Libro No. 338. Hegel, Marx y la Dialéctica. G.P.M.
© Libro No. 338. Hegel,
Marx y la Dialéctica. G.P.M. Colección Emancipación Obrera. Septiembre 8 de
2012.
Título original: © Hegel, Marx y la Dialéctica. G.P.M.
Versión Original: © Hegel, Marx y la Dialéctica. G.P.M.
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
HEGEL, MARX
Y LA
DIALÉCTICA
Grupo de
Propaganda Marxista
1.
Prólogo
2.
INTRODUCCIÓN
1.
La tradición metafísica
2.
Noción general y problemática de la
filosofía hegeliana
3.
Capítulo 1 - La doctrina del ser
1.
Ser y nada: devenir
2.
Cualidad y cantidad : medida
4.
Capítulo 2 - La doctrina de la
esencia
1.
El simple existir del ser inmediato
2.
El "parecer" de la esencia
"puesta" en el ser inmediato
3.
Del ser inmediato al
"parecer" de la esencia según Marx.
4.
El "aparecer" de la esencia
en la relación mercantil.
5.
"Realidad actual" y
decadencia del capitalismo
6.
Realidad actual y posibilidad
abstracta
7.
De la posibilidad real a la necesidad
5.
Capítulo 3 – La doctrina del concepto
1.
El concepto subjetivo
2.
El concepto objetivo
3.
La objetividad: El mecanismo
4.
El quimismo
5.
La teleología
6.
La idea
7.
Crítica marxista de la noción
hegeliana de verdad
8.
Las "Tesis sobre
Feüerbach" y el desprecio de la teoría por parte
del militante práctico tradicional
6.
Capítulo 4 - La idea absoluta o
identidad de los contrarios
Prólogo
La
historia de este texto es la siguiente:
1.
Polemizamos
con Rafael Pla y lo publicamos en Internet.
2.
En junio
nos escribió un compañero desde Chile, diciendo que siguió las alternativas de
la discusión interesándose especialmente por la parte donde hablamos del Frente
Popular o policlasista como una expresión política de la identidad hegeliana de
los contrarios.
3.
Su carta
nos alumbró la necesidad de hacer el esfuerzo para intentar aproximarnos al
conocimiento de la lógica dialéctica algo tan imprescindible y de lo que se
habla mucho pero muy pocos saben de qué va.
4.
En primera
instancia elaboramos un documento de contestación a este compañero (en letra
normal Times New Roman Normal)
5.
El texto
va acompañado de algunas acotaciones tras haber sido leído y comentada su
redacción preliminar en grupo, tarea que demandó siete reuniones. Estos apuntes
fueron seleccionados de entre lo expuesto allí (corresponden a los párrafos que
aparecen en color azul marino y tipo de letra Times New Roman Negrita)
6.
Las citas
de obras con sus respectivas referencias a título, autor y capítulo aparecen
con distinta cota de márgenes en letra Arial negrita.
7.
En sus "Cuadernos filosóficos" Lenin ha dejado dicho que no se puede
comprender acabadamente "El
Capital" de Marx
sin haber leído antes "toda la lógica de Hegel". Siendo esto muy
cierto -y de ahí la justificación de nuestro trabajo- para nosotros no lo es
menos que el obstruso discurso enajenado de Hegel se torna más accesible desde
el pensamiento libre que Marx ejercitó en "El Capital" con las categorías de la economía
política, de modo que, dialécticamente, puede decirse que también es posible
explicar la filosofía de Hegel a través de Marx y esto es lo que hemos
intentado en este ensayo.
8.
Tal como
el creador del materialismo histórico lo dejó expresado en el prólogo a la
primera edición de su obra central, estamos para aprender con modestia y
beneplácito de toda crítica fundamentada. En cuanto a la llamada opinión
pública -a la que también siguiendo a Marx jamás haremos concesiones- nos
atendremos a la máxima del "gran florentino" Leonardo: "Sigui il
tuo corso e lascia dir le genti".
GPM
Madrid,
octubre de 2000
INTRODUCCIÓN
La tradición metafísica:
Previo a entrar sumariamente a
distinguir entre Hegel y Marx, es necesario saber qué distinguió a Hegel de la
tradicional filosofía idealista. Desde Platón hasta Hegel, todo el idealismo
filosófico ha distinguido al ser humano respecto del resto de los animales por
la capacidad de pensar, y al conjunto de la realidad material y espiritual de
este mundo, como creación del pensamiento divino extraterrenal. Semejante
reduccionismo idealista del sujeto humano, combinado con la supuesta dualidad
entre el mundo terrenal y el mundo de la pura espiritualidad divinia, ha sido
descrito por Platón en su famoso "mito de la caverna". Según el
razonamiento de aquella metáfora, en tanto concebido y creado por Dios, es
imposible que el pensamiento humano pueda comprender al espíritu divino. Pero
que la verdad divina no resplandezca en su pensamiento, eso no obsta para que
el ser profano pueda saber lo que de esencial tienen las cosas de este mundo.
En esto, pero sólo en esto, el sujeto humano participa de la divinidad. No como
actividad práctico sensible creadora de la realidad, sino como pura recreación
intelectual de lo que de verdad hay en esa realidad, en y por mediación del
pensamiento:
<<Esta metafísica, por lo
tanto, estimaba que el pensamiento y las determinaciones del pensamiento (las cosas pensadas, las categorías) no eran algo extraño al objeto,
sino que constituían más bien su esencia, o sea que las cosas y el pensamiento
acerca de ellas -del mismo modo que nuestro idioma (alemán) expresa un
parentesco entre los dos [términos] (Ding: cosa; Denken: pensamiento)
coinciden en sí y por sí [esto es] que el pensamiento en sus determinaciones
inmanentes y la verdadera naturaleza de las cosas constituyen un solo y mismo
contenido>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica"
Introducción. Lo entre paréntesis es nuestro)
El contenido de las cosas es su
esencia, es decir, la razón de ser de cada cosa. La tradición metafísica, desde
Platón hasta Kant, aceptó que el pensamiento humano puede acceder a la razón de
ser de las cosas de este mundo, la puede comprender, descubrir, pero no
concebirla o producirla. Para la metafísica, la creación -tanto de la razón de
ser como de la materialidad de las cosas, esto es, la concepción y creación o
transformación de la realidad mundana, es producto de unas ideas divinas
inaccesibles al sujeto humano; tal es el sentido del "mito de la
caverna". Según Platón, pues, en primer lugar, el sujeto humano permanece
de espaldas a la luz divina que concibe y crea las cosas, de tal modo que él
sólo ve las sombras de esa creación; ¿por qué? Porque el ser humano es parte de
la creación, cuyo plan y ejecución son ajenos a él por completo. Pero, además,
esa metafórica luz platónica que concibe y ejecuta a espaldas de los seres
humanos, proviene de un mundo donde los pensamientos son cosas, no son objetos
pensados sino objetos materiales, aunque no reales, físicos o terrenales,
porque son trascendentes a la
física de este mundo. De ahí el carácter metafísico de la filosofía platónica.
La filosofía reflexiva de Kant
conservó la unilateralidad o monismo idealista del sujeto. Siguió aceptando la
idea de que el ser humano se distingue del resto del reino animal por su
capacidad de pensar. Pero esta nueva concepción filosófica redujo todavía más
las facultades del ser humano, negándole toda posibilidad de acceso a la verdad
de las cosas de este mundo, cortando por tanto todo vinculo entre lo humano y
lo divino...
....Al atribuirle facultades para
descubrir la naturaleza o sustancia de las cosas de este mundo, Platón, asimiló
o asemejó el ser humano a la divinidad. Para Kant, en cambio, el ser humano
está privado no sólo de concebir la esencia de las cosas sino incluso de
comprenderla. Para Kant, el ser humano puede entender pero no comprender
la realidad. Por eso, según Hegel, el kantismo es una filosofía del entendimiento.
Para Kant, la filosofía consiste en la simple y odenada descripción a través
del intelecto, de las cosas tal y como se ofrecen a los cinco sentidos del
sujeto humano. Nada más.
Según Kant, los seres humanos están
condenados a permanecer en una caverna del conocimiento todavía más oscura que
la imaginada por Platón, porque no solo están de espaldas a la luz que concibe
y ejecuta la verdad de todo lo real, sino también a la que comprende esa
verdad. Desde este nuevo punto de vista, las sombras platónicas no sólo
mantienen al sujeto humano en la opacidad permanente respecto de las cosas
divinas, sino ante la esencia o razón de ser de las cosas terrenales. Para
Kant, los seres humanos sólo pueden conocer la existente manera circunstancial
de ser de las cosas, lo que perciben de ellas a través de los cinco sentidos,
lo que Hegel denominaba "certeza sensible". Estas formas contingentes
de la sensibilidad corresponden a lo que en Kant vienen a ser los fenómenos,
formas de manifestación o apariencia de las cosas, que velan o encubren lo que
en ellas hay realmente de verdad según su concepto. A los conceptos Kant les
llama "noumenos" o también "cosas en sí", categorías cuya
inteligibilidad es privativa de la divinidad...
Así, el ser humano no sólo está
imposibilitado de comprender la significación esencial de lo ya existente, sino
también de concebir, dar significación o crear nuevas realidades; el ser humano
sólo puede entender la realidad, esto es, hacer inteligible o explicar
sus múltiples formas de manifestacion. Nunca el noumeno, su razón de ser,
porque eso es cosa de Dios...
...Para Kant, pues, el pensamiento no
puede descubrir lo que hay debajo de lo que las cosas parecen, de lo que cada
sujeto percibe de las cosas a través de los sentidos.....
...La problemática filosófica de Kant
no consiste, pues, en averiguar la razón de ser de las cosas, sino de
reconocerlas tal y como aparecen a los sentidos, y en todo caso descubrir
mediante el pensamiento el modo cómo aparecen dispuestas y se relacionan unas
con otras en el espacio y en el tiempo...
.....no tiene por contenido la
realidad objetiva sino su simple existir, su apariencia subjetiva, donde lo
universalmente válido no es la verdad sino la opinión que pasa por ser
verdad, la única posible dadas las supuestas limitaciones del intelecto
humano.....
...Es decir, el límite del
pensamiento humano es la sensibilidad, de modo que su verdad pasa por ser lo
que entiende de ella tal y como la percibe directamente por los cinco
sentidos. Y el caso es que la manifestación de las cosas, su existencia, está
sujeta a cambios cualitativos. Por ejemplo, según se presenta y manifiesta en
su etapa tardía o postrera, el capital ha devenido monopólico, una forma de
manifestación cualitativamente distinta respecto de la etapa infantil de su
vida. Cambios por el estilo que la ley general de la acumulación capitalista
opera en la superficie de la sociedad burguesa, son los que a muchos kantianos
autoproclamados marxistas les ha inducido el cretinismo intelectual vastamente
difundido, de que toda la obra económica de Marx se ha vuelto científicamente
obsoleta, ya que corresponde al comportamiento del capitalismo en su etapa
premonopólica...
Lo que dice Kant en su "estética
trascendental" es que el ser humano puede convertir la opinión o doxa
en "ciencia", pero sólo en tanto actividad del intelecto que se
limita a ordenar la realidad exterior o forma de manifestación de lo real. Por
eso Kant entiende que la filosofía como tendencia al conocimiento de la esencia
o razón de ser de las cosas es una cuestión que sólo compete a Dios. Nosotros
-dice él- decidimos no perder el tiempo con la metafísica. Porque en la medida
en que el noumeno o razón de ser de los objetos del intelecto sólo puede
ser accesible al pensamiento divino, la metafísica es un ejercicio quimérico y
estéril...
....lo cual significa que el
pensamiento universal sólo puede actuar como sobre un espejo en el que ve
reflejadas esas apariencias sin poder llegar a más. De ahí el carácter reflexivo
o especulativo que Hegel atribuye a la filosofía kantiana...
Es decir, según Kant, la verdad en
este mundo sólo puede ser "verdad", o sea, un grado de certeza
limitado por la presunta incapacidad del ser humano para ahondar con su
pensamiento a través de lo que percibe, de modo tal que se ve limitado a pensar
sobre lo que su sensibilidad devuelve o reflecta sobre su cabeza, impidiendo
que penetre y descubra la íntima realidad de las cosas. Esto es lo que Hegel
definió como "formas del entendimiento": la traducción al lenguaje
filosófico-racional de las elementales formas de manifestación de lo real,
atribuyéndole el carácter de verdad a la contingente apariencia del objeto:
<<Conviene saber con exactitud
lo que significa esta expresión. (la reflexión) (...) En contraste con la razón
(de la metafísica tradicional, la filosofía reflexiva...) se comporta como el
intelecto humano común, y hace prevalecer su manera de ver, según la cual
la verdad tendría por base la realidad sensible, (de tal modo que) las ideas no
serían más que ideas en el sentido de que sólo la percepción sensible les
daría su contenido y su realidad, y que la razón, al permanecer en sí y por sí,
crea sólo quimeras. En esta renuncia de la razón a sí misma, el concepto de la
verdad se pierde, y ella se ve restringida a reconocer sólo la verdad
subjetiva, la apariencia, esto es, sólo algo a lo que no corresponde la
naturaleza del objeto. Así, el saber vuelve a reducirse a opinión.>>
(Ibíd. Lo entre paréntesis es nuestro)
Noción general y problemática de la
filosofía hegeliana
En la tradición kantiana, pues, la
naturaleza o verdad de los objetos exteriores al sujeto humano, está completa e
irremisiblemente vedada a su intelecto. Al igual que todos sus predecesores,
Hegel también hizo suyo el reduccionismo idealista de concebir al sujeto como
puro pensamiento, pero, a diferencia de Kant, confirió a esta acción pensante
el principio activo (sustancia) creador de la realidad, no como existencia o
materialidad sino como esencia y sustancia. Ya veremos un poco más adelante qué
diferencia hay entre estas dos categorías...
...Marx dice: "el hombre al
hacer se hace" Según Hegel, esta máxima quiere decir que el sujeto
universal, pensando la realidad, se piensa a sí mismo y, por tanto, se realiza.
Al final de este apartado veremos cómo el pensamiento hegeliano se realiza en
la Idea Absoluta, pero, según lo que explicaremos seguidamente, primero
se realiza en el concepto creador de la
sustancia.
Contradiciendo a Kant, Hegel volvió a
la metafísica tradicional que atribuye al pensamiento humano la posibilidad de
descubir la esencia de las cosas, es decir, lo que en ellas permanece
invariable frente a los cambios operados en sus formas de manifestarse. Pero
rompió con el dualismo de la corriente platónica en aquello de que la
concepción o producción de la verdad es algo palpable que sólo se encuentra en
los pensamientos de Dios, como cosas situadas en otro mundo.
Para Platón, fuera del mundo de la divinidad
y completamente separado de él, se encontraría el mundo de la realidad
profana, el cual tiene una sustancialidad subrogada y, por eso, real, distinta
de la superior sustancialidad o coseidad divina. Así resulta que una cosa es lo real y otra cosa es lo
divino. El pensamiento de Dios es, para él, sustantivo y transcendente al
sujeto humano; creador de la razón de ser de las cosas; Esta acción sustantiva
no es algo que esté como posibilidad real en el sujeto humano, a quien sólo le
compete descubrir la esencia de las cosas, la razón de ser puesta ya por Dios.
Esto es un dualismo, un dualismo jerárquico del pensamiento. Hay un pensamiento
restringido o estrecho que corresponde a los humanos y que está limitado al hecho
de descubrir sólo la verdad sustancial de los objetos reales, pero no crearla.
Para Platón este pensamiento humano no puede concebir o crear la verdad de esos
objetos, competencia exclusiva de la divinidad. Por eso existe una identidad
entre los pensamientos y los objetos divinos. Por eso, según Platón, las ideas
divinas son al mismo tiempo cosas divinas, de una sustancialidad no
comprensible ni realizable para los seres humanos. De ahí que, para Platón,
existieran dos reinos separados: el reino de las Ideas platónicas era lo que se
le atrtibuye a Jesus en el pasaje de la Biblia donde dice: "mi reino no es
de este mundo" y todo el problema cristiano.
Hegel, por el contrario, llegó a la conclusión de que no hay dos mundos y dos
estructuras de pensamiento separadas: la divina y la humana, sino que hay una
sóla realidad y una sóla estructura de pensamiento.
¿Cómo llegó Hegel a esta conclusión?
Haciendo una reinterpretación del cristianismo, racionalizando la historia
sagrada. Cuando aparece la figura de Cristo, el Dios Padre, el otro mundo de
las Ideas divinas, se historiza o humaniza; deviene pensamiento y acción
(coseidad) humanos, porque la vida y obra del Hijo es la concreción o
materialización del pensamiento divino -del Dios Padre- en la Tierra, que viene
a redimir a los seres humanos. ¿Redimirlos en qué sentido? Históricamente, en
el sentido de igualarlos al Dios Padre a través de la vida, pasión y muerte de
su Hijo. Entonces, Hegel dice: en Cristo, el Dios transcendente al ser humano
ha muerto. Y al decir eso hace la crítica de Platón y del propio cristianismo
como religión universal. Cuando aparece Cristo, el Dios trascendente se
humaniza, entonces desaparece la dualidad del pensamiento universal, la
división entre pensamiento humano y pensamiento divino. El pensamiento divino,
sustantivo, ya no existe, se ha humanizado, se ha hecho inmamente al ser humano.
Por eso, como dice Feuerbach: todo el pensamiento de Hegel es teología
racionalizada.
Por otra parte, si la capacidad
divina de concebir y de crear -en el sentido de dar realidad a todo lo existente- se ha
terrenalizado, si la acción del sujeto humano en tanto pensamiento es
sustantivav o creadora, la realidad no sólo hay que aprehenderla como
sustancia, sino al mismo tiempo como sujeto. Esto equivale a decir que, al
mismo tiempo que se desarrolla el pensamiento, se desarrolla la sustancia de
las cosas de este mundo. La sustancia se subjetiviza y el sujeto se sustantiva.
En este punto completamos la versión hegeliana de la máxima de Marx: "El
hombre al hacer se hace". Lo que pasa es que en Hegel, el hacer del hombre
es un hacer mutilado, puramente espiritual, un hacer del intelecto, un hacer
teórético.
Hegel rompe con la metafísica desde
el momento en que rescata para el ser humano el poder que la religión y la
filosofía tradicional habían puesto en el Dios trascendente. Pero sigue preso
de ella en tanto no deja de entender al sujeto como puro pensamiento y a sus
facultades y poderes en meros efluvios mágicos del intelecto. La diferencia
entre el idealismo hegeliano y el materialismo histórico está en que Marx
entiende al sujeto humano como un complejo dialéctico de actividad social,
teórica y práctica; en Hegel no hay eso; en Hegel el sujeto humano es puro
pensamiento en acción. Hay en Hegel un monismo idealista del sujeto. Monismo
porque acaba con el dualismo de la metafísica tradicional entre el mundo
sagrado y el mundo profano; idealista porque reduce el sujeto a pura actividad
espiritual, pensante, inteletaual.
Pero la filosofía de Hegel no sólo es
genéticamente defectuosa por su monismo idealista, por la preeminencia que
confiere al espíritu en el devenir resultante de su relación dialéctica con el
ser de las cosas. El otro gran defecto del pensamiento hegeliano derivado del
carácter unilateral del sujeto, consiste en que su sistema filosófico es de
naturaleza teológica y, por tanto, política e históricamente conservador,
radicalmente incompatible e inconsecuente con su método dialéctico
revolucionario...
...En el momento de abordar el método dialéctico, Hegel concibe al
pensamiento humano como actividad del espíritu absolutamente libre e
incondicionada, respecto a cualquier plan, proyecto o forma de ser ya
existente. Es una racionalidad libre en el sentido de que es ella la que crea
los contenidos reales de sus propias formas de ser, e incondicionada porque no
se conforma o acondiciona a nada de lo ya creado por ella, sino que lo crea
para superarlo. En la dialéctica entre pensamiento y ser Hegel pone el principio
activo en pensamiento. Tal es el espíritu del método revolucionario que Hegel
desplegó en su "Ciencia de la lógica" hasta el momento de
ponerse a redactar el último capítulo.
Imaginemos ahora un germen de trigo.
Ahí ya hay un plan, un libreto, una racionalidad específica preconcebida,
condicionada, encerrada en la propia estructura de la semilla. En un primer
momento, esta racionalidad se encuentra como puro proyecto, como un todavía no
que será. En sí misma, aunque no "por sí", la semilla contiene todo
el proceso de desarrollo de la espiga, pero sólo de forma abstracta, esto es,
potencial, no existencialmente. Corresponde a la figura del Dios Padre antes de
la creación, sólo que, según Hegel, el personaje de la representación, el
pensamiento humano, ya no está en el allá sino en el escenario del teatro de la
humanidad, dentro del proceso histórico-natural real.
En un segundo momento, esta identidad
contradictoria, abstracta o potencial, este todavía no de una racionalidad que
tiende a su realización, se niega como abstracción pura concretándose en una
realidad cuyos sucesivos contenidos materiales, cuanto más cercanos al comienzo
de la obra, aparecen como lo más extraño e inadecuado al proyecto acabado
comprendido en la semilla. Ésta inadecuación material irá cediendo a las formas
de la racionalidad originaria inmanente a la semilla, dando lugar a sucesivas
metamorfosis (raíz, tallo, tronco, hojas, flores...) contenidos materiales que
expresan las "realidades actuales" de cada momento de su desarrollo,
en los cuales la racionalidad se detiene sólo para traspasarlos y crear
sucesivas realidades actuales que le van aproximando así, gradualmente, a lo
que va siendo el vegetal según su proyecto, a la finalidad racional prevista en
la semilla.
Por último, hay un tercer momento
-negación de la negación- en que esa finalidad se alcanza y la identidad
originaria entre lo real y lo racional, deja de ser abstracta y se hace por
entero realmente efectiva, una vez superados históricamente todos los momentos
de la existencia material inadecuados al principio activo o Idea fuerza del
proyecto contenido en la semilla...
...Para Hegel, pues, el pensamiento
humano universal no es -como en Kant- un comodín, una "forma blanda"
y pasiva, adecuada a la manifestación sensible de una realidad que discurre con
total independencia de él, sino que teniendo la capacidad de hacer de sí
mismo su propio objeto de reflexión -como según veremos que lo demuestra en
su "Lógica"- al desplegarse sobre sí mismo como forma, va
creando los contenidos de la realidad en tanto conceptos de lo existente creado
por el Dios Padre o Idea Absoluta en tanto proyecto al mismo tiempo divino y
humano.
Pero un pensamiento que se desarrolla
según un proyecto, es una racionalidad sujeta a una finalidad. Y toda acción
que se impone una finalidad absoluta acaba absolutamente con la posibilidad de
su autodesarrollo. Tal es la concepción sistémica a la que Hegel encadenó su
método, covirtiendo el pensamiento libre en un saber forzado a conformarse en
confirmar una determinada existencia vigente, la de su tiempo, la del Estado
teocrático alemán de la que él se reveló como un súbdito complaciente. Pero,
según se verá en este trabajo, que Hegel haya podido poner su método dialéctico
revolucionario en el cepo de su sistema filosófico reaccionario, no ha tenido
su posibilidad real en la actitud personal del filósofo, sino en el defecto de
su propia "Lógica", en la falsa premisa de la que parte, en el monismo idealista del
sujeto, en el carácter teológico del principio activo que preside su método.
Capítulo 1 - La doctrina del ser
Ser y nada: devenir:
Siguiendo a Hegel, acabamos de decir
que el pensamiento humano tiene la capacidad de hacer de sí mismo su propio
objeto de reflexión. Tal es el quehacer que ocupa a la "Ciencia de la
lógica" o teoría del pensamiento que se piensa a sí mismo...
...El pensamiento no actúa
directamente sobre objetos concretos sino indirectamente y por mediación del
lenguaje sobre objetos pensados. Los objetos pensados en la vida ordinaria son
palabras referidas directamente a cosas concretas, mientras que los objetos
pensados en el ámbito científico son las categorías, que no son palabras
referidas a cosas sino a ideas o conceptos, un grado superlativamente mayor de
abstracción y rigor respecto de la realidad tangible.
Si hablamos, por ejemplo, de un
"boli", de un cuaderno o de un cenicero, estamos empleando palabras
para referirnos a determinados objetos reales. Si hablamos del "Ser"
no nos estamos refiriendo a objetos específicos sino a la idea genérica de
objeto, a las cosas en general. Al utilizar la palabra "Ser" nos
referimos indistintamente a la multiplicidad de palabras u objetos pensados. Es
una categoría filosófica con un grado de abstracción mayor.
Ya no es la relación entre el sujeto
pensante y el objeto real, sino que es la relación entre el sujeto pensante y
la idea de lo genérico, la idea de objeto en general, es la relación entre
sujeto pensante y objeto pensado. Es el pensamiento que se piensa a sí mismo,
que se toma a sí mismo como objeto de reflexión...
...Si lo primero es el pensamiento
universal, debe empezar por referirse al ser genérico, universal, al ser
del pensamiento sin contenido ni determinación alguna. Así empieza Hegel su "Ciencia
de la lógica". Pero el ser del pensamiento como sujeto sin predicado,
del que nada se puede decir porque no es esto o aquello, no es nada.
Equivale a la nada, al no ser. Si contuviera algo determinado que le
diferenciara de sí mismo o respecto de otro, dejaría de ser el puro ser, o la
pura identidad consigo mismo algo que sólo es concebible en la total
indeterminación, en la pura forma vacía, sin contenido. Alguien que no puede
demostrar lo que es capaz de hacer es una nulidad, no es nada. No es un ser
determinado, es un ser en general, pero en la medida en que no se determina,
que no muestra ningún atributo, no es nada. Es un don nadie, como se dice. Si
se determinara o "destacara" por que le hiciera decir "este soy
yo", ese ya es el ser, es el ser de tal o cual manera. Pero cuando no es
de ninguna manera no es nada. Por eso, para
Hegel, el ser, como ser indeterminado, y la nada es lo mismo. Asi, categorías
filosóficas como el ser y la nada, que por sí mismas son las más abstractas y
parecen inútiles, puestas en relación demuestran ser las más concretas:
<<Ser, puro ser sin ninguna otra determinación. En su inmediación indeterminada es igual
sólo a sí mismo, y tampoco es desigual frente a otro; no tiene ninguna
diferencia, ni en su interior ni hacia el exterior. Por vía de alguna
determinación o contenido, que se diferenciara en él, o por cuyo medio fuese
puesto como diferente de otro, no sería conservado en su pureza. Es la pura
indeterminación y el puro vacío. No hay nada en él que uno pueda intuir, si
puede aquí hablarse de intuir; o bien él es este puro, vacío intuir en sí
mismo. Tampoco hay nada en él que uno pueda pensar, o bien este es igualmente
un pensar vacío. El ser, lo inmediato indeterminado, es en realidad la nada, ni más ni menos que la
nada.>> (G.W.F. Hegel: "La ciencia
de la lógica" Libro I Cap. I.)
<<De esta oposición entre contrarios idénticos, como el ser indeterminado y el
no ser nada del pensamiento, surge su devenir...
Esta dialéctica entre el ser y la
nada no acaba en la génesis del pensamiento lógico sino que le acompaña
estructuralmente a lo largo de todo el desarrollo. En toda cosa hay ser y no
ser en permanente contradicción que le hace devenir. Si una flor permaneciera
en tal estado, sería eternamente flor; pero de hecho se niega marchitándose
para dar fruto y semilla. De la pulsión o tensión dialéctica entre el ser y la
nada surge el devenir. El ser indeterminado es la indeterminación del
pensamiento y de la sensibilidad. Y del no ser nada de la sensibilidad ni del
pensamiento surge el devenir:
<<El devenir es el primer
pensamiento concreto y, por esto, el primer concepto mientras que el ser y la
nada son abstracciones vacías>> (Op. Cit. § 88 Adic.)
...¿El devenir de qué? El devenir del
ser ¿Cómo ser qué? Como ser determinado, como existente. Determinado ¿por qué?
Por la sensibilidad que es la forma más elemental del conocimiento. Cuando el
ser recién devenido aparece frente al sujeto más primitivo, se presenta como un
objeto de la sensibilidad, que es el primer elemento de la comprensión. Los
niños todo lo chupan, todo lo empiezan a conocer por la sensibilidad, por los
sentidos. Según Hegel, el contenido racional del objeto, del ser, lo da la forma,
lo da el pensamiento. Pero si no hay pensamiento no hay contenido. Es una
determinación formal, pero como forma de la sensibilidad, es el ser determinado
por la sensibilidad, por los sentidos.
Y para Marx, ¿por qué el ser del
primate, que es el ser de la pura sensibilidad, no tiene determinación por el
pensamiento como sustancia creadora de la esencia? Porque no tiene trabajo
metido ahí, porque simplemente es un resultado de la recolección. Aquí ya
estamos construyendo la historia. El ser que sale de la indeterminación o de la
nada de su ser, se determina primeramente como ser de la sensibilidad, sin
esencia ninguna. ¿Porqué no tiene esencia? Para Hegel porque es pura certeza
sensible, pura sensibilidad; para Marx porque no tiene trabajo incorporado,
porque es un producto de la naturaleza, de la relación directra entre ese
proyecto de ser humano y la propia naturaleza de la que él mismo todavía no
alcanza a distinguirse o separarse como ser productor social-racional....
En toda cosa, en todo objeto, hay
permanentemente ser y no ser. ¿porqué? Porque las cosas están en el tiempo. Y
si la cosa está en el tiempo no es la misma en todo momento, sino que cambia.
Una cosa no es la misma cuando se la compra que ya usada. Cuando se empieza a
usar lo que era ha dejado de ser. Por lo tanto en todo ser hay ser y no ser en
permanente contradicción y cambio. Eso es el devenir. Pero ya no es el devenir
que determina el objeto, sino que es el devenir que provoca cambios en el ser
ya determinado. Son dos sentidos distintos del devenir.
Cualidad y cantidad: medida
Todas las categorías que constituyen
el desarrollo del ser cristalizan por efecto del devenir. Para devenir como
tal, el pensamiento se vale de la realidad en forma de percepciones.
Así la primera categoría del ser pensamiento determinada por su devenir es la cualidad.
La cualidad es algo concreto, algo
que se percibe, algo que se toca, es la síntesis de los sentidos. Mediante el
principio activo del devenir contenido en la contradicción entre ser y nada, en
cada momento de su desarrollo cada ser se va dotando de una forma de
manifestación o contenido material cualitativamente distinto. El principio
activo del devenir opera luego a instancias de la categoría de cantidad.
De tal modo, el movimiento dialéctico conduce de la cualidad a la cantidad:
cantidad extensiva o número y magnitud intensiva o grado.
Se llega así a la medida, cantidad de la que depende la calidad. En la
naturaleza, el agua, por ejemplo, permanecerá en estado líquido o se trocará en
hielo o vapor según su grado de temperatura. Pero no dejará de ser agua. Del
mismo modo, en la sociedad moderna, el cambio cualitativo entre las categorías
del pequeño burgués y del burgués propiamente dicho depende de una medida
socialmente determinada de capital acumulado. El cambio cualitativo del pequeño
burgués al burgués propiamente dicho se produce cuando la masa de plusvalor
acumulado permite al patrón independizarse de la producción directa para pasar
a dirigirla.
En el capítulo de su
"Anti-Düring" titulado precisamente "Dialéctica. Cantidad y
cualidad", Engels ofrece otros ejemplos que ilustran acerca de esta muy
poco comprendida parte de la teoría hegeliana del ser. Pero en Marx hay muchos
más. Así, mediante la mera adición cuantitativa de trabajo vivo sobre la misma
materia prima, esta puede pasar a adoptar la forma de un valores de uso
cualitativamente distintos. Del mismo modo, dados los límites de la jornada de
labor, que por razones biológicas no puede exceder de las 24 horas, su
extensión tiene que alcanzar la medida en que provoca necesariamente un cambio
cualitativo en las condiciones técnicas del trabajo, porque a partir de esa
medida sólo es posible incrementar el plusvalor reduciendo el tiempo de trabajo
necesario y, por tanto, el valor de los bienes que el trabjador colectivo
necesita para reproducir su fuerza trabajo en condiciones óptimas para su
explotación. Es lo que Marx a dado a conocer por "plusvalor
relativo".
Pero la implicancia política de más
actualidad contenida en la dialéctica entre cantidad y cualidad se ha
presentado en la reciente intervención de la OTAN en Yugoslavia, que muchos
autoproclamados marxistas han pasado por alto. Esta dialéctica -dadas las
nuevas condiciones del capitalismo mundial desde principios de siglo- es la que
desde 1912 inspiró a Lenin y los bolcheviques frente al problema de la
necesaria articulación política entre la autodeterminación nacional en los
países dependientes y la revolución socialista internacional. Mientras la cantidad
de capital acumulado en un país determinado no alcanza la medida que le
permita apoderarse de la mayor parte de población explotable en un país
determinado, esto es, mientras la masa de plusvalor disponible por los
capitalistas residentes en ese territorio nacional no alcanza la medida
suficiente como para acabar de operar el cambio económico-social cualitativo,
consistente en transformar a los productores mercantiles simples (autónomos
o por cuenta propia) en asalariados para la producción y acumulación de
plusvalor, el Estado nacional es la forma política adecuada a la
burguesía de ese país. En la etapa superior del capitalismo, cuando se ha
completado la formación de los mercados internos en una mayoría de países y la cantidad
de capital global acumulado excede en ellos a la población explotable, se llega
a la medida que hace más y más irrersistible la tendencia objetiva al cambio
cualitativo en la organización económica y política de la burgesía, que ahora
pasa a operar al interior de fronteras mercantiles y superestructuras políticas
multinacionales.
Ya el Estado nacional le queda
pequeño al capital social global, porque se hace necesario un mercado mayor.
Así que hay que eliminar las barreras de los estados nacionales. Estos cambios
explican nuevas realidades como la CEE, el Mercosur, etc.
Esta tendencia al cambio cualitativo
en la base material y en la superestructura del sistema -concretamente: a la
unidad económica y política de la burguesía a nivel internacional- exige que
los elementos más conscientes del movimiento proletario se propongan desde ya
la tarea impostergable de contribuir a la unificación social, política y
orgánica del proletariado también a nivel internacional. Tales fueron los
fundamentos con que el GPM fijó posición en la Web ante el reciente
conflicto en Yugoslavia, polemizando sucesivamente con Lorenzo Peña, los "Camaradas
anónimos" y Rafael Pla López.
Otro ejemplo: La medida para la
generalización o introducción en el mercado de una mejora técnica que suponga
un desarrollo de la fuerza productiva del trabajo colectivo en una determinada
sociedad capitalista, viene dada no por la masa de trabajo vivo que ahorra (por
el total de horas trabajadas) sino por su parte paga; O sea, cuando lo que
cuesta introducir la mejora técnica resulta ser menor que el costo de la mano
de obra que desplaza. Este hecho demuestra la decadencia del capitalismo y la
superioridad potencial relativa del socialismo:
<<Aquí, el modo capitalista de
producción cae en una nueva contradicción. Su misión histórica es el desarrollo
sin miramientos, impulsado en progresión geométrica, de la productividad del
trabajo humano. Pero se torna infiel a esa misión no bien se opone al
desarrollo de la productividad, como sucede en este caso. Con ello demuestra
nuevamente que se torna decrépito y que, cada vez más, está sobreviviéndose a
sí mismo>> (K. Marx: "El
Capital" Libro III Cap. XV)
Otro ejemplo: El desglose de una
parte del capital social global especializado en la circulación de mercancías:
el capital comercial, aparece cuando lo que sustrae a la ganancia industrial
por la función que pasa a desempeñar esa porción del capital, es menor que el
valor determinado por el tiempo muerto que sería necesario emplear para esa
función de no contar con sus servicios. Y esta medida se alcanza cuando la masa
del capital total en funciones, la ampliación del mercado y el consecuente
aumento en la escala de la producción así lo exigen:
<<En la medida en que el
capital comercial permanezca restringido dentro de los límites en los cuales es
necesario, la única diferencia es que en virtud de esa división de la función
del capital se emplea menos tiempo exclusivamente para el proceso de
circulación, se adelanta menos capital adicional para él, y la pérdida de la
ganancia global que se revela en la ganancia comercial es menor de lo que sería
en otras condiciones.>> (K. Marx: "El
Capital" Libro III Cap. XVII)
Con estos ejemplos de la realidad,
queda ilustrada la concepción filosófica monista de Hegel, para quien el
desarrollo del sujeto en tanto pensamiento se corresponde con el desarrollo del
objeto. Con el análisis de la noción de cantidad y de medida que provoca los
cambios cualitativos, Hegel acaba el capítulo de "La doctrina del
ser", para pasar al tratamiento de la esencia. Lo que se
esconde bajo sus aspectos cambiantes, como el estado sólido, líquido o gaseoso
que adopta el ser del agua, es su esencia que se mantiene idéntica
a sí misma. Lo mismo puede decirse con el capital en su etapa infantil y
tardía. Por tanto, los cambios de cualidad directamente perceptibles por los
sentidos, son pura apariencia. De este modo, el ser se presenta desdoblado
en dos términos contradictorios: identidad y diferencia, sustancia y atributo,
fundamento y fenómeno. Aun siendo excluyentes, estas categorías puras del
intelecto son partes constitutivas de una misma unidad ontológica del
pensamiento en desarrollo...
...Esencia y apariencia se distinguen
a los efectos del análisis, pero están juntos. Nosotros hacemos la disociación,
porque ya en la doctrina de la esencia reconocemos que un objeto tiene una
forma de manifestación y una esencia, pero de hecho no están escindidos unos
del otro, forman parte de una misma realidad.
Capítulo 2 - La doctrina de la
esencia
El simple existir del ser inmediato
El tratamiento de la esencia
corresponde a la etapa en que el hombre se separa de la naturaleza y la recrea,
produce cosas que no son directamente naturales y las crea con arreglo a su
idea, y esa es la esencia. Cuando empiezan a frotar una piedra con la otra para
hacer fuego, no todavía la agricultura, sino cuando el homínido se erige y
empieza a ser humano. Después se va a explicar este tema. Lo importante es que se vaya
entendiendo cómo se van ligando las categorías filosóficas con la realidad.
Porque si no esto parece una pura recreación intelectual y no se entiende nada.
Según Hegel es el pensamiento el que
le pone esencia a las cosas, por eso es "el pensamiento en
desarrollo", pero para Marx es la fuerza productiva, el trabajo humano en
general, entendido como sustancia, lo que le pone la esencia a las cosas. Y en
las fuerzas productivas indudablemente que está el pensamiento, está el plan de
producción, pero no solamente eso, porque es en la práctica donde el hombre
tiene que demostrar su verdad. Porque a veces las cosas salen mal, y hay que
volverlas a hacer, y esa es la segunda tesis sobre Feuerbach. Sobre esto ya
volveremos.
Habíamos dicho que la primera
determinación del pensamiento en desarrollo es el devenir y que el
devenir determina la cualidad. Para esto Hegel utiliza la palabra
alemana "Dasein" que alude al simple existir sin esencia ni
fundamento.
El Dasein corresponde a la etapa de
la recolección, pero el existenz sí tiene ya la esencia puesta, pero no con
arreglo al concepto. Es una realidad actual, efectiva y actual. Porque está en
movimiento, es decir, el pensamiento la está atravesando. Aquí empieza a jugar
realmente la dialéctica entre el pensamiento y el ser.
<<El ser en el devenir, en
cuanto uno con la nada, (porque siempre en el devenir está
jugando la nada y el ser. El ser de determinada manera está jugando con la
nada, porque está en permanente devenir, por lo tanto, el ser y la nada sigue
jugando en la dialéctica de la esencia), así como la nada en cuanto una con
el ser, son solamente desapareciendo; el devenir coincide por su contradicción
interna, con la unidad en la cual ambos están superados; su resultado
es, por consiguiente, el existir>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia de
la lógica" Libro I Cap. I: La doctrina del ser. Lo entre paréntesis es
nuestro)
...Mientras escribo con este
bolígrafo está existiendo, está deviniendo en nada. Cuando este objeto se rompe
se convierte en la nada porque si deja de ser tal y cómo ha sido concebido, y
para lo que ha sido concebido, es un mero existente, pero no es una realidad
efectiva. Es una realidad efectiva mientras funciona, es decir, mientras tiene
su racionalidad en sí mismo. No por sí mismo, pero en sí mismo. En cuanto deja
de funcionar... Por lo tanto en el funcionamiento el ser y la nada están
jugando permanentemente, porque está deviniendo hacia la nada. Heideger dice:
Cuando a uno le preguntan "¿cómo te va?" Heideger explica, ¿cómo le
va a quién?. A tu ser. ¿Hacia dónde va?, hacia la muerte, hacia la nada. Lo
mismo cuando la pregunta es ¿Qué te pasa? Le pasa ¿a quién? A tu ser. Pasa, por
tu ser pasa algo y, al pasar, deja de ser para no ser, para que pase otra cosa.
Aquí está jugando la dialéctica entre el ser y la nada que es el devenir...
El lenguaje está plagado de esta
realidad que solamente puede ser desentrañada filosóficamente, y en las que
normalmente nosotros no reparamos, porque el sedimento del lenguaje hace
olvidar la significación esencialmente originaria que cada locución contiene.
Nosotros nos quedamos simplemente con la utilización pragmática del lenguaje,
para comunicar, pero no reparamos en la plenitud de sus significados...
...Recordemos: La cualidad es la
inmediatez del ser, lo que se percibe de modo directo, esto es, sin la
mediación del pensamiento; exclusivamente a través de los sentidos. Es una
categoría que corresponde al mundo de las percepciones, de la sensibilidad. Así
quedaba originariamente determinado el ser como un simple existente.
En esta categoría de lo meramente existente quedan comprendidas a menudo las
estadísticas, según el manejo que la burguesía induce en la mollera de muchos
autoproclamados marxistas: movidos por su antidialéctica propensión a
sustantivar las maleables formas del entendimiento, confunden cambios de
cualidad con cambios esenciales, percepciones con verdades; confieren validez
científica a las impresiones sobre su intelecto de lo que ven pasar delante de
sus narices, tal como la impresión de cualquier imagen sobre la placa de una
cámara fotográfica....
Viene a colación aquí el dato que
recibimos de un sociólogo argentino diplomado en la Universidad de Buenos
Aires, quien creyó verse confirmado en la peregrina idea de que el proletariado
industrial es un sector asalariado en extinción, porque según los guarismos que
dice haber leído en una estadística coyuntural de la que no citó su fuente, los
trabajadores metalúrgicos argentinos han pasado de 500.000 a 40.000. Este mismo
infundio respecto de España ha sido sostenido y aun no enmendado por quienes
-tras haber polemizando con ellos- hemos finalmente debido esconder su
identidad política bajo el rótulo de "camaradas anónimos",
porque declinaron aparecer en nuestra página con su verdadero nombre. Lo peor
del caso no es que estas gentes piensen que si el proletariado industrial
disminuye en términos absolutos se confirma la tendencia marxista al derrumbe
automático del capitalismo -que esa es la conclusión lógica de semejante
premisa- sino todo lo contrario. Con este tipo de infundios, el único derrumbe,
la única ruina que sin duda confirman estos señores, es el de su propio
intelecto y conciencia política.
El "parecer" de la esencia
"puesta" en el ser inmediato:
Volviendo al discurso de Hegel, la
esencia es la superación o negación del ser inmediato en tanto existente o mera
percepción sensible. Pero es una superación que al mismo tiempo conserva la
percepción sensible porque se manifiesta o existe en ella y a través de ella.
Así la esencia existe en lo que parece de ella en la percepción
sensible:
<<La esencia es el ser superado (en su inmediatez). Es la simple igualdad
consigo misma, pero es tal por cuanto es, en general, la negación de
la esfera del ser (inmediato). De este modo la esencia tiene frente así
a la inmediación (de su ser), como algo de donde se ha originado y que
se ha conservado y mantenido en esta superación. La esencia misma en esta
determinación, es esencia existente, inmediata...>> (
G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro I Cap. 1. Lo
entreparéntesis es nuestro)
La esencia es la superación o
negación del ser inmediato en tanto existente o mera percepción sensible. Pero
es una superación que al mismo tiempo conserva la percepción sensible porque se
manifiesta o existe a través de ella. Así la esencia existe en lo
que parece de ella en la percepción sensible. Parece aunque
todavía no aparece, simplemente porque permanece velada al pensamiento por la
percepción sensible.
<<La esencia es el ser
superado (en su inmediatez. Es el ser que se
supera dentro de la manifestación sensible. Es el ser que se supera pasando de
la recolección al mundo del trabajo, a la transformación de la naturaleza, y
que por lo tanto le pone su esencia, según Marx). Es la simple igualdad
consigo misma, pero es tal por cuanto es, en general, la negación
de la esfera del ser (inmediato). De este modo la esencia tiene frente a
sí a la inmediación, como algo de donde se ha originado y que se ha conservado
y mantenido en esta superación. La esencia misma en esta determinación, es
esencia existente, inmediata...>> ( G.W.F. Hegel: "Ciencia
de la lógica" Cap. I. Lo entre paréntesis es nuestro)
La esencia esta puesta y, por tanto,
niega el ser inmediato de la sensibilidad, pero todavía no lo supera. Es una
negación relativa en tanto la esencia sólo parece pero todavía no aparece,
porque se muestra a través de la sensibilidad.
Cuando una cosa tiene puesta la
esencia ya está determinada por el pensamiento. No es ya una mera forma de la
sensibilidad. Pero esa determinación superior sólo "parece" pero no
"aparece", porque sigue apegada a su ser inmediato, a la forma de la
sensibilidad de la que no alcanza a emanciparse, siquiera parcialmente.
Pero la esencia hace que el ser no
sólo "parezca" sino que al mismo tiempo brille en él su
razón de ser, aun cuando no por sí sino en sí mismo, dentro de su
ser inmediato, como un cigoto en el vientre de su madre. La esencia de lo
inmediatamente determinado es su razón de ser ya puesta en él,
pero que todavía no se muestra por sí misma sino a través de lo que parece ser.
Si el ser inmediato corresponde a la percepción sensible -segun Hegel carente
de toda racionalidad- y el concepto -segun veremos- es la racionalidad
autodeterminada en las cosas, la esencia es la racionalidad simplemente puesta
-como un germen- por el pensamiento en el ser de la sensibilidad previamente
determinado.
Es la razón del ser dentro de
sí mismo enfrentado al ser de su propia forma sensible; un grado de
determinación superior a la inmediatez del ser en tanto la razón ya está puesta
en él aunque no se manifiesta por sí misma; una determinación intermedia entre
la inmediatez del ser y la autodeterminación de la racionalidad
propia del concepto.
En la esfera de la esencia
simplemente puesta, el pensamiento se opone a la inmediatez de la forma
sensible del ser, pero dentro de esa misma forma, sin emanciparse todavía de
ella. Al mismo tiempo que se oculta en el "parecer" de la
manifestación sensible del ser inmediato, contradictoriamente brilla o
resplandece en lo que sólo "parece". La esencia es el "Scheinen
in sich selbst" (parecer en sí mismo), donde el vocablo alemán Scheinen
no sólo significa "parecer" sino también brillar o resplandecer. Las
determinaciones de la esencia son, pues, relativas en tanto su
racionalidad no se manifiesta por sí misma sino a través de la sensibilidad. En
la esfera de la esencia, el ser inmediato, como pura manifestación sensible, ha
sido desplazado por la racionalidad pero sin que todavía pueda manifestarse por
sí misma, sino a través de la sensibilidad, de lo que parece.
Todo este razonamiento acerca de la
dialéctica de la esencia, pretende explicar el siguiente pasaje de la "Enciclopedia":
<<La esencia es el concepto en
tanto que (meramente) puesto;
las determinaciones en [la esfera de] la esencia son solamente relativas
[o] no están simplemente reflejadas dentro de sí (no se reflejan en
la propia racionalidad de la esencia); por ello, el concepto (la
racionalidad) no es [aquí] todavía en tanto que para sí. La
esencia en tanto ser (inmediato) que se media consigo a través de la
negatividad de sí mismo (de la sensibilidad), es la referencia a sí sólo
siendo referencia a otro (la racionalidad), el cual [otro] no es como
ente sino como un puesto y mediado. El ser no ha
desaparecido, sino que la esencia, primeramente, en tanto simple referencia a
sí, es ser; pero por otra parte, el ser, con arreglo a su determinación
(sensible) unilateral de ser algo inmediato, ha sido depuesto
[ahora] por algo meramente negativo, [un brillo] o una apariencia.
La esencia es, por consiguiente, el ser en tanto scheinen in sich
selbst.>> (Op. Cit.: § 112. Lo entre paréntesis es nuestro)
Toda esta explicación
"parece" un galimatías. Acudamos en ayuda del materialismo histórico:
Del ser inmediato al
"parecer" de la esencia según Marx.
Como se podrá comprobar seguidamente,
"El Capital" es la ratificación punto por punto de la metodología
expuesta por Hegel en su "Ciencia de la lógica", sólo que allí donde Hegel habla de pensamiento Marx habla
de fuerzas productivas del trabajo social, donde Hegel se refiere
a la esencia Marx habla de valor, y lo que en la "Ciencia
de la Lógica" es la categoría ser, en "El
Cpital" es la mercancía, el ser inmediato
o "ser puesto" de la economía política. Y así, según veremos más
adelante, el concepto viene a ser el dinero y la Idea
absoluta el capital.
En "La ideología alemana"
Marx y Engels dicen:
<<nosotros no partimos de
abstracciones sino de premisas reales de las cuales sólo es posible abstraerse
mediante la imaginación>> (Op. Cit. Cap. I).
Este principio de la investigación
científica explica que Marx inicie la exposición de su obra poniendo en el
centro del escenario a la mercancía, categoría que define como un complejo de
empiria (valor de uso) y razón social (valor de cambio). Dicho esto, analicemos
brevemente lo expuesto hasta aquí siguiendo a Hegel en lo relativo al capítulo
de la esencia, poniendo su dialéctica sobre los pies de la historia.
En el devenir de la humanidad, la
etapa del desarrollo que Lewis H. Morgan designó como estadio inferior y medio
del salvajismo, corresponde a la relación entre el sujeto como mera percepción
sensorial y sus condiciones objetivas de subsistencia como pura naturaleza,
donde los primitivos se limitaban a sobrevivir tomando lo que ella les ofrecía
directamente. Es lo que otros investigadores llamaron "etapa de la
recolección", que Engels definió como la "infancia del género
humano" y que en la "Lógica" de Hegel corresponde al
capítulo de "el ser inmediato":
<<Los seres humanos permanecían
en los bosques tropicales o subtropicales y vivían, por lo menos parcialmente,
en los árboles; esta es la única explicación de que pudieran continuar
existiendo entre grandes fieras salvajes. Los frutos, las nueces y las raíces
servían de alimento>>.(F. Engels: "El Origen de la
familia la propiedad privada y el Estado" Cap. 1)
"Lo primero es el
pensamiento", sostenía Hegel. Históricamente, el único grano de verdad de
esta afirmación está en que los antecesores inmediatos del "homo
sapiens" se distinguieron desde sus orígenes por el mayor volumen relativo
de su masa cerebral. Pero respecto de las poderosas mandíbulas y extremidades
de los otros grandes mamíferos depredadores de su entorno, los dientes, brazos
y piernas de los primates superiores no eran garantía suficiente de
supervivencia, de modo que, de no haber estado originalmente preparados para
trepar, esa potencial capacidad para desarrollar el pensamiento de nada hubiera
servido.
El hecho de desarrollar parte de su
existencia en el suelo, fue modificando su morfología corporal. Al ir
paulatinamente trasladando todo el peso de su cuerpo sobre las extremidades
inferiores, los dedos de sus manos quedaron libres para ejecutar cada vez más
hábilmente operaciones cada vez más diversas, transfiriendo de la boca a las
manos tareas tales como desgarrar y aplastar el alimento y otros objetos; de
este modo, las mandíbulas comenzaron a contraerse dejando espacio para la
posterior expansión del cerebro. A medida que la masa encefálica se fue
perfeccionando, pudo ir sometiendo sus manos a un control cada vez más preciso,
preparándole para la fabricación y uso de instrumentos materiales.
Otra característica de los animales
superiores, que se vincula con la expansión del cerebro, es el alargamiento del
periodo de inmadurez. La mayoría de los ungulados (de "úngula": casco
o pezuña) crecen muy rápidamente; un cachorro de antílope puede seguir a su
madre unas horas después de nacer; un elefante hace lo mismo a los dos días de
vida. En los carnívoros, el período de dependencia aumenta sensiblemente; entre
los primates, el gibón sigue adherido al cuerpo de su madre durante siete meses;
el orangután recién deviene independiente a los tres años y completa su
crecimiento a los diez u once años. El infante humano necesita alrededor de un
mes sólo para aprender a enfocar los ojos, y pocas veces puede andar por sí
mismo antes del fin de su primer año de vida.
Hemos hablado ya de la indefensión
del hombre primitivo frente a los poderosos recursos de los grandes
depredadores; a esta manifiesta inferioridad física debe añadirse el período
excepcionalmente prolongado durante el cual los adultos deben ocuparse de criar
infantes indefensos. Parece probable que esta doble condición exigió el
desarrollo del trabajo cooperativo, lo cual estimuló la capacidad
de los primitivos, tanto para la elaboración de herramientas como para el uso
del lenguaje articulado que potenció el desarrollo de su pensamiento:
<<Primero surgió el trabajo;
después de él y enseguida a la par con él el lenguaje...>> (F. Engels: "Dialéctica de la naturaleza")
Así, el más indefenso de los animales
superiores frente a su entorno natural, ha debido ser quien lograra someter
progresivamente la naturaleza al poder social combinado de su cerebro y de sus
manos a través de medios de trabajo cada vez más perfeccionados. Teniendo en
cuenta la diversidad de las necesidades, es propio de la producción cooperativa
que los actos de los trabajadores individuales se integren a la manera de
partes de un todo, lo cual supone la comunicación entre ellos mediante el
lenguaje y el establecimiento de determinadas relaciones sociales y su
correspondiente división del trabajo. Esto quiere decir que la acción
del hombre, como trabajador, no es ya individual, simple y directa -como
en la etapa de la recolección- sino colectiva, compleja y mediada a
través de sus relaciones con sus compañeros de trabajo:
<<En la producción los seres
humanos no actúan solamente sobre la naturaleza, sino que accionan también los
unos sobre los otros. No pueden producir sin asociarse de cierto modo para
actuar en común y establecer un intercambio de actividades. Para producir, los
hombres contraen determinados vínculos y relaciones y a través de estos
vínculos y relaciones sociales, y sólo a través de ellos, es como se relacionan
con la naturaleza y como se efectúa la producción>> (K. Marx: "Trabajo asalariado y capital")
El origen de la cultura del trabajo
coincidió, pues, con la cooperación como relación social de producción
basada en la propiedad colectiva de los medios de producción, que configuró la
etapa histórica del "comunismo primitivo". En este período, la
producción estaba directamente determinada por las necesidades colectivas, y
entre el acto esencial de la creación y lo creado no había ninguna ruptura
epistemológica. Para captar la esencia de las cosas, quienes vivieron durante
aquella etapa histórica no tuvieron necesidad de pasar por los vericuetos de la
metafísica tradicional ni por la dialéctica hegeliana; para aquellas gentes, la
contradicción dialéctica entre el ser "puesto" que "parece"
y al mismo tiempo se oculta y "brilla" en el "parecer"
carecía por completo de sentido, porque la esencia o razón de ser puesta por el
trabajo social en cada ser producido, era directa e inmediatamente percibida
como una unidad de concepto y sustancia que Hegel atribuye a la Idea. Esto era
así porque los distintos actos de la producción colectiva eran actividades directa
y conscientemente decididas por quienes las ejecutaban:
<<Los diversos trabajos en que
son generados esos productos -cultivar la tierra, criar ganado, hilar, tejer,
confeccionar prendas- en su forma natural son funciones sociales, ya que son
funciones de la familia y ésta practica su propia división natural del trabajo
(...) Pero aquí el gasto de fuerzas individuales de trabajo, medido por la
duración, se pone de manifiesto desde un primer momento como determinación
social de los trabajos mismos, puesto que las fuerzas individuales del trabajo
sólo actúan, desde su origen, como órganos de la fuerza de trabajo colectivo de
la familia.>> (K.Marx: "El
Capital" Libro I Cap. I punto 4)
La tarea del pensamiento tendente a
superar la determinación de la sensibilidad mediante la determinación abstracta
de la esencia "puesta" al interior del "ser inmediatamente
determinado", como tránsito hacia la determinación del concepto, se
presentó a la conciencia universal como problemática filosófica, cuando el
desarrollo de la fuerza productiva del trabajo social creó suficientes
excedentes hasta dejar sin sentido social a la economía de subsistencia, dando
pábulo a la propiedad privada, a las clases sociales y al Estado. Pero en este
momento, el trabajo social, la esencia social de las cosas, pasó a adoptar cada
vez más el carácter de trabajo enajenado. Mal podía, por tanto, expresarse por
sí mismo, alcanzar la categoría hegeliana del concepto. Pero esto lo veremos un
poco más adelante.
La determinación histórica inmediata
de la propiedad privada fue la mercancía; como consecuencia de la
generalización del comercio, la relación entre producción y consumo típica de
las sociedades primitivas autosuficientes dejó de ser inmediata y directa
para pasar a ser mediada por el mercado o esfera de la circulación. El
mercado hizo que los distintos trabajos de cultivar, hilar, tejer, etc. dejaran
de ser actos directamente decididos en cuanto a quienes los ejecutan,
cómo y por cuanto tiempo según las necesidades colectivas.
La propiedad privada y su
consecuencia inmediata, el mercado, desestructuraron aquella relación social
originaria, directa y consciente entre los distintos productores. Al pasar a
mediar o intermediar la relación social entre los productores y entre
producción y consumo, la mercancía determinó que los distintos trabajos dejen
de ser directa e inmediatamente sociales en tanto quienes los ejecutan
quedan convertidos en agentes de la producción independientes los unos
de los otros, solamente relacionados entre sí a través del intercambio de sus
productos en el mercado. De este modo: 1) quiénes producen, 2) qué tipo o clase
de bienes, 3) durante cuanto tiempo, 4) cómo y 5) qué cantidad, es una realidad
que pasa a ser determinada no por los productores directos sino a través del
intercambio o la confrontación de sus productos en el mercado, donde las
relaciones sociales entre las personas se cosifican y las cosas se relacionan
como personas...
¿Por qué pasa esto? Porque quienes
deciden sobre el curso de la sociedad capitalista no son los productores sino
las cosas que ellos fabrican. En el mercado son las cosas las que pasan a
relacionarse como personas. No es el sujeto propietario capitalista el que
lleva su mercancía al mercado, sino que la mercancía es la que le lleva a él.
El sujeto ya no tiene voluntad propia. Ahí son las mercancías las que se
relacionan como personas, hay una inversión total del mundo real. Pero es una
inversión real, no es una locura psicológica sino social, no es una enajenación
mental sino real. La locura psicológica colectiva es un subproducto necesario
de la enajenación real:
<<En otras palabras: de hecho,
los trabajos privados no alcanzan realidad como partes del trabajo
social en su conjunto, sino por medio de las relaciones que el intercambio
establece entre los productos del trabajo y, a través de los mismos, entre los
productores. A éstos, por ende, las relaciones sociales entre sus trabajos privados
se les ponen de manifiesto como lo que son, vale decir, no como
relaciones directamente sociales trabadas entre las personas mismas, en
sus trabajos, sino por el contrario, como relaciones propias de cosas
entre las personas y relaciones sociales entre cosas>> (Ibíd. Lo subrayado es nuestro)
Si los productos del trabajo no son
reales -o, para decirlo en términos hegelianos- no son "realidades
efectivas"- desde el momento mismo de su producción, sino que
adquieren realidad recién cuando se "exponen" en el mercado, su
valor, esencia o razón de ser ("se vende: razón aquí") tampoco
puede surgir directamente del carácter cualitativo, concreto y útil del trabajo
social ni de la correspondiente materia igualmente cualitativa de su producto.
Tal como en el ser inmediato de la lógica idealista, la razón o valor económico
de un producto del trabajo, está completamente ausente en la cualidad de su ser
útil a la sociedad. Por lo que sirve , por su valor de uso, no se puede
inferir lo que vale; es decir, no se puede determinar su esencia social;
del mismo modo que, lo que vale, no encierra un solo átomo de utilidad, de
valor de uso; por lo que vale un producto del trabajo no se infiere la cualidad
de su ser util inmediato. Ya habíamos dicho que la inmediatez de la
sensibilidad y la esencia son dos seres distintos.
Desde el punto de vista mercantil,
pues, en la materia o cualidad de la mercancía no hay ni pizca de esencia
social o valor económico; el valor de uso sólo funge como soporte material de
su valor de cambio o "esencia" social. Es el ser inmediato de la
etapa premercantil, que la mercancía ha superado pero todavía conserva aun
cuando ya como inesencial; por su parte, el valor o "valor de
cambio" es lo esencial de la mercancía; es valor en tanto tiempo
de trabajo abstrracto, que no contiene ni un sólo átomo de materia ni de
utilidad social. En este sentido, lo esencial: el valor y lo inesencial:
el valor de uso de la mercancía, son dos seres existentes extrínsecos al
interior de una misma unidad mercantil. El reflejo en el pensamiento abstracto
de esta relación social enajenada, se traduce en este discurso:
<<...el ser en contraposición
con la esencia, es lo inesencial. Frente a la esencia tiene la determinación de lo superado. Sin
embargo, por cuanto se comporta, frente a la esencia, sólo como un otro en
general, la esencia no es propiamente esencia, sino sólo otra existencia
determinada, es decir, lo esencial (...) De este modo la
esfera de la existencia se halla puesta como base ("soporte
material" del valor: Marx).....>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia de
la lógica" Libro II Cap. 1. Lo entre paréntesis es nuestro)
Ahora bien, la esencia (valor) como
un opuesto a la existencia de lo perceptible por los sentidos (valor de uso)
dentro del mismo ser inmediato (la mercancía individual) -inmediatez ya
superada y al mismo tiempo conservada- es lo esencial del ser reflejado en sí
mismo, en su existencia inesencial. Es lo esencial de la mercancía considerada
individualmente -su valor- expresado en su propio valor de uso. A esto, como ya
vimos, Hegel le llama el "parecer dentro de sí". Es una identidad
formal entre esencia y existencia, entre valor y valor de uso, producto de
una "determinación reflexiva"; reflexiva en tanto la esencia (valor)
contenida en un ser (mercancía) no se determina mediante la distinción, esto
es, determinando su esencia en otro ser existente cualitativamente distinto a
su ser inmediato originario. Precisamente por hacer abstracción de la
distinción respecto de otro inesencial que no es aquél de donde salió, la
esencia que se refleja en su propio ser se revela como una identidad formal:
<<Esta identidad es formal o identidad del entendimiento en tanto
él se ase firmemente a ella haciendo abstracción de la
distinción. O más bien, la abstracción consiste en sentar esa
identidad formal>> (G.W.F. Hegel "Enciclopedia..." §
115). Subrrayado nuestro)
En la mercancía, a caballo de aquél
ser inmediato en tanto mero objeto útil, ya está puesta (aunque no manifiesta)
la esencia. De la unilaterialidad empírica o puramente sensible del ser útil
predominante en las primitivas culturas autosuficientes del tiempo de trabajo,
deviene la dualidad de la mercancía como unidad contradictoria de empiria y
razón típica de las sociedades mercantiles excedentarias, donde la sensibilidad
o empiria reside en su componente material, cualitativo, en tanto valor de uso
capaz de satisfacer una necesidad determinada, mientras que la razón de su
existencia como ser social (en la sociedad mercantil) viene dada por su valor
económico, "forma de valor" o "valor de
cambio".
Así es como los productos del trabajo
entraron en la esfera de la esencia. A partir de ese momento, sin dejar la
antigua cáscara del ser inmediato o valor de uso de donde surgió como trabajo
útil, concreto, el trabajo social superó su inmediatez y unilateralidad
sensible para poner al lado de ese ser originario e inmediato, la impronta del
valor, que "brilla" y a la vez se oculta como un "parecer"
en su contrario: el valor de uso de la mercancía individual producto de ese
trabajo. El trabajo humano supera así su determinación inmediata como trabajo
util, como valor de uso.
...El ser inmediato de la conciencia,
que es el ser de la sensibilidad, ha sido desplazado por el trabajo en el
sentido de que yo cojo una materia prima y la transformo convirtiendo ese ser
inmediato originario en otra cosa. Ese ser inmediato originario o primario ha
desaparecido como tal para convertirse en otro como resultado del trabajo. Este
nuevo ser inmediato que ha sido creado por el trabajo no deja de ser sensible,
pero ya no es el ser inmediato de la inmediatez originaria, es el ser inmediato
del trabajo. La esencia, que es el trabajo, inexistente en la materia prima, ya
"brilla" en el "parecer" del producto elaborado. Y no sólo
eso. Cualquiera sabe que este bolígrafo es producto del trabajo, pero en la
sociedad capitalista, el común de las gentes no ven que el trabajo sea la
sustancia creadora del valor, de la esencia económica. Tampoco el valor se ve
observando una mercancía, o usándola, o consumiéndola. Pero sí surge de la
relación entre dos mercancías; es ahí donde se manifiesta, donde
"aparece" el valor o esencia de la cosa, que es el trabajo...
Como acabamos de ver citando a Marx,
los productos del trabajo son una realidad económica y social, no cuando se los
fabrica, sino cuando se venden. Antes de eso no tienen realidad, porque no se
sabe incluso en qué medida se realizarán, es decir, a qué precio, si por encima
o por debajo de su valor. Eso solamente lo determina el mercado que es una
realidad suprahumana que nadie controla, por eso es importante el punto 4 del
capítulo 1 de El Capital. Por esto el valor siempre se manifiesta a través de
un otro, que es el mercado.
Hegel dice que el ser inmediato (el
de la etapa de la recolección y el de la etapa de la sociedad del trabajo
autosuficiente) con arreglo a su determinación (sensible) unilateral, de ser
algo inmediato, ha sido depuesto. ¿por qué ha sido depuesto?
Porque el boli es producto del trabajo en una sociedad mercantil capitalista,
no un producto provisto directamente por la naturaleza. El puro ser inmediato
de la sensibilidad, sin esencia social ninguna, desaparece.
Sin embargo, que desaparezca el puro
ser inmediato no quiere decir que desaparece el ser de la sensibilidad en la
mercancía. La determinación originaria del trabajo útil o concreto y su
expresión material como valor de uso, no desaparece en la mercancía. De hecho,
lo que carece de utilidad social nada vale por más trabajo que contenga; lo
mismo -y esto es de perogrullo- si teniendo utilidad social se destruye o
consume; porque su razón de ser -el trabajo- no puede llegar a existir como valor
de cambio sino bajo su apariencia material como valor de uso. En la
mercancía, pues, tal como el ser en la esfera de la esencia, la inmediatez del
valor de uso ha sido superada y al mismo tiempo conservada. Por último, el
valor confiere al ser económico una entidad más completa superadora del valor
de uso, en tanto deja puesta frente a él, al interior de la mercancía
individual, la esencia social del trabajo, esto es, el valor, que, para
Hegel, recordémoslo, es el pura actividad pensante del sujeto universal.
El "aparecer" de la esencia
en la relación mercantil.
En el intercambio, la esencia
de la mercancía individual sale de sí misma para "aparecer"
en otra, cualitativamente distinta, con la que, sin
embargo, se iguala o identifica según su esencia o valor en el
intercambio. Ya no es un "parecer" que subsiste en si misma sino un
"aparecer" que existe en otra; deja de ser algo interior
recónditamente oculto por la exterioridad de ese su ser inmediato, sino que pasa
a ser un existente que se muestra en un otro existente o extrínseco opuesto no
dentro de sí sino frente a ella. Es el ser del trabajo social como ser en sí
mismo (mercancía individual) que se supera en el intercambio en tanto deja de
ser en sí para existir, aun cuando todavía no por sí mismo, sino
a través de otro ser cualitativamente distinto (lo cual posibilita el cambio) e
igual en valor a él, de igual esencia. Así, el ser inmediato de la sensibilidad
superado por la esencia en sí misma (porque no supera el expresarse a través de
la sensibilidad), el ser puesto, deviene ahora como esencia existente en lo inesencial
frente a lo esencial que es un "otro" (que ejerce de
equivalente) también existente:
<<La diferencia entre esencial
e inesencial ha hecho recaer la esencia en la esfera de la existencia,
pues la esencia, tal como está al comienzo, se encuentra determinada como
existente inmediato, y por consiguiente, sólo como otro frente al ser.
De este modo, la esfera de la existencia se halla puesta como base (soporte material: Marx)....>> (G.W.F. Hegel: "
Ciencia de la lógica" Libro II Cap. I)
Cuando la esencia (de una mercancía)
abandona la reflexión dentro de la unidad con su ser inmediato (valor de uso) y
se iguala con otra en un ser inmediato o valor de uso distinto del que
provino, la identidad de la esencia deja de ser formal y su reflexión "en
sí misma" (dentro del ser inmediato del que provino) pasa a ser reflexión
en otro (pasa a reflejarse en la mercancía con la que se iguala para
intercambiarse). De este modo, la identidad de lo esencial se revela mediante
la igualdad (cuantitativa: cantidad de trabajo socialmente necesario) de los
seres (valores de uso) que se refieren unos a otros en tanto que inesenciales
cualitativamente distintos no indiferentes y cuantitavivamente iguales, donde
la esencia de uno no ya "parece" sino que "aparece" en el
ser inmediato de otro y viceversa; al contrario de lo que ocurría con la
esencia de la mercancía considerada individualmente, sólo reflejada como un
"parecer" en su propio ser inmediato del trabajo (trabajo concreto útil
o valor de uso):
<<La igualdad es una identidad
sólo de aquellos que no son los mismos, que no son (cualitativamente) idénticos uno con otro; y la distinción es referencia
de los distintos. Ambas [igualdad y distinción] no caen en lados o aspectos
distintos que sean exteriormente indiferentes uno a otro, sino que cada uno [de
ellos] es un aparececer en el otro.>> (G.W.F. Hegel: "Enbciclopedia"
: § 118. Lo entre paréntesis es nuestro )
Ahora, en esta unidad (en tanto
relación de igualdad) de lo cuantitativamente idéntico y de lo cualitativamente
distinto, o de lo idéntico que se expresa en lo diferente, como resultado de la
relación de intercambio o reflexión hacia sí que es igualmente reflexión hacia
otro, la reflexión de la esencia (valor) sobre su ser inmediato es al mismo
tiempo reflexión de ese valor sobre el ser inmediato con el cual se relaciona y
viceversa. Este momento constituye el paso de la esencia al fundamento
que aparece en la relación esencial entre
distintos que constituye el fenómeno.
Si la dualidad entre ser y
"parecer" es la reflexión de la esencia en el ser inmediato, y esta
"reflexión en sí misma" constituía una "identidad formal",
ahora, el fundamento viene a ser la unidad de esta "identidad
formal" y la distinción, donde la esencia pasa de su ser en sí
mismo como "identidad formal" de la esencia con su ser inmediato a la
existencia, no como existente (en su ser inmediato o valor de
uso) sino como cosa fundada (cuyo fundamento no está ya en lo que
"parece" sino en lo que "aparece") en su relación de
igualdad con otros existentes distintos, relación -que es el fenómeno o
"forma de valor"- entre A y B, que es la cosa:
<<La reflexión hacia otro del
EXISTENTE no está, sin embargo, separada de la reflexión-hacia-sí; el
fundamento es la unidad de ambas [reflexiones], [unidad] de la que ha salido la
EXISTENCIA. El EXISTENTE contiene por ello en sí mismo la relatividad y su
múltiple conexión con otros EXISTENTES, y está reflejado hacia sí en
tanto [es] fundamento. De este modo el EXISTENTE es cosa.>> (G.F.W. Hegel: "Enciclopedia..." § 124)
La esencia es la razón en el momento
de su "parecer" antes de su manifestación, antes de su
"aparecer" en la relación esencial (relación de igualdad o ecuación
entre dos esencias o valores) . Cuando la razón se manifiesta aparece el fundamento.
Esto ayuda a entender la diferencia que hay entre las categorías, no es lo
mismo la esencia que el fundamento. La esencia es la razón puesta en el ser
inmediato del trabajo como trabajo concreto o útil, el trabajo incorporado en
el proceso de producción; antes de hacerse valer en el mercado.
Ahora bien, el fundamento aparece no
cuando el producto se expone con pretensiones de hacerse valer y realizarse; no
aparece en la mera confrontación. Cuando se enfrenta a otro ser, a otra
mercancía individual distinta y le dice: mi esencia, mi valor, es tal, ése
todavía no es el fundamento. El fundamento surge en la relación esencial,
en la homologación, identidad o equiparación de las esencias.
El fundamento aparece en la relación
esencial. Porque la relación entre distintos es, al mismo tiempo, una
relación entre esencias, es una relación esencial. Ahora bien, si las esencias
no se igualan o identifican no hay acuerdo, no hay homologación esencial de los
distintos y no hay fundamento. Por lo tanto, en una relación esencial, lo
inesencial es un puro soporte material, que constituye la condición
necesaria del fundamento; la condición suficiente es la identidad de las
esencias o valores individuales.
Esta unidad de lo idéntico y de lo de
la reflexión hacia sí que es igualmente reflexión hacia otro, y distinto, o de
lo idéntico que se expresa en lo diferente, como resultado viceversa,
constituye el paso de la esencia al fundamento que aparece en la relación
esencial entre distintos que constituye el fenómeno. Si la dualidad
entre ser y "parecer" es la esencia reflejada en el propio ser
inmediato, y esta "reflexión del ser en sí mismo" constituía una
"identidad formal", ahora, el fundamento viene a ser la unidad
de esta "identidad formal" y la distinción.
La unidad formal, la identidad formal, es la identidad entre el ser y su
ser inmediato, la relación entre la identidad formal y la distinción es el
fundamento porque esta identidad formal que es el reflejarse, el ser de la
razón en sí mismo, en el ser inmediato, que si ahora se refleja en otro
distinto, ahí aparece la relación esencial, que es el fundamento...
...donde la esencia pasa de su ser en
sí mismo como "identidad formal" a la existencia, no como existente
(en su ser inmediato o valor de uso) sino como cosa fundada, (cuyo
fundamento no está ya en lo que "parece" es decir en el ser inmediato
de donde salió sino en lo que "aparece") en su relación de igualdad
con otros existentes distintos que son otras mercancías, relación -que es el fenómeno
Aquí aparece la noción de fenómeno.
El fenómeno, en "El Capital" es la relación entre dos
mercancías, relación esencial que es la "forma de valor" entre A y B
o "valor de cambio" que es la cosa. Y en ese fenómeno está ya
el fundamento, su fundamento; no tiene ya sólo la esencia, tiene el fundamento,
porque se expresa. Pero no es el concepto, porque no se expresa por sí
mismo o "forma de valor"- entre A y B que es la cosa
La cosa no es algo existente,
individual, es una relación. La "cosa", para Hegel, no es ésta ni
aquella cosa, es la relación entre una y otra cosa. La cosa es el
fundamento, y el fundamento sale de la relación de igualdad, de la homologación
entre dos esencias, de la igualdad entre dos valores. Por lo tanto, la cosa no
es un objeto sino una relación. No es un ser en sí, tampoco es un ser para sí,
un concepto. Es el reflejo de un ser (de la esencia) en sí en otro ser
inmediato; es la esencia de un ser que ha salido de sí y existe en una relación
esencial, tiene su fundamento, pero en otro, por lo tanto es un fenómeno,
porque es una forma de aparecer, nada más. Es un fenómeno. Entre Hegel y Marx
hay la misma concepción de fenómeno, que es el fundamento de la esencia común a
dos seres que aparece en la relación entre uno y otro:
<<La reflexión hacia otro del
EXISTENTE no está, sin embargo, separada de la reflexión-hacia-sí (la esencia no puede desligarse de su valor de uso, porque si se desliga
de su valor de uso ya no se puede intercambiar. Marx dice: si se destruye el
valor de uso se destruye el valor de cambio, no se puede desprender, si se
desprende pierde); el fundamento es la unidad de ambas [reflexiones] es
decir, de la reflexión hacia sí y de la reflexión respecto de otro, hacia otro,
[unidad] de la que ha salido la EXISTENCIA (Porque cuando el ser inmediato
del pensamiento -la esencia [el trabajo] que se refleja en su propio ser
inmediato, sale y se refleja en otro ser inmediato distinto del que salió, son
dos reflexiones: la reflexión hacia sí, que él no puede obviar, porque sigue
existiendo, y la reflexión hacia otro. Ambas reflexiones constituyen la unidad
de la que ha salido la existencia.) El EXISTENTE contiene por ello en sí
mismo la relatividad (El valor relativo. Cuando el valor o la
esencia sale a la existencia, es porque sin abandonar su ser inmediato aparece
en otro. Eso significa que esa esencia, ese valor –el de la mercancía A- se
relativiza en otra, en la mercancía B. La mercancía A relativiza o expresa su
valor o esencia en el valor de uso o ser inmediato de la mercancía B que hace
las veces de equivalente. Esta relación o "forma de valor", es lo que
en el contexto de su "Ciencia de la Lógica" se conoce por
"la cosa". Todo esto está en el capítulo primero de "El
Capital") y su múltiple conexión con otros EXISTENTES, y está reflejado
hacia sí en tanto [es] fundamento. De este modo el EXISTENTE es cosa.>>
(G.F.W. Hegel: ·"Enciclopedia..." § 124. Lo entre
paréntesis es nuestro)
Cuando decimos que 50 metros
cuadrados de lienzo equivalen a una chaqueta, estamos poniendo a estas dos
mercancías cualitativamente distintas en una relación de igualdad
o equivalencia en cuanto a su esencia social o valor en la sociedad mercantil; Esta relación es la unidad de lo
idéntico y de lo distinto. Idéntico en tanto a esencia social, distinto en
tanto apariencia o forma de manifestación cualitativamente hablando, de la cual surge el fundamento o esencia
determinada, determinada no por sí misma, sino a través de otro o por otro,
pero ahora no como existente o ser en sí mismo...
...la esencia del ser en sí mismo es
un existente, la esencia en otro ya es un fenómeno, que supone
que tiene su fundamento, pero no su fundamento por sí, sino a través de otro, a
través de su relación con otro...
Hablar de relación de igualdad entre
el lienzo y la chaqueta supone que el lienzo relativiza su esencia en una
mercancía distinta y al mismo tiempo igual o equivalente bajo la forma del ser
inmediato de la chaqueta; dicho de otro modo, el lienzo expresa su esencia
(valor) en el ser inmediato (valor de uso) de la chaqueta, con lo cual, de
simple existente abstracto reflejado sobre sí mismo de la mercancía lienzo (sin
fundamento), el lienzo pasa a reflejar su esencia (valor) en otro existente
(ser inmediato o valor de uso de la chaqueta), convirtiéndose así en existencia
real o cosa fundada.
Si la primera mercancía (el lienzo)
refleja "pone" o expresa su esencia (no en sí misma sino) en otra, en
la chaqueta, cumple una función activa...
...porque ella (la esencia o valor
del lienzo) es la que sale de sí misma (de su ser inmediato o valor de uso);
sale de su ensimismamiento y va hacia otra (la chaqueta) que "la
solicita" y está ahí, en el mercado, para ejercer de espejo.
...En tanto se deja representar, la
cualidad o valor de uso de la chaqueta cumple una función pasiva. En términos
teatrales o cinematográficos, la esencia (valor social) del lienzo, es el alma
o la esencia del personaje que permanecía en el autor de la obra y que ahora
pasa a ser "puesta en escena"...
...Cuando un personaje se pone en
escena, entre él y el actor que lo interpreta se establece una relación, donde
el personaje –que es presentado por el autor- cumple la función activa, cobra
vida en el actor, mientras que éste simplemente lo re-presenta o se deja volver
a presentar por él. Es un buen actor y, por lo tanto vale, en la medida en que
es la fiel representación del personaje: su equivalente. Al contrario de lo que
parece, la función activa es del personaje, la función pasiva corresponde al actor
que sólo pone su cuerpo, su figura, su mera apariencia; el arte teatral o
cinematográfico, el arte de interpretar, es apariencia, es el arte y la
maestría de saber reflejar en la figura del actor la esencia o carácter del
personaje. Y en la ciencia económica, la esencia del personaje llamado
mercancía es el valor, que "aparece" representada....
...o "relativizada" en la apariencia del actor; por su
parte, en esta relación con su personaje, la chaqueta es el actor que hace las
veces de equivalente del personaje, limitándose a representarlo pasivamente
mediante la actuación fenoménica de su figura corporal, de su valor de
uso...
... hasta tal punto que al actor se
le usa, el empresario teatral le usa, usa su figura y su fuerza de trabajo,
que, en la escena, ya no es mera figura representativa del valor puesto por el
autor de la obra, es un nuevo valor creador de plusvalor:
<<Las dos mercancías A y B, en
nuestro ejemplo el lienzo y la chaqueta, desempeñan aquí, obviamente, dos papeles diferentes. El lienzo expresa su valor (esencia social) en la chaqueta; la chaqueta hace las veces de material para
dicha expresión de valor. A la primera mercancía le corresponde
un papel activo; a la segunda, uno pasivo. El valor de la primera mercancía
queda representado como valor relativo, o sea, reviste una forma
relativa de valor. La segunda mercancía funciona como
equivalente, esto es, adopta una forma de equivalente.>>
(K. Marx: "El Capital": Libro I Cap. 1. Lo entre paréntesis es
nuestro)
La relación (de equivalencia) entre
las mercancías A (lienzo) y B (chaqueta) constituyen dos partes de una unidad
que es el fenómeno o "forma de valor" donde la esencia (de la
mercancía) A se manifiesta en el cuerpo, soporte material o valor de uso de (la
mercancía) B. Pero ahora si invertimos el orden de relación entre A y B,
tenemos que B equivale a A. En este caso se cambian los papeles: B es la
mercancía que ejerce el papel activo, cuya esencia es "solicitada"
por B:
<<Sin duda, la expresión 20 varas de lienzo = 1 chaqueta o 20 varas de lienzo valen 1
chaqueta, implica la relación inversa: 1
chaqueta = 20 varas de lienzo o 1 chaqueta vale 20 varas de lienzo
(...) El que una mercancía adopte la forma relativa de valor o la forma
contrapuesta, la de equivalente, depende de manera exclusiva de la posición que
en ese momento ocupe en la expresión (fenomeno) de valor, esto es, de
que sea la mercancía cuyo valor se expresa o bien, en cambio, la mercancía en
la que se expresa el valor.>> (K.Marx: "El Capital"
Libro I Cap. 1 punto 2)
Esto quiere decir que A y B son
partes de una totalidad en la que alternativamente una u otra pueden desempeñar
ambos papeles. Al estar correlacionadas en esta relación de igualdad, activo o
pasivo, ambas están mutuamente condicionadas; es una totalidad porque va una y
otra de un lado a otro, según como se mire la relación. En esta relación no hay
un polo dialéctico dominante, porque cada mercancía manifiesta su esencia o
alma social en el cuerpo de la otra y ambas constituyen un todo como
"forma de valor" (Marx), "relación esencial" o
"fenómeno" (Hegel). Esta relación, como igualdad esencial constituye
una unidad concreta , donde cada una de las partes son iguales al todo
porque así lo determina su relación de igualdad o equivalencia.
...En las partes A y B está el todo,
porque ambas pueden representar tanto el papel de equivalente como de relativo,
por eso es una totalidad...
...Pero al mismo tiempo, desde el
punto de vista de la cualidad, la relación es una unidad abstracta
en tanto unidad de lo distinto, porque sus dos partes no dejan de ser dos
existencias independientes, esto es dos seres inmediatos diferentes y, por
tanto, "recíprocamente indiferentes".
Como cualidad son indiferentes porque
no tienen nada que ver el uno con el otro; pero como esencia se igualan y no
pueden ser indiferentes porque son idénticos. La condición del intercambio es
que la unidad que constituye la relación sea al mismo tiempo abstracta y
concreta; abstracta porque los elementos que se relacionan son cualitativamente
distintos e indiferentes, concreta porque esencialmente son idénticos:
<<Ahora bien, puesto que los
lados de la relación no tiene cada uno su independencia en sí mismo, sino en su
otro (porque no se expresa a través de sí mismo sino a través de otro, por lo
tanto tiene su independencia en otro), hay una sola
identidad de ambos, en que ambos son sólo momentos. Pero como cada uno es
independiente en sí mismo, son ellos así dos existencias independientes, que
son indiferentes recíprocamente. En el primer aspecto, el de la identidad
esencial de estos lados, el todo (la esencia) es igual a las
partes, y las partes son iguales al todo (porque son iguales como esencia). No hay nada en el todo, que no
esté en las partes, y nada en las partes que no esté en el todo. El todo no es
una unidad abstracta, sino la unidad como unidad de una diferente
multiplicidad; pero esta unidad, como aquella en que lo múltiple
se relaciona entre sí, es su determinación (esencial, porque si no existiera la esencia que une a lo múltiple no habría
determinación de igualdad por lo tanto es una determinación esencial) por cuyo medio lo múltiple es parte (es parte del todo, y el todo está en las partes). La relación tiene, por ende, una identidad inseparable y sólo una
única independencia (la de la esencia)>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia
de la lógica" LIbro II sección 2 cap. 3. Lo entre paréntesis es
nuestro)
Si ahora pasamos en Marx de la
"forma simple" a la "forma total o desplegada" de valor,
tenemos una multiplicidad de distintas partes, cuya relación esencial
constituye una identidad esencial donde:
A = B; B = C; C = D;....y
B = A; C = B; D = C.....
Si los primeros miembros de estas
relaciones de igualdad desempeñan el papel activo y los segundos el papel
pasivo, siendo que todo depende "de la
posición que en ese momento
ocupe" cada miembro en la relación de igualdad, de esto se desprende que
la fuerza productiva del trabajo (el pensamiento en la concepción
de Hegel), que tiende a realizarse como esencia, está en la relación misma en
tanto relación esencial: Aquí está el trabajo, permanentemente,
que equipara todas estas mercancías como cualidades o valores de uso según su
cantidad, la cantidad de trabajo contenido en cada unas de ellas:
<<La fuerza es, de esta manera,
una relación (la fuerza nace de la relación, no
nace de un sujeto, nace de una relación) en la que cada término es (esencialmente)
el mismo que el otro Hay una fuerza que solicita y otra que es solicitada, pero
si no hay relación no hay fuerza. Hay fuerzas que están en relación y
precisamente se refieren de manera esencial una a la otra. Además, ellas son,
ante todo, sólo diferentes en general; la unidad de su relación es sólo la
unidad interior, que está en sí>> (Ibíd. Lo entre paréntesis
es nuestro)
Decimos que en la relación de dos
distintos (A = B y B = A), A expresa en B lo que tiene de igual con él y
viceversa. Por tanto, en A = B, A desempeña un papel activo y B un papel
pasivo. Al contrario que en B = A. Si en A = B, para expresarse en el valor de
uso de B, el valor de la mercancía A ejerce una fuerza esencial
(como valor que tiende a realizarse o venderse), esto sólo es así porque B
ejerce otra fuerza inesencial (demanda del valor de uso) que la solicita:
<<Todas las mercancias son no-valores-de-uso para sus poseedores (oferentes), valores-de-uso
para sus no poseedores (demandantes). (Estas son las
fuerzas del mercado de que hablan los burgueses). Por eso tienen
todas que cambiar de dueño. Pero este cambio de dueños constituye su
intercambio, y su intercambio las relaciona recíprocamente como valores
(según Hegel en tanto esencia) y las realiza en cuanto tales.>>
(K. Marx: "El Capital" Cap. II. Lo entre paréntesis es
nuestro)
Por tanto, la fuerza productiva del
trabajo (el pensamiento en Hegel), es una fuerza condicionada, lo mismo
que lo que ella determina, esto es la esencia. Está condicionada por la
relación, esto es, por el mercado. Las fuerzas que concurren para determinar la
esencia (valor) y que convierten a las cosas (mercancías) en reales, son las
"fuerzas del mercado", la oferta y la demanda. Esto es real. Sin
forma de valor no hay valor, sin intercambio no hay valor. Si no hay una parte
propietaria pasiva con la misma intensidad que la propietaria activa, que
solicita la fuerza no hay valor:
<<Vale decir, una fuerza está
determinada, primeramente, como la que solicita (o demanda) y la otra como la que se convierte en solicitada
(oferta); estas determinaciones de forma (forma de valor) aparecen de
esta manera como diferencias inmediatas, existentes en sí, de las dos fuerzas.
Pero son esencialmente mediadas. Una fuerza se halla solicitada; este empuje es
una determinación puesta en ella desde el exterior (por su
equivalente). (...) O sea, ella es la que solicita sólo por cuanto está
solicitada para ser la que solicita. Y así, a la inversa, la primera está
solicitada sólo por cuanto ella misma solicita la otra a fin de que la solicite
a ella, es decir, a la primera. (...) Ambos, el empuje dado y el recibido, o
sea, la extrinsecación activa (de la esencia o valor) y la exterioridad
pasiva (del ser inmediato o valor de uso), no son, por consiguiente, un
inmediato, sino que son mediados (por la fuerza productiva del trabajo que
para Hegel es fuerza del pensamiento), y precisamente cada una de las dos fuerzas
(oferta y demanda) es ella misma la determinación que la otra tiene frente a
ella, está mediada (condicionada) por la otra, y esta otra que la media,
representa a su vez su propio ponerse que determina (al pensamiento-trabajo
"por sí" mismo como esencia-valor)>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia
de la lógica" Libro segundo Cap. III. Lo entre paréntesis es nuestro)
Mediante la exteriorización de la
fuerza en los dos lados de la relación, el pensamiento –la fuerza productiva
del trabajo según Marx- se supera la diversidad y convierte la relación en una relación
esencial, en una relación de equivalentes, que contienen la misma cantidad
de valor social.
En este contexto, según Hegel, es el
pensamiento el que pone orden entre cosas distintas según su esencia. Pone
orden en el sentido de que este orden se manifiesta en la igualdad de las
esencias, en la relación esencial. Para Marx, este orden no es un orden del
pensamiento sino que es un orden de las cosas. Es la relación mercantil que
funge o actúa independientemente del pensamiento de los sujetos, la que pone
orden en la sociedad mercantil; el orden del pensamiento es un reflejo del
orden impuesto por la naturaleza de las cosas que se formaliza después,
"post festum", como un concreto pensado, no como concreto real. En
Hegel parece que es el pensamiento el que ordena la realidad. Esta es la
diferencia.
La relación esencial es una identidad
formal que constituye en sí el contenido. La forma se convierte en
contenido. "En sí" porque como identidad formal (todavía no real), la
esencia o el contenido del ser no se determina por sí mismo sino a través de la
manifestación sensible de su otro lado, de la mercancía B, la chaqueta. La
verdad de la fuerza es, por consiguiente, la relación, cuyos dos lados
se distinguen solamente uno como interior y el otro como exterior...
...Como interior es el activo, como
interior que se manifiesta. Y el otro como exterior, como pasivo, que solamente
pone la forma, pone la materia...
Para Marx, la determinación de la
esencia o valor de las cosas en la sociedad mercantil está dada no por el
pensamiento sino por el trabajo en tanto síntesis social entre teoría (ciencia)
y práctica (técnica), sólo que la forma de valor o relación de
intercambio, al mismo tiempo que vela u oculta esta determinación esencial del
trabajo, activa la energía que desgarra ese velo...
...y, por lo tanto ya no
"parece" sino que "aparece" en el fenómeno, que, a su vez
contiene su fundamento:
<<...las propiedades de una
cosa no surgen de su relación con otras cosas sino que, antes bien, simplemente
se activan en esa relación. (...) Nuestro análisis ha demostrado que la
forma de valor o la expresión del valor de la mercancía surge de la naturaleza
del valor mercantil, y que por el contrario, el valor y la magnitud del valor
no derivan de su forma de expresión en cuanto valor de cambio (sino del trabajo)>> (K.Marx: "El Capital" Libro
I Cap.1. el subrayado y lo entre paréntesis es nuestro)
Como identidad de la apariencia con
lo interior, es decir, con la esencia, la relación esencial queda
determinada como realidad, aunque no todavía como realidad efectiva,
porque la esencia del ser no se muestra por sí misma sino por mediación de su
reflexión en la sensibilidad de un otro: el equivalente.
Es en este punto de su "Lógica"
donde Hegel rompe con la filosofía especulativa de Kant, porque para Kant
no era posible que la esencia se revelara al intelecto. Para Kant en el
fenómeno no se revela más de lo que denota como tal, como determinación
sensible, de modo que el pensamiento sólo puede ejercer su libertad como mero
entendimiento, es decir entender lo que se percibe por los sentidos, sin más.
Desde el punto de vista de la pura especulación o reflejo del pensamiento en la
sensibilidad, la esencia de las cosas -el noumeno- es lo interior no revelado o
de imposible intelección. Así, para Kant, de las cosas sólo es posible
inteligir el fenómeno, su mera apariencia...
...Desde el punto de vista de la
economía política, Kant no sale de lo que denota la relación simple de
intercambio: el precio. Pero en su filosofía no hay sitio para el dinero, que
es la categoría económica homóloga al concepto en la Lógica de Hegel. La
esencia que Kant llama "cosa en sí" es una realidad oculta tras la
apariencia, algo íntimo y verdadero encubierto por el velo subjetivo que entre
ella y nosotros interponen las formas de la sensibilidad y sus categorías. Como
para Kant el ser humano no puede saltar por encima de su propia sombra, como no
puede percibir más que las formas del espacio y el tiempo, ni pensar más que
con las categorías de la sensibilidad, la "cosa en sí" resultará
siempre impensable, ininteligible....
Para Hegel, por el contrario, no
puede haber un exterior de la sensibilidad si un interior del pensamiento y de
la voluntad no se manifiesta en él y lo determina, del mismo modo que, para
Marx no puede haber mercancía ni precio sin trabajo. En tal sentido, no puede
haber pensamiento más vacío que el mero entendimiento de las cosas tal
como aparecen; no puede haber actividad humana más inútil que el de una
filosofía que se limita a traducir en términos de intelecto lo directamente
dado a los sentidos. Esto de Kant es sentido común, es darle forma intelectual
a las formas de la sensibilidad:
Por consiguiente, lo que es sólo algo
interior, es así también algo exterior, y lo que solo es algo exterior, es también sólo, por de pronto, algo interior. (...) El ser humano, del mismo modo
que es exterior, o sea, es exterior en sus acciones [no desde luego en su sola
exterioridad corporal], es también interioridad; y cuando es solamente interior, es decir, cuando
es solamente virtuoso o moral en sus propósitos y sentimientos, y su
exterioridad no es idéntica a su interior, tan hueco y vacío es entonces lo uno
como lo otro>> (G.W.F. Hegel "Enciclopedia..." §140)
En este pasaje que el traductor Ramon
Valls Plana ve con razón "cargado de ironía", Hegel impugna de modo
terminante e incontrovertible la filosofía (kantiana) que coloca la esencia
inteligible de las cosas en algún recóndito e inaccesible lugar."La
inteligibilidad está aquí, piensa Hegel, luce en las cosas logradas",
poniendo así "punto final, a la metafísica espectral de los "pálidos
reflejos".
...Es decir, cuando yo actúo estoy
poniendo de manifiesto lo que soy desde mi intimidad.
En efecto, si en A = B ocurre que la
esencia (lo interior) de A se manifiesta en lo exterior de B, y si,
recíprocamente, en B = A lo interior de B se manifiesta en lo exterior de A,
este razonamiento autoriza a concluir que tanto en A como en B su esencia
"luce" en la inmediatez de sus respectivas existencias, ahora cada
una como realidad efectiva o "Wirklichkeit", es decir, como
"cosas logradas", como unidades de significación y de significado, de
interior y de exterior:
<<La realidad efectiva es la
unidad inmediatamente devenida de la esencia y la existencia, o de lo interior
y lo exterior>> (Op.Cit. § 142)
...Después veremos la cuestión
filosófica importantísima de trascendencia política decisiva, de que no toda
cosa que tiene su propia razón de ser y existe, rige o tiene vigencia, es por
eso verdadera. Incluso una realidad efectiva, tangible, deviene realidad actual
o inmediata y por tanto, abstracta, cuando pierde su racionalidad. Esto lo
vamos a ver un poco más adelante...
Ahora bien, mientras en tanto esencia
se manifieste o refleje en su ser inmediato, "en sí mismo", esto es,
en una multiplicidad existencial no por sí misma sino en sí misma, esto es, a
través de otro ser inmediato, como ocurre en la relación esencial, forma de
valor o relación de intercambio, la determinación real del pensamiento (las
fuerzas productivas según Marx) es posible y al mismo tiempo contingente.
Puede ser o no ser. Precisamente porque no depende de si misma sino de
otro. Contingente es todo aquello que es por otro. Puede ser o no ser, y si es,
lo es por otro o a través de otro. Es lo accidental, lo no necesariamente
determinado.
En nuestro ejemplo, el trabajo
contenido en la mercancía A (10 varas de lienzo), es un contingente, porque
este trabajo, no se expresa o determina por sí mismo sino a través de su
relación con otro (la chaqueta) en el mercado. Y mientras sea contingente,
mientras exprese la esencia de su ser a través o por medio de un otro, la
posibilidad de ser por sí es abstracta, no real; de hecho, es el mercado el que
determina la realidad efectiva de una mercancía, es decir, si se vende o no,
esto es, si se realiza o no se realiza su valor y en qué condiciones; por
tanto, todo producto del trabajo tiene su esencia puesta y por eso su posibilidad
de existir como mercancía. Pero esta posibilidad es contingente, accidental o
circunstancial. Esto es lo que Hegel llama realidad actual o actualidad
real.
A diferencia del existente,
"dasein" o ser inmediato de la sensibilidad o del
sentimiento, ayuno de esencia, que es el ser de la recolección, que no tiene
trabajo incorporado, la realidad actual es el ser mediado
por el pensamiento (por el trabajo según Marx), que tiene la esencia puesta y
ya manifiesta en la relación esencial; es la esencia que "aparece" en
la EXISTENCIA, o el "existenz" de la esencia; pero no por sí
misma sino por medio de otro, el equivalente. Es, por tanto, una "realidad
formal" en tanto es la realidad de una forma, la realidad que la esencia
de un ser alcanza –o, mejor dicho, que puede alcanzar- a través de otro ser.
Así, frente a la absoluta
imposibilidad de que el "dasein" (puro valor de uso en la etapa de la
recolección), pueda determinarse esencialmente, el ser del trabajo cuya esencia
alcanza su "existenz" en la mercancía o relación mercantil, demuestra
su posibilidad de determinarse esencialmente, porque de hecho tiene su esencia
o razón de ser (el valor) manifiesta en su relación ("forma de
valor") con otra mercancía.
Pero esta posibilidad esencial de su
EXISTENCIA es, al mismo tiempo que formal, contingente, porque su realidad no
depende de él (del trabajo contenido en la mercancía) sino de un otro: el
mercado.
El bolígrafo no es un producto de la
naturaleza, es un producto del trabajo. Y como mercancía que es tiene valor.
Vale y cuesta. Per ¿cómo descubrirlo? Hegel dice que "en sí mismo",
es decir, observado un ser "en sí mmismo", un producto del trabajo
aisladamente en tanto objeto útil, su esencia "parece" y
"brilla" pero no "aparece", sigue siendo algo imposible de
descubrir. Y es ciero. Pero Marx, poniendo la dialéctica hegeliana sobre sus
pies, sigue diciendo que la indeterminación de la esencia "puesta" en
el ser inmediato de la mercancía individualmente considerada, obedece no
precisamente a que su valor mercantil permanece velado por el ser inemdiato que
la contiene, por su valor de uso, sino por causa del valor mecantil mismo que
ha userpado históricamente el lugar del trabajo concreto y del valor de uso. Y
esa esencia del ser humano que es el trbajo no se va a manifestar por sí misma
más que cuando el proletariado haga la revolución socialista. Hegel, en cambio,
dice que el ser por sí de la esencia se realiza en el concepto,, esto es en la
categoría dinero. Eon esto demuestra que su lógica es la lógica del trahbajo
enajenado, que es la Lógica del dinero.
"Realidad actual" y
decadencia del capitalismo
En este punto de la dialéctica queda
planteada una de las problemáticas de mayor importnacia política. Esta
problemática consiste en determinar el momento histórico en que el capitlismo
pierde la racionalidad que lo hizo históricamente necesario y la burguesía se
convierte en una clase decadente. Ya hemos dicho que el materialismo histórico
se empieza a distiguir del idealismo hegeliano en que, allí donde Hegel habla
del pensamiento Marx habla de fuerzas sociales productivas y todo lo que según
Hegel es o significa el ser, para Marx son las relaciones sociales de
producción. A partir de aquí ambos coinciden en el sentido puramente lógico de
la dialéctica, es decir que, allí donde Hegel pone el principio activo en el
espíritu, Marx lo pone en las fuerzas sociales productivas.
Para Hegel, el ser en todas las
formas que constituyen su devenir, que fija sus determinaciones históricas
mediante el intelecto y las supera mediante la razón:
<<El intelecto determina y mantiene firmes
las determinaciones. La razón es negativa y dialéctica, porque resuelve en la nada las
determinaciones del intelecto; es positiva, porque crea lo universal, y en él comprende lo particular. Así como el
intelecto suele considerarse en general algo del todo separado de la razón, así
también la razón dialéctica suele ser entendida como algo separado de la razón
positiva. Pero, en su verdad, la razón es espíritu, que está por encima de los dos, como razón inteligente o intelecto
razonante. (...) Este movimiento espiritual que en su simplicidad se da su
determinación y en ésta se da su igualdad consigo mismo, representa al mismo
tiempo el desarrollo inmanente del concepto; es el método absoluto del
conocimiento, y, al mismo tiempo, el alma inmanente del contenido mismo. Sólo
sobre estos senderos que se contruye por sí misma, creo yo, puede la filosofía
ser una ciencia objetiva y demostrativa.>> G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica" Prefacio a la primera
edición")
Según lo dejó dicho en su epílogo a
la primera edición de "El Capital", habían pasado treinta años
desde que Marx sometiera a crítica "el aspecto mistificador de la
dialéctica hegeliana". Sin embargo, cuando precisamente se encontraba
trabajando en la redacción del primer libro de su obra monumental, mientras los
círculos intelectuales de Alemania empezaron a tratar a Hegel como a "un
perro muerto", el creador del materialismo histórico se declaró
"abiertamente discípulo de aquel gran pensador":
<<La mistificación que sufre la
dialéctica en manos de Hegel, en modo alguno obsta para que haya sido él quien,
por vez primera, expuso de manera amplia y consciente las formas generales del
movimiento de aquella. En él, la dialéctica está puesta al revés. Es necesario darla vuelta,
para descubrir así el núcleo racional que se oculta bajo la envoltura
mística.>> (K.. Marx: "El Capital" Epílogo
a la primera edición)
La crítica de la filosofía hegeliana
a la que Marx alude, vio la luz en 1843. Como resultado de esa crítica
filosófica y de las investigaciones económicas consecuentes, Marx llegó a la
conclusión de que las superestructuras ideológicas y políticas no se comprenden
ni explican por sí mismas ni por "la evolución del espíritu humano"
–como sostenía Hegel- sino por determinadas condiciones materiales de
existencia de los individuos, que en la era moderna o capitalista rigen en lo
que -desde los enciclopedistas- se entendió por "sociedad civil" , y
que "la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía
política". Tras el paréntesis a que le obligó el estallido de la
revolución europea de 1848, Marx prosiguió sus investigaciones:
<<El resultado general a que
llegué y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede
resumirse así: en la producción social de su existencia, los seres humanos
contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad,
relaciones de producción que corresponde a una determinada fase de desarrollo
de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de
producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la
que se eleva el edificio (Uberbau ) jurídico y político y a la que corresponden determinadas formas de
conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el
proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la
conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser
social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de
desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad (la razón, en Hegel) chocan con las relaciones de producción (el
ser fijado por el intelecto), o -lo que no es más que la expresión jurídica
de esto- con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han
desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas,
estas relaciones se convierten en trabas suyas. Se abre así una época de
revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos
rápidamente, todo el inmenso edificio (la superestructura ideológica,
jurídica, política, ética etc) erigida sobre ella...>> (K. Marx:
"Contribución a la crítica de la economía política" Prólogo)
Esto que Marx escribió en 1859,
quince años antes ya estaba en el centro de sus pensamientos aun cuando no
totalmente desarrollado. De otro modo no se explican las coincidencias con los
argumentos expuestos en el "Manifiesto". Quien dejó testimonio
de ello fue su yerno, el médico de ascendencia francesa y origen cubano, Paul
Lafargue, quien en 1904 recordó uno de sus encuentros con Engels en París,
precisamente donde hoy está la Casa de la Cultura de Marruecos:
<<Engels me contó que en 1844
Marx le había expuesto en el Café de la Régence de París –uno de los primeros
centros de la revolución de 1789- el determinismo económico de su teoría sobre
la concepción materialista de la historia>> H.M. Enzensberger: "Conversaciones con Marx y Engels Tomo 1)
"Principios del Comunismo" fue escrito por Engels en noviembre de 1847 a modo de proyecto de
programa para la Liga de los Comunistas. Durante el segundo congreso de
esta organización celebrado entre el 29 de noviembre y el 8 de diciembre de ese
mismo año, se decidió la redacción de lo que pasaría a la historia bajo el
nombre de "Manifiesto del Partido Comunista". Designados para
esa tarea, Marx y Engels comenzaron la redacción del histórico documento con
los "Principios" sobre su mesa de trabajo. Engels describe
allí el pasaje del artesanado gremial al proletariado moderno. Refiriéndose a
la etapa capitalista de la manufactura, explica que este modo de
producción había ya trascendido el marco de la propiedad feudal y gremial para
asentarse en una nueva forma: la propiedad privada pura. Pero en esta etapa de
su desarrollo, el capitalismo no presentaba aun las condiciones técnicas ni
sociales necesarias para ser, a su vez, revolucionado. Por una parte, la
cooperación y la división manufacturera del trabajo sólo habían iniciado el
proceso que transformaría los viejos artesanos en obreros modernos. Por otra
parte, la manufactura tampoco garantizaba el desarrollo de la fuerza productiva
del trabajo necesaria para iniciar el proceso de transformación revolucionaria:
<<En efecto, para la
manufactura y para el primer período de desarrollo de la gran industria no era
posible otra forma de propiedad además de la propiedad privada, no era posible
ningún orden social además del basado en esta propiedad. Mientras no se pueda
conseguir una cantidad de productos que no sólo baste para todos, sino que
quede cierto excedente para aumentar el capital social y seguir fomentando las
fuerzas productivas, deben existir necesariamente una clase dominante que
disponga de las fuerzas productivas de la sociedad y una clase pobre y
oprimida. La constitución y el carácter de estas clases dependen del grado de
desarrollo de la producción. La sociedad de la Edad Media, que tiene por base
el cultivo de la tierra, nos da el señor Feudal y el Siervo; las ciudades de
las postrimerías de la Edad Media nos dan el maestro artesano, el oficial y el
jornalero; en el siglo XVII el propietario de manufactura y el obrero de ésta;
en el siglo XIX el gran fabricante y el proletario>> (F. Engels: "Principios del Comunismo")
Dicho esto, Engels se ubica
inmediatamente en la sociedad de su tiempo para anunciar que, con el
afianzamiento del maquinismo y la gran industria, las fuerzas
productivas de la sociedad europea han alcanzado el grado de desarrollo
necesario para iniciar el proceso de superación del capitalismo. Y como
prueba de veracidad de esta afirmación, Engels esgrime tres razones:
1) El desarrollo de la fuerza
productiva alcanzada por la gran industria que permite el excedente necesario
para revolucionar la sociedad burguesa;
2) La aparición del proletariado
moderno en trance de convertirse, por obra de las leyes del capitalismo, en una
mayoría de la sociedad, cuyo empobrecimiento relativo aumenta con el cada vez
mayor crecimiento de la riqueza que crea con su trabajo;
3) La progresiva inadecuación de las
relaciones de producción burguesas a las fuerzas productivas en desarrollo
revelada por las crisis periódicas:
<<Pero hoy, cuando merced al
desarrollo de la gran industria, en primer lugar se han constituido capitales y fuerzas productivas en proporciones sin
precedentes y existen medios para aumentar en breve plazo hasta el infinito
estas fuerzas productivas; cuando, en segundo lugar, estas fuerzas productivas se concentran en manos de un reducido número
de burgueses, mientras la gran masa del pueblo se va convirtiendo cada vez más
en proletarios, con la particularidad de que su situación se hace más precaria
e insoportable en la medida en que aumenta la riqueza de los burgueses; cuando,
en tercer lugar, estas poderosas fuerzas productivas, que se multiplican con tanta
facilidad hasta rebasar el marco de la propiedad privada y del burgués,
provocan continuamente las mayores conmociones del orden social, sólo ahora la
supresión de la propiedad privada se ha hecho posible e incluso absolutamente
necesaria>> (F. Engels: ibid)
En el "Manifiesto",
Marx y Engels recogen estas tres condiciones, y entre ellas destacan el hecho
recurrente de las crisis periódicas como la más importante y decisiva, porque
en estos fenómenos aparecen concentradas todas las contradicciones del
capitalismo bajo la forma de una verdadera rebelión objetiva de
las fuerzas productivas contra las relaciones burguesas de propiedad:
<<Desde hace algunas décadas,
la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de la
rebelión de las fuerzas productivas modernas contra las actuales relaciones de
producción, contra las relaciones de propiedad que condicionan la existencia de
la burguesía y su dominación. Basta mencionar las crisis comerciales que, con
su retorno periódico plantean, en forma cada vez más amenazante, la cuestión de
la existencia de toda la sociedad burguesa. Durante cada crisis comercial se
destruye sistemáticamente, no sólo una parte considerable de productos
elaborados, sino incluso de las fuerzas productivas ya creadas. Durante las
crisis, una epidemia social, que en cualquier época anterior hubiera parecido
absurda, se extiende sobre la sociedad: la epidemia de la superproducción. La
sociedad se encuentra súbitamente retrotraída a un estado de súbita barbarie:
diríase que el hambre, que una guerra devastadora mundial, la han privado de
todos sus medios de subsistencia; la industria y el comercio parecen
aniquilados. Y todo eso, ¿por qué? Porque la sociedad posee demasiada
civilización, demasiados medios de vida, demasiada industria, demasiado
comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no favorecen ya el régimen de
la sociedad burguesa; por el contrario, resultan ya demasiado poderosas para
estas relaciones, que constituyen un obstáculo para su desarrollo; y cada vez
que las fuerzas productivas salvan este obstáculo, precipitan en el desorden a
toda la sociedad burguesa y amenazan la existencia de la propiedad
burguesa.>> (K.Marx-F.Engels: "Manifiesto
del Partido Comunista". Cap. I)
Las fuerzas productivas superan las
trabas de las relaciones de producción capitalistas al interior de las mismas
relaciones de producción capitalistas. Tal es el significado de las crisis.
Otra forma de decir que el capitalismo no puede existir sino a condición de
revolucionar constantemente los medios de producción, que es lo que Marx y
Engels se encargaron de señalar en el mismo texto antes de referirse al
fenómeno de las crisis. De hecho, tras los efectos catastróficos de cada ciclo
periódico, el sistema entra en el siguiente operando en base a una masa de
capital social mayor y con una composición técnica y orgánica más alta que al
principio del ciclo anterior. Y cuanto mayor es el capital comprometido y más
alta su composición técnica, más formidables son las trabas que la razón
enajenada de las fuerzas sociales productivas deben superar en cada crisis, y
sucesivamente más doloroso el costo en desgracias humanas y destrucción de
riqueza ya creada. Todo esto a causa de que, en las crisis, la racionalidad de
las fuerzas sociales productivas va siendo no según su razón, según su
concepto, sino según la acumulación de capital, según la consustancial
irracionalidad de las relaciones de producción capitalistas.
Si con Hegel entendemos por decadente
algo en lo que su razón de ser existe y se manifiesta pero no por sí mismo, ese
algo sigue siendo un existente pero deja de ser "real efectivo" o
efectivamente real para pasar a ser "real actual" y, por tanto,
contingente, esto es, que puede seguir existiendo o dejar de existir en
cualquier momento, en tanto que ya ha sido superado por la razón si bien de
modo formal o abstracto, esto es, al interior de la forma social devenida cada
vez más irracional pero todavía subsistente como formación socia dominante. Si
es así, y así lo entendemos nosotros tal como Marx y Engels lo entendieron al
escribir el Manifiesto, entonces la decadencia del capitalismo empezó
con la primera gran crisis de su historia, la de 1825, y se expresó
políticamente por primera vez de febrero a junio de 1848 en Paris.
Una vez que la RAZÓN científica ha
determinado cual es el polo de la dialéctica social que marca el pulso de la
historia, desde el momento en que las sucesivas crisis periódicas demuestran
que las relaciones capitalistas de producción se erigen en trabas cada vez más
formidables frente al libre desarrollo de las fuerzas productivas, es la
razón histórica de la lucha de clases la que da su veredicto inapelable y dicta
férreamente las pautas de comportamiento para el cumplimiento de esa sentencia.
A estas pautas se ha ceñido Marx sin desviarse un milímetro, desde la redacción
del Manifiesto hasta su muerte.
Dado el desarrollo necesariamente
desigual del capitalismo, la fase irreversible de creciente inadecuación o
choque entre las fuerzas sociales productivas y las relaciones de producción,
no comenzó al mismo tiempo en todas las áreas del Planeta. Mientras el
capitalismo en Inglaterra y Francia había llegado a ser en 1848 una
"realidad efectiva" adecuada totalmente al concepto económico, social
y político de la burguesía, en otros países europeos como Alemania, Suiza,
Polonia y Rusia, esta clase emergente estaba aun en lucha con las todavía
fuertes reminiscencias feudales.
Con la insurrección de las fuerzas
productivas encarnadas en el proletariado de París y su aniquilamiento a manos
de la Guardia Nacional, la burguesía francesa demostró que de políticamente
revolucionaria que había sido hasta el 25 de febrero de 1848, pasó a ser desde
entonces una clase irremisiblemente conservadora y, por tanto, decadente.
Habían quedado definitivamente atrás los tiempos en que para pasar a ser clase
dominante luchando contra la "realidad actual" de la aristocracia
decadente, la burguesía pidió y obtuvo la ayuda del proletariado. Tal es el
comienzo del último acto en el largo proceso protagonizado por las fuerzas
sociales productivas para llegar a ser y existir absoluta y definitivamente por
sí mismas:
<<En general, las coliciones en
la vieja sociedad (feudal) favorecen de diversas
maneras el proceso de desarrollo del proletariado. La burguesía vive en lucha
permanente: al principio, contra la aristocracia; despues, contra aquellas
fracciones de la misma burguesía (los terratenientes) cuyos intereses
entran en contradicción con los progresos de la industria, y siempre, en fin,
contra la burguesía de todos los demás países. En todas estas luchas se ve
forzada a apelar al proletariado, a reclamar su ayuda y a arrastrarle así al
movimiento político. De tal manera, la burguesía proporciona a los proletarios
los elementos de su propia educación, es decir, armas contra ella
misma.>> (Ibíd)
Tras los sucesos de febrero de 1848,
para Marx y Engels habían aflorado en Francia las condiciones materiales para
que las fuerzas productivas de ese país empezaran a expresarse por sí mismas,
como así aconteció. Aquí dio comienzo el proceso -que a 150 años vista todavía
continúa- para que la "realidad actual" del capitalismo en todas
partes devenga en "realidad efectiva" comunista:
<<Sólo empapada en la sangre de los insurrectos de junio ha podido la bandera tricolor transformarse
en la bandera de la revolución europea, en la bandera roja.
Y nosotros exclamamos: ¡La revolución ha muerto! ¡Viva la revolución! (...) El 25 de febrero de 1848 había concedido a Francia la República. El 25 de junio le
impuso la Revolución. Y desde junio, revolución significaba: subversión de la sociedad burguesa, mientras que
antes de febrero había significado subversión de la
forma de gobierno.>> (K. Marx: "Las luchas de clases en Francia". Cap. I y
II)
El proletariado es la primera clase
social en la historia de la humanidad que no puede evolucionar políticamente
como clase sino protagonizando revoluciones. La burguesía pudo forjar el
dominio de sus relaciones de propiedad dentro de la sociedad que le precedió.
Lo demostró constituyéndose en lo que se conoció como el "cuarto
poder" al lado de la aristocracia terrateniente, la realeza gobernante y
la Iglesia. El proletariado, en cambio, no puede hacer prevalecer sus propias
relaciones de producción sin eliminar la propiedad burguesa, porque la forma
específicamente obrera de propiedad niega de hecho toda propiedad privada. A
diferencia de la burguesía, que conquistó el poder político tras minar durante
años el poder económico de la nobleza, el proletariado tiene necesariamente que
proceder a la inversa: no puede empezar a revolucionar la base económica de la
sociedad capitalista si antes no destruye su poder político. Las revoluciones
del proletariado son, pues, intentos políticos siempre necesariamente prematuros,
donde cada derrota o retroceso es ni más ni menos que un aprendizaje. En cada
fracaso de la clase obrera está la conciencia de sus propios límites; en el
necesario esfuerzo de autocrítica teórica, su capacidad futura de hacer cada
vez menos prematuro el proyecto de emancipación humana universal.
En carta a Engels del 13 de febrero
de 1863, Marx se hizo cargo de las ilusiones que él y otros muchos depositaron
en los sucesos de 1848. Pero con la sinceridad y la crudeza de que jamás podrá
hacer gala ningún oportunista, da a entender que los límites de la revolución
de 1848, estuvieron en la estupidez política que el proletariado europeo
demostró no haber podido superar en aquellas circunstancias objetivamente
subversivas:
<<...las ingenuas ilusiones y
el entusiasmo casi infantil con que saludamos, ante febrero de 1848, la era
revolucionaria, se han desvanecido para siempre (...) Ahora ya sabemos el papel
que en las revoluciones desempeña la estupidez y cómo los miserables saben
explotarla>> (Cfr. F. Claudín: op. cit. Ed. Siglo
XXI Pp. 415)
Y en esta alusión a <<los
miserables>>, que cada santo aguante su vela. Respecto de la estupidez
política, ¿puede juzgarse al margen de las condiciones embrutecedoras de vida y
de trabajo a que había venido siendo sometido por generaciones enteras el
proletariado europeo de aquel capitalismo temprano? Otra vez aparece la
división social entre teoría y práctica. ¿No estaba esa limitación en el hecho
de que por entonces la teoría tuviera que estar encarnada en elementos salidos
de la clase burguesa que, por diversas circunstancias decidieron abrazar la
causa del proletariado? Al describir los efectos del proceso de transformación
técnica y social al que el artesano medieval fue sometido por la burguesía
incipiente, comenzando por la cooperación durante el período de la manufactura,
hasta la aplicación del maquinismo, Marx dice que...
<<Es un producto de la división
manufacturera del trabajo el que las potencias
intelectuales del proceso material de la producción
se les contrapongan (a los asalariados) como propiedad
ajena y poder que los domina. Este proceso de escisión comienza
en la cooperación simple, en la que el capitalista, frente a los obreros
individuales, representa la unidad y la voluntad del cuerpo social de trabajo.
Se desarrolla en la manufactura, la cual mutila al trabajador haciendo de él un
obrero parcial. Se consuma en la gran industria que separa del trabajo a la ciencia
como potencia productiva autónoma, y le compele a servir al capital [..]
La reflexión y la imaginación están sujetas a error, pero el hábito de mover la
mano o el pie no dependen de la una ni de la otra. Se podría decir así, que en
lo tocante a las manufacturas su perfección consiste en poder desembarazarse
del espíritu, de tal manera que se puede [...] considerar al taller como
una máquina cuyas partes son hombres". Es un hecho que a mediados
del siglo XVIII, algunas manufacturas, para ejecutar ciertas operaciones que
pese a su sencillez constituían secretos industriales, preferían emplear
obreros medio idiotas>> (K. Marx: "El Capital" Libro
1 cap. XII.5: "El carácter capitalista de la manufactura". Lo entre
paréntesis es nuestro)
El espíritu de lo que hemos venido
diciendo en este apartado a propósito de las categorías hegelianas de realidad
actual y realidad efectiva, parece haber sido abandonado por Engels en 1895,
cuando reeditó "Las luchas de clases en Francia", obra de Marx
publicada por primera vez cuarenta años antes. Esto es lo que se entendió en el
SPD de aquél tiempo. A partir de entonces esta interpretación prejuiciosa se
extendió a modo de justificación de todo oportunismo reformista en el
movimiento político del proletariado internacional.
Para poner las cosas en su quicio,
hay que empezar por destacar lo más importante que allí viene a decir Engels al
respecto, y es, en primer lugar, que desde 1848, en países como Francia no
es posible otra revolución que no sea proletaria. Dicho esto, explica
por qué fracasó la revolución de 1848. Y dice textualmente que la historia...
<<Ha puesto de manifiesto que,
por aquel entonces, el estado del desarrollo económico en el continente distaba
mucho de estar maduro para poder eliminar la producción capitalista; lo ha
demostrado por medio de la revolución económica que desde 1848 se ha adueñado
de todo el continente, dando, por primera vez, verdadera carta de naturaleza a
la gran industria en Francia, Austria, Hungría, Polonia y últimamente Rusia, y
haciendo de Alemania un verdadero país industrial de primer orden. Y todo sobre
la base capitalista, lo cual quiere decir que esta base tenía todavía, en 1848,
gran capacidad de extensión...>> (F. Engels:
Introducción a "Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850")
A menudo las traducciones traicionan
el espíritu de los textos originales. Pero suponiendo que esto es lo que
efectivamente dijo Engels en el pasaje que acabamos de citar, adolece de un
error y de una inconsecuencia política con la teoría revolucionaria
sorprendentes, porque una cosa es la estrategia y acción táctica para la toma
del poder político, y otra muy distinta la ejecución programática de ese poder
ya conquistado, para superar la base material y la superestructura ideológica y
cultural heredada de la sociedad anterior.
De hecho, según la propuesta que Marx
y Engels formularon para Francia en el "Manifiesto", en modo
alguno se trataba allí de hacer la revolución proletaria, de subvertir por
completo la base económica del sistema capitalista. Se trataba de quitar
barreras sociales al desarrollo del capitalismo tanto en el campo como en la
ciudad; se trataba de contribuir a facilitar la acumulación del capital
productivo agrario e industrial francés y europeo, preservándole del
parasitismo retardatario de la renta territorial y de la tasa de interés; se
trataba de un proceso de revolución permanente que permitiera extender lo más
rápidamente posible y con el menor coste social y humano, el dominio de las
relaciones capitalistas al mayor espacio geográfico de Europa, para convertir
todo el trabajo social explotable en asalariado; se trataba, en fin, de
favorecer en todo los efectos de la ley del valor, para acercar el horizonte
temporal de la transformación del proletariado en clase mayoritaria de la
sociedad, y de las condiciones más favorables a la revolución socialista, a la
dictadura democrática del proletariado.
La "Liga de los
comunistas" no pretendía en 1848 cambiar inmediatamente el carácter
social burgués de la revolución francesa. Su objetivo inmediato consistió en
derrocar a la burguesía en ese momento a cargo del poder del Estado, pero en
modo alguno se propuso implantar un régimen que representara exclusivamente los
intereses del proletariado. Esto aparece expresado en el punto IV del "Manifiesto", Marx y Engels actualizaron políticamente la letra y
el espíritu de lo que –según el método dialéctico y hasta la terminología
hegelianos- habían dicho en 1845:
<<Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de
este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente>> (K.
Marx-F.Engels: "La ideología alemana")
Las condiciones o premisas del
"movimiento real" en la sociedad francesa de 1848 eran el carácter
relativamente minoritario del proletariado y los intereses socialmente
mayoritarios de la pequeño burguesía rural y urbana. Estas condiciones o premisas
fueron reflejadas en el punto IV del "Manifiesto". Allí se dice que
los comunistas luchan dentro del "movimiento real" por defender los
intereses inmediatos de la clase obrera (sus mejores condiciones de vida y de
trabajo), pero sin perder de vista la necesidad de luchar dentro del
"movimiento actual" por el futuro racional de ese movimiento,
esto es, por la racionalidad socialista, por la "esencia inmediatamente
devenida en existencia" de las fuerzas productivas: la dictadura del
proletariado. Pero, dadas las condiciones de la época, la esencia socialista de
las fuerzas productivas no podía devenir inmediatamente en existencia. Había
todavía tareas democrático burguesas que cumplir. De ahí la decisión táctica de
aliarse con el partido de la pequeñoburguesía democrática en contra del
contubernio entre la gran burguesía y la aristocracia financiera acreedora de
los pequeños propietarios:
<<Los comunistas luchan por
alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero, al
mismo tiempo, defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de
ese movimiento. Dentro de Francia los comunistas se suman al Partido Socialista
Democrático (liderado por de Ledru Rollín) contra la
burguesía conservadora y radical, sin renunciar, sin embargo, al derecho de
criticar las ilusiones y los tópicos legados por la tradición
revolucionaria>> (Op. Cit. Lo entre
paréntesis es nuestro)
Engels habla en su
"Introducción" del presunto "mentís" que la historia
inmediatamente posterior a 1848 le dio a gentes como él y Marx, como si en ese
entonces ninguno de ellos supiera que las condiciones económicas y sociales
para suprimir el capitalismo no estaban suficientemente maduras. Si la historia
les desmintió en aquellos tiempos del modo en que Engels lo ha presentado, ¿por
qué la "Liga de los Comunistas" evitó plantear directamente la
consigna de la dictadura del proletariado?:
<<La lucha contra el capital en
la forma moderna de su desarrollo, en su punto de apogeo –la lucha del obrero
asalariado industrial contra el burgués industrial- es, en Francia, un hecho
parcial, que después de las jornadas de febrero no podía constituir el
contenido nacional de la revolución; con tanta mayor razón, cuanto que la lucha
contra los modos de explotación secundarios del capital –la lucha del campesino
contra la usura en las hipotecas, del pequeño burgués contra el gran
comerciante, el fabricante y el banquero, en un palabra, contra la bancarrota-
quedaba aún disimulada en el alzamiento general contra la aristocracia
financiera. Nada más lógico, pues, que el proletariado de París intentase sacar
adelante sus intereses al lado de los de la burguesía, en vez de presentarlos como el interés
revolucionario de la propia sociedad, que arriase la bandera roja ante la bandera tricolor. Los obreros franceses no podían dar
un paso adelante, no podían tocar ni un pelo del orden burgués, mientras la
marcha de la revolución no sublevase contra este orden, contra el dominio del
capital, a la masa de la nación -campesinos y pequeñoburgueses- que se
interponía entre el proletariado y la burguesía; mientras no la obligase a
unirse a los proletarios como a su vanguardia.>> (K.Marx: "Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850" Cap.
I)
Claro que todo lo que el proletariado
revolucionario europeo no pudo siquiera iniciar en 1848, fueron capaces de
consumarlo sus patronos burgueses del continente. ¡Faltaría más!. Esa es su
misión.
Engels dice que en 1848 la burguesía
Europea tenía todavía "gran capacidad de extensión"; ¿dejó de tenerla
en 1895? ¿no demuestra tenerla todavía hoy haciendo emerger el capitalismo más
moderno de entre las relaciones precapitalistas residuales en el llamado
"triángulo de oro" del sudeste asiático? En diciembre de 1918, una
vez que los Consejos Obreros de Alemania decidieron delegar el poder que habían
conquistado en la Constituyente dirigida por el SPD, el jefe de ese partido,
Friedrich Ebert, que en ese momento pasó a ser el presidente de la nueva
República Alemana, declaró terminada la revolución diciendo que:
<<Al estar el partido de la
clase obrera en el poder, la clase obrera ha tomado el poder político, la
transformación de las relaciones sociales (llamada socialización) es, de ahora
en adelante, cuestión de tiempo: se trata de un proceso progresivo y pacífico.
Hay que desarrollar todavía el capital, pues sólo un capital llevado al último
estadio de su desarrollo podrá ser "socializado". Para ello hay que
hacer reinar el orden y aplastar a los "spartaquistas"...>> (Jean Barrot y Denis Authier: "La izquierda comunista en
Alemania" Cap. VI)
En la criminal acción que siguió a
estas palabras pronunciadas por Ebert, los dirigentes del SPD, se sintieron sin
duda respaldados por la autoridad intelectual y moral de Engels en su famosa
introducción de 1895 a "La lucha de clases en Francia". De
haber podido protagonizar aquellos decisivos acontecimientos para el destino de
la Revolución de Octubre en Rusia, estamos seguros de que el inseparable
compañero de Marx hubiera enmendado políticamente aquel error teórico, optando
por luchar hasta las últimas consecuencias junto a Rosa Luxemburgo y
Liebknecht.
Realidad actual y posibilidad
abstracta
Recordemos que, para Hegel,
"realidad actual" es la razón existente y manifiesta, pero no por sí
misma sino a través de otro. Las fuerzas productivas del trabajo que son según
el capitalismo, son simplemente una realidad actual, porque son a través de
otro, de la burguesía. Pero esa realidad actual de las fuerzas productivas es
la propia realidad actual del capitalismo, porque sin fuerzas productivas no
hay capital y porque la esencia del capitalismo es la fuerza productiva del
trabajo enajenado, es decir, el proceso de trabajo subsumido en el proceso de
acumulación de plusvalor. Cuando Marx y Engels hablan en el "Manifiesto"
del "movimiento actual", se refieren a la sociedad burguesa en su
conjunto a la "realidad actual" de las fuerzas productivas que van
siendo según el proceso de valorización, según la ley del valor, según los
intereses de la burguesía.
Desde entonces, la realidad efectiva
del capitalismo –que lo fue mientras favoreció el libre desarrollo de las
fuerzas productivas, es una contingencia y cada vez más una pura posibilidad
abstracta, como se demostró varias veces en los últimos 150 años:
<<Valorado de esta manera como
una mera posibilidad, lo real efectivo es un contingente y, por su lado, la
posibilidad es la contingencia pura.>> (G.W.F. Hegel: "Enciclopedia"
§144)
<<Por el hecho de que, ahora,
en la accidentalidad (contingencia), tanto lo real como
lo posible son el ser puesto, ellos han conseguido la
determinación en ellos mismos; por consiguiente, en segundo lugar, ellos
se convierten en la realidad actual>> (G.W.F. Hegel:
"Ciencia de la lógica" Libro II Cap. 2. Lo entre paréntesis es
nuestro)
Cuando Hegel habla de realidad
actual, como algo posible (que puede ser o no ser) y contingente (que
no es por sí mismo) quiere significar que no todo lo real que tiene en sí mismo
su razón de ser y existe, es la expresión adecuada de la racionalidad.
El ordenamiento jurídico burgués también entra dentro de la categoría hegeliana
de realidad actual. En sus "Principios de la Filosofía
del Derecho" Hegel distingue entre la "la explicación y
justificación históricas" de una legislación cualquiera en virtud de determinadas
circunstancias, y "el significado de una justificación válida en y por
sí.
El ordenamiento jurídico de una
sociedad es justo y válido en y por sí mismo -y así tiende a reflejarse en la
conciencia y en la moral de sus ciudadanos- cuando la justicia que imparten sus
leyes se ajusta a la racionalidad de la vida humana. Por consiguiente, cuanto
más irracional se vuelve un sistema de vida dominante, tanto más cae su
ordenamiento legal en la justificación histórica de la política estatal según
las circunstancias y más se aleja de la racionalidad humana. Y cuando esto
ocurre, mayor es el contraste entre la aparente racionalidad de los
"fundamentos de ley" que aparece en la llamada exposición de
motivos y la ilegitimidad –por irracional- de lo que realmente legalizan e
imponen, así como mayor la exigencia que las clases dominantes hacen recaer
sobre los legisladores, en orden a mistificar y embellecer adecuadamente esas
"razones".
...Es decir, que entre la conducta
que legaliza el derecho positivo capitalista y lo que la racionalidad exige,
hay una contradicción lógica insalvable cada vez más flagrante, es decir, que,
lo que hace la ley es convalidar una irracionalidad tras otra...
Tomemos, por ejemplo, los cambios en
la normativa legal respecto del mercado de trabajo en España. En "los
fundamentos de ley" de las dos reformas del mercado de trabajo que
sucedieron al "fuero de los trabajadores" vigente durante la
dictadura política de Franco, los legisladores se atienen a la
"circunstancia" del paro, al hecho en sí; eluden analizar las
distintas "circunstancias".
La esencia de las fuerzas sociales
productivas que hoy existe y se manifiesta en el paro estructural masivo, es un
fenómeno que hace sólo treinta años era todavía inexistente. Por tanto la
legislación laboral bajo el capitalismo responde a las distintas circunstancias
históricas por las que discurre la realidad efectiva inmediata
del capitalismo, o realidad actual de las fuerzas productivas que
van siendo según las relaciones de producción capitalistas...
...El trabajo social bajo el
capitalismo no se manifiesta por sí mismo sino a través de la previa
compraventa de la fuerza de trabajo; es trabajo-mercancía, trabajo enajenado.
En el hecho del paro, el capitalismo atenta contra la más elemental racionalidad
del ser humano, en la medida en que limita cada vez más el derecho a ejercer lo
que hace a la naturaleza de su género: el trabajo. Es más: instituyendo el
paro, la burguesía niega su propia razón de ser como clase social dominante, no
sólo porque impide a un creciente número de asalariados su existencia como
trabajadores menesterosos: el derecho a vivir de su propio trabajo, sino porque
se niega a sí misma el privilegio de explotarles, que es su razón de ser en
tanto clase. Como dicen Marx y Engels en el "Manifiesto":
Es, pues, evidente, que la burguesía
ya no es capaz de seguir desempeñando el papel de clase dominante de la
sociedad ni de imponer a ésta, como ley reguladora, las condiciones de
existencia de su clase. No es capaz de dominar, porque no es capaz de asegurar
a su esclavo la existencia ni siquiera dentro del marco de la esclavitud,
porque se ve obligada a dejarle decaer hasta el punto de tener que mantenerle,
en lugar de ser mantenida por él>> (K. Marx-F. Engels:
"Manifiesto del partido comunista" Cap. I)
Otro ejemplo de realidad actual
del capitalismo en extremo decadente, es la legislación promulgada en los
países de la cadena imperialista que combina los aranceles protectores con la
limitación de la producción agropecuaria, para evitar la
"circunstancia" de que por efecto del inevitable desarrollo de las
fuerzas productivas en el campo, el descenso de los precios agrarios deje sin
sentido económico de existencia a millones de granjeros capitalistas y a
decenas si no a cientos de millones de asalariados agrícolas (por ejemplo: de
los 240.000 productores de leche que existían en España hace una década, hoy
sólo quedan poco más de 70.000). Esta realidad actual ha tenido
su origen en la Ley Pública 480 promulgada en EE.UU. por el gobierno de
Eisenhower durante la década de los cincuenta. Desde entonces, los graneros y
depósitos de leche o aceite comestible de los principales países productores
rebosan de existencias que no ingresan al mercado para mantener un nivel de
precios que garantice la ganancia capitalista en ese sector de la producción de
plusvalor, mientras dos tercios de la humanidad padece hambre crónica y cientos
de millones de personas mueren anualmente en el mundo a causa de
enfermedades derivadas de una deficiente alimentación.
Pero las consecuencias de la
disminución deliberada de la producción agraria no terminan aquí. Esta realidad
revela, por una parte, que la legislación sobre subsidios al recorte de la
producción agraria, tiene por cometido adicional contener la tendencia objetiva
al descenso de los precios, para extender en el tiempo y así controlar
políticamente las inevitables consecuencias sociales traumáticas de la
centralización del capital en ese sector, tal como lo revelan las estadisticas
de los últimos cincuenta años; por otra parte, todo el tiempo de progreso
técnico efectivo que se deja de aplicar a la producción agraria -y que en buena
parte se traslada necesariamente al valor de la producción global de alimentos-
sumado al tiempo de trabajo que importa el valor dinerario de los subsidios,
contrarresta los efectos del desarrollo de la fuerza productiva aplicado en la
industria; de este modo, el descenso del trabajo necesario en el sector
industrial se enlentece, y tanto el aumento del plusvalor relativo como la masa
de plusvalor global (en la industria y en el agro) disminuyen, presionando así
a la baja de la tasa de ganancia.
Todo el tiempo que se deja de
producir en condiciones tecnológicas desarrolladas, es como si se tardara más
y, por tanto, como si se produjera con técnicas obsoletas. Es la paradoja del
progreso que se niega a si mismo. El tiempo que se deja de producir en el agro
aumenta el tiempo de trabajo necesario, por lo tanto incrementa los precios de
los productos agrarios, porque el tiempo que se deja de trabajar opera como si
aumentara el tiempo realmente trabajado; es como si se siguiera produciendo con
un desarrollo tecnológico menor. Esta "circunstancia", desde el punto
de vista del progreso de las fuerzas sociales productivas es un despilfarro y,
por tanto, una irracionalidad. La limitación institucional del trabajo social
en el agro, tiene su razón de ser, su esencia puesta y manifiesta, en la
legislación que concede los subsidios a ese despilfarro de capacidad
productiva. La esencia de las fuerzas productivas en el agro, que "en sí
misma" da sentido a la esta "realidad actual" del capitalismo,
consiste en la "circunstancia" de que el libre juego de la oferta y
la demanda provocaría un derrumbe en los precios agrarios dejando sin sentido
la actividad del capital es ese sector del trabajo social o, lo que es lo
mismo, en la necesidad de preservar el óptimo de ganancia empresarial en el
agro, garantizando así la subsistencia en el mundo de cientos de millones de
agentes defensores de la sacrosanta propiedad privada capitalista que, de otro
modo, provocarían un desbarajuste social de proporciones catastróficas para el
sistema, debilitando sensiblemente el bloque burgués de poder frente al
proletariado. Para eso se deja que miles de millones padezcan hambre crónica y
otros tantos no puedan salir de sus condiciones mínimas de subsistencia.
Finalmente, esos subsidios, ¿de dónde
salen? Del Estado. ¿Con qué fondos financia el Estado esas subvenciones? Con
los impuestos. ¿Cuál es la principal fuente de recaudación impositiva en los
presupuestos estatales? La imposición indireca, los impuestos al consumo final.
¿Sobre qué clase social recae la mayor parte de esos ingresos fiscales? Sobre
la clase trabajadora. De las presentes y futuras deliberaciones en la OMC a
raíz de esta "preocupación histórica" de la burguesía, así como de
las sucesivas "determinaciones del derecho" que allí queden fundadas
respecto de "relaciones jurídicas preexistentes", nada se podrá
esperar que logre resolver las contradicciones explosivas del sistema en este
orden de cosas determinado por la ley del valor.
Las "narcosalas", otra
realidad actual del derecho positivo burgués en su etapa postrera. La droga es
una mercancía como cualquier otra, que tiene valor de uso y valor de cambio,
satisface una necesidad y se comercializa. ¿Dónde reside su valor de uso? En la
insoportable irracionalidad de la "realidad actual", en la
"necesidad" de sustraerse a ella, de rebelarse pasiva, abstracta e
inofensivamente contra ella. Este valor de uso no solo es, pues, el soporte
material de una fuente adicional de acumulación de capital, también es un valor
político de primer orden para la burguesía. Pero, contradictoriamente, atenta
contra el proceso de valorización, porque la burguesía necesita un proletariado
voluntarioso e inteligente, y la droga atenta contra estas dos cualidades
esenciales a la eficacia del proceso de trabajo en las condiciones actuales.
Impotente para erradicar el "ser en sí" de La legislación que
justifica las narcosalas se fundamenta en la "circunstancial
necesidad" de preservar la salud y el "narcopatrimonio" de los
drodadictos, así como el decoro del entorno urbano. Se legaliza y ordena la
habilitación de locales higiénicos y seguros para la práctica democrática y
recogida de la alucinación colectiva; esa cada vez más difundida forma
fetichista químico-mercantil de "ser" por una cosa que es la droga.
Tal vez sea aquí donde más claramente se muestre el cúmulo de
contradicciones que sintetiza la realidad efectiva inmediata del
capitalismo, su irracionalidad tendencialmente explosiva.
La financiación privada totalmente
ilegal, de los partidos políticos, es una entre otras múltiples
"circunstancias" de la cada vez más decadente "realidad
actual" del capitalismo que marchan por delante del derecho positivo
burgués. Hasta el momento, en su calidad de instituciones paraestatales, está
previsto constitucionalmente en todo el mundo que los ingresos dinerarios de
los partidos políticos parlamentarios provengan exclusivamente de fondos con
cargo a las cuentas de los presupuestos estatales.
Una de las características del
capitalismo en su etapa tardía, es la creciente y descarada conversión de la
política institucional en mercancía, la fusión entre los grandes grupos
empreariales oligopólicos y el Estado, a instancias de los partidos políticos
institucionalizados y sus líderes, alternativamente convertidos en burócratas
estatales altamente propensos al soborno y el cohecho. Esta tendencia es tanto
más acusada cuanto mayor es el predominio de los vínculos monetarios y
mercantiles sobre los estrictamente políticos en el conjunto de la sociedad, y
mayor, por tanto, el cretinismo, la conveniencia personal y la estupidez
ideológica general que preside los actos políticos de las clases subalternas.
El secreto que explica la conversión de la democracia política en oligarquía
dineraria, reside en el principio universal que anima el derecho constitucional
burgués, de que "el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus
representantes".
Así, la acción política de los
partidos en función de gobierno, que debiera ajustarse a las promesas
electorales y a la voluntad política mayoritaria expresada en los comicios, es
trucada subrepticiamente en favor de "circunstanciales" y contingentes
poderes fácticos del dinero que así pasa a operar como capital político. Con
ese dinero compran la voluntad política de los burócratas partidarios que
pugnan por apoderarse del aparato estatal y financian la difusión de sus
promesas electorales. Pasado el escrutinio, transforman esas expectativas en
una acción parlamentaria y de gobierno que poco o nada tiene que ver con el
interés de los votantes. Tal es la mecánica dineraria que convierte la hermosa
visión de la democracia soñada por Montesquieu, en el gobierno de unos pocos
magnates capitalistas. En octubre de 1994, notoriamente desmoralizado ante el
rechazo del proyecto de ley que intentaba corregir la tendencia al triunfo de
los partidos que más dinero dedican a financiar sus campañas electorales, el
senador norteamericano George Mitchell sentenció de modo insuperable:
<<El dinero domina el sistema,
el dinero invade el sistema, el dinero es el sistema>>. ("El País" 30/09/94. Subrayado nuestro)
Obviamente, la "exposición de
motivos" de las leyes que norman estas realidades inmediatas del
capitalismo tardío, no aluden a la consustancial irracionalidad de lo que
preservan o ponen a salvo. En este sentido, respecto del derecho Hegel delimita
muy precisamente entre la existencia de lo posible que puede ser de varias
maneras –incluyendo su no ser- según las circunstanciales conveniencias, y la
realidad de lo que tiende a ser sólo de una manera, según lo exige la razón que
no sabe de circunstancias ni de conveniencias:
<<La consideración del
surgimiento y desarrollo de las determinaciones del derecho tal como aparecen en el tiempo, esta preocupación puramente histórica, (circunstancial) así como el conocimiento de sus razonables consecuencias que nace de la
comparación con relaciones jurídicas preexistentes (por ejemplo, lo legislado en materia de empleo que contenían los
estatutos laborales del occidente capitalista hasta la década de los setenta,
cuando todavía no existía el paro estructural masivo. Toda esa legislación
quedó desactualizada, hubo que adaptarla a la "realidad actual" de la
precarización laboral, reglamentando los contratos basura, a tiempo parcial y
demás instrumentos jurídicos ad hoc.) que, tienen dentro de su propia
esfera, (según Hegel la del "ser en sí" del trabajo, es decir, su
"ser por otro"; según Marx, ese "otro" viene a ser el
proceso de valorización capitalista) su mérito y su dignidad. No
constituyen, sin embargo, una consideración filosófica, dado que el desarrollo
según razones históricas (el aumento en la composición orgánica del capital
social global que conduce al paro estructural) no se confunde (o no se
debe confundir) con el desarrollo según el concepto (donde el mayor
desarrollo científico aplicado a los medios de producción comprende
racionalmente al pleno empleo con una jornada colectiva de labor más corta y un
nivel de vida más alto, esto es, el ser por sí de la justicia respecto del
trabajo, su validez y vigencia universal, en y por sí misma), y la
explicación y justificación históricas no pueden extenderse hasta alcanzar el
significado de una justificación válida en y por sí. Esta
diferencia, que es muy importante y debe ser mantenida, es al mismo tiempo muy
evidente: una determinación jurídica puede ser perfectamente fundada
es decir, tener la esencia en sí mismo (los fundamentos de ley
técnicamente comprendidos en la llamada "exposición de motivos") y
consecuente respecto de las circunstancias y de las
instituciones jurídicas existentes, y ser, sin embargo, en
sí y por sí, injusta e irracional. (Una cosa es la esencia del paro
-la razón de existencia del trabajo humano fundado en la propiedad privada de
los medios de producción- y otra cosa es la libre e incondicional racionalidad
del trabajo humano; una cosa es la esencia (capitalista) del trabajo social y
otra muy distinta el concepto del trabajo humano. El concepto es la existencia
de algo según su racionalidad, según su "ser para sí", no sólo según
su esencia, o "ser en sí. Algo que tiene su esencia o razón de ser
"en sí mismo", existe, pero sólo es real si es racional. Para Hegel,
la legislación laboral que se funda en la "circunstancia" del paro,
es el derecho "en sí"; existe, tiene vigencia, pero no es real porque
es irracional.)
(...) Con el descuido de esta
diferencia, se falsifica la perspectiva y se transforma la pregunta por una
verdadera justificación en una justificación de acuerdo con las circunstancias,
en la consecuencia a partir de supuestos que por sí quizá tampoco sirven, etc., porque está en contradicción y, en general, se pone lo relativo
(el ser según otro, o puesto en otro, la forma de ser de la fuerza productiva
del trabajo según el proceso de valorización del capital) en el lugar de lo
absoluto (o ser por sí mismo del trabajo social). (...) Estas leyes son
positivas (es decir, rigen) en la medida en que tienen su significado y
su conveniencia en las circunstancias, por lo cual sólo tienen un valor
histórico (valen para cada "circunstancia" o momento existencial
de la "realidad actual") y son de naturaleza (históricamente) transitoria>>
(G.W.F. Hegel: "Principios de la filosofía del derecho".
Introducción. Lo entre paréntesis es nuestro)
La creciente precariedad laboral, así
como el aumento histórico de los excedentes agrarios, los epifenómenos del
narcotráfico y la corrupción de los partidos políticos que comentamos aquí
-incluidas las correspondientes formas jurídicas pragmáticas de hacer frente a
esas circunstancias desde el punto de vista burgués- son sólo algunos ejemplos
de la realidad actual o formas de manifestación del sistema
capitalista, cuya irracionalidad cada vez más notoriamente catastrófica
demuestra la transitoriedad y relativismo histórico de la burguesía como clase.
El fenómeno de la sobresaturación de capital típica de su etapa tardía,
convierte a las depresiones y las guerras en otras tantas realidades
actuales cada vez más frecuentes, donde la racionalidad de la fuerza
productiva del trabajo social, se expresa históricamente a través de su otro:
las relaciones de producción capitalistas, cuya unidad contradictoria
constituye la realidad efectiva inmediata esencialmente
irracional del capitalismo.
Todas estas noxas o daños sociales y
humanos demuestran que las relaciones de producción capitalistas son cada vez
más incapaces de comprehender, abarcar o realizar adecuadamente
la razón de las fuerzas productivas que se desarrollan en su
seno. Por esta razón, las fuerzas productivas tienden a
trascender esa inadecuación para crear una nueva realidad efectiva
superadora en la que realizarse según su concepto: el socialismo. En su
insuperable puesta en pie de la filosofía hegeliana, tras exponer las razones
históricas de las fuerzas sociales productivas que explican su tránsito del
feudalismo al capitalismo, ya en 1848 Marx y Engels resumieron la lógica por la
que el movimiento social del trabajo está previsto que pase de la realidad
efectiva devenida cada vez más en realidad actual
-completamente irracional- del capitalismo, a la nueva y necesaria realidad
efectiva del socialismo como forma de transición al comunismo:
<<Hemos visto, pues, que los
medios de producción y de cambio (las relaciones de
producción capitalistas) sobre cuya base se ha formado la burguesía, fueron
creados en la sociedad feudal. Al alcanzar estos medios de producción y de
cambio un cierto grado de desarrollo, las condiciones en que la sociedad feudal
producía y cambiaba, esto es, la organización feudal de la agricultura y de la
industria manufacturera (el diezmo, la manumisión, las gabelas y demás
determinaciones como las que regulaban las relaciones entre maestros y
artesanos), en una palabra, las relaciones feudales de propiedad, cesaron de
corresponder a las fuerzas productivas ya desarrolladas. Frenaban la producción
en lugar de impulsarla. Se transformaron en otras tantas trabas. Era preciso
romper esas trabas y (tras casi doscientos años de marchas y contramarchas)
las rompieron.
En su lugar se estableció la libre
concurrencia, con una constitución social y política adecuada a ella y con la
dominación económica y política de la clase burguesa. (Se cerró así el círculo, donde la
realidad efectiva del capitalismo se correspondía con la racionalidad de las
fuerzas productivas)
Ante nuestros ojos se está
produciendo un movimiento análogo. (Si antes fue la
burguesía la que como expresión de las fuerzas productivas sobrepasó las
estructuras de dominación de, la "realidad efectiva" devenida en
"realidad actual" del feudalismo, ahora se produce un movimiento
análogo en donde a quien le toca transcender a la burguesía es al proletariado) Las relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones
burguesas de propiedad, toda esa sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir
como por encanto tan potentes medios de producción y de cambio (que le sirvieron para sustituir a la sociedad feudal), se asemeja
al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha
desencadenado con sus conjuros. Desde hace algunas décadas, la historia de la
industria y el comercio no es más que la historia de la rebelión de las fuerzas
productivas modernas contra las actuales relaciones de
producción, contra las relaciones de propiedad que condicionan la existencia de
la burguesía y su dominación. Basta mencionar las crisis comerciales que, con
su retorno periódico, plantean en forma cada vez más amenazadora la cuestión de
la existencia de toda la sociedad burguesa. Durante cada crisis comercial se
destruye sistemáticamente, no sólo una parte considerable de productos
elaborados, sino incluso de las fuerzas productivas ya creadas. (...) ¿Cómo
vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de
una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y
la explotación más intensa de los antiguos. ¿De qué modo lo hace, pues?
Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de
prevenirlas...>> (K.Marx-F.Engels: "Manifiesto
comunista" cap. I. Lo entre paréntesis y el subrayado es nuestro)
La dialéctica hegeliana de la esencia
se revela, pues, en la "realidad inmediata" del capitalismo devenida
cada vez más irracional, donde paro y miseria, crisis y guerras interburguesas,
sublevaciones de las clases subalternas y golpes de Estado más o menos
cruentos, revoluciones y contrarrevoluciones, son las formas todavía inadecuadas
en que la fuerza productiva del trabajo social expresa su necesaria razón de
llegar a ser y expresarse o existir por sí misma, tanto más cuanto más
formidables son los límites que el capital les pone por delante según avanza el
proceso de acumulación. Y así seguirá todo el tiempo en que el proletariado
tarde en decidirse a liberar su fuerza productiva del cepo capitalista, dándose
para sí la nueva forma o realidad efectiva del socialismo
adecuada al trabajo colectivo en constante desarrollo.
El eufemismo de la llamada
"globalización" con el que la usinas ideológicas del sistema definen
la "realidad actual" del capitalismo, consiste en la sobresaturación,
sobreoferta permanente o masa ingente de capital ocioso -contrapartida
económico-social del paro- que hoy día mantiene deprimida la tasa de ganancia y
presiona irresistiblemente por conseguir empleo productivo, esto es, producir,
apropiarse y valorizar directamente trabajo excedente o plusvalor. El
epifenómeno más notorio de esta "realidad efectiva inmediata" se
revela en la tendencia irresistible a la privatización de empresas estatales y
servicios públicos esenciales como la salud, la educación y los fondos
previsionales jubilatorios, esa "realidad actual" de la pasada etapa
expansiva del capital que diera pábulo a la ya reminiscente o anacrónico
"Estado empresario". Se trata ahora de "liberar" a aquél
"Estado del bienestar" de la masa de asalariados a su cargo -esa
especie de aristocracia obrera socialmente privilegiada que la burguesía utilizó
para dividir y debilitar políticamente la acción contestataria de la fuerza del
trabajo en su conjunto, para convertirla en fuente directa de producción y
acumulación del capital privado hoy día ocioso. Mal que pese sobre
socialdemócratas, populistas y nacionalistas ubicados a la izquierda del
sistema, esta "realidad actual" del capitalismo es objetivamente
revolucionaria.
Esta realidad efectiva
inmediata del capitalismo, implica la perspectiva de mayores y más
graves consecuencias sociales y políticas, una profundización del ataque contra
las ya deprimidas condiciones de vida y de trabajo de los asalariados,
perspectiva que sin duda gravita objetivamente en sentido revolucionario.
Naturalmente, está en el carácter social y político de la burguesía tornar
imposible semejante posibilidad real (porque ya están dadas las condiciones).
Para ello procura que los trabajadores sigan siendo sólo asalariados y por
tanto contingentes, esto es, que sigan teniendo su ser económico, social y
político en un otro: el capital. En efecto, como asalariados, los trabajadores
no son más que capital variable, y su trabajo, tanto como su salario, se
limitan a reproducir la relación capitalista misma. Por tanto, el ser de su
trabajo como asalariados, no es por y para si mismo
sino por y para otros: los burgueses.
La recurrente realidad actual
o actualidad real de los redivivos frentes populares en todo el
mundo, al estilo del proyecto de "Izquierda Unida" en España o del
aparentemente novedoso "Polo patriótico venezolano", es la expresión
política que la burguesía se da para sí en determiadas circunstancias,
para evitar que el proletariado deje de ser para y por otro y pase a ser clase
revolucionaria, esto es, clase para sí; los frentes populares constituyen el ser
en sí del trabajo social y el ser para sí del capitalismo.
Se inscriben, pues, en la estrategia global de la burguesía
consistente en mantener indefinidamente a las fuerzas productivas en el cepo de
las relaciones de producción capitalistas.
Tal como sucede con el derecho
burgués, que legaliza jurídicamente la "conveniencia" de la burguesía
según las sucesivas "circunstancias" de su devenir cada vez más
decadente o "actual", los políticos al servicio del sistema dentro
del movimiento político del proletariado se dedican a legitimar esa realidad
actual, procurando que el proletariado se conforme al mal menor que en cada
momento le ofrece la realidad "actualmente existente". Y dada la
creciente inadecuación de las fuerzas productivas a las relaciones de
producción, la política reformista abreva necesariamente en la nostalgia de un
pasado inmediato mejor que no volverá. Así se explica que critiquen la
"realidad efectiva inmediata" de la "globalización" desde
la perspectiva del capitalismo de Estado en liquidación; que cuanto más arrecia
la tendencia objetiva a la centralización y unidad internacional de los
capitales, más insistan en la defensa de los Estados nacionales y en la
subsistencia del trabajo explotado en pequeña y mediana escala; que frente a la
necesidad de comprometerse con el porvenir –que sin duda es socialista- se
aferren al pasado capitalista. A la luz del método dialéctico revolucionario de
Hegel, la política de socialdemócratas, nacionalistas y populistas de
izquierdas, está en las antípodas de los principios políticos del proletariado
revolucionario desde los tiempos del "Manifiesto"; constituye
la renuncia más categórica a luchar dentro del movimiento actual de las fuerzas
productivas, por el futuro de ese movimiento.
Dicha táctica de la pequeñoburguesía
consiste en debilitar la fuerza social y política tendencialmente
revolucionaria de los explotados evitando su unidad y autoorganización política
como clase "para sí"; se trata de conseguir que su lucha se mantenga
dentro de la "realidad actual" del sistema. Para ello, es vital a la
supervivencia de la burguesía en su conjunto desvirtuar la dialéctica
fundamental de clase contra clase; disolver la energía revolucionaria del
proletariado en la alternancia político-institucional, en el falso juego de
rivalidad entre el conglomerado interclasista "pueblo" y los
distintos gobiernos "reaccionarios" de turno, donde lo único que se
decide es qué parte de las clases dominantes "enfrentadas" se hace
cargo del Estado para obtener los mayores beneficios en el común negocio de
explotar trabajo asalariado.
Como repetía Marx en diversos pasajes
de su obra, la pequeña burguesía tiende a conciliar los opuestos de la
contradicción dialéctica dentro del capitalismo. Dada su condición de clase
intermedia, la pequeña burguesía teme que el aluvión expropiatorio le pueda
venir tanto del proletariado como de la gran burguesía. Pero, al mismo tiempo,
dada su debilidad económica y política, necesita de ambas clases para apoyarse
alternativamente en una en contra de la otra, según las
"circunstancias" en el devenir "realidad actual" del
sistema burgués. De ahí que su radical anticomunismo se combine con la política
de limitar las consecuencias de la inevitable centralización de los capitales.
Preservar el sistema y compartir en las mejores condiciones posibles el común
negocio de explotar trabajo asalariado. Tal es la lógica económica y social que
preside el comportamiento político de la pequeña burguesía.
Su estrategia consiste, pues, en
mantener la lucha de clases en el término medio determinado por su propio ser
social intermedio; de ahí que su orientación política se explique por el
propósito de evitar que las fuerzas productivas se expresen políticamente por
sí mismas, limitando su energía revolucionaria al objetivo de moderar la
tendencia al monopolio de la propiedad privada. La expresión organizativa de
esta política reformista son los frentes policlasistas, cuyo origen se remonta
a la fracción de Willich y Schapper que condujo a la ruptura y disolución de la
Liga de los Comunistas durante la revolución europea de 1848. Desde entonces,
la realidad actual de los frentes policlasistas ha demostrado que
nada han tenido ni tienen que ver con la racionalidad histórica de las fuerzas
productivas, esto es, con el curso que esas fuerzas sociales del trabajo
imponen al capitalismo, cuyo descenso secular en la tasa de ganancia implica la
inevitable depresión histórica relativa de la burguesía marginal. Habiendo llegado
a esta conclusión como resultado de sus investigaciones, y tras comprobar cómo
la por entonces llamada "burguesía democrática" se echaba en brazos
del bloque de poder formado por la alianza entre la burguesía reaccionaria y la
nobleza, Marx rompió definitivamente en 1850 con el absoluto despropósito
político que supone ligar el destino del movimiento obrero a los intereses de
la pequeñoburguesía. En marzo de 1850, tras los acontecimientos políticos de
1848 en Europa, la fracción de Marx y Engel dentro de la Liga de los comunistas
revisó las psiciones suscritas en el "Manifiesto" en cuanto a
la política de alianzas con la pequeñoburguesía. Mantuvieron el mismo programa
expuesto en el capítulo II, pero abandonaron el criterio de diluir el
proletariado en las organizaciones políticas de la burguesía, pasando a
plantear firmemente la necesidad elevada a principio de la organización
independiente del proletariado.
Hasta ese momento, el programa de
esta fracción tenía sólo un punto: derrocamiento del absolutismo e implantación
de la República. Y una sóla táctica: marchar inmediatamente hacia la unidad
política con los demócratas pequeñoburgueses en <<un gran partido de
oposición>>, a fin de poder encarar la lucha por el poder sin pérdida de
tiempo. En estas circunstancias, los "hombres de la pluma" agrupados
en torno de Marx y Engels parecen haber sacado ya todas las consecuencias
teóricas y políticas de su experiencia anterior en el seno del movimiento
democrático amplio. Desde marzo de 1850 -fecha en que se procede a reorganizar
la Liga de los Comunistas- la fracción de Marx y Engels dan por acabado el
tramo del proceso revolucionario presidido por la burguesía, en el que el
proletariado debía limitarse a acompañarle en su lucha contra el absolutismo.
Si de lo que se trataba era de poner la teoría del proletariado en práctica, es
decir, transformar la FILOSOFÍA del materialismo histórico en acción política
revolucionaria, había que dotarse del instrumento o medio de acción sin el cual
tal pretensión es imposible. Ese medio de acción era la organización
independiente de los comunistas, cuyo cometido pasaba, a su vez, por contribuir
a enriquecer la FILOSOFÍA desde la práctica misma. Para ello era requisito
indispensable resistir la tentación del pasado, rechazando decididamente las
ofertas de unión que los demócratas pequeñoburgueses oprimidos por la reacción
demandaban al proletariado, para convertirle en un apéndice de sus intereses
dentro de la sociedad burguesa existente:
<<En el momento actual, en que
los demócratas pequeñoburgueses se hallan oprimidos en todas partes, predican
al proletariado en general la unión y la concordia, le tienden la mano y
aspiran a crear un gran partido de la oposición que abarque todos los matices
existentes dentro del partido democrático; es decir, aspiran a enredar a los
obreros en una organización de partido en la que predominen las frases
democrático-sociales en general, detrás de las cuales se ocultan sus intereses
específicos, y en la que, en gracia a la amada paz, no deberán manifestarse las
reivindicaciones concretas del proletariado. Semejante unión les beneficiaría
exclusivamente a ellos y redundaría totalmente en perjuicio del proletariado.
Éste perdería su independencia a tan dura costa conquistada, para volver a
convertirse en apéndice de la democracia burguesa oficial. Así, pues, semejante
unión debe ser rechazada con la mayor energía. Los obreros, en vez de rebajarse
una vez más a servir de coro y de caja de resonancia de los demócratas
burgueses, deberán esforzarse, sobre todo los de la Liga, en crear al lado de
los demócratas oficiales, su propia organización como partido obrero público y
clandestino independiente, haciendo que cada comuna se convierta en centro y
núcleo de un conjunto de sociedades obreras en que se discutan la posición y
los intereses del proletariado, al margen de la influencias burguesas. [...]
Para el caso de una lucha contra el enemigo común, no se necesita de ninguna
coalición especial. Cuando se trate de luchar contra ese adversario,
coincidirán simultáneamente los intereses de ambos partidos y, como ha ocurrido
hasta aquí, también en el futuro se establecerá por sí misma esta unión, aunque
encaminada solamente a fines momentáneos>>(K. Marx-F. Engels: "Circular del Comité Central de la Liga de
los Comunistas" del 10 de marzo de 1850")
Marx y Engels advierten que los
comunistas necesitan independencia política más que ninguna otra clase de la
sociedad, porque el proletariado es la única clase que trasciende en su acción
a todas las otras; es verdaderamente revolucionaria porque no teniendo ningún
fuero especial en la sociedad de clases, tampoco puede aspirar a nada
particular dentro de ella; porque al no estar ligada a ninguna forma de
propiedad, el sentido de su lucha es la negación de toda propiedad. Por tanto,
el tren de su movimiento no tiene ninguna terminal en la sociedad burguesa; su
acción revolucionaria dentro de ella no es parcial o limitada sino total y
PERMANENTE; Su accionar no se detiene en la reforma de tal o cual as-pecto de
la sociedad de clases, sino que tiende objetivamente a su destrucción:
<<Mientras que los pequeños
burgueses desean que la revolución termine lo antes posible y alcanzando a lo
sumo las metas señaladas, nosotros estamos interesados, y esa es nuestra tarea,
en que la revolución se haga permanente, en que dure el tiempo necesario para
que sean desplazadas del poder todas las clases más o menos poderosas [...]
Para nosotros no se trata de modificar la propiedad privada, de lo que se trata
es de destruirla; no se trata de paliar las contradicciones de clase, sino de
la abolición de las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino
de instaurar una nueva sociedad>> (K. Marx-F. Engels:
ibid)
Ciento cincuenta años después de
estas conclusiones, casi todos los partidos comunistas desgajados del tronco
stalinista , junto con la totalidad de nacionalistas y populistas de
izquierdas, siguen negando a Marx en nombre del marxismo insistiendo en hacer
pasar por socialismo la política de estabilizar la explotación del trabajo
asalariado en pequeña y mediana escala. En la etapa de la centralización y
unidad internacional de los capitales, estos proyectos políticos
pequeñoburgueses fundados en el autodesarrollo sostenido del capital nacional
antimonopólico a instancias de Estados empresarios fuertes en países
económicamente soberanos, están no ya fuera de toda posibilidad real
-como en tiempos de Marx- sino que ni siquiera constituyen una mera posibilidad
abstracta, porque hasta se contradicen con la imaginación. En tal
sentido, es cada vez más patético que muchos nacionalistas y populistas de
izquierdas en los países dependientes, sigan cautivos del realismo mágico
literario elevado a categoría política de primer orden. Estos proyectos son
contingentes en tanto son o pueden llegar a ser y existir para fines
coyunturales de contener y desvirtuar auténticos procesos revolucionarios en
curso, como fue el caso de los regímenes populistas triunfantes en Asia, Africa
y gran parte de América Latina tras la segunda guerra mundial, cuyos inútiles
esfuerzos por sobrevivir a la centralización y unidad internacional de los
capitales se prolongan todavía hoy, trágicamente, en el día a día de países
como Irak, Libia, Siria o Yugoslavia.
De todo lo razonado hasta aquí se
concluye que, según avanzan las fuerzas productivas y el proceso de
acumulación, la realidad actual del bloque circunstancial de
poder político entre burguesía marginal y proletariado se torna más y más
inestable e imposible, cuanto más incompatible deviene la propiedad privada
capitalista con regímenes políticos donde prevalezca la explotación del trabajo
asalariado en pequeña y mediana escala. La historia moderna desde 1848 hasta
hoy, ha demostrado una y otra vez que allí donde el proletariado limitó el
empleo de su energía revolucionaria a los objetivos del bloque de poder con la
pequeñoburguesía, sus conquistas fueron tanto más efímeras y sus
derrotas tanto más catastróficas política y humanamente, cuanto más anacrónicos
e inviables devinieron los proyectos políticos policlasistas.
Según este razonamiento, de una
manera u otra y según las "circunstancias", la realidad actual
del frentepopulismo tiene su razón de ser y su posibilidad de existencia en la
"necesidad relativa" (relativa porque ellos se relativizan en el gran
capital, porque sin el gran capital no existen) de preservar el sistema
burgués, manteniendo al proletariado como un contingente políticamente
"emblocado" que así no puede actuar sino a través de otro: el
capital. De este modo, que el proletariado vuelva a jugar la carta del bloque
de clases, supone renunciar una vez más a que las fuerzas productivas se
determinen políticamente según su concepto, esto es "en sí y por sí"
mismas a instancias de una alternativa orgánica propia, independiente de
cualquier fracción de la burguesía, prolongando los dolores del parto
socialista.
En tanto y cuanto se vuelvan a
determinar a través de otro, lo que va a hacer el proletariado es prolongar en
sí mismo -porque recaen especialmente sobre él- los dolores del parto
socialista. Mientras no dé el salto, nadie lo va a dar por él. Por eso Marx
dice "nadie hará por los trabajadores lo que los trabajadores no sepan
hacer por sí mismos".
Sintetizando: las sucesivas
circunstancias o realidades efectivas inmediatas de las fuerzas
productivas subsumidas en el capitalismo en tanto realidad actual
-incluyendo los propios errores y experiencias políticas fallidas del
proletariado- conforman las exteriorizaciones o actuaciones del trabajo social
como mera posibilidad formal o abstracta, como una sucesión de posibilidades
formales o abstractas que suponen las derrotas, triunfos efímeros, marchas y
contramarchas de la historia en tanto posibilidad de otro. que en cada
"circunstancia" aparece o existe como "actual" en el
devenir de su actuar abstracto o formal, esto es, a través de las
relaciones de producción capitalistas.
De otro, porque en tanto y cuanto el
proletariado lucha contra el capitalismo sin un proyecto y partido propios, sus
luchas se quedan inevitablemente dentro de la "realidad actual" del
capitalismo, formando parte de ella. Por lo tanto, la posibilidad que tienen
los asalariados de ser por sí en tales circunstancias es meramente abstracta,
porque siguen actuando no por si mismos sino por otro, es decir, a través de
las relaciones de producción capitalistas. Es el caso, por ejemplo, de la lucha
por proyectos políticos como el de E.T.A. o I.U. en España. Pero cuando decimos
que el actuar del proletariado supone la posibilidad de otro, nos referimos a
la posibilidad del ser abstracto de la burguesía, de su posibilidad en tanto
realidad actual, en tanto realidad efectiva que ha perdido su racionalidad. Por
lo tanto, la "realidad actual" es una unidad abstracta que comprende
y define a los dos polos de la relación dialéctica. Al proletariado en tanto
racionalidad actuante según la irracionalidad del capitalismo; la burguesía en
tanto mero existente despojado de racionalidad.
De la posibilidad real a la necesidad
Finalmente, el conjunto de
circunstancias que expresan el devenir de la realidad actual por los dos lados,
van determinando las condiciones que convierten la posibilidad
abstracta o formal en posibilidad real de que la racionalidad de las
fuerzas sociales productivas (el pensamiento según Hegel) lleguen a expresarse
por sí mismas. Es la posibilidad real de la revolución o "crisis
revolucionaria". En términos hegelianos, es la posibilidad real de la
"COSA" devenida real en virtud de su racionalidad superadora o realidad
efectiva del socialismo.
Volvemos otra vez a la teoría de las
crisis capitalistas. En la medida en que la masa del capital acumulado se hace
cada vez mayor y su metabolismo más acelerado por efecto del desarrollo de las
fuerzas sociales productivas, la superación de las sucesivas recesiones, o de
las sucesivas hondas largas depresivas se vuelve más y más dificultoso. Entre
una realidad económica actual y otra media cada vez menos tiempo, y eso es lo
que alumbra la posibilidad real del socialismo.
Mientras el proletariado carece de la
capacidad o no se decide a actuar por sí y para sí mismo, la posibilidad que
tiene de hacer la revolución es abstracta, porque en su lucha se abstrae de
hacer lo que llegado el proceso a cierto punto, las "circunstancias"
le exigen. Pero de realidad actual en realidad actual, el proletariado hace su
experiencia y llega a convertir esta posibilidad abstracta en posibilidad real.
Ahora, todo esto sin teoría revolucionaria es imposible.
En este sentido, cuando decimos que
el paro estructural masivo y las sucesivas reformas laborales constituyen una realidad
efectiva inmediata, una realidad actual desconocida antes de la década de
los setenta, al igual que la generalización de los excedentes agrarios y la
legislación que premia la limitación de la producción, así como la
"alternativa" de los "compromisos históricos a través de los
"frentes populares" como posibilidad abstracta de la revolución,
estamos aludiendo al devenir de esas condiciones, donde la sucesiva
concreción de la irracionalidad manifiesta en el conjunto de posibilidades
formales o abstractas de las fuerzas productivas, toda vez que actúan en
función de su otro polo de la contradicción dialéctica que son las relaciones
de producción, no hacen más que confirmar la irracionalidad del capitalismo.
Las sucesivas condiciones del
capitalismo sobre las que el proletariado experimenta y protagoniza sucesiva y reiteradamente
como sujeto TODAS las formas de ser según su otro de la relación
dialéctica (la burguesía, que predica sobre él, que dice o juzga en cada
"circunstancia" lo que él es y lo determina como ser según los
predicados de cada realidad actual), todo eso es una creación de las fuerzas
productivas (el pensamiento en Hegel). Aunque no por ellas mismas sino a través
de las formas de ser determinadas por su condición (las relaciones de
producción capitalistas) son sin embargo las fuerzas productivas las que crean
o determinan las distintas realidades actuales que dibujan en la historia el
devenir del capitalismo. La totalidad de esas formas de ser que se concretan o
materializan en las distintas realidades efectivas inmediatas o realidades
actuales del capitalismo, es todo lo que cabe que el trabajo social haga
en la sociedad capitalista actual; Es lo que en términos hegelianos podemos
denominar "totalidad de contenido" o "totalidad
concreta", como forma de ser o existencia condicionada del trabajo
social. Esta totalidad constituye el pasaje de la posibilidad abstracta a la
posibilidad real de existencia de una COSA, esto es de una relación social,
como realidad efectiva:
<<Esta exterioridad
así desarrollada (de la fuerza social del trabajo en
realidades actuales del capitalismo), es un círculo
de las determinaciones (del trabajo social según las
relaciones capitalistas de producción) de la [mera]
posibilidad (del proletariado;
el círculo de sus experiencias, de sus posibilidades abstractas) y de la realidad efectiva inmediata (del capitalismo), la mediación de las cuales, (de las posibilidades abstractas) una por la otra
[es] la posibilidad real en general (de la revolución). En cuanto círculo de esta clase, la
exterioridad desarrollada (el conjunto de determinaciones,
realidades actuales o posibilidades abstractas del proletariado en el devenir
de su ser enajenado), es, además, la
totalidad (de esas formas de
ser de la enajenación); es así el contenido, la COSA determinada (no ya por otros sino) en y para sí, y es también, con
arreglo a la distinción de las determinaciones en esta unidad, la totalidad
concreta de la forma (del pensamiento en
Hegel; las fuerzas productivas en Marx) para sí (las fuerzas productivas como sujeto determinan su propio predicado: el
socialismo, cuya unidad de significante y significado o juicio constituye el
contenido de esa nueva forma de trabajar o modo de producción) el inmediato trasponerse de lo
interior (de las fuerzas
productivas por sí mismas) en lo exterior. (en la totalidad de las realidades actuales del capitalismo). Este automovimiento de la forma es, actividad, actuación de la COSA como [actuación] (de la totalidad de sus formas de ser según la determinación de su otro,
esto es,) del fundamento real (del socialismo aun dentro del capitalismo que se expresa en sus
contradicciones y) que se supera a sí mismo en realidad
efectiva (inmediata ), y es actuación de la realidad efectiva contingente (como sucesión de las múltiples realidades actuales) o de las condiciones y de su superarse hacia otra realidad efectiva,
la realidad efectiva de la COSA (entendida como
totalidad de las formas de ser del trabajo social según el capitalismo o
totalidad de las realidades actuales del capitalismo. Esta totalidad de formas
de ser del trabajo enajenado constituye el contenido que es la COSA, no
ya como posibilidad abstracta sino como posibilidad real. En Marx este momento
define la crisis revolucionaria). Cuando
todas las condiciones se han hecho presentes (a través de todo este proceso, de todo este automovimiento), la COSA tiene que llegar a
ser efectivamente real y la COSA (el socialismo) es ella misma una de las condiciones (Esto en términos marxistas quiere decir que una de las condiciones de
existencia del socialismo como algo interior que se exterioriza por sí mismo,
está en la actuación de la vanguardia revolucionaria en tanto portadora de la
racionalidad revolucionaria. En este sentido, la teoría revolucionaria es una
premisa de la revolución), puesto que en
primer lugar y en cuanto interior es algo meramente supuesto (sin ese supuesto de la teoría revolucionaria no hay posibilidad real
de la revolución o del movimiento revolucionario). La realidad
efectiva desarrollada en cuanto intercambio de lo interior (el pensamiento en Hegel, el trabajo social en Marx incluida la teoría
revolucionaria) y lo exterior (la realidad efectiva inmediata o actual del capitalismo) que confluyen en uno..., [en una unidad que
es la lucha de clases:
"En fin, dando por sentado que
estos tres elementos, (salario del trabajo, renta del suelo, ganancia, interés)
son las fuentes de ingresos de las tres clases, a saber: la de los
terratenientes, la de los capitalistas y la de los obreros asalariados –como
conclusión, LA LUCHA DE CLASES, en la cual el movimiento se descompone y es el
desenlace de toda esta mierda." (K.. Marx: Carta a
Federico Engels del 30/04/868)].......,
...el intercambio de sus movimientos
contrapuestos (el de las fuerzas productivas y el
de las relaciones de producción) unificados en un
sólo movimiento (el de la COSA que
es la revolución socialista) es la necesidad>>
(G.W.F. Hegel: "Enciclopedia..." § 147 Lo entre paréntesis es
nuestro)
Ahora bien, según el materialismo
histórico, la tarea de preparar las condiciones para completar esta
totalidad concreta del capitalismo en tanto existente, esto es, en tanto
"realidad actual", trasciende a la burguesía como clase dominante. En
efecto, habíamos dicho más arriba que la burguesía no puede existir sino a
condición de revolucionar constantemente los medios de trabajo. Ciertamente, la
tendencia de la burguesía a revolucionar incesantemente los medios de trabajo
crea todas las condiciones que agotan sus posibilidades de existencia como
clase dominante. Pero no acaban con el "ser en sí" o razón de ser de
categorías fundamentales del capitalismo, tales como el trabajo asalariado, la
forma de valor, los precios y el dinero. De estas "realidades
actuales" del capitalismo debe hacerse cargo el proletariado como clase
dominante sustituta de la burguesía en la nueva "realidad efectiva":
la sociedad de transición al socialismo. Esto es así, en razón de
que la burguesía como clase no tiene capacidad para llevar las fuerzas
productivas a un estadio tal que suponga la superación definitiva de la
sociedad capitalista. Y no sólo porque se lo impide su congénita tendencia al
derrumbe al interior de la sociedad donde impera la penuria relativa. En
efecto, dada la naturaleza del proceso de valorización capitalista, el progreso
tecnológico de los medios de trabajo no puede tener por referencia a la
totalidad de la jornada de labor colectiva sino sólo a su parte paga, de tal
modo que una mejora se transfiere al aparato productivo sólo cuando cuesta
menos que los salarios de la mano de obra que reemplaza:
Por consiguiente, para el capital la
ley del incremento de la fuerza productiva del trabajo no tiene validez
incondicionada. Para el capital, esa fuerza productiva se incrementa no cuando
se economiza en general en materia de trabajo vivo, sino sólo cuando se
economiza en la parte paga del trabajo vivo más de lo que se adiciona en materia de trabajo
pretérito, tal como ya se ha insinuado sucintamente en el Libro I, Cap. XIII,
2. Aquí, el modo capitalista de producción cae en una nueva contradicción. Su
misión histórica es el desarrollo sin miramientos, impulsado en progresión
geométrica, de la productividad del trabajo humano. Pero se torna infiel a esa
misión no bien se opone al desarrollo de la productividad, frenándolo, como
sucede en este caso. Con ello demuestra nuevamente que se torna decrépito y
que, cada vez más, está sobreviviéndose a sí mismo>> (K. Marx: "El Capital" Libro III Cap. XV)
Dado que el capitalismo basa su
existencia en la penuria relativa y el consecuente atraso de las fuerzas
sociales productivas, tendrá que ser en cualquier caso el proletariado la clase
que acabe la tarea de hacer efectivas todas las condiciones por las que el
socialismo pase de ser una posibidad real para convertirse en realidad efectiva
definitivamente superadora del capitalismo. Mientras tanto, aun habiendo
desaparecido el carácter mercantil de los medios de producción y la relación
entre trabajo asalariado y capital, en tanto no se supere la penuria relativa y
se revolucione el concepto de necesidad ligado al consumo de lo superfluo
típico de la sociedad burguesa, tampoco desaparece del todo la formación social
derivada del modo de producción capitalista. Bastante tiempo después de su
desaparición como clase dominante, el espíritu de la burguesía pervive al
interior la sociedad de transición para condicionar el desarrollo de las
fuerzas productivas según la nueva realidad efectiva del socialismo; no sólo sobrevive
en la categoría residual del dinero y los precios, también se yergue sobre la
desigual distribución de los ingresos del trabajo según los distintos costes de
reproducción de la fuerza de trabajo. Por lo tanto, es necesario distinguir
entre las condiciones cuya "realidad actual" hace realmente posible
la revolución política proletaria para iniciar el tránsito hacia la revolución
social comunista, y las condiciones que se hacen presentes para hacer realmente
posible el socialismo. Las primeras son una "realidad actual" del
capitalismo todavía intangible, las segundas se hacen necesariamente presentes
como "realidad actual" del capitalismo remanente al interior de la
sociedad de transición:
<<Ninguna formación social
desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben
dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción
antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el
seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre
únicamente los objetivos que puede alcanzar>> (K.. Marx: "Contribución a la crítica de la economía
política" Prólogo)
Cuando Marx dice en este pasaje que
"Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las
fuerzas productivas que caben dentro de ella", se refiere a las fuerzas
productivas condicionadas aun por la existencia del trabajo como sustancia
creadora de valor y sus necesarias consecuencias: la forma de valor, los
precios, el dinero y la diferenciación salarial. Y cuando alude a las
condiciones que hacen realmente posibles "nuevas y más altas relaciones de
producción" adecuadas al concepto de las fuerzas productivas en esa etapa
de su desarrollo, Marx se refiere a la eliminación de la categoría de capital,
esto es, a la eliminación de la propiedad privada sobre los medios de
producción y la fuerza de trabajo, que esto sí se alcanza inmediatamente
después de la toma del poder.
Aunque más adelante se propuso
desarrollar estos temas tan magistralmente condensados en el pasaje que
acabamos de citar, Marx sólo tuvo tiempo de hacerlo de modo muy general en su
"Crítica del Programa de Gotha". Fue el movimiento
revolucionario ruso dirigido por los bolcheviques, con Lenin a la cabeza, quien
durante los años previos y posteriores a la gran revolución Rusa realizó el más
completo y riguroso aporte teórico y experimental a la política del periódo de
transicion.
Teniendo en cuenta lo dicho hasta
aquí, volvamos por un momento a la lógica del pasaje entre la posibilidad
abstracta y la posibilidad real. Tomemos el producto de un trabajo concreto
cualquiera, por ejemplo: un cojín. Es una existencia en general. Pero no una
existencia inmediata porque no es un producto directamente natural sino que
entre la naturaleza y ese objeto media el trabajo, tiene incorporada la
actividad socialmente productiva del ser humano. Ya hemos visto que, en la
sociedad preclasista, los productos del trabajo se presentaban como una identidad
de contenido social inmediatamente real y directamente inteligible,
entre la actividad productiva y la realización de su producto por el uso o
consumo. En efecto, cuando un objeto se fabrica y consume o usa directamente
por sus mismos productores, producción y consumo constituyen una identidad de
contenido social indisoluble, porque son los mismos sujetos colectivamente
organizados quienes sienten la misma necesidad y se abocan colectivamante a
realizarla, donde lo socialmente necesario es inmediatamente posible y real o
realmente posible.
En la sociedad de clases, por el
contrario, esta identidad de contenido social se rompe. En primer lugar, porque
la gran masa de los productores directos son separados (expropiados) de sus
medios de producción, de modo que el producto también deja de pertenecerles; en
segundo lugar, porque con el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo,
los excedentes del consumo determinan que la sociedad humana pase a organizarse
en base a la propiedad privada, la división social del trabajo y el
intercambio. Entre la producción y el consumo social se interponen los actos de
compra-venta. Aparece el mercado.
Bajo estas nuevas condiciones, la
posibilidad de que un producto del trabajo cualquiera exista y que esa
existencia se haga socialmente necesaria y por tanto real, eso es algo que
depende del mercado. Así, como existencia en general, como actividad concreta,
útil, el ser del trabajo asalariado contenido en el cojín es una posibilidad
formal o abstracta. ¿Por qué? Hegel contesta a esta pregunta diciendo que, como
exterioridad, como existente, en su devenir como "ser en sí" (valor
de uso), el trabajo es idéntico consigo mismo, porque al reflejarse en su
producto, en su existencia –en la medida en que es el resultado de un plan y de
una acción consecuente- su esencia y su existir no se contradicen. Tal es el
principio de todo existente en general. En el pasaje citado de la lógica de la
esencia Hegel dice que:
<<La esencia es el ser (inmediato) superado (por el trabajo pero en su
inmediatez). Es la simple igualdad consigo misma (el trabajo que se ve
reflejado en la cualidad de su producto)
En este ser inmediato ya hay una
realidad: la del trabajo social, pero en la media en que esta realidad no se
manifiesta sino que permanece hundida (reflejada dice Hegel) en la forma del
producto, en una relación de identidad con él, la posibilidad de ser de esta
realidad social (del trabajo) es meramente formal. Sin embargo, lo posible en
la sociedad de mercado contiene algo más que el puro principio de identidad
entre el trabajo concreto y su valor de uso. También es valor mercantil o
trabajo abstracto. Y esto supone la contradicción, esto es, la ruptura de su
originaria identidad de contenido entre trabajo concreto y valor de uso, entre
producción y consumo y por tanto, la imposibilidad de llegar a ser real (que se
presenta cuando lo que ha costado supera el trabajo socialmente necesario para
su producción):
<<Por consiguiente, la
posibilidad en ella misma, (de la esencia, el ser del trabajo
puesto en el producto como mercancía) es también la contradicción, o sea, la
imposibilidad>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica"
Cap. II A.)
De aquí se desprende que todo lo
real, o sea, lo que existe y tiene puesta su esencia (el pensamiento en Hegel,
el trabajo social en Marx), es posible que
exista, pero como contingente y accidental, es decir, que puede ser o no y de
diferentes maneras. Aquí, la posibilidad y la existencia corren juntas para dar
sentido a lo accidental o contingente:
Esta unidad de la posibilidad y de la
existencia constituye la accidentalidad o contingencia. Lo contingente es un existente, que al mismo tiempo se halla
determinado sólo como posible...>> (Ibíd)
Lo que nos dice Hegel aquí es que la
posibilidad de que el ser cojín del trabajo llegue a ser efectivamente real,
antes de confrontarse en el mercado es accidental o contingente. Es una
posibilidad formal en tanto el ser del trabajo permanece hundido en su ser
inmediato o valor de uso.
Ya hemos visto que el ser del trabajo
sale de "sí mismo" para manifestarse o exponerse en la relación de
cambio con las demás mercancías, en el mercado. Aquí en la esfera de la
circulación, en el mercado, es donde la dialéctica intercapitalista opera
mediante lo que aparece como lucha social entre mercancías por llegar a
realizarse. Este es el terreno y las circunstancias donde el ser del trabajo
enajenado en cada mercancía alcanza la posibilidad real de hacer
efectivo su valor:
<<La posibilidad formal es la
reflexión en sí, sólo como identidad abstracta (entre trabajo concreto y valor de uso) que consiste en que algo no
se contradiga en sí. Pero cuando empezamos a averiguar las determinaciones (del
valor mercantil), circunstancias (relaciones de cambio) y condiciones
(las que impone el mercado) de una cosa, para reconocer mediante éstas su
posibilidad, no nos detenemos ya en la posibilidad formal, sino que
consideramos su posibilidad real (...) La posibilidad real de una cosa es, por
consiguiente. La existente multiplicidad de circunstancias que se refieren a
ella>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia de la Lógica" Libro
II Cap. 2)
Si una mercancía no se vende, es
porque la cantidad de trabajo que contiene no es socialmente necesaria y, por
tanto, irreal. Es posible que exista como producto del trabajo, pero al ser
relativamente más cara y/o de inferior calidad, no llega a ser socialmente
necesaria y, por tanto, real. Su razón de ser no se realiza. El solo hecho de
existir como "ser en sí" del trabajo social enajenado, en lo
inmediato, antes de someterse a la prueba del mercado, el cojín, por lo que es
"en sí mismo", no tiene la garantía de ser real sino meramente
posible.
Por último, suponiendo que el ser del
trabajo como cojín, esto es, la relación técnica que le ha dado existencia,
alcance la realidad efectiva comprendida en su concepto (trabajo socialmente
necesario para producirlo), determinado por el mercado, llega un momento en que
ese ser del trabajo, es superado por una nueva racionalidad social de la
actividad productiva en progreso incesante (la actividad del pensamiento en
Hegel). A partir de ese momento, el cojín, tal como había sido concebido y vino
siendo fabricado, deja de ser efectivamente real para convertirse en una
realidad actual, cuya posibilidad es accidental y contingente. Ese producto
sigue teniendo en sí mismo su razón de ser y puede seguir existiendo
económicamente, esto es, puede seguir realizándose, pero como realidad actual,
porque en el mercado ya ha aparecido otro ser cojín del trabajo social que
contiene una racionalidad superior:
<<Tras la adopción en
Inglaterra del telar de vapor, por ejemplo, bastó más o menos la mitad de trabajo que antes
para convertir en tela determinada cantidad de hilo. Para efectuar esa
conversión, el tejedor manual inglés necesitaba emplear ahora exactamente el
mismo tiempo que trabajo que antes, pero el producto de su hora individual de
trabajo representaba únicamente media hora de trabajo social, y su valor disminuyó, por consiguiente, a la
mitad del que antes tenía.>> (K. Marx: "El
Capital" Libro I Cap. 1 punto1)
El "viejo" cojín sigue
teniendo en sí mismo su esencia, la razón de su existencia. Puede, incluso –y
de hecho asi sucede regularmente- que esta mercancía se siga vendiendo. Para
referirse a esta circunstancia según vimos más arriba Hegel utiliza
indistintamente dos expresiones: "realidad efectiva inmediata" o
"realidad actual". En este sentido, la razón técnica ya obsoleta del
viejo cojín, empieza a dejar de ser necesaria para devenir más y más
económicamente irracional, hasta que deja de existir cuando el trabajo
socialmente necesario (el pensamiento según Hegel) le ha atravesado por
completo, le ha superado para realizarse según un nuevo concepto, según una
racionalidad técnica y social superior. Esto en la economía política sucede
cuando una misma necesidad pasa a ser masivamente satisfecha con un nuevo
producto de igual o superior calidad y más barato.
Este suele ser un proceso cuyo
cumplimiento depende de pautas sociológicas y culturales propias de cada país,
región o rama de la producción; atavismos que retardan la sustitución de
técnicas ya obsoletas en la utilización de los medios de trabajo e insumos;
prejuicios de diversa índole sobre marcas y calidades del producto de uso
habitual, preferencias por lo barato, fidelidad a una marca, intervención
publicitaria de la competencia, etc. Todas estas circunstancias se traducen
regularmente en obstáculos a la generalización en el uso o consumo de lo que la
necesidad determinada por el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo
social tiende a que se haga efectivamente real. Este juego de oposición
mercantil entre el empuje de lo necesario y las resistencias de lo contingente
–que no se agota o explica por la simple oposición entre marcas de fábrica-
corresponde al terreno de los estudios de mercado y las técnicas de
comercialización, donde se registran ilustrativas experiencias contrastadas.
Finalmente, la tendencia al pasaje
entre una realidad fectiva del trabajo y otra, se completa cuando lo necesario
salta todas las barreras y va a ocupar en la conciencia colectiva el sitio que
se resistía a abandonar la realidad efectiva inmediata o actual ya
objetivamente superada. Por eso dice Marx que la libertad es la consciencia de
la necesidad, el descubrimiento en tanto verdad de lo necesario, su concepto:
<<Esta verdad de la necesidad es así la libertad...>> (G.W.F. Hegel "Enciclopedia..." § 158)
Y aquí, para Marx, lo necesario no es
un producto del pensamiento –como sostenía Hegel, sino que es algo exterior al
sujeto universal. El ser humano, tanto teórica como prácticamente, se encuentra
frente a la exigencia de lo necesario como un requerimiento exterior. La
ciencia descubre esa necesidad, la práctica social se encarga de universalizar
ese conocimiento y convertirlo en realidad efectiva.
Si abandonamos ahora la esfera
económica de la circulación del capital y volvemos al terreno de la lucha de
clases, la analogía es clara. Todo el pasaje de la posibilidad abstracta a la
libertad explicadas por Hegel mediante el movimiento de las categorías puras
del pensamiento que da término a la lógica de la esencia, fue traducido por
Marx a lenguaje político en "El 18 Brumario de Luis Bonaparte":
<<Las revoluciones proletarias
como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen
continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para
comenzarlo de nuevo desde el principio, se burlan concienzuda y cruelmente de
las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros
intentos; parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la
tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas,
retroceden constantemente aterradas ante la ilimitada inmensidad de sus propios
fines, hasta que se crea una situación (las condiciones, pero todas las condiciones, el círculo de condiciones) que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan:
"Demuestra lo que eres capaz de hacer" >> (Op. cit. Cap.I)
Vemos así cómo en el contexto de la
categoría de necesidad y a la luz del materialismo histórico, empieza a brillar
el significado de las palabras de Hegel cuando formuló su famosa tesis al decir
que:
<<Todo lo real es racional, y
todo lo racional es real>>
En este contexto de la "Lógica"
hegeliana queda claro que no todo lo real es racional por el sólo hecho de
existir. Según el pensamiento y la doctrina de Hegel, sin el atributo de la necesidad
propia de lo racional, cualquier cosa, aunque exista y pueda
tener "en sí" la "razón" que justifique su existencia y de
hecho lo consiga, ya no es más que una mera "realidad aparente" o
"realidad de lo ficticio". Y esta realidad de lo ficticio está hoy,
desde hace tiempo ya, objetivamente determinada por la sobresaturación del
capital.
¿Qué es la sobresaturación de
capital? La razón de ser del capitalismo consiste en acumular capital, en
engrosar la masa de capital en funciones mediante la capitalización del
plusvalor obtenido en cada proceso de rotación. Pero dada la inevitable tendencia
al aumento en la composición orgánica del capital (mayor inversión histórica
relativa en maquinas y materias primas que en salarios), el aumento del
plusvalor obtenido tiende a ser cada vez menor a raíz del cada vez menor empleo
relativo de mano de obra, lo cual presiona a la baja de la tasa de ganancia.
Esta dinámica conduce a unas "circunstancias" en las que –con
independencia de los ciclos periódicos- las posibilidades de ampliar el capital
productivo al interior de sus mercados nacionales, se torna más y más difícil
en un número progresivamente mayor de países donde la C.O.C. es relativamente
alta. Así, una parte creciente de plusvalor producido y realizado en esos
países ya no puede cumplir su cometido como capital productivo porque resulta
demasiado pequeño respecto de la enorme masa de capital ya acumulado. Estos
capitales excedentarios e improductivos sólo pueden preservarse
provisionalmente del derrumbe de su propia rentabilidad emigrando hacia otros
países de menor composición orgánica, o incursionando temporalmente en el
mercado de valores. Los capitales excedentarios que pasan a "actuar"
en la esfera de la especualación, son capitales ficticios, porque sacan la
ganancia de otro capital, no del proletariado, por lo tanto no es real, es
ficticio, es virtual, es existente, ahí está la especualción bolsística, pero
es ficticio. Estos movimientos puramente especulativos del plusvalor sobrante o
ficticio, entorpecen cada vez más el movimiento del capital productivo global
de la sociedad. Esta es la realidad efectiva inmediata del capitalismo actual.
En síntesis, si algo como el sistema
capitalista -incluidos los proyectos policlasistas de la pequeñoburguesía-
deviene tan irracional y anacrónico que deja de ser necesario, aun cuando
prolongue su existencia saliendo sucesivamente al paso de las "circunstancias"
para justificar su existencia, es ya irreal. A este mismo espíritu se remite
Engels para explicar el tránsito de la realidad efectiva inmediata del
feudalismo, a la nueva realidad efectiva del capitalismo:
<<En 1789, la monarquía
francesa se había hecho tan irreal, es decir, tan despojada de toda necesidad,
tan irracional, que hubo de ser barrrida por la Gran Revolución, de la que
Hegel hablaba siempre con el mayor entusiasmo. Como vemos, aquí lo irreal era
la monarquía y lo real la revolución. (En España, lo irreal eran las fuerzas realistas en la época en que las cortes de
Cádiz representaban la nueva realidad efectiva, aunque no la realidad actual
encarnada aún en la monarquía absoluta de Fernando VII. Y así, en el curso del desarrollo, todo lo que un día fue real se torna
irreal, pierde su necesidad, su razón de ser, su carácter racional, y el puesto
de lo real que agoniza es ocupado por una realidad nueva y viable;
pacíficamente si lo viejo es lo bastante razonable para resignarse a morir sin
lucha; por la fuerza, si se opone a esta necesidad. De este modo, la tesis de
Hegel se torna, por la propia dialéctica hegeliana, en su reverso: todo lo que
es real dentro de los dominios de la historia humana, se convierte con el
tiempo en irracional; lo es ya, de consiguiente, por su destino, lleva en sí de
antemano el germen de lo irracional; y todo lo que es racional en la cabeza del
ser humano se halla destinado a ser un día real, por mucho que hoy choque con
la aparente realidad existente. La tesis de que todo lo real es racional, se
resuelve, siguiendo todas las reglas del método discursivo hegeliano, en esta
otra: todo lo que existe merece perecer.>> (F. Engels: ?Ludwig
Feüerbach y el fin de la filosofía clásica alemana? I)
Ahora bien, todo el tiempo que una realidad
efectiva inmediata o realidad actual siga existiendo aun
habiéndose vuelto irracional, explica la mera posibilidad real
del cambio, la tardanza del pensamiento (según Marx las fuerzas sociales
productivas) en proceder a determinarse por sí mismo según la necesaria
racionalidad superadora.
Engels dice que así explicaba Hegel
la realidad efectiva inmediata o realidad actual de
la gobernante monarquía absoluta de Federico Guillermo III en la Prusia de su
tiempo:
<<Por tanto, aplicada al Estado
prusiano de aquél entonces, la tesis hegeliana sólo puede interpretarse así:
este Estado es racional, ajustado a la razón, en la medida en que es necesario;
si nos parece malo, y, a pesar de serlo, sigue existiendo, lo malo del gobierno
tiene su justificación y su explicación en lo malo de sus súbditos. Los
prusianos de aquella época tenían el gobierno que se merecían>> (F.Engels: "L. Feüerbach y el fin de la.." Cap.1)
Exactamente igual, el proletariado
tiene hoy el gobierno que se merece. Muchos dicen que esta es una afirmación
reaccionaria, pero nosotros preferimos no hacer la menor concesión al
oportunismo paternalista y reafirmamos: el proletariado tiene aun el gobierno
que se merece. ¿De quién es la reponsabilidad histórica de la toma del poder y
del cambio, de la presunta vanguardia autoproclamada? NO. Es del proleteriado,
que es la clase llamada a hacer la revolución. Está en la naturaleza social de
la burguesía y es su responsabilidad política evitar ese cambio. Los que dicen
que esta tesis es reaccionaria, están abrazados a una concepción elitista de la
revolución, profundamente paternalista y clientelista de la política. Según
esta concepción, el proletariado -como los niños de teta- nunca es responsable
de nada. Aunque buena parte se identifique con el fascismo, como en 1933 en
Alemania. He aquí la semilla de la burocracia de cuño stalinista.
Para Hegel, lo malo de los súbditos
prusianos consistía en que seguían haciendo suya la irracionalidad de los
valores políticos y culturales de la nobleza decadente a cargo del Estado
teocrático alemán. En el lenguaje y la lógica dialéctica marxista aplicada a la
sociedad, que la burguesía siga existiendo como clase dominante a pesar de la
creciente irracionalidad del sistema capitalista que encarna, ello expresa la
crisis del proletariado. Los que levantan su dedo acusador hacen pasar la
actual crisis política del proletariado por una supuesta crisis teórica del
marxismo.
La tendencia a que el pensamiento
(las fuerzas sociales productivas en Marx) se determine según su concepto, esto
es, por sí mismo, radica, según Hegel, en la relación entre el pensamiento y el
ser de la realidad efectiva inmediata devenida cada vez más irracional e
innecesaria. Este devenir de la contradicción, determina que la posibilidad
de ser por sí mismo del sujeto pensante, de ser según su concepto, deje de ser
abstracta y contingente, es decir, que puede ser o no ser, y ser por otro, para
convertirse en real. Finalmente, el pensamiento (la fuerza social productiva
fundamental: el proletariado), se libera cuando comprende la necesidad de
concebir, crear o darse "para sí", una nueva realidad efectiva
adecuada a su concepto, esto es, a su racionalidad como clase revolucionaria:
<<Hegel ha sido el primero en
exponer rectamente la relación entre libertad y necesidad. Para él, la libertad
es la comprensión de la necesidad. "La necesidad es ciega sólo en la medida en que no está sometida al
concepto." (a la razón científica). La libertad no consiste en una
soñada independencia respecto de las leyes naturales, sino en el conocimiento
de esas leyes y en la posibilidad, así dada, de hacerlas obrar según un plan
para determinados fines. Esto vale tanto respecto de las leyes de la naturaleza
externa cuanto respecto de aquellas que regulan el ser somático y espiritual
del hombre mismo: dos clases de leyes que podemos separar a lo sumo en la
representación, no en la realidad. La libertad de la voluntad no significa,
pues, más que la capacidad de poder decidir con conocimiento de causa.>>
(F. Engels "Anti-Dhüring" Cap. 11: Moral y Derecho. Libertad y
Necesidad)
Cuando los antiguos sufrían los
efectos del fuego, la lluvia, el viento o el rayo, en la medida en que
desconocían la verdadera naturaleza de esos fenómenos carecían de total
libertad sobre ellos, y por lo tanto, los dominaban o superaban a través del pensamiento
mágico, a través del mito. Para los primitivos que moraron en la cuevas de
Altamira, por ejemplo, sus pinturas no tenían nada de arte; estas gentes
carecían por completo de ese concepto. Para ellos esa no era más que una forma
de ayudarse a sobrevivir, de estimularse y perfeccionar sus técnicas de caza:
dominar a la bestia mediante la imaginación. Era la posibilidad formal o
abstracta de transformar la naturaleza. La ciencia es la posibilidad real del
dominio de la naturaleza y ese conocimiento de la necesidad que suponen las
leyes de la naturaleza es la libertad del ser humano:
<<Toda mitología somete domina
y conforma las fuerzas de la naturaleza en la imaginación y mediante la
imaginación; desaparece, por lo tanto, con el dominio real sobre ellas.>>
(K. Marx: "Líneas
fundamentales de la crítica de la economía política" Introducción.
Punto 4)
Ahora, el ser humano ha llegado a ser
libérrimo en el sentido de que ha alcanzado la libertad casi absoluta con
respecto a la naturaleza, donde no hay lugar para la imaginación. Pero con
respecto a sí mismo, a las relaciones sociales, ha retrocedido, dice Engels,
porque estas relaciones no consisten en la libertad universal sino en el
sometimiento de una parte de la sociedad por otra. Es una libertad puramente
aleatoria y contingente, porque no comprende la naturaleza de la sociedad. El
hecho de que la sociedad esté regida por leyes que escapan al control de los
seres humanos, explica que los seres humanos no han comprendido la realidad
social que les toca vivir, por lo tanto no son libres. De ahí que la
imaginación, el llamado "pensamiento mágico" a caballo de los
sentimientos y hasta de las más bajas pasiones, predominen en la política al
interior del movimiento obrero. El discurso político de la burguesía en general
está preñado de pensamiento mágico. Que esto ocurra en una sociedad que se
muestra capaz de generalizar los complejos conocimientos de las técnicas
informáticas, expresa el grado extremo de decadencia a que han llegado sus
clases dominantes.
Según el razonamiento de cuño
hegeliano -que la tradición revolucionaria desde Marx y Engels hasta hoy ha
hecho suyo- el conglomerado capitalista decadente de lo real actual
o real ficticio, comprende sin duda alguna a la burguesía en su
conjunto, pero con igual razón a todos los individuos, grupos políticos o
partidos reformistas, cuyo pragmatismo oportunista con el sistema les ha
llevado a definir la política del proletariado como "el arte de lo
posible", es decir, de las posibilidades que brinda el sistema, de lo
posible abstracto, no de lo posible a alcanzar por el proletariado, sino de lo
posible que brinda la burguesía. Según los políticos del sistema –muy
especialmente los de izquierdas- todo lo que la burguesía no tiene la
posibilidad de poner al alcance de sus clases subalternas es imposible. La
misión de esta gente consiste en inculcar que no hay forma posible de organizar
la vida social que prescinda del mercado capitalista, de tal modo que el
proletariado siga siendo una clase contingente, subrogada, un ser social según
el ser por sí mismo de otros: los capitalistas. Es la política de hacer pasar
la revolución socialista por una adecuación permanente vergonzante y retardada
a las realidades efectivas inmediatas del capitalismo tardío.
Nada explica mejor lo de
"adecuación retardada y vergonzante" al capitalismo decadente, como
el debate que hace unos años sostuvo en un programa de la mayor audiencia
televisiva el ex dirigente sindical, José Luis Corcuera -por entonces ministro
socialdemócrata liberal del PSOE a cargo del gobierno- con el actual secretario
general del P.C.E., el inefable Francisco Frutos, a propósito de la última
reforma laboral vigente en España:
<<Ustedes -sentenció Corcuera en un momento del programa- siempre van a la
retranca de la historia. Cuando se votó la primera reforma laboral se opusieron
a ella reivindicando el fuero de los trabajadores vigente en tiempos de Franco;
ahora critican la que está en trámite de aprobación parlamentario defendiendo
la primera.>>.
En este sentido, del mismo modo que
la burguesía y sus agentes activos dentro del movimiento obrero tienen su razón
de ser y existir en mantener al proletariado como mera posibilidad
abstracta de la revolución, en conseguir que la fuerza social del
trabajo siga siendo según las relaciones de explotación capitalistas, asimismo,
la creciente irracionalidad que encarna la patronal determina que la misión del
proletariado consista en hacer realmente posible la necesidad de
que la fuerza productiva de su trabajo sea y exista por sí misma, esto es, de
acuerdo con su propio concepto de clase. Todo esto, en unidad, conforma el
ciclo histórico, el círculo de las posibilidades abstractas (del ser del
proletariado según su otro) que se convierten en posibilidad real de la
revolución.
Esto quiere decir que, por un lado,
la burguesía, la tendencia de la burguesía que consiste en apoderarse de la
mayor parte del trabajo necesario para convertirlo en excedente, lleva
necesariamente al enfrentamiento con el proletariado, no puede evitar el
enfrentamiento. Pero, al mismo tiempo, en la medida en que el proletariado no
toma conciencia de su tarea histórica y, por tanto, no es capaz de elaborar un
proyecto político propio sino que delega la dirección de su lucha en algún
sector de la burguesía, la posibilidad de ser sí mismo sigue siendo abstracta.
La función de los partidos políticos reformistas consiste precisamente en
evitar que la clase obrera luche según se lo exige la racionalidad
revolucionaria, según su concepto de clase. Pugnar porque los proyectos
del proletariado no sean para sí, sino que siempre sean en sí, esto es, en
función del mercado capitalista, de la democracia burguesa, de la burguesía en
su conjunto, para garantizar la subsistencia y usufructo momentáneo del sector
marginal de ella: la pequeña burguesía. Esto supone que el proletariado queda
siempre como un ser en sí, y la posibilidad de la revolución como una
posibilidad abstracta.
<<El concepto es lo libre, en tanto poder sustancial que-está-siendo para él mismo, y es totalidad en la que cada uno de los momentos en que eran posibilidades abstractas se convierten en el todo es el todo la cosa, el contenido, que el concepto es, en su identidad consigo, lo determinado
en y para sí>> (G.W.F. Hegel: "Enciclopedia.."
Tercera sección de la lógica. La doctrina del concepto. § 160)
Capítulo 3 – La doctrina del concepto
El concepto subjetivo
En nuestro tránsito por el camino de
la Lógica, habíamos partido del ser inmediato abstraído de todo
pensamiento y actividad del sujeto, como objeto de la sola y pasiva intuición y
representación sensible correspondientes a la etapa de la recolección en los
albores de la humanidad. Pasamos luego a la negación de la pura inmediatez, al ser
en sí o ser mediado por la actividad del sujeto, al capítulo de la
esencia puesta por la sustancia del trabajo social (por la reflexión
según Hegel) en aquél ser originario. El tercer momento, el del concepto,
constituye la negación de la negación o retorno del ser puesto a
la inmediación, pero no ya como pura representación sensible sino como
autodeterminación u objetividad por sí, donde sujeto y objeto se
corresponden al interior de una misma unidad plena de significado. Para Hegel,
esta unidad o correspondencia de significado unívoco entre sujeto y objeto
reunidos en el concepto es la verdad, donde el ser
inmediato y la esencia quedan contenidos o conservados al
mismo tiempo que superados. En tanto objeto que contiene la racionalidad o
sustancia del sujeto, la verdad -que ya estaba puesta, primero
como parecer de la esencia en el ser inmediato, y
luego como aparecer o forma de manifestación en el fenómeno,
se revela ahora por sí misma en el concepto, tal
como el trabajo social enajenado bajo la forma de valor en una moneda de oro:
<<Lo inmediato abstracto es,
sin duda un primero; pero, como tal abstracto (abstraído de todo
pensamiento o actividad transformadora) es más bien un mediado (por la
intuición y la representación ancladas en la sensibilidad), del que por
ende, si hay que comprenderlo en su verdad, hay que buscar antes la base. Por
consiguiente, ésta tiene que ser propiamente un inmediato, pero de manera tal,
q ue se haya convertido en inmediato por medio de la superación de la mediación
(de la actividad racional del sujeto en el concepto).
De este lado, el concepto debe ante todo ser considerado en
general como el tercero con respecto al ser y la esencia, esto es, a lo inmediato y la reflexión. Ser y esencia, por lo tanto, son los momentos de su devenir; pero él (el concepto) es la base y verdad de
ellos, considerada como identidad, donde ellos han perecido y están contenidos.
Ellos están contenidos en el concepto porque éste es su resultado; pero
ya no están en él como ser y como esencia; sino que
tienen esta determinación solo porqueno han vuelto todavía a esta unidad
suya.>> ( G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro
III Advertencia. Lo entre paréntesis es nuestro)
Una vez determinados y unidos por la
actividad del sujeto los elementos contradictorios (esencia y apariencia) que
constituyen la realidad efectiva de cada ser, el pensamiento
avanza en el despliegue de sí mismo creando la categoría del concepto,
donde el ser y sus diferenciaciones cualitativas (otra forma de hablar de
esencia y apariencia) son reunidas ahora en una totalidad inteligible.
Hegel analiza el concepto y descubre tres aspectos: el concepto subjetivo, el
concepto objetivo y la teleología.
El concepto subjetivo
comprende, a su vez tres momentos: el universal, el particular y el individual.
Decíamos más arriba que, para Hegel, lo primero es el pensamiento
universal o la universalidad del pensamiento al modo de una semilla; y
que en la tarea de realizarse debe empezar por ser una identidad
abstracta, pensamiento puro o simple potencialidad sin contenido alguno: el
ser. La universalidad del concepto también es lo más simple y general
del pensamiento, pero no como una identidad abstracta consigo mismo
o como una forma vacía o pura, sino como un pensamiento determinado
cuyo saber de sí mismo a través de las formas de manifestación o
diferenciaciones cualitativas de lo existente le permite ahora concretarse
dotándose de un contenido: la esencia. Así es como deja de ser una identidad de
lo abstractamente simple para convertirse en una universalidad
que abarca y comprende las múltiples realidades efectivas en que
deviene lo existente.
La particularidad del
concepto es la universalidad que se niega como tal para determinarse como
individualidad, que sale de sí como universalidad abstracta para concretarse en
la individualidad por medio de un particular. En el momento de la
particularidad, el concepto es, al mismo tiempo, universalidad y determinación
manifiesta, la unidad de ambas, donde la sustancia está en lo universal. Por
ejemplo, cuando hablamos de un mamífero. Aquí, el pensamiento ya ha traspasado
la categoría simple, abstracta y vacía del ser y se concreta, se da un
contenido; es el universal animal que se particulariza en tanto mamífero. Las
especies se diferencian entre si pero se catalogan según lo universal: el
género (en este caso la categoría de mamífero), que no admite diferencia y
permanece idéntico a sí mismo. Por tanto, los particulares son lo que son en
virtud del universal que, al mismo tiempo que sustancia es sujeto, porque
determina.
<<Lo particular contiene la
universalidad, que constituye su sustancia; el género se halla inmofdificado en sus especies; las especies no son
diferentes de lo universal, sino solamente entre ellas. Lo particular tiene, frente a los
otros particulares con los que se relaciona, una y la misma universalidad. Al
mismo tiempo, la diversidad de aquellos a causa de su identidad con lo
universal es, como tal, universal. Es la totalidad. (...) sea, la particularidad es, de nuevo, nada más que la universalidad
determinada. El concepto, en ella, se halla fuera de sí; y por cuanto es el concepto (en tanto universal concreto) que está
allí fuera de sí, lo universal abstracto contiene todos los momentos del
concepto; es a) universalidad; b) determinación; c) simple unidad
de ambas>> (G.W.F. Hegel: "La ciencia de la lógica"
Libro III Cap. I § B)
Finalmente, el individuo es la
negación de la negación de lo universal. Dicho de otro modo, en el individuo lo
universal completa su concreción. Este momento del entendimiento está en la
base lógica del juicio. Mediante el juicio, el entendimiento liga la existencia
de los seres, de las cosas, a su sustancia universal. Por ejemplo: "Cayo
es mortal". Aquí, el entendimiento une estos dos extremos (individual y
universal) de modo inmediato. Pero el caso es que el juicio no es la forma
racional adecuada para determinar por sí el carácter universal de una
individualidad. Porque lo universal es la unidad de multiples determinaciones o
propiedades, y el individuo como tal, es lo indeterminado. Cayo es Cayo. Pero
ésta es una identidad abstracta, indeterminada, una identidad de la que nada se
sabe. Por lo tanto, lo que puede contener de universal una individualidad no
surge de su relación inmediata y directa con lo universal sino a
través de su relación con un otro, con un particular. Esta relación de
lo individual con lo univedrsal a través de lo particular es el silogismo
compuesto de tres juicios. Por ejemplo:
Todos los humanos son mortales
Cayo es humano
Luego, Cayo es mortal.
Aquí, para que el sujeto del tercer
juicio esté comprendido en el predicado universal de ser mortal, es necesario
que se relativice en una particularidad, que muestre poseer la cualidad
particular de ser humano que expresa el segundo juicio, cuando sale de su
absoluta indeterminación como pura individualidad.
<<I-P-U es el esquema general
del silogismo determinado. La individualidad se une con la universalidad por
medio de la particularidad; lo individual no es de inmediato universal, sino
por medio de la particularidad; y viceversa tampoco lo universal es de
inmediato individual sino que se deja rebajar a esto por medio de la
particularidad>>
Desde el punto de vista marxista el valor
económico es, a la economía política, lo que el concepto
es a la lógica del conocimiento. Pero un objeto cualquiera, por si mismo, como
individualidad, no muestra o acredita el carácter de contener el
universal del valor económico o de pertenecer a él. Para eso tiene que
relacionarse con una mercancía, con otro objeto particular
valioso, que sí participa de lo universal propio de la economía política. El
mismo silogismo de existencia, pues, puede expresarse de la siguente forma:
Todas las mercancías contienen valor
El objeto M’ es una mercancía
Luego M’ contiene valor
A través de su relación con objetos
particulares como la mercancía M, el objeto M’ demuestra o acredita contener la
universalidad del valor que la comprende u homologa como objeto
económicamente valioso.
Se determina como tal. Por lo tanto,
según Hegel, en el pensamiento universal está la energía, la fuerza, el sentido
y finalidad de todas las cosas de este mundo. El pensamiento es:
<<...el verdadero principio
universal de toda existencia, tanto natural como espiritual; domina y abraza
todas estas cosas y se encuentra en la base de todo>> (G.W. F. Hegel: "Enciclopedia" § 4, Adic.)
Tal es, pues, el proceso mediante el
cual el pensamiento (en nuestro ejemplo bajo la forma del objeto M’) participa
de la categoría de lo universal. Pero como pensamiento individual. De ahí que
Hegel lo defina como concepto subjetivo.
El concepto objetivo
Ahora bien, bajo la forma de concepto
subjetivo, en tanto necesita de un término medio, de un particular,
el pensamiento individual (el sujeto M) muestra su existencia, pero no es una
existencia real y verdadera sino abstracta, porque no tiene en sí mismo a su
concepto; se determina, pero no es una autodeterminación en tanto no participa
de lo universal por sí mismo. Para acreditar que pertenece a lo
universal o que lo contiene, el pensamiento, en tanto concepto subjetivo,
necesita de otro, de un intermediario (el sujeto M' bajo la forma de predicado
tal como lo muestra el silogismo de existencia en el juicio de término medio),
necesita estar en oposición a otro y reflejarse en él; depende de él como un
ser inmediato exterior, ajeno o "extrínseco" a su propia
individualidad, sin el cual no puede acreditar que pertenece a o participa de
lo universal. En este momento de su desarrollo, encerrado en el concepto
subjetivo, en tanto no tiene capacidad para determinarse o expresar su
condición de universal por sí mismo y a través de sí mismo, el pensamiento no
es aun autosuficiente sino sólo conciencia, en tanto que esta
categoría filosófica -según la entiende Hegel-
limita la actividad del intelecto a un algo exterior a él y no a sí mismo. Para
llegar a ser autoconsciente, el intelecto necesita salir de esa subjetividad y objetivarse, tomarse a sí
mismo por objeto para determinarse por sí mismo. Así nos hace pasar Hegel a la
dialéctica del concepto objetivo:
<<El concepto, como negatividad
absolutamente idéntica consigo misma (el pensamiento que
toma a sí mismo por objeto, se niega a sí mismo y se autodesarrolla), es el
que se determina a sí mismo; y se observó que él, por cuanto en la
individualidad se resuelve en juicio, se pone ya como existente.
Esta realidad todavía abstracta se completa en la objetividad>> (G.W.F.
Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro III Sección segunda: La
objetividad. Lo entre paréntesis es nuestro)
Este progreso hacia la
autodeterminación del pensamiento como universal bajo la forma del concepto
objetivo, se insinúa ya en el juicio apodíctico: "La casa
construída de este modo es buena". Aquí, la condición de pertenencia del
sujeto a lo universal -lo que tiene que ser- no está contenida en otro, en el
predicado, sino en la acción misma del sujeto. Bajo esta forma del juicio, la
subjetividad del concepto desaparece y el pensamiento se determina a sí mismo
como algo objetivo, porque sujeto y predicado tienen el mismo contenido, en
ambos extremos está presente lo universal:
<<Este juicio es ahora verdaderamente objetivo; o sea, es la verdad
del juicio en general. Sujeto y predicado se corresponden y
tienen el mismo contenido; y este contenido es, él mismo, la concreta
universalidad puesta; es decir, contiene los dos momentos, lo universal
objetivo o el genero, y lo individualizado>> (Op.
Cit. Libro III Primera sección Cap. II: El juicio)
Vayamos ahora al apartado 3 del
primer capítulo de "El Capital", donde Marx analiza la forma
de valor. Vemos que allí reproduce el silogismo I-P-U, donde el juicio
individual I del silogismo de existencia corresponde en el texto de Marx a la
forma singular o individual (A) del valor; el juicio P a la forma particular
(B) y el juicio U a la forma general o universal (C).
El análisis de la forma simple o
singular del valor corresponde a la relación:
x cantidad de mercancía A =
y cantidad de mercancía B
Corresponde a la etapa avanzada de la
economía de susbistencia, donde los intercambios eran tan circunstanciales,
azarosos y esporádicos como los momentos en que la producción excedía al
consumo en distintas comunidades.
El análisis de la forma particular o
desplegada del valor corresponde a la etapa en que, según avanza el desarrollo
de las fuerzas productivas, los excedentes se cada vez más regulares hasta
alcanzar la medida en que las relaciones mercantiles llegan a predominar sobre
las economías de subsistencia. Aquí aparecen una multiplicidad de equivalentes,
casi tantos como mercancías que se intercambian. Es lo que Marx denominó
"forma total o desplegada del valor:
z cantidad de mercancía A =
u cantidad de mercancía B, o = v cantidad de mercancía
C, o = w cantidad de mercancía D, o = x
cantidad de mercancía E, o =............., donde:
<<Por primera vez este mismo
valor se manifiesta auténticamente como una gelatina
de trabajo humano indiferenciado. El trabajo que
lo constituye, en efecto, se ve presentado, ahora, expresamente como
trabajo equivalente a cualquier otro trabajo humano, sea cual fuere
la forma natural que éste posea, ya se objetive en la mercancía A, B, C, D, o
E, etc. Mediante su forma de valor, ahora la mercancía A
ya no se halla en relación social con una clase singular
de mercancías, sino con el mundo de las mercancías (con el universo de
mercancías). (...) Al propio tiempo, en la serie infinita
de sus expresiones, está implícito que el valor de las
mercancías sea indiferente con respecto a la forma particular del valor
de uso en que se manifiesta.>> (K. Marx: "El
Capital" Libro I Cap. I).
Si esto es así, si el objeto A llega
a tener tantas expresiones materiales de su esencia social como seres
inmediatos del trabajo hay en el mercado, eso quiere decir, a la inversa, que
en su ser inmediato está representada la esencia social de la multiplicidad de
productos que integran el universo mercantil. Así, de la forma relativa
general de valor en que la mercancía A relativiza su valor en el
valor de uso del resto que constituye universo mercantil, se pasa a la forma
general de equivalente, donde el valor de uso o materialidad de
la mercancía A pasa a representar la esencia social o valor de
las demás mercancías, de modo que ahora la relación anterior invierte su
sentido:
u cantidad de mercancía B
v cantidad de mercancía C
w cantidad de mercancía D
x cantidad de mercancía E
Que la indiferencia del valor de la
mercancía A con respecto al valor de uso en general, esto es, que el
valor en general no alcance todavía la categoría de universal, que no llegue a
expresarse más que implícitamente por sí mismo, ello se explica porque la
sociedad no ha procedido aun a optar por la forma adecuada de equivalente
general, a seleccionar la mercancía en cuyo valor de uso las demás deleguen lo
más adecuadamente la representación de su propio valor.
La forma de "equivalente general
que acabamos de describir, es una forma de valor en general, que puede ser
adoptada alternativamente por cualquier mercancía. Y esto sólo ocurre cuando
todas las demás mercancías separan alternativamente a una u otra de entre ellas
para conferirle esa función de equivalente general. Esa alternancia en la
representación general del valor por parte de una u otra mercancía particular
fue variando en el tiempo según la dialéctica entre el arraigo de la costumbre
y la propia experiencia, en un proceso de selección natural que tuvo como
resultado la separación y adopción de la más adecuada a la función de
equivalente general. A partir de cierto momento, el ser inmediato de la
mercancía seleccionada, su valor de uso, pasará a ser símbolo de valor y el
tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla se consolidará como
patrón de medida de todos los demás valores:
<<Y tan sólo a partir del
instante en que esa separación se circunscribe definitivamente a una clase específica de mercancías, la
forma relativa unitaria de valor propia del mundo de las
mercancías, adquiere consistencia objetiva y vigencia social general.
La clase específica de mercancías con cuya forma natural se fusiona socialmente la forma de equivalente, deviene mercancía dineraria o funciona como dinero. Llega a ser su función social específica, y por lo tanto su monopolio social, desempeñar dentro del mundo de las mercancías el papel de equivalente general (...) Históricamente, ese sitial
privilegiado lo conquistó una mercancía determinada (...) el oro>> (Ibíd)
Esta mercancía-dinero es, a la
economía política, lo que el concepto objetivo es a la lógica
hegeliana: la más completa resolución del juicio apodíctico, donde se demuestra
históricamente y no precisamente por obra del pensamiento puro, que ese
"modo de construir la casa", de seleccionar al oro como equivalente
general por excelencia, ha sido el mejor, el más adecuado a los fines de
ejercer con la mayor libertad social posible, la necesaria función económica de
mediar los actos de intercambio. En efecto, el oro es un metal incorruptible
que se puede fraccionar a voluntad en proporciones divisibles y calidad
uniforme, cuyos máximos tiempos de trabajo necesarios para producirlo, permiten
que un relativo menor peso y volumen de su materia contenga los más altos
valores económicos.
Volvamos ahora por un momento al
principio. Habíamos visto que, según Hegel, el pensamiento humano tuvo sus
orígenes más remotos en ser el inmediato, en el ser de la pura sensibilidad,
que a su vez había surgido de la tensión dialéctica al interior de la identidad
entre el puro ser y la pura indeterminación, esto es, la nada. Luego vimos cómo
la actividad humana generó la esencia adoptando la forma del ponerse o poner la
esencia en cada uno de los seres de la existencia en tránsito de conferirles
realidad efectiva, empezando por "parecer" en ellos, hasta por último
"aparecer" o revelarse ocultándose en el "fenómeno" de la "relación esencial". Bajo esta relación, bajo esta forma,
en la "apariencia" del fenómeno, el pensamiento consiguió determinar
la esencia en la existencia, pero todavía no de modo absoluto, esto es por sí
mismo, sino relitivizando su acción en otro que no es él propiamente. Hasta
aquí, Hegel nos condujo a través de lo que bien puede interpretarse como la
historia del pensamiento enajenado.
Fue en el capítulo del el concepto
objetivo donde Hegel anunció que el pensamiento se revela por primera vez ahí
como acción creadora absolutamente libre e incondicionada. En su tercer
manuscrito de 1844, Marx demostró, por el contrario, que siendo el pensamiento
hegeliano la fenomenología más lograda de la sociedad capitalista, en el
concepto objetivo el sujeto humano se revela como acción creadora al mismo
tiempo absolutamente enajenada. En efecto, tal como ocurre en cada forma simple
de valor, donde el trabajo humano cambia el ser tangible de su creación por
otro distinto, del mismo modo, el pensamiento tiene por condición ineludible de
sus múltiples determinaciones individuales el cambiar una cualidad por otra, la
significación esencial de su ser originario tangible por otro. En el concepto,
en tanto determinación universal de todo lo individual, el pensamiento lógico
hegeliano es la total inversión de las cualidades y virtudes de este mundo. De
hecho, con dinero cualquiera puede pasar por ser lo que sin él jamás podría:
<<Como el dinero, en cuanto
concepto existente y activo del valor, confunde y cambia todas las cosas, es la
confusión y el trueque universal de todo, es decir, el mundo
invertido, la confusión y el trueque de todas las cualidades naturales y
humanas.
Aunque sea cobarde, es valiente quien
puede comprar la valentía. Como el dinero no se cambia por una cualidad
determinada, ni por una cosa o una fuerza esencial humana determinadas, sino
por la totalidad del mundo objetivo natural y humano, desde el punto de vista
de su poseedor puede cambiar cualquier propiedad por cualquier otra propiedad y
cualquier otro objeto, incluso los contradictorios. (...)
Si suponemos al ser humano como tal y
a su relación con el mundo como una relación humana, sólo se puede cambiar amor
por amor, confianza por confianza, etc. Si se quiere gozar del arte hasta ser
un ser humano artísticamente educado; si se quiere ejercer influjo sobre otro
ser humano, hay que ser alguien que actúe sobre los otros de modo realmente
estimulante e incitante. Cada una de las relaciones con el ser humano —y con la
naturaleza— ha de ser una exteriorización determinada de la vida individual real que se corresponda
con el objeto de la voluntad. Si amas sin despertar amor, esto es, si tu amor,
en cuanto amor, no produce amor recíproco, si mediante una exteriorización
vital como ser amante no te conviertes en ser amado, tu amor
es impotente, una desgracia.(K. Marx: "Tercer Manuscrito de
1844" Dinero)
El dinero es la representación
universal de los valores económicos, cuyo sustrato material es el universo de
cualidades contenido en la riqueza y su forma elemental: el valor de uso de la
mercancía. Pero la esencia subjetiva de la riqueza, su razón de ser, es el
trabajo humano. Y el caso es que en la sociedad mercantil, el trabajo social es
trabajo enajenado. En efecto, en la sociedad mercantil no pudo haber valor y,
consecuentemente, tampoco riqueza ni dinero, sin "forma de valor". Y
la esencia de toda forma de valor es el trabajo enajenado en el intercambio.
Ahora bien, en la sociedad
capitalista, la forma de valor por excelencia es el contrato laboral, donde el
trabajador enajena su propia sustancia creadora de valor a cambio de un
salario. Pero, según Hegel, el concepto es la universal concreción del pensamiento
libre e incondicionado. Por lo tanto, si es cierto -como decía Marx- que la
"Lógica" de Hegel es "el dinero del espíritu", toda
su filosofía no es más que una fenomenología del capitalismo: el reflejo
invertido en y por el pensamiento abstracto y especulativo, del trabajo
realmente enajenado al interior del modo de producción capitalista.
La objetividad: El mecanismo
Una vez que el concepto de algo se
objetiviza en tanto tiene existencia en sí y por sí mismo, se pone como un
objeto inmediato frente a otros; no ya como un simple existente sino como una
realidad objetiva. Pero en cuanto se pone como realidad objetiva, se enfrenta a
otros objetos, queda inmediatamente en relación con ellos. Este permanecer de
los objetos unos frente a otros es el principio del mecanismo.
Los distintos conceptos objetivos u objetos completos e
independientes, aparecen ahora como una
determinación abstracta, porque la universalidad está, ahora, en la relación; en tanto los objetos
permanecen no relacionados entre sí, constituyen un todo único, pero como una
multiplicidad caótica que no participa de la universalidad superior porque no
contienen en sí mismos principio ni orden de relación ninguna entre sí. Estamos
ante objetos que están autodeterminados como tales, pero que no contienen la
determinación de su relación con otros objetos completos:
<<Dado que el concepto (subjetivo) es (está)
esencialmente determinado, tiene en sí la determinación como una multiplicidad,
que por cierto es completa, pero que, por lo restante, es indeterminada,
es decir, carente de relación, que constituye una
totalidad que tampoco, al comienzo, está mayormente determinada. (...) Por el
hecho de que esta determinación indeterminada es esencial al objeto, éste
representa en sí mismo una multiplicidad, y tiene, por ende, que
ser considerado como un compuesto, como un agregado.>>
(Op.Cit.: Libro III Segunda sección cap. I. Lo entre paréntesis en
snuestro)
Al referirse al método en la economía
política, Marx corrobora a Hegel cuando dice que lo concreto social aparece al
sujeto como <<la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto,
unidad en la diversidad>>. Y se pregunta si es correcto comenzar el
estudio de esta ciencia por una de esas determinaciones, por ejemplo el
concepto subjetivo de "población", que define como <<la base
y el sujeto social de la producción en su conjunto>>, mostrando
seguidamente que entre esta categoría y el resto no surge directamente el orden
objetivo de relación que hay entre ellas, sino que esa unidad de lo diverso se
presenta al pensamiento o al intelecto como un todo caótico:
<<La población es una
abstracción si dejo de lado (el concepto
subjetivo de) las clases de que se compone. Estas clases son, a su vez, una
palabra sin sentido si ignoro los elementos sobre los cuales reposan, por
ejemplo, el (concepto subjetivo de) trabajo asalariado, el (de)
capital, etc. estos últimos suponen (el de) el cambio, (el de) la
división del trabajo, los precios, etc. El capital, por ejemplo, no es nada si
trabajo asalariado, sin valor, dinero, precios, etc. Si comenzara, pues, por la
población, tendría una representación caótica del conjunto....>> (K.
Marx: "Introducción general a la crítica de la economía política":
§ 3. Lo entre paréntesis es nuestro)
En este momento del proceso, pues,
cada objeto de la totalidad está determinado como concepto subjetivo en sí, en
tanto participa de lo universal como individuo diferente e indiferente respecto
de los demás. Pero cuando el universal que contiene a distintos individuos
aislados pasa a ser un universal que contiene las relaciones entre esos
individuos, la determinación del objeto en sí ya no es suficiente;
sin dejar de ser indiferente respecto de los demás objetos, necesita
autodeterminarse en un universo de relaciones ya que en sí mismo no contiene su
orden de relación o comunicación con los demás; eso es algo que le trasciende:
Por lo tanto, el objeto, como
existencia en general, tiene la determinación de su totalidad fuera de él, en otros objetos; y éstos la tienen también fuera de ellos , y así enseguida al
infinito>> (G.W.F. Hegel: Op.cit.: Libro III
Sección 2 Cap. 1)
En este universo de la comunicación,
de la relación entre objetos, la determinación del pensamiento pasa a estar
fuera de la subjetividad individual. Lo trascendente del pensamiento se opera
cuando saca a los objetos de ese estar en sí mismos y los comunica -tal como
ocurre con la mecánica celeste- convirtiendo aquella multiplicidad caótica en
una totalidad de sentido. Desde el punto de vista físico-mecánico, el concepto
subjetivo de un objeto reside en el quantum de su masa, tal como el valor
económico reside en el quantum del tiempo de trabajo objetivado en ella. En
este sentido, los objetos son masas cuantitativamente diferenciadas según su
peso. Este peso, en cuanto magnitud intensiva concentrada en un punto dentro
del mismo cuerpo de un objeto, es su centro de gravedad. Pero en tanto objetos
grávidos, cargados de gravidez, los objetos tienden a poner su centro fuera de
ellos mediante la impulsión y la resistencia. Tal es la relación accidental
entre objetos en tanto permanecen gravitando unos sobre otros sin
relación con un centro común que, para Hegel, está fuera de la
materia. Según los distintos cuerpos tienden hacia el centro común, el
movimiento accidental de los objetos pasa al reposo. Como se ve, aquí el
progreso de la sustancia emana una vez más del pensamiento, del espíritu
universal, en su tendencia a la autorealización:
<<Ahora, en lo espiritual, hay
un contenido infinitamente más rico, capaz de comunicación, por cuanto que,
acogido por la inteligencia, adquiere esa forma de la universalidad, con la que se convierte en algo que puede ser
comunicado.>> (Ibíd)
Y otra vez, como en el concepto
subjetivo, el pensamiento hace que lo individual participe de lo universal a
través de lo particular, sólo que ahora, no se trata de una universalidad
abstracta que se limita a catalogar o determinar a cada objeto según su
concepto individual, sino de una universalidad de relaciones entre objetos,
donde el pensamiento se determina no como concepto subjetivo, sino como un
existente que encuentra su concepto fuera de su propia constitución y
naturaleza como objeto individual; no en lo que es por sí como concepto
subjetivo, individual, sino por lo que llega a ser objetivamente en su relación
con otros, como parte de una universalidad mecánica superior. Así, siguiendo
con nuestro ejemplo tomado de la economía política, la singularidad
central del valor contenido en la relación entre dos mercancías, se llega a
determinar o realizar en la forma universal del equivalente
general o forma dinero de la mercancía oro, a través de su relación particular
o "centralidad relativa" con otras mercancías:
<<La forma relativa simple, o aislada del
valor de una mercancía convierte a otra mercancía en un equivalente singular.
La forma desplegada del valor relativo, esa expresión del valor de una
mercancía en todas las demás mercancías, imprime a éstas la forma de
equivalentes particulares de diferentes clases. Finalmente, una clase
particular de mercancías adopta la forma (universal) de
equivalente general, porque todas las demás mercancías la convierten en el
material de su forma de valor general y unitaria.>> (K.Marx: "El
Capital" Libro I Cap. 1. Lo entre parántesis es nuestro)
Según este razonamiento, la
"singularidad central" o el "cuerpo central" contiene la
autosuficiencia o el "ser por sí" de todo mecanismo. En el parágrafo
197 de la "Enciclopedia de las ciencias filosóficas", Hegel se
refiere implícitamente a la mecánica celeste,
donde el extremo de la
"singularidad central" gravitacional contenida en el sol, se realiza
en los extremos "inesenciales" carentes de autosuficiencia
gravitacional del mecanismo solar (meteoros y cometas), a traves del
"término medio que enlaza ambos extremos": los planetas, en los
cuales -al igual que en los equivalentes particulares- se contiene la
centralidad, a la vez que la falta de autosuficiencia:
<<En el mundo material, el cuerpo central constituye el género, pero es universalidad individual de los objetos individuales y de su
proceso mecánico. Los cuerpos individuales, inesenciales (meteoros, cometas,
etc.), se comportan chocándose y oprimiéndose recíprocamente; tal relación no se verifica entre el cuerpo central y
los objetos cuya esencia él es>> (G.W.F. Hegel "Ciencia
de la lógica" Libro III Cap. I C)
Al contrario de lo que todavía parece
-y así le pareció a los mercantilistas cuando el oro era el contenido material
de la forma dineraria- para el materialismo histórico la "singularidad
central" gravitacional del valor económico no está en la forma dinero: el
sol de la burguesía; que esta forma universal de valor es el extremo
silogístico carente de autosuficiencia económica gravitacional, se ha llegado a
revelar cuando su soporte material dejó de ser el oro y recayó en el papel u
otros materiales no ferrosos, cuyo valor intrínseco es tanto más irrisorio
cuanto mayor es el que representa; más todavía en el caso del soporte
electrónico.
En el parágrafo 198 de su "Enciclopedia
de las ciencias filosóficas", Hegel homologa la racionalidad cósmica
con la mecánica social entendida como un sistema de tres silogismos: 1) del
tipo S-P-U donde la singularidad central de la persona humana (los valores
humanos) se realizan en el Estado (en tanto representante universal de esos
valores), a través de las particulares necesidades físicas y espirituales que
configuran la sociedad civil moderna. 2) del tipo U-S-P donde El Estado se
realiza en la satisfacción de las necesidades particulares a través de la
voluntad y acción de la "singularidad central" que todavía es la
persona humana; 3) Del tipo P-U-S donde las particulares necesidades se
realizan plenamente en la persona humana por medio del Estado, concepto
objetivo que ahora -al parecer en virtud del contrato social de Rousseau- pasa
a ser "centralidad absoluta", "universal sustantivo" o
"medio sustantivo" que, en tanto tal, comprende a "la gravedad
que permanece idéntica" en él, e incluye la singularidad de la persona
humana dentro de sí, despojada ya de toda centralidad gravitatoria:
<<Del mismo modo que [lo es] el
sistema solar, también el Estado en el campo de lo práctico es un sistema de
tres silogismos. 1) El singular (la persona) se concluye mediante su particularidad (las necesidades físicas y
espirituales) , [que es aquello] que más configurado da [lugar] a la sociedad
civil), con lo universal (la sociedad, el derecho, ley, gobierno). 2) La voluntad y actividad
de los individuos es [también] lo mediador que da satisfacción a las
necesidades en la sociedad, en el derecho, etc., del mismo modo que da
cumplimiento y realización efectiva a la sociedad, al derecho, etc. 3) Pero
[también] lo universal (Estado, gobierno, derecho) es el medio sustantivo
en el que los individuos y su satisfacción tienen y mantienen su realidad
plena, su mediación y su subsistencia. Cada una de las determinaciones, en
tanto la mediación la concluye con el otro extremo, se concluye asimismo
consigo, se produce, y esta producción es autoconservación. Sólo mediante la
naturaleza de este concluir, o sea, mediante esta triplicidad de silogismos con
los mismos términos, es como verdaderamente se comprende un todo con su
organización>> (G.W.F. Hegel: Op. Cit.. El subrayado es nuestro)
En esta totalidad silogística así
configurada, donde cada uno de los tres diferentes objetos (sol, planetas y
asteroides) recorre las determinaciones del término medio y de los extremos,
constituye el libre mecanismo o mecanismo absoluto.
En este sistema, los objetos diversos e indiferentes entre sí, tienen su
determinación fundamental en la universalidad objetiva de la gravitación que
sirve de base al tercer silogismo, donde el medio sustantivo
configura el ordenamiento que contiene la ley o principio
del automovimiento del sistema, según la cual se determinan los objetos
relacionados. Aquí aparece la diferencia entre el "mecanismo muerto"
del concepto subjetivo -donde los objetos son inmediatamente
independientes pero que en el universo de las relaciones carecen de ella- y el
"mecanismo libre" del concepto objetivo que se
determina por sí mismo como sistema de relaciones que
tiene su ordenación en la ley donde el pensamiento aparece como
la "fuente imperecedera de un movimiento que se anima a sí mismo":
<<Esta unidad que se determina
a sí misma, y que lleva de retorno, de modo absoluto, la objetividad extrínseca
en la idealidad (del ordenamiento), es principio
de automovimiento. La determinación de este principio
animador, que es la diferencia del concepto mismo (la diferencia entre
el concepto subjetivo y el concepto objetivo), es la ley. El mecanismo
muerto era el proceso mecánico ya considerado, de objetos que, de inmediato,
aparecían como independientes, pero que, precisamente por eso, son en verdad carentes
de independencia y tienen su centro fuera de ellos. (...) Sólo el mecanismo
libre tiene una ley que es la propia determinación de la pura
individualidad, o sea, del concepto que está por sí. Como
diferencia, ella es en sí misma la fuente imperecedera de un movimiento que se
anima a sí mismo; y como en la idealidad de su diferencia, se refiere sólo a sí
misma, es libre necesidad.>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia
de la lógica" Libro III Cap. I C. Lo entre paréntesis es nuestro)
El quimismo
Pero en el "mecanismo
absoluto", aunque relacionados, los objetos diversos no dejan de ser indiferentes
entre sí, y su determinación es ajena a su propia naturaleza constitutiva. La
objetividad mecánica deja subsistir la subjetividad del concepto en la
diferente naturaleza de los objetos. Esta naturaleza constituye el objeto
químico. El objeto químico existe y se determina como independiente (o como
concepto subjetivo) en virtud de esa naturaleza química inmanente; pero en
tanto deja subsistir a los otros objetos no puede concretar su
autodeterminación como concepto objetivo. Así, su determinación está puesta por
los otros objetos diferentes. Esta contradicción entre su naturaleza individual
concreta y la determinación unilateral o subjetiva de su existencia, es la que le impulsa a determinarse según su
concepto objetivo. Dado que
cada objeto está puesto por su concepto subjetivo en contradicción con la
consecuente unilateralidad de su propia existencia, tiende a eliminarla; y en
esa tendencia va implícito el impulso a eliminar la determinación unilateral o
individual del otro objeto. Al contrario del objeto mecánico, el objeto químico
se revela aquí como diferente, pero no indiferente respecto de otro. El estar
en tensión uno frente al otro -como diferentes no indiferentes- desencadena el
proceso denominado quimismo, donde la concreta materialidad inmanente de los
objetos químicos así vinculados o comunicados desaparece, se particulariza uno
en el otro, y la tensión se neutraliza en un nuevo producto. De este modo, el
concepto se concreta no en el todo múltiple de lo universal -como en el
mecanismo- sino en la singularidad:
<<Por tanto, el proceso químico
tiene como producto a lo neutro de sus tensos extremos, neutros que éstos son en sí; el concepto, lo universal concreto
se concluye con la singularidad, o sea, con el producto, mediante la diferencia
[no indiferente] de los OBJETOS o la particularización, y por eso el concepto
se concluye solamente consigo mismo. Desde luego,
en este proceso están también contenidos los otros silogismos; la singularidad
en cuanto actividad; la singularidad en cuanto actividad es igualmente lo que
media, como también lo es el universal concreto, la esencia de los tensos
extremos que en el producto (neutro respecto de ellos) logra la
existencia>> (F.W.G. Hegel: "Enciclopedia de la
ciencias filosóficas" § 201. Lo entre paréntesis es nuestro)
El quimismo, es la primera negación
de la objetividad indiferente o subjetiva del objeto y de la exterioridad de su
determinación, esto es, de su determinación por otros. Pero dada la naturaleza,
del objeto químico, el producto de esta primera negación le hace recaer en una
nueva objetividad indiferente. Por tanto es una objetividad no conceptual, es
decir, el objeto sigue cayendo fuera de la universalidad e independencia del de
concepto. Esto se aprecia en la forma del silogismo disyuntivo:
A es B, o C,
o D.
Pero A es B.
Luego, A no es C ni D
En este silogismo, el objeto A no
sólo es sujeto en las dos premisas sino también en la conclusión. En la
primera premisa es lo genérico o universal, pero abstracto o no determinado, en
tanto el predicado es lo universal diferenciado en sus especies. Esta
diferenciación contiene la tensión o tendencia del objeto-sujeto A a
determinarse. En la segunda premisa A está determinado como una especie.
En esta determinación la tensión se neutraliza. En la conclusión, A
aparece como una determinación particular exclusiva y, por tanto nuevamente
excluyente, negativa, donde el producto del quimismo -la nueva unidad- conserva
o deja intacta su anterior independencia y tensión. Por tanto, este producto
resulta ser una unidad abstracta y foramal :
<<El producto es un producto neutral, es
decir, un producto tal, que los ingredientes que ya no pueden ser llamados
objetos, no tienen más su tensión y, con eso, tampoco las propiedades que les
competían cuando eran objetos en tensión; pero donde se ha conservado la capacidad
de su anterior independencia y tensión. La unidad negativa (entre A y
B) de lo neutral, deriva precisamente de una diferencia presupuesta;
la determinación del objeto químico es idéntica a su
objetividad, es originaria. Por medio del proceso ahora considerado, esta
diferencia está eliminada solo de modo inmediato; por
consiguiente, la determinación no está todavía reflejada en sí de modo
absoluto, y así el producto del proceso es sólo una unidad formal>> (G.W.F.
Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro III Cap. 2 B. Lo entre
paréntesis es nuestro)
El quimismo, pues, supone dos
procesos. El primero, consiste en la tensión entre dos objetos diferentes pero
no indiferentes cuyo producto es la neutralidad que comprende las diferencias.
El segundo es la diferenciación presupuesta por la propia naturaleza del objeto
químico. En realidad, estos dos procesos, es decir, por un lado la tensión
exterior resuelta en neutralización y por otro la independencia formal que se
resuelve en tensión exterior, constituyen dos momentos esenciales de un solo
proceso, donde lo neutral tiene fuera de sí el principio de la independencia
que así resulta ser meramente formal. En el producto neutro, las propiedades
determinadas que los objetos tenían uno frente al otro han sido superadas en
una unidad de lo diverso adecuada al concepto. Pero es éste un producto en sí
mismo carente de la tensión o capacidad de autodeterminación. Esta tensión
surge de la exterioridad, de lo inmediatamente diferente a él, y esto cae fuera
de la autodeterminación propia del concepto.
Así, vistos desde sus resultados, con
el paso a productos distintos, desde lo diferente a lo neutro y de lo no
diferente o neutro a la diferenciación, ambos procesos muestran su finitud,
porque acaban en productos u objetos inadecuados al concepto. Pero desde la
perspectiva de su finalidad, en tanto anulan la tensión exterior y neutralizar
las diferencias, esto es, la inmediatez de la exterioridad, ambos procesos
ponen al objeto químico en la libre determinación de su concepto:
<<La exterioridad de estos dos procesos, la reducción
de lo diferente a lo neutro y la diferenciación de lo no diferente o neutro,
que los hace aparecer como autosuficientes uno ante otro, muestra sin embargo
su finitud en el paso a productos en los que estos procesos están superados. A
la inversa, el proceso expone la inmediatez presupuesta de los OBJETOS
diferentes como nula. En virtud de esta negación de la exterioridad y de la inmediatez en las que el concepto se había
hundido, éste ha sido puesto [ahora] como libre y para sí en
oposición a aquella exterioridad e inmediatez:
[es decir, el concepto ha sido puesto] como fin.>>(G.W.F.Hegel: " Enciclopedia de las
ciencias filosóficas" § 203)
La teleología
En el quimismo, pues, el concepto no
es un objeto sino un proceso del intelecto que se determina según una
finalidad. Es la teleología. Para la consecución de cualquier finalidad se
requiere que el intelecto tenga plena libertad y que el concepto que lo concreta
se autodetermine.
En este sentido, la teleología se
contrapone al mecanismo, porque allí, al determinarse en un objeto, el concepto
no demuestra ninguna autodeterminación. La resolución del quimismo en la
finalidad, en cambio, pone al concepto no como objeto sino como proceso del
intelecto que es libre en tanto traspasa toda determinación hasta alcanzar su
finalidad. Hegel acude a Aristóteles para ilustrar sobre esta diferencia
distinguiendo entre las causas eficientes del mecanismo y las causas finales
del quimismo, esto es, entre la pura fuerza que actúa si más y un vector o
fuerza con dirección y sentido previsto, no por la experiencia sensible -como
en Whitehead- sino por el intelecto.
Por otra parte, en el mecanismo, la
fuerza del concepto que actúa y determina o comprende, no es inmanente sino
exterior a ella; el centro y su influencia gravitatoria, es decir lo que
determina y lo determinado, están en una relación de necesidad o fatalismo
mutuo de la que el concepto no puede salir. En el quimismo, en cambio, la
fuerza del concepto lleva en sí y por sí su finalidad, es la fuerza cuya
determinación no recae sobre un objeto sino sobre un proceso; es un concepto
objetivo pero no como un existente (el sol) sino como un devenir y, por tanto,
como negación de toda determinación en algo exterior o extrínseco. Es el
principio activo que anuncia la libre infinitud de la idea:
<<La teleología tiene en general (y por eso anuncia) el principio superior, es
decir, el concepto en su existencia, concepto que es en sí y por sí lo infinito
y lo absoluto -esto es, un principio de libertad consciente en absoluto de su
autodeterminación, que está sustraído en absoluto al ser determinado
extrínseco del mecanismo. (...) Ya se ha recordado que la oposición
entre la teleología y mecanismo es, en primer lugar, la oposición universal
entre libertad y necesidad.>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia
de la lógica" Libro III Cap. 3. El subrayado y lo entre paréntesis es
nuestro)
Ahora bien, la finalidad del
quimismo, en tanto presupuesta en cada momento del proceso en el
que el concepto se realiza en sí y para sí, es una forma, pero como tal
finalidad formal, tiene por contenido a lo finito. De este modo, según se ha
visto ya, la determinación resultante (C) no sería una autodeterminación del
intelecto sino una exterioridad siempre finita, ajena a la infinitud de la
finalidad consciente, tal como ocurre con los animales, cuya actividad
finalística es una determinación del instinto conservador y reproductor de su
especie, del mecanismo y del quimismo operantes en su naturaleza específica
como parte de la naturaleza en general; o con la actividad del ser humano cuyas
finalidades se agotan en las necesidades sociales en general o de la
conveniencia individual:
<<...cuando las actividades del
espíritu se contemplan sólo como exteriorizaciones, fuerzas o [facultades] en general, tal vez con la determinación de
la utilidad, es decir como finalísticamente adecuadas para algún
otro interés de la inteligencia o de la afectividad, no está presente entonces
ningún fin último. Este sólo puede ser el concepto mismo y la
actividad del concepto sólo puede tenerlo a él mismo como fin, [esto es]
superar la forma de la inmediatez o de la subjetividad, alcanzarse y captarse,
liberarse hasta [llegar] a sí mismo. De este modo, las llamadas facultades del
espíritu en su distintividad sólo han de considerarse como peldaños de su
liberación. Y eso es lo único que se debe retener para el modo de consideración
racional del espíritu y de sus distintas actividades.>>
(G.W.F. Hegel: "Enciclopedia de las ciencias filosóficas"
Parágrafo 442)
Para comprender mejor esto último,
tomemos el proceso de trabajo según la siguiente figura silogística:
El medio B actúa según la finalidad
A.
C deviene objeto según B.
Luego, C deviene como A
Aquí, la finalidad A se refiere
inmediatamente al objeto B que funge como medio; en un segundo momento, B en
tanto medio de A determina inmediatamente a C. Por último, el objeto
determinado C -distinto e independiente de B- aparece según la finalidad presupuesta
en A. Tal es el proceso que Hegel atribuye a la "astucia de la razón"
y que describe así:
<<El hecho de que el fin (A) se refiera inmediatamente a un objeto (B) y lo convierta
en medio, como también que determine a otro objeto (C) por medio de
éste, puede considerarse como una violencia (transformación), por
cuanto el fin aparece de muy otra naturaleza con respecto al objeto (B), y
los dos objetos (B y C) son igualmente totalidades recíprocamente
independientes. Sin embargo, el hecho de que el fin (A) se ponga en la
relación mediada (a través de B) con el objeto (C), e interponga
entre sí y aquél un otro objeto, puede considerarse como la
astucia de la razón>> (Ibíd. Lo entre paréntesis es nuestro)
Según la primera de las premisas, la
actividad finalística sobre su medio, todavía es una actividad exterior al
concepto, porque la finalidad presupuesta en A no coincide con el objeto (B).
En la segunda premisa, la relación inmediata del medio (B) con el otro extremo
(C) del silogismo, entra en la esfera del mecanismo y del quimismo según el fin
presupuesto. De este modo, en el fin realizado, el concepto alcanza su
autodeterminación como actividad del pensamiento, donde lo objetivo de esta
actividad sobre el medio (B), es decir, los medios de producción "se
desgastan por fricción mutua y se superan" (Cfr.: "Enciclopedia..."
parágrafo 209)
Pero como la palabra fin lo indica,
el contenido de esta finalidad es finito, como que cualquier objeto que se usa
o consume acaba destruyéndose. Y la finitud no se compadece con el contenido
infinito del concepto en tanto actividad del espíritu, esto es, como
racionalidad incondicionada o autosuficiente.
Al ser determinaciones de la
finalidad formal o ideal presupuesta por el intelecto, tanto el mecanismo de
(B) como su producto (C) constituyen simples medios suyos en cuyo contenido
dicha finalidad se mantiene o conserva, del mismo modo que el efecto contiene
la finalidad que lo causa. En el traspaso teleológico de la causa al efecto, el
concepto existe como causa que se conserva en el efecto o, lo que es lo mismo,
el efecto contiene su causa. Por tanto, el efecto es el medio de manifestarse
de la causa.
En tal sentido, todos los objetos (B)
y (C) en que se realiza una finalidad, son igualmente medios según fines
predeterminados por el intelecto, cuyo contenido conserva la finalidad. Pero ya
vimos que el producto, el objeto (C), que debe contener el fin realizado y
presentarse como la objetividad de dicha finalidad, es pecedero y, por tanto,
limitado; cumple su fin no como producto, sino en el acto de ser consumido. Lo
mismo aun cuando de distinto modo, lo que tiene que ser empleado (B) para la
realización de un fin (C), y ser adoptado esencialmente como un medio, es un
medio, pero sólo de acuerdo con su destinación de ser empleado y consumido
(productivamente):
<<Una casa, un reloj pueden
aparecer como los fines, frente a los instrumentos empleados para producirlos;
pero las piedras, las vigas, las ruedas, los ejes, etc., que constituyen la
realidad del fin, lo realizan por medio de la presión que resisten, por medio
de los procesos químicos a los que están expuestos al absorber la luz, el agua
que ellos sustraen al ser humano, por medio de su roce, etc.
Realizan así su destinación sólo por
medio de su consumo y destrozo, y corresponden a lo que deben ser, sólo por
medio de su negación. No están vinculados de modo positivo con el fin, porque
tienen su determinación (no dentro de sí mismos sino) junto
a él, solamente de modo extrínseco, y son fines sólo relativos, o esencialmente
tan sólo medios>> (Ibíd)
De todo lo dicho hasta aquí sobre la
finalidad, se concluye que todos los objetos (B) y (C) son contenidos limitados
o perecederos que la ilimitada forma absoluta del pensamiento determina como
concepto objetivo, pero que tiende a relativizar y traspasar libremente. Este
determinar y traspasar el concepto objetivo por parte del pensamiento libre es
lo que Hegel desarrolla en la sección tercera del último libro de su "Ciencia
de la lógica" bajo el título de: "La idea".
La Idea
Allí empieza por distinguir entre
actividad reflexiva y actividad racional del intelecto. La actividad reflexiva
sirve para entender las percepciones sensibles; la actividad
racional para concebirlas según el concepto, en tanto unidad de
sujeto y objeto, de pensamiento y objetividad. El momento de la Idea se
distingue tanto del momento del puro entender como del concebir. Siguiendo a
Aristóteles, Hegel define la idea como la unidad absoluta del sujeto en
tanto concepto y del objeto concebido o creado en tanto sustancia, o sea,
la verdad. Esto explica la famosa tesis enunciada en su prólogo de 1807 al
sistema que precede a la "Fenomenología del Espíritu" donde
dice que verdadero es lo que se aprehende "no sólo como sustancia sino
también y en la misma medida como sujeto".
Habíamos dicho al principio de este
trabajo que, según la concepción hegeliana, el pensamiento humano va
asimilándose históricamente al pensamiento divino en la medida que adquiere
niveles superiores de racionalidad hasta hacer inteligible la noción de verdad.
Pues bien, en el momento de la Idea, en tanto unidad absoluta, esto es, libre o
incondicionada entre el sujeto y la sustancia -como categorías lógicas puras-
el pensamiento humano universal aprehende la verdad y realiza o completa su
tarea de homologarse lógicamente con la divinidad.
Pero que la Idea sea concebida lógica
o idealmente, no quiere decir que sea de imposible realización; tampoco que se
haga realidad automáticamente. La realización de la idea es un proceso que,
según Hegel, da sentido a la historia. Ello nos remite nuevamente al aserto
hegeliano de que no todo lo que existe es real:
<<Pero, dado que hemos logrado
el resultado de que la idea es la unidad del concepto y la realidad, es decir,
lo verdadero, no puede considerársela sólo como una meta a la que hay que acercarse, pero que quede en sí misma
siempre como una especie de más allá; más bien hay que considerar
que todo lo que existe es real, sólo mientras tiene en sí la idea y la expresa.
El objeto, el universo objetivo y subjetivo, no sólo tienen que ser
congruentes con la Idea, sino que son ellos mismos la
congruencia entre el concepto y la realidad (esto es, la racionalidad).
Aquella realidad que no corresponde al concepto, es pura apariencia o fenómeno,
es lo subjetivo, lo accidental, lo arbitrario, que no es la verdad.>>
(G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro III Tercera
sección: La Idea)
Analicemos este pasaje a través de la
lente del materialismo histórico.Según vimos, lo que para Hegel es el
pensamiento, para Marx es el trabajo humano. Lo mismo cabe distinguir respecto
de la noción de concepto. Para Hegel es la unidad incondicionada del sujeto y
del objeto, del pensamiento y de su objetividad o pensamiento objetivado, a
través de la cual se expresa por sí mismo; tal como en una moneda de oro, donde
el valor que representa o expresa coincide con el de la materia que lo
contiene. Para Marx es la unidad entre el trabajo social y los medios de
producción o trabajo social objetivado (herramientas y materias primas) que
utiliza y define a las fuerzas productivas. Respecto de la noción de Idea,
según Hegel es la unidad entre el sujeto en tanto concepto y la realidad
producida por él en su devenir incondicionado. Según el materialismo histórico,
es la unidad entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción que
ellas se dan para sí en el curso de su desarrollo. En este sentido, es legítimo
juzgar el capitalismo según la noción hegeliana de la Idea.
En tal sentido podemos decir que
desde mediados del siglo XVII, al mismo tiempo que la burguesía demostró
expresar adecuadamente la unidad entre el concepto de las fuerzas productivas y
la realidad capitalista creada al interior de la sociedad feudal, la nobleza y
su sistema de vida subsistente y políticamente dominante, pasaron a ser cada
vez más meros fenómenos, realidades actuales, aparentes, ficticias. Del mismo
modo, a partir de 1825, durante las crisis periódicas del capitalismo, aquella
unidad o adecuación entre el concepto de las fuerzas productivas
y la realidad de las relaciones de producción capitalistas se
rompe. Esto se expresa en que una masa siempre creciente de fuerzas productivas
ya creadas bajo la forma de capital son expulsadas del aparato productivo
porque no caben en él, demostrando así que la sociedad capitalista no es capaz
de integrar, abarcar o expresar la nueva Idea en desarrollo.
<<Las fuerzas productivas de
que dispone no favorecen ya al régimen de la propiedad burguesa; por el
contrario, resultan ya demasiado poderosas para estas relaciones, que
constituyen un obstáculo para su desarrollo>> (K. Marx y F. Engels: "Manifiesto del partido comunista"
Cap. I)
Esta es la determinación histórica de
la decadencia del capitalismo. En cada crisis, el capitalismo deja de tener en
sí mismo la idea en tanto que el concepto o racionalidad de las fuerzas
productivas no se corresponde con la realidad existente de las relaciones de
producción capitalistas, que así pasan a ser una realidad efectiva inmediata o
realidad actual, todavía existente aunque cada vez más ficticia en tanto más se
aleja de la Idea según se incrementa el capital acumulado. Esta creciente
inadecuación se pone de manifiesto en que, según progresan las fuerzas
productivas al interior de las relaciones de producción capitalistas, las
dificultades que el capital se pone a sí mismo para expresar el concepto de las
fuerzas productivas se presentan con mayor frecuencia y se vuelven cada vez más
formidables, de modo que sólo supera esa inadecuación a costa de consecuencias
económicas, sociales y humanas cada vez más dolorosas:
<<¿Cómo vence esta crisis la
burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas
productivas (desvalorización del capital
constante y del trabajo vivo: maquinaria en uso que se vende por chatarra y
trabajadores disponibles a salarios muy por debajo de su valor); de otra,
por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los
antiguos ¿De qué modo lo hace, pues? Preparando crisis más extensas y más
violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas.>> Ibíd. Lo entre
paréntesis es nuestro)
Sólo habiendo acompañado a Hegel de
la mano de Marx por el camino de su "Ciencia de la Lógica"
hasta este punto, es posible comprender plenamente lo que este gigante del
pensamiento universal quiso significar cuando dijo que:
<<Todo lo racional es real y
todo lo real es racional>>
Crítica marxista de la noción
hegeliana de verdad
...Ya vimos al principio que, al
definir al sujeto universal como pensamiento puro, Hegel abstrae de él su
actividad práctico-sensible. Como consecuencia lógica de este criterio, el ser
que corresponde al pensamiento no es un ser real sino una categoría filosófica:
el concepto. Según este criterio, de la actividad del sujeto humano
entendido como puro intelecto, surgen las categorías, porque es lo concreto
pensado, no lo concreto real. Así, El concepto, según Hegel es el pensamiento
objetivo, o sea, el pensamiento universal que, al pensarse a sí mismo, se
objetiva, se determina, o se da una existencia o realidad efectiva en y
para sí.
El pensamiento que se objetiva es el
pensamiento que tiene una esencia, y no una esencia en sí sino una esencia que
le determina como ser para sí, ese es el concepto, es el pensamiento que se
objetiva. No que se objetiva en cualquier categoría sino que es una categoría
que apunta a una realidad pero como pensada, pero no desde el punto de vista de
su forma de manifestación, sino de su esencia, y no solamente de su esencia
como realidad actual sino como realidad efectiva, es decir, como concepto, como
ser para sí. Nosotros estamos siguiendo a Hegel y decimos que, para Hegel, el
sujeto universal es el pensamiento puro, esto supone que cuándo define al
sujeto universal, en este caso es el ser humano, no lo define como un complejo
de empiria y razón sino como pura razón, el pensamiento puro, por lo tanto
abstrae de él su actividad práctico-sensible.
Entonces la verdad no consiste en lo que el sujeto hace prácticamente sino en
lo que piensa o hace teóricamente, por eso después Marx en las tesis sobre
Feuerbach va a decir que la verdad o no verdad de una proposición es ante todo
un problema práctico, es en la práctica donde el hombre debe demostrar la
verdad, la realidad, y la terrenalidad de su pensamiento.
Si el sujeto universal es pensamiento
puro y no actividad, sólo pensamiento puro y no también actividad práctico
sensible, como consecuencia lógica de este criterio el ser que corresponde al
pensamiento no es un ser real, sino una categoría, es decir, cuando el sujeto
piensa la realidad lo que hace es deliberar sobre la forma de manifestación de
la realidad, y a partir de la forma de manifestación de la realidad llega a la
esencia de esa forma de manifestación, y entonces llega al pensamiento
objetivo, y el pensamiento objetivo no es la realidad misma, es lo concreto
pensado, no lo concreto real, entonces son categorías.
Por lo tanto no es que el pensamiento
se convierte en una cosa sino que se concreta u objetiva en el sentido de que
se corresponde con la realidad, pero como pensada, no como realidad. Cuando
Hegel se limita a pensar la realidad la deja como está, no propone su
transformación y eso, para él, es el concepto. El concepto, según Hegel, es la
incondicional o libre unidad del pensamiento y de la racionalidad. Es el
pensamiento objetivo...
...Este pensamiento objetivo
es la COSA. La COSA es, pues, el concepto, la unidad abstracta,
teórica o meramente especulativa del pensamiento y de la racionalidad...
...Y no puede ser de otra manera,
porque si yo defino al sujeto universal como puro pensamiento, lo objetivo,
para mi, no puede ser lo concreto real sino lo concreto pensado. Ahora, si yo
defino al sujeto, no solamente como pensamiento sino como práctica social que
supone el momento de la teoría, entonces el concepto es la unidad entre el
sujeto social real y la racionalidad de sus medios de producción de nuevas
realidades efectivas. Esto es lo que diferencia a Hegel de Marx.
Para Hegel, la actividad del sujeto
universal es actividad del pensamiento, no concibe otra actividad trascendente
que no sea la actividad del puro pensamiento. El sujeto de Hegel es un sujeto
abstracto, abstraído de su actividad práctico-sensible. Entonces, el
pensamiento objetivo es la unidad del sujeto universal pensante con la
objetividad o racionalidad de ese pensamiento, no con la objetividad del objeto
real, sino con la objetividad del objeto pensado, la categoría científica, esto
es, según la racionalidad. Y eso es la cosa. La cosa es el pensamiento que se
determina por sí mismo en el concepto como unidad abstracta entre el sujeto
pensante y el objeto pensado...
...O sea, el pensamiento que se
piensa a sí mismo o que se refleja sobre sí mismo. Esta es, para Hegel, la
realidad en tanto racionalidad que existe por sí misma como unidad del sujeto
universal pensante con la objetividad del ser u objeto pensado. Esto, según el
idealismo hegeliano, constituye la verdad relativa, válida sólo
para cada momento del proceso de desarrollo que el pensamiento universal se da
para sí...
...Ya hemos visto que la actividad
del sujeto universal parte de la sensibilidad, del reconocimiento
originario de la realidad mediante los sentidos. De la sensibilidad pasa
seguidamente al parecer de la esencia en el ser inmediato o ser de la
sensibilidad. En un tercer momento, del parecer el sujeto avanza hacia el aparecer
de la esencia en el fenómeno. finalmente, del aparecer de la esencia
pasa al concepto. Y ya vimos que todo eso se corresponde históricamente
con el desarrollo humano desde la época de la recolección hasta la forma
dinero, porque la forma dinero viene a ser la expresión realmente concreta
del concepto. Así, poniendo la dialéctica sobre sus pies, llegamos a que lo que
Hegel entiende como autodesarrollo del sujeto pensante como concepto, en la
realidad social es el dinero, porque es el ser por sí del valor, porque ya en
el dinero el valor no necesita de otra realidad para expresarse que no sea la
del propio valor de uso que le soporta: se expresa por sí mismo a través de la
mercancía oro; ahí ya, en función dineraria, como expresión absoluta del valor,
el oro deja de ser oro para fungir como pura expresión o representación de
valor.
Estamos en la categoría del concepto,
todavía no estamos en la categoría de la idea absoluta, ni siquiera de la idea,
estamos en el concepto.
El concepto, según el idealismo
hegeliano, es la verdad relativa. Los conceptos varían según el pensamiento. Lo
que pasa es que el pensamiento, según progresa su racionalidad, va atravesando
los conceptos en que concretó su razón pretérita. Esto quiere decir que una
realidad que hoy es efectiva en tanto se corresponde con la racionalidad, más
tarde deja de serlo, porque ya no se ajusta al nuevo concepto, porque el
pensamiento sigue avanzando, es decir, las fuerzas productivas siguen
avanzando, entonces lo que hoy es una realidad efectiva, lo que fue una
realidad efectiva en la época post feudal, lo que el capitalismo fue una
realidad efectiva en la época postfeudal, ahora deja de serlo, se convierte en
una realidad ficticia. Porque no corresponden con el concepto, porque las
fuerzas productivas ya no caben dentro de la cáscara del capitalismo.
Ya vimos que lo que para Hegel es el
pensamiento, para Marx es el trabajo social, porque él suplanta la actividad
del pensamiento universal por la actividad práctico sensible del sujeto social;
en la que está incluido el pensamiento, porque el trabajo es la síntesis o
unidad de la actividad pensante y de la actividad práctico-sensible, las dos
cosas. Tanto es así que su producto, la mercancía, también es un complejo de
empiria (valor de uso) y razón (valor de cambio). Porque el valor de cambio no
se puede desprender del valor de uso, y en el valor de uso está el trabajo
concreto. Y el trabajo concreto es la materialización de este complejo de
actividad práctico-sensible y razón. Porque el ser humano, antes de ejecutar su
obra la proyecta en su cabeza. Por lo tanto es una conjunción.
Entonces, el concepto da la noción de
verdad relativa, que es la coincidencia del sujeto como actividad pensante y de
la objetividad del objeto, es decir, de la razón de ser del objeto. Pero no de
la razón de ser en sí, es decir, la razón de ser despojada de la racionalidad,
sino del ser para sí, es decir, que tiene en sí misma la racionalidad, y que
por tanto se transforma en una realidad efectiva...
...Hasta esa parte de su "Lógica",
todos los objetos pensados o realidades efectivas son, para Hegel, contenidos
históricos limitados o perecederos, que la ilimitada forma absoluta
del pensamiento universal determina o se da para sí en cada momento de su
desarrollo y que, en cada caso, da lugar al concepto objetivo,
pero que tiende a relativizar y traspasar libremente...
Por lo tanto el concepto es una
verdad relativa, la realidad efectiva es una verdad relativa, históricamente
relativizada por la actividad del pensamiento. Es decir, la actividad del
pensamiento transciende. Esto pasa como con Seassure respecto de la lengua y el
habla: la lengua es la gramática o estructura del lenguaje, mientras que el
habla es la vida del lenguaje, la vida del lenguaje tiende constantemente a
traspasar la gramática que, hasta cierto punto se resiste. Y así se suceden los
momentos en que el concepto determinado por la vida del lenguaje no cabe en las
estructuras gramaticales caducas y las supera dando lugar a nuevas palabras,
giros gramaticales, etc....
...Este sucesivo determinar y
traspasar el concepto objetivo por parte del pensamiento libre, es lo que Hegel
desarrolla en la sección tercera del último libro de su "Ciencia de la
lógica" bajo el título de: "La idea". Allí empieza Hegel por
distinguir entre actividad reflexiva y actividad racional del intelecto, o sea
la crítica de Kant. La actividad reflexiva sirve para entender
de la realidad sus formas de manifestación a través de las percepciones
sensibles del sujeto...
El entendimiento es el reflejo en el
pensamiento de las sensaciones o formas de manifestación del objeto. Lo que el
pensamiento hace inteligible del objeto es su percepción sensible, como, por
ejemplo, el cazador que sabe las pautas de comportamiento de una especie
cinegética determinada, pero desconoce su racionalidad, el desarrollo de su
morfología según los cambios en su hábitat, la función que desempaña en la
escala zoológica, en la cadena alimenticia, en el ecosistema natural, la
posibilidad de preservar y mejorar su especie, de controlar su proliferación,
etc. Kant dice: los seres humanos sólo podemos entender las cosas que se
manifiestan en el espacio y en el tiempo, es decir, podemos entender los
fenómenos, pero lo que no podemos comprender es el noumeno, es decir, la razón
que hace que ese objeto sea como es y no de otra manera. Por tanto, no podemos
transformarlo.
Esta es la diferencia con Hegel. La
filosofía hegeliana sí compromete al noumeno, tiene que ver con él, lo toma
como objeto del pensamiento. Según la lógica de Hegel, el desarrollo del
pensamiento universal supone al mismo tiempo el desarrollo de la sustancia; en
Hegel, la actividad del pensamiento no se limita a un mero entendimiento de las
formas de manifestación de la realidad, sino que concibe o crea la sustancia
misma de esa realidad. No es una lógica formal, sino una lógica ontológica.
Esto supone una labor teórico-práctica de "destrucción" constructiva
de las formas de manifestación que impiden la intelección de la esencia de los objetos o seres inmediatos a transformar o trascender por el
pensamiento del sujeto universal que se objetiva en el concepto...
...El momento de la Idea
se distingue tanto del momento del puro entender las formas de la sensibilidad
como del concebir o comprender la esencia necesaria o para sí, de la realidad
exterior.
Por un lado están las formas de la
sensibilidad, por otro lado las formas de la inteligibilidad que tienen que ver
con el concepto, y por último está el momento de la Idea.
Siguiendo a Aristóteles, Hegel define
la Idea como la unidad absoluta del sujeto en tanto
concepto y del objeto en tanto sustancia,
La comprensión del sujeto en tanto
concepto, supone el ser para sí del sujeto. Por eso Marx dice: el hombre al
hacer se hace.
El concepto es la unidad del
pensamiento con la objetividad. Si el sujeto es un concepto, quiere decir que
ese sujeto es la unidad de su pensamiento con el pensamiento de sí mismo,
quiere decir que es la conciencia. Para Marx esta es la conciencia de clase. Es
el ser para sí del sujeto. La actividad del sujeto puede estar con respecto al
objeto exterior en una actitud reflexiva, o en una actitud conceptiva. Si está
en una actitud reflexiva se limita a saber cómo es el objeto dado en su forma
de manifestación; si está en una actitud conceptiva crea su objeto, entonces
une la actividad de su pensamiento con la objetividad, con la razón de ser de
este objeto creado por él. Esta es la categoría del concepto.
El sujeto es un concepto, si el
concepto es la unidad del pensamiento con el ser para sí del objeto, con la
objetividad del objeto, con su racionalidad. Si el sujeto es un concepto quiere
decir que el sujeto se ha tomado a sí mismo como objeto, y ha llegado a la
objetividad de sí mismo. Por lo tanto es el sujeto que se comprende a sí mismo.
Es lo que, en términos políticos Marx llama conciencia de clase. No es el ser
en sí, sino el ser para sí, es el obrero que sabe quién es y cuál es su
cometido en la historia. Porque se ha tomado como objeto así mismo.
En este sentido, la Idea es la
unidad absoluta o autosuficiente del sujeto que sabe porqué y para qué está en
el mundo; del sujeto como concepto y del objeto en tanto sustancia. Es el
sujeto que se comprende en tanto llega a comprender el mundo en que vive.
Esto explica por qué en su "Que
Hacer" Lenin dice que:
<<la conciencia de clase es
producto de un profundo conocimiento científico>>.
Sólo conociendo científicamente la
realidad social que le toca vivir, es decir, haciendo inteligible la esencia
del objeto con el que trata y le condiciona, el sujeto social tiene la
posibilidad real de superarse históricamente en la concepción y realización de
un mundo nuevo, llegando así a la comprensión de sí mismo. Tal es el sentido
del aforismo de Marx: "El hombre al hacer se hace". Cuando Marx dice
eso está traduciendo este sentido de la Idea: unidad absoluta entre el concepto
como sujeto y del objeto como sustancia. Teniendo en cuenta que él está en una
interacción permanente con la realidad que le rodea, en la medida en que conoce
la realidad que le condiciona sabe lo que hace, por qué y para qué.
El asalariado que sufre
inconscientemente todas las vicisitudes de la sociedad capitalista y se
defiende de los ataques del capital pero no sabe ni le interesa saber las
razones de su situación en la sociedad porque la considera inamovible, ése es
un ser en sí, un simple contingente para quien la posibilidad de la revolución
es abstracta. En la medida en que se implica en el conocimiento científico de
la realidad que le toca vivir, inmediatamente, él, que está en esa actividad,
se está tomando a sí mismo como objeto, porque esa realidad es producto de sí
mismo, porque esa realidad ha sido hecha por el sujeto universal que él mismo
integra, por lo tanto, al conocer se conoce a sí mismo. Y cuando la conciencia
de este trabajador con instinto de clase redescubre la sustancia del objeto con
el que trata, en esa tarea del conocer esencial se conoce a sí mismo, se
convierte en concepto, en un ser para sí que es la unidad del pensamiento con
la racionalidad. Esto, para el GPM, es el paradigma de la vanguardia revolucionaria.
...O sea, la unidad entre el sujeto
pensante en tanto ser para sí, y la sustancia creadora de la realidad exterior concreta.
Esto, que para Hegel es la verdad, explica la famosa tesis
enunciada en su prólogo de 1807 al sistema que precede a la "Fenomenología
del Espíritu", donde dice que verdadero es lo que se aprehende...
<<no sólo como sustancia (creadora de la realidad exterior) sino también y en la misma medida
como sujeto (humano universal consciente de su ser para sí mismo)>>
(G.W.F. Hegel Op, cit)
Sobre la noción de sustancia en este
contexto, su significación más originaria se remonta a la "Metafísica" de Aristóteles, si
bien desde el prólogo a la "fenomenología
del Espíritu" Hegel remite a la "Etica" de Spinoza y éste a
Descartes, para quien:
<<...cuando concebimos la
sustancia concebimos sólo una cosa que existe de tal manera que para existir no
tiene necesidad de otra cosa más que de sí misma>> R. Descartes: "Principios filosóficos" I, 51)
Para Descartes, tanto como para
Spinoza, la sustancia es algo que trasciende al ser humano, un atributo
exclusivo de Dios. Según veremos más adelante, en la filosofía hegeliana el
Dios trascendente al mundo está muerto porque se ha hecho inmanente al proceso
histórico de la humanidad. De ahí que, para él, la sustancia creadora sea
concebida al mismo tiempo como sujeto humano. Sólo que el sujeto de Hegel es
abstracto, teológico, puro pensamiento.
Aquí, sin soltarnos de la mano de
Marx, vamos a intentar poner otra vez la dialéctica idealista sobre sus pies
Vamos a hacer la crítica de la Idea hegeliana desde el punto de vista del
materialismo histórico y, de paso, tratar de poner en su lugar a quienes en
nombre del marxismo no hacen más que usurparlo tergiversando y envileciendo sus
principios, sus categorías y su discurso. ¿Qué es la verdad para el marxismo?
La verdad para Hegel es la unidad
absoluta del sujeto como concepto, y del objeto como sustancia o racionalidad
científica. Es decir, se queda todo en el pensamiento, es la unidad del sujeto
en tanto puro pensamiento y del objeto como categoría racional. Para Marx, la
Idea en términos sociales es la correspondencia al interior de una misma unidad
entre el concepto fuerzas productivas como sujeto y el objeto relaciones de
producción como sustancia.
Esta lógica vale también para los
procesos de trabajo independientemente de las formas sociales bajo las cuales
se realizan La carpintería, por ejemplo, es la unidad del sujeto trabajador
como concepto del oficio (que sabe lo que hace y para qué lo hace, lo cual
supone el conocimiento pericial tanto de las herramientas que debe utilizar
como de la materia prima sobre la que recae su actividad transformadora) y del
objeto a crear como sustancia, por ejemplo una mesa. De aquí surge la noción de
verdad concretada en la Idea, que determina el curso de la acción práctica en
función de su producto. Hegel puede dar este ejemplo, pero no lo puede seguir a
pies juntillas, porque para él la actividad del sujeto no es práctico-sensible
sino puro movimiento del intelecto. Ya vemos cómo se puede comprender mejor a
Hegel desde la óptica de Marx, y no al revés como recomendaba Lenin. Aún cuando
leyendo a Hegel también se puede fijar más sólidamente el pensamiento de Marx.
Según el materialismo histórico, la
verdad histórica no consiste en la unidad del sujeto universal pensante en
tanto concepto (del sujeto que se sabe a sí mismo, que tiene el
saber de sí mismo), con el objeto pensado en tanto sustancia,
sino en la unidad del sujeto histórico real, concreto -la fuerza social
productiva en la que está implícito el pensamiento - con el objeto real
-relación social de producción- adecuado a cada momento de su desarrollo. Ahora bien, mientras que en la lógica
hegeliana el principio activo de esta unidad dialéctica está en el pensamiento,
según la lógica del materialismo histórico este principio reside en el trabajo vivo
social concreto, cuyo concepto son las fuerzas productivas en
tanto unidad entre el trabajo vivo y la racionalidad científico-técnica
contenida en sus medios de producción.
Si verdadero es todo aquello en lo
que se verifica la correspondencia entre el sujeto como concepto y el objeto
como sustancia, duplas como paro estructural masivo y capacidad productiva
ociosa, tierras que se sustraen deliberadamente al cultivo y hambre crónica en
amplias regiones del Globo, crisis y genocidios bélicos, etc., etc, están
evidenciando que el concepto moderno de las fuerzas productivas no cabe dentro
de la sustancia de las relaciones de producción capitalistas, se sale de ellas
bajo la forma de todos esos fenómenos, lo cual revela que el capitalismo ha
dejado de ser una Idea verdadera o una verdad objetiva, para pasar a ser cada
vez más una existencia ficticia y falsa según deviene más y más en realidad
actual.
En tal sentido, si el capitalismo ha
dejado de ser una verdad objetiva porque ha sido superado por la
racionalidad histórica concreta de las fuerzas productivas, el socialismo
todavía no lo es.
Según la lógica del pensamiento
hegeliano sí ya lo es, en tanto expresión de la racionalidad. Para Marx, por el
contrario, no, porque la revolución no se ha consumado en los hechos.
El capitalismo ha dejado de ser una
verdad objetiva, porque aun cuando sigue siendo algo existente o, por mejor
decir, subsistente y, en tal sentido real, de hecho no es ya una realidad
verdadera, porque no se corresponde con la racionalidad universal de las
fuerzas productivas; el socialismo, en cambio, aun teniendo de su lado a la
racionalidad de las modernas fuerzas productivas, todavía no es una verdad
objetiva, porque siendo su racionalidad cada vez más necesaria y su posibilidad
cada vez menos abstracta, no deja de ser una mera posibilidad real, en tanto
esa racionalidad no se ha concretado. Y no se ha concretado porque el
proletariado tarda en asumirla prácticamente. Esto quiere decir, según Marx y
Engels, que la objetivación de la verdad no constituye un problema teórico sino
práctico:
<<2.El problema de si al
pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico (no es un problema
del pensamiento), sino un problema práctico. Es en la
práctica donde el ser humano tiene que demostrar la verdad, es decir, la
realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la
realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un
problema puramente escolástico>> (K.Marx: "Segunda
tesis sobre Feüerbach")
Pero también quiere decir,
implícitamente, que sin el a priori de la racionalidad revolucionaria no hay
verdad objetiva posible. Dicho de otra forma, que la verdad histórica objetiva
está predeterminada por la racionalidad revolucionaria de las
fuerzas productivas. Es su condición necesaria. Desde Marx, esta racionalidad
de las fuerzas productivas ha adquirido la categoría de ciencia y arma
imprescindible de la revolución comunista.
Las "Tesis sobre Feüerbach" y el desprecio de la teoría por parte del militante práctico
tradicional.
Ahora vamos a ver cómo esta tesis
sobre Feurbach ha sido objeto de manipulación por parte de los practicistas del
movimiento obrero, sobre todo de sus direcciones, proclives a convertir sus
militantes en clientela política.
Tanto los reformistas como los
voluntaristas han venido desde hace muchos años equivocando el verdadero
significado de las palabras de Marx que acabamos de citar. Haciendo una burda
simplificación de lo que distingue a Marx de Hegel en este punto, han mutilado
groseramente el concepto de "práctica social", haciendo pasar por
marxista la especie de que la verdad histórica u objetiva está determinada por
la práctica política. Esto es lo mismo que decir que los precios de las
mercancías están determinados por la oferta y la demanda. Si el criterio de
verdad objetiva está determinado por la historia, por la práctica entendida
como lucha política de clases, la lucha teórica deviene un simple comodín de
las fuerzas sociales en pugna, a modo de justificación ideológica de sus
propios arbitrios políticos.
Si la historia no tuviera una lógica
objetiva que preside su desarrollo y que sólo se puede hacer inteligible
teóricamente; y si, consecuentemente, su curso estuviera exclusivamente
determinado por la lucha política entre facciones sociales, el tránsito de una
realidad efectiva a otra sería completamente aleatorio y tan errático, que
carecería en absoluto de sentido de progreso.
Al desaparecer el referente de la
necesidad racional objetiva teóricamente previsible, la libertad sólo puede ser
para quienes consigan eventualmente imponer sus "ideas"o intereses al
margen de toda racionalidad históricamente determinada independientemente o a
priori de toda confrontación política.
Los desvaríos y atropellados cambios
de chaqueta de gran parte de la existente autoproclamada vanguardia
revolucionaria del proletariado inmediatamente anterior a la caída del Estado
soviético, sólo se explica por este andrajoso criterio de entender la historia.
Semejante interpretación burdamente mutilada de la segunda tesis de Marx sobre
Feüerbach, es la misma que esta siendo utilizada por la burguesía internacional
para convencer a los explotados de que tras la debacle stalinista que inspiró a
la burocracia soviética una vez aniquilada la fracción bolchevique, no hay
opción política realmente posible frente a su sistema de vida. Y no es casual.
En efecto, si el criterio de verdad
está dado por los resultados de la lucha política, tras la bancarrota de la
URSS, se ha demostrado políticamente que el socialismo es un infundio, una
falacia, una mentira teórica e histórica. Si la revolución de 1917 demostró que
el socialismo fue una verdad y los hechos políticos a partir de 1989 confirman
lo contrario, quiere decir que todo depende de
las circunstancias y la verdad histórica es pura contingencia. En realidad, lo
único que se ha demostrado es que el criterio de la práctica adoptado por los
militantes políticos tradicionales del movimiento obrero durante años es un
criterio ideológico falaz de raíz burguesa, porque éste es precisamente el
criterio esgrimido por la burguesía internacional para que en el fracaso de lo
que pasó por ser socialismo la clase obrera internacional pueda ver al
capitalismo como la verdad absoluta.
A excepción del período comprendido
entre 1917 y 1921 en la URSS, no deja de ser llamativo que, desde Bernstein y
Kautsky, predomine en el movimiento obrero políticamente organizado la idea de
que Marx jamás sostuvo algo parecido a la necesidad del socialismo, basada en
la verdad teórica científicamente probada del inevitable derrumbe económico del
sistema capitalista.
Pero lo sorprendente, es el silencio
o -lo que es más lamentable- la ambigüedad, de quienes se supone deben ser los
garantes orgánicos del mantenimiento y proyección de los principios políticos
del proletariado. Nos referimos a teóricos contemporáneos que todavía hoy pasan
por ser marxistas, así como a las direcciones de organizaciones autoproclamadas
revolucionarias. Y ni que decir tiene, naturalmente, de la ignorancia o el
prejuicioso desprecio de sus bases sobre el particular.
Y resulta paradójico que estos mismos
nieguen silencien o confundan el verdadero sentido de la obra de Marx, al
tiempo pregonan su carácter científico. Las consecuencias de toda esta
insensata manipulación están a la vista. Si en Marx no hay una teoría del
derrumbe del sistema económico capitalista, y si las verdades científicas de la
historia sólo obtienen la prueba de su veracidad por vía de la práctica
política, entonces, con la caída de la URRS y las claras derivaciones de China
hacia el capitalismo, la burguesía lleva razón; en tal caso, se llega al
resultado contradictorio de que la única verdad de la lucha política del
proletariado es su condición de capital variable.
Afortunadamente, las cosas son del
todo diversas respecto de como lo plantean los reformistas y los voluntaristas.
La verdad científica no está
en la práctica política, está en la práctica teórica. La verdad
histórica u objetiva está en la práctica social que incluye la práctica
científica, porque sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario.
Los reformistas y los voluntaristas marchan unidos desde los tiempos de Marx en
la común tarea de reducir la práctica social a pura práctica política para
quitarse de en medio el molesto requisito de la teoría que en todo momento
prescribe el qué hacer político.
Ciertamente, los resultados
científicos en el ámbito de la sociedad humana, las verdades
teóricas, sólo tienen valor en cuanto a su capacidad de prever
los grandes trazos de la historia. No los detalles, las formas o las
secuencias precisas de cada momento, porque éstas son circunstancias imposibles
de anticipar, ya que quedan a cargo de las fuerzas en pugna:
<<...En realidad se puede
prever "científicamente" solo la lucha -dice Gramsci en sus "Cuadernos de la Cárcel"- pero no los momentos
concretos de ésta, que no pueden sino ser el resultado de fuerzas contrastantes
en contínuo movimiento (como el átomo golpeado por el fotón
), no reductibles nunca a cantidades fijas, porque
en ellas la cantidad se convierte contínuamente en calidad (la cualidad no se puede determinar científicamente). En política realmente se prevé en la medida en que se actúa, en que se
aplica un esfuerzo voluntario y con ello se contribuye concretamente a crear el
resultado "previsto". La previsión en medio de una lucha se releva,
pues, no como un acto científico de conocimiento con el fin de prever su
resultado, sino como la expresión abstracta del esfuerzo que se hace, el modo
práctico de crear una voluntad colectiva... (con arreglo a un
fin, claro)>> (Op. Cit. Lo entre paréntesis es nuestro):
Pero lo que sí corresponde a la
ciencia social es prever el curso de un orden económico social, en tanto
descubre las leyes inmanentes que presiden el desarrollo de su base material y
empujan necesariamente el proceso "histórico-natural"
hacia la superación de sus contradicciones.
¿Qué dice Marx al hablar de
"proceso histórico natural"? El desarrollo de la sociedad es
histórico porque es un proceso en el que está implicado el ser humano; el ser
humano es el único animal que tiene historia. Pero al mismo tiempo que histórico
es natural, porque hasta el presente, la humanidad ha venido pasando por
estructuras sociales o relaciones de producción que han sido independientes de
su voluntad. Para Marx, natural es toda realidad que el ser humano no domina ni
controla. Aunque no sea la naturaleza propiamente dicha, como la de un vegetal,
que tiene sus propias leyes de evolución, en ese mismo sentido, en tanto la
sociedad humana está regida por leyes económicas objetivas independientes de la
voluntad de quienes están sometidos a ellas, las relaciones sociales de
producción vigentes constituyen una naturaleza homóloga a las del reino animal
y vegetal. El caso es que sigue ocurriendo con la naturaleza indómita de las
leyes económicas que provocan las crisis capitalistas y las guerras, lo que ocurría
en los albores de la humanidad con las leyes naturales que dominaban la vida de
los primitivos, cuya ignorante perplejidad les llevaba a convertir en fetiche
fuerzas como el fuego o el viento, sólo superadas mediante el mito y la magia.
Siguiendo a Gramsci y a Bunge, sólo
se puede "prever" científicamente en el ámbito de las ciencias formales.
Como, por ejemplo, la matemática, por
eso Marx dice: "las relaciones burguesas de producción se pueden estudiar
con el rigor de las ciencias de la naturaleza" ¿por qué? Porque los
sujetos ahí pierden por completo su voluntad, son regimentados por leyes de las
cuales ellos no son más que criaturas.
Esto no es contradictorio con el
objeto de "El Capital", ya que la economía política trata de relaciones
materiales regidas por leyes objetivas independientes de
la voluntad de los seres humanos implicados en ellas, relaciones que pueden ser
estudiadas y su curso previsto con el rigor propio de las ciencias de la
naturaleza.
En este sentido, la ciencia de la
economía política no necesita recurrir a la prueba empírica de los hechos
políticos para demostrar la veracidad de sus resultados. Hay una verdad teórica
cuya objetividad no necesita de su confirmación empírica. Porque tal veracidad
está ya demostrada por la verdad de las premisas reales de las que parte y por el despliegue lógico de las
categorías de su objeto pensado.
Los revisionistas del marxismo, desde
Bernstein y Kautsky, cometieron la misma torpeza teórica de aquellos
"científicos" que cien años después que Copérnico demostrara
matemáticamente la teoría heliocéntrica, todavía cuestionaban el movimiento rotatorio
de la tierra con el argumento de que debería percibirse la vibración resultante
de tal movimiento.
En la medida en que no percibían
ninguna vibración que demostrara el movimiento de la tierra alrededor del sol,
los partidarios de Ptolomeo creían verse confirmados en la presunta verdad de
la teoría geocéntrica, porque todos los días veían que era el sol y no la
tierra lo que se desplazaba. Y como la práctica, la empiria, era el criterio de
la verdad, en tanto no se percibieran las manifestaciones empíricas de que la
tierra daba vueltas alrededor del sol, no se podía aceptar la teoría
heliocéntrica. Por eso Marx dice: "no solamente debe luchar contra las
formas de manifestación, las dificultades que la propia ciencia encierra, sino
contra la furia de la propiedad privada".
Si las cosas se mostraran
directamente como lo que en realidad son, y evidenciaran por si mismas su
devenir, ni la ciencia ni el arte tendrían sentido ni utilidad social alguna.
Las investigaciones de Marx tienen valor científico porque alcanzan a prever el
futuro de la sociedad capitalista. Si "El Capital" fuera sólo
una teoría de la empresa -como se lo estudia en las universidades de occidente-
o una teoría de la explotación -como se la entiende en muchos círculos
políticos de cierta "izquierda marxista"- el materialismo histórico <<vería
desaparecer bajo sus pies el suelo granítico de la necesidad histórica
objetiva>> (Rosa Luxemburgo), y el socialismo quedaría reducido a un
problema de pura "conciencia", sin más valor ni trascendencia
histórica que cualquier ideario moral, dogma filosófico o creencia religiosa.
Por lo tanto, no se puede hablar del
marxismo como ciencia si no se reconoce la objetividad de sus premisas y la
verdad de sus resultados; si no se acepta "a priori" su racionalidad
científica y, por tanto, la necesidad del socialismo.
En tal sentido, es falsa la
afirmación de aquellos que en nombre de la lucha de clases y de la ciencia
marxista, descartan la teoría del derrumbe pretextando el infundio de que
reduce el marxismo a un automatismo economicista. Quienes así razonan, confunden
irresponsablemente la tendencia con su realización,
la lógica con la historia, la práctica
teorica con la práctica política la necesidad
con la posibilidad...
La política es solamente la
posibilidad de concretar lo necesario, en la medida en que se actúa bien
políticamente se está frente a la posibilidad de hacer real lo necesario. Por
eso "el arte d ela política es el arte de hacer posible lo necesario",
lo que pasa es que lo necesario para la burguesía es su necesidad subjetiva
como clase dominante, pero que no tiene nada que ver con la objetividad de lo
racional demandado por el concepto, esto es, por el desarrollo de las fuerzas
productivas, cuya verdad se pone paradójicamente de manifiesto en la forma de
ser por otro todavía impropia de superar la irracionalidad del capitalismo
durante las crisis, las guerras y demás noxas sociales derivadas de dicha
irracionalidad.
Y de esta confusión al reduccionismo
practicista y al desprecio por la TEORÍA REVOLUCIONARIA hay un solo paso: el
que alternativamente conduce al empirismo pragmático reformista o
al voluntarismo utópico idealista violento o pacífico, da igual.
Aquí, el Hegel de la "Lógica" acude en ayuda de Marx y los
revolucionarios no nos avergonzamos de ello, sino al contrario.
Si en Marx hubiera un automatismo
economicista no habría dado tanta importancia a la lucha de clases que
consideraba "motor de la historia". En una carta
enviada a Engels el 30/4/1868, en la que sintetiza el curso seguido por su
pensamiento en los tomos I y II de "El Capital", dice:
<<...En fin, dando por sentado
que estos tres elementos salario del trabajo, renta del suelo, ganancia, son
las fuentes de ingreso de las tres clases, a saber: la de los terratenientes,
la de los capitalistas y la de los obreros asalariados -como conclusión, LA
LUCHA DE CLASES, en la cual el movimiento se descompone y que es el desenlace
de toda esta mierda...>> (Carta de Marx a
Engels del 30/04/868))
En el contexto de la obra de Marx,
esto quiere decir que solo de la tendencia económica al derrumbe del sistema
capitalista puede el proletariado sacar la fuerza y la dirección política que
descompone el movimiento de la sociedad burguesa; que la necesidad de luchar
por el socialismo, su justificación histórica y posibilidad real concreta,
residen en la tendencia objetiva del movimiento protagonizado por el salario,
la renta y la ganancia industrial; y que la lucha política del proletariado
-producto de esa tendencia científica o de esa tendencia descubierta
cintíficamente - es la que se encarga de hacer históricamente posible lo
teóricamente necesario. Es en virtud de esa certidumbre teórica que los
comunistas confían el futuro de la humanidad a la clase obrera,
independientemente de sus ocasionales cambios en su estado de ánimo y de su
mayor o menor combatividad; tal es el fundamento y carácter de la moral
revolucionaria, del compromiso permanente con la revolución socialista.
Esto es lo que hace a la naturaleza,
a la objetividad, a la sustancia, del vocablo vanguardia revolucionaria. Que
consiste en ser la continuidad revolucionaria dentro de la discontinuidad de la
lucha de clases, es decir, que independientemente de los vaivenes de la
historia sigue manteniendo el mismo rumbo, que no pierde la perspectiva de la
revolución, que no se deja engañar por los espejismos de la historia, y para
eso hay que tener un profundo conocimiento científico de la realidad, es decir,
que la moral revolucionaria se nutre de la ciencia, del saber científico. Una
moral militante sin fundamento científico sólo se sostiene alternativamente
prendida de los movimientos de masa de magnitud durante los ascensos de las
luchas y de la mística revolucionaria abstracta propia de las sectas durante
los momentos de retroceso. Nada que ver con un comportamiento efectivamente
subversivo.
Al divorciar su acción política de la
teoría del derrumbe, las corrientes reformista y voluntarista tuvieron que
poner alternativamente el futuro socialista, bien en la evolución natural del
capitalismo, bien en la pura voluntad política de los revolucionarios. Tal es
la raíz teórica de la operación política que permitió elevar la lucha de clases
o práctica política al rango de criterio ABSOLUTO de verdad.
De acuerdo con semejante concepción,
la verdad del materialismo histórico en general y de "El Capital" en
especial, sería algo a demostrar por los hechos históricos mismos, lo cual
comportaría transformar automáticamente la necesidad del socialismo en pura
contingencia. Quienes así piensan, creen verse autorizados por las "Tesis
Sobre Feüerbach". Entre el vaciamiento científico de "El
Capital" y este reduccionismo practicista de las "Tesis" hay
un estrecho vínculo ideológico. Ya hemos visto a qué desvaríos conduce
teóricamente y a qué ha conducido prácticamente.
Pero el caso es que la consistencia
del concepto marxista de "praxis" nada tiene que ver con el
practicismo de los reformistas y de los voluntaristas. Como hemos visto al
principio de este trabajo, hasta mediados del siglo XIX, los filósofos idealistas
habían venido hurgando obsesiva y afanosamente en las formas del pensamiento,
para aprehender el sentido y realidad de la existencia humana; buscaban la
verdad de los hombres en las ideas que estos se hacían acerca de su propia
realidad en el mundo. El objeto de su actividad teórica no era el ser social
sino sus reflejos en la mente; especulaban repensando el pensamiento; haciendo
recaer su reflexión no directamente sobre la vida de los hombres, sobre su
práctica social, sino sobre su representación en los conceptos.
...Se imaginaban un tipo de ser
humano y luego pensaban sobre ese concepto, sobre lo que se imaginaban de él.
No partían de premisas reales si no de premisas que ellos mismos se hacían...
...Tal era el método especulativo de
la metafísica idealista que culminó en Hegel. Feüerbach fue el primero de los
"jóvenes hegelianos" que rompió con la superchería filosófica del
idealismo alemán, al demostrar que la filosofía de Hegel era teología
racionalizada y concluir en la tesis de que la esencia del hombre no está en su
pensamiento sino en la realidad sensible. "El hombre es lo que come",
llegó a afirmar. Pero esto no alcanzó a ser una subversión teórica completa del
idealismo. Porque al concebir esta materialidad sin el componente activo de la
práctica social transformadora, Feüerbach, tal como el idealismo, tuvo que
considerar la actividad del hombre de modo abstracto, unicamente bajo la forma
de la sensibilidad y de la contemplación, esto es, de la pasividad; no como
trabajador sino en tanto ser que capta e intelectualiza lo que percibe y
asimila mediante los sentidos y corporalmente, pero nada más.
Si el ser humano es lo que come, se
confirma como un ser menesteroso, es el ser que usufructua de algo para poder
sobrevivir. Pero en la medida en que consume es puramente pasivo no es activo,
es activo desde el punto de vista de los principios naturales inconscientes o
reflejos del apetito y la digestión, pero no como ser social, sino como un ente
natural, por eso Feurbach no transcendió el naturalismo.
Este desconocimiento del papel de la
praxis social transdformadora distintiva del ser humano , le mantuvo preso de
la metafísica. Aun habiendo proclamado la necesidad de remitir el pensamiento a
la realidad, Feüerbach, de hecho, partió de conceptos o categorías abstractas
ya sedimentadas por la tradición filosófica... que eran los materialistas
como Hollbach, Avenarius.... Tales como las ideas de individuo, especie,
sus cualidades, etc.,etc.; es decir, de la realidad meramente sensible.
La revolución teórica del marxismo,
consistió en remitir el pensamiento directamente a la realidad material más
simple y originaria, verificable empíricamente a lo largo de la historia, como
es el hecho de que los seres humanos, desde que dejaron de ser primates han
tenido siempre que trabajar para vivir:
<<Las premisas de que partimos
no son arbitrarias, no son dogmas (no son inventos,
no son elucubraciones a cerca de lo que es o sería el hombre), sino premisas reales, de las que solo es posible abstraerse en la
imaginación -dicen Marx y Engels en "La Ideología Alemana". Son los individuos reales, su acción
y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con las que se ha
encontrado ya hechas (las materias primas), como las engendradas por su propia
acción (los instrumentos de tabajo. Estas premisas pueden comprobarse, consiguientemente, por la vía
puramente práctico-empírica. (...) Podemos distinguir a los hombres de los
animales por la conciencia, por la religión o por lo que se quiera. Pero los
hombres comienzan a ver la diferencia tan pronto comienzan a producir sus
medios de vida...>> (Op.cit.)
Marx y Engels no partieron de
abstracciones ni de conceptos o presupuestos teóricos sino del hombre concreto
considerado en su actividad productiva, es decir, de sus relaciones económicas
y sociales:
<<Totalmente al contrario de lo
que ocurre en la filosofía alemana, que desciende del cielo sobre la tierra,
aquí se asciende de la tierra al cielo. Es decir, no se parte de lo que los
hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado,
pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre
de carne y hueso; se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su
proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos
ideológicos y de los ecos de este proceso de vida. (la filosofía tradicional parte de la superestructura para llegar a
explicar lo que el hombre es en realidad, Marx parte de lo que el hombre es en
realidad que no necesita ninguna reflexión, sino que se comprueba
empíricamente, y de ahí explica su manera de pensar) También las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los
hombres son sublimaciones de su proceso material de vida, proceso empíricamente
registrable y ligado a condiciones materiales. La moral, la religión, la
metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a ellas
corresponden, pierden, así, la apariencia de su propia sustantividad (todas las presuntas ciencias morales, como la psicología, la filosofía,
etc., no tienen sustantividad, la verdadera sustantividad de esas formas de
manifestación del intelecto están en la vida material de los seres humanos. Por
lo tanto, para poder explicar esas formas de manifestación hay que comprender
la vida material de los hombres. En cambio, la filosofía tradicional ha partido
de lo representado, y desde lo representado quiso llegar a lo real.)(...) No es la conciencia la que determina la vida sino la vida la que
determina la conciencia (...) se parte del mismo individuo real y viviente y se
considera la conciencia solamente como su conciencia (la conciencia del individuo real). En cuanto se
expone este proceso activo de vida, la historia deja de ser una colección de
hechos muertos, como lo es para los empíricos (es decir, para los reformistas), todavía
abstractos, o una acción imaginaria de sujetos imaginarios (como lo es para los idealistas, que piensan una revolución y la
persiguen, que se abstraen.), como lo es para los
idealistas...>> Op. Cit. Lo entre paréntesis es
nuestro)
Este es el contexto argumental en el
que hay que ubicar las "Tesis Sobre Feüerbach"; en la
necesidad de comprender o integrar la práctica teórica en la práctica
social junto a la práctica política. Nada más ajeno al marxismo que
relegar la práctica teórica como si no fuera parte de la práctica social con el
mismo estatus que la práctica política. Nadfa más propio del materialismo
histórico que entender la práctica teórica y asumirla como una de las
necesarias formas de la lucha de clases, en tanto premisa o condición de la
objetividad o verdad científica, en contraste con la metafísica del pensamiento
puro, abstracto, especulativo o ideológico. Es allí, en la práctica
social como complejo de práctica teórica y práctica política,
en permanente referencia a ella y comprometido en ella, donde el ser humano
debe demostrar teórica y políticamente la verdad. Tal es el sentido de la segunda tesis de Feuerbach:
<<...es decir, la realidad (lo real en tanto racional) y el poder (teórico y político, esto es), la terrenalidad
de su pensamiento (porque sin teoría revolucionaria no
hay terrenalidad del pensamiento y no hay práctica política válida que valga). La disputa sobre la realidad o irrealidad del pensamiento -aislado de
la práctica (social, es decir, teórica y
política) es un problema puramente
escolástico>> (K.Marx: "Segunda tesis sobre Feüerbach").
Y en la octava tesis -que reformistas
y voluntaristas obviamente desvinculan de la segunda del mismo modo que
desvinculan la práctica teórica de la práctica política- Marx será todavía mas
explícito cuando encuadra a la teoría revolucionaria dentro de la práctica
social, confiriéndole aquí la labor desmistificadora preminente de comprender
esa práctica, como única posibilidad real de transformarla:
<<Toda la vida social es, en esencia, práctica (esto es, teórica y política en
tanto específica o propiamente humana). Todos los misterios que conducen la
teoría al misticismo encuentran solución racional en la práctica humana y en la
comprensión de esa práctica>>. (Op. cit. Lo entre paréntesis es
nuestro)
Y la comprensión de esa práctica no
es un problema exclusivamente práctico-político, es un problema eminentemente
práctico-teórico. Desde la práctica política pura no se puede comprender la
práctica social, es imposible, y lo estamos viendo día a día. Cuando cambia el
signo político de la historia, en la medida en que no se comprende la práctica
social por la práctica teórica, es imposible sustraerse a la gravidez
ideológica de la nueva realidad política imperante. Siendo de carácter
discontinuo, la lucha política de clases no garantiza la continuidad del
accionar revolucionario. Menos aún su dirección correcta y la prioridad en las
tareas militantes en cada momento.
Resumiendo: hablábamos de la práctica
social que incluye la práctica teórica y la práctica política. Donde la
práctica política está regida por la práctica teórica. Al divorciar su acción
política de la teoría del derrumbe, las corrientes reformista y voluntarista
tuvieron que poner alternativamente el futuro socialista, bien en la evolución
natural del capitalismo, bien en la pura voluntad de los revolucionarios. Tal
es la raíz teórica de la operación política que permitió elevar la lucha de
clases o práctica política al rango de criterio ABSOLUTO de verdad.
De acuerdo con semejante concepción,
la verdad del materialismo sería algo a demostrar por los hechos históricos
mismos. O sea, que de las propias premisas, y del movimiento de la sociedad
moderna que presiden las leyes descubiertas por la ciencia social no se
desprende ninguna verdad. Entonces, si la teoría tiene hipotecada su verdad en
los resultados de la historia, el esfuerzo de teorizar no sirve para nada y el
valor político de obras como "El Capital" es nulo. Tal es la estúpida conclusión de
semejante criterio practicista de la verdad, que de hecho ha venido
prevaleciendo en todas las organizaciones políticas del movimiento obrero desde
sus mismos orígenes.
Con estas aclaraciones se comprende
lo que Marx quiso decir y efectivamente dijo acerca de la noción de verdad en
la segunda tesis sobre Feüerbach.Y en la octava tesis -que reformistas y
voluntaristas obviamente desvinculan de la segunda del mismo modo que
desvinculan la práctica teórica de la práctica política- Marx será todavía más
explícito cuando encuadra a la teoría revolucionaria dentro de la práctica
social, confiriéndole aquí la labor desmistificadora preminente de comprender
esa práctica, como única posibilidad real de transformarla:
<<Toda la vida social es, en esencia, práctica>> (K. Marx: Op.cit.)
En los "Manuscritos
Económico-Filosóficos", Marx entiende que la actividad del espíritu no
se puede deslindar del comportamiento humano en sociedad, y que ambas
actividades -la teórica y la política- constituyen la unidad dialéctica que él
llama "práctica social", donde la actividad del espíritu o del
pensamiento, es el "aspecto teórico" de esa vida social:
<<La actividad (política) y el espíritu (la teoría) así como su (mismo) contenido
poseen, por su propio modo de desarrollo, un carácter social, (aquí está definida la práctica
social) son actividad social y espíritu
social.
En su conjunto mi conciencia no es
sino el aspecto teórico de aquello de lo cual la comunidad real, la sociedad,
es la forma viva (...) lo que hace que la actividad de mi conciencia como tal
sea también mi existencia teórica como ser social...>> (Op.cit. Lo entre paréntesis es nuestro)
Esto quiere decir:
1.
Que la teoría, junto al resto de las
representaciones que los hombres se hacen del mundo en que viven -incluido el
pensamiento metafísico- forma parte de la práctica social;
2.
Que el carácter científico de la
práctica intelectual, la verdad teórica, consiste en la objetividad
de sus premisas y en el descubrimiento de la legalidad que preside su
despliegue lógico; donde la locución "objetividad de las premisas"
significa que se empieza por aplicar la acción de pensar sobre, simples
observaciones de la realidad, como el hecho de que las personas intercambian lo
que producen; se parte de la representación en la mente de objetos donde el
ejercicio de la abstracción es imposible y no necesitan de una elaboración
intelectual previa, no de objetos abstractos imaginados o creados por el
pensamiento sino de objetos concretos.
3.
Que la verdad o falsedad de las
conclusiones teóricas no dependen de ningún resultado práctico sino de la
objetividad de sus premisas y de la coherencia lógica de su desarrollo en el
pensamiento.
4.
Que sin ceñirse a lo resultados de la
práctica teórica científica, ninguna práctica política puede alcanzar el
carácter de realidad racional y, por tanto, absolutamente ninguna viabilidad
histórica.
De modo que en Marx no hay nada que
permita entender la práctica política como criterio absoluto
de verdad. Es justamente al revés. La verdad de la práctica política tiene su
posibilidad real -y por tanto racional- de existencia en la práctica
teórica, en la teoría científica. Porque, en general, esa práctica
política, aparece bajo formas de conciencia que velan su propia verdad. De ahí
la necesidad de la ciencia para la necesaria desmistificación de la propia
acción y a modo de guía para hacerla racional.
En todo caso, la práctica política
como criterio de verdad solo vale para los postulados o las orientaciones de
una acción concreta; para toda proposición política o histórica en la que
intervengan voluntades, individuales o colectivas. La práctica política vale
como criterio absoluto de verdad, por ejemplo, en una huelga, donde la decisión
de actuar no depende de ninguna previsión cientifica sino de las propias
circunstancias, como la elección del momento o el qué hacer si el conflicto se
prolonga y ante la reiterada falta de cobro de sus salarios, un sector numeroso
de huelguistas evidencia cansancio y desmoralización amenazando la unidad y
fortaleza del movimiento.
Lo mismo cabe para procesos bélicos
como el de Chechenia o el que enfrentó a la OTAN con el régimen de Milosevik en
Yugoslavia. Para saber según sus resultados, por ejemplo, lo acertado o erróneo
de la elección del momento de un ataque según las condiciones previas
(correlación de fuerzas, estado de ánimo de la tropa, disponibilidades
logísticas, etc.) así como los criterios de oportunidad en cuanto a los medios
de acción empleados en ella., disposición de las fuerzas en el escenario del
conflicto, desplazamiento táctico de efectivos, etc.
Otra cosa es un programa político
revolucionario, que no está en función de la lucha sino al revés, ya que el
programa de acción de gobierno es la razón de la lucha y guía para el ejercicio
del poder triunfante, su fundamento; el principio activo de la moral de combate
y su finalidad, lo cual no depende de ninguna de las consideraciones tácticas
que hacen al planteo y ejecución de la lucha misma. Y la Idea del comunismo es
la unidad del sujeto como concepto, esto es,
los militantes y el partido en tanto ser para sí, encarnación de
la ciencia social o conciencia de clase, y del objeto como
sustancia , o sea, las relaciones de producción alternativas o
sustitutas de la sociedad que se quiere revolucionar. Y esto es tarea exclusiva
y eminente de la teoría revolucionaria. Tanto para crear el sujeto
como concepto o ser para sí de la clase obrera
(unidad del materialismo histórico y su objetividad: el partido
revolucionario), como para aplicar ese concepto a las condiciones
de la sociedad a transformar, dando pábulo al programa que es la sustancia
del objeto: la nueva sociedad superadora. He aquí el valor
político revolucionario del método dialéctico hegeliano puesto sobre sus pies.
De modo que las "Tesis sobre
Feüerbach" no invalidan el "a priori" científico de la
práctica teórica, sino que lo destacan como parte ineludible de la práctica
social revolucionaria. Para Marx, tanto el conocimiento de las condiciones
objetivas o circunstancias de los sujetos reales, como su propia actividad
transformadora, constituyen en íntima unidad la práctica social revolucionaria
:
<<La conciencia del cambio de
las circunstancias con el de la actividad humana o cambio de los seres humanos
mismos, sólo puede imaginarse y entenderse racionalmente como práctica
revolucionaria>> (K. Marx: "Tercera
tesis")
Una vez más, se confirma que, según
el materialismo histórico, tanto la acción política directa, como la práctica
teórica, son dos partes integrantes imprescindibles de la práctica social
revolucionaria, pero con el requisito de entender a la teoría científica como
posibilidad real de una práctica política efectivamente revolucionaria. De ahí
la importancia de la práctica teórica y del debate ideológico, tareas de las
que tanto los reformistas como los voluntaristas huyen como de la peste:
<<Sin teoría revolucionaria no
puede haber movimiento revolucionario>> [Lenin: "Qué
Hacer". Cap. 1 ap.d )]
En este sentido, se puede decir que "El
Capital", o sea, la teoría revolucionaria, no necesita el resultado de
la práctica política para obtener la prueba de su verdad. Porque ésta ya la
pasó teóricamente (Althusser). Lo que el proletariado debe demostrar en la
práctica política, es ser capaz de cumplir históricamente con las exigencias
políticas de la teoría revolucionaria, de la tendencia económica desvelada por
la ciencia, por la práctica teórica. En este sentido, más esclarecedor, que las
"Tesis" nos parece aquel pasaje de 1843 de la Introducción a
la "Crítica de la Filosofía Hegeliana del Derecho Estatal",
donde Marx dice que:
<<...El arma de la crítica (la teoría) no puede reemplazar a la crítica
de las armas (la práctica), pero se hace revolucionaria cuando
se apodera de las masas...>> (op.cit. Lo entre
paréntesis es nuestro)
Entonces, no es que la teoría
revolucionaria, el materialismo histórico que fundamenta el socialismo tenga
hipotecada su razón o su verdad a los resultados de la lucha política de clases
en la historia. Al contrario. Es la historia la que está pendiente de levantar
su hipoteca con la razón científica. Y en esto la responsabilidad fundamental
recae sobre el proletariado.
Es decir, la crisis de la humanidad
no es la crisis del marxismo, sino la crisis de dirección del proletariado,
cuyo movimiento político ha devenido como un ser en sí o ser por otro al
resistirse y tardar en asumir la teoría del materialismo histórico; que se
rebela contra el capitalismo porque las contradicciones le llevan a enfrentarse
con el sistema. Pero de estas condiciones no puede resultar un movimiento
verdaderamente revolucionario.
Esto quiere decir que el proletariado
tiene su cometido histórico
científicamente previsto a despecho de todos los despropósitos políticos
cometidos y que aun pueda llegar a cometer. Incluso, el hecho de llevar esa
razón por adelantado, da a la ciencia un carácter político que transciende su
objetividad teórica, al hacer de ella un poderoso arsenal revolucionario. Tal
es el sentido de las palabras de Marx al decir que la teoría <<puede
abreviar y mitigar los dolores del parto>> (K.Marx: "El
Capital" Prólogo a la primera edición alemana)
Otra cosa es cómo se conseguirá;
cuando; las veces que será preciso intentarlo; cuantas indecisiones habrá;
cuantos errores, cuantas inconsecuencias con la teoría, las formas que adoptará
la lucha, sus sinuosidades, interrupciones, avances, retrocesos, triunfos,
derrotas, etc.:
<<...cualquier intento de dar
por sentadas de antemano con toda precisión las probabilidades de la
lucha, sería pura charlatanería y pedantería imperdonables. Marx consideraba la
historia desde el punto de vista de los que crean sin poder prever
infaliblemente por adelantado las probabilidades de éxito...>> ( K.Marx: Carta a Kugelmann del 17/4/87l)
Este contexto histórico, el horizonte
de posibilidades abiertas a la acción que ninguna teoría puede aprehender
"a priori", es el que da sentido y significación a la "Novena
Tesis". Porque en medio de un cúmulo de circunstancias que se
atropellan unas con otras, la mayoría de ellas contradictorias y a veces
absurdas y hasta azarosas, solo la práctica, el resultado, es el juez
inapelable de la acción política:
<<...la historia sería
totalmente mística, si las "casualidades" no desempeñaran en ella
ningún papel. Naturalmente, estas casualidades entran en el marco de la
evolución general y son compensadas, a su vez, por otras casualidades. Pero la
aceleración y la disminución del movimiento dependen mucho de
"casualidades" de éste tipo; y entre ellas figura también esta otra
casualidad: el carácter de la gente que se encuentra a la cabeza del
movimiento, al comienzo...>> (Ibíd)
Con todo, en ese actuar se incluye
también el momento de la reflexión, donde las alternativas tácticas que se
proyecten, deben homologarse permanentemente con los principios políticos que
están en las leyes del desarrollo social desvelados por la ciencia. Como parte
de la praxis revolucionaria -previa y posterior a la acción política- media la
reflexión teórica. Pero esta relación dialéctica de complementación entre
teoría y práctica, este ámbito en el que la conciencia objetiva del
proletariado se proyecta hacia la revolución, sólo es coherentemente posible y
coadyuvante a esos fines a condición de suponer los resultados científicos
previos, en nuestro caso, ceñirse estrictamente a los principios fundamentales,
esto es: "El Capital". De modo que la práctica política es
criterio de verdad, a condición de poner LA VERDAD como fundamento de esa
práctica.
De modo que aun en esta instancia de
la praxis revolucionaria, la reflexión teórica en el contexto de la lucha, para
ser creadora y eficaz a los fines políticos revolucionarios, tiene un carácter
estratégicamente subordinado, permaneciendo sujeta a los resultados científicos
previos.
No se puede uno evadir
arbitrariamente de la teoría sin perder la libertad, porque la libertad
consiste en el conocimiento de la racionalidad necesaria. La teoría es la que
marca el sentido exitoso de la lucha, incluso la forma y hasta los medios de
acción a utilizar. No se puede, no hay libertad para la acción política sin
teoría revolucionaria. No la hay, es la teoría la que prescribe el curso de la
práctica política conducente a los fines revolucionarios. La libertad es un
proceso gradulal que consiste en conseguir determinados objetivos bajo
determinadas condiciones. Se confunde libertad con arbitrariedad, un concepto
de libertad absoluta consagrado por la pequeñoburguesía, sabedora de que sólo
puede superar su condición de clase propietaria subalterna con la imaginación.
De la reflexión en el escenario de la
lucha es imposible esperar la formulación de leyes, porque para eso, hacen
falta comportamientos regulares, líneas de acción fijas y uniformes, objetivas,
independientes de la voluntad de los hombres, medibles, como la ley del límite
absoluto de la jornada laboral o la ley de la caída tendencial de la tasa de
ganancia.
Porque las relaciones capitalistas
son relaciones objetivas, donde no prima la voluntad de los sujetos, sino que
hay una objetividad, un espíritu objetivo que determina el comportamiento de
los sujetos. No es el burgués el que lleva la mercancía al mercado, sino que es
su mercancía la que le lleva a él. Su destino como burgués depende de su
mercancía, no depende de él. Depende de él en la medida en que se ajuste al
tiempo de trabajo socialmente necesario. Y eso es una realidad que determina el
mercado, no los agentes económicos.
No obstante, este pensamiento y esta
acción, constitutivas de la praxis política revolucionaria, resultan decisivas.
Son por igual causa eficiente de la subversión. Es esta praxis la
que convierte en verdad objetiva la verdad teórica
La práctica teórica previa que
descubre la naturaleza de la realidad a transformar, es la condición
necesaria de la libertad, de la transformación revolucionaria del
proletariado. La reflexión teórica en el contexto de la lucha, tiene un
carácter estratégicamente subordinado, porque la condición de que sea eficaz
está en la verdad o justeza del programa, y esto es tarea de la práctica
teórica. Por más inteligente que sea un táctico, si no dispone de un programa
político resultado de la investigación científica de la materia económica y
social a transformar, esa táctica se consume en sí misma, porque el táctico
puede saber incluso cómo se comporta el enemigo, y puede llegar derrotarlo,
pero resulta que si su programa no contiene el conocimiento de lo que es
necesario hacer para trascender la sociedad actual, su victoria militar
revierte en una segura derrota política estratégica.
Lo reformistas armados y no armados
no tienen este problema. En la medida en que para ellos no se trata de
trascender ni revolucionar nada no necesitan de la teoría revolucionaria. Ellos
no están interesados en formular un programa y ejercitar una voluntad política
que rompa racionalmente con el sistema capitalista. De ahí su desprecio por el
materialismo histórico, filosofía de la que sólo han tomado la letra, el
discurso adecuadamente manipulado para falsear su espíritu. El uso pragmático
que han hecho de las Tesis sobre Feüerbach" es una entre otras muchas tergiversaciones del materialismo histórico
que han perpetrado las direcciones ideológicas y políticas del movimiento
obrero internacional desde la desaparición del movimiento bolchevique. Desde el
punto de vista de la esencia de clase burguesa que encarnan, la táctica de los
reformistas para la toma del poder coincide inmediatamente con la estrategia de
la burguesía en su conjunto para conservarlo. Tanto más cuanto más avanza el
proceso irreversible de acumulación y de centralización de los capitales que
torna cada vez más imposible las políticas de reforma de estructura al interior
del sistema.
Pero nosotros estamos hablando de la
práctica revolucionaria, por lo tanto, incluso la reflexión, que es propia de
la táctica a desarrollar en medio de una lucha concreta tiene que tener como
condición la investigación científica previa, es decir, el conocimiento
objetivo de la realidad para tener éxito en la tarea de su transformación
revolucionaria. Porque estamos hablando de la práctica revolucionaria, no de la
práctica política de organizaciones políticas como el P.C.E., el PSOE o el
MLNV.
Pero si bien las leyes que rigen la
estructura constituyen su base, la historia es bastante más que eso: no basta
comprender y explicar la sociedad basada en la producción de mercancías, sino
que hay que abolirla. En suma, la teoría científica descubre las leyes
inmanentes que rigen el desarrollo social, anticipa la inevitabilidad de la
lucha y reclama por la necesaria resolución de las contradicciones en el
sentido previsto por ella, en tanto que la práctica política -incluída su
teoría (la teoría en el tránsito de la lucha)- se encarga de dirimir en los
escenarios de la historia, cuando, cómo y cuales serán las alternativas que
harán realmente posible lo necesario.
Porque hay momentos en que hay que
echarse para atrás. A veces la burguesía provoca prematuramente un
enfrentamiento, para machacarlo. Hay que saber en qué momento uno tiene que dar
la batalla.
La práctica como criterio absoluto
de verdad, esto es, "libre", en tanto desvinculada del concepto
rector de la teoría, remite alternativamente al oportunismo y al voluntarismo.
Esta es la razón por la cual Bernstein y la socialdemocracia alemana tuvieron
que negar la teoría del derrumbe del capitalismo. Querían sentirse
prácticamente "libres" de la teoría para poder conciliar con el
sistema:
<<...Y qué es lo que
principalmente la caracteriza (a la práctica
oportunista) en su exterior? -se pregunta Rosa Luxemburgo en "Reforma
o Revolución"- Su hostilidad contra la teoría. Y esto es muy
natural; pues nuestra "teoría", es decir, los principios del
socialismo científico, establece líneas marcadísimas para la actividad
práctica, tanto respecto a los fines, como a los medios de lucha a emplear y a
la forma de combatir. Por ello muéstrase, en aquellos que no pretenden
conseguir más que resultados prácticos (dentro del sistema, es decir,
sacarle partido al sistema), la tendencia natural a pedir libertad de
movimientos, esto es, a separar la "teoría" de la práctica, a
independizarse de aquella. Porque esta teoría se vuelve contra ellos en todo
momento...>> (Op.Cit.)
El voluntarismo, contrapartida del
oportunismo, también está en la raíz del desprecio por la teoría y de la
reivindicación de la pura práctica como criterio absoluto de verdad. A
diferencia del oportunismo, esta concepción de la política adhiere a la idea de
la necesidad del socialismo. Pero es una necesidad puramente subjetiva, en
tanto su acción no tiene en cuenta las condiciones y tiende permanentemente a
confundir la táctica con la estrategia desbordando las posibilidades políticas
reales ante los abstractos requerimientos del puro "ideal
revolucionario".
Oportunismo y principismo
voluntarista, ambos permanecen encadenados al inmediatismo de la práctica como
criterio absoluto de verdad. El uno mediante la invariable estrategia de
adaptación al sistema; el otro, mediante la política de permanente ruptura revolucionaria
utópica con él, lo que equivale a dejarle intangible, en tanto pretende pasar
por encima de determinadas condiciones que no se pueden superar sino con un
grado de desarrollo de las fuerzas productivas todavía inexistente. Y como
ambas desviaciones tienen idéntica raíz ideológica, el transfugismo del uno al
otro siempre está latiendo en el subsuelo de la historia. El predominio social
de cualquiera de ellos, depende normalmente de los vaivenes políticos del
movimiento de masas en la superficie de la sociedad, cuyo principio activo está
en "la práctica política como criterio absoluto de verdad". La
singularidad histórica de estas desviaciones está en que son prácticamente
barridas de la escena política durante la crisis revolucionaria, es decir, cuando
a la ciencia le llega el momento de su verificación empírica.
En los primeros años de la revolución
rusa, también se hizo presente este peligro. Lenin en su "¿Qué
Hacer?" denuncia a las fracciones políticas dentro de la
socialdemocracia rusa que, reclamando "libertad de crítica" dentro
del POSDR, en realidad buscaban prescindir de todo principio teórico, poniendo
de manifiesto un total desprecio por la teoría. Es el momento en que formula
aquel ya tan mentado como poco respetado aforismo ya citado, en que pone a la
práctica terórica revolucionaria como condición de existencia del movimiento
revolucionario.
Disraeli decía que la política es el
arte de hacer posible lo necesario. O sea, concretar subjetivamente lo que
tiende a su lógica realización objetiva. Los oportunistas de la Segunda
Internacional han logrado popularizar una versión mutilada de esta magistral
definición, diciendo que la política es "el arte de lo posible", es
decir, vamos hasta donde podemos, hasta donde nos deja el sistema, con lo cual
se han quitado de enmedio el fastidioso componente de la racionalidad histórica
necesaria a fin de sentirse política y moralmente legitimados para acomodarse
dentro del istema, acompañando a la burguesía en cada una de las realidades
actuales. Ahora vemos que la historia se repite.
Capítulo 4 - La idea absoluta o
identidad de los contrarios
Hemos expuesto resumidamente hasta
aquí, lo que nos ha parecido más significativo y políticamente trascendente del
método revolucionario que Hegel desarrolló en su "Ciencia de la
lógica", respecto de la relación dialéctica entre lo real y lo
racional que tu has citado de Engels en su "Ludwig Feüerbach y el fin
de la filosofía clásica alemana". Pero la distinción entre Hegel y
Marx no acaba en el diferente modo de concebir el polo dominante o activo de la
relación dialectica entre sujeto y objeto, entre lo racional y lo real, sino en
el carácter mismo de la contradicción. Es decir, no se trata sólo de que Marx
hubo de poner la dialéctica hegeliana sobre sus pies, demostrando que lo real
no es el resultado del pensamiento y que la conciencia de los seres humanos no
determina su existencia sino que el ser social de la humanidad es el que
determina su conciencia. La distinción no se agota en esto.
Como bien dice Engels, Hegel no
estuvo personalmente a la altura de lo que sostuvo en su "Ciencia de la
lógica". El método dialéctico revolucionario de esa obra, basado en la
libertad histórica incondicional del pensamiento, negaba todo tipo de verdad
absoluta;
El pensamiento crea una realidad, se
realizaba en ella y luego la transciende para realizarse en otra realidad
efectiva superadora..Según esta concepción del mundo, el sentido de
progreso viene dado por la relación dialética entre la estructura racional en
la que el pensamiento se realativiza realizándose periódicamente, y la
tendencia del pensamiento a transcender permanentemente su propia objetividad,
y eso es lo que da sentido a la historia humana.
Hasta el último capítulo de su "Lógica"
Hegel niega todo tipo de verdad absoluta, es decir, toda cristalización de
una racionalidad objetivada o relizada de una vez para siempre, sino que el
pensamiento permanentemente transciende las realidades en las que
momentáneamente realiza su racionalidad histórica. Esto convierte toda verdad
en relativa, en históricamente transitoria. La realidad efectiva no es mutable,
es la instancia a través de la cual el pensamiento se realiza y supera a sí
mismo. Tal es la idea hegeliana de progreso humano y el sentido lineal
aparentemente hacia el infinito. Pero en Hegel hay una instancia, que es la
idea absoluta en la que acaba.
Es en su noción de Idea
absoluta donde Hegel abdica su método dialéctico-revolucionario en el
sistema filosófico, que es de naturaleza teológica. Esto es lo que le permitió
poner el concepto de idea absoluta en el estado prusiano, en el que el monarca
prusiano es la representación de esa idea, es Dios.
Según el método dialéctico la
tendencia permanente del pensamiento a la superación de sí mismo crea
realidades efectivas en las que se realiza para trascenderlas en un proceso en
el que nada es eterno y todo lo que nace merece perecer no sólo en el aspecto
teórico sino en la actividad práctica de los seres humanos; convierte toda
verdad en relativa y toda realidad efectiva en transitoria en tanto niega
radicalmente el carácter definitivo y eterno de cualquier resultado teórico y
práctico del pensamiento;
Esta concepción estaba reñida con la
necesidad de legitimación política eterna del Estado teocrático alemán ante sus
súbditos; tanto más cuanto que al monarca prusiano se le atribuía por ley la
representación de Dios en la Tierra. Coaccionado por toda esta atmosfera
ideológica y política del Estado teócrático alemán, Hegel no fue capaz de
sobreponerse al espíritu objetivo de su tiempo. Pensando de una manera pero
coaccionado a comportarse de otra, llegó un momento en que confirmó lo dicho
por Marx en el sentido de que no es la conciencia la que determina la
existencia, sino la existencia social la que determina su conciencia. La
existencia social de Hegel le condicionó hasta tal punto que le condujo a meter
el método dialectico revolucionario de su "Lógica" en el cepo
de su sistema filosófico conservador:
<<...un sistema filosófico
tiene que tener siempre, según las exigencias tradicionales, su remate en un
tipo cualquiera de verdad absoluta. Por tanto, aunque Hegel, sobre todo en su Lógica (último capítulo), insiste en que esta verdad absoluta
no es más que el mismo proceso lógico (esta proposición de que la única
verdad absoluta es el pensamiento universal como proceso, aparece consagrada en
el capítulo sobre el quimismo), vese obligado (por la "realidad
actual" de sus "circunstancias") a poner un fin a este
proceso, ya que necesariamente (Por "necesidad relativa".
Relativa al espíritu objetivo de su tiempo. Como rector y profesor emérito de
la universidad de Heidelberg, Hegel estaba arrullado por la aristocracia
dominante) tiene que llegar a un fin, cualquiera que sea, con su
sistema.>> (F. Engels: "Ludwig Feüerbach y el fin...."
Cap. I. Lo entre paréntesis es nuestro)
Ahora bien, afirmar que el sistema
hegeliano tuvo su causa en la claudicación ideológica personal de su autor es
una verdad a medias que se deja en el tintero lo más importante de este acto:
los hechos concretos que determinaron semejante conducta.
Si nosotros pensáramos que es una
claudicación personal caeríamos en un subjetivismo porque atribuiríamos la
causa de su claudicación a su condición de ser humano, a él mismo, pero lo
importante es ir a las razones histórico-sociales que determinaron esa
conducta.
En este sentido, la contradicción que
se operó en el espíritu de Hegel entre su método dialéctico revolucionario y su
sistema reaccionario, es el reflejo ideológico de la contradicción por entonces
todavía no resuelta en Alemania, entre la burguesía incipiente y los intereses
predominantes de la nobleza a nivel de Estado.
Alemania era un país en tránsito de
la realidad actual del feudalismo a la realidad efectiva del capitalismo. Era
una estructura capitalista que todavía no había alcanzado predominancia
política. Y esto se puso de manifiesto en el 48, que es cuando Marx habla de la
cobardía intrínseca de la burguesía alemana, abandona todas las organizaciones
democráticas y se plantea la dictadura del proletariado y la revolución
permanente.
La nobleza, que había perdido buena
parte de su peso social en favor de la burguesía, seguía detentando el poder
político a través de las estructuras burocráticas estatales de las que Hegel
dependía profesionalmente. Esta contradicción no resuelta explica el carácter
contradictorio de su pensamiento, entre el método dialéctico revolucionario y
su sistema filosófico conservador. Por un lado, pesaba en él la realidad
económico social de la burguesía en ascenso a nivel europeo, y la revolución
francesa, donde la presión de la libre concurrencia, la gran industria y el
mercado mundial, estaban acabando con todas las instituciones estables,
consagradas por "una venerable antigüedad y que en Alemania comienza
también a ejercer su influencia en los círculos políticos y literarios a
instancias de la revolución Francesa y del maquinismo en Inglaterra
Por otro lado, en la época en que
Hegel abdica su sistema en favor del Estado teocrático de Federico Guillermo
III, Alemania era un país donde al mismo tiempo que las provincias del Este
recibían la influencia del mayor desarrollo capitalista industrial relativo de
Francia e Inglaterra, en Alemania prevalecían aun las relaciones feudales en el
campo y las formas corporativas artesanales en las ciudades. Significativamente
era en Prusia, en la sede de su Estado, donde la nobleza decadente ejercía la
más tenaz resistencia política al cambio de estructuras.
Esta coexistencia de lo viejo y de lo
nuevo, donde lo viejo está dejando de ser y lo nuevo es un todavía no que
necesariamente será, sintetizó en la oposición radical entre el método
dialéctico revolucionario -expresión de la burguesía en ascenso que en 1816 no
parecía poner límites al desarrollo de la humanidad- y el sistema filosófico
reaccionario, que tiende a justificar ideológicamente el modo de vida ya caduco
todavía políticamente predominante en Alemania:
<<...así, al final de la "Filosofía del derecho" nos encontramos
con que la Idea absoluta habría de realizarse en aquella monarquía por
estamentos que Federico Guillermo III prometiera a sus súbditos tan tenazmente
y tan en vano (...) demostrándose por vía especulativa (y por tanto
ficticia) la necesidad de la aristocracia>> (Ibíd. Lo entre
paréntesis es nuestro)
Ficticia porque ya había dejado de
ser una realidad efectiva, porque tenía su esencia, la esencia de
la nobleza, ella tenía su razón de existencia pero esa razón de existencia no
se compadecía con el concepto de las fuerzas productivas. Por lo tanto, aunque
subsistente, habiendo perdido toda racionalidad ya era una ficción. Tenía la
esencia en sí misma, tenía su razón de ser pero ya había dejado de ser una
realidad efectiva en el sentido de que su Idea ya no se correspondía con el
nuevo concepto de las modernas fuerzas productivas. La filosofía hegeliana
puede entenderse, pues, como la expresión teórica de la tendencia a conciliar
la contradicción propia de las condiciones económico-sociales de la Alemania de
aquella época. Y su paternidad corresponde a un intelectual alemán
pequeñoburgués, cuya inconsecuencia debe buscarse en sus propias limitaciones
de clase al margen de la grandiosidad de su pensamiento:
<<Semejante pequeñoburgués
diviniza la CONTRADICCIÓN puesto que la contradicción es el núcleo de su ser.
Él no es sino la contradicción social en acción. Él debe justificar en la
teoría lo que es en la práctica>> (K. Marx a
Annenkov: 28/12/846)
El pequeño burgués es la
contradicción, y su propia vida se debate en la contradicción, porque es
incapaz de resolverla. El pequeño burgués no puede ni quiere resolver la
contradicción que vive entre el proletariado y la burguesía; porque necesita el
apoyo del proletariado para negociar mejores condiciones de existencia dentro
del sistema, al tiempo que se siente unido a ella en la común defensa del
sistema explotador de trabajo asalariado. Lo que hace Hegel es justificar lo
injustificable tratando de compatibilizar lo imposible. Tal es el espíritu de
la contradicción que consagra su pensamiento.
En este pasaje de su carta a
Annenkov, Marx se refiere a Proudhon, un mediocre discípulo francés de Hegel
que sólo supo estar a su altura compartiendo con él la misma condición de clase
pequeño-burguesa.
Lo que caracteriza a la dialéctica de
Hegel tras ponerla en el cepo de su sistema filosófico conservador, no es,
pues, sólo el hecho de que en ella el pensamiento determina al ser. Su falló no
está en la determinación del polo que domina la relación dialéctica. Para Hegel
está en el pensamiento, por lo tanto es un idealismo, para Marx no está en el
pensamiento, está en el ser, esto es un materialismo. Pero el problema de la
distinción entre Hegel y Marx no se agota ahí. El problema no está en lo que
para uno y otro es el polo dominante de la relación sino en el carácter de la
relación misma entre los contrarios.
El sistema hegeliano niega todo
cambio de naturaleza en el ser de las cosas. ¿Por qué? Porque para Hegel, la
dialéctica entre el ser y la representación constituye no una unidad sino una
identidad, del mismo modo que entre la semilla y el fruto. El proceso de
desarrollo germinal de un vegetal cualquiera, no puede sino culminar en la
confirmación de su propia naturaleza específica, no puede trascenderla. El
proceso no es lineal sino circular, donde el contenido de la relación no se
supera sino que se reproduce.
Teóricamente, la pretendida
conciliación de la filosofía hegeliana entre su método y su sistema, está en el
hecho de querer conciliar dos concepciones que son inconciliables: la del
pensamiento, o noción de lo incondicionado, con el ser que condiciona. Porque
un sistema condiciona, en tanto es lo estatuido; condiciona, porque es la
negación de la transcendencia, es la inmanencia pura, es algo parmenidio, algo
que no se mueve. Esa es la expresión.
Y esto sólo puede ser posible si los
contrarios no son tales por el contenido sino por la forma, esto es, si son
idénticos. Si los contrarios lo son por el contenido, es decir, si algo es
distinto por el contenido respecto al contrario, como la burguesía y el
proletariado, entonces, esta relación dialéctica tiene que sintetizar en otra
cosa que la que está inmersa en esta relación. Es decir, tiene que saltarse a
otra relación nueva. Pero si los contrarios son de idéntica naturaleza, pues,
no hay cambio sustancial. Es decir, si el pensamiento es idéntico al ser, es
decir, si el pensamiento concebido como el Logos divino antes de la creación
remata en la idea absoluta del Dios cristiano, pues entonces el pensamiento no
puede transcender al Dios cristiano, sino que es la expresión del Dios
cristiano. Por eso, como deecía Feüerbach, lo de Hegel es una "teología
racionalizada". Ahí se agota la posibilidad de la transcendencia lógica del pensamiento
con respecto a la realidad efectiva en la cual se realiza. Porque Hegel llega a que el
pensamiento se realiza en la idea absoluta que es la expresión de Dios en la
tierra, Federico Guillermo III, la monarquía prusiana. Ahí se demuestra que,
para Hegel, el pensamiento y el ser constituyen una relación de idéntica naturaleza,
por lo tanto no una unidad, sino una identidad. Y en una relación de identidad
no hay posibilidad de trascendencia.
El sistema filosófico hegeliano
constituye una tríada dialéctica (afirmación-negación-negación de la negación)
expresada en tres grandes capítulos: Lógica, Filosofía de la naturaleza y
Filosofía del espíritu. La Lógica comprende las categorías puras del pensamiento;
es el saber a priori o anterior a la creación de todo lo existente; es la
traducción a lenguaje filosófico de lo que en clave religiosa cristiana
representa al saber del Dios Padre antes de la creación; el plan de la obra
antes de su ejecución.
Para hacer un plan de acción yo tengo
que tener a priori toda la estructura del desarrollo de la realidad pensada,
son las categorías puras del pensamiento. Es toda la realidad pero hecha
realidad pensada, es pensamiento puro.
La filosofía de la naturaleza
comprende el saber acerca de la materia en general en su aspecto mecánico,
físico y orgánico: es el saber acerca del orden de las cosas posterior a su
creación; es la lógica del pensamiento puro enajenada en la naturaleza o negación
(antítesis de la Lógica); corresponde a la vida orgánica de Jesus, del Dios
hecho carne. La Filosofía del
Espíritu corresponde al saber que constituye la síntesis o negación de la
negación de los dos capítulos anteriores; es la autoconciencia, confirmación o
realización del sentido y finalidad de las cosas tal y como
estaban previstas o predeterminadas por el mismo espíritu
absoluto en la Lógica o plan general de la creación.
Si hay un plan, su antítesis o
proceso de trabajo (y aquí estamos en Marx) culmina necesariamente en la
finalidad; y si la obra está bien hecha, ello demuestra que la tesis y la
antítesis, esto es, los contrarios, aunque formalmente distintos son idénticos
en cuanto a su contenido, a su naturaleza divina. Padre e hijo son distintos,
porque uno es pensamiento puro y el otro es pensamiento encarnado. Pero según
el Logos, según el plan de la obra, no pueden ser sino sustancialmente
idénticos.
Cuando alguien concibe hacer algo,
como por ejemplo, un telar manual y proyecta esa máquina en su cabeza, si
después de fabricada se recrea en lo hecho porque comprueba que satisface la
necesidad que suscitó el concepto (en el capitalismo el tiempo del trabajo
socialmente necesario), entre el plan y su producto hay una relación de
idéntica naturaleza y ahí queda, aunque solo de momento. Si no, eso indica que
la cosa se ha hecho mal y hay que volver a intentarlo hasta conseguir la
correspondiente identidad entre el pensamiento y la sustancia del ser o de la
obra realizada. Habíamos dicho, siguiendo a Hegel, que la verdad es la unidad
entre el concepto como sujeto y el objeto con sustancia. Pero en esa parte de
su obra Hegel concebía la verdad como relativa, dando a entender que el
pensamiento no se conforma con lo hecho de una vez para siempre. Tiende a
trascender sus propias verdades. Volviendo al ejemplo del telar, como hemos
visto más arriba Tras la adopción en Inglaterra del telar mecánico accionado por
medio de la energía del vapor, para convertir la misma cantidad de hilo bastó
la mitad de trabajo que antes, por lo que la verdad se ajustó a un nuevo
concepto en la industria del hilado. Y este es un proceso ininterrumpido. Por
eso Marx decía que la ley del valor sólo
es una verdad histórica transitoria, relativa al contexto de la sociedad de
clases, y "El Capital" una obra científica
válida para comprender el capitalismo e iniciar el tránsito al comunismo.
Pero para el Hegel del último
capítulo de la "Logica", no. Como la obra del Dios Padre es el
saber absoluto, el Dios Padre no puede hacer nada mal hecho, por lo tanto la
obra realizada es la confirmación de la idea absoluta. Y ahí hay un proceso
contradictorio, formal porque la figura y funcionalidad del padre difiere del
hijo, pero ambos son de idéntica naturaleza, donde la negación de la segunda
persona que se hace inmanente al proceso histórico de la humanidad y realiza la
obra que permite el tránsito hacia la síntesis o negación de la negación
representada en el espíritu santo. Entre el padre, el hijo y el espíritu santo
sólo hay un cambio de forma, una metamorfosis. De ahí el aforsimo cristiano:
Padre, Hijo y Espíritu Santo: tres personas distintas y un sólo Dios verdadero. Como dinero que se metamorfosea en mercancía-trabajo, para luego
convertirse en capital. En el capital está confirmada la finalidad del dinero a
través del hijo, que es el proletariado, que es la mano de obra, que es el
trabajo asalariado.
Dando vuelta, poniendo sobre sus pies
la dialéctica hegueliana al servicio del sistema conservador, nos damos cuenta
de cómo en el cristianismo ya está prefigurado el capitalismo que es el que
permite explicar al cristianismo, porque es lo más adelantado.Como decía Marx.
La clave de la anatomía del mono está en el ser humano y no al revés, es la
categoría más desarrollada la que permite explicar la menos desarrollada.
Hegel ejecutó este salto del reino de
la libertad al redil de la religión cristiana en el último capítulo de su "Lógica", donde introduce la noción de
"Idea Absoluta" o eterna recreación de la fe y moral
cristianas en la cabeza y el comportamiento de la gente que, como bien ha dicho
Engels:
<<...lo único que tiene de
absoluto es que no sabe decirnos absolutamente nada acerca de ella...>> (F.Engels: "Ludwig Feüerbach y el fin...." Cap.
I)
Ahora bien, este salto desde la
unidad a la identidad de los contrarios, no ha sido un pronto de Hegel sino que
su ejecución fue prevista por él antes de comenzar a escribir su "Ciencia
de la Lógica". Tal como lo confiesa en el último capítulo de esta
obra, el objeto de la "Lógica" no es el método sino la
<<determinación de la Idea>>, en cuyo desarrollo surgió lógica o
naturalmente la noción de la Idea absoluta:
La lógica no ha sido la finalidad del
pensamiento hegueliano, sino un medio. Porque si la lógica es la finalidad, la
finalidad en qué se realiza, se realiza en la idea de proceso.Porque la lógica
es proceso. Pero la lógica para hegel no ha sido la finalidad si no una
mediación para llegar a afirmarse en el concepto de idea absoluta.
<<La determinación de la idea y todo el curso de esta
determinación, han venido a constituir así el objeto de la ciencia de la lógica
de cuyo curso ha surgido por sí la idea absoluta misma...>>
(Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro III cap. 3 La idea
absoluta)
No es casual que esto aparece en el
último capítulo de la lógica, que es el que prefigura el sistema. Porque ya en
la lógica está prefigurando la finalidad, que es llegar a confirmar la idea
absoluta o vaciamiento de la lógica dialéctica como idea de progreso
incondicionado del pensamiento.De este modo, el objeto sobre el cual reae la
investgación sobre el problema de la lógica no es el pensamiento como idea de
lo incondicionado, sino la idea absoluta, que es lo condicionante.
Así, la identidad teológica del Padre
con el Hijo en que se funda el sistema filosófico hegeliano, la forma
absoluta del pensamiento (religioso) despojada de todo contenido
(histórico real), o la forma (teológica) cuyo contenido es ella misma, tal es
realmente el objeto de la lógica. Dicho de otro modo, la identidad (teológica)
de los contrarios (es decir, la identidad entre el padre y el hijo) está
contenida ya en la "Lógica", esto es, en la previa abstracción
de la relación dialéctica misma, en la operación teórica que convierte al
sujeto real en sujeto pensante y al objeto real en objeto pensado. En tal
sentido el método dialéctico estuvo desde un principio sometido a la forma o
relación entre el sujeto pensante y el objeto pensado, entre el pensamiento y
su ser que es el concepto y que acaba en la Idea Absoluta
o relación absoluta de identidad teológica entre el Padre y el
Hijo, cuya síntesis es el espíritu santo:
<<...por sí, ésta (la idea absoluta) se ha mostrado de la manera siguiente: que su
determinación no tiene la figura de un contenido, sino que está
en absoluto como forma, y que de acuerdo con eso la idea está
como la idea absolutamente universal. Por lo tanto, lo que hay
que considerar todavía aquí, no es un contenido como tal, sino lo universal de
la forma del contenido, es decir, el método>> (Ibíd)
Feüerbach decía que la filosofía
hegeliana no es más que "teología racionalizada". Pero como es cierto
que la existencia determina la conciencia, la religión en la sociedad moderna
es la Idea Absoluta traspuesta o invertida del sujeto realmente enajenado en el
mundo enajenante que le toca vivir. Por lo tanto, el secreto de la filosofía
hegeliana se desvela en la fórmula trinitaria general del capital:
D - M - D'
En esta fórmula, la letra (D)
es la forma dineraria de un contenido.
Para Hegel no se trata del contenido,
sino de la forma de ese contenido. La idea absoluta se ha mostrado de la manera
siguiente: que su deteminación no tiene la figura de un contenido, sino que
está en absoluto como forma. En esta fórmula D es la forma dineraria de un
contenido, que no se ve, que es el trabajo. Pero el trabajo no aparece. Es el
valor, pero el valor es una forma de manifestación del trabajo en la sociedad
de clases.
En tanto forma de un contenido
o reflejo de un contenido -el tiempo de trabajo que determina el
valor económico- en una forma (dineraria) D, ahí ya está el método, cuyo
reflejo en la conciencia enajenada es la forma del ser
indeterminado con que comienza la "Lógica",
Es un ser indeterminado porque es una
determinación abstracta, porque se parte de una forma independizada de su
contenido cuando es el contenido el que determina la forma y no la forma el
contenido. Pero en Hegel es al revés, para él la forma determina el contenido.
Esta forma filosófica
remite a la forma teológica del Dios Padre, de modo
que el sistema filosófico hegeliano resulta ser el reflejo de un reflejo, esto
es:
<<lo universal (abstracto) de la forma de un contenido>>.
Al invertirse, tal como
la propia palabra lo indica, la forma dinero D se enajena
en otra distinta M. Pero el contenido sigue sin aparecer. Esta otra forma
(M) representa o expresa el mismo contenido o valor económico que
sigue escamoteado pero ahora metamorfoseado. En el sistema hegeliano, esta (M)
corresponde sumariamente a lo que Hegel desarrolló en su "Filosofía de
la naturaleza", y que en la liturgia crisitiana corresponde a la obra
del del Hijo, del Dios hecho hombre. En esta fórmula, el trabajo creador de
valor no aparece, del mismo modo que las sagradas escrituras nos presentan a un
Jesús que no dio palo al agua en su vida.
Finalmente, en tanto expresa el valor
inicial incrementado la (D') es el "para sí" del dinero en
tanto capital D´ = D + ?D, donde ?D es el plusvalor; representa
la síntesis o realización del Dios Padre dinero; el fruto que conserva y supera
al dinero es el capital tras haberse metamorfoseado en los factores de la
producción (fuerza de trabajo y medios de producción), así como el Espíritu
Santo conserva, supera y reproduce la idea del Dios Padre tras haberse
enajenado o metamorfoseado en la persona del Hijo; no ya como puro plan de
inversión, sino como realización de su finalidad prevista;
Cuando el capitalista invierte ya
está prefigurando el incremento de su capital, finalidad ahora materializada
bajo la forma de dinero incrementado; incremento cuya magnitud determina su
autoconciencia en la sociedad burguesa, o la conciencia de su propia finalidad
como capital: incrementarse. La conciencia de clase de la burguesía está en el
incremento de plusvalor, en la acumulación de capital. Esa es la conciencia de
la burguesía, y no más. Esto comienza a prefigurarse ya en el plan de
producción, pero es toda una forma, donde el contenido no aparece.
Según esta dialéctica sistémica o
sistemática, la contradicción entre el dinero D y la mercancía M
es puramente formal, una simple metamorfosis o cambio formal de una sustancia
bajo la forma de valor idéntica: el trabajo enajenado, común a
los dos polos dialécticos de la contradicción.
En tanto y cuanto D se manifieste como forma y no
exprese su contenido, M se confirma también como una forma de idéntico contenido, que es el
trabajo enajenado, cuya síntesis es otra forma distinta: el capital = D+Ê D, que es la expresión
de un contenido: el trabajo enajenado, porque no puede haber capital sin
trabajo enajenado. Así, en tanto y cuanto Hegel se atiene a la pura forma, en
la fórmula general del capital hay una identidad de los contrarios, porque
reducido a la forma M esto significa que el proletariado acepta la disciplina manufacturera y se comporta
como asalariado, esto es, como una forma de capital, como capital variable. Por
lo tanto, esta relación entre D y M (entre el capitalista bajo la forma de
dinero y el obrero bajo la forma de mercancía fuerza de trabajo) es una
relación dialéctica pero de idéntica naturaleza. Donde no hay nada que permita transcenderla.
Cuando Hegel habla del aufheben
que es la superación que conserva, es decir, que supera lo anteriór en tanto
forma conservándo la sustancia, remite a la teología cristiana donde el Hijo
niega o supera al Padre formalmente conservando su mismo contenido: la
divinidad, la sustancia divina. Del mismo modo, en la medida en que aumenta
cuantitativamente, que se acumula en magnitud de valor, llega un momento en que
el capital se supera, porque de la libre competencia pasa al oligopolio, pero
al mismo tiempo se conserva como capital, cuya sustancia es el trabajo
enajenado, la misma o idéntica en las dos etapas.
Lo reformistas –que camuflan su
esencia contrarrevolucionaria llenándose la boca con la palabra
"dialéctica"- demuestran que nada comprenden de ella cuando dicen que
las leyes que presiden el movimiento económico de la sociedad burguesa formuladas
en "El Capital" están superadas, porque Marx estudió el
capitalismo de libre competencia y ahora estamos en otra cosa. No estamos en
otra cosa, estamos en la misma cosa, sólo que hay un cambio cualitativo. Es la
misma naturaleza, la misma sustancia que se ha metamorfoseado, del mismo modo
que el cambio cuantitativo de calor provoca un cambio cualitativo en el agua,
que pasa del estado líquido al gaseoso pero químicamente sigue siendo agua; su
contenido material es idéntico independientemente de sus cambios de estado
físico. Así, en la filosofía de Hegel, semejante identidad entre el pensamiento
y el ser como reflejo teórico o teorizado de la identidad teológica entre el
Padre y el Hijo, no puede sino sintetizar en algo que no supone cambio
sustancial alguno, sino a lo sumo de nombre, forma o magnitud.
Como hemos dicho ya, el cambio de
magnitud entre (D) y (D') no "brilla" en esta formula
general del capital;
No brilla porque está oculto en el
proceso de producción.
Tampoco las contradicciones reales de
su movimiento en la esfera de la producción. De tal modo, el proceso de
transformación del dinero en capital, o sea, la Idea absoluta de la burguesía,
resulta ser producto de la pura forma del valor económico que se crea, realiza
y reproduce a sí mismo con proyección al infinito sin incidentes ni
interferencias. Lo que refleja la
fórmula general del capital no es ni más ni menos que esto. Y lo que hace Marx
en un principio es demostrar que pesar de ser contradictorio, el capitalismo
funciona. Primero demuestra
eso: que a pesar de las contradicciones cada vez más difíciles de superar, el
sistema funciona como un organismo natural, como un organismo vivo. Luego
demuestra que, a través del desarrollo presidido por las propias leyes de su
naturaleza social, a de crisis en crisis cada vez más catastróficas como
condición de su propia reproducción, tras una dolorosa agonía que se prolongará
todo del tiempo en que la teoría revolucionaria tarde en fundirse con el
movimiento político de las clases subalternas, el sistema de vida basado en la
explotación del trabajo asalariado es conducido hacia la muerte a manos del
proletariado.
La diferencia entre el sistema
filosófico hegeliano y la lógica del capital descrita por Marx, es que la
contradicción dialéctica que expresa la fórmula general del capital lleva
implícito el hecho en sí mismo, desde el punto de vista del contenido -y esto
se pone de manifiesto en las crisis- de que no es una identidad de los
contrarios. Porque el propio decurso de la acumulación lleva a la necesidad del
propio derrumbe del sistema capitalista. Por eso Marx escribe "El Capital", justamente, para
negar toda esta concepción de la identidad de los contrarios. Y esto confirma
el método dialéctico-revolucionario en el sentido de que "todo lo que nace
merece perecer".
Los incidentes e interfencias
generados en la esfera de la producción [entre las dos metamorfosis formales (D
- M) y (M' - D')], constituyen el objeto central de investigación
que Marx ha dejado expuesto en su obra central y que aparecen sintetizados en
la P de la por él llamada "fórmula general del capital":
D - M........P.........M' - D'
Aquí, en el proceso productivo o de
producción de plusvalor P, aparece desplegada la obra del Hijo (el
proletariado como capital variable o trabajo asalariado) durante el proceso de
producción de plusvalor, que es donde se opera el cambio de magnitud entre D
y D', realizándose así la finalidad del plan
de producción proyectado y previsto por el capitalista convertido en Dios Padre
a instancias de su dinero D. En este plan, mientras se
comporte como asalariado, como capital variable, mientras acepte la disciplina
y el régimen social de trabajo, la forma de trabajar o relación
de producción impuesta no importa por qué fracción de la patronal capitalista,
el proletariado, cualquiera sea la virulencia de su lucha frente a su
contrario, es imposible que pueda actuar según su concepto, según
la racionalidad de su fuerza productiva; seguirá actuando según la realidad
actual o verdad histórica relativa ya perimida de la burguesía; seguirá
cumpliendo la finalidad de esa forma social del
trabajo enajenado o relación de producción capitalista dominante, que así
permitirá a la burguesía presentar su sistema de vida cada vez más ficticio y
transitorio, como una forma social absoluta. Aunque, para ello,
cuanto más evidente o menos encubierta se va mostrando la irracionalidad de
este sistema de vida, más debe empeñarse la burguesía en emplear crecientes
medios para combinar la violencia represiva del Estado con la inducción
cultural a las más bajas inclinaciones humanas y a la estupidez política en sus
clases subalternas.
Esto demuestra que, según avanza el
proceso de acumulación y las contradicciones del sistema se vuelven más
difíciles de superar, la decadencia del capital se traslada de la base material
del sistema a sus superestructuras culturales y políticas. Antes de que los
asalariados tomen conciencia de su racionalidad, la fuerza productiva que
encarnan tiene que haber venido superando durante mucho tiempo a la relación de
producción dominante. Esto ocurre durante las crisis periódicas. Por eso dice
Marx que las formas de pensamiento parten post festum, después de los hechos. Lo que viene
pasando con las crisis y las guerras, es que en esos períodos la racionalidad
de las fuerzas productivas supera de forma impropia las relaciones de
producción capitalistas. Las supera de modo inconsciente. El problema a
resolver es que, ante la cada vez más contingente realidad actual del
capitalismo, los asalariados, que encarnan la racionalidad de las fuerzas
productivas en choque cada vez más brutal con las relaciones de producción
burguesas, tardan en comportarse políticamente según lo exige cada vez más
perentoriamente esa racionalidad revolucionaria contenida. Y mientras no se
decidan a ello seguirán confirmándose como parte de la realidad actual del
capitalismo, como contrario suyo que, aunque no lo sea, pasa por ser de
idéntica naturaleza.
D-M y M-D son formas sociales que están determinadas por una forma primigenia o
fundamental, que es la relación entre el patrón y el obrero. Y no puede haber
acumulación de capital sin trabajo asalariado. D-M no se puede realizar si el burgués
compra máquinas pero no tiene trabajo asalariado, el fundamento de todo es el
trabajo asalariado. Esto supone la separación entre los propietarios de los
medios de producción y los propietarios de la fuerza de trabajo. Y esa es una
forma fundamental, que es la forma de valor, que es la relación entre el
brugués y el obrero.
Marx dice que sin forma de valor no
hay valor, o sea, que la forma de valor regimenta, el trabajo social, que así
se ve compelido a comportarse como trabajo enajenado, como capital variable,
donde el proceso de trabajo está supeditado al proceso de valorización, y el
proceso de valorización está determinado por una forma social que es la
relación entre los nudos o simples propietarios de la fuerza de trabajo y los
propietarios de los medios de producción. El fundamento de todo esto está en la
forma de propiedad capitalista, en la propiedad privada sobre los medios de
producción. La revolución consiste en liberar la sustancia, el trabajo social,
quitándole el cepo de la forma de valor en que permanece aprisionada. Y ese
cepo es el trabajo asalariado, categoría determinada por la propiedad privada
sobre los medios de producción. Liberando el trabajo social de su condición de
asalariado al servicio del capital, se abre la posibilidad real de iniciar el
proceso irreversible hacia la concreción de la Idea superadora del comunismo,
donde los trabajadores actúen según el concepto de la fuerza productiva, y la
realidad pueda ser aprehendida directamente como sustancia, sin pasar por las
horcas caudinas del "parecer" y el "aparecer" de la
esencia.
En síntesis, que según avanza el
proceso de reproducción ampliada, la burguesía encuentra mayores dificultades
para morigerar los efectos sociales de sus crisis periódicas, tardando cada vez
más en superar las ondas largas de crecimiento lento como consecuencia de la
sobresaturación del capital ya acumulado. Y no ha podido evitar las grandes
confrontaciones a causa de sus obligados ataques contra las condiciones de vida
y de trabajo de los explotados. Pero, sin embargo, ha venido demostrando tener
mayor capacidad que en el terreno económico en su tarea de hacer pasar la
dialéctica entre capital y trabajo como una identidad de contrarios, logrando
que una gran mayoría de asalariados asimilen el sistema burgués a la noción
hegeliana de la Idea absoluta. Más por hegemonía ideológica que por violencia
política.
Del mismo modo que la forma de valor
no puede evitar las crisis sino que, al contrario, son consustanciales a ella,
las formas políticas de la burguesía -como la democracia de mercado o los
fentes policlasistas- no pueden evitar las luchas del proletariado, pero desde
dentro de ellas es imposible que pueda comportarse según su propio y libre
concepto de clase, que pueda desplegar políticamente la racionalidad
revolucionaria de su fuerza productiva.
En este punto nuestro discurso
entronca con lo que nos ha enfrentado a Rafael Pla López:
<<Ciertamente, por el hecho
material de encarnar la ausencia de toda propiedad sobre las condiciones
objetivas de su trabajo (es decir, los
medios de producción) y ser, por tanto, un mero objeto en
la producción capitalista, el proletariado no tiene ningún fuero político
especial que reclamar dentro de la sociedad burguesa. Por lo tanto, como polo
de la contradicción dialéctica entre el proceso de trabajo y el proceso de
valorización, es decir, como sujeto político, el proletariado jamás está en
relación de identidad con ninguna clase de esta sociedad. En ningún momento. Ni
con sus <<enemigos más irreconciliables ni con sus >> aliados más o
menos coyunturales. Pero la unidad contradictoria de los opuestos constituye el
contenido o la sustancia de la lucha de clases, y en ese contenido está la
fuerza que tiende con la necesidad de un proceso histórico-natural al cambio
revolucionario de la sociedad. De no ser así, el inefable Fukuyama tendría
razón.
Pero la cuestión a debate no está en
el contenido de la lucha de clases bajo el capitalismo sino en las formas
políticas que en determinado momento adoptan los contrarios en la sociedad...
...Pla no niega la lucha de clases.
Dice: los contrarios no son idénticos porque tienen intereses opuestos. El
contenido de clase de la burguesía y el proletariado no constituye una
identidad sino al contrario. Nosotros le decimos que el problema no está en el
contenido de la lucha de clases, por los intereses presentes e históricos
determinados por la forma de valor. El problema está en el olvido de los
contenidos a la hora de adoptar las formas políticas de la lucha de clases.
Porque así como la forma económica del valor convierte al trabajo social en
trabajo asalariado, en capital variable, en una identidad con el capital, las formas políticas
burguesas como el parlamento o los frentes policlasistas permiten reproducir en
la superestructura la identidad de los contrarios generada en la base material
del sistema por la forma del valor...
...Y el caso es que si a la hora de
adoptar una forma política de lucha se hace abstracción no sólo de las
condiciones de la lucha sino de su contenido, de la necesidad del cambio
revolucionario, sea porque no se lo comprende o porque no conviene y se lo
escamotea deliberadamente, la unidad de los contrarios se resuelve en
identidad, es decir, en la continuidad de la autovalorización del capital a
instancias del trabajo enajenado, como de hecho ha venido ocurriendo y es
práctica recurrente en la historia del movimiento obrero.
Este mismo razonamiento aparece en el
siguiente pasaje que, por lo visto, se te ha pasado por alto:
<<...se vieron estos principios
de la dialéctica marxista ratificados por la historia de China entre 1924 y
1927?
Terminantemente sí, pero no. Con esto
queremos decir que la dialéctica materialista se ha confirmado a pesar de
quienes pasaban por ser marxistas. Se ha visto confirmada a despecho de la
contumaz política reaccionaria de la Comintern, en su empeño de mantener al
Partido Comunista Chino maniatado dentro del frente de clases, en su interés
por convertir la unidad de los contrarios en una identidad hegeliana de
naturaleza capitalista: el Kuomintang. El paradójico "sí pero no" de
la respuesta a esta pregunta, está en que la lucha de los obreros y campesinos
chinos desbordaron ese experimento político a contrapelo de la historia, pero a
costa de una estrepitosa derrota de la revolución en ese país....
...En los hechos los militantes del
P.C.Ch.y los asalariados y campesinos sobre quienes tenían influencia
desbordaron al frente popular pero desde la perspectiva político-organizativa
del frente popular, desde la perspectiva de la identidad de los contrarios,
porque una vez triunfantes depositaron su confianza en la burguesía nacional
"aliada" procediendo a entregar sus armas al Kuomintang. Por lo
tanto, la lucha se saldó en derrota. Es decir, se confirma que desde el punto
de vista del contenido los contrarios no son idénticos, por que de lo
contrario, la matanza de los revolucionarios en Shangai ordenada por Chang Kai
Shek, el aniquilamiento de uno de los polos de la contradicción dialéctica al
interior del frente de clases, no tendría explicación. Pero se confirma también
que en tanto el proletariado asuma la lucha de clases mediante formas equivocadas, lo que hace es confirmar la identidad de los contrarios
y sellar la derrota por anticipado, porque la burguesía niega la lucha de
clases en la teoría pero la asume con todas sus consecuencias en la práctica. Y
sobre esto, la matanza de Shangai ha sido uno entre multiples ejemplos en la
historia del capitalismo...
...El problema que plantea el
divorcio entre la elección de las formas políticas y el contenido social de la
lucha de clases en la sociedad capitalista, remite al divorcio entre libertad y
necesidad, entre práctica política y teoría revolucionaria. En esto te das la
mano con nuestros colegas, los "camaradas anónimos"
Este constante divorcio entre
libertad y necesidad, entre práctica política y teoría revolucionaria, es lo
que Rosa Luxemburgo atribuyó al oportunismo típico de los reformistas dentro
del movimiento obrero:
"¿Y qué es -se pregunta ella- lo que caracteriza a los oportunistas?" Y
contesta: "Su hostilidad contra la teoría. Y esto es muy natural, pues
nuestra teoría, es decir, los principios del socialismo científico,
establece líneas marcadísimas para la actividad práctica, tanto con respecto a
los fines como a los medios de lucha a emplear y a la forma de combatir...
...El concepto de libertad está
íntmamente vinculado a la necesidad. La libertad se pone de manifiesto en la
medida en que se comprende la necesidad, la libertad de un trabajo se pone de
manifiesto en el conocimiento de la materia prima y del instrumento con el que
uno trabaja, que permite realizar la tarea de acuerdo a una finalidad, y es
donde se concreta la libertad, en la tarea bien hecha. Porque la libertad no se
asume más que en una obra, no se realiza más que en una obra. El concepto de
libertad absoluta no existe, existe solamente en la imaginación de los
anarquistas, de los pequeño-burgueses y de los idealistas. Pero no puede haber
libertad sin necesidad. Es decir, uno no puede hacer lo que le dé la gana. La
libertd es un concepto siempre relativo. No es absoluto. El concepto de
libertad absoluta es idealista puro, es voluntarista, pero no tiene nada que
ver con la historia.
Los reformistas se independizan de la
teoría revolucionaria para someterse a los dictados de la sociedad burguesa.
Por eso terminan diciendo que la política es el arte de lo posible; de lo que
te permite la burguesía. Pero al mismo tiempo dentro del partido piden libertad
de movimiento.
...Por ello, muéstrase en aquellos
que no pretenden conseguir más que resultados prácticos (inmediatos dentro del sistema), la tendencia natural a pedir
libertad de movimientos, esto es, a separar la "teoría" de la
práctica, a independizarse de aquella. Porque esta teoría se vuelve contra
ellos en todo momento (Rosa Luxemburgo: "Reforma o
revolución" Cap. V. El subrayado y lo entre paréntesis es nuestro)
Esta descripción magistral que Rosa
Luxemburgo ha hecho del oportunismo, fue completada posteriormente por los
comunistas de izquierda alemanes y holandeses, al comprobar por experiencia
propia que es imposible instalarse en el oportunismo sin acabar haciendo
política contrarrevolucionaria abierta:
"En resumidas cuentas, no se
puede tachar de oportunista a un partido más que si de da por supuesto que en
el fondo es aun revolucionario (puede ser una
desviación momentánea), pero que se deja llevar por el
recurso a unos medios fáciles para lograr el objetivo, medios que, de hecho, no
permitirán en modo alguno alcanzar dicho objetivo. Este reproche no es válido
más que por poco tiempo. O bien el partido vuelve rápidamente a una actividad
en consonancia con la meta y los principios (demostrando así que no se trataba
más que de una desviación momentánea, no esencial, ligada por ejemplo a la
dominación pasajera de jefes efectivamente extraños al movimiento
revolucionario). Este caso es muy raro; probablemente no se ha dado nunca y no
introduce aquí más que una falsa simetría. O bien se verifica que sus primeras
desviaciones están seguidas por otras, que el partido no tiene nada de
revolucionario, que su naturaleza, su meta es, el poder para él, para sus
jefes, y que de todos modos, lo más importante para él es su propia
conservación y en consecuencia la del orden actual." (J.Barrot y D. Authier: "La izquierda comunista en
Alemania" Cap. II)
El problema no está, pues, en que
-dadas determinadas condiciones- ciertas organizaciones políticas de
composición obrera establezcan alianzas "más o menos coyunturales"
con determinadas fracciones del capital. El problema se plantea cuando -a instancias
de sus alianzas convertidas en política de partido- estas organizaciones pasan
a constituir una identidad política con el capital en su conjunto. El P.C.E.,
lleva sosteniendo una política de "alianza coyuntural con el Estado
imperialista español desde hace ya más de veinte años." Casi un cuarto de
siglo sin sacar los pies del tiesto capitalista. Menuda coyuntura practicando
el oportunismo". A ti qué te parece.
Respecto de esto último aceptamos la
crítica de los compañeros del P.C.I. En realidad, la colaboración del P.C.E.
con el Estado imperialista español data de 1932 tras la destitución de
Bullejos, cuando se orientó según la tesis stalinista del frente popular con su
táctica parlamentaria implícita en estratégia de la república burguesa. Así lo
consignamos en el apartado 3 del punto IV correspondiente a nuestra
comunicación a Rafael del 15/08/99 donde decimos lo siguiente:
<<En definitiva, el PCE es la
izquierda del sistema, que no quiere abandonar, que no ha abandonado jamás
desde que, en 1932, la dirección del partido encabezada por José Bullejos, fue
sustituida por un equipo de reformistas dirigidos por José Días, Dolores
Ibarruri, Vicente Uribe y Jesus Hernández. Desde entonces, jamás fueron capaces
de adoptar la táctica (...) que no es otra que elaborar una alternativa de
poder al actual sistema, es decir no tener como objetivo el sufragio universal
y la participación en las instituciones del "Estado actual", si no
una alternativa superadora del "Estado actual">>.
Con esta larga pero más que nunca
necesaria intelección acerca de la distinción entre Hegel y Marx en torno a la
dialéctica, esperamos haber contribuido a clarificar aspectos teóricos que
estimamos de la mayor trascendencia política, para facilitar el entendimiento y
acuerdo en la tarea de constitución de un verdadero movimiento revolucionario
internacional en el futuro más próximo posible.
GPM - Madrid octubre de 2000
Grupo de Propaganda Marxista

