© Libro N° 6200.
La Puerta De Los Tres Cerrojos. Fernandez-Vidal, Sonia. Emancipación. Julio 6 de
2019.
Título
original: © La Puerta De Los Tres Cerrojos. Sonia Fernandez-Vidal
Versión Original: © La Puerta De Los Tres Cerrojos. Sonia
Fernandez-Vidal
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición
digital de Versión original de textos:
http://www.librosmaravillosos.com/lapuertadelostrescerrojos/index.html
Licencia Creative Commons:
Emancipación
Obrera utiliza una licencia Creative
Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única
condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión
cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos
publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del
conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a
Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente
educativos y está prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O. de Imagen original:
http://www.librosmaravillosos.com/lapuertadelostrescerrojos/index.html
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
LA
PUERTA DE LOS TRES CERROJOS
Sonia
Fernandez-Vidal
CONTENIDO
Un
mensaje misterioso
La
casa de los tres cerrojos
Materia
contra antimateria
El
arte de tunelear
El
hada cuántica
El
taller de Relojería Relativa
Los
gemelos
La
familia estándar
Teleportación
El
centro de Inteligencia Cuántico
Superposición
El
Maestro Zen-0
El
gato de Schrödinger
El
Bosson de Higgs
Los
peores vampiros del universo
Críptex
cuántico
El
laberinto. La entrada del laberinto
El
camino de la verdad
Los
tres senderos
Shambla
Excelente
cum laude
El
templo
La
despedida
Diccionario
para estudiantes aventajados
Agradecimientos
A
mis maravillosos padres, José Miguel, e Irene, mi hermana Nuria, y mi alma
gemela y compañero Alberto.
Este
libro es para vosotros, que, con amor, que me habéis acompañado y guiado a lo
largo de mi vida.
Capítulo 1
Un mensaje misterioso
Niko
se quedó paralizado en la cama, perplejo por lo que acababa de aparecer en el
techo de su habitación:
¡SI
QUIERES QUE SUCEDAN COSAS DIFERENTES,
DEJA DE HACER SIEMPRE LO MISMO!
La enigmática frase se reflejaba, por algún extraño efecto óptico, justo encima
de su cabeza. Estaba acostumbrado a ver el reflejo de los coches que pasaban
por la calle, y podía incluso distinguir su color, pero nunca le había sucedido
algo así. El grito de su madre hizo que abandonara aquel enigma y se
incorporara de un salto. — ¡Niko, gandul, volverás a llegar tarde!
Mientras
se vestía, evocó con amargura el día anterior. Su estómago se retorció al
recordar al profesor de física. Tenía la mala costumbre de preguntarle justo
cuando su cabeza estaba en las nubes, y ayer había metido la pata hasta el
fondo. Toda la clase se había reído a su costa, incluida la chica que tanto le
gustaba. Para acabar de empeorar las cosas, durante la hora de gimnasia, el
coleccionista de novias de la escuela se había acercado a tontear con ella.
Aquel presumido sin cerebro había conseguido más avances en dos minutos que él
en dos años. Al verla reír tontamente, Niko había entendido que ella sería la
próxima en formar parte de la colección. Se estremeció nada más pensarlo. Había
sido uno de aquellos días en los que el universo entero parece estar
conspirando contra uno. Mientras pensaba en sus calamidades, Niko se vistió a
toda prisa. Se enfundó unos téjanos rotos y la camiseta del día anterior, que
estaban encima de la silla. Con un rápido movimiento de manos, se peinó el pelo
y observó su reflejo en el espejo del armario. Niko nació con una peculiaridad:
un ojo de cada color. Uno de ellos era azul y el otro verde. Sus padres
esperaban que, al crecer, ambos ojos adoptarían un mismo color. Pero no fue
así. A continuación, arrastró con el brazo los libros sobre su escritorio hasta
meterlos en la mochila. Se dijo que tenía que ahorrar para comprarse una nueva.
Aquella era demasiado infantil y no contribuía a que mejorara su ya escasa
popularidad. Levantó los ojos dando un suspiro, y entonces la volvió a ver. La
frase misteriosa seguía reflejada en el techo. Intrigado, Niko arrojó la
mochila sobre la cama y sacó la cabeza por la ventana, intentando deducir el
origen de aquella extraña proyección. ¿Sería una campaña de publicidad? Pero no
supo ver de dónde procedía. Se acordó de la profesora de física que había
sustituido a su enemigo durante un mes, a principios de curso. Se llamaba
Blanca. Era muy guapa y simpática, pero hablaba tan rápido cuando se
entusiasmaba que se ganó el apodo de Blancandecker. Les había hablado de la
reflexión y la refracción. Había entrado en clase con un espejo enorme. Tras
apagar las luces, pidió a Niko que crease una nube con la tiza del borrador. Lo
sacudió con la mano, y entonces ella encendió su linterna. Gracias a la nube de
tiza, pudieron visualizar el camino recto que seguía el haz.
Luego encendió las luces de nuevo y les propuso un ENIGMA:
-Imaginaos
una calle por la que circula un coche obscuro, sin luces. Todas las farolas de
la calle están apagadas. No hay resplandor de ninguna casa ni luz proveniente
de los escaparates. De repente un gato negro cruza por delante del coche. Sin
embargo, el conductor frena a tiempo antes de atropellarlo. ¿Cómo ha conseguido
verlo?
En la clase se hizo un silencio expectante. Todos temían que una mala respuesta
diese como resultado un punto negativo en su expediente. Blanca insistió un par
de veces y, al no obtener respuestas, se resignó a dar la solución:
Nadie
os ha dicho que fuese de noche. Era pleno día, de modo que el conductor no tuvo
problemas para verlo y parar. !!
-¡Niko! El tono crispado de su madre hizo que renunciara a seguir buscando el
origen del mensaje misterioso. Entró en la cocina y engulló casi sin respirar
el bol con cereales y leche mientras su madre lo sermoneaba. Como cada mañana,
bajó los escalones de dos en dos hasta llegar al portal. Abrió la puerta de la
entrada, como siempre, y miró la calle por la que solía bajar hacia su
instituto. De repente, se detuvo en el portal. Un escalofrío recorrió su
espalda al recordar las palabras que tanto le habían intrigado unos minutos
antes: «Si quieres que sucedan cosas diferentes, deja de hacer siempre lo
mismo.» Instintivamente, giró la cabeza para mirar la calle cuesta arriba.
Nunca había tomado esa dirección para ir al instituto, porque implicaba dar un
rodeo. Además, la parte alta de aquella zona era solitaria y apenas había
tiendas.
Recordó como un chispazo unos versos que había visto en la carpeta de la
listilla de la clase. Eran de un tal Robert Frost y decían:
Dos
caminos se bifurcaban en un bosque, y yo, yo tomé el menos transitado, y eso
marcó toda la diferencia.
Inspirado por el mensaje misterioso y por el recuerdo de ese poema, Niko
decidió subir la cuesta en lugar de ir calle abajo. Poseído por un repentino
entusiasmo, le pareció que era la primera vez que pasaba por allí. Había
detalles de la calle que le sorprendían, desde los colores de las fachadas a la
fragancia de los árboles otoñales que brotaban en las aceras. Niko se sentía
extrañamente alerta, como si algo estuviera a punto de suceder. ¿Era posible
que se produjera algún cambio sólo con dejar de hacer lo mismo? Acababa de
hacerse esta pregunta cuando frenó en seco. Al lado de una floristería cerrada
descubrió un viejo caserón en el que nunca había reparado. Y, sin embargo,
había pasado unas cuantas veces por allí. De eso estaba seguro. Levantó la cabeza
lleno de curiosidad. Pese a la altura del edificio, sólo había una ventana en
el tercer piso. Estaba cegada con unos viejos postigos de madera. Todo hacía
pensar que la casa estaba deshabitada. Niko miró inquieto la puerta de entrada.
Era mucho más nueva que el resto de la casa, que parecía a punto de derribo.
Estaba hecha de una hermosa madera, en contraste con la de los ventanales del
tercer piso que se veía vieja y podrida. Y, más extraño aún, la puerta estaba
cerrada por tres robustos cerrojos.
Aquello
no tenía sentido. ¿Por qué molestarse en sellar una casa decrépita y
abandonada? Niko se fijó en la poca gente que pasaba por allí. Nadie reparaba
en el caserón. Algunos miraban la floristería cerrada, y acto seguido su mirada
saltaba al otro lado de la calle, como si no pudiesen ver aquella edificación.
Aunque iba a llegar tarde al instituto, se acercó a examinar de cerca los tres
cerrojos que protegían la puerta. ¿Qué diablos habría allí dentro? A la
izquierda de la puerta descubrió un botón rojo. Niko habría jurado que aquel
botón no estaba allí un segundo antes; era como si hubiera aparecido de repente
cuando miró hacia aquel lado. Pero sabía que eso era imposible, así que asumió
que le había pasado por alto. Debía de estar más dormido de lo que pensaba.
Movido por la curiosidad, no pudo evitar pulsar el botón. Sin saber qué excusa
iba a dar, contuvo la respiración al oír el sonido del timbre al otro lado de
la puerta. Pero antes de que volviese a respirar, una voz extrañamente lejana
contestó por el interfono: —Sube, te estábamos esperando
Capítulo 2
La casa de los tres cerrojos
Como
no esperaba una respuesta, Niko tragó saliva y se aclaró la garganta. Pero
tardaron en salirle las palabras.
—
¿Cómo puedo abrir los tres cerrojos?
—Es
obvio ¿No te parece? Normalmente, todo cerrojo se abre con su llave, pero en
esta casa es un poco distinto. Tenemos una sola llave para los tres cerrojos.
El problema es que deben abrirse simultáneamente.
En este punto la voz abandonó el interfono.
Niko
pensó en la situación imposible que se le planteaba. ¿Cómo podía abrir
simultáneamente los tres cerrojos con una sola llave que ni siquiera tenía?
Aquello era un enigma comparable al del gato de Blanca. Y, como en aquella
ocasión, no tenía ni idea de cómo resolverlo.
Dio
unas cuantas vueltas al acertijo sin resultado.
Levantó
la vista hacia la calle para relajarse. Una anciana paseaba tranquilamente,
ajena a sus cábalas.
Sin
darse por vencido, observó de nuevo los tres cerrojos. Luego palpó los
alrededores de la puerta buscando el escondite de la llave. Eso era lo primero.
Aunque sabía que no solucionaría nada, ya que, cuando la encontrase, tampoco
habría manera de abrir los tres cerrojos a la vez con una sola llave.
Frustrado
por estar tan lejos de la respuesta, Niko pensó que lo mejor era volver al
instituto para llegar al menos a la segunda clase. Sí señor, eso es lo que
haría, lo más lógico. Sin embargo, sus piernas no le obedecían.
—
¿Se puede saber a qué estás esperando? Su corazón dio un brinco al oír la misma
voz por el interfono, esta vez con un tono impaciente.
—Es
que no he encontrado la llave... ¡y tampoco sabría abrir simultáneamente los
tres cerrojos si la encontrase! Es imposible.
— ¿Y
para qué diablos quieres abrir los tres cerrojos? —preguntó la voz.
—Pues... para abrir la puerta —balbuceó Niko—. ¿Cómo iba a hacerlo sin abrir
los cerrojos? Ahora era Niko el desconcertado. La voz habló entonces con un
tono de superioridad, como si se dirigiera a un niño de cuatro años:
— ¡La puerta está abierta! Los cerrojos no te impiden pasar. Niko se quedó sin
habla. Irritado, se dio cuenta de que le acababan de tomar el pelo, como con el
enigma del gato negro.
—Pero
usted me dijo que necesitaba una llave para abrir los tres cerrojos. Y también
dijo que debía hacerse simultáneamente —se justificó, indignado—.¿Para qué
narices me dijo todo eso, si no era para abrir la puerta?
Me
preguntaste cómo abrir los tres cerrojos, y yo contesté tu pregunta. Nadie te
dijo que la puerta estuviese cerrada, ni que fuese necesario abrir los cerrojos
para pasar. ¡Si quieres llegar a alguna parte, haz las preguntas correctas! Ese
es el problema por dar tantas cosas por sentadas.
Niko se quedó pasmado. No sabía quién hablaba al otro lado, pero debía
reconocer que, a pesar de ser molesto, tenía toda la razón.
Dudó
entre seguir calle arriba o empujar la puerta. No estaba seguro de que entrar
en esa casa fuese una buena idea. Sin embargo una curiosidad creciente se había
apoderado de él. Era como si una fuerza misteriosa lo arrastrara.
La puerta crujió, y Niko tuvo que empujar fuerte para abrirla. Parecía evidente
que nadie lo había hecho en mucho tiempo.
Una
vez dentro, Niko se vio envuelto por una, densa oscuridad.
No le gustaba la oscuridad. De pequeño había tenido serios problemas para
dormir con la luz apagada, porque en la pared de su habitación se formaban
extrañas imágenes que lo aterraban.
En
pocos segundos, sus pupilas se ajustaron lo suficiente como para, distinguir la
sombra de algo fue se movía a su lado. Dio un brinco del susto y golpeó con la
espalda, contra la puerta, que se cerró tras él.
Sólo
tinieblas.
Niko
sintió como el pánico recorría su columna.
Sus
ojos escrutaron la oscuridad intentando seguir lo que se movía.
Al
ver de qué se trababa, suspiró aliviado. Era un gato de gran tamaño. Tenía los
ojos de un enigmático color dorado. Brillaban intensamente en la oscuridad de
la sala. Era pura, perspicacia.
Aunque
parecía inofensivo, Niko no se aventuró a tocarlo.
Levantó la mirada y observó el resto de la habitación en penumbras. Quizá fuese
por la poca luz, pero a Niko le pareció que las paredes eran negras. La falta
de ventanas hacía de la estancia algo aún más siniestro.
Justo
enfrente distinguió unas tupidas cortinas de terciopelo que caían desde el
techo hasta el suelo. Parecían el telón de un teatro antiguo.
El
gato le dio la espalda, moviendo la cola como si se burlase de su temor. Luego
echó a correr y atravesó las cortinas.
Niko
quería seguirlo, así que apartó las cortinas con ambas manos. Tras ellas
tampoco había puertas ni ventanas. Se encontró en una habitación exactamente
igual a la anterior.
El
gato ya no estaba allí. Se había esfumado.
Desaparecido.
Niko ya se disponía a buscarlo cuando un pequeño objeto llamó de nuevo su
atención.
En el suelo, en medio de la oscura sala, había una caja de regalo. Era blanca y
estaba envuelta con un lazo de seda. Una caja tan perfecta como un regalo de
Navidad.
Niko la tomó en sus manos. En el lazo había un pequeño sobre prendido con una
pinza azul. No tenía destinatario, así que lo abrió.
Universo
por estrenar
Esas palabras estaban escritas en la tarjeta con una caligrafía perfecta.
Tiró suavemente de la tela de seda para deshacer el lazo. Antes de abrir la
caja, dudó un poco. Se preguntaba si abrir un regalo que no iba dirigido a él
era correcto. Pero el sobre estaba en blanco, de modo que pensó que no estaba
haciendo nada malo.
Se tranquilizó con esa excusa y, decididamente, abrió la caja.
Capítulo 3
Materia contra antimateria
De
repente, una extraordinaria fuerza lo empujó hacia atrás y lo arrojó al suelo.
Fue como si una bomba hubiera estallado dentro de la pequeña caja.
Niko vio ante sí un minúsculo punto de luz.
La
luz más intensa que jamás hubiera visto.
Un segundo después, la
habitación entera
tembló con una gran explosión.
Era
una explosión algo extraña, pues no se oía absolutamente nada. Un abrumador
silencio rodeaba a Niko. Entonces, el punto de luz empezó a crecer. De la nada
surgieron unas diminutas bolitas.
—Son los leptones y los quarks —dijo una voz suave—, las primeras partículas de
la materia.
Niko
dio un brinco al oír aquello. Aprovechando el resplandor de la explosión, pudo
ver que había un chico. Era pequeño. Le llegaba más o menos al hombro, y eso
que él no era de los más altos de la clase.
El
espectáculo que se desarrollaba ante él volvió a captar su atención.
Aparecieron más bolitas, o «partículas», como las había llamado aquel extraño
ser.
Se creaban de repente, como las palomitas en la sartén de casa de su abuela.
A Niko siempre le había encantado ver cómo los granos de maíz, tras ese
peculiar sonido de petardo, se convertían en deliciosas palomitas. La
diferencia con las partículas que acababa de ver era que éstas no surgían de
granos, sino de un espacio aparentemente vacío.
Las
partículas no eran todas iguales. Las había de distintos tamaños y colores.
Algunas se juntaban entre sí, fundiéndose y creando otras mayores.
Cuatro grandes focos se encendieron de golpe, uno en cada esquina de la
habitación.
luminaban
lo que parecía un campo de rugby.
Niko
estaba boquiabierto. Si lo sucedido hasta entonces ya era raro, lo que estaba
viendo se pasaba de la rosca.
Aquellas
caprichosas bolitas cobraron vida y se repartieron en dos grupos. Se enfundaron
unas camisetas: un grupo blancas y el otro negras. Acto seguido, empezaron a
calentar para el partido que estaba a punto de iniciarse.
En los laterales, los focos iluminaban unas gradas abarrotadas de personitas
pequeñas, muy parecidas al personaje que estaba al lado de Niko.
Los
de la grada izquierda llevaban camisetas blancas con la palabra MATERIA escrita
en ellas.
Al
otro lado del campo, en las gradas de la derecha, los hinchas llevaban
camisetas negras con la palabra ANTIMATERIA.
Las
dos aficiones seguían atentamente el espectáculo mientras animaban a sus
equipos a pleno pulmón. ¡Incluso había un hincha regordete que marcaba el ritmo
con un bombo!
—¿Tú de qué equipo eres? —le preguntó el chico que estaba de pie a su lado.
Niko se encogió de hombros.
—Me
llamo Eldwen —se presentó.
Haciendo
un esfuerzo, Niko consiguió cerrar su boca, que permanecía abierta desde que
había empezado aquella loca escena.
Esta
vez observó más detalladamente al recién llegado. No levantaba más de un metro
del suelo, era flaco y sus ojos, tras unas gafas de montura redonda, tenían un
color verde brillante. Sus pupilas negras, en vez de redondas, eran ovaladas
como las de un felino. El pelo liso y cobrizo le caía sobre los hombros.
Parecía
un elfo sacado de un cuento nórdico.
—Yo
soy Niko —se presentó.
Tal
vez ese personaje fuera el único que podía dar respuesta a las mil preguntas
que bullían en su cabeza. Antes de que pudiese iniciar el interrogatorio, el
elfo empezó a hablar:
—Estás
presenciando la lucha entre la materia y la antimateria. Lo que acabas de ver
es la creación de las partículas y las antipartículas en el
Big
Bang,
el
estallido que dio origen al universo.
Niko recordó que la caja que tenía la etiqueta de:
Universo
por estrenar
había
explotado al levantar la tapa. —Las partículas y las antipartículas surgen de
la nada, como si dos equipos de fútbol aparecieran en el campo de repente.
Cuando la materia choca contra la antimateria, ambas pueden destruirse entre
sí.
—Pero entonces no quedará nada —lo interrumpió Niko.
—No será así. Uno de los dos debe ganar. ¿Cómo podría empezar un universo, si
no?
Niko se acordó de algo que le había contado su abuela, que había estudiado
filosofía. Decía que, según un mito mencionado por Platón, toda persona tiene
su doble negativo, un «hermano oscuro» o «anti-yo». Si tienes la mala fortuna
de encontrarlo, uno de los dos tendrá que morir. No hay sitio en el universo
para ambos.
Antes de que Niko pudiera seguir preguntando, el partido que enfrentaba a la
materia y la antimateria comenzó.
Las bolitas —las partículas de blanco y las antipartículas de negro— corrían
por todo el campo. Los jugadores de cada equipo eran muy diferentes entre sí:
los había de todos los tamaños. Los pequeños eran mucho más ágiles que los
grandes y se dedicaban a driblar a los del equipo contrario. Sin embargo,
cuando las partículas se encontraban con las antipartículas, se producía una
colisión tremenda. Justo después desaparecían ambas en medio de un fogonazo de
luz.
Era hermoso y realmente entretenido.
Niko
no quería perderse ni un detalle del partido. En las gradas, los hinchas-elfos
animaban sin cesar a sus respectivos equipos.
Se
fijó en que cuando partículas y antipartículas de distintos tamaños chocaban
entre sí, se creaban muchas otras bolitas. Las recién nacidas corrían hacia los
laterales para ponerse las camisetas de su equipo e incorporarse rápidamente al
juego.
Sobre uno de los laterales había un marcador que sumaba los puntos, casi sin
parar, de ambos equipos. En aquel momento, el equipo de la materia ganaba al de
la antimateria por goleada.
En
la grada de los vencedores se notaba ya una gran agitación. Aunque el partido
no había terminado, ya celebraban la victoria y daban saltos, abrazándose unos
a otros.
Al otro lado, los seguidores de la antimateria estaban cada vez más cabizbajos.
Se daban cuenta de que el partido llegaba a su fin.
Finalmente,
un silbato anunció el final del partido. ¡El equipo Materia había vencido!
res
elfos periodistas retransmitían el partido por televisión desde el campo.
Algunas partículas de materia se acercaron para ser entrevistadas.
—
¡Enhorabuena! —las felicitó la reportera—. Hacía tiempo que esperabais celebrar
una gran victoria como ésta, ¿no es así?
—Efectivamente
—contestó entusiasmada una de las partículas—. Hacía eones que esperábamos la
oportunidad de jugar un partidazo como éste. ¡Ha sido atómico!
— ¿Y ahora cuáles son vuestros planes?
—Queda
aún mucha liga por delante. Tenemos que ponernos manos a la obra para crear los
átomos, los planetas y las galaxias. Habrá que trabajar duro.
—Muchas gracias, Up, por tus declaraciones para nuestra audiencia —dijo la
periodista a la pequeña partícula—. Acabamos de retransmitir en directo el
partido entre Materia y Antimateria para Quantum TV. Les dejo ahora con nuestra
compañera del teleuniverso, que nos informará de las preocupantes noticias que
llegan desde los confines de nuestro mundo.
La
partícula llamada Up, que debía de ser el capitán, corrió para celebrar la
victoria con el resto de su equipo. El equipo de la materia celebraba el
triunfo danzando en el centro del campo. Empezaron a quitarse las camisetas y a
tirarlas hacia el público.
De repente, las luces de los cuatro focos se atenuaron. Sólo se veía la silueta
de las gradas. Los gritos de felicidad de los hinchas habían cesado. Todos
guardaban un respetuoso silencio mientras observaban el trabajo que las
partículas habían empezado a realizar.
Con
cada danza en el centro del campo, el número de partículas crecía y crecía. Se
unían entre sí formando figuras cada vez más grandes.
A partir de entonces, todo sucedió muy rápido.
Niko
pudo ver cómo se creaban estrellas extremadamente brillantes y hermosas. Un
instante después se formaron los redondos planetas, algunos azules, otros
verdes y morados. Pudo ver muchos de esos planetas, quizá la Tierra entre
ellos, colocarse en sus órbitas alrededor de las estrellas.
Las
estrellas y los planetas se agrupaban a su vez en galaxias que tomaban diversas
formas: espirales, circulares, nubes cuajadas de estrellas...
Niko
las reconocía por documentales de la televisión que había visto. En aquellas
imágenes, las galaxias parecían estáticas, como si hubiesen existido desde
siempre, inamovibles y eternas. Pero en el universo que estaba viendo, las
estrellas y las galaxias cambiaban constantemente. Crecían y se expandían sin
dejar de danzar armónicamente con el resto del cosmos.
Aquel
universo se estaba expandiendo sin parar. Niko temió que acabara aplastándoles
a él y a Eldwen, como a los demás hinchas que aún celebraban la victoria de su
equipo.
Retrocedieron hasta tocar las cortinas con sus espaldas.
—Esto se pone feo —le dijo Niko a su nuevo compañero—. Si sigue creciendo de
este modo, acabaremos espachurrados.
Estas últimas palabras las dijo con un tono de gravedad en la voz. Eldwen lo
miró a los ojos y le contestó:
—Llegados a este punto, tan sólo pueden pasar tres cosas...
Capítulo
4
El arte de tunelear
Niko
le miró extrañado. Le molestaba que Eldwen fuese tan enigmático. Le hacía
sentirse tonto, así que preguntó:
— ¿Puedes explicarte de manera que te entienda? —En este punto, el universo
puede comportarse de tres maneras. La primera, y la que menos nos conviene
ahora mismo, es que siga expandiéndose para siempre. Hasta el infinito. Niko
resopló. Si aquello crecía sin parar, acabarían aplastados. ¡Todo por culpa de
abrir aquella cajita!
—La segunda es que simplemente se pare —prosiguió Eldwen.
— ¿Y la tercera? —preguntó impaciente, al ver que el universo no paraba de
hacerse más y más grande. —La tercera posibilidad es que todo se vuelva a
encoger, como cuando deshinchas un globo. En ese caso, el universo entero se
concentraría en el punto de luz que viste al principio y se metería de nuevo en
la caja. A eso se le llama un BIG CRUNCH. Justo entonces, el
universo dejaría de crecer.
—
¡Ha ganado la segunda posibilidad! —dijo Niko entusiasmado. —No estés tan
seguro, esperemos a ver.
Acto seguido, el universo empezó a encogerse a cámara lenta. Niko tuvo la
impresión de que el espectáculo que había presenciado se representaba ahora
hacia atrás. Las galaxias empezaron a desagruparse. Los planetas ya no seguían
las órbitas alrededor de sus estrellas.
Al
llegar a ese punto, los acontecimientos empezaron a acelerarse. Parecía como si
todo pasase a cámara rápida.
Las estrellas y los planetas se desintegraban ante sus ojos. En sólo unos
segundos, lo único que se veía eran los átomos, que empezaron a descomponerse
en partículas más pequeñitas aún.
En cuestión de segundos, el universo entero se concentró de nuevo en el intenso
punto de luz que había visto al iniciarse la explosión.
Las gradas, el marcador del partido, los grandes focos..., todo había desaparecido.
Todo menos los extraños habitantes que ahora estaban de pie en la sala vacía.
El punto de luz se metió otra vez en la caja de donde había salido. La tira de
seda roja volvió a enlazarse por sí misma alrededor de la caja, sellándola de
nuevo.
Todo
quedó a oscuras.
Eldwen
sacó un mechero para iluminar la habitación. Niko se sintió agradecido por ese
gesto, aunque al resto de personajes no parecía importarles la falta de luz.
—¿Qué ha sido esto? — disparó Niko con la mirada fija en el elfo—. ¿Dónde
estoy? ¿Qué está pasando? ¿Quién o qué eres tú?
—Paso a paso. Ya me he presentado antes: mi nombre es Eldwen. Soy lo
equivalente a un científico en tu mundo. Me dedico a la investigación, y mi
especialidad es el universo de la física clásica. Es decir, tu mundo.
Aquellas dos palabras hicieron que el pensamiento de Niko volviera a su
habitación y a casa de sus padres. Habría pasado apenas una hora desde que
había abandonado «su mundo», pero el universo en el que se encontraba era tan
extraño que parecía haber transcurrido una eternidad. De donde él venía
sucedían «cosas normales», y cada día era igual al anterior. Uno no iba
abriendo universos como quien abre una caja de zapatos.
Un escalofrío recorrió su espalda al recordar las galaxias y los planetas que
se habían descompuesto ante sus ojos. ¿Habría pasado lo mismo con sus padres? A
fin de cuentas, ellos vivían en uno de esos planetas.
La voz del elfo hizo volver a Niko a aquella oscura sala.
—Has entrado en el mundo cuántico. Aquí vas a ver cosas muy extrañas,
totalmente distintas al mundo que has conocido hasta ahora.
— ¿Y qué diablos hago yo aquí? —le preguntó frunciendo el ceño.
Eldwen se rio ante la evidente desorientación de Niko. Aquello hizo que se
enfadara más aún. No le gustaba sentirse el bufón de la clase y menos aún por
culpa de un elfo enano, así que le dijo:
—Mira, muchas gracias por todo, pero me va a caer un marrón si no llego al
instituto antes del recreo. De modo que será mejor que me vaya.
Niko apartó las largas cortinas para dirigirse a la puerta por donde había
entrado. Pero ya no estaba allí.
Donde antes había una puerta de entrada, ahora sólo encontró una pared.
—Por ahí no podrás salir —le advirtió Eldwen—. Será mejor que vengas conmigo.
Hay un motivo por el que estás aquí..., pero todavía no es el momento de hablar
de ello.
Niko suspiró, resignado, y lo siguió hasta una de las paredes negras. No podía
llevarle muy lejos, pues en aquella habitación no había ninguna salida.
¡Estaban atrapados!
En el centro de la gran sala, la euforia de los elfos-hinchas había disminuido.
Hablaban entre ellos en corros.
— ¡Es una pasada! Up será el quark más pequeño de todos, pero es el mejor
jugador con diferencia —exclamaba uno de ellos.
—Yo sigo pensando que los neutrinos están infravalorados, con eso de que casi
ni se los ve...
— ¡Van a retransmitir el partido en diferido en la taberna Braket
—En cualquier caso, hay que largarse. ¡Aquí no queda nada!
Vayamos a la Braket, dicen que se puede tomar unos perritos calientes
extraordinarios.
Niko contempló boquiabierto cómo, de repente, los elfos cogían carrerilla para
lanzarse contra la pared. Algunos rebotaban, dándose un buen trompazo y cayendo
de culo contra el suelo. Al instante se levantaban y volvían a intentarlo, una
y otra vez.
Para su sorpresa, de vez en cuando alguno de ellos lograba atravesar la pared.
— ¿Quieres intentarlo? —lo desafió Eldwen.
Niko lo miró perplejo. No daba crédito a lo que estaba oyendo. —Están haciendo
lo que aquí llamamos «tunelear».
— ¿Qué demonios es eso? —Verás, en nuestro mundo a veces podemos atravesar las
paredes.
— ¡Como Kitty Pride, de los X-Men! —exclamó al recordar su cómic favorito.
—La diferencia es que ahí fuera, en tu mundo, la posibilidad de que puedas
atravesar la pared de tu casa es pequeñísima. ¡Casi imposible! Deberías
estrellarte contra ella durante una eternidad para conseguirlo. Probablemente,
antes te habrías molido los huesos.
Justo en aquel momento, otro elfo desaparecía a través del muro.
—Esta pared es muy fina —lo desafió el elfo—, de modo que la probabilidad de
pasar no es tan pequeña. Como mucho, te darás unos cuantos porrazos si lo
intentas. ¿Te atreves?
Niko se había picado. Si aquellos estúpidos hinchas podían «tunelear», él
también podía hacerlo. Apretó los dientes y corrió contra la pared. Cruzó los
brazos por delante de su cabeza para protegerse del choque inminente. Pero el
impacto no llegó.
¡Había atravesado la pared!
Estaba
tan sorprendido por su hazaña, que tardó un par de segundos en ver a la chica
que tenía delante.
Era tan alta como él. De tez morena y pelo negro, sus ojos oscuros y rasgados
parecían orientales. Llevaba un ceñido vestido de seda y un cinturón con un
extraño signo griego en la hebilla.
ψ
Sus
labios carnosos le sonrieron, mostrando una dentadura perfecta. Un delicado
aroma a flores silvestres lo embriagó.
Era sin duda la chica más guapa que había visto jamás.
Deslumbrado por aquella belleza, tardó un rato en fijarse en que sostenía una
delicada varita de cristal. La bajó mientras le hablaba en tono desdeñoso.
—Cierra la boca o se te va a caer la baba.
Niko
sintió cómo sus mejillas ardían de vergüenza. Siempre reaccionaba así cuando
bromeaban con él las chicas de su clase. Y eso que eran bien normalitas
comparadas con aquella criatura, que se presentó:
—Soy el Hada Q.
— ¿Cómo? ¿Un hada? Me estás tomando el pelo, ¿verdad?
—No sé si lo sabes, pero es de mala educación cuestionar a un hada de ese modo
—dijo antes de dar media vuelta con indignación.
—Si eres un hada... ¿por qué no tienes alas? Niko se arrepintió enseguida de
hacer una pregunta tan impertinente. «Está claro», pensó, «que no soy un crack
en esto de ligar...»
— ¡Por eso estoy aquí! No te dan las alas hasta que te doctoras.
— ¿Hasta que te doctoras... en qué? La chica era realmente guapa, pero Niko
empezó a dudar de que estuviese en sus cabales.
—Me estoy doctorando como hada cuántica —declaró orgullosa—. Mientras tanto voy
sacando algún dinerillo como guía en este mundo.
—Ah... ya entiendo —dijo sin entender nada—. ¿Y cómo es que tienes varita?
—La varita te la dan al licenciarte. Veo que eres tan tonto como pareces.
«Definitivamente», pensó Niko, «está como una regadera. ¡Pero qué guapa!»
—Mi misión es ayudarte a que cumplas la tuya —prosiguió el Hada Q.
— ¿La mía? No sabía que tuviera una misión. Simplemente he subido mi calle en
lugar de bajarla. Aunque, por primera vez, pienso que ha valido la pena.
—Pues claro que ha merecido la pena, chico clásico.
Niko se miró los téjanos a la última moda sin entender por qué le había llamado
así. Luego recordó lo que le había dicho el elfo sobre los diferentes mundos.
Eso le hizo girarse hacia la pared.
—Verás, estaba con mi amigo, un elfo llamado Eldwen. Estoy esperando a que
«tunelee» para reunirse conmigo.
Al terminar de hablar, Niko se dio cuenta de que ahora el loco parecía él.
— ¿Eldwen? — repuso ella con una sonrisa maliciosa—. Tal vez sea un cerebrito,
pero en lo que respecta a la práctica... es un patán. Mucho me temo que te van
a salir canas si te quedas esperando a que consiga pasar. Mejor será que me
sigas.
Niko dudó, el elfo empezaba a caerle simpático y no era muy bonito por su parte
dejarle tirado, pero sin duda el Hada Q era mucho más guapa. Total —pensó—, si
Eldwen era tan cerebrito, sabría dónde encontrarlos. El hada levantó la varita
de cristal, y el resplandor que emanaba de ella iluminó todo lo que había a su
alrededor. Así se dio cuenta de que ya no estaban en una habitación cerrada,
sino en un callejón en el centro de una ciudad antigua.
Aquel callejón daba a una calle adoquinada pero amplia y luminosa. Contempló
asombrado a la gente que se agrupaba ante los escaparates de las tiendas.
Hablaban todos alegremente unos con otros, creando un ambiente de jolgorio.
Mientras se preguntaba adonde diablos había ido a parar al cruzar la pared,
siguió a su guía, que avanzaba grácilmente entre la multitud. Nadie parecía
sorprenderse por su extraordinaria belleza, como si las hadas fueran lo más
normal en aquel mundo.
—Y bien, ¿adónde vamos? —preguntó Niko en un intento de dar conversación a
aquella chica fantástica.
El Hada Q se detuvo en seco y lo riñó:
—Haces demasiadas preguntas, y además metes la pata. Ya te lo dije antes:
¡Si
quieres llegar a alguna parte,
haz las preguntas correctas!
Entonces
fue Niko quien se quedó petrificado. Recordaba muy bien aquellas palabras: las
mismas que había oído justo antes de abrir la puerta de los tres cerrojos.
—Fuiste tú quien me contestó cuando llamé a la puerta de este mundo, ¿verdad?
— ¡Basta de preguntas! Vamos a cambiar las normas del juego. Ahora te toca a ti
contestar:
¿Que
necesitas para
cerrar una puerta?
La
pregunta pilló totalmente desprevenido a Niko.
— ¿Se trata de un enigma?
—No puedes evitar hacer preguntas y más preguntas... —resopló ella—. ¡Eres un
plomazo! Ya puedes ir preguntando, que no habrá respuestas hasta que soluciones
mi enigma.
Acto seguido, continuó andando calle abajo.
Niko se apresuró a seguirla, aunque no era fácil perderla, pues tenía una vista
privilegiada de la calle. A la mayoría de los transeúntes les sacaba más o
menos una cabeza.
Entre la multitud de elfos multicolores corrían algunas de las partículas que
había visto en el partido de la materia contra la antimateria. Algunas de ellas
se arremolinaban alrededor de una tiendecita propiedad de una mujer fornida que
voceaba:
—¡¡¡Por sólo unos electronvolts pueden viajar a un nivel de
energía superior!!!
Las partículas que se acercaban a esa parada compraban algo a la señora y
salían disparadas.
Antes de que Niko pudiese preguntar al hada qué eran esos electronvolts que
compraban las partículas, ella ya había abierto la puerta de una tienda
antigua. En las ventanas se podía leer en unas grandes letras doradas:
TALLER
DE
RELOJERÍA RELATIVA
Niko
tuvo que dar dos pasos rápidos para alcanzarla.
Capítulo 6
El taller de relojería relativa
Al
abrir la puerta, la campanita metálica que colgaba del techo provocó un
estruendo insólito para su tamaño. Poco después, el propietario de la tienda
salió a atenderles echando humo de una pipa de madera.
Era un anciano muy alto, en contraste con los elfos de la calle. A Niko le
sacaba una cabeza como mínimo. Estaba calvo y lucía una larga barba acabada en
punta. El relojero se cubría con una bata azul marino.
La tienda estaba llena de relojes de todo tipo. Los había de pared, de cuco,
despertadores... Cada uno de ellos marcaba una hora diferente; en eso, la
tienda se parecía a otras relojerías.
Niko nunca había entendido por qué en esos establecimientos ningún reloj marca
la hora real. Sin embargo, los del taller de la Relojería Relativa estaban
claramente alterados. Las manecillas giraban como locas. Algunas se movían muy
rápido, mientras que en otros relojes se movían con una lentitud desesperante.
Las agujas de las horas, minutos y segundos giraban a distinta velocidad, cada
una a su ritmo. Lo que para un reloj supondría una hora, para el del lado era
sólo un segundo. La sensación de desorden era aún mayor por culpa del
desacompasado tic-tac de los relojes.
—Buenos días, Kronos —saludó el Hada Q.
—Hola, Quiona. ¡Un placer verte de nuevo! ¿En qué puedo ayudarte?
El Hada Q se volvió hacia Niko y le explicó:
—Mi nombre de pila es Quiona. Ya sabes, para los amigos.
Kronos, el anciano relojero, posó sus ojos en Niko con curiosidad y preguntó al
hada:
¿Es él?
Ella le dedicó una amplia sonrisa y asintió con la cabeza.
La pregunta no le gustó nada a Niko. Siempre le había resultado feo que la
gente hablara de él como si no estuviese presente. Es una costumbre
desagradable que los adultos tienen hacia los niños.
—Me llamo Niko.
—Encantado —contestó sonriente Kronos mientras le tendía la mano por encima del
mostrador. Niko se fijó en una placa dorada colgada en la pared, justo detrás
de Kronos.
¡Gran
venta de relojes de tiempo relativo!
respetan las legislaciones vigentes
y los límites de velocidad
Justo
entonces, la puerta se abrió de golpe. Era Eldwen, que entraba corriendo y casi
sin aliento.
— ¡Bravo, Eldwen! Esta vez has sido rápido. ¿Cuántos intentos has hecho? ¿Cien?
—se burló Quiona.
—Perdonad el retraso —jadeó mientras lanzaba una mirada dura al hada.
—Hola, Eldwen —lo saludó Niko, que se sentía avergonzado por haberlo dejado en
la estacada después de atravesar la pared. Para desviar la atención del
plantón, preguntó—: ¿Qué significa lo que pone en la placa?
—Como puedes comprobar, Kronos — explicó Eldwen—, Niko viene del mundo clásico.
Ellos creen que el espacio es tridimensional. Es decir: alto, ancho y largo.
Pobres ilusos, ¡creen también que el tiempo es siempre el mismo en todas
partes! Como si fuese una dimensión aparte, algo absoluto y que fluye
uniformemente.
Niko no entendía qué intentaba explicar el elfo, que prosiguió:
—Pocas personas llegan a comprender que el
Espacio
y el tiempo
son
relativos... y dependen de lo rápido que vayas. ¿Extraño, eh?
—En serio, Eldwen —lo interrumpió Quiona—, ¿nadie te ha dicho que para ser
científico no hace falta hablar raro?
A Niko se le escapó una carcajada que disimuló con un súbito ataque de tos al
ver la cara de enfadado de su amigo.
—Eldwen se refiere a los alucinantes fenómenos de la
Relatividad
—intervino
Kronos—. Suceden cosas muy raras cuando nos acercamos a la velocidad de la luz.
—Y, ¿qué sucede cuando te acercas a la
Velocidad
de la luz?
—se
aventuró a preguntar Niko.
—La luz viaja a unos 300.000 kilómetros por segundo. Pero aunque sea un bólido,
la luz tarda un tiempo en llegar hasta nuestros ojos. La luz que llega del Sol,
por ejemplo, tarda unos ocho minutos en recorrer los 150 millones de kilómetros
que hay hasta la Tierra. De modo que si miramos al astro rey con unas gafas de
sol especiales, lo que vemos es la imagen de esa bola gigantesca de hace ocho
minutos. Si un mago cósmico lo hiciese desaparecer ahora mismo, lo seguiríamos
viendo durante esos ocho minutos. Si eso sucede con el Sol, que es la estrella
más cercana, imagina lo que sucede con la luz que ha salido hace millones de
años de galaxias lejanas. Muchas de las estrellas que vemos por la noche ya no
existen.
Niko asintió con la cabeza. Nunca lo había pensado de ese modo. Había leído que
las estrellas del firmamento estaban a distancias enormes. Distancias tan
grandes que no se medían en metros o kilómetros sino en años luz: el espacio
que recorrería un haz de luz en ¡todo un año!
Eldwen retomó la explicación:
—Imagina que en un planeta a 519 años luz de distancia hubiese un astrónomo con
un telescopio tan potente que pudiera ver con detalle lo que sucede en la
Tierra. Si apuntara hacia América, ahora mismo vería llegar a Colón con sus
carabelas. No vería a los humanos de ahora, sino a los de 1492.
—Ahora que lo pienso, lo que decís tiene sentido. Sin embargo, ¿qué tiene que
ver la velocidad de la luz con lo que les ocurre a estos relojes relativistas?
—les preguntó Niko.
—Vayamos por partes. Ahora ya sabes que la luz no es instantánea, sino que
tarda un tiempo en viajar a través del espacio. Bien, ahora imagina que Kronos
y yo viajamos en un tren a 100 kilómetros por hora. Tú te encuentras en la
estación, parado en el andén, y nos ves pasar por delante de ti. Cuando nos
hallamos justo frente a ti, le lanzo una pelota a Kronos, que está irnos
asientos por delante. Desde mi punto de vista, dentro del tren la pelota se
mueve a 10 kilómetros por hora. Pero lo que tú verás parece distinto, ¿me
sigues?
—Creo que sí —Aquello era un cálculo simple incluso para Niko—. Yo veré que la
pelota va a 110 kilómetros por hora. Al estar en el tren, vosotros ya os estáis
moviendo a 100 kilómetros por hora. Sólo tengo que sumar las dos velocidades:
100-1-10=110.
— ¡Muy bien! —exclamó Kronos.
Niko se sintió orgulloso, sobre todo porque estaba quedando bien delante de su
hada, que intervino:
—Vamos a complicarlo un poco más. Ahora imaginemos que el tren avanza a 250.000
kilómetros por segundo y que Eldwen, en lugar de una pelota, enciende una
linterna y dirige un haz de luz hacia Kronos. Dime, ¿qué ocurriría entonces?
—Bueno, para Kronos, la luz viajaría a 300.000 kilómetros por segundo hacia él.
Pero yo desde el andén... —Niko dudó en dar su respuesta.
Lo lógico hubiera sido decir que el haz de luz, visto desde el andén, se
movería a 550.000 kilómetros por segundo. Sólo tenía que sumar la velocidad de
la luz (300.000 kilómetros por segundo) a la velocidad del tren (250.000
kilómetros por segundo), como en el caso anterior. Pero la sonrisa sarcástica
de Quiona le hizo darse cuenta de que estaba a punto de quedar en ridículo.
— ¡Ya lo tengo! —Exclamó Niko de repente—
¡¡Para
poder cerrar una-puerta,
lo que necesito es que esté abierta!!
Kronos
y Eldwen se quedaron pasmados ante su respuesta, aparentemente sin sentido. Sin
embargo, Quiona sonrió abiertamente, se acercó a Niko y le besó en la
frente.
—Muy bien, veo que has resuelto mi enigma. Son mis normas y voy a cumplir mi
palabra: ahora es mi turno de darte respuestas.
Niko se puso rojo como un carbón candente, aunque en ese momento no le
importaba. Aquella preciosidad le había dado el beso más dulce de su vida.
Dispuesta a cumplir con su palabra, Quiona expuso:
—Desde el andén, para ti el haz de luz seguirá viajando a 300.000 kilómetros
por segundo, aunque el tren se mueva a su vez. La velocidad de la luz es una
especie de límite cósmico, y nada en el universo puede superarla. ¡Está
prohibido!
—Esto nos lleva a uno de los efectos de la famosa
Teoría
de la Relatividad
de Einstein
cuando
te acercas a la velocidad de la luz, el tiempo se estira y las cosas se encogen
—añadió Eldwen.
Aquello era demasiado raro para que Niko lo entendiera, pero antes de que
pudiera preguntar, Kronos prosiguió con la explicación:
—El tiempo va más lento o más aprisa según la velocidad a la que vas. Cuanto
más rápido te mueves, más despacio pasa el tiempo. Un reloj en movimiento va
más lento que uno parado. Y esto ocurre con todo tipo de relojes, incluidos los
latidos de tu corazón. Si condujeras una nave que lograra alcanzar un 99 % de
la velocidad de la luz, vivirías casi siete veces más que el resto del mundo, y
tú ni te darías cuenta. Pero si volvieras al cabo de un año, verías que los que
has dejado en casa han envejecido siete años.
— ¿No conoces las palabras de John Derek, «vive rápido y muere joven»? —bromeó
Quiona—. Si todavía resultará que ese buenorro era un experto en relatividad...
— ¿Quién es John Derek?—preguntó el elfo—. No conozco a ese físico.
—Da igual, olvídalo, Eldwen.
Con un simpático salto, el hada se acercó a Niko y le dijo: —Voy a demostrarte
lo relativo que es el tiempo. Ni siquiera vas a tener que tomar el bus ni
moverte de aquí.
Acto seguido, le dio un tierno abrazo mientras le cantaba una dulce nana al
oído. El corazón de Niko latía tan fuerte que pensó que se le iba a salir del
pecho.
—Ahora mira tu reloj —dijo Quiona, interrumpiendo aquella sensación tan
fantástica —. Espera hasta que la segundera dé una vuelta entera.
Observando aquella aguja avanzar, a Niko le pareció que pasaba una eternidad.
Cuando la segundera terminó de recorrer su camino, el hada le preguntó:
— ¿Cuánto tiempo ha pasado?
—Una vuelta entera de la aguja son 60 segundos, es decir, un larguísimo minuto.
—Y nuestro abrazo, ¿cuánto tiempo crees que ha durado?
—Apenas unos segundos —contestó Niko, convencido.
—Pues ambos han durado exactamente lo mismo. Lo que ocurre es que, como decía
Einstein, cuando abrazas a una chica, el tiempo pasa muchísimo más rápido que
cuando ves pasar la segundera de un reloj.
Niko asintió, un poco avergonzado al ver a Kronos y Eldwen divertirse con la
escena. Acto seguido, contempló los relojes que estaban por toda la tienda, con
las agujas que se movían a distintas velocidades, y dijo:
—Entonces, estos relojes... ¿no están todos estropeados?
—Para nada —lo interrumpió Kronos—. Simplemente cuentan el tiempo de manera
relativa. Como son especiales, cada uno vive a su ritmo.
— ¡Son un chollazo! — exclamó el hada—. Si tuvieras un reloj de éstos, podrías
hacer que el tiempo pasase más rápido o más despacio, según lo que te
interesase. —Sí, Quiona, pero no es algo con lo que se pueda jugar. Aunque a
nuestro amiguito le vendría genial para no tener que preocuparse nunca más por
llegar tarde a clase. —Tal vez sí —susurró ella al oído de Niko—, pero Kronos
tiene ya más de quinientos años... Justo entonces, el estridente sonido de la
campana de la entrada los distrajo.
Alguien acababa de entrar en la tienda. El relojero levantó la cabeza y los
otros tres se volvieron para ver de quién se trataba.
Dos
elfos, uno joven y otro anciano, entraron en la tienda discutiendo. Niko pensó
que debían de ser familia, pues, a pesar de la clara diferencia de edad entre
ellos, guardaban un asombroso parecido. Al ver al relojero, el más joven sonrió
y saludó alegremente:
—Hola, Kronos, ¡suerte que te encontramos! Volvemos a necesitar tu ayuda.
El aludido suspiró y volvió a hacer simétricos aros de humo con su pipa. Fingió
un semblante serio al regañarlos:
—No podéis recurrir a mí cada vez que os pasa. Deberíais poneros de acuerdo y
viajar juntos la próxima vez. El más anciano de los recién llegados se adelantó
y refunfuñó:
—Lo sé, Kronos, le he dicho mil veces que deje sus viajes por un tiempo, pero
no me hace caso. Es un culo inquieto, ¡y yo tengo demasiado trabajo para hacer
estúpidos viajes cada dos por tres!
—¡Venga ya! Era una ocasión única: esta vez conseguimos ir casi a la velocidad
de la luz. Fue una experiencia atómica, Kronos —replicó el joven lleno de
entusiasmo—. Además, tú podrás arreglar este lío, ¿verdad?
— ¿Qué os ha sucedido? —lo interrumpió Niko.
El elfo joven se acercó a Niko, Eldwen y Quiona y se presentó:
—Hola, me llamo Oort, y éste es mi hermano gemelo Opik.
El hada cuántica se adelantó para presentarse al joven recién llegado, y lo
mismo hicieron Eldwen y Niko, que miró a ambos hermanos y preguntó extrañado:
— ¿Tu hermano gemelo? ¡Pero si podría ser tu abuelo! Mientras guiñaba un ojo al
hada en un intento de ligar con ella, Oort le contestó:
— ¡Incluso un bebé sabe que se debe ir con cuidado al viajar a la velocidad de
la luz! Niko puso cara de enfadado. El tal Oort había pasado de parecerle
divertido a ser un pedante. Le alegró que Quiona contestase a su guiño con una
mueca desagradable. Opik se adelantó hacia él y le aclaró:
—Yo soy astrónomo y mi hermano es un explorador, un apasionado de las altas
velocidades. Te recomiendo que no viajes con él: es un temerario.
—No le hagas caso, chico, puedes acompañarme en mi próximo viaje si quieres.
Será una experiencia inolvidable —le aseguró Oort.
Asustado, Niko dio un par de pasos hacia atrás. Coincidía con el elfo viejo.
¡Aquello parecía peligroso! Temía que Oort lo llevase en su vehículo a
velocidades cercanas a la luz. Podía visualizar claramente cómo se hacían puré
al chocar contra cualquier edificio.
—Quizá
en otro momento, gracias.
—Hace apenas unos años, mi hermanito se empecinó en viajar a una estrella
lejana —prosiguió Opik con su explicación—. La estrella está tan lejos que sólo
podía llegar a ella viajando a velocidades relativistas, es decir, cercanas a
la velocidad de la luz. Como ya debes saber, al ir tan rápido, el tiempo no
pasó igual para él que para mí. De modo que el par de años que para Oort duró
su viaje supusieron unos veinticuatro para mí, que me he quedado en casa.
— ¡Ya lo entiendo! —dijo Niko, eufórico—. El tiempo se estira al ir más rápido.
Por eso Oort sigue siendo joven y tú, Opik, has envejecido.
—Claro que tú no tienes que preocuparte por esto, pues los humanos no habéis
construido nada que se mueva tan rápido —le tranquilizó Eldwen.
Al instante, Quiona le dio una colleja y le increpó:
— ¡Fantástico, Eldwen! A eso se le llama ser un bocazas.
Opik miró asustado a Kronos y le dijo:
— ¿Un humano? ¡Pero eso está prohibido! No podemos contactar con humanos, y
mucho menos traerlos a nuestro mundo. Tan pronto terminó aquella frase, unas
vocecitas estridentes empezaron a cuchichear:
— ¡Un humano!
— ¿Habéis dicho un humano?
— ¡Yo no me lo pierdo! Sacad las cámaras.
—Sí, sí, ¡ha dicho que es un humano!
Un grupo de cucos con cámaras de fotos empezaron a salir de los relojes. Al
parecer, estaban entusiasmados de poder ver a un humano en carne y hueso.
Los flashes de las cámaras cegaron a Niko, que no entendía qué estaba pasando.
A su lado, Quiona parecía disfrutar de lo lindo. Hacía poses divertidas,
procurando salir guapa en todas y cada una de las fotografías. Eldwen se había
llevado las manos a la boca, arrepentido de que se le hubiera escapado la
palabra «humano». Kronos se acercó al mostrador y sacó un silbato plateado.
Tomó aire y, al soplar, liberó un agudo pitido que hizo callar a los cucos.
Luego les ordenó:
— ¡Todos a vuestros relojes!
Mientras los cucos obedecían, Quiona dio unas palmaditas en la espalda de
Eldwen y le dijo:
—Mi atolondrado amigo, mucho me temo que la palabra prohibida que acabas de
pronunciar nos va a traer graves consecuencias.
El relojero intentó calmar así a los gemelos:
—Eldwen tiene un permiso especial para contactar con este humano. Es una
excepción. Tienen una misión muy importante que cumplir.
A continuación sacó una mochilita de debajo del mostrador y se la entregó a
Eldwen.
—No perdáis esto. Llevadlo siempre con vosotros.
Después empujó a los gemelos hacia la trastienda, mientras los reprendía:
—La próxima vez, en lugar de dejaros jóvenes a los dos, os vais a quedar viejos
como Opik. ¡Tenedlo en cuenta! Eldwen se ajustó la mochila a su espalda y le
dijo a Niko:
—Vamos, tengo que llevar esto a casa. ¿Te vienes?
Niko seguía plantado en medio de la tienda. Eldwen y Quiona eran sin duda una
compañía agradable, y su mundo cuántico le parecía cada vez más intrigante. Ya
no le preocupaba perderse todo un día de instituto. Lo que en realidad quería
era seguir con aquella aventura.
—Claro, voy con vosotros —contestó.
Capítulo 8
La familia estándar
Cuando
salieron de la curiosa relojería, Eldwen y Quiona arrastraron a Niko hacia
calles menos concurridas para evitar ser el blanco de todas las miradas. Niko
no daba crédito a lo que veía: todo parecía una ciudad mediana corriente, pero
mucho más limpia y acogedora que las ciudades humanas. Y mucho menos ruidosa.
Por no hablar de sus habitantes.
Al cabo de un rato (que a Niko le pareció demasiado corto) el elfo anunció:
—Ya hemos llegado.
La vivienda ante la cual se habían detenido era muy curiosa. Sobre las paredes,
construidas con grandes bloques de piedra, el tejado estaba cubierto de césped.
Una verja y un pequeño jardín muy bien cuidado separaba la casa de la calle y
le daba un aire confortable y hogareño.
—Con un poco de suerte, mis padres ya se habrán marchado —añadió mientras abría
la puerta.
A Niko le sorprendió el comentario. Aunque Eldwen no parecía mucho mayor que
él, daba por supuesto que un científico no podía vivir con sus padres. Y
aquella actitud tan adolescente hizo que el elfo aún le cayera mejor.
—Eldwen, ¿eres tú? —preguntó una voz cuando entraron.
—Es mi madre —susurró el elfo a sus acompañantes.
—¡Soy yo! Traigo visita.
La madre de Eldwen apareció sonriente. Era un poco más bajita que su hijo, y su
cara era amable y sonrosada. A Niko le cayó bien con tan sólo mirarla. Mientras
se secaba las manos en su delantal, los saludó:
—Hola, Quiona, ¡qué sorpresa tan agradable verte! ¿Quién es vuestro amiguito?
He preparado canelones de sobra, así que os podéis quedar todos a comer.
—Encantado señora, me llamo Niko y soy un humano. No sabía muy bien por qué se
había presentado de ese modo. Puesto que Eldwen tenía que aclararlo cada dos
por tres, prefirió ahorrarle el tiempo y esfuerzo.
Al instante, Quiona le pellizcó en el brazo y susurró:
—Psst. Deja de decir que eres un humano.
Demasiado tarde. La madre de Eldwen pilló a la primera el comentario.
— ¿Un humano? — preguntó extrañada a su hijo—. Pensaba que los contactos con
humanos estaban prohibidos. ¿Lo sabe tu padre?
—El padre de Eldwen trabaja en el Centro de Inteligencia Cuántico —le aclaró
Quiona.
—Y también mi pequeño trabajará allí —añadió la madre—.Ahora está de prácticas,
pero es un gran científico. Id a sentaros a la mesa, que os traigo la comida en
un minuto.
Los tres obedecieron y entraron en el salón. Era una habitación con una ventana
que daba al jardín. A pesar de ser una estancia pequeña, estaba decorada
acertadamente con muebles rústicos; aquello la hacía acogedora. La madre del
elfo se dirigió apresuradamente hacia la cocina, de donde se esparcía un olor
delicioso por toda la casa.
Los tres amigos se sentaron alrededor de la mesa. Niko, sin embargo, al
sentarse en su silla la atravesó cayendo de culo al suelo. Asombrado, exclamó:
— ¿Qué diablos me ha ocurrido?
Quiona soltó una risotada y el elfo le tendió la mano para ayudarlo a
levantarse.
—Perdona, Niko, debí avisarte. Esta silla es un poco especial...
—No hace falta que lo jures... ¿Cómo he podido atravesarla? —Es por los átomos
que la forman. Mi padre se divierte manipulándolos.
—
¿Los átomos?
Quiona
contestó a su pregunta:
—Todo lo que ves a tu alrededor está formado por átomos. Son los «ladrillos»
que construyen el universo físico. Niko asintió. El curso anterior les habían
explicado los átomos en el colegio. El profesor había traído a clase plastilina
y unos cuantos alambres. Con bolitas de plastilina habían hecho los núcleos, y
gracias a los alambres conseguían que los electrones, bolitas más pequeñas,
estuvieran a su alrededor. Se parecía mucho al sistema solar.
Contento de recordarlo, les explicó a sus amigos lo que sabía:
—Los átomos están formados por un núcleo y por electrones que dan vueltas a su
alrededor. A su vez, el núcleo está formado por
protones
y neutrones.
Niko
se sentó en otra silla que Eldwen le ofrecía con aire compungido mientras la
golpeaba para cerciorarse de que no estaba «alterada».
—Más o menos... —dijo el elfo—. Pero ni siquiera los protones y los neutrones
son las últimas piezas de la materia, sino que están formados a su vez por
otras partículas más pequeñas llamadas quarks.
Esa explicación de partículas dentro de partículas le hizo pensar en las
matrioskas, las muñecas rusas que decoraban el comedor de su tía. Le encantaba
desmontarlas e ir sacando una figura tras otra hasta llegar a la más pequeña de
todas. Parecía que lo mismo sucedía con las partículas. Podías ir abriéndolas y
cada vez aparecía otra más pequeña.
—Recuerdo algo de los quarks —murmuró Niko—. Los vimos en el partido, cuando se
inició el pequeño universo. Ellos construyeron todas las galaxias y estrellas,
¿no es así?
Quiona se levantó de un brinco y descolgó un cuadro de la pared.
Era
un retrato con doce extraños personajes.
Niko reconoció a alguno del partido de la materia contra la antimateria
El
hada le acercó el cuadro y le explicó:
—Desde el pedacito de materia más pequeño hasta la estrella más gigantesca,
todo está formado por algunos de estos tipos de nombres tan raros. Estos seis
de la izquierda pertenecen a la familia de los quarks. Se llaman UP,
DOWN, CHARME, ESTRANGE, TOP, BOTTOM.[1]
Los otros seis pertenecen a la familia de los llamados leptones y tres de ellos
se llaman: ELECTRON, MUON y TAU. Los tres fantasmas de la derecha son los
denominados neutrinos.
— ¿Fantasmas? —preguntó Niko, sintiendo un escalofrío.
—Miles de millones de esos fantasmas están atravesando tu brazo en este
momento... —dijo el hada Q.
Niko agitó el brazo, como si tratara de desprenderse de aquel ejército de
fantasmas microscópicos.
—Les llamamos fantasmas —intervino Eldwen— porque es imposible verlos y lo atraviesan
todo... incluido tu brazo. No te preocupes, no hacen daño.
—Si es imposible verlos, ¿cómo sabéis que existen? —dijo Niko.
Eldwen se ajustó las gafas en su nariz de elfo antes de responder con autoridad
—En tu mundo se pueden detectar gracias a algunas máquinas, por ejemplo la que
hay en Japón, llamada Super Kamiokande.
En ese momento, la madre de Eldwen entró en el salón con una bandeja llena de
comida. El delicioso aroma a canelones les hizo la boca agua y Niko deseó que
el hambre que, de pronto, había notado, también acechase a sus amigos y les
hiciera posponer un rato la lección.
Pero Eldwen golpeó con su mano la superficie de la mesa y reflexionó en voz
alta:
—Parece muy sólida, ¿verdad? Como ha dicho Quiona, los átomos son los ladrillos
que construyen la materia. Pero, aunque te cueste creerlo, los átomos están
formados en su mayor parte por espacio vacío. Imagínatelo: si el átomo tuviese
el tamaño de un estadio de fútbol, el núcleo sería como una pelota de ping-pong
en el centro del campo y los electrones serían unos cuantos puntos minúsculos
corriendo por las gradas. El resto está vacío. Aunque lo que ves te parezca
sólido, hay más agujeros que queso...
—Por eso te la pegaste contra el suelo —se mofó Quiona mientras se comía un
canelón.
—Puede que estos canelones estén vacíos, como decís, pero ¡saben de muerte!
—dijo Niko, un tanto mosqueado por el recordatorio de su ridícula escena. El
hada era increíblemente guapa, pero tenía unas maneras de sabelotodo que...
Quiona se acercó sigilosamente a Niko. Antes de que éste pudiese reaccionar, la
hermosa hada le dio un rápido beso en los labios. Niko se quedó petrificado.
Ella rio. —Aunque parezca que te he besado, en realidad, los átomos de mis
labios ni siquiera han rozado los tuyos. ¿Lo entiendes ahora?
Niko no entendía nada de nada. Era la primera vez que le besaban en los labios
(los besos pegajosos de sus tías no contaban), y le había parecido de lo más
real. Le importaba un comino si sus átomos estaban o no contentos... El beso
del hada cuántica le había hecho perder la cabeza.
Eldwen y su madre estaban disfrutando de lo lindo con la escena.
—Vaya, se me ha hecho tarde —anunció Quiona—. Tengo que irme pitando. Ha
llegado un grupo de turistas de un universo paralelo y tengo que hacerles de
guía. Tan sólo será media hora. Eldwen, te dejo al cuidado de Niko. Por cierto,
deberías comprobar tu correo. Seguro que el Maestro Zen-0 ya ha contactado
contigo. ¡Nos vemos!
Dicho esto, desapareció por la puerta. Con el corazón aún acelerado, Niko
preguntó al elfo:
— ¿Quién es el Maestro Zen-O? En ese instante, Quiona volvió a aparecer por la
puerta dándoles un sobresalto y dijo:
—Por cierto, Niko, ahí va otro ENIGMA para que no me eches de
menos mientras estoy fuera:
¿Cómo
se puede pinchar un globo sin que se escape aire
y sin que el globo haga ruido?
Acto
seguido, volvió a esfumarse. Eldwen contestó entre risas a la pregunta anterior
de Niko:
—Luego te cuento sobre el Maestro Zen-O. Sube conmigo. Quiero ver si me ha
enviado algún mensaje.
La
habitación de Eldwen era un desorden, en eso se parecía a la de Niko. Su mesa
estaba llena de papeles con fórmulas y símbolos extraños apilonados de
cualquier modo. En vez de ordenador, tenía una caja en la que se encendían y
apagaban luces de todos los colores. Eldwen arrojó encima de la cama la mochila
que Kronos le había dado.
—Ponte cómodo. Voy a ver si el Maestro nos ha contactado —le dijo el elfo
mientras manipulaba el extraño ordenador.
Niko también se desprendió de su mochila, llena de libros del instituto.
«Total», se dijo, «no me sirven de mucho en este extraño lugar».
Curioseó los libros que el elfo tenía en su mesita de noche: La física según
los humanos del siglo XV, de Aeglos Murtur, Philosophiae Naturalis
principia mathematica, de Isaac Newton, Contactos con humanos a través del
mundo onírico, de Rifus Cuidan, La estructura de las revoluciones
científicas, de Thomas Kuhn.
«Vaya tostón de libros...», pensó Niko.
Eldwen seguía concentrado en su ordenador. Niko se tumbó boca arriba en la cama
y fijó su mirada en el techo. Sin la compañía de su bella hada todo le
resultaba un poco aburrido. De repente, recordó que tenía pendiente resolver
otro de sus enigmas, así que se incorporó y preguntó al elfo:
—¿Podrías ayudarme con el enigma de Quiona? ¿Cómo se puede pinchar un globo sin
que explote? ¡Es imposible!
—No es imposible, si lo piensas un poco. ¿Acaso te ha dicho ella que el globo
tiene que estar hinchado?
—
¡Tienes razón! Si el globo está desinflado se puede pinchar sin que salga aire
ni haga ruido
Gracias, Eldwen. ¡Esto seguro que me dará puntos para ligar con ella!.
—Te voy a proponer otro ENIGMA. Si encuentras la respuesta pronto
se lo puedes plantear a Quiona. Allá va:
Ayer
logré apagar la luz de mi cuarto y me pude meter en la cama antes de que la
habitación quedara a oscuras. Como puedes ver entre el interruptor de la luz y
mi cama hay tres metros. ¿Cómo lo conseguí?
—Vaya, esto sí que es difícil... Según lo que me habéis contado en la Relojería
Relativista, sólo podrías conseguirlo yendo más rápido que la luz. ¡Y eso es
imposible!
La madre del elfo irrumpió en la habitación en ese momento y anunció:
—Tienes una llamada del Centro de Inteligencia Cuántico, hijo. Eldwen se
sobresaltó al oír a su madre. Tomó apresuradamente su mochila y le pidió a Niko
que lo siguiera.
En el comedor se proyectaba el holograma de un elfo trajeado y con cara de
pocos amigos. Eldwen se acercó a la imagen y saludó cordialmente a la
proyección.
—Buenos días, Anred.
—No puedo decirte lo mismo. El Centro de Inteligencia Cuántica quiere
interrogarte en diez minutos. El humano debe acompañarte. La verdad es que
estoy decepcionado contigo. ¡No esperaba una conducta tan irresponsable por tu
parte!
A Niko no le gustó nada el tono de reprimenda de aquel elfo trajeado.
—Nos teleportaremos inmediatamente —le contestó Eldwen, cabizbajo. Luego la
figura desapareció. La madre del elfo los miraba con cara de pocos amigos.
Cruzada de brazos, refunfuñó:
—Jovencito, creo que nos debes muchas explicaciones.
—Lo siento mamá, pero tengo que irme. Éste es un asunto muy importante.
— ¿Importante? Ya lo creo... ¡Esta vez ni papá te va a librar de ésta! Traer a
nuestro mundo a un humano, a quién se le ocurre...
—Ya te lo explicaré más adelante, mamá. ¿Puedes contarle a Quiona lo que ha
pasado?
— ¡Un momento! —interrumpió Niko—. Si todo esto es por mi culpa, al menos
quiero saber qué está sucediendo.
—No tenemos mucho tiempo, pero es justo que sepas que hemos infringido una ley
al ayudarte a entrar en nuestro mundo. Hace miles de años que se prohibieron
todas las conexiones con tu mundo y con los humanos. El de la proyección se
llama Anred. No es muy simpático, pero es el subdirector del Centro de
Inteligencia Cuántico.
—Entonces, ¿tú me ayudaste a entrar? ¿Te has metido en un lío por mi culpa? ¿De
qué va todo esto?
—Era importante que entrases por la puerta de los tres cerrojos, pero ahora no
puedo darte más detalles. Debemos teleportarnos cuanto antes al Centro de
Inteligencia Cuántica.
— ¡¿Teleportarnos?! Entonces hablabas en serio, ¿vamos a teleportarnos rollo
Star Trek? Eldwen se dirigió hacia un armario de plástico amarillo que tenía
una pantalla táctil en la puerta. Escribió en ella la dirección del Centro de
Inteligencia Cuántico y le dijo a Niko:
—Vamos, entra. No tengas miedo, sólo sentirás un ligero mareo. No duele. Niko
se metió en el armario sin estar muy convencido.
La conversación entre Eldwen y el elfo del holograma no le tranquilizaba
precisamente. Y seguía sin entender qué pintaba él en ese extraño mundo.
Tampoco comprendía por qué sus nuevos amigos se arriesgaban a ser castigados
para que él estuviera allí.
Eldwen
entró detrás de él y cerró la puerta del armario. En ese instante, Niko notó
que un cosquilleo atravesaba todo su cuerpo. Empezó a sentir náuseas.
—Ya hemos llegado —dijo el elfo—. Rápido, ¿verdad?
— ¿Llegado? ¡Si no nos hemos movido del armario!
—Movido exactamente no, pero... —respondió Eldwen mientras empujaba la puerta
de plástico.
Ya no se encontraban en el cálido comedor de la casa de Eldwen.
Capítulo 10
El centro de inteligencia cuántico
Se
hallaban en una sala enorme y elíptica. Aunque la luz entraba por unos
imponentes ventanales, el suelo de mármol daba un toque de frialdad a la
estancia. En el techo, alto y ovalado como el de una capilla, podía verse un
emblema redondo con las iniciales del Centro de Inteligencia Cuántico escritas
en color oro:
C I
C
En
uno de los laterales había una pared llena de excéntricos armarios con sus
respectivas pantallas táctiles. «Armarios teleportadores», dedujo Niko.
Una sonriente azafata le puso a Niko una insignia de visitante. Mientras tanto,
Eldwen tuvo que mostrar su carné de científico al agente de seguridad.
Una joven elfa se acercó a recibirlos:
— ¡Por fin has llegado! —le dijo a Eldwen—. Me tenías preocupada... Todo el
mundo te estaba buscando. ¿Por qué diablos no me avisaste de lo que ibas a
hacer?
Eldwen se sonrojó ligeramente y contestó:
—Lo siento, Irina. No quería ponerte en peligro. Ya sabes que está prohibido...
—¡Tonterías! ¿Es él? —dijo ella mirando a Niko.
El elfo asintió con la cabeza y le explicó:
—Acabamos de teleportarnos. Es su primera vez, de modo que está telemareado.
Niko estaba pálido como la cera. Sentía que su estómago no podría contenerse
mucho más tiempo. La teleportación dejaba una sensación parecida a montarse en
una enorme montaña rusa.
—Irina, tengo que presentarme ante el tribunal. ¿Puedes llevarte a Niko a tu
oficina para que descanse? —preguntó Eldwen inquieto.
—Sí, no hay problema. ¡Date prisa! No conviene enfadar a los jueces más de lo
que lo están.
La elfa tomó a Niko por el brazo y lo guió por los largos pasillos del CIC. Él
la siguió sin preguntar nada. Sólo quería sentarse hasta que los efectos de la
teleportación desapareciesen.
Mientras caminaban, Niko sintió que alguien o algo los seguía... Al volverse,
pudo ver una sombra conocida. No había duda.
Era
el mismo animal huidizo que le había recibido al cruzar la puerta de los tres
cerrojos.
— ¿Es tuyo ese gato? —le preguntó a Irina.
—Vaya, ¡qué sorpresa! No, no es mío.
Es
el gato de Schrödinger
Se
le ve poco el pelo, pues aparece y desaparece sin motivo aparente.
Como si quisiera confirmar esto último, el gato se esfumó de nuevo delante de
sus narices. Niko abrió los ojos asombrado; sin embargo, Irina continuó con su
camino, ¡como si aparecer y desaparecer fuese algo común en aquel lugar!
Después de subir unas pequeñas escaleras, Irina se detuvo frente a una puerta
de madera.
—Ya hemos llegado a mi despacho. En el centro de la oficina había una mesa
cuadrada con pilas de libros y hojas llenas de anotaciones.
De una de las paredes colgaba una pizarra con varios gráficos.
Niko se sentó en un pequeño sofá al lado de la ventana. Ella tomó un termo
caliente que reposaba sobre un archivador y le sirvió una infusión
—Tómate este té radiactivo, te sentará bien. ¿De verdad no te habías
teleportado antes?
—No. Ha sido mi primera vez. Niko observó, desconfiado, la taza que Irina le
ofrecía. El contenido cambiaba de color y burbujeaba. Aprovechó que la
anfitriona había dado media vuelta para servirse té y vació parte del suyo en
una maceta, que reaccionó con una humareda chispeante.
— ¿Qué es exactamente esto de la teleportación? —preguntó él para despistar.
—Consiste en desaparecer de un lugar y aparecer en otro sin pasar por ningún
sitio entremedio.
— ¿Como el gato de Schrödinger?
—No, lo que hace él es totalmente distinto. Sería complicado de explicar... más
aún que la teleportación, que funciona gracias al ENTRELAZAMIENTO.—
¿Entrelazamiento? ¿Qué es eso?
— ¡Qué gracia! No puedo creer que no lo utilicéis ahí fuera... Los viajes
largos deben de ser una tortura —dijo acariciándose su prominente barbilla de
elfa—. A ver cómo te lo explico... Dos partículas entrelazadas son como dos
gemelos que tienen una conexión especial. Se dice que aunque dos gemelos estén
separados por miles de kilómetros, si uno se hace daño, su hermano siente el
mismo dolor. Pues bien, algo así sucede con las partículas entrelazadas. Aunque
las separes, cuando hacemos algo a una de ellas, la otra lo siente al
instante. A pesar de haberlas alejado, siguen conectadas. Eso significa
estar entrelazadas.
Niko la escuchaba atentamente, asombrado de que algo así pudiese existir.
¡Parecía magia! Irina continuó:
—Gracias a estas partículas entrelazadas podemos teleportarnos. En el armario
de Eldwen te has mezclado con un cóctel de partículas que tienen esa «conexión
especial» con otro cóctel de partículas situado en uno de los armarios del CIC.
En un momento dado, este último grupo de partículas se ha convertido en ti y...
¡zas! Teleportado.
— ¿Significa eso que hay otro yo en casa de los padres de Eldwen? —preguntó
alarmado.
—Eso es imposible. Está prohibido hacer copias de cualquier cosa. El Niko del
armario de Eldwen ha quedado destruido al mezclarse con el primer cóctel de
partículas.
Aquella explicación no le dejó muy tranquilo. Si la máquina del CIC no hubiese
funcionado bien... ¡no quería ni pensar en lo que le podría haber sucedido!
Antes de que pudiese transmitir a Irina su preocupación, alguien irrumpió en la
oficina. Un elfo pequeño y con cara de pocos amigos gruñó:
—Tengo que llevar al humano ante el tribunal.
—No cuesta nada llamar a la puerta — replicó Irina molesta—. Yo misma lo
acompañaré.
Sin más demora, los dos recorrieron un largo pasillo que parecía no tener fin.
— ¿Qué es lo que quieren de mí? —preguntó, preocupado, a la elfa.
—No tengas miedo, no te harán nada malo. Como mucho, te expulsarán de nuevo a
tu mundo... después de borrar todos tus recuerdos de aquí, claro. Quien se ha
metido en un buen lío es Eldwen.
Aquello no le gustó nada. Niko pensó con tristeza en su hada. Si le hacían
regresar a su mundo y le borraban la memoria, no sólo no volvería a verla, sino
que ¡ni siquiera recordaría que existía! No le podría decir que había
solucionado su enigma, ni tampoco plantearle el problema de Eldwen. Tampoco
recibiría ningún otro beso... Recordó entonces que no había encontrado la
solución al enigma del elfo, pero quizá su nueva amiga podría ayudarlo.
—Irina, escucha esto: Eldwen me ha dicho que pudo apagar la luz de su
habitación y meterse en la cama antes de quedarse a oscuras. Hay tres metros
entre el interruptor y la cama. ¿Tú sabes cómo lo hizo? No pudo viajar más
rápido que la luz, ¿verdad?
La elfa le miró extrañada ante la pregunta, pero le contestó:
—Claro que no.
Nada
puede viajar más rápido que la luz, pero que apagase la luz no significa que
quedase a oscuras.
¿No has pensado que tal vez era de día?
—
¡Es cierto! No lo había pensado. Igual que el gato negro de Blanca...
¡Diablos! Me la han vuelto a colar.
—Hemos llegado a la sala del tribunal. En cuanto entres, mantén la compostura.
La suerte de Eldwen depende de ti —añadió preocupada.
Se detuvieron frente una gran puerta de madera rojiza.
Irma llamó.
Tras unos segundos de tensa espera, una voz indicó que entrasen
Irina
entró primero. Al seguirla, Niko sintió que algo rozaba su pierna. El gato
había aparecido de nuevo y se dirigió discretamente hacia un lateral oscuro de
la sala. Nadie más se dio cuenta de la presencia de aquel curioso animal.
La sala era parecida a la de un juzgado. El tribunal, compuesto por media
docena de personas, estaba reunido en una tarima semicircular. Murmuraban entre
ellos mientras miraban y señalaban a Niko. En el centro del jurado se sentaba
el director del CIC, que con un movimiento de mano hizo callar al resto.
Nervioso ante lo que pudiera suceder, Eldwen sonrió tristemente a Irina y Niko
cuando se sentaron a su lado en el banquillo de los acusados.
—Señorías, ahora que todos los implicados están presentes podemos iniciar el
juicio —dijo solemnemente el director del CIC, antes de dirigirse a Niko—. Tú
debes de ser el humano, ¿me equivoco?
—Mi nombre es Niko... —balbuceó.
Miró de reojo y vio cómo Eldwen bajaba la cabeza e Irina se removía ansiosa en
su banco. En ese momento recordó que sus amigos estaban metidos en un lío y
añadió:
—...su señoría.
—Analicemos los hechos... —prosiguió el director—. Habéis infringido nuestra
ley principal: el contacto con humanos está prohibido. Y, por supuesto, un
humano no debe, bajo ningún concepto, entrar en nuestro mundo cuántico. Esta
ley existe desde hace más de 1.700 años. No olvidemos que la finalidad de esta
estricta norma es la de proteger a los humanos de sí mismos.
—Puede que hace 1.700 años los seres humanos no estuviesen preparados para
comprender nuestro mundo —se defendió Eldwen—. Pero eso está cambiando. La
humanidad debe descubrir que el mundo que la rodea es más mágico de lo que se
imagina. De no ser así, los humanos acabarán destruyéndose.
Uno de los elfos del jurado se levantó de su asiento rojo de indignación. Niko
lo reconoció al instante: era el elfo de la proyección holográfica.
—¡No seas ingenuo! —gritó Anred—. Algunos científicos humanos han llegado a
manipular parte del mundo cuántico. Y ¿qué han conseguido con eso? ¿Creéis que
les ha servido para darse cuenta de lo maravilloso que es nuestro universo?
¡No, señorías! Tan sólo han creado bombas atómicas. Por eso, los humanos no
deben comprender nada de lo que sucede aquí. Si conocieran nuestro mundo a
fondo, lo destruirían todo en un abrir y cerrar de ojos. No debemos permitir
que este niño salga de aquí. Es un peligro para todos nosotros. ¡Debemos
encarcelarlo inmediatamente!
Un elfo del tribunal interrumpió y le dio la razón a Eldwen:
—No exageres, Anred. Podemos devolverle a su mundo y borrarle sus recuerdos.
Eso sería suficiente. Sin embargo, debo añadir, en defensa del acusado, que
parte de lo que dice es cierto. A pesar de que la Biblioteca y toda la
información que había en ella quedó destruida, unos pocos humanos comprendieron
y preservaron los secretos del mundo cuántico, un conocimiento que ha estado
sólo en manos de algunos maestros. Ellos nunca han dado muestras de
agresividad, sino todo lo contrario: han ayudado a dar pasos en la evolución
del ser humano.
El director del CIC observó la expresión confusa de Niko y le explicó:
—Hace muchos años, siglos, para ser precisos, había unos cuantos portales que
conectaban el mundo de los humanos con el nuestro. Existía un punto de reunión
donde los sabios se encontraban y escribían pergaminos con lo que habían visto
y aprendido de nuestro mundo. Ese lugar se llamaba la Biblioteca de Alejandría.
¡Un nido de conocimiento! Sin embargo, la codicia de los humanos por poseer
aquellos pergaminos y todos sus secretos desató una guerra descomunal.
LA
BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA,
quedó
destruida, y desde entonces, hemos velado porque todos los accesos al mundo
cuántico se mantengan sellados. ¡Prohibido a los humanos! No estoy seguro de
que estéis preparados para tener todo este conocimiento. Temo que podría ser
como dejar una bomba en manos de niños de parvulario. Sin embargo, el problema
es que hoy, después de casi dos milenios, un humano ha conseguido atravesar la
puerta de los tres cerrojos. Si vuelves a atravesar la puerta, de regreso a tu
mundo, el sello que mantenía todos los accesos cerrados quedará destruido.
Niko, de ti depende que cualquier humano pueda entrar y salir del mundo
cuántico.
Niko lo escuchaba atónito. Por unos momentos pensó que todo aquello le quedaba
grande y que lo mejor sería que el tribunal lo devolviese sano y salvo al mundo
al que pertenecía. Tal vez aún llegaría a tiempo a las clases de la tarde.
En aquel momento, Anred tomó la palabra:
—¡Todo esto es absurdo! ¿No veis que no es más que un joven humano ignorante?
No tiene el más mínimo conocimiento científico. Procedamos con el veredicto de
esta sesión y no perdamos más el tiempo. ¿Quién está a favor de que al humano
se le borre la memoria y sea repatriado a su mundo?
Unas cuantas manos se alzaron.
El director del CIC se levantó entonces lentamente de su silla y reflexionó en
voz alta:
—Empate técnico: seis manos alzadas contra seis que no aprueban la expulsión. A
mí me corresponde inclinar la balanza en uno u otro sentido, pero antes demos
la oportunidad al humano para defenderse. ¿Puede usted explicar a sus señorías
el motivo de tan inoportuna visita? ¿Cómo ha llegado hasta aquí?
—Señorías, la verdad es que yo sólo subí mi calle en lugar de bajarla.
Una carcajada atronadora se apoderó del tribunal de elfos, que habían tomado
sus palabras como una broma para bajar la tensión en la sala. El director del
CIC frenó las risotadas golpeando el estrado con un pesado mazo.
—¡Orden en la sala! Y aún otra pregunta: ¿tiene usted algo que oponer a su
inmediata devolución al mundo humano?
Niko meditó unos segundos antes de responder:
—Me opongo.
Un murmullo de sorpresa se apoderó de la sala ante la osadía del joven humano,
que añadió:
—He hecho buenos amigos en vuestro mundo. Uno de ellos es Eldwen, y el otro...
la otra es Quiona, y tengo ganas de conocerla mejor antes de volver a mi mundo.
O, como mínimo, no quiero olvidarla. Por favor, ¡no borréis mis recuerdos!
La reacción del jurado fue una mezcla de aplausos y silbidos de desaprobación,
hasta que el director del CIC logró retomar la sesión:
—De modo que tus motivos son la amistad y el amor...La decisión se complica,
pero hemos sacado algo en claro: todos habéis oído el nombre de los culpables.
Su castigo será nuestra segunda deliberación. Veamos... Quiona es alumna del
Maestro Zen-O. Si nuestro gran sabio está detrás de esta intriga, debe de tener
sus motivos, así que habrá que consultarle. Por otra parte, en casi dos mil
años nadie ha sido capaz de entrar en nuestro mundo. Tal vez nos encontremos
ante una crisis más grave de lo que creemos. Parece que en el mundo de los
humanos se están produciendo cambios importantes... Quizá ha llegado la hora de
que sus preguntas sean contestadas.
De repente, Niko vio cómo el director del centro se desdoblaba. Había dos
réplicas exactas de aquel elfo que se daban la espalda. Uno de ellos andaba
tranquilamente hacia la izquierda de la sala mientras el otro lo hacía en la
dirección opuesta. Hablaban al unísono, pero con discursos muy distintos.
Mientras uno de ellos manifestaba su apoyo a Niko, el otro quería expulsarlo y
castigar a Eldwen y Quiona.
Los
dos directores se pararon a la vez,
uno a cada lado, y emitieron su veredicto
-
¡Se va!
- ¡Se queda!
Niko
miro atónito a ambos directores y se atrevió a recriminarles:
— ¡Quieren hacer el favor de ponerse de acuerdo! Sea lo que sea lo que decidan,
al menos deberían elegir una sola cosa. Me están volviendo loco...
Todos los presentes clavaron sus miradas en Niko, hasta que Eldwen intervino:
—¿Elegir qué? No te entiendo, Niko. ¿A qué te refieres?
—¿Es que no los veis? A los dos directores —le contestó señalando a ambos lados
de la sala—. Cada uno de ellos tiene un veredicto distinto.
Aquellas palabras fueron recibidas con un ruidoso murmullo y caras de sorpresa
por parte del tribunal. Algunos asentían con sus cabezas y otros fruncían el
entrecejo. Irina lo miraba con los ojos abiertos como platos, y Eldwen lucía
una sonrisa triunfal. Niko pudo entender a duras penas algunos de los
comentarios:
« ¿Puede
ver la superposición... un humano?»
« ¡Eso es imposible!»
Una
voz profunda que provenía del final de la sala acalló los murmullos.
—Parece ser que nuestro amigo no es un simple niño humano, ¿no creen? Tenemos
muy poco tiempo, por lo que les pido que emitan su veredicto lo antes posible.
Niko se volvió para ver quién había hablado. Era un hombre alto con el pelo
canoso. Llevaba una larga barba blanca acabada en punta y un bigote que se
confundía con la barba. Sus ojos, dorados y perspicaces, le resultaban
familiares. Aunque no recordaba donde, estaba seguro de haberlos visto antes.
Una túnica azul le cubría todo el cuerpo. Sólo le faltaba un gorro terminado en
punta para parecer el mago Merlín.
— ¡Maestro Zen-O! —Eldwen fue el primero en reaccionar.
Niko se frotó enérgicamente los ojos con los puños. Al contemplar de nuevo al
jurado, pudo ver que sólo quedaba uno de los directores: el que había decidido
que podía quedarse en el mundo cuántico. El otro se había esfumado.
—Dadas las circunstancias, señorías —dijo el director del CIC—, creo que el
humano debería permanecer aquí hasta que averigüemos cómo ha podido ver la
superposición —Niko no entendía de qué estaba hablando—. Si no hay
inconveniente por parte del tribunal, propongo que le concedamos un permiso
especial para visitar nuestro mundo.
A su lado, Anred estaba rojo de indignación. Sin embargo, miró a Zen-0 con
temor y no dijo nada.
Capítulo 12
El maestro zen - 0
Niko
apenas se dio cuenta de cómo salieron del Centro de Inteligencia Cuántico. Ni
siquiera se opuso cuando Zen-0 y Eldwen lo hicieron entrar con ellos en el
armario teleportador. Las náuseas que llegarían a continuación ya no le
asustaban, después de haber sido llevado a juicio.
Un hormigueo conocido atravesó su cuerpo, seguido de un vacío en el estómago
que le volvió a causar un pequeño mareo. Sin embargo, la segunda vez no fue tan
mala.
Antes de que pudiera preguntarse dónde estaban, se encontró de nuevo en el
acogedor comedor de Eldwen, donde alguien se le lanzó directo al cuello.
Quiona lo recibía con un cálido abrazo. ¡Aquello sí que era un buen antídoto
contra el mareo de la teleportación!
Al soltarlo, el hada regañó al elfo:
— ¡Me marcho durante media hora y no eres capaz de cuidar de Niko!
El Maestro Zen-0 sonrió y añadió con voz calmada pero imponente:
—Toma asiento, chico humano. Eldwen, tráele una infusión radiactiva. Le ayudará
a relajarse.
Niko no quiso sentarse.
—Estoy bien. Sólo necesito una explicación: ¿Qué diablos ha ocurrido al final
del juicio? El director se había convertido en dos... ¡y luego volvía a ser uno
solo! ¿Me estoy volviendo majareta?
—No, amigo, no te estás volviendo loco —dijo el Maestro—. Pero es normal que te
haya chocado. Lo que has presenciado en el tribunal es algo que los humanos no
han llegado a ver nunca con sus propios ojos. Has presenciado una
superposición. Quiona interrumpió en ese momento con cara de asombro:
—¿Niko ha visto una superposición? Eldwen explicó en pocas palabras al Hada Q
lo que había ocurrido en el juicio del CIC.
—Mmm... Al abrir la puerta de los tres cerrojos has despertado a una nueva
realidad —prosiguió el anciano—. ¡Bravo, muchacho! Sé que te parece
extravagante, pero todo sigue unas reglas, aunque resulten extrañas para
alguien de tu mundo. Una de ellas es el llamado
PRINCIPIO
DE SUPERPOSICIÓN.
En
nuestro mundo cuántico, las cosas pueden estar en dos sitios al mismo tiempo. O
de dos maneras...
— ¿En dos sitios? —preguntó Niko—. ¿Cómo es posible?
—Eso es lo que ha ocurrido cuando has visto cómo el director del CIC se
desdoblaba. Uno de ellos se iba a la izquierda y el otro a la derecha. Estabas
viendo una superposición: el mismo director decidía expulsarte y a la vez creía
en ti. Dos posibilidades, un sujeto. Eso es la superposición. Aquí las cosas no
son blancas o negras, sino blancas y negras a la vez.
—¡No entiendo nada! Entonces... ¿todo sucede al mismo tiempo?
—Imagina que eres un futbolista que chuta un penalti en la final de un mundial
— explicó Zen-O—. En tu mundo, marcas gol o no, ganas o pierdes. Pero en el
mundo cuántico suceden ambas cosas a la vez, ganas y pierdes, porque aquí
conviven todas las posibilidades.
Quiona retomó la conversación:
—Puedes entenderlo como si fueran universos paralelos. He leído un montón de
cómics humanos y en muchos de ellos existen. A ver, imagínate que estás enamorado
de mí —dijo guiñando el ojo a un Niko acalorado—. En un universo me pides para
salir y nos hacemos novios, y en un universo paralelo yo te digo que no y te
llevas calabazas. Lo que sucede en la superposición es que esos dos universos
se mezclan. Ambas cosas ocurren al mismo tiempo: te hago feliz y paso de ti al
mismo tiempo.
— ¡Dejadlo ya! Aceptado el principio de superposición —dijo Niko incómodo con
el ejemplo—. Pero hay algo que no entiendo...
Los tres lo miraron expectantes. —Vale que esto del principio de superposición
es raro. Pero desde que he entrado aquí, han pasado un montón de cosas
extrañísimas. He asistido al partido más raro de mi vida en medio de un Big
Bang. He atravesado paredes, mejor dicho, he «tuneleado». He conocido al relojero
más genial del mundo. También a gemelos que envejecen a ritmo distinto. Me he
teleportado gracias a eso del entrelazamiento... Todo esto es tan o más extraño
que la superposición. Por eso, mi pregunta es: ¿por qué ha causado tanto
revuelo que yo viese al director en una superposición?
—Una observación muy aguda, Niko. —El maestro Zen-0 sonreía satisfecho—. Hay
algo que nos hemos saltado al explicarte el principio de superposición.
—Disparad. Soy todo oídos. Por algún motivo, Niko ya no se sentía perdido.
Había visto y vivido tantas cosas que se escapaban del sentido común que se
estaba haciendo inmune a las rarezas.
El elfo contestó a su petición: —El principio de superposición funciona hasta
que alguien observa el objeto superpuesto. El simple hecho de mirar neutraliza
la superposición. A eso le llamamos
COLAPSO
DE LA SUPERPOSICIÓN.
Por
lo tanto, deberías haber visto a un solo director, que te habría dicho si
podías o no quedarte aquí. Un humano no puede ver dos posibilidades a la vez.
¡Por eso se escandalizaron!
—Pero vosotros... sí que visteis la superposición de los dos directores
—preguntó Niko asombrado—, ¿no es así?
—Si te soy sincero, pocas veces he logrado ver una superposición —respondió
Eldwen—. ¡Muchos elfos nunca han visto ninguna! Y eso que vivimos en el mundo
cuántico.
—Entonces no estoy seguro de que eso sea una buena noticia —susurró Niko.
—Igual es buena y mala a la vez —se burló Quiona—, como la pelota que entra y
no entra en la final de fútbol.
Niko se dejó caer en uno de los sofás que había en la habitación. De repente se
sentía agotado. En su mundo ya se sentía un bicho raro, pero serlo también
entre aquellos personajes extravagantes no era precisamente un alivio. Desde
que había atravesado la puerta de los tres cerrojos se había visto envuelto en
un sinfín de fenómenos que no comprendía. Se sentía estúpido por tener que
estar siempre a remolque de las explicaciones de Eldwen y Quiona.
—Entiendo que estés algo confundido, Niko —le dijo el Maestro—. Pero recuerda
el viejo dicho humano: si preguntas, parecerás tonto un día; si no
preguntas, serás tonto toda tu vida. No desperdicies nunca una
oportunidad para aprender.
—Creo que ya basta de conversaciones serias —intervino Quiona—. Es momento de
celebrar que Niko tiene un permiso especial para visitar nuestro mundo. ¡Nos
vamos ahora mismo a la DIS-Q!
—Creo que ir a una discoteca no es lo más apropiado ahora mismo —le objetó el
elfo con tono responsable.
—No seas aguafiestas. Niko es el primero en casi dos mil años que tiene permiso
para estar en el mundo cuántico, ¡y no voy a permitir que salga de aquí
pensando que todos somos tan aburridos como tú!
— ¡Yo me apunto! —se apresuró a decir Niko.
La idea de ir a bailar con su hada le parecía genial. Con un poco de suerte, el
elfo y el Maestro no los acompañarían.
Como si le hubiera leído el pensamiento, Zen-0 se despidió de ellos
oportunamente: —Me parece buena idea. Se ha hecho tarde, así que será mejor que
sigamos con las conversaciones serias mañana por la mañana. Si me disculpáis,
yo no os acompañaré. Tengo asuntos que resolver. ¡Pasadlo bien!
Dicho eso, desapareció dentro del armario teleportador. Por desgracia para
Niko, el elfo no parecía tener la misma intención que el maestro.
—Está bien... Supongo que puedo hacer una excepción y salir esta noche.
Capítulo 13
El gato de Schrödinger
—
¡Vamos a bailar! —exclamó Quiona entusiasmada—. En la primera planta está lo
mejor: la pista de la
INCERTIDUMBRE.
—Yo
mejor os espero sentado a la barra, bailar no es lo mío —reconoció el elfo.
Niko se alegró de que su amigo los dejase por fin solos. Con un poco de suerte,
pondrían una lenta y bailaría con su hada. Desafortunadamente, no tardó en
darse cuenta de que aquella pista de baile, como todo en el mundo cuántico, no
era nada corriente.
Quiona había saltado a la pista de baile. Tanto el hada como el resto de
danzantes se movían sin parar al ritmo de la música tecno.
Bailaban
tan rápido que era difícil verlos con claridad. Niko sólo distinguía figuras
difuminadas.
— ¿Puedes parar de bailar por un momento? —pidió a Quiona—. Te mueves tan
aprisa que no puedo verte bien. ¡Me va a entrar dolor de cabeza!
—Lo intentaré, pero me temo que no hay espacio suficiente para que me pare.
—¿Qué dices? Hay sitio de sobra en esta pista para más gente.
—Bueno, como quieras. Voy a moverme más lentamente.
Al instante, Quiona quedó mucho más borrosa de lo que estaba antes. Como si su
imagen se hubiese desenfocado y desplegado por la pista de baile. Niko se frotó
los ojos. Temió que empezasen a fallarle. ¿Tendría que ponerse gafas?
El hada saltó fuera de la pista y se acercó a. Niko. Fuera de aquella peculiar
zona de baile, recuperó su forma normal y le dijo: —Aquí se cumple el
PRINCIPIO
DE INCERTIDUMBRE DE HEISENBERG.
Dice
que no puedes estar en una posición exacta a una velocidad exacta.
—No entiendo ni un pimiento. Quiona, ¿te das cuenta de que estás hablando como
Eldwen?
— ¡Uf! Tienes razón. Lo que quiero decir es que en esa pista está prohibido
quedarse parado, ya que entonces los demás chocarían contigo. Déjalo, es mejor
que lo experimentes tú mismo. ¡Sube a bailar!
Quiona lo empujó y Niko casi cayó de bruces en la pista, donde la luz y el
sonido tenían un efecto hipnótico. La sensación de bailar allí era divertida.
Sintió un agradable cosquilleo por todo el cuerpo mientras se movía muy rápido
por la pista, lo cual tenía sus ventajas: no hacía falta ser buen bailarín,
pues la gente no podía ver exactamente lo que hacías. Lo único que veían los
demás era una mancha borrosa que se agitaba sin parar.
Cuando se cansó de la novedad, Niko recordó lo que había sucedido aquella tarde
en el CIC. No entendía qué significaba que él pudiese ver aquel efecto llamado
superposición. Quiona se dio cuenta de que su compañero estaba preocupado, así
que lo tomó de la mano y lo sacó nuevamente de la pista cuántica para
preguntarle: — ¿En qué piensas? —En el principio de superposición. Me cuesta
entenderlo. —Pues el mejor ejemplo tiene cuatro patas. ¿Conoces el gato de
Schrödinger?
—Sí, claro, es el animal que aparece y desaparece sin parar. Lo he visto unas
cuantas veces desde que entré aquí.
—¡Qué curioso! No es muy común verlo, aunque es muy popular aquí. Fíjate en ese
póster —dijo señalando una pared iluminada.
Sobre la imagen de un gato fantasma, se podía leer con letras propias del Far
West:
—Pero...
¿por qué buscan a un simple gato? —se extrañó Niko—. ¿Qué ha hecho? Además, hay
un error de imprenta: debería poner «vivo o muerto».
No hay ningún error, ahí está la gracia: ese gato está vivo y muerto a la vez.
Voy a contarte su historia... Al gato de Schrödinger lo encerraron en una caja
opaca sin un solo agujero por el que se pudiese ver al animal. En la caja
habían puesto un frasco con gas venenoso, que iba conectado a un dispositivo
que permitía romper el frasco.
—¡Pobre gato! ¿Y liberó alguien el gas venenoso?
—La cuestión es que el dispositivo se activaba con una partícula cuántica, y el
autor del experimento la dejó escapar. El mecanismo era el siguiente: había un
momento en que la partícula podía pasar por dos caminos. Si pasaba por el
camino de la izquierda, el mecanismo se activaba y el frasco se rompía.
—Es decir, gato muerto.
— ¡Exacto! Pero si la partícula pasaba por el camino de la derecha, el
mecanismo no se activaba.
—Gato vivo.
— ¿Entiendes, entonces, el problema que eso causó?
— ¿Qué problema? ¿Fue denunciado por una asociación protectora de animales?
—No digas bobadas. Como se trataba de una partícula cuántica, no pasó por la
izquierda «o» por la derecha, sino que se produjo una superposición: pasó por
la izquierda «y» por la derecha al mismo tiempo.
— ¡Igual que el director del CIC! Pero entonces, ¿qué pasó con el gato?
—Al pasar por la izquierda y por la derecha al mismo tiempo, el dispositivo se
activó y no se activó. Por lo tanto, el pobre animal estaba vivo y muerto a la
vez. Es decir, se hallaba en un estado de superposición. Pero si alguien
hubiera abierto la caja, habría encontrado al gato vivo o muerto, pues los
humanos no pueden ver la superposición. Al abrir la caja y ver al gato, sólo
quedaría una de las dos posibilidades. Se habría colapsado la superposición. En
vuestro mundo los gatos no pueden estar vivos y muertos al mismo tiempo, pero
en el nuestro sí.
Niko trató de imaginar aquel experimento insólito y entonces preguntó:
— ¿Y qué pasó al final? ¿Logró sobrevivir?
— ¡No es tan fácil! Los científicos estaban tan asombrados con el experimento
que nadie se acordó de abrir la caja. Así que el gato de Schrödinger se ha
quedado dentro del mundo cuántico en una superposición: está vivo y muerto para
siempre. —Bueno, eso no está mal, ¡así es inmortal!
—Inmortal y siempre muerto. Las dos cosas a la vez.
— ¡Es raro!
—Recuerda que las cosas aquí no son blancas o negras. —Quiona se encogió de
hombros—. Ahora que ya te he contado lo del gato de Schrödinger... tengo que
reñirte. ¿Por qué no has pensado en mí mientras estabas en el CIC?
Niko se puso rojo. No entendía por qué su hada le decía aquello.
— ¿Verdad que no has pensado en mi enigma? —le dijo coquetamente—. Aunque, con
los sustos que te has llevado, mereces ser perdonado.
— ¡Pues claro que he pensado en ti! Quiero decir... claro que he pensado en tu
enigma. La solución es muy sencilla:
PUEDES
PINCHAR UN GLOBO SIN QUE SE ESCAPE EL AIRE NI HAGA RUIDO SI EL GLOBO ESTÁ
COMPLETAMENTE DESHINCHADO
Quiona
le dedicó una amplia sonrisa. Niko esperaba un segundo beso como premio a su
respuesta, pero justo entonces se formó un gran alboroto en la entrada de la
discoteca cuántica.
Por los flashes de las cámaras y los gritos de emoción, entendió que acababa de
entrar una celebridad.
Capítulo 14
El bosson de Higgs
Un
nutrido grupo de fans se agolpaba en la puerta. Cuatro guardaespaldas abrían
paso entre gritos a alguien que estaba entrando a la discoteca.
Niko se asustó al oír a Quiona chillar entusiasmada:
-¡Es él!
—¿Quién? —preguntó enfurruñado. La llegada de aquel personaje, fuese quien
fuese, había frustrado su merecido beso.
—¡Es el Bosson de Higgs! ¡Wow, wow, wow! Los humanos tenéis al «Boss», Bruce
Springsteen, si no me equivoco. Pero nosotros tenemos algo más importante: ¡el
Bosson de Higgs! Es el mejor cantante de todos los mundos. Y el más guapo del
universo. ¡Esto no me lo pierdo!
Niko se resignó a ver cómo Quiona se unía al tumulto entre saltos y gritos
histéricos. Entristecido, fue a hacer compañía al elfo, que continuaba sentado
a la barra. Le preguntó resentido:
—¿Qué tiene de especial ese Higgs?
—¿El Bosson de Higgs? Pues mucho, amigo mío. Es el responsable de que tú tengas
masa. Sin él, cuando subieras a una balanza marcaría cero.
—Asombroso... Entonces, ese Higgs es una especie de repartidor de kilos. ¡Qué
locura!
—Correcto. Por eso hay tantas chicas que buscan los favores del Bosson. Todas
quieren la silueta perfecta.
Niko contempló molesto cómo alrededor del Bosson de Higgs se apiñaba una
multitud de chicas. Tenía tantas fans que no lograba avanzar.
—Ése es el efecto que tiene el Bosson de Higgs sobre todo lo que lo rodea. Sus
admiradores son lo que llamamos «el campo de Higgs» ¿Te das cuenta de lo que
sucede cuando están a su alrededor? Cada vez les cuesta más moverse, o, dicho
de otro modo, van adquiriendo masa.
—Ya lo veo —se indignó Niko—, ahí está Quiona intentando abrirse paso entre las
fans, es decir el campo de Higgs, para llegar hasta su ídolo.
Cuando el Bosson logró escapar de la multitud, el hada regresó con ellos.
Radiante de felicidad, exclamó:
— ¡Me ha dado la mano! No pienso lavármela en un año.
—Tampoco hay para tanto —gruñó Niko. Quiona tomó entonces a sus amigos por el
brazo y los empujó hacia la pista de la incertidumbre, mientras les anunciaba:
—El Bosson va a dar un concierto, y por nada del mundo me lo voy a perder.
¡Venid conmigo! Me he propuesto que adquiráis un poco de cultura musical.
Los chicos se dejaron llevar por ella hasta la concurrida pista, que estaba
llena de fans histéricas. Una vez allí, no pudieron evitar saltar de un lado
para otro, puesto que en la pista de la incertidumbre estaba prohibido quedarse
quieto.
En un escenario elevado al final de la pista, el Bosson apareció entre focos de
colores. Empezó a cantar:
Born
in the Quantum World
I was born in the Quantum World
I was born in the Quantum World
Born in the Quantum World
In the CERN they want to find me
In SLAC found my cousins quarks
FERMILAB pretends to have me already
In LOS ALAMOS I am the bomb
But I was...
Born in the Quantum World
I was born in the Quantum World[2][3]
Antes de que terminara la canción, vieron cómo Irina les hacía señales desde el
lateral de la pista. Eldwen saltó fuera y los otros lo imitaron enseguida.
—¡Por fin os encuentro! —dijo angustiada la elfa—. Debéis huir. ¡Pronto
llegarán aquí!
Eldwen tomó a Irina por los hombros para tranquilizarla:
—Irina, no sé a qué te refieres. Siéntate y cuéntanos qué sucede.
Capítulo 15
Los peores vampiros del universo
Los
intentos de Eldwen por tranquilizar a Irina no funcionaron. Sin embargo, la
joven elfa trató de respirar hondo antes de explicarles:
—Volvía de la biblioteca del CIC cuando oí la conversación de Anred con los
agentes de seguridad: ¡hay una orden de busca y captura contra vosotros! Tenéis
que huir antes de que sea demasiado tarde.
—No lo entiendo —la interrumpió Quiona—. El jurado nos ha dejado libres de
todos los cargos. Pensaba que la intervención de Zen-0 y el hecho de que Niko
viese la superposición habían bastado para que el jurado le permitiese quedarse
en nuestro mundo.
—Sí, pero algo sospechoso ha sucedido. Al terminar el juicio vi cómo los
servicios médicos se llevaban al director. Parecía muy enfermo. Mientras él
esté ausente, Anred tomará el control del CIC. ¡Con él en el poder corréis un
grave peligro!
—No hay que exagerar —la tranquilizó Eldwen—. Como mucho, a Niko le borrarán la
memoria y lo mandarán de vuelta a su mundo. Sé que es una decepción, tras
esperar tanto tiempo a que alguien atravesase la puerta de los tres cerrojos...
Irina estaba cada vez más nerviosa. Grandes lágrimas brotaban ahora de sus
ojos, mientras sollozaba:
— ¡Despertad ya! No sólo os buscan los agentes de seguridad. Han invocado a los
espectros
negros
para
que os den captura.
A Quiona se le escapó un grito de pavor. Eldwen se quedó totalmente blanco.
—¿Qué son los espectros negros? —preguntó Niko, sin estar seguro de querer
saberlo.
Eldwen y Quiona se miraron entre sí, pero no le contestaron. Finalmente, el
hada dijo:
—Irina tiene razón, ¡salgamos de aquí cuanto antes!
—Vayamos a casa del Maestro Zen-0 —propuso el elfo cargando de nuevo su
mochila—. Él sabrá qué debemos hacer. Irina, tú ve a casa. Allí estarás a
salvo: no tienen que relacionarte con nosotros.
—Es una buena idea —dijo el hada.
A continuación se dirigió hacia el armario teleportador, pero Eldwen la detuvo,
tomándola del brazo, y le explicó:
—No podemos teleportarnos. El CIC tiene controlada toda la red y sabrían al
instante hacia dónde nos dirigimos.
Irina y Quiona dieron la razón al elfo. Niko los miraba atónito. No quería
imaginar qué clase de monstruos serían los espectros negros para que causaran
tanto pánico.
El hada suspiró:
— ¡Ojalá tuviese ya mis alas de hada!
— ¿Podrías volar con esas alas? — preguntó Niko.
—Qué bobada, ¡claro que no! Pero podría teleportarme donde quisiera sin necesidad
de esas máquinas, igual que el Maestro Zen-O. Pero ahora salgamos de aquí. No
tardarán en rastrear el armario teleportador de Eldwen para dar con nosotros.
Tras salir de la DIS-Q, corrieron a esconderse en un pequeño callejón. Eldwen
se apoyó en la pared, pálido de miedo. Quiona parecía más tranquila que él, así
que Niko le preguntó:
—
¿Qué son los espectros negros? —Son unas criaturas horribles. Están hechas de
la esencia de agujeros negros.
— ¿Y por qué os asustan tanto?
— ¿Sabes lo que son los agujeros negros?
—No, pero por su nombre imagino algo así como un hoyo hueco muy oscuro.
— ¡Error! Un agujero negro es justamente todo lo contrario.Aunque se les llame
agujeros, no están vacíos. Están llenos de materia superconcentrada, y a su
alrededor no puede haber nada.
— ¿Por qué no puede haber nada? —preguntó Niko a su hada.
—Mejor empiezo por el principio. ¿Sabes qué es la fuerza de la gravedad?
— ¡Claro que sí! Es lo que nos mantiene sujetos a la Tierra. Si no existiese,
volaríamos por todas partes sin necesidad de tener aviones.
—Así es. La fuerza de la gravedad nos ancla a la Tierra. Para que una pelota
pudiera escapar de esta fuerza y salir al espacio exterior, tendrías que
lanzarla a una velocidad de 11,2 kilómetros por segundo. Es decir, a más de
40.000 kilómetros por hora.
— ¡Qué barbaridad! Y si la lanzase más despacio, ¿qué pasaría?
—Pues que volvería a caer a la Tierra atraída por la fuerza de la gravedad. Y
hay lugares del universo más «atrayentes» aún. Cuanta más masa tiene un
planeta, mayor es la fuerza de su gravedad. En la Luna, que tiene menos masa,
sólo tienes que saltar a 2,37 kilómetros por segundo, unos 8.500 kilómetros por
hora, para escapar de su fuerza de la gravedad. Eso explica por qué los
astronautas saltaban allí con tanta facilidad.
— ¿Y eso qué tiene que ver con los agujeros negros?
—Ahora vamos con ellos: un agujero negro tiene tanta masa concentrada que la
velocidad para salir de él supera los 300.000 kilómetros por segundo, o sea,
1.080.000.000 kilómetros por hora. ¿Te suena esa velocidad?
—Sí, es la velocidad de la luz. ¡Vaya! Entonces, ¿tampoco la luz puede escapar
de un agujero negro?
—No, por eso es negro. Si la luz no puede salir de su interior, no lo podemos
ver. —Pues si la luz no logra escapar y nada puede superar la velocidad de la
luz...
— ¿Ves el problema, verdad? —añadió el elfo, aterrado—. ¡Nada puede escapar de
un agujero negro! Es la cárcel más segura del universo. Si te acercaras
demasiado a uno de ellos, serías inevitablemente absorbido ¡y a una velocidad
increíble! Sentirías un tremendo estirón en los pies y tu cuerpo se alargaría
hasta quedar más delgado que un espagueti.
A Niko se le pusieron los pelos de punta al escucharlo. El miedo le llenó el
cuerpo y sus piernas empezaron a flaquear. El elfo seguía apoyado en la pared,
ahora con las manos en la cabeza. A pesar de todo, el miedo no dejó mudo a
Niko, que preguntó:
—¿Y quién excava esos agujeros negros?
—En realidad, son grandes estrellas que se han apagado — explicó el hada—.
Cuando a una estrella enorme se le acaba el combustible que la hace brillar, se
vuelve negra y supermasiva. Toda la materia de la estrella se concentra en una
bolita de pocos kilómetros. Imagínate si está superconcentrada, que un trocito
de esa estrella del tamaño de un terrón de azúcar pesa como un camión cargado
de hierro. Cuando esto sucede, decimos que una estrella se ha colapsado.
Aquella explicación lo angustió. Si uno de esos agujeros negros se acercaba a
su ciudad, ¿qué pasaría con sus padres y con todos sus amigos?
— ¿Y existen muchos agujeros negros? —preguntó Niko asustado.
—No debes preocuparte por ellos. Los más cercanos están tan lejos que no hay
peligro de que se traguen nuestro sistema solar. Eldwen se sumó a la
conversación con voz temblorosa:
—Lo que debe preocuparnos ahora son los espectros negros. Ellos sí pueden
llegar aquí cuando son invocados. Y parece que Anred se ha vuelto lo
suficientemente loco para hacerlo. ¡Si te capturan estás perdido! No hay manera
de huir de ellos, pues funcionan igual que los agujeros negros. Te chupan
entero hasta hacerte desaparecer. ¡Son los peores vampiros del universo!
—Se dice que existe una manera de escapar de ellos —lo interrumpió Quiona—.
Pero no es tu fuerte, ¿verdad Eldwen? Para salir de un agujero negro hay que
conseguir tunelearlo. La mala noticia es que no se conoce de nadie que lo haya
conseguido... vivo.
—Sea como sea, lo mejor será no tener que encontrarnos con esos vampiros
—sentenció el elfo. —Sí, debemos marcharnos —admitió Niko—, pero ¿cómo
llegaremos hasta casa de Zen-O?
—Yo sé cómo —exclamó Quiona, y señaló el fondo del callejón.
Tres
grandes motos estaban aparcadas al final del callejón. Eldwen se acercó a una
de ellas y exclamó:
—¡Wow, una Harley Quantumson con sidecar! Son las mejores motos anti-gravitones
que existen. El hada añadió satisfecha:
— ¡Esto es atómico! Ya tenemos medio de transporte.
—Ni hablar, ¡no vamos a robar esas motos! — replicó el elfo—. ¿Os habéis vuelto
locos?
—No hay tiempo para discutir. Sólo tomaremos prestada una, palabra de hada.
Eldwen protestó.
—Pero... Quiona, ¡yo no sé conducir este aparato! Niko examinó la moto
fascinado. A simple vista parecía una Harley corriente, pero en el manillar
reconoció un botón con la inscripción: «gravit-OFF».
—Yo la sé conducir —fanfarroneó Niko—. He llevado muchas veces el ciclomotor de
mi primo a hurtadillas en el pueblo. Es más o menos como ésta.
Sin pensarlo dos veces, se montó en ella. El hada se sentó detrás de él y se
agarró a su cintura. Eldwen se acomodó en el sidecar y dio instrucciones a
Niko:
—Con este botón la moto repelerá los gravitones.
—No sé de qué diablos me hablas. ¿Es algún tipo de escudo?
—Digamos que son los policías de la gravedad. Su misión es mantenemos pegados
al suelo, pero con ese botón vamos a burlarlos.
—No es momento para discursos —lo cortó Quiona—. ¡Larguémonos de aquí!
Al primer intentó, la moto se caló. Aquella Harley era mucho más complicada que
el ciclomotor de su primo. El hada se mofó de él:
—Pensaba que eras un experto conductor de motos...
Niko fingió ignorar a Quiona e intentó arrancar con más ahínco. A la tercera,
la moto arrancó y Niko aceleró por el callejón.
Al doblar la esquina, pulsó el botón gravit-off y la moto se elevó con su
sidecar. Niko no pudo evitar soltar un grito de entusiasmo.
Gracias
a las indicaciones de Eldwen, que de vez en cuando se atrevía a quitar las
manos de sus ojos, en menos de media hora llegaron a casa del Maestro Zen-O.
Niko había disfrutado del viaje mucho más que sus compañeros Bajo los efectos
de la emoción, tardó unos segundos más que Quiona y Eldwen en darse cuenta de
que la puerta de casa del Maestro Zen-0 estaba abierta. Por los cristales
rotos, parecía haber sido forzada de un puntapié.
Toda la estancia estaba destrozada. Junto a sillas y mesas derribadas, había
libros, carpetas y todo tipo de circuitos por el suelo. Alguien había llegado
antes que ellos.
—¿Crees que lo han capturado? —preguntó Niko a Quiona.
—¡Por supuesto que no! Zen-0 tiene grandes poderes. Además, en el CIC, los que
no lo admiran, lo temen. No se atreverían a enfrentarse a él. Bajo una ventana
rota, encontraron los restos de un pergamino. Lo único que se podía leer era el
nombre de
ELDWEN
en
uno de sus bordes. El hada recogió los restos y les anunció:
—Alguien ha interceptado este mensaje. Está claro que iba dirigido a ti,
Eldwen. El elfo se acercó a Quiona y tomó el pergamino.
—Es un mensaje cuántico — explicó el hada—. Se basa en la superposición.
— ¡Otra vez la famosa superposición! —suspiró Niko.
—Al escribir un mensaje encriptado cuánticamente, las letras de cada palabra
son todas las letras del abecedario al mismo tiempo. Cada una de las letras
está en un estado de superposición.
— ¡Pues vaya lío de mensaje!
—Si algún intruso lo intenta leer, con sólo mirarlo destruirá la superposición,
como si abrieras la caja del gato. Las letras se colocarían al azar y el
mensaje no tendría sentido. Quedaría inservible. Sólo si lo lee primero la
persona a la que iba destinado el mensaje, éste tendrá sentido. ¿No es genial?
—Yo era el elegido para leer el mensaje encriptado —dijo el elfo
apesadumbrado—, pero los agentes del CIC lo han destruido. ¡Demasiado tarde!
Seguro que Zen-0 nos indicaba los pasos a seguir. ¡Estamos perdidos!
Eldwen se derrumbó en el sofá del maestro y cubrió su cabeza con las manos.
Quiona observó el cuarto y cómo lo habían dejado todo patas arriba. De repente
tuvo una idea:
—No creo que todo esté perdido. Zen-0 tal vez previo que alguien llegaría antes
que nosotros. Él siempre tiene un plan B. Le conozco muy bien. Estoy segura de
que escondió otro mensaje en algún lugar de la casa para que lo encontremos.
—Puedes tener razón, Quiona —dijo el elfo súbitamente animado—. Si es así, lo
encontraremos.
Al instante, los tres se pusieron a rebuscar por todas partes. Después de
rastrear cada palmo de la casa, casi se dieron por vencidos. Pero al revolver
por tercera vez los cojines del sofá, los ojos de Niko se fijaron en un cesto
de tela al que no habían dado importancia.
Parecía
la cama de un felino.
Su memoria voló al gato de Schrödinger.
—Por
cierto, ¿tenía Zen-0 un gato?
Quiona se acercó al lecho de tela y respondió confusa:
—Yo nunca he visto uno en casa del Maestro.
Acto seguido, levantó la mantita que cubría el cesto. Un cilindro de madera
aterrizó sobre la cama del gato.
— ¡Aquí está el críptex! —exclamó el hada entusiasmada—. Zen-O ideó este
artefacto para guardar mensajes encriptados cuánticamente. Dentro debe de haber
un pergamino... ¿Cómo supiste que estaría aquí?
Niko se encogió de hombros. No sabía por qué, pero había relacionado al Maestro
con el gato de Schrödinger.
—Sobre todo, no mires el pergamino cuando lo abra Eldwen —le advirtió Quiona—.
Si lo ves antes que él, se colapsará y destruirás la superposición.
Eldwen abrió el críptex. En el pergamino aparecieron dos frases escritas:
Nos
encontraremos en Shambla.
Desde allá podemos enviar a Niko sano y salvo a casa.
—
¿Dónde está Shambla? —preguntó Niko.
—Más que dónde está, la pregunta correcta sería: ¿qué es Shambla? —dijo el
elfo.
—Shambla es la ciudad donde viven los magos y las hadas de nuestro mundo
—aclaró Quiona.
—¿Magos y hadas? ¿Hay otras hadas además de ti? —volvió a preguntar Niko,
entusiasmado con la idea de una ciudad llena de hadas tan guapas como su amiga.
—Aquí los magos no son como los de tu mundo, que hacen trucos —le explicó
Eldwen—. Muchos magos son científicos que han dado un paso más. Han comprendido
cómo funciona el mundo cuántico y pueden hacer cosas extraordinarias. ¡Ni
siquiera necesitan armarios para teleportarse! Vuelan sin necesidad de motos ni
coches anti-gravitones. Algunos son tan amigos del Bosson de Higgs que pueden
hacerse casas, ropa y todo lo que necesiten en un abrir y cerrar de ojos.
— ¡Atómico! Pero ¿cómo llegamos hasta allí? — preguntó Niko a Quiona—. Eldwen
ha dicho que también las hadas viven en Shambla, ¿no? Entonces, tú nos puedes
guiar hasta allí.
—Hay un pequeño problema —repuso ella ruborizándose—. Yo todavía no me he
doctorado, así que no tengo alas. ¡Sin ellas no puedo teleportarme a
Shambla!
—Pero sabrás cómo ir hasta allí, ¿no? —le preguntó el elfo.
—Pues... he oído algo sobre cómo llegar, pero no lo he intentado nunca. — ¿Y
cómo has ido durante todo este tiempo? —dijo Niko.
—Siempre me han teleportado mis primas, que ya son doctoras, o Zen-O. Me
parecía un rollo tener que atravesar el laberinto para llegar a la ciudad, así
que me lo ahorraba...
—¡Vaya lata! Si Zen-0 nos podía teleportar a todos hasta Shambla, ¿por qué no
nos ha esperado? —reflexionó Niko—. Habría sido más fácil. —No se puede
teleportar a un humano a Shambla —le aclaró Quiona.
— ¿Otra de vuestras leyes? —No es una ley. Simplemente es imposible. Shambla es
un sitio especial. Si no has recorrido al menos una vez el laberinto, no puedes
teleportarte hasta allí.
—Bueno, al menos sabemos que hay un laberinto —señaló el elfo—. ¿Dónde está la
entrada?
—En el valle de Atenip. Pero, os lo advierto, no va a ser fácil
atravesarlo.
—Ese valle no está muy lejos de aquí. Podemos llegar con la moto —añadió
Eldwen—. Salgamos ya, ¡quedarnos aquí es peligroso!
Tras un viaje que transcurrió en un suspiro, Niko aterrizó la Harley Quantumson
a los pies de una escarpada montaña.
—Mañana a primera hora buscaremos la entrada al laberinto —les dijo el hada—.
Ya oscurece, será mejor que pasemos aquí la noche. Preparad algo cómodo para
dormir, chicos, que yo me encargo de la cena.
Eldwen y Niko obedecieron las órdenes de Quiona y se pusieron manos a la obra.
Buscaron un terreno llano y Ubre de pedruscos para montar un improvisado
campamento.
Tras recoger un poco de leña, el elfo encendió un fuego. Ambos se sentaron al
lado de la hoguera mientras esperaban el regreso del hada. Eldwen se había
quedado absorto y en silencio mirando la luna. Niko le preguntó:
— ¿Estás preocupado? —No...bueno...pensaba en Irina. Espero que esté bien y que
los espectros negros no hayan dado con ella.
—Te
gusta, ¿verdad?
El elfo enrojeció. Niko siguió insistiendo:
—Creo que tú también le gustas, estaba muy preocupada por ti. ¿Nunca le has
dicho lo que sientes por ella?
—Irina y yo somos amigos y... trabajamos juntos. Bueno, si es que conservo mi
empleo después de este lío. Si le digo que me gusta y me da plantón, puedo
perder a una buena amiga. Aunque quizá sí funcionaría... No lo sé, estoy
indeciso.
—Te ocurre lo que al gato de Schrödinger.
— ¿Qué tiene que ver ese gato con nosotros?
—Quiona me contó lo que le pasó al pobre animal. Al no abrir la caja, el gato
estaba muerto y vivo al mismo tiempo.
—No te sigo. —Me explicaré mejor... Hasta que no te atrevas a decirle a Irina
lo que sientes, no sabrás cuál de las dos probabilidades ganará. ¡Tienes que
acabar con esta superposición!
En ese momento llegó Quiona y les interrumpió:
—¡Fantástico, Niko! Veo que estabas atento a mis explicaciones. Lo que no sabía
es que fueses todo un Doctor Amor.
Eldwen y Niko se pusieron rojos como las brasas que tenían delante. El hada les
mostró entonces tres deliciosas empanadas de maíz dulce.
— ¡¿De dónde has sacado esto?! —preguntaron los dos al unísono, con las tripas
rugiendo de hambre.
—Qué poca confianza tenéis en mí... Quizá no pueda teleportarme, pero tengo mis
recursos; al fin y al cabo, soy un hada.
A pesar del peligro que les perseguía, cenaron tranquilos alrededor del fuego,
que crepitaba mágicamente en el silencio del valle. Una lima resplandeciente
pendía sobre el paisaje nocturno. En cuanto acabaron de cenar, el elfo se quedó
dormido como un tronco. Niko aprovechó aquel primer momento de calma para
decirle a su hada:
—Irina me contó algo curioso: eso de que la teleportación funciona gracias al
entrelazamiento.
—Así es. Te lo explicó bien. —En cuanto lleguemos a Shambla me enviarán de
vuelta a mi mundo, ¿verdad?
— ¡Eso espero!, que te podamos devolver sin peligro a casa. ¿A qué vienen estas
preguntas?
—Pensaba... que podríamos entrelazarnos, si te parece bien. Así, aunque vivamos
en mundos separados, podremos seguir unidos... como las partículas entrelazadas
de las que me habló Irina. ¡Tendríamos una conexión especial!
El hada se rio al oír esas palabras.
— ¿Por qué te burlas de mí? —preguntó Niko más avergonzado que molesto. —No te
enfades. Nuestros mundos no están tan separados como crees. En realidad, tú y
yo ya estamos entrelazados.
-¿Ah sí?
-En
el instante del big-bang, el origen del universo, todas las partículas nacieron
juntas y, por lo tanto, entrelazadas. Todo lo que existe en el universo se ha
formado a partir de aquellas partículas, de modo que estamos entrelazados con
todo lo que nos rodea: los árboles, las personas…incluso las estrellas.
—Entonces,
¿todos estamos relacionados con todos?
—Cualquier cosa que hagamos a los demás seres o a nuestra Tierra nos afecta
mucho más de lo que vosotros, los humanos, os llegáis a imaginar. Por eso los
chinos dicen que «el aleteo de una mariposa se puede sentir al otro lado del
mundo».
—Ojalá los mayores entendiesen lo que dices, Quiona. Seguro que se comportarían
de otra forma con nuestro planeta y no se herirían unos a otros.
Ella suspiró:
—Ya lo sé. Ésta es una de las razones por la que era tan importante que
atravesases la puerta de los tres cerrojos. Si quieren salvar su mundo, a los
humanos les queda todavía mucho por comprender... Pero, bueno, ahora a dormir.
Mañana nos espera un día agitado.
— ¿No me das un beso de buenas noches?
El hada sonrió picara antes de responder:
—Puesto que hemos hablado del aleteo... te tendrás que conformar con un beso de
mariposa.
Antes de que se durmieran, Quiona pestañeó rápidamente rozando la mejilla de
Niko.
Capítulo 18
La entrada del laberinto
Los
primeros rayos del amanecer despertaron a Niko. Tardó menos de un segundo en
recordar que no se hallaba en su habitación, sino en aquel maravilloso y
extraño mundo cuántico que había descubierto al atravesar la puerta de los tres
cerrojos.
Sus amigos estaban despiertos y ya preparaban el desayuno. Quiona le alcanzó
una tostada gratinada y un té que olía rarísimo.
— ¡Ya era hora de que despertases, dormilón!
— ¿Has descansado bien? —le preguntó el elfo.
—He dormido como un tronco —contestó mientras se incorporaba de un brinco.
—Desayuna rápido, Doctor Amor... Tenemos que alcanzar la entrada al laberinto.
— ¿A qué te refieres? —preguntó Niko a su hada—.Pensaba que la puerta estaría
cerca de aquí.
—La entrada del laberinto no está en un lugar determinado. Aparecerá cuando
tengamos el nivel de energía suficiente.
— ¿La energía suficiente? —dijo resignado—. Había olvidado que aquí las cosas
no son normales...
—Shambla es un lugar especial —prosiguió ella—. Para llegar hasta allí
necesitamos aumentar nuestra energía. Sólo entonces aparecerá la entrada al
laberinto.
—Y, ¿cómo podemos ganar energía?
—Hay unas cuantas maneras de conseguirlo, pero usaremos la más rápida:
montaremos en un acelerador de partículas.
— ¡Un acelerador de partículas! — exclamó Niko—. ¿Y de dónde lo sacaremos?
—Hay uno justo aquí: el Gran Colisionador de Partículas. En vuestro mundo los
científicos tienen uno casi igual que éste; se llama LHC y está en el CERN, el
Centro Europeo de Investigación Nuclear. Vuestros científicos lo usan para reproducir
los instantes iniciales del universo: el Big Bang.
— ¿La explosión que vimos cuando abrí esa caja tan blanca?
— ¡Exacto! —dijo Eldwen—. Lo que ocurre es que los humanos no tenéis cajas de
regalo con el origen del universo, así que vuestra alternativa es construir
aceleradores de partículas. ¿Quieres saber de qué se trata? Mira detrás de
ti...
Niko se giró y vio, extrañado, una caseta de madera. ¡Habría jurado que la
noche anterior no estaba allí! La construcción era tan pequeña que dentro
apenas cabían tres personas de pie.
En la puerta había un letrero con el aviso:
Acceso
alternativo al acelerador de partículas cuidado con los imanes
superconductores!
Peligro mortal
Asustados
con aquella advertencia, los chicos apagaron el fuego antes de dirigirse a la
caseta con Quiona, que les dio un grueso abrigo a cada uno. —Uf, hace mucho
calor para llevar esto —protestó Niko.
—Eso te parece ahora, pero en el acelerador hará frío: ¡estaremos a 271 grados
bajo cero!
Aquella explicación bastó para convencer a Niko, que se puso el abrigo sin
rechistar. Al mirar de nuevo la casita de madera, comentó extrañado: —Pensaba
que un Gran Colisionador sería algo enorme. Está claro que me equivocaba.
—¡Por supuesto que es enorme! Aquí dentro no está el acelerador —le aclaró
Eldwen—, esto es sólo una puerta de acceso. Bajaremos a un túnel circular
enterrado a cien metros bajo tierra.
El acelerador tiene veintisiete kilómetros de circunferencia, así que
¡imagínate si es grande!
El hada abrió la puerta de madera. En ella había un pequeño descapotable igual
que los autos de choque de las ferias.
—Abrochaos bien el cinturón —les advirtió Quiona—. ¡Allí abajo iremos casi a la
velocidad de la luz!
Dicho esto, manipuló los botones del cuadro de mandos y el vehículo descendió
rápidamente, como si bajase por un ascensor.
Tras una caída hacia las profundidades que parecía no tener fin, llegaron a un
estrecho túnel circular. En ese momento, el auto de choque salió disparado a
gran velocidad.
Niko vio a su alrededor otras partículas que circulaban frenéticamente, como
ellos, dentro del túnel. —Son PROTONES —explicó Quiona—. Unas de las partículas
que forman los núcleos atómicos. Aquí los aceleran a una velocidad cercana a la
de la luz para aumentar su energía. Al movernos tan rápido, nosotros también
estamos ganando energía. Imagínate si vamos rápido que cada segundo damos
11.000 vueltas a este acelerador. ¿Te estás mareando?
Niko calló. No quería ni pensar en las vueltas que daban para no marearse. —Así
es como los científicos estudian las partículas fundamentales —prosiguió
Eldwen—. Aumentan su energía haciéndolas ir cada vez más rápido y luego las
hacen chocar entre sí. ¿Te acuerdas de lo que te explicamos en casa? Los
protones están construidos de quarks, que son partículas fundamentales.
—Entonces,
al chocar los protones entre sí se desmontan y obtenemos quarks, ¿verdad? —dijo
Niko al recordar la imagen que se había hecho de las muñecas rusas.
—No sólo aparecen los quarks que forman los protones —interrumpió el hada—,
¡ésa es la gracia! En estas colisiones se forman muchas más partículas de
nombres divertidos: muones, neutrinos tau, el Bosson de Higgs...—No entiendo
—dijo Niko—. Si haces chocar dos protones, que están hechos de quarks, lo único
que puede salir de ahí son los quarks que forman los protones. ¿De dónde surgen
todos los demás, Quiona?
—Pues gracias a la famosa ecuación de Albert Einstein:
E =
mc2
La
energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado.[4] En estas
colisiones aparecen nuevas partículas, porque la masa se puede convertir en
energía, como sucede con las bombas atómicas, pero la energía también se puede
convertir en masa. Piénsalo; en el acelerador, las partículas ganan energía y
esa energía se usa para crear partículas nuevas. Es como si hicieses chocar dos
platos entre sí y, además de obtener trozos de porcelana, aparecieran cucharas,
tenedores y toda la cubertería entera. ¡Atómico! ¿Verdad?
Justo entonces vieron un grupo de protones que se acercaba a ellos en sentido
opuesto y a gran velocidad. Algunos de los que circulaban a su lado chocaron
con los que iban en sentido contrario.
¡Se habían salvado de milagro!
Los choques eran formidables. Salían disparadas un gran número de partículas en
todas direcciones. Niko reconoció muchos de los personajes que había visto en
el cuadro de partículas de casa del elfo: electrones, muones, neutrinos y todo
tipo de quarks. El espectáculo era fascinante, pero una idea empezó a
preocuparle:
—Chicos, esta vez nos hemos librado por los pelos... Pero ¿qué pasará si
chocamos de pleno con otro grupo de protones?
—¡Colisión! —exclamó entusiasmada Quiona—. ¿De qué otro modo pretendías salir
del acelerador?
— ¿Qué? ¡No fastidies! Esto no me parece nada atómico.
—Eres un miedica. No te dolerá, ¡sólo será un microsegundo!
Niko no estaba muy convencido, ya que el elfo se tapaba los ojos aterrado.
Entendió el motivo: otro grupo de protones se acercaba hacia ellos por el
túnel. También él se cubrió la cabeza con los brazos al darse cuenta de que el
choque era inminente.
Antes de que pudiera sentir dolor, se encontró flotando en el aire fuera del
auto de choque.
Un segundo más tarde estaba sentado en el suelo, sin saber cómo había llegado
hasta allí. Habían aparecido sobre una ladera.
— ¡Esto sí ha sido atómico! —exclamó Quiona entusiasmada.
El elfo, tumbado en el suelo y con cara de estar muy mareado, no parecía tan
contento como el hada. Abrió la boca para decir algo no muy alegre cuando
Quiona le interrumpió para informarles:
— ¿Veis aquel montículo? Es el centro del laberinto.
Capítulo 19
El camino de la verdad
A lo
lejos se veía la cima de una montaña. Parecía tan pequeña que en menos de una
hora habrían podido llegar de no haber un vasto laberinto de setos y muros
entre ellos y aquella cumbre.
Los caminos giraban y se retorcían formando estrambóticos dibujos. No había
pistas que les permitiesen intuir cuál era la dirección correcta
—Va a ser difícil —suspiró Niko—. ¡Esto es un tremendo lío!
—No te preocupes —lo animó el hada—. Recuerdo algunos atajos. ¡Vamos allá!
Sin perder ni un segundo, los tres amigos se adentraron en el laberinto. Quiona
los guiaba mientras avanzaba rápida y confiada entre los estrechos pasillos que
formaban los altos setos. A pesar de que el hada iluminaba con la tenue luz de
su varita las partes más oscuras del laberinto, Niko sentía cómo las paredes se
estrechaban y amenazaban con aplastarles.
Cansado de correr, Eldwen se detuvo a coger aliento.
—
¡En esta parte del laberinto no podemos pararnos! —le advirtió el hada.
De repente, Niko descubrió que su claustrofobia no estaba causada por las
sombras. Las paredes realmente se movían al pasar y el laberinto cambiaba
constantemente mientras trataban de alcanzar el centro.
—¡Esta parte del laberinto está viva! —gritó ella sin dejar de correr—. Se
transforma todo el rato.
—Entonces, ¿cómo sabes qué camino hay que seguir? —preguntó desconfiado el
elfo.
—Aquí sólo sirve la intuición... y una varita de hada. ¡Estáis de suerte,
amigos!
Quiona no perdía su buen humor mientras los chicos se dejaban guiar por ella
sin rechistar. Izquierda, derecha, de nuevo izquierda. El laberinto parecía no
tener fin y las paredes cada vez se movían más rápido, como si maliciosamente
quisieran impedir su llegada al centro.
El hada se detuvo en una encrucijada. Sólo tardó un segundo en decidir el
camino a tomar, pero bastó para que una de las paredes aprisionase al elfo.
—¡Eldwen, tienes que tunelear! —le gritó ella.
—Sabéis que no es lo mío... —resopló.
Esta vez Eldwen consiguió atravesar el seto a la primera, aunque no salió ileso
de la hazaña. Las reúnas habían desgarrado su camiseta y había recibido algunos
arañazos.
— ¡Eso ha sido atómico! Prometo no reírme nunca más de tu estilo de tunelear.
Ahora seguidme, ¡estamos a punto de pasar al siguiente nivel! A unos veinte
metros de distancia, la claridad anunciaba la salida de aquella parte del
laberinto. Corrieron al límite de sus fuerzas para no acabar aplastados por los
setos.
Desembocaron en una pequeña plaza de forma circular. En el centro había una
gran fuente de la que manaba agua multicolor.
A Niko le vino a la memoria la Fontana di Trevi, donde había lanzado una moneda
el verano pasado durante un viaje a Roma con sus padres. Pero en aquella
fuente, en lugar de Neptuno domando a los caballos de mar, unas imponentes
estatuas observaban cómo el agua brotaba de un planeta Tierra en miniatura.
—¿Quiénes son los de las estatuas, Eldwen? —Son iniciados. Humanos que han
recorrido el laberinto y han conseguido llegar a Shambla.
—El del medio es Eratóstenes —prosiguió Quiona—. Vivió hace más de dos mil años
y fue uno de los guardianes de la Biblioteca de Alejandría. Los de la izquierda
son
JULIO
VERNE,
MENDELEYEV
Y
NEWTON.
Detrás
de ellos tienes la estatua de
HIPATIA
que
dirigía la escuela de Alejandría.
— ¿Y todos han estado en el mundo cuántico?
—Algunos de ellos sólo han venido a través de los sueños —explicó el elfo—. Es
una de las vías que tenemos para contactar con vosotros, los humanos. Aunque
con lo estricto que se han puesto los del CIC en lo que respecta a contactos
con humanos, mejor que no te pillen haciéndolo.
«A mi no me importaría soñar cada noche con Quiona...», pensó Niko. Más allá de
la fuente, un pequeño arco de piedra indicaba la entrada al segundo nivel del
laberinto.
Quiona se detuvo bajo el arco. Tenía el ceño fruncido y la mirada perdida hacia
los muros de piedra. Niko le puso la mano sobre el hombro y le preguntó:
— ¿Qué ocurre?
—No consigo intuir qué camino hay que seguir —confesó el hada con
preocupación—. Lo siento, ¡estamos perdidos!
—Al menos este laberinto no está vivo ¿verdad? —dijo el elfo—. Entremos de una
vez.
Sin saber adónde iban, los tres amigos se internaron por pasillos y más
pasillos del laberinto de piedra. Dos veces se encontraron con callejones sin
salida, y tuvieron que volver sobre sus pasos en más de una ocasión. Niko tuvo
nuevamente la sensación de que alguien o algo los estaba siguiendo. Se detuvo
para mirar atrás, y los demás hicieron lo mismo.
De
nuevo aquel gato había aparecido de la nada.
Los
miró con sus ojos perspicaces y, una vez seguro de que todos lo habían visto,
se adentró en el laberinto.
Niko no dudó ni un segundo y gritó a sus amigos:
—¡Sigámoslo! El gato de Schrödinger los guió entre los caminos de piedra hasta
una salida. Allí el animal se detuvo frente a una bifurcación de dos senderos y
desapareció. Un caballero enfundado en una armadura de hierro custodiaba la
encrucijada.
A su lado, había un menhir con la siguiente inscripción:
ESTE
CRUCE SEPARA DOS CAMINOS CON DESTINOS OPUESTOS. UNO DE ELLOS ES EL DE LA
MENTIRA; DIRIGE A QUIENES LO RECORREN A LAS PROFUNDIDADES DEL LABERINTO Y NUNCA
MÁS PODRÁN SALIR DE ÉL. UNA MUERTE HORRIBLE ESPERA A LOS DESAFORTUNADOS QUE
ESCOJAN ESTA SENDA. EL OTRO ES EL CAMINO DE LA VERDAD; Y LLEVA AL QUE LO
RECORRE HASTA LA PUERTA DE SHAMBLA, LA ÚNICA VÍA PARA SALIR VIVO DEL MUNDO
CUÁNTICO.
DOS GUARDIANES HACEN TURNOS PARA A CUSTODIAR LA ENCRUCIJADA. UNO DE ELLOS VIENE
DEL CAMINO DE LA MENTIRA Y, POR LO TANTO, SIEMPRE MIENTE. EL OTRO VIENE DEL
CAMINO DE LA VERDAD Y SIEMPRE DICE LA VERDAD. A SIMPLE VISTA NO HAY MANERA DE
RECONOCER CUÁL DE LOS DOS GUARDIANES TIENES DELANTE: ¿SERÁ EL DEL CAMINO DÉLA
VERDAD O EL DE LA MENTIRA? PENSAD BIEN LO QUE VAIS A PREGUNTAR, PUES SÓLO
TENÉIS UNA OPORTUNIDAD PARA QUE EL GUARDIÁN OS INDIQUE EL CAMINO CORRECTO.
Los tres se habían quedado mudos, sobrecogidos ante las consecuencias de errar
el camino. Quiona fue la primera en romper el silencio:
—¿Alguna idea? —Existe una tercera opción —dijo el elfo—. No tenemos por qué
escoger un camino u otro. Podemos crear una superposición e ir por los dos
caminos al mismo tiempo.
—No podemos hacer eso —repuso el hada—. Uno de los caminos lleva a la vida y el
otro a la muerte. Si entramos en superposición, estaríamos vivos y muertos a la
vez, igual que el gato de Schrödinger en su caja. Niko quedaría atrapado en el
mundo cuántico y no podría volver a su mundo.
— ¡Ya tengo la solución! — exclamó el aludido, que no dudó en dirigirse al
guardián—. ¿Podrías indicarme el camino del que vienes?
El guardián sonrió y le señaló el camino de la derecha. Niko anunció a sus
amigos con satisfacción:
—Ya está, es así de fácil: el camino de la verdad es el de la derecha. ¡Vamos!
—Un momento —interrumpió el elfo—. ¿Cómo puedes estar seguro de que el guardián
no te ha mentido? Éste podría ser el camino de la mentira que nos lleva a una
muerte segura.
—No temáis, porque yo no le he preguntado por el camino de la verdad. Le he
pedido que me indique el camino del que viene. Si viene del camino de la
mentira, nos indicará el camino de la verdad, pues él siempre miente. Y si es
el guardián que dice la verdad, nos indicará su camino, que es el correcto. Así
pues, tanto uno como el otro nos indican el camino que lleva a Shambla.
— ¡Brillante! —exclamó Quiona—. Aprendes más rápido de lo que imaginaba. Acto
seguido le plantó un sonoro beso en la mejilla. Niko estaba más satisfecho con
el inesperado premio que de salir con vida de aquella encrucijada.
—Hasta que no lleguemos a Shambla yo no cantaría victoria —dijo el elfo,
prudente—. No sabemos lo que nos espera hasta llegar al centro del laberinto.
Ninguno de ellos podía imaginar que el peligro los seguía tan de cerca...
El
camino de la verdad subía por la pequeña montaña que habían visto desde la
entrada del laberinto.
El sendero se adentraba en los terrenos de un bosque. A los lados sólo podían
verse troncos de distintos árboles cubiertos de musgo.
Niko estaba satisfecho. Habían conseguido superar todas las pruebas y sólo les
faltaba un nivel para llegar a la meta. Para ello tenían que enfrentarse a una
encrucijada final de tres caminos.
Aunque había una señal clavada en un poste de madera, no era de mucha ayuda.
Tres flechas indicaban las direcciones de los distintos caminos, pero en todas
ellas había exactamente la misma información: SHAMBLA.
—¡Qué señal más inútil! —se quejó Niko—. ¿Cuál de estos caminos habrá que
tomar?
—No tengo ni idea —dijo Quiona—. Pero estamos muy cerca del centro del
laberinto, así que podemos recorrer los tres. Si no encontramos la puerta en el
primero, tenemos tiempo de volver hasta el cruce y explorar los otros dos hasta
dar con ésta.
De repente, Eldwen empezó a temblar mientras señalaba la parte baja de la
montaña. Se había quedado pálido de miedo y sin habla. Quiona y Niko cesaron su
charla y miraron horrorizados lo que les mostraba el elfo.
Tres sombras amenazadoras se adentraban en el laberinto de piedra y corrían
hacia ellos. —¡Espectros negros! —exclamó Quiona aterrada—. Nos alcanzarán
enseguida... No habrá tiempo de rectificar si nos equivocamos de camino. Una
vez tomemos un sendero, ¡no podremos volver atrás o nos atraparán!
Niko añadió angustiado:
—¡Pero ninguna pista nos indica cuál es el camino correcto!
Eldwen, que al parecer había recuperado el habla, declaró:
—Esta vez no hay otra alternativa. Quiona, tienes que crear una superposición.
Debemos ir por los tres caminos al mismo tiempo.
—Sólo Niko puede recorrerlos todos a la vez. Yo iré con él por el camino de la
derecha. Tú, Eldwen, lo acompañarás por el camino de la izquierda. Niko, nadie
te acompañará por el camino del medio.
Dicho esto, el hada levantó su varita, de la que surgió un poderoso resplandor.
En un abrir y cerrar de ojos Niko se había triplicado. La sensación era muy
extraña. Más aún que teleportarse o bailar en la pista de la incertidumbre de
Heisenberg.
Quiona
tomó la mano de uno de los Nikos y se despidió de los otros dos dándoles sus
últimas instrucciones:
—Eldwen, si ves que Niko se desintegra, agárrale fuerte por el brazo. Si he
hecho bien el hechizo de superposición, en cuanto se colapse, podrás aparecer y
desaparecer con él. ¡Suerte, amigos!
Acto seguido, tomaron el camino de la izquierda. Eldwen miró a uno de los dos
Nikos que quedaban y le dijo:
—A nosotros nos toca este camino. ¡Vamos allá! De ese modo los tres amigos,
ahora convertidos en cinco, se separaron.
EL
CAMINO DE LA DERECHA
Niko
y Quiona recorrieron a toda prisa su sendero. Avanzaban entre los árboles,
evitando tropezar con sus raíces, que se enredaban y retorcían dificultándoles
el paso. A medida que se adentraban en el sendero, los árboles se hacían más
altos, espesos y oscuros. No se oía nada, pero ambos tenían la incómoda
sensación de que los espectros les pisaban los talones. Se encontraron echando
rápidas miradas hacia atrás, esperando un ataque repentino. El sendero
desaparecía al llegar a la pared de una escarpada montaña. No había manera de
treparla ni de rodearla. El camino moría allí. En la pared leyeron una
inscripción gigantesca:
La
luz es una onda
—¿Qué
significa esta inscripción? —preguntó Niko a su hada.
—Hace referencia a la naturaleza de la luz. Una onda es como los círculos que
se forman cuando tiras una piedra en un lago. En 1801, un físico llamado Thomas
Young demostró que la luz era una onda, como las señales de radio o televisión:
se extienden por todas partes y no pesan.
—Gracias por la clase de física... pero me temo que hemos tomado el camino
incorrecto. Está claro que esta pared no es la entrada a Shambla. Espero que
los demás tengan más suerte, o los espectros negros nos atraparán a todos.
EL
CAMINO DE LA ZQUIERDA
Niko
y Eldwen recorrieron a toda prisa su sendero. Avanzaban entre los árboles,
evitando tropezar con sus raíces, que se enredaban y retorcían dificultándoles
el paso. A medida que se adentraban en el sendero, los árboles se hacían más
altos, espesos y oscuros. No se oía nada, pero ambos tenían la incómoda
sensación de que los espectros les pisaban los talones. Se encontraron echando
rápidas miradas hacia atrás, esperando un ataque repentino. El sendero
desaparecía al llegar a la pared de una escarpada montaña. No había manera de
treparla ni de rodearla. El camino moría allí. En la pared leyeron una
inscripción gigantesca:
La
luz es una partícula
—
¿Qué significa esta inscripción? —preguntó Niko al elfo.
—Hace referencia a la naturaleza de la luz, que está formada por unas
partículas llamadas fotones. Son muy hippies y les encanta ir siempre en grupo,
pero es difícil seguirles el ritmo... ¡Nadie puede ir más rápido que ellos!
—¡Me acuerdo de los fotones! Estaban en el Big Bang que vimos al abrir la caja
del universo por estrenar.
—En 1905, Albert Einstein publicó un trabajo donde explicaba que la luz estaba
formada por pequeñas partículas o cuantos de energía, que después se llamaron
fotones.
—Gracias por la clase de física... pero me temo que hemos tomado el camino
incorrecto. Está claro que esta pared no es la entrada a Shambla. Espero que
los demás tengan más suerte, o los espectros negros nos atraparán a todos.
EL
CAMINO DEL MEDIO
Niko
recorrió a toda prisa su sendero. Avanzaba entre los árboles, evitando tropezar
con sus raíces, que se enredaban y retorcían dificultándole el paso. A medida
que se adentraba en el sendero, los árboles se hacían más altos, espesos y
oscuros. No se oía nada, pero tenía la incómoda sensación de que los espectros
le pisaban los talones. Se encontró echando rápidas miradas hacia atrás,
esperando un ataque repentino. El sendero desaparecía al llegar a la pared de
una escarpada montaña. No había manera de treparla ni de rodearla. El camino
moría allí. En la pared leyó una inscripción gigantesca:
¿Qué
es la luz?
Niko
estaba aterrado. Si no encontraba la respuesta correcta él y sus amigos estaban
condenados. Serían prisioneros de los espectros negros hasta el final de sus
días. Sabía que todo dependía de él.
Antes de que pudiera buscar una respuesta, dos voces que conocía bien sonaron a
la vez en su mente.
Por un lado distinguió la voz de Quiona, que afirmaba: «La luz es una onda».
Por el otro, el elfo aseguró con tono profesoral: «La luz es una partícula».
Fue así como Niko supo lo que debía contestar. Alzó la voz, como si quien había
escrito aquella pregunta fuera un genio situado en lo alto de la cumbre.
— ¡La luz es una onda y una partícula a la vez! Justo entonces, la montaña se
abrió con gran estruendo, descubriendo al otro lado un jardín que deslumbró a
Niko con su belleza radiante.
Niko
se sorprendió al encontrar a sus dos amigos a su lado. Quiona le agarraba la
mano izquierda y Eldwen se apoyaba en su hombro. La alegría de tenerlos de
nuevo con él consiguió que apartase los ojos de aquel precioso valle. Los tres
amigos se dieron un fuerte abrazo. Lo habían conseguido. Estaban en Shambla.
— ¿Cómo habéis llegado hasta aquí? —preguntó Niko.
—Cuando comprendiste que la luz es una onda y también una partícula, la
superposición terminó —dijo ella—. Por supuesto, hice tan bien el hechizo que,
sólo con tocarte, aparecimos a tu lado.
Unas escaleras excavadas en las rocas descendían hacia aquel maravilloso
jardín.
—Así que, ¿esto es Shambla? —preguntó el elfo satisfecho.
—¡Exacto! —dijo Quiona mientras bajaba por las escaleras. Los dos chicos
decidieron seguir los pasos de su amiga. Pero al llegar al jardín, una voz tras
ellos les dejó paralizados:
—¡No escaparéis tan fácilmente!
Un elfo delgado y malhumorado les pisaba los talones. Los tres amigos le
reconocieron al instante.
—¡Anred! —exclamaron Quiona y Eldwen al unísono.
—No permitiré que Niko vuelva a atravesar la puerta de los tres cerrojos. ¿Es
que no os dais cuenta, insensatos? Los seres humanos son egoístas y peligrosos.
Si siguen como hasta ahora, en pocos años acabarán destruyéndose. Y si se lo
permitimos, andarán a sus anchas por nuestro mundo, y cuando hayan aprendido el
poder que tienen en su interior, acabarán devastándolo todo.
Acto seguido, levantó los brazos y murmuró unas extrañas palabras. A su
espalda, apareció una de las figuras de las que habían estado escapando en el
laberinto.
—¡Ha invocado a un espectro negro! —exclamó aterrada el hada—. No podemos
permitir que lleguen al pueblo de Shambla. Lo arrasarán todo. A lo lejos, al
final de los jardines, se podía ver el poblado. Niko observó con tristeza a sus
amigos.
Entonces entendió que no había otra alternativa
— ¡Huid! Anred me quiere a mí, no irá por vosotros. Retendré al agujero negro,
y os daré tiempo para que os pongáis a salvo.
Quiona le tomó de la mano:
—Ni lo sueñes, no pienso dejarte aquí solo. ¿Qué parte de «nada puede escapar
de un espectro negro» no entendiste? Eldwen, corre lo más rápido que puedas y
alerta a los ancianos. Ellos son los únicos que pueden ayudarnos.
El elfo inició la carrera en busca de auxilio.
Niko se adelantó para proteger al hada con su cuerpo. Mientras, la figura
fantasmagórica se acercaba amenazadoramente a la pareja. Pudo recordar las
explicaciones de Quiona sobre aquellos seres: En cuanto les quisiese atrapar,
su atracción gravitatoria sería tan grande que les estiraría como si fuesen
chicle, quedando atrapados de por vida en su interior. Tan sólo había una
pequeña posibilidad, una mínima opción, y nadie lo había conseguido antes.
Había tenido una idea. Sin pensarlo dos veces apretó a correr con todas sus
fuerzas. Directo a las entrañas de aquel monstruo.
El hada soltó un grito de terror al verle.
Niko sintió dolor en todo su cuerpo. Como si mil caballos tirasen de él en
todas direcciones. Pero ese dolor tan sólo duró unos segundos. Lo consiguió:
había tundeado aquel espectro negro.
El monstruo se quedó desconcertado. Por unos momentos se tambaleó y pareció que
iba a desplomarse al suelo. Sin embargo, recobró el equilibrio, y reinició el
ataque.
Por segunda vez, Niko se preparó para volver a atravesarle. En esa ocasión no
fue tan afortunado. De nuevo el dolor inundó su cuerpo. Había perdido la noción
del tiempo. Quizá incluso la consciencia. Todo estaba perdido. No podía decir
si había pasado un segundo o una hora cuando sintió cómo una cálida mano le
atrapaba y tiraba de él hacia el exterior. Disparado fuera de aquél monstruo,
Niko cayó de bruces al suelo.
El Maestro Zen-0 se alzaba majestuosamente frente a ellos. Levantó los brazos y
una luz cegadora engulló totalmente al espectro negro.
Quiona se arrodilló al lado de Niko y le tomo el brazo. Lo tenía totalmente
ensangrentado. El hada alzó su varita. Una suave luz verde se extendió por su
brazo mientras curaba todas sus heridas
—Gracias —le dijo él.
—Ahora ya no tengo ninguna duda: eres el humano que buscaba —dijo la chica—. No
te das cuenta ¿verdad? Nadie antes había conseguido tunelear a esos seres.
Entonces el hada recordó que no había uno, sino tres espectros negros
acechándoles en el laberinto, y así se lo contó al Maestro.
—No os preocupéis por esas criaturas. Gracias a vosotros se han acercado lo
suficiente para que los ancianos pudiesen apresarlas y devolverlas a su lugar
de origen: una galaxia tan lejana que no supone ningún peligro para la
humanidad. Ahora seguidme, hay mucha gente que espera conoceros.
En cuanto empezaron a andar, algo extraño ocurrió. Niko notó cómo a medida que
avanzaban se iban elevando. En unos segundos ya no pisaban el césped de aquel
jardín, sino que levitaban unos centímetros por encima del suelo. Con cada
zancada avanzaban unos metros, como si estuviesen dando pasos de gigante.
Fascinado, Niko descubrió unas pequeñas partículas que se movían rápidamente
bajo sus pies.
—Son los gravitones —le susurró el hada—. Por eso estamos
volando tan rápido. El Maestro Zen-0 sabe controlarlos. Atómico, ¿verdad?
Él asintió con la cabeza, absorto en el maravilloso paisaje que se extendía a
su alrededor. El jardín estaba situado en un amplio valle, protegido por
inmensas montañas. La nieve blanqueaba las cimas. Podía oír el canto de los
pájaros acompañado por el burbujeante ruido de algún río cercano. Una paz
serena se extendía sobre aquellas tierras.
No tardaron en llegar a la entrada de un pueblo, cuyas casas eran ovaladas, en
vez de las típicas cuadradas. Entre ellas había espacio suficiente para que
creciesen hermosas plantas y flores que Niko ni siquiera reconocía. Aquello
hacía de la aldea un lugar luminoso y agradable. A lo lejos vieron a Eldwen
acercarse a toda prisa hacia ellos. El elfo, al verles, exclamó:
— ¡Lo habéis conseguido! Los espectros han desaparecido.
—Gracias al Maestro Zen-O. Por suerte llegaste a tiempo de avisarle —contestó
Niko— Él nos salvó.
—¡Pero Niko estuvo atómico! Tundeó al espectro —añadió entusiasmada Quiona.
El elfo abrió los ojos como platos al escuchar las palabras del hada.
—¿En serio? Eso parece increíble. Aunque, lo cierto es que estás más alto,
amigo mío. Parece ser que pegaste un estirón al atravesarlo.
Los tres amigos se dieron un abrazo entre risas.
En ese momento unas cuantas niñas-hadas los acogieron con gritos de alegría y
los guiaron a toda marcha por la vía principal.
Capítulo 22
Excelente cum laude
La
calle desembocaba en la plaza del pueblo. Allí los esperaba un escenario
curioso: en el centro había un pequeño teatro con un estrado donde se sentaban
cinco personas. Niko pudo reconocer al Director del CIC en uno de los laterales
y a su lado Kronos, el simpático relojero relativista.
Delante del escenario, unos bancos proporcionaban asiento al público que se
había reunido para la celebración.
—Hoy es el día de tu defensa —dijo Zen-0 al hada.
— ¡¿Cómo?! ¿Hoy? —contestó ella llena de pánico—. No puede ser, ¡no he
preparado nada!
Niko no entendía nada, así que le preguntó al elfo, que sonreía a su lado: —
¿Qué defensa? No la acusarán de nada, ¿verdad?
—No es ningún juicio. Éste es el tribunal de su tesis doctoral.
Entonces recordó que Quiona se estaba preparando para doctorarse como hada
cuántica.
—Vaya, entonces hoy es tu gran día... —la animó Niko—.¡Puedes conseguir tus
alas de hada cuántica!
Pero, por primera vez, Quiona estaba aterrada. Ni los espectros negros habían
conseguido quitarle el color a su hermoso rostro.
—Tranquila, estoy seguro de que lo harás genial —la reconfortó Niko—. Eres la
mejor hada de todos los mundos. Quiona miró a su amigo y le dio las gracias. A
continuación subió al escenario poco convencida.
El miembro del tribunal sentado en el centro inició su discurso:
—Estamos aquí reunidos para la defensa de la tesis doctoral de Quiona como hada
cuántica. ¡Que tome la palabra la doctoranda!
El hada miró a sus amigos, que sonreían sentados en la primera fila para
infundirle ánimos.
—Los humanos están preparados para conocer nuestro mundo cuántico. Ahora viven
con la idea de que el universo no es más que una inmensa máquina. Piensan que
no son más que una insignificante pieza y que, hagan lo que hagan, no van a
cambiar nada del mundo que los rodea. Si siguen creyendo esto, sus vidas cada
vez serán más grises. Los niños sacrifican sus sueños llenos de magia y color
para hacer lo que los mayores llaman "madurar". De ese modo se
separan, día a día, los unos de los otros. No son conscientes de que están
todos entrelazados, de que destruir el mundo en el que viven les hace más daño
del que se imaginan. Creen vivir en un universo sin alma. ¡Ni siquiera se dan
cuenta de que las hadas somos reales!
En medio de su discurso, Quiona sonrió a su amigo.
—Pero estos dos días, Niko ha vivido algo totalmente distinto: un mundo lleno
de color y magia. Ahora comprende que el universo está lleno de posibilidades
que existen a la vez: los gatos pueden estar vivos y muertos. Son nuestras
decisiones las que han permitido que estemos aquí sanos y salvos. Nuestras
elecciones definen quienes somos, y no las circunstancias que vivimos o
nuestras habilidades.
Las palabras del hada tenían a Niko hipnotizado. Recordó que el día antes de
empezar su aventura cuántica había sido un desastre. Había sentido que el
universo entero conspiraba contra él. Se había creído víctima de la mala
suerte.
Ahora entendía que cada uno de nosotros es responsable de crear nuestra vida.
—Mi conclusión —terminó Quiona—: No sólo los humanos están preparados para
conocer el mundo cuántico y ampliar su consciencia, sino que dependen de ello
para no acabar autodestruyéndose. Por eso es esencial que Niko destruya el
sello que mantiene a los humanos alejados de nuestro mundo y conocimiento.
Los miembros del tribunal asintieron con la cabeza. Uno de ellos anunció:
—Ahora, si algún doctor presente en la plaza lo desea, puede preguntar a la
aspirante a doctora.
Niko se levantó de su silla. Eldwen lo avisó tirándole del brazo:
—Tú no puedes preguntar nada. ¡Sólo los doctores pueden hacerlo!
Pero Niko no le hizo caso y habló con un tono solemne:
—Miembros del tribunal, ¡Quiona es la mejor hada cuántica de todo el universo!
Se merece ser doctora y obtener sus alas.
Acto seguido, se sentó más colorado que un pimiento con insolación. El hada le
sonreía desde el estrado y el público estalló en aplausos, rompiendo el
protocolo.
—Bien —sonrió el miembro del tribunal—. Después de esta espontánea
intervención, si nadie tiene nada más que añadir, vamos a deliberar la nota
final.
Quiona bajó del escenario y se sentó al lado de sus amigos a la espera del
veredicto. Tan sólo pasaron unos minutos cuando el tribunal hizo volver a subir
al hada al escenario.
—Todos los miembros del jurado, por unanimidad —anunció el portavoz—, hemos
decidido otorgar a Quiona la máxima puntuación que existe: Excelente Cum Laude.
En ese momento, una intensa luz iluminó al hada. Niko se quedó estupefacto al
ver que de su espalda surgían unas hermosas alas.
El público estalló en júbilo y todos aplaudieron hasta que les dolieron las
manos.
El Maestro Zen-0 tomó la palabra:
—Hay un banquete preparado para celebrar el doctorado de Quiona y la hazaña de
nuestros amigos. ¡Estáis todos invitados! Levantando los brazos como un
director de orquesta, Zen-0 hizo que apareciese una enorme mesa alargada con
todo tipo de manjares.
Kronos
y el Director del CIC se acercaron a los tres amigos y se sentaron con ellos
para disfrutar de la merienda.
El relojero se dirigió a Niko:
—Veo que has aprendido mucho desde la última vez que nos vimos. He traído algo
para ti.
Le ofreció un reloj de bolsillo plateado. Tenía unos grabados extraños, con
fórmulas de letras griegas.
— ¡Muchísimas gracias! ¿Es un reloj relativista?
—Este reloj marca las mismas horas que los de tu mundo. Pero hace mucho tiempo
que lo tengo y créeme, es muy especial... ¡Prométeme que lo cuidarás bien!
Kronos alargó su mano y le tendió el reloj añadiendo unas palabras:
—Es momento de grandes cambios en nuestro universo. También se acercan horas
oscuras, y deberás ser fuerte. Cuando todo te parezca perdido, esto te mostrará
el camino.
Niko guardó el reloj en su bolsillo, desencantado de que no fuese uno de los
relojes para no llegar tarde al instituto, pero muy intrigado por las palabras
del relojero.
El Director del CIC se sentó al lado de Eldwen, que le preguntó:
—¿Cómo se encuentra? Irina me contó que había caído gravemente enfermo. ¿Y
ella, está bien?
—Irina está perfectamente, y yo también, gracias. Ella no ha podido venir
conmigo, pues, como sabes, si nunca antes has estado aquí, no puedes
teleportarte a Shambla.
—Y al final, ¿qué ha pasado con Anred? —preguntó el elfo.
—Ha sido detenido por invocar a los espectros negros. Es extraño en él, pues es
uno de nuestros mejores investigadores, pero esta vez se ha pasado de la raya.
—Si lo que le preocupaba era evitar que los humanos entrasen en el mundo
cuántico, ¿no le bastaba con borrarme la memoria y expulsarme de aquí?
—preguntó Niko— ¿Por qué tanto interés en acabar conmigo? —Actuaba a la
desesperada. Por alguna razón que desconozco, él sabía que borrarte la memoria
no sería suficiente para dejar las cosas como estaban antes de que atravesases
la puerta de los tres cerrojos. Tan sólo si no conseguías salir con vida de
aquí, el sello que mantiene separados los dos mundos se restablecería.
Zen-0 se incorporó a la conversación:
—No estoy seguro de que Anred actuase solo. Hay algo extraño en su
comportamiento... y espero que mis sospechas sean erróneas o nos enfrentamos a
algo mucho peor que los espectros negros...
La conversación se interrumpió cuando Quiona los invitó a comer. El Maestro se
despidió de ellos y el hada sirvió a Niko una taza de té radiactivo. Esta vez
no se pudo escaquear vaciando su contenido. Sin respirar, se tomó de un trago
aquel brebaje. Para su sorpresa, ¡el té radiactivo estaba buenísimo! Al
beberlo, estallaba en la boca como si se tratase de peta-zetas y su sabor iba
cambiando de grosellas a menta, pasando por un sinfín de sabores.
Justo entonces sintió que algo se movía entre sus pies:
¡El
gato de Schrödinger había vuelto a aparecer
para unirse a la fiesta!
Por
primera vez, Niko se aventuró a estirar la mano y acariciar el lomo del felino.
—Eh, también te tenemos que dar las gracias a ti. Si no hubieses aparecido en
el laberinto, no habríamos conseguido llegar hasta a Shambla.
El gato ronroneó un par de veces, y Niko le subió a la mesa para que disfrutase
de la merienda con todos los demás. Después de comer un pedazo de tarta salada,
volvió a esfumarse.
El Maestro Zen-0 apareció de nuevo y se dirigió a los tres amigos:
—Ha llegado el momento. Los ancianos están esperando. ¡Seguidme!
Al
final del pueblo se erguía un templo de diez metros de alto y otros tantos de
ancho. Las paredes estaban formadas por bloques de piedra encajados y pequeñas
plantas surgían de sus grietas. En la fachada, unas colosales puertas de hierro
forjado indicaban la entrada al templo.
El Maestro Zen-0 se acercó a ellas y con un leve empujón las abrió, como si no
pesasen nada.
El interior era sorprendentemente cálido. Miles de velas iluminaban la
abovedada estancia, donde nueve ancianos se levantaron de una gran mesa para
dar la bienvenida a los recién llegados.
El más anciano de ellos se acercó ayudándose con un gran bastón de madera. Era
mayor incluso que Zen-O, y sus largos cabellos canosos se confundían con la
túnica blanca. Bajo las pobladas cejas, sus ojos oscuros brillaban dándole el
aspecto de un sabio salido de las antiguas leyendas.
—Os estábamos esperando —dijo mirando directamente a los ojos de Niko—.
Es un honor, después de tanto tiempo, tener a un humano entre nosotros.
Jovencito, en tus manos tienes una gran responsabilidad.
Tragó saliva. No sabía cómo contestar al que parecía ser el más sabio de aquel
lugar lleno de magos y seres fantásticos. Finalmente le preguntó: —Perdone,
¿cuál es exactamente esa responsabilidad?
—Una de las misiones de los ancianos del templo es la de custodiar los textos
sagrados de Shambla. Entre ellos guardamos una antigua leyenda. En ella se dice
que un joven humano, con el arco iris en los ojos, será el encargado de
restablecer el equilibrio entre el mundo clásico y el universo cuántico que
acabas de descubrir.
—Pocos humanos nacen con heterocromía; cada ojo de distinto color —interrumpió
Zen-0 señalando los ojos de Niko—. Cuando te encontré, recordé la leyenda, por
eso te vigilé y más tarde, le encargué a Quiona que contactase contigo.
—La puerta de los tres cerrojos quedó sellada hace miles de años. — prosiguió
el anciano—. La entrada tan sólo podría ser abierta por el joven del que se
hablaba en la leyenda. Un humano con un sincero deseo de comprender el
universo. Un deseo que debe estar libre de codicia y de envidias. Ahora que la
puerta se ha abierto, el conocimiento que se ha guardado aquí durante tantos
años estará al alcance de toda la humanidad. Tú serás el mensajero, y el
responsable de compartir esta sabiduría.
Niko se quedó mudo de la impresión. El hada le propinó un codazo, dándole a
entender que debía contestar al anciano.
—Si cuento en mi mundo lo que me ha ocurrido estos dos días, nadie me creerá.
Tampoco sé si podré explicar las cosas que han pasado aquí... ¡Ni siquiera
estoy seguro de haberlas comprendido!
—Los humanos sois especiales, mucho más de lo que imaginas, amigo mío.
Acompañadme a la torre del templo y os mostraré a qué me refiero. Los tres
amigos siguieron al anciano hasta la parte más alta de aquella construcción.
Desde allí podía verse el inmenso valle de Shambla: el pueblo, los jardines y
más allá los picos nevados de las montañas. —¿Podéis decirme si la Tierra es
redonda o plana? —preguntó el anciano. —La Tierra es redonda —contestó Niko—.
Todo el mundo lo sabe.
—Mira al horizonte. ¿Qué ves? —Muchas montañas por este lado, y por aquí los
jardines y el pueblo.
—Cierto, pero ¿parece la Tierra redonda desde aquí?
—Pues la verdad es que no. Desde aquí parece plana.
—Y sin embargo, no has dudado en contestar que la Tierra es redonda. Lo has
oído tantas veces desde que eras pequeño, que lo aceptas como una verdad. Pero,
¿puedes imaginarte qué pensaría un caballero medieval? Alguien que en una
jornada sólo podía viajar unos pocos kilómetros, que no tenía teléfono ni
manera de comunicarse con personas lejanas... ¿Cómo podía ni siquiera imaginar
que hay puntos de la Tierra donde la luna brillaba de noche, mientras donde él
estaba lucía el sol? ¿Qué crees que pensaría una persona así sobre la Tierra?
—Bueno, un medieval que mirase la Tierra desde una torre como ésta, pensaría
que la Tierra es plana y no redonda.
—¡Exacto! Para ese caballero, la realidad era muy diferente de la tuya. Lo que
acabas de vivir en nuestro mundo sucede cuando te mueves a la velocidad de la
luz, o bien cuando puedes ver los átomos y las partículas elementales. Es
decir, cuando te mueves rapidísimo o miras las cosas más pequeñas del universo.
En tu vida diaria nunca te mueves a esas velocidades, ni tu ojo te permite ver
cosas tan pequeñas como los átomos. Por eso te resulta tan extraño lo que
sucede aquí: desapareciendo cada dos por tres, tundeando o entrando en
superposiciones.
El anciano se aclaró la voz antes de concluir:
—Al
no vivir estas experiencias, los humanos no tenéis consciencia de lo que ocurre
en el mundo cuántico. Pero, aunque no las puedas ver, todas estas cosas existen
y puedes reflexionar sobre ellas. Y exactamente igual que ahora no dudas que la
Tierra sea redonda, llegará un día en el mundo cuántico te parecerá algo
normal. Incluso llegareis a tener máquinas teleportadoras y mucha otra
tecnología cuántica que has visto en nuestro mundo.
— ¡Eso sería atómico! —exclamó Niko—. Lo que sabéis hacer aquí es mágico.
Zen-0 interrumpió en ese momento la conversación.
—Has de tener algo en cuenta, Niko. Más importante que las cosas que has visto,
más incluso que el conocimiento y la tecnología del mundo cuántico, es saber
hacerse las preguntas correctas. Eso es lo que ha permitido evolucionar a la
ciencia y a los seres humanos. De ese modo desarrollarás tu inteligencia
cuántica.
— ¿Inteligencia cuántica?—Es algo que has ejercitado mucho desde
que has llegado. La inteligencia cuántica te ayuda a encontrar respuestas a
preguntas que parecen imposibles. Para eso hay que pensar de manera distinta a
como ves las cosas normalmente. Como decía San Juan de la Cruz:
«Para
ir a donde no se sabe, hay
que ir por donde no se sabe.»
—Igual
que los enigmas de Quiona —dijo Niko sonriendo a su hada.
— ¡Exacto! —dijo ella orgullosa—. Estos enigmas nunca se resuelven siguiendo la
lógica normal. Simplemente, hay que cambiar de perspectiva.
Niko recordó la frase que su hada y Eldwen proyectaron la mañana anterior en el
techo de su habitación:
Si
quieres que sucedan cosas diferentes,
deja de hacer siempre lo mismo
Aquella
frase no se refería sólo a una manera de hacer, sino también a un modo de
pensar.
—La puerta está a tu alcance de nuevo —interrumpió entonces el anciano—.
Bajemos, los otros ancianos nos esperan.
Los
ancianos formaban un círculo agarrados de las manos. En el centro se había
creado algo parecido a un gran espejo.
Siguiendo las indicaciones de Zen-O, se acercaron a ellos y Niko descubrió que
no se trataba de un espejo normal, pues no los reflejaba a ellos. Allí estaba
de nuevo: la puerta de los tres cerrojos.
Al otro lado encontraría la calle donde estaba su casa. Pensó en sus padres:
hacía dos días que no sabían nada de él y debían de estar muy enfadados.
Aquello le preocupó.
—Esto sí que es un adiós definitivo. Mis padres me matarán cuando vuelva a casa
—anunció repentinamente a sus amigos—. Llevo dos días fuera y sin avisar.
Estarán histéricos y... ¡a ver qué excusa les pongo!
— ¡Tranquilo!—dijo Eldwen—. Eso no va a ser un problema.
El elfo abrió la mochila que había cargado desde la visita a la Relojería
Relativa. Sacó de dentro un hermoso reloj. Su aguja segundera se movía tan
despacio que parecía parada.
—Kronos nos dejó uno de sus juguetes —le aclaró el hada—. En tu mundo sólo han
pasado diez minutos. Si te das prisa, aún llegarás a la primera clase del
instituto. Nadie sabrá que has estado tanto tiempo en nuestro mundo.
— ¡Atómico! —dijo de repente más animado—. ¿Puedo llevarme uno de éstos a casa?
— ¡Ni hablar! —se escandalizó ella—. Kronos nos mataría. Ya sabes que se toma
muy en serio esto del tiempo.
Zen-0 le tendió entonces la mano y concluyó:
—Niko, ha llegado la hora de la despedida. Debes volver a tu mundo.
Al oír las palabras del Maestro se le hizo un nudo en la garganta. En ese
momento comprendió que debía separarse de sus nuevos amigos sin saber si les
volvería a ver.
El elfo le dio un rápido abrazo. No se esforzó en disimular la tristeza que
sentía.
—No olvides jamás lo que has vivido con nosotros —le dijo apesadumbrado.
—Claro que no, Eldwen. Y tú recuerda lo que hablamos sobre Irina...
—añadió para romper la seriedad de la despedida—. ¡Atrévete a decirle lo que
sientes por ella!
Al terminar esas palabras, el hada se echó en sus brazos y ambos se fundieron
en un fuerte abrazo.
—Te echaré de menos, Quiona.
Escondiendo unas lágrimas que rodaban por sus mejillas, el hada le
contestó:
—Yo también, pero recuerda: seguimos entrelazados...
— ¿Volveré a verte? —preguntó Niko emocionado.
—Por supuesto. Ahora las puertas han quedado abiertas a todos. No vas a
librarte de mí tan fácilmente. Además, ya te lo dije, tengo que ayudarte a
cumplir tu misión.
Niko, extrañado, iba a preguntar a qué se refería. Pero el hada se avanzó,
sellando sus labios con un dulce beso de despedida.
Apenado, pero con la esperanza de ver de nuevo a sus amigos, Niko suspiró antes
de abrir la puerta y cruzarla.
De repente estaba en su calle. A su espalda debía de estar aquella casa vieja y
abandonada. Y justo detrás, la puerta de los tres cerrojos.
Se volvió para contemplarla de nuevo. Pero ya no estaba allí.
La casa había desaparecido.
En su lugar, encontró un muro con un póster que anunciaba un nuevo coche
eléctrico.
Niko reclinó su espalda contra la pared. ¿Acaso lo había imaginado todo?
Entonces se dio cuenta de que le faltaba algo. No llevaba su vieja mochila
llena de libros del instituto. ¡La había dejado en casa de los padres de
Eldwen, estaba convencido! O quizá alguien se la había robado mientras
soñaba...
Volvió a dudar. Lo que había vivido no podía ser real.
Súbitamente, su mirada se posó en el suelo y dio un respingo.
A su lado, apoyada en la pared, estaba su vieja mochila.
Encima había una nota. Alguien había escrito un mensaje con una caligrafía
perfecta:
Niko
dobló la nota y la apretó con fuerza entre sus manos.
Al guardarla, notó algo pesado en su bolsillo. ¡Allí estaba el reloj que Kronos
le había regalado! Todo aquello era la prueba definitiva de que no había sido
un sueño. Su hada existía y era de carne y hueso, o, como ella diría, de quarks
y electrones.
Mientras caminaba hacia el instituto, se fijó en las nubes de final de otoño,
que filtraban los rayos dorados del sol. Sintió la brisa fresca en su rostro y
un lejano canto de pájaro le hizo pensar en el último enigma de Quiona.
Hasta entonces no se había dado cuenta.
Entendió que, más allá de la materia, de los átomos, protones y quarks, esa
fuerza fundamental vivía en todas partes, en lo más pequeño y en lo más grande,
y era...
Niko esbozó una amplia sonrisa. Había resuelto aquel último enigma.
Diccionario para estudiantes aventajados
Aceleración: Nos
dice cómo varía la velocidad en un tiempo determinado. Para los físicos, la
aceleración puede ser tanto ir cada vez más rápido como ir cada vez más
despacio. Prácticamente nunca hablamos de frenar, sino de aceleración
negativa.
Acelerador de partículas: Es la máquina que los físicos utilizan para
estudiar las partículas atómicas y subatómicas. En los aceleradores de altas
energías, las partículas se aceleran hasta alcanzar velocidades muy altas (y,
por tanto, energías también muy altas). Hay dos tipos de aceleradores de altas
energías: lineales (como el de SLAC, Stanford Linear Accelerator) o circulares
(como el LHC del CERN, Centro Europeo de Investigación Nuclear, o los del
Fermilab). En los aceleradores circulares dos haces de partículas se aceleran
en sentido contrario para hacerlos colisionar. En los puntos donde chocan los
haces hay unos enormes detectores que analizan y registran todas y cada una de
las partículas que aparecen en la colisión. No sólo hay aceleradores de
partículas en los grandes laboratorios. También en casa tenemos algunos: los
viejos televisores y los monitores de ordenador (los que eran muy gordotes)
usaban tubos de rayos catódicos, que son aceleradores de partículas en
miniatura.
Agujero negro: Es una zona del espacio donde la gravedad es tan
fuerte que ni siquiera la luz puede escapar de ella. Puesto que nada puede
viajar más rápido que la luz, nada sale de ellos. Los agujeros negros se forman
cuando mucha masa se concentra en una zona muy pequeña. Este proceso puede
ocurrir de varias formas. Una de ellas es cuando una estrella agota su
combustible y se estruja hasta que sólo mide unos pocos kilómetros de diámetro.
Siempre se había pensado que nada puede salir de los agujeros negros, pero
recientemente se ha descubierto que quizá no sea así. Una nueva teoría dice que
éstos van soltando muy lentamente unas partículas llamadas radiación de
Hawking. Esta radiación hace que los agujeros negros acaben desapareciendo.
Pero la sueltan tan despacio que debe pasar mucho, pero mucho tiempo antes de
que se consuma el agujero negro. Así, quizá no sean las prisiones eternas del
universo, pero es mejor que no te acerques a uno de ellos si no quieres que te
salgan canas esperando a que te libere.
Antimateria: Está formada por antipartículas, del mismo modo que la
materia está formada por partículas. El porqué ganó la materia a la antimateria
en el inicio del universo es uno de los misterios que aún no sabemos explicar.
El físico teórico Paul Dirac predijo la existencia de la antimateria en 1928.
Pero no se creó en un laboratorio hasta 1965, hazaña que se realizó en el CERN
y en el Laboratorio Nacional de Brookhaven. No se produce antimateria en
grandes cantidades, pues es la sustancia más cara del mundo. Si quieres comprar
un miligramo de antimateria, tienes que ahorrar unos 60.000 millones de
dólares. A pesar de ser tan cara, podría tener muchos beneficios: algunos
estudios sugieren que
puede ser útil para destruir tejidos cancerosos. Aunque el mayor interés de la
industria es usarla como combustible (¡o como arma!), puesto que cuando se
destruye la materia con la antimateria se genera muchísima energía (según la
ecuación de Einstein E=mc2). Se cree que sólo necesitaríamos 10
miligramos de antimateria para hacer llegar una nave a Marte.
Antipartícula: Para cada partícula existe una antipartícula, que
tiene exactamente la misma masa pero todas las cargas de signo opuesto. Algunas
partículas de carga neutra (es decir, que no tienen carga) son iguales que sus
antipartículas (como el fotón). Por ejemplo, la antipartícula de un electrón es
una partícula de carga eléctrica positiva llamada positrón. En 1932, Cari D.
Anderson encontró el positrón en unas colisiones de rayos cósmicos en cámaras
de niebla (detectores de partículas). Las partículas y las antipartículas
pueden aniquilarse entre ellas, si se encuentran, y producir otras
partículas.
Antiquark: La antipartícula de un quark (véase quark más
adelante).
Átomo: Hacia 1900 se pensaba que los átomos eran las partículas más
pequeñas que formaban la materia. Sin embargo, ahora sabemos que no es así. Los
átomos tienen un núcleo de carga positiva (formado por protones y neutrones,
que a la vez están compuestos por quarks) alrededor del cual se encuentran
nubes de electrones (de carga negativa). En 1808, Dalton explicó que los átomos
eran unas bolitas esféricas que no se podían dividir en nada más. Casi ochenta
años más tarde, en 1884, Thomson describió el átomo como una esfera de materia
de carga positiva con unos electrones (de carga negativa) incrustados en su
interior. Al modelo atómico de Thomson se le llamaba también «pastel de pasas»,
pues era la imagen que a todos les venía a la mente al imaginar esos átomos. En
1911, Rutherford explicó en su modelo que los electrones giraban alrededor de
un núcleo central (como la Tierra alrededor del Sol). Descubrió que el átomo
estaba prácticamente vacío. Hoy sabemos que el 99,999999999999 % del átomo es espacio
vacío. Si los protones y los neutrones midiesen 1 centímetro, los electrones
serían más pequeños que el diámetro de un pelo, y sin embargo el átomo sería
más grande que 30 campos de fútbol. En 1913, Niels Bohr propuso un nuevo modelo
atómico, según el cual los electrones giraban alrededor del núcleo en unos
niveles de energía bien definidos (como todos los planetas alrededor del
sistema solar).
Bottom (fondo): Una partícula fundamental que pertenece a la
tercera generación de quarks. Es el segundo quark más masivo del modelo
estándar. Fue descubierto en el Fermilab en 1977. Al principio quisieron
llamarlo belleza (beauty) pero finalmente lo llamaron bottom. Tiene su propia
antipartícula, llamada antiquark bottom (fondo).
Big Bang: Esta teoría describe el nacimiento del universo a partir de
una gran explosión. En el momento del Big Bang se creó la materia, el tiempo y
el espacio. El universo se ha ido expandiendo desde entonces. Para haceros una
idea, podéis usar un globo: pintad con un rotulador algunos puntos, y luego
infladlo. Veréis cómo los puntos se van alejando entre sí. De una manera
parecida, el universo se está haciendo cada vez más grande.
Big Crunch: Es una de las teorías existentes sobre el destino del
universo. Según el Big Crunch (o teoría de la gran implosión), la expansión del
universo se irá deteniendo, hasta que todo empiece a juntarse de nuevo (como si
deshincháramos el globo de aire de la explicación del Big Bang). Según esta
teoría, todo el universo
volverá a concentrarse en el punto original en el que empezó el universo. Pero
no os preocupéis, ¡tiene que pasar mucho tiempo para que eso suceda!
Bosón de Higgs: Partícula fundamental responsable de que otras
partículas tengan masa. La existencia del bosón de Higgs fue propuesta por Higgs,
Englert, Brout, Guralnik, Hagen y Kibble en 1964. De momento no se ha podido
encontrar en ningún experimento; sin embargo, en el LHC (Large Hadron Collider)
del CERN esperan encontrarlo dentro de muy poco.
CERN: Organización europea para la investigación nuclear. El CERN
es el mayor centro mundial de investigación científica. Fundamentalmente se
centra en la investigación de física de partículas para entender cómo empezó y
de qué está hecho el universo. Para estudiar el origen del universo, en el CERN
se ha construido el mayor acelerador de partículas del mundo, el LHC (siglas de
su nombre en inglés, Large Hadron Collider/ Gran Colisionador de Hadrones). El
CERN se fundó en 1954 y está situado en la frontera entre Francia y Suiza.
Aparte de sus muchos descubrimientos en el campo de la física, el CERN ha
llevado a cabo muchos desarrollos tecnológicos; por ejemplo, en él fue donde
nació la World Wide Web (www) en 1989.
Charm (Encanto): Una partícula fundamental que pertenece a la
segunda generación de quarks. Es el tercer quark más masivo del modelo
estándar. Fue descubierto en 1974 en el SLAC (Stanford Linear Accelerator) y en
el Laboratorio Nacional de Brookhaven. Tiene su propia antipartícula, llamada
anticharm (antiencanto).
Contracción de longitud: Cuando viajas a una velocidad cercana a la
de la luz, los objetos se contraen y su masa aumenta. Si pudiésemos ver un
partido de tenis relativista (en el que la pelota fuese casi tan rápida como la
velocidad de la luz), veríamos que la pelota se achata cada vez que uno de los
tenistas cósmicos le da un golpe. En realidad, tanto la contracción de longitud
como la dilatación del tiempo son fenómenos que suceden para todas las
velocidades (incluso para un caracol). Sin embargo, si la velocidad es pequeña
ni siquiera las percibimos.
Criptografía cuántica: En 1984, Charles Bennett y Gilíes Brassard
idearon el primer protocolo para enviar mensajes encriptados cuánticamente. Con
este protocolo se construye una clave secreta. Esta clave se usa como llave
para descifrar un mensaje. La clave se envía mediante fotones (partículas
cuánticas), y la información se obtiene usando unos filtros exactos. Sólo hay
una oportunidad para obtener la información de esas partículas, pues al
observarlas, como ocurre con cualquier partícula cuántica, las modificamos. Si
alguien intenta interceptar la clave secreta, por el simple hecho de
observarla, la modificará y, por tanto, ya nunca servirá como llave para
descifrar el mensaje final. De este modo puedes enviar un mensaje secreto ¡cien
por cien seguro!
Dilatación del tiempo: A medida que nos movemos más y más rápido, el
tiempo transcurre más despacio. Si viajáramos a una velocidad próxima a la de
la luz, viviríamos más lentamente. Igual que la contracción de longitud, la
dilatación del tiempo sucede para todas las velocidades. Sin embargo, cuando la
velocidad es pequeña, los efectos son mínimos y no nos damos cuenta de que
sucede algo extraño. De hecho, si cruzas Estados Unidos en avión, bajarás de él
siendo una diez millonésima de segundo más joven.
Down (abajo): Una partícula fundamental que pertenece a la primera
generación de quarks. Junto con el quark up (arriba) y los electrones, forma
toda la materia. Fue descubierto en el SLAC (Stanford Linear Accelerator) y en
el Laboratorio Nacional de Brookhaven. Tiene su propia antipartícula, llamada
down antiquark (antiquark abajo).
Electrón: El electrón pertenece a una clase de partículas
fundamentales llamadas leptones (al ser una partícula fundamental, de momento
no se conoce que pueda ser dividida en otras partículas más pequeñas).
Combinados con los protones y neutrones crean los átomos. Y, junto con los
quarks up y down, forman toda la materia que conocemos. El electrón fue
propuesto teóricamente por Stoney y descubierto por Thomson en 1897. Los
electrones también pueden existir fuera de los átomos, formando corriente
eléctrica. Gracias a ellos podemos ver la televisión, cargar nuestros teléfonos
móviles y gozar de todas las comodidades que la electrónica nos ha
proporcionado. Su antipartícula se llama positrón. Si el electrón y el positrón
se encuentran, se aniquilan mutuamente y se producen fotones.
Electronvoltio: Es una unidad de energía que equivale a poner en
movimiento un electrón en el vacío, con una diferencia de potencial de 1
voltio.
Entrelazamiento: El entrelazamiento es una propiedad cuántica que
fue planteada en 1935 por Einstein, Podolsky y Rosen. Si dos partículas están
entrelazadas comparten una conexión que les permite influenciarse la una a la
otra de manera instantánea, pese a estar muy separadas. Pongamos un ejemplo:
imagina que tienes dos monedas cuánticas entrelazadas. Si una de ellas marca
cara, la otra siempre tendrá que marcar cruz. Ahora enviaremos una de ellas a
Europa y la otra a Australia. Como son monedas cuánticas, las tendremos
marcando cara y cruz simultáneamente (gracias al principio de superposición).
¿Qué ocurrirá si observamos que la moneda que está en Europa marca cara? En ese
momento destruimos la superposición. Sorprendentemente, la moneda que está en
Australia también dejará de estar en una superposición y siempre marcará cruz.
En otras palabras, lo que le ocurre a una moneda afecta a la otra de manera
instantánea, a pesar de estar alejadas.
Fermilab: El Fermi National Accelerator Laboratory es un
laboratorio de física de partículas, llamado así en honor a uno de los pioneros
en la física de partículas, Enrico Fermi. En el Fermilab está el segundo
acelerador más potente del mundo (el primero está en el CERN). El Fermilab se
fundó en 1967 en Chicago (Estados Unidos). Allí se descubrieron el quark bottom
y el quark top.
Fotón: Los fotones son las partículas que forman la luz. Son de la
familia de los bosones (como los de Higgs o los gravitones). Portadoras de las
fuerzas electromagnéticas, no tienen masa y viajan en el vacío a 300.000
kilómetros por segundo. Son las partículas más rápidas del universo. En 1905,
Albert Einstein introdujo el concepto de cuanto de luz (después llamados
fotones) para explicar el efecto fotoeléctrico (complementando la hipótesis de
que la luz fuese una onda).
Fuerza de la gravedad: Fuerza fundamental que describe cómo las
masas se atraen entre sí. Gracias a la fuerza de la gravedad tenemos la
sensación del peso cuando estamos en un planeta. También gracias a ella nos
mantenemos «atrapados» en la Tierra. De igual manera, explica por qué los
planetas giran alrededor del Sol. Isaac Newton fue el primero en formular la
teoría general de la gravitación y la expuso en su obra: Philosophiae
Naturalis Principia Mathematica.
Gravitón: Partícula fundamental encargada de transmitir la fuerza
de la gravedad. El gravitón es un bosón (igual que el de Higgs). Los gravitones
se han predicho en los modelos de gravedad cuántica, pero todavía no se han
descubierto en un experimento.
Incertidumbre de Heisenberg, principio de: Este principio nos dice
que no podemos conocer la posición de las partículas (dónde están exactamente)
y su velocidad al mismo tiempo. Al menos, no de manera exacta. Esto tiene
efectos curiosos: si una partícula estuviese parada (es decir, velocidad cero),
debería ocupar un espacio infinito (podría estar en cualquier sitio). Por otro
lado, si sabes exactamente dónde está no sabrías si se mueve o no. Si conoces
una de las dos magnitudes exactamente, la otra la desconoces por
completo.
Leptón: Es una de las partículas elementales conocidas (igual que
los quarks). Hay seis leptones conocidos (con sus correspondientes
antipartículas): el electrón, el muón, el tau y los tres neutrinos. El primer
leptón que se descubrió fue el electrón.
LHC (Large Hadron Collider): El Gran Colisionador de (ladrones,
cuya construcción ha costado decenas de miles de millones de euros, es un
acelerador de partículas de 27 kilómetros de circunferencia creado en el CERN.
En él se acelerarán protones a grandes velocidades: darán 11.245 vueltas al
acelerador cada segundo. El LHC será la máquina más fría del universo (unos 271
°C bajo cero). Estos protones se harán chocar entre sí a grandes energías para
poder estudiar los quarks y las partículas subatómicas que existieron en los
primeros instantes del Big Bang. Gracias a estos experimentos, los científicos
esperan encontrar respuestas a algunos de los grandes enigmas del universo:
¿qué ocurrió en los instantes iniciales del universo?, ¿por qué hay más materia
que antimateria?, ¿existe el bosón de Higgs?...
Los Alamos National Laboratory (LANL): El laboratorio nacional de
Los Alamos se fundó durante la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos para
coordinar el desarrollo del Proyecto Manhattan. Este proyecto tenía como misión
fabricar las primeras bombas atómicas. Actualmente es uno de los laboratorios
de investigación más importantes de Estados Unidos. Debido a su historia, Los
Álamos National Lab. sigue siendo el icono que recuerda a los científicos la
gran responsabilidad que conlleva el dominio del mundo que nos rodea. La
ciencia puede hacer mucho bien, pero también mucho daño. Son nuestras
elecciones las que harán decantar la balanza hacia un lado u otro.
Modelo Estándar: Es el nombre que tiene la teoría actual de la
física de partículas. Esta teoría explica que toda la materia está construida a
partir de doce partículas fundamentales. Éstas se separan en dos tipos: seis
leptones y seis quarks. Los seis leptones son: electrón, neutrino electrónico,
muón, neutrino muón, tau y neutrino tau. Los seis quarks: up, down, charm,
strange, top y bottom. La teoría también describe los bosones responsables de
las fuerzas: fotón, bosones intermedios, gluones y el famoso bosón de
Higgs.
Muón: Es una clase de partículas fundamentales llamadas leptones.
Pertenece a la segunda generación de leptones (junto al electrón, que pertenece
a la primera, y al tau, que pertenece a la tercera). La masa del muón es mayor
que la del electrón. Su antipartícula es el antimuón. El muón fue descubierto
por Cari D. Anderson en 1936 mientras observaba la radiación cósmica.
Neutrino: Los neutrinos son partículas fundamentales del grupo de
los leptones. Tienen una masa muy pequeña y es muy difícil detectarlos, pues
casi no interaccionan con las demás partículas.
La mayor parte de los neutrinos pasan a través de la Tierra sin interactuar ni
siquiera una vez, como si fuesen fantasmas. El neutrino fue propuesto en 1930
por Wolfgang Pauli. Cada segundo atraviesan tu cuerpo 100.000.000.000.000
neutrinos que vienen del Sol (no te escapas de ellos ni cuando duermes, pues
también atraviesan la Tierra). Todos los neutrinos son zurdos y los
antineutrinos (sus respectivas antipartículas) son diestros.
Neutrón: Es una partícula subatómica sin carga eléctrica. Su masa
es un poco mayor que la del protón y se encuentra junto a éstos en el núcleo de
los átomos.
Núcleo atómico: Parte central del átomo con carga positiva y
formado por protones y neutrones. El primero en pensar que el átomo estaba
formado por un núcleo y electrones que orbitaban a su alrededor fue Rutherford,
en 1906.
Öpik-Oort: Nube de cometas y asteroides que se encuentra en los
límites de nuestro sistema solar. Se cree que algunos de los cometas que
podemos ver desde la Tierra se han originado en la nube de Ópik-Oort.
Partícula fundamental: Partícula que no está formada por otras más
pequeñas (que se conozcan). Es el elemento más pequeño que el hombre ha podido
identificar. Según la teoría actual, las partículas fundamentales son las que
se describen en el Modelo Estándar: los bosones (fotones, bosones W y Z, y
bosón de Higgs), los leptones y los quarks. Todo lo demás está formado a partir
de estas partículas fundamentales.
Partícula subatómica: Partícula más pequeña que el átomo.
Protón: Partícula subatómica cargada positivamente. El protón es
una de las partículas que constituyen el núcleo de los átomos. Los protones
están formados por tres quarks: dos up y un down.
Quark: Son, junto con los leptones, las partículas que construyen
toda la materia. De momento, son las partículas más pequeñas que el hombre ha
descubierto. Hay seis tipos de quarks que corresponden a tres generaciones o
familias. La primera familia: los quarks up y down. La segunda familia: charm y
strange. La tercera familia: top y bottom. Cada quark tiene su correspondiente
antiquark. Los neutrones están compuestos por un quark up y dos quarks down,
mientras que los protones los forman dos quarks up y uno down. Los quarks
fueron predichos en 1964 por Murray Gell-Mann, que ganó en 1969 el premio Nobel
de Física por sus descubrimientos sobre las partículas elementales. Los quarks
fueron vistos en los experimentos del acelerador de partículas lineal SLAC
entre 1967 y 1973.
Relatividad especial, teoría de la: La teoría de la relatividad
Especial fue publicada por Albert Einstein en 1905. Esta teoría explica que la
velocidad de la luz en el vacío es siempre la misma. Tanto si estás parado en
la Tierra como si estás en un supercohete espacial que se mueve a 200.000
kilómetros por segundo, siempre verás la luz viajando a 300.000 kilómetros por
segundo (también usamos la letra «c» para abreviar la velocidad de la luz).
Esta teoría explica fenómenos tan extraños como la dilatación del tiempo y la
contracción de longitud. Gracias a esta teoría, sabemos que no existe un
espacio y un tiempo absolutos en el universo, pues ambos dependen de la
velocidad a la que te mueves.
SLAC National Accelerator Laboratory: SLAC es la sigla de Stanford
Linear Accelerator Center. Es el laboratorio de física de partículas y
astrofísica con el acelerador lineal más largo del mundo. Este laboratorio se
fundó en 1962 en la Universidad de Stanford, California (Estados Unidos).
Strange (extraño): Una partícula fundamental que pertenece a la
segunda generación de quarks. Murray Gell-Mann propuso su existencia en 1964 al
darse cuenta de que había partículas que no podían existir sólo con los quarks
up y down. Fue descubierta en un experimento en SLAC en 1968. Tiene su propia
antipartícula llamada antistrange (antiextraño).
Super Kamiokande: Es un detector de neutrinos enterrado a mil
metros bajo tierra, en la montaña Kamioka, en Japón. Este super detector de
neutrinos inició sus observaciones en 1996.
Superposición, principio de: El principio de superposición es uno de los
más peculiares de la física cuántica (aunque como ya habéis visto, ¡no es el
único!). El principio de superposición nos dice que todas las posibilidades
existen al mismo tiempo. La superposición se destruye (o colapsa) en cuanto
alguien la observa. Pongamos un ejemplo: imaginemos que tenemos un cubilete con
un dado. Le damos unas vueltas y lo ponemos cara abajo. En el momento en que
levantamos el cubilete, podremos ver que el dado marca un seis. Nuestro sentido
común nos dice que antes de levantar el cubilete, el dado ya marcaba un seis
(simplemente desconocíamos esta información). La visión cuántica nos dice que
antes de levantar el cubilete, el dado marcaba todas las caras a la vez. Sólo
en el momento en que lo observamos, una de las opciones sobrevive. Una
partícula cuántica, en una bifurcación, puede pasar por los dos caminos a la
vez. Pero si decidimos observar cómo diablos hace algo tan curioso y sacamos la
cabeza para ver cómo pasa por ambos caminos, por el simple hecho de observar...
la partícula decide pasar sólo por uno de los dos.
Tau: El tau forma parte de una clase de partículas fundamentales
llamadas leptones. Pertenece a la tercera generación de leptones (junto al electrón,
que pertenece a la primera, y al muón, que pertenece a la segunda). La masa del
tau es la mayor de todos los leptones. Algunos piensan que las podemos
encontrar en los agujeros negros. Su antipartícula es el anti tau.
Teleportación: Gracias a la ciencia ficción, la teleportación es un
concepto que a todos nos resulta familiar. Con la teleportación cuántica
podemos hacer que un objeto que estaba en el punto A aparezca en un punto B sin
pasar por ningún lugar entremedio. Sin embargo, a diferencia de la
teleportación de las películas, en la teleportación cuántica, debe haber un
grupo de partículas en el lugar donde quieres aparecer. En la teleportación se
utiliza el fenómeno del entrelazamiento de las partículas.
Top (cima): Una partícula fundamental que pertenece a la tercera
generación de quarks. Es el quark que tiene más masa y el último en ser
descubierto, en 1995, en el Fermilab. De momento, el Fermilab (hasta que entre
en funcionamiento el LHC del CERN) es el único acelerador de partículas que es
lo suficientemente potente para poder generar este quark. Tiene su propia
antipartícula, llamada Top Antiquark (antiquark cima).
Túnel, efecto: Una de las ventajas de que las partículas tengan
propiedades de ondas y de partículas es el efecto túnel. Nos ofrece la
posibilidad de que las partículas atraviesen barreras o muros.
Up (arriba): Una partícula fundamental que pertenece a la primera
generación de quarks. Junto con el quark down (abajo) y los electrones forman
toda la materia. La existencia de estos quarks fue predicha por Murray
Gell-Mann en 1964, y fue descubierto en 1967 en SLAC (Stanford Linear
Accelerator). Tiene su propia antipartícula, llamada up antiquark (antiquark
arriba).
Vacío: En el mundo cuántico, el vacío no es como lo imaginaríamos
cuando decimos que un bote de galletas está vacío (pues, aunque tengamos mucha
hambre, no salen galletas de la nada). En el mundo cuántico, el vacío contiene
partículas que aparecen y desaparecen muy rápidamente (tan rápidamente que, a
pesar de que vieses aparecer galletas en tu bote, por desgracia no te daría
tiempo a poder comértelas).
Velocidad: El trozo de espacio por el que consigues moverte en un
instante de tiempo determinado.
Velocidad de la luz: La luz viaja a 300.000 kilómetros por segundo.
Es la velocidad máxima permitida en nuestro universo. Nada puede moverse más
rápido que ella.
Dicen
que cuando tienes un sueño el universo entero conspira para que lo realices. En
el caso del libro que tienes entre tus manos, para que se convirtiese en una
realidad, el universo colocó en mi camino a una serie de personas maravillosas.
No todas ellas aparecen en estos agradecimientos, pues son muchas más de las
que aquí nombraré (incluso algunas de ellas, ni siquiera saben lo mucho que me
han aportado).
En Nepal, existe un pueblo que ha guiado y ayudado a los exploradores a cumplir
el sueño de escalar el Himalaya. Se les llama Sherpas. En esta aventura, he
tenido a mi mágico sherpa literario: Francesc Miralles. Sin él, este libro
simplemente no existiría. A él le agradezco, no sólo el haberme guiado en todos
y cada uno de los pasos que hemos recorrido, sino el haberse convertido en un
gran amigo.
El nombre del protagonista de este libro se lo debemos agradecer a una
personita muy especial. Hay un cuento tradicional persa llamado "Los tres
príncipes de Serendip", en el que los protagonistas solucionaban todos sus
problemas gracias a increíbles casualidades. Este tipo coincidencias, ahora se
conocen como serendipias. También nosotros vivimos una de ellas: El mismo día
que se escribía la última frase del manuscrito, nacía Niko, el primer hijo de
Francesc y Kati.
Quiero también agradecer la ilusión con la que mi agente Sandra Bruna y mi
editora Iolanda Batallé, junto con todo su equipo, han trabajado para que este
libro haya podido llegar a ti.
Gracias a todas las personas que habéis leído el manuscrito y habéis aportado
sabios comentarios. En especial quiero agradecer a María Esquerra, por sus
afinadas contribuciones y por ser mi amiga del alma desde hace tanto tiempo.
También a Jordi Mompart, por su revisión científica y por las largas
conversaciones filosóficas sobre la física cuántica. Conversaciones que me
acompañaron durante toda mi experiencia como estudiante e investigadora en la
universidad. ¡Gracias por hacer que a tus alumnos nos apasione la física! A
Ignasi Lausin, Sol González y David Tomás, que no sólo me aportaron valiosos
comentarios y duro trabajo, sino una emoción por el proyecto altamente
contagiosa. A Irene Figueras, Aida Vicens y muchos más que habéis leído y
releído el manuscrito pacientemente.
Agradezco de todo corazón a Álex Rovira, Ken Blanchard, Muhammad Yunus y Ray
Kurzweil por creer en este libro desde su inicio y por su incondicional apoyo.
Por último, quiero darte las gracias a ti, Alberto. Tu apoyo, confianza y amor
me han servido para tirar adelante en los momentos más difíciles. Eres el motor
de mi vida.
****
Si
has llegado hasta aquí, apreciado lector o lectora, habrás conseguido una
superposición, Has creado dos realidades: por un lado, el no leer este libro y,
por otro lado, el leerlo. Felicidades. De hecho, desde que lo cogiste con las
manos tenías ante ti una inmensidad de posibilidades: abrirlo o no, empezar a
leerlo... Y has elegido. El mundo cuántico es extraordinario, maravilloso y
deslumbrante. Pero la elección siempre será tuya, lector o lectora. Y eso es
aún más extraordinario, maravilloso y deslumbrante. Y ahora que has conocido un
poco nuestro mundo (tu mundo) te propongo que no lo encierres: no guardes el
secreto. Compártelo, porque el futuro depende de las elecciones que tomes
ahora. Un abrazo cuántico,
Zn-0¡
Niko
Mir, un chico solitario de catorce años, no se imagina las consecuencias que le
acarreará no seguir el camino que cada día recorre para llegar al instituto. Al
variar su ruta, descubre una casa que nunca antes había visto. Atraído por el
misterio, se adentrará en ella y se verá inmerso en un extraño universo. Dentro
del Mundo Cuántico ocurren cosas sorprendentes, desde una guerra entre la
materia y la antimateria hasta las desapariciones del gato de Schrödinger,
pasando por un taller de relojería donde se pone a prueba la relatividad del
tiempo. Inmerso en esta aventura inesperada, Niko tiene la misión de devolver
el equilibrio, ahora en peligro, entre su mundo y el universo cuántico que
acaba de descubrir.
«En esta novela, Sonia mezcla, por primera vez, fantasía y física cuántica! y
hace que la ciencia sea accesible y atractiva para todos los lectores
DR.
MUHAMMAD YUNUS (Premio Nobel de la paz)
«Gracias a la imaginación de Sonia, no hay excusas para no sumergirse en el
asombroso mundo de la física cuántica.»,,
M
DR. RAYMOND KURZWEIL (Científico, inventor, escritor, empresario y músico)
«Sonia Fernández-Vidal es pura luz. Luz en su manera de mostrarnos los
misterios y maravillas de la realidad cuántica. Luz en su capacidad de hacer
simple lo aparentemente complejo. Y luz porque es clarividente, lúcida,
brillante, amena, nítida y amable, lo tiene todo. Sonia es un diamante que
merece ser descubierto por el bien de la ciencia y de la conciencia.»
ÁLEX
ROVIRA (Escritor, profesor y conferenciante)
«La puerta de los tres cerrojos es una aventura mágica para grandes y pequeños.
¡Léela y descubre los misterios del universo!»
KEN
BLANCHARD (coautor de The One Minute Manage
Notas:
[1]Del
inglés, «arriba, abajo, encanto, extraño, cima y fondo».
[2] Del
inglés: Nacido en el mundo cuántico (...)/En el CERN quieren encontrarme /En
SLAC encontraron a mis primos los quarks/El FERMILAB asegura que ya me tiene /
En LOS ALAMOS soy la bomba /Nacido en el mundo cuántico
[3] Nota:
el CERN, SLAC, el FERMILAB y LOS ALAMOS son cuatro grandes centros de
investigación sobre física cuántica.
[4] Si
la velocidad de la luz ya es un número enorme, elevado al cuadrado (es decir,
multiplicado por sí mismo) equivaldrá a una energía gigantesca. Esto explica
por qué una bomba de tan sólo unos gramos puede liberar suficiente energía para
destruir una ciudad entera.

No hay comentarios:
Publicar un comentario