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Libro No. 325. Los Principios del Socialismo y el Comunismo. G.M.M.

Guillermo Molina Miranda febrero 02, 2025

 


© Libro No. 325. Los Principios del Socialismo y el Comunismo. G.M.M. Colección Emancipación Obrera. Junio 23 de 2012.

Título original: © Los Principios del Socialismo y el Comunismo. G.M.M. Colección Emancipación Obrera. Junio 23 de 2012

Versión Original: © Los Principios del Socialismo y el Comunismo. Colección Emancipación Obrera. G.M.M.  Junio 23 de 2012

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS PRINCIPIOS DEL

SOCIALISMO

Y

EL COMUNISMO

 

 

 

 

 

 

 

 

CONTENIDO

Pág

1.          PRINCIPIOS DEL COMUNISMO. F. ENGELS.  …………….                                                                                                       5

 

2.          PUNTOS SOBRE EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO. BOB AVAKIAN………………………………………………………                                                                                                                                                                                   26

Es necesario que los comunistas sean… comunistas……………                                        26

·                   Una clase de estado radicalmente nueva, una visión radicalmente diferente y mucho más amplia de libertad……                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  35

·                   El materialismo vs. el idealismo... la contradicción fundamental del capitalismo y la resolución revolucionaria de esa contradicción……………………………………………………..                                                                                                                               44

·                   La transformación ideológica así como material que se requiere para llegar al comunismo (las “dos rupturas radicales” y las "4 todas"), y su relación con “el núcleo sólido con mucha elasticidad”………………………………………………………                                                                                                                                71

·                   Análisis materialista del Estado y  su relación con la base económica subyacente…………………………………………                                                                                                                                        83

·                   Una perspectiva comunista sobre el comunismo……………                                                                                102

 

F. ENGELS

1.           PRINCIPIOS DEL COMUNISMO

El trabajo "Principios del comunismo" es un proyecto de programa de la Liga de los Comunistas. Lo escribió Engels en París por encargo del Comité Comarcal de la Liga. Sin embargo, luego de que como resultado de su II Congreso (29 de noviembre-8 de diciembre de 1847), la Liga les encargara a Marx y Engels la redacción de un programa para la Liga, los autores abandonaron la forma de catequismo que marcó la obra aquí reproducida y optaron por escribir el programa en forma de minifiesto. El resultado se conoce como el Manifiesto del Partido Comunista. Al escribirlo, los autores utilizaron las tesis expuestas por Engels en los "Principios del comunismo".


I. ¿Qué es el comunismo?

El comunismo es la doctrina de las condiciones de la liberación del proletariado.

II. ¿Qué es el proletariado?

El proletariado es la clase social que consigue sus medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo, y no del rédito de algún capital; es la clase, cuyas dicha y pena, vida y muerte y toda la existencia dependen de la demanda de trabajo, es decir, de los períodos de crisis y de prosperidad de los negocios, de las fluctuaciones de una competencia desenfrenada. Dicho en pocas palabras, el proletariado, o la clase de los proletarios, es la clase trabajadora del siglo XIX.

III. ¿Quiere decir que los proletarios no han existido siempre?

No. Las clases pobres y trabajadoras han existido siempre, siendo pobres en la mayoría de los casos. Ahora bien, los pobres, los obreros que viviesen en las condiciones que acabamos de señalar, o sea los proletarios, no han existido siempre, del mismo modo que la competencia no ha sido siempre libre y desenfrenada.

IV. ¿Cómo apareció el proletariado?

El proletariado nació a raíz de la revolución industrial, que se produjo en Inglaterra en la segunda mitad del siglo pasado y se repitió luego en todos los países civilizados del mundo. Dicha revolución se debió al invento de la máquina de vapor, de las diversas máquinas de hilar, del telar mecánico y de toda una serie de otros dispositivos mecánicos. Estas máquinas, que costaban muy caras y, por eso, sólo estaban al alcance de los grandes capitalistas, transformaron completamente el antiguo modo de producción y desplazaron a los obreros anteriores, puesto que las máquinas producían mercancías más baratas y mejores que las que podían hacer éstos con ayuda de sus ruecas y telares imperfectos. Las máquinas pusieron la industria enteramente en manos de los grandes capitalistas y redujeron a la nada el valor de la pequeña propiedad de los obreros (instrumentos, telares, etc.), de modo que los capitalistas pronto se apoderaron de todo, y los obreros se quedaron con nada. Así se instauró en la producción de tejidos el sistema fabril. En cuanto se dio el primer impulso a la introducción de máquinas y al sistema fabril; este último se propagó rápidamente en las demás ramas de la industria, sobre todo en el estampado de tejidos, la impresión de libros, la alfarería y la metalurgia. El trabajo comenzó a dividirse más y más entre los obreros individuales de tal manera que el que antes efectuaba todo el trabajo pasó a realizar nada más que una parte del mismo. Esta división del trabajo permitió fabricar los productos más rápidamente y, por consecuencia, de modo más barato. Ello redujo la actividad de cada obrero a un procedimiento mecánico, muy sencillo, constantemente repetido, que la máquina podía realizar con el mismo éxito o incluso mucho mejor. Por tanto, todas estas ramas de la producción cayeron, una tras otra, bajo la dominación del vapor, de las máquinas y del sistema fabril, exactamente del mismo modo que la producción de hilados y de tejidos. En consecuencia, ellas se vieron enteramente en manos de los grandes capitalistas, y los obreros quedaron privados de los úItimos restos de su independencia. Poco a poco, el sistema fabril extendió su dominación no ya sólo a la manufactura, en el sentido estricto de la palabra, sino que comenzó a apoderarse más y más de las actividades artesanas, ya que también en esta esfera los grandes capitalistas desplazaban cada vez más a los pequeños maestros, montando grandes talleres, en los que era posible ahorrar muchos gastos e implantar una detallada división del trabajo. Así llegamos a que, en los países civilizados, casi en todas las ramas del trabajo se afianza la producción fabril y, casi en todas estas ramas, la gran industria desplaza a la artesanía y la manufactura. Como resultado de ello, se arruina más y más la antigua clase media, sobre todo los pequeños artesanos, cambia completamente la anterior situación de los trabajadores y surgen dos clases nuevas, que absorben paulatinamente a todas las demás, a saber:

I. La clase de los grandes capitalistas, que son ya en todos los países civilizados casi los únicos poseedores de todos los medios de existencia, como igualmente de las materias primas y de los instrumentos (máquinas, fábricas, etc.) necesarios para la producción de los medios de existencia. Es la clase de los burgueses, o sea, burguesía.

II. La clase de los completamente desposeídos, de los que en virtud de ello se ven forzados a vender su trabajo a los burgueses, al fin de recibir en cambio los medios de subsistencia necesarios para vivir. Esta clase se denomina la clase de los proletarios, o sea, proletariado.

V. ¿En qué condiciones se realiza esta venta del trabajo de los proletarios a los burgueses?

El trabajo es una mercancía como otra cualquiera, y su precio depende, por consiguiente, de las mismas leyes que el de cualquier otra mercancía. Pero, el precio de una mercancía, bajo el dominio de la gran industria o de la libre competencia, que es lo mismo, como lo veremos más adelante, es, por término medio, siempre igual a los gastos de producción de dicha mercancía. Por tanto, el precio del trabajo es también igual al costo de producción del trabajo. Ahora bien, el costo de producción del trabajo consta precisamente de la cantidad de medios de subsistencia indispensables para que el obrero esté en condiciones de mantener su capacidad de trabajo y para que la clase obrera no se extinga. El obrero no percibirá por su trabajo más que lo indispensable para ese fin; el precio del trabajo o el salario será, por consiguiente, el más bajo, constituirá el mínimo de lo indispensable para mantener la vida. Pero, por cuanto en los negocios existen períodos mejores y peores, el obrero percibirá unas veces más, otras menos, exactamente de la misma manera que el fabricante cobra unas veces más, otras menos, por sus mercancías. Y, al igual que el fabricante, que, por término medio, contando los tiempos buenos y los malos, no percibe por sus mercancías ni más ni menos que su costo de producción, el obrero percibirá, por término medio, ni más ni menos que ese mínimo. Esta ley económica del salario se aplicará más rigurosamente en la medida en que la gran industria vaya penetrando en todas las ramas de la producción.

VI. ¿Qué clases trabajadores existían antes de la revolución industrial?

Las clases trabajadoras han vivido en distintas condiciones, según las diferentes fases de desarrollo de la sociedad, y han ocupado posiciones distintas respecto de las clases poseedoras y dominantes. En la antigüedad, los trabajadores eran esclavos de sus amos, como lo son todavía en un gran número de países atrasados e incluso en la parte meridional de los Estados Unidos. En la Edad Media eran siervos de los nobles propietarios de tierras, como lo son todavía en Hungría, Polonia y Rusia. Además, en la Edad Media, hasta la revolución industrial, existían en las ciudades oficiales artesanos que trabajaban al servicio de la pequeña burguesía y, poco a poco, en la medida del progreso de la manufactura, comenzaron a aparecer obreros de manufactura que iban a trabajar contratados por grandes capitalistas.

VII. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el esclavo?

El esclavo está vendido de una vez y para siempre, en cambio, el proletario tiene que venderse él mismo cada día y cada hora. Todo esclavo individual, propiedad de un señor determinado, tiene ya asegurada su existencia por miserable que sea, por interés de éste. En cambio el proletario individual es, valga la expresión, propiedad de toda la clase de la burguesía. Su trabajo no se compra más que cuando alguien lo necesita, por cuya razón no tiene la existencia asegurada. Esta existencia está asegurada únicamente a toda la clase de los proletarios. El esclavo está fuera de la competencia. El proletario se halla sometido a ello y siente todas sus fluctuaciones. El esclavo es considerado como una cosa, y no miembro de la sociedad civil. El proletario es reconocido como persona, como miembro de la sociedad civil. Por consiguiente, el esclavo puede tener una existencia mejor que el proletario, pero este último pertenece a una etapa superior de desarrollo de la sociedad y se encuentra a un nivel más alto que el esclavo. Este se libera cuando de todas las relaciones de la propiedad privada no suprime más que una, la relación de esclavitud, gracias a lo cual sólo entonces se convierte en proletario; en cambio, el proletario sólo puede liberarse suprimiendo toda la propiedad privada en general.

VIII. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el siervo?

El siervo posee en propiedad y usufructo un instrumento de producción y una porción de tierra, a cambio de lo cual entrega una parte de su producto o cumple ciertos trabajos. El proletario trabaja con instrumentos de producción pertenecientes a otra persona, por cuenta de ésta, a cambio de una parte del producto. El siervo da, al proletario le dan. El siervo tiene la existencia asegurada, el proletario no. El siervo está fuera de la competencia, el proletario se halla sujeto a ella. El siervo se libera ya refugiándose en la ciudad y haciéndose artesano, ya dando a su amo dinero en lugar de trabajo o productos, transformandose en libre arrendatario, ya expulsando a su señor feudal y haciéndose él mismo propietario. Dicho en breves palabras, se libera entrando de una manera u otra en la clase poseedora y en la esfera de la competencia. El proletario se libera suprimiendo la competencia, la propiedad privada y todas las diferencias de clase.

IX. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el artesano? 1

X. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el obrero de manufactura?

El obrero de manufactura de los siglos XVI-XVIII poseía casi en todas partes instrumentos de producción: su telar, su rueca para la familia y un pequeño terreno que cultivaba en las horas libres. El proletario no tiene nada de eso. El obrero de manufactura vive casi siempre en el campo y se halla en relaciones más o menos patriarcales con su señor o su patrono. El proletario suele vivir en grandes ciudades y no lo unen a su patrono más que relaciones de dinero. La gran industria arranca al obrero de manufactura de sus condiciones patriarcales; éste pierde la propiedad que todavía poseía y sólo entonces se convierte en proletario.

XI. ¿Cuáles fueron las consecuencias directas de la revolución industrial y de la división de la sociedad en burgueses y proletarios?

En primer lugar, en virtud de que el trabajo de las máquinas reducía más y más los precios de los artículos industriales, en casi todos los países del mundo el viejo sistema de la manufactura o de la industria basada en el trabajo manual fue destruido enteramente. Todos los países semibárbaros que todavía quedaban más o menos al margen del desarrollo histórico y cuya industria se basaba todavía en la manufactura, fueron arrancados violentamente de su aislamiento. Comenzaron a comprar mercancías más baratas a los ingleses, dejando que se muriesen de hambre sus propios obreros de manufactura. Así, países que durante milenios no conocieron el menor progreso, como, por ejemplo, la India, pasaron por una completa revolución, e incluso la China marcha ahora de cara a la revolución. Las cosas han llegado a tal punto que una nueva máquina que se invente ahora en Inglaterra podrá, en el espacio de un año, condenar al hambre a millones de obreros de China. De este modo, la gran industria ha ligado los unos a los otros a todos los pueblos de la tierra, ha unido en un solo mercado mundial todos los pequeños mercados locales, ha preparado por doquier el terreno para la civilización y el progreso y ha hecho las cosas de tal manera que todo lo que se realiza en los países civilizados debe necesariamente repercutir en todos los demás, por tanto, si los obreros de Inglaterra o de Francia se liberan ahora, ello debe suscitar revoluciones en todos los demás países, revoluciones que tarde o temprano culminarán también allí en la liberación de los obreros.

En segundo lugar, en todas las partes en que la gran industria ocupó el lugar de la manufactura, la burguesía aumentó extraordinariamente su riqueza y poder y se erigió en primera clase del país. En consecuencia, en todas las partes en las que se produjo ese proceso, la burguesía tomó en sus manos el poder político y desalojó las clases que dominaban antes: la aristocracia, los maestros de gremio y la monarquía absoluta, que representaba a la una y a los otros. La burguesía acabó con el poderío de la aristocracia y de la nobleza, suprimiendo el mayorazgo o la inalienabilidad de la posesión de tierras, como también todos los privilegios de la nobleza. Destruyó el poderío de los maestros de gremio, eliminando todos los gremios y los privilegios gremiales. En el lugar de unos y otros puso la libre competencia, es decir, un estado de la sociedad en la que cada cual tenía derecho a dedicarse a la rama de la industria que le gustase y nadie podía impedírselo a no ser la falta de capital necesario para tal actividad. Por consiguiente, la implantación de la libre competencia es la proclamación pública de que, de ahora en adelante, los miembros de la sociedad no son iguales entre sí únicamente en la medida en que no lo son sus capitales, que el capital se convierte en la fuerza decisiva y que los capitalistas, o sea, los burgueses, se erigen así en la primera clase de la sociedad. Ahora bien, la libre competencia es indispensable en el período inicial del desarrollo de la gran industria, porque es el único régimen social con el que la gran industria puede progresar. Tras de aniquilar de este modo el poderío social de la nobleza y de los maestros de gremio, puso fin también al poder político de la una y los otros. Llegada a ser la primera clase de la sociedad, la burguesía se proclamó también la primera clase en la esfera política. Lo hizo implantando el sistema representativo, basado en la igualdad burguesa ante la ley y en el reconocimiento legislativo de la libre competencia. Este sistema fue instaurado en los países europeos bajo la forma de la monarquía constitucional. En dicha monarquía sálo tienen derecho de voto los poseedores de cierto capital, es decir, únicamente los burgueses. Estos electores burgueses eligen a los diputados, y estos diputados burgueses, valiéndose del derecho a negar los impuestos, eligen un gobierno burgués.

En tercer lugar, la revolución indistrial ha creado en todas partes el proletariado en la misma medida que la burguesía. Cuanto más ricos se hacían los burgueses, más numerosos eran los proletarios. Visto que sólo el capital puede dar ocupación a los proletarios y que el capital sólo aumenta cuando emplea trabajo, el crecimiento del proletariado se produce en exacta correspondencia con el del capital. Al propio tiempo, la revolución industrial agrupa a los burgueses y a los proletarios en grandes ciudades, en las que es más ventajoso fomentar la industria, y can esa concentración de grandes masas en un mismo lugar le inculca a los proletarios la conciencia de su fuerza. Luego, en la medida del progreso de la revolución industrial, en la medida en que se inventan nuevas máquinas, que eliminan el trabajo manual, la gran industria ejerce una presión creciente sobre los salarios y los reduce, como hemos dicho, al mínimo, haciendo la situación del proletariado cada vez más insoportable. Así, por una parte, como consecuencia del descontento creciente del proletariado y, por la otra, del crecimiento del poderío de éste, la revolución industrial prepara la revolución social que ha de realizar el proletariado.

XII. ¿Cuáles han sido las consecuencias siguientes de la revolución industrial?

La gran industria creó, con la máquina de vapor y otras máquinas, los medios de aumentar la producción industrial rápidamente, a bajo costo y hasta el infinito. Merced a esta facilidad de ampliar la producción, la libre competencia, consecuencia necesaria de esta gran industria, adquirió pronto un carácter extraordinariamente violento; un gran número de capitalistas se lanzó a la industria, en breve plazo se produjo más de lo que se podía consumir. Como consecuencia, no se podían vender las mercancías fabricadas y sobrevino la llamada crisis comercial; las fábricas tuvieron que parar, los fabricantes quebraron y los obreros se quedaron sin pan. Y en todas partes se extendió la mayor miseria. Al cabo de cierto tiempo se vendieron los productos sobrantes, las fábricas volvieron a funcionar, los salarios subieron y, poco a poco, los negocios marcharon mejor que nunca. Pero no por mucho tiempo, ya que pronto volvieron a producirse demasiadas mercancías y sobrevino una nueva crisis que transcurrió exactamente de la misma manera que la anterior. Así, desde comienzos del presente siglo, en la situación de la industria se han producido continuamente oscilaciones entre períodos de prosperidad y períodos de crisis, y casi regularmente, cada cinco o siete años se ha producido tal crisis, con la particularidad de que cada vez acarreaba las mayores calamidades para los obreros, una agitación revolucionaria general y un peligro colosal para todo el régimen existente.

XIII. ¿Cuáles son las consecuencias de estas crisis comerciales que se repiten regularmente?

En primer lugar, la de que la gran industria, que en el primer período de su desarrollo creó la libre competencia, la ha rebasado ya; que la competencia y, hablando en términos generales, la producción industrial en manos de unos u otros particulares se ha convertido para ella en una traba a la que debe y ha de romper; que la gran industria, mientras siga sobre la base actual, no puede existir sin conducir cada siete años a un caos general que supone cada vez un peligro para toda la civilización y no sólo sume en la miseria a los proletarios, sino que arruina a muchos burgueses; que, por consiguiente, la gran industria debe destruirse ella misma, lo que es absolutamente imposible, o reconocer que hace imprescindible una organización completamente nueva de la sociedad, en la que la producción industrial no será más dirigida por unos u otros fabricantes en competencia entre sí, sino por toda la sociedad con arreglo a un plan determinado y de conformidad con las necesidades de todos los miembros de la sociedad.

En segundo lugar, que la gran industria y la posibilidad, condicionada por ésta, de ampliar hasta el infinito la producción permiten crear un régimen social en el que se producirán tantos medios de subsistencia que cada miembro de la sociedad estará en condiciones de desarrollar y emplear libremente todas sus fuerzas y facultades; de modo que, precisamente la peculiaridad de la gran industria que en la sociedad moderna engendra toda la miseria y todas las crisis comerciales será en la otra organización social justamente la que ha de acabar con esa miseria y esas fluctuaciones preñadas de tantas desgracias.

Por tanto, está probado claramente:

1) que en la actualidad todos estos males se deben únicamente al régimen social, el cual ya no responde más a las condiciones existentes;

2) que ya existen los medios de supresión definitiva de estas calamidades por vía de la construcción de un nuevo orden social.

XIV. ¿Cómo debe ser ese nuevo orden social?

Ante todo, la administración de la industria y de todas las ramas de la producción en general dejará de pertenecer a unos u otros individuos en competencia. En lugar de esto, las ramas de la producción pasarán a manos de toda la sociedad, es decir, serán administradas en beneficio de toda la sociedad, con arreglo a un plan general y con la participación de todos los miembros de la sociedad. Por tanto, el nuevo orden social suprimirá la competencia y la sustituirá con la asociación. En vista de que la dirección de la industria, al hallarse en manos de particulares, implica necesariamente la existencia de la propiedad privada y por cuanto la competencia no es otra cosa que ese modo de dirigir la industria, en el que la gobiernan propietarios privados, la propiedad privada va unida inseparablemente a la dirección individual de la industria y a la competencia. Así, la propiedad privada debe también ser suprimida y ocuparán su lugar el usufructo colectivo de todos los instrumentos de producción y el reparto de los productos de común acuerdo, lo que se llama la comunidad de bienes.

La supresión de la propiedad privada es incluso la expresión más breve y mas característica de esta transformación de todo el régimen social, que se ha hecho posible merced al progreso de la industria. Por eso los comunistas la planteen can razón como su principal reivindicación.

XV. ¿Eso quiere decir que la supresión de la propiedad privada no era posible antes?

No, no era posible. Toda transformación del orden social, todo cambio de las relaciones de propiedad es consecuencia necesaria de la aparición de nuevas fuerzas productivas que han dejado de corresponder a las viejas relaciones de propiedad. Así ha surgido la misma propiedad privada. La propiedad privada no ha existido siempre; cuando a fines de la Edad Media surgió el nuevo modo de producción bajo la forma de la manufactura, que no encuadraba en el marco de la propiedad feudal y gremial, esta manufactura, que no correspondía ya a las viejas relaciones de propiedad, dio vida a una nueva forma de propiedad: la propiedad privada. En efecto, para la manufactura y para el primer período de desarrollo de la gran industria no era posible ninguna otra forma de propiedad además de la propiedad privada, no era posible ningún orden social además del basado en esta propiedad. Mientras no se pueda conseguir una cantidad de productos que no sólo baste para todos, sino que se quede cierto excedente para aumentar el capital social y seguir fomentando las fuerzas productivas, deben existir necesariamente una clase dominante que disponga de las fuerzas productivas de la sociedad y una clase pobre y oprimida. La constitución y el carácter de estas clases dependen del grado de desarrollo de la producción. La sociedad de la Edad Media, que tiene por base el cultivo de la tierra, nos da el señor feudal y el siervo; las ciudades de las postrimerías de la Edad Media nos dan el maestro artesano, el oficial y el jornalero; en el siglo XVII, el propietario de manufactura y el obrero de ésta; en el siglo XIX, el gran fabricante y el proletario. Es claro que, hasta el presente, las fuerzas productivas no se han desarrollado aún al punto de proporcionar una cantidad de bienes suficiente para todos y para que la propiedad privada sea ya una traba, un obstáculo para su progreso. Pero hoy, cuando, merced al desarrollo de la gran industria, en primer lugar, se han constituido capitales y fuerzas productivas en proporciones sin precedentes y existen medios para aumentar en breve plazo hasta el infinito estas fuerzas productivas; cuando, en segundo lugar, estas fuerzas productivas se concentran en manos de un reducido número de burgueses, mientras la gran masa del pueblo se va convirtiendo cada vez más en proletarios, con la particularidad de que su situación se hace más precaria e insoportable en la medida en que aumenta la riqueza de los burgueses; cuando, en tercer lugar, estas poderosas fuerzas productivas, que se multiplican con tanta facilidad hasta rebasar el marco de la propiedad privada y del burgués, provocan continuamente las mayores conmociones del orden social, sólo ahora la supresión de la propiedad privada se ha hecho posible e incluso absolutamente necesaria.

XVI. ¿Será posible suprimir por vía pacífica la propiedad privada?

Sería de desear que fuese así, y los comunistas, como es lógico, serían los últimos en oponerse a ello. Los comunistas saben muy bien que todas las conspiraciones, además de inútiles, son incluso perjudiciales. Están perfectamente al corriente de que no se pueden hacer las revoluciones premeditada y arbitrariamente y que éstas han sido siempre y en todas partes una consecuencia necesaria de circunstancias que no dependían en absoluto de la voluntad y la dirección de unos u otros partidos o clases enteras. Pero, al propio tiempo, ven que se viene aplastando por la violencia el desarrollo del proletariado en casi todos los países civilizados y que, con ello, los enemigos mismos de los comunistas trabajan con todas sus energías para la revolución. Si todo ello termina, en fin de cuentas, empujando al proletariado subyugado a la revolución, nosotros, los comunistas, defenderemos con hechos, no menos que como ahora lo hacemos de palabra, la causa del proletariado.

XVII. ¿Será posible suprimir de golpe la propiedad privada?

No, no será posible, del mismo modo que no se puede aumentar de golpe las fuerzas productivas existentes en la medida necesaria para crear una economía colectiva. Por eso, la revolución del proletariado, que se avecina según todos los indicios, sólo podrá transformar paulatinamente la sociedad actual, y acabará con la propiedad privada únicamente cuando haya creado la necesaria cantidad de medios de producción.

XVIII. ¿Qué vía de desarrollo tomará esa revolución?

Establecerá, ante todo, un régimen democrático y, por tanto, directa o indirectamente, la dominación política del proletariado. Directamente en Inglaterra, donde los proletarios constituyen ya la mayoría del pueblo. Indirectamente en Francia y en Alemania, donde la mayoría del pueblo no consta únicamente de proletarios, sino, además, de pequeños campesinos y pequeños burgueses de la ciudad, que se encuentran sólo en la fase de transformación en proletariado y que, en lo tocante a la satisfacción de sus intereses políticos, dependen cada vez más del proletariado, por cuya razón han de adherirse pronto a las reivindicaciones de éste. Para ello, quizá, se necesite una nueva lucha que, sin embargo, no puede tener otro desenlace que la victoria del proletariado.

La democracia sería absolutamente inútil para el proletariado si no la utilizara inmediatamente como medio para llevar a cabo amplias medidas que atentasen directamente contra la propiedad privada y asegurasen la existencia del proletariado. Las medidas más importantes, que dimanan necesariamente de las condiciones actuales, son:

1) Restricción de la propiedad privada mediante el impuesto progresivo, el alto impuesto sobre las herencias, la abolición del derecho de herencia en las líneas laterales (hermanos, sobrinos, etc.), préstamos forzosos, etc.

2) Expropiación gradual de los propietarios agrarios, fabricantes, propietarios de ferrocarriles y buques, parcialmente con ayuda de la competencia por parte de la industria estatal y, parcialmente de modo directo, con indemnización en asignados.

3) Confiscación de los bienes de todos los emigrados y de los rebeldes contra la mayoría del pueblo.

4) Organización del trabajo y ocupación de los proletarios en fincas, fábricas y talleres nacionales, con lo cual se eliminará la competencia entre los obreros, y los fabricantes que queden, tendrán que pagar salarios tan altos como el Estado.

5) Igual deber obligatorio de trabajo para todos los miembros de la sociedad hasta la supresión completa de la propiedad privada. Formación de ejércitos industriales, sobre todo para la agricultura.

6) Centralización de los créditos y la banca en las manos del Estado a través del Banco Nacional, con capital del Estado. Cierre de todos los bancos privados.

7) Aumento del número de fábricas, talleres, ferrocarriles y buques nacionales, cultivo de todas las tierras que están sin labrar y mejoramiento del cultivo de las demás tierras en consonancia con el aumento de los capitales y del número de obreros de que dispone la nación.

8) Educación de todos los niños en establecimientos estatales y a cargo del Estado, desde el momento en que puedan prescindir del cuidado de la madre. Conjugar la educación con el trabajo fabril.

9) Construcción de grandes palacios en las fincas del Estado para que sirvan de vivienda a las comunas de ciudadanos que trabajen en la industria y la agricultura y unan las ventajas de la vida en la ciudad y en el campo, evitando así el carácter unilateral y los defectos de la una y la otra.

10) Destrucción de todas las casas y barrios insalubres y mal construidos.

11) Igualdad de derecho de herencia para los hijos legítimos y los naturales.

12) Concentración de todos los medios de transporte en manos de la nación.

Por supuesto, todas estas medidas no podrán ser llevadas a la práctica de golpe. Pero cada una entraña necesariamente la siguiente. Una vez emprendido el primer ataque radical contra la propiedad privada, el proletariado se verá obligado a seguir siempre adelante y a concentrar más y más en las manos del Estado todo el capital, toda la agricultura, toda la industria, todo el transporte y todo el cambio. Este es el objetivo a que conducen las medidas mencionadas. Ellas serán aplicables y surtirán su efecto centralizador exactamente en el mismo grado en que el trabajo del proletariado multiplique las fuerzas productivas del país. Finalmente, cuando todo el capital, toda la producción y todo el cambio estén concentrados en las manos de la nación, la propiedad privada dejará de existir de por sí, el dinero se hará superfluo, la producción aumentará y los hombres cambiarán tanto que se podrán suprimir también las últimas formas de relaciones de la vieja sociedad.

XIX. ¿Es posible esta revolución en un solo país?

No. La gran industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del otro. Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social a tal punto que en todos estos países la burguesía y el proletariado se han erigido en las dos clases decisivas de la sociedad, y la lucha entre ellas se ha convertido en la principal lucha de nuestros días. Por consecuencia, la revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania. Ella se desarrollará en cada uno de estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del grado en que esté en cada uno de ellos más desarrollada la industria, en que se hayan acumulado más riquezas y se disponga de mayores fuerzas productivas. Por eso será más lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra. Ejercerá igualmente una influencia considerable en los demás países del mundo, modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior marcha del desarrollo. Es una revolución universal y tendrá, por eso, un ámbito universal.

XX. ¿Cuáles serán las consecuencias de la supresión definitiva de la propiedad privada?

Al quitar a los capitalistas privados el usufructo de todas las fuerzas productivas y medios de comunicación, así como el cambio y el reparto de los productos, al administrar todo eso con arreglo a un plan basado en los recursos disponibles y las necesidades de toda la sociedad, ésta suprimirá, primeramente, todas las consecuencias nefastas ligadas al actual sistema de dirección de la gran industria. Las crisis desaparecerán; la producción ampliada, que es, en la sociedad actual, una superproducción y una causa tan poderosa de la miseria, será entonces muy insuficiente y deberá adquirir proporciones mucho mayores. En lugar de engendrar la miseria, la producción superior a las necesidades perentorias de la sociedad permitirá satisfacer las demandas de todos los miembros de ésta, engendrará nuevas demandas y creará, a la vez, los medios de satisfacerlas. Será la condición y la causa de un mayor progreso y lo llevará a cabo, sin suscitar, como antes, el trastorno periódico de todo el orden social. La gran industria, liberada de las trabas de la propiedad privada, se desarrollará en tales proporciones que, comparado con ellas, su estado actual parecerá tan mezquino como la manufactura al lado de la gran industria moderna. Este avance de la industria brindara a la sociedad suficiente cantidad de productos para satisfacer las necesidades de todos. Del mismo modo, la agricultura, en la que, debido al yugo de la propiedad privada y al fraccionamiento de las parcelas, resulta difícil el empleo de los perfeccionamientos ya existentes y de los adelantos de la ciencia experimentará un nuevo auge y ofrecerá a disposición de la sociedad una cantidad suficiente de productos. Así, la sociedad producirá lo bastante para organizar la distribución con vistas a cubrir las necesidades de todos sus miembros. Con ello quedará superflua la división de la sociedad en clases distintas y antagónicas. Dicha división, además de superflua, será incluso incompatible con el nuevo régimen social. La existencia de clases se debe a la división del trabajo, y esta última, bajo su forma actual desaparecerá enteramente, ya que, para elevar la producción industrial y agrícola al mencionado nivel no bastan sólo los medios auxiliares mecánicos y químicos. Es preciso desarrollar correlativamente las aptitudes de los hombres que emplean estos medios. Al igual que en el siglo pasado, cuando los campesinos y los obreros de las manufacturas, tras de ser incorporados a la gran industria, modificaron todo su régimen de vida y se volvieron completamente otros, la dirección colectiva de la producción por toda la sociedad y el nuevo progreso de dicha producción que resultara de ello necesitarán hombres nuevos y los formarán. La gestión colectiva de la producción no puede correr a cargo de los hombres tales como lo son hoy, hombres que dependen cada cual de una rama determinada de la producción, están aferrados a ella, son explotados por ella, desarrollan nada más que unaspecto de sus aptitudes a cuenta de todos los otros y sólo conocen una rama o parte de alguna rama de toda la producción. La industria de nuestros días está ya cada vez menos en condiciones de emplear tales hombres. La industria que funciona de modo planificado merced al esfuerzo común de toda la sociedad presupone con más motivo hombres con aptitudes desarrolladas universalmente, hombres capaces de orientarse en todo el sistema de la producción. Por consiguiente, desaparecerá del todo la división del trabajo, minada ya en la actualidad por la máquina, la división que hace que uno sea campesino, otro, zapatero, un tercero, obrero fabril, y un cuarto, especulador de la bolsa. La educación dará a los jóvenes la posibilidad de asimilar rápidamente en la práctica todo el sistema de producción y les permitirá pasar sucesivamente de una rama de la producción a otra, según sean las necesidades de la sociedad o sus propias inclinaciones. Por consiguiente, la educación los liberará de ese carácter unilateral que la división actual del trabajo impone a cada individuo. Así, la sociedad organizada sobre bases comunistas dará a sus miembros la posibilidad de emplear en todos los aspectos sus facultades desarrolladas universalmente. Pero, con ello desaparecerán inevitablemente las diversas clases. Por tanto, de una parte, la sociedad organizada sobre bases comunistas es incompatible con la existencia de clases y, de la otra, la propia construcción de esa sociedad brinda los medios para suprimir las diferencias de clase.

De ahí se desprende que ha de desaparecer igualmente la oposición entre la ciudad y el campo. Unos mismos hombres se dedicarán al trabajo agrícola y al industrial, en lugar de dejar que lo hagan dos clases diferentes. Esto es una condición necesaria de la asociación comunista y por razones muy materiales. La dispersión de la población rural dedicada a la agricultura, a la par con la concentración de la población industrial en las grandes ciudades, corresponde sólo a una etapa todavía inferior de desarrollo de la agricultura y la industria y es un obstáculo para el progreso, cosa que se hace ya sentir con mucha fuerza.

La asociación general de todos los miembros de la sociedad al objeto de utilizar colectiva y racionalmente las fuerzas productivas; el fomento de la producción en proporciones suficientes para cubrir las necesidades de todos; la liquidación del estado de cosas en el que las necesidades de unos se satisfacen a costa de otros; la supresión completa de las clases y del antagonismo entre ellas; el desarrollo universal de las facultades de todos los miembros de la sociedad merced a la eliminación de la anterior división del trabajo, mediante la educación industrial, merced al cambio de actividad, a la participación de todos en el usufructo de los bienes creados por todos y, finalmente, mediante la fusión de la ciudad con el campo serán los principales resultados de la supresión de la propiedad privada.

XXI. ¿Qué influencia ejercerá el régimen social comunista en la familia?

Las relaciones entre los sexos tendrán un carácter puramente privado, perteneciente sólo a las personas que toman parte en ellas, sin el menor motivo para la ingerencia de la sociedad. Eso es posible merced a la supresión de la propiedad privada y a la educación de los niños por la sociedad, con lo cual se destruyen las dos bases del matrimonio actual ligadas a la propiedad privada: la dependencia de la mujer respecto del hombre y la dependencia de los hijos respecto de los padres. En ello reside, precisamente, la respuesta a los alaridos altamente moralistas de los burguesotes con motivo de la comunidad de las mujeres, que, según éstos, quieren implantar los comunistas. La comunidad de las mujeres es un fenómeno que pertenece enteramente a la sociedad burguesa y existe hoy plenamente bajo la forma de prostitución. Pero, la prostitución descansa en la propiedad privada y desaparecerá junto con ella. Por consiguiente, la organización comunista, en lugar de implantar la comunidad de las mujeres, la suprimirá.

XXII. ¿Cuál será la actitud de la organización comunista hacia las nacionalidades existentes?

- Queda 2.

XXIII. ¿Cuál será su actitud hacia las religiones existentes?

- Queda.

XXIV. ¿Cuál es la diferencia entre los comunistas y los socialistas?

Los llamados socialistas se dividen en tres categorías.

La primera consta de partidarios de la sociedad feudal y patriarcal, que ha sido destruida y sigue siéndolo a diario por la gran industria, el comercio mundial y la sociedad burguesa creada por ambos. Esta categoría saca de los males de la sociedad moderna la conclusión de que hay que restablecer la sociedad feudal y patriarcal, ya que estaba libre de estos males. Todas sus propuestas persiguen, directa o indirectamente, este objetivo. Los comunistas lucharán siempre enérgicamente contra esa categoría de socialistas reaccionarios, pese a su fingida compasión de la miseria del proletariado y las amargas lágrimas que vierten con tal motivo, puesto que estos socialistas:

1) se proponen un objetivo absolutamente imposible;

2) se esfuerzan por restablecer la dominación de la aristocracia, los maestros de gremio y los propietarios de manufacturas, con su séquito de monarcas absolutos o feudales, funcionarios, soldados y curas, una sociedad que, cierto, estaría libre de los vicios de la sociedad actual, pero, en cambio, acarrearía, cuando menos, otros tantos males y, además, no ofrecería la menor perspectiva de liberación, con ayuda de la organización comunista, de los obreros oprimidos;

3) muestran sus verdaderos sentimientos cada vez que el proletariado se hace revolucionario y comunista: se alían inmediatamente a la burguesía contra los proletarios.

La segunda categoría consta de partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir con energía contra estos socialistas burgueses, puesto que éstos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir.

Finalmente, la tercera categoría consta de socialistas democráticos. Al seguir el mismo camino que los comunistas, se proponen llevar a cabo una parte de las medidas señaladas en la pregunta... 3, pero no como medidas de transición al comunismo, sino como un medio suficiente para acabar con la miseria y los males de la sociedad actual. Estos socialistas democráticos son proletarios que no ven todavía con bastante claridad las condiciones de su liberación, o representantes de la pequeña burguesía, es decir, de la clase que, hasta la conquista de la democracia y la aplicación de las medidas socialistas dimanantes de ésta, tiene en muchos aspectos los mismos intereses que los proletarios. Por eso, los comunistas se entenderán con esos socialistas democráticos en los momentos de acción y deben, en general, atenerse en esas ocasiones y en lo posible a una política común con ellos, siempre que estos socialistas no se pongan al servicio de la burguesía dominante y no ataquen a los comunistas. Por supuesto, estas acciones comunes no excluyen la discusión de las divergencias que existen entre ellos y los comunistas.

XXV. ¿Cuál es la actitud de los comunistas hacia los demás partidos políticos de nuestra época?

Esta actitud es distinta en los diferentes países. En Inglaterra, Francia y Bélgica, en las que domina la burguesía, los comunistas todavía tienen intereses comunes con diversos partidos democráticos, con la particularidad de que esta comunidad de intereses es tanto mayor cuanto más los demócratas se acercan a los objetivos de los comunistas en las medidas socialistas que los demócratas defienden ahora en todas partes, es decir, cuanto más clara y explícitamente defienden los intereses del proletariado y cuanto más se apoyan en el proletariado. En Inglaterra, por ejemplo, los cartistas 4, que constan de obreros, se aproximan inconmensurablemente más a los comunistas que los pequeñoburgueses democráticos o los llamados radicales.

En Norteamérica, donde ha sido proclamada la Constitución democrática, los comunistas deberán apoyar al partido que quiere encaminar esta Constitución contra la burguesía y utilizarla en beneficio del proletariado, es decir, al partido de la reforma agraria nacional.

En Suiza, los radicales, aunque constituyen todavía un partido de composición muy heterogénea, son, no obstante, los únicos con los que los comunistas pueden concertar acuerdos, y entre estos radicales los más progresistas son los de Vand y los de Ginebra.

Finalmente, en Alemania está todavía por delante la lucha decisiva entre la burguesía y la monarquía absoluta. Pero, como los comunistas no pueden contar con una lucha decisiva con la burguesía antes de que ésta llegue al poder, les conviene a los comunistas ayudarle a que conquiste lo más pronto posible la dominación, a fin de derrocarla, a su vez, lo más pronto posible. Por tanto, en la lucha de la burguesía liberal contra los gobiernos, los comunistas deben estar siempre del lado de la primera, precaviéndose, no obstante, contra el autoengaño en que incurre la burguesía y sin fiarse en las aseveraciones seductoras de ésta acerca de las benéficas consecuencias que, según ella, traerá al proletariado la victoria de la burguesía. Las únicas ventajas que la victoria de la burguesía brindará a los comunistas serán: 1) diversas concesiones que aliviarán a los comunistas la defensa, la discusión y la propagación de sus principios y, por tanto, aliviarán la cohesión del proletariado en una clase organizada, estrechamente unida y dispuesta a la lucha, y 2) la seguridad de que el día en que caigan los gobiernos absolutistas, llegará la hora de la lucha entre los burgueses y los proletarios. A partir de ese día, la política del partido de los comunistas será aquí la misma que en los países donde domina ya la burguesía.

Escrito en alemán por F. Engels a fines de octubre y en noviembre de 1847. Se publica de acuerdo con el manuscrito. Publicado por vez primera como edición aparte en 1914.


NOTAS

[1] Aquí Engels deja en blanco el manuscrito para redactar luego la respuesta a la pregunta IX. 
[2] En el manuscrito, en lugar de respuesta a la pregunta 22, así como a la siguiente, la 23, figura la palabra «queda». Por lo visto, estima que la respuesta debía quedar en la forma que estaba expuesta en uno de los proyectos previos, que no nos han llegado, del programa de la Liga de los Comunistas.
[3] En el manuscrito está en blanco ese lugar; trátase de la pregunta XVIII. 
[4] Se les llamó Chartists o cartistas los participantes en el movimiento obrero de Gran Bretaña entre los años 1830s y 1850s que se libró con la reivindicación de la aprobación de una "Carta del Pueblo" que garantize, entre otras cosas, el sufragio universal.

 

http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm

 

 

 

 

 

 

BOB AVAKIAN

2.           PUNTOS SOBRE  EL SOCIALISMO Y EL  COMUNISMO

Es necesario que los comunistas sean… comunistas[1]

 

Planteando el problema de una forma aguda, atando varios cabos de esta charla y permitiéndome un poco de hipérbole a fin de enfatizar un asunto muy importante, el problema es que la mayor parte del tiempo la mayoría de los comunistas no son comunistas.

Este es un problema que afecta a nuestro partido, pero también es un problema mundial e histórico del movimiento comunista y de toda la experiencia de la sociedad socialista. Piensen en el fenómeno que se vio en China: demócratas burgueses que se vuelven seguidores del camino capitalista. [Esto se refiere al hecho de que una cantidad significativa de los que apoyaron la revolución y entraron al Partido Comunista que la dirigía se quedaron estancados en la posición ideológica de que lo único que querían era eliminar las barreras y las cadenas que le impuso la dominación imperialista a China y a la sociedad china, con la resultante persistencia de relaciones feudales o semifeudales en el campo económico y social, y en la superestructura política e ideológica. Cuando tras la victoria inicial sobre el imperialismo y el feudalismo la revolución china entró a la etapa socialista y, especialmente, cuando avanzó en esa etapa con la meta de eliminar y abolir toda forma de explotación, opresión y desigualdad social, muchos de ellos dejaron de apoyar la revolución y se opusieron cada vez más a su avance. Eso se concentró en el Partido Comunista y en particular en los líderes que adoptaron líneas, programas y medidas que llevaban la sociedad de vuelta al capitalismo (por eso Mao los llamó "seguidores del camino capitalista"). Como el sistema socialista estaba bastante establecido en China y contaba con mucho apoyo popular (especialmente de los trabajadores y de la gran mayoría del campesinado, así como también de muchos intelectuales revolucionarios y otros sectores), los seguidores del camino capitalista presentaron su programa capitalista como "socialismo". Efectivamente, cuando después de la muerte de Mao en 1976 tomaron el poder por medio de un golpe de estado y sofocaron a las fuerzas revolucionarias del Partido Comunista y de la sociedad en general, con Deng Xiaoping a la cabeza, esos seguidores del camino capitalista destruyeron el socialismo y restauraron el capitalismo. Fuera de las particularidades de esta situación y lucha en China, en toda revolución que avance al socialismo y aspire a la meta final de un mundo comunista se presentará el fenómeno de que los demócratas burgueses se vuelven seguidores del camino capitalista. Por eso Mao sostenía que es crucial continuar la revolución después de establecer el socialismo. Los comunistas tenemos que seguir abordando el problema de cómo prevenir la restauración del capitalismo en un país socialista, cómo seguir avanzando hacia el comunismo, y cómo hacerlo con métodos que concuerden con la meta de avanzar hacia el comunismo, a fin de hacer mayores avances, primero en el campo de la teoría y después en la experiencia práctica de los nuevos estados socialistas que surjan.]

La mayoría de los militantes del Partido Comunista de China no buscaban volverse seguidores del camino capitalista. Su objetivo no era adoptar, defender ni implementar medidas y líneas que llevaban al capitalismo. Pero muchos de ellos siguieron esa línea; pensaron que era requesón de soya; no sabían la diferencia entre un gato negro y un gato blanco. [La frase "requesón de soya" es parte de un comentario que hizo Zhang Chunquiao (uno de los principales líderes del Partido Comunista que luchó por la línea revolucionaria del socialismo y el comunismo, a quien arrestaron y encarcelaron después de la muerte de Mao como parte de "la banda de los cuatro"). En un artículo titulado "Acerca de la dictadura omnímoda sobre la burguesía", escrito poco antes de la muerte de Mao y del reaccionario golpe de estado encabezado por Deng Xiaoping, Zhang habló del peligro de un golpe y de la restauración capitalista; señaló que la actitud de muchos miembros del Partido Comunista hacia el "atractivo" de las líneas y medidas revisionistas que fomentaban el capitalismo era similar a su actitud hacia el requesón de soya: ¡piensan que huele mal pero sabe bien! La expresión "gato negro/gato blanco" viene de una famosa declaración de Deng Xiaoping varios años antes del golpe de estado que restauró el capitalismo: no importa si un gato es negro o blanco, con tal que cace ratones. Eso quería decir: qué importa que las medidas que adoptemos para desarrollar la economía encarnen principios socialistas o principios capitalistas, con tal que lleven a que China sea un estado moderno poderoso. Eso también tenía atractivo para muchos, inclusive dentro del Partido Comunista, y está relacionado con el fenómeno de que los demócratas burgueses se vuelven seguidores del camino capitalista.] La mayoría de los cuadros del Partido Comunista de China siguieron esa línea revisionista cuando ganó, y cuando purgaron y diezmaron, y en muchos casos ejecutaron, a los defensores de la línea revolucionaria.

¿Cómo sucedió eso? En la revolución china y en cualquier revolución que lleve al socialismo se puede ser parte comunista y parte demócrata burgués. Una parte se esfuerza por superar lo que Marx llamó "el estrecho horizonte del derecho burgués" y otra parte acepta una versión u otra del derecho burgués. Esas tendencias continuarán y la tendencia al derecho burgués puede ganar. [El término "derecho burgués" se refiere a las desigualdades sociales características del capitalismo, por ejemplo la profunda división entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, así como otras grandes diferencias sociales que constituyen opresión y explotación, o contienen sus semillas; durante el socialismo persisten esos rezagos de la vieja sociedad y solo se pueden eliminar completamente con el avance al comunismo. Otro aspecto del "derecho burgués" son las manifestaciones de las relaciones económicas y sociales del capitalismo en las estructuras políticas, las instituciones y el funcionamiento de la sociedad, por ejemplo en el derecho y las ideas imperantes. El fenómeno de que hay comunistas que no rompen del todo con el derecho burgués se debe fundamentalmente a que la revolución comunista requiere una ruptura radical con las relaciones tradicionales de propiedad y con las ideas tradicionales, como explican Marx y Engels en elManifiesto Comunista.Esas relaciones tradicionales de propiedad (relaciones económicas y sociales de explotación y opresión) y su manifestación en el campo de las ideas (ideas tradicionales que corresponden en última instancia a relaciones económicas y sociales de explotación y opresión) persistirán, resurgirán y se harán valer hasta que se elimine complemente la base para que existan con el avance al comunismo en todo el mundo. Hasta llegar a esa meta, la sociedad en general sentirá la influencia de esas relaciones tradicionales de propiedad e ideas tradicionales, y lo mismo sucederá con los comunistas que no superen los estrechos confines del derecho burgués; eso puede llevarlos a "redefinir" el "comunismo" de tal forma que equivalga a la democracia burguesa y a las relaciones económicas y sociales capitalistas que en realidad refuerza la democracia burguesa. Al fin y al cabo, la democracia burguesa es la encarnación del gobierno de la sociedad por la clase capitalista: es una forma de dictadura burguesa1.

Digo que los comunistas pueden tener una parte comunista y una parte demócrata burguesa, pero no lo digo a fin de promover la "autocultivación". "Oh, ¿qué soy, cuál es mi esencia?". No es cuestión de hacer una revolución interna, en sí o para sí. Sí se necesita una lucha ideológica y hacer una revolución interna en ese sentido, pero no en el sentido de cultivarse uno mismo, de mirar hacia dentro. La esencia del asunto es qué línea y qué concepción del mundo tenemos y adónde llevan, qué efecto tendrán en la sociedad y en el mundo. ¿Adoptamos y captamos firmemente el punto de vista, el método y el programa comunista; o adoptamos otro (o nos dejamos jalar espontáneamente por otro)?

Hay miles de injusticias en la sociedad. Un ejemplo patente es la horrible opresión nacional y el racismo que la acompaña. Hoy, eso lo reconocen, de cierta forma y hasta cierto punto, hasta los representantes de la clase dominante. Por ejemplo, hace poco Howard Dean se puso a explicar su comentario de que el Partido Demócrata tiene que apelar a los blancos del Sur que tienen en sus pickups la bandera de la Confederación [el símbolo del gobierno que luchó por conservar la esclavitud--Nota del traductor] con estas palabras: "Bueno, lo siento por la imagen, pero lo que quiero decir es que tenemos que atraer a los hombres blancos del Sur". [Esto fue cuando Howard Dean era candidato a las elecciones primarias del Partido Demócrata.] Pero a continuación, sabiendo que estaba metido en camisa de once varas, dijo: "Se necesita una buena conversación sobre la raza en América". Luego citó un nuevo estudio (¡otro más!) que ilustra lo profunda que es la discriminación en esta sociedad. En ese estudio grupos de universitarios fueron a solicitar trabajo y contestaron que sí a la pregunta de si los han "condenado de un delito" como posesión de drogas con intención de vender; y resultó que los blancosque contestaron que sí tenían más probabilidad de conseguir trabajo que los negros que no tenían ningún antecedente penal.

Esto es una manifestación más de la opresión de los negros y se puede aplicar a otras nacionalidades oprimidas. Es una manifestación de una gran injusticia. Otra son los constantes asesinatos que comete la policía, especialmente de jóvenes en los ghettos, uno tras otro. Otra es la opresión de la mujer. Hay montones de injusticias en esta sociedad; el borrador de nuestro nuevo Programa cita muchas, con toda razón. Es posible meterse profundamente en las luchas contra esas injusticias y llegar a reconocer que sin una revolución que tumbe el sistema actual no se pueden eliminar esas injusticias e infamias; es posible asumir esa posición sin romper completamente con el derecho burgués, sin superarlo. Hacer esa ruptura es una lucha aguda y continua que se plantea una y otra vez. Es un reto que se presenta continuamente a todos los comunistas.

Bueno, es importante recalcar que, en el curso de desarrollar la lucha contra los muchos atropellos e injusticias que produce continuamente este sistema (y, como dijera Lenin, de desviar esas luchas hacia la meta de la revolución, el socialismo y en última instancia el comunismo), es correcto y necesario unirse con muchas clases de personas y fuerzas que tienen una diversidad de concepciones ideológicas y posiciones políticas. Otra forma de decirlo es que será necesario unirse con mucha gente que no ha superado los límites del derecho burgués y la democracia burguesa. De hecho, mucha gente conservará esas concepciones y posiciones por mucho tiempo, inclusive bien entrada la etapa de transición socialista; y jamás lograremos avanzar hacia las metas de la revolución comunista (ni nunca lograremos que den el salto para dejar atrás el estrecho horizonte del derecho burgués) si adoptamos una actitud estúpida, sectaria y dogmática y decimos que no vamos a trabajar con los que no han hecho esa ruptura y repudiado completamente el derecho burgués. Pero en el proceso de unidad-lucha-unidad con una amplia gama de personas (y, con respecto al aspecto de "lucha", planteando audazmente nuestras ideas y metas, y estimulando de forma positiva una discusión de principios sobre esto, mientras nos unimos con ellos contra la opresión y la explotación, las infamias y las injusticias, con las que podemos hacer causa común), los que somos, y estamos resueltos a ser, comunistas, debemos realizar una lucha coherente, de otro tipo y en otro contexto, dentro de nuestras filas, para seguir profundizando y fortaleciendo nuestro conocimiento y nuestra aplicación del punto de vista y el método comunista, y nuestro esfuerzo por las metas de la revolución comunista.

Para decirlo de otra forma, la "posición" por sí sola no es suficiente. Inclusive los comunistas tienen mucha confusión sobre esto. A veces se oye decir: "él o ella tiene una línea ideológica muy buena", y lo que se quiere decir es que esa persona tiene una buena posición: es dedicada, odia la opresión, etc.; pero la posición no es suficiente. Zhang Chunquiao escribió algo al respecto (o se dice que lo escribió y estoy dispuesto a creerlo, a aceptar que es cierto). Después del golpe, en uno de los ataques de los revisionistas a la "banda de los cuatro", dijeron que Zhang Chunquiao afirmó que la teoría es el aspecto más dinámico de la ideología. La intención de los revisionistas era decir: "Es un dogmatista total; es pura teoría y nada de práctica; no tiene la dignidad de la realidad inmediata". [Esto alude a la declaración de Lenin de que la práctica "posee no solo la dignidad de la universalidad, sino también la de la realidad inmediata".] Pero los revisionistas torcieron lo que dijo Lenin y le dieron la interpretación de que la teoría no tiene importancia, o solo tiene una importancia secundaria, y que la práctica se reduce a algo estrecho e inmediato. Eso pasa por alto el hecho de que en la misma obra filosófica Lenin hizo hincapié en que la teoría, como abstracción, refleja la realidad de modo más elevado y más concentrado que la experiencia práctica, de la cual es una abstracción. (Naturalmente, Lenin hablaba de la teoría correcta, la teoría que es un reflejo, y una concentración, de la realidad tal como es, con su movimiento y cambio). Esa interpretación revisionista estrecha de la esfera de la práctica y de su importancia ignora otra verdad fundamental que Lenin recalcaba: sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario.]

Lo que se le atribuye a Zhang Chunquiao es muy importante. Mao dijo que la ideología comunista consta de posición, punto de vista y método. La posición es importante; si uno no toma partido con las masas, ¿cómo va a querer abrazar la ciencia del comunismo y hacer algo con ella? Pero la posición por sí no nos llevará más allá de cierto punto.

La teoría es el factor dinámico porque: ¿cómo se cambia la ideología, cómo se cambia la concepción del mundo? ¿Cómo se cambia la manera de ver algo, cómo se cambian los sentimientos sobre algo? Piensen en eso: ¿cómo se cambian los sentimientos? Lo hacemos cuando entendemos algo de otro modo, especialmente si tratamos de ser científicos, de lograr concretamente las grandes cosas que nos proponemos, lo cual requiere un enfoque científico (aunque no siempre lo recordemos).

La teoría es el factor dinámico de la ideología. Si uno no estudia, si uno no le lucha al marxismo (o, como decimos hoy, el marxismo-leninismo-maoísmo), si no se esfuerza por ver cómo se aplica, y por seguir desarrollándolo al aplicarlo, la espontaneidad lo va a jalar hacia abajo. Lo van a jalar hacia abajo las fuertes presiones que ejercen las relaciones predominantes de explotación y opresión (y la dinámica que impulsa todo en una sociedad, y un mundo, dominado y moldeado por los sistemas de explotación y opresión) y por las ideas correspondientes, que tienen una posición dominante y que diseminan y remachan los medios de comunicación y otros medios de moldear la opinión pública y la manera de pensar. Sin una lucha continua y cada vez más consciente contra esas presiones e influencias, la posición se va a deteriorar. Si uno se basa solamente en la posición; si no procura basarse cada vez más profundamente en la teoría comunista (o si toma la actitud pragmática de que los requisitos de una lucha o situación inmediata condicionan e incluso definen la teoría), acabará claudicando y olvidando la meta de hacer la revolución y llegar al socialismo y a un mundo comunista. Si uno no rompe, en su pensamiento, con el estrecho horizonte del derecho burgués, y si no continúa profundizando esa ruptura, inclusive su visión del comunismo y de la revolución comunista se limitará a ser una variación de la democracia burguesa (o retrocederá y se reducirá a eso), a ser otra expresión de la sociedad y del mundo en que predominan las relaciones burguesas y el gobierno burgués. Abandonará las metas de la revolución comunista abiertamente o, como suele suceder, seguirá diciendo (y quizá creyendo, a un nivel) que sigue "a favor" de esos objetivos, pero los consignará a un futuro distante, actuará como si hubieran perdido todo sentido, sin ninguna relación con las tácticas necesarias en las circunstancias presentes, y/o aguará la "revolución" a una noción reformista, gradualista de cambio; transformará el socialismo "como mucho" en un ideal de mayor bienestar social y de mayor extensión de la democracia burguesa, sin romper ni transformar las estructuras e instituciones del poder ni las relaciones de poder que dominan la sociedad y el mundo, sin la transformación de las relaciones sociales y las relaciones económicas y procesos subyacentes que esclavizan a la vasta mayoría de la humanidad, y sin un cambio radical de la manera de pensar; convertirá el "comunismo" en una noción utópica sin sentido, en un ensueño irrealizable. En resumen, "desvirtuará" la revolución, el socialismo y el comunismo, y los desconectará de lo que sucede en cualquier momento dado y de las "necesidades prácticas" de la presente lucha.

Así que la posición no es suficiente. La teoría es el factor dinámico de la ideología. Para conservar la posición correcta, y para avanzar en el conocimiento y la aplicación de la ideología comunista, hay que abordar las cuestiones cardinales de línea y teoría, no reducidas a la importancia que tengan en la situación y la lucha del momento, sino en una dimensión mucho más amplia, mundial e histórica, y la conexión entre esa dimensión y la situación inmediata. Hay que empaparse una y otra vez de la esencia del comunismo como concepción del mundo y método; hay que examinar una y otra vez por qué y cómo es un enfoque científico de la realidad: el enfoque más meticulosa, sistemática y exhaustivamente científico de la realidad, su movimiento y desarrollo. Si los camaradas no abordan de esa forma el estudio de la teoría comunista y la aplicación de eso, y no de otra cosa, a las muchas cuestiones sociales y los asuntos mundiales que consideran y manejan; si, como parte de eso, no se familiarizan continuamente con la obra y el método de nuestro presidente; pues, la influencia de la espontaneidad y las ideas que circulan en los movimientos de oposición y en la sociedad y el mundo los llevarán a adoptar y aplicar más y más OTRA concepción del mundo y otro método.

Tomemos por ejemplo algo que se está volviendo un campo de lucha muy crucial e intenso, con profundas implicaciones para la dirección de la sociedad y del mundo: la religión, y en particular el fundamentalismo religioso de varias clases, especialmente la creciente influencia del fascismo cristiano fundamentalista en este país en general y en concreto en las estructuras del gobierno y su papel en el mundo. En la situación de hoy, hay varios libros sobre aspectos cruciales de esto con puntos muy valiosos (o invalorables); algunos los han escrito religiosos progresistas. A mí personalmente me gusta y me parece importante leer muchos libros sobre religión de autores de muy diversos puntos de vista. Me parece útil y estimulante. Pero no me parece que es más importante ni más estimulante que el análisis (y síntesis) de quienes abordan estas cuestiones con la concepción del mundo y el método comunista, y teniendo en mente los objetivos de la revolución comunista. Lo que a uno le parece interesante e importante fundamentalmente depende de sus objetivos, está condicionado por ellos. O sea, solo aplicando la concepción del mundo y el método comunista es posible abordar la realidad, captar sus rasgos y dinámicas esenciales, y transformarla de la forma más fundamental con la meta de la emancipación de la gran mayoría de la población de la humanidad y a la larga de toda la humanidad. Es muy importante entender que otros, con otras concepciones del mundo y métodos, hacen análisis importantes y contribuyen a entender aspectos clave de la realidad. Pero inclusive para captar profundamente y de lleno los análisis de personas que proceden de otros puntos de vista, para aprender lo máximo de ellos (sobre la religión, el fundamentalismo religioso y otros temas cruciales), es necesario seguir profundizando nuestro conocimiento y aplicación de la concepción del mundo y el método científico del comunismo.

En ¿Qué hacer? Lenin afirma que para tener conciencia de clase, los proletarios no pueden limitarse a las luchas relacionadas con sus condiciones de trabajo y de vida; que tienen que abordar la lucha general contra el sistema, entender lo que pasa en todas las capas de la sociedad y reconocer cómo se plantean y se abordan diferentes fenómenos en las distintas capas. Pero también dice: tienen que aprender a hacer eso desde el punto de vista comunista, y no otro.

Ese es un punto profundamente importante. Para enfatizarlo más, voy a leer las siguientes reflexiones de un camarada:

"En estos meses, al volver a leer ¿Qué hacer?, y al estudiar y reflexionar sobre la campaña de divulgar y popularizar a nuestro presidente y otras cuestiones, me he dado más cuenta de la enorme fuerza de la espontaneidad, que por cierto es muy parecida a la fuerza de la gravedad. Por muy alto que uno quiera volar, si no se esfuerza en todo momento, caerá a tierra. ¡Fíjense cuántos revolucionarios, tanto partidos como individuos, se han estrellado contra el suelo! Casi todos empezaron con convicciones revolucionarias genuinas, pero un buen día, después de años o incluso décadas de lucha, terminaron claudicando o vendiéndose, quizá sin querer o sin siquiera saber cómo llegaron a ese punto. Ahí vemos la fuerza de la espontaneidad; por fuertes que sean nuestras convicciones, si no encontramos la manera de zafarnos de la corriente de la espontaneidad, nos llevará adonde juramos nunca ir…

"¿Estamos haciendo lo máximo para hacer la revolución?; ¿nos estamos concentrando en los asuntos debidos?; ¿luchamos con toda nuestra energía, y correctamente, para rebasar los límites de hoy?; ¿estamos analizando todo con las miras puestas en la meta final y forjando las conexiones más fuertes entre dicha meta y las tareas apremiantes del momento?… ¿estamos examinando rigurosamente las críticas de los que nos pueden enseñar algo importante, aunque no coinciden con nosotros sobre estrategia…?"

Todo esto es de importancia decisiva para que los comunistas efectivamente seamos comunistas, sistemáticamente y en el sentido completo que debemos ser, basados firmemente y cada vez más profundamente en la naturaleza científica, crítica y creativa de la concepción del mundo y el método comunista, su aplicación a la realidad y su continuo desarrollo; guiados por nuestras metas estratégicas de revolución, socialismo y a la larga un mundo comunista, y como encarnación en todo momento del vínculo vital entre esos objetivos estratégicos y lo que hay que hacer en el momento dado, a fin de seguir avanzando hacia esos objetivos globales y de no dejarnos desviar, descarrilar ni derrotar estratégicamente en la lucha por alcanzar esas metas histórico-mundiales para la emancipación del mundo.

Notas:

1. Además de una extensa discusión del tema en el libro Democracy: Can’t We Do Better Than That? (Banner Press, 1986), en la charla"Dictadura y democracia, y la transición socialista al comunismo" Avakian explica en detalle que la democracia en la sociedad capitalista --la democracia burguesa-- es una forma de gobierno capitalista en el cual, fundamentalmente, solo hay democracia en el seno de la clase dominante capitalista y para beneficio de esa clase que domina completamente la economía y el poder político de la sociedad; para el proletariado y otros sectores de la sociedad hay un gobierno represivo, que sofoca con toda la fuerza que sea necesaria cualquier actividad política y a cualquier grupo que la clase capitalista perciba como una amenaza seria. Por eso la democracia burguesa es, en esencia, una forma de dictadura: la dictadura de la clase dominante capitalista, o la burguesía.

http://rwor.org/a/038/avakian-necesario-comunistas-s.htm

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BOB AVAKIAN

PUNTOS SOBRE EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO

Una clase de estado radicalmente nueva, una visión radicalmente diferente y mucho más amplia de libertad[2]

 

¿Por qué queremos el poder estatal? ¿Por qué necesitamos el poder estatal?

 

Vayamos al grano, a un punto sumamente esencial. ¿Por qué hablo del poder estatal al principio de "Escalar las alturas y volar sin red de seguridad"1? ¿Por qué insisto en que queremos el poder estatal?

Empecemos con la respuesta básica: es correcto querer el poder estatal. Es necesario querer el poder estatal. El poder estatal es algo bueno --es algo excelente-- en manos de las personas debidas, de la clase debida, al servicio de las metas debidas: superar la explotación, la opresión y la desigualdad social, y forjar un mundo, un mundo comunista, en que los seres humanos puedan desarrollarse más y mejor que nunca antes.

Para ver esto con claridad, basta con pensar en lo que sufren las masas hoy. Voy a hablar un poco de esto ahora y lo volveré a abordar más adelante. Piensen en todo lo que sufren las masas y en lo que se podría hacer para eliminar ese sufrimiento con el poder estatal revolucionario, y en lo que no se puede hacer porque no tenemos ese poder estatal. Piensen en las continuas humillaciones, malos tratos, violencia y muerte que sufren los que viven en los ghettos y barrios pobres a manos del actual poder estatal, en particular de la policía. Por otra parte, piensen qué pasaría si el poder estatal estuviera en manos de las masas populares y las respaldara para acabar con todos los vestigios de esos atropellos y para abordar de una forma completamente distinta los problemas que surgen en el seno del pueblo, con el poder estatal de su lado.

Piensen en el problema de la violación, un problema enorme, profundamente enraizado en las relaciones fundamentales de esta sociedad. Piensen en lo que se podría hacer sobre eso, inclusive a muy corto plazo, tan pronto como se derribe el capitalismo y se establezca un estado socialista: usando el poder estatal de una forma revolucionaria y comunista (con dirección y objetivos comunistas), se puede reducir en gran medida la cantidad de violaciones, hacer que algo que hoy ocurre todo el tiempo suceda muy raramente y avanzar con toda firmeza hacia su eliminación total.

Podemos recorrer la larga lista de todo lo que sufren las masas populares del mundo porque no tienen el poder estatal: el sufrimiento en el que viven, las enfermedades y la desnutrición; lo que Marx resumió magistralmente con el término "tormentos de trabajo"; la pobreza y la violencia abrumadoras que acompañan y refuerzan esta realidad de miles de millones de personas por todo el mundo; la cantidad de infamias y de sufrimiento innecesario debido a que el poder estatal está en las manos de sus explotadores y opresores, y no en sus propias manos.

Nadie debería llamarse comunista si en este momento de la historia no quiere el poder estatal, si no lo ansía y si no sabe qué hacer con él cuando lo consiga. Esto entraña muchas complejidades; pero ya es hora de descartar todas las excusas por querer el poder estatal; es hora de rebasar las dudas y las vacilaciones existenciales de si es bueno o no que haya estados proletarios. Es algo muy bueno. Les recomiendo que estudien la charla que está dando Raymond Lotta en varias universidades con el proyecto "Pongamos las cosas en claro" sobre la historia del ejercicio del poder en manos del proletariado2 para ver lo que se logró hacer, inclusive con serios defectos, cuando los proletarios ejercieron el poder dirigidos por sus vanguardias comunistas. Si le ponemos una gota de ciencia al asunto, veremos que ninguna de esas cosas positivas y de importancia histórico-mundial se hubieran podido lograr sin el poder estatal. Podremos ver todas las cosas que hay que hacer en el mundo para eliminar los horrores que sufren las masas y para avanzar hacia una etapa de la sociedad en que ya no existan ni haya base para tales injurias, y veremos claramente por qué el poder estatal es algo muy bueno y muy necesario.

Naturalmente, hay que considerar las cuestiones fundamentales de orientación: ¿para quiénes y para qué queremos este poder estatal? Pero con la orientación correcta, querer el poder estatal y tener el deseo y la capacidad de dirigir al pueblo hacia ese objetivo es imprescindible para las masas populares, para su emancipación y, en última instancia, para la emancipación de toda la humanidad.

El balance

 

Hoy, quizá más que nunca, las calumnias y las tergiversaciones de la historia de la sociedad socialista y del poder estatal proletario son enormes. Y sin una perspectiva honesta y científica no es posible captar correctamente los grandes logros ni las importantes deficiencias de esta experiencia, ni captar la nueva síntesis3 que se requiere para "hacerlo mejor" en la próxima ronda de revoluciones proletarias y de estados proletarios que establezcan.

Primero que todo, pongamos los hechos en la balanza; hagamos un balance. Sopesemos lo que sabemos de la experiencia histórica de la Unión Soviética y de China cuando eran socialistas (y con eso quiero decir de 1917 a 1956 en la Unión Soviética y de 1949 a 1976 en China). Veamos cómo se trataban los problemas y las necesidades del pueblo, y pongámoslo en un platillo de la balanza; pongamos las deficiencias en el otro platillo. ¿Cuál pesa mucho más? Pongamos en la balanza lo que se hizo para superar la explotación y la opresión de las masas en esos países, para crear nuevas relaciones sociales, una nueva cultura, nuevas formas de pensar, nuevas relaciones internacionales. Pongamos eso en la balanza y comparémoslo con el manejo incorrecto (impugnado o real) de algunos problemas, cuyas consecuencias conllevaron el sufrimiento de ciertas personas, por ejemplo artistas e intelectuales.

¿Tiene importancia que hacia 1970 las masas populares de China no se morían de hambre, que por primera vez en miles de años China resolvió básicamente el problema del hambre en 20 años de sociedad socialista? ¿Tiene importancia que por primera vez cientos de millones de campesinos tenían servicios médicos? ¿Tiene importancia para alguien? ¿Tiene importancia que sus habitantes podían levantarse y salir a la calle sin temor a la policía (ni a los demás) porque un nuevo poder estatal hacía posible crear nuevas relaciones sociales? ¿Tiene importancia que por primera vez en la historia de China (y en la historia universal en esa escala) hayan estimulado y guiado a las masas populares a encargarse de los asuntos del estado, y a debatir la dirección de la sociedad y la situación y las luchas de los pueblos del mundo. ¿Tiene importancia?

Así que si se quiere sacar un balance, sí, está mal que se hayan cometido errores e inclusive excesos durante la Revolución Cultural, y hay que tomarlos en cuenta y analizarlos científicamente, junto con todo lo demás; pero no perdamos la perspectiva ni la noción general de lo que ocurría. Varios artistas que vivieron en China en esa época dicen: "No nos dejaban hacer ciertas obras durante la Revolución Cultural". En efecto, hubo problemas en ese sentido, y hay que analizarlos profundamente y desde todos los ángulos; además, repito, necesitamos una nueva síntesis que nos permita manejar todo eso mucho mejor la próxima vez que se presente. Pero, por otro lado, como orientación fundamental, pongamos eso en la balanza y comparémoslo con el hecho de que, por primera vez en la historia de China (y en contraste con toda sociedad del mundo en que el proletariado no tiene el poder estatal, incluido Estados Unidos), las masas populares no tenían que trabajar como esclavos en las fábricas, supervisados por un gerente, trabajar a destajo, a toda velocidad y todo lo demás, y por el contrario eran cada vez más los amos de la sociedad. ¿Tiene importancia eso? ¿Cómo evaluar esto con relación al hecho de que, por ejemplo, durante la Revolución Cultural no se podían organizar ciertas producciones de danza en China?

Recuerdo que oí hablar a Baryshnikov de su experiencia de venir de la Unión Soviética a Estados Unidos, y eso sucedió cuando ambos países eran capitalistas: uno era revisionista (socialista de nombre, pero capitalista en la práctica y en esencia) y el otro, como sabemos, abiertamente capitalista. Baryshnikov fue bastante honesto y dijo que vino a Estados Unidos porque en la Unión Soviética no se podían representar las coreografías de Balanchine, pero por otra parte, si un joven tenía inclinación al ballet y cierto talento, recibía todo el apoyo del estado desde temprana edad y contaba con todos los recursos para aprender ballet. Por lo menos tuvo la honestidad de decir que él aprovechó todo eso hasta que llegó a ser muy bueno para representar las coreografías de Balanchine, y entonces se vino a Estados Unidos, donde sí podía hacerlo. También señaló que la mayoría de los bailarines que conocía aquí a duras penas se las arreglaban para vivir; muchos trabajaban como meseros y en trabajos similares, y no se podían dedicar de tiempo completo a su arte. Recordemos que lo que existía en la Unión Soviética era revisionismo, no socialismo. Pero digamos que en un país socialista no dejaran representar a Balanchine. ¿Tenemos que llegar a una mejor síntesis de eso? Sin duda. Pero, al hacer una evaluación precisa y científica de los hechos, es importante no pasar por alto ni subestimar los tremendos logros y avances de la Revolución Cultural: logros políticos y también artísticos, como en el campo del ballet y la danza.

Una de las cosas que se critica y se calumnia mucho hoy es que durante la Revolución Cultural mandaron a los intelectuales al campo. Como he dicho en varias ocasiones, nadie les preguntó a los millones de campesinos de China si ellos querían ir al campo. ¿Es esta la respuesta completa a la manera en que se trató a los intelectuales durante la Revolución Cultural? No. Necesitamos otro gran paso, necesitamos una síntesis más avanzada y nueva. Pero si tenemos que comparar la importancia de estas cosas, ¿cuál es nuestro punto de partida para esa nueva síntesis? ¿De dónde partimos? ¿Dónde estamos situados? ¿Cuál es nuestra postura básica? ¿Tomamos como punto de partida a las masas populares, sus necesidades e intereses, la meta de revolucionar toda la sociedad y el mundo, la meta de emancipar a toda la humanidad (incluidos los intelectuales y otras capas sociales) de los grilletes de una sociedad dividida en clases y de todas sus consecuencias? No en un sentido burdo de contraponer a las masas y a los intelectuales, no en ese sentido economicista, ni en el sentido de revancha contra los intelectuales y otras capas sociales que han ocupado un lugar de mayor privilegio (aunque no son los gobernantes del sistema ni los explotadores ni los opresores de las masas populares), sino en el sentido de identificar las necesidades y los intereses fundamentales de las masas populares, y de revolucionar todo el mundo y emancipar a toda la humanidad.

¿Cuál es nuestro punto de partida? ¿Partimos del individuo y de las preocupaciones individualistas? ¿O partimos de asuntos fundamentales relacionados con las masas populares y las relaciones económicas, sociales y políticas esenciales de la sociedad, y del mundo, y avanzamos hacia una síntesis partiendo de esa base? Es fundamental que nuestro punto de partida sea el correcto. He afirmado varias veces que nuestra orientación no debe ser pisotear los derechos de los individuos y la individualidad, sino procurar que se desarrollen con más plenitud en la gran mayoría de la sociedad, y en última instancia de la humanidad del mundo entero; pero por otra parte, no podemos darle más peso a las preocupaciones de individuos particulares que a las cuestiones generales de cómo extirpar de raíz toda explotación y opresión, y cómo avanzar hacia la emancipación de toda la humanidad. Volveré a tocar esto, pero hay mucho más trabajo por hacer y no podemos tener una orientación estrecha e ignorante; para hacer lo que necesitamos no debemos fomentar en las masas la ignorancia, el economicismo ni el revanchismo; si realmente deseamos la emancipación de toda la humanidad, como debe ser, nos toca cortar enteramente con todo eso; pero no retrocediendo a la democracia burguesa ni al individualismo burgués, sinoavanzando hacia una nueva síntesis, una síntesis más elevada de esto, cimentada en la meta de un mundo comunista, donde todas las relaciones de explotación y opresión se superen y queden enterradas en el pasado.

La forma correcta de entender "Defiendo firmemente, pero no quiero vivir allá"

 

Ahora quiero hablar de la forma correcta de entender y de aplicar la afirmación de un camarada del movimiento comunista internacional con la que he expresado fuerte acuerdo: "Defiendo firmemente la experiencia de la revolución socialista hasta la fecha, pero no quiero vivir en esos países"4. Esto se puede entender mal y malinterpretar, y así ha sucedido. Hay personas que deberían ser más claras al respecto, que son partidarias de la causa del comunismo pero que se han dejado influenciar o desorientar por el crescendo aparentemente inagotable y ensordecedor de ataques al comunismo, y han aprovechado esta declaración para decir: "Uff, por fin nos podemos quitar de encima todo el rollo de Stalin; ya no tenemos que hablar de eso. Inclusive podemos deshacernos de Mao y decir ‘no, no, nosotros no somos así; nosotros tenemos una nueva síntesis, no queremos vivir allá, así que no somos responsables de eso’". Eso es una distorsión total de lo que quiere decir "defiendo firmemente, pero no quiero vivir allá".

Para empezar, ¿qué quiere decir "defiendo firmemente"? ¿Y cuál es el aspecto principal de esto? El aspecto principal, desde una perspectiva histórica, es defender firmemente. Los grandes logros de la experiencia histórica del socialismo han sido algo sin precedente y muy positivo; por otra parte, también ha habido deficiencias, a veces muy serias, que no queremos repetir y que no tenemos que repetir, a pesar de toda la necesidad que se nos va a presentar. Deberíamos ser capaces de dar grandes saltos y de ir más allá a través de rupturas, al menos en las esferas cruciales. Pero aquí viene la pregunta esencial: cuando decimos "Defiendo firmemente, pero no quiero vivir allá", la pregunta que surge es: ¿comparado con qué?Esta declaración se ha malinterpretado. No es comparado con la sociedad burguesa, NO. Repito, pongamos las cosas en la balanza: si tengo que elegir entre vivir en una sociedad burguesa o en un país donde el proletariado tenía el poder estatal, ni siquiera tengo que empacar mis maletas; ya mismo salgo para donde el proletariado tenía el poder. [risas]Esa no es la comparación. Esa es una distorsión total. "No quiero vivir allá", ¿comparado con qué? Comparado con lo que podemos y tenemos que alcanzar la próxima vez. Eso es lo central. Partir de eso, pero saltar más allá, a través de rupturas, y, sí: hacerlo mejor. De manera que el punto de referencia es: comparado con lo que es necesario y posible alcanzar la próxima vez. Eso es lo que significa la afirmación "defiendo firmemente pero no quiero vivir allá", que claramente busca sembrar discusión.

Hay que ver con mucha claridad cuál es el aspecto principal. Lo principal es defender firmemente,no porque es lo que nos gusta, por "acentuar lo positivo". No, es porque es verdad, porque concuerda con la realidad objetiva. Si la primera ronda de estados socialistas y revoluciones proletarias fuera principalmente negativa, tendríamos que decirlo. Tendríamos que confrontarlo, tendríamos que analizar profundamente por qué fue así, y tendríamos que dar a conocer ese análisis y evaluación. Pero cuando no es así, portarse como si lo fuera, simplemente porque es más fácil acatar los prejuicios burgueses espontáneos y la propaganda anticomunista, es una traición a nuestra causa. No es verdad que esta experiencia histórica haya sido principalmente negativa. Eso no es real. Acatar las ideas espontáneas de la propaganda y el condicionamiento anticomunistas lleva, como dijera Lenin, al pantano. Si tratamos de moldear y adaptar todo lo que decimos para no ofender los prejuicios de los que están siendo golpeados (y no es exageración, golpeados y bombardeados) con propaganda, mentiras y tergiversaciones anticomunistas, acabaremos hundiéndonos. El anticomunismo es toda una industria artesanal en la actualidad. Para dar otro ejemplo de la cultura popular actual, es como apostar al póker. "Mao mató a 10 millones", dice uno. "Acepto esos 10 millones y doblo otros 10 millones". [risas]Eso es lo que están haciendo los seguidores intelectuales del imperialismo, y lo que se está tragando demasiada gente que debería saber que no es así y que no lo aceptaría si no desconectara el pensamiento crítico cuando se trata de ataques al comunismo. Mucha gente de buenos sentimientos (y esto incluye a mucha gente del mundo artístico, intelectual y académico) se está tragando esto.

El escritor Jared Diamond es un ejemplo que he mencionado. Su libro Guns, Germs and Steel tiene ciertos aspectos mecanicistas y faltos de rigor científico, pero en general es un libro muy bueno; sin embargo, de repente dice las cosas más ridículas e ignorantes sobre China y la Revolución Cultural, y va y lo repite en sus charlas en librerías. En el programa televisivo Book TV dijo: "y en medio de eso, en la Revolución Cultural de China, unos idiotas decidieron cerrar el sistema educativo". Me dieron ganas de estirar el brazo, sacarlo de la TV y decirle: "Jared, ¿qué te pasó? Te esforzaste por aplicar la ciencia a fondo con toda seriedad para investigar por qué hay tanta disparidad en el mundo, y cuando llegas a esto te olvidas de la ciencia, repites el ataque de moda, le haces el juego a los prejuicios del momento o tú mismo los aceptas. Vamos, Jared, sé sistemático, sé científico de principio a fin. Y de paso, hablemos un poco de marxismo, para que puedas ser sistemáticamente científico". Por cierto, creo que él sabe un poco de marxismo; por ejemplo, dudo que no haya leído El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels. Él también es de los años 60. Pero eso es lo que está pasando hoy; lo que circula es este anticomunismo, así que mucha gente ha olvidado lo que sabía o se ha convencido (con fundamentos chafas) de que lo que sabía estaba mal.

Platicando con una camarada, yo preguntaba una y otra vez: "¿cómo pueden hacer eso; cómo pueden hacer un trabajo bastante científico y, de repente, BLAM, es como si pasaran a otro universo?". La camarada me contestó: "Bueno, tienes que entender que no son como tú, no piensan como tú. Sí, aplican la ciencia, pero han aceptado la idea de que decir esas cosas anticomunistas no es más polémico que hablar del Holocausto. No creen que ninguna persona razonable, que merezca ser oída, va a refutar esas cosas", esas calumnias contra el comunismo. Han pasado a ser "sentido común"; mejor dicho, están profundamente integradas en la cultura, tan profundamente que se aceptan sin cuestionarlas. Por eso una de las grandes metas del proyecto "Pongamos las cosas en claro" es sacar a la luz esas preguntas, hacer que se cuestionen otra vez, poner a pensar en esto: no, eso no es un veredicto definido y, en realidad, no es verdad.

La intención de "Pongamos las cosas en claro" es confrontar esas calumnias de frente y decir: "estas son las mentiras que les han dicho, esta es la verdad... y lo podemos probar".Pero no lo saben. En general, en los círculos intelectuales, artísticos y académicos dan por hecho que esos veredictos son firmes: el socialismo y el comunismo son un fracaso, un desastre, una catástrofe; llevan a la tiranía, al totalitarismo. Al llegar al tema, desconectan el pensamiento crítico porque aceptan ciertas suposiciones. Es cierto que no podemos aplicar el pensamiento crítico a todo todo el tiempo, así que uno acepta ciertas cosas que "están más o menos resueltas". Hoy, se están volviendo a cuestionar muchas cosas que estaban resueltas, como la evolución. Quién sabe qué seguirá: ¿el sistema de Copérnico? Más adelante volveré a este tema.

Pero en los campos que mencioné, muchos piensan que ese veredicto negativo sobre el comunismo es algo resuelto. Para la mayoría, sacar un balance de la experiencia de los países socialistas no es su campo de trabajo, pero otros lo han hecho y "todo mundo sabe cuál es la verdad y el veredicto". Por eso tenemos que darles una sacudida: "Un momentico, no han investigado esto. Están pronunciando un dictamen, pero no tienen ninguna base para esos dictámenes. Si una persona fuera a su salón de clase e hiciera lo mismo con la materia que ustedes enseñan, le dirían que se fuera a estudiar el tema antes de ponerse a dar dictámenes. Pero ustedes están haciendo exactamente lo mismo". Esas son las condiciones objetivas, en general y específicamente con "Pongamos las cosas en claro". Si aceptamos eso, nos va a llevar la fregada y lo más fundamental es que no vamos a hacer lo que debemos hacer: conocer el mundo como es en la realidad (y conocer la historia como ha sido en la realidad) a fin de transformar el mundo, conforme a su tendencia y conforme a los intereses de las masas populares de todo el mundo.

De modo que tenemos que defender audazmente y criticar audazmente la experiencia de la revolución socialista y de la sociedad socialista hasta la fecha, pero el aspecto principal es defender audazmente; no porque a priori y con un método idealista dimos la vuelta y decidimos tautológicamente que es así, sino porque, como materialistas y con un método dialéctico, esa es la verdad: el aspecto positivo de esta experiencia efectivamente es el aspecto principal. Como Mao nos enseñó, el aspecto principal en un momento dado determina la esencia de algo, no el aspecto secundario. El aspecto secundario puede ser real, puede ser muy importante, puede ser muy necesario investigarlo y estudiarlo, examinarlo y sintetizarlo minuciosamente, pero no es el aspecto decisivo y determinante. Por eso, cuando digo "defender firmemente" o "defender audazmente" la experiencia de la revolución socialista y de la sociedad socialista hasta la fecha, cuando digo que el aspecto positivo de esta experiencia es el aspecto principal, lo digo porque es verdad. Y porque, a fin de conocer y transformar el mundo como hay que conocerlo y transformarlo, necesitamos una base científica. Sí, hay verdades dolorosas, y no debemos evadirlas ni evadir nuestra responsabilidad de estudiarlas a fondo. Pero no es verdad (dolorosa o no, no es verdad) que la experiencia de la dictadura del proletariado y de la sociedad socialista hasta la fecha haya sido una catástrofe, un desastre, un reino infinito de tiranía, una pesadilla totalitaria, y ni siquiera, principalmente (o remotamente) algo negativo. Es todo lo contrario. Como materialistas, como personas científicas, debemos captar esto y aplicarlo, y hacerlo audazmente en ambos aspectos: defender audazmente, como aspecto principal, y criticar audazmente las deficiencias secundarias pero muy reales e importantes.

Volviendo a la pregunta con que empecé: ¿por qué queremos el poder estatal? Porque es absolutamente necesario pasar a la próxima etapa de la historia humana, porque es esencial para la liberación de la abrumadora mayoría de la gente del planeta y en última instancia de toda la humanidad. Es absolutamente esencial. Si quieren entender esto a fondo, piensen en todas las atrocidades sobre las que no pueden hacer nada ahora: lo que le pasa a la gente que cruza la frontera; lo que le pasa a la gente de los ghettos y colonias pobres; lo que le pasa a la gente en las maquiladoras; lo que le pasa a los niños que trabajan en Paquistán o Haití; lo que le pasa a la gente de África que se muere de hambre o se mata para beneficio de los explotadores y opresores; la violación, maltrato, humillación y degradación de las mujeres. Pasen lista y piensen en todo lo que detestan, en todo lo que los llevó al convencimiento de que se necesita un cambio radical, y verán por qué el poder estatal es algo bueno y por qué debemos ansiarlo; y sí, en el sentido correcto, entendiendo correctamente qué es y para quién es, por qué debemos desear la grandeza en este respecto.

 

Notas

1. "Escalar las alturas y volar sin red de seguridad", serie publicada en el Obrero Revolucionario del #1195 (20 de abril de 2003) al #1210 (17 de agosto de 2003).

2. "El socialismo es mucho mejor que el capitalismo, y el comunismo será un mundo mucho mejor" (en Revolución Nos. 25-33 y 35, del 28 de noviembre de 2005 al 13 de febrero de 2006).

3. Además de lo que dice al respecto en esta charla, Bob Avakian habla de esa nueva síntesis en "Dictadura y democracia, y la transición socialista al comunismo", una charla que se publicó del #1250 (22 de agosto de 2005) al #1264 (16 de enero de 2005) y en el libro Observations on Art and Culture, Science and Philosophy (Insight Press, 2005).

4. Bob Avakian citó esta declaración por primera vez en la charla "Dictadura y democracia, y la transición socialista al comunismo", Parte 2: La ley de la mafia y otras realidades de la democracia estadounidense, Obrero Revolucionario #1251, 29 de agosto de 2004.

http://rwor.org/a/037/avakian-puntos-sobre-socialismo-comunismo-s.htm

 

 

 

 

 

 

 

El materialismo vs. el idealismo... la contradicción fundamental del capitalismo y la resolución revolucionaria de esa contradicción

 

Como decía Marx: lo fundamental no es lo que piensen o hagan los proletarios, y en general las masas, en un momento dado, sino lo que los obligarán a hacer las contradicciones y la dinámica del sistema. Las contradicciones subyacentes e impulsoras de la sociedad, y del mundo, son lo que planteará a las masas y a los que aspiran a dirigirlas la necesidad (no una necesidad estática, sino una necesidad objetiva dinámica, que cambia) que las obligará a responder, de una forma u otra. Y los que captan más conscientemente la realidad material, su movimiento y desarrollo pueden ejercer una gran influencia encómo responderán, en general y en especial cuando las contradicciones se plantean agudamente. Por eso es tan importante tener un punto de vista, método y enfoque científico, materialista y dialéctico, en contraposición a algo cuasi-religioso o idealista (y metafísico) de otro tipo.

¿Por qué cuando escribo y hablo hago hincapié una y otra vez en que el comunismo representa el punto de vista y el método más cabal, sistemática, consecuente y exhaustivamente científico? Bueno, aquí voy a decir algo que me oirán repetir muchas veces hoy: ¡lo digo porque es verdad! Y es importante. Pero no paremos ahí; ¿qué quiere decir eso, por qué es verdad? Es verdad porque el comunismo, como punto de vista y método, es cabal y consecuentemente materialista y es cabal y consecuentemente dialéctico; ningún otro punto de vista y método tiene esas características. El punto de vista y el método del comunismo refleja la verdad fundamental de que toda la realidad está compuesta de materia en movimiento y nada más; capta cada uno de esos aspectos: que toda la realidad está compuesta de materia y nada más;y que, como explicara Engels,el movimiento es el modo de existencia de la materia,que toda la materia se mueve y cambia constantemente, y que todo eso lleva a saltos y rupturas cualitativas. El comunismo capta la relación dialéctica entre esos dos aspectos.

Aplicado al desarrollo de la sociedad humana, tal punto de vista y método materialista dialéctico, es decir, el materialismo histórico,muestra que las contradicciones que definen una sociedad, la fuerza motriz de cambio, son la contradicción entre las fuerzas de producción y las relaciones de producción, junto con la contradicción entre la base económica (o el modo de producción) y la superestructura (política, ideología y cultura). Abordar esto en su dimensión más amplia sienta una base más sólida para captar más clara y profundamente la realidad esencial de que, en esta era, y en el mundo actual, lo que define el marco general de la situación y lo que impulsa el cambio, más que nada, es la contradicción fundamental del capitalismo y otras contradicciones decisivas a las que da pie continuamente, aunque nosotros, las fuerzas de vanguardia conscientes y organizadas, tratemos de transformar ese movimiento y desarrollo de lo que es en la actualidad a un camino que lleve al comunismo (posibilidad que en sí radica en las contradicciones fundamentales del capitalismo y que se puede alcanzar por medio de la resolución revolucionaria de dichas contradicciones, en todo el mundo). Exploremos esto más a fondo.

Un planteamiento científico: Las contradicciones decisivas y determinantes de todas las sociedades

En el libro El falso comunismo ha muerto, ¡viva el auténtico comunismo!,examino el desarrollo de todas estas contradicciones entre las fuerzas y las relaciones de producción, y entre la base económica y la superestructura. Uno de los puntos importantes de ese libro (que se suele confundir, pasar por alto, negar, enterrar, etc., y que en realidad parece casi un lugar común) es este: la producción o la economía no existen en abstracto.Pero por otro lado, la actividad económica básica de producir y distribuir los artículos materiales necesarios para la vida, para reproducir la vida, es el aspecto más fundamental de la vida y la sociedad de los seres humanos. Marx explicó esto y destacó que ocupa un papel central para entender la sociedad humana y el desarrollo histórico de la sociedad. Pero la producción, o la economía, no se da en abstracto, al margen de relaciones de producción muy definidas (y en la sociedad de clases, relaciones de clase) que contraen los seres humanos en el proceso de producir y distribuir los artículos necesarios para la vida. Con frecuencia oímos decir "la economía francesa", "la economía estadounidense" y cosas por el estilo, pero casi nunca un locutor de CCN dice: "Hoy se produjo un bajonazo en la economía estadounidense, que como sabemos es una red compleja de relaciones de producción, que a su vez está integrada en la red internacional de relaciones de producción". Casi nunca se oye eso en CNN y mucho menos en Fox News. [risas]Porque es algo que está tapado. Pero es fundamental para entender la sociedad en cualquier momento, con su cambio y desarrollo, y su potencial y realidad de transformación.

En cualquier momento dado, el carácter y el nivel general de las fuerzas productivas (la tecnología, el nivel de los conocimientos científicos, el nivel de conocimiento de la naturaleza, en líneas más generales, y la gente, con su conocimiento de esas cosas y sus habilidades) tiene un conjunto correspondiente de relaciones sociales de producción, en términos generales y relativamente, sin ser materialistas vulgares. Hago énfasis en la palabra relaciones de producción sociales porque esto determina cómo se organiza la sociedad. No todo mundo está consciente de esto. Por ejemplo, un artesano de una sociedad feudal que elabora artículos para el hogar no está consciente de cómo encaja eso en la división general del trabajo de esa sociedad (y de las relaciones comerciales y otras relaciones fuera de esa sociedad), pero de todos modos es parte de eso. Esto se aplica a una sociedad caracterizada por una producción de mercancías más o menos desarrollada, como el capitalismo, y también a la sociedad feudal; es más, se aplica a todas las sociedades.

De modo que estas son relaciones de producción sociales, pero, especialmente con el capitalismo, donde todo esto está mucho más desarrollado, se oculta que son relaciones de producción sociales. Por ahí se oye todo el tiempo, especialmente en Estados Unidos, la tierra del Individualismo (con mayúscula): "yo" me inventé esto, "yo" tuve esta idea, esta es "mi" obra. Esto es una manifestación de algo que tocaré más adelante: las mercancías y del fetichismo de la mercancía; pero se oculta el hecho de que "mi" obra encaja en todo un proceso social y, especialmente hoy, un proceso internacional, caracterizado y definido por determinadas relaciones de producción.Y cada individuo tiene cierto lugar en esas relaciones de producción. No escogemos conscientemente las relaciones de producción que nos gustarían. Un grupo no se reúne y dice: "A ver, qué tal si vamos todos a recoger comida y agua toda la semana, y después nos vamos a cazar un mes", porque eso no funciona, ni siquiera en una sociedad comunal primitiva. En esa clase de sociedad, si se van a cazar por un mes, regresarán con muy poca caza y toda la sociedad sufrirá y pasará hambre porque de esa forma no se pueden obtener la carne y las proteínas necesarias.

Entonces, en primer lugar, las relaciones de producción tienen que corresponder a las condiciones materiales existentes, al nivel de las fuerzas productivas del momento, lo que incluye "lo que provee la naturaleza" (las materias primas), así como las herramientas, los instrumentos, el modo de pensar y el modo de utilizar dichas herramientas. En ese sentido (y hay otros), uno no escoge las relaciones de producción que quiera.

En los albores de la sociedad capitalista, hace un par de siglos, no se reunieron y dijeron: "Vamos a votar, vamos a oír propuestas sobre las relaciones de producción que les gustarían y la correspondiente superestructura, y después haremos elecciones entre varios partidos que tengan distintas ideas sobre esto y decidiremos cuáles escoger". No. No se puede hacer eso porque, sin ser mecanicista y determinista, existe una correspondencia básica entre las relaciones de producción y el nivel de las fuerzas productivas, del modo que lo vengo diciendo.

Las relaciones de producción no "se escogen" en otro sentido: son relaciones que evolucionan históricamente.Ese es el punto de la conexión en la historia humana, que explica Marx y que yo he tocado en varias obras, como el libro Democracy: Can’t We Do Better Than That?1 A pesar de todos los trastornos y destrucción (y a veces del desplome o fin de toda una sociedad), a pesar de eso, el desarrollo histórico humano tiene cierta conexión porque las fuerzas productivas se siguen desarrollando y tienden a transmitirse de generación en generación. Pero esas fuerzas productivas confrontan a cada generación como una fuerza externa,especialmente en una sociedad en que los seres humanos no tienen la base y el conocimiento para abordarlas de un modo consciente y planeado. Inclusive cuando puedan hacer eso, en una sociedad socialista y más aún en una sociedad comunista, siempre se nos planteará una necesidad. Volveré a esto un poco más adelante. Pero especialmente cuando no se tienen la base y el conocimiento para utilizar las fuerzas productivas de un modo planeado y consciente, las fuerzas productivas se presentan como una fuerza externa. Uno se levanta y si quiere vivir no dice: "A ver, a ver, creo que hoy me dedicaré a pensar cómo puedo reconfigurar las fuerzas productivas de la sociedad". No, uno dice: "Dónde diablos consigo trabajo hoy u otra forma de ganarme la vida". Y el modo de hacer eso lo define la necesidad que existe porque las relaciones de producción nos confrontan, a todos los individuos de la sociedad (inclusive a la burguesía, de modo concreto), como una fuerza externa, como una necesidad a la que hay que responder.

De modo que cada vez que una persona participa en la producción, entra en determinadas relaciones de producción, que no escoge a gusto, que han evolucionado históricamente y que en general corresponden al carácter de las fuerzas productivas, aunque eso da saltos revolucionarios y lo ha hecho a lo largo de la historia. Del mismo modo que la sociedad tiene una base económica; del mismo modo que existe un modo de producción y sus correspondientes relaciones de producción, existe también (sin ser deterministas y materialistas mecanicistas) una superestructura que corresponde aproximadamente a esa base económica, que surge de ella, aunque dicha superestructura de política, ideología y cultura tiene relativa autonomía y mucha iniciativa, y en ese campo se da mucha lucha.

Por ejemplo, en la sociedad comunal primitiva, dado el nivel y el carácter de las fuerzas productivas y el modo correspondiente de organizar la vida, si alguien dice: "oigan, organicen una partida de caza y vayan todos a cazar para mí", bueno, eso no funcionaría. Los demás dirían: "¡Vete al carajo! Muérete de hambre si quieres, pero aquí estamos organizados de otro modo". No se puede tener cualquier superestructura; no se pueden tener las leyes y costumbres que refuercen tal idea. No se pueden tener esas relaciones de producción, ni las leyes, las costumbres y la cultura que refuerzan y corresponden a la idea de que una persona puede hacer que todos los demás trabajen para ella.

Pero cuando la situación cambia y cuando corresponde al carácter de las fuerzas productivas de la sociedad dividirse en clases (que haya una gran brecha entre el trabajo físico y el trabajo intelectual, y entre las masas y una pequeña parte de la sociedad que monopoliza la vida económica, y también la vida cultural e intelectual), entonces existe una superestructura que expresa y refuerza eso. Esa clase de sociedad la conocemos muy bien. La sociedad esclavista, por ejemplo en la parte sur de Estados Unidos antes de la guerra de Secesión, tenía esa clase de superestructura y los dueños de esclavos se sentaban en los pórticos a tomar mint juleps y demás. La sociedad estaba organizada de un modo correspondiente. El otro día vi un programa de cazadores de esclavos en el History Channel. En el Sur hay blancos retrógrados que sacan la bandera de la Confederación y dicen: "No la saco porque representa la esclavitud, sino porque representa una forma de vida y una cultura". Bueno, ¿qué eran esa cultura y forma de vida? Como decía ese programa de TV, eran una forma de vida y una cultura basadas en la esclavitud; y después de la abolición de la esclavitud, basadas en la opresión de millones de aparceros a los que trataban como siervos; eran una forma de vida y una cultura impregnadas de supremacía de los blancos. Eso se reflejaba en la superestructura de política, ideología y cultura. El programa explicaba que en la época de la esclavitud, además de los capataces, toda la población blanca estaba organizada a fin de reforzar el sistema de esclavitud. A veces se oye decir: "Mi familia no tenía esclavos". No, ¡pero sí los perseguían! Eso es lo increíble: organizaban a los que no tenían esclavos a perseguir a los esclavos. Los organizaban en milicias; la organización de toda la sociedad blanca (con sus distintos estratos sociales) giraba en torno al eje central de la economía y las relaciones de producción, que era la esclavitud. El resto de las relaciones de producción se organizaba con relación a eso, aunque había contradicciones. Lo mismo sucedía con la superestructura: la política, la ideología y la cultura. Era una superestructura muy diferente a la de las sociedades comunales primitivas, donde antes de que se creara la base, inclusive en el ámbito económico, para que la esclavitud fuera lucrativa, no podía existir la correspondiente superestructura: una política, una cultura y una ideología que beneficiara, defendiera y reforzara la esclavitud. No se hubiera podido sostener.

Así es cómo tenemos que ver y aplicar la concepción materialista, una concepción materialista dialéctica de la historia que refleje y abarque toda su contradictoriedad y complejidad y que, por otra parte, destaque las fuerzas dinámicas, o contradicciones, esenciales que la impulsan. Por eso Mao dijo que los dogmáticos son perezosos. Los reformistas, o específicamente los dizque "comunistas" o "socialistas" que degeneran y caen en el reformismo, también son perezosos. Y las dos cosas, el reformismo y el dogmatismo, suelen ir de la mano. Porque hay que trabajar, hay que escarbar y buscar para identificar las contradicciones subyacentes que impulsan y definen el carácter y el movimiento del desarrollo de la sociedad.

Bueno, Marx nos dejó mucho trabajo, pero el mundo ha seguido cambiando. En general Marx estudió y escribió antes de la época del imperialismo, antes de que el sistema capitalista diera un salto a la fase imperialista y se monopolizara e internacionalizara mucho más, aunque en los tiempos de Marx ya iban en esa dirección ciertos aspectos. Marx nos dejó mucho trabajo y eso es importante. Recuerdo que, en los primeros tiempos de nuestro partido, los que estaban envueltos en economismo (embelesados con la "lucha práctica" de los obreros para mejorar sus condiciones en el sistema capitalista-imperialista) decían: "Ese Lenin no debió haber sido tan bueno si le dedicó tanto tiempo a escribir ¿Qué hacer?2 en vez de organizar a los obreros". [risas]Bueno, si dicen eso de Lenin, ¿qué decir de Marx? Pasó 11 años en la biblioteca del Museo Británico estudiando historia y economía a fin de dejar ese gran regalo que nos dio, que es la explicación materialista básica de la historia y del capitalismo. Se ha hecho mucho trabajo, pero es necesario continuarlo; hoy tenemos mucho trabajo por hacer. Tenemos que seguir indagando inclusive para entender lo que Marx nos enseñó, para entender las fundaciones que sentó Marx y ver cómo se aplican en la actualidad; para entender cuál es la raíz de lo que pasa en la sociedad y de su desarrollo histórico; para ver cómo se desenvuelve eso en un momento determinado. ¿Cuál es la dinámica de las contradicciones que se nos presentan y que tenemos que transformar; cómo se relacionan entre sí esas contradicciones? Por eso se necesita trabajo continuo. Es un trabajo arduo,muy arduo. Pero vale la pena y, más que eso, es por la emancipación de la humanidad de las relaciones de desigualdad, explotación y opresión.

Pero eso no lo harán perezosos ni se hará con idealismo filosófico: pensando que las ideas que tenemos en la cabeza (o en la mente de un dios u otro ser sobrenatural inexistente) son lo que determina el carácter de la realidad. No se hará con venganza; no se hará diciendo: "Es fácil decir que unos son ricos y otros son pobres, y ya está". Eso conduce al desastre y ha sido desastroso donde se ha aplicado; por ejemplo, luego voy a hablar un poco de Camboya y Pol Pot3. Lleva al desastre. Así no se puede diferenciar; no se pueden identificar las fuerzas motrices ni distinguir amigos de enemigos. Hoy vemos un fuerte fenómeno de populismo derechista, organizado por los sectores más abiertamente reaccionarios de la clase dominante, que busca generar resentimiento de la pequeña burguesía inferior, la aristocracia obrera y otros sectores de la clase trabajadora, definida ampliamente, hacia las personas que toman posiciones progresistas importantes: lo que llaman "liberales de limosina" de Hollywood, los "intelectuales estirados" de Nueva York y demás. Se necesita trabajo para investigar y entender qué dinámica y qué fuerzas están operando, qué tendencias están en marcha a partir de las contradicciones subyacentes, y cómo librar nuestra lucha para encaminarlos hacia donde deben ir, no en un sentido pragmático y estrecho, sino en un sentido histórico-mundial.

Captar a fondo el carácter motriz subyacente de estas contradicciones (entre las fuerzas y las relaciones de producción, y entre la base económica y la superestructura), captar cómo se relacionan entre sí e interpenetran, captar cómo se manifiestan en el mundo en determinado momento: esto es fundamental, es indispensable para poder dirigir una revolución del modo correcto. Esto es sumamente importante y agudo ahora. No se puede hacer sin ciencia. Y no se puede hacer con apenas un poquito de ciencia. Es cierto que no tenemos que saberlo todo antes de dar un paso. Hay una relación entre la teoría y la práctica; por eso también es valioso contar con toda la teoría que se ha elaborado por más de cien años, a partir de los descubrimientos de Marx. Por eso es valioso contar con la colectividad de un partido y de un movimiento comunista internacional. Cada individuo no tiene que hacer todo el trabajo por su cuenta cada vez empezando desde cero. Pero la práctica requiere que nos basemos en esta ciencia. También tenemos que manejar correctamente la dialéctica de teoría y práctica en el proceso. Y no ser perezosos, lo que tarde o temprano llevará al desastre, y en estos tiempos especialmente, no tardará.

Estas contradicciones entre las fuerzas y las relaciones de producción, y entre la base económica y la superestructura, son las contradicciones decisivas y determinantes de todas las sociedades (desde las sociedades comunales primitivas hasta las varias formas de la sociedad de clases), y también serán decisivas y determinantes en la sociedad comunista,aunque de un modo y en un contexto radicalmente distintos. Mao, con su estilo tan peculiar, hizo comentarios como este (reunidos en Mao espontáneo):¿No creen que en la sociedad comunista todavía habrá contradicción entre las fuerzas y las relaciones de producción, y entre la base económica y la superestructura? Yo sí lo creo. Dentro de 10,000 años, todavía continuará el proceso de reemplazar lo caduco por lo nuevo. Ahí se refería a esas fuerzas motrices. Nunca ha existido ni existirá una situación en que los seres humanos no tengan que contraer relaciones, de un modo u otro, para reproducir los artículos materiales necesarios para la vida, con el nivel de tecnología que sea. Y jamás existirá una situación en que la sociedad, no solo los individuos, no tenga que responder a una necesidad. Esto lo volveré a abordar varias veces.

Notas

1. Bob Avakian, Democracy: Can’t We Do Better Than That? (Chicago: Banner Press, 1986).

2. ¿Qué hacer? es una obra teórica crucial de V.I. Lenin, líder de la revolución rusa, en la que recalca que, dada la influencia y la fuerza de las ideas e instituciones dominantes de la sociedad capitalista, la lucha de los trabajadores explotados (o proletarios) y de los demás oprimidos en tal sociedad, por la fuerza de la espontaneidad, caerá continuamente bajo el control de la clase capitalista y sus representantes políticos, y se reducirá a reivindicaciones reformistas que dejan intactos el sistema capitalista y su red de explotación, opresión y represión. Lenin demostró que para llegar a ser una clase revolucionaria y luchar por acabar con toda la opresión, el proletariado necesita un partido de vanguardia que lleve a los proletarios y demás oprimidos la conciencia comunista a la que nunca puede llegar por medio de la lucha diaria para subsistir: el reconocimiento de la naturaleza explotadora y cabalmente opresiva de este sistema, de que no se puede reformar, y de la necesidad y posibilidad de una revolución para tumbar al sistema capitalista y crear el gobierno del proletariado, cuya misión es dirigir a las masas explotadas de la vieja sociedad y a amplios sectores populares (como los intelectuales y otros que han ocupado una "posición intermediaria") hacia la meta de acabar con toda la opresión y explotación, y todas las relaciones sociales de desigualdad, en particular la brecha entre el trabajo intelectual y físico (mental y manual) por todo el mundo, o sea, la meta del comunismo.

3. Bob Avakian habla de Camboya y de Pol Pot en otra parte de esta charla, que no forma parte de esta serie.

http://rwor.org/a/039/avakian-sobre-socialismo-communismo-pt2-s.htm

Necesidad y libertad

La esencia de una actitud idealista y utópica de lo que somos, y del comunismo, es que en el comunismo dejará de existir la necesidad. Es verdad que, en la sociedad comunista, en un mundo comunista, el carácter de la necesidad y la interrelación entre la necesidad y la manera de lidiar con ella serán radicalmente diferentes a hoy, pero persistirá la necesidad y será necesario transformarla. Persistirá el carácter de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción que en líneas generales corresponden a ellas. Habrá una base económica, habrá relaciones de producción y (sin ser mecanicistas, entendido en un sentido dialéctico, entendiendo que hay una autonomía e iniciativa relativas en la superestructura) habrá, en cualquier momento, una superestructura que más o menos corresponde a esas relaciones de producción. También persistirá el dinamismo de todo eso. Las fuerzas productivas se seguirán desarrollando, y eso continuará transformando las relaciones de producción, que pasarán de ser relativamente apropiadas para el desarrollo de las fuerzas productivas a ser trabas a dicho desarrollo, a tener el carácter y el efecto de trabas en vez de ser apropiadas para el desarrollo de las fuerzas productivas. Así es como se desenvuelve.

Y una vez más la superestructura entrará en conflicto con las nuevas relaciones de producción que se están desarrollando y se dará lucha para cambiar más la superestructura, de acuerdo con los cambios de las relaciones de producción, cambios que, a su vez, suscita el desarrollo de las fuerzas productivas. Eso seguirá inclusive en la sociedad comunista. Como dijo Mao, inclusive en 10,000 años (suponiendo que la humanidad dure todo ese tiempo y, en caso de que lo hayamos olvidado, nosotros tenemos algo que decir al respecto), seguirán existiendo las contradicciones subyacentes e impulsoras de la sociedad (entre las fuerzas y las relaciones de producción, y entre la base económica y la superestructura política e ideológica), con toda la complejidad que suscita y con todas las influencias de eso sobre las contradicciones subyacentes e impulsoras.

Esto se relaciona con el análisis materialista de la necesidad, y con la relación dialéctica entre necesidad y libertad: esa libertad que no busca evadir, ignorar, pasar por alto, ni simplemente saltar de un golpe por encima de la necesidad, sino que radica en hacerle frente a la necesidad y transformarla a partir de las contradicciones que residen dentro de ella, porque toda la realidad está compuesta de materia en movimiento y de contradicciones. Ese es el parte aguas fundamental entre idealismo y metafísica, de un lado, y materialismo y dialéctica marxista, del otro: entender la relación entre libertad y necesidad y dónde está situada la libertad con respecto a la necesidad, y arrancarle libertad a la necesidad.

Obviamente, esto se tiene que ver en toda su complejidad, no de una forma cruda y lineal. Pero teniendo eso en mente, es crucial entender que el avance de la sociedad continuamente consistirá en esto: hacerle frente a la necesidad y transformarla, sobre todo a nivel social, en lo que encontrarán su lugar los individuos, y no en un marco divorciado de eso o aparte de eso, o volando por encima de eso, como un caballo celestial que vuela por el firmamento, solo y libre (como decían en China), pretendiendo trascender la necesidad en la esfera individual: “Esa onda no me afecta a mí; no me importa lo que hagan en Irak; eso no tiene nada que ver conmigo”. Sí, sí tiene que ver, y si uno no lo reconoce ahora, lo reconocerá a la fuerza tarde o temprano porque todo esto está entrelazado y entretejido. Y si piensa que lo puede pasar por encima, la realidad se impondrá y demostrará, a veces de modo dramático, que no se puede hacer eso.

Este es un ejemplo que he citado muchas veces: uno no puede definir las palabras como quiera porque tienen un contexto social, un significado social, un significado que en cualquier momento dado ha evolucionado históricamente. Esto se relaciona con la epistemología (la teoría del conocimiento, de la verdad y de cómo los seres humanos conocen la verdad). En otras ocasiones he hablado de esto, por ejemplo cuando hablé de la definición de poder de Huey Newton, que es una definición instrumentalista: “el poder es la capacidad de definir los fenómenos y de hacerlos comportarse como uno desea”. No, definir un fenómeno como uno quiera no le da la capacidad de hacerlo comportarse como uno quiera. Un tipo saca un revólver y te dispara, y si, antes de que te llegue la bala tuvieras tiempo de decir “Esto que se me viene encima no es una bala, es una almohada, yo lo defino como una almohada”, de todos modos te daría duro. [risas] No deja de ser una bala.[risas]La necesidad te sigue haciendo frente y tú tienes que responder a esa necesidad (si tienes tiempo). Si puedes, corre y métete detrás de algo. [risas]Busca algo blindado, si puedes. No vas a lidiar con esa bala definiéndola como una almohada o un malvavisco. [risas]Eso es fundamentalmente incorrecto.

El poder en realidad radica en la capacidad de entender correctamente los fenómenos y la necesidad objetivos y detransformarlos,transformarlos del modo que en realidad se pueden transformar, que está lleno de contradicción; por lo tanto no hay un solo modo siempre, ni la mayoría de las veces ni en general. Hay varios modos de transformar algo conforme a las contradicciones que lo definen, pero no se puede transformar de un modo que no tiene relación con las contradicciones que lo definen y lo impulsan. Por eso digo que no se puede transformar una bala en una almohada o un malvavisco simplemente con definirla así.

Otro ejemplo muy común ahora y muy polémico es cuando, en especial los negros, dicen: “Voy a definir la palabra ‘nigger’[una palabra despectiva racista—Nota del traductor] como ‘mi amigo, mi cuate’”. No. Esa palabra quiere decir otras cosas. Uno no tiene la capacidad de cambiar la definición porque, al igual que la bala, se ha definido histórica y socialmente de cierto modo, y simplemente desear que quiera decir otra cosa no cambia el significado. Dentro de muchísimos años, cuando la humanidad haya dejado atrás la clase de sociedad en que existe la opresión de pueblos enteros, junto con otras formas de opresión y explotación, puede que la palabra “nigger” no tenga ese significado o que signifique algo completamente distinto. Pero ahora, en esta etapa de la historia, en el mundo de hoy, su significado se ha definido por las relaciones sociales opresivas establecidas históricamente, de las cuales esa palabra es una expresión. Para lidiar con lo que significa y con todo lo que está detrás de esa palabra, hay que afrontarla como es, conforme al significado establecido social e históricamente... hasta que transformemos radicalmente las relaciones sociales que expresa.

Necesidad y accidente, causalidad y contingencia

Aquí entra también la relación entre necesidad y accidente, o entre causalidad y contingencia. En el desarrollo histórico de los seres humanos y de la sociedad humana (y su interacción con el resto de la naturaleza) no ha habido, no hay, caminos predeterminados. Pero, repito, a lo largo de ese proceso, esa continua interacción de la necesidad y la libertad ―y sí, de la causalidad y la contingencia (o necesidad y accidente) y su interrelación dialéctica― se ha dado una cierta “conexión” en la historia. Esa conexión nos ha llevado al umbral donde es posible (no inevitable, pero posible) dar el salto al comunismo.

Como he dicho, la causalidad y la contingencia, o la necesidad y el accidente, como todo, son una unidad de contrarios. Y como decía Mao sobre lo universal y lo particular, lo que en un contexto es causalidad, es accidente en otro, o contingencia en otro (y viceversa). He dado este ejemplo: ¿por qué Colón acabó en las Américas pensando que iba a otra parte? En un contexto, por ejemplo en el marco de los pueblos que tuvieron el infortunio de que Colón llegara a sus tierras, con los sucesos subsiguientes, eso fue un accidente, porque él planeaba ir a otra parte y porque su llegada no se debió a la dinámica interna de las sociedades de las Américas en esa época. De modo que para los pueblos de la región fue un accidente. Y en otro nivel fue un accidente porque Colón quería ir a otra parte. ¿Pero fue enteramente un accidente? No. Obviamente, llegó adonde llegó por ciertas causas y razones; por ejemplo, por los vientos, por su falta de conocimientos de ciertos asuntos y demás. Cada una de esas cosas a su vez se puede dividir en necesidad y accidente (o causalidad y contingencia). Cada cosa se puede dividir en sus aspectos contradictorios.

Pero en cada momento una cosa tiene un aspecto principal y ese aspecto principal le da identidad relativa, aunque haya movimiento y cambio. La sociedad capitalista, por ejemplo, encierra dentro de sí el futuro de la sociedad socialista, representado en el aspecto político y de la lucha de clases por el proletariado, y en el aspecto de producción por la socialización de la producción. Pero la sociedad capitalista todavía se define por el hecho de que las relaciones de producción y la superestructura arriba de eso son capitalistas. Así que es contradictorio, pero el aspecto principal le da la esencia que lo define, relativamente;digo relativamente en el sentido de que existe en el marco general de otras contradicciones en el mundo, y relativamente en el sentido de que en sí está lleno de contradicción, movimiento y desarrollo, y esos aspectos del futuro también se hacen sentir en medio de eso, en contradicción con el carácter capitalista esencial.

Tenemos que ver todo, entonces, en función del movimiento y desarrollo de las contradicciones, y no en términos estáticos. Tenemos que dejar atrás las concepciones metafísicas y en última instancia religiosas o prácticamente religiosas de los fenómenos del mundo y en particular de la sociedad humana y su desarrollo histórico. Como dije, no ha habido caminos predeterminados de desarrollo histórico de los seres humanos y la sociedad humana. Se han podido dar fenómenos (accidentes en un aspecto) que hubieran podido aplastar a los seres humanos antes de que se afianzaran, o después, y todavía se pueden dar. Sin embargo, hasta la fecha no ha sucedido. Del mismo modo, la sociedad humana no estaba predestinada a encaminarse al comunismo, pero por medio de su desarrollo complejo y contradictorio ha llegado al umbral de eso, donde la contradicción entre la producción socializada y la apropiación privada (la contradicción característica del capitalismo, que fundamentalmente lo define) se reafirma más y más agudamente.

Conexión, restricciones y transformación

Como señaló Marx, entonces, la historia humana tiene cierta conexión. Cada generación hereda las condiciones materiales y las correspondientes relaciones sociales y superestructura política e ideológica de las generaciones previas (del desarrollo previo de la sociedad), que se han forjado tanto mediante la acumulación de cambios parciales como mediante saltos revolucionarios conducentes a cambios radicales. No se trata solo de cambios mediante acumulación gradual; también se han dado cambios radicales con saltos revolucionarios. Otro punto muy importante es que los cambios, ya sean cuantitativos o cualitativos, ya sean parciales o revolucionarios, se producen sobre los cimientos de las condiciones materiales existentes, y en particular las fuerzas productivas existentes; inclusive los cambios revolucionarios, y lo que suscitan, están condicionados por la base de la que surgen.

Una importante ponencia de un camarada dirigente del partido habla de esto, de la relación entre restricciones y transformación: que en la historia natural de la evolución a lo largo de miles de millones de años (y en la evolución social y en la evolución histórica de la sociedad humana) surgen cosas a partir de las restricciones, y de la transformación de las restricciones, que existen en un momento dado. Esto se relaciona con el punto de que, en la sociedad humana, cada generación confronta el carácter de la sociedad (basado en las fuerzas productivas y las relaciones de producción que corresponden más o menos a esas fuerzas productivas) como algo externo, como necesidad. Otro punto relacionado es de dónde viene esa necesidad, esas condiciones materiales, cómo se han desarrollado (y se siguen desarrollando) mediante un proceso muy complejo y contradictorio, y no en una marcha en línea recta predeterminada y predestinada. Así es como se desenvuelve esto.

Por eso Marx dijo que en las primeras etapas del avance al comunismo (mejor dicho, en la sociedad socialista bajo la dictadura del proletariado) persisten los “sellos del capitalismo”. Esos “sellos del capitalismo” existen en la sociedad socialista porque esta surge de la matriz del capitalismo y solo puede surgir de ahí. En contraposición a lo que piensan, o desean, los anarquistas y los utópicos, en la realidad uno no puede decir: “Tracemos la sociedad ideal y arranquemos de ahí. ¿Para qué tener líderes? ¿Para qué tener estado? Eso es crear los problemas que queremos eliminar. ¿Por qué no ideamos una sociedad que no tenga nada de eso?”. Bueno, cualquier puede idearla. Eso es fácil. Basta con fumar un poco de mota o algo por el estilo [risas] y uno puede idear montones de cosas [risas], inclusive cosas buenas. Pero eso no nos lleva adonde tenemos que ir. Hay que partir de donde estamos hacia lo que es posible transformando la necesidad que nos confronta continuamente y la nueva necesidad que surge, las nuevas restricciones que se forman al transformar la vieja necesidad, las viejas restricciones. No se puede pensar a priori (antes de examinar la realidad y, es más, divorciado de ella) en la clase de sociedad que uno quisiera, superponerla a la realidad y tratar de crear lo ideal así. Eso es completo idealismo filosófico (pensar que las ideas son lo que determina la realidad material, que la realidad material es meramente una extensión de las ideas o que las ideas pueden, de por sí, crear o cambiar la realidad). Eso no tiene nada que ver con cambiar la realidad en la práctica ni, en particular, con transformar la sociedad y avanzar hacia donde la sociedad puede ir (no adonde tiene que ir, pero adonde puede ir): al comunismo.

Cuando la revolución crea una sociedad socialista, lleva los “sellos” del capitalismo. Lenin dijo: no hacemos la revolución con personas como nos gustaría que fueran;hacemos la revolución con las personas como son.Es cierto que al hacer la revolución, en el primer salto, al vencer la primera cuesta, al librar la lucha por la toma del poder y tomar el poder, la gente pasa por un cambio radical. Pero todavía no es la gente “ideal”. Además, como explicaré más adelante cuando hable del “paracaídas”1, ese cambio no es para siempre, “irrevocable”, se puede deshacer. Se dice que la situación no puede volver atrás, que la gente no puede volver a ser lo que era antes de la revolución. Bueno, como nos han enseñado las duras lecciones de la historia, si es que no lo sabíamos antes, eso no es cierto. Se hace la revolución con la gente como es en un momento dado, y ahí también se transforma la necesidad en libertad.

Así que no hay un “proceso ordenado y rígido” que ha llevado de una etapa de la sociedad a la siguiente (del comunismo primitivo, a la esclavitud, al feudalismo, al capitalismo y al socialismo, y luego al comunismo). No hay un “gran vals de la historia” (un, dos, tres; un, dos tres) ni un “minué feudal” ordenado y delicado, que se ha desenvuelto a medida que la sociedad ha avanzado inevitablemente hacia el comunismo. No hay un “proceso general” que lleva inevitablemente al comunismo. Tenemos que combatir las tendencias a pensar de esa manera (eso fue marcado en Stalin, por ejemplo), lo que raya en lo religioso (o entra directamente en ese terreno). Pero el desarrollo histórico humano, con toda su complejidad y diversidad, a lo largo y ancho del mundo, a lo largo de miles de años, efectivamente (aunque no deliberadamente) ha sentado las bases y ha hecho posible (no inevitable, posible) el salto histórico mundial al comunismo. Ha llevado el mundo a una situación en que está más entrelazado que nunca, y en que el capitalismo y su contradicción fundamental es el aspecto determinante de la sociedad humana en el mundo entero y en todas las partes del mundo, en que esa contradicción se manifiesta cada vez de modo más pronunciado y extremo; en que se está agudizando más el conflicto entre las fuerzas y las relaciones de producción, y entre la base y la superestructura características del capitalismo; en que la necesidad de resolver esta contradicción fundamental por medio de la revolución proletaria en países particulares y en última instancia en todo el mundo se está reafirmando con más y más fuerza. Pero para lograr esa transformación revolucionaria se necesita el factor subjetivo, las fuerzas revolucionarias conscientes, para dirigir a las masas a cambiar la realidad de conformidad con esa necesidad por medio de una lucha desgarradora y resuelta.

Expresiones grotescas y extremas de la contradicción fundamental del capitalismo

¿Cuál es la contradicción fundamental del capitalismo? ¿Cuál es la forma particular en la que se manifiestan en la era del capitalismo las contradicciones básicas de toda sociedad humana (entre las fuerzas y relaciones de producción, y entre la base económica y la superestructura política e ideológica)? Es la contradicción entre la producción socializada y la apropiación privada. Esta es la contradicción fundamental que define e impulsa el capitalismo y la época en la que el capitalismo aún domina el mundo. Y si se quiere ver un fenómeno extremo y grotesco, un ejemplo de cómo la contradicción fundamental del capitalismo, entre la producción socializada y la apropiación privada, está asumiendo una forma extrema, perversa y grotesca hoy, hay que ver quién es el presidente de Estados Unidos en este momento [risas]. Una persona que insiste en pronunciar la palabra “nuclear” como “nu-cu-lar” (a pesar de haber asistido a prestigiosas escuelas y universidades y de que seguramente podría pronunciar bien esa palabra). ¿Por qué digo que esta es una expresión extrema y grotesca de la contradicción fundamental del capitalismo? Porque este es el hombre que tiene el dedo en el gatillo “nu-cu-lar”. ¿Y qué es esto sino una expresión en la superestructura de la contradicción (para usar términos coloquiales) entre la vasta tecnología que han producido millones de personas de manera colectiva, y el hecho de que todo esto está bajo el dominio, el control y la bota aplastante de un puñado de personas en unos cuantos países, gobernados por una estructura de poder político que ha presentado a este monstruo como su presidente? En este mundo de hoy no se puede pedir una expresión más grotesca de la contradicción fundamental del capitalismo, entre la producción socializada y la apropiación privada.

Ahora bien, si les decimos a las masas: “La contradicción fundamental que tenemos hoy en día es la producción socializadaversus la apropiación privada”, lo más probable y lo más natural es que nos respondan: “¿De qué demonios estás hablando?”. A lo cual les podemos responder sencillamente: “George Bush: de eso es de lo que estoy hablando”.[risas]Después, por supuesto, tenemos que explicar el significado de todo esto. Y esto implica bastante trabajo. Pero es la realidad; sin embargo, no se ve así a simple vista, inclusive los comunistas no lo vemos así a simple vista. Sin embargo, esto no es más que una expresión extrema, perversa y grotesca (solamente una, pero una expresión en extremo grotesca y perversa de la contradicción fundamental del capitalismo): que en la superestructura, a partir de la apropiación privada de la producción socializada, eso es lo que se presenta como el líder político del “mundo libre”.

Y, repito, si se desea una manera más generalizada de ver esto (que es exasperante en un sentido más general, que es una contradicción garrafal y exasperante), fijémonos en el hecho de que este tipo es el que tiene el dedo en el botón “nu-cu-lar”, y en términos más generales, fijémonos en el hecho de que esta clase dominante de Estados Unidos, más que ninguna otra clase dominante, ha amasado un enorme poder militar para reforzar su sistema. Esto no es más que una expresión de la contradicción fundamental del capitalismo y del movimiento y desarrollo en el mundo actual de la contradicción entre las fuerzas y relaciones de producción y entre la base y la superestructura. Para desglosar esto necesitamos plantear las preguntas: ¿Cómo hacen esto? ¿De dónde viene este poder militar? Las respuestas de ambas preguntas están en el desarrollo histórico del capitalismo en Estados Unidos. Y sabemos cómo ha sido todo esto: libraron guerras, exterminaron a millones de personas, secuestraron esclavos y los pusieron a trabajar (una vez más, con un tira y afloje entre la superestructura y la base), conquistaron un territorio en América del Norte, amasaron una tremenda fortuna y extendieron sus tentáculos hacia todo el mundo en oleadas y cada vez más profundamente. Y, literalmente, exprimiéndole la vida a pueblos por todo del mundo, han amasado una enorme fortuna y pueden destinar una parte significativa de esa fortuna para emplear científicos que inventen armas, para producirlas, y para entrenar y formar un ejército que utilice esas armas. El hecho de que puedan hacer eso y reforzar así su supremacía sobre los mismos pueblos que han proporcionado la fundación material con la cual se ha construido este sistema, no es más que una expresión grotesca y exasperante de la contradicción fundamental del capitalismo. Es una expresión extrema y exasperante de la contradicción fundamental del capitalismo y, de manera más general, de la contradicción entre las fuerzas y relaciones de producción, y entre la base económica y la superestructura.

Ahora bien, por supuesto, la gente no ve esto así a simple vista [risas]. Y como dije, los que entendemos básicamente la naturaleza del capitalismo, sus consecuencias y lo que significa para los pueblos del mundo, tampoco entendemos a simple vista de lleno cómo todo esto se desprende de la contradicción fundamental del capitalismo; comprender esto implica mucho trabajo. Y para que las masas lo puedan entender, no se puede explicar como lo acabo de hacer. Pero hay maneras de traducir esto en términos populares para que la gente aprenda cómo es el mundo, cómo se mueve y cómo cambia, y cuál es su papel en eso. Eso es lo que tenemos que hacer a través de nuestro periódico Revolución y en general. Esa es una de las cosas más esenciales que debemos hacer: llevar esto a las masas para que cuando luchen, mientras luchen, y mientras los organizamos para que luchen, comprendan más y más conscientemente hacia dónde tiene que ir esta lucha, cuál es el problema y cuál es la solución, cuáles son sus raíces y hacia dónde va, y por qué tenemos que luchar de cierta manera para llevar la lucha hacia donde necesita ir, para rebasar todo esto.

Las dos formas de movimiento de la contradicción fundamental del capitalismo

Si examinamos la contradicción fundamental del capitalismo, entre la producción socializada y la apropiación privada, llegamos a las dos formas de movimiento de esta contradicción, o las dos expresiones de esta contradicción. Hace 25 años, cuando hicimos el análisis de que la principal contradicción del mundo era entre los dos campos imperialistas (uno dirigido por Estados Unidos y el otro por la Unión Soviética, que en ese entonces aún se escondía detrás de la máscara del “socialismo”, pero en realidad era una potencia imperialista con un sistema de capitalismo de estado), causó mucha polémica en el movimiento comunista internacional; y por esa razón, pero principalmente porque necesitamos entender el mundo en su dinámica y en su movimiento y desarrollo concretos, nos adentramos en el problema de discernir no solo cuál es la contradicción fundamental de esta era y cuál era la contradicción principal en ese momento, sino cómo se debe abordar todo el tema y cómo se llega a la determinación correcta de cuál es la contradicción fundamental y cuál es la contradicción principal del mundo. Y esto fue, como dije, polémico en el movimiento comunista internacional porque mucha gente se quedó atorada en la formulación que salió de China a mediados de los años 60, que decía que la principal contradicción del mundo era esencialmente entre el tercer mundo y el imperialismo (o entre las naciones oprimidas y el imperialismo). Esta es otra de esas cosas donde se pensaba que no había nada que discutir ni debatir: “¿Cuál es la pregunta? La principal contradicción en el mundo es la de las naciones oprimidas versus el imperialismo; ya está. Atendamos el siguiente asunto”.

Pero el mundo no está detenido; el mundo se mueve y cambia. Incluso cuando no queremos verlo y cambiarlo conscientemente, se mueve y cambia; de hecho cambia más caóticamente cuando no actuamos de manera consciente y cuando no tenemos la intención de cambiarlo. De manera que al retomar la pregunta de cuál era la principal contradicción del mundo en esa época (a principios de 1980), tuvimos que adentrarnos en lo siguiente: cómo se llega a los cimientos materiales de esto, cómo se comprende esto de una manera materialista y no de manera metafísica, como una “doxología” cristiana o algún conjuro religioso: “así es, así ha sido siempre y así será, amén”. O, para decirlo en términos más comunistas: “así es como era cuando me metí a revolucionario, así es como es, ¿por qué la discusión?”. No. El mundo se mueve y cambia.

De manera que tuvimos que adentrarnos aún más, y descubrimos el análisis de Engels donde discute esencialmente la contradicción fundamental del capitalismo y su desarrollo; y Engels identificó estas dos expresiones, o dos formas de movimiento, de esta contradicción fundamental: por un lado la contradicción, en términos de lucha de clase, entre el proletariado y la burguesía; y por otro lado, la contradicción entre la organización y la anarquía: la organización y planeación en una empresa en particular, o en una rama particular de la economía, versus la anarquía general que fluye de la naturaleza básica de la producción e intercambio de mercancías, que en la sociedad capitalista se generaliza hasta incluir la fuerza laboral como una mercancía (vender el trabajo a cambio de un salario, pero esencialmente, vender la capacidad de trabajo a cambio de un salario).

De manera que vimos cómo Engels identificó estas dos formas de movimiento. Y después, partiendo de ese análisis básico, propusimos algo que sí fue muy controvertido. Dijimos que en general en esta época de la historia, de estas dos formas de movimiento o expresiones de la contradicción fundamental del capitalismo, el principal aspecto es la anarquía/organización (o forma de movimiento o expresión de la contradicción fundamental del capitalismo). ¡- Zácatelas! Entonces mucha gente del movimiento comunista internacional dijo: “¿Cómo así? Si dicen eso, están despojando al pueblo de su propia iniciativa. ¿Qué puede hacer el pueblo acerca de la contradicción anarquía/organización-? El pueblo puede librar una lucha de clases, pero ¿cómo puede lidiar con la contradicción anarquía/organización?”.

Y esto ahora se vincula con lo que he estado hablando hasta ahora. ¿Qué significa librar una lucha? Significa transformar la necesidad. La lucha de clases consiste en transformar la necesidad. La lucha por la producción consiste en transformar la realidad material o necesidad. Obtener conocimiento significa transformar la necesidad en libertad o en conocimiento. Todo consiste en transformar la necesidad en libertad y luego confrontar (y necesitar transformar) una nueva necesidad para hacerlo. Así que para librar la lucha de clases de la manera más potente y profunda, tenemos que entender cuál es la necesidad a la que nos enfrentamos. ¿Cuál es la realidad material que nos confronta, y de dónde viene esa realidad material?, para decirlo en términos sencillos.

Pudimos establecer que, dado el carácter del capitalismo, como sistema generalizado de producción de mercancías, la contradicción anarquía/organización es la principal forma de movimiento, o expresión principal, de la contradicción fundamental del capitalismo entre la producción socializada y la apropiación privada. Sí, estamos ante el capitalismo en su fase imperialista, donde hay más monopolización y más planificación en una escala mayor; pero, como indicó Lenin, eso lo que hace es tomar la contradicción entre las fuerzas y las relaciones de producción, entre la producción socializada y la apropiación privada, y específicamente entre la planificación y la anarquía (o organización/anarquía), y elevarla a un nivel más alto y más agudo, y diseminarla más por todo el mundo. De modo que, como hemos dicho, la fuerza impulsora de la anarquía (una fuerza impulsora inherente al movimiento de la producción e intercambio de mercancías) es la que desempeña el papel principal en el desenvolvimiento de la contradicción fundamental del capitalismo en el mundo. Bueno, como hemos recalcado, esto es algo muy dialéctico, algo en movimiento y en interconexión e interpenetración con otras cosas del mundo, específicamente con la otra forma de expresión (o forma de movimiento) de la contradicción fundamental del capitalismo, o sea, la lucha de clases. La lucha de clases, esencialmente entre el proletariado y la burguesía, por supuesto es muy importante y afecta el movimiento de la contradicción anarquía/organización. En la presentación de “Pongamos las cosas en claro” de Raymond Lotta, se señala que cuando la revolución rusa arrancó un sexto del territorio del mundo de las manos de los imperialistas, eso les presentó una nueva necesidad. Y eso afectó el movimiento general de la contradicción anarquía/organización y el desenvolvimiento de la contradicción fundamental en el mundo de un modo muy importante. Con ese enorme cambio en el mundo, la superestructura, y en particular la lucha de clases por la conquista del poder político en el campo de la superestructura, a su vez tuvo un profundo efecto sobre las contradicciones, las contradicciones subyacentes del capitalismo, y sobre la fuerza impulsora de la anarquía, o la contradicción anarquía/organización y su desenvolvimiento. En general hay un tira y afloje dialéctico (interacción mutua e influencia mutua) entre el desarrollo de la lucha de clases (como una forma del movimiento de la contradicción fundamental del capitalismo y de la era en que el capitalismo aún domina el mundo) y el movimiento de la contradicción anarquía/organización (la otra forma de movimiento de la contradicción fundamental del capitalismo).

Pero nuestro análisis fue, y es, de modo correcto e importante, que de toda esa complejidad, la principal fuerza impulsora en el desenvolvimiento de esta contradicción fundamental es la anarquía. Bueno, si, por ejemplo, tres cuartas partes del mundo fueran socialistas, eso probablemente cambiaría (no quiero establecer “hitos cuantitativos” definidos, un punto en que la correlación cambiaría, sino indicar, una vez más, que esto no es estático sino que cambia y cambiará con los grandes cambios del mundo y en particular con los cambios que opere la lucha revolucionaria; o, en un sentido amplio, no estrecho, la lucha de clases). Pero suponiendo que avanzamos al comunismo, en algún momento la planificación y el manejo consciente de la economía que se aplicarán cada vez más a la organización social humana tendrán un efecto mucho más profundo a nivel mundial que la restante anarquía de la producción capitalista… aunque el socialismo, dicho sea de paso, no eliminará totalmente la anarquía en otro sentido. Inclusive en la sociedad socialista (y, en realidad, en la sociedad comunista) habrá formas de lo que podríamos llamar anarquía. No la anarquía que se desprende de la producción e intercambio de mercancías, sino la “anarquía” de la necesidad que se impone. Por supuesto que se dará en un marco cualitativamente diferente y tendrá un significado y contenido cualitativamente diferente. Pero en el mundo de hoy, la fuerza impulsora de la anarquía es lo que principalmente define el terreno, las condiciones objetivas, inclusive para la lucha revolucionaria de varias formas.

Veamos lo que ha hecho y está haciendo la globalización. Es cierto que la globalización se ha podido desarrollar a causa de sucesos políticos, también: la restauración del capitalismo en China cuando la lucha de clases dio un giro negativo; los cambios políticos de la forma del gobierno burgués (no de la naturaleza de clase) en lo que fue la Unión Soviética y su imperio, lo que a su vez ha afectado la globalización. Pero en este proceso general de tira y afloje, lo que más define y determina lo que pasa en el mundo es la globalización, con todo lo que expresa y tiene ligado. ¿Por qué se están desplazando tantos campesinos a la ciudad? ¿Por qué han sacado de su tierra a millones de campesinos de Brasil y México, y en general del tercer mundo, en las últimas décadas? No es principalmente debido a la lucha de clases (aunque, donde ha habido guerras revolucionarias, esto puede haberlo intensificado), sino esencialmente debido a los mecanismos del capitalismo, a la fuerza motriz e impulsora de la anarquía. ¿Por qué tanta gente emigra a otras partes del mundo? ¿Por qué los filipinos trabajan en Arabia Saudita o Kuwait? ¿Por qué los salvadoreños trabajan en Estados Unidos? ¿Por qué los sudasiáticos terminan en Canadá? La fuerza motriz e impulsora de la anarquía es la que principalmente los lanza a otras partes del mundo y la que desplaza a cientos de millones de campesinos a las ciudades.

El movimiento contradictorio, y el dinamismo, del capitalismo

De modo que debido a sus contradicciones básicas y a su “naturaleza inherente”, el movimiento del capital, como lo he señalado, simultáneamente da origen a tendencias de concentración y centralización del capital (tendencias a que se conglomere en combinaciones y agregados de capital cada vez más grandes, a monopolizarse más, por así decirlo) y a tendencias de división y reconstitución en diferentes agregados de capital. Esta contradicción se presenta constantemente: la tendencia del capital a combinarse y centralizarse más y más y, por el otro lado, la tendencia del capital a dividirse y reconstituirse, a menudo en agregados mayores. Si miramos este fenómeno de monopolización y centralización versus su contrario (la división y reconstitución), otra forma de decirlo es que hay una contradicción entre la centralización y monopolización del capital versus el hecho de que el capital siempre existe como muchos capitales.Vale la pena examinar un poco esto.

Por ejemplo, en las últimas décadas varias compañías de aviación nacionales e internacionales han quebrado y otras se han reorganizado. Capital “externo” se ha apropiado de esas compañías y las ha reorganizado. Parte del capital que estaba invertido en esas compañías lo sacaron de ahí y lo reinvirtieron por aquí y por allá, en otras partes de la economía estadounidense y mundial. Si uno pudiera pegarle banderitas autoadhesivas a ese capital, vería que está por todo el mundo. Si uno escribiera “compañía de aviación” en las banderitas y les siguiera la pista, vería que el capital antes invertido en una compañía de aviación ahora está regado por toda la economía de Estados Unidos y del mundo. O sea, el capital que estaba agregado de esa forma se dividió y se volvió a reunir con otro capital en nuevas formaciones, porque es más lucrativo hacer eso. Esto es una manifestación de la fuerza motriz e impulsora de la anarquía: esencialmente debido a esa fuerza, el capital que estaba invertido en las compañías aéreas va a otras partes.

Otro ejemplo es la TV y la TV por cable. Había tres grandes cadenas, propiedad de grandes agregados de capital, como General Electric y otros. De repente, entra en escena Murdoch, que acumula capital y crea un imperio, un imperio de medios de comunicación, en Australia, y entra a los medios de Estados Unidos con Fox: la red de noticias Fox compite con CNN y con las tres grandes cadenas por los programas de las horas de máxima audiencia. Además de eso, está la TV por cable: HBO tiene programas como los “Sopranos”, “Deadwood” y otras cosas con un atractivo: que se pueden decir palabras fuertes.[risas]Ahí está “Deadwood”; ese programa no se podría pasar en las cadenas en las horas de máxima audiencia porque el diálogo es una sarta de groserías. El caso es que los capitalistas están entrando en la esfera de TV por cable a “llenar cierto vacío”. En parte, esto es una manifestación de cómo se desarrolla nueva tecnología que hace posible y facilita la reconfiguración del capital. Ahora la TV por cable compite con la TV de las cadenas en todas las esferas.

Otras grandes compañías han cerrado o eliminado líneas enteras de producción. Por ejemplo, cuando yo era niño, la compañía Kaiser no solo tenía servicios de salud; también tenía un automóvil llamado el Kaiser (no me refiero al jefe de estado alemán, sino a un auto). Pero quebró y ese capital pasó a otra parte. Las compañías de autos se redujeron a un grupo más pequeño. Una era American Motors, en Milwaukee y otras partes, que fabricaba el Nash Rambler; eso desapareció. Las compañías de autos de Estados Unidos se redujeron y el capital se consolidó. Luego llegaron otras amalgamaciones internacionales de capital, como con Chrysler ahora. En Italia, Japón y otras partes hay enormes agregados de capital en la industria automotriz que compiten con las corporaciones estadounidenses. En todo esto ha aumentado la dimensión internacional y la competencia internacional; a la vez, gran parte del capital de diferentes países está cada vez más interconectado y entrelazado. Varias de las corporaciones que han cerrado tenían millones y millones de dólares de capital. No desapareció todo; se fue a otras partes. Una parte quebró, pero otra parte la sacaron y la mandaron a otras partes.

Por otro lado, pensemos en uno de los símbolos o paradigmas o emblemas de capital poderoso hoy: Microsoft. Hace unas pocas décadas no existía. Pero el capital se desplazó a ese campo cuando la nueva tecnología lo hizo posible, y ahora Microsoft tiene un enorme agregado de capital.

Como hemos indicado (es importante reconocerlo y recalcarlo), el capitalismo es un sistema dinámico. El capitalismo siempre tiende a agregarse, concentrarse y centralizarse, a monopolizarse más y más, así como a dividirse y reconfigurarse, a menudo en mayores agregados de capital. Esencialmente, lo que impulsa esto es la dinámica de la fuerza impulsora de la anarquía.

Esto lo vimos cuando nos pusimos a analizar la Unión Soviética. Antes de que nos hicieran el favor de proclamar abiertamente que eran burgueses (antes de que a Gorbachov se le salieran las riendas de las manos) hubo un gran debate sobre el carácter de la Unión Soviética, sobre si era socialista. Nosotros participamos en un debate importante a principios de los años 80 centrado en la pregunta: La Unión Soviética: ¿socialista o socialimperialista? Nuestro partido (y su precursor, la Unión Revolucionaria) en general ha tomado la posición del Partido Comunista de China, que identificó a la Unión Soviética como socialimperialista: socialista de palabra e imperialista en la práctica y en esencia. Pero fuimos e hicimos lo que, francamente, mucha gente no hace, especialmente ahora; dijimos: “bueno, como esto es lo que decimos, más vale que lo analicemos más a fondo a ver si es verdad”. [risas]Y nos pusimos a analizarlo: la Unión Revolucionaria sacó el folleto Red Papers 7,que empezó el análisis; y el partido (después de su fundación en 1975) elaboró más ese análisis en el contexto del debate sobre socialismo o socialimperialismo. Un miembro del Communist Labor Party, Jonathan Arthur, escribió en un artículo en los años 70 que el socialismo no puede dar marcha atrás y volver al capitalismo; que una vez nacido, el niño no puede volver al útero materno. [risas]Esto prueba, de nuevo (volviendo al desacuerdo con la formulación de Huey Newton) que uno puede definir los fenómenos de determinada manera, pero eso no hará que se comporten como uno quiere si la definición no corresponde a lo que en realidad son. La Unión Soviética en realidad era socialimperialismo, y eso se impuso. Así que, con todo y la mala analogía, un país que fue socialista volvió al capitalismo.

Pero cuando analizamos esto en ese tiempo, antes de que estuviera a la vista irrefutablemente (antes de Gorbachov y de lo que él puso en marcha), nos pusimos a analizar a fondo cuál era la naturaleza de la sociedad soviética: ¿era realmente una sociedad capitalista y, si era así, cómo funcionaba? Lo que encontramos fue el fenómeno de que efectivamente había capitalismo de estado, con un muy alto grado de monopolización del capital, pero continuamente se dividía en muchos capitales. Distintos agregados de asociaciones políticas, en ministerios, organismos directivos, consejos regionales, etc., se estaban volviendo capitalistas y convirtiendo en capital las finanzas y recursos que tenían a su cargo, en competencia con otros centros de capital que se estaban formando en otros ministerios, regiones o divisiones de la economía. Así que partiendo de un análisis materialista (y dialéctico) de la sociedad, y específicamente de lo que pasó en la Unión Soviética, pudimos captar más profundamente que cuando la ley del valor y “la ganancia al mando” pasaron a ser los principios centrales de la economía de esa sociedad (lo que dio el primer paso, hacia atrás, con el ascenso al poder de Jruschov en 1957, y continuó a mediados de los años 60 con Kosygin y Breshnev), aunque fuera capitalismo de estado, la fuerza impulsora de la anarquía se impuso de nuevo como la fuerza esencial que dirigía y determinaba la economía, la sociedad y su papel en el mundo.

La anarquía del capitalismo y la falsa ilusión de paz y cambio pacífico en el imperialismo

Lo que opera aquí, lo que impulsa las cosas, es la fuerza impulsora de la anarquía. Por esa razón básica la teoría del "ultraimperialismo" de Kautsky2 es incorrecta: la noción de que los imperialistas pueden ponerse de acuerdo para repartirse el mundo pacíficamente. Bueno, es cierto que, especialmente con las fuerzas destructivas que los imperialistas tienen hoy —a partir de las fuerzas productivas que comandan (los recursos, la tecnología y las masas con su conocimiento y capacidades)—, con la fuerza militar que tienen y en especial con las armas nucleares (casi digo “nu-cu-lar”) [risas],en las últimas décadas cuando la rivalidad entre los imperialistas ha llegado a guerras han sido “guerras de sustitutos” (en que ciertos estados u otras fuerzas actúan como sustitutos, o esencialmente los instrumentos, de los imperialistas, en vez de que estos peleen directamente). Pero de todas formas la rivalidad entre los imperialistas ha producido muchas guerras. Además, tampoco ha sido posible mantener un cierto orden o acuerdo en la superestructura, ni en la base económica, porque la fuerza impulsora de la anarquía se impone continuamente de manera desigual y como oportunidades para que unos aventajen y aplasten a los otros en la competencia y rivalidad capitalista. Por eso básicamente no pueden “ordenar” el mundo y repartírselo pacíficamente, aunque las armas nucleares les pongan restricciones. Y, a propósito, el hecho de que hasta ahora se ha evitado una guerra nuclear no quiere decir que se evitará para siempre; no debemos caer en esa noción metafísica (casi religiosa).

De modo que, repito, vemos que por la fuerza impulsora de la anarquía, el capitalismo continuamente tiende a monopolizarse (agregarse, concentrarse y centralizarse) más y más, e igualmente, a dividirse y reconstituirse. La fuerza impulsora de la anarquía impulsa ambas tendencias. El capitalismo es un sistema dinámico que continuamente cambia el mundo y, para hacer la revolución en dicho mundo, tenemos que abordarlo de esta forma y no con una serie de fórmulas estériles que se le imponen a la realidad a ver si se ajusta a esas nociones a priori,a lo que uno quisiera que sea el mundo, o a nociones dogmáticas, rígidas, antidialécticas y antimaterialistas de lo que es el mundo.

*****

Entendiendo todo esto correctamente, de una forma dinámica y científica, vemos que todo esto es una expresión de cómo la contradicción fundamental del capital lo mueve, o lo impele, y en particular es una expresión de la contradicción entre organización y anarquía dentro del movimiento del capital.

Esta contradicción fundamental del capitalismo, sus dos formas de movimiento, y su interpenetración, especialmente en la era del imperialismo, se desenvuelven a una escala global, así como en países individuales. Esto seguirá a lo largo de esta era: la era de la transición de la época burguesa a la época del comunismo, de la época en que el capitalismo es principal y determinante en el mundo, a la época en que el capitalismo, su contradicción fundamental y todo lo que suscita se habrá resuelto y superado por medio del derrocamiento revolucionario del capitalismo y de la transformación revolucionaria de las condiciones materiales, y políticas e ideológicas, de la base económica y de la superestructura, por todo el mundo.

Revolución en la superestructura, enraizada en las contradicciones de la base económica

Otra forma de captar el materialismo de esto es por medio de una de esas afirmaciones típicas de Mao, cuando dijo que cuando las condiciones materiales subyacentes “lo piden a gritos”, se tiene que hacer la revolución en la superestructura: no se pueden hacer transformaciones fundamentales de la sociedad, ni ningún cambio cualitativo del carácter de la sociedad, sin tomar primero el poder estatal y después ponerse a trabajar en las contradicciones que persisten en la base económica y en la superestructura, y en su constante interacción. Esta es otra razón, una razón fundamental, por la que queremos el poder estatal, por la que es bueno querer el poder estatal y por la que debemos anhelar el poder estatal. Mao, en su forma típica, lo dijo así: “Cuando las herramientas requieran una revolución, hablarán a través de la gente”. Esto se puede malinterpretar (repito, uno puede convertir todo en su contrario, especialmente si lo aplica de modo mecanicista), pero si se toma correctamente, dialécticamente, concentra una profunda realidad y verdad. Habla del hecho de que cuando las relaciones de producción se vuelven trabas de las fuerzas productivas y dejan de ser apropiadas para su desarrollo, y cuando es necesario transformar la superestructura para transformar esas relaciones de producción, entonces se expresa cualitativamente más la posibilidad de la revolución para transformar cualitativamente esas contradicciones. La necesidad de eso se expresa cualitativamente más y la posibilidad también es cualitativamente mayor.

Así que, en ese sentido ―no en un sentido ahistórico o mecanicista― se entra en la era de la revolución, cuando la posibilidad de revolución, así como la necesidad de revolución, aumenta cualitativamente porque las relaciones de producción se han vuelto trabas del desarrollo de las fuerzas productivas de modo pronunciado (no solo en esencia), y especialmente de las masas populares. Y esa revolución se da, de una forma concentrada y esencial, en la lucha por el poder estatal y la toma del poder estatal por la clase ascendente, que representa nuevas relaciones de producción que pueden “destrabar” y liberar las fuerzas productivas.

Por esto es que necesitamos y queremos el poder estatal, repito, porque la capacidad de transformar la sociedad en su fundación económica y en su superestructura (todas sus relaciones de producción y sociales, el carácter político, las instituciones y estructuras de la sociedad, la cultura y la manera de pensar) radica y se concentra en quién, o mejor dicho qué clase, tiene el poder estatal. A su vez, eso se concentra en el carácter de ese poder estatal: no solo quién lo tiene en un sentido general o abstracto, sino cuál es su carácter y a qué sirve y qué favorece ese poder estatal.

La forma de Mao de decir todo eso, de concentrarlo con su estilo típico fue: “Cuando las herramientas requieran una revolución, hablarán a través de la gente”. Para decirlo de otra forma más elaborada (elaborando lo que se ha dicho en esta charla hasta ahora): cuando las contradicciones entre las fuerzas y las relaciones de producción, y entre la base y la superestructura, se plantean agudamente, los seres humanos se hacen consciente de esto. Surgen personas que son representantes conscientes de la clase que representa la capacidad de librar de trabas a las fuerzas productivas y de liberarlas, en conflicto con la clase que se aferra a las viejas relaciones de producción y la vieja superestructura, que ahora es una traba para las fuerzas productivas, pues estas se han desarrollado de tal modo que ahora empujan contra el tegumento externo, como dijo Marx (la cáscara y las limitaciones), de esas viejas relaciones de producción y de esa vieja superestructura. Eso es lo que hace posible hacer la revolución en un sentido fundamental y subyacente. Y los que se hacen conscientes de eso, concretamente en esta era, se hacen conscientes de dirigir una revolución para hacer una ruptura con todo el carácter previo de la sociedad: no solo el capitalismo, sino todas las formas previas de sociedad dividida en clases, y en explotadores y explotados, y en opresores y oprimidos.

Como he señalado en varias charlas y escritos, esta revolución en la superestructura (la toma del poder político) hace posible la transformación de la base económica, y de la superestructura, en relación dialéctica mutua. Y hace posible el desarrollo y fortalecimiento del país socialista y de su estado como base de apoyo y fuente de apoyo y de inspiración para el avance de la revolución mundial, en relación dialéctica, a su vez, con la defensa del estado socialista y la mayor transformación revolucionaria de la sociedad socialista, todo lo cual entraña profundas contradicciones que a veces son muy agudas. Así que si quieren saber otra razón de por qué queremos el poder estatal, es por el avance de la revolución mundial. Imaginen si el poder estatal de este país estuviera en las manos del proletariado y no de los imperialistas (nada más cambiar esa ecuación), imaginen lo que eso lograría, el bien que le haría al mundo y a los pueblos del mundo. Y encima de eso, imaginen si usáramos ese poder estatal no solo para movilizar más y más a las masas para transformar esta sociedad, sino para apoyar e impulsar la revolución mundial; imaginen lo que eso haría en el mundo, ¡el enorme bien que eso le haría a los pueblos del mundo!

Pero como decía, todo esto entraña profundas contradicciones, que a veces son muy agudas. Acabo de hablar de eso y podría sonar un poco académico hasta que uno realmente se pone a pensar lo que encapsulan esas descripciones: la toma del poder hace posible la transformación de la base económica y de la superestructura en mutua relación dialéctica.

Regresaré a este tema, pero por ahora solo quiero tocar un punto; pensemos por un momento en las contradicciones que esto entraña. Suena muy bonito; ahí está en un párrafo [lo que sigue con voz satírica]:

“Fácil, ¿no? Se conquista el poder estatal y eso hace posible la transformación de la base económica y de la superestructura en mutua relación dialéctica. [risas]Y hace posible el desarrollo y fortalecimiento del país socialista y de su estado como base de apoyo y fuente de apoyo y de inspiración para el avance de la revolución mundial, en relación dialéctica, a su vez, con la defensa del estado socialista y la mayor transformación revolucionaria de la sociedad socialista. Fácil, ¿no?” [risas]

Bueno, no me estoy burlando de mí mismo, pero esto se puede convertir en una retahíla dogmática como esa. Esto es muy complejo. La experiencia histórica de la dictadura del proletariado y de los estados socialistas nos ha demostrado lo profundamente complejo, contradictorio y difícil que esto es. El poder estatal es magnífico y abre toda clase de posibilidades, pero también crea una profunda nueva necesidad. Bueno, no joda, yo sin duda preferiría tener esa necesidad que lo que tenemos ahora; pero la necesidad no se elimina. Transformar la base económica correctamente en mutua relación dialéctica con la superestructura… eso implica contradicciones verdaderamente profundas y, sí, interrelacionadas: cómo manejar el desarrollo del sistema de propiedad de una forma inferior a una forma superior (de propiedad social); cómo transformar las relaciones entre las personas en el trabajo, por ejemplo los administradores y los que hacen el trabajo manual, los que trabajan en los distintos campos de tecnología en relación con los que hacen el trabajo manual, en relación con los administradores. ¿Cómo se manejan el arte y la cultura, la ciencia y las esferas intelectual y académica en relación con la transformación de la base económica? ¿Cómo se transforman esas esferas de una forma que contribuya al avance hacia el comunismo y que sea correcta en relación a la transformación de la base económica?

Esto concentra una cantidad de contradicciones. Por ejemplo, transformar la base económica: cómo hacer esto fundamentalmente movilizando a las masas a hacerlo cada vez más conscientemente. Sí (luego hablaré de esto), esto tiene un elemento de coacción, pero la orientación y el objetivo tienen que ser hacerlo fundamentalmente con la iniciativa y la actividad consciente de cada vez mayor cantidad de masas. Y luego se presenta la cuestión de cómo hacer eso en la mayor medida posible a cada momento sin pasarse.

Miren el Gran Salto Adelante en China3. Miren lo que estaban tratando de hacer y los problemas con que se tropezaron. Estas son contradicciones muy agudas y muy profundas que son difíciles de manejar correctamente cuando uno vive en un mundo donde hay contrarrevolucionarios, dentro y fuera del país, y hay otros que fundamentalmente están en el campo del pueblo pero que están perdiendo sus privilegios. Es muy complejo manejar eso de un modo no antagónico. Eso también lo tocaré de nuevo.

O al transformar la superestructura, ¿cómo se abre el debate en el campo de las ideas, se estimula la efervescencia intelectual y el disentimiento, como he recalcado, pero no se entrega todo? ¿Les parece que eso es fácil? No, no lo es. Por eso es que siempre menciono la metáfora de “nos van a descuartizar”4. Por eso es que si no manejamos bien la relación de núcleo sólido y elasticiadad5 en un sentido fundamental, no tenemos ningún chance, inclusive si llegáramos accidentalmente al poder (si pueden imaginar eso).

Luego se añade toda la dimensión internacional. Y no hay que ser idealistas: si no se aumenta la producción, ¿cómo se va a apoyar mucho la revolución mundial y cómo se va a defender el país socialista, a la vez que se realizan transformaciones en la base económica, en las relaciones de las personas en la producción, así como en la superestructura, y como parte de ella en la concepción del mundo de las masas? Eso requiere una base material subyacente. Bueno, uno puede caer en la “teoría de las fuerzas productivas”, que dice que primero hay que desarrollar la economía y después será fácil transformar las relaciones entre las personas y la superestructura, y terminar como acabaron en la Unión Soviética y en China ahora. Pero por otro lado, si nada más decimos, “bueno, hagamos lo que siempre dicen que vamos a hacer, vamos a ‘comunizar’ la pobreza”, entonces todas las relaciones de explotación volverán a imponerse y el viejo poder político, las clases explotadoras y el poder político que refuerza esa explotación nos quitarán el poder estatal, y ni hablar de lo que los imperialistas nos harán si cometemos ese error.

De modo que estas son contradicciones muy profundas que se plantean una y otra vez muy agudamente. No lo digo para sembrar desesperación y derrotismo. Lo digo para hacer énfasis en lo importante que es abordar la revolución con un enfoque científico y movilizar a más y más gente ―del partido y de la sociedad, primero como parte de forjar el movimiento revolucionario hacia la toma del poder, y después a otro nivel― para abordar estos desafíos.

Notas

1. Bob Avakian habla del “paracaídas” en otra parte de esta charla, que no forma parte de esta serie.

2. Karl Kautsky fue el líder del Partido Socialdemócrata Alemán, el mayor partido socialista del mundo antes de la I Guerra Mundial. Kautsky y el partido que dirigía se hundieron en una cosmovisión no revolucionaria, y adoptaron una política gradualista y reformista, en oposición a un programa y cosmovisión auténticamente revolucionarios y comunistas; por eso, cuando estalló la guerra, abandonaron el compromiso de oponerse a su propio gobierno y de convertir la guerra imperialista en una guerra civil revolucionaria en su propio país. (Lo mismo hizo la dirección de la mayoría de los partidos socialistas de ese tiempo). Capitularon al imperialismo (específicamente a los imperialistas “de su propio país”) y, en el caso de Kautsky y otros dirigentes parecidos, adoptaron una posición contrarrevolucionaria contra la revolución rusa y el estado socialista que creó. Una de las teorías fundamentalmente erróneas de Kautsky fue el “ultraimperialismo”, que postula en esencia que los imperialistas pueden repartirse el mundo pacíficamente. Esa teoría, y otros errores relacionados, contribuyeron en gran medida a la capitulación al imperialismo cuando la guerra mundial entre las potencias imperialistas hizo añicos las falsas ilusiones que creó el “ultraimperialismo”.

3. El Gran Salto Adelante fue un gran movimiento popular que inició Mao Tsetung a finales de los años 50, una década después de la liberación y del comienzo de la etapa socialista de la revolución. Se dio principalmente en el campo, donde vivía la gran mayoría de la población bajo el yugo de siglos de opresión feudal y de las secuelas de la dominación imperialista, hundida en la pobreza y el atraso. El Gran Salto Adelante movilizó a las masas de campesinos a construir industrias de pequeña escala por todo el campo y a realizar grandes proyectos de obras públicas, tanto para satisfacer las necesidades de la población y del desarrollo industrial como para contribuir a la agricultura. Pero la meta del Gran Salto Adelante no era solamente el desarrollo económico. Otro aspecto muy importante de este movimiento de masas fue crear niveles más altos de colectivización de la propiedad y la cooperación laboral, y de la distribución correspondiente de los artículos de primera necesidad y los servicios sociales en el campo. Esto tenía el fin de dar saltos en el camino de superar las diferencias, brechas y desigualdades históricas entre la ciudad y el campo, la industria y la agricultura, los obreros y los campesinos, y el hombre y la mujer, como parte importante de construir una nueva sociedad socialista y emprender el camino hacia la meta final del comunismo mundial. Los revisionistas (falsos comunistas) del Partido Comunista de China y la dirección revisionista de la Unión Soviética se oponían al Gran Salto Adelante y lo sabotearon. Los soviéticos retiraron los asesores técnicos y cortaron la ayuda (hasta la fecha la economía china había seguido el modelo soviético y en ese modelo la ayuda soviética era clave). Además, al Gran Salto Adelante se dio en años de sequía por todo el país. Debido a esos factores, y al hecho de que una campaña popular de esa escala era algo completamente nuevo en la sociedad china (y, de hecho, en la breve historia del socialismo, incluso en la Unión Soviética), y a que hubo errores y excesos, se produjeron importantes trastornos, escasez, sufrimiento y hasta hambre. Sin embargo, los revolucionarios y las masas respondieron a esas dificultades y las superaron en un período relativamente corto y, además, resolvieron básicamente el problema de alimentar a la población. Por primera vez en la historia del país, se pudieron satisfacer las necesidades alimenticias de los campesinos y de toda la población. Además, a pesar de ciertos errores y problemas serios, al corregirlos y estimular lo nuevo que surgió durante el Gran Salto Adelante, la economía china, junto con las relaciones sociales y el punto de vista de la población, dieron avances importantes y, de hecho, históricos, en los siguientes 15 años que el país se mantuvo en el camino socialista: hasta finales de la Gran Revolución Cultural Proletaria (1966-76) y la muerte de Mao. (Poco después, los revisionistas, dirigidos por Deng Xiaoping, tomaron el poder y volvieron de nuevo al camino capitalista).

4. La metáfora de “nos van a descuartizar”, y otros temas relacionados a cómo debe ejercer el poder estatal el proletariado para que el socialismo sea una sociedad efervescente y animada y siga avanzando hacia el comunismo, está en “Conversación de Bob Avakian con unos camaradas sobre epistemología: Sobre conocer, y cambiar, el mundo” en el libro Bob Avakian: Observations on Art and Culture, Science and Philosophy(Chicago: Insight Press, 2005), y en la internet en revcom.us.

5. Bob Avakian habla del concepto del “núcleo sólido con mucha elasticidad” en varias charlas y artículos, entre ellos “Dictadura y democracia, y la transición socialista al comunismo”, que salió en el Obrero Revolucionario (ahora Revolución)entre agosto de 2004 y enero de 2005 (y que está en la internet en revcom.us). También está en varios ensayos del libro Bob Avakian: Observations on Art and Culture, Science and Philosophy.

http://rwor.org/a/040/avakian-puntos-sobre-comunismo-pt3-s.htm

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La transformación ideológica así como material que se requiere para llegar al comunismo (las “dos rupturas radicales” y las "4 todas"), y su relación con “el núcleo sólido con mucha elasticidad”

Lo que queremos y lo que necesitamos se determina socialmente

Para comenzar, es necesario hacer hincapié en algo sumamente importante que con frecuencia se ignora, se pasa por alto, se minimiza, se tergiversa e incluso se suprime: la verdad fundamental de que los deseos (lo que queremos) y las necesidades se determinan socialmente,y cambian con los cambios del “ambiente” material, social e ideológico. Bueno, esta es una de las grandes acusaciones contra el comunismo, que siempre andamos tratando de cambiar la “naturaleza humana” y de cambiar lo que los individuos quieren y necesitan, e inclusive de cambiar cómo perciben sus propios deseos. Pero si lo analizamos a fondo, vemos que los deseos y las necesidades se determinan socialmente, en varios niveles.

Por ejemplo, Marx explicó que la producción en sí crea necesidades. Pensemos en las computadoras, ahora que las tenemos y las usamos. Pensemos cómo sería tener que volver a trabajar con máquinas de escribir [ risas], a trabajar con esa “tecnología primitiva”. Bueno, hoy tenemos una profunda necesidad y un profundo deseo de computadoras. Ahora es un deseo y una necesidad. ¿Por qué? ¿Porque un día nos levantamos y dijimos: “Estoy harto de escribir a máquina y de mandar cartas por correo postal; cómo me gustaría tener una computadora, aunque no sé qué será eso"? [ risas] "Y quiero mandar emails, aunque tampoco sé qué es eso”. [ risas] De modo que la producción crea necesidades: el desarrollo de la tecnología, el desarrollo de las fuerzas productivas y de la producción, crea necesidades y deseos. En ese sentido, los deseos y las necesidades se determinan socialmente.

Asimismo, la cultura y las relaciones de producción crean deseos y necesidades. Los chavos de los ghettos compran rines de miles de dólares. Imaginemos que vamos a una sociedad comunal primitiva, que todavía existen; vamos a África a hablar con los !Kung y les decimos: “¿Quieren comprar estos rines?” [ risas] “¿Qué?” Si se los damos, seguro se sentarán en ellos o los usarán para otra cosa, pero no pagarán por algo así. [ risas] El hecho de que unos rines son brillantes y llamativos, especialmente cuando dan la vuelta en las ruedas de un coche, no significa mucho para ellos; podrían pensar que son un objeto artístico interesante o algo así, pero la importancia que le dan los chavos de los ghettos sería algo totalmente ajeno a ellos porque no corresponde a las relaciones de producción y a la correspondiente superestructura de una sociedad comunal primitiva. No voy a dar ejemplos más grotescos de consumo de la cultura estadounidense.

Lo esencial es que esos deseos y necesidades se determinan socialmente. Cuando hablamos del lema del comunismo, “De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”, no nos referimos a las necesidades determinadas socialmente por el capitalismo y el imperialismo. Un paréntesis interesante: durante la confirmación de Roberts a la Suprema Corte salió a la luz que cuando trabajaba en el gobierno de Reagan, hace un par de décadas, escribió lo siguiente para refutar la idea de que los hombres y las mujeres deben recibir el mismo salario: “Todos ellos ignoran el hecho de que hay razones, que han evolucionado con el curso de la historia, para que los hombres reciban mejor salario. Solo falta que digan ‘De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según su sexo’”. Que no se nos ocurra que nuestros adversarios no piensan.

Decía que la sociedad determina lo que pensamos que queremos y necesitamos, o lo que efectivamente queremos y necesitamos en determinado contexto. En esta sociedad, tener coche es casi siempre una necesidad, pero no en Manhattan. En París también uno se puede desplazar sin coche; es más fácil no tener coche. Son cosas condicionadas por la sociedad, moldeadas, influenciadas y en última instancia determinadas por la sociedad.

Otro ejemplo de la sociedad capitalista, con todo su consumismo, es la noción de que ir de compras es una actividad por excelencia de las mujeres (especialmente pero no solo de la clase media). Para los hombres el deporte y para las mujeres las compras. Los dos son deseos y necesidades creados y determinados socialmente. Una canción de Public Enemy me hacía reír mucho porque Flavor Flav se quejaba en un rap de que su compañera se la pasaba viendo telenovelas y él no podía ver el partido de béisbol ni la pelea de Sugar Ray. [ risas] Como si el béisbol o la pelea de Sugar Ray fueran algo superior a las telenovelas. [ risas] Pero cada uno es una variante, para los hombres y para las mujeres, de deseos y necesidades creados y determinados socialmente.

Todo este consumismo, la idea de que comprar es una actividad esencial, acompañada de cavilaciones existenciales, de que es esencial para una vida plena y auténtica [ risas], eso es parte de la modalidad actual de la economía de la sociedad y el capitalismo estadounidense, con una estructura de deuda a todo nivel, del consumidor para arriba, reforzada por una industria publicitaria que crea artificialmente deseos y necesidades. Ahora la moda son los programas de “TV de realidad”. Nadie pedía “programas de realidad” hace 10 años, pero ahora son imprescindibles para mucha gente.

Da la impresión, entonces, de que son cosas que uno efectivamente necesita o que son parte intrínseca de su propio carácter. Es esencial de “mi identidad” que me gusta coleccionar esto o tener aquello o comer lo de más allá. Inclusive la forma de consumir lo imprescindible para vivir está determinado socialmente. No solo hay una necesidad de comida, ropa, techo y demás, sino la necesidad de hacerlo de cierta forma y el deseo de hacerlo de cierta forma: comer esta comida y no aquella, beber esto y no aquello, vivir en tal casa y no en otra, tener cierto vehículo y no otro. Todo eso se determina socialmente y varía en distintos períodos históricos y de una sociedad a otra; y también varía en distintas clases y grupos de la misma sociedad.

Hay Pepsi y Coca Cola, y cuando yo era niño, a los negros les gustaba RC. Ese es un deseo y una necesidad diferente. Lo mismo pasa con los cigarros y con muchas otras cosas. Los distintos grupos y capas de la sociedad tienen preferencias distintas, o deseos y necesidades determinados socialmente. Debido al constante refuerzo del individualismo en esta sociedad (cuya base material subyacente es la producción e intercambio de mercancías, y que la cultura refuerza constantemente), se puede pensar que es algo esencial e inherente a “mi propia naturaleza e identidad” y que “no puedo vivir sin esas cosas”; pero si uno toma un poco de distancia se da cuenta de que las que nos parecían importantes hace 10 años ya no nos parecen importantes, no las necesitamos o no las queremos; y hoy nos parecen indispensables deseos o necesidades que hace 10 años no teníamos. Eso se ve más patentemente cuando consideramos varias sociedades a lo largo de la historia o en distintas partes del mundo.

Para los cristianos fundamentalistas de Estados Unidos, la Biblia es una absoluta necesidad y deseo. [ risas] Pero no para los fundamentalistas de Pakistán; para ellos es el Corán. Las dos cosas son deseos y necesidades determinados socialmente que han evolucionado históricamente.

El individualismo, también, se determina socialmente

En la conversación con Bill Martin para el libro Conversations1, cuando hablamos de Kant, yo indiqué que Marx planteó un punto muy profundo en su Contribución a la crítica de la economía política cuando dijo que la formación de los individuos se da en un contexto social y no se puede dar de otro modo. Esto lo han comprobado los descubrimientos científicos. Se han encontrado niños “salvajes”, así los llaman, que crecen por su cuenta en la naturaleza. Pasado cierto tiempo, es muy difícil que aprendan ciertas funciones humanas básicas y que asuman ciertas características humanas, como el habla. Estas son capacidades que se aprenden y se desarrollan en sociedad. El aprendizaje e inclusive el desarrollo fisiológico para ellas se compenetra con el desarrollo social. La formación y el desarrollo de los individuos, así como sus deseos y necesidades, no se puede dar sino en un ambiente social. Es más, la individualidad extrema, o individualismo, solo puede darse en un ambiente social, en conflicto con otros individuos. Imaginen que viven solos en una isla: “¡Voy a expresar mi individualidad!” [ risas] Bueno, ¿a quién carajos le importa? No hay nadie a quien le importe. [ risas] En ese contexto no se puede expresar la individualidad porque todo existe con relación a su contrario. No hay contrario a esa individualidad. Eres tú y ya. [ risas] Tu individualidad no tiene el significado que tiene en otro contexto, en un contexto social.

De modo que es muy importante que entendamos que los deseos, las necesidades y las opiniones sobre ellos se determinan socialmente y evolucionan históricamente. Se relacionan con el carácter de la producción, de las relaciones de producción, y la correspondiente superestructura.

La ruptura tradicional con las maneras tradicionales de pensar

Del mismo modo que no hay una naturaleza humana inmutable sino, por el contrario, distintas nociones de naturaleza humana en distintas sociedades e inclusive en las distintas clases de la misma sociedad, tampoco hay deseos y necesidades inherentes. Y cuando los comunistas decimos, muy correctamente, que vamos a llevar a cabo las “4 todas” (no solo las tres primeras, sino también la cuarta, que es la revolucionarización de la manera de pensar) y las dos rupturas radicales2 que describieron Marx y Engels (no solo la primera, sino también la segunda, que es la ruptura radical con las ideas tradicionales), lo decimos con razón. Esto no es una noción catastrófica de imponer cambios antinaturales que van contra la naturaleza humana. Es una concepción materialista, dialéctica, de cómo se moldean y cambian estas cosas, inclusive sin nuestra intervención, aunque los cambios de que estamos hablando son cualitativos, son rupturas radicales; por eso se oponen a ellos fuertemente personas que podrían aceptar ciertos cambios cuantitativos o ciertos cambios en la forma en que se da la explotación, pero no la extirpación y eliminación de la explotación. [Con una voz de sarcasmo exagerado:]“Eso va contra la naturaleza humana y contra el impulso natural de competir con los demás”.

Pero es muy correcto decir que vamos a realizar las “4 todas”: la abolición de todas las diferencias de clase, de todas las relaciones de producción en que estas descansan, de todas las relaciones sociales que acompañan esas relaciones de producción, la revolucionarización de todas las ideas que surgen de esas relaciones sociales. Es absolutamente correcto que reconozcamos que esto es posible y necesario. Y, del mismo modo, vamos a realizar la ruptura radical no solo con las relaciones de propiedad tradicionales (que es otra forma de expresar las relaciones de producción subyacentes de las cuales las relaciones de propiedad son una manifestación), sino también una ruptura radical con las ideas tradicionales. Es absolutamente correcto que digamos que esto es tanto necesario como posible. Y, sí, se tiene que hacer sin “ingeniería social” en el sentido coercitivo, fundamentalmente. Pero no se puede hacer, no se hará, sin una gran cantidad de lucha en la esfera de la ideología y la cultura, así como lucha política y lucha para, a su vez, transformar las condiciones materiales de la base económica y las relaciones dialécticas de todo eso. Cambiar la manera de pensar de la gente en relación dialéctica con cambiar sus circunstancias, como dijo Marx.

Esta revolución busca cambiar a las personas y las circunstancias, y hacerlo correctamente, hacerlo en la relación dialéctica correcta. Las ideas a veces se adelantan y se tienen que adelantar a las circunstancias. Si eso no fuera cierto, no podría haber teoría comunista. No se podría contemplar una sociedad futura sin adelantarse a las circunstancias. Pero si tratamos de imponer ideas que no corresponden a las circunstancias (en vez de manejar correctamente la relación dialéctica en la cual las ideas llevan a cambiar las circunstancias de modo voluntario y consciente), caeríamos en los horrores de los que nos acusan. Donde se ha tratado de hacer eso en nombre del comunismo, ha llevado a horrores.

La “naturaleza humana” inmutable no existe

Hay que manejar esto correctamente, pero la idea de que hay una “naturaleza humana” inmutable es incorrecta; veamos un poco de historia para examinar más a fondo por qué es incorrecta. Para empezar, no es cierto que el desarrollo de la sociedad comunal primitiva a la sociedad de clases y de ahí al comunismo represente una especie de “negación de la negación”, en el sentido que lo dijeron Engels y Marx (el surgimiento de la sociedad de clases representa la negación de la sociedad comunal primitiva y básicamente sin clases, de la que emerge la sociedad de clases; a su vez, la transición a una sociedad sin clases representa una negación del surgimiento de la sociedad de clases = negación de la negación). Más bien, representa un complejo desenvolvimiento de contradicciones a través de varias formas y etapas, tal como lo describí antes: un constante tira y afloja entre los diferentes aspectos de las contradicciones entre las fuerzas y las relaciones de producción, y la base económica y la superestructura, y entre esas contradicciones y otras contradicciones que suscitan. En medio de toda esa complejidad, la historia se desarrolla y surge la “conexión” de que hablaba Marx, y se llega al umbral, a la posibilidad, de un salto al comunismo, aunque no con certeza e inevitabilidad. Aquí surge, de nuevo, un principio muy importante, otra forma de hablar de la cuestión de necesidad y libertad: la declaración de Marx de que los seres humanos hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio. La hacen conforme a las condiciones materiales que heredan, con la necesidad que se les presenta en un momento dado. Pero, por otra parte, como materialistas dialécticos, entendemos que esas condiciones materiales se reflejan en la conciencia. Los seres humanos se forman ideas y conceptos sobre las condiciones materiales y sobre cómo cambiarlas; y si tales ideas y conceptos corresponden a la realidad material subyacente (si no son una distorsión fundamental o esencial de ella), y si corresponden a la dirección en que tienden esas contradicciones, pueden hacer esos cambios y, es más, acelerarlos.

Ahí es donde radica la libertad y la iniciativa. Ese es el papel de la vanguardia comunista consciente y por eso es tan valiosa, inapreciable y, sí, indispensable. Porque, debido a las relaciones de clase que existen, no todo mundo va a tener un reflejo correcto (no absolutamente, pero más o menos) de la realidad en sus ideas, conceptos, planes y programas, del carácter contradictorio, el movimiento y desarrollo de esa realidad, al mismo tiempo y espontáneamente.

De modo que los seres humanos hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio. Esto lleva de nuevo al punto de los anarquistas y los utopistas. Cuando uno debate con ellos, dicen: “Bueno, ¿para qué quieren tener líderes? Eso es parte del problema”. No, en esta etapa de la historia primordialmente es una parte esencial de la solución; la cuestión fundamental escuál es el carácter de ese liderato y si sus ideas, conceptos, programas, planes y demás corresponden a la resolución de las contradicciones motrices subyacentes, conforme a los intereses de las masas populares. Esa es la cuestión esencial.

Como dije, la materia se refleja en la conciencia humana y, a su vez, la conciencia afecta la materia y la cambia. ¿Cómo lo hace? ¿En qué dirección, en beneficio de quién, con qué propósito, con qué objetivos? Esa es la pregunta fundamental con respecto a los líderes. Sí, entraña mucha complejidad, pero esa es la pregunta esencial y fundamental.

Todo mundo tiene ideas, ya sean espontáneas o sistemáticas. Todo mundo tiene ideas y responde de una forma u otra a la realidad material. La cuestión es: ¿qué tan sistemática y rigurosamente reflejan esas ideas las fuerzas motrices subyacentes de la realidad y qué tienen que ver con resolver esas contradicciones conforme a los intereses de las masas? Esa es la cuestión. Y esa es la cuestión decisiva sobre el liderato. Decir que otra cuestión es la decisiva es desviarse de lo fundamental y esencial. Obvio que tenemos que abordar otras cuestiones que se presentan al respecto, pero son una desviación, aunque haya que abordarlas para llegar a lo esencial.

Los seres humanos, entonces, hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio. Esto también está relacionado con lo que vimos sobre las restricciones y la relación dialéctica entre restricciones y transformación. Está relacionado con lo que vimos de que el socialismo nace con los sellos del capitalismo y con el comentario de Lenin de que no hacemos la revolución con personas como nos gustaría que fueran, aunque tratamos de cambiarlas. Sí, tratamos de cambiarlas. “¿No van a querer cambiar lo que sentimos, no?” Sí,sí vamos a hacerlo. Porque los sentimientos fundamentalmente se desprenden de la concepción y el punto de vista sobre algo. No vamos a mandar que los sentimientos cambien ni a hacerlo a la fuerza; pero sí vamos a tratar de transformar a las personas, inclusive sus sentimientos, porque los sentimientos son una expresión de cómo ven el mundo. Si uno realmente entiende a fondo lo que significa y a lo que lleva que un ser humano o un grupo de seres humanos use a otros para beneficio personal y privado, por qué esto es una traba no solo para los individuos explotados sino para toda la humanidad, y especialmente si ve que la humanidad ha alcanzado el punto en que tales relaciones de explotación son innecesarias y son un obstáculo para el desarrollo de la sociedad humana y de los seres humanos, entonces sentirá un deseo apasionado de que todo eso se elimine. Pero si uno no entiende realmente lo que entraña esa clase de explotación, por qué es innecesaria ni que se puede eliminar, sentirá algo muy distinto; podría sentir que no está tan mal o que no se puede hacer nada para cambiarla o que tratar de cambiarla empeorará la situación. ¿No debemos tratar de cambiar las ideas y, sí, los sentimientos sobre cosas fundamentales como estas?

En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado,Engels hace este comentario, que es muy importante y merece reflexión: "Cuanto menos desarrollado está el trabajo, más restringida es la cantidad de sus productos y, por consiguiente, la riqueza de la sociedad, con tanta mayor fuerza se manifiesta la influencia dominante de los lazos de parentesco sobre el régimen social". Esto se ve en las sociedades comunales primitivas, que todavía existen en África y en pequeños focos en Latinoamérica; se ve en la historia de las sociedades indígenas de América del Norte y todavía se ve hoy. La declaración de Engels postula un análisis materialista de la organización de la sociedad: que no es una organización arbitraria de la sociedad sino que es, repito, una manifestación del carácter de las fuerzas productivas. Inclusive las unidades básicas de la sociedad (lazos de familia y de parentesco, en el caso de las sociedades comunales primitivas) tienen que ver con el carácter de las fuerzas productivas de esas sociedades. Engels examinó sociedades comunales primitivas de distintas partes del mundo (Asia, Europa, el Mediterráneo y otras) y demostró que, con el cambio de las fuerzas productivas, el carácter de la organización de la sociedad (es decir, las relaciones de producción y sociales) también cambia.

En la misma obra, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado,Engels dice que en la sociedad comunal primitiva “la fuerza de trabajo humana no produce aún excedente apreciable sobre sus gastos de mantenimiento”. Mejor dicho, en una sociedad cazadora y recolectora, salen a recoger frutas y nueces y de vez en cuando salen a cazar para suplementar la alimentación, y básicamente consumen de inmediato todo lo que recogen y cazan. En esta forma de sociedad, los seres humanos no son capaces de producir un excedente sobre lo que necesitan para su mantenimiento. Engels agrega: "Pero al introducirse la cría de ganado, la elaboración de los metales, el arte del tejido, y, por último, la agricultura, las cosas tomaron otro aspecto". Engels después dice que la separación del trabajo artesanal y la agricultura fue otro salto clave.

Regresando por un momento al lado positivo de Jared Diamond, su libro Guns, Germs and Steel (Armas, gérmenes y acero)examina esto desde un punto de vista primordialmente materialista. Hace poco el canal de televisión pública PBS presentó una serie basada en el libro y Diamond explicó un poco de esto: que, cuando el trabajo artesanal se separa de la agricultura, cuando puede haber especialización, cuando la agricultura produce lo suficiente para sostener a una parte de la sociedad que se dedica a la especialización, empezando con el trabajo artesanal y pasando de ahí al mayor desarrollo de la tecnología, se crea una dinámica en que la tecnología afecta a la agricultura, aporta nuevos medios de producción, nueva tecnología para la agricultura, y a su vez la agricultura produce más excedentes, más de lo que se necesita para el consumo inmediato, y eso a su vez sienta la base material para más especialización. Junto con esto, como es sabido, se da el desarrollo y desenvolvimiento de diferenciaciones de clase en esa sociedad.

Otro modo de decirlo es que conlleva importantes cambios en las relaciones de producción y las relaciones sociales. Engels explicó que eso sucedió especialmente con la esclavitud en la antigüedad: que cuando no se podía emplear a individuos para que produjeran mucho más de lo que consumían, la esclavitud no tenía mucho sentido económico. Por eso cuando una tribu capturaba miembros de otra tribu o grupo familiar, los mataba, los soltaba o los absorbía como miembros de la tribu; pero no tenía sentido ir a capturar una gran cantidad de personas como esclavos porque las fuerzas productivas no eran capaces de emplearlos de modo que produjeran más de lo que consumían. Si no, era añadir más gente sin mayor beneficio.

Pero cuando se instauró la agricultura, especialmente la agricultura sedentaria, y empezó la diferenciación entre agricultura y trabajo artesanal, la posesión de esclavos adquirió sentido económico. No somos románticos acerca de la historia de la humanidad: entre los grupos comunales primitivos de América del Norte y de otras partes de las Américas había conflicto, hostilidad y guerra, o por lo menos conflicto violento. Pero dentro de cada tribu no existían las divisiones y la opresión tan comunes hoy entre clases ni entre hombres y mujeres, que surgieron con el surgimiento de relaciones de producción diferentes a partir del mayor desarrollo de las fuerzas productivas.

Precisamente uno de los ejemplos más destacados y notables de esas transformaciones de las relaciones de producción y las relaciones de clase fue capturar y emplear esclavos. Una vez que el carácter de las fuerzas productivas era tal que la posesión de esclavos tenía sentido económico, en vez de matarlos o absorberlos como iguales, echó raíces la esclavitud. Eso no quiere decir que todo mundo pensara que la esclavitud era buena ni que de repente todos se volvieron “malos” (como en el mito de Adán y Eva de la Biblia), que fue la caída de la humanidad y todos se corrompieron. Naturalmente que el punto de vista de la gente cambió. ¿Y adivinen qué? Se crearon la necesidad y el deseo social de poseer esclavos. Una necesidad y un deseodeterminados socialmente que evolucionaron históricamente, basados en los cambios del carácter de las fuerzas productivas y no en una tendencia humana inherente de desear poseer otros seres humanos. Si fuéramos a una sociedad comunal primitiva y dijéramos: “¿Por qué no se esclavizan unos a otros?”, nos dirían: “¿Que qué? ¿De qué hablan?” Y la respuesta sería: “Pues por lo visto todavía su naturaleza humana no está plenamente desarrollada”. [ risas] No. Dicha sociedad tiene distintas ideas, distintas expresiones de la superestructura, que corresponden a su modo distinto de producción, que corresponden al carácter de las fuerzas productivas. Pero cuando la esclavitud empieza a “tener sentido” económico, se va arraigando, a pesar de la resistencia de los que no pueden tener esclavos o de los que piensan que no es una buena idea por las razones que sea.

La esclavitud se va volviendo lucrativa. Existe la base material para ella y capturar esclavos es ahora parte de la actividad del grupo: asaltar otras tribus, en particular, u otros grupos. Engels dice: "El régimen de la gens en pleno florecimiento… suponía una producción en extremo rudimentaria y, por consiguiente, una población muy diseminada en un vasto territorio". La cadena TNT presentó una serie ficticia sobre los indígenas de América del Norte titulada “Into the West” que habla de esto, del conflicto entre esos dos modos de vida: de los lakota, los cheyenne y otros grupos, por un lado, y por el otro los colonos blancos que llegaban del Este. La serie muestra la llegada de los colonos blancos ola tras ola, encarnada en el Pony Express, en el telégrafo y en el ferrocarril. Se va viendo que el modo de vida de los lakota y otros grupos no puede perdurar en esas circunstancias porque requería un extenso territorio para una pequeña cantidad de personas. No era una vida sedentaria que produciría más y más rendimiento en un territorio colonizado desarrollando continuamente las fuerzas de producción. Esto no es una forma de decir que un modo de vida fuera “superior” y el otro “inferior”; no hay nada intrínsecamente superior en la caza y la recolección o en la agricultura sedentaria con el concomitante desarrollo de tecnología. Es una forma de decir, desde un punto de vista materialista científico, que esos dos modos de vida estaban cada vez más en conflicto directo y antagónico; y es una forma de reconocer por qué, con la combinación de circunstancias del momento, uno predominó sobre el otro por la fuerza. Cuando llegaron más y más colonos, con el respaldo del ejército, pero también reforzados por todas esas fuerzas productivas y por un modo de vida que utilizaba esas fuerzas productivas (repito, no hablo de la justicia o injusticia de esto sino de su realidad material), la base del modo de vida de los indígenas se redujo más y más porque no podían seguir viviendo como poblaciones pequeñas, relativamente escasas, en un gran territorio para cazar y recolectar. Jared Diamond examina el mismo fenómeno en Nueva Guinea.

Hay otros ejemplos de grupos de escasa población que ocupaban extensos territorios y que no dependían de la agricultura permanente ni del correspondiente desarrollo tecnológico; por ejemplo, en la antigua Grecia, antes del desarrollo de las ciudades-estado, había grupos similares. Engels comenta algo que vale pena reflexionar: "El sistema monetario en desarrollo [en la Atenas de la antigua Grecia] penetró como un ácido corrosivo, en la vida tradicional de las antiguas comunidades agrícolas, basadas en la economía natural". En la antigua Grecia este proceso, que implica desarrollo de tecnología y diferenciación de distintos grupos sociales (la organización que rebasa y empieza a resquebrajar los lazos de parentesco, y organiza a la gente según el territorio y según clase), como dice Engels, “penetró como un ácido corrosivo, en la vida tradicional de las antiguas comunidades agrícolas, basadas en la economía natural"; y la resultante fue la economía de esclavitud y la sociedad esclavista en las ciudades-estado de Grecia.

O veamos otro ejemplo. Cuando los germanos y otros “bárbaros” conquistaron Roma y se vieron en la necesidad de mantener y administrar lo que habían conquistado (si no querían arrasarlo y destruirlo todo, tenían que mantenerlo y administrarlo), su propia forma de organización social se resquebrajó significativamente y en su lugar surgió una forma de organización más acorde con el modo de existencia de la sociedad que conquistaron. Con el tiempo se adaptaron al modo de existencia de Roma.

En la charla Revolución,que está en DVD3, di ejemplos del antiguo México y el antiguo Egipto de cuando los grupos humanos se asentaron, se dedicaron a la agricultura permanente, y empezó a desenvolverse una desigualdad y diferenciación de clase, que dio origen al estado y a todo lo que conlleva. Con esto vino la separación del quehacer intelectual y de la actividad productiva subyacente; la dedicación a la actividad cultural, por un lado, y a la actividad productiva, por el otro. Expliqué que en una parte del antiguo México, cerca del río Coatzacoalcos, se establecieron grupos que llevaban siglos cazando y recolectando; pero no fue que un día decidieron “vamos al río, quedémonos ahí y sembremos”. No tenemos estudios psicológicos ni encuestas [ risas]. Pero podemos asumir que estaban acostumbrados a su modo de vida y no deseaban cambiarlo; pero las investigaciones históricas muestran que la caza y la recolección agotaron la región, y que asimismo se dieron cambios climáticos. De modo que tuvieron que establecerse en otra parte.

Como he dicho muchas veces, como recalca el materialismo histórico, los seres humanos a menudo inician cambios de su modo de existencia que tienen consecuencias de gran alcance, pero que no buscaban ni podían prever. Esos cambios a su vez son una fuerza material que afecta a los seres humanos que los iniciaron. Los grupos de México que pasaron a la vida sedentaria en las orillas del Coatzacoalcos encontraron que unas tierras estaban más cerca del río y eran más fértiles, y otras no. Así, sin ser algo mecanicista ni en una correlación directa, pero relacionado con lo anterior, se va dando diferenciación y unos acumulan más que otros; a unos les va bien y a otros no. ¿Qué les pasa a los que no les va bien? Los otros los emplean.

Eso es lo que ha pasado en China últimamente con la restauración del capitalismo después de la muerte de Mao: cuando se desintegran las comunas y se regresa al modo capitalista de producción, muchos campesinos se vuelven muy pobres y no pueden subsistir en su propia tierra, así que se van a las ciudades o trabajan para los campesinos a los que les va bien. Surgen grandes brechas y polarización, y muchos terminan explotados por los otros. Cuando esto sucedió en la sociedad humana primitiva, como en el México antiguo, surgió gente especializada en distintas tecnologías, gente especializada en las actividades intelectuales y culturales, y gente especializada en las actividades del estado.

En Egipto se dio un proceso similar, ya antes de los faraones, en el río Nilo. Toda la sociedad egipcia está organizada en una estrecha franja a ambos lados del Nilo. Los que están más lejos del río tienen una posición menos favorable y se va dando diferenciación. El mismo proceso general se dio antes de los faraones: diferenciación, polarización, explotación y represión, con el surgimiento de distinciones sociales, de clase, y del estado.

¿Es el resultado de una característica humana intrínseca? Cuando estaban cazando y recolectando en México hace miles de años, ¿sentían un anhelo irresistible de crear un estado y de explotar y oprimir a otros? ¿Y esto sencillamente no se puede prevenir sin crear una monstruosidad porque refrena el espíritu humano inherente e innegable? ¡Puras pendejadas! [ risas] Eso sucedió por razones muy materiales, provocadas por cambios en el carácter de las fuerzas productivas, impulsados por la necesidad que se planteaba y que a menudo llevaron a resultados y consecuencias no previstos: llevaron a cambios en las relaciones de producción y, a su vez, a los correspondientes cambios en la política, la ideología, la cultura, la manera de pensar y, sí, los deseos, las necesidades y los sentimientos.

Así es como se ha desarrollado la sociedad humana; no ha sido el desenvolvimiento de un plan de un diseñador consciente sino un proceso básicamente inconsciente de respuesta a la necesidad y de cambios que tienen resultados de gran alcance y profundos, no buscados y no previstos.

Así que cuando llegamos a la era presente de la historia humana y miramos la cuestión del comunismo y de las “4 todas”; cuando miramos las “dos rupturas radicales”, no solo con las relaciones de propiedad tradicionales sino con las ideas tradicionales; cuando pensamos en el principio de “De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”, tenemos que entender la relación dialéctica entre los cambios que se operan en la base económica de la sociedad, en las relaciones de producción y las correspondientes relaciones sociales, y en la superestructura de política e ideología, hasta que se haya creado una abundancia que aleje a los seres humanos más y más de la necesidad de la lucha diaria por la subsistencia (donde en términos fundamentales eso esté garantizado y no sea la preocupación de los miembros de la sociedad), en relación dialéctica con los cambios correspondientes de los deseos y las necesidades.

En este sentido es como tenemos que concebir el avance al comunismo, no en un sentido utópico. Esto lo voy a elaborar más: el comunismo no es una idea utópica en donde todos hacen lo suyo, sin ninguna restricción, y de algún modo todo contribuye al bien común. Esa no es una concepción materialista de cómo llegar al comunismo ni de cómo será. Es algo muy diferente y corresponde a una concepción del mundo que no tiene nada que ver con el comunismo. Lo profundizaré más adelante.

 

 

Notas:

1 Bob Avakian y Bill Martin, Marxism and the Call of the Future: Conversations on Ethics, History, and Politics (Chicago: Open Court, 2005).

2 Las “4 todas” se refiere a una declaración de Marx en La lucha de clases en Francia, 1848-50de que la dictadura del proletariado representa la transición necesaria hacia la abolición de todas las diferencias de clase, de todas las relaciones de producción en que estas descansan, de todas las relaciones sociales que acompañan esas relaciones de producción, y la revolucionarización de todas las ideas que surgen de esas relaciones sociales. Las “dos rupturas” se refiere a la declaración de Marx y Engels en El Manifiesto Comunista de que la revolución comunista es la ruptura más radical con las relaciones de propiedad tradicionales y con las ideas tradicionales.

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http://rwor.org/a/041/avakian-sobre-socialismo-comunismo-s.htm

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ANÁLISIS MATERIALISTA DEL ESTADO Y SU RELACIÓN CON LA BASE ECONÓMICA SUBYACENTE

 

El estado es, en esencia, un instrumento de dominación de clase y de opresión de una clase

Primero que todo, ¿ qué es el estado? En las teorías posmodernistas, que se expresan en ciertas tendencias izquierdistas, se oye decir: “el estado tiene agencia”. Esa es una forma pomposa de decir que el estado no es un instrumento de dominación de clase sino una institución que puede ser influenciada por distintos grupos de la sociedad, dependiendo de cuánta presión ejerzan sobre él. Obviamente eso es un punto de vista reformista, no revolucionario, y lleva a un programa reformista, no revolucionario. Esta noción de que el estado se puede influenciar y llevar a actuar así o asá, de que no es algo inalterable, de que se puede llevar a tener un carácter distinto y a desempeñar un papel distinto, dependiendo de quién tenga más influencia, es la vieja visión revisionista del estado que ahora se expresa en lenguaje “posmodernista”.

Pero para hacer una revolución y transformar la sociedad, para entender cuál es problema y cuál es la solución, es esencial hacer un análisis materialista de la naturaleza y el papel del estado. Así que adentrémonos en esto: ¿qué es el estado, cuál es su carácter esencial y su papel esencial?

Engels, en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, planteó el resumen muy conciso, con mucho materialismo histórico, de que el estado es un instrumento de dominación de clase, un instrumento de opresión de una clase a las otras clases que domina, y que surge de la división de la sociedad en clases antagónicas, en explotadores y explotados, y es una manifestación de esa división.

Por otra parte, en el libro Democracy: Can’t We Do Better Than That? (Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr), cité la afirmación de Raymond Lotta de que el estado es una manifestación de una determinada división de funciones en la sociedad. Eso le da al estado su carácter particular de clase. Mejor dicho, el estado en general tiene el carácter y el papel de ser un instrumento de opresión de una clase (o un instrumento de dictadura), pero ser una manifestación de una determinada división de funciones en la sociedad manifiesta el carácter particular de un estado dado. En un sentido fundamental y amplio, podemos decir que el estado es una manifestación de las relaciones de producción de la sociedad; las refleja y a su vez las refuerza. Con una excepción: el estado proletario, que fuera de reflejar y reforzar, busca ser un instrumento de mayor transformación de las relaciones de producción y las relaciones sociales de la sociedad. Esa es una de las cosas que da al estado proletario un carácter cualitativamente diferente a todas las formas previas de estado.

La dictadura proletaria se propone la abolición de las clases junto con las otras “4 todas”. Busca acabar (no por exterminio físico, como dice la caricatura usual, sino por la transformación de la sociedad) las clases y su base material: busca acabar la burguesía; busca acabar la pequeña burguesía; y busca acabar el mismo proletariado. Como dije en una conversación con unos camaradas, de esas tres clases a la única que no le importa eso es al proletariado. [risas]Las otras dos clases no quieren desaparecer (eso no quiere decir que la dictadura del proletariado también se ejerce sobre la pequeña burguesía; esa es otra cuestión). Lo que quiere decir es que hay que transformar las circunstancias y las personas para que dejen de existir no solo la burguesía sino también la pequeña burguesía y, es más, el proletariado. Pero el proletariado es el único que quiere hacer eso, en términos sociales amplios.

Si entendemos el papel del estado y recordamos lo que decía de por qué queremos el poder estatal, podemos entender mucho más profundamente la verdad y la realidad de que sin el poder estatal todo es ilusión, hablando de transformar la sociedad de una forma fundamental y cualitativa, hablando de eliminar la opresión y la explotación que agobia a la mayoría de la humanidad, y la pesadilla que es. Hace poco leí unos artículos del Servicio Noticioso Un Mundo que Ganar1, irónicamente fechados el 4 de julio de este año, dos en especial: uno sobre globalización, la reunión de los jefes de estado de los principales países industriales y la demanda de eliminación o reducción de la deuda; y otro sobre África, sobre el Congo. Si alguien no los ha leído, debe leerlos y vale la pena leerlos más de una vez porque retratan con suma claridad las terribles condiciones en que viven las masas bajo la dominación del imperialismo y de los agentes locales del imperialismo en esos países. En el Congo, en la última década, han muerto de 3 a 5 millones de personas en guerras internas en que ningún bando representa nada positivo para la liberación del pueblo. Hay toda clase de fuerzas militares, a veces pandillas organizadas por las corporaciones y consorcios capitalistas para luchar contra sus rivales por el saqueo y robo de los minerales y recursos. Me recuerda la vieja canción de Peter Tosh “Fight Against Apartheid” (Lucha contra el apartheid): “Se roban mis diamantes para financiar sus misiles balísticos”. Eso es lo que ocurre de la forma más horrible. Eso es lo que pasó en Zaire por 40 años, cuando se llamaba Zaire, cuando mataron a Lumumba y estalló una guerra civil, y los imperialistas impusieron a Mobutu. Y es lo que pasa ahora muy agudamente: millones han muerto en esta década en esa parte del mundo, no de hambre, como en Níger y otras partes de África; mueren en guerras intestinas, guerras reaccionarias, organizadas por los imperialistas e inclusive por las compañías y los consorcios que roban el país.

Si uno es marxista y ve eso, dirá: “qué urgente necesidad hay del poder estatal proletario en esos países”. La gente sufre esos horrores porque no ha hecho una revolución y no tiene el poder estatal proletario. Que critiquen el estado como institución todo lo que quieran, pero, carajo, ¡pongamos una dictadura proletaria y que la critiquen después! Como he dicho varias veces, por ejemplo en la entrevista que me hizo Michael Slate2, primordialmente hay que encomiar el estado proletario, aunque le hagamos críticas. Esa es otra unidad de contrarios: defender y encomiar el estado proletario por un lado, y criticar sus deficiencias por el otro. En esas guerras del Congo contraponen a tribu contra tribu, a que se maten. Inclusive lo que sucedió en Ruanda está relacionado con la red de relaciones imperialistas y la batalla entre los rivales imperialistas, por más que estos lloren lágrimas de cocodrilo y lo aprovechen para inclinar la opinión pública mundial a favor de sus intervenciones por todo el mundo. Ahora están haciendo eso con Nepal (a lo que volveré más adelante): “Nepal podría ser otro Ruanda, otro Camboya; la humanidad no lo puede permitir, no puede permitir que esa sociedad caiga en el caos y que se maten unos a otros”. En estos momentos están influenciando la opinión pública en esa dirección ante la perspectiva de que triunfe la revolución maoísta en Nepal. Pero en África el horrendo sufrimiento de la gente es muy vívido y real porque no hay un estado proletario.Bueno, cuando nazca un estado proletario, tiene que vérselas en el terreno militar con los imperialistas y otras fuerzas reaccionarias, pero sin el poder estatal proletario, sin poder reorganizar la sociedad y proporcionarle a ese estado una fundación material, a la vez que se transforma la sociedad y se apoyan luchas revolucionarias en otras partes del mundo, el pueblo no tiene la menor posibilidad.

De nuevo: Sin el poder estatal, todo es ilusión

Viendo esto como comunistas, salta a la vista cuánto sufre el pueblo porque no tiene el poder estatal proletario,porque tiene otras clases de poder estatal reaccionario y porque lo lanzan a matarse entre sí para beneficio de los que detentan otras clases de poder estatal y trabajan al servicio del imperialismo, la opresión y la explotación. Lo mismo sucede en vastas partes del mundo y en el mundo en general; y no se puede hacer nada al respecto sin el poder estatal proletario. Vaya, yo siento un respeto enorme por los que se unen a Médicos sin Fronteras (y hablaré más de esto), pero se queman muchísimo porque los problemas son inmensos y crecen de manera exponencial mientras que tratan de hacer algo…porque los pueblos no se han zafado del sistema imperialista y establecido un poder estatal proletario. Este sufrimiento continuará y empeorará hasta que eso suceda. Cuando uno ve esto y lo entiende, no refractado por un prisma burgués o revisionista, cuando se ve con un análisis comunista, salta a la vista la urgente y apremiante necesidad de la revolución proletaria y el poder estatal proletario. Sí, esta revolución tiene que pasar por distintas fases. Pero en esencia, y a fin de cuentas y fundamentalmente, nuestro objetivo tiene que ser la revolución proletaria y el poder estatal proletario, como primer salto hacia la meta final de un mundo comunista. Hemos tenido todas las otras clases de estado, y los imperialistas han usado la experiencia con todas esas clases de estado para reforzar la idea de que, después todo, su dominación e inclusive su colonialismo directo es la única opción para África y de otras partes del tercer mundo. “Miren lo que han hecho desde que se independizaron”, dicen, negando el hecho real de que esos países nunca han tenido independencia. Mobutu: ¿eso es independencia?

Si quieren entender por qué “sin poder estatal todo es ilusión”, repito: piensen en todas las cosas que detestan, que deben detestar, que los convencieron de ser comunistas porque se dieron cuenta de la enormidad de esto y de que no hay otra forma de lidiar con esto dentro de los confines de este sistema. Todas las infamias que aumentan y aumentan sin que puedan hacer nada, en sentido fundamental, porque no existe el poder estatal proletario, porque la idea de hacer algo al respecto sin el poder estatal es, en realidad, apenas una ilusión.

Después de las elecciones del 2004 y del prominente papel que desempeñaron los fundamentalistas fascistas cristianos en la “reelección” de Bush, el escritor religioso Jim Wallis se puso a decir (y recibió apoyo de sectores de la clase dominante) que la única oposición viable a ese fascismo cristiano es una oposición que tiene mucho en común con él, que tiene muchos de los mismos apuntalamientos religiosos, aunque quiera darle una apariencia un tanto distinta. Como señalé enPredicando desde un púlpito de huesos3 hace años, aunque Wallis reconozca y condene, o por lo menos lamente, el sufrimiento de las masas por todo el mundo, su labor ha sido predicar reconciliación entre opresores y oprimidos, y promover la reforma dentro del sistema y las relaciones de opresión y explotación de Estados Unidos y del mundo. Wallis sostiene que la reforma, no la revolución, es la única forma de gestar un cambio positivo; critica abiertamente el comunismo y acepta y repite las calumnias y distorsiones más crasas de la experiencia histórica de la sociedad socialista y del movimiento comunista. En The Soul of Politics,un libro que escribió la década pasada (ahora tiene otro libro: God’s Politics), da ejemplos para demostrar que la reforma, la reconciliación y el cambio pacífico son la esperanza (la única esperanza, a su parecer) de mejorar el sufrimiento de las masas. Un ejemplo que da es de Brasil; no sé si es cierto o no, pero supongamos que lo es y miremos su contenido: a unos campesinos los estaban expulsando de sus tierras y llamaron a las esposas de los senadores (miren las relaciones sociales) y, en versión moderna de Lysistrata,4 ellas presionaron a sus esposos, los senadores, para que intervinieran y no dejaran echar a esos campesinos. Wallis dice muy entusiasmado que este es un paradigma, un modelo, de cambio. Bueno, yo me puse a investigar (recuerden, hay que trabajar) [risas]lo que pasaba en Brasil en esa época y, durante el lapso de 10 a 15 años del que Wallis habla, expulsaron de sus tierras a 15 millones de campesinos. Si aceptamos que el relato de Wallis es cierto y que a esos campesinos no los expulsaron, miremos el cuadro general. Primero, esos campesinos, la mayoría, seguramente ya no están en sus tierras. Inclusive si permanecieron en ellas como un pequeño foco por un tiempo, en ese mismo período 15 millones de campesinos acabaron en pueblos y favelas. Seguramente muchos de ustedes vieron la película “Ciudad de Dios” y en general saben en qué condiciones viven los campesinos que llegan a la ciudad. Brasil tiene sus relucientes fachadas y enclaves, pero en el campo y en las favelas hay una terrible pobreza y la gente cae en conflictos, arma pandillas y se mata entre sí por un capitalismo extraoficial. Eso es lo que pasa sin un poder estatal proletario. Eso es lo que ha sucedido por décadas porque no ha habido poder estatal proletario.

Lo mismo pasa en Estados Unidos. Miremos lo que ha pasado porque no hemos tenido poder estatal proletario: el crecimiento de horribles problemas económicos y sociales; la difusión del fundamentalismo religioso entre las masas básicas; la asfixia de las masas con opresión e ignorancia deliberadamente inculcada... porque no pudimos hacer la revolución, en especial durante el gran repunte de lucha de los años 60, con su efervescencia y vientos revolucionarios. No responsabilizo principal y esencialmente a los que nos hicimos revolucionarios en esa época, pero el hecho es que debido a que, por una combinación de razones, la revolución no estalló y debido a que no tomamos el poder proletario, miren lo que ha sucedido en el mundo y en Estados Unidos por décadas. Pensar que todo eso se puede cambiar sin el poder estatal proletario y que se puede encontrar otra manera de aliviar el sufrimiento de las masas, y ni hablemos de eliminarlos, es la más absurda y dañina de las ilusiones.

Para lo que sirve la coacción

Hablando del poder estatal y de lo que se puede hacer con él, quiero hablar específicamente del elemento de coacción y de lo que se puede hacer con él. Esto se relaciona con el punto de las “restricciones” que planteó un camarada y que mencioné antes: todas las restricciones no son malas. Veamos. He citado este ejemplo, de otro camarada, sobre la película “Remember the Titans”. No es sobre la dictadura del proletariado, pero es sobre un importante cambio social en el cual el poder estatal impulsó las reformas liberales de la época. Para los que no recuerdan o que no vieron la película, es sobre una ciudad de Virginia a principios de los años 70 donde acaban la segregación de una prepa y del equipo de fútbol, y al entrenador blanco, que había ganado muchos trofeos, lo remplaza un entrenador negro, de una escuela negra. ¿Qué hubiera pasado si se les hubiera dicho a los blancos, a los padres de los estudiantes de esa prepa blanca: “Hagamos una votación democrática? ¿Cuántos quieren eliminar la segregación de la escuela; cuántos quieren que se integre el equipo de fútbol; cuántos quieren un entrenador negro?”. ¿Están locos? [risas] Pero como se planteó una necesidad que confrontar, como se ejerció esa coacción, se creó una fundación diferente para cambiar la mentalidad de esa comunidad; y también, se creó un terreno más favorable para que los elementos avanzados se destacaran, para que no los sofocaran. Los elementos del equipo de fútbol, primero, y después los elementos de la comunidad que estaban a favor pero temían decirlo, o que cambiaron de parecer, pudieron tomar la iniciativa porque ese era el terreno.

Aquí se ve el valor de la coacción. Toda la coacción no es mala. Del mismo modo que nunca habrá una sociedad sin necesidad, tampoco habrá una sociedad sin coacción, inclusive cuando no haya poder estatal ni coacción política, en ese sentido, y una parte de la sociedad no ejerza una dictadura sobre las otras. Pero aun así habrá necesidad y, de modo afín, nunca se eliminará enteramente la coacción. Todos los miembros de la sociedad no harán todo lo que quieran todo el tiempo, ni siquiera en la sociedad comunista. La diferencia es que en la sociedad comunista los individuos se someterán voluntariamente a esa situación por el bien común que entienden conscientemente, porque entienden que “esta vez no haré lo que quiera, pero en el contexto general esto es mucho mejor para todos y, por lo tanto, mucho mejor para mí”.

Veamos otro ejemplo. En estos momentos hay una gran controversia sobre la evolución. La única razón de ser de esa controversia es que un sector de la clase dominante, un sector poderoso, ha decidido que le conviene mellar la aceptación de la población general de la evolución como un hecho científico. Bueno, dejarán que unos científicos hagan su trabajo basado en la evolución. ¿Recuerdan el libro y la película Handmaid’s Tale (El cuento de la criada). La sociedad vivía bajo una moral de hierro, pero los miembros de la élite gobernante tenían clubes con prostitutas y todo lo demás. Es una analogía detestable, pero si logran imponer que en las clases de ciencias se enseñe que la evolución no es un hecho científico, dejarán que los científicos hagan el trabajo que la burguesía considera necesario y ellos se dirán entre sí: “Claro, sabemos que la evolución es verdad; no podríamos hacer nada si no lo fuera”. Pero a la población general quieren diseminarle otra ideología; no es solo replantear la evolución y si es verdad o no, sino replantear la definición de ciencia de modo que tenga elementos teístas y sobrenaturales, lo cual, por definición, acaba la ciencia. [Con una voz satírica:]“Estamos en la superficie de la Tierra por la fuerza de la gravedad o porque dios lo quiere. No sabemos cuál. Hay que enseñar las dos explicaciones en las escuelas. ¿O quieren suprimir las ideas y no dejar que todos tengan la oportunidad de decidir por su cuenta?” [risas]

Hablando con una camarada sobre la evolución, dijo: “Si en este instante me pidieran una prueba del hecho de que la Tierra gira alrededor del Sol, no podría darla. Tendría que ir a estudiar y regresar con la información, pero acepto este hecho porque la comunidad científica ha determinado por siglos que es verdad, se ha comprobado a satisfacción muchas veces y concuerda con lo que sabemos de la realidad. ¿Existe la posibilidad teórica de que se equivoque? Sí, pero no parece ser así”. Los científicos no debaten y, en este momento, la sociedad en general no debate si la Tierra es el centro del universo y si el Sol gira alrededor de ella, o si la Tierra es parte de un sistema solar y gira alrededor del Sol. Pero la camarada agregó: “Sin embargo, si a un sector de la burguesía le conviniera, podría generar ese debate (si la Tierra gira alrededor del Sol) tal como lo están haciendo con la evolución. Los científicos no lo dudarían, pero se podría crear una controversia en la sociedad por motivos políticos si un sector de la clase dominante viera que le conviene”.

Se está dando una lucha política, una lucha de clases fundamentalmente, en el campo de la epistemología; es una lucha política sobre epistemologías opuestas. Es una lucha compleja y no se da en términos de comunismo versus otras ideologías. Es básicamente la ciencia y la Ilustración contra lo que se opone a eso. Es otra de las complejidades con que tenemos que lidiar.

La única razón de que exista una polémica sobre la evolución en Estados Unidos es que un sector de la clase dominante quiere fomentar una epistemología diferente al servicio de un programa político, social y económico que es abiertamente reaccionario. Los científicos no polemizan sobre la evolución: la abrumadora mayoría de los científicos, especialmente del campo de la biología, reconocen que la evolución es una de las verdades más fundamentales de toda la ciencia. Esencialmente, los científicos no han debatido este hecho por más de cien años y la ciencia lo ha verificado. Pero se está fabricando una controversia con fines políticos. Bueno, el poder estatal y la coacción también sirven para esto: el proletariado toma el poder y en las escuelas se enseña evolución. [risas]Punto. [risas]Nada de que “florezcan ideas” sobre si la evolución es verdad o si todos somos el producto de un gran diseñador. Eso está resuelto. Ahí está. Es parte del currículo de la sociedad socialista. La evolución es un hecho que ha establecido la ciencia y se va a enseñar, punto.

Este es un ejemplo de por qué es importante tener el poder estatal y es un ejemplo de un aspecto positivo de la coacción: usar el poder estatal para dar por sentados principios que concuerdan con la realidad y que corresponden a los intereses de las masas populares y en última instancia de la humanidad. Hay que dar por sentadas ciertas cosas o no se podría hacer nada ni avanzar. ¿Quiere decir eso que no queremos que haya cuestionamiento intelectual sobre toda clase de cosas? Por supuesto que no. Y si se presentara una prueba (prueba científica, derivada de la aplicación del método científico) de que la evolución no es un hecho, habría que reconocerla. Pero todo no se puede “debatir” todo el tiempo; no se haría nada y la sociedad no funcionaría. Así será en la sociedad socialista, cuyo principio fundamental es habilitar a las masas a conocer y cambiar el mundo cada vez más conscientemente y de acuerdo a sus intereses, y avanzar al punto en que las divisiones de clases y los instrumentos de opresión de clase no obstruyan y distorsionen el proceso de que la humanidad conozca y cambie el mundo para beneficio de todos. Tiene que haber un núcleo sólido, así como mucha elasticidad, pero si se echa todo al aire en la sociedad socialista, la burguesía recuperará el poder muy rápidamente.

¿Por qué no se enseñan “dos teorías alternativas” de epilepsia en las escuelas: la que la ciencia médica ha descubierto sobre las causas materiales de la epilepsia y la que dice que la epilepsia es posesión de demonios? [risas]Vaya, hay que tener en cuenta que la sátira de hoy es la horrible realidad de mañana. En las charlas sobre religión he dado el ejemplo de la epilepsia, de que Jesús se equivocó con la epilepsia: la Biblia dice que Jesús curó la epilepsia expulsando un demonio. Bueno, si es conveniente en lo político para un sector poderoso de la clase dominante, es posible que se abra un debate [con voz sarcástica]: “Bueno, hay explicaciones alternativas de la epilepsia. Unos creen que se debe a los mecanismos eléctricos y químicos del cerebro, pero esa teoría tiene muchos puntos débiles. [risas]Otros se están dando cuenta de que quizá, después de todo, se debe a posesión demoníaca”. [risas]¿Por qué no enseñamos eso en las escuelas? No, no debemos hacerlo porque no es verdad; se ha demostrado científicamente que no es verdad. Del mismo modo, se ha demostrado científicamente que la evolución es verdad y que el diseño inteligente no es una explicación verídica del surgimiento y desarrollo de la vida (y la vida humana).

Así que la coacción tiene cierto valor; debemos entender el valor y el papel de la coacción, pero en relación dialéctica con la realidad fundamental y la orientación fundamental de que la revolución y el avance al comunismo, ahora y tanto más en la sociedad socialista, debe ser el acto liberador consciente de las mismas masas. Entender esa contradicción correctamente requiere materialismo y dialéctica (en contraposición al idealismo y la metafísica) con respecto al comunismo y a cómo llegar a él.

A partir de todo esto, debe quedar claro que el proletariado (expresado de una forma concentrada en el papel de su partido de vanguardia) debe tomar el poder y debe ser el elemento decisivo y determinante del estado, y que no comparte el poder estatal con ninguna otra clase (no puede hacerlo de modo esencial), aunque aplica la orientación estratégica de forjar el más amplio frente único, bajo su dirección, durante el avance hacia el comunismo. Más adelante voy a hablar más a fondo de la aplicación del frente único bajo dirección proletaria durante toda la etapa de transición al comunismo porque es otra contradicción muy importante. Pero aquí quiero hacer hincapié en que el proletariado (expresado de una forma concentrada en el papel de su partido de vanguardia) debe dirigir el estado y el ejercicio del poder estatal. Eso es algo en movimiento, es algo que cambia, porque a medida que se avanza hacia el comunismo como parte de la revolución mundial, el papel del partido debe ser remplazado más y más por otros medios del ejercicio del poder de las masas. Pero el papel del partido, y su necesidad, no se eliminará completamente hasta que lleguemos al comunismo y tampoco haya necesidad de estado. Esa es otra contradicción que vamos a tener que manejar correctamente y, sí, mejor que antes, inclusive con todos los grandes logros, especialmente por medio de la Gran Revolución Cultural Proletaria bajo la dirección de Mao.

La lucha implacable contra la espontaneidad

Otra cosa que tenemos que tener claro es que existe la necesidad de una lucha resuelta y continua en contra de la influencia de la espontaneidad. Una de las cosas que continúo comprendiendo más profundamente es lo que dice Lenin cuando habla sobre las luchas de las masas y se refiere a su “tendencia espontánea a cobijarse bajo el ala de la burguesía”. Esta es una formulación muy importante porque no dice: “Bueno, estas luchas tienden a irse naturalmente hacia una dirección donde la burguesía puede dominarlas”. Más bien dice: Hay una “tendencia espontánea a cobijarse bajo el ala de la burguesía”. De hecho, esto es lo que repetidamente se ve en la lucha para sacar a las masas de los confines mortales del marco político dominante en Estados Unidos, en relación con El Mundo No Puede Esperar. Vemos esa tendencia repetida y continuamente a cobijarse bajo el ala de la burguesía o de un sector de ella (representado generalmente por los dirigentes del Partido Demócrata). Y esa espontaneidad, incluso esa tendencia natural a regresar bajo el ala de la burguesía (si no directa y organizativamente, sí políticamente) también existirá en el socialismo. Esa tendencia a mantener las cosas dentro de (o a regresarlas a) los confines de las relaciones burguesas y su reflejo en la superestructura (los confines del derecho burgués, para abreviar), persistirá incluso en una sociedad socialista debido a razones ideológicas y materiales y a la constante interpretación entre factores materiales e ideológicos. Esto tiene que ver con el hecho de que las clases y las disparidades sociales continúan en la sociedad socialista; tiene que ver con condiciones y presiones materiales, así como con el hecho de que los estados socialistas seguramente existirán, por un largo período de tiempo, rodeados por estados imperialistas y reaccionarios.

Por eso existe la necesidad de una lucha constante e implacable, en un sentido real, en contra de la espontaneidad y de desviarla hacia un camino revolucionario. Esto se aplica tanto a la sociedad capitalista y al movimiento para tomar el poder y establecer un estado socialista nuevo, como a una sociedad socialista para seguir avanzando hacia el comunismo.

Más reflexiones sobre el estado socialista como una nueva clase de estado

Quiero hablar más sobre el tema de la democracia y la dictadura en una sociedad socialista, y sobre el estado socialista, la dictadura del proletariado, como una clase de estado radicalmente distinta. La democracia proletaria (democracia para las masas en una sociedad socialista) debe contener algunas características secundarias y “externas”, si así se quiere, en común con la democracia burguesa, como estipulaciones constitucionales para proteger los derechos de las masas de los individuos. Pero es una clase de democracia radicalmente distinta en esencia, fundamentalmente porque es una manifestación de un tipo de dominación de clase radicalmente distinto,regido por el proletariado, guiado por su vanguardia, que ejerce abiertamente una dictadura sobre la burguesía derrotada y otros elementos contrarrevolucionarios comprobados, y tiene objetivos radicalmente distintos, sobre todo el avance al comunismo y la “extinción” del estado de la democracia.

A continuación un pasaje muy importante de Engels, de El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, que dice: [En la sociedad comunal primitiva] “no existe aún ‘derecho’ en el sentido jurídico de la palabra… [en la tribu] no existe aún diferencia entre derechos y deberes”.

“No hay diferencia entre derechos y deberes”: vale la pena reflexionarlo y discutirlo profundamente. Podemos continuar y decir, en un sentido fundamental, que lo que era cierto en una sociedad comunal primitiva será cierto de nuevo, pero de una forma distinta (con una base material e ideológica distinta y en un contexto mundial distinto) en una sociedad comunista: donde no existen antagonismos de clases, no hay separación, fundamentalmente, entre derechos y deberes. Otra forma de decirlo es que no existe la separación entre derechos y deberes característica de la sociedad de clases. Todos los derechos y deberes serán ofrecidos y asumidos de una forma consciente y voluntaria, y no habrá necesidad de instituciones que hagan cumplir los deberes y protejan los derechos. No habrá necesidad de un estado ni de las estructuras formales de la democracia. Por supuesto esto no significa que en una sociedad comunista no existirá la necesidad de un gobierno para la administración y la toma de decisiones. Esa necesidad persistirá, y entenderlo es una parte crucial de entender la diferencia entre una visión científica y una visión utópica del comunismo, así como de la lucha para llegar al comunismo (hablaré más sobre esto, conforme avancemos). Pero el estado no es la misma cosa, no es idéntico al gobierno; el estado, insisto, es un órgano, un instrumento de opresión de una clase por otra y de dictadura, y su existencia es siempre una manifestación de la existencia de antagonismos de clase.Ahora, por otra parte, el carácter del estado proletario y la manera en que el poder se ejerce bajo la dictadura del proletariado también debe ser radicalmente distinta de cualquier clase de estado anterior (de acuerdo a los objetivos de la revolución comunista y para avanzar hacia ella).

Para adentrarnos en esto, y como base, quiero parafrasear y repasar tres oraciones sobre la democracia que he formulado para condensar algunos puntos fundamentales. Primero: en un mundo de profundas divisiones de clase y grandes desigualdades sociales, no tiene caso hablar de la “democracia” sin señalar su carácter de clase y a qué clase beneficia. Segundo: en tal situación, no puede haber democracia para todos o “democracia pura”: dominará una clase u otra, y la clase que gobierna impondrá las formas de gobierno y de democracia que concuerden con sus intereses y metas. Por eso, la conclusión de esto es la tercera oración: debemos preguntar si la dominación de esa clase y sus correspondientes formas de democracia sirven para reforzar las divisiones y desigualdades de clase, las relaciones fundamentales de explotación y opresión, o si llevan a extirparlas y en última instancia a abolirlas.

Como dije en otro contexto, podría enseñar todo un curso universitario sobre esto, mencionando los tres puntos y diciendo el resto del semestre: “discutan”. Y no bromeaba. Bueno, tomemos esto como punto de partida para discutir algunos temas relacionados.

Quiero hablar del estado (las fuerzas armadas y los otros órganos de la dictadura) en relación a las instituciones y a las funciones del gobierno en una sociedad socialista, como los organismos de toma de decisiones, asambleas legislativas de algún tipo e instituciones centralizadas que pueden poner en práctica las decisiones, o un poder ejecutivo de algún tipo. También hablaré de una Constitución, del “estado de derecho” y de los tribunales.

Hace poco comenté que una de las cosas clave que he estado sopesando es cómo sintetizar lo que dice la polémica en contra de K. Venu5 con un principio que recalca John Stuart Mill. Un punto central y esencial de la polémica en contra de K. Venu es que, una vez derrotado el capitalismo y abolida la dictadura de la burguesía, el proletariado debe establecer y mantener su dominio político de la sociedad (la dictadura del proletariado), y seguir la revolución para transformar la sociedad hacia la meta del comunismo y la abolición de las diferencias de clase y de todas las relaciones sociales opresivas, y con eso, la abolición del estado, de cualquier tipo de dictadura; y que para hacer eso el proletariado debe tener la dirección de su partido comunista de vanguardia durante la transición al comunismo. Bregando con estas preguntas fundamentales, me he convencido de que el principio que propone Mill (que es necesario escuchar argumentos presentados no solo por la oposición, sino presentados por fervientes partidarios de esas posiciones) es algo que tiene que incorporarse y manifestarse en el ejercicio de la dictadura del proletariado. Este es un elemento, no todo, pero sí un elemento, de lo que he estado formulando y sopesando con respecto a una nueva síntesis. Y de acuerdo a eso, aunque el proletariado debe mantener control firme sobre el estado (especialmente en las primeras etapas del socialismo y por un tiempo, lo cual se concreta con la dirección del partido de vanguardia del proletariado); aunque los órganos e instrumentos clave del estado tienen que ser responsables ante el partido (hablaré de esto y otros aspectos en breve); también hay que ver cómo las masas pueden participar cada vez más no solo en el ejercicio del poder del estado, sino además en otras formas, otros aspectos de la administración y el gobierno de la sociedad, y la creación de leyes; y cómo el proceso político de una sociedad socialista (con el control firme del proletariado sobre el estado concentrado por medio de la dirección de su partido) puede llevar o contribuir a la clase de efervescencia de que he estado hablando como un elemento esencial de lo que tiene que existir en una sociedad socialista, incluido el énfasis en la importancia de la disidencia.

Aquí es donde “el principio de John Stuart Mill” viene al caso, dentro del marco del gobierno del proletariado y sin elevarlo a una categoría absoluta y por encima de la relación de clases y el carácter de clase del estado. No tengo tiempo de entrar en una discusión profunda sobre Mill pero en el libro Democracy: Can’t We Do Better Than That? (Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr?), explico que Mill no insistió en aplicar la tesis de libertad sin restricción en un sentido universal y absoluto. Mill no pensó que se aplicaba a los trabajadores en huelga, no pensó que se aplicaba a las personas de los “países atrasados”, quienes, a su modo de ver, no estaban listas para gobernarse a sí mismas, lo cual demostró al ser un funcionario de la Compañía de Indias, un instrumento importante del robo y destrucción colonial en Asia y otros lugares. No obstante, dejando todas estas contradicciones al lado, Mill dice que es importante oír los argumentos de boca de sus fervientes partidarios. Una forma de que se manifieste esto en el gobierno de una sociedad socialista (en el contexto de que el estado está controlado firmemente por el proletariado y que haya consultas entre el partido y las masas y se implementen mecanismos tales como los que se crearon a lo largo de la Revolución Cultural de China, que combinan a la gente común del pueblo con personas de puestos técnicos o administrativos, profesionales de educación o artistas o profesionales, etc., en el proceso de la toma de decisiones y deberes administrativos en todas las esferas de la sociedad), con esa fundación, es que haya elecciones dentro del marco de la Constitución que tuviera la sociedad socialista en ese momento. Y una de las razones por las cuales debe de ser así es que ayudaría a implementar lo positivo del principio de John Stuart Mill: escuchar las posiciones no solo de boca de la oposición sino de boca de los fervientes partidarios de esas posiciones. Lo positivo de esto en relación con nuestros objetivos estratégicos (la continuación de la revolución socialista rumbo al comunismo como meta) es que la implementación de este principio contribuirá a la efervescencia política e intelectual en la sociedad socialista, así como al brote de pensamiento crítico y creativo, y sí, de la disidencia. Eso hará de ella una sociedad más vibrante en la que se fortalecerán la voluntad y la determinación consciente de las masas, incluidos los intelectuales, de mantener y defender su sociedad y, es más, de continuar revolucionando la sociedad hacia la meta del comunismo, junto con la lucha revolucionaria del mundo.

Una de las cosas que se debe entender acerca de lo que hemos llamado la nueva síntesis es que supone una sociedad mucho más alborotada, en el sentido político, de lo que ha existido hasta la fecha. Bueno, durante la Revolución Cultural de China hubo gran alboroto. Pero yo lo visualizo en un sentido diferente, como algo más constante: donde hay un núcleo sólido, y la elasticidad da pie a toda clase de discusiones partiendo del núcleo sólido y dentro del marco en que el proletariado a) tiene firme control del estado y b) dirige y, en ese sentido, está en control del aparato político general, incluso las partes que en rigor no son el estado, que no son órganos de dictadura política y opresión, como las fuerzas armadas, donde la dirección del partido, y con ella la dominación del proletariado, tiene que ser muy clara y firme.

El principio de Mill es la razón por la cual estoy bregando con la idea de que haya elecciones para, en parte, seleccionar individuos a las asambleas legislativas (mejor dicho, que la selección de parte de las personas, no todas, de las asambleas legislativas a nivel local e incluso a nivel nacional esté abierta a contienda). Tiene que ver con el principio (que he explicado en otras ocasiones) de que inclusive los reaccionarios deben poder publicar algunos libros en la sociedad socialista. Todo esto es poco ortodoxo [risas] y, por decirlo suavemente, polémico, especialmente en el movimiento comunista internacional. Pero creo que para que las masas gobiernen y transformen la sociedad, y para que entiendan cada vez con mayor profundidad lo que implica transformar el mundo, necesitan esa clase de discusión, y que esto tiene que ir más allá de garantizar los derechos de libertad de expresión, de reunión, de disentir, de protestar y demás, que deben tener, dentro del marco de la dictadura del proletariado. Ese es un elemento que estoy sopesando.

Junto con eso, como en las sociedades socialistas previas, tiene que haber una Constitución. Sin embargo, hay que entender que la Constitución, al igual que el derecho, es algo dinámico y en movimiento.En cualquier momento dado tiene identidad relativa. No se puede decir que es completamente relativa o que es esencialmente relativa en cualquier momento dado, o no tendría ningún significado; sería lo que cada quien quisiera que fuera, y eso no es una Constitución. Una Constitución define las reglas del juego para que todos puedan, por un lado, un lado importante, sentirse tranquilos y, por el otro lado, para que puedan contribuir de lleno a la lucha para transformar la sociedad sabiendo cuáles son las reglas. Pero es algo en movimiento en el sentido de que cambia a medida que se avance hacia el comunismo. Una Constitución es un reflejo en la superestructura de dónde se está en la transformación general de la sociedad, incluida la base económica, al igual que el derecho (como dijo Marx) es esencialmente un reflejo de las relaciones de propiedad de la sociedad (y de las relaciones de producción que son la base de esas relaciones de propiedad) en un momento dado. Será necesario, como en China, que la Constitución cambie en las distintas etapas de este proceso. Será necesario romper la vieja Constitución y escribirla de nuevo cuando se avanza, especialmente a saltos, de una etapa a otra. Pero en un momento dado, la Constitución desempeña un papel importante, creo (o debe desempeñarlo) en la sociedad socialista. Por ejemplo, creo firmemente que el ejército, y también en un sentido fundamental los tribunales, especialmente los que tienen impacto en la sociedad, y los organismos administrativos esenciales, deben ser especialmente responsables ante el partido de vanguardia en la sociedad socialista. Pero aquí viene una contradicción: también creo que deben ser responsables ante la Constitución.Mejor dicho, para decirlo directo, no se debe movilizar al ejército contra la Constitución, aunque lo dirija el partido. Ahí se ve el potencial de una gran tensión. Pero si el partido puede dirigir al ejército a saltar por encima de la Constitución, entonces la Constitución carece de sentido. Y entonces hay un gobierno arbitrario en que solo el partido y lo que el partido decida en un momento dado son las reglas, y eso es lo que se impone.

Ahora, esto es muy difícil si pensamos en las revoluciones culturales en la sociedad socialista. ¿Qué pasa ahí? Bueno[risas], las revoluciones son revoluciones; se suspenden muchas cosas, pero hay que reconstituirlas. E inclusive en eso tiene que haber un núcleo dirigente y reglas. Para eso eran las Circulares que sacó la dirección del partido en la Gran Revolución Cultural Proletaria, por ejemplo. Pero día a día, no se puede manejar la sociedad de tal forma que quien tenga el control del partido en un momento defina e imponga las reglas conforme a sus propias ideas. Si eso sucede, las masas no se sentirán tranquilas y, de hecho, es abrir las puertas mucho más a la restauración del capitalismo y a una dictadura burguesa, una dictadura de explotadores y opresores de las masas. Así que existe una tensión y se puede concentrar en esa formulación: que el ejército debe ser responsable ante el partido y ser dirigido por el partido, pero que también debe ser responsable ante la Constitución; y si las masas se unen contra el partido, por ejemplo, en disentimiento masivo, el partido no debe poder movilizar al ejército a reprimir a las masas o a reprimir su derecho de disentir contra el partido. Esto, repito, encierra una aguda tensión, o el potencial de una aguda tensión. Pero estoy convencido de que esos principios, y la institucionalización de esos principios, son necesarios en la sociedad socialista para que las masas realmente lleguen a ser los amos de la sociedad.

Esto plantea lo que llamo “la cuestión de la República Islámica de Irán”. Alguien dirá: “Bueno, eso suena bien; derechos constitucionales, el ejército no puede violar la Constitución; elecciones; ¿Pero va a ser diferente de Irán, donde el Consejo Supremo Islámico tiene el derecho de veto y poder final? ¿En realidad no van a ser diferente de eso, verdad?”. Bueno, sí y no. No vamos a ser diferentes en el sentido de que no vamos a poner el poder estatal en bandeja para que se lo lleve quienquiera. De hecho, una Constitución tiene que encarnar el carácter del poder estatal: no solo por ejemplo cuál es el papel del ejército con relación al partido, sino cuál es el carácter de las relaciones de producción, además de tener la dimensión de los derechos del pueblo y, sí, de los individuos.

¿Por qué se necesita una Constitución? Porque como Mao señaló (esto es algo importante de Mao), en la sociedad socialista persiste una contradicción entre el pueblo y el gobierno o el pueblo y el estado. Esto no se entendía bien antes de Mao; él lo explicó, si mal no recuerdo, en “El tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo”. La Constitución, las estipulaciones, las protecciones y los derechos constitucionales se necesitan como reconocimiento de esa realidad: que inclusive cuando el estado está en manos del proletariado y es un estado positivo, es un buen estado, es un estado que mantiene la dominación del proletariado y respalda la revolucionarización de la sociedad y apoya la revolución mundial, inclusive en ese caso, tiene que haber protección para que no se pisotee a los individuos o a sectores de la sociedad con el pretexto del bien social y mundial, y ni siquiera en la legítima búsqueda de esos objetivos.

De modo que esta es una contradicción importante y por eso es que se necesita una Constitución.

Y en mi opinión por eso también es que se necesita “el estado de derecho”. Esto se relaciona con la critica que planteé en las “Dos grandes cuestas”6 (una charla que di en 1997) sobre la formulación de Lenin de que la dictadura es un poder ilimitado, al margen de toda ley. Bueno, para ser justos con Lenin, lo dijo en las primeras etapas de la República Soviética, cuando no se había acumulado mucha experiencia sobre la naturaleza de la dictadura del proletariado y estaban en circunstancias sumamente apremiantes. Y Lenin no lo dijo como conclusión general del carácter del gobierno a lo largo de toda la transición al comunismo. Ni siquiera entendía del todo cómo sería esa transición. Pero reflexionándolo con perspectiva histórica, esa no es una declaración correcta de lo que es o debe ser una dictadura. Es necesario que haya leyes y es necesario que opere “el estado de derecho”, o si no, no habrá leyes. Quiero decir que la ley se tiene que aplicar conforme al carácter de la sociedad y de lo que estipulan la Constitución y las mismas leyes; se tiene que aplicar del mismo modo a todos y a todo. Bueno, parte del derecho, una parte esencial del derecho, tiene que ser una manifestación de la dictadura sobre la burguesía y la represión de contrarrevolucionarios. Pero no declarar sencillamente a una persona contrarrevolucionaria y quitarle sus derechos sin el proceso judicial, pues en ese caso se abren las compuertas a un gobierno arbitrario y a la restauración de la dictadura burguesa. Esa es otra contradicción intensa.

¿Y un sistema judicial independiente? En mi opinión, el sistema judicial debe y no debe ser independiente. En un sentido concreto debe ser independiente: en el sentido en que no debe simplemente seguir de modo directo, inmediato, los dictados del partido. Debe haber leyes y debe actuar conforme a las leyes. Por otra parte, y en un sentido general, y especialmente si hablamos de un tribunal cuyas decisiones tienen una influencia a gran escala, y especialmente si afectan a toda la sociedad, esto también tiene que estar bajo la dirección del partido y someterse al partido y también a la Constitución. Nuevamente, una contradicción intensa.

Estas son algunas cosas con las que estoy bregando y aquí vuelve a surgir la “cuestión de la República Islámica de Irán”. Hay diferencias fundamentales entre nosotros y la República Islámica de Irán (como encarnación de una cierta clase de gobierno). Primero que todo, ¡nosotros no somos fundamentalistas teócratas! Esa no es una declaración vacía; hay una profunda diferencia: nuestra concepción del mundo, nuestros objetivos políticos, son profundamente diferentes. Pero por verdadero e importante que eso sea, no es suficiente; hay más que considerar en el sentido de que el partido no puede simple y arbitrariamente “saltarse las reglas” para anular lo que pase en la sociedad, según las “reglas” de la sociedad en determinado momento; no puede movilizar el ejército u otros órganos del estado para hacer eso. Si los revolucionarios del partido o el partido colectivamente piensan que la sociedad va camino al capitalismo, y no hay más forma de prevenirlo que por medio de un levantamiento como el que Mao desató con la Revolución Cultural, pues eso es lo que el partido tendrá que desatar; en ese caso, cambia todo, todo se lanza al aire. Pero en mi opinión, si se permite que el partido decida arbitrariamente cuáles son las reglas, qué es el derecho, cómo debe operar el sistema judicial, si se deben aplicar estipulaciones constitucionales o eliminar derechos sin el proceso legal establecido; si se permite todo eso, se aumenta el potencial y se fortalece la base para que suba al poder una camarilla burguesa y para la restauración del capitalismo.

Así que todos estos son temas que tenemos que examinar más a fondo. Pero las contradicciones que hemos explorado aquí tienen que ver con el carácter del socialismo como período de transición al comunismo, y no la sociedad comunista en sí, y con la necesidad de atraer a las masas más de lleno a la dirección y al proceso de transformar la sociedad; y segundo, tienen que ver con toda la nueva síntesis y, en particular, la dimensión epistemológica de esto y cómo se relaciona con la dimensión política. Es decir, para expresarlo de manera concentrada, cómo las masas van a conocer al mundo tan cabalmente como sea posible a fin de transformarlo; cómo van a entender más cabalmente la complejidad de la situación, lo que es correcto y lo que es incorrecto, lo que es verdad y lo que es falso, a fin de ser más plenamente amos de la sociedad y transformarla hacia la meta del comunismo. Los temas que estoy explorando y examinando parten de ese marco. Pero es un hecho insoslayable que hay una cosa que NO PODEMOS hacer:el proletariado no puede, en un sentido fundamental, compartir el poder con otras clases —es decir, en la sociedad socialista el estado no puede estar al servicio de diferentes clases—, porque aunque el proletariado tiene que aplicar la orientación estratégica de construir un frente único bajo su dirección hasta llegar al comunismo, solo el proletariado, como clase, tiene un interés fundamental en abolir todas las diferencias de clase y todo lo relacionado con las divisiones de clase, tanto en la base económica como en la superestructura política e ideológica de la sociedad. Lo que existe y se concreta en el derecho, en una Constitución y en la naturaleza del estado, tiene que reflejar la dominación del proletariado y, además, los objetivos del proletariado: abolir todas las diferencias de clase y las “4 todas”7 y por lo tanto la necesidad del estado. Esto tiene que manifestarse de formas concretas, que se plasman en una serie de Constituciones. Pero esto, a pesar de lo importante que es, en otro nivel no es más que la expresión externa en la superestructura de las transformaciones necesarias de las “4 todas”: seguir transformando la base económica, revolucionando la cosmovisión del pueblo, dentro del partido y en la sociedad en general, y transformando las instituciones políticas para incorporar a más masas y para restringir y, a fin de cuentas, eliminar la diferencia entre el partido y las masas en la dirección del estado y la determinación del rumbo de la sociedad.

De modo que el estado proletario tiene que estar firmemente en manos del proletariado; pero de conformidad con los intereses del proletariado, tiene que ser diferente de todo estado previo: además de reforzar la base económica y la superestructura existentes, tiene que transformarlas, al compás del avance de la revolución mundial hacia la meta del comunismo. Esto tiene que reflejarse en todas las instituciones que he mencionado: el estado y el gobierno, el derecho y la Constitución. Y eso entraña contradicciones muy agudas. Como he señalado muchas veces, es muy fácil promulgar, concebir teóricamente y popularizar la idea de dar rienda suelta a la elasticidad, que es otra manera de decir a la democracia burguesa, porque eso es lo que surgirá y en lo que se transformará. Otra lección de la historia es que es fácil concentrarlo todo en el núcleo sólido y en una concepción lineal de cómo avanzar hacia el comunismo, cómo llevar a cabo la transición socialista (lineal en el sentido de que todo se desenvuelve como extensión del partido, o sea, el partido dirige a las masas a hacer esto o aquello). Sí, en un sentido general, el partido tiene que dirigir a las masas, hasta que deje de ser necesario tener un partido de vanguardia. Pero creo que tenemos que concebir, y la nueva síntesis concibe, un proceso muy complejo y contradictorio, de desencadenar mucho tumulto, agitación, debate y disentimiento entre las masas y junto con las masas, para que a partir de todo eso las masas sinteticen cada vez más lo que es cierto y lo que es revolucionario. Y a partir de eso, habrá que suprimir lo que haya que suprimir e impulsar lo que haya que impulsar, y manejar de manera correcta en cualquier momento dado los dos tipos de contradicciones sociales (contradicciones entre nosotros y el enemigo, y contradicciones en el seno del pueblo). Esta es una manera diferente y no tan lineal de tratar el problema. No es como pescar y tirar el sedal [risas]. Mejor dicho es como “tirar” un proceso con muchos lados y trabajar con las masas para sintetizarlo, sin abandonar el núcleo de todo. Y esto es lo más difícil: hacerlo sin abandonar el núcleo de todo.

El reto es continuar la revolución bajo la dictadura del proletariado,levantar el suelo (material e ideológicamente, en la base económica y en la superestructura) que hay que sacar y abolir para avanzar al comunismo y realizar las “4 todas”, en relación (y esto sin duda alguna tiene contradicciones) con dar plena expresión continuamente a los aspectos del estado socialista que son radicalmente distintos de todos los estados anteriores para avanzar hacia la meta final de la abolición de sí mismo. Y aquí está otra contradicción: esa abolición requerirá todo un proceso, toda una época histórico-mundial, en que se crearán las condiciones materiales e ideológicas necesarias para el comunismo, no en un país sino en todo el mundo.

Creo que a partir de la experiencia de la dictadura del proletariado hasta la fecha —al pasar por el tamiz y hacer un balance de la primera etapa de la revolución proletaria y la sociedad socialista y al proyectarlo hacia el futuro—, hemos aprendido más a fondo la complejidad de ese proceso; que es un proceso prolongado que requiere toda una época histórica, a diferencia incluso de lo que pensaba Lenin cuando murió en 1924 y por supuesto a diferencia del punto de visto algo ingenuo, como diríamos con la perspectiva histórica de hoy, de Marx y Engels en cuanto a la “extinción” del estado. Marx y Engels pensaban que una vez que el proletariado socializa la propiedad de los medios de producción (y pensaban que iba a pasar primero en una sociedad capitalista desarrollada), no se requerirá un largo período, ni una lucha profunda ni compleja, para poner la administración de la sociedad en las manos de más y más personas y para que se extinguiera el estado. Hemos aprendido que ese es un punto de vista bastante ingenuo, como es de esperarse. [Con una voz de sarcasmo exagerado:]“Dijo que Marx y Engels eran ingenuos”. [risas] Sí, eso es lo que dije. Porque somos materialistas históricos y no religiosos ni idealistas; en ese aspecto las ideas de Marx y Engels no estaban muy desarrolladas, como es lógico. Hemos aprendido mucho por medio de la revolución soviética (después de la experiencia pasajera y limitada de la Comuna de París) y luego de la revolución china y la Revolución Cultural de China (y de examinar la dimensión internacional de esto mucho más profundamente en relación dialéctica con los avances en un país socialista dado) sobre lo complejo que será ese proceso, que las contradicciones que lo impulsan se manifestarán con intensidad y que habrá que dar otro salto para conservar el dominio del proletariado y, es más, para seguir avanzando, para llevar a cabo más transformaciones de la base y la superestructura, a la vez que apoyamos las luchas revolucionarias por todo el mundo.

En ese contexto quiero regresar y hablar más directamente del núcleo sólido con mucha elasticidad… y elasticidad que parte de la base de ese núcleo sólido necesario. En otras charlas, como “Elecciones y democracia, resistencia y revolución”,8 hablé de cuatro objetivos en relación con el núcleo sólido y el poder estatal. Se puede caracterizar, y así lo he caracterizado, en la formulación “aferrarse al poder estatal y garantizar que ese poder estatal sea algo a lo que vale la pena aferrarse”. Por supuesto que esa es una concentración básica de un fenómeno y proceso mucho más complejo. Pero esos cuatro objetivos son: 1) aferrarse al poder; 2) garantizar que el núcleo sólido se extienda al máximo grado posible, que no sea estático sino que se extienda continuamente al máximo grado posible; 3) esforzarse sistemáticamente por llegar al punto en que ese núcleo sólido no sea necesario y no haya distinción entre el núcleo sólido y el resto de la sociedad; y 4) desatar la mayor elasticidad posible en cada momento dado partiendo de la base de ese núcleo sólido.

La interacción dialéctica de esos factores es otra manera de expresar lo que he descrito como un proceso no lineal de seguir ejerciendo la dictadura del proletariado, por un lado, y por el otro (en medio de un proceso tumultuoso y desgarrador, y de una sucesión de saltos) aferrarse al poder y, es más, transformar el carácter de ese poder, al compás de la transformación de la base económica y la superestructura, en relación dialéctica el uno con el otro y con el avance de la revolución mundial hacia la meta del comunismo a nivel mundial.

Notas

1. El Servicio Noticioso Un Mundo que Ganar es publicado por la revista Un Mundo que Ganar, una revista política y teórica inspirada por la formacion del Movimiento Revolucionario Internacionalista. Para subscribirse al servicio en línea comuníquese con:http://uk.groups.yahoo.com/group/AWorldToWinNewsService/

2. La grabación de la entrevista del corresponsal revolucionario Michael Slate a Bob Avakian está en la internet (en inglés) en BobAvakian.net. El tema mencionado aquí se encuentra en la parte titulada “March 29, 2005: Michael Slate interviews Bob Avakian on China, the Cultural Revolution, and Dissent” (29 de marzo de 2005: Michael Slate entrevista a Bob Avakian sobre China, la Revolución Cultural y el disentimiento).

3. Predicando desde un púlpito de huesos: Necesitamos la moral, pero no la moral tradicional(Insight Press, 1999).

4. En Lysistrata,una obra de teatro de Aristófanes de la antigua Grecia, las mujeres se niegan a tener relaciones sexuales con sus esposos hasta que acaben la guerra que están librando.

5. Esta polémica, titulada "Democracia: Más que nunca podemos y debemos lograr algo mejor", salió en el número 17 (1992) de la revista Un Mundo que Ganar. (Está en revcom.us).

6. El Obrero Revolucionario (ahora Revolución)publicó pasajes de esta charla, que se titula “Vencer las dos grandes cuestas - Más acerca de conquistar el mundo”. Están en revcom.us. La serie “Sobre la democracia proletaria y la dictadura del proletariado - Un punto de vista radicalmente diferente sobre cómo dirigir la sociedad” salió en el OR #1214 al 1226 (del 5 de octubre de 2003 al 25 de enero de 2004). La serie “Cómo vencer la cuesta” salió en el OR #927, 930, 932 y 936-940 (12 de octubre, 2 de noviembre, 16 de noviembre y del 14 de diciembre de 1997 al 18 de enero de 1998). Otros dos pasajes son “Materialismo y romanticismo: ¿Podemos prescindir de los mitos?” en el OR #1211 (24 de agosto de 2003) y “Otro vistazo a George Jackson” en el OR #968 (9 de agosto de 1998). Todos los artículos están en la internet en revcom.us.

7. Las “4 todas” se refiere a una declaración de Marx en La lucha de clases en Francia, 1848-50de que la dictadura del proletariado representa la transición necesaria hacia la abolición de todas las diferencias de clase, de todas las relaciones de producción en que estas descansan, de todas las relaciones sociales que acompañan esas relaciones de producción, y la revolucionarización de todas las ideas que surgen de esas relaciones sociales.

8. Una charla que dio Bob Avakian antes de las elecciones de 2004. Se puede escuchar y descargar en la internet (en inglés) en BobAvakian.net.

http://rwor.org/a/042/avakian-sobre-socialismo-comunismo-pt5-s.htm

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UNA PERSPECTIVA COMUNISTA SOBRE EL COMUNISMO

El principio kantiano, la sociedad, las relaciones sociales y los individuos

Aquí llegamos de nuevo a nuestro viejo amigo Immanuel Kant. Leyendo atentamente el libro Conversations1, se ve que a Bill Martin no le gustó mucho cómo traté el imperativo categórico moral de Kant en mi libro Democracy: Can't We Do Better Than That? (Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr), y lo comentamos. Aquí cabe recordar un comentario que hizo Samuel Johnson, un escritor y crítico inglés del siglo 18: dijo que para Shakespeare un juego de palabras era la manzana por la que daría gustoso el paraíso. Mejor dicho, Shakespeare estaba dispuesto a retorcer sus propios escritos a fin de meter un juego de palabras. Bueno, eso se aplica al libro Democracy. Yo tenía muchas ganas de hacer un juego de palabras y decir que el imperativo categórico moral de Kant se reduce simplemente a "cant". [ can’t = no se puede—Nota del traductor] Por eso lo hice. [risas]Pero a Bill le molestó esa formulación, de modo que por esa razón y por razones generales lo analizamos. A él no le gustó que descartara el tema con un “cant”; para dejar constancia, en el libro Democracy hay un análisis más serio que el juego de palabras. [risas]Pero Bill planteó varios puntos importantes sobre esto y lo discutimos a fondo. Vale la pena volver a la cuestión de ese imperativo moral trascendental: que el ser humano nunca debe ser un medio para llegar a un fin, sino un fin en sí mismo.

En el libro Democracy y en la conversación con Bill Martin afirmo que eso no se puede alcanzar en la sociedad dividida en clases, y en tal situación no es deseable; tampoco es alcanzable ni deseable en la sociedad comunista. Esto se desprende de un análisis materialista, un análisis comunista, del comunismo.

Primero, debemos entender que en esencia cualquiera que quiera que otras personas hagan algo que no quieren, viola el imperativo categórico moral de Kant; y no se puede vivir en sociedad y no violarlo. Y sí, esto también se aplica a los líderes de un partido comunista de vanguardia y de una lucha revolucionaria en la cual ese partido desempeña un papel decisivo. Cuando hay una lucha revolucionaria de masas por el poder estatal, los líderes de esa lucha, necesariamente, despacharán grupos a encuentros y batallas sabiendo que unos no regresarán; y si no lo hicieran, no podría haber una lucha revolucionaria por el poder. Pero al hacerlo, esos líderes violan gravemente el imperativo categórico moral de Kant, y con muy buenas razones y propósitos.

Pero en líneas generales, ¿por qué digo que este principio de Kant no se puede aplicar en una sociedad dividida en clases? Bueno, algo fundamental de la sociedad capitalista es que es imposible para la burguesía, la clase dominante capitalista, notratar a los miembros del proletariado como un medio para llegar a un fin: esa es la esencia y la definición de las relaciones fundamentales del capitalismo. Por otra parte, en la dictadura del proletariado tampoco es posible que el proletariado no trate a la burguesía derrocada, y a los que constituyen la burguesía, como personas cuyas aspiraciones individuales hay que suprimir y restringir; no es posible verlos como fines en sí mismos, o el peligro de restauración capitalista aumentará enormemente. Bueno, a cierto nivel, es más fácil ver esto con relación a la sociedad de clases; en realidad, viéndolo más a fondo, se ve que no hay un gran salto del imperativo categórico moral de tratar a las personas como un fin en sí mismas, y no como un medio para llegar a un fin, al principio de que cada individuo sea el centro de todo y acabar con el principio de “pensar primero en uno”.

Esto suele ir de la mano con una especie de “solipsismo”: la posición filosófica de que solo podemos estar seguros de nuestra propia existencia y nuestra propia experiencia, de lo que podemos percibir y relacionar con lo que conocemos personalmente. Un ejemplo de ese punto de vista individualista es el solipsismo de “yo, Al Franken”. Cuando Al Franken salía en el programa cómico “Saturday Night Live” en los años 70, tenía un número satírico que siempre terminaba con “yo, Al Franken”: “Sí, me doy cuenta de que hay una guerra fría, alguien tiene que confrontar a los soviéticos y creo que mucha gente lo debe hacer, pero que sea otro, no yo, Al Franken. Yo no lo voy a hacer, hazlo tú, pero que me beneficie a mí, Al Franken”. Bueno, regresemos a la primera oración de democracia, la primera de las tres oraciones que parafraseé antes, que empieza así: “en un mundo de profundas divisiones de clase y grandes desigualdades sociales”2; bueno, si uno trata de implementar el imperativo categórico moral de Kant en tales circunstancias, en realidad acabará en un mundo de competencia con otras personas en el cual o tomará una posición “altruista” de subordinarse a los demás, lo que hará una minoría, o al contrario, tomará la posición de subordinar a los demás; eso es lo que hará la mayoría y acabarán en “yo, Al Franken”. El proceder de la sociedad, el proceder de un mundo y una sociedad con profundas divisiones de clase y grandes desigualdades sociales, guiados por la fuerza impulsora de la anarquía y la producción e intercambio de mercancías, no permitirán poner en práctica ese principio en la realidad, ni siquiera en la relación de los individuos. La necesidad incidirá en uno, y en otros individuos, y no será posible implementar ese principio, ni siquiera en las relaciones de los individuos, y mucho menos en la sociedad y el mundo en general, con sus profundas divisiones y desigualdades.

Inclusive en la sociedad comunista, no se dará el caso de que los individuos no tengan que subordinarse a los intereses generales de la sociedad. Esto se relaciona con la famosa declaración de Marx de que “el derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado”. Ahora bien, en la sociedad comunista, esto se manifestará de un modo radicalmente diferente a como se manifiesta en la sociedad de clases; la subordinación de los individuos a los intereses generales de la sociedad será de un modo cualitativamente diferente en un mundo comunista, inclusive comparado con la sociedad socialista y la dictadura del proletariado. Pero nunca habrá una sociedad en que el principio organizativo y “operativo” sea que cada individuo trate a cada individuo como una unidad completamente autónoma que siempre se debe considerar y tratar como un fin en sí mismo. Si se trata de hacer eso, la necesidad presente, inclusive en la sociedad comunista, lo impedirá. Veamos un importante ejemplo histórico de esto: Engels analizó que los elevados principios de la revolución francesa (la más avanzada y radical de las revoluciones burguesas), los principios de libertad, igualdad, fraternidad, libertad, etc., en realidad desembocaron en las relaciones y convenciones tradicionales y fundamentales de la sociedad burguesa. ¿Por qué? ¿Porque eran hipócritas quienes los proclamaron? No, no en la mayoría de los casos. Pero desembocaron en lo que Engels analizó porque las condiciones materiales, la base económica subyacente y la correspondiente superestructura se imponen. Como decía, los seres humanos hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio; y como también decía, la economía no existe en abstracto ni sin relaciones de producción definidas: en cualquier economía, en cualquier sociedad basada en una determinada economía, los individuos contraen determinadas relaciones de producción y su correspondiente conjunto de relaciones sociales, no a su libre arbitrio sino como resultado de la contradicción entre necesidad y la libertad que logren alcanzar transformando dicha necesidad.

Eso determina fundamentalmente cómo se relacionan los individuos, inclusive fuera de la sociedad de clases, cuando la humanidad haya dejado atrás la sociedad dividida en clases. Dentro de la sociedad de clases, definitivamente, el modo de relacionarse de los individuos es moldeado por las relaciones de producción y las relaciones sociales, que se plantean como relaciones de opresor y oprimido, explotador y explotado, diferencia y oposición de clases, y fundamentalmente antagonismo de clases. Lo vemos todo el tiempo. Como con la revolución francesa, a la consigna “libertad” le dan diferente significado distintas personas. La “libertad del propietario de casa” es un principio muy importante de la sociedad estadounidense. En mi autobiografía (From Ike To Mao and Beyond, My Journey From Mainstream America to Revolutionary Communist),relato un incidente de una batalla de vivienda en Berkeley en los años 60, cuando un tipo que se oponía a la igualdad en la vivienda debatió con un partidario de ella en el programa radial de Les Crane. El tipo que se oponía decía: “Yo no soy racista, pero no quiero que el gobierno me diga qué puedo hacer con mi propia casa. Yo la compré con mi propio dinero”. Yo llamé al programa, salí al aire y le dije: “¿Se opone a que el gobierno tenga reglamentos sobre la distancia que debe haber entre los enchufes en su casa?”. “No, nadie se opone a eso, esas reglas son necesarias”. “O sea, cuando habla de la ‘libertad del propietario de casa’, lo que está diciendo es que es un racista. No se opone a que el gobierno reglamente lo que puede hacer en su casa, lo que no le gusta es que el gobierno le diga que no puede rehusarse a venderle su casa a una persona negra”.

¿Qué significa entonces ese elevado principio de “libertad del individuo” con respecto a los “derechos del propietario de casa” dadas las relaciones sociales existentes? Si tratáramos a ese propietario de casa como un fin en sí mismo, nunca como un medio para llegar a un fin, tendríamos que aceptar su deseo de hacer con su casa lo que quiera, sin importar el beneficio o perjuicio social general. Especialmente los comunistas tenemos que reconocer y tratar correctamente la contradicción entre el bien social y el papel de los individuos (esto se relaciona con lo que Mao identificó como la contradicción entre el gobierno y el pueblo en la sociedad socialista); y es necesario reconocer la importancia de no pisotear lo segundo en nombre de lo primero. Volveré a esto cuando hable de la teoría de Rawls.3

Vemos, entonces, que principios elevados como la “libertad” tienen una manifestación social diferente, un significado social diferente, dependiendo de la matriz de relaciones sociales y fundamentalmente de las relaciones de producción y de la correspondiente superestructura en que existen. Lo mismo se aplica a “igualdad de oportunidad” e “igualdad ante la ley”. Estos son principios de la revolución burguesa y de la sociedad burguesa, pero se contraponen al principio y objetivo comunista de rebasar el cálculo de igualdad y desigualdad social, de dejar atrás el terreno en que la desigualdad, o la igualdad, tengan algún significado, de superar el estrecho horizonte del derecho burgués. El lema y principio del comunismo, “De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”, es un lema que supera el estrecho horizonte del derecho burgués. Va más allá del cálculo de igualdad y desigualdad. Al pasar del socialismo al comunismo, también dejaremos atrás la esfera del derecho y por tanto de la igualdad ante la ley. Cuando dejen de existir las relaciones de propiedad conflictivas, cuando dejen de existir las relaciones de producción e intercambio de mercancías, cuando dejen de existir los antagonismos de clase y de hecho hayamos superado del todo las diferencias de clase, ya no habrá necesidad de que el derecho codifique e institucionalice las relaciones entre los individuos. Todo esto va implicado en superar el estrecho horizonte del derecho burgués.

Nociones burguesas de libertad y de derecho burgués

Miremos otras perspectivas fundamentales de la libertad refractadas por el punto de vista de la burguesía a fin de entender mejor la perspectiva comunista de libertad y de las relaciones entre individuos, la perspectiva materialista de esto, en contraposición a la perspectiva idealista y en última instancia burguesa. Se habla mucho de “mercados libres”; también de “una fuerza de trabajo libre”. ¿Es eso un avance en comparación con una fuerza de trabajo esclava que es propiedad directa de otros? Sí. ¿Pero realmente es libre, con relación a los objetivos del comunismo? Esto se presentó durante el debate sobre el Borrador del Programa, cuando se debatía en el periódico y en internet. Raymond Lotta escribió una serie de artículos sobre el mercado porque en los debates en internet se planteó que el mecanismo de planificación socialista tiene fallas fundamentales y que hay que darle más campo al mercado en el socialismo. Lotta planteó una pregunta: Si dicen eso, ¿qué dicen sobre el mercado de trabajo? ¿Debe el mercado determinar la fuerza de trabajo, su precio y distribución en la economía y demás? Si no, ¿cómo se puede tener un mercado libre; o cómo puede operar el mercado si cosas básicas como la fuerza de trabajo no son parte del mecanismo del mercado y si no las determina la operación del mercado?

El hecho es que esas consignas, “mercado libre” y “fuerza de trabajo libre”, tienen un carácter social y de clase definido. “Fuerza de trabajo libre” corresponde a una fuerza de trabajo que es libre y móvil, que no es propiedad directa de un solopatrón, un solo explotador, que es “libre” para que la empleen y la despidan según las necesidades y los dictados de la acumulación capitalista y el afán de ganancia. Los “mercados libres” refuerzan los estrechos confines del derecho burgués. Dejando de lado los aspectos específicos del mercado de trabajo, la operación del mercado en general tiene que ver con reforzar los estrechos confines del derecho burgués, reforzar la dinámica de producción e intercambio de mercancías, aun si se deja de lado la cuestión de que la fuerza de trabajo se vuelve una mercancía y que esa es la base de la explotación del proletariado y, de hecho, de la creación de riqueza en el capitalismo. Aun dejando eso de lado, los “mercados libres” son una expresión directa del principio de las mercancías: de la producción e intercambio de los productos necesarios para la vida en la forma de producción e intercambio de mercancías y las correspondientes relaciones de producción y sociales, y la correspondiente superestructura. Dentro de los confines de esta forma de producción e intercambio de los productos necesarios para la vida, jamás será posible concebir y planificar la producción social desde el punto de vista de las necesidades generales de la sociedad, ni responder a las necesidades y los deseos de los miembros individuales de la sociedad de una forma consciente y planificada; por el contrario, todo esto se realizará “a espaldas” de los miembros de la sociedad y por medio de un proceso que los pone a competir y los antagoniza. Eso, repito, sin hablar del hecho de que, en un sistema en que están plenamente desarrollados y generalizados la producción y el intercambio de mercancías, la fuerza de trabajo en sí inevitablemente será una mercancía para comprar y vender, y surgirán y se intensificarán las correspondientes relaciones de explotador y explotado, junto con todo un conjunto de relaciones sociales opresivas y antagónicas. Todo eso sucede necesariamente con el desarrollo de los “mercados libres” y, es más, sucede en cualquier situación en que la operación del “mercado” es el factor decisivo y fundamental de la economía y, por consiguiente, de la vida de la sociedad.

De modo que todas estas cosas tienen un carácter social que refleja, repito, las relaciones entre las fuerzas y las relaciones de producción, y entre la base económica y la superestructura. Especialmente con el inicio de la época burguesa (aunque antes sucedía de otras formas), cada clase dominante identifica sus intereses y su noción de libertad con los intereses generales de la sociedad y con la libertad general de los miembros de la sociedad. Cada clase proclama (en especial al llegar a la época burguesa, y de una forma diferente con la nobleza y la monarquía feudal e inclusive con la clase esclavista), de una forma u otra, que sus intereses particulares son los intereses generales de la sociedad. En esta época, las clases dominantes y sus representantes políticos conscientes, ya sean burgueses o proletarios, ya sea en la sociedad capitalista o en la sociedad socialista, han planteado que los intereses de su clase representan los intereses generales de la humanidad, y que la libertad que busca su clase representa la encarnación general de la libertad para la humanidad, o la liberación de la humanidad. En el caso de la burguesía, sabemos y hemos visto con toda claridad lo que eso significa. En el caso del proletariado, significa trascender los estrechos horizontes del derecho burgués, superar la base económica de la producción e intercambio de mercancías y las correspondientes leyes económicas, como la ley del valor (que dice que el valor de cualquier mercancía se determina por el trabajo socialmente necesario para crearla). Por eso es necesario ver de un modo materialista y dialéctico las proclamaciones generales sobre la libertad o sobre los derechos de los individuos y ver qué significan en realidad y cómo se concretan en la práctica. Mejor dicho, la pregunta esencial es: ¿de qué son una expresión superestructural estos ideales;de qué conjunto de relaciones de producción y relaciones sociales, con sus correspondientes relaciones políticas, estructuras e instituciones? Esa es la pregunta que siempre hay que preguntar: ¿cuáles son las relaciones de producción y las correspondientes relaciones sociales y la correspondiente superestructura?

Pero ni siquiera la sociedad comunista va a ser una amalgama amorfa de individuos, unidos por el bien común, que fundamentalmente son entidades autónomas y son un fin en sí mismos. Con esa base nunca se alcanzará el comunismo; nunca se llegará a él con esa base. Es más, por la misma razón, jamás se alcanzará la libertad de los individuos de esa forma.

Ahora, con respecto a la cuestión de libertad y democracia, y los derechos del pueblo, un punto fundamental es que cuando las relaciones de producción niegan a las masas la propiedad de los medios de producción, y por lo tanto su capacidad de trabajar y de subsistir depende del pequeño grupo, o clase,que monopoliza la propiedad de los medios de producción, también les niegan a las masas la capacidad fundamental, o el “derecho”, por así decirlo, de ejercer un control esencial de su vida y, mucho menos, de la sociedad. Ni siquiera pueden controlar su propia vida y mucho menos la sociedad. Esta relación económica (en que una clase ejerce control de vida o muerte sobre otros) limita cualitativamente la capacidad de esos “otros” de participar o de desempeñar un papel importante en la determinación de la dirección de la sociedad. (En la charla “Dictadura y democracia, y la transición socialista al comunismo” examino varias dimensiones de esto). Además, esa relación económica se refleja por fuerza en la superestructura, en la encarnación y el ejercicio del poder político para reforzar las relaciones económicas de explotación.

Examinando más a fondo la relación entre la base y la superestructura, y la relativa autonomía de la superestructura, por un lado, y la reacción de la superestructura sobre la base económica, vemos que actualmente fenómenos como el “neoliberalismo”, el mayor desencadenamiento de la operación de mercancías y la explotación capitalista, y la globalización están produciendo menos solidez y estabilidad, más volatilidad y ansiedad en el aspecto económico y, si, en lo social, en muchas capas. Esto también se ve en los países imperialistas. Crea grandes trastornos en el tercer mundo, como lo mencioné antes (la expulsión de campesinos a los tugurios urbanos y el desplazamiento a otros países buscando los medios de subsistir), y asimismo en la sociedad imperialista. Esto lo explica Edward Luttwak en el libro Turbo Capitalism:por ejemplo, en la década de 1990, cuando mucha gente ganó mucho dinero rápidamente, no se dio la misma estabilidad y solidez que en otros tiempos en Estados Unidos. Una persona podía ganar mucho dinero y quedar en el aire a la semana siguiente. No hay garantía de tener un trabajo para toda la vida, mucho menos de “dejárselo” a los hijos y que ellos avancen más que uno. Esto va acompañado de la destrucción de los programas del New Deal y de la “Gran Sociedad”, aunado a un “fundamentalismo de mercado libre” como la ideología predominante, de la mano con un fundamentalismo religioso (y reforzado por él), especialmente el fundamentalismo cristiano. Vemos entonces un “conservadurismo fiscal”, la terminación de muchos programas sociales característicos de la “Gran Sociedad”, la eliminación del papel del gobierno en la economía y en la sociedad característico del New Deal (de lo cual hablaré más adelante); vemos eso junto con “conservadurismo fiscal” (reducción de programas sociales, reducción de impuestos para los ricos, etc.), y vemos que, a pesar de ciertas contradicciones, esto se entrelaza con el “conservadurismo social” reforzado por el fundamentalismo religioso. Todo esto tiene que ver con el análisis de “turbo capitalismo” y la mayor globalización, que lleva, como dice Luttwak, a expresiones no económicas que se derivan de causas económicas, de inestabilidad económica y la concomitante ansiedad. Esta es una de las cosas importantes del terreno con que tenemos que lidiar; tiene que ver con todas las consignas de “libertad” y con la dirección de la sociedad hoy.

De hecho, el “neoliberalismo” y el “conservadurismo fiscal” (repito: recorte de programas sociales, recortes de impuestos para los ricos y las corporaciones, etc.), junto con la globalización, van contra los intereses económicos no solo de las masas de proletarios y pobres, sino también de buena parte de la pequeña burguesía, mucha de la cual sufre importantes trastornos económicos, incertidumbre y dificultades como resultado de estos programas y las fuerzas subyacentes. La clase dominante (y en especial los sectores más resueltos a eliminar lo que queda de los programas del New Deal y de la “Gran Sociedad”) tiene la necesidad (y lo reconoce) de “cohesionar” y organizar a la población bajo el “conservadurismo social”, basado en el fundamentalismo religioso, o fascismo cristiano, como lo llamamos acertadamente. Esto es lo que Luttwak formula como “la manifestación no económica del descontento económico”. Y todo esto es muy complejo.

Varias personas, como por ejemplo Thomas Frank, el autor de What’s the Matter with Kansas,han tratado de explicar este fenómeno con un análisis socialdemócrata, populista, no un análisis proletario y comunista científico. Otras, con una posición socialdemócrata y economicista estrecha, sostienen que todo este “conservadurismo social” o fundamentalismo religioso es apenas una distracción para impedir que la gente actúe conforme a sus propios intereses económicos. Esto es un serio error y no capta que los aspectos superestructurales (en particular este fundamentalismo religioso) tiene una relativa autonomía como expresión ideológica, aunque de fondo se basa en los cambios económicos y los cambios sociales de la sociedad. Por eso Thomas Frank y otros como él se preguntan cómo hacer que esas capas sociales, por ejemplo los pequeños agricultores a quienes están arruinando Monsanto y otras grandes agrocorporaciones, reconozcan que las fuerzas que están apoyando al votar por el Partido Republicano son las mismas fuerzas que los están aplastando. Lo mismo con los trabajadores cesantes: ¿cómo hacer que entiendan que los ataques contra los sindicatos, contra el New Deal y la “Gran Sociedad”, debilitan su posición y van contra sus intereses? Pero, además de limitarse al estrecho marco de republicanos vs. demócratas, al estrecho marco de la política burguesa dominante, esos analistas progresistas socialdemócratas y demócrata burgueses subestiman la relativa autonomía de la superestructura y, a su vez, su efecto sobre la base económica y las relaciones sociales.

Aquí hay cierto paralelo con lo que dice Marx en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte sobre la relación entre el tendero y el intelectual democrático4. Pero es muy importante ver esto de manera dialéctica, no mecanicista. ¿Qué dijo Marx? Que en su vida cotidiana, en su forma de ver las cosas, los intelectuales democráticos, de un lado, y los tenderos, del otro, pueden estar a un mundo de distancia entre sí, y eso es una gran distancia, pero en cuanto a mentalidad, a la esfera de las ideas, a la concepción de cómo debe ser la sociedad y de qué fuerzas la impulsan, los intelectuales democráticos no van más allá de los tenderos en la vida diaria. Marx también dijo en la misma obra que los representantes intelectuales de la pequeña burguesía quieren colocarse por encima de las clases, pero que en realidad se ven zarandeados por el conflicto de las dos clases principales, el proletariado y la burguesía, entre las cuales se encuentran. Marx señala que aunque esto se manifieste de modo etéreo en el campo de la teoría y aunque esté muy alejado del intercambio cotidiano de mercancías que caracteriza la vida del tendero, el hecho es que la mentalidad de los intelectuales democráticos no va más allá de los límites que están condicionados por la producción e intercambio de mercancías. Incluso la concepción que esos intelectuales tienen de nociones como libertad y democracia son un reflejo de las relaciones de mercancía subyacentes. Eso es lo que explica Marx, algo sumamente profundo, en El dieciocho brumario. Es un análisis y una aproximación muy materialista dialéctica; no es algo vulgar, mecanicista, determinista y reduccionista.

Esto tiene un paralelo con los que se pliegan al fundamentalismo religioso: para la gran mayoría de ellos, sus intereses económicos están en conflicto con las medidas y programas que los llevan a respaldar. Es importante entender la complejidad de esto. Este fundamentalismo religioso no es un truco: es una manifestación reaccionaria organizada del sentimiento general de sectores importantes de las capas medias, así como de algunas masas de la base, de que lo que servia de “ancla” a su vida y les daba estabilidad económica se está desmoronando y alejando; es una forma de identificar eso con la pérdida de valores, convenciones y relaciones tradicionales (y en especial patriarcales), y a su vez de identificar eso con la necesidad de reafirmar a la fuerza la religión tradicional y, más aún, literalista, fundamentalista, absolutista: el fundamentalismo cristiano. Tenemos que entender la complejidad de todo esto. Como decía Marx, “están a un mundo de distancia”. No hay una correspondencia directa, mecanicista, cruda, entre lo que le pasa a la gente en el campo económico y su manera de concebirlo, refractado por medio de todas las diferentes relaciones sociales… doblado, por así decirlo cuando entra en la arena superestructural de las ideas y la cultura. La raíz de la determinación de esas ideas y cultura, y del fundamentalismo cristiano reaccionario, es la base económica subyacente, pero esa es su determinación de raíz.Tenemos que captar la dialéctica de esto, y el materialismo crudo y mecanicista no ayuda.

La democracia burguesa es dictadura burguesa

En la polémica en contra de K. Venu5 señalé que la gente como él ¡toma la democracia burguesa “mucho más seriamente” que la burguesía! En realidad creen la idea de que es una especie de democracia que se extiende a todos los individuos sin importar su clase. Mientras que la burguesía sabe, o percibe muy bien, que, ¿adivinen qué?, es una dictadura. Lo sabe y procede en consecuencia, especialmente sus representantes más conscientes, o si no dejan de ser representantes de esa clase. No es que alguien los apruebe o los eche, pero la dinámica opera así. Jamás olvidar esto. La democracia burguesa esdictadura burguesa. Es un medio de dominación política que suele corresponder a los intereses de la clase dominante burguesa y su forma de explotación, pero es eso y no otra cosa. Es una forma de dictadura.

Veamos ejemplos de cómo se ha manifestado esto en importantes representantes de la burguesía. Volvamos a Kant. Le comenté a Bill Martin que no debemos pasar por alto los escritos filosóficos y de ética de Kant simplemente porque pensaba que Federico el Grande era magnífico. Pero el hecho es que sus elevadas nociones de libertad y autonomía se reducían a apoyar a un “déspota ilustrado”. Eso es importante y tiene una razón de ser. Como señalé, no es correcto descartar una obra filosófica porque va acompañada de una posición política reaccionaria; pero es legítimo preguntar: ¿cuál es la conexión entre la filosofía y su manifestación política?

Veamos otra figura histórica asociada con el ascenso de la burguesía: Martín Lutero. Como en otros casos, Lutero no se proponía, al comienzo, iniciar la Reforma protestante. Clavó sus tesis en la puerta de una iglesia y se puso a elaborar el principio de que las instituciones y los funcionarios de la iglesia no son necesarios para llegar a dios, de que el individuo puede llegar a dios directamente. Eso fue en el campo de la superestructura y no sirvió al ascenso de la burguesía y del capitalismo de una forma cruda y reduccionista. No es que Martín Lutero formulara esos principios, o tesis, y los clavara en la puerta de la iglesia porque quería abrir un taller industrial. No. Se dieron en el campo de la superestructura, pero surgieron en relación con las relaciones de producción burguesas que empezaban a aparecer en esa época; a su vez, las ideas teológicas de Lutero estimularon esas relaciones de producción burguesas y la correspondiente superestructura. Lo que sucedía en ese terreno —atacar a la iglesia y básicamente su encarnación del feudalismo en la superestructura, o el papel de la iglesia y sus doctrinas y dogma como reflejo en la superestructura de las relaciones de producción y las relaciones sociales características del feudalismo— tenía mucho que ver con la naciente revolución burguesa y la mayor iniciativa y creatividad para desarrollar la ciencia y otras cosas que utilizó la burguesía. Pero no sucedió en un sentido determinista o reduccionista crudo, sino en un sentido dialéctico.

Pero, ¿qué hizo Martín Lutero cuando los campesinos de Alemania se sublevaron? Urgió que los clavaran contra la pared, textualmente. Recomendó la represión más sanguinaria de los campesinos, y se comportó como un perfecto representante de la burguesía, que proclama “libertad”, siempre y cuando la aplicación de su concepto de “libertad” dé mano libre a las restricciones a sus relaciones de producción y correspondiente superestructura, pero que ejerce la dictadura más sanguinaria cuando es necesario sobre las clases que explota y oprime.

O volvamos a John Stuart Mill. Sin repetir todo lo dicho sobre él y sus ideas sobre la libertad, recordemos que pensaba que era necesario ejercer limitaciones muy severas a la libertad de los colonos y los proletarios que querían una huelga, y ni hablemos de los proletarios conscientes de clase que querían tumbar y abolir el capitalismo.

O veamos a Thomas Jefferson. Hace poco salió un artículo, creo que en la sección de libros del New York Times o en la revista dominical del mismo, no recuerdo cuál, sobre un esclavista que le escribió a Thomas Jefferson que quería darles libertad a sus esclavos y le pedía consejos y apoyo, porque era algo polémico. El artículo decía que Jefferson le contestó firmemente: No. No haga eso en absoluto. Con el tiempo la esclavitud se acabará, pero en estos momentos es muy importante que protejamos esta forma de propiedad. Y Jefferson era un defensor de la Ilustración y propugnaba muchos principios de la revolución burguesa. Esta es una característica peculiar de Estados Unidos, donde la esclavitud se entrelazó con el desarrollo del capitalismo por más de cien años. Esto ejemplifica de nuevo que las nociones burguesas de libertad están condicionadas histórica y socialmente, y que su significado está relacionado con las condiciones en que surgen y se definen. No son principios abstractos y universales a los que todos debemos aspirar y que se deben aplicar a todos, sin importar la clase.

El otro día me puse a bromear sobre la película El ventrílocuo,en que Anthony Hopkins es un ventrílocuo y su muñeco va apoderándose de su personalidad al punto que no puede distinguir quién es quién. En cierto momento, un amigo le dice que le parece que tiene un problema serio, pero el ventrílocuo no lo acepta, no reconoce el problema. Entonces el amigo le dice: Mira, hagamos esto, guarda el muñeco un día entero, no le hables y no hables con su voz. El ventrílocuo trata de hacerlo pero no puede; la compulsión le gana. Bueno, mucha gente progresista que no tiene un análisis científico y materialista no puede pasar un día entero sin hablar de la democracia desclasada. Así es como ven el mundo.

Volviendo a la declaración de Marx en El dieciocho brumario de la relación entre los tenderos y los intelectuales democráticos, los que están tan enamorados de la noción idealizada de democracia no son tenderos, pero su mentalidad refleja las relaciones subyacentes de producción e intercambio de mercancías. Unos, al pensar en cómo reformar la sociedad, arrancan de esa noción desclasada de democracia y se la tratan de superponer a la base económica. Dicen cosas como: “Bueno, tenemos que ‘democratizar’ la economía”. Eso es invertir la realidad. La democracia de que hablan es una manifestación de las relaciones de producción y de las relaciones sociales existentes, y tiene contenido social y de clase definido; en realidad es democracia burguesa en lo externo y su esencia interna es la dictadura burguesa, pero tratan de superponer eso a la realidad del capitalismo a fin de “democratizar la economía”. ¿Qué significaría eso en una sociedad caracterizada por profundas divisiones de clase y desigualdades sociales? Inclusive si se pudiera hacer “borrón y cuenta nueva” y eliminar todas las grandes corporaciones, si se deja intacta la fundación de producción e intercambio de mercancías, pronto regresarán las profundas desigualdades y diferencias de clase, los monopolios, etc.

Ese es el idealismo fundamental de esas concepciones, que son un reflejo en la superestructura de las relaciones subyacentes. Volviendo a la observación sumamente importante de Marx, las ideas del intelectual democrático no son un reflejo directo de lo que hacen los tenderos en la vida práctica, pero no van más allá; mejor dicho, no van más allá de los estrechos confines y horizontes del derecho burgués. Así que lo importante al hablar de Kant, Martín Lutero, Jefferson, Mill u otros que podríamos citar no es que esos exponentes de la “libertad” eran simplemente “hipócritas”, sino que sus elevados ideales representan y expresan determinada concepción del mundo, que, a su vez, es el reflejo y en cierto sentido una concentración de ciertas relaciones sociales y, fundamentalmente, relaciones de producción. Si regresamos a los libros Democracy El falso comunismo ha muerto6, encontraremos una discusión e ilustración de la concepción proletaria y de la concepción burguesa de libertad y liberación, y un examen de las limitaciones del ideal burgués de libertad y de su aplicación en la vida real: que es una manifestación de las relaciones de explotación y opresión y que nuestras ideas inevitablemente serán eso si no vamos más allá de los límites del derecho burgués.

El folleto sobre la Constitución estadounidense7 que escribí hace unos años dice que la Constitución es, como lo dice el título, “Una visión de libertad según los explotadores”, y que además de alabar la esclavitud (inclusive después de su abolición y de que una enmienda constitucional la declaró ilegal) no prohíbe una relación fundamental de explotación: la relación de contratar la fuerza de trabajo de otra persona (o de muchas otras) y de sacar ganancia de esa fuerza de trabajo. Visto desde de la concepción del mundo del capitalismo, poder hacer eso es la forma primordial y más alta de libertad; y no se reconoce que esto implica una negación fundamental de la libertad de los muchos cuya fuerza de trabajo la controla y utiliza una fuerza ajena, opresiva y represiva que está por encima de ellos. Esa relación se ve en el hecho de que los negros, cuando yo era chavo, llamaban “esclavo” al trabajo, al intercambio de fuerza de trabajo por salario.

Desde el punto de vista de la burguesía, esta relación no es explotación y, es más, es el principio central de una buena sociedad. Si quieren ver una loa de esto sin ningún disimulo, lean a Ayn Rand. Repito, en ningún momento se reconoce que esto es una negación fundamental de la libertad de los muchos que están en la posición de ser explotados y oprimidos. Y lo fundamental, repito, es que dado un sistema generalizado de mercancías, que es característico del capitalismo, y su “libertad”, los principios y la operación de la producción e intercambio de mercancías inexorablemente llevarán a reducir la fuerza de trabajo a una mercancía, a una situación en que las masas se ven obligadas a vender su capacidad de trabajo a otra persona (o a una sucesión de personas, una sucesión de dueños de los medios de producción, de capitalistas) a fin de vivir. Inclusive después de tumbar el capitalismo y establecer el socialismo, si no se avanza continuamente hacia la abolición de toda la producción e intercambio de mercancías, y su reflejo en la superestructura, se regresará a la situación en que la fuerza de trabajo vuelve a ser una mercancía, mejor dicho, se regresará al capitalismo.

Una verdad básica, una prueba sencilla

Viendo todas estas nociones de libertad y pensando en la importancia de caer en el error de K. Venu (y él no es el único, ni siquiera entre comunistas) de tomar la democracia burguesa más en serio que la burguesía y creer en ella más que la burguesía, podemos sacar una lección del incidente que cité en la charla Revolución8: el ejemplo de un programa con periodistas negros en Cleveland, como parte de una gira de presentaciones en 1979. La moderadora era una negra joven y había tres periodistas negros. Fue uno de los programas más interesantes porque esos periodistas hicieron preguntas serias: ¿Por qué crees que la revolución es posible? ¿Qué harías sobre este o aquel problema? Plantearon preguntas de peso, en vez de las preguntas cínicas y arrogantes que por lo general hace la prensa. Y al final, cuando terminó el programa, sucedió algo que vuelvo a contar aquí porque capta mucho. Casi de paso, la moderadora me dijo: “Vaya, eres muy valiente”. Yo me sorprendí un poco y le pregunté: “¿Por qué lo dices?”. Y ella contestó con naturalidad: “Ya sabes, matan a quien dice lo que tú decías”.

Pensemos en lo que eso capta. No dijo matan por hacer ciertas cosas; dijo que matan por decir lo que estaba diciendo. Muchas veces, especialmente la gente de las capas medias cree que exageramos cuando decimos que la democracia burguesa es una dictadura; no creen que eso corresponde a la realidad. Así que tengo una prueba para el que la quiera hacer: vayan a un vecindario pobre de cualquier parte del país, establezcan una relación de confianza para que les hablen con honestidad y hagan esta pregunta: si hay una dirección revolucionaria y un líder revolucionario que exhorta a la revolución aquí, que simplemente exhorta a la revolución, y tiene muchos seguidores de gente como ustedes, ¿qué le pasará, qué le hará el gobierno? Y si pueden encontrar una de cada diez personas que no diga que matarán a esa persona o que tratarán de silenciarla y sacarla del juego, les daré un gran premio. Esta respuesta, que estoy seguro sería la respuesta común de los que han recibido los golpes de la dictadura burguesa, sería un reflejo (no una conclusión científica, pero sí un reflejo acertado) de la realidad de la dictadura burguesa.

El reto para nosotros, para nuestro partido y dirección, es forjar apoyo de millones y millones en los vecindarios pobres y, es más, en todos los sectores sociales, organizarlo, hacerlo sin que maten o destruyan a nuestra dirección. Eso se debe a que reconocemos la realidad que confrontamos: la realidad de que esta sociedad está gobernada por una dictadura burguesa. Por eso, no debemos dejarnos llevar por las altisonantes consignas de “libertad” y “democracia”. Cuando se presentan sin mencionar a qué clase corresponden y en especial cuando se presentan como una defensa o celebración de lo que existe en Estados Unidos y/o del papel de Estados Unidos en el mundo, “como mucho” representan las ideas que se confinan al estrecho marco del derecho burgués; y objetivamente ocultan la realidad y naturaleza concreta de la dictadura burguesa y refuerzan las relaciones de producción y sociales subyacentes de la explotación y opresión capitalista-imperialistas de las cuales tales ideas se desprenden y en las cuales en esencia se sustentan. Esa es la verdadera relación entre la base y la superestructura de la sociedad capitalista.

El imperialismo y la fundación de la democracia burguesa

En esta época del imperialismo en particular, esto tiene otra dimensión: las relaciones entre la democracia burguesa (en especial en los países imperialistas) y el imperialismo. En Democracy: Can’t We Do Better Than That? cité una parte de La ciencia de la revolución9 sobre la “base apolillada de la democracia” en los países imperialistas que dice que, en términos políticos, la fundación de dicha democracia no es la Carta de Derechos (estoy parafraseando) sino el dictador militar, el torturador y gente de esa calaña que ejercen tiranía abierta en el tercer mundo. En la época del imperialismo, esa es la relación entre la democracia burguesa (y, en realidad, la socialdemocracia: la democracia burguesa con un tenue barniz “socialista”) y el imperialismo. Esto se aplica a los países imperialistas en general, además de Estados Unidos. En estos países, las concesiones y migajas que reciben sectores de la aristocracia laboral y otros sectores de la clase obrera, y la pequeña burguesía, en la esfera económica, y el hecho de que ciertas capas no sienten directamente el peso de la dictadura, en la superestructura, en la esfera política, se basan en el saqueo imperialista del mundo y en las relaciones de dominación y explotación del imperialismo mundial. Sin embargo, las capas intermedias del país imperialista sentirán el peso de la dictadura cuando hagan algo que constituya una amenaza a los ojos de los representantes políticos de la clase dominante. Pero cuando eso se atenúa y modifica, en particular en el caso de las capas intermedias y privilegiadas del país imperialista, se desprende de la relación entre el imperialismo y el tercer mundo, y tiene que ver con la relación entre el imperialismo y la democracia burguesa.

Esto nos lleva al héroe de Christopher Hitchens (y otros): George Orwell. Cuando llegué a Francia, me puse a leer a Orwell; leí Homenaje a Cataluña y otras obras sobre la guerra civil española, y después leí otros libros suyos y me tropecé con la declaración más asombrosa, cuya franqueza se debe aplaudir: En Inglaterra, los intelectuales y otros izquierdistas apoyan al imperio por una razón básica. Todos sabemos que, si no fuera por el imperio británico, nos tocaría vivir en un lugar frío, lluvioso, gris, lúgubre, trabajaríamos muchas horas y comeríamos muchas papas.[risas]

Bueno, no se puede pedir una mejor autodenuncia de la relación entre la socialdemocracia, con todas sus críticas al totalitarismo, y el imperialismo. Esto no implica que haya que descartar sin más todos los escritos de Orwell. Yo he aprendido cosas importantes al leerlo. Pero en esencia, expresa con agudeza un importante fenómeno y una importante relación: las razones por las que gravitan hacia el imperialismo los que dicen ser socialistas, como él, y otros izquierdistas. Esto se manifiesta de otras formas en otros países, pero Orwell captó muy bien la esencia de la cuestión.

Esto se relaciona con la discusión sobre la Ilustración y sobre el hecho de que se divide en dos, que planteé en “Grandes objetivos y gran estrategia”10. El marxismo tiene una unidad básica con el principio fundamental de la Ilustración de conocer el mundo por medios racionales y científicos. Por otra parte, tenemos dos diferencias fundamentales: una, nosotros no creemos que la verdad de por sí libera. Aunque la verdad es la verdad y no tiene carácter de clase, en una sociedad dividida en clases el reconocimiento de las verdades depende de la lucha de clases, como vemos hoy con la evolución. Dos, no aceptamos que se utilice la Ilustración como apología y justificación del imperialismo, como lo hizo John Stuart Mill al decir que unos pueblos necesitan la mano civilizadora imperialista para entrar al mundo moderno, y como lo hizo (y justificó con doctrina) Clinton en Yugoslavia y como ahora lo hacen Bush y Cía. en mucha mayor escala.

*****

Pasemos a unos pocos puntos más y a la conclusión de este tema general. Desde la perspectiva de un análisis comunista, y específicamente de un análisis comunista del comunismo, en contraposición a un análisis utópico y en última instancia demócrata burgués, podemos decir que el comunismo no es un “renacimiento” a nivel mundial de la sociedad comunal primitiva. ¿Qué quiere decir y qué no quiere decir al hablar del comunismo “una comunidad de seres humanos libremente asociados”, una frase que hemos utilizado y que es una buena frase? Como he dicho, no quiere decir que el comunismo es una confederación amorfa de individuos, cada uno dedicado a lo suyo como un fin autónomo en sí mismo, y que de algún modo esto lleva al bien común. En realidad, pensándolo, esto se parece más a la visión de la buena sociedad de Adam Smith que al comunismo: que si cada individuo se dedica a sus propios intereses individuales, y si esto se expresa y se modifica por medio de la competencia, será para beneficio de la sociedad. Esto corresponde a la visión burguesa clásica de la sociedad y del bienestar social, y en realidad no tiene nada que ver, fundamentalmente, con el comunismo, que no es una sociedad en que hay una confederación amorfa de individuos que actúan con fines autónomos en sí mismos. Sin repetir todo lo que he dicho al respecto hasta ahora, debería estar claro por qué es así.

Tenemos que entender “una comunidad de seres humanos libremente asociados” de un modo materialista y dialéctico, con el análisis con que empecé de que la libertad es la transformación de la necesidad y de que siempre habrá necesidad, inclusive en el comunismo, inclusive cuando la contradicción entre las fuerzas y relaciones de producción y entre la base y la superestructura no se manifieste en la sociedad comunista como relaciones de clase y divisiones sociales de opresión, y no haya instituciones políticas de represión ni opresión social de grupos que “salieron perdiendo” en la división del trabajo. De modo que “una comunidad de seres humanos libremente asociados” se tiene que entender en un sentido materialista y dialéctico, con un buen conocimiento materialista dialéctico de la relación fundamental entre libertad y necesidad.

Esto se relaciona con la formulación de Mao de que en el comunismo la gente se cambiará consciente y voluntariamente a sí misma y al mundo objetivo. ¿Se puede tomar eso en sentido absoluto, divorciado de la necesidad; quiere decir que la gente esconsciente de todo y todo es voluntario? No, por supuesto que habrá necesidad. El aspecto voluntario es que la gente reconocerá voluntariamente que a la sociedad le conviene, y por lo tanto también a los individuos, subordinar voluntariamente sus necesidades y deseos individuales al bien social, buscar su propia individualidad dentro de ese marco, en vez de salirse de él (o tratar de salirse). El aspecto consciente también es concreto, pero relativo. Quiere decir que la gente es consciente a un nivel muy superior de lo que ha podido ser en formas previas de la sociedad, inclusive en la sociedad comunal primitiva, y mucho más que en la sociedad de clases, con su división del trabajo, especialmente entre el trabajo intelectual y el manual. Son cosas relativas y en movimiento. La gente será consciente en un sentido cualitativamente mayor que en cualquier época anterior, pero no lo sabrá todo, por supuesto, y sabrá menos que los que vivirán después. Hará cosas voluntarias en el sentido descrito, pero no todo será voluntario. Si en la sociedad comunista hay una inundación (o un desastre natural comparable), será necesario que la gente ayude y eso será voluntario en cuanto se desprenderá de la subordinación consciente y voluntaria del individuo a la sociedad y al bien social (aquí se ve la interconexión entre los aspectos voluntario y consciente de todo esto), pero no será voluntario que unos hagan ciertas tareas para ayudar tras ese desastre, ni siquiera en el comunismo.

De modo que tenemos que entender estas cosas en un sentido materialista y dialéctico, no en un sentido utópico e idealista, y en última instancia burgués o demócrata burgués (que no rebase los estrechos confines del derecho burgués). Esto se relaciona con la observación de Marx de que “el derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado”. A su vez, esto se relaciona con la observación de que los deseos y las necesidades se determinan socialmente y evolucionan históricamente. Los derechos que el pueblo ejerce, inclusive lo que concibe como sus derechos, surgen del carácter y el movimiento de la contradicción entre las fuerzas y relaciones de producción, y entre la base económica y la superestructura, y a su vez los reflejan. Por eso es que, volviendo a un ejemplo anterior, el “derecho del propietario de casa” puede formularse como el derecho a ser racista. ¿Y el derecho a no pasar hambre y a no morirse de hambre en el mundo de hoy? Como indiqué en el libro Democracy, tal derecho no existe porque la base económica y la superestructura que predominan en el mundo no le dan ese derecho al pueblo. La gente de Níger puede sentir el deseo de no morirse de hambre y de no ver que los zopilotes se coman a sus hijos que están a punto de morirse de hambre, pero no existe un derecho superestructural para que eso no ocurra porque no existen las condiciones en que se pueda hacer realidad. Las condiciones en que se pueden eliminar cosas como las hambrunas, la desnutrición general y las enfermedades evitables solo se pueden crear mediante la transformación revolucionaria de la sociedad y, a la larga, del mundo entero. Se pueden proclamar tales derechos, pero no serán una realidad para las masas de la humanidad con la base económica existente y su correspondiente superestructura. Por esa razón fundamental necesitamos la revolución.

Pero en la sociedad comunal primitiva, ni siquiera en la esfera conceptual se decía: “Exijo el derecho de no ser esclavo de mi abuela”. ¿Por qué? Porque en esa forma de sociedad no se presentaba ese fenómeno, así que no se formulaba como un derecho. Tales derechos surgieron cuando surgió la esclavitud. Proyectándonos al futuro, la demanda de no ser esclavo de su abuela ni de nadie más tampoco tendrá sentido en la sociedad comunista. Es más, ni siquiera sabemos si habrá abuelas; probablemente no las habrá como lo concebimos hoy. Mejor dicho, puede que el concepto de abuelas ni siquiera exista y mucho menos el concepto del derecho a no ser esclavo de la abuela. [risas]

A partnir de todo esto vemos que el derecho es una expresión de la contradicción, y del movimiento y el desarrollo de la contradicción, entre las fuerzas y relaciones de producción, y la base económica y la superestructura. O, como dijo Marx: “el derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado”. No se puede demandar el derecho a hacer absolutamente lo que uno quiera, ni siquiera en la sociedad comunista, porque no existe la base material para eso. Incluso en el comunismo, donde la esfera de los individuos y de la individualidad será mucho mayor que ahora, no habrá una base material para eso. La esfera de la iniciativa individual y de la individualidad será mucho mayor, cualitativamente mayor, en un mundo comunista, pero no será absoluta.

El fenómeno de la necesidad y de las restricciones siempre estará presente y, como he recalcado varias veces, no debemos verlo como algo enteramente negativo. Todas las restricciones (al igual que toda coacción) no son malas. Han evolucionado históricamente y existen en función de su contrario y, objetivamente, cuando la necesidad pide su transformación o cuando la restricción pide su ruptura, eso es lo que nos corresponde hacer, como hoy con respecto a las restricciones y la necesidad que imponen la contradicción fundamental del capitalismo y todo lo que ha suscitado.

Vale la pena recordar lo que dijimos antes de El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels de que en la sociedad comunal primitiva no había separación entre derechos y deberes; también podemos entender que en la sociedad comunista, de una forma totalmente distinta y con una fundación y un marco diferentes, no habrá separación entre derechos y deberes. Los derechos y los deberes no serán antagónicos y tendrán significados cualitativamente distintos.

 

 

Notas

1. El título del libro es Marxism and the Call of the Future: Conversations on Ethics, History, and Politics (Open Court: 2005).

2. Las tres oraciones sobre la democracia son: En un mundo de profundas divisiones de clase y grandes desigualdades sociales, no tiene caso hablar de la “democracia” sin señalar su carácter de clase y a qué clase beneficia. Es más, mientras exista la sociedad dividida en clases no puede haber “democracia para todos”: dominará una clase u otra, y la clase que gobierna defenderá el tipo de democracia que concuerde con sus intereses y metas. Por eso, debemos preguntar: ¿qué clase dominará y si su gobierno, y sistema de democracia, sirve para continuar las divisiones de clase, y las relaciones de explotación, opresión y desigualdad que corresponden a ellas, o lleva a abolirlas?

3. Bob Avakian habla de la teoría de justicia de Rawls en otra parte de esta charla, que no forma parte de esta serie.

4. “No vaya nadie a formarse la idea limitada de que la pequeña burguesía quiere imponer, por principio, un interés egoísta de clase. Ella cree, por el contrario, que las condiciones especiales de su emancipación son las condiciones generales fuera de las cuales no puede ser salvada la sociedad moderna y evitarse la lucha de clases. Tampoco debe creerse que los representantes democráticos son todos shopkeepers [tenderos] o gentes que se entusiasman con ellos. Pueden estar a un mundo de distancia de ellos, por su cultura y su situación individual. Lo que les hace representantes de la pequeña burguesía es que no van más allá, en cuanto a mentalidad, de donde van los pequeños burgueses en modo de vida; que, por tanto, se ven teóricamente impulsados a los mismos problemas y a las mismas soluciones a que impulsan a aquéllos prácticamente, el interés material y la situación social. Tal es, en general, la relación que existe entre los representantes políticos y literarios de una clase y la clase por ellos representada…

“Pero el demócrata, como representa a la pequeña burguesía, es decir, a una clase de transición, en la que los intereses de dos clases se embotan el uno contra el otro, cree estar por encima del antagonismo de clases en general. Los demócratas reconocen que tienen enfrente a una clase privilegiada, pero ellos, con todo el resto de la nación que los circunda, forman el pueblo.Lo que ellos representan son los derechos del pueblo,lo que los interesa, es el interés del pueblo. Por eso, cuando se prepara una lucha, no necesitan examinar los intereses y las oposiciones de las distintas clases”. (Marx, “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú 1973, tomo I, páginas 435, 437)

5. Esta polémica, titulada "Democracia: Más que nunca podemos y debemos lograr algo mejor", salió en el número 17 (1992) de la revista Un Mundo que Ganar. (Está en línea en revcom.us).

6. Democracy: Can’t We Do Better Than That? (Chicago: Banner Press, 1986). El falso comunismo ha muerto… ¡Viva el auténtico comunismo!(Chicago: RCP Publications, 2004).

7. La Constitución de los Estados Unidos: Una visión de libertad según los explotadores (Chicago: RCP Publications, 1987).

8. Revolución: Por qué es necesaria, por qué es posible, qué es. A la venta en DVD (inglés/español), VHS (inglés) y VHS (español). $34.95 + $4 franqueo. Pedidos en línea a: threeQvideo.com o amazon.com; o envía un cheque o giro postal a: Three Q Productions, 2038 W. Chicago Ave. #126D, Chicago, IL, 60622.

9. Lenny Wolff, The Science of Revolution (Chicago: RCP Publications, 1983).

10. “Grandes objetivos y gran estrategia” es una charla que dio Bob Avakian a finales de los años 90. Hay pasajes de la charla en línea en revcom.us.

http://rwor.org/a/043/avakian-sobre-socialismo-comunismo-pt6-s.htm



[1] Bob Avakian, presidente del PCR, EU. Revolución #038, 12 de marzo de 2006, se encuentra en revcom.us

Nota de la Redacción: A lo largo de los últimos meses (y la semana pasada) hemos publicado pasajes de una charla que dio Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, a un grupo de militantes y partidarios el año pasado (2005). En este número vamos a publicar un pasaje de otra charla del 2004. A esta edición el autor le agregó una serie de notas aclaratorias entre corchetes. La próxima semana volveremos a la charla del 2005.

[2] Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario. Revolución #037, 5 de marzo de 2006, se encuentra en revcom.us.Nota de la Redacción: A continuación publicamos partes de una charla que dio Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, a un grupo de militantes y partidarios el año pasado (2005). A esta edición se le agregaron subtítulos y notas al pie de página.

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