de l’espagnol par le Dr. L. Azoulay, 1909 á
1911. Esta obra apareció en dos gruesos volúmenes de cerca de 1.000 páginas
cada uno.
[230] Cajal:
Nota leída en la sesión del 1.º de Marzo de 1905. Anales de la Sociedad
española de Historia Natural, 1905. Sigue el más extenso trabajo titulado:
Tipos celulares de los ganglios sensitivos del hombre y mamíferos. Trab.
del Lab. de invest. biol., tomo IV, fascículos 1 y 2. (Con 20 grabados).
Un año después se publicó una traducción alemana
con importantes adiciones. Véase: Structur der sensiblen Ganglien des Menschen
und der Tiere. Ergebnisse der Anat. u. Entwicklungsges. von Fr. Merkel
u. R. Bonnet. Bd. XVI, 1906, Wiesbaden.
[231] Cajal:
Las células del gran simpático del hombre adulto. Trab. del Lab. de
invest. biol., tomo IV, fascículos 1 y 2. (Con 14 grabados).
[232] Cajal:
Las células estrelladas de la capa molecular del cerebelo y algunos hechos
contrarios á la función exclusivamente conductriz de las neurofibrillas. Trab.
del Lab. de invest. biol., tomo IV, fascículos 1 y 2, 1905. (Con 2
grabados).
[233] Idem:
Coloración de la fibra muscular por el proceder del nitrato de plata
reducido. Trab. del Lab. de invest. biol., tomo IV, fascículos 1 y
2, 1905.
[234] Hasta
en España repercutió la enconada lucha entre neuronistas y antineuronistas.
Habiendo, sin duda, tenido noticia de ella por alguna Revista francesa,
dos comprofesores de provincias, echaron las campanas á vuelo, declarando con
mal disimulado regocijo que la concepción neuronal había pasado á la historia.
Y hasta hubo otro querido compañero que, resguardado tras la
visera del anónimo, se permitió dirigirme algunas tarjetas postales zafiamente
insultantes. Creían candorosamente que con la caída de la doctrina neuronal
quedaría definitivamente desacreditada mi modesta obra científica. Si los
aludidos catedráticos se hubieran tomado el trabajo de leerme, habrían sabido
que la referida concepción fué creada por His y Forel; de mi cosecha sólo puse
los hechos demostrativos de su legitimidad. El estudio imparcial de mis libros
y numerosas monografías neurológicas habríales también enseñado que si yo fuera
capaz de sentir el fatuo orgullo del inventor, lo cifrara, no en haber forjado
tales ó cuales hipótesis, sino en haber descubierto algunas centenas de hechos
universalmente comprobados. Y estos hechos, pese al fervoroso patriotismo de
mis detractores españoles, perdurarán mientras no cambie radicalmente —y ello
es algo difícil— la organización íntima del hombre y de los animales.
[235] Una
extensa relación de nuestras observaciones, ilustrada con profusión de
grabados, fué publicada, bajo el título de Mecanismo de la degeneración
y regeneración de los nervios, en Trabajos del Lab. de Investig.
biol., tomo IV, 1905. Bajo la forma de resumen, aparecieron también estos
trabajos en el Boletín del Instituto de Alfonso XIII, números 2 y 3
de 1905. En fin, otra comunicación complementaria cierra nuestra investigación
sobre el argumento, á saber: Les metamorphoses précoces des
neurofibrilles dans la régénération et la dégénération des nerfs. Trab.
del Lab. de Investig. biol., tomo V, fasc. 2, 1907.
Añadamos aún que de los referidos estudios salió á
luz una traducción alemana, bajo la forma de libro; y que, en fin, acerca del
tema de la Regeneración de los nervios versó también nuestro
discurso de ingreso en la Academia de Medicina de Madrid. Esta oración, leída
en 30 de Junio de 1907, fué honrada y enaltecida con un bellísimo discurso de
contestación de D. Federico Olóriz, el ilustre anatómico de San Carlos.
[236] A.
Perroncito: Sulla questione della rigenerazione autogena delle fibre
nervose. Nota preventiva. Boll. della Società Medico chirurgica di
Pavia. Seduta 19 Maggio, 1905. (Publicado en Septiembre de 1905). Un
trabajo extenso y con grabados apareció en 1906, del cual se publicó traducción
en Beiträge zur pathol. Anat. u. zur Allgem. Pathologie v. Ziegler,
Bd. XLII, 1907.
[237] Cajal:
Les metamorphoses précoces des neurofibrilles, etc. Trab. del Lab.,
tomo V, 1907.
[238] F.
Tello: Dégénération et régénération des plaques motrices après la section
des nerfs. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo V, 1907.
Idem: La régénération dans les fuseaux de Kühne. Trab. del Lab. de
Invest. biol., fasc. 4, vol. V, 1907.
[239] Así me
lo anunció varios años después, no sin algún dejo de melancolía, al acusar
amablemente recibo de mi obra en dos volúmenes, Degeneración y
regeneración del sistema nervioso.
[240] Cajal:
Génesis de las fibras nerviosas del embrión y observaciones contrarias á la
teoría catenaria. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo IV, 1906.
[241] S.
R. Cajal y R. Illera: Quelques nouveaux details sur la
structure de l’écorce cérébelleuse. (Avec 9 gravures). Trab. del Lab.
de Invest. biol., tomo V, 1907.
[242] Cajal:
L’appareil réticulaire de Golgi-Holmgren coloré par le nitrate d’argent. Trab.
del Lab. de Invest. biol., tomo V, 1907.
[243] Idem:
Notes microphotographiques. (Avec 6 gravures). Trab. del Lab. de
Invest. biol., tomo V, 1907.
[244] Idem:
Note sur la dégénérescence traumatique des fibres nerveuses du cervelet et du
cerveau. (Avec 4 gravures). Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo
V, 1907.
[245] Idem:
Quelques formules de fixation destinées à la méthode du nitrate d’argent. Trab.
del Lab. de Invest. biol., tomo V, 1907.
[246] Cajal:
Die histogenetischen Beweise der Neuronentheorie von His und Forel. Mit. 24
Abbild. Anat. Anzeiger. Bd. XXX, 1907.
[247] Idem:
Nouvelles observations sur l’évolution des neuroblastes avec quelques remarques
sur l’hipothèse neurogénétique de Hensen-Held. (Avec 16 gravures). Trab.
del Lab. de Invest. biol., tomo V, 1907, y Anat. Anzeiger. Bd.
37, 1908.
[248] La
comunicación oficial de la Academia lleva la fecha de 26 de Enero de 1905.
[249] Mención
especial merecen, entre otros obsequios, la artística placa
conmemorativa, ofrendada por los alumnos de la Facultad de Medicina de
Madrid (26 de Enero de 1905), adorno que vino á hacer pendant en
mi despacho á otra preciosa joya de la orfebrería catalana con que me agasajó
en 1904 la Academia Médico-farmacéutica de Barcelona.
[250] He aquí
el texto del documento, redactado, por cierto en limpio castellano: «El Instituto
Carolino de Medicina y Cirugía, que en virtud del testamento otorgado el
día 27 de Noviembre de 1894 por D. Alfredo Nobel, está facultado para
recompensar, con el premio fundado por el citado señor, el descubrimiento
científico más importante que durante los últimos tiempos haya venido á
enriquecer la Fisiología y la Medicina, ha acordado el día de la fecha conceder
á D. Santiago Ramón y Cajal la mitad del premio correspondiente al año de 1906,
en atención á sus meritorios trabajos sobre la estructura del sistema nervioso.
Estocolmo, 25 de Octubre de 1906. El Claustro de Profesores del Instituto
Carolino de Medicina y Cirugía.»
[251] No
todos los agasajos se redujeron á corteses enhorabuenas y á efímeras efusiones
de banquetes conmemorativos. Algunos homenajes tuvieron valor material
positivo, aparte su alta significación espiritual. Recordemos la gran medalla
de oro, esculpida por el genial artista Mariano Benlliure, costeada por
suscripción entre los alumnos, profesores de San Carlos y muchos médicos de
Madrid; el magnífico Álbum, verdadera joya de arte, avalorado con
primorosas acuarelas, ofrecido por todas las Corporaciones y fuerzas vivas de
la cultísima Valencia; el diploma honorífico, admirablemente
decorado, remitido por los médicos españoles de Buenos Aires, los cuales,
deseosos además de colaborar materialmente en alguna de mis investigaciones
científicas, abrieron suscripción pública para costear la publicación de uno de
mis libros (de esta obra, publicada en 1910, trataremos más adelante), etc.
Excusado es decir cuán vivo agradecimiento guardo
de todos esos y otros generosos regalos, que conservo orgulloso, no sólo como
testigos de mi buena estrella, sino del fervoroso patriotismo de muchos
excelentes españoles de aquende y allende el mar, los cuales, inspirados en
nobilísima solidaridad espiritual, estiman como propia toda honra rendida por
el extranjero á uno de sus hermanos.
[252] Este
elegante libro se titula: Les prix Nobel en 1906. Una tirada aparte
de mi discurso, con magníficas copias de los cuadros murales, fuéme regalada
por el Patronato Nobel. Diversas Revistas científicas la insertaron,
singularmente los Archivio di Fisiologia, del Dr. G. Fano, vol. V,
fasc. 1, Firenze, 1908.
[253] Este
juicio, que acaso parezca harto severo, palidece al lado del de varios
anatomo-patólogos é histólogos italianos, á quienes he oído cosas peregrinas
sobre la dictadura universitaria ejercida por el sabio lombardo y sobre las
amarguras de los candidatos al profesorado, poco dispuestos á aceptar sin
crítica los dogmas del maestro.
[254] H.
Held: Kritische Bemerkungen zu der Verteidigung der Neuroblasten und der
Neurontheorie durch R. Cajal. Anat. Anzeiger. Bd. XXX, 1907.
[255] S.
Apáthy: Bemerkungen zu den Ergebnissen R. y Cajals hinsichtlich der
feineren Beschaffenheit des Nervensystems. Anat. Anzeiger. Bd.
XXXI, 1907.
[256] Cajal:
Un sencillo método de coloración selectiva del retículo protoplásmico,
etc. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo II, 1913.
[257] Cajal:
Nouvelles observations sur l’évolution des neuroblastes avec quelques remarques
sur l’hypothèse neurogénétique de Hensen-Held. Avec 18 figures. Anat.
Anzeiger. Bd. XXXII, 1908.
[258] La
serie de trabajos á que aludimos en el texto son los siguientes:
Cajal: Sur un noyau spécial du nerf vestibulaire des poissons et des oiseaux.
Avec 9 fig. Trabajos del Laboratorio de Investigaciones biológicas,
tomo VI, 1908.
Idem: Les conduits de Golgi-Holmgren du plotoplasma nerveux et le réseau
pericellulaire de la membrane. Avec 6 gravures. Idem, 1908.
Idem: Sur la signification des cellules vasoformatives de Ranvier (Quelques
antecedents bibliographiques ignorés des auteurs). Idem, 1908.
Idem: El ganglio intersticial del fascículo longitudinal posterior en el
hombre y diversos vertebrados. Con 5 grabados. Idem, 1908.
Idem: Los ganglios centrales del cerebelo de las aves. Con 6 grabados. Idem,
1908.
Idem: Les ganglions terminaux du nerf acoustique des oiseaux. Avec 7
gravures et une planche. Idem, 1908.
Idem: Contribución al estudio de los ganglios de la substancia reticular del
bulbo, con algunos detalles concernientes á los focos motores y vías reflejas
bulbares y mesocefálicas. Con 11 grabados. Idem, tomo VI, 1909.
Idem: Nota sobre la estructura de la retina de la mosca M. vomitoria
L. Con 12 grabados. Idem, 1909.
[259] Cajal:
Sobre ciertos plexos pericelulares de la capa de los granos del cerebelo. Trab.
del Lab. de Invest. biol., tomo X, 1912.
[260] De este
trabajo sobre las terminaciones acústicas en las aves, publicóse una traducción
alemana, con láminas litografiadas, en el Journ. f. Psychol. u. Neurol. Bd.
XIII, 1908.
[261] Cajal:
El núcleo de las células piramidales del cerebro humano y de algunos mamíferos.
Con 14 grabados. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo VIII, 1910.
[262] Cajal:
Algunos experimentos de conservación y autolisis del tejido nervioso. Nota
preventiva. Con 3 grabados. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo
VIII, 1910.
Véase también el discurso inaugural pronunciado
en Madrid con ocasión del IV Congreso de la Asociación Española para el
progreso de las ciencias (1913), donde, aparte otros temas, se toca
este punto interesante.
[263] Cajal:
Algunas observaciones favorables á la hipótesis neurotrópica. Con 13
grabados. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo VIII, 1910.
Idem: Observaciones sobre la regeneración de la porción intramedular de las
raíces sensitivas. Con 5 grabados. Idem, 1910.
Idem: Algunos hechos de regeneración parcial de la substancia gris de los
centros nerviosos. Con 11 grabados. Idem, tomo VIII, 1910.
[264] Tello:
La influencia del neurotropismo en la regeneración de los centros nerviosos.
Con 8 grabados. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo IX, 1911.
[265] Un
resumen metódico de la teoría neurotrópica, con exposición de todos los
argumentos en que se apoya, apareció con ocasión de la inauguración de las
sesiones de la Sección de Ciencias Naturales en la reunión de
la Asociación para el Progreso de las ciencias, celebrada en
Zaragoza (1908).
[266] Cajal:
Los fenómenos precoces de la degeneración neuronal en el cerebelo. Con 18
grabados. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo IX, 1911.
Idem: Los fenómenos precoces de la degeneración traumática de los
cilindros-ejes del cerebro. Con 20 grabados. Idem, tomo IX, 1911.
[267] El
primer autor que encontró en el hombre células de Purkinje reducidas á sus
colaterales iniciales, fué H. Rossi. Sus estudios, verificados con mi técnica,
recayeron en el cerebelo de un alcoholizado y sifilítico. Merced á mis
investigaciones, quedó patente que dichas disposiciones pueden producirse
experimentalmente en los animales. El trabajo de Rossi, publicado en los Trab.
del Lab. de Invest. biol., tomo VI, 1908, lleva por título: Per la
rigenerazione dei neuroni. Hechos semejantes fueron comprobados después en
el hombre por Marinesco y otros varios sabios.
[268] Cajal:
Note sur la dégénérescence traumatique des fibres nerveuses du cervelet et du
cerveau. Avec 4 grav. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo V,
1907. Véase también: Los fenómenos precoces de la degeneración neuronal en el
cerebelo. Con 10 grabados. Idem, tomo IX, 1911.
[269] Cajal:
Alteraciones de la substancia gris provocadas por conmoción y aplastamiento.
Con 6 grabados. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo IX, 1911.
[270] Cajal: Loc.
cit. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo III, 1904.
[271] Cajal:
Fibras nerviosas conservadas y fibras nerviosas degeneradas. Con 9
grabados. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo IX, 1911.
[272] Cajal:
Algunas observaciones favorables á la hipótesis neurotrópica. Trab. del
Lab. de Invest. biol., tomo VIII, 1910.
[273] Cajal:
Fenómenos de excitación neurocládica en los ganglios y raíces nerviosas
consecutivamente al arrancamiento del ciático. (Con 4 grabados). Trab.
del Lab. de Invest. biol., tomo XI, 1913.
[274] Cajal:
Estudios sobre la degeneración y regeneración del sistema nervioso, tomo I,
págs. 537 y siguientes, 1913.
[275] Cajal:
Influencia de las condiciones mecánicas sobre la regeneración de los nervios.
Con 3 grabados. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo X, 1912.
[276] Como
ejemplo de estas reacciones fugitivas, indicadoras de la variabilidad y
delicadeza del quimismo nervioso, referiré al lector una de mis más deploradas
decepciones. Allá por los años de 1891 ó 1892, se me ocurrió sumergir trozos de
cerebro de conejo joven en cierta mezcla, á partes iguales, de bicromato
potásico al 3 por 100 y de solución de cloruro áurico al 1 por 100. Varios días
después, los cortes de las piezas mostraron espléndida reducción selectiva de
la sal áurica, al nivel del aparato de Golgi (entonces no conocido) de las
pirámides cerebrales. Admirado del peregrino resultado, entreguéme
ardorosamente á reiteradas probaturas encaminadas á fijar las condiciones del
éxito. Pues bien; la dichosa reacción ¡no volvió á comparecer jamás!...
Pequé yo en aquella ocasión de excesivamente escrupuloso y timorato, pues no
osé publicar mi raro hallazgo; parecióme abusivo dar cuenta de un hecho cuya
confirmación resultaba por entonces imposible. Sin tales miramientos, el
llamado aparato reticular de Golgi, que el neurólogo de Pavía
descubrió en 1898 (por cierto mediante fórmula notablemente azarosa), figuraría
hoy en mi activo y á mi nombre.
[277] Véase
la figura de la página 169, B. Estas redes, primero vistas por mí en los insectos, confirmadas
después por Fusari en los vertebrados, han sido estimadas por Veratti, ayudante
de Golgi, como el aparato reticular interno de la célula
contráctil. Igual opinión profesan otros autores.
[278] Cajal:
Fórmula de fijación para la demostración fácil del aparato reticular de Golgi y
apuntes sobre la disposición de este aparato en la retina, en los nervios y
algunos estados patológicos. Con 3 grabados. Trab. del Lab. de Invest.
biol., tomo X, 1912.
Idem: El aparato endocelular de Golgi de la célula de Schwann y algunas
observaciones sobre la estructura de los tubos nerviosos. Con 10
grabados. Idem, tomo X, 1912.
Idem: Algunas variaciones fisiológicas y patológicas del aparato reticular
de Golgi. Con 55 grabados. Idem, tomo XII, 1914. (Esta monografía,
sumamente extensa, es sin duda el trabajo de investigación de mayor envergadura
publicado hasta hoy sobre el argumento).
[279] Cajal: Loc.
cit. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo XII, 1914.
[280] Cajal:
Sobre un nuevo proceder de impregnación de la neuroglia y sus resultados en el
cerebro del hombre y animales. Trab. del Lab. de Invest. biol.,
tomo XI, 1918.
Véase también:
Contribución al conocimiento de la neuroglia del
cerebro humano. Idem, tomo XI, 1918.
Resúmenes del método sublimado-oro fueron
publicados también en Zeitschr. f. Wissensch. Mikros., etc. Bd.
XXXI. Referata, pág. 424, 1914, y en el Neurologisches Centralblatt,
1915. (Eine neue Methode zur Färbung der Neuroglia).
En fin, las modificaciones de pura comodidad
operatoria introducidas recientemente en el método, consígnanse en: El
proceder del oro-sublimado para la coloración de la neuroglia. Fascículos 3
y 4 del tomo XIV de los Trab. del Lab. de Invest. biol., Diciembre,
1916.
[281] Cajal:
Estudios sobre la degeneración y regeneración del sistema nervioso, tomo I,
1913; tomo II, 1914.
[282] S.
R. Cajal y D. Sánchez: Contribución al conocimiento de los
centros nerviosos de los insectos. Primera parte: Retina y centros
ópticos. Trab. del Lab. de Invest. biol., tomo XIII, 1915. (Con
85 grabados y 2 láminas cromolitográficas). Véase también cierta nota publicada
años antes: Nota sobre la retina de la mosca. Trab. del Lab. de Invest.
biol., tomo VII, 1909.
Actualmente redacto extenso trabajo (fruto de mis
vacaciones de 1916 en Santander) acerca de la estructura de la retina y centros
ópticos de los cefalópodos (con más de 50 grabados), destinado á Trab.
del Lab. de Invest. biol., fascículos 1 y 2, tomo XV, 1917.
[283] Con los
conocidos principios de la variación lenta y selección
de la modificación útil, no es posible explicar satisfactoriamente
muchísimas disposiciones, á saber: el paso en los mamíferos de la visión
panorámica á la visión de campo común, con súbita creación
del cordón óptico homolateral, á fin de evitar la diplopia; el
abandono en los mamíferos inferiores de las excelencias de la foseta
central retiniana de los reptiles y aves; las singulares coincidencias
estructurales del ojo y retina en animales sin parentesco filogénico (por
ejemplo: cefalópodos y mamíferos); y en general, todas las bruscas y
sorprendentes correlaciones de los centros nerviosos sobrevenidas á cada nueva
adaptación al medio de los órganos sensoriales y motores.
[284] Cajal:
La fotografía de los colores. Fundamentos científicos y reglas prácticas. (Con
55 grabados). Madrid, 1912.
[285] Citemos,
entre otras, Cajal: Recreaciones estereoscópica y
binoculares. La Fotografía. Madrid, 1901.
Idem: La fotografía cromática de puntos coloreados. La Fotografía,
1914.
Idem: Una modificación al proceder fotocrómico de Lumière á la fécula. La
Fotografía, 1916.
Idem: Las placas autocromas Lumière y el problema de las copias
múltiples. La Fotografía. Madrid, 1907.
Idem: Anatomía de la placa fotográfica. Idem, 1903.
Idem: Estructura de las imágenes fotocrómicas de Lippmann. Revista
de la Real Academia de Ciencias, etc. (Con 17 grabados). Abril 1906.
Una traducción alemana, con nuevos experimentos y
reglas prácticas, vió la luz en el Zeitschrift. f. wissenchaftliche
Photographie. Bd. V, H. 7, 1907.
Idem: Reglas prácticas sobre la fotografía interferencial de Lippmann. Ciencia
popular. Barcelona, Noviembre 1916.
Idem: Obtención de estereofotografías (proceder de Berthier-Ives) con un
solo objetivo. Revista de Física y Química, 1910.
Idem: Proceder heliocrómico por decoloración. Anales de la Sociedad
Española de Física y Química, tomo IX.
[286] Cajal:
Reglas y consejos sobre la investigación biológica, 4.ª edición, 1916.
[287] En
preparación (y algunos bastante adelantados) tenemos los siguientes libros:
El ojo y la retina de los invertebrados.
Ensayos de Psicología histológica.
Incongruencias de la vida y del espíritu.
La verdad y el error en la doctrina de la
evolución.
Pensamientos.
[288] Omitimos
multitud de artículos de índole científico-literaria, ó de tendencia política,
aparecidos en algunos periódicos é ilustraciones españolas.
[289] Enumero
solamente los trabajos efectuados en mi Laboratorio ó los inspirados por mis
descubrimientos en España.
[290] El Dr.
Rodríguez Lafora ha dado á luz en mis Trabajos y algunas
Revistas nacionales y extranjeras otras investigaciones interesantes, que no se
citan aquí por haber sido efectuadas en Laboratorios exóticos.
[291] El Dr.
Achúcarro ha publicado otros muchos é importantes trabajos que no se citan aquí
por haber sido efectuados en Laboratorios extranjeros.
Nota de transcripción
·
Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.
·
Se ha respetado la ortografía del original —que difiere ligeramente de
la actual—, normalizándola a la grafía de mayor frecuencia.
·
Se ha normalizado el uso de las rayas, se ha completado el
emparejamiento de comillas, admiraciones e interrogaciones y se ha puesto tilde
a las mayúsculas que la necesitan.
·
Se han corregido nombres propios, títulos, citas y expresiones en
lenguas distintas del castellano con ayuda de los repertorios bibliográficos en
línea.
·
Las erratas declaradas al final del volumen se han incorporado al cuerpo principal del
texto.
·
Las páginas en blanco han sido eliminadas.
·
Las notas a pie de página se han renumerado y se han colocado al final
del libro.
·
Se amplía el «Índice» con la inclusión de la «Lista de los libros y
folletos científicos del autor», con rango de capítulo.
·
Nótese que tras los capítulos XVI y XVII aparecen los capítulos
XVI bis y XVII bis por error de numeración en
el original impreso, como se declara al final de la «Fe de erratas».
·
Algunas ilustraciones se han desplazado ligeramente, para evitar que
interrumpieran un párrafo.
·
En las pp. 539 y 541 hay dos
figuras 159 distintas. Se las redenomina 159a y 159b.
End of the Project Gutenberg EBook of Recuerdos de
mi vida (tomo 2 de 2), by
Santiago Ramón y Cajal
*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RECUERDOS
DE MI VIDA (TOMO 2 DE 2) ***

