Libro No. 315. Socialismo. Breve Antología. Arsenio Jimeno.
Libro No. 315. Socialismo. Breve Antología. Arsenio
Jimeno. Colección Emancipación Obrera. Abril 21 de 2012.
Título original: Versión Original: © Socialismo. Breve Antología.
Arsenio Jimeno. Colección Emancipación Obrera. Abril 21 de 2012
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
ARSENIO JIMENO VELILLA
DATOS BIOGRÁFICOS
(Fuentes de Jiloca, 1909). Dirigente socialista. De
familia de artesanos y campesinos, realizó en Zaragoza y Tarrasa estudios de
técnico industrial. Durante la dictadura de Primo de Rivera, con tan solo
dieciocho años, ingresa en el PSOE y la UGT, siendo elegido, años más tarde,
vocal del Comité Nacional del partido socialista. Durante la República dirige
la Federación Provincial de las Juventudes Socialistas de Zaragoza. Primer
secretario de la Federación Aragonesa de Agrupaciones Socialistas, creada en 1933.
Candidato a diputado por la circunscripción de Huesca, ese mismo año. Director
en funciones del semanario Vida Nueva. En 1935 es desterrado a Francia, donde
permanece hasta el año siguiente en que regresa a Zaragoza, en esta ciudad le
sorprende el inicio de la guerra civil. Desde la capital pasa al Aragón
republicano y es designado consejero de Instrucción Pública del Consejo de
Aragón, establecido en Caspe. Durante este tiempo dirige el diario El Día,
órgano del Frente Popular de Aragón, del que era presidente. Al disolverse el
Consejo se incorpora al Ejército como comisario de batallón, y al final de la
guerra se exila de nuevo en Francia. En este país, durante la ocupación
alemana, actúa como secretario general del PSOE clandesino, cargo que simultanea
con otro similar en la UGT. Director de El Socialista, de la revista Acción y
del periódico sindical España Obrera. A su vuelta a España, en 1978, es elegido
presidente del recién constituído Partido Socialista en Aragón y nombrado
presidente de honor de las Juventudes Socialistas de Aragón.
BIBLIOGRAFÍA
- Unidad sindical : texto de la conferencia
pronunciada en el domicilio social de la C.N.T., el día 14 de enero de 1961,
[París : Comité del Grupo Departamental del Sena de la UGT], [1961?], 31 p. ;
20 cm.
- El socialismo : nuestro ideario, [París] : Acción,
[1967 3ª ed.], 21 p. ; 21 cm.
- El camino de la libertad, [Teruel : UGT, Unión
Provincial], 1979, 112 p. ; 1 h. con retr. ; 17 cm.
- El Partido Socialista Obrero Español en peligro,
[Barcelona] : [PSC], 10ª Agrupación Pueblo Seco - San Antonio, 1980, 47 p. ; 22
cm.
- Zaragoza en la tormenta, 1936 : testimonio de un
superviviente, Zaragoza : UGT, Unión Provincial de Zaragoza, 1987, 463 p. ; 21
cm.
http://www.cebilbilitanos.com/autores/arsenio.htm
Arsenio Jimeno
SOCIALISMO
BREVE ANTOLOGÍA
CONTENIDO
v El Socialismo
v Es Posible El Socialismo
v La
Democracia Interna En Los Partidos Socialistas
v El
Sindicalismo
El Socialismo
EDICIONES ACCIÓN
Boletín del Comité Departamental del Sena del P. S. O. E.
EDITADO CON LA COLABORACIÓN DE LA JUVENTUD SOCIALISTA DE PARÍS
INDICE
Palabras
Preliminares
Antecedentes
Socialismo
Utópico y Socialismo Científico
RESUMEN
DEL Manifiesto Comunista
Comentarios
al Resumen del Manifiesto
El
Materialismo en la Concepción de la Historia
La
Igualdad
La
Violencia
Revolución
Política y Revolución Social
Lucha
de Clases
La
Propiedad
El
Capitalismo de Hoy
Acción
Política y Acción Sindical
Condiciones
del Triunfo
Palabras
Finales
AUTORES
CONSULTADOS:
Palabras Preliminares
La declaración de principios del Partido Socialista Obrero Español es una
síntesis insuperable del Socialismo científico. Fue redactado por Marx y Engels
y propuesto por Lafargue al pequeño grupo de heroicos fundadores del P.S.O.E.,
quienes lo adoptaron y adaptaron, completándolo, con el programa mínimo
exigible en aquellas políticamente desdichadas circunstancias.
Un riguroso examen de las circunstancias económicas y sociales actuales, en
el mundo y en nuestro propio país, nos llevaría a la adopción de los mismos
principios sin que estuviéramos seguros de poderlos formular con semejante
sobria elocuencia y genial claridad.
La juventud obrera y universitaria de España que busca desesperadamente,
entre las espesas sombras de la horrorosa noche totalitaria un camino claro,
una norma de conducta, un método seguro de trabajo que le permita arribar
gozosa y gloriosamente a la creación de un orden superior, al reinado de la
justicia y de la paz entre los hombres, debe meditar ese programa que ya, en su
día, permitió a Pablo Iglesias, en medio de la terrible delicuescencia moral y
cívica de su tiempo, poner en pie y en marcha, hacia mejores destinos, las
fuerzas sanas que aún quedaban a España.
Este trabajo no tiene otro objeto que ayudarles a comprender nuestras
ideas, desnaturalizadas conscientemente por todos los totalitarios, o solamente
conocidas a través de las especulaciones criminales o grotescas de quienes
monopolizan los medios educativos y de difusión.
Antecedentes
El Socialismo tiene su origen en el eterno impulso de la Humanidad hacia la
Justicia y la Paz.
Es, pues, un pensamiento moral su principal motor. Los socialistas se
dirigen a la conciencia de los hombres y, al mismo tiempo, a su razón. No basta
con desear la desaparición de la injusticia para que ésta desaparezca, sino que
es menester destruir el mecanismo social que engendra la injusticia. El triunfo
del capitalismo, al engendrar el Socialismo científico, abrió las
puertas a una nueva sociedad más justa y perfecta.
Hace un siglo que Marx y Engels criticaban y analizaban al capitalismo
adolescente y predecían su madurez y decadencia. En aquello? momentos era
facilísimo negar las resultantes del razonamiento de Marx. Hoy ningún
economista o sociólogo de buena fe niega esa decadencia.
Realmente estamos asistiendo a un período de transición del capitalismo
al socialismo. La estructura económica se transforma constantemente ante
nuestros ojos, aunque no en todos los lugares de la misma forma y en las mismas
fases, y si para algunos no son perceptibles esas transformaciones, es por
haberla ligado, en su imaginación, a revoluciones políticas sangrientas. La
transformación económica y social no está necesaria y obligatoriamente
vinculada a estremecimientos políticos fulgurantes.
Hace un siglo, los creadores del socialismo científico, para no caer
en especulaciones utópicas, se limitaron a indicar las líneas generales de la
evolución previsible del capitalismo sin aventurarse a describir la sociedad
futura, ni a redactar decretos dogmáticos o utópicos para impulsar una
transformación que reputaban todavía lejana. Hoy, la evolución del capitalismo
ha creado tantas instituciones y moldes colectivos, que los contornos del orden
social nuevo (en su primera etapa) se van precisando ante nuestros ojos.
Socialismo Utópico y Socialismo Científico
El socialismo utópico, del que hemos heredado la generosidad humana
y la abnegación, era dado a la improvisación, a los sistemas prefabricados
destinados a reemplazar el sistema establecido. A veces cree que la injusta
suerte a que está sometida la clase obrera, puede ser mejorada por filántropos,
como lo esperaba Carlos Fourier, o por generosos capitanes de industria, como
lo deseaba Saint-Simon, o por políticos profesionales que sustituyéndose a la
clase obrera, se elevasen pacíficamente al poder como lo entendía Luis Blanc, o
por medio de una conspiración minoritaria como era preconizado por Blanqui y
Weitling.
El socialismo científico entiende que el proletariado debe liberarse
por sí mismo, utilizando la acción sindical y la acción política, etc. « La
emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos». Ahí
reside uno de los fundamentos distintivos del socialismo científico.
Las diferencias fundamentales entre el socialismo científico y las demás
escuelas se apoyan en dos puntos capitales:
1. — La idea de evolución, opuesta a las fórmulas o recetas
doctrinarias aplicables en cualquier momento y lugar.
Nada hay inmutable ni eterno. La propiedad ha sufrido constantes
modificaciones. El documento fundamental del socialismo científico expone su
evolución. Siendo los fenómenos económicos la base real (aunque no
absoluta) de toda organización, las transformaciones de la propiedad han
renovado las instituciones derivadas: la superestructura social responde de
manera perfecta al hecho económico, estructura de todo período histórico.
2. — La idea de libertad en oposición a los regímenes opresores.
La primera distinción opone al principio estático (por dogmático) la idea
dinámica de la evolución del capitalismo que implica simultánea evolución de la
clase obrera a través de la lucha de clases desencadenada por el propio
capitalismo. El socialismo científico aparece en su origen como
experimental frente a escuelas de ideas preconcebidas.
La otra diferencia se refiere a la libertad. El socialismo se divide en una
rama autoritaria y una rama democrática. El propio Carlos Marx define la
posición del socialismo científico respecto a la libertad con estas palabras:
«Nosotros no somos de esos socialistas que creen que inmediatamente después de
un combate victorioso puede implantarse la comunidad de bienes como por
encanto. Sabemos que la Humanidad no da saltos, sino que avanza paso a paso. No
podemos, de la noche a la mañana, pasar de una sociedad no armoniosa a una
sociedad armónica; ese paso exige un período de transición, más o menos largo,
según las circunstancias. La propiedad privada no puede ser convertida en común
sino poco a poco.
Nosotros no somos de esos socialistas que desean aniquilar la libertad
personal, y convertir al mundo en un
gran cuartel o en un gran taller. Es cierto que existen comunistas que niegan y
quieren suprimir la libertad personal que, según ellos, cierra el camino a la
armonía; pero nosotros no queremos establecer la igualdad al precio de la
libertad. Estamos convencidos de que en ninguna sociedad, la libertad
personal puede ser más grande que aquella que se funda en la comunidad».
Apreciación que coloca irremisiblemente entre los socialistas utópicos a
los «bolcheviques», cuya obra es una monstruosa degeneración del socialismo
utópico de Blanqui. Es de justicia señalar que el entronque que acabamos de
trazar, con fría objetividad, no quiere decir que el «comunismo» soviético
tenga derecho a reclamarse de ninguna idea noble, sino que tiende a demostrar
que los errores ideológicos precursores de tan singular catástrofe humana, cual
supone la escamoteada revolución rusa, no puede identificarse al marxismo, sino
a ideas anteriores al socialismo científico, basadas en las pasiones y no en
las estructuras económico-sociales. Que nos perdonen, pues, los
socialistas utópicos por la compañía indeseable del comunismo-totalitario que
les hemos impuesto.
La primera manifestación escrita del socialismo moderno y experimental es
el llamado Manifiesto Comunista, sin cuyo conocimiento es imposible comprender
el socialismo.
RESUMEN DEL Manifiesto Comunista
El mismo Federico Engels, coautor con Marx del MANIFIESTO, nos explica las
razones de haber sido titulado MANIFIESTO COMUNISTA, en lugar de SOCIALISTA:
«...En la fecha de su aparición no nos hubiéramos atrevido a llamarle
Manifiesto Socialista... En esa época, los obreros que estaban convencidos
de la insuficiencia de las revoluciones puramente políticas y que deseaban una
alteración hondísima en todo el orden social, se denominaban comunistas.
Su comunismo confuso, instintivo, era un tanto burdo. Pero tenía vigor... El
socialismo, al menos en Europa continental, tenía entrada en los salones de los
aristócratas y de los poderosos... Y como desde un principio declaramos
resueltamente que la «emancipación de los trabajadores debía ser obra de los
trabajadores mismos», no pudimos dudar un momento acerca del nombre que
habríamos de adoptar.»
Hoy sería imposible denominarlo de la misma manera por muy parecidas
razones. Hoy se identifica bolchevismo con comunismo. Una doctrina totalitaria,
imperialista y opresiva, como la que rige en Rusia, falsamente aparentada con
las ideas de Marx, ha deshonrado para siempre la denominación, y es menester
explicar machaconamente que el socialismo o comunismo tiene la misma
relación con el régimen establecido por Lenin, Stalin y sus continuadores, que
el catolicismo, predicado por el dulce Rabi de Galilea, con el monstruoso
asesino Franco, con el pirata Juan March y sus respectivos bigornios y
rufianes, ensotanados o no.
He aquí el resumen del primer documento del socialismo científico:
«La sociedad burguesa moderna, edificada sobre las ruinas de la sociedad
feudal, no abolió los antagonismos de clases. Las antiguas clases han sido
sustituidas por otras, estableciendo nuevas condiciones de opresión, nuevas
formas de lucha.
La significación histórica de la burguesía ha sido
esencialmente revolucionaria. La existencia misma de la burguesía implica
una transformación incesante de los medios de producción, y, por tanto, de las
condiciones de la producción y de toda la organización social.
La necesidad de abrir a sus productos, nuevos y mayores, mercados, empuja a
la burguesía á sostener una competencia desenfrenada en todo el globo. La
burguesía necesita estar presente en todo lugar, saltar todas las fronteras,
establecerse en todas partes, crear a toda costa nuevos medios de comunicación
y de cambio.
Por la explotación del mercado mundial, la burguesía da un carácter
cosmopolita a la producción de todos los países.
En lugar del antiguo aislamiento de las naciones bastándose a sí mismas, se
desarrolla un tráfico universal, una interdependencia de las naciones. Y lo que
es exacto para la producción material, se aplica a la producción intelectual.
Las obras intelectuales de una nación se incorporan al acerbo intelectual común
de todas. La limitación y exclusivismo nacional son, cada día más imposibles;
de la multiplicidad de literaturas nacionales y locales se forma una literatura
universal.
Por el rápido desenvolvimiento de los instrumentos de producción y de
transporte, la burguesía incorpora a la corriente de la civilización hasta las
más bárbaras naciones. La baratura de sus productos es el arma más poderosa
para hacer capitular a las naciones más hostiles a los extranjeros. Bajo pena
de muerte por inanición, obliga a todas las naciones a adoptar el método
burgués de producción; les empuja a introducir en su seno la llamada
civilización, es decir, a convertirse en burguesas. En una palabra, modela el
mundo a su imagen.
La burguesía ha sometido el campo a la ciudad, ha fundado urbes inmensas,
ha multiplicado la población de las ciudades en perjuicio de la población
campesina, arrebatando así una gran parte de la población rural al
estancamiento de la vida del campo. De la misma forma que ha subordinado el
campo a la ciudad, las naciones bárbaras y semibárbaras a las naciones
civilizadas, ha subordinado los pueblos labradores a los pueblos burgueses, el
Oriente al Occidente.
La burguesía suprime cada vez más la división de los medios de producción,
de la propiedad y de la población. Aglomeró las poblaciones, centralizando los
medios de producción y concentrando la propiedad en pequeño número de personas.
Las condiciones burguesas de producción y de cambio, el .régimen burgués de
la propiedad, toda sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan potentes
medios de producción y de comunicación semejan al mago que no supo dominar a
las potencias infernales por él mismo evocadas. Desde hace algún tiempo, la
historia de la industria y del comercio no es sino la historia de la lucha de
las fuerzas productivas modernas contra el actual régimen de propiedad, que es
la condición indispensable para la existencia de la burguesía y de su
predominio político. Basta recordar las crisis comerciales que sucediéndose
periódicamente, cada vez más amenazadoras, ponen en trance de perecer la
existencia de la sociedad burguesa.
La burguesía no solamente ha forjado las armas por las que debe perecer,
sino que ha producido también los hombres que manejarán esas armas; los obreros
modernos, los proletarios.
Con el desarrollo de la burguesía, es decir del capital, se desarrolla el
proletariado, la clase de los obreros modernos, que no pueden vivir sin
encontrar trabajo y que no encuentran trabajo sino con la condición de aumentar
el capital. Son una mercancía sujeta a las alternativas de la concurrencia.
El proletariado pasa por diversas fases de evolución. Su lucha contra la
burguesía comienza al nacer.
En principio es una lucha individual de los obreros contra el burgués que
los explota, después, por los obreros de una misma fábrica; luego por los
obreros de un mismo oficio de una misma localidad, contra el burgués que los
explota directamente. No se limitan a dirigir sus ataques contra las
condiciones burguesas de producción, sino contra los mismos instrumentos de
producción; destruyen las mercancías extranjeras que les hacen la competencia,
rompen las máquinas, queman las fábricas y se esfuerzan en restablecer la
situación perdida del artesano de la Edad Media.
En esta fase de la lucha, los trabajadores constituyen una muchedumbre
diseminada y dividida por la concurrencia. Si alguna vez los obreros forman
masas compactas, esta acción no es todavía el resultado de su propia unidad,
sino iniciativa de la burguesía que, para obtener sus fines políticos, debe
movilizar al proletariado entero. En esta fase, los proletarios no combaten aún
a sus propios enemigos, sino a los enemigos de sus enemigos, es decir a los
residuos de la monarquía absoluta, los grandes terratenientes, burgueses no
industriales, contra los pequeños burgueses. Todo movimiento histórico está
concentrado entre las manos de la burguesía; toda victoria obtenida en estas
condiciones es una victoria burguesa.
Al desarrollarse la industria, no solamente aumenta el número de
proletarios, sino que los concentra en masas cada vez más considerables; su
fuerza aumenta y empiezan a tener consciencia de su fuerza. El constante
perfeccionamiento de la máquina hace cada día más precaria la situación del
obrero. Los choques individuales se desarrollan y van acentuando su carácter de
choques entre dos clases. Los obreros comienzan formando coaliciones para el
mantenimiento de sus salarios. Llegan hasta formar asociaciones permanentes, en
previsión de otras luchas. En algunos lugares, la resistencia se convierte en
motín.
Algunas veces triunfan los obreros. Pero es un triunfo efímero. El
verdadero resultado de sus luchas es menos el éxito inmediato que el aumento
progresivo de la solidaridad obrera. Esta solidaridad la facilita el
acrecimiento de los medios de comunicación que permiten a los obreros de
localidades distintas ponerse en relación. Basta esta relación para transformar
las numerosas bichas locales, que en todos los lugares revisten un mismo
carácter, en una lucha nacional con dirección centralizada, en una lucha de
clases. Pero toda lucha de clases es una política, y la unión de los burgueses
que tardó siglos en establecerse, por no disponer sino de caminos vecinales,
los proletarios modernos la establecen en algunos años por disponer del
ferrocarril.
De todas las clases que, en este momento, se encuentran enfrentadas con la
burguesía, el proletariado es la única clase revolucionaria. Las demás clases
periclitan y perecen ante la gran industria; el proletariado, por el contrario,
surge de la burguesía como su natural e indeclinable consecuencia.
Las condiciones de existencia de la antigua sociedad están ya abolidas en
las condiciones de existencia del proletariado. El proletariado no posee
propiedad alguna; sus relaciones familiares nada tienen de común con las
existentes en la familia burguesa; el trabajo industrial moderno implica
sujeción del obrero por el capital, lo mismo en Inglaterra que en Francia, en
América que en Alemania. Las leyes, la moral, la religión son para él otros
tantos prejuicios burgueses, detrás de los cuales se ocultan otros tantos
intereses burgueses.
Todos los movimientos sociales realizados hasta el presente han sido obra
de minorías o en provecho de minorías. El movimiento proletario es el
movimiento espontáneo de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría.
El proletariado, capa inferior de la sociedad actual, no puede levantarse, no
puede ponerse en pie, sin hacer saltar las capas superpuestas que constituyen
la sociedad oficial.
Al bosquejar a grandes rasgos las fases del desarrollo proletario, hemos
trazado las líneas de la guerra civil, más o menos latente, que lleva en su
seno la sociedad hasta el momento en que esta guerra estalle en franca
revolución, en la que el proletariado fundará su dominio por el derrumbamiento
violento de la burguesía.
Se acusa a los socialistas de querer abolir la patria, la nacionalidad.
Los obreros no tienen patria. No se les puede desposeer de lo que no
tienen. Como el proletariado de cada país debe, en primer lugar conquistar el
poder político, erigirse en clase nacional, constituirse él mismo en nación,
sigue siendo nacional, pero no en el sentido burgués del concepto.
El desarrollo de la burguesía, el libre-cambio, la universalización del
mercado, la uniformidad de la producción industrial, y de las condiciones de
existencia que supone, borran cada vez más las fronteras y los antagonismos
entre los pueblos.
La supremacía del proletariado hará que desaparezcan más deprisa aún. La
acción combinada del proletariado, al menos en los países civilizados, es una
de las condiciones de esta emancipación.
Suprimid la explotación del hombre por el hombre, y suprimiréis la
explotación de una nación por otra nación.
La hostilidad de las naciones entre sí, desaparecerá al mismo tiempo que el
antagonismo de clases dentro de cada nación.
La primera etapa en la revolución obrera es la constitución del
proletariado en clase dirigente, la conquista de la democracia. El proletariado
se servirá de su supremacía política para arrancar poco a poco el capital a la
burguesía, para centralizar los instrumentos de producción en las manos del
Estado, es decir del proletariado organizado en clase dirigente, y para
aumentar lo antes posible la cantidad de fuerzas productivas.
En lugar de la ANTIGUA SOCIEDAD burguesa, con sus clases y sus antagonismos
de clases, surge una asociación donde el libre desenvolvimiento de cada uno es
la condición del libre desenvolvimiento de todos.
Los socialistas juzgan indigno ocultar sus opiniones y sus proyectos.
Declaran abiertamente que sus objetivos no pueden ser alcanzados sino con la
destrucción violenta de todo el orden social tradicional: ¡Tiemblen las clases
directoras ante la idea de una revolución socialista! Los proletarios no tienen
que perder más que sus cadenas. Y es todo un mundo, lo que tienen que ganar.
¡¡Proletarios de todos los países, untos!!»
Comentarios al Resumen del Manifiesto
El Socialismo científico realiza, pues, la unidad del socialismo y del
movimiento obrero, hasta entonces separados. A la idea socialista señala la
fuerza susceptible de realizarla: el proletariado. Indica al proletariado que
para liberarse de la explotación no hay más que el socialismo.
Al cosmopolitismo del capital opone el internacionalismo obrero; a la
explotación del hombre por el hombre debe seguir la abolición de la explotación
de una nación por otra y hace desaparecer la hostilidad entre ellas.
La organización del proletariado en partido de clase es la
consecuencia de este encadenamiento.
La diferencia fundamental entre la revolución proletaria y todas las
precedentes, radica en que éstas fueron realizadas por minorías, o en provecho
de minorías arrastrando masas inconscientes, y aquella es el movimiento de la
inmensa mayoría obrando en su propio interés y por su propia cuenta. Más
adelante volveremos sobre este problema.
La evolución del capitalismo desde 1848, fecha de la publicación del
Manifiesto, hasta nuestros días, se ha conformado a las líneas generales de
tan importante documento.
La empeñada lucha de las dos clases antagónicas ha producido instituciones
nuevas, una legislación social importante, la transformación profunda de los
Estados y una profunda revolución que se efectúa ante nuestros ojos y que no
siempre vemos con claridad. Vivimos un período de transformación acelerada, un
período de transición del capitalismo al socialismo, aunque no tenga los
caracteres espectaculares de un terremoto.
El Socialismo científico realiza una doble síntesis: síntesis de las
doctrinas preexistentes, y síntesis de esas doctrinas con la realidad de su
época.
«El socialismo científico es un método de razonamiento y de investigación.
La doctrina marxista no es un todo cerrado y rígido. Incluso después del
descubrimiento de la concepción materialista de la Historia, Marx y Engels han
continuado su evolución fundándose en hechos nuevos que les ofrecían sus
investigaciones y la evolución de la sociedad europea. Como todo, el marxismo
está en constante evolución, no solamente el marxismo de los continuadores,
sino incluso el de los fundadores...» (Kautski).
¿Pero qué es y
significa el materialismo en la concepción de la Historia?
El Materialismo en la Concepción de la Historia
En 1831 estalló en Lyon la primera sublevación obrera. De 1838 a 1842, el
primer movimiento nacional obrero (el carlismo inglés) alcanzaba su punto
culminante. La lucha de clases entre proletarios y burgueses irrumpía en la
escena de la historia de los pueblos que deciden de la suerte de la humanidad.
Se intensificó proporcionalmente al desarrollo de la gran industria y de la
supremacía política recientemente conquistada por la burguesía. Las doctrinas
de la economía burguesa, la identidad de los intereses del capital y del
trabajo, la armonía universal, la prosperidad general engendrada por la libre
concurrencia, todo fue desmentido por los hechos. No se podían ignorar tales
acontecimientos, ni tampoco al socialismo francés e inglés quienes, no obstante
sus imperfecciones, eran su expresión teórica. Pero la vieja concepción
idealista de la historia que sobrevivía aún, no conocía ni guerra de clases
basada en intereses materiales, ni ningún interés de esta clase; la producción
y todas las relaciones económicas no les merecían sino una mirada desdeñosa,
distraída; no eran sino los elementos secundarios de la historia de la
civilización.
Semejantes acontecimientos imponían un nuevo examen de toda la historia
pasada; entonces se comprobó que la historia no había sido otra cosa que la
historia de la lucha de clases; que esas clases antagónicas eran en todo lugar
y tiempo producto del modo de producción y cambio, en una palabra de las
relaciones económicas de su época; que, en consecuencia, la estructura
económica de una sociedad determinada, forma siempre la base real que debemos
estudiar para comprender la superestructura de las instituciones políticas y
jurídicas, como también las opiniones religiosas, filosóficas y otras que le
son propias.
Primeramente se planteaba el problema de determinar el lugar histórico de
la producción capitalista en el desarrollo de la humanidad, de probar su
necesidad para un período futuro; después poner al desnudo el carácter íntimo,
todavía desconocido, de la producción capitalista, pues la crítica se había
limitado hasta entonces a describir las incongruencias que había producido, mas
que a buscar las causas determinantes de esas incongruencias. Eso fue posible
por el descubrimiento de la plusvalía (trabajo no pagado). Se comprobó
que la apropiación del trabajo no pagado era la forma fundamental de la
producción capitalista y de la explotación de los obreros que es inseparable;
que el capitalista, incluso cuando paga la fuerza-trabajo del obrero al
valor real que, como mercancía, tiene en el mercado, saca más valor del que ha
dado para adquirirla; y esta plus-valía constituye, en fin de cuentas,
la suma de valores de donde proviene la masa del capital que crece sin cesar,
acumulada en las manos de las clases poseyentes. La manera de proceder de la
producción capitalista, así como la producción del capital estaban explicadas.
Estos dos grandes descubrimientos: la concepción materialista de la
historia y la revelación del misterio de la producción capitalista por medio de
la plus-valía hicieron del socialismo una ciencia.
Esta concepción, evidentemente, está muy alejada de la interpretación
vulgar y maliciosa según la cual el materialismo histórico explica las ideas de
los hombres por sus intereses, es decir, por sus móviles económicos. La
concepción materialista de la Historia no ha sido jamás una teoría de móviles
individuales.
Si el método de investigación que nos propone el socialismo científico es
aplicable en todo tiempo y lugar, la aplicación práctica de sus principios en
la acción obrera es aplicable allí donde el capitalismo, al madurar, ha creado
un medio propicio. El socialismo científico es un método de interpretación y un
guía para la acción de la clase trabajadora, en el seno del capitalismo, para
desbordarle, encaminándose hacia el socialismo.
Uno de los países en que más ha tardado la clase obrera en reaccionar
contra el capitalismo, ha sido en los EE. UU. y ello por no haber existido
durante muchos años verdaderas clases, cristalizadas, permanentes. La fluidez
de su situación económica determinaba la imposibilidad de creación de grandes
organizaciones obreras. Hoy, la situación es distinta, las clases se están
cristalizando, la acumulación de los medios de producción en pocas manos es
cada vez mayor, las organizaciones obreras han crecido con la misma rapidez de
desarrollo que el capitalismo. En su lucha, los obreros se van ajustando cada
vez más, sin saberlo y quizás sin quererlo, a las líneas generales trazadas por
el socialismo científico.
En contraste, la actitud de un país que se reclama oficialmente del
marxismo, es una negación permanente y brutal de los principios que dicen
aplicar. El bolchevismo es dogmático y sectario. Todas sus características
(dictadura personal o colegial, culto de la personalidad, campos de
concentración, modos de producción) responden al retraso industrial ruso. Su
organización es totalitaria y tecnocrática, es decir, antimarxista.
La revolución industrial que está realizando la Unión Soviética le
planteará los problemas que ha tenido que estudiar y resolver la clase obrera
occidental.
El bolchevismo se ha retrotraído involuntariamente, empujado por el
determinismo económico, al socialismo utópico, al blanquismo. El proletariado
ha sido víctima en Rusia de una dictadura totalitaria de parecido carácter
íntimo que el de la italiana y la alemana. La española supera todas ellas en
ferocidad y en estupidez.
Considerando abusiva y deshonestamente el bolchevismo como una consecuencia
fatal de la aplicación de las teorías marxistas, cuando según las cuales, dada
la estructura económicosocial de Rusia en 1917, una revolución socialista era
imposible, como bien trágicamente lo ha demostrado Stalin (el loco sanguinario
según Khrouchtchev), se da el socialismo científico como una utopía feroz,
oponiéndole teorías sin ninguna consistencia.
El socialismo marxista o democrático, no se opone al idealismo sino que lo
completa. El orden socialista es inconcebible e irrealizable sin libertad, sin
justicia, sin el libre desarrollo de la personalidad del hombre.
Los socialistas utópicos, como los bolcheviques, nos han demostrado que no
es suficiente proclamar un ideal para hacerlo realizable. El ideal más sublime
será quimérico si las condiciones históricas, en las que la economía juega un
papel importante, no permiten su realización. Los idealistas puros se limitan a
dibujar en las nubes sus deseos, mientras los socialistas interrogan la
realidad económica y social para determinar en cada momento lo que es posible
realizar del conjunto ideal.
El propio Marx reprochaba a los extremistas de la Liga comunista que se
inspiraran en una concepción idealista, diciendo: «En lugar de las
condiciones reales, consideran la simple voluntad como el motor de la
revolución». Reproche que los verdaderos marxistas han repetido al
bolchevismo.
La concepción materialista de la Historia profesa que la conciencia, no de
cada individuo, sino de los grupos sociales, está determinada por la
configuración de la economía y por la estratificación social que es su
consecuencia.
Kautski nos aclara el concepto en oposición al concepto filosófico del
término en estas palabras: «Marx y Engels no se preguntaban por qué los
hombres piensan y actúan, por qué tienen ideas e ideales y se dejan guiar por
ellos; se preguntaban la razón por la que estas ideas e ideales variaran de una
época a otra... La cuestión que les preocupa es la del por qué del cambio de
esos ideales. Descubrieron que la causa principal del cambio de ideas debía ser
buscado en la modificación de las condiciones económicas en las cuales viven
los hombres».
La Igualdad
Este concepto
fue siempre, aún en España, donde el prurito igualitario nos hace llevar a
todos un rey en la barriga, objeto de chacota espesa y grosera.
¿Cuántas veces no habremos oído el estúpido argumento del cojo que aspira a
la igualdad en la claudicación física o el corcovado exigiendo rabiosamente
condición apolínea o quebradura de huesos general?
La inmoral moraleja de semejantes elucubraciones era y es siempre la misma:
La igualdad es imposible, siempre hubo pobres y ricos, etc.
En opinión de estos cazurros sociólogos de casinillo o sacristía, el
socialismo es una especie de utopía amasada de envidia, ambiciones de
impotentes, sadismos enmascarados. Los más inteligentes de la flatulenta
caterva, atribuyéndonos principios que nunca fueron nuestros exclaman
indignados: «¿Cómo va a ser retribuido un ingeniero como un peón y un tenor
como un partiquino?» ¿Y quién ha dicho lo contrario? ¿Pero es razonable y justo
que un individuo se apropie el producto del trabajo ajeno? Pues esa y no otra
es la consecuencia del sistema capitalista. El socialismo, ante esa
expoliación, nunca se le ocurrió nivelar a los hombres con una especie de
apisonadora. Jamás reclamó la uniformidad de condición, admite las
desigualdades naturales, cerebrales o musculares. Reclama la igualdad en el uso
de los medios de desarrollo, con derechos iguales desde el punto de partida; la
igualdad de medios en la lucha contra la naturaleza, la igualdad de derechos
políticos y sociales, el reconocimiento de la equivalencia de todo trabajo de
utilidad social.
El socialismo reclama para todos, absolutamente para todos, el producto
íntegro de su trabajo.
Esa es la auténtica y justa igualdad que reclamamos.
La Violencia
Los socialistas detestan la violencia como sistema. Toda su doctrina se
compone de organización y creación, de trabajo vital y no de guerra que
destruye y mata. Pero fieles a la ciencia y a la verdad, están obligados a
decir al pueblo, so pena de inducirlo a error o alimentarlo de ilusiones, que
todo período evolutivo termina necesariamente en revolución más o menos
violenta.
La sociedad en trance de perecer debe llevar en su seno la nueva sociedad.
La sociedad no se plantea nunca problemas que no pueda resolver. Una revolución
es utópica o no lo es según que haya tenido en cuenta o no esas condiciones.
Los elementos necesarios al funcionamiento de la nueva sociedad son las
nuevas formas productivas: herramientas, máquinas, grandes fábricas, nuevas
vías de comunicación, potentes medios de cambio, grandes bancas, grandes
almacenes, nuevas instituciones substituyendo la acción individual, la
asociación al aislamiento, el trust a la concurrencia, la colaboración creadora
a la lucha destructiva; el capitalismo liberal da paso al capitalismo
organizado, la planificación substituye a la anarquía.
Si se dan esas condiciones, la revolución es indispensable e inevitable. Si
no se dan, la revolución es utópica.
La concepción individualista o heroica de la revolución atribuye el éxito
de una revolución a la acción osada, atrevida, enérgica, violenta 'de fuertes
individualidades, de héroes o de minorías activas. Pero nunca sucede así.
Cualquiera que sea el régimen político y social, la mayoría termina por hacer
prevalecer su voluntad. En todos los países es la mayoría quien gobierna o deja
gobernar, por egoísmo, interés, cobardía o inconsciencia. Si la minoría hace
una revolución la mayoría la deshace. La revolución no puede ser obra más
que de la mayoría en provecho de la colectividad entera. Para triunfar, la
revolución social necesita una mayoría combatiente o que consienta.
El propio Marx opinaba en 1872:
«Sabemos que es necesario tener en cuenta las instituciones, las costumbres
y las tradiciones de los diversos países, y no negamos que hay países como
América, Inglaterra y quizás Holanda, en las cuales el proletariado puede
alcanzar sus objetivos por procedimientos pacíficos.»
«La responsabilidad en el desencadenamiento de la violencia no solamente
será imputable a la clase dominante, sino también a la clase obrera.» (Marx a
Hyndman, 1881.)
Y Engels decía:
El carácter más o menos violento de la revolución dependerá «menos del
desarrollo de la burguesía que del desarrollo del proletariado... Contra más
elementos socialistas contenga el proletariado, la revolución será menos
cruenta.» (Engels, 1884.)
«Si algo hay seguro, es que nuestro partido y la clase obrera no puede
acceder al poder (que no es lo mismo que formar un gobierno circunstancial) más
que bajo la forma de República democrática». (Engels.)
Reflexión que presupone método de lucha incruento.
Revolución Política y Revolución Social
La revolución es política cuando se limita a cambiar la forma de gobierno.
Se convierte en social cuando modifica las formas de la propiedad. Una
revolución puede realizarse pacíficamente o por la fuerza.
Desde la aparición del capitalismo se aprecia con toda claridad que una
revolución ya no es posible si no es proletaria y ésta no será posible hasta
tanto el proletariado organizado no sea una fuerza suficiente y compacta para
tener a su lado, en circunstancias favorables, a la mayoría de la población.
Un revolucionario es el que desea la conquista del poder por una clase
hasta entonces oprimida. Y no se deja de ser revolucionario por preparar y
apresurar esta conquista con la ayuda de conquistas parciales. El reformista y
el revolucionario desean, uno y otro, reformas; lo que les distingue es que el
primero limita sus ambiciones a unas cuantas reformas de estructura.
Una revolución política se convierte en revolución social si la lleva a
cabo una clase hasta entonces oprimida y obligada a asegurar, con la
emancipación social, su liberación política, cuando llega a la conclusión de
que su situación económica le impide ser libre. Por el contrario, un conflicto
entre clases dirigentes, aunque tenga los caracteres violentos de una guerra
civil, no es ni será nunca una revolución social.
La revolución política es la mitad de la revolución. Suprime la opresión
política dejando subsistente la opresión económica.
Muchos se imaginan que la revolución social puede realizarse como se
realiza una revolución política, de un solo golpe feliz. En un solo día los
trabajadores podrán apoderarse de las fábricas, minas, casas de comercio,
bancas, fundos, desalojando a los propietarios y a los directores: lo que por
la mañana era propiedad capitalista es por la tarde propiedad del pueblo
trabajador. No. El problema no es tan sencillo.
Nuestro bienestar depende de dos factores:
1° — La cantidad de mercancías que se producen en el país;
2° — La manera como esta cantidad se reparte entre las diferentes clases de
la sociedad.
El socialismo reparte con justicia absoluta las mercancías. Pero para nada
servirían las justas normas de reparto, si no había nada, poco o menos que
repartir.
El socialismo organizará de manera más justa el reparto de productos, sin
que se resienta la producción. No debe destruir la organización capitalista de
producción, sin establecer, al mismo tiempo, una organización socialista que
permita, por lo menos, una producción tan abundante como en el régimen
anterior. Es, pues, tarea difícil que requiere audacia, serenidad, inteligencia
y fuerza. Las medidas necesarias no pueden ser aplicadas por mera revolución
política, ésta no puede sino «liberar los elementos de la sociedad futura».
Y añade Marx: «Para que la revolución triunfe, es necesario que una clase
encarne en ella las miserias y necesidades de toda la sociedad, de toda la
nación, y que su emancipación sea la de todos».
Sócrates opinaba que las revoluciones provenían del hecho de no haber nada
duradero en la tierra y a que, en ciertas épocas, nacen hombres viciosos,
díscolos, incorregibles. Aristóteles que lo cita, añadía que la reflexión era
cierta, pero más tarde intuyó genialmente las verdaderas razones, al atribuir
las revoluciones a las desigualdades sociales económicas y sociales existentes.
Era, pues, idealista y realista al mismo tiempo. Muchos, después de él, lo
fueron también, hasta que Marx trazó inflexiblemente las bases de nuevo método
de interpretación y reveló que, hasta el presente, todas las sociedades humanas
contienen elementos antagónicos en lucha por la apropiación de los medios de
existencia.
Lucha de Clases
Mucho antes de aparecer Marx, historiadores burgueses habían expuesto el
desarrollo histórico de la lucha de clases.
Lo que pertenece a Marx es la demostración de que la existencia de la lucha
de clases no está ligada sino a fases determinadas de desarrollo histórico de
la producción y que esta misma lucha conduce necesariamente al poder a la clase
obrera, la que lo utilizará para suprimir todas las clases, para establecer una
sociedad sin clases.
La lucha de clases es un hecho. Los socialistas ni la han inventado por
capricho bélico, ni preconizado. Simplemente la organizan para hacerla menos
caótica y ruidosa, y determinan sus consecuencias lógicas.
La teoría de la lucha de clases es una ley interpretativa de la historia
(escrita), una explicación retrospectiva de la historia e instrumento de
previsión del porvenir.
Las relaciones económicas y sociales han determinado siempre,
necesariamente, un escisión, con dos grupos de composición variable pero de
naturaleza homogénea. Dos grupos permanentes en su movilidad: los que se
benefician del uso de las fuerzas de producción y quienes sufren las
consecuencias de esas fuerzas: los explotadores y los explotados. Esos grupos
son las clases. La historia es el encadenamiento lógico de esas luchas
inevitables. El progreso de la civilización es la sustitución progresiva de la clase
explotadora por la clase explotada, la que a su vez, se convierte en
explotadora.
El socialismo, al suprimir las clases, suprime la explotación del hombre
por el hombre y, por ende, las luchas, alcanzado la humanidad una condición
estable, cerrando la era de las mutaciones revolucionarias.
La Propiedad
SU TRANSFORMACIÓN
«La propiedad privada como antítesis de la propiedad colectiva —dice Marx—,
sólo existe allí donde los instrumentos y demás condiciones externas del
trabajo son privativos de los individuos. Pero según que estos sean los
trabajadores o los nos trabajadores, la propiedad privada cambia de aspecto. La
infinita variedad de formas que a primera vista presenta, son simples reflejos
de los estados intermedios entre ambos extremos.
«La propiedad privada del trabajador de los instrumentos de su actividad
productiva, es el corolario de la pequeña industria agrícola o manufacturera, y
ésta constituye el vivero de la producción social, la escuela en que se
perfeccionan la habilidad manual, el ingenio y la personalidad del trabajador.
Cierto es que este modo de producción se halla en la esclavitud, en la
servidumbre y en otros estados de dependencia. Pero no prospera, no despliega
toda su actividad, no reviste su forma perfecta, integral y clásica, sino
cuando el trabajador es el propietario libre de todos los instrumentos de
trabajo que utiliza: el labrador, del suelo que cultiva; el artesano, del útil
que maneja.
«Este régimen industrial de pequeños productores independientes, que
trabajan por su cuenta, presupone el fraccionamiento del suelo y la de los
otros medios de producción. Del mismo modo que excluye la concentración de
estos medios, excluye también la concentración en gran escala, la subdivisión
de la labor en el taller y en los campos, el maquinismo, la sabia dominación de
la naturaleza por el hombre, el libre desenvolvimiento de las potencias
sociales del trabajo, el concierto y la unidad en los fines, en los medios y en
los esfuerzos de la actividad colectiva. No es incompatible más que con un
estado de producción y de sociabilidad limitadísimo. Llegado ese régimen a
cierto grado de desarrollo, engendra los agentes materiales de su disolución. A
partir de ese momento, las fuerzas y pasiones que comprime comienzan a agitarse
en el seno de la sociedad. Debe ser y es aniquilado. En su movimiento de
eliminación transforma los medios de producción socialmente centralizados,
convirtiendo la propiedad mezquina de la mayoría en la propiedad colosal de
algunos, mediante la cruel y espantosa expropiación del pueblo trabajador ; he
ahí los orígenes, he ahí la génesis del capital.
«La expropiación de los productores inmediatos se realiza con un vandalismo
increíble que estimula los móviles más infames, las más sórdidas pasiones. La
propiedad privada, fundada sobre el trabajo personal, en que el trabajador está
unido de modo inseparable a los instrumentos de trabajo, va a ser suplantada
por la propiedad capitalista, fundada en la explotación del trabajo ajeno, en
el asalariado.
«La apropiación capitalista, conforme al modo de producción capitalista,
constituye la primera negación de esta propiedad privada que es consecuencia
del trabajo independiente e individual. Mas la producción capitalista engendra
su propia ruina por la fatalidad que preside a las transformaciones de la
naturaleza. Es la negación de la negación. Establece, no la propiedad privada
del trabajador, sino la propiedad socializada como término de las conquistas
del régimen capitalista, fundada en la cooperación y en la posesión en común de
todos los medios de producción incluso el suelo.» (Marx, «El Capital»).
La propiedad privada o individual, basada sobre el trabajo individual, es
absolutamente legítima, pero la propiedad privada o individual capitalista, que
sirve para explotar al prójimo en beneficio de su posesor pierde por ese hecho
mismo, su carácter privado e individual.
Si el capitalismo expropia cruelmente al artesano y al pequeño propietario
rural, el socialismo no tiene porqué hacerlo, sino que les garantiza la
posesión de sus instrumentos de trabajo, pues tiende a poner en manos de los
trabajadores todos los medios de producción y de cambio.
La revolución francesa abolió la propiedad feudal en favor de la propiedad
burguesa. El carácter distintivo del socialismo no es la abolición de la
propiedad en general, sino la abolición de la propiedad burguesa.
La actual, y cada vez más preponderante, explotación colectiva de los
medios de producción y de cambio, exige la propiedad colectiva.
Ninguna nación puede ni podrá vivir sin la organización colectiva de la
producción y del reparto de riquezas.
En esta organización colectiva de la vida, los derechos de la persona
humana deben ser estrictamente respetados, pues el socialismo se ha hecho para
la ventura del hombre y no el hombre para un régimen, cualquiera que sea su
denominación.
Si la esclavitud engendró el feudalismo, y el feudalismo ha sido sustituido
por el capitalismo moderno, el mundo actual deberá ceder su predominio a un
régimen nuevo: al colectivismo.
El Capitalismo de Hoy
Es indiscutible que en cien años, el capitalismo se ha desarrollado, en
lineas generales, de acuerdo con las conclusiones del socialismo democrático o
marxista, pero asimismo no es menos cierto que ha buscado y busca nuevas y
diversas formas para alargar su vida, para estabilizar su sistema, con reformas
de estructura más o menos profundas. La acción de Franklin Delanno Roosevelt es
una de las formas de alargar la vida al capitalismo, un método inteligente,
humano, provisionalmente eficaz, que hubiera podido propiciar la transición
pacífica a un régimen socialista. Otro de los métodos, dictado por la ley de la
selva, fue aplicado por Hitler y por el enano sanguinario, Franco. El simplismo
político y económico de Franco ha sido mucho más criminal que el del propio
Hitler. El y sus secuaces creían que matando a un millón de españoles quedarían
resueltos todos los problemas, sin tener en cuenta que éstos tienen su origen
en las contradicciones económicas y no en la voluntad de un grupo de hombres
díscolos.
Un sistema económico-social se define según las modalidades de su
funcionamiento, en relación con el régimen de propiedad y del trabajo, y según
la contextura de las clases que comprende.
En general y bajo el ángulo del funcionamiento, la transformación del capitalismo puede sintetizarse diciendo
que el sistema liberal ha pasado al capitalismo organizado.
La antigua concurrencia entre las pequeñas empresas ha cedido ante la
concurrencia de un pequeño número de mastodontes de la industria y del
comercio, los cuales terminaron entendiéndose entre ellos, dando así nacimiento
a los cariéis, a los trusts. Al desaparecer la concurrencia en los mercados
interiores, disminuye en los exteriores. El monopolio en los mercados
nacionales no es posible sino al abrigo de una fuerte protección aduanera. Lo
que se traduce en intervención del Estado. Así es como, en lo que va de siglo,
se ha ido insinuando el Estado en la economía y ésta en el Estado. Del Estado
vigilante de la era liberal, hemos pasado al Estado regulador, al Estado
árbitro, al Estado patrón. Las crisis consecutivas a este estadio de desarrollo
del capitalismo se han intentado corregir o atenuar con la gran estafa que
supone la inflación o la devaluación.
La evolución de la propiedad en el curso de la transición del capitalismo
liberal al capitalismo organizado se advierte en la gradual transformación de
la propiedad individual de los medios de producción en servicio público:
ferrocarriles, minas, gas, electricidad, petróleos, etc... etc,
En las más vitales ramas de la economía, el propietario único, el patrón
individual, ha sido sustituido por el accionista, por la sociedad anónima.
En los países capitalistas más desarrollados, aproximadamente el 50 % de
las empresas industriales, ocupando el 90 % de asalariados industriales
y cuya producción se eleva al 95 % de la producción global de la industria,
están constituidas en sociedades anónimas.
La dominación de estas inmensas sociedades sobre el capitalismo sujeto a la
concurrencia, es aplastante.
Al mismo tiempo que se transforma el capitalismo, lo hace la condición
obrera. La vigilancia de los partidos socialistas ha sustraído, en cierto modo,
el asalariado al libre juego de las fuerzas económicas. La reglamentación legal
de mercado de la mano de obra, los contratos colectivos sustituyendo poco a
poco a los contratos individuales, la fijación del máximo de horas de trabajo y
del jornal mínimo, las medidas de seguridad en los trabajos peligrosos o
insalubres, la reglamentación del trabajo de las mujeres y de los niños, las
vacaciones obreras, la seguridad social y el seguro contra el paro allí donde
no se garantiza el pleno empleo, son medidas que modifican parcialmente la
situación personal del obrero.
Pero estas conquistas no son solamente una elevación del nivel de vida. La
evolución de la propiedad hasta convertirse en servicio público, corresponde a
la transformación del trabajo en función pública. Es decir, en su conjunto, la
interdependencia de la transformación corresponde a una etapa de modificación
de estructura del régimen de la propiedad, ratificando así la ley de evolución.
En el momento de redactarse el Manifiesto, la revolución industrial se
aprestaba a anular al artesano de alta calificación profesional, para
sustituirlo por el asalariado. Entre el asalariado y el propietario de los
medios de trabajo, se intercalan las clases medias, urbanas y rurales. El
patrón, a la hora actual, está desapareciendo y dando paso a propietarios
anónimos o al Estado-patrón. Las clases medias se han proletarizado al perder
su independencia, al recibir un salario. El proletariado compone, pues, la
mayoría de la población, aunque los interesados no quieran reconocerlo o se
rebelen contra esta realidad por reminiscencias de clase, sobre todo en España
donde tanta y pueril importancia se da a las formas exteriores, al atuendo, al
buen parecer...
Al proletariado de 1848, compuesto exclusivamente de obreros industriales
hay que añadir nuevos proletarios, empleados, contramaestres, técnicos,
directores.
El proletariado comprende elementos decisivos en el proceso económico. La
clase obrera ha creado organizaciones por las cuales influye en las
manifestaciones de la vida nacional. Frente al capitalismo organizado, el
anticapitalismo organizado en el terreno político, sindical, cooperativo,
cultural.
La inseguridad, una de las características de la condición obrera, se ha
atenuado, pero la dependencia se acrecentó. Mejor defendido contra el paro y la
enfermedad, no por ello es más libre.
En el capitalismo liberal, el asalariado dependía de su patrón. En la
economía contemporánea, esta dependencia ha sido sustituida por la dependencia
del asalariado y del patrón ante el Estado.
La condición fundamental del proletariado no se ha modificado básicamente,
puesto que no conquistó los medios de producción y de cambio. Pero su nueva
condición es consecuencia de la evolución del capitalismo hacia formas de
propiedad más perfectas.
Es cierto que esta evolución no se ha efectuado en línea recta, ni en la
misma proporción en todos los lugares. Todos hemos conocido las reacciones
autárquicas, los intentos de intensificación del nacionalismo económico. Pero
todos han tenido que plegarse a la fuerza de la realidad y la interdependencia
económica entre naciones no cesa de crecer; cuando estos intentos de autarquía
han sido entreverados con vana palabrería imperial y auténtica destrucción de
vidas preciosas para la economía, como en España, la aventura terminó
convirtiendo al país en colonia de un imperialismo financiero.
La centralización del capital podía discutirse aún hace veinte o treinta
años. Hoy sería inútil hacerlo con ejemplos parciales que nada significan. Las
grandes empresas han ido devorando a las pequeñas. Y las que se mantienen es a
costa de plegarse a la voluntad de las grandes o por haberse convertido en
mecanismo auxiliar.
La gran crisis de 1929, cuyas consecuencias sufre el mundo todavía, no fue
ni podía ser una sorpresa para los socialistas. Las previsiones, que no
profecías, del socialismo científico, se confirmaban.
Los países capitalistas aumentan cada día y los asalariados son la mayoría
de la población activa. Un creciente fracción de los trabajadores es socialista
o tiene aspiraciones socialistas y en todos los terrenos se esfuerzan en
introducir las bases de una nueva estructura de la sociedad.
El propio fracaso de la revolución rusa, como revolución proletaria, no
hace sino confirmar las tesis del socialismo.
No podemos olvidar que el fracaso del capitalismo no solamente engendra
movimientos tendentes a la revolución social. Aparte de la revolución rusa, se
han producido otras más o menos demagógicas, convirtiendo al Estado en
implacable tirano. Las previsiones del socialismo se realizan normalmente, sin
caer en la esclavitud del Estado, allí donde los socialistas son numerosos e
intrépidos.
No quisiéramos terminar nuestro trabajo sin abordar el problema de la
acción obrera en relación a la situación que hemos venido definiendo.
Acción Política y Acción Sindical
Sí, el liberalismo económico ha muerto. El funcionamiento automático de las
leyes económicas se detuvo hace dos décadas, perdiendo el mercado su papel de
regulador exclusivo. Una planificación inteligente (E.U.A.), implacable
(U.R.S.S.), corrompida y estúpida (España), ha sustituido al libre juego de las
fuerzas económicas.
La autarquía y las dictaduras sangrientas han sido vanos intentos para
detener el progreso. En todo el mundo el proletariado influye en la marcha de
los acontecimientos, dirige la evolución, sienta las bases de la sociedad
futura en el período de transición. Pero así como en el mundo quedan raros
ejemplares de razas desaparecidas, ruinas de civilizaciones muertas, aún nos
encontramos concepciones premarxistas, idealismos enternecedores e ineficaces,
penachos románticos contra el acero de la realidad.
La nueva estructura del capitalismo (monopolios, concentración,
estatificación, asociación, interdependencia organizada, etc.) ha modificado
las viejas concepciones de la acción sindical.
En el capitalismo liberal, la lucha por el salario nominal,
principal objetivo del sindicalismo, alcanzaba casi automáticamente una mejora
del salario real, puesto que la libre concurrencia impedía a los
empresarios compensarla a costa de los consumidores.
En la actualidad, el movimiento de los precios escapa cada vez más al
automatismo de la concurrencia. El nivel de los precios, y consecuentemente el
de los salarios reales, dependen, además de las circunstancias puramente
económicas, de diversos factores políticos entre los que se encuentran los
impuestos y las tarifas aduaneras. La lucha sindical limitada a la lucha
por el aumento de los salarios nominales, se encuentra en un callejón sin
salida. La acción sindical pierde toda su eficacia si no logra influir en los
diversos factores determinantes en el nivel de los precios que, al mismo
tiempo, son los componentes esenciales del salario real.
Suponiendo que la presión sindical obtenga una elevación general de los
salarios nominales y habiendo desaparecido la competencia que limitaba antaño
el mecanismo de alza (un paliativo actual es la escala móvil), anulado por el
capitalismo organizado, las ramas monopolizadas pueden elevar impunemente el
precio de venta. La experiencia ha demostrado que los controles gubernativos
son absolutamente ineficaces y como, generalmente, las ramas monopolizadas son
las industrias-base, el alza se repercute en el conjunto del nivel de los
precios.
De este nuevo estado de cosas resulta que el problema de los salarios
depende hoy de una serie de factores sobre los cuales la acción directa del
sindicalismo es impotente. La acción sindical sobre el salario nominal es
insuficiente para garantizar el salario real. Este hay que mejorarlo por la
acción sindical directa combinada con una acción sobre los precios, sobre todos
los componentes de los precios. Lo que hace necesaria su presencia en todos los
escalones y en todos los organismos de la vida política y económica.
Esta presencia puede efectuarse por personas interpuestas como es práctica
entre los sindicalistas americanos en el presente período de su evolución, lo
que da como resultado que representantes de los intereses de la burguesía
ocupen altos cargos políticos para mejor defender a su clase, con los votos de
la clase obrera a cambio de la promesa de defender alguna que otra reforma, que
nunca es fundamental. Es la clásica política de la antecámara.
Otro procedimiento es el practicado por los socialistas: la intervención en
todos los organismos con representantes directos, salidos de la clase obrera.
El procedimiento de la abstención, de la no intervención, del apolitiscismo
integral, cualesquiera que sean sus pretendidas justificaciones ideales, deja
prácticamente en manos de la burguesía el control exclusivo de la economía y
las armas coercitivas para imponer su dominio cuando la ineficaz gritería
siente prurito de violencia.
Los Congresos de la Internacional Socialista han definido constantemente la
acción obrera con justeza consecuente a la exactitud de sus previsiones:
« La acción política es necesaria tanto desde el punto de vista de la
agitación y afirmación integrales de los principios socialistas, como desde el
punto de vista de la realización de reformas de interés inmediato». (III
Congreso de la Internacional, Zurich, Agosto 1893.)
« El Congreso entiende por acción política la lucha organizada bajo todas
las formas, para la conquista del poder político y su uso legislativo y
administrativo en el Estado y el municipio, por la clase obrera, para su
emancipación.
« El Congreso declara que la conquista del poder político es, para los
trabajadores, el medio por excelencia por el cual pueden llegar a su
emancipación, a la liberación del hombre y del ciudadano y por el que pueden
establecer la República socialista.» (IV Congreso de la Internacional, Agosto
1898, Londres.)
Marx decía al respecto:
« En el estado militante de la clase obrera, su movimiento económico y su
acción política están indisolublemente unidos. (Marx.)
«La poderosa palanca con que el proletariado ha de destruir los obstáculos
que a la transformación de la propiedad se oponen ha de ser el Poder político,
del cual se vale la burguesía para impedir la reivindicación de nuestros
derechos.
Programa del P.S.O.E.:
«El Partido Socialista declara que tiene por aspiración:
«lo. — La posesión del Poder político por la clase trabajadora.»
Ese es el camino que traza la razón, cualesquiera que sean las ilusiones
sembradas a voleo e interesadamente por la burguesía o por desinteresados
soñadores.
Condiciones del Triunfo
Y por si aún hubiere socialistas que por pereza mental o por impaciencia
irrazonada, cayeran en la zona algodonosa de los sueños, repitamos que la
doctrina marxista no puede enraizarse y progresar más que en el seno de una
sociedad capitalista desarrollada, y que la revolución socialista no es posible
más que cuando el capitalismo ha llegado al término de su desarrollo histórico,
cuando su estructura económica se presta a una transformación social, cuando el
proletariado es bastante numeroso y capacitado para apoderarse de la dirección
de la economía de la sociedad, cuando las contradicciones del régimen son tan
agudas que hacen su desaparición ineluctable.
«Una formación social —escribía Marx— no desaparece jamás antes de haberse
desarrollado cuantas fuerzas productivas contenga en su seno, y jamás nuevas y
superiores relaciones de producción la sustituyen antes de que las condiciones
de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la
vieja sociedad. Por ello la humanidad no se plantea más que los problemas que
puede resolver. Considerando de cerca la cuestión nos encontramos siempre que
el problema no se presenta sino cuando las condiciones materiales para
resolverlo existen o están en camino de existir.»
Teniendo en cuenta esas razones, Rosa Luxemburgo, decía en 1918:
«En Rusia el problema no puede ser más que planteado; no puede ser
resuelto.»
Y Karl Kautski remachaba:
«Lo que ahora se desarrolla en Rusia es efectivamente la última de las
revoluciones burguesas, y no la primera de las revoluciones socialistas.»
Un país donde no existen las condiciones mínimas exigibles para una
transformación social, terminará siempre con abortos monstruosos. Y una
sociedad en la que el desarrollo del capitalismo es suficiente pero no
encuentra las fuerzas necesarias para resolver la crisis revolucionariamente,
abrirá el camino a tiranías abominables y a espantosos conflictos guerreros. El
nacional-bolchevismo como el nacional-socialismo son demostraciones claras y
trágicas de carencia de condiciones en la primera, de carencia de un
proletariado consciente en la segunda. Cuando llega el momento de la expansión
de nuevas formas sociales, sin estar dirigidas por certero espíritu
constructivo y auténticamente socialista, nos encontramos en el principio de la
esclavitud total de todas las clases. Quizás esos fenómenos son los últimos
espasmos de una sociedad en trance de muerte, pero los coletazos agónicos de la
bestia pueden destruir a una generación y sembrar de ruinas la sociedad. El
proletariado debe acortar la tumultuosa agonía, sin gestos desordenados y
peligrosos, sin alocamiento pero certeramente, escapando así al peligroso y
primario anticapitalismo premarxista, alimento fortificante del fascismo. El
anticapitalismo ha de ser socialista o no será anticapitalista en el estricto
sentido del concepto.
Palabras Finales
La noble aportación que al progreso de la Humanidad hace el socialismo, ha
proporcionado al proletariado motivos de razonada esperanza en días mejores y
ha prestado a su acción carácter heroico.
En España, el socialismo ha sido algo más. Fue insuperable escuela de
civismo y sus hombres maestros de moral. En momentos de degeneración ciudadana,
cuando todos los valores morales estaban en crisis de liquidación y los acentos
épicos y desgarrados de Costa no hacían sino traducir la impotencia de España,
Pablo Iglesias y sus discípulos dejaron ancho caudal de virtudes ciudadanas,
capaces por sí solas de sacar a España de la atarjea donde otros la habían
metido. ¡Ni la tiranía ha podido hacer olvidar a los españoles aquella siembra
de futuro radiante! España tiene grabado el socialismo en el corazón y en el
cerebro. Cuando vuelva a ser dueña de sus destinos, los mozos dignos que en la
Universidad, en la fábrica, en el campo o en el mar, sufren la presión de un
régimen de terror aportarán alegremente los sólidos materiales de la nueva
España socialista, libre y fuerte. Pues el Socialismo no es concebible sin
libertad y la libertad no es posible sin el Socialismo.
AUTORES CONSULTADOS:
PABLO IGLESIAS. — Comentarios al Programa del P.S.O.E.
JAIME VERA. — Informe presentado ante la Comisión de Reformas Sociales.
G. PLEKHANOFF. — La concepción materialista de la Historia.
CARLOS MARX. — Obras completas.
F. ENGELS. — Obras completas.
GUESDE. — El Socialismo.
H. LASKI. — Reflexiones sobre las revoluciones de nuestro tiempo.
Manifiesto de la Internacional Socialista (Francfort, 1951).
Declaración de principios del P.S.O.E.
C. KAUTSKI,
ROSA LUXEMBURGO,
F. LARGO CABALLERO,
P. LAFARGUE.
Es Posible El Socialismo
PALABRAS PRELIMINARES
En memoria de Antonio RUIZ obrero manual de inagotables conocimientos
enciclopédicos; incomparable maestro de socialismo; concejal socialista del
Ayuntamiento de Zaragoza, elegido por el pueblo y supliciado por el señoritismo
fascista en 1936.
Su aspecto físico era sanchopancesco, su talante moral quijotesco, sin
desvaríos.
Era sabio, prudente, noble, generoso... Imperdonables virtudes.
INDICE
¿ES
POSIBLE EL SOCIALISMO? ¿ES NECESARIO?
PROPIEDAD
INDIVIDUAL Y PROPIEDAD COLECTIVA O COMÚN
DEL
TRABAJO INDIVIDUAL AL COLECTIVO
LA
CONTRADICCIÓN CAPITALISTA Y EL PARO OBRERO
POSIBILIDAD
Y NECESIDAD
SUPERPRODUCCIÓN
Y MISERIA
DESAPARICIÓN
DE LAS CLASES
LA
TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD Y EL PROLETARIADO
POSIBLE,
NECESARIO, INDISPENSABLE
Después del cándido 14 de abril de 1931 y antes del diluvio cainita que
anegó en sangre las atormentadas Españas, el socialismo aragonés estaba ya muy
arraigado, aunque más entre los campesinos que entre los obreros industriales.
Su auge era constante en detrimento de otros movimientos obreros herederos,
psicológicamente, del espíritu de violencia engendrado por la demagogia del
Moisés de los "jóvenes bárbaros", de cuyo nombre no queremos
acordarnos.
En 1934, en el Octubre revolucionario, fallido intento de cerrar el paso al
fascismo, y sin que las armas del barco "Turquesa" les llegaran, los
campesinos aragoneses se rebelaron con fuerza, culminando su heroísmo
revolucionario en Uncastillo.
El fulgor de Asturias dejó en discreta sombra aquella gesta de los
socialistas aragoneses.
Centenares y centenares de campesinos socialistas salieron de las cárceles
cuando la voluntad popular se expresó inequívocamente en 1936 en favor de los
insurgentes de Octubre.
Y aquellos campesinos terminaron de edificar sus Casas del Pueblo, crearon
colectividades agrarias e iniciaron por su cuenta la reforma agraria que no
había sido capaz de realizar la República. Se iniciaba profunda revolución
estructural mientras otros soñaban, tumbados perezosamente en la cuneta de la
Historia, en románticas barricadas donde un esfuerzo fulgurante, intenso y
corto estableciera la armonía universal. Los mismos que más tarde habían de
crear colectividades agrarias forzando las voluntades con las bayonetas. El
destino tiene en el bolsillo puñados de esas paradojas.
Aquel socialismo aragonés, viril y realista, que dejó el fusil por la
mancera, dispuesto a seguir imperturbable y enterizo construyendo el porvenir
de Aragón sin poner en peligro el advenimiento de la libertad, fue brutal y
salvajemente segado en 1936,
Eran los tiempos difícilmente imaginables ahora, en los que el Vicario de
Cristo bendecía a Caín.
De aquella siega asesina, de aquella espantosa degollación de inocentes
arranca la decadencia acelerada de Aragón. No se puede impunemente arrancar los
brazos y los músculos de un cuerpo social.
Aragón se convirtió en un desierto en el que fulgen, manteniendo engañosa
ilusión, algunos oasis. La región se transformó en exportadora de mano de obra,
perdiendo a chorros su substancia vital. Hasta la jota perdió sus
características tradicionales para acentuar la fanfarronería patriotera, perdió
su ingenio satírico para convertirse a la genuflexión laudatoria y bajuna; su
grito viril cobró tonalidades de ladrido fascista y en algunos casos fue el
orgullo kikirikí de verdugos y liberticidas. Bien es verdad que el gigantesco
aragonés muerto en destierro voluntario. Francisco Goya y Lucientes, nos dejó
escrito que el sueño de la razón engendra monstruos.
Aragón, desgarrado y ensangrentado, gimiendo durante una noche espesa y
triste de cuarenta años bajo la chapa de plomo del terror, con sus mejores
hijos amontonados en inmensas fosas comunes o errantes por el mundo luchando
por la libertad en medio del incendio universal prendido por el fascismo
internacional, cuyos ingenios de muerte habían sido aguzados en la muela
española; Aragón, al despertar de la pesadilla totalitaria, guiado por
misterioso instinto o por el eco trascendente de las voces de los supliciados,
ha votado, el 15 de junio de 1977, por el Socialismo, sin conocer, quizás sin
importarle, a los recios muchachos que los representaron en la liza electoral.
Bastó que sus palabras se entroncaran con el socialismo que pregonó el
legendario Pablo Iglesias, para que fueran acogidos con favor y quizás con
fervor.
Pero el socialismo no es solamente impulso irresistible de corazones
generosos y justos, sino también, y sobre todo, producto de la razón,
clarividencia, sagacidad método.
Ni que decir tiene que no hemos de detenemos un solo segundo en el
seudo-socialismo de quienes lo han elegido por cálculo electoral habida cuenta
de la sugestión que ejerce.
El combate por el socialismo es permanente, no limitado a un día de
elecciones. Combate político permanente, pero también económico siendo el
sindicalismo libre el arma complementaria, indispensable. Combate en el sentido
noble del que riñe el campesino con la tierra para arrancarle el sustento del
hombre, el que riñe el metalúrgico con el hierro para transformarlo en objeto
útil o el del albañil con el mortero y la piedra para edificar una vivienda.
Si un oficio, por modesto que sea, exige complejos conocimientos y manos
diestras, la edificación del socialismo también exige conocimientos complejos,
concretos e ideas claras ante todas las mutaciones de la sociedad.
El socialismo es la única alternativa al capitalismo hipertrofiado y
decadente. La única alternativa razonable, humana, progresiva. Si el
proletariado no ve claro su destino emancipador, la crisis del neocapitalismo o
capitalismo organizado puede engendrar otra catástrofe mundial como la
engendrada por la crisis del capitalismo liberal en los años treinta y que
costó cuarenta millones de muertos y un océano de lágrimas.
La apretada síntesis de las doctrinas socialistas, en relación directa con
el mecanismo capitalista responde a las dos preguntas que campean en el título.
Si acertamos o no lo dirá el lector.
¿ES POSIBLE EL SOCIALISMO? ¿ES NECESARIO?
Tienen hoy tal fuerza las doctrinas socialistas que es difícil imaginar los
tremendos y trágicos combates reñidos para ir abriéndose paso en .un ambiente
de odio, de persecuciones continuas, de insultos, de sarcasmos...
Más que las especulaciones de los economistas distinguidos, los anatemas de
la Iglesia, la trompetería de los tribunos burgueses, las cárceles, las cargas
de caballería y hasta los piquetes de ejecución, el obstáculo más impenetrable
que encontraban los propagandistas de una idea generosa y racional, se
sintetizaba en una frase saturada de resignada desesperación, de fatalismo
esterilizante, repetida como un hipo agónico por muchos trabajadores:
- ¡Siempre hubo pobres y ricos!
Nada más incierto. Razonaban así por desconocer que el Socialismo se apoya,
más que en sentimientos o sueños brumosos, en la evolución de la sociedad.
PROPIEDAD INDIVIDUAL Y PROPIEDAD COLECTIVA O COMÚN
Pretende el Socialismo que las condiciones en que se desarrolla cada vez
más la producción moderna, tanto agrícola como industrial, reclaman una nueva
forma de propiedad -colectiva o común- de las riquezas naturales o sociales.
Las variaciones en la forma de propiedad no tienen nada de caprichoso o
fortuito, sino que están determinadas por las formas de trabajo o los medios
dominantes para satisfacer las necesidades de nuestra especie.
En la época -que ha durado siglos- en la que el hombre se limita a la
colecta y consumo de lo que espontáneamente proporciona el medio natural, sin
que haya otra apropiación que la de los productos consumidos: frutos, raíces,
etc., la tierra es de todos, sin dar lugar a posesión alguna.
La tierra será propiedad colectiva de la tribu, cuando la caza, convertida
en el principal medio de vida, exija el concurso de muchos, cuando requiera una
acción combinada o colectiva, mientras que el arma, por rudimentaria que fuera,
manejada individualmente, será la primera propiedad individual.
Para defender esos territorios de caza, apropiados colectivamente, se
inician entre las diversas tribus luchas o guerras casi permanentes.
Más tarde, esas rivalidades y luchas entre tribus fueron aprovechadas, por
ejemplo, por los conquistadores españoles para implantarse con muy pocos
hombres en extensos y poblados territorios del hoy llamado continente
americano.
Mucho más tarde, cuando la cultura, cuando la industria se generaliza,
cuando se trabaja con herramientas sencillas y pequeñas, simples prolongaciones
de la mano del hombre, el trabajo agrícola o industrial, siendo prácticamente
individual, determina la propiedad individual, ya sea territorial o mobiliaria,
a la que se llega escalonadamente, progresivamente, por un reparto cada vez más
espaciado, de tierras y casas entre las familias.
La propiedad privada o individual de los medios de producción ha sido,
pues, más que legitima, indispensable, puesto que estaba fundamentada en el
trabajo personal del propietario e incitaba en consecuencia a éste a producir
lo mejor y más posible, puesto que producía para si mismo.
Constituía el régimen de propiedad individual, para la humanidad, el mejor
de los regímenes, el que producía los medios de existencia al máximo.
Esa armonía entre las necesidades del hombre y el régimen de propiedad ha
desaparecido casi por completo en los países industrializados.
DEL TRABAJO INDIVIDUAL AL COLECTIVO
Como consecuencia de la división del trabajo introducida por la manufactura
de la máquina de vapor, del motor de explosión, de la electricidad y hoy de la
automatización, el trabajo ha dejado de ser individual para convertirse en
colectivo. No se pueden construir locomotoras, barcos, automóviles,
individualmente.
Antaño el tejedor iba de casa en casa con su telar a mano, para tejer la
lana previamente hilada por las mujeres de la casa en ruecas individuales,
cuando no poseían un taller propio.
Los forjadores trabajaban solos en sus fraguas ayudados por los labradores
cuando se trataba de modelar o aguzar las grandes herramientas de trabajo;
herraban a los abríos, fabricaban azadas, astrales y legonas, útiles domésticos
y cuantos objetos requerían hierro...
Los campesinos utilizaban el arado romano, el azadón, el trillo provisto de
piedras de pedernal...
El trabajo era individual y, por ende, la propiedad era individual. La
mecanización colectivizó el trabajo, pero la propiedad sigue siendo individual.
LA CONTRADICCIÓN CAPITALISTA Y EL PARO OBRERO
De esa fundamental contradicción, de ese antagonismo entre la forma del
trabajo -colectivo-, y la forma de la propiedad -individual—, nacen todos los
males, todos los desórdenes de la sociedad actual, todas las calamidades, que
no desaparecerán, que no podrán desaparecer sino estableciendo el colectivismo,
es decir, convirtiendo la propiedad individual en colectiva, como ya es
colectiva la producción.
La producción colectiva, resultante de la división del trabajo, del
maquinismo, de la primera revolución industrial, multiplicó los productos en
proporciones inimaginables y hoy la segunda revolución industrial los
multiplica en mayores proporciones.
Pero esos fantásticos medios de producción, al ser apropiados
individualmente por los capitalistas, redujeron a los trabajadores al estado de
proletarios, excluyéndolos de esta superabundancia de riquezas, constreñidos a
no gozar de sus productos más que en el límite de sus gastos de mantenimiento
vital y de reproducción. Es lo que Carlos Marx definía como la depauperación o
empobrecimiento relativo, y no absoluto como pretenden que definió, los
contradictores de mala fe.
Si hoy se ha creado lo que se llama "civilización de consumo"
gracias a la segunda revolución industrial, la depauperación relativa sigue
siendo la consecuencia del sistema capitalista, puesto que si aumentó el nivel
de vida general en lo absoluto, no aumentó, sino que disminuyó si tenemos en
cuenta los porcentajes de desarrollo de producción y los porcentajes del poder
adquisitivo de los asalariados.
El sistema de propiedad individual, cualesquiera que sean las apariencias
de prosperidad general, aumenta la desigualdad y la servidumbre. El aumento
relativo de bienes de consumo no compensará jamás la desigualdad y la
servidumbre
La fuerza humana de trabajo no se emplea y mantiene más que en la medida
exigida por la producción, cuando no se la sustituye brutalmente por la maquina
sin haber prevista la reconversión de los obreros en paro forzoso, expulsados
de su empleo por la eficacia de la nueva máquina.
Con el maquinismo nace la plaga moderna del paro forzoso y los infinitos y
lancinantes dramas engendrados por esa injusticia, por esa carencia de
solidaridad humana. La primera reacción de los trabajadores ante el telar
mecánico -vanguardia técnica-, fue destruirlos. La burguesía inglesa,
detentadora del poder político, decretó la pena de muerte para los destructores
de máquinas. Un puñado de obreros subieron al cadalso. La voz elocuente y
humana del gran poeta Lord Byron se elevó tremante, sarcástica, irónica,
fustigante contra aquellos salvajes con sombrero de copa que ahorcaban obreros
en nombre del progreso mecánico.
Otra de las consecuencias fue apiñar a los trabajadores en asociaciones de
resistencia para corregir, paliar la inhumana tendencia del régimen
capitalista.
El maquinismo estableció a gran escala la concurrencia entre obreros
parados y obreros activos, sirviendo esta concurrencia para mantener salarios
de hambre, jornadas interminables, rebajar los precios de costo de la
producción y hacer así frente a la concurrencia comercial; el maquinismo
despojó al trabajador de su habilidad técnica convirtiéndolo en elemento
secundario, fácilmente sustituible, de una cadena de producción.
El utillaje moderno, encargado de sustituir el esfuerzo muscular, dio lugar
a un doble crimen: la industrialización de la mujer y del niño. Arrancados del
hogar doméstico destruido, fueron empujados por la más odiosa de las
violencias, el hambre, hacia la fábrica, donde por ser mano de obra barata
sustituyeron al hombre en tales proporciones que la misma ley burguesa se vio
obligada a intervenir para limitar y reglamentar ese doble atentado contra la
raza y contra la familia perpetrado por quienes se llenaban y se llenan la boca
acusando a los socialistas de ser los destructores de la familia.
La industrialización, los grandes talleres trajeron para los obreros de
ambos sexos y de toda edad, un régimen de acuartelamiento, una disciplina de
hierro, la más pasiva de las obediencias y todo un sistema de sanciones que
hacían y hacen de cada patrono un soberano absoluto suyo capricho e interés
constituía y constituye la única ley.
POSIBILIDAD Y NECESIDAD
Las razones económicas del Socialismo se pueden dividir en posibilidad y
necesidad.
La posibilidad de la propiedad colectiva se manifiesta por el hecho
mismo de que la propiedad de hoy vale en función de quienes la trabajan y no en
función del propietario.
No son los propietarios de los ferrocarriles o de las minas, etc., quienes
valorizan la industria, sino los proletarios, desde el peón al ingeniero.
Las industrias pueden prescindir del propietario sin que dejen de
funcionar, pero no pueden prescindir de los obreros.
Con la industrialización comenzó a desaparecer el propietario
"monarca-absoluto" por ir convirtiéndose en accionista. La propiedad
empezó a hacerse común, indivisa y anónima.
La clase poseyente, en régimen capitalista, se ha convertido en parásito,
en clase inútil y, en consecuencia, perjudicial al progreso.
La historia demuestra que las clases llegadas a un estado parasitario,
habiendo dejado de cumplir la misión social que les dio vida, están llamadas a
desaparecer.
Ved la nobleza. Recubierta de hierro, lanza en ristre o empuñando la
espada, sirvió de escudo vivo y protector del trabajo de los campos y de la
industria, de las artes y de los oficios, de la ciudad y del burgo; en tanto
que protectora de la colmena humana -por onerosa y abusiva que fuera su
protección-, resistió a todas las tentativas hechas contra su preponderancia
dentro de un Estado en cuyo seno era la única clase que pagaba "el tributo
de sangre".
Cuando la policía interior y la defensa exterior fueron confiadas a
milicias reclu-tadas fuera de su seno, comenzó el declive de la nobleza.
Convertida en nobleza cortesana, entreteniendo su dorada inutilidad en intrigas
palaciegas para mejorar su parasitismo a costa del cuerpo inerme de la nación,
murió socialmente.
El estado llano, en 1789, con la Revolución francesa, no hizo otra cosa que
establecer el certificado de defunción de una clase social.
Lo mismo habrá de suceder con la burguesía que, después de haber encamado
todo el trabajo manual e intelectual, no existe sino como clase expoliadora del
trabajo y en consecuencia se ha condenado a desaparecer.
Otra posibilidad —y necesidad al mismo tiempo—, de la transformación
colectivista de la sociedad, es la desaparición de la clase media, interpuesta
entre el proletariado y el capitalismo ocioso. Los pequeños industriales, los
pequeños comerciantes, los pequeños campesinos van desapareciendo como tales,
incluso cuando se convierten en pieza secundaria y dependiente del capitalismo
concentrado.
Concentración que se produce, en diversos grados, ante nuestros ojos.
Un gobierno ultraburgués como el impulsado por el General De Gaulle en
Francia, a pesar de la presión electoral de los pequeños comerciantes,
industriales y campesinos, se vio obligado a acelerar el proceso de
concentración para poder ser competitivo dentro del Mercado Común, es decir,
disminuir cada vez más la importancia del propietario privado.
Francia es un país pequeño-burgués que frenó siempre la concentración
industrial y comercial.
Hoy, con alternativas a veces dramáticas, no solamente se abandona el freno
sino que se siente la necesidad de acelerar la concentración.
La concentración es, ni más ni menos, la expropiación de los pequeños, la
proletarización directa o indirecta de la mayoría.
Ni el pequeño industrial, ni el pequeño comerciante o el campesino pueden
adquirir por sí mismos el utillaje moderno y costoso necesario a una producción
competitiva.
Otra necesidad de la solución colectivista o socialista es la imposibilidad
para la actual sociedad, dividida en clases —propietarios sin trabajo o función
y trabajadores sin propiedad- de cuantos productos se producen.
Se produce en cantidades enormes y cada vez más con menos brazos. Pero los
productos hay que venderlos, hay que consumirlos, lo que no se puede hacer sin
aumentar el poder adquisitivo de toda la sociedad; aumento que se repercute en
los precios y hay que volver a corregir el poder adquisitivo y así comienza la
espiral fatal salarios y precios.
Esta contradicción fundamental del régimen capitalista engendra las
desastrosas crisis cíclicas, después de haber engendrado las guerras
coloniales.
En 1819, antes de ser mecanizada, la industria inglesa producía 106.500
libras de hilo y 80.620 de tejido; empleaba 445.000 obreros de sus 16.500.000
habitantes.
El 1880, como consecuencia del perfeccionamiento del utillaje mecánico,
producía 1.224.900 libras de hilo y 993.880 libras de tejido con 686.000
obreros de sus 34.000.000 habitantes. El algodón manufacturado aumentó en 1.231
por 100, mientras los que vivían de su transformación y podían consumirlo
habían disminuido en un 25 por 100.
A mediados del siglo pasado, un zapatero hacía 200 pares al año. A finales
del siglo pasado llegaba, con las máquinas, a fabricar 2.598.
Hoy semejantes cifras resultan ridículas, pues el aumento de la
productividad de cada obrero se puede calificar de fantástico. Se produce mucho
y las crisis son crisis de abundancia.
El resultado de tales crisis, desde 1852 hasta avanzado este siglo, era de
sembrar la ruina y la muerte cada diez años. Se cerraban fábricas, aumentaba el
paro forzoso, disminuía el poder adquisitivo, aumentaban los depósitos de
productos invendidos, sobraban más obreros, aumentaban aún más los invendidos y
recomenzaba el ciclo infernal.
Obreros sin pan, sin calzado, sin vestidos, precisamente porque sobraba el
pan, el calzado, los vestidos...
Hoy mismo, en Europa, sobran seis millones de toneladas de leche y de
mantequilla sin que los Gobiernos sepan dónde utilizar esos productos, como
ayer se quemaba el trigo y el café mientras millones de parados no podían comer
y eran terreno abonado para el fascismo.
La escasez nace de la abundancia. Esta situación absurda es consecuencia de
la propiedad y producción capitalista.
En otros tiempos la escasez y el hambre eran el resultado de la impotencia
de nuestra especie para extraer de la tierra lo suficiente para satisfacer las
necesidades del hombre. En cierto modo, las causas eran de orden natural. No se
había vencido a la Naturaleza y el combate contra ella era lento pues no
solamente dependía de la voluntad del hombre.
SUPERPRODUCCIÓN Y MISERIA
Hoy, la miseria humana resulta de la superabundancia de productos.
Ahí reside la causa de la política colonial del siglo pasado y la mitad de
éste. Ahí reside la causa del actual colonialismo financiero al que no escapan
los países industrializados. España es un buen ejemplo de país industrializado
convertido en colonia de la fínanza yankee, entre otras.
A falta de mercado interior suficiente, restringido por la miseria relativa
obrera, por la miseria a secas o por la disminución del poder adquisitivo de
los salarios, había que conquistar mercados exteriores y lejanos. Pero la
válvula de escape del colonialismo era y es un mero paliativo a las
consecuencias de las contradicciones capitalistas, no una solución.
Las grandes crisis de superproducción que trastornan periódicamente al
mundo moderno no desaparecerán más que con el régimen que las engendra: el
sistema capitalista y su contradicción fundamental: trabajo colectivo y
propiedad individual.
Solamente la conversión de la propiedad individual en propiedad colectiva,
la posesión por la sociedad de las fuerzas productivas, permitirá reglamentar
la producción y equilibrarla con las necesidades de todos y cada uno.
Únicamente esta socialización, suprimiendo los límites impuestos por el sistema
del salario al poder adquisitivo o de consumo del pueblo obrero y campesino,
proporcionará a los productos que ahora se acumulan determinando paro obrero,
los consumidores que le faltan.
En un sistema socialista, la superproducción no creará paro y hambre, sino
disminución de horas de trabajo sin disminuir el consumo.
DESAPARICIÓN DE LAS CLASES
El régimen socialista, por el hecho mismo de serlo, hace desaparecer las
clases, es decir, el final de una lucha intestina por la subsistencia, cuando
la ciencia y la técnica han domeñado relativamente a la naturaleza.
La división de la sociedad en clases ha sido una necesidad desdichada, una
fatalidad, la condición misma de la dolorosa evolución humana o del progreso.
Vencida en parte la naturaleza, alcanzado el actual estado de desarrollo de
la sociedad, el mantenimiento de la sociedad, de la humanidad dividida en
clases es un obstáculo para el bienestar de todos, un verdadero suicidio de la
sociedad.
En la Grecia antigua, florecieron con esplendor los Aristóteles, los
Fidias, los Esquilo, los Platón. Pero aquel florecimiento del pensamiento
humano, a la par que la democracia y la libertad helena, estaba basado en el
trabajo de los esclavos. Gracias a aquellas máquinas de carne y hueso, a la
vida embrutecedora de los esclavos produciendo para todo el pueblo, pudo éste
conocer el ocio, la libertad de movimientos, gozar de la existencia bajo todas
sus formas y cultivar el arte. La democracia se limitaba al círculo de
privilegiados y se basaba en la opresión de los esclavos.
Pues bien, esos esclavos emancipadores de una minoría los posee la sociedad
actual en número ilimitado. Son las máquinas, la electricidad, el petróleo, la
automatización de las industrias, la pacífica utilización de la energía
nuclear, quienes pueden y deben trabajar en beneficio de la sociedad entera. Si
aumentan las necesidades, no hay sino aumentar esos esclavos de acero que
pueden producir sin fatiga noche y día.
Pero, hoy, el hombre está al servicio de la máquina y no la máquina al
servicio del hombre.
La última forma de esclavitud humana es el asalariado. Sería suficiente que
las máquinas fueran propiedad social y no privada para terminar para siempre
con la esclavitud.
El colectivismo se va realizando poco a poco en el seno mismo de la
sociedad capitalista, pero es necesario preparar las fuerzas necesarias al
establecimiento del nuevo orden socialista.
LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD Y EL PROLETARIADO
Puesto que se trata de bienestar y felicidad para todos sin excepción,
puede inferirse que se podría contar con el concurso de todos sin distinción de
clases.
Así lo dicta la lógica, la razón, el buen sentido. Pero ni la razón ni la
justicia son las riendas del porvenir. Las clases privilegiadas no se han
desprendido nunca voluntariamente de sus privilegios ni aun cuando ese
desprendimiento les favoreciera. Prefieren sus intereses inmediatos y aparentes
a un interés real y duradero.
La burguesía española tuvo, el 14 de abril de 1931, la mayor y mejor
posibilidad histórica de desarrollarse plena y pacíficamente, como se había
desarrollado la burguesía en los países industrializados. Quiso, por el
contrario, detener la rueda de la historia contra sus propios intereses,
impulsada por alucinación aberrante y criminal cuyos resultados aún paga el
pueblo español. Es cierto que existe una nueva burguesía nacida en el
barro y la mierda de la corrupción fascista. Imperio burgués creado con el trabuco
de la impunidad, pagando los salarios más bajos de Europa. Esta neo-burguesía
cava su propia tumba y cavará la del país si éste no sabe desembarazarse de esa
roña asfixiante.
La clase capitalista, llamada a beneficiarse en la misma medida que la
clase proletaria de un régimen colectivista, se obstina y obstinará en la
conservación imposible de un presente donde no hay seguridad para nadie.
Es verdad que los monstruosos resultados del fascismo internacional y
nacional, reacción exacerbada del conservadurismo capitalista, ha sido una
lección muy dura, pero no ha corregido ni corregirá la tendencia capitalista de
mantener a toda costa sus privilegios presentes.
La experiencia nos enseña que la transformación de la sociedad solamente
puede esperarse de los trabajadores, es decir, de la clase que sintiéndose
oprimida en el presente régimen económico, tiende a salir del mismo —a veces
sin darse cuenta-, con todas sus fuerzas y, en consecuencia, a sacar de ese
régimen a la humanidad entera.
Los intereses del proletariado, en marcha hacia su liberación, se confunde
con el interés general de la humanidad, puesto que no podrá dejar de ser la
clase desposeída sin transformar la propiedad capitalista de unos pocos, en
propiedad social o de todos.
Ese ha sido siempre el papel de las clases-víctimas, las que en el momento
de madurez de los elementos de una etapa social o de una civilización superior,
al derribar las causas de su opresión, se han encontrado con que sus esfuerzos
habían sido provechosos para la humanidad entera y permitirle recorrer sin
trabas una nueva etapa.
POSIBLE, NECESARIO, INDISPENSABLE
A Finales del siglo XVIII, cuando los restos del mundo feudal se oponían a
la eclosión y desarrollo de la industrialización moderna, todavía rudimentaria,
el Tercer Estado, luchando y triunfando por sí y para sí, luchó y venció por la
humanidad entera, cuyas necesidades encarnaba.
No se trata, hoy, de condenar las fuerzas productivas, sino de transformar
en concentración social la concentración capitalista. Es el Cuarto Estado, el
proletariado, quien luchando por su propia emancipación, lucha por la
emancipación de todos, por la socialización de los medios de producción y no
por su apropiación por una nueva casta de propietarios.
El proletariado manual e intelectual, para reconstruir el patrimonio de la
humanidad, tendrá que expropiar a los expropiadores.
Esa es la misión histórica de la clase obrera. Pero como prólogo obligado,
como condición indispensable a esta expropiación económica, tendrá que
apoderarse del poder político.
Gracias al Estado monopolizado por la minoría capitalista, puede ésta
mantener en la opresión a la gran mayoría laboriosa. Mientras haya Estado habrá
clases y habrá opresión. El objetivo de la clase obrera es la desaparición de
las clases, la supresión de la explotación del hombre por el hombre.
El establecimiento del socialismo está condicionado al advenimiento
político de los trabajadores, ya sea pacíficamente o al precio de una
revolución violenta. El sentido común dicta que cuanto mayor sea la fuerza del
proletariado menos violenta será la revolución.
Cuando los socialistas hablen de violencia se refieren a la necesaria para
destruir o transformar el sistema caduco, sin que tenga que ver con la
integridad de las personas.
El Socialismo es la consecuencia más plausible del régimen que actualmente
sufre la humanidad. Es, pues, posible. Para la humanidad es una necesidad
vital. Es, pues, necesario. Dada la virulencia de los problemas que plantea el
desequilibrio capitalista, el Socialismo más que necesario es indispensable.
Pero nada es posible sin que la clase oprimida adquiera conciencia de su
papel histórico.
Arsenio JIMENO, 1977
La Democracia Interna En Los Partidos Socialistas
-El centralismo democrático.
- El sistema proporcional
- El sistema mayoritario
La
democracia interna y los partidos socialistas
A los queridos compañeros Felipe
Gonzalez y Luís Gómez Llorente de pensamiento socialista y acción
complementarias.
Aclaración preliminar
La angustiada y obligada
reflexión que constituye este folleto, está dirigida exclusivamente a los
militantes socialistas, habida cuenta que un militante socialista no es, o no
debe ser, un ante pasivo. Si no participa en la vida diaria del partido será un desdibujado
simpatizante qua aporta una pequeña contribución económica, y nada más.
Está da moda entre algunos neosocialistas, llevar los
problemas del Partido Socialista Obrero a la calle, a la prensa burguesa,
incluidas las más demoledoras diatribas contra su ideología. Proceder
condenable por desleal. Existen circunstancias en las cuales callar puede ser
una cobardía o una complicidad.
No está da más aclarar que, a
pesar da más de cincuenta años da actividad en el seno del Partido Socialista
Obrero, no pertenezco a esa categoría da veteranos anegados por la amargura y a
veces por caudales da hiel, al ver como pasa, por ley natural, a manos jóvenes
la dirección del Partido Obrero. En los últimos veinticinco años da actividad
política probé mí afán desinteresado por asegurar la continuidad del Partido,
formando jóvenes o procurando incorporarlos a la dirección, qua es la mejor
manera da adquirir experiencia. Mi labor tendente a reintegrar la dirección del
Partido al interior de España, contra la obcecación demencial de mantenerla en
el destierro fue ingrata, muy ingrata, por haber encentrado, en muchas
ocasiones; la hostilidad activa de quienes debían ir incorporándose a la tripulación que requerían las
circunstancias.
Obtenida la continuidad, rotos
los obstáculos que estaban asfixiando al Partido Socialista Obrero, despareció
mi desazón y angustia, adquiriendo profunda y gozosa serenidad sin por ello
desinteresarme de los problemas que habíamos de afrontar. Asegurar la
supervivencia del Partido Socialista Obrero y, llegado el momento, traspasar
nuestras banderas, era la principal y fundamental misión de los supervivientes
de la degollina de inocentes que supuso la insubordinación fascista de 1936 que
todavía proyecta sobre las tierras de España la huella de Caín
Pero, ¡ay! ¡Cuarenta años de
tiranía totalitaria deformadora el espíritu del intelecto y de todas las
virtudes positivas del hombre son muchos años! Por ello no está de mas recordar
algunas definiciones de Julián Besteiro, mártir del Socialismo español y cuyo
nombre no despierta los recelos suscitados por otros prohombres del socialismo:
“Para
el cumplimiento -nos dice Besteíro- de la misión histórica propia del Partido
Socialista, la disciplina es una condición fundamental; pero la disciplina
socialista, no consiste en la obediencia ciega a los “ukases” de los jefes. La
disciplina socialista es la aceptación voluntaria de las normas que a si mismo
se da el Partido, y esa aceptación voluntaria no puede producirse sino sobre la
base de una obra crítica permanente y de una libérrima discusión.
“El día en que en el Partido
Socialista se cegaran las fuentes de las críticas de sus propias ideas y de sus
propias actuaciones, tanto como la crítica de los hechos y de los principios de
los adversarios, ese día el Partido habría perdido su propio carácter y se
habría convertido en una secta de apasionados doctrinarios.
“Carlos Marx fue un discrepante
de su época, Pero cuando a Carlos Marx le faltó la vida, sus ideas se hicieron
masa, o, mejor, las masas proletarias empezaron a abrazar sus ideas.
Pueden existir ciudadanos
corrosivos cuando no están en los cargos y de irritable sensibilidad cuando lo
están, y a quienes toda crítica eriza y reaccionan organizando una política
represiva, eliminando al discrepante, convirtiendo el foro democrático en
multitud “amenista”.
A estos gesticulantes, corchetes,
alabarderos y torquemadescos individuos contesto a sus demagógicas objeciones
por adelantado recordando la réplica del gran escritor cristiano François
Mauriac, a quienes le reprochaban sus virulentas denuncias de las atrocidades
del franquismo en lugar de hacerlo contra los republicanos:
“Cuando los enemigos de cristo
cometen crímenes, eso no concierne al cristiano, si no es para fortalecer su
fe, pero los crímenes cometidos en nombre de cristo deben ser condenados sin
descanso por el cristiano porque mancillan la religión de la cual se reclaman.
El mismo patético
problema de conciencia se le planteó al escritor galo Benanos, fervoroso
crsitiano, simpatizante del franquismo hasta el punto de trasladarse con sus
hijos a Palma de mallorca para combatir con las armas a favor de la llamada
blasfematoriamente “Cruzada”.Lo que allí vió quedó reflejado con frases
condenatorias y lapidarias en su obra estremecedora titulada “Los grandes
cementerios bajo la Luna”.
También en nombre
del socialismo se han cometido y se cometen crímenes. Una conciencia limpia no
solo debe contener los crímenes sino destruirlos
Y si alguien se irrita o molesta
con mis opiniones, a pesar de estas aclaraciones, le contestaré con palabras
del Arcipreste de Hita:
“Si non se face lo tuyo, tomas
ira y saña,
enojo y malquerencia anda en tu
compañía”
Del
28º al 29º Congreso
Asistí al 28º Congreso como
delegado, sin interrupción había sido delegado activo en 16 Congresos ordinarios. En otros comparecí
como miembro de la Comisión Ejecutiva.
No asistí al Congreso extraordinario que siguió y complementó el
28º Congreso. Me negué rotundamente a ser delegado. Mis razones no eran
estrictamente políticas, pues no concibo un militante cruzado de brazos o lejano
espectador y menos desaprovechando la alta tribuna del Congreso para divulgar
sus opiniones por muy minoritario que se sienta.
El proverbio galo “los ausentes
nunca tienen razón” es incontrovertible. La política de la silla vacía, en
estos casos, solamente puede favorecer al adversario a menos que existan
sólidas razones para un divorcio definitivo.
Mi negativa, mi voluntaria
marginación se forjó en la Comisión donde se discutieron las modificaciones da
los Estatutos, ante la imposibilidad física de expresarme da palabra, de
influir con mi experiencia en pensamiento de los jóvenes compañeros saturados da buena voluntad y
rectas intenciones, a quienes se les
había negado por el régimen franquista el conocimiento práctico de los
mecanismos democráticos, tan delicados
como un mecanismo de relojería. Cada
resolución da aquella Comisión era un muro de nuestro edificio democrático que
caía al suelo ante la general indiferencia. Era el disparate sistemático
convertido en piqueta.
En aquel 28º Congreso se
conmemoraba el centenario de nuestro glorioso partido. En el país se había
extendido con una espantosa celeridad el paro obrero, cáncer voraz,
consecuencia natural e inhumana del sistema capitalista, sobre cuya llaga,
tarde o temprano, prolifera la gusanera fascista.
Ninguna voz se levantó en el
vibrante comicio para alertar a la clase obrera y a todos los demócratas, y
proponer las medidas drásticas imprescindibles para erradicarlo. En lugar de
una reacción, que debió ser instintiva, contra la calamidad, el Congreso se
apasionó por un problema semántico de importancia secundaria, pues nadie había
propuesto la supresión o modificación de la declaración de principios, síntesis
inmejorable del socialismo científico. El auténtico drama era la falta de
sensibilidad obrera en un congreso obrero y la liquidación sorda de nuestra
democracia interna.
Con el final de los debates en el
seno de la citada Comisión de Estatutos, se me acercaron dos delegados de una
región del norte para consultarme sobre
una diferencia de opinión. Malhumorado, les contesté “La Comisión acaba de
asesinar a un centenario, los detalles ya no tienen importancia”
Poco después de que me hicieran
la consulta me marché de la Comisión dando un portazo, quizás desapercibido,
convencido de mi incapacidad física par dominar aquel ramalazo de locura de locura antidemocrática perpetra do con la
mejor intención. Pero en política, como en otras circunstancias, la buena
intención no es suficiente.
Me marché con el firme propósito
de no asistir a Congreso alguno como delegado, poco a poco, tácitamente, fui
renunciando a ser espectador en los comicios que mas de cincuenta años habían
sido, para mi, un palenque y una fiesta de la fraternidad obrera y socialista.
Entre el Congreso ordinario y el
extraordinario di mi opinión sobre algunas cuestiones, en un folleto editado
por una Agrupación catalana titulado “El Partido Socialista Obrero Español en
peligro”. Copio algunos párrafos de
aquel folleto:
Esta voluntad de rechazo,
fundamentada en un equívoco, fue reforzada por la exasperación producida por
enormes errores cometidos desde alguna secretaría. Hay que reconocer que se ha
recortado la democracia interna; en algunos aspectos quedó abolida la autonomía
de las Federaciones y Agrupaciones; el llamado centralismo democrático, si nos
atenemos a la teoría, es mucho más democrático que las prácticas introducidas,
seguramente bien intencionadas, pero en política la buena intención no basta;
se ha hecho una política represiva que empezó eliminando justamente a elementos
extraños al socialismo del PSOE para encorsetar, marginar a los discrepantes;
se ha estatuido que en materia de designaciones tiene la última palabra el
Comité federal, cuando son los afiliados reunidos en Asamblea y nadie más
quienes deben designar a sus candidatos. El hecho indiscutible, aunque
increíble, de que haya senadores, diputados, concejales, alcaldes designados al
margen de la voluntad de los afiliados, es gravísimo y quita toda credibilidad
a nuestra tradicional democracia interna prefigurando la democracia de la
sociedad que propugnamos. Prácticamente esas designaciones se hacen por una
secretaría sin conocimiento de las situaciones locales o provinciales. Los
candidatos a puestos de representación popular, ambición legítima y necesaria,
ya no tienen por qué ser los mejores de su agrupación o de su Federación
Provincial; lógicamente, de militantes se convierten en cortesanos y
triunfan los más adulones, los expertos en manejar el cepillo o la lengua para
menesteres poco dignos. La medida antidemocrática, en lugar de ser una garantía
para cerrar el paso a los aventureros, los aupa, y margina a los socialistas
sinceros y sanos. Se ha dado el caso que una lista de candidatos a concejales
de importantísimo Ayuntamiento presentada por el Comité fue rechazada tres
veces en votación limpia, por los afiliados. Pues bien, esa lista fue impuesta
por Madrid... Eso no puede seguir así, hay que volver a la estricta democracia
interna que siempre nos caracterizó, a un federalismo sin trampa ni cartón. Esa
situación es grave, gravísima y no lo es que se ponga o se quite una
definición. Todo el conjunto de medidas que nos ha llevado a la actual
situación, nada tiene que ver con la firmeza de carácter, y si tiene que ver
con la debilidad, la inseguridad en si mismo y en las ideas, con los indecisos
que necesitan aferrarse con medidas autoritarias y antidemocráticas total y
absolutamente condenables.
A la libertad no se va con
medidas tiránicas. La inmoralidad, y, en el mejor de los casos, la amoralidad
de los Estados no es aplicable a una organización cuya meta es cambiar la
sociedad haciéndola mas justa y libre
No conocemos métodos más eficaces
para mantenerse en el poder que el leninismo perfeccionado por Stalin, pero ese
poder, convertido en Saturno, se alimentó con sus propios hijos, como el poder
tiránico se alimentó de los principios revolucionarios, apagando una gran
esperanza, sacrificando la revolución al poder.
¡Ay de los cínicos que creen que
el socialismo es pura carnaza para cazar incautos! En las desviaciones que nos
ocupan hay asimismo una peligrosa inclinación a los métodos premarxistas del
blanquismo que tan nefasto fue en la Gran Revolución de 1917.
Ni que decir tiene que no se me
ocultan los problemas que se crean en una situación de reconstrucción después
de una clandestinidad larga y cruel. Como tampoco debemos desconocer la
necesidad de atajar el caciquismo local o provincial, pero no creando un super
caciquismo nacional
Reconozco humildemente haberme
quedado corto en la apreciación del problema. El daño inferido ha sido mucho
mas grave
Una
Invitación
Aproximándose las fechas en que
había de celebrarse el 29º Congreso, cuyo lema era “Raíces para la Democracia”,
un Diputado afiliado el P.S.O.E. me adelantó que la Comisión Ejecutiva Federal
(¿) tenía el propósito de invitarme para que presenciara el evento. La carta de
invitación no llegó nunca a mi poder, seguramente en razón de que no se reciben
las cartas que no se redactan.
En vísperas del Congreso y,
quizás, por equívoca interpretación de un texto epistolar, recibí un telegrama
invitándome al Congreso en nombre de la Comisión Ejecutiva federal, no del Comité organizador» Mi primera reacción fue negarme a ir al Congreso
aun agradeciendo la invitación. Finalmente decidí asistir por varias razones, a
saber:
- Resisto mal las solicitudes
amistosas»
- Mi negativa podía interpretarse
como conformidad y apoyo a la resolución da algunos destacados compañeros de no
asistir al Congreso. Actitud muy lejana de mis opiniones y temperamento. En mi
caso la abstención está justificada por una imposibilidad física irreversible.
En cualquier otro caso soy del parecer que hay que pelear incluso en el terreno
del adversario, tanto más en un Congreso.
Un veterano que, a pesar de la
cárcel que lija las ilusiones, corroe el ánimo y disminuye físicamente, militó
activamente en la clandestinidad, marginado por el aluvión invasor, me dijo con
una sonrisa: "No quería venir pero me han traído los pies". Entre los
Invitados encontré a otros veteranos de cuerpos doblados por la edad y los
sufrimientos pero de convicciones enhiestas, salvados por casualidad del
paredón, a quienes también los habían traído los pies.» El lector se nadará a
aceptar al chiste fácil que pudiera derivarse del determinismo de los pies
sustituyendo al mecanismo descubierto por Freud, púas esas ironías suelen sor
obra de señoritos golfantes que cuando tienen una idea seria no se pueden poner
los zapatos»
-"Había en mi resolución,
asimismo, una curiosidad secundaria: Un miembro de la Comisión Ejecutiva
federal afirmó en artículo publicado en periódico burgués, que el Congreso
modelaría la definitiva fisonomía socialdemocrática del PSOE- Es decir, según
lo que ahora se entiende aquí por socialdemocracia, el PSOE iba a dejar de ser,
oficialmente, socialista y obrero, para convertirse en un partido
pequeñoburgués, vivero o almáciga de concejales, diputados y ministros, amén de
otros cargos bien remunerados; sería, al nuevo partido, impulso decidido para
alcanzar... ¿el socialismo?, no, la Capua del poder.
En efecto, entre los delegados e
invitados vi a caracterizados "socialdemócratas, disfrazados puerilmente
de obreros» caracoleando, pródigos en sonrisas y confidencias, trenzando
jubilosos rigodón de intrigas cortesanas»
Aunque en el desarrollo de los
debates oí a sesudos opinantes afirmaciones tales como que la lucha de clases
era un anacronismo, las esperanzas de los pequeños burgueses no se confirmaron.
El Partido sigue siendo, teóricamente, socialista y obrero No se dio un golpe
de timón porque un Congreso estructurado como lo fue el 29° no podía dar
golpes, de timón» La soberanía del Congreso estaba ausente, quizás de
vacaciones o secuestrada, o encorsetada por sistema aberrante. Me chocó lo de
que la lucha de clames era un anacronismo, pero me chocó más aún que no se
propusiera la disolución de todos los sindicatos, empezando por la UGT como
organismo arcaizante, costosos, perturbadores de la paz social o, simplemente,
convertirlos en mordaza de clase obrera.
Ciertísimo que los tiempos que
corren por la piel de toro no están para farándulas alegres y confiadas,
irresponsables, pero tampoco están para que se confunda la moderación con la
debilidad, con la mudez; el sentido de la responsabilidad con la traición.
Creo que la pelota de la
socialdemocracia está en el tejado y los señoritos que nos hacen el insigne
favor de contribuir con su pretendida sapiencia al ligero alivio de las penas
del obrero, pueden aun soñar con jugar la partida y ganarla.
Hay un símbolo de mil años de
lucha, que presidió mil combates, por el que murieron centenares de miles de
socialistas, el yunque, el martillo, la pluma y el Sol de la libertad que ya no
está en el tejado.
Lo descendieron poco a poco, con
alevosía y nocturnidad al desván de los tratos viejos, para substituirlo con el
puño y la rosa, traído con sus bagajes por socialistas de origen cristiano, con
fervores y furores de catecúmenos, llenando un vacío en el socialismo francés
con esa especie de síntesis entre la cólera obrera y el gusto hipie de ofrecer
una rosa a las fuerzas represivas dispuestas para la carga violenta, otros ven
en él algo equívoco cuando no obsceno. En todo sin antecedentes ni añadidos se ha
convertido en un buen símbolo para las elecciones, sin que esa utilidad
justifique el arrumbe del viejo y glorioso símbolo. A menos que esa progresiva
y cautelosa eliminación, sea, a su vez simbólica, en cuyo caso es hora de que
vayamos descolgando los retratos de Pablo Iglesias que aun inundan las Casas
del Pueblo, no sea cosa de que alguien pregunte por la identidad de ese viejo
admirable y, lo que es mas peligroso, les de la vena por leer sus “Comentarios
al Programa del Partido Obrero”.
Dos
notas o citas para situar el problema
En una circular de importante Federación encontramos el
siguiente párrafo:
“La fuerza del PSOE pasa también por su unidad
política. Esta unidad ha de basarse en la democracia interna, así como en la
disciplina socialista….. La democracia y la disciplina interna forman, junto
con la ideología y la ética socialista, parte esencial del Partido Socialista
Obrero Español”.
El compañero Felipe Gonzalez,
saludando al 32º Congreso de la U.G.T. dijo lo que sigue:
Podemos asistir en los próximos
años, y lo digo con tristeza, pero con realismo, a un proceso de podredumbre de
la democracia. Aún no hemos superado la táctica caciquil de organización de los
órganos del Estado imperantes en el siglo pasado, tarea en la que está empeñado
nuestro Partido, por ello, aunque a algunos les escandaliza, tengo que decir
que los socialistas debemos asumir, ya que la mediana burguesía a la que por su
situación le correspondería, no lo hace, la tarea de hacer posible un cambio en
la sociedad hacia hábitos democráticos.
Mientras Felipe Gonzalez
analizaba con justeza la ceguera burguesa obligando a los socialistas a tareas
que no son las suyas, una burocracia interna que confunde la inteligencia con
la listeza de los pícaros clásicos, estaba socavando los cimientos democráticos
del Partido Obrero con prácticas caciquiles que hubiesen ruborizado al propio
Romero Robledo.
Tuve ocasión de reprochar uno de
estos enjuagues antidemocráticos, contestándome el interpelado:
Eso no lo prohíben los Estatutos.
Lo que la Ley no prohíbe debe
impedirlo la decencia.
Pero la decencia democrática era
la menor de sus preocupaciones. Había que echar de los cargos a los socialistas
y colocar a los aparentemente incondicionales. Además Séneca era de origen
cordobés…
La
gestión de la Comisión Ejecutiva
En realidad, en todos los
congresos, se discute la gestión del
Comité federal del que forma parte la Comisión Ejecutiva.
El debate en torno a la gestión
siempre revistió gran interés. En él se manifiesta la multiplicidad de
pensamiento del Partido, se revelan o confirman talentos, se tiene una visión
de conjunto de la visión y de sus resultados.
En el Congreso que nos ocupa
flotaba un cierto malestar, se utilizaba la dialéctica para quedar colgados de
las ramas, sin abordar los verdaderos problemas que se habían resuelto en el
curso de la gestión. No había discrepancias, ni siquiera de matiz. ¿Dónde
estaban los brillantes debates de antaño? ¿Dónde el temperamento ibérico?
¿Estaba muriendo el Partido?
Como en el mito de Espartaco, el
hombre no puede vivir si no se rebela. El español tiene el gran defecto de ser
un gallo de pelea. ¿Había caído el socialismo español en el defecto contrario?
Allí desfilaban los escasos portavoces socialistas convertidos en Juan Palomo:
yo me lo guiso, yo me lo como, pero ¿qué tiene que ver ese desfile con la
tradicional democracia del Partido?.
El sistema de portavoces
regionales tiene una ventaja: las votaciones a brazo alzado son rapidísimas.
Así se aprueba la gestión por el 99’6% de los votos. El malestar quedaba
explicado, y menos mal que cuatro abstenciones salvaban el honor del Partido. Pero
¿para que gastar tantas pesetas en un espectáculo deprimente? Con reunir en una
cafetería a 10 “portavoces” puede obtenerse parecidos resultados. Salí de la sala ruborizado,
escandalizado, pronto aún para estar deprimido, mas pronto aún para huir de la realidad
con una carcajada irónica. Los aprendices de brujo habían alcanzado la cresta
de la ola del océano de insensateces antidemocráticas. Desde 1921 los hermanos
separados consideraban el prurito democrático de los socialistas como
prejuicios pequeñoburgueses . Quizás sobrevive la tesis a sesenta años de
frustración y fracaso.
En el pasillo poco frecuentado me
tropecé con destacado compañero en quien me pareció advertir cierta desilusión,
quizás sorpresa por los resultados del aberrante sistema utilizado. Conversamos
largamente, a corazón abierto, con claridad cruda permitida por el afecto
sólido. Quise que quedara constancia de mi desencanto al mismo tiempo que
esbozar una línea de conducta. A vuela pluma tracé las líneas siguientes:
“Querido X. Después de nuestra
conversación, con grandes y fundamentales coincidencias, te sintetizo algunas
reflexiones.
Como era fácilmente presumible el
actual sistema de elección de delegados ha fracasado rotundamente. Su fracaso
ha quedado patentizado en este Congreso. Siete “portavoces” hacen y deshacen. A
este paso vamos al reino de los portavoces, a la tiranía mecánica de los
altavoces. Dicho sin ironía, pero si con tristeza, y menos con sarcasmo, la
votación de la gestión de la Comisión Ejecutiva (99’6% de votos favorables)
demuestra que la democracia ha naufragado en un partido que busca estabilidad.
Hay que reaccionar enérgicamente. Podría habilitarse la fórmula de ofrecer a
las Agrupaciones Socialistas tres o más alternativas y que decidan en un
Congreso Extraordinario, u otro sistema menos oneroso. En ese caso, el Congreso
debe encargar a la Comisión Ejecutiva la divulgación de los sistemas
democráticos existentes para que elijan el menos malo.
Descartado el sistema actual,
queda como aparentemente mas razonable la elección de delegados por un sistema
proporcional:
Allí donde se aplique el
procedimiento, las tendencias, que son inevitables, pero deben ser
circunstanciales, se convierten en partidos dentro del partido, con disciplina
propia, cuotas más o menos ocultas, periódicos, etc… como pasó en Francia.
Si hay hombres de gran
personalidad y habilidad florentina, como Miterrand, puede ir el sistema
subsistiendo a trancas y barrancas. Miterrand se apoya unas veces en el CERES y otras en el guesdismo de Mauroy o en los autogestionarios de Rocard;
pero la intención deseable e imprescindible no se realiza. Evidentemente el
sistema tiene sus ventajas, pero los riesgos son superiores.
No se puede asimilar un Estado
democrático a un partido.
En el Estado democrático la
pluralidad es su piedra angular. En un partido es una cuña disgregadora. En un
partido se entra voluntariamente aceptando y acatando su programa máximo, hay,
pues, o debe haber un objetivo común y las discrepancias, las polémicas deben
fecundar la aplicación de la ideología ajustándola al momento o a las
circunstancias, que son siempre cambiantes.
Un socialista debe ajustar su
voto a las proposiciones que se hagan, sin estar sujeto a una disciplina de fracción, a un compromiso moral con
personas o grupos, a una “programación” previa. Las coincidencias se hacen y se
deshacen en virtud de la formación y hasta del temperamento de los socialistas,
pero el sistema proporcional fija, sin dar esplendor, las fracciones, las
sectas, destruyendo la fraternidad, el compañerismo y el pan que debemos
compartir se convierte en arma arrojadiza.
Entonces, ¿Qué?. Todos los
sistemas tienen defectos de forma, se trata de elegir el menos malo. Y este a
la luz de más de 50 años de experiencia sindical y política, me parece ser el
clásico: que cada Agrupación socialista, por pequeña que sea, pueda elegir sus
representantes, en todos los terrenos, sin ingerencias foráneas o delegar en
otra Agrupación afín.
El temor a que más de 10.000
Agrupaciones puedan delegar representantes a un Congreso estéril por
ingobernable, no se ajusta a la experiencia española ni de otros países.
He actuado en Confederaciones
Sindicales de más de un millón de afiliados y con más de 1000 sindicatos
locales o de oficios con derecho a designar delegados directos, donde jamás se
colapsó un congreso. El problema se resuelve con un montaje estricto de las
tareas congresales.
En estos Congresos las
federaciones de Industria (también las otras) tienen derecho a voz pero no a
voto, salvo aquellos votos que le fueron delegados libremente por los
sindicatos federados. Indudablemente el sistema clásico tiene grandes defectos,
pero en el la democracia no es nunca adulterada o prostituida.
Que unos cuantos “bonzos”, por
muy respetables y meritorios que sean, hagan y deshagan en un Congreso, debe
rechazarse sin apelación.
Quisiera también llamar la
atención sobre las Comisiones de Conflictos, no se puede gobernar un partido
con una política represiva, ni siquiera para modificar una mayoría hostil, como
se ha hecho en Aragón. Que personalmente no haya intervenido no disminuye el
problema.
No olvides jamás que el
estalinismo lo inventó Lenin, suprimiendo las tendencias y los discrepantes,
creando las checas, cubriéndose con el burladero del centralismo democrático.
Si, hay que federar, pero la
federación significa un grado de autonomía. Jamás la Comisión Ejecutiva del
Partido designó candidatos a concejales o diputados a Cortes. Si, alguna vez,
recomendó la inclusión de algunas personalidades, pero la última palabra era
siempre de los afiliados.
A última hora hubo un acuerdo
dando determinadas facultadas al Comité Nacional, pero jamás el Comité
Nacional, al que yo pertenecía, las aplicó. Entonces la democracia la
llevábamos en la sangre. De no ser así hubiéramos sido comunistas.
Un fuerte abrazo
Arsenio Jimeno
Nota.- Se me olvidó abordar el
problema de los miembros del Comité Federal, criticando su propia gestión.
Tradicionalmente los miembros del
Comité Nacional no podían ser delegados al Congreso, por so ser juez y parte.
Suprimimos esta incompatibilidad en el exilio por
nuestra pobreza de hombres, pero la norma provisional se ha convertido en
definitiva. A. J.
Las ideas esbozadas en aquella
fraternal conversación y en ésta carta son las que me esfuerzo en desarrollar.
En mi vida de militante jamás me
conformé con el fácil papel del crítico y del iconoclasta. En la carta hay el
germen de una proposición concreta.
Algunos veteranos que conocieron
los términos de la carta vinieron a felicitarme, algunos con lágrimas en los
ojos. La coincidencia era tanto más apreciable cuanto que aquellos veteranos
rara vez coincidieron con mi pensamiento.
Hubo asimismo, jóvenes
traumatizados por el desarrollo del congreso, sintiéndose avergonzados,
pugnando por el sistema proporcional sin más reflexión ni espera.
El Congreso encargó a la Comisión
Ejecutiva estudiar el problema para darle una salida conforme a nuestra
fisonomía.
Y esa salida no puede ser otra
que el retorno a la más estricta democracia. Por ello me permito analizar a
continuación el llamado centralismo democrático, el sistema proporcional y
nuestras normas clásicas.
EL
CENTRALISMO DEMOCRÁTICO
SU
EVOLUCIÓN
Todos los partidos comunistas
tienen como principio que "el centralismo democrático constituye el
principio fundamental sobre el que se apoya la vida interior del partido” Condiciona "la cohesión política e
ideológica del partido, su unidad de acción". Se añade que, "la discusión de todos los problemas es libre en
todos los escalones, sobre la base de los principios aceptados por los
comunistas al adherirse» Una vez las decisiones tomadas por mayoría son
aplicadas por todos". Y prosigue: "la organización y la actividad de
las fracciones están prohibidas,... los organismos dirigentes de los diferentes
escalones del partido son elegidos democráticamente... LAS DECISIONES DE LOS
ORGANISMOS SUPERIORES SON OBLIGATORIAS PARA LOS ORGANISMOS INFERIORES"
Principios aparentemente
razonables si no se analizan seriamente y cuyas consecuencias llevan a la
eliminación práctica de toda democracia.
En 1920 y en 1921 se
establecieron ya novedades creadoras de corrosión democrática: Condena de las
fracciones; la desaparición del sistema proporcional en la elección de
delegados. Y con las 21 condiciones pensadas y decretadas para eliminar a los
socialistas y solamente conservar a los incondicionales, se establecen
depuraciones periódicas dentro del partido, que habrían de convertirse también
en eliminación no solamente de los danos víctimas del Estado-Moloch modelado
por Stalin
El centralismo democrático se
presenta como una tradición comunista salida del muslo de Júpiter, es, decir
del cerebro de Lenin,
Que Lenin cometiera fundamentales errores, y
uno de ellos fue creer, contrariamente a Marx, que el socialismo era posible en
un país sin desarrollo industrial, sin capitalismo desarrollado y sin sistema
democrático, no nos autoriza a colgarle errores complementarios.
La idea del centralismo
democrático no aparece ni siguiera en él histórico congreso de 1903, en el que
menos de un centenar de socialistas del Partido Social Demócrata de Rusia
debatieron en torno si el partido, como quería Lenin, inspirado por las normas
trazadas por el anarquista Neschaiev, debía centralizarse y ser un partido
clandestino, disciplinado y secreto, exclusivamente compuesto por militantes
activos, agrupados en torno a una elite
de revolucionarios profesionales, movilizables y disponibles en todo momento y
lugar. Otro grupo de congresistas oponían una concepción menos centralizada,
más amplia aceptando todas las adhesiones. La votación fue favorable a Lenin
por un escaso margen. Aquella votación fue el parto de las dos célebres
fracciones: bolcheviques y mencheviques. Fue la primera ruptura entre unos y
otros y origen de los revolucionarios profesionales, germen a su vez, de la casta burocrática, nueva clase explotadora.
Aunque parezca mentira, el
problema que separó a bolcheviques y mencheviques se reprodujo en una
organización provincial del PSOE clandestino, llegándose en el mimetismo un
poco ridículo, a separar a algún militante. En aquella época, no muy lejana en
el tiempo, califiqué aquel remedo grotesco de leninismo de vía estrecha. No
estoy seguro de que los teóricos de aquel episodio estén limpios de culpa en la
distorsión de la severa democracia interna del PSOE que nos ha llevado a la
grave unanimidad del 29 Congreso.
Pero volvamos al desarrollo del
centralismo democrático entre los socialdemócratas rusos, experiencia
fascinante de la que podemos y debemos sacar preciosas enseñanzas.
Si damos crédito al historiador
Branco Lazitch, en el congreso celebrado en Estocolmo (cuarto congreso del
P.O.S.D.R.), en 1906, fecha de la reunificación de bolcheviques y mencheviques,
fue cuando la fórmula del centralismo democrático aparece por primera vez
públicamente. Si, es el congreso de 1906, con mayoría menchevique, quien
inscribe la fórmula en los estatutos del P.O.S.D.R.
Philippe Robrieux, de quien
tomamos muchos datos para este trabajo, nos dice:
"Después de la revolución de 1905, el
zarismo se vio obligado a realizar algunas concesiones. A partir de entonces,
los revolucionarios tienen mayores facilidades de acción. De forma que, Lenin,
que concibe el partido como un instrumento que debe adaptarse obligatoriamente
al medio, modifica su punto de vista. Irá hasta reconocer que exageró en 19D2 y
en 1903 por reacción contra los mencheviques.
"Desde entonces y hasta
1917, no hay cambia notable en la concepción y práctica de la democracia
interna. Hay pocas referencias al centralismo democrático, pero sí existen
rudas luchas de tendencias o de fracciones. La transición del bolchevismo grupuscular
al bolchevismo revolucionario no modifica la vida interna de la organización.
La publicidad de los debates contradictorios y la ausencia de unanimidad en las
votos, reflejan de manera espectacular la existencia de corrientes de
pensamiento divergentes, Lenin se encuentra
frecuentemente en situación difícil, o es minoritario",
No hay duda de que el bolchevismo
revolucionario sigue siendo un partido de tendencias y de fracciones.
Por ejemplo, cuando en el
congreso de 1919 se aprueba la política militar de Lenin y Trotski, se hace con
174 votos favorables y 75 contrarios. Recuérdese que Trotski fue el organizador
de la victoria militar y Lenin el gran estratega.
Gradualmente
hasta la unanimidad
t
En 1921, el Xº Congreso toma dos
resoluciones capitales: La nueva política económica y la supresión de las
fracciones. En el debate sobre la cuestión sindical, las tesis de Lenin fueron
adoptadas por 336 votos contra cincuenta favorables a las tesis de trotsky y
Bujarin y 18 a las de la "oposición obrera".
Veinticinco delegados, solamente,
votaron contra la resolución sobre la unidad del partido presentada por Lenin.
La resolución critica principalmente "la aparición de grupos con sus
programas propios y una tendencia a replegarse sobre ellos mismos hasta un
cierto punto y a crear su propia disciplina de grupo".
El artículo 4º de la resolución
prohíbe que se discuta "en fracciones" la política del partido. El
mismo artículo subraya que esas discusiones deben desarrollarse en los órganos
regulares, antes de precisar:' "A este fin, el congreso decide publicar un
boletín de discusión y periódicos
especiales".
El artículo 7° establece que para
hacer respetar las decisiones de esta resolución, "el Comité Central
recibe el poder de exclusión, a condición de que esta exclusión sea votada por
los dos tercios del Comité central".
Como nos lo recuerda el historiador Boué
"esta resolución se
convertiría en la piedra angular de la ulterior transformación del nacido y de
la desaparición de la democracia obrera a la cual se proponía solamente fijar
un marco"
A raíz de prepararse el Xº
congreso, Lenin, el 21 de noviembre de 1920, dirigiéndose a la conferencia de
la provincia moscovita, se pronuncia sin veladuras por la representación de la
minoría en el comité de Moscú y declara:
"Cuando dos grupos, dos
corrientes o fracciones se oponen en las elecciones para elegir delegados a una
conferencia del partido, instancia deliberante, la representación proporcional
es indispensable".
(…..) "cuando se trata de constituir un
organismo ejecutivo, encarnado de dirigir el trabajo práctico, la
representación proporcional no ha sido nunca aplicada y no debe considerarse
como Justa".
En esta fecha se comprueba:
1°.- La lucha de tendencias y de grupos, incluso de
fracciones,
se considera como fenómeno
natural.
2a.- La minoría debe
estar representada en los instrumentos ejecutivos de dirección, pero con arreglo a normas
proporcionales.
30.- Los delegados y
los congresistas deben ser elegidos proporcionalmente a la fuerza de las
tendencias.
En marzo de 1921, a pesar de la
oposición del elocuente y prestigioso Trotski
-batido por 6 votos contra 7 en el Comité central reunido el 13 de enero
de 1921-, el Xº congreso precede a la elección del Comité central sobre la base
de las diferentes plataformas sometidas a debate respecto a la cuestión
sindical, Riazanov propone una enmienda al proyecto de resolución sobre la
unidad estableciendo para el porvenir la prohibición de elegir el comité
central sobre la base de listas de candidatos partidarios de plataformas
diferentes... Es decir, Riazanov sugiere extender a las tendencias la
prohibición de las fracciones» En realidad propone introducir en el partido el
régimen interior que Stalin impondrá unos años más tarde sin jamás codificarlo:
voto del congreso sobre una sola plataforma o proyecto de resolución,
presentada al partido por la dirección saliente y elección del comité central
con lista única de candidatos totalmente de acuerdo con el proyecto político
también único: A lo que replica Lenin con viveza:
"No podemos privar al
partido ni a los miembros del comité central del derecho de apelar al partido
si una cuestión fundamental suscita divergencias"»
Precisa:
"Si las circunstancias suscitan
divergencias fundamentales, ¿se puede prohibir que sean sometidas al juicio de
todo el partido? ¡No! Es un deseo excesivo, irrealizable, que propongo se
rechace".
Y así se hizo por el momento,
Poco después se decidió una
depuración del partido. En sus directrices, el Comité central da las razones y
fija los a los obreros corrompidos por
el ejercicio de la autoridad, que han perdido todas las cualidades del
proletariado para adquirir los defectos del burócrata". El Comité central
añade que estos últimos "no deben encontrar ninguna excusa en sus
orígenes proletarios". En fin, el mensaje del comité central
precisa que "las represalias respecto a miembros del partido profesando
opiniones diferentes de los de la mayoría (por ejemplo, respecto a los antiguos miembros do la
oposición obrera), en ningún caso pueden ser toleradas".
La democracia interna aun no ha
naufragado totalmente, pero unos y otros, no solamente Lenin, estén colocando
las piedras del edificio totalitario y abriendo boquetes en la fluctuante nao
democrática
Lenin
¿Dictador dentro del Partido?
Después del Xº congreso, Lsnin
gobernó catorce meses.
¿Qué sucedió con el derecho de
tendencia?
¿Qué suerte corrieron los
minoritarios y las minorías?
He aquí un síntoma:
En pleno Congreso, cuando Lenin
acababa de describir la desafección de las fábricas y la desintegración de la
clase obrera, sangrada en los campos de batalla, movilizada en el nuevo aparato
del Estado o refugiada en el campo para sobrevivir, lo interrumpió un delegado:
"Permítame felicitarle Vladimir Illitch, por ejercer la dictadura en
nombre de una clase que ya no existe". El autor de la humorada fue
Chliapnicov, el único de los dirigentes importantes que había sido obrero
metalúrgico, al mismo tiempo que líder de la "oposición obrera". Fue
elegido miembro del comité central por el Xº
Congreso por la insistencia de Lenin.
Poco después, en agosto de 1921,
Lenin le acusaba de haber atentado
contra la unidad del partido y pedía al comité central su exclusión. Pero
"el Parlamento del partido" la
rehusó.
En el congreso siguiente, 1922
-entonces los congresos eran anuales-, el último al que asistió Lenin, reiteró
su demanda de expulsión y fue batido de nuevo,
Es decir que la tradición
democrática, los reflejos democráticos por encima de la tendencia autoritaria,
seguía funcionando. Lenin no era un dictador dentro del partido, no fue más que
el primus ínter pares (el primero entre sus iguales), al frente de un
partido que ejercía la dictadura en nombre del proletariado. Los militantes
encontraban natural ver en el comité central o en los congresos anuales, una
minoría, a veces una mayoría criticar o desaprobar al primero de sus líderes.
Hasta la muerte de Lenin se mantuvo una democracia insegura dentro del partido,
y algunos opositores, de 1921 a 1922, se quejaban ya del régimen interno del
partido.
En ese periodo Lenin estaba
obsesionado con la posible desintegración de la Rusia revolucionaria. De ahí la
necesidad de elegir como secretario general a un hombre con mano dura, Stalin,
para mantener la disciplina.
Menos de dos meses después del
XIº congreso, el 26 de mayo de 1922, la enfermedad inmoviliza a Lenin. En
cortos periodos de lucidez interviene para expresar sus opiniones. En octubre
descubre la burocratización del Estado y del partido. Trata de reaccionar y de
hacer reaccionar a los militantes, en primer lugar, con su breve y último
discurso ante el IV congreso de la III Internacional. Ya no acentúa la
necesidad de la disciplina y subraya los errores cometidos. Va descubriendo con
amargura los síntomas de degradación y en el centro de la misma al astuto y
brutal Stalin, con un poder casi ilimitado,
"un Stalin demasiado
intolerante, demasiado caprichoso, carente de prudencia, demasiado brutal y
rodeado de incondicionales en los que la capacidad de adulación sustituye la
capacidad gestionaria".
Lenin se lo reprocha porque obrando así
debilita al partido y al Estado. Lenin libra su último combate contra la
viscosa tela de araña tejida minuciosa y pacientemente por el astuto
ex-seminarista. "¡Hay que separar a Stalin de la secretaria general!"
exclama Lenin. Pero es demasiado tarde, tiene en sus manos el aparato del
partido, a la policía soviética p para eliminar a los adversarios y a los
simples discrepantes. Lenin pierde la batalla y exclama dolorido e impotente: "¡Soy
muy culpable ante los obreros de Rusía!”
El, 5 de marzo de 1923, privado
de la palabra por un nuevo ataque, Lenin queda definitivamente marginado.
Quedan sus obras, pero fueron expurgadas en un 40%.
Pero aún no está muerta la
democracia interna en el partido.
En el otoño de 1923, la
preparación de la conferencia del partido da ocasión a un gran debate
contradictorio y público entre Trotski y otros viejos bolcheviques contra la Troika dirigente (Zinovev, Kamenev y Stalin), apoyada por
Bujarin. La presión del secretariado general, realizando desplazamientos y
mutaciones, falsea en profundidad el ejercicio del juego democrático.
Pero aún, en la asamblea de Noscú, Kamenev afirma la
libertad de intervenir y de concertarse. Zinoviev lo apoya.
Todavía el partido ignora los
compartimentos estancos en los que, sin eco real, se expresan las opiniones de
los militantes. Más tarde, traspasar estos compartimentos se-sería sancionado
con la expulsión, después, con el tiro en la nuca.
.
En diciembre de 1925, el XIV
congreso del partido ruso, después de la ruptura de la Troika, Stalin aliado
a Bujarin, presenta su informe en nombre de la mayoría, pero el
congreso oirá también un contrainforme de Zinoviev.
La votación la ganaron Stalin y
sus aliados del momento por 559 votos
contra 65. No obstante, se elegirán algunos minoritarios para el comité central, y Zinoviev y Trotski para
el buró político.
Pasaran algunos años para que se
realice la mutación hacia el monolitismo
y la unanimidad. Pero en 1929 se logrará el asesinato de toda democracia interna. En los comienzos de 1930, todos los
partidos comunistas adoptarán el nuevo
estilo, las nuevas normas. Todo ello en
nombre del "leninismo" trampantojo ideológico imaginado por
Stalin después de la muerte de
Lenin.
El VII Congreso mundial de la Internacional
comunista, en 1935, ilustra
luminosamente la transformación interna.
La Constitución soviética, la
Constitución de Stalin, "es la más democrática del mundo", en
realidad, profundizó tanto la democracia y fue la sima tan honda que ya no pudo
salir a la superficie. Unas cuantas paladas de tierra putrefacta, "la
democracia es un prejuicio burgués", etc., la enterró en compañía de
la dignidad de los militantes.
Se instaura el poder absoluto del
secretario general apoyado por los incondicionales profesionales del
"aparato". Es el reino del monolitismo: en los congresos y en los
comités reina la unanimidad más impúdica.
Esta unanimidad la considera Stalin (discurso de clausura del XVII Congreso,
1934), como el síntoma claro y elocuente de la salud y desarrollo del partido.
Muy lejos de la opinión de Lenin expresada con anterioridad:
“La unanimidad revela debilidad. La no unanimidad revela la fuerza"
y añadía:
"para nada nos sirve la
unanimidad de gentes que se satisfacen con la aceptación unánime de verdades
tranquilizantes".
Obediencia
de cadáver
Los militantes dejan de serlo
para convertirse en bordón de ciego, adoptando el principio jesuítico de la
"obediencia de cadáver" como norma permanente y férrea, en piedra de
toque de fidelidad.
Los viejos bolchevique, la vieja
guardia, las estrellas fulgentes de la Revoluciona quienes no habían podido
dominar sus reflejos democráticos, murieron en los sótanos de la Lublanka, con
un tiro en la nuca, asesinados en el extranjero o desaparecidos en el universo
concentracionario construido por Stalin. Los mencheviques, los socialistas
revolucionarios, los anarquistas desaparecieron del extenso imperio soviético.
Un misterio dejó atónitos a
cuantos se interesaban por el desarrollo de la Revolución rusa. ¿Por qué
aquellos hombres, de talante heroico ante todas las policías represivas,
inquebrantables ante la tortura física, se inclinaban consintiendo ante la
acusación de traidores y otras acusaciones tan inverosímiles como esa? Las
refinadas torturas, más síquicas que físicas, a que fueron sometidos no explica
todo. ¿Creyeron rendir así el último servicio a la Revolución corroídos por la
duda de si Stalin tenía o no razón? ¿Pero cómo el sacrificio de la dignidad
puede servir a una revolución desencadenada para liberar al hombre de la
opresión? Tampoco nos sirve refugiarnos en el cómodo tópico de la atormentada y
compleja alma eslava. La misma actitud genuflexa, la misma indigna palinodia la
hemos visto y oído en militantes comunistas de todos los países. En todas las
secretarías había felpudos tejidos con la dignidad y la honra de militantes,
donde los jefes limpiaban el barro de sus botas.
Quizás la explicación más
verosímil sea la de Víctor Serge, el primero que estudió ese fascinante y
doloroso fenómeno, o la del "Cero y el Infinito" de Koestler, o la de
"Lo Confesión" de London, el checo, antiguo ministro comunista de
Negocios Exteriores, ex-combatiente de la República española, casado con una
comunista francesa de origen aragonés.
Alejandro Cliepnikov, animador de
la oposición obrera, a quien no logró expulsar Lenin, fue obligado a cantar la
palinodia en 1926, expulsado en 1933 y desaparecido en el universo
concentracionario.
Kamsnev, cuñado de Trotski,
miembro de la troika dirigente, fue excluido en 1933 y condenado a muerte en
1936 y ejecutado.
Zinoviev, presidente de la III
Internacional, ejecutado en 1333.
Riazanov, eminente exégeta del
marxismo, muerte durante las purgas de 1938...
El Comité central del partido
Bolchevique ruso de los años 1919-1920 estaba formado por 25 miembros-- Cinco
murieron de muerte natural, diecisiete de muerte violenta...
Entre los ejecutados, Bujarin,
brillante estrella de la revolución.
Fernando de los Rios lo visitó en
1920. Lo describe así:
"El líder do la izquierda comunista es el
joven Bujarin. No cuenta más de treinta y tres años; es pequeño de estatura,
rubio, de ojos azulas llenos de vivacidad y de energía; tiene un profundo poder
de seducción.
En el Saint-Just de la revolución
rusa va hasta las últimas consecuencias sin la menor vacilación. El mesianismo
eslavocomunista tiene en él su más potente vocero... Se enfebrece escuchándose
a si mismo u oyendo al adversario; preso en la idea habla como un poseído; y su
mirada, abierta y luminosa, no recae sobre el mundo exterior, sino que se
abisma en su propia interioridad y se enciende con el fuego interno que
la abrasa.
"Se levanta, se mueve, gira,
se desabrocha la airosa blusa rusa que viste, descubre su pecho desnudo,
revuelve sus pelos lacios y no abundantes, aspira con frecuencia el cigarrillo,
y en todo instante, durante horas y horas» no cesa de hacer "observaciones
teóricas" encaminadas a fundamentar cada una de sus palabras. Echado sobre
la chaise-longue. o de pie» con voz aguda y frase cortante va
construyendo verdaderos aparatos dialécticos encaminados a inmovilizar al
adversario. Es implacable y jovial, tiene fragancia juvenil y es un
silogismo-vivo. Ante él, Lenin, Radek o Zinoviev resultan oportunistas y
hombres transigentes: Bujarin es el hombre que vive en los fines al timos y
cree posible llevar a Rusia, si pudiera uncirla a su deseo» a la sociedad
soñada."
"... En cuanto a la
democracia estima el líder ruso que el supuesto de ella es el reconocimiento de
la voluntad común, y como la doctrina de Moscú lo que afirma del hombre es su
carácter productor -pero no admite el supuesto común Hombre-. La democracia
-según la expresión de Bujarin-, es, pues, un residuo ideológico de la
ftevolución francesa."
El análisis de Fernando de los
Ríos puede aclarar muchas de las
incógnitas que han obsesionado a los
revolucionarios sin trampa ni cartón, quienes ante un fracaso buscan sus causas
y no se convierten en "silogismo vivo".
Las 21 condiciones de Moscú, las
tesis según las cuales la postguerra sería el comienzo de una guerra civil
entre proletarios y capitalistas a escala mundial, la necesidad de un estado
mayor de la Revolución universal y una disciplina militar con todo lo que tiene
de limitación de la libertad, del libre albedrío; elevar la discrepancia a
delito de traición, en lugar de abrir el camino al socialismo, sentó los
fundamentos de una nueva tiranía totalitaria.
La vieja y heroica guardia
bolchevique, cegada por los fulgores de la Gran Revolución Rusa, su equivocada
pretensión de encarnar la voluntad del proletariado, la necesidad de mantenerse
en el poder siendo minoritarios, no advertían que al cavar la tumba del
socialismo, queriendo ahondar la del capitalismo, cavaban con frenesí su propia
tumba.
La obediencia de cadáver entre
los militantes era total» sin falla, sin la estrecha salida, pero salida al
fin, que se ofrecen los jesuítas (la milicia de Cristo), pues pueden
desobedecer en la orden que se les da disciernen
elementos de pecado.
Se crea un motor ideológico, un
sistema de creencias entre las cuales se encuentra la sacralización de la
infalibilidad de la dirección del Partido y del Estado, el patriotismo de
partido exarcebado por la mentalidad de la fortaleza sitiada; sobre un cimiento
maniqueo: el bien y el mal sin matices intermedios, el negro y el blanco
absolutos sin grises, y una ecuación a
varios grados transformada en postulado fundamental: la clase obrera; es el
partido; el partido, es la dirección; la dirección, es el secretario general»
En esas condiciones, quien duda
del secretario general, traiciona al partido y a la clase obrera. El Estado que
obra en nombre de la "clase obrera pone en marcha el mecanismo de la nuera
lógica y elimina físicamente a los discrepantes, a los nuevos herejes. En los
partidos en la oposición se limitan a expulsarlos, después de colgarles los las
deshonrosos sambenitos, que es la muerte política, la pena capital para un
militante obrero y revolucionario.
Después de Lenin, el marxismo ha
sido vaciado de su contenido materialista. La supresión del derecho de
tendencia desembocó lógicamente en la supresión del derecho a la alternativa.
Se pasó de la disciplina en la acción, a la disciplina de pensamiento. La
elevación del secretario general al rango de monarca absoluto coronó la
transformación de la naturaleza del partido.
E1 partido vota siempre por unanimidad
sobre propuestas políticas únicas, confeccionadas y presentadas por 1a
dirección y elige sus dirigentes con una lista única, presentada por la
dirección y con tantos candidatos como puestos a cubrir. En los países del Este
el procedimiento descrito sigue siendo la norma imperativa. El centralismo
democrático de mencheviques y bolcheviques del Congreso de 1906, desembocó en
la tiranía de Stalin.
Después de la revolución interna
iniciada por Jruchov, en los países occidentales se esta urdiendo un nuevo
centralismo democrático en el que tenga lugar preeminente la democracia, la
libertad de expresión» el derecho a la concertación. La profunda crisis de los
partidos comunistas arranca de la vigorosa condena del estalinismo por Jruchov.
Si los partidos comunistas siguen manteniendo el centralismo estalinista
desaparecerán totalmente
Berlinguer, secretario general
del partido comunista italiano, el más poderoso de los establecidos en los
países capitalistas, declaraba el 15 de diciembre de 1981 en la televisión
italiana:
"Un periodo se acaba. La
fuerza de innovación nacida con la Revolución de Octubre esta ya agotada, como
está ya agotada la capacidad de renovación de las sociedades del Este europeo.
La vía hacia el socialismo en las
sociedades desarrolladas y democráticas
de Occidente, no puede encontrar su fundamento en Lenin”.
Repetir que el socialismo es
imposible sin libertad es una necesidad permanente, pues también es permanente
la tentación de suprimirla para mantenerse en el poder, en el Estado como en
los partidos. No debe olvidarse que Lenin y sus compañeros fueron sinceros y
ardientes socialistas, como fue socialista Stalin.
La democracia es el respeto del
derecho de las minorías, el desprecio de éste derecho, cualesquiera que sean
los pretextos invocados, elimina a los militantes conscientes, informados,
convirtiéndolos en robots uniformizados.
Stalin, ¿Solamente Stalin?,
eliminó a los militantes para rodearse de incondicionales, sinceros o no, y si
creemos a Gracián “nunca la verdad fue del brazo de un incondicional”
Sistema
Proporcional
Ventajas
e inconvenientes
La representación proporcional es
una modalidad que da a cada partido un número de elegidos proporcional al
número de sufragios obtenidos por unos candidatos, permitiendo así a las
minorías tener representantes con voz y voto, en las asambleas deliberantes y
legislativas.
Los partidos socialistas han
luchado siempre por obtener una representación en todas las elecciones,
locales, regionales o nacionales, aceptando el tope mínimo de sufragios para
tener derecho a estar representados en los estamentos políticos, Generalmente
se establece el 55 de los sufragios como tope.
Sin duda alguna, hay ningún
sistema democrático que supere al proporcional cuando se trata de un país,
donde hay pluralidad, pues sin ella no hay democracia.
En un partido, por definición
homogéneo doctrinalmente, aunque plural en sus tácticas., la preeminencia del
sistema proporcional es discutible.
El reproche mas frecuente que se
hace al sistema proporcional aplicado a un país, es el de favorecer la
atomización representativa, generando, a su vez, la inestabilidad política.
La cuate república gala cayó
víctima del descrédito consecuente con la inestabilidad política, a la danza y
contradanza ministerial..
La burguesía, agrupada detrás del
general De Gaulle, estableció el sistema mayoritario a dos vueltas, recortando
los distritos de tal forma que un “gaullista” en u distrito de preeminencia
burguesa, podía ser diputado con 12.000 votos, mientras que u representante obrero, en un distrito
obrero, necesitaba 80.000.
Durante mas de veinte años, los
“gaullistas” y sus herederos, reinaron en aquel país gracias al sistema
mayoritario que daba una prima exagerada a los mayoritarios. Hace un año se
volvieron las tornas. Una ola de fondo arrasó el edificio construido para perpetuar
a la burguesía en el poder. Los socialistas, con poco mas del 30% de sufragios,
obtuvieron la mayoría absoluta en el Parlamento.
Como la oposición no tiene fuerza
para influir en la cámara legislativa lo hace en la calle, desórdenes de los
campesinos, huelga de inversiones, fuga de capitales… Si la mayoría relativa de
sufragios traducida en la mayoría absoluta de representantes, la obtiene la
burguesía –y la obtiene más fácilmente que la izquierda- también se producen
convulsiones: huelgas obreras esporádicas o sistemáticas, o movimientos
insurgentes sin norte preciso, sin médula, como el mayo francés de 1968.
Es la existencia de una
injusticia representativa que no puede corregirse con el sufragio, provocando
otros procedimientos.
El
sistema proporcional en los partidos franceses
En las incoherentes normas
estatutarias actuales del P.S.O.E., agravadas con interpretaciones abusivas del
Comité Federal, hay de todo como en botica, y con el orden enternecedor
de un cajón de sastre, hay proporcionalidad sin proporción, como un pastel de
liebre sin liebre.
El Partido Socialista francés
aplica el método proporcional a todos los niveles. Su larga experiencia del
sistema no le permitió anular todos sus inconvenientes, pero si armonizar todas
las normas para que todos los problemas puedan expresarse libremente y todas
las corrientes estar representadas en los congresos y órganos de dirección.
Pero alguien se entretuvo en leer
– muy mal y con deliberado deseo de falsificación- los estatutos del partido
Socialista francés y trasladar algunas de sus disposiciones a nuestros
estatutos.
Las disposiciones hurtadas con
alevosía y nocturnidad, fuera de contexto, se convierten en martillo pilón para
aplastar a la minoría. Tal sucede, por ejemplo con la elección de delegados a
los congresos federales por el conjunto de de las agrupaciones de la provincia
donde, con el actual sistema, las minorías quedan suprimidas pura y
simplemente.
Los estatutos del partido
socialista francés están armonizados con topes, límites, barandillas de
seguridad, en suma, equilibrados para preservar y garantizar el derecho de
todos los afiliados.
Tanto el P.S. francés como el
P.S.U., producto de una escisión practican el sistema proporcional.
Para evitar las escisiones,
nuestros compañeros franceses establecieron las siguientes normas: La libertad
de discusión es total en el seno del partido, pero ninguna tendencia organizada
podrá ser tolerada” (Artº. 4º).
La realidad insensible y tozuda,
convirtió el artículo cuarto en piadoso deseo, pues el grave inconveniente del
sistema proporcional es hacer inevitables las tendencias organizadas, que
siempre llevan en su seno el germen de potenciar las escisiones. No obstante lo
dicho, el sistema proporcional es preferible, mil veces preferible al
autoritario traje de Arlequín con que se ha revestido el P.S.O.E..
Pero es menester que nos
entendamos y para ello nada mejor que hablar claro, sin contemplaciones.
La proporcionalidad que se aplicó
en algunas federaciones del PSOE es un engaño, monumental camelo, puesto que el
portavoz o cesáreo senador hablará y votará con criterio mayoritario, sin tener
en cuenta prácticamente a los minoritarios. Todo lo más, los consultará.
Para evitar este gigantesco
camelo o engañifa, ese monumento de hipocresía, es menester que los delegados,
mayoritarios y minoritarios, todos los delegados y cada uno de ellos, tenga
derecho a votar y a intervenir, precisándose, entonces, el voto por mandatos,
según una escala preestablecida.
El voto por afiliados
representados, con este sistema, también sería posible, aunque muy complicado.
Tanto en uno como en otro caso,
el porcentaje obtenido en las votaciones indicativas es el que determina la
representatividad. Mas adelante precisaremos que es lo que se entiende por voto
indicativo
Proporcionalidad
a todos los niveles
Dice el artº 5º del Partido
Socialista francés:
“La regla de la representación
proporcional se aplica en la elección de
los organismos del partido a todos los niveles, solamente las mociones de
política general, proyectos políticos globales propuestos al partido y por ende
al país entero, abren el derecho a la representación. Las enmiendas,
contribuciones y otros textos particulares no se tienen en cuenta en la
aplicación de la representación proporcional”
a) A nivel nacional. Comité
Director, Comisión Nacional de Conflictos, Comisión Nacional de Control) se
aplica en función de los resultados obtenidos por las mociones provenientes de
la Comisión de Resoluciones.
Una lista de candidatos se
adjunta a cada una de las mociones sometidas al voto indicativo
Cada corriente designa a sus
representantes
b) A nivel local o federal
La representación proporcional se aplica en función del voto indicativo sobre
las mociones políticas sometidas al Congreso nacional del Partido.
Las listas de candidatos se
adjuntan a las mociones políticas previamente al voto indicativo….
c) una minoría no puede
obtener representación en el voto indicativo o en el voto de síntesis más que a
partir de un 5% del voto total de mandatos.
Esta limitación al 5% evita la
multiplicidad de candidatos, de corrientes, de tendencias. Pone un límite a la
tendencia generalizada, sobre todo en los países latinos, a ser cabeza de ratón
en lugar de ser cola de león.
Existen otras disposiciones para
equilibrar el derecho a la representación proporcional.
No hay duda de que el sistema
puede simplificarse –sin mutilaciones- y adaptarlo al PSOE sin que sufra la
democracia interna, ni el equilibrio adquirido en larga práctica por los
socialistas franceses.
En el último congreso del PSU, la
tendencia mayoritaria, encabezada por la compañera secretaria general, obtuvo
el 30% de los mandatos, repartiéndose el 70% restante entre otras cuatro
tendencias más. Estas tendencias eligieron proporcionalmente al Comité Director
y este al Secretariado.
La mentalidad centralista de los
franceses es tópica, arraigada en grandiosa tradición revolucionaria. Por ello
debemos subrayar algunas disposiciones que señalan el límite al citado
centralismo:
“La estructura –reza el artº.
14- de base del partido es la Sección.
Se constituye por, al menos, 5 adherentes, de acuerdo con la Federación
interesada, ya sea en una zona administrativa o geográfica determinada, en una
empresa o en una universidad”.
“Cuando una sección alcance el
umbral de 250 miembros, se puede dividir en varias secciones…” (Art.º 15º)
“En cada comuna o aglomeración
urbana sobre cuyo territorio existen varias secciones, la unidad de acción y de
propaganda del partido puede ser asegurada por un Comité de Coordinación
elegido proporcionalmente”.
En la reunión de la sección
(asamblea) solamente votan los presentes. Cuando en una votación no se reúna,
al menos, la cuarta parte de los inscritos, el número de mandatos de que
dispone la Sección en los Congresos federales (departamento o provincia), quedan
reducidos a la mitad. Cuando el número de los presentes no alcance el 10% del
total de miembros inscritos, el número de mandatos que puede disponer la
Sección se calcula sobre la base de los presentes” (Artº. 16)
En cada departamento (unidad
geográfica generalmente menor que una provincia española), se establece una
Federación y asimismo un Comité de Coordinación regional para seguir las
cuestiones políticas, económicas o sociales de interés regional y coordinar la
acción de los representantes socialistas en los estamentos regionales.
“Cada Federación es soberana para
la aplicación de la política del Partido en los límites establecidos por los
estatutos nacionales”.
En España se imitó muy mal a los
franceses en el modo de elegir a los delegados a los Congresos nacionales,
suprimiendo los delegados directos de las Agrupaciones, a favor de las
Federaciones departamentales o provinciales y no contentos con el aplastamiento
de las minorías en el ámbito de la provincia, se han laminado las representaciones provinciales a favor de un
solo “portavoz” regional. Ridículo y odioso.
Veamos como eligen a sus
delegados los socialistas franceses:
“Los delegados al Congreso
nacional son elegidos por los Congresos de las Federaciones. Cada Federación
establece el modo de designación de sus delegados. La minoría. Si la hay, tiene
derecho a una representación proporcional…” (Art.º 26)
“… Cada Federación tiene derecho
a una representación proporcional al número de cotizantes”
“…Para las votaciones políticas
en el Congreso nacional, y en la Convención nacional, cada Federación dispone
de un voto nacional por derecho propio y de un voto cada 250 afiliados al
corriente de sus cuotas”
El número de delegados se
establece así:
1 delegado por un mínimo de 50
afiliados e inferior a 100
2 delegados por un mínimo de 100
afiliados e inferior a 250
1 delegado más por cada 250
afiliados suplementarios y, eventualmente, 1 delegado por la última fracción
inferior a 250 pero igual o superior a 125.
Para votar por mandatos y no por
delegados, es menester que lo pida, por lo menos, el 10% de los delegados.
El número de afiliados
representados por cada delegado puede ser modificado por la Convención nacional
a propuesta del Comité Director según el estado de las adhesiones al Partido.
Los plazos y modalidades de
convocatoria de los Congresos nacionales no difieren gran cosa de los
establecidos por el PSOE. Pero es necesario subrayar que tres meses antes de la
fecha fijada para el Congreso, los afiliados tienen la posibilidad de expresar
sus respectivas opiniones.
Dos meses antes, las Federaciones
devuelven las proposiciones al Secretariado
nacional para ser difundidas en todo el Partido.
Un mes antes del Congreso, el
Comité Director (elegido por el Congreso según el sistema proporcional y, en
consecuencia, donde están representadas las tendencias) establece proposiciones
de síntesis que se envían a las Federaciones, de forma que las Secciones puedan
elegir entre los textos iniciales y los textos de síntesis.
La Convención nacional
La convención nacional, compuesta
por un delegado por cada sección departamental (95 departamentos metropolitanos
a los que hay que añadir los departamentos de ultramar), se convoca por el
Comité director al menos dos veces al año
El Comité Director
El Buró ejecutivo
En el artículo 32 se establece
que en el intervalote los Congresos nacionales, la administración, y la
dirección del Partido se confían al Comité director controlado por la
Convención nacional. Mas adelante se especifica que:
“el Comité director se compone de 131 miembros
titulares y 26 suplentes”
“ El comité
director elige, en su seno un buró de 27 miembros entre los cuales el primer
secretario, portavoz del Partido”
“El Secretariado será organizado
colegialmente”
Elecciones políticas
Designación de candidatos
El artículo 49 de los estatutos
del PSF, a pesar de su centralismo, no deja lugar a dudas sobre quien y cómo
deben ser elegidos los candidatos.
“Los candidatos a
las elecciones políticas son designados por el conjunto de afiliados de la
circunscripción electoral” (Artº, 49)
“Para las
elecciones municipales votan para la
designación de candidatos todos aquellos, y solamente ellos, domiciliados en la
localidad”
“Las Federaciones
se cuidan de la aplicación de las reglas y principios fijados por el Partido”
“Las candidaturas
expuestas por las Secciones son definitivas después de ser ratificadas por las
Federaciones y, en última instancia, por la Convención nacional”.
En estas disposiciones, sin tener
en cuanta las siguientes, se han debido basar quienes establecieron es sistema
antidemocrático actual en el PSOE.
La ratificación de las
Federaciones o de la Convención no implica modificación de las listas y mucho
menos la eliminación de candidatos y la inclusión de otros. En ningún caso
interviene el Comité director.
Las listas deben tener el
porcentaje establecido de candidaturas y debe ser igual al porcentaje de
afiliados (ahora es el 15%), no deben incluir candidatos que no estén en
posesión de sus derechos por sanción reglamentaria; los candidatos deben llevar
un tempo ininterrumpido de afiliación fijado estatutariamente; no debe haber
incompatibilidad entre el cargo electo y la ostentación de un cargo del Estado.
Si se rechaza la lista por alguno de esos motivos, y no por simpatías o
antipatías, por capricho o cálculo, la lista vuelve a las Secciones para que se
rectifiquen los errores comprobados, pues son siempre los afiliados quienes
tienen la última palabra.
Los
“paracaidistas”
Existe una excepción a esa norma
inatacablemente democrática y la encontramos en el artículo 50:
“Si el número de adherentes
inscritos en las secciones concernidas por la elección de un candidato, no es
al menos igual a 1/500 de los electores inscritos en la comuna (para las
ciudades de mas de 30.000 habitantes) o de la circunscripción interesada, las
Secciones establecen una lista preferencial de candidatos. La decisión
corresponde a la Comisión Ejecutiva provincial para las elecciones municipales
y cantonales, a la Convención nacional para las elecciones parlamentarias, después
de nueva consulta a las Secciones interesadas”
La disposición es explicable
aunque discutible. Con ella se desea salir al paso de súbitas y oportunistas
conversiones individuales y colectivas.
En el caso que nos ocupa y
refiriéndonos a elecciones parlamentarias, a los afiliados propuestos o
designados por la Convección nacional (no por el Comité Director), son
generalmente hombres o mujeres de gran valía, pero no pueden impedir que se les
tache de cortesanos y se les llama despectivamente “paracaidistas” –lanzados en
paracaídas a la circunscripción-, y estas designaciones son fuente inagotable
de conflictos y de expulsiones colectivas, con el lógico debilitamiento del
Partido en la circunscripción de que se trate.
En las últimas elecciones
legislativas, después de haber sido brillantemente Presidente de la república
francesa François Miterrand, hubo varios casos de rebeldía, de rechazo. El
diario parisino Le Matin (tendencia socialista) del 15-6-81, publicó una nota
diciendo:
“En varias circunscripciones, los
electores han desautorizado con sus votos, las decisiones de la dirección del
P.S. de investir un candidato que no deseaban, votando masivamente a los
candidatos socialistas locales. En el caso de Morbihan, donde los militantes
socialistas habían rechazado, desde el principio, la imposición por Paris de
otros candidatos diferentes a los designados
por ellos mismos.
En la primera circunscripción, en
la que Raymond Marcellin (antiguo ministro de la policía, singularmente
reaccionario, fue elegido ayer. El candidato oficial del P.S. Renè le Normand,
obtiene 5,8% de los votos, mientras que el socialista local, Henri de Rohellec,
obtiene el 30,83%. En la 6ª circunscripción. Jean Giovanelli, designado por los
militantes, llega a la cabeza de la izquierda, lo que lo coloca en “Ballotage”
favorable (al no obtener ningún candidato la mayoría absoluta es menester una
segunda vuelta. Generalmente los candidatos – de izquierda de derecha- que no
van en cabeza, se retiran para que los votos se agrupen en torno al candidato
de su tendencia que mas probabilidades tenga, con 34,4 % de los votos emitidos,
delante del candidato comunista Eugene Crèpean, que obtiene el 18,3 % y la
candidata oficial del P.S., “paracaidista”, Chantal Pérez, que totaliza el 3.4
% de los sufragios.
En la 3ª Circunscripción de la
Cote d’Or, donde el P.S. había decidido investir a un radical de izquierda,
Pierre Charles, es el candidato socialista apoyado por los militantes, pero no
por la dirección, François Patriat, quien llega a la cabeza de la izquierda con
24,47 % de votos, mientras su concurrente no obtiene mas que el 22,04 %.
La misma tendencia
en la 2ª Circunscripción de Tarn et Garonne, donde un candidato socialista
“salvaje”, Jean Paul Nunzi, logra obtener 2,11% de los votos emitidos, al lado
de Jean Michel Baylet, radical de izquierda saliente, investido por el P.S. que
obtiene el 27,9 %.
En la segunda
vuelta uno de los candidatos “rebeldes” fue elegido y hoy, en el Parlamento
francés, hay un diputado socialista que no pertenece al grupo socialista.
Ese artículo 50º es
una herida abierta produciendo abundantes hemorragias, pues es muy difícil,
para un demócrata, aceptar medidas disminuyendo la capacidad decisoria de los
afiliados.
Lo que en Francia
es una excepción sujeta a una norma estricta, en España se ha convertido en
norma corriente, en una especie de derecho de pernada; y no solamente para las
circunscripciones que no tengan el 1/500 de afiliados, sino en todas. Conocí a
un senador que ingresó en el Partido después de ser elegido con la investidura
socialista.
Quizás se
estableció la antidemocrática costumbre para cerrar el paso a los “trepadores”,
a los que surgieron del régimen anterior bajo el uniforme de la Falange,
organización de asesinos, de una crueldad y sadismo increíble, convertidos mas
tarde en pesebristas. Quizás. Aunque conozco casos en los que se borró de las
listas de candidatos a un compañero con mas de veinte años de militancia por
indócil. ¿Son excepciones? No, la voluntad de los afiliados ha sido desoída
sistemáticamente. Y el resultado contradice la hipótesis de voluntad de cerrar
el paso a los “trepadores”.
Recuerdo una frase
ingeniosa de un diputado socialista catalán en la tribuna del Congreso de los
Diputados terminada diciendo: “Ahora comprendo porqué donde se sienta el
gobierno se llama banco y azul”.
Martín Villa,
falangista de pro, con aspecto de jabalí domesticado, replicó que en los bancos
socialistas se sentaban antiguos compañeros de lucha bajo la camisa azul.
Recientemente Fraga
Iribarne declaró que “la verdad es que en España, a la muerte de Franco, casi
todo el mundo había convivido mas o menos con la situación que había y el que
diga lo contrario miente. Porque todos hemos tenido cargos públicos, incluso los
socialistas, que yo podría dar una lista, y a lo mejor lo hago cualquier día”.
No se trata de
condenar al ostracismo a quienes “convivieron” con un régimen deformante,
puesto que de una forma o de otra, lo hicieron forzados por la educación, por
el ambiente, por necesidades elementales. Pero quienes fueron miembros activos
de aquella inmunda tiranía no tenían porqué cobijarse en el Partido de Pablo
Iglesias y menos alcanzar cargos representativos por el sistema “digital” que
tan bien conocían.
No conocemos, pues,
las motivaciones que movieron a los autores del desaguisado a sacrificar la
democracia interna, pues nos negamos a creer que se hizo para crear una casta
de cortesanos.
Quede, pues, bien
claro que del mecanismo francés se eligió lo que podía servir a un sistema
caciquil, desvirtuando y falsificando el sistema..
A pesar del
artículo 50 dando lugar a rebeldías, el sistema francés, compensado y
equilibrado funciona bien, aunque no sea perfecto, con la excepción ya
señalada.
En realidad, el
sistema fue adoptado bajo la presión de una realidad diferente a la española.
En 1905, año de la unificación de los socialistas galos en el celebre Congreso
celebrado en el establecimiento “El
Globo”, había que armonizar, organizar la convivencia de dos partidos
principales diferentes, el presidido por Jules Guesde y el inspirado por Jean
Jaurés, además de otras tendencias tradicionales o que nacieron y se
desarrollaron en la Comuna de París, como los “alemanistas” derivados del
nombre del heroico comunard.
En aquellas
circunstancias, adoptar el sistema proporcional era obligado. El sistema
mayoritario hubiera impedido la unidad real, como ha sucedido en la Cataluña
actual, donde con la unificación prematura, mal concebida y peor organizada, el
PSOE perdió la oportunidad de instalarse fuertemente en Cataluña y
prácticamente, los socialistas del PSOE fueron absorbidos por el PSC y son
barridos de los cargos ya que su base ha ido desapareciendo. El efecto
multiplicador que era de esperar no se produjo. Todo los contrario. El nuevo
partido perdió influencia electoral.
En el Congreso de
unificación se dijo que en la fórmula de disolución no había gato encerrado.
Apreciación desgraciada. Había toda una camada, incluida sólida hostilidad al
PSOE manifestada con ruidosa fuerza. La unidad era una necesidad, pero debió
hacerse sobre bases reglamentarias distintas hasta que el tiempo y el
conocimiento mutuo hicieran posible una nueva aleación, una auténtica unidad.
No es el mismo
caso, la “unidad” pactada con un tal
Tierno Galván, que creo oficia de alcalde de Madrid, que fue durante años
cabeza de turco utilizada injustamente por Llopis, hostilidad pública, motivada
por celos irreprimibles, exasperados por los fármacos que iban minando
irremediablemente su salud mental, y alejándolo de la realidad hasta llevarlo a
una aberrante escisión. Antes de que esta se produjera tuve una entrevista con
el tal Tierno en Paris donde abordamos ampliamente el problema de in- teriorizar
la dirección del PSOE y la necesidad de unificar bajo estas siglas a cuantos en
España se reclamaban del socialismo. Manifestó su conformidad en cuanto le
dije. Quizás nuestra discrepancia, importante, se situaba en el terreno
sindical, ya que el viejo profesor creía que Comisiones Obreras era la solución
sindical para España. Me dio un abrazo al despedirnos. Poco mas tarde, cuando
Llopis, en plena demencia política, dividió el Partido y organizó un Congreso,
allí acudió el tal Tierno Galván para proclamar con unción episcopal que los
verdaderos socialistas estaban allí. ¡Sin gular acuidad política!
Consumado el
desaguisado sin éxito alguno, el tal Tierno navegó por su cuenta y se fue a
pique. Su pequeño partido, lastrado con una deuda importante, no podía ser
puesto a flote. Optó por la unidad que le aseguraría unas actas de diputados y
le liberaría de la deuda contraída, con aquellos que no eran “verdaderos
socialistas”, según se infiere de su presencia y parlamente en el estrellado
Congreso escisionista.
Mi manera de
saludar a tan distinguido profesor, que en vez de “niñas” en sus ojos tuvo
siempre “viejas”, responde a las seis o siete líneas que en un libro de
memorias o chismes, dedica a la mentada entrevista de París. Desdeñosamente
habla de su entrevista con un tal Gimeno y de su estilo imprecatorio. En el
mismo párrafo confunde a Pascual Tomás con Belarmino Tomás, lo que subraya su
desdén por la historia del Partido Obrero.
Permítame el joven
profesor, -tengo mas años y superior experiencia-, debió quedar escandalizado
por las blasfemias con que fui esmaltando mi relato. Si me lo hubiera
reprochado a tiempo le habría respondido con la ironía de Rabelais:
-¿Cómo es eso, dijo
Ponocratos, jura usted, hermano Juan?
-No es, replicó el
fraile, sino ornamento de mi lenguaje.
Son figuras retóricas ciceronianas.
Si mis recuerdos
son fieles, Juan de Mairena, el personaje creado por Machado, propugnó la
creación de una cátedra de la blasfemia. Y me dije que ninguna ciudad mas
idónea que Calatayud para albergar tan gloriosa cátedra, por ser la patria del
poeta Marcial y del filósofo Gracián. En Aragón la blasfemia es un purgativo
del espíritu, pues mala cosa es retener
la cólera. Las cóleras retenidas, recocidas, convierten al hombre en un saco de
pus.
Devuelta la
cortesía a tan desmemoriado memorialista
y subrayando que en el caso de
Cataluña hubiera sido preferible reglamentar el partido con normas
proporcionales, en el caso del joven profesor no había mas problema que el
financiero.
Creo
que en ambos casos se pecó de suficiencia siendo notoria la insuficiencia.
Sistema
tradicional del PSOE
Se puede
caracterizar con muy pocas palabras: es el sistema mayoritario a todos los
niveles.
Ya queda dicho que
el “centralismo democrático”, inventado
por socialistas rusos, desemboca inexorablemente en la supresión radical de
toda democracia interna.
El sistema
proporcional, indiscutiblemente democrático, genera tendencias, partidos dentro
del partido y escisiones.
Puede argüirse que
el sistema mayoritario es el aplastamiento de las minorías. Pues no. Lo es
ahora porque se ha desvirtuado, introduciendo modalidades claramente
antidemocráticas. Se ha querido, seguramente, confeccionar un traje nuevo
funcional y moderno y arramblando con materiales de orígenes diversos, se ha
confeccionado un mosaico incoherente.
Si el sistema
mayoritario se aplica en el plano provincial, las minorías desaparecen, se
resignan o se marchan. Si en un afán exagerado y nefasto, se hacen bloq ues regionales, los Congresos serán un
espectáculo o una farsa, pero jamás reflejarán el pensamiento de los
socialistas.
He visto, en el
último Congreso, como Aragón votaba en bloque ¿Es que todo el mundo en Aragón
pensaba igual en cuanto a la gestión de la Comisión Ejecutiva, la táctica a
seguir o las nombres de los candidatos a miembros de la C.E.?
He visto a
Andalucía hablar y votar en bloque -un
solo portavoz del 25% del Partido- ¿Es
que no hay discrepantes en Andalucía? El presidente de importante Federación
provincial andaluza me decía que se sentía humillado. Creo que reflejaba con
esas palabras el sentimiento de todos los socialistas, incluidos quienes,
inconscientemente, habían contribuido a organizar el aberrante sistema que nos
llevó a vergonzosas unanimidades que de ninguna manera reflejan el pensamiento
de los socialistas.
Si el sistema
mayoritario del P.S.O.E. funcionó generalmente bien durante cerca de cien años,
se debió a que la preeminencia absoluta, la soberanía, residía en los afiliados distribuidos en Agrupaciones Socialistas
locales. Es muy posible que en las Agrupaciones quedase la minoría marginada,
pero en la Agrupación vecina eran otros las mayoritarios, de tal forma que la
injusticia original quedaba anulada o compensada; se realizaba espontáneamente
una especie de equilibrio, y ningún pensamiento, ni siquiera un matiz de
pensamiento quedaba excluido de las asambleas deliberantes y resolutivas.
En las democracias
hay una ley, quizás no escrita: La democracia es el respeto del derecho de las
minorías. Y otra, tampoco escrita ¡Ay de aquel que crea que con los votos se
puede hacer todo.
Los delegados a los
Congresos suelen ser designados por las Agrupaciones. Los candidatos a cargos
públicos deben ser designados por las Agrupaciones. Los cargos públicos deben
ser controlados directamente por las Agrupaciones locales si se trata de los concejales
de la localidad; reunidas en congreso provincial si se trata de diputados,
reunidas en congreso nacional si se trata de responsabilidades nacionales.
Sustraer cualquier
gestión o responsabilidad al dictamen crítico de los afiliados es un desprecio
de las normas democráticas propio de tiranos, déspotas o caciques que es la
forma mas extendida de la tiranía. Conozco casos de concejales que a la demanda de dar cuenta
de su gestión a la Agrupación local, contestaron con énfasis grotesco: “A mi me
eligió el pueblo!”. Ese pueblo que votó al P.S.O.E. no los conocía, y en algunos casos sigue sin conocerlos.
Jugó en el voto del
pueblo la memoria histórica y esa memoria tiene implantadas sus raíces en una
acción dura, enérgica, sin concesiones a la burguesía, serena e
inteligentemente revolucionaria, y no sabía que entre las personas elegidas
había tanto memo y que, parodiando una frase célebre, exclaman: “¡Democracia si
pero no por mi casa!”. Hemos elegido el socialismo como el mejor camino hacia
la libertad, y no se puede ir hacia la libertad suprimiendo la de decisión,
intervención, control....
Es cierto que el
sistema mayoritario tal y como estaba establecido hasta hace poco y que había
funcionado sin chirridos durante cien años, requiere concienciación democrática
muy alta y aun poseyéndola pueden producirse
accidentes pues no hay sistema perfecto e infalible.
Con el sistema
tradicional, el PSOE se libró de escisiones tan frecuentes , por ejemplo, como
en el partido socialista francés. La escisión de 1921 producida por los
terceristas, fue provocada por Moscú con las célebres 21 condiciones que fueron
un estallido de orgullo sin control ni
medida y cuyos redactores fueron, mas
tarde, víctimas del sistema que habían establecido.
En 1936 se
produjeron acontecimientos internos quizás mas graves que la escisión de los
terceristas. La gloriosa revolución de Octubre española, intento de cerrar el
paso al fascismo en plena ascensión en Europa, se saldó con muchos muertos
socialistas y muchos presos. Aquella circunstancia y todo fracaso engendra
tensiones bastardas y es justificación altiva y ostentosa de todos los
cobardes: “Ya lo decía yo...!” que aprovechan para legitimar viejas cuentas.
En aquella ocasión,
encarcelados los lideres mas prestigiosos del PSOE, se maniobró de forma que
quedara fuera de los cargos directivos Francisco Largo Caballero y los
compañeros que compartían su manera de apreciar los acontecimientos. Se fue
retrasando la celebración del Congreso Ordinario por miedo de los maniobreros a
ser barridos. Lamoneda, que fue destacado tercerista y que nunca se supo si era
un traidor teledirigido o traidor nato, se sacó de la manga un referendum para elegir Comisión Ejecutiva. El “pucherazo”
lamonedista estuvo bien organizado y, naturalmente, Largo Caballero y sus compañeros fueron
derrotados. Aquel desprecio a las normas democráticas trajo consecuencias
nefastas, no solamente para el PSOE sino para España, pues fue el origen de la
entrega de las JJ.SS. a los moscovitas y
el posterior desarrollo del partido comunista.
Es cierto que
aquella dirección, en la que había hombres muy prestigiosos encandilados por la
habilidad maniobrera de Lamoneda, no gozaba de ningún prestigio entre los
socialistas ni entre el proletariado. El lider era el derrotado en el
referéndum, Francisco Largo Caballero. La minoría parlamentaria la dirigía
Largo Caballero y había choques constantes entre la “dirección” del Partido y la minoría,
entre “El Socialista” y “Claridad”, entre prietistas y caballeristas.... Y así,
dividido y mutilado, entró el PSOE en la guerra provocada por el fascismo
internacional servido por el don Opas de turno, sin ninguna justificación
histórica. Un don Opas degenerado sin otro móvil que una ambición desmesurada,
total carencia de escrúpulos y de sentido de la responsabilidad-
Se abandonó la
democracia interna con apariencias legalistas y se hundió al Partido... Ya en
el exilio el traidor Almoneda, empujado por el avance alemán, compró un barco
en San Juan de Luz y se marchó a México acompañado de un puñado de amigos. En
México creó una Comisión Ejecutiva. Frente a otra Comisión Ejecutiva con Prieto
que también se reclamaba de la continuidad legal. Los socialistas estaban en
los Campos de Concentración europeos o en las prisionesdel fascismo español.
Francisco Largo Caballero fue deportado y terminó su patética peregrinación por
las cárceles en el Campo de Concentración de Oranienburgo.
Y tuvieron que ser
los socialistas que esperaban en las cárceles españolas su turno para ser
inmolados en los paredones fascistas quienes recrearan el Partido. Y tuvieron
que ser los abandonados deliberadamente en los Campos de Concentración del sur
de Francia, quienes recrearan el PSOE en el destierro y lo desarrollaran bajo
la ocupación hitleriana, paralelamente al esfuerzo creador y heroico de los
socialistas presos, iniciándose un difícil proceso de reconstrucción sobre un
solar lleno de ruinas producidas por el abandono de las normas democráticas.
Es curioso
constatar que en las dos catástrofes sufridas por el PSOE se encuentra en
primer plano el mismo avieso y ambiguo personaje y el abandono de las normas
democráticas.
Escisión
de 1921
El 19 de Junio de
1920 celebraba el PSOE un Congreso extraordinario, un mes antes de que se
reuniera en Congreso de la III Internacional y estableciera las 21 condiciones.
El Congreso votó
sobre la conveniencia o no del ingreso en la III Internacional con el siguiente
resultado:
8260 votos
favorables al ingreso
5016 en contra.
1615 abstenciones
El voto quedó
condicionado a las resoluciones que se adoptasen en Moscú y al informe que
presentaran Fernando de los Ríos y Daniel Anguiano.
Además se
establecen las siguientes condiciones:
1.
El PSOE pide a la
III Internacional que se reconozca la autonomía plena en la táctica que adopte
en la lucha de clases.
2.
Tienen el PSOE el
derecho de revisar en sus propios congresos la doctrina que definitivamente
adopte la III Internacional y los acuerdos que esta decida en sus Congresos
3.
En el PSOE existe
la tendencia a unificar a todos los partidos marxistas, según lo procuran el
P.S. francés y el P.S Independiente alemán.
Otra condición
pedida por Pablo Iglesias especifica que el Partido continuaría su labor en
ayuntamientos, Diputaciones Provinciales y en el Parlamento; seguirá su
participación en los organismos de carácter social, y proseguirá su obra
sindical, mutualista y cooperativa.
Las bases fueron
rechazadas por los dirigentes bolcheviques. Fernando de los Ríos dice:
Nuestras bases han
sido juzgadas por Moscú inadmisibles; sed las considera contradictorias con las
veintiuna...
Mediante las tres
bases o condiciones de adhesión a la Tercera Internacional, el último Congreso
socialista español se propuso salvaguardar su autonomía táctica, que equivale a
tanto como a ser dueño de la determinación de la propia conducta; hacer participar
al Partido en la aceptación de ideas que han de comprometer su voluntad, y, por
último oponerse a todo dogmatismo que pudiera impedir internacionalmente la
conjunción de las fuerzas nacionales que actúan con una significación
socialista.
Si con anterioridad
y posterioridad a los Congresos no cabe crítica, sino obediencia ciega, justo
sería decir que tales Asambleas tiene mas de concilios que de congresos, y a
sus acuerdos, mas bien que este nombre, e convendría el de cánones.
Para quien
atentamente haya leído las tesis y condiciones del último Congreso de la
Tercera Internacional, o medite sobre las conversaciones que recogemos en
varios pasaje de nuestro informe, no podrá extrañarse de ninguno de los
fenómenos que acotamos, porque son la consecuencia inevitable del menosprecio
en que se tiene así de la idea de libertad como de democracia.
Se dice de ambas
que son restos de la ideología burguesa que creara la Revolución Francesa, mas
estas ideas no son ni burguesas ni proletarias sino humanas; son ideas eternas,
ideas matrices de nuestra civilización y de las que jamás podrá abjurar, porque
la línea del progreso moral y político está en relación directa de la
penetración que logren estas ideas en el mundo de la realidad”
Tres días después
–23 de junio-, el Congreso de la UGT acordó continuar en la Federación Sindical
Internacional. El ingreso en la III Internacional obtuvo 17.919 votos
favorables, contra 110.902 desfavorables. En consecuencia la unidad con la
C.N.T no fue posible por haberse adherido esta a la III Internacional.
Pablo Iglesias, en
carta al socialista francés Compére Moral comenta así el Congreso
Extraordinario del PSOE:
“Querido camarada:
la causa de la escisión en el Partido Socialista español es la misma que en los
demás partidos socialistas, es decir, las 21 condiciones de Moscú.
El Partido
Socialista español, había, por mayoría, decidido la adhesión a la III
Internacional, si no obstante, ésta, admitía que podía actuar con cierta
autonomía y defender, como siempre ha defendido, los intereses inmediatos y el
porvenir del proletariado.
Cuando se tomó esta
decisión Moscú aún no había formulado y dictado las 21 condiciones.
Para dar a conocer
esta adhesión, obtener la adhesión de la III Internacional e informarse de la
situación en Rusia, el PSOE envió dos delegados a éste país: uno Fernando de
los Ríos, representante de la mayoría del Partido, el otro, Anguiano,
representante de los partidarios de adherirse, sin condiciones, a la III
Internacional.
Como era lógico
Moscú rechazó las pretensiones del PSOE y pidió a ésta la adhesión a la III
Internacional aceptando las 21 condiciones.
Para discutir esta
respuesta traída por nuestros delegados, el Partido Socialista Obrero Español
ha celebrado un Congreso Extraordinario en Madrid, el mes de Abril de 1921,
Después de un
debate de varios días, 8858 votos decidieron la adhesión a la Internacional de
Viena, contra 5094 que se pronunciaron aceptando las 21 condiciones.
Inmediatamente de
conocido este resultado, uno de los delegados, partidario de la III
Internacional, en nombre de la mayoría de éstos, dio lectura a una declaración
donde se decía que a partir de ese momento se separaban del Partido. Dicha
declaración había sido redactada la víspera, es decir, antes de la votación.
A la declaración de
los escisionistas se unieron la mayoría de los miembros de la Comisión Ejecutiva del Partido.
El Congreso terminó
sus trabajos designando nueva C.E., la que publicó un llamamiento a los
miembros del Partido censurando el gesto de los escisionistas y rectificando
los errores incursos en su declaración.
Es necesario
subrayar que la mayoría de los delegados, si tenían mandato de votar por la
adhesión a la III Internacional, no lo tenían para dividir el Partido.
Muchos de estos
delegados han sido desautorizados por las Agrupaciones que representaban y la
mayor parte de éstas siguen en el Partido.
A pesar de que los
escisionistas han logrado ser seguidos por algunos grupos y actuar con los
procedimientos puestos en uso por los escisionistas de todos los países para
arrastrar a otros elementos, tenemos la suerte de contar entre nosotros a la
inmensa mayoría de los miembros del PSOE. Contamos con todos los semanarios que
publicaban antes, el órgano diario “El Socialista”, todos los concejales y
miembros del Parlamento.
Algunos de los que
han abandonado el Partido actuaban con ese fin, ya antes del congreso.
Como en otros
países, las diferencias existentes entre los neo-comunistas y quienes fueron
sus camaradas están en las palabras mas
que en los hechos, pues los actos revolucionarios que preconizaban y preconizan
no aparecen por ninguna parte.
Por el contrario,
vemos que con encarnizamiento buscan quitar al Partido, y a los Sindicatos,
afiliados para producir en beneficio de la burguesía, la desunión y el desánimo
entre los obreros.
He llamado a los
escisionistas “neo-comunistas” porque hace algún tiempo, después del paso por España del
comunista ruso Borodin, algunos miembros de las Juventudes Socialistas crearon
otro partido comunista que se llama “Partido Comunista Español”. El creado por
los que se han separado en el último Congreso socialista se llama “Partido
Comunista Obreroo”. Es necesario decir que los primeros han atacado a estos con
violencia y los califican de centristas, ambiciosos, felones....
Últimamente han
tenido algunas entrevistas con objeto de constituir un solo partido pero dudo
mucho que lleguen a entenderse.
Es triste lo que
hacen esos elementos aquí, como sus parejos en otros países, pero espero que no
se prolongará mucho tiempo la perturbación producida en el movimiento
socialista y obrero internacional por la táctica preconizada por los hombres de
Moscú.
Pablo
Iglesias”
Cuando se perpetró
la escisión en Francia – las 21 condiciones exigían la expulsión de Longuet,
nietro de Marx, fiel a las ideas de su abuelo- el tercerista Vaillant-Couturier
expresó así su júbilo “Desde ahora, entre ellos y nosotros , la guerra a cuchillo”.
Souvarine, eminente
tercerista que, mas tarde había de dedicar su vida a combatir a quienes con él
traicionaron al socialismo, escribía en el Boletín comunista: “ Verfeuil
pretende que la escisión será nefasta – si perdura- a la causa del socialismo,
y al de la revolución mundial misma [.....] No pensamos que dividiendo al
proletariado, en el terreno que sea, se sirva al socialismo –añade Verfeuil- .
Esta vieja canción refleja un espíritu irreductiblemente opuesto a la
Internacional Comunista. Los comunistas no juzgan la escisión “nefasta”, la
consideran necesaria y bienhechora”.
¡A que extremos de
demencia puede llegar el orgullo demoníaco de sinceros revolucionarios!.
En aquellas
convulsiones, contrariamente a las perspectivas anunciadas por Lenín, la
división del proletariado “necesaria y bienhechora”, rompe, quiebra el impulso
revolucionario y retrasa indefinidamente el triunfo del socialismo.
El PSOE no ingresó
en la III Internacional, a pesar de su entusiasmo por la revolución rusa,
porque se centralizaron en la dirección todas las facultades decisorias. “Los
partidos que pertenecen a la Internacional Comunista deben ser formados sobre
el principio de la centralización democrática. En la época presente de guerra
civil encarnizada – reza la 12ª condición-
el Partido Comunista no podrá cumplir su papel si no está organizado en
la forma mas centralizada, si una disciplina de hierro, parecida a la
disciplina militar no es admitida y si su organismo central no está provisto de
poderes amplios, no exige una autoridad indiscutida y no goza de la confianza
unánime de los militantes”. El PSOE defendió su concepción de la democracia y
de la libertad arrostrando la impopularidad –que fue muy pasajera-, que suponía
romper con quienes habían tomado la cabeza, por un golpe de estado, de la
revolución rusa.
No se eligió entre
revolución y reformismo, sino entre la autocracia y la democracia, entre la
tiranía y la libertad. Ni un solo socialista perdió la esperanza en el triunfo
de la revolución rusa, pero no aceptaron abandonar el camino, como un
enmascaramiento ya inservible, las normas estrictas de la democracia interna.
Entonces no se
sabía, ni se sospecha, que aquel abandono de la democracia pudiera desembocar
en el totalitarismo mas feroz.
Muy pocos, y entre
ellos Rosa Luxemburgo, analizaron con justeza los acontecimientos, pero sin
llegar a presumir el desarrollo dentro del Estado mismo hasta destruir el
embrión de socialismo para desembocar en un capitalismo en periodo de
acumulación primitiva dirigido por una tiranía que eleva a crimen, castigado
con el tiro en la nuca, al propio pensamiento, no podían prever que el camino
hacia el socialismo derivara trágicamente hacia el universo concentracionario.
Los socialistas que
se adhirieron a la III Internacional, salvo excepciones, no eran mejores ni
peores, mas o menos inteligentes que los socialistas que la rechazaron. Les
movía la misma pasión por la justicia y la libertad, a unos y a otros, pero los
terceristas aceptaron como principio, ajustado a las circunstancias, que la
revolución estaba en marcha en todo el mundo, que “En casi todos los países de Europa y de
América –3ª condición- la lucha de clases entra en el periodo de la guerra
civil”. Naturalmente, para dirigir un ejército en plena guerra era menester una
dirección militarizada; la dirección misma se convertía en Estado Mayor de la
revolución; una guerra no se dirige con asambleas deliberantes y votantes,
democráticamente: se ordena y se obedece. Pero el error de Lenin consistió en
asimilar la lucha de clases a una guerra civil; y a creer que se podía
conquistar la libertad creando ejércitos de esclavos.
Se argüía que la
libertad se negaba a los enemigos del socialismo. Pero ¿eran enemigos del
socialismo los mas eminentes bolcheviques, los héroes de la revolución que
fueron sacrificados en la siniestra Lubianka o en el Gulag?.
Se nos replicará
que lo importante era, una vez conquistado el poder, mantenerse en él a toda
costa. No, el discrepante no es “objetivamente” un traidor, ni podemos
abandonar todo ni parte de nuestro bagaje político y moral por mediocre gusto
de gobernar. Lo importante no es mantenerse en el poder, sino echar los
cimientos, en el poder y fuera de él, del socialismo..
Cuando con argucias
estatutarias, o utilizando instrumentos represivos, se suprime en los partidos
la democracia interna, los encaramados en la dirección podrán seguir en los
cargos indefinidamente pero, tarde o temprano,
progresiva o bruscamente los afiliados desaparecerán, puesto que son hombres
libres a quienes se niega la libertad. Mientras en ese partido haya
posibilidades de medrar, de trepar,
quedaran cortesanos, los que tienen vocación de coristas, los abnegados
o interesados peinaculos, los aspirantes a un lugar en el pesebre aunque haya
que tolerar el ronzal; quedará la basura que se corrompe y corrompe el
ambiente. Pero hasta de los pesebres desparecerá la pitanza. Habrán elegido la
sombra en lugar de la llama.
Los partidos
comunistas eran una obra maestra de organización, de funcionamiento. Sus
objetivos no pueden ser mas nobles, y en sus tácticas, además de dar la
impresión de estricta democracia, hay procedimientos que halagan el tiranuelo
que cada uno de nosotros lleva en la barriga.
¿Por qué, pues,
fracasaron estos partidos en los países industrialmente desarrollados (donde
lógicamente deberían ser mas fuertes) y se han convertido o se están
convirtiendo en organizaciones meramente testimoniales o han tenido que echar
por la borda el lastre autoritario, renunciando a lo que se llamó falsamente
dictadura del proletariado, los principios y procedimientos de Stalin y hasta
el mismo leninismo? ¿Por qué para
mantenerse con alguna vitalidad han tenido que romper los vínculos que les
unían a Moscú? ¿Por qué han tenido que aplicar algunos tímidos procedimientos
democráticos abandonando la rigidez antidemocrática que engendraba unanimidades
clamorosas, como una llaga engendra materias purulentas cuando se infecta?
En el mundo no
quedan mas que dos grandes partidos comunistas: en Italia con el eurocomunista
Berlinguer y en Francia con el fluctuante Marchais. Los dos han perdido
efectivos. En Francia son muchísimos más los comunistas que no están en el
partido que los que están. En Italia la decadencia es también evidente.
La presión de los
afiliados comunistas, la sangría permanente, han hecho progresar tímida
democratización, lo que a su vez produce reacciones y desgarros impulsados por
los integristas de la iglesia moscovita, o rebeldías públicas de quienes ya no
aceptan la aplicación estricta del “centralismo democrático”.
No he buscado ni
busco justificaciones a la resignación de los socialistas ante la injusticia,
la polacada, la dedocracia, la burocracia ignara y ligera de equipaje doctrinal
y ético, pero no podemos olvidar que dos generaciones han sido deformadas por el
totalitarismo fascista; no podemos olvidar que los métodos caciquiles fueron
gravados a fuego en el subconsciente; que de la democracia asimilaron sus
vicios y defectos antes que sus virtudes; que quieren ganar cualesquiera que
sean los procedimientos...
Nuestra Rosa
Luxemburgo escribió en la prisión de Breslau, poco antes de ser asesinada,
reflexiones que duraran lo que duren las tiranías.
Una de ellas es la
siguiente:
La libertad reservada solamente a los
partidarios del gobierno, solamente a los miembros del partido –por muy
numerosos que sean- no es libertad. La
libertad es siempre la libertad del que piensa de otra manera.
Cuarenta años de
tiranía, de asesinatos, anulan y abortan los reflejos democráticos. Los méritos
de quienes los adquirieron en esos años indignos es tanto mas loable cuanto mayor e impune fue
el trabajo de las arañas del miedo, del terror, del pánico, tejiendo espesas
telas en las braguetas ibéricas.
******
¿Federal
o centralista?
Las costumbres
antidemocráticas que se han incorporado poco a poco, o mucho a mucho, no son
todas imputables a los Congresos. Algunas, quizás las mas importantes, fueron
adoptadas por el Comité Federal sin que tuviera facultades para ello, abusando
de la inexperiencia de la mayoría de los militantes.
No dudo de la buena
fe de los autores de las reformas
antidemocráticas, pero se han cometido errores enormes, fundamentales, que
tarde o temprano harán estallar al PSOE si no se corrigen.
Es muy posible que
algunas de esas reformas se hayan realizado en la creencia de que el PSOE fue
siempre “centralista”. Y nada mas falso, Pero además en la inexactitud hay un
equívoco.
Al PSOE se le acusó
de “centralista” en relación a las reivindicaciones autonomistas. Pero jamás a
nadie se le ocurrió decir que el PSOE era un partido centralizado donde, desde
arriba, se mandaba y ordenaba, Por no ser “centralista” se rechazó el ingreso
en la III Internacional.
La acusación de
centralista se acusó en algunos medios catalanes como explicación de la
carencia de arraigo de la UGT y del PSOE
en Cataluña donde, lógicamente, dado el desarrollo industrial de la
región, debieron haber encontrado la tierra nutricia para su crecimiento. En
Cataluña se celebraron los Congresos fundacionales del PSOE y de la UGT, pero
no enraizaron.
Es cierto que los
organismos rechazaban y rechazan el separatismo, como lo rechazaba y rechaza la
mayoría de los catalanes. Para los socialistas, la libertad es lago mas que
unas fronteras insolidarias e irracionales. El combate era y es entre los
obreros y los capitalistas. Todos lo demás, por importante que sea, resulta
secundario. El triunfo del socialismo es la única manera de que los catalanes y
Cataluña sean total y completamente libres. Todo lo demás son garambainas.
¿Hay alguien hoy
que crea que votar a Cambó era votar por Cataluña? Desgraciadamente hay un
cierto porcentaje de catalanes que votan a burgueses catalanes, como Pujol,
creyendo votar por Cataluña y en realidad votan por el capitalismo hispano.
¿Hay alguien mas
centralista en su funcionamiento interno y mas centralista que el comunismo
cuando triunfa? Su lenguaje no deja de ser integralmente catalanista,
demagógicamente catalanista, y quizás por ello, consiguió arraigar en Cataluña.
Pero hay un
fenómeno de arraigo potente y duradero que echa por tierra la tesis de la
debilidad del socialismo en Cataluña por su centralismo
Nos referimos a la
influencia hegemónica de los anarcosindicalistas en Cataluña.
¿Es que la CNT o la
FAI preconizaban el separatismo o el autonomismo mientras el PSOE y la UGT se
oponían?
Grave error, la
explicación habría que buscarla en otra parte que en el pretendido
“centralismo” del PSOE y de la UGT. Tanto éstos como la CNT eran federalistas
en su funcionamiento interno y federalistas en todos los ámbitos.
No obstante, la CNT
denunció desde su fundación el autonomismo como un invento de la burguesía para
dominar al proletariado. Tengo ante mi vista la primera página del número uno
de “Solidaridad Obrera” –“Órgano de las sociedades obreras”- fechado el 19 de
Octubre de 1907, que tres años después sería órgano de la CNT creada con los
cimientos doctrinales y orgánicos de las “sociedades obreras”. Pues bien, a
toda página, hay un dibujo de un obrero durmiendo bajo los efectos del opio
autonomista, soñando con una ronda de danzantes de sardana, con barretina, y en
el centro un personaje enarbolando la bandera de la autonomía catalana. Una
soberbia matrona, encarnando a la solidaridad obrera, intenta despertar al
obrero. El título del dibujo es “¡Proletario, Despierta!”. El pie no deja lugar
a dudas. El regionalismo, el autonomismo es el opio que utiliza la burguesía
para “abstraerle de las realidades y de la mísera condición de su vida”
En el Campo de
Concentración de Barcarés (Francia), en febrero de 1939. hacinados, mugrientos
y plagados de piojos, en tiendas de campaña, vigilados por gendarmes groseros y
brutales, por árabes que sádicamente nos echaban los caballos encima con razón
o sin ella, por benevolentes y bondadosos senegaleses, esperábamos los restos
del ejército republicano, no sabíamos qué. Ugetistas y cenetistas catalanes
platicábamos espaciosa y tranquilamente de nuestras experiencias sindicales. Un
día cualquiera, un anarcosindicalista, catalán por los cuatro costados, nos
relataba con mitigada amargura:
-Era frecuente en
las asambleas del sindicato que uno de nosotros, sin darse cuenta, se expresara
en catalán. No faltaba nunca el interruptor de turno para decirnos cierto
empaque “Habla en cristiano, camarada”. Y seguíamos hablando en castellano.
No trato de
insinuar que el fenómeno de la implantación del anarcosindicalismo en Cataluña
por la conjunción de inmigrantes aragoneses, valencianos, murcianos,
andaluces o castellanos, con el espíritu
radical y pequeñoburgués del obrero de Barcelona. Lo que me importa dejar claro
es que el anarcosindicalismo arraigó siendo hostil al autonomismo. Que el
fracaso de la UGT y del PSOE se debió a su “centralismo” es una falacia, un
comodín [....]
Como me interesa
dejar claro que el PSOE era una federación totalmente democrática sin ningún
recorte de la democracia interna, sin intromisión central en la autonomía de
las agrupaciones y federaciones. En el plano nacional el P.S.O.E. se
preconizaba una CONFEDERAQCIÓN REPUBLICANA DE NACIONALIDADES IBÉRICAS.
No hay dudas de que
entre los nacionalistas había centralistas de todos los matices, pero cuando
llegó la hora de conceder a Cataluña su Estatuto, fueron los socialistas
quienes lo hicieron posible.
Hubo una excepción.
Un diputado “socialista”, Algora, pronunció un discurso –probablemente
redactado por su amigo Serrano Suñer- contra el Estatuto y votó contra en
contra.
La asamblea de la
Agrupación Socialista de Zaragoza, a la que pertenecía Algora, expulsó, algunas
horas después, a quien había roto la disciplina de voto en tan importante
cuestión.
Hay otro
antecedente. Cuando el Comité Nacional –asistí a dicha reunión- acordó
organizar lo que después fue el movimiento de Octubre de 1934 –movimiento que
hizo posible el triunfo electoral de 1936, al aprobar el pueblo el heroico
intento para detener la pleamar fascista-, inmediatamente se entró en contacto
con la Generalitat. Se redactó y firmó un pacto secreto en virtud del cual la
Generalitat apoyaría con todas sus fuerzas la insurrección contra el fascismo.
Los hombres de la Generalitat, con Campanys al frente, cumplieron lealmente con
el compromiso contraído. La CNT se opuso a la huelga general revolucionaria,
utilizando los micrófonos de la radio, gentilmente prestados por el gobierno
reaccionario. Los cenetistas asturianos se unieron al movimiento revolucionario
y fueron tachados de traidores por dirigentes que después ocuparon poltronas
ministeriales.
Es hoy, cuando el
federalismo prácticamente no existe en el funcionamiento interno.
Comisiones
de Conflictos
La función de estos
organismos también se ha centralizando hurtando a las Asambleas de base el
derecho a sancionar a los militantes.
Tradicionalmente,
cuando había una denuncia contra cualquier afiliado, la asamblea de la
Agrupación socialista se reunía y nombraba una Comisión de Conflictos que abría
un expediente, proponía una sanción e iba con el dictamen a la Asamblea donde
lo defendía en una sola intervención. El expedientado se defendía según su
capacidad y, después, se abrían tres turnos en pro y tres en contra. La
asamblea se pronunciaba votando. Ambas partes podían recurrir ante las
Comisiones Ejecutivas y ante los congresos nacionales.
Mi experiencia en
este periodo era muy corta. Desde 1927 hasta 1936 solamente recuerdo dos
sanciones, la expulsión del diputado Algora y los dos años de suspensión de
derechos que se votó contra un concejal por haberse casado por la Iglesia. En
ninguno de los dos casos ni el Comité hizo de Comisión de Conflictos, ni la
asamblea designó comisión, zanjó los asuntos directamente, sin perder tiempo y
sin disminuir la soberanía de los afiliados.
No obstante, cuando
se designa una Comisión de conflictos para un caso concreto, disolviéndose
inmediatamente después de cumplida su misión, se prejuzgaba el caso en la
votación de los miembros de la Comisión puesto que, los partidarios del
denunciado o sus adversarios, procuraban que los miembros de la Comisión fueran
o no partidarios de la sanción.
Para evitar esta
batalla previa, que solía envenenar el ambiente, se propuso que al mismo tiempo
que se designaba el Comité, la asamblea designara Comisión de Conflictos que
actuaría cuando llegara el caso. Asimismo se aceptó que las Comisiones se
designaran en los Congresos provinciales y nacionales para el mismo periodo de
actuación que las CC.EE.. El Comité nacional de conflictos lo presidía un
miembro de la Comisión Ejecutiva.
Aquí, vueltos a la
“normalidad”, se ha despojado a los afiliados de su derecho a sancionar a quien
estimen sancionable su comportamiento. Lo sancionable queda delimitado,
precisado por el Art. 6: “El individuo que por mala conducta moral, por faltar
conscientemente al programa o a los acuerdos del Partido, por haber traicionado
la solidaridad obrera en la lucha contra el capital o por lanzar calumnias
graves contra algún afiliado sea expulsado de la colectividad a que pertenece,
no podrá ingresar en las demás”.
No conozco casos en
los que fueran expulsados afiliados por ser discrepantes o para modificar una
mayoría convirtiéndola de hostil en partidaria.
Hogaño, si. ¿Hay
una mayoría hostil? ¿Hay un Comité hostil? Se amenaza con una Comisión Gestora
o se la designa. ¿Quién habrá sido el
pequeño Stalin inventor de tamaña estratagema? Si no basta, se organiza una
provocación y se expulsa a quienes no se conforman con polacadas.
No solamente se
despoja a los afiliados de su derecho de sancionar sino que también se les
despoja de su derecho de admisión, puesto que si una asamblea rechaza dar de
alta a un pretendiente, el problema puede ir a la Comisión de Conflictos para
que resuelva. ¿Qué democracia es esa? Estamos inmersos en un universo
demencial.
Lo curioso del caso
es que el PSOE luchó siempre porque se establecieran o mantuvieran los jurados
populares. La justicia debía estar en las manos del pueblo y no de técnicos. En
el interior del Partido se hace lo contrario.
La justicia debe
administrarla directamente el pueblo asesorado por técnicos profesionales. Son
archiconocidos los defectos del sistema. Los reaccionarios, totalitarios y
demás caterva se los saben de memoria y con ellos nos jeringan los oídos. Pero
todos sabemos, se diga o se calle, que es el sistema menos malo, el que ofrece
mayores garantías al pueblo.
Recuerdo que hace
un par de años unos cuarenta compañeros presentaron una denuncia contra un
afiliado que se había permitido calumniar cobarde y burdamente a un compañero
ausente. El calumniador rogó a uno de los firmantes que retiraran la denuncia.
Ante la negativa de éste el calumniador replicó “Es igual, se le dará
carpetazo”. En efecto, se le dio carpetazo.
Un comité local, al
revisar las cuentas heredadas se encontró con importante descubierto. Se
querelló ante el Comité de Conflictos. Jamás se sancionó al estafador, pero sí,
por otras cusas deshonrosas para los querellantes, a los miembros de ese Comité
local. Un buen día, el individuo en cuestión, concejal de importantísimo
ayuntamiento, fue rogado de presentar la
dimisión por sus “indelicadezas” que ahorraron un paquete de millones a una
industria. Al resistirse a dimitir de jun cargo, que para algunos equivale a
una vena aurífera, se le dijo “La dimisión o la cárcel”. Dimitió, pero sigue
siendo afiliado, ya que los afiliados no han sabido nada oficialmente, no han
intervenido en la designación de candidatos, ni en su expulsión del
ayuntamiento. L expediente por el fraude al Comité, desapareció en los meandros
misteriosos de la burocracia que se afirma como clase incipiente.
¿Es una excepción?
Quizás, quizás no.
Todas esas
irregularidades son imposibles en un sistema democrático como el abolido no
sabemos por quien.
Comisiones
revisoras y de cuentas
En una Asamblea
local un afiliado pidió se informara de las cuentas de la Agrupación. Quien
presidía dijo en tono perentorio “Compañeros, las cuentas son secretas”.
¿Es una excepción?
Quizás, quizás no.
Fondos
electorales
En un país pobre
como el nuestro, en las elecciones corre el dinero a raudales. Sería menester
una que una ley limitara drásticamente los gastos, so pena de anulación de
actas, a quienes los hubieran rebasado.
Pero no es ese mi
discurrir inmediato, puesto que trato de problemas internos que pueden parecer
intrascendentes, ero desde 1917 sabemos que no lo son.
El coste excesivo
de las campañas electorales obliga a pedir préstamos a nivel nacional para
repartir entre las provincias ese caudal.
Se trata, ahora, de
saber cómo se controlan los gastos localmente por la Agrupaciones que son la
base del Partido.
Soy militante de
base después de cincuenta años de ser dirigente nacional tanto de la Unión como
del Partido. Mi condición actual no la cambiaría por nada ni por nadie, pus me
permite ver o no ver lo que pasa.
Por ejemplo, lo
lógico sería que la dirección central enviara los fondos destinados a una
elección municipal al Comité de la Agrupación y este los administrara sujeto,
como en el resto de las cuentas, al dictamen de la Comisión revisora de
cuentas, y a la eventual aprobación o rechazo de la asamblea.
Pues no señor, aquí
la lógica, como la democracia para los bolcheviques, es un ridículo prejuicio
pequeñoburgués.
Los afiliados no
saben ni cuanto se envió, ni cómo se administrará.
Un misterioso
procónsul -¡Viva el federalismo!-, investido de plenos poderes, hace mangas y
capirotes de las costumbres democráticas y de las demás. Este enviado especial
se entiende con el Comité provincial, lejos de la plebe, quien tampoco informa
de las cuentas en su Congreso .
En las últimas
elecciones municipales el encargado de ciertas compras adquirió bocadillos de
jamón para repartirlos entre los representantes del Partido en las mesas
electorales. La cuenta ascendió a 100.000 pesetas. Algunos compañeros
calcularon que cada bocadillo salía entre 500 y 1.000 pesetas y, pareciéndoles
demasiado caro, se fueron a preguntar al dueño del establecimiento donde se
habían adquirido y este les contestó que habían costado 40.000 pesetas. Se negó
a decirlo por escrito, naturalmente.
El caso es que
aquella carísima mercancía no se repartió por carencia administrativa de los
encargados del cotarro, y el pan fue a parar al río cercano.
Por aquellos
agitados días tropecé con el joven y engreído procónsul –llegó a decir al
secretario general de la organización regional: ¡Aquí mando yo!-, y le advertí
que corría el rumor de que se hinchaban las facturas de la imprenta. Me contestó con suficiencia y
serenidad que estando en el país de la corrupción tan generalizada era natural
que sucedieran esas cosas, con las que debíamos tener cierta tolerancia. Por un
momento me creí inmerso en la cueva de Alí-Babá.
Han pasado mas de
tres años y aun no me he repuesto del impacto de aquella apreciación
“consular”.
Todo eso ¿era una
excepción? Quizás, quizás no.
Respétense los
mecanismos democráticos de control y administración y desaparecerán los
granujillas, la desesperación de las gentes honradas y también –en algunos
casos- desconfianzas injustificadas.
Comisiones
gestoras
¡El bello invento!
Tampoco estaba establecido en los Estatutos la prohibición de una polacada tan
fenomenal ¡Pobre Séneca!
Estas comisiones
gestoras, de nombramiento digital, sustituyen a Comités destituidos por causas
apreciadas, no por los afiliados, sino por un organismo directivo “superior”.
Ponen y quitan rey
y no ayudan a su señor, pues semejantes prácticas corroen el prestigio que
algunos líderes han conquistado en buena lid.
En nuestro partido
estaba previsto el caso de que una Agrupación o Federación se apartara de los principios o las resoluciones
colectivas. En ese caso se procedía a la disolución del organismo y a la
reorganización del mismo con los afiliados fieles al partido, quienes designaban una comisión
organizadora que, una vez ultimado su trabajo, convocaba una asamblea para la
discusión y resolución de los dictámenes que se hubieran establecido. De todas
formas, en mi larga vida de militante no he conocido ningún caso de disolución
por disposición de una Comisión Ejecutiva. Hay que precisar que en las
previsiones existía el derecho, del organismo disuelto, a recurrir en alzada.
La última palabra,
pus, como siempre, pertenecía a los afiliados.
Os voy a contar una
pequeña historia, que no es un cuento y menos una conseja. Como lo
anteriormente relatado me parece sintomático.
Pasó por Zaragoza
el bueno de Peces Barba. Un grupo de afiliados organizó una cena en su honor,
por considerar a Peces Barba justa o injustamente, no lo sé, como caracterizado
y firme “socialdemócrata”, tal y como se traduce ahora el concepto. Los más dinámicos
de los comensales le dijeron en síntesis que el problema de Zaragoza podía solucionarse si la C.E. depositaba su
confianza en diez o doce personas de
reconocida solvencia, es decir, algunos de la docena que asistía a la lifara..
No se lo que contestó Peces Barba. Supongo que le daría asco la condición
“democrática” de aquellos comensales. Pero a los tres mas característicos
miembros de aquel repugnante episodio, los encontraremos mas adelante.
El problema de
Zaragoza no era otro que el de una Agrupación de mayoría fluctuante, donde las
grandes diferencias, se solventaban con escasísima diferencia de votos. En
ocasiones importantes con un solo voto.
Una fracción muy
organizada, sin cohesión doctrinal, ligados por intereses comunes, solía
imponer su criterio previamente debatido y adoptado en reuniones fraccionales.
En esta fracción se encontraban “socialdemócratas” para quienes el socialismo
de Pablo Iglesias era primario y obsoleto, de ninguna manera apto para alcanzar
importantes cargos públicos incluidas carteras ministeriales; pragmáticos a
quienes las preocupaciones doctrinales se les dan una higa; reformistas para
quienes las propias ideas reformadoras de Bernstein, de conocerlas, les
parecerían rechazable locura revolucionaria. El último grupo integrado en esta
fracción organizada estaba encabezado por frenético psicópata –no es un
dicterio sino un diagnóstico-, con tendencia muy acusada a tomarse por
pigmálica, modelando con modesta arcilla diputados, concejales, senadores y
alcaldes. Este delirante personaje tenía cierta influencia en la UGT, donde
también modelaba líderes, que se incorporaron para “barrer en el partido” a
quienes intentaban barrer en la UGT a golpe de Comisión de Conflictos y
comisiones gestoras, anemiando a la UGT, perdiendo afiliados y votantes,
realizando una gestión financiera desastrosa y que, a pesar del apoyo poco
inteligente de Madrid, terminaron siendo barridos por los ugetistas.
Este conglomerado
comenzó perdiendo la votación para designar delegados al III congreso de la
organización regional; perdió la primera votación para elegir candidatos
municipales, por muy pocos votos, la segunda la perdió por algunos votos más, y
la tercera votación se convirtió en derrota. Esas listas derrotadas, rechazadas
por los afiliados fueron impuestas por Madrid, seguramente por una concepción
jupiteriana de la democracia.
Había que impedir
que los socialistas pablistas -¡que arcaizantes!- consolidaran su mayoría.. Esa
preocupación sobraba, las mayorías siguieron siendo fluctuantes
En resumen, entre
maniobras y contramaniobras, entre votaciones, perdidas o ganadas, llegó el momento del IV Congreso regional.
La C.E. regional
había trabajado sin dinero. Se le negó toda subvención. Una Federación
recomendó en Circular a las Agrupaciones, que no cotizaran a la Regional; otra,
mas cauta, hizo la misma recomendación por teléfono, que no deja rastro.
En la Agrupación de
Zaragoza –cuyo peso era casi decisivo-
la primera votación para delegados fue favorable, por una diferencia que
no alcanzaba los cinco votos a pesar de numerosas irregularidades. Una de ellas
fue protagonizada por distinguido animador de la fracción organizada diciéndole
a jun compañero en situación difícil “Ten cuidado como votas si no quieres
despedirte del empleo que pretendes en el Ayuntamiento”. El compañero se marchó
llorando de la sala.
Terminado el
escrutinio, se suspendió la asamblea para continuarla otro día. Reanudada la
asamblea y sin poner otro punto del orden del día, se propuso la anulación de
la votación anterior por las irregularidades habidas, aprobándose por mas de
treinta votos de diferencia. A continuación se eligió una nueva delegación por
confortable mayoría. Había precedentes de anulaciones como la realizada.
Quienes ejercían
cargos públicos en nombre del Partido, publicaron en la prensa burguesa una
declaración, según la cual, si no se anulaba la segunda parte de la Asamblea,
dimitirían.
El indecente
chantaje no tenía precedentes, aunque muchos socialistas, ante la singular
amenaza, exclamaron:
-”¡No caerá esa
breva!”
No se expulsó
fulminantemente del partido a los autores de semejante desafuero.
Hubo otras amenazas
de boicot y no solamente se admitieron los delegados de Agrupaciones que no habían cotizado nunca,
sino también Agrupaciones que nunca habían manifestado su existencia a la
organización regional, incluidas en las listas que trajo otro distinguido
cónsul o adelantado, el de “eso no lo prohíben los estatutos”
Llegado el momento
de comenzar las tareas del Congreso, los representantes de la Comisión
Ejecutiva federal repitieron hasta la saciedad, “Si no se admite a la primera
delegación, cuyo nombramiento fue anulado por la asamblea “soberana” (¿),
dentro de dos días se designará una Comisión Gestora. El forcejeo duró muchas horas, la fisonomía
democrática del PSOE sufrió gravísimo deterioro.
Lo más grave, a mi
juicio, fue la indignada pero real indignación de los compañeros ante la
increíble, estupefaciente polacada.
Quienes habían
trabajado con la consigna: “Hay que eliminar a los marxistas” triunfaron con
decisivas ayudas foráneas.
Pero quedaba lo mas
duro: que los afiliados de Zaragoza asumieran la polacada, que aceptaran los
hechos consumados, que aceptaran el asesinato de la democracia socialista en
Aragón.
No era problema, ni duro ni blando. El Comité
Provincial designó una comisión gestora para la Agrupación socialista de
Zaragoza. El comité local no acepta la vergonzosa arbitrariedad. Un grupo de
“gestores” asaltan el local, se llevan el dinero y la documentación. El Comité
se hace cargo de la sede y exige se le entregue el dinero y la documentación.
Había un problema político, estatutario, que debía resolverse políticamente por
la C.E. regional o por la federal.
En esa comisión
gestora estaban tres de los comensales de Peces Barba, con su exquisita
concepción de la democracia. Eran la mayoría.
Llevaron el
problema a la Comisión de Nacional Conflictos con el pretexto de que la
regional no se había constituido. Hablaron en la prensa del Comité destituido
insinuando calumniosamente que su gestión administrativa no había sido
correcta.
La prensa, la
televisión regional, recogían con fruición las prolijas declaraciones de la
Comisión gestora que daban como liquidados a los socialistas con concepciones
tradicionales. Se publicó la foto de los tres compinches ilustrando unas
declaraciones realmente significativas. Había que ir a un socialismo sin lucha
de clases. El anticapitalismo era una antigualla que había que arrumbar.
El obrerismo, una
concepción estrecha propia de primarios... Pero se había conseguido que los
ilegalmente representantes en el Congreso no dieran cuanta de su gestión; que
las querellas contra ciertos afiliados, entre ellas una concerniendo al
portavoz de la Comisión Gestora, desaparecieran. Barridos los marxistas, es
decir los socialistas, pues no hay que olvidar que los principios del PSOE son
una síntesis inigualada del socialismo científico. Conquistada la tranquilidad
y la seguridad de seguir haciendo mangas y capirotes.
La arbitrariedad no
había aún alcanzado sus límites. Se celebró una asamblea. Alguien hablo de
querellarse contra quienes habían hecho tales declaraciones, opero no se poso a
votación ni la gestión ni nada de lo acontecido.
El Comité que había
sacado a la luz el fraude, la C.E. regional que había intentado moralizar, sin
lograrlo, las costumbres, los socialistas, barridos. Expulsados y sancionados
gravemente. Habían liquidado una concepción sana del socialismo. Se aprovechó
para expulsar a un concejal, que nada había tenido que ver con los hechos pero
era peligroso por su competencia y popularidad, que había aportado al Partido
el mas noble de los patrimonios, su infinita bondad.
Dos veteranos que
en su larga vida de militantes no habían aspirado a otra cosa que a
sacrificarse por la causa, se fueron entristecidos diciendo “Cuarenta años de
humillaciones para esto”.
La asamblea tenía
que elegir reglamentariamente nuevo Comité. La lista de La fracción que había
organizado todo aquel lamentable y suicida espectáculo salió triunfante con un
solo voto de diferencia.
Los miembros de la
Comisión Gestora –dos de ellos fueron relleno intranscendente-, se marcharon
indignados
Pasaron pocos días
para que la prensa regional anunciara que los miembros de la Comisión Gestora y
diez mas se habían dado de baja del partido, pronunciando frasees muy duras
para quienes pensando como ellos se quedaban en el partido. En realidad se equivocaron,
puesto que a partir de aquel momento, los socialistas se fueron marchando a sus
casas, abandonando la lucha y el
partido.
Uno de los
gestores, el más locuaz, y uno de sus acólitos volvieron a pedir el alta y, a
pesar de las declaraciones antisocialistas y los ataques a los principios que
hay que aceptar para ser admitido en el partido, fueron dados de alta. ¡El
colmo!
Pocos meses
después, el inolvidable portavoz de la inolvidable Comisión Gestora volvió a
marcharse.
Deben andar con el
nuevo partido de Fernández Ordóñez, mas afín con su manera de pensar y, tal
colmo van las cosas, plataforma segura para obtener, con los votos socialistas
–de esos primarios obreros-, actas de diputados. Aunque no creo que haya para
todos.
Estas comisiones
gestoras son entes reaccionarios, contrarios a toda idea de democracia y,
muchísimo más, al federalismo que
decimos profesar.
Quizás sea una
coincidencia, quizás una influencia directa del genial escritor y reaccionario
Goethe, la que nos llevó a ese engendro de las Comisiones Gestoras. El gran
escritor y distinguido reaccionario, además de pelmazo inaguantable, dijo sin
alterarse ni levantar la voz: “Prefiero una injusticia a un desorden”. Ahí está
la madre del cordero autoritario: se prefiere vencer a convencer. No se sabe
aún que la democracia es un desorden permanente preñado de un orden superior,
ni que es bueno, vital, que haya herejes, es decir discrepantes, lo que se
llama ahora “contestatarios”. El mundo progresa y se perfecciona con la crítica
permanente y no con los balidos de los corderos. Pero quienes viven un sueño
tranquilo con un sistema que no engendra amenistas, peinaculos y corderos,
deben tener en cuenta que nada hay mas peligroso –aunque infrecuente, que un
cordero rabioso. También los lameculos y los peinaculos son peligrosos.
Rabelais fustigó a
estos últimos cortesanos y un discípulo suyo compuso un poema filosófico-moral
sobre la peligrosidad de los lameculos que me esfuerzo en traducir en prosa castellana:
“Los lameculos
gozan intensamente al realizar un ejercicio que les dispensa beneficios y al
halagado jun placer epiceno, a pesar de constituir un peligro mortal para
quienes se prestan a recibir esta forma de sumisión, halago y servilismo, pues
en cualquier momento pueden, los lameculos, sustituir la lengua por un canuto y
soplar con fuerza hasta convertir al halagado en globo grotesco que se eleva en
el espacio balanceándose hasta que, llegado a zonas de escasa presión explota
como un triquitraque, rociando con el contenido de sus intestinos rotos a, los
papanatas que admiraban con la boca abierta su ascensión”
Asambleismo
y dirigismo
Los interrogantes
angustian a los viejos socialistas. ¿Cómo se ha podido llegar a estos extremos
degenerativos de nuestra democracia interna? Y quienes “lo saben todo pero nada
mas” apuntan hacia el neoaristocratismo estimando que el voto de los ciudadanos
sancionando debates colectivos, es muy peligroso y llegan a la conclusión de
que hay que evitar el asambleísmo y el
dirigismo. Me gustaría conocer las razones de tan singular concepción de la
democracia. De aceptarse tan extraño razonamiento tendríamos que modificar la
definición de democracia, dejándola así: el gobierno del pueblo sin el pueblo.
En el siglo pasado,
cuando los llamados, hoy, progresistas y, naturalmente, entre ellos los
socialistas, luchaban por obtener el sufragio universal, se contestaba que
¿cómo iba a valer igual el voto de un analfabeto que el de un universitario, el
de un obrero que el de un capitalista?. Además, generalmente, el obrero no
pagaba impuestos dados sus pocos ingresos y ¿cómo iba a administrar dineros que
no habían salido de su bolsillo?. Era inútil argüir que los dineros salían del sudor y lágrimas de
los obreros, allí donde se votaba, votaban los contribuyentes que alcanzaban un
cierto nivel. Además, el gobierno de una nación no podía estar a merced de
granujas, pillos y demagogos, gusanera alimentada por la democracia.
El asambleismo lo
hemos condenado en el terreno reivindicativo, en el sindical. No quiere decir
que en los sindicatos no sea soberana la asamblea, sino que las asambleas
reunidas en las fábricas, con sindicatos de diversas tendencias, no sindicados
e incondicionales de los patronos son rechazadas. Esas asambleas revoltijo
informe, es en realidad un río revuelto donde, en ciertos momentos, triunfa la
irresponsabilidad, la demagogia, que son
los pescadores en ese curso de agua perturbado.
Asimilar esas
asambleas a la soberanía de los afiliados reunidos en asamblea, es tamaño error
el que se hizo, con la aplicación parcial de algunas medidas del sistema
proporcional.
Una idea tan poco
meditada como la de “evitar el asambleismo y el dirigismo”,. si la
desarrollamos, nos llevaría muy lejos.
Además, buscar un
sistema entre el asambleismo y el dirigismo es tarea inútil. El sistema ya
existió en este país y se llamaba “democracia orgánica”.
Los estatutos del
PSOE decían:
Art.º 24.- La
designación de candidatos para Concejales, Diputados provinciales y Diputados a
Cortes, se hará por todos los afiliados de la circunscripción o distrito reunidos
en asamblea. Cuando no sea posible, por comprender el distrito varias
poblaciones, cada colectividad elegirá un representante, y reunidos todos en la
localidad donde el Partido cuenta con mayor número de fuerzas organizadas,
harán la designación del candidato o candidatos.
Art.º 27.- La
conducta de los Concejales, Diputados provinciales y Diputados a Cortes, será
examinada únicamente por las colectividades que los elijan y por los Congresos del Partido.
Art.º 66.- Cada
colectividad podré estar representada en los Congresos del Partido por uno o
más delegados: pero en uno u otro caso votaran por el número de afiliados que
representen.
Las colectividades
que no cuentan con los recursos necesarios para costear un representante,
podrán elegir al de otra, o conferir su representación a cualquier otro
correligionario, siempre que la representación no recaiga en individuo que
tenga cargo en la Comisión Ejecutiva.
Después de la
catástrofe del último Congreso, que dejó las raíces de la democracia al aire,
hay que volver a nuestras normas dando de lado a sofismas que ocultan mal
tendencias autoritarias.
Hay que decir a los
afiliados que si toleran la erosión, el quebrantamiento, la fractura de la
democracia, están asesinando al Partido.
¿Crisis
ideológica?
Recientemente la
Agencia Efe atribuyó as un miembro de la Comisión Ejecutiva federal que “el 28
Congreso se caracterizó por ser el de la crisis ideológica. En aquel Congreso,
Felipe Gonzalez y su equipo no se presentaron a las elecciones de secretario general
y cargos adyacentes. Cuatro meses mas
tarde se celebró el congreso extraordinario en el que el PSOE renunció a la
ideología marxista”
Supongo que en esa
nota de agencia es una mala interpretación de los conceptos vertidos, pues de
lo contrario la afirmación es falsa de toda falsedad.
En aquel congreso
nadie renunció a la ideología marxista y menos que nadie Felipe Gonzalez.
Es cierto que para
salir del paso se aprobó un texto por el que se asumían, o poco menos, todas
las aportaciones hechas al socialismo. Texto incoherente; absurdo, del que
nadie tiene derecho a sacar conclusiones arbitrarias y cuyo único mérito fue
sustraernos de un atolladero lamentable, organizado por confundir, suprimir un
vocablo impreciso, equívoco, con la supresión de una ideología.
Que se sepa: la
declaración de principios del PSOE sigue vigente y si alguien estima que la
declaración del Congreso citado la anula, debe decirlo con toda claridad.
Recuerdo que la
amistad que me unía a Rodolfo Llopis comenzó a resquebrajarse cuando me dijo:
-Los acuerdos de
los Congresos se interpretan – replicándole yo:
-Los acuerdos de
los Congresos se cumplen.
Rodolfo Llopis
continuó interpretando los acuerdos de los Congresos, obsesionado como estaba
por ser el Presidente del Gobierno que sustituyera a Franco.
Debería
explicarse que socialismo es el nuestro
¿El de Thomas Moro, el comunismo de los conventos? ¿El de la “filosofía de la
miseria” o el de “la miseria de la filosofía”?
¿El Manifiesto
Comunista o el Manifiesto de los Iguales? ¿Luisa Michel o Rosa Luxemburgo?
¿Luis Blanc o Blanqui, Lenin o Kautsky, Trotsky o Plejanov? Un compás
enloquecido queriendo señalar un rumbo y no señalando ninguno; la rosa de los
vientos convertida en margarita a deshojar.
En uno de los
últimos Congresos celebrados en el destierro, la Agrupación de México propuso
una declaración de principios que, declarando respetar lo fundamental,
despegaba hacia una total negación de los principios. El texto fue defendido
hábilmente. Los delegados de la delegación de París lo combatimos sin violencia
ni acrimonia, pero con absoluta firmeza. Estimábamos nuestros principios como
un monumento de clarividencia y genial orientación, pero aún considerándolos
superados totalmente por la evolución del sistema capitalista, no estábamos
facultados para modificar una sola coma, siendo como éramos una parte del
partido. Dimos cuanta de nuestra posición a la Agrupación que nos había
delegado en escrito publicado por “Acción”, donde, además de los argumentos
expuestos, añadíamos que la declaración de principios era la piedra angular de
nuestro edificio y constituía el contrato que nos unía a todos los socialistas.
Roto el contrato, cada uno de nosotros, quedaba libre de buscar el movimiento
político que mas le acomodara. No era una amenaza sino el análisis real de una
situación que se pretendía crear . Es muy posible que el cambio radical de la
situación económica de los proponentes determinara su alineación con tesis
pequeñoburguesas y renegaran prácticamente del Partido en el que habían
militado lealmente muchos años. Motivaciones y
mutaciones que confirmaban las tesis del socialismo científico, pues es
bien sabido que así como un personaje francés no sabía que escribía en prosa,
existen personajes que sin quererlo son ejemplo vivo del método de
interpretación del que nos reclamamos los socialistas españoles.
El argumento
relativo a la rotura del contrato, fue recogido y subrayado, en conformidad
total con el mismo, en la revista clandestina editada por la Agrupación del
PSOE de Sevilla, encabezada por Felipe Gonzalez, Alfonso Guerra, Luis Yánez,
etc.
Aquella
“declaración de principios” propuesta por la Agrupación de México, consumada la
escisión por Llopis, se presentó en el primer Congreso escisionista, siendo
aprobada sin oposición ni reparo.
La orientación
histórica del PSOE había sido corregida hasta borrarla. No tardaron a
significar a Llopis su despido, pues “el traidor no es menester, siendo la
traición pasada”.
La prensa colocó la
etiqueta de “histórico” al grupo de socialistas que habían roto
ostensiblemente con la historia del PSOE y la de “renovados” a quienes
declararon alto y claro que asumían toda la historia del Partido.
Se había
confundido, una vez más, la velocidad con el tocino, el culo con las témporas,
la historia con la histeria.
La intentona de
transformar el PSOE en el dócil acólito de una gran potencia, por una parte, y
en trampolín para conseguir ambiciones personales, por otra, dieron como
resultado la rápida descomposición del grupo escisonista, prácticamente
desaparecido a pesar de haberse incorporado a la empresa excelentes compañeros
que tomaron en serio el pretexto invocado para dividir el Partido.
Matices
de mi cambio
En la historia del
capitalismo existen crisis graves aunque no tan largas como la que actualmente sufrimos. La actitud de las organizaciones obreras fue siempre dura y
reivindicativa. Paradójicamente, en apariencia, las presiones obreras
contribuyeron al progreso de los medios de producción, a la acumulación del
poder económico.
Cuando las
organizaciones obreras luchaban para obtener jornadas de trabajo de 14 horas,
los capitalistas argüían que con las
vigentes jornadas de 16 horas escasamente alcanzaban para equilibrar sus
cuentas. Entendiéndose que la jornada de 14 horas sería la ruina de las
empresas y el paro para sus obreros. Las mismas cantinelas se oían cuando se
reclamaba la supresión del trabajo de los niños o regular el de las mujeres, o
mayores jornales que compensaran la subida continua de los precios. Los
“económicamente distinguidos” demostraban luminosamente que las
reivindicaciones obreras eran pura demagogia, sabiendo como sabían que
matemáticamente era imposible conceder los aumentos exigidos.
En 1831 Casimir Pèrier justificaba “Es necesario que
los obreros sepan que no hay para ellos remedio fuera de la paciencia y
resignación”.
Pero la voz de
Victor Hugo, potente y jupiteriana, hacía temblar las esferas: “No queréis el
progreso, tendréis la revolución”.
Los tiempos han
cambiado, en el último Congreso hemos podido comprobar que los “economistas
distinguidos”, dentro del partido, nos recomiendan la paciencia y la
resignación sin acordarse que el
capitalismo ibérico puede y debe
disminuir los márgenes de beneficio.
Se nos quiere
convencer con análisis tan serios como
éste: Si un señor tiene la cabeza en la nevera y los pies en el horno el
promedio resultante es una situación óptima. En realidad esos “matices”
diferenciales es un prematuro reparto de la piel del oso gubernamental antes de
haberlo cazado.
La expectativa de
gobierno perturba y perturbará aún más la vida del Partido Obrero, ha llegado
la hora del codazo, de la zancadilla, la insidia, la confidencia calumniosa, la
perfidia elegante, refinada, es la hora de los cortesanos que para colocarse en
primera fila utilizarán todos los medios a su alcance, incluidos los halagos
que hemos descrito anteriormente; vendrán nuevos afiliados con la escalera al
hombro para no perder tiempo, adornados con plumas de pavo real, pollinos
albardados con títulos universitarios dispuestos a leer su discurso y a poner
su ciencia al servicio de esos pobrecitos trabajadores, llenos de ilusiones
utópicas; acudirán rutilantes alabarderos con la alabarda bien bruñida y la
columna vertebral bien flexible; acudirán los tiralevitas.... toda la fauna y
la flora de la triste, casi patética picaresca española.
Eminente y querido
compañero ha dado ponderada y en general acertada respuesta a las preguntas de
una revista popular, un poco sensacionalista y cuyo lema parece ser “la letra
con tetas entra”.
Recuerda nuestro
compañero y amigo que se nos hecha encima una gran responsabilidad y una tarea
que no debe ser solamente nuestra sino de muchos: “Les he dicho claramente a
mis compañeros que no se engañen, que el PSOE está obligado en esta coyuntura
histórica a responder a todas las plataformas de cambio y progreso y desbordar
nuestra propia frontera. No se puede tener un sentido patrimonialista del
partido y de la representación social que ostenta.” . Mas adelante añade:
“El haber militado cincuenta años en un partido no significa que tenga derecho
a ser ministro. Si actuamos con una posición caciquil y patrimonial, mucha
gente se va a quedar en casa y no va a ir a votar”.
El llamamiento a la
generosidad y a la humildad de nuestro compañero es francamente emocionante.
Pero ¿por qué haberlo rematado con un
zapatazo dirigido a los militantes que
han demostrado su consecuencia política con muchos años de afiliación y
sacrificios por el Partido?.
En efecto,
cincuenta años en un partido no dan
derecho a ser ministro pero menos derecho da para serlo, en un gobierno
socialista no pertenecer a ningún partido. Tener un sentido patrimonialista del
Partido es un buen sentimiento. El socialismo no tiende a suprimir la
propiedad, sino a transformarla la propiedad privada en social.
Cuando un
correligionario puso de moda la expresión patriotismo de Partido en tono
elogioso, recordé que el patriotismo fue siempre Celestina de crímenes. Véase
el 1936 y el 23 F. Ese patriotismo es una engañifa y absolutamente rechazable.
Pero el sentido patrimonial, no. El Partido debe ser patrimonio de todos sus
miembros y reclamarlo es justo y vital. A menos que no se desee convertirlo ene
un bien mostrenco, en el sentido jurídico del concepto y en el peyorativo que
se le da en Aragón.
Cerrar las listas
no quiere decir cerrarse a cualquier entendimiento para constituir una mayoría
parlamentaria o un gobierno de coalición. La generosidad y la humildad debe
practicarse después de las elecciones, no antes.
Quiero recordar
que, en efecto, cincuenta años de militancia en un partido no dan derecho a ser
eventualmente ministro, pero es una garantía preciosísima la lealtad al
ideario. Garantía que no ofrecen los más fervorosos, dinámicos neosocialistas y
menos determinados aliados circunstanciales.
Los que hemos
rebasado los cincuenta años de lucha, en general, no deseamos ser ministros en
el Gobierno que se va perfilando, dentro del marco burgués, y sin programa de
profundas reformas. La ambición de ser ministro en esas condiciones es
deleznable. Y es lamentable que en esa hipotética empresa ministerial se
desgasten magníficos compañeros, jóvenes y capaces que constituyen una
esperanza para la clase obrera española y para el socialismo.
-
o -
Resumen
El sistema actual ha sido
rechazado tácitamente por el último Congreso. Podemos calificarlo, sin
exageración, de centralismo democrático.
El Centralismo democrático
adoptado por los socialdemócratas rusos en un congreso donde eran mayoritarios
los mencheviques, se constituyó en la clave del autoritarismo en el interior y
del totalitarismo en el exterior-
El sistema
proporcional siendo el más justo si no se le añaden caireles caciquiles,
tiende a la cristalización de las tendencias y a ser, mas que un partido
federado una federación de partidos que en momentos de crisis se separan.
El sistema
mayoritario, respetando estrictamente sus normas, no tolerando merma alguna
de la preeminencia resolutiva de los afiliados reunidos en asamblea, funcionó
armoniosamente durante cien años y se colapsó cuando fue manipulado. Lo injusto
del sistema es que la minoría queda excluida. Si esa exclusión se produce a
nivel local, n tiene mayor importancia, pues otra Agrupación local cambiará las
tornas compensando el desequilibrio. Si
el sistema se aplica a nivel provincial, con desprecio de las prerrogativas
locales, el equilibrio y la compensación desaparecen, entrando en sistema
pseudodemocrático.
Nuestras
preferencias se inclinan en favor del sistema menos malo, el tradicional del
PSOE, que hizo sus pruebas.
Quizás habría que
limitar el número de afiliados en una Agrupación a 250 para obtener así mayor
participación de los afiliados, creando un Comité de coordinación de las AA.SS.
de una misma localidad.
Desde luego, es
indispensable que los afiliados sean juzgados por la colectividad a la que
pertenecen.
Las Comisiones
Gestoras deben desaparecer radicalmente. Cuando una colectividad sea disuelta
por razones, naturalmente, muy graves, el papel de quienes disuelven debe
limitarse a convocar asambleas o congreso para que los afiliados designen un
comité organizador,
Es importante, para
no caer, sin darse cuenta, en neofascismo rosa, rojo o azul, que nadie hurte el
derecho de los afiliados a designar sus representantes en todos los casos que
puedan darse, sin ingerencia posterior de nadie.
Los modos y modas
actuales han corroído, dentro del Partido, la gran autoridad conquistada en
buena lid por queridos compañeros.
La autoridad y
la permanencia hay que conquistarla
convenciendo y no venciendo, o eliminando, o expulsando, o vetando.
De todas formas el
PSOE no recobrará el equilibrio perdido, hasta que lo dirijan mayoritariamente
hombres formados en la UGT y que hayan llegado a la conclusión de que si el
sindicalismo es imprescindible, no es suficiente, debiendo ser complementado
con la acción política, cerrando el paso a tecnócratas, que si son útiles en
sus respectivas especialidades no comprenderán nunca el problema en su
conjunto.
Palabras
finales
Al principio de
nuestro trabajo, contra los cínicos que lo saben todo sin saber nada, llamamos
en nuestro auxilio a Séneca. Es lógico que cerremos este trabajo con la
implícita advertencia que encontramos en “Hércules furioso”:
Teseo.- ¿Quién
podrá alguna vez considerar delito lo que tan solo fue consecuencia del error?.
Hércules.- ¡Muchas
veces un tremendo error ocupó el lugar del crimen!
Arsenio Jimeno
Antiguo secretario
del P.S.O.E.
Zaragoza -
Balaguer, agosto de 1982
EL
SINDICALISMO
ORIGEN Y NECESIDAD DEL SINDICALISMO…………………………………………………………
EL SINDICALISMO ÚNICO Y OBLIGATORIO
SINDICALISMO REVOLUCIONARIO (LIBERTARIO)
SINDICALISMO REVOLUCIONARIO (SOCIALISTA)
UN SINDICALISMO ABIERTO Y LIBRE
SINDICALISMO ÚNICO Y OBLIGATORIO Y SINDICALISMO LIBRE
I ORGANIZACIONES SINDICALES
INTERNACIONALES POR ORDEN DE IMPORTANCIA
II DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
DE LA U.G.T.
ORIGEN Y NECESIDAD DEL
SINDICALISMO
Un sindicato es la agrupación de asalariados constituida con el fin de
utilizar colectivamente la fuerza económica y social que representan en favor
de su propio interés, de su corporación, o de su clase.
La base de toda asociación es
1a comunidad de intereses, y además, la
consideración de que esos intereses no pueden ser mejor conocidos y defendidos
que por 1os propios trabajadores interesados.
Siendo ello así, 1a forma de organizar surge sin vacilaciones: e1 oficio, la profesión, 1a industria.
Pero habida cuenta que entre los trabajadores de diferentes profesiones u
oficios existen intereses comunes, se siente la necesidad de federarse entre
ellos. Ahí esta el origen de 1as Centrales Nacionales y de las Internacionales
obreras.
Por dichas razones, en la aurora misma de 1a sociedad capitalista fue e1
sindicalismo e1 arma natural y necesaria de 1os trabajadores en su lucha por 1a
existencia.
Ese sindicalismo
naciente condensó y actualizó todas 1as tradiciones de corporación y asociación.
El hundimiento de 1as estructuras feudales, como toda mutación
económico-social, condenó a los trabajadores a la búsqueda permanente y angustiosa de su pitanza. Con la era
industrial nace el proletariado moderno con sus características actuales.
Para defender su derecho a 1a vida, para asegurar sus medios de existencia,
e1 proletariado encontró el arma mas propicia y natural: La huelga, 1a huelga
era e1 hambre y la miseria en
los hogares desprovistos de todo, pero era el arma insustituible.
La nueva estructura social imponía al proletariado, como una obligación
ineludible, un papel de objeto, de mercancía en la economía naciente. Hacía de él una fuerza de trabajo sujeta a
condiciones inhumanas e intolerables.
Como consecuencia de tal situación comenzó esta lucha secular, jalonada de
sangrientas derrotas, por 1a cual el proletariado intentaba liberarse empleando
métodos revolucionarios burgueses, heredados de 1a Revolución francesa. Todos
los procedimientos fueron utilizados: 1a rebelión armada, la huelga, e1 boicot,
la destrucción de1 material de producción, e1 sabotaje, el motín, .....
Los obreros abandonaban en masa las regiones donde, a pesar de jornadas de
dieciseis horas, no podían comer y se iban a tierras más propicias o menos
ingratas.
Estas emigraciones colectivas, sobre todo en Inglaterra, fueron el origen
de1 movimiento sindical moderno. Era un medio para mermar a1 mercado de1
trabajo, la superabundancia de brazos y ejercer así, sobre 1os patrono, una
presión que 1es obligara a mejorar los salarlos y las condiciones de trabajo.
Al principio, la lucha obrera se limitaba a una sola empresa, dirigida por
un solo patrón, pero muy pronto se extendió a ramas de industria, a una
localidad, a una región, a1 país entero.
La concentración industrial que exige grandes concentraciones obreras, hace
inevitable la asociación de los explotados para 1a defensa de sus intereses de
clase.
La asociación cristaliza el intento de clase y ampliada la experiencia, se
convierte en conciencia de clase.
ES LA REALIDAD
ECONÓMICA LA QUE DETERMINA DE MANERA IMPERIOSA, LOS MEDIOS DE DEFENSA, EL
TRABAJO COLECTIVO ENGENDRA LA DEFENSA COLECTIVA, COMO HABRÁ DE ENGENDRAR MAS
TARDE LA PROPIEDAD COLECTIVA.
El obrero asociado ya no es un pobre hombre aislado, sin fuerza e inerme, instrumento
débil o simple instrumento. Agrupado con sus compañeros de trabajo aprende a
ver, a discutir, sale de su arraigado sentimiento de impotencia y tiene conciencia de la injusticia inherente a
su condición de asalariado.
Gracias a la solidaridad obrera nacen en é1, progresivamente, el
sentimiento de libertad concreta, por reacción contra el medio económico que 1o
oprime, piensa y adquiere una nueva dignidad.
Se levanta una fuerza que hace temblar al mundo. Surgen leyes represivas,
matanzas, boicots, listas negras, pero 1a nueva fuerza engendrada por 1as
injusticias del sistema capitalista, va tomando cuerpo, músculos, cerebro,
impulso, doctrina.
Se trazan en las páginas vírgenes de 1a Historia moderna, epopeyas
increíbles. Bulle el pensamiento con tal fuerza que en aquellos años se
alumbran hontanares ideológicos que siguen hoy, en 1a segunda mitad del siglo
XX, impulsando 1as trayectorias de las sociedades.
Pero no todo es positivo en aquel bullir casi volcánico. La evolución y
desarrollo de1 capitalismo no es uniforme. Hay avances fulgurantes cobo en Inglaterra y estancamientos
tenaces, como en España, y en esa aparente incoherencia es fácil perder de
vista 1as leyes económico-políticas profundas que rigen todo el movimiento del
sistema capitalista.
A esta desigualdad
de desarrollo entre 1os países y aun en cada país, responde otra desigualdad de
concepciones doctrinales y tácticas en el movimiento obrero. E1 sindicalismo
naciente se divide, se subdivide, se reagrupa de nuevo para volverse a dividir.
Avanza o retrocede, se mira demasiado lejos o demasiado cerca. Se intenta
modelar, como si fuera arcilla, la utopía con las armas legadas por el
romanticismo revolucionario burgués. Se considera el determinismo económico,
por 1a corriente aludida, como fa1sa
ciencia de modernos pedantes; la voluntad y e1 heroísmo convirtiendo al hombre
en demiurgo es suficiente para destruir la injusticia y elevar sobre sus ruinas la armonía universal.
Chocan dos potentes caracteres; Carlos Marx y Bakunin. En torno a sus
respectivos principios y temperamentos se desarrolla, divide y subdivide el
sindicalismo moderno:
- SINDICALISMO DE ESENCIA SOCIALISTA, y
-SINDICALISMO
DE ORIGEN LIBERTARIO QUE VA DEL ANTIPOLITICISMO RAMFICÁNDOSE EN SINDICALISMOS
PRAGMÁTICOS MUY ALEJADOS YA DEL VIEJO TRONCO.
EL SINDICALISMO ÚNICO Y
OBLIGATORIO
EL sindicalismo adquiere tal fuerza y su afluencia en la sociedad es tan decisiva que el capitalismo crea sindicatos a su
devoción con e1 concurso de aborregados y corrompidos y los regímenes
dictatoriales a golpe de leyes aplicadas por la fuerza.
La Iglesia que durante siglos ha estado al servicio incondicional de los
poderosos, se hizo el instrumento de1 capitalismo creando "sindicatos
cristianos" para neutralizar los auténticos sindicatos creados por y para
los obreros. Episódicamente se crean aquí y allá, sindicatos amarillos, bien
encuadrados por "gorilas", constituyendo "la racionalización
productiva del esquirolaje.
En nuestra época conocemos los sindicatos únicos y obligatorios, fascistas o soviéticos, que además de
"correa de transmisión" de las ordenes del Estado, son instrumento de
control, de neutralización, de explotación y de opresión policiaca.
Las ideas fuerza de1 sindicalismo obrero clásico se concretan en el
sindicalismo reformista y el
sindicalismo revolucionario.
Veamos en que consisten, además del sindicato cristiano, para simplemente
situar el problema.
El sindicalismo reformista es aquel que no utiliza la acción sindical sino
para alcanzar mejoras inmediatas y no le asignan ningún objetivo de transformación revolucionaria.
Según la concepción reformista, el objetivo esencial de la organización
obrera es 1a de mejorar la condición de los trabajadores sin romper los marcos
sociales actuales. Disminución de la jornada de trabajo, aumento de salarios,
higiene del trabajo, supresión del destajo, etc., tales son las principales
preocupaciones que una acción sindical concertada o sostenida deberá conseguir.
Esta acción evitará cuanto pueda suponer agresión o desorden. Las diferencias
entre patronos y obreros deben ser reducidas por la discusión, y antes de
recurrir a la huelga, habrá
agotado todos los medios de persuasión.
SINDICALISMO REVOLUCIONARIO
(LIBERTARIO)
Filosofía de 1os sindicatos que hacen del movimiento sindical un arma de
destrucción y se preocupan menos de las reformas inmediatas que de la
transformación de la sociedad por medios revolucionarios.
Sus principales tesis son:
- La lucha de clases es la base del sindicalismo revolucionario. Los
obreros deben tener conciencia de sus intereses comunes y transformar en
conflicto la oposición real de las clases. Todos los esfuerzos para acercar 1as
clases entre ellas, atenuar el conflicto de clases o disimular su profundidad,
son condenables y vanos.
- E1 Estado moderno tiene por función defender la clase capitalista en su
lucha contra 1a clase obrera. Lo hace cualquiera que sea su forma. Incluida la democrática, que
no crea sino la Ilusión, peligrosa, de la Igualdad. La lucha contra e1 Estado,
es, pues, el corolario de 1a lucha contra el capitalismo.
- La lucha de 1os partidos políticos obreros en el terreno parlamentarlo no
es eficaz y es indirecta.
- El estudio de la legislación obrera demuestra que esta es inútil y
inaplicable.
- A la lucha indirecta, la clase obrera debe preferir la acción directa.
Esta acción puede tomar la forma de huelgas, manifestaciones, sabotajes,
boicots, ..... La más eficaz es la huelga. Incluso cuando fracasa, por ser una
escuela de energía y de solidaridad a condición de ser dirigida con audacia.
- La lucha de clases debe incrementarse hasta transformarla en "una
conflagración denominada huelga general y que será la Revolución social".
SINDICALISMO REVOLUCIONARIO
(SOCIALISTA)
Para e1 sindicalismo anarquista, cuantos no se reclaman de todas y de cada
una de 1as tesis expuestas, entran en 1a clasificación de sindicatos
reformistas.
En nuestro lenguaje, en e1 del común de los mortales, 1os sindicatos de tendencia socialista son asimismo
sindicatos revolucionarios, pero sin los aspectos tremendistas, apocalípticos y
negativos del sindicato revolucionario.
El sindicalismo socialista admite y practica LA ACCIÓN DIRECTA y LA INDIRECTA, que es su complemento
obligado.
Una huelga solamente debe declararse cuando se hayan agotado todos los
medios de persuasión y haya razonables probabi1idades de victoria, pues nada es
más terrible para la clase
obrera que el fracaso de una huelga; los
efectivos humanos y morales disminuyen conjuntamente. Otras dos condiciones
son: la creación de fuertes
cajas de resistencia y esperar e1
momento mas favorable, por lo que es imprescindible conocer la situación
financiera de la empresa.
En su resistencia a las reivindicaciones obreras, la patronal cuenta con la
ayuda incomparable del estado. Hay, pues, que disminuir esa ayuda promoviendo
una legislación del trabajo menos imperfecta.
LO QUE REALMENTE
CARACTERIZA AL SINDICALISMO REVOLUCIONARIO SON LOS OBJETIVOS Y NO LA TÁCTICA.
El sindicalismo como tal, específicamente, es siempre reformista en el buen
sentido de 1a palabra, lo es incluso cuando recurre a la fuerza y a la
violencia. Pero ese reformismo no es incompatible con 1a doctrina
revolucionaria. Todo lo contrario es una de las condiciones para alcanzar los
objetivos revolucionarios.
El sindicalismo de inspiración socialista admite 1a táctica de las reformas
para forzar 1a evolución de1 régimen capitalista y coronar esta evolución con
una evolución social.
El reformista es aquel que se conforma con meras reformas dentro del marco
estricto de1 régimen capitalista, sin objetivos de transformación social para
terminar con la explotación del hombre por el hombre.
En los estatutos de la
Confederación Francesa de Trabajadores Cristianos, creada en 1919, encontramos
1os siguientes principios:
"La Confederación entiende inspirarse en su acción en la doctrina -social definida en 1a
encíclica RERUM NOVARUM"
"....Entiende real Izar tales transformaciones, NO POR LA LUCHA DE
CLASES, sino por 1a educación y 1a colaboración de los elementos productores,
reunidos en grupos distintos ligados por organismos mixtos donde 1a
independencia y 1os derechos de cada uno serán respetados"
"Estima que la paz social, necesaria a la prosperidad de la patria, y
la organización profesional, asiento indispensable de esta paz, no puede
realizarse mas que por la aplicación de principios de Justicia y caridad
cristiana"..."
Estos sindicatos han sufrido, con el tiempo, una gran transformación aunque
su principió básico sigue siendo la colaboración de clases.
La mayoría de la
C.F.O.C. se "descristianizo" convirtiéndose en 1s C.F.D.T., al
descubrir, cincuenta años después de haberse constituido el primer sindicato
cristiano, 1a lucha de clases y el
socialismo. Este tardío descubrimiento explica el ardor redoblado de los
novicios. Su evolución es muy incierta. Lo más probable es que se reparta entre
las dos tendencias rivales 1a socialista y la comunista.
En España la Iglesia no pudo conseguir nunca, antes de 1936, crear
sindicatos cristianos, salvo en el País Vasco.
Dentro del régimen franquista y como reacción contra un cierto
anticlericalismo verbal de la Falange, 1a Iglesia se ha esforzado en crear una
conciencia social entre sus adeptos de la clase obrera. Gracias a 1os enormes
privilegios de que goza, logró algún éxito. E1 embrión del sindicalismo
cristiano se dividió en varias fracciones, apoyadas por clérigos progresistas,
sometidas a un vendaval de influencias contradictorias. Es un sindicalismo
Ingenuo y primario que se esfuerza en abrir a cañonazos puertas abiertas.
Las fracciones mas importantes colaboran con los comunistas en 1as llamadas
Comisiones Obreras, instrumento de infiltración en el sistema verticalista, con 1as peligrosas
ambigüedades que comporta semejante técnica.
UN SINDICALISMO ABIERTO Y
LIBRE
¿Pero que es, en fin de cuentas, un sindicato? es una agrupación de
asalariados constituida con e1 fin de utilizar colectivamente la fuerza
económica y social que representan en su propio interés, en el de su
corporación, y de su clase.
SI e11o es así nos encontramos que no debe imponerse ninguna condición
filosófica política o doctrinal al reclutamiento sindical.
La condición de asalariado, de explotado debe ser y es suficiente para que
su puesto este en el sindicato.
Cualquiera que sea la condición que se imponga para el ingreso en un
sindicato, fuera de la defensa de 1os intereses individuales o colectivos, de
los intereses de clase, mantendrá a1 margen del mismo a una parte de 1os
trabajadores ejerciendo una misma profesión o provocara la creación de
sindicatos concurrentes o adversos.
Es cierto que el respeto de este principio no ha impedido la división
obrera. Pero las causas son múltiples y sería enojoso el enumerarlas.
La eliminación de toda condición filosófica, doctrinal, política o
religiosa ¡quiere decir que los sindicatos deben de ser invertebrados vacíos de
toda sustancia, convertidos en mero instrumento de discusión o de consecución
de mejoras inmediatas limitadas y engañosas por atenerse a1 salario nominal y
no al real?.
A esta pregunta, compleja y difícil, contesta la U.G.T. en sus Estatutos de
esta manera:
LA UNIÓN GENERAL DE TRABAJADORES DE ESPAÑA es una institución eminentemente
de productores, organizados por grupos afines de oficios y profesiones
liberales, que, para mantenerse en sólida conexión, respeta la amplia libertad
de pensamiento y táctica de sus componentes, siempre que estén dentro de 1a
orientación revolucionaria de la lucha de clases y tiendan a crear las fuerzas
de emancipación integral de la clase obrera, asumiendo algún día la dirección
de la producción, el transporte y la distribución en intercambio de 1a riqueza
social.
Esta concepción concilia los imperativos de respeto a1 pensamiento
individual y 1a necesidad de la eficacia sindical.
En e1 sindicalismo propiamente dicho existe una dinámica fundameta1 en su
estructura que esta por encima de ciertos formalismos.
El sindicato eleva al individuo y lo incorpora a 1a corporación y en ella
se va forjando, por encima del interés individual o del colectivo inmediato,
una conciencia de clase, elevando a su vez la asociación a poderoso instrumento
de la lucha de clases. Incluso los sindicatos que aceptan como régimen
inalterable el capitalismo y que dentro de el luchan a ciegas por la
disminución de 1a diferencia en el reparto de 1a renta naciona1, constituyen un
instrumento inconsciente de transformación revolucionaria de la sociedad. El
pragmatismo sindical, necesaria y fatalmente, desemboca en la lucha de clases,
pero con retrasos enormes y enorme desperdicio de energía y sacrificios.
Es una fuerza
tan poderosa 1a contenida en e1 sindicato, que los partidos burgueses se
aplican en crear sindicatos que sirvan sus intereses e incluso los Estados que
persiguen la hegemonía en e1 mundo, utilizan recursos financieros enormes en
crear sindicatos a su devoción en aquellos
países que desean seguir dominando por procedimientos neocoloniales.
El sindicalismo debe ser creado por y para los obreros rechazando
enérgicamente influencias o presiones foráneas.
SINDICALISMO ÚNICO Y
OBLIGATORIO Y SINDICALISMO LIBRE
Después de lo dicho, podemos
llegar a 1a conclusión de que en el mundo de 1a posguerra, en la aurora de una
nueva revolución industrial provocada por la automatización y que eleva el
nivel de vida de 1os países industrializados en proporciones inimaginables, el
sindicalismo, en su inmensa mayoría, se
atiene a dos corrientes principales: una, 1a preponderan te en los países
recién incorporados a la independencia política, donde impera el partido único
y el sindicato único y
obligatorio, reflejo antiguo del método fascista o soviético, y otra, en el
neo-reformismo predominante en los sindicatos libres.
En esta última corriente encontramos potencialmente todas las tendencias
del sindicalismo clásico.
E1 sindicalismo único y obligatorio, no tiene de sindicalismo mas que el nombre.
El sindicalismo neo-reformista, es
posible que deba su actual fortaleza material a este momento de eclosión de
riquezas, pero en todo caso no nos puede satisfacer.
Pero no por ello debemos despreciar a estos últimos y encerrarnos en la
torre de marfil de nuestra concepción revolucionaria. No debemos cortar
nuestras relaciones con él, en ciertos momentos, puede ser decisiva. Si nos
aislamos de la mayoría de la clase obrera por entender que esta se aburguesa,
nos convertiremos en estériles doctrinarios, en vociferantes profetas de una
sociedad nueva predicando en el desierto. Es importante, que no se rompa el contacto con la clase
obrera, aunque esta se estanque temporalmente alucinada por un nivel de vida
aparentemente superior, pues realmente ese nive1 de vida no corresponde a una
justa repartición fe riquezas y
esta sujeto a la depauperación relativa inherente al mecanismo económico de la
sociedad capitalista.
Llegara un momento en que a los ojos de los más indiferentes las
contradicciones del régimen capitalista pondrán en relieve esta depauperación
relativa y entonces las corrientes sindicalistas clásicas subyacentes,
potenciales, se elevaran naturalmente a la superficie para señalar el camino de
la eliminación radical y definitiva de la explotación de1 hombre por el hombre.
Si nos dimos un paseo rápido y nervioso por los albores del capitalismo y
del sindicalismo moderno que es su consecuencia, 1o hicimos para situar la
complejidad de los problemas que se nos plantean en España donde no se realizó,
en su tiempo, la primera revolución industrial, matriz de todos 1os fenómenos
que hemos ido analizando.
Entre otras causas, esa carencia se debe a las viejas y aniquilosantes
estructuras agrarias. Nos encontramos hoy con un país a quien se le plantean
1os problemas de la primera revolución industrial y los inherentes a las primicias de 1a segunda. La
timidez y la incoherencia con que España entra en esa nueva Era industrial y
superindustrial, crea 1os trastornos que sufrimos.
Vemos como se produce el fenómeno de concentraciones industriales,
provocando a su vez concentraciones obreras. Lo que equivale a unas
emigraciones interiores. A1 lado de 1a emigración interior se ha1la mucho mas densa la emigración al exterior.
Esa emigración, además de todos los problemas
humanos que plantea tiene la particularidad desastrosa que, en lugar de ir a
buscar mejores jornales en nuevas Industrias que a su vez engendran nuevas
actividades, se orienta hacia e1 extranjero, constituyendo una sangría
permanente que anemia 1a industria del país, retrasa el proceso de
industrialización. El aporte considerable de divisas es una compensación a
todas luces insuficiente, pues además de no cubrir el gasto invertido por la
colectividad en 1a creación de esa mano de obra, se utiliza para enjugar e1
déficit comercial y no en inversiones productivas.
E1 aspecto positivo de esa emigración y de la
concentración obrera, como las emigraciones y concentraciones de hace un siglo
en Inglaterra, 1o constituye el hecho de encarecer la mano de obra y obligar a
los patronos y terratenientes a
conceder salarios mas altos y mejores condiciones de vida que contribuyen a
crear en el conjunto nacional una presión reivindicativa que se exterioriza
frecuentemente a pesar de la presión terrorista del Estado totalitario.
Por imperativo económico, se
esta creando en España una nueva conciencia de clase sin aparente conexión con
el sindicalismo clásico. Y se está creando en los talleres, en las fábricas, en
los tajos, en e1 campo, en el
mar y no en las reboticas conspirativas del gusto de ciertos nostálgicos
anclados definitivamente en el siglo XIX.
Esa conciencia de clase evolucionará según
previsiones fáciles de formular y que no pueden ser un secreto para quien tenga
mediana experiencia de 1os fenómenos sociales.
Pudiera resumir las consideraciones anteriores diciendo que el régimen
francofalangista que domina hoy a España, no es un fenómeno de gansterismo gratuito, sino 1a expresión
política exacerbada del régimen económico imperante, principalmente el agrario, con las incoherencias y retrasos
apuntados.
La tímida revolución industrial señalada ha
modificado en muy -pequeña parte las estructuras tradicionales, pero, sobre
todo, ha subrayado, ha puesto de relieve, ha manifestado con fuerza que la
conservación empecinada de las estructuras tradicionales, irracionales,
antieconómicas, ponen si país al borde de la muerte. Ha planteado la
disyuntiva: o España rompe sus viejas estructuras económicas o muere asfixiada,
hundiéndose en e1 coloniaje financiero ya esbozado en la geografía económica
española.
Las nuevas estructuras económicas que eleven el
hoy bajísimo nivel, exigen su expresión política adecuada, que no puede ser
otra que una democracia política cada vez mas apoyada en la democracia
económica.
La adaptación del fenómeno político al económico en desarrollo, no se
producirá en España de la misma forma que se produjo en los países altamente
industrializados, por no responder al mismo grado de desarrollo y al mismo
equilibro entre los diferentes sectores, pero la mutación es inevitable y 1a
clase obrera por medio de sus sindicatos libremente constituidos debe pesar en
ella con 1a mayor fuerza posible.
El problema es extraordinariamente complejo y no espero agotar ni uno solo
de sus aspectos. Me limito a señalar las grandes líneas de 1a evolución
económica que determinan la evolución política y que influirán en la forma,
aunque no en el destino, de1 sindicalismo en un porvenir inmediato.
Si la primera revolución Industrial se realizo bajo e1 signo del
liberalismo económico, 1a segunda esta determinando un régimen mixto en e1 que
conviven el liberalismo económico con el capitalismo organizado (que suprime al
máximo 1a concurrencia) y el capitalismo de Estado.
En España 1a complejidad es mayor. Subsiste un sector feudal al lado de un
sector de liberalismo económico que busca su expresión política y la necesidad de aplicar la
automatización por Imperativo concurrencia1 en e1 mercado, a lo que hay que
añadir un capitalismo monopolista creado a1 amparo del Estado totalitario, un
capíta1ismo extranjero colonizador económicamente hablando, una banca poderosísima
colaboradora o concurrente con el Estado, según los casos, y unos intereses
creados adscritos a los llamados vencedores de 1a guerra civil que pugnan por
sobrevivir.
Todos estos factores unidos a1 casi aplastamiento de 1a clase media, pugnan
por prevalecer en el terreno político con 1a misma coherencia que las luchas
por 1a vida en 1a selva virgen.
Pero cualquiera que sea la expresión política predominante en .in futuro
próximo, unilateral o mixta, podemos llegar a una primera conclusión; para
estabilizar en España la democracia política (condición indispensable para su
integración en 1a economía europea), imprescindible para progresar, no es bastante un mero cambio político,
una revolución política, sea pacifica o violenta, es imprescindible transformar
las actuales estructuras agrarias, principal obstáculo a la implantación y
expansión de industrias, haciendo así desaparecer la matriz donde se forman 1os gobiernos totalitarios
y terroristas)
Esta asázmente demostrado que el desarrollo del sindicalismo como fuerza
re1vindicativa y revolucionaria, no es posible sin un régimen democrático, sin
un mínimo de libertades. Se ha podido pensar durante décadas, por un sector de
la clase obrera, que la democracia política, dando ilusiones engañosas, era e1
mayor obstáculo a 1as aspiraciones revolucionarias del proletariado, pero 1a
experiencia soviética, 1a hitleriana y la del propio franquismo ponen de manifiesto que en lugar de
despertar la rebeldía, quintaesencial, y propiciar un fuerte ejército
revolucionario, deprime, aplasta, degenera y, en el mejor de 1os casos, frena
e1 movimiento instintivo de defensa por muy largos periodos.
E1 terrorismo estatal moderno ha destruido 1a ilusión, tenazmente mantenida por
e1 sindicalismo libertario, de que a mayor tiranía, mayor potencia revo1ucioraria.
Esta claro que el hombre como el sindicalismo necesitan un mínimo de
libertades para desarrollarse, fortalecerse, progresar.
Esa es también una de las causas por 1as que el sindicalismo no puede
quedar al margen de los problemas politices fundamentales de un país
Hay mil razones para que el sindicalismo no se despreocupe de la administración de la cosa pública. En la
sociedad moderna, el salarlo nominal puede ser el producto del choque de dos
voluntades: la de1 sindicato y la de1 patrono. Pero ni el sindicato ni e1
patrono pueden determinar el establecimiento del salarlo real. No se olvide que
el trabajador es a1 mismo tiempo consumidor. E1 sindicato debe velar para
mantener y aumentar el salario real interviniendo o presionando en todos los
niveles de los que depende. De nada sirve conseguir un aumento del 20% si los
precios aumentan en un 30%
E] sindicalismo moderno debe, pues, hacer una política de presencia,
cuidando mucho de que esa presencia no se convierta en integración en los
estamentos estatales o políticos. Cualquiera que sea su táctica, debe
salvaguardar a toda costa su libertad de refutación, de discusión, de acción, la libertad contractual.
El sindicalismo por sí, y ante sí,
cualquiera que sea su doctrina, es
incapaz de resolver los grandes problemas globales de la sociedad. Por ello es menester que la acción sindical
debe ser complementada por una acción política, separadas, pero, simultáneas.
Ejemplo elocuente de colaboración, de acción complementaria nos la da 1a historia común de 1a Unión
General de Trabajadores y del Partido Socialista Obrero Español.
Llegará un momento en el que la clase trabajadora comprobará que sus
aspiraciones profundas -producir cada vez más con menos esfuerzo para poner a
disposición del hombre mayor cantidad de riquezas consumibles- no son
conciliables con e1 régimen capitalista. Se quiera o no, consciente o no del
problema global, tendrá la clase obrera que ir haciendo saltar una a una o
simultáneamente, las estructuras capitalistas para sustituirlas por otras en
las cuales al trabajo colectivo corresponda la propiedad colectiva.
Todo sindicalismo que tenga objetivos y características distinto",
será una caricatura, cuando no una traición a la clase obrera y un obstáculo al
progreso de la humanidad.
ooooooooo000000ooooooooo
I ORGANIZACIONES SINDICALES INTERNACIONALES
POR ORDEN DE IMPORTANCIA
• C.I.O.S.L. Confederación
internacional de Organizaciones Sindicales Libres. A ella pertenece la Unión
General de Trabajadores.
• F.S.M. Federación Sindical
Mundial. Comprende los sindicatos únicos y obligatorios de los
países del Este y los sindicatos comunistas o dominados por los comunistas de
los países occidentales
• C.M.T. Confederación Mundial de Trabajadores, antigua
internacional vaticanista que, sin modificar su orientación, ha suprimido sus
referencias cristianas, lo substancial de sus adherentes se encuentra en la
CFDT francesa y en los sindicatos cristianos de Bélgica.
• A.I.T Asociación Internacional
de Trabajadores, es una supervivencia bakuninista más que una realidad. La
única organización adherida que tiene alguna importancia es la C.N.T. española
II DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS DE LA U.G.T.
La Unión General de Trabajadores de España es una
institución eminentemente de productores, organizados por grupos afines de
oficios y profesiones liberales, que, para mantenerse en sólida conexión,
respeta la más amplia libertad de pensamiento y táctica de sus componentes,
siempre que estén dentro de la orientación revolucionaría de la lucha de clases
y tiendan a crear las fuerzas de emancipación integral de la clase obrera,
asumiendo algún día la dirección de La producción, el transporte y la distribución
en intercambio de la riqueza social.
La
clase trabajadora organizada DECLARA:
Que la forma de producción actual se caracteriza por la existencia de dos
categorías o agrupaciones de clase: capitalistas (dueños o poseedores de los
instrumentos de trabajo y usufructuarios de los modos de producción) y
trabajadores (asalariados que crean en condiciones inferiores -económicas,
políticas y jurídicas- la riqueza colectiva o social).
Que esta división se establece necesariamente en el medio social, produciendo
una diferenciación económica, política y jurídica de cada agente de la
producción actual: capitalista y asalariado; es decir, en autoridad, predominio
y lucro, para uno; en subordinación, penuria o miseria para otro.
Que
la situación de privilegio, de dominación y de dirección en que se hallan los
usufructuarios de los modos de producción burguesa influye en un sentido
antagónico y con máxima arbitrariedad, tratando de oponerse a satisfacción de
las necesidades y aspiraciones de bienestar y equidad que defienden los
trabajadores.
Que,
por obra de la tradición política y desarrollo de las instituciones de origen
burgués, el Estado –expresión coercitiva de la dominación social que ejerce la
clase capitalista- actúa siempre en forma unilateral, favoreciendo las
aspiraciones egoístas y particulares del capitalismo, y defiende siempre la
situación de privilegio por éste adquirida.
Que
la condición de inferioridad económica, jurídica y política en que están los
trabajadores se agrava en razón directa de su desorganización, insolidaridad y
falta de conciencia de clase; que esta conciencia de clase, al mismo tiempo que
los ilumina en cuanto a la realidad de sus intereses y condición social,
contribuye a hacer más eficaz y potente la acción colectiva que han de realizar
o realicen en pro de su mejoramiento, dignificación y ulterior liberación
definitiva. .
Que
esta deficiencia de su mentalidad para interpretar con exactitud y realidad sus
necesidades presentes y futuras, sean ellas de orden material, moral, político
o jurídico, es el producto primordial de la inferioridad económica en que viven
los trabajadores dentro del régimen de la economía burguesa, y también de la
educación internacional prejuicios y errores que les inculca la clase directora
de la sociedad, a fin de impedir o sofocar el resurgimiento instintivo de una
ideología y mentalidad críticas que tiendan a formarse en el proletariado en
presencia de los hechos y contradicciones económicas del capitalismo, y que
podrían poner en peligro –mediata o inmediatamente- el predominio y la
existencia de la clase gobernante.
POR
TANTO,
La clase trabajadora protesta contra la usurpación que de sus naturales
derechos realiza el capitalismo, y afirma su propósito de hacer accesibles
libremente a la actividad de los obreros organizados y redimidos todas las
fuentes naturales y sociales de la producción.
Y
CONSIDERANDO:
Que para conseguir esta reivindicación, siendo nula la acción individual y
aislada de los obreros y la de la muchedumbre diseminada y desorganizada, la
clase trabajadora debe adoptar la constitución de Asociaciones obreras de
oficios, de industrias o de profesiones liberales.
Que estas Asociaciones han de constituirse y funcionar
de manera que, dando unidad y eficacia progresiva a las acciones colectivas que
realicen, no menoscaben la libertad individual, ajustándose al principio de la
Internacional: La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los
trabajadores mismos;
Que para este fin, la Sociedad de resistencia
inspirada en la lucha de clases es la forma específica de agrupación obrera,
puesto que es una asociación que liga por intereses a los trabajadores frente a
su enemigo común, el capitalismo, que por eso mismo reúne en su seno a todos
los productores, ya sean manuales o intelectuales;
Que, por otra parte, para conseguir los propósitos inmediatos de bienestar y
alcanzar los ulteriores de emancipación total, la Sociedad de resistencia
aislada no representa por si sola la suma del poder de conquista de la clase
obrera, al contrario, si pretendiera permanecer desvinculada del conjunto de
las demás organizaciones obreras del mismo carácter, cometería el mismo error
que el obrero que sólo confía en su acción individual.
La Unión General de Trabajadores de España
PROCLAMA
La
necesidad de la organización de los trabajadores, ya sean manuales
intelectuales, en Sociedades de resistencia de oficio, organismos nacionales de
industria o de profesiones llamadas liberales, y todos ellos, a su vez, en la
Unión General de Trabajadores de España.
[1] Escrito durante los últimos años de la dictadura de Franco,. Tras una acertada -aunque no exenta de traumas- reconversión industrial realizada por el Gobierno Socialista de Felipe Gonzalez, España es en 2007 claramente un país receptor de mano de obra extranjera. (Nota del Editor Digital)

