Libro No. 330. Prensa Escrita y Teoría de los Discursos Sociales. Veron, Eliseo.
© Libro No. 330. Prensa Escrita y
Teoría de los Discursos Sociales. Veron, Eliseo. Colección Emancipación
Obrera. Julio 28 de 2012.
Título
original: © Prensa Escrita y Teoría de
los Discursos Sociales: Produccion, recepcion, regulación. Veron, Eliseo.
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Original: © Prensa
Escrita y Teoría de los Discursos Sociales: Produccion,
recepcion, regulación. Veron,
Eliseo.
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reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
Eliseo Veron
Prensa Escrita Y
Teoria De Los Discursos Sociales:Produccion, Recepcion, Regulacion
Dentro del contexto de nuestras sociedades
posindustriales mediatizadas, la prensa escrita representa un dominio realmente
excepcional para el analista de discursos, en búsqueda de un campo propicio
para la prueba de sus hipótesis teóricas y para poner a prueba sus instrumentos
de descripción: la prensa es, por un lado, una suerte de laboratorio para el
estudio de las transformaciones socioculturales de los grupos sociales y para
el estudio de las relaciones entre estas transformaciones y la evolución y el entrelazamiento
de los géneros discursivos; admite una red de producción de discursos cuya
complejidad aspira a poner en acción un cuadro conceptual de múltiples niveles,
capaz de enfrentar tal complejidad.
El objetivo de este trabajo es hacer un recorrido general
por este cuadro conceptual, recordando, al mismo tiempo, ciertos problemas que
se presentan cuando se aborda el terreno de la prensa escrita desde el punto de
vista de una teoría de la discursiva social.
Algunos comentarios a guisa de introducción.
Una teoría de los discursos sociales, antes que nada, no
considera la prensa escrita como lugar (entre otros) de manifestación de las
reglas de la lengua, sino como uno de los terrenos donde se diseñan, bajo una
forma dominante específica –la de la materialidad de la escritura - los objetos
que le son propios; los discursos. A propósito de la prensa escrita, dicho de
otro modo, se la debe recorrer dentro de la teorización de los objetos
discursivos.
En segundo término, no creo que se llegue a una teoría de
lo discursivo por prolongación-modificación de una gestión lingüística
(cualquiera que sea). La prensa escrita es precisamente un buen dominio para
ejercitar la única estrategia posible a mi criterio, consistente en
confrontarse con lo complejo como tal, a su propio nivel, sin caer en la
ilusión según la cual a partir de lo simple, por composición y con paciencia,
se llegará a lo complejo.
En tercer lugar, si se parte de objetos complejos, los
macro-funcionamientos discursivos sobredeterminan los micro-funcionamientos del
lenguaje. Es por eso que algunos macro-conceptos son aquí fundamentales. Es a
nivel de los macro-funcionamientos que se puede emprender la toma de las condiciones
productivas sobre los discursos, y por lo tanto, la enraización de estos
últimos dentro de la sociedad y de la evolución histórica.
Los lugares de manifestación de estos
macro-funcionamientos discursivos son, en nuestras sociedades industriales, los
medios de comunicación. El término “medio” señala, para mí, no solamente un
dispositivo tecnológico particular (por ejemplo, la producción de imágenes y de
sonidos en un soporte magnético, sino la conjunción de un soporte y de un
sistema de prácticas de utilización (producción/reconocimiento). El video
doméstico, que conduce al registro de escenas de la vida familiar, y la
televisión de audiencia masiva no se diferencian debido a la naturaleza del
dispositivo tecnológico; pero no se trata realmente, en un caso u otro, del
mismo medio. Los diferentes procedimientos que concluyen a lo escrito impreso,
no son sino dispositivos técnicos. La prensa escrita de lectura masiva es un
medio; el equipo computador personal-impresor que ha hecho entrar a lo
escrito impreso en el universo de los usos individualizados está
probablemente creando otro medio, absolutamente nuevo. El “medio de
comunicación” es por lo tanto para mí un concepto sociológico y no
tecnológico.
El Análisis en producción: tipos, géneros, estrategias.
Llamo ‘sistema productivo’ a la articulación entre la producción
y el reconocimiento de los discursos producidos. En el plano de los
macro-funcionamientos, y para un análisis en producción, distinguiremos tres
nociones: ‘tipo’, ‘género’ y ‘estrategia’. Se trata de una gestión típicamente
empírica, la falta de criterios teóricos elaborados en la actualidad convierten
en imprecisas las fronteras entre estos macro-conceptos. Por ausencia de una
tipología del discurso teóricamente constituida, nos vemos obligados a partir
de ciertos niveles –y en el interior de cada nivel, de ciertos cortes- que
aparecen en el seno mismo del sistema productivo de los discursos mediáticos.
En las consideraciones que siguen, no tengo en cuenta sino el caso de las
sociedades industriales y posindustriales de régimen democrático.
Tipos
Para la noción que trata el ‘tipo’ de discurso, me parece
esencial asociarlo, por un lado, a las estructuras institucionales complejas
que constituyen los “soportes” organizacionales, y por otro lado, a las
relaciones sociales cristalizadas de ofertas/expectativas que son los
correlatos de estas estructuras institucionales. Por supuesto, estas
estructuras institucionales y estas configuraciones de ofertas/expectativas no
pueden ser tratadas simplemente como datos sociológicos “objetivos”; unos y
otros son inseparables de los sistemas de representaciones que, en
producción, estructuran lo imaginario donde se construyen los rostros de
los emisores y de los receptores de los discursos.
Se considera incorrecto, por ejemplo, que se pueda
definir el discurso político como tipo, sin conceptualizar su anclaje en
el sistema de los partidos y en el aparato del Estado, por un lado, y sin
teorizar, por el otro, las modalidades a través de las cuales este tipo de
discurso construye los rostros de sus receptores. Es en la definición de tipo
que intervienen las hipótesis, teniendo la pretensión de aprehender la especificidad
del tipo, es decir, su diferencia frente a otros tipos. En el caso del discurso
político, una hipótesis de este género consiste en postular la construcción, a
un cierto nivel, de un destinatario genérico ciudadano-nacional
(asociado al colectivo “Nación”), comprometido en prácticas con respecto del
sistema político (y por lo tanto teniendo expectativas con respecto a su
funcionamiento), y a otro nivel, de tres subespecies de destinatarios: el
pro-destinatario, contemplado a través
de mecanismos de refuerzo de la creencia compartida, el
para-destinatario, blanco de mecanismos del orden de la persuasión, y el
anti-destinatario, blanco de los rostros de lo polémico.
Igualmente, tampoco se considera correcto el poder
definir el discurso de la información (discurso que tiene por objeto la
‘actualidad’) como tipo, sin conceptualizar, por un lado, su articulación en la
red tecnológica de los medios y en el sistema de normas que rigen la profesión
de periodista, y por el otro sus modalidades de construcción de un solo
destinatario genérico ciudadano-habitante (asociado al colectivo “País”
pero motivado por el colectivo “Mundo”) y comprometido con las diversas rutinas
de la apropiación espacio-tiempo de lo cotidiano. Si el destinatario genérico
ciudadano-habitante se encuentra próximo, en ciertos aspectos, de un
pro-destinatario, el discurso de la información será desconocido para el
para-destinatario y para el anti-destinatario.
Tampoco se considera bien el definir el discurso
publicitario como tipo sin conceptualizar, por un lado, sus relaciones
complejas al mismo tiempo con el mercado económico de los bienes de consumo,
con la red institucional de la comunicación comercial y con la red de los
medios de comunicación, en los cuales el discurso busca su legitimidad, y por
el otro lado, sin conceptualizar sus modalidades de construcción de toda una
galería de para-destinatarios en tanto que consumidores potenciales.
Y así sucesivamente.
Géneros.
La noción de ‘género’ se encuentra fatalmente marcada, en
un principio, por la problemática literaria, que no facilita las cosas. En esta
óptica, heredada del análisis literario, un género será caracterizado
necesariamente por un cierto agenciamiento de la materia del lenguaje
(para no decir de la escritura, ya que un mismo género puede aparecer en lo
escrito de la prensa y en lo oral de la radio). A falta de un mejor término, yo
identificaría este uso como el de los géneros-L ‘entrevista’,
‘reportaje’, ‘encuesta’, ‘alocución’, ‘mesa redonda’, ‘debate’ y muchas otras
expresiones que designan, en forma más o menos confusa, los géneros-L.
Este nivel de análisis se entrecruza, desde luego, con el
de la identificación de tipos. Ya que un mismo tipo de discurso podrá ser
reconocido bajo diversos géneros-L; la ‘entrevista’, la ‘alocución’, el
‘debate’ para el discurso político, por ejemplo. Por el contrario, desde luego,
un mismo género puede encontrarse dentro de diferentes tipos de discursos.
Pero nos hace falta un segundo concepto de género, que
nos permita designar y clasificar lo que se debe llamar los productos.
Hablemos, pues, en este caso de géneros-P. Desde este punto de vista, podemos
decir, por ejemplo, que expresiones tales como ‘cotidiano de información’,
‘mensual femenina general’, ‘news’ (noticias), designan géneros de la prensa
escrita de lectura masiva, así como ‘revista de vulgarización científica’,
‘emisión de juegos’, ‘emisión de variedades’, ‘feuilleton’ (telenovela),
designan géneros de la televisión de audiencia masiva.
Los géneros-P poseen una relación mucho más estrecha con
los tipos de discursos que los géneros-L. En realidad, es probable que este
concepto de los géneros-P no sea en el fondo sino una manera (probablemente
incorrecta y provisoria) de conceptualizar subespecies dentro de un tipo,
entidades discursivas que no pueden, en consecuencia (a diferencia de los
géneros-L) aparecer en muchos tipos al mismo tiempo.
El hecho de enlazar, en este caso, la noción de producto
a la de género no es, evidentemente, una casualidad. Ya que los géneros-P se
encuentran muy directamente ligados a los fenómenos de competencia, dentro del
universo de los medios de comunicación: una “zona de competencia directa” no es
otra cosa que el enfrentamiento de un cierto número de productos discursivos pertenecientes
a un mismo género-P. En la caracterización de un género-P aparecen muy a
menudo ciertos invariables de “contenido”, es decir, tomar a cargo conjunto
relativamente estable de campos semánticos.
Un representante de un género-P determinado (por ejemplo,
un título de prensa perteneciente a un género.P ‘mensual femenino general’ está
compuesto por una pluralidad de unidades discursivas representando con mayor
frecuencia varios géneros-L. Los géneros-L “atraviesan” al mismo tiempo los
tipos de discurso y los géneros-P.
Estrategias
Las estrategias discursivas pueden ser definidas, dentro
de nuestro cuadro, como las variaciones confirmadas dentro de un mismo tipo
de discurso o de un mismo género-P. Si no menciono aquí los géneros-L es
porque, dentro de la óptica del análisis de los discursos sociales
mediatizados, las variaciones dentro de un mismo género-L no son reducibles (ni
explicables) dentro del cuadro del género-L en cuestión: las mismas se ven
sobredeterminadas por el tipo de discurso y por el género-P en el cual se
encuentra inserto el género-L. El hecho de interesarse por los únicos géneros-L
y a sus variaciones a través de los tipos y los géneros-P es testimonio de una
gestión que no es la de una teoría de los discursos sociales.
Las variaciones estratégicas que aquí se tratan remiten
muy directamente a los fenómenos de competencia inter-discursiva propios del
campo de la discursividad en tanto que mercado de producción de
discursos. La noción de ‘estrategia’, se ve, nos debe permitir rodear en un
sector dado de la red de medios de comunicación, las variaciones, debidas a la
competencia, entre los múltiples representantes de un mismo género-P. La prensa
escrita proporciona ejemplos brillantes de este tipo de situación y es en
consecuencia un terreno privilegiado para el estudio de las variaciones
estratégicas.
Las condiciones de producción de los discursos de la
prensa
Nos quedaremos dentro de los límites del terreno que nos
interesa, el de la prensa escrita con gran masa de lectores -cosa que ya es,
dicho sea al pasar, una simplificación. En efecto, muchas propiedades de los
discursos de la prensa escrita no se explican sino por el funcionamiento del
conjunto de la red de medios de nuestras sociedades. Resulta claro que la
prensa escrita ha cambiado desde que existe la televisión; que todavía se
encuentra en situación de cambio, desde la difusión progresiva de los servicios
telemáticos instalados en los hogares, etc. Sin embargo, no abordaremos aquí
este aspecto del problema.
La prensa escrita de masa de lectores ya tiene una larga
historia como sector de la producción cultural sometido a las leyes de la
competencia. Es por lo tanto importante precisar bien bajo cuales condiciones
opera el mercado de la prensa de lectura masiva, cuál es el dispositivo por el
cual un título de prensa dado (que llamaremos, en lo que sigue, “título de
referencia”) se constituye en mercadería definida por su valor (en el
sentido económico del término).
Este dispositivo admite no menos de tres niveles
fundamentales.
El primer nivel es el de la producción de su masa de
lectores. A las condiciones de producción les interesa en este caso el
conjunto de características que permiten definir a los lectores a los que
apunta el título de referencia. Son aquí pertinentes la noción de tipo de
discurso en primer término, y a continuación aquellas del género-P y del
género-L. Resulta claro que estas “características” de los lectores no pueden
ser reducidas a variables que definen las Categorías Socio-Profesionales (lo
que se denomina generalmente CSP). Se trata, por sobre todo, de características
socio-profesionales tales como los productores del título de referencia las
interpretan y las expresan en términos de expectativas de discurso (en
relación a los tipos, a los géneros-L y a los géneros-P). La producción de
lectores no se hace sino a través de percepciones-representaciones que los
actores sociales involucrados en la producción del título de referencia en
tanto que producto, tienen de los sectores sociales designados como “blanco”.
Pero la producción de esta masa de lectores se realiza en
una situación de competencia. El segundo nivel es el del posicionamiento del
título frente a los títulos de la competencia, tal como los perciben los
actores sociales involucrados en la producción del título de referencia. La
constitución de una masa de lectores supone la estructuración, en el discurso
del título, de un vínculo propuesto al receptor bajo la forma de lo que yo he
denominado en otra oportunidad, un contrato de lectura. Las condiciones de
producción interesan aquí por otros discursos pertenecientes al mismo
género-P, co-presentes en el sector al cual pertenece el título. El contrato de
lectura es del orden de la estrategia, y en situación de competencia, las
estrategias de los títulos se inter-determinan.
Habiéndose producido la masa de lectores, se le adjudica
un valor (por medio de un metadiscurso que es una representación particular del
discurso del título) con el objeto de venderlo como colectivo de
consumidores potenciales entre diversas categorías de anunciantes. Las
condiciones de producción tienen aquí la forma de un conjunto de restricciones
que resultan, una vez más, no solamente interpretaciones de las características
“objetivas” de la población que constituyen la masa de lectores del título,
sino también la percepción que los anunciantes mismos tienen del título de
referencia y de sus competidores, en función de su propia lectura y, a menudo,
en función también de las imágenes de los títulos que circulan en el ambiente
publicitario.
La apuesta de las estrategias enunciativas
El universo de la prensa escrita de gran masa de lectores
puede ser visto como una configuración extremadamente compleja de “zonas de
competencia directa”. Cada “zona de competencia directa” está compuesta por una
pluralidad de representantes de un mismo género-P que se enfrentan en el seno
del proceso de producción-reproducción de sus masas de lectores. Claro está que
estas zonas no son estancas, las mismas están parcialmente a caballo, ciertos
títulos tienen posicionamiento en las fronteras de muchas de estas “zonas”.
Ciertas “zonas” se encuentran en descenso (en términos de difusión y ventas),
otras se encuentran en acelerado crecimiento, otras se estancan. Con
regularidad aparecen nuevos género-P, constituyendo el embrión de nuevas
“zonas”.
Los títulos que se encuentran en presencia competitiva
dentro de una “zona” en un momento dado están muy cercanos los unos a los
otros, si se los compara en el campo del género-P al cual pertenecen: en
términos de campos semánticos abordados -lo que se traduce por “grillas” de
cortes comparables con lo “real” que tratan-, así como con respecto a los
géneros-L dominantes. Tomando un caso extremadamente conocido, el de las
revistas mensuales femeninas conocidas como “generales”, todos los títulos
pertenecientes a esta categoría se organizan alrededor de tres grandes campos
semánticos: la moda, la belleza y la cocina. Además de esta regularidad
temática global, dentro de cada uno de estos campos y por razones que se
relacionan con el ritmo de la temporada del mercado consumidor y con las
prácticas colectivas asociadas a la recreación, se las lleva a hablar de las
mismas cosas en la misma época del año: el “blanco”, el bronceado, las
colecciones, el comienzo de las clases, el régimen, los regalos para las Fiestas,
así como otros temas, regresan todos los años en la misma época. Dentro de una
“zona”, la oferta presenta, dentro del campo de los grandes ejes temáticos, una
considerable homogeneidad.
En estas condiciones, ¿cómo puede cada uno de estos
títulos construir su especificidad, definir lo que lo singulariza con respecto
a sus competidores? Esta singularización es, desde luego, considerada como
capital para la valorización del título entre los anunciantes: es esta
singularidad que debe permitir justificar, a los ojos de los inversores
publicitarios, el hecho de anunciar dentro de este título en lugar de un título
competidor.
En un universo de discursos donde, desde el punto de
vista del contenido, la oferta es más o menos la misma, el único medio para que
cada título construya su “personalidad” es a través de una estrategia
enunciativa que le sea propio, dicho de otra manera, construyendo un cierto
vínculo con sus lectores. Es por ello que en la prensa escrita, cada “zona
de competencia directa” es un verdadero laboratorio para el estudio de
fenómenos enunciativos: en él se encuentra una multiplicidad de estrategias
enunciativas que “trabajan” de diversas maneras una misma “materia” semántica:
en el campo de las revistas femeninas la distancia no pedagógica se
distingue entonces de la distancia pedagógica, y ambas se oponen a las
estrategias de la complicidad: en el terreno de las revistas de
decoración, la transparencia del modelo se opone a la opacidad
estetisante de un enunciador legitimado por la singularidad de su mirada;
en los semanarios de información, la desaparición de un anunciador-testigo
de la inmediatez de lo real se distingue del anunciador-narrador que
organiza la actualidad por el medio de los operadores ficticios, y así
sucesivamente.
El principal problema del análisis de los discursos en
producción, tal como se presenta en el cuadro de una teoría de los discursos
sociales surge: el encontrarse frente a una superficie discursiva dada que se
supone poder analizar, implica encontrarse frente a un objeto multi-determinado,
en el cual las prioridades resultan del entrecruzamiento de una pluralidad de
niveles diferentes de determinación. Tratemos de precisar este punto.
Para nosotros, el análisis del discurso consiste en la
referencia, en la superficie discursiva, de las huellas que conducen a
las condiciones de producción de los discursos. Estas huellas son el soporte de
operaciones que se deben reconstituir, operaciones que toman la forma de
reglas de generación de estos discursos. Un paquete de estas reglas, definiendo
las restricciones de generación de un tipo o de un género-P, es lo que yo llamo
una gramática de producción. Así pues, en la superficie discursiva,
todas las huellas están, si se puede decir, en el mismo nivel: ¿cómo
distinguir lo que señala del tipo, de lo que lo señala del soporte tecnológico,
del género-P, de la estrategia? En la respuesta a esta pregunta se juega toda
la pertinencia del análisis.
Los fenómenos de regulación
El sistema productivo de la prensa escrita se encuentra
sometido a fenómenos de regulación muy complejos.
Considerándolo en su conjunto como una configuración de
“zonas de competencia directa” en evolución permanente, podemos decir que se
trata de un sistema de equilibrio inestable, y que regularmente aparecen
turbulencias aquí o allá. Tratemos antes que nada de inventariar las fuentes de
evolución y de eventuales turbulencias.
1. Las condiciones de producción mismas pueden admitir
importantes contradicciones internas. La estrategia discursiva que puede
parecer corresponder mejor a la valorización del título entre los anunciantes,
puede no ser compatible con aquella que parece mejor satisfacer a los lectores
del título y que por lo tanto parece la más apropiada para la producción de la
masa de lectores. Los “compromisos” entre estas instancias pueden tener como
resultado modalidades discursivas que tienen por efecto ya sea una disminución
de la publicidad (con sus consecuencias sobre la estabilidad financiera del
título) o una disminución de la masa de lectores, ya sea ambos.
2. Un título de la prensa con gran masa de lectores se
encuentra insertada en una zona de competencia directa extremadamente
estructurada: lo más frecuente, varios representantes del mismo género-P se
disputan un mismo “blanco”. Estas determinaciones inter-discursivas forman un
sistema caracterizado por un equilibrio precario: basta que uno de los títulos
existentes modifique su estrategia de una manera sensible, o que un nuevo
título aparezca en la zona de competencia en cuestión, para que se altere el
conjunto de posicionamiento dentro de la misma.
3. En un sector dado de la prensa, la oferta tanto como
la demanda evolucionan de manera permanente. Los discursos producidos, por un
lado, y las expectativas por el otro, cambian constantemente. Un ejemplo
simple: la llegada permanente de jóvenes adolescentes al mercado potencial de
lectoras de revistas femeninas; en el otro extremo de la pirámide de las
edades, el envejecimiento permanente de la masa de lectores.
4. Ya que estamos ubicados en el universo de la prensa de
gran masa de lectores (y por lo tanto de gran circulación) debemos ocuparnos de
una masa de lectores que puede variar, digamos, entre cincuenta mil y más de
tres millones de lectores. Esta masa de lectores es, necesariamente,
heterogénea. La evolución socio-cultural de un sector relativamente pequeño
dentro de esta masa de lectores puede traducirse en un desequilibrio del
contrato de lectura y en consecuencia, en una pérdida de lectores.
Esta lista de factores no es ciertamente exhaustiva.
Basta tal vez comprender que debemos ocuparnos de fenómenos de regulación que
se ubican en varios niveles. En el interior mismo de las condiciones de
producción, por un lado: entre los productores de diferentes títulos en
competencia, así como también entre los productores y los anunciantes. Entre la
producción y el reconocimiento, por otro lado, ya que toda alteración de las
propiedades discursivas de un título pueden modificar la composición y la importancia
de su masa de lectores, y toda modificación a nivel de la masa de lectores
puede desequilibrar el título.
En tanto tales, estos fenómenos de regulación presentan,
si se puede así decir, un punto visible: la conducta compra/no compra.
Un sistema productivo de discursos mediáticos, organizado como un mercado,
engendra automáticamente un principio de clasificación de la población según
las conductas de compra/no compra de las diferentes mercaderías discursivas
propuestas.
Es por eso que el sistema productivo es “doblado” por una
compleja máquina de producción de información sobre los lectores, información
destinada a dominar lo mejor posible los “estados” del sistema. Información
cuantitativa sobre todo, pero también cualitativa, que permite conocer el sexo,
edad, estado civil, número de hijos, tipo de vivienda, el conjunto de prácticas
de consumo de la persona, sus intereses, sus expectativas satisfechas y no
satisfechas, las imágenes vagas o precisas que se asocian con cada título, su
“estilo de vida”, sus opiniones colocándolo dentro de tal o tal corriente
socio-cultural, etc.
Los “efectos” del comportamiento (compra/no compra) son,
efectivamente, los únicos que interesan a los productores: en lo que respecta
al material redaccional del título y de sus competidores, aquellos que se
traducen en variaciones en los comportamientos de compra y de lectura, y en lo
que respecta a la publicidad en la cual los títulos son el soporte, aquellos
que hacen al impacto y la memorización de los avisos. Interpretados por los
productores de los discursos de la prensa escrita a partir de múltiples datos
disponibles, estos “efectos” forman parte de las condiciones de producción
de estos discursos: los productores podrán ser llevados a modificar la
estrategia discursiva del título en función de estas interpretaciones.
Dentro del sistema productivo de la prensa escrita nos
reencontramos pues accionando, a nivel de las condiciones de producción, una
verdadera teoría de la recepción, que es el resultado de la voluntad de
dominio, por parte de los productores, del conjunto de fenómenos de regulación.
Comportamiento de compra y sentido en recepción
Resulta claro que el comportamiento de compra, al
expresar una preferencia, es un “efecto” localizado en recepción. Pero
también resulta claro que no nos dice estrictamente nada sobre los efectos de sentido
de los discursos que son los objetos de las preferencias así manifestadas. La
preferencia opera sobre un campo de oferta determinada (la “zona de
competencia directa”), ella es pues el resultado de una selección, más o menos
consciente, más o menos explícita, más o menos reflexiva, pero totalmente
opaca con relación a los mecanismos significantes que lo fundan.
Los múltiples datos relativos a la masa de lectores,
interpretados por los productores en un esfuerzo por dominar los fenómenos de
regulación que atraviesan el sistema productivo de la prensa, son de una
naturaleza tal que sirvan a levantar esta opacidad?
Es necesario antes que nada subrayar que esta “teoría de
la recepción” de la cual hemos hablado se encuentra hasta hoy fundada en el
análisis y la interpretación de datos cuantitativos de encuesta. Estos datos se
relacionan con dos tipos de información: aquella que describe propiedades
“objetivas” del lector (edad, estado civil, artefactos del hogar que habita,
prácticas de consumo, entrada mensual, etc.) y aquella que se relaciona con los
elementos “subjetivos” (actitudes, opiniones, expectativas, intereses, etc.)
Los únicos datos que inciden directamente sobre las conductas son, claro está,
aquellos que miden las ventas de los títulos. Todos los otros datos cuantifican
las declaraciones de los sujetos encuestados.
Existen, seguramente, fuertes correlaciones entre las
configuraciones de estas variables y las preferencias manifestadas por las
conductas de compra dentro del universo de la prensa escrita. Es sobre estas
correlaciones y su evolución en el tiempo que operan los productores de
discurso de prensa, y es sobre ellas que apoyan sus decisiones más importantes.
Aún si a ese nivel los datos que se manipulan y que se interpretan son opacos
con relación a la producción de sentido en recepción, el único criterio
para juzgar tales decisiones es su eficacia.
Así pués, precisamente, estos datos de encuestas
demuestran ser menos útiles ahí donde la competencia es más fuerte: en las
“zonas de competencia directa”, es decir, ahí donde varios títulos
pertenecientes a un mismo género-P se disputan una cierta masa de lectores. En
una situación tal, lo hemos dicho, son las estrategias enunciativas las
decisivas, y son ellas quienes construyen la especificidad del título.
Ahora bien, los datos cuantitativos de la encuesta no proporcionan ninguna
indicación que permita tomar la menor decisión sobre las estrategias
enunciativas, en la medida en que las masas de lectores respectivas de los
títulos existentes están muy próximas las unas de las otras, así como también
en términos de sus características “objetivas” como “subjetivas”.
Desde hace mucho tiempo, los productores de los títulos
de la prensa han acudido, más allá de los resultados de las encuestas, a
estudios denominados cualitativos. Estos estudios, inspirados en su
mayoría en la psicología social de las motivaciones, consisten muy a menudo en
la articulación por un lado, entre un “terreno” (entrevistas semi-directivas o
grupos, entre lectores y no lectores de tales o cuales títulos) y por otro lado
un análisis de contenido de los títulos en cuestión. Esto significa, paradójicamente,
que el enfoque dominante en la investigación aplicada al discurso de la prensa,
es lo que concierne el nivel menos pertinente -el del contenido- para
comprender la dinámica en acción dentro de una “zona de competencia directa”.
Agreguemos rápidamente que esta dinámica no es
seguramente la única que interviene en los fenómenos de regulación, aún si ella
es, en mi opinión y en relación con la prensa escrita en su conjunto, dominante.
Su peso relativo varía según los sectores de la prensa y en particular según la
situación competitiva que caracteriza cada sector. En el sector de la prensa
cotidiana nacional de información, por ejemplo la elección entre Le Figaro
y Le Monde se explica con más facilidad (y, muy probablemente en lo esencial)
en términos de posiciones “ideológicas” de uno y otro sin tener necesidad de
hacer intervenir consideraciones sobre las estrategias enunciativas. La
elección entre Liberation y Le Monde, por el contrario, está
determinada con más fuerza por los elementos que señalan estrategias
enunciativas. Si un grupo de prensa decidiera lanzar, a la derecha, un
periódico destinado a competir directamente con Figaro, las cuestiones
decisivas relativas a su posicionamiento serían de interés, en primer lugar, a
las estrategias enunciativas.
¿Cómo estudiar los “efectos de sentido” producidos por el
dispositivo enunciativo de los discursos?
Hacia una teoría del reconocimiento del discurso de la
prensa.
En el pasado he insistido mucho sobre la solución de
continuidad entre el análisis en producción y el análisis en reconocimiento
de los discursos sociales. Para expresar esta solución de continuidad, cuya
principal consecuencia es que el análisis de un discurso en producción no nos
permite inferir sus “efectos”, he debido hablar de desplazamiento entre
la producción y el reconocimiento. Esta noción de desplazamiento me parece hoy
en día inapropiada, en particular cuando se trata del sistema productivo de los
discursos de la prensa y en forma más general, de los medios de comunicación.
La noción de ‘desplazamiento’ se justificaba en relación
al tipo de problema con el cual me había confrontado en esa oportunidad: se
trataba de la formulación de un modelo relativo al surgimiento de las
disciplinas científicas en la historia desde el punto de vista de los
funcionamientos discursivos, modelo aplicado al caso particular de la
lingüística de Saussure. Trataba yo pues con un proceso diacrónico,
tratando de describir la distancia histórica entre las condiciones de
producción del Curso de Lingüística general, condiciones que se remitían
a la “matriz positivista” del siglo XIX, y sus condiciones de reconocimiento a
principios de siglo, cuya “estructura de recepción” fundamental ha sido la de
una concepción instrumental-comunicacional del lenguaje, totalmente diferente
del positivismo. Yo trataba de demostrar que era este desplazamiento mismo lo
que permitía comprender el surgimiento de la lingüística como ciencia.
Resulta claro que el estudio del reconocimiento no se
presenta de la misma manera cuando uno se interesa por los procesos históricos
en una misma práctica de producción discursiva (en caso de darse, aquella
organizada alrededor del conocimiento del lenguaje) y cuando uno adopta (como
yo lo he hecho aquí con relación a la prensa) un punto de vista sincrónico,
destinado a comprender, en un momento dado, el funcionamiento de un sistema
productivo de discursos. Los avatares históricos de un texto identificado y
singular conducen de manera bastante natural, según me parece, a cuestiones
sobre la “multiplicidad” de sus lecturas, y en el desplazamiento actualizado
por la comparación entre éstas en momentos diferentes de la historia. Además,
este problema de la “lectura” se presenta en términos absolutamente
particulares cuando se trata de la discursividad científica, caracterizada por
un trabajo específico de recuperación inter-textual. Estos casos de
recuperación son aquellos que justifican plenamente la fórmula que consiste en
decir que el reconocimiento de un discurso “X” se encuentra “contenido” en un
discurso “Y” cuyas condiciones de producción admiten, entre otros factores, un
“trabajo” sobre ‘X’. El dominio de la historia literaria, que ha dado lugar a teorías
de la recepción, plantea el mismo tipo de problema.
El análisis sincrónico.
En un enfoque sincrónico relativo a un “sistema
productivo” que posee todas las características de un mercado de consumo
de “bienes culturales”, como se dice (para el caso, los discursos de la prensa
escrita), las cosas se presentan de una forma muy diferente. Antes que nada,
debemos enfrentarnos con los fenómenos de reconocimiento que no son,
efectivamente, ni del orden de la recuperación inter-textual productiva, ni del
orden de un consumo dominado por lo imaginario de la “creación” como es el caso
de la literatura, pero que implican, por el contrario, un horizonte de
expectativas de consumo del orden de la repetición. El lector “fiel” a
un título de prensa lo es porque sabe precisamente de antemano qué tipo de
discurso va a encontrar. Al mismo tiempo, en el caso de la prensa, con relación
a un discurso ‘X’ cuyo reconocimiento nos interesa, no poseemos un discurso ‘Y’
de status comparable del cual podamos decir que “contiene” el
reconocimiento de ‘X’.
Ya lo hemos dicho: el único indicador del reconocimiento del cual disponemos,
contenido en el sistema productivo mismo, es la preferencia, expresada por las
conductas de compra (y de no compra). Así pues, esta preferencia es una primera
referencia de una gran importancia. Cuando trabajamos dentro de una “zona de
competencia directa”, las selecciones expresadas por estas preferencias remiten
a las variaciones dentro de las estrategias enunciativas: tenemos de esa manera
una fuerte asociación entre las conductas (mesurables) y las propiedades
discursivas específicas. El análisis en producción, encargado de desprender las
invariables discursivas asociadas a cada título, define así el cuadro dentro
del cual nos interrogaremos sobre el reconocimiento.
Orientados por esta fuerte asociación entre la conducta
de compra y propiedades discursivas, podemos hacer producir un discurso
a nuestros lectores y no lectores (en situaciones de entrevistas, por ejemplo).
No hay nada de sorprendente, seguramente, en el hecho de que una preferencia
por una estrategia enunciativa determinada en un sector de competencia dado de
la prensa, se asocie con fuerza a otros invariables referenciables en el
discurso de los sujetos que expresan una preferencia tal. Se trata de una situación
comparable a aquella -banal- que se verifica en no importa qué sector del
mercado de productos de gran consumo: selecciones diferentes que se conducen
sobre las marcas existentes en un sector dado de productos, se asocian con
mucha frecuencia a imaginarios muy contrastantes. Es así que el discurso de la
publicidad administra las representaciones sociales y se articula a su
evolución.
Claro está que los discursos que así se han recogido de
entre los lectores, tienen un status completamente particular. A diferencia de
los fenómenos de recuperación inter-discursiva, antes que nada, los discursos
recogidos entre los lectores de la prensa no tienen conexión regulativa
inmediata con los discursos cuyos “efectos” se trata de comprender. Los
fenómenos de recuperación inter-discursiva, que nos permiten estudiar el
reconocimiento dentro de una práctica discursiva dada (científica, literaria, política,
etc.), son del orden de la regulación endógena de un sistema productivo.
La “teoría del reconocimiento” que hemos visto accionar en el sistema
productivo de la prensa (análisis e interpretación de los datos sobre los
lectores, hechos por los productores) señalan una regulación exógena.
Las palabras que recogemos de los lectores con fines “científicos” para
estudiar los mecanismos del reconocimiento no forman parte de la regulación
exógena, a menos que los productores de discursos no tengan en cuenta nuestros
resultados en sus tomas de decisiones estratégicas.
Al buscar en el discurso de los lectores las invariables
(que se trate de invariables enunciativas o de invariables de “contenido” –con
más frecuencia las dos categorías son pertinentes) nuestro análisis destruye lo
que ese discurso puede admitir de las relaciones “meta-lingüísticas” en los
discursos de la prensa en cuestión; este carácter “meta-lingüístico” no es de
modo alguno decisivo. A menudo, los elementos más interesantes para
reconstituir ciertas reglas de “lectura” de los títulos cuyo reconocimiento
estudiamos, se encuentran en las palabras que no conciernen para nada a los
títulos en cuestión.
Lo que acabamos de decir se entiende fácilmente: los
factores que pueden permitirnos explicar la preferencia por un título más que
por un otro, señalan las representaciones sociales de los lectores que
sobrepasan ampliamente las propiedades discursivas de estos títulos, tales como
las podemos describir en producción, en ese sentido se trata de factores que
serían imposibles prever (o deducir) de un análisis en producción.
Es aquí que reencontramos la autonomía entre un análisis
en producción y un análisis en reconocimiento. Puesto que estas
representaciones sociales de los lectores que “encuadran” la lectura derivan de
ciertas características de estos últimos, como por ejemplo su capital cultural.
Así, una estrategia enunciativa dada, (por ejemplo, la pedagogía distanciada
vs. la complicidad identificatoria) no tendrá el mismo sentido para dos sujetos
que posean un capital cultural diferente. Un otro elemento que juega un rol
importante entre las condiciones del reconocimiento es la evaluación que el
sujeto hace del género-P en cuestión, y de los títulos que lo representan.
Mientras que la lectura de ciertos géneros-P (y de ciertos títulos) posee un valor-signo
que vuelve a inscribir el acto de compra dentro de una estrategia más amplia de
distinción social por parte del sujeto, otros títulos, por el contrario, están
socialmente descalificados (incluso por lo que los leen): el fenómeno de la
lectura “a escondidas”. Estos factores, como se ve, son totalmente externos a
todo análisis en producción. Las reglas de una gramática de reconocimiento
expresan entonces una suerte de reencuentro entre las propiedades
discursivas que son las invariables que remiten a condiciones determinadas de
producción, y una modalidad de lectura que remite a condiciones determinadas de
reconocimiento. Solamente, si la circulación discursiva no es lineal es
porque un discurso mediático dado, difundido en la sociedad en un momento dado,
va a provocar una multiplicidad de estos “reencuentros”.
Dentro del cuadro sincrónico donde nos hemos situado,
dado que el acto de lectura mismo es inasible, el estudio del reconocimiento es
un estudio del lector más que de la lectura, fundado sobre el análisis del
discurso del lector. A través de esto último, hemos llegado a reconstituir
operaciones cognitivas y evaluativas que remiten a representaciones sociales
cuyo sujeto es el “soporte”.
Es aquí, por supuesto, que una teoría del reconocimiento
puede fácilmente articularse con una “sociología del gusto”, a la manera de
Bourdieu. Las condiciones de reconocimiento conciernen entonces a las variables
“objetivas” en las que podemos identificar las categorías de lectores. Pero
una misma configuración de estas variables “objetivas” con mayor frecuencia se
asocia a muchas gramáticas de reconocimiento. Todo enfoque determinista que
postula una causalidad lineal nos es desgraciadamente prohibido. Un cierto
“determinismo mecanicista” que se desprende de los análisis de Bourdieu -y que
se le ha reprochado a veces- es resultado, en mi opinión, de la metodología
sobre la cual se asienta lo esencial de su gestión: la encuesta sociológica.
Esta última no es capaz de rodear las variaciones de sentido en recepción,
cuando se trata de la circulación de los “objetos culturales”.
Se comprenderá porque yo privilegio en el plano de las
técnicas de campo, aquellas que algunos denominan “semi-directivas” y “no
directivas” y más generalmente, aquellas que se acercan a las técnicas del
etnólogo, las únicas que nos permiten recoger la palabra social de los sujetos
bajo una forma que admite la aplicación del análisis del discurso. No se trata,
por supuesto, de pretender que tales técnicas son más “naturales” o que ellas
inducen un discurso más “espontáneo”; toda técnica es una intervención artificial
en el ambiente cotidiano de un actor
social. Se trata simplemente de una cuestión de “tamaño” del objeto a analizar:
para reconstituir las categorías cognitivas-evaluativas de los sujetos, tenemos
necesidad de lo discursivo.
La cuestión de la eficacia de los dispositivos
experimentales para el estudio de la recepción presenta problemas absolutamente
diferentes. Yo me limitaría aquí a manifestar reservas con relación a este
aspecto referido al estudio de los discursos sociales. Estas reservas
derivan naturalmente de la constatación de la importancia decisiva de los
fenómenos de sobredeterminación a los cuales ya me he referido. Por un lado, un
género-L cualquiera, un fragmento de texto, aún un título, están
sobredeterminados por el contexto discursivo: por otro lado, el efecto de
sentido de un elemento discursivo cualquiera, como lo mencionara antes, depende
de operaciones de encuadramiento de la lectura que surgen de
representaciones-evaluaciones del sujeto con relación al título, del género-P,
del tipo de discurso, del soporte mediático, donde aparece el elemento. Hay que
interrogarse sobre las modalidades de recepción de estas configuraciones
complejas. Me parece difícil poder tratarlas por medio de métodos
experimentales.
El análisis diacrónico.
El enfoque sincrónico del funcionamiento de los discursos
de la prensa escrita no es, por supuesto, el único posible. Pero es el único
que nos permite articular directamente la producción con el
reconocimiento. Dentro de una perspectiva histórica, ya no podemos articular
las estrategias discursivas con una referencia de las modalidades de recepción
que le eran contemporáneas, a través del análisis del discurso de los lectores.
El estudio de la evolución de los discursos de prensa en un sector determinado,
puede, mientras tanto, estar relacionado con los acontecimientos o con los
indicadores que nos informan sobre los “efectos” de estos discursos dentro de
la sociedad, así como también sobre la manera en que la evolución
socio-cultural resuena en los discursos de la prensa. Es un ejercicio de
historiados, como la de Jauss.
El sector de la prensa con gran masa de lectores que se
forma alrededor del habitat y de las prácticas con las que se asocia
(bricolage, decoración, mantenimiento, jardinería, etc.) proporciona un muy
buen ejemplo de un campo extremadamente interesante para el ejercicio de una
gestión diacrónica. Se reencuentran ahí, claro está, por una parte, las
resonancias de los avatares de la evolución sociocultural de la sociedad
francesa: mayo 68, el surgimiento de las ideologías ecológicas y del “regreso a
la naturaleza”, el impacto de la crisis, etc. Se pueden seguir, por otra parte,
los efectos de las transformaciones de las condiciones de vida en las grandes
ciudades: tanto la problemática de la instalación de las jóvenes parejas en
pequeños departamentos que se han multiplicado como resultado de las políticas
de remodelación urbana, como los efectos del crecimiento de la producción de
las casas industriales pre-fabricadas, con todos los elementos de lo imaginario
en pabellones. Pero se pueden seguir también los mecanismos de construcción y
de desarrollo de una ideología que se encarga de la introducción y la difusión
en Francia del “design” (diseño) moderno en el equipamiento de la casa, y
enfrentándose así a lo imaginario tradicional burgués o rústico. Y se constata
entonces que este “trabajo” ideológico, llevado por ciertos títulos de la
prensa de decoración, se ha adelantado mucho a su tiempo y ha jugado un rol
pedagógico fundamental de transformación de las representaciones sociales,
pudiendo traducirse en nuevas prácticas de consumo: el discurso moderno
sobre el habitat y su amoblamiento ha existido mucho antes de la instauración
de un mercado económico poseedor de creadores y consumidores.
Podríamos traer a colación otros ejemplos. Es cierto que
el análisis diacrónico de la evolución de los discursos de la prensa es un
dominio particularmente rico en enseñanzas sobre las transformaciones
socioculturales, ya que el estudio de la prensa nos proporciona un observatorio
privilegiado de las corrientes que fluyen y las prácticas y los imaginarios
sociales.

