Libro No. 325. Los Principios del Socialismo y el Comunismo. G.M.M.
© Libro No. 325. Los Principios del
Socialismo y el Comunismo. G.M.M. Colección Emancipación Obrera. Junio 23
de 2012.
Título original: © Los Principios del Socialismo y el Comunismo. G.M.M. Colección
Emancipación Obrera. Junio 23 de 2012
Versión Original: © Los Principios del Socialismo y el Comunismo. Colección Emancipación
Obrera. G.M.M. Junio 23 de 2012
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Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LOS PRINCIPIOS DEL
SOCIALISMO
Y
EL COMUNISMO
CONTENIDO
Pág
1.
PRINCIPIOS
DEL COMUNISMO. F. ENGELS. ……………. 5
2.
PUNTOS
SOBRE EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO. BOB AVAKIAN……………………………………………………… 26
Es
necesario que los comunistas sean… comunistas…………… 26
·
Una clase de estado radicalmente nueva, una visión
radicalmente diferente y mucho más amplia de libertad…… 35
·
El materialismo vs. el idealismo... la contradicción
fundamental del capitalismo y la resolución revolucionaria de esa contradicción…………………………………………………….. 44
·
La transformación ideológica así como material que
se requiere para llegar al comunismo (las “dos rupturas radicales” y las
"4 todas"), y su relación con “el núcleo sólido con mucha
elasticidad”……………………………………………………… 71
·
Análisis materialista del Estado y su relación con la base económica subyacente………………………………………… 83
·
Una perspectiva comunista sobre el comunismo…………… 102
F. ENGELS
1.
PRINCIPIOS DEL COMUNISMO
El
trabajo "Principios del comunismo" es un proyecto de programa de la
Liga de los Comunistas. Lo escribió Engels en París por encargo del Comité
Comarcal de la Liga. Sin embargo, luego de que como resultado de su II Congreso
(29 de noviembre-8 de diciembre de 1847), la Liga les encargara a Marx y Engels
la redacción de un programa para la Liga, los autores abandonaron la forma de
catequismo que marcó la obra aquí reproducida y optaron por escribir el
programa en forma de minifiesto. El resultado se conoce como el Manifiesto del Partido Comunista. Al
escribirlo, los autores utilizaron las tesis expuestas por Engels en los
"Principios del comunismo".
I. ¿Qué es el
comunismo?
El comunismo es la doctrina de las condiciones de la
liberación del proletariado.
II. ¿Qué es el
proletariado?
El proletariado es la clase social que consigue sus
medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo, y no del
rédito de algún capital; es la clase, cuyas dicha y pena, vida y muerte y toda
la existencia dependen de la demanda de trabajo, es decir, de los períodos de
crisis y de prosperidad de los negocios, de las fluctuaciones de una
competencia desenfrenada. Dicho en pocas palabras, el proletariado, o la clase
de los proletarios, es la clase trabajadora del siglo XIX.
III. ¿Quiere decir
que los proletarios no han existido siempre?
No. Las clases pobres y trabajadoras han existido
siempre, siendo pobres en la mayoría de los casos. Ahora bien, los pobres, los
obreros que viviesen en las condiciones que acabamos de señalar, o sea los
proletarios, no han existido siempre, del mismo modo que la competencia no ha
sido siempre libre y desenfrenada.
IV. ¿Cómo apareció
el proletariado?
El proletariado nació a raíz de la revolución
industrial, que se produjo en Inglaterra en la segunda mitad del siglo pasado y
se repitió luego en todos los países civilizados del mundo. Dicha revolución se
debió al invento de la máquina de vapor, de las diversas máquinas de hilar, del
telar mecánico y de toda una serie de otros dispositivos mecánicos. Estas
máquinas, que costaban muy caras y, por eso, sólo estaban al alcance de los
grandes capitalistas, transformaron completamente el antiguo modo de producción
y desplazaron a los obreros anteriores, puesto que las máquinas producían
mercancías más baratas y mejores que las que podían hacer éstos con ayuda de
sus ruecas y telares imperfectos. Las máquinas pusieron la industria
enteramente en manos de los grandes capitalistas y redujeron a la nada el valor
de la pequeña propiedad de los obreros (instrumentos, telares, etc.), de modo
que los capitalistas pronto se apoderaron de todo, y los obreros se quedaron
con nada. Así se instauró en la producción de tejidos el sistema fabril. En
cuanto se dio el primer impulso a la introducción de máquinas y al sistema
fabril; este último se propagó rápidamente en las demás ramas de la industria,
sobre todo en el estampado de tejidos, la impresión de libros, la alfarería y
la metalurgia. El trabajo comenzó a dividirse más y más entre los obreros
individuales de tal manera que el que antes efectuaba todo el trabajo pasó a
realizar nada más que una parte del mismo. Esta división del trabajo permitió
fabricar los productos más rápidamente y, por consecuencia, de modo más barato.
Ello redujo la actividad de cada obrero a un procedimiento mecánico, muy
sencillo, constantemente repetido, que la máquina podía realizar con el mismo
éxito o incluso mucho mejor. Por tanto, todas estas ramas de la producción
cayeron, una tras otra, bajo la dominación del vapor, de las máquinas y del
sistema fabril, exactamente del mismo modo que la producción de hilados y de
tejidos. En consecuencia, ellas se vieron enteramente en manos de los grandes
capitalistas, y los obreros quedaron privados de los úItimos restos de su
independencia. Poco a poco, el sistema fabril extendió su dominación no ya sólo
a la manufactura, en el sentido estricto de la palabra, sino que comenzó a
apoderarse más y más de las actividades artesanas, ya que también en esta
esfera los grandes capitalistas desplazaban cada vez más a los pequeños
maestros, montando grandes talleres, en los que era posible ahorrar muchos
gastos e implantar una detallada división del trabajo. Así llegamos a que, en
los países civilizados, casi en todas las ramas del trabajo se afianza la
producción fabril y, casi en todas estas ramas, la gran industria desplaza a la
artesanía y la manufactura. Como resultado de ello, se arruina más y más la
antigua clase media, sobre todo los pequeños artesanos, cambia completamente la
anterior situación de los trabajadores y surgen dos clases nuevas, que absorben
paulatinamente a todas las demás, a saber:
I. La clase de los grandes capitalistas, que son ya en
todos los países civilizados casi los únicos poseedores de todos los medios de
existencia, como igualmente de las materias primas y de los instrumentos
(máquinas, fábricas, etc.) necesarios para la producción de los medios de
existencia. Es la clase de los burgueses, o sea, burguesía.
II. La clase de los completamente desposeídos, de los
que en virtud de ello se ven forzados a vender su trabajo a los burgueses, al
fin de recibir en cambio los medios de subsistencia necesarios para vivir. Esta
clase se denomina la clase de los proletarios, o sea, proletariado.
V. ¿En qué
condiciones se realiza esta venta del trabajo de los proletarios a los
burgueses?
El trabajo es una mercancía como otra cualquiera, y su
precio depende, por consiguiente, de las mismas leyes que el de cualquier otra
mercancía. Pero, el precio de una mercancía, bajo el dominio de la gran
industria o de la libre competencia, que es lo mismo, como lo veremos más
adelante, es, por término medio, siempre igual a los gastos de producción de
dicha mercancía. Por tanto, el precio del trabajo es también igual al costo de
producción del trabajo. Ahora bien, el costo de producción del trabajo consta
precisamente de la cantidad de medios de subsistencia indispensables para que
el obrero esté en condiciones de mantener su capacidad de trabajo y para que la
clase obrera no se extinga. El obrero no percibirá por su trabajo más que lo
indispensable para ese fin; el precio del trabajo o el salario será, por
consiguiente, el más bajo, constituirá el mínimo de lo indispensable para
mantener la vida. Pero, por cuanto en los negocios existen períodos mejores y
peores, el obrero percibirá unas veces más, otras menos, exactamente de la
misma manera que el fabricante cobra unas veces más, otras menos, por sus
mercancías. Y, al igual que el fabricante, que, por término medio, contando los
tiempos buenos y los malos, no percibe por sus mercancías ni más ni menos que
su costo de producción, el obrero percibirá, por término medio, ni más ni menos
que ese mínimo. Esta ley económica del salario se aplicará más rigurosamente en
la medida en que la gran industria vaya penetrando en todas las ramas de la
producción.
VI. ¿Qué clases
trabajadores existían antes de la revolución industrial?
Las clases trabajadoras han vivido en distintas
condiciones, según las diferentes fases de desarrollo de la sociedad, y han
ocupado posiciones distintas respecto de las clases poseedoras y dominantes. En
la antigüedad, los trabajadores eran esclavos de sus amos,
como lo son todavía en un gran número de países atrasados e incluso en la parte
meridional de los Estados Unidos. En la Edad Media eran siervos de
los nobles propietarios de tierras, como lo son todavía en Hungría, Polonia y
Rusia. Además, en la Edad Media, hasta la revolución industrial, existían en
las ciudades oficiales artesanos que trabajaban al servicio de la pequeña
burguesía y, poco a poco, en la medida del progreso de la manufactura,
comenzaron a aparecer obreros de manufactura que iban a trabajar contratados
por grandes capitalistas.
VII. ¿Qué
diferencia hay entre el proletario y el esclavo?
El esclavo está vendido de una vez y para siempre, en
cambio, el proletario tiene que venderse él mismo cada día y cada hora. Todo
esclavo individual, propiedad de un señor determinado, tiene
ya asegurada su existencia por miserable que sea, por interés de éste. En
cambio el proletario individual es, valga la expresión, propiedad de toda
la clase de la burguesía. Su trabajo no se compra más que
cuando alguien lo necesita, por cuya razón no tiene la existencia asegurada.
Esta existencia está asegurada únicamente a toda la clase de
los proletarios. El esclavo está fuera de la competencia. El proletario se
halla sometido a ello y siente todas sus fluctuaciones. El esclavo es
considerado como una cosa, y no miembro de la sociedad civil. El proletario es
reconocido como persona, como miembro de la sociedad civil. Por consiguiente,
el esclavo puede tener una existencia mejor que el proletario, pero este último
pertenece a una etapa superior de desarrollo de la sociedad y se encuentra a un
nivel más alto que el esclavo. Este se libera cuando de todas las relaciones de
la propiedad privada no suprime más que una, la relación de esclavitud, gracias
a lo cual sólo entonces se convierte en proletario; en cambio, el proletario
sólo puede liberarse suprimiendo toda la propiedad privada en general.
VIII. ¿Qué
diferencia hay entre el proletario y el siervo?
El siervo posee en propiedad y usufructo un
instrumento de producción y una porción de tierra, a cambio de lo cual entrega
una parte de su producto o cumple ciertos trabajos. El proletario trabaja con
instrumentos de producción pertenecientes a otra persona, por cuenta de ésta, a
cambio de una parte del producto. El siervo da, al proletario le dan. El siervo
tiene la existencia asegurada, el proletario no. El siervo está fuera de la
competencia, el proletario se halla sujeto a ella. El siervo se libera ya refugiándose
en la ciudad y haciéndose artesano, ya dando a su amo dinero en lugar de
trabajo o productos, transformandose en libre arrendatario, ya expulsando a su
señor feudal y haciéndose él mismo propietario. Dicho en breves palabras, se
libera entrando de una manera u otra en la clase poseedora y en la esfera de la
competencia. El proletario se libera suprimiendo la competencia, la propiedad
privada y todas las diferencias de clase.
IX. ¿Qué diferencia
hay entre el proletario y el artesano? 1
X. ¿Qué diferencia
hay entre el proletario y el obrero de manufactura?
El obrero de manufactura de los siglos XVI-XVIII
poseía casi en todas partes instrumentos de producción: su telar, su rueca para
la familia y un pequeño terreno que cultivaba en las horas libres. El
proletario no tiene nada de eso. El obrero de manufactura vive casi siempre en
el campo y se halla en relaciones más o menos patriarcales con su señor o su
patrono. El proletario suele vivir en grandes ciudades y no lo unen a su
patrono más que relaciones de dinero. La gran industria arranca al obrero de
manufactura de sus condiciones patriarcales; éste pierde la propiedad que
todavía poseía y sólo entonces se convierte en proletario.
XI. ¿Cuáles fueron
las consecuencias directas de la revolución industrial y de la división de la
sociedad en burgueses y proletarios?
En primer lugar,
en virtud de que el trabajo de las máquinas reducía más y más los precios de
los artículos industriales, en casi todos los países del mundo el viejo sistema
de la manufactura o de la industria basada en el trabajo manual fue destruido
enteramente. Todos los países semibárbaros que todavía quedaban más o menos al
margen del desarrollo histórico y cuya industria se basaba todavía en la
manufactura, fueron arrancados violentamente de su aislamiento. Comenzaron a
comprar mercancías más baratas a los ingleses, dejando que se muriesen de
hambre sus propios obreros de manufactura. Así, países que durante milenios no
conocieron el menor progreso, como, por ejemplo, la India, pasaron por una
completa revolución, e incluso la China marcha ahora de cara a la revolución.
Las cosas han llegado a tal punto que una nueva máquina que se invente ahora en
Inglaterra podrá, en el espacio de un año, condenar al hambre a millones de
obreros de China. De este modo, la gran industria ha ligado los unos a los otros
a todos los pueblos de la tierra, ha unido en un solo mercado mundial todos los
pequeños mercados locales, ha preparado por doquier el terreno para la
civilización y el progreso y ha hecho las cosas de tal manera que todo lo que
se realiza en los países civilizados debe necesariamente repercutir en todos
los demás, por tanto, si los obreros de Inglaterra o de Francia se liberan
ahora, ello debe suscitar revoluciones en todos los demás países, revoluciones
que tarde o temprano culminarán también allí en la liberación de los obreros.
En segundo lugar,
en todas las partes en que la gran industria ocupó el lugar de la manufactura,
la burguesía aumentó extraordinariamente su riqueza y poder y se erigió en
primera clase del país. En consecuencia, en todas las partes en las que se
produjo ese proceso, la burguesía tomó en sus manos el poder político y
desalojó las clases que dominaban antes: la aristocracia, los maestros de
gremio y la monarquía absoluta, que representaba a la una y a los otros. La
burguesía acabó con el poderío de la aristocracia y de la nobleza, suprimiendo
el mayorazgo o la inalienabilidad de la posesión de tierras, como también todos
los privilegios de la nobleza. Destruyó el poderío de los maestros de gremio,
eliminando todos los gremios y los privilegios gremiales. En el lugar de unos y
otros puso la libre competencia, es decir, un estado de la sociedad en la que
cada cual tenía derecho a dedicarse a la rama de la industria que le gustase y
nadie podía impedírselo a no ser la falta de capital necesario para tal actividad.
Por consiguiente, la implantación de la libre competencia es la proclamación
pública de que, de ahora en adelante, los miembros de la sociedad no son
iguales entre sí únicamente en la medida en que no lo son sus capitales, que el
capital se convierte en la fuerza decisiva y que los capitalistas, o sea, los
burgueses, se erigen así en la primera clase de la sociedad. Ahora bien, la
libre competencia es indispensable en el período inicial del desarrollo de la
gran industria, porque es el único régimen social con el que la gran industria
puede progresar. Tras de aniquilar de este modo el poderío social de la nobleza
y de los maestros de gremio, puso fin también al poder político de la una y los
otros. Llegada a ser la primera clase de la sociedad, la burguesía se proclamó
también la primera clase en la esfera política. Lo hizo implantando el sistema
representativo, basado en la igualdad burguesa ante la ley y en el
reconocimiento legislativo de la libre competencia. Este sistema fue instaurado
en los países europeos bajo la forma de la monarquía constitucional. En dicha
monarquía sálo tienen derecho de voto los poseedores de cierto capital, es
decir, únicamente los burgueses. Estos electores burgueses eligen a los
diputados, y estos diputados burgueses, valiéndose del derecho a negar los
impuestos, eligen un gobierno burgués.
En tercer lugar,
la revolución indistrial ha creado en todas partes el proletariado en la misma
medida que la burguesía. Cuanto más ricos se hacían los burgueses, más
numerosos eran los proletarios. Visto que sólo el capital puede dar ocupación a
los proletarios y que el capital sólo aumenta cuando emplea trabajo, el
crecimiento del proletariado se produce en exacta correspondencia con el del
capital. Al propio tiempo, la revolución industrial agrupa a los burgueses y a
los proletarios en grandes ciudades, en las que es más ventajoso fomentar la
industria, y can esa concentración de grandes masas en un mismo lugar
le inculca a los proletarios la conciencia de su fuerza. Luego, en la medida
del progreso de la revolución industrial, en la medida en que se inventan
nuevas máquinas, que eliminan el trabajo manual, la gran industria ejerce una
presión creciente sobre los salarios y los reduce, como hemos dicho, al mínimo,
haciendo la situación del proletariado cada vez más insoportable. Así, por una
parte, como consecuencia del descontento creciente del proletariado y, por la
otra, del crecimiento del poderío de éste, la revolución industrial prepara la
revolución social que ha de realizar el proletariado.
XII. ¿Cuáles han
sido las consecuencias siguientes de la revolución industrial?
La gran industria creó, con la máquina de vapor y
otras máquinas, los medios de aumentar la producción industrial rápidamente, a
bajo costo y hasta el infinito. Merced a esta facilidad de ampliar la
producción, la libre competencia, consecuencia necesaria de esta gran
industria, adquirió pronto un carácter extraordinariamente violento; un gran
número de capitalistas se lanzó a la industria, en breve plazo se produjo más
de lo que se podía consumir. Como consecuencia, no se podían vender las
mercancías fabricadas y sobrevino la llamada crisis comercial; las fábricas
tuvieron que parar, los fabricantes quebraron y los obreros se quedaron sin
pan. Y en todas partes se extendió la mayor miseria. Al cabo de cierto tiempo
se vendieron los productos sobrantes, las fábricas volvieron a funcionar, los
salarios subieron y, poco a poco, los negocios marcharon mejor que nunca. Pero
no por mucho tiempo, ya que pronto volvieron a producirse demasiadas mercancías
y sobrevino una nueva crisis que transcurrió exactamente de la misma manera que
la anterior. Así, desde comienzos del presente siglo, en la situación de la
industria se han producido continuamente oscilaciones entre períodos de
prosperidad y períodos de crisis, y casi regularmente, cada cinco o siete años
se ha producido tal crisis, con la particularidad de que cada vez acarreaba las
mayores calamidades para los obreros, una agitación revolucionaria general y un
peligro colosal para todo el régimen existente.
XIII. ¿Cuáles son
las consecuencias de estas crisis comerciales que se repiten regularmente?
En primer lugar,
la de que la gran industria, que en el primer período de su desarrollo creó la
libre competencia, la ha rebasado ya; que la competencia y, hablando en
términos generales, la producción industrial en manos de unos u otros
particulares se ha convertido para ella en una traba a la que debe y ha de
romper; que la gran industria, mientras siga sobre la base actual, no puede
existir sin conducir cada siete años a un caos general que supone cada vez un
peligro para toda la civilización y no sólo sume en la miseria a los
proletarios, sino que arruina a muchos burgueses; que, por consiguiente, la
gran industria debe destruirse ella misma, lo que es absolutamente imposible, o
reconocer que hace imprescindible una organización completamente nueva de la
sociedad, en la que la producción industrial no será más dirigida por unos u
otros fabricantes en competencia entre sí, sino por toda la sociedad con
arreglo a un plan determinado y de conformidad con las necesidades de todos los
miembros de la sociedad.
En segundo lugar,
que la gran industria y la posibilidad, condicionada por ésta, de ampliar hasta
el infinito la producción permiten crear un régimen social en el que se
producirán tantos medios de subsistencia que cada miembro de la sociedad estará
en condiciones de desarrollar y emplear libremente todas sus fuerzas y
facultades; de modo que, precisamente la peculiaridad de la gran industria que
en la sociedad moderna engendra toda la miseria y todas las crisis comerciales
será en la otra organización social justamente la que ha de acabar con esa
miseria y esas fluctuaciones preñadas de tantas desgracias.
Por tanto, está probado claramente:
1) que en la actualidad todos estos males se deben
únicamente al régimen social, el cual ya no responde más a las condiciones
existentes;
2) que ya existen los medios de supresión definitiva
de estas calamidades por vía de la construcción de un nuevo orden social.
XIV. ¿Cómo debe ser
ese nuevo orden social?
Ante todo, la administración de la industria y de
todas las ramas de la producción en general dejará de pertenecer a unos u otros
individuos en competencia. En lugar de esto, las ramas de la producción pasarán
a manos de toda la sociedad, es decir, serán administradas en beneficio de toda
la sociedad, con arreglo a un plan general y con la participación de todos los
miembros de la sociedad. Por tanto, el nuevo orden social suprimirá la
competencia y la sustituirá con la asociación. En vista de que la dirección de
la industria, al hallarse en manos de particulares, implica necesariamente la
existencia de la propiedad privada y por cuanto la competencia no es otra cosa
que ese modo de dirigir la industria, en el que la gobiernan propietarios
privados, la propiedad privada va unida inseparablemente a la dirección
individual de la industria y a la competencia. Así, la propiedad privada debe
también ser suprimida y ocuparán su lugar el usufructo colectivo de todos los
instrumentos de producción y el reparto de los productos de común acuerdo, lo
que se llama la comunidad de bienes.
La supresión de la propiedad privada es incluso la
expresión más breve y mas característica de esta transformación de todo el
régimen social, que se ha hecho posible merced al progreso de la industria. Por
eso los comunistas la planteen can razón como su principal reivindicación.
XV. ¿Eso quiere
decir que la supresión de la propiedad privada no era posible antes?
No, no era posible. Toda transformación del orden
social, todo cambio de las relaciones de propiedad es consecuencia necesaria de
la aparición de nuevas fuerzas productivas que han dejado de corresponder a las
viejas relaciones de propiedad. Así ha surgido la misma propiedad privada. La
propiedad privada no ha existido siempre; cuando a fines de la Edad Media
surgió el nuevo modo de producción bajo la forma de la manufactura, que no
encuadraba en el marco de la propiedad feudal y gremial, esta manufactura, que
no correspondía ya a las viejas relaciones de propiedad, dio vida a una nueva
forma de propiedad: la propiedad privada. En efecto, para la manufactura y para
el primer período de desarrollo de la gran industria no era posible ninguna
otra forma de propiedad además de la propiedad privada, no era posible ningún
orden social además del basado en esta propiedad. Mientras no se pueda
conseguir una cantidad de productos que no sólo baste para todos, sino que se
quede cierto excedente para aumentar el capital social y seguir fomentando las
fuerzas productivas, deben existir necesariamente una clase dominante que
disponga de las fuerzas productivas de la sociedad y una clase pobre y
oprimida. La constitución y el carácter de estas clases dependen del grado de
desarrollo de la producción. La sociedad de la Edad Media, que tiene por base
el cultivo de la tierra, nos da el señor feudal y el siervo; las ciudades de
las postrimerías de la Edad Media nos dan el maestro artesano, el oficial y el
jornalero; en el siglo XVII, el propietario de manufactura y el obrero de ésta;
en el siglo XIX, el gran fabricante y el proletario. Es claro que, hasta el
presente, las fuerzas productivas no se han desarrollado aún al punto de
proporcionar una cantidad de bienes suficiente para todos y para que la
propiedad privada sea ya una traba, un obstáculo para su progreso. Pero hoy,
cuando, merced al desarrollo de la gran industria, en primer lugar,
se han constituido capitales y fuerzas productivas en proporciones sin
precedentes y existen medios para aumentar en breve plazo hasta el infinito
estas fuerzas productivas; cuando, en segundo lugar, estas fuerzas
productivas se concentran en manos de un reducido número de burgueses, mientras
la gran masa del pueblo se va convirtiendo cada vez más en proletarios, con la
particularidad de que su situación se hace más precaria e insoportable en la medida
en que aumenta la riqueza de los burgueses; cuando, en tercer lugar,
estas poderosas fuerzas productivas, que se multiplican con tanta facilidad
hasta rebasar el marco de la propiedad privada y del burgués, provocan
continuamente las mayores conmociones del orden social, sólo ahora la supresión
de la propiedad privada se ha hecho posible e incluso absolutamente necesaria.
XVI. ¿Será posible
suprimir por vía pacífica la propiedad privada?
Sería de desear que fuese así, y los comunistas, como
es lógico, serían los últimos en oponerse a ello. Los comunistas saben muy bien
que todas las conspiraciones, además de inútiles, son incluso perjudiciales.
Están perfectamente al corriente de que no se pueden hacer las revoluciones
premeditada y arbitrariamente y que éstas han sido siempre y en todas partes
una consecuencia necesaria de circunstancias que no dependían en absoluto de la
voluntad y la dirección de unos u otros partidos o clases enteras. Pero, al
propio tiempo, ven que se viene aplastando por la violencia el desarrollo del
proletariado en casi todos los países civilizados y que, con ello, los enemigos
mismos de los comunistas trabajan con todas sus energías para la revolución. Si
todo ello termina, en fin de cuentas, empujando al proletariado subyugado a la
revolución, nosotros, los comunistas, defenderemos con hechos, no menos que
como ahora lo hacemos de palabra, la causa del proletariado.
XVII. ¿Será posible
suprimir de golpe la propiedad privada?
No, no será posible, del mismo modo que no se puede
aumentar de golpe las fuerzas productivas existentes en la
medida necesaria para crear una economía colectiva. Por eso, la revolución del
proletariado, que se avecina según todos los indicios, sólo podrá transformar
paulatinamente la sociedad actual, y acabará con la propiedad privada
únicamente cuando haya creado la necesaria cantidad de medios de producción.
XVIII. ¿Qué vía de
desarrollo tomará esa revolución?
Establecerá, ante todo, un régimen democrático y,
por tanto, directa o indirectamente, la dominación política del proletariado.
Directamente en Inglaterra, donde los proletarios constituyen ya la mayoría del
pueblo. Indirectamente en Francia y en Alemania, donde la mayoría del pueblo no
consta únicamente de proletarios, sino, además, de pequeños campesinos y
pequeños burgueses de la ciudad, que se encuentran sólo en la fase de
transformación en proletariado y que, en lo tocante a la satisfacción de sus
intereses políticos, dependen cada vez más del proletariado, por cuya razón han
de adherirse pronto a las reivindicaciones de éste. Para ello, quizá, se
necesite una nueva lucha que, sin embargo, no puede tener otro desenlace que la
victoria del proletariado.
La democracia sería absolutamente inútil para el
proletariado si no la utilizara inmediatamente como medio para llevar a cabo
amplias medidas que atentasen directamente contra la propiedad privada y
asegurasen la existencia del proletariado. Las medidas más importantes, que
dimanan necesariamente de las condiciones actuales, son:
1) Restricción de la propiedad privada mediante el
impuesto progresivo, el alto impuesto sobre las herencias, la abolición del
derecho de herencia en las líneas laterales (hermanos, sobrinos, etc.),
préstamos forzosos, etc.
2) Expropiación gradual de los propietarios agrarios,
fabricantes, propietarios de ferrocarriles y buques, parcialmente con ayuda de
la competencia por parte de la industria estatal y, parcialmente de modo
directo, con indemnización en asignados.
3) Confiscación de los bienes de todos los emigrados y
de los rebeldes contra la mayoría del pueblo.
4) Organización del trabajo y ocupación de los
proletarios en fincas, fábricas y talleres nacionales, con lo cual se eliminará
la competencia entre los obreros, y los fabricantes que queden, tendrán que
pagar salarios tan altos como el Estado.
5) Igual deber obligatorio de trabajo para todos los
miembros de la sociedad hasta la supresión completa de la propiedad privada.
Formación de ejércitos industriales, sobre todo para la agricultura.
6) Centralización de los créditos y la banca en las
manos del Estado a través del Banco Nacional, con capital del Estado. Cierre de
todos los bancos privados.
7) Aumento del número de fábricas, talleres,
ferrocarriles y buques nacionales, cultivo de todas las tierras que están sin
labrar y mejoramiento del cultivo de las demás tierras en consonancia con el
aumento de los capitales y del número de obreros de que dispone la nación.
8) Educación de todos los niños en establecimientos
estatales y a cargo del Estado, desde el momento en que puedan prescindir del
cuidado de la madre. Conjugar la educación con el trabajo fabril.
9) Construcción de grandes palacios en las fincas del
Estado para que sirvan de vivienda a las comunas de ciudadanos que trabajen en
la industria y la agricultura y unan las ventajas de la vida en la ciudad y en
el campo, evitando así el carácter unilateral y los defectos de la una y la
otra.
10) Destrucción de todas las casas y barrios
insalubres y mal construidos.
11) Igualdad de derecho de herencia para los hijos
legítimos y los naturales.
12) Concentración de todos los medios de transporte en
manos de la nación.
Por supuesto, todas estas medidas no podrán ser
llevadas a la práctica de golpe. Pero cada una entraña necesariamente la
siguiente. Una vez emprendido el primer ataque radical contra la propiedad
privada, el proletariado se verá obligado a seguir siempre adelante y a
concentrar más y más en las manos del Estado todo el capital, toda la
agricultura, toda la industria, todo el transporte y todo el cambio. Este es el
objetivo a que conducen las medidas mencionadas. Ellas serán aplicables y
surtirán su efecto centralizador exactamente en el mismo grado en que el
trabajo del proletariado multiplique las fuerzas productivas del país.
Finalmente, cuando todo el capital, toda la producción y todo el cambio estén
concentrados en las manos de la nación, la propiedad privada dejará de existir
de por sí, el dinero se hará superfluo, la producción aumentará y los hombres
cambiarán tanto que se podrán suprimir también las últimas formas de relaciones
de la vieja sociedad.
XIX. ¿Es posible
esta revolución en un solo país?
No. La gran industria, al crear el mercado mundial, ha
unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo
los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del
otro. Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social
a tal punto que en todos estos países la burguesía y el proletariado se han
erigido en las dos clases decisivas de la sociedad, y la lucha entre ellas se
ha convertido en la principal lucha de nuestros días. Por consecuencia, la
revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se
producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos
en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania. Ella se desarrollará en
cada uno de estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del
grado en que esté en cada uno de ellos más desarrollada la industria, en que se
hayan acumulado más riquezas y se disponga de mayores fuerzas productivas. Por
eso será más lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra.
Ejercerá igualmente una influencia considerable en los demás países del mundo,
modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior marcha del
desarrollo. Es una revolución universal y tendrá, por eso, un ámbito universal.
XX. ¿Cuáles serán
las consecuencias de la supresión definitiva de la propiedad privada?
Al quitar a los capitalistas privados el usufructo de
todas las fuerzas productivas y medios de comunicación, así como el cambio y el
reparto de los productos, al administrar todo eso con arreglo a un plan basado
en los recursos disponibles y las necesidades de toda la sociedad, ésta
suprimirá, primeramente, todas las consecuencias nefastas ligadas al actual
sistema de dirección de la gran industria. Las crisis desaparecerán; la
producción ampliada, que es, en la sociedad actual, una superproducción y una causa
tan poderosa de la miseria, será entonces muy insuficiente y deberá adquirir
proporciones mucho mayores. En lugar de engendrar la miseria, la producción
superior a las necesidades perentorias de la sociedad permitirá satisfacer las
demandas de todos los miembros de ésta, engendrará nuevas demandas y creará, a
la vez, los medios de satisfacerlas. Será la condición y la causa de un mayor
progreso y lo llevará a cabo, sin suscitar, como antes, el trastorno periódico
de todo el orden social. La gran industria, liberada de las trabas de la
propiedad privada, se desarrollará en tales proporciones que, comparado con
ellas, su estado actual parecerá tan mezquino como la manufactura al lado de la
gran industria moderna. Este avance de la industria brindara a la sociedad
suficiente cantidad de productos para satisfacer las necesidades de todos. Del
mismo modo, la agricultura, en la que, debido al yugo de la propiedad privada y
al fraccionamiento de las parcelas, resulta difícil el empleo de los
perfeccionamientos ya existentes y de los adelantos de la ciencia experimentará
un nuevo auge y ofrecerá a disposición de la sociedad una cantidad suficiente
de productos. Así, la sociedad producirá lo bastante para organizar la
distribución con vistas a cubrir las necesidades de todos sus miembros. Con
ello quedará superflua la división de la sociedad en clases distintas y
antagónicas. Dicha división, además de superflua, será incluso incompatible con
el nuevo régimen social. La existencia de clases se debe a la división del
trabajo, y esta última, bajo su forma actual desaparecerá enteramente, ya que,
para elevar la producción industrial y agrícola al mencionado nivel no bastan
sólo los medios auxiliares mecánicos y químicos. Es preciso desarrollar
correlativamente las aptitudes de los hombres que emplean estos medios. Al
igual que en el siglo pasado, cuando los campesinos y los obreros de las
manufacturas, tras de ser incorporados a la gran industria, modificaron todo su
régimen de vida y se volvieron completamente otros, la dirección colectiva de
la producción por toda la sociedad y el nuevo progreso de dicha producción que
resultara de ello necesitarán hombres nuevos y los formarán. La gestión
colectiva de la producción no puede correr a cargo de los hombres tales como lo
son hoy, hombres que dependen cada cual de una rama determinada de la
producción, están aferrados a ella, son explotados por ella, desarrollan nada
más que unaspecto de sus aptitudes a cuenta de todos los otros y
sólo conocen una rama o parte de alguna rama de toda la
producción. La industria de nuestros días está ya cada vez menos en condiciones
de emplear tales hombres. La industria que funciona de modo planificado merced
al esfuerzo común de toda la sociedad presupone con más motivo hombres con
aptitudes desarrolladas universalmente, hombres capaces de orientarse en todo
el sistema de la producción. Por consiguiente, desaparecerá del todo la
división del trabajo, minada ya en la actualidad por la máquina, la división
que hace que uno sea campesino, otro, zapatero, un tercero, obrero fabril, y un
cuarto, especulador de la bolsa. La educación dará a los jóvenes la posibilidad
de asimilar rápidamente en la práctica todo el sistema de producción y les
permitirá pasar sucesivamente de una rama de la producción a otra, según sean
las necesidades de la sociedad o sus propias inclinaciones. Por consiguiente,
la educación los liberará de ese carácter unilateral que la división actual del
trabajo impone a cada individuo. Así, la sociedad organizada sobre bases comunistas
dará a sus miembros la posibilidad de emplear en todos los aspectos sus
facultades desarrolladas universalmente. Pero, con ello desaparecerán
inevitablemente las diversas clases. Por tanto, de una parte, la sociedad
organizada sobre bases comunistas es incompatible con la existencia de clases
y, de la otra, la propia construcción de esa sociedad brinda los medios para
suprimir las diferencias de clase.
De ahí se desprende que ha de desaparecer igualmente
la oposición entre la ciudad y el campo. Unos mismos hombres se dedicarán al
trabajo agrícola y al industrial, en lugar de dejar que lo hagan dos clases
diferentes. Esto es una condición necesaria de la asociación comunista y por
razones muy materiales. La dispersión de la población rural dedicada a la
agricultura, a la par con la concentración de la población industrial en las
grandes ciudades, corresponde sólo a una etapa todavía inferior de desarrollo de
la agricultura y la industria y es un obstáculo para el progreso, cosa que se
hace ya sentir con mucha fuerza.
La asociación general de todos los miembros de la
sociedad al objeto de utilizar colectiva y racionalmente las fuerzas
productivas; el fomento de la producción en proporciones suficientes para
cubrir las necesidades de todos; la liquidación del estado de cosas en el que
las necesidades de unos se satisfacen a costa de otros; la supresión completa
de las clases y del antagonismo entre ellas; el desarrollo universal de las
facultades de todos los miembros de la sociedad merced a la eliminación de la
anterior división del trabajo, mediante la educación industrial, merced al
cambio de actividad, a la participación de todos en el usufructo de los bienes
creados por todos y, finalmente, mediante la fusión de la ciudad con el campo
serán los principales resultados de la supresión de la propiedad privada.
XXI. ¿Qué
influencia ejercerá el régimen social comunista en la familia?
Las relaciones entre los sexos tendrán un carácter
puramente privado, perteneciente sólo a las personas que toman parte en ellas,
sin el menor motivo para la ingerencia de la sociedad. Eso es posible merced a
la supresión de la propiedad privada y a la educación de los niños por la
sociedad, con lo cual se destruyen las dos bases del matrimonio actual ligadas
a la propiedad privada: la dependencia de la mujer respecto del hombre y la
dependencia de los hijos respecto de los padres. En ello reside, precisamente,
la respuesta a los alaridos altamente moralistas de los burguesotes con motivo
de la comunidad de las mujeres, que, según éstos, quieren implantar los
comunistas. La comunidad de las mujeres es un fenómeno que pertenece
enteramente a la sociedad burguesa y existe hoy plenamente bajo la forma de
prostitución. Pero, la prostitución descansa en la propiedad privada y
desaparecerá junto con ella. Por consiguiente, la organización comunista, en
lugar de implantar la comunidad de las mujeres, la suprimirá.
XXII. ¿Cuál será la
actitud de la organización comunista hacia las nacionalidades existentes?
- Queda 2.
XXIII. ¿Cuál será
su actitud hacia las religiones existentes?
- Queda.
XXIV. ¿Cuál es la
diferencia entre los comunistas y los socialistas?
Los llamados socialistas se dividen en tres
categorías.
La primera consta de partidarios de la sociedad feudal
y patriarcal, que ha sido destruida y sigue siéndolo a diario por la gran
industria, el comercio mundial y la sociedad burguesa creada por ambos. Esta
categoría saca de los males de la sociedad moderna la conclusión de que hay que
restablecer la sociedad feudal y patriarcal, ya que estaba libre de estos
males. Todas sus propuestas persiguen, directa o indirectamente, este objetivo.
Los comunistas lucharán siempre enérgicamente contra esa categoría de socialistas reaccionarios,
pese a su fingida compasión de la miseria del proletariado y las amargas
lágrimas que vierten con tal motivo, puesto que estos socialistas:
1) se proponen un objetivo absolutamente imposible;
2) se esfuerzan por restablecer la dominación de la
aristocracia, los maestros de gremio y los propietarios de manufacturas, con su
séquito de monarcas absolutos o feudales, funcionarios, soldados y curas, una
sociedad que, cierto, estaría libre de los vicios de la sociedad actual, pero,
en cambio, acarrearía, cuando menos, otros tantos males y, además, no ofrecería
la menor perspectiva de liberación, con ayuda de la organización comunista, de
los obreros oprimidos;
3) muestran sus verdaderos sentimientos cada vez que
el proletariado se hace revolucionario y comunista: se alían inmediatamente a
la burguesía contra los proletarios.
La segunda categoría consta de partidarios de la
sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta
inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por
consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a
ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros,
grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la
sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y,
con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir
con energía contra estos socialistas burgueses, puesto que éstos
trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los
comunistas quieren destruir.
Finalmente, la tercera categoría consta de socialistas
democráticos. Al seguir el mismo camino que los comunistas, se proponen llevar
a cabo una parte de las medidas señaladas en la pregunta... 3, pero no como medidas de transición al
comunismo, sino como un medio suficiente para acabar con la miseria y los males
de la sociedad actual. Estos socialistas democráticos son
proletarios que no ven todavía con bastante claridad las condiciones de su
liberación, o representantes de la pequeña burguesía, es decir, de la clase
que, hasta la conquista de la democracia y la aplicación de las medidas
socialistas dimanantes de ésta, tiene en muchos aspectos los mismos intereses
que los proletarios. Por eso, los comunistas se entenderán con esos socialistas
democráticos en los momentos de acción y deben, en general, atenerse en esas
ocasiones y en lo posible a una política común con ellos, siempre que estos
socialistas no se pongan al servicio de la burguesía dominante y no ataquen a
los comunistas. Por supuesto, estas acciones comunes no excluyen la discusión
de las divergencias que existen entre ellos y los comunistas.
XXV. ¿Cuál es la
actitud de los comunistas hacia los demás partidos políticos de nuestra época?
Esta actitud es distinta en los diferentes países. En
Inglaterra, Francia y Bélgica, en las que domina la burguesía, los comunistas
todavía tienen intereses comunes con diversos partidos democráticos, con la
particularidad de que esta comunidad de intereses es tanto mayor cuanto más los
demócratas se acercan a los objetivos de los comunistas en las medidas
socialistas que los demócratas defienden ahora en todas partes, es decir,
cuanto más clara y explícitamente defienden los intereses del proletariado y cuanto
más se apoyan en el proletariado. En Inglaterra, por ejemplo, los
cartistas 4, que constan de obreros, se aproximan
inconmensurablemente más a los comunistas que los pequeñoburgueses democráticos
o los llamados radicales.
En Norteamérica, donde ha sido proclamada
la Constitución democrática, los comunistas deberán apoyar al partido que
quiere encaminar esta Constitución contra la burguesía y utilizarla en
beneficio del proletariado, es decir, al partido de la reforma agraria
nacional.
En Suiza, los radicales, aunque
constituyen todavía un partido de composición muy heterogénea, son, no
obstante, los únicos con los que los comunistas pueden concertar acuerdos, y
entre estos radicales los más progresistas son los de Vand y los de Ginebra.
Finalmente, en Alemania está todavía por delante la
lucha decisiva entre la burguesía y la monarquía absoluta. Pero, como los
comunistas no pueden contar con una lucha decisiva con la burguesía antes de
que ésta llegue al poder, les conviene a los comunistas ayudarle a que
conquiste lo más pronto posible la dominación, a fin de derrocarla, a su vez,
lo más pronto posible. Por tanto, en la lucha de la burguesía liberal contra
los gobiernos, los comunistas deben estar siempre del lado de la primera, precaviéndose,
no obstante, contra el autoengaño en que incurre la burguesía y sin fiarse en
las aseveraciones seductoras de ésta acerca de las benéficas consecuencias que,
según ella, traerá al proletariado la victoria de la burguesía. Las únicas
ventajas que la victoria de la burguesía brindará a los comunistas serán: 1)
diversas concesiones que aliviarán a los comunistas la defensa, la discusión y
la propagación de sus principios y, por tanto, aliviarán la cohesión del
proletariado en una clase organizada, estrechamente unida y dispuesta a la
lucha, y 2) la seguridad de que el día en que caigan los gobiernos
absolutistas, llegará la hora de la lucha entre los burgueses y los
proletarios. A partir de ese día, la política del partido de los comunistas
será aquí la misma que en los países donde domina ya la burguesía.
Escrito en alemán por F. Engels a fines de octubre y
en noviembre de 1847. Se publica de acuerdo con el manuscrito. Publicado por
vez primera como edición aparte en 1914.
NOTAS
[1] Aquí
Engels deja en blanco el manuscrito para redactar luego la respuesta a la
pregunta IX.
[2] En el
manuscrito, en lugar de respuesta a la pregunta 22, así como a la siguiente, la
23, figura la palabra «queda». Por lo visto, estima que la respuesta debía
quedar en la forma que estaba expuesta en uno de los proyectos previos, que no
nos han llegado, del programa de la Liga de los Comunistas.
[3] En el
manuscrito está en blanco ese lugar; trátase de la pregunta XVIII.
[4] Se
les llamó Chartists o cartistas los
participantes en el movimiento obrero de Gran Bretaña entre los años 1830s y
1850s que se libró con la reivindicación de la aprobación de una "Carta
del Pueblo" que garantize, entre otras cosas, el sufragio universal.
http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm
BOB AVAKIAN
2.
PUNTOS SOBRE EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO
Es necesario que los comunistas sean… comunistas[1]
Planteando
el problema de una forma aguda, atando varios cabos de esta charla y
permitiéndome un poco de hipérbole a fin de enfatizar un asunto muy importante,
el problema es que la mayor parte del tiempo la mayoría de los comunistas no
son comunistas.
Este
es un problema que afecta a nuestro partido, pero también es un problema
mundial e histórico del movimiento comunista y de toda la experiencia de la
sociedad socialista. Piensen en el fenómeno que se vio en China: demócratas
burgueses que se vuelven seguidores del camino capitalista. [Esto se refiere al
hecho de que una cantidad significativa de los que apoyaron la revolución y
entraron al Partido Comunista que la dirigía se quedaron estancados en la
posición ideológica de que lo único que querían era eliminar las barreras y las
cadenas que le impuso la dominación imperialista a China y a la sociedad china,
con la resultante persistencia de relaciones feudales o semifeudales en el
campo económico y social, y en la superestructura política e ideológica. Cuando
tras la victoria inicial sobre el imperialismo y el feudalismo la revolución
china entró a la etapa socialista y, especialmente, cuando avanzó en esa etapa
con la meta de eliminar y abolir toda forma de explotación, opresión y
desigualdad social, muchos de ellos dejaron de apoyar la revolución y se
opusieron cada vez más a su avance. Eso se concentró en el Partido Comunista y
en particular en los líderes que adoptaron líneas, programas y medidas que
llevaban la sociedad de vuelta al capitalismo (por eso Mao los llamó
"seguidores del camino capitalista"). Como el sistema socialista
estaba bastante establecido en China y contaba con mucho apoyo popular
(especialmente de los trabajadores y de la gran mayoría del campesinado, así
como también de muchos intelectuales revolucionarios y otros sectores), los
seguidores del camino capitalista presentaron su programa capitalista como
"socialismo". Efectivamente, cuando después de la muerte de Mao en
1976 tomaron el poder por medio de un golpe de estado y sofocaron a las fuerzas
revolucionarias del Partido Comunista y de la sociedad en general, con Deng
Xiaoping a la cabeza, esos seguidores del camino capitalista destruyeron el
socialismo y restauraron el capitalismo. Fuera de las particularidades de esta
situación y lucha en China, en toda revolución que avance al socialismo y
aspire a la meta final de un mundo comunista se presentará el fenómeno de que
los demócratas burgueses se vuelven seguidores del camino capitalista. Por eso
Mao sostenía que es crucial continuar la revolución después de establecer el
socialismo. Los comunistas tenemos que seguir abordando el problema de cómo
prevenir la restauración del capitalismo en un país socialista, cómo seguir
avanzando hacia el comunismo, y cómo hacerlo con métodos que concuerden con la
meta de avanzar hacia el comunismo, a fin de hacer mayores avances, primero en
el campo de la teoría y después en la experiencia práctica de los nuevos
estados socialistas que surjan.]
La
mayoría de los militantes del Partido Comunista de China no buscaban volverse
seguidores del camino capitalista. Su objetivo no era adoptar, defender ni
implementar medidas y líneas que llevaban al capitalismo. Pero muchos de ellos
siguieron esa línea; pensaron que era requesón de soya; no sabían la diferencia
entre un gato negro y un gato blanco. [La frase "requesón de soya" es
parte de un comentario que hizo Zhang Chunquiao (uno de los principales líderes
del Partido Comunista que luchó por la línea revolucionaria del socialismo y el
comunismo, a quien arrestaron y encarcelaron después de la muerte de Mao como
parte de "la banda de los cuatro"). En un artículo titulado
"Acerca de la dictadura omnímoda sobre la burguesía", escrito poco
antes de la muerte de Mao y del reaccionario golpe de estado encabezado por
Deng Xiaoping, Zhang habló del peligro de un golpe y de la restauración
capitalista; señaló que la actitud de muchos miembros del Partido Comunista
hacia el "atractivo" de las líneas y medidas revisionistas que
fomentaban el capitalismo era similar a su actitud hacia el requesón de soya:
¡piensan que huele mal pero sabe bien! La expresión "gato negro/gato
blanco" viene de una famosa declaración de Deng Xiaoping varios años antes
del golpe de estado que restauró el capitalismo: no importa si un gato es negro
o blanco, con tal que cace ratones. Eso quería decir: qué importa que las
medidas que adoptemos para desarrollar la economía encarnen principios
socialistas o principios capitalistas, con tal que lleven a que China sea un
estado moderno poderoso. Eso también tenía atractivo para muchos, inclusive
dentro del Partido Comunista, y está relacionado con el fenómeno de que los
demócratas burgueses se vuelven seguidores del camino capitalista.] La mayoría
de los cuadros del Partido Comunista de China siguieron esa línea revisionista
cuando ganó, y cuando purgaron y diezmaron, y en muchos casos ejecutaron, a los
defensores de la línea revolucionaria.
¿Cómo
sucedió eso? En la revolución china y en cualquier revolución que lleve al
socialismo se puede ser parte comunista y parte demócrata burgués. Una parte se
esfuerza por superar lo que Marx llamó "el estrecho horizonte del derecho
burgués" y otra parte acepta una versión u otra del derecho burgués. Esas
tendencias continuarán y la tendencia al derecho burgués puede ganar. [El
término "derecho burgués" se refiere a las desigualdades sociales
características del capitalismo, por ejemplo la profunda división entre el
trabajo intelectual y el trabajo manual, así como otras grandes diferencias
sociales que constituyen opresión y explotación, o contienen sus semillas;
durante el socialismo persisten esos rezagos de la vieja sociedad y solo se
pueden eliminar completamente con el avance al comunismo. Otro aspecto del
"derecho burgués" son las manifestaciones de las relaciones
económicas y sociales del capitalismo en las estructuras políticas, las
instituciones y el funcionamiento de la sociedad, por ejemplo en el derecho y
las ideas imperantes. El fenómeno de que hay comunistas que no rompen del todo
con el derecho burgués se debe fundamentalmente a que la revolución comunista
requiere una ruptura radical con las relaciones tradicionales de propiedad y
con las ideas tradicionales, como explican Marx y Engels en elManifiesto
Comunista.Esas relaciones tradicionales de propiedad (relaciones económicas
y sociales de explotación y opresión) y su manifestación en el campo de las
ideas (ideas tradicionales que corresponden en última instancia a relaciones
económicas y sociales de explotación y opresión) persistirán, resurgirán y se
harán valer hasta que se elimine complemente la base para que existan con el
avance al comunismo en todo el mundo. Hasta llegar a esa meta, la sociedad en
general sentirá la influencia de esas relaciones tradicionales de propiedad e
ideas tradicionales, y lo mismo sucederá con los comunistas que no superen los
estrechos confines del derecho burgués; eso puede llevarlos a "redefinir"
el "comunismo" de tal forma que equivalga a la democracia burguesa y
a las relaciones económicas y sociales capitalistas que en realidad refuerza la
democracia burguesa. Al fin y al cabo, la democracia burguesa es la encarnación
del gobierno de la sociedad por la clase capitalista: es una forma de dictadura burguesa1.
Digo
que los comunistas pueden tener una parte comunista y una parte demócrata
burguesa, pero no lo digo a fin de promover la "autocultivación".
"Oh, ¿qué soy, cuál es mi esencia?". No es cuestión de hacer una
revolución interna, en sí o para sí. Sí se necesita una lucha ideológica y
hacer una revolución interna en ese sentido, pero no en el
sentido de cultivarse uno mismo, de mirar hacia dentro. La esencia del asunto
es qué línea y qué concepción del mundo tenemos y adónde llevan, qué efecto
tendrán en la sociedad y en el mundo. ¿Adoptamos y captamos firmemente el punto
de vista, el método y el programa comunista; o adoptamos otro (o nos dejamos
jalar espontáneamente por otro)?
Hay
miles de injusticias en la sociedad. Un ejemplo patente es la horrible opresión
nacional y el racismo que la acompaña. Hoy, eso lo reconocen, de cierta forma y
hasta cierto punto, hasta los representantes de la clase dominante. Por
ejemplo, hace poco Howard Dean se puso a explicar su comentario de que el
Partido Demócrata tiene que apelar a los blancos del Sur que tienen en sus
pickups la bandera de la Confederación [el símbolo del gobierno que luchó por
conservar la esclavitud--Nota del traductor] con estas palabras: "Bueno,
lo siento por la imagen, pero lo que quiero decir es que tenemos que atraer a
los hombres blancos del Sur". [Esto fue cuando Howard Dean era candidato a
las elecciones primarias del Partido Demócrata.] Pero a continuación, sabiendo
que estaba metido en camisa de once varas, dijo: "Se necesita una buena
conversación sobre la raza en América". Luego citó un nuevo estudio (¡otro
más!) que ilustra lo profunda que es la discriminación en esta sociedad. En ese
estudio grupos de universitarios fueron a solicitar trabajo y contestaron que
sí a la pregunta de si los han "condenado de un delito" como posesión
de drogas con intención de vender; y resultó que los blancosque
contestaron que sí tenían más probabilidad de conseguir trabajo que los
negros que no tenían ningún antecedente penal.
Esto
es una manifestación más de la opresión de los negros y se puede aplicar a
otras nacionalidades oprimidas. Es una manifestación de una gran injusticia.
Otra son los constantes asesinatos que comete la policía, especialmente de
jóvenes en los ghettos, uno tras otro. Otra es la opresión de la mujer. Hay
montones de injusticias en esta sociedad; el borrador de nuestro nuevo Programa
cita muchas, con toda razón. Es posible meterse profundamente en las luchas
contra esas injusticias y llegar a reconocer que sin una revolución que tumbe
el sistema actual no se pueden eliminar esas injusticias e infamias; es posible
asumir esa posición sin romper completamente con el derecho burgués, sin
superarlo. Hacer esa ruptura es una lucha aguda y continua que se plantea una y
otra vez. Es un reto que se presenta continuamente a todos los comunistas.
Bueno,
es importante recalcar que, en el curso de desarrollar la lucha contra los
muchos atropellos e injusticias que produce continuamente este sistema (y, como
dijera Lenin, de desviar esas luchas hacia la meta de la revolución, el
socialismo y en última instancia el comunismo), es correcto y necesario unirse
con muchas clases de personas y fuerzas que tienen una diversidad de
concepciones ideológicas y posiciones políticas. Otra forma de decirlo es que
será necesario unirse con mucha gente que no ha superado los límites del
derecho burgués y la democracia burguesa. De hecho, mucha gente conservará esas
concepciones y posiciones por mucho tiempo, inclusive bien entrada la etapa de
transición socialista; y jamás lograremos avanzar hacia las metas de la revolución
comunista (ni nunca lograremos que den el salto para dejar atrás el estrecho
horizonte del derecho burgués) si adoptamos una actitud estúpida, sectaria y
dogmática y decimos que no vamos a trabajar con los que no han hecho esa
ruptura y repudiado completamente el derecho burgués. Pero en el proceso de
unidad-lucha-unidad con una amplia gama de personas (y, con respecto al aspecto
de "lucha", planteando audazmente nuestras ideas y metas, y
estimulando de forma positiva una discusión de principios sobre esto, mientras
nos unimos con ellos contra la opresión y la explotación, las infamias y las
injusticias, con las que podemos hacer causa común), los que somos, y estamos
resueltos a ser, comunistas, debemos realizar una lucha coherente, de otro tipo
y en otro contexto, dentro de nuestras filas, para seguir profundizando y
fortaleciendo nuestro conocimiento y nuestra aplicación del punto de vista y el
método comunista, y nuestro esfuerzo por las metas de la revolución comunista.
Para
decirlo de otra forma, la "posición" por sí sola no es suficiente.
Inclusive los comunistas tienen mucha confusión sobre esto. A veces se oye
decir: "él o ella tiene una línea ideológica muy buena", y lo que se
quiere decir es que esa persona tiene una buena posición: es dedicada, odia la
opresión, etc.; pero la posición no es suficiente. Zhang Chunquiao escribió
algo al respecto (o se dice que lo escribió y estoy dispuesto a creerlo, a
aceptar que es cierto). Después del golpe, en uno de los ataques de los
revisionistas a la "banda de los cuatro", dijeron que Zhang Chunquiao
afirmó que la teoría es el aspecto más dinámico de la ideología. La intención
de los revisionistas era decir: "Es un dogmatista total; es pura teoría y
nada de práctica; no tiene la dignidad de la realidad inmediata". [Esto
alude a la declaración de Lenin de que la práctica "posee no solo la
dignidad de la universalidad, sino también la de la realidad inmediata".]
Pero los revisionistas torcieron lo que dijo Lenin y le dieron la interpretación
de que la teoría no tiene importancia, o solo tiene una importancia secundaria,
y que la práctica se reduce a algo estrecho e inmediato. Eso pasa por alto el
hecho de que en la misma obra filosófica Lenin hizo hincapié en que la teoría,
como abstracción, refleja la realidad de modo más elevado y más concentrado que
la experiencia práctica, de la cual es una abstracción. (Naturalmente, Lenin
hablaba de la teoría correcta, la teoría que es un reflejo, y una
concentración, de la realidad tal como es, con su movimiento y cambio). Esa
interpretación revisionista estrecha de la esfera de la práctica y de su
importancia ignora otra verdad fundamental que Lenin recalcaba: sin teoría
revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario.]
Lo
que se le atribuye a Zhang Chunquiao es muy importante. Mao dijo que la
ideología comunista consta de posición, punto de vista y método. La posición es
importante; si uno no toma partido con las masas, ¿cómo va a querer abrazar la
ciencia del comunismo y hacer algo con ella? Pero la posición por sí no nos
llevará más allá de cierto punto.
La
teoría es el factor dinámico porque: ¿cómo se cambia la
ideología, cómo se cambia la concepción del mundo? ¿Cómo se cambia la manera de
ver algo, cómo se cambian los sentimientos sobre algo? Piensen en eso: ¿cómo se
cambian los sentimientos? Lo hacemos cuando entendemos algo de otro modo,
especialmente si tratamos de ser científicos, de lograr concretamente las
grandes cosas que nos proponemos, lo cual requiere un enfoque científico
(aunque no siempre lo recordemos).
La
teoría es el factor dinámico de la ideología. Si uno no estudia, si uno no le
lucha al marxismo (o, como decimos hoy, el marxismo-leninismo-maoísmo), si no
se esfuerza por ver cómo se aplica, y por seguir desarrollándolo al aplicarlo,
la espontaneidad lo va a jalar hacia abajo. Lo van a jalar hacia abajo las
fuertes presiones que ejercen las relaciones predominantes de explotación y
opresión (y la dinámica que impulsa todo en una sociedad, y un mundo, dominado
y moldeado por los sistemas de explotación y opresión) y por las ideas
correspondientes, que tienen una posición dominante y que diseminan y remachan
los medios de comunicación y otros medios de moldear la opinión pública y la
manera de pensar. Sin una lucha continua y cada vez más consciente contra esas
presiones e influencias, la posición se va a deteriorar. Si uno se basa
solamente en la posición; si no procura basarse cada vez más profundamente en
la teoría comunista (o si toma la actitud pragmática de que los requisitos de
una lucha o situación inmediata condicionan e incluso definen la teoría),
acabará claudicando y olvidando la meta de hacer la revolución y llegar al
socialismo y a un mundo comunista. Si uno no rompe, en su pensamiento, con el
estrecho horizonte del derecho burgués, y si no continúa profundizando esa
ruptura, inclusive su visión del comunismo y de la revolución comunista se
limitará a ser una variación de la democracia burguesa (o retrocederá y se
reducirá a eso), a ser otra expresión de la sociedad y del mundo en que predominan
las relaciones burguesas y el gobierno burgués. Abandonará las metas de la
revolución comunista abiertamente o, como suele suceder, seguirá diciendo (y
quizá creyendo, a un nivel) que sigue "a favor" de esos objetivos,
pero los consignará a un futuro distante, actuará como si hubieran perdido todo
sentido, sin ninguna relación con las tácticas necesarias en las circunstancias
presentes, y/o aguará la "revolución" a una noción reformista,
gradualista de cambio; transformará el socialismo "como mucho" en un ideal
de mayor bienestar social y de mayor extensión de la democracia burguesa, sin
romper ni transformar las estructuras e instituciones del poder ni las
relaciones de poder que dominan la sociedad y el mundo, sin la transformación
de las relaciones sociales y las relaciones económicas y procesos subyacentes
que esclavizan a la vasta mayoría de la humanidad, y sin un cambio radical de
la manera de pensar; convertirá el "comunismo" en una noción utópica
sin sentido, en un ensueño irrealizable. En resumen, "desvirtuará" la
revolución, el socialismo y el comunismo, y los desconectará de lo que sucede
en cualquier momento dado y de las "necesidades prácticas" de la
presente lucha.
Así
que la posición no es suficiente. La teoría es el factor dinámico de la
ideología. Para conservar la posición correcta, y para avanzar en el
conocimiento y la aplicación de la ideología comunista, hay que abordar las
cuestiones cardinales de línea y teoría, no reducidas a la importancia que
tengan en la situación y la lucha del momento, sino en una dimensión mucho más
amplia, mundial e histórica, y la conexión entre esa dimensión y la situación
inmediata. Hay que empaparse una y otra vez de la esencia del comunismo como
concepción del mundo y método; hay que examinar una y otra vez por qué y cómo
es un enfoque científico de la realidad: el enfoque más meticulosa, sistemática
y exhaustivamente científico de la realidad, su movimiento y desarrollo. Si los
camaradas no abordan de esa forma el estudio de la teoría comunista y la
aplicación de eso, y no de otra cosa, a las muchas cuestiones
sociales y los asuntos mundiales que consideran y manejan; si, como parte de
eso, no se familiarizan continuamente con la obra y el método de nuestro
presidente; pues, la influencia de la espontaneidad y las ideas que circulan en
los movimientos de oposición y en la sociedad y el mundo los llevarán a adoptar
y aplicar más y más OTRA concepción del mundo y otro método.
Tomemos
por ejemplo algo que se está volviendo un campo de lucha muy crucial e intenso,
con profundas implicaciones para la dirección de la sociedad y del mundo: la
religión, y en particular el fundamentalismo religioso de varias clases,
especialmente la creciente influencia del fascismo cristiano fundamentalista en
este país en general y en concreto en las estructuras del gobierno y su papel
en el mundo. En la situación de hoy, hay varios libros sobre aspectos cruciales
de esto con puntos muy valiosos (o invalorables); algunos los han escrito
religiosos progresistas. A mí personalmente me gusta y me parece importante
leer muchos libros sobre religión de autores de muy diversos puntos de vista.
Me parece útil y estimulante. Pero no me parece que es más importante ni más
estimulante que el análisis (y síntesis) de quienes abordan estas cuestiones
con la concepción del mundo y el método comunista, y teniendo en mente los
objetivos de la revolución comunista. Lo que a uno le parece interesante e
importante fundamentalmente depende de sus objetivos, está condicionado por
ellos. O sea, solo aplicando la concepción del mundo y el método comunista es
posible abordar la realidad, captar sus rasgos y dinámicas esenciales, y
transformarla de la forma más fundamental con la meta de la emancipación de la
gran mayoría de la población de la humanidad y a la larga de toda la humanidad.
Es muy importante entender que otros, con otras concepciones del mundo y
métodos, hacen análisis importantes y contribuyen a entender aspectos clave de
la realidad. Pero inclusive para captar profundamente y de lleno los análisis
de personas que proceden de otros puntos de vista, para aprender lo máximo de
ellos (sobre la religión, el fundamentalismo religioso y otros temas
cruciales), es necesario seguir profundizando nuestro conocimiento y aplicación
de la concepción del mundo y el método científico del comunismo.
En ¿Qué
hacer? Lenin afirma que para tener conciencia de clase, los
proletarios no pueden limitarse a las luchas relacionadas con sus condiciones
de trabajo y de vida; que tienen que abordar la lucha general contra el
sistema, entender lo que pasa en todas las capas de la sociedad y reconocer
cómo se plantean y se abordan diferentes fenómenos en las distintas capas. Pero
también dice: tienen que aprender a hacer eso desde el punto de vista
comunista, y no otro.
Ese
es un punto profundamente importante. Para enfatizarlo más, voy a leer las
siguientes reflexiones de un camarada:
"En
estos meses, al volver a leer ¿Qué hacer?, y al estudiar y reflexionar
sobre la campaña de divulgar y popularizar a nuestro presidente y otras
cuestiones, me he dado más cuenta de la enorme fuerza de la espontaneidad, que
por cierto es muy parecida a la fuerza de la gravedad. Por muy alto que uno
quiera volar, si no se esfuerza en todo momento, caerá a tierra. ¡Fíjense
cuántos revolucionarios, tanto partidos como individuos, se han estrellado
contra el suelo! Casi todos empezaron con convicciones revolucionarias
genuinas, pero un buen día, después de años o incluso décadas de lucha,
terminaron claudicando o vendiéndose, quizá sin querer o sin siquiera saber
cómo llegaron a ese punto. Ahí vemos la fuerza de la espontaneidad; por fuertes
que sean nuestras convicciones, si no encontramos la manera de zafarnos
de la corriente de la espontaneidad, nos llevará adonde juramos nunca
ir…
"¿Estamos
haciendo lo máximo para hacer la revolución?; ¿nos estamos concentrando en los
asuntos debidos?; ¿luchamos con toda nuestra energía, y correctamente, para
rebasar los límites de hoy?; ¿estamos analizando todo con las miras puestas en
la meta final y forjando las conexiones más fuertes entre dicha meta y las
tareas apremiantes del momento?… ¿estamos examinando rigurosamente las críticas
de los que nos pueden enseñar algo importante, aunque no coinciden con nosotros
sobre estrategia…?"
Todo
esto es de importancia decisiva para que los comunistas efectivamente seamos
comunistas, sistemáticamente y en el sentido completo que debemos ser, basados
firmemente y cada vez más profundamente en la naturaleza científica, crítica y
creativa de la concepción del mundo y el método comunista, su aplicación a la
realidad y su continuo desarrollo; guiados por nuestras metas estratégicas de
revolución, socialismo y a la larga un mundo comunista, y como encarnación en
todo momento del vínculo vital entre esos objetivos estratégicos y lo que hay
que hacer en el momento dado, a fin de seguir avanzando hacia esos objetivos
globales y de no dejarnos desviar, descarrilar ni derrotar estratégicamente en
la lucha por alcanzar esas metas histórico-mundiales para la emancipación del
mundo.
Notas:
1.
Además de una extensa discusión del tema en el libro Democracy: Can’t
We Do Better Than That? (Banner Press, 1986), en la charla"Dictadura y democracia, y la
transición socialista al comunismo" Avakian explica en
detalle que la democracia en la sociedad capitalista --la democracia burguesa--
es una forma de gobierno capitalista en el cual, fundamentalmente, solo hay
democracia en el seno de la clase dominante capitalista y para beneficio de esa
clase que domina completamente la economía y el poder político de la sociedad;
para el proletariado y otros sectores de la sociedad hay un gobierno represivo,
que sofoca con toda la fuerza que sea necesaria cualquier actividad política y
a cualquier grupo que la clase capitalista perciba como una amenaza seria. Por
eso la democracia burguesa es, en esencia, una forma de dictadura: la dictadura
de la clase dominante capitalista, o la burguesía.
http://rwor.org/a/038/avakian-necesario-comunistas-s.htm
BOB AVAKIAN
PUNTOS SOBRE EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO
Una clase de estado radicalmente
nueva, una visión radicalmente diferente y mucho más amplia de libertad[2]
¿Por qué queremos el poder estatal? ¿Por qué
necesitamos el poder estatal?
Vayamos
al grano, a un punto sumamente esencial. ¿Por qué hablo del poder estatal al
principio de "Escalar las alturas y volar sin red de seguridad"1? ¿Por qué
insisto en que queremos el poder estatal?
Empecemos
con la respuesta básica: es correcto querer el poder estatal. Es necesario
querer el poder estatal. El poder estatal es algo bueno --es algo excelente--
en manos de las personas debidas, de la clase debida, al servicio de las metas
debidas: superar la explotación, la opresión y la desigualdad social, y forjar
un mundo, un mundo comunista, en que los seres humanos puedan desarrollarse más
y mejor que nunca antes.
Para
ver esto con claridad, basta con pensar en lo que sufren las masas hoy. Voy a
hablar un poco de esto ahora y lo volveré a abordar más adelante. Piensen en
todo lo que sufren las masas y en lo que se podría hacer para eliminar ese
sufrimiento con el poder estatal revolucionario, y en lo que no se
puede hacer porque no tenemos ese poder estatal.
Piensen en las continuas humillaciones, malos tratos, violencia y muerte que
sufren los que viven en los ghettos y barrios pobres a manos del actual poder
estatal, en particular de la policía. Por otra parte, piensen qué pasaría si el
poder estatal estuviera en manos de las masas populares y las respaldara para
acabar con todos los vestigios de esos atropellos y para abordar de una forma
completamente distinta los problemas que surgen en el seno del pueblo, con el
poder estatal de su lado.
Piensen
en el problema de la violación, un problema enorme, profundamente enraizado en
las relaciones fundamentales de esta sociedad. Piensen en lo que se podría
hacer sobre eso, inclusive a muy corto plazo, tan pronto como se derribe el
capitalismo y se establezca un estado socialista: usando el poder estatal de
una forma revolucionaria y comunista (con dirección y objetivos comunistas), se
puede reducir en gran medida la cantidad de violaciones, hacer que algo que hoy
ocurre todo el tiempo suceda muy raramente y avanzar con toda firmeza hacia su
eliminación total.
Podemos
recorrer la larga lista de todo lo que sufren las masas populares del mundo
porque no tienen el poder estatal: el sufrimiento en el que viven, las
enfermedades y la desnutrición; lo que Marx resumió magistralmente con el
término "tormentos de trabajo"; la pobreza y la violencia abrumadoras
que acompañan y refuerzan esta realidad de miles de millones de personas por
todo el mundo; la cantidad de infamias y de sufrimiento innecesario debido a
que el poder estatal está en las manos de sus explotadores y opresores, y no en
sus propias manos.
Nadie
debería llamarse comunista si en este momento de la historia no quiere el poder
estatal, si no lo ansía y si no sabe qué hacer con él cuando lo consiga. Esto
entraña muchas complejidades; pero ya es hora de descartar todas las excusas
por querer el poder estatal; es hora de rebasar las dudas y las vacilaciones
existenciales de si es bueno o no que haya estados proletarios. Es algo muy
bueno. Les recomiendo que estudien la charla que está dando Raymond Lotta en
varias universidades con el proyecto "Pongamos las cosas en claro"
sobre la historia del ejercicio del poder en manos del proletariado2 para
ver lo que se logró hacer, inclusive con serios defectos, cuando los
proletarios ejercieron el poder dirigidos por sus vanguardias comunistas. Si le
ponemos una gota de ciencia al asunto, veremos que ninguna de esas cosas
positivas y de importancia histórico-mundial se hubieran podido lograr sin el
poder estatal. Podremos ver todas las cosas que hay que hacer en el mundo para
eliminar los horrores que sufren las masas y para avanzar hacia una etapa de la
sociedad en que ya no existan ni haya base para tales injurias, y veremos
claramente por qué el poder estatal es algo muy bueno y muy necesario.
Naturalmente,
hay que considerar las cuestiones fundamentales de orientación: ¿para quiénes y
para qué queremos este poder estatal? Pero con la orientación correcta, querer
el poder estatal y tener el deseo y la capacidad de dirigir al pueblo hacia ese
objetivo es imprescindible para las masas populares, para su emancipación y, en
última instancia, para la emancipación de toda la humanidad.
El balance
Hoy,
quizá más que nunca, las calumnias y las tergiversaciones de la historia de la
sociedad socialista y del poder estatal proletario son enormes. Y sin una
perspectiva honesta y científica no es posible captar correctamente los grandes
logros ni las importantes deficiencias de esta experiencia, ni captar la nueva
síntesis3 que
se requiere para "hacerlo mejor" en la próxima ronda de revoluciones
proletarias y de estados proletarios que establezcan.
Primero
que todo, pongamos los hechos en la balanza; hagamos un balance. Sopesemos lo
que sabemos de la experiencia histórica de la Unión Soviética y de China cuando
eran socialistas (y con eso quiero decir de 1917 a 1956 en la Unión Soviética y
de 1949 a 1976 en China). Veamos cómo se trataban los problemas y las
necesidades del pueblo, y pongámoslo en un platillo de la balanza; pongamos las
deficiencias en el otro platillo. ¿Cuál pesa mucho más? Pongamos en la balanza
lo que se hizo para superar la explotación y la opresión de las masas en esos
países, para crear nuevas relaciones sociales, una nueva cultura, nuevas formas
de pensar, nuevas relaciones internacionales. Pongamos eso en la balanza y
comparémoslo con el manejo incorrecto (impugnado o real) de algunos problemas,
cuyas consecuencias conllevaron el sufrimiento de ciertas personas, por ejemplo
artistas e intelectuales.
¿Tiene
importancia que hacia 1970 las masas populares de China no se morían de hambre,
que por primera vez en miles de años China resolvió básicamente el problema del
hambre en 20 años de sociedad socialista? ¿Tiene importancia que por primera
vez cientos de millones de campesinos tenían servicios médicos? ¿Tiene
importancia para alguien? ¿Tiene importancia que sus habitantes podían
levantarse y salir a la calle sin temor a la policía (ni a los demás) porque un
nuevo poder estatal hacía posible crear nuevas relaciones sociales? ¿Tiene
importancia que por primera vez en la historia de China (y en la historia
universal en esa escala) hayan estimulado y guiado a las masas populares a
encargarse de los asuntos del estado, y a debatir la dirección de la sociedad y
la situación y las luchas de los pueblos del mundo. ¿Tiene importancia?
Así
que si se quiere sacar un balance, sí, está mal que se hayan cometido errores e
inclusive excesos durante la Revolución Cultural, y hay que tomarlos en cuenta
y analizarlos científicamente, junto con todo lo demás; pero no perdamos la
perspectiva ni la noción general de lo que ocurría. Varios artistas que
vivieron en China en esa época dicen: "No nos dejaban hacer ciertas obras
durante la Revolución Cultural". En efecto, hubo problemas en ese sentido,
y hay que analizarlos profundamente y desde todos los ángulos; además, repito,
necesitamos una nueva síntesis que nos permita manejar todo eso mucho mejor la
próxima vez que se presente. Pero, por otro lado, como orientación fundamental,
pongamos eso en la balanza y comparémoslo con el hecho de que, por primera vez
en la historia de China (y en contraste con toda sociedad del mundo en que el
proletariado no tiene el poder estatal, incluido Estados
Unidos), las masas populares no tenían que trabajar como esclavos en las
fábricas, supervisados por un gerente, trabajar a destajo, a toda velocidad y
todo lo demás, y por el contrario eran cada vez más los amos de la sociedad.
¿Tiene importancia eso? ¿Cómo evaluar esto con relación al hecho de que, por
ejemplo, durante la Revolución Cultural no se podían organizar ciertas
producciones de danza en China?
Recuerdo
que oí hablar a Baryshnikov de su experiencia de venir de la Unión Soviética a
Estados Unidos, y eso sucedió cuando ambos países eran capitalistas: uno era
revisionista (socialista de nombre, pero capitalista en la práctica y en
esencia) y el otro, como sabemos, abiertamente capitalista. Baryshnikov fue
bastante honesto y dijo que vino a Estados Unidos porque en la Unión Soviética
no se podían representar las coreografías de Balanchine, pero por otra parte,
si un joven tenía inclinación al ballet y cierto talento, recibía todo el apoyo
del estado desde temprana edad y contaba con todos los recursos para aprender
ballet. Por lo menos tuvo la honestidad de decir que él aprovechó todo eso
hasta que llegó a ser muy bueno para representar las coreografías de
Balanchine, y entonces se vino a Estados Unidos, donde sí podía hacerlo.
También señaló que la mayoría de los bailarines que conocía aquí a duras penas
se las arreglaban para vivir; muchos trabajaban como meseros y en trabajos
similares, y no se podían dedicar de tiempo completo a su arte. Recordemos que
lo que existía en la Unión Soviética era revisionismo, no socialismo. Pero
digamos que en un país socialista no dejaran representar a Balanchine. ¿Tenemos
que llegar a una mejor síntesis de eso? Sin duda. Pero, al hacer una evaluación
precisa y científica de los hechos, es importante no pasar por alto ni
subestimar los tremendos logros y avances de la Revolución Cultural: logros
políticos y también artísticos, como en el campo del ballet y la danza.
Una
de las cosas que se critica y se calumnia mucho hoy es que durante la
Revolución Cultural mandaron a los intelectuales al campo. Como he dicho en
varias ocasiones, nadie les preguntó a los millones de campesinos de
China si ellos querían ir al campo. ¿Es esta la respuesta
completa a la manera en que se trató a los intelectuales durante la Revolución
Cultural? No. Necesitamos otro gran paso, necesitamos una síntesis más avanzada
y nueva. Pero si tenemos que comparar la importancia de estas cosas, ¿cuál es
nuestro punto de partida para esa nueva síntesis? ¿De dónde partimos? ¿Dónde
estamos situados? ¿Cuál es nuestra postura básica? ¿Tomamos como punto de
partida a las masas populares, sus necesidades e intereses, la meta de
revolucionar toda la sociedad y el mundo, la meta de emancipar a toda la
humanidad (incluidos los intelectuales y otras capas sociales) de los grilletes
de una sociedad dividida en clases y de todas sus consecuencias? No en un
sentido burdo de contraponer a las masas y a los intelectuales, no en ese
sentido economicista, ni en el sentido de revancha contra los intelectuales y
otras capas sociales que han ocupado un lugar de mayor privilegio (aunque no
son los gobernantes del sistema ni los explotadores ni los opresores de las
masas populares), sino en el sentido de identificar las necesidades y los
intereses fundamentales de las masas populares, y de revolucionar todo el mundo
y emancipar a toda la humanidad.
¿Cuál
es nuestro punto de partida? ¿Partimos del individuo y de las preocupaciones
individualistas? ¿O partimos de asuntos fundamentales relacionados con las
masas populares y las relaciones económicas, sociales y políticas esenciales de
la sociedad, y del mundo, y avanzamos hacia una síntesis partiendo de esa base?
Es fundamental que nuestro punto de partida sea el correcto. He afirmado varias
veces que nuestra orientación no debe ser pisotear los
derechos de los individuos y la individualidad, sino procurar que se
desarrollen con más plenitud en la gran mayoría de la sociedad, y en última
instancia de la humanidad del mundo entero; pero por otra parte, no podemos
darle más peso a las preocupaciones de individuos particulares que a las
cuestiones generales de cómo extirpar de raíz toda explotación y opresión, y
cómo avanzar hacia la emancipación de toda la humanidad. Volveré a tocar esto,
pero hay mucho más trabajo por hacer y no podemos tener una orientación
estrecha e ignorante; para hacer lo que necesitamos no debemos fomentar en las
masas la ignorancia, el economicismo ni el revanchismo; si realmente deseamos
la emancipación de toda la humanidad, como debe ser, nos toca cortar
enteramente con todo eso; pero no retrocediendo a la democracia burguesa ni al
individualismo burgués, sinoavanzando hacia una nueva síntesis, una
síntesis más elevada de esto, cimentada en la meta de un mundo comunista, donde
todas las relaciones de explotación y opresión se superen y queden enterradas
en el pasado.
La forma correcta de entender "Defiendo
firmemente, pero no quiero vivir allá"
Ahora
quiero hablar de la forma correcta de entender y de aplicar la afirmación de un
camarada del movimiento comunista internacional con la que he expresado fuerte
acuerdo: "Defiendo firmemente la experiencia de la revolución socialista
hasta la fecha, pero no quiero vivir en esos países"4. Esto se
puede entender mal y malinterpretar, y así ha sucedido. Hay personas que
deberían ser más claras al respecto, que son partidarias de la causa del
comunismo pero que se han dejado influenciar o desorientar por el crescendo
aparentemente inagotable y ensordecedor de ataques al comunismo, y han
aprovechado esta declaración para decir: "Uff, por fin nos podemos quitar
de encima todo el rollo de Stalin; ya no tenemos que hablar de eso. Inclusive
podemos deshacernos de Mao y decir ‘no, no, nosotros no somos así; nosotros
tenemos una nueva síntesis, no queremos vivir allá, así que no somos
responsables de eso’". Eso es una distorsión total de lo que quiere decir
"defiendo firmemente, pero no quiero vivir allá".
Para
empezar, ¿qué quiere decir "defiendo firmemente"? ¿Y cuál es el
aspecto principal de esto? El aspecto principal, desde una perspectiva
histórica, es defender firmemente. Los grandes logros de la
experiencia histórica del socialismo han sido algo sin precedente y muy
positivo; por otra parte, también ha habido deficiencias, a veces muy serias,
que no queremos repetir y que no tenemos que repetir, a pesar de toda la necesidad
que se nos va a presentar. Deberíamos ser capaces de dar grandes saltos y de ir
más allá a través de rupturas, al menos en las esferas cruciales. Pero aquí
viene la pregunta esencial: cuando decimos "Defiendo firmemente, pero no
quiero vivir allá", la pregunta que surge es: ¿comparado con qué?Esta
declaración se ha malinterpretado. No es comparado con la sociedad burguesa,
NO. Repito, pongamos las cosas en la balanza: si tengo que elegir entre vivir
en una sociedad burguesa o en un país donde el proletariado tenía el poder
estatal, ni siquiera tengo que empacar mis maletas; ya mismo salgo para donde
el proletariado tenía el poder. [risas]Esa no es la comparación.
Esa es una distorsión total. "No quiero vivir allá", ¿comparado con
qué? Comparado con lo que podemos y tenemos que alcanzar la próxima vez. Eso es
lo central. Partir de eso, pero saltar más allá, a través de rupturas, y, sí:
hacerlo mejor. De manera que el punto de referencia es: comparado con
lo que es necesario y posible alcanzar la próxima vez. Eso es lo que
significa la afirmación "defiendo firmemente pero no quiero vivir allá",
que claramente busca sembrar discusión.
Hay
que ver con mucha claridad cuál es el aspecto principal. Lo principal es
defender firmemente,no porque es lo que nos gusta, por "acentuar lo
positivo". No, es porque es verdad, porque concuerda con la
realidad objetiva. Si la primera ronda de estados socialistas y revoluciones
proletarias fuera principalmente negativa, tendríamos que decirlo. Tendríamos
que confrontarlo, tendríamos que analizar profundamente por qué fue así, y
tendríamos que dar a conocer ese análisis y evaluación. Pero cuando no es
así, portarse como si lo fuera, simplemente porque es más fácil acatar los
prejuicios burgueses espontáneos y la propaganda anticomunista, es una traición
a nuestra causa. No es verdad que esta experiencia histórica haya sido
principalmente negativa. Eso no es real. Acatar las ideas espontáneas de la
propaganda y el condicionamiento anticomunistas lleva, como dijera Lenin, al
pantano. Si tratamos de moldear y adaptar todo lo que decimos para no ofender
los prejuicios de los que están siendo golpeados (y no es exageración,
golpeados y bombardeados) con propaganda, mentiras y tergiversaciones
anticomunistas, acabaremos hundiéndonos. El anticomunismo es toda una industria
artesanal en la actualidad. Para dar otro ejemplo de la cultura popular actual,
es como apostar al póker. "Mao mató a 10 millones", dice uno.
"Acepto esos 10 millones y doblo otros 10 millones". [risas]Eso
es lo que están haciendo los seguidores intelectuales del imperialismo, y lo
que se está tragando demasiada gente que debería saber que no es así y que no
lo aceptaría si no desconectara el pensamiento crítico cuando se trata de
ataques al comunismo. Mucha gente de buenos sentimientos (y esto incluye a
mucha gente del mundo artístico, intelectual y académico) se está tragando
esto.
El
escritor Jared Diamond es un ejemplo que he mencionado. Su libro Guns,
Germs and Steel tiene ciertos aspectos mecanicistas y faltos de rigor
científico, pero en general es un libro muy bueno; sin embargo, de repente dice
las cosas más ridículas e ignorantes sobre China y la Revolución Cultural, y va
y lo repite en sus charlas en librerías. En el programa televisivo Book TV
dijo: "y en medio de eso, en la Revolución Cultural de China, unos idiotas
decidieron cerrar el sistema educativo". Me dieron ganas de estirar el
brazo, sacarlo de la TV y decirle: "Jared, ¿qué te pasó? Te esforzaste por
aplicar la ciencia a fondo con toda seriedad para investigar por qué hay tanta
disparidad en el mundo, y cuando llegas a esto te olvidas de
la ciencia, repites el ataque de moda, le haces el juego a los prejuicios del
momento o tú mismo los aceptas. Vamos, Jared, sé sistemático, sé científico de
principio a fin. Y de paso, hablemos un poco de marxismo, para que puedas ser
sistemáticamente científico". Por cierto, creo que él sabe un poco de
marxismo; por ejemplo, dudo que no haya leído El origen de la familia,
la propiedad privada y el estado de Engels. Él también es de los años
60. Pero eso es lo que está pasando hoy; lo que circula es este anticomunismo,
así que mucha gente ha olvidado lo que sabía o se ha convencido (con
fundamentos chafas) de que lo que sabía estaba mal.
Platicando
con una camarada, yo preguntaba una y otra vez: "¿cómo pueden hacer eso;
cómo pueden hacer un trabajo bastante científico y, de repente, BLAM, es como
si pasaran a otro universo?". La camarada me contestó: "Bueno, tienes
que entender que no son como tú, no piensan como tú. Sí, aplican la ciencia,
pero han aceptado la idea de que decir esas cosas anticomunistas no es más
polémico que hablar del Holocausto. No creen que ninguna persona razonable, que
merezca ser oída, va a refutar esas cosas", esas calumnias contra el
comunismo. Han pasado a ser "sentido común"; mejor dicho, están
profundamente integradas en la cultura, tan profundamente que se aceptan sin
cuestionarlas. Por eso una de las grandes metas del proyecto "Pongamos las
cosas en claro" es sacar a la luz esas preguntas, hacer que se cuestionen
otra vez, poner a pensar en esto: no, eso no es un veredicto definido y, en
realidad, no es verdad.
La
intención de "Pongamos las cosas en claro" es confrontar esas
calumnias de frente y decir: "estas son las mentiras que les han dicho,
esta es la verdad... y lo podemos probar".Pero no lo saben. En
general, en los círculos intelectuales, artísticos y académicos dan por hecho
que esos veredictos son firmes: el socialismo y el comunismo son un fracaso, un
desastre, una catástrofe; llevan a la tiranía, al totalitarismo. Al llegar al
tema, desconectan el pensamiento crítico porque aceptan ciertas suposiciones.
Es cierto que no podemos aplicar el pensamiento crítico a todo todo el tiempo,
así que uno acepta ciertas cosas que "están más o menos resueltas".
Hoy, se están volviendo a cuestionar muchas cosas que estaban resueltas, como
la evolución. Quién sabe qué seguirá: ¿el sistema de Copérnico? Más adelante
volveré a este tema.
Pero
en los campos que mencioné, muchos piensan que ese veredicto negativo sobre el
comunismo es algo resuelto. Para la mayoría, sacar un balance de la experiencia
de los países socialistas no es su campo de trabajo, pero otros lo han hecho y
"todo mundo sabe cuál es la verdad y el veredicto". Por eso tenemos
que darles una sacudida: "Un momentico, no han investigado esto. Están
pronunciando un dictamen, pero no tienen ninguna base para esos dictámenes. Si
una persona fuera a su salón de clase e hiciera lo mismo con la materia que
ustedes enseñan, le dirían que se fuera a estudiar el tema antes de ponerse a
dar dictámenes. Pero ustedes están haciendo exactamente lo mismo". Esas
son las condiciones objetivas, en general y específicamente con "Pongamos
las cosas en claro". Si aceptamos eso, nos va a llevar la fregada y lo más
fundamental es que no vamos a hacer lo que debemos hacer: conocer el mundo como
es en la realidad (y conocer la historia como ha sido en la realidad) a fin de
transformar el mundo, conforme a su tendencia y conforme a los intereses de las
masas populares de todo el mundo.
De
modo que tenemos que defender audazmente y criticar audazmente la experiencia
de la revolución socialista y de la sociedad socialista hasta la fecha, pero el
aspecto principal es defender audazmente; no porque a priori y
con un método idealista dimos la vuelta y decidimos tautológicamente que es
así, sino porque, como materialistas y con un método dialéctico, esa es la
verdad: el aspecto positivo de esta experiencia efectivamente es
el aspecto principal. Como Mao nos enseñó, el aspecto principal en un momento
dado determina la esencia de algo, no el aspecto secundario. El aspecto
secundario puede ser real, puede ser muy importante, puede ser muy necesario
investigarlo y estudiarlo, examinarlo y sintetizarlo minuciosamente, pero no es
el aspecto decisivo y determinante. Por eso, cuando digo "defender
firmemente" o "defender audazmente" la experiencia de la
revolución socialista y de la sociedad socialista hasta la fecha, cuando digo
que el aspecto positivo de esta experiencia es el aspecto principal, lo digo
porque es verdad. Y porque, a fin de conocer y transformar el mundo como hay
que conocerlo y transformarlo, necesitamos una base científica. Sí, hay
verdades dolorosas, y no debemos evadirlas ni evadir nuestra responsabilidad de
estudiarlas a fondo. Pero no es verdad (dolorosa o no, no es verdad) que la
experiencia de la dictadura del proletariado y de la sociedad socialista hasta
la fecha haya sido una catástrofe, un desastre, un reino infinito de tiranía,
una pesadilla totalitaria, y ni siquiera, principalmente (o remotamente) algo
negativo. Es todo lo contrario. Como materialistas, como personas científicas,
debemos captar esto y aplicarlo, y hacerlo audazmente en ambos aspectos:
defender audazmente, como aspecto principal, y criticar audazmente las deficiencias
secundarias pero muy reales e importantes.
Volviendo
a la pregunta con que empecé: ¿por qué queremos el poder estatal? Porque es
absolutamente necesario pasar a la próxima etapa de la historia humana, porque
es esencial para la liberación de la abrumadora mayoría de la gente del planeta
y en última instancia de toda la humanidad. Es absolutamente esencial. Si
quieren entender esto a fondo, piensen en todas las atrocidades sobre las que
no pueden hacer nada ahora: lo que le pasa a la gente que cruza la frontera; lo
que le pasa a la gente de los ghettos y colonias pobres; lo que le pasa a la
gente en las maquiladoras; lo que le pasa a los niños que trabajan en Paquistán
o Haití; lo que le pasa a la gente de África que se muere de hambre o se mata
para beneficio de los explotadores y opresores; la violación, maltrato,
humillación y degradación de las mujeres. Pasen lista y piensen en todo lo que
detestan, en todo lo que los llevó al convencimiento de que se necesita un
cambio radical, y verán por qué el poder estatal es algo bueno y por qué
debemos ansiarlo; y sí, en el sentido correcto, entendiendo correctamente qué
es y para quién es, por qué debemos desear la grandeza en este respecto.
Notas
1.
"Escalar
las alturas y volar sin red de seguridad", serie publicada en
el Obrero Revolucionario del #1195 (20 de abril de
2003) al #1210 (17 de agosto de 2003).
2.
"El
socialismo es mucho mejor que el capitalismo, y el comunismo será un mundo
mucho mejor" (en Revolución Nos. 25-33 y 35,
del 28 de noviembre de 2005 al 13 de febrero de 2006).
3.
Además de lo que dice al respecto en esta charla, Bob Avakian habla de esa
nueva síntesis en "Dictadura y democracia, y la transición socialista al
comunismo", una charla que se publicó del #1250 (22 de agosto
de 2005) al #1264 (16 de enero de 2005) y en el libro Observations
on Art and Culture, Science and Philosophy (Insight Press,
2005).
4. Bob Avakian citó
esta declaración por primera vez en la charla "Dictadura y democracia, y la transición socialista al
comunismo", Parte 2: La ley de la mafia y otras realidades de
la democracia estadounidense, Obrero Revolucionario #1251, 29
de agosto de 2004.
http://rwor.org/a/037/avakian-puntos-sobre-socialismo-comunismo-s.htm
El materialismo vs. el
idealismo... la contradicción fundamental del capitalismo y la resolución
revolucionaria de esa contradicción
Como
decía Marx: lo fundamental no es lo que piensen o hagan los proletarios, y en
general las masas, en un momento dado, sino lo que los obligarán a
hacer las contradicciones y la dinámica del sistema. Las contradicciones
subyacentes e impulsoras de la sociedad, y del mundo, son lo que planteará a
las masas y a los que aspiran a dirigirlas la necesidad (no una necesidad
estática, sino una necesidad objetiva dinámica, que cambia) que las obligará a
responder, de una forma u otra. Y los que captan más conscientemente la
realidad material, su movimiento y desarrollo pueden ejercer una gran
influencia encómo responderán, en general y en especial cuando las
contradicciones se plantean agudamente. Por eso es tan importante tener un
punto de vista, método y enfoque científico, materialista y dialéctico, en
contraposición a algo cuasi-religioso o idealista (y metafísico) de otro tipo.
¿Por
qué cuando escribo y hablo hago hincapié una y otra vez en
que el comunismo representa el punto de vista y el método más cabal,
sistemática, consecuente y exhaustivamente científico? Bueno, aquí voy a decir
algo que me oirán repetir muchas veces hoy: ¡lo digo porque es verdad! Y es
importante. Pero no paremos ahí; ¿qué quiere decir eso, por qué es
verdad? Es verdad porque el comunismo, como punto de vista y método, es cabal y
consecuentemente materialista y es cabal y consecuentemente dialéctico; ningún
otro punto de vista y método tiene esas características. El punto de vista y el
método del comunismo refleja la verdad fundamental de que toda la
realidad está compuesta de materia en movimiento y nada más; capta
cada uno de esos aspectos: que toda la realidad está compuesta de materia
y nada más;y que, como explicara Engels,el movimiento es el modo de
existencia de la materia,que toda la materia se mueve y cambia
constantemente, y que todo eso lleva a saltos y rupturas cualitativas. El
comunismo capta la relación dialéctica entre esos dos aspectos.
Aplicado
al desarrollo de la sociedad humana, tal punto de vista y método materialista
dialéctico, es decir, el materialismo histórico,muestra que las
contradicciones que definen una sociedad, la fuerza motriz de cambio, son la
contradicción entre las fuerzas de producción y las relaciones de producción,
junto con la contradicción entre la base económica (o el modo de producción) y
la superestructura (política, ideología y cultura). Abordar esto en su
dimensión más amplia sienta una base más sólida para captar más clara y
profundamente la realidad esencial de que, en esta era, y en el mundo actual,
lo que define el marco general de la situación y lo que impulsa el cambio, más
que nada, es la contradicción fundamental del capitalismo y otras
contradicciones decisivas a las que da pie continuamente, aunque nosotros, las
fuerzas de vanguardia conscientes y organizadas, tratemos de transformar ese
movimiento y desarrollo de lo que es en la actualidad a un camino que lleve al
comunismo (posibilidad que en sí radica en las contradicciones fundamentales
del capitalismo y que se puede alcanzar por medio de la resolución
revolucionaria de dichas contradicciones, en todo el mundo). Exploremos esto
más a fondo.
Un planteamiento científico: Las contradicciones
decisivas y determinantes de todas las sociedades
En
el libro El falso comunismo ha muerto, ¡viva el auténtico comunismo!,examino
el desarrollo de todas estas contradicciones entre las fuerzas y las relaciones
de producción, y entre la base económica y la superestructura. Uno de los
puntos importantes de ese libro (que se suele confundir, pasar por alto, negar,
enterrar, etc., y que en realidad parece casi un lugar común) es este: la
producción o la economía no existen en abstracto.Pero por otro lado, la
actividad económica básica de producir y distribuir los artículos materiales
necesarios para la vida, para reproducir la vida, es el aspecto más fundamental
de la vida y la sociedad de los seres humanos. Marx explicó esto y destacó que
ocupa un papel central para entender la sociedad humana y el desarrollo
histórico de la sociedad. Pero la producción, o la economía, no se da en
abstracto, al margen de relaciones de producción muy definidas (y en la
sociedad de clases, relaciones de clase) que contraen los seres humanos en el
proceso de producir y distribuir los artículos necesarios para la vida. Con
frecuencia oímos decir "la economía francesa", "la economía
estadounidense" y cosas por el estilo, pero casi nunca un locutor de CCN
dice: "Hoy se produjo un bajonazo en la economía estadounidense, que como
sabemos es una red compleja de relaciones de producción, que a su vez está
integrada en la red internacional de relaciones de producción". Casi nunca
se oye eso en CNN y mucho menos en Fox News. [risas]Porque es algo
que está tapado. Pero es fundamental para entender la sociedad en cualquier
momento, con su cambio y desarrollo, y su potencial y realidad de
transformación.
En
cualquier momento dado, el carácter y el nivel general de las fuerzas
productivas (la tecnología, el nivel de los conocimientos científicos, el nivel
de conocimiento de la naturaleza, en líneas más generales, y la gente, con su
conocimiento de esas cosas y sus habilidades) tiene un conjunto correspondiente
de relaciones sociales de producción, en términos generales y relativamente,
sin ser materialistas vulgares. Hago énfasis en la palabra relaciones de
producción sociales porque esto determina cómo se organiza la
sociedad. No todo mundo está consciente de esto. Por ejemplo, un artesano de
una sociedad feudal que elabora artículos para el hogar no está consciente de
cómo encaja eso en la división general del trabajo de esa sociedad (y de las
relaciones comerciales y otras relaciones fuera de esa sociedad), pero de todos
modos es parte de eso. Esto se aplica a una sociedad caracterizada por una
producción de mercancías más o menos desarrollada, como el capitalismo, y
también a la sociedad feudal; es más, se aplica a todas las sociedades.
De
modo que estas son relaciones de producción sociales, pero, especialmente con
el capitalismo, donde todo esto está mucho más desarrollado, se oculta que son
relaciones de producción sociales. Por ahí se oye todo el tiempo,
especialmente en Estados Unidos, la tierra del Individualismo (con mayúscula):
"yo" me inventé esto, "yo" tuve esta idea, esta es
"mi" obra. Esto es una manifestación de algo que tocaré más adelante:
las mercancías y del fetichismo de la mercancía; pero se oculta el hecho de que
"mi" obra encaja en todo un proceso social y,
especialmente hoy, un proceso internacional, caracterizado y
definido por determinadas relaciones de producción.Y cada individuo
tiene cierto lugar en esas relaciones de producción. No escogemos
conscientemente las relaciones de producción que nos gustarían. Un grupo no se
reúne y dice: "A ver, qué tal si vamos todos a recoger comida y agua toda
la semana, y después nos vamos a cazar un mes", porque eso no funciona, ni
siquiera en una sociedad comunal primitiva. En esa clase de sociedad, si se van
a cazar por un mes, regresarán con muy poca caza y toda la sociedad sufrirá y
pasará hambre porque de esa forma no se pueden obtener la carne y las proteínas
necesarias.
Entonces,
en primer lugar, las relaciones de producción tienen que corresponder a las
condiciones materiales existentes, al nivel de las fuerzas productivas del
momento, lo que incluye "lo que provee la naturaleza" (las materias
primas), así como las herramientas, los instrumentos, el modo de pensar y el
modo de utilizar dichas herramientas. En ese sentido (y hay otros), uno no
escoge las relaciones de producción que quiera.
En
los albores de la sociedad capitalista, hace un par de siglos, no se reunieron
y dijeron: "Vamos a votar, vamos a oír propuestas sobre las relaciones de
producción que les gustarían y la correspondiente superestructura, y después
haremos elecciones entre varios partidos que tengan distintas ideas sobre esto
y decidiremos cuáles escoger". No. No se puede hacer eso porque, sin ser
mecanicista y determinista, existe una correspondencia básica entre las
relaciones de producción y el nivel de las fuerzas productivas, del modo que lo
vengo diciendo.
Las
relaciones de producción no "se escogen" en otro sentido: son
relaciones que evolucionan históricamente.Ese es el punto de la
conexión en la historia humana, que explica Marx y que yo he tocado en varias
obras, como el libro Democracy: Can’t We Do Better Than That?1 A pesar de todos los
trastornos y destrucción (y a veces del desplome o fin de toda una sociedad), a
pesar de eso, el desarrollo histórico humano tiene cierta conexión porque las
fuerzas productivas se siguen desarrollando y tienden a transmitirse de generación
en generación. Pero esas fuerzas productivas confrontan a cada
generación como una fuerza externa,especialmente en una sociedad en que los
seres humanos no tienen la base y el conocimiento para abordarlas de un modo
consciente y planeado. Inclusive cuando puedan hacer eso, en una sociedad
socialista y más aún en una sociedad comunista, siempre se nos planteará una
necesidad. Volveré a esto un poco más adelante. Pero especialmente cuando no se
tienen la base y el conocimiento para utilizar las fuerzas productivas de un
modo planeado y consciente, las fuerzas productivas se presentan como una
fuerza externa. Uno se levanta y si quiere vivir no dice: "A ver, a ver,
creo que hoy me dedicaré a pensar cómo puedo reconfigurar las fuerzas productivas
de la sociedad". No, uno dice: "Dónde diablos consigo trabajo hoy u
otra forma de ganarme la vida". Y el modo de hacer eso lo define la
necesidad que existe porque las relaciones de producción nos confrontan, a
todos los individuos de la sociedad (inclusive a la burguesía, de modo
concreto), como una fuerza externa, como una necesidad a la que hay que
responder.
De
modo que cada vez que una persona participa en la producción, entra en
determinadas relaciones de producción, que no escoge a gusto, que han
evolucionado históricamente y que en general corresponden al carácter de las
fuerzas productivas, aunque eso da saltos revolucionarios y lo ha hecho a lo
largo de la historia. Del mismo modo que la sociedad tiene una base económica;
del mismo modo que existe un modo de producción y sus correspondientes
relaciones de producción, existe también (sin ser deterministas y materialistas
mecanicistas) una superestructura que corresponde aproximadamente a esa base
económica, que surge de ella, aunque dicha superestructura de política,
ideología y cultura tiene relativa autonomía y mucha iniciativa, y en ese campo
se da mucha lucha.
Por
ejemplo, en la sociedad comunal primitiva, dado el nivel y el carácter de las
fuerzas productivas y el modo correspondiente de organizar la vida, si alguien
dice: "oigan, organicen una partida de caza y vayan todos a cazar para
mí", bueno, eso no funcionaría. Los demás dirían: "¡Vete al carajo!
Muérete de hambre si quieres, pero aquí estamos organizados de otro modo".
No se puede tener cualquier superestructura; no se pueden tener las leyes y
costumbres que refuercen tal idea. No se pueden tener esas relaciones de
producción, ni las leyes, las costumbres y la cultura que refuerzan y
corresponden a la idea de que una persona puede hacer que todos los demás
trabajen para ella.
Pero
cuando la situación cambia y cuando corresponde al carácter de las fuerzas
productivas de la sociedad dividirse en clases (que haya una gran brecha entre
el trabajo físico y el trabajo intelectual, y entre las masas y una pequeña
parte de la sociedad que monopoliza la vida económica, y también la vida
cultural e intelectual), entonces existe una superestructura que expresa y
refuerza eso. Esa clase de sociedad la conocemos muy bien. La sociedad
esclavista, por ejemplo en la parte sur de Estados Unidos antes de la guerra de
Secesión, tenía esa clase de superestructura y los dueños de esclavos se
sentaban en los pórticos a tomar mint juleps y demás. La
sociedad estaba organizada de un modo correspondiente. El otro día vi un
programa de cazadores de esclavos en el History Channel. En el Sur hay blancos
retrógrados que sacan la bandera de la Confederación y dicen: "No la saco
porque representa la esclavitud, sino porque representa una forma de vida y una
cultura". Bueno, ¿qué eran esa cultura y forma de vida?
Como decía ese programa de TV, eran una forma de vida y una cultura basadas en
la esclavitud; y después de la abolición de la esclavitud, basadas en la
opresión de millones de aparceros a los que trataban como siervos; eran una
forma de vida y una cultura impregnadas de supremacía de los blancos. Eso se
reflejaba en la superestructura de política, ideología y cultura. El programa
explicaba que en la época de la esclavitud, además de los capataces, toda la
población blanca estaba organizada a fin de reforzar el sistema de esclavitud.
A veces se oye decir: "Mi familia no tenía esclavos". No, ¡pero sí
los perseguían! Eso es lo increíble: organizaban a los que no tenían esclavos a
perseguir a los esclavos. Los organizaban en milicias; la organización de toda
la sociedad blanca (con sus distintos estratos sociales) giraba en torno al eje
central de la economía y las relaciones de producción, que era la esclavitud.
El resto de las relaciones de producción se organizaba con relación a eso,
aunque había contradicciones. Lo mismo sucedía con la superestructura: la
política, la ideología y la cultura. Era una superestructura muy diferente a la
de las sociedades comunales primitivas, donde antes de que se creara la base,
inclusive en el ámbito económico, para que la esclavitud fuera lucrativa, no
podía existir la correspondiente superestructura: una política, una cultura y
una ideología que beneficiara, defendiera y reforzara la esclavitud. No se
hubiera podido sostener.
Así
es cómo tenemos que ver y aplicar la concepción materialista, una concepción
materialista dialéctica de la historia que refleje y abarque toda su
contradictoriedad y complejidad y que, por otra parte, destaque las fuerzas
dinámicas, o contradicciones, esenciales que la impulsan. Por eso Mao dijo que
los dogmáticos son perezosos. Los reformistas, o específicamente los dizque
"comunistas" o "socialistas" que degeneran y caen en el
reformismo, también son perezosos. Y las dos cosas, el reformismo y el dogmatismo,
suelen ir de la mano. Porque hay que trabajar, hay que escarbar y
buscar para identificar las contradicciones subyacentes que impulsan y definen
el carácter y el movimiento del desarrollo de la sociedad.
Bueno,
Marx nos dejó mucho trabajo, pero el mundo ha seguido cambiando. En general
Marx estudió y escribió antes de la época del imperialismo, antes de que el
sistema capitalista diera un salto a la fase imperialista y se monopolizara e
internacionalizara mucho más, aunque en los tiempos de Marx ya iban en esa
dirección ciertos aspectos. Marx nos dejó mucho trabajo y eso es importante.
Recuerdo que, en los primeros tiempos de nuestro partido, los que estaban
envueltos en economismo (embelesados con la "lucha práctica" de los
obreros para mejorar sus condiciones en el sistema capitalista-imperialista)
decían: "Ese Lenin no debió haber sido tan bueno si le dedicó tanto tiempo
a escribir ¿Qué hacer?2 en vez de organizar a los
obreros". [risas]Bueno, si dicen eso de Lenin, ¿qué decir de
Marx? Pasó 11 años en la biblioteca del Museo Británico estudiando historia y
economía a fin de dejar ese gran regalo que nos dio, que es la explicación
materialista básica de la historia y del capitalismo. Se ha hecho mucho
trabajo, pero es necesario continuarlo; hoy tenemos mucho trabajo por hacer.
Tenemos que seguir indagando inclusive para entender lo que Marx nos enseñó,
para entender las fundaciones que sentó Marx y ver cómo se aplican en la
actualidad; para entender cuál es la raíz de lo que pasa en la sociedad y de su
desarrollo histórico; para ver cómo se desenvuelve eso en un momento
determinado. ¿Cuál es la dinámica de las contradicciones que se nos presentan y
que tenemos que transformar; cómo se relacionan entre sí esas contradicciones?
Por eso se necesita trabajo continuo. Es un trabajo arduo,muy
arduo. Pero vale la pena y, más que eso, es por la emancipación de la humanidad
de las relaciones de desigualdad, explotación y opresión.
Pero
eso no lo harán perezosos ni se hará con idealismo filosófico: pensando que las
ideas que tenemos en la cabeza (o en la mente de un dios u otro ser
sobrenatural inexistente) son lo que determina el carácter de la realidad. No
se hará con venganza; no se hará diciendo: "Es fácil decir que unos son
ricos y otros son pobres, y ya está". Eso conduce al desastre y ha sido
desastroso donde se ha aplicado; por ejemplo, luego voy a hablar un poco de
Camboya y Pol Pot3. Lleva al desastre. Así no se puede
diferenciar; no se pueden identificar las fuerzas motrices ni distinguir amigos
de enemigos. Hoy vemos un fuerte fenómeno de populismo derechista, organizado
por los sectores más abiertamente reaccionarios de la clase dominante, que
busca generar resentimiento de la pequeña burguesía inferior, la aristocracia
obrera y otros sectores de la clase trabajadora, definida ampliamente, hacia
las personas que toman posiciones progresistas importantes: lo que llaman
"liberales de limosina" de Hollywood, los "intelectuales
estirados" de Nueva York y demás. Se necesita trabajo para
investigar y entender qué dinámica y qué fuerzas están operando, qué tendencias
están en marcha a partir de las contradicciones subyacentes, y cómo librar
nuestra lucha para encaminarlos hacia donde deben ir, no en un sentido
pragmático y estrecho, sino en un sentido histórico-mundial.
Captar
a fondo el carácter motriz subyacente de estas contradicciones (entre las
fuerzas y las relaciones de producción, y entre la base económica y la
superestructura), captar cómo se relacionan entre sí e interpenetran, captar
cómo se manifiestan en el mundo en determinado momento: esto es fundamental, es
indispensable para poder dirigir una revolución del modo correcto. Esto es
sumamente importante y agudo ahora. No se puede hacer sin ciencia. Y no se
puede hacer con apenas un poquito de ciencia. Es cierto que no tenemos que
saberlo todo antes de dar un paso. Hay una relación entre la teoría y la
práctica; por eso también es valioso contar con toda la teoría que se ha
elaborado por más de cien años, a partir de los descubrimientos de Marx. Por
eso es valioso contar con la colectividad de un partido y de un movimiento
comunista internacional. Cada individuo no tiene que hacer todo el trabajo por
su cuenta cada vez empezando desde cero. Pero la práctica requiere que nos
basemos en esta ciencia. También tenemos que manejar correctamente la
dialéctica de teoría y práctica en el proceso. Y no ser perezosos, lo que tarde
o temprano llevará al desastre, y en estos tiempos especialmente, no tardará.
Estas
contradicciones entre las fuerzas y las relaciones de producción, y entre la
base económica y la superestructura, son las contradicciones decisivas y
determinantes de todas las sociedades (desde las sociedades comunales
primitivas hasta las varias formas de la sociedad de clases), y también serán
decisivas y determinantes en la sociedad comunista,aunque de un
modo y en un contexto radicalmente distintos. Mao, con su estilo tan peculiar,
hizo comentarios como este (reunidos en Mao espontáneo):¿No creen
que en la sociedad comunista todavía habrá contradicción entre las fuerzas y
las relaciones de producción, y entre la base económica y la superestructura?
Yo sí lo creo. Dentro de 10,000 años, todavía continuará el proceso de
reemplazar lo caduco por lo nuevo. Ahí se refería a esas fuerzas motrices.
Nunca ha existido ni existirá una situación en que los seres humanos no tengan
que contraer relaciones, de un modo u otro, para reproducir los artículos
materiales necesarios para la vida, con el nivel de tecnología que sea. Y jamás
existirá una situación en que la sociedad, no solo los individuos, no tenga que
responder a una necesidad. Esto lo volveré
a abordar varias veces.
Notas
1. Bob Avakian, Democracy: Can’t We Do Better
Than That? (Chicago: Banner Press, 1986).
2. ¿Qué
hacer? es una obra teórica crucial de V.I. Lenin, líder de la
revolución rusa, en la que recalca que, dada la influencia y la fuerza de las
ideas e instituciones dominantes de la sociedad capitalista, la lucha de los
trabajadores explotados (o proletarios) y de los demás oprimidos en tal
sociedad, por la fuerza de la espontaneidad, caerá continuamente bajo el
control de la clase capitalista y sus representantes políticos, y se reducirá a
reivindicaciones reformistas que dejan intactos el sistema capitalista y su red
de explotación, opresión y represión. Lenin demostró que para llegar a ser una
clase revolucionaria y luchar por acabar con toda la opresión, el proletariado
necesita un partido de vanguardia que lleve a los proletarios y demás oprimidos
la conciencia comunista a la que nunca puede llegar por medio de la lucha
diaria para subsistir: el reconocimiento de la naturaleza explotadora y
cabalmente opresiva de este sistema, de que no se puede reformar, y de la
necesidad y posibilidad de una revolución para tumbar al sistema capitalista y
crear el gobierno del proletariado, cuya misión es dirigir a las masas
explotadas de la vieja sociedad y a amplios sectores populares (como los
intelectuales y otros que han ocupado una "posición intermediaria")
hacia la meta de acabar con toda la opresión y explotación, y todas las
relaciones sociales de desigualdad, en particular la brecha entre el trabajo
intelectual y físico (mental y manual) por todo el mundo, o sea, la meta del
comunismo.
3.
Bob Avakian habla de Camboya y de Pol Pot en otra parte de esta charla, que no
forma parte de esta serie.
http://rwor.org/a/039/avakian-sobre-socialismo-communismo-pt2-s.htm
Necesidad y libertad
La
esencia de una actitud idealista y utópica de lo que somos, y del comunismo, es
que en el comunismo dejará de existir la necesidad. Es verdad que, en la
sociedad comunista, en un mundo comunista, el carácter de la necesidad y la
interrelación entre la necesidad y la manera de lidiar con ella serán
radicalmente diferentes a hoy, pero persistirá la necesidad y será necesario
transformarla. Persistirá el carácter de las fuerzas productivas y de las
relaciones de producción que en líneas generales corresponden a ellas. Habrá
una base económica, habrá relaciones de producción y (sin ser mecanicistas,
entendido en un sentido dialéctico, entendiendo que hay una autonomía e
iniciativa relativas en la superestructura) habrá, en cualquier momento, una
superestructura que más o menos corresponde a esas relaciones de producción.
También persistirá el dinamismo de todo eso. Las fuerzas productivas se
seguirán desarrollando, y eso continuará transformando las relaciones de
producción, que pasarán de ser relativamente apropiadas para el desarrollo de
las fuerzas productivas a ser trabas a dicho desarrollo, a tener el carácter y
el efecto de trabas en vez de ser apropiadas para el desarrollo de las fuerzas
productivas. Así es como se desenvuelve.
Y
una vez más la superestructura entrará en conflicto con las nuevas relaciones
de producción que se están desarrollando y se dará lucha para cambiar más la
superestructura, de acuerdo con los cambios de las relaciones de producción,
cambios que, a su vez, suscita el desarrollo de las fuerzas productivas. Eso
seguirá inclusive en la sociedad comunista. Como dijo Mao, inclusive en 10,000
años (suponiendo que la humanidad dure todo ese tiempo y, en caso de que lo
hayamos olvidado, nosotros tenemos algo que decir al respecto), seguirán
existiendo las contradicciones subyacentes e impulsoras de la sociedad (entre
las fuerzas y las relaciones de producción, y entre la base económica y la
superestructura política e ideológica), con toda la complejidad que suscita y
con todas las influencias de eso sobre las contradicciones subyacentes e
impulsoras.
Esto
se relaciona con el análisis materialista de la necesidad, y con la relación
dialéctica entre necesidad y libertad: esa libertad que no busca evadir,
ignorar, pasar por alto, ni simplemente saltar de un golpe por encima de la
necesidad, sino que radica en hacerle frente a la necesidad
y transformarla a partir de las contradicciones que residen
dentro de ella, porque toda la realidad está compuesta de materia en movimiento
y de contradicciones. Ese es el parte aguas fundamental entre idealismo y
metafísica, de un lado, y materialismo y dialéctica marxista, del otro:
entender la relación entre libertad y necesidad y dónde está situada la
libertad con respecto a la necesidad, y arrancarle libertad a la necesidad.
Obviamente,
esto se tiene que ver en toda su complejidad, no de una forma cruda y lineal.
Pero teniendo eso en mente, es crucial entender que el avance de la sociedad
continuamente consistirá en esto: hacerle frente a la necesidad y
transformarla, sobre todo a nivel social, en lo que encontrarán su lugar los
individuos, y no en un marco divorciado de eso o aparte de eso, o volando por
encima de eso, como un caballo celestial que vuela por el firmamento, solo y
libre (como decían en China), pretendiendo trascender la necesidad en la esfera
individual: “Esa onda no me afecta a mí; no me importa lo que hagan en Irak;
eso no tiene nada que ver conmigo”. Sí, sí tiene que ver, y si uno no lo
reconoce ahora, lo reconocerá a la fuerza tarde o temprano porque todo esto
está entrelazado y entretejido. Y si piensa que lo puede pasar por encima, la
realidad se impondrá y demostrará, a veces de modo dramático, que no se puede
hacer eso.
Este
es un ejemplo que he citado muchas veces: uno no puede definir las palabras
como quiera porque tienen un contexto social, un significado social, un
significado que en cualquier momento dado ha evolucionado históricamente. Esto
se relaciona con la epistemología (la teoría del conocimiento, de la verdad y
de cómo los seres humanos conocen la verdad). En otras ocasiones he hablado de
esto, por ejemplo cuando hablé de la definición de poder de Huey Newton, que es
una definición instrumentalista: “el poder es la capacidad de definir los
fenómenos y de hacerlos comportarse como uno desea”. No, definir un fenómeno
como uno quiera no le da la capacidad de hacerlo comportarse como uno quiera.
Un tipo saca un revólver y te dispara, y si, antes de que te llegue la bala
tuvieras tiempo de decir “Esto que se me viene encima no es una bala, es una
almohada, yo lo defino como una almohada”, de todos modos te daría duro.
[risas] No deja de ser una bala.[risas]La necesidad te sigue
haciendo frente y tú tienes que responder a esa necesidad (si tienes tiempo).
Si puedes, corre y métete detrás de algo. [risas]Busca algo
blindado, si puedes. No vas a lidiar con esa bala definiéndola como una
almohada o un malvavisco. [risas]Eso es fundamentalmente
incorrecto.
El
poder en realidad radica en la capacidad de entender
correctamente los fenómenos y la necesidad objetivos y detransformarlos,transformarlos
del modo que en realidad se pueden transformar, que está lleno de
contradicción; por lo tanto no hay un solo modo siempre, ni la mayoría de las
veces ni en general. Hay varios modos de transformar algo conforme a las
contradicciones que lo definen, pero no se puede transformar de un modo que no
tiene relación con las contradicciones que lo definen y lo impulsan. Por eso
digo que no se puede transformar una bala en una almohada o un malvavisco
simplemente con definirla así.
Otro
ejemplo muy común ahora y muy polémico es cuando, en especial los negros,
dicen: “Voy a definir la palabra ‘nigger’[una palabra despectiva
racista—Nota del traductor] como ‘mi amigo, mi cuate’”. No. Esa palabra quiere
decir otras cosas. Uno no tiene la capacidad de cambiar la
definición porque, al igual que la bala, se ha definido histórica y socialmente
de cierto modo, y simplemente desear que quiera decir otra cosa no cambia el
significado. Dentro de muchísimos años, cuando la humanidad haya dejado atrás
la clase de sociedad en que existe la opresión de pueblos enteros, junto con
otras formas de opresión y explotación, puede que la palabra “nigger” no
tenga ese significado o que signifique algo completamente distinto. Pero ahora,
en esta etapa de la historia, en el mundo de hoy, su significado se ha definido
por las relaciones sociales opresivas establecidas históricamente, de las
cuales esa palabra es una expresión. Para lidiar con lo que significa y con
todo lo que está detrás de esa palabra, hay que afrontarla como es, conforme al
significado establecido social e históricamente... hasta que transformemos
radicalmente las relaciones sociales que expresa.
Necesidad y accidente, causalidad y contingencia
Aquí
entra también la relación entre necesidad y accidente, o entre causalidad y
contingencia. En el desarrollo histórico de los seres humanos y de la sociedad
humana (y su interacción con el resto de la naturaleza) no ha habido, no hay,
caminos predeterminados. Pero, repito, a lo largo de ese proceso, esa continua
interacción de la necesidad y la libertad ―y sí, de la causalidad y la
contingencia (o necesidad y accidente) y su interrelación dialéctica― se ha
dado una cierta “conexión” en la historia. Esa conexión nos ha llevado al
umbral donde es posible (no inevitable, pero posible) dar el salto al
comunismo.
Como
he dicho, la causalidad y la contingencia, o la necesidad y el accidente, como
todo, son una unidad de contrarios. Y como decía Mao sobre lo universal y lo
particular, lo que en un contexto es causalidad, es accidente en otro, o
contingencia en otro (y viceversa). He dado este ejemplo: ¿por qué Colón acabó
en las Américas pensando que iba a otra parte? En un contexto, por ejemplo en
el marco de los pueblos que tuvieron el infortunio de que Colón llegara a sus
tierras, con los sucesos subsiguientes, eso fue un accidente, porque él
planeaba ir a otra parte y porque su llegada no se debió a la dinámica interna
de las sociedades de las Américas en esa época. De modo que para los pueblos de
la región fue un accidente. Y en otro nivel fue un accidente porque Colón
quería ir a otra parte. ¿Pero fue enteramente un accidente?
No. Obviamente, llegó adonde llegó por ciertas causas y razones; por ejemplo,
por los vientos, por su falta de conocimientos de ciertos asuntos y demás. Cada
una de esas cosas a su vez se puede dividir en necesidad y accidente (o
causalidad y contingencia). Cada cosa se puede dividir en sus aspectos
contradictorios.
Pero
en cada momento una cosa tiene un aspecto principal y ese aspecto principal le
da identidad relativa, aunque haya movimiento y cambio. La sociedad
capitalista, por ejemplo, encierra dentro de sí el futuro de la sociedad
socialista, representado en el aspecto político y de la lucha de clases por el
proletariado, y en el aspecto de producción por la socialización de la
producción. Pero la sociedad capitalista todavía se define por el hecho de que
las relaciones de producción y la superestructura arriba de eso son capitalistas.
Así que es contradictorio, pero el aspecto principal le da la esencia que lo
define, relativamente;digo relativamente en el sentido de que
existe en el marco general de otras contradicciones en el mundo, y
relativamente en el sentido de que en sí está lleno de contradicción,
movimiento y desarrollo, y esos aspectos del futuro también se hacen sentir en
medio de eso, en contradicción con el carácter capitalista esencial.
Tenemos
que ver todo, entonces, en función del movimiento y desarrollo de las
contradicciones, y no en términos estáticos. Tenemos que dejar atrás las
concepciones metafísicas y en última instancia religiosas o prácticamente
religiosas de los fenómenos del mundo y en particular de la sociedad humana y
su desarrollo histórico. Como dije, no ha habido caminos predeterminados de
desarrollo histórico de los seres humanos y la sociedad humana. Se han podido
dar fenómenos (accidentes en un aspecto) que hubieran podido aplastar a los
seres humanos antes de que se afianzaran, o después, y todavía se pueden dar.
Sin embargo, hasta la fecha no ha sucedido. Del mismo modo, la sociedad humana
no estaba predestinada a encaminarse al comunismo, pero por medio de su desarrollo
complejo y contradictorio ha llegado al umbral de eso, donde la contradicción
entre la producción socializada y la apropiación privada (la contradicción
característica del capitalismo, que fundamentalmente lo define) se reafirma más
y más agudamente.
Conexión, restricciones y transformación
Como
señaló Marx, entonces, la historia humana tiene cierta conexión. Cada
generación hereda las condiciones materiales y las correspondientes relaciones
sociales y superestructura política e ideológica de las generaciones previas
(del desarrollo previo de la sociedad), que se han forjado tanto mediante la
acumulación de cambios parciales como mediante saltos revolucionarios
conducentes a cambios radicales. No se trata solo de cambios mediante
acumulación gradual; también se han dado cambios radicales con saltos
revolucionarios. Otro punto muy importante es que los cambios, ya sean
cuantitativos o cualitativos, ya sean parciales o revolucionarios, se producen
sobre los cimientos de las condiciones materiales existentes, y en particular
las fuerzas productivas existentes; inclusive los cambios revolucionarios, y lo
que suscitan, están condicionados por la base de la que surgen.
Una
importante ponencia de un camarada dirigente del partido habla de esto, de la
relación entre restricciones y transformación: que en la historia natural de la
evolución a lo largo de miles de millones de años (y en la evolución social y
en la evolución histórica de la sociedad humana) surgen cosas a partir de las
restricciones, y de la transformación de las restricciones, que existen en un
momento dado. Esto se relaciona con el punto de que, en la sociedad humana,
cada generación confronta el carácter de la sociedad (basado en las fuerzas
productivas y las relaciones de producción que corresponden más o menos a esas
fuerzas productivas) como algo externo, como necesidad. Otro punto relacionado
es de dónde viene esa necesidad, esas condiciones materiales, cómo se han
desarrollado (y se siguen desarrollando) mediante un proceso muy complejo y
contradictorio, y no en una marcha en línea recta predeterminada y
predestinada. Así es como se desenvuelve esto.
Por
eso Marx dijo que en las primeras etapas del avance al comunismo (mejor dicho,
en la sociedad socialista bajo la dictadura del proletariado) persisten los
“sellos del capitalismo”. Esos “sellos del capitalismo” existen en la sociedad
socialista porque esta surge de la matriz del capitalismo y solo puede surgir
de ahí. En contraposición a lo que piensan, o desean, los anarquistas y los
utópicos, en la realidad uno no puede decir: “Tracemos la sociedad ideal y
arranquemos de ahí. ¿Para qué tener líderes? ¿Para qué tener estado? Eso es
crear los problemas que queremos eliminar. ¿Por qué no ideamos una sociedad que
no tenga nada de eso?”. Bueno, cualquier puede idearla. Eso es fácil. Basta con
fumar un poco de mota o algo por el estilo [risas] y uno puede
idear montones de cosas [risas], inclusive cosas buenas. Pero
eso no nos lleva adonde tenemos que ir. Hay que partir de donde estamos hacia
lo que es posible transformando la necesidad que nos confronta continuamente y
la nueva necesidad que surge, las nuevas restricciones que se forman al
transformar la vieja necesidad, las viejas restricciones. No se puede
pensar a priori (antes de examinar la realidad y, es más,
divorciado de ella) en la clase de sociedad que uno quisiera, superponerla a la
realidad y tratar de crear lo ideal así. Eso es completo idealismo filosófico
(pensar que las ideas son lo que determina la realidad material, que la
realidad material es meramente una extensión de las ideas o que las ideas
pueden, de por sí, crear o cambiar la realidad). Eso no tiene nada que ver con
cambiar la realidad en la práctica ni, en particular, con transformar la
sociedad y avanzar hacia donde la sociedad puede ir (no adonde tiene que ir,
pero adonde puede ir): al comunismo.
Cuando
la revolución crea una sociedad socialista, lleva los “sellos” del capitalismo.
Lenin dijo: no hacemos la revolución con personas como nos gustaría que
fueran;hacemos la revolución con las personas como son.Es
cierto que al hacer la revolución, en el primer salto, al vencer la primera
cuesta, al librar la lucha por la toma del poder y tomar el poder, la gente
pasa por un cambio radical. Pero todavía no es la gente “ideal”. Además, como
explicaré más adelante cuando hable del “paracaídas”1, ese cambio no es para siempre,
“irrevocable”, se puede deshacer. Se dice que la situación no puede volver
atrás, que la gente no puede volver a ser lo que era antes de la revolución.
Bueno, como nos han enseñado las duras lecciones de la historia, si es que no
lo sabíamos antes, eso no es cierto. Se hace la revolución con la gente como es
en un momento dado, y ahí también se transforma la necesidad en libertad.
Así
que no hay un “proceso ordenado y rígido” que ha llevado de una etapa de la
sociedad a la siguiente (del comunismo primitivo, a la esclavitud, al
feudalismo, al capitalismo y al socialismo, y luego al comunismo). No hay un
“gran vals de la historia” (un, dos, tres; un, dos tres) ni un “minué feudal”
ordenado y delicado, que se ha desenvuelto a medida que la sociedad ha avanzado
inevitablemente hacia el comunismo. No hay un “proceso general” que lleva
inevitablemente al comunismo. Tenemos que combatir las tendencias a pensar de
esa manera (eso fue marcado en Stalin, por ejemplo), lo que raya en lo
religioso (o entra directamente en ese terreno). Pero el desarrollo histórico
humano, con toda su complejidad y diversidad, a lo largo y ancho del mundo, a
lo largo de miles de años, efectivamente (aunque no deliberadamente) ha sentado
las bases y ha hecho posible (no inevitable, posible) el salto histórico
mundial al comunismo. Ha llevado el mundo a una situación en que está más
entrelazado que nunca, y en que el capitalismo y su contradicción fundamental
es el aspecto determinante de la sociedad humana en el mundo entero y en todas
las partes del mundo, y en que esa contradicción se manifiesta
cada vez de modo más pronunciado y extremo; en que se está agudizando más el
conflicto entre las fuerzas y las relaciones de producción, y entre la base y
la superestructura características del capitalismo; en que la necesidad de
resolver esta contradicción fundamental por medio de la revolución proletaria
en países particulares y en última instancia en todo el mundo se está
reafirmando con más y más fuerza. Pero para lograr esa transformación
revolucionaria se necesita el factor subjetivo, las fuerzas revolucionarias
conscientes, para dirigir a las masas a cambiar la realidad de conformidad con
esa necesidad por medio de una lucha desgarradora y resuelta.
Expresiones grotescas y extremas de la contradicción
fundamental del capitalismo
¿Cuál
es la contradicción fundamental del capitalismo? ¿Cuál es la forma particular
en la que se manifiestan en la era del capitalismo las contradicciones básicas
de toda sociedad humana (entre las fuerzas y relaciones de producción, y entre
la base económica y la superestructura política e ideológica)? Es la
contradicción entre la producción socializada y la apropiación privada. Esta es
la contradicción fundamental que define e impulsa el capitalismo y la época en
la que el capitalismo aún domina el mundo. Y si se quiere ver un fenómeno
extremo y grotesco, un ejemplo de cómo la contradicción fundamental del
capitalismo, entre la producción socializada y la apropiación privada, está
asumiendo una forma extrema, perversa y grotesca hoy, hay que ver quién es el
presidente de Estados Unidos en este momento [risas]. Una
persona que insiste en pronunciar la palabra “nuclear” como “nu-cu-lar” (a
pesar de haber asistido a prestigiosas escuelas y universidades y de que
seguramente podría pronunciar bien esa palabra). ¿Por qué digo que esta es una
expresión extrema y grotesca de la contradicción fundamental del capitalismo?
Porque este es el hombre que tiene el dedo en el gatillo “nu-cu-lar”. ¿Y qué es
esto sino una expresión en la superestructura de la contradicción (para usar
términos coloquiales) entre la vasta tecnología que han producido millones de
personas de manera colectiva, y el hecho de que todo esto está bajo el dominio,
el control y la bota aplastante de un puñado de personas en unos cuantos
países, gobernados por una estructura de poder político que ha presentado a
este monstruo como su presidente? En este mundo de hoy no se puede pedir una
expresión más grotesca de la contradicción fundamental del capitalismo, entre
la producción socializada y la apropiación privada.
Ahora
bien, si les decimos a las masas: “La contradicción fundamental que tenemos hoy
en día es la producción socializadaversus la apropiación privada”,
lo más probable y lo más natural es que nos respondan: “¿De qué demonios estás
hablando?”. A lo cual les podemos responder sencillamente: “George Bush: de eso
es de lo que estoy hablando”.[risas]Después, por supuesto, tenemos que
explicar el significado de todo esto. Y esto implica bastante trabajo. Pero es
la realidad; sin embargo, no se ve así a simple vista, inclusive los comunistas
no lo vemos así a simple vista. Sin embargo, esto no es más que una expresión
extrema, perversa y grotesca (solamente una, pero una expresión en extremo
grotesca y perversa de la contradicción fundamental del capitalismo): que en la
superestructura, a partir de la apropiación privada de la producción
socializada, eso es lo que se presenta como el líder político del “mundo
libre”.
Y,
repito, si se desea una manera más generalizada de ver esto (que es exasperante
en un sentido más general, que es una contradicción garrafal y exasperante),
fijémonos en el hecho de que este tipo es el que tiene el dedo en el botón
“nu-cu-lar”, y en términos más generales, fijémonos en el hecho de que esta
clase dominante de Estados Unidos, más que ninguna otra clase dominante, ha
amasado un enorme poder militar para reforzar su sistema. Esto no es más que
una expresión de la contradicción fundamental del capitalismo y del movimiento
y desarrollo en el mundo actual de la contradicción entre las fuerzas y
relaciones de producción y entre la base y la superestructura. Para desglosar
esto necesitamos plantear las preguntas: ¿Cómo hacen esto? ¿De dónde viene este
poder militar? Las respuestas de ambas preguntas están en el desarrollo
histórico del capitalismo en Estados Unidos. Y sabemos cómo ha sido todo esto:
libraron guerras, exterminaron a millones de personas, secuestraron esclavos y
los pusieron a trabajar (una vez más, con un tira y afloje entre la
superestructura y la base), conquistaron un territorio en América del Norte,
amasaron una tremenda fortuna y extendieron sus tentáculos hacia todo el mundo
en oleadas y cada vez más profundamente. Y, literalmente, exprimiéndole la vida
a pueblos por todo del mundo, han amasado una enorme fortuna y pueden destinar
una parte significativa de esa fortuna para emplear científicos que inventen
armas, para producirlas, y para entrenar y formar un ejército que utilice esas
armas. El hecho de que puedan hacer eso y reforzar así su supremacía sobre los
mismos pueblos que han proporcionado la fundación material con la cual se ha
construido este sistema, no es más que una expresión grotesca y exasperante de
la contradicción fundamental del capitalismo. Es una expresión extrema y
exasperante de la contradicción fundamental del capitalismo y, de manera más
general, de la contradicción entre las fuerzas y relaciones de producción, y
entre la base económica y la superestructura.
Ahora
bien, por supuesto, la gente no ve esto así a simple vista [risas]. Y
como dije, los que entendemos básicamente la naturaleza del capitalismo, sus
consecuencias y lo que significa para los pueblos del mundo, tampoco entendemos
a simple vista de lleno cómo todo esto se desprende de la contradicción
fundamental del capitalismo; comprender esto implica mucho trabajo. Y para que
las masas lo puedan entender, no se puede explicar como lo acabo de hacer. Pero
hay maneras de traducir esto en términos populares para que la gente aprenda
cómo es el mundo, cómo se mueve y cómo cambia, y cuál es su papel en eso. Eso
es lo que tenemos que hacer a través de nuestro periódico Revolución y
en general. Esa es una de las cosas más esenciales que debemos hacer: llevar
esto a las masas para que cuando luchen, mientras luchen, y mientras los
organizamos para que luchen, comprendan más y más conscientemente hacia dónde
tiene que ir esta lucha, cuál es el problema y cuál es la solución, cuáles son
sus raíces y hacia dónde va, y por qué tenemos que luchar de cierta manera para
llevar la lucha hacia donde necesita ir, para rebasar todo esto.
Las dos formas de movimiento de la contradicción
fundamental del capitalismo
Si
examinamos la contradicción fundamental del capitalismo, entre la producción
socializada y la apropiación privada, llegamos a las dos formas de movimiento
de esta contradicción, o las dos expresiones de esta contradicción. Hace 25
años, cuando hicimos el análisis de que la principal contradicción del mundo
era entre los dos campos imperialistas (uno dirigido por Estados Unidos y el
otro por la Unión Soviética, que en ese entonces aún se escondía detrás de la
máscara del “socialismo”, pero en realidad era una potencia imperialista con un
sistema de capitalismo de estado), causó mucha polémica en el movimiento
comunista internacional; y por esa razón, pero principalmente porque
necesitamos entender el mundo en su dinámica y en su movimiento y desarrollo concretos,
nos adentramos en el problema de discernir no solo cuál es la contradicción
fundamental de esta era y cuál era la contradicción principal en ese momento,
sino cómo se debe abordar todo el tema y cómo se llega a la determinación
correcta de cuál es la contradicción fundamental y cuál es la contradicción
principal del mundo. Y esto fue, como dije, polémico en el movimiento comunista
internacional porque mucha gente se quedó atorada en la formulación que salió
de China a mediados de los años 60, que decía que la principal contradicción
del mundo era esencialmente entre el tercer mundo y el imperialismo (o entre
las naciones oprimidas y el imperialismo). Esta es otra de esas cosas donde se
pensaba que no había nada que discutir ni debatir: “¿Cuál es la pregunta? La
principal contradicción en el mundo es la de las naciones oprimidas versus el
imperialismo; ya está. Atendamos el siguiente asunto”.
Pero
el mundo no está detenido; el mundo se mueve y cambia. Incluso cuando no
queremos verlo y cambiarlo conscientemente, se mueve y cambia; de hecho cambia
más caóticamente cuando no actuamos de manera consciente y cuando no tenemos la
intención de cambiarlo. De manera que al retomar la pregunta de cuál era la
principal contradicción del mundo en esa época (a principios de 1980), tuvimos
que adentrarnos en lo siguiente: cómo se llega a los cimientos materiales de
esto, cómo se comprende esto de una manera materialista y no de manera
metafísica, como una “doxología” cristiana o algún conjuro religioso: “así es,
así ha sido siempre y así será, amén”. O, para decirlo en términos más
comunistas: “así es como era cuando me metí a revolucionario, así es como es,
¿por qué la discusión?”. No. El mundo se mueve y cambia.
De
manera que tuvimos que adentrarnos aún más, y descubrimos el análisis de Engels
donde discute esencialmente la contradicción fundamental del capitalismo y su
desarrollo; y Engels identificó estas dos expresiones, o dos formas de
movimiento, de esta contradicción fundamental: por un lado la contradicción, en
términos de lucha de clase, entre el proletariado y la burguesía; y por otro
lado, la contradicción entre la organización y la anarquía: la organización y
planeación en una empresa en particular, o en una rama particular de la
economía, versus la anarquía general que fluye de la
naturaleza básica de la producción e intercambio de mercancías, que en la
sociedad capitalista se generaliza hasta incluir la fuerza laboral como una
mercancía (vender el trabajo a cambio de un salario, pero esencialmente, vender
la capacidad de trabajo a cambio de un salario).
De
manera que vimos cómo Engels identificó estas dos formas de movimiento. Y
después, partiendo de ese análisis básico, propusimos algo que sí fue muy
controvertido. Dijimos que en general en esta época de la historia, de estas
dos formas de movimiento o expresiones de la contradicción fundamental del
capitalismo, el principal aspecto es la anarquía/organización (o forma de
movimiento o expresión de la contradicción fundamental del capitalismo). ¡- Zácatelas! Entonces
mucha gente del movimiento comunista internacional dijo: “¿Cómo así? Si dicen
eso, están despojando al pueblo de su propia iniciativa. ¿Qué puede hacer el
pueblo acerca de la contradicción anarquía/organización-? El pueblo puede
librar una lucha de clases, pero ¿cómo puede lidiar con la contradicción
anarquía/organización?”.
Y
esto ahora se vincula con lo que he estado hablando hasta ahora. ¿Qué significa
librar una lucha? Significa transformar la necesidad. La lucha de clases
consiste en transformar la necesidad. La lucha por la producción consiste en
transformar la realidad material o necesidad. Obtener conocimiento significa
transformar la necesidad en libertad o en conocimiento. Todo consiste en
transformar la necesidad en libertad y luego confrontar (y necesitar
transformar) una nueva necesidad para hacerlo. Así que para librar la lucha de
clases de la manera más potente y profunda, tenemos que entender cuál es
la necesidad a la que nos enfrentamos. ¿Cuál es la realidad material que nos
confronta, y de dónde viene esa realidad material?, para decirlo en términos
sencillos.
Pudimos
establecer que, dado el carácter del capitalismo, como sistema generalizado de
producción de mercancías, la contradicción anarquía/organización es la
principal forma de movimiento, o expresión principal, de la contradicción
fundamental del capitalismo entre la producción socializada y la apropiación
privada. Sí, estamos ante el capitalismo en su fase imperialista, donde hay más
monopolización y más planificación en una escala mayor; pero, como indicó
Lenin, eso lo que hace es tomar la contradicción entre las fuerzas y las
relaciones de producción, entre la producción socializada y la apropiación
privada, y específicamente entre la planificación y la anarquía (o
organización/anarquía), y elevarla a un nivel más alto y más agudo, y
diseminarla más por todo el mundo. De modo que, como hemos dicho, la fuerza
impulsora de la anarquía (una fuerza impulsora inherente al movimiento de la
producción e intercambio de mercancías) es la que desempeña el papel principal
en el desenvolvimiento de la contradicción fundamental del capitalismo en el
mundo. Bueno, como hemos recalcado, esto es algo muy dialéctico, algo en
movimiento y en interconexión e interpenetración con otras cosas del mundo,
específicamente con la otra forma de expresión (o forma de movimiento) de la
contradicción fundamental del capitalismo, o sea, la lucha de clases. La lucha
de clases, esencialmente entre el proletariado y la burguesía, por supuesto es
muy importante y afecta el movimiento de la contradicción
anarquía/organización. En la presentación de “Pongamos las cosas en claro” de
Raymond Lotta, se señala que cuando la revolución rusa arrancó un sexto del
territorio del mundo de las manos de los imperialistas, eso les presentó una
nueva necesidad. Y eso afectó el movimiento general de la contradicción
anarquía/organización y el desenvolvimiento de la contradicción fundamental en
el mundo de un modo muy importante. Con ese enorme cambio en el mundo, la
superestructura, y en particular la lucha de clases por la conquista del poder
político en el campo de la superestructura, a su vez tuvo un profundo efecto
sobre las contradicciones, las contradicciones subyacentes del capitalismo, y
sobre la fuerza impulsora de la anarquía, o la contradicción
anarquía/organización y su desenvolvimiento. En general hay un tira y afloje
dialéctico (interacción mutua e influencia mutua) entre el desarrollo de la
lucha de clases (como una forma del movimiento de la contradicción fundamental
del capitalismo y de la era en que el capitalismo aún domina el mundo) y el movimiento
de la contradicción anarquía/organización (la otra forma de movimiento de la
contradicción fundamental del capitalismo).
Pero
nuestro análisis fue, y es, de modo correcto e importante, que de toda esa
complejidad, la principal fuerza impulsora en el desenvolvimiento de esta
contradicción fundamental es la anarquía. Bueno, si, por ejemplo, tres cuartas
partes del mundo fueran socialistas, eso probablemente cambiaría (no quiero
establecer “hitos cuantitativos” definidos, un punto en que la correlación
cambiaría, sino indicar, una vez más, que esto no es estático sino que cambia y
cambiará con los grandes cambios del mundo y en particular con los cambios que
opere la lucha revolucionaria; o, en un sentido amplio, no estrecho, la lucha
de clases). Pero suponiendo que avanzamos al comunismo, en algún momento la
planificación y el manejo consciente de la economía que se aplicarán cada vez
más a la organización social humana tendrán un efecto mucho más profundo a
nivel mundial que la restante anarquía de la producción capitalista… aunque el
socialismo, dicho sea de paso, no eliminará totalmente la anarquía en otro
sentido. Inclusive en la sociedad socialista (y, en realidad, en la sociedad
comunista) habrá formas de lo que podríamos llamar anarquía. No la anarquía que
se desprende de la producción e intercambio de mercancías, sino la “anarquía”
de la necesidad que se impone. Por supuesto que se dará en un marco
cualitativamente diferente y tendrá un significado y contenido cualitativamente
diferente. Pero en el mundo de hoy, la fuerza impulsora de la anarquía es lo
que principalmente define el terreno, las condiciones objetivas, inclusive para
la lucha revolucionaria de varias formas.
Veamos
lo que ha hecho y está haciendo la globalización. Es cierto que la
globalización se ha podido desarrollar a causa de sucesos políticos, también:
la restauración del capitalismo en China cuando la lucha de clases dio un giro
negativo; los cambios políticos de la forma del gobierno
burgués (no de la naturaleza de clase) en lo que fue la Unión Soviética y su
imperio, lo que a su vez ha afectado la globalización. Pero en este proceso
general de tira y afloje, lo que más define y determina lo que pasa en el mundo
es la globalización, con todo lo que expresa y tiene ligado. ¿Por qué se están
desplazando tantos campesinos a la ciudad? ¿Por qué han sacado de su tierra a
millones de campesinos de Brasil y México, y en general del tercer mundo, en
las últimas décadas? No es principalmente debido a la lucha de clases (aunque,
donde ha habido guerras revolucionarias, esto puede haberlo intensificado),
sino esencialmente debido a los mecanismos del capitalismo, a la fuerza motriz
e impulsora de la anarquía. ¿Por qué tanta gente emigra a otras partes del
mundo? ¿Por qué los filipinos trabajan en Arabia Saudita o Kuwait? ¿Por qué los
salvadoreños trabajan en Estados Unidos? ¿Por qué los sudasiáticos terminan en
Canadá? La fuerza motriz e impulsora de la anarquía es la que principalmente
los lanza a otras partes del mundo y la que desplaza a cientos de millones de
campesinos a las ciudades.
El movimiento contradictorio, y el dinamismo, del
capitalismo
De
modo que debido a sus contradicciones básicas y a su “naturaleza inherente”, el
movimiento del capital, como lo he señalado, simultáneamente da origen a
tendencias de concentración y centralización del capital (tendencias a que se
conglomere en combinaciones y agregados de capital cada vez más grandes, a
monopolizarse más, por así decirlo) y a tendencias de división y reconstitución
en diferentes agregados de capital. Esta contradicción se
presenta constantemente: la tendencia del capital a combinarse y centralizarse
más y más y, por el otro lado, la tendencia del capital a dividirse y
reconstituirse, a menudo en agregados mayores. Si miramos este fenómeno de
monopolización y centralización versus su contrario (la división y
reconstitución), otra forma de decirlo es que hay una contradicción entre la
centralización y monopolización del capital versus el hecho de que el capital
siempre existe como muchos capitales.Vale la pena examinar un poco
esto.
Por
ejemplo, en las últimas décadas varias compañías de aviación nacionales e
internacionales han quebrado y otras se han reorganizado. Capital “externo” se
ha apropiado de esas compañías y las ha reorganizado. Parte del capital que
estaba invertido en esas compañías lo sacaron de ahí y lo reinvirtieron por
aquí y por allá, en otras partes de la economía estadounidense y mundial. Si
uno pudiera pegarle banderitas autoadhesivas a ese capital, vería que está por
todo el mundo. Si uno escribiera “compañía de aviación” en las banderitas y les
siguiera la pista, vería que el capital antes invertido en una compañía de
aviación ahora está regado por toda la economía de Estados Unidos y del mundo.
O sea, el capital que estaba agregado de esa forma se dividió y se volvió a
reunir con otro capital en nuevas formaciones, porque es más lucrativo hacer
eso. Esto es una manifestación de la fuerza motriz e impulsora de la anarquía:
esencialmente debido a esa fuerza, el capital que estaba invertido en las
compañías aéreas va a otras partes.
Otro
ejemplo es la TV y la TV por cable. Había tres grandes cadenas, propiedad de
grandes agregados de capital, como General Electric y otros. De repente, entra
en escena Murdoch, que acumula capital y crea un imperio, un imperio de medios
de comunicación, en Australia, y entra a los medios de Estados Unidos con Fox:
la red de noticias Fox compite con CNN y con las tres grandes cadenas por los
programas de las horas de máxima audiencia. Además de eso, está la TV por
cable: HBO tiene programas como los “Sopranos”, “Deadwood” y otras cosas con un
atractivo: que se pueden decir palabras fuertes.[risas]Ahí está
“Deadwood”; ese programa no se podría pasar en las cadenas en las horas de
máxima audiencia porque el diálogo es una sarta de groserías. El caso es que
los capitalistas están entrando en la esfera de TV por cable a “llenar cierto
vacío”. En parte, esto es una manifestación de cómo se desarrolla nueva
tecnología que hace posible y facilita la reconfiguración del capital. Ahora la
TV por cable compite con la TV de las cadenas en todas las esferas.
Otras
grandes compañías han cerrado o eliminado líneas enteras de producción. Por
ejemplo, cuando yo era niño, la compañía Kaiser no solo tenía servicios de
salud; también tenía un automóvil llamado el Kaiser (no me refiero al jefe de
estado alemán, sino a un auto). Pero quebró y ese capital pasó a otra parte.
Las compañías de autos se redujeron a un grupo más pequeño. Una era American
Motors, en Milwaukee y otras partes, que fabricaba el Nash Rambler; eso
desapareció. Las compañías de autos de Estados Unidos se redujeron y el capital
se consolidó. Luego llegaron otras amalgamaciones internacionales de capital,
como con Chrysler ahora. En Italia, Japón y otras partes hay enormes agregados
de capital en la industria automotriz que compiten con las corporaciones
estadounidenses. En todo esto ha aumentado la dimensión internacional y la
competencia internacional; a la vez, gran parte del capital de diferentes
países está cada vez más interconectado y entrelazado. Varias de las
corporaciones que han cerrado tenían millones y millones de dólares de capital.
No desapareció todo; se fue a otras partes. Una parte quebró, pero otra parte
la sacaron y la mandaron a otras partes.
Por
otro lado, pensemos en uno de los símbolos o paradigmas o emblemas de capital
poderoso hoy: Microsoft. Hace unas pocas décadas no existía. Pero el capital se
desplazó a ese campo cuando la nueva tecnología lo hizo posible, y ahora
Microsoft tiene un enorme agregado de capital.
Como
hemos indicado (es importante reconocerlo y recalcarlo), el capitalismo es un
sistema dinámico. El capitalismo siempre tiende a agregarse, concentrarse y
centralizarse, a monopolizarse más y más, así como a dividirse y
reconfigurarse, a menudo en mayores agregados de capital. Esencialmente, lo que
impulsa esto es la dinámica de la fuerza impulsora de la anarquía.
Esto
lo vimos cuando nos pusimos a analizar la Unión Soviética. Antes de que nos
hicieran el favor de proclamar abiertamente que eran burgueses (antes de que a
Gorbachov se le salieran las riendas de las manos) hubo un gran debate sobre el
carácter de la Unión Soviética, sobre si era socialista. Nosotros participamos
en un debate importante a principios de los años 80 centrado en la pregunta: La
Unión Soviética: ¿socialista o socialimperialista? Nuestro partido (y su
precursor, la Unión Revolucionaria) en general ha tomado la posición del
Partido Comunista de China, que identificó a la Unión Soviética como
socialimperialista: socialista de palabra e imperialista en la práctica y en
esencia. Pero fuimos e hicimos lo que, francamente, mucha gente no hace, especialmente
ahora; dijimos: “bueno, como esto es lo que decimos, más vale que lo analicemos
más a fondo a ver si es verdad”. [risas]Y nos pusimos a analizarlo:
la Unión Revolucionaria sacó el folleto Red Papers 7,que empezó el
análisis; y el partido (después de su fundación en 1975) elaboró más ese
análisis en el contexto del debate sobre socialismo o socialimperialismo. Un
miembro del Communist Labor Party, Jonathan Arthur, escribió en un artículo en
los años 70 que el socialismo no puede dar marcha atrás y volver al
capitalismo; que una vez nacido, el niño no puede volver al útero
materno. [risas]Esto prueba, de nuevo (volviendo al desacuerdo con
la formulación de Huey Newton) que uno puede definir los fenómenos de
determinada manera, pero eso no hará que se comporten como uno quiere si la
definición no corresponde a lo que en realidad son. La Unión Soviética en
realidad era socialimperialismo, y eso se impuso. Así que, con todo y
la mala analogía, un país que fue socialista volvió al capitalismo.
Pero
cuando analizamos esto en ese tiempo, antes de que estuviera a la vista
irrefutablemente (antes de Gorbachov y de lo que él puso en marcha), nos
pusimos a analizar a fondo cuál era la naturaleza de la sociedad soviética:
¿era realmente una sociedad capitalista y, si era así, cómo funcionaba? Lo que
encontramos fue el fenómeno de que efectivamente había capitalismo de estado,
con un muy alto grado de monopolización del capital, pero continuamente se
dividía en muchos capitales. Distintos agregados de asociaciones políticas, en
ministerios, organismos directivos, consejos regionales, etc., se estaban
volviendo capitalistas y convirtiendo en capital las finanzas y recursos que
tenían a su cargo, en competencia con otros centros de capital que se estaban formando
en otros ministerios, regiones o divisiones de la economía. Así que partiendo
de un análisis materialista (y dialéctico) de la sociedad, y específicamente de
lo que pasó en la Unión Soviética, pudimos captar más profundamente que cuando
la ley del valor y “la ganancia al mando” pasaron a ser los principios
centrales de la economía de esa sociedad (lo que dio el primer paso, hacia
atrás, con el ascenso al poder de Jruschov en 1957, y continuó a mediados de
los años 60 con Kosygin y Breshnev), aunque fuera capitalismo de estado, la
fuerza impulsora de la anarquía se impuso de nuevo como la fuerza esencial que
dirigía y determinaba la economía, la sociedad y su papel en el mundo.
La anarquía del capitalismo y la falsa ilusión de paz
y cambio pacífico en el imperialismo
Lo
que opera aquí, lo que impulsa las cosas, es la fuerza impulsora de la
anarquía. Por esa razón básica la teoría del "ultraimperialismo" de
Kautsky2 es incorrecta: la noción de que
los imperialistas pueden ponerse de acuerdo para repartirse el mundo
pacíficamente. Bueno, es cierto que, especialmente con las fuerzas destructivas
que los imperialistas tienen hoy —a partir de las fuerzas productivas que
comandan (los recursos, la tecnología y las masas con su conocimiento y
capacidades)—, con la fuerza militar que tienen y en especial con las armas
nucleares (casi digo “nu-cu-lar”) [risas],en las últimas décadas
cuando la rivalidad entre los imperialistas ha llegado a guerras han sido
“guerras de sustitutos” (en que ciertos estados u otras fuerzas actúan como
sustitutos, o esencialmente los instrumentos, de los imperialistas, en vez de
que estos peleen directamente). Pero de todas formas la rivalidad entre los
imperialistas ha producido muchas guerras. Además, tampoco ha sido posible
mantener un cierto orden o acuerdo en la superestructura, ni en la base
económica, porque la fuerza impulsora de la anarquía se impone continuamente de
manera desigual y como oportunidades para que unos aventajen y aplasten a los
otros en la competencia y rivalidad capitalista. Por eso básicamente no pueden
“ordenar” el mundo y repartírselo pacíficamente, aunque las armas nucleares les
pongan restricciones. Y, a propósito, el hecho de que hasta ahora se ha evitado
una guerra nuclear no quiere decir que se evitará para siempre; no debemos caer
en esa noción metafísica (casi religiosa).
De
modo que, repito, vemos que por la fuerza impulsora de la anarquía, el
capitalismo continuamente tiende a monopolizarse (agregarse, concentrarse y
centralizarse) más y más, e igualmente, a dividirse y reconstituirse. La fuerza
impulsora de la anarquía impulsa ambas tendencias. El capitalismo es un sistema
dinámico que continuamente cambia el mundo y, para hacer la revolución en dicho
mundo, tenemos que abordarlo de esta forma y no con una serie de fórmulas
estériles que se le imponen a la realidad a ver si se ajusta a esas
nociones a priori,a lo que uno quisiera que sea el mundo, o a
nociones dogmáticas, rígidas, antidialécticas y antimaterialistas de lo que es
el mundo.
*****
Entendiendo
todo esto correctamente, de una forma dinámica y científica, vemos que todo
esto es una expresión de cómo la contradicción fundamental del capital lo
mueve, o lo impele, y en particular es una expresión de la contradicción
entre organización y anarquía dentro del movimiento del capital.
Esta
contradicción fundamental del capitalismo, sus dos formas de movimiento, y su
interpenetración, especialmente en la era del imperialismo, se desenvuelven a
una escala global, así como en países individuales. Esto seguirá a
lo largo de esta era: la era de la transición de la época burguesa a la época
del comunismo, de la época en que el capitalismo es principal y determinante en
el mundo, a la época en que el capitalismo, su contradicción fundamental y todo
lo que suscita se habrá resuelto y superado por medio del derrocamiento
revolucionario del capitalismo y de la transformación revolucionaria de las
condiciones materiales, y políticas e ideológicas, de la base económica y de la
superestructura, por todo el mundo.
Revolución en la superestructura, enraizada en las
contradicciones de la base económica
Otra
forma de captar el materialismo de esto es por medio de una de esas
afirmaciones típicas de Mao, cuando dijo que cuando las condiciones materiales
subyacentes “lo piden a gritos”, se tiene que hacer la revolución en la
superestructura: no se pueden hacer transformaciones fundamentales de la
sociedad, ni ningún cambio cualitativo del carácter de la sociedad, sin tomar
primero el poder estatal y después ponerse a trabajar en las contradicciones
que persisten en la base económica y en la superestructura, y en su constante
interacción. Esta es otra razón, una razón fundamental, por la que queremos el
poder estatal, por la que es bueno querer el poder estatal y por la que debemos
anhelar el poder estatal. Mao, en su forma típica, lo dijo así: “Cuando las herramientas
requieran una revolución, hablarán a través de la gente”. Esto se puede
malinterpretar (repito, uno puede convertir todo en su contrario, especialmente
si lo aplica de modo mecanicista), pero si se toma correctamente,
dialécticamente, concentra una profunda realidad y verdad. Habla del hecho de
que cuando las relaciones de producción se vuelven trabas de las fuerzas
productivas y dejan de ser apropiadas para su desarrollo, y cuando es necesario
transformar la superestructura para transformar esas relaciones de producción,
entonces se expresa cualitativamente más la posibilidad de la revolución para
transformar cualitativamente esas contradicciones. La necesidad de eso se
expresa cualitativamente más y la posibilidad también es cualitativamente
mayor.
Así
que, en ese sentido ―no en un sentido ahistórico o mecanicista― se entra en la
era de la revolución, cuando la posibilidad de revolución, así como la
necesidad de revolución, aumenta cualitativamente porque las relaciones de
producción se han vuelto trabas del desarrollo de las fuerzas productivas de
modo pronunciado (no solo en esencia), y especialmente de las masas populares.
Y esa revolución se da, de una forma concentrada y esencial, en la lucha por el
poder estatal y la toma del poder estatal por la clase ascendente, que
representa nuevas relaciones de producción que pueden “destrabar” y liberar las
fuerzas productivas.
Por
esto es que necesitamos y queremos el poder estatal, repito, porque la
capacidad de transformar la sociedad en su fundación económica y en su
superestructura (todas sus relaciones de producción y sociales, el carácter
político, las instituciones y estructuras de la sociedad, la cultura y la
manera de pensar) radica y se concentra en quién, o mejor dicho qué clase,
tiene el poder estatal. A su vez, eso se concentra en el carácter de ese poder
estatal: no solo quién lo tiene en un sentido general o abstracto, sino cuál es
su carácter y a qué sirve y qué favorece ese poder estatal.
La
forma de Mao de decir todo eso, de concentrarlo con su estilo típico fue:
“Cuando las herramientas requieran una revolución, hablarán a través de la
gente”. Para decirlo de otra forma más elaborada (elaborando lo que se ha dicho
en esta charla hasta ahora): cuando las contradicciones entre las fuerzas y las
relaciones de producción, y entre la base y la superestructura, se plantean
agudamente, los seres humanos se hacen consciente de esto. Surgen personas que
son representantes conscientes de la clase que representa la capacidad de
librar de trabas a las fuerzas productivas y de liberarlas, en conflicto con la
clase que se aferra a las viejas relaciones de producción y la vieja
superestructura, que ahora es una traba para las fuerzas productivas, pues estas
se han desarrollado de tal modo que ahora empujan contra el tegumento externo,
como dijo Marx (la cáscara y las limitaciones), de esas viejas relaciones de
producción y de esa vieja superestructura. Eso es lo que hace posible hacer la
revolución en un sentido fundamental y subyacente. Y los que se hacen
conscientes de eso, concretamente en esta era, se hacen conscientes de dirigir
una revolución para hacer una ruptura con todo el carácter previo de la
sociedad: no solo el capitalismo, sino todas las formas previas de sociedad
dividida en clases, y en explotadores y explotados, y en opresores y oprimidos.
Como
he señalado en varias charlas y escritos, esta revolución en la superestructura
(la toma del poder político) hace posible la transformación de la base
económica, y de la superestructura, en relación dialéctica mutua. Y hace
posible el desarrollo y fortalecimiento del país socialista y de su estado como
base de apoyo y fuente de apoyo y de inspiración para el avance de la
revolución mundial, en relación dialéctica, a su vez, con la defensa del estado
socialista y la mayor transformación revolucionaria de la sociedad socialista,
todo lo cual entraña profundas contradicciones que a veces son muy agudas. Así
que si quieren saber otra razón de por qué queremos el poder estatal, es por el
avance de la revolución mundial. Imaginen si el poder estatal de este país
estuviera en las manos del proletariado y no de los imperialistas (nada más
cambiar esa ecuación), imaginen lo que eso lograría, el bien que le haría al
mundo y a los pueblos del mundo. Y encima de eso, imaginen si usáramos ese
poder estatal no solo para movilizar más y más a las masas para transformar
esta sociedad, sino para apoyar e impulsar la revolución mundial; imaginen lo
que eso haría en el mundo, ¡el enorme bien que eso le haría a los pueblos del
mundo!
Pero
como decía, todo esto entraña profundas contradicciones, que a veces son muy
agudas. Acabo de hablar de eso y podría sonar un poco académico hasta que uno
realmente se pone a pensar lo que encapsulan esas descripciones: la toma del
poder hace posible la transformación de la base económica y de la
superestructura en mutua relación dialéctica.
Regresaré
a este tema, pero por ahora solo quiero tocar un punto; pensemos por un momento
en las contradicciones que esto entraña. Suena muy bonito; ahí está en un
párrafo [lo que sigue con voz satírica]:
“Fácil,
¿no? Se conquista el poder estatal y eso hace posible la transformación de la
base económica y de la superestructura en mutua relación dialéctica. [risas]Y
hace posible el desarrollo y fortalecimiento del país socialista y de su estado
como base de apoyo y fuente de apoyo y de inspiración para el avance de la
revolución mundial, en relación dialéctica, a su vez, con la defensa del estado
socialista y la mayor transformación revolucionaria de la sociedad socialista.
Fácil, ¿no?” [risas]
Bueno,
no me estoy burlando de mí mismo, pero esto se puede convertir en una retahíla
dogmática como esa. Esto es muy complejo. La experiencia histórica de la
dictadura del proletariado y de los estados socialistas nos ha demostrado lo
profundamente complejo, contradictorio y difícil que esto es. El poder estatal
es magnífico y abre toda clase de posibilidades, pero también crea una profunda
nueva necesidad. Bueno, no joda, yo sin duda preferiría tener esa necesidad que
lo que tenemos ahora; pero la necesidad no se elimina. Transformar la base
económica correctamente en mutua relación dialéctica con la superestructura…
eso implica contradicciones verdaderamente profundas y, sí, interrelacionadas:
cómo manejar el desarrollo del sistema de propiedad de una forma inferior a una
forma superior (de propiedad social); cómo transformar las relaciones entre las
personas en el trabajo, por ejemplo los administradores y los que hacen el
trabajo manual, los que trabajan en los distintos campos de tecnología en relación
con los que hacen el trabajo manual, en relación con los administradores. ¿Cómo
se manejan el arte y la cultura, la ciencia y las esferas intelectual y
académica en relación con la transformación de la base económica? ¿Cómo se
transforman esas esferas de una forma que contribuya al avance hacia el
comunismo y que sea correcta en relación a la transformación de la base
económica?
Esto
concentra una cantidad de contradicciones. Por ejemplo, transformar la base
económica: cómo hacer esto fundamentalmente movilizando a las masas a hacerlo
cada vez más conscientemente. Sí (luego hablaré de esto), esto tiene un
elemento de coacción, pero la orientación y el objetivo tienen que ser hacerlo
fundamentalmente con la iniciativa y la actividad consciente de cada vez mayor
cantidad de masas. Y luego se presenta la cuestión de cómo hacer eso en la
mayor medida posible a cada momento sin pasarse.
Miren
el Gran Salto Adelante en China3. Miren lo que estaban tratando de
hacer y los problemas con que se tropezaron. Estas son contradicciones muy
agudas y muy profundas que son difíciles de manejar correctamente cuando uno
vive en un mundo donde hay contrarrevolucionarios, dentro y fuera del país, y
hay otros que fundamentalmente están en el campo del pueblo pero que están
perdiendo sus privilegios. Es muy complejo manejar eso de un modo no
antagónico. Eso también lo tocaré de nuevo.
O
al transformar la superestructura, ¿cómo se abre el debate en el campo de las
ideas, se estimula la efervescencia intelectual y el disentimiento, como he
recalcado, pero no se entrega todo? ¿Les parece que eso es fácil? No, no lo es.
Por eso es que siempre menciono la metáfora de “nos van a descuartizar”4. Por eso es que si no manejamos bien
la relación de núcleo sólido y elasticiadad5 en un
sentido fundamental, no tenemos ningún chance, inclusive si llegáramos
accidentalmente al poder (si pueden imaginar eso).
Luego
se añade toda la dimensión internacional. Y no hay que ser idealistas: si no se
aumenta la producción, ¿cómo se va a apoyar mucho la revolución mundial y cómo
se va a defender el país socialista, a la vez que se realizan transformaciones
en la base económica, en las relaciones de las personas en la producción, así
como en la superestructura, y como parte de ella en la concepción del mundo de
las masas? Eso requiere una base material subyacente. Bueno, uno puede caer en
la “teoría de las fuerzas productivas”, que dice que primero hay que
desarrollar la economía y después será fácil transformar las relaciones entre
las personas y la superestructura, y terminar como acabaron en la Unión
Soviética y en China ahora. Pero por otro lado, si nada más decimos, “bueno,
hagamos lo que siempre dicen que vamos a hacer, vamos a ‘comunizar’ la
pobreza”, entonces todas las relaciones de explotación volverán a imponerse y
el viejo poder político, las clases explotadoras y el poder político que
refuerza esa explotación nos quitarán el poder estatal, y ni hablar de lo que
los imperialistas nos harán si cometemos ese error.
De
modo que estas son contradicciones muy profundas que se plantean una y otra vez
muy agudamente. No lo digo para sembrar desesperación y derrotismo. Lo digo
para hacer énfasis en lo importante que es abordar la revolución con un enfoque
científico y movilizar a más y más gente ―del partido y de la sociedad, primero
como parte de forjar el movimiento revolucionario hacia la toma del poder, y
después a otro nivel― para abordar estos desafíos.
Notas
1.
Bob Avakian habla del “paracaídas” en otra parte de esta charla, que no forma
parte de esta serie.
2.
Karl Kautsky fue el líder del Partido Socialdemócrata Alemán, el mayor partido
socialista del mundo antes de la I Guerra Mundial. Kautsky y el partido que
dirigía se hundieron en una cosmovisión no revolucionaria, y adoptaron una
política gradualista y reformista, en oposición a un programa y cosmovisión
auténticamente revolucionarios y comunistas; por eso, cuando estalló la guerra,
abandonaron el compromiso de oponerse a su propio gobierno y de convertir la
guerra imperialista en una guerra civil revolucionaria en su propio país. (Lo
mismo hizo la dirección de la mayoría de los partidos socialistas de ese
tiempo). Capitularon al imperialismo (específicamente a los imperialistas “de
su propio país”) y, en el caso de Kautsky y otros dirigentes parecidos,
adoptaron una posición contrarrevolucionaria contra la revolución rusa y el
estado socialista que creó. Una de las teorías fundamentalmente erróneas de
Kautsky fue el “ultraimperialismo”, que postula en esencia que los
imperialistas pueden repartirse el mundo pacíficamente. Esa teoría, y otros
errores relacionados, contribuyeron en gran medida a la capitulación al
imperialismo cuando la guerra mundial entre las potencias imperialistas hizo
añicos las falsas ilusiones que creó el “ultraimperialismo”.
3.
El Gran Salto Adelante fue un gran movimiento popular que inició Mao Tsetung a
finales de los años 50, una década después de la liberación y del comienzo de
la etapa socialista de la revolución. Se dio principalmente en el campo, donde
vivía la gran mayoría de la población bajo el yugo de siglos de opresión feudal
y de las secuelas de la dominación imperialista, hundida en la pobreza y el
atraso. El Gran Salto Adelante movilizó a las masas de campesinos a construir
industrias de pequeña escala por todo el campo y a realizar grandes proyectos
de obras públicas, tanto para satisfacer las necesidades de la población y del
desarrollo industrial como para contribuir a la agricultura. Pero la meta del
Gran Salto Adelante no era solamente el desarrollo económico. Otro aspecto muy
importante de este movimiento de masas fue crear niveles más altos de
colectivización de la propiedad y la cooperación laboral, y de la distribución
correspondiente de los artículos de primera necesidad y los servicios sociales
en el campo. Esto tenía el fin de dar saltos en el camino de superar las
diferencias, brechas y desigualdades históricas entre la ciudad y el campo, la
industria y la agricultura, los obreros y los campesinos, y el hombre y la
mujer, como parte importante de construir una nueva sociedad socialista y
emprender el camino hacia la meta final del comunismo mundial. Los
revisionistas (falsos comunistas) del Partido Comunista de China y la dirección
revisionista de la Unión Soviética se oponían al Gran Salto Adelante y lo
sabotearon. Los soviéticos retiraron los asesores técnicos y cortaron la ayuda
(hasta la fecha la economía china había seguido el modelo soviético y en ese
modelo la ayuda soviética era clave). Además, al Gran Salto Adelante se dio en
años de sequía por todo el país. Debido a esos factores, y al hecho de que una
campaña popular de esa escala era algo completamente nuevo en la sociedad china
(y, de hecho, en la breve historia del socialismo, incluso en la Unión
Soviética), y a que hubo errores y excesos, se produjeron importantes
trastornos, escasez, sufrimiento y hasta hambre. Sin embargo, los
revolucionarios y las masas respondieron a esas dificultades y las superaron en
un período relativamente corto y, además, resolvieron básicamente el problema
de alimentar a la población. Por primera vez en la historia del país, se
pudieron satisfacer las necesidades alimenticias de los campesinos y de toda la
población. Además, a pesar de ciertos errores y problemas serios, al
corregirlos y estimular lo nuevo que surgió durante el Gran Salto Adelante, la
economía china, junto con las relaciones sociales y el punto de vista de la
población, dieron avances importantes y, de hecho, históricos, en los
siguientes 15 años que el país se mantuvo en el camino socialista: hasta
finales de la Gran Revolución Cultural Proletaria (1966-76) y la muerte de Mao.
(Poco después, los revisionistas, dirigidos por Deng Xiaoping, tomaron el poder
y volvieron de nuevo al camino capitalista).
4.
La metáfora de “nos van a descuartizar”, y otros temas relacionados a cómo debe
ejercer el poder estatal el proletariado para que el socialismo sea una
sociedad efervescente y animada y siga avanzando hacia el comunismo, está en
“Conversación de Bob Avakian con unos camaradas sobre epistemología: Sobre
conocer, y cambiar, el mundo” en el libro Bob Avakian:
Observations on Art and Culture, Science and Philosophy(Chicago:
Insight Press, 2005), y en la internet en revcom.us.
5.
Bob Avakian habla del concepto del “núcleo sólido con mucha elasticidad” en
varias charlas y artículos, entre ellos “Dictadura
y democracia, y la transición socialista al comunismo”, que salió en
el Obrero Revolucionario (ahora Revolución)entre
agosto de 2004 y enero de 2005 (y que está en la internet en revcom.us).
También está en varios ensayos del libro Bob Avakian:
Observations on Art and Culture, Science and Philosophy.
http://rwor.org/a/040/avakian-puntos-sobre-comunismo-pt3-s.htm
La transformación ideológica así
como material que se requiere para llegar al comunismo (las “dos rupturas
radicales” y las "4 todas"), y su relación con “el núcleo sólido con
mucha elasticidad”
Lo que queremos y lo que necesitamos se determina
socialmente
Para
comenzar, es necesario hacer hincapié en algo sumamente importante que con
frecuencia se ignora, se pasa por alto, se minimiza, se tergiversa e incluso se
suprime: la verdad fundamental de que los deseos (lo que queremos) y
las necesidades se determinan socialmente,y cambian con los cambios del
“ambiente” material, social e ideológico. Bueno, esta es una de las grandes
acusaciones contra el comunismo, que siempre andamos tratando de cambiar la
“naturaleza humana” y de cambiar lo que los individuos quieren y necesitan, e
inclusive de cambiar cómo perciben sus propios deseos. Pero si lo analizamos a
fondo, vemos que los deseos y las necesidades se determinan socialmente, en
varios niveles.
Por
ejemplo, Marx explicó que la producción en sí crea necesidades. Pensemos en las
computadoras, ahora que las tenemos y las usamos. Pensemos cómo sería tener que
volver a trabajar con máquinas de escribir [ risas], a trabajar con
esa “tecnología primitiva”. Bueno, hoy tenemos una profunda necesidad y un
profundo deseo de computadoras. Ahora es un deseo y una necesidad. ¿Por qué?
¿Porque un día nos levantamos y dijimos: “Estoy harto de escribir a máquina y
de mandar cartas por correo postal; cómo me gustaría tener una computadora,
aunque no sé qué será eso"? [ risas] "Y quiero mandar
emails, aunque tampoco sé qué es eso”. [ risas] De modo que la
producción crea necesidades: el desarrollo de la tecnología, el desarrollo de
las fuerzas productivas y de la producción, crea necesidades y deseos. En ese
sentido, los deseos y las necesidades se determinan socialmente.
Asimismo,
la cultura y las relaciones de producción crean deseos y necesidades. Los
chavos de los ghettos compran rines de miles de dólares. Imaginemos que vamos a
una sociedad comunal primitiva, que todavía existen; vamos a África a hablar
con los !Kung y les decimos: “¿Quieren comprar estos rines?” [ risas]
“¿Qué?” Si se los damos, seguro se sentarán en ellos o los usarán para otra
cosa, pero no pagarán por algo así. [ risas] El hecho de que unos
rines son brillantes y llamativos, especialmente cuando dan la vuelta en las
ruedas de un coche, no significa mucho para ellos; podrían pensar que son un
objeto artístico interesante o algo así, pero la importancia que le dan los
chavos de los ghettos sería algo totalmente ajeno a ellos porque no corresponde
a las relaciones de producción y a la correspondiente superestructura de una
sociedad comunal primitiva. No voy a dar ejemplos más grotescos de consumo de
la cultura estadounidense.
Lo
esencial es que esos deseos y necesidades se determinan socialmente.
Cuando hablamos del lema del comunismo, “De cada cual, según su capacidad; a
cada cual, según sus necesidades”, no nos referimos a las necesidades
determinadas socialmente por el capitalismo y el imperialismo. Un paréntesis
interesante: durante la confirmación de Roberts a la Suprema Corte salió a la
luz que cuando trabajaba en el gobierno de Reagan, hace un par de décadas,
escribió lo siguiente para refutar la idea de que los hombres y las mujeres
deben recibir el mismo salario: “Todos ellos ignoran el hecho de que hay
razones, que han evolucionado con el curso de la historia, para que los hombres
reciban mejor salario. Solo falta que digan ‘De cada cual, según su capacidad;
a cada cual, según su sexo’”. Que no se nos ocurra que nuestros adversarios no
piensan.
Decía
que la sociedad determina lo que pensamos que queremos y necesitamos, o lo que
efectivamente queremos y necesitamos en determinado contexto. En esta sociedad,
tener coche es casi siempre una necesidad, pero no en Manhattan. En París
también uno se puede desplazar sin coche; es más fácil no tener coche. Son
cosas condicionadas por la sociedad, moldeadas, influenciadas y en última
instancia determinadas por la sociedad.
Otro
ejemplo de la sociedad capitalista, con todo su consumismo, es la noción de que
ir de compras es una actividad por excelencia de las mujeres (especialmente
pero no solo de la clase media). Para los hombres el deporte y para las mujeres
las compras. Los dos son deseos y necesidades creados y determinados
socialmente. Una canción de Public Enemy me hacía reír mucho porque Flavor Flav
se quejaba en un rap de que su compañera se la pasaba viendo telenovelas y él
no podía ver el partido de béisbol ni la pelea de Sugar Ray. [ risas]
Como si el béisbol o la pelea de Sugar Ray fueran algo superior a las
telenovelas. [ risas] Pero cada uno es una variante, para los
hombres y para las mujeres, de deseos y necesidades creados y determinados
socialmente.
Todo
este consumismo, la idea de que comprar es una actividad esencial, acompañada
de cavilaciones existenciales, de que es esencial para una vida plena y
auténtica [ risas], eso es parte de la modalidad actual de la
economía de la sociedad y el capitalismo estadounidense, con una estructura de
deuda a todo nivel, del consumidor para arriba, reforzada por una industria
publicitaria que crea artificialmente deseos y necesidades. Ahora la moda son
los programas de “TV de realidad”. Nadie pedía “programas de realidad” hace 10
años, pero ahora son imprescindibles para mucha gente.
Da
la impresión, entonces, de que son cosas que uno efectivamente necesita o que
son parte intrínseca de su propio carácter. Es esencial de “mi identidad” que
me gusta coleccionar esto o tener aquello o comer lo de más allá. Inclusive la
forma de consumir lo imprescindible para vivir está determinado socialmente. No
solo hay una necesidad de comida, ropa, techo y demás, sino la
necesidad de hacerlo de cierta forma y el deseo de hacerlo de cierta forma:
comer esta comida y no aquella, beber esto y no aquello, vivir en tal casa y no
en otra, tener cierto vehículo y no otro. Todo eso se determina socialmente y
varía en distintos períodos históricos y de una sociedad a otra; y también
varía en distintas clases y grupos de la misma sociedad.
Hay
Pepsi y Coca Cola, y cuando yo era niño, a los negros les gustaba RC. Ese es un
deseo y una necesidad diferente. Lo mismo pasa con los cigarros y con muchas
otras cosas. Los distintos grupos y capas de la sociedad tienen preferencias
distintas, o deseos y necesidades determinados socialmente. Debido al constante
refuerzo del individualismo en esta sociedad (cuya base material subyacente es
la producción e intercambio de mercancías, y que la cultura refuerza
constantemente), se puede pensar que es algo esencial e inherente a “mi propia
naturaleza e identidad” y que “no puedo vivir sin esas cosas”; pero si uno toma
un poco de distancia se da cuenta de que las que nos parecían importantes hace
10 años ya no nos parecen importantes, no las necesitamos o no las queremos; y
hoy nos parecen indispensables deseos o necesidades que hace 10 años no
teníamos. Eso se ve más patentemente cuando consideramos varias sociedades a lo
largo de la historia o en distintas partes del mundo.
Para
los cristianos fundamentalistas de Estados Unidos, la Biblia es una absoluta
necesidad y deseo. [ risas] Pero no para los fundamentalistas de
Pakistán; para ellos es el Corán. Las dos cosas son deseos y necesidades
determinados socialmente que han evolucionado históricamente.
El individualismo, también, se determina socialmente
En
la conversación con Bill Martin para el libro Conversations1, cuando hablamos de Kant, yo indiqué
que Marx planteó un punto muy profundo en su Contribución a la crítica
de la economía política cuando dijo que la formación de los individuos
se da en un contexto social y no se puede dar de otro modo. Esto lo han
comprobado los descubrimientos científicos. Se han encontrado niños “salvajes”,
así los llaman, que crecen por su cuenta en la naturaleza. Pasado cierto
tiempo, es muy difícil que aprendan ciertas funciones humanas básicas y que
asuman ciertas características humanas, como el habla. Estas son capacidades
que se aprenden y se desarrollan en sociedad. El aprendizaje e inclusive el
desarrollo fisiológico para ellas se compenetra con el desarrollo social. La
formación y el desarrollo de los individuos, así como sus deseos y necesidades,
no se puede dar sino en un ambiente social. Es más, la individualidad extrema,
o individualismo, solo puede darse en un ambiente social, en conflicto con
otros individuos. Imaginen que viven solos en una isla: “¡Voy a expresar mi individualidad!”
[ risas] Bueno, ¿a quién carajos le importa? No hay nadie a quien
le importe. [ risas] En ese contexto no se puede expresar la
individualidad porque todo existe con relación a su contrario. No hay contrario
a esa individualidad. Eres tú y ya. [ risas] Tu individualidad no
tiene el significado que tiene en otro contexto, en un contexto social.
De
modo que es muy importante que entendamos que los deseos, las necesidades y las
opiniones sobre ellos se determinan socialmente y evolucionan históricamente.
Se relacionan con el carácter de la producción, de las relaciones de
producción, y la correspondiente superestructura.
La ruptura tradicional con las maneras tradicionales
de pensar
Del
mismo modo que no hay una naturaleza humana inmutable sino, por el contrario,
distintas nociones de naturaleza humana en distintas sociedades e inclusive en
las distintas clases de la misma sociedad, tampoco hay deseos y necesidades
inherentes. Y cuando los comunistas decimos, muy correctamente, que vamos a
llevar a cabo las “4 todas” (no solo las tres primeras, sino también la cuarta,
que es la revolucionarización de la manera de pensar) y las dos rupturas
radicales2 que describieron Marx y Engels
(no solo la primera, sino también la segunda, que es la ruptura radical con las
ideas tradicionales), lo decimos con razón. Esto no es una noción catastrófica
de imponer cambios antinaturales que van contra la naturaleza humana. Es una
concepción materialista, dialéctica, de cómo se moldean y cambian estas cosas,
inclusive sin nuestra intervención, aunque los cambios de que estamos hablando
son cualitativos, son rupturas radicales; por eso se oponen a ellos fuertemente
personas que podrían aceptar ciertos cambios cuantitativos o ciertos cambios en
la forma en que se da la explotación, pero no la extirpación y eliminación de
la explotación. [Con una voz de sarcasmo exagerado:]“Eso va contra
la naturaleza humana y contra el impulso natural de competir con los demás”.
Pero
es muy correcto decir que vamos a realizar las “4 todas”: la abolición de todas
las diferencias de clase, de todas las relaciones de producción en que estas
descansan, de todas las relaciones sociales que acompañan esas relaciones de
producción, y la revolucionarización de todas las ideas que
surgen de esas relaciones sociales. Es absolutamente correcto que reconozcamos
que esto es posible y necesario. Y, del mismo modo, vamos a realizar la ruptura
radical no solo con las relaciones de propiedad tradicionales (que es otra
forma de expresar las relaciones de producción subyacentes de las cuales las
relaciones de propiedad son una manifestación), sino también una ruptura
radical con las ideas tradicionales. Es absolutamente correcto que digamos que
esto es tanto necesario como posible. Y, sí, se tiene que hacer sin “ingeniería
social” en el sentido coercitivo, fundamentalmente. Pero no se puede hacer, no
se hará, sin una gran cantidad de lucha en la esfera de la ideología y la
cultura, así como lucha política y lucha para, a su vez, transformar las
condiciones materiales de la base económica y las relaciones dialécticas de
todo eso. Cambiar la manera de pensar de la gente en relación dialéctica con
cambiar sus circunstancias, como dijo Marx.
Esta
revolución busca cambiar a las personas y las circunstancias, y hacerlo
correctamente, hacerlo en la relación dialéctica correcta. Las ideas a veces se
adelantan y se tienen que adelantar a las circunstancias. Si eso no fuera
cierto, no podría haber teoría comunista. No se podría contemplar una sociedad
futura sin adelantarse a las circunstancias. Pero si tratamos de imponer ideas
que no corresponden a las circunstancias (en vez de manejar correctamente la
relación dialéctica en la cual las ideas llevan a cambiar las circunstancias de
modo voluntario y consciente), caeríamos en los horrores de los que nos acusan.
Donde se ha tratado de hacer eso en nombre del comunismo, ha llevado a
horrores.
La “naturaleza humana” inmutable no existe
Hay
que manejar esto correctamente, pero la idea de que hay una “naturaleza humana”
inmutable es incorrecta; veamos un poco de historia para examinar más a fondo
por qué es incorrecta. Para empezar, no es cierto que el desarrollo de la
sociedad comunal primitiva a la sociedad de clases y de ahí al comunismo
represente una especie de “negación de la negación”, en el sentido que lo
dijeron Engels y Marx (el surgimiento de la sociedad de clases representa la
negación de la sociedad comunal primitiva y básicamente sin clases, de la que
emerge la sociedad de clases; a su vez, la transición a una sociedad sin clases
representa una negación del surgimiento de la sociedad de clases = negación de
la negación). Más bien, representa un complejo desenvolvimiento de contradicciones
a través de varias formas y etapas, tal como lo describí antes: un constante
tira y afloja entre los diferentes aspectos de las contradicciones entre las
fuerzas y las relaciones de producción, y la base económica y la
superestructura, y entre esas contradicciones y otras contradicciones que
suscitan. En medio de toda esa complejidad, la historia se desarrolla y surge
la “conexión” de que hablaba Marx, y se llega al umbral, a la posibilidad, de
un salto al comunismo, aunque no con certeza e inevitabilidad. Aquí surge, de
nuevo, un principio muy importante, otra forma de hablar de la cuestión de
necesidad y libertad: la declaración de Marx de que los seres humanos hacen su
propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio. La hacen conforme a las
condiciones materiales que heredan, con la necesidad que se les presenta en un
momento dado. Pero, por otra parte, como materialistas dialécticos, entendemos
que esas condiciones materiales se reflejan en la conciencia. Los seres humanos
se forman ideas y conceptos sobre las condiciones materiales y sobre cómo
cambiarlas; y si tales ideas y conceptos corresponden a la realidad material
subyacente (si no son una distorsión fundamental o esencial de ella), y si
corresponden a la dirección en que tienden esas contradicciones, pueden hacer
esos cambios y, es más, acelerarlos.
Ahí
es donde radica la libertad y la iniciativa. Ese es el papel de la vanguardia
comunista consciente y por eso es tan valiosa, inapreciable y, sí,
indispensable. Porque, debido a las relaciones de clase que existen, no todo
mundo va a tener un reflejo correcto (no absolutamente, pero más o menos) de la
realidad en sus ideas, conceptos, planes y programas, del carácter
contradictorio, el movimiento y desarrollo de esa realidad, al mismo tiempo y
espontáneamente.
De
modo que los seres humanos hacen su propia historia, pero no la hacen a su
libre arbitrio. Esto lleva de nuevo al punto de los anarquistas y los
utopistas. Cuando uno debate con ellos, dicen: “Bueno, ¿para qué quieren tener
líderes? Eso es parte del problema”. No, en esta etapa de la historia
primordialmente es una parte esencial de la solución; la cuestión
fundamental escuál es el carácter de ese liderato y si sus ideas,
conceptos, programas, planes y demás corresponden a la resolución de las
contradicciones motrices subyacentes, conforme a los intereses de las masas
populares. Esa es la cuestión esencial.
Como
dije, la materia se refleja en la conciencia humana y, a su vez, la conciencia
afecta la materia y la cambia. ¿Cómo lo hace? ¿En qué dirección, en beneficio
de quién, con qué propósito, con qué objetivos? Esa es la pregunta fundamental
con respecto a los líderes. Sí, entraña mucha complejidad, pero esa es la
pregunta esencial y fundamental.
Todo
mundo tiene ideas, ya sean espontáneas o sistemáticas. Todo mundo tiene ideas y
responde de una forma u otra a la realidad material. La cuestión es: ¿qué tan
sistemática y rigurosamente reflejan esas ideas las fuerzas motrices
subyacentes de la realidad y qué tienen que ver con resolver esas
contradicciones conforme a los intereses de las masas? Esa es la cuestión. Y
esa es la cuestión decisiva sobre el liderato. Decir que otra cuestión es la
decisiva es desviarse de lo fundamental y esencial. Obvio que tenemos que
abordar otras cuestiones que se presentan al respecto, pero son una desviación,
aunque haya que abordarlas para llegar a lo esencial.
Los
seres humanos, entonces, hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre
arbitrio. Esto también está relacionado con lo que vimos sobre las
restricciones y la relación dialéctica entre restricciones y transformación.
Está relacionado con lo que vimos de que el socialismo nace con los sellos del
capitalismo y con el comentario de Lenin de que no hacemos la revolución con
personas como nos gustaría que fueran, aunque tratamos de cambiarlas. Sí,
tratamos de cambiarlas. “¿No van a querer cambiar lo que sentimos, no?” Sí,sí
vamos a hacerlo. Porque los sentimientos fundamentalmente se desprenden de la
concepción y el punto de vista sobre algo. No vamos a mandar que
los sentimientos cambien ni a hacerlo a la fuerza; pero sí vamos a tratar de
transformar a las personas, inclusive sus sentimientos, porque los sentimientos
son una expresión de cómo ven el mundo. Si uno realmente entiende a fondo lo
que significa y a lo que lleva que un ser humano o un grupo de seres humanos
use a otros para beneficio personal y privado, por qué esto es una traba no
solo para los individuos explotados sino para toda la humanidad, y
especialmente si ve que la humanidad ha alcanzado el punto en que tales
relaciones de explotación son innecesarias y son un obstáculo para el desarrollo
de la sociedad humana y de los seres humanos, entonces sentirá un deseo
apasionado de que todo eso se elimine. Pero si uno no entiende realmente lo que
entraña esa clase de explotación, por qué es innecesaria ni que se puede
eliminar, sentirá algo muy distinto; podría sentir que no está tan mal o que no
se puede hacer nada para cambiarla o que tratar de cambiarla empeorará la
situación. ¿No debemos tratar de cambiar las ideas y, sí, los sentimientos
sobre cosas fundamentales como estas?
En El
origen de la familia, la propiedad privada y el estado,Engels hace este
comentario, que es muy importante y merece reflexión: "Cuanto menos
desarrollado está el trabajo, más restringida es la cantidad de sus productos
y, por consiguiente, la riqueza de la sociedad, con tanta mayor fuerza se
manifiesta la influencia dominante de los lazos de parentesco sobre el régimen
social". Esto se ve en las sociedades comunales primitivas, que todavía
existen en África y en pequeños focos en Latinoamérica; se ve en la historia de
las sociedades indígenas de América del Norte y todavía se ve hoy. La
declaración de Engels postula un análisis materialista de la organización de la
sociedad: que no es una organización arbitraria de la sociedad sino que es,
repito, una manifestación del carácter de las fuerzas productivas. Inclusive
las unidades básicas de la sociedad (lazos de familia y de parentesco, en el
caso de las sociedades comunales primitivas) tienen que ver con el carácter de
las fuerzas productivas de esas sociedades. Engels examinó sociedades comunales
primitivas de distintas partes del mundo (Asia, Europa, el Mediterráneo y
otras) y demostró que, con el cambio de las fuerzas productivas, el carácter de
la organización de la sociedad (es decir, las relaciones de producción y
sociales) también cambia.
En
la misma obra, El origen de la familia, la propiedad privada y el
estado,Engels dice que en la sociedad comunal primitiva “la fuerza de
trabajo humana no produce aún excedente apreciable sobre sus gastos de
mantenimiento”. Mejor dicho, en una sociedad cazadora y recolectora, salen a
recoger frutas y nueces y de vez en cuando salen a cazar para suplementar la
alimentación, y básicamente consumen de inmediato todo lo que recogen y cazan.
En esta forma de sociedad, los seres humanos no son capaces de producir un
excedente sobre lo que necesitan para su mantenimiento. Engels agrega:
"Pero al introducirse la cría de ganado, la elaboración de los metales, el
arte del tejido, y, por último, la agricultura, las cosas tomaron otro
aspecto". Engels después dice que la separación del trabajo artesanal y la
agricultura fue otro salto clave.
Regresando
por un momento al lado positivo de Jared Diamond, su libro Guns, Germs
and Steel (Armas, gérmenes y acero)examina esto desde un punto de vista
primordialmente materialista. Hace poco el canal de televisión pública PBS
presentó una serie basada en el libro y Diamond explicó un poco de esto: que,
cuando el trabajo artesanal se separa de la agricultura, cuando puede haber
especialización, cuando la agricultura produce lo suficiente para sostener a
una parte de la sociedad que se dedica a la especialización, empezando con el
trabajo artesanal y pasando de ahí al mayor desarrollo de la tecnología, se
crea una dinámica en que la tecnología afecta a la agricultura, aporta nuevos
medios de producción, nueva tecnología para la agricultura, y a su vez la agricultura
produce más excedentes, más de lo que se necesita para el consumo inmediato, y
eso a su vez sienta la base material para más especialización. Junto con esto,
como es sabido, se da el desarrollo y desenvolvimiento de diferenciaciones de
clase en esa sociedad.
Otro
modo de decirlo es que conlleva importantes cambios en las relaciones de
producción y las relaciones sociales. Engels explicó que eso sucedió
especialmente con la esclavitud en la antigüedad: que cuando no se podía
emplear a individuos para que produjeran mucho más de lo que consumían, la
esclavitud no tenía mucho sentido económico. Por eso cuando una tribu capturaba
miembros de otra tribu o grupo familiar, los mataba, los soltaba o los absorbía
como miembros de la tribu; pero no tenía sentido ir a capturar una gran
cantidad de personas como esclavos porque las fuerzas productivas no eran
capaces de emplearlos de modo que produjeran más de lo que consumían. Si no,
era añadir más gente sin mayor beneficio.
Pero
cuando se instauró la agricultura, especialmente la agricultura sedentaria, y
empezó la diferenciación entre agricultura y trabajo artesanal, la posesión de
esclavos adquirió sentido económico. No somos románticos acerca de la historia
de la humanidad: entre los grupos comunales primitivos de América del Norte y
de otras partes de las Américas había conflicto, hostilidad y guerra, o por lo
menos conflicto violento. Pero dentro de cada tribu no existían las divisiones
y la opresión tan comunes hoy entre clases ni entre hombres y mujeres, que
surgieron con el surgimiento de relaciones de producción diferentes a partir
del mayor desarrollo de las fuerzas productivas.
Precisamente
uno de los ejemplos más destacados y notables de esas transformaciones de las
relaciones de producción y las relaciones de clase fue capturar y emplear
esclavos. Una vez que el carácter de las fuerzas productivas era tal que la
posesión de esclavos tenía sentido económico, en vez de matarlos o absorberlos
como iguales, echó raíces la esclavitud. Eso no quiere decir que todo mundo
pensara que la esclavitud era buena ni que de repente todos se volvieron
“malos” (como en el mito de Adán y Eva de la Biblia), que fue la caída de la
humanidad y todos se corrompieron. Naturalmente que el punto de vista de la
gente cambió. ¿Y adivinen qué? Se crearon la necesidad y el deseo social de
poseer esclavos. Una necesidad y un deseodeterminados socialmente que evolucionaron
históricamente, basados en los cambios del carácter de las fuerzas
productivas y no en una tendencia humana inherente de desear poseer otros seres
humanos. Si fuéramos a una sociedad comunal primitiva y dijéramos: “¿Por qué no
se esclavizan unos a otros?”, nos dirían: “¿Que qué? ¿De qué hablan?” Y la
respuesta sería: “Pues por lo visto todavía su naturaleza humana no está
plenamente desarrollada”. [ risas] No. Dicha sociedad tiene
distintas ideas, distintas expresiones de la superestructura, que corresponden
a su modo distinto de producción, que corresponden al carácter de las fuerzas
productivas. Pero cuando la esclavitud empieza a “tener sentido” económico, se
va arraigando, a pesar de la resistencia de los que no pueden tener esclavos o
de los que piensan que no es una buena idea por las razones que sea.
La
esclavitud se va volviendo lucrativa. Existe la base material para ella y
capturar esclavos es ahora parte de la actividad del grupo: asaltar otras
tribus, en particular, u otros grupos. Engels dice: "El régimen de la gens
en pleno florecimiento… suponía una producción en extremo rudimentaria y, por
consiguiente, una población muy diseminada en un vasto territorio". La
cadena TNT presentó una serie ficticia sobre los indígenas de América del Norte
titulada “Into the West” que habla de esto, del conflicto entre esos dos modos
de vida: de los lakota, los cheyenne y otros grupos, por un lado, y por el otro
los colonos blancos que llegaban del Este. La serie muestra la llegada de los
colonos blancos ola tras ola, encarnada en el Pony Express, en el telégrafo y
en el ferrocarril. Se va viendo que el modo de vida de los lakota y otros
grupos no puede perdurar en esas circunstancias porque requería un extenso
territorio para una pequeña cantidad de personas. No era una vida sedentaria
que produciría más y más rendimiento en un territorio colonizado desarrollando
continuamente las fuerzas de producción. Esto no es una forma de decir que un
modo de vida fuera “superior” y el otro “inferior”; no hay nada intrínsecamente
superior en la caza y la recolección o en la agricultura sedentaria con el
concomitante desarrollo de tecnología. Es una forma de decir, desde un punto de
vista materialista científico, que esos dos modos de vida estaban cada vez más
en conflicto directo y antagónico; y es una forma de reconocer por qué, con la
combinación de circunstancias del momento, uno predominó sobre el otro por la
fuerza. Cuando llegaron más y más colonos, con el respaldo del ejército, pero
también reforzados por todas esas fuerzas productivas y por un modo de vida que
utilizaba esas fuerzas productivas (repito, no hablo de la justicia o
injusticia de esto sino de su realidad material), la base del modo de vida de
los indígenas se redujo más y más porque no podían seguir viviendo como
poblaciones pequeñas, relativamente escasas, en un gran territorio para cazar y
recolectar. Jared Diamond examina el mismo fenómeno en Nueva Guinea.
Hay
otros ejemplos de grupos de escasa población que ocupaban extensos territorios
y que no dependían de la agricultura permanente ni del correspondiente
desarrollo tecnológico; por ejemplo, en la antigua Grecia, antes del desarrollo
de las ciudades-estado, había grupos similares. Engels comenta algo que vale
pena reflexionar: "El sistema monetario en desarrollo [en la Atenas de la
antigua Grecia] penetró como un ácido corrosivo, en la vida tradicional de las
antiguas comunidades agrícolas, basadas en la economía natural". En la
antigua Grecia este proceso, que implica desarrollo de tecnología y
diferenciación de distintos grupos sociales (la organización que rebasa y
empieza a resquebrajar los lazos de parentesco, y organiza a la gente según el
territorio y según clase), como dice Engels, “penetró como un ácido corrosivo,
en la vida tradicional de las antiguas comunidades agrícolas, basadas en la
economía natural"; y la resultante fue la economía de esclavitud y la
sociedad esclavista en las ciudades-estado de Grecia.
O
veamos otro ejemplo. Cuando los germanos y otros “bárbaros” conquistaron Roma y
se vieron en la necesidad de mantener y administrar lo que habían conquistado
(si no querían arrasarlo y destruirlo todo, tenían que mantenerlo y
administrarlo), su propia forma de organización social se resquebrajó
significativamente y en su lugar surgió una forma de organización más acorde
con el modo de existencia de la sociedad que conquistaron. Con el tiempo se
adaptaron al modo de existencia de Roma.
En
la charla Revolución,que está en DVD3, di ejemplos del antiguo México y el
antiguo Egipto de cuando los grupos humanos se asentaron, se dedicaron a la
agricultura permanente, y empezó a desenvolverse una desigualdad y
diferenciación de clase, que dio origen al estado y a todo lo que conlleva. Con
esto vino la separación del quehacer intelectual y de la actividad productiva
subyacente; la dedicación a la actividad cultural, por un lado, y a la
actividad productiva, por el otro. Expliqué que en una parte del antiguo
México, cerca del río Coatzacoalcos, se establecieron grupos que llevaban
siglos cazando y recolectando; pero no fue que un día decidieron “vamos al río,
quedémonos ahí y sembremos”. No tenemos estudios psicológicos ni encuestas [ risas].
Pero podemos asumir que estaban acostumbrados a su modo de vida y no deseaban
cambiarlo; pero las investigaciones históricas muestran que la caza y la
recolección agotaron la región, y que asimismo se dieron cambios climáticos. De
modo que tuvieron que establecerse en otra parte.
Como
he dicho muchas veces, como recalca el materialismo histórico, los seres
humanos a menudo inician cambios de su modo de existencia que tienen
consecuencias de gran alcance, pero que no buscaban ni podían prever. Esos
cambios a su vez son una fuerza material que afecta a los seres humanos que los
iniciaron. Los grupos de México que pasaron a la vida sedentaria en las orillas
del Coatzacoalcos encontraron que unas tierras estaban más cerca del río y eran
más fértiles, y otras no. Así, sin ser algo mecanicista ni en una correlación
directa, pero relacionado con lo anterior, se va dando diferenciación y unos
acumulan más que otros; a unos les va bien y a otros no. ¿Qué les pasa a los
que no les va bien? Los otros los emplean.
Eso
es lo que ha pasado en China últimamente con la restauración del capitalismo
después de la muerte de Mao: cuando se desintegran las comunas y se regresa al
modo capitalista de producción, muchos campesinos se vuelven muy pobres y no
pueden subsistir en su propia tierra, así que se van a las ciudades o trabajan
para los campesinos a los que les va bien. Surgen grandes brechas y
polarización, y muchos terminan explotados por los otros. Cuando esto sucedió
en la sociedad humana primitiva, como en el México antiguo, surgió gente
especializada en distintas tecnologías, gente especializada en las actividades
intelectuales y culturales, y gente especializada en las actividades del
estado.
En
Egipto se dio un proceso similar, ya antes de los faraones, en el río Nilo.
Toda la sociedad egipcia está organizada en una estrecha franja a ambos lados
del Nilo. Los que están más lejos del río tienen una posición menos favorable y
se va dando diferenciación. El mismo proceso general se dio antes de los
faraones: diferenciación, polarización, explotación y represión, con el
surgimiento de distinciones sociales, de clase, y del estado.
¿Es
el resultado de una característica humana intrínseca? Cuando estaban cazando y
recolectando en México hace miles de años, ¿sentían un anhelo irresistible de
crear un estado y de explotar y oprimir a otros? ¿Y esto sencillamente no se
puede prevenir sin crear una monstruosidad porque refrena el espíritu humano
inherente e innegable? ¡Puras pendejadas! [ risas] Eso sucedió por
razones muy materiales, provocadas por cambios en el carácter de las fuerzas
productivas, impulsados por la necesidad que se planteaba y que a menudo
llevaron a resultados y consecuencias no previstos: llevaron a cambios en las
relaciones de producción y, a su vez, a los correspondientes cambios en la
política, la ideología, la cultura, la manera de pensar y, sí, los deseos, las
necesidades y los sentimientos.
Así
es como se ha desarrollado la sociedad humana; no ha sido el desenvolvimiento
de un plan de un diseñador consciente sino un proceso básicamente inconsciente
de respuesta a la necesidad y de cambios que tienen resultados de gran alcance
y profundos, no buscados y no previstos.
Así
que cuando llegamos a la era presente de la historia humana y miramos la
cuestión del comunismo y de las “4 todas”; cuando miramos las “dos rupturas
radicales”, no solo con las relaciones de propiedad tradicionales sino con las
ideas tradicionales; cuando pensamos en el principio de “De cada cual, según su
capacidad; a cada cual, según sus necesidades”, tenemos que entender la
relación dialéctica entre los cambios que se operan en la base económica de la
sociedad, en las relaciones de producción y las correspondientes relaciones
sociales, y en la superestructura de política e ideología, hasta que se haya
creado una abundancia que aleje a los seres humanos más y más de la necesidad
de la lucha diaria por la subsistencia (donde en términos fundamentales eso
esté garantizado y no sea la preocupación de los miembros de la sociedad), en
relación dialéctica con los cambios correspondientes de los deseos y las
necesidades.
En
este sentido es como tenemos que concebir el avance al comunismo, no en un
sentido utópico. Esto lo voy a elaborar más: el comunismo no es una idea
utópica en donde todos hacen lo suyo, sin ninguna restricción, y de algún modo
todo contribuye al bien común. Esa no es una concepción materialista de cómo
llegar al comunismo ni de cómo será. Es algo muy diferente y corresponde a una
concepción del mundo que no tiene nada que ver con el comunismo. Lo profundizaré más adelante.
Notas:
1 Bob Avakian y Bill Martin, Marxism and the Call of the Future: Conversations on
Ethics, History, and Politics (Chicago: Open Court, 2005).
2
Las “4 todas” se refiere a una declaración de Marx en La lucha de
clases en Francia, 1848-50de que la dictadura del proletariado representa
la transición necesaria hacia la abolición de todas las diferencias de clase,
de todas las relaciones de producción en que estas descansan, de todas las
relaciones sociales que acompañan esas relaciones de producción, y la
revolucionarización de todas las ideas que surgen de esas relaciones sociales.
Las “dos rupturas” se refiere a la declaración de Marx y Engels en El
Manifiesto Comunista de que la revolución comunista es la ruptura más
radical con las relaciones de propiedad tradicionales y con las ideas
tradicionales.
3 Revolución:
Por qué es necesaria, por qué es posible, qué es. A la venta en DVD
(inglés/español), VHS (inglés) y VHS (español). $34.95 + $4 franqueo. Pedidos
en línea a: threeQvideo.com o amazon.com; o envía un cheque o giro postal a:
Three Q Productions, 2038 W. Chicago Ave. #126D, Chicago, IL, 60622.
http://rwor.org/a/041/avakian-sobre-socialismo-comunismo-s.htm
ANÁLISIS MATERIALISTA DEL ESTADO Y
SU RELACIÓN CON LA BASE ECONÓMICA SUBYACENTE
El estado es, en esencia, un instrumento de dominación
de clase y de opresión de una clase
Primero
que todo, ¿ qué es el estado? En las teorías posmodernistas,
que se expresan en ciertas tendencias izquierdistas, se oye decir: “el estado
tiene agencia”. Esa es una forma pomposa de decir que el estado no es un
instrumento de dominación de clase sino una institución que puede ser
influenciada por distintos grupos de la sociedad, dependiendo de cuánta presión
ejerzan sobre él. Obviamente eso es un punto de vista reformista, no
revolucionario, y lleva a un programa reformista, no revolucionario. Esta
noción de que el estado se puede influenciar y llevar a actuar así o asá, de
que no es algo inalterable, de que se puede llevar a tener un carácter distinto
y a desempeñar un papel distinto, dependiendo de quién tenga más influencia, es
la vieja visión revisionista del estado que ahora se expresa en lenguaje
“posmodernista”.
Pero
para hacer una revolución y transformar la sociedad, para entender cuál es
problema y cuál es la solución, es esencial hacer un análisis materialista de
la naturaleza y el papel del estado. Así que adentrémonos en esto: ¿qué es el
estado, cuál es su carácter esencial y su papel esencial?
Engels,
en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, planteó
el resumen muy conciso, con mucho materialismo histórico, de que el estado es
un instrumento de dominación de clase, un instrumento de opresión de una clase
a las otras clases que domina, y que surge de la división de la sociedad en
clases antagónicas, en explotadores y explotados, y es una manifestación de esa
división.
Por
otra parte, en el libro Democracy: Can’t We Do Better Than That? (Democracia:
¿Es lo mejor que podemos lograr), cité la afirmación de Raymond Lotta de que el
estado es una manifestación de una determinada división de funciones en la
sociedad. Eso le da al estado su carácter particular de clase. Mejor dicho, el
estado en general tiene el carácter y el papel de ser un instrumento de
opresión de una clase (o un instrumento de dictadura), pero ser una
manifestación de una determinada división de funciones en la sociedad
manifiesta el carácter particular de un estado dado. En un sentido fundamental
y amplio, podemos decir que el estado es una manifestación de las relaciones de
producción de la sociedad; las refleja y a su vez las refuerza. Con una
excepción: el estado proletario, que fuera de reflejar y reforzar, busca ser un
instrumento de mayor transformación de las relaciones de
producción y las relaciones sociales de la sociedad. Esa es una de las cosas
que da al estado proletario un carácter cualitativamente diferente a todas las
formas previas de estado.
La
dictadura proletaria se propone la abolición de las clases junto con las otras
“4 todas”. Busca acabar (no por exterminio físico, como dice la caricatura
usual, sino por la transformación de la sociedad) las clases y su base
material: busca acabar la burguesía; busca acabar la pequeña burguesía; y busca
acabar el mismo proletariado. Como dije en una conversación con unos camaradas,
de esas tres clases a la única que no le importa eso es al proletariado. [risas]Las
otras dos clases no quieren desaparecer (eso no quiere decir que la dictadura
del proletariado también se ejerce sobre la pequeña burguesía; esa es otra
cuestión). Lo que quiere decir es que hay que transformar las circunstancias y
las personas para que dejen de existir no solo la burguesía sino también la
pequeña burguesía y, es más, el proletariado. Pero el proletariado es el único
que quiere hacer eso, en términos sociales amplios.
Si
entendemos el papel del estado y recordamos lo que decía de por qué queremos el
poder estatal, podemos entender mucho más profundamente la verdad y la realidad
de que sin el poder estatal todo es ilusión, hablando de transformar la
sociedad de una forma fundamental y cualitativa, hablando de eliminar la
opresión y la explotación que agobia a la mayoría de la humanidad, y la
pesadilla que es. Hace poco leí unos artículos del Servicio Noticioso Un Mundo
que Ganar1, irónicamente fechados el 4 de julio
de este año, dos en especial: uno sobre globalización, la reunión de los jefes
de estado de los principales países industriales y la demanda de eliminación o
reducción de la deuda; y otro sobre África, sobre el Congo. Si alguien no los
ha leído, debe leerlos y vale la pena leerlos más de una vez porque retratan
con suma claridad las terribles condiciones en que viven las masas bajo la
dominación del imperialismo y de los agentes locales del imperialismo en esos
países. En el Congo, en la última década, han muerto de 3 a 5 millones de
personas en guerras internas en que ningún bando representa nada positivo para
la liberación del pueblo. Hay toda clase de fuerzas militares, a veces
pandillas organizadas por las corporaciones y consorcios capitalistas para
luchar contra sus rivales por el saqueo y robo de los minerales y recursos. Me
recuerda la vieja canción de Peter Tosh “Fight Against Apartheid” (Lucha contra
el apartheid): “Se roban mis diamantes para financiar sus misiles balísticos”.
Eso es lo que ocurre de la forma más horrible. Eso es lo que pasó en Zaire por
40 años, cuando se llamaba Zaire, cuando mataron a Lumumba y estalló una guerra
civil, y los imperialistas impusieron a Mobutu. Y es lo que pasa ahora muy agudamente:
millones han muerto en esta década en esa parte del mundo, no de hambre, como
en Níger y otras partes de África; mueren en guerras intestinas, guerras
reaccionarias, organizadas por los imperialistas e inclusive por las compañías
y los consorcios que roban el país.
Si
uno es marxista y ve eso, dirá: “qué urgente necesidad hay del poder estatal
proletario en esos países”. La gente sufre esos horrores porque no ha hecho una
revolución y no tiene el poder estatal proletario. Que critiquen el estado como
institución todo lo que quieran, pero, carajo, ¡pongamos una dictadura
proletaria y que la critiquen después! Como he dicho varias veces, por ejemplo
en la entrevista que me hizo Michael Slate2, primordialmente hay que encomiar el
estado proletario, aunque le hagamos críticas. Esa es otra unidad de
contrarios: defender y encomiar el estado proletario por un lado, y criticar
sus deficiencias por el otro. En esas guerras del Congo contraponen a tribu
contra tribu, a que se maten. Inclusive lo que sucedió en Ruanda está
relacionado con la red de relaciones imperialistas y la batalla entre los
rivales imperialistas, por más que estos lloren lágrimas de cocodrilo y lo
aprovechen para inclinar la opinión pública mundial a favor de sus
intervenciones por todo el mundo. Ahora están haciendo eso con Nepal (a lo que
volveré más adelante): “Nepal podría ser otro Ruanda, otro Camboya; la
humanidad no lo puede permitir, no puede permitir que esa sociedad caiga en el
caos y que se maten unos a otros”. En estos momentos están influenciando la
opinión pública en esa dirección ante la perspectiva de que triunfe la
revolución maoísta en Nepal. Pero en África el horrendo sufrimiento de la gente
es muy vívido y real porque no hay un estado proletario.Bueno,
cuando nazca un estado proletario, tiene que vérselas en el terreno militar con
los imperialistas y otras fuerzas reaccionarias, pero sin el poder estatal
proletario, sin poder reorganizar la sociedad y proporcionarle a ese estado una
fundación material, a la vez que se transforma la sociedad y se apoyan luchas
revolucionarias en otras partes del mundo, el pueblo no tiene la menor
posibilidad.
De nuevo: Sin el poder estatal, todo es ilusión
Viendo
esto como comunistas, salta a la vista cuánto sufre el pueblo porque no
tiene el poder estatal proletario,porque tiene otras clases de poder
estatal reaccionario y porque lo lanzan a matarse entre sí para beneficio de
los que detentan otras clases de poder estatal y trabajan al
servicio del imperialismo, la opresión y la explotación. Lo mismo sucede en
vastas partes del mundo y en el mundo en general; y no se puede hacer nada al
respecto sin el poder estatal proletario. Vaya, yo siento un respeto enorme por
los que se unen a Médicos sin Fronteras (y hablaré más de esto), pero se queman
muchísimo porque los problemas son inmensos y crecen de manera exponencial
mientras que tratan de hacer algo…porque los pueblos no se han zafado del
sistema imperialista y establecido un poder estatal proletario. Este
sufrimiento continuará y empeorará hasta que eso suceda. Cuando uno ve esto y
lo entiende, no refractado por un prisma burgués o revisionista, cuando se ve
con un análisis comunista, salta a la vista la urgente y apremiante necesidad
de la revolución proletaria y el poder estatal proletario. Sí, esta revolución
tiene que pasar por distintas fases. Pero en esencia, y a fin de cuentas y
fundamentalmente, nuestro objetivo tiene que ser la revolución proletaria y el
poder estatal proletario, como primer salto hacia la meta final de un mundo
comunista. Hemos tenido todas las otras clases de estado, y los imperialistas
han usado la experiencia con todas esas clases de estado para reforzar la idea
de que, después todo, su dominación e inclusive su colonialismo directo es la
única opción para África y de otras partes del tercer mundo. “Miren lo que han
hecho desde que se independizaron”, dicen, negando el hecho real de que esos
países nunca han tenido independencia. Mobutu: ¿eso es independencia?
Si
quieren entender por qué “sin poder estatal todo es ilusión”, repito: piensen
en todas las cosas que detestan, que deben detestar, que los
convencieron de ser comunistas porque se dieron cuenta de la enormidad de esto
y de que no hay otra forma de lidiar con esto dentro de los confines de este
sistema. Todas las infamias que aumentan y aumentan sin que puedan hacer nada,
en sentido fundamental, porque no existe el poder estatal proletario, porque la
idea de hacer algo al respecto sin el poder estatal es, en realidad, apenas
una ilusión.
Después
de las elecciones del 2004 y del prominente papel que desempeñaron los
fundamentalistas fascistas cristianos en la “reelección” de Bush, el escritor
religioso Jim Wallis se puso a decir (y recibió apoyo de sectores de la clase
dominante) que la única oposición viable a ese fascismo cristiano es una
oposición que tiene mucho en común con él, que tiene muchos de los mismos
apuntalamientos religiosos, aunque quiera darle una apariencia un tanto
distinta. Como señalé enPredicando desde un púlpito de huesos3 hace años, aunque Wallis
reconozca y condene, o por lo menos lamente, el sufrimiento de las masas por
todo el mundo, su labor ha sido predicar reconciliación entre opresores y
oprimidos, y promover la reforma dentro del sistema y las relaciones de opresión
y explotación de Estados Unidos y del mundo. Wallis sostiene que la reforma, no
la revolución, es la única forma de gestar un cambio positivo; critica
abiertamente el comunismo y acepta y repite las calumnias y distorsiones más
crasas de la experiencia histórica de la sociedad socialista y del movimiento
comunista. En The Soul of Politics,un libro que escribió la década
pasada (ahora tiene otro libro: God’s Politics), da ejemplos para
demostrar que la reforma, la reconciliación y el cambio pacífico son la
esperanza (la única esperanza, a su parecer) de mejorar el sufrimiento de las
masas. Un ejemplo que da es de Brasil; no sé si es cierto o no, pero supongamos
que lo es y miremos su contenido: a unos campesinos los estaban expulsando de
sus tierras y llamaron a las esposas de los senadores (miren las relaciones
sociales) y, en versión moderna de Lysistrata,4 ellas presionaron a sus esposos,
los senadores, para que intervinieran y no dejaran echar a esos campesinos.
Wallis dice muy entusiasmado que este es un paradigma, un modelo, de cambio.
Bueno, yo me puse a investigar (recuerden, hay que trabajar) [risas]lo
que pasaba en Brasil en esa época y, durante el lapso de 10 a 15 años del que
Wallis habla, expulsaron de sus tierras a 15 millones de campesinos. Si
aceptamos que el relato de Wallis es cierto y que a esos campesinos no los
expulsaron, miremos el cuadro general. Primero, esos campesinos, la mayoría,
seguramente ya no están en sus tierras. Inclusive si permanecieron en ellas
como un pequeño foco por un tiempo, en ese mismo período 15 millones de
campesinos acabaron en pueblos y favelas. Seguramente muchos de ustedes vieron
la película “Ciudad de Dios” y en general saben en qué condiciones viven los
campesinos que llegan a la ciudad. Brasil tiene sus relucientes fachadas y
enclaves, pero en el campo y en las favelas hay una terrible pobreza y la gente
cae en conflictos, arma pandillas y se mata entre sí por un capitalismo
extraoficial. Eso es lo que pasa sin un poder estatal proletario. Eso es lo que
ha sucedido por décadas porque no ha habido poder estatal proletario.
Lo
mismo pasa en Estados Unidos. Miremos lo que ha pasado porque no hemos tenido
poder estatal proletario: el crecimiento de horribles problemas económicos y
sociales; la difusión del fundamentalismo religioso entre las masas básicas; la
asfixia de las masas con opresión e ignorancia deliberadamente inculcada...
porque no pudimos hacer la revolución, en especial durante el gran repunte de
lucha de los años 60, con su efervescencia y vientos revolucionarios. No
responsabilizo principal y esencialmente a los que nos hicimos revolucionarios
en esa época, pero el hecho es que debido a que, por una combinación de
razones, la revolución no estalló y debido a que no tomamos el poder
proletario, miren lo que ha sucedido en el mundo y en Estados Unidos por
décadas. Pensar que todo eso se puede cambiar sin el poder estatal proletario y
que se puede encontrar otra manera de aliviar el sufrimiento de las masas, y ni
hablemos de eliminarlos, es la más absurda y dañina de las ilusiones.
Para lo que sirve la coacción
Hablando
del poder estatal y de lo que se puede hacer con él, quiero hablar
específicamente del elemento de coacción y de lo que se puede hacer con él.
Esto se relaciona con el punto de las “restricciones” que planteó un camarada y
que mencioné antes: todas las restricciones no son malas. Veamos. He citado
este ejemplo, de otro camarada, sobre la película “Remember the Titans”. No es
sobre la dictadura del proletariado, pero es sobre un importante cambio social
en el cual el poder estatal impulsó las reformas liberales de la época. Para
los que no recuerdan o que no vieron la película, es sobre una ciudad de
Virginia a principios de los años 70 donde acaban la segregación de una prepa y
del equipo de fútbol, y al entrenador blanco, que había ganado muchos trofeos,
lo remplaza un entrenador negro, de una escuela negra. ¿Qué hubiera pasado si
se les hubiera dicho a los blancos, a los padres de los estudiantes de esa
prepa blanca: “Hagamos una votación democrática? ¿Cuántos quieren eliminar la
segregación de la escuela; cuántos quieren que se integre el equipo de fútbol;
cuántos quieren un entrenador negro?”. ¿Están locos? [risas]
Pero como se planteó una necesidad que confrontar, como se ejerció esa
coacción, se creó una fundación diferente para cambiar la mentalidad de esa
comunidad; y también, se creó un terreno más favorable para que los elementos
avanzados se destacaran, para que no los sofocaran. Los elementos del equipo de
fútbol, primero, y después los elementos de la comunidad que estaban a favor
pero temían decirlo, o que cambiaron de parecer, pudieron tomar la iniciativa
porque ese era el terreno.
Aquí
se ve el valor de la coacción. Toda la coacción no es mala. Del mismo modo que
nunca habrá una sociedad sin necesidad, tampoco habrá una sociedad sin
coacción, inclusive cuando no haya poder estatal ni coacción política, en ese
sentido, y una parte de la sociedad no ejerza una dictadura sobre las otras.
Pero aun así habrá necesidad y, de modo afín, nunca se eliminará enteramente la
coacción. Todos los miembros de la sociedad no harán todo lo que quieran todo
el tiempo, ni siquiera en la sociedad comunista. La diferencia es que en la
sociedad comunista los individuos se someterán voluntariamente a esa situación
por el bien común que entienden conscientemente, porque entienden que “esta vez
no haré lo que quiera, pero en el contexto general esto es mucho mejor para
todos y, por lo tanto, mucho mejor para mí”.
Veamos
otro ejemplo. En estos momentos hay una gran controversia sobre la evolución.
La única razón de ser de esa controversia es que un sector de la clase
dominante, un sector poderoso, ha decidido que le conviene mellar
la aceptación de la población general de la evolución como un hecho científico.
Bueno, dejarán que unos científicos hagan su trabajo basado en la evolución.
¿Recuerdan el libro y la película Handmaid’s Tale (El cuento
de la criada). La sociedad vivía bajo una moral de hierro, pero los miembros de
la élite gobernante tenían clubes con prostitutas y todo lo demás. Es una
analogía detestable, pero si logran imponer que en las clases de ciencias se
enseñe que la evolución no es un hecho científico, dejarán que los científicos
hagan el trabajo que la burguesía considera necesario y ellos se dirán entre
sí: “Claro, sabemos que la evolución es verdad; no podríamos hacer nada si no
lo fuera”. Pero a la población general quieren diseminarle otra ideología; no
es solo replantear la evolución y si es verdad o no, sino replantear la
definición de ciencia de modo que tenga elementos teístas y
sobrenaturales, lo cual, por definición, acaba la ciencia. [Con una voz
satírica:]“Estamos en la superficie de la Tierra por la fuerza de la
gravedad o porque dios lo quiere. No sabemos cuál. Hay que enseñar las dos
explicaciones en las escuelas. ¿O quieren suprimir las ideas y no dejar que
todos tengan la oportunidad de decidir por su cuenta?” [risas]
Hablando
con una camarada sobre la evolución, dijo: “Si en este instante me pidieran una
prueba del hecho de que la Tierra gira alrededor del Sol, no podría darla.
Tendría que ir a estudiar y regresar con la información, pero acepto este hecho
porque la comunidad científica ha determinado por siglos que es verdad, se ha
comprobado a satisfacción muchas veces y concuerda con lo que sabemos de la
realidad. ¿Existe la posibilidad teórica de que se equivoque? Sí, pero no
parece ser así”. Los científicos no debaten y, en este momento, la sociedad en
general no debate si la Tierra es el centro del universo y si el Sol gira
alrededor de ella, o si la Tierra es parte de un sistema solar y gira alrededor
del Sol. Pero la camarada agregó: “Sin embargo, si a un sector de la burguesía
le conviniera, podría generar ese debate (si la Tierra gira alrededor del Sol)
tal como lo están haciendo con la evolución. Los científicos no lo dudarían,
pero se podría crear una controversia en la sociedad por motivos políticos si
un sector de la clase dominante viera que le conviene”.
Se
está dando una lucha política, una lucha de clases fundamentalmente, en el
campo de la epistemología; es una lucha política sobre epistemologías opuestas.
Es una lucha compleja y no se da en términos de comunismo versus otras
ideologías. Es básicamente la ciencia y la Ilustración contra lo que se opone a
eso. Es otra de las complejidades con que tenemos que lidiar.
La
única razón de que exista una polémica sobre la evolución en Estados Unidos es
que un sector de la clase dominante quiere fomentar una epistemología diferente
al servicio de un programa político, social y económico que es abiertamente
reaccionario. Los científicos no polemizan sobre la evolución: la abrumadora
mayoría de los científicos, especialmente del campo de la biología, reconocen
que la evolución es una de las verdades más fundamentales de toda la ciencia.
Esencialmente, los científicos no han debatido este hecho por más de cien años
y la ciencia lo ha verificado. Pero se está fabricando una controversia con
fines políticos. Bueno, el poder estatal y la coacción también sirven para
esto: el proletariado toma el poder y en las escuelas se enseña evolución. [risas]Punto. [risas]Nada
de que “florezcan ideas” sobre si la evolución es verdad o si todos somos el
producto de un gran diseñador. Eso está resuelto. Ahí está. Es parte del
currículo de la sociedad socialista. La evolución es un hecho que ha establecido
la ciencia y se va a enseñar, punto.
Este
es un ejemplo de por qué es importante tener el poder estatal y es un ejemplo
de un aspecto positivo de la coacción: usar el poder estatal para dar por
sentados principios que concuerdan con la realidad y que corresponden a los
intereses de las masas populares y en última instancia de la humanidad. Hay que
dar por sentadas ciertas cosas o no se podría hacer nada ni avanzar. ¿Quiere
decir eso que no queremos que haya cuestionamiento intelectual sobre toda clase
de cosas? Por supuesto que no. Y si se presentara una prueba (prueba
científica, derivada de la aplicación del método científico) de que la
evolución no es un hecho, habría que reconocerla. Pero todo no se puede
“debatir” todo el tiempo; no se haría nada y la sociedad no funcionaría. Así
será en la sociedad socialista, cuyo principio fundamental es habilitar a las
masas a conocer y cambiar el mundo cada vez más conscientemente y de acuerdo a
sus intereses, y avanzar al punto en que las divisiones de clases y los
instrumentos de opresión de clase no obstruyan y distorsionen el proceso de que
la humanidad conozca y cambie el mundo para beneficio de todos. Tiene que haber
un núcleo sólido, así como mucha elasticidad, pero si se echa todo al aire en
la sociedad socialista, la burguesía recuperará el poder muy rápidamente.
¿Por
qué no se enseñan “dos teorías alternativas” de epilepsia en las escuelas: la
que la ciencia médica ha descubierto sobre las causas materiales de la
epilepsia y la que dice que la epilepsia es posesión de demonios? [risas]Vaya,
hay que tener en cuenta que la sátira de hoy es la horrible realidad de mañana.
En las charlas sobre religión he dado el ejemplo de la epilepsia, de que Jesús
se equivocó con la epilepsia: la Biblia dice que Jesús curó la epilepsia
expulsando un demonio. Bueno, si es conveniente en lo político para un sector
poderoso de la clase dominante, es posible que se abra un debate [con
voz sarcástica]: “Bueno, hay explicaciones alternativas de la
epilepsia. Unos creen que se debe a los mecanismos eléctricos y químicos del
cerebro, pero esa teoría tiene muchos puntos débiles. [risas]Otros
se están dando cuenta de que quizá, después de todo, se debe a posesión
demoníaca”. [risas]¿Por qué no enseñamos eso en las escuelas?
No, no debemos hacerlo porque no es verdad; se ha demostrado
científicamente que no es verdad. Del mismo modo, se ha demostrado
científicamente que la evolución es verdad y que el diseño inteligente no es
una explicación verídica del surgimiento y desarrollo de la vida (y la vida
humana).
Así
que la coacción tiene cierto valor; debemos entender el valor y el papel de la
coacción, pero en relación dialéctica con la realidad fundamental y la
orientación fundamental de que la revolución y el avance al comunismo, ahora y
tanto más en la sociedad socialista, debe ser el acto liberador consciente de
las mismas masas. Entender esa contradicción correctamente requiere
materialismo y dialéctica (en contraposición al idealismo y la metafísica) con
respecto al comunismo y a cómo llegar a él.
A
partir de todo esto, debe quedar claro que el proletariado (expresado de una
forma concentrada en el papel de su partido de vanguardia) debe tomar el poder
y debe ser el elemento decisivo y determinante del estado, y que no comparte el
poder estatal con ninguna otra clase (no puede hacerlo de modo esencial),
aunque aplica la orientación estratégica de forjar el más amplio frente único,
bajo su dirección, durante el avance hacia el comunismo. Más adelante voy a
hablar más a fondo de la aplicación del frente único bajo dirección proletaria
durante toda la etapa de transición al comunismo porque es otra contradicción
muy importante. Pero aquí quiero hacer hincapié en que el proletariado
(expresado de una forma concentrada en el papel de su partido de vanguardia)
debe dirigir el estado y el ejercicio del poder estatal. Eso es algo en
movimiento, es algo que cambia, porque a medida que se avanza hacia el
comunismo como parte de la revolución mundial, el papel del partido debe ser
remplazado más y más por otros medios del ejercicio del poder de las masas.
Pero el papel del partido, y su necesidad, no se eliminará completamente hasta
que lleguemos al comunismo y tampoco haya necesidad de estado. Esa es otra
contradicción que vamos a tener que manejar correctamente y, sí, mejor que
antes, inclusive con todos los grandes logros, especialmente por medio de la
Gran Revolución Cultural Proletaria bajo la dirección de Mao.
La lucha implacable contra la espontaneidad
Otra
cosa que tenemos que tener claro es que existe la necesidad de una lucha
resuelta y continua en contra de la influencia de la espontaneidad. Una de las
cosas que continúo comprendiendo más profundamente es lo que dice Lenin cuando
habla sobre las luchas de las masas y se refiere a su “tendencia espontánea a
cobijarse bajo el ala de la burguesía”. Esta es una formulación muy importante
porque no dice: “Bueno, estas luchas tienden a irse naturalmente hacia una
dirección donde la burguesía puede dominarlas”. Más bien dice: Hay una
“tendencia espontánea a cobijarse bajo el ala de la burguesía”. De hecho, esto
es lo que repetidamente se ve en la lucha para sacar a las masas de los
confines mortales del marco político dominante en Estados Unidos, en relación
con El Mundo No Puede Esperar. Vemos esa tendencia repetida y continuamente a
cobijarse bajo el ala de la burguesía o de un sector de ella (representado
generalmente por los dirigentes del Partido Demócrata). Y esa espontaneidad,
incluso esa tendencia natural a regresar bajo el ala de la burguesía (si no
directa y organizativamente, sí políticamente) también existirá en el
socialismo. Esa tendencia a mantener las cosas dentro de (o a regresarlas a)
los confines de las relaciones burguesas y su reflejo en la superestructura
(los confines del derecho burgués, para abreviar), persistirá incluso en una
sociedad socialista debido a razones ideológicas y materiales y a la constante
interpretación entre factores materiales e ideológicos. Esto tiene que ver con el
hecho de que las clases y las disparidades sociales continúan en la sociedad
socialista; tiene que ver con condiciones y presiones materiales, así como con
el hecho de que los estados socialistas seguramente existirán, por un largo
período de tiempo, rodeados por estados imperialistas y reaccionarios.
Por
eso existe la necesidad de una lucha constante e implacable, en un sentido
real, en contra de la espontaneidad y de desviarla hacia un camino
revolucionario. Esto se aplica tanto a la sociedad capitalista y al movimiento
para tomar el poder y establecer un estado socialista nuevo, como a una
sociedad socialista para seguir avanzando hacia el comunismo.
Más reflexiones sobre el estado socialista como una
nueva clase de estado
Quiero
hablar más sobre el tema de la democracia y la dictadura en una sociedad
socialista, y sobre el estado socialista, la dictadura del proletariado, como
una clase de estado radicalmente distinta. La democracia proletaria (democracia
para las masas en una sociedad socialista) debe contener algunas
características secundarias y “externas”, si así se quiere, en común con la
democracia burguesa, como estipulaciones constitucionales para proteger los
derechos de las masas y de los individuos. Pero es una
clase de democracia radicalmente distinta en esencia, fundamentalmente
porque es una manifestación de un tipo de dominación de clase
radicalmente distinto,regido por el proletariado, guiado por su vanguardia,
que ejerce abiertamente una dictadura sobre la burguesía derrotada y otros
elementos contrarrevolucionarios comprobados, y tiene objetivos radicalmente
distintos, sobre todo el avance al comunismo y la “extinción” del estado y de
la democracia.
A
continuación un pasaje muy importante de Engels, de El origen de la
familia, la propiedad privada y el estado, que dice: [En la sociedad
comunal primitiva] “no existe aún ‘derecho’ en el sentido jurídico de la
palabra… [en la tribu] no existe aún diferencia entre derechos y deberes”.
“No
hay diferencia entre derechos y deberes”: vale la pena reflexionarlo y
discutirlo profundamente. Podemos continuar y decir, en un sentido fundamental,
que lo que era cierto en una sociedad comunal primitiva será cierto de nuevo,
pero de una forma distinta (con una base material e ideológica distinta y en un
contexto mundial distinto) en una sociedad comunista: donde no existen
antagonismos de clases, no hay separación, fundamentalmente, entre derechos y
deberes. Otra forma de decirlo es que no existe la separación entre derechos y
deberes característica de la sociedad de clases. Todos los derechos y deberes
serán ofrecidos y asumidos de una forma consciente y voluntaria, y no habrá
necesidad de instituciones que hagan cumplir los deberes y protejan los
derechos. No habrá necesidad de un estado ni de las
estructuras formales de la democracia. Por supuesto esto no significa que en
una sociedad comunista no existirá la necesidad de un gobierno para
la administración y la toma de decisiones. Esa necesidad persistirá, y
entenderlo es una parte crucial de entender la diferencia entre una
visión científica y una visión utópica del
comunismo, así como de la lucha para llegar al comunismo (hablaré más sobre
esto, conforme avancemos). Pero el estado no es la misma cosa,
no es idéntico al gobierno; el estado, insisto, es un órgano, un instrumento
de opresión de una clase por otra y de dictadura, y su
existencia es siempre una manifestación de la existencia de antagonismos
de clase.Ahora, por otra parte, el carácter del estado proletario y la
manera en que el poder se ejerce bajo la dictadura del proletariado también
debe ser radicalmente distinta de cualquier clase de estado
anterior (de acuerdo a los objetivos de la revolución comunista y para avanzar
hacia ella).
Para
adentrarnos en esto, y como base, quiero parafrasear y repasar tres oraciones
sobre la democracia que he formulado para condensar algunos puntos
fundamentales. Primero: en un mundo de profundas divisiones de clase y grandes
desigualdades sociales, no tiene caso hablar de la “democracia” sin señalar su
carácter de clase y a qué clase beneficia. Segundo: en tal situación, no puede
haber democracia para todos o “democracia pura”: dominará una clase u otra, y
la clase que gobierna impondrá las formas de gobierno y de democracia que
concuerden con sus intereses y metas. Por eso, la conclusión de esto es la
tercera oración: debemos preguntar si la dominación de esa clase y sus
correspondientes formas de democracia sirven para reforzar las divisiones y
desigualdades de clase, las relaciones fundamentales de explotación y opresión,
o si llevan a extirparlas y en última instancia a abolirlas.
Como
dije en otro contexto, podría enseñar todo un curso universitario sobre esto,
mencionando los tres puntos y diciendo el resto del semestre: “discutan”. Y no
bromeaba. Bueno, tomemos esto como punto de partida para discutir algunos temas
relacionados.
Quiero
hablar del estado (las fuerzas armadas y los otros órganos de
la dictadura) en relación a las instituciones y a las funciones del
gobierno en una sociedad socialista, como los organismos de toma de
decisiones, asambleas legislativas de algún tipo e instituciones centralizadas
que pueden poner en práctica las decisiones, o un poder ejecutivo de algún
tipo. También hablaré de una Constitución, del “estado de derecho” y de los
tribunales.
Hace
poco comenté que una de las cosas clave que he estado sopesando es cómo
sintetizar lo que dice la polémica en contra de K. Venu5 con un principio que recalca John
Stuart Mill. Un punto central y esencial de la polémica en contra de K. Venu es
que, una vez derrotado el capitalismo y abolida la dictadura de la burguesía,
el proletariado debe establecer y mantener su dominio político de la sociedad
(la dictadura del proletariado), y seguir la revolución para transformar la
sociedad hacia la meta del comunismo y la abolición de las diferencias de clase
y de todas las relaciones sociales opresivas, y con eso, la abolición del estado,
de cualquier tipo de dictadura; y que para hacer eso el proletariado debe tener
la dirección de su partido comunista de vanguardia durante la transición al
comunismo. Bregando con estas preguntas fundamentales, me he convencido de que
el principio que propone Mill (que es necesario escuchar argumentos presentados
no solo por la oposición, sino presentados por fervientes partidarios de esas
posiciones) es algo que tiene que incorporarse y manifestarse en el ejercicio
de la dictadura del proletariado. Este es un elemento, no todo, pero sí un
elemento, de lo que he estado formulando y sopesando con respecto a una nueva
síntesis. Y de acuerdo a eso, aunque el proletariado debe mantener control
firme sobre el estado (especialmente en las primeras etapas del socialismo y
por un tiempo, lo cual se concreta con la dirección del partido de vanguardia
del proletariado); aunque los órganos e instrumentos clave del estado tienen
que ser responsables ante el partido (hablaré de esto y otros aspectos en
breve); también hay que ver cómo las masas pueden participar cada vez más no
solo en el ejercicio del poder del estado, sino además en otras formas, otros
aspectos de la administración y el gobierno de la sociedad, y la creación de
leyes; y cómo el proceso político de una sociedad socialista (con el control
firme del proletariado sobre el estado concentrado por medio de la dirección de
su partido) puede llevar o contribuir a la clase de efervescencia de que he
estado hablando como un elemento esencial de lo que tiene que existir en una
sociedad socialista, incluido el énfasis en la importancia de la disidencia.
Aquí
es donde “el principio de John Stuart Mill” viene al caso, dentro del marco del
gobierno del proletariado y sin elevarlo a una categoría absoluta y por encima
de la relación de clases y el carácter de clase del estado. No tengo tiempo de
entrar en una discusión profunda sobre Mill pero en el libro Democracy:
Can’t We Do Better Than That? (Democracia: ¿Es lo mejor que podemos
lograr?), explico que Mill no insistió en aplicar la tesis de libertad sin
restricción en un sentido universal y absoluto. Mill no pensó que se aplicaba a
los trabajadores en huelga, no pensó que se aplicaba a las personas de los
“países atrasados”, quienes, a su modo de ver, no estaban listas para
gobernarse a sí mismas, lo cual demostró al ser un funcionario de la Compañía
de Indias, un instrumento importante del robo y destrucción colonial en Asia y
otros lugares. No obstante, dejando todas estas contradicciones al lado, Mill
dice que es importante oír los argumentos de boca de sus fervientes
partidarios. Una forma de que se manifieste esto en el gobierno de una sociedad
socialista (en el contexto de que el estado está controlado firmemente por el
proletariado y que haya consultas entre el partido y las masas y se implementen
mecanismos tales como los que se crearon a lo largo de la Revolución Cultural
de China, que combinan a la gente común del pueblo con personas de puestos
técnicos o administrativos, profesionales de educación o artistas o
profesionales, etc., en el proceso de la toma de decisiones y deberes
administrativos en todas las esferas de la sociedad), con esa fundación, es que
haya elecciones dentro del marco de la Constitución que tuviera la sociedad
socialista en ese momento. Y una de las razones por las cuales debe de ser así
es que ayudaría a implementar lo positivo del principio de John Stuart Mill:
escuchar las posiciones no solo de boca de la oposición sino de boca de los
fervientes partidarios de esas posiciones. Lo positivo de esto en relación
con nuestros objetivos estratégicos (la continuación de la
revolución socialista rumbo al comunismo como meta) es que la implementación de
este principio contribuirá a la efervescencia política e intelectual en la
sociedad socialista, así como al brote de pensamiento crítico y creativo, y sí,
de la disidencia. Eso hará de ella una sociedad más vibrante en la que se
fortalecerán la voluntad y la determinación consciente de las masas, incluidos
los intelectuales, de mantener y defender su sociedad y, es más, de continuar
revolucionando la sociedad hacia la meta del comunismo, junto con la lucha
revolucionaria del mundo.
Una
de las cosas que se debe entender acerca de lo que hemos llamado la nueva
síntesis es que supone una sociedad mucho más alborotada, en el sentido
político, de lo que ha existido hasta la fecha. Bueno, durante la Revolución
Cultural de China hubo gran alboroto. Pero yo lo visualizo en un sentido
diferente, como algo más constante: donde hay un núcleo sólido, y la
elasticidad da pie a toda clase de discusiones partiendo del núcleo sólido y
dentro del marco en que el proletariado a) tiene firme control del estado y b)
dirige y, en ese sentido, está en control del aparato político general, incluso
las partes que en rigor no son el estado, que no son órganos de dictadura
política y opresión, como las fuerzas armadas, donde la dirección del partido,
y con ella la dominación del proletariado, tiene que ser muy clara y firme.
El
principio de Mill es la razón por la cual estoy bregando con la idea de que
haya elecciones para, en parte, seleccionar individuos a las asambleas
legislativas (mejor dicho, que la selección de parte de las
personas, no todas, de las asambleas legislativas a nivel local e incluso a
nivel nacional esté abierta a contienda). Tiene que ver con el principio (que
he explicado en otras ocasiones) de que inclusive los reaccionarios deben poder
publicar algunos libros en la sociedad socialista. Todo esto es poco
ortodoxo [risas] y, por decirlo suavemente, polémico,
especialmente en el movimiento comunista internacional. Pero creo que para que
las masas gobiernen y transformen la sociedad, y para que entiendan cada vez
con mayor profundidad lo que implica transformar el mundo, necesitan esa clase
de discusión, y que esto tiene que ir más allá de garantizar los derechos de
libertad de expresión, de reunión, de disentir, de protestar y demás, que deben
tener, dentro del marco de la dictadura del proletariado. Ese es un elemento
que estoy sopesando.
Junto
con eso, como en las sociedades socialistas previas, tiene que haber una
Constitución. Sin embargo, hay que entender que la Constitución, al igual que
el derecho, es algo dinámico y en movimiento.En cualquier momento
dado tiene identidad relativa. No se puede decir que es completamente relativa
o que es esencialmente relativa en cualquier momento dado, o no tendría ningún
significado; sería lo que cada quien quisiera que fuera, y eso no es una Constitución.
Una Constitución define las reglas del juego para que todos puedan, por un
lado, un lado importante, sentirse tranquilos y, por el otro lado, para que
puedan contribuir de lleno a la lucha para transformar la sociedad sabiendo
cuáles son las reglas. Pero es algo en movimiento en el
sentido de que cambia a medida que se avance hacia el comunismo. Una
Constitución es un reflejo en la superestructura de dónde se está en la
transformación general de la sociedad, incluida la base económica, al igual que
el derecho (como dijo Marx) es esencialmente un reflejo de las relaciones de
propiedad de la sociedad (y de las relaciones de producción que son la base de
esas relaciones de propiedad) en un momento dado. Será necesario, como en
China, que la Constitución cambie en las distintas etapas de este proceso. Será
necesario romper la vieja Constitución y escribirla de nuevo cuando se avanza,
especialmente a saltos, de una etapa a otra. Pero en un momento dado, la
Constitución desempeña un papel importante, creo (o debe desempeñarlo) en la
sociedad socialista. Por ejemplo, creo firmemente que el ejército, y también en
un sentido fundamental los tribunales, especialmente los que tienen impacto en
la sociedad, y los organismos administrativos esenciales, deben ser
especialmente responsables ante el partido de vanguardia en la sociedad
socialista. Pero aquí viene una contradicción: también creo que deben ser responsables
ante la Constitución.Mejor dicho, para decirlo directo, no se debe
movilizar al ejército contra la Constitución, aunque lo dirija el partido. Ahí
se ve el potencial de una gran tensión. Pero si el partido puede dirigir al
ejército a saltar por encima de la Constitución, entonces la Constitución
carece de sentido. Y entonces hay un gobierno arbitrario en que solo el partido
y lo que el partido decida en un momento dado son las reglas, y eso es lo que
se impone.
Ahora,
esto es muy difícil si pensamos en las revoluciones culturales en la sociedad
socialista. ¿Qué pasa ahí? Bueno[risas], las revoluciones son
revoluciones; se suspenden muchas cosas, pero hay que reconstituirlas. E
inclusive en eso tiene que haber un núcleo dirigente y reglas. Para eso eran
las Circulares que sacó la dirección del partido en la Gran Revolución Cultural
Proletaria, por ejemplo. Pero día a día, no se puede manejar la sociedad de tal
forma que quien tenga el control del partido en un momento defina e imponga las
reglas conforme a sus propias ideas. Si eso sucede, las masas no se sentirán
tranquilas y, de hecho, es abrir las puertas mucho más a la restauración del
capitalismo y a una dictadura burguesa, una dictadura de explotadores y opresores
de las masas. Así que existe una tensión y se puede concentrar en esa
formulación: que el ejército debe ser responsable ante el partido y ser
dirigido por el partido, pero que también debe ser responsable ante la
Constitución; y si las masas se unen contra el partido, por ejemplo, en
disentimiento masivo, el partido no debe poder movilizar al ejército a reprimir
a las masas o a reprimir su derecho de disentir contra el partido. Esto,
repito, encierra una aguda tensión, o el potencial de una aguda tensión. Pero
estoy convencido de que esos principios, y la institucionalización de esos
principios, son necesarios en la sociedad socialista para que las masas
realmente lleguen a ser los amos de la sociedad.
Esto
plantea lo que llamo “la cuestión de la República Islámica de Irán”. Alguien
dirá: “Bueno, eso suena bien; derechos constitucionales, el ejército no puede
violar la Constitución; elecciones; ¿Pero va a ser diferente de Irán, donde el
Consejo Supremo Islámico tiene el derecho de veto y poder final? ¿En realidad
no van a ser diferente de eso, verdad?”. Bueno, sí y no.
No vamos a ser diferentes en el sentido de que no vamos a poner el poder
estatal en bandeja para que se lo lleve quienquiera. De hecho, una
Constitución tiene que encarnar el carácter del poder estatal: no solo
por ejemplo cuál es el papel del ejército con relación al partido, sino cuál es
el carácter de las relaciones de producción, además de tener la dimensión de
los derechos del pueblo y, sí, de los individuos.
¿Por
qué se necesita una Constitución? Porque como Mao señaló (esto es algo
importante de Mao), en la sociedad socialista persiste una contradicción entre
el pueblo y el gobierno o el pueblo y el estado. Esto no se entendía bien antes
de Mao; él lo explicó, si mal no recuerdo, en “El tratamiento correcto de las
contradicciones en el seno del pueblo”. La Constitución, las estipulaciones,
las protecciones y los derechos constitucionales se necesitan como
reconocimiento de esa realidad: que inclusive cuando el estado está en manos
del proletariado y es un estado positivo, es un buen estado, es un estado que
mantiene la dominación del proletariado y respalda la revolucionarización de la
sociedad y apoya la revolución mundial, inclusive en ese caso, tiene que haber
protección para que no se pisotee a los individuos o a sectores de la sociedad
con el pretexto del bien social y mundial, y ni siquiera en la legítima
búsqueda de esos objetivos.
De
modo que esta es una contradicción importante y por eso es que se necesita una
Constitución.
Y
en mi opinión por eso también es que se necesita “el estado de derecho”. Esto
se relaciona con la critica que planteé en las “Dos grandes cuestas”6 (una
charla que di en 1997) sobre la formulación de Lenin de que la dictadura es un
poder ilimitado, al margen de toda ley. Bueno, para ser justos con Lenin, lo
dijo en las primeras etapas de la República Soviética, cuando no se había
acumulado mucha experiencia sobre la naturaleza de la dictadura del
proletariado y estaban en circunstancias sumamente apremiantes. Y Lenin no lo
dijo como conclusión general del carácter del gobierno a lo largo de toda la
transición al comunismo. Ni siquiera entendía del todo cómo sería esa
transición. Pero reflexionándolo con perspectiva histórica, esa no es una
declaración correcta de lo que es o debe ser una dictadura. Es necesario que
haya leyes y es necesario que opere “el estado de derecho”, o si no, no habrá
leyes. Quiero decir que la ley se tiene que aplicar conforme al carácter de la
sociedad y de lo que estipulan la Constitución y las mismas leyes; se tiene que
aplicar del mismo modo a todos y a todo. Bueno, parte del derecho, una parte
esencial del derecho, tiene que ser una manifestación de la dictadura sobre la
burguesía y la represión de contrarrevolucionarios. Pero no declarar
sencillamente a una persona contrarrevolucionaria y quitarle sus derechos sin
el proceso judicial, pues en ese caso se abren las compuertas a un gobierno
arbitrario y a la restauración de la dictadura burguesa. Esa es otra
contradicción intensa.
¿Y
un sistema judicial independiente? En mi opinión, el sistema judicial debe y no
debe ser independiente. En un sentido concreto debe ser independiente: en el
sentido en que no debe simplemente seguir de modo directo, inmediato, los
dictados del partido. Debe haber leyes y debe actuar conforme a las leyes. Por
otra parte, y en un sentido general, y especialmente si hablamos de un tribunal
cuyas decisiones tienen una influencia a gran escala, y especialmente si
afectan a toda la sociedad, esto también tiene que estar bajo la dirección del
partido y someterse al partido y también a la Constitución. Nuevamente, una
contradicción intensa.
Estas
son algunas cosas con las que estoy bregando y aquí vuelve a surgir la
“cuestión de la República Islámica de Irán”. Hay diferencias fundamentales
entre nosotros y la República Islámica de Irán (como encarnación de una cierta
clase de gobierno). Primero que todo, ¡nosotros no somos fundamentalistas
teócratas! Esa no es una declaración vacía; hay una profunda diferencia:
nuestra concepción del mundo, nuestros objetivos políticos, son profundamente
diferentes. Pero por verdadero e importante que eso sea, no es suficiente; hay
más que considerar en el sentido de que el partido no puede simple y
arbitrariamente “saltarse las reglas” para anular lo que pase en la sociedad,
según las “reglas” de la sociedad en determinado momento; no puede movilizar el
ejército u otros órganos del estado para hacer eso. Si los revolucionarios del
partido o el partido colectivamente piensan que la sociedad va camino al
capitalismo, y no hay más forma de prevenirlo que por medio de un levantamiento
como el que Mao desató con la Revolución Cultural, pues eso es lo que el
partido tendrá que desatar; en ese caso, cambia todo, todo se lanza al aire.
Pero en mi opinión, si se permite que el partido decida arbitrariamente cuáles
son las reglas, qué es el derecho, cómo debe operar el sistema judicial, si se
deben aplicar estipulaciones constitucionales o eliminar derechos sin el
proceso legal establecido; si se permite todo eso, se aumenta el potencial y se
fortalece la base para que suba al poder una camarilla burguesa y para la restauración
del capitalismo.
Así
que todos estos son temas que tenemos que examinar más a fondo. Pero las
contradicciones que hemos explorado aquí tienen que ver con el carácter del
socialismo como período de transición al comunismo, y no la sociedad comunista
en sí, y con la necesidad de atraer a las masas más de lleno a la dirección y
al proceso de transformar la sociedad; y segundo, tienen que ver con toda la
nueva síntesis y, en particular, la dimensión epistemológica de esto y cómo se
relaciona con la dimensión política. Es decir, para expresarlo de manera
concentrada, cómo las masas van a conocer al mundo tan cabalmente como sea
posible a fin de transformarlo; cómo van a entender más cabalmente la
complejidad de la situación, lo que es correcto y lo que es incorrecto, lo que
es verdad y lo que es falso, a fin de ser más plenamente amos de la sociedad y
transformarla hacia la meta del comunismo. Los temas que estoy explorando y
examinando parten de ese marco. Pero es un hecho insoslayable
que hay una cosa que NO PODEMOS hacer:el proletariado no
puede, en un sentido fundamental, compartir el poder con otras clases
—es decir, en la sociedad socialista el estado no puede estar al servicio de
diferentes clases—, porque aunque el proletariado tiene que aplicar la
orientación estratégica de construir un frente único bajo su dirección hasta
llegar al comunismo, solo el proletariado, como clase, tiene un interés
fundamental en abolir todas las diferencias de clase y todo lo relacionado con
las divisiones de clase, tanto en la base económica como en la superestructura
política e ideológica de la sociedad. Lo que existe y se concreta en el
derecho, en una Constitución y en la naturaleza del estado, tiene que reflejar
la dominación del proletariado y, además, los objetivos del proletariado: abolir
todas las diferencias de clase y las “4 todas”7 y por
lo tanto la necesidad del estado. Esto tiene que manifestarse de formas
concretas, que se plasman en una serie de Constituciones. Pero
esto, a pesar de lo importante que es, en otro nivel no es más que la expresión
externa en la superestructura de las transformaciones necesarias de las “4
todas”: seguir transformando la base económica, revolucionando la cosmovisión
del pueblo, dentro del partido y en la sociedad en general, y transformando las
instituciones políticas para incorporar a más masas y para restringir y, a fin
de cuentas, eliminar la diferencia entre el partido y las masas en la dirección
del estado y la determinación del rumbo de la sociedad.
De
modo que el estado proletario tiene que estar firmemente en manos del
proletariado; pero de conformidad con los intereses del proletariado, tiene que
ser diferente de todo estado previo: además de reforzar la
base económica y la superestructura existentes, tiene que transformarlas, al
compás del avance de la revolución mundial hacia la meta del comunismo. Esto
tiene que reflejarse en todas las instituciones que he mencionado: el estado y
el gobierno, el derecho y la Constitución. Y eso entraña contradicciones muy
agudas. Como he señalado muchas veces, es muy fácil promulgar, concebir
teóricamente y popularizar la idea de dar rienda suelta a la elasticidad, que
es otra manera de decir a la democracia burguesa, porque eso es lo que surgirá
y en lo que se transformará. Otra lección de la historia es que es fácil
concentrarlo todo en el núcleo sólido y en una concepción lineal de cómo
avanzar hacia el comunismo, cómo llevar a cabo la transición socialista (lineal
en el sentido de que todo se desenvuelve como extensión del partido, o sea, el
partido dirige a las masas a hacer esto o aquello). Sí, en un sentido general,
el partido tiene que dirigir a las masas, hasta que deje de ser necesario tener
un partido de vanguardia. Pero creo que tenemos que concebir, y la nueva
síntesis concibe, un proceso muy complejo y contradictorio, de desencadenar
mucho tumulto, agitación, debate y disentimiento entre las masas y junto con
las masas, para que a partir de todo eso las masas sinteticen
cada vez más lo que es cierto y lo que es revolucionario. Y a partir de eso,
habrá que suprimir lo que haya que suprimir e impulsar lo que haya que
impulsar, y manejar de manera correcta en cualquier momento dado los dos tipos
de contradicciones sociales (contradicciones entre nosotros y el enemigo, y
contradicciones en el seno del pueblo). Esta es una manera diferente y no tan
lineal de tratar el problema. No es como pescar y tirar el sedal [risas]. Mejor
dicho es como “tirar” un proceso con muchos lados y trabajar con las masas para
sintetizarlo, sin abandonar el núcleo de todo. Y esto es lo más difícil:
hacerlo sin abandonar el núcleo de todo.
El
reto es continuar la revolución bajo la dictadura del proletariado,levantar
el suelo (material e ideológicamente, en la base económica y en la
superestructura) que hay que sacar y abolir para avanzar al comunismo y
realizar las “4 todas”, en relación (y esto sin duda alguna tiene
contradicciones) con dar plena expresión continuamente a los aspectos del
estado socialista que son radicalmente distintos de todos los estados
anteriores para avanzar hacia la meta final de la abolición de sí mismo. Y aquí
está otra contradicción: esa abolición requerirá todo un proceso, toda una
época histórico-mundial, en que se crearán las condiciones materiales e
ideológicas necesarias para el comunismo, no en un país sino en todo el mundo.
Creo
que a partir de la experiencia de la dictadura del proletariado hasta la fecha
—al pasar por el tamiz y hacer un balance de la primera etapa de la revolución
proletaria y la sociedad socialista y al proyectarlo hacia el futuro—, hemos
aprendido más a fondo la complejidad de ese proceso; que es un proceso
prolongado que requiere toda una época histórica, a diferencia incluso de lo
que pensaba Lenin cuando murió en 1924 y por supuesto a diferencia del punto de
visto algo ingenuo, como diríamos con la perspectiva histórica de hoy, de Marx
y Engels en cuanto a la “extinción” del estado. Marx y Engels pensaban que una
vez que el proletariado socializa la propiedad de los medios de producción (y
pensaban que iba a pasar primero en una sociedad capitalista desarrollada), no
se requerirá un largo período, ni una lucha profunda ni compleja, para poner la
administración de la sociedad en las manos de más y más personas y para que se
extinguiera el estado. Hemos aprendido que ese es un punto de vista bastante ingenuo,
como es de esperarse. [Con una voz de sarcasmo exagerado:]“Dijo que
Marx y Engels eran ingenuos”. [risas] Sí, eso es lo que dije.
Porque somos materialistas históricos y no religiosos ni idealistas; en ese
aspecto las ideas de Marx y Engels no estaban muy desarrolladas, como es
lógico. Hemos aprendido mucho por medio de la revolución soviética (después de
la experiencia pasajera y limitada de la Comuna de París) y luego de la
revolución china y la Revolución Cultural de China (y de examinar la dimensión
internacional de esto mucho más profundamente en relación dialéctica con los
avances en un país socialista dado) sobre lo complejo que será ese proceso, que
las contradicciones que lo impulsan se manifestarán con intensidad y que habrá
que dar otro salto para conservar el dominio del proletariado y, es más, para
seguir avanzando, para llevar a cabo más transformaciones de la base y la
superestructura, a la vez que apoyamos las luchas revolucionarias por todo el
mundo.
En
ese contexto quiero regresar y hablar más directamente del núcleo sólido con
mucha elasticidad… y elasticidad que parte de la base de ese núcleo
sólido necesario. En otras charlas, como “Elecciones y democracia,
resistencia y revolución”,8 hablé
de cuatro objetivos en relación con el núcleo sólido y el poder estatal. Se
puede caracterizar, y así lo he caracterizado, en la formulación “aferrarse al
poder estatal y garantizar que ese poder estatal sea algo a lo que vale la pena
aferrarse”. Por supuesto que esa es una concentración básica de un fenómeno y
proceso mucho más complejo. Pero esos cuatro objetivos son: 1) aferrarse al
poder; 2) garantizar que el núcleo sólido se extienda al máximo grado posible,
que no sea estático sino que se extienda continuamente al máximo grado posible;
3) esforzarse sistemáticamente por llegar al punto en que ese núcleo sólido no
sea necesario y no haya distinción entre el núcleo sólido y el resto de la
sociedad; y 4) desatar la mayor elasticidad posible en cada momento dado
partiendo de la base de ese núcleo sólido.
La
interacción dialéctica de esos factores es otra manera de expresar lo que he
descrito como un proceso no lineal de seguir ejerciendo la dictadura del
proletariado, por un lado, y por el otro (en medio de un proceso tumultuoso y
desgarrador, y de una sucesión de saltos) aferrarse al poder y, es más,
transformar el carácter de ese poder, al compás de la transformación de la base
económica y la superestructura, en relación dialéctica el uno con el otro y con
el avance de la revolución mundial hacia la meta del comunismo a nivel mundial.
Notas
1.
El Servicio Noticioso Un Mundo que Ganar es publicado por la revista Un Mundo
que Ganar, una revista política y teórica inspirada por la formacion del
Movimiento Revolucionario Internacionalista. Para subscribirse al servicio en
línea comuníquese con:http://uk.groups.yahoo.com/group/AWorldToWinNewsService/
2.
La grabación de la entrevista del corresponsal revolucionario Michael Slate a
Bob Avakian está en la internet (en inglés) en BobAvakian.net. El
tema mencionado aquí se encuentra en la parte titulada “March 29, 2005: Michael
Slate interviews Bob Avakian on China, the Cultural Revolution, and Dissent”
(29 de marzo de 2005: Michael Slate entrevista a Bob Avakian sobre China, la
Revolución Cultural y el disentimiento).
4.
En Lysistrata,una obra de teatro de Aristófanes de la antigua
Grecia, las mujeres se niegan a tener relaciones sexuales con sus esposos hasta
que acaben la guerra que están librando.
5.
Esta polémica, titulada "Democracia: Más que nunca podemos y debemos lograr
algo mejor", salió en el número 17 (1992) de la revista Un
Mundo que Ganar. (Está en revcom.us).
6.
El Obrero Revolucionario (ahora Revolución)publicó
pasajes de esta charla, que se titula “Vencer
las dos grandes cuestas - Más acerca de conquistar el mundo”. Están
en revcom.us. La serie “Sobre la democracia proletaria y la dictadura del
proletariado - Un punto de vista radicalmente diferente sobre cómo dirigir la
sociedad” salió en el OR #1214 al 1226 (del 5 de
octubre de 2003 al 25 de enero de 2004). La serie “Cómo
vencer la cuesta” salió en el OR #927, 930, 932 y
936-940 (12 de octubre, 2 de noviembre, 16 de noviembre y del 14 de diciembre
de 1997 al 18 de enero de 1998). Otros dos pasajes son “Materialismo
y romanticismo: ¿Podemos prescindir de los mitos?” en el OR #1211
(24 de agosto de 2003) y “Otro vistazo a George Jackson” en el OR #968
(9 de agosto de 1998). Todos los artículos están en la internet en revcom.us.
7.
Las “4 todas” se refiere a una declaración de Marx en La lucha de
clases en Francia, 1848-50de que la dictadura del proletariado representa
la transición necesaria hacia la abolición de todas las diferencias de clase,
de todas las relaciones de producción en que estas descansan, de todas las
relaciones sociales que acompañan esas relaciones de producción, y la
revolucionarización de todas las ideas que surgen de esas relaciones sociales.
8.
Una charla que dio Bob Avakian antes de las elecciones de 2004. Se puede
escuchar y descargar en la internet (en inglés) en BobAvakian.net.
http://rwor.org/a/042/avakian-sobre-socialismo-comunismo-pt5-s.htm
UNA PERSPECTIVA COMUNISTA SOBRE
EL COMUNISMO
El principio kantiano, la sociedad, las relaciones
sociales y los individuos
Aquí
llegamos de nuevo a nuestro viejo amigo Immanuel Kant. Leyendo atentamente el
libro Conversations1, se ve que a Bill Martin no le gustó
mucho cómo traté el imperativo categórico moral de Kant en mi libro Democracy:
Can't We Do Better Than That? (Democracia: ¿Es lo mejor que podemos
lograr), y lo comentamos. Aquí cabe recordar un comentario que hizo Samuel
Johnson, un escritor y crítico inglés del siglo 18: dijo que para Shakespeare
un juego de palabras era la manzana por la que daría gustoso el paraíso. Mejor
dicho, Shakespeare estaba dispuesto a retorcer sus propios escritos a fin de
meter un juego de palabras. Bueno, eso se aplica al libro Democracy.
Yo tenía muchas ganas de hacer un juego de palabras y decir que el imperativo
categórico moral de Kant se reduce simplemente a "cant". [ can’t =
no se puede—Nota del traductor] Por eso lo hice. [risas]Pero a Bill
le molestó esa formulación, de modo que por esa razón y por razones generales
lo analizamos. A él no le gustó que descartara el tema con un “cant”; para
dejar constancia, en el libro Democracy hay un análisis más
serio que el juego de palabras. [risas]Pero Bill planteó varios
puntos importantes sobre esto y lo discutimos a fondo. Vale la pena volver a la
cuestión de ese imperativo moral trascendental: que el ser humano nunca debe
ser un medio para llegar a un fin, sino un fin en sí mismo.
En
el libro Democracy y en la conversación con Bill Martin afirmo
que eso no se puede alcanzar en la sociedad dividida en clases, y en tal
situación no es deseable; tampoco es alcanzable ni deseable en la sociedad
comunista. Esto se desprende de un análisis materialista, un análisis
comunista, del comunismo.
Primero,
debemos entender que en esencia cualquiera que quiera que otras personas hagan
algo que no quieren, viola el imperativo categórico moral de Kant; y no se
puede vivir en sociedad y no violarlo. Y sí, esto también se aplica a los
líderes de un partido comunista de vanguardia y de una lucha revolucionaria en
la cual ese partido desempeña un papel decisivo. Cuando hay una lucha
revolucionaria de masas por el poder estatal, los líderes de esa lucha,
necesariamente, despacharán grupos a encuentros y batallas sabiendo que unos no
regresarán; y si no lo hicieran, no podría haber una lucha revolucionaria por
el poder. Pero al hacerlo, esos líderes violan gravemente el imperativo
categórico moral de Kant, y con muy buenas razones y propósitos.
Pero
en líneas generales, ¿por qué digo que este principio de Kant no se puede
aplicar en una sociedad dividida en clases? Bueno, algo fundamental de la
sociedad capitalista es que es imposible para la burguesía, la
clase dominante capitalista, notratar a los miembros del
proletariado como un medio para llegar a un fin: esa es la esencia y la
definición de las relaciones fundamentales del capitalismo. Por otra parte, en
la dictadura del proletariado tampoco es posible que el proletariado no trate a
la burguesía derrocada, y a los que constituyen la burguesía, como personas
cuyas aspiraciones individuales hay que suprimir y restringir; no es posible
verlos como fines en sí mismos, o el peligro de restauración capitalista
aumentará enormemente. Bueno, a cierto nivel, es más fácil ver esto con
relación a la sociedad de clases; en realidad, viéndolo más a fondo, se ve que
no hay un gran salto del imperativo categórico moral de tratar a las personas
como un fin en sí mismas, y no como un medio para llegar a un fin, al principio
de que cada individuo sea el centro de todo y acabar con el principio de
“pensar primero en uno”.
Esto
suele ir de la mano con una especie de “solipsismo”: la posición filosófica de
que solo podemos estar seguros de nuestra propia existencia y nuestra propia
experiencia, de lo que podemos percibir y relacionar con lo que conocemos
personalmente. Un ejemplo de ese punto de vista individualista es el solipsismo
de “yo, Al Franken”. Cuando Al Franken salía en el programa cómico “Saturday
Night Live” en los años 70, tenía un número satírico que siempre terminaba con
“yo, Al Franken”: “Sí, me doy cuenta de que hay una guerra fría, alguien tiene
que confrontar a los soviéticos y creo que mucha gente lo debe hacer, pero que
sea otro, no yo, Al Franken. Yo no lo voy a hacer, hazlo tú, pero que me
beneficie a mí, Al Franken”. Bueno, regresemos a la primera oración de
democracia, la primera de las tres oraciones que parafraseé antes, que empieza
así: “en un mundo de profundas divisiones de clase y grandes desigualdades
sociales”2; bueno, si uno trata de implementar el
imperativo categórico moral de Kant en tales circunstancias, en realidad
acabará en un mundo de competencia con otras personas en el cual o tomará una
posición “altruista” de subordinarse a los demás, lo que hará una minoría, o al
contrario, tomará la posición de subordinar a los demás; eso es lo que hará la
mayoría y acabarán en “yo, Al Franken”. El proceder de la sociedad, el proceder
de un mundo y una sociedad con profundas divisiones de clase y grandes desigualdades
sociales, guiados por la fuerza impulsora de la anarquía y la producción e
intercambio de mercancías, no permitirán poner en práctica ese principio en la
realidad, ni siquiera en la relación de los individuos. La necesidad incidirá
en uno, y en otros individuos, y no será posible implementar ese principio, ni
siquiera en las relaciones de los individuos, y mucho menos en la sociedad y el
mundo en general, con sus profundas divisiones y desigualdades.
Inclusive
en la sociedad comunista, no se dará el caso de que los individuos no tengan
que subordinarse a los intereses generales de la sociedad. Esto se relaciona
con la famosa declaración de Marx de que “el derecho no puede ser nunca
superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por
ella condicionado”. Ahora bien, en la sociedad comunista, esto se manifestará
de un modo radicalmente diferente a como se manifiesta en la sociedad de
clases; la subordinación de los individuos a los intereses generales de la
sociedad será de un modo cualitativamente diferente en un mundo comunista,
inclusive comparado con la sociedad socialista y la dictadura del proletariado.
Pero nunca habrá una sociedad en que el principio organizativo y “operativo”
sea que cada individuo trate a cada individuo como una unidad completamente
autónoma que siempre se debe considerar y tratar como un fin en sí mismo. Si se
trata de hacer eso, la necesidad presente, inclusive en la sociedad comunista,
lo impedirá. Veamos un importante ejemplo histórico de esto: Engels analizó que
los elevados principios de la revolución francesa (la más avanzada y radical de
las revoluciones burguesas), los principios de libertad, igualdad, fraternidad,
libertad, etc., en realidad desembocaron en las relaciones y convenciones
tradicionales y fundamentales de la sociedad burguesa. ¿Por qué? ¿Porque eran
hipócritas quienes los proclamaron? No, no en la mayoría de los casos. Pero
desembocaron en lo que Engels analizó porque las condiciones materiales, la
base económica subyacente y la correspondiente superestructura se imponen. Como
decía, los seres humanos hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre
arbitrio; y como también decía, la economía no existe en abstracto ni sin relaciones
de producción definidas: en cualquier economía, en cualquier sociedad basada en
una determinada economía, los individuos contraen determinadas relaciones de
producción y su correspondiente conjunto de relaciones sociales, no a su libre
arbitrio sino como resultado de la contradicción entre necesidad y la libertad
que logren alcanzar transformando dicha necesidad.
Eso
determina fundamentalmente cómo se relacionan los individuos, inclusive fuera
de la sociedad de clases, cuando la humanidad haya dejado atrás la sociedad
dividida en clases. Dentro de la sociedad de clases, definitivamente, el modo
de relacionarse de los individuos es moldeado por las relaciones de producción
y las relaciones sociales, que se plantean como relaciones de opresor y
oprimido, explotador y explotado, diferencia y oposición de clases, y
fundamentalmente antagonismo de clases. Lo vemos todo el tiempo. Como con la
revolución francesa, a la consigna “libertad” le dan diferente significado
distintas personas. La “libertad del propietario de casa” es un principio muy
importante de la sociedad estadounidense. En mi autobiografía (From Ike
To Mao and Beyond, My Journey From Mainstream America to Revolutionary
Communist),relato un incidente de una batalla de vivienda en Berkeley en
los años 60, cuando un tipo que se oponía a la igualdad en la vivienda debatió
con un partidario de ella en el programa radial de Les Crane. El tipo que se
oponía decía: “Yo no soy racista, pero no quiero que el gobierno me diga qué
puedo hacer con mi propia casa. Yo la compré con mi propio dinero”. Yo llamé al
programa, salí al aire y le dije: “¿Se opone a que el gobierno tenga
reglamentos sobre la distancia que debe haber entre los enchufes en su casa?”.
“No, nadie se opone a eso, esas reglas son necesarias”. “O sea, cuando habla de
la ‘libertad del propietario de casa’, lo que está diciendo es que es un
racista. No se opone a que el gobierno reglamente lo que puede hacer en su
casa, lo que no le gusta es que el gobierno le diga que no puede rehusarse a
venderle su casa a una persona negra”.
¿Qué
significa entonces ese elevado principio de “libertad del individuo” con
respecto a los “derechos del propietario de casa” dadas las relaciones sociales
existentes? Si tratáramos a ese propietario de casa como un fin en sí mismo,
nunca como un medio para llegar a un fin, tendríamos que aceptar su deseo de
hacer con su casa lo que quiera, sin importar el beneficio o perjuicio social
general. Especialmente los comunistas tenemos que reconocer y tratar
correctamente la contradicción entre el bien social y el papel de los
individuos (esto se relaciona con lo que Mao identificó como la contradicción
entre el gobierno y el pueblo en la sociedad socialista); y es necesario
reconocer la importancia de no pisotear lo segundo en nombre de lo primero.
Volveré a esto cuando hable de la teoría de Rawls.3
Vemos,
entonces, que principios elevados como la “libertad” tienen una manifestación
social diferente, un significado social diferente, dependiendo de la matriz de
relaciones sociales y fundamentalmente de las relaciones de producción y de la
correspondiente superestructura en que existen. Lo mismo se aplica a “igualdad
de oportunidad” e “igualdad ante la ley”. Estos son principios de la revolución
burguesa y de la sociedad burguesa, pero se contraponen al principio y objetivo
comunista de rebasar el cálculo de igualdad y desigualdad social, de dejar
atrás el terreno en que la desigualdad, o la igualdad, tengan algún
significado, de superar el estrecho horizonte del derecho burgués. El lema y
principio del comunismo, “De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según
sus necesidades”, es un lema que supera el estrecho horizonte del derecho
burgués. Va más allá del cálculo de igualdad y desigualdad. Al pasar del
socialismo al comunismo, también dejaremos atrás la esfera del derecho y por
tanto de la igualdad ante la ley. Cuando dejen de existir las relaciones de
propiedad conflictivas, cuando dejen de existir las relaciones de producción e
intercambio de mercancías, cuando dejen de existir los antagonismos de clase y
de hecho hayamos superado del todo las diferencias de clase, ya no habrá
necesidad de que el derecho codifique e institucionalice las relaciones entre
los individuos. Todo esto va implicado en superar el estrecho horizonte del
derecho burgués.
Nociones burguesas de libertad y de derecho burgués
Miremos
otras perspectivas fundamentales de la libertad refractadas por el punto de
vista de la burguesía a fin de entender mejor la perspectiva comunista de
libertad y de las relaciones entre individuos, la perspectiva materialista de
esto, en contraposición a la perspectiva idealista y en última instancia
burguesa. Se habla mucho de “mercados libres”; también de “una fuerza de
trabajo libre”. ¿Es eso un avance en comparación con una fuerza de trabajo
esclava que es propiedad directa de otros? Sí. ¿Pero realmente es libre, con
relación a los objetivos del comunismo? Esto se presentó durante el debate
sobre el Borrador del Programa, cuando se debatía en el periódico y
en internet. Raymond Lotta escribió una serie de artículos sobre el mercado
porque en los debates en internet se planteó que el mecanismo de planificación
socialista tiene fallas fundamentales y que hay que darle más campo al mercado
en el socialismo. Lotta planteó una pregunta: Si dicen eso, ¿qué dicen sobre el
mercado de trabajo? ¿Debe el mercado determinar la fuerza de
trabajo, su precio y distribución en la economía y demás? Si no,
¿cómo se puede tener un mercado libre; o cómo puede operar el mercado si cosas
básicas como la fuerza de trabajo no son parte del mecanismo del mercado y si
no las determina la operación del mercado?
El
hecho es que esas consignas, “mercado libre” y “fuerza de trabajo libre”,
tienen un carácter social y de clase definido. “Fuerza de trabajo libre”
corresponde a una fuerza de trabajo que es libre y móvil, que no es propiedad
directa de un solopatrón, un solo explotador, que
es “libre” para que la empleen y la despidan según las necesidades y los
dictados de la acumulación capitalista y el afán de ganancia. Los “mercados
libres” refuerzan los estrechos confines del derecho burgués. Dejando de lado
los aspectos específicos del mercado de trabajo, la operación del mercado en
general tiene que ver con reforzar los estrechos confines del derecho burgués,
reforzar la dinámica de producción e intercambio de mercancías, aun si se deja
de lado la cuestión de que la fuerza de trabajo se vuelve una mercancía y que
esa es la base de la explotación del proletariado y, de hecho, de la creación
de riqueza en el capitalismo. Aun dejando eso de lado, los “mercados libres”
son una expresión directa del principio de las mercancías: de la producción e
intercambio de los productos necesarios para la vida en la forma de producción
e intercambio de mercancías y las correspondientes relaciones de producción y
sociales, y la correspondiente superestructura. Dentro de los confines de esta
forma de producción e intercambio de los productos necesarios para la vida,
jamás será posible concebir y planificar la producción social desde el punto de
vista de las necesidades generales de la sociedad, ni responder a las
necesidades y los deseos de los miembros individuales de la sociedad de una
forma consciente y planificada; por el contrario, todo esto se realizará “a
espaldas” de los miembros de la sociedad y por medio de un proceso que los pone
a competir y los antagoniza. Eso, repito, sin hablar del hecho de que, en un
sistema en que están plenamente desarrollados y generalizados la producción y
el intercambio de mercancías, la fuerza de trabajo en sí inevitablemente será
una mercancía para comprar y vender, y surgirán y se intensificarán las
correspondientes relaciones de explotador y explotado, junto con todo un
conjunto de relaciones sociales opresivas y antagónicas. Todo eso sucede
necesariamente con el desarrollo de los “mercados libres” y, es más, sucede en
cualquier situación en que la operación del “mercado” es el factor decisivo y
fundamental de la economía y, por consiguiente, de la vida de la sociedad.
De
modo que todas estas cosas tienen un carácter social que refleja, repito, las
relaciones entre las fuerzas y las relaciones de producción, y entre la base
económica y la superestructura. Especialmente con el inicio de la época
burguesa (aunque antes sucedía de otras formas), cada clase dominante
identifica sus intereses y su noción de
libertad con los intereses generales de la sociedad y con la libertad
general de los miembros de la sociedad. Cada clase proclama (en especial al
llegar a la época burguesa, y de una forma diferente con la nobleza y la
monarquía feudal e inclusive con la clase esclavista), de una forma u otra, que
sus intereses particulares son los intereses generales de la sociedad. En esta
época, las clases dominantes y sus representantes políticos conscientes, ya
sean burgueses o proletarios, ya sea en la sociedad capitalista o en la
sociedad socialista, han planteado que los intereses de su clase representan
los intereses generales de la humanidad, y que la libertad que busca su clase
representa la encarnación general de la libertad para la humanidad, o la
liberación de la humanidad. En el caso de la burguesía, sabemos y hemos visto
con toda claridad lo que eso significa. En el caso del proletariado, significa
trascender los estrechos horizontes del derecho burgués, superar la base
económica de la producción e intercambio de mercancías y las correspondientes
leyes económicas, como la ley del valor (que dice que el valor de cualquier
mercancía se determina por el trabajo socialmente necesario para crearla). Por
eso es necesario ver de un modo materialista y dialéctico las proclamaciones
generales sobre la libertad o sobre los derechos de los individuos y ver qué
significan en realidad y cómo se concretan en la práctica. Mejor dicho, la pregunta
esencial es: ¿de qué son una expresión superestructural estos
ideales;de qué conjunto de relaciones de producción y relaciones sociales,
con sus correspondientes relaciones políticas, estructuras e instituciones?
Esa es la pregunta que siempre hay que preguntar: ¿cuáles son las relaciones de
producción y las correspondientes relaciones sociales y la correspondiente
superestructura?
Pero
ni siquiera la sociedad comunista va a ser una amalgama amorfa de individuos,
unidos por el bien común, que fundamentalmente son entidades autónomas y son un
fin en sí mismos. Con esa base nunca se alcanzará el comunismo; nunca se
llegará a él con esa base. Es más, por la misma razón, jamás se alcanzará la
libertad de los individuos de esa forma.
Ahora,
con respecto a la cuestión de libertad y democracia, y los derechos del pueblo,
un punto fundamental es que cuando las relaciones de producción niegan a las
masas la propiedad de los medios de producción, y por lo tanto su capacidad de
trabajar y de subsistir depende del pequeño grupo, o clase,que
monopoliza la propiedad de los medios de producción, también les niegan a las
masas la capacidad fundamental, o el “derecho”, por así decirlo, de ejercer un
control esencial de su vida y, mucho menos, de la sociedad. Ni siquiera pueden
controlar su propia vida y mucho menos la sociedad. Esta relación económica (en
que una clase ejerce control de vida o muerte sobre otros) limita
cualitativamente la capacidad de esos “otros” de participar o de desempeñar un
papel importante en la determinación de la dirección de la sociedad. (En la
charla “Dictadura y democracia, y la transición socialista al comunismo”
examino varias dimensiones de esto). Además, esa relación económica se refleja
por fuerza en la superestructura, en la encarnación y el ejercicio del poder
político para reforzar las relaciones económicas de explotación.
Examinando
más a fondo la relación entre la base y la superestructura, y la relativa
autonomía de la superestructura, por un lado, y la reacción de la
superestructura sobre la base económica, vemos que actualmente fenómenos como
el “neoliberalismo”, el mayor desencadenamiento de la operación de mercancías y
la explotación capitalista, y la globalización están produciendo menos solidez
y estabilidad, más volatilidad y ansiedad en el aspecto económico y, si, en lo
social, en muchas capas. Esto también se ve en los países imperialistas. Crea
grandes trastornos en el tercer mundo, como lo mencioné antes (la expulsión de
campesinos a los tugurios urbanos y el desplazamiento a otros países buscando
los medios de subsistir), y asimismo en la sociedad imperialista. Esto lo
explica Edward Luttwak en el libro Turbo Capitalism:por ejemplo, en
la década de 1990, cuando mucha gente ganó mucho dinero rápidamente, no se dio
la misma estabilidad y solidez que en otros tiempos en Estados Unidos. Una
persona podía ganar mucho dinero y quedar en el aire a la semana siguiente. No
hay garantía de tener un trabajo para toda la vida, mucho menos de “dejárselo”
a los hijos y que ellos avancen más que uno. Esto va acompañado de la
destrucción de los programas del New Deal y de la “Gran
Sociedad”, aunado a un “fundamentalismo de mercado libre” como
la ideología predominante, de la mano con un fundamentalismo
religioso (y reforzado por él), especialmente el fundamentalismo
cristiano. Vemos entonces un “conservadurismo fiscal”, la terminación de muchos
programas sociales característicos de la “Gran Sociedad”, la eliminación del
papel del gobierno en la economía y en la sociedad característico del New
Deal (de lo cual hablaré más adelante); vemos eso junto con
“conservadurismo fiscal” (reducción de programas sociales, reducción de
impuestos para los ricos, etc.), y vemos que, a pesar de ciertas
contradicciones, esto se entrelaza con el “conservadurismo social” reforzado
por el fundamentalismo religioso. Todo esto tiene que ver con el análisis de
“turbo capitalismo” y la mayor globalización, que lleva, como dice Luttwak, a
expresiones no económicas que se derivan de causas económicas, de inestabilidad
económica y la concomitante ansiedad. Esta es una de las cosas importantes del
terreno con que tenemos que lidiar; tiene que ver con todas las consignas de
“libertad” y con la dirección de la sociedad hoy.
De
hecho, el “neoliberalismo” y el “conservadurismo fiscal” (repito: recorte de
programas sociales, recortes de impuestos para los ricos y las corporaciones,
etc.), junto con la globalización, van contra los intereses económicos no solo
de las masas de proletarios y pobres, sino también de buena parte de la pequeña
burguesía, mucha de la cual sufre importantes trastornos económicos,
incertidumbre y dificultades como resultado de estos programas y las fuerzas
subyacentes. La clase dominante (y en especial los sectores más resueltos a
eliminar lo que queda de los programas del New Deal y de la
“Gran Sociedad”) tiene la necesidad (y lo reconoce) de “cohesionar” y organizar
a la población bajo el “conservadurismo social”, basado en el fundamentalismo
religioso, o fascismo cristiano, como lo llamamos acertadamente. Esto es lo que
Luttwak formula como “la manifestación no económica del descontento económico”.
Y todo esto es muy complejo.
Varias
personas, como por ejemplo Thomas Frank, el autor de What’s the Matter
with Kansas,han tratado de explicar este fenómeno con un análisis
socialdemócrata, populista, no un análisis proletario y comunista científico.
Otras, con una posición socialdemócrata y economicista estrecha, sostienen que
todo este “conservadurismo social” o fundamentalismo religioso es apenas una
distracción para impedir que la gente actúe conforme a sus propios intereses
económicos. Esto es un serio error y no capta que los aspectos
superestructurales (en particular este fundamentalismo religioso) tiene una
relativa autonomía como expresión ideológica, aunque de fondo se basa en los
cambios económicos y los cambios sociales de la sociedad. Por eso Thomas Frank
y otros como él se preguntan cómo hacer que esas capas sociales, por ejemplo
los pequeños agricultores a quienes están arruinando Monsanto y otras grandes
agrocorporaciones, reconozcan que las fuerzas que están apoyando al votar por
el Partido Republicano son las mismas fuerzas que los están aplastando. Lo
mismo con los trabajadores cesantes: ¿cómo hacer que entiendan que los ataques
contra los sindicatos, contra el New Deal y la “Gran
Sociedad”, debilitan su posición y van contra sus intereses? Pero, además de
limitarse al estrecho marco de republicanos vs. demócratas, al estrecho marco
de la política burguesa dominante, esos analistas progresistas socialdemócratas
y demócrata burgueses subestiman la relativa autonomía de la superestructura y,
a su vez, su efecto sobre la base económica y las relaciones sociales.
Aquí
hay cierto paralelo con lo que dice Marx en El dieciocho brumario de
Luis Bonaparte sobre la relación entre el tendero y el intelectual
democrático4. Pero es muy importante ver esto de
manera dialéctica, no mecanicista. ¿Qué dijo Marx? Que en su vida cotidiana, en
su forma de ver las cosas, los intelectuales democráticos, de un lado, y los
tenderos, del otro, pueden estar a un mundo de distancia entre sí, y eso es una
gran distancia, pero en cuanto a mentalidad, a la esfera de las ideas, a la
concepción de cómo debe ser la sociedad y de qué fuerzas la impulsan, los
intelectuales democráticos no van más allá de los tenderos en la vida diaria.
Marx también dijo en la misma obra que los representantes intelectuales de la
pequeña burguesía quieren colocarse por encima de las clases, pero que en
realidad se ven zarandeados por el conflicto de las dos clases principales, el
proletariado y la burguesía, entre las cuales se encuentran. Marx señala que
aunque esto se manifieste de modo etéreo en el campo de la teoría y aunque esté
muy alejado del intercambio cotidiano de mercancías que caracteriza la vida del
tendero, el hecho es que la mentalidad de los intelectuales democráticos no va
más allá de los límites que están condicionados por la producción e intercambio
de mercancías. Incluso la concepción que esos intelectuales tienen de nociones
como libertad y democracia son un reflejo de las relaciones de mercancía
subyacentes. Eso es lo que explica Marx, algo sumamente profundo, en El
dieciocho brumario. Es un análisis y una aproximación muy materialista
dialéctica; no es algo vulgar, mecanicista, determinista y reduccionista.
Esto
tiene un paralelo con los que se pliegan al fundamentalismo religioso: para la
gran mayoría de ellos, sus intereses económicos están en conflicto con las
medidas y programas que los llevan a respaldar. Es importante entender la
complejidad de esto. Este fundamentalismo religioso no es un truco: es una
manifestación reaccionaria organizada del sentimiento general de sectores
importantes de las capas medias, así como de algunas masas de la base, de que
lo que servia de “ancla” a su vida y les daba estabilidad económica se está
desmoronando y alejando; es una forma de identificar eso con la pérdida de
valores, convenciones y relaciones tradicionales (y en especial patriarcales),
y a su vez de identificar eso con la necesidad de reafirmar a la fuerza la religión
tradicional y, más aún, literalista, fundamentalista, absolutista: el
fundamentalismo cristiano. Tenemos que entender la complejidad de todo esto.
Como decía Marx, “están a un mundo de distancia”. No hay una correspondencia
directa, mecanicista, cruda, entre lo que le pasa a la gente en el campo
económico y su manera de concebirlo, refractado por medio de todas las
diferentes relaciones sociales… doblado, por así decirlo cuando entra en la
arena superestructural de las ideas y la cultura. La raíz de la determinación
de esas ideas y cultura, y del fundamentalismo cristiano reaccionario, es la
base económica subyacente, pero esa es su determinación de raíz.Tenemos
que captar la dialéctica de esto, y el materialismo crudo y mecanicista no
ayuda.
La democracia burguesa es dictadura burguesa
En
la polémica en contra de K. Venu5 señalé que la gente como él ¡toma
la democracia burguesa “mucho más seriamente” que la burguesía! En realidad
creen la idea de que es una especie de democracia que se extiende a todos los
individuos sin importar su clase. Mientras que la burguesía sabe, o percibe muy
bien, que, ¿adivinen qué?, es una dictadura. Lo sabe y procede en
consecuencia, especialmente sus representantes más conscientes, o si no dejan
de ser representantes de esa clase. No es que alguien los apruebe o los eche,
pero la dinámica opera así. Jamás olvidar esto. La democracia burguesa esdictadura
burguesa. Es un medio de dominación política que suele corresponder a los
intereses de la clase dominante burguesa y su forma de explotación, pero es eso
y no otra cosa. Es una forma de dictadura.
Veamos
ejemplos de cómo se ha manifestado esto en importantes representantes de la
burguesía. Volvamos a Kant. Le comenté a Bill Martin que no debemos pasar por
alto los escritos filosóficos y de ética de Kant simplemente porque pensaba que
Federico el Grande era magnífico. Pero el hecho es que sus elevadas nociones de
libertad y autonomía se reducían a apoyar a un “déspota ilustrado”. Eso es
importante y tiene una razón de ser. Como señalé, no es correcto descartar una
obra filosófica porque va acompañada de una posición política reaccionaria;
pero es legítimo preguntar: ¿cuál es la conexión entre la filosofía y su
manifestación política?
Veamos
otra figura histórica asociada con el ascenso de la burguesía: Martín Lutero.
Como en otros casos, Lutero no se proponía, al comienzo, iniciar la Reforma
protestante. Clavó sus tesis en la puerta de una iglesia y se puso a elaborar
el principio de que las instituciones y los funcionarios de la iglesia no son
necesarios para llegar a dios, de que el individuo puede llegar a dios
directamente. Eso fue en el campo de la superestructura y no sirvió al ascenso
de la burguesía y del capitalismo de una forma cruda y reduccionista. No es que
Martín Lutero formulara esos principios, o tesis, y los clavara en la puerta de
la iglesia porque quería abrir un taller industrial. No. Se dieron en el campo
de la superestructura, pero surgieron en relación con las relaciones de
producción burguesas que empezaban a aparecer en esa época; a su vez, las ideas
teológicas de Lutero estimularon esas relaciones de producción burguesas y la
correspondiente superestructura. Lo que sucedía en ese terreno —atacar a la
iglesia y básicamente su encarnación del feudalismo en la superestructura, o el
papel de la iglesia y sus doctrinas y dogma como reflejo en la superestructura
de las relaciones de producción y las relaciones sociales características del
feudalismo— tenía mucho que ver con la naciente revolución burguesa y la mayor
iniciativa y creatividad para desarrollar la ciencia y otras cosas que utilizó
la burguesía. Pero no sucedió en un sentido determinista o reduccionista crudo,
sino en un sentido dialéctico.
Pero,
¿qué hizo Martín Lutero cuando los campesinos de Alemania se sublevaron? Urgió
que los clavaran contra la pared, textualmente. Recomendó la represión más
sanguinaria de los campesinos, y se comportó como un perfecto representante de
la burguesía, que proclama “libertad”, siempre y cuando la aplicación de su
concepto de “libertad” dé mano libre a las restricciones a sus relaciones de
producción y correspondiente superestructura, pero que ejerce la dictadura más
sanguinaria cuando es necesario sobre las clases que explota y oprime.
O
volvamos a John Stuart Mill. Sin repetir todo lo dicho sobre él y sus ideas
sobre la libertad, recordemos que pensaba que era necesario ejercer
limitaciones muy severas a la libertad de los colonos y los proletarios que
querían una huelga, y ni hablemos de los proletarios conscientes de clase que
querían tumbar y abolir el capitalismo.
O
veamos a Thomas Jefferson. Hace poco salió un artículo, creo que en la sección
de libros del New York Times o en la revista dominical del
mismo, no recuerdo cuál, sobre un esclavista que le escribió a Thomas Jefferson
que quería darles libertad a sus esclavos y le pedía consejos y apoyo, porque
era algo polémico. El artículo decía que Jefferson le contestó firmemente: No.
No haga eso en absoluto. Con el tiempo la esclavitud se acabará, pero en estos
momentos es muy importante que protejamos esta forma de propiedad. Y
Jefferson era un defensor de la Ilustración y propugnaba muchos principios de
la revolución burguesa. Esta es una característica peculiar de Estados Unidos,
donde la esclavitud se entrelazó con el desarrollo del capitalismo por más de
cien años. Esto ejemplifica de nuevo que las nociones burguesas de libertad
están condicionadas histórica y socialmente, y que su significado está
relacionado con las condiciones en que surgen y se definen. No son principios
abstractos y universales a los que todos debemos aspirar y que se deben aplicar
a todos, sin importar la clase.
El
otro día me puse a bromear sobre la película El ventrílocuo,en que
Anthony Hopkins es un ventrílocuo y su muñeco va apoderándose de su
personalidad al punto que no puede distinguir quién es quién. En cierto
momento, un amigo le dice que le parece que tiene un problema serio, pero el
ventrílocuo no lo acepta, no reconoce el problema. Entonces el amigo le dice:
Mira, hagamos esto, guarda el muñeco un día entero, no le hables y no hables
con su voz. El ventrílocuo trata de hacerlo pero no puede; la compulsión le
gana. Bueno, mucha gente progresista que no tiene un análisis científico y
materialista no puede pasar un día entero sin hablar de la democracia
desclasada. Así es como ven el mundo.
Volviendo
a la declaración de Marx en El dieciocho brumario de la
relación entre los tenderos y los intelectuales democráticos, los que están tan
enamorados de la noción idealizada de democracia no son tenderos, pero su
mentalidad refleja las relaciones subyacentes de producción e intercambio de
mercancías. Unos, al pensar en cómo reformar la sociedad, arrancan de esa
noción desclasada de democracia y se la tratan de superponer a la base
económica. Dicen cosas como: “Bueno, tenemos que ‘democratizar’ la economía”.
Eso es invertir la realidad. La democracia de que hablan es una manifestación
de las relaciones de producción y de las relaciones sociales existentes, y
tiene contenido social y de clase definido; en realidad es democracia burguesa en
lo externo y su esencia interna es la dictadura burguesa, pero
tratan de superponer eso a la realidad del capitalismo a fin de “democratizar
la economía”. ¿Qué significaría eso en una sociedad caracterizada por profundas
divisiones de clase y desigualdades sociales? Inclusive si se pudiera hacer
“borrón y cuenta nueva” y eliminar todas las grandes corporaciones, si se deja
intacta la fundación de producción e intercambio de mercancías, pronto
regresarán las profundas desigualdades y diferencias de clase, los monopolios,
etc.
Ese
es el idealismo fundamental de esas concepciones, que son un reflejo en la
superestructura de las relaciones subyacentes. Volviendo a la observación
sumamente importante de Marx, las ideas del intelectual democrático no son un
reflejo directo de lo que hacen los tenderos en la vida práctica, pero no van
más allá; mejor dicho, no van más allá de los estrechos confines y horizontes
del derecho burgués. Así que lo importante al hablar de Kant, Martín Lutero,
Jefferson, Mill u otros que podríamos citar no es que esos exponentes de la
“libertad” eran simplemente “hipócritas”, sino que sus elevados ideales
representan y expresan determinada concepción del mundo, que, a su vez, es el
reflejo y en cierto sentido una concentración de ciertas relaciones sociales y,
fundamentalmente, relaciones de producción. Si regresamos a los libros Democracy y El
falso comunismo ha muerto6, encontraremos una discusión e
ilustración de la concepción proletaria y de la concepción burguesa de libertad
y liberación, y un examen de las limitaciones del ideal burgués de libertad y
de su aplicación en la vida real: que es una manifestación de las relaciones de
explotación y opresión y que nuestras ideas inevitablemente serán eso si no
vamos más allá de los límites del derecho burgués.
El
folleto sobre la Constitución estadounidense7 que escribí hace unos años dice
que la Constitución es, como lo dice el título, “Una visión de libertad según
los explotadores”, y que además de alabar la esclavitud (inclusive después de
su abolición y de que una enmienda constitucional la declaró ilegal) no prohíbe
una relación fundamental de explotación: la relación de contratar la fuerza de
trabajo de otra persona (o de muchas otras) y de sacar ganancia de esa fuerza
de trabajo. Visto desde de la concepción del mundo del capitalismo, poder hacer
eso es la forma primordial y más alta de libertad; y no se
reconoce que esto implica una negación fundamental de la
libertad de los muchos cuya fuerza de trabajo la controla y utiliza una fuerza
ajena, opresiva y represiva que está por encima de ellos. Esa relación se ve en
el hecho de que los negros, cuando yo era chavo, llamaban “esclavo” al
trabajo, al intercambio de fuerza de trabajo por salario.
Desde
el punto de vista de la burguesía, esta relación no es explotación y, es más,
es el principio central de una buena sociedad. Si quieren ver una loa de esto
sin ningún disimulo, lean a Ayn Rand. Repito, en ningún momento se reconoce que
esto es una negación fundamental de la libertad de los muchos
que están en la posición de ser explotados y oprimidos. Y lo fundamental,
repito, es que dado un sistema generalizado de mercancías, que es
característico del capitalismo, y su “libertad”, los principios y la operación
de la producción e intercambio de mercancías inexorablemente
llevarán a reducir la fuerza de trabajo a una mercancía, a una
situación en que las masas se ven obligadas a vender su capacidad de trabajo a
otra persona (o a una sucesión de personas, una sucesión de dueños de los
medios de producción, de capitalistas) a fin de vivir. Inclusive después de
tumbar el capitalismo y establecer el socialismo, si no se avanza continuamente
hacia la abolición de toda la producción e intercambio de mercancías, y su
reflejo en la superestructura, se regresará a la situación en que la fuerza de
trabajo vuelve a ser una mercancía, mejor dicho, se regresará al capitalismo.
Una verdad básica, una prueba sencilla
Viendo
todas estas nociones de libertad y pensando en la importancia de caer en el
error de K. Venu (y él no es el único, ni siquiera entre comunistas) de tomar
la democracia burguesa más en serio que la burguesía y creer en ella más que la
burguesía, podemos sacar una lección del incidente que cité en la charla Revolución8: el ejemplo de un programa con
periodistas negros en Cleveland, como parte de una gira de presentaciones en
1979. La moderadora era una negra joven y había tres periodistas negros. Fue
uno de los programas más interesantes porque esos periodistas hicieron
preguntas serias: ¿Por qué crees que la revolución es posible? ¿Qué harías
sobre este o aquel problema? Plantearon preguntas de peso, en vez de las
preguntas cínicas y arrogantes que por lo general hace la prensa. Y al final,
cuando terminó el programa, sucedió algo que vuelvo a contar aquí porque capta
mucho. Casi de paso, la moderadora me dijo: “Vaya, eres muy valiente”. Yo me
sorprendí un poco y le pregunté: “¿Por qué lo dices?”. Y ella contestó con
naturalidad: “Ya sabes, matan a quien dice lo que tú decías”.
Pensemos
en lo que eso capta. No dijo matan por hacer ciertas cosas; dijo que matan por
decir lo que estaba diciendo. Muchas veces, especialmente la gente de las capas
medias cree que exageramos cuando decimos que la democracia burguesa es una
dictadura; no creen que eso corresponde a la realidad. Así que tengo una prueba
para el que la quiera hacer: vayan a un vecindario pobre de cualquier parte del
país, establezcan una relación de confianza para que les hablen con honestidad
y hagan esta pregunta: si hay una dirección revolucionaria y un líder
revolucionario que exhorta a la revolución aquí, que simplemente exhorta a la
revolución, y tiene muchos seguidores de gente como ustedes, ¿qué le pasará,
qué le hará el gobierno? Y si pueden encontrar una de cada diez personas que no
diga que matarán a esa persona o que tratarán de silenciarla y sacarla del
juego, les daré un gran premio. Esta respuesta, que estoy seguro sería la
respuesta común de los que han recibido los golpes de la dictadura burguesa,
sería un reflejo (no una conclusión científica, pero sí un reflejo acertado) de
la realidad de la dictadura burguesa.
El
reto para nosotros, para nuestro partido y dirección, es forjar apoyo de
millones y millones en los vecindarios pobres y, es más, en todos los sectores
sociales, organizarlo, y hacerlo sin que maten o
destruyan a nuestra dirección. Eso se debe a que reconocemos la realidad que
confrontamos: la realidad de que esta sociedad está gobernada por una dictadura
burguesa. Por eso, no debemos dejarnos llevar por las altisonantes
consignas de “libertad” y “democracia”. Cuando se presentan sin mencionar a qué
clase corresponden y en especial cuando se presentan como una defensa o
celebración de lo que existe en Estados Unidos y/o del papel de Estados Unidos
en el mundo, “como mucho” representan las ideas que se confinan al estrecho
marco del derecho burgués; y objetivamente ocultan la realidad y naturaleza
concreta de la dictadura burguesa y refuerzan las relaciones de producción y
sociales subyacentes de la explotación y opresión capitalista-imperialistas de
las cuales tales ideas se desprenden y en las cuales en esencia se sustentan.
Esa es la verdadera relación entre la base y la superestructura de la sociedad
capitalista.
El imperialismo y la fundación de la democracia
burguesa
En
esta época del imperialismo en particular, esto tiene otra dimensión: las
relaciones entre la democracia burguesa (en especial en los países
imperialistas) y el imperialismo. En Democracy: Can’t We Do Better Than
That? cité una parte de La ciencia de la revolución9 sobre
la “base apolillada de la democracia” en los países imperialistas que dice que,
en términos políticos, la fundación de dicha democracia no es
la Carta de Derechos (estoy parafraseando) sino el dictador militar, el
torturador y gente de esa calaña que ejercen tiranía abierta en el tercer
mundo. En la época del imperialismo, esa es la relación entre la democracia
burguesa (y, en realidad, la socialdemocracia: la democracia burguesa con un
tenue barniz “socialista”) y el imperialismo. Esto se aplica a los países
imperialistas en general, además de Estados Unidos. En estos países, las
concesiones y migajas que reciben sectores de la aristocracia laboral y otros
sectores de la clase obrera, y la pequeña burguesía, en la esfera económica, y
el hecho de que ciertas capas no sienten directamente el peso de la dictadura,
en la superestructura, en la esfera política, se basan en el saqueo
imperialista del mundo y en las relaciones de dominación y explotación del
imperialismo mundial. Sin embargo, las capas intermedias del país imperialista
sentirán el peso de la dictadura cuando hagan algo que constituya una amenaza a
los ojos de los representantes políticos de la clase dominante. Pero cuando eso
se atenúa y modifica, en particular en el caso de las capas intermedias y
privilegiadas del país imperialista, se desprende de la relación entre el
imperialismo y el tercer mundo, y tiene que ver con la relación entre el
imperialismo y la democracia burguesa.
Esto
nos lleva al héroe de Christopher Hitchens (y otros): George Orwell. Cuando
llegué a Francia, me puse a leer a Orwell; leí Homenaje a
Cataluña y otras obras sobre la guerra civil española, y después leí
otros libros suyos y me tropecé con la declaración más asombrosa, cuya
franqueza se debe aplaudir: En Inglaterra, los intelectuales y otros
izquierdistas apoyan al imperio por una razón básica. Todos sabemos que, si no
fuera por el imperio británico, nos tocaría vivir en un lugar frío, lluvioso,
gris, lúgubre, trabajaríamos muchas horas y comeríamos muchas papas.[risas]
Bueno,
no se puede pedir una mejor autodenuncia de la relación entre la
socialdemocracia, con todas sus críticas al totalitarismo, y el imperialismo.
Esto no implica que haya que descartar sin más todos los escritos de Orwell. Yo
he aprendido cosas importantes al leerlo. Pero en esencia, expresa con agudeza
un importante fenómeno y una importante relación: las razones por las que
gravitan hacia el imperialismo los que dicen ser socialistas, como él, y otros
izquierdistas. Esto se manifiesta de otras formas en otros países, pero Orwell
captó muy bien la esencia de la cuestión.
Esto
se relaciona con la discusión sobre la Ilustración y sobre el hecho de que se
divide en dos, que planteé en “Grandes objetivos y gran estrategia”10. El
marxismo tiene una unidad básica con el principio fundamental de la Ilustración
de conocer el mundo por medios racionales y científicos. Por otra parte,
tenemos dos diferencias fundamentales: una, nosotros no creemos que la verdad
de por sí libera. Aunque la verdad es la verdad y no tiene carácter de clase,
en una sociedad dividida en clases el reconocimiento de las verdades depende de
la lucha de clases, como vemos hoy con la evolución. Dos, no aceptamos que se
utilice la Ilustración como apología y justificación del imperialismo, como lo
hizo John Stuart Mill al decir que unos pueblos necesitan la mano civilizadora
imperialista para entrar al mundo moderno, y como lo hizo (y justificó con
doctrina) Clinton en Yugoslavia y como ahora lo hacen Bush y Cía. en mucha
mayor escala.
*****
Pasemos
a unos pocos puntos más y a la conclusión de este tema general. Desde la
perspectiva de un análisis comunista, y específicamente de un análisis
comunista del comunismo, en contraposición a un análisis utópico y en última
instancia demócrata burgués, podemos decir que el comunismo no es un “renacimiento” a
nivel mundial de la sociedad comunal primitiva. ¿Qué quiere decir y
qué no quiere decir al hablar del comunismo “una comunidad de
seres humanos libremente asociados”, una frase que hemos utilizado y que es una
buena frase? Como he dicho, no quiere decir que el comunismo es una
confederación amorfa de individuos, cada uno dedicado a lo suyo como un fin
autónomo en sí mismo, y que de algún modo esto lleva al bien común. En
realidad, pensándolo, esto se parece más a la visión de la buena sociedad de
Adam Smith que al comunismo: que si cada individuo se dedica a sus propios
intereses individuales, y si esto se expresa y se modifica por medio de la
competencia, será para beneficio de la sociedad. Esto corresponde a la visión
burguesa clásica de la sociedad y del bienestar social, y en realidad no tiene
nada que ver, fundamentalmente, con el comunismo, que no es una sociedad en que
hay una confederación amorfa de individuos que actúan con fines autónomos en sí
mismos. Sin repetir todo lo que he dicho al respecto hasta ahora, debería estar
claro por qué es así.
Tenemos
que entender “una comunidad de seres humanos libremente asociados” de un modo
materialista y dialéctico, con el análisis con que empecé de que la libertad es
la transformación de la necesidad y de que siempre habrá necesidad, inclusive
en el comunismo, inclusive cuando la contradicción entre las fuerzas y
relaciones de producción y entre la base y la superestructura no se manifieste
en la sociedad comunista como relaciones de clase y divisiones sociales de
opresión, y no haya instituciones políticas de represión ni opresión social de
grupos que “salieron perdiendo” en la división del trabajo. De modo que “una
comunidad de seres humanos libremente asociados” se tiene que entender en un
sentido materialista y dialéctico, con un buen conocimiento materialista
dialéctico de la relación fundamental entre libertad y necesidad.
Esto
se relaciona con la formulación de Mao de que en el comunismo la gente se
cambiará consciente y voluntariamente a sí misma y al mundo objetivo. ¿Se puede
tomar eso en sentido absoluto, divorciado de la necesidad; quiere decir que la
gente esconsciente de todo y todo es voluntario? No,
por supuesto que habrá necesidad. El aspecto voluntario es que
la gente reconocerá voluntariamente que a la sociedad le
conviene, y por lo tanto también a los individuos, subordinar voluntariamente
sus necesidades y deseos individuales al bien social, y buscar
su propia individualidad dentro de ese marco, en vez de salirse de él (o tratar
de salirse). El aspecto consciente también es concreto, pero
relativo. Quiere decir que la gente es consciente a un nivel muy superior de lo
que ha podido ser en formas previas de la sociedad, inclusive en la sociedad
comunal primitiva, y mucho más que en la sociedad de clases, con su división
del trabajo, especialmente entre el trabajo intelectual y el manual. Son cosas
relativas y en movimiento. La gente será consciente en un sentido
cualitativamente mayor que en cualquier época anterior, pero no lo sabrá todo,
por supuesto, y sabrá menos que los que vivirán después. Hará cosas voluntarias
en el sentido descrito, pero no todo será voluntario. Si en la sociedad
comunista hay una inundación (o un desastre natural comparable), será necesario
que la gente ayude y eso será voluntario en cuanto se desprenderá de la
subordinación consciente y voluntaria del individuo a la sociedad y al bien social
(aquí se ve la interconexión entre los aspectos voluntario y consciente de todo
esto), pero no será voluntario que unos hagan ciertas tareas para ayudar tras
ese desastre, ni siquiera en el comunismo.
De
modo que tenemos que entender estas cosas en un sentido materialista y
dialéctico, no en un sentido utópico e idealista, y en última instancia burgués
o demócrata burgués (que no rebase los estrechos confines del derecho burgués).
Esto se relaciona con la observación de Marx de que “el derecho no puede ser
nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la
sociedad por ella condicionado”. A su vez, esto se relaciona con la observación
de que los deseos y las necesidades se determinan socialmente y evolucionan
históricamente. Los derechos que el pueblo ejerce, inclusive lo que concibe
como sus derechos, surgen del carácter y el movimiento de la contradicción
entre las fuerzas y relaciones de producción, y entre la base económica y la
superestructura, y a su vez los reflejan. Por eso es que, volviendo a un
ejemplo anterior, el “derecho del propietario de casa” puede formularse como el
derecho a ser racista. ¿Y el derecho a no pasar hambre y a no morirse de hambre
en el mundo de hoy? Como indiqué en el libro Democracy, tal derecho
no existe porque la base económica y la superestructura que predominan en el
mundo no le dan ese derecho al pueblo. La gente de Níger puede sentir el deseo
de no morirse de hambre y de no ver que los zopilotes se coman a sus hijos que
están a punto de morirse de hambre, pero no existe un derecho superestructural
para que eso no ocurra porque no existen las condiciones en que se pueda hacer
realidad. Las condiciones en que se pueden eliminar cosas como las hambrunas,
la desnutrición general y las enfermedades evitables solo se pueden crear
mediante la transformación revolucionaria de la sociedad y, a la larga, del
mundo entero. Se pueden proclamar tales derechos, pero no serán una realidad
para las masas de la humanidad con la base económica existente y su
correspondiente superestructura. Por esa razón fundamental necesitamos la
revolución.
Pero
en la sociedad comunal primitiva, ni siquiera en la esfera conceptual se decía:
“Exijo el derecho de no ser esclavo de mi abuela”. ¿Por qué? Porque en esa
forma de sociedad no se presentaba ese fenómeno, así que no se formulaba como
un derecho. Tales derechos surgieron cuando surgió la esclavitud.
Proyectándonos al futuro, la demanda de no ser esclavo de su abuela ni de nadie
más tampoco tendrá sentido en la sociedad comunista. Es más, ni siquiera
sabemos si habrá abuelas; probablemente no las habrá como lo concebimos hoy.
Mejor dicho, puede que el concepto de abuelas ni siquiera exista y mucho menos
el concepto del derecho a no ser esclavo de la abuela. [risas]
A
partnir de todo esto vemos que el derecho es una expresión de la contradicción,
y del movimiento y el desarrollo de la contradicción, entre las fuerzas y
relaciones de producción, y la base económica y la superestructura. O, como
dijo Marx: “el derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni
al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado”. No se puede
demandar el derecho a hacer absolutamente lo que uno quiera, ni siquiera en la
sociedad comunista, porque no existe la base material para eso. Incluso en el
comunismo, donde la esfera de los individuos y de la individualidad será mucho
mayor que ahora, no habrá una base material para eso. La esfera de la
iniciativa individual y de la individualidad será mucho mayor, cualitativamente
mayor, en un mundo comunista, pero no será absoluta.
El
fenómeno de la necesidad y de las restricciones siempre estará presente y, como
he recalcado varias veces, no debemos verlo como algo enteramente negativo.
Todas las restricciones (al igual que toda coacción) no son malas. Han
evolucionado históricamente y existen en función de su contrario y,
objetivamente, cuando la necesidad pide su transformación o cuando la
restricción pide su ruptura, eso es lo que nos corresponde hacer, como hoy con
respecto a las restricciones y la necesidad que imponen la contradicción
fundamental del capitalismo y todo lo que ha suscitado.
Vale
la pena recordar lo que dijimos antes de El origen de la familia, la
propiedad privada y el estado de Engels de que en la sociedad comunal
primitiva no había separación entre derechos y deberes; también podemos
entender que en la sociedad comunista, de una forma totalmente distinta y con
una fundación y un marco diferentes, no habrá separación entre derechos y
deberes. Los derechos y los deberes no serán antagónicos y tendrán significados
cualitativamente distintos.
Notas
1. El título del libro es Marxism and the Call of the Future: Conversations on
Ethics, History, and Politics (Open Court: 2005).
2.
Las tres oraciones sobre la democracia son: En un mundo de profundas divisiones
de clase y grandes desigualdades sociales, no tiene caso hablar de la
“democracia” sin señalar su carácter de clase y a qué clase
beneficia. Es más, mientras exista la sociedad dividida en clases no puede
haber “democracia para todos”: dominará una clase u otra, y la clase que
gobierna defenderá el tipo de democracia que concuerde con sus intereses y
metas. Por eso, debemos preguntar: ¿qué clase dominará y si su
gobierno, y sistema de democracia, sirve para continuar las
divisiones de clase, y las relaciones de explotación, opresión y desigualdad
que corresponden a ellas, o lleva a abolirlas?
3.
Bob Avakian habla de la teoría de justicia de Rawls en otra parte de esta
charla, que no forma parte de esta serie.
4.
“No vaya nadie a formarse la idea limitada de que la pequeña burguesía quiere
imponer, por principio, un interés egoísta de clase. Ella cree, por el
contrario, que las condiciones especiales de su emancipación
son las condiciones generales fuera de las cuales no puede ser
salvada la sociedad moderna y evitarse la lucha de clases. Tampoco debe creerse
que los representantes democráticos son todos shopkeepers [tenderos]
o gentes que se entusiasman con ellos. Pueden estar a un mundo de distancia de
ellos, por su cultura y su situación individual. Lo que les hace representantes
de la pequeña burguesía es que no van más allá, en cuanto a mentalidad, de
donde van los pequeños burgueses en modo de vida; que, por tanto, se ven
teóricamente impulsados a los mismos problemas y a las mismas soluciones a que
impulsan a aquéllos prácticamente, el interés material y la situación social.
Tal es, en general, la relación que existe entre los representantes
políticos y literarios de una clase y la clase por ellos representada…
“Pero
el demócrata, como representa a la pequeña burguesía, es decir, a una clase
de transición, en la que los intereses de dos clases se embotan el uno
contra el otro, cree estar por encima del antagonismo de clases en general. Los
demócratas reconocen que tienen enfrente a una clase privilegiada, pero ellos,
con todo el resto de la nación que los circunda, forman el pueblo.Lo
que ellos representan son los derechos del pueblo,lo que los
interesa, es el interés del pueblo. Por eso, cuando se prepara una
lucha, no necesitan examinar los intereses y las oposiciones de las distintas
clases”. (Marx, “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”, C. Marx
y F. Engels, Obras escogidas en tres tomos, Editorial Progreso,
Moscú 1973, tomo I, páginas 435, 437)
5.
Esta polémica, titulada "Democracia: Más que nunca podemos y debemos
lograr algo mejor", salió en el número 17 (1992) de la revista Un
Mundo que Ganar. (Está en línea en revcom.us).
6. Democracy: Can’t We Do Better Than That? (Chicago:
Banner Press, 1986). El falso comunismo ha muerto… ¡Viva el auténtico
comunismo!(Chicago: RCP Publications, 2004).
7. La
Constitución de los Estados Unidos: Una visión de libertad según los
explotadores (Chicago: RCP Publications, 1987).
8. Revolución: Por
qué es necesaria, por qué es posible, qué es. A la venta en DVD
(inglés/español), VHS (inglés) y VHS (español). $34.95 + $4 franqueo. Pedidos
en línea a: threeQvideo.com o amazon.com; o envía un cheque o giro postal a:
Three Q Productions, 2038 W. Chicago Ave. #126D, Chicago, IL, 60622.
9. Lenny Wolff, The Science of Revolution (Chicago:
RCP Publications, 1983).
10.
“Grandes
objetivos y gran estrategia” es una charla que dio Bob Avakian a
finales de los años 90. Hay pasajes de la charla en línea en revcom.us.
http://rwor.org/a/043/avakian-sobre-socialismo-comunismo-pt6-s.htm
[1]
Bob Avakian, presidente del PCR, EU. Revolución #038, 12 de marzo de 2006, se
encuentra en revcom.us
Nota de la Redacción: A lo
largo de los últimos meses (y la semana pasada) hemos publicado pasajes de una
charla que dio Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, a
un grupo de militantes y partidarios el año pasado (2005). En este número vamos
a publicar un pasaje de otra charla del 2004. A esta edición el autor le agregó
una serie de notas aclaratorias entre corchetes. La próxima semana volveremos a
la charla del 2005.
[2]
Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario. Revolución #037,
5 de marzo de 2006, se encuentra en revcom.us.Nota de la Redacción: A
continuación publicamos partes de una charla que dio Bob Avakian, presidente
del Partido Comunista Revolucionario, a un grupo de militantes y partidarios el
año pasado (2005). A esta edición se le agregaron subtítulos y notas al pie de
página.

