© Libro N° 9456. Teatro Selecto De Calderon De La Barca. Tomo III. Precedido De Un Estudio Crítico De D. Marcelino Menéndez Pelayo. Emancipación. Enero 8 de 2022.
Título original: © Teatro Selecto De Calderon De La Barca. Tomo III.
Precedido De Un Estudio Crítico De D. Marcelino Menéndez Pelayo
Versión
Original: © Teatro Selecto De Calderon De La Barca. Tomo III. Precedido De
Un Estudio Crítico De D. Marcelino Menéndez Pelayo
Circulación conocimiento libre,
Diseño y edición digital de Versión original de textos:
https://www.gutenberg.org/files/58643/58643-h/58643-h.htm
Licencia Creative
Commons:
Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar,
difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la
fuente.
La
Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras,
no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus
respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los
Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de
textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida
su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el
nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo
con fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o
reconstruir este texto.
Fondo:
https://i.pinimg.com/736x/db/c0/8e/dbc08ef47a308f42ef4d398101280efa.jpg
Portada E.O. de Imagen original:
https://www.gutenberg.org/files/58643/58643-h/images/cover.jpg
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
De
Calderon De La Barca
Tomo III
Precedido De Un Estudio
Crítico
De D. Marcelino Menéndez
Pelayo
Teatro Selecto
De
Calderon De La Barca
Tomo III
Precedido De Un Estudio Crítico
De D. Marcelino Menéndez Pelayo
The Project Gutenberg EBook
of Teatro selecto, tomo 3 de 4, by
Pedro Calderón de la Barca
This eBook is for the use
of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions
whatsoever. You may copy it, give it
away or
re-use it under the terms
of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online
at www.gutenberg.org/license
Title: Teatro selecto, tomo
3 de 4
Author: Pedro Calderón de
la Barca
Editor: Marcelino Menéndez
Pelayo
Release Date: January 7,
2019 [EBook #58643]
Language: Spanish
Character set encoding:
UTF-8
*** START OF THIS PROJECT
GUTENBERG EBOOK TEATRO SELECTO, TOMO 3 DE 4 ***
Produced by Ramon Pajares
Box, Josep Cols Canals and the
Online Distributed
Proofreading Team at http://www.pgdp.net
(This file was produced
from images generously made
available by The Internet
Archive/Canadian Libraries)
Nota de transcripción
Índice
[p. i]
TEATRO SELECTO
DE
CALDERÓN DE LA BARCA.
[p. ii]
ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO
«SUCESORES DE RIVADENEYRA»,
Paseo de San Vicente, 20.
[p. iii]
TEATRO SELECTO
DE
CALDERÓN DE LA BARCA
PRECEDIDO DE UN ESTUDIO
CRÍTICO
DE
D. MARCELINO MENÉNDEZ
PELAYO
TOMO III
COMEDIAS DE CAPA Y ESPADA
CASA CON DOS PUERTAS MALA
ES DE GUARDAR.
LA DAMA DUENDE.
NO HAY BURLAS CON EL AMOR.
MAÑANAS DE ABRIL Y MAYO.
MADRID
LIBRERÍA DE LA VIUDA DE
HERNANDO Y C.ª
CALLE DEL ARENAL, NÚM. 11
1887
[p. 1]
CASA CON DOS PUERTAS
MALA ES DE GUARDAR.
[p. 2]
PERSONAS.
D. Félix, galan.
Lisardo, galan.
Fabio, viejo.
Calabazas, lacayo.
Herrera, escudero.
Laura, dama.
Marcela, dama.
Silvia, criada.
Celia, criada.
Lelio, criado.
Criados.
La escena pasa en Ocaña.
[p. 3]
JORNADA PRIMERA.
Campo á la
entrada de la villa.
ESCENA PRIMERA.
MARCELA y SILVIA, con
mantos, como recelándose; detras LISARDO, CALABAZAS.
Marcela.
¿Vienen tras nosotras?
Silvia.
Sí.
Marcela.
Pues párate.—Caballeros,
Desde aquí habeis de
volveros,
No habeis de pasar de aquí;
Porque si intentais así
Saber quién soy, intentais
Que no vuelva donde estais
Otra vez; y si esto no
Basta, volveos porque yo
Os suplico que os volvais.
Lisardo.
Difícilmente pudiera
Conseguir, señora, el sol
Que la flor del girasol
Su resplandor no siguiera:
Difícilmente quisiera
[p. 4]El norte, fija luz
clara,
Que el iman no le mirara;
Y el iman difícilmente
Intentara que obediente
El acero le dejara.
Si sol es vuestro
esplendor,
Girasol la dicha mia;
Si norte vuestra porfía,
Piedra iman es mi dolor;
Si es iman vuestro rigor,
Acero mi ardor severo;
Pues ¿cómo quedarme espero,
Cuando veo que se van
Mi sol, mi norte y mi iman,
Siendo flor, piedra y
acero?
Marcela.
A esa flor hermosa y bella
Términos el dia concede,
Bien como á esa piedra
puede
Concederlos una estrella:
Y pues él se ausenta y
ella,
No culpeis la ausencia mia;
Decid á vuestra porfía,
Piedra, acero ó girasol,
Que es de noche para el
sol,
Para la estrella de dia.
Y quedaos aquí, porqué
Si este secreto apurais,
Y á saber quién soy
llegais.
Nunca á veros volveré
A aqueste sitio, que fué
Campaña de nuestro duelo;
Y puesto que mi desvelo
Me trae á veros aquí,
Crêd de mí que importa así.
[p. 5]Lisardo.
De vuestro recato apelo,
Señora, á mi voluntad;
Y supuesto que sería
No seguiros cortesía,
Tambien será necedad.
Necio ó descortés, mirad
Cuál mayor defecto es;
Vereis que el de necio,
pues
No se enmienda; y así, á
precio
De no ser, señora, necio,
Tengo de ser descortés.
Seis auroras esta aurora
Hace que en este camino
Ciego el amor os previno,
Para ser mi salteadora:
Tantas há que á aquella
hora
Os hallo á la luz primera,
Oculto sol de su esfera,
De su campo rebozada
Ninfa, deidad ignorada
De su hermosa primavera.
Vos me llamasteis, primero
Que á hablaros llegara yo;
Que no me atreviera, no,
Tan de paso y forastero.
Con estilo lisonjero,
Aspid ya de sus verdores,
No deidad de sus primores,
Desde entónces fuisteis;
pues
Aspid, que no deidad, es
Quien da muerte entre las
flores.
Dijísteisme que volviera
Otra mañana á este prado,
Y puntual mi cuidado
[p. 6]Me trajo como á mi
esfera.
No adelanté la primera
Ocasion; porque bastante
No fué mi ruego constante
A que corriese la fe
(Que adora lo que no ve)
Ese velo de delante.
Viendo, pues, que siempre
es nuevo
El riesgo, y el favor no,
Quiero á mí deberme yo
Lo que á vuestra luz no
debo;
Y así á seguiros me atrevo,
Que hoy he de veros ó ver
Quién sois.
Marcela.
Hoy no puede ser,
Y así dejadme por hoy;
Que yo mi palabra os doy
De que muy presto saber
Podais mi casa, y entrar
A verme en ella.
Calab.
(A Silvia.)¿Y á ella,
Doncella de esa doncella
(La verdad en su lugar,
Que yo no quiero infernar
Mi alma), hay cosa que la
obligue
A taparse?
Silvia.
Y si me sigue,
Tenga por muy cierto...
Calab.
¿Qué?
Silvia.
Que me persigue; porqué
Quien me sigue, me
persigue.
Calab.
¡Ya sé el caso, vive Dios!
Silvia.
¿Qué va que no le declaras?
Calab.
Muy malditísimas caras
[p. 7]Debeis de tener las
dos.
Silvia.
Mucho mejores que vos.
Calab.
Y está bien encarecido,
Porque yo soy un Cupido.
Silvia.
Cupido somos yo y tú.
Calab.
¿Cómo?
Silvia.
Yo el pido y tú el cu.
Calab.
No me está bien el partido.
Marcela.
(A Lisardo.) Esto os vuelvo á asegurar
Otra vez.
Lisardo.
Pues ¿qué fianza
Le dejais á mi esperanza
De las dos que he de
lograr?
Marcela.
(Descúbrese.) La de dejarme mirar.
Lisardo.
Usar de esa alevosía,
Para turbar mi osadía,
Ha sido traicion, pues ya
Viéndôs, ¿cómo os dejará,
Quien sin veros os seguia?
Marcela.
Quedad, pues, de mí seguro
Que en breve tiempo sabreis
Mi casa, y entendereis
Cuánto serviros procuro.
Esto otra vez aseguro.
Lisardo.
Ya en seguiros soy de
hielo.
Marcela.
Y yo sin algun recelo,
De que agradecida estoy,
Por esta calle me voy.
Lisardo.
Id con Dios.
Marcela.
Guárdeos el cielo.
(Vanse las
dos.)
[p. 8]ESCENA II.
LISARDO, CALABAZAS.
Calab.
¡Linda tramoya, señor!
Sigámosla, hasta saber
Quién ha sido una mujer
Tan embustera.
Lisardo.
Es error,
Calabazas, si en rigor
Ella se recata así,
Seguirla.
Calab.
¿Eso dices?
Lisardo.
Sí.
Calab.
Vive Dios, que la siguiera
Yo, aunque hasta el
infierno fuera.
Lisardo.
¿Qué me debe, necio, dí,
De haber cuatro dias
hablado
Conmigo en este lugar,
Para darla yo un pesar,
De quien ella se ha
guardado?
Calab.
Debe el haber madrugado
Estos dias.
Lisardo.
Ya que estamos
Solos, y que así quedamos,
Sobre lo que podrá ser
Tan recatada mujer,
Discurramos.
Calab.
Discurramos.
Díme tú, ¿qué has
presumido,
De lo que has visto y
notado?
Lisardo.
De estilo tan bien hablado,
[p. 9]De traje tan bien
vestido,
Lo que he pensado y creido
Es, que esta debe de ser
Alguna noble mujer,
Que, donde no es conocida,
Disimulada y fingida
Gusta de hablar y de ver,
Y por forastero á mí
Para este efecto eligió.
Calab.
Mucho mejor pienso yo.
Lisardo.
Pues no te detengas, dí.
Calab.
Mujer que se viene así
A hablar con quien no la
vea,
Donde ostentarse desea
Bachillera é importuna,
Que me maten si no es una
Muy discretísima fea,
Que por el pico ha querido
Pescarnos.
Lisardo.
¿Y si la hubiera
Visto yo, y un ángel fuera?
Calab.
¡Vive Dios, que me has
cogido!
La Dama Duende habrá sido,
Que volver á vivir quiere.
Lisardo.
Aun bien, sea lo que fuere,
Que mañana se sabrá.
Calab.
¿Luego crees que vendrá
Mañana?
Lisardo.
Si no viniere,
Poco ó nada habrá perdido
La necia esperanza mia.
Calab.
El madrugar otro dia
¿Poca pérdida habrá sido?
Lisardo.
El negocio á que he venido
[p. 10]A madrugar me ha
obligado;
No lo debo á este cuidado.
(Vanse.)
Sala en casa
de Don Félix.
ESCENA III.
LISARDO, CALABAZAS; y
luego DON FÉLIX, HERRERA.
Calab.
Cerca de casa vivió,
Pues de vista se perdió
Cuando á casa hemos
llegado.
Lisardo.
Y tarde debe de ser.
Calab.
Sí, pues vistiéndose sale
Quien á los dos nos
mantiene,
Sin ser los dos justas
reales.
(Salen Don
Félix y Herrera.)
Lisardo.
Don Félix, bésôs las manos.
D. Félix.
El cielo, Lisardo, os
guarde.
Lisardo.
¿Tan de mañana vestido?
D. Félix.
Un cuidado, que me trae
Desvelado, no permite
Que sosiegue ni descanse.
Pero vos, que os admirais
De que á esta hora me
levante,
¿No me dijisteis anoche
Que á dar unos memoriales
Habiais de ir á Aranjuez?
¿Pues cómo á Ocaña os
tornasteis
Desde el camino?
Lisardo.
Si bien
Me acuerdo, regla es del
arte
Que la pregunta y respuesta
[p. 11]Siempre un mismo
caso guarden;
Y puesto que á mi pregunta
Fué la respuesta más fácil
Un cuidado, de la vuestra
Otro cuidado me saque,
Que es quien á Ocaña me
vuelve.
D. Félix.
¿Apénas ayer llegasteis,
Y hoy teneis cuidado?
Lisardo.
Sí.
D. Félix.
Pues por obligaros ántes
Que me obligueis á decirle,
Este es el mio: escuchadme.
Calab.
En tanto que ellos se pegan
Dos grandísimos romances
¿Tendreis, Herrera, algo
que
Se atreva á desayunarme?
Herrer.
Vamos hácia mi aposento,
Calabazas; que al instante
Que hayais vos entrado en
él,
No faltará algo fiambre.
(Vanse.)
ESCENA IV.
DON FÉLIX, LISARDO.
D. Félix.
Bien os acordais de
aquellas
Felicísimas edades
Nuestras, cuando los dos
fuimos
En Salamanca estudiantes.
Bien os acordais tambien
Del libre, el glorioso
ultraje
Con que de Vénus y Amor
Traté las vanas deidades,
[p. 12]De su hermosura y
sus flechas
Tan á su pesar triunfante,
Que de rayos y de plumas
Coroné mis libertades.
¡Oh nunca hubieran,
Lisardo,
Luchado tan desiguales
Fuerzas, porque nunca
hubieran
Podido los dos vengarse,
O hubiera sido su golpe,
Puesto que á todos alcance,
Por costumbre solamente,
Flecha disparada al aire,
Y no por venganza flecha
Bañada en venenos tales,
Que salió del arco pluma,
Corrió por el viento ave,
Llegó rayo al corazon,
Donde se alimenta áspid!
La primer vez que sentí
Este golpe penetrante,
Que sabe herir sin matar
(Y áun esto es lo más que
sabe),
En la juventud del año,
Una tarde fué agradable
Del abril; pero mal dije,
Al alba fué. No os espante
Ser por la tarde y al alba;
Que con prestados celajes,
Si bien me acuerdo, aquel
dia
Amaneció por la tarde.
Este, pues, como otros
muchos,
Por divertirme y holgarme
Salí á caza, y empeñado
Llegué de un lance á otro
lance
[p. 13]Al real sitio de
Aranjuez,
Que, como poco distante
Está de Ocaña, él es
siempre
Nuestro prado y nuestro
parque.
Quise entrar á sus
jardines,
Sin saber qué me llevase
A ver lo que tantas veces
Habia visto; que esto es
fácil
Todo el tiempo que no
asisten
Al sitio sus Majestades.
En el de la Isla entré...
¡Oh cómo, Lisardo, sabe
La desdicha prevenirse,
El daño facilitarse!
Pues como la mariposa,
Que halagüeñamente hace
Tornos á su muerte, cuando
Sobre la llama flamante
Las alas de vidrio mueve,
Las hojas de carmin bate;
Así el infeliz, llevado
De su desdicha al exámen,
Ronda el peligro, sin ver
Quien al peligro le trae.
Estaba en la primer fuente
(Que es un peñasco
agradable
Donde, temiendo el diluvio
De sus cruzados cristales,
Parece que van viniendo
A él todos los animales)
Una mujer recostada
En la siempre verde márgen
De murta, que la guarnece
Como cenefa ó engaste
[p. 14]De esmeralda, á cuyo
anillo
Es toda el agua diamante.
Tan divertida en mirar
Su hermosura en el estanque
Estaba, que puse duda
Sobre si es mujer ó imágen;
Porque como ninfas bellas
De plata bruñida hacen
Guarda á la fuente, tan
vivas,
Que hay quien espere que
hablen;
Y ella miraba tan muerta,
Que no pudo esperar nadie
Que se pudiese mover,
La naturaleza al arte
Me pareció que decia:
«No blasones, no te alabes
De que lo muerto desmientes
Con más fuerza en esta
parte
Que yo desmiento lo vivo;
Pues en lo contrario
iguales,
Sé hacer una estatua yo,
Si hacer tú una mujer
sabes,
O mira un alma sin vida,
Donde está con vida un
jaspe.»
Al ruido que entre las
hojas
Hice (¡ay de mí!), por
llegarme
A mirarla de más cerca,
Del éxtasis agradable
(¡No fuese de amor!) volvió
Con algun susto á mirarme.
No me acuerdo si la dije
Que ufana no contemplase
Tanta beldad, por el riesgo
De ser de sí misma amante;
[p. 15]Que donde hubo ninfa
y fuente,
No fué posible escaparme
Del concepto de Narciso.
Ella, honestamente grave,
Sin responderme volvió
La espalda, y siguió el
alcance
De una tropa de mujeres
Que andaba más adelante
Midiendo de los jardines
Ya los cuadros, ya las
calles,
Hasta que su pié llegó
A hacer á todos iguales;
Porque al pequeño contacto,
Flores produjo fragantes
Tantas la arena, que ya
No pudo determinarse
Si era calles, ó era
cuadros
El jardin por todas partes;
Pues fueron rosas despues,
Las que eran veredas ántes.
El traje que se vestia
Era un bien mezclado traje,
Ni bien de corte, ni bien
De aldea, sino á mitades,
De señora en el aliño,
De aldeana en el donaire.
En un airoso sombrero
Llevaba un rizo plumaje,
A quien tuvieron accion
La tierra despues y el aire
Por el matiz ó la pluma,
Sobre si era flor ó ave.
Seguíla hasta que llegó
A la cuadrilla, que errante
[p. 16]Coro tejido de
ninfas,
A los templados compases
De hojas, pájaros y
fuentes,
Sonoramente süaves,
Cada paso era un festin,
Cada descuido era un baile.
A todas las conocia,
En fin, como naturales
De Ocaña, y sólo ignoré
Quién era de mis pesares
La ocasion; que ya lo era,
Porque desde el mismo
instante
Que la ví, sentí en el alma
Todo lo que hoy siento.
Nadie
Diga que quiso dos veces;
Que aunque aquí mire, allí
hable,
Aquí festeje, allí escriba,
Aquí pierda y allí alcance,
No ha de querer más que
una;
Que no pueden ser iguales
En el mundo dos efectos,
Si de una causa no nacen.
De algunas de las que iban
Con ella, pude informarme
De quién era, y hallé en
ella
Más calidad por su sangre,
Que por su beldad. La causa
De no haberla visto ántes,
Fué por haberse criado
En la corte con su padre,
Hasta que á Ocaña se vino,
Porque viva donde mate.
No os digo que la serví
Feliz y dichoso amante,
[p. 17]Porque dichas que se
pierden
Son las desdichas más
grandes;
Sólo digo que obligada
A mis finezas constantes,
A mis servicios corteses
Y á mis afectos leales,
Merecí que alguna noche
Por una reja me hablase
De un jardin, donde
testigos
Fueron de venturas tales
La noche y jardin; que sólo
A los dos quise fiarme:
Porque al jardin y á la
noche,
Que son el vistoso alarde,
Ya de flores, ya de
estrellas,
Hiciera mal de negarles,
A las unas lo que influyen,
Y á las otras lo que saben;
Puesto que estrellas y
flores
Siempre en amorosas paces,
Enlazadas unas de otras
Eran terceras de amantes.
Desta suerte, pues,
teniendo
La fortuna de mi parte,
Viento en popa, del amor
Corrí los inciertos mares,
Hasta que el viento mudado
Levantaron huracanes
De una tormenta de celos,
Montes de dificultades.
Tormenta de celos dije:
Ved, si alguna vez
amasteis,
¿Qué esperanza hay del
piloto?
¿Qué seguro de la nave?
[p. 18]Bien crêréis,
Lisardo, bien,
Cuando así escucheis
quejarme
De los celos, que soy yo
Quien los tiene: no os
engañe
El afecto de sentirlos
Desta suerte; porque ántes
Soy quien los he dado, y
ellos
Son en sus efectos tales,
Que me matan dados, como
Tenidos pueden matarme.
¡Oh! ¿A qué nacen los que á
ser
Dados ni tenidos nacen?
Hay una dama en Ocaña,
A quien yo rendido amante
Festejé un tiempo; ésta,
pues,
Por darme muerte y
vengarse,
Se ha declarado con ella,
Fingiendo finezas grandes
Que á mi amor debe. ¡Ay
Lisardo,
Qué prontamente, qué fácil
En los celos las mentiras
Sientan plaza de verdades!
Con esto se ha retirado
Tal, que áun para
disculparme
No permite que la vea,
No me deja que la hable.
Mirad, pues, si este
cuidado
Consentirá que descanse,
Cercado de tantas penas,
Cargado de tantos males,
Muerto de tantos disgustos,
Lleno de tantos pesares;
Y finalmente teniendo
Sin culpa ofendido á un
ángel,
[p. 19]Pues el padecer sin
culpa,
Es la desdicha más grande.
Lisardo.
Don Félix, aunque los
celos,
De quien así os quejais,
basten
A dar pesadumbre dados,
En no ser tenidos traen
Anticipado el consuelo;
Que el dolor es tan
distante
Desde darlos á tenerlos,
Cuanto hay de ser un amante
La persona que padece,
O la persona que hace.
Con lástima empecé á oiros
Cuando los celos
nombrasteis;
Mas cuando dijisteis que
eran
Engaños y no verdades,
La lástima se hizo envidia;
Porque no hay gusto tan
grande
Cuando hay desengaño, como
Hacer damas y galanes,
O paces para reñir,
O reñir para hacer paces.
Id á ver á vuestra dama,
Que yo sé, aunque más se
guarde,
Pues ella tiene los celos,
Que ella está en aqueste
instante,
Más que vos desengañarla,
Deseando desengañarse.
[p. 20]ESCENA V.
MARCELA y SILVIA, abriendo
una puerta, que estará cubierta con una antepuerta, y quedándose detras de ella.
— LISARDO, DON FÉLIX.
Marcela.
(Ap. á
Silvia.)
Por esta puerta, que al
cuarto
De mi hermano, Silvia, sale
Desde el mio, á verle
vengo;
Porque aunque él esté
ignorante
De que he salido hoy de
casa,
Con esto he de asegurarle.
Silvia.
Detente, que está con él
El tal huésped, y ya sabes
Que no quiere mi señor
Que llegue á verte ni
hablarte.
Marcela.
Y áun esa fué mi desdicha.
Oigamos desde esta parte.
Lisardo.
Y si en tanto que este
gusto
Llega, quereis que yo trate
De divertiros, pues fué
Concierto que os escuchase
Un cuidado, y que os dijese
El mio, oidme, escuchadme.
Marcela.
Oye.
Lisardo.
Despues que troqué
El hábito de estudiante
Al de soldado, la pluma
A la espada, la süave
Tranquila paz de Minerva
Al sangriento horror de
Marte,
[p. 21]La escuela de
Salamanca
A la campaña de Flándes,
Y despues, en fin, que hube
(Sin valedor que me ampare)
Merecido una jineta,
Premio á mis servicios
grande,
Por haberme reformado
Entre otros capitanes,
Ya la campaña acabada
(Que no me viniera ántes),
Pedí licencia, y partí
A España, por ver si
honrarme
Merezco el pecho con una
De las cruces militares,
Que sobre el oro del alma,
Son el más noble realce.
Con esta pretension vine,
Y su Majestad, que guarde
El cielo para que sea
Fénix de nuestras edades,
Remitió mi memorial,
A tiempo que á desahogarse
De molestias cortesanas
Vino á Aranjuez, admirable
Dosel de la primavera.
Mas ¿qué mucho que se alabe
De serlo, si la más bella,
Las más pura, más fragante
Flor, la flor de lis, la
reina
De las flores, tras sí trae
Cuantas á envidia del sol
Rayos brillan, luz
esparcen?
Seguí la corte, traido
Más de mi afecto constante
[p. 22]Que de mi necesidad;
Porque de ministros tales
Hoy el Rey se sirve, que
No es al mérito importante
La asistencia, porque todos
Acudir á todo saben;
Gracias al celo de aquel,
Con quien el peso reparte
De tanta máquina, bien
Como Alcides con Atlante,
Llegué en efecto á
Aranjuez,
Donde vos me visitasteis
En una posada, y viendo
Tan incómodo hospedaje,
Como tienen en los bosques
Escuderos y pleiteantes,
Que me viniese con vos
A Ocaña me aconsejasteis;
Pues los dias de la
audiencia,
Dos leguas era tan fácil
Andarlas por la mañana,
Y volverlas por la tarde.
Yo, por vuestro gusto, mas
Que por mis comodidades,
Obebecí. Todo esto
Ya vuestra amistad lo sabe;
Pero importa haberlo dicho,
Para que de aquí se enlace
La más extraña novela
De amor, que escribió
Cervantes.
Marcela.
(Ap.) Aquí entro yo ahora.
Lisardo.
Un dia,
Que madrugué vigilante,
Por llegar ántes que el sol
[p. 23]Nuestro horizonte
rayase,
Junto á un convento, que
está
De Ocaña poco distante,
Entre unos álamos verdes
Ví una mujer de buen aire.
Saludéla cortésmente,
Y ella, ántes que yo
pasase,
Por mi nombre me llamó.
Volví en oyendo nombrarme,
Y diciendo á Calabazas
Que con el rocin me
aguarde,
Llegué diciendo: «¡Dichoso
El forastero, á quien saben
Su nombre las damas!» Y
ella,
Con más cuidado en taparse,
Me respondió á media voz:
«Caballero de esas partes
No es forastero en
ninguna;»
Y añadió favores tales,
Que me obliga la vergüenza,
Por mí mismo, á que los
calle;
Porque no sé cómo hay
hombres
Tan vanos, tan arrogantes,
Que de que ha habido
mujeres
Que los buscaron, se
alaben.
Silvia.
(Ap.) Él cuenta nuestro suceso.
Marcela.
¡Oh quién pudiera
estorbarle,
Antes que en Félix las
señas
Alguna malicia causen!
D. Félix.
Proseguid.
Lisardo.
Ella, en efecto,
Siempre embozado el
semblante,
Me despidió con decirme
Que como no examinase
[p. 24]Quién era, ni la
siguiese,
Otro dia estaria á
hablarme.
Seis veces, pues, corrió al
sol
Las cortinas orientales
Sumiller el alba, y seis
Tapada hallé entre unos
sauces
Esta mujer. Yo, enfadado
De recato semejante,
Determiné de seguirla
Hoy cuando á Ocaña tornase;
Pero no pude, porque
Volviendo ella por
instantes,
Me vió y no quiso pasar
De la vuelta desta calle.
D. Félix.
¿Desta calle?
Lisardo.
Y á la cuenta
Vive hácia aquí, que al
instante
La perdí de vista. Aquí
Me dijo que la dejase
Otra vez, porque su vida
Aventuraba mi exámen.
D. Félix.
¡Extraña mujer!
Marcela.
(Ap.)Ya es fuerza
Que las señas me declaren.
D. Félix.
Proseguid.
Lisardo.
Yo, pues...
ESCENA VI.
CELIA, con manto.
— Dichos.
Celia.
Don Félix,
¿Podrá una mujer aparte
[p. 25]Hablaros?
D. Félix.
¿Pues por qué no?
Marcela.
(Ap.) ¡Oh á qué buen tiempo llegaste,
Mujer ó ángel, para mí!
D. Félix.
Luégo irá el cuento
adelante:
Permitid ahora, por Dios,
Que con esta mujer hable,
Que es criada de la dama
Que os dije.
Lisardo.
Pues que me maten,
Si ello no es lo que yo he
dicho.
Ved el recado que os trae,
Y adios; porque para
estotro
No importa que tiempo
falte.
(Vase.)
D. Félix.
¿Era hora de vernos, Celia?
Celia.
No te admires ni te
espantes
Que no me atreva á venir
A verte; porque si sabe
Mi señora que te he visto,
No habrá duda que me mate.
D. Félix.
¿Tan cruel conmigo está?
Celia.
Viniendo yo hácia esta
parte
A un recado, no he querido
Dejar de verte y hablarte.
D. Félix.
¿Y qué hace tu hermoso
dueño?
Celia.
Sentir, es lo más que hace,
Tu ingratitud.
D. Félix.
¡Plegue á Dios,
Si la ofendí, que él me
falte!
Celia.
¿Por qué á ella no se lo
dices?
D. Félix.
Porque no quiere
escucharme.
Celia.
Si tú hubieras de callar,
Yo me atreviera á llevarte
Donde la hablaras.
[p. 26]D. Félix.
¡Ay Celia,
No habrá mármol que así
calle!
Celia.
Pues vente agora conmigo:
Yo haré una señal si sale
Mi señor, y dejaré
La puerta abierta; tú
entrarte
Hasta su cuarto podrás.
D. Félix.
Dasme nuevo aliento, dasme
Nueva vida.
Celia.
Aquesta es
La hora mejor; mas no
aguardes,
Vénte tras mí.
D. Félix.
Tras tí voy.
Celia.
(Ap.) ¡Ay bobillos, y qué fácil,
A la casa de su dama,
Es de llevar un amante!
(Vanse D.
Félix y Celia.)
Marcela.
¡Yo salí de lindo susto!
Silvia.
Pues ¿cómo afirmas que
sales,
Si luégo han de verse,
luégo
Proseguirá el cuento?
Marcela.
Antes
Lo habré remediado.
Silvia.
¿Cómo?
Marcela.
Escribiéndole que calle
Hasta que se vea conmigo;
Y esto ha de ser esta
tarde.
Silvia.
¿Declarada por quién eres?
Marcela.
¡Jesus, el cielo me guarde!
Silvia.
Pues ¿qué has de hacer?
Marcela.
¿No es mi hermano
De Laura, mi amiga, amante?
¿No sabe lo que es amor?
Pues hoy he de declararme
[p. 27]Con ella, y hoy has
de ver,
Silvia, el más extraño
lance
De amor, porque yo
fingida...
Pero no quiero contarle;
Que no tendrá despues gusto
El paso, contado ántes.
(Vanse.)
Casa de
Fabio.
ESCENA VII.
LAURA, FABIO.
Fabio.
Notable es la tristeza,
Que el rosicler turbó de tu
belleza.
¿Qué tienes estos dias,
Que entregada (¡ay de mí!)
á melancolías
Tales, á todas horas
Triste suspiras y rendida
lloras?
Laura.
Si yo, señor, supiera
La causa de mi mal (Ap. A
Dios pluguiera
No la supiera tanto),
El consuelo mayor, menor el
llanto
Fuera, pues fuera entónces
el sabella
El primer aforismo de
vencella.
Pero la pena mia
Es, señor, natural
melancolía,
Y así el efecto hace,
Sin que llegue á saber de
lo que nace;
Que esta distancia dió
naturaleza
En la melancolía y la
tristeza.
Fabio.
No sé lo que te diga,
[p. 28]Sino que á tanto tu
dolor obliga,
Que rigoroso y fuerte
Padeces tú el dolor, y yo
la muerte;
Pues ya vivir no espero,
Miéntras tan triste á tí te
considero.
(Vase.)
ESCENA VIII.
LAURA.
¿Qué haré yo, que rendida,
A pesar de mi vida,
Vivo? ¿Qué es esto, cielos?
Mas bien se deja ver que
estos son celos
Porque una ardiente rabia
Que el sentimiento agravia,
Una rabiosa ira
Que la razon admira,
Un compuesto veneno
De que el pecho está lleno,
Una templada furia
Que el corazon injuria;
¿Qué áspid, qué monstruo,
qué animal, qué fiera,
Fuera ¡ay Dios! que no
fuera,
Compuesta de tan varios
desconsuelos
La hidra de los celos?
Pues ellos solos son á
quien los mira,
Furia, rabia, veneno,
injuria y ira.
¡Oh quién ántes supiera
Aquella voluntad, Félix,
primera
Tuya, que no empeñara
Tanto la mia, que hasta el
fin llegara!
Pues aunque no sabía
[p. 29]De amor, cuando tan
libre (¡ay Dios!) vivia,
Tampoco no ignoraba
Que tarde ó nunca el que lo
fué se acaba.
Quiere á Nise en buen hora,
Pero déjame á mí morir.
ESCENA IX.
CELIA. — LAURA.
Celia.
Señora.
Laura.
Celia, ¿qué hay?
Celia.
Que he hecho
Mi papel, y sospecho
Que no muy mal, ¡así tu
beldad viva!
Entré en su casa, díjele
que iba
A un recado, y que acaso
Pasando por su calle,
aunque de paso
Le quise ver. Con un
suspiro entónces,
Que ablandara los mármoles
y bronces,
Me preguntó por tí, turbado
y ciego.
Encarecíle luego
Tu enojo, y que si acaso tú
supieras
Que le habia ido á ver,
muerte me dieras;
Y como que salia
De mí, le dije: ¿por qué no
venía
Por instantes á darte
Satisfacciones y
desenojarte?
Dijo, que porque estabas
Tal, que no le escuchabas:
Díjele, que viniera,
Que yo aunque á tanto
riesgo me pusiera,
Hasta tu mismo cuarto lo
entraria,
[p. 30]Con tal que no
dijese en algun dia
Que yo le habia traido.
Juró el secreto, y muy
agradecido
El caso se concierta,
Y está esperando enfrente
de la puerta
La seña; voyla á hacer,
pues no está en casa
Mi señor. Esto es todo lo
que pasa.
Laura.
Llámale pues; que aunque de
Nise creo
Los celos que me da, tanto
deseo
Ver cómo se disculpa,
Que quiero hacerle espaldas
á la culpa:
(Vase Celia.)
Pues la que más celosa
Se muestra, más colérica y
furiosa,
Más entónces desea
Satisfacciones, aunque no
las crea;
Que es dolor el de celos
tan extraño,
Que se deja curar áun del
engaño:
Pues cuando el desengaño no
consiga,
Conseguiré á lo ménos que
él lo diga.
ESCENA X.
CELIA, DON FÉLIX. — LAURA.
Celia.
(Ap. á D.
Félix.) Fuera está de casa Fabio,
Mi señor; el tiempo es este
Mejor para entrar á
hablarla.
D. Félix.
Vida y ventura me ofreces.
Celia.
Disimula que llamado
De mí á entrar aquí te
atreves.—
¿Señor Don Félix, qué es
esto?
¿Cómo os entrais...
[p. 31]D. Félix.
Celia, tente.
Celia.
Hasta aquí?
D. Félix.
Celia, por Dios,
Que calles.
Laura.
¿Qué ruido es ese?
Celia.
¿Qué ha de ser? Que hasta
esta sala
Se ha entrado el señor Don
Félix,
Sin mirar, sin advertir,
Que si acaso ahora viniese
Mi señor, tú...
Laura.
¿Caballero,
Pues qué atrevimiento es
este?
¿Cómo en mi casa, en mi
cuarto,
Os entrais de aquesta
suerte?
D. Félix.
Como quien morir desea
Nada mira, nada teme;
Y si mi muerte ha de ser
Venganza de tus desdenes,
Quiero morir á tus ojos,
Por hacer feliz mi muerte.
Laura.
(A Celia.) Tú tienes la culpa desto.
Celia.
¿Yo, señora?
Laura.
Si tuvieses
Cerrada esa puerta tú...
Celia.
Cerrada estaba.
D. Félix.
No tienes
Que reñir á Celia, que ella
De mi error ¿qué culpa
adquiere?
Yo sólo tengo la culpa;
Ríñeme á mí solamente;
Castígame solo á mí,
Sino es ya que á reñir
llegues
A Celia, por la costumbre
Con que la inocencia
ofendes.
[p. 32]Laura.
Dices bien; error es mio
De que me he dejado siempre
Llevar, pues no habiendo tú
Escrito á Nise papeles,
No habiendo entrado en su
casa,
Y no habiendo ella ido á
verte
A la tuya, yo cruel,
Colérica é impaciente,
Inocente te persigo,
Que eres tú muy inocente.
Y siendo así, que yo soy
Tan desigual, tan aleve,
Tan injusta, tan mudable,
¿Qué me buscas? ¿qué me
quieres?
D. Félix.
Sólo quiero persuadirte
Al engaño que padeces
De tus celos.
Laura.
¿Quién te ha dicho
Que yo tengo celos, Félix?
D. Félix.
Tú misma te contradices.
Laura.
¿De qué suerte?
D. Félix.
Desta suerte.
O tienes celos, ó no:
Si dices que no los tienes,
¿Para qué finges enojos,
Laura, de lo que no
sientes?
Si los tienes, ¿por qué,
Laura,
Desengañarte no quieres,
Pues ninguno al desengaño
Celoso la espalda vuelve?
Luego para disculparme,
O para satisfacerte,
Si los tienes, has de
oirme,
O hablarme si no los
tienes.
[p. 33]Laura.
Si fuera argumento tal,
Que negarse no pudiese,
Quien está enojada está
Celosa, muy sutilmente
Arguyeras; mas si no
Se sigue precisamente,
Pues puedo estar enojada
Sin que á estar celosa
llegue,
Ni yo tengo que escucharte,
Ni tú que decirme tienes.
D. Félix.
Pues, vive Dios, que has de
oirme
Antes que de aquí me
ausente,
Celosa ó quejosa.
Laura.
¿Iráste
Si te oigo?
D. Félix.
Sí.
Laura.
Pues dí, y véte.
D. Félix.
Negarte que yo he querido,
Laura, á Nise...
Laura.
Oye, detente.
¿Y es estilo de obligarme,
Modo de satisfacerme,
Decirme, cuando aguardaba
Mil rendimientos corteses,
Mil finezas amorosas,
Fuesen verdad ó no fuesen,
Que hay duelos de amor,
adonde
Queda bien puesto el que
miente,
Decirme en mi misma cara
Que á Nise has querido?
Advierte
Que con lo mismo que
piensas
Que desenojas, ofendes.
D. Félix.
Si no me oyes hasta el
fin...
Laura.
¿Desto disculparte puedes?
[p. 34]D. Félix.
Sí.
Laura.
(Ap.) ¡Plegue á amor!
D. Félix.
Oye pues.
Laura.
¿Iráste?
D. Félix.
Sí.
Laura.
Pues dí, y véte.
D. Félix.
Negarte que yo he querido,
Laura, á Nise, fuera error;
Mas pensar tú que este amor
Es como el que te he
tenido,
Mayor error, Laura, ha
sido;
Pues si á Nise un tiempo
amé,
No fué amor, ensayo fué
De amar tu luz singular,
Que, para saber amar
A Laura, en Nise estudié.
Laura.
A ciencias de voluntad
Las hace el estudio
agravio;
Pues amor, para ser sabio,
No va á la universidad;
Porque es de tal calidad,
Que tiene sus libros llenos
De errores propios y
ajenos;
Y así en su ciencia verás
Que los que la cursan más
Son los que la saben ménos.
D. Félix.
Pues explíqueme mejor
Otro ejemplo: nace ciego
Un hombre, y discurre luego
Cómo será el resplandor
Del sol, planeta mayor,
Que rumbos de zafir gira;
Y cuando por fe le admira,
Cobra en una noche bella
[p. 35]La vista; y es una
estrella
La primer cosa que mira.
Admirando el tornasol
De la estrella, dice: «Sí,
Este es el sol; que yo así
Tengo imaginado al sol;»
Pero cuando su arrebol
Tanta admiracion le ofrece,
Sale el sol y le oscurece.
Pregunto yo: ¿ofenderá
Una estrella, que se va,
A todo un sol que amanece?
Yo así que ciego vivia
De amor, cuando no te
amaba,
Como ciego imaginaba
Cómo aquel amor sería:
Adoraba lo que via,
Presumiendo que era así
El amor; mas ¡ay de mí!
Que no ví al sol, ví una
estrella,
Y entretúveme con ella
Hasta que el sol mismo ví.
Laura.
Eso no: pues si me doy
Por entendida contigo,
Que Nise fué mi sol digo,
Y que yo su estrella soy.
Pruébolo: pues si yo estoy
Contigo la noche fria,
Y ella de dia te envía
A llamar, y estás con ella,
¿Quién será el sol ó la
estrella?
¿Cúya es la noche ó el dia?
D. Félix.
¡Vive Dios, Laura, que son
Engaños tuyos, y plegue
[p. 36]Al cielo, que si la
he visto,
Que un rayo me dé la
muerte,
Desde que á Ocaña viniste!
¿Qué más desengaños quieres
De lo que cuenta de mí,
Que escuchar que ella lo
cuente;
Pues es el mayor desaire
Del duelo de las mujeres,
Confesar sus celos, donde
Lo escucha de quien los
tiene?
Laura.
Yo sé que han sido
verdades,
Y no engaños aparentes.
D. Félix.
¿De qué lo sabes?
Laura.
De que
Es mal que á mí me sucede,
Y no puede ser mentira:
Porque de los males suele
Decirse, Félix, que fueron
Astrólogos excelentes,
Porque siempre adivinaron,
Y dijeron verdad siempre.
D. Félix.
Por lo ménos ya confiesas
Que son celos, y los
sientes.
Laura.
¿Si me estás dando
tormento,
Es mucho que los confiese?
D. Félix.
Si tanto aprietan fingidos,
Ciertos, ¿qué...?
Celia.
Mi señor viene.
Laura.
Véte por aquesta puerta
De esotro cuarto; pues
tiene
Puerta á la calle.
D. Félix.
Dí, ¿cómo
Quedamos?
Laura.
Como quisieres.
[p. 37]D. Félix.
Yo querré desenojada...
Laura.
A verme esta noche vuelve,
Que quiero verte esta
noche,
Aunque de Nise me acuerde.
D. Félix.
¡Ay, Laura, cuánto te
engañas!
Laura.
¡Ay, cuánto me agravias,
Félix!
Celia.
¡Ay, cuánto no sirve una
Casa que dos puertas tiene!
[p. 38]
JORNADA SEGUNDA.
ESCENA PRIMERA.
LAURA, CELIA por
una puerta, y por otra MARCELA y SILVIA con mantos,
HERRERA.
Laura.
Tú seas muy bien venida
A esta casa.
Marcela.
Y tú seas,
Amiga, muy bien hallada.
Laura.
Con tal visita, ya es
fuerza
Que lo esté.
Marcela.
Yo pienso ántes,
Que te has de hallar mal
con ella;
Que vengo á darte cuidado.
Laura.
Yo le tengo, hasta que sepa
En qué te puedo servir.—
Llega aquesas sillas,
Celia,
Que aquí estaremos mejor
Que en el estrado.
Herrer.
Quisiera
Saber á qué hora vendré.
Marcela.
Al anochecer, Herrera,
Podrá venir.
Herrer.
El sereno
A esa hora tiene más
fuerza.
(Vase.)
[p. 39]Marcela.
Mi amiga eres, Laura
hermosa,
A quien dió naturaleza
Noble sangre, claro
ingenio;
¿Pues de quién con más
certeza
Me fiaré, que de quien es
Mi amiga, noble y discreta?
Laura.
Con tan grandes
prevenciones
La proposicion empiezas,
Que ya, más que tú decirla,
Estoy deseando saberla.
Marcela.
¿Estamos solas?
Laura.
Sí estamos.—
Celia, salte tú allá fuera.
Marcela.
No importa que Celia lo
oiga.
Laura.
Prosigue pues.
Marcela.
Oye atenta.
Mi hermano Don Félix,
Laura,
Por amistad que profesan
Él y un noble caballero
Desde sus edades tiernas,
Le trajo á casa estos dias,
Que Aranjuez, sagrada
esfera
Del cuarto Felipe, cifra
La luz del cuarto planeta.
Este hospedaje en efecto
Fué con tan vana
advertencia,
Que para traerle á casa,
La primer cosa que ordena
Es, que retirada yo
A un cuarto pequeño della,
Les deje á los dos el mio,
Y que tal recato tenga,
Que escondida siempre dél,
Ni alcance, Laura, ni
entienda
[p. 40]Que vivo en casa;
que así
(¡Mas qué accion tan poco
atenta!)
Pensó sanear la malicia
De que Ocaña no dijera
Que traia á casa un huésped
Tan mozo, teniendo en ella
Una hermana por casar:
Y fué aquesto de manera,
Que retirada á este cuarto
Que te he dicho, áun una
puerta
Que sale al cuarto de Félix
(Porque nunca presumiera
Que habia mas casa), la
hizo
Cubrir con una antepuerta,
Y por ella á aderezarle
Sola Silvia sale y entra.
Dejemos, pues, á Lisardo,
Que, sin que jamás entienda
Que hay mujer en casa, vive
Con este descuido en ella;
Dejemos tambien á Félix,
Que con esto sólo piensa
Que curó en salud el daño
De que me hable y que me
vea;
Y vamos á mí, que viendo
La prevencion con que
intenta
Mi hermano ocultarme, hice
De la prevencion ofensa;
Porque no hay cosa que
tanto
Desespere á la más cuerda,
Como la desconfianza.
¡Cuánto ignora, cuánto
yerra
En esta parte el honor!
Que es como el que olvidar
piensa
[p. 41]Una cosa, que el
cuidado
De olvidarla es quien la
acuerda;
Es como el que desvelado
Se quiere dormir por
fuerza,
Que llamando al sueño, es
El sueño quien le
despierta;
Y es como el que halla en
un libro
Borradas algunas letras,
Que por sólo estar
borradas,
Le da más gana de lêrlas.
Este recato, en efecto,
En Félix mi hermano, esta
Curiosidad, Laura, en mí,
O este destino en mi
estrella,
Despertaron un deseo
De saber si el huésped era,
Como gallardo entendido,
Cosa que quizá no hiciera
A no habérmelo vedado;
Que en fin la culpa primera
De la primera mujer,
Esto nos dejó en herencia.
Y para poder mejor
Hablarle, sin que supiera
Quién era la que le
hablaba,
Fuí una mañana á esas
huertas,
Paso de Aranjuez, por donde
Habia de pasar por fuerza.
Llaméle pensando, Laura,
Que el hablarle no tuviera
Mayor empeño que hablarle
Por curiosidad ó tema.
Mas ¡ay, que es fácil la
entrada,
Cuanto difícil la vuelta
[p. 42]Del más hermoso
peligro!
Dígalo el mar desde afuera,
Convidando con la paz
A cuantos á verle llegan,
Cuando jugando las ondas
Unas con otras se
encuentran;
Pues el que más confiado
Pisó su inconstante selva
Ese lloró más perdido
La saña de sus ofensas.
Yo así apacible juzgué
El mar de amor; pero apénas
Reconocí sus halagos,
Cuando sentí sus
violencias.
Pensarás que este cuidado
Sólo alcanza, sólo llega
A hallarme hoy enamorada;
Pues más mal hay que el que
piensas
Porque de amor y de honor
Estoy corriendo tormenta.
Hoy, pues, Lisardo á Don
Félix
(Que yo detras de la
puerta,
Que te he dicho, lo
escuchaba)
De todo le daba cuenta,
Si (no importa declararme)
No se lo estorbara Celia.
Doblada quedó la hoja,
Y temo que por las señas
Del rostro, que ya me vió
Lisardo, ó por la cautela
Con que le hablé, ó por
haber
Seguídome hasta tan cerca
De casa, puedan en Félix
Moverse algunas sospechas;
[p. 43]Y así, ántes que el
discurso
A enlazarse, Laura, vuelva,
Me importa hablar á
Lisardo,
Para cuyo efecto queda
Silvia ya con un papel,
En que le digo que venga
A verme á esta casa, donde
Yo he de estar...
Laura.
Detente, espera;
Que has usado neciamente,
Marcela, de la licencia
De la amistad: pues primero
Que á ese Lisardo
escribieras,
Ni á mi casa le llamaras,
Debieras mirar, debieras
Advertir desde la tuya,
Los inconvenientes desta.
Marcela.
Ya, Laura, los he mirado,
Sin que corran por tu
cuenta.
Laura.
¿De qué manera? Si yo...
Marcela.
Escucha de qué manera.
Tu casa tiene dos cuartos,
Y del uno cae la puerta
A otra calle: á Silvia dije
Que le trajese por ella;
De suerte que entrando,
Laura,
Por donde saber no pueda,
En fin, como forastero,
Si es casa tuya, ¿qué
arriesgas?
Laura.
Arriesgo el que lo
pregunte,
Y lo que hoy no sabe, sepa
Mañana, y piense que yo
Soy la tapada.
Marcela.
Que adviertas,
[p. 44]Te pido, que yo he
de estar
De visita y descubierta,
Como si fuera mi casa,
Dentro de la tuya mesma.
Laura.
Cuando el verte á tí me
libre
A mí con esa cautela,
¿Cómo me podré librar
Del peligro de que venga
Mi padre, y halle aquí un
hombre?
Marcela.
¿Luego ha de venir por
fuerza
Hoy, y luego han de
cogernos
En el primer hurto? Esta
Fineza has de hacer por mí,
Pues es tan digna fineza
De tu sangre y mi amistad.
Laura.
(Ap.) ¡Oh quién decirla pudiera
El tercer inconveniente,
Pues no es el de menor pena
Que acierte á venir Don
Félix,
Y me halle á mi hecha
tercera
De su hermana y de su
amigo!
ESCENA II.
SILVIA, con manto.
— Dichas.
Silvia.
A Ocaña he dado mil vueltas
Hasta hallarle.
Marcela.
Silvia, ¿qué hay?
Silvia.
Que dí tu papel, y apénas
Le leyó, cuando tras mí
Vino, y queda ya á la
puerta
Que me dijiste.
[p. 45]Marcela.
Ya, Laura,
No hay como excusarte
puedas.
Laura.
De mala gana te sirvo
En esto.
Marcela.
Quítame, Celia,
Este manto: llama, Silvia,
Tú á Lisardo, y tú no
quieras
(Vase
Silvia.)
Verle, que eres muy hermosa
Para criada.
Laura.
Ya quedas
Hecha dueña de mi casa,
Marcela: mira por ella.—
(Ap. ¡Oh, á qué
de cosas se obliga
Quien tiene una amiga
necia!)
(Vase.)
ESCENA III.
SILVIA, LISARDO. — MARCELA.
Silvia.
Esta es la casa, señor,
De aquella dama encubierta,
Que ya descubierta veis.
Lisardo.
¿Quién vió dicha como esta?
Marcela.
Estaríades, señor
Lisardo, muy olvidado
De que iria mi cuidado
A buscaros.
Lisardo.
Mi temor
Confieso, y que la
esperanza
Desta ventura perdí;
Que siempre andar juntos ví
Fortuna y desconfianza.
Marcela.
Aunque es verdad que
pudiera
[p. 46]Hoy, por el gusto de
hablaros,
Señor Lisardo, llamaros
A mi casa, no lo hiciera,
A no tener que reñiros
Un descuido contra mí.
Lisardo.
¿Descuido contra vos?
Marcela.
Sí,
De que me importa
advertiros.
Lisardo.
Si vos misma disculpais
Mi ignorancia, con que ha
sido
Descuido mal advertido,
Ya importa que le digais,
Porque no vuelva á incurrir
En lo que ignorante estoy.
Marcela.
¿A quién empezasteis hoy
Nuestro suceso á decir,
Que os estorbó una criada
La relacion?
Lisardo.
Ya os entiendo,
Y aunque pueda, no pretendo
Satisfaceros en nada;
Porque mujer que de mí,
Donde no soy conocido,
Tanta noticia ha tenido;
Mujer que se guarda así
De un hombre de quién yo
soy
Amigo; mujer que tiene
Criada en su casa, que
viene
Con las nuevas que le
doy...
Harto callando la digo,
Harto con irme la muestro,
Porque ántes que galan
vuestro
Fuí de Don Félix amigo.
Marcela.
Habeis sin duda pensado,
[p. 47]Por las nuevas que
yo os doy,
Que dama de Félix soy;
Pues estais muy engañado;
Y esto me habeis de creer,
Si algo crê quien dice que
ama,
Que no sólo soy su dama,
Mas que no lo puedo ser.
Lisardo.
Si los principios negais,
Mal argumento teneis.
¿De quién mi nombre sabeis,
Y de mí informada estais?
¿De quién, pues, habeis
sabido
(Decir puedo en un momento)
Lo que en su mismo aposento
A los dos ha sucedido?
Marcela.
Para que aquí se concluya
Lo que á dudar os obliga,
Sabed que yo soy amiga
De una hermosa dama suya.
Esta, hablando, pues,
conmigo
En Félix, nuevas me dió
De vos, porque en vos habló
Como de Félix amigo;
Y aunque él es tan
caballero,
En nadie un secreto cupo
Mejor, que en quien no le
supo;
Y así suplicaros quiero
Que á Don Félix no le deis,
Señor, más señas de mí,
Ni le digais que yo os ví,
Ni que mi casa sabeis;
Porque me van en rigor,
A una sospecha creida,
Hoy por lo ménos la vida,
[p. 48]Y por lo más el
honor.
Lisardo.
Bien pensaréis que ha
cesado
De mis dudas la razon,
Y ántes mayor confusion
Es la que me habeis dejado:
Porque si no sois...
ESCENA IV.
CELIA, despues LAURA.
— Dichos.
Celia.
Señora.
Marcela.
¿Qué hay, Celia?
Celia.
Que mi señor
Viene por el corredor.
Marcela.
(A Celia.) Esto me faltaba ahora.
¿Podrá salir?
Celia.
No, que viene
Por la puerta que él entró,
Y saber que hay otra no
Es posible, ni conviene.
Hasta aquí entra ya.
Lisardo.
¿Qué haré?
Celia.
Esconderos es forzoso
En esta cuadra.
Lisardo.
Dudoso
Estoy.
Marcela.
Presto, que si os ve...
Lisardo.
¡Vive Dios, que estoy
perdido!
(Escóndese en
un aposento. — Sale Laura.)
Marcela.
Cercada de penas muero.
Laura.
¿Ves, Marcela? En el
primero
Hurto al fin nos han
cogido.
[p. 49]¡En buena ocasion me
has puesto!
Marcela.
¿Quién pudiera prevenir
Que ahora hubiese de venir
Tu padre?
ESCENA V.
FABIO. — Dichos.
Fabio.
Celia, ¿qué es esto?
Esta puerta, ¿cuándo
abierta
Sueles, por dicha, tener?
Laura.
Vínome Marcela á ver,
Y por estar esa puerta
La más cerca de una casa
Adonde ella estaba, yo
La hice abrir; por ella
entró,
Y quedóse así: esto pasa.
Fabio.
Perdonad, bella Marcela;
Que como la luz del dia
Ya se va á poner, no os
via.
Laura.
(Ap.) ¡Gran daño el alma recela!
Celia.
(Ap.) ¡Qué confusion!
(Vase.)
Silvia.
(Ap.)¡Qué temor!
Marcela.
Yo, habiendo ahora sabido
La tristeza que ha tenido
Laura, me trajo mi amor
A verla, y ver si merezco
De sus penas consolar
La tristeza y el pesar.
Laura.
Son tantas las que padezco,
Que me añade más dolor
El remedio prevenido,
[p. 50]Y ántes pienso que
has venido
A hacérmele tú mayor;
Que crece con el remedio
Este accidente.
Fabio.
No sé
Qué te diga, ni sabré
Hallar á tus males medio.—
Hola, traed luces aquí.
ESCENA VI.
CELIA, con luces,
que pone sobre un bufete; HERRERA. — Dichos.
Celia.
Ya aquí las luces están.
Herrer.
Las ocho y media serán,
¿Habemos de irnos de aquí
Esta noche, pues que ya
Ha anochecido, señora?
¿No es de recogernos hora?
Marcela.
Pena el dejarte me da,
Laura, con este
cuidado; (Ap. á ella.)
Pero excusarle no puedo.
Laura.
Yo, en fin, á pagar me
quedo
Las culpas que no he
pecado.
Marcela.
¿Qué puedo hacer? (¡Ay de
mí!)
Dame licencia.
Fabio.
Yo iré
Sirviéndôs.
Marcela.
No hay para qué
Me trateis, señor, así.
Quedad con Dios.
Laura.
(Ap. á
Marcela.)Mejor es
[p. 51]Dejarle ir, para que
pueda
Irse este hombre que aquí
queda.
Fabio.
Yo tengo de ir con vos.
Marcela.
Pues
Me honrais tanto, replicar
A vuestra gran cortesía,
Pareciera grosería.
Fabio.
La mano me habeis de dar.
Marcela.
Sois tan galan, que no
puedo
Negaros ese favor.
(Vanse Fabio,
Marcela, Herrera y Silvia.)
Laura.
¿Hay, Celia, pena mayor
Que la pena con que quedo?
¿Quién crêrá que yo
encerrado
Aquí tengo un hombre que
No conozco? Y si me ve,
¿Quedará desengañado
De que Marcela no ha sido
El dueño de aquesta casa?
Celia.
Todo cuanto aquí nos pasa,
Fácil enmienda ha tenido
Con irse ahora mi señor.
Retírate tú de aquí:
Yo le sacaré de allí
Sin que pueda del error
En que está, desengañarse;
Pues él sin veros se irá,
Ni á tí ni á Marcela.
Laura.
Ya
Sólo falta efectuarse.
La puerta abre; mas
detente,
Que parece que he sentido
En esta sala rüido.
Celia.
Ya es otro el
inconveniente.
[p. 52]ESCENA VII.
DON FÉLIX. — LAURA, CELIA.
D. Félix.
Apénas la sombra fria
Tendió, Laura, el manto
negro
Capa de noche que viste
Para disfrazarse el cielo,
Cuando á tu puerta me
hallaron
Las estrellas; que el deseo
Tanto anticipa las horas,
Que á verte á estas horas
vengo
Haciendo el tiempo en tu
calle,
Porque no se pierda el
tiempo.
Ví que mi hermana salia
De tu casa, y advirtiendo
Que tu padre la acompaña,
A entrar hasta aquí me
atrevo;
Porque las paces de hoy
Me tienen con tal contento,
Que no quise dilatar
Sólo un instante, un
momento
El verte desenojada.
Laura.
Pues no haces bien, si es
que advierto,
Que un enojo apénas quitas,
Cuando otro vas
disponiendo.
¿Tanto podia tardar
(Ap. Apénas á
hablarle acierto.)
En recogerse la casa,
Que temerario y resuelto
Te entras aquí, sin mirar
Que ha de volver al momento
[p. 53]Mi padre?
D. Félix.
Sólo he querido
Que sepas, Laura, que
espero
En la calle á que sea hora
Para hablarte; porque luégo
No digas que de otra parte
Vengo, cuando á verte
vengo.
En la calle pues estoy.
Laura.
Eso sí; vuélvete presto,
Que al punto que se recoja
Mi padre, hablarnos
podremos
Más despacio. No me tengas
Con tanto susto, que creo
Que sospechoso (¡ay de mí!)
Está ya del amor nuestro;
Tanto, que á esa puerta
falsa
La llave ha quitado, (Ap. Esto
Digo por asegurar
El paso al que está acá
dentro.)
Y anda todos estos dias
A casa yendo y viniendo.
D. Félix.
Por quitarte ese temor,
Me voy, y en la calle
espero.
Fabio.
(Dentro.) Hola, bajad una luz.
Laura.
Él viene ya.
Celia.
Dicho y hecho.
(Toma Celia
una luz y vase.)
D. Félix.
Si de esotra puerta dices
Que quitó la llave, es
cierto
Que no hay por donde salir;
Y así, en aqueste aposento
Me esconderé.
(Va á entrar
donde está Lisardo, y se pone delante Laura.)
Laura.
Aguarda, espera;
[p. 54]Que no has de entrar
aquí dentro.
D. Félix.
¿Por qué?
Laura.
Porque siempre aquí
Está mi padre escribiendo
Mucha parte de la noche.
D. Félix.
¡Vive Dios, que no es por
eso!
Porque al entreabrir la
puerta
He visto un bulto allá
dentro.
Laura.
Mira...
D. Félix.
Aquí, ¿qué hay que mirar?
Laura.
Advierte...
D. Félix.
Ya nada temo.
Laura.
Que entra ya mi padre.
D. Félix.
¡Ay triste,
En qué gran duda estoy
puesto!
Si aquí hago alboroto, á
Fabio
De sus ofensas advierto;
Si callo, sufro las mias.
ESCENA VIII.
FABIO. — Dichos.
Fabio.
¡Vos aquí, Félix! ¿qué es
esto?
Laura.
(Ap. á Don
Félix.)
Mira, por Dios, lo que
haces;
Pues en quien es caballero,
El honor de las mujeres
Siempre ha de ser lo
primero.
D. Félix.
(Ap. Es verdad;
disimular
Tomo por mejor acuerdo,
Si celos se disimulan.)
Buscando á mi hermana
vengo. (A Fabio.)
[p. 55]Que me dijeron que
aquí
Estaba.
Fabio.
Ya yo la dejo
En su casa, y vengo ahora
De servirla de escudero.
Laura.
Eso es lo mismo que yo
Le estaba, señor, diciendo.
D. Félix.
Dios os guarde por la honra
Que á mi hermana la habeis
hecho.
Fabio.
Ella os espera ya en casa.
D. Félix.
(Ap. No sé (¡ay
Dios!) lo que hacer debo.
Estarme aquí, es necedad;
Irme, si aquí un hombre
dejo,
Es desaire; alborotar
Aquesta casa, desprecio;
Pues esperarle en la calle,
Si hay dos puertas, ¿cómo
puedo
Yo solo? ¡Oh, quién á
Lisardo,
Que es mi amigo verdadero,
Consigo hubiera traido!
Mas ya he pensado el
remedio.)
Quedad con Dios.
Fabio.
Él os guarde.
D. Félix.
(Ap.) Hoy he de ver,
¡vive el cielo!
Si es verdad que la fortuna
Ayuda al atrevimiento.
(Don Félix se
va muy aprisa, Fabio llega hasta la puerta con él, y Celia despues toma una luz
y se va; Fabio toma otra luz.)
Fabio.
Alumbra, Celia, á Don
Félix.
Laura, éntrate tú acá
dentro,
Que tengo que hablar á
solas
Contigo.
Laura.
(Ap.)Otro susto, ¡cielos!
[p. 56]Mi padre ¿qué me
querrá?
Laura, ¿en qué ha de parar
esto?
(Vanse.)
ESCENA IX.
CELIA, que vuelve
con la luz; despues LISARDO.
Celia.
Sin esperar que bajara
A alumbrarle, en un momento
Se me despareció Félix.
Bien se deja ver su
intento,
Que es de dar presto la
vuelta
A la calle; mas primero
Que él llegue, ya habrá
salido
Estotro; que en su aposento
Está mi señor con Laura.
No hay que esperar.
Caballero, (A Lisardo.)
En gran confusion estamos
Por vos.
(Sale
Lisardo.)
Lisardo.
Ya sé lo que os debo;
Que aunque he entendido muy
poco
Del caso, porque aquí
dentro
Llegaban muertas las voces,
He entendido por lo ménos
Los empeños desta casa.
Celia.
Vamos de aquí.
Lisardo.
Vamos presto.
Celia.
(Ap.) Salga él una vez de casa,
Y más que sucedan luégo
Muertes de hombres en la
calle.
(Apaga la luz
y vase con él.)
[p. 57]ESCENA X.
DON FÉLIX; despues LAURA.
D. Félix.
En un esconce pequeño
Que hace la escalera, ántes
Que la luz bajara, muerto
De celos y de desdichas,
Pude quedarme encubierto.
Poco lugar han tenido
De echar á este hombre, y
no creo
Que, sabiendo que en la
calle
Estoy, se atrevan á
hacerlo.
El fin con que me he
quedado,
A mis desdichas atento,
Es de sacarle conmigo
Hasta la calle, fingiendo
Que soy criado de casa,
Y que sé todo el suceso.
(Llégase á la
puerta.)
Esta es la puerta, y está
Abierta. Ce, caballero,
Seguidme: seguro soy.
¿No me respondeis? ¿Qué es
esto?
Obligaréisme callando,
¡Vive Dios! á que éntre
dentro.
(Entra.)
(Sale Laura
con luz.)
Laura.
Nada me queria mi padre
Que fuese de más momento,
Que decirme que mañana
Ha de ir á un cercano
pueblo,
Adonde su hacienda tiene,
[p. 58]Y yo á mis desdichas
vuelvo.
Celia, Celia, ¿dónde estás?
Pondré que se han ido
huyendo
Todos, y que me han dejado
En el peligro. Y es cierto;
Pues nadie parece. ¡Ay
triste!
¿Qué he de hacer en tanto
aprieto?
Félix estará en la calle,
Cuando estotro está aquí
dentro.
Pero aunque todo lo
arriesgue,
Esto ha de ser; que primero
Soy yo. Perdone Marcela,
Esta vez. Ce, caballero,
A quien necia una mujer
En tanto peligro ha puesto,
No os espanteis de mirarme.
(Sale Don
Félix embozado.)
D. Félix.
¿Cómo puedo, cómo puedo
Dejar de espantarme, Laura,
De mirarte...
Laura.
¡Ay Dios! ¡qué veo!
D. Félix.
Tan mudable...
Laura.
¡Ay infelice!
D. Félix.
Y tan falsa?
Laura.
¡Ay Dios! ¿qué es esto?
D. Félix.
Esto es, Laura, esto es
(Si es que yo á decirlo
acierto)
El desengaño mayor
Que á un hombre han dado
los celos.
Pero miento, que no son
Celos, sino agravios estos.
(Paséase y
ella tras él.)
Laura.
(Ap. ¡Yo estoy
muerta!) Félix mio,
Mi bien, mi señor, mi
dueño.
[p. 59]D. Félix.
Mi mal, mi muerte, mi
ofensa,
¿Qué me quieres?
Laura.
Que te quiero;
Te quiero, no más.
D. Félix.
Y yo,
Pues tú lo dices, lo creo;
Porque no habiendo tenido
Un hombre en este aposento;
No habiendo dicho que
estaba
Cerrado el paso por esto;
No habiendo venido tú
A hablarme por él; no
habiendo
Visto yo... ¿Qué he de
haber visto?
Nada digo, nada entiendo.
¡Mal haya yo, porque estuve
Antes á tu honor atento,
Y no...! Adios, Laura;
adios, Laura.
Laura.
Detente, porque primero
Que te vayas, has de oirme.
D. Félix.
¿Puede ser mentira esto?
Laura.
Sí, bien puede ser mentira.
D. Félix.
¿Mentira lo que estoy
viendo?
Laura.
¿Qué viste?
D. Félix.
El bulto de un hombre
Que estaba en este
aposento.
Laura.
Algun criado sería.
ESCENA XI.
CELIA, muy
alborozada. — Dichos.
Celia.
Señora, ya por lo ménos
Nada sucederá en casa,
[p. 60]Que ya en la calle
los dejo.
(Ve á Don
Félix, y túrbase.)
D. Félix.
Mira, si era algun criado.
Celia.
¿Pues esto agora tenemos?
¿Cómo aquí?... No puedo
hablar.
Laura.
¿Ves, Félix, con cuánto
aprieto
Se eslabonan mis desdichas?
Pues culpa ninguna tengo.
D. Félix.
Pues yo la culpa tendré.
Laura.
Tanto te estimo y te
quiero,
Que áun no quiero yo
decirlo,
Porque te está mal saberlo.
D. Félix.
¡Qué antiguo sagrado es ese
De un culpado, en no
teniendo
Que responder! Esto en fin
Se acabó, Laura, esto es
hecho.
Adios, adios.
Laura.
Mira...
D. Félix.
Suelta...
Laura.
No has de irte así.
D. Félix.
¡Vive el cielo,
Que dé voces que despierten
A tu padre, al mundo
entero,
Diciendo quién eres!
Laura.
¡Félix!
D. Félix.
Harás que pierda el respeto
A tu hermosura, porque
Nadie le tuvo con celos.
(Vase.)
Laura.
Tenle, Celia.
Celia.
¿Yo tenerle?
Laura.
Pues aunque vayas huyendo,
Yo te buscaré. ¡Ay,
Marcela,
En qué de dudas me has
puesto!
(Vanse.)
[p. 61]Cuarto de Lisardo
en casa de D. Félix.
ESCENA XII.
LISARDO, CALABAZAS.
Calab.
Señor, ¿qué es lo que
tienes?
¿De dónde ó cómo á tales
horas vienes?
Lisardo.
Ni sé de dónde vengo,
Calabazas, ni sé lo que me
tengo.
Calab.
Despues de haberte ido
Sin mí (cosa que nunca ha
sucedido,
Ni héchose con lacayo
De bien), vuelves á casa
como un rayo,
Casi al amanecer,
descolorido,
Colérico, furioso,
acontecido.
Airado...
Lisardo.
No me mates,
Ni empieces á decirme
disparates,
Sino pon las maletas;
porque luégo
Me tengo de ir, y en tanto
que á esto llego,
A esotra cuadra pasa,
Mira si hablar á Félix
puedo.
Calab.
En casa
Él no está; que aunque ya
ha amanecido,
Creo que no ha venido
A acostarse hasta agora.
Lisardo.
¡Feliz él, que habrá estado
(¿quién lo ignora?)
Celebrando las paces con su
dama;
Que es la felicidad del que
bien ama!
¡Y yo, infeliz, á quien han
sucedido
Tantas cosas!...
Calab.
¿Qué han sido?
[p. 62]Lisardo.
Oye, porque me dejes,
Con condicion que luégo no
aconsejes.
Llamóme por un papel
Aquella dama tapada,
A que en su casa la viese.
A verla fuí, y la criada
Por un jardin me guió,
Hasta que llegué á una sala
De estrado, donde la misma
Que ví en las huertas,
estaba
Tan bella como entendida:
Esto, que te diga, basta.
Muy á los primeros lances,
Me dió á entender enojada
No sé bien qué quejas,
cuando
Su padre á la puerta llama.
Métenme en un aposento,
Donde, despues de pasadas
Algunas conversaciones,
De quien poco entendí ó
nada
(Porque como retirado
Estaba á puerta cerrada,
Llegaban á mí confusas
Las voces sin las
palabras),
La puerta un hombre
entreabrió;
La capa tercié y la espada
Empuñé, y al mismo instante
Me volvieron á cerrarla
Por defuera, sin poder
Ver el talle ni la cara
Del hombre. De allí á otro
rato,
Triste, confusa y turbada,
Otra moza me sacó
Hasta la calle, con várias
[p. 63]Prevenciones de que
Félix
No supiera desto nada.
Yo pues, cercado de dudas
Y de sospechas contrarias,
Estoy sin saber qué hacerme
En confusion tan extraña;
Porque si á Félix le callo
El lance, ya acreditada
La sospecha de que ha sido
Dama suya, será ingrata
Correspondencia, que él
tenga
A su enemigo en su casa;
Si se lo digo, y no es
Su dama, sino otra dama
Que de mí se fía, el
decirlo
Es de mi nobleza infamia.
Y así entre hablar y
callar,
La opinion más acertada
Es, pues dos daños me
embisten,
Volver á los dos la
espalda.
Así con esto á Don Félix
No ofende lo que se calla,
Ni lo que se dice, ofende
A la mujer. Luego trata
De poner toda la ropa,
Que ántes que amanezca el
alba,
Con ocasion de que ya
Hecha mi consulta baja,
De Ocaña me tengo de ir,
Aunque me deje en Ocaña
En un ingenio la vida,
Y en una hermosura el alma.
Calab.
¡Honrada resolucion!
Lisardo.
Porque apruebas y no
cansas,
[p. 64]Toma aquel vestido
que hice
De camino, Calabazas.
Calab.
Tus manos, señor, te beso
De resultas de las plantas,
No tanto por el vestido,
Aunque es dádiva extremada,
Como por dármele hecho;
Y en tanto que se levanta
Quien la ropa me ha de dar,
Escúchame en dos palabras
Lo que hecho un vestido
ahorra.
(Mudando
voces.)
—Señor maestro, ¿cuántas
varas
De paño son menester
Para mí?—Siete y tres
cuartas.
—Con seis y media le hace
Quiñones.—Pues que le haga;
Mas si él saliere cumplido,
Yo me pelaré las barbas.
—¿Qué tafetan?—Ocho.—Siete
Han de ser.—No quite nada
De siete y media.—¿Ruan?
—Cuatro.—No—Si un dedo
falta,
No puede salir.—¿De seda?
—Dos onzas, treinta de
lana.
—¿Bocací á los bebederos?
—Media vara.—¿Angeo?—Otra
tanta.
—¿Botones?—Treinta docenas.
—¿Treinta?—¿Habrá más de
contarlas?
Cintas, faltriqueras, hilo:
Vamos con todo esto á casa.
Junte vuesarced los piés,
Ponga derecha la cara,
Tienda el brazo.—¿Seor
maestro,
[p. 65]Son matachines?—¡Qué
gracia
Hará el calzon!—Oye usted,
La ropilla ancha de
espaldas,
Derribadica de hombros,
Y redondita de falda.
—Frisa para las faldillas
Haber sacado nos falta.
Póngala usted.—Que me
place.
—¡Ah! sí; esto se me
olvidaba:
Entretelas.—Deste viejo
Ferreruelo me las haga.
—Voy á cortarlo al momento.
—¿Cuándo vendrá
esto?—Mañana
A las nueve.—La una es:
¡Oh cuánto este sastre
tarda!
—Seor maestro, todo el dia
Me ha tenido usted en casa.
—No he podido más, que he
estado
Acabando unas enaguas,
Que, como mil paños llevan,
No fué posible acabarlas.
—¡Ah! caballero, muy seca
Está esta obra.—Remojarla.
—Angosto vino el calzon.
—De paño es, no importa
nada,
Que luego dará de sí.
—Esta ropilla está ancha.
—No importa nada, es de
paño,
Que ella embeberá (así
basta,
Que los paños dan y embeben
Como el sastre se lo
manda.)
—El ferreruelo está corto.
—Más de media liga tapa,
Y ahora no se usan largos.
[p. 66]—¿Qué se debe?—Poco
ó nada:
Veinte del calzon, y veinte
De la ropilla y sus mangas,
Diez del ferreruelo,
treinta
De los ojales... y tantas
Impertinencias, que en fin,
Que me venga ó que me vaya,
Quien me da un vestido
hecho,
Me da la mejor alhaja.
A componer voy las tuyas;
Aquí gloria y despues
gracia.
(Vase.)
Lisardo.
¡Qué locuras! ¡Quién
tuviera
Tu alegría, y no llegara
Hoy á sentir los extremos
De tantas penas, de tantas
Confusiones y sospechas!
¡Válgate Dios por tapada,
Toda misterios y toda
Prevenciones, sin que haya
Nunca visto la verdad!
(Vuelve
Calabazas.)
Calab.
Ya la dije á una criada
Que me sacase la ropa;
Porque hoy nos vamos á
Irlanda.
Lisardo.
En efecto, me destierran,
Antes de tiempo de Ocaña,
Tramoyas de una mujer.
[p. 67]ESCENA XIII.
MARCELA, con manto,
SILVIA, sin él, y quedan á la puerta. — Dichos.
Silvia.
Mira á qué te atreves.
Marcela.
Nada
Me digas, porque no estoy
Para escucharte palabra.
¿Que hoy se va, no dices?
Silvia.
Sí.
Marcela.
¿Pues, Silvia, de qué le
espantas
Que haga locuras mi amor?
Sin duda le dijo Laura
Quién soy, y de mí va
huyendo.
Silvia.
¿Pues si esto temes, qué
tratas?
Marcela.
Hablarle ya claramente;
Que puesto que á esta hora
falta
Mi hermano, ya no vendrá,
Hasta que le lleven capa
Y valona, ó sea de noche.
Tú, Silvia, á esa puerta
aguarda.
(Vase
Silvia.)
Lisardo.
Mira si ha venido Félix.
Calab.
Félix no, pero la dama
Tapada sí que ha venido.
Lisardo.
¿Qué dices?
Calab.
Ecce quam
amas.
Marcela.
Señor Lisardo, no sé
Que sea accion cortesana
El iros sin despediros
Hoy de una mujer que os
ama.
[p. 68]Lisardo.
¿Tan presto tuvisteis nueva
De mi partida?
Marcela.
Las malas
Vuelan mucho.
Calab.
(Ap.)¡Vive Dios,
Que con los demonios habla!
¿Si es Catalina de Acosta,
Que anda buscando su
estatua?
Marcela.
En fin, ¿os vais?
Lisardo.
Sí, y huyendo
De vos, que vos sois la
causa.
Marcela.
De eso infiero que sabeis
Ya quién soy (¡estoy
turbada!);
Y si el haberlo sabido
Anticipa la jornada,
Id con Dios; pero
advirtiendo
Que fué en mí y en vos la
causa
Imposible de decirla,
Y imposible de callarla.
Lisardo.
No os entiendo, pues no sé
De vos (esta es verdad
clara)
Más de lo que sé de vos:
Y ántes la desconfianza
Que haceis de mí, es quien
me mueve
A irme.
(Mira
Calabazas adentro.)
Calab.
Ce: por la sala
Entra Don Félix.
Marcela.
¡Ay triste!
Lisardo.
¿Qué os turba? ¿Qué os
embaraza?
Conmigo estais.
Marcela.
Es verdad;
Mas puesto que mis
desgracias
Unas con otras tropiezan,
[p. 69]Y tan en mi alcance
andan,
Sabed, que yo soy... No
puedo,
No puedo hablar más
palabra,
Que entra ya. Mi vida está
En vuestras manos,
guardadla;
Que yo aquí me escondo.
(Escóndese.)
Lisardo.
¡Cielos,
Sacadme de dudas tantas!
Ella es su dama sin duda.
Pues que tanto dél se
guarda.
ESCENA XIV.
DON FÉLIX. — LISARDO;
MARCELA, escondida.
D. Félix.
Lisardo.
Lisardo.
¿Qué hay, qué traeis,
Don Félix?
D. Félix.
Traigo un pesar,
Y véngole á consolar
Con vos, que me aconsejeis.
Lisardo.
Cuando por haber faltado
De casa... Véte de aquí.
(A Calabazas.
Vase.)
Toda la noche, creí
Que habíades celebrado
Las paces con vuestra dama,
¿Al amanecer venís
Con el pesar que decís?
D. Félix.
Sí, que un mal á otro mal
llama.
¡Ay Lisardo! bien
dijisteis,
Cuando hablasteis de los
celos,
Que sus mortales desvelos,
[p. 70]Y que sus efectos
tristes,
Eran tan otros tenidos
Que dados, cuanto se ofrece
Entre quien hace y padece;
Pues padecen mis sentidos
El daño que ántes hicieron.
¡Oh quién un siglo los
diera,
Y un punto no los tuviera!
Lisardo.
Pues ¿cómo ó de qué
nacieron?
(Ap. ¡Vive
Dios! que él ha seguido
Esta dama, y que sus celos
Son de mí y della.)
Marcela.
(Ap.)Los cielos
Den mis penas á partido.
D. Félix.
Muy rendido ayer llegué,
Donde (¡ay de mí!)
satisfice
Con los extremos que hice,
Las lágrimas que lloré,
Las mal fundadas sospechas
Que de mí (¡ay cielos!)
tenía
La hermosa enemiga mia;
Y cuando ya satisfechas
Estaban, y yo esperaba
De los sembrados rigores
Coger el fruto en favores,
De la calle en que
aguardaba
Entré á verla muy contento;
Y porque fué fuerza así
Un aposento entreabrí
(Mal haya mi sufrimiento),
Y en él (¡qué torpes
desvelos!)
El bulto de un hombre ví.
Lisardo.
(Ap.) ¡Esto es lo que anoche á mí
Me pasó, viven los cielos!
[p. 71]D. Félix.
¡Oh mal haya yo, porque,
Aunque su padre viniera,
Y aunque su honor se
perdiera,
A darle muerte no entré!
Quedarme pude escondido,
Con ánimo de volver
A buscar el hombre, y ver
Quién era.
Lisardo.
¿Habeislo sabido?
D. Félix.
No, porque ya una criada
Le habia sacado de allí.
Tras él al punto salí;
Pero no pude hallar nada.
Así hasta el mediodía
Toda la mañana he estado
(¡Mirad qué necio cuidado!)
Pensando que volveria.
Ved si habrá en el mundo
quien
Tenga el dolor que yo
tengo,
Pues hoy aquí á tener vengo
Celos, sin saber de quién.
Lisardo.
(Ap.) En este punto creí
Todo cuanto imaginé;
La dama esta dama fué,
Y yo el encerrado fuí.
Las señas son; mas supuesto
Que él no sabe que fuí yo,
Ni que ella aquí se ocultó,
Ponga fin á todo esto
Mi ausencia, puesto que así
Todo el silencio lo sella;
Pues no sabrá agravios
della.
Ni tendrá quejas de mí.
D. Félix.
¿Agora suspenso estais?
[p. 72]¿Cómo no me
respondeis?
Lisardo.
Como admirado me habeis,
Aun más de lo que pensais.
D. Félix.
¿Qué puedo hacer?
Lisardo.
Olvidar.
D. Félix.
¡Ay, Lisardo, quién
pudiera!
Calab.
(A la
puerta.) Señor, una dama ahí fuera
Dice que te quiere hablar.
D. Félix.
Ella es, que habrá venido
A verme. Yo no he de vella.
Lisardo.
Mirad primero si es ella.
ESCENA XV.
LAURA, tapada.
— Dichos.
D. Félix.
¿No he de haberla conocido?
Ella es, que en conclusion,
Querrá agora que yo crea
Que todo mentira sea.
Lisardo.
(Ap.) Ya es otra mi confusion:
Si esta es la que Félix
ama,
Y dentro en su casa vió
Un hombre, y éste fuí yo,
¿Quién es, quién, estotra
dama?
Laura.
Lisardo, por caballero
Os ruego que os ausenteis,
Y con Félix me dejeis,
Porque hablar con Félix
quiero.
D. Félix.
¿Quién te ha dicho que
querrá
El Félix hablarte á tí?
Laura.
Dejadnos solos.
Lisardo.
Por mí
[p. 73]Obedecida estais ya.
(Ap. Fuerza es
dejar encerrada
La otra dama hasta despues,
Y estar á la vista. Nada
Tengo ya que temer, pues
No es su dama mi tapada.)
(Vanse
Calabazas y Lisardo.)
ESCENA XVI.
LAURA y DON FÉLIX;
MARCELA, escondida.
Laura.
Ya que estamos los dos
solos,
Don Félix, y que podré
Decir á lo que he venido,
Escúchame.
D. Félix.
¿Para qué?
Ya sé que quieres decirme
Que ilusion, que engaño fué
Cuanto allí ví y cuanto oí;
Y si esto en fin ha de ser,
Ni tú tienes qué decir,
Ni yo tengo qué saber.
Laura.
¿Y si nada de eso fuese,
Sino todo eso al revés?
D. Félix.
¿Cómo?
Laura.
Escucha, oiráslo.
D. Félix.
¿Iráste
Si te escucho?
Laura.
Sí.
D. Félix.
Dí pues.
(Asoma
Marcela.)
Laura.
Negarte que estaba un
hombre
[p. 74]En mi aposento...
D. Félix.
Deten.
¿Y es estilo de obligar,
Modo de satisfacer,
Decirme, cuando esperaba
Un rendimiento cortés,
Una disculpa amorosa,
Confesar la ofensa? ¿Ves
Cómo otra vez la repites,
Porque la sienta otra vez?
Laura.
Si no me oyes hasta el
fin...
Marcela.
(Ap.) ¡Quién vió lance más cruel!
D. Félix.
¿Qué he de escuchar?
Laura.
Mucho.
D. Félix.
¿Iráste
Si te escucho?
Laura.
Sí.
D. Félix.
Dí pues.
Laura.
Negarte que estaba un
hombre
En mi aposento, y tambien
Que Celia le abrió la
puerta,
No fuera justo; porque
Negarle á un hombre en su
cara
Lo mismo que escucha y ve,
Es darle á un desesperado,
Para consuelo un cordel;
Mas pensar tú que fué
agravio
De tu amor y de mi fe,
Es pensar que cupo mancha
En el puro rosicler
Del sol, porque con mi
honor
Aun es sombra todo él.
D. Félix.
¿Pues quién aquél hombre
era?
Laura.
No puedo decirte quién.
[p. 75]Marcela.
(Ap.) ¡Quién vió confusion igual!
D. Félix.
¿Por qué?
Laura.
Porque no lo sé.
D. Félix.
¿Qué hacía escondido allí?
Laura.
No lo sé tampoco.
D. Félix.
¿Pues
Dónde la satisfaccion
Está?
Laura.
En no saberlo.
D. Félix.
¡Bien!
No saberlo es la disculpa,
La culpa el saberlo es:
¿Pues cómo quieres que
venza
Lo que sé á lo que no sé?
Laura, Laura, no hay
disculpa.
Laura.
Félix, Félix, déjame;
Que, aunque lo puedo decir,
Tú no lo puedes saber.
D. Félix.
Otra vez me has dicho ya
(Baldon ó despecho fué)
Eso mismo, y ¡vive Dios!
De no escucharlo otra vez;
Porque aquí me has de decir
La verdad desto...
Marcela.
(Ap.)¿Qué haré?
¡Que, por disculparse á sí,
Me ha de echar á mí á
perder!
D. Félix.
Que nada me está peor
Que el pensarlo.
Laura.
Sí diré.
Marcela.
(Ap. No dirás;
porque primero,
Tus voces estorbaré
Con esta resolucion.
Amor ventura me dé,
[p. 76]Como me da
atrevimiento.)
(Pasa por
delante tapada, como jurándosela á Don Félix; él quiere seguirla, y Laura le
detiene.)
Sólo esto he querido ver.
D. Félix.
¿Qué mujer es esta?
Laura.
Hazte
De nuevas.
D. Félix.
Déjame que
La siga y la reconozca.
Laura.
¡Eso querias tú, porque
Pudieras desenojarla,
Diciéndola á ella despues
Que me dejaste por ir
Tras ella! Pues no ha de
ser.
D. Félix.
Laura mia, mi señora,
El cielo me falte, amén,
Si sé qué mujer es ésta.
Laura.
Yo sí; yo te lo diré:
Nise era, que al pasar
Yo la conocí muy bien.
D. Félix.
Ni era Nise, ni sé yo
Cómo estaba aquí.
Laura.
Muy bien;
¡La disculpa es no saberlo,
La culpa el saberlo es!
¿Pues cómo quieres que
venza
Lo que sé á lo que no sé?
Adios, Félix.
D. Félix.
Si no basta
El desengaño que ves,
¿Cómo quieres que yo crea
Lo que tú, Laura, no crês?
Laura.
Porque yo digo verdad,
Y soy quién soy.
[p. 77]D. Félix.
Yo tambien,
Y ví en tu aposento un
hombre.
Laura.
Yo en el tuyo una mujer.
D. Félix.
No sé quien fué.
Laura.
Yo tampoco.
D. Félix.
Sí supiste, Laura; pues
Ya me lo ibas á decir.
Laura.
Ya, sin decirlo me iré,
Por no dar satisfacciones
A un hombre tan descortés.
D. Félix.
Mira, Laura...
Laura.
Suelta, Félix.
D. Félix.
Véte, que es cosa cruel,
Haber de rogar quejoso.
Laura.
Quédate; que es rabia haber
De llevar traiciones,
cuando
Finezas vine á traer.
D. Félix.
Yo bien disculpado estoy.
Laura.
Si á eso vamos, yo tambien.
D. Félix.
Pues ví en tu aposento un
hombre.
Laura.
Yo en el tuyo una mujer.
D. Félix.
Si esto, cielos, es amar...
Laura.
Si esto, fortuna, es
querer...
Los dos.
¡Fuego de Dios en el querer
bien!
Amén. Amén.
[p. 78]
JORNADA TERCERA.
Cuarto de
Marcela.
ESCENA PRIMERA.
MARCELA, SILVIA.
Silvia.
Grande atrevimiento fué.
Marcela.
Como perdida me ví,
Cuando ya á Laura escuché,
Que iba á descubrir allí
Cuanto en su casa pasé,
Estorbar la relacion
Quise con tan loca accion;
Que, ya preciso un pesar,
Algo se ha de aventurar.
Silvia.
Así es verdad.
Marcela.
La razon
Que me animó más, fué ver
A Lisardo, que esperaba
Más afuera, al parecer,
En qué el suceso paraba
De su encerrada mujer;
Y como yo lo sabía,
No temí la empresa mia:
Pues, á no suceder bien,
[p. 79]Ya en Lisardo al
ménos quien
Me defendiese tenía:
Y en fin, ello sucedió
Mejor que esperaba yo;
Pues yo á mi cuarto pasé,
Y en los celos que dejé
El lance se barajó
De suerte, que ni Lisardo
Se empeñó por mí gallardo,
Ni Laura el caso contó,
Ni Félix me conoció.
Ni yo mayor susto aguardo.
Silvia.
Digo que fué extraño
cuento,
Y si escarmiento ha dejado.
Será de más fundamento.
Marcela.
¿Pues cuándo dejó
escarmiento,
Silvia, un peligro pasado?
Antes el haber salido
Deste tan bien me ha movido
A pensar cómo pudiera
Ser que Lisardo volviera
A verme.
Silvia.
Oye, que hacen ruido.
ESCENA II.
DON FÉLIX, por la
puerta escondida. — Dichas.
D. Félix.
Marcela.
Marcela.
¿Qué novedad
Es entrar tú en mi
aposento?
D. Félix.
Es venir mi voluntad
Por luz á tu entendimiento,
[p. 80]Por consuelo á tu
piedad.
Anoche, cuando saliste
De ver á Laura, yo entré
En su casa (¡Ay de mí
triste!)
Y ví en su casa, y hallé...
Marcela.
Dí, ¿qué hallaste? dí, ¿qué
viste?
D. Félix.
Un hombre.
Marcela.
¿Tal pudo ser?
D. Félix.
Vínome á satisfacer;
Una mujer, que salió
De mi alcoba, lo estorbó...
Marcela.
¡Miren la mala mujer!
D. Félix.
Que con Lisardo debia
De estar. Él, cuerdo y
discreto,
Presumiendo que ofendia
De mi casa así el respeto,
Dice que tal no sabía.
En fin, sea lo que fuere
(Que no hay nadie que lo
diga),
Celosa Laura, no quiere
Que desengaños consiga,
Ni que disculpas espere.
Yo, por no dar á torcer
Tampoco mi sentimiento,
No la quiero hablar ni ver;
Pero quisiera saber
Hasta el menor pensamiento
Suyo. Para esto ha pensado
Una industria mi cuidado.
Marcela.
¿Y es, si me la has de
decir?
D. Félix.
Que tú, hermana, has de
fingir
Que un gran disgusto, un
enfado
Conmigo has tenido, y que
En tanto que esto se pasa,
[p. 81]Te quieres ir á su
casa:
Y así una espía tendré
Para el fuego que me
abrasa;
Pues tú á la mira estarás,
Y á pocos lances verás,
Quién este embozado es,
Y con secreto despues
De todo me avisarás.
Marcela.
Aunque hay bien que
replicar,
Hoy me iré á su casa.
D. Félix.
No
Puede hoy ser; que por
mostrar
Cuán poco mi mal sintió,
O por darme este pesar,
Hoy de su casa ha salido,
Y al mar de Antígola ha
ido.
Marcela.
Pues digo que iré mañana.
D. Félix.
La vida me das, hermana;
Tuya desde hoy habrá sido.
(Vase.)
Marcela.
¿Hay cosa, como llegar
Rogándome lo que yo
Puedo, Silvia, desear?
Pero mira quién se entró
En el cuarto sin llamar.
Silvia.
Laura y Celia son, señora.
ESCENA III.
LAURA, CELIA. — MARCELA,
SILVIA.
Marcela.
Laura mia, ¡á aquesta hora!
Laura.
No te espantes desto,
amiga;
Que á tanto una pena
obliga.
[p. 82]Marcela.
¿Quién lo duda? ¿Quién lo
ignora?
Laura.
De la suerte que de mí
Te fuiste ayer á valer,
Vengo á valerme de tí.
Celia.
Aprended, damas, de aquí,
Lo que va desde hoy á ayer.
Laura.
Aquel hombre que dejaste
Cerrado, Marcela mia,
En mi casa, vió Don Félix.
Marcela.
¡Jesus!
Laura.
No importa que diga
El cómo ó el cuándo, puesto
Que bastaba ser desdicha,
Para que ella se estuviese
Desde luego sucedida.
Quísele satisfacer,
Y vine á tu casa, amiga,
Sin mirar á los respetos
A que el ser quien soy me
obliga.
Entré en su aposento, y
cuando
A representarle iba
Disculpas, que no tocasen
En tu opinion ni en la mia,
Una mujer, que detras
De su aposento tenía,
Y que era sin duda Nise...
Marcela.
¿Quién duda que ella sería?
Laura.
Salió á dar celos por
celos.
Marcela.
¡Hay tan gran bellaquería!
¿Y qué hizo Félix á eso?
Laura.
Él, aunque quiso seguirla,
Yo no lo dejé. En efecto,
Las dos quejas repetidas,
Ni las suyas quise oir,
[p. 83]Ni él saber quiso
las mias.
Por mostrar que estaba (¡ay
cielos!)
Gustosa y entretenida,
(¡Oh cuán á costa del alma,
Marcela, un triste se
anima!)
Al mar de Antígola hoy
Salí con unas amigas,
Donde, aunque debió
alegrarme
Su hermosa apacible vista,
No pudo, que para mí
Ya se murió la alegría;
Tanto, que ni el ver la
Reina,
Que infinitos siglos viva,
Para que flores de Francia
Nos den el fruto en
Castilla
Cómo en su verde carroza,
Que caballos del sol tiran,
Varado bajel de tierra
Llegó á abordar á la
orilla:
Ni el ver tan ufano
entónces
Ese breve mar, que imita
Del Océano las ondas
Encrespadas y movidas
De los céfiros süaves,
Cuando al mirar quien las
pisa
Como plata las entorcha,
Y como vidrio las riza:
Ni el ver que ya el
bergantin,
Coche del mar, pues le
guian,
Como caballos, los remos,
A quien el freno registra
De un timon, abrió el
estribo
De su hermosa barandilla,
Para que su popa ocupe,
[p. 84]Para que su esfera
admita
Un sol, á quien hizo guarda
No ménos que el alba misma:
Ni el ver las hermosas
damas,
Que como flores seguian
La rosa, bien así como
Tejido coro de ninfas,
En las selvas de Diana
Profanas fábulas pintan:
Ni el ver, en fin, que tan
bello
Ya el bajel bogando iba
El piélago de cristal,
Que al acercarse á la isla
Del cenador, que con tantas
Flores el estanque habita,
No pudo determinar
Desde aparte, no, la vista,
Cuál el bergantin, ó cuál
Era el cenador; pues via
Flores en cualquiera
tantas,
Que unas á otras
competidas,
Naval batalla de flores
Se dieron muertas y vivas,
Me pudo aliviar; pues toda
Esta pompa hermosa y rica,
En los cristales bullicio,
En las flores alegría,
En los vientos suavidad,
En las hojas armonía,
En las damas hermosura
Y en todos los campos risa,
Llanto fué, llanto en mis
ojos
Celosa de Félix. Mira,
Si á quien esto no
divierte,
[p. 85]Bastantemente
peligra.
Yo no he de hablarle;
porque
Es triste cosa, es indigna
Accion darle yo á torcer
Mis celos; y así querria
De una industria aquí
valerme,
Si es que mi amistad
codicias;
Y es, que para que yo vea
Si Nise en su cuarto
habita,
Le he de acechar esta noche
Por aquella puerta, amiga,
Que dijiste, y que á su
cuarto
Cae y él tiene escondida.
¿Cómo faltar de mi casa
Podré? es fuerza que aquí
digas;
Y responderéte yo
Que hoy mi padre fué á una
villa,
Adonde su hacienda tiene,
Y no vendrá en cuatro dias.
Así que estas noches puedo
Ser tu huéspeda, si obliga
Mi amistad á esta fineza,
Pues es fineza de amiga
Tan principal, tan
discreta,
Tan noble y tan entendida.
Marcela.
¿Cómo te podré negar,
Laura, lo que solicitas,
Si con mi razon me arguyes,
Si con mi dolor me obligas?
Sólo hay un inconveniente;
Mas si tú lo facilitas,
Ven desde luego á mi casa;
Mal dije, á la tuya misma.
Laura.
¿Cuál es el inconveniente?
[p. 86]Marcela.
Tanto mi hermano te imita
En el dolor y en la causa
(No importa que te lo diga;
Primero somos nosotras),
Que hoy me ha pedido que
finja
Con él un enojo, y vaya
A ser por algunos dias
Tu huéspeda; porque yo
Allá de adalid le sirva.
Pues si no voy á tu casa
Yo, porque estás tú en la
mia,
Dirá...
Laura.
Escucha; ántes mejor
Es que desde luégo finjas
Tú el enojo, y que te
vayas;
Pues con aquesto le obligas
A que él esté más seguro
De que yo en su casa
asista.
Marcela.
Dices bien, que con mi
ausencia
Se sanea esta malicia.
Laura.
¿Cómo se ha de hacer?
Marcela.
Así:
Dame el manto, y dirás
Silvia,
Que fuí en casa de Laura;
Que para hacer más creida
La causa, quise ir de
noche.
(Pónese el
manto.)
Y despues (aparte mira)
Busca á Lisardo, y dirásle
Como mi afecto le avisa
Que á verme vaya esta
noche;
Y quédate donde sirvas
A Laura. Tú, Celia, ven
Conmigo; pues nos obliga
[p. 87]Esto á trocar con
las causas
Las criadas.
Laura.
¿Tan aprisa?
Marcela.
Estas cosas más se
aciertan,
Miéntras ménos se imaginan.
Laura.
Marcela, á mi casa vas;
Por ella y por mi honor
mira.
Marcela.
Por ella mira y mi honor,
Pues te quedas tú en la
mia.
¿En qué ha de parar aqueste
Trueco?
Celia.
¿Quieres que lo diga?
En algun lance que á todas,
O nos case, ó nos aflija.
(Vanse por
una parte Celia y Marcela, y por otra Silvia y Laura.)
Cuarto de
Lisardo.
ESCENA IV.
LISARDO, CALABAZAS.
Lisardo.
¿Qué papel es ese?
Calab.
Es
El que ha de ser, es y ha
sido
Del tiempo que te he
servido,
Cuenta estrecha.
Lisardo.
Díme pues,
¿A qué propósito agora...?
Calab.
A propósito de que hoy
De tu servicio me voy.
[p. 88]Lisardo.
¿Por qué causa?
Calab.
¿Quién lo ignora?
Porque andas aquestos dias
Muy discreto.
Lisardo.
¿Qué has querido
Decir?
Calab.
Que andas divertido.
Lisardo.
Tales son las penas mias.
Calab.
Y no ha de ser tan discreto
El amo, que ha de pensar
Que no le puede guardar
Calabazas el secreto.
Tú te andas sólo contigo,
Contigo solo te estás,
Contigo vienes y vas,
Y en fin, contigo y sin
migo
En cualquier parte te ven;
Que parecemos, señor,
El dinero y el amor:
Mirad ¡con quién, y sin
quién!
Si alguna tapada viene
A verte, salte allá
fuera;
Si vas á verla, aquí
espera,
Porque ir
allá no conviene.
¿Pues esto ha de ser así?
¡Pesar de quien me parió!
¿Para qué te sirvo yo?
Y así quiero desde aquí
Buscar amo más humano;
Porque para mí, en rigor,
Ninguno será peor,
Aunque sea un luterano,
Aunque sea un presumido
De docto, siendo menguado,
[p. 89]Con ingenio un
desdichado,
Sin él un entremetido,
Un poeta que hace trazas
De comedias, y seamos
Los criados y los amos
Todo en casa Calabazas,
Aunque sea un lindo
compuesto,
Que hable melifluo y
despacio,
Y aunque galantee en
palacio,
Que es peor que todo esto.
Lisardo.
Las cosas que me han pasado
Tan públicas han venido,
Calabazas, que no ha sido
Forzoso haberlas contado
Para que las sepas: pues
Hablar á aquella tapada
En el campo, tan guardada
Verla en su casa despues,
Adonde me sucedió
Aquel lance parecido
Al de Félix, que escondido
En su casa me pasó;
Venir á verme á la mia.
Adonde desengañado
De que es otra me ha
dejado.
La que Don Félix queria;
Salir de allí tan veloz;
Irse, en fin, como se fué:
Ello se dice y se ve,
Sin que aquí tenga mi voz
Que contar; pues aunque
quiera
No te puedo decir más
De lo que tú viendo estás.
Calab.
Ella es gentil embustera.
[p. 90]Lisardo.
En cuanto á que estoy
pensando
Qué es lo que me ha
sucedido,
Es verdad, y estoy corrido
De estar creyendo y
dudando,
Qué mujer es esta; pues
Cuando yo ser presumia
Dama de Félix, vivia
Sin discurrir: mas despues
Que estando conmigo ella,
De Félix la dama entró,
Y que me desengañó
De que era otra dama
aquella,
Mayor deseo me ha dado
De saber quién es; pues
puedo
Perder á su honor el miedo,
Que por Félix le he
guardado.
Calab.
Yo bien pudiera decir
Quién es.
Lisardo.
¿Tú?
Calab.
Yo.
Lisardo.
Dílo pues.
Calab.
¡Vive Dios, que sé quién
es!
Lisardo.
Pues no me hagas discurrir.
Calab.
¿Ella no es enredadora?
Quien es sé. ¿No es
embustera?
Quien es sé. ¿No es
bachillera?
Quien es sé. ¿No es
habladora?
La misma razon lo enseña
Quien es, sí, jurado á
Dios.
Lisardo.
Dílo.
Calab.
Aquí para los dos...
Lisardo.
Prosigue.
Calab.
Es alguna dueña.
Lisardo.
¡Qué disparate!
[p. 91]ESCENA V.
SILVIA.
— Dichos; poco despues DON FÉLIX.
Silvia.
Lisardo,
Que aquí me escucheis os
pido.
Calab.
¡Mujer! ¿de dónde has
caido?
Lisardo.
Ya lo que quieres aguardo.
Silvia.
Una dama, de quien vos
La casa, señor, sabeis,
Que á su ventana llameis
Esta noche os pide. Adios.
(Vase.)
Calab.
Tapada de las tapadas,
Oye.
Lisardo.
Tente; ¿dónde vas?
Calab.
Deja, que no quiero más
De darla dos bofetadas,
Que las lleve á su
señora...
Lisardo.
¿Hay quién tus locuras
crea?
Calab.
Porque otra vez no me sea
Dueña engerta.
Lisardo.
Escucha agora:
Pues que ya la noche fria,
En mal distinto arrebol,
Da priesa diciendo al sol
Que se vaya con el dia,
Y á mí esperándome están,
Dame un broquel, y tú aquí
Me espera.
Calab.
¿Yo esperar?
Lisardo.
Sí.
Calab.
Espere un judío de Oran;
[p. 92]Que á casa donde
encerrado
Estuviste, y áun corrido,
Y hay padre de conocido
Y galan de imaginado,
No has de ir solo.
Lisardo.
Sí he de ir.
(Sale Don
Félix.)
D. Félix.
¿Dónde, Lisardo?
Lisardo.
No sé
Cómo callaros podré,
Ni cómo os podré decir
Lo que en Ocaña me pasa.
¿Teneis que hacer ahora?
D. Félix.
¿Yo?
Ni en toda esta noche.
Lisardo.
¿No?
D. Félix.
No, que el fuego que me
abrasa,
Por acrecentar su ardor,
Treguas por ahora ha dado.
Lisardo.
Pues yo quiero mi cuidado
Fiaros ya sin temor;
Que si hasta aquí he
suspendido
La relacion que empecé,
Respeto que os tuve fué;
Pero habiendo ya sabido
Que nada os puede tocar
Y sois quien sois en efeto,
De mi amor todo el secreto
Hoy os tengo de fiar.
Venid conmigo, y sabreis,
Porque el tiempo no
perdamos,
Extraños sucesos.
D. Félix.
Vamos;
Que mucha merced me hareis
[p. 93]En divertir el
dolor,
De que mi pecho está lleno;
Porque de amor el veneno
Cure triaca de amor.
Calab.
Yo ¿qué he de hacer?
Lisardo.
Esperar
Aquí en casa á que
vengamos.
(Vanse Don
Félix y Lisardo.)
ESCENA VI.
CALABAZAS.
¡Buenos, paciencia,
quedamos,
Sin ver ni oir, á callar!
Cuando no tiene el servir
Otro gusto, otro placer,
Que escuchar para saber,
Y saber para decir,
Aun deste gusto me priva
El recatarse de mí.
Pues no ha de pasar así;
Así Calabazas viva,
Que por aquel mismo caso
Que aquí de mí se guardó
Tengo de seguirle yo.
Tras ellos, paso entre
paso,
Tengo de irme rebozado;
Porque si yo, cual
sospecho,
No le murmuro y acecho,
¿Para qué soy su criado?
(Vase.)
[p. 94]Camino de Ocaña.
ESCENA VII.
FABIO, LELIO.
Lelio.
Aliéntate, que ya estás
Cerca de Ocaña, señor.
Fabio.
Es tan notable el dolor,
Lelio, que no puedo más;
Que aunque yo, por
descansar,
De la yegua me apeé,
Y quise venir á pié
Este rato, por dejar
Con ejercicio vencido
El dolor de la caida,
Te confieso que en mi vida
No me he visto tan rendido.
Lelio.
Ello fué dicha, señor;
Pues apénas una legua
Andada, cayó la yegua,
Porque pudieras mejor
Volverte á tu casa, donde
Con más cuidado podrás
Curarte.
Fabio.
A esta pierna más
Todo el dolor corresponde,
Que fué la que me cogió
Debajo.
Lelio.
Súbete, pues
Irás ántes.
Fabio.
Mejor es
Andar otro poco, y no
[p. 95]Dejar, Lelio,
resfriar
La caida.
Lelio.
Dices bien;
Mas considero tambien
Que ya ha empezado á cerrar
La noche, y que lo que
andado
En tal parte se mejora,
Se llega más á deshora
A tu casa, y quizás, cuando
Ya recogida, no habrá
Modo de curarte.
Fabio.
Bien
Dices: la yegua preven,
Que atada á ese tronco
está,
Y vamos, si esto restaura
Mi salud; aunque yo creo
Que ir á casa no deseo,
Por no dar cuidado á Laura,
Que me quiere de manera,
Que temo que hoy ha de ser
Su fin, si me ve volver
Con una pena tan fiera.
Lelio.
Como hija, claro está
Que lo sienta mi señora.
Fabio.
Pondré que aquesta es la
hora
Que está recogida ya.
Lelio.
¿Quién lo duda?
Fabio.
¡Oh cuánto siento
Haberla de despertar!
Mas no lo puedo excusar.
Lo que haré será, que
atento
A su quietud, llamaré
Por la puerta principal;
Pues con prevencion igual
[p. 96]Podrá ser, pues que
se ve
De su cuarto más distante,
No oirme.
Lelio.
Dispon agora
Tu salud, que mi señora
Lo estimará.
Fabio.
No te espante
Verme con tanta fineza;
Que soy en mi senectud,
Amante de su virtud,
Como otros de su belleza.
(Vanse.)
Calle próxima
á la casa de Fabio.
ESCENA VIII.
LISARDO, DON FÉLIX; despues CALABAZAS.
D. Félix.
Mucho me he holgado de
oiros,
Por ser la novela extraña.
Lisardo.
Esto es por mayor; que dejo
De contar mil
circunstancias,
Por no cansaros, Don Félix;
Y pues sabeis que me
aguarda,
Idos con Dios, que ya es la
hora.
D. Félix.
Decirme á mí que una dama
Vais á ver, y haberme dicho
Que tuvisteis en su casa
Riesgo, y decir que me
quede,
Son dos cosas muy
contrarias;
Pues no soy de los amigos
[p. 97]Yo, con quien solo
se hablan
Las cosas; que precio más
Las obras, que las
palabras.
Id á lograr vuestro amor
Norabuena, que hasta el
alba
Yo sabré estar en la calle.
Lisardo.
A amistad, Don Félix,
tanta,
Mal hiciera en resistirme.
(Sale
Calabazas acechando.)
Calab.
(Ap.) Si cual veo lo que andan,
Lo que hablan viera, yo
viera
Lo que andan y lo que
hablan.
Llegarme quiero.
Lisardo.
¿Qué es esto?
D. Félix.
Un hombre, si no me engaña
La vista, que tras nosotros
Viene.
Lisardo.
Pues sacad la espada.
D. Félix.
¿Quién va?
Calab.
Nadie ya; porque
No diz que va el que se
pára.
D. Félix.
¿Quién sois?
Calab.
Un hombre de bien.
Lisardo.
Pues pase, si acaso pasa.
Calab.
No paso, que me hago
hombre.
D. Félix.
Pues jugaré yo de espadas.
Lisardo.
Dadle la muerte.
Calab.
¡Detente!
¡Ay, ay! Señor, que me
matas;
Que soy Calabazas.
D. Félix.
¿Quién?
Calab.
Calabazas.
Lisardo.
Calabazas,
¿Qué es esto?
[p. 98]Calab.
Es venir á ver
Dónde vais.
(Danle los
dos.)
D. Félix.
¡Por Dios...!
Calab.
Ya basta.
Lisardo.
Dejadle; no alboroteis,
Porque está cerca la casa
Que buscamos.
D. Félix.
¿Hácia aquí
Vive, Lisardo, la dama
Que venís á ver?
Lisardo.
Sí, Félix.
D. Félix.
¿Y es bizarra?
Lisardo.
Muy bizarra.
D. Félix.
¿Tiene padre?
Lisardo.
Sí.
D. Félix.
¿Y aquí
Os cerrasteis en la cuadra?
Lisardo.
Sí.
D. Félix.
¿Y estando ella con vos,
Entró la que me buscaba?
Lisardo.
Sí.
D. Félix.
Ved que como la noche
Llena está de sombras
pardas,
Más oscura que otras veces,
Pues áun la luna la falta,
Podrá ser que os engañeis.
Lisardo.
No me engaño. A esta
ventana
He de llamar, y esta puerta
Han de abrir.
Calab.
(Ap.)Ya sé la casa.
D. Félix.
(Ap.) ¿Esta ventana? ¿Esta puerta?
¡Ay de mí, el cielo me
valga,
Que estas las de Laura son,
Para mí dos veces falsas!
[p. 99]Lisardo.
Retiraos, porque yo
La seña, que es esta, haga.
(Hace la seña
á la reja.)
D. Félix.
Si mal no me acuerdo (¡ay
triste!)
En la relacion pasada
Dijisteis que la mujer,
Que para hablaros aguarda,
Es la que hoy escondida
Dentro de mi cuarto estaba.
Lisardo.
Es verdad.
D. Félix.
Y que la otra
Que vino...
ESCENA IX.
CELIA. — Dichos.
Celia.
(En la
ventana.) Ce.
Lisardo.
Ya me llaman.
Celia.
¿Es Lisardo?
Lisardo.
Sí, yo soy.
D. Félix.
(Ap.) Celia es ésta.
Celia.
Pues aguarda,
Abriré la puerta.
Lisardo.
Ya
Conmigo habló la criada,
Y dice que viene á abrirme
La puerta.
D. Félix.
Antes que la abra,
Decid...
(Abre la
puerta Celia.)
Lisardo.
No puede ser ántes.
D. Félix.
Si es...
Lisardo.
Adios, porque me aguarda.
[p. 100]D. Félix.
La dama...
Celia.
Entrad presto.
Lisardo.
Luégo
Hablarémos. (Éntrase.)
(Al entrar
Lisardo, quiere entrar Don Félix, y Celia cierra la puerta.)
ESCENA X.
DON FÉLIX, CALABAZAS.
D. Félix.
¡Y en la cara
Con la puerta me dió Celia!
Calab.
Con cerradura no agravia
Una puerta, aunque es de
palo;
Que el tener hierro la
salva.
D. Félix.
(Ap.) ¿Qué es lo que pasa por mí?
¿Quién vió confusiones
tantas?
¿En casa de Laura, ¡cielos!
Viene buscando la dama
Que hoy de mi cuarto salió
Cuando entró en mi cuarto
Laura?
Luego ella no puede ser.
Mas ¿quién ser puede en su
casa?
¡Oh quién no la hubiera
dicho
A Marcela que dejara
Para mañana el venir
Aquí; que ella lo apurara!
Pero miéntras más discurro,
Más lugar doy á mi infamia.
Pues no discurramos, celos,
Sino á ver la verdad clara
Caminemos más aprisa;
[p. 101]Pues ella es Laura,
ó no es Laura:
Si no es ella, ¿qué se
pierde
En desengañar mis ánsias?
¿Y qué se pierde, si es
ella,
En perder la vida y alma,
Despues de Laura perdida?
La puerta en el suelo
caiga.
Pero ¿cómo á esto me
atrevo,
Si á Lisardo la palabra
Le he dado? ¿Pero qué
importa
La amistad, la confianza,
El respeto, ni el decoro?
Que donde hay celos se
acaba
Todo, porque no hay honor
Ni amistad que tanto valga.
(Da golpes á
la puerta, para derribarla, y al mismo tiempo; más léjos, dan tambien golpes
dentro.)
Calab.
¿Qué haces, señor?
D. Félix.
Darte muerte...
Calab.
Si es posible, no lo hagas.
D. Félix.
Mas ¿qué golpes son
aquellos?
Calab.
¿De qué te admiras y
espantas?
Otro será en otra parte
Que le habrá dado otra
rabia,
Y da golpes á otra puerta.
Fabio.
(Dentro.) Abre aquí, Celia, abre, Laura.
Celia.
(Dentro.) Mi señor es, ¡ay de mí!
D. Félix.
Fabio es aquel.
(Cuchilladas
dentro.)
Fabio.
(Dentro.)¡Esta infamia
Llego á ver!
Calab.
Por Dios, que allá
Ya han llegado á las
espadas.
D. Félix.
¡Mal haya la puerta!
Calab.
Amén.
(Vanse.)
[p. 102]Sala en casa de
Fabio. — La escena está á oscuras.
ESCENA XI.
LISARDO, con MARCELA en
los brazos; despues FÉLIX y CALABAZAS.
Lisardo.
No temais, señora, nada;
Que, aunque llaman á esta
puerta,
Seguro es quien á ella
llama.
Marcela.
Con vos, Lisardo, he de ir;
Que como yo á vuestra casa
Llegue, nada hay que temer,
Si es que ella una vez me
ampara.
Lisardo.
Venid, y no os receleis
De un hombre que me
acompaña.
Marcela.
¿Es Félix?
Lisardo.
Sí.
Marcela.
Pues mirad
Que es Félix...
Lisardo.
¿En qué reparas?
Ya no es tiempo de
recatos.—
(Salen Don
Félix y Calabazas.)
¿Félix?
D. Félix.
¿Quién va?
Lisardo.
Mis desgracias.
D. Félix.
¿Qué ha sido aquesto?
Lisardo.
Que estando
Hablando con esta dama,
Vino su padre de fuera,
Llamó, y viendo que
tardaban
En abrirle, derribó
La puerta y sacó la espada.
[p. 103]Porque se apagó la
luz
Tuve lugar de librarla.
Llevadla; que yo me quedo
A guardaros las espaldas,
Para que ninguno os siga;
Que conmigo Calabazas
Quedará.
Calab.
No quedará.
D. Félix.
Mejor es con ella vaya,
Y nos quedemos los dos.
Lisardo.
¿Tan sola hemos de dejarla?
No es razon; pues la
primera
Obligacion es la dama
En todo trance; así, Félix,
Vos solo habeis de
llevarla,
Y ponerla en salvo.
D. Félix.
Es justo.
¿En fin, has venido,
Laura, (A Marcela.)
A mi poder?
Marcela.
(Ap.)¡Ay de mí!
D. Félix.
(Ap.) Yo estoy muerto.
Marcela.
(Ap.)Estoy turbada.
D. Félix.
Ven conmigo; que aunque no
Mereces finezas tantas,
Soy quien soy, y he de
librarte.
Marcela.
¡Hay mujer más desdichada!
D. Félix.
¡Hay hombre más infelice!
(Vanse Don
Félix y Marcela.)
[p. 104]ESCENA XII.
FABIO, LELIO, con
luz, y criados con las espadas desnudas. — LISARDO,
CALABAZAS.
Fabio.
Aunque las fuerzas me
faltan,
No las fuerzas del honor
Para tomar mil venganzas.
Lisardo.
Deteneos, que ninguno
De aquí ha de pasar.
Fabio.
Mi espada
Hará paso por el pecho
Vuestro.
(Riñen
todos.)
Calab.
¡Infeliz Calabazas!
¿Quién te metió en acechar?
Lisardo.
(Ap.) Pues que ya Félix se alarga,
Antes que aquí me conozcan
Mejor es volver la espalda;
Esto es valor, no temor.
(Vase.)
Fabio.
Espera, cobarde, aguarda.
Calab.
(Ap.) ¿Quién creyera que Lisardo
En la ocasion me dejara?
Lelio.
Aquí se quedó uno dellos.
Fabio.
Pues muera, Lelio. ¿Qué
aguardas?
Calab.
Deteneos, ¡por Dios!
Fabio.
¿Quién sois?
Calab.
Si es que el miedo no me
engaña,
Un curioso impertinente.
Fabio.
Dejad la espada.
Calab.
La espada
Es poca cosa; el sombrero,
La daga, el broquel, la
capa,
[p. 105]La ropilla y los
calzones.
Fabio.
¿Sois criado del que
agravia
Esta casa?
Calab.
Sí señor;
Porque es un
agravia-casas,
Que no se puede sufrir.
Fabio.
¿Quién es, y cómo se llama?
Calab.
Lisardo se llama, y es
Un soldado, camarada
De Félix.
Fabio.
Porque no empiece
Por la menor mi venganza,
No te doy muerte.
Calab.
Haces bien.
Fabio.
Y pues alguna luz hallan
Mis desdichas, á buscar
Iré á Félix. ¡Oh, mal haya
Casa con dos puertas, pues
Tan mal el honor se guarda!
(Vanse.)
Casa de Don
Félix.
ESCENA XIII.
DON
FÉLIX y MARCELA, á oscuras; despues HERRERA,
LAURA y SILVIA.
D. Félix.
(Dentro.) ¡Hola! traed aquí una luz.
Herrer.
(Dentro.) Ya la llevo, si es que hallan
Luz unos ojos dormidos.
(Salen al
paño Laura y Silvia.)
Laura.
(A Silvia.) Ya dentro del cuarto andan:
[p. 106]Escuchemos desde
aquí.
D. Félix.
Ya por lo ménos, ingrata,
Ya por lo ménos no puedes
Negarme...
Laura.
(Ap.)Con mujer habla.
D. Félix.
En este lance, que eres
Mudable, inconstante,
falsa,
Cruel, aleve, engañosa;
Pues á nadie desengañan
Más cara á cara sus celos.
Marcela.
(Ap.) Aquí mi vida se acaba.
D. Félix.
¿Para esto viniste hoy
A mi casa?
Laura.
(Ap.)La que estaba
Tapada hoy es, pues la dice
Que hoy ha venido á su
casa.
D. Félix.
En mi poder estás, mira
Si habrá disculpa. ¡Mal
haya
Cuanto tiempo te he
querido,
Cuantas penas, cuantas
ánsias
Padecí, y cuantas finezas
Hizo mi amor por tu causa!
Laura.
¿No escuchas cómo confiesa
Que la ha querido? ¿Qué
aguarda
Mi paciencia?
Silvia.
¿Dónde vas?
Laura.
No sé. (¡Ay Silvia, estoy
turbada!)
A escucharle de más cerca.
D. Félix.
¡Oh cuánto con la luz
tardas!
Herrer.
(Dentro.) Ya va la luz.
Marcela.
(Ap.)¿Qué he de hacer,
Si la trae?
D. Félix.
¿No dices nada?
Pero si estás convencida,
[p. 107]¿Qué has de decir?
(Suéltala de
la mano, vase retirando Marcela; y Laura viene á ponerse en medio de las dos;
él la coge la mano, entendiendo que es Marcela.)
Marcela.
(Ap.)¡Oh si hallara
Por donde irme; que á lo
ménos
La vida así asegurara!
D. Félix.
Detente, no huyas, no
huyas;
Que no quiero más venganza
De tí, que sepas que sé
Esto.
Laura.
(Ap.)Por otra me habla,
Y he de callar mis agravios
Hasta que las luces
traigan,
Y vea que yo soy con quien
Está.
Marcela.
(Ap.)Confusa y turbada,
La puerta hallé de mi
cuarto;
Este sagrado me valga,
Pues fué dicha estar
abierta.
Silvia.
¿Eres Laura?
Marcela.
No soy Laura.
¿Eres tú Silvia?
Silvia.
Yo soy.
¿Qué es esto?
Marcela.
Fortunas várias.
Cierra esa puerta, y
conmigo
Ven, Silvia, aprisa. ¿Qué
aguardas?
(Vanse,
cerrando tras sí la puerta.)
[p. 108]ESCENA XIV.
DON FÉLIX, LAURA;
HERRERA, que saca luz.
Herrer.
Ya están las luces aquí.
D. Félix.
Déjalas, y afuera aguarda.
(Vase
Herrera, y cierra la puerta Don Félix.)
Laura.
(Ap.) ¡Aquí es ello, cuando vuelva
A verme!
D. Félix.
En efecto, Laura,
Yo soy quien solo guardó
A sus celos las espaldas.
Laura.
(Ap.) ¿Qué es esto? ¿Cómo de verme
Ni se turba ni embaraza?
D. Félix.
Sólo yo en el mundo traje
Para otro galan su dama.
Dí agora que yo te ofendo.
Laura.
¡No está la deshecha mala!
¡Bien te alientas á fingir
La razon con que me
agravias;
Pues viéndote convencido,
Cuando en tus brazos me
hallas,
De haberme hablado por otra
A quien traes á tu casa,
Prosigues las quejas della
Conmigo!
D. Félix.
Sólo eso falta
A mi paciencia ofendida,
Que tú agora creer me hagas
Que hablaba con otra yo.
Laura.
¿Pues de qué, Félix, te
espantas,
Si es verdad?
[p. 109]D. Félix.
¿Pues dónde está
La mujer con quien yo
hablaba?
Laura.
Si una casa con dos puertas
Mala es de guardar, repara
Que peor de guardar será,
Con dos puertas una sala.
Ya se fué.
D. Félix.
Laura, por Dios,
Que me dejes. Véte, Laura,
Que me harás perder el
juicio,
Si quieres que yo no haya
Traídote aquí, porque
Estando (la voz me falta)
Tu padre fuera, Lisardo...
No puedo hablar.
Laura.
Tú te engañas;
Que yo escondida esta noche
En el cuarto de tu hermana
He estado, por sólo ver
Esto que á los dos nos
pasa;
Y ella...
D. Félix.
Detente, que ahora
Lo veré.—¡Marcela, hermana!
ESCENA XV.
MARCELA, SILVIA. — DON
FÉLIX, LAURA.
Marcela.
¿Qué quieres? (Ap. Disimular
Importa, pues informada
Estoy de todo.)
D. Félix.
Dí, ¿ha estado
Contigo esta noche Laura?
[p. 110]Marcela.
¿Laura conmigo, señor.
A qué efecto? Yo mañana
Habia de ir á estar con
ella;
Pero ¡ella conmigo!
Laura.
Aguarda.
¿No vine esta tarde yo
A pedirte que en tu casa
Me tuvieras? ¿Y á la mia
Tú...?
Marcela.
No prosigas, que nada
De eso es verdad.
D. Félix.
Laura, ¿ves
Qué mal te salió la traza?
¿Estáse esotra en su cuarto
Recogida y retirada,
Y dices que estás con ella?
Laura.
Pues tú, Marcela, me
agravias.
Marcela.
(Ap. á
Laura.) Sí, que soy primero yo.
Laura.
Pues tanto me apuras,
salgan
Verdades á luz. Marcela
Ha sido...
(Llaman
dentro.)
Silvia.
A la puerta llaman.
Lisardo.
(Dentro.) Abrid, Don Félix.
D. Félix.
Agora
Verás que todo se acaba;
Pues tu galan, Laura,
viene.
Laura.
Ahí tengo yo mi esperanza.
Marcela.
(Ap.) Aquí se deshace todo.
¡Quién á Lisardo avisara
De mi peligro!
(Retírase á
un lado.)
[p. 111]ESCENA XVI.
LISARDO. — Dichos.
Lisardo.
Don Félix,
Porque ninguno llegara
A seguirme, tardé. ¿Dónde
Habeis puesto aquella dama?
D. Félix.
Veisla aquí; pero primero
Que acabe con mi esperanza
El verla en vuestro poder,
Me habeis de sacar el alma.
Lisardo.
Hasta agora no creí
Que caballeros engañan
De vuestras obligaciones
A los que dellos se
amparan.
La dama que os entregué,
Os pido.
D. Félix.
¿No es esta dama
La que me entregasteis?
Lisardo.
No.
D. Félix.
¡Sólo aquesto me faltaba
Para acabar de perder
La paciencia!
Marcela.
(Ap.)¡Ay desdichada!
Lisardo.
Si esta suponeis, Don
Félix,
Porque os obliga otra
causa,
Hablad más claro conmigo.
Laura.
Yo de confusiones tantas
Os sacaré.—Dí, Lisardo,
¿Es ésta á quien buscas y
amas?
Lisardo.
Esta es. Sí, aquí la
teneis.
[p. 112]¿Qué os ha obligado
á ocultarla?
Laura.
(A Don
Félix.) ¡Mira si estaba en su cuarto,
Recogida y retirada!
Primero soy yo,
Marcela. (Ap. á ella.)
D. Félix.
Corrido estoy; esta daga
Dé á una vil hermana
muerte.
Marcela.
Lisardo, mi vida ampara.
Lisardo.
(Poniéndose
delante.)
¿Hermana de Félix sois?
D. Félix.
Y en quien tomaré venganza.
Lisardo.
Sabeis quién soy, y es
preciso
Defenderla y ampararla
Por mujer.
D. Félix.
Tambien sabeis
Quién yo soy, y que en mi
casa
Ménos que quien sea su
esposo,
No ha de atreverse á
mirarla.
Lisardo.
Luego con serlo quedamos
Bien los dos.
ESCENA XVII.
FABIO,
CALABAZAS, criados. — Dichos.
Fabio.
Esta es la casa,
Entrad.
D. Félix.
¿Qué es esto?
Fabio.
Esto, Félix,
Es honor.
Calab.
(Ap.)¡Qué linda danza
Se va urdiendo!
Fabio.
¿Dónde está
Un Lisardo, camarada
[p. 113]Vuestro?
Lisardo.
Yo soy; porque nunca
A nadie escondí la cara.
Calab.
(Ap.) Nunca la cara escondió,
Pero volvió las espaldas.
Fabio.
¡Oh traidor!
D. Félix.
Fabio, teneos;
(Pónense los
dos á un lado.)
Que la cólera os engaña.
El enojo que traeis,
Si ha sido la ocasion
Laura,
Es conmigo, y me ha tocado
Como á mi esposa guardarla.
Fabio.
No tengo qué responderos.
Si Laura con vos se casa.
D. Félix.
Pues para que veais si es
cierto,
Aquesta es mi mano, Laura.
Y pues el haber tenido
Dos puertas esta y tu casa,
Causa fué de los engaños
Que á mí y Lisardo nos
pasan,
De la Casa con dos
puertas,
Aquí la comedia acaba.
[p. 115]
LA DAMA DUENDE.
[p. 116]
PERSONAS.
Don Manuel.
Don Luis.
Don Juan.
Cosme, gracioso.
Rodrigo, criado.
Doña Ángela.
Doña Beatriz.
Clara, criada.
Isabel, criada.
Criados.
Gente.
La escena pasa en Madrid.
[p. 117]
JORNADA PRIMERA.
Calle.
ESCENA PRIMERA.
DON MANUEL, COSME, vestidos
de camino.
D. Man.
Por una hora no llegamos
A tiempo de ver las
fiestas,
Con que Madrid generosa
Hoy el bautismo celebra
Del primero Baltasar[1].
Cosme.
Como esas cosas se
aciertan,
O se yerran por un hora.
Por una hora que fuera
Antes Píramo á la fuente,
No hallara á su Tisbe
muerta:
Y las moras no mancharan;
Porque dicen los poetas
Que con arrope de moras
Se escribió aquella
tragedia.
Por un hora, que tardara
Tarquino hallara á Lucrecia
[p. 118]Recogida; con lo
cual
Los autores no anduvieran,
Sin ser vicarios, llevando
A salas de competencias
La causa, sobre saber
Si hizo fuerza, ó no hizo
fuerza.
Por un hora que pensara
Si era bien hecho ó no era,
Echarse Hero de la torre,
No se echara, es cosa
cierta;
Con que se hubiera excusado
El doctor Mira de Méscua
De haber dado á los teatros
Tan bien escrita comedia;
Y haberla representado
Amarílis tan de véras,
Que volatin del carnal
(Si otros son de la
cuaresma),
Sacó más de alguna vez
Las manos en la cabeza.
Y puesto que hemos perdido
Por un hora tan gran
fiesta,
No por un hora perdamos
La posada; que si llega
Tarde Abindarraez, es ley
Que haya de quedarse
afuera;
Y estoy rabiando por ver
Este amigo que te espera,
Como si fueras galan
Al uso, con cama y mesa,
Sin saber cómo ó por dónde
Tan grande dicha nos venga;
Pues, sin ser los dos
torneos,
Hoy á los dos nos sustenta.
[p. 119]D. Man.
Don Juan de Toledo es,
Cosme,
El hombre que más profesa
Mi amistad, siendo los dos
Envidia, ya que no afrenta
De cuantos la antigüedad
Por tantos siglos celebra.
Los dos estudiamos juntos,
Y pasando de las letras
A las armas, los dos fuimos
Camaradas en la guerra.
En las de Piamonte, cuando
El señor duque de Feria
Con la jineta me honró,
Le dí, Cosme, mi bandera.
Fué mi alférez; y despues,
Sacando de una refriega
Una penetrante herida,
Le curé en mi cama mesma.
La vida, despues de Dios,
Me debe: dejo otras deudas
De menores intereses,
Que entre nobles es bajeza
Referirlas; pues por eso
Pintó la docta academia
Al galardon, una dama
Rica, y las espaldas
vueltas;
Dando á entender, que, en
haciendo
El beneficio, es discreta
Accion olvidarse dél;
Que no le hace el que le
acuerda.
En fin, Don Juan obligado
De amistades y finezas,
Viendo que su Majestad
Con este gobierno premia
[p. 120]Mis servicios, y
que vengo
De paso á la corte, intenta
Hoy hospedarme en su casa
Por pagarme con las mesmas;
Y aunque á Búrgos me
escribió
De casa y calle las señas,
No quise andar preguntando
A caballo dónde era;
Y así dejé en la posada
Las mulas y las maletas,
Yendo hácia donde me dice.
Ví las galas y libreas,
E informado de la causa,
Quise, aunque de paso,
verlas.
Llegamos tarde en efecto,
Porque...
ESCENA II.
DOÑA ÁNGELA, ISABEL, tapadas.
— Dichos.
D.ª Áng.
Si, como lo muestra
El traje, sois caballero
De obligaciones y prendas,
Amparad á una mujer
Que á valerse de vos llega.
Honor y vida me importa
Que aquel hidalgo no sepa
Quién soy, y que no me
siga.
Estorbad, por vida vuestra,
A una mujer principal
Una desdicha, una afrenta;
Que podrá ser que algun
dia...
[p. 121]¡Adios, adios, que
voy muerta!
(Vanse las
dos muy aprisa.)
Cosme.
¿Es dama, ó es torbellino?
D. Man.
¡Hay tal suceso!
Cosme.
¿Qué piensas
Hacer?
D. Man.
¿Eso me preguntas?
¿Cómo puede mi nobleza
Excusarse de estorbar
Una desdicha, una afrenta?
Que, segun muestra, sin
duda
En su marido.
Cosme.
¿Y qué intentas?
D. Man.
Detenerle con alguna
Industria; mas, si con ella
No puedo, será forzoso
El valerme de la fuerza,
Sin que él entienda la
causa.
Cosme.
Si industria buscas,
espera,
Que á mí se me ofrece una.
Esta carta, que encomienda
Es de un amigo, me valga.
ESCENA III.
DON LUIS, RODRIGO. — DON
MANUEL, COSME.
D. Luis.
Yo tengo de conocerla,
No más de por el cuidado
Con que de mí se recela.
Rodrigo.
Síguela, y sabrás quién es.
(Llega Cosme,
y retírase Don Manuel.)
Cosme.
Señor, aunque con vergüenza
[p. 122]Llego: vuesarced me
haga
Tan gran merced, que me lea
A quién esta carta dice.
D. Luis.
No voy agora con flema.
(Detiénele
Cosme.)
Cosme.
Pues si flema sólo os
falta,
Yo tengo cantidad de ella,
Y podré partir con vos.
D. Luis.
Apartad.
D. Man.
(Ap.)¡Oh qué derecha
Es la calle! Aun no se
pierden
De vista.
Cosme.
Por vida vuestra...
D. Luis.
¡Vive Dios, que sois
pesado,
Y os romperé la cabeza,
Si mucho me haceis...!
Cosme.
Por eso
Os haré poco.
D. Luis.
Paciencia
Me falta para sufriros.
¡Apartad de aquí!
(Empújale.)
D. Man.
(Ap.Ya es fuerza
Llegar. Acabe el valor
Lo que empezó la cautela.)
Caballero, ese criado (Llega.)
Es mio, y no sé que pueda
Haberos hoy ofendido,
Para que de esa manera
Le atropelleis.
D. Luis.
No respondo
A la duda ó á la queja,
Porque nunca satisfice
A nadie. Adios.
D. Man.
Si tuviera
Necesidad mi valor
[p. 123]De satisfacciones,
crea
Vuestra arrogancia de mí,
Que no me fuera sin ella.
Preguntar en qué os ofende,
En qué os agravia ó
molesta,
Merece más cortesía:
Y pues la corte la enseña,
No la pongais el mal
nombre,
De que un forastero venga
A enseñarla á los que
tienen
Obligacion de saberla.
D. Luis.
Quien pensare que no puedo
Enseñarla yo...
D. Man.
La lengua
Suspended, y hable el
acero.
D. Luis.
Decís bien.
(Sacan las
espadas, y riñen.)
Cosme.
¡Oh quién tuviera
Gana de reñir!
Rodrigo.
Sacad
La espada vos.
Cosme.
Es doncella,
Y sin cédula ó palabra,
No puedo sacarla.
ESCENA IV.
DOÑA BEATRIZ, CLARA, con
mantos. — DON JUAN y gente. — Dichos.
D. Juan.
Suelta,
Beatriz.
D.ª Beat.
No has de ir.
D. Juan.
Mira que es
[p. 124]Con mi hermano la
pendencia.
D.ª Beat.
¡Ay de mí triste!
D. Juan.
A tu lado (A Don
Luis.)
Estoy.
D. Luis.
Don Juan, tente, espera;
Que, más que á darme valor,
A hacerme cobarde llegas.
Caballero forastero,
Quien no excusó la
pendencia
Solo, estando acompañado,
Bien se ve que no la deja
De cobarde. Idos con Dios;
Que no sabe mi nobleza
Reñir mal, y más con quien
Tanto brío y valor muestra.
Idos con Dios.
D. Man.
Yo os estimo
Bizarría y gentileza;
Pero si de mí, por dicha,
Algun escrúpulo os queda,
Me hallareis donde
quisiereis.
D. Luis.
Norabuena.
D. Man.
Norabuena.
D. Juan.
¡Qué es lo que miro y
escucho!
¡Don Manuel!
D. Man.
¡Don Juan!
D. Juan.
Suspensa
El alma no determina
Qué hacer, cuando considera
Un hermano y un amigo
(Que es lo mismo) en
diferencia
Tal, y hasta saber la
causa,
Dudaré.
D. Luis.
La causa es esta:
[p. 125]Volver por ese
criado
Este caballero intenta,
Que necio me ocasionó
A hablarle mal. Todo cesa
Con esto.
D. Juan.
Pues siendo así,
Cortés me darás licencia,
Para que llegue á
abrazarle.
El noble huésped, que
espera
Nuestra casa, es el señor
Don Manuel. Hermano, llega;
Que dos, que han reñido
iguales,
Desde aquel instante quedan
Más amigos; pues ya
hicieron
De su valor experiencia.
Dadme los brazos.
D. Man.
Primero
Que á vos os los dé, me
lleva
El valor que he visto en
él,
A que al servicio me
ofrezca
Del señor Don Luis.
D. Luis.
Yo soy
Vuestro amigo, y ya me pesa
De no haberos conocido,
Pues vuestro valor pudiera
Haberme informado.
D. Man.
El vuestro
Escarmentado me deja.
Una herida en esta mano
He sacado.
D. Luis.
Más quisiera
Tenerla mil veces yo.
Cosme.
¡Qué cortesana pendencia!
D. Juan.
Venid al punto á curaros.
[p. 126]Tú, Don Luis, aquí
te queda
Hasta que tome su coche
Doña Beatriz, que me
espera;
Y desta descortesía
Me disculparás con ella.—
Venid, señor, á mi casa,
Mejor dijera á la vuestra,
Donde os cureis.
D. Man.
Que no es nada.
D. Juan.
Venid presto.
D. Man.
(Ap.)¡Qué tristeza
Me ha dado que me reciba
Con sangre Madrid!
D. Luis.
(Ap.)¡Qué pena
Tengo de no haber podido
Saber qué dama era aquella!
Cosme.
(Ap.) ¡Qué bien merecido tiene
Mi amo lo que se lleva,
Porque no se meta á ser
Don Quijote de la legua!
(Vanse Don
Manuel, Don Juan y Cosme.)
ESCENA V.
DON LUIS, DOÑA BEATRIZ,
CLARA, RODRIGO.
D. Luis.
Ya la tormenta pasó.
Otra vez, señora, vuelva
A restituir las flores,
Que agora marchita y seca,
De vuestra hermosura el
hielo
De un desmayo.
D.ª Beat.
¿Dónde queda
[p. 127]Don Juan?
D. Luis.
Que le perdoneis
Os pide; porque le llevan
Forzosas obligaciones,
Y el cuidar con diligencia
De la salud de un amigo
Que va herido.
D.ª Beat.
¡Ay de mí! ¡Muerta
Estoy! ¿Es Don Juan?
D. Luis.
Señora,
No es Don Juan; que no
estuviera,
Estando herido mi hermano,
Yo con tan grande
paciencia.
No os asusteis; que no es
justo
Que sin que él la herida
tenga,
Tengamos entre los dos,
Yo el dolor y vos la pena:
Digo dolor, el de veros
Tan postrada, tan sujeta
A un pesar imaginado,
Que hiere con mayor fuerza.
D.ª Beat.
Señor Don Luis, ya sabeis
Que estimo vuestras
finezas,
Supuesto que lo merecen
Por amorosas y vuestras;
Pero no puedo pagarlas;
Que esto han de hacer las
estrellas
Y no hay de lo que no
hacen,
Quien las tome residencia.
Si lo que ménos se halla,
Es hoy lo que más se precia
En la corte, agradeced
El desengaño, siquiera
Por ser cosa que se halla
[p. 128]Con dificultad en
ella.
Quedad con Dios.
(Vanse Doña
Beatriz y Clara.)
ESCENA VI.
DON LUIS, RODRIGO.
D. Luis.
Id con Dios.—
No hay accion que me suceda
Bien, Rodrigo. Si una dama
Veo airosa, y conocerla
Solicito, me detienen
Un necio y una pendencia;
Que no sé cuál es peor:
Si riño, y mi hermano
llega,
Es mi enemigo su amigo:
Si por disculpa me deja
De una dama, es una dama
Que mil pesares me cuesta:
De suerte que una tapada
Me huye, un necio me
atormenta,
Un forastero me mata,
Y un hermano me le lleva
A ser mi huésped á casa,
Y otra dama me desprecia.
¡De mal anda mi fortuna!
Rodrigo.
De todas aquesas penas
¿Qué sé la que sientes más?
D. Luis.
No sabes.
Rodrigo.
¿Que la que llegas
A sentir más, son los celos
De tu hermano y Beatriz
bella?
[p. 129]D. Luis.
Engáñaste.
Rodrigo.
¿Pues cuál es?
D. Luis.
Si tengo de hablar de
véras,
(De tí sólo me fiara)
Lo que más siento es que
sea
Mi hermano tan poco atento,
Que llevar á casa quiera
Un hombre mozo, teniendo,
Rodrigo, una hermana bella,
Viuda y moza, y como sabes,
Tan de secreto, que apénas
Sabe el sol que vive en
casa;
Porque, Beatriz, por ser
deuda,
Solamente la visita.
Rodrigo.
Ya sé que su esposo era
Administrador en puerto
De mar de unas reales
rentas
Y quedó debiendo al Rey
Grande cantidad de
hacienda,
Y ella á la corte se vino
De secreto, donde intenta,
Escondida y retirada,
Componer mejor sus deudas:
Y esto disculpa á tu
hermano;
Pues, si mejor consideras
Que su estado no la da
Ni permision, ni licencia
De que nadie la visite,
Y que, aunque tu huésped
sea
Don Manuel, no ha de saber
Que en casa, señor, se
encierra
Tal mujer, ¿qué
inconveniente
Hay en admitirle en ella?
Y más habiendo tenido
[p. 130]Tal recato y
advertencia,
Que para su cuarto ha dado
Por otra calle la puerta,
Y la que salia á la casa,
Por desmentir la sospecha,
De que el cuidado la habia
Cerrado, ó porque pudiera
Con facilidad abrirse
Otra vez, fabricó en ella
Una alacena de vidrios,
Labrada de tal manera,
Que parece que jamás
En tal parte ha habido
puerta.
D. Luis.
¿Ves con lo que me
aseguras?
Pues con eso mismo intentas
Darme muerte; pues ya dices
Que no ha puesto por
defensa
De su honor más que unos
vidrios,
Que al primer golpe se
quiebran.
(Vanse.)
Habitacion de
Doña Ángela en casa de Don Juan.
ESCENA VII.
DOÑA ÁNGELA, ISABEL.
D.ª Áng.
Vuélveme á dar, Isabel,
Esas tocas (¡pena
esquiva!),
Vuelve á amortajarme viva,
Ya que mi suerte cruel
Lo quiere así.
[p. 131]Isabel.
Toma presto;
Porque si tu hermano viene
Y alguna sospecha tiene,
No la confirme con esto,
De hallarte de la manera
Que hoy en Palacio te vió.
D.ª Áng.
¡Válgame el cielo! Que yo
Entre dos paredes muera,
Donde apénas el sol sabe
Quién soy, pues la pena mia
En el término del dia
Ni se contiene, ni cabe:
Donde inconstante la luna,
Que aprende influjos de mí,
No puede decir: «Ya ví
Que lloraba su fortuna.»
Donde en efecto encerrada
Sin libertad he vivido,
Porque enviudé de un
marido,
Con dos hermanos casada:
¡Y luego delito sea,
Sin que toque en liviandad,
Depuesta la autoridad,
Ir donde tapada vea
Un teatro en quien la fama,
Para su aplauso inmortal,
Con acentos de metal
A voces de bronce llama!
¡Suerte injusta, dura
estrella!
Isabel.
Señora, no tiene duda
El que mirándote viuda,
Tan moza, bizarra y bella,
Tus hermanos cuidadosos
Te celen; porque este
estado
[p. 132]Es el más
ocasionado
A delitos amorosos;
Y más en la corte hoy,
Donde se han dado en usar
Unas viuditas de azar,
Que al cielo mil gracias
doy
Cuando en la calle las veo
Tan honestas, tan
fruncidas,
Tan beatas, y aturdidas;
Y en quedándose en manteo
Es el mirarlas contento;
Pues sin toca y devocion,
Saltan más á cualquier són,
Que una pelota de viento.
Y este discurso doblado
Para otro tiempo, señora,
¿Cómo no habemos agora
En el forastero hablado,
A quien tu honor
encargaste,
Y tu galan hoy le hiciste?
D.ª Áng.
Parece que me leiste
El alma en eso que
hablaste.
Cuidadosa me ha tenido,
No por él, sino por mí;
Porque despues, cuando oí
De las cuchilladas ruido,
Me puse (mas son quimeras),
Isabel, á imaginar
Que él habia de tomar
Mi disgusto tan de véras,
Que habia de sacar la
espada
En mi defensa. Yo fuí
Necia en empeñarle así;
Mas una mujer turbada
[p. 133]¿Qué mira ó qué
considera?
Isabel.
Yo no sé si lo estorbó;
Mas sé que no nos siguió
Tu hermano más.
D.ª Áng.
Oye, espera.
ESCENA VIII.
DON LUIS. — DOÑA ÁNGELA,
ISABEL.
D. Luis.
¡Ángela!
D.ª Áng.
Hermano y señor,
Turbado y confuso vienes.
¿Qué ha sucedido, qué
tienes?
D. Luis.
Harto tengo, tengo honor.
D.ª Áng.
(Ap.) ¡Ay de mí! sin duda es
Que Don Luis me conoció.
D. Luis.
Y así siento mucho yo
Que te estimen poco.
D.ª Áng.
Pues
¿Has tenido algun disgusto?
D. Luis.
Lo peor es que cuando vengo
A verte, el disgusto tengo
Que tuve, Ángela.
Isabel.
(Ap.)¿Otro susto?
D.ª Áng.
Pues yo, ¿en qué te puedo
dar,
Hermano, disgusto?
Advierte...
D. Luis.
Tú eres la causa; y el
verte...
D.ª Áng.
¡Ay de mí!
D. Luis.
Ángela, estimar
Tan poco de nuestro
hermano...
D.ª Áng.
(Ap.) Eso sí.
D. Luis.
Pues cuando vienes
[p. 134]Con los disgustos
que tienes,
Cuidado te da. No en vano
El enojo que tenía
Con él, el huésped pagó;
Pues sin conocerle yo,
Hoy le he herido en
profecía.
D.ª Áng.
Pues ¿cómo fué?
D. Luis.
Entré en la plaza
De Palacio, hermana, á pié,
Hasta el palenque; porqué
Toda la desembaraza
De coches y caballeros
La guardia. A un corro me
fuí
De amigos, adonde ví
Que alegres y lisonjeros
Los tenía una tapada,
A quien todos celebraron
Lo que dijo, y alabaron
De entendida y sazonada.
Desde el punto que llegué,
Otra palabra no habló,
Tanto que á alguno obligó
A preguntarla por qué
Porque yo llegaba, habia
Con tanto extremo callado.
Todo me puso en cuidado.
Miré si la conocia,
Y no pude; porque ella
Le puso más en taparse,
En esconderse y guardarse.
Viendo que no pude vella,
Seguirla determiné:
Ella siempre atras volvia
A ver si yo la seguia,
[p. 135]Cuyo gran cuidado
fué
Espuela de mi cuidado.
Yendo desta suerte pues,
Llegó un hidalgo, que es
De nuestro huésped criado,
A decir que le leyese
Una carta; respondí
Que iba de prisa, y creí
Que detenerme quisiese
Con este intento, porqué
La mujer le habló al pasar;
Y tanto dió en porfiar,
Que le dije no sé qué.
Llegó en aquella ocasion,
En defensa del criado,
Nuestro huésped, muy
soldado.
Sacamos en conclusion
Las espadas. Todo es esto;
Pero más pudiera ser.
D.ª Áng.
¡Miren la mala mujer
En qué ocasion te habia
puesto!
Que hay mujeres tramoyeras.
Pondré, que no conocia
Quién eras y que lo hacía
Sólo porque la siguieras.
Por eso estoy harta yo
De decir (si bien te
acuerdas)
Que mires que no te pierdas
Por mujercillas, que no
Saben más que aventurar
Los hombres.
D. Luis.
¿En qué has pasado
La tarde?
D.ª Áng.
En casa me he estado,
[p. 136]Entretenida en
llorar.
D. Luis.
¿Hate nuestro hermano
visto?
D.ª Áng.
Desde esta mañana no
Ha entrado aquí.
D. Luis.
¡Qué mal yo
Estos descuidos resisto!
D.ª Áng.
Pues deja los sentimientos;
Que al fin sufrirle es
mejor;
Que es nuestro hermano
mayor,
Y comemos de alimentos.
D. Luis.
Si tú estás tan consolada,
Yo tambien; que yo por tí
Lo sentia. Y porque así
Veas no dárseme nada,
A verle voy, y áun con él
Haré una galantería.
(Vase.)
ESCENA IX.
DOÑA ÁNGELA, ISABEL.
Isabel.
¿Qué dirás, señora mia,
Despues del susto cruel,
De lo que en casa nos pasa?
Pues el que hoy ha
defendido
Tu vida, huésped y herido
Le tienes dentro de casa.
D.ª Áng.
Yo, Isabel, lo sospeché
Cuando de mi hermano oí
La pendencia, y cuando ví
Que el herido el huésped
fué.
Pero áun bien no lo he
creido;
Porque caso extraño fuera
[p. 137]Que un hombre á
Madrid viniera,
Y hallase recien venido,
Una dama que rogase
Que su vida defendiese,
Un hermano que le hiriese
Y otro que le aposentase.
Fuera notable suceso;
Y aunque todo puede ser,
No lo tengo de creer
Sin verlo.
Isabel.
Y si para eso
Te dispones, yo bien sé
Por dónde verle podrás,
Y áun más que verle.
D.ª Áng.
Tú estás
Loca. ¿Cómo, si se ve
De mi cuarto tan distante,
El suyo?
Isabel.
Parte hay por donde
Este cuarto corresponde
Al otro: esto no te
espante.
D.ª Áng.
No porque verlo deseo,
Sino sólo por saber,
Díme, ¿cómo puede ser?
Que lo escucho y no lo
creo.
Isabel.
¿No has oido que labró
En la puerta una alacena
Tu hermano?
D.ª Áng.
Ya lo que ordena
Tu ingenio he entendido yo.
Dirás que pues es de tabla,
Algun agujero hagamos
Por donde al huésped
veamos.
Isabel.
Más que eso mi ingenio
entabla.
[p. 138]D.ª Áng.
Dí.
Isabel.
Por cerrar y encubrir
La puerta que se tenía,
Y que á este jardin salia,
Y poder volverla á abrir,
Hizo tu hermano poner
Portátil una alacena.
Esta (aunque de vidrios
llena)
Se puede muy bien mover.
Yo lo sé bien; porque,
cuando
La alacena aderecé,
La escalera la arrimé,
Y ella se fué desclavando
Poco á poco: de manera,
Que todo junto cayó,
Y dimos en tierra yo,
Alacena y escalera;
De suerte, que en falso
agora
La tal alacena está,
Y, apartándose, podrá
Cualquiera pasar, señora.
D.ª Áng.
Esto no es determinar,
Sino prevenir primero.
Ves aquí, Isabel, que
quiero
A esotro cuarto pasar,
Y he quitado la alacena.
Por allá, ¿no se podrá
Quitar tambien?
Isabel.
Claro está;
Y para hacerla más buena,
En falso se han de poner
Dos clavos, para advertir
Que sólo la sepa abrir
El que lo llega á saber.
[p. 139]D.ª Áng.
Al criado que viniere
Por luz y por ropa, dí
Que vuelva á avisarte á tí,
Si acaso el huésped saliere
De casa; que, segun creo,
No le obligará la herida
A hacer cama.
Isabel.
¿Y, por tu vida,
Irás?
D.ª Áng.
Un necio deseo
Tengo de saber si es él
El que mi vida guardó:
Porque, si le cuesto yo
Sangre y cuidado, Isabel,
Es bien mirar por su
herida,
Si es que segura del miedo
De ser conocida, puedo
Ser con él agradecida.
Vamos, que tengo de ver
La alacena; y si pasar
Puedo al cuarto, he de
cuidar,
Sin que él lo llegue á
entender,
Desde aquí de su regalo.
Isabel.
Notable cuento será.
Mas ¿si lo cuenta?
D.ª Áng.
No hará,
Que hombre, que su esfuerzo
igualo
A su gala y discrecion,
Puesto que de todo ha hecho
Noble experiencia en mi
pecho
En la primera ocasion,
De valiente en lo
arrestado,
De galan en lo lucido,
En el modo de entendido,
[p. 140]No me ha de causar
cuidado
Que diga suceso igual;
Que fuera notable mengua
Que echara una mala lengua
Tan buenas partes á mal.
(Vanse.)
Cuarto de Don
Manuel. — Una alacena movible, hecha con anaqueles; vidrios en ella. Un
brasero, etc.
ESCENA X.
DON JUAN, DON
MANUEL, un criado con luz; despues DON LUIS, y otro
criado.
D. Juan.
Acostaos, por mi vida.
D. Man.
Es tan poca la herida,
Que ántes, Don Juan,
sospecho
Que parece melindre el
haber hecho
Caso ninguno della.
D. Juan.
Harta ventura ha sido de mi
estrella;
Que no me consolara
Jamás, si este contento me
costara
El pesar de teneros
En mi casa indispuesto, y
el de veros
Herido por la mano
(Si bien no ha sido culpa)
de mi hermano.
D. Man.
Él es buen caballero,
Y me tiene envidioso de su
acero,
De su estilo admirado,
Y he de ser muy su amigo y
su criado.
(Llega Don
Luis y un criado con un azafate cubierto, y en él un aderezo de espada.)
[p. 141]D. Luis.
Yo, señor, lo soy vuestro,
Como en la pena que recibo
muestro,
Ofreciéndôs mi vida;
Y porque el instrumento de
la herida
En mi poder no quede,
Pues ya agradarme ni
servirme puede,
Bien como aquel criado
Que á su señor algun
disgusto ha dado,
Hoy de mí lo despido.
Esta es, señor, la espada
que os ha herido;
A vuestras plantas viene
A pediros perdon, si culpa
tiene.
Tome vuestra querella
Con ella en mí venganza de
mí y della.
D. Man.
Sois valiente y discreto:
En todo me venceis. La
espada aceto,
Porque siempre á mi lado
Me enseñe á ser valiente.
Confiado
Desde hoy vivir procuro;
Porque ¿de quién no vivirá
seguro
Quien vuestro acero ciñe
generoso?
Que él solo me tuviera
temeroso.
D. Juan.
Pues Don Luis me ha
enseñado
A lo que estoy por huésped
obligado,
Otro regalo quiero
Que recibais de mí.
D. Man.
¡Qué tarde espero
Pagar tantos favores!
Los dos os competís en
darme honores.
[p. 142]ESCENA XI.
COSME, cargado de
maletas y cojines. — Dichos.
Cosme.
Docientos mil demonios
De su furia infernal den
testimonios,
Volviéndose inclementes
Docientas mil serpientes,
Que, asiéndome, de un vuelo
Den conmigo de patas en el
cielo,
Del mandato oprimidos
De Dios, por justos juicios
compelidos;
Si vivir no quisiera sin
injurias
En Galicia ó Asturias,
Antes que en esta corte.
D. Man.
Reporta...
Cosme.
El repertorio se reporte.
D. Juan.
¿Qué dices?
Cosme.
Lo que digo;
Que es traidor quien da
paso á su enemigo.
D. Luis.
¿Qué enemigo? Detente.
Cosme.
El agua de una fuente y
otra fuente.
D. Man.
¿Y por eso te inquietas?
Cosme.
Venía de cojines y maletas
Por la calle cargado,
Y en una zanja de una
fuente he dado,
Y así lo traigo todo
(Como dice el refran)
puesto de lodo.
¿Quién esto en casa mete?
D. Man.
Véte de aquí, que estás
borracho. Véte.
Cosme.
Si borracho estuviera,
Ménos mi enojo con el agua
fuera.
Cuando en un libro leo de
mil fuentes
Que vuelven várias cosas
sus corrientes,
[p. 143]No me espanto, si
aquí ver determino,
Que nace el agua á
convertirse en vino.
D. Man.
Si él empieza, en un año
No acabará.
D. Juan.
Él tiene humor extraño.
D. Luis.
Sólo de tí queria
Saber (si sabes lêr, como
este dia
En el libro citado
Muestras) ¿por qué pediste
tan pesado
Que una carta leyese? ¿Qué
te apartas?
Cosme.
Porque sé lêr en libros y
no en cartas.
D. Luis.
Está bien respondido.
D. Man.
Que no hagais caso dél, por
Dios os pido.
Ya le ireis conociendo,
Y sabreis que es burlon.
Cosme.
Hacer pretendo
De mis burlas alarde.
Para alguna os convido.
D. Man.
Pues no es tarde,
Porque me importa, hoy
quiero
Hacer una visita.
D. Juan.
Yo os espero
Para cenar.
D. Man.
Tú, Cosme, esas maletas
Abre, y saca la ropa; no
las metas
Hasta limpiarlas harto.
D. Juan.
Si quisieres cerrar, esta
es del cuarto
La llave; que aunque tengo
Llave maestra, por si acaso
vengo
Tarde, más que las dos,
otra no tiene,
Ni otra puerta tampoco, (Ap. Así
conviene.)
Y en el cuarto la deja, y
cada dia
Vendrán á aderezarle.
(Vanse todos,
ménos Cosme.)
[p. 144]ESCENA XII.
COSME.
Hacienda mia,
Ven acá; que yo quiero
Visitarte primero;
Porque ver determino
Cuánto habemos sisado en el
camino;
Que, como en las posadas
No se hilan las cuentas tan
delgadas
Como en casa, que vive en
sus porfías
La cuenta y la razon por
lacerías,
Hay mayor aparejo de
provecho,
Para meter la mano, no en
mi pecho,
Sino en la bolsa ajena.
(Abre la
maleta, y saca una bolsa.)
Hallé la propia; buena está
y rebuena,
Pues aquesta jornada
Subió doncella, y se apeó
preñada.
Contarlo quiero, aunque es
tiempo perdido,
Porque yo ¿qué borregos he
vendido
A mi señor para que mire y
vea
Si está cabal? Lo que ello
fuere sea.
Su maleta es aquesta:
Ropa quiero sacar, por si
se acuesta
Tan presto; que él mandó
que hiciese esto.
¿Mas porque él lo mandó, se
ha de hacer presto?
Por haberlo él mandado
Antes no lo he de hacer,
que soy criado.
Salirme un rato es justo
[p. 145]A rezar á una
ermita. ¿Tendrás gusto
Desto, Cosme?—Tendré.—Pues,
Cosme, vamos
Que ántes son nuestros
gustos que los amos.
(Vase.)
ESCENA XIII.
DOÑA ÁNGELA, ISABEL, que
salen por la puerta disimulada con la alacena.
Isabel.
Que está el cuarto solo
dijo
Rodrigo, porque el tal
huésped
Y tus hermanos se fueron.
D.ª Áng.
Por eso pude atreverme
A hacer sola esta
experiencia.
Isabel.
¿Ves que no hay
inconveniente
Para pasar hasta aquí?
D.ª Áng.
Antes, Isabel, parece
Que todo cuanto previne
Yo, fué muy impertinente,
Pues con ninguno
encontramos;
Que la puerta fácilmente
Se abre y se vuelve á
cerrar,
Sin ser posible que se eche
De ver.
Isabel.
¿Y á qué hemos venido?
D.ª Áng.
A volvernos solamente;
Que, para hacer sola una
Travesura dos mujeres,
Basta haberla imaginado;
Porque al fin esto no tiene
Más fundamento que haber
Hablado en ello dos veces,
[p. 146]Y estar yo
determinada
(Siendo verdad que es
aqueste
Caballero el que por mí
Se empeñó osado y valiente,
Como te he dicho) á mirar
Por su regalo.
Isabel.
Aquí tiene
El que le trajo tu hermano,
Y una espada en un bufete.
D.ª Áng.
Ven acá. ¿Mi escribanía
Trajeron aquí?
Isabel.
Dió en ese
Desvarío mi señor.
Dijo que aquí la pusiese
Con recado de escribir,
Y mil libros diferentes.
D.ª Áng.
En el suelo hay dos
maletas.
Isabel.
Y abiertas. Señora,
¿quieres
Que veamos lo que hay en
ellas?
D.ª Áng.
Sí, que quiero neciamente
Mirar qué ropas y alhajas
Trae.
Isabel.
Soldado y pretendiente,
Vendrá muy mal alhajado.
(Sacan todo
cuanto van diciendo, y lo esparcen por la sala.)
D.ª Áng.
¿Qué es eso?
Isabel.
Muchos papeles.
D.ª Áng.
¿Son de mujer?
Isabel.
No, señora,
Sino procesos que vienen
Cosidos, y pesan mucho.
D.ª Áng.
Pues si fueran de mujeres,
Ellos fueran más livianos.
Mal en eso te detienes.
[p. 147]Isabel.
Ropa blanca hay aquí
alguna.
D.ª Áng.
¿Huele bien?
Isabel.
Sí, á limpia huele.
D.ª Áng.
Ese es el mejor perfume.
Isabel.
Las tres calidades tiene
De blanca, blanda y
delgada.
Mas, señora, ¿qué es
aqueste
Pellejo con unos hierros
De herramientas diferentes?
D.ª Áng.
Muestra á ver. Hasta aquí
hierro
De sacamuelas parece;
Mas estas son tenacillas,
Y el alzador del copete
Y los bigotes esotras.
Isabel.
Item, escobilla y peine.
Oye, que, más prevenido,
No le faltará al tal
huésped
La horma de su zapato.
D.ª Áng.
¿Por qué?
Isabel.
Porque aquí la tiene.
D.ª Áng.
¿Hay más?
Isabel.
Sí, señora. Item,
Como á forma de billetes,
Legajo segundo.
D.ª Áng.
Muestra.
De mujer son, y contienen
Más que papel. Un retrato
Está aquí.
Isabel.
¿Qué te suspende?
D.ª Áng.
El verle; que una
hermosura,
Si está pintada, divierte.
Isabel.
Parece que te ha pesado
De hallarle.
D.ª Áng.
¡Qué necia eres!
[p. 148]No mires más.
Isabel.
¿Y qué intentas?
D.ª Áng.
Dejarle escrito un billete.
Toma el retrato.
(Pónese á
escribir.)
Isabel.
Entre tanto
La maleta del sirviente
He de ver. Esto es dinero;
Cuartazos son insolentes,
Que en la república donde
Son los príncipes y reyes
Las doblas y patacones,
Ellos son la comun plebe.
Una burla le he de hacer,
Y ha de ser de aquesta
suerte:
Quitarle de aquí el dinero
Al tal lacayo, y ponerle
Unos carbones. Dirán:
¿Dónde demonios los tiene
Esta mujer? no advirtiendo
Que esto sucedió en
Noviembre,
Y que hay brasero en el
cuarto.
(Quita el
dinero de la bolsa, y pone carbon.)
D.ª Áng.
Ya escribí. ¿Qué te parece
Adónde deje el papel,
Porque, si mi hermano
viene,
No le vea?
Isabel.
Allí, debajo
De la toalla que tienen
Las almohadas; que al
quitarla,
Se verá forzosamente,
Y no es parte que hasta
entónces
Se ha de andar.
D.ª Áng.
Muy bien adviertes.
Ponle allí, y ve recogiendo
[p. 149]Todo esto.
Isabel.
Mira que tuercen
Ya la llave.
D.ª Áng.
Pues dejallo
Todo, esté como estuviere,
Y á escondernos, Isabel,
Ven.
Isabel.
Alacena me fecit.
(Vanse por la
alacena.)
ESCENA XIV.
COSME.
Ya que me he servido á mí,
De barato quiero hacerle
A mi amo otro servicio.—
Mas ¿quién nuestra hacienda
vende
Que así hace almoneda
della?
¡Vive Cristo, que parece
Plazuela de la Cebada
La sala con nuestros
bienes!
¿Quién está aquí? No está
nadie,
Por Dios; y si está, no
quiere
Responder. No me responda,
Que me huelgo de que eche
De ver que soy enemigo
De respondones. Con este
Humor, sea bueno, ó sea
malo
(Si he de hablar
discretamente),
Estoy temblando de miedo:
Pero como á mí me deje
El revoltoso de alhajas
Libre mi dinero, llegue
[p. 150]Y revuelva las
maletas
Una y cuatrocientas veces.
Mas ¿qué veo? ¡Vive Dios,
(Registra la
bolsa.)
Que en carbones lo
convierten!
Duendecillo, duendecillo,
Quienquiera que seas ó
fueres,
El dinero que tú das
En lo que mandares vuelve,
¿Mas lo que yo hurto, por
qué?
ESCENA XV.
DON MANUEL, DON JUAN, DON
LUIS. — COSME.
D. Juan.
¿De qué das voces?
D. Luis.
¿Qué tienes?
D. Man.
¿Qué te ha sucedido? Habla.
Cosme.
¡Lindo desenfado es ese!
Si tienes por inquilino,
Señor, en tu casa un
duende,
¿Para qué nos recebiste
En ella? Un instante breve
Que falté de aquí, la ropa
De tal modo y de tal suerte
Hallé, que, toda esparcida,
Una almoneda parece.
D. Juan.
¿Falta algo?
Cosme.
No falta nada.
El dinero solamente
Que en esta bolsa tenía,
Que era mio, me convierte
En carbones.
D. Luis.
Sí, ya entiendo.
[p. 151]D. Man.
¡Qué necia burla previenes!
¡Qué fria y qué sin
donaire!
D. Juan.
¡Qué mala y qué
impertinente!
Cosme.
No es burla esta, ¡vive
Dios!
D. Man.
Calla, que estás como
sueles.
Cosme.
Es verdad; mas suelo estar
En mi juicio algunas veces.
D. Juan.
Quedaos con Dios, y
acostaos,
Don Manuel, sin que os
desvele
El duende de la posada;
Y aconsejadle que intente
Otras burlas, al criado.
(Vase.)
D. Luis.
No en vano sois tan
valiente
Como sois, si habeis de
andar,
Desnuda la espada siempre,
Saliendo de los disgustos
El que este loco os
pusiere.
(Vase.)
ESCENA XVI.
DON MANUEL, COSME.
D. Man.
¿Ves cuál me tratan por tí?
Todos por loco me tienen
Porque te sufro. A
cualquiera
Parte que voy, me suceden
Mil desaires por tu causa.
Cosme.
Ya estás solo, y no he de
hacerte
Burla mano á mano yo;
Porque sólo en tercio puede
Tirarse uno con su padre.
Dos mil demonios me lleven
Si no es verdad que salí;
[p. 152]Y álguien, fuese
quien se fuese,
Hizo este estrago.
D. Man.
Con eso
Ahora disculparte quieres
De la necedad. Recoge
Esto que esparcido tienes,
Y entra á acostarte.
Cosme.
Señor,
En una galera reme...
D. Man.
Calla, calla, ó vive Dios
Que la cabeza te quiebre.
(Entra en la
alcoba.)
Cosme.
Pesárame con extremo
Que lo tal me sucediese.
Ahora bien, vuelvo á
envasar
Otra vez los adherentes
De mis maletas. ¡Oh cielos,
Quién la trompeta tuviese
Del juicio de las alhajas,
Porque á una voz solamente
Viniesen todas!
(Vuelve Don
Manuel con un papel.)
D. Man.
Alumbra,
Cosme.
Cosme.
Pues ¿qué te sucede,
Señor? ¿Has hallado acaso
Allá dentro alguna gente?
D. Man.
Descubrí la cama, Cosme,
Para acostarme, y halléme
Debajo de la toalla
De la cama, este billete
Cerrado; y ya el
sobrescrito
Me admira más.
Cosme.
¿A quién viene?
[p. 153]D. Man.
A mí; mas de modo extraño.
Cosme.
¿Cómo dice?
D. Man.
Desta suerte.
(Lee.) «Nadie me abra, porque soy
»De Don Manuel solamente.»
Cosme.
¡Plegue á Dios, que no me
creas
Por fuerza! No le abras,
tente,
Sin conjurarle primero.
D. Man.
Cosme, lo que me suspende
Es la novedad, no el miedo;
Que quien admira no teme.
(Lee.) «Con cuidado me tiene vuestra salud, como á
quien fué la causa de su riesgo. Y así, agradecida y lastimada, os suplico me
aviseis della, y os sirvais de mí; que para lo uno y lo otro habrá ocasion,
dejando la respuesta donde hallasteis éste: advirtiendo que el secreto importa,
porque el dia que lo sepa alguno de los amigos, perderé yo el honor y la vida.»
Cosme.
¡Extraño caso!
D. Man.
¿Qué extraño?
Cosme.
¿Eso no te admira?
D. Man.
No;
Antes con esto llegó
A mi vista el desengaño.
Cosme.
¿Cómo?
D. Man.
Bien claro se ve
Que aquella dama tapada,
Que tan ciega y tan turbada
De Don Luis huyendo fué,
Era su dama, supuesto,
Cosme, que no puede ser,
Si es soltero, su mujer.
[p. 154]Y dando por cierto
esto,
¿Qué dificultad tendrá
Que en la casa de su
amante,
Tenga ella mano bastante
Para entrar?
Cosme.
Muy bien está
Pensado; mas mi temor
Pasa adelante. Confieso
Que es su dama, y el suceso
Te doy por bueno, señor;
¿Pero ella cómo podia
Desde la calle, saber
Lo que habia de suceder,
Para tener este dia
Ya prevenido el papel?
D. Man.
Despues de haberme pasado,
Pudo dársele á un criado.
Cosme.
Y aunque se le diera, ¿él
Cómo aquí ha de haberle
puesto?
Pues nadie en el cuarto
entró
Desde que en él quedé yo.
D. Man.
Bien pudo ser ántes de
esto.
Cosme.
Sí; mas hallar trabucadas
Las maletas y la ropa,
Y el papel escrito, topa
En más.
D. Man.
Mira si cerradas
Esas ventanas están.
Cosme.
Y con aldabas y rejas.
D. Man.
Con mayor duda me dejas,
Y mil sospechas me dan.
Cosme.
¿De qué?
D. Man.
No sabré explicallo.
Cosme.
En efecto, ¿qué has de
hacer?
[p. 155]D. Man.
Escribir y responder
Pretendo, hasta
averiguallo,
Con estilo que parezca
Que no ha hallado en mi
valor,
Ni admiracion ni temor;
Que no dudo que se ofrezca
Una ocasion en que demos,
Viendo que papeles hay,
Con quien los lleva y los
tray.
Cosme.
¿Y de aquesto no daremos
Cuenta á los huéspedes?
D. Man.
No,
Porque no tengo de hacer
Mal alguno á una mujer,
Que así de mí se fió.
Cosme.
¿Luego ya ofendes á quien
Su galan juzgas?
D. Man.
No tal,
Pues sin hacerla á ella
mal,
Puedo yo proceder bien.
Cosme.
No, señor; más hay aquí
De lo que á tí te parece:
Con cada discurso crece
Mi sospecha.
D. Man.
¿Cómo así?
Cosme.
Ves aquí que van y vienen
Papeles, y que jamás
Aunque lo examines más,
Ciertos desengaños tienen:
¿Qué crêrás?
D. Man.
Que ingenio y arte
Hay para entrar y salir,
Para cerrar, para abrir,
Y que el cuarto tiene parte
[p. 156]Por dónde. Y en
duda tal,
El juicio podré perder:
Pero no, Cosme, creer
Cosa sobrenatural.
Cosme.
¿No hay duendes?
D. Man.
Nadie los vió.
Cosme.
¿Familiares?
D. Man.
Son quimeras.
Cosme.
¿Brujas?
D. Man.
Ménos.
Cosme.
¿Hechiceras?
D. Man.
¡Qué error!
Cosme.
¿Hay súcubos?
D. Man.
No.
Cosme.
¿Encantadoras?
D. Man.
Tampoco.
Cosme.
¿Mágicas?
D. Man.
Es necedad.
Cosme.
¿Nigromantes?
D. Man.
Liviandad.
Cosme.
¿Energúmenos?
D. Man.
¡Qué loco!
Cosme.
¡Vive Dios que te cogí!
¿Diablos?
D. Man.
Sin poder notorio.
Cosme.
¿Hay almas del purgatorio?
D. Man.
¿Que me enamoren á mí?
¡Hay más necia bobería!
Déjame; que estás cansado.
Cosme.
En fin, ¿qué has
determinado?
D. Man.
Asistir de noche y dia
Con cuidados singulares
(Aquí el desengaño fundo)
Sin creer que hay en el
mundo
[p. 157]Ni duendes ni
familiares.
Cosme.
Pues yo en efecto presumo
Que algun demonio los tray,
Que esto y más habrá, donde
hay
Quien tome tabaco de humo.
[p. 158]
JORNADA SEGUNDA.
Habitacion de
Doña Ángela.
ESCENA PRIMERA.
DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ,
ISABEL.
D.ª Beat.
Notables cosas me cuentas.
D.ª Áng.
No te parezcan notables,
Hasta que sepas el fin.
¿En qué quedamos?
D.ª Beat.
Quedaste
En que por el alacena
Hasta su cuarto pasastes,
Que es tan difícil de verse
Como fué de abrirse fácil;
Que le escribiste un papel,
Y que al otro dia hallaste
La respuesta.
D.ª Áng.
Digo pues
Que tan cortés y galante
Estilo no ví jamás,
Mezclando entre lo
admirable
Del suceso, lo gracioso,
Imitando los andantes
[p. 159]Caballeros, á quien
pasan
Aventuras semejantes.
El papel, Beatriz, es éste:
Holgaréme que te agrade.
(Lee.) «Fermosa dueña, cualquier que vos seais la
condolida deste afanado caballero, y asaz piadosa minorais sus cuitas, ruégovos
me querais facer sabidor del follon mezquino, ó pagano malandrin, que en este
encanto vos amancilla, para que segunda vegada en vueso nombre, sano ya de las
pasadas feridas, éntre en descomunal batalla, magüer que finque muerto en ella;
que non es la vida de más pro que la muerte, tenudo á su deber un caballero. El
dador de la luz vos mampare, é á mí non olvide.
»El caballero de la Dama
Duende.»
D.ª Beat.
¡Buen estilo por mi vida,
Y á propósito el lenguaje,
Del encanto y la aventura!
D.ª Áng.
Cuando esperé que con
graves
Admiraciones viniera
El papel, ví semejante
Desenfado, cuyo estilo
Quise llevar adelante,
Y respondiéndole así,
Pasé...
Isabel.
Detente, no pases,
Que viene D. Juan, tu
hermano.
D.ª Áng.
Vendrá muy firme y amante
A agradecerte la dicha
De verte, Beatriz, y
hablarte
En su casa.
[p. 160]D.ª Beat.
No me pesa,
Si hemos de decir verdades.
ESCENA II.
DON JUAN. — Dichas.
D. Juan.
No hay mal que por bien no
venga,
Dicen adagios vulgares,
Y en mí se ve, pues que
vienen
Por mis bienes vuestros
males.
He sabido, Beatriz bella,
Que un pesar, que vuestro
padre
Con vos tuvo, á nuestra
casa
Sin gusto y contento os
trae.
Pésame que hayan de ser
Lisonjeros y agradables,
Como para vos mis gustos,
Para mí vuestros pesares;
Pues es fuerza que no
sienta
Desdichas que han sido
parte
De veros: porque hoy amor
Diversos efectos hace,
En vos de pena, y en mí
De gloria, bien como el
áspid,
De quien, si sale el
veneno,
Tambien la triaca sale.
Vos seais muy bien venida;
Que aunque es corto el
hospedaje,
Bien se podrá hallar un sol
En compañía de un ángel.
D.ª Beat.
Pésames y parabienes
Tan cortésmente
mezclasteis,
[p. 161]Que no sé á qué
responderos.
Disgustada con mi padre
Vengo: la culpa tuvisteis;
Pues aunque el galan no
sabe,
Sabe que por el balcon
Hablé anoche, y miéntras
pase
El enojo, con mi prima
Quiere que esté, porque
hace
De su virtud confianza.
Sólo os diré, y esto baste,
Que los disgustos estimo;
Porque tambien en mí cause
Amor efectos diversos,
Bien como el sol, cuando
esparce
Bellos rayos, que una flor
Se marchita y otra nace.
Hiere el amor en mi pecho,
Y es sólo un rayo bastante
A que se muera el pesar,
Y nazca el gusto de
hallarme
En vuestra casa, que ha
sido
Una esfera de diamante,
Hermosa envidia de un sol,
Y capaz dosel de un ángel.
D.ª Áng.
Bien se ve que de ganancia
Andais hoy los dos amantes,
Pues que me dais de barato
Tantos favores.
D. Juan.
¿No sabes,
Hermana, lo que he pensado?
Que tú sola, por vengarte
Del cuidado que te da
Mi huésped, cuerda buscaste
Huéspeda, que á mí me ponga
[p. 162]En cuidado
semejante.
D.ª Áng.
Dices bien, y yo lo he
hecho
Sólo porque la regales.
D. Juan.
Yo me doy por muy contento
De la venganza.
(Quiere
irse.)
D.ª Beat.
¿Qué haces,
Don Juan? ¿dónde vas?
D. Juan.
Beatriz,
A servirte; que dejarte,
Sólo á tí por tí pudiera.
D.ª Áng.
Déjale ir.
D. Juan.
Dios os guarde.
ESCENA III.
DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ,
ISABEL.
D.ª Áng.
Sí, cuidado con su huésped
Me dió, y cuidado tan
grande,
Que apénas sé de mi vida,
Y él de la suya no sabe.
Viéndote á tí, con el mismo
Cuidado he de desquitarme;
Porque de huésped á huésped
Estemos los dos iguales.
D.ª Beat.
El deseo de saber
Tu suceso, fuera parte
Solamente á no sentir
Su ausencia.
D.ª Áng.
Por no cansarte,
Papeles suyos y mios
Fueron y vinieron, tales
(Los suyos digo) que pueden
[p. 163]Admitirse y
celebrarse;
Porque mezclando las véras
Y las burlas, no ví iguales
Discursos.
D.ª Beat.
Y él, en efecto,
¿Qué es á lo que se
persuade?
D.ª Áng.
A que debo de ser dama
De Don Luis, juntando
partes
De haberme escondido dél
Y de tener otra llave
Del cuarto.
D.ª Beat.
Sola una cosa
Dificultad se me hace.
D.ª Áng.
¿Dí cuál es?
D.ª Beat.
¿Cómo este hombre
Viendo que hay quien lleva
y trae
Papeles, no te ha espiado,
Y te ha cogido en el lance?
D.ª Áng.
No está eso por prevenir;
Porque tengo á sus umbrales
Un hombre yo, que me avisa
De quién entra y de quién
sale;
Y así no pasa Isabel
Hasta saber que no hay
nadie.
Que ya ha sucedido, amiga,
Un dia entero quedarse
Un criado para verlo,
Y haberle salido en balde
La diligencia y cuidado.
Y porque no se me pase
De la memoria, Isabel,
Llévate aquel azafate
En siendo tiempo.
D.ª Beat.
Otra duda.
[p. 164]¿Cómo es posible
que alabes
De tan entendido, un hombre
Que no ha dado en casos
tales
En el secreto comun
De la alacena?
D.ª Áng.
¿Ahora sabes
Lo del huevo de Juanelo,
Que los ingenios más
grandes
Trabajaron en hacer
Que en un bufete de jaspe
Se tuviese en pié, y
Juanelo
Con sólo llegar y darle
Un golpecito, le tuvo?
Las grandes dificultades,
Hasta saberse lo son;
Que sabido, todo es fácil.
D.ª Beat.
Otra pregunta.
D.ª Áng.
Dí cuál.
D.ª Beat.
¿De tan locos disparates
Qué piensas sacar?
D.ª Áng.
No sé.
Dijérate que mostrarme
Agradecida, y pasar
Mis penas y soledades,
Si ya no fuera más que
esto,
Porque necia y ignorante,
He llegado á tener celos
De ver que el retrato
guarde
De una dama, y áun estoy
Dispuesta á entrar y
tomarle
En la primera ocasion;
Y no sé cómo declare
Que estoy ya determinada
A que me vea y me hable.
[p. 165]D.ª Beat.
¿Descubierta por quién
eres?
D.ª Áng.
¡Jesus, el cielo me guarde!
Ni él, pienso yo, que á un
amigo
Y huésped traicion tan
grande
Hiciera; pues el pensar
Que soy dama suya, hace
Que me escriba temeroso,
Cortés, turbado y cobarde;
Y en efecto, yo no tengo
De ponerme á ese desaire.
D.ª Beat.
¿Pues cómo ha de verte?
D.ª Áng.
Escucha,
Y sabrás la más notable
Traza, sin que yo al
peligro
De verme en su cuarto pase,
Y él venga, sin saber
dónde.
Isabel.
Pon otro hermano á la
márgen,
Que viene Don Luis.
D.ª Áng.
Despues
Lo sabrás.
D.ª Beat.
¡Qué desiguales
Son los influjos! ¡Que el
cielo
En igual mérito y partes
Ponga tantas diferencias
Y tantas distancias halle,
Que, con un mismo deseo,
Uno obligue y otro canse!
Vamos de aquí, que no
quiero
Que llegue Don Luis á
hablarme.
(Quiere
irse.)
[p. 166]ESCENA IV.
DON LUIS. — Dichas.
D. Luis.
¿Por qué os ausentais así?
D.ª Beat.
Sólo porque vos llegasteis.
D. Luis.
La luz más hermosura y
pura,
De quien el sol la
aprendió,
¿Huye porque llego yo?
¿Soy la noche por ventura?
Pues perdone tu hermosura
Si atrevido y descortés
En detenerte me ves;
Que yo, en esta
contingencia,
No quiero pedir licencia,
Porque tú no me la des.
Que, estimando tu rigor,
No quiere la suerte mia
Que áun esto, que es
cortesía,
Tenga nombre de favor.
Ya sé que mi loco amor
En tus desprecios no
alcanza
Un átomo de esperanza;
Pero yo, viendo tan fuerte
Rigor, tengo que quererte,
Por sólo tomar venganza.
Mayor gloria me darás,
Cuando más penas me
ofrezcas;
Pues cuando más me
aborrezcas,
Tengo de quererte más.
Si desto quejosa estás,
Porque con solo un querer
[p. 167]Los dos vengamos á
ser,
Entre el placer y el pesar,
Extremos, aprende á amar
O enséñame á aborrecer;
Enséñame tú rigores,
Yo te enseñaré finezas;
Enséñame tú asperezas,
Yo te enseñaré favores;
Tú desprecios, y yo amores;
Tú olvido, y yo firme fe;
Aunque es mejor, porque dé
Gloria al amor, siendo
dios,
Que olvides tú por los dos;
Que yo por los dos querré.
D.ª Beat.
Tan cortésmente os quejais,
Que, aunque agradecer
quisiera
Vuestras penas, no lo
hiciera,
Sólo porque las digais.
D. Luis.
Como tan mal me tratais,
El idioma del desden
Aprendí.
D.ª Beat.
Pues ese es bien
Que sigais; que en caso
tal,
Hará soledad el mal
A quien le dice tan bien.
(Quiere irse,
y detiénela Don Luis.)
D. Luis.
Oye, si acaso te vengas,
Y padezcamos los dos.
D.ª Beat.
No he de escucharos. Por
Dios,
Amiga, que le detengas.
(Vase.)
D.ª Áng.
¡Que tan poco valor tengas
Que esto quieras oir y ver!
D. Luis.
¡Ay hermana! ¿qué he de
hacer?
D.ª Áng.
Dar tus penas al olvido;
[p. 168]Que querer
aborrecido
Es morir, y no querer.
D. Luis.
Quejoso, ¿cómo podré
Olvidarla? ¡Que es error!
Díla que me haga un favor,
Y obligado olvidaré;
Ofendido no; porqué
El más prudente, el más
sabio
Da su sentimiento al labio;
Si olvidarse el favor
suele,
Es porque el favor no duele
De la suerte que el
agravio.
(Vanse.)
ESCENA V.
RODRIGO. — DON LUIS.
Rodrigo.
¿De dónde vienes?
D. Luis.
No sé.
Rodrigo.
Triste parece que estás:
¿La causa no me dirás?
D. Luis.
Con Doña Beatriz hablé.
Rodrigo.
No digas más; ya se ve
En tí lo que respondió.
Pero ¿dónde está, que yo
No la he visto?
D. Luis.
La tirana
Es huéspeda de mi hermana
Unos dias, porque no
Me falte un enfado así
De un huésped; que cada dia
Mis hermanos á porfía
Se conjuran contra mí;
[p. 169]Pues cualquiera
tiene aquí
Uno que pesar me dé:
De Don Manuel, ya se ve,
Y de Beatriz; pues los
cielos,
Me traen á casa mis celos,
Porque sin ellos no esté.
Rodrigo.
Mira que Don Manuel puede
Oirte, que viene allí.
ESCENA VI.
DON MANUEL. — Dichos.
D. Man.
(Ap.) ¡Sólo en el mundo por mí
Tan gran prodigio sucede!
¿Qué haré, cielos, con que
quede
Desengañado, y saber
De una vez si esta mujer
Dama de Don Luis ha sido,
O cómo mano ha tenido
Y cautela, para hacer
Tantos engaños?
D. Luis.
Señor
Don Manuel.
D. Man.
Señor Don Luis.
D. Luis.
¿De dónde bueno venís?
D. Man.
De Palacio.
D. Luis.
Grande error
El mio fué en preguntar,
A quien pretensiones tiene,
Dónde va, ni dónde viene;
Porque es fuerza que ha de
dar
Cualquiera línea en
Palacio,
[p. 170]Como centro de su
esfera.
D. Man.
Si sólo á Palacio fuera,
Estuviera más despacio;
Pero mi afan inmortal
Mayor término ha pedido.
Su Majestad ha salido
Esta tarde al Escorial,
Y es fuerza esta noche ir
Con mis despachos allá,
Que de importancia será.
D. Luis.
Si ayudaros á servir
Puedo en algo, ya sabeis
Que soy, en cualquier
suceso,
Vuestro.
D. Man.
Las manos os beso
Por la merced que me
haceis.
D. Luis.
Ved, que no es lisonja
esto.
D. Man.
Ya veo que es voluntad
De mi aumento.
D. Luis.
(Ap.)Así es verdad,
Porque negocies más presto.
D. Man.
Pero á un galan cortesano
Tanto como vos, no es justo
Divertirle de su gusto;
Porque yo tengo por llano
Que estareis entretenido,
Y gran desacuerdo fuera
Que ausentaros pretendiera.
D. Luis.
Aunque hubiérades oido
Lo que con Rodrigo hablaba,
No respondiérais así.
D. Man.
¿Luego bien he dicho?
D. Luis.
Sí,
Que aunque es verdad que
lloraba
[p. 171]De una hermosura el
rigor,
A la firme voluntad,
La hace tanta soledad
El desden como el favor.
D. Man.
¡Qué desvalido os pintais!
D. Luis.
Amo una grande hermosura
Sin estrella y sin ventura.
D. Man.
¿Conmigo disimulais
Agora?
D. Luis.
¡Pluguiera al cielo!
Mas tan infeliz nací,
Que huye esta beldad de mí
Como de la noche el velo
De la hermosa luz del dia,
A cuyos rayos me quemo.
¿Quereis ver con cuánto
extremo
Es la triste suerte mia?
Pues porque no la siguiera
Amante y celoso yo,
A una persona pidió
Que mis pasos detuviera.
Ved si hay rigores más
fieros,
Pues todos suelen buscar
Terceros para alcanzar,
Y ella huye por terceros.
(Vanse Don
Luis y Rodrigo.)
ESCENA VII.
DON MANUEL.
¿Qué más se ha de declarar?
¡Mujer que su vista huyó,
[p. 172]Y á otra persona
pidió
Que le llegase á estorbar!
Por mí lo dice y por ella.
Ya por lo ménos vencí
Una duda, pues ya ví
Que, aunque es verdad que
es aquella,
No es su dama; porque él
Despreciado no viviera,
Si en su casa la tuviera.
Ya es mi duda más cruel,
Si no es su dama, ni vive
En su casa, ¿cómo así
Escribe y responde? Aquí
Muere un engaño, y concibe
Otro engaño. ¿Qué he de
hacer?
Que soy en mis opiniones
Confusion de confusiones.
¡Válgate Dios por mujer!
ESCENA VIII.
COSME. — DON MANUEL.
Cosme.
Señor, ¿qué hay de duende?
¿acaso
Hasle visto por acá?
Que de saber que no está
Allá, me holgaré.
D. Man.
Habla paso.
Cosme.
Que tengo mucho que hacer
En nuestro cuarto, y no
puedo
Entrar.
D. Man.
Pues ¿qué tienes?
Cosme.
Miedo.
[p. 173]D. Man.
¿Miedo un hombre ha de
tener?
Cosme.
No le ha de tener, señor.
Pero ve aquí que le tiene,
Porque al suceso conviene.
D. Man.
Deja aquese necio humor,
Y lleva luz, porque tengo
Que disponer y escribir,
Y esta noche he de salir
De Madrid.
Cosme.
A eso me atengo,
Pues dices con eso aquí
Que tienes miedo al suceso.
D. Man.
Antes te he dicho con eso
Que no hago caso de tí;
Pues de otras cosas me
acuerdo,
Que son diferentes, cuando
En estas me estás hablando.
El tiempo en efecto pierdo.
En tanto que me despido
De Don Juan, ten luz.
(Vase.)
Cosme.
Sí haré.
Luz al duende llevaré,
Que es hora que sea
servido,
Y no esté á escuras. Aquí
Ha de haber una cerilla;
En aquella lamparilla,
Que se está muriendo allí,
Encenderla agora puedo.
¡Oh qué prevenido soy!
Y entre estas y estotras
voy
Titiritando de miedo.
(Vase.)
[p. 174]Cuarto de Don
Manuel
ESCENA IX.
ISABEL, que sale
por la alacena con un azafate cubierto.
Fuera están, que así el
criado
Me lo dijo. Agora es tiempo
De poner este azafate
De ropa blanca en el puesto
Señalado.—¡Ay de mí triste!
Que como es de noche,
tengo,
Con la grande oscuridad,
De mí misma, asombro y
miedo.
¡Válgame Dios, que
temblando
Estoy! El duende primero
Soy que se encomienda á
Dios.
No hallo el bufete. ¿Qué es
esto?
Con la turbacion y espanto
Perdí de la sala el tiento.
No sé dónde estoy, ni hallo
La mesa. ¿Qué he de hacer?
¡Cielos!
Si no acertase á salir,
Y me hallasen aquí dentro,
Dábamos con todo el caso
Al traste. Gran temor
tengo,
Y más agora, que abrir
La puerta del cuarto
siento,
Y trae luz el que la abre.
Aquí dió fin el suceso;
Que ya ni puedo esconderme,
Ni volver á salir puedo.
[p. 175]ESCENA X.
COSME, con luz.
— ISABEL.
Cosme.
Duende, mi señor, si acaso
Obligan los rendimientos
A los duendes bien nacidos,
Humildemente le ruego
Que no se acuerde de mí
En sus muchos embelecos,
Y esto por cuatro razones:
La primera, yo me entiendo;
(Va andando,
é Isabel detras de él, huyendo de que la vea.)
La segunda, usted lo sabe.
La tercera, por aquello
De que al buen
entendedor...
La cuarta, por estos
versos:
Señora Dama Duende,
Duélase de mí,
Que soy niño y solo,
Y nunca en tal me ví.
Isabel.
(Ap.) Ya con la luz he cobrado
El tino del aposento,
Y él no me ha visto; si
aquí
Se la mato, será cierto
Que, miéntras la va á
encender,
Salir á mi cuarto puedo;
Que cuando sienta el rüido,
No me verá por lo ménos,
Y á dos daños el menor.
Cosme.
¡Qué gran músico es el
miedo!
Isabel.
(Ap.) Esto ha de ser desta suerte.
(Dale un
golpe, y mátale la luz.)
[p. 176]Cosme.
¡Ay infeliz que me han
muerto!
¡Confesion!
Isabel.
Ahora podré
Escaparme.
ESCENA XI.
DON MANUEL. — ISABEL,
COSME.
D. Man.
¿Qué es aquesto,
Cosme? ¿cómo estás sin luz?
Cosme.
Como á los dos nos ha
muerto
El duende: á la luz, de un
soplo,
Y á mí de un golpe.
D. Man.
Tu miedo
Te hará creer esas cosas.
Cosme.
Bien á mi costa las creo.
Isabel.
(Ap.) ¡Oh si la puerta encontrase!
D. Man.
¿Quién está aquí?
(Encuentra
Isabel con Don Manuel, y él la tiene del azafate.)
Isabel.
(Ap.)Peor es esto;
Que con el amo he
encontrado.
D. Man.
Trae luz, Cosme, que ya
tengo
A quien es.
Cosme.
Pues no le sueltes.
D. Man.
No haré; ve por ella
presto.
Cosme.
Tenle bien.
(Vase.)
Isabel.
(Ap.)Del azafate
Asió; en sus manos le dejo.
Hallé la alacena. ¡Adios!
(Vase,
dejándole el azafate en la mano.)
D. Man.
Cualquiera que es, se esté
quedo
[p. 177]Hasta que traigan
la luz;
Porque si no, ¡vive el
cielo,
Que le dé de puñaladas!—
Pero sólo abrazo el viento,
Y encuentro sólo una cosa
De ropa y de poco peso.
¿Qué será? ¡Válgame Dios,
Que en más confusion me ha
puesto!
ESCENA XII.
COSME, con la luz.
— DON MANUEL.
Cosme.
Téngase el duende á la luz.
Pues ¿qué es dél? ¿no
estaba preso?
¿Qué es esto, señor?
D. Man.
No acierto
A responder. Esta ropa
Me ha dejado, y se fué
huyendo.
Cosme.
¿Y qué dices deste lance?
Aun bien, que agora tú
mesmo
Dijiste que le tenías,
Y se te fué por el viento.
D. Man.
Diré que aquesta persona,
Que con arte y con ingenio
Entra y sale aquí, esta
noche
Estaba encerrada dentro;
Que, para poder salir,
Te mató la luz, y luego
Me dejó á mí el azafate,
Y se me ha escapado
huyendo.
Cosme.
¿Por dónde?
D. Man.
Por esa puerta.
[p. 178]Cosme.
Harásme que pierda el seso.
¡Vive Dios, que yo le ví
A los últimos reflejos,
Que la pavesa dejó
De la luz, que me habia
muerto!
D. Man.
¿Qué forma tenía?
Cosme.
Era un fraile
Tamañito, y tenía puesto
Un cucurucho tamaño;
Que por estas señas creo
Que era duende capuchino.
D. Man.
¡Qué de cosas hace el
miedo!
Alumbra aquí, y lo que
trajo
El frailecito veremos.
Ten este azafate tú.
Cosme.
¿Yo azafates del infierno?
D. Man.
Tenle pues.
Cosme.
Tengo las manos
Sucias, señor, con el sebo
De la vela, y mancharé
El tafetan que cubierto
Le tiene; mejor será
Que le pongas en el suelo.
D. Man.
Ropa blanca es, y un papel.
Veamos si el fraile es
discreto.
(Lee.) «En el poco tiempo que ha que vivís en esa
casa, no se ha podido hacer más ropa; como se fuere haciendo, se irá llevando.
A lo que decís del amigo, persuadido á que soy dama de D. Luis, os aseguro que
no sólo no lo soy, pero que no puedo serlo; y esto dejo para la vista que será
presto. Dios os guarde.»
Bautizado está este duende,
[p. 179]Pues de Dios se
acuerda.
Cosme.
¿Veslo,
Cómo hay duende religioso?
D. Man.
Muy tarde es; ve
componiendo
Las maletas y cojines,
Y en una bolsa pon estos
Papeles, que son el todo
A que vamos; que yo
entiendo
En tanto dejar respuesta
A mi duende.
(Da unos
papeles á Cosme, pónelos él sobre una silla, y Don Manuel escribe.)
Cosme.
Aquí yo quiero,
Para que no se me olviden
Y estén á mano, ponerlos,
Miéntras me detengo un
rato,
Solamente á decir esto:
¿Has creido ya que hay
duendes?
D. Man.
¡Qué disparate tan necio!
Cosme.
¿Esto es disparate? ¿Ves
Tú mismo tantos efectos,
Como venirse á tus manos
Un regalo por el viento,
Y áun dudas? Pero bien
haces
Si á tí te va bien con eso;
Mas déjame á mí, que yo,
Que peor partido tengo,
Lo crea.
D. Man.
¿De qué manera?
Cosme.
Desta manera lo pruebo:
Si nos revuelven la ropa,
Te ries mucho de verlo;
Y yo soy quien la compone,
Que no es trabajo pequeño.
[p. 180]Si á tí te dejan
papeles,
Y te llevan los conceptos;
A mí me dejan carbones,
Y se llevan mi dinero.
Si traen dulces, tú te
huelgas
Como un padre de comerlos;
Y yo ayuno como un puto,
Pues ni los toco ni veo.
Si á tí te dan las camisas,
Las valonas y pañuelos;
A mí los sustos me dan
De escucharlo y de saberlo.
Si, cuando los dos venimos
Aquí, casi á un mismo
tiempo,
Te dan á tí un azafate
Tan aseado y compuesto;
A mí un mojicon me dan
En aquestos pestorejos,
Tan descomunal, tan grande,
Que me hace escupir los
sesos.
Para tí sólo, señor,
Es el gusto y el provecho,
Para mí el susto y el daño;
Y tiene el duende en
efecto,
Para tí mano de lana,
Para mí mano de hierro.
Pues déjame que lo crea;
Que se apura el
sufrimiento,
Queriendo negarle á un
hombre
lo que está pasando y
viendo.
D. Man.
Haz las maletas, y vamos;
Que allá en el cuarto te
espero
De Don Juan.
Cosme.
¿Pues qué hay que hacer
[p. 181]Si allá vestido de
negro
Has de andar, y esto se
hace
Con tomar un ferreruelo?
D. Man.
Deja cerrado, y la llave
Lleva; que si en este
tiempo
Hiciera falta, otra tiene
Don Juan.—Confuso me
ausento
Por no llevar ya sabido
Esto, que ha de ser tan
presto
Pero uno importa al honor
De mi casa y de mi aumento,
Y otro solamente á un
gusto;
Y así entre los dos
extremos,
Donde el honor es lo más,
Todo lo demas es ménos.
(Vanse.)
Cuarto de
Doña Ángela.
ESCENA XIII.
DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ,
ISABEL.
D.ª Áng.
¿Eso te ha sucedido?
Isabel.
Ya todo el embeleco ví
perdido,
Porque, si allí me viera,
Fuerza, señora, fuera
El descubrirse todo;
Pero en efecto, me escapé
del modo
Que te dije.
D.ª Áng.
Fué extraño
Suceso.
D.ª Beat.
Y ha de dar fuerza al
engaño,
[p. 182]Sin haber visto
gente,
Ver que dé un azafate, y
que se ausente.
D.ª Áng.
Si tras desto consigo
Que me vea del modo que te
digo,
Ni dudo de que pierda
El juicio.
D.ª Beat.
La atencion más grave y
cuerda
Es fuerza que se espante,
Ángela, con suceso
semejante;
Porque querer llamalle
Sin saber donde viene, y
que se halle
Luego con una dama
Tan hermosa, tan rica y de
tal fama,
Sin que sepa quién es, ni
dónde vive
(Que esto es lo que tu
ingenio le apercibe)
Y haya, vendado y ciego,
De volver á salir y dudar
luego,
¿A quién no ha de admirar?
D.ª Áng.
Todo advertido
Está ya, y por estar tú
aquí no ha sido
Hoy la noche primera
Que ha de venir á verme.
D.ª Beat.
¿No supiera
Yo callar el suceso
De tu amor?
D.ª Áng.
Que no, prima, no es por
eso
Sino que estando en casa
Tú, como á mis hermanos les
abrasa
Tu amor, no salen della,
Adorando los rayos de tu
estrella;
Y fuera aventurarme,
No ausentándose ellos,
empeñarme.
[p. 183]ESCENA XIV.
DON LUIS, al paño.
— Dichos.
D. Luis.
(Ap.) ¡Oh cielos, quién pudiera
Disimular su afecto, quién
pusiera
Límite al pensamiento,
Freno á la voz y ley al
sentimiento!
Pero ya que conmigo
Tan poco puedo, que esto no
consigo,
Desde aquí he de ensayarme
A vencer mi pasion, y
reportarme.
D.ª Beat.
Yo diré de qué suerte
Se podrá disponer, para no
hacerte
Mal tercio, y para hallarme
Aquí; porque sintiera el
ausentarme,
Sin que el efecto viera
Que deseo.
D.ª Áng.
Pues dí de qué manera.
D. Luis.
(Ap.) ¿Qué es lo que las dos tratan,
Que de su mismo aliento se
recatan?
D.ª Beat.
Las dos publicaremos
Que mi padre envió por mí,
y haremos
La deshecha con modos,
Que creyendo que estoy ya
ausente todos
Vuelva á quedarme en
casa...
D. Luis.
(Ap.) ¿Qué es esto, cielos, que en mi agravio pasa?
D.ª Beat.
Y oculta con secreto
Sin estorbos podré ver el
efeto...
D. Luis.
(Ap.) ¿Qué es lo que oigo, hado injusto?
D.ª Beat.
Que ha de ser para mí de
tanto gusto.
D.ª Áng.
Y luégo, ¿qué diremos
[p. 184]De verte aquí otra
vez?
D.ª Beat.
¿Pues no tendremos
(¡Qué mal eso te admira!)
Ingenio para hacer otra
mentira?
D. Luis.
(Ap.) Sí tendreis. ¡Que esto escucho!
Con nuevas penas y
tormentos lucho.
D.ª Beat.
Con esto, sin testigos y en
secreto,
Deste notable amor veré el
efeto;
Pues estando escondida
Yo, y estando la casa
recogida,
Sin escándalo arguyo
Que pasar pueda de su
cuarto al tuyo.
D. Luis.
(Ap.) Bien claramente infiero
(Cobarde vivo, y atrevido
muero)
Su intencion. Mas dichoso
Mi hermano la merece:
¡estoy celoso!
A darle se prefiere
La ocasion que desea; y así
quiere
Que de su cuarto pase
Sin que nadie lo sepa, y yo
me abrase;
Y porque sin testigos
Se logren (¡oh enemigos!)
Mintiendo mi sospecha,
Hacer quiere conmigo la
deshecha.
Pues si esto es así, cielo,
Para el estorbo de su amor
apelo:
Y cuando esté escondida,
Buscando otra ocasion, con
atrevida
Resolucion veré toda la
casa,
Hasta hallarle; que el
fuego que me abrasa,
Ya no tiene otro medio;
Que el estorbar es último
remedio
De un celoso. Valedme,
¡santos cielos!
Que abrasado de amor, muero
de celos.
(Vase.)
[p. 185]D.ª Áng.
Está bien prevenido,
Y mañana diremos que te has
ido.
ESCENA XV.
DON JUAN. — DOÑA ÁNGELA,
DOÑA BEATRIZ, ISABEL.
D. Juan.
¡Hermana! ¡Beatriz bella!
D.ª Beat.
Ya te echábamos ménos.
D. Juan.
Si mi estrella
Tantas dichas mejora,
Que me eche ménos vuestro
sol, señora,
De mí mismo envidioso,
Tendré mi mismo bien por
sospechoso
Que posible no ha sido
Que os haya merecido
Mi amor ese cuidado;
Y así, de mí envidioso y
envidiado
Tendré en tan dulce abismo
Yo lástima y envidia de mí
mismo.
D.ª Beat.
Contradecir no quiero
Argumento, Don Juan, tan
lisonjero,
Que quien ha dilatado
Tanto el venirme á ver, y
me ha olvidado
¿Quién duda que estaria
Bien divertido, sí, y allí
tendría
Envidia á su ventura
Y lástima, perdiendo la
hermosura
Que tanto le divierte?
Luego claro se prueba desta
suerte
Con cierto silogismo
La lástima y envidia de sí
mismo.
[p. 186]D. Juan.
Si no fuera ofenderme y
ofenderos,
Intentara, Beatriz,
satisfaceros
Con deciros que he estado
Con Don Manuel, mi huésped,
ocupado
Agora en su partida,
Porque se fué esta noche.
D.ª Áng.
¡Ay de mi vida!
D. Juan.
¿De qué, hermana, es el
susto?
D.ª Áng.
Sobresalta un placer como
un disgusto.
D. Juan.
Pésame que no sea
Placer cumplido el que tu
pecho vea;
Pues volverá mañana.
D.ª Áng.
(Ap. Vuelva á
vivir una esperanza vana.)
Ya yo me habia espantado,
Que tan de paso nos venía
el enfado,
Que fué siempre importuno.
D. Juan.
Yo no sospecho que te dé
ninguno,
Sino que tú y Don Luis
mostrais disgusto,
Por ser cosa en que yo he
tenido gusto.
D.ª Áng.
No quiero responderte,
Aunque tengo bien qué; y es
por no hacerte
Mal juego, siendo agora
Tercero de tu amor, pues
nadie ignora
Que ejerce amor las flores
de fullero
Mano á mano, mejor que con
tercero.—
Vénte, Isabel,
conmigo; (Ap. á ella.)
Que aquesta noche misma á
traer me obligo
El retrato; pues puedo
Pasar con más espacio y
ménos miedo.
Tenme tú prevenida
Una luz, y en que pueda ir
escondida;
Porque no ha de tener,
contra mi fama,
Quien me escribe, retrato
de otra dama.
(Vanse Doña
Ángela é Isabel.)
[p. 187]ESCENA XVI.
DOÑA BEATRIZ, DON JUAN.
D.ª Beat.
No creo que te debo
Tantas finezas.
D. Juan.
Los quilates pruebo
De mi fe (porque es mucha)
En un discurso.
D.ª Beat.
Díle.
D. Juan.
Pues escucha.
Bella Beatriz, mi fe es tan
verdadera,
Mi amor tan firme, mi
aficion tan rara,
Que, aunque yo no quererte
deseara,
Contra mi mismo afecto te
quisiera.
Estímate mi vida de manera,
Que, á poder olvidarte, te
olvidara,
Porque despues por eleccion
te amara:
Fuera gusto mi amor, y no
ley fuera.
Quien quiere á una mujer,
porque no puede
Olvidalla, no obliga con
querella,
Pues nada el albedrío le
concede.
Yo no puedo olvidarte,
Beatriz bella,
Y siento el ver que tan
ufana quede,
Con la victoria de tu amor
mi estrella.
D.ª Beat.
Si la eleccion se debe al
albedrío,
Y la fuerza al impulso de
una estrella,
Voluntad más segura será
aquella
Que no vive sujeta á un
desvarío.
Y así de tus finezas
desconfío,
Pues mi fe, que imposibles
atropella,
Si viera á mi albedrío
andar sin ella,
[p. 188]Negara, vive el
cielo, que era mio.
Pues aquel breve instante
que gastara
En olvidar, para volver á
amarte,
Sintiera que mi afecto me
faltara.
Y huélgome de ver que no
soy parte
Para olvidarte, pues que no
te amara
El rato que tratara de
olvidarte.
(Vanse.)
Calle.
ESCENA XVII.
COSME, huyendo de DON
MANUEL, que le sigue.
D. Man.
¡Vive Dios, si no mirara...
Cosme.
Por eso miras.
D. Man.
Que fuera
Infamia mia, que hiciera
Un desatino!
Cosme.
Repara
En que te he servido bien,
Y un descuido no está en
mano,
De un católico cristiano.
D. Man.
¿Quién ha de sufrirte,
quién,
Si lo que más importó,
Y lo que más te he
encargado
Es lo que más se ha
olvidado?
Cosme.
Pues por eso se olvidó,
Por ser lo que me
importaba;
Que si importante no fuera,
¿En olvidarse, qué hiciera?
¡Viven los cielos! que
estaba
[p. 189]Tan cuidadoso en
traer
Los papeles, que por eso
Los puse aparte, y confieso
Que el cuidado vino á ser
El mismo que me dañó;
Pues si aparte no
estuvieran,
Con los demas se vinieran.
D. Man.
Harto es que se te acordó
En la mitad del camino.
Cosme.
Un gran cuidado llevaba,
Sin saber qué le causaba;
Que le juzgué desatino,
Hasta que en el caso dí,
Y supe que era el cuidado
El habérseme olvidado
Los papeles.
D. Man.
Dí que allí
El mozo espere, teniendo
Las mulas; porque tambien
Llegar con ruido no es
bien,
Despertando á quien
durmiendo
Está ya; pues puedo entrar,
Supuesto que llave tengo,
Y el despacho, por quien
vengo,
Sin ser sentido sacar.
(Vase Cosme,
y vuelve.)
Cosme.
Ya el mozo queda advertido,
Mas considera, señor,
Que sin luz es grande error
Querer hallarlos, y el
ruido
Excusarse no es posible;
Porque si luz no nos dan
En el cuarto de Don Juan,
¿Cómo hemos de ver?
D. Man.
¡Terrible
[p. 190]Es tu enfado!
¿Agora quieres
Que le alborote y le llame?
¿Pues no sabrás (díme,
infame,
Que causa de todo eres)
Por el tiento, dónde fué
Dónde quedaron?
Cosme.
No es esa
La duda; que yo á la mesa,
Donde sé que los dejé,
Iré á ciegas.
D. Man.
Abre presto.
Cosme.
Lo que á mi temor responde
Es que no sabré yo adónde
El duende los habrá puesto;
Porque ¿qué cosa he dejado,
Que haya vuelto á hallarla
yo
En la parte que quedó?
D. Man.
Si los hubiere mudado,
Luz entónces pediremos;
Pero hasta verlo, no es
bien
Que alborotemos, á quien
Buen hospedaje debemos.
(Vanse.)
Cuarto de Don
Manuel.
ESCENA XVIII.
DOÑA ÁNGELA é ISABEL, que
salen de la alacena.
D.ª Áng.
Isabel, pues recogida
Está la casa, y es dueño
De los sentidos el sueño,
[p. 191]Ladron de la media
vida,
Y sé que el huésped se ha
ido,
Robarle el retrato quiero
Que ví en el lance primero.
Isabel.
Entra quedo, y no hagas
ruido.
D.ª Áng.
Cierra tú por allá fuera,
Y hasta venirme á avisar
No saldré yo, por no dar
En más riesgo.
Isabel.
Aquí me espera.
(Vase Isabel,
cerrando la alacena.)
ESCENA XIX.
DON MANUEL, COSME, á
oscuras. — DOÑA ÁNGELA.
Cosme.
(Hablando
bajo con su amo junto á la puerta.)
Ya está abierto.
D. Man.
Pisa quedo;
Que, si aquí sienten rumor,
Será alboroto mayor.
Cosme.
¿Crêrásme que tengo miedo?
Este duende bien pudiera
Tenernos luz encendida.
D.ª Áng.
La luz que traje escondida,
Porque de aquesta manera
No se viese, es tiempo ya
De descubrir.
(Saca una luz
que trajo encubierta en una linterna.)
Cosme.
(Ap. á su
amo.) Nunca ha andado
El duende tan bien mandado.
¡Qué presto la luz nos da!
Considera agora aquí
[p. 192]Si te quiere bien
el duende,
Pues que para tí la
enciende,
Y la apaga para mí.
D. Man.
¡Válgame el cielo! Ya es
Esto sobrenatural;
Que traer con priesa tal
Luz, no es obra humana.
Cosme.
¿Ves
Como á confesar viniste
Que es verdad?
D. Man.
¡De mármol soy!
Por volver atras estoy.
Cosme.
Mortal eres: ya temiste.
D.ª Áng.
Hácia aquí la mesa veo,
Y con papeles está.
Cosme.
Hácia la mesa se va.
D. Man.
¡Vive Dios, que dudo y creo
Una admiracion tan nueva!
Cosme.
¿Ves cómo nos va guiando,
Lo que venimos buscando,
Sin que veamos quién la
lleva?
(Doña Ángela
pone la luz en un candelero que habrá en la mesa, y toma una silla y siéntase
de espaldas á los dos.)
D.ª Áng.
Pongo aquí la luz, y agora
La escribanía veré.
D. Man.
Aguarda, que á los reflejos
De la luz todo se ve;
Y no ví en toda mi vida
Tan soberana mujer.
¡Válgame el cielo! ¿qué es
esto?
Hidras á mi parecer,
Son los prodigios, pues de
uno
Nacen mil. ¡Cielos! ¿qué
haré?
Cosme.
Despacio lo va tomando.
[p. 193]Silla arrastra.
D. Man.
Imágen es
De la más rara beldad,
Que el soberano pincel
Ha obrado.
Cosme.
Así es verdad;
Porque solo la hizo él.
D. Man.
Más que la luz resplandecen
Sus ojos.
Cosme.
Lo cierto es,
Que son sus ojos luceros
Del cielo de Lucifer.
D. Man.
Cada cabello es un rayo
Del sol.
Cosme.
Hurtáronlos dél.
D. Man.
Una estrella es cada rizo.
Cosme.
Sí será; porque tambien
Se las trajeron acá,
O una parte de las tres.
D. Man.
¡No ví más rara hermosura!
Cosme.
No dijeras eso á fe,
Si el pié la vieras; porque
estos
Son malditos por el pié.
D. Man.
¡Un asombro de belleza,
Un ángel hermoso es!
Cosme.
Es verdad, pero patudo.
D. Man.
¿Qué es esto, qué intenta
hacer
Con mis papeles?
Cosme.
Yo apuesto
Que querrá mirar y ver
Lo que buscas, porque aquí
Tengamos ménos que hacer;
Que es duende muy
servicial.
D. Man.
¡Válgame el cielo! ¿qué
haré?
[p. 194]Nunca me he visto
cobarde,
Sino solo aquesta vez.
Cosme.
Yo sí, muchas.
D. Man.
Y calzado
De prision de hielo el pié,
Tengo el cabello erizado,
Y cada suspiro es,
Para mi pecho un puñal,
Para mi cuello un cordel.
Mas ¿yo he de tener temor?
¡Vive el cielo que he de
ver
Si sé vencer un encanto!
(Llega, y
cógela de un brazo.)
Ángel, demonio, ó mujer,
A fe que no has de librarte
De mis manos esta vez.
D.ª Áng.
(Ap.) ¡Ay infeliz de mí!
Fingida su ausencia fué:
Más ha sabido que yo.
Cosme.
De parte de Dios (aquí es
Troya del diablo) nos dí...
D.ª Áng.
(Ap.) Mas yo disimularé.
Cosme.
¿Quién eres, y qué nos
quieres?
D.ª Áng.
Generoso Don Manuel
Enriquez, á quien está
Guardado un inmenso bien,
No me toques, no me llegues
Que llegarás á perder
La mayor dicha que el cielo
Te previno, por merced
Del hado que te apadrina
Por decretos de su ley.
Yo te escribí aquesta tarde
En el último papel,
[p. 195]Que nos veríamos
presto,
Y anteviendo aquesto fué.
Y pues cumplí mi palabra
Supuesto que ya me ves,
En la más humana forma
Que he podido elegir, ve
En paz, y déjame aquí;
Porque aun cumplido no es
El tiempo en que mis
sucesos
Has de alcanzar y saber.
Mañana lo sabrás todo;
Y mira, que á nadie des
Parte desto, si no quieres
Una gran suerte perder.
Ve en paz.
Cosme.
Pues que con la paz
Nos convida, señor, ¿qué
Esperamos?
D. Man.
(Ap.¡Vive Dios,
Que corrido de temer
Vanos asombros estoy!
Y puesto que no los crê
Mi valor, he de apurar
Todo el caso de una vez.)
Mujer, quien quiera que
seas,
(Que no tengo de creer
Que eres otra cosa nunca)
Vive Dios, que he de saber
Quién eres, cómo has
entrado
Aquí, con qué fin, y á qué.
Sin esperar á mañana
Esta dicha gozaré;
Si demonio, por demonio,
Y si mujer, por mujer;
[p. 196]Que á mi esfuerzo
no le da
Que recelar ni temer
Tu amenaza, cuando fueras
Demonio; aunque yo bien sé
Que teniendo cuerpo tú,
Demonio no puedes ser,
Sino mujer.
Cosme.
Todo es uno.
D.ª Áng.
No me toques, que á perder
Echas una dicha.
Cosme.
Dice
El señor diablo muy bien;
No la toques, pues no ha
sido
Arpa, laúd ni rabel.
D. Man.
Si eres espíritu agora
Con la espada lo veré;
(Saca la
espada.)
Pues aunque te hiera aquí,
No he de poderte ofender.
D.ª Áng.
¡Ay de mí! ¡deten la
espada,
Sangriento el brazo deten!
Que no es bien que des la
muerte
A una infelice mujer.
Yo confieso que lo soy;
Y aunque es delito el
querer,
No delito que merezca
Morir mal, por querer bien.
No manches pues, no
desdores
Con mi sangre el rosicler
De ese acero.
D. Man.
Dí, ¿quién eres?
D.ª Áng.
Fuerza el decirlo ha de
ser;
Porque no puedo llevar
Tan al fin como pensé
Este amor, este deseo.
[p. 197]Esta verdad, esta
fe.
Pero estamos á peligro,
Si nos oyen, ó nos ven,
De la muerte; porque soy
Mucho más de lo que ves;
Y así es fuerza, por quitar
Estorbos que puede haber,
Cerrar, señor, esa puerta,
Y áun la del portal
tambien;
Porque no puedan ver luz,
Si acaso vienen á ver
Quién anda aquí.
D. Man.
Alumbra, Cosme,
Cerremos las puertas. ¿Ves
Cómo es mujer, y no duende?
Cosme.
Yo ¿no lo dije tambien?
(Vanse los
dos.)
ESCENA XX.
DOÑA ÁNGELA, y
luego ISABEL.
D.ª Áng.
Cerrada estoy por defuera.
Ya ¡cielos! fuerza ha de
ser
Decir la verdad, supuesto
Que me ha cerrado Isabel,
Y que el huésped me ha
cogido
Aquí.
(Sale Isabel
por la alacena.)
Isabel.
Ce, señora, ce.
Tu hermano por tí pregunta.
D.ª Áng.
Bien sucede. Echa el cancel
De la alacena. ¡Ay amor!
La duda se queda en pié.
(Vanse y
cierran la alacena.)
[p. 198]ESCENA XXI.
DON MANUEL, COSME.
D. Man.
Ya están cerradas las
puertas,
Proseguid, señora; haced
Relacion... pero, ¿qué es
esto?
¿Dónde está?
Cosme.
Pues yo ¿qué sé?
D. Man.
¿Si se ha entrado en el
alcoba?
Ve delante.
Cosme.
Yendo á pié,
Es, señor, descortesía
Ir yo delante.
D. Man.
Veré
Todo el cuarto. Suelta,
digo.
Cosme.
Digo que suelto.
(Quítale Don
Manuel la luz, entra en el cuarto y vuelve á salir.)
D. Man.
¡Cruel
Es mi suerte!
Cosme.
Aun bien que agora
Por la puerta no se fué.
D. Man.
¿Pues por dónde pudo irse?
Cosme.
Eso no alcanzo yo. ¿Ves
(Siempre te lo he dicho yo)
Cómo es diablo, y no mujer?
D. Man.
¡Vive Dios, que he de mirar
Todo este cuarto, hasta ver
Si debajo de los cuadros
[p. 199]Rota está alguna
pared,
Si encubren estas alfombras
Alguna cueva, y tambien
Las bovedillas del techo!
Cosme.
Solamente aquí se ve
Esta alacena.
D. Man.
Por ella
No hay que dudar ni temer,
Siempre compuesta de
vidrios.
A mirar lo demas ven.
Cosme.
Yo no soy nada miron.
D. Man.
Pues no tengo de creer
Que es fantástica su forma,
Puesto que llegó á temer
La muerte.
Cosme.
Tambien llegó
A adivinar y saber
Que, á sólo verla esta
noche,
Habíamos de volver.
D. Man.
Como sombra se mostró,
Fantástica su luz fué;
Pero como cosa humana,
Se dejó tocar y ver:
Como mortal se temió,
Receló como mujer,
Como ilusion se deshizo,
Como fantasma se fué.
Si doy la rienda al
discurso,
No sé, ¡vive Dios! no sé,
Ni qué tengo de dudar,
Ni qué tengo de creer.
Cosme.
Yo sí.
D. Man.
¿Qué?
Cosme.
Que es mujer-diablo;
[p. 200]Pues que novedad no
es,
Si la mujer es demonio
Todo el año, que una vez,
Por desquitarse de tantas,
Sea el demonio mujer.
[p. 201]
JORNADA TERCERA.
Cuarto de
Doña Ángela.
ESCENA PRIMERA.
DON MANUEL, á
oscuras; ISABEL, guiándole.
Isabel.
Espérame en esta sala:
Luégo saldrá á verte aquí
Mi señora.
(Vase,
cerrando.)
D. Man.
No está mala
La tramoya. ¿Cerró? Sí.
¡Qué pena á mi pena iguala!
Yo volví del Escorial,
Y este encanto peregrino,
Este pasmo celestial
Que á traerme la luz vino
Y me deja en duda igual,
Me tiene escrito un papel,
Diciendo muy tierna en él:
«Si os atreveis á venir
A verme, habeis de salir
Esta noche con aquel
Criado que os acompaña.
Dos hombres esperarán
En el cementerio (¡extraña
[p. 202]Parte!) de San
Sebastian,
Y una silla.» Y no me
engaña.
En ella entré y discurrí,
Hasta que el tino perdí.
Y al fin á un portal de
horror
Lleno, de sombra y temor,
Solo y á oscuras salí.
Aquí llegó una mujer,
(Al oir y al parecer)
Y á oscuras y por el
tiento,
De aposento en aposento,
Sin oir, hablar, ni ver,
Me guió. Pero ya veo
Luz; por el resquicio es
De una puerta. Tu deseo
Lograste, amor, pues ya ves
La dama; aventuras creo.
(Acecha por
la cerradura.)
¡Qué casa tan alhajada!
¡Qué mujeres tan lucidas!
¡Qué sala tan adornada!
¡Qué damas tan bien
prendidas!
¡Qué beldad tan extremada!
(Abren la
puerta, y salen várias criadas trayendo toallas, conservas y agua, haciendo
reverencias todas al pasar, y detras de todas, Doña Ángela, ricamente vestida.)
ESCENA II.
DOÑA ÁNGELA, criadas,
DOÑA BEATRIZ. — DON MANUEL.
D.ª Áng.
(Ap. á Doña
Beatriz.)
Pues presumen que eres ida
[p. 203]A tu casa mis
hermanos,
Quedándote aquí escondida,
Los recelos serán vanos;
Porque una vez recogida,
Ya no habrá que temer nada.
D.ª Beat.
¿Y qué ha de ser mi papel?
D.ª Áng.
Agora el de mi criada;
Luego el de ver, retirada,
Lo que me pasa con él.—
¿Estareis muy
disgustado (A Don Manuel.)
De esperarme?
D. Man.
No, señora;
Que quien espera la aurora,
Bien sabe que su cuidado,
En las sombras sepultado
De la noche oscura y fria,
Ha de tener; y así hacía
Gusto el pesar que pasaba;
Pues cuanto más se
alargaba,
Tanto más llamaba al dia.
Si bien no era menester
Pasar noche tan oscura,
Si el sol de vuestra
hermosura
Me habia de amanecer;
Que para resplandecer
Vos, soberano arrebol,
La sombra ni el tornasol
De la noche no os habia
De estorbar; que sois el
dia
Que amanece sin el sol.
Huye la noche, señora,
Y pasa á la dulce salva
La risa bella del alba,
Que ilumina, mas no dora;
[p. 204]Despues del alba la
aurora,
De rayos y luz escasa,
Dora, mas no abrasa. Pasa
La aurora, y tras su
arrebol
Pasa el sol; y sólo el sol
Dora, ilumina y abrasa.
El alba, para brillar,
Quiso á la noche seguir;
La aurora, para lucir,
Al alba quiso imitar;
El sol, deidad singular,
A la aurora desafía,
Vos al sol: luego la fria
Noche no era menester,
Si podeis amanecer
Sol del sol despues del
dia.
D.ª Áng.
Aunque agradecer debiera
Discurso tan cortesano,
Quejarme quiero (no en
vano),
De ofensa tan lisonjera;
Pues no siendo esta la
esfera,
A cuyo noble ardimiento
Fatigas padece el viento,
Sino un albergue piadoso,
Os viene á hacer sospechoso
El mismo encarecimiento.
No soy alba, pues la risa
Me falta en contento tanto;
Ni aurora, pues que mi
llanto
De mi dolor no os avisa;
No soy sol, pues no divisa
Mi luz la verdad que adoro,
Y así lo que soy ignoro;
Que sólo sé que no soy
[p. 205]Alba, aurora ó sol;
pues hoy
No alumbro, rio, ni lloro.
Y así os ruego que digais,
Señor Don Manuel, de mí
Que una mujer soy y fuí,
A quien vos sólo obligais
Al extremo que mirais.
D. Man.
Muy poco debe de ser;
Pues aunque me llego á ver
Aquí, os pudiera argüir
Que tengo más que sentir,
Señora, que agradecer.
Y así, me doy por sentido.
D.ª Áng.
¿Vos de mí sentido?
D. Man.
Sí,
Pues que no fiais de mí
Quién sois.
D.ª Áng.
Solamente os pido
Que eso no mandeis; que ha
sido
Imposible de contar.
Si quereis venirme á
hablar,
Con calidad ha de ser
Que no lo habeis de saber,
Ni lo habeis de preguntar;
Porque para con vos hoy
Un enigma á ser me ofrezco,
Que ni soy lo que parezco,
Ni parezco lo que soy.
Miéntras encubierta estoy,
Podreis verme y podré
veros;
Porque si á satisfaceros
Llegais, y quien soy
sabeis,
Vos quererme no querreis,
Aunque yo quiera quereros.
[p. 206]Pincel que lo
muerto informa,
Tal vez un cuadro previene,
Que una forma á una luz
tiene,
Y á otra luz tiene otra
forma.
Amor, que es pintor,
conforma
Dos luces, que en mí
teneis;
Si hoy á aquesta luz me
veis,
Y por eso me estimais,
Cuando á otra luz me veais,
Quizá me aborrecereis.
Lo que deciros me importa
Es en cuanto á haber creido
Que de Don Luis dama he
sido;
Que esta sospecha reporta
Mi juramento, y la acorta.
D. Man.
¿Pues qué, señora, os
moviera
A encubriros dél?
D.ª Áng.
Pudiera
Ser tan principal mujer,
Que tuviera que perder,
Si Don Luis me conociera.
D. Man.
Pues decidme solamente,
¿Cómo á mi casa pasais?
D.ª Áng.
Ni eso es tiempo que
sepais;
Que es el mismo
inconveniente.
D.ª Beat.
(Ap. Aquí entro
yo lindamente.)
Ya el agua y dulce está
aquí;
Vuexcelencia mire si...
(Llegan todas
con las toallas, agua y algunas cajas de dulce.)
D.ª Áng.
¡Qué error y qué
impertinencia!
Necia, ¿quién es
excelencia?
¿Quieres engañar así
Ahora al señor Don Manuel,
[p. 207]Para que con eso
crea
Que yo gran señora sea?
D.ª Beat.
Advierte...
D. Man.
(Ap.)De mi cruel
Duda salí con aquel
Descuido; agora he creido
Que una gran señora ha
sido,
Que, por serlo, se
encubrió,
Y que con el oro vió
Su secreto conseguido.
ESCENA III.
DON JUAN. — Dichos.
D. Juan.
(Dentro.) Abre, Isabel, esta puerta.
D.ª Áng.
(Ap.) ¡Ay cielos! ¿qué ruido es este?
Isabel.
¡Yo soy muerta!
D.ª Beat.
(Ap.)¡Helada estoy!
D. Man.
(Ap.) ¿Aun no cesan mis crueles
Fortunas? ¡Válgame el
cielo!
D.ª Áng.
Señor, mi padre es aqueste.
D. Man.
¿Qué he de hacer?
D.ª Áng.
Fuerza es que vais
A esconderos á un retrete.
Isabel, llévale tú,
Hasta que oculto le dejes
En aquel cuarto que sabes,
Apartado; ya me entiendes.
Isabel.
Vamos presto.
D. Juan.
(Dentro.)¿No acabais
De abrir la puerta?
D. Man.
¡Valedme,
[p. 208]Cielos, que vida y
honor
Van jugadas á una suerte!
(Vase Don
Manuel con Isabel.)
D. Juan.
(Dentro.) La puerta echaré en el suelo.
D.ª Áng.
Retírate tú, pues puedes,
En esa cuadra, Beatriz;
No te hallen aquí.
(Vase Doña
Beatriz, y sale Don Juan.)
D.ª Áng.
¿Qué quieres
A estas horas en mi cuarto,
Que así á alborotarnos
vienes?
D. Juan.
Respóndeme tú primero,
Ángela, ¿qué traje es ese?
D.ª Áng.
De mis penas y tristezas
Es causa el mirarme siempre
Llena de luto, y vestíme,
Por ver si hay con qué me
alegre
Estas galas.
D. Juan.
No lo dudo;
Que tristezas de mujeres
Bien con galas se remedian,
Bien con joyas convalecen;
Si bien me parece que es
Tu cuidado impertinente.
D.ª Áng.
¿Qué importa el vestirme
así,
Donde nadie llegue á verme?
D. Juan.
Díme, ¿volvióse Beatriz
A su casa?
D.ª Áng.
Y cuerdamente
Su padre, por mejor medio,
En paz su enojo convierte.
D. Juan.
Yo no quise saber más,
Para ir á ver si pudiese
Verla y hablarla esta
noche.
[p. 209]Quédate con Dios, y
advierte
Que ya no es tuyo ese
traje.
(Vase.)
D.ª Áng.
Vaya Dios contigo, y véte.
(Vase Don
Juan, y vuelve Doña Beatriz.)
D.ª Áng.
Cierra esa puerta, Beatriz.
D.ª Beat.
Bien hemos salido deste
Susto. A buscarme tu
hermano
Va.
D.ª Áng.
Ya hasta que se sosiegue
Más la casa, y Don Manuel
Vuelva de su cuarto á
verme,
Para ser ménos sentidas,
Entremos á este retrete.
D.ª Beat.
Si eso te sucede bien,
Te llaman la Dama Duende.
(Vanse.)
Cuarto de Don
Manuel.
ESCENA IV.
DON MANUEL é ISABEL, que
salen á oscuras de la alacena.
Isabel.
Aquí has de quedarte, y
mira
Que no hagas ruido; que
pueden
Sentirte.
D. Man.
Un mármol seré.
Isabel.
Quieran los cielos que
acierte
A cerrar, que estoy
turbada.
(Vase.)
D. Man.
¡Oh, á cuánto, cielos, se
atreve
Quien se atreve á entrar en
parte
Donde ni alcanza ni
entiende
[p. 210]Qué daños se le
aperciben,
Qué riesgos se le
previenen!
Véme aquí á mí en una casa,
Que dueño tan noble tiene
(De excelencia por lo
ménos),
Lleno de asombros crueles,
Y tan léjos de la mia.
Pero ¿qué es esto? Parece
Que á esta parte alguna
puerta
Abren. Sí, y ha entrado
gente.
ESCENA V.
COSME. — DON MANUEL.
Cosme.
Gracias á Dios que esta
noche
Entrar podré
libremente (A tientas.)
En mi aposento sin miedo,
Aunque sin luz salga y
entre;
Porque el duende mi señor
Puesto que á mi amo tiene,
¿Para qué me quiere á mí?
(Encuentra
con Don Manuel.)
Pero para algo me quiere.
¿Quién va? ¿quién es?
D. Man.
Calle, digo,
Quienquiera que es, si no
quiere
Que le mate á puñaladas.
Cosme.
No hablaré más que un
pariente
Pobre en la casa de un
rico.
D. Man.
(Ap. Criado sin
duda es este,
Que acaso ha entrado hasta
aquí.
Dél informarme conviene
[p. 211]Dónde estoy.) Díme,
¿qué casa
Es esta, y qué dueño tiene?
Cosme.
Señor, el dueño y la casa
Son del diablo que me
lleve;
Porque aquí vive una dama,
Que llaman la Dama Duende,
Que es un demonio en figura
De mujer.
D. Man.
Y tú, ¿quién eres?
Cosme.
Soy un fámulo ó criado,
Soy un súbdito, un
sirviente,
Que, sin qué ni para qué,
Estos encantos padece.
D. Man.
Y ¿quién es tu amo?
Cosme.
Es
Un loco, un impertinente,
Un tonto, un simple, un
menguado,
Que por tal dama se pierde.
D. Man.
Y ¿es su nombre?
Cosme.
Don Manuel
Enriquez.
D. Man.
¡Jesus mil veces!
Cosme.
Yo Cosme Catiboratos
Me llamo.
D. Man.
Cosme, ¿tú eres?
¿Pues cómo has entrado
aquí?
Tu señor soy. Díme, ¿vienes
Siguiéndome tras la silla?
¿Entraste tras mí á
esconderte
Tambien en este aposento?
Cosme.
¡Lindo desenfado es ese!
Díme, ¿cómo estás aquí?
¿No te fuiste muy valiente,
Solo, donde te esperaban?
[p. 212]Pues ¿cómo tan
presto vuelves?
¿Y cómo, en fin, has
entrado
Aquí, trayendo yo siempre
La llave de aqueste cuarto?
D. Man.
Pues díme, ¿qué cuarto es
este?
Cosme.
El tuyo, ó el del demonio.
D. Man.
¡Viven los cielos, que
mientes!
Porque léjos de mi casa,
Y en otra bien diferente
Estaba en aqueste instante.
Cosme.
Pues cosas serán del
duende,
Sin duda; porque te he
dicho
La verdad pura.
D. Man.
Tú quieres
Que pierda el juicio.
Cosme.
¿Hay más
De desengañarte? Véte
Por esa puerta, y saldrás
Al portal, adonde puedes
Desengañarte.
D. Man.
Bien dices;
Iré á examinarle y verle.
(Vase.)
Cosme.
Señores, ¿cuándo saldremos
De tanto embuste aparente?
(Sale Isabel
por la alacena.)
ESCENA VI.
ISABEL. — COSME; despues DON
MANUEL.
Isabel.
(Ap. Volvióse á
salir Don Juan,
Y porque á saber no llegue
Don Manuel adónde está,
[p. 213]Sacarle de aquí
conviene.)
Ce, señor, ce.
Cosme.
(Ap.)Esto es peor;
Ceáticas son estas cees.
Isabel.
Ya mi señor recogido
Queda.
Cosme.
(Ap.)¿Qué señor es este?
(Vuelve Don
Manuel.)
D. Man.
Este es mi cuarto en
efecto.
Isabel.
¿Eres tú?
Cosme.
Sí, yo soy.
Isabel.
Vénte
Conmigo.
D. Man.
Tú dices bien.
Isabel.
No hay que temer; nada
esperes.
Cosme.
¡Señor, que el duende me
lleva!
(Toma Isabel
á Cosme de la mano, y llévale por la alacena.)
ESCENA VII.
DON MANUEL.
¿No sabremos finalmente
De dónde nace este engaño?
¿No respondes? ¡Qué necio
eres!
¡Cosme, Cosme!—¡Vive el
cielo,
Que toco con las paredes!
¿Yo no hablaba aquí con él?
¿Dónde se desaparece
Tan presto? ¿No estaba
aquí?
Yo he de perder dignamente
El juicio. Mas pues es
fuerza
Que aquí otro cualquiera
entre,
[p. 214]He de averiguar por
dónde;
Porque tengo de esconderme
En esta alcoba, y estar
Esperando atentamente,
Hasta averiguar quién es
Esta hermosa Dama Duende.
(Vase.)
Sala de Doña
Ángela.
ESCENA VIII.
DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ,
criadas; despues COSME, ISABEL.
D.ª Áng.
Pues á buscarte ha salido
(A Doña
Beatriz.)
Mi hermano, y pues Isabel
A su mismo cuarto ha ido
A traer á Don Manuel,
Esté todo apercibido:
Halle, cuando llegue aquí,
La colacion prevenida.
Todas le esperad así.
D.ª Beat.
No he visto en toda mi vida
Igual cuento.
D.ª Áng.
¿Viene?
Criada.
Sí,
Que ya siento sus pisadas.
(Sale Isabel,
trayendo de la mano á Cosme.)
Cosme.
¡Triste de mí! ¿dónde voy?
Ya estas son burlas
pesadas.
Mas no, pues mirando estoy
[p. 215]Bellezas tan
extremadas.
¿Yo soy Cosme, ó Amadis?
¿Soy Cosmillo, ó Belianis?
Isabel.
Ya viene aquí. Mas ¿qué
veo?
¡Señor!...
Cosme.
(Ap.)Ya mi engaño creo,
Pues tengo el alma en un
tris.
D.ª Áng.
¿Qué es esto, Isabel?
Isabel.
(Ap. á su
ama.)Señora,
Donde á Don Manuel dejé,
Volviendo por él agora,
A su criado encontré.
D.ª Beat.
Mal tu descuido se dora.
Isabel.
Está sin luz.
D.ª Áng.
¡Ay de mí!
Todo está ya declarado.
D.ª Beat.
(Ap. Más vale
engañarle así.)
Cosme.
Cosme.
Damiana.
D.ª Beat.
A este lado
Llegad.
Cosme.
Bien estoy aquí.
D.ª Áng.
Llegad; no tengais temor.
Cosme.
¿Un hombre de mi valor,
Temor?
D.ª Áng.
¿Pues qué es no llegar?
(Llégase á
ellas.)
Cosme.
(Ap. Ya no se
puede excusar,
En llegando al pundonor.)
Respeto no puede ser
Sin ser espanto ni miedo,
Porque al mismo Lucifer,
Temerle muy poco puedo
En hábito de mujer.
[p. 216]Alguna vez lo
intentó,
Y para el ardid que fragua,
Cota y nagua se vistió;
Que esto de cotilla y nagua
El demonio lo inventó.
En forma de una doncella
Aseada, rica y bella
A un pastor se apareció;
Y él, así como la vió,
Se encendió en amores
della.
Gozó á la diabla, y despues
Con su forma horrible y fea
Le dijo á voces: «¿No ves,
Mísero de tí, cuál sea,
Desde el copete á los piés,
La hermosura que has amado?
Desespera, pues has sido
Agresor de tal pecado.»
Y él, ménos arrepentido
Que ántes de haberla
gozado,
La dijo: «Si pretendiste,
Oh sombra fingida y vana,
Que desesperase un triste,
Vénte por acá mañana
En la forma que trajiste;
Verásme amante y cortés
No ménos que ántes despues;
Y aguárdate, en testimonio
De que áun horrible no es
En traje de hembra, un
demonio.»
D.ª Áng.
Volved en vos, y tomad
Una conserva y bebed;
Que los sustos causan sed.
Cosme.
Yo no la tengo.
[p. 217]D.ª Beat.
Llegad;
Que habeis de volver,
mirad,
Doscientas leguas de aquí.
Cosme.
¡Cielos! ¿qué oigo?
(Llaman.)
D.ª Áng.
¿Llaman?
D.ª Beat.
Sí.
Isabel.
(Ap.) ¡Hay tormento más cruel!
D.ª Áng.
(Ap.) ¡Ay de mí triste!
ESCENA IX.
DON LUIS. — Dichos.
D. Luis.
(Dentro.)Isabel.
D.ª Beat.
(Ap.) ¡Válgame el cielo!
D. Luis.
(Dentro.)Abre aquí.
D.ª Áng.
(Ap.) Para cada susto tengo
Un hermano.
Isabel.
¡Trance fuerte!
D.ª Beat.
Yo me escondo.
(Vase.)
Cosme.
(Ap.)Este sin duda
Es el verdadero duende.
Isabel.
(A Cosme.) Vénte conmigo.
Cosme.
Sí haré.
(Vanse.)
(Abren la
puerta, y sale Don Luis.)
D.ª Áng.
¿Qué es lo que en mi cuarto
quieres?
D. Luis.
Pesares mios me traen
A estorbar otros placeres.
Ví ya tarde en ese cuarto
Una silla, donde vuelve
Beatriz, y ví que mi
hermano
Entró.
D.ª Áng.
Y en fin, ¿qué pretendes?
[p. 218]D. Luis.
Como pisa sobre el mio,
Me pareció que habia gente,
Y para desengañarme
Solo he de mirarle y verle.
(Alza una
antepuerta, y encuentra á Doña Beatriz.)
Beatriz, ¿aquí estás?
(Sale Doña
Beatriz.)
D.ª Beat.
Aquí
Estoy: que hube de
volverme,
Porque al disgusto volvió
Mi padre, enojado siempre.
D. Luis.
Turbadas estais las dos.
¿Qué notable estrago es
este
De platos, dulces y
vidrios?
D.ª Áng.
¿Para qué informarte
quieres
De lo en que, en estando
solas,
Se entretienen las mujeres?
(Hacen ruido
en la alacena Isabel y Cosme.)
D. Luis.
Y aquel ruido, ¿qué es?
D.ª Áng.
(Ap.)¡Yo muero!
D. Luis.
¡Vive Dios, que allí anda
gente!
Ya no puede ser mi hermano
Quien se guarda desta
suerte.
(Toma una
luz.)
¡Ay de mí! ¡Cielos
piadosos,
Que queriendo neciamente
Estorbar aquí los celos
Que amor en mi pecho
enciende,
Celos de honor averiguo!
Luz tomaré, aunque
imprudente,
Pues todo se halla con luz,
Y el honor con luz se
pierde.
(Vase.)
[p. 219]ESCENA X.
DOÑA ÁNGELA, DOÑA
BEATRIZ, criados.
D.ª Áng.
¡Ay, Beatriz, perdidas
somos,
Si le encuentra!
D.ª Beat.
Si le tiene
En su cuarto ya Isabel,
En vano dudas y temes,
Pues te asegura el secreto
De la alacena.
D.ª Áng.
¿Y si fuese
Tal mi desdicha, que allí,
Con la turbacion, no
hubiese
Cerrado bien Isabel,
Y él entrase allá?
D.ª Beat.
Ponerte
En salvo será importante.
D.ª Áng.
De tu padre iré á valerme
Como él se valió de mí;
Porque trocada la suerte,
Si á tí te trajo un pesar,
A mí otro pesar me lleve.
(Vanse.)
Cuarto de Don
Manuel.
ESCENA XI.
ISABEL, COSME, DON
MANUEL; despues DON LUIS.
Isabel.
Entra presto.
(Vase.)
D. Man.
Ya otra vez
[p. 220]En la cuadra siento
gente.
(Sale Don
Luis con luz.)
D. Luis.
(Ap.) Yo ví un hombre ¡vive Dios!
Cosme.
Malo es esto.
D. Luis.
¿Cómo tienen
Desviada esta alacena?
Cosme.
Ya se ve luz; un bufete,
Que he encontrado aquí, me
valga.
(Escóndese
debajo del bufete.)
D. Man.
Esto ha de ser desta
suerte.
(Mete mano á
la espada.)
D. Luis.
¡Don Manuel!
D. Man.
¡Don Luis! ¿qué es esto?
¿Quién vió confusion más
fuerte?
Cosme.
(Ap.) ¡Oigan por donde se entró!
Decirlo quise mil veces.
D. Luis.
Mal caballero, villano,
Traidor, fementido huésped,
Que al honor de quien te
estima,
Te ampara y te favorece,
Sin recato te aventuras,
(Saca la
espada.)
Y sin decoro te atreves,
Esgrime ese infame acero.
D. Man.
Sólo para defenderme
Le esgrimiré, tan confuso
De oirte, escucharte y
verte,
De oirme, verme y
escucharme,
Que, aunque á matarme te
ofreces,
No podrás, porque mi vida,
Hecha á prueba de crueles
Fortunas, es inmortal;
Ni podrás, aunque lo
intentes,
Darme la muerte, supuesto
Que el dolor no me da
muerte;
[p. 221]Que, aunque eres
valiente tú,
Es el dolor más valiente.
D. Luis.
No con razones me venzas,
Sino con obras.
D. Man.
Detente,
Sólo hasta pensar si puedo
Yo, Don Luis, satisfacerte.
D. Luis.
¿Qué satisfacciones hay,
Si así agraviarme
pretendes?
Si en el cuarto de esa
fiera
Por esa puerta que tiene
Entras, ¿hay satisfacciones
A tanto agravio?
D. Man.
Mil veces
Rompa esa espada mi pecho,
Don Luis, si yo eternamente
Supe desta puerta, ó supe
Que paso á otro cuarto
tiene.
D. Luis.
¿Pues qué haces aquí
encerrado
Sin luz?
D. Man.
(Ap. ¿Qué he de
responderle?)
Al criado espero.
D. Luis.
Cuando
Yo te he visto esconder,
¿quieres
Que mientan mis ojos?
D. Man.
Sí,
Que ellos engaño padecen
Más que otro sentido.
D. Luis.
Y cuando
Los ojos mientan,
¿pretendes
Que tambien mienta el oido?
D. Man.
Tambien.
D. Luis.
Todos al fin mienten;
Tú sólo dices verdad,
[p. 222]Y eres tú solo el
que...
D. Man.
Tente,
Porque áun ántes que lo
digas,
Que lo imagines y pienses,
Te habré quitado la vida;
Y, ya arrestada la suerte,
Primero soy yo. Perdonen
De amistad honrosas leyes.
Y pues ya es fuerza reñir,
Riñamos como se debe:
Parte entre los dos la luz,
Que nos alumbre igualmente;
Cierra despues esa puerta,
Por donde entraste
imprudente,
Miéntras que yo cierro
estotra;
Y agora en el suelo se eche
La llave, para que salga
El que con la vida quede.
D. Luis.
Yo cerraré la alacena
Por aquí con un bufete,
Porque no puedan abrirla
Por allá cuando lo
intenten.
(Levanta el
bufete y halla á Cosme.)
Cosme.
(Ap.) Descubrióse la tramoya.
D. Luis.
¿Quién está aquí?
D. Man.
¡Dura suerte
Es la mia!
Cosme.
No está nadie.
D. Luis.
Díme, Don Manuel, ¿no es
éste
El criado que esperabas?
D. Man.
Ya no es tiempo de hablar
este.
Yo sé que tengo razon;
Crêd de mí lo que
quisiereis,
Que, con la espada en la
mano,
[p. 223]Sólo ha de vivir
quien vence.
D. Luis.
Ea pues, reñid los dos.
¿Qué esperais?
D. Man.
Mucho me ofendes,
Si eso presumes de mí.
Pensando estoy qué ha de
hacerse
Del criado, porque echarle
Es enviar quien lo cuente,
Y tenerle aquí, ventaja,
Pues es cierto ha de
ponerse
A mi lado.
Cosme.
No haré tal,
Si ese es el inconveniente.
D. Luis.
Puerta tiene aquesa alcoba
A ese pequeño retrete;
Ciérrale en él, y estaremos
Así iguales.
D. Man.
Bien adviertes.
Cosme.
Para que yo riña, haced
Diligencias tan urgentes;
Que para que yo no riña,
Ocioso cuidado es ese.
(Vase.)
ESCENA XII.
DON MANUEL, DON LUIS.
D. Man.
Ya estamos solos los dos.
D. Luis.
Pues nuestro duelo
comience.
(Riñen.)
D. Man.
¡No ví más templado pulso!
D. Luis.
¡No ví pujanza más fuerte!
(Desguarnécesele
la espada.)
Sin armas estoy; mi espada
[p. 224]Se desarma y
desguarnece.
D. Man.
No es defecto del valor;
De la fortuna accidente
Sí: busca otra espada pues.
D. Luis.
Eres cortés y valiente.
(Ap. Fortuna,
¿qué debo hacer
En una ocasion tan fuerte,
Pues cuando el honor me
quita
Me da la vida y me vence?
Yo he de buscar ocasion,
Verdadera ó aparente,
Para que pueda en tal duda
Pensar lo que debe
hacerse.)
D. Man.
¿No vas por la espada?
D. Luis.
Sí,
Y como á que venga esperes,
Presto volveré con ella.
D. Man.
Presto ó tarde, aquí estoy
siempre.
D. Luis.
Adios, Don Manuel, que os
guarde.
D. Man.
Adios, que con bien os
lleve.
(Vase Don
Luis.)
ESCENA XIII.
DON MANUEL; COSME, encerrado.
D. Man.
Cierro la puerta, y la
llave
Quito porque no se eche
De ver que está gente aquí.
¡Qué confusos pareceres
Mi pensamiento combaten,
Y mi discurso revuelven!
¡Qué bien predije que habia
[p. 225]Puerta que paso la
hiciese,
Y que era de Don Luis dama!
Todo, en efecto, sucede
Como yo lo imaginé.
¿Mas cuándo desdichas
mienten?
Cosme.
(Dentro.) ¡Ah señor! por vida tuya,
Que lo que solo estuvieres,
Me eches allá, porque temo
Que venga á buscarme el
duende
Con sus dares y tomares,
Con sus dimes y diretes,
En un retrete que apénas
Se divisan las paredes.
D. Man.
Yo te abriré, porque estoy
Tan rendido á los desdenes
Del discurso, que no hay
Cosa que más me atormente.
(Entra Don
Manuel donde entró Cosme.)
ESCENA XIV.
DOÑA ÁNGELA, con
manto; DON JUAN, que se queda á la puerta del cuarto. — DON
MANUEL, COSME, dentro.
D. Juan.
Aquí quedarás en tanto
Que me informe y me
aconseje
De la causa que á estas
horas
Te ha sacado de esta suerte
De casa; porque no quiero
Que en tu cuarto, ingrata,
entres,
Por informarme sin tí
De lo que á tí te sucede.
[p. 226](Ap. De
Don Manuel en el cuarto
La dejo, y por si él
viniere,
Pondré á la puerta un
criado
Que le diga que no éntre.)
(Vase.)
D.ª Áng.
¡Ay infelice de mí!
Unas á otras suceden
Mis desdichas. ¡Muerta soy!
(Salen Don
Manuel y Cosme.)
Cosme.
Salgamos presto.
D. Man.
¿Qué temes?
Cosme.
Que es demonio esta mujer,
Y que áun allí no me deje.
D. Man.
Si ya sabemos quién es,
Y en una puerta un bufete
Y en otra la llave está,
¿Por dónde quieres que
éntre?
Cosme.
Por donde se le antojare.
D. Man.
Necio estás.
(Ve Cosme á
Doña Ángela.)
Cosme.
¡Jesus mil veces!
D. Man.
¿Pues qué es eso?
Cosme.
El verbi gratia
Encaja aquí lindamente.
D. Man.
¿Eres ilusion ó sombra,
Mujer, que á matarme
vienes?
Dí, ¿cómo has entrado aquí?
D.ª Áng.
Don Manuel...
D. Man.
Dí.
D.ª Áng.
Escucha, atiende.
Llamó Don Luis turbado,
Entró atrevido, reportóse
osado,
Prevínose prudente,
Pensó discreto y resistió
valiente;
Miró la casa ciego,
[p. 227]Recorrióla
advertido, hallóte, y luégo
Ruido de cuchilladas
Habló, siendo las lenguas
las espadas.
Yo, viendo que era fuerza
Que dos hombres cerrados, á
quien fuerza
Su valor y su agravio,
Retórico el acero, mudo el
labio,
No acaban de otra suerte
Que con sola una vida y una
muerte;
Sin ser vida ni alma,
Mi casa dejo, y á la oscura
calma
De la tiniebla fria,
Pálida imágen de la dicha
mia,
A caminar empiezo:
Aquí yerro, allí caigo,
aquí tropiezo;
Y torpes mis sentidos,
Prision hallan de seda en
mis vestidos.
Sola, triste y turbada,
Llego de mi discurso mal
guiada
Al umbral de una esfera,
Que fué mi cárcel cuando
ser debiera
Mi puerto ó mi sagrado.
¿Mas dónde le ha de hallar
un desdichado?
Estaba á sus umbrales
(¡Cómo eslabona el cielo
nuestros males!)
Don Juan, Don Juan mi
hermano...
Que ya resisto, ya defiendo
en vano
Decir quien soy, supuesto
Que el haberlo callado nos
ha puesto
En riesgo tan extraño.
¿Quién crêrá que el
callarme haya hecho daño
Siendo mujer? Y es cierto,
Siendo mujer, que por
callar me he muerto.
En fin, él esperando
[p. 228]A esta puerta
estaba ¡ay cielo! cuando
Yo á sus umbrales llego,
Hecha volcan de nieve, Alpe
de fuego.
Él á la luz escasa
Con que la luna mansamente
abrasa,
Vió brillar los adornos de
mi pecho,
(No es la primera traicion
que nos han hecho)
Y escuchó de las ropas el
ruido,
(No es la primera que nos
han vendido.)
Pensó que era su dama,
Y llegó mariposa de su
llama,
Para abrasarse en ella,
Y hallóme á mí por sombra
de su estrella.
¿Quién de un galan creyera
Que, buscando sus celos,
conociera
Tan contrarios los cielos,
Que ya se contentara con
sus celos?
Quiso hablarme, y no pudo;
Que siempre ha sido el
sentimiento mudo.
En fin, en tristes voces,
Que mal formadas anegó
veloces
Desde la lengua al labio,
La causa solicita de su
agravio.
Yo responderle intento,
(Ya he dicho como es mudo
el sentimiento.)
Y aunque quise, no pude;
Que mal al miedo la razon
acude,
Si bien busqué colores á mi
culpa;
Mas cuando anda á buscarse
la disculpa,
O tarde ó nunca llega;
Más el delito afirma que le
niega.
«Ven, dijo, hermana fiera,
De nuestro antiguo honor
mancha primera;
Dejaréte encerrada
[p. 229]Donde segura estés
y retirada,
Hasta que cuerdo y sabio
De la ocasion me informe de
mi agravio.»
Entré donde los cielos
Mejoraron, con verte, mis
desvelos.
Por haberte querido,
Fingida sombra de mi casa
he sido;
Por haberte estimado,
Sepulcro vivo fuí de mi
cuidado;
Porque no te quisiera
Quien el respeto á tu valor
perdiera;
Porque no te estimara
Quien su pasion dijera cara
á cara.
Mi intento fué el quererte,
Mi fin amarte, mi temor
perderte,
Mi miedo asegurarte,
Mi vida obedecerte, mi alma
hallarte,
Mi deseo servirte,
Y mi llanto en efecto
persuadirte
Que mi daño repares,
Que me valgas, me ayudes y
me ampares.
D. Man.
(Ap. Hidras
parecen las desdichas mias
Al renacer de sus cenizas
frias.
¿Qué haré en tan ciego
abismo,
Humano laberinto de mí
mismo?
Hermana es de Don Luis,
cuando creia
Que era dama. Si tanto (¡ay
Dios!) sentia
Ofenderle en el gusto,
¿Qué será en el honor?
¡Tormento injusto!
Su hermana es: si pretendo
Librarla, y con mi sangre
la defiendo,
Remitiendo á mi acero su
disculpa,
Es ya mayor mi culpa,
Pues es decir que he sido
[p. 230]Traidor, y que á su
casa he ofendido,
Pues en ella me halla.
Pues querer disculparme con
culpalla,
Es decir que ella tiene
La culpa, y á mi honor no
le conviene.
¿Pues qué es lo que
pretendo,
Si es hacerme traidor si la
defiendo;
Si la dejo, villano;
Si la guardo, mal huésped;
inhumano,
Si á su hermano la entrego?
Soy mal amigo si á
guardarla llego;
Ingrato, si la libro, á un
noble trato;
Si no la libro, á un noble
amor ingrato.
Pues de cualquier manera
Mal puesto he de quedar,
matando muera.)
No receles, señora; (A
Doña Ángela.)
Noble soy, y conmigo estás
agora.
(Llaman á la
puerta.)
Cosme.
Que llaman, señor.
D. Man.
Don Luis
Será, que fué por espada.
Abre pues.
D.ª Áng.
¡Ay de mí triste!
Mi hermano es.
D. Man.
No temas nada,
Pues mi valor te defiende.
Ponte luego á mis espaldas.
(Pónese Doña
Ángela detras de Don Manuel, y abre la puerta Cosme.)
[p. 231]ESCENA XV.
DON LUIS. — DOÑA ÁNGELA,
DON MANUEL, COSME.
D. Luis.
Ya vuelvo.—¿Pero qué miro?
¡Traidora!...
(Ve á Doña
Ángela, y saca la espada.)
D. Man.
Tened la espada,
Señor Don Luis. Yo os he
estado
Esperando en esta sala
Desde que os fuisteis; y
aquí
(Sin saber cómo) esta dama
Entró, que es hermana
vuestra,
Segun dice; que palabra
Os doy, como caballero,
Que no la conozco; y basta
Decir que engañado pude,
Sin saber á quién hablarla.
Yo la he de poner en salvo
A riesgo de vida y alma:
De suerte que nuestro
duelo,
Que habia á puerta cerrada
De acabarse entre los dos,
A ser escándalo pasa.
En habiéndola librado,
Yo volveré á la demanda
De nuestra pendencia; y
pues
En quien sustenta su fama,
Espada y honor han sido
Armas de más importancia,
Dejadme ir vos por honor,
Pues yo os dejé ir por
espada.
[p. 232]D. Luis.
Yo fuí por ella; mas sólo
Para volver á postrarla
A vuestros piés; y
cumpliendo
Con la obligacion pasada
En que entónces me
pusisteis,
Pues que me dais nueva
causa,
Puedo ya reñir de nuevo.
Esa mujer es mi hermana:
No la ha de llevar ninguno
A mis ojos de su casa,
Sin ser su marido; así,
Si os empeñais á llevarla,
Con la mano podrá ser;
Pues con aquesa palabra
Podeis llevarla y volver,
Si quereis, á la demanda.
D. Man.
Volveré; pero advertido
De tu prudencia y
constancia,
A sólo echarme á esos piés.
D. Luis.
Alza del suelo; levanta.
D. Man.
Y para cumplir mejor
Con la obligacion jurada,
A tu hermana doy la mano.
ESCENA XVI.
DOÑA BEATRIZ, ISABEL, DON
JUAN. — Dichos.
D. Juan.
Si sólo el padrino falta,
Aquí estoy yo; que viniendo
Adonde dejé á mi hermana,
El oiros me detuvo
No salir á las desgracias,
[p. 233]Como he salido á
los gustos.
D.ª Beat.
Y pues con ellos se acaban,
No se acaben sin terceros.
D. Juan.
¿Pues tú, Beatriz, en mi
casa?
D.ª Beat.
Nunca salí della; luégo
Te podré decir la causa.
D. Juan.
Logremos esta ocasion,
Pues tan á voces nos llama.
Cosme.
¡Gracias á Dios que ya el
duende
Se declaró!—Díme, ¿estaba
Borracho? (A Don
Manuel.)
D. Man.
Si no lo estás,
Hoy con Isabel te casas.
Cosme.
Para estarlo fuera eso;
Mas no puedo.
Isabel.
¿Por qué causa?
Cosme.
Por no malograr el tiempo
Que en estas cosas se
gasta,
Pudiéndolo aprovechar
En pedir de nuestras faltas
Perdon; y humilde el autor
Os le pide á vuestras
plantas.
[p. 235]
NO HAY BURLAS
CON EL AMOR.
[p. 236]
PERSONAS.
D. Alonso de Luna.
D. Juan de Mendoza.
D. Luis Osorio.
D. Diego.
Moscatel, gracioso.
D. Pedro Enriquez, viejo.
Doña Beatriz, dama.
Doña Leonor, dama.
Inés, criada.
La accion pasa en Madrid.
[p. 237]
JORNADA PRIMERA.
Sala en casa
de Don Alonso.
ESCENA PRIMERA.
DON ALONSO; MOSCATEL, muy
triste.
D. Alon.
¡Válgate el diablo! ¿qué
tienes,
Que andas todos estos dias
Con mil necias fantasías?
Ni á tiempo á servirme
vienes,
Ni á propósito respondes;
Y por errarlo dos veces,
Si no te llamo, pareces,
Y si te llamo, te escondes.
¿Qué es esto? Dílo.
Moscat.
¡Ay de mí!
Suspiros que el alma debe.
D. Alon.
¿Pues un pícaro se atreve
A suspirar hoy así?
Moscat.
Los pícaros ¿no tenemos
Alma?
D. Alon.
Sí, para sentir,
Y con rudeza decir
De su pena los extremos;
[p. 238]Mas no para
suspirar;
Que suspirar es accion
Digna de noble pasion.
Moscat.
¿Y quién me puede quitar
La noble pasion á mí?
D. Alon.
¡Qué locuras!
Moscat.
¿Hay, señor
Más noble pasion que amor?
D. Alon.
Pudiera decir que sí;
Mas para ahorrar la
cuestion,
Que no, digo.
Moscat.
¿Que no? Luego
Si yo á tener amor llego,
Noble será mi pasion.
D. Alon.
¿Tú amor?
Moscat.
Yo amor.
D. Alon.
Bien podia,
Si aquí tu locura empieza,
Reirme hoy de tu tristeza
Más que ayer de tu alegría.
Moscat.
Como tú nunca has sabido
Qué es estar enamorado;
Como siempre has estimado
La libertad que has tenido
Tanto, que á los dulces
nombres
De amor, fueron tus
placeres
Burlarte de las mujeres
Y reirte de los hombres,
De mí te ries, que estoy
De véras enamorado.
D. Alon.
Pues yo no quiero criado
Tan afectüoso. Hoy
De casa te has de ir.
Moscat.
Advierte...
[p. 239]D. Alon.
No hay ahora que advertir.
Moscat.
Mira...
D. Alon.
¿Qué querrás decir?
Moscat.
Que se ha trocado la suerte
Al paso, pues siempre dió
El teatro, enamorado
Al amo, y libre al criado.
No tengo la culpa yo
Desta mudanza; y así,
Deja que hoy el mundo vea
Esta novedad, y sea
Yo el galan, tú el libre.
D. Alon.
Aquí
Hoy no has de quedar.
Moscat.
¿Tan presto,
Que áun de buscar, no me
das,
Otro amo, tiempo?
D. Alon.
No hay más
De irte al instante.
ESCENA II.
DON JUAN. — DON ALONSO,
MOSCATEL.
D. Juan.
¿Qué es esto?
D. Alon.
Es un pícaro, que ha hecho
La mayor bellaquería,
Bajeza y alevosía
Que cupo en humano pecho,
La más enorme traicion,
Que haber pudo imaginado.
D. Juan.
¿Qué ha sido?
D. Alon.
Hase enamorado.
[p. 240]Mirad si tengo
razon
De darle tan bajo nombre;
Pues no hace alevosía,
Traicion ni bellaquería
Como enamorarse, un hombre.
D. Juan.
Amor es quien da valor
Y hace al hombre liberal,
Cuerdo y galan.
D. Alon.
¡Pese á tal!
De Los milagros de
amor
La comedia me habeis hecho,
Que fué un engaño culpable;
Pues nadie hizo miserable,
De avaro y cobarde pecho
Al hombre, sino el amor.
D. Juan.
¿Qué es lo que decís?
D. Alon.
Oid,
Y este discurso advertid:
Vereis cuál prueba mejor.
El hombre que enamorado
Está, todo cuanto adquiere,
Para su dama lo quiere,
Sin que á amigo ni criado
Acuda, por acudir
A su gusto: luego es
Miserable amando, pues
No es ni se puede decir
Virtud, la que no es igual:
Y miserable no ha habido
Mayor, que el que solo ha
sido
Con su gusto liberal.
D. Juan.
A vuestra sofistería
Nada quiero responder,
Don Alonso, por no hacer
[p. 241]Agravio á la pena
mia,
Que es de amor; y si en su
historia
Discurro, temo quedar
Vencido, y no quiero dar
Yo contra mí la victoria.
A buscaros he venido
Para consultar con vos
Un pesar; mas viendo (¡ay
Dios!)
Que de mi amor ha nacido,
Le callaré, porque quien
Da á un criado tal castigo,
Mal escuchará á un amigo.
D. Alon.
No escuchará sino bien;
Que no es todo uno, Don
Juan,
Ser vos el enamorado,
O el bergante de un criado;
Que vos sois noble, galan,
Rico, discreto, y en fin,
Vuestro es amar y querer;
Mas ¿por qué ha de
encarecer
El amor la gente ruin?
Y porque sepais de mí
Que trato de un mismo modo
Burlas y véras, á todo
Me teneis, Don Juan, aquí.—
Salte allá fuera.
D. Juan.
Dejad
Que me oiga Moscatel;
Que á vos os busco y á él.
D. Alon.
Pues proseguid.
D. Juan.
Escuchad.
Ya, Don Alonso, sabeis
Cuán rendido prisionero
De la coyunda de amor,
[p. 242]El carro tiré de
Vénus:
Tan fácil victoria suya,
Que no sé cuál fué primero,
Querer vencer ó vencerme;
Que un tiempo sobró á otro
tiempo.
Ya sabeis que la disculpa
De tan noble rendimiento
Fué la beldad soberana,
Fué el soberano sujeto
De Doña Leonor Enriquez,
Hija del noble Don Pedro
Enriquez, de quien mi padre
Amigo fué muy estrecho.
Este, pues, milagro
hermoso,
Este, pues, prodigio bello,
Es la dicha que conquisto,
Es la gloria que deseo.
No os digo que venturoso
Amante (¡ay de mí!) merezco
Favores suyos; que fuera
Descortés atrevimiento
Que los merezco decir:
Que aunque es verdad que
los tengo,
Tenerlos es una cosa,
Y otra cosa merecerlos:
Y así, que los tengo, digo,
Que los merezco, no puedo;
Que es conseguir lo
imposible,
Dicha, y no merecimiento.
Con este engaño, llevado
En las alas del deseo,
Lisonjeado de la noche,
Aplaudido del silencio,
Festejado de las sombras,
[p. 243]A quien más favores
debo
Que al sol, que á la luz,
que al dia,
Vivo de saber que muero,
Hasta que más declarado
Pueda á rostro descubierto
Pedirla á su noble padre,
De quien no dudo, ni temo
Que me la dé, porque
iguales
Haciendas y nacimientos,
No hay que esperar, donde
amor
Tiene hechos los
conciertos.
La causa de no pedirla
Y casarme desde luego
Con ella, es (aquí entra
ahora
La pension deste contento,
El subsidio desta dicha
Y el azar de aqueste
encuentro)
Tener Leonor una hermana
Mayor; y como no es cuerdo
Discurso querer que case
A la segunda primero,
No me declaro con él:
Porque si á pedirle llego
Alguna de sus dos hijas
(Que claro está que no
tengo
De decir á la que adoro),
Por ser la mayor, es cierto
Que me ha de dar á Beatriz;
Y si digo que no quiero
Sino á Leonor, es hacer
Sospechoso mi deseo,
Despertando la malicia
Que hoy yace en profundo
sueño,
Y quizá perder la entrada
[p. 244]Que ahora en su
casa tengo...
Si no es ya que está
perdida
Con el más triste suceso
De amor, que me pasó
anoche;
Pues la pena con que vengo
Buscándôs... Oidme, que
aquí
Os he menester atento.
Beatriz, de Leonor hermana,
Es el más raro sujeto
Que vió Madrid, porque en
él,
Siendo bellísima y siendo
Entendida, están echados
A perder, por los extremos
De una extraña condicion,
Belleza y entendimiento.
Es Doña Beatriz tan vana
De su persona, que creo
Que jamás á ningun hombre
Miró á la cara, teniendo
Por cierto que allí no hay
más
De verle ella y caerse
muerto.
De su ingenio es tan
amante,
Que por galantear su
ingenio,
Estudió latinidad
Y hizo castellanos versos.
Tan afectada en vestirse,
Que en todos los usos
nuevos
Entra, y de ninguno sale.
Cada dia por lo ménos
Se riza dos ó tres veces,
Y ninguna á su contento.
Los melindres de Belisa,
Que fingió con tanto
acierto
Lope de Vega, con ella
[p. 245]Son melindres muy
pequeños;
Y con ser tan enfadosa
En estas cosas, no es esto
Lo peor, sino el hablar
Con tan estudiado afecto,
Que, crítica impertinente,
Varios poetas leyendo,
No habla palabra jamás
Sin frases y sin rodeos,
Tanto, que ninguno puede
Entenderla sin comento.
La lisonja y el aplauso
Que la dan algunos necios,
Tan soberbia, tan ufana
La tienen, que con
desprecio
De la deidad del Amor,
Comunera es de su imperio.
Esta tema á todas horas,
Este enfado á todos
tiempos,
Aborrecible la hacen
Tanto, que no hay dos
opuestos
Tan contrarios, como son
Las dos hermanas, haciendo
Por instantes el estrado
La campaña de su duelo.
Ha dado pues (yo no sé
Si es necia envidia ó si
celo)
En asistir á Leonor
De suerte, que no hay
momento
Que no ande en alcance suyo
Sus acciones inquiriendo,
Tanto que al sol de sus
ojos
Es la sombra de su cuerpo.
Anoche pues, en su calle
[p. 246]Entré embozado y
secreto;
Y haciendo al balcon la
seña,
Donde hablar con Leonor
suelo,
La ventana abrió Leonor,
Y yo á la ocasion atento,
Llegué á hablarla; pero
apénas
La voz explicó el concepto
Que estudiado y no sabido
No me cabia en el pecho,
Cuando tras ella Beatriz
Salió, y con notable
estruendo
La quitó de la ventana,
Dos mil locuras diciendo,
Que si yo entendí el estilo
Con que las dijo, sospecho
Que fueron que ella á su
padre
Diria el atrevimiento.
No sé si me conoció;
Y así, cuidadoso, temo
El saber ó no saber
En qué ha parado el suceso,
Por cuya causa no voy
A visitarla, temiendo
Su enojo; pero tampoco
A dejar de ir me resuelvo,
Porque si acaso ha llegado
A su noticia mi intento,
La vida del dueño mio
No dudo que corra riesgo.
Y así, porque en ir ó
estarme
Hay peligro, elijo un
medio,
Que es enviar este papel
Disimulado y secreto,
Que áun no va de letra mia:
[p. 247]Para cuyo efecto
quiero
A Moscatel, que le lleve,
Valiéndose de su ingenio,
Y se le dé á Inés, criada
De Leonor; porque no siendo
Conocido por criado
Mio, no hay que tener
miedo.
Y así, que le deis
licencia,
Don Alonso, es lo que os
ruego,
Y que conmigo en la calle
Os halleis; porque si llego
A saber que está Leonor
En peligro, estoy resuelto
A sacarla de su casa,
Aunque todo el mundo entero
Lo estorbe; y para esta
accion
He elegido el valor
vuestro.
Mi amigo sois, Don Alonso,
Y bien conocido tengo
Que las burlas del buen
gusto
Son las véras del acero.
D. Alon.
Moscatel, ese papel
Toma; en casa de Don Pedro
Enriquez, con la invencion
Que te ofreciere tu
ingenio,
Entra, y dale á esa criada
Que dice Don Juan.
D. Juan.
¿Tan presto
Lo disponeis?
D. Alon.
Si ha de ser,
¿Cuánto es mejor que sea
luego?—
Toma el papel, con nosotros
Ven.
Moscat.
(Ap.) Aunque temer no puedo
[p. 248]El peligro, pues
Inés,
Que es de mis sentidos
dueño,
Es la que voy á buscar,
Amor me dé atrevimiento.
D. Alon.
Guiad ahora hácia la calle.
D. Juan.
¡Qué amigo tan verdadero!
D. Alon.
¡Qué amores tan enfadosos!
Si me oyeron, no me
oyeron...
¡Bien haya yo, que en mi
vida
He enamorado con riesgo
Sino dama á todo trance,
Sino moza á todo ruedo,
Que á la primera visita
Llamo recio y hablo recio!
Y el haber en mí ó no
haber,
Ó temor ó atrevimiento,
No consiste en otra cosa
Que haber ó no haber
dinero.
(Vanse.)
Calle.
ESCENA III.
DON ALONSO, DON JUAN,
MOSCATEL; y despues, DON LUIS y DON DIEGO.
D. Juan.
Esta es la calle. Porque
No nos vean, estaremos
En algun portal metidos.
D. Alon.
Decís bien.
(Salen Don
Luis y Don Diego, y cruzan la calle, quitándose los sombreros.)
[p. 249]Mas ¿quién son
éstos
Que parece que á la casa
De Leonor miran atentos?
D. Juan.
Este es un Don Luis Osorio,
A quien muy continuo veo
En la calle aquestos dias,
Y ha dado, viven los
cielos,
En cansarme.
D. Alon.
Pues ¿hay más
De que tambien le cansemos
Nosotros á él?
D. Juan.
Dejadlo,
Que no es destas cosas
tiempo.
Pasemos de largo, y no
Demos qué decir.
D. Alon.
Pasemos,
Aunque con tantas figuras,
Pueda ser hombre.
D. Juan.
(A Moscatel.)Tú luego
Darás la vuelta, y darás
El papel á Inés.
Moscat.
Me temo...
D. Juan.
No hay que temer. Aquí
estamos
A la vista: éntrate presto.
(Vanse.)
ESCENA IV.
DON LUIS, DON DIEGO.
D. Luis.
Esta es la capaz esfera,
Este el abreviado cielo
De la más bella deidad
Y del planeta más bello
[p. 250]Que vió el sol
desde que nace
En jóven golfo de fuego,
Hasta que abrasado muere
En canas ondas de hielo;
Y con ser tal su hermosura
En ella ha sido lo ménos,
Porque pudiera ser fea,
En fe de su entendimiento.
D. Diego.
Y en fin, ¿mujer tan
discreta
Servís para casamiento?
D. Luis.
Por conveniencia y amor
La sirvo y la galanteo,
Para cuyo efecto, ya
Han de tratarlo mis deudos.
D. Diego.
Pues no sé si lo acertais.
D. Luis.
¿Por qué no, si en ella veo
Virtud, nobleza y hacienda,
Gran beldad y grande
ingenio?
D. Diego.
Porque el ingenio la sobra;
Que yo no quisiera, es
cierto,
Que supiera mi mujer
Más que yo, sino ántes
ménos.
D. Luis.
Pues ¿cuándo el saber es
malo?
D. Diego.
Cuando fué el saber sin
tiempo.
Sepa una mujer hilar,
Coser y echar un remiendo;
Que no ha menester saber
Gramática ni hacer versos.
D. Luis.
No es ejercicio culpable,
Donde es tan noble el
exceso,
Que no tiene inconveniente.
D. Diego.
Ni yo que le tenga creo;
Pues ántes sé lo contrario
Del rigor y del desprecio
[p. 251]Con que os trata.
D. Luis.
Ese desden
Adoro. La vuelta demos
A la calle: no otra vez
Pasen estos caballeros,
Que ya miro con cuidado.
D. Diego.
Vamos, pues.
D. Luis.
¡Hermoso centro
De la ingratitud que adoro,
Presto á tus umbrales
vuelvo!
(Vanse.)
Sala en casa
de Don Pedro.
ESCENA V.
DOÑA LEONOR, INÉS.
D.ª Leon.
¿Está mi hermana vestida?
Inés.
Tocándose ahora quedó;
Y por no pudrirme yo
De ver cuán desvanecida
Pide uno y otro consejo
A su espejo, la dejé.
D.ª Leon.
Tan necio es como ella fué
A todas horas, su espejo.
Inés.
¿Cómo necio?
D.ª Leon.
¿No lo es
Quien á gusto, en un pesar,
No sabe un consejo dar
A quien se le pide, Inés?
Pues si á Beatriz la he
pedido
Mil consejos cada dia,
[p. 252]Y á tan continua
porfía
Nunca á gusto ha
respondido,
Muy necia es.
Inés.
Ahora reparo
La causa.
D.ª Leon.
¿Cuál puede ser?
Inés.
Que no os debeis de
entender;
Que ella habla culto, tú
claro,
Y así os estais todo el dia
Porfiando las dos.
D.ª Leon.
¡Quién fuera
Tan feliz que no tuviera
Más cuidado! ¡Ay, Inés mia!
¡Con cuánto temor estoy
De que aquesta melindrosa,
Esta crítica enfadosa,
A mi padre cuente hoy
Lo que anoche me escuchó
Al balcon hablar!
Inés.
Supuesto
Que haber salido tan presto
Mi señor de casa, dió
Lugar para prevenir
El lance, y que no ha
tenido
Tiempo de haberlo sabido,
Procuremos desmentir
Su malicia con alguna
Invencion.
D.ª Leon.
Ya he imaginado,
Y digo que no he hallado
A propósito ninguna;
Porque ¿cómo la he de
hallar,
Si ella misma quien vió,
fué,
A Don Juan?
[p. 253]Inés.
Lo que se ve,
Es lo que se ha de negar
Con brío y con desenfado,
Procurando deshacello;
Lo que no llegan á vello,
Señora, se está negado.
D.ª Leon.
El medio (¡ay de mí!) mejor
Que me ofrece el
pensamiento,
Es, Inés, con rendimiento
Dueño hacerla de mi amor,
De mi empleo y mi
esperanza;
Pues es hacer en efeto
Puerta de hierro á un
secreto
El hacer dél confianza.
¿Qué puedo hacer (¡ay de
mí!),
Inés, si esta industria
sola
Es la que me queda?
ESCENA VI.
DOÑA BEATRIZ. — DOÑA
LEONOR, INÉS.
D.ª Beat.
(Dentro.)¡Hola!
¿No hay una fámula aquí?
(Sale con un
espejo en la mano, mirándose en él.)
Inés.
¿Qué es lo que mandas?
D.ª Beat.
Que abstraigas
De mi diestra liberal
Este hechizo de cristal,
Y las quirotecas traigas.
Inés.
¿Qué son quirotecas?
D.ª Beat.
¿Qué?
Los guantes. ¡Que haya de
hablar
[p. 254]Por fuerza en frase
vulgar!
Inés.
Para otra vez lo sabré.
Ya están aquí.
D.ª Beat.
¡Cuánto lidio
Con la ignorancia que hay!
Hola, Inés.
Inés.
Señora.
D.ª Beat.
Tray
De mi biblioteca á Ovidio:
No el Metamorfosis,
no,
Ni el Arte Amandi pedí;
El Remedio Amoris,
sí,
Que es el que investigo yo.
Inés.
Pues ¿cómo he de conocer
Libro (si es que eso has
pedido),
Si áun el cartel no he
sabido
De una comedia leer?
D.ª Beat.
Oscura, idïota y lega,
¿No te medra cada dia
La concomitancia mia?
D.ª Leon.
(Ap. Ahora mi
papel llega.)
Hermana...
D.ª Beat.
¿Quién me habla así?
D.ª Leon.
Quien á tus piés obediente
Viene á arrojarse.
D.ª Beat.
Detente:
No te apropincues á mí;
Que empañarás el candor
De mi castísimo bulto,
Y profanarás el culto
De las aras de mi honor.
Porque mujer que fió
Del caos de la sombra fria,
Y en descrédito del dia
[p. 255]Nocturno amor
aceptó,
No mirar consiga atento
Mi semblante á voz profana,
Pues víbora será humana,
Que con su, inficione,
aliento.
D.ª Leon.
Beatriz discreta y hermosa,
Mi hermana eres.
D.ª Beat.
Eso no;
Que tener no puedo yo
Hermana libidinosa.
D.ª Leon.
¿Qué es libidinosa,
hermana?
D.ª Beat.
Una hermana, que al farol
Trémulo, virey del sol,
Osa abrir una ventana,
Y susurrando por ella
A voz media y labio entero,
Da que decir á un lucero,
Da que callar á una
estrella.
Pero yo minoraré
El escándalo que has hecho,
Diciendo al paterno pecho
Sacrilegios de tu fe.
Un devoto anoche ví...
D.ª Leon.
¿Y conocístele?
D.ª Beat.
No,
Ni pudo ser, porque yo
¿Qué másculo conocí?
D.ª Leon.
Pues yo te quiero decir
Quién era, y con el intento
Que me habló.
D.ª Beat.
¡Qué atrevimiento!
¿Tal insulto habia de oir?
D.ª Leon.
Pues aunque oirlo no
quieras,
Lo has de oir; porque
tambien
[p. 256]No está á mi decoro
bien
Que tú con locas quimeras
Te persuadas á que ha sido
Liviandad lo que honor fué.
D.ª Beat.
¿Honor?
D.ª Leon.
Oye.
D.ª Beat.
No daré
Directo á tu voz mi oido.
D.ª Leon.
Pues directo ó no dirêto,
Todo has de escucharlo ya.
D.ª Beat.
Oido por fuerza, será
Clandestino tu secreto,
Y no puedo error tan mucho
Cometer.
D.ª Leon.
Si hablando estoy...
D.ª Beat.
Aspid al conjuro soy:
No lo escucho, no lo
escucho.
(Vase.)
D.ª Leon.
Oye. Mas ¿quién ahí ha
entrado?
Inés.
A mi señor buscará.
D.ª Leon.
Mira quién es, miéntras va
Mi desdicha y mi cuidado
Siguiendo una fiera.
(Vase.)
ESCENA VII.
MOSCATEL. — INÉS.
Moscat.
(Ap.)Amor,
¡Qué cobarde eres conmigo,
Pues áun no valen contigo
Las leyes de embajador!
Inés.
¿Es posible que has tenido,
Moscatel, atrevimiento
[p. 257]De entrar hasta
este aposento?
Moscat.
Sin saber qué me ha movido
A haber entrado hasta aquí,
Rigor es anticipado...
Inés.
Pues ¿no basta haber
entrado?
Moscat.
Sí y no.
Inés.
Pues ¿cómo no y sí?
Moscat.
No, pues no sabes á qué;
Sí, pues enojada estás;
No, pues presto lo sabrás;
Sí, pues tarde lo diré.
Y aunque pude haber venido
De tu hermosura llamado,
Traido de mi cuidado
Y del tuyo distraido;
A darte aqueste papel
Vengo, que Don Juan envía,
Que de mi cuidado fía
Lo que á Leonor dice en él.
Que por no ser conocido
Por criado suyo yo,
Con el papel me envió;
Si ya la causa no ha sido
Conocer de mi dolor,
Saber de mi mal severo,
Que de amor no es buen
tercero
El que no sabe de amor.
Inés.
Pues dí que el papel me
diste,
Y que á Leonor le daré:
Y véte presto, porque
Temerosa (¡ay de mí
triste!)
De que Beatriz...
Moscat.
Yo me iré;
Que aunque adoro tu
presencia,
[p. 258]Las leyes de tu
obediencia
Tan constante observaré,
Que á precio de tu rigor
Compraré el desprecio mio,
Y á costa de tu desvío
Mereceré tu favor.
Inés.
Bien pudiera responderte
Que tan ingrata no he sido
Como te habré parecido;
Pero tiéneme de suerte
El temor de verte aquí,
Que dejo para despues
La respuesta. Véte, pues;
Que tiempo... Mas ¡ay de
mí!
Mi señor por la escalera
Sube. Aquí no me ha de
hallar,
Viéndote contigo hablar.
(Vase.)
Moscat.
Oye, aguarda, escucha,
espera.
ESCENA VIII.
DON PEDRO. — MOSCATEL.
D. Ped.
¿Quién ha de esperar y oir?
¿Quién aguardar y escuchar?
Moscat.
Quien me tuviere que
hablar,
O yo tenga que decir.
D. Ped.
¿Qué haceis aquí?
Moscat.
¿Qué he de hacer?
¿Ya vos no lo estais
mirando?
D. Ped.
¿No hablais?
Moscat.
Estaba pensando
Lo que os he de responder.
D. Ped.
¿Qué buscais?
[p. 259]Moscat.
(Ap.¿Que aquesto
pase?)
A quien sea mi homicida.
D. Ped.
¿Por qué?
Moscat.
Porque yo en mi vida
Hallé cosa que buscase.
D. Ped.
¿Quién sois?
Moscat.
Habeis preguntado
En propios términos. Soy
Un criado honrado, si hoy
Hay un honrado criado.
D. Ped.
¿A quién servís?
Moscat.
No serví,
Aunque criado me llamo.
D. Ped.
¿Cómo no?
Moscat.
Como mi amo
Es el que me sirve á mí.
D. Ped.
Ya es mucha bellaquería
Hablarme desa manera,
Y ya más plazo no espera
La justa cólera mia.
Moscat.
(Ap.) ¡Malo va esto, vive Dios!
Si me da con algo aquí,
¡Miren qué se me da á mí
Que en la calle estén los
dos!
D. Ped.
Quién sois me habeis de
decir,
Qué quereis y qué buscais,
Y á qué en esta casa
entrais,
O en ella habeis de morir
A mis manos.
Moscat.
Si firmado
Habeis la sentencia ciego
Con «ejecútese luégo»,
Yo soy Moscatel, criado
De un Don Alonso de Luna...
[p. 260]ESCENA IX.
DON JUAN, DON ALONSO. — DON
PEDRO, MOSCATEL.
D. Juan.
(Ap. á Don
Alonso á la puerta.)
Pues está aquí Moscatel,
Y vimos entrar tras de él
A Don Pedro, mi fortuna
No espera más.
D. Alon.
Yo dispuesto
A cuanto suceda estoy.
A tomar la puerta voy.
(Vase.)
D. Ped.
(A Moscatel.)
Proseguid.
(Llega Don
Juan.)
D. Juan.
Señor, ¿qué es esto?
Moscat.
(Ap.) Eso sí.
D. Ped.
(Ap.Forzoso es ya
Reportarme.) Este hombre
hallé
Aquí: qué busca, no sé.
D. Juan.
¿No? Pues él nos lo dirá,
O á aqueste acero rendido
Morirá. (Ap. á Moscatel. Miente
algo aquí,
Moscatel, que importa así.)
Moscat.
(Ap. ¡Buen
socorro me ha venido!)
Un hombre busco; y no
hallando
Nadie que me respondiera,
De escalera en escalera
Me fuí poco á poco
entrando,
Sin ver á quién preguntar.
Hasta esta parte llegué,
Donde una doncella hallé,
(La verdad en su lugar).
[p. 261]Pensando que era
ladron,
Huyó de mí; y á ella era
El «escucha, aguarda,
espera».
D. Juan.
Bien puede tener razon.
D. Ped.
(Ap. Aunque no
estoy satisfecho
De que me diga verdad,
Fuera necia liviandad
De mi espada y de mi pecho
Saber Don Juan que he
tenido
Otra sospecha; y así
Fingir me conviene aquí
Que su disculpa he creido,
Porque ménos recatado
Le pueda despues seguir,
Saber quién es, y salir
De una vez deste cuidado.)
Pues si venís á buscar
Un hombre, ¿por qué os
turbais
De verme á mí?
Moscat.
Porque dais,
Y soy fácil de turbar.
D. Juan.
Id con Dios.
Moscat.
Que á los dos guarde.
D. Juan.
(Ap. á
Moscatel.) A Don Alonso le di
Se quite luego de ahí.
(Vase
Moscatel.)
D. Ped.
Luégo vuelvo. Adios, que es
tarde.
D. Juan.
¿Dónde vais?
D. Ped.
Vuelvo á buscar
Unas cartas que perdí.
D. Juan.
No habeis de salir de aquí,
U os tengo de acompañar.
D. Ped.
(Ap. Algo sin
duda ha entendido
De mi enojo: fuerza es
Deslumbrarle.) Venid, pues.
[p. 262]D. Juan.
(Ap.) Bien hasta aquí ha sucedido,
Pues sin sospechar en mí
Asistirle á todo puedo.
(Vanse.)
ESCENA X.
INÉS, y luego,
DOÑA LEONOR.
Inés.
Confusa de mirar quedo
Lo que ha sucedido aquí.
Informarse tan severo,
Cobrarse tan recatado,
Hablar con él tan pesado,
Y seguirle tan ligero,
Muchos efectos han sido.
No sé qué ha de suceder.
(Sale Doña
Leonor.)
D.ª Leon.
¡Válgate Dios por mujer,
Qué temeraria has nacido!
Inés.
Señora, ¿qué te ha pasado,
Que tan colérica vienes?
D.ª Leon.
Que no me escuchó Beatriz,
Porque ha estado
impertinente,
Con más soberbia que nunca,
Tan cansada como siempre.
Dice que dirá á mi padre
El suceso.
Inés.
Cuando vienen
Los pesares, nunca (¡ay
triste!)
Vienen solos; pues de
suerte
Se eslabonan unos de otros,
Que enredándose crueles,
Es víspera del segundo
[p. 263]El primero que
sucede.
Aquel hombre que dejaste
Aquí, para que supiese
Yo quién era, te buscaba
A tí, señora, con este
Papel; que Don Juan no
quiso,
Por el riesgo, que viniese
Criado suyo. El papel
Me dió apénas, cuando
quiere
El cielo que éntre tu
padre,
Y que con el hombre
encuentre.
Llegó al empeño Don Juan,
Y hizo que el hombre le
diese
No sé qué necias disculpas.
Pero aunque quiso prudente
Disimular mi señor,
No pudo, y tras él se
vuelve.
D.ª Leon.
¡Qué bien dicen que los
males
Son, si hay uno, como el
fénix,
Pues cuna es en que uno
nace,
La tumba donde otro muere!
Dame el papel, porque
quiero
Al instante responderle
A Don Juan, en el peligro
Que estoy.
Inés.
No le guardes, lêle;
Que quizá advertirá algo
Que en tu cuidado
aproveche.
D.ª Leon.
Dices bien, abrirle quiero;
Que nada en ello se pierde.
(Lee.) ¡Qué mal podré, hermoso dueño,
Decirte ni
encarecerte...!
Inés.
Tu hermana viene.
D.ª Leon.
¡Ay de mí!
[p. 264]ESCENA XI.
BEATRIZ. — LEONOR, INÉS.
D.ª Beat.
¿Qué misivo idioma es ese
Que, ajado, ocultas?
D.ª Leon.
¿Yo?
D.ª Beat.
Sí.
D.ª Leon.
No entiendo lo que me
quieres
Decir.
D.ª Beat.
Con vulgar disculpa
Me has obstinado dos veces.
Ese manchado papel
En quien cifró líneas
breves
Cálamo ansarino, dando
Cornerino vaso débil
El etíope licor,
Ver tengo.
D.ª Leon.
En vano pretendes
Ver el papel, porque fuera
Tambien ser necia dos veces
No querer saber de mí,
Cuando de oirme te ofendes,
Lo que yo quiero decir,
Y querer saber aleve
Lo que pretendo callarte.
D.ª Beat.
Mi fraternidad no atiende
A tu lengua, sí á tu
accion,
Porque aquella mentir
puede,
Y esta ha de decir verdad:
Y así, en la ocasion
urgente,
Si oir lo que quieres no
quiero,
[p. 265]Saber sí lo que no
quieres.
D.ª Leon.
¿De qué suerte, si no
quiero,
Lo has de saber?
D.ª Beat.
Desta suerte.
(Ase del
papel, y porfían las dos.)
Suelta la epístola.
Inés.
No es
Sino evangelio.
D.ª Leon.
Aunque intentes
Por fuerza verle, tirana,
Poco podré, ó no has de
verle.
D.ª Beat.
Deja el papel.
(Sale Don
Pedro á tiempo que rompen el papel, quedándose con la mitad cada una.)
ESCENA XII.
DON PEDRO. — DOÑA BEATRIZ,
DOÑA LEONOR, INÉS.
D. Ped.
¿Qué papel
Es? ¿Por qué reñís, aleves?
Inés.
(Ap.) Cayóse la casa, como
Dice el fullero que pierde.
D. Ped.
Suelta ese pedazo tú,
Y tú suelta esotro.
D.ª Leon.
(Ap.)Déme
Ingenio amor.
D.ª Beat.
El que abstraes
Fragmento á mi mano débil,
Te referirá baldones
Que tu pundonor padece.
D.ª Leon.
El papel, señor, que miras,
[p. 266]Yo no sé lo que
contiene;
Y pues que Beatriz lo sabe,
¿Quién duda que suyo fuese?
Leyéndole estaba, cuando
Llegué...
D.ª Beat.
¿Yo?
D. Ped.
(A Doña
Beatriz.)
Calla.
D.ª Leon.
Y al verme,
Le ocultó con tal cuidado,
Que me le puso de verle.
Quise quitársele, y ella
Me le defendió. No pienses
Que fué atrevimiento en mí,
Que despues que sé que
tiene
Beatriz quien la escriba, y
quien
La hable de noche por ese
Balcon, mi virtud me ha
dado
Disculpa para atreverme,
Aunque soy menor hermana,
A tratarla desta suerte.
Inés.
(Ap.) De mano gana Leonor,
Cuando un mismo punto
tienen.
D. Ped.
¡Por cierto, Beatriz!...
D.ª Beat.
Ignoro,
Atónita, responderte;
Que me construyó su acento
Estatua de fuego y nieve;
Porque cuanto me acumula
Delito es suyo in
specie.
D.ª Leon.
¿Pues aquí no estaba Inés,
Que decir la verdad puede?
D.ª Beat.
¿Pues Inés no estaba aquí,
Que dirá lo que sucede?
Inés.
(Ap.) Yo soy, en fin, la presencia
[p. 267]De todo el hecho
presente.
D. Ped.
(Ap. ¡Ay de mí,
que combatido
De uno y otro mal tan
fuerte,
Ambos me están mal, pues
ambos
Armados contra mí vienen!
Que al averiguar (¡ay
triste!)
Cúya es la culpa evidente,
No es excusarme la pena;
Pues cuando á saberla
llegue,
Tan sitiado mi dolor,
Tan acosado mi suerte,
Tan cercado mi desdicha
En este lance me tienen,
Que habiendo (¡ay de mí!),
que habiendo
De morir precisamente,
Quien me dé muerte sabré,
Mas no excusaré la muerte.)
Véte tú, Beatriz, de aquí;
Y tú, Leonor, de aquí véte.
D.ª Beat.
Señor, yo...
D. Ped.
Nada digais.
D.ª Leon.
(Ap.) Quiera amor que no confiese
El papel lo que yo niego.
(Vase.)
D.ª Beat.
Tú, mentil hermana, tienes
La culpa de todo.
(Vase.)
ESCENA XIII.
DON PEDRO, INÉS.
D. Ped.
Inés.
Inés.
(Ap.) Aquí entro ahora.
D. Ped.
Detente.
[p. 268]
Inés.
(Ap.) Honor, con quien vengo, vengo.
D. Ped.
Pues sola el testigo eres,
¿Quién leia el papel?
Inés.
(Ap.)Yo
Ni quito ni pongo leyes;
Pero hago lo que debo...
D. Ped.
¿Qué es lo que dudas, qué
temes?
Inés.
(Ap. Al oficio
de criada
Es ayudar á quien miente.)
Señor, poco ántes que tú
Llegué yo, sin que pudiese
De la accion ni de las
voces
Saber cúyo el papel fuese.
Esta es la verdad, so cargo
Del juramento que tiene
Fecho cualquiera criada
En el pleito que refiere.
D. Ped.
¡Aun este pequeño alivio
Del desengaño, no quiere
Darme el dolor!—Véte,
Inés...
Inés.
(Ap.) Viva á toda ley quien vence.
(Vase.)
ESCENA XIV.
DON PEDRO.
Que el papel confesará
Cuanto tú y ellas me
nieguen.
Juntar quiero los pedazos
De esta víbora, esta
sierpe,
Que dividido el veneno
En dos mitades contiene.
(Lee.) ¡Qué mal podré, hermoso dueño,
[p. 269]Decirte ni
encarecerte
El cuidado
con que estoy
De que anoche
nos oyese
Tu hermana!
Avísame, al punto
Que á tu
padre se lo cuente,
Para que te
ponga en salvo.
A entrambas á dos conviene
El papel, para que sea
Hoy mi desdicha más fuerte,
Pues si supiera de una
Que con liviandad procede,
Supiera tambien de otra
La virtud; y desta suerte,
Templado estuviera el daño.
Mas para que no se temple,
Quiere el cielo que á
ninguna
Crea, y que en las dos
sospeche.
Hallar un criado aquí,
Turbarse (¡ay de mí!) de
verme,
Llegar Don Juan y dejarle,
Salir tras él y perderle,
Volver á casa y hallar
La confusion que me vence,
Cosas son que han menester
Atenciones más prudentes.
Y así, pues sé que el
criado
Es, si su temor no miente,
De Don Alonso de Luna,
Saber quién es me conviene,
Y atender á sus acciones;
Y hasta que á mis manos
llegue,
Ó desengaño ó venganza,
¡Valedme, cielos, valedme!
[p. 270]
JORNADA SEGUNDA.
Calle.
ESCENA PRIMERA.
DON ALONSO, DON JUAN,
MOSCATEL.
D. Alon.
De buena salimos.
Moscat.
Yo
Soy el que salí de buena
Y entré en mala, pues me ví
Ya de la muerte tan cerca.
D. Juan.
Determinarme yo á entrar
(Viendo la ocasion tan
cerca)
Tras Don Pedro, fué tu
dicha.
Moscat.
Y áun la tuya, pues si
dejas
De entrar, confieso de
plano.
D. Alon.
¿Eso dices?
Moscat.
Y áun lo hiciera
Mejor que lo digo.
D. Alon.
Mira,
Don Juan, si amando, hay
quien tema.
D. Juan.
Pues ¿un amante es cobarde?
Moscat.
Mucho más, por ver que
arriesga
Una vida que no es suya,
Sino de su hermosa prenda.
Y si es deuda de un amante
[p. 271]En su servicio
perderla,
Ya es de amor estelionato
Hipotecarla á otra deuda.
ESCENA II.
INÉS, tapada.
— Dichos.
Inés.
Señor Don Juan.
D. Juan.
¿Quién me llama?
Inés.
Yo soy.
D. Juan.
Vengas norabuena,
Inés.
Inés.
Para haberte hallado
He dado á Madrid mil
vueltas.
D. Juan.
¿Qué ha sucedido, que así
Vienes?
Moscat.
(Ap.)Inesilla es esta.
¡Quiera el cielo que mi amo
Ni la atisbe ni la vea!
Inés.
A darte aqueste papel
He venido. Adios.
D. Juan.
Espera,
Le lêré.
(Lee Don
Juan, y entre tanto se pone Moscatel en medio de Don Alonso y de Inés.)
D. Alon.
No tiene, á fe,
Mala cara la mozuela.
Moscat.
(Ap.) Vióla: no daré un ochavo
Por mi honra toda entera.
D. Alon.
Oye, Moscatel. (Ap.
á él.)
Moscat.
Señor.
D. Alon.
Si como esta moza, fuera
[p. 272]La tuya, te
disculpara,
Si hay disculpa que amor
tenga.
Moscat.
(Ap. Celos,
vamos poco á poco,
No mateis con tal
violencia.)
¿Esta te parece bien?
D. Alon.
Pues ¿no es bien hermosa
esta
Para fregona?
Moscat.
No es
Sino muy mala y muy fea.
Si vieras, señor, la mia,
Pondré un brazo que dijeras
Que era pecado nefando
Si entraba en su
competencia.
D. Alon.
Viven los cielos, que
mientes.
D. Juan.
Ya he leido.
D. Alon.
¿Y qué hay?
D. Juan.
Mil quejas
De Leonor; y en fin, me
avisa
Que bien puedo ir á verla,
Que no hay sospecha de mí,
Por una industria: cuál sea
No dice. Despues, de todo
Yo volveré á daros cuenta.—
Vamos, Inés.
(Vase.)
D. Alon.
Moscatel,
No la dejes ir, detenla.
Moscat.
(Ap.) ¡Esto más, celos!
D. Alon.
¡Ah, hermosa!
Inés.
¿Qué quereis?
D. Alon.
Veros quisiera
Esa buena cara.
Moscat.
(Ap.)¡Ay cielos!
Inés.
Hay mucho que ver en ella,
Y no vengo tan despacio.
[p. 273]D. Alon.
Yo la sabré ver apriesa.
Moscat.
(Ap.) Y áun dejar de verla y todo.
ESCENA III.
DON LUIS, DON DIEGO. — DON
ALONSO, INÉS, MOSCATEL.
D. Diego.
(Ap. á Don
Luis.) La criada suya es esta.
D. Luis.
(Ap. á Don
Diego.) Desde su casa la he visto
Salir, y vengo tras ella,
Por ver si para Beatriz
Darla un recado pudiera.
Inés.
(Ap.) No sé lo que Moscatel
Me quiere decir por señas.
D. Diego.
Con Don Alonso de Luna
Habla.
D. Luis.
Cierta es mi sospecha;
Que venir una criada
De Beatriz desta manera
A buscarle, estar él
siempre
En su calle y á su reja
Con el otro amigo suyo,
Mirar que cuando se aleja
Se quedan los dos hablando,
No es posible que no sean
Lances de amor.
D. Diego.
¿Qué quereis
Hacer?
D. Luis.
Que aquí no me vea;
Que no tengo yo favores
Para que empeñarme pueda:
Y reñir un desvalido
[p. 274]Es valentía muy
necia.
D. Diego.
Decís bien... y quizá
mienten
Los viles celos que os
cercan.
D. Luis.
Nunca son viles los celos,
Don Diego.
D. Diego.
Opinion es nueva.
D. Luis.
¿Hay más nobleza que hablar
Verdad? Pues esta nobleza
Solos los celos la tienen,
Porque no hay celos que
mientan.
(Vanse Don
Luis y Don Diego.)
ESCENA IV.
DON ALONSO, MOSCATEL, INÉS.
Inés.
Bien está. Adios, que es
muy tarde.
D. Alon.
Dejad que vaya siquiera
Con vos aqueste criado:
No vais sola.
Inés.
Norabuena,
Venga el criado conmigo.
Moscat.
(Ap.) ¿Que esto escuche? ¿Que esto vea?
D. Alon.
Moscatel.
Moscat.
Señor.
D. Alon.
Escucha.
Inés me ha dado licencia
Para que en mi nombre vayas
Hasta su casa con ella:
Ve, y dirásla en el camino
Que como tal vez se venga
A casa, no faltará
Algun regalo que hacerla.
[p. 275]Moscat.
¿Es posible que tal dices?
D. Alon.
Sí, que si en su amor ya es
fuerza
Acompañar á Don Juan,
No es muy mala conveniencia
Tener quien aquel instante
Tambien á mí me entretenga.
Moscat.
Yo se lo diré.
D. Alon.
En los trucos
Te aguardo con la
respuesta.
(Vase.)
Moscat.
(Ap.) ¡Quedamos buenos, honor!
Inés.
Moscatel, vamos. ¿Qué
esperas?
Moscat.
Vamos, Inés.
(Vanse.)
Otra calle.
ESCENA V.
MOSCATEL, INÉS.
Inés.
Pues ¡tan triste
Conmigo vas, que áun apénas
Alzas á verme la cara!
¿Qué es aquesto?
Moscat.
¡Ay, Inés bella!
¡Ay dulce hechizo del alma,
Qué de cuidados me cuestas!
Inés.
¿Qué tienes?
Moscat.
Amor y honor.
Quiero y sirvo, y hoy es
fuerza
Entre mi dama y mi amo,
Que no sirva ó que no
quiera.
Inés.
No entiendo tus disparates.
[p. 276]Moscat.
Pues yo haré que los
entiendas.
Don Alonso mi señor
Te vió Inés... y ¡á Dios
pluguiera,
Que ántes cegase, aunque yo
El mozo del ciego fuera!
Vióte, Inés ¡ay Dios! y al
verte,
Fué precisa consecuencia
Quererte; no tanto, Inés,
Por tu infinita belleza,
Como por su amor finito,
Que eres en fin cara nueva.
Conmigo á decir te envía...
—Aquí se turba mi lengua.—
Dice que si vas, Inés,
A verle, tendrás (¡qué
pena!)
Si es por la mañana,
almuerzo;
Si es por la tarde,
merienda.
Inés.
Grosero, descortés, loco,
Suspende la aleve lengua;
Que no sé, no sé qué has
visto
En mí para que te atrevas
A hablar con tal libertad
A una mujer de mis prendas.
Díle á tu amo, villano,
Que soy quien soy, y no
tenga
Prevenciones para mí;
Que de cualquiera manera
Iré á servirle á su casa,
Porque yo no soy de
aquellas
Mujercillas que se pagan
De almuerzos y de
meriendas;
Que soy moza de capricho,
Y esto le doy por
respuesta.
Moscat.
¿Eso dices?
[p. 277]Inés.
Esto digo,
Y presto de aquí te
ausenta,
No te vean en mi casa:
Mira que ya estamos cerca.
Moscat.
En fin, ¿te vas enojada?
Inés.
No me sigas, no me veas.
Moscat.
Obedecerte es forzoso.
Pues tan triste Inés me
deja,
Bien podeis, ojos, llorar,
No lo dejeis de vergüenza.
(Vase.)
Inés.
Aquesta es mi casa. El
manto
Me he de quitar á la
puerta;
Que para esto solamente
Creo que en las faldas
nuestras
Usamos los guardainfantes.
Ahora, aunque mi ama la
necia
Me haya echado un rato
ménos,
No sabrá que he estado
fuera.
Nadie de ustedes lo diga,
Que les cargo la
conciencia.
(Vase.)
Sala en casa
de Don Pedro.
ESCENA VI.
DON JUAN, DOÑA LEONOR.
D.ª Leon.
Esta mentira ha sido
La que nuestro cuidado ha
divertido.
D. Juan.
Fué del ingenio tuyo,
Que con eso que fué sutil
arguyo.
D.ª Leon.
Ya del todo perdida
[p. 278]La vida, restauré
en parte la vida;
Que lo que era evidencia,
Puse con el engaño en
contingencia;
Que no es pequeño aviso
Saber hacer dudoso lo
preciso.
D. Juan.
Tu padre en fin, ¿de
entrambas sospechoso
Quedó?
D.ª Leon.
Tanto, que anda cuidadoso,
Yendo á casa y viniendo,
Escuchando á la una, á la
otra oyendo;
Que hasta aquí no ha sabido
Cúyo el papel ni para quién
ha sido:
Porque Inés, que tenía
Sola noticia de la culpa
mia,
Sin que á decirlo acuda,
Dejó en su fuerza la
primera duda.
Inés.
Yo no dije que era
El papel de Beatriz, porque
pudiera
El papel desmentirme;
Y así en lo que dijiste
estuve firme.
D. Juan.
Dicha fué que viniera
El papel de manera
Que á entrambas convenia;
Que bien se acuerda la
memoria mia
De que no te nombraba
Y de que escrito de otra
letra estaba.
Pero díme, ¿qué ha hecho
Beatriz al testimonio?
D.ª Leon.
Yo sospecho
Que, sujeta al indicio,
Si juicio tiene, ha de
perder el juicio.
Pues, sobre su melindre y
su locura,
Tan vana de su ingenio y
hermosura,
Verse indiciada tanto
[p. 279]De una sospecha, la
convierte en llanto.
Y estoy, Don Juan, gustosa
de manera
De verla así, que diera
Porque fuera verdad y no
fingido
El amor que en su culpa he
introducido,
La vida.
Inés.
Piensa tú, señor, qué
haremos
Por llevar adelante sus
extremos.
D.ª Leon.
De nuestro amor industria
lisonjera
El divertirla y el culparla
fuera,
Pues con eso dejara
De perseguirme á mí, y ella
callara.
D. Juan.
Ahora bien, pues yo quiero
Desta venganza tuya ser
tercero,
Y trayendo conmigo
Para que la entretenga, un
cierto amigo,
Haré... Pero ella viene.
Despues lo oirás, que aquí
callar conviene.
D.ª Leon.
Pues véte, no te vea;
Que aunque aquesta sospecha
en tí no sea
A toda ley, bien creo
Que es mejor desvelar
nuestro deseo.
D. Juan.
Pues adios, Leonor bella.
Inés.
¡Santiago, cierra España!
¡A ella, á ella!
(Vanse Don
Juan é Inés.)
ESCENA VII.
DOÑA BEATRIZ. — DOÑA
LEONOR.
D.ª Beat.
(Para sí.) Aquí, que fénix estoy
(Porque al fin la fantasía
Hace y no hace compañía),
[p. 280]
Soliloquiar quiero hoy
Por qué tan infeliz soy,
Y en qué horóscopo nací;
Pues siendo mi honor en mí
Sol que el dia iluminó,
El eclipse padeció,
Y yo el efecto sentí.
Entre mi luz y mi ardor,
Con epiciclo confuso
El cuerpo opaco me puso
La mentira de Leonor.
D.ª Leon.
¿Qué me quieres?
D.ª Beat.
Es error,
Aunque á solas te he
nombrado,
Fantasiar que te he
llamado;
Que si el nombrar es
llamar,
Hoy desvia con llamar,
Al contrario, mi cuidado.
D.ª Leon.
Pues ¿por qué, cruel
conmigo,
Tu voz á solas se emplea?
D.ª Beat.
Pues que me interrogas, sea
Tu mendacio tu castigo.
¿Tú no fuiste, amor
testigo,
La escrita?
D.ª Leon.
Sí.
D.ª Beat.
¿Tú no fuiste
La que, al paterno,
dijiste,
Orden, que era para mí
El lineado papel?
D.ª Leon.
Sí.
D.ª Beat.
¿Tú no fuiste quien hiciste
Tan válida la mentira,
Que embelecó la verdad,
Acuada su puridad?
[p. 281]D.ª Leon.
Sí, Beatriz.
D.ª Beat.
Pues ¿qué te admira
Lamentar tu fraude?
D.ª Leon.
Mira
Lo que tu enfado causó;
Que no lo intentara, no,
Si tú ayudaras mi engaño;
Mas ya sucedido el daño,
Beatriz, primero era yo.
Negarte á solas no quiero
Que mia la culpa fué;
Pero tampoco querré
Confesársela á un tercero.—
Yo amo, yo adoro, yo muero
De amor...
(Sale Don
Pedro al paño á espaldas de Doña Beatriz, y de cara á Doña Leonor: esta le ve y
él se recata.)
ESCENA VIII.
DON PEDRO. — Dichas.
D.ª Leon.
(Ap.)Mi padre. ¡Ay de mí!
D. Ped.
(Ap.) «Yo muero de amor» oí
A Leonor.
D.ª Leon.
(Ap.Cure mi error
Mi voz.) ¡Yo muero de amor,
Dices delante de mí!
¡Yo quiero!
D. Ped.
(Ap.)¿Esto llego á ver?
D.ª Leon.
¡Yo amo!
D. Ped.
(Ap.)¿Aquesto llego á oir?
D.ª Leon.
¡De amor muero, ha
de decir
[p. 282]Una principal
mujer!
Mi padre lo ha de saber;
Que aunque tú me has dicho
aquí
Que á él no, pero á mí sí
Lo confiesas, brevemente
Lo sabrá.
D.ª Beat.
¿Qué dices?
D.ª Leon.
Tente,
No te apropincues á mí.
D.ª Beat.
El concepto dificulto
De tus extremos, Leonor.
D.ª Leon.
No me empañes el candor
De mi castísimo bulto.
D.ª Beat.
¿Qué mudanza?...
D.ª Leon.
¿Tal insulto
Pronunciar tu lengua osa?
D. Ped.
(Ap.) Leonor es la virtüosa.
D.ª Beat.
Oye, hermana.
D.ª Leon.
Aqueso no,
Que tener no puedo yo
Hermana libidinosa.
(Vase.)
ESCENA IX.
DON PEDRO, DOÑA BEATRIZ.
D.ª Beat.
¿Quién tales extremos vió?
¿Quién vió tales
sentimientos?
¿Quién vió tales
fingimientos
De un instante á otro?
D. Ped.
Yo,
Yo los ví, Beatriz, y no
En vano el cuidado ha sido
[p. 283]Que con las dos he
tenido.
D.ª Beat.
Señor, ¿tú estabas aquí?
D. Ped.
Sí, sí, Beatriz, aquí
estaba.
D.ª Beat.
¿Oiste á Leonor lo que
hablaba?
D. Ped.
Lo que habló Leonor oí.
D.ª Beat.
¿Luego ya estarás de mí
Desengañado?
D. Ped.
Sí estoy,
Pues he llegado á ver hoy
Que una hermana menor pueda
Reñirte.
D.ª Beat.
¡Que tal suceda!
Infausta y crinita soy.
D. Ped.
¿Qué crinita, ni qué
infausta?
D.ª Beat.
Señor...
D. Ped.
Beatriz, bueno está;
Basta lo afectado ya,
Lo enfadoso basta, basta;
Que es lo que más te
contrasta
Para que vencida quede
Tu opinion: bien verse
puede,
Si á hablar así te
acomodas,
Que quien no habla como
todas,
No como todas procede.
Yo sé que el cuidado ha
sido
Y el papel de un caballero,
Bachiller y chocarrero,
Libre y mal entretenido:
Y que le quieres he oido,
Cuando Leonor te reñia.
Culpa ha sido tuya y mia;
Mas remediarélo yo.
Aquí el estudio acabó,
Aquí dió fin la poesía.
[p. 284]Libro en casa no ha
de haber
De latin, que yo le
alcance.
Unas Horas en
romance
Le bastan á una mujer.
Bordar, labrar y coser
Sepa sólo: deje al hombre
El estudio... Y no te
asombre
Esto; que te he de matar,
Si algo te escucho nombrar
Que no sea por su nombre.
D.ª Beat.
Subordinaba al respeto,
Girasol de tu semblante,
En estilo relevante
No frasificar prometo.
Deja empero á tu conceto
Desvanecer la apariencia,
Que el engaño hizo
evidencia,
Que hizo caso la malicia,
Queriendo con su injusticia
Captar tu benevolencia.
D. Ped.
¡Beatriz!
D.ª Beat.
Ausculta propicio...
D. Ped.
¡Bien enmendada te veo!
D.ª Beat.
Por tu anticipata...
D. Ped.
Creo
Que hoy me has de quitar el
juicio.
(Vanse.)
[p. 285]Sala en casa de
Don Alonso.
ESCENA X.
DON ALONSO, MOSCATEL.
D. Alon.
¿Eso la pícara dijo?
Moscat.
De tu amor tan ofendida,
Como si fuera hija Inés
Del Preste Juan de las
Indias:
«Decid, dijo, á vuestro
dueño
Que mi valor no conquista,
Que soy grande para dama,
Y para esposa soy chica».
D. Alon.
Eso á reyes de comedia
No hay condesa que no diga
De Amalfi, Mantua ó Milan,
Mas no las de Picardía.
¡Válgate el diablo, picaña!
¿Cómo no tienes á dicha
Que te hable un hombre que
al fin
Una camisa trae limpia?
Moscat.
Señor, cada ropa blanca
Su semejante codicia.
D. Alon.
¿Y qué te pasó con Celia?
Moscat.
Estaba á su celosía
Asomada, y áun borracha,
Pues dijo, ¿por qué no ibas
A verla? Y esto, señor,
En juicio no lo diria,
Porque ¿cómo has de ir á
verla,
Si ya la viste ha tres
dias?
D. Alon.
Mi firmeza me destruye;
[p. 286]Porque todas
imaginan,
Siendo galan al quitar,
Que lo he de ser de por
vida.
Pues ¡mejor es lo que á mi
Me ha pasado! Como iba
En un coche Doña Clara,
Llamóme, lleguéme á oirla,
Y díjome que á la tarde
(Ahí es una niñería)
La enviase veinte varas
De lana, porque queria
Hacer en mi nombre una
Pollera. Y á media risa
Pregunté de qué color:
Respondió que de la mia,
Y así al propósito hice
De repente esta quintilla:
«De mi color, bien mi amor
Dar la pollera quisiera;
Mas es tanto mi temor,
Que no me dejas color
De que hacerte la pollera.»
Con esto me descarté
De la lama.
Moscat.
Linda finca
Es un desenfado.
D. Alon.
¿Cómo?
Moscat.
Como paga á chanza vista.
D. Alon.
¿No sabes lo que en aquesto
Más me mata, más me admira?
Que usándose hombres que
nieguen,
Se usen mujeres que pidan.
Moscat.
Piden por su devocion.
(Ap. ¡Qué
presto de Inés se olvida!
[p. 287]Celos, adios.)
D. Alon.
Moscatel.
Moscat.
Señor.
D. Alon.
¿Quieres que te diga
Una verdad?
Moscat.
Si contigo
Lo puedes acabar, díla.
D. Alon.
La Inesilla me ha picado.
Moscat.
¿Tan aguda es la Inesilla?
D. Alon.
Y por hacer burla della
Solamente, he de rendilla.
Allá has de volver.
Moscat.
¿Yo?
D. Alon.
Sí.
Moscat.
(Ap.) Celos, no adios tan aprisa.
D. Alon.
La dirás...
ESCENA XI.
DON JUAN. — DON ALONSO,
MOSCATEL.
D. Juan.
¡Gracias al cielo
Que os traigo nuevas un dia
De contento! porque amor
No siempre ha de ser
desdichas.
Ya cesaron sus disgustos,
Sus pesares, sus rencillas;
Que como es niño, el
semblante
Que ayer fué llanto, hoy es
risa.
Ayer de vuestro valor
Me valí, cuando tenía
Empeños de honor; y ahora
Que han mejorado de dicha,
[p. 288]Me he de valer, Don
Alonso,
De vuestra cortesanía,
Buen gusto y sutil ingenio,
Porque en dos iguales
líneas
Los dos extremos toqueis
Del pesar y la alegría.
D. Alon.
Pues bien, ¿qué os ha
sucedido?
D. Juan.
De cuanta culpa tenía
Leonor, hizo á Beatriz
dueño,
Cautelosa y prevenida.
Dudó el padre entre las dos
Cúya fuese la malicia,
Y quedó por fe dudosa
La que era culpa precisa.
Para ayudar este engaño
Con Beatriz y divertirla
(Que si hay envidia entre
hermanos
Es la más cruel envidia),
Me ha pedido que con ella
Algun nuevo amante finja,
Porque la importa en
extremo,
O culparla ó divertirla.
Y aqueste habeis de ser
vos,
Ayudandôs ella misma
A la entrada de su casa;
Y así, desde aqueste dia
La habeis de asistir,
pasear,
Adorar su celosía.
Solicitar sus criadas.
Donde saliere seguirla,
Escribirla...
D. Alon.
Deteneos;
Que ni hablarla ni
servirla,
Ni pasearla ni mirarla
[p. 289]Sabré yo hacer en
mi vida.
¿Yo mirar á una ventana
Embobado todo el dia,
Haciendo el amor ardiente
A un cántaro de agua fria?
¿Yo sobornar á una moza,
Porque mis penas la diga?
¿Yo abrazar un escudero
Con la barba hasta la
cinta?
¿Yo seguir á una mujer,
Ni saber dónde va á misa
Ni si la oye? (Que al fin
yo,
Don Juan, en toda mi vida
He averiguado á mi dama
Si tiene ó no tiene crisma:
Y ellas se alegran, pues
todas
Niegan donde se bautizan.)
¿Yo escribir papel tan
cuerdo
Que mil locuras no diga,
Donde ande el razonamiento
Entre el afecto y la dicha?
¿Yo parlar á una ventana,
Dos horas de noche fria,
Para pedir una mano
A quien siempre que la pida
Me responda, «es de mi
esposo»,
Y con aquesta porfía
Me ande con su doncellez
Dando en rostro cada dia?
Vive Dios, que ántes me
deje
Morir, que á una mujer
siga,
Ni solicite ni ronde,
Ni mire ni hable ni
escriba.
Porque en no teniendo yo
[p. 290]Libre entrada á mis
visitas,
Donde tome mi despejo
A la primera vez silla,
La segunda taburete,
Y la tercera tarima,
Siendo mi lecho el estrado,
Y mi almohada una rodilla,
Y haciendo así que me
rasquen
La cabeza, si me pica;
No daré por cuanto amor
Hay en el mundo, dos higas.
Y ¡mirad, pues, qué mujer
Tan chistosa y entendida
Traeis! sino una mujer
Que habla siempre
algarabía,
Y sin calepino no
Puede un hombre entrar á
oirla.
Y así, mirad si teneis
Algun disgusto en que os
sirva;
Que, vive Dios, que primero
Con diez hombres legos
riña,
Que con una mujer culta;
Que ha de ser la dama mia,
Como fianza, abonada,
Sobre lega, llana y lisa.
D. Juan.
En la corte, D. Alonso,
¿Cada dia no se mira
Por hacer tercio á un
amigo,
Enamorar á una amiga?
D. Alon.
Tambien se mira, Don Juan,
En la corte cada dia
Perder uno su dinero
Por hacer tercio á una
rifa.
D. Juan.
Yo no quiero que tu amor
[p. 291]Sea, sino que lo
finjas;
Que esto todo ha de ser
burla.
D. Alon.
Mucho lo fingido obliga,
Y ¡hacer burla de una loca
Tan vana y tan
presumida!...
Moscat.
(Ap.) ¡Qué presto hizo la razon
A la ocasion que le brinda!
Tan loco nos venga el año.
D. Alon.
Cuanto sea engaño y
mentira,
Vaya; mas pensar que tengo
De obligarla ni sufrirla,
Es pensar un imposible.
D. Juan.
Ni nadie á aqueso os
obliga.
D. Alon.
Desde aquí empezaré á
hablarla.
D. Juan.
Vamos á su casa misma,
Y en el camino os diré
Destas cosas conocidas
Que importan, y haré que
entreis
A hablarla.
D. Alon.
Vamos aprisa;
Que ya de pensar, Don Juan,
Lo que hoy á las burlas
mias
Han de responder sus véras,
Me estoy muriendo de risa.
Moscat.
Quiera amor no pare en
llanto.
D. Alon.
¿Qué llanto, necio, si
miras
Que todo es burla? pues
solo
Mi libertad solicita
Hacer buen tercio á Don
Juan,
Vengar á Leonor divina,
Burlar á Beatriz hermosa,
Y retozar á Inesilla.
Moscat.
(Ap.) No será, no, sino echarse
Con la carga de mis dichas.
[p. 292]Cuarto de
Beatriz con una alacena.
ESCENA XII.
BEATRIZ, INÉS.
Inés.
Grande, señora, es tu
melancolía.
D.ª Beat.
¿Cómo no ha de ser grande,
siendo mia?
Y ¿harta razon no tengo?
Pues por Leonor, con mi
ascendente vengo[2]
A padecer calumnias de que
amo,
Cuando la misma ingratitud
me llamo.
¡Yo, pensar que he
escuchado á un hombre amores,
Que un papel admití, que dí
favores,
Que entró en mi cuarto
abriendo una fenestra,
Que fué el tacto la nube de
mi diestra!
Cosas son, que el escrúpulo
más leve,
Dentro de mí ni áun á
pensar se atreve.
Y así, aqueste retiro
Donde la luz del sol apénas
miro,
Lúgubre será esfera,
Donde equívoca yo que vivo,
muera:
Estancia será esquiva,
En que burlando lo que
muero, viva.
El sol, Narciso de jazmin y
grana,
Desde el primer fulgor de
la mañana
Al parasismo de la noche
fria
Adonde espera el parangon
del dia,
No me ha de ver la cara;
Si ya con luz no penetrase
avara
[p. 293]A esta mansion, en
donde
Mi profanado pundonor se
esconde.
Lloren aquí mis ojos
Sinónomos neutrales...
digo, enojos
De torpes desvaríos,
Que son ajenos, y parecen
mios.
—Inés, ¿no me he quejado
En bien humilde estilo, en
bien templado?
Si mi padre me oyera,
¡Oh cuánta enmienda en mis
discursos viera!
Inés.
Mucha, bien que del tema
reformado
Algunas palabrillas te han
sobrado.
D.ª Beat.
Díme, ¿cuáles han sido?
Inés.
Lúgubres y crepúsculos he oido,
Equívocos,
sinónomos neutrales,
Fenestras,
parasismos, y otras tales
De que yo no me acuerdo.
D.ª Beat.
Con la estulticia que hay,
el juicio pierdo.
Pues esas ¿no son voces de
cartilla,
Que un portero las sabe de
la villa?
Mas desde aquí prometo
Que calce mi conceto,
A pesar de Saturno,
Vil zueco, en vez de
trágico coturno.
Inés.
(Ap.) Enmendándose va.
D.ª Beat.
Y si tú me oyeres
Frase negada á bárbaras
mujeres,
Por ver si en esto topa,
Tírame de la manga de la
ropa.
Inés.
La concesion aceto,
Y ser fiscala de tu voz
prometo.
[p. 294]ESCENA XIII.
DOÑA LEONOR, DON ALONSO,
MOSCATEL. — DOÑA BEATRIZ, INÉS.
D.ª Leon.
(Ap. á Don
Alonso.)
Esta es Beatriz, y puesto
que has venido
A divertirla, su galan
fingido,
Hablarla aquí podrás
seguramente:
Yo atenta á que no haya
inconveniente,
Con Don Juan allí hablando,
Hoy las espaldas te estaré
guardando.
(Vase.)
D. Alon.
(Ap.) ¿Quién crêrá que he tenido
Mudo el amor, áun siendo
amor fingido?
Inés.
Moscatel, ¿qué es
aquesto? (Ap. á él.)
Moscat.
La droga introducir, que se
ha dispuesto.
Inés.
¿Por qué entras acá tú?
Moscat.
Porque te amo,
Y no has de estar á tiro de
mi amo
Sin escucha.
D.ª Beat.
(Viendo á Don
Alonso.)
¿Qué es esto?
Inés.
Un hombre osado,
Que hasta aquí se ha
entrado.
D.ª Beat.
¡Un hombre en mi
cubículo!...
...[3]
... (Ap. á Inés.)¿Qué
haces?
Inés.
Tirarte de la manga.
D.ª Beat.
¡Necio intento!
[p. 295]Deten, que sólo
digo en mi aposento.
D. Alon.
Hermosa Beatriz, la voz
No des al aire, no des
Al cielo quejas, huidas
De la prision de clavel.
Oye piadosa mi pena
Sin enojarte, porque
No siempre fué de lo
hermoso
Patrimonio lo cruel.
D.ª Beat.
¡Andas por antonomasia!
Inés.
(Ap. á su
ama.)
Dos veces tiro.
D.ª Beat.
Está bien.
Atrevido caballero,
(Que has sido osado á
romper
La clausura, donde el sol,
Que fénix y hoguera es,
Si tal vez entra atrevido,
Sale cobarde tal vez;
Y á no traer por disculpa
Que me viene el dia á
traer,
No osara donde yo estoy
A entrar en átomos él),
¿Qué atrevimiento, qué
audacia
Rige tu alevoso pié?
Inés.
(Ap.) Aquí empiezan sus engaños.
Moscat.
(Ap.) Él mismo vaya con él.
D. Alon.
Peritísima Beatriz,
Beatriz, dulce enigma, en
quien
Vive de más el hablar
Ó de más el parecer:
Yo soy aquel que dos años
Viviente girasol fué
De la luz de tu beldad,
Fragrante al llegarte á
ver,
[p. 296]Cuanto mustio al
ausentarte,
Que entre el morir y el
nacer,
No hubo más distancia, que
entre
Si se ve, ó si no se ve.
Inés.
(Ap.) Atencion, señoras mias;
Entre mentir ó querer,
¿Cuál será lo verdadero,
Si esto lo fingido es?
D. Alon.
La causa hoy de tanto
absurdo
Es haber hallado ayer
Tu padre el criado mio,
Que te traia un papel;
Y viendo la obligacion
Que tengo á quien soy, osé,
Temeroso de tu riesgo,
Ahora que ocasion hallé,
Entrar hasta aquí.
D.ª Beat.
Detente,
Que ya me incumbe saber,
Aunque mi riesgo derogue
La más inviolable ley,
Qué papel, ó qué criado,
Aquese que dices fué.
D. Alon.
El criado, este criado;
El papel, aquel papel
Que abrió Leonor, siendo
tuyo,
Porque á ella se le dió
Inés.
Inés.
Yo no se le dí, que ella
Me le quitó sin querer.
D.ª Beat.
¿Tuyo era el criado?
D. Alon.
Sí.
D.ª Beat.
¿Y tuyo el papel?
D. Alon.
Tambien.
D.ª Beat.
¿Y para mí?
[p. 297]D. Alon.
Pues ¿qué dudas?
D.ª Beat.
Antes no dudo, pues sé
Que mi muerte y homicida
Fuiste de mi paz, cruel,
Tirano, que introdujiste
Escrúpulos en mi fe.
Vuelve, vuelve las espaldas
De piadoso y de cortés;
Que solicitas mi muerte
Si aquí mi hermana te ve,
Porque hará verdades hoy
Los fingimientos de ayer.
Inés.
(Ap.) ¡Qué fácilmente creyó
Lo que él contó y yo
afirmé!
Moscat.
(Ap.) En fin, no hay cosa más fácil
Que engañar una mujer.
D.ª Beat.
Y no quieras más victoria
De mi vanidad, que ver
Que por tí lloran mis ojos;
Que puede en efecto hacer
Costar lágrimas un hombre,
Sin quererle una mujer;
Que no las lágrimas siempre
Señas son de querer bien.
Véte.
D. Alon.
(Ap.)Más lo deseo yo;
Que estoy ya para perder
El juicio, buscando modos
Para responder.
D.ª Beat.
No des
Más escándalo en mi casa;
Que basta el primero ser
Que concupiscible oí.—
(Tírale Inés
de la manga.)
[p. 298]No tires más,
déjame;
Que tienes traza, por Dios,
De dejarme manca.
D. Alon.
En fe
De amante humilde, será
Opuesto planeta quien
Ausentándose, sabrá
Obedeceros cortés;
Pero en sabiendo mi amor.
D.ª Beat.
Pues adios, que ya lo sé.
D. Alon.
(Ap. á
Moscatel.)
No se ha empezado muy mal.
Moscat.
Ni se ha acabado muy bien,
Que viene gente.
Inés.
¡Ay, señora!
Ir no le dejes.
D.ª Beat.
¿Por qué?
Inés.
Porque al paso están
hablando
Leonor, Don Juan, y tambien
Tu padre.
Moscat.
El padre es el diablo
Destos enemigos tres.
D.ª Beat.
Mi climatérico dia
Es hoy (¡ay de mí!) si os
ven,
Porque contra mí los cielos
Han sabido disponer
Evidencias que acrediten
Culpas, que no imaginé.
Para el cuarto de mi padre
El paso esta cuadra es:
No podeis salir de aquí,
Ni allá dentro entrar
podeis;
Y así, ántes que aquí
entren,
Fuerza el esconderos es.
D. Alon.
¿Es comedia de Don Pedro
[p. 299]Calderon, donde ha
de haber
Por fuerza amante
escondido,
O rebozada mujer?
D.ª Beat.
Esto conviene á mi honor.
D. Alon.
¿Yo me tengo de esconder?
Moscat.
Inés, mala burla es
esta. (Ap. á ella.)
Inés.
Y muy mala, Moscatel.
D.ª Beat.
Esto he de deberos.
D. Alon.
(Ap.)¡Cielos!
Considerad que no es bien
Darme tan fino el pesar,
Siendo tan falso el placer.
D.ª Beat.
¿Qué esperais?
D. Alon.
¿Qué he de esperar?
Saber adónde ha de ser
Donde tengo de esconderme.
Inés.
Donde estar mejor podeis,
Es en aquella alacena
De vidrios.
D.ª Beat.
Has dicho bien.
D. Alon.
¡Lindo búcaro del Duque,
O de la Maya seré!
¿Yo en alacena de vidrios?
¡Vive Dios!...
D.ª Beat.
Preciso es.
Inés.
Entrad.
D. Alon.
Sin un calzador,
No es posible.
Inés.
Entra tambien.
Moscat.
¿Es alacena de dos,
Como mula de alquier?
(Al entrar en
la alacena, quiébranse vidrios.)
Inés.
Mirad que quebrais los
vidrios.
[p. 300]ESCENA XIV.
DON PEDRO, DOÑA LEONOR, DON
JUAN. — DOÑA BEATRIZ, INÉS.
D. Ped.
Hola, unas luces traed
A esta sala.
D. Juan.
(Ap.)¡Vive Dios,
Que no sé lo que he de
hacer,
Si halla á Don Alonso aquí
Don Pedro! que yo bien sé
Que no tiene el cuarto
puerta
Por donde salir; y en fe
De haberle empeñado yo,
Y ser mi amigo tambien,
No sé, como llegue á verle,
Qué remedio puede haber.
D.ª Leon.
(Ap.) ¡Oh nunca hubiera inventado
La venganza que busqué,
Pues empezando de burlas,
Tan de véras viene á ser!
D. Ped.
Aquestas noches, Don Juan,
¿A qué hora os recogeis?
D. Juan.
Temprano. (Ap. Aquesto
es decirme
Que me vaya, y fuerza es.
En grande peligro dejo
A Don Alonso, por ser
Mi amigo. El estarme aquí
No es posible. Lo que haré,
Será estar siempre á la
mira
De lo que ha de suceder.)
Queda adios.
[p. 301]D. Ped.
Adios.—Alumbra
Al señor Don Juan, Inés.
D. Juan.
No habeis de salir de aquí.
D. Ped.
Yo sé bien lo que he de
hacer.
(Va Inés
alumbrando, y Don Pedro acompañando á Don Juan.)
D.ª Leon.
(Ap.) ¿Adónde Beatriz habrá,
Pues yo no lo puedo ver,
A Don Alonso escondido?
D.ª Beat.
(Ap.) ¡Que tantos sustos me dé
Un hombre que no conozco!
(Vuelve Don
Pedro, y Inés con la luz.)
D. Ped.
Entra aquesa luz, Inés,
En mi cuarto.
D.ª Leon.
(Ap.)Ahora sin duda
Da en su aposento con él.
D. Ped.
Entrad conmigo las dos,
Que os tengo que hablar.
(Suenan en la
alacena vidrios rotos; Inés, al oirlo, deja caer la luz.)
Mas ¿qué
Es aquello?
Inés.
El candelero
Se me cayó.
D. Ped.
¡Que no estés
Nunca, Inés, en lo que
haces!
Inés.
Sí estoy, señor.
(Vanse Don
Pedro y Doña Leonor.)
ESCENA XV.
BEATRIZ, INÉS.
D.ª Beat.
Oye, Inés.
Pues mi padre se recoge
[p. 302]Tan presto, haz al
punto que
Salgan de ahí aquesos
hombres,
Sin que lo llegue á
entender
Leonor.
Inés.
No lo entenderá.
Mas díme, ¿cómo ha de ser?
Que mi señor no bajó
Con Don Juan por ser
cortés,
Tanto como por cerrar
Las puertas.
D.ª Beat.
Procura hacer
Que salgan como pudieren.
(Vase.)
Inés.
Ya por donde salgan sé.
(Abre la
alacena.)
Mis aprensados señores,
Bien desdoblaros podeis.
ESCENA XVI.
DON ALONSO, MOSCATEL. —
INÉS.
D. Alon.
¡Vive Dios, que si no
fuera,
Pícaro, por no sé qué,
Que te matara!
Moscat.
No pude
Más, si los vidrios quebré,
Que eran vidrios en efecto.
Inés.
Venid conmigo.
D. Alon.
¡Ay, Inés!
Si fuera el susto por tí,
Fuera empleado más bien.
Moscat.
No fuera sino muy mal.
¿Que ahora de humor estés?
D. Alon.
No puedo conmigo más.
[p. 303]Vamos... Mas por no
perder
Ocasion, toma un abrazo.
Moscat.
(Ap.) Cordero en brazos de Inés,
El hombre le vió mil veces;
Pero sola aquesta vez
Es el abrazado el hombre,
Y el cordero el que lo ve.
Inés.
Salgamos presto de aquí.
D. Alon.
¿Quién dice que no?
Inés.
Que aunque
Mi señor cerró las puertas,
Bien salir los dos podeis.
Arrojáos, sin que os
sientan,
Por este balcon. Ea, pues.
D. Alon.
¿Eso tenemos ahora,
Inés? ¡Balconear, despues
De una alacena!
Inés.
Es forzoso.
Moscat.
Y diga la tal Inés,
¿Es muy alto?
Inés.
Del segundo
Cuarto no más. No
aguardeis.
D. Alon.
¿Mas que me quiebro una
pierna?
Hombres que enamorais, ved,
Si estos lances en quien
ama
Se dejan aborrecer,
En quien no ama, ¿qué será?
¡Mal haya quien quiere
bien!
[p. 304]
JORNADA TERCERA.
ESCENA PRIMERA.
DOÑA BEATRIZ. — INÉS.
D.ª Beat.
¿Qué dices?
Inés.
Digo que habiendo...
D.ª Beat.
¡Ay Dios! ¿Cómo, Inés, ha
sido?
Inés.
Los dos Luzbeles caido,
Llegaron con mucho
estruendo
Unos hombres, pretendiendo
Conocerlos; y despues
Repararon (tanta es
De amo y mozo la destreza)
El uno con la cabeza
Lo que el otro con los
piés.
D.ª Beat.
¿Quién, Inés, te lo contó?
Inés.
Relacion es de un criado
Del galan de pié quebrado
Cuanto he referido yo;
Que como cojo partió
Del salto del balcon, fuí
A verle á su casa.
D.ª Beat.
Y dí,
¿Quién le vulneró, ó le ha
herido?
Inés.
Aqueso no se ha sabido.
[p. 305]D.ª Beat.
¿Doliente, en fin, yace?
Inés.
Sí.
Pierna y cabeza llevó
Quebradas; aunque ya está
Mucho mejor.
D.ª Beat.
¿Quedará
Claudicante?
Inés.
¿Qué sé yo
Que es claudicante? ¡Que no
Has de perder vicio tal!
D.ª Beat.
¿Hay demencia? ¿Hay tosca
igual?
El claudicante no es
Hombre de alternados piés,
Sí el que ambula desigual.
Inés.
No sé lo que es, ni qué no;
Solo sé, de temor llena,
Que ha estado herido.
D.ª Beat.
Su pena,
¡Ay de mí! padezco yo.
Un hombre en mi cuarto
entró,
De mis ánsias informado,
Resuelto y determinado:
Accion fué que me obligó
Al compas que me ofendió;
Pues si ofensa el amor
piensa
Ser, la accion en mi
defensa
La construye obligacion:
Luego compatibles son
La obligacion y la ofensa.
Vino mi padre; y aquí
Trágica mi historia fuera,
Si cortés no obedeciera
Los preceptos que le dí.
Por mí escondido, por mí
[p. 306]Precipitado y
caido,
De otra mano quedó herido:
Pues si iguales llego á ver
Qué sentir y agradecer,
¿Cuál será lo preferido?
Inés.
Pues ¿qué pena es esta
ahora?
¿Qué tienes, que triste
estás?
D.ª Beat.
¿Qué quieres que tenga más?
Inés.
No le gastes á la aurora
Las blancas perlas ahora
Que ha de echar ménos
despues.
D.ª Beat.
¡Ay, Inés mia! ¡Ay, Inés!
Si tú guardarme quisieras
Un secreto, tú supieras
Mi tormento.
Inés.
Díle pues,
Que aunque siempre en mi
lugar
San Secreto esclarecido
Dia de trabajo ha sido,
Le quiero canonizar
Y hacer fiesta de guardar.
D.ª Beat.
Pues si eso ha de ser así,
Yo he de fiarme de tí.
A este galan caballero
Agradecer, Inés, quiero
Lo que ha pasado por mí;
Pero no quisiera que él
Sepa que lo siento yo,
Porque ser piadosa hoy, no
Es dejar de ser cruel.
A mi obligacion fïel
Y fiel á mi honor, que
intente
Saber dél mi fe consiente,
No por él, sino por mí.
[p. 307]Inés.
Claro está que será así.
(Ap. ¡Ay,
señores! que ya siente.)
D.ª Beat.
Quisiera que te llegaras,
Como que de tí salia,
A visitarle, Inés mia,
Y de su mal te informaras.
Inés.
¿Y qué más?
D.ª Beat.
Que le llevaras
Una banda, y le dijeras
Que tú la ladrona eras
Del favor.
Inés.
Está muy bien,
Y haré este papel tan bien,
Como tú misma le hicieras.
Dame la banda, y verás
Cuál mi chinelita anda.
D.ª Beat.
Yo voy, Inés, por la banda,
Pero mira que jamás
Nada á Leonor le dirás.
Inés.
Nada le diré á Leonor.
(Vase
Beatriz.)
ESCENA II.
DOÑA LEONOR. — INÉS.
Inés.
¡Victoria por el amor!
D.ª Leon.
¿De qué es el contento,
Inés?
Inés.
Yo te lo diré despues...
Pero primero es mejor,
Que reviento (te prometo),
Porque en Dios y mi
conciencia
Que hizo nuestra diligencia
En Beatriz un grande efeto.
[p. 308]D.ª Leon.
¿Qué fué?
Inés.
Encargóme un secreto,
Y fué haberme encomendado
Que le cuente de contado:
Claro es, pues cuando no
fuera
Por decirlo, lo dijera
Por habérmelo encargado.
De Beatriz la fantasía
Ya Don Alonso rindió:
En tal lenguaje la habló,
Que á pesar de su porfía,
Conmigo una banda envía.
En fin, en fin ha de ser
Mujer cualquiera mujer.
Por la banda quiero ir...—
Y aunque te lo he de decir
Yo, tú no lo has de saber.
D.ª Leon.
Digo que no lo sabré.
(Vase Inés.)
ESCENA III.
DON JUAN. — DOÑA LEONOR.
D. Juan.
Pues ya yo lo tengo oido:
Con esto quedo advertido
De cuán en vano esperé
La firmeza de tu fe.
Ahora veo que en amor
Número hay; pues en rigor,
Por no dejarte infeliz,
Crece un afecto en Beatriz,
Cuando ha faltado en
Leonor.
D.ª Leon.
Pues ¿en mí ha faltado? dí.
[p. 309]D. Juan.
En tí, Leonor, ha faltado;
Que aunque he sufrido y
callado
Mis desdichas hasta aquí,
Fué porque pensé hoy de tí
Que averiguarlas pudiera,
Sin que á tí te lo dijera;
Mas siendo fuerza
sentirlas,
No muera yo sin decirlas,
Ya que sin vengarlas muera.
Don Alonso, por tu gusto,
A hablar á Beatriz entró.
Ni arguyo ni pruebo yo
Si fué justo ó no fué
justo.
Por excusar su disgusto
A costa de su opinion,
Se arrojó por un balcon,
Cuando yo en la calle
estaba
A esperar en qué paraba
Su empeño. Fué en ocasion
El bajar, que habian
entrado
Dos hombres en ella; y yo
Me desvié, porque no
Les diese el verme cuidado.
Estando pues apartado,
Las cuchilladas oí,
Y á ellas al punto acudí;
Y por presto que llegué,
Ya los dos hombres no
hallé,
Y herido á mi amigo ví.
Mira si de mis recelos
Puede haber causa mayor,
Pues en su fingido amor
Ví mis verdaderos celos.
Testigos hago á los cielos
[p. 310]Del dolor que sentí
allí.
Quien acuchilla (¡ay de
mí!)
A quien sale de tu casa,
Bien dice que en ella pasa
Mi agravio. Por tí y por mí
Disimular he querido,
Como he dicho, hasta llegar
(¡Ay Leonor!) á averiguar
Quién ese galan ha sido:
Y viendo que no he podido
Y que son intentos vanos,
Porque mis celos villanos
No murmuren en mi mengua
Quiero que diga la lengua
Lo que no han hecho las
manos.
Quédate, ingrata, que no,
Pues que ya me he
declarado,
Me has de ver desengañado.
D.ª Leon.
¿No tengo una hermana yo
Que pueda ser causa?...
D. Juan.
No,
Que si tú hermana tuvieras
De quien amores supieras,
No culparla procuraras,
Pues no era bien la
acusaras
Ni de burlas ni de véras.
Y supuesto que has querido
Fingirla un galan, infiero
Que á tenerle verdadero,
No se le dieras fingido.
D.ª Leon.
Plegue al cielo...
D. Juan.
No te pido
Satisfacciones, Leonor.
D.ª Leon.
Ni estas lo son, que es
error,
[p. 311]Cuando nunca te he
ofendido.
D. Juan.
Pues que tú la causa has
sido,
Deja que muera mi amor.
(Vanse.)
Sala en casa
de Don Alonso.
ESCENA IV.
DON ALONSO, MOSCATEL.
Moscat.
Señor, ¿qué tienes? ¿Qué es
eso?
¿En qué piensas? ¿En qué
tratas?
¿En qué discurres? ¿En qué
Imaginas? Dí, ¿en qué
andas?
¡Tú melancólico! ¡Tú
Divertido! ¿Qué mudanza
Es aquesta? ¿Tan válida
Ha sido una cuchillada
Contigo, tanto consigue
Una herida, tanto alcanza
Un balcon, que han acabado
Contigo no hablar de
chanza?
D. Alon.
¡Ay de mí! que no sé, no,
Qué es lo que siento en el
alma,
Que es bien y parece mal,
Que es gusto y parece
ánsia.
Moscat.
¿Tú, señor, no me dijiste
Que no era tan afectada,
Como Don Juan te habia
dicho?
D. Alon.
Es verdad.
Moscat.
¿Tú no la alabas
De hermosa?
[p. 312]D. Alon.
Sí.
Moscat.
¿Tú no sientes
Que hombres en su calle
haya
Que acuchillen?
D. Alon.
No lo niego;
Pero tal tengo la causa.
Moscat.
Luego son celos.
D. Alon.
No son,
Que no se me diera nada
Que hubiera hombres, como
dieran
Celos, y no cuchilladas.
Fuera de que si yo fuí
A verla, fué por burlarla,
De Don Juan apadrinado;
Y fuera historia muy mala
Haberme llevado á ser
El burlado yo.
Moscat.
En la plaza
Un toricantano un dia
Entró á dar una lanzada,
De un su amigo apadrinado.
Airoso terció la capa,
Galan requirió el sombrero,
Y osado tomó la lanza
Veinte pasos del toril.
Salió un toro, y cara á
cara
Hácia el caballo se vino,
Aunque pareció anca á anca,
Porque el caballo y el
toro,
Murmurando á las espaldas
Se echaron dos melecinas
Con el cuerpo y con el
asta.
Cayó el caballero encima
Del toro, sacó la espada
[p. 313]El tal padrino, y
por dar
Al toro una cuchillada,
A su ahijado se la dió;
Y siendo de buena marca,
Levantóse el caballero,
Preguntando en voces altas:
«¿Saben ustedes á quién
Este hidalgo apadrinaba?
¿A mí, ó al toro?» Y
ninguno
Le supo decir palabra.
Aplica ahora: apadrinado
De Don Juan, fuiste á la
casa
De Beatriz, la suerte
erraste,
Y nadie á saber alcanza
Si era Don Juan tu padrino,
U de Beatriz.
D. Alon.
Calla, calla.
¡Qué mal aplicado cuento!
Moscat.
Bien ó mal, á Dios doy
gracias
De que ya no reñirás
Mi amor; pues que ya en la
danza
Entras tambien.
D. Alon.
Si es así,
Díme, ya que desta dama
Esté un hombre enamorado,
¿De qué servicio es
guardarla?
Moscat.
Eso no, que no se pierde
Tan presto una mala maña.
(Llaman
dentro.)
D. Alon.
Mira quién llama á esa
puerta.
Moscat.
¿Quién es?
[p. 314]ESCENA V.
INÉS. — DON ALONSO,
MOSCATEL.
Inés.
¿Está tu amo en casa,
Moscatel?
Moscat.
(Ap.¡Cielos! ¿qué
miro?
Inés es ésta.) ¡Ay ingrata!
(Hablan los
dos junto á la puerta.)
¡Viven los cielos, que
vienes
A verle!
Inés.
Pues ¿qué pensabas?
(Ap. Quiero
decir que es verdad,
Porque lo que más me agrada
Es dar celos de poquito.)
Sí, que le importa á mi
fama
Que Don Alonso conozca
Que sé cumplir mi palabra.
Moscat.
¡Bien honrado pundonor!
Inés.
Quita.
Moscat.
No has de entrar.
Inés.
Aparta.
D. Alon.
¿Quién habla contigo?
Moscat.
Nadie.
Inés.
Mientes, que álguien es
quien habla.
D. Alon.
Y muy álguien. ¡Inés mia!
Una y mil veces me abraza.
Inés.
Mil veces te abrazo y una,
Por pagarte en otras
tantas.
(Pellízcala
Moscatel.)
¡Ay!
D. Alon.
¿Qué es eso?
[p. 315]Inés.
Dióme un golpe
La guarnicion de tu daga.
D. Alon.
No dudo que tu venida
Sea á darme vida y alma;
Que aunque tú con Moscatel
Me respondiste enojada,
En fin, sabes que te
quiero,
Y no has de ser siempre
ingrata.
Inés.
Nunca lo fuí yo contigo;
Que á la primera palabra
Dije que á verte vendria.
D. Alon.
¡Pícaro! ¿Pues tú me
engañas?
Moscat.
¿Yo, señor?
D. Alon.
¡Viven los cielos,
Que he de matarte á
patadas!
Moscat.
(Ap.) Cumplióse el refran; mas no,
Que mandarme bailar falta.
Inés.
(Ap.) En sabiendo á lo que vengo,
Moscatel se desengaña.
Duren los celos un poco.
Moscat.
¡Vive Dios! ¿De una
picaña?...
Inés.
Pícaro, hablad con respeto:
Mirad que soy vuestra ama.—
A solas quisiera
hablarte. (A Don Alonso.)
Moscat.
(Ap.) ¡A solas!
D. Alon.
Salte allá, y guarda
Esa puerta.
Moscat.
(Ap.)¡Yo la puerta!
¡Viven los cielos!
D. Alon.
¿Qué hablas?
Moscat.
Que soy leal, y no tengo
De consentir tal infamia,
Que por una picarona
Exceso ninguno hagas,
[p. 316]Y se aventure tu
vida.
D. Alon.
¿De cuándo acá tanto
guardas
Mi salud? Salte allá fuera.
Moscat.
No me saldré, si me matas;
Que esto conviene á tu
vida.
D. Alon.
Nunca te he visto con tanta
Lealtad.
Moscat.
Guardéla otras veces
Para esta ocasion.
D. Alon.
Ya basta.
(Échale á
empellones.)
ESCENA VI.
DON ALONSO. — INÉS.
D. Alon.
Ya estás sola: vuelve,
Inés,
A abrazarme.
Inés.
Aunque culpada
Me has hecho en venir á
verte,
Por la opinion de mi ama
Ha sido, no porque vengo,
Como dije, por tu causa.
D. Alon.
No sé qué quieras decirme.
Inés.
Dirélo en breves palabras.
Beatriz, habiendo sabido
Como hubo unas cuchilladas,
De donde herido saliste,
A la puerta de su casa;
De tu herida condolida,
De tu término obligada,
Y de tu salud dudosa,
Te envía toda esa banda.
[p. 317]Favor es suyo,
aunque ella
Me mandó que no llegaras
A saber que te la envía.
Con esto, adios.
D. Alon.
Oye, aguarda.
¿Beatriz se acuerda de mí?
¿Beatriz siente mis
desgracias?
¿Beatriz me envía favores?
Novedad se me hace extraña.
Inés.
A mí no, porque en sabiendo
Que era tu voluntad falsa,
Supe que sería dichosa;
Que por no acertar en nada,
Más con nosotras merece
Quien finge, que no quien
ama.
ESCENA VII.
MOSCATEL. — Dichos.
Moscat.
(Ap. al
paño.) ¡Qué mal descansa un celoso!
¡Qué mal un triste
descansa!
Mis penas veré; que ménos
Es verlas, que imaginarlas.
D. Alon.
Inés bella, pues Beatriz
Hoy de extremo á extremo
pasa,
Pase yo de extremo á
extremo;
Que aunque fineza no haga
De enamorado, de noble
La he de hacer. Aquí te
aguarda
A que la escriba un papel.
(Vase.)
Moscat.
(Ap. Él se
entra en esotra cuadra:
Descanse mi corazon.)
[p. 318]Tigre fregatriz de
Hircania,
Vil cocodrilo de Egipto,
Sierpe vil, leon de
Albania,
¿Tendrá mi lengua razones,
Tendrán mis labios palabras
Para quejarse de tí?
Inés.
No.
Moscat.
Pues si voces me faltan,
Tenga mi mano licencia
De darte de bofetadas
Siquiera.
Inés.
No quiera hacer
Tu mano tal; que ya bastan
Las burlas, que todo ha
sido
Por sólo tomar venganza.
Picon fué.
Moscat.
Pues los picones
Si juegan, muden baraja
O truequen la suerte. Dame
Los brazos.
Inés.
De buena gana.
(Sale Don
Alonso.)
D. Alon.
¿Qué es esto?
Inés.
Esto es abrazar
En mi tierra.
Moscat.
Ha sido tanta
La alegría de haber visto
Que ya esa fiera se ablanda
(La curiosidad perdona,
Si he escuchado cuanto
hablas),
Que le dí á Inés este
abrazo,
En albricias de la banda.
D. Alon.
Toma, Inés, este papel
Que le has de dar á tu ama,
[p. 319]Y para tí este
diamante.
Inés.
Vivas edades más largas
Que claro está que es el
fénix
Suegra mentira de Arabia.
(Vase.)
Moscat.
Ea, hagamos, señor,
cuentas,
Que no he de quedar en
casa.
D. Alon.
¿Por qué, Moscatel?
Moscat.
Porque
Amo no quiero que ama,
Y que no me acude á mí
Por acudir á su dama.
D. Alon.
¡Bien el haberte sufrido
Tantas locuras, me pagas!
Moscat.
Esto ha de ser.
ESCENA VIII.
DON JUAN. — DON ALONSO,
MOSCATEL.
D. Juan.
¿Qué ha de ser?
D. Alon.
Irse quiere de mi casa.
D. Juan.
¿Por qué, Moscatel?
Moscat.
Porque
Ha hecho la mayor infamia,
La mayor ruindad, mayor
Bajeza, mayor...
D. Juan.
Acaba,
¿Qué ha sido?
Moscat.
Hase enamorado.
Mira si tengo harta causa.
D. Alon.
En esta locura ha dado,
Por haber visto con cuánta
Fineza sirvo á Beatriz
[p. 320]Por vos.
D. Juan.
Al amor doy gracias
Que ese cuidado dió fin,
Y han cesado ya mis ánsias.
D. Alon.
Pues ¿cómo de aquese empeño
Libre estais?
D. Juan.
Como se acaba
Hoy mi amor.
D. Alon.
Pues ¿y Leonor?
D. Juan.
Leonor de mi pecho falta;
Que como amor es fortuna,
Sujeto vive á mudanzas.
D. Alon.
Habeis de ir allá conmigo.
D. Juan.
Yo no he verla ni hablarla
En mi vida.
D. Alon.
Por Beatriz
He de volver á su casa,
Y á su calle á hablarla y
verla
Por la tarde y la mañana,
Siendo yo el descalabrado,
Y vos la cabeza sana;
¿Y no ireis?
D. Juan.
No, porque herida
Más penetrante y tirana
Son mis celos, porque son
Mortal herida del alma.
D. Alon.
Pues troquemos las heridas;
Que yo primero tomara
Sea mortal ó venial,
Tener hoy descalabrada
El alma, que la cabeza.
Y esto bien claro se saca
Del efecto, pues si curan
En falso una herida, mata;
[p. 321]Y á los celosos da
vida
Cualquier cura, aunque sea
falsa.
D. Juan.
En fin, Don Alfonso, sea
Con poca ó con mucha causa,
No he de volver á poneros
En la confusion pasada.
D. Alon.
Ni por mí habeis de
dejarlo,
Que á mí no se me da nada.
D. Juan.
Por mí lo dejo y por vos,
Porque vuestra herida
basta.
D. Alon.
De una herida no
escarmientan
Caballos de buena casta.
D. Juan.
Yo no he de volver allá,
Ni á su calle, ni á su
casa.
D. Alon.
Pues cuando por vos no sea,
Por ver si á saber se
alcanza
Quién me ha herido, he de
volver.
D. Juan.
Cuando importe á vuestra
fama,
Desde acá fuera podremos
Hacer diligencias várias.
D. Alon.
Yo más pretendo, Don Juan,
Buena opinion con las damas
Que con los hombres; y no
Es bien que mujer tan vana
Como Beatriz, de mí
piense...
D. Juan.
Yo sabré desengañarla
De todo.
D. Alon.
Don Juan, Don Juan,
Hablemos verdades claras.
Yo he de ir á ver á
Beatriz.
Moscat.
(Ap.) ¡Hablara para mañana!
Y dirá que miento yo.
D. Juan.
Si eso os importa, ¿qué os
falta?
Id vos muy en hora buena.
[p. 322]D. Alon.
¿Cómo, sin que las espaldas
Me guardeis vos y Leonor?
D. Juan.
Yo no he de volver á
hablarla.
D. Alon.
Esto habeis de hacer por
mí;
Que no es cosa tan extraña,
Por hacer tercio á un
amigo,
Volver á hablar una dama.
D. Juan.
Por vos, Don Alonso, haré
Lo que en mi vida pensaba.
Ahora bien, por vos iré,
Mas mirad ántes que vaya,
Que hay alacena.
D. Alon.
¿Qué importa?
Moscat.
Que hay balconazo.
D. Alon.
Que haya.
Moscat.
Que hay cuchillada.
D. Alon.
Eso no:
Fuera de que si amor traza
Que por sola una mentira
Me sucedan cosas tantas,
Vengan ya, por ser
verdades,
Alacena y cuchilladas.
(Vanse.)
Calle.
ESCENA IX.
DON DIEGO, DON LUIS.
D. Diego.
Ya sabeis la voluntad
Con que siempre os he
servido.
D. Luis.
Conozco vuestra amistad
[p. 323]Y sé, Don Diego,
que ha sido
Con fineza y con verdad.
D. Diego.
Pues no me tengais á exceso
Una reprension.
D. Luis.
No haré.
D. Diego.
Aquel pasado suceso...
D. Luis.
¿Quereisme decir que fué
Locura? Yo lo confieso;
Porque haber á un hombre
herido,
Que conmigo no ha tenido
Lances de competidor,
No trae disculpa mejor.
Fuerza es remediarlo, pues
Quien lleva ya en sus
recelos
Perdido el miedo á los
celos,
No se le tendrá despues.
D. Diego.
Y ahora ¿qué habeis de
hacer
De lo que ya se trató?
Pues es cierto que á saber
Vuestros intentos llegó
Don Pedro.
D. Luis.
¿Qué hay que temer?
Deshácese un casamiento,
Siendo santo sacramento,
Despues que se efectuó,
¿Y no le desharé yo,
Sin efectuarle?
ESCENA X.
DON PEDRO. — DON DIEGO, DON
LUIS.
D. Ped.
(Ap.)Atento
A este hielo que me abrasa,
[p. 324]A este, que me
hiela, ardor,
A lo que en mi agravio pasa
Y al respeto de mi honor,
Tan tarde salgo de casa.
A Don Luis pretendo hablar;
Que mejor es acabar
De una vez con mi recelo,
Que no esperar que un
mozuelo,
Que es fábula del lugar,
Se me atreva. Él viene
aquí.
¡Cuánto de verle me alegro
Galan y noble! Este sí.
D. Diego.
Vuestro suegro viene allí.
D. Luis.
Pues huyamos de mi suegro.
D. Ped.
Señor Don Luis, informado
De vuestros deudos he
estado
De que honrar habeis
querido
Mi casa; y agradecido,
Como es justo, os he
buscado
Para mostrar cuánto estoy
Ufano de merecer...
D. Luis.
Señor Don Pedro, yo soy
El que las dichas de ayer
Tiene por disculpas hoy.
Confieso que me atreví
A tanto empeño, y que fuí
Venturoso en tanto empeño,
Pues ser destas honras
dueño
Por lo ménos merecí.
Pero fuí tan desdichado
En estas dichas, señor,
Que para tomar estado,
Un nuevo empeño de honor
Lo ha deshecho y lo ha
estorbado.
[p. 325]D. Ped.
¿De honor empeño (Ap. ¡Ay
de mí!)
Os retira desto?
D. Luis.
Sí.
D. Ped.
Pues ¿cómo? ¿En qué (Ap. Estoy
mortal.)
Puede á Beatriz estar mal?
D. Luis.
Que no lo entendeis así;
Que de vuestro enojo, no
De mis disculpas ha sido
El honor bien entendido.
D. Ped.
¿De qué suerte?
D. Luis.
Porque yo,
Señor, habiendo sabido
Que su Majestad (que el
cielo
Guarde por sol desta
esfera,
Por planeta deste suelo)
Con su católico celo
Sale aquesta primavera;
Y sabiendo como hacía
Gente un señor, de quien
fuí
Deudo por ventura mia;
Que me honrase le pedí
Con alguna compañía.
Hámela dado: este ha sido
El empeño que he tenido
Para no tomar estado;
Que el que es marido y
soldado,
No es soldado ó no es
marido.
Si yo volviere, señor,
Entónces con más valor
Me podeis hacer feliz;
Porque hoy casar con
Beatriz
No le está bien á mi honor.
(Vanse Don
Luis y Don Diego.)
[p. 326]ESCENA XI.
DON PEDRO.
«¡Porque hoy casar con
Beatriz
No le está bien á mi
honor!»
¡Válgame el cielo! ¿Qué ha
sido
Lo que he visto y lo que he
oido?
Poco siento (¡ay
infeliz!)...
—Pero afligirme es error:
Si en aquel caso consiste
Su honor, miente mi temor.
¿Que en fin, cuanto piense
un triste,
Siempre ha de ser lo peor?
(Vase.)
Sala en casa
de Don Pedro.
ESCENA XII.
BEATRIZ, INÉS.
D.ª Beat.
Inés, ¿cómo el papel
tomaste?
Inés.
Como
Todo cuanto me dan, señora,
tomo.
D.ª Beat.
¡Sin duda le dirias
Que de mi parte ibas!
Inés.
Desconfías
De mí sin causa, porque yo
he callado
Que era tuya la banda, y el
recado
Callé por tu respeto,
[p. 327]Como suelo callar
cualquier secreto.
D.ª Beat.
Pues Inés, ¿á qué efeto,
Si es así, me has traido
Papel?
Inés.
(Ap.¡Vive el Señor,
que me ha cogido!
Mas yo me soltaré.) Que le
trajera,
Me dijo, y que si acaso
hallar pudiera
Ocasion, te le diese.
Yo le tomé, porque de mí
creyese
Cuán de su parte estaba;
Que puesto que una banda le
llevaba
Hurtada, que era tuya, bien
crêria
Que un papel, que es más
fácil, te traeria.
D.ª Beat.
Esa satisfaccion algo me
agrada.
Inés.
Aquesto es dar satisfaccion
honrada.
Leonor, señora, viene.
D.ª Beat.
Pues que el papel me vea no
conviene.
ESCENA XIII.
DOÑA LEONOR. — DOÑA
BEATRIZ, INÉS.
D.ª Leon.
Bien pudiera yo ahora
Decir con mayor causa
(¿quién lo ignora?)
«¿Qué idioma fué misivo el
que en lineado
Papel ocultas en tu manga
ajado?»
D.ª Beat.
Y yo tambien pudiera
Decir que en vano
preguntarlo fuera:
Pues quien saber no quiere
Lo que quiero decir, saber
no espere
Lo que callarle quiero.
(Retírase,
quedándose oculta detras de una puerta.)
D.ª Leon.
Inés, ¿qué es esto?
[p. 328]Inés.
Por hablarte muero.
D.ª Leon.
Díme presto, ¿qué ha sido
Este papel?
Inés.
¡Qué poco te he debido!
¿No aguardaras siquiera
A que sin preguntar te lo
dijera?
Que se me hace conciencia,
te prometo,
La pregunta llevar por un
secreto.
(Entreabre la
puerta Doña Beatriz.)
D.ª Beat.
(Ap.) Mal segura, escuchar desde aquí quiero
Qué hablan las dos.
Inés.
Fuí á verle, y lo primero
Le dije que Beatriz me lo
mandaba.
D.ª Leon.
Bien hiciste.
D.ª Beat.
(Ap.)Y yo mal, pues me fiaba
De quien con Leonor en
chismes anda.
Inés.
Lo segundo, en su nombre dí
la banda.
D.ª Beat.
(Ap.) ¡Ay infeliz! ¡Qué he oido!
D.ª Leon.
En esa cuadra hay ruido.
Inés.
Don Juan es el que ha
entrado.
D.ª Leon.
Pues ¿cómo, si de aquí se
fué enojado,
Diciendo que en su vida no
me habia
De ver?
Inés.
¿Que estés tan nueva
todavía,
Que no sepas que cuando
está un amante
Diciendo, más furioso y
arrogante:
«No he de volver á verte,
ingrata bella»,
Es cuando muere por volver
á vella?
D.ª Beat.
(Ap.)
Ya que á escuchar mis penas
he empezado,
Acabe de escucharlas mi
cuidado.
[p. 329]ESCENA XIV.
DON JUAN, DON ALONSO,
MOSCATEL. — DOÑA LEONOR, INÉS; DOÑA BEATRIZ, oculta.
D. Juan.
Pensarás que me han traido
A verte, Leonor, y hablarte
Mis celos, porque los celos
(Perdona el civil lenguaje)
Son ordinarios de amor,
Que así llevan como traen.
Pues no, Leonor, no he
venido
Para que me desengañes;
Porque el desaire de amor
Es hablar en el desaire.
Con otra ocasion he vuelto
A pisar estos umbrales,
Porque nunca les faltó
Ocasion á los pesares.
Don Alonso, á quien tú
hiciste
De Beatriz fingido amante,
Sucediéndole en tu casa
Con desaire el primer
lance;
Pero atento á que no
piensen
De Beatriz las vanidades
Que el no volver aquí es
De escarmentado y cobarde,
Me ha pedido que le traiga
A verla. ¿Cómo negarle
Puedo yo lo mismo á él,
Que él no me negó á mí
ántes?
D.ª Leon.
En notable obligacion
[p. 330]Le estais: forzoso
es pagarle.
D. Juan.
Él viene, Leonor, á esto;
Y porque en aquesta parte
Nunca piensen mis
desdichas,
Nunca sospechen mis males,
Nunca imaginen mis penas
Que fué gana de buscarte,
En la calle me estaré
En tanto que á Beatriz
hable,
Y deste escrúpulo leve,
Y desta materia fácil
Desempeñe su opinion,
Su crédito desengañe.—
Don Alonso, entrad; y pues
Ya el sol, helado cadáver,
Agonizando entre sombras,
De la noche en brazos yace,
Hablad á Beatriz, y ved
Que aquí Don Pedro no os
halle.
D.ª Leon.
Aguarda, Don Juan, espera.
D. Juan.
¿Qué quieres, Leonor, que
aguarde?
D.ª Leon.
Disculpas.
D. Juan.
Serán en vano.
D.ª Leon.
Desengaños.
D. Juan.
Son en balde.
(Vase.)
D.ª Leon.
Tras él iré.—Don Alonso,
Luégo vuelvo. Perdonadme,
Que Don Juan está celoso,
Y es fuerza desengañarle.
(Vase.)
D. Alon.
¿Mas que me voy sin hablar
A Beatriz?
Moscat.
No dirás ántes:
¿Mas que entramos en
aprieto
Al pasado semejante?
[p. 331]D. Alon.
Inés, díme, ¿donde está,
Para que en tanto la hable,
Beatriz?
ESCENA XV.
DOÑA BEATRIZ. — DON ALONSO,
MOSCATEL, INÉS.
D.ª Beat.
Aquí está Beatriz,
Escuchando los ultrajes
De una vil hermana, de un
Falso amigo, de un infame
Criado, una criada aleve,
Y de un cauteloso amante.
¡Que entre Leonor y Don
Juan,
Inés y Moscatel, no halle,
Si no consuelo á mis penas,
Disculpa á mis disparates!
Sólo en esta parte intento,
Sólo quiero en esta parte,
Como quejosa ofenderme,
Como ofendida quejarme
Del mayor de mis agravios,
Y no el menor de mis males.
¿Tan pocas las partes son
De mi hacienda y de mi
sangre,
Tan pocas de mi persona
(Decirlo tengo) las partes
Que hay, que si un hombre
hubiera
Que atrevido me mirase,
Fuese, con fingido amor,
Quererme á mí por burlarme?
¡A mí por...!
[p. 332]D. Alon.
Beatriz hermosa,
Si de tus pesares sales
Tan airosa como ahora,
Con pagar finezas tales,
Fácil es el desengaño.
D.ª Beat.
¿Cómo el desengaño es
fácil,
Cuando el quererme es por
burla?
D. Alon.
Si atiendes, con
escucharme.
Tal vez por burla se atreve
Uno al mar, sin que presuma
(Viéndole jardin de espuma,
Viéndole selva de nieve)
Que hay peligro en él; y en
breve
Selva y jardin con horror
Le anegan; y así es amor:
Luego en placer y pesar,
Si no hay burlas con el
mar,
No hay burlas
con el amor.
Tal vez por burla ó ensayo
Polvorista artificial
Hace un rayo material,
Y forja contra sí el rayo,
Cuando con mortal desmayo
Muere á su violento ardor.
Rayo es amor en rigor
Contra su artífice: luego,
Si no hay burlas con el
fuego,
No hay burlas
con el amor.
Tal vez desnuda un amigo
La espada para esgrimir
Con otro, y le viene á
herir
Como si fuera enemigo.
Su destreza es su castigo;
Y así, usar della es error.
[p. 333]Espada amor en
rigor
Es: luego desenvainada,
Si no hay burlas con la
espada,
No hay burlas
con el amor.
Tal vez por burla, mirando
Doméstica y mansa ya
Una fiera, un hombre está
Con ella, Beatriz, jugando.
Cuando más la halaga
blando,
Volver suele á su furor.
Fiera es amor en rigor:
Luego si, ya lisonjera,
No hay burlas con una
fiera,
No hay burlas
con el amor.
Por burla al mar me
entregué,
Por burla el rayo encendí,
Con blanca espada esgrimí,
Con brava fiera jugué;
Y así, en el mar me anegué,
Del rayo sentí el ardor,
De acero y fiera el furor:
Luego si saben matar
Fiera, acero, rayo y mar,
No hay burlas
con el amor.
D.ª Beat.
A ese argumento...
ESCENA XVI.
DOÑA LEONOR, alborotada.
— DOÑA BEATRIZ, INÉS, MOSCATEL.
D.ª Leon.
¡Ay de mí!
Huyendo salió á la calle
[p. 334]Don Juan: y
miéntras le daba
Voces, ví entrar á mi
padre.
Esconder importa ahora...
D.ª Beat.
No, Leonor, porque ya es
tarde...
D.ª Leon.
A Don Alonso...
D.ª Beat.
Que hoy
Ha de saber cuanto pase,
Mi padre, aquí, y tus
engaños
Se han de saber.
D.ª Leon.
Cuando trates
Tú decirlo, yo sabré
Culparte á tí y
disculparme.
Y así, puesto que las dos
Corremos el riesgo iguales,
Iguales, Beatriz, busquemos
El remedio.
D.ª Beat.
Por mostrarte
A proceder bien, lo haré;
Que es fuerza estar de tu
parte.
Moscat.
Alacena como iglesia
Pido.
D. Alon.
Eso no haré yo, que
ántes...
Inés.
Él entra ya.
D.ª Beat.
Este aposento
Hoy de su vista te guarde.
Moscat.
Y á mí me guarde tambien.
D. Alon.
(Ap.) ¡Qué pesados son los lances
De amor hijo de familias!
Moscat.
Inés, avisa en la calle
Que ya estamos escondidos:
Que haya quien nos
descalabre.
(Escóndense
los dos.)
[p. 335]ESCENA XVII.
DON PEDRO. — DOÑA BEATRIZ,
DOÑA LEONOR, INÉS; DON ALONSO y MOSCATEL, ocultos.
D. Ped.
¡Tan tarde, y no han
encendido!
Haz tú que unas luces
saquen.
Inés.
Ya las tengo prevenidas.
D. Ped.
(Ap.) ¡En mi cara tal desaire!
¡A mis ojos tal afrenta!
Cielos piadosos, ó dadme
Paciencia, ó dadme la
muerte.
D.ª Beat.
Señor, ¿qué tienes?
D.ª Leon.
¿Qué traes?
D. Ped.
Tengo honor, y traigo
agravios...
Aunque miento en esta
parte;
Que yo no soy quien los
traigo:
Ellos vienen á buscarme
Dentro de mi casa misma.
D.ª Leon.
(Ap.) ¡Ay de mí! todo se sabe.
D.ª Beat.
Pues ¿no me dirás, señor,
De qué esos extremos nacen?
D. Ped.
De tus locuras, Beatriz;
Que ya es fuerza
declararme,
Viendo que por tí se atreve
Hoy un mozuelo arrogante
Al honor de aquesta casa.
D.ª Leon.
(Ap.) Ya no hay cosa que no alcance.
D.ª Beat.
¿Yo, señor?
Moscat.
(Ap. al
paño.)Malo va esto.
D. Ped.
Sí, pues por tí Don Luis
hace
Desprecios della y de mí.
[p. 336]D.ª Beat.
(Ap.) Convaleciendo va el lance.
D.ª Leon.
(Ap.) Eso sí, cobre mi aliento.
ESCENA XVIII.
DON JUAN. — DON PEDRO, DOÑA
BEATRIZ, DOÑA LEONOR, INÉS; DON ALONSO y MOSCATEL, ocultos.
D. Juan.
(Ap. Un caso
bien puede errarse
De una vez; pero de dos
La una, no le yerra nadie.
No he de esperar á que
cierren
Las puertas, y despues baje
Por el balcon Don Alonso:
Remediarlo pienso ántes.)
Señor Don Pedro, si en vos
Hoy la amistad de mis
padres
Hereda la obligacion
De mi casa y de mi
sangre...
D.ª Leon.
(Ap.) ¿Qué es lo que intenta Don Juan?
D.ª Beat.
(Ap.) Muerta estoy hasta escucharle.
D. Juan.
Os obliga en un aprieto
A valerme y ampararme.
De vuestra casa á las
puertas
Me ha sucedido un desaire
Con tres hombres, y me
importa
No volver solo á buscarles.
Muy bien sé que puedo á vos
Atreverme y declararme,
Porque sé que es vuestro
pecho
El Etna, que dentro arde,
Aunque cubierto de nieve.
D. Ped.
No paseis más adelante;
[p. 337]Que ya sé que es
ley precisa
De mi honor y de mi sangre
En esta edad, no dejar
A hombre que de mí se vale.
Vamos.
D. Juan.
En fin, sois quien sois.—
En llevando yo á tu padre,
Leonor, echa á Don
Alonso. (Ap. á ella.)
D. Alon.
(Ap.
asomándose á la puerta del cuarto donde entró.)
Estos son los que matarme
Quisieron. No me está bien
Ir con ellos ni quedarme.
D. Ped.
Esperad, pues ya es de
noche,
Que de aquesta sala saque
Un broquel, prenda olvidada
De mi mocedad.
D. Juan.
Sacadle
Presto.
(Don Pedro
entra en el cuarto donde está Don Alonso.)
D.ª Beat.
Él se ha empeñado más,
Por donde pensó librarse.
D. Ped.
(Dentro.) ¿Quién está aquí dentro?
D. Alon.
(Dentro.)Un hombre.
(Salen del
cuarto Don Pedro, Don Alonso y Moscatel.)
Moscat.
Dice bien, porque no es
nadie
El otro que está con él.
D. Ped.
Don Juan, pues que yo á
ayudarte
Iba contra tu enemigo,
Obligacion es más grande
El ayudarme tú á mí,
Cuando la causa es más
grave.
Este hombre ofende mi
honor,
Y á mí me importa matarle.
[p. 338]D. Alon.
Don Juan, en tan grande
empeño
La obligacion tuya sabes.
Mi vida y la destas damas
Es preciso que yo ampare.
D.ª Leon.
¡Ay de mí!
D.ª Beat.
¡Infelice soy!
D. Juan.
(Ap.) ¿Quién vió empeño semejante?
D. Ped.
(A Don Juan.) ¿Te suspendes?
D. Alon.
(A Don Juan.)¿Ahora dudas?
D. Ped.
Mas soy bastante á vengarme
Sin tí.
(Riñen, y Don
Juan se pone en medio.)
D. Juan.
Tente, Don Alonso.—
Tente, señor.
D. Ped.
Pues ¿tú paces
Pones?
D. Alon.
Pues ¿tú contra mí
Tan viles extremos haces?
ESCENA XIX.
DON LUIS, DON DIEGO.
— Dichos.
D. Luis.
(Dentro.) Cuchilladas hay en casa
De Don Pedro.
D. Diego.
(Dentro.)Más no aguardes.
Entremos, Don Luis.
D. Luis.
(Dentro.)Tenéos.
D. Ped.
Gente viene.
D. Alon.
¡Duro trance!
(Salen Don
Luis y Don Diego.)
D. Luis.
¿Qué es esto?
D. Ped.
Esto es, Don Luis,
[p. 339]Satisfacer el
ultraje
Que te oí; pues si no está
Bien á tu honor el casarte
Con Beatriz, al mio está
bien
Satisfacer y vengarme.
D. Luis.
Ahí verás que no sin causa
Traté yo de disculparme,
Quizá por haber tenido
Algun empeño en la calle.
D. Alon.
Sin duda, que tú me
heriste.
D. Luis.
Es verdad.
D. Alon.
Yo he de vengarme.
D. Juan.
Pues quiere el cielo que
así
Hoy mis celos desengañe,
Viva Leonor en mi pecho:
Ya es forzoso que la guarde
Contra tí.
D. Ped.
Don Juan, Don Juan,
En aquesta casa nadie
Ha de defender mis hijas,
Sino quien con ellas case.
D. Alon.
Esa palabra te tomo.
D. Juan.
Pues el remedio es tan
fácil,
Yo soy de Leonor.
D. Alon.
Y yo
De Beatriz.
D. Ped.
Fuerza es que calle;
Que ya sucedido el daño,
Nada puede remediarse.
Moscat.
En fin, el hombre más
libre,
De las burlas de amor sale
Herido, cojo, y casado,
Que es el mayor de sus
males.
Inés.
En fin, la mujer más loca,
[p. 340]Más vana y más
arrogante,
De las burlas del amor,
Contra gusto suyo sale
Enamorada, y rendida,
Que es lo peor.
Moscat.
Inés, dame
Esa mano: si ha de ser,
No lo pensemos, y acaben
Burlas de amor, que son
véras.
D. Alon.
No se burle con él nadie,
Sino escarmentad en mí.
Todos del amor se guarden,
Y perdonad al poeta,
Que humilde á esas plantas
yace.
[p. 341]
MAÑANAS DE ABRIL Y MAYO.
[p. 342]
PERSONAS.
Don Juan.
Don Pedro.
Don Hipólito.
Don Luis.
Arceo, gracioso.
Pernía, escudero
vejete.
Doña Clara.
Doña Ana.
Doña Lucía, dueña.
Inés, criada.
La escena pasa en Madrid.
[p. 343]
JORNADA PRIMERA.
Sala en casa
de Don Pedro.
ESCENA PRIMERA.
DON JUAN embozado;
ARCEO, con una luz en un candelero.
Arceo.
Ya he dicho que no está en
casa
Mi señor, y es, caballero
O fantasma, ó lo que sois,
En vano esperarle, puesto
Que no sé á qué hora vendrá
A acostarse.
D. Juan.
Yo no puedo
Irme de aquí sin hablarle.
Arceo.
Pues en el portal, sospecho
Que estareis mucho mejor.
D. Juan.
Mejor estaré aquí dentro.
Arceo.
Muerto de capa y espada,
Que tan pesado y tan necio
Has dado en andar tras mí
Rebozado y encubierto,
Agradécele al Señor
Que te tengo mucho miedo;
Que si no, yo te pusiera
[p. 344]A cuchilladas muy
presto
En la calle.
D. Juan.
No lo dudo;
Mas no os turbeis: de paz
vengo.
De Don Pedro soy amigo,
Sosegaos...
Arceo.
¡Lindo sosiego!
D. Juan.
Y sentaos aquí.
Arceo.
Yo estoy
En mi casa, y si yo quiero
Me sentaré.
D. Juan.
Pues estad
Como quisiéredes.
Arceo.
Cierto
Que sois fantasma apacible
Y que teneis mil respetos
Del Convidado de piedra.
D. Juan.
Decidme, ¿qué hace Don
Pedro
Fuera de casa á estas
horas?
¿Diviértele amor ó juego?
Arceo.
Juego ó amor le divierte.
D. Juan.
Todo es uno, á lo que
pienso,
Pues amor y juego, en fin,
Son de la fortuna imperios.
¿Anda de ganancia ahora?
Arceo.
Yo de pérdida me veo.
D. Juan.
¿Está desfavorecido?
Arceo.
No lo sé.
D. Juan.
¿Pues sus secretos
No fía de vos?
Arceo.
No fía,
Sino presta algunos dellos.
(Ap. ¿No
bastaba entremetido
Sino pregunton?)
[p. 345]ESCENA II.
DON PEDRO. — DON JUAN,
ARCEO.
D. Ped.
¿Qué es esto?
Arceo.
(A D. Juan.) Esperad en hora mala
En la calle ó el infierno,
Si no quereis...
D. Ped.
Díme, loco,
¿Qué ha sido?
Arceo.
Vienes á tiempo;
Que si un poco más
tardaras,
A ese embozado, sospecho
Que le echo por la ventana
Tan alto, que deste vuelo,
Ya que no siete-durmiente,
Uno-volante, primero
Que volviera, se mudaran
Los trajes y los dineros,
Y se hablaran otras
lenguas.
D. Ped.
¿Quién es?
Arceo.
No lo sé; mas pienso
Que es algun hombre casado
Que viene á verte
encubierto,
Pues no se ha dejado ver
La cara.
D. Ped.
Pues, caballero,
¿A quién buscais así?
D. Juan.
A vos.
D. Ped.
Decid, ¿qué quereis?
D. Juan.
Dirélo
En quedando solos.
[p. 346]Arceo.
¿Ves,
Si digo bien?
D. Ped.
Majadero,
Salte allá fuera.
Arceo.
En buen hora.
(Ap. Porque
aunque ir á parlar tengo
Con Doña Lucía, la dueña
De mi vecina, más quiero
Ser hoy criado que amante,
Y he de estarme aquí, por
serlo,
Escuchando cuanto
digan.) (Vase.)
ESCENA III.
DON JUAN, DON PEDRO.
D. Ped.
Ya estoy solo, y sólo
espero
Que me digais, qué quereis.
D. Juan.
Cerrad la puerta.
D. Ped.
Suspenso
Me teneis. Ya está cerrada.
D. Juan.
(Desembózase.)
Pues ahora, á esos piés
puesto,
Me dad, Don Pedro, los
brazos.
D. Ped.
¡Don Juan, amigo! ¿Qué es
esto?
¿Cómo os atreveis á entrar
Así en Madrid, sin que el
riesgo
De vuestra vida mireis?
D. Juan.
Como la muerte no temo:
Así no guardo la vida;
Que ya, de tratarlas, tengo
Con la compañía perdido
A mis desdichas el miedo.
[p. 347]Ya sabeis (como
quien fué
Por la vecindad, tercero
De mi desdichado amor)
Aquel venturoso tiempo
Que amé á Doña Ana de Lara,
Cuyo divino sujeto
Se coronó de hermosura,
Se laureó de entendimiento.
Ufano con mi esperanza,
Y con su favor soberbio,
Viví. En esto no me alabo,
Antes me desluzco en esto;
Que en materias de favores
Es tan desdichado el
premio.
Que es el que los goza más,
El que los merece ménos.
Ya sabeis que viento en
popa
Este amor, este deseo,
En el mar de la fortuna
Tuvo de su parte al cielo,
Hasta que, alterado el mar,
El bajel del pensamiento
En piélagos de desdichas
Corrió tormenta de celos.
Una noche... Ciegamente
Lo que vos sabeis os
cuento;
Pero dejad que lo diga,
Ya que es el pesar tan
necio,
Que repetirle el dolor
Es repetirle el consuelo.
Una noche pues salí
De su casa yo, creyendo
Que para mí solo estaba
El falso postigo abierto
[p. 348]De un jardin,
cuando, llegando
A abrirle (¡ay Dios!) por
de dentro,
Hácia la parte de afuera
Torcer otra llave siento.
Suspendo la accion, y á un
lado
Me retiro, por si puedo
Mis celos averiguar,
Si es que han menester los
celos,
Para estar averiguados,
Más diligencia que serlo.
Entreabrieron el postigo,
Y á la poca luz que dieron
Las estrellas en la calle,
Entrar solo un hombre veo
Que sin luz y sin razon,
Andaba dos veces ciego.
Bien le pudiera matar
A mi salvo entónces; pero
Quise apurar la malicia
A mis desdichas, y quedo
Me estuve un rato. ¡Mal
haya
Tan curioso sufrimiento!
Él, tentando las paredes
(Que no estaba, no, tan
diestro
Como yo en ellas, que habia
Estudiádolas más tiempo),
Llegó á tropezar en mí;
Y desalumbrado, viendo
Que habia gente en el
portal,
Dijo atrevido y resuelto:
«No puede haber aquí nadie,
Que matarlo ó conocerlo
No me importe: otro no
tenga
Las dichas que yo no
tengo».
[p. 349]No sé qué le
respondí,
Y los dos con un esfuerzo
Hasta la calle salimos,
Donde los dos cuerpo á
cuerpo
Reñimos, hasta que igual
Partió la fortuna el duelo
Entre los dos (¡ay de mí!);
Pues á quien me dió primero
Celos, le dí yo la muerte,
Como quien dice: «Hoy
intento
Que sea paz de nuestra lid,
O morir, ó tener celos;»
Y dándome lo peor,
Quedé celoso, y él muerto.
Al ruido de las espadas
Llegó la justicia luégo,
Y yo, apelando á los piés
De la ejecucion que
hicieron
Las manos, me puse en
salvo;
Mas no tanto, que cogiendo
Un criado, que esperaba
Con un rocin en el puesto,
No dijese á la justicia
Quién era. Sólo por esto
Son señores los señores,
Que al fin se sirven de
buenos.
Con esta declaracion
Me ausenté; mas no pudiendo
Vivir ausente y celoso,
Desta manera me he vuelto
A Madrid, y confiado
En vuestra amistad, me
atrevo
A venirme á vuestra casa;
Y escarmentado en efecto
[p. 350]De la lengua de un
criado,
Me he recatado del vuestro.
Aquí estaré algunos dias,
Sólo hasta saber si puedo
Ver á Doña Ana, por quien
Tantas desdichas padezco;
Que aunque es verdad que
ofendido
Estoy, la estimo y la
quiero
Tanto, que sólo á quejarme
Hoy á la corte me vuelvo,
Por ver si acaso (¡ay de
mí!)
Se disculpa; que si llego
(Hablándola alguna noche,
Siendo vos sólo el tercero)
A oir satisfaccion (que
ántes
Que ella la diga, la creo),
Me iré á Flándes, consolado
De que sus disculpas llevo,
Que haciendo amistades,
sean
Camaradas de mis celos.
Porque así estaré seguro,
Que ni el pesar ni el
contento
Me maten: bien como aquel
Que está herido de un
veneno,
Y otro veneno le cura;
Que este es el último
extremo
De un hombre celoso, pues
No puede, ni yo lo creo,
Hacer de su parte más
Que decir: «Quejoso vengo
A creer cuanto digais;
Y pues que vivir no puedo,
Hacer que muera del gozo,
Si he de morir del
tormento.»
[p. 351]D. Ped.
En dos empeños me pone
La merced que me habeis
hecho
De valeros desta casa
Y de mí, y es el primero
El ampararos en ella;
Y así cortésmente ofrezco
Casa, hacienda, honor y
vida,
Don Juan, al servicio
vuestro.
El segundo es ayudaros
En vuestro amor. Para esto
Y para todo, es forzoso
(Supuesto que él ha de
veros)
Fiaros dese criado;
Que aunque ha poco que le
tengo,
Tengo dél satisfaccion.
No hablo ahora en vuestro
pleito;
Que ya sabeis que un Don
Luis
De Medrano, que era deudo
Del muerto, es quien se ha
mostrado
Parte.
D. Juan.
Ya nos conocemos
Los dos.
D. Ped.
Pues esto dejado
(Porque en efecto no quiero
Hablaros en penas hoy),
De Doña Ana lo que puedo
Deciros es que ni el rostro
La he visto desde el suceso
Desa noche, ni en ventana,
Ni en iglesia, ni en paseo
De Prado y calle Mayor;
Que es mucho para mí,
siendo,
Como soy, vecino suyo.
D. Juan.
Fineza es, Don Pedro. Pero
[p. 352]¿Quién puede á mí
asegurarme
Que es por mí, y no por el
muerto
Ese luto que ha vestido
Su hermosura?
D. Ped.
Mas ¡qué presto
A lo que le está peor
Discurre el entendimiento!
D. Juan.
¿Qué quereis? Es más
honrado
El mal que el bien.
D. Ped.
No lo entiendo.
D. Juan.
Yo sí, pues dudo del bien
Cuanto dice, y del mal creo
Cuanto imagina; y mirad
Cuál es más honrado, puesto
Que uno siempre está
tratando
Verdad, y otro está
mintiendo.
Pero lo que de la noche
Restaba al nocturno velo
Se ha desvanecido ya,
De la hermosa luz huyendo
Del sol. Recogeos, y haced
Del dia noche.
D. Ped.
No puedo,
Porque tengo á aquestas
horas
Que hacer, y ántes
agradezco
Haberme hallado vestido.
D. Juan.
Desvelado galanteo
Teneis, pues os recogeis
Tan tarde y volveis tan
presto.
D. Ped.
Ando por averiguar,
Don Juan amigo, unos celos,
Por dejar desengañada
Una pretension que tengo;
Y he de ir al Parque,
porque
[p. 353]Su apacible sitio
ameno
De las flores y las damas
Es el cortesano imperio
Estas mañanas de
Abril
Y Mayo, y he de ir siguiendo
Esta dama. Vos podeis
Descansar en tanto.—Arceo.
ESCENA IV.
ARCEO. — DON JUAN, DON
PEDRO.
Arceo.
Señor.
D. Ped.
Haz que luego al punto
Se haga en aqueste aposento
Una cama, y esto sea
Con recato y con silencio;
Que importa que nadie sepa
Que al señor Don Juan
tenemos
En casa: y de tí lo fío
Solamente.—Adios.
(Vase.)
Arceo.
Tú has hecho
Conmigo lo que se suele
Con los galeotes; y es
cierto,
Pues dellos nada hay seguro
Sino lo que se fía dellos.
D. Juan.
Yo me recaté de vos,
Arceo, hasta conoceros.
(Vanse.)
[p. 354]Calle.
ESCENA V.
DOÑA CLARA é INÉS, con
mantos y sombreros.
Inés.
¿En fin, has dado en que
has de ir
Al Parque?
D.ª Clar.
¿Quieres saber
Si puede dejar de ser,
Inés? Pues has de advertir
Que me ha dicho que no vaya
A él Don Hipólito; y creo
Que fué alentar mi deseo
Para que más presto le
haya;
Pues si ayer, cuando me
habló,
Que viniera me dijera,
Presumo que no viniera;
Y sólo porque llegó
A persuadirse que habia
De obedecerle, me ha dado
Tal gana, que he madrugado
Dos horas ántes del dia.
Inés.
No es en nosotras hoy nueva
Esa culpa, ese pecado;
Que pecar en lo vedado
Es el patrimonio de Eva.
Pero no sé lo que diga
Deste amor, deste deseo
De los dos, porque no creo
Lo que á los dos os obliga.
Don Hipólito es un hombre,
Por loco y por maldiciente
[p. 355]Conocido de la
gente
Más que por su propio
nombre;
Tú (perdona que lo diga),
Mujer, en justo ó injusto
Muy amiga de tu gusto,
De tu libertad amiga.
Él á todos quiso bien,
Tú á todos quisiste mal:
Díme, ¿amor tan desigual,
Cómo ha de parar en bien?
D.ª Clar.
Pensarás que me he enojado,
Inés, por haberme dicho
Su capricho y mi capricho,
Y ántes gran gusto me has
dado;
Porque no hay para mí cosa
Como hombres de extraños
modos;
Y que al fin me tengan
todos
Por vana y por caprichosa.
¡Qué! ¿quisieras que
estuviera
Muy firme yo y muy
constante,
Sujeta sólo á un amante,
Que mil desaires me hiciera
Porque se viera querido?
Eso no: el que he de
querer,
Con sobresalto ha de ser,
Miéntras que no es mi
marido.
Y así por dársele hoy
A Don Hipólito, quiero
Ir al Parque, donde espero,
Porque disfrazada voy,
Pasear, hablar, reir,
Preguntar y responder,
Ser vista en efecto y ver;
Porque no se ha de admitir
[p. 356]Al amante más fïel
Por el gusto que ha de
dar...
Inés.
Pues ¿por qué?
D.ª Clar.
Por el pesar
Que yo le he de dar á él.
Inés.
Y tienes mucha razon;
Con lo cual hemos llegado
A la calle, que fué prado,
En virtud del azadon.
D.ª Clar.
Pues bajemos por aquí
A la de Álamos, que es
Arrendajo del Pajés.
Inés.
Parece que cantan.
D.ª Clar.
Sí.
(Cantan
dentro.)
Mañanicas
floridas
De Abril y
Mayo,
Despertad á
mi niña,
No duerma
tanto.
Parque del
palacio de Madrid.
ESCENA VI.
DON LUIS, DON HIPÓLITO.
D. Luis.
Sólo haceros compañía,
Don Hipólito, pudiera
Vencer de mi pena fiera
La grave melancolía.
D. Hipól.
Por divertiros yo á vos
[p. 357]De vuestro primo en
la muerte,
Os traigo de aquesta suerte
Al Parque, donde los dos
Divirtamos la mañana.
D. Luis.
Más hermoso el sol parece,
Porque embozado amanece
Entre nubes de oro y grana.
D. Hipól.
Desde aquí podemos ver
La gente que va bajando.
¡Qué tierno va enamorando
Don Sancho allí á la mujer
De aquel letrado, su amigo!
D. Luis.
Que es amistad, no se
ignore,
Porque otro no la enamore.
D. Hipól.
A un pleito está aquí, y yo
digo
Que parecer tomará
De los dos, pues le
conviene
Verla á ella por el que
tiene,
Como á él por el que dará.
D. Luis.
Maldiciente estais. ¿Que no
Os reduzca yo?
D. Hipól.
Advertid
Que no hay hombre hoy en
Madrid
De mejor lengua que yo.
Aquella ¿no es Flora?
D. Luis.
Sí.
D. Hipól.
Harto es que á fiesta de á
pié
Haya venido.
D. Luis.
¿Por qué?
D. Hipól.
Porque en mi vida la ví
Sino en coche. Por aquesta
Fué por quien se ha
presumido
Que le dijo á su marido:
«Con lo que la casa cuesta
[p. 358]De alquiler,
echemos coche.»
Y volviéndola á decir:
«¿Pues dónde hemos de vivir
Y estar el dia y la noche?»
Dijo: «Si el coche tuviera,
Sin casa vivir podia,
En el coche todo el dia,
Y de noche en la cochera.»
D. Luis.
Eso es como lo que pasa
A Doña Clara de Ovalle;
Pues viviendo hácia la
calle,
La sobra toda la casa.
D. Hipól.
Es verdad; y cierto dia,
Cumpliendo el plazo, el
casero
Vino á pedirle el dinero
De la casa en que vivia.
Y ella dijo: «¿Hay tal
traicion?
¿Esta desvergüenza pasa?
Aunque yo alquilo la casa,
No vivo sino el balcon.»
D. Luis.
¡Qué diera porque os oyera!
D. Hipól.
Por eso no lo oirá, no;
Que anoche la dije yo
Que de casa no saliera.
ESCENA VII.
DOÑA CLARA, INÉS. — DON
LUIS, DON HIPÓLITO.
D.ª Clar.
Mejor mañana no ví
En mi vida.
Inés.
Ni yo, á fe.
Pero tápate.
[p. 359]D.ª Clar.
¿Por qué?
Inés.
Don Hipólito está allí.
D. Luis.
¿Habeis visto en vuestra
vida
Mujer más airosa?
D. Hipól.
No,
Ni al Parque jamás salió
Más aseada y bien prendida.
D. Luis.
Pues la donada, por Dios,
Que no es muy mala.
D. Hipól.
Embistamos
Esta empresa, pues estamos
En el campo dos á dos.
Inés.
(Ap. á su
ama.) Don Hipólito y Don Luis
Llegan á hablarnos.
D.ª Clar.
Repara
En que de ninguna suerte
Respondas una palabra;
Que no quiero que los dos
Me conozcan.
Inés.
Si tapadas
Estamos, y en este traje,
Que es en el que todas
andan,
¿Cómo te han de conocer?
D.ª Clar.
Si le respondo, en el
habla;
Que persuadirse que puede
Estar segura una dama
Solamente con taparse,
Es bueno para la farsa,
Mas no para sucedido.
D. Hipól.
(A Doña
Clara.) Señora Doña tapada,
Que á honrar el festin
alegre
Que hoy la primavera traza
En este verde salon
(Donde vivas flores danzan
[p. 360]Al són del agua en
las piedras
Y al són del viento en las
ramas)
De rebozo habeis venido,
Dad licencia cortesana
A un hombre para que os
diga
Que ha sido accion excusada
Madrugar tanto, supuesto
Que árbitro del sol y el
alba
Esa negra sutil nube
Trae consigo la mañana;
Y á cualquier hora que vos
Descubriérades la llama,
Amaneciera, y tuviera
Luz el dia, aliento el
aura.
¿No me respondeis? ¡Por
señas
Me hablais! No me
desagrada.
¿Ni áun para pedir no
hablais?
¿No? Pues sois la mejor
dama
Que he visto en toda mi
vida.
Albricias me pide el alma
De que me ha deparado una
Mujer que no pide, y calla.
D. Luis.
(A Inés.) ¿Y vos tambien profesais
La religion cartujana?
¡Linda cosa! ¡Vive Dios,
Que ha dos mil años que
andaba
Buscándôs! Mas que seais
Tuerta, zurda, coja ó
manca,
Pedigüeña, melindrosa,
Contrahecha, roma ó calva,
Desde aquí por vos me
muero.
D. Hipól.
(A D.ª
Clara.) Ya que me negais el habla,
Como si hubiera reñido
Con vos, mostradme la cara.
[p. 361]¿Ni eso tampoco?
Mirad
Que dais á entender que es
mala.
¿Es verdad? Yo no lo dudo:
Mas mujer tan extremada
No ha menester perfeccion
Mayor, que no hablar
palabra.
Mas si yo no entiendo mal,
Eso es decir que me vaya.
Pero veis aquí que yo
No quiero entenderos nada;
Que en mi vida he sido
mudo,
Y muy poco se me alcanza
Desto de hablar por la
mano.
¿Qué haceis? ¡Volverme la
espalda!
Arte de enseñar á hablar
A los mudos, oye, aguarda.
(Vanse las
dos.)
D. Luis.
No ví mujer en mi vida
De mejor gusto.
D. Hipól.
Su casa
Sepamos; que vive el cielo,
Que he de verla y he de
hablarla
Hoy en ella, hasta saber
En qué este embeleco pára.
D. Luis.
Sigámosla pues.
D. Hipól.
Sigamos;
Que ya veis cuánto me
arrastra
Una mujer tramoyera,
Pues el serlo sólo es causa
De que á Doña Clara ame;
Y aquesta, si no me engaña
La pinta, lo es mucho más
Que la misma Doña Clara.
(Vanse.)
[p. 362]Sala en casa de
Doña Ana.
ESCENA VIII.
ARCEO, DOÑA LUCÍA.
D.ª Luc.
No me tienes que decir;
Que no te has de disculpar
De hacerme anoche esperar.
Arceo.
No pude anoche venir,
Vive Dios, Doña Lucía.
D.ª Luc.
Pues ¿qué tuviste que
hacer?
Arceo.
Si eso pudieras saber,
Supieras que la fe mia
Te trata verdad.
D.ª Luc.
¿Pues qué es,
Que yo saberlo no puedo?
Arceo.
No es nada.
D.ª Luc.
Ofendida quedo
Dos veces de tí, porque
No venir anoche á verme,
Hoy venir y no fiarme
Un secreto, es agraviarme,
Arceo.
Arceo.
No sé qué hacerme.
¡Eh! no haya secreto
entero,
Que eres dueña y soy
criado.
Anoche entró rebozado
En mi casa un caballero,
Por mi señor preguntando
(Mas que has de callar
advierte).
Éste pues, por una muerte
Ausente está, y aguardando
[p. 363]A mi señor, me
detuvo
(Nadie en fin lo ha de
saber),
Pues hasta el amanecer
Hablando con él estuvo.
Luégo en casa se quedó,
Donde dice que ha de estar
(Mira que lo has de callar)
Escondido, y sólo yo
Lo sé; que en fin soy
secreto.
Don Juan de Guzman se
llama.
De la casa de una dama
(Que esto no oí bien en
efeto),
Saliendo una noche, dió
A un caballero la muerte.
Y en fin está desta suerte
Retirado, donde no
Lo saben más que los dos.
Y pues me fío de tí,
Esto no salga de aquí.
¡Bendito sea mi Dios,
Que salí deste cuidado!
D.ª Luc.
Y yo por él, darte quiero
Los brazos.
(Abrázale.)
Arceo.
Más bien espero.
ESCENA IX.
PERNÍA. — DOÑA LUCÍA,
ARCEO.
Pernía.
(Ap.) A muy mal tiempo he llegado.
¿Hay tan gran bellaquería?
Arceo.
Pernía á los dos nos vió.
D.ª Luc.
Poco importa, porque no
[p. 364]Es muy celoso
Pernía.
Mas véte de aquí.
Arceo.
Sí haré,
Y corriendo como un potro.
(Vase.)
Pernía.
Doña Lucía, si otro
Entrara, como yo entré,
¡Estaba bueno el honor
Desta casa! A mi señora
He de contar cuanto ahora
Pasa, pues de tu rigor
Vengarme, ingrata, hoy
espero.
Hecho estoy un fuego, un
rayo.
¿De cuándo acá así un
lacayo
Se prefiere á un escudero?
D.ª Luc.
Unas cartas me ha traido
Este hombre de un hermano
Que está en las Indias; y
es llano
Que el abrazo el porte ha
sido,
Pues sólo te quiero á tí.
Pernía.
Pues trueca el modo, cruel,
Y desde hoy quiérele á él,
Y dame el abrazo á mí.
D.ª Luc.
(Abrazándole.)
Sí abrazaré (Ap. Procurando
Hacer que calles.)
supuesto...
Mas ¡mi señora!
ESCENA X.
DOÑA ANA, con manto.
— DOÑA LUCÍA, PERNÍA.
D.ª Ana.
¿Qué es esto?
Pernía.
Es que andan aquí
abrazando.
[p. 365]D.ª Luc.
Hame traido Pernía
Nuevas de un hermano mio,
Y gozoso mi albedrío
Tales extremos hacía.
Pernía.
Es, señora, caso llano,
Y creerla te conviene.
(Ap. Para cada
abrazo tiene
Doña Lucía un hermano.)
D.ª Ana.
(A Pernía.) Salga, y mire si está puesto
El coche; que es hora ya
(Vase á
espacio Pernía.)
De ir á misa. ¿Pues no va
Presto?
Pernía.
Aquesto ¿no es ir presto?
(Vase.)
ESCENA XI.
DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA.
D.ª Luc.
¿Tú, señora, tan dejada
Del aliño y la belleza,
Que, fuera de la tristeza,
Vives de tí descuidada?
D.ª Ana.
No hay consuelo para mí,
Ni me has de ver en tu vida
Sino triste y afligida.
D.ª Luc.
Pues ¿qué remedias así?
D.ª Ana.
¿Quién te ha dicho que yo
quiero
Remediar, sino sentir?
Aunque si llego á advertir
Que es el remedio primero
Del mal el sentir el mal;
Por sentirle más, no sé
[p. 366]Si el sentirle
dejaré;
Pues es mi desdicha tal.
Que apeteciendo el morir
Sin pretender resistirle,
Por no dejar de sentirle
Le dejara de sentir.
Desde el dia que á Don Juan
En mi casa sucedió
Aquella desdicha (y yo
Veo que todos me dan
La culpa sin merecella),
Tan muerta y tan otra
estoy,
Que áun sombra mia no soy.
D.ª Luc.
Si tan noble como bella,
Tu perfeccion me asegura
De callarlo, yo diré
Que adónde está Don Juan,
sé.
D.ª Ana.
¡Qué neciamente procura
Tu lisonja divertir
Mi mal!
D.ª Luc.
Yo sé dónde está;
Y aunque tú no lo oigas, ya
Lo tengo yo de decir.
Don Juan á Madrid llegó
(Mas que lo calles te
pido),
Y está en la casa escondido
De nuestro vecino. Yo
Lo sé, porque una criada
Me lo ha dicho ahora á mí.
Pero no salga de aquí:
Ya ves que es cosa pesada.
D.ª Ana.
¡Qué dices!
D.ª Luc.
Lo que es verdad.
D.ª Ana.
Siendo dicha mia, no sé
[p. 367]
Si algun crédito la dé,
Siendo esa temeridad.
ESCENA XII.
DOÑA CLARA é INÉS, con
mantos y sombreros. — DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA.
Inés.
(Hablando
aparte con su ama á la puerta.)
¿Qué es lo que tu pasion
hacer procura?
D.ª Clar.
¿Qué? Llevar adelante una
locura;
Que aunque nada importara
El verme Don Hipólito de
Lara,
Por lo que se ha picado,
No ha de salir hoy, no,
deste cuidado.
Inés.
Que hay aquí gente, mira.
D.ª Clar.
¿Faltará á una mujer una
mentira
Que la saque de otra?—Dama
hermosa,
(A Doña Ana.)
Si quien dice mujer, dice
piadosa,
Un rato (mal mi pena
significo)
Que me dejeis entrar aquí,
os suplico,
Miéntras un hombre pasa
Esa calle: sagrado vuestra
casa
Sea de mi cuidado,
Pues casa de deidad siempre
es sagrado.
D.ª Ana.
Holgaréme por cierto
Que sea, no sagrado, sino
puerto,
Pues la congoja vuestra
Bien que os importa el
ocultaros muestra.
D.ª Luc.
Un hombre aquí se ha
entrado.
D.ª Clar.
¡Ay Dios, que es mi marido!
Y pues me ha dado
Vuestra piedad licencia,
[p. 368]Aquí he de
retirarme. Con prudencia
Haced que una criada le
despida,
Porque me va la fama, honor
y vida.
D.ª Ana.
Pues decid...
D.ª Clar.
Nada espero.
(Éntranse
Doña Clara é Inés, dejando aquella su sombrero á Doña Ana.)
D.ª Ana.
Turbada me dejó con su
sombrero.
D.ª Luc.
Yo voy tras ella, porque no
sea ganga,
Y se eche alguna sábana en
la manga.
(Vase.)
ESCENA XIII.
DON HIPÓLITO. — DOÑA ANA.
D. Hipól.
Perdonad que la esfera,
Dosel florido de la
primavera,
Donde son vuestros bellos
resplandores
La primera oficina de las
flores,
Pisar mi pié presuma,
Calzado más de plomo que de
pluma.
D.ª Ana.
(Ap. Disimular,
fingiendo enojo, intento.)
¿Quién os dió para tanto
atrevimiento,
Caballero, osadía?
D. Hipól.
Yo la tomé de la ventura
mia;
Que hasta veros, divina
Deidad, vencer la nube que,
cortina
De humo, ocultaba el fuego,
Descanso no tuviera; y así
ciego
Con el humo pasado,
Y ahora desos rayos
abrasado,
Llorar y arder presumo:
[p. 369]Arder del fuego,
pues lloré del humo.
D.ª Ana.
No entiendo, caballero,
Estilo tan cortés y
lisonjero,
Ni sé qué causa he dado
Para que desta suerte
hayais entrado
En mi casa. Si esfera
La llamais de la hermosa
primavera,
No introduzcais en ella tal
desmayo,
Que espire su esplendor
ántes del rayo.
Si humo seguís, que en
sombras se resuelve,
No lo espereis; que el humo
nunca vuelve.
Y si buscais el fuego,
No os acerqueis á él, y
volveos luego;
Que no vive enseñado á
acciones tales
El antiguo blason destos
umbrales.
D. Hipól.
Vos, ni veros ni oiros
En el Parque dejasteis, y
el seguiros
A riesgo de ofenderos,
Tambien fué por oiros y por
veros.
Y ahora advierto que fuera
accion piadosa
Oiros discreta, cuando os
miro hermosa;
Porque si allí, sin veros
os oyera,
A la dulce armonía
suspendiera
El alma y el sentido
Desa voz, que es veneno del
oído;
Y si hermosa os mirara
Sin oiros discreta, aquí
postrara
Alma y vida en despojos
Desa luz, que es veneno de
los ojos.
Y así, porque no muera al
advertiros
Tan hermosa, me da la vida
oiros;
Y así, porque no muera al
conoceros
Tan discreta, me da la vida
el veros:
De suerte que mi vida
[p. 370]
Está de un daño en otro
defendida.
Quedad con Dios, en fin;
porque no quiero,
Ya que he sido atrevido,
ser grosero;
Pues ser grosero culpa mia
habrá sido,
Y vuestra lo ha de ser ser
atrevido.
(Vase.)
D.ª Ana.
¿Hay cosa semejante?
¡Que éntre un hombre marido
y salga amante,
Y de sus mismas penas
descuidado,
Llegue celoso y vuelva
enamorado!
ESCENA XIV.
DOÑA LUCÍA, DOÑA CLARA,
INÉS. — DOÑA ANA.
D.ª Clar.
¿Fuése?
D.ª Ana.
Sí.
D.ª Clar.
Tus piés pido.
D.ª Ana.
Vos teneis un finísimo
marido.
D.ª Clar.
Harto á Dios lo que paso en
eso ofrezco,
Pues sabe Dios lo que con
él padezco.
D.ª Ana.
Creyó en fin que era yo
(¡raro suceso!)
La dama que siguió; que áun
para eso
Sirvió el sombrero y el
estar con manto,
Y el ser los trajes
parecidos tanto;
Que, como en los conceptos
repetidos,
Se encuentran tambien dos
en los vestidos.
ESCENA XV.
PERNÍA. — Dichas.
Pernía.
Ya está el coche
esperándote, señora.
D.ª Ana.
Lucía, mira ahora
[p. 371]La calle.
D.ª Luc.
Bien podrás seguramente
Salir.
D.ª Clar.
Aquesa vida el cielo
aumente.
D.ª Ana.
Ved si serviros puedo
En otra cosa.
D.ª Clar.
Yo obligada quedo...
(Ap. á Inés. Y
no sé si ofendida,
Pues lo que no pensé en
toda mi vida
Que suceder pudiera,
Que es tener celos yo
(¿quién tal creyera?),
Acaso ha sucedido.)
Inés.
Pues díme, ¿qué has
sentido?
D.ª Clar.
Que haya este hombre á otra
parte enamorado,
Y en mi misma presencia
requebrado.
(Vanse Doña
Clara é Inés.)
D.ª Ana.
Nada oigo, nada miro, nada
siento
Que para mí no sea otro
tormento.
D.ª Luc.
¿Pues qué tienes ahora?
D.ª Ana.
Ver que en todos la suerte
se mejora,
En todos convalece,
Y sólo en mí de cualquier
mal fallece.
Cuando es culpada, halla
esta la salida;
Así inocente pierdo yo la
vida;
Porque no está la culpa en
que la culpa
Se cometa, sino en no
hallar disculpa.
(Vanse.)
[p. 372]Sala en casa de
Don Pedro.
ESCENA XVI.
DON PEDRO, por la
puerta derecha, y DON JUAN por la izquierda, que
es la de su aposento.
D. Ped.
Seais, Don Juan, bien
hallado.
D. Juan.
Vos, Don Pedro, bien
venido.
¿Cómo en el Parque os ha
ido?
D. Ped.
Mal.
D. Juan.
¿Cómo?
D. Ped.
Como no he hallado
La dama que iba á buscar;
Y creo que son desvelos
De otro amante, cuyos celos
Ando por averiguar,
Para que desengañado
Cure con dolor al pecho;
Que es mi amigo el que
sospecho
Y está ya desconfiado.
D. Juan.
¿Es Doña Clara la dama?
D. Ped.
Sí.
D. Juan.
¿Y el galan?
D. Ped.
Es un hombre
De buena opinion y nombre:
Don Hipólito se llama.
Y, esto para otro lugar,
Vos, ¿qué habeis hecho?
D. Juan.
Sentir,
Desesperarme, morir,
Sin poderlo remediar.
Decid, ¿qué traza daremos
[p. 373]Para que logre mi
fe
Ver á Doña Ana?
D. Ped.
No sé;
Que no hay verla. Mas
pensemos
Si habrá por dónde.
ESCENA XVII.
ARCEO. — DON JUAN, DON
PEDRO.
Arceo.
Señor,
Don Hipólito, un tu amigo,
Te busca ahí fuera. Testigo
No puede venir peor,
Que él dirá cuanto supiere.
D. Juan.
Por lo que puede pasar,
Presente tengo de estar
A cuanto aquí sucediere,
A vuestro lado.
D. Ped.
No es justo
Que os vea: á vuestro
aposento
Os retirad.
D. Juan.
Mucho siento...
D. Ped.
Don Juan, hacedme este
gusto.
(Retíranse
Don Juan y Arceo.)
ESCENA XVIII.
DON HIPÓLITO. — DON
PEDRO; despues DON JUAN y ARCEO.
D. Hipól.
¿Qué hay, Don Pedro? ¿Cómo
estais?
D. Ped.
A vuestro servicio. ¿Y vos?
[p. 374]D. Hipól.
Al vuestro.
D. Ped.
Pues ¿qué mirais?
D. Hipól.
Si hay aquí más que los
dos.
D. Ped.
No. ¿Qué quereis?
D. Hipól.
Que me oigais.
Esta mañana salí
A ese verde hermoso sitio,
A esa divina maleza,
A ese ameno paraíso,
A ese Parque, rica alfombra
Del más supremo edificio,
Dosel del cuarto planeta,
Con privilegios de quinto,
Esfera en fin de los rayos
De Isabel y de Filipo;
Desde cuyo heroico asiento,
Siempre bella, siempre
invicto
Están, católicas luces,
Dando resplandor al indio,
Siendo en el jardin del
aire
Ramilletes fugitivos.
D. Ped.
(Ap.) ¿En qué parará el venir
A contar lo que yo he
visto?
(Salen Don
Juan y Arceo al paño.)
D. Juan.
(Ap.) Sin duda sabe que allí
Hoy á su dama ha seguido,
Y viene quejoso dél.
De todo estaré advertido.
D. Hipól.
De cuantas al alba dieron
Envidia, en varios
corrillos
Tejiendo corros sin órden,
Dando vueltas sin aviso,
Una embozada hermosura
Tal ventaja á todas hizo,
[p. 375]Que oscureció con
su sombra
Las demas luces. Yo he
visto
Salir al campo á traer
rosas
De sus jardines floridos,
Pero á dejar rosas, no,
Sino hoy, que al
desperdicio
De un pié debió el campo
cuantas
Fueron al contacto activo,
Quedando blancos jazmines,
Quedando marchitos lirios.
Bajaba por una cuesta
Una mujer (¡qué mal digo!),
Un encanto, sí, embozado,
Disfrazado, sí, un hechizo.
El sutil manto en celajes,
Ya oscuros y ya distintos,
O negaba ó concedia
El rostro. ¿Cuándo ha
salido
Más hermosa el alba, cuándo
Se mostró el sol más
lucido,
Que cuando el alba entre
sombras,
Que cuando el sol entre
visos
Da recateada la luz,
Y anda dudoso el sentido,
Haciendo apuesta entre sí,
Si lo ha visto ó no lo ha
visto?
D. Ped.
(Ap.) Todo esto vendrá á parar
En que Doña Clara ha sido,
Por venir á hablar en ella.
D. Juan.
(Ap.) ¡Oh qué cansados estilos!
D. Hipól.
Coronaba sobre el manto
Los bien descuidados rizos
Airoso un blanco sombrero,
Por una parte prendido
[p. 376]De un corchete de
diamantes
Sobre un penacho, que hizo
Lisonja al aire, diciendo
A sus halagos rendido:
«Pues inclinada la frente,
Sí á cuanto me dicen digo,
Mejor que mi dueño, yo
Sé obligarme de suspiros.»
El talle era bien sacado,
Y de buen gusto el vestido
Más que rico; pero si era
De buen gusto, ¿qué más
rico?
Dejo aquí, por no cansaros,
Lo que en el Parque
tuvimos,
Y voy á que la seguí
A su casa, que atrevido
Entré en ella, que ví al
sol
Cara á cara, que rendido,
Lo que ántes diera por
verla,
Diera por no haberla visto
Despues; porque de sus
rayos
Mariposa mi albedrío,
Entró enamorando el riesgo,
Salió halagando el peligro.
Esta pues mal lisonjeada
Beldad... Turbado lo digo.
Arceo.
(Ap.) ¡Aquí es ello!
D. Juan.
(Ap. á
Arceo.)Escucha.
D. Ped.
(Ap.)Ahora
Se va á declarar conmigo.
D. Hipól.
Es una vecina vuestra.
Esa pared sola ha sido
La que su esfera divide;
Y pues que, como vecino,
[p. 377]Es fuerza...
D. Juan.
(Ap.)¡Ay de mí! ¿Qué escucho?
D. Ped.
(Ap.) ¿Qué haré, si Don Juan lo ha oido?
D. Hipól.
Que sepais quién es,
decidme
Su nombre; porque atrevido
Pienso adorar su belleza,
Y para todo es arbitrio
Entrar, Don Pedro,
informado,
Y más de tan buen amigo.
D. Juan.
(Ap. á
Arceo.) Estaba por responderle
Yo...
Arceo.
Detente.
D. Ped.
(Ap. ¿Quién se
ha visto
En igual duda? ¿Qué haré?
Si es quién es, aquí le
digo,
Será alentar su esperanza;
Si lo niego, es desvarío,
Pues podrá saberlo de otro:
Si el amor le significo
De Don Juan, su honor
ofendo.
Mas queden con buen estilo
Un amor desengañado,
Un honor seguro y limpio
Y atajados unos celos
Con la verdad, sin peligro
De no decir la verdad.
Mucho haré si lo consigo.)
Don Hipólito, pues ya
Vuestra relacion he oido,
Oidme á mí, y agradeced
De que tan á los principios
Os halle este desengaño.
La dama que habeis seguido,
Doña Ana de Lara es,
[p. 378]Y más que por su
apellido,
Ilustre por su virtud;
Que esa casa que habeis
dicho,
Es el templo de la fama.
Paréceme desvarío
Seguir este galanteo;
Que os aseguro, os afirmo
Que intentais un imposible.
D. Hipól.
Yo noticia os he pedido,
No consejo; y pues la
llevo,
Quedad con Dios; que si
altivo
Muriere mi pensamiento,
Osado y desvanecido
De atrevimiento tan noble,
¿Qué más premio que el
castigo?
(Vase.)
ESCENA XIX.
DON JUAN. — DON PEDRO.
D. Juan.
Decidme ahora, Don Pedro,
Que el sol apénas ha visto
En esta ausencia á Doña
Ana.
Mas direis bien, si ha
salido
De su casa ántes que el
sol,
A ser del Parque prodigio.
D. Ped.
No sé qué os diga.
D. Juan.
Yo sí.
D. Ped.
¿Qué?
D. Juan.
Que huyamos el peligro.
Ya la he perdido dos veces,
Ya verla ni hablarla
estimo.
Haced que me busquen
postas;
[p. 379]Que esta noche (¡ah
cielo impío!)
He de volver de una vez
La espalda.
D. Ped.
Mirad...
D. Juan.
Ya miro
Que en mi presencia hallo á
otro
En su casa (¡estoy sin
juicio!),
Y que en mi ausencia
despues
Sale (con razon me aflijo)
A ser vista (¡qué rigor!),
De donde trae (¡qué
martirio!)
Nuevo amor. ¡Oh quién
quitara
Del año este mes florido!
Mas no tiene la culpa él;
Yo sí, que una sombra sigo,
Yo sí, que un áspid adoro,
Yo sí, que amo un
basilisco.
Mañanas de Abril y Mayo,
Noches para mí habeis sido.
[p. 380]
JORNADA SEGUNDA.
Sala en casa
de Doña Clara.
ESCENA PRIMERA.
DOÑA CLARA, afligida;
INÉS.
Inés.
¡Tú triste, tú pensativa,
Melancólica y suspensa,
Tan bien perdida, y tan mal
Hallada contigo mesma!
¿Dónde, señora, está el
brío,
El buen gusto, la belleza
Y el despejo?
D.ª Clar.
No lo sé,
Y no es mucho (¡ay Dios!)
que, necia,
Pues que no sé de mi vida,
De mis acciones no sepa.
¿Quién crêrá de mí (¡ay de
mí!)
Que yo llore y que yo
sienta
Desaires de un hombre? Yo,
Que tan altiva y soberbia
Me llamé la vengadora
De las mujeres, ¡sujeta
Tanto á un desaire me veo!
Inés.
Yo no sé qué razon tengas
[p. 381]Para tanto
sentimiento;
Pues si bien se considera,
Él te siguió á tí, y tú
fuiste
La causa de la fineza.
Luego si estás ofendida
Y obligada tambien, sea
Tu mal consuelo de otro,
Supuesto que representas,
Despreciada y pretendida,
La celosa de tí mesma.
Ya fué el cuidado por tí,
Pues por tí en la casa
entra
De la otra; y si se halla
Tan empeñado con ella,
¿Cómo se puede excusar
De andar galan? Considera
Que si has de olvidar á un
hombre
Porque á una hable y á otra
vea,
No hay que querer á
ninguno;
Que maldito de Dios sea,
Señora, el que hay que no
diga
Lo mismo á cuantas
encuentra.
D.ª Clar.
Con todo eso, ya llegué
(Confieso que anduve necia)
A darme por entendida
Deste agravio con mis
penas,
Y me tengo de vengar.
Inés.
¿De qué suerte?
D.ª Clar.
Escucha atenta.
Un papel le he de escribir
(Disfrazándole mi letra,
Y escribiéndomele tú)
En nombre de la encubierta
Dama, diciéndole en él
[p. 382]Cuán obligada me
deja
Su cortesía, y que quiero
Hablarle á solas, que tenga
Una silla prevenida,
Y una casa donde pueda
Verle esta tarde. Él, muy
vano,
Creido de su soberbia,
Pensará que tiene lance,
Y para que no le tenga,
Iré yo, y será buen paso
Lo que hará cuando me vea.
Inés.
¿Y qué consigues con eso?
D.ª Clar.
Dos cosas: es la primera
Burlarme dél; la segunda
Desengañarle, y que sepa
Que fuí la tapada yo.
Porque no se desvanezca
Presumiendo que la otra
Le dió ocasion de que fuera
Tras ella, y su galanteo
Prosiga.
Inés.
Esta diligencia
¿No pudiera hacerse en
casa?
D.ª Clar.
Con venganza no pudiera.
Inés.
No sé si aciertas en eso.
D.ª Clar.
¿Cómo?
Inés.
Yo te lo dijera,
Si él y aquel Don Luis no
entraran.
D.ª Clar.
Pues disimula: no
entiendan,
Hasta este lance, que
fuimos
Las tapadas.
[p. 383]ESCENA II.
DON HIPÓLITO, DON LUIS. —
DOÑA CLARA, INÉS.
D. Hipól.
Considera,
Don Luis, que importa
sacarme
Presto de aquí.
D. Luis.
(Ap. á él.)Sí haré.
D.ª Clar.
¿Era,
Señor Don Hipólito, hora
De veros? ¡Tan larga
ausencia!
Desde ayer no me habeis
visto.
D. Hipól.
Sólo pudiera esa queja
Hacer mi ausencia feliz;
Que es sutil estratagema
De amor, que una pena misma
Hacerse lisonja sepa.
Mas no vine esta mañana,
Presumiendo que estuvieras
En el Parque, como anoche
Dijiste.
D.ª Clar.
Deten la lengua;
Pues si anoche me dijiste
Que de casa no saliera,
¿Habia de salir de casa?
¡Jesus! de mí no se crea
Tal desenvoltura, tal
Liviandad de mi obediencia.
D. Luis.
Harto le encarezco yo
A Don Hipólito esa
Verdad, y cuán obligado
Debe estar desa fineza;
[p. 384]Y áun él la conoce
bien,
Pues la paga con la mesma.
D.ª Clar.
¿Luego él al Parque no fué?
D. Hipól.
¡Jesus! ¿Pues tal de mí
piensas,
Sabiendo que para mí
No hay, Clara, holgura ni
fiesta
Donde tú no estás?
D.ª Clar.
Y yo
Lo creo como si lo viera;
Pues si tú hubieras estado
Hoy en el Parque, hoy
hubiera
Estado en el Parque yo,
Claro está, y es cosa
cierta;
Pues si yo en tu pecho
vivo,
Y tú en el pecho me llevas,
Contigo hubiera yo estado
Disfrazada y encubierta.
D. Hipól.
(Ap.) ¡Qué fácil es engañar
A la mujer más discreta!
D.ª Clar.
(Ap.) ¿Que sea bobo el más bellaco
De los hombres?
Inés.
(Ap.)Hombres y hembras
Así unos á otros se
engañan,
Cuando que se quieren
piensan.
(Hace señas
Don Luis á Don Hipólito.)
D. Luis.
Aunque es el primer
precepto
De amor no estorbar,
licencia
Me dareis para que os diga
Que unos amigos me esperan,
Donde es preciso llevar
A Don Hipólito. Esta
Ausencia os deba el ser yo
Tan vuestro criado.
D.ª Clar.
Cesa,
[p. 385]Don Luis; que no es
esta sala
Donde hablar la parte es
fuerza
Por procurador. Si él
quiere
Hablar, hable, y no por
señas.—
Id, Don Hipólito, adios;
Que esta casa es siempre
vuestra
Para iros y para estaros,
Pues siempre de la manera
Que abierta para que
entreis,
Para que os vais está
abierta.—
Pon esos hombres, Inés,
En la calle, y luego cierra
Las puertas.
D. Hipól.
Escucha.
D.ª Clar.
¿Yo
Escucharte?
D. Luis.
Considera
Que si yo tuve la culpa,
No ha de tener él la pena.
D.ª Clar.
Yo no me enojo con él
Ni con vos: doy la licencia
Que me pedís. (Ap. Mucho
hago
En no declarar mis quejas,
Porque estoy muy enfadada
En verlos hablar por
señas.)
(Vanse Doña
Clara é Inés.)
ESCENA III.
DON HIPÓLITO, DON LUIS.
D. Hipól.
¿Qué os parece, Don Luis,
Deste amor, desta fineza?
[p. 386]D. Luis.
Que vos habeis reducido
A precepto y obediencia
La condicion más rebelde
De una mujer. ¿Quién
creyera
Que Doña Clara llegara
Nunca á verse tan sujeta,
Que no saliera de casa,
Por decir que no saliera?
En fin, vos lo rendís todo.
D. Hipól.
Yo tengo notable estrella
Con mujeres.
D. Luis.
Bien se ve,
Pues habeis triunfado
desta.
Pero decidme, ¿á qué efecto
Ha sido toda la priesa
De que salgamos de aquí?
D. Hipól.
¿Tan mal mi dolor lo
muestra,
Que há menester explicarlo
Más que el efecto la
lengua?
¿No os dije que la tapada
Ví en su casa descubierta,
Donde, porque entrara yo,
Os quedasteis á la puerta?
¿No os dije como la hablé,
Y que es entendida y bella,
Sin que subsidios de
hermosa
Den excusados de necia?
¿No os dije como informado
De Don Pedro, dijo que era
Rica y noble?
D. Luis.
Sí.
D. Hipól.
¿Pues cómo
Dudais dónde voy? ¿No es
fuerza
Que vaya á estarme en su
calle,
[p. 387](No digo bien) en
la esfera
Luciente del mejor sol,
A cuya dulce violencia
Arde abrasada la pluma
Y derretida la cera?
D. Luis.
¿No creeis al desengaño
De decir Don Pedro que era
La pretension imposible
Por su virtud y sus
prendas?
D. Hipól.
Si es esa otra parte más
Para ser amada, esa
Es hoy la que más me anima,
Es hoy la que más me
alienta.
D. Luis.
Pues ¿y la comodidad?
D. Hipól.
Pues ¿no es comodidad esta,
Si es rica, noble y
hermosa,
De buena opinion y honesta,
Y puedo dentro de un mes
Estar casado con ella?
(Vanse.)
Calle en que
están las casas de Doña Ana y Don Pedro.
ESCENA IV.
INÉS, con manto;
despues, DON HIPÓLITO y DON LUIS.
Inés.
Apriesa escribió mi ama
El papel, y más apriesa
Yo tras ellos me he venido,
Y cogiéndoles las vueltas,
Hasta la calle he llegado
De la madama... y áun esta
[p. 388]Es su casa: allí se
paran.
Yo no quiero que me vean
Tras ellos, porque no echen
De ver que los seguí: sea
Otra vez, de mi delito,
Sagrado su casa mesma.
(Entra en el
portal de Doña Ana. Aparece en la calle Don Hipólito y Don Luis.)
D. Hipól.
Esta es la calle feliz...
¿Pero quién dudar pudiera
Que habia de vivir Flora
En la calle de las Huertas?
Este es el balcon por
donde,
En tornasoles envuelta,
Sale el alba á todas horas,
De jazmines y azucenas
Coronada, pues el dia
En sus umbrales despierta.
Inés.
(Ap. Saliendo
del portal.)
Ya de que los he seguido,
Desmentida la sospecha
Está: daréle el papel
Como mi ama lo ordena.
Vuelvo á penar en lo mudo.
D. Luis.
Una mujer encubierta
Ha salido de su casa.
D. Hipól.
Y hácia nosotros se acerca.
D. Luis.
De las dos debe de ser,
Pues que vuelve á hablar
por señas.
D. Hipól.
Estas mujeres sin duda
En casa el hablar se dejan
Cuando salen della, pues
Sólo hablan dentro della.—
¿Es á mí? ¿Sí? Pues ya
estoy (A Inés.)
[p. 389]Aquí: ¿qué quieres?
Espera,
Mujer.
(Da Inés un
papel á Don Hipólito, y vase.)
ESCENA V.
DON HIPÓLITO, DON LUIS.
D. Luis.
Aquello es decir
Que no la sigais.
D. Hipól.
Ligera
Volvió la espalda, avisando
Que calle, y el papel lea.
(Lee.) El mayor argumento de la nobleza fué
siempre la cortesía. La vuestra me asegura la verdad de todo; y así os he
menester para fiar de vos un secreto. Tened una silla para luego en San
Sebastian, y una casa donde pueda hablaros. Dios os guarde. — La
dama muda.
¿Qué decís deste papel?
Decid ahora que crea
A Don Pedro, y que desista
De la pretension.
D. Luis.
Empresa
Notable seguís.
D. Hipól.
¿No os digo
Que yo tengo linda estrella
Con mujeres?
D. Luis.
¿Y qué habeis
De hacer?
D. Hipól.
Todo cuanto ordena.
Y así entre los dos
partamos
[p. 390]Ahora las
diligencias;
Que este es oficio de
amigo.
Id, Don Luis, por vida
vuestra,
Pues venimos sin cuidado,
Por la silla, y esté puesta
Al punto en San Sebastian,
Como dice. Y cuando venga,
Le direis que por no dar
De aquesto á un criado
cuenta,
Os la dí á vos, porque
hagamos
La necesidad fineza;
Que yo os espero en mi
casa.
D. Luis.
¿Y si Doña Clara acierta
A ir allá?
D. Hipól.
Habeis reparado
Bien; que gran disgusto
fuera
Que ella llegara á saberlo.
¿Qué haremos?
D. Luis.
Pues que es tan cerca
La casa deste Don Pedro,
Mejor es llevarla á ella.
D. Hipól.
Es verdad; prevenid vos
La silla, por vida vuestra,
Miéntras prevengo la casa.
D. Luis.
Oid: de la suya mesma
Otras dos salen.
D. Hipól.
Mirad
Si lo han tomado de véras.
No malogremos la dicha.
Vámonos sin que nos vean;
Que estando aquí, podrá ser
Que ir á otra parte no
quieran.
D. Luis.
Voy á prevenir la silla.
(Vanse.)
[p. 391]ESCENA VI.
PERNÍA, DOÑA ANA, DOÑA
LUCÍA.
D.ª Luc.
¿Qué es, señora, lo que
intentas?
¿En este traje, de casa
Sales?
D.ª Ana.
A esto amor me fuerza.
En la casa de Don Pedro
He de entrar, ya estoy
resuelta,
Hasta saber si Don Juan
En ella se oculta ó cierra.
D.ª Luc.
Pues ¿dónde vas? Esta es
La casa.
D.ª Ana.
¿No eres más necia?
Pasa de largo, porque
Deslumbremos las sospechas,
Si acaso me ha visto alguno
Salir de casa; no entienda
Que á esotra voy.—¡Ay Don
Juan!
¡Ay, amor, lo que me
cuestas!
(Vanse.)
Sala en casa
de Don Pedro.
ESCENA VII.
DON JUAN, DON PEDRO.
D. Ped.
Notable sois, por cierto.
D. Juan.
¿No lo he de ser, Don
Pedro, si estoy muerto
[p. 392]De celos y de
agravios,
Las manos sin accion, la
voz sin labios?
D. Ped.
Si yo de vuestros celos
Hoy traigo averiguados los
recelos
Y deshecho el engaño,
¿Qué os quejais?
D. Juan.
Para mí no hay desengaño.
D. Ped.
Pues yo puedo deciros
Que solo por serviros,
Ahora cauteloso
Y con vuestro poder, Don
Juan, celoso,
De uno y otro criado
En casa de Doña Ana me he
informado
Si salió esta mañana
Al Parque, y dicen todos
que Doña Ana
Sólo á misa ha salido
En su coche á las once, y
nadie ha habido
Que lo contrario diga.
D. Juan.
¿Pues quién á Don Hipólito
le obliga,
Don Pedro, á haber mentido?
D. Ped.
Asegurad vos bien vuestro
partido;
Pero no averigüeis tan
neciamente,
Puesto que mienta el otro,
por qué miente.
D. Juan.
¿Quereis ver cuán atento
Estoy á mi dolor y mi
tormento?
Pues con creer el daño como
daño,
Me ha sosegado en parte el
desengaño.
Y así, aunque no queria
Ver á Doña Ana, al espirar
el dia
Verla y hablarla quiero
Y decir, ya que muero, por
qué muero,
Quejándome de todo.
D. Ped.
Pues yo os diré, ya que así
estais, el modo
Que me parece que hay de
prevenilla.
[p. 393]Vos habeis de
escribilla
Un papel que ha de darle
ese criado...
—Mas luego lo diré, porque
han llamado.
ESCENA VIII.
ARCEO. — DON JUAN, DON
PEDRO.
Arceo.
Hasta aquí Don Hipólito se
entra.
D. Ped.
Ya veis lo que perdeis si
aquí os encuentra.
Yo saldré á recibille.
D. Juan.
Eso no, porque yo tengo de
oille.
D. Ped.
Pues ¿no os fiais de mí?
D. Juan.
Yo sí me fío;
Mas es desconfiado el amor
mio.
D. Ped.
Yo estoy tan satisfecho
Del honor de Doña Ana, que
sospecho
Que viene á retractarse;
Y así muy poco llega á
aventurarse.
Retiraos.
D. Juan.
Piedad ¡cielos!
Escuche dichas quien
escucha celos.
(Retírase.)
ESCENA IX.
DON HIPÓLITO. — DON PEDRO,
ARCEO; DON JUAN, en su cuarto.
D. Hipól.
Don Pedro, siempre vengo
A vos, ó con el mal ó el
bien que tengo.
Ya que de vos me fío,
[p. 394]Amparadme, pues
sois amigo mio.
Doña Ana...
D. Ped.
(Ap.¿Hay semejante
Confusion?) No paseis más
adelante:
No teneis que decirme
Que á vuestra pretension
constante y firme
Está, que yo lo creo, como
es justo.
D. Hipól.
Léjos dais de mi dicha y de
mi gusto;
Que es lo contrario lo que
hablaros quiero.
D. Ped.
(Ap.) ¡Cielos! ¡qué es esto!
D. Juan.
(Ap. al
paño.)
Hasta escucharle espero.
D. Ped.
(Ap.) ¿Qué he de hacer? Porque temo
Que pase este negocio á más
extremo.
D. Hipól.
Doña Ana, en fin...
D. Juan.
(Ap.)¿Quién mi desdicha ignora?
D. Ped.
Esperad un instante.
(Cierra la
puerta del aposento donde está Don Juan.)
Hablad ahora.
D. Hipól.
¿Por qué cerrais?
D. Ped.
No quiero que esa puerta,
Cuando fuera me voy, se
quede abierta.
(Ap. Con esto
he asegurado
Aquí, de dos cuidados, un
cuidado.
Celos y riesgo le han
buscado: ¡cielos!
Estorbe el riesgo, ya que
no los celos.)
D. Hipól.
Doña Ana pues, este papel
me escribe.
Que busque donde hablarla
me apercibe
Y pues mi dicha pasa
Tan adelante, dadme vuestra
casa,
Adonde pueda vella:
Tapada vendrá á ella.
Yo he menester á Arceo
Que se venga conmigo; que
deseo
Miéntras llega, advertido,
[p. 395]Tener algun regalo
prevenido.
Y pues que la respuesta
Ha de ser ayudar dicha como
esta,
Quedad con Dios; que con el
bien que toco,
Loco debo de estar, si no
voy loco.
D. Ped.
Oid, mirad.
D. Hipól.
No me deja mi deseo,
Ni lo espereis; que me
llevo á Arceo.
(Vase con
Arceo.)
D. Ped.
¿Qué haré de dos amigos
empeñado,
Si uno me busca, y otro
está encerrado,
Y ambos de mí se fían?
Triste llego
A abrir las puertas, y en
las dudas ciego.
(Abre.)
ESCENA X.
DON JUAN, que sale
de donde estaba. — DON PEDRO.
D. Ped.
Don Juan, viendo que aquí
(¡confusion brava!)
Una desdicha y otra acá os
buscaba
En deshecha fortuna,
Quise de dos embarazar la
una,
Y porque no saliérades
restado,
Ya que celoso...
D. Juan.
Todo fué excusado;
Que oyendo lo que oí,
aunque estuviera,
Abierto, no saliera;
Pues á tal desengaño, cosa
es clara
Que esperara hasta verle
cara á cara:
Necedad en el mundo
introducida,
Solicitar lo que quitó la
vida.
[p. 396]D. Ped.
Esa ahora es mi duda;
Yo no sé como á tanto
empeño acuda.
Don Hipólito (¡ay cielos!)
este dia
De mí su gusto y vuestra
pena fía.
Mi obligacion en vuestras
manos dejo.
¿Qué hiciérades? ¡Ay Dios!
Dadme consejo.
D. Juan.
Yo no sé lo que hiciera,
Si vos, Don Pedro, fuera,
En un caso tan nuevo;
Mas siendo yo, bien sé lo
que hacer debo;
Que es, aunque el alma en
celos se me abrasa,
El respeto guardar á
vuestra casa.
Mas fuera della le daré la
muerte,
Ya que el duelo de amor es
ley tan fuerte,
Que dispone severa
Que ofenda la mujer, y el
hombre muera.
D. Ped.
Vos no habeis de salir de
aquí.
D. Juan.
Es en vano,
Que he de salir.
D. Ped.
Vuestro peligro es llano.
D. Juan.
Y esotro ¿no lo es?
¿Quereis que vea
Hoy mis desdichas yo? Pues
así sea.
Que aquí me estaré, digo,
Y que de mi dolor seré
testigo.
Venga Doña Ana, de otro
enamorada,
Y... Mucho iba á decir; no
digo nada.
D. Ped.
Eso tampoco es justo.
D. Juan.
Pues ni irme ni quedarme no
os da gusto,
(¡Estoy perdido y loco!)
¿Qué quereis?
D. Ped.
No lo sé.
D. Juan.
Ni yo tampoco.
D. Ped.
Sólo deciros quiero
Que, aunque como desdichas
las espero,
[p. 397]Estoy tan confiado
Del honor de Doña Ana, que
he pensado
Que este se desvanece,
O que su amor algun error
padece.
D. Juan.
Confianza tan vana
¿De qué os nace?
D. Ped.
De ser quien es Doña Ana,
Que es mujer principal.
D. Juan.
Necio anduvisteis,
Si ántes que principal, mujer dijisteis,
Y ved si engaño habrá, que
ya han entrado
Dos mujeres.
D. Ped.
Yo estoy desesperado,
Pues consultando extremos,
Tratando mucho, nada
resolvemos,
Y ya el lance llegó. No sé
qué hacerme.
Escondeos.
D. Juan.
Yo no tengo de esconderme.
D. Ped.
¿Pues quereis que aquí os
vean?
D. Juan.
¿Habrá desdichas que
mayores sean?
D. Ped.
Haced esto por mí, hasta
que sepamos
La verdad, y despues los
dos muramos
En la defensa del agravio
vuestro.
D. Juan.
Mi amistad así os muestro;
Pero con condicion
(¡desdicha grave!)
Que á aquesta puerta he de
quitar la llave,
Y ha de estar siempre
abierta.
(Vase.)
[p. 398]ESCENA XI.
DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA y
PERNÍA. — DON PEDRO; DON JUAN, en su cuarto.
D.ª Luc.
Oye, Pernía, quédese á la
puerta.
(Vase
Pernía.)
D.ª Ana.
Señor Don Pedro Giron,
Muy admirado estareis
De ver hoy en vuestra casa
Entrarse así una mujer.
Galan y discreto sois,
Y como todo, sabeis
Que extremos de amor
obligan
A más extremos; y pues
De alguno se han de fiar,
¿De quién, Don Pedro, de
quién
Mejor que de vos, que sois
Noble, entendido y cortés?
(Descúbrese.)
D. Ped.
(Ap.) Ya no me queda esperanza:
Doña Ana, vive Dios, es.
D. Juan.
(Ap.
entreabriendo la puerta del cuarto donde está.)
¡Y querrán que calle yo!
Mas puesto que así ha de
ser,
Arded, corazon, arded,
Que yo no os puedo valer.
D.ª Ana.
Ya que con vos declarada
Estoy, Don Pedro, sabed
En lágrimas y suspiros
Mis desdichas de una vez.
Y pues sabeis que he venido
[p. 399]A vuestra casa,
entended
(¡Cuánta vergüenza me
cuesta!)
Ya, señor Don Pedro, á qué.
Un hombre vengo á buscar,
Porque de muy cierto sé
Que le puedo hallar en
ella.
(Sale Don
Juan.)
D. Juan.
Adios, Don Pedro; porque
Darme tormento de celos,
Y querer que calle, es
Nuevo rigor. Yo confieso
Que es mi delito querer,
Si eso pretendeis de mí...
D.ª Ana.
¡Don Juan, mi señor, mi
bien!...
D. Juan.
¡Doña Ana, mi mal, mi
muerte!
D.ª Ana.
Dame los brazos.
D. Juan.
Deten,
No con los brazos añadas
Al tormento otro cordel,
Pues ya he dicho la verdad.
D. Ped.
(Ap.) No sé, vive Dios, qué hacer.
Mas porque ni uno éntre, ni
otro
Salga, el paso cerraré.
D. Juan.
No cerreis, porque he de
irme.
D.ª Ana.
No has de irte.—Sí
cerreis.—
¿Pues cómo tan rigoroso,
Cómo tan tirano, pues
Agradeces desa suerte
Haberte venido á ver?
D. Juan.
¿A quién?
D.ª Ana.
A tí, porque supe
Que aquí estabas.
D. Juan.
¡Bien á fe!
Buena disculpa has hallado.
[p. 400]¡Ah fiera! ¡ah
ingrata! ¡ah cruel!
¡Qué pronto vive á mentir
El ingenio en la mujer!
D.ª Ana.
Don Juan, si de las pasadas
Ofensas (al parecer
Justas) te dura el enojo,
Y huyes de mí (¡ay Dios!)
porque
Estás engañado, ya
Te vengo á satisfacer.
Aquel hombre, á quien le
diste
La muerte...
D. Juan.
Yo no hablo dél
¡Mira, mira tus engaños,
Cuáles han llegado á ser,
Pues quejándome de uno,
A otro respondes! Y pues
Son tantos que unos á otros
Se embarazan, no me des
Satisfaccion de ninguno;
Que mejor será tener
Queja de todos; que al fin
Está mejor puesto aquel
Que, ántes que mal
satisfecho,
Se queda quejoso bien.
D.ª Ana.
No te entiendo; y si es la
causa
Que yo imagino que es
La que tú sientes, señor,
¿De qué te quejas? ¿de qué?
¿Qué nueva causa te he
dado?
Pero si no puede ser
Darla yo, ¿qué nueva causa
Te ha dado mi estrella? Ten
El paso, y díme, ¿qué es
esto?
D. Juan.
Traiciones tuyas; si bien
[p. 401]No siento que sean
traiciones,
Porque te llego á perder;
Pues lo que llego á sentir,
Sólo (he de decirlo) es
Que otro merezca en un dia
Lo que en siglos no alcancé
A merecer yo. Y en fin
Me consuela en parte, que
Él no te ha llegado á amar,
Pues te llega á merecer.
D.ª Ana.
Si mi desdicha, Don Juan,
Te ha sabido disponer
Otra evidencia aparente
Que yo no alcanzo ni sé,
¿Cómo he de desengañarte?
¿Cómo te he de responder?
¡Vive Dios, que te han
mentido!
D. Juan.
No, que es verdad cuanto
hablé.
D.ª Ana.
¿Quién te lo dijo?
D. Juan.
El galan
A quien tú vienes á ver.
D.ª Ana.
Yo á verte á tí, Don Juan,
vengo...
D. Juan.
¡Es verdad, dices muy bien!
D.ª Ana.
Porque supe que aquí
estabas.
D. Juan.
¿De quién pudiste? ¿de
quién?
D.ª Ana.
Desta criada.
D. Juan.
¡Por cuánto
Llegara el testigo á ser,
Que no fuera tu criada!
Que criadas y amas teneis
Pacto explícito á mentir.
D.ª Ana.
Esta es verdad.
D. Juan.
¿Quién tal crê?
D.ª Ana.
Quien quiere bien.
[p. 402]D. Juan.
Pues yo quiero
Muy mal por aquesta vez.
D.ª Ana.
Pues muera de desdichada.
D. Juan.
Y yo de infeliz tambien.
ESCENA XII.
ARCEO. — Dichos.
Arceo.
(Dentro.) Abran aquí.
D. Ped.
(Ap.)Esto es peor.
No sé ¡vive Dios! qué
hacer,
Que Don Hipólito viene.
D. Juan.
¿Quieres, ingrata, saber
Si me han mentido? Pues
éste
El galan que buscas es.
D.ª Ana.
Yo me huelgo de que sea,
Puesto que no puede ser
El que busco, el que
imaginas
Abrid, Don Pedro. Entre
pues,
Y sepa Don Juan que miente
El que contra mi altivez
Bajo concepto ha formado.
D. Juan.
¡Plegue á Dios! Y aquesta
vez,
O por vivir ó morir,
Escuchándote estaré,
Supuesto que es ya mi vida
El juego del esconder.
(Escóndese
Don Juan y abre Don Pedro; sale Arceo con una fuente de dulces.)
Arceo.
¿Tanto tardan en abrir
A quien llama con los piés,
Que es señal que trae algo
[p. 403]En las manos? ¡Vive
diez,
Que queda saqueada toda
La tienda del Portugues!—
Ya Don Hipólito
viene, (A doña Ana.)
Señora.—¿Pero qué ven
Mis ojos? ¿Doña Lucía
En mi casa?
D.ª Luc.
(Ap.)Aquesta vez,
Por el chisme de una dueña,
Muertes de hombres ha de
haber.
ESCENA XIII.
DON HIPÓLITO.
— Dichos.
D. Hipól.
(Ap. ¿Si habrá
ya Don Luis llegado
Con la silla? Sí, pues ver
Puedo la dama. ¡Ay amor!
Todo ha sucedido bien.)
Seais, señora, bien venida
A este, aunque humilde
dosel
Del mayo y el sol, ya
esfera
De verdor y rosicler.
D.ª Ana.
(Ap.) ¡Cielos! ¿Qué pasa por mí?
¿Este el marido no es
De la que hoy se entró en
mi casa?
D. Juan.
(Ap.
entreabriendo la puerta.)
¡Quién vió lance más cruel!
D. Ped.
(Ap.) Mal se va poniendo todo.
Lo que resuelva no sé.
D. Hipól.
Don Pedro, no tan penada
Tengais á esta dama: ved
Que por vos no se descubre.
[p. 404]D. Ped.
Yo, por no estorbar, me
iré.
(Ap. Mas será á
estar á la mira.)
D.ª Ana.
Don Pedro, no os ausenteis,
Porque habeis de ser aquí,
De cuanto pasare, juez.—
Caballero, á quien apénas
Ví, pues si os ví, á penas
fué,
(A Don
Hipólito.)
Ya que por vos las padezco,
¿Conoceisme?
D. Hipól.
No y sí, pues
En este instante os
conozco,
Y os desconozco tambien.
Conózcôs, pues que quien
sois,
Muy bien informado, sé;
Y desconózcôs, señora,
Porque desa suerte hableis.
Si os ví en el Parque
primero,
Y en vuestra casa despues;
Si para venir á hablaros
Llamado fuí de un papel;
Y si habeis venido adonde
Yo os traigo, ¿cómo ó por
qué
Así os extrañais de verme
Donde me venís á ver?
D. Juan.
(Ap.) ¿Querrán Doña Ana y Don Pedro
Que esto llegue á oir y
ver,
Y no salga? ¡Vive Dios,
Que infamia del amor es!
D.ª Ana.
¡Yo á veros á vos! Mirad
Lo que decís: no busqueis
Desengaños, que á vos solo
Mal el saberlos esté.
Yo en mi vida al Parque
fuí;
[p. 405]Ni en él os ví ni
os hablé.
Si os entrasteis en mi
casa,
No me pregunteis á qué;
Que aunque lo puedo decir,
Vos no lo podeis saber;
Que habeis de ser el
postrero
Que el desengaño toqueis.
Basta decir que engañado
Estais, y que me dejeis;
Que puede ser sea causa
De todo vuestra mujer.
D. Hipól.
¡Mi mujer! Ahora conozco
De qué ha podido nacer
Vuestro enojo. Yo hice mal
En traeros aquí: haced
La deshecha norabuena;
Pero no me acumuleis
Que soy casado, que es
susto
De que jamás sanaré.
D. Ped.
(Ap.) Ya ni áun á mentir acierta
Doña Ana.
D. Juan.
(Ap.)Ni yo á tener
Paciencia; pero si salgo,
Rompo de amistad la ley,
A Doña Ana la destruyo,
Y á mí me pierdo tambien
Sin efecto, pues en medio
Han de estar su criado y
él,
Y es hacer ruido no más,
Dejando la duda en pié.
Pues sufrirlo, es
imposible;
Que ¿quién ha podido,
quién,
Oir requebrar á su dama?
Haya un medio entre los
tres,
[p. 406]Como yo solo me
pierda,
Donde... Pero esto despues
Ha de decir el suceso.
Ya he visto cómo ha de ser.
(Vase.)
D.ª Ana.
Dejadme, señor, por Dios:
Y porque mejor mireis
Que huyo de vos, y lo más
A que se puede atrever
Una mujer como yo,
A voces digo que quien
En este aposento está,
Mi dueño y mi amante es.
Y es á quien vine á buscar,
Y es á quien yo quiero
bien;
Porque á vos no os escribí,
Ni os ví en mi vida, ni
hablé,
Desmintiendo desta suerte
Su peligro y mi desden.
(Éntrase
donde estaba Don Juan; Doña Lucía la sigue.)
D. Hipól.
Cerró la puerta. ¿Quién vió
Mas tramoyera mujer?
Desde el punto que la ví,
Enredadora la hallé.
D. Ped.
(Ap.) Bien cuerda resolucion
Tomó Doña Ana porque
Con esto estorba que salga
Don Juan, que es lo que á
temer
Llegué siempre.
D. Hipól.
Estoy confuso
Y qué he de decir no sé.
[p. 407]ESCENA XIV.
DON LUIS. — DON HIPÓLITO,
DON PEDRO.
D. Luis.
Yo llego á muy buena hora.
Don Hipólito, ahí está
Aquella señora ya
En la silla.
D. Hipól.
¿Qué señora?
D. Luis.
La que esperais.
D. Hipól.
¿Qué decís?
D. Luis.
Que tomó en San Sebastian
La silla, y que ahí fuera
están.
D. Hipól.
Engañado estais, Don Luis;
Porque la dama, á quien yo
Vengo á ver, ya estaba aquí
Cuando vine.
D. Luis.
¿Cómo así,
Si ahora conmigo llegó
En la silla la mujer
Que hoy en el Parque
encontramos
A quien seguimos y
hablamos?
D. Hipól.
Eso ¿cómo puede ser,
Si la misma, destapada,
Aquí la he visto y hablado,
Y en este aposento ha
entrado?
D. Luis.
No quiero deciros nada,
Sino que entra ya.
D. Hipól.
¡Por Dios,
Que es rigorosa mi
estrella!
[p. 408]ESCENA XV.
DOÑA
CLARA é INÉS, tapadas. — DON HIPÓLITO, DON PEDRO, DON
LUIS.
D. Luis.
Ahora decid si es aquella.
D. Hipól.
O es ella, ó ellas son dos.
D. Ped.
¿Veis, Don Hipólito, veis
Cómo la dama que estaba
Hoy aquí, á vos no os
buscaba?
D. Hipól.
Quitarme el juicio
quereis.—
Mujer, dos veces
tapada, (A doña Clara.)
Que á mi deshecha fortuna,
Por si se me pierde una,
Se me envía duplicada,
¿No me hablaste en el
Parque hoy?
¿No eres tú la que seguí,
Y la que en tu casa ví?
(Hasta aquí á
todas las preguntas ha respondido Doña Clara por señas, y ahora se descubre.)
Confuso otra vez estoy.
D.ª Clar.
Yo soy, el mi caballero,
Ya que descubierta os
hablo,
Aquella habladora muda,
Por las lecciones de un
manto;
Que viendo que era muy poca
Victoria, muy poco aplauso
De toda aquesta mujer
Un hombre no más, buscando
Ocasion de que alcanzara
Sola una parte del lauro,
Le quise dar de ventaja
[p. 409]La discrecion á mi
garbo.
Bien pensó vuesa merced
Muy necio y muy confiado
Que tenía muerta al vuelo
La hermosura de los campos;
Pues no, señor Para-todas,
Y conozca escarmentando
Que ha dado vuesa merced,
Por lo entendido ó lo raro,
Mala cuenta de su amor,
Pues deja este desengaño
Vengada á la hermosa Filis
De los desdenes de Fabio.
Pues cuando fuera verdad
Que yo le amara; pues
cuando
Fuera verdad que celosa
Aquí le hubiera buscado,
El verme vengada sólo
Me hubiera el amor quitado.
Yo lo estoy con que haya
visto
Que los celos que me ha
dado,
Han sido conmigo misma;
Pues nadie pudiera darlos
A este talle, que no fuera
Su mismo desembarazo.
Envaine vuesa merced
Todo ese grande aparato
De dulces de Portugal,
Que le han salido tan
agrios;
Que no es la boda por hoy.
Pero agradezca el cuidado
Que en ella ha puesto el
señor
Casamentero del diablo;
Que cierto que de su parte
[p. 410]Nada faltó, porque
ha estado
Con mucha puntualidad
Con la tal silla esperando,
Y hizo muy bien el papel,
Encareciendo el recato;
Porque es amigo muy fino
Del que es amante muy
falso.
Con esto adios, y ninguno
Me siga; que si echo el
manto,
Si vuelvo la calle, si otro
Embeleco desenvaino,
Les haré creer que soy
Otra dama, aunque al
estrado
Me entre de una mesurada,
Como esta mañana, cuando
Le hizo creer que era otra
Sólo un sombrerillo blanco.
(Vase.)
D. Hipól.
Oye, aguarda, espera,
escucha.
D. Luis.
¡En toda mi vida he hallado
Hombre de tan buena
estrella
Con mujeres!
D. Hipól.
¿Que burlando
Esteis, cuando estoy
muriendo?—
Detente, Inés.
Inés.
Será en vano;
Que vamos muy enojadas.
(Vase.)
D. Hipól.
No sé qué hacer en tal
caso.
Mas sí sé, que es apelar
De todo al desembarazo,
Desengañando hoy la una,
Y la otra despues amando.
(Vanse Don
Hipólito y Don Luis.)
D. Ped.
¡Gracias á Dios, que con
esto
Ya los celos se acabaron
[p. 411]De Doña Ana y de
Don Juan,
Pues todo lo han escuchado,
Y mi amor, pues Doña Clara
Viene á Hipólito buscando!
¡Cielos! sin querer, he
visto
Mis celos averiguados.
Arceo.
Y si el galan y la dama
Están ya desengañados,
Aquí acaba la comedia.
D. Ped.
¿Oiste ya el desengaño,
Don Juan?
(Llegándose á
la puerta del cuarto donde estuvo.)
ESCENA XVI.
DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA. — DON
PEDRO, ARCEO.
D.ª Ana.
No soy tan dichosa
Yo.
D. Ped.
¿Cómo así?
D.ª Ana.
Como cuando
Yo entré, sólo ví un
hombre,
Que atrevido y temerario
Se echaba por la ventana,
Que hay, señor, á esos
tejados.
Arceo.
Pues no acaba la comedia.
D. Ped.
¡Qué rigoroso, qué extraño
Afecto de amor y celos!
(Ap. Él iba á
salir al paso:
Seguir á los dos importa,
No suceda algun fracaso.)
(Vase.)
D.ª Ana.
Grande desdicha es la mia,
Pues cuando vengo buscando
[p. 412]Hoy, Don Juan,
finezas tuyas,
Solas mis desdichas hallo.
Cuando te siguen sospechas,
Tú las estás esperando
Firme, ¡y vuelves las
espaldas
Si te siguen desengaños!
¿Qué mujer es esta ¡cielos!
Que hoy en mi casa se ha
entrado?
¿Qué hombre es este que
asegura
Que yo le vengo buscando?
¡Oh nunca en el tiempo
hubiera,
Oh nunca hubiera en el año,
Si es que la culpa han
tenido
De enredos y enojos tantos,
Las mañanas floridas
De Abril y Mayo!
[p. 413]
JORNADA TERCERA.
Sala en casa
de Doña Ana.
ESCENA PRIMERA.
DON JUAN, á oscuras.
Nada me sucede bien.
¿Qué roca habrá que
contraste
Tanta avenida de penas,
Tantos golpes de pesares?
Del aposento en que estaba
Por testigo de mis males,
Imposible de sufrirlos,
E imposible de vengarme,
Celoso y desesperado
Salir pretendo á la calle
A esperar aquel galan
Tan feliz, que coronarse
Pudo de tantos favores,
De dichas que son tan
grandes.
Echéme por la ventana
(Porque allí no me
estorbasen
La venganza de mis celos),
Presumiendo que era fácil,
Ganando desde el tejado
[p. 414]De la puerta los
umbrales;
Y saltando dél á un patio,
Donde la ventana sale,
Perdí el tino, y dí á otra
casa.
Pero parece que abren
Una puerta, y entra
gente...
Y con las luces que traen
Percibo mejor las señas.
¿Hay suceso semejante?
¡Vive Dios, que esta es la
casa
De Doña Ana! ¡Si tomase
Hoy puerto en el mismo
golfo
Esta derrotada nave!
Ella es. ¿Qué he de hacer,
cielos?
Que no es bien que aquí me
halle,
Y presuma que he venido
Cobardemente á quejarme
De mis celos, sin
vengarlos.
¿Hay confusion más notable?
¿Qué haré? Que no me está
bien
Ya ni el irme ni el
quedarme.
(Escóndese.)
ESCENA II.
DOÑA ANA y DOÑA
LUCÍA, con luz. — DON JUAN, escondido.
D.ª Ana.
Quítame este manto.
¡Gracias
A mi fortuna inconstante
Que me ha dado (¡ay
infelice!)
Un solo punto, un instante
De tiempo para llorar,
De lugar para quejarme!
[p. 415]Y así, ya que estoy
á solas,
Sean tormentas, sean mares
Mis lágrimas y mis quejas
Entre la tierra y el aire.
D.ª Luc.
Señora, si dese modo
Tan justos extremos haces,
Triunfará de amor la
muerte.
Consuelo tus penas hallen;
Que para todo hay consuelo.
Que si Don Juan (por
guardarle
A Don Pedro aquel decoro
Que debió á sus amistades)
Se arrojó por la ventana,
Ya en su seguimiento parten
Don Pedro, Arceo y Pernía,
Porque los dos no se maten.
D.ª Ana.
Y cuando remedie (¡ay
triste!)
Mi temor, ¿para adelante
Puede ya dejar de ser
Lo que fué? ¿Pueden
borrarse
De la memoria los celos
En que yo no tuve parte?
D. Juan.
(Ap. al
paño.) De cuanto yo desde aquí
Puedo á las dos
escucharles,
Nada entiendo; y sólo
entiendo
Que temo que me declaren
Mis congojas, mis
desdichas,
Mis recelos, mis pesares;
Porque no es posible, no,
Que un celoso sufra y
calle.
D.ª Luc.
Acuéstate, por tu vida,
Porque en la cama
descanses.
D.ª Ana.
No hay descanso para mí.
Fuera de que he de
esperarle
[p. 416]A Don Pedro; que le
dije
Que con lo que le pasase
En alcance de Don Juan
(Pues todos van á
buscarle),
Viniese á avisarme; y ya
Parece que llaman. Abre.
ESCENA III.
DON PEDRO, ARCEO, PERNÍA.
— Dichos.
D.ª Ana.
Señor Don Pedro, ¿qué hay?
D. Ped.
Que todo ha salido en
balde.
D.ª Ana.
¿Cómo?
D. Ped.
No habemos hallado
A Don Juan, y es bien
notable
Suceso, porque de aquella
Ventana, que al patio cae,
Para salir al portal
Hay una puerta, y la llave
Está echada, de manera
Que ha sido imposible
hallarle,
Cuando ni en mi casa está,
Ni salir pudo á la calle.
Arceo.
No le hemos buscado bien,
Si va á decir las verdades;
Porque á un celoso, señora,
Le ha de buscar el que
hallarle
Quisiere, ahogado por los
pozos,
O ahorcado por los
desvanes.
Pernía.
Ya le he dicho que se meta
En juntar sus consonantes.
No hable palabra donde
[p. 417]Yo estoy.
Arceo.
Quínola pasante,
Tambien yo le tengo dicho
Que de dar lanzadas trate,
Y sacar, no para el toro,
Para el lacayo el alfanje,
Y no más.
D.ª Luc.
Entre dos ruines
Sea mi mano el montante.
D. Ped.
No es posible hallarle, en
fin.
D.ª Ana.
Son mis penas, no os
espante,
Y bien dicen que son mias.
Pues ellas disponer saben
Tantas falsas apariencias,
Que me culpen y le
agravien.
¡Plegue á Dios, señor Don
Pedro,
Que él me destruya y me
falte,
Si á aquel hombre ví en mi
vida,
Sino hoy, que pudo entrarse
Aquí tras una mujer,
A quien siguió desde el
Parque,
Y vióme á mí! ¿Mas por qué
Lo digo ¡ay Dios! si
escucharme
No puede Don Juan, y doy
Satisfacciones al aire?
D. Ped.
Quedad, señora, con Dios;
Que por si vuelve á
buscarme
A mi casa, vuelvo á ella.
¿Qué mandais?
D.ª Ana.
No es bien que os mande,
Que os ruegue sí, que
volvais
A la mañana á contarme
Lo que hubiere sucedido.
D. Ped.
Quedad con Dios.
(Vase.)
[p. 418]D.ª Ana.
Él os guarde.—
Lucía, cierra esas puertas,
Y entra despues á
acostarme;
Que he de madrugar mañana,
Porque he de salir al
Parque
A hacer una diligencia.—
¡Oh si á este vivo cadáver
Hoy ese lecho de pluma
Sepulcro fuera de jaspe!
(Vase.)
ESCENA IV.
DON JUAN, al paño;
ARCEO, DOÑA LUCÍA.
D. Juan.
(Ap.) ¿Al Parque mañana? ¡Ay cielos!
No estos desengaños basten:
Vuelvan atras mis
desdichas,
Pues pasa el riesgo
adelante.
Arceo.
De todos estos enredos,
De todos estos debates,
Vos teneis, Doña Lucía,
La culpa, pues vos
contasteis
A vuestra ama que en mi
casa
Estaba Don Juan.
D.ª Luc.
De tales
Sucesos, quien me lo dijo
A mí, tiene mayor parte;
Que ya sabe quien me cuenta
A mí el suceso que sabe,
Que es decirme que lo diga
El decirme que lo calle.
Arceo.
Eres tan dueña, que puedes
Servir desde aquí adelante
[p. 419]De molde de vaciar
dueñas.
D.ª Luc.
Tú escudero vergonzante.
Arceo.
Eres dueña.
D.ª Luc.
Tú eres loco.
Arceo.
Eres dueña.
D.ª Luc.
Tú un bergante.
Arceo.
Eres dueña.
D.ª Luc.
Tú un bufon.
Arceo.
Eres dueña.
D.ª Luc.
Tú un infame.
Arceo.
Eres dueña.
D.ª Luc.
Tú un bribon.
Arceo.
Item más, dueña; y no
trates
De desquitarte, porque
No has de poder
desquitarte.
D.ª Luc.
¿Cómo no? Eres un...
Arceo.
Dí, dí.
D.ª Luc.
Mal poeta.
Arceo.
¡Tate, tate!
¿Poeta, dijiste? Adios,
dueña;
Que ya quedamos iguales.
D.ª Luc.
¿Desa manera te vas?
Arceo.
Pues ¿qué quieres?
D.ª Luc.
Que te aguardes
Aquí, miéntras que mi ama
Acaba de desnudarse,
Y volveré á hablar contigo
Un rato.
Arceo.
Aquí espero.
(Vase Doña
Lucía, llevándose la luz.)
[p. 420]ESCENA V.
DON JUAN, al paño;
ARCEO.
Arceo.
Madres
Las que á los hijos
parísteis
Para nocturnos amantes
De viejas, mirad en mí
Las desdichas á que nacen.
Esperando una estantigua
Estoy, confuso y cobarde,
Aquí donde mis suspiros
Pueblan estas soledades.
(Sale Don
Juan del cuarto en que estaba.)
D. Juan.
(Ap.) Ahora, desconfianzas,
Es tiempo de aconsejarme,
Si esto que pasa por mí
Son mentiras ó verdades.
El recatarme me importa
De Doña Ana: ella no sabe
Que la escucho, y en
suspiros
Que mal pronunciados salen
Desde el corazon al labio,
Me ha dado ciertas señales
De que mi desdicha llora,
De que siente mis pesares.
Estos criados no pueden
Engañarse ni engañarme,
Puesto que Arceo á Lucía
La contó cómo ocultarme
Pude en casa de Don Pedro,
Y ella á Doña Ana: bastante
[p. 421]Desengaño de que
fué
Entónces ella á buscarme.
Mas ¡ay de mí! si es
aquesto
Como dicen señas tales,
¿Don Hipólito á qué efecto
Dijo que á él iba á
buscarle?
¿O qué mujer es aquesta?
Y en fin, ¿para qué ir al
Parque
Mañana quiere Doña Ana,
Para que á mí no me falte
Cuidado? ¡Pues vive Dios,
Que tengo de averiguarle!
Si aquí estoy, es imposible
Que disimule y que calle;
E imposible, si me ven,
De que la ida del Parque
Averigüe: luego irme
Será lo más importante.
Este criado á Lucía
Espera: miéntras no sale,
Pues no ha cerrado la
puerta,
Salir pretendo á la calle,
Por seguirla donde fuere.
Que me prendan ó me maten,
Todo, todo importa ménos
Que no que me desengañe.
Arceo.
Ya siento pasos.—Lucía,
Seas bien venida, dame
Los brazos.
(Abraza á Don
Juan.)
¡Barbada vienes!
¿Quién es?
D. Juan.
Callad, que no es nadie.
Arceo.
¿Cómo no es nadie? Yo soy
Tan cortés y tan galante,
[p. 422]Que ántes crêré que
sois muchos.
¡Ay, ay!
D. Juan.
¡Vive Dios, que os mate,
Si no callais!
ESCENA VI.
DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA. — DON
JUAN, ARCEO.
D.ª Ana.
(Dentro.)¿Que rüido
Es aquél?
(Sale Doña
Lucía á oscuras y encuentra con Don Juan.)
D.ª Luc.
(Bajo á Don
Juan.)
¡Eres notable!
¿Es posible que tu miedo
Tan grandes extremos hace,
Que des voces? Salte
presto,
Para que aquí no te hallen.
Vénte tras mí.
D. Juan.
(Bajo á ella.Vamos.)
(Ap. ¡Cielos!
Hasta que me desengañe
He de callar; que esta es
Propia condicion de
amantes.)
(Vanse Doña
Lucía y Don Juan, que al entrarse, encuentra con Arceo.)
Arceo.
¿Otro diablo? ¡Vive Dios,
Que tienen aquestos lances
Cosas de la Dama Duende!
[p. 423]ESCENA VII.
DOÑA ANA, medio
desnuda, con luz. — ARCEO; despues, DOÑA LUCÍA.
D.ª Ana.
¡Hola! ¿No responde nadie?
Mas ¡ay de mí!
Arceo.
(Ap.)Yo me embozo,
Por ver si puedo excusarme
De que me conozcan.
(Sale Doña
Lucía.)
D.ª Luc.
(Ap.)Ya
No hay peligro que me
espante,
Pues ya en la calle está
Arceo.
¿Mas no es el que está
delante?
¿Quién era, si él está
aquí,
El que yo puse en la calle?
Arceo.
(Ap.) ¡Aquí muero!
D.ª Ana.
Caballero,
Que, recatado el semblante,
La noble clausura rompes
Destos sagrados umbrales,
Si necesidad acaso
Te ha obligado á extremos
tales,
De mis joyas y vestidos
Francas te daré las llaves:
Ceba tu hidrópica sed
En sus telas y diamantes.
Pero si, más codicioso
De honor que de hacienda,
haces
Estos extremos, te ruego
(Estoy muerta) que no
trates
Con tal desprecio (¡ay de
mí!)
El honor (estoy cobarde)
[p. 424]De una mujer
infelice,
Sujeta á desdichas tales.
Porque si para mi afrenta
A aqueste cuarto llegaste,
Vive Dios, que ántes que
intentes
Hablarme palabra, y ántes
Que ofenda al dueño que
adoro,
Yo con mis manos me mate;
Porque si lágrimas solas
No enternecen un diamante,
Rompiéndome el pecho yo,
Le sabré labrar con sangre.
Arceo.
No labraréis, si yo puedo;
Que fuera mucho desaire
Ser pelícana una dama,
Y ser labradora un ángel.
Grandes casos de fortuna
A vuestra casa me traen.
No á hacer mella en
vuestras joyas,
Ni á vuestra opinion
ultraje.
Y porque os asegureis
De mi término galante,
Segura quedais de mí.
A Dios, señora, que os
guarde.
(Vase.)
D.ª Luc.
¡Qué miro!
D.ª Ana.
¿Fuése ya?
D.ª Luc.
Sí.
D.ª Ana.
Echa á esa puerta la llave;
Y pues ya la blanca aurora
Venciendo las sombras sale,
No me quiero desnudar.
¡Ay, Don Juan, si esto
mirases!...
¿Quién de que no es culpa
mia
Pudiera desengañarte?
(Vanse.)
[p. 425]El Parque.
ESCENA VIII.
DOÑA CLARA é INÉS, en
el traje corto, como primero.
Inés.
¿Al Parque vuelves?
D.ª Clar.
Rendida,
Sin ley, razon ni sentido,
Donde la vida he perdido,
Vuelvo, Inés, á hallar la
vida.
Inés.
Bastante está lo sentido,
Y si yo no me he engañado,
Toda la gloria ha parado
En que has, señora,
advertido
De ayer el raro suceso.
D.ª Clar.
¿De que sirviera negar
Con la lengua mi pesar,
Si con llanto lo confieso?
Vana de que hallarse habia
Don Hipólito burlado,
Le llamé; y su desenfado
Burló de la industria mia.
Que aunque es verdad que me
dió
Satisfacciones que allí
Por mi respeto creí,
Inés, por mi gusto no;
Pues no me pudo negar
Que fué donde otra mujer
Le llamaba, y mi placer
Se convirtió en mi pesar.
Yo misma (¡ay de mí!)
encendí
El fuego en que triste
peno,
[p. 426]Yo conficioné el
veneno
Que yo misma me bebí,
Yo misma desperté, yo,
La fiera que me ha
deshecho,
Yo crié dentro del pecho
El áspid que me mordió.
Arda, gima, pene y muera
Quien sopló, conficionó,
Alimentó, despertó,
Veneno, ardor, áspid,
fiera.
Inés.
Bien en tantos pareceres
Hoy dirán cuantos te ven,
Que sólo queremos bien,
Tratadas mal, las mujeres.
¿Para qué habemos venido
Al Parque con tal cruel
Pena?
D.ª Clar.
A ver si viene á él
Don Hipólito.
Inés.
Él ha sido,
Por cierto, muy lindo
ensayo.
D.ª Clar.
Si hoy doy tregua á mis
temores,
Yo os coronaré de flores,
Mañanas de Abril y Mayo.
(Vanse.)
ESCENA IX.
DON HIPÓLITO, DON LUIS.
D. Hipól.
En efecto, hasta su casa
A Doña Clara seguí
Como visteis, y la dí
Del engaño que me pasa
[p. 427]Satisfacciones,
diciendo
¿Qué ofensa era ir á ver,
Llamado de una mujer,
Lo que mandaba? Y haciendo
Extremos de enamorado,
Que supe fingir muy bien
(Porque ya no hay, Don
Luis, quien
No haga el papel
estudiado),
La dejé desenojada,
Atenta á mi desengaño;
Y al fin, con su mismo daño
Vino ella á ser la
engañada,
Pues mis extremos creyó;
Siendo así, Don Luis,
verdad
Que alma, vida y voluntad
La Doña Ana me robó;
Porque una vez persuadido
De que me llamaba á mí
Y hallarla despues allí,
Me empeñó en haber creido
Que ella fué quien me
llamó.
D. Luis.
Vos teneis lindo despejo.
D. Hipól.
¿Fuera más cuerdo consejo
Darme por vencido?
D. Luis.
No.
Mas á haberme sucedido
A mí lo que á vos con
ellas,
Jamás volviera yo á vellas
De turbado y de corrido.
D. Hipól.
Fuera linda necedad.
Puntualidades teneis
Tan necias, que pareceis
Caballero de ciudad.
Mira, si aquesta fortuna
[p. 428]A corrella te
acomodas,
Querer por tu gusto á
todas,
Por tu pesar á ninguna.
ESCENA X.
DOÑA ANA y DOÑA
LUCÍA, vestidas como Doña Clara. — DON HIPÓLITO, DON LUIS.
D.ª Luc.
Ya estás en el Parque,
ya (Ap. las dos.)
Decirme, señora, puedes
Con qué intento deste modo
A su hermoso sitio vienes.
D.ª Ana.
Si has de verlo, ¿para qué
Ahora que lo diga quieres?
Que es retórica excusada
Decir las cosas dos veces,
Y más cuando están tan
cerca
De suceder, que presente
Está el que vengo buscando.
D.ª Luc.
(Ap. á ella.) El hombre, señora, es este
De los engaños de ayer,
Si mis ojos no me mienten.
D.ª Ana.
Por él lo digo; pues solo
He salido á hablarle y
verle,
Donde por la obligacion
Que á ser caballero tiene,
Desengañe mi opinion;
Pues los que son más
corteses
Caballeros, siempre amparan
El honor de las mujeres.
D.ª Luc.
¿Para aquesto de tu casa
Al Parque, señora, vienes,
[p. 429]Donde es una culpa
más
Si aquí acertaran á verte?
D.ª Ana.
Don Juan está retraido
Donde quiera que estuviere,
Y solo, á este sitio, donde
Hay tal concurso de gente,
No se atreverá á venir.
Y así más seguramente
Es donde le puedo hablar.
D.ª Luc.
¡Plegue á Dios que no lo
yerres!
D.ª Ana.
Tápate, y llega á llamarle.
Dí que una mujer pretende
Hablarle: que se retire
Del amigo con quien viene.
D.ª Luc.
(A Don
Hipólito.) Caballero, una tapada
A solas hablaros quiere,
Que es la que mirais.
Seguidnos.
D. Hipól.
(Ap. Doña Clara
es, claramente
Lo dice el traje. Otra vez
Al engaño de ayer vuelve;
Mas hoy no lo ha de
lograr.)
(Llégase, y
habla á Doña Ana.)
Notable, vive Dios, eres,
Pues que tan mal te
aseguras
De quien te estima y no
ofende.
Si buscas satisfacciones
Mayores de las que tienes,
No es menester que me
sigas,
Pues en el alma estás
siempre.
D.ª Ana.
Por otra me habeis tenido:
En vuestras voces se
infiere,
Y quiero desengañaros
Desde luego. ¿Conoceisme?
(Descúbrese.)
D. Hipól.
Otra vez me preguntasteis
[p. 430]En otra ocasion más
fuerte
Eso mismo, y respondí
Que sí y que no; y me
parece,
Pues siempre es una la
duda,
Dar una respuesta siempre.
Sí os conozco, pues que os
miro;
No os conozco, porque
suelen
Los bienes pasarse á males,
Y hoy al revés me sucede.
D.ª Ana.
Seguidme hácia la Florida,
Porque hablaros me conviene
Donde estéis solo; y
decidle
A ese amigo que se quede.
(Vanse las
dos.)
D. Hipól.
Don Luis, de nueva aventura
Podeis darme parabienes.
Doña Ana es esta tapada.
Ahora no puedo hacerme
Engaño, que yo la he visto
Con mis ojos claramente.
¿Veis cómo fué la de ayer
Esta misma? ¿Veis si vuelve
A buscarme? Aquí os quedad,
Y murmurad, si os parece,
El haber dicho que tengo
Buena estrella con mujeres.
[p. 431]ESCENA XI.
DOÑA
CLARA é INÉS, tapadas. — DON HIPÓLITO, DON LUIS.
Inés.
(Ap. á D.ª
Clara.) Don Hipólito está aquí.
D.ª Clar.
Pues no andemos más,
detente.
(Quédanse
paradas Doña Clara é Inés; Don Hipólito, engañado por el traje, cree que son
Doña Ana y Lucía, que esperan á que las siga, y se acerca y las habla.)
D. Hipól.
Ya os sigo. Guiad, señora
Doña Ana, donde quisiereis;
Que yendo con vos, hermosa
Deidad de estos campos
verdes,
Cualquiera sitio será
La Florida; que le deben
A vuestros ojos de fuego
Y á vuestra planta de nieve
Púrpura y verde las flores,
Cristal y aljófar las
fuentes.
D.ª Clar.
(Ap. Doña Ana
dijo: ¡ay de mí!
Mas ¿qué nuevo engaño es
este?
Mas no tarde en discurrillo
Quien averiguarlo puede.
La Florida es el lugar
Citado, y á él me conviene
Llevarle.) Venid.
D. Hipól.
(Ap.)Fortuna,
¡Oh cuánto mi amor le debe,
Pues seguro de los celos
De Doña Clara, me ofreces
[p. 432]A Doña Ana! Triunfo
hermoso
De tu gran deidad es este.
(Vanse todos,
y queda solo Don Luis.)
ESCENA XII.
DON JUAN. — DON LUIS.
D. Juan.
Hácia esta parte bajó
Doña Ana; que entre la
gente
Que venía, la perdí
De vista. Pero no puede
Esconderse. Y es verdad;
Pues cuando á mí me
mintiesen
Tantas señas, me dijera
Verdad mi infelice suerte.
Con Don Hipólito va
Hablando. Ya no hay que
espere.
Muera de cólera y rabia
Quien de amor y celos
muere.
D. Luis.
(Ap. ¡Válgame
el cielo! ¡qué miro!
Don Juan de Guzman ¿no es
este?)
¡Señor Don Juan de Guzman!
D. Juan.
¿Quién llama? (Ap. ¿Quién
vió más fuerte
Confusion? Este es Don
Luis.)
D. Luis.
Donde quiera que yo viere
A quien agravia mi sangre
Y á quien mi opinion
ofende,
Primero que con la lengua,
Sin ceremonias corteses
Le saludo con la espada,
Voz de honor más elocuente.
Sacad la vuestra; porque
[p. 433]Con más opinion me
vengue.
D. Juan.
Yo no he rehusado en mi
vida
Con la mia responderle
A quien me habla con la
suya.
Y si matarme os conviene,
Daos priesa; que si os
tardais,
Os podrá quitar la suerte
Otra herida, y no es capaz
Una vida de dos muertes.
D. Luis.
No os respondo, porque ya
Hablar el acero debe.
(Riñen.)
D. Juan.
(Ap.) Con Doña Ana entró en la huerta
Don Hipólito. ¡Oh aleve
Pena! ¿Quién crêrá que allí
Me agravien, y aquí se
venguen?
D. Luis.
Desguarnecióse la espada.
D. Juan.
Daros pudiera la muerte;
Pero porque echeis de ver
Cómo mi valor procede,
Y como debí de darla
A vuestro primo igualmente
(Pues el que fuera una vez
Traidor, lo fuera dos
veces;
Porque ser uno cobarde
No es defecto que se
pierde),
Id por espada, que aquí
Os espero.
D. Luis.
(Ap.¡Trance fuerte,
Pues quien me agravia me
obliga,
Pues me halaga quien me
ofende!
Mas ya sé qué debo hacer.)
Esperad, que brevemente
Volveré.
D. Juan.
Ya veis el riesgo
[p. 434]A que estoy, si
aquí me viesen.
Y por quitarme del paso,
Puesto que veis que lo es
este,
Dentro estoy de la Florida.
D. Luis.
Antes de un instante breve
A ella volveré á buscaros.
(Vase.)
ESCENA XIII.
DON JUAN.
¿Qué haré en penas tan
crueles,
Que un inconveniente es
Sombra de otro
inconveniente?
Cuando sigo un daño, otro
En mi seguimiento viene;
Uno busco y otro hallo,
Y en todos no sé qué
hacerme;
Que soy en un caso mismo
Persona que hace y padece.
Si á Don Hipólito sigo,
Falto á Don Luis
neciamente;
Y si espero á Don Luis,
falto
A mis celos. ¿Mas qué teme
Mi valor? ¿No es morir
todo?
Máteme el que ántes
pudiere,
Don Hipólito ó Don Luis:
Pues cosa justa parece,
Si me busca al que yo
ofendo,
Que busque yo el que me
ofende.
(Vase.)
[p. 435]La Florida.
ESCENA XIV.
DOÑA CLARA, DON HIPÓLITO.
D. Hipól.
En aqueste hermoso márgen,
En este florido albergue,
Que la hermosa primavera
A tanto estudio guarnece,
Podeis decirme, señora
Doña Ana, lo que á esto os
mueve
(Pues ya sabeis que he de
estar
A vuestro servicio
siempre),
Y no esa grosera nube
Tan bellos rayos afrente.
Amanezca vuestro sol,
Pues ya el del cielo
amanece.
D.ª Clar.
Yo haré lo que me mandais;
Que á conceptos tan
corteses,
Que á discursos tan
galantes,
Hace mal quien no obedece.
(Descúbrese.)
D. Hipól.
(Ap.) ¡Doña Clara es, vive Dios!
D.ª Clar.
¿Qué os admira? ¿Qué os
suspende?
Yo soy: proseguid, que va
El discursillo excelente.
D. Hipól.
Ni me suspendo ni admiro,
Sino sólo de que pienses
Que no te habia conocido,
Y sabido que tú eres.
Pero quíseme vengar
De que salgas desta suerte
De casa, trocando el
nombre.
[p. 436]D.ª Clar.
¡Oh qué anciano chiste es
ese!
D. Hipól.
¡Vive Dios, que cuando dije
A Don Luis que no viniese
Tras mí, le dije quién
eras!
Venga él, y si no dijere
Que es verdad, castiga
entónces
Mis culpas con tus
desdenes.
Yo voy por él, y dirá...
D.ª Clar.
Todo cuanto tú quisieres.
No le llames.
D. Hipól.
Pues ¿por qué?
D.ª Clar.
Porque es el «Muñoz, que
miente
Más que vos» del
refrancillo.
D. Hipól.
No, no: mejor es que éntre
A desengañarte. (Ap. No
es
Sino que yo busco este
Desahogo, con que pueda
Admirarme y suspenderme
De que de una mano á otra
Así una mujer se trueque.)
(Vase.)
ESCENA XV.
DON JUAN. — DOÑA
CLARA, que al verle se echa el manto.
D. Juan.
(Ap. De toda la
Florida
La esfera, de matices
guarnecida,
Celoso he discurrido,
Y hallar en ella ¡ay
cielos! no he podido,
Mis celos. ¿Cuándo ¡cielos!
Se hicieron de rogar tanto
los celos,
Que se esconden buscados?
[p. 437]Mas huyen porque
están ya declarados.
¿No es aquella Doña Ana?
Vano es mi enojo, y mi
venganza vana,
Pues sola la he encontrado.
¿Quién crêrá que es tan
necio mi cuidado,
Que me pesa de vella,
No estando Don Hipólito con
ella?
Volverme quiero. Pero ¿cómo
¡cielos!
Podré? que son mis rémoras
los celos.)
Fiera enemiga mia, (A
ella.)
Falsa sirena y engañosa
arpía,
Esfinge mentirosa,
Aspid de nieve y rosa,
¿Dónde está aquel amante
Que tan firme te adora, tan
constante,
Porque me vengue en él de
tí mi acero,
Y no en tí dél mi lengua?
D.ª Clar.
Caballero,
Vos venís engañado
Con tanta pena y tanto
desenfado;
Pues ocasion no ha habido,
(Descúbrese.)
Para que á mí, tan necio y
atrevido
Me hableis, sin conocerme,
con desprecio.
D. Juan.
Decís bien: atrevido anduve
y necio.
Por otra dama os tuve;
Que como á luna y sol
guarda una nube,
Con embozo de sol hallé una
luna.
Perdonad, mi señora,
Que no hablaba con vos.
[p. 438]ESCENA XVI.
DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA. —
DOÑA CLARA, DON JUAN.
D.ª Ana.
Yo puedo ahora
Serviros de testigo,
Pues no hablaba con vos,
sino conmigo.
D.ª Clar.
Pues si con vos hablaba,
Hable con vos, que aquí mi
enojo acaba.
(Vase.)
ESCENA XVII.
DOÑA ANA, DON JUAN, DOÑA
LUCÍA.
D.ª Ana.
Mucho me alegro, Don Juan,
De que hayais llegado á
tiempo
Que os desengañen y engañen
A vos vuestros ojos mesmos;
Porque si vos padeceis
A un mismo instante esos
yerros,
Ya es fuerza que lo creais,
Como quien pasa por ellos;
Pues pensar que lo que vos
Crêis, no puede otro
creerlo,
Es hacer más advertido
Al otro, y á vos más necio;
Y no hay ninguno que quiera
Tan mal á su entendimiento.
D. Juan.
¡Oh, qué necio desengaño,
[p. 439]Doña Ana, pues
cuando veo
Que es verdad que me
engañaron
Mis ojos, tambien advierto
Que el desengaño me ofende,
Pues tú le traes á este
puesto!
Luego engaño y desengaño
Todo ha sido engaño: luego
No te puedes excusar
Del agravio de mis celos;
Pues hoy, como del engaño,
Del desengaño me ofendo;
Pues el engaño era agravio,
Y el desengaño desprecio.
D.ª Ana.
En haber venido aquí,
Ni te engaño ni te ofendo;
Pues por tí sólo he venido.
D. Juan.
¿Pues pudiste tú saberlo?
D.ª Ana.
No; mas pude adivinarlo,
Desta manera viniendo
Para hacer que te buscara
Don Hipólito.
D. Juan.
¿A qué efecto?
D.ª Ana.
A efecto de que te diese
La satisfaccion él mesmo.
D. Juan.
¡Oh qué necia prevencion!
Porque cuando da muy necio
El que fué segundo amante
Al que fué amante primero,
De celos satisfacciones,
Es cuando le da más celos.
D.ª Ana.
No hagas graduacion de
amores;
Que no soy mujer que puedo
Tener primero y segundo.
D. Juan.
Calla, calla, que me
acuerdo
[p. 440]De una noche...
Pero aquí,
Más que yo, dice el
silencio.
D.ª Ana.
¡Pluguiera á Dios, las
disculpas
Que yo desa noche tengo,
Pudiera significarte!
Pero puedo, si no puedo,
Con decir que soy quien
soy.
D. Juan.
¡Ojalá bastara eso!
D.ª Ana.
Sí bastara, si me amaras.
D. Juan.
Porque te amo, no te creo.
D.ª Ana.
Pues ves aquí que en mi
casa
Anoche un hombre encubierto
Estaba, que allí se
entró...
D. Juan.
Dí.
D.ª Ana.
De la justicia huyendo.
Y en efecto, enternecido
A mi llanto ó á su
esfuerzo,
Se fué. Y si le vieras tú
Salir de mi casa, es cierto
Que pagara yo la pena
De la culpa que no tengo.
D. Juan.
No hiciera, cuando aquel
hombre
Fuera un hombre como Arceo,
Que es el que anoche en tu
casa
Escondido y encubierto
Le tuvo Doña Lucía.
D.ª Luc.
(Ap.) ¡Por Dios, que me ven el juego!
D.ª Ana.
¿Qué dices?
D. Juan.
Lo que es verdad.
D.ª Ana.
¿Hay tan grande
atrevimiento?
D. Juan.
Pero siendo un hombre noble
El que entónces quedó
muerto,
Y abriendo con llave, ¿no
Entraba?... Pero no quiero
[p. 441]Pronunciarlo, por
no ser
Víbora yo de mi aliento.
Quédate á Dios, que le
guarde,
Doña Ana, para otro dueño;
Que son muchos desengaños
Para un hombre que va
huyendo.
(Ap. Por
esperar á Don Luis
Solo me voy y me quedo.)
(Vase.)
D.ª Ana.
¡Tente, espera, escucha,
aguarda!
¿Quién crêrá mis
sentimientos?
ESCENA XVIII.
DON HIPÓLITO, y
tras él DOÑA CLARA, siguiéndole. — DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA.
D. Hipól.
(A Doña Ana.) No pude hallar á Don Luis
En todo el Parque...
D.ª Clar.
(Ap.)Yo vuelvo
Tras Don Hipólito, á ver
En qué paran sus enredos.
D.ª Luc.
(Ap.) ¡Que hubiese tan mala lengua!
D. Hipól.
(A D.ª Ana.) Pero, vive Dios, que es cierto,
Clara, que te conocí
Desde el instante primero.
D.ª Ana.
No hicisteis, porque si
hubierais
Conocídome, sospecho
Que no os debiera mi honor,
Don Hipólito, estos
riesgos:
Advertid que hablais
conmigo.
(Descúbrese.)
D. Hipól.
(Ap.) ¿Qué tramoya es esta, cielos?
D.ª Clar.
No hablaba sino conmigo,
Como vos dijisteis, puedo
[p. 442]Decir yo; que yo
tambien
Quien hable conmigo tengo.
(Descúbrese.)
D. Hipól.
(Ap.) ¡Vive Dios, que me han cogido
Por hambre las dos en
medio!
D.ª Ana.
Pues aunque vos me imitais
A mí, imitaros no puedo
Yo á vos; que no he de
dejaros
Sin averiguar primero
Un engaño con los dos.
D.ª Luc.
(Ap.) ¡Que haya en el mundo parleros!
D. Hipól.
Pues ¿qué esperais?
D.ª Ana.
Un testigo
Que ha de oirlo y ha de
verlo...
Y él viene ya; que esta
sola
Piedad al cielo le debo.
ESCENA XIX.
DON PEDRO, DON JUAN, ARCEO.
— Dichos.
D. Ped.
No habeis de ir desa
suerte,
Ya que en el Parque os
encuentro,
Despues que toda la noche
Os busqué.
D. Juan.
Mirad que tengo
Que hacer, y me va el
honor.
D. Ped.
Oid á Doña Ana primero.
Arceo.
¿Qué hay, Lucía? (Ap.
á ella.)
D.ª Luc.
Parlerías.
Ya todo se sabe, Arceo.
D.ª Ana.
¡Gracias á Dios que
llegais,
Don Juan, una vez á tiempo
Que mi verdad conozcais!—
Decid, Doña Clara, ¿es
cierto
[p. 443]Que ayer fuisteis á
mi casa,
De Don Hipólito huyendo,
Y que él creyó que yo fuí
La tapada?
D.ª Clar.
Sí, y queriendo
Cortesanamente hacerle
Una burla, escribí luégo
Un papel en vuestro nombre.
Y en la casa de Don Pedro
Le fuí á ver, donde pasó
Lo que proseguirá él mesmo.
D.ª Ana.
Con esto, Don Juan, he dado
Los desengaños que puedo.
El cielo en los otros
hable,
Pues solo los sabe el
cielo.
ESCENA XX.
DON LUIS. — Dichos.
D. Luis.
¡Señor Don Juan de Guzman!
D. Ped.
(Ap.) Peor se va poniendo esto.
Arceo.
(Ap.) ¡Por Dios que le ha conocido
Don Luis, el primo del
muerto!
D. Hipól.
(A Don Luis.) ¿Este es Don Juan de Guzman?
El no conocerlo siento,
Para haber en vuestra
ausencia
Hecho...
D. Luis.
Esperad, deteneos;
Que este duelo ha de vencer
La hidalguía, y no el
acero.
D. Juan.
Pudiérades esperar
[p. 444]A verme solo en el
puesto.
D. Luis.
Importa que haya testigos
Para lo que hacer intento.
A que fuese por espada,
Que se me quebró riñendo
Con vos, me disteis lugar:
Si tardo, disculpa tengo,
Pues por haberos escrito
Este papel me detengo.
De la causa en que soy
parte,
Este es el apartamiento;
Que si deudor de una vida
Erais mio, y noble y cuerdo
Me la disteis, contra vos
Derecho ninguno tengo.
Y si entónces no lo hice,
Fué porque allí, no
teniendo
Espada, no presumierais
Que os daba el perdon de
miedo;
Y así os le entrego, Don
Juan,
Cuando en la cinta la
tengo.
D. Juan.
No sólo me dais la vida,
Sino el honor; y pues
viendo
Estais la dama que fué
La ocasion deste suceso,
Ella os pague con los
brazos
Lo que con almas no puedo.
D.ª Ana.
Pues con vuestras amistades
Todas las nuestras hacemos.
D.ª Clar.
No hacemos; porque si ya
No tengo quien me dé celos,
No tengo á quien quiera
bien.
D. Hipól.
Pues ¿hay más de no
quereros?
D.ª Ana.
Arceo y Doña Lucía
[p. 445]Se casen luégo al
momento.
Arceo.
¿Mas que nace el
Ante-Cristo
De Lucías y de Arceos?
D. Juan.
Mañanas de
Abril y Mayo
Dan fin: perdonad sus
yerros.
[p. 447]
ÍNDICE.
|
|
Págs. |
NOTAS
[1] El príncipe Don
Baltasar Cárlos, hijo de Felipe IV, nació á 17 de Octubre de 1629.
[2] Mi padre.
[3] El sentido y el verso
están cabales uniendo las palabras ¿Qué haces? con las
anteriores; pero el consonante falta, quizá por efecto de alguna breve
supresion.
Nota de
transcripción
· Los errores de imprenta han sido corregidos sin
avisar. Para su detección se han tenido en cuenta otras ediciones de estos
dramas.
· Se ha respetado la ortografía original. También se
han respetado las inconsistencias en la acentuación, aunque se han añadido
algunas tildes a las mayúsculas para deshacer ambigüedades.
· Se han reparado los emparejamientos de los signos
de admiración e interrogación.
· Las páginas en blanco han sido eliminadas.
· Las notas a pie de página se han renumerado y
colocado al final del libro.
· En el original impreso, las indicaciones o
acotaciones escénicas se distinguen del texto principal por su menor tamaño. En
esta transcripción, y para facilitar la lectura, se presentan además en
cursiva.
End of the Project
Gutenberg EBook of Teatro selecto, tomo 3 de 4, by
Pedro Calderón de la Barca
*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TEATRO SELECTO, TOMO 3 DE 4 ***

No hay comentarios:
Publicar un comentario