Libro N° 4098. Junto Al Pasig. Rizal, José.
© Libro N° 4098. Junto Al Pasig. Rizal, José. Colección E.O. Agosto 26 de 2017.
Título
original: © Junto Al Pasig. José
Rizal
Versión Original: © Junto Al Pasig. José Rizal
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital
de Versión original de textos:
https://cuentoshistoriasdelmundo.blogspot.com.co/2016/04/junto-al-pasig-jose-rizal.html#more
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative
Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única
condición de citar la fuente.
La
Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras,
no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus
respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los
Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de
textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida
su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede
utilizar este trabajo con fines comerciales
No derivados: No se puede
alterar, modificar o reconstruir este texto.
Portada E.O. de Imagen original:
https://d1w7fb2mkkr3kw.cloudfront.net/assets/images/book/lrg/9788/4981/9788498167450.jpg
© Edición, reedición y Colección
Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA
Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
Junto Al Pasig
José Rizal
Sinopsis
Es una obra teatral de
carácter dramático cuyo tema principal es el sometimiento de Filipinas al poder
imperialista. Rizal expresa las profecías sobre la situación del país.
PERSONAS
LEÓNIDO
CÁNDIDO
PASCUAL
SATÁN
ÁNGEL
NIÑO 1º
NIÑO 2º
NIÑO 3º
Coro de niños y coro de
diablos.
MELODRAMA EN UN ACTO Y EN
VERSO
(La acción se lleva á cabo á
orillas del río Pásig, en el pueblo de este nombre; la decoración representa el
río, y la orilla opuesta á la en que están los personajes. Verán la iglesia,
casas, cañaverales y multitud de banderas y adornos propios de los pueblos del
Archipiélago. Es la hora del alba y, de consiguiente, el tono del conjunto ha
de ser suavemente reproducido.)
ESCENA PRIMERA.
CÁNDIDO, PASCUAL Y OTROS
NIÑOS. (Uno de los cuales lleva flores, y otros con banderas y juguetes propios
de la niñez.)
CORO.
Rosas, claveles,
Pásig ameno,
Luce con galas mil;
Divina aurora,
Su hermoso cielo
Viste de luz gentil;
Sus ojos son divinos,
Su frente el rosicler.
Sus labios purpurinos
El pecho hacen arder:
En tí, dulce hermosura.
La mente segura va;
En tí, rica ventura
El alma feliz tendrá.
(RECITADO)
CÁNDIDO.
—¡Cuán hermosa es la mañana!
La aurora con sus albores
Va acariciando á las flores
Con que el prado se
engalana.
¡El Pásig! ¿Oís el murmullo
De las cañas en su orilla?
¿Escucháis de la avecilla
El suave y variado arrullo?
Decidme: tanta belleza,
Tanto adorno y galanura,
Que con mágica hermosura
Ostenta Naturaleza;
Y esta tranquila corriente
Do las bancas se deslizan,
¿No os encantan? ¿No os
hechizan
Con su lenguaje elocuente?
¿No os dicen que su contento
Lo causa la Vírgen pía,
Viviendo en aqueste día
Con pomposo lucimiento?
TODOS.
—¡Sin duda!
PASCUAL.
—Tal alborozo
En el pueblo se respira;
Tal es el placer que
inspira,
Que todos bailan de gozo.
Llenas encuentro doquier
De vistosos aparejos
Las calles; niños y viejos.
Todos salen para ver.
NIÑO Iº—Hablas, Pascual, muy
de veras;
¡Y lo creo! Pues la gente
Anda colgando impaciente
Gallardetes y banderas.
NIÑO 2º—Aquí traigo un
canastillo
De flores para ofrecer
A la Virgen...
NIÑO 1º—¡Ole! ¡A ver!...
Es un regalo sencillo... (Lo
mira con desprecio.)
Yo tengo una jaula en casa
Do moran pintadas aves,
Cuyos trinos son tan suaves
Que se la daré, si pasa.
NIÑO 3º—¡Pajaritos! ¡Qué
locura!
Yo tengo bombas, cohetes...
(Con jactancia.)
NIÑO 1º—¡Quita allá! ¡Esos
son juguetes
Que sólo infunden pavura!...
NIÑO 3º—¡Tú tienes miedo!
NIÑO 1º—¿Yo? ¡No!
PASCUAL.—Tengo una flauta de
caña... (Todos se ríen.)
TODOS.—¡Ja! ¡Ja!
PASCUAL.
—¿La cosa os extraña?
¡Pues sí! ¡La tocaré yo!
Mi padre, como sabéis,
Me enseñó varias sonatas,
Lindas, muy lindas, muy
gratas:
Las tocaré; ¡ya veréis!
NIÑO 2º—¡Mejores serán mis
flores!
PASCUAL.—¡Mi flauta!
NIÑO 1º—¡Qué tontería!
Es mejor la jaula mía...
NIÑO 3º—¡Cá! Las bombas son
mejores.
NIÑO 1º—¡No, señor!
NIÑO 3º—¡Que sí, señor!
NIÑO 1º—¡Vaya un tonto!
NIÑO 3º—¡Vaya un loco!
Tu pobre jaula es bien poco.
NIÑO 1º—Tus bombas son lo
peor.
CÁNDIDO.—¡Ea, amigos! No
riñais:
Es cada ofrenda preciosa;
Pero suplico una cosa,
Y es... que obedientes me
oigáis:
Una banca adornaremos
Con el más bello atavío;
Dentro de ella, aqueste río
Mansamente surcaremos;
Banderas y gallardetes
Pondremos de mil colores;
Llevarás todas tus flores;
Tú, la jaula; tú, cohetes;
Este, con flauta sonora
Irá entretanto tocando:
Así vamos navegando...
Hasta hallar á la Señora.
¿Qué os parece?
TODOS.—¡Bien, muy bien!
NIÑO 3º—¡Es idea singular!
NIÑO 1º—¡Vamos la banca á
buscar!
CÁNDIDO.—¡Eso lo digo
también! (Se dispone a salir.)
¡Calla! ¿Y Leónido? ¿Do
está?
PASCUAL.—¡Ah! ¡Verdad!
¿Adónde fué?
NIÑO 2º—¿Dónde ha ido?
NIÑO 3º—No lo sé.
CÁNDIDO.—Pues bien, se le
buscará:
Nuestra banca dejaremos
Para después: es igual:
Nos falta lo principal,
Pues al jefe no tenemos.
NIÑO 1º—Busquémosle.
CÁNDIDO.—¡Ahora mismo!
¡Sin él nada se podrá
Hacer!...
NIÑO 3º—¡Se registrará
Hasta el fondo del abismo!
CORO.
Marchemos, marchemos,
Marchemos sin tardanza: ¡Felice nuestra holganza! ¡María colmará!
ESCENA SEGUNDA.
Sale SATÁN vestido de negro
y rojo; su color es palido.
SATÁN.—¿Será verdad? ¿Será
cierto
Que el pueblo que me
adoraba,
Ahora de arribar acaba
De la salvación al puerto?
Si navegante inexperto
En el borrascoso mar
Del vivir, ¿qué singular
Fuerza le ampara y escuda
Que consigue con su ayuda
Mis escollos evitar?
¿Quién de la mansión sombría
Do se hallaba sepultado,
Poderoso le ha sacado
A la clara luz del día?
¡Ay! Para desgracia mía
Fuiste sin duda, ¡oh Mujer!
Quien tuvo tanto poder
¡De quitarme mi morada!
¡Criatura privilegiada!
¿Cuándo te podré vencer?
¡Maldición! ... El mismo
Averno
Do se engendran los dolores,
Las crueles penas y
horrores,
No iguala á mi tedio eterno.
¡Ay! ¿Por qué del gozo
tierno
Me privó la triste suerte?
¿Por qué me negó el más
fuerte
Que en mi terrible amargura
Encontrase mi ventura
En los brazos de la muerte?
¡Espíritu! ¡Ser sublime!
¡Ser mísero y desgraciado,
Á padecer condenado
Por la mano que le oprime!
Si el hombre en la tierra
gime
Y le molesta el vivir,
Se consuela en el sufrir
Viendo la vida tan breve,
¡Mientras el ángel no se
atreve
A esperar que ha de morir!
Más ¡ay! fuerza es que,
sufrido
Mi triste destino acate,
Ya que en mi sin par combate
Adversa suerte he tenido:
Empero, aunque fuí vencido,
Sigo en mi senda fatal:
Él ama el bien; yo amo el
mal...
¡Soberbio! ... Que haga su
gusto;
Yo, yo le estorbaré; es
justo;
Que es mi enemigo mortal.
¡Comience, pues, nuestra
lidia!...
Pensemos recuperar
Antes mi imperio sin par
Con la astucia ó la
perfidia.
¡Suelo que me das
envidia!
¡Ay! ... ¡Yo te recobraré!
Oculto aquí esperaré
(Se oculta detras de un
árbol.)
A algún incauto cristiano:
¡Quiero que caiga en mi mano
la raza que tanto odié!
ESCENA TERCERA.
(Sale LEÓNIDO.)
LEÓNIDO.—La orilla está
solitaria;
No se oye la gritería;
Lo extraño: ya es claro el
día
Y no veo á nadie aquí.
Debieron haber llegado,
Pues así me prometieron...
Presumo que ya salieron...
¿Quién sabe si me perdí?
Más no: este es el sendero
Que á la población conduce;
Este es el río que luce
Su corriente sin igual...
Allá la iglesia... Mi
casa...
Las banderas... ¡Ya lo creo!
¡Es el lugar del recreo
Que á mi me dijo Pascual!
Desde aquí esperaríamos
Que pase la Vírgen pura...
Más... ¿quién á mi me
asegura
Que no acaban de salir?
Lo mejor será buscarlos;
Iré hácia abajo; no...
arriba...
Creo que la comitiva
Ya no tardará en venir.
(Se dispone a salir, y viene
SATÁN vestido de DIWATA.)
ESCENA CUARTA.
LEÓNIDO Y SATÁN.
SATÁN.—¡Detente! ¿Adónde
vas?
LEÓNIDO.—¿Quién sois?
SATÁN.—¿Acaso
No me conoces ya?
LEÓNIDO.—No recuerdo vuestra
faz,
Ni me acuerdo haberos visto
Alguna vez. ¡Dadme paso!
SATÁN.—¡Nunca! Mírame
bien...
LEÓNIDO.—Decid, os ruego,
quien sois...
SATÁN.—Yo soy aquél que,
prepotente,
Leyes dá al huracán, al mar,
al fuego;
Brilla en el rayo y muge en
el torrente,
Yo soy aquel que con poder
grandioso
Reinó en un tiempo hermoso,
Venerado y temido;
Dios absoluto de la indiana
gente.
LEÓNIDO.—¡Mentís! De mis
mayores
El dios ya duerme en
vergonzoso olvido,
Y sus torpes altares,
Do al eco de fatídicos
loores
Víctimas ofrecían á
millares,
Hoy yacen derribados:
De su poder en mengua,
Les lanza nuestra lengua
Desprecios á sus ritos
olvidados:
Vos no sois ningún dios;
mentís sin duda.
Pues sólo un Dios existe
verdadero:
El Dios que al hombre creó y
al mundo entero,
Y á quien adora nuestra
mente ruda.
SATÁN.—¡Insensato! ¿No temes
de mis iras
El poder? Niño impío,
¿No ves que es mío el aire
que respiras,
El sol, las flores y el
undoso río?...
Á mi voz prepotente,
creadora,
De las aguas surgieron
Aquestas Islas, que alumbró
la aurora,
Islas que bellas en un
tiempo fueron;
Y mientras, fieles á mi
culto santo,
Elevaron sus preces
En mis altares, les libré
mil veces
De la muerte, del hambre y
del espanto.
Los campos rebosaban
De fragante verdura;
Sin trabajo brotaban
De la piadosa tierra,
Entonces pura,
Las amarillas mieses;
Vagaban por el prado
El cabrito pintado,
El ciervo alígero y las
gordas reses;
La diligente abeja
Su panal fabricaba
mansamente,
Y al hombre regalaba miel
sabrosa:
Retirada en su nido la
corneja,
No auguraba doliente
Calamidad odiosa;
Gozaba entonces este rico
suelo
De una edad tan dichosa,
Que en sus delicias se
igualaba al cielo;
Y ahora, sin consuelo,
Triste gime en poder de
gente extraña,
Y lentamenta muere
¡En las impías manos de la
España!
Empero, yo le libraré, si
quiere
Doblegar su rodilla
Ante mi culto, que
esplendente brilla.
Tan poderoso soy que abura
mismo
Te daré, si me adoras,
cuanto ansías;
Más, ¡ay de tí, si ciego te
desconfías!
LEÓNIDO.—Si tan potente
sois, si en vuestras manos
Las venturas están de los
mortales,
¿Por qué han sido fatales
Para vos los cristianos?
Y si, como decís, el mar
bravío
Y el aquilón sumisos
obedecen
A vuestra voz y á vuestro
poderío,
¿Por qué sus carabelas
delicadas,
Que ahora os escarnecen,
No fueron anegadas
Y bajo las olas sepultadas?
¿Por qué vuestras estrellas
En noche tenebroso les guiaron,
Y los vientos sus velas
empujaron
Y no les lanzásteis vuestras
centellas?
¿Sois por eso tal vez
omnipotente?
Y para mayor desdicha,
todavía,
El nombre de María,
Nombre que encanta á la infelice mente,
Cual arrogante insulto,
¡Vino á destruir las huellas
de tu culto!
SATÁN.—¡Las huellas de mi
culto! ¡Desdichado!
¿No sabes que conservo
Un pueblo que me adora
prosternado?
¡Ay! ... Vendrán en lo futuro
Los males que reservo
A tu raza, que aclama un
cúlto impuro:
¡Tristes calamidades,
Pestes, guerras y crueles
invasiones
De diversas naciones
En venideras próximas
edades!
Tu pueblo regará con sangre
y llanto
Del patrio campo la sedienta
arena;
Ya en la pradera amena
El ave á quien hirió metal
ardiente.
Ni tus bosques añosos,
Ni los ríos, ni el valle, ni
la fuente
Serán ya respetados
De los hombres odiosos
Que turbaron la paz y tu
bonanza;
Mientras yo, por venganza,
Desataré los indomables
vientos
Para que en su carrera,
Con ira y rabia fiera,
Alboroten los varios
elementos,
Y la débil piragua,
Hundiéndose en el agua,
Aumente sus horribles
sufrimientos.
Devastaré en mi saña
Los verdes campos de la míes
ópima,
Y desde la alta cima
De la erguida montaña
Arrojaré de lavas río
ardiente,
Que envuelto en humo y
devorante llama
Asole poblaciones
Cual furioso torrente
Que, cuando se desparrama,
Arranca los arbustos á
montones;
Y la tierra aterida,
A mi voz conmovida
Temblará con atroz
sacudimiento,
Y á cada movimiento
El rico suelo amargará, y la
vida.
¡Ay! ¡ay! ¡Cuánto quebranto!
¡Cuánto gemir inútil!
¡cuánto llanto
Oiré entonces sin que sienta
el pecho
El duelo de la gente,
Que con gozo insolente
Reir los miro con mortal
despecho!
LEÓNIDO.—¡Mentira! ¡Nada
puedes! ¡Te conjuro,
En nombre del Señor que el
alma adora,
Ángel, ó genio impuro.
Que seducirme quieres,
¡Aparta el antifaz que
desfigura
Tu primitiva é infernal
figura!
SATÁN.—¡Pues, bien! ¡Héme ya
aquí!
Y advierte y nota
Que soy Satán, el ángel que
esplendente
(En traje de diablo.)
Se sentaba en un trono
En época remota;
Rayos de luz lanzando de su
frente.
Yo soy aquel que con feroz
encono
Luché contra el tirano;
Después, vencido en mi fatal
derrota
Arrastré á vuestros padres á
la muerte;
Más hoy, si del cristiano
La fé divina me venció en mi
furia
De tan mortal injuria
Me vengaré, y de tí; yo soy
el fuerte;
Y si no quieres que mueras,
¡Ríndete á mis pies!
LEÓNIDO.—¡Oh! ¡Nunca!
SATÁN.—¿Ves mi poder y mi
fuerza?
Los espíritus potentes
Que en el universo reinan,
Obedecen á mi voz:
Sigue mi ínclita bandera;
Óyeme, pues: si humildoso
Abjuras tu nueva secta,
Y arrepentido á mis aras
Con grato fervor te llegas,
Yo te haré feliz, dichoso,
Tendrás cuanto apetezcas;
El río que á tus pies corre.
Que arrastra diamantes,
perlas;
El ambiente que respiras
Do mil pajaritos vuelan;
Esas plantas, esas flores,
Esas casas, y esas huertas,
Tuyas serán, si al instante
De tu nueva fé reniegas;
Si el nombre ingrato
aborreces
De aquella cuya es la
fiesta.
Más, ¡ay de tí! si obstinado
Desobedecerme anhelas,
Pues á tus piés ahora mismo
Se abrirá la inmunda tierra,
sepultándote en su seno,
Cual se sepulta en la arena
La pequeña gota de agua
Cuando el sol las plantas
seca.
LEÓNIDO.—En vano infundir me
quieres
Torpe miedo con tu lengua;
En vano, en vano pretendes
Que yo á tu fé me someta;
Jamás al niño cristiano
El demonio amedrenta,
Y ante el Hijo de María
El Averno eterno tiembla,
¡Espíritu mentiroso!
Ve, huye, ve á las
tinieblas,
á la mansión del gemido.
¡Y de la eterna
vergüenza!...
SATÁN.—¡Pues, bien! Ya que
lo has querido,
Es necesario que mueras:
Tú serás la postrer víctima
Que ante mis aras se quema:
Tú pagarás por los tuyos,
En tí me vengaré mis
afrentas.
¡Espíritus! Mis fieles
compañeros
Que encontráis en el mal
grata dulzura,
Que con cruel amargura
Os nutre el odio que vuestra
alma encierra,
¡Venid, alegres, á empezar
la guerra!
ESCENA QUINTA.
Salen DIABLOS en tropel.
CORO DE DIABLOS.
¿Quién nos llama
Con furor?
¿Quién reclama
Nuestro ardor?
¡Viva el mundo
Infernal,
Cuya dicha
Es el mal!
¡Muera, muera
El traidor,
Del Averno
Ofensor!
SATÁN.—Venid contentos,
Oíd atentos;
La voce mía
Os llama ya;
Que en este día
Nuestra esperanza
Dulce venganza
Hoy colmará.
CORO DE DIABLOS.
Ama el diablo
A su rey;
Sus mandatos
Son sú ley;
Obedientes
Seguirán;
Por tí, todos
Lucharán.
SATÁN—-Cese el insulto;
Niño ínfelice,
Lleno de afán;
Ven y bendice
Mi imágen pura,
Pues la ventura
Te reirá.
LEÓNIDO.—Te detesto
Vil traidor,
A Dios sólo
Rindo amor
Mientras viva,
Seré fiel;
Morir quiero
Yo por Él.
CORO DE DIABLOS.
¡Viva! ¡viva
Nuestro Rey!
¡Muera, muera
Quien su Ley
No venera
Con ardor
De la vida
Con horror!
ESCENA SEXTA.
Dichos y un ÁNGEL.
ÁNGEL.—¡Atrás, ángeles
malditos
De la cólera del Cielo!
¡Volved el rápido vuelo
A la mansión del dolor!
¡Huíd, si del vivo rayo
Teméis el fúnebre brillo,
¡Huye, ó arcángel traidor!
(Huyen los diablos.)
Y tú, niño fiel, despierta.
(Se despierta.)
Ven aquí; soy el enviado
Del Cielo que te ha librado
Del pérfido Satanás:
Ya la Vírgen de Antipolo
Las aguas, surca del río;
Salúdala en canto pío,
Pues siempre su hijo serás.
Ella te libró piadosa,
De las garras del Averno;
Sé de Ella el hijo más
tierno,
Pues trae la dicha en
pos....
Ya tus compañeros llegan,
Adiós, pues; volveré al
Cielo.
¡Adiós, Leónido, adiós!
(Desaparece.)
LEÓNIDO,—Adiós, hermosa
criatura
Que veniste á socorrerme,
Guarda que vela, si duerme
El niño el sueño infantil.
ESCENA ÚLTIMA.
(LEÓNIDO y los NIÑOS. La
VÍRGEN pasa el rio momentos antes de concluir el recitado.)
CÁNDIDO.—¡Ah! ¡Leónido! Te
buscamos;
He aquí la Vírgen María:
¿Sientes la dulce armonía
Que se oye entre cantos mil?
LEÓNIDO.—¡Oh, si, amigo! La
percibo;
La miro también venir...
¡Oh! ¡qué secreta alegría
Yo siento dentro de mí!
Unamos nuestros acentos
En este día feliz.
Saludemos á la Vírgen...
¿Qué decís, amigos?
TODOS.—Sí.
(Aparece la Virgen con luz
de magnesio o electrica.)
CORO FINAL.
¡Salve Rosa pura
Reina de la mar!
¡Salve! Blanca Estrella,
Fiel Iris de Paz...
Antipolo,
Por tí sólo
Fama y renombre tendrá.
De los males,
Los mortales
Tu imágen nos librará;
Tu cariño,
Al fiel niño
Le guarda siempre del mal;
Noche y día,
Tu le guías
En la senda terrenal.
FIN.
NOTA
LA OCEANÍA ESPAÑOLA,
dirigida por el ilustre español D. JOSÉ FELIPE DEL PAN, en su número del 10 de
Diciembre de 1880, dijo, al hacer la descripción de esta fiesta:
«JUNTO AL PÁSIG, es casi un
auto sacramental, de argumento fantástico, no real, versificado con suma
fluidez y facilidad con algunas situaciones de mucho efecto y bordado con
preciosos coros debidos al conocido profesor D. BLÁS ECHEGOYEN.
«Felicitamos al joven autor
del libreto D. JOSÉ RIZAL. Su obra es muy bella en el detalle; el monólogo de
Satán, por sí solo, vale todos los aplausos que mereció del público toda la
obra. Aunque no del gusto teatral de nuestro tiempo ese género calderoniano,
sienta bien, ó es lo mejor que puede presentarse en escena con ocasión
semejante á la de anteanoche.»
Biografía autor
Dr. José Protasio
Rizal-Mercado y Alonso-Realonda (Calambá, 19 de junio de 1861 – Manila, 30 de
diciembre de 1896) fue un médico, escritor y héroe nacional filipino.Séptimo de
los once hijos de Francisco Rizal-Mercado y Teodora Alonso, prósperos campesinos
de la ciudad de Calambá, en la Provincia de Laguna. Es mestizo de ascendencia
malaya, china, y española. Por parte china descendía Domingo Lam-co, un
mercader llegado a Filipinas desde Amoy,
China, a finales del siglo XVII. Lam-co se casó con Inés de la Rosa, mestiza de
ascendencia china y malaya. La madre de Rizal, Teodora, era bisnieta de Lam-co
e hija de un mestizo malayo-español.
En 1849 el Gobernador
General Narciso Clavería publica un edicto disponiendo que la población
indígena adoptase apellidos españoles o de resonancia española. La norma, de
carácter administrativo, se daba a efectos de censo civil, catastro, servicio,
política fiscal, etc. Lam-co, cual comerciante que era, escogió el apellido
"Mercado" para indicar su profesión. Tal fue el apellido que
emplearía Rizal hasta su ingreso en el Ateneo Municipal de Manila, institución
jesuita (hoy Universidad Ateneo de Manila) donde prosiguió sus estudios de
grado medio. Poco tardaría el joven estudiante, maduro y con especial nivel de
conciencia, en arriesgarse políticamente al criticar con clara valentía el
deficiente y teocrático gobierno colonial español. Por entonces, su hermano
mayor Paciano le exhorta a cambiar su apellido por "Rizal," derive
del palabra "ricial".
Educación
Conocido como
"Pepe" por sus padres, hermanos, y parientes, Rizal comenzó a ser
instruido por su madre. Era un niño lleno de curiosidad acerca de cuanto veía.
Estaba junto a su madre una noche y observó una mariposilla que, volando en
torno a una vela, acabaría por quemarse. La madre aprovechó entonces el ejemplo
para advertirle al niño lo que podría sucederle a uno si se dejaba cegar por el
exceso de sabiduría.
Tras recibir en 1877 su
título de Bachiller en Artes por el Ateneo Municipal de Manila, Rizal continuó
su educación en la misma institución con vistas a obtener el grado de
topógrafo, agrimensor y asesor de propiedad fundiaria. Fue en la Universidad de
Santo Tomás, gestionada por la orden dominica, donde inició su carrera en
"Filosofía y Letras," en la que confluyen Filosofía, Literatura,
Latín y Humanidades.
Cuando supo que su madre se
estaba quedando ciega, se inclinó por el estudio de la Oftalmología, comenzando
sus cursos de medicina general en la citada institución dominica. A fin de
cursar la ansiada especialidad, dejó Filipinas para estudiar en Europa, con la
fuerte oposición de su padre. Su primer destino fue Madrid, en cuya Universidad
Central de Madrid convalidó asignaturas de su universidad filipina, tanto de
medicina como de filosofía y letras, y acabó graduándose cum laude. Después,
trabajó por unos meses como asistente de oftalmólogo en una clínica de París, y
después se fue para Heidelberg, Alemania donde trabajó como oftalmólogo.
Legado
Al parecer, la lealtad de
Rizal para España no tenía entonces fisuras. Rizal, lejos de ser un
revolucionario, era un joven de clase burguesa que más bien ansiaba reformas
administrativas para Filipinas, entre ellas la equiparación del archipiélago a
provincia española de pleno derecho, con el correspondiente fin del estatuto
colonial y, sobre todo, de la sofocante tutela que las órdenes religiosas
ejercían sobre la vida social del país, impidiendo modernización y progreso. En
Madrid, como líder del movimiento de estudiantes filipinos en España que hacían
propaganda para que Filipinas fuese conocida y respetada en sus
reivindicaciones, Rizal contribuyó con artículos para el quincenal La
Solidaridad, editado por algunos de sus paisanos malayos como Marcelo Hilario
del Pilar, Panganiban, López Jaena, Lete, primero en Madrid y luego en
Barcelona. El ideario de la publicación era el siguiente:
* que Filipinas fuera una provincia de
España, y no una colonia (razón por la cual es también considerado por algunos
como héroe nacional español, habiendo en España varias calles con su nombre).
* que Filipinas obtuviese, por tanto,
representación parlamentaria en las Cortes Generales;
* que las parroquias regentadas por
sacerdotes españoles fuesen gradualmente cedidas al clero nativo;
* que se concediese a la gente de Filipinas
libertad de reunión y de expresión;
* que se estableciese la igualdad legal
entre la población malaya y los españoles.
De haberse llevado a cabo
tal programa, las obras de Rizal (en especial sus dos novelas, Noli me tangere
y El filibusterismo) hubieran podido publicarse en Filipinas, pero las
autoridades de las islas intuyeron que tales reformas comprometerían los privilegios
de los colonos españoles. Por tal razón, vuelto a Manila en 1892 se le acusó de
subversión por la fundación de un movimiento cívico llamado Liga Filipina,
condenándosele a exilio temporal en Dapitan, Mindanao.
En el lugar de su exilio,
Rizal fundó una escuela y un hospital. Mientras tanto, en 1896, el Katipunan,
una sociedad clandestina abiertamente independentista, inició una revolución
inspirada en ciertas frases patrióticas sacadas de las novelas de Rizal. El
joven doctor, que para redimirse de su exilio había obtenido del gobierno
español una plaza de médico de campaña en Cuba (entonces también insurrecta),
fue arrestado a bordo de la nave que le llevaba a España. Devuelto a Filipinas,
se le acusaba de haber instigado la revuelta separatista.
Muerte
Por instigación de las
órdenes religiosas (es decir, dominicos y franciscanos), Rizal fue esta vez
acusado de asociación ilícita con otros revolucionarios. Convicto por sedición,
fue condenado a ser fusilado en el paraje de Bagumbayan (ahora Parque de Rizal),
dentro de Manila. En la víspera de su ejecución, escribió un poema titulado Mi
último adiós, así como una carta a su íntimo amigo y colaborador alemán
Ferdinand Blumentritt, en la que afirmaba
Querido hermano, cuando recibas esta carta
ya habré muerto; mañana a las 7 seré ejecutado, aunque no soy culpable de
rebelión.
En la madrugada del 31 de
diciembre asistió a una misa con Josephine Braecken, una joven belga que había
decidido acompañarle durante el tiempo que había durado su destierro, y con la
que contrajo entonces matrimonio. Antes de su ejecución, pidió que no se le
vendaran los ojos y que le fusilaran de frente; lo primero se le concedió, pero
se le negó lo segundo, por considerársele traidor. Con todo, antes de los
disparos Rizal se volvió hacia el frente; caía así, mostrando convicción en su
propia rectitud.
Rizal es miembro de la
generación más señera de los grandes nacionalistas filipinos, junto con sus
paisanos y compañeros Andrés Bonifacio y Emilio Aguinaldo. En la actualidad
existe un monumento en el sitio donde Rizal cayó, modelado por el escultor suizo
Richard Kissling, autor de la estatua de Guillermo Tell. En el monumento a
Rizal se lee lo siguiente:
Quiero mostrar a quienes privan a la gente
el derecho del patriotismo que sí sabemos como sacrificarnos a nosotros mismos
por nuestros deberes y principios. La muerte no importa cuando se muere por lo
que se ama: la patria y los seres queridos.
José Rizal
(José Rizal y Alonso;
Calamba, Filipinas, 1861-Manila, 1896) Político y escritor filipino. Comenzó
sus estudios universitarios con los jesuitas en Manila, y en 1882 ingresó en la
Universidad de Madrid, por la que se licenció en medicina y en filosofía y
letras. Durante un viaje por Europa escribió Noli me tángere, novela
anticolonialista en la que denunciaba los abusos de la Administración española
en Filipinas, donde se prohibió su publicación. Rizal, cuya militancia política
se había iniciado en el claustro universitario, se oponía enérgicamente al
desmesurado poder de las Órdenes católicas españolas. En este sentido, su obra
El filibusterismo resumió su ideología nacionalista, que más tarde difundió a
través de la Liga Filipina, una sociedad secreta que fundó en Hong Kong.
Gracias a una apertura del
gobierno, en 1887 pudo regresar a su patria, pero la estrecha vigilancia
policial a que fue sometido lo obligó a marcharse al año siguiente. Regresó en
1892, tras haberse comprometido a no realizar actividad política alguna. Sin
embargo, la dramática situación de los campesinos de Calamba, que habían sido
desposeídos de sus viviendas, lo indujo a tomar abierto partido por éstos. Ese
mismo año, marchó a Hong Kong, donde pretendió crear una colonia en Borneo y
fundar allí la Liga filipina, por lo que, acusado de formar parte de sociedades
secretas, fue deportado a Mindanao.
En 1896 emprendió viaje a
Barcelona y de nuevo fue acusado, esta vez injustamente, de intervenir en la
insurrección de la sociedad secreta Katipunan. Detenido y trasladado a Manila,
fue sometido a un consejo de guerra. Pi y Margall, con quien le unía una
profunda amistad, solicitó el indulto, pero la petición fue desestimada por
Cánovas. Fusilado en Manila, su lucha por el pueblo filipino lo convirtió en
paladín del independentismo.
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/rizal.htm

