© Libro
No. 356. Antología poética.
Harold Alvarado Tenorio. Colección Emancipación Obrera. Diciembre
1 de 2012.
Título original: © Antología poética de Harold
Alvarado Tenorio. Harold Alvarado
Tenorio
Versión Original: Antología poética de Harold
Alvarado Tenorio. Harold Alvarado Tenorio
Circulación conocimiento libre, Diseño
y edición digital de Versión original de textos:
http://www.ellibrototal.com/ltotal/
Licencia
Creative Commons:
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los
autores
No
comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No
derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada
e Ilustración de: (Sic)
Editorial. http://www.ellibrototal.com/ltotal/
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
Biografía

Harold Alvarado Tenorio, hijo y nieto de carniceros, nació
en un pueblo [Buga] del Valle del Cauca, tres años antes [1945] del
asesinato de Jorge Eliecer Gaitán.
Protegido por sus tíos maternos, aprendió a leer, escribir, sumar
y restar sobre hojas de pizarra en la escuela de una descendiente de esclavos y
más tarde en un colegio dondeun matemático y geógrafo le enseñó la vastedad del
mundo en un desvencijado globo terráqueo mientras le hacía leer en Oscar Wilde,
Shakespeare, Jorge Isaacs o Knut Hamsun, como lenitivo a las monsergas de los
presbíteros del régimen de Gustavo Rojas Pinilla.
Expulsado de todos los colegios de su pueblo por relapso a los
dogmas de la iglesia católica y sus rudimentarias ideas políticas afines al
presidente Mao Zedong, su tío le llevó, en una reluciente Ford 1960 a través de
la canícula de los valles del Cauca y el Tolima hasta la sabana de Bogotá, a
2600 metros de altura, donde de nuevo dio con la iglesia y fue desterrado de
otros centros de estudio, frecuentaría la cafetería El Cisne, alternando
con la flor y nata de la cultura bogotana de esos años mientras hacía
excursiones a los escasos establecimientos de cultura de entonces,
situados cerca de la pensión y el bar taurino de un cordobés, donde vivió
entre banderilleros, actrices, espadas, cantantes y vates del inframundo
mientras intentaba concluir el bachillerato en un cuchitril con nombre de
barbitúrico de propiedad de una pareja de cripto comunistas, frente a la
Biblioteca Luis Ángel Arango, donde descubriría a Jorge Luis Borges, Jean Paul
Sartre y Albert Camus, tres de sus fetiches de juventud.
A poco de terminar el bachillerato fue a la capital de México donde
ingresó a la escuela de teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes,
hasta cuando, al ser admitido en la nueva carrera de Letras de la Universidad
del Valle, regresó al país, luego de un viaje por Centro América con una prologada estadía
entre los Caribes Cunas.
Algunos de sus compañeros de estudio en la Universidad del Valle serían
también poetas, novelistas, defensores del medio ambiente, guerrilleros y
políticos de bufete y corbata. Un puñado de intelectuales educado por Jorge Zalamea, que dirigía el Taller de
Escritores; Edward Stresino, partidario de las teorías de Fenollosa,
lector de Walley y Pound; Walter M. Landford,
experto en la novela de la revolución mexicana; el medievalista Antonio Antelo;
el compositor León J. Simar; los lingüistas Herbert Hilsen y Elbert Moore; el
director de teatro Delio Merino; el hispanista Armando Romero Lozano o John
Neubauer, exegeta de las relaciones entre la música y la poesía de Trakl,
Wagner, Nietzsche, Mahler, George, Bartók, Rilke, Schönberg o
Hindeminth, y Jean Bucher, quien
no sólo orientó su tesina sobre Borges sino que durante varios semestres leyó
con sus estudiantes en Malraux, Camus, Valery y numerosos poetas de expresión
francesa.
Licenciado en Letras, fue a Berlín con el propósito de estudiar en la
Universidad Libre, pero ante la imposibilidad de aprender alemán mientras
trabajaba en una panadería vivió un año frecuentando rebeldes y marginados, al
tiempo que visitaba la biblioteca del Ibero-Amerikanisches Institut para leer y
fichar materiales sobre la obra de Jorge Luis Borges, sobre quien escribiría,
en Madrid, un extenso ensayo sobre el juego y la literatura en los años de la
transición de la tiranía a la democracia.
De regreso en Colombia pasó una temporada en el sur, participando en
levantamientos populares hasta derrocar varios gobernantes corruptos y a
finales de los setenta ya estaba en New York, donde trabajaría en el
departamento de español de una escuela para señoritas de pro, realizando un
extenso programa de difusión de la literatura de América Latina.
De estos años son sus traducciones de la poesía de Kavafis y Eliot y
la publicación de Recuerda cuerpo, Espejo de máscaras, Biblioteca o
la obtención del Premio Internacional de Poesía Arcipreste de Hita por El
ultraje de los años.
En la Universidad Nacional de Colombia impulsó la creación de la carrera
de estudios literarios tras años de desprecio por las literaturas nacionales,
fue Director de Departamento de Literatura, realizando actividades como
periodista en el diario La Prensa donde llevó por más de un lustro la página de
Cultura, que le valiera el Premio Simón Bolívar.
En Beijing trabajó como asesor cultural de la Editorial China hoy, y
publicó una antología dePoemas chinos de amor, que luego ha sido
reeditada en varios países.
Luego de haber sido expulsado de su casa de campo en un municipio del
Bajo Magdalena y sobrellevado severos quebrantos de salud, desde los primeros
años del nuevo siglo creó la revista virtual e impresa Arquitrave,
de la cual es director.
Su poesía ha sido traducida a varios idiomas y colabora con diversos
medios literarios y periodísticos de América y Europa.
http://www.haroldalvaradotenorio.com/biografia.html
Obras de Harold Alvarado Tenorio
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Antología poética
Harold
Alvarado Tenorio
Fuente:
http://dintev.univalle.edu.co/cvisaacs/index.php?option=com_content&task=view&id=1254&Itemid=5
Dirección
y responsabilidad del proyecto:
Fundación el
Libro Total
Diseño,
diagramación y corrección:
(Sic) Editorial
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
La Fundación El Libro Total
y (Sic) Editorial,
son proyectos de responsabilidad social
e intelectual de la firma
Sistemas y Computadores S.A.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
La poesía
¿Qué eres sino
la visión de la noche?
Todo lo nocturno
te pertenece.
Invitas a los
espléndidos banquetes de los
sueños
y a las no menos
espléndidas vigilias de la
realidad.
Viajas con el
hombre y la mujer como si
fueras
la llama de sus
ojos, el bordón de su
felicidad
o el humo espeso
de los amaneceres.
Para ti, madre
del dolor, sólo hay gloria y
pesar,
el mediodía no
está escrito en tus agendas.
Ninguna otra
cosa eres, poesía,
que la más alta
sima donde el loco,
los mortales,
los desheredados
de la suerte y la fortuna,
encuentran
cobijo.
Tú, la
detestada, la leprosa, la purulenta,
eres la mejor de
las hembras
la mejor madre.
La mejor esposa
la mejor hermana
y la más larga y
gozosa de las noches.
Antología poética de Harold Alvarado
Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Lector
Lector de libros
inútiles
mira tú vientre
adiposo
y tus manos
corroídas por la artritis.
¿De qué
sirvieron
las horas
gastadas en pos
de una belleza
de papel y palabras?
Más hubiese
valido
saborear, ahora
que ella te ronda,
las fragancias
que ofrecía de joven.
La vieja
desdentada no dará más de sí
como tú mismo,
hoy que lamentas
los días y los
meses de comercio
con libros y
metáforas.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Mientras limpio
las patatas
la buena de
Sichuan
–torpe como
nunca–
va colocando los
platillos de arroz, nueces,
salsa picante,
hojaldre, bróculi,
para que
almuerce, todavía,
por tres pesos
con cuarenta centavos, plus
taxes.
Voy con un
taxista que masca un inglés de
las islas
y nada sabe de
este mundo
excepto que
mañana tendrá
que trabajar de
nuevo,
que trabajar de
noche,
que trabajar de
día
y así hasta el
fin.
O puede ser
Regas quien venga
cuando traduce a
Vallejo en medio del largo
invierno
y los clientes
se sacan el abrigo y lo cuelgan
y saludan y
piden un suvlaki, un litro de
Retsina,
unos pastelitos
de almendras y saludan y
conversan
con un profesor
de arameo y la vieja Rae
Dalven
o el cantor del
bolo alimenticio,
nuestro peruano
Carlos Germán Belli,
sonriente y
calvo en su camisa de tortuga.
Mi sucio barrio
se transforma
en el costado
sur del Central Park, en alto
verano,
con sus
pirámides a los Padres de la Patria,
que miran,
cada solsticio,
la húmeda soledad de estas
calles,
su olor a goma
ardiente
y los caballos,
galeotes del coche,
meten la cabeza
entre las zanahorias
aliviando la sed
del tiempo.
New York de la
miseria y la opulencia,
con tus desfiles
de blancos que se quejan,
de negros que se
quejan,
de amarillos que
se quejan,
de nuestros
hermanos que sangran
por los treinta
pesos diarios
y las ilusiones
rotas
y el alma
quebrada en mil pedazos.
Vestida de
blanco
espera a la
salida del metro, sin bragas,
como siempre.
El hediondo
motel con su porno rayado
les vería
consumir las cinco tandas de carne
y agua
con que saciaban
la muerta vida.
Y no volvería a
verla
ni a saber de su
madre enferma
y su marido que
la golpeaba antes de hacer
el amor,
ni a saborear
sus nalgas cubiertas de un
velo dorado
y el perfume de
su sexo
más parecido a
max factor
que a un coño
importado del trópico.
Abres la puerta
y la calle San
Marcos
se puebla de
muchachos de pelo ensortijado
que buscan un
abrigo viejo
para estar a la
moda
y compran
chucherías de segunda
para estar a la
moda
y se cortan el
pelo a lo podrido
para estar a la
moda
y consumen todo
lo consumible
para estar a la
moda
y bailan como
potros de trote
para estar a la
moda
y muerden
imperdibles a sus mejillas
para estar a la
moda
comiendo entre
cucarachas
yogur y arroz
violeta y pollo tiznado de
achiote
y carne de
cordero de verde podredumbre
que ofrece un
hindú
con la sonrisa
hueca y fétida.
New York
De la comida
barata
y la barata
cerveza
y la vida
barata.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Dulce enemiga
que llevas al
hombre
más allá de sí
mismo.
Adoro tus
perfecciones
y tus fulgores
sobre mi cuerpo helado.
Recorres a
zancadas
los cielos –nada
apacibles–
y las estrellas
incesantes
y las estrellas
quietas.
Bella al alba y
al crepúsculo
dueña de la vida
todo te
magnifica.
Ante vosotros
llego
soberanos de la
gran ramera
con la vieja
segadora de vidas.
Otorgadle,
como a los
secuaces del gran negocio,
pasteles y agua
y aire
y una casa
solariega en Manhattan.
Retrocede, Sui,
viejo cocodrilo
no me acometas
vete
no cortarás mi
juventud.
Mis versos
como cuchillo de
pedernal,
mis versos
como muelas de
joven caballo,
destruirán tus
ojos y tu boca.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Bodas de plata
La belleza de tu
rostro
y la dulzura de
tu voz bastaron
para que te
amara.
Un año pasamos
juntos
y luego a él
regresaste.
Ahora, que de
nuevo le engañas,
te duele el
corazón
y ante a mí
crece tu
desgracia:
has comenzado a
envejecer.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Que el poema la
retrate
sólo como la
viste en el tiempo
que quiso darse
a tus ojos y a tu alma.
Hecha de la dura
memoria de la carne,
mostraba la
astucia y el candor
de quien
presentía
la huella que
deja otro corazón.
Así la deseabas.
Querías
someterte al desdén que promete
el oro de la
juventud.
Estabas
dispuesto
a sufrir el
rigor de sus ojos de hembra
del mejor
cabaret: la vida.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Café beach café
El amargo sabor
de los sueños
volverá para
darte una muchacha
con el pelo
suelto
contando recibos
del paso del día.
Desnúdate de ti
y ella vendrá a
vestirse
con las caderas,
los ojos y los gestos
que hubo en tu
camino
ese verano del
ochenta y dos.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Creyendo que la
mejor cura contra la
melancolía
eran esas
superficies radiantes y abiertas
fuiste hasta las
memorables ruinas
y viste la
estatua de basalto
que del cuerpo
de Antonio hicieron.
Grecia era el
testimonio, bajo esa copiosa
y virulenta luz,
de cómo solo lo externo
tiene propia
existencia.
Ética y belleza
eran una y lo
mismo.
Tallar el cuerpo
era
tallar también
el alma.
Curar el odio a
si mismo
era curar la
soledad.
De vuelta a
casa, liberado ya del pasado,
con aquellas
camisas de colores chillones,
tus negros
pantalones de tres prenses,
tus zapatos
puntiagudos y habaneros,
el desnudo pecho
mostrando la cadena
de oro macizo y
los cinco medallones
entrabas al
Blanche y pasabas las noches
bebiendo cubatas
y quemando porros.
Todas y todos
eran tuyos.
Te enamorabas,
sin duda.
Amabas tanto los
ritos de la carne,
su lenguaje y
sus palabras
que incluso
ahora, cuando escribes,
no sientes,
tampoco, interés alguno
por el
"acto final".
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Cuando fuimos
uno con otro
contamos
numerosas estrellas
Cuando hacíamos
el amor
las noches se
detenían en la nuestra
Cuando de toda
palabra nos recibíamos
escribíamos un
libro
Los dioses no
han sido derrocados
y su poder nos
asignó varios caminos
Cuando nos
separamos
todo retornó al
futuro y al vacío
Habíamos
recobrado nuestra contingencia
y el pasado
habitaba en la memoria.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Dónde
¿Dónde posar el
pie,
dónde el poema?
¿Por qué las
llagas nos cubren
y el escarnio te
cerca a toda hora?
Sueño del hombre
y su sombra
ninguno sabe que
uno es sombra de otro
nadie sabe si
sueña o está muerto.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Happy New Year
Cruzamos
trece mil
novecientos kilómetros
para
encontrarnos
pero, como es
habitual en ti,
cambiaste el
parecer.
Oh, tú, nacida
en un Diciembre
inconstante,
de grandes ojos
de novilla,
de fina cintura
y pies
diminutos,
dueña de un Loto
Dorado
voraz e
insaciable.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Hoja de otoño
Hoja de otoño,
no percibes
el saludo y el
beso,
el cuerpo
detenido en un lecho de aroma,
la mano y el
labio en la boca,
la carne y el
ojo en los ojos.
Viento de otoño
vuelto hacia dentro.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Un día
preguntaron qué deseaba
y le trajeron
aquella que había perdido en
su juventud.
Después de siete
lunas y siete sonrisas
un hueso de uva
le separó de sus
brazos
de su perfume
y sus ajorcas.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
La luna, esta
noche, la que nunca ha vuelto
vendrá para
nosotros.
Porque hemos
mentido, como en las lunas
de ayer.
No habrá segunda
parte esta vez.
Nuestro amor ha
de ser como nunca fue,
un insensato
amor, amor de dos
que nada
necesitan ni nada desean
más que amarse.
Nuestro amor
será así
o no será.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
M.M.C.
Miro tu rostro.
Imagino que
habríamos sido felices
si fuera joven
como tú,
sin un pasado,
sin las
convicciones que compramos al tiempo.
Miro tu rostro
y confirmo
que nada tiene
ya sentido:
tu hermosura
debería ser mi sal de cada día
tu juventud me
haría vivir otros veinte
años.
Miro tu rostro
y me pregunto:
¿Quién
estableció esta rutinaria separación
de edades?
¿Quién la
fidelidad como hierro
inamovible?
¿Quién nos quitó
la realidad
y sólo nos dejó
el deseo?
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Su memorable voz
una noche de
Octubre, sobre la puerta.
Su cabeza
coronada con hiedra, violetas
y numerosas
cintas de colores.
El equilibrio de
su cuerpo
dejando oír,
cómo una noche,
recostado en
aquel a quien amaba,
rogando
compartir su cuerpo
obtuvo sólo una
mirada.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Pericles Anastasiades, el año de 1895
Para Raúl
Lecuona Rodríguez
Vagos, son ya,
los rostros de su rostro
vaga, también,
la forma de sus manos
lejos, está, su
aliento de mi boca
su pequeña
estatura
sus quince años
Sólo un ayer
ocupa mi memoria
nuestro pequeño
amor
nuestro pequeño
mes
hace diez lunas
De repente
en la alta noche
tus ojos, de
púrpura vestidos,
tus labios
labios de un
amor apresurado
tus largos
brazos
brazos de
inolvidable carnadura
aparecen
¡Cuánto he
perdido buen Dios
Cuanto he
perdido!
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Portero de noche
Bajo el arduo
sopor del mediodía
Vuelvo y veo tus
ojos, esa noche.
Al volver
abriste la puerta
y para verme
mejor preguntaste la hora:
eran la una y
cuarto.
Tu cuerpo exigía
otro cuerpo.
Y eso obtuviste.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
De cada noche
que vivimos
recuerdo
implacable tus caderas.
Como nunca,
nadie
ofreció iguales
placeres.
Como nunca,
nadie
extrajo de mí la
vida.
Dicen que ahora
otro,
tan alto como
yo,
complace tus
caprichos
y los de tus
padres.
Soy sólo un
escribano
y debo componer
tres mil
caracteres cada día.
Apenas sirvo
para dar placer.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Nada fue fácil
para él.
Nada difícil.
El tiempo
dispuso para su corazón
buenas y malas
tardes
hasta cuando
sufrió el desdén,
la frialdad, la
escasez de una mirada.
Se duele el
hombre en lo que ama
se duele la
mujer.
Los tiempos han
dispuesto
buenas o malas
tardes.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
Mientras más te
cerque el día definitivo
mayores goces
encontrará la carne.
Busca una joven
y cantarás con ella
lo que une y
entrelaza.
A vuestro
alrededor,
jóvenes
rozagantes
se disponen a
tocar tus brazos.
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
La delicia de
las cosas
reposa en el
paladar.
Desgraciado
quien llegado a
los treinta
sólo ha probado
un lado del placer
y gustado sólo
una caricia.
Proverbios
Antología poética de Harold Alvarado Tenorio
Harold Alvarado Tenorio
No hables
Mira cómo las
cosas a tu alrededor se
pudren.
Confía sólo en
los niños y los animales
y de los
ancianos aprende el miedo de haber
vivido demasiado.
A tus contemporáneos pregunta sólo cosas
prácticas
y comparte con ellos tus fracasos, tus
enfermedades,
tus angustias, pero nunca tus éxitos.
De tus hermanos ama el que está lejos
y teme al que vive cerca.
A tus padres nunca preguntes por su
pasado
ni trates de aclarar con ellos tu niñez y
juventud.
Con tu patrón no hables, escríbele y nunca
le cuentes
tus planes futuros y miéntele respecto a tu
pasado.
Con tus colegas habla del clima, el aumento
de salario
y elogia con vigor sus faltas.
Ama a tu mujer hasta donde ella lo permita
y si llegas a tener hijos, piensa que,
como en los juegos de azar,
podrás ganar o perder.
El destino no existe.
Eres tú tu destino.
Y si llegas a la vejez da gracias al cielo por
haber vivido largo tiempo,
pero implora con resignación por tu pronta
muerte.
Los que no tenemos dinero ni poder
valemos menos
que un caballo, un perro, un pájaro o una
luna llena.
Los que no tenemos dinero ni poder
siempre hemos callado
para poder vivir largos años.
Los que no tenemos dinero ni poder
llegados a los cuarenta
debemos vivir en silencio
en absoluta soledad.
Así lo entendieron los antiguos,
así lo certifica el presente.
Quien no pudo cambiar su país antes de
cumplir la cuarta década
está condenado a pagar su cobardía por el
resto de sus días.
Los héroes siempre murieron jóvenes.
No te cuentes, entonces, entre ellos.
Y termina tus días
haciendo el cínico papel de un hombre
sabio.

