Libro N° 8028. Crisis Orgánica Y Revolución Pasiva. Americanismo Y Corporativismo. Di Benedetto, Donatella.
© Libro N° 8028.
Crisis Orgánica Y Revolución Pasiva. Americanismo Y
Corporativismo. Di
Benedetto, Donatella. Emancipación. Diciembre 5 de 2020.
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original: ©
Crisis Orgánica Y Revolución Pasiva.
Americanismo Y Corporativismo. Donatella Di Benedetto
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Americanismo Y Corporativismo. Donatella Di Benedetto
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CRISIS
ORGÁNICA Y REVOLUCIÓN PASIVA Americanismo Y Corporativismo
Donatella Di
Benedetto
Crisis Orgánica Y
Revolución Pasiva. Americanismo Y Corporativismo
Donatella Di Benedetto
[…]la cosa es si el desarrollo deba tener como su
punto de partida lo íntimo del mundo industrial y productivo o si pueda
producirse desde el exterior, por la construcción cautelosa y masiva de una
armadura jurídica formal que guíe desde el exterior los desarrollos necesarios
del aparato productivo
Antonio Gramsci, Cuaderno 22
El interés gramsciano para el americanismo se
confirma en los Cuadernos ya desde el programa de trabajo (con el cual inicia
con fecha de 8 de febrero de 1929) el primer Cuaderno (1). Esta dirección se
confirma claramente en la carta a la cuñada Tatiana Schucht del 25 de marzo de
1929: “Decidí ocuparme principalmente y tomar notas sobre éstos temas:
1º La historia italiana del siglo XIX con especial atención a la formación y
desarrollo de los grupos intelectuales; 2º La teoría de la historia y de la
historiografía; 3º El americanismo y el fordismo (2).
Un examen rápido del programa de trabajo iniciado
el 8 de febrero y de la carta a Tatiana ilustra el hecho que el tema del
americanismo primero aparece como parte de un proyecto de la historia de los
intelectuales italianos, y sucesivamente, en el programa formulado al principio
del Cuaderno 8, el tema del americanismo (3) asume un carácter ulterior que lo
convierte, respecto a la reflexión sobre los intelectuales italianos, en el
término dialéctico-dialógico de comparación constante y de análisis diferencial,
en un intento por asir nexos, analogías y diferencias entre la realidad
italiana y la internacional en sus partes más avanzadas mientras la misma
noción de intelectual se somete a medida que se escriben las notas a una
progresiva extensión de su significado (4).
En realidad la reflexión gramsciana sobre el
americanismo parece surgir en la cárcel por diversos estímulos provenientes
hasta de direcciones opuestas. Una huella del interés para este tema se ve en
el debate político que se lleva en la cárcel de Turi en los años
treintas. Athos Lisa en sus Memorias dice que
el tema viene de las sorprendentes interpretaciones del ex diputado comunista
Ezio Riboldi que “después de haber leído algunos libros de Ford llegaba
a la conclusión de que el fordismo era igual al socialismo” (5). Nada
más lejos de la interpretación gramsciana de los procesos de racionalización
americanos, los cuales interesan a Gramsci desde los tiempos del Ordine Nuovo,
orientándose desde entonces “sobre la distinción y posible escisión
entre el elemento que considera objetivamente racional e inmanente en los
nuevos sistema de fábrica y su aplicación irracional ligada a los intereses de
la clase dominante” (6).
Desde este punto de vista, la meditación de la
cárcel sobre el tema es una continuación de la del bienio rojo 1919-1920, que
se profundiza y se vuelve más refinada (7) conceptualmente con base en los
cambios de la situación objetiva además del cambio en el punto de observación
subjetivo del autor de los Cuadernos. La reflexión sobre el americanismo (la
respuesta capitalista más avanzada a la crisis) con el viraje de 1929-1930 y en
una situación de reflujo del movimiento revolucionario después de la revolución
bolchevique, adquiere un doble significado: representa “un marco
teórico para la búsqueda de las premisas materiales de la revolución” (8)
y al mismo tiempo constituye un significativo centro de la lucha ideológica y
cultural (9) en curso que toca el tema del estado burgués como la afirmación y
consolidación del fascismo hacían urgente a analizar (10).
De hecho, después de la crisis de 1929 una
corriente de la ideología fascista desarrolla, basada en la crítica de la
economía liberal, la hipótesis de una racionalización-reorganización del
aparato productivo, una forma italiana de “americanismo” por medio del
“corporativismo” (11) que sea una especie de unión entre el gobierno de las
masas y el gobierno de la producción (12), una respuesta a la “crisis orgánica”
del Estado. Gramsci tiene una idea más bien clara de las posiciones de los
corporativistas y sigue con gran interés la dura polémica entre éstos y los
liberales suscitada por la publicación del libro de Ugo Spirito, Crítica
de la economía liberal y por la aparición de numerosos artículos en la
revista Nuori studi di diritto, economia e politica dirigida por el
mismo Spirito y por Arnaldo Volpicelli (13).
Gramsci escribe al respecto:
Lo que es cómico es la pretensión de Spirito para
que los economistas le construyan una ciencia económica según su punto de
vista. Pero en la polémica de Spirito no toda es para tirar: hay algunas
exigencias reales ahogadas en palabras faragosas El episodio hay que tomarlo en
cuenta como un momento de la lucha cultural-política (Q 6 & 82).
Lo que subraya Gramsci descomponiendo
dialécticamente la posición del adversario sin rechazarlo con prejuicio, es la
presencia de tendencias opuestas y también “progresistas” en el ámbito del
bloque social dominante (14):
En la exposición se debe a partir precisamente de
la concepción del Estado precisamente de Spirito y del idealismo gentiliano que
está lejos de ser del mismo “Estado”, o sea de las clases dominantes y del
personal político más activo, es decir no es para nada, todo lo contrario,
elemento de una política cultural de gobierno (Q 6 & 82).
En este contexto hay una contradicción insalvable.
De una parte la toma de conciencia de parte de las clases en el poder de
fenómenos irreversibles que actúan en la estructura de la sociedad civil,
determinadas por la imposibilidad de contener en una dimensión privada la
organización de las fuerzas productivas -la guerra es la primera señal de la
mutación morfológica en curso- (15) de otra parte la determinación de estas
mismas clases de dar una respuesta a la altura de la crisis listas a “dar
algo para no perder todo” (16). De ahí la voluntad de introducir por
la organización corporativa elementos de socialización en la estructura
económica que destruyan la dimensión social implícita en la existencia del
“conjunto” (17). No se deben subestimar, sin embargo, los elementos de
modernización del experimento corporativo:
Lo que me parece interesante es la concepción de la
corporación como un bloque industrial-productivo autónomo destinado a resolver
en sentido moderno y sobre todo capitalista el problema de un ulterior
desarrollo del aparato económico italiano contra los elementos semi-feudales y
parasitarios de la sociedad que quitan una parte demasiado grande del plusvalor
contra los llamados “productores de ahorro” (Q22 & 6).
Gramsci identifica bien la naturaleza
comprometedora de la solución corporativa, su carácter de “policía
económica-obligada a mediar entre la exigencia de modernización de la economía
expresada por la corporación” (18) como bloque industrial productivo autónomo y
las resistencias y el peso de los componentes parasitarios de la sociedad
presentes en la composición social y en la estructura económica italiana.
Pero junto a este elemento interior, a un proceso
político muy amplio y complejo de tipo reaccionario, él ve en la política
económica fascista también un componente dinámico representado
contradictoriamente por las tendencias corporativas que presuponen un conflicto
con las características históricas del bloque social dominante promoviendo por
las intervenciones del Estado, cada vez más frecuentes, la reorganización
industrial y la modernización de la economía. Como bien lo probó Franco
de Felice la riqueza analítica de la reflexión gramsciana está en asir
la “doble cara del fenómeno corporativo” y en ver la relación estrecha entre
las dos cuestiones, que si bien operan al mismo tiempo en la realidad histórica
concreta, identifican fenómenos distintos. El primero es la relación entre
corporativismo y capitalismo organizado, el segundo es la forma históricamente
determinada (específica, nacional) de esta organización del capitalismo sobre
la que inciden una serie de elementos como la escasa homogeneidad de la clase
dirigente, la necesidad de su recomposición” (19).
Según Gramsci mismo, “La revolución pasiva se
verificaría en el hecho de transformación de la estructura económica de modo
reformista, de individualista a planificada (economía dirigida) y el surgir de
una “economía media” “entre la individualista pura y la planificada en sentido
integral, que permitiría el paso a formas políticas y culturales más
progresistas sin cataclismos radicales y demasiado destructivos (Q8 &236).
El corporativismo puede ser entonces la transición
a una “economía media”, que sustituya al viejo mecanismo autorregulado por el
mercado y la libre competencia con “elementos de plan” con instrumentos de
control del ciclo y de las contradicciones. En este contexto las capas
productoras de ahorro pueden continuar existiendo como tales y jugar su papel,
pero en el interior de una modificación sustancial de su relación con la
acumulación y el proceso productivo, que ahora es mediado por el Estado; el
proceso de la crisis de hecho lleva a la masa de ahorradores a deshacerse de
las acciones y a orientarse hacia títulos de Estado. El Estado llega así a
asumir una función esencial en el sistema capitalista, deviene en una empresa
que concentra el ahorro para ponerlo a disposición de la actividad privada, o
sea es “inversionista de medio y largo plazo” “Pero una vez asumida
esta función por necesidades económicas imprescindibles, ¿puede el Estado
desinteresarse de la organización de la producción y del cambio? El Estado
llega así necesariamente a intervenir para controlar si las inversiones
sucedidas por medio de él están bien administradas” (Q22 &14).
Por estas referencias está claro el papel
determinante confiado a la dimensión política y al Estado en los procesos de
“revolución pasiva”: por esta primacía lo político está obligado a volverse
instrumento de control autoritario sobre la producción al momento de la
difusión universal de la autonomía de las fuerzas productivas:
Habría una revolución pasiva en el hecho de que por
intervención legislativa del Estado y a través de la organización corporativa,
en la estructura económica del país se introdujeran modificaciones más o menos
profundas para acentuar el elemento “plan de producción”, es decir, se
acentuaría la socialización y cooperación de la producción sin tocar por ello o
sólo regulando y controlando, la apropiación de la ganancia individual y de
grupo. En el contexto concreto de las relaciones sociales italianas esta podría
ser la única solución para desarrollar las fuerzas productivas de la industria
bajo la dirección de las clases dirigentes tradicionales en competencia con las
más avanzadas formaciones industriales de los países que monopolizan las
materias primas y han acumulado capitales imponentes (Q 10&9).
La interpretación de la crisis en términos de “revolución
pasiva” hace ver sobre todo un elemento anticatastrofista, por demás
constante en el análisis gramsciano de la crisis contemporánea, contra la
interpretación determinista y catastrófica del desarrollo capitalista,
dominante con la excepción de la reflexión leninista, tanto a la derecha como a
la izquierda del movimiento comunista internacional (20). Gramsci descubre un
dato esencial de la historia del siglo XX como es el hecho de que la crisis no
tiene en sí una tendencia hacia la aceleración del fin del sistema productivo y
político. No hay una crisis mecánicamente determinada por la dimensión
económica. Esto pone en evidencia el hecho de que la crisis puede ser de alguna
manera “gobernada” en ausencia de otros elementos activos La “revolución
pasiva” implica por lo tanto la capacidad de las clases dominantes, frente a la
explosión de la contradicciones sociales y políticas, de gobernar, integrar
destruyendo las contradicciones fundamentales evitando que devengan
protagónicas en la crisis “masa” o “conjunto. Sin embargo Gramsci advierte:
Siempre hay una vía de salida: la dirección
corporativa nacida de una situación tan delicada donde se debe mantener el
equilibrio esencial a toda costa para evitar una catástrofe podría proceder a
etapas muy lentas, casi insensibles, que modifiquen la estructura social sin
sacudidas repentinas; también el niño mejor y más sólidamente amarrado se
desarrolla de todos modos y crece (Q22 & 6).
Entonces aun si subraya todas las formas de
resistencia inherentes en el proceso de desarrollo de la realidad localizadas
en los nexos y contradicciones múltiples que la constituyen, lo que Gramsci
hace es insistir en el hecho de que “un intento progresista se inició” (21)
y es de ahí precisamente donde nacen formas de resistencia de una u otra fuerza
social: las fuerzas subalternas “que deberían ser manipuladas y
racionalizadas según los nuevos fines, resisten por necesidad pero resisten
también algunos sectores de las fuerzas dominantes o al menos aliadas de las
fuerzas dominantes” (22). El desplazamiento del análisis sobre el
terreno de las resistencias aun si marginales y no muy progresistas pone en
evidencia la amplitud de la perspectiva de investigación gramsciana abierta a
la verificación puntual y filológica de las situaciones concretas y a una
búsqueda más general de las dimensiones de largo plazo desplegadas en el
espacio y el tiempo de la “doble perspectiva” (23). Entre las
resistencias están los fenómenos simultáneos del corporativismo fascista y del
americanismo ambos parte de la categoría gramsciana de revolución pasiva como
expresión del auge de hegemonía burgesa sobre la clase obrera en una sociedad
capitalista consolidada. Y sin embargo, la categoría de revolución pasiva es
sometida en el ritmo del pensamiento en desarrollo de las notas, a una notable
tensión interpretativa: si en la nota del Q 8 Gramsci (24) interpreta como
revolución pasiva la transformación reformista de la estructura económica y
luego en el contexto del Q 1025 ella viene presentada como la hipótesis
ideológica subyacente al programa político liberal conservador de Croce, en el
Q 15 al fin la convierte en canon de interpretación histórico-política de “toda
época del conjunto de subversiones históricas” llamando la atención
sobre el peligro de “derrotismo histórico” y de indiferencia,
a los cuales induce la revolución pasiva como programa adoptado por las clases
dominantes. El carácter dialéctico de esta concepción va más allá: “presupone
y postula como necesaria una antítesis fuerte que ponga sobre el terreno todas
sus posibilidades de explicación de modo intransigente” (26). En el fondo está
la convicción alimentada “por la manera como aprendió usar el marxismo en el
análisis y en la previsión política la realidad como un todo, un sistema de
correspondencias tangibles sobre la base de la ‘técnica’ de la traducción
recíproca de los lenguajes” (27).
En este complejo sistema de interdependencias es el
fenómeno americano terreno de las innovaciones productivas, el horizonte de
referencia al cual miran Italia y Europa para elaborar una subjetividad que
discipline al industrialismo y pueda superarlo (28). El problema no es si en
América se está delineando una nueva cultura que se difundirá en Europa sino
más bien si América con el peso implacable de su producción económica, o sea
indirectamente, obligará o está obligando a Europa a una revolución de su eje
económico-social demasiado anticuado que de todos modos habría sucedido pero
con un ritmo lento y que se presenta inmediatamente como contragolpe de
la “prepotencia” americana, es decir, si se está verificando una
transformación de las bases materiales de la civilización europea (29).
El americanismo y el fordismo nacidos por la
exigencia de “alcanzar la organización de una economía programada” (30)
y por lo tanto por la “necesidad” de introducir sistemas de control en el
interior del proceso productivo, (tales son las innovaciones “técnicas”
estudiadas y preparadas por el taylorismo-fordismo y que se dirigen a una
descomposición, a una fragmentación del trabajo y de la subjetividad obrera como
subraya Gramsci) (31) podrían ser (el americanismo y el fordismo) la palanca de
tal revolución, el impulso hacia un “proceso, una transformación
molecular de las formas de vida que atañe tanto a la estructura social
como a los mundos privados” (32).
Puesta la pregunta de “si el tipo de
industria y organización del trabajo y de la producción propios de Ford es
‘racional’, o sea, si puede y debe ser generalizada o si al contrario se trata
de un fenómeno morboso que hay que combatir con la fuerza sindical y la
legislación”, la respuesta de Gramsci es: parece que se puede decir que el
método de Ford es ‘racional’, es decir, se debe de generalizar pero para ello
es necesario un proceso largo donde suceda un cambio de las condiciones
sociales y un cambio de las costumbres y de los hábitos individuales cosa que
no puede suceder con la sola ‘coerción’ sino sólo con la coacción
(autodisciplina) junto a la persuasión, y también bajo la forma de los altos
salarios o sea de la posibilidad de un mejor estilo de vida o quizás, más
exactamente de la posibilidad de realizar un estilo de vida adecuado a los
nuevos modos de producción y trabajo (33).
Pero la “racionalidad” del modelo americano, su
tendencia a la universalidad, no se limita a este aspecto; también se plantea
como intento de racionalizar las relaciones sociales, de cambiar a los hombres,
partiendo de una transformación de la esfera de la producción hacía la sociedad
con transformaciones no sólo del interior de la fábrica fordizada sino un
cambio antropológico de los sujetos históricos vistos en su constitución ético
– política y no sólo en su naturaleza económico-corporativa (34). Una transformación
que atañe en sus consecuencias y sus reflejos al papel del Estado. Lo que
acentúa Gramsci es sobre todo “la dimensión objetiva del fenómeno
americano, que es también el mayor esfuerzo colectivo verificado hasta ahora
para crear con rapidez inaudita y con una conciencia del fin jamás vista en la
historia, un tipo nuevo de trabajador y de hombre” (35). Con el
término objetivo él tiende a subrayar el valor esencialmente político o sea “universal
en la esfera de la política, en el arte de conservar y acrecentar la potencia
del Estado” (36). Por ser válido objetivamente es universal y general.
El industrialismo puede ser
entonces el principal elemento en el proceso de construcción de una nueva
racionalidad de masa (37), puede representar un elemento de cambio horizontal a
nivel general de la base de la civilización, la base de un “nuevo
conformismo” (38) social, la superación del “viejo
conformismo” el cual se basaba esencialmente en el “hombre
representativo”, existía por lo tanto bajo la forma de la “dirección
carismática” que ligaba “una multitud de personas dominadas
por los intereses inmediatos o bajo la pasión suscitada por las impresiones del
momento”, unificada “en la decisión colectiva pero que corresponde a los más
bajos instintos bestiales” (39).
El “nuevo conformismo” se forma al contrario desde
abajo:
La estandarización del modo de pensar y obrara
asume extensiones nacionales y hasta continentales. La base económica del
hombre colectivo: las grandes fábricas, la taylorización, racionalización, etc.
(Q 7&12).
Es evidente aquí la peculiaridad de la línea de
investigación gramsciana sobre el tema del industrialismo; más allá del
marxismo teórico dela II Internacionalde las llamadas “filosofías de la crisis”
hay en él un rechazo neto de toda reacción romántica a los procesos de ruptura
del sujeto que caracterizan a las sociedades industriales, lamentados por la
gran parte de la intelectualidad europea en el siglo XX. Es la creciente
complejidad de la vida asociada lo que exige a los hombres alejarse siempre más
de instintos supuestamente naturales para adquirir hábitos de vida siempre más
racionales, o sea siempre más regulados (40). Pero lo que hay que enfatizar más
es que el “nuevo conformismo” es visto por Gramsci a través de
una “lucha de hegemonías“: “Sobre el ‘conformismo
social’ la cuestión no es nueva[…]el conformismo siempre ha existido, se trata
hoy de la lucha entre ‘dos conformismos’ o sea de una lucha de hegemonía, de
una crisis de la sociedad civil” (Q. 7 & 12).
Tal crisis surge de impulsos profundos de orden
histórico, de carácter en úlitmo análisis “progresista’: es dominada y
determinada por el irrumpir de una subjetividad más amplia que rompe los
confines de la vieja hegemonía estrecha (41). “¿Cuál es el punto de
referencia del nuevo mundo en gestación?”. La respuesta es
inequívoca: “El mundo de la producción, el trabajo” (42).
Para Gramsci el punto de referencia es el nuevo
orden interior del mundo de la producción y del trabajo; es la subjetividad que
produce el elemento de mediación entre el individuo y la masa, que tiende a
crear a partir del trabajo la dimensión del “hombre colectivo” .
Pero tal subjetividad no debe considerarse como una consecuencia del desarrollo
capitalista. “El desarrollo antinómico de la gran industria pone las
premisas de la recomposición del sujeto obrero[…]pero el reconocimiento de
tales premisas constituye un paso ineludible para la construcción del
antagonismo. Se necesita a este fin un verdadero y propio cambio de la
identidad” (43) ¿Puede así el americanismo representar el punto
esencial de paso de época de la civilización moderna a la civilización
contemporánea? En el análisis de la relación América-Europa que es central en
los Cuadernos, Gramsci pone énfasis, desde el punto de vista de la
racionalización, en el hecho que América presenta, respecto de Europa, un
ambiente racionalizado “naturalmente”, “una composición demográfica
racional” (44). La simplificación social no está simplemente ligada a
la ausencia de capas sociales no productivas, sino al hecho de que todas las
funciones sociales llevan a la producción; en conexión con este fenómeno, por
así decir económico-estructural, hay uno de racionalización de conjunto que
toca a las superestructuras; o sea las funciones de organización de cemento
social son extremadamente reducidas: la función dirigente, la hegemonía de las
clases dominantes, no necesita más que un número restringido de funcionarios de
las superestructuras, desde el momento en que las funciones de consenso
expresadas por las clases subalternas se ejercen directamente a partir de la
fábrica. Donde predomina una estratificación social muy compleja, como en el
caso europeo, las bases sociales del industrialismo son bastante más limitadas
y su existencia debe ser mediada por complejos aparatos hegemónicos del
Estado-nación, el cual responde a las necesidades de uniformidad propias del industrialismo
en la medida en que se convierte en elemento de unificación ético-cultural de
todo “el género humano” y no sólo de una casta estrecha (45). El americanismo
entonces representa un nivel de desarrollo avanzado que postula “la
victoria del contrato y la declinación minoritaria de las relaciones sociales
fundadas sobre el status” (46) poniendo así las premisas para alcanzar
con medios propios como “sociedad civil” al régimen de la
concentración industrial (47). Desde este punto de vista representa el más
gigantesco “esfuerzo de racionalización y conformismo social sin la
mediación estatal nacional y por tanto no sólo capaz de afirmarse con una
expansión y profundidad inaudita sino de representar la base real, el terreno
de conflicto más avanzado para la superación de la forma de dominio estatal” (48).
Pero tenemos otra importante cita que plantea sobre nuevas bases la relación
entre América y Europa:
En América la racionalización produjo la necesidad
de crear un nuevo tipo humano conforme al nuevo tipo de trabajo y proceso
productivo: esta elaboración está todavía en su fase inicial y por ello
aparentemente idílica. Es la fase de la adaptación todavía psico-física a la
nueva estructura industrial perseguida por los altos salarios; no se verifica
todavía, antes de la crisis de 1929, si no esporádicamente, quizás con algún
florecimiento “superestructural”, o sea, no ha sido planteada todavía la cuestión
fundamental de la hegemonía (Q 22& 2).
En América se está construyendo un nuevo tipo de
hombre a partir de la fábrica racionalizada que no está ligado al oficio, se
forma sobre un nuevo nexo psicofísico, un tipo de hombre cuyas facultades se
determinan en un proceso de carácter colectivo. Lo que Gramsci acentúa es el
hecho de que también en el caso americano no se presenta una superación
efectiva de las relaciones de fuerza precedentes: lo que pasa es que en América
se lleva a cabo más bien un intento de “reforma”, de “revolución
pasiva”. En el ámbito de la subjetividad y de la conciencia la
presencia del “trabajador colectivo” se registra como mero
resultado pasivo del proceso de desarrollo capitalista. Desde el momento en que
las masas racionalizadas, las que encarnan el nuevo tipo de hombre en sus
formas organizativas de la conciencia, están en una fase “económico-corporativa”,
“no sucedió florecimiento superestructural alguno o sea no fue planteada
todavía la cuestión fundamental de la hegemonía” (49). Por lo tanto,
los niveles de generalización de la política conocidos en Europa por la
revolución burguesa, de su inmersión en las masas no asumen todavía la forma de
difusión institucional de los aparatos hegemónicos en el conjunto de la
sociedad civil. Dicho más claramente, “América no tiene todavía una
concepción del mundo y un grupo de grandes intelectuales que dirijan el pueblo
en el ámbito de la sociedad civil: en este sentido es verdad que América está
bajo la influencia de Europa, de la historia europea” (Q 6 &10).
Lo que Gramsci quiere subrayar en la relación
América- Europa no es la simple proyección lineal de la primera respecto a la
segunda. La comparación es para subrayar el enfoque común en las formas
peculiares a la historia de los dos lados, a una misma situación de
estancamiento, de tipo económico-corporativo que de formas diversas implica la
dimensión de la política. El límite del desarrollo en América así como en
Europa está representado por las modalidades de construcción de las formas de
la subjetividad. Lo que ve con extrema lucidez Gramsci es un fenómeno que lejos
de encontrar conclusión hoy en día, atravesó todo el siglo y estuvo en el
origen de la primera Guerra Mundial: la crisis y el debilitamiento del
Estado-nación (50) su incapacidad de dar una respuesta para la recomposición de
la política en el interior de lo estatal, de dar forma ético-política a las
pasiones” (51) la cuestión es la de los intelectuales en su relación de
constitución con la política y con el conjunto social (52), relación que Gramsci
ejemplifica por una parte en la crítica de Croce como intelectual “tradicional” (53)
y por la otra recordando la experiencia de Turín de los Consejos de fábrica y
la investigación iniciada por el Ordine Nuovo en el contexto del “nuevo
intelectualismo” (54), colocado en el fondo de los Cuadernos como el
punto más alto en la lucha por la hegemonía y como crítica del americanismo
(55). Puesto que en las condiciones del industrialismo moderno la “voluntad
colectiva” se forma “desde abajo hacia lo alto”, “sobre la
base de la posición que la colectividad ocupa en el mundo de la producción” (56),
el trabajador colectivo puede alcanzar la conciencia de la historicidad del
mundo en el que vive y de la propia subjetividad integral como forma de “autoconciencia” (57),
por la constitución de intelectuales propios (58). Entendida así, la política
puede recuperar su vocación, su significado radical: su ligazón con la vida,
con las formas que producen la historia. Pero todo ello no se hace
mecánicamente sino puede ser solamente “un devenir histórico que tiene
su fase elemental y primitiva en el sentido de la ‘distinción’, de
‘separación’, de independencia y progresa hasta la posesión real y completa de
una concepción del mundo coherente y unitaria” (59). De ahí una
cuestión fundamental: la elaboración “original” de una “filosofía
de la praxis” como horizonte y programa de una visión hegemónica.
En las condiciones del mundo moderno donde la lucha
por la hegemonía se conquista sobre la base de la capacidad de “dirigir
orgánicamente toda una masa económicamente activa” y “dirigirla
no según viejos esquemas sino innovando”, la actividad teórica es
fundamental: No puede haber elaboración de dirigentes donde falta la actividad
teórica, doctrinaria de los partidos, donde no se investigan y estudian
sistemáticamente las razones de ser y de desarrollo de la clases representadas.
De ahí la escasez de hombre de Estado, de gobierno, la miseria de la vida
parlamentaria, la facilidad en disgregar a los partidos con la corrupción, con
la absorción de los pocos elementos indispensables. Por lo tanto, miseria de la
vida cultura y angustia mezquina de la alta cultura: en el lugar de la historia
política la erudición simple, en el lugar de la religión la superstición, en el
lugar de los libros y de las grandes revistas, el periódico cotidiano y el
panfleto. El día a día con sus nimiedades y sus choques personales en el lugar
de la política seria (Q 3 ) (60).
Notas
(1) Para la cronología de los Cuadernos de la
cárcel más allá de las indicaciones de la edición crítica a cargo de
V.Gerratana, del Instituto Gramsci, Turin, Einaudi, 1975, Q tuve presentes a G.
Francioni, L’officina gramsciana. Ipotesi sulla struttura dei Quaderni del
carcere, Bibliopolis, 1984; del mismo autor, Il ritmo del pensiero in
isviluppo: per una lettura diacronica dei Quaderni del carcere, Atti del
convegno di studi gramsciani, Pavia, 17 ott. 1991; “Proposte per una nuova
edizione dei quaderni del carcere’ en Bollettino I. G. Informazioni,
Trimestrale, a cargo del Instituto Gramsci de Roma, núm. 2, 1992, pp. 85-183.
(2) En el programa de febrero de 1929 el tema del
americanismo aparece en undécimo lugar en la lista de “Temas principales” hecha
de 16 puntos. El programa del Cuaderno 8 está estructurado en “Ensayos
principales” (21 puntos) y “Apéndices” donde está como único tema “Americanismo
y fordismo” al que deberían de seguir otros. De hecho, en el manuscrito
gramsciano el resto de la página (1 bis) no fue utilizado ni las dos páginas
sucesivas.
(3) Cfr. La carta de Gramsci a la cuñada Tatiana
del 7.9.1931 en A.Gramsci, Lettere del carcere, op. cit. pp. 458-459. En
realidad, ya en “Algunos temas de la cuestión meridional”, Gramsci había puesto
en evidencia las modificaciones irreversibles introducidas por el desarrollo
del capitalismo sobre la estructura de los intelectuales. En los Cuadernos el
tema surge en una nota del Q 1 en el contexto de una evaluación más de conjunto
del corporativismo entendido como forma nacional de una capitalismo organizado
a escala mundial: “En el Norte[…]la relación entre la masa obrera y el Estado
era dada por las organizaciones sindicales y los partidos políticos, o sea, por
una capa intelectual completamente nueva (el actual corporativismo con su
difusión a escala nacional de este tipo social de modo más sistemático y
consecuente que pudo hacer el viejo sindicalismo es en un cierto sentido un
instrumento de unidad moral y política)” (Q1, & 43).
(4) A. Lisa, Memorie, Dall’ ergastolo di Santo
Stefano alla casa penale di Turi di Bari, pref. de U. Terracini, Feltrinelle,
Milan,197, p. 100. sobre esto cfr:C. Buci-Glucksmann, Gramsci e lo stato, Roma,
E. R., 1976 (hay edición en esp. Siglo XXI).
(5) A. Burgio, “Valorizzazione della fabbrica” e
americanismo ponencia para el Congreso organizativo del partido dela
Refundación Comunista, Turin dic. de 1997, que me envió gentilmente el autor.
Cfr. A.V.Gramsci e la rivoluzione in occidene, a cargo de A. Burgio y A.
Santucci, E. R., Forma, 1999, pp. 166-186.
(6) El punto sobre el que trató a su tiempo M.
L.Salvadori Gramsci eil problema storico della democrazia, Einaudi, 1977.
(7) Burgio, op.cit.
(8) Para ello, como observó agudamente Michela
Nacci, Gramsci, relevando las “opiniones críticas sobre la civilización
americana de tantos intelectuales pequeños y grandes de nuestro país” tiene el
mérito de mostrar “una posible inteligencia europea de aquellos años” (L’
antiamericanismo in Italia negli anni ’30 Torino, Bollati-Boringhieri, 1989, p.
15). Por lo que se refiere a la discusión sobre americanismo/antiamericanismo
en los ambientes político-culturales bajo el fascismo, Gramsci muestra el hecho
de que “no se trató de aplicar al americanismo la formulita de Gentile sobre la
‘filosofía que no se enuncia en fórmulas sino que se afirma en la acción’; esto
es significativo e instructivo porque si la fórmula tiene un valor es
precisamente el americanismo el que puede reivindicarlo. Al contrario, cuando
se habla del americanismo se encuentra que éste es mecánico, rudo, brutal o
sea, ‘pura acción’ y se le contrapone la tradición etc. Pero esta tradición
¿por qué no es asumida también como base filosófica como la filosofía enunciada
en fórmulas de aquellos movimientos para los, cuales al contrario, la
‘filosofía se afirma en la acción’? Esta contradicción explica muchas cosas: la
diferencia por ejemplo entre la acción real, que modifica esencialmente al hombre
y la realidad externa (o sea, la cultura real), y el americanismo y el
gladiatorismo grotesco que se autoproclama acción y modifica sólo el
vocabulario, no las cosas, el gesto exterior, no al hombre interior. La primera
crea un futuro que es intrínseco a su realidad objetiva y de la cual se
prefiere callar. El segundo crea sólo fantoches, tallados sobre una figurita
retóricamente fijada y que caerán en la nada no apenas se quitan los hilos
exteriores que les dan la apariencia de movimiento y de vida” (Q. 22, & 5).
(9) Cfr. L. Mangoni, “II problema del fascismo nei
Quaderni del carcere”, en Politica e storia in Gramsci, Roma E. R., 1977, vol.
I, pp. 391-438.
(10) La tesis piú compiuta sul corporativismo e
formulata da Spirito nella relazione svolta al II Convegno di stidi sindacali e
corporativi, tenutosi a Ferrara il 5-8 maggio `32 (ora in U. Spirito, II
corporativismo, Sansoni, Firenze 1970, pp. 356-357: “Soporto su di un’ antitesi
di classi, e nalla necessita di risolverme immediatamente il inconflitto, il
corporativismo non ha poputo compiere che un primo il cui significato e valore
puo comprendersi soltanto alla luce dell’ulteriore sviluppo. Per ora il corporativismo
non e integrale: c’e accanto ad esso il sindicalismo non e integrale: c’e
accanto ad esso il sindicalismo. Questo vuol dire che la distincione delle
classi non e completamente superata e che anzi, col riconocimento giuridico dei
sindacati, si e legalizzato un limite che e l’ùltimo residuo di una tradizione
millenaria, dall’antica casta ai tre stati del Settecento. In realta la
distinzione di datore di lavoro e di lavoratore e destinata a scomparire, e gia
oggi ci si avvede della diffocolta di definire l’uno e l’altro […]. II processo
di fusione e la eliminazone progressiva degli ultimi fenomeni classistici
devono essere il compito futuro del corporativismo […]. Ma è destinata pur vero
che il problema originario e principale è rimastro tuttavia quello della difesa
degli interessi sindicali e della composizione o prevenzione delle vertenze
[…]. Così si spiega che il ecorporacione vivono tuttora in due mondi separati e
l’unico rapporto per cui la società è legata all’ordinamento corporativo è quello
per cui in essa si distinguono datori di lavoro e lavoratori. II fatto
produttivo dell’azienda noninteressa il corporativismo e non interessa cuindi
attraverso l’ordinamento corporativo l’ attività dello Stato il quele.
(11) Cfr. De Felice, “Rivoluzione passiva,
fascismo, americanismo in Gramsci”, Politica e storia in Gramsci op. cit., pp.
161-220.
(12) Entre los libros de la cárcel de Gramsci se
conserva la colección de todos los fascículos hasta 1933 y tres de 1935.
(13) A este propósito me parece significativa una
nota del Q 22, &2: “Sin embargo también si el desarrollo es lento y pleno
de cautelas no se puede decir que la parte conservadora, la parte que
representa la vieja cultura europea con todos sus restos parasitarios esté sin
antagonistas (desde este punto de vista es interesante la tendencia
representada por Nuovi Studi,la Critica Fascista.
(14) Sobre el carácter de “ruptura histórica” de la
guerra, cfr. Q 15 & 59. Con la guerra “toda una serie de cuestiones que
molecularmente se acumularon antes de 1914, se juntaron modificando la
estructura general del proceso precedente: basta pensar en la importancia del
‘fenómeno sindical’, término general para diversos problemas y procesos de
desarrollo de diversa importancia y significado (parlamentarismo, organización
industrial, democracia y liberalismo etc.), pero que objetivamente refleja el
hecho que una nueva fuerza social se construyó, tiene peso que ya no es de
subestimar”.
(15) También Spirito está entre los teóricos de la
“revolución pasiva” o revolución-restauración, y no ya como él pretendería,
entre los “extremistas” de cualquier dialéctica ideal o real[…] Si el error de
Croce es de querer aparecer diferente de lo que realmente es, lo mismo vale
para Spirito y su grupo; en el fondo los dos errores se identifican
prácticamente, se trata de dos hermanos siameses que contienden porque son
demasiado unidos (Q15 & 35).
(16) La idea corporativa abre camino en Italia en
realidad desde fines de 1923. El primer número de la revista de Rossoni,La
Stirpe: tiene un artículo de S. Panunzio donde se pide el monopolio de las
corporaciones fascistas por la ley: “Si no me equivoco las monedas de dos liras
traen el emblema del Fascio…qué maravilla que se extendiera a todos por
obligación[…]hagamos el sindicato del Estado único obligatorio” (La Stirpe,
diciembre de 1923, cit. en A. Lyttelton, La conquista del potere. Bari, 1974,
pp. 497-8).
(17) En el Q 22 & 6, Gramsci dice a propósito
de Fovel” Las mayores deficiencias de Fovel consisten en no ver la función
económica que el Estado siempre tuvo en Italia a causa de la desconfianza de
los ahorradores frente a los industriales y en no ver el hecho de que la
dirección corporativa no tiene origen en las exigencias de una inversión de las
condiciones técnicas de la industria ni de aquellas de una nueva política
económica, sino más bien en las exigencias de una policía económica, agravadas
por la crisis de 1929 y todavía en curso[…]el elemento negativo de la ‘policía
económica’ aventaja hasta ahora el elemento positivo de la exigencia de una
nueva política económica que renueve modernizando la estructura
económico-social de la nación aún si en el contexto del viejo
industrialismo[…]en realidad hasta ahora la orientación corporativa funcionó
para sostener posiciones en peligro de las clases medias para no eliminarlas y
deviene cada vez más una máquina de conservación de lo existente así como es y
no una palanca.
(18) F. de Felice, Introduzione e note a A.Gramsci,
Quaderno 22. Americanismo e fordismo, op.cit., p. 55.
(19) Q 22 & 1.
(20) Ibid.
(21) Cfr. Q 13 & 14.
(22) Se trata de la nota del Q 8 &236 citada en
el texto.
(23) Nota Q 10 & 9.
(24) Q 15 &62.
(25) Ibid.
(26) L. Paggi, “Antonio Gramsci, l’inattuale”, II
Manifesto, 27 de abril de 1997, p. 10.
(27) Cfr. M.Teló, “Note sul futuro dell ‘Occidente
e la teoria delle relazioni internazionali” Gramsci e il Novecento, a cargo de
G.Vacca, Carocci, Roma, 1999, pp. 52-53.
(28) Ibid.
(29) Q 3 & 11 y Q 22 & 15.
(30) “El medio más eficaz de los empresarios para
evitar la ley de la caída es introducir incesantemente nuevas modificaciones
progresivas en todos los campos del trabajo y de la producción sin dejar fuera
las aportaciones mínimas del progreso que en las grandes empresas multiplicadas
en escala grande dan resultados muy apreciables. Toda la actividad industrial
de Ford se puede estudiar desde este punto de vista: una lucha continua
incesante para escapar a la ley de la caída de la tasa de ganancia manteniendo
una posición de superioridad sobre la competencia. Ford tuvo que salirse del
campo estrictamente industrial de la producción para organizar también los
transportes y la distribución de su mercancía determinando así una distribución
de la masa de la plusvalía más favorable a la productor industrial” (Q 10 &
36).
(31) En relación con la frase de Taylor sobre el
trabajador reducido a “gorila amaestrado”: “Taylor[…]expresa con cinismo brutal
el fin de la sociedad americana: desarrollar en el trabajador el máximo grado
de posiciones maquinales y automáticas, romper el viejo nexo psico-físico del
trabajo profesional cualificado que exigía una cierta participación activa de
la inteligencia, de la fantasía, de la iniciativa del trabajador y reducir las
operaciones productivas a solo aspecto físico maquinal” (Q 22 & 11).
(32) M. Montanari, “Dall’ individualismo all’
economia programmatica. Europe, m. 3, VIII, 1999, p. 190.
(33) Q22 & 13.
(34) Montanari, op.cit. p. 190.
(35) Q 22 & 11. “Toda la ideología fordiana de
los altos salarios es un fenómeno derivado de una necesidad objetiva de la
industria moderna llegada a un grado de desarrollo determinado y no un fenómeno
primario (lo que no exonera del estudio de la importancia y de las
repercusiones que la ideología puede tener por su cuenta)”.
(36) Q 6 & 75.
(37) F.Izzo, “Gramsci interprete del moderno” Studi
filosofici, 1986, núm. 8-9, cit. p.198.
(38) Ligada al fenómeno del industrialismo dice
Gramsci, está la “tendencia al conformismo en el mundo contemporáneo, más
extensa y profunda que en el pasado”, Q 7 & 12.
(39) Q7 (12).
(40) “La historia del industrialismo fue siempre y
hoy lo es de modo más acentuado, una continua lucha contra el elemento ‘animal’
del hombre, un proceso ininterrumpido, a veces doloroso y sanguinario, de
sujetar los instintos (naturales, o sea animales y primitivos) a normas siempre
nuevas, más complejas y rígidas y a hábitos de orden, exactitud, precisión, que
hagan posible las formas más complejas de vida colectiva que son la
consecuencia necesaria del desarrollo del industrialismo, (Q 22, & 10)
(41) “Los viejos dirigentes intelectuales y morales
de la sociedad sienten que se les mueve el terreno bajo los pies, se dan cuenta
de que sus prédicas son precisamente prédicas, o sea, cosas extrañas a la
realidad, pura forma sin contenido, larva sin espíritu; por lo tanto, su
desesperación y sus tendencias reaccionarias y conservadoras: puesto que la
forma particular de civilización, de cultura, moralidad que representaron se
descompone, gritan entonces a la muerte de toda civilización, de toda cultura,
de toda moralidad y demandan medidas represivas al Estado y se constituyen en
grupo de resistencia separado del proceso histórico real, aumentando de tal
modo la duración de la crisis” (Q 7,&12)
(42) Q 7 & 12.
(43) Burgio op.cit.
(44) “América no tiene grandes tradiciones
históricas y culturales”, tampoco le pesa encima esta capa de plomo: esta es
una de las principales razones de su formidable acumulación de capitales, no
obstante el nivel de vida superior en las clases populares a aquel europeo. La
no existencia de estas sedimentaciones viscosas y parasitarias dejadas por
fases históricas pasadas permitió una base sana a la industria y especialmente
al comercio y permite siempre más la reducción de las funciones económicas de los
transportes y del comercio y una real actividad subalterna de la producción[…]
ya que había estas condiciones preliminares ya racionalizadas por el desarrollo
histórico fue relativamente fácil racionalizar la producción y el trabajo,
combinando hábilmente la fuerza (destrucción del sindicalismo obrero de base
territorial) con la persuasión (altos salarios, beneficios sociales diversos,
propaganda ideológica y política habilísima) y obteniendo concentrar toda la
vida del país sobre la producción. La hegemonía nace de la fábrica y no tiene
necesidad para ejercerse más que de una cantidad mínima de intermediarios
profesionales de la política y de la industria” (Q22 &2).
(45) Gramsci ejemplifica la dimensión hegemónica
del proyecto estatal en la práctica de la burguesía al poder, en la fase de su
máxima expansión: “La revolución hecha por la clase burguesa en la concepción
del derecho y por tanto en la función del Estado consiste especialmente en la
voluntad de conformismo (por lo tanto eticidad del derecho y del Estado). Las
clases dominantes precedentes eran esencialmente conservadoras en el sentido de
que no tendían a elaborar un paso orgánico de otras clases hacía ellas, a
ampliar su esfera de clase ‘técnica’ e ideológicamente: concepción de casta
cerrada. La clase burguesa se plantea a sí misma como un organismo en continuo
movimiento, capaz de absorber toda la sociedad asimilándola a su nivel cultural
y económico: toda la función del Estado se transforma: el estado deviene
‘educador’, etc.” (Q8 &2). La concepción de la sociedad civil como
portadora de la exigencia de un nuevo conformismo no restringe esta función
ética, implícita en el esfuerzo de conformización en el Estado en su conjunto,
que viene impulsado a transformarse y a asumir un papel cultural y educativo
“tarea educativa y formativa del Estado que siempre tiene el fin de crear
nuevos y más altos niveles de civilización, de adecuar la producción, por lo
tanto de elaborar también físicamente tipos nuevos de humanidad” (Q 13 &
7).
(46) G. Sapelli, “Una riflessione sul capitalismo
della globalizzazione: rileggendo Americanismo e fordismo”, Gramsci e il
Novecento, op.cit. p. 78.
(47) Cfr. Q22 & 6. Esto es algo extremadamente
importante sobre lo que Gramsi vuelve en varios lugares. Como él dice en una
nota del Q 10, la entrada de las grandes masas en la vida estatal -y en 1929,
después del Concordato, la entrada en masa de los católicos- “hizo mucho más
difícil la obra de ‘transformismo’ de las fuerzas nuevas de origen
democrático”, esto “planteó el problema de la educación de la clase dirigente
no en los términos de Estado ético, sino de sociedad civil educadora, o sea de
una educación por iniciativa ‘privada’ que esté de acuerdo con otras
iniciativas y con la católica en particular que en la sociedad civil ocupa
ahora tanta parte y en condiciones especiales”. La incomprensión del problema
de parte de la clase al poder y de sus sostenedores, Gentile y los
corporativistas, impide que “se forme una unidad ético-política en la clases
dirigente amenaza con posponer al infinito la solución del problema de
‘autoridad’ o sea de restablecer por consenso de la dirección política de parte
de grupos conservadores”, (Q 10 & 13).
(48) Izzo, op. cit. Sobre este tema cfr. C.
Mancina, “Individualtá e conformismo”, ponencia al congreso Morale e política
in Gramsci, junio de 1987 enla Fundación InstitutoGramsci, Roma.
(49) Q 22.
(50) Cfr. B. de Giovanni, L’organizzaczione dei
poteri, Europa/Europe, núm. 4-5, VII, 1998, pp. 49-50. Izzo, op.cit., G. Vacca,
Appuntamenti con Gramsci, Introduziones allo studio dei Quaderni del carcere,
Roma, Carocci, 1999, pp. 173-205. Sobre la relación gran guerra-crisis del
estado-nación, véase por último a M. Montanari, “Crisi dello stato e crisi
della modernita. Gramsci e la filosofia politica del Novecento”, Gramsci e il
Novecento, op.cit, pp. 26-28.
(51) Más claramente dicho, a la proesiva
consolidación de “elementos sociales de nueva formación” que antes no tenían
voz y por el solo hecho de unirse modfican la estructura política de la
sociedad cfr. Q 15 & 47.
(52) G. Ferroni, “Il pensiero di Gramsci e le
modificazioni dei modelli intellettuali nel Novecento” Gramsci e il Novecento,
op. cit. p. 41.
(53) “…para un amplio grupo de intelectuales
italianos y europeos su filosofía[…]fue una verdadera y propia reforma
intelectual y moral de tipo ‘Renacimiento’. Vivir sin religión (y se entiende
sin confesión religiosa) fue lo que Sorel sacó de la lectura de Croce[…]Pero
Croce no fue ‘al pueblo’, no quiso ser un elemento ‘nacional’ (como no lo
fueron los hombres del Renacimiento a diferencia de los luteranos y
calvinistas) no quiso crear una serie de discípulos que en su
sustitución[…]podrían popularizar su filosofía intentando hacerla un elemento
educativo hasta de las escuelas elementales y por lo tanto educativo para el
simple obrero y campesino, o sea, para el simple hombre del pueblo); quizás
esto era imposible y valía la pena que fuese intentado y el no haberlo
intentado tiene su significado” (Q 10 & 41-I).
(54) Cfr, Q 12 & 3,
(55) El Ordine Nuovo, dice Gramsci en la primera
nota sobre americanismo de 1929, “sostenía su americanismo”. Tres años después,
en el Q 9 dice: “En la exposición crítica de los eventos después de la guerra y
los intentos constitucionales (orgánicos) por salir del estado de desorden y
dispersión de las fuerzas, mostrar cómo el movimiento para valorizar a la
fábrica en contraste (o mejor dicho autonomamente) con la organización
profesional correspondiese perfectamente al análisis que del desarrollo del sistema
de fábrica se hizo en el primer volumen dela Críticade la economía política.
Que una siempre más perfecta división del trabajo reduce objetivamente la
posición del trabajador en la fábrica a movimientos de detalle cada vez más
‘analíticos’, de manera que al individuo se le escapa la complejidad de la obra
común, y en su misma conciencia la contribución propia se desprecie hasta
llegar a parecer fácilmente sustituible en cada instante; que al mismo tiempo
el trabajo concertado y bien ordenado da una mayor productividad ‘social’ y que
el conjunto de los obreros de la fábrica deba concebirse como un ‘trabajador
colectivo’, son los presupuestos del movimiento de fábrica que tiende a volver
‘subjetivo’ lo que es dado ‘objetivamente’. Además, ¿qué quiere decir objetivo
en este caso? Para el trabajador aislado ‘objetivo’ es el encuentro de las
exigencias del desarrollo técnico con los intereses de la clase dominante”.
(56) Cfr. Q 7 & 12.
(57) “Autoconciencia significa histórica y
políticamente creación de una élite de intelectuales: una masa humana no se
‘distingue’ y no deviene independiente “per se” sin organizarse en sentido
lato, y no hay organización sin intelectuales, sin organizadores y dirigentes o
sea sin que el aspecto teórico del nexo teoría-práctica se distingua
concretamente en un estrato de personas ‘especializadas’ en la elaboración
conceptual y filosófica” (Q11 & 12).
(58) El modo de ser del nuevo intelectual no puede
consistir en la elocuencia sino en el mezclarse activamente en la vida práctica
como constructor, organizador, ‘persuador permanente’ porque no es puro orador,
y sin embargo superior al espíritu abstracto matemático; de la técnica-trabajo
se llega a la técnica – ciencia y a la concepción humanista- histórica sin la
cual se permanece ‘especialista’ y no se deviene ‘dirigente’ (especialista +
político)” (Q 12 & 3).
(59) Q 11 & 1.
(60) Q 16 (9).

