© Libro N° 8882. Einstein Para Despistados. Percy, Allan. Emancipación. Julio 31 de 2021.
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Einstein Para Despistados. Allan Percy
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
Allan Percy
Einstein Para Despistados
Allan Percy
Índice
Prólogo
1. ¿Qué sabe el pez del agua donde
nada toda su vida?
2. El problema del hombre no está
en la bomba atómica, sino en su corazón
3. Lo importante es no dejar de
hacerse preguntas
4. El misterio es la cosa más
bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y toda ciencia
verdaderos
5. La memoria es la inteligencia de
los tontos
6. Si no chocamos contra la razón,
nunca llegaremos a nada
7. El azar no existe; Dios no juega
a los dados
8. Cada día sabemos más y
entendemos menos
9. En los momentos de crisis, solo
la imaginación es más importante que el conocimiento
10. Comienza a manifestarse
la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación por los demás es mayor que
la que sentimos por nosotros mismos
11. Intenta no volverte un
hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor
12. Cuando un hombre se
sienta con una chica bonita durante una hora, parece que pase un minuto. Pero
deja que se siente sobre una plancha caliente durante un minuto y le parecerá
más de una hora. Eso es la relatividad
13. La debilidad de actitud
se vuelve debilidad de carácter
14. No entiendes realmente
algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela
15. Hay dos formas de ver la
vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un
milagro
16. Quien crea que su propia
vida y la de sus semejantes está privada de significado no es solo infeliz,
sino que apenas es capaz de vivir
17. Existe una fuerza motriz
más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad
18. El que se erige en juez
de la verdad y el conocimiento es desalentado por las carcajadas de los dioses
19. La fuerza sin amor es
energía gastada en vano
20. Yo no enseño a mis
alumnos, solo les proporciono las condiciones en las que puedan aprender
21. Si A es el éxito en la
vida, entonces A = X + Y + Z. Donde X es trabajo, Y es placer y Z es mantener
la boca cerrada
22. El don de la fantasía me
ha ayudado más que mi talento para absorber el conocimiento positivo
23. El ser humano es parte
de ese todo que llamamos «universo», una parte limitada por el tiempo y el
espacio
24. La ley de la Gravedad no
es responsable de que la gente caiga enamorada
25. Me encanta viajar, pero
odio llegar
26. La decisión más
importante que podemos tomar es si vivimos en un universo amable o bien hostil
27. La mente intuitiva es un
regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una
sociedad que rinde honores al sirviente y se ha olvidado del regalo
28. Los ordenadores son
increíblemente rápidos, precisos y estúpidos. Los humanos somos increíblemente
lentos, imprecisos y brillantes. Juntos tenemos un poder más allá de la
imaginación
29. La teoría es asesinada
tarde o temprano por la experiencia
30. La vida es como montar
en bicicleta. Si quieres mantener el equilibrio no puedes parar
31. Un hombre de ciencia es
un filósofo pobre
32. Lo único que interfiere
con mi aprendizaje es mi educación
33. Los seres humanos
necesitan acción a cualquier precio
34. Locura es hacer la misma
cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes
35. La monotonía y la
soledad de una vida tranquila estimulan la mente creativa
36. Los intelectuales
resuelven los problemas, los genios los evitan
37. No tengo talentos
especiales, pero sí soy profundamente curioso
38. Nada incrementaría tanto
la posibilidad de supervivencia sobre la Tierra como el paso a una alimentación
vegetariana
39. Pienso y pienso a lo
largo de meses y años. De cien veces, en noventa y nueve llego a una conclusión
falsa. Solo en un uno por cierto acierto
40. No podemos resolver los
problemas empleando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando se crearon
41. El crecimiento
intelectual debería empezar al nacer y terminar en el momento de la muerte
42. Plantear nuevas
preguntas, nuevas posibilidades, considerar viejos problemas desde un nuevo
enfoque, marca el verdadero avance de la ciencia
43. No permitas que tu
felicidad dependa de alguien porque no siempre esa persona será como crees
44. Pocos son los que ven
con sus propios ojos y sienten con su propio corazón
45. Recortas y moldeas tu
cabello pero casi siempre olvidas recortar y moldear el ego
46. Dios siempre elige el
camino más simple
47. Quien crea que su propia
vida y la de sus semejantes está privada de significado no es solo infeliz,
sino que ni siquiera es capaz de vivir
48. Una vez que aceptamos
nuestros límites, podemos superarlos
49. Por lo que a mí
respecta, prefiero el vicio silencioso a la virtud ostentosa
50. Quien nunca ha cometido
un error nunca ha probado algo nuevo
51. Soy un no creyente
profundamente religioso, lo cual viene a ser una nueva clase de religión
52. Se debe hacer todo tan
sencillo como sea posible, pero no más sencillo
53. El miedo a la muerte es
el más injustificado de los miedos, ya que no hay riesgo de sufrir un accidente
cuando estás muerto
54. Tengo una pregunta que a
veces me tortura: ¿estoy loco yo o los locos son los demás?
55. Si quieres ser un gran
científico, dedícate un cuarto de hora al día a pensar todo lo contrario a lo
que piensan tus amigos
56. La mayoría de las
personas dicen que el intelecto es lo que hace a un gran científico. Están
equivocadas: lo principal es el carácter
57. Vivo en una soledad que
podría ser dolorosa para un joven, pero que es una delicia en los años de
madurez
58. Tendremos el destino que
nos hayamos merecido
59. El verdadero arte se
caracteriza por una urgencia irresistible en el artista
60. Toda la ciencia no es
más que un refinamiento del pensamiento cotidiano
61. El secreto de la
creatividad es saber cómo esconder tus fuentes
62. Nunca pienso en el
futuro, pues llega suficientemente pronto
63. Todo lo que es realmente
grande e inspirador es creado por el individuo que puede trabajar en libertad
64. Información no equivale
a conocimiento
65. El valor de un ser
humano debería estimarse por lo que da y no por lo que recibe
66. Quien desatiende la
verdad en las pequeñas cosas no puede estar al cargo de las cosas importantes
67. La ciencia es un 1% de
inspiración y un 99% de transpiración
68. ¡Triste época la
nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio
69. Solo quien se entrega a
una causa con todas sus fuerzas y con toda su alma puede dominar la misma
70. En el desorden encuentra
simplicidad, en la discordia encuentra armonía; en medio de la dificultad yace
la oportunidad
71. Una mesa, una silla, un
cuenco con fruta y un violín: ¿qué más se necesita para ser feliz?
72. Una velada en la que
todos los presentes estén absolutamente de acuerdo es una velada perdida
73. Nuestra tarea debe ser
ampliar nuestro círculo de la compasión para abrazar a todas las criaturas
vivas y la naturaleza al completo con toda su belleza
74. Uno debería guardarse
contra aquellos que sermonean habitualmente a los jóvenes con la importancia
del éxito como principal propósito en la vida
75. Aprende del ayer, vive
para hoy, espera el mañana
76. Un hombre que puede
besar sin peligro a una chica mientras conduce simplemente no está dando al
beso la atención que merece
77. El hombre es, a la vez,
un ser solitario y un ser social
78. Casi todo lo que hacemos
está ligado a la existencia de otros seres humanos. Nuestra manera de actuar
nos emparenta con los animales sociables
79. No es que sea más listo,
sino que paso más tiempo con los problemas
80. Hay dos cosas infinitas:
el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro
81. Me hago a mí mismo
preguntas infantiles y procedo a contestarlas
82. Es mejor creer que no
creer; la primera opción te lleva al reino de las posibilidades
83. La adversidad muestra al
ser humano lo que realmente es
84. El día que la tecnología
sobrepase la interacción natural entre las personas el mundo tendrá una
generación de idiotas
85. Una vez al día, date la
libertad de soñar
Anexo
Bibliografía
Dedicado a los sabios cotidianos que saben relativizar los problemas y
hallar nuevos caminos
Prólogo
1905 fue conocido como el «año milagroso». Albert Einstein, entonces un
oficial de tercera de una oficina de patentes suiza, publicó tres artículos y
un anexo que revolucionaron por completo el modo en el que los físicos
comprendemos el cosmos. En estos famosos escritos, aplicó lo que más tarde
resumiría con estas sabias palabras: «No podemos resolver los problemas con el
mismo nivel de pensamiento que usamos cuando se crearon».
Este nuevo enfoque de pensamiento permitió a Einstein fantasear e
imaginarse encima de un rayo de luz, lo que lo ayudó a romper con la idea de un
espacio-tiempo absoluto. De esta fascinante idea surgió la teoría de la
Relatividad.
Pese a que nuestra experiencia ordinaria nos dice que el tiempo
transcurre exactamente igual en cualquier situación —las manecillas del reloj
tardan lo mismo en recorrer una hora aquí que en Japón—, ahora sabemos que el
tiempo y el espacio son algo relativo. Suceden cosas extrañas cuando nos
acercamos a la velocidad de la luz. A medida que nos movemos más rápidamente,
el tiempo transcurre más despacio. Un reloj de alguien en movimiento va más
lento que si estamos parados. Y esto ocurre con todo tipo de relojes, incluidos
los latidos de nuestro corazón.
Con su teoría de la Relatividad, Einstein desafía nuestras creencias del
espacio y el tiempo. ¿Qué fue lo que permitió a Albert Einstein desprenderse de
aquellas verdades provisionales?
Aquel mismo año milagroso, Einstein desarrolló la ecuación más famosa de
la historia de la física, y probablemente la que aparece estampada en más
camisetas: E=mc2. La energía es igual a la masa por la
velocidad de la luz al cuadrado.
Las aplicaciones de esta ecuación en la industria armamentística fueron
devastadoras. La masa puede convertirse en una enorme fuente de energía; de esa
idea nacería el proyecto Manhattan y la bomba atómica. Einstein desempeñó un
papel crucial en aquel programa cuyas consecuencias lo acompañaron el resto de
su vida. De ahí que, tras explotar las primeras bombas atómicas, dijera su
célebre: «Si lo llego a saber, me hago relojero». Esta dramática experiencia
reforzó su carácter pacifista, sobre todo en los últimos años de su vida.
Las contribuciones de este brillante científico no se limitaron al campo
de la relatividad. Sus visiones sobre la naturaleza de la luz, completamente
novedosas, se convirtieron en el pistoletazo de salida de la física cuántica,
una de las teorías modernas que ponen en jaque nuestra lógica y sentido común
en mayor medida.
Cuando nos adentramos en el fantástico mundo de la cuántica, enseguida
nos encontramos con sucesos extraordinarios: los objetos pueden existir en más
de un lugar al mismo tiempo, lo aparentemente sólido está vacío, así como un
gato puede estar vivo y muerto a la vez.
Estas paradojas, como si de koans se tratasen,
desmontan totalmente nuestras estructuras mentales y dan paso a un estado de
«confusión», que es el umbral del pensamiento creativo.
Para el lector ajeno al mundo científico, estas visiones pueden parecer
incomprensibles y muy alejadas de sus problemas cotidianos. Sin embargo, lo que
se presenta en estas páginas es algo que va más allá de la formación
científica. Nuestro protagonista fue una de las figuras más carismáticas del
siglo XX, no solo por sus contribuciones a la ciencia, sino también por su modo
rompedor de pensar e innovar.
El mérito de Allan Percy ha sido reunir 85 píldoras de sabiduría de
Einstein y traducirlas al mundo de la psicología cotidiana, como cabeceras de
soluciones prácticas para relativizar preocupaciones, resolver problemas y
hallar la fórmula más simple y poderosa para vivir plenamente.
El mundo ha cambiado más en los últimos cien años que en toda la
historia de la humanidad. Por eso hoy, más que nunca, debemos tener presentes
las provocadoras palabras de Albert Einstein: «No hay nada que sea un signo más
claro de demencia que hacer algo una y otra vez y esperar que los resultados
sean diferentes».
Dra. Sonia Fernández-Vidal
85 Soluciones atómicas para problemas
relativamente graves
§ 1. ¿Qué sabe el pez del agua donde nada toda su vida?
Conocerse es una apasionante historia de amor y descubrimiento que lleva
toda una vida. Al tomar conciencia de nuestras emociones, evaluamos las
situaciones con más objetividad y podemos tomar decisiones más inteligentes.
Tal como afirma la novelista italiana y documentalista científica Susanna
Tamaro, «nuestro corazón es como la Tierra, que tiene una parte en luz y otra
en sombras. Descender para conocerlo bien es muy difícil, muy doloroso».
Todos hemos proyectado alguna vez nuestros problemas hacia el exterior,
echando la culpa a otros en vez de aceptar nuestros errores. Pero, como dijo
Friedrich Schiller, «si quieres conocerte, observa la conducta de los demás; si
quieres conocer a los demás, mira en tu propio corazón».
Para conocer a los demás, que son nuestro espejo, podemos recurrir a la
biblioterapia o a la cineterapia. A través de historias en las que nos veremos
reflejados, entenderemos nuestras experiencias sin sufrirlas en primera
persona.
Como señala Bronnie Ware en Los cinco mandamientos para tener
una vida plena, la gente siempre dice: «Ojalá hubiera tenido el coraje de
hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que
hiciera». Por eso merece la pena dejar el miedo a un lado y sondear nuestro
corazón, aprendiendo del agua en la que nadamos toda nuestra vida.
§ 2. El problema del hombre no está en la bomba atómica, sino en su corazón
El amor es una experiencia personal para la que no sirven recetas. Es un
arte que requiere disciplina, paciencia y empatía. Para amar, uno ha de ser
consciente y ocuparse de su obra cada día.
Nuestra sociedad habla mucho de cómo prosperar en la empresa, en la
sociedad, en los estudios, pero a menudo olvidamos que esa misma disciplina
mental y emocional es necesaria para amar de forma inteligente.
Amamos tal como somos, por lo que también nuestra forma de relacionarnos
con los demás es una forma de autoconocimiento. Como decía Erich Fromm, «en el
acto de amar, de entregarse, en el acto de penetrar en la otra persona, me
encuentro a mí mismo, me descubro, nos descubro a ambos, descubro al hombre».
La paciencia nos permite establecer vínculos duraderos, nos ayuda a
escuchar y a volcarnos en las situaciones de forma plena. Amar es activo, ya
que implica sentir, hacer y vivir.
Tal como decía Einstein, dentro de cada ser humano late una bomba capaz
de contrarrestar kilotones de hostilidad y confusión. El corazón es nuestra
mejor arma para ganar la paz interior.
§ 3. Lo importante es no dejar de hacerse preguntas
Sócrates ya nos hablaba, con la mayéutica, sobre la importancia de
cuestionarnos la realidad. Su técnica llevaba al «parto de las ideas» gracias a
una serie de preguntas y respuestas en las que el maestro guiaba al alumno en
su propio proceso, descubriéndole sus propias contradicciones.
Albert Einstein decía al respecto: «Si yo tuviera una hora para resolver
un problema y mi vida dependiera de la solución, gastaría los primeros 55
minutos para determinar la pregunta apropiada, porque una vez supiera la
pregunta correcta podría resolver el problema en menos de cinco minutos». Y es
que una pregunta precisa moviliza toda la energía hacia el hallazgo de la
solución.
Según el gurú del pensamiento positivo Wayne Dyer, «no puedes crecer y
desarrollarte si sabes la respuestas antes que las preguntas».
§ 4. El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la
fuente de todo arte y toda ciencia verdaderos
El misterio es la antesala del verdadero conocimiento. Darnos cuenta de
todo lo que no sabemos estimula nuestra receptividad y nos pone en la senda del
crecimiento personal.
Antes de convertirse en un reconocido escritor y científico, Carl E.
Sagan fue un niño con una enorme capacidad para sorprenderse que parloteaba
incesantemente sobre estrellas y dinosaurios. Sus progenitores alentaban en él
esta curiosidad como parte de su educación. En sus propias palabras: «Mis
padres no eran científicos. No sabían casi nada de ciencia. Pero al iniciarme
simultáneamente en el escepticismo y al hacerme preguntas, me enseñaron los dos
modos de pensamiento que conviven precariamente y que son fundamentales para el
método científico».
Toda su vida cambió cuando, a los cinco años, visitó la Exposición
Universal de 1939, entendiendo tras todo lo que vio allí que «el mundo contenía
maravillas que yo nunca había imaginado».
Como niño intrépido, amaba los misterios de la naturaleza y visitaba la
biblioteca pública para estudiar el mundo que lo rodeaba: «Me acerqué al
bibliotecario y le pedí un libro sobre las estrellas […] Y la respuesta fue
sensacional. Resultó que el sol era una estrella pero que estaba muy cerca. Las
estrellas eran soles, pero tan lejanos que únicamente parecían puntitos de luz
[…] De repente, la escala del universo se abrió para mí. Fue una especie de
experiencia religiosa. Había algo magnífico en ello, una grandiosidad, una
escala que nunca me ha abandonado, que jamás me abandonará».
Sus padres lo ayudaron a fomentar esa pasión a través de lecturas,
visitas y juegos, los cuales alimentaron su curiosidad y lo llevaron a publicar
varios libros y artículos. Con el paso de los años, Sagan promovió la búsqueda
de inteligencia extraterrestre, con el proyecto SETI, así como el estudio del
efecto invernadero a escala planetaria.
§ 5. La memoria es la inteligencia de los tontos
No podemos deshacernos del pasado como si fuera un trapo viejo, porque
borrarlo sería como deshacernos de nuestra historia. Pero perdonar y sanar de
las posibles heridas del pasado es fundamental para limpiar nuestro presente y
seguir nuestro camino.
Como dijo sabiamente la Madre Teresa de Calcuta, «el perdón es una
decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la
ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, pues perdonando tendrás en paz tu alma
y la tendrá el que te ofendió».
En cuanto al olvido, según un estudio del equipo del doctor Joe Z.
Tsien, del Medical College de Georgia, a medida que envejecemos nos cuesta cada
vez más aprender cosas nuevas, pero aún se complica más la facultad de olvidar
el pasado. Es decir, que el cerebro pierde la capacidad de filtrar, de eliminar
la información vieja y fijar la relevante, con lo que falta espacio para grabar
nuevos recuerdos.
Para llegar a esos descubrimientos el doctor Tsien y su equipo
trabajaron con ratones de edad avanzada y se sorprendieron al comprobar que
estos podían mantener recuerdos a corto plazo, si bien eran incapaces de
debilitar las conexiones existentes a largo plazo. Ello resultó para los
investigadores una anomalía inesperada, que al parecer guarda relación con el
funcionamiento del receptor NMDA del hipocampo: una especie de interruptor para
el aprendizaje y para la memoria.
Según el doctor Tsien, «lo que vemos es que si en el cerebro solo se
fortalecen sinapsis y nunca se liberan del ruido que crea la información que ha
dejado de ser útil, surgen serios problemas» pues acabamos por atrofiar la
capacidad de las encargadas de almacenar nueva información.
Hay que dejar espacio a ideas y experiencias nuevas para seguir
enriqueciéndonos espiritualmente.
§ 6. Si no chocamos contra la razón, nunca llegaremos a nada
Nuestro pensamiento tiende a buscar soluciones «lógicas» a los problemas
con los que nos encontramos. Se apoya en lo que es habitual, esto es, en los
caminos neuronales que ya hemos recorrido otras veces. Este sería un
pensamiento vertical, pero Edward de Bono publicó en 1967 El uso del
pensamiento lateral, libro en el cual explica una forma de pensar inusual.
El pensamiento lateral nos permite encontrar nuevas soluciones a
cualquier experiencia o reto desde múltiples puntos de vista, y para
desarrollarlo podemos seguir cuatro vías de exploración:
1.
Comprobar
suposiciones.
2.
Formular
las preguntas adecuadas, preguntando desde lo más general hasta lo más
específico.
3.
Ver las
cosas de forma creativa, desde muchas perspectivas.
4.
Aplicar
la lógica
Según De Bono, dos trucos para desarrollar el pensamiento lateral serían
dar la vuelta al problema para verlo desde otro punto de vista, así como
fragmentarlo para tratar cada parte una a una.
Dos enigmas clásicos para entrenar el pensamiento lateral:
·
Antonio y
Cleopatra han muerto. Ambos están reposando en el suelo de una villa de Egipto.
Cerca hay un recipiente roto. No tienen marcas en el cuerpo ni han sido
envenenados. ¿Qué ha sucedido?
Solución: Ambos son peces y murieron al romperse la pecera.
·
Un hombre
asiste a una fiesta y bebe del mismo ponche que beberán todos los demás
invitados durante la noche. Él se va de la fiesta temprano y no le ocurre nada,
pero el resto de los invitados mueren por envenenamiento. ¿Cómo es posible?
Solución: El veneno estaba en los cubitos de hielo, y hasta que estos no se
derritieron el ponche no se contaminó.
Es justamente a este «pensar de modo distinto» a lo que apelaba Einstein
en este aforismo.
§ 7. El azar no existe; Dios no juega a los dados
¿Cuántas veces habremos oído la frase «las casualidades no existen»? Fue
el psiquiatra Carl Gustav Jung quien, durante su estudio del psicoanálisis,
desarrolló la teoría de la Sincronicidad.
Esta nos dice que los sucesos guardan entre sí una relación
significativa. Nuestros «yo» individuales son como islotes. Estamos
acostumbrados a vernos de ese modo, a considerar la realidad desde ese punto de
vista, sin tener en cuenta que existen más islotes unidos por debajo del mar,
en la tierra.
Según Jung, formamos parte de un todo dividido en unidades
independientes de conciencia, cada uno de nosotros. Esta separación no es total
y, por tal motivo, cuando meditamos o soñamos entramos en nuestro inconsciente
y percibimos el inconsciente colectivo.
Las señales, los encuentros y los sucesos que percibimos en el mundo
como casualidades, o catalogamos de déjà vú, no son más que la
expresión de esa conexión y unidad. Cuando una persona está en proceso de
evolución, todo se mueve a su alrededor como un reloj. Una rueda mueve otra y,
sin darnos cuenta, esas conexiones con los demás, muy especialmente las
sincronicidades, nos guían y muestran el camino.
Si somos conscientes de la inexistencia de las casualidades —Einstein
decía: nada sucede por azar—, comprenderemos mejor el mundo y sabremos
interpretar los signos y los movimientos como mensajes esenciales para nuestra
vida cotidiana.
§ 8. Cada día sabemos más y entendemos menos
El filósofo y conferenciante Jiddu Krishnamurti insistía en que para
descubrir cualquier cosa debe haber libertad, y también afirmaba que aquel que
acumula, ya sea dinero o conocimiento, jamás será libre, porque la virtud no
puede ser un confinamiento, mientras que toda acumulación lo es.
«La sabiduría es una cosa y el conocimiento es otra. El conocimiento es
acumulación de experiencia; es la continuación de la experiencia, lo cual es
memoria. La acumulación de experiencia es un proceso continuo, y cada
experiencia fortalece este proceso; cada experiencia fortifica la memoria, le
da vida […] Toda esta cargazón del pasado es la mente, es pensamiento. El
pensamiento es lo acumulado. Y debe terminar para que lo nuevo tenga lugar».
El gurú Osho, ante la pregunta de cuál es la diferencia entre
conocimiento, sabiduría y comprensión, dijo que la diferencia es cualitativa:
el conocimiento es una creencia de la experiencia del otro, mientras que todo
conocimiento es prestado. La sabiduría es la acumulación de experiencias
propias. La comprensión no es acumulativa, porque estamos cambiando a cada
momento; no acumula experiencias, ni propias ni ajenas, sino que provoca el
crecimiento en el individuo. Mientras la sabiduría ha acumulado el polvo de los
siglos y el conocimiento se mueve en el pasado, la comprensión es siempre
fresca.
«El conocimiento puede ser eliminado al igual que la sabiduría. Pueden
ser eliminados de tu cerebro, eliminados completamente de tu mente. Pero la
comprensión nunca puede ser eliminada de tu cerebro; no es parte de él, no es
acumulativa. Todo lo acumulativo es acumulado en el cerebro, pero la
comprensión forma parte de tu ser; no puede ser eliminada. A Buda no puedes
hacerle un lavado de cerebro; en realidad, él mismo se lo ha hecho ya, él mismo
se ha limpiado. Él no acumula; vive momento a momento. Viviendo, su ser crece.
Si viviendo tu conocimiento aumenta, es sabiduría; si viviendo tu ser crece, es
comprensión; y si sin vivir sigues acumulando, es conocimiento».
De este modo, Osho afirma que el verdadero florecimiento del ser es la
comprensión, ya que es un «espejo que no acumula nada, un espejo que vive
siempre en el presente inmediato: refleja todo lo que surge ante él».
«Las personas mayores pueden ser sabias; los jóvenes pueden ser
eruditos; pero solo los niños pueden comprender. Ese es el significado del
dicho de Jesús: “Solo aquellos que sean como niños podrán entrar en mi reino de
Dios”. Cuando seas como un niño, fresco, sin cargar con ningún pasado, sin
cargar con respuestas prefijadas, sin cargar con respuesta alguna […], tan solo
un profundo vacío, entonces algo resonará en ti».
§ 9. En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el
conocimiento
Para afrontar los problemas cotidianos, la imaginación es el arma más
contundente que poseemos. Cada adversidad es una oportunidad de cambio que nos
empuja a levantarnos para evolucionar, y para evolucionar es necesario utilizar
la creatividad, tanto de forma individual como colectiva.
Fomentar la espontaneidad del niño que duerme en nuestro interior puede
ofrecer una perspectiva distinta a lo que, al principio, vemos como
irresoluble. Los adultos creativos se sirven de estructuras mentales abiertas y
flexibles para encontrar soluciones a sus problemas. El despertar de ese niño
interior tiende a ocurrir con mayor frecuencia en momentos duros y convulsos,
cuando una sacudida los obliga a despertar del letargo y a trabajar en algo
nuevo.
Un ejemplo iluminador es el de Masud Hasani, que nació en Afganistán y
vivió en Kabul, en el barrio de Qasaba, hasta los cinco años. Él tuvo la suerte
de viajar, salir de allí y ampliar horizontes, pero sus recuerdos le hacían
retornar a aquellos años de su infancia.
Uno de los juguetes con los que se divertían los niños de su país eran
unos artilugios rodantes que se movían con la fuerza del viento a través de los
campos. Este recuerdo, unido a su creatividad, lo llevó a crear para su
proyecto final de carrera en la Academia de Diseño de Eindhoven un artilugio
veinte veces más grande que los juguetes de su infancia, capaz de solucionar el
problema de las minas anti persona: «Muchos niños juegan junto a campos de
minas en Afganistán y terminan heridos, aunque ellos nunca han sido los
enemigos para los que se construyeron las minas. Yo sentía que tenía que hacer
algo».
Su artilugio está diseñado para hacer estallar las minas, perdiendo
piezas en su recorrido, pero es un aparato de construcción tan sencilla y
económica que no resulta un problema.
§ 10. Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra
preocupación por los demás es mayor que la que sentimos por nosotros mismos
El último tercio de la vida de Einstein estuvo marcado por su activismo
en favor de la paz, signo de la poderosa evolución espiritual que experimentó
tras el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki.
Son muchos los ejemplos de personas que, en cierto momento de su vida,
despiertan a la generosidad y se vuelcan en mejorar el mundo en la medida de
sus posibilidades. Este fue el caso de Vicente Ferrer, fallecido en 2009.
Después de formar parte de la Compañía de Jesús, creó la fundación que lleva su
nombre y lucha aún por los más desfavorecidos de la India, desarrollando una
labor humanitaria que beneficia a más de dos millones de personas.
Según sus propias palabras, «el corazón está partido en dos. Con una
mitad, el hombre se ama a sí mismo y con la otra mitad ama a los demás. Este
corazón es una guía continua. Siempre dice: “Haz el bien”. Siempre está
funcionando a toda mecha. Si dentro de uno el amor a sí mismo es más grande que
el amor a los demás, entonces cometerá muchos fallos». Este antiguo jesuita
creía que «la acción es una oración sin palabras. La acción buena contiene
todas las filosofías, todas las ideologías, todas las religiones […] Ninguna
acción buena se pierde en este mundo. En algún lugar quedará para siempre».
Para Vicente Ferrer, «crees que vienes a salvar al mundo, pero a lo que vienes
es a salvarte a ti mismo».
En el mismo subcontinente indio, la Madre Teresa de Calcuta murió a los
87 años tras una vida de servicio y compromiso. Fundó las Misioneras de la
Caridad, congregación que brinda asistencia a miles de personas necesitadas.
Fue tras su viaje a Darjeeling, en 1929, cuando tuvo una inspiración divina que
la llevó a entregar toda su vida por la causa, por los desheredados del mundo.
Tanto ella como el resto de las hermanas de la congregación no solo
abrazaban los votos de pobreza, castidad y obediencia, sino también el de
entregarse para siempre y de forma exclusiva a los más pobres sin esperar
recompensa alguna. En sus propias palabras: «A veces sentimos que lo que
hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara
una gota».
§ 11. Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de
valor
Los tiempos cambian y algunos valores toman más relevancia social que
otros. En épocas de crisis como la actual, la solidaridad y la humildad son muy
apreciadas para nuestra supervivencia y evolución, mientras que hace unas
décadas la voluntad y la ambición eran la clave del éxito social y laboral.
Cada persona adquiere unos valores según su educación y su vida, y estos
determinan su conducta, su toma de decisiones, su voluntad y sus prioridades,
el sentido de su existencia y objetivos, así como su estilo de vida y su
actitud ante los demás. De tal manera, pues, los valores son adquiridos, pero
estos determinan nuestro carácter.
En una encuesta realizada entre 1010 españoles por Advira, una empresa
de investigación de mercados, estas fueron las virtudes más apreciadas:
Nuestro éxito social depende, en gran parte, de que los demás encuentren
en nosotros esos valores que merece la pena cultivar.
§ 12. Cuando un hombre se sienta con una chica bonita durante una hora,
parece que pase un minuto. Pero deja que se siente sobre una plancha caliente
durante un minuto y le parecerá más de una hora. Eso es la relatividad.
Existe el tiempo que marca el reloj y el tiempo psicológico. Este último
es subjetivo y está ligado a cada individuo; sería nuestra percepción del
tiempo físico, y no es cuantificable.
Quienes empezaron a medir el tiempo fueron los egipcios y los
babilonios, que observaban el firmamento para delimitar meses y estaciones. A
pesar de que en la actualidad disponemos de dispositivos asombrosamente
precisos para medir horas, minutos y segundos, el tiempo no es igual para
todos, ya que nuestro cerebro es el verdadero responsable de regularlo.
El cerebro humano funciona de tal forma que almacena los sucesos nuevos
y emocionantes, a la vez que filtra e ignora aquellos que considera comunes.
Por ese motivo tenemos la sensación de que el tiempo marcha más deprisa o más
lentamente dependiendo de lo que vivimos.
Según la revista Redes para la ciencia, la rutina hace que
el tiempo pase más deprisa, mientras que cambiar de costumbres y caminos nos
lleva a realizar nuevas conexiones neuronales y, por ello, a sentir que el
tiempo transcurre más lentamente. Ese es el motivo por el que durante nuestra
niñez el tiempo parece más laxo, porque todo es nuevo y fresco, y estamos
aprendiendo. Luego, según crecemos, todo parece pasar más deprisa, como si la
arena de nuestro reloj se terminara.
El tiempo físico es el mismo para todos, pero cómo lo experimentamos
depende totalmente de nosotros. Para alargar los días, las horas y los minutos,
no hagas las cosas siempre de la misma manera; cambia tus rutinas y abre la
puerta a la novedad y el asombro.
La eternidad reside en el momento presente.
§ 13. La debilidad de actitud se vuelve debilidad de carácter
Tendemos a priorizar la aptitud sobre la actitud, pensando muchas veces
que las aptitudes o las capacidades de una persona son más importantes que sus
actitudes, lo cual no puede estar más equivocado.
Nacemos con una serie de aptitudes que cabe desarrollar y mejorar con el
tiempo. Estas pueden ser físicas o intelectuales, pero lo que nos lleva a tomar
ciertas decisiones y a crecer es nuestra actitud ante la vida.
Según un estudio realizado en la Universidad de Harvard, de las personas
que habían logrado alcanzar sus metas, el 85% de ellas se lo debían a la
actitud y el 15% de las mismas a sus aptitudes. Resumiendo: para alcanzar
nuestros sueños es imprescindible una actitud adecuada. Una disposición
comprometida y positiva ante la vida nos proporciona energía y recursos para
enfrentarnos a los problemas. Esta actitud constructiva nos lleva a la acción y
nos ayuda a realizar cualquier proyecto.
La buena actitud sumada a la aptitud da resultados más que excelentes.
§ 14. No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a
tu abuela
Comunicarnos con claridad y asertividad es la clave para triunfar en un
mundo social como el nuestro. Fallar en esta área comporta confusión y malos
entendidos, y en definitiva se resume en problemas.
Estas son algunas claves para mejorar nuestra comunicación:
1.
Aprende
lenguaje corporal. Una
persona no solo se comunica con palabras, sino también con gestos.
2.
Sonríe. La sonrisa no está únicamente en los labios, sino también en tus ojos
y tu voz.
3.
Cuida tu
lenguaje. Hay que evitar las
palabras negativas, hostiles o limitadoras como «imposible» o «difícil».
4.
Pregunta
en lugar de afirmar. Haz
partícipe a la otra persona de aquello que expones, así atraerás su interés
hacia el tema y la ayudarás a descubrir la idea por sí misma.
5.
Amóldate
a las circunstancias. Las
personas y las situaciones cambian y, por ello precisamente, hay que ser
flexible. Amolda tu lenguaje y tu actitud según la situación.
6.
Piensa en
positivo. Cuando vayas a realizar
una charla o necesites exponer una idea, primero debes estar convencido de lo
que vas a plantear. Eso se percibe antes de que abras la boca. Si tú crees en
ello, los demás también lo harán.
7.
No te
consideres el centro del mundo. Para
interesar a los demás, no te comportes como si fueras el ombligo del mundo.
Habla de temas interesantes alejados de tu persona, haz preguntas a los demás
y, sobre todo, interésate por sus problemas.
8.
Recuerda
sus nombres. Haz el esfuerzo de
recordar quién es quién, así como sus aficiones. La persona a quien te dirijas
lo agradecerá y sentirá una cercanía que la abrirá a la comunicación.
§ 15. Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros,
la otra es creer que todo es un milagro
Lo maravilloso está presente en nuestro día a día. La vida misma en
nuestro universo ya constituye el primero de los grandes milagros y, en un
nivel más pequeño, abrir los ojos por la mañana basta para valorar la fortuna
de existir.
Sarah Ban Breathnach, en su libro El encanto cotidiano, nos
habla del valor de percibir todo lo que nos rodea, día a día, a través de todos
nuestros sentidos.
Según esta autora, además del tacto, el gusto, el olfato, el oído y la
vista, hemos de aprender a confiar en nuestra intuición, incrementando nuestra
capacidad natural para el asombro y la veneración.
El libro cuenta con un capítulo por mes del año, en el que nos conduce
por una aventura sensitiva. Un ejemplo para valorar el gusto: « ¿Qué te
parecería un solo bombón carísimo de una pastelería de lujo? […] Disfruta con
calma de la visión de ese único bombón que has elegido, envuelto en un
paquetito como si fuera una joya. Ábrelo como si no supieras qué hay dentro.
Huélelo. Recorre con el dedo sus sinuosas curvas o sus bordes geométricos.
Mordisquéalo, no lo devores».
En cuanto al sentido de la vista, propone un ejercicio singular: «Da un
paseo a oscuras. Aprende a experimentar el mundo a través de la visión
nocturna. Esta semana, aprovecha una noche fría y clara, y pasea por un sitio
en el que te sientas segura. Ve con una amiga, si lo prefieres, o con el perro,
si lo tienes. Observa la caída de la noche y cómo el atardecer se convierte en
noche cerrada a través de la sucesión de tonos del ocaso, del gris acerado al
azul oscuro y al color de las cenizas de carbón».
Si potenciamos nuestros sentidos y los alimentamos, tomaremos conciencia
de los milagros cotidianos que nos rodean.
§ 16. Quien crea que su propia vida y la de sus semejantes está privada de
significado no es solo infeliz, sino que apenas es capaz de vivir
Viktor Frankl dijo, al crear la logoterapia, que «la vida de toda
persona es una sucesión de oportunidades únicas para alcanzar un sentido».
El sentido de la vida es distinto de una persona a otra; no existen
reglas fijas, pero debemos aspirar a encontrar nuestro objetivo vital. Algunas
pautas para hallar nuestras propias metas:
1.
Acostúmbrate
a terminar las cosas, salgan
mejor o peor. Quédate con lo aprendido y sigue adelante, buscando nuevos retos.
2.
Valora
todas las situaciones, tanto
las agradables como las desagradables, pues todas ellas te guían en el camino
que sigues para encontrar tu sentido.
3.
Descubre
tus dotes y habilidades, qué se
te da bien, qué te gusta hacer, qué te hace feliz… Ya que, en definitiva,
hablan de quién eres.
4.
Sé dueño
de tu destino, tomando responsabilidad
de tus decisiones y tus actos.
5.
Busca los
contrastes: haz actividades al aire
libre y en la intimidad de tu habitación, disfruta de la compañía y de la
soledad, diviértete jugando, pero concédete descansos.
6.
No dejes
de aprender. Las personas no dejamos
de crecer en ningún momento, somos seres en constante progresión.
7.
Olvida el
qué dirán. Si crees en algo, ve a
por ello a pesar de lo que digan. Recuerda que los grandes inventores y
descubridores, en un primer momento fueron tomados por locos.
8.
No temas
equivocarte. Todo descubrimiento ha
pasado anteriormente por muchas pruebas y muchos errores. El ejemplo clásico
sería Edison y sus miles de bombillas quemadas antes de lograr que una
proporcionase luz.
9.
Respira
profundamente y medita. Prestar
atención a lo que haces, enfocando tu interior, te descubrirá el camino a
seguir y las herramientas para conseguir lo que deseas.
10. Da cada día lo mejor de ti mismo. Cada jornada es una oportunidad de llevar a cabo un pequeño sueño. La
suma de muchas jornadas con sentido lleva a una vida plena.
§ 17. Existe una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y
la energía atómica: la voluntad
Contrariamente a lo que muchos piensan, la fuerza de voluntad no es una
virtud innata, sino una capacidad que se adquiere y se ejercita con la
práctica. Se trata de un puente entre el «pienso» y el «hago», la pieza clave
que transforma la idea en acto, convirtiéndola en realidad.
Solo son necesarios pequeños cambios en nuestros hábitos cotidianos para
fortalecer nuestra voluntad.
Según un estudio realizado en la Universidad de Chicago, enfrentarnos a
nuestro punto débil, es decir, a la tentación, nos permite ejercitar y
fortalecer nuestra voluntad hasta puntos insospechados. Se desaconseja
centrarse en varios objetivos a la vez, puesto que resistirnos a la tentación
de abrir la nevera, reprimirnos ante emociones negativas o sucumbir al mal
hábito de dormir poco, todo a la vez, puede fundir todos nuestros circuitos.
La voluntad se refuerza asumiendo objetivos individuales.
Desde un punto de vista fisiológico, los especialistas en alto
rendimiento aconsejan que si tenemos que enfrentarnos a situaciones y pruebas
duras, tanto física como emocionalmente, es conveniente mantener los niveles de
glucosa altos, realizando cinco comidas —sin excedernos en las cantidades— al
día y rehidratándonos continuamente.
§ 18. El que se erige en juez de la verdad y el conocimiento es desalentado
por las carcajadas de los dioses
Según explica el divulgador Eduard Punset en uno de sus artículos,
nuestro cerebro hace una división automática entre «nosotros» y «ellos»,
utiliza la mayor parte de la energía que recibe para imaginar y predecir. Todo
ello crea divisiones y límites que nos separan de los «otros», cimentando
prejuicios y miedos, a partir de temores instintivos, para mantenernos alerta
ante los que no forman parte de nuestra «tribu».
Estos prejuicios y fobias forman parte de nuestra cultura cotidiana. Los
encontramos en los que sienten verdadera pasión por un equipo y odian al rival,
hasta en quienes evitan a una persona solo por su sexo o su color de piel.
Según la biología, esta es una función natural en muchos animales y que
sirve para proteger la manada y marcar territorio. En los seres humanos son
sentimientos viscerales que nos hacen emitir juicios de valor, a menudo
injustificadamente.
Las mismas hormonas que segregamos cuando hacemos un esfuerzo físico al
competir se disparan cuando animamos a nuestro equipo. Repercuten en nosotros
tanto física como psicológicamente, haciéndonos reaccionar de forma emocional.
Sin embargo, el ser humano debe aspirar a ser algo más que un animal que
se guía por sus miedos e instintos.
Solo nuestra capacidad de observar, analizar y decidir con conciencia
puede desvincularnos de esos impulsos que ya no tienen razón de ser en nuestra
especie.
§ 19. La fuerza sin amor es energía gastada en vano
Todos nos hemos enamorado alguna vez y hemos sentido en nosotros una
capacidad renovada que nos lleva a componer poemas, a escribir relatos, a
pintar o a cantar. Freud había llegado a la conclusión de que la existencia del
hombre se basa en el «amor creador», es decir, que el amor influye directamente
en nuestra capacidad creativa y creadora.
Un estudio realizado en la Universidad de Amsterdam ha revelado que los
cambios que provoca el amor en nuestro cerebro potencian de manera mesurable la
creatividad. El equipo del doctor Jens Förster demostró que ese estado favorece
el procesamiento de información en el hemisferio derecho, inhibiendo el pensamiento
analítico y potenciando el creativo.
Si amar nos ayuda a crear, no debemos restringir ese «estado de gracia»
al amor romántico. Cualquier persona que se enamore de la actividad que está
realizando verá aumentado su caudal de creatividad. Esta alquimia podemos
llevarla a cabo en actividades tan cotidianas como:
·
Cumplir
con una tarea que dejamos de etiquetar como «cotidiana».
·
Relacionarnos
con personas próximas.
·
Cuidar de
nuestro cuerpo, a través del deporte, o de nuestra mente, en cualquier
aprendizaje.
·
Elaborar
proyectos a corto y a medio plazo.
Si conseguimos enamorarnos de las cosas que hacemos, del mismo modo que
le ocurría a Einstein siempre que se entregaba a sus teorías, optimizaremos
nuestra vida y también la de los demás.
§ 20. Yo no enseño a mis alumnos, solo les proporciono las condiciones en
las que puedan aprender
Roger Schank es considerado el enfant terrible de la
pedagogía contemporánea por defender que las actuales plataformas educativas
son inútiles, ya que sostiene que la educación ha de ser práctica y útil por
encima de todo.
Este matemático y doctor en lingüística defiende un nuevo sistema
educativo en el que se entienda que «el aprendizaje ocurre cuando alguien
quiere aprender, no cuando alguien quiere enseñar».
Explica que existe un abismo entre el aprendizaje natural y el que
ofrecen los centros, pues el aprendizaje real se da a partir del proceso de
prueba y error —cada niño es un pequeño científico—. Aprendemos a montar en
bicicleta cayéndonos de ella, no leyendo y memorizando sobre ello.
La educación ha de ser un proceso voluntario y de iniciativa personal
que ocurra de forma natural a partir de la curiosidad y la búsqueda de
soluciones. Por ello, un profesor debería ser un mentor, una especie de
guardián del conocimiento que sirva como guía al alumno para responder sus
dudas.
Para Schank, la educación tiene que ser bajo demanda, siguiendo estos
criterios:
·
No tener
exámenes ni lecturas obligatorias.
·
Aprender
haciendo cosas, con la práctica, a partir de las habilidades del alumno en el
mundo real.
·
Propiciar
los cursos cortos que enseñen habilidades. Más práctica que teoría.
·
Trabajar
en grupo y de forma individual a partir de problemas que los propios niños
deban resolver.
§ 21. Si A es el éxito en la vida, entonces A = X + Y + Z. Donde X es
trabajo, Y es placer y Z es mantener la boca cerrada
Existen cursos y talleres para aprender a hablar correctamente y de
forma efectiva, pero en ningún sitio nos enseñan a mantener la boca cerrada
cuando deberíamos hacerlo.
Hablar lo justo, medir nuestras palabras y, en muchas situaciones, saber
callar forma parte de esa fórmula del éxito que Albert Einstein dio a uno de
sus alumnos. La economía de las palabras es una opción muy valiosa tanto para
las relaciones privadas como para el mundo laboral. Las personas empáticas
saben escuchar y observar, y hablan solo cuando es necesario y beneficioso
hacerlo.
Aprendemos mucho más prestando atención que hablando. De hecho, muchos
problemas no llegan a resolverse porque el ego nos empuja a tener la razón y no
tenemos en cuenta el punto de vista del otro.
Algunos consejos para aprender a callar:
·
Como dijo
Sócrates, si lo que vas a decir no aportará nada ni será positivo, mejor
abstenerse de abrir la boca (hoy en día, también puede aplicarse a escribir un
mensaje).
·
Si no
estás seguro de si es bueno decirlo o no, calla. Los japoneses recomiendan: «Lo
que tengas que decir dilo mañana».
·
Ante una
discusión, respira profundamente y recapacita antes de hablar.
·
Cuando
busques la respuesta a un problema, primero escucha.
·
Para una
mayor calidad comunicativa, alarga los espacios entre preguntas y respuestas.
·
Sonríe y
mantén la calma aunque la conversación suba de tono.
·
No
prepares tu respuesta mientras el otro está hablando. Escucha al 100%.
·
Espera a
que te pregunten y no monopolices la conversación.
§ 22. El don de la fantasía me ha ayudado más que mi talento para absorber
el conocimiento positivo
Todo ser humano tiene la capacidad de crear nuevos conceptos y
soluciones. Esta habilidad se llama imaginación constructiva o, más comúnmente,
creatividad.
Es una capacidad natural en todos los seres humanos, pero a veces queda
obturada por el estrés del día a día. Por ello es recomendable ejercitarla.
Algunos hábitos para potenciar la imaginación:
·
Dedica un
tiempo cada jornada a aquello que te gusta.
·
Persigue
tus sueños, aunque te digan que son inalcanzables. Enfréntate a nuevos retos.
·
Haz
ejercicio cada día; no solo físico, sino también mental.
·
Rompe la
rutina. Haz cosas diferentes, cambia horarios, caminos y dietas.
·
Lee algo
nuevo. Descubrir y sumergirte en nuevas historias te inspirará y estimulará.
·
Relájate.
Igual de importante es el ejercicio que el descanso. Duerme tus horas y, si
dispones de tiempo, medita veinte minutos al día para limpiar la mente de
preocupaciones.
Como dijo el escritor y pedagogo Gianni Rodari: «La función creativa de
la imaginación pertenece al hombre corriente, al científico, al técnico; es
esencial para los descubrimientos científicos, así como para el conocimiento de
las obras de arte, y, por añadidura, es condición necesaria para la vida
cotidiana».
Según Rodari, la fantasía nos ayuda a liberarnos de los sinsabores
cotidianos, aportándonos una mirada renovada: «Creatividad es sinónimo de
pensamiento divergente, es decir, capaz de romper continuamente los esquemas de
la experiencia. Es creativa una mente que siempre trabaja, siempre pregunta, y
descubre problemas donde los demás encuentran respuestas satisfactorias; está a
gusto en las situaciones en que otros solo intuyen peligros; es capaz de
juicios autónomos e independientes (también respecto al padre, al profesor y a
la sociedad); rechaza las codificaciones, y re manipula objetos y conceptos sin
dejarse inhibir por el conformismo. Todas esas cualidades se manifiestan en el
proceso creativo».
§ 23. El ser humano es parte de ese todo que llamamos «universo», una parte
limitada por el tiempo y el espacio
Según el Qigong —o Chikung—, una disciplina terapéutica china que
implica ejercicio, respiración y mente, nuestro subconsciente crea nuestra
realidad y es capaz de solucionar hasta un 90% de los problemas que sufrimos.
Formamos parte de un todo universal y energético. Tomar conciencia de ello es
el primer paso para controlar nuestra mente y nuestra vida.
Las meditaciones y los ejercicios del Qigong pueden realizarse en
cualquier lugar y momento, y tienen como fin proporcionar energía, paz y
claridad a lo largo de la jornada.
Este es el llamado «ejercicio de la Bola de Rising», que debe realizarse
durante 20-30 minutos al día:
·
Coloca
ambas manos a tres centímetros debajo del ombligo.
·
Imagina
que sostienes una pelota en la mano derecha y otra en la izquierda, la primera
encima y la segunda debajo.
·
Respira
profundamente y levanta la mano derecha hasta el mentón.
·
Afirma:
«Yo doy al universo y el universo me da».
·
Respira
de nuevo y retorna la mano derecha a su posición, pero esta vez debajo de la
izquierda.
·
Repite la
afirmación.
·
Ahora
alza la mano izquierda hasta el mentón. Respira profundamente y realiza la
afirmación de nuevo.
·
Vuelve a
colocar las manos en la posición inicial. Respira y afirma.
·
Según
repites este ejercicio, centrándote en tu respiración y las palabras, debes
percibir que el «balón» crece y se desinfla a voluntad, mientras la energía
inunda tu cuerpo.
§ 24. La ley de la Gravedad no es responsable de que la gente caiga
enamorada
La teoría Triangular del Amor, formulada por Robert Stenberg, afirma que
este sentimiento tiene tres componentes esenciales: pasión, o el deseo de estar
con la otra persona; intimidad, o la capacidad de compartir nuestros
pensamientos con el otro; y compromiso, o la certeza de que esa persona no nos
dejará de lado.
Estos componentes dividen el amor en seis clases, dependiendo de cómo se
combinen entre sí:
·
Amistad: solo existe la intimidad.
·
Encaprichamiento: solo hay pasión.
·
Amor
vacío: la pasión y la intimidad
no existen y solo queda el compromiso.
·
Amor
fatuo: solo existen la pasión y
el compromiso.
·
Amor
romántico: sus ingredientes son la
pasión y la intimidad.
·
Amor
sociable: relación en la que ha
desaparecido la pasión, pero quedan la intimidad y el compromiso.
·
Amor
completo —o ideal—: el que
cuenta con las tres características; es también el más difícil de mantener y
tiende a convertirse, con el tiempo, en uno de los anteriores.
En cuanto a los compases iniciales de un vínculo, la expresión «noto
mariposas en el estómago» es característica del enamoramiento y tiene mucho que
ver con las alteraciones biológicas, ya que las hormonas nos hacen sentir así.
Entre los responsables de esa revolución interior encontramos el
neurotransmisor fenitelitamina, llamado «la molécula del amor», el cual,
segregado en el hipotálamo, nos provoca euforia y felicidad, así como la
ceguera que sentimos en la primera fase del amor.
Además, también están en juego la serotonina, una hormona que altera el
estado de ánimo, y la dopamina, que nos afecta durante la primera fase
centrando la atención en la persona deseada.
Este cóctel se encuentra en nuestro riego sanguíneo y, como todo, no
dura eternamente; de ahí que con el tiempo los sentimientos puedan menguar.
Pero existe un segundo proceso, en el cual actúan la oxitocina, segregada con
el orgasmo, que estrecha los lazos de la pareja.
§ 25. Me encanta viajar, pero odio llegar
Viajar nos permite ver nuevos puntos de vista, nos abre horizontes y
flexibiliza nuestra mente. Cuando se habla de viajeros y escritores se suele
citar en primer lugar a Bruce Chatwin, que paseó su mochila por Afganistán,
Grecia, África… escribiendo sus pensamientos en cartas que después recopilaría
su viuda.
Ese misterioso joven de sexualidad ambigua se convirtió en uno de los
escritores británicos más conocidos del siglo XX, seduciendo al lector con sus
sentimientos y sus descripciones de lo que veía y vivía.
Empezó a trabajar muy joven en una casa de subastas, en la cual lo
nombraron director del área de impresionismo cuando detectó una falsificación
de Picasso. A pesar de tener su vida establecida, Chatwin dijo un día «me voy a
la Patagonia», dejó su empleo y se embarcó en un viaje que no terminaría hasta
que una enfermedad le paró los pies.
Murió joven, después de dejar testimonio de sus andanzas en sus
cuadernos, donde hablaba de temas tan candentes como la esclavitud o las
creencias de distintos pueblos aborígenes. Según él mismo, sus viajes le dieron
«la capacidad para retratar a la gente con dos pinceladas».
En sintonía con la citada frase de Einstein, una pregunta que solía
plantearse Chatwin en sus viajes era: « ¿Qué hago yo aquí?». Y es que en el
alma del auténtico viajero no existe una meta como fin, sino el deseo de
mantenerse en movimiento, al igual que un científico que no termina nunca su
investigación.
Todos somos, de alguna manera, viajeros perennes, y nuestro caudal de
felicidad depende de que sepamos disfrutar del viaje en sí.
§ 26. La decisión más importante que podemos tomar es si vivimos en un
universo amable o bien hostil
El psicólogo y pedagogo Bernabé Tierno afirmaba en una entrevista que
«lo que hacemos nos hace, puesto que nuestros actos tienen consecuencias».
Debemos aprender a disfrutar de cada momento, ver las cosas por el lado
bueno y ser flexibles como un junco, porque la felicidad, como dice este autor,
es «un traje que cada cual se confecciona a sí mismo. Científicamente, se trata
de un mecanismo bioquímico que se activa en nuestro cerebro mediante los
neurotransmisores del bienestar —serotonina, dopamina, noradrenalina—. Pero, en
términos no científicos, la felicidad es un alto nivel de satisfacción con la
vida que nos ha tocado vivir, sabiendo que el valor más importante es la vida y
que el hecho de vivir por sí mismo ya tiene que hacernos felices».
No existe una receta mágica para la felicidad, ya que en buena parte
depende de nuestra capacidad de adaptación a las circunstancias. Una misma
situación puede afrontarse de muchas maneras distintas.
Según Epícteto, no son los acontecimientos los que nos hacen felices o
desgraciados, sino cómo los interpretamos.
En muchas encuestas realizadas a personas de edad avanzada, aquellas más
felices y que han vivido más años afirman haber sido capaces de vivir de forma
tranquila y sosegada, sin miedo a pesar de las circunstancias.
De hecho, un enemigo declarado de la felicidad es el estrés
anticipatorio, que nos hace vivir un hecho negativo antes de que suceda, y lo
más increíble de todo es que el 95% de las veces nunca llega a suceder.
Ser negativo o positivo determina nuestra calidad de vida e incluso
nuestra esperanza de vida. Según un estudio reciente, dedicarnos a actividades
alegres y positivas, como ayudar a los demás, reduce el riesgo de una muerte
prematura en un 38%.
§ 27. La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel
sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y se ha
olvidado del regalo
El llamado sexto sentido, esa brújula interior que todos poseemos y que
nos ayuda a tomar decisiones, puede estimularse y entrenarse para mejorar y
crecer.
Veamos un par de ejercicios para desarrollar la intuición:
·
Medita. Para desarrollar la intuición resulta muy útil la meditación diaria,
ya que en este ejercicio se libera espacio mental para que pueda aflorar. Los
maestros afirman que veinte minutos al día son suficientes para que la
intuición se dispare. Existen múltiples técnicas, pero lo importante es que
estemos cómodos, con la espalda recta y en paz mientras nos centramos en la
propia respiración.
·
Visualiza. Otro poderoso ejercicio es la visualización de paisajes. Puede
realizarse de la siguiente manera: cierra los ojos y respira profundamente.
Relaja todos los músculos de tu cuerpo y céntrate en un punto imaginario entre
tus ojos. Visualiza un paisaje que te aporte calma, obsérvalo y concéntrate en
cada detalle —el color del cielo, la vegetación, los aromas y los sonidos…—.
Poco a poco vuelve a respirar profundamente para regresar a tu vida cotidiana,
más relajado e inspirado.
§ 28. Los ordenadores son increíblemente rápidos, precisos y estúpidos. Los
humanos somos increíblemente lentos, imprecisos y brillantes. Juntos tenemos un
poder más allá de la imaginación
Hoy en día podemos estar conectados con cualquier persona en cualquier
lugar del mundo con un solo clic. Portátiles, móviles, tablets…
Estamos todo el día on line. Esto es fantástico para trabajar
—muchos emprendedores y autónomos lo tienen más fácil que nunca para crear su
propia oficina portátil—, pero cuando toca desconectar, es una misión casi
imposible.
Aprender a apagar los dispositivos con internet es imprescindible para
que el cuerpo y la mente descansen unas horas al día y los fines de semana.
En buena parte, estamos enganchados a las tecnologías y somos incapaces
de dar al off porque los demás se han acostumbrado a tenernos
disponibles las veinticuatro horas al día, a tal punto que parece inconcebible
desconectar.
La mayoría de nosotros llegamos a casa, nos preparamos una cena,
queremos sentarnos con los nuestros a charlar del día, a ver una película
quizá, y entonces el móvil empieza a sonar: notificaciones, avisos de correos,
mensajes en redes sociales, llamadas…
Algunos consejos para lograr la necesaria desconexión:
1.
Establece
un horario estricto de apagado del móvil, la tablet y demás dispositivos.
2.
Acostumbra
a tus contactos a responder en horario laboral y deja para el día siguiente
cualquier respuesta.
3.
Dedica el
fin de semana a actividades al aire libre… sin que nada ni nadie pueda enviarte
avisos. Deja los artilugios en el cajón.
4.
Prueba la
relajante experiencia de salir a comer o a cenar sin un móvil que interrumpa
las conversaciones.
5.
Dedica
más tiempo al contacto presencial y menos al virtual.
§ 29. La teoría es asesinada tarde o temprano por la experiencia
En una entrevista, el escritor y humanista José Luis Sampedro explicaba
que lo más valioso que le había aportado el tiempo es la experiencia, ya que
«muy pocas cosas tienen una sola perspectiva, una visión unidireccional.
Posiblemente el paso del tiempo aporta más cosas de las que quita. Yo
destacaría el equilibrio como un elemento fundamental consecuente a la
experiencia que los años van aportando». Y añade: «La vida es un continuo
cambio, pero hay cuestiones que no varían. Considero que la base de casi todo
es la educación. He repetido algunas veces aquello de “siento, luego existo”,
distinto a lo que Descartes dejó escrito de “pienso, luego existo”. Estoy
convencido de que la base de la motivación del hombre es la emoción. Con el
tiempo nos hacemos más racionales y revestimos de racionalidad nuestras
emociones, pero la emoción forma parte de nuestra base natural».
Con respecto al valor de lo vivido, en las memorias autobiográficas de
Martin Amis, tituladas justamente Experiencia, en las cuales habla
de sí mismo pero especialmente de su padre, afirma irónicamente: «En fin, todo
es experiencia, aunque es una pena que tengamos que acumular tanta a lo largo
de la vida».
Si la usamos bien, para aprender del mundo y conocernos mejor,
contrariamente a lo que sostiene el escritor británico, la experiencia nunca
será demasiada.
§ 30. La vida es como montar en bicicleta. Si quieres mantener el equilibrio
no puedes parar
Stephen R. Covey popularizó el término «pro actividad» con su obra Los
siete hábitos de las personas altamente efectivas. Tal como la conocemos
actualmente, la pro actividad es la actitud de aquel individuo que asume el
control de su vida y toma la iniciativa de forma creativa para generar mejoras
en su devenir, decidiendo y actuando de forma libre, asumiendo las consecuencias
y las responsabilidades de sus actos.
Una persona proactiva es aquella que asume la responsabilidad de su
propia vida y de aquello que le sucede. A pesar de los condicionamientos
genéticos, sociales y educacionales que puedan acompañarnos, la decisión última
de nuestros actos recae de forma irreversible en nosotros.
Nuestro carácter es el que dicta nuestra respuesta ante lo que nos
sucede en la vida, y esta identidad la conformamos nosotros con cada decisión
que tomamos.
La persona proactiva cuenta con una serie de cualidades que marcan la
diferencia en los resultados que obtiene:
1.
Es
responsable de su vida y sus acciones.
2.
Antepone
sus valores a sus sentimientos.
3.
Tiene la
capacidad de autorregular sus deseos y emociones.
No debemos confundir la pro actividad con la adicción al trabajo o la
hiperactividad, pues un individuo proactivo no actúa con prisas y de forma
caótica e impulsiva como el workaholic. Tampoco se muestra
arrogante ante los demás o cree tener razón en todo, sino que se mueve por unos
valores morales y éticos.
Ser proactivo implica tener el valor de actuar en lugar de reaccionar.
§ 31. Un hombre de ciencia es un filósofo pobre
Los filósofos de la Grecia clásica se ocupaban de todas las disciplinas
del conocimiento, desde los entresijos del alma humana hasta los misterios del
universo, mientras que la ciencia actual tiende a estrechar constantemente su
campo de estudio. Como decía un sabio anónimo: «Cada vez sabemos más de menos,
hasta que al final lo sabremos todo de nada».
Einstein admiraba a los viejos filósofos por su capacidad de abordar
múltiples cuestiones y problemas. Tal vez por eso Lou Marinoff, autor de Más
Platón y menos Prozac, fundó hace un par de décadas el asesoramiento
filosófico como terapia para analizar y superar las dificultades a partir de
fragmentos filosóficos.
Marinoff, como ya hicieron Platón y Sócrates en su día, utiliza el
diálogo como terapia, realizando un intercambio de ideas para llegar al centro
de la cuestión, y aprovecha a los grandes pensadores de la historia para dar
orientación a sus pacientes.
Pero más allá del asesoramiento está la acción. Si estás molesto porque
tienes una piedra en el zapato, el asesoramiento te ayudará a lidiar con ese
sentimiento y a entenderlo, pero no a quitarte la piedra del zapato; eso lo
tendrás que hacer tu mismo.
El autor también comenta que el asesoramiento filosófico es
complementario. Si el paciente sufre algún trastorno psíquico importante es
recomendable que visite a un psicólogo.
En la consulta con sus pacientes, Marinoff analizaba mucho el pasado,
pues «el pasado nos condiciona y forma el modo en que solemos ver las cosas; de
ahí que examinar el pasado puede que resulte provechoso». Recomienda que
vayamos tan ligeros de equipaje como sea posible. La meta es conocernos a
nosotros mismos y ver qué necesitamos realmente y de qué podemos prescindir.
«En palabras de mi colega canadiense Peter March —afirma Marinoff—, esta
es “una terapia para cuerdos”. Según mi parecer, esto nos incluye a todos. Por
desgracia, con demasiada frecuencia la psicología y la psiquiatría han aspirado
a catalogar las enfermedades de todo el mundo, tratando de diagnosticar a
cualquiera que entrara en sus consultas en busca del síndrome o el trastorno
que sería la causa de su problema […] Deberíamos ser aceptados a pesar de la
variedad de defectos que todos tenemos, y pese a que no exista ningún motivo
para ver esos defectos como algo anormal (la perfección es lo que carece de
normalidad), tampoco hay razón alguna para juzgar que el cambio esté fuera de
nuestro alcance. Cuando Sócrates declaró que una vida sin reflexión no merecía
la pena ser vivida, abogaba por la evaluación personal constante y el esfuerzo
por mejorarse a sí mismo como la más alta de las vocaciones».
§ 32. Lo único que interfiere con mi aprendizaje es mi educación
Con el creciente volumen de información, además de los avances en todos
los campos, nos sentimos empujados a un aprendizaje continuo para mantenernos
al día. Pero no es adquirir conocimientos lo que cuenta, sino que lo valioso es
nuestra comprensión y capacidad de resolución.
Inteligente no es aquel que más datos acumula, sino quien es capaz de
resolver más problemas distintos.
Las últimas generaciones han sido educadas en un modelo basado en la
memorización, alejadas de la práctica en el mundo real, de manera que, al
llegar a él, se ven indefensas y sin herramientas. Por ello es imprescindible
aprender a ser flexibles y permeables, adoptar diferentes perspectivas y ser
capaces de cambiar con el curso de las cosas.
A veces los cambios radicales que nos veremos obligados a realizar
implicarán desaprender viejos hábitos y visiones que ya no nos sirven.
Es necesario desaprender para así poder adquirir nuevos conocimientos y
habilidades. Esto no significa involucionar, sino ser capaces de avanzar
dejando la carga inútil atrás, vaciando la mochila para no llevar sobrepeso,
eliminando creencias, prejuicios e ideas que ya no nos resultan útiles ni nos
benefician.
Como en un cuento zen en el que un maestro de té va llenando una taza
hasta hacerla rebosar, para aprender nuevas actitudes hay que desaprender las
que ya no nos sirven.
§ 33. Los seres humanos necesitan acción a cualquier precio
Todo proyecto ambicioso nos obliga a salir de la zona de confort. El
mundo está cambiando constantemente y debemos adaptarnos. Los líderes de los
nuevos tiempos son aquellos que, en vez de quejarse, buscan soluciones, ofrecen
alternativas y actúan.
Y sin embargo, las alteraciones en la rutina, en el mundo conocido, nos
dan miedo.
Sobre esto, Joe Dispenza, neurocientífico y ensayista, comenta que
cuando cruzamos el río del cambio nos enfrentamos a dos peligros:
·
Los demás. A la gente no le gusta que cambiemos, aunque sea una cuestión de
supervivencia. Se han acostumbrado a que seamos de determinada manera y les
inquieta no tenernos «controlados» tal como nos conocen. Por eso cuando
empezamos a nadar hacia la otra orilla nos gritarán que volvamos. Así que:
nunca escuches a los demás cuando te has decidido a cambiar.
·
Nuestros
propios temores. Dispenza afirma que el
cambio es como cruzar un río de agua gélida. Muchos se tiran al agua y al
llegar a la mitad del río dicen « ¡está fría!», y regresan a donde estaban, a
su zona de confort. Nadie nos dijo que el cambio sería incómodo. Por lo tanto,
la segunda ley sería: nunca escuches tus miedos cuando te has decidido a
cambiar.
En síntesis, cuando sepas lo que debes hacer, tírate al agua y no pares
de nadar hasta llegar a la otra orilla. Luego ya escucharás y analizarás lo que
sea. No vuelvas atrás ni te ahogues a medio camino.
§ 34. Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener
resultados diferentes
A menudo nos quejamos de que el mundo nos maltrata, de que nos sale todo
mal, y solo vemos trabas a nuestro alrededor y culpables de todo lo que nos
sucede. Pero como dijo Gandhi, «opera en ti mismo la respuesta que quieras ver
en el mundo»; es decir, que la forma de solucionar tus problemas está en
realidad en tu interior.
Matthieu Ricard, bioquímico que dejó su trabajo en el Instituto Pasteur
para viajar al Himalaya y convertirse en monje budista, sostiene que es posible
entrenar nuestra mente y cambiar los hábitos para vivir en el bienestar,
generando paz y realización en nuestras vidas.
Ricard asegura que lograr la felicidad necesita del mismo esfuerzo que
cualquier otra búsqueda, ya sea física o mental. Ha participado en varios
ensayos clínicos realizados por la Universidad de Wisconsin para demostrar que
es uno de los hombres más felices del mundo, y que ello es así gracias a un
entrenamiento físico, mental y emocional continuo.
En sus propias palabras: «El entrenamiento de la mente se basa en la
idea de que dos factores mentales opuestos no pueden ocurrir al mismo tiempo.
Usted podría ir del amor al odio. Pero no se puede estar en ambos estados al
mismo tiempo, igual que alguien no puede querer hacer daño y hacer el bien
simultáneamente».
Si hasta hoy las cosas no nos han salido como queríamos, debemos
analizar de qué manera actuamos y qué consecuencias tienen nuestros actos. Tal
como decía Einstein, solo si cambiamos nuestra forma de proceder lograremos
otra clase de resultados. Prueba y error. Causa y efecto.
De hecho, los manuales para emprendedores inciden siempre en una
cuestión al poner de ejemplo a hombres y a mujeres que sin ayuda de nadie han
realizado grandes logros. El lema es: fíjate en lo que ellos hacen que tú no
haces y obra en consecuencia.
§ 35. La monotonía y la soledad de una vida tranquila estimulan la mente
creativa
Se cuenta que a mitad del proyecto Apollo, que culminaría en 1969 con el
viaje de Armstrong, Collins y Aldrin, el presidente de Estados Unidos hizo una
visita por sorpresa a las instalaciones de la NASA.
Mientras avisaban a los jefes del proyecto para que pusieran al día a J.
F. Kennedy, este se quedó esperando en la recepción, donde un humilde conserje
sacaba brillo al mostrador. Una tarea claramente monótona y sin alicientes.
Por pura cortesía, Kennedy preguntó al hombre:
—Y usted ¿a qué se dedica?
El conserje respondió orgulloso:
—Ayudo al hombre a llegar a la Luna.
Esta pequeña historia demuestra cómo aquella misión colectiva consiguió
impregnar a todos, incluyendo a quien ocupaba el escalafón más bajo de la
organización y tenía una tarea rutinaria.
Pocas son las personas que se toman la empresa como algo suyo que hay
que impulsar. Lo común es oír expresiones del tipo: «Total, para lo que me
pagan…». Y así nos luce el pelo.
Ningún proyecto común tendrá jamás éxito hasta que lo asumamos como
propio, igual que hizo en su día el conserje de la NASA. Tal como decía
Stanislavsky, que revolucionó el arte escénico: «No hay papeles pequeños, sino
actores pequeños».
§ 36. Los intelectuales resuelven los problemas, los genios los evitan
Los demás constituyen un espejo para nosotros mismos, de manera que
aquellas relaciones que nos importan son las que determinan cómo nos vemos y
nos sentimos con relación al mundo. De ese modo, constituir relaciones
positivas y constructivas es imprescindible para una vida feliz.
No es menos cierto, sin embargo, que la mayoría de los conflictos que
entorpecen nuestro día a día se fraguan en nuestras relaciones con los demás.
He aquí algunos consejos para llevarnos bien con los demás en cualquier
ámbito, para evitar los rifirrafes que conlleva la socialización y para
establecer buenas relaciones:
·
Escucha
de forma activa. No hagas ver que
escuchas. Presta atención, porque todo el mundo tiene algo interesante que
explicarte si le formulas las preguntas correctas. Un truco para ganarte la
simpatía de aquellos con los que hablas es recordar sus nombres e intereses.
·
Piensa
antes de hablar. Antes de tomar cualquier
decisión importante, ya sea a la hora de hablar o de actuar, tómate tu tiempo
para meditar y sospesar la situación. Y sobre todo, nunca tomes decisiones en
caliente. Este consejo evita muchos malos entendidos y consecuencias negativas.
·
Predica
con la amabilidad. Sé
cortés, agradecido y educado. Predica con el ejemplo: si quieres que confíen en
ti, confía tú primero y demuestra que eres fiable. Según el efecto Pigmalión,
las personas se comportan según lo que ven a su alrededor, por lo que el tono
emocional es contagioso.
§ 37. No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso
Esta frase la escribió Albert Einstein en una carta dirigida a Carl
Seeling en 1952, y hace referencia al motor que enriquece e impulsa a avanzar
nuestra vida, aunque no le prestemos toda la atención que merecería.
Los niños aprenden gracias a la curiosidad, y absorben e investigan todo
lo que los rodea, aunque ese impulso natural va perdiendo fuerza con los años
por culpa de la educación y la rutina.
A fin de demostrar que los grandes descubrimientos de la humanidad han
sido realizados gracias a la curiosidad, los psicólogos estadounidenses Martin
Seligman y Chris Peterson realizaron un estudio para conocer las
características de esos descubridores, concluyendo que la curiosidad nos aporta
felicidad y plenitud en la búsqueda.
Ha sido esta capacidad de búsqueda y renovación la que nos ha permitido
avanzar en todos los aspectos de nuestra sociedad a pesar de lo que hubiera en
contra. Un estudio realizado en 1996 y publicado en Psychology and
Aging puso de relieve que las personas que se muestran más curiosas en
su edad adulta, a pesar de sus capacidades físicas, viven más años y con mejor
salud mental que el resto.
Desarrollar la curiosidad nos permite ser permeables al aprendizaje,
incluso en edades avanzadas, porque mejora nuestra flexibilidad mental.
Algunos trucos para tener esa capacidad bien engrasada:
·
Cambia
algo cada día. Puede ser el trayecto que
realizas habitualmente, los cereales del desayuno, la mano con que te cepillas
los dientes, tu horario… Varía la rutina todo lo posible.
·
Investiga. Aunque sean cosas pequeñas, mantén esa alarma que tienen los niños que
les hace preguntar « ¿por qué?». Hoy en día tenemos muchas herramientas a
nuestro alcance, en especial en el océano de internet, para obtener respuestas.
·
Aprende
siempre algo nuevo. Busca
nuevas aficiones y nuevos retos. No te conformes. Aprende a cocinar un nuevo
plato, un nuevo deporte, un idioma…
§ 38. Nada incrementaría tanto la posibilidad de supervivencia sobre la
Tierra como el paso a una alimentación vegetariana
Las personas vegetarianas han de oír preguntas como: «Pero ¿no comes ni
carne ni pescado?», « ¿No sufres anemia?», « ¿Y qué comes?» en casi todos los
eventos sociales con alimentos en los que participan.
La dieta vegetariana y la vegana —esta última prescinde también de la
leche y los huevos— nos llaman la atención al mismo tiempo que nos extrañan,
pero en otras culturas este tipo de alimentación es la básica y natural.
Somos lo que comemos, no solo físicamente, sino también mental y
emocionalmente. Tomar conciencia de qué sirves en tu mesa es una forma de tener
conciencia y respeto por la vida, siendo libre de elegir un camino u otro.
Muchos personajes famosos optaron por esta alimentación: Sócrates,
Newton, Edison o Einstein, pasando por Henry Ford, Martin Luther King o
Leonardo da Vinci.
Pero ¿por qué ser vegetariano?
·
Salud. La dieta vegetariana es rica en fibra y antioxidantes. Es
cardio-saludable, pues se aleja de las grasas saturadas y el colesterol,
motivos por los que desintoxica el cuerpo, aporta energía y refuerza el sistema
inmunitario. Previene la obesidad, y las personas que siguen esta dieta tienden
a estar en un peso idóneo, sin problemas para mantenerlo, pues su alimentación
es baja en calorías y grasas. Según estudios realizados por la Agencia de
Protección del Medio Ambiente (EPA), el 95% de los residuos de pesticidas,
hormonas, metales pesados, etcétera, elementos todos ellos altamente
cancerígenos y tóxicos que podemos encontrar en nuestro cuerpo, provienen de
las carnes rojas, los productos lácteos y el pescado. Por estos motivos, y
muchos otros, cada día son más los médicos que se suman a la lista de las
dietas veganas para luchar contra enfermedades como el cáncer y el Alzheimer.
·
Ayuda al
planeta. Cuando hablamos de los
gases que contribuyen al efecto invernadero, pocos imaginan que el principal
contaminante es el metano. Según la EPA, solo contando las granjas de Estados
Unidos ya tenemos dos mil millones de kilos de estiércol al día, sin tener en
consideración las gigantescas emisiones de metano que expulsan los animales a
la atmósfera.
·
Lucha
contra el hambre y la pobreza. Según
estudios realizados recientemente, la cantidad de proteínas vegetales
utilizadas para alimentar al ganado para la producción de carne podría
alimentar a la población de China y la de la India en su totalidad.
§ 39. Pienso y pienso a lo largo de meses y años. De cien veces, en noventa
y nueve llego a una conclusión falsa. Solo en un uno por cierto acierto
Cuando Edison ya había triunfado como inventor, en cierta ocasión le
preguntaron por qué no se había desanimado ante todos los fracasos previos. Su
respuesta fue: «No fracasé, solo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una
bombilla».
Aunque no seamos físicos ni inventores, veamos algunas situaciones en
las que es necesario contar con muchos intentos hasta llegar al acierto final:
·
Búsqueda
del amor. La mayoría de las
personas se encontrarán con muchas parejas y relaciones inadecuadas antes de
dar con su alma gemela. Se trata de un proceso de prueba y error.
·
Dar con
un trabajo en el que realizarse. También
esto puede conllevar muchas experiencias insatisfactorias hasta que encontramos
un lugar donde nos sentimos útiles y podemos desplegar todos nuestros recursos.
·
Descubrir
una pasión. Muchos encuentran en la
madurez la actividad que realmente les apasiona, por ejemplo tocar un
instrumento, y que los guiará hasta el final de sus días.
Por lo tanto, no debe preocuparnos que se queme nuestra bombilla una y
otra vez, siempre que tengamos la convicción de que, antes o después, se va a
hacer la luz.
§ 40. No podemos resolver los problemas empleando el mismo tipo de
pensamiento que usamos cuando se crearon
Al reflexionar sobre la búsqueda de soluciones, Einstein siempre incidía
en la importancia de variar el proceso creativo. Como también describe la
célebre frase de san Agustín «para ir a donde no se sabe hay que ir por donde
no se sabe», debemos encontrar nuevos caminos mentales para resolver lo que
hasta este momento no ha funcionado.
El psicólogo maltés Edward de Bono explica en su libro Seis
sombreros para pensar la diferencia entre pensamiento automático y
pensamiento deliberado: «Existe el tipo de pensamiento del
caminar-hablar-respirar, que ponemos en práctica todo el tiempo. Contestamos
una llamada de teléfono. Cruzamos la calle. Entramos y salimos de las rutinas.
No necesitamos ser conscientes de qué pierna sigue a la otra cuando caminamos,
o de cómo respirar. Hay un apoyo permanente en este tipo de pensamiento
automático. Pero existe también una clase diferente de pensamiento que es mucho
más deliberado y exige mayor concentración. El pensamiento automático sirve
para afrontar rutinas; el pensamiento deliberado, para hacer las cosas mejor,
no solo para afrontarlas y resolverlas al paso. Todos podemos correr, pero un
atleta corre de modo deliberado y se entrena para ello».
§ 41. El crecimiento intelectual debería empezar al nacer y terminar en el
momento de la muerte
Según un estudio realizado por la Escuela de Medicina Mount Sinaí, el
estrés es el causante de que las neuronas, en la parte del cerebro encargada
del aprendizaje, encojan y pierdan la capacidad para formar sinapsis o
conexiones entre ellas.
Ello significa que la pérdida de capacidad de aprender con la edad está
directamente relacionada con el estrés. Por esa razón hay personas de más de
sesenta años capaces de aprender y de cursar estudios universitarios mientras
que otras a los cincuenta sufren demencia senil.
«Suponíamos que estas neuronas se alterarían con la edad, pero la
pérdida de plasticidad sináptica en el contexto de la experiencia vital tiene
implicaciones profundas para el deterioro cognitivo relacionado con la edad […]
Una de las grandes cosas de la edad es que no pierdes experiencia, pues son
conexiones muy estables».
Es decir, que nuestro cerebro siempre está trabajando, enviando la nueva
información recibida, pero nuestra vida y cómo la vivimos es la que determina
si esa información nueva se traducirá en nuevas sinapsis.
Estos descubrimientos señalan nuevas vías de estudio para encontrar
tratamientos que permitan proteger nuestro cerebro del deterioro y de
enfermedades como el Alzheimer.
Por otro lado, en la Universidad de Haifa se han llevado a cabo
investigaciones que han concluido que —rompiendo un prejuicio— un adulto es
perfectamente capaz de aprender nuevos idiomas, puesto que puede comprender las
reglas que rigen el lenguaje, pero que nuestra escasa capacidad para aceptar la
crítica y la corrección de errores, la cual crece con la edad, es lo que nos
impide aprenderlos con la rapidez con la que lo hacen los niños.
§ 42. Plantear nuevas preguntas, nuevas posibilidades, considerar viejos
problemas desde un nuevo enfoque, marca el verdadero avance de la ciencia
Encontrar distintas vías para abordar un problema es lo que nos permite
salir airosos de cualquier situación. Existen múltiples ejercicios y técnicas
que nos ayudan a motivar nuestra creatividad y hallar el máximo de respuestas
posibles.
Vamos a ver una técnica individual y otra colectiva:
·
Mapa
mental. Este método desarrollado
por Toni Buzan, consultor en temas educativos, nos ayuda a explorar
individualmente el problema y a generar ideas para su solución. Pasos a seguir:
·
Describe
el problema con una palabra o un dibujo en el centro de un folio.
·
Irradia
con ramificaciones a partir del núcleo central todos los problemas o temas
relacionados.
·
Enlaza de
forma automática, sin pensar, esos temas con palabras clave o dibujos.
·
Estudia
las ramificaciones y estructuras resultantes para ver qué acciones concretas te
sugieren.
·
Técnica
colectiva: Tormenta de ideas. Este
método nos permite analizar y resolver problemas, encontrando múltiples ideas
de forma grupal. Pasos a seguir:
·
Decide el
tiempo durante el que vais a trabajar. Hay cuatro reglas fundamentales: no se
permiten las críticas; son bienvenidas todas las ideas; hay que generar tantas
como sea posible; se recomienda la asociación y el desarrollo de las mismas.
·
Alrededor
de una problemática o un tema central, los participantes diréis y apuntaréis
todo aquello que os venga a la mente, sin someterlo a la lógica.
·
Junto a
esas ideas, anotaréis cómo mejorarlas o llevarlas a cabo a partir de palabras o
frases escuetas como: reducir, sustituir, organizar, invertir…
·
Al
finalizar el tiempo, evaluaréis en grupo las ideas y decidiréis cuáles son más
factibles y cómo llevarlas a cabo.
§ 43. No permitas que tu felicidad dependa de alguien porque no siempre esa
persona será como crees
En 1968 Robert Rosenthal y Lenore Jacobson introdujeron el concepto del
efecto Pigmalión que se ha mencionado anteriormente.
Esta teoría describe cómo nos vemos afectados por las expectativas que
los demás tienen puestas en nosotros. Rosenthal y Jacobson se basaron en el
mito del legendario rey de Chipre, quien esculpió una estatua de una mujer,
Galatea, enamorándose de ella, y a la cual Afrodita concedió vida para que
pudieran estar juntos.
Somos seres sociales que necesitamos relacionarnos, y respondemos de
forma inconsciente a las necesidades y los deseos de aquellos que nos rodean,
llegando a ser de la forma que los demás creen que debemos ser.
De ello se desprende que si alguien dice que «José es un mal alumno»,
José acabará por ser un mal alumno, una teoría esta que se ha demostrado con
múltiples experimentos llevados a cabo tanto en escuelas como en ámbitos
sociales y laborales. Esto significa que tratar a una persona de determinada
manera la condiciona y condiciona a los demás, dado que la visión que se tiene
de alguien viene determinada por lo que se ha oído contar de ella.
La buena noticia es que también las expectativas positivas se contagian.
Es importante saber cómo funciona el efecto Pigmalión, pero también ser
capaces de actuar al margen de las expectativas de los demás, tomando el mando
de nuestro destino.
De haber hecho caso Einstein de las predicciones que se hicieron en su
infancia, cuando era un estudiante con poca facilidad lingüística, jamás habría
ingresado en la universidad.
Las malas experiencias y el miedo a no cumplir las expectativas —tanto
las nuestras como las de los demás— nos frenan en nuestra vida y en el logro de
nuestros sueños y metas. Por ello se impone no esperar ni de personas ni de
situaciones algo que todavía no ha sucedido. No juzguemos una cosa por lo que
«nos gustaría que fuera» y amémosla por lo que «realmente es».
§ 44. Pocos son los que ven con sus propios ojos y sienten con su propio
corazón
Tener una visión propia es sinónimo de autenticidad, lo cual no está
reñido con aprender de los demás y seguir el ejemplo de aquellos a quienes
admiramos. Significa vivir conscientemente lo que decidimos y hacemos, así como
tomar responsabilidad de las consecuencias.
Según el psiquiatra Enrique Rojas, la persona auténtica es aquella que
tiene en sí misma su propio fundamento, que lucha por ser coherente —de
pensamiento, palabra y acto—; es decir, que «la persona auténtica vive como
piensa: es lo contrario de la doble vida o moral. Es rectitud, vivir con
responsabilidad, ser capaz de ir contracorriente cuando el entorno social se
vuelve permisivo y asoma el todo vale, el haz lo que quieras, o lo que se
expresa en el lenguaje de la calle como “vive el momento y no pienses más”».
Una persona con su propia visión es sencilla y natural, sin trampas ni
máscaras, pues se muestra tal como es. Esto no es fácil, puesto que la
sencillez es un ejercicio de humildad que requiere esfuerzo y constancia.
Según Enrique Rojas, la autenticidad va ligada a:
·
Ser
verdadero con uno mismo. «Su
comportamiento es claro, nítido, y cuando dice una cosa dice lo que siente y lo
hace siendo responsable de esa afirmación».
·
Poner la
verdad por delante. «El que
es auténtico llama a las cosas por su nombre y es capaz de ir contracorriente
aunque la mayoría diga otra cosa, evita la mentira y la personalidad múltiple,
así como el cambio de chaqueta y la psicología del rumor malintencionado».
·
Eliminar
las contradicciones. «No hay
verdadero progreso personal sin lucha, sin esfuerzo por limar y pulir lo que
estorba, lo que no va bien. Se tarda en llegar a ser auténtico, no es un camino
carretero sino empinado, pero al final del mismo se encuentra la alegría».
·
Saber
hacia dónde vas. «Tiene una orientación
general en cada circunstancia para vivir desde sí mismo. Depende poco de lo de
fuera y mucho de lo de dentro, de sus propios criterios. La presión externa le
influye poco, y no dice que algo es verdad porque lo digan la mayoría o las
estadísticas».
·
Ser
íntegro. «Huye de la apariencia de
dar una imagen hacia fuera y una distinta hacia dentro, sabe defender en
cualquier ambiente sus ideas y creencias, aunque caigan mal, o no estén de
moda, o no sean políticamente correctas. Esa es su grandeza y también su exigencia».
Llegar a nuestro propio punto de vista, a la autenticidad a pesar de lo
que los demás puedan pensar o decir, es un camino difícil y largo, pero que
aporta paz mental, autonomía y la alegría de ser coherentes con nosotros
mismos, dedicados a lo que nos da sentido realmente.
§ 45. Recortas y moldeas tu cabello pero casi siempre olvidas recortar y
moldear el ego
El ego es un mecanismo de defensa que afianza nuestra identidad y nos
mantiene con vida. Pero una vez que lo consigue, la siguiente meta del ego es
la comodidad, y para ello antepone nuestros deseos y necesidades a los de los
demás.
Por ese motivo, no es posible erradicar el ego, pero sí controlarlo para
que sea nuestro compañero de viaje y no nuestro dueño.
Según el maestro budista Thich Nahn Hahn, «la arrogancia o el orgullo
injustificado son dos formas de autoengaño. La persona arrogante se engaña a sí
misma al creerse más capacitada, poderosa, íntegra, popular o atractiva de lo
que es realmente». Pero no solo el arrogante tiene un problema con su ego, sino
también el que se autodesprecia, puesto no son más que dos caras de la misma
moneda, teniendo en común que, en ambos casos, la persona está totalmente
obsesionada consigo misma.
Para vencer al ego enfermizo, Tich Nahn Hahn recomienda cultivar la
humildad y la ecuanimidad, es decir, ser capaz de valorar las cosas con
tranquilidad y templanza, alejando de nuestra vida sentimientos como el odio.
«El cultivo de las virtudes morales no admite que nos repleguemos en nuestro
propio yo, nos cerremos a los demás y vivamos en un laberinto de odio,
resentimiento, depresión y ansiedad».
Algunos trucos para reducir el ego:
·
No te lo
tomes a pecho. Resta importancia a las
cosas, porque si quieres sentirte ofendido, siempre podrás encontrar motivos.
·
¿Quién
tiene la razón? No existen verdades
absolutas, así que no luches por imponerte ante los demás y aprende de otros
puntos de vista.
·
Renuncia
a ambiciones absurdas. Lo
fundamental es crecer y ser mejores cada día, sin importar a qué nos dediquemos
o qué coche tengamos.
·
Libérate
de la necesidad de gustar. Rompe
con la adicción a las opiniones ajenas y vive tranquilo disfrutando de tus
pasiones.
§ 46. Dios siempre elige el camino más simple
La naturaleza ha inspirado a genios de todas las disciplinas y épocas, y
Einstein no fue una excepción. La silenciosa aventura de las plantas y la
armonía de los animales en estado salvaje lo maravillaban en contraposición con
los esfuerzos humanos por complicarlo todo.
Décadas antes, Henry David Thoreau y el arquitecto Antoni Gaudí hicieron
del mensaje natural y del regreso a la simplicidad de la vida su caballo de
batalla.
Thoreau incluso llegó a sentir en su propio ser la vida de la
naturaleza, pasando dos años inmerso en un bosque cerca de Walden Pond, y Gaudí
lo hizo creando toda su obra bajo las enseñanzas de los árboles, las flores y
el entorno natural.
Como decía Thoreau: «Cuando un hombre ha conseguido lo que es necesario
para vivir, hay para él otra alternativa que la de ir en pos de lo superfluo, o
sea, correr la aventura de la vida, toda vez que ha comenzado su emancipación
del esfuerzo más humilde».
Fue un hombre que al integrarse en la naturaleza nos dejó enseñanzas tan
puras como la expuesta en la siguiente frase: «Me fui a los bosques porque
quería vivir sin prisa. Quería vivir intensamente y sorber todo su jugo a la
vida. Abandonar todo lo que no era la vida, para no descubrir, en el momento de
mi muerte, que no había vivido». O: «La mayoría de los lujos y muchas de las
llamadas comodidades de la vida no solo no son indispensables, sino que
resultan un obstáculo evidente para la elevación espiritual de la humanidad».
Pero la naturaleza no nos educa únicamente en el arte de la sencillez,
como apunta Einstein. También nos enseña la magia de lo provisional, el cambio
constante al que están sometidos los ciclos de la vida, el valor de cada
instante. La naturaleza es un libro abierto en el que, si aparcamos las prisas,
encontraremos las inspiraciones necesarias para hallar las respuestas que
buscamos.
§ 47. Quien crea que su propia vida y la de sus semejantes está privada de
significado no es solo infeliz, sino que ni siquiera es capaz de vivir
A menudo oímos expresiones de desánimo como «el mundo no tiene remedio»
o «todo es absurdo» por parte de personas que han perdido el horizonte de su
existencia. En su travesía por el desierto, han olvidado la importancia de
entregarse a una misión que dé sentido a su vida.
Los siguientes seis principios de un autor anónimo estadounidense pueden
servir de brújula en estos casos:
·
La vida
es demasiado corta para levantarte cada día con reproches.
·
Ama a
aquellas personas que te tratan bien.
·
Olvida a
aquellas que te han herido.
·
Cree que
todo sucede por una razón.
·
Si te
ofrecen una segunda oportunidad, tómala.
·
Nadie
dijo que la vida fuera un asunto fácil; solo sabemos que merece la pena
vivirla.
Debemos estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor, donde
florecen los cambios y las oportunidades, y al mismo tiempo escuchar nuestros
deseos más profundos. De la intersección entre ambos surgirá el mapa que
conduce a una vida con sentido.
Volviendo a la frase de Einstein, no es que la vida carezca de
significado, sino que nosotros a veces lo extraviamos y nos corresponde, por lo
tanto, recuperarlo.
§ 48. Una vez que aceptamos nuestros límites, podemos superarlos
Anselm Grun, monje benedictino y escritor católico, es uno de los
referentes espirituales de la actualidad, y trata esta cuestión en su
obra Límites sanadores, estrategias de autoprotección.
Para Grun, debemos ponernos nuestros límites, reconociendo con humildad
nuestras capacidades. Delimitarnos a nosotros mismos «nos permite percibir
nuestra propia persona y desarrollar armónicamente nuestra personalidad, sin
sobre exigirnos, sin pretender ser o hacer aquello que no somos o que no nos
corresponde en este tiempo y en estas circunstancias».
Este autor asegura que auto limitarnos nos ayuda a establecer relaciones
sanas y sostiene que saber «decir que no» es la forma idónea para entablar una
relación fructífera para todas las partes, precisamente porque somos sinceros
los unos con los otros.
Para este místico, la cultura actual es adicta al trabajo, al consumo,
al endeudamiento, al éxito y al poder. Vivimos bajo una exigencia desbordante
porque no dejamos de compararnos con las capacidades de los demás. Nos exigimos
según lo que otros han conseguido, y vivimos motivados por situaciones y
características que no son las nuestras, y que por tanto nos frustran.
Volviendo al aforismo de Einstein, una vez acotamos nuestros límites y
descubrimos los puntos débiles y los fuertes que nos caracterizan, es el
momento de rebasarlos. Pero no para emular a otros, sino para ampliar las
fronteras mentales que nos hemos impuesto.
§ 49. Por lo que a mí respecta, prefiero el vicio silencioso a la virtud
ostentosa
Un relato tradicional de Oriente señala las limitaciones del lenguaje
para definir la realidad, motivo por el que muchos genios se entregan a un
silencio que contiene, como embriones, todas las respuestas.
Cuenta que dos monjes paseaban por el jardín de su monasterio,
conversando sobre asuntos intrascendentales, cuando uno de ellos paró el pie un
segundo antes de aplastar a un hermoso caracol que cruzaba por el húmedo
sendero. Con delicada precisión tomó al desorientado animalito entre el pulgar
y el índice y lo miró tiernamente. El monje se sentía feliz de no haber
interrumpido el ciclo de vida y muerte de ese pequeño destino. Delicadamente,
lo colocó encima de una fresca lechuga.
Sonriente, miró a su compañero buscando su complacencia, pero se
encontró un rostro frío que arqueaba una ceja.
— ¡Inconsciente! —le recriminó este—. Ahora, salvando a ese
insignificante caracol, pones en peligro el huerto de lechugas que nuestro
jardinero cultiva con tanto esmero.
Ambos monjes discutieron acaloradamente bajo la mirada curiosa de otro
que se acercó a arbitrar la disputa. Como no conseguían ponerse de acuerdo,
este último propuso contar lo sucedido al gran sacerdote. Él sería lo bastante
sabio para decidir cuál de los dos tenía razón.
Se dirigieron, pues, los tres a ver al anciano, y el primer monje expuso
el caso.
—Has hecho bien. Era lo que convenía hacer —contestó el sacerdote.
El segundo monje dio un brinco.
— ¿Cómo? —exclamó—. ¿Salvar a un devorador de ensaladas? ¿Eso es lo que
convenía hacer? Deberíamos haber proseguido nuestro camino sin importarnos si
aplastábamos aquel minúsculo caracol. Eso habría protegido el trabajo del
jardinero, gracias al cual tenemos todos los días buenos alimentos para comer.
El gran sacerdote escuchó, movió pensativo la cabeza y dijo:
—Es verdad. Es lo que convendría haber hecho. Tienes razón.
El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se
adelantó.
—Pero ¡si sus puntos de vista son diametralmente opuestos! —dijo—. ¿Cómo
pueden tener razón los dos?
El gran sacerdote miró largamente al tercer interlocutor. Reflexionó,
movió la cabeza y con una cálida sonrisa en su rostro sentenció:
—Es verdad. También tú tienes razón.
§ 50. Quien nunca ha cometido un error nunca ha probado algo nuevo
El método de prueba y error es fundamental en la ciencia, así como en el
aprendizaje. Sin cometer errores, sin enfrentarnos a lo desconocido, es
imposible la evolución. El emprendedor y fundador de Microsoft, Bill Gates,
dijo: «De los errores se aprende más que de los éxitos. Está bien celebrar el
éxito, pero es más importante prestar atención a las lecciones del fracaso».
Según explicaba en una entrevista, el fracaso es un motor de la
creatividad, porque te obliga a ir más allá de lo que habías pensado para
solucionar las cosas.
El escritor y publicista Gabriel García de Oro nos explica en su
libro Matrícula de error que la aceptación positiva de los
errores y la capacidad de asumirlos nos da la posibilidad de mejorar las cosas.
En palabras de este autor: «El camino del error es el más frecuente, por
suerte, dicho sea de paso; desde los orígenes, ya lo escogieron Adán y Eva
comiéndose la manzana, y con ello avanzaron y salieron a un nuevo mundo en el
que aprendieron que el error se paga y es el que nos han legado. En definitiva,
una búsqueda del acierto a través del error y la superación del “error-terror”
que no nos deja ir más allá por el miedo al fracaso del que no podemos
separarnos, porque en gran medida es cultural. Sin embargo, conseguirlo no solo
nos hace más libres, porque nos ayuda a luchar por nuestras ilusiones y
nuestros sueños, sino que en muchos casos es la verdadera opción de dar con lo
tantas veces deseado».
§ 51. Soy un no creyente profundamente religioso, lo cual viene a ser una
nueva clase de religión
Prácticamente todas las religiones marcan lo que debe hacerse y en lo
que debe creerse sin opción de ponerlo en duda. Pero ¿por qué no creer en que
el propio ser humano puede ser espiritual en sí mismo?
Existen muchas diferencias entre lo religioso y lo espiritual, pero
entre todas ellas podría afirmarse que la espiritualidad es acercarse a algo
internamente supremo, mientras que ser religioso implica seguir los preceptos y
los dogmas impuestos por otros.
Quizá el problema sea que la fe se nos ha intentado inculcar
tradicionalmente por la fuerza, sin permitirnos elegir nuestro propio camino.
Usa el sistema de la negación de otras opciones, y coarta la fundamental
curiosidad que desde pequeños poseemos, y que a medida que crecemos vamos
olvidando mientras seguimos las pautas sociales. Nos alejamos de nuestra propia
espiritualidad para acercarnos a lo dictado por la religión.
El científico Carl Sagan dijo al respecto: «La vida es solo un vistazo a
las maravillas de este asombroso universo, y es triste que tantos la
desperdicien con fantasías espirituales».
Nuestro Albert Einstein trató la espiritualidad de una forma tan directa
en afirmaciones como «cuanto más avanza la evolución espiritual de la
humanidad, más seguro me parece que el camino hacia la genuina religiosidad no
reside en el miedo a la vida, y el miedo a la muerte, y la fe ciega, sino a
través del esfuerzo del conocimiento racional».
§ 52. Se debe hacer todo tan sencillo como sea posible, pero no más sencillo
En Simplifica tu vida, Elaine St. James explica que es
necesario reducir la complejidad de nuestra vida para poder disfrutar realmente
de ella.
Empezó su proyecto, junto a su marido, en el momento en que «finalmente
habíamos comprendido que no íbamos a ser capaces de llevar a cabo todo lo que
nos habíamos propuesto, de modo que nos sentamos e hicimos recuento de lo que
podíamos hacer y, lo que es más importante, de aquello que realmente queríamos
hacer. Comenzamos mediante la simplificación a organizar nuestras vidas de
manera que pudiéramos dedicar el tiempo y la energía suficientes a aquellas
cosas que más nos importaban y desprendernos del resto».
En su libro nos guía en un proceso de simplificación que ella empezó
librándose de ciertas necesidades exteriores —reduciendo su hogar, sus
necesidades económicas, sus actividades…— para luego hacer más sencilla su vida
cotidiana.
El primer paso hacia la simplicidad está en darnos cuenta de que muchas
de las cosas que hacemos son en realidad cosas que «creemos que debemos hacer»,
al igual que la mayoría de las cosas que poseemos son cosas que «creemos
necesitar». Por ello, prescindir de muchas posesiones y analizar nuestros
gastos —de tiempo, energía y dinero— nos ayudará a averiguar qué es realmente
importante para nosotros a fin de concentrarnos en ello, descartando cuanto no
nos aporta nada.
Entre sus consejos para simplificar la vida destacan los siguientes:
·
Reduce el
desorden en tu vida. Líbrate
de trastos y abrevia el tiempo que dedicas a tareas como limpiar o comprar.
·
No
compres nada que no necesites. Nuevos
objetos significan mantenimiento y limpieza, igual que nuevas prendas de ropa.
Simplifica tu vestuario y tu mobiliario.
·
Vive en
el espacio que necesites. Busca
un piso más pequeño y cómodo.
·
Reduce tu
agenda. Solo haz aquello que sea
necesario y que te aporte algo. Haz que tu tiempo de trabajo cunda y que tu
tiempo de ocio realmente sea libre.
·
Desconecta. Olvida el teléfono, el correo, los e-mails y el
timbre. Atiende únicamente aquellas visitas o llamadas que quieras o debas
atender.
·
Sanea tu
economía. Salda tus deudas,
replantéate tus hábitos de compra y vive con la mitad.
·
Dedícate
a aquello que te haga disfrutar. Busca
un trabajo que te permita aprender, crecer y dar lo mejor de ti mismo. No seas
esclavo de tu trabajo, y trabaja en tu casa o cerca de ella.
·
Practica
meditación y yoga. Y ríe y
juega sin parar.
·
Sé tú
mismo y confía en tu intuición. Elimina
aquellas relaciones que no significan nada para ti.
·
Disfruta
de la compañía, pero también de la soledad
§ 53. El miedo a la muerte es el más injustificado de los miedos, ya que no
hay riesgo de sufrir un accidente cuando estás muerto
Desde que el ser humano tiene uso de razón, ha sufrido todo tipo de
miedos, pero el más común siempre ha sido enfrentarse a la muerte.
Quizá solo los antiguos samuráis, siguiendo su código de conducta
llamado bushido, aprendieron a aceptar la muerte como una
consecuencia lógica de su propia vida.
Prácticamente todo el mundo teme el momento de la propia muerte, o la de
sus seres queridos, llegando incluso a suponer un importante trauma para
aquellos a quienes el concepto los supera.
Según los expertos, es de vital importancia aceptar la muerte como un
paso más, dedicando la vida a disfrutar de los seres queridos que merecen toda
la atención. Debe aprovecharse el presente sin tener en cuenta el futuro, dado
que solo en el ahora uno puede llegar a experimentar la felicidad.
Al mismo tiempo, es muy importante reconocer que la vida es limitada y
que, por lo tanto, no hay tiempo que perder.
El miedo a la muerte se denomina tanatofobia, y toda la población lo
sufre en mayor o menor medida. Quizá por ello siempre se recomienda hablar
sobre ese asunto con amigos o allegados de confianza, para conocer de qué forma
afrontan ellos ese temor.
Lo esencial es aceptar su existencia y pensar que todos pasamos por ese
momento. De un modo u otro, todos seremos recordados por quiénes éramos y por
quiénes nos han rodeado en nuestra vida. Debe considerarse, por tanto, que la
muerte no borra nuestra presencia por completo, sino que la traslada a un plano
más etéreo.
Marco Aurelio afirmaba que «no hay que temer a la muerte sino a no haber
vivido», y Jim Morrison —el líder de The Doors— decía lo siguiente: «La gente
tiene más temor a la muerte que al dolor. Es extraño que ellos teman a la
muerte. La vida duele mucho más que la muerte. Cuando la muerte llega, el dolor
termina».
§ 54. Tengo una pregunta que a veces me tortura: ¿estoy loco yo o los locos
son los demás?
En una de sus reflexiones más célebres, Buda afirmó que estar enfadado
es como agarrar un pedazo de carbón candente para arrojarlo contra alguien. Al
final eres tú quien se quema.
Albert Einstein vivió dos guerras mundiales y la consiguiente Guerra
Fría, con lo que comprobó las consecuencias a gran escala de la hostilidad, lo
cual lo llevó a hacerse la pregunta que encabeza este capítulo.
A nuestra escala cotidiana, este cuento de autor desconocido, citado por
la coach Irene Orce, tiene como protagonista a un niño que
estaba siempre malhumorado y cada día se peleaba con sus compañeros en el
colegio. Cuando se enfadaba, se abandonaba a la ira y decía y hacía cosas que
herían a los demás niños.
Consciente de la situación, un día su padre le dio una bolsa de clavos y
le propuso que, cada vez que discutiera o se peleara con algún compañero,
clavase un clavo en la puerta de su habitación.
El primer día clavó treinta y tres. Terminó agotado, y poco a poco fue
descubriendo que le era más fácil controlar la ira que clavar clavos en aquella
puerta. Cada vez que iba a enfadarse se acordaba de lo mucho que le costaría
clavar otro clavo, y en el transcurso de las semanas siguientes, el número de
clavos fue disminuyendo. Finalmente, llegó un día en que no entró en conflicto
con ningún compañero.
Había logrado apaciguar su actitud y su conducta. Muy contento por su
hazaña, fue corriendo a decírselo a su padre, quien sabiamente le sugirió que
cada día que no se enojase desclavase uno de los clavos de la puerta. Meses más
tarde, el niño volvió corriendo a los brazos de su padre para decirle que ya
había sacado todos los clavos. Le había costado un gran esfuerzo.
El padre lo llevó ante la puerta de la habitación.
—Te felicito —le dijo—. Pero mira los agujeros que han quedado en la
puerta. Cuando entras en conflicto con los demás y te dejas llevar por la ira,
las palabras dejan cicatrices como estas. Aunque en un primer momento no puedas
verlas, las heridas verbales pueden ser tan dolorosas como las físicas. No lo
olvides nunca: la ira deja señales en nuestro corazón.
§ 55. Si quieres ser un gran científico, dedícate un cuarto de hora al día a
pensar todo lo contrario a lo que piensan tus amigos
Esta fue la respuesta que dio Einstein a uno de sus alumnos. Ver el
mundo con múltiples perspectivas, purgando de nuestra vida aquellos hábitos que
nos la complican, haciendo lo que realmente nos llena es la clave para una vida
plena y feliz, aunque en muchas ocasiones debamos nadar contracorriente.
Muchos emprendedores de éxito, así como grandes inventores o
descubridores, han sido personas que nadaban contracorriente y tenían ideas
alejadas de su tiempo o su sociedad.
En su libro Ética para Amador, Fernando Savater hace al
respecto la siguiente reflexión: «Hay que dejarse de órdenes y costumbres, de
premios y castigos, en una palabra, de cuanto quiere dirigirte desde fuera, y
tienes que plantearte todo este asunto desde ti mismo, desde el fuero interno
de tu voluntad. No le preguntes a nadie qué es lo que debes hacer con tu vida:
pregúntatelo a ti mismo. Si deseas saber en qué puedes emplear mejor tu
libertad, no la pierdas poniéndote ya desde el principio al servicio de otro o
de otros, por buenos, sabios y respetables que sean: interroga sobre el uso de
tu libertad… a la libertad misma».
§ 56. La mayoría de las personas dicen que el intelecto es lo que hace a un
gran científico. Están equivocadas: lo principal es el carácter
Los expertos en autoestima creen que el carácter desarrolla de alguna
forma el potencial que toda persona alberga en su interior. El talento es
innato, pero el carácter es el vehículo que ayuda a que aflore y pueda
mostrarse a los demás. Grandes genios de la humanidad quedaron relegados a un
segundo plano por la falta de un carácter que marcara la diferencia con el
resto, pese a contar con capacidades para hacerse un hueco en la historia.
Goethe dejaba clara esta idea al decir: «El talento puede ser cultivado
en la tranquilidad; el carácter, solamente en las corrientes trepidantes de la
vida».
Y opiniones como las de John Davison Rockefeller no hacen más que
recalcar la importancia del carácter para lograr el éxito: «Lo importante para
un joven es establecer su carácter, una reputación y un crédito. Junto a hacer
lo correcto, lo más importante es que la gente sepa que estás haciendo lo
correcto […] Por ello en lo que te debes enfocar no es en alcanzar cierta cifra
de dólares, sino en construir las bases de tu éxito, esto es, edificar tu
carácter, tu reputación profesional, tu crédito ante los demás […] hacer lo
correcto y labrarte buena fama».
§ 57. Vivo en una soledad que podría ser dolorosa para un joven, pero que es
una delicia en los años de madurez
Paulo Coelho dijo que «un guerrero de la luz usa la soledad, pero no es
usado por ella». Nos han enseñado que lo normal y sano es vivir en pareja,
formar una familia, pasar el tiempo con amigos y colegas. Pero vivir o pasar
nuestro tiempo en soledad, de forma voluntaria, puede ayudarnos a descubrir una
nueva forma de felicidad en nuestro interior.
La soledad es en realidad algo natural; como dijo un pensador, «al final
todos estamos solos» y esto no es malo dado que nosotros somos la mejor
compañía que podemos disfrutar. No estamos hablando de convertirnos en unos
ermitaños. La vida social y compartir con los demás son totalmente necesarios,
pero gozar de tiempo en soledad es igual de imprescindible.
Lo que resulta primordial es comprender que se está solo únicamente
porque se tienen problemas. No te sientas culpable por no tener pareja o por
vivir en soledad. Vivimos a contrarreloj, pero cuando estamos solos podemos
disfrutar de nuestros propios gustos, ritmos y pensamientos. Aprende a escuchar
a tu voz interior, reflexiona y medita en paz, y descubrirás que la soledad es
una gran compañera.
San Juan de la Cruz dijo que la soledad es lo más maravilloso, pero para
la mayoría de las personas no lo es. Hay que aprender a apreciarla, hay que
saber estar solo, para luego ser una compañía fértil para los demás.
Volviendo a H. D. Thoreau, en su libro Walden o de la vida en
los bosques, este pionero americano afirmaba lo siguiente sobre la soledad:
«Encuentro saludable el hallarme solo la mayor parte del tiempo. Estar en
compañía, aunque sea la mejor, se convierte pronto en fuente de cansancio y
disipación. Me encanta estar solo. Nunca encontré una compañía tan compañera
como la soledad. Casi siempre solemos estar más solos cuando estamos entre los
hombres que cuando nos quedamos en nuestras habitaciones. Un hombre que piensa
o trabaja está siempre solo, se encuentre donde se encuentre. La soledad no se
mide por las millas espaciales que separan a un hombre de sus semejantes».
§ 58. Tendremos el destino que nos hayamos merecido
Existen dos clases de personas: quienes viven su vida y quienes son
meros espectadores de la misma.
Muchas personas se quejan de la existencia que llevan y hablan de lo que
les gustaría hacer en realidad, pero, a pesar de ello, no mueven un dedo por
conseguirlo. Eligen la salida cómoda: quejarse y culpar antes que ponerse a
trabajar.
Si quieres cambiar tu destino y empezar a crearlo, existen unos pasos
que pueden ayudarte:
·
Decide
quién quieres ser. Cuando
mires hacia tu futuro no veas lo que quieres hacer, sino quién quieres ser.
Entrégate a tus sueños y tus pasiones.
·
Sé
honesto contigo mismo y con los demás. La coherencia personal es fundamental para la felicidad.
·
Escucha,
pero no te dejes influenciar sistemáticamente. Presta atención a las críticas constructivas y a las opiniones de los
demás, pero no permitas que los pensamientos limitadores de otros te frenen.
·
No te
conformes con cualquier cosa. Olvida
el camino fácil y busca el que te vaya a suponer retos, aprendizaje y juego.
·
Planea tu
destino. Decide qué quieres haces
y después planifica tus objetivos a corto y a medio plazo. Plantéate metas que
puedas alcanzar, paso a paso, las cuales te llevarán a tu destino.
Tal como explicó Patrick Snow, autor de Crea tu propio destino,
«solo aquellos que ven lo invisible pueden conseguir lo imposible. Creer en tu
visión es la clave para crear tu propio destino».
§ 59. El verdadero arte se caracteriza por una urgencia irresistible en el
artista
El psicólogo estadounidense Carl Rogers planteó los puntos
indispensables para que la creatividad pueda llegar a buen puerto, y se refirió
a condiciones como las de «trabajar en grupo, bajo un ambiente de libertad y
libre expresión, donde se estimulen las ideas nuevas y se otorgue confianza en
los creadores».
Para Rogers, esas condiciones eran indispensables en cualquier
desarrollo creativo. Muchos han sido los autores que han tratado este asunto.
El mismo Pablo Picasso dijo: «Todo acto de creación es en primer lugar un acto
de destrucción». También Truman Capote afirmó algo similar: «Todas las personas
tienen la disposición de trabajar creativamente. Lo que sucede es que la
mayoría jamás lo nota».
Algunos consejos para despertar al genio creativo que duerme en nuestro
seno:
·
Escucha
música nueva que despierte otras sensaciones en ti de las habituales.
·
Pasea por
un barrio de tu ciudad donde nunca has estado.
·
Duerme
ocho horas: el sueño es la cocina de las grandes ideas de la vigilia.
·
Rodéate
de gente creativa y optimista.
·
Desconecta
de las redes sociales para que las redes de tu intuición cobren fuerza.
·
Haz
listas de ideas y de propósitos.
·
Lee
autores que no conoces.
·
Rompe
algunas reglas por las que te has guiado hasta ahora.
§ 60. Toda la ciencia no es más que un refinamiento del pensamiento
cotidiano
La alegría es clave para llevar una vida feliz y equilibrada. Según Jean
Guitton, uno de los pensadores católicos más importantes del siglo XX, la vida
plena se compone de: amor, caridad, coraje, esperanza, humildad, prudencia,
sencillez y tolerancia. Explica en sus obras que, tanto si somos jóvenes como
si somos adultos, necesitamos encontrar aquellas normas vitales que nos
permitan ver con claridad, vivir con frescura y pensar con optimismo.
En nuestra existencia diaria, si estamos atentos, descubriremos muchos
momentos en los que lo cotidiano nos muestra las maravillas que explora la
ciencia:
·
El
despertar de los pájaros con el amanecer de un nuevo día.
·
Comprobar
el crecimiento de las plantas con los cambios de las estaciones.
·
El
hormiguero humano en el que confluyen sincronicidades, atracciones y alianzas.
·
Momentos
de epifanía en los que el mundo parece detenerse mientras sentimos el latido
del ahora.
·
Las
estrellas que parecen observarnos al caer la noche.
A aquellos que están demasiado agitados para captar esa magia diaria, la
práctica del zazen —del japonés; za significa
«sentarse» y zen significa «meditación»— les permite hallar
lucidez cotidiana, así como la paz y la energía necesarias para vivir el día a
día en un mundo tan frenético como el nuestro. Esta es una técnica que aporta
bienestar y ofrece calma, incluso en los momentos más complicados.
La meditación en la cotidianidad es una de las prácticas del zazen,
y tiene como finalidad domar el torrente de ideas que atraviesan nuestra mente.
Para descargarnos de ellas, los maestros recomiendan hacer este sencillo
ejercicio: «Cuando aparezca un pensamiento, sé consciente de él —pero no lo
toques, no lo alimentes, no hagas nada—. Cuando tengas consciencia de él,
desaparecerá».
§ 61. El secreto de la creatividad es saber cómo esconder tus fuentes
El secreto de la creatividad es saber cómo esconder tus fuentes
Antoni Gaudí se defendía de aquellos que lo acusaban de plagiar las
formas naturales, asegurando que la naturaleza era su maestra y que él
solamente respetaba su creación inicial, tomándola como ejemplo. Él
desarrollaba una nueva forma inspirada en el trabajo original de los árboles,
las flores y los animales, pero se limitaba a ver en ellos unos modelos que
jamás copiaba por completo.
Para los artistas, inspirarse en algo ya creado no es copiar, sino solo
partir de un punto que ya funciona correctamente y así desarrollarlo en su
totalidad.
El reconocido escritor Austin Kleon habló de esta cuestión en el
libro Cómo copiar como un artista, enumerando todas las
características que consideraba comunes a los creadores.
Para Kleon, todos los artistas coinciden en robar sus ideas de otras
creaciones ya existentes, y únicamente los más hábiles son capaces de discernir
lo que vale o no vale la pena robar.
El escritor asegura que nada es original, y que toda idea novedosa no es
más que la unión y la mezcla de varias ideas anteriores que ya han dado
resultado.
Así pues, considera que el artista en un simple recolector de ideas,
aunque no un acumulador. El acumulador recoge indiscriminadamente, mientras que
el artista selecciona y solo toma aquello que ama de verdad.
Y para ello nos ilustra con una peculiar teoría económica: si uno suma
los sueldos de sus cinco mejores amigos y hace la media, el resultado se
acercará bastante a su propio sueldo, porque uno siempre atrae a los iguales.
Del mismo modo, Kleon asegura que el trabajo del artista es recopilar
las ideas de los demás.
En su libro recoge los diez consejos que todo creador debería tener en
cuenta para ponerse a trabajar:
·
Roba como
un artista.
·
No
esperes hasta que sepas quién eres para empezar.
·
Escribe
el libro que quieres leer.
·
Usa las
manos.
·
Los
proyectos secundarios (esos que no son a los que te dedicas siempre) y las
aficiones son importantes.
·
El
secreto: haz un buen trabajo y compártelo con la gente.
·
La
geografía ya no es una limitación en la era internet.
·
Sé
agradable (el mundo es muy pequeño).
·
Sé
aburrido (es la única forma de poder trabajar).
·
La
creatividad es restar (quitar versus poner).
§ 62. Nunca pienso en el futuro, pues llega suficientemente pronto
Por mucho que nos neguemos a aceptarlo, el pasado es un episodio cerrado
y el futuro un tiempo incierto que nadie puede garantizarnos. Es lógico
proyectar las esperanzas en hechos que, al tener aún que suceder, puede parecer
que sean susceptibles de modificarse a nuestro antojo, pero eso es algo
contrario a lo que realmente sucede.
Está claro que tenemos que luchar constantemente con una sociedad que
solo emite mensajes en clave de futuro, una sociedad que nos aconseja pagar a
plazos, hipotecarnos, trabajar mucho ahora para disfrutar más tarde y, en
definitiva, nos anula el momento presente.
Pero la única realidad es que solamente podemos moldear el «hoy».
El escritor Henry James nos dio a entender ese mensaje a principios del
siglo XX: «Vive todo lo que puedas; no hacerlo es una equivocación. No importa
mucho lo que hagas, siempre que tengas tu vida. Si no has tenido eso, ¿qué has
tenido? El momento apropiado es cualquier momento, que uno aún tiene la suerte
de tener. ¡Vive!».
En el mismo sentido se pronunciaba el escritor y moralista francés Jean
de La Bruyère, con su célebre cita: «Los niños no tienen pasado ni futuro, por
eso gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros».
Es posible que La Bruyère diera en la clave del asunto, al elogiar la
valoración de la vida que efectúan los niños. Solo ellos entienden que el único
momento que pueden controlar a su antojo, y del que se puede extraer todo el
jugo vital, es el presente.
§ 63. Todo lo que es realmente grande e inspirador es creado por el
individuo que puede trabajar en libertad
Con la reducción de las plantillas y el aumento del teletrabajo, cada
vez son más las personas que deciden ser freelance o
autónomos.
Ser freelance no es para todo el mundo, aunque en
ciertas profesiones —especialmente las creativas— se ha convertido en norma.
Quien se autoemplea debe conseguir los trabajos por su cuenta. Es decir: cambia
libertad por responsabilidad. Eres independiente y puedes desarrollar tus
habilidades libremente, pero también has de gestionar tus finanzas y trabajar a
menudo más horas de las que te gustaría.
Algunos peajes que hay que pagar por trabajar en libertad:
·
Incertidumbre. Un profesional que trabaja por su cuenta es consciente de que, al
igual que puede lloverle el trabajo, la escasez puede llegarle en cualquier
momento y ha de planificarse en consecuencia.
·
Horas. Un freelance o autónomo cobra por su trabajo, y dado
que este puede aparecer en cualquier momento, se apoderará de todo el tiempo
disponible, aunque sea durante el fin de semana o las vacaciones.
·
Agenda. Quien decide llevar esa vida ha de buscar siempre nuevos clientes y
encargos. Por ello necesita mantener frecuentes citas, reuniones y proyectos.
Y he aquí algunas de las ventajas:
·
Libertad. Es cierto que un freelance trabaja fines de semana,
festivos y vacaciones, pero también puede tomarse unos días de asueto cuando
todo el mundo está trabajando.
·
Economía. El autónomo siempre ha de tener un «colchón» para emergencias, pero en
principio todo su trabajo se transforma en beneficios. Es decir, que no existen
las horas extras no remuneradas.
·
Desde
casa. Un profesional que
trabaja por su cuenta puede hacerlo desde donde quiera, siempre que su
ocupación se lo permita.
·
Disfrutar. Gracias a trabajar por su cuenta, muchos freelances pueden
dedicarse a aquello que les gusta, ampliando sus habilidades hasta convertirse
en expertos sobre el tema.
§ 64. Información no equivale a conocimiento
Todos recibimos información a diario, mediante todo tipo de canales,
aunque no por ello nos volvamos más sabios.
El desarrollo humano comporta grandes dosis de información para, llegado
el caso, adquirir el conocimiento que se ha ido desarrollando durante años,
transformándose en algo parecido a la sabiduría. Sin embargo, es esencial no
tomar un concepto por otro, confundiendo la información con el conocimiento.
Como primer punto a destacar debe tenerse en cuenta que la información
puede estar contenida en cualquier soporte físico, mientras que el conocimiento
solo perdura en la mente de las personas, las cuales, después de una larga
experiencia, consiguen interiorizar toda esa información en forma de
conocimiento.
Si no existe información sobre un objeto concreto, no puede llegarse a
conocer en su totalidad, de modo que, aunque información y conocimientos son
dos conceptos muy relacionados entre sí, son totalmente individuales.
Según los expertos, podemos conocer las cosas mediante varias vías por
las que se transmite la información.
Los sentidos nos ayudan a percibir cierto grado de información del
objeto que estamos valorando, a lo que hay que sumar otros factores de interés
como la intuición que tenemos al respecto.
Así pues, queda claro que al conocer algo estamos adquiriendo toda la
información que nos ofrece, y gracias a ello somos capaces de asumirlo con
naturalidad.
§ 65. El valor de un ser humano debería estimarse por lo que da y no por lo
que recibe
Bajo el prisma de una sociedad materialista, donde todo el mundo quiere
poseer y pocas personas son las que comparten, la placentera actitud de dar es
algo que no muchos se atreven a experimentar.
El hecho de dar por dar, sin esperar nada a cambio, no es algo a lo que
los seres humanos suelan prestarse, aunque poco a poco, circunstancias tan
complejas como la crisis han ayudado a fomentar este tipo de acciones entre los
más concienciados socialmente.
Lo que está claro es que no se trata de dar esperando algo a cambio.
Solo quienes dan sin ánimo de recibir sienten el bienestar que supone
ayudar a alguien, un valor humano casi perdido pero vital para nuestra
supervivencia emocional.
El poeta y humanista Walt Whitman ya advertía de esa sensación al
afirmar: «Cuando yo doy, me doy a mí mismo». El célebre escritor Khalil Gibran
también ofreció su idea al decir que «hay quienes poseen poco y lo dan todo.
Estos son los que creen en la vida y en su generosidad. Su cofre jamás se verá
vacío».
§ 66. Quien desatiende la verdad en las pequeñas cosas no puede estar al
cargo de las cosas importantes
La metodología japonesa del kaizen se basa en la mejora
continua a partir de lo pequeño, y el núcleo de su argumento principal parte
del concepto: «¡Hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy!».
Según el kaizen debemos tener muy presente que todo
puede hacerse siempre mejor. La clave de toda evolución es tomar conciencia de
que cada día es una nueva oportunidad de mejorar lo que se ha hecho con
anterioridad.
A priori puede parecer un
concepto muy genérico, pero el kaizen deja claro que las
mejoras pueden aplicarse a cualquier aspecto de la vida.
Con esta filosofía, uno puede llegar a discernir aquello que realmente
es superfluo, y centrarse en lo que puede ayudarlo a producir con mayor rapidez
y calidad. Es una especie de selector natural que contribuye a mejorar
constantemente.
El esfuerzo, según propugna el kaizen, siempre tiene su
recompensa. Y desde luego, una vez iniciado el camino ya no debe caerse en la
autocomplacencia, sino todo lo contrario.
Algunos consejos para poner en marcha el poder del kaizen en
la vida cotidiana:
·
Mejora tu
dieta a través de alimentos de mayor calidad combinados de forma más
equilibrada.
·
Optimiza
tu tiempo revisando tu agenda una vez por semana y elimina los compromisos
innecesarios para centrarte en tus prioridades.
·
En tu
puesto de trabajo, ponte como meta introducir como mínimo una mejora al día en
tu forma de realizar las tareas.
·
Pasa un
sencillo control de calidad de tus amistades: ¿cuáles suman valor a tu vida y
cuáles implican tensión?
·
Elige
cada semana un aspecto personal —un hábito, una actitud— que podrías mejorar.
§ 67. La ciencia es un 1% de inspiración y un 99% de transpiración
Malcolm Gladwell desarrolla en su libro Fueras de serie la
que denomina «regla de las 10 000 horas», según la cual para alcanzar el éxito,
sin importar el campo al que uno se dedique, se requiere el equivalente a unas
tres horas de práctica por día durante diez años.
Ya en 1973 los teóricos del deporte H. A. Simon y W. G. Chase estudiaron
el juego del ajedrez y descubrieron que para ser experto en algo eran
necesarios al menos diez años de práctica deliberada. Esta teoría fue
confirmada por estudios en otras disciplinas tanto deportivas como artísticas,
desde las carreras de larga distancia hasta la música.
Volviendo al estudio de Gladwell, cabe destacar que existen dos
variables para alcanzar la excelencia:
·
El
entorno en el cual las
personas crecen; no pueden elegirlo pero sí está en sus manos cambiarlo,
alterando así su destino.
·
El
talento con el cual se nace,
pero que también necesita de agentes externos —como padres y maestros— que lo
estimulen.
Gladwell toma como ejemplo a personajes tan dispares como Mozart, Bill
Gates o The Beatles, quienes tuvieron que trabajar durante años para llegar a
lo que fueron. Según el autor, la clave del éxito es, pues, el entrenamiento
del talento, el esfuerzo y la dedicación.
En resumen: no basta con nacer con talento o tener la suerte de caer en
una situación propicia. Nada de ello sirve sin sacrificarse para llegar a ser
aquello que deseamos.
En su libro, Gladwell pone este ejemplo como prueba: «En la Academia de
Música de Berlín, una institución elitista, el psicólogo K. Anders Ericsson
realizó con sus colegas un estudio en los años noventa. Con ayuda de los
profesores de la academia, separaron a los violinistas en tres grupos: las
futuras estrellas, los buenos y los mediocres. Todos respondieron a la
siguiente pregunta: “En el curso de toda su carrera, desde que empezó a tocar
el violín, ¿cuántas horas ha practicado en total?”.
»En los tres grupos todos empezaron más o menos a la misma edad,
alrededor de los cinco años. A los veinte años, los intérpretes de la élite
habían acumulado diez mil horas de práctica cada uno. En contraste, los
estudiantes buenos habían sumado ocho mil horas; y los futuros profesores de
música, alrededor de cuatro mil».
§ 68. ¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un
prejuicio
El cuento popular Las cuatro estaciones narra la
historia de un hombre que tenía cuatro hijos y que se había propuesto que
aprendieran a no juzgar las cosas a la ligera. A tal fin los envió, de uno en
uno, a visitar un peral que estaba a una gran distancia.
El primer hijo fue durante el invierno, el segundo durante la primavera,
el tercero durante el verano y el hijo más joven durante el otoño.
Cuando el último de sus hijos hubo regresado, el hombre los llamó a
todos juntos y les pidió que describieran lo que habían visto.
El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido.
El segundo dijo que no, que estaba cuajado de brotes verdes y lleno de
promesas.
El tercer hijo no estuvo de acuerdo y afirmó que estaba cargado de
flores, que tenía un aroma muy dulce y que se veía muy hermoso; de hecho, era
en su opinión la cosa más llena de gracia que jamás había visto.
El último de los hijos discrepó de todos ellos, y aseguró que el peral
estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.
Entonces el hombre explicó a sus hijos que todos tenían razón, porque
ellos solo habían visto una de las etapas de la vida del árbol.
Les dijo a los cuatro que no debían juzgar un árbol, o a una persona,
solo por verlo en una de sus temporadas, y que la esencia de lo que eran, el
placer, el regocijo y el amor que viene con la vida, únicamente puede ser
medida al final, cuando todas las estaciones ya han pasado.
§ 69. Solo quien se entrega a una causa con todas sus fuerzas y con toda su
alma puede dominar la misma
Con anterioridad nos hemos referido a la «regla de las 10 000 horas»,
que de hecho se complementa con la idea de «flow» del psicólogo Mihaly
Csikszentmihalyi, ya que solo quien disfruta de su actividad y se funde con
ella es capaz de entregarle una porción tan importante de su tiempo.
Cualquier actividad que nos apasione puede conducirnos al estado de
fluir. Según ese autor, en la vida cotidiana las personas se dividen en dos
grupos: los ocupados y los aburridos. Un tercer grupo, y más raro en la
actualidad, son aquellos que fluyen. Nuestro gran problema es que a menudo no
sabemos qué nos hace felices porque no nos hemos ocupado de buscarlo.
¿Cómo reconocer que nos hallamos en estado de fluir?
·
No existe
el miedo al fracaso.
·
Nos
olvidamos de nosotros mismos.
·
Se unen
pensamiento y acto.
·
Tenemos
la sensación de aprender y descubrir continuamente.
·
La tarea
es un fin en sí misma sin buscar recompensas.
·
Tenemos
los objetivos claros y sabemos qué hacer.
·
Se
distorsiona el sentido del tiempo.
·
No
existen las distracciones, estamos en el aquí y el ahora.
Merece la pena que encontremos alguna actividad que nos apasione y nos
atraiga de ese modo, puesto que entonces experimentaremos un sentimiento de
felicidad y de realización extraordinario.
§ 70. En el desorden encuentra simplicidad, en la discordia encuentra
armonía; en medio de la dificultad yace la oportunidad
El filósofo Epícteto ya nos decía que «la vida feliz será imposible
mientras no simplifiquemos nuestros hábitos y moderemos nuestros deseos». Para
poder llevar una vida feliz es necesario volver a lo esencial.
Existen muchos libros que detallan cómo hacerlo, pero hay tres normas
básicas en las que todos están de acuerdo:
·
Reduce
los objetos y las complicaciones de tu vida.
·
Organiza
de la manera más sencilla y simple posible.
·
Ahorra
tiempo en aquello que no es absolutamente necesario.
Los maestros zen afirman que, para experimentar una
vida realizada, junto a la simplicidad hay que practicar la atención plena.
Esto significa prestar atención al presente, pero sin juzgar. Esta clase de
percepción nos permite desarrollar mayores conciencia, claridad y aceptación,
tanto hacia nosotros mismos como hacia las situaciones que nos encontramos en
el día a día. Si en una tesitura difícil estamos plenamente presentes,
hallaremos con más facilidad la salida o descubriremos en qué nos hemos
equivocado.
Ser capaces de tener la conciencia plena en lo que hacemos, en el aquí y
el ahora, nos permite descubrir oportunidades que de otra forma nos pasarían
desapercibidas. Dicho en otras palabras: la niebla no nos permite ver el
paisaje, o andar dormidos no nos deja vivir el camino.
Existen tres «barreras» que nos impiden ver lo que tenemos delante:
·
El exceso
de equipaje. Arrastrar el pasado y
pronosticar el futuro.
·
Los
compromisos. Estar pendientes de
demasiadas cosas a la vez. Hay que ser selectivo y aprender a decir «no».
·
La
incomunicación. Es necesario escuchar, a
nosotros mismos y a los demás, para saber cuándo una oportunidad se acerca.
§ 71. Una mesa, una silla, un cuenco con fruta y un violín: ¿qué más se
necesita para ser feliz?
Hay pequeños placeres que nos embriagan de alegría, además de suponer
una ruptura momentánea en la rutina del día a día.
Hacernos un regalo a nosotros mismos, o simplemente concedernos un poco
de tiempo para hacer aquello que nos satisface, siendo plenamente conscientes
de ese privilegio, es lo que diferencia a las personas felices de aquellas que
ven el mundo como un cúmulo de obligaciones y compromisos.
Philippe Delerm, en El primer trago de cerveza y otros pequeños
placeres de la vida, se refiere precisamente a ello: más allá de los gustos
sibaritas y caros, hay placeres que nos hacen inmensamente felices, ya sea dar
un paseo después de cenar mientras se contemplan las estrellas, o disfrutar del
café y el periódico en el desayuno. En palabras del autor: «Comulgar con el
mundo en la paz más perfecta, envueltos en el aroma del café».
Como ejemplo, veamos también su singular descripción del placer de
conducir: «Es extraño el coche: a la vez es como una casita familiar y como una
nave espacial. Al alcance de la mano, unos caramelos mentolados de regaliz.
Pero en el cuadro de mandos esos polos fosforescentes de color verde eléctrico,
azul frío, naranja pálido. Ni siquiera necesitamos la radio —tal vez la
pongamos luego, a medianoche, para escuchar las noticias—. Resulta agradable
dejarse seducir por ese espacio. Por supuesto, todo parece dócil, todo obedece:
el cambio de marchas, el volante, un toque de limpiaparabrisas, una ligera
presión en el elevalunas. Pero al mismo tiempo el habitáculo nos maneja, impone
su poder. En ese silencio acolchado de soledad, nos sentimos casi como en una butaca
de cine: la película desfila ante nosotros».
Como este lúcido viaje en coche, una vida sencilla y tranquila, en la
que realmente disfrutamos de las cosas que nos arrancan una sonrisa y las
compartimos con aquellos a quienes queremos, es más satisfactoria que estar
rodeado de marcas, tener estatus o una casa con piscina.
Y entre todas las cosas, lo que paradójicamente menos nos concedemos es
un día libre. Un día en blanco, sin compromisos, ni obligaciones ni planes, en
el que, esporádicamente, podamos apreciar cada momento tal cual es, disfrutando
del aquí y el ahora.
§ 72. Una velada en la que todos los presentes estén absolutamente de
acuerdo es una velada perdida
El pensamiento crítico es aquel que no da nada por hecho o por sentado,
una forma de razonar fundamental para el progreso y la evolución. Si estudiamos
la historia, nos daremos cuenta de que aquellos que han realizado grandes
descubrimientos o han propiciado revoluciones eran personas sin pelos en la
lengua, capaces de desafiar la forma de pensar mayoritaria.
Desde un punto de vista fisiológico, a la edad de tres años empezamos a
desarrollar nuestro pensamiento crítico, pero a partir de entonces este
continúa evolucionando durante toda la vida, por lo que aprender y ejercitar la
lógica, la expresión verbal, el razonamiento y la concentración son
imprescindibles para crecer como personas.
Todos, incluso las personas mayores, estamos en proceso de constante
aprendizaje, da igual la edad que tengamos. Sobre esto, Gabriel García Márquez
afirmó que «lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años
fue decir no cuando es no».
Para que un adulto desarrolle sus capacidades críticas, es preciso que,
conscientemente, valore sus hábitos y creencias, y cambie en todo lo necesario.
Veamos algunos consejos para desarrollar este tipo de pensamiento:
·
Haz
muchas preguntas, sobre todo « ¿por qué?».
·
Deja de
satisfacer a todo el mundo.
·
Entrégate
a retos.
·
Analiza
el mundo que te rodea.
·
Habla
cuando lo creas conveniente.
·
Sal de tu
zona de confort.
·
Reconoce
lo que no sabes.
§ 73. Nuestra tarea debe ser ampliar nuestro círculo de la compasión para
abrazar a todas las criaturas vivas y la naturaleza al completo con toda su
belleza
La compasión en el budismo se refiere a un sentimiento de empatía y
conexión con el otro, así como a la responsabilidad de hacer algo y aliviar su
sufrimiento. De este modo, la denominada «meditación de la compasión» empieza
como una meditación normal: nos centramos en la respiración, y relajamos los
músculos y la mente, pero después se avanza por tres grados o niveles:
·
Nivel 1.
Visualizar el sufrimiento. Primero
nos centraremos en aquello negativo que nos haya ocurrido a nosotros, para
después pensar en las personas que nos rodean e ir ampliando el campo. En ese
punto, con el sufrimiento ante nuestros ojos, pensaremos lo bueno que sería que
ese sufrimiento no existiera, cómo se sentirían quienes sufren si aquel
desapareciera.
·
Nivel 2.
Percibir el sufrimiento. Lo
sentiremos, observaremos los rostros, las lágrimas… Y pensaremos de corazón
cuán maravilloso sería ver esos rostros sonriendo, libres de las causas de su
sufrimiento.
·
Nivel 3. Adentrándonos aún más en ese sentimiento ajeno, en el sufrimiento del
otro, desearemos de corazón que ese sufrimiento desaparezca.
·
Nivel 4. Finalmente, ese deseo se convertirá en voluntad, en la
intención y el compromiso de hacer todo lo que esté en nuestras manos para
librarlos de las causas de su sufrimiento, irradiando todo nuestro amor hacia
aquellos que sufren, hacia todo el mundo.
§ 74. Uno debería guardarse contra aquellos que sermonean habitualmente a
los jóvenes con la importancia del éxito como principal propósito en la vida
Cualquier mensaje externo puede inspirar y mover a la reflexión, pero la
motivación profunda y sincera debe brotar del interior de uno mismo. Dicho de
otro modo: pueden mostrarte el camino, pero nadie puede recorrerlo por ti.
El poeta y ensayista H. G. Enzensberger, en su Nuevos motivos
por los que los poetas mienten, cuestiona el uso que se hace de la
autoridad a través de los discursos dirigidos a aleccionar, tanto si se trata
del éxito como de una aspiración a la felicidad que no se basa en el esfuerzo.
Este poema del autor que se hizo célebre con El diablo de los
números dice lo siguiente:
Porque el instante
en que la palabra feliz
se pronuncia
no es nunca el instante de la felicidad.
Porque los labios del sediento
no hablan de sed.
Porque por boca de la clase obrera
nunca oiréis las palabras «clase obrera».
Porque el desesperado
no tiene ganas de decir
«estoy desesperado».
Porque orgasmo y Orgasmo
son incompatibles.
Porque el moribundo, en lugar de decir
«me estoy muriendo»,
no emite más que un ruido sordo
que nos resulta incomprensible.
Porque los vivos
son los que rompen el tímpano de los muertos
con sus terribles noticias.
Porque las palabras acuden siempre demasiado tarde
o demasiado pronto.
Porque de hecho es otro,
siempre otro,
el que habla,
y porque aquel de quien se habla calla.
Este ejercicio dura 20-30 minutos. No debemos avanzar de nivel hasta que
seamos conscientes del sentimiento de cada estadio. Lo importante es sentir
cada grado de compromiso, puesto que al terminar la meditación habremos asumido
la tarea de ayudar, haciendo que la compasión budista forme parte de nuestra
vida.
§ 75. Aprende del ayer, vive para hoy, espera el mañana
Los seres humanos percibimos el paso del tiempo de dos maneras
diferenciadas, las cuales denominamos:
·
Madurar. Tiene connotaciones positivas, y significa vivir el tiempo como una
oportunidad de crecer y alcanzar el sentido vital.
·
Envejecer. Con una connotación negativa, nos habla de algo inevitable e
irremediable, casi como una derrota: el paso cronológico del tiempo.
Cada decisión tomada y cada experiencia vivida dejan una huella, tanto
en nosotros como en el mundo, y moldean nuestra identidad y nuestra biografía.
Por ese motivo hay un tiempo para cada cosa: un tiempo para sembrar y otro para
recoger, un tiempo para vivir y otro para morir…
Entender esto es madurar, aprender que la existencia es responsabilidad
y trabajo, pero también celebrar la vida.
Sobre la madurez y la responsabilidad personal, una fábula cuenta que en
la selva hubo un gran incendio. Todos los animales huían despavoridos. En mitad
de la confusión, un pequeño colibrí empezó a volar en el sentido contrario a
los demás. Los leones, las jirafas, los elefantes… todos miraban asombrados al
colibrí, pensando qué demonios hacía yendo hacia el fuego.
Hasta que uno de los animales, por fin, le preguntó:
— ¿Adónde vas? ¿Estás loco? Tenemos que huir del fuego.
El colibrí le contestó:
—En medio de la selva hay un lago, recojo un poco de agua con mi pico y
ayudo a apagar el incendio.
Asombrado, el otro animal solo pudo decirle:
—Estás loco, no va a servir para nada. Tú solo no podrás apagarlo.
Y el colibrí, seguro de sí mismo, respondió:
—Es posible, pero yo cumplo con mi parte.
§ 76. Un hombre que puede besar sin peligro a una chica mientras conduce
simplemente no está dando al beso la atención que merece
El mindfulness o atención plena, que hemos presentado
varios capítulos atrás, es una técnica que ha demostrado ser ampliamente
efectiva para tratar problemas médicos y psicológicos como el dolor crónico, la
ansiedad, el estrés o la depresión. Nuestro estado durante las horas de vigilia
podría definirse casi como un estado de letargo en movimiento, puesto que no
percibimos apenas nada de lo que nos rodea, estamos ausentes. Esta clase de
meditación nos ayuda a despertar y a reconectar con todo lo que sucede a
nuestro alrededor.
Desde hace más de treinta años se aplican en Canadá programas de
reducción del estrés basados en el mindfulness. Según el doctor Jon
Kabbat, buscan regular de forma consciente la atención momento a momento.
El entrenamiento consiste en fijar la atención en un objeto concreto,
sin dispersarse, durante un determinado período de tiempo. En un principio se
realiza de una forma estática, con nuestra respiración, focalizándonos en la
llama de una vela, prestando atención en nuestra postura… Pero lentamente se
incorpora en la vida diaria, prestando esa atención plena a cada experiencia.
Gracias a esta meditación desarrollaremos un estado de alerta y
observación imparcial que se enfoca en el momento presente, permitiéndonos ver
con claridad lo que antes nos pasaba desapercibido.
El mindfulness nos aporta poder sobre nuestra propia
vida gracias a la atención, proporcionándonos de esta forma claridad,
creatividad, determinación y también conocimiento interior.
§ 77. El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social
Esta reflexión de Einstein prosigue de la siguiente manera: «Como ser
solitario, el hombre procura proteger su propia existencia y la de los que
estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales y desarrollar
sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y
el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para
confortarlos en sus dolores y para mejorar sus condiciones de vida».
Hallar el equilibrio entre nuestra dimensión social y nuestra vida
íntima es uno de los secretos de la felicidad.
La soledad puede ser escogida o impuesta, aunque cada vez hay más gente
que vive sola.
Contraviniendo algunos estudios estadísticos, no se ha podido demostrar
que la esperanza de vida dependa de vivir solo o acompañado, puesto que así
como el amor influye positivamente en nuestra salud, tener una mala relación
aumenta nuestras posibilidades de padecer ataques cardíacos.
El autor de El arte de no amargarse la vida, Rafael
Santandreu, enumera dos razones por las que cada vez hay más gente sola: «Hay
una positiva y una negativa. La negativa es que muchas personas no saben
convivir. Para hacerlo tienes que dejar de exigir nada al otro. ¡Ni siquiera
cuando tienes razón! Si mi pareja viene enfadada del trabajo y rompe la
vajilla, yo recogeré los trozos, bajaré a comprar platos de madera y prepararé
una buena cena para los dos. Otro día, ya calmados, le diré: “Cariño, me
gustaría que no rompieses nada en casa, pero si no puedes dejar de hacerlo, yo
siempre te querré igual”. Eso es sugerir en vez de exigir… La gente no sabe
hacer esto, y la vida en pareja se convierte en un intercambio constante de
exigencias. La razón positiva: mucha gente se da cuenta de que no tienes por
qué vivir con nadie si no lo deseas, porque la soledad no es nada malo. Genial:
¡saber estar solo es también muy bueno!,
§ 78. Casi todo lo que hacemos está ligado a la existencia de otros seres
humanos. Nuestra manera de actuar nos emparenta con los animales sociables
Las personas seductoras, interesantes, agradables y carismáticas han
existido a lo largo de la historia al igual que aquellas que desearíamos alejar
de nosotros. Según Karl Albrecht, autor de Inteligencia social: la
nueva ciencia del éxito, esto se debe a su «capacidad para llevarse bien
con los demás y conseguir su cooperación», separando a las personas
«nutritivas» de las «tóxicas».
El psicólogo Daniel Goleman expresó que la inteligencia social es la que
nos permite «actuar sabiamente en las relaciones humanas», siendo una de las
inteligencias múltiples que se complementa con la inteligencia emocional.
Albrecht las diferenció de la siguiente manera: «La inteligencia emocional
tiene que ver más con la gerencia de sí mismo, mientras que la inteligencia
social está relacionada con la de la gente».
La inteligencia social nació de mano del psicólogo Howard Gardner, el
cual aseguró que para el éxito social y profesional es necesario perfeccionar
nuestras capacidades para entender la interacción entre las personas y cómo
funcionan las relaciones.
Albrecht, por su parte, resalta la importancia de la «empatía» para
sintonizar con el resto de los individuos, la «autenticidad» como una
característica imprescindible, la «presencia física y mental» que son lo que
forma nuestro carisma y que proyectamos influyendo en los demás, y la
«capacidad de entender los contextos sociales cambiantes» y de ser capaces de
«adaptarnos a ellos», mientras que los sentimientos de frustración, de
infravaloración y de culpa son reflejo de una baja inteligencia social.
§ 79. No es que sea más listo, sino que paso más tiempo con los problemas
Cada día tomamos decisiones y solucionamos problemas, aunque a veces nos
enfrentamos a situaciones que se nos resisten y no sabemos cómo salir airosos
de ellas.
He aquí algunos consejos para lograrlo:
·
Sintetiza
el problema. Ante un problema difícil,
resúmelo por escrito en pocas palabras, cuantas menos mejor, para entender la
esencia del mismo.
·
Sal y
relájate. Cuando el problema parece
indescifrable, sal a pasear y airéate. Busca la inspiración contemplando lo que
te rodea, sin centrarte deliberadamente en la respuesta. Dedica una hora a
algún pasatiempo que te ayude a desconectar. Medita. Seguramente darás con la
solución cuando menos te lo esperes.
·
Dibújalo. Toma un papel y deja que fluyan las ideas. Crea un mapa mental de
conceptos, problemas y soluciones. Mezcla imágenes con palabras si eso te
ayuda. Cuando termines, relaciónalas entre ellas y medita sobre el resultado.
·
Vuelve a
empezar. Si ninguna de las
anteriores técnicas te ha ayudado a dar con la solución, parte de cero. Borra
todo lo que tengas sobre el tema y busca un enfoque totalmente distinto.
·
Pide
ayuda. Aquellos problemas que
parecen irresolubles pueden resultar sencillos desde la objetividad de quien no
los vive en su piel. Explica a amigos y a colegas el problema, lo más
sintetizado que puedas, y apunta las ideas que te aporten.
§ 80. Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y del
universo no estoy seguro
¿Para qué vivir felices si podemos ser fieles a nuestra estupidez? Esto
es lo que se plantea el terapeuta y filósofo Paul Watzlawick, quien afirma: «No
solo somos los creadores de nuestra desdicha, sino que, del mismo modo, podemos
crear nuestra felicidad».
El autor de El arte de amargarse la vida nos señala en
su libro diferentes maneras en que podemos conseguir una existencia
desgraciada, como guiño y ruta a no seguir. Nos invita así a que estudiemos
nuestro comportamiento e identifiquemos nuestros errores o conductas tóxicas
para ponerles freno y cambiar aquellos hábitos que nos producen insatisfacción
vital.
Estos son algunos de sus «consejos»:
·
Aférrate
al pasado de manera que no
tengas tiempo de ocuparte del presente.
·
Asegúrate
de que, por mucho que cambien las circunstancias, conviene seguir con
las mismas soluciones que fueron eficaces tiempo atrás.
·
En las
relaciones interpersonales, identifica los pensamientos del otro y
actúa en consecuencia. Si puedes, acompaña esto con unos pocos reproches
hacia él que tengan un gran tinte de violencia y ambigüedad.
·
Rechaza o
elude una situación peligrosa aunque
te hagan ver que el peligro ya ha desaparecido.
·
Convéncete
de que solo hay una opinión correcta, la tuya, y comprueba que todo
el mundo va de mal en peor.
·
Haz un
pronóstico o déjate profetizar
un hecho que temes, y considéralo después independiente de ti; así podrás
llegar a donde precisamente no querías.
·
Convéncete
de que eres víctima de las circunstancias. Lo que te haya podido
causar Dios, el mundo, el destino, la naturaleza, los cromosomas y las
hormonas, la sociedad, los padres, los parientes y sobre todo los amigos es tan
grave que insinuar que puedas poner algún remedio a la situación ya sería una ofensa.
§ 81. Me hago a mí mismo preguntas infantiles y procedo a contestarlas
A menudo los adultos se ríen de las preguntas de los niños, las cuales,
sin embargo, son mucho más profundas que las nuestras e indagan sobre la
realidad como lo haría un científico como Einstein.
Pablo Neruda recogió en su Libro de las preguntas la
magia de permitirnos interrogar todo lo que compone nuestro mundo desde la
lucidez de la ingenuidad.
Esta obra, una de las menos conocidas del poeta chileno, empieza así:
¿Por qué los inmensos aviones
no se pasean con sus hijos?
¿Cuál es el pájaro amarillo
que llena el nido de limones?
¿Por qué no enseñan a sacar
miel del sol a los helicópteros?
¿Dónde dejó la luna llena
su saco nocturno de harina?
Un ejercicio magnífico para estimular la creatividad y dar con
soluciones imprevistas es discutir lo que nos preocupa con un niño o atrevernos
a hacer las preguntas que haría un niño.
§ 82. Es mejor creer que no creer; la primera opción te lleva al reino de
las posibilidades
Nuestros procesos mentales y la toma de decisiones están ligados a
nuestras creencias. Como decía el filósofo Immanuel Kant, necesitamos los
«juicios a priori» para comprender el mundo. Por ello, cada acción
y cada decisión dependen de nuestras creencias.
Existen creencias heredadas y aprendidas, mientras que otras las hemos
incorporado con el tiempo. Algunas son esenciales para comprender el mundo,
otras nos limitan. Nuestra capacidad de creer constituye el marco de nuestra
vida y determina nuestro radio de acción.
Establecer una creencia de prosperidad, por ejemplo, nos ayuda a
hacernos prósperos. Esta es la magia que actúa sobre los enfermos que se curan
a pesar de los malos pronósticos, o la de aquellos emprendedores que triunfan a
pesar de unos inicios difíciles. Como dice Paulo Coelho: «Cuando quieres
realmente una cosa, todo el universo conspira para ayudarte a conseguirla».
Según esta visión, si hasta ahora las cosas no han ido como desearías,
puede deberse a dos factores:
·
No has
decidido de forma suficientemente clara qué es lo que deseas con todas tus
fuerzas.
·
Te
boicoteas a ti mismo con energía mental negativa que entorpece que el universo
pueda ayudarte.
§ 83. La adversidad muestra al ser humano lo que realmente es
Un relato popular cuenta que una muchacha se quejaba ante su padre
acerca de la vida y que las cosas le resultaban muy difíciles. No sabía qué
hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de
luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, que era cocinero, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó
tres ollas con agua y las colocó sobre fuego intenso. Pronto el agua de las
tres ollas estaba hirviendo. En una puso zanahorias, en otra huevos y en la
última granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.
La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su
padre.
A los veinte minutos el hombre apagó los fogones. Sacó las zanahorias de
la olla y las colocó en un plato. Sacó los huevos y los dejó en un cuenco.
Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija
le preguntó:
—Querida, ¿qué ves?
—Zanahorias, huevos y café —fue su respuesta.
El hombre hizo que la muchacha se acercara y le pidió que tocara las
zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara
un huevo y que le quitara la cáscara, y la muchacha descubrió que el huevo
estaba duro. A continuación le pidió que probara el café, y ella sonrió
mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la muchacha preguntó a su padre:
— ¿Qué significa esto?
El hombre le explicó que los tres elementos se habían enfrentado a la
misma adversidad, agua hirviendo, pero que habían reaccionado de forma
diferente.
La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el
agua hirviendo se había vuelto blanda, fácil de deshacer.
El huevo llegó al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior
líquido; pero después de estar en agua hirviendo su interior se había
endurecido.
Los granos de café, sin embargo, eran únicos; tras estar en agua
hirviendo habían hecho que esta cambiara.
— ¿Cuál eres tú? —preguntó el hombre a su hija—. Cuando la adversidad
llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres como una zanahoria, que parece fuerte
pero te vuelves débil y pierdes fortaleza cuando la adversidad y el dolor te
tocan? ¿Eres como un huevo, que comienza con un corazón maleable, fluido, pero
luego se vuelve duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargada y
áspera, con un espíritu y un corazón endurecido tras sufrir una pérdida, una
separación o un despido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua
hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de
ebullición, el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café,
cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que cuanto hay a tu
alrededor mejore.
§ 84. El día que la tecnología sobrepase la interacción natural entre las
personas el mundo tendrá una generación de idiotas
Ese día ha llegado. Las nuevas tecnologías nos ofrecen un inmenso
abanico de posibilidades. Nos permiten acceder a una información casi infinita
en cualquier momento y en cualquier lugar, así como estar conectados
permanentemente, pero al mismo tiempo nos produce una adicción cada vez más
patente.
Según los sociólogos, en los últimos tres años el número de adictos a
las tecnologías ha crecido en un 30%, y el número sigue en aumento.
Los tecno adictos cada vez son más jóvenes, porque los niños ya juegan
con iPads, tablets y smartphones… sufriendo un
auténtico síndrome de abstinencia cuando les retiran esos dispositivos. Según
un estudio realizado por el International Center for Media & The Public
Agenda (ICMPA) de la Universidad de Meryland, tras un período de veinticuatro
horas desconectados, los jóvenes explicaron que habían sufrido ansiedad y
nerviosismo en un grado patológico.
Los estudiantes que se ofrecieron para el experimento se mostraron
incapaces de permanecer sin las nuevas tecnologías.
Susan D. Moeller, directora del estudio, se sorprendió ante la adicción
tan fuerte que presentaron esos jóvenes, quienes llegaron a afirmar que
«odiaban perder sus conexiones personales» ya que para ellos equivalía a «estar
sin sus amigos y su familia». Además, se quejaban de que cualquier
desplazamiento o actividad se les hacía aburrida sin su dispositivo.
Esos jóvenes definían la sensación de estar siempre conectados como un
«sentimiento de confort» y la desconexión como una sensación de «estar aislado
de mi vida. Aunque voy a la escuela con miles de estudiantes, el hecho de no
poder conectar con nadie a través de la tecnología se me hace casi
insoportable».
Por tal motivo, el doctor Richard Graham ha desarrollado el primer
programa para controlar ese tipo de adicciones en niños y jóvenes, contando con
algunos pacientes de solo cuatro años de edad.
Graham explica que los niños adictos muestran los mismos síntomas de
abstinencia que un alcohólico o un heroinómano, reaccionando con berrinches y
violencia cuando les quitas su tecnología.
Sin embargo, lo único que hacen esos niños es copiar el comportamiento
compulsivo y enfermizo de sus mayores.
§ 85. Una vez al día, date la libertad de soñar
El escritor Paulo Coelho, a quien hemos citado en varias ocasiones,
dijo: «Un síntoma de la muerte de nuestros sueños es la paz. La vida pasa a ser
una tarde de domingo, sin pedirnos cosas importantes y sin exigirnos más de lo
que queremos dar. Pero, en verdad, en lo íntimo de nuestro corazón, sabemos que
lo que ocurrió fue que renunciamos a luchar por nuestros sueños».
Martin Luther King Jr. pronunció el 28 de agosto de 1963, durante la
Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad, unos de los discursos más
famosos de la historia, el cual inició con la frase: «Tengo un sueño» (I
Have a Dream). Ese sueño consistía en un futuro en el que la gente
coexistiera de forma igualitaria y armoniosa. Tras desatar una larga lucha por
los derechos humanos, el deseo de Luther King se vería cumplido con el fin de
la segregación racial en Estados Unidos, algo que antes de esa frase cargada de
magia parecía imposible.
¿Qué hacen por nosotros los sueños?
·
Nos
ayudan a seguir adelante. Los
sueños son la gasolina que nos ayuda a avanzar en dirección a nuestros sueños.
·
Nos guían
en el crecimiento personal.
Especialmente en momentos de turbulencias, necesitamos una estrella que nos
marque el camino, como un barco en la noche.
·
Nos
empujan a la acción. Creer
en un sueño nos obliga a trabajar para realizarlo casi sin esfuerzo, ya que
aquello en lo que creemos se convierte en diversión y placer.
·
Nos
ayudan a superar obstáculos. Si los
sueños son lo suficientemente grandes y motivadores, nada podrá con ellos.
·
Nos
inspiran y nos unen. Los
sueños también pueden ser compartidos, como ha demostrado la historia
innumerables veces.
·
Nos
enseñan que la ilusión no tiene edad. Cuando sabemos lo que queremos y ponemos nuestro ahínco para
alcanzarlo, nos sentimos llenos de energía para llevar adelante nuestro
proyecto.
·
Generan
en nosotros fortaleza y confianza. Los
objetivos parecen mucho más sencillas cuando todos nuestros esfuerzos están
orientados a una meta.
·
Nos abren
nuevas fronteras. Los
únicos límites que hay son aquellos que nos ponemos nosotros mismos. Y la
función de un sueño es, justamente, abrir una brecha en las limitaciones de la
realidad.
Felices sueños… con los ojos abiertos y la disposición de actuar sin
demora.
Anexo
Albert Einstein: retrato de un humanista
En 1905, la revista científica Annalen der Physik recibió
una serie de artículos escritos por un hombre alejado del mundo universitario.
Era un joven de veintiséis años que demostró una capacidad innata para exponer
teorías con relación al efecto fotoeléctrico, el comportamiento de las
partículas en suspensión, la equivalencia entre masa y energía, y la teoría de
la Relatividad.
Ese acontecimiento marcó un antes y un después en la historia de la
ciencia. Albert Einstein era el nombre del autor de aquellos artículos que,
desde la oficina de patentes donde trabajaba, cambió la concepción de la física
y de la energía.
§. De patito feo a cisne
Albert Einstein nació en el seno de una familia judía, en la ciudad
alemana de Ulm, el 14 de marzo de 1879. Se crió en Münich, ciudad a la que la
familia se trasladó en 1880 para que el padre de Albert, Hermann Einstein, y su
tío Jakob emprendieran un negocio dedicado a la instalación de agua y gas. Un
año después, en 1881, nacería la hermana de Albert, Maya.
De creer que la genialidad se demuestra desde la tierna infancia,
probablemente nadie habría esperado que el pequeño Albert llegaría a ser el
hombre que fue. Y es que se dice que no aprendió a hablar hasta los tres años y
que su infancia fue solitaria. De hecho, se cuenta que era un pequeño taciturno
que prefería caminar solo, y pensar y soñar despierto a jugar con otros niños.
Y entre sus juegos favoritos se contaban los castillos de naipes, juegos
solitarios que exigían paciencia y no suponían el contacto con otras personas.
Su educación se forjó en diversos centros y lugares. Los estudios
primarios los cursó en una escuela católica y la enseñanza secundaria en el
Luitpold Gymnasium de Münich, que en 1965 recibiría el nombre de Gymnasium
Albert Einstein.
Cuentan que su paso por el Gymnasium no fue muy agradable y que incluso
recibió duras críticas de alguno de sus profesores, como que «nunca conseguiría
nada en la vida». Consideraban inaceptable su manía de discutirlo todo,
viéndolo como una gran falta de respeto a la autoridad. La rigidez y la
disciplina educativa del momento no contemplaban como cualidades positivas el
espíritu inquieto y curioso de Albert, quien siempre se cuestionaba el mundo.
Eso sí, a pesar de la leyenda que se ha forjado alrededor de los
primeros años de la educación de Einstein, el supuesto estudiante fracasado
demostró ser inteligente y tenaz y consiguió buenas calificaciones.
Durante esa época, recibió clases de violín. Como profesora tuvo a su
madre, Pauline Koch, quien tocaba el piano y supo transmitir a su hijo la
pasión por la música, un amor que lo acompañaría toda la vida, al igual que su
instrumento. Este, además, lo vinculaba también a la ciencia. Fue Pitágoras, el
filósofo, científico y matemático griego, el primero en interesarse por la
acústica y estudiarla para descubrir por qué unos intervalos musicales sonaban
mejor que otros.
Dicen que Albert también heredó de su madre, más allá de su pasión por
la música, la perseverancia, sin la cual es casi imposible dominar un
instrumento.
La empresa de la familia no funcionaba bien, por lo que en 1894 las
dificultades económicas hicieron que los Einstein se trasladaran de Münich a
Milán.
Albert, un adolescente por aquel entonces, debía seguir con sus
estudios. Sin embargo, se dice que él mismo decidió abandonar el Gymnasium sin
acabar el bachillerato —cuentan que consiguió que un médico falsificara un
certificado indicando que padecía agotamiento y que necesitaba descansar de las
clases— y se fue con sus padres.
Fue entonces cuando la familia intentó matricularlo en el Instituto
Politécnico de Zurich, en Suiza, pero al no tener el bachillerato terminado, el
joven Albert tuvo que realizar unas pruebas de acceso a los estudios
superiores. Curiosamente, ese genio de la ciencia suspendió dichos exámenes. Y
es que muchas veces las valoraciones académicas no pueden demostrar la
inteligencia o la capacidad intuitiva y la curiosidad científica de una
persona.
Se cuenta que el director, impresionado por sus capacidades en las
asignaturas de ciencia, lo instó a acabar el bachillerato y, una vez terminado,
a realizar sus estudios en el Instituto Politécnico de Zurich.
Por ese motivo, Albert siguió estudiando y terminó el bachillerato en
Aarau en 1896, el mismo año en que renunció a la nacionalidad alemana,
presuntamente para librarse del servicio militar porque nunca había soportado
ese mundo. Empezó los trámites para conseguir la nacionalidad suiza e ingresó
en el Instituto Politécnico de Zurich para hacer un curso de cuatro años
destinado a formar profesores de ciencias de secundaria.
§. Curiosidad por el mundo
Pero ¿de dónde le venía la pasión por la ciencia? Tanto su padre como su
tío fueron los instigadores de su entusiasmo científico. Por un lado, sabemos
que cuando tenía cinco años, durante una convalecencia que lo obligó a guardar
cama algunos días, Albert recibió como regalo de su padre una brújula. El
pequeño se quedó fascinado por aquel aparato que tenía una aguja que señalaba
siempre al mismo punto. También se dice que fue su tío Jakob, ingeniero de
profesión y con una gran iniciativa, quien le mostró los primeros libros de
ciencias y le permitió entrar en el taller donde realizaba sus investigaciones.
Se podría decir que fue un pequeño autodidacta con la suerte de vivir en
un entorno que fomentó su curiosidad y le enseñó a asombrarse por el mundo. De
esa manera, a medida que pasaban los años, su mente se acostumbró a hacerse
preguntas y a aprender a responderlas por sí mismo.
Como ya hemos explicado, era un estudiante inteligente pero no
excepcional, algo que vuelve a demostrar que la genialidad o la capacidad de
una persona es difícil de medir con un examen, sobre todo si la mente en
ebullición del joven en cuestión todavía está buscando una vía de escape.
Una de las opciones más lógicas, teniendo en cuenta la pasión de Albert
Einstein por la ciencia, era decantarse por el mundo universitario y la
investigación. Por eso, cuando en 1900 se graduó en el Instituto Politécnico de
Zúrich con el diploma de profesor de matemáticas y física, buscó trabajo en la
universidad. Pero no lo encontró. Sus solicitudes fueron desestimadas y trabajó
durante un tiempo como tutor en Winterthur, Schaffhausen y Berna, haciendo de
profesor sustituto y encadenando un trabajo con otro sin mucha suerte.
Sin embargo, ese pequeño contratiempo no lo frenó y, pocos meses después
de haberse graduado y de no encontrar un puesto en la universidad, empezó a
enviar artículos a la revista Annalen der Physik.
En la universidad se enamoró de una compañera de estudios serbia, Mileva
Maric. En 1901 tuvieron una hija sin haber contraído matrimonio, por lo que
decidieron dar discretamente a la niña en adopción para evitar la polémica. Dos
años después, Albert y Mileva se casaron a pesar de la inicial oposición por
parte de los padres de él. En 1904, el matrimonio tuvo a su primer hijo, Hans
Albert, y en 1910 al segundo, Eduard.
§. El escondite perfecto para un científico
En 1902 Einstein empezó a trabajar en una oficina de patentes suiza, en
la que seguiría durante siete años más. Se dice que a Albert le gustaba ese
trabajo porque mantenía la mente ocupada, si bien no le satisfacía lo
suficiente para impedirle investigar y ocupar su tiempo en el terreno que
realmente lo apasionaba: la física. En una oficina de patentes, sin una entrada
al mundo universitario y con acceso limitado a las publicaciones científicas,
Einstein forjó la teoría Especial de la Relatividad, que dio contenido a uno de
los artículos que verían la luz en 1905 en Annalen der Physik.
Uno de los aspectos que más estudiosos resaltan de ese artículo es que
Einstein no citaba a otros científicos ni llenaba las hojas con fórmulas
matemáticas. Daba la sensación de haber llegado a las conclusiones que exponía
por cuenta propia, por pensamiento puro, sin la ayuda ni la opinión de otros
expertos; algo que, de hecho, es cierto en gran medida.
Sin embargo, en un primer momento los físicos no prestaron mucha
atención a lo que podía decir un empleado de patentes suizo. De este modo, y a
pesar de su valor, el referido artículo pasó prácticamente desapercibido. De
hecho, tras haber expuesto sus teorías en la revista, Einstein solicitó un
puesto como profesor universitario y también como profesor de secundaria, e,
ironías de la vida, en ambos casos fue rechazado.
Así que continuó en su puesto de inspector de tercera clase en la
oficina de patentes… y siguió pensando. Porque a pesar de que el mundo
académico le diera la espalda y le negara la posibilidad de encontrar una vía
para exponer sus teorías, él supo encontrar otros senderos para seguir
avanzando.
Por lo general, el fracaso repetido hace que las personas tiren la
toalla, pero en el caso de Einstein no fue así. Aprendió de sus fracasos y de
sus errores, y siguió buscando alternativas, sin miedo a caer o a darse de
bruces contra un muro, porque sabía que encontraría el camino. Y, a pesar de
algunos detractores, fue ganando seguidores, como el físico alemán Max Planck.
§. Cátedras y poetas
La fama que poco a poco fue adquiriendo con sus teorías le valió en 1909
una cátedra en la Universidad de Praga. En 1913, antes de que empezara a
gestarse la Primera Guerra Mundial, fue nombrado miembro de la Academia
Prusiana de las Ciencias. Se estableció en Berlín, donde a su vez fue nombrado
director de un nuevo centro de investigación, el Instituto de Física Kaiser
Wilhelm.
Al haber sido capaz de estudiar y exponer teorías como las que había
publicado en 1905, Einstein era visto como una mente llena de ideas.
Probablemente por eso se dio una curiosa situación con el poeta Paul Valéry.
Cuentan que, en una ocasión, Valéry preguntó a Einstein si llevaba un
cuaderno para tomar notas cada vez que se le ocurría una idea —una práctica
habitual en el campo de la escritura—. Einstein miró al poeta con sorpresa y
contestó: «Oh, no hace falta. Pocas veces tengo una». Si es cierto que tenía
pocas ideas, hay que reconocer que esas pocas eran muy buenas.
Era tenaz, curioso, inquieto y muy capaz. ¿Quién lo habría dicho
viéndolo con tres añitos y aprendiendo a hablar? Además, esa manera de ser y de
pensar fue uno de los desencadenantes de otra de las teorías que cambiarían la
manera de interpretar la luz y el universo. Sepamos por qué.
§. Fama y cuantos de luz
En 1919, exactamente en el 29 de marzo, tuvo lugar un eclipse de sol que
permitió comprobar una nueva teoría física propuesta años atrás por Albert
Einstein. Si esta se demostraba, reformularía la imagen del universo que Newton
había expuesto.
Esa hipótesis nació en 1907, cuando Einstein empezó a trabajar en una
extensión y generalización de la teoría de la Relatividad que estudiaba nuevas
ideas sobre la naturaleza de la gravitación. Lo que Einstein había apuntado en
ella era que los rayos luminosos, al pasar cerca del sol, se apartaban de su
trayectoria rectilínea. Con el eclipse, los astrónomos descubrieron que aquella
predicción era cierta.
Tras ese logro, Einstein fue catapultado a la fama. Acabada la Gran
Guerra y con la comprobación de una de sus teorías por parte de una gran
cantidad de astrónomos, el mundo lo descubrió.
También en 1919 Einstein se divorció de Mileva y, pocos meses más tarde,
se casó con su prima Elsa, con quien no tuvo más hijos.
Sin embargo, no fue por la teoría de la Relatividad ni por ese
descubrimiento por lo que Einstein obtuvo el Premio Nobel de Física, sino por
sus explicaciones sobre el efecto fotoeléctrico y por sus numerosas
aportaciones a la física teórica.
El artículo titulado Un punto de vista heurístico sobre la
producción y la transformación de luz fue publicado en 1905. En él,
Einstein ya delimitaba el concepto de «cuanto» de luz —lo que hoy en día se
conoce como fotón— y cómo este concepto podía explicar el efecto fotoeléctrico,
es decir, la emisión de electrones por metales iluminados con luz de
determinada frecuencia. Con esa teoría, Einstein sentaba las bases para la
futura teoría de la Mecánica Cuántica.
Es extraño que, pese a ser él mismo quien explicó que los fotones de luz
podían comportarse unas veces como partículas y otras como ondas, y que por lo
tanto fuera el instigador de la mecánica cuántica, esta le irritara tanto. La
tenía en consideración, pero le costaba imaginar un universo en el que algo
fuese incognoscible para siempre.
Se dice que al preguntarle su opinión sobre la teoría Cuántica, Einstein
contestó: «Dios no juega a los dados».
Curiosamente, al mismo tiempo que Einstein empezaba a obtener fama
mundial, sus teorías se vieron recubiertas de un halo de incomprensión, no
tanto por el hecho de que hubiera científicos que las rechazaran, que los
había, sino porque corrió el rumor de que nadie podía entenderlas.
¿Por qué se sembró esa idea? Es difícil saberlo, aunque probablemente no
ayudó la entrevista que publicó The New York Times. En un
interesante libro de Bill Bryson, Una breve historia de casi todo,
se comenta un detalle sobre dicha entrevista, y es que el diario decidió enviar
a un corresponsal de golf que tenían en plantilla para realizarla. Henry
Crouch, el corresponsal en cuestión, lo entendió todo al revés, como era de
esperar, y consiguió que las teorías de Einstein resultaran incomprensibles al
ciudadano medio.
De hecho, entre una de las leyendas que surgieron de los errores de
comprensión de ese corresponsal de golf se encuentra la que dice que Einstein
había encontrado un editor suficientemente audaz para publicar un libro que
solo doce hombres en todo el mundo podían entender. No existía tal editor o tal
libro, pero circuló el rumor, y se creó una leyenda alrededor de la teoría de
la Relatividad. Se cuenta incluso que un periodista preguntó al astrónomo
británico sir Arthur Eddington si era verdad que él era una de
las personas que podían entender la teoría de la Relatividad. De hecho, el
periodista había reducido el número de personas de doce a tres. Dicen que
Eddington se quedó mirando al periodista y contestó: «Estoy intentando pensar
cuál es la tercera persona que la entiende», más allá de él y de Einstein.
Las leyendas urbanas sobre la vida de Albert Einstein y sobre sus
teorías son múltiples. Solo hay que recordar que durante mucho tiempo se le
atribuía la famosa sentencia de «todo es relativo», frase que nunca dijo y que,
además, contradice la teoría de la Relatividad, el estudio de la cual se
centraba precisamente en los aspectos de la realidad que no cambiaban en
función del observador.
§. Cien autores contra Einstein
Einstein sabía que la clave para poder ser un buen científico e
investigador, y en general para cultivar su inteligencia y sus inquietudes, era
la curiosidad.
Desde pequeño, en el momento en que entró en contacto con los libros de
ciencia que su tío le daba, empezó a preguntarse por el mundo. Si nunca se
hubiese hecho preguntas, si hubiese acallado esa curiosidad, probablemente
muchas de las teorías que cambiaron la percepción de la física no existirían. Y
es que la clave es saber mirar el mundo y aprender a preguntarle.
Einstein insistía en que lo más hermoso del ser humano es que puede
experimentar el misterio; es decir, que destacaba su capacidad de asombro ante
lo desconocido, lo que está por descubrir o aquello más grande que él. Sin la
capacidad de asombro se pierde la capacidad científica y la artística, porque
sin inquietud, sin sorpresa, sin curiosidad, ni te preguntas ni creas nada
nuevo.
Por eso siguió observando el mundo, dejándose asombrar por él. Pero una
realidad mucho más dura a la que estaba acostumbrado se fraguaba en ese momento
en Alemania: Hitler.
La animadversión hacia los judíos que se forjaba en Alemania podría
explicar la aparición del libro Cien autores contra Einstein,
título que recopilaba la opinión de cien científicos que contradecían y
desprestigiaban las teorías y la persona de Einstein. Se dice que este, al
saber de la existencia de dicho libro, comentó: « ¿Por qué cien? Si estuviera
equivocado, bastaría con uno solo». Parecía que Alemania ya no era un lugar en
el que el físico fuera apreciado.
Por suerte para Einstein, en enero de 1933, cuando los nazis ganaron las
elecciones, él estaba en California. No volvió a Alemania, aunque estuvo unos
meses en Bélgica. Los nazis confiscaron sus propiedades, quemaron públicamente
sus escritos y lo expulsaron de todas las sociedades científicas. Fue entonces
cuando decidió aceptar la invitación para trabajar en el Instituto de Estudios
Avanzados de Princeton, en New Jersey. Y allí se trasladó.
En virtud de un decreto especial, adoptó la nacionalidad estadounidense
en 1940. De alemán a suizo, y finalmente a americano.
§. La bomba de la paz
Albert Einstein siempre había sido un incansable militante en favor de
la paz, enemigo de la violencia y defensor de un sistema que protegiera la
dignidad integral de la persona. Pero la realidad parecía demostrarle que la
dignidad humana estaba en peligro, y no solo por la guerra, sino por la amenaza
nuclear. Y cayó en contradicción a causa de la segunda.
En 1939, mientras Niels Bohr, uno de sus colegas, descubría que la
fisión del plutonio y el uranio eran posibles y, por lo tanto, la bomba atómica
era una posibilidad real, Einstein recibió varias visitas de otros científicos
para hablarle sobre el tema.
Consciente del momento crítico que vivía el mundo, Einstein, aquel
pacifista convencido, junto con otros científicos como Paul Wigner, escribieron
una carta dirigida al presidente Franklin D. Roosevelt. En ella lo instaban a
iniciar un programa de investigación sobre las reacciones nucleares, pues la
Alemania de Hitler era un peligro y no podía permitirse al enemigo conseguir un
arma como aquella.
A causa de esa carta, y de su célebre fórmula E=mc2, se lo
conoce como el padre de la bomba atómica, pero nada más alejado de la realidad.
Einstein dijo que la política poseía un valor pasajero, mientras que una
ecuación valía para toda la eternidad, demostrando con ello su poca fe en la
política del momento. Aun así, se vio implicado en uno de los acontecimientos
más cruciales y devastadores del siglo XX.
Y es que, por desgracia para todos, la bomba atómica se utilizó.
Horrorizado ante la tragedia humana que aquello supuso, tras las
explosiones de Hiroshima y Nagasaki, Einstein se unió a los científicos que
pretendían impedir que se volviera a hacer uso de ella.
Si en la ciencia buscaba la teoría unificada del universo, para la
humanidad empezó a pensar en un sistema de convivencia a fin de crear una
sociedad de personas libres.
§. Una sociedad pacífica
Por lo que se refiere a la búsqueda de la paz, Einstein realizó una
entrevista el 16 de junio de 1950 que incluyó en su libro Mis ideas y
opiniones. En ella alertaba de que, aunque el destino de la humanidad
siempre pendiera de un hilo, se estaba viviendo una situación alarmante en la
que ese límite ya era real y muy peligroso. Su propuesta para evitar el
desastre militar era crear una base legal «para la solución de los problemas
internacionales, que esté apoyada en un organismo ejecutivo con poder propio:
en pocas palabras, en una especie de gobierno mundial». Creía que podía
llegarse a un acuerdo, apostar por la paz. Pero nadie lo escuchó.
En relación a ese tema, se dice que la última carta que Einstein
escribió fue el 11 de abril de 1955 y estaba dirigida al filósofo y matemático
Bertrand Russell para aceptar la forma final del documento que, posteriormente,
se conocería como el Manifiesto Russell-Einstein y que instaba
a los líderes políticos, en plena Guerra Fría, a buscar soluciones pacíficas
para los conflictos internacionales.
Ambos pensadores pretendían llevar a cabo una serie de conferencias para
alertar sobre los peligros de la carrera armamentística. El referido manifiesto
de Russell y Einstein advertía del peligro real de la exterminación de la raza
humana por el polvo y la lluvia radiactivos, insistiendo en que la única
esperanza para no llegar a ese drama era apostar por la paz mundial.
§. El cerebro de un genio
Poco después de escribir esa carta, el 16 de abril de 1955, Albert
Einstein sufrió una hemorragia interna causada por la ruptura de un aneurisma
y, dos días más tarde, falleció en el hospital de Princeton.
Se cuenta que las últimas palabras que dijo antes de morir fueron en
alemán, por lo que nadie pudo comprender cuál fue el mensaje final de este gran
genio del siglo XX. Lo que sí se encontró en su mesilla del hospital fue el
borrador del discurso que iba a leer con motivo del séptimo aniversario de la
independencia de Israel, y que incluía la siguiente frase: «Hoy les hablo no
como ciudadano estadounidense, ni tampoco como judío, sino como ser humano».
A pesar de haber sido un personaje famoso, Einstein dejó claro que
quería un funeral íntimo en el que solo se despidieran de él las personas más
allegadas. Su cuerpo fue incinerado antes de que el mundo pudiera enterarse de
su muerte a través de las noticias, cumpliendo así con su última voluntad.
Aun así, no se incineró todo su cuerpo. Se cuenta que, durante la
autopsia, el patólogo del hospital, Thomas Harvey, extrajo el cerebro de
Einstein con la intención de fotografiarlo, laminarlo y estudiarlo para
descubrir si existía alguna particularidad que pudiera explicar por qué el
científico había sido capaz de elaborar una serie de teorías que habían
revolucionado el mundo de la física.
Con el tiempo, muchas de las muestras que Harvey tomó se perdieron,
razón por la cual, hasta el momento, solo se han publicado seis estudios sobre
la anatomía del cerebro de Einstein.
En 2012, la revista Brain publicó uno de esos estudios,
llevado a cabo por la Universidad de Florida. En él se comparaba el cerebro del
científico con el de 85 personas normales, y se constató que el de Einstein era
tan grande como el de cualquier ser humano, si bien, según el equipo del
antropólogo Dean Falk, mostraba más pliegues de lo habitual.
Estudios anteriores habían demostrado que el área relacionada con el
razonamiento matemático, localizada en el lóbulo parietal inferior, era un 15%
más ancha de lo normal.
Pero ¿prueba eso algo? Es posible que no, porque no fue la capacidad
matemática lo único que permitió a Einstein llegar a sus conclusiones e
hipótesis, sino su tenacidad, su curiosidad y su insaciable necesidad de
asombrarse y de comprender el mundo.
Allan Percy
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