Libro N° 9600. La Democracia Proletaria Es La Democracia Verdadera. Hoxha, Enver.
© Libro N° 9600. La Democracia Proletaria Es La
Democracia Verdadera. Hoxha, Enver. Emancipación. Febrero
12 de 2022.
Título original: © La Democracia Proletaria Es La Democracia
Verdadera. Enver Hoxha
Versión
Original: © La Democracia Proletaria Es La Democracia Verdadera. Enver
Hoxha
Circulación conocimiento libre,
Diseño y edición digital de Versión original de textos:
https://www.marxists.org/espanol/enver/elibros/enver-hoxha-1978-democracia-proletaria.pdf
Licencia Creative
Commons:
Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar,
difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la
fuente.
La
Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras,
no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus
respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los
Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de
textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida
su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el
nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo
con fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o
reconstruir este texto.
Fondo:
https://fotos-bb2b.s3.eu-west-3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2021/08/05082819/imagenes-de-fondo-para-revistas-750x450.jpg
Portada E.O. de Imagen original:
https://www.marxists.org/espanol/enver/elibros/enver-hoxha-1978-democracia-proletaria.pdf
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
LA DEMOCRACIA PROLETARIA ES LA DEMOCRACIA
VERDADERA
Enver Hoxha
La Democracia Proletaria Es La Democracia Verdadera
Enver Hoxha
Enver Hoxha
La Democracia Proletaria Es
La Democracia Verdadera.
Compañeros y compañeras:
Como ya se han enterado, el Presidium de la
Asamblea Popular ha promulgado el Decreto sobre las elecciones de los diputados
a la Asamblea Popular para la 9ª Legislatura, elecciones que se celebrarán el
12 de noviembre próximo. En la presente reunión del Consejo General del Frente
Democrático analizaremos las tareas que se plantean a nuestra organización
relativas a la preparación de la campaña electoral y su conclusión con éxito.
Las elecciones a la Asamblea Popular constituyen un
gran acontecimiento político, que interesa directamente a todos los ciudadanos
de nuestra República, por el hecho de que habrán de elegir a los diputados al
órgano supremo del Estado, que representa y expresa la voluntad y la soberanía
del pueblo.
En nuestro país, las elecciones a la Asamblea
Popular siempre han sido una poderosa manifestación de la unidad del pueblo, de
su unión en torno al Partido, de su resolución de defender a la Patria y llevar
adelante la causa del socialismo en Albania. Estos notables rasgos se
manifestarán con una fuerza aún mayor también en las nuevas elecciones.
Al Frente Democrático le incumbe la tarea de hacer
esta campaña, bajo la dirección del Partido, un período de intensa actividad
política, económica y cultural de las amplias masas trabajadoras. La campaña
electoral deberá estimular vigorosamente el entusiasmo y el ímpetu en el
trabajo de la clase obrera, del campesinado cooperativista y de la
intelectualidad del pueblo para realizar las tareas en todos los terrenos,
particularmente para cerrar con éxito el plan estatal del presente año y
prepararse lo mejor posible para el año próximo.
El pueblo albanés acude a las nuevas elecciones
unido más que nunca en torno a la línea marxista-leninista del Partido, con
inconmovible fe en la justeza de esta línea y resuelto a aplicarla hasta el
fin. A nuestro pueblo le caracteriza un sano espíritu patriótico, un amor
infinito a la Patria socialista y una inflexible determinación de defender su
libertad, su independencia y su soberanía.
La aprobación unánime y el apoyo de todo el pueblo
albanés a la actitud de nuestro Partido y de nuestro Gobierno frente a los
actos contrarrevolucionarios y antialbaneses de la dirección revisionista
china, fueron una reconfirmación de sus estrechos lazos con el Partido, de su
resolución de enfrentar cualquier dificultad y desbaratar cualquier bloqueo y
cerco imperialista-revisionista.
Las elecciones de noviembre encuentran a nuestro
país con una poderosa economía, una economía estabilizada, dinámica y en
desarrollo armonioso e ininterrumpido. Esto es resultado de la justa línea
seguida por el Partido para el desarrollo y el progreso general del país.
La aplicación de las directrices del VII Congreso
del Partido ha permitido obtener éxitos en el desarrollo ulterior de la
industria, las construcciones y las comunicaciones. Gracias al infatigable
trabajo de la clase obrera, de nuestros técnicos e ingenieros de talento, se
han construido y se construyen combinados y fábricas, se producen artículos que
antes se importaban, se proyectan y se producen con nuestras propias fuerzas
equipos completos y máquinas nuevas. Continúan los trabajos de construcción en
el empleo siderúrgico, en la central hidroeléctrica de Fierza y en todas las
demás obras que fueron gravemente afectadas como consecuencia de la pérfida
suspensión de las ayudas chinas. En contra de los hostiles designios de los
revisionistas chinos, el Partido ha tomado todas las medidas necesarias para
que la construcción de esas obras finalice con éxito.
Grandes progresos ha hecho nuestra agricultura
socialista. Gracias al gran trabajo del campesinado cooperativista, a la ayuda
prestada por el Estado de dictadura del proletariado y al cuidado particular
del Partido, se han ampliado las superficies de tierras labrantías, se ha
extendido el sistema de riego, ha aumentado el empleo de los fertilizantes
químicos y se han mecanizado muchos procesos de trabajo en la agricultura y la
ganadería. Sobre esta base han aumentado los rendimientos de todos los cultivos.
Nuestra agricultura, que ya produce toda la cantidad de cereales de
planificación necesarios, satisface cada vez mejor las necesidades del pueblo y
de la industria en productos agrícolas y ganaderos.
Testimonio de la sana situación de nuestro país es
la vida feliz y optimista del pueblo, el aumento del bienestar, la elevación
del nivel educacional y cultural y el mejoramiento de su estado de salud.
Las elecciones de los diputados de la Asamblea
Popular encuentran a nuestro país más fuerte que nunca. Contamos actualmente
con un sistema de defensa invencible. Está siendo aplicada cada vez mejor la
directriz del Partido: la defensa de la Patria es un deber supremo. Todo
nuestro pueblo, con un elevado espíritu de amor patrio, se ha preparado y
prepara militarmente para hacer frente a cualquier situación. Las fronteras
terrestres, marítimas y aéreas de Albania son y serán siempre inviolables.
Albania socialista goza hoy un gran prestigio en el
mundo, se ha granjeado la simpatía y el apoyo de los verdaderos revolucionarios
y de sus numerosos amigos y simpatizantes en todos los países. Este es el
resultado de la política exterior justa, de principios y consecuente que
nuestro Partido y nuestro Estado han seguido y siguen, de la lucha resuelta que
el pueblo albanés ha llevado a cabo contra el imperialismo, el
socialimperialismo, el revisionismo moderno de todo matiz y la reacción.
Las nuevas elecciones a la Asamblea Popular
fortalecerán aún más el Poder popular, que nació de la gloriosa Lucha de
Liberación Nacional y se templó en las duras
5
batallas por la edificación del socialismo. Con su
voto libre y democrático, el pueblo albanés expresará su determinación de
preservar siempre pura y poderosa la dictadura del proletariado, la gran
garantía para llevar siempre hacia adelante la causa del socialismo en Albania.
Estas elecciones servirán como siempre a la ampliación y fortalecimiento
ulteriores de nuestra democracia socialista, que es uno de los rasos
fundamentales del Poder y de toda nuestra vida.
* * *
La República Popular socialista de Albania y
nuestra sociedad socialista difieren radicalmente de los Estados y las
sociedades capitalista-revisionistas de los diversos países del mundo. ¿En qué
consiste esta diferencia? En primer lugar, en la base económica, en la
estructura de la sociedad y en la superestructura que refleja esta base. La
base y superestructura en las sociedades capitalistas y revisionistas tienen
una estructura interna antagónica, mientras en nuestra sociedad socialista
están exentas de los antagonismos de clase y, como tales, se perfeccionan
continuamente.
En nuestra concepción de la base y la
superestructura, que caracterizan toda formación económica-social, nos guiamos
por los principios teóricos que nos han legado Marx, Engels, Lenin y Stalin.
Nuestro Partido ha asimilado y aplicado estos principios correctamente, teórica
y prácticamente y por eso nuestro país se ha transformado de un país antaño
económicamente pobre y atrasado en el aspecto cultural y educacional, en un
país libre, independiente y soberano, con una economía socialista desarrollada,
con una cultura, una enseñanza y una ciencia avanzadas, con una defensa
poderosa y una política exterior justa y de principios.
La ligazón y la cooperación de la base con la
superestructura, donde el papel principal corresponde a la base económica, así
como la incesante revolucionalización de nuestra superestructura socialista,
han creado en nuestra gente la convicción de que el camino en el que avanza
nuestra sociedad socialista es el justo camino. En el camino de la edificación
del socialismo, el papel de guía ha correspondido a la clase obrera, a su
vanguardia marxista-leninista, y es por ello que en este camino se han obtenido
grandes éxitos.
En la República Popular Socialista de Albania la
clase obrera, el campesinado cooperativista y los demás trabajadores ejercen el
poder a través de los órganos representativos, así como directamente. Aquí las
masas participan activamente en el gobierno del país, en la dirección de la
economía, en la discusión de las leyes y de los planes económicos, y en el
control de la actividad de los órganos del poder, etc. Les asiste el derecho de
expresar libremente sus opiniones sobre todos los problemas de interés social o
personal. Estos derechos se los ha asegurado el Partido a través de la
Constitución, y por eso sólo en Albania socialista es posible hablar, en toda
la acepción del término, de una verdadera democracia, proclamada no solamente
de palabra sino garantizada realmente. Estos derechos los han proclamado por
pura fórmula también las constituciones burguesas y revisionistas, pero éstas,
en realidad, no aseguran las premisas que permitirán llevar a la práctica estos
derechos proclamados. Fustigando el fraude burgués sobre la llamada igualdad de
derechos en el Estado capitalista, Stalin escribía que ellas (las
constituciones burguesas):
“hablan de la igualdad de los ciudadanos, pero
olvidan que no puede existir igualdad verdadera entre patrón y obrero, entre
terrateniente y campesino, cuando los primeros tienen la riqueza y el peso
político de la sociedad y los segundos son privados del uno y del otro; cuando
los primeros son explotadores y los segundos explotados”.1
Entre nosotros, el socialismo se construye con
éxito, en interés de las amplias masas populares, en los terrenos de la
economía, cultura, educación, ciencia, defensa, etc. Albania avanza
constantemente hacia la sociedad socialista avanzada, velando por salvaguardar
escrupulosamente la soberanía del pueblo. En la Constitución se dice: “Todo el
poder estatal en la República Popular Socialista de Albania emana del pueblo
trabajador y a él pertenece”.
El Partido ha trabajado y trabaja para que nuestro
país sea en todos los aspectos libre con respecto a los extranjeros, que
nuestro país sea enteramente independiente del exterior y que jamás sea
amenazado por las clases que nuestra revolución ha despojado de su poder
económico, político y moral.
La ideología marxista-leninista inspira y nutre a
nuestro Partido marxista-leninista, cuyo único objetivo es elevar el bienestar
del pueblo y llevar a cabo la edificación del socialismo bajo la dictadura del
proletariado. Un sistema económico-social socialista no puede vivir sin una
democracia proletaria verdadera, sin una estrecha y sincera colaboración entre
las diversas capas de las masas trabajadoras, que el Partido las hace
conscientes. Nuestra sociedad se distingue por el hecho de que es gobernada por
las leyes de la dictadura del proletariado y de la democracia socialista, es
consciente de que los derechos y los deberes de los ciudadanos se han definido
sobre la base de la conciliación de los intereses de la sociedad y del
individuo, dando prioridad al interés general. La prioridad del interés general
debe ser en principio por el que cada uno se guíe en sus pensamientos y en sus
aspiraciones. Para que el interés general pueda tener primacía y se realicen
los beneficios que aporta nuestro sistema socialista, se1 requiere
absolutamente una vasta participación de las masas trabajadoras en la dirección
del Estado de dictadura del proletariado y de la economía.
11. J. V. Stalin, Obras, t. XIV, pág. 61, ed.
albanesa.
7
Podemos afirmar con orgullo que nuestro país es
verdaderamente socialista. No hay en el mundo otro país como el nuestro, donde
los ciudadanos sean tan iguales delante de la ley, donde la diferencia de los
salarios entre el obrero y el funcionario sea tan reducida. La proporción entre
el salario de un obrero y el sueldo del más alto funcionario es de 1:2. Los
extranjeros hacen la pregunta: ¿Cómo es posible que el alto funcionario tenga
un sueldo tan poco superior al salario del obrero? No es difícil responder a
esta pregunta. En nuestro país ocurre así, porque el Estado de dictadura del
proletariado, con sus justas leyes, ha sancionado los principios
marxistas-leninistas sobre los salarios. Refiriéndose a este problema, Lenin
escribía que el viraje de la democracia burguesa a la democracia popular es “la
abolición... de todos los privilegios pecuniarios de los funcionarios, la
reducción de los sueldos de todos los funcionarios del Estado hasta el nivel
del ‘salario de un obrero’”.2
Una de las medidas que adoptó la Comuna de París y
que Marx la puso de relieve, ha sido precisamente la reducción de los sueldos
de los funcionarios. Nosotros no permitimos abusos en la aplicación del
principio de la remuneración según el trabajo, por eso aquí no se ha creado ni
se creará alguna capa de trabajadores que se coloque por encima de los demás y
tome decisiones conforme a sus propios deseos e intereses.
En la República Popular Socialista de Albania no
sólo se le ha cortado el camino, por ley, a las tendencias revisionistas, sino
que se realiza un gran trabajo de educación tendente a elevar el nivel de
conciencia de los hombres, de modo que cada trabajador sea remunerado según la
cantidad y la calidad del trabajo que realiza. Excepto algunas personas
degeneradas, la inmensa mayoría de nuestra sociedad considera como un gran
deber limpiar su conciencia de las supervivencias capitalistas. Entre nosotros
se ha logrado fortalecer el amor y el respeto por el prójimo. Cada uno es
esfuerza pacientemente para ayudar a su compañero a corregir los errores y a
condenar su gesto cuando éste viola las leyes que rigen las relaciones
jurídicas y las normas socialistas de nuestra sociedad.
Esta situación revolucionaria se ha realizado
porque entre nosotros se aplican consecuentemente la libertad de expresión, la
discusión amplia y profunda de los más diversos problemas por las masas, la
verdadera democracia proletaria. Es así como se explica nuestra situación.
Que digan lo que quieran los que piensan que en
Albania no hay, por decirlo así, libertad para los ciudadanos, que no hay
supuestamente democracia, no hay muchos partidos ni debates sin fin en el
parlamento. En nuestro país existe, en las formas más apropiadas y más
democráticas, la completa libertad para las masas trabajadoras, si no el país
no podría florecer como está floreciendo, no podría lograrse la unidad
monolítica del pueblo con el Partido. Precisamente aquí, en la unidad
Partido-pueblo, reside la llave de nuestras victorias, y es por eso que los
enemigos capitalistas y revisionistas quieren enmohecer esta llave de oro,
calumniando de la manera más cínica.
2. V. I. Lenin, t. XXV, pág. 496, ed. albanesa.
Si un extranjero, sea burgués o revisionista,
escucha las intervenciones de los representantes del pueblo en nuestra Asamblea
Popular, podría decir: Aquí no hay debates como en nuestros parlamentos, esto
no es normal. Es verdad que en la Asamblea Popular no hay debates por el gusto
de los debates, pero esto no significa que falte al debate. El problema
político o económico, que se ha sometido al examen de la Asamblea Popular, ha
sido de antemano objeto de debates, discusiones y propuestas ardientes y constructivas
en el seno mismo de las masas trabajadoras y de sus organizaciones, debates que
los diputados siguen para escuchar la voz de las masas, participando en ellos
activamente. Nada ha marchado como sobre ruedas, en calma, según los deseos de
unos o de otros, o bien por imposición desde arriba, sino, por el contrario,
todo se ha considerado desde el punto de vista del interés general. Puesto que
los asuntos se han debatido y examinado cuidadosamente antes de someterse a la
aprobación del órgano supremo del Poder estatal, ¿por qué habría que realizar
debates por el solo gusto de debates, gritar y vociferar en nuestra Asamblea
como en los parlamentos burgueses “para manifestar la democracia”?
No es verdad que no haya debates en nuestros
órganos del Poder estatal, sea en la Asamblea Popular o en los consejos
populares a todos los niveles. Cuando se discute sobre un plan o una ley, no ya
en los órganos del Poder sino también en las reuniones de los trabajadores, se
hacen numerosas intervenciones, que dan a nuestras reuniones el carácter de un
gran debate popular, que profundiza en todos los aspectos del problema para
encontrar la solución más justa. Estos debates no se los encuentra en ningún país
del mundo capitalista-revisionista. Por tanto, también en este sentido aparece
la gran superioridad de la nueva sociedad socialista para cuyo desarrollo,
fortalecimiento y defensa debemos trabajar siempre, como nos enseña la
ideología marxista-leninista. Esta sociedad y esta ideología son las que crean
las posibilidades para desarrollar las virtudes de los hombres; que crean las
condiciones más apropiadas para el desarrollo de la economía en el interés
general y no en el interés de una clase de explotadores. La sociedad socialista
y el marxismo-leninismo nos indican el camino para encontrar continuamente los
más perfectos métodos de administración de los valores materiales y morales del
pueblo y como poner estos valores al servicio de la Patria.
En todas las formaciones económico-sociales no
socialistas, en todos los Estados capitalistas y revisionistas, la sociedad no
es dirigida por la clase obrera, ni, en consecuencia, por su partido
revolucionario que se nutre de la teoría de Marx y de Lenin. Allá existen
diversas clases antagónicas, dirigidas por sus propios partidos que no
representan los intereses verdaderos de las masas, sino los de la aristocracia
obrera o de la gran aristocracia burguesa. Estos partidos pretenden hacer creer
que, en su actividad política, chocan entre ellos y que supuestamente
desarrollan una lucha “democrática” parlamentaria, pero en los parlamentos
burgueses “no se hace más que charlar, con la finalidad especial de embaucar al
‘vulgo’”.3
Los Estados donde dominan los partidos políticos de
la burguesía, aunque se hacen llamar “democráticos”, en realidad en su
actividad no tienen ni un ápice de democracia ni de libertad verdadera,
individual o social.
La “democracia” en algunos países no socialistas se
expresa por fórmula en la organización de muchos partidos, los cuales, en el
curso de la campaña de las elecciones parlamentarias, ejerciendo una poderosa
influencia sobre las masas trabajadoras, embaucándolas, así como manipulando el
procedimiento de las elecciones y sus resultados, logran tener cada uno un
grupo de diputados en el parlamento. Los diputados de esos partidos no son sino
politiqueros invertebrados y especializados en la defensa del régimen en el
poder, en el reforzamiento de la posición de los trusts y los monopolios en el
Estado capitalista. En el parlamento se presentan con que han dado al país y al
pueblo la “libertad” y la “democracia”. Aunque los diputados burgueses, como un
molino que gira en el vacío, discurren sobre los “derechos humanos”, allá, a
fin de cuentas, domina el capitalismo, domina la gran burguesía, que de vez en
cuando comparte el poder con la burguesía media y mantiene bajo su dominación
al proletariado, al campesinado pobre y al resto de los trabajadores, como los
artesanos y los intelectuales pobres, que el paro forzoso y el hambre han
reducido a una capa social revolucionariamente débil. Estaos desgraciados
electores deciden, como dice Marx:
“...una vez cada tres o seis años... qué miembros
de la clase dominante han de representar y aplastar al pueblo en el
parlamento”.4
Los partidos políticos, en el poder o en la
oposición, han organizado sus sindicatos, a los que dirigen bajo formas
supuestamente democráticas para que organicen actos de protesta o presenten
reivindicaciones. Todas las protestas y las reivindicaciones promovidas por
dichos partidos no tienen carácter político, no tiende al derrocamiento del
régimen capitalista, que explota implacablemente a los trabajadores, sino que
tienen por objetivo conseguir ciertas reformas económicas que son tan
insignificantes que no molestan mucho a la burguesía (y es por eso que ella de
vez en
3. V. I. Lenin. Obras. t. XXV. pág. 501, ed.
albanesa.
4. C, Marx y F. Engels, Obras escogidas, t. I. pág.
546, Tirana 1975.
cuando satisface esas demandas) ni aportan ningún
beneficio substancial al proletariado y a las otras capas oprimidas y
explotadas. Pero estas “reivindicaciones” tienen su importancia para los
defensores del orden burgués, porque ellas sirven a crear en la opinión la
falsa impresión de que la clase obrera y los otros trabajadores hacen escuchar
“libremente” su palabra en el capitalismo. Para convencerse de todo el carácter
fraudulento de estas prácticas, basta recordar que, cuando las reivindicaciones
de las masas trascienden los límites fijados por los partidos políticos y
cuando éstas insisten en obtener realmente las libertades y los derechos que
les corresponden, entonces intervienen las fuerzas de defensa del orden
capitalista y las ahogan en sangre. La historia mundial conoce la infinidad de
hechos de este género.
La fraudulenta tesis de que en su sistema social
hay “democracia”, los capitalistas se esfuerzan en demostrarla con el trivial
argumento de que allá los partidos políticos cuentan con su propia prensa, en
la que pueden expresar sus puntos de vista acerca de los problemas que afectan
al país, sobre el poder y sobre sus hombres. Denunciando la “libertad de
prensa” invocada por la burguesía, Lenin escribía:
“Los capitalistas... llaman ‘libertad de prensa’ a
una situación en que la censura está suprimida y todos los partidos editan sin
trabas cualquier periódico. En realidad, esto no es libertad de prensa, sino
libertad para los ricos y la burguesía de engañar a las masas oprimidas y
explotadas del pueblo”.5
Pero ¿qué es en realidad la democracia burguesa? Es
una forma de dominación de la burguesía, mientras que los derechos y las leyes
proclamados “para todos” allá tienen un carácter puramente formal y
fraudulento, porque, en las condiciones de existencia de la propiedad privada,
faltan los medios socioeconómicos que aseguran su efectiva aplicación. Con esta
democracia burguesa se puede criticar a uno y a otro en la prensa, en diversas
reuniones o en el parlamento, se puede criticar a un partido o a un gobierno
que llega al poder, se puede charlar todo lo que se quiera, pero no se puede
cambiar nada, uno se ve obligado a limitarse sólo a las palabras, ya que el
poder económico y político capitalista, con sus aparatos, está preparado a
abalanzarse como una fiera contra quienquiera que se levante con actos contra
la clase dominante, contra la oligarquía financiera. Recordando el rigor con
que la burguesía francesa castigó a los obreros después de la insurrección de
junio de 1848, F. Engels escribía:
“Era la primera vez que la burguesía ponía de
manifiesto a qué insensatas crueldades de venganza es capaz de acudir tan
pronto
5. V. I. Lenin, Obras. t. XXV, pág. 444. ed.
albanesa.
como el proletariado se atreve a enfrentarse con
ella, como clase aparte con intereses propios y propias reivindicaciones”.6
¿Acaso podemos calificar de “democracia” la forma
de poder de la burguesía, que se apoya en el principio de la sumisión de la
mayoría a la minoría? No, en absoluto. Es una democracia únicamente por sus
apariencias, que no aporta ningún beneficio a las masas del pueblo. Esta
“democracia” no asegura al pueblo ninguna libertad verdadera, no hace que el
país sea independiente de los otros Estados política, económica o militarmente
más poderosos. Esto ocurre porque esta clase de democracia está ligada con otras
“democracias” capitalistas más poderosas, que le imponen su propia voluntad. El
capital, nacional o internacional, les impone a las amplias masas trabajadoras
su voluntad, sus deseos y sus puntos de vista. Cuando en los países
capitalistas y revisionistas alguna cosa es presentada como “voluntad de las
masas trabajadoras”, es preciso comprender que, en realidad, detrás de ella
está la voluntad de la aristocracia obrera.
Las leyes que son aprobadas por los parlamentos
burgueses y revisionistas expresan la voluntad de las clases dominantes y
defienden sus intereses. Estas leyes benefician a los partidos del capital, que
constituyen la mayoría en el parlamento. Pero no dejan de aprovecharlas también
los que supuestamente están en la oposición y que a menudo representan los
intereses de la aristocracia obrera y de los kulaks. Estos partidos “de
oposición”, que supuestamente están en contradicción con los partidos que han ganado
la mayoría de los escaños en el parlamento y que apoyan al gran capital, hacen
mucho ruido “critican”, etc., pero su vocinglería no pone fin ni al paro
forzoso, ni a la emigración, ni a la inflación. A pesar del griterío de la
oposición en el parlamento, los precios suben, la vida se corrompe y degenera,
los asesinatos y los robos a mano armada en la calle, el secuestro de personas
de día y de noche, se vuelven cada vez más inquietantes. ¡Este caos y esta
confusión, esta libertad de los malhechores para perpetrar crímenes, los
capitalistas y los revisionistas los califican de “democracia verdadera”!
Y en este complejo amoral se desenvuelve el famoso
poder democrático-burgués, que es dominado por muchos partidos burgueses en los
Estados capitalistas, o por un partido antimarxista como en la Unión Soviética,
en la Yugoslavia titoísta y en algunos otros países de ex-democracia popular,
ahora transformados en países capitalistas.
El llamado pluralismo, hasta la época de la
propagación del revisionismo moderno, titoísta y jruschovista, se limitaba a la
participación de los partidos seudodemocráticos, tales como los partidos
radicales, socialistas, socialdemócratas y muchos otros partidos de nombres
análogos en el poder de opresión capitalista. Cuando la Unión Soviética de
Lenin y de Stalin fue destruida por el revisionismo jruschovista,
6. C. Marx y F. Engels, Obras Escogidas, t. I, pág.
496. Tirana 1975.
12
cuando el titoísmo dentó las bases del régimen
capitalista en Yugoslavia, los demás partidos comunistas, a excepción del
Partido del Trabajo de Albania, degeneraron y se convirtieron en partidos
revisionistas, en partidos reformistas, en partidos que buscaban la estrecha
colaboración con los partidos del capital, para gobernar la sociedad
burgués-capitalista. Este objetivo lo han proclamado ahora abiertamente los
partidos revisionistas de Francia, Italia, España, Bélgica, etc.
Son superfluas las explicaciones para demostrar que
la participación en el poder de muchos partidos burgueses, capitalistas,
revisionistas y fascistas en los países capitalistas e imperialistas, como en
los Estados Unidos de América entre otros, no ha transformado en absoluto sus
sociedades, de reaccionarias en progresistas. Por el contrario, en el
imperialismo la democracia hace un viraje hacia la reacción. No es progresista
ni democrática la sociedad que defiende al régimen de explotación y de apoya en
él. Asimismo, la existencia de un partido único en el poder, cuando este
partido no sigue la línea marxista-leninista, es decir, cuando no es un partido
del proletariado, jamás puede conducir a la edificación del socialismo. Por el
contrario, un partido tal, como quiera que se haga llamar, “marxista” o
“marxista-leninista”, en realidad es un partido de la burguesía o un partido
fascista, que se encarga de financiar la propiedad privada o estatal
capitalista, para alimentar a una nueva clase de dominantes.
Un partido tal necesita conservar ciertas formas
supuestamente marxistas y se esfuerza en darle formas y denominaciones
socialistas también al poder que dirige, pero su esencia y sus objetivos, así
como los del Estado, son antisocialistas, porque tiende a realizar la
transformación regresiva del país y restaurar el capitalismo. La burguesía
nueva, en este caso, se apropia gradualmente del poder a costa del proletariado
y de sus aliados naturales. Este proceso se ha verificado en Yugoslavia, en la
Unión Soviética y en muchos otros países antaño de democracia popular, donde no
existe el pluralismo de los partidos. En estos países, el capitalismo ha sido
restaurado a través de diversas formas, y una clase de nuevos explotadores se
anima y toma fuerza. Si el país que sufre esta regresión es importante por si
territorio, población y potencial económico, su Estado se convierte en
socialimperialista, si, por el contrario, es pequeño, se hace un satélite del
capitalismo mundial, un Estado dominado por los capitales extranjeros y el
neocolonialismo, que explotan las riquezas del país y el sudor del pueblo. Por
lo tanto, todos los Estados llamados democráticos, tanto bajo el sistema del
pluralismo, como bajo la dominación de un partido único, que no es
marxista-leninista, no quieren reemplazar la vieja sociedad capitalista
explotadora por una sociedad nueva, socialista. En esta vieja sociedad, donde
existe la propiedad privada y la dominación capitalista, no puede haber
libertad, democracia, independencia y soberanía verdaderas para el pueblo.
Lenin nos enseña que:
“Sólo la dictadura del proletariado podrá emancipar
a la humanidad de la esclavitud que le impone el capital, de las mentiras,
falsedades e
13
hipocresía de la democracia burguesa que rige para
los ricos, y brindar la democracia para los pobres, es decir, logra que los
obreros y campesinos pobres tengan un verdadero acceso a los beneficios que
otorga la democracia...”.7
La explotación capitalista no puede realizarse sin
una propaganda política intensa, que sirva a desorientar a la gente, y sin una
serie de leyes férreas que limiten al máximo los derechos de los trabajadores.
El gran aparato de propaganda a disposición de la burguesía, actúa en todo
momento contra el proletariado y su dictadura, contra los pueblos que se han
levantado en lucha para defender sus derechos. Todo el potencial económico y
político de las sociedades capitalistas -revisionistas se encuentra en manos de
un grupo de magnates, de ricos, los cuales han creado una vasta y poderosa red
de mecanismos estatales, a fin de mantener su poder en pie mediante la
violencia. En función de este objetivo están el ejército, la policía, los
agentes, los tribunales y otros órganos de dominación de clase, que castigan
severamente toda oposición, individual o colectiva, del proletariado y demás
trabajadores y que reprimen las revueltas populares.
Los defensores burgueses y revisionistas del Estado
capitalista presentan la nacionalización de ciertos sectores económicos, del
transporte, etc., como un signo de “transformación” del sistema capitalista.
Según ellos, este proceso de “transformación” puede ir aún más lejos si el
proletariado se vuelve “razonable” y “moderado” en sus reivindicaciones, si
obedece a los partidos políticos traidores y a los sindicatos manipulados por
éstos. Estos “teóricos” son reformistas porque, a través de las reformas, pretenden
transformar el Estado capitalista en Estado socialista. El capital ha
introducido reformas estructurales en diversos países capitalistas,
revisionistas imperialistas, pero ellas no han conducido a la victoria de la
revolución y de los revolucionarios, al contrario, han creado precisamente la
situación que ha salvado el capital de su destrucción y ha protegido a la clase
explotadora de sus sepultureros.
El revisionismo moderno ha puesto en el orden del
día el reformismo, que constituye la esencia de sus concepciones, teorías y
prácticas. El reformismo se opone a la ideología marxista-leninista y a la
demolición del capitalismo mediante la revolución violenta. El motor de la
revolución proletaria es la implacable lucha de clases, la lucha del
proletariado y de sus aliados, el campesinado pobre las demás capas oprimidas,
contra la burguesía, el capital monopolista de Estado, el capital financiero,
mientras que el reformismo niega la lucha de clases, la revolución socialista y
la dictadura del proletariado.
Así pues, el reformismo es el sepulturero de la
revolución, es la antítesis del marxismo-leninismo, por eso lo han abrazado los
partidos revisionistas de diversos países a partir de la Unión Soviética,
Yugoslavia, China, los antiguos países socialistas,
7. V. I. Lenin, Obras t. XXVII, pág. 424-425, ed.
albanesa.
14
y los partidos revisionistas de todos los países y
continentes del mundo. Con la finalidad de sofocar la revolución y deformar las
tesis fundamentales del marxismo-leninismo, algunos partidos, que se hacen
llamar “eurocomunistas”, echaron por la borda sin tapujos la teoría
marxista-leninista. Estos partidos, con el Partido “Comunista” de España a la
cabeza, han abandonado el leninismo. El Partido “Comunista” de España ha
llegado hasta el punto de suprimir el nombre de “leninista” para dar a entender
a la burguesía que ya se había superado el período cuando el proletariado
pretendía subvertir el capitalismo y tomar el poder mediante la violencia, que
los partidos revisionistas se encuentran en la fase de su transformación en
partidos de la burguesía y están dispuestos a dar cualquier prueba para ganar
la confianza del capital nacional e internacional.
Tampoco la cuestión del progreso tecnológico y
científico puede confundirse con la transformación revolucionaria de la
sociedad, con la liberación del proletariado y de todos los trabajadores del
viejo sistema de explotación ni con la transición al nuevo sistema socialista.
La tecnología y la ciencia avanzadas son el fruto del ingenio de los hombres,
de los obreros y los intelectuales, pero en los regímenes sociales
explotadores, la técnica y la ciencia se ponen al servicio de las clases
dominantes para reforzar sus posiciones económicas, políticas e ideológicas
dentro y fuera del país. El desarrollo de la ciencia y la técnica y el aumento
del número de especialistas, no pueden sanar las heridas del capitalismo, como
lo pretenden los ideólogos de la burguesía y del revisionismo. La experiencia
demuestra que, como quiera que sea el desarrollo de las fuerzas productivas y
el progreso de la ciencia y la técnica, la revolución socialista violenta para
pasar del capitalismo al socialismo continúa siendo insustituible.
Nuestra teoría marxista-leninista ha demostrado con
la máxima claridad que es imposible ir a la sociedad socialista no rompiendo
los marcos del régimen capitalista, que esa meta se alcanza destruyendo hasta
sus fundamentos ese régimen y sus instituciones, instaurando el poder del
proletariado, dirigido por su vanguardia, el partido comunista
marxista-leninista.
La política de nuestro Partido y nuestro Estado
defiende a los oprimidos que se levantan en revolución y combate a los
opresores, destinados a desaparecer como clase. Nuestro Partido dice
abiertamente que la supresión de los explotadores sólo puede realizarse
mediante la lucha, mediante la revolución violenta y no mediante reformas, sean
de estructura o de superestructura. Para lograr la completa y verdadera
liberación de la clase obrera y de todos los trabajadores del mundo, es preciso
subvertir el viejo poder e instaurar en su lugar el nuevo poder, el poder del
proletariado.
Estamos en contra de la descentralización de la
economía socialista y combatimos implacablemente la teoría
capitalista-revisionista de la “autogestión”, de la “autoadministración de las
empresas”, que el titoísmo y sus amigos, con el concurso de los traidores
Bequir Balluku, Abdyl Këllezi, Koço Theodhorsi y otros, buscaban introducir
subrepticiamente en nuestro país. La economía socialista de nuestro país se
15
desarrolla sobre bases científicas, según un plan
único general, a fin de satisfacer todas las necesidades materiales y
culturales de la sociedad. Nuestra Constitución estipula: “El Estado organiza,
dirige y desarrolla toda la vida económica y social en base a un `plan único y
general...”
Nuestro Estado tiene el derecho y el deber de
supervisar la realización de este plan en todos sus eslabones e índices. Esta
supervisión se realiza a través del control obrero y campesino, a través del
control estatal y del control del Partido y de las organizaciones de masas, que
son formas de control proletario.
Este control efectivo, desde luego, se apoya en la
entera libertad de crítica y una elevada conciencia autocrítica, que
contribuyen a la buena marcha del trabajo, a la justa comprensión de las tareas
y a la educación comunista de los hombres. El control de la realización de las
tareas del plan es un problema complejo del Estado de dictadura del
proletariado, de la política del Partido, de nuestra ideología
marxista-leninista, y se integra en la gran obra dirigida por el Partido.
La burguesía capitalista y los revisionistas nos
atacan por el hecho de que nos apoyamos firmemente en la dictadura del
proletariado. Nos acusan a nosotros, los comunistas, ¡de no respetar en nuestra
sociedad la personalidad humana! Esta acusación es una grosera calumnia
tendente a encubrir la cruel opresión del proletariado y del pueblo trabajador
por el capital. La existencia de las clases antagónicas es la base de la
opresión de la personalidad humana y de las masas trabajadoras. Por el
contrario, si es que existe un sistema social que libera verdaderamente al
hombre de sus angustias, de sus tormentos, de los sentimientos mezquinos, de
las viejas supervivencias idealistas, éste es el sistema social socialista, que
realiza la supresión de las clases explotadoras y de la propiedad y que pone
fin a la explotación del hombre por el hombre.
La destrucción del poder de las clases
explotadoras, que ejercen una bárbara dominación sobre los trabajadores, y la
instauración del poder de la clase obrera, liberan al hombre y le colocan en un
pedestal, le hacen trabajar con ardor, dirigir con una conciencia pura,
criticar cuando hace falta y elogiar cuando hace falta. El socialismo coloca a
la persona humana en una posición que le permite ver y sentir que no está
aislada del resto del mundo, sino que es miembro de una sociedad nueva, la cual
tiene por objetivo el progreso del individuo en el marco del desarrollo de la
sociedad. En esta sociedad el hombre pasa a ocupar el lugar que le corresponde,
sobre la base de sus capacidades y el trabajo que realiza, siendo libre de
trabajar y gozar los frutos de su trabajo. Ni el burgués, ni el capitalista, ni
el revisionista pueden concebir la libertad del individuo en nuestra sociedad,
porque miden la personalidad con su medida de la estandarización y de la
manipulación de los hombres.
Aceptando la independencia del individuo con
respecto a la sociedad, las clases explotadoras tendían a asegurar privilegios
para la gente de su clase, dotarla de saber, de libertad y competencias para
dominar y dirigir a los otros. Nuestro régimen ha cortado
16
las raíces del individualismo burgués y ha creado
al individuo y a la sociedad posibilidades ilimitadas de todos los derechos y
de todas las libertades constitucionales.
Naturalmente, el capitalismo y su propaganda
combaten y continuarán combatiendo nuestra realidad socialista, nuestra
dictadura del proletariado, ya que no pueden conciliarse con nuestra moral que
prohíbe explotar económica, política y moralmente al hombre y pisotear sus
libertades. Pero ninguna propaganda o “teoría” idealista, sean capitalistas o
revisionistas, pueden empañar nuestra realidad socialista.
El mundo capitalista se ha hundido en una profunda
crisis. Obligados por la realidad, los abogados del régimen burgués, los
economistas y sociólogos de la burguesía, ven que las tesis de Marx y Lenin
sobre el capitalismo y el imperialismo no han caducado, que, como éstos lo
habían previsto, en la sociedad capitalista actual se produce el proceso de
putrefacción del capitalismo y del imperialismo, pero, para salir de esa
crisis, estos defensores del viejo orden suscitan con gran ruido la cuestión de
la “lucha contra el terrorismo”, la necesidad de impedir revueltas y la
revolución de las masas trabajadoras contra el régimen capitalista, o de la
lucha contra los “disturbios”, como llaman a estos movimientos. De lo
contrario, afirman con tristeza estos sociólogos y economistas de la burguesía,
el capitalismo no puede salir de la crisis ni “estabilizar” su sistema.
En los países capitalistas y revisionistas, donde,
como se pretende, el hombre goza de las libertades democráticas y de todas las
demás “ventajas”, bullen las protestas de las masas. Si verdaderamente allá
hay, como se dice, libertad y las masas gozan de todos los bienes materiales,
entonces ¿por qué millones de personas ganan las calles y se enfrentan a la
policía al servicio de la burguesía? Claro está que las masas protestan porque
sus condiciones de vida no son buenas, porque sufren económicamente, políticamente
y en muchos otros aspectos, y por eso intentan derrocar el Estado que se opone
a la verdadera democracia.
El Estado burgués del período dela dominación del
capital monopolista de Estado pretende dar la impresión de que en esos países
la ley la hace el parlamento, donde los diversos partidos están representados
por sus delegados supuestamente elegidos mediante sufragio universal. Pero es
de público conocimiento que el sistema electoral y las numerosas restricciones
fijadas por la ley, hacen que la mayoría en el parlamento la tengan siempre los
partidos políticos que son los más firmes pilares del capital. El juego
parlamentario en dichos países es una mascarada, un medio que sirve al poder de
la burguesía a dar la falsa impresión de que allá reina la “democracia” y a
hacer pasar la falsa democracia por verdadera. En los órganos superiores del
poder estatal y de la administración estatal capitalista y revisionista
participan los ·delegados” de ese poder no sancionado por la ley, que se
mantiene formalmente fuera del gobierno, pero que, de hecho, está en el poder.
Este es el poder de los grandes capitalistas que, haciendo uso del poder del
dinero, han llevado, tanto al gobierno como al parlamento, a sus factótums
aptos para defender sus intereses contra los elementos “turbulentos”,
17
contra aquellos que se sublevan y quieren
conquistar los derechos que los capitalistas les han arrebatado. Los defensores
del capitalismo y del revisionismo han bautizado todo este batiburrillo
“democracia verdadera”.
Lenin ha indicado que, en ciertos casos, la tribuna
del parlamento burgués puede ser utilizada por los revolucionarios como una de
las formas de su trabajo legal para desenmascarar el sistema capitalista. Pero
subraya al mismo tiempo que este trabajo no debe crear en los comunistas y las
masas la ilusión de que el poder puede ser tomado por vía parlamentaria.
En la sociedad burgués-capitalista y revisionista,
el “cretinismo parlamentario” es la forma de “democracia” que la burguesía
emplea para encubrir la naturaleza opresiva de su poder estatal, al que domina
a través de la mayoría de escaños que obtiene en las elecciones. Pero, además
del poder estatal, la burguesía domina también el fuerte poder extraestatal, es
decir, los monopolios, los trusts, las sociedades mixtas y sus inversiones
dentro y fuera del país. Este poder de la gran propiedad privada constituye la
fuerza económica que se apropia del sudor de los trabajadores en el país y en
el extranjero y está en condiciones de fortalecer la superestructura que más se
adapte a la feroz dominación capitalista. La superestructura burguesa tiende a
aplicar una política de esclavización de los pueblos, a crear una fuerza
militar, ideológica y política contra el proletariado, el campesinado pobre y
los intelectuales trabajadores, asimismo tiende a hacer degenerar y a socavar
las normas de la moral proletaria, para propagar la moral burguesa en toda su
bajeza.
El parlamento burgués abre sus puertas a los
“elegidos”, pero la dictadura de la burguesía hace su trabajo; allá se suceden
debates y votaciones sin fin, mientras las cosas marchan como quieren los que
hacen la ley, los ricos, los propietarios de los trusts, de los monopolios y
los bancos, cuyo poder, verdadero segundo Estado capitalista, manipula el
parlamento y el gobierno, incluso si esta manipulación no está prevista en las
constituciones vigentes. Partiendo de todo ello, Lenin escribía:
“...en cualquier país parlamentario... la verdadera
labor “estatal” se hace entre bastidores y la ejecutan los ministerios, las
oficinas, los Estados Mayores”.8
En Albania, los consejos de liberación nacional,
que se crearon bajo la dirección del Partido en la época de la Lucha
Antifascista de Liberación Nacional y que se consolidaron después del
socialismo, son órganos de la dictadura del proletariado elegidos por el pueblo
y que representan la voluntad y las aspiraciones del pueblo trabajador. Los
órganos representativos del pueblo en el poder estatal, son a Asamblea
8. V. I. Lenin, Obras Escogidas, t. II, pág. 174,
Tirana 1958.
18
Popular y los consejos populares. Según la
Constitución de la República Popular Socialista de Albania: “Los órganos
representativos dirigen y controlan la actividad de todos los demás órganos
estatales, que son responsables y ronden cuentas ante ellos”.
La democracia entre nosotros no es ningún juego
para engañar a las masas, ella se materializa en la práctica. Aquí no hay dos
poderes, el uno reconocido por la ley y el otro de facto, sino un poder estatal
único, que emana del pueblo y que pertenece a éste. Nuestro Estado es Estado de
dictadura del proletariado, que ha creado sus propias leyes y aparatos
revolucionarios, un nuevo método y un nuevo estilo de trabajo, y que expresa y
defiende los intereses de los trabajadores.
En nuestro país no es la violencia la que lleva a
la gente a aplicar las leyes establecidas por el Estado de dictadura del
proletariado, sino la plena convicción de que la aplicación de las leyes va en
su propio beneficio y en el de la sociedad. Nuestro pueblo aplica las leyes de
manera consciente, porque participa poderosamente en su elaboración.
En los países capitalistas y revisionistas la ley
es aplicada por medio de la violencia feroz de la burguesía; allá no se puede
aspirar a la realización libremente consentida de la ley por el pueblo, dado
que su contenido está en flagrante oposición a sus intereses. Evocando el
carácter injusto de la ley burguesa, Marx decía:
“Cada capítulo de la Constitución contiene, en
efecto, su propia antítesis... En la frase general, la libertad, en el
comentario adicional, la anulación de la libertad”.9
El ciudadano en dichos países es una mercancía,
tratado precisamente como una mercancía, mientras que entre nosotros cada
ciudadano de la república es apreciado en sumo grado y desempeña un gran papel
en la sociedad. Para que el ciudadano juegue este papel lo más activamente
posible, hace falta que eleve aún más su nivel de formación ideológica,
política, cultural y científica y que tome conciencia de su papel.
Compañeras y compañeros:
Al Frente Democrático le incumbe luchar
incansablemente por la salvaguardia y el desarrollo de nuestra democracia, de
esta gran conquista del Partido y del pueblo, por la aplicación de las leyes y
las normas que rigen la vida socialista.
Debe trabajar sin descanso para recoger cada vez
mejor la opinión de las amplias masas trabajadoras, ayudarlas a decir su
palabra sobre todos los problemas estatales y
9. C. Marx y F. Engels, Obras Escogidas, t. I, pág.
265, Triana 1975.
19
sociales, y hacer que los obreros y los campesinos
ejerzan su control sobre los órganos del Estado, de la economía etc.
Nuestro Frente Democrático no es una organización
amorfa, sin vida. Al contrario, es una organización animada de un dinamismo
político tal que considera cada problema a través del prisma revolucionario y
encuentra las formas más apropiadas para resolverlo revolucionariamente.
El Frente Democrático es dirigido por el Partido
del Trabajo de Albania, es decir, por la vanguardia de la clase obrera, y
expresa los pensamientos, las aspiraciones y la política que tienen por
objetivo el bien del pueblo albanés, y, por otra parte, denuncia y combate todo
lo que pueda perjudicar a nuestra Patria socialista. La política del Frente es,
pues, una política monolítica e indivisible, puesto que no existen en el Frente
corrientes políticas antagónicas, porque no existen diferentes partidos que defiendan
los intereses de clases diferentes. La lucha política del Frente concuerda
plenamente con la política del Partido, con la política de nuestro Estado
socialista. La política del Frente Democrático de Albania refleja y apoya la
legalidad revolucionaria de nuestra República Popular Socialista.
Los enemigos de nuestro país en el extranjero
piensan que la política del Frente Democrático de Albania es una política
inerte, estereotipada y desprovista de contenido. Desearían que la política de
nuestro Frente fuese una política confusa y contradictoria, el producto de
corrientes diversas, con concepciones del mundo y objetivos diversos, porque,
según ellos, sólo así sería democrática. Estos adversarios de la organización
de nuestro Frente revolucionario no están en condiciones de comprender que un pueblo
unido, como lo es el nuestro, puede tener y tiene una concepción política
justa, clara y única en los principios y en los fines y, cuando decimos única,
no tenemos en cuenta una política inerte y estereotipada, sino una política que
sepa dar una respuesta y una solución, a través de debates y discusiones, a
todos os problemas, a los problemas interiores complicados, como a los
problemas exteriores muy complejos.
¿De dónde el Frente Democrático saca esta fuerza y
esta madurez? Precisamente del hecho de que el contenido de esta organización
es verdaderamente democrático, ya que nuestro Frente es una organización de
masas dirigida por un Partido marxista-leninista, que representa la democracia
más perfecta, la verdadera democracia del proletariado. El proletariado y su
Partido están en todo momento en lucha y en revolución para la edificación de
una sociedad feliz para el pueblo, de una sociedad libre, de una sociedad
democrática, de una sociedad que eleva cada día su nivel de desarrollo
económico, intelectual, el nivel de su saber y de su sana moral proletaria. Y
esto se obtiene a través de una continua lucha creadora, que requiere
confrontaciones y debates democráticos.
Nuestro Frente Democrático sigue esta política y
lucha para realizar estos objetivos. Esta política no puede ser aplicada por
una organización creada únicamente
20
por forma, para engañar a las masas populares
dentro y fuera del país y hacerles creer que existe una organización política,
cuando ésta es inexistente.
¿Cómo considera nuestro Frente Democrático la
evolución mundial? Nuestro Frente democrático aprecia esta evolución de manera
realista, es decir, se guía por la dialéctica materialista, por el materialismo
histórico, se apoya en nuestra ideología científica, en el marxismo-leninismo.
Esto hace que la política del Partido, que sigue también el Frente, no sea una
política sin fundamentos, una política inestable, una política pragmática, una
política no basada en principios. La política del Frente Democrático tiene,
pues, carácter de clase y, cuando decimos que tiene carácter de clase, queremos
decir que se guía por la lucha de clases en el país y en la palestra
internacional y está fundada en esta lucha.
Nuestro Frente Democrático abriga una amistad
sincera por los pueblos del mundo, ante todo por los pueblos que aspiran a su
liberación, por los pueblos que sufren bajo el yugo y la bota del capital. Esta
política del Frente apoya con todas sus fuerzas las aspiraciones de estos
pueblos. Con su palabra siempre justa, constante, humanitaria y revolucionaria,
nuestro Frente Democrático jamás oculta la verdad del desarrollo materialista
de la historia a los pueblos y a las clases oprimidas y explotadas en el mundo,
que aspiran a la libertad, a la democracia verdadera y a la soberanía, no les
oculta que no podrán conquistar victorias sin desarrollar una encarnizada lucha
de clases, sin combates, a veces sangrientos, contra sus opresores y
explotadores capitalistas. Esta es la base de la política marxista-leninista
del Frente Democrático, que es el mismo tiempo la de nuestro Partido del
Trabajo.
La política del Frente es, pues, una política de
apoyo a los intereses de la lucha que el proletariado y el campesinado sufrido
y oprimido llevan a cabo en cada país, ella respalda la lucha de la gente pobre
de las ciudades, de la intelectualidad progresista, de la juventud, de todos
los pueblos que aspiran a una vida plena de carácter, etc. Pero esto lo hacemos
sin inmiscuirnos en los asuntos internos de los demás, porque, a fin de
cuentas, son los mismos pueblos de los diversos países capaces de hacer la apreciación
de estos fenómenos en sus propios Estados.
En todo caso, nuestro Partido y el Frente
Democrático hacen diferenciaciones y lo hacen no sólo para defender los
intereses de su pueblo y de su país, sino también de los otros pueblos, ya que
no separan nunca los intereses de su país y su pueblo de los intereses
generales de los pueblos del mundo y del proletariado mundial. E esto reside la
grande y poderosa verdad que expresa la política de nuestro Partido y del
Frente Democrático, aquí tiene su fuete el apoyo que la política de nuestro
Estado encuentra en el mundo.
Nuestra política no se parece a la política de los
Estados capitalistas burgueses y revisionistas, que oscila como una hoja
amarilla al viento de otoño. No. Nuestra política
21
jamás ha oscilado y no se apartará jamás del
principio que, con los pueblos debemos estar unidos por lazos fraternales, por
los mismos fines, que son la libertad, la democracia, la soberanía y la
independencia verdaderas; a los pueblos nos liga la lucha contra los que les
oprimen y explotan, la lucha contra los que fomentan y preparan las guerras
imperialistas de rapiña que se hacen sobre sus espaldas. Jamás nos apartaremos
de esta política, jamás cambiaremos esta política en nuestro país,
independientemente de la forma de gobierno que dirige a tal o cual pueblo.
Por eso, cuando Albania socialista, declara que
desea vivir en buena amistad con los pueblos vecinos en particular, y que
considera a estos pueblos como hermanos, esta es una verdad irrefutable. Nos
alegra ver que algunas direcciones de estos países y también de otros países,
aunque su orden social es diferente al nuestro, siguen una política benévola
hacia nuestro país. También el Estado proletario albanés sigue por su parte una
política benévola fundada en el interés recíproco hacia los diversos Estados burgueses,
pero progresistas y animados de intenciones benévolas a su respecto, es decir,
hace, en lo que les concierne, la diferenciación requerida. En este estado de
las cosas que deseamos ver establecido con todos los Estados, pequeños o más
grandes, pero que sientan respeto por la República Popular Socialista de
Albania y deseen tener relaciones amistosas económicas y culturales con nuestro
país, incluso si están en oposición con nosotros sobre una serie de problemas,
como nosotros mismos lo estamos con ellos sobre una serie de cuestiones de
principio.
Afirmamos que las relaciones malintencionadas
siempre son nocivas y peligrosas, y que es difícil disimularlas. La misma vida
y la historia de la humanidad han enseñado a nuestro pueblo a ser siempre
vigilante hacia las relaciones detrás de las cuales se oculta la perfidia. Ya
son numerosos aquellos, personas o medios oficiales, en el extranjero, que
saben que el pueblo albanés siempre ha condenado la perfidia, un rasgo que
jamás ha sido parte de su carácter. Hemos condenado la perfidia y la traición
al marxismo-leninismo de los titoístas, de los revisionistas soviéticos y de
los dirigentes revisionistas chinos. Nuestra ruptura con estos grupos
reaccionarios-revisionistas ha sido debido a profundas causas ideológicas y
políticas y no por pequeñas cuestiones. Estas razones no tenían solamente un
carácter nacional, ya que no perjudicaban sólo los intereses económicos de
Albania, no, ellas tenían y tienen sobre todo un carácter internacional, porque
afectaban a los grandes principios por los que lucha los pueblos, por los que
luchan el proletariado mundial y la humanidad progresista.
La política de nuestro Partido y de nuestro Frente
ha sido y es conocida por todos, jóvenes y viejos en nuestro país, pero es
conocida también en el extranjero y es superfluo que en este discurso entre en
detalles. Sólo deseo recalcar para algunos medios en el extranjero que la
política de nuestro Partido y del Frente Democrático de Albania jamás se moverá
ni se apartará en lo más mínimo de sus principios justos y permanentes ya
definidos y que se fundan en el marxismo-leninismo. Nuestra política siempre será
una política de clase, de principio, que corresponde a los elevados intereses
de nuestro país, del socialismo y de la lucha de liberación de los pueblos.
Nuestro
22
pueblo siempre luchará sin vacilar contra el
imperialismo norteamericano, el socialimperialismo soviético y todos los
reaccionarios; que nadie se forje ni la mínima ilusión de que Albania
socialista cambiará de actitud hacia ellos. Asimismo, el Partido del Trabajo de
Albania y el Estado albanés combatirán y desenmascararán al socialimperialismo
chino, que se ha colocado al lado del socialimperialismo norteamericano y de la
reacción mundial, en la lucha contra los pueblos y en particular contra el
socialismo en Albania.
Por otra parte, la República Popular Socialista de
Albania ha seguido y seguirá una política benévola hacia los Estados que son
animados de intenciones benévolas respecto a nuestro Estado, que no buscan
hacerle mal, tal como actuamos también nosotros que no buscamos ni pensamos
nunca hacer ningún mal a sus pueblos, sino que deseamos vivir siempre en
armonía y en colaboración con ellos, para realizar los elevados ideales y los
ardientes deseos de todos los pueblos que aspiran a la liberación, la libertad,
la democracia, la independencia, la soberanía y el socialismo.
Compañeros:
La campaña para las elecciones de la Asamblea
Popular es una gran acción política para nuestra organización del Frente
Democrático. Conjuntamente con todas las demás organizaciones de masas,
redoblemos nuestros esfuerzos para presentarnos a estas elecciones con cuantos
más resultados en el trabajo. Que los obreros, los campesinos, los jóvenes, las
mujeres y todos nuestros trabajadores, con una firme confianza en la justa
línea del Partido y en las brillantes perspectivas que se han abierto a nuestro
pueblo, manifiesten poderosamente también en esta campaña su entusiasmo
político y su espíritu de movilización para que estas elecciones sean coronadas
con pleno éxito
¡Viva nuestro heroico pueblo
¡Viva el Partido!
¡Viva el Frente Democrático!

