Libro N° 8032. Una Teoría Marxista Del Neoliberalismo. Duménil, Gérard Y Lévy, Dominique
© Libro N° 8032.
Una Teoría Marxista Del Neoliberalismo. Duménil, Gérard
Y Lévy, Dominique. Emancipación. Diciembre
5 de 2020.
Título
original: ©
Una Teoría Marxista Del Neoliberalismo. Gérard
Duménil Y Dominique Lévy
Versión Original: © Una Teoría Marxista Del
Neoliberalismo. Gérard Duménil Y Dominique Lévy
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UNA TEORÍA
MARXISTA DEL NEOLIBERALISMO
Gérard
Duménil Y Dominique Lévy
Una Teoría Marxista Del
Neoliberalismo
Gérard Duménil Y Dominique
Lévy
1.- ¿Anacronismo? ¿Qué es el neoliberalismo?
¿Podríamos valernos para el estudio del
neoliberalismo de un análisis del capitalismo de hace más de 150 años? Todo
cambia y el capitalismo contemporáneo es profundamente diferente de aquél del
que Marx fue testigo (en Inglaterra y, en menor medida, en
Estados Unidos del siglo XIX). ¿Y qué pensar de las interpretaciones
desarrolladas por Rudolf Hilferding y Vladimir Lenin a
principios del siglo XX? Se nos acercan, sí, unas décadas, sin embargo aún nos
separa casi un siglo de la teoría de El Capital Financiero.
Pero el tiempo no es la cuestión. Curiosamente, es
mucho más fácil descifrar los rasgos característicos del capitalismo de finales
del siglo XX y principios del XXI a la luz de El Capital, que de
aplicar este marco analítico a los primeros decenios siguientes a la 2ª Guerra
Mundial. La paradoja sólo es aparente. Se puede fechar el neoliberalismo de la
transición de 1970 a 1980; él restableció con particular viveza ciertos rasgos
capitalistas específicos de nuestras economías y sociedades otorgando a El
Capital su evidencia.
¿De qué se trata? Hablar de restablecimiento supone
que ha habido una decadencia previa. Por lo tanto tenemos que volver un poco
atrás. A pesar de las características imperialistas de los años 1950 y 1960,
los de las guerras coloniales y la caliente ‘guerra fría’, la posguerra dio
ocasión a notables avances en los países del centro: progreso del poder
adquisitivo de la gran masa de asalariados, ampliación del sistema de seguridad
social, políticas favorables al empleo y avances en materia de educación y salud
pública. En América Latina, modelos de desarrollo propios permitieron el
mantenimiento de tasas de crecimiento del 6 y 7 %, por ejemplo, en Méjico o
Brasil; en Asia, algunos países como Japón o Corea emprendieron trayectorias de
crecimiento muy rápidas…Todas estas experiencias coincidieron con un retroceso
de las prerrogativas e ingresos de los propietarios del capital; retroceso que
estuvo acompañado de una cada vez mayor autonomía de los cuadros (1),
lo mismo en el ámbito de la gestión de las empresas que en el de las políticas.
Los rendimientos japoneses, por ejemplo, se lograron en medio de un desprecio
profundo de los intereses financieros y mediante una fuerte intervención del
Estado. En el centro de este ‘modelo’ se encontraban cuadros de las empresas y
de los ministerios.
Con el neoliberalismo, las clases propietarias del
capital recobraron sus prerrogativas y el capitalismo, muchos de los aspectos
de la violencia que le son propios. Y esta vuelta impetuosa se realizó a menudo
con maneras particularmente arrogantes y extrañas. El nuevo rumbo de las cosas
se arraiga en los engranajes más profundos del modo de producción, se trate de
mecanismos ya económicos ya políticos (difícilmente separables, por otra
parte). La lucha de clases determina la dinámica del capitalismo, como siempre,
pero ahora de manera más evidente. Y en asuntos de imperialismo, si algunas
formas indudablemente han cambiado, la violencia económica, la corrupción, la
subversión y la guerra están al orden del día.
Para nosotros, analistas que nos reclamamos de los
principios enunciados por Marx hace 150 años, ¿cómo formular
esta paradoja? ¿Es el neoliberalismo o es Marx quien nos
facilita la tarea? La respuesta es evidente: los dos. Y es esta extraña
convergencia la que impregna este artículo. En una brevísima síntesis podemos
dar una definición sintética del nuevo orden social: el neoliberalismo es una
etapa del capitalismo, la última hasta la fecha, cuyo rasgo principal es el
reforzamiento del poder y de la ganancia de la clase capitalista. Una cuestión
de instituciones financieras y de clase. Esta recuperación es el resultado de
una entidad social híbrida que nosotros bautizamos como las finanzas.
Engloba la parte superior de la clase capitalista y
‘sus’ instituciones financieras. Por esta razón podemos designar este orden
social como una segunda hegemonía financiera, que hace eco a la primera (la de
comienzos del siglo XX a la depresión de los años 30). Este es nuestro marco
analítico. La terminología cambia de un autor a otro, y el término ‘finanzas’
se reserva a menudo para las instituciones financieras. Sin embargo existen
muchas y fuertes convergencias entre los marxistas (2). Todos ponen
el acento en un proceso de financiarización y la importancia de los mecanismos
financieros; todos subrayan la intensificación de la explotación y la dimensión
imperialista es siempre crucial. David Harvey se ha alineado ahora con la tesis
que ve en el neoliberalismo el restablecimiento del poder de las clases
dominantes cuyos aspectos teóricos, históricos y empíricos hemos señalado en
sus publicaciones (3). Pero subsisten ciertas divergencias.
Conciernen a la relación entre capitalismo,
mundialización y neoliberalismo (como testifica la discusión al principio de
este informe).
¿Banal? Por supuesto que no. Sin hablar de la
economía al servicio de las clases dominantes, las problemáticas keynesianas
abordan estas cuestiones de manera muy distinta. Hay toda una gradación. En un
extremo del abanico político encontramos un keynesianismo ingenuo que ve en la
entrada del neoliberalismo el resultado de una lucha de titanes, el mercado
contra el Estado, como dos actores sociales. Esta visión tuvo un peso fuerte en
los primeros años de la toma de conciencia del giro neoliberal. En el otro extremo,
está el keynesianismo político que se acerca considerablemente a una
problemática marxista, sin que la frontera esté bien definida. Son sobre todo
las clases lo que plantea el problema a los keynesianos. La jerarquías sociales
están pensadas en términos de desigualdad; el Estado muy a menudo se percibe
aún como una entidad autónoma por encima de las clases; los malos son la
multinacionales, olvidando que éstas tienen amos, exactamente las clases
capitalistas.
Este artículo tiene como objeto el neoliberalismo;
deja a un lado un importante aspecto del análisis de Marx como
pensador de la mundialización. Desde el Manifiesto la idea de
la formación del mercado mundial está definida como característica fundamental
del capitalismo. Tiene implicaciones políticas importantes de las que se hace
eco la famosa proclama: “¡Proletarios de todos los países, uníos!“. Esta
visión lleva a Marx muy lejos políticamente, ya que en su
Discurso sobre el libre-cambio (contemporáneo del Manifiesto), no
duda en declararse a favor del libre-cambio, cuyos estragos estigmatiza, porque
piensa que la mundialización del capitalismo acelerará la revolución.
Un primer campo en el que la contribución de Marx es
esencial para el análisis del neoliberalismo es el de los modos de constitución
de la clase capitalista como agente en la lucha de clases, a través del Estado
y las instituciones financieras (sección 2). La cuestión de la periodización
del capitalismo define un segundo campo (sección 3). ¿Existe una teoría
marxista de las etapas o estadios (dos términos que nosotros consideramos
equivalentes?) ¿Cómo caracterizarla? Sabemos sin embargo que en Marx la
idea de una progresión histórica es inseparable de su visión de la gran
periodización que le motiva, la de la sucesión de los modos de producción que
culmina con la superación del capitalismo. Entonces ¿por qué tenemos el
neoliberalismo? Este artículo pone el acento en el marco analítico marxista, no
sobre el estudio de la historia como tal, lo que hacemos más extensamente en
otra contribución en este informe.
TEORÍA MARXISTA DEL NEOLIBERALISMO
2.- La clase capitalista organizada
El análisis del neoliberalismo pone en escena un
actor histórico, la clase capitalista, y particularmente su fracción superior
(los grandes más que los pequeños). Pero el poder y las acciones de la clase
capitalista no son la simple suma de intervenciones individuales. Se expresan
mediante cuadros institucionales. Es este actor en la historia al que se ha
convenido en llamar clase para sí por oposición a una determinación más
estructural de la clase capitalista en tanto que clase en sí que remite directamente
a las relaciones de producción.
En este apartado vamos a presentar las dos
modalidades institucionales principales de este empoderamiento capitalista
sobre la sociedad: (1) el poder estatal que encarna un Estado de clase en una
sociedad de clase. (2) el poder financiero, expresión de otras formas de
organización colectivas mediante las instituciones financieras.
2.1 Poder de Estado
En el lenguaje corriente, y tratándose de
nuestras “democracias”, la noción de Estado se refiere a un
conjunto de instituciones en cuyo centro se encuentran unas asambleas, un
gobierno y un jefe de Estado, rodeados de un amplio conjunto de órganos:
administraciones varias, policía, ejército…Podemos considerar este Estado en el
plano nacional (incluidos el regional y el local) en su relación con los
ciudadanos, o internacional donde los estados interactúan, cooperan y
rivalizan. No es ésta la visión de Marx. Él define directamente el
Estado en su relación con la estructura de clase, con el poder de clase. Se
trata sí de un conjunto de instituciones, pero que no son aprehendidas desde el
punto de vista de sus funciones organizativas. En primer lugar, en él se
configuran las relaciones de poder entre clases y fracciones de clase; en
segundo lugar, el Estado es el agente del ejercicio del poder así constituido,
consciente de que este ejercicio no puede ser sino colectivo (por muy
minoritarios que sean sus apoyos).
Sin duda alguna que las cosas son más complicadas
pues más allá de estos asientos fundamentales de la estructura de clase, el
Estado es también portador de un movimiento histórico, propio de las sociedades
humanas, a la búsqueda de cuadros de eso que Marx llamaba “socialización”. Este
movimiento tiene un alcance nacional e internacional. Esta perpetua “dialéctica” de
lo mejor y de lo peor es una característica de la orientación del pensamiento
de Marx (4).
¿Cuáles son los entresijos teóricos de estas
distinciones? La concepción del neoliberalismo como oposición entre Estado y
mercados arrasa aún incluso entre aquellos que se reivindican marxistas. Sin
embargo no hay Estado por encima de las clases; el pretendido reflujo del poder
estatal desde los decenios keynesianos a los decenios neoliberales, no es más
que la expresión de la alteración de la configuración de las relaciones de
poder entre clases y fracciones de clase, desde un periodo al otro (más adelante
precisaremos su contenido). Reducir el Estado a sus instrumentos conduce a
conclusiones radicalmente erróneas. Hace perder al análisis su unidad: la de lo
político y de lo económico. Debido precisamente a la naturaleza del
neoliberalismo, el Estado neoliberal no es un Estado débil. Al contrario, es
muy fuerte. ¿Cómo se puede decir que el Estado estadounidense es un Estado
débil? ¿De qué estamos hablando?: ¿en los planos político y económico, nacional
o internacional? Sí, este Estado se ha desentendido de algunas funciones,
expresiones del orden social anterior en materia de protección social, de
política industrial…, pero globalmente se ha reforzado. Notemos de paso que la
convicción de la importancia del papel del Estado en el neoliberalismo (que
parece contradecir la omnipotencia del mercado) lleva a algunos analistas a
volver a cuestionar el concepto de este periodo del capitalismo, cuando la
comprobación debería ser solamente la del carácter parcialmente inapropiado del
término neoliberalismo utilizado para caracterizarlo [este periodo].
Sea cual sea el empoderamiento de la clase
capitalista de las instituciones estatales, las clases dominantes no gobiernan
independientemente de un tejido de relaciones que ellas establecen con otras
clases. Para dar cuenta de estas configuraciones de las relaciones de poder,
nosotros utilizamos la palabra compromiso. Entendemos por ello no sólo
los “apaños” ideológicos y políticos, sino las alianzas que se
basan en fundamentos económicos: una especie económica particular, por ejemplo
en materia de ingresos. Típicamente se trata de clases medias, pero no debemos
contentarnos con esta noción vaga. Nosotros hablamos del compromiso keynesiano
y del compromiso neoliberal cuyos rasgos son definidos en nuestro segundo
artículo. De un periodo al otro, el Estado vivió esta metamorfosis de los
compromisos de clase. Las cronologías y los contenidos fueron más o menos
distintos según cada país, en Francia o Estados Unidos, por ejemplo. Sin
embargo, esta transformación no fue una disolución del Estado sino una reconfiguración
de los compromisos. La conclusión, en dos palabras, es: enlazar con la teoría
de Marx sobre el Estado para comprender el neoliberalismo.
2.2.- Propiedad y gestión
El análisis del neoliberalismo se conecta
directamente con otro aspecto de la obra de Marx. Se trata de la
teoría de las transformaciones de la relación de propiedad capitalista en el
libro III de El Capital. Este análisis lo lleva al estudio de eso
que podemos designar en un lenguaje contemporáneo como la separación de la
propiedad y de la gestión, una de las claves de interpretación de la dinámica
del capitalismo desde principios del siglo XX. En el capitalismo del que Marx fue
testigo, la propiedad es aún individual o familiar, pero las formas
preliminares de las transformaciones que van a revolucionar el modo de
producción en el paso de los siglos XIX y XX ya están en marcha; y Marx capta
su alcance histórico. Podemos distinguir dos etapas en el proceso que él
describe:
1.- El financiador y el empresario. A partir del
capitalista individual que adelanta el capital y lo administra, Marx señala
la aparición de una nueva categoría de capitalistas que contribuyen con el
adelanto [del capital] sin implicarse en la gestión. Se trata del capitalista
del capital que produce interés, categoría que incluye también al accionista.
Es, en resumen, lo que nosotros llamamos capital de financiación (del
financiador). Paralelamente, el capitalista implicado aún en la gestión es
rebautizado por Marx como capitalista activo. Si el
financiador recibe su interés o dividendo, el capitalista activo recibe el
beneficio de la empresa; literalmente, el beneficio del empresario. Este
empresario por ello se considera a sí mismo con doble título: 1) por su
contribución al adelanto, en pie de igualdad con lo otros financiadores, y 2)
como agente que se encarga de eso que Marx llama las funciones capitalistas, es
decir, la gestión en sentido amplio.
2.- El gestor asalariado. Nueva etapa: la persona
del empresario, en tanto que gestor, cede el cargo a un director asalariado: …
el simple director que, sin tener título alguno ni de poseedor del capital ni
de empresario ni de nada, cumple todas las funciones efectivas que necesita el
capital activo como tal; de ello se sigue que sólo queda el funcionario (el que
ejecuta las funciones, es decir, el gestor), y el capitalista desaparece del
proceso de producción (más precisamente, del proceso del capital: su valorización
y su circulación) por superfluo. (5)
Al final, la gestión es transferida a asalariados.
En el citado párrafo, se trata del director, pero esta delegación se hace en
orden a una pirámide de tales asalariados. El marco institucional en que se
inscribe la “propiedad” del capital queda pues metamorfoseado.
En su integridad, esta noción incluye la propiedad en sentido estricto, la
llamada a veces “jurídica”, es decir, por una parte, el derecho de transmisión
de esta propiedad y de disfrutar de los ingresos que genera, y por otra, el
ejercicio del control, es decir, la gestión. Este capitalismo de financiadores
y de gestores asalariados, cuya génesis remonta a principios del siglo XX, es
característica de la economía contemporánea.
Esta ruptura en la relación de propiedad suscita
unas tensiones considerables que Marx no analizó. Los
propietarios y los gestores de alto nivel se encuentran en un lugar social que
nosotros llamamos la interfaz propiedad-gestión, el mundo de la alta gestión,
llamada en nuestros días gobierno de empresa, como en los consejos de administración.
Es en buena medida ahí, donde se regulan los problemas de cooperación entre
estos sectores de las clases dominantes.
2.3 La banca administradora de la financiación del
capital
El análisis de las instituciones financieras
en El Capital es en principio el del capital bancario, la
principal institución financiera del capitalismo, sobre todo en vida de Marx.
Este análisis remite a dos campos teóricos. En primer lugar, la teoría de la
circulación del capital y, segundo, la de la financiación del capital. El libro
II está dedicado al circuito del capital. En el circuito completo, el del
capital industrial, el capital pasa por el taller. Reviste pues las formas
dinero, D, mercancía, M, y capital productivo, P : D – M…P…M’ – D’, el
apóstrofe (‘) significa el aumento del valor resultado de la apropiación de la
plusvalía. Ciertos tramos de este circuito son confiados a empresas
particulares: el comercio de las mercancías y el “comercio del dinero”. Por
esta última expresión Marx entiende las operaciones de
mantenimiento de registros y las de recogida de operación y de cambio que
requiere el capital en su forma D. Son los bancos los que aseguran estas
operaciones, lo que les permite reunir los activos ociosos de las empresas; a
los que se añaden los haberes de las familias y del Estado.
Incluso si estos haberes son individualmente
efímeros, su centralización alimenta una masa de fondos más o menos estable.
Una segunda función de la banca es la centralización del capital de
financiamiento y su puesta a disposición de los agentes que la usan:
Hemos visto en el punto anterior que la guarda de
fondos de reserva de los hombres de negocios, las operaciones técnicas del
cobro y del pago de dinero, de los pagos internacionales y de ahí del comercio
de lingotes, se encuentran concentrados en manos de los banqueros. Unido a este
comercio de dinero se desarrolla el otro aspecto del sistema de crédito: la
gerencia del capital portador de interés o del capital-dinero [capital de
financiamiento], en tanto que funciones propias de los banqueros. Prestar y pedir
prestado viene a ser su área particular. (6)
Así la propiedad del capital, o al menos una buena
parte de ella, se encuentra mediatizada por el sistema bancario. Es su
administrador: … de manera que son los banqueros quienes, en vez del
prestamista individual, afrontan, en cuanto representantes de todos los
prestamistas de dinero, el capitalista industrial y el comerciante. Son los
administradores generales del capital-dinero [de financiamiento] (7)
2.4 El capital financiero de Hilferding y las
finanzas contemporáneas
Estamos aquí ya muy cerca del análisis de El
Capital Financiero de Hilferding. El capital financiero es ese
dispositivo en el que el capital de financiamiento es acumulado por los bancos
y puesto a disposición de las empresas. Lenin le pisa los
talones. El capital financiero no es un sector financiero que se oponga a un
sector no financiero como se cree a menudo. El capital financiero es el gran
capital; la banca es uno de los elementos del dispositivo que permite a los
grandes capitalistas, a los “magnates” según la terminología de Hilferding,
controlar las grandes empresas del sistema productivo.
Si la industria cae así bajo la dependencia del
capital bancario, no quiere decir por eso que los magnates de la industria
dependan por su parte de los magnates de la banca. Más bien, como el mismo
capital, en su nivel más elevado, viene a ser capital financiero, el magnate
del capital, el capitalista financiero, acumula cada vez más la disposición del
conjunto del capital nacional bajo forma de dominación del capital
bancario. (8)
Hilferding y Lenin continúan la idea de Marx de
esta reconfiguración de poderes de los grandes capitalistas -eso que llamamos “sector
superior de la clase capitalista”- en las instituciones financieras.
Pensamos que es una de las claves de la interpretación de la dinámica histórica
del capitalismo desde el siglo XIX. En nuestro concepto de ‘finanzas’, esta
articulación entre el sector superior de la clase capitalista e instituciones
financieras, es crucial. En el capitalismo contemporáneo, hay que dar a las
instituciones financieras toda su extensión: bancos (en adelante, en Estados
Unidos, financial holding companies, instituciones financieras diversificadas),
fondos de inversión, banco central, Fondo monetario internacional, etc. En el
neoliberalismo, todas estas instituciones (incluidas las de carácter estatal)
son los agentes de los poderes de las grandes familias capitalistas, y los
garantes de sus recursos.
Podemos pues resumir así las tres grandes claves de
la interpretación del neoliberalismo que nos da la teoría marxista: 1) un
análisis del Estado en la estructura de clase, 2) la elaboración de la teoría
del capital hasta la separación de la propiedad de la gestión, y 3) la
concentración de la relación capitalista en las instituciones financieras.
3 – ¿Qué etapas?
Otro campo en el que se puede apreciar el aporte de
una problemática marxista al análisis del neoliberalismo es el de la
periodización. ¿Cómo distinguir etapas en la historia del capitalismo? No
existe en Marx una teoría de periodos largos. Podemos pensar
en su análisis de la acumulación originaria del capital al final del libro I,
como una etapa preliminar. Pero es el único caso. En el Capital encontramos
diversas periodizaciones concernientes a los cuadros institucionales de los
procesos técnicoorganizativos.
Un ejemplo muy conocido es el de la sucesión de
fases: la cooperación, la manufactura y el maquinismo y la gran industria que
se superpone a otra distinción de alcance cronológico, la que opone subsunción
formal y subsunción real al capital. Cuando los trabajadores, reunidos por los
capitalistas, trabajan en condiciones técnicas y organizativas inalteradas, su
subsunción al capitalismo se dice que es formal. El maquinismo introduce un
lazo de dependencia directa del trabajador con la dinámica creada por la máquina,
instrumentada por el capitalista (de hecho por sus representantes).
Nosotros no pensamos que exista una periodización
del capitalismo, como un criterio que se impusiera claramente sobre los otros.
Es verdad que el capitalismo se transforma y, en muchos casos, podemos
identificar rupturas muy bruscas. Pero el problema se crea por la multiplicidad
de los puntos de vista. Las grandes tendencias del cambio técnico se
subvierten; las tasas de ganancia pueden crecer o decrecer; las estructuras de
clase se alteran; las formas que reviste la propiedad y del capital se
modifican: la competencia puede atenuarse o acentuarse; o, según la
periodización privilegiada en este estudio, los poderes de clase se expresan en
configuraciones diversas, etc. Las transiciones pueden coincidir con
acontecimientos espectaculares, generalmente dramáticos, como las crisis o las
guerras. Como estas circunstancias son impulsoras de cambio, las
periodizaciones más triviales, del tipo “antes” o “después” de la
guerra o de la crisis, son a menudo muy pertinentes, y no por azar muchos
analistas coinciden en esto.
3.1 Competencia
Un tema central de la periodización del capitalismo
por parte de los marxistas es el de la competencia; precisamente de su
desaparición a favor de la monopolización. En Estados Unidos estas teorías
surgieron en la segunda mitad del siglo XIX, a consecuencia de la fase de
bajada de la tasa de ganancia (que desembocó en la gran crisis de los años
1890). Esta bajada fue achacada por sus contemporáneos a la excesiva
competencia, llamada “coupe-gorge” [emboscada, con peligro de degüello.
(N. del T.)]. Las empresas reaccionaron organizándose en trusts y cartels,
donde se repartían la demanda o los beneficios, fijaban los precios, etc.
Estas prácticas fueron prohibidas por una ley
federal en 1890. A la vuelta del siglo, se produjo una formidable ola de
fusiones en sociedades holding, autorizadas igualmente en 1890 por otras leyes.
Varias empresas se constituían en una sociedad única. Esta ola es conocida como
la revolución de las sociedades (Corporate revolution) (9).
La literatura sobre este tema es enorme, y esta
supuesta pérdida de competencia fue invocada como la principal explicación de
la crisis de 1929 (a la par que el sub-consumo, teoría rival). La oposición a
los monopolios, por parte de los agricultores y sobre todo de los obreros fue
considerable, tanto que los capitalistas del sector menos avanzado de la
economía instrumentalizaron este movimiento popular para defender sus propios
intereses.
Europa fue campo de parecidas tensiones por la
misma época. No es pues de extrañar que Hilferding y sobre
todo Lenin, que escribían respectivamente en 1910 y 1916, hicieran
de los monopolios la mayor característica de la nueva fase del capitalismo,
junto con el capital financiero (10). Lenin sostuvo
que si había que definir el imperialismo con un solo trazo, éste sería “el
estadio monopolista del capitalismo”.
Reducida a una teoría de la concentración, la tesis
del capitalismo monopolista, como etapa del capitalismo tiene fuerza de
evidencia. Pero en cuanto teoría del fin de la competencia o, incluso, de su
moderación, es errónea. Y sin embargo ha venido impregnando el pensamiento
económico que se reclama de Marx desde principios del siglo
XX. Un ejemplo es la tesis de El capitalismo monopolista de Paul
Baran y Paul Sweezy (11). En Francia es conocido el
análisis del Partido Comunista de El capitalismo monopolista de
Estado (12). En nuestros días las opiniones son diversas. A
pesar de la insistencia en el crecimiento de la talla de las empresas, hay
quienes subrayan el vigor de la competencia.
No hay una especificidad del neoliberalismo que
corresponda a la concentración y la competencia. Las tendencias anteriores,
llamadas de la “mundialización”, y la confrontación de los gigantes
continúan en el plano mundial. Uno de los componentes del neoliberalismo fue la
modificación de los procedimientos antitrust, en la práctica más que en la
legislación. No está claro que haya que hablar de aceleración de la
concentración, a pesar de la multiplicación de las fusiones y adquisiciones. Se
observa aquí un ejemplo de las innumerables confluencias entre criterios de
periodización, aunque su superposición rigurosa sea imposible.
3.2 Ondas largas: acumulación y crecimiento, cambio
técnico y rentabilidad
El marco analítico de las ondas largas se viene
desarrollando desde los años 1920 tras la ingente labor de Nicolas
Kondratieff (13) (éste se fijó en los precios, pero los estudios más
recientes han vuelto a centrar los análisis en el crecimiento). Esta
problemática se impuso a los marxistas como un correctivo a las visiones
escatológicas en las que la acumulación de las contradicciones del capitalismo
y sus crisis lo enterraban demasiado pronto. El capitalismo se hunde
periódicamente en crisis profundas y duraderas, pero renace, de manera fugaz,
si se considera que treinta años pasan pronto.
Esta corriente está muy presente en el marxismo
contemporáneo. Una lectura como ésta, en términos de ciclos largos, es la que
hizo Ernest Mandel (14). Articula esta periodicidad en fases
ascendentes y descendentes de la rentabilidad del capital retomando así un
aspecto central de la teoría de Marx: la tendencia a la bajada de
la tasa de ganancia. La relación con el neoliberalismo es muy estrecha ya que
la transición entre las fases ascendentes y descendentes es referida por los
autores a un proceso de financiarización (15) con un
desplazamiento de la inversión “de la esfera productiva a la esfera
financiera” como escribe Immanuel Wallerstein (16). En el
neoliberalismo las derivas financieras contemporáneas serían la expresión del
agotamiento de una fase ascendente.
Los marxistas se orientan como mejor pueden en esta
complejidad factual en la que se combinan acumulación y crecimiento por una
parte y, por otra, técnica y rentabilidad. Es uno de los campos en que su
contribución es más interesante y sin rival en la economía dominante (17).
3.3 Relación de producción y estructuras de clase.
Las periodizaciones pueden, o podrían, referirse a
la transformación de las relaciones de producción. Se trata principalmente de
formas en las que se expresan la propiedad capitalista y las estructuras de
clase. Como hemos dicho, Marx analiza las transformaciones de
la propiedad capitalista de manera muy minuciosa. Pero nunca deduce
explícitamente de ello la noción de las etapas. Se pasa de un capitalismo de
propiedad individual o familiar a un capitalismo en que propiedad y gestión
están separadas, la propiedad está concentrada en las instituciones financieras
y la gestión encomendada a asalariados. Sin embargo, Marx no
ve la necesidad de periodizar: el capitalismo evoluciona hacia su madurez.
Nosotros pensamos, al contrario, que estas
transformaciones perfilan fases claramente distintas. Tal vez se trate de una
de las periodizaciones más pertinentes del capitalismo. Y esta convicción se
refuerza si se toma en consideración las transformaciones concomitantes, sobre
todo la revolución de la gestión y la aparición de las finanzas modernas. El
otro terreno es el de las clases. Está estrechamente ligado al precedente
debido a la correspondencia estricta, u homología, entre relaciones de
producción y estructuras de clase. Aquí el punto determinante es la aparición
de las clases de cuadros y de empleados. Es el pensamiento no-marxista el que
ha producido el concepto de capitalismo gerencial, una vieja tradición en
Estados Unidos. Aquí los marxistas están aterrorizados.
En el análisis del capitalismo contemporáneo, esta
aprensión tiene las más graves consecuencias. Pensamos que es imposible
comprender el sentido verdadero del neoliberalismo sin ver en los cuadros la
clave maestra del compromiso social de los primeros decenios de la posguerra, a
menudo llamado compromiso keynesiano. Es a esto a lo que ha respondido el
neoliberalismo. Nosotros caracterizamos el capitalismo contemporáneo, a pesar
del neoliberalismo, como un capital-cuadrismo (18). Si se quiere,
se puede asimilar este concepto al del capitalismo gerencial, a despecho de la
diferencia profunda de sus problemáticas.
3.4 Poderes de clase y rivalidades internacionales
Lo que define el neoliberalismo en materia de
periodización, sin embargo, es de otra naturaleza. El neoliberalismo es una
configuración de relaciones de poder en el seno de una estructura de clase, y
no una estructura de clase particular o una forma institucional de la propiedad
y del capital. Es lo que describe la fórmula hegemonía financiera, teniendo en
cuenta la definición que se ha dado anteriormente de las finanzas. Se trata del
poder, y correlativamente de los ingresos, de la fracción superior de la clase
capitalista, en su relación privilegiada con las instituciones financieras.
Esta dominación no excluye alianzas, en este caso, con lo más alto de la
jerarquía de los directivos en Estados Unidos.
Los conceptos de hegemonía financiera, la primera y
la segunda, o de compromiso keynesiano, exceden claramente las alianzas
políticas temporales que Marx describe en El 18
Brumario. Aunque ignoremos la duración de la segunda hegemonía financiera,
se trata de fases que se dilatan durante algunos decenios. Son las grandes
coyunturas políticas, pero que descansan sobre una base económica: ciertas
modalidades de funcionamiento del capitalismo. Estas modalidades fundamentan
las relaciones internas del compromiso entre los diversos sectores. Por
ejemplo, en el neoliberalismo (con un cuarto de siglo de vida), los modos de
gestión de las empresas, los políticos y los cuadros institucionales (libre
cambio, libre circulación de capitales,…) han sido profundamente modificados.
Los sectores superiores de los cuadros están asociados a algunos de los
beneficios del nuevo orden social.
3.5 Más allá del capitalismo
Marx no era
hombre de la periodización del capitalismo. Se pueden dar dos razones. La
primera, sin duda, es su comprensión de la complejidad de la evolución del modo
de producción: En Marx encontramos, por supuesto,
periodizaciones como las de los cambios técnico-organizativos; vemos con qué
cuidado examina algunas transformaciones como las de las formas de la propiedad
y del capital. Pero no intenta nunca hacer una síntesis, encajar los módulos
pequeños en los grandes.
La segunda razón es política. Marx tiene
la vista puesta sobre lo que para él es la periodización: aquella que conduce a
la superación del capitalismo. Ya se ha dicho que Marx concentra
su atención en la maduración del capitalismo que él concibe como un proceso
contradictorio: los progresos de lo que él llama la “socialización”,
pero también el caos potencial que resulta del carácter aún privado de
mecanismos de alcance social. En lugar de una nueva fase del capitalismo, esta
maduración prepara su abolición. ¡Revolución obliga!
Al tratar de la concentración del capital en unas
pocas manos, Marx escribe, por ejemplo: Es la supresión del
modo de producción capitalista en el interior mismo del modo de producción
capitalista, por tanto, una contradicción que se destruye a sí misma y que de
toda evidencia se presenta como simple fase transitoria hacia una nueva forma
de producción. (19)
4 – Marx y los marxistas frente a la historia
La historia de la teoría marxista muestra una
permanente adaptación. Habrán hecho falta dos cambios. Los dos se sitúan en la
continuidad de la constante “aplazamiento” de la superación del modo de
producción:
1.-El capitalismo sí que ha producido la violencia
de su propia eliminación. Pero la edificación de una sociedad nueva, sin
clases, se ha esfumado. Muy pronto se manifestaron en ella los caracteres de la
restauración de un orden social de clase, un cuadrismo burocrático; después
estas sociedades se mostraron incapaces de reformarse; su clase dominante no
supo conquistar su democracia (de clase); hasta la gran pelea por la
apropiación privada individual de los medios de producción en la Unión
Soviética (lo que China parece llevar más tranquilamente). Durante este tiempo,
el capitalismo proseguía su curso, de manera menos tranquila, incluso a veces
caótica. Los marxistas se vieron así obligados a reconocer constantemente la
renovación del capitalismo, su paso a nuevas etapas. Había que aprender a
pensar simultáneamente cambio y continuidad. La competencia desaparece, ¡pero
sobrevive! ¡La tasa de ganancia baja, pero sube! Así se elaboraban las
interpretaciones marxistas más fecundas de la historia, al imperativo de los
acontecimientos.
2.-Pero con el neoliberalismo, la necesidad de
innovar se hace sentir aun con mayor agudeza. La confrontación de los teóricos
del marxismo contemporáneo con el orden neoliberal es un fenómeno ambivalente.
Por un lado, el neoliberalismo les hace un enorme servicio como analistas,
porque resucita muchas de las características del capitalismo en sus formas más
crudas; por otro, les confronta a un nuevo periodo, extraño a las tradiciones
de periodización propias de su corriente teórica. De ahí el repliegue hacia
procesos que Marx, Hilferding y Lenin habían
identificado perfectamente: la mundialización y el monopolio.
Sin embargo, Marx había visto los
bancos como los administradores del capital de financiamiento, e Hilferding estuvo
muy cerca de la descripción de una primera hegemonía financiera. Pero las
jerarquías se seguían pensando dentro de la clase capitalista: el camino hacia
un paroxismo en preparación del gran vaivén. Ni Marx, ni sus
grandes continuadores, han preparado a los marxistas para la revolución de
pensamiento requerida por la noción de una atenuación de las prerrogativas de
la clase capitalista y de su restablecimiento. Así pues, lo que aparece como
más preciado en el cumplimiento de esta puesta al día, no es una indicación
específica de Marx, sino la herencia de los grandes marcos
analíticos, sobre todo la teoría del Estado y – no habría que sorprenderse- ¡la
del capital!
Citas y notas
1 Mantenemos la traducción literal del término
francés ‘cadre’ por ‘cuadro’, así como el neologismo utilizado en el artículo
‘cadrismo’ por ‘cuadrismo’, en el sentido que le da el Dictionnaire Encarta de
“empleado asalariado con funciones de dirección…, con un nivel de cualificación
superior”, que coincide más o menos con el del Diccionario de la Real Academia
Española en su acepción 12: “En el Ejército, en una empresa, en la
Administración Pública, etc., conjunto de mandos”. Ambas acepciones quedan más
precisadas en el libro de los autores “Crisis y salida de la crisis” (2007)
FCE, en el que se dice:” “Los responsables de las instancias económicas
públicas y los administradores de las empresas habían adquirido, en el
compromiso keynesiano, cierta autonomía con respecto a los propietarios
capitalistas”. [N. del T.]
2 Así lo atestiguan este número y la obra en
preparación del Séminaire d’Études Marxistes, La finance capitaliste, París:
Presses Universitaires de France (2006). [Los autores se refieren al número de
la revista en la que publican este artículo. N. del T.]
3 D. Harvey, A Brief History of Neoliberalism,
Oxford : Oxford University Press (2005), p. 16.
4 G. Duménil, D. Lévy, “Les trois champs de la
théorie des relations financières de Marx. Le Capital financier d’Hilferding et
Lénine”, p. 181-219”, in Séminaire d’Études Marxistes, La finance capitaliste,
Paris: Presses Universitaires de France, 2006
5 K. Marx, El Capital, Libro III, Tomo 2,[citado
de] Paris (1967): Éditions sociales (1894), p. 52-53.
6 K. Marx, ibid., p. 66.
7 K. Marx, ibid., p. 67.
8 R. Hilferding, Le capital financier. Étude sur le
développement récent du capitalisme, Paris (1970): Éditions de Minuit (1910),
p. 318 9 G. Duménil, M. Glick, D. Lévy, “The History of Competition Policy as
Economic History”, The Antitrust Bulletin, XLII (1997), p. 373-416.
10 R. Hilferding, Le capital financier, op. cit.
note 7; V. Lénine, “El imperialismo, fase superior del capitalismo”.
11 P. Baran, P. Sweezy, Le capitalisme Monopoliste.
Un essai sur la société industrielle américaine,Paris: Maspero (1970).
12 P. Boccara, Études sur le capitalisme
monopoliste d’ État, sa crise et son issue, Paris: Éditions Sociales (1974)
13 N.D. Kondratieff, “The Static and Dynamic View
of Economics”, Quarterly Journal of Economics, 34 (1925), p. 575-583.
14 E. Mandel, Les ondes longues du développement
capitaliste. Une interprétation marxiste, Paris : Èditions Page deux (1999).
15 G. Arrighi, The Long Twentieth Century: Money,
Power and the Origins of our Times, Londres: Verso (1994).
16 I. Wallerstein, “Mondialisation ou ère de
transition? Une vision à long terme de la trajectoire du système monde”, in
Séminaire Marxiste, Une nouvelle phase du capitalisme?, Paris: Syllepse, 2001,
p. 71-94, p. 78.
17 Se podría pensar, por ejemplo, en la tan trivial
como conocida periodización de Walt Rostow: (1) la sociedad tradicional, (2)
los preliminares del despegue (3) el despegue, (4) la era del gran consumo de
masas, y (5) “más allá del consumo”, esta última etapa aún imprevisible. (W.W.
Rostow, The Stages of Economic Growth: A Non-Communist Manifesto, Cambridge:
Cambridge University Press (1960)).
18 El neologismo se construye sobre el modelo de
socio-económico, y no social-económico. El rechazo a tener en cuenta estas
transformaciones del capitalismo conduce a la incapacidad para caracterizar las
sociedades de eso que se ha convenido en llamar “los países socialistas” (G.
Duménil, D. Lévy, R. Lew, “Cadrisme et socialisme. Une comparaison URSS-Chine”,
Transitions, 40 (1999), p. 195-228; G. Duménil, “L’absolutisme bureaucratique
selon Moshe Lewin”, Actuel Marx, 39 (2006), p. 167-172).
19 K. Marx, El Capital, III.2, op. cit. nota 4, p.
104.
Bibliografía
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