© Libro No. 394. La Cibernética y lo Humano. David, Aurel. Colección Emancipación Obrera. Marzo
16 de 2013.
Título original: © La cybernétique et
l'humain
Versión Original: © LA
CIBERNETICA Y LO HUMANO. Aurel David
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© Edición, reedición y
Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
LA CIBERNETICA Y LO HUMANO
Aurel David
Indice de materias
Prefacio
Agradecimiento Palabras previas
Capitulo
preliminar. La cibernética
Capitulo
I.- Moral Médica. El pensamiento para los demás.
Capitulo
II.- Técnica médica. El encuentro con las máquinas.
Capitulo
III.- Mecanización del pensamiento inspirado en el congreso de Teddington
Capitulo IV.- Asedio parcial del hombre por las ciencias humanas. La
criminología. Capitulo V.- El cerco completo. D. Juan o la técnica.
Capitulo
VI.- Técnica jurídica. El derecho de propiedad sobre el pensamiento y el cuerpo
humano.
Capitulo
VII.- La desigualdad biológica.
Conclusión.-
Capítulo
preliminar
La
cibernética
1. Introducción
Tenemos
la costumbre de dividir el mundo en dos zonas: la de los seres vivos y la de la
materia inanimada. Sin embargo, el equilibrio entre la parte viviente y la
parte inerte del mundo
se rompe continuamente
por una constante
pérdida de substancia de lo
viviente. La vida escapa de manos del biólogo para pasar a las del físico.
Todo lo
que sabemos de los seres vivos está contenido en las ciencias de la materia.
Unicamente la parte todavía no explicada conserva las apariencias de vida, pero
ello no son más que intuiciones, hipótesis, ideas generales. Cuando llegamos a
conocer una cosa parece
que la vida
se retira de
ella como las burbujas de la papilla ante la cuchara
del niño.
Así,
pues, puede pensarse:
- o bien
que no existen seres vivientes y que un vigoroso esfuerzo de la técnica podría
dar las últimas explicaciones y reducir a polvo toda la vida;
- o bien
que hemos emprendido un camino falso, ya sea porque la imposibilidad de
comprender la vida
tal vez pueda
un día ser
probada, ya sea
porque para acercarse a dicha
vida sea preciso construir una ciencia original de la cual no tenemos ni las
líneas generales ni el lenguaje ni la técnica ni siquiera la metafísica.
En buena
metodología, el primer punto de vista es el que debería adoptarse en primer
término. Haría falta intentar construir máquinas suficientemente potentes para
destruir la vida definitivamente. Por esto los sabios se han inclinado todos
hacia la técnica, animados en esta ocasión por el apasionamiento que
proporciona la investigación fundamental.
De ahí ha
resultado una verdadera
reflexión científica sobre la técnica y las máquinas, cuyos resultados
se condensan generalmente con el nombre de Cibernética.
La
cibernética es una reflexión extremada sobre la manera de hacer. Las palabras
reflexión
y extremada (1) son las dos igualmente
importantes.
Siempre
se ha intentado inventar máquinas. Pero la cibernética es una reflexión sobre
la invención de las máquinas. Ella introduce en éstas el cálculo y la razón,
confiando plenamente en el poder de acopio y de memoria del trabajo razonable.
Puesto que no se trata más que de aplicaciones prácticas (encontrar la mejor
máquina en vistas a un objetivo dado y con la ayuda de medios bien definidos),
el razonamiento debería, a la larga, sobrepasar la habilidad, la inspiración y
los rasgos del genio.
Pero esta
reflexión técnica es extremada y sin otros limites que los eventuales- del
universo. La cibernética representa el último eslabón conocido de la
organización de la acción, después del período de los magos y del de los
técnicos (2).
Los
objetivos del mago eran grandiosos producir oro, correr a la velocidad del
pensamiento, obtener a voluntad la lluvia o la inmortalidad. Pero el mago
ignoraba la buena disposición de los medios (3). No sabía utilizar los que
tenía a su alrededor y se limitaba a los encantamientos y a los pasos mágicos
ineficaces.
El
técnico, por el contrario, se las ha ingeniado para organizar los medios
inmediatamente movilizables. De esta manera ha logrado cierto número de
objetivos. A esta técnica que no apunta a lo imposible, pero que alcanza los
objetivos que se ha propuesto, se le une una especie de modestia: la creencia
en la excelencia de las organizaciones naturales y en el peligro de las
empresas demasiado ambiciosas y demasiado alejadas del género de vida que hemos
sostenido siempre.
Por fin,
el cibernético ha unido a una técnica extremadamente ambiciosa los objetivos
casi ilimitados del mago: cambiar un hombre en una mujer, llegar a la luna,
arrancar el secreto a la materia... y muchos otros.
El
cibernético queda encerrado dentro de la técnica. Como el sofista, se limita a
ofrecer a los hombres la realización de sus deseos por inverosímiles que sean.
Nunca se refiere (en apariencia) a la moral y jamás escoge los objetivos. A él
únicamente le interesan los medios. El ingeniero a quien se le pide que realice
un objetivo propuesto debe poder responder: es factible; y ofrecer los medios.
El ingeniero que, antes de conocer el objetivo propuesto, contesta:
probablemente es factible, seguramente será un cibernético que no sólo posee
los conocimientos sino también el estado de espíritu cibernético (4). Podemos
aquí adoptar, como divisa de la cibernética, la expresión: probablemente es
factible.
Todo
hombre que se ejercita en esa higiene y honestidad de espíritu llamada
filosofía debería también sujetarse a esta otra especie de rectitud intelectual
que es la cibernética. Del mismo modo que la lectura - realizada por un
estudiante- de los siete u ocho sentidos de un término filosófico en el Lalande
(5) la lectura de la palabra determinismo que se hace siguiendo la marcha de
una señal en un simple aparato de T.S.F. deja el pensamiento tan reforzado como
la misma señal y suscita, en la primera ocasión, nuevos puntos de vista en
biología, en moral o en filosofía de las ciencias. Al igual que ocurre con
ciertas personas de ironía mordaz,
que, sin
embargo, no nos decidimos a abandonar porque sus pensamientos nos seducen, la
cibernética proporciona al mismo tiempo al espíritu un estimulante y una ducha
fría que tiene efectos saludables.
Siempre
que sintamos deseos de gritar que lo que vemos es un milagro, de adorar al
hombre y de maravillarnos ante las huellas de sus pasos, es conveniente pensar
tal situación en el lenguaje de las máquinas (6). Muchas veces se revelará
algún detalle mecanizable, no permitiendo admirar (7) mas que lo que realmente
era digno de admiración.
El acceso
a esta forma de pensar exige una ascesis en dos tiempos, muy difícil, muy
nueva, a la cual estamos tan poco habituados que uno siente la tentación de
repetir las palabras de Don Quijote:
«Ponte en
oración en el espacio que yo voy a entrar... en fiera y desigual batalla» (8)
El primer
tiempo consistiría en aceptar el empobrecimiento y la materialización del
cuerpo humano, que cada vez nos aparece más como una máquina. El ojo, el oído y
la mano han dejado de ser milagrosos. Todo lo más siguen siendo maravillosos (y
la maravilla puede tal vez ser más interesante que el milagro). Hay que prever
que otras partes de lo que nosotros creíamos ser lo humano se separarán y
caerán en el campo de la materia. La vida se retira sobre un pontón cada vez
más estrecho, en el cual lucha el humanista con el agua hasta las rodillas.
Siguiendo
la evolución del término humanismo, nos damos cuenta de que actualmente estamos
en oposición con los hombres del Renacimiento. Estos acababan de abandonar la
gran meditación mística de la Edad Media para ceñirse a una observación más
precisa del hombre y de lo que le rodea. Por el contrario, actualmente estamos
intentando ampliar nuestra visión del hombre (9) El humanismo del Renacimiento
se abstenía voluntariamente de ciertos aspectos de un inmenso espiritualismo.
El humanismo actual quisiera magnificar lo poco que nuestra época acepta tomar
en consideración. Pero en esta empresa de salvamento del hombre, en la cual
participan los sabios en sus horas libres, los enamorados de lo humano se
sitúan muchas veces en una postura peligrosa y no escogen con
acierto las armas
que deben emplear.
¿Quién fue el que dijo:
«Jamás
habrá máquinas de traducir»? Pues fue N. Wiener, el fundador de la cibernética
(en una carta a Waren Weaver) (10). Como muchos otros sabios, N. Wiener era
entonces un humanista imprudente. Lloramos cada vez que debemos ceder una parte
del hombre y que nos vemos obligados a reemplazar esa mano humana tan querida
por Valéry por algún aparato más perfecto que ella (11) La afirmación más
desacertada y peligrosa, aquella que deberíamos temer más es la frase: «Jamás
existirá la máquina de hacer tal o tal otra cosa». Basta haberlo dicho para que
seis meses más tarde alguien invente dicha máquina.
Es
preferible conceder a los mecanicistas lo que es visiblemente mecánico y más
todavía, y tomar por este lado todas las precauciones posibles. Esa
purificación
del
hombre (en el sentido químico de la palabra purificación) es necesaria, si
queremos creer en el hombre. Creer en el radio consistió para los Curie en
quitar primero las toneladas de impurezas que envolvían en la plebenda algunos
miligramos de radio.
Es
necesario lanzar al agua de nosotros mismos esa ganga maquinal del hombre que
parece animarse y engaña la buena voluntad. Cuando lo que nosotros queremos
salvar deja oír un ruido de engranajes, es probable que no hayamos
«sacado
del fondo de las aguas» más que una máquina. Como el delfín de La Fontaine,
deberíamos volver a echarlo al agua y buscar «algún hombre, a fin de salvarle»
(12)
La
segunda etapa consistiría en recuperar los bienes perdidos y amar nuevamente el
cuerpo, incluso en sus partes materiales.
Estoy
dispuesto a admitir que al abrir los ojos no realizo nada más milagroso que
cuando separo las cortinas, pero con la gran perfección del material
protoplasmático (a no ser que llegue un día que pueda reemplazar unos párpados
enfermos por cortinas artificiales más perfecta que ellos. «Esto es
probablemente factible»).
Pero la
materia que procede de los alimentos ha pasado al campo de la vida y lucha
junto a ella contra el resto de la materia. Trátese de órganos vivientes o de
artículos manufacturados, la materia que les constituye se aparta del curso de
la entropía para seguir nuestro camino. Una nueva ternura (13) tal vez nos
empujará de nuevo hacia ese cuerpo y hacia nuestros otros útiles materiales
(que hemos dejado de amar desde los tiempos de la Roma primitiva (14)) Igual
que, después de un día de viaje y de colaboración (15) - si no espiritual, por
lo menos corporal, en la acepción más intensa de esta palabra, en el sentido de
una presencia, de algo que no es el vacío, que se sostiene y en lo que puede
uno tener confianza -, nosotros acariciamos con la mano el coche, o al modo que
besamos con la mirada el banco y los árboles de una plaza, amaremos esta
materia que no es del todo material: Además, toda materia, incluso no
elaborada, extraña y ciega, no es perjudicial ni mala, sino solamente
determinada y ciega.
II. El dualismo actual
Desde el
siglo XVIII, el maquinismo ha hecho surgir al dualismo, vitalismo y toda otra
reacción que, según las épocas, le ha presentado oposición.
Mas la
reacción actual no se parece a ninguna otra; es mejor y parece proceder de las
mismas ciencias. A medida que vamos comprendiendo las máquinas resulta
más
difícil imaginar cualquier cosa que no sea una máquina. Si queremos resistir al
mecanicísmo (16), nos vemos obligados a echar lastre y a buscar mejores
respuestas.
Las
ciencias acaban de atravesar una crisis de crecimiento. La crisis dura todavía
y es posible que continúe para siempre. En la región que desde ahora no tiene
jefe (17) la metafísica, la filosofía, el humanismo han encontrado de nuevo su
vigor, ellos «que durante largo tiempo habían dirigido la flota». El
pensamiento corriente (18) ha adoptado a su vez ese anticientismo, justificado
tanto por el aparente debilitamiento de las ciencias como por el aspecto
extraño y como mágico de los resultados científicos, cuya explicación es
difícilmente inteligible y queda muchas veces fuera de los sentidos.
- En el
grado inferior ha habido un despertar de las supersticiones, una vuelta a los
curanderos. Los horóscopos están de moda, como en el siglo XIX lo estuvieron la
ciencia, Tos microbios y los desinfectantes.
- Al
nivel más elevado del pensamiento común ha habido un nuevo entusiasmo por el
humanismo y la humanidad, el despertar a la dignidad de nuevas generaciones,
nuevas relaciones entre hombre y mujer, entre los amigos y entre los hombres y
los animales.
Poco
después se ha empezado a sentir el escaso fundamento de aquella aparente
victoria sobre las ciencias. Los progresos contemporáneos del humanismo están
fundados sobre un feliz malentendido, pero, en definitiva, un malentendido. La
crisis de crecimiento de la ciencia no es una enfermedad ni una muerte.
En el
siglo XIX la ciencia llevaba la voz cantante. Algunos éxitos habían
entusiasmado enormemente. Se había logrado curar - por primera vez
científicamente- algunas enfermedades y se creía haber encontrado el definitivo
instrumento de curación de todas las demás.
La
medicina actual, más modesta en sus palabras y como dudando de sí misma, cura
un número mucho mayor de enfermedades. Pero el pensamiento común no pide tantas
explicaciones como resultados. La ciencia naciente (19) había logrado
justamente la síntesis de la urea y encontrado la fórmula del benceno. Había
conseguido velocidades de 30 y hasta 60 km. por hora, rompiendo con millones de
años en que la velocidad del caballo al galope constituía el límite máximo de
las velocidades. Pero, sin desasirse de sus nuevas dudas, la ciencia actual
obtiene resultados que no admiten comparación con los de la ciencia triunfante
de sus comienzos. La ciencia no estaba enferma. Unicamente cambiaba de piel. Y
en su nueva piel es tan temible como la boa después de la muda. Nos vence y nos
corroe, y reduce a polvo al hombre y al humanismo.
El
abandono del determinismo y del mecanicísmo clásicos no ha señalado el fin de
la ciencia, sino más bien el fin de la metafísica que admitía el determinismo
laplaciano y el mecanicísmo clásico como fundamentos de la ciencia. El hombre
de la
calle, como asimismo el metafísico, no imaginaban de ningún modo la ciencia sin
el determinismo laplaciano. Luego se ha visto a la ciencia utilizar
instrumentos que le convenían, a veces el determinismo, otros la incertidumbre
y también la estadística. Y la ciencia prosigue su marcha. La antigua mecánica
newtoniana vive todavía en las fórmulas de Lorentz, como el Louvre de Enrique
II permanece en el Louvre actual.
Ello
exige de nosotros la mayor atención. Pues es difícil buscar por qué lado no
somos máquinas si antes no sabemos lo que es una máquina.
Una separación
empieza a dibujarse,
sin que de
ello nos demos
claramente cuenta, y se presenta tan intensa que es probable que no
guste a los espíritus habituados a las extrapolaciones del monismo científico o
a las del monismo anticientífico.
Cada uno
empieza ahora a experimentar la fuerza y los derechos del otro. La ciencia
defiende con firmeza su territorio. Pero no le queda más que esto. En la zona
inocupada, o provisionalmente inocupada, existe la libertad de buscar «otra
cosa». Es así como el derecho, que se sirve de un mundo dualista, nunca ha
renunciado a reconocer
la existencia de
personas irreductibles a
cosas y diferentes de ellas. Si
la persona jurídica no parece deshumanizarse a consecuencia de las
adquisiciones científicas, es porque esta persona no puede ser construida - ni
por el derecho ni por el pensamiento corriente- en la zona de las ciencias
actuales.
Hasta
ahora existía una como mala separación (20), una lucha entre dos imperialismos
que se disputaban el mismo territorio. Ahora, y sin duda por primera vez, la
ciencia se ha encerrado en sí misma. Aborda sus nuevas dificultades por sus
propios medios y no se apoya para nada en los resultados más elevados y más
recientes del pensamiento metacientífico. Ocupa sólidamente lo que posee y
nadie mejor que ella sabe defenderlo. Pero no puede extrapolarse hacia la zona
desconocida. Crueles experiencias le han mostrado la imposibilidad de realizar
esta extrapolación. La zona inocupada, o provisionalmente inocupada, permanece
abierta a los que buscan otra cosa.
Pero
resulta difícil de acoger el dualismo después de los éxitos del monismo
científico e, incluso,
lo que sería
más largo de
explicar, después de
los del monismo filosófico. Ahora
bien, por muy extraño que pueda parecer, la misma cibernética, más que la
filosofía de las ciencias, es la que nos obliga a buscar
«otra
cosa».
A mi
parecer, el derecho es el que posee aquí los argumentos más interesantes (21).
Pero, menos explícitos y menos vastos, los argumentos cibernéticos son más
accesibles (véanse p. 22 y p. 138: el mayor dilema). El dualismo se impone
entre todos aquellos que conocen la cibernética.
Prescindiendo
de los juristas, la mayor parte de los pensadores verán, por lo tanto, con
cierto temor formarse como una nueva separación y esfumarse los monismos que
tan por completo han ocupado la escena. El dualismo hacia el cual, sin
quererlo, estamos ya avanzando, no puede ser el de los antiguos ni el de
Descartes, pero se parece más a ellos que al pensamiento de la primera mitad
del siglo XX (22).
Las
figuras 1 y 2 podrían representar un esquema muy sencillo de la evolución del
dualismo a que nos referimos.
La figura
1 representa una simplificación del dualismo cartesiano. Según se muestra en
ella, el hombre se compone:
1. De un
cuerpo M, masa de máquinas fisiológicas extendidas en el espacio (23).
2. De una
zona A (el alma, el espíritu), zona que Descartes suponía inextensa y no
situada en el espacio; es decir, enteramente distinta de la zona M.
A
representa el otro continente de la naturaleza, la «otra cosa» en relación a M.
3. Se
sabe que en Descartes el paso entre A y M es facilitado por el punto P
(glándula pineal, a través de la cual el cuerpo y el espíritu se influyen
mutuamente (24).
La figura
2 representa el dualismo hacia el cual podríamos actualmente dirigirnos (como
será descrito en la obra Matiére et personne, que seguirá al presente libro)
(25).
La
separación en dos zonas habría cambiado, pues el punto de separación P se ha
desplazado hacia la izquierda, empequeñeciendo la zona A.
La mayor
parte de la antigua zona A se ha reducido actualmente a materia, donde forma la
región M~. Igual que las tierras de aluvión, toda una parte antiguamente humana
ha venido a unirse al continente material M$. Una buena parte del espíritu ha
abandonado al hombre (bajo la forma de máquinas de calcular) para colocarse en
la zona de las máquinas humanas materiales. La antigua división espíritu-
cuerpo pierde de este modo parte de su sentido o, por lo menos, exige mayor
precisión (26).
De ello
ha resultado:
a) Un
verdadero dualismo.
Las zonas
A y M están del todo separadas por primera vez. La cuestión es demasiado
importante para poder tratarla aquí, pero podemos decir lo siguiente:
La
división jamás ha sido completa ni en cuanto a sus límites ni en cuanto a su
significación. Nunca se ha sabido decir dónde empezaba la zona M y dónde
terminaba la zona A.
Los
límites eran imprecisos, pues toda adquisición científica mecanicista se ha
tenido por sospechosa. Eramos y somos todavía incapaces de describir por
completo un mecanismo humano cualquiera. La máquina descrita no constituye el
todo del órgano. Una parte del hombre, cualquiera que sea, nunca ha caído
enteramente en la zona M$. Harvey había demostrado que el corazón era una bomba
aspirante e impelente y que se servía, como las bombas industriales, de
tuberías y válvulas. Pero el sistema circulatorio no por ello se encontraba del
todo deshumanizado. Basta observar una arteria para advertir que no es
asimilable al tubo de una bomba, puesto que participa del milagro
protoplasmático, vive, se reproduce, se repara, etcétera.
Un
dualismo actual debería mostrarse mucho más desorbitado, pero mucho más
puro. Actualmente, un
órgano del que
se apodera la
cibernética (sobre todo cuando lo reemplaza por un órgano
artificial) pierde por entero su misterio y cae definitivamente en la zona M,
confundiéndose ésta a su vez con la zona Z (la figura 2 ya no distingue las
zonas M y 7). Esto es además una manera de hacer más sincero el dualismo.
Uno de
los argumentos cibernéticos
más sorprendentes, uno
de los hechos nuevos a partir de los cuales la
ciencia se ve obligada a tomar una nueva orientación, ha sido la aparición de
los órganos artificiales. No nos hemos dado cuenta de la importancia teórica de
la sustitución, aunque no fuera más que durante algunos segundos, de un corazón
«natural» por un corazón artificial. Los constructores de este corazón no se
preocupaban de la filosofía de las ciencias o de la metafísica, del mismo modo
que los ingenieros que descubrieron el efecto fotoeléctrico no eran teóricos de
la luz.
A partir
de este nuevo hecho nos vemos obligados a modificar una gran parte de nuestras
opiniones. Digamos por el momento que la separación entre el hombre y la
maquinaria de su corazón ha sido zanjada por vez primera (27) . Todavía no
sabemos si el corazón natural contiene o no algún elemento milagroso, pues no
poseemos la descripción
completa de dicho
corazón. Pero sabemos
que el corazón construido en un
taller es una máquina puramente material. Ahora bien, este corazón sustituye
perfectamente al corazón natural. Incluso, aunque este corazón contuviera «otra
cosa», la parte reemplazada provisionalmente por el corazón artificial se
encuentra definitivamente deshumanizada (véase p. 138 el mayor dilema).
Otros
argumentos, tal vez más importantes pero que requieren una exposición más
extensa, pueden encontrarse en las realizaciones cibernéticas. Algunos se
encontrarán en las páginas siguientes (el cálculo completo, p. 41, el análisis
sustractivo, p. 139, la desmoralización de los objetivos, p. 156).
b) Disminución progresiva de la zona A.
Las
consecuencias de la caída en la materia del conjunto de la zona M$ se hacen
cada día más visibles. Además, el plazo de que se beneficia la intangibilidad
de esta zona A es de corta duración. Es poco probable que la ciencia ya la haya
ocupado toda. Pero continúa alerta en busca de alguien a quien devorar. Por lo
tanto, deberíamos emplear el mayor rigor, entregar ya desde ahora a los
mecanicistas todo lo que se parezca de cerca o de lejos a un mecanismo, no
luchar donde vamos a ser derrotados de antemano y por un terreno que no merece
la pena.
c) purificación de la zona A.
La
investigación humanista se beneficia del progreso científico, por amargo que
sea, pues siempre es bueno que la verdad se manifieste. ¿Debemos continuar
defendiendo al hombre completo, confundido con sus máquinas? ¿Debemos dejar que
un buscador de oro se agote en investigaciones estériles en un terreno que no
es aurífero? ¿No es preferible abrirle los ojos, aunque sea a costa de algunas
lágrimas, e invitarle a buscar - pues la ciencia nos obliga a ello en otra
parte y no en el cuerpo mecánico o químico, en los genes, en el protoplasma y
en todo lo que suena a alta química del carbono? Esto, suponiendo que exista el
oro en alguna parte.
La zona A
de la figura 2 ha sido purificada de la totalidad de la zona Mf. Su estudio se
hizo imposible durante todo el tiempo que estuvo rodeada de su ganga de
impurezas (28). Debemos despedirnos de la zona Mf y edificar nuestra casa sobre
la altura, al abrigo de las aguas materiales, de las que la ciencia nos ha
librado. Por otra parte, nunca se reconstruye dos veces la misma casa. La nueva
no se parecerá a las antiguas.
Este
libro estará consagrado al ruido que produce la caída de una gran parte del
hombre en la materia y al ruido que produce en nuestra metafísica y en nuestra
moral la materia que penetra en el hombre.
Los
capítulos 1 y 2 señalan ciertas consecuencias en la moral y en la técnica
médicas.
El
capitulo 3 se refiere a la inestabilidad de la zona A y a la posibilidad de
caída dentro de la materia de ciertas partes del muñeco humano, partes de las
cuales la humanidad parecía estar bien segura.
El
capítulo 4 intenta mostrar, sobre un aspecto de historia de las ciencias, el
comienzo de la mecanización del hombre emprendida por las ciencias humanas, y
el capitulo 5 expone la intención cibernética de conducir este trabajo a un
buen fin.
Los
capítulos 6 y 7 señalan ciertas consecuencias jurídicas y morales concernientes
a la propiedad y la apropiación de bienes (zona M) y a la igualdad de los
individuos humanos (zona A).
Intentamos
dar, en primer lugar, una definición de la cibernética.
III. La cibernética
1. Historia de la cibernética
Se puede
tomar como punto de partida de la cibernética, en su forma actual, un articulo
profético publicado en 1938 por Louis Couffignal en la revista Europe.
El movimiento
tomó cuerpo en los Estados Unidos,
en vísperas de
la última guerra, empezando en
forma de investigaciones médicas emprendidas por el doctor Rosenblueth, de
México, en colaboración con N. Wiener y su equipo de investigadores del
Massachusetts Institute of Technology. Las necesidades de la guerra obligaron a
dicho grupo a dedicarse a investigaciones relacionadas con armas automáticas
capaces de reemplazar o de aventajar a los hombres combatientes (29).
Tal como
ha sucedido muchas veces, en el momento en que las circunstancias favorecieron
la aparición de esta nueva ciencia, los instrumentos lógicos y matemáticos
necesarios a su desarrollo por un curioso azar acababan de ponerse a punto: la
teoría de los juegos desde Pascal a Von Neumann, había sido convenientemente
elaborada. El nervio artificial de Ralph Lillie databa de 1922. La electrónica
había aportado su maquinaria perfecta, sus telemandos casi instantáneos, sus
amplificadores sin inercia, sus válvulas, sus filtros, sus posibilidades de
miniaturización. Boole hacía tiempo que había formulado los principios de su
álgebra, L. Couffignal había utilizado la numeración binaria en las
maquinas de calcular
y, en 1938,
el profesor Aiken
había construido en los
Estados Unidos la calculadora Mark 1, que funcionaria durante toda la guerra y
que fue
la primera calculadora electromecánica (pero todavía no electrónica). Shannon
acababa de publicar sus primeras consideraciones sobre la información y la
declaración de la guerra había suscitado en Inglaterra la formación de un grupo
de investigación operacional para la defensa antiaérea conocido bajo el nombre
de «Circo Blacket», etc.
Incluso
el nombre de esta ciencia había sido indicado por Maxwell, el cual, al
establecer la teoría del regulador de bolas, había utilizado, para designar los
aparatos de contrarreacción, el término governor (30) (en el sentido de piloto), que en griego
se traduce por kubernetes (31).
Dentro
del grupo Wiener-Rosenblueth había nacido la cibernética en una gran
efervescencia de ideas y de discusiones. Las reuniones continuaron después de
la guerra y el número de colaboradores crecía cada día (32).
El
término cibernética fue adoptado por Wiener durante el verano de 1947 y en
1948
dicho autor publicó la obra que había de dar a conocer el nombre y su
contenido.
Un
movimiento similar había nacido en Inglaterra y, después de la guerra, en
Francia.
Un movimiento muy fecundo se ha desarrollado también en la URSS.(33)
2. Definición de la cibernética
Kaa se
deslizó hacia el
centro de la
terraza... Describió dos
o tres grandes círculos, balanceando su cabeza a
derecha e izquierda. Después empezó a describir círculos y trazar ochos con su
cuerpo, y vagos triángulos que se transformaban en cuadrados y en pentágonos
sin parar ni apresurarse y no interrumpiendo nunca su canción, en voz baja,
como un murmullo...
Baloo y
Bagheera estaban como petrificados, gruñendo en sus gargantas y con el pelo de
la nuca erizado, y Mowgli miraba y se maravillaba.
-
Bandar-log - dijo al fin la voz de Kaa-, ¿podéis mover las manos o los pies sin
que yo lo ordene? ¡Contestad!
- Sin tu
orden, ¡oh, Kaa!, no podemos mover ni pies ni manos.
-¡Bien!
Avanzad un paso hacia mí.
Las hileras
de monos se
arrastraron hacia adelante,
impotentes, y Baloo
y
Bagheera
dieron un paso al frente, con los monos.
-¡Más
cerca! - silbó Kaa.
Y todos
avanzaron de nuevo.
Mowgli
puso sus manos sobre Baloo y Bagheera para detenerles y los dos animales
temblaron como si de repente alguien les hubiera despertado de un profundo
sueño.
- No
quites tu mano de mi espalda - murmuró Bagheera-. Tenla ahí o de lo contrario
deberé volver hacia Kaa.
- Pero sí
no es más que el viejo Kaa que describe círculos en el polvo - dijo
Mowgli-.
¡Vayámonos!
RUDYARO
KIPLING, La danza de Kaa
Se ha
definido la cibernética de muchas maneras. Una de las definiciones más
interesantes y sin duda la mejor y más completa ha sido emitida por Couffignal:
«cibernética es
el arte de
hacer eficaz la
acción» (véanse las
obras de L. Couffignal citadas en la pagina 67).
Leyendo
las demás definiciones de este autor, vemos que únicamente considera eficaz la
acción guiada, es decir, la acción controlada hasta el último instante del
acto. Se pone en evidencia, así, el elemento racional.
Por
nuestra parte intentaremos también definir la cibernética, o por lo menos dar
de ella una idea que pueda ser utilizada por las ciencias humanas.
Primer
elemento: el pensamiento dominado (34)
Algunos
intermediarios se intercalan con frecuencia entre el jefe y el ejecutante,
intermediarios que realizan a veces la puesta en forma de la decisión. El
capitán
'le
artillería no transmite los elementos de su decisión directamente a los
soldados. Da esos elementos al jefe de la pieza, quien - después de haberlos
sometido a alguna transformación para hacerlos más aplicables- los transmite a
los diferentes ejecutantes: apuntador, tirador, polvorista, etcétera.
Actualmente los
ejecutantes pueden ser
reemplazados por máquinas.
En un navío, el timonel puede ser
reemplazado por un motor que actúa sobre el timón.
Pero se
ha observado que cierto número de máquinas podían encargarse igualmente del
papel de intermediario. Así, el timón (o timonel) automático registra
las
intenciones del capitán (concernientes al rumbo de la nave) y después las
comunica en el curso del viaje - puestas en forma y muchas veces adaptadas a
las circunstancias del viaje- al motor que actúa sobre el timón.
C.
Maxwell, al estudiar uno de los más antiguos dispositivos automáticos
intermediarios (el regulador de Watt), dio a estos aparatos el nombre de piloto
(governor; en griego: kubernetes).
De ahí la
idea de Wiener de llamar Kybernetica (Cibernética) a la ciencia de las máquinas
que interpretan y transmiten órdenes: Cybernetics or Control and Communication
in the Animal and the Machine (control y
comunicación en el animal y la máquina) (35).
Wiener no
dijo: Cibernética automática, sino únicamente Cibernética. Pero es evidente que
no se ocupaba más que de los intermediarios automáticos (36) y no de los
vivientes y que no tenía la intención de crear una escuela de timoneles (37).
Mas desde
el momento en que nos damos cuenta de que el intermediario (el jefe piloto que
en el navío transmite las órdenes del capitán al timonel) podía ser sustituido
por una máquina, se introduce la idea de la maquinalidad del piloto humano en
sí. El jefe timonel posee tal vez en su cerebro una pequeña máquina automática
que presta los mismos servicios que un timón automático. El reino de las
máquinas se extiende. No solamente se utiliza ahora una máquina en lugar del
timonel, sino que
el mismo timonel
(la esencia aristotélica
de este timonel separada de sus accidentes) es una
máquina. Así, pues, el término Cibernética (38) (y no Cibernética automática)
es apropiado, puesto que lo que interviene en la fase intermediaria no es otra
cosa que una máquina automática.
Así,
tenemos, de momento, una idea sobre el doble objeto de la cibernética:
1.0 El
descubrimiento de máquinas intermediarias cada vez más perfectas.
2.0 El
descubrimiento de lo que en el hombre
probablemente es maquinal porque
es intermediario.
Por lo
tanto, el trabajo del piloto, entendido de este modo, continúa siendo
intelectual. Consiste en recibir órdenes, observar lo que le rodea, reflexionar
y transmitir las órdenes a la tripulación, la cual, por su parte, realiza un
trabajo físico.
Pero
dicho trabajo intelectual no deja de ser subalterno. No realiza otra cosa (39)
que lo
que desea el capitán.
Este
último, nos parece, había expresado toda su voluntad, puesto que el piloto es
capaz de ejecutar dicha voluntad. El piloto no puede crear nada, no añade nada
que no esté maquinalmente determinado a partir de los objetivos expresados por
el capitán. Se limita a desarrollar aquellos objetivos, a pulirlos para hacer
más
aplicable
la información contenida en ellos, de la misma manera que al plantear y
desarrollar bien una ecuación se advierten las raíces que contiene.
Asociamos
hasta tal punto pensamiento y libertad que el trabajo intelectual determinado
(40) del piloto se nos hace sospechoso de maquinalidad y nos invita a la
reflexión. Los cibernéticos lo han escudriñado de cerca y, actualmente lo que
de buen comienzo no era más que un postulado está a punto de transformarse en
un principio (41), que yo propondría enunciar de este modo Todo trabajo
determinado por un objetivo que le es dado desde fuera no es ni intelectual ni
específicamente humano; mas pronto o más tarde podrá ser confiado a una maquina
Aunque no
este muy claramente
expresado este postulado
es el principal motivador del pensamiento cibernético.
Proponemos, pues, para el trabajo del piloto el nombre de trabajo determinado o
maquinal y para el trabajo del capitán que da los objetivos el de trabajo
autónomo o humano (42).
El
derecho ha actuado desde hace mucho tiempo como si creyera en la maquinalidad
de todo trabajo intelectual que no propone objetivos (43).
Creo que
debería adoptarse este punto de vista, no solamente como un postulado o como un
principio ya bien fundamentado, sino más bien como un método de trabajo. Puesto
que la mecanización progresa
constantemente, ¿por qué disputarle el dominio de ese terreno
sospechoso en el que por todas partes se oye ruido de engranajes? Concedamos
todo esto al muñeco mecánico que constituye nuestro cuerpo, al maravilloso,
ingenioso y tan amado muñeco hecho de materia domesticada y amiga,
indispensable compañero de camino y sostén de nuestra vida.
¿Perderemos
algo con ello? El trabajo intelectual subalterno constituye lo más expresivo de
nuestro pensamiento, pero, ¿es que es, ya, «pensamiento»? (44). No son
precisamente las máquinas que piensan, es más bien el hombre quien no piensa
cuando expresa así la materia sin añadirle ninguna novedad específicamente
humana (véase, de todos modos, el capítulo 3).
He aquí,
pues, un primer aspecto de la definición: la cibernética se ocupa del trabajo
intelectual determinado (45)
Cada día
nos damos más cuenta de que el trabajo del piloto es muy importante y que
podría serlo todavía mucho más. La zona Mf del pensador subalterno (46) va
royendo cada vez la zona soberana del capitán. Los que están al corriente de
los libros y los congresos cibernéticos se ven sorprendidos muchas veces por
los dos rasgos siguientes:
a) El
espíritu de síntesis de esta disciplina de la acción. La eficacia de los grupos
Rosenblueth-Wiener o Blacket se debe a sus métodos de trabajo más flexibles y,
sobre todo, a su diversidad. Un congreso de cibernética es uno de los pocos
lugares
donde dos especialistas de diferentes disciplinas se esfuerzan en comprenderse
y en hacerse comprender. Allí hay comunicaciones de biología, de neurología, de
electrónica, de lingüística, de derecho, de estética, de estrategia, de física
teórica, de lógica matemática. Y, sin embargo, el conferenciante y el auditorio
tienen conciencia de que están realizando un trabajo común.
b) Si
bien existen obras de cibernética, no hay todavía cibernéticos de profesión.
Los congresos se nutren de especialistas que acuden en busca de un progreso
para su técnica particular y, juntamente con los demás, están dispuestos a
hacer avanzar el procedimiento general de investigación. Luego, vuelven de
nuevo, cuanto antes, a cuidar a sus enfermos, a tratar a sus delincuentes, a
organizar sus servicios administrativos, a reemprender su trabajo de archivero,
de educador, de urbanista, de economista, de legislador social o, simplemente,
de inventor de máquinas.
La
cibernética no es solamente una técnica de todas las técnicas, sino que
establece y desbroza su propio campo de acción, que va quitando al capital
humano para entregarlo
a las actividades determinadas (47).
Puesto que, en efecto, el capitán no se limita siempre a
la mera indicación del objetivo. Después de haber dicho: «Yo deseo llegar
mañana por la mañana al Pireo, con el mínimo consumo de carbón y, a igual
consumo, con el menor desgaste de las máquinas», añade toda clase de
indicaciones detalladas sobre la conducta a seguir durante la ruta. Ahora bien,
estos detalles constituyen el trabajo del piloto y deben ser fijados según las
reglas del pensamiento determinado.
Mirándolo
bien, en realidad son los armadores (como en Platón) quienes fijan el objetivo.
El mismo capitán, así como, igualmente, el oficial piloto, ejecutan un trabajo
intelectual subalterno, reemplazable, más pronto o más tarde, por una máquina.
El objetivo, la moral, los valores y, genéricamente, el elemento humano ven
desaparecer su soberanía y el campo de la cibernética crece desmesuradamente.
Si, para
evitar los peligros de una travesía marítima, es conveniente dividir los
esfuerzos y distribuirlos entre el capitán, el piloto y el marinero, ¿no será
igualmente conveniente hacer lo propio en el interior del hombre y a propósito
de cualquier acción? ¿Debemos tender siempre hacia un solo objetivo, sin mirar
a derecha e izquierda y sin distraernos durante el camino? Cierta libertad en
la organización de los medios puede parecer más necesaria todavía que en la
determinación de los objetivos superiores. Incluso parece conveniente que debe
fomentarse, en el terreno amoral de los medios, cierta fantasía, una marcha
caprichosa unida por lazos subterráneos
con los principios
directivos. No solamente el
encanto de la vida exige este precio, sino que existen negligencias, perezas y
fantasías fecundas (48). La obstinada tirantez hacia el objetivo sustrae al
pensamiento subalterno un complemento que nos era familiar (49).
También
reduce el número de objetivos (véase pág. 120). El hecho de distraerse acompaña
a la búsqueda del objetivo principal de un gran número de actividades y
satisfacciones
secundarias. Constituyen pequeños objetivos (50) perseguidos paralelamente al
principal, los cuales vendrán a suprimirse para la consecución de eficacia. Sin
embargo, dichos objetivos secundarios frecuentemente eran muy útiles, enriquecían
el conocimiento para
otras futuras tareas
todavía indeterminadas. Claro está que si aquellas actividades se
consideraran realmente útiles, sería posible describirías con toda precisión
para imponer su prosecución adecuada. Pero nadie se divierte porque se lo
manden. Siendo así, quedará un solo objetivo, que se impondrá con una
aterradora pesadez y que nosotros ejecutaremos como robots (51).
El
taylorismo había enfocado una tal prosecución de la mejor manera de operar. Se
imponía a los obreros la mejor serie posible de movimientos operativos. Pero la
cibernética ha nacido en unas condiciones muy diferentes a las de la primera
revolución maquinista. Por otra parte, mecanizar el trabajo humano en las manos
del hombre consistente en hacer un alto en la mitad del camino y precisamente
en el punto peor del camino. Es preciso mecanizar hasta que todo el trabajo
subalterno sea realizado por las máquinas liberando al hombre de un trabajo
inhumano y a la producción dé un trabajador poco dotado.
Pero,
además, la cibernética nació durante una guerra en el curso de la cual resultó
seriamente comprometido, desde todos los ángulos, el porvenir de la humanidad.
Todos comprendieron que cierto número de bombas atómicas bastarían para
destruir, en unos instantes, nuestra frágil humanidad y podrían anular la
inverosímil serie de acontecimientos favorables que le habían permitido
subsistir hasta entonces.
Un oculto
sentimiento de que habíamos pasado el tiempo descuidados e inconscientes del
peligro, como unos niños, invadió a todos los hombres. Actualmente poseemos ya
algunos medios de protección y una epidemia o un cataclismo, que habrían sido
de consecuencias fatales para la humanidad hace únicamente un par de siglos,
podrían ser evitados en nuestros días. Pero aquello fue suficiente para que nos
diéramos cuenta de hasta qué punto somos débiles y estamos aislados, a merced
de los fallos de nuestros propios organismos corporales, de sus enfermedades o
de su degeneración, de las anomalías del sistema solar y de la tierra que nos
cobija, de la cual nosotros dependemos todavía.
La aceptación
de una simplificación del
número de objetivos
tal vez se ha
producido de modo algo inadvertido. El espíritu cibernético se parece al de una
ciudad sitiada, en la cual todo se simplifica. De repente, hemos advertido que
era necesario alojar, alimentar, asistir e instruir a todos estos hombres y no
nos está permitido, entonces, utilizar tanto la fantasía como cuando se trata
de perfeccionar la vida y el pensamiento de un pequeño número de hombres.
El telón
de fondo de las obras de Wiener es una inmensa inquietud y una como neurastenia
ante la suerte de la humanidad. La cibernética pertenece de lleno a nuestra
época y resulta muy hermoso poder ver cómo se aplica a la tarea durante
esta
última hora. Algunas antiguas satisfacciones que acompañaban nuestro trabajo,
desaparecerán, sin duda, cuando todo haya caído en la zona M. Pero se pueden
encontrar en la zona A placeres igualmente preciosos y más puros.
Por lo
tanto, deberíamos acoger
las máquinas con
esperanza. Aumentan la eficacia de nuestra defensa y constituyen
nuestra única probabilidad de mantenernos y de vencer, por rapidez, los
peligros que nos amenazan. La defensa de la vida exige un inmenso consumo de
pensamiento controlado (52). No podemos luchar contra la materia sino poniendo
frente a ella máquinas y materia. No se puede luchar contra los elefantes
salvajes más que con la ayuda de otros elefantes, domesticados.
Segundo
elemento: el trabajo intelectual
El
trabajo físico exige siempre un mínimo de actividad intelectual. Pero el
trabajo del piloto es únicamente intelectual. Cuando el encargado de un asunto
(53) expone al cibernético sus deseos, éste reflexiona y traza un plan de
acción. Prepara la ejecución y describe con antelación el itinerario (54)
El piloto
se informa (en el sentido corriente de la palabra) cerca del capitán para
conocer el objetivo que debe servir (55) y los medios de que dispone. En primer
lugar, procura estar
informado de la
evolución y continúa
informándose y pensando durante
toda la travesía. Cuando comprueba que sus primeros cálculos eran falsos y que
el navío no se dirige hacia el objetivo, completa sus cálculos y toma a cada
momento nuevas decisiones prefijadas y nuevos cambios de proa, para mantener el
rumbo hacia el objetivo.
Esta
continuidad del pensamiento es lo que nos hace reconocer el «pensamiento»
humano. Este movimiento dentro del movimiento, esta perpetua adaptación
(56) y puesta al día del plan de acción
es característico del ser viviente. Es lo que en cibernética se llama
dirección. Un proyectil, material y ciego, una vez lanzado en dirección a un
objetivo, va derecho hacia él. Por el contrario, Pulgarcito sabe que si sigue
su primera dirección nunca podrá llegar al castillo, sino que lo rebasaría por
la izquierda o por la derecha. Por esto se sube a un árbol, ve a lo lejos el
castillo y rectifica la dirección de su marcha.
Hoy día
este «pensamiento» vigilante
que acompaña a
la ejecución no es
suficiente para garantizar
la humanidad del
«pensador». Existen máquinas capaces de dirigirse (57). El tipo
más extendido de dichas máquinas autodirigidas es tal vez el termostato. Pero
la que más nos impresiona y en la que todo es visible como en un problema
elemental (58) es la que nos ofrece el cohete de cabeza buscadora. El tirador
se contenta con imponerle un objetivo: alcanzar el avión enemigo. Pero es el
cohete mismo quien fija su itinerario, modificándolo a la
«vista»
de las condiciones del momento. La trayectoria del cohete se «anima» y da la
impresión de vida y de libertad.
Ahora
bien, puesto que en este caso no hay ninguna libertad, dicha trayectoria nos
hace reflexionar sobre muchos movimientos aparentemente libres y de los cuales
ahora comprendemos mejor su curso sinuoso. El hombre más perspicaz, colocado
frente a una serie de circuitos de retroacción montados en cascada, resulta
absolutamente incapaz de descubrir allí el más mínimo determinismo y la menor
inflexibilidad, ya que el movimiento parece inteligente y libre. Se trata de un
ejercicio que debería imponerse todo hombre que reflexione sobre la libertad,
no para renunciar a
ella, sino para
no situarla donde
no está, o
sea, en el pensamiento regulado (59).
Tercer
elemento: el pensamiento claro
Había
querido dar tiempo a su pensamiento para que acudiera a reconocer el sueño que
durante tantos años había acariciado y para que asistiera a su realización,
como se hace con un pariente al cual se invita para celebrar el éxito de un
hilo a quien amaba mucho.
MARCEL
PROUST, Un amour de Swann
Toda
técnica se esfuerza en mejorar el saber hacer. Pero, para que haya cibernética,
el esfuerzo debe ser racional. Se puede dar ahora una definición de la
cibernética - en la que todos aquellos que se interesan por ella la reconocerán
-, diciendo que la cibernética es un esfuerzo para mejorar racionalmente el
trabajo regulado hacia un objetivo. (60)
Se trata,
pues, del pensar racional que habíamos abandonado poco a poco y al cual el
siglo pasado había retirado su confianza.
La
racionalidad supone cálculo matemático y formulación (61). Sin embargo, la
cibernética, para empezar, puede contentarse con menos. Puede considerarse
cibernética creo yo- todo lo que puede ser comunicado y enseñado. Un pintor de
paredes no enseña a un aprendiz con ayuda de fórmulas, sino con procedimientos
mucho más imperfectos. Lo esencial es que la enseñanza - aunque no sea mas que
por gestos- pueda realizarse.
Nosotros
adoptaremos, por lo tanto, una terminología que no será precisada hasta la obra
que seguirá a ésta (62) pero de la cual podemos dar el sentido general:
-
proponemos denominar claro a todo pensamiento regulado comprensible o, por lo
menos, normalmente reproducible, memorizable, comunicable, enseñable a uno
mismo y a los demás;
-
proponemos llamar oscuro a cualquier otro pensamiento regulado:
Constituye
una cuestión muy importante saber si se trata de una separación completa (por
ejemplo, si el pensamiento claro pertenece a la zona M y el oscuro a la zona
A), o bien si el pensamiento oscuro no es más que una «telegrafía sin perro»
(pág. 89), es decir, un pensamiento claro y a la vez oculto (63). Puesto que el
pensamiento claro y el oscuro vienen a ser los dos pensamientos regulados,
existe - según los principios aplicados aquí- la presunción casi irrefutable de
la maquinalidad, tanto del pensamiento oscuro como del claro.
Aunque esta
distinción exige algunas
precisiones, en general
resulta con frecuencia fácil de
establecer.
Ejemplo de
procedimiento oscuro. Un
hombre ve en
sueños claramente la situación de un tesoro que su abuelo había
enterrado en el huerto, al pie de un árbol. Al despertar, o incluso en un
estado de entresueño, se levanta, excava al pie del árbol y encuentra el
tesoro. El itinerario del acto había sido preparado por la operación oscura del
sueño, operación no reproducible (pues no se puede soñar a voluntad), no
enseñable, etc.
Ejemplo
de procedimiento claro. El hombre traza un plan razonable: cuadriculación del
campo, investigación operacional relativa a las costumbres del propietario del
tesoro (se trataba de un jugador de póker acostumbrado a hacer trampas o bien
de un hombre muy sencillo), fijación de una orden de sondeo de las cuadrículas,
realización del sondeo con la ayuda de un detector, etc. Un procedimiento tan
bien pensado no es indispensable y podría bastar con revolver la tierra de cada
cuadricula en un orden cualquiera. La operación resultará clara, puesto que
puede ser explicada, repetida, calculada, etc.
Ello
supone dos consecuencias, que señalan el espíritu y el comportamiento de
nuestro siglo. Podríamos designarías con los nombres de duda moral y duda
técnica.
La duda
moral.
No sabríamos
cómo discutir la
decisión del capitán,
puesto que la
creemos humana y, por lo tanto, extraña a la cibernética. Pero nos está
permitido depuraría, eliminando toda aquella parte de la cual el capitán se
había ocupado indebidamente. Tal trabajo se confiará al piloto; es decir, tarde
o temprano, a las máquinas. Como consecuencia, resultará una intensa
desmoralización de la zona pretendidamente humana y una extensión casi
ilimitada del territorio del pensamiento
regulado. Pues, ciertamente,
los verdaderos objetivos
son muy
escasos y
todo lo demás no son más que medios, sustraídos a los deseos y a la atención
del capitán.
La duda
técnica.
Consiste
en dudar de todo procedimiento y de toda fórmula mantenidos por la rutina o la
tradición. Las habilidades oscuras o sencillamente secretas parecían de origen
humano o, incluso, divino (64). Eran transmitidas de una generación a otra de
artesanos.
Descartes
no había extendido su duda (65) hasta esos procedimientos humildes.
«Estoy
seguro - escribía - de los procedimientos de mi amigo (el obrero óptico
Ferrier).» Pero si quiere eliminarse la destreza y el rasgo de ingenio, si
quiere aplicarse la razón, aparece claro que hay tan pocas probabilidades de
que hayamos encontrado de repente una buena solución como de ver un ladrillo
elevarse por el aire a consecuencia de un paralelismo fortuito de sus
movimientos moleculares.
Es preferible,
por lo tanto,
«dejar acudir la
razón». Para este
pensamiento regulado, subalterno pero inmenso, deberíamos volver al
modesto pensamiento racional, intentando hacer salir de este diamante todos los
brillos que - precisamente con la ayuda de las máquinas de calcular- pueda
producir. En el fragmento citado al principio de este apartado, Proust,
hablando de pensamiento, viene a decir que no se trata del principal interesado
ni del capitán del navío, pero que es preciso dejarle acudir porque representa
el papel de la criada (o pariente) que ha amado al niño y por el cual se había
sacrificado mucho. Allí donde hasta ahora había dominado la tradición, el genio
y el milagro, se quiere instaurar a la desmañada, postiza y engreída razón, porque
las proposiciones razonables (66) están definitivamente adquiridas, se
transmiten y se enseñan, y aumentan constantemente por la suma del trabajo y de
los que trabajan. Resulta menos divertido, pero, ¿nos queda tiempo para
divertirnos mientras haya tantos niños que mueren de hambre?
Cuarto
elemento: el pensamiento clarificable
Antes de
la cibernética había existido ya algo bien distinto que los curanderos y los
charlatanes, los magos y los adivinos, y aun éstos empleaban, hasta cierto
punto, el pensamiento claro. Los ingenieros hacían sus cálculos de resistencia
de materiales, los capitanes de artillería hacían sus rectificaciones, sin que
se haya encontrado en sus cálculos y directrices otra cosa que una buena
técnica racional.
La gente
no se equivoca al asegurar que el signo de la racionalización cibernética es la
aparición de la máquina de pensar. Para que el establecimiento de un plan
de acción sea
cibernético, es necesario
que la operación
intelectual de preparación sea
tan rigurosa y clara que pueda confiarse a la máquina de calcular.
El
postulado, formulado o no, de la cibernética consiste en que toda reflexión
puede ser mecanizada precisamente porque no implica nada humano. El desarrollo,
pues, es el siguiente: se intenta primero introducir un poco de claridad que
nos permita pasar del procedimiento del hombre que sueña al del hombre que
reflexiona. Después se analiza, se detalla, se realiza el esfuerzo de seguir la
serie de operaciones precisas
hasta que todo
esté claro, sin
misterio, y pueda finalmente caer dentro de las máquinas.
Los «pilotos de la muerte» japoneses habían racionalizado estrictamente el tiro
de sus cañones porque reflexionaban sobre
ello hasta el
último momento y
hasta el mismo
instante en que se
estrellaban contra la cubierta del barco enemigo. Pero el verdadero instante
cibernético ha sido aquel en que los pasos mentales del piloto han llegado a
ser tan conocidos que han podido confiarse a un cohete de cabeza pensante
lanzado por un cañón con radar (67). A partir de este momento, la masa metálica
del navío guía por si misma los cañones y los proyectiles, ha sido eliminado
todo pensamiento prefijado humano y la materia ha vuelto a la materia.
Llega una
época en que la serie de movimientos de nuestro pensamiento en nuestro cerebro,
si puede emplearse una expresión así, es tan clara que todo el pensar cae
dentro de las máquinas, lo que constituye la piedra de toque del carácter
regulado y de la no-humanidad de sus distintas fases.
La
cibernética, pues, estaría encargada de clarificar completamente, y hasta su
mecanización completa, «los movimientos del pensamiento regulado».
Quinto
elemento: el cálculo molecular
Podría
completarse la definición diciendo que la cibernética tiende hacia un rigor
molecular del pensamiento (68). Se trata de una vuelta hacia un rigor y una
honestidad a la cual no creíamos ya tener derecho.
Instintivamente,
pensamos que el razonamiento no será clarificado (69) hasta que poseamos la
serie de todos los movimientos del espíritu (70). Entonces podríamos reemplazar
con toda exactitud cada elemento del pensamiento por un elemento de la máquina.
El sueño de
descomponerlo todo hasta
llegar a los
primeros elementos sirve de base al pensamiento cibernético, pues la
eliminación de lo oscuro y de los fantasmas exige precisamente este precio:
nada de rincones poco iluminados, nada de pensamiento bloque, nada de conjuntos
imprecisos o gestálticos; es decir, no descomponibles (71) en elementos
normalmente adicionales.(72)
Se
intentará, pues, dividir cualquier cosa, si no en átomos, por lo menos en
elementos que, a lo largo de la operación, se mantendrán primarios (73). Se
calcularán, después, uno
por uno, los
movimientos elementales de
tales
elementos,
se sumará el conjunto y podrá obtenerse, así, un resultado macroscópico
fidedigno (74). En el mundo microfísico se intentará aplicar procedimientos
inspirados en la misma exactitud o fidelidad. Veremos (pág. 55) las esperanzas
que suponen las máquinas de calcular a propósito de esos cálculos inmensos,
hasta ahora imposibles.
Cada
hombre ve levantarse ante sí la totalidad del universo material. A lo lejos
están preparándose amenazas que un día u otro le alcanzarán y contra las cuales
no cuenta más que con su suerte y las posibilidades del cálculo regulado de su
cerebro, de su memoria, de su representación, de sus millones de neuronas, más
o menos en buen estado. Ante ello, entonces, en vez de contemplar el peligro en
detalle, amalgama de innumerables elementos en un solo pattern, que será una
Gestalt (75). A
la larga, esto trae malas consecuencias y, de imprecisión en imprecisión, los
resultados dejarán de
ser aprovechables. Las
grandes calculadoras permiten ya hacer intervenir un número mucho mayor
de factores y realizar el gran número de operaciones que corresponden a cada
factor.
El
espíritu molecular es uno de los componentes más estables del espíritu
científico, en medio de sus fluctuaciones. Siempre que aparece en los
pitagóricos, en los atomistas, en Bacon, en Descartes o en Leibniz (76), se
aprecia el paso de la ciencia y el amor a la verdad con un costo muy caro. Todo
ello se aprecia en la cibernética. Y es tanto más importante por cuanto la
cibernética aplica el espíritu molecular a una zona aparentemente modesta,
juzgada indigna de las ciencias y abandonada al espíritu de organización del
artesano o del hombre de acción que tiene un rápido golpe de vista. Dicha zona
da lugar a la incubación de un misterio que muy fácilmente se califica como
humano (77).
No es
necesario iniciar aquí una discusión sobre la posibilidad de una exploración
molecular de lo real, sino sobre su eficacia. Cuando a uno le acusan de
espíritu cartesiano, ello viene a significar el supuesto de que un espíritu más
vago o más inspirado (78) podría obtener mejores resultados o aproximarse más a
lo real. Ahora bien, tales reproches o acusaciones no se pueden hacer a la
cibernética, puesto que su
única razón es
justamente la eficacia.
Si adopta el
espíritu molecular es porque cree, y puede demostrarlo con sus
resultados, que este espíritu llega muy lejos, a condición de disponer de las
calculadoras necesarias.
Pero el
problema no estriba en esto. Se trata, en primer lugar, de una manera especial
de «volver el alma hacia la luz». Nada como la utilización constante de la
Teoría de la Información (véase página 59) puede darnos la impresión de la
distancia entre lo real y su representación. La más penetrante de nuestras
ciencias corresponde (79) a lo real en la misma medida en que, en una barraca
de feria, el mar es imitado toscamente por un tapiz pintado de azul y detrás (o
debajo) se mueve un muchacho en todas direcciones para dar la impresión del
movimiento de las olas.(80)
El
pensamiento molecular es, pues, ante todo, una actitud de espíritu, una a
manera de honestidad y, al mismo tiempo, de optimismo, una confianza en las
posibilidades
del pensamiento. Tal vez sea también una habilidad mejor comprendida. Pues el
espíritu molar (81) es un espíritu de urgencia que tiende hacia la acción y la
defensa, el espíritu de un hombre que no tiene tiempo para cuidar los detalles
y que debe salvarse a cualquier precio. Ahora bien, incluso en este caso
es preferible pararse «para contar
hasta diez». Durante
la pasada guerra, cuando alguien
preguntaba: «¿Qué hacen los norteamericanos?», la respuesta era: «Construyen
máquinas-herramientas que servirán para construir o instalar las fábricas, que,
a su vez, fabricarán los armamentos que se han de emplear en el desembarco». Y,
probablemente, éste era el procedimiento más eficaz y el más rápido, a pesar de
todo.
Dada la
escasa adecuación a lo real
de nuestros instrumentos
mentales, el espíritu molecular
no consiste en querer copiar todas las partículas elementales, sino en escoger
entre los instrumentos aquellos que están o parecen estar más próximos a lo
real, sean cuales fueren su número y su coste.
En fin,
tales consideraciones han venido a sernos familiares en el campo de la
microfísica, que, desde luego, nos ha habituado a ellas. Pero sin ir tan lejos,
la cibernética se ocupa principalmente, por lo menos ahora, de las máquinas
macroscópicas. Dichas máquinas pueden contemplarse con espíritu molecular y
también con espíritu molar. Por tal razón, se había dicho que el hecho de
seguir una señal en un aparato de radiotelefonía era un paso hacia una nueva
forma de pensar. Poseyendo como poseemos unos conocimientos adquiridos en la
enseñanza secundaria - olvidados en parte -, el aparato antedicho se presenta a
nuestro espíritu como un conjunto casi viviente, en el que unos débiles
recuerdos de circuitos de resonancia y de filtros que disminuyen la tensión
eléctrica se combinan con una substancia fluida, con capacidad de recepción
universal extendida en cúpula sobre el universo. Así, se atraviesa un verdadero
umbral cuando, con un lápiz, se es capaz de seguir la señal desde la entrada en
antena hasta la salida por el altavoz. Entonces tenemos en el espíritu, claro
está, no la realidad del aparato, con sus células centrales, sus electrones y
todo aquello que, poco a poco, aprenderemos a ver detrás de aquellos núcleos y
electrones, sino una parte de la realidad al desnudo. Todo resulta estar aquí a
nuestra vista y no queda nada más que la materia clásica, nada más que «este
animal de Kaa que hace círculos», como decía Mowgli refiriéndose a la
fascinación que la danza de la serpiente ejercía sobre los habitantes del
bosque.
Puede
pensarse igualmente que si el cálculo molecular pudiera desarrollarse (lo que
no era posible antes de las grandes calculadoras), debería entonces, a la
larga, resultar más económico que el cálculo molar.
Para
entrar en el estudio de la neg-entropía (véase pág. 59), la lectura de ocho
volúmenes de un tratado general de física resulta probablemente más económico
que la
consulta realizada al azar de un gran número de obras de vulgarización, que
repiten forzosamente las mismas cosas bajo formas diferentes y que posiblemente
no darán al lector el único aspecto necesario. No constituye ninguna
exageración decir que mucho mejor que la bibliografía aquí propuesta (véase
pág.
90) para
el pensamiento heurístico, el camino más breve para abordar esta cuestión seria
el de una licenciatura en filosofía que diese en dos años y con un orden
metódico los elementos necesarios.
Ello es
igualmente conveniente para la profundización progresiva de los aspectos de una
pequeña zona de estudios y para la exploración extensiva. Sin duda viene a ser
más fácil al principio abarcar una zona muy amplia, al formar de ella una
imagen molar. Pero existen miles y miles de Gestalten que se adaptan a la misma
zona (82). Podemos suponer unos centenares de ellas para cada uso y para cada
observador. Mientras que una representación molecular de la misma zona
(molecular de acuerdo con nuestros objetivos) sería, para establecerla, muy
extensa, pero, ciertamente, se establecería de una vez para siempre (83).
Casi es
imposible seguir al mismo tiempo todos los estudios de la licenciatura, luego
el doctorado y los otros. También, lo mismo en la intención que en la
realización, el pensamiento molecular no ha tenido probabilidades de renacer
sino con la ayuda de las máquinas de pensar que le ofrecen sus posibilidades de
memorización y de cálculo.
Por su
espíritu molecular, la
cibernética se convierte
en una filosofía
de las ciencias y en una
metodología (84). Y resulta curioso comprobar cómo el espíritu cartesiano
vuelve a nosotros a través de los Estados Unidos e Inglaterra, donde fue adoptado
en silencio y sin frases desde el mismo momento en que dio pruebas de su
eficacia.
Lo que
indicamos no lo dará todo, posiblemente, pero sin duda nos proporcionará una
gran cantidad de cosas.
La
cibernética podría, pues, definirse como la aclaración completa y molecular del
pensamiento regulado hacia un fin (85).
En
sentido restringido, será cibernética:
a) La
aclaración (o clarificación) capaz de hacer caer el pensamiento regulado dentro
de las máquinas.
b) La
invención de la máquina capaz de encargarse de dicho pensamiento en lo sucesivo
mecanizable.
En
sentido amplio, será cibernética toda actividad (o trabajo) de aclaración o de
invención que contribuya a la realización parcial de los puntos a) y b) que
acabamos de citar.
La
fábrica que se construye a sí misma. La auto-automatización
So lad
ich über tausend tausend Jahre
Sie
wíeder hier.
LESSING,
Nathan der Weise
Las
conclusiones que permite esta definición de la cibernética pueden resultar tan
sorprendentes como lo fueron para mí cuando acudieron a mi pensamiento:
La
cibernética no se ocupará más que de la preparación de la acción regulada.
Tratará de construir una máquina (aquí denominada la máquina C), destinada a
reemplazar el pensamiento regulado humano y a producir (86) automáticamente (y
en lugar de nuestro pensamiento) los itinerarios y los planos de las máquinas
que consigan la realización de nuestros objetivos.
La
máquina C seria, pues, una instalación capaz de señalar automáticamente los
mejores medios (por lo tanto, entre otros, las mejores máquinas) que convienen
a cualquier objetivo (87).
Sin duda,
no vendría obligada a imaginarlo (88) todo desde un principio, pero podría
dotar a las máquinas que ella inventase de un pequeño aparato de pensamiento
secundario, capaz de dirección o de aprendizaje, aparato pensante secundario
que continuaría «reflexionando» durante el desarrollo de la acción.
Cuando la
máquina C haya
sido creada, la
tarea de la
cibernética habrá terminado.
He ahí
por qué la actividad de la cibernética no se parece a la de una ciencia pura
(aunque la cibernética pueda ser considerada como una teoría general de las
máquinas y de la acción) ni siquiera a la de una ciencia aplicada. Los
cibernéticos se parecen a los ingenieros que construyen una presa; están allí
para preparar un cambio de aspectos naturales y del paisaje que siempre
habíamos conocido. Cuando el pantano esté terminado, los cibernéticos se
marcharán, para que los que han de utilizar el pantano puedan recoger sus
beneficios.
Toda
realización cibernética constituye una pequeña parte de la máquina que ha de
producir el pensamiento regulado.
Así,
pues, en los siglos de los siglos, os invito a volver de nuevo aquí para ver la
máquina terminada.
También
deberíamos invitarnos a nosotros mismos a reflexionar frecuentemente sobre
estos problemas. Si existen argumentos razonables a favor, seria necesario
pensar en ello desde ahora, en lugar de esperar las confirmaciones bien
establecidas. Precisamente, éstas están llegando ya tan deprisa que, por poco
que nos descuidemos, podrían aniquilarnos - como las V2- antes de que las
hayamos captado.
Lo que
los laboratorios conciben excede, ciertamente, a lo que puede pensarse o
imaginarse por un autor de obras de fantasía. (Tal vez esto haya sido siempre
verdad. Las más descabelladas fantasías de Julio Verne están muy lejos de
alcanzar la desorbitada fantasía necesaria para concebir, por ejemplo, el
número de Avogadro.)
Todos
sabemos que a principios del siglo pasado no existían ni los trenes ni los
automóviles ni los aviones ni los cohetes; ni, tampoco, la siderurgia ni la
química ni los plásticos ni las aplicaciones de la electricidad; ni, mucho
menos, las grandes centrales de energía, ni la electrónica ni las
telecomunicaciones ni los servomecanismos ni las grandes calculadoras; ni, por
otra parte, el conocimiento del átomo ni la relatividad ni los quanta ni la
mecánica ondulatoria. El mundo de entonces nos aparece como un terreno
desértico, donde falta, aún, enteramente la ciudad en que vivimos.
Sin
embargo, somos incapaces de imaginar que a los ojos de nuestros hijos
pareceremos tan débiles e ignorantes como a nosotros nos lo parecen nuestros
predecesores. A los ojos de los que nos seguirán, nuestra ciudad aparecerá como
un terreno baldío. Y puesto que la humanidad existe, dura desde hace muchos
miles de años, tal vez durará todavía algún tiempo más. Si es así, nosotros no
pensamos acaso suficientemente en lo que podrán ser nuestras máquinas dentro de
quinientos o de mil años.
Resulta,
a pesar de ello, poco sensato hablar de una aceleración de las posibilidades de
acción según una progresión muy rápida, pues si la aceleración debiera
continuar al mismo ritmo, dentro de unos siglos nuestros vehículos no solamente
llegarían a alcanzar la velocidad de la luz sino que la superarían.
Tal vez
sea mejor imaginar - seamos o no evolucionistas - que asistimos a uno de esos
momentos en que la vida da la impresión de crear nuevas formas, en que todo
cambia o aparece bruscamente y en que es preciso aceptar lo insólito y edificar
sobre lo inhabitual.
3. Aplicaciones de la cibernética
El nombre
de cibernética se aplica no sólo a la construcción o a la preparación de partes
de la máquina C, sino también a todas las utilizaciones de esos esbozos de
máquinas ya construidas. Por otra parte, a falta de una ley, cada uno es libre
de ampliar un poco más o un poco menos el sentido de los términos que emplea.
De ahí la gran variedad de definiciones de la cibernética. Pero acaso lo
esencial sea comprender el espíritu de clarificación molecular que anima al
cibernético y, también, su metafísica de la urgencia y su curiosidad por todo
lo que parece humano (89).
Una
manera fácil de definir una ciencia consiste, a veces, en enumerar sus
principales capítulos. Los juristas nunca se han puesto de acuerdo sobre la
definición del derecho internacional privado. Pero están de acuerdo en afirmar
que el citado derecho se ocupa - por lo menos - de las cuestiones acerca de la
competencia de las leyes y de la situación de los extranjeros.
En este
sentido, podemos intentar enumerar los capítulos de la cibernética, no
precisamente para estudiarlos, lo cual no corresponde al presente libro, sino
para procurar, en algún modo, definir mejor la cibernética.
En un
estudio de la cibernética tenemos que seguir un determinado orden lógico y
respetar las grandes divisiones: información, regulación y guía (especialmente
por retroacción), servomecanismos, formalización logística, topología,
deformaciones mecánicas, etc. Todas las obras que tratan de cibernética siguen
dicho plan y el libro (Machines et machinisme) que servirá de complemento a
éste adoptará también el mismo esquema.
Pero aquí
nos limitamos a afirmar que la cibernética permite alcanzar racionalmente un
objetivo cualquiera, calculando la organización de los medios; pasamos
inmediatamente después a las consecuencias humanas de estas nuevas
posibilidades, sin estudiar su mecanismo ni profundizar los cálculos. El plan
que aquí adoptamos es, pues, diferente y mucho más libre.
1. Las máquinas de pensar regulado
Los
cibernéticos todavía no están en posesión de una sola maquina C capaz de
calcular todos los planes de acción. Por ahora, una gran parte de esos planes
es calculada y pensada por los hombres. Pero, sin duda, la clarificación de
dicho pensamiento va preparando su caída en el ámbito de las máquinas. Ello ya
es cibernética.
He aquí
algunas aplicaciones de esta idea:
a) La analogía.
El
establecimiento del plan de acción puede no ser matemático. Pero el cálculo
debe ser claro, a fin de que sirva para clarificarlo todavía más.
Supongamos
que hay muchos caminos que nos llevan a la misma meta y que nos han cerrado el
camino del cálculo matemático (pretendemos construir un avión, pero no sabemos
calcular la resistencia del aire). Entonces buscaremos otro camino: el de los
modelos reducidos, y procederemos a ensayar con sopladoras mecánicas.
La
interpolación y la extrapolación proceden por analogía, exactamente igual que
los modelos reducidos. Si no se sabe calcular un puente, pueden interpolarse,
entre dos puentes ya existentes, uno más grande y otro más pequeño que el
nuestro. El proceso resulta ya claro: se puede explicar a cualquiera la
utilización de la sopladora o de los procedimientos de interpolación.
La
analogía viene a ser un ejemplo muy importante del procedimiento consistente en
penetrar en un primer rincón racional que prepara el camino de la
clarificación. Perfeccionando la maqueta, conoceremos ciertas cosas sobre el
original que, a su vez, perfeccionarán la maqueta (véase p. 59).
Sin
embargo, el sueño cibernético continúa siendo el de la clarificación molecular
del pensamiento, seguida de la construcción de la correspondiente máquina de
pensar. Justamente, ésta es la dirección que emprende R. Ashby en su obra
(citada en la p. 67).
b) Memorias, programas.
La
memoria es la parte de la máquina capaz de almacenar y luego movilizar (90) la
información, los elementos vinculados con los mandos de una máquina, etc. (91).
Desde
hace tiempo estamos habituados a las simples memorias cíclicas de las máquinas.
El distribuidor de un motor de automóvil «se acuerda» del orden con que debe
producir las explosiones (92), primer cilindro, cuarto cilindro, etc. Las
piezas del distribuidor
constituyen una pequeña
memoria cíclica que
vuelve siempre a reanudar el mismo trabajo. Las memorias actuales ya no
son cíclicas y se presentan bajo formas que han vuelto a sernos familiares.
c) Dirección automática. Retroacción.
Sabemos
que dirigir consiste en mantener siempre vigilante el «pensamiento» regulado
durante toda la duración del acto y en modificar el itinerario primitivo según
las necesidades del momento.
Así obra
Pulgarcito al subir a un árbol para rectificar su camino o el piloto de la
muerte que permanece junto al proyectil para dirigirle hasta alcanzar el
objetivo.
En este
caso, la cibernética consigue, con frecuencia, hacerlo derivar todo hacia las
máquinas transformando la dirección en algo completamente automático. El caso
más conocido es aquel en que los medios están construidos de tal manera que la
regulación viene efectuada por la acción del mismo objetivo (cohete de cabeza
buscadora, cuya trayectoria es rectificada y como atraída por el propio
objetivo). Se trata de
la regulación por
retroacción a leedback, en
la cual el objetivo «retroalimenta» la regularidad
del itinerario.(93)
Existen
pocas disciplinas científicas, humanas o filosóficas que no estén interesadas
en el estudio de la dirección por retroacción (94)
Se sabe
que los seres vivos utilizan este tipo de regulación en una medida que nosotros
tan sólo empezamos a sospechar. Este tema constituye el objeto de importantes
estudios recientes.
d) El aprendizaje.
Frecuentemente
se dice:
- «Jamás
existirá una máquina que sea capaz de hacer tal o cual cosa».
«Una
máquina nunca sabrá más que su constructor.»
-
«Siempre hay un hombre que construye las máquinas o que crea la máquina que
construye las máquinas.»
-
«Siempre será necesario un hombre para conducir, vigilar o reparar la máquina.»
Esta última proposición tal vez sea la más falsa de todas.
Las
intervenciones del reparador (95) son poco numerosas y forman parte de las
acciones más fácilmente clarificables y mecanizables.
Si la
propia máquina reparadora tiene una avería, una segunda máquina reparadora,
conectada con la primera (96) podrá repararla o, también, hacerse reparar por
la primera. Una tercera máquina puede aportar una seguridad suplementaria.
La
seguridad absoluta es, claro está, difícil de obtener. Podría darse el caso de
que todas las máquinas reparadoras estuvieran averiadas al mismo tiempo y,
entonces, la fábrica fallaría (97). Pero sucede lo mismo con los hombres
encargados de las reparaciones; siendo varios, podrían dormirse al mismo tiempo
o coger simultáneamente una enfermedad, resultar intoxicados, etc. Y decimos
aquello por la sencilla razón de que la parte de estos reparadores que aquí nos
interesa no es más que una máquina, biológica y regulada, de reparar
(generalmente más frágil que una reparadora mecánica). Son innumerables los
casos de
accidentes debidos a
un error de
los hombres encargados
de la vigilancia.
En caso
de peligro, se dirá, el hombre es capaz de tomar iniciativas imposibles para
una máquina. Sin embargo, dichas iniciativas son reguladas (98). Su número es
limitado y pueden ser confiadas a una máquina e, incluso, al «pensamiento» de
una máquina encargada de calcular las decisiones antes de ejecutarlas. Frente
al peligro, la máquina conservará su sangre fría y hará exactamente lo que de
ella se espera. En todos los aspectos las máquinas son o pueden ser muy
superiores a los hombres en lo que concierne a las operaciones de vigilancia y
reparación. Los aparatos de alarma para casos de incendio resultan preferibles
a los vigilantes humanos. Si reemplazáramos los guardabarreras por aparatos
automáticos bien estudiados, los accidentes casi dejarían de producirse.
La
vigilancia automática, junto con las máquinas-transfer (99), han hecho posible la automatización
completa de las fábricas (para las palabras automatización y automación, véase
p. 141, nota).
A la
misma se deben, por ejemplo, las fábricas textiles que trabajan día y noche en
la más
completa oscuridad (sólo
se iluminan las
naves para mostrar
a los visitantes ese mundo que
trabaja en una oscuridad comparable a la que reina en nuestros órganos,
incluyendo el cerebro, dentro de nuestro cuerpo).
«Pero
será preciso que un hombre construya la máquina reparadora».
Nos
encontramos, entonces, frente a otro tipo de problemas. Se trata, justamente,
del razonamiento: «La máquina debe ser construida por un hombre». Este punto
parece el más importante de todos. Lo trataremos aquí (p. 118) sin que podamos
dar una idea de su amplitud ni de las consecuencias que, a nuestro parecer,
pueden sacarse de
ello. Una aportación
al estudio del
problema puede encontrarse en la
cuestión del aprendizaje que, por otra parte, se relaciona cada vez más con la
de la reparación.
Habíamos
dicho que la invención de las máquinas forma parte del trabajo que realiza el
pensamiento regulado. Sin embargo, parece imposible que una máquina pueda
inventar otra máquina. «Pero tal vez sea realizable. » Actualmente existen
máquinas que construyen
o inventan una
parte de sus
propias piezas. Tal
construcción,
de apariencia milagrosa, no es otra cosa que una dirección (100) de un tipo
particular.
Un cañón
automático sufre ciertas modificaciones. «Se mueve» a derecha e izquierda para
ajustar sus proyectiles (101). Pero estas modificaciones del cañón no tienen
todavía la finalidad de apuntar y el cañón vuelve a la posición cero. Se
trataba tan sólo de movimientos pasajeros.
Basta
entonces que, para disparar, el cañón haya encontrado una posición mejor y que
sea capaz de seleccionarla (comparando, por ejemplo, los resultados obtenidos
(102)) Resulta fácil suponer cómo este perfeccionamiento podría ser conservado
(103) y cómo esta conservación podría conseguirse mediante la aparición de una
nueva pieza en la máquina (véanse, en las p. 91 y 118, dos ejemplos de máquinas
de aprendizaje).
Podemos,
pues, imaginar una máquina medio construida, pero que sea capaz por sí misma de
construir la otra mitad haciendo diferentes ensayos en vista de su objetivo; es
decir, «viviendo» alejada de su constructor. Y se dirá con razón que aquí hay
algo en cierto modo «vivido», que sobrepasa como todo lo que es
«vivido>~
las posibilidades del cálculo y de las previsiones (por lo menos, las
posibilidades de las calculadoras de 1964).
Una
máquina podría construir así las tres cuartas partes de sus piezas y, después,
las nueve décimas partes. Al final, llegaríamos a la máquina C, cuya naturaleza
sugeríamos antes, y que, sin hacer nada por sí misma, seria capaz de ingeniar
cualquier otra máquina útil para un objetivo determinado. El hombre posee en su
cerebro una máquina así regulada. Cuanto antes sepamos copiarla y ponerla a
nuestra disposición, tanto mejor para la técnica, la filosofía y la moral.
De todas
las materias cibernéticas,
tal vez la
más importante sea
la del aprendizaje. Se halla,
todavía, en sus comienzos. La trataremos como materia central en la obra que
sigue al presente libro (104).
e) Las máquinas de calcular.
Estos
aparatos, conocidos con diferentes nombres (ordenadoras, etc.), constituyen el
capítulo que en apariencia es el menos sorprendente de la cibernética, aunque
es, al mismo tiempo, uno de los más conocidos. Resultaba natural que las
operaciones intelectuales reguladas y muy claras (como las cuatro operaciones
aritméticas) cayeran rápidamente en el dominio de las máquinas.
Las
calculadoras actuales ejecutan, además de operaciones matemáticas de un orden
muy elevado, las operaciones lógicas (105) sirviéndose, por otra parte, si
interesa, de adquisiciones matemáticas o lógicas muy antiguas. Su aspecto
sorprende menos que el de los robots encargados de imitar los actos habituales
de los seres vivos. La vida copiada (106) por las máquinas supone siempre una
atención despierta y
la dirección, mientras
que el cálculo
no requiere ser
constantemente
rectificado (107) gracias a su claridad. Las máquinas de calcular no nos
sorprenden más que por su extraordinaria eficacia. Pero son interesantes desde
otros varios puntos de vista.
Nos dan
idea de la imperfectibilidad del hombre comparada con la perfectibilidad de las
máquinas. Su trabajo está completamente clarificado y definitivamente
deshumanizado. Libre de toda intervención humana, la máquina llega a una,
digamos, región más oxigenada donde el trabajo se realiza de un modo diferente.
Las operaciones de una calculadora tienen muy poca relación con las de una
lavandera y hasta con las de un astrónomo, y pertenecen a otra zona del
pensamiento. Al poder realizar millones de sumas o de pruebas, o examinar un
diccionario en dos milésimas de segundo, las calculadoras modifican las
condiciones del razonamiento claro (108). Permiten, desde luego, pensar que la
clarificación molecular y la racionalización habían sido detenidas hasta ahora no
por las posibilidades del cálculo y de la razón, sino por los límites del
calculador y del entendimiento humano.
Las
máquinas deben superarnos en todo lo que es racional y regulado. Si a esto se
le llama «pensamiento», entonces, en este sentido, las máquinas piensan mejor
que nosotros, saben más que nosotros y tienen una cabeza con más contenido y
mejor construida. Tanto mejor, puesto que así los cálculos estarán mejor hechos
y habrá más probabilidades de alcanzar los objetivos. Por esta parte, las
máquinas no adquieren nada humano, ya que el pensamiento regulado no es, en
realidad, pensamiento. Cuando se somete un obrero a un test, se pone a prueba
su máquina calculadora y energética, no el hombre.
Guardémonos,
por lo tanto, de pensar que la máquina sabrá únicamente lo que el hombre haya
querido poner en ella. Esto apenas era verdad en las primeras máquinas, pero es
completamente falso en las más recientes. La materia sabe prevenirse por sí
misma y lo sabe mejor que el hombre. Puesta en condiciones de aprendizaje sus
movimientos aventajan a los del cerebro humano que, a pesar de todo, no es más
que una máquina entre tantas, mejores o peores.
Debemos
distinguir dos partes totalmente diferentes. Para todo lo referente al objetivo
(con tal que sea un verdadero objetivo y no simplemente una etapa hacia un
objetivo más lejano), el hombre es único. En esto la máquina no puede hacer
nada. Pero, en cambio, para todo lo que concierne al pensamiento regulado hacia
un objetivo señalado de antemano, la maquina es mejor, esta mas informada y
mejor capacitada. ¿Dónde se encuentran los aviones contra los cuales dispara la
ametralladora automática, cuántos son, cuál es su dirección y su aceleración?
El hombre que maneja dicha ametralladora puede ser casi ciego, casi sordo y
poco inteligente. El constructor de la ametralladora ignora, por su parte, el
curso de los aviones. Lo que él sabía de la defensa contra la aviación lo ha
puesto en la ametralladora, que ahora sabe tanto como él. Pero, además, la
máquina observa, memoriza, calcula todo lo concerniente a los aviones que la
sobrevuelan en este momento. Es la única que sabe esto, que lo sabe rápidamente
y lo piensa todavía más rápidamente. Una determinada cantidad de informes pasa
por el metal de sus
circuitos.
Una masa inmensa de información se encuentra almacenada en las memorias de las
máquinas, de donde no saldrá jamás, aunque no fuera más que en razón
de su inmensidad.
¿Podemos decir, entonces,
que la ciencia almacenada en nuestro propio cerebro
se halla en nosotros? Más bien se encuentra en una de nuestras máquinas
pensantes internas, en la región del cerebro donde, sin duda, está situado el
pensamiento regulado.
Es fácil
idear una torre de control automático que recoja todos los sondeos, que
determine las isobaras, que haga todos los cálculos y que fije las rutas,
comunicándolas a los aviones. Ni los pilotos ni cualquier otra persona sabrán
jamás lo que puede saber la torre, y aquella masa de informes se perderá sin
que nadie la haya podido conocer por completo.
Sentimos,
desde luego, verdadera repulsión por el hecho de asimilar el pensamiento
regulado humano al pensamiento de las máquinas, porque todo pensamiento tiene
en sí cierta seudoscuridad (109). Estamos acostumbrados a observar que
los cálculos pasan
a través de
la incomprensible máquina
del espíritu humano regulado, que utiliza elementos de aspecto
inmaterial: pensamientos, nociones, proposiciones, adiciones, etc.
Las
máquinas, al efectuar las mismas operaciones o, por lo menos, obteniendo por
analogía los mismos resultados, no nos hacen ver nunca ninguna clase de
pensamientos (110). Siempre
son piezas materiales:
palancas, pulsadores, tarjetas,
planchas, corrientes eléctricas, campos magnéticos, trenes de electrones. O,
simplemente, como en el distribuidor del automóvil, un lápiz de carbón girando
frente a cuatro piezas metálicas. De ahí la tentación de creer que en el
interior del pensamiento regulado humano no hay más que circuitos, corrientes y
campos, información y cálculos. Y si hubiera otra cosa, el hecho de que la
máquina obtiene los mismos resultados con circuitos y fichas perforadas no deja
dé ser suficientemente importante.
Los
circuitos del cerebro son muy numerosos. Pero nada impide que una máquina los
posea en mayor número y más ingeniosamente distribuidos. Pues, ¿quién puede
vanagloriarse ya de poseer la mejor máquina?
2. Incursiones de la cibernética en las
ciencias puras
En sus
inicios, la cibernética parecía que debía ayudar principalmente a los que
utilizan máquinas macroscópicas. Actualmente es útil a la microfísica y a la
investigación fundamental.(111)
Pero el
sentido dé la urgencia anima a los cibernéticos cuando tienen necesidad de
conocimientos teóricos todavía no elaborados a emprender por sí mismos una
investigación teórica complementaria. Ello no debe sorprendernos, en primer
término porque lo más práctico es poseer una buena teoría y, además, por una
determinada
actitud espiritual de la que se hablará más tarde. Ningún encasillado clásico
les detiene y se les ve saltar de un compartimento a otro en el tablero de las
ciencias, tanto más fácilmente cuanto que la mayor parte de los cibernéticos
son especialistas de una ciencia determinada y les basta regresar a su
laboratorio para estar en situación de reanudar la necesaria investigación.
Han sido
numerosas las incursiones en el campo de la fisiología y la neurología y son
neurólogos, precisamente, cierto número de creadores de la cibernética. El
método de analogía se ha utilizado aquí en su segundo aspecto, principalmente
con ayuda de los simuladores.
Si hay
muchos caminos que conducen a un mismo objetivo y se considera a uno de dichos
caminos como el más interesante, se llamará simulación al empleo de un camino
completamente distinto, pero que conduce al mismo resultado.
Ahora
bien, el camino interesante, pero conocido de una manera imperfecta, es el del
hombre. Los cibernéticos únicamente pueden simularlo, por lo menos hasta ahora.
Trabajando con un simulador se comprende mejor el funcionamiento del corazón
natural. Después, el cuerpo humano proporcionará nuevas ideas a los
constructores de máquinas. El corazón artificial se perfeccionará, mas, por su
parte, el corazón natural será cada vez mejor conocido.
Dos
materias adscritas a la física han sido objeto de la aportación científica más
importante realizada por la cibernética. Dichas materias, conexas y actualmente
unificadas son la entropía negativa (o neg~entropía) y la teoría de la
información. Esta última es base de la cibernética, pues la información
constituye la primera materia de toda máquina de pensamiento regulado. Pero las
investigaciones cibernéticas han llamado la atención sobre toda una parte de la
física y, también, sin duda alguna, sobre otra parte de la teoría del
conocimiento.
A pesar
de que parece inmaterial, el pensamiento regulado puede ser simulado por las
piezas materiales de una máquina. Ahora bien, si nosotros aceptáramos la
materialidad de la localización del pensamiento, es decir, la materialidad del
cerebro en tanto que aparato destinado a proporcionar (112) el pensamiento
regulado, lo que circula por este aparato, la información, primera materia del
pensamiento, nos parece difícilmente materializable. Esta primera materia es lo
que la teoría de la información se propone clarificar, confirmando una vez más
el principio según el cual todo pensamiento regulado no es más que materia
dispuesta contra el resto de la materia (113).
La teoría
de la información ha iluminado (114) y ha empezado a aclarar uno de los grandes
problemas que todavía envuelven el misterio de la vida.(115)
Por otra
parte, las cuestiones de la neg-entropía y de la teoría de la información se
relacionan con la mayoría de los temas de la filosofía, con el problema de la
materia y la forma, con el de la causalidad y la finalidad, con el del
realismo, el
idealismo y
el nominalismo, con el de
la existencia y
la esencia, con
el del movimiento y el devenir y
con el del tiempo.(116)
3. Exploración de lo desconocido
Suele
relacionarse a la cibernética con un conjunto de investigaciones sobre
problemas con datos incompletos, para cuya solución nos esforzamos en utilizar
el razonamiento.
Cuando todos
los datos de un problema
son conocidos y
basta únicamente realizar los
cálculos, nos encontramos ante el problema ideal del ingeniero dotado de
espíritu geométrico.
Pero la
mayor parte de problemas de la acción -«¿Mi hijo debe seguir las enseñanzas
modernas o las clásicas?», «¿Debo ahorrar o invertir el dinero?», etc.-
implican un enorme número de parámetros mal conocidos o desconocidos. El
espíritu humano logra resolver a veces estos problemas por procedimientos
aparentemente misteriosos. Resulta natural que dichos problemas llegaran a
constituir un campo privilegiado de las investigaciones cibernéticas (v. cap.
3).
En la
resolución de esos problemas nos encontramos frente a series de elecciones
posibles, a las cuales se da el nombre de árboles, de redes o de laberintos. El
andar por laberintos (117) parece ser característico del pensamiento oscuro, de
la inspiración o del olfato humano. Sin embargo, tales problemas deberían ser
abordados racionalmente, puesto que todo depende de un objetivo conocido de
antemano: conseguir la salida del laberinto. Efectivamente, la teoría de los
juegos y otros métodos de razonamiento permiten facilitar el descubrimiento de
la salida. El juego de bridge ha familiarizado nuestro pensamiento a esa
explotación tan razonable como posible de lo desconocido (118).
Estas
investigaciones, relativas al trabajo claro del pensamiento regulado, referido
a un problema no suficientemente conocido, suelen recibir el nombre de
Investigación operacional (119).
La automación
(v. pág. 141,
nota), la organización
y la administración de empresas, de abastecimientos, de stocks,
de precios; la organización de los servicios industriales o públicos, el
planteamiento de una batalla o de una guerra (siendo mal conocidas o
desconocidas las fuerzas y las intenciones del enemigo) y la mayor parte de las
operaciones que exigen el tino de un gran administrador, el sentido de
organización y el genio del estratega, pueden ser abordadas racionalmente. La
teoría de los juegos y el cálculo de probabilidades desempeñan en ello un gran
papel; pero los cibernéticos, por su parte, han creado o elaborado también en
este aspecto o por lo menos han contribuido a la creación de nuevos
instrumentos lógicos y matemáticos.
Ramas
especializadas, poniendo a contribución muchas otras series de conocimientos,
han venido a constituirse para el estudio de la clasificación y el
aprovechamiento de los documentos (cuyo excesivo número los hace muy difíciles
de reunir por el lector actual) para la cuestión - vinculada a la anterior- de
la traducción mecánica, etc.
Los
campos en apariencia más cerrados, los más próximos al amor y a la moral, se
han dado cuenta de que su parte regulada depende de la cibernética. También
existen actualmente trabajos de educación cibernética, pues también los métodos
de enseñanza pueden
ganar mucho si
vuelven a considerarse
de un modo racional (120).
Puede
preverse que llegará el día en que, no solamente la administración (121), sino
una parte muy extensa del derecho caerá de pronto en el campo de estas
investigaciones. No se trata de que el derecho no implique un trabajo
irreductiblemente humano, tanto en su aspecto legislativo y normativo como en
su aspecto correctivo y judicial. Pero esta acción implica una gran parte de
pensamiento regulado y, por lo tanto, mecanizable; parte que debe ser entregada
a las máquinas, a fin de que pueda desenvolverse mejor la parte que continúa
siendo humana (122).
Ahora
podemos ya intentar penetrar en las materias específicas del presente libro.
Todavía no se encontrará aquí hipótesis alguna sobre la zona A, hipótesis que
reservamos para otra obra. Nos limitaremos a comprobar el alboroto, los
sufrimientos y las esperanzas provocados por la caída de una parte del hombre
en la materia.
Penetraremos
en dicho terreno provistos del principio de división (123) entre lo humano y la
maquinaria biológica y manufacturada: todo el pensamiento regulado destinado a
mover la materia en vista de un objetivo es maquinal y consiguientemente debe
volver a las máquinas de la zona M o de la zona Z.
Haríamos
un mal servicio al humanismo si intentáramos salvar lo que ya está perdido o
que se perderá mañana o pasado mañana. Si nos empeñamos en conservar la
humanidad de todo el muñeco mecánico, el maquinista (124) nos demostrará pronto
nuestro error y tendrá la convicción, por este motivo, de nuestra derrota en
toda la línea. Siendo así que, en realidad, sus argumentos sólo habrán vencido
en el terreno del pensamiento regulado. Ya que los maquinistas son actualmente
los verdaderos dualistas, tienen perfecto derecho a la comprensión y a la
honestidad del humanista.
Existen
argumentos desafortunados que no debiéramos emplear jamás.
Nunca
deberíamos decir, si no queremos provocar la risa unos meses más tarde, que
esto o aquello «no podrá nunca ser realizado por las máquinas».
Debemos
esforzarnos en conocer a fondo las máquinas si queremos hablar de la
inimitabilidad de las cosas humanas. Es cierto que los circuitos de una máquina
que quisiera imitar únicamente la parte racional del cerebro apenas cabrían en
el Empire State Building.
Y que ese
pobre cerebro artificial
necesitaría, para funcionar, tanta
corriente eléctrica como
la ciudad de
Nueva York. ¿Qué demuestra esto? Tal vez más adelante se
construya un cerebro artificial dos veces más grande que el Empire State
Building. La maquinaria del protoplasma, su estructura, sus movimientos, nos
dan la impresión de pertenecer a otro sector del universo. El protoplasma
ofrece un aspecto tan milagroso como el hombre mismo. Pero, en realidad,
¿existe alguna cosa más inverosímil que una gran fábrica de tejidos o una
enorme calculadora? Un salvaje, o bien un ignorante un poco supersticioso, se
negarían a creer que todo aquello es únicamente materia elaborada por una
voluntad ajena (125). Tal vez el protoplasma contenga otra cosa, pero
precisamente la delicadeza y complejidad de su estructura y de sus movimientos
constituyen más bien una prueba de su maquinalidad. Las máquinas son las
realmente complicadas.
No
debiéramos decir que el hombre es imprevisible, sorprendente, único; que no
existen dos hombres iguales (126) y que en esto reside su milagro. Quienes son
imprevisibles son las máquinas. No hay nada tan raro (127) como la trayectoria
de un cohete retrodirigido, a no ser una cascada de retrodirecciones. Las
máquinas son únicas; no los hombres. No existen dos máquinas iguales, lo cual,
por otra parte, nada prueba. Resulta prácticamente imposible que haya dos
máquinas iguales, puesto que se trata de organizaciones macroscópicas. Si,
también, por su parte, los hombres son desiguales y únicos, ello es debido a
que cada uno de ellos tiene una máquina corporal y a que ésta es diferente
entre un individuo y otro. La parte humana es probablemente igual en todos los
hombres (128). El derecho ha creído siempre esto y desde muy antiguo considera
que todos los hombres son iguales. Pero, en conjunto, son, desde luego,
diferentes de las máquinas.
Notas
1 Transcribimos forcenée por extremada, más que
en el sentido de insensata, arrebatada..., furiosa, violenta..., en el de
potente, forzada al límite, extremosa, más allá de los límites tradicionales o
conocidos. El propio autor nos indica un sentido de la cibernética como más
allá de la magia y de la simple técnica.
***
2 «Eslabón» como estadio, etapa, momento
científico-cultural que sigue al largo
periodo mágico y a la
importante especialización técnica
o, más bien,
tecnicista.
Se aprecian, aquí, a nuestro entender, lejanas huellas de la consideración
comtiana referente a la «ley de los tres estados», superponiendo ~n el caso de
la organización de la acción- el estado (o estadio) mágico al teológico y
metafísico y el técnico al positivo, objetivo o científico, preconizados por el
famoso positivista francés. En este sentido, la cibernética vendría a superar,
incluso, la etapa positiva y
técnica del saber
hacer o, en
términos del texto,
de la organización de la acción.
***
3 En este caso, aprovechamiento adecuado,
conformación, adecuación, disponibilidad, conformidad de los medios respecto al
fin propuesto.
***
4 Espíritu cibernético: situación
espiritual o actitud mental que considera la posibilidad de los medios ante el
fin que se propone. Dicha posibilidad, en virtud de tal espíritu, se convierte
en probabilidad efectiva de que los medios existan y sean, al mismo tiempo, los
adecuados a la realización del objetivo. También podríamos entender, por
nuestra cuenta, dicho espíritu como el sentido de la autorregulación o, quizás,
en otra forma, de la regulación adecuada.
***
5 Famoso Vocabulario Filosófico de André Lalande,
del que se han hecho varias ediciones y traducciones.
***
6 El
autor considera bueno
y saludable trasladar
mentalmente nuestra situación
admirativa al lenguaje de las máquinas, que permite, según él, descubrir el
aspecto mecánico de lo que considerábamos asombroso o milagroso.
***
7 Adorar, dice el texto.
***
8 Cervantes, El Ingeniosa Hidalgo Don Quijote de
la Mancha, parte primera, cap. VII; transcribimos según la ed. crítica de F.
Rodríguez Marin.
***
9 Lo cual no impide considerar en la
época actual una tendencia humanística y, especialmente, a nuestro modo de ver,
apreciar una marcha ascendente o un proceso de transformación hacia un «nuevo
humanismo».
***
10 En su visita a Barcelona - para muchos de
digna recordación -, Norbert Wiener hizo gala de su gran conocimiento
lingüístico. Nos aseguró, además, que el conocimiento de lenguas tenía en él
poca importancia, resaltando el hecho de que su padre había conocido
perfectamente gran cantidad de idiomas, casi el doble de los que él conocía.
***
11 Perfecto, creemos entender, en cuanto a
determinada función mecánica sustituible por aparatos adecuados, más precisos y
más rápidos.
***
12 Se alude a una conocida fábula de La
Fontaine.
***
13 Quiere expresarse un nuevo amor, una
nueva forma de admiración y de cariño al mismo tiempo, una inclinación
consciente y a la vez afectiva hacia lo corpóreo humano. Se trata, pues, de
resaltar el aspecto sentimental o emotivo de la consideración puramente
corporal.
***
14 El mens sana in corpore sano - divisa
clásica - pudo trocarse indebidamente en mera y parcial consideración por el
aspecto anímico o espiritual, acaso, según el autor, extrapolado y hasta
extendido avasalladoramente al dominio total de lo que corresponde justamente
al ser humano.
***
15 Como cooperación efectiva en una labor,
participación intensa en una actividad, esfuerzo, trabajo o quehacer esforzado.
El objeto - animado o inanimado
- puede
colaborar en esta actividad y esfuerzo, haciéndose partícipe en algún modo del
trabajo y de su mérito.
***
16
Mecanismo o mecanicísmo, entendido como teoría o doctrina que explica lo
psíquico y aun lo vital según causas mecánicas o, en forma más completa,
fisicoquimicomecánicas. Mecánico-electrónicas se dice ahora, con referencia a
las producciones de la moderna tecnología electrónica.
***
17 El
dominio científico sin maestro o guía indiscutible; el campo de lo científico
que no ha de tener maestro en lo sucesivo. El humanismo metafísico parece
encontrar allí campo abonado de especulación y volver a encontrar su antiguo
vigor. ***
18.
Vulgar, común, habitual
el que es
producto de la
generalidad de las personas.
Se entiende «vulgar»
en un buen
sentido: como el
que se sostiene corrientemente,
por los más; «común», en su acepción de usual o más frecuente en la actualidad.
***
19. En
sus principios o comienzos contemporáneos.
20. ***
21.
Distinción
partición o escisión entre dos dominios teóricos: la ciencia y la filosofía;
entre el mero conocimiento científico y positivo y el conocimiento filosófico y
metafísico.
***
21 Se darán algunas indicaciones en el curso
de este libro. Véase DAVID, AUREL, Stractore de la personne humeine, P.U.F.,
París, 1955, y Metiere et personne (en preparación).
***
22 Al proponer una terminología cibernética,
L. Couffignal escribe: «Para el cibernético, el objetivo de una acción es un
dato que él recibe como tal y a partir del cual ejerce su propia actividad',
(La Cybernétique, P.U.F., París, 1963, p. 16).
Existiría,
pues, una zona metacibernética, zona donde el objetivo se encuentra determinado
y dado al cibernético.
Pero,
¿podría ser esta zona prohibida otra cosa que una región meta-científica,
puesto que como veremos después- la cibernética es la teoría general de las
máquinas
y de las técnicas y puesto que se reconoce el derecho de realizar por sí misma
toda investigación teórica útil a sus propias necesidades?
Ruyer se
sirve de la cibernética para establecer la distinción que él realiza entre dos
zonas del universo no susceptibles del mismo tipo de conocimiento. »Es
interesante -dice- descubrir que hay muchos continentes en la «naturaleza', (La
Cybernétiqne et l'origine de l'information, Flammarion, París, 1954, p. 219).
Como
Couffignal y como Descartes y como ocurre con el derecho, Ruyer no
reconoce sino dos
continentes: el mundo
de los físicos
y Otro mundo
en apariencia no estudiable todavía, pero sobre el cual poseemos algunas
noticias.
Cuando
estas noticias puedan ser debidamente sistematizadas, sabremos si se trata de
dos continentes separados o bien si no existe más que un solo continente (el de
la física actual), dentro del cual se incluirá todo.
A las dos
zonas de lo real deberían corresponder dos métodos de conocimiento, paralelos y
coexistentes. (Véase, sobre este tema, R. Schaerer, aletheia. Herítage
antique et verité
d'aujourd'hui, en Actes
de XII' Congrés
des Societe de philosophíe de langee francaise,
Bruselas-Lovaina, 1964, P.U.F., Paris, 1964.
Recordemos
también las páginas tan conocidas de Brilbuin, tanto más importantes por cuanto
resumen las conclusiones
de las reuniones
de París (College
de France, 1938) y de Harvard, 1946 (L. BRILLOCIN, Vie, matiére et
observation, Albin Michel, Paris, 1959, pp. 27 ss.).
Por otra
parte, corresponde al cibernético pronunciarse claramente sobre este terna:
«Hay que temer, pues, que, partiendo de las máquinas, no se consiga del hombre
sino lo mecánico. Afirmar que se podrá alcanzar al hombre entero es posición
metafísica, que no puede ser el fundamento de una doctrina cuya preocupación
consiste en la objetividad» (L. COUFFIGNAL, La Cybernétique, p.
13).
***
23 Según el dualismo cartesiano - que
propugna la mera «unión accidental» de cuerpo
y alma- el
cuerpo constituye únicamente
un conjunto de
aparatos orgánicos, dotados de extensión y situación espaciales. En el
hombre, alma y cuerpo se diferencian por ser, respectivamente, res cogitans y
res extensa.
***
24 Dicha glándula representaba en Descartes
el punto de confluencia o, mejor, de coordinación entre las dos realidades
humanas, la anímica y la corporal.
25. ***
26.
Recuérdese
lo indicado por el autor en la introducción.
***
26 Si el lector no quiere oponer mayores
objeciones a estas figuras, puede saltarse la presente nota. De lo contrario,
he aquí algunas observaciones sobre el tema:
1ª Que
las zonas A y M sean extensas en la figura no prejuzga su naturaleza. De no ser
así, la figura 1 se prestaría inmediatamente a discusión, pues el espíritu
cartesiano es inextenso,
mientras que la
figura nos lo
muestra expuesto [extendido,
extenso] sobre el papel al lado de la zona M.
Las
figuras indican simplemente un dualismo. La zona A es «otra cosa» que la zona M
y, por lo tanto, debe ser representada aparte.
2ª Las
figuras quieren expresar principalmente una diferencia cuantitativa: la zona M
aumenta en detrimento de la zona A. Y el estudio del desplazamiento de una
parte del hombre de una zona a otra constituye el tema de este libro.
Por lo
demás, la figura 2 parece volver al dualismo de la figura 1.
Si así
fuera - aunque ello no ocurre en la obra que ha de seguir a ésta - no habría
aquí, desde luego, nada que pudiera afectar al espíritu científico actual.
El
sistema cartesiano es metafísico. En cuanto al punto que nos ocupa, dicho
sistema parece caducado.
Pero nadie impide
a la ciencia
resucitar a una metafísica periclitada. El atomismo
abderiano, en tanto que sistema metafísico, había desaparecido para los
metafísicos del siglo XIX. Sin embarga, los químicos del siglo XIX y los
físicos del XX han resucitado el atomismo. Por lo menos, lo que ellos han
establecido se parece más al atomismo que al continuismo metafísico.
Ello
también es verdad para los sistemas científicos, en tanto que pretenden
generalizar y se entregan a extrapolaciones que rebasan la medida que ha
servido para su formulación. La teoría corpuscular había sido derribada por
Fresnel. Pero la mecánica ondulatoria, en cierto aspecto, vuelve a ella, aunque
la modifica grandemente.
3ª El
presente trabajo, que se limita a servir de introducción a otro trabajo más
amplio, utiliza la persuasión en lugar de la demostración. Señala los elementos
de génesis de determinado número de hipótesis sobre el hombre, no las hipótesis
mismas, cuya exposición adecuada exige más importante desarrollo. La figura 1
se abstiene, pues, de hacer referencia a la filosofía clásica; la figura 2 se
abstiene
de hacer
indicaciones concernientes a la filosofía moderna y a la filosofía de las
ciencias Contemporánea.
La figura
1 debería incluir un estudio reflexivo acerca del dualismo cartesiano y de su
evolución dentro de la filosofía clásica. La figura 2 debería referirse a los
dualismos modernos, empezando por el de Bergson, y hacer llegar el estudio
basta nuestros días e incluso hasta el dualismo que tenemos la intención de
proponer. Y haría
falta hablar bastante
más de los
monismos científicos y filosóficos y de la tendencia engañosa del
pensamiento filosófico moderno.
El punto
más interesante y tal vez el más difícil, el de la zona P, región de paso entre
A y M, debería asimismo indicarse con mas precisión. A propósito del mismo
debería observarse también que, aunque parece material y extenso en la figura
1, igual que en la figura 2, en realidad hay otras soluciones posibles,
empezando por el ocasionalismo de Malebranche, el paralelismo de Spinoza o la
armonía preestablecida de Leibniz.
Aquí nos
limitaremos a indicar
algunas sugerencias en
favor de un
nuevo dualismo, aportadas por la experiencia jurídica, de una parte, y
por la cibernética, las máquinas superiores y los órganos artificiales, de
otra. La figura 2 no expresa aún en qué consistirá este nuevo dualismo.
4ª Aunque
sin proponer todavía ninguna estructura para la zona A, el tono general de este
libro parece indicar más bien una zona A sustancial. Como si al lado de la
materia hubiera Otra substancia A irreductible a M y, lo que es más grave,
extensa y situada en el mismo espacio que la materia.
Si esto
fuera así, la figura 2 estaría tan desacreditada como la figura 1 e iría en
contra de los propios dualismos modernos. Estos, para ahorrarse una segunda
substancia - y mostrándose por esta parte más dualista que los
bisubstancialistas, incapaces de concebir algo que no sea la substancia -, se
dirigen con preferencia hacia "otra cosa", dando lugar a nuevas
complicaciones que aparecen en el seno de
la materia corriente
y originando, al
mismo tiempo, algunas
novedades extrañas a la física material actual.
La propia
física nos ha habituado a tales esquemas novedosos y, en este mismo sentido,
nosotros nos dirigiremos a buscar la gran novedad intencionadamente. La materia
imantada o electrizada presenta ya una nueva estructura, menos habitual que la
de la materia no imantada. Si la información (en el sentido en que esta palabra
es utilizada por la teoría de la información) parece casi separada de la
materia, ello obedece a que hace aparecer una disposición nueva e improbable.
Ahora
bien, la verdad es que lo poco que se dirá aquí sobre la zona A dará la
impresión de dirigirse más bien hacia "otra cosa" substancial. Pero,
a eso también se puede responder con lo que se ha dicho más arriba, en la
observación 2.". Si el sistema (que, por otra parte, no presentamos
todavía en el Curso de este libro) tiene en Cuenta los hechos de experiencia
nuevos, nada le impide tender hacia
una zona
A substancial o hacia cualquier Otro sistema metafísico prescrito. A condición,
claro, de tener presente todo lo que se ha dicho y pensado acerca de este tema.
De igual modo, según Fresnel, la mecánica ondulatoria no podía volver, pura y
simplemente, hacia una teoría corpuscular de la materia. Una zona A, adoptando
pura y simplemente la física de la materia, no parece ya hoy día posible. O, en
todo caso, no existiría tal zona A.
***
27 El
avance que suponen
las sustituciones permite
hacer al autor
una afirmación tan rotunda, considerando resuelta y, en cierta forma,
definida la separación entre hombre-corazón, desde el punto de vista del
mecanismo estructural-funcional de tan importante «órgano».
28. ***
29.
Un
proceso de depuración o limpieza ha hecho posible eliminar el aspecto material
o semimaterial que se encuentra en lo humano; se trata de expurgar o desprender
la ganga químico-mecánica que constituye o explica gran parte de su ser. Se
trataría, pues, de una abstracción - extractiva y selectiva- que prescindiría
en lo posible de la parte material.
***
29 La mayor parte de libros de introducción
a la cibernética explican este proceso de su iniciación, destacando las
investigaciones de Wiener - verdadero
«padre de
la cibernética» y de su
grupo como trabajos
fundamentales que sirvieron de
base a la constitución efectiva de la cibernética como técnica y como estudio.
(Entre los trabajos iniciales, véase, en primer lugar, Behavior, purpose and
teleology, de A. ROSENBLUETH, N. WIENER y J. H. BIGELOW, en «Phil. Scien.»,
1943, X, 18-24.). Hemos resumido lo más saliente de esta etapa constitutiva en
nuestro trabajo Los problemas de la
Cibernética, public. en la edición
española de G. T. GUILBAUD, La Cibernética, trad. y apéndice de Alejandro
SANVISENS MARFULL, Barcelona, Vergara, 1956 (v. PP. 163-225) y, especialmente,
en el artículo «La trascendencia del automatismo», publ. en Espíritu,
Barcelona, IFIBA, 1959.
***
30 Proc. Roy. Soc., Londres, 5 marzo 1868.
***
31 El
vocablo griego kybernetes
significa piloto o
timonel. En Platón, kybernetiké expresa propiamente el
arte del pilotaje y. a su vez, extensivamente, el arte de gobernar a los
hombres. Del término griego kyberneter; kybernetes- procede la
voz latina gubernator,
que tiene aproximadamente la
misma significación griega. Las lenguas neolatinas recogen del latín la
voz y la significación: en español tenemos, por ejemplo, por una parte,
gobernalle - término náutico: «el gobernalle» y, por otra, gobierno, gobernador
- término politico~administrativo:
«el que gobierna
o administra, el
que recibe, por delegación, la potestad de gobernar o
administrar». En 1834, el célebre científico André Marie Ampére (1775-1836), en
su conocido Ensayo sobre la filosofía de las ciencias, emplea la voz
cybernétique para indicar el estudio de los medios de gobierno, en la política.
En 1868, el físico inglés James Clere Maxwell (1831-1879) usó el término
governor, con referencia al regulador de Watt y para designar los mecanismos de
regulación análogos, en su famoso trabajo Theory 0f Governors. Lo más probable
es que del kyberneter griego y, más concretamente, de su pariente directo, el
gubernator latino, procede el gouverneur francés y, a través de éste, proviene
el inglés governor. Tal expresión, que hasta entonces venía a tener
fundamentalmente sentido político, adquiere sentido técnico en 1790, cuando
James Watt (1739-1819) inventa su aparato regulador y, después, la
significación amplia que le
confiere Clerc Maxwell
servirá de precedente
directo a la designación Cybernetícs, de Norbert Wiener
(1894-1964). Este mismo, iniciador de la cibernética y el primero en calificar
así a un tipo de estudios (1947-1948), reconoce en la Memoria de Maxwell el
primer trabajo sistemático precedente, es decir, el estudio realmente precursor
de su verdadero sentido técnico y científico. (V., entre otros estudios, A.
SANVISENS MARFULL, Los problemas de la Cibernética, ed. cit., Pp. 186 ss.)
***
32 Véase
la interesantísima historia de dichas reuniones en la introducción de la obra
de Wiener. A diferencia del texto, esta introducción no emplea complejas
fórmulas matemáticas y se lee muy fácilmente.
***
33 Las
obras que abrieron el camino y que se citan en este libro son:
N.
WIENER.- Cybernetics or Control and Commiinícation in the animal and the
machine, Hermann, París, y Wiley & Sons, Nueva York, 1948 (Única ed.,
1963).
N. WIENER. - The human use of human beings
(Cybernetícs and Societ y), Boston, Mifflin; cd. frane.: Cybernétiqne et
Societé, trad. P. Y. Mss TOGION, París, imp. Gabriel Enault, Editions des Deux
Rives, 1952 (ap. 1953); ed. cast.: Cibernética y Sociedad, trad. Josr. Novo,
Buenos Aires, Edit. Sudamericana, 1958; cd. catal.: Cibernética i Socíetat,
trad. Jordi MONÉS, Barcelona, Edic. 62, Col. a l'abast, 1965.
L. COUFFIGNAL. - La Cybernétique, Presses
Universitaires de France, Col. "- Que sais-je?"- , núm. 638, 1963.
L. COOFEIGNAL. - Les Machines a penser, Edit. de
Minuit, París, 1952; 2.a edición, 1964.
L. COUFFIGNAL. -
Information et Cybernétiqne.
Les notions de
base.
Gautbier-Villars,
París, 1958.
W. Ross ASHBY. - Desígn for a brain,
Chapmann & Raíl, Londres (Nueva York, Wiley, 1952); ed. esp.: Proyecto para
un cerebro, Madrid, Edit. Tecnos, Col. Estructura y Función, 1966.
W. Ross ASHBY. - An Introduction to
Cybernetics, Chapmann & Hall, Londres,
1956;
trad. frac.: M. PILLON, Introduction a la cybernétique, Dunod, París, 1958; cd.
esp.: Introducción a la Cibernética, trad. JORGE SANTOS, Buenos Aires, Edie.
Nueva Visión, 1960.
L. BRILLOUIN. -
Science and information
theory, Academie Press,
Nueva
York.
Trad. fr. por el autor: La Science et la théoríe de l'information, Masson,
París,
1959.
L. BRILLOUIN. - Vie, matiére et information, Albin
Michel, París, 1959. Gabor.- Cybernetics. Trad. fr.: La Cybernétique, cd. de la
Revue d'optique, 1952. K. LASHLEY. -
Cerebral Mechanisms in Behavior, Wiley, Nueva York, 1951. MAC CULLOCH. - The
Brain as a Computing Machine, Wiley, 1951.
MAC CULLOCII
y PITTS. -
A logical Calculus
as for the
ideas immanent in nervosus Activíty (Math, Bíophysics, V, 4,
1943).
3. VON NEUMANN y O. MORGENSTERN. - Theory
of Games and Economic
Behavior,
Princeton, 1944.
N. RASIIEVSKY. - Mathematical Biophysics,
Union of Chicago Press, 1948.
C. E.
SHANNON y W.
WEAVER. - The
mathematical Theory of
Communication,
Univ. of Illinois Press, Urbana, 1949.
GREY
WALTER. - The living Brain, Duckwort Pub., 1953. Trad. fr.: Le Cerveau vivant,
Delacbaux et Niestlé, 1955.
Nuevas
obras y nuevos autores se dan a conocer todos los años. Algunos se citan en el
Curso de este libro. Mi obra en preparación, Matiere et personne, incluirá una
bibliografía comentada.
Viene a
ser muy difícil estar al corriente de los últimos avances de la cibernética, si
no es por medio de conversaciones directas o siguiendo la marcha de los
Congresos cibernéticas. Las costumbres de los cibernéticos son, en realidad,
algo diferentes de las observadas por los investigadores científicos clásicos.
El secreto militar o industrial impide que se conozcan inicialmente ciertos
trabajos, cuando constituyen una auténtica novedad. Una singular modestia,
unida al rápido avance de los descubrimientos, impulsa
a los investigadores a
no publicar, sino únicamente a comunicar sus resultados a
los interesados, entre los cuales las novedades circulan en forma de artículos
en revistas especializadas, en hojas mecanografiadas, etc.
***
34 Traducimos en
esta ocasión asservíe
por «dominado» con
especial referencia a determinado y a la vez prefijado; en cierta forma,
pues, la significación de esclavizado, sojuzgado, avasallado... se recoge en el
sentido de aprehendido, captado y, también, formalizado lógica y mecánicamente.
***
35
Control tiene aquí el sentido de regulación y mando; comunicación tiene el de
información y transmisión.
***
36 Quiere
decirse mecánico-automáticos o, en todo caso, electrónico-automáticos.
***
37 «Jefes
timoneles», dice el texto, seguramente aludiendo a simples timoneles humanos o
a pilotos de navío, que pueden gobernar personalmente la nave con el timón. No
entraba, claro está, en la intención de Wiener el formar timoneles -
especialistas en el timón- o pilotos de navío, aunque no desestimaba el mando
viviente en sus consideraciones cibernéticas.
38 El
diccionario de Bailly (Dictionnaire Grec-Francais, rédigé avec le Concours de
M. E. Egger, par M. Anatole BAILLY, Paris, Lib. Hachette, varías ed.) dice: -
(Kubernesis), acción de dirigir Con la ayuda de un gobernalle. - (Kubernetes).
1. Piloto, jefe del
timón. II. Oficial
de marina: a)
segundo jefe de
un navío, subordinado al
trierarca (capitán de una triera o embarcación de tres órdenes de remos); b)
jefe de Papa. Por lo tanto, puede pensarse - lo que históricamente es inexacto,
pero perfectamente aceptable- que el término Cibernética hace alusión al
piloto
humano y al papel de intermediario que desde siempre ha desempeñado en las
embarcaciones. Véase el interesante artículo de G. T. GUILBAUD, Pilots,
strateges et joueurs ("SET», Paris, número especial: La Cybernétique,
1953-1954, números 35-36, p. 34).
***
39 No crea nada y no hace más que lo que el
capitán ha indicado como deseo; un deseo directivo, con fuerza de obligar. No
es, pues, propiamente, trabajo creador ni ejercicio pensante propiamente tal,
sino ejecutor intermediario, que enlaza las verdaderas órdenes con la función
directa y efectiva.
***
40 Recuérdese que
indicamos en el
título del presente
apartado, con la expresión
"pensamiento
dominado", el trabajo
intelectual aprehendido,
determinado y, también, prefijado. Hasta cierto punto puede llamarse, asimismo,
programado, en un sentido amplio, aunque aquí se hace hincapié en el carácter
de servidumbre, sujeción o dependencia respecto a otro trabajo verdaderamente
creador y ordenador de la acción: el trabajo directivo.
***
41 Seguramente quiere indicarse que este
principio supera al postulado en cuanto ha podido comprobarse o verificarse su
aplicación y su carácter fundamental y determinativo.
***
42 Insistimos ahora
en la transcripción
asserví por "determinado", como dominado o prefijado, subalterno, así
como supuestamente- transcribimos Souverain por, "autónomo", en el
sentido de independiente, libre, dominador, soberano. La oposición
dominado-dominador, pues, se convierte en determinado- autónomo, entendiendo
esta autonomía como determinante y, en cierto modo, subordinante.
***
43 Que no los pone, los da o los crea
***
44 Véase
R. Ruynr, La
Cibernétique et la
flaissaflce de l'information,
Flammanan,
París (1954), PP. 41 y 44: Percepción, memoria, Consulta de la
memoria,
utilización de reglas, expresión... todo esto puede ser dado a las máquinas...
y todas estas operaciones pasan por operaciones inteligentes y que exigen un
determinado esfuerzo de invención, hasta el extremo de que constituyen un test
clásico de nivel intelectual».
***
45 No
es necesario repetir
la importancia de
la debida comprensión
del término.
***
46 Pensante subalterno, el que realiza
mecánicamente el trabajo intelectual determinado o prefijado. Subalterno u
subordinado, frente a subalternante, subordinador o dominador; es decir,
dominado o dependiente frente a autónomo o libre.
***
47 También
aquí, una vez
más, tendrán el
sentido de prefijadas, predeterminadas y, especialmente,
subordinadas.
***
48 En el sentido de productivas o
convenientes, que pueden contribuir a la eficacia de la acción. Los descuidos e
indolencias, los descansos y la creación caprichosa, en algún caso, pueden
beneficiar el desarrollo de la misma acción cuando intervienen como obligado
contraste, intuición espontánea, compensación o autorregulación subyacente que
puede complementar, positiva o negativamente, la marcha de la acción. Es como
decir que escapar de la norma es a veces un bien o, en otra forma, que la
excepción confirma la regla, en un sentido negativo o especial.
***
49 Le
elimina un adorno o aditamento que complementaba su acción propia, restándole
tensión y proporcionándole un encanto que, en su sujeción rígida, no tendrá sin
esta cualidad de espontaneidad imprevisible.
***
50 Objetivos secundarios
o complementarios, que
tratan de compensar
o complementar el objetivo primario y fundamental. Se eliminarán en
beneficio de una mayor eficacia de la acción.
***
51 Eliminadas las
actividades secundarias, se
impone el objetivo
único, principal e incontrovertible, que debe ejecutarse mecánicamente
sin distracciones, pausas ni desviaciones, con una forzosidad de tipo
inflexible y monótono. La ejecución sería tan maquinal e invariable que semeja
la actividad de los robots, por lo menos en la forma conocida de éstos, sin
posibilidad de espontaneidad natural.
***
52 Empleamos aquí "controlado",
por regulado o determinado. Se trata del mismo sentido anteriormente indicado,
con referencia a la subordinación
***
53 Puede ser un negocio, un conjunto de
tareas, una actividad compleja o un quehacer industrial o comercial
determinado.
***
54 El
piloto ejecuta, pues, un trabajo técnico superior. Piensa en el modo de
preparar los medios para realizar el objetivo. Principalmente prevé las
máquinas necesarias y, si hace falta, las inventa.
Pero, la
invención, ¿puede considerarse también como un trabajo regulado?
La
preparación de los medios implica la Previsión de los desplazamientos de toda
la materia que interviene en el acto: la trayectoria de toda la
"maquinaria" (en sentido amplio) del acto.
En medio
de esta materia en movimiento, las máquinas (en sentido estricto) son
organizaciones que no hace falta definir ahora. Limitémonos a decir que una
máquina es una organización compleja de medios materiales, costosa, aunque
potente, que se ha creado expresamente en vista a la realización de cierto
número de objetivos sucesivos.
La
invención de futuras máquinas no constituye otra cosa que establecer una parte
del itinerario que se dirige hacia el objetivo. El piloto que juzga tener
necesidad de ello, puede escoger de este modo:
a) Si la máquina ha sido ya inventada en el
Curso de actos Precedentes, el trabajo consistirá en procurarse dicha máquina.
b) Si el objetivo es nuevo y la máquina no
existe todavía (si se trata de un viaje a la Luna, por ejemplo), será
necesario, en el curso de la Preparación del acto, prever e "inventar» el
cohete adecuado (véanse en la p. 121 las razones por las cuales esta invención
adquirirá frecuentemente el aspecto de un acto separado, cuyo objetivo es la
construcción de la máquina).
La
invención de la máquina, a pesar de su aspecto específicamente humano, es,
pues, también, un trabajo regulado y, por lo tanto, muy sospechoso de
maquinalidad. Según lo que se ha dicho o lo que se dirá más adelante, esta
invención no sería más humana que la resolución de una ecuación, cuyas raíces
no se ven pero existen sin necesidad alguna de intervención humana. Bastará
leerlas, descubrirlas; pero no inventarlas. El capítulo 3 estudiará si se
descubren o se inventan las máquinas.
***
55 Servir
como realizar servilmente,
en forma dependiente
y prefijada. Decimos aquí servir
y servilmente como ya se entiende- no en el sentido de servilismo (mero
servilismo), sino en el de servicio o normal subordinación.
***
56 Permanente adaptabilidad y movilidad del
pensamiento como conocimiento intelectual activo.
***
57 Capaces
de dirección realizada
por sí misma,
dirección automática, máquinas
automáticas, autorreguladas o de control automático, autocontrol.
***
58 «Caso de escuela», dice el original. Por
lo tanto, viene a ser patente como en un sencillo tema escolar.
***
59 Como
hemos dicho otras
veces, pensamiento prefijado,
determinado o
controlado
(el pensamiento dominado o subalterno).
***
60
Mejorar significa: 1" encontrar muchos itinerarios, 2." determinar el
mejor según las directrices dadas por el capitán.
Resultaría
excesivamente largo hacer ver aquí que siempre es el capitán quien fija lo que
se debe entender como el "mejor" medio, que permitirá al piloto saber
si el itinerario ha sido mejorado o no.
***
61 Algoritmo dice el texto francés,
Transcribimos «formulación» como método y notación de cálculo que el algoritmo
significa.
***
62 En la próxima obra del autor, de que se
habló al principio.
***
63 Claro pero disimulado, escondido,
disfrazado, sin posibilidad aparente de expresión o comunicación.
***
64 En
efecto, la destreza manual, las actividades prácticas de oficio o artesanía, el
simple virtuosismo del trabajo físico o mecánico que condujo a la posesión - a
veces privativa de unos pocos de artes y oficios en muchos casos antiquísimos y
tradicionales, que se transmitían como algo muy particular y como secreto de
generación en generación se tenían por específicamente humanos - obra de la
creación o inventiva humana - y en ocasiones se les consideraba un don de Dios,
una suerte de revelación inspiración o concesión graciosa otorgada a los, pocos
o muchos que poseían dichas habilidades. Respetando el sentido religioso de
esta concepción popular - simple y piadosa -, se hace notar aquí el aspecto
ingenuo de dicha interpretación sencilla de los oficios y procedimientos
físico-mecánicos - humanística de fondo -, en cuanto se prescinde de averiguar
el aspecto regulado y regulable que suponen en su realización practica total y
en sus fases efectivas.
***
65 La duda metódica cartesiana se aplicaba principalmente al campo intelectual, es
decir, al dominio de las ideas.
***
66 Como racionales o producto de la razón
y, también, como capaces de ser aprehendidas, trazadas o prefijadas por la
misma.
***
67 El proyectil de cabeza buscadora que un
cañón a radar lanza al espacio a fin de localizar exactamente al avión u objeto
enemigo Si se trata de un navío, su misma masa metálica orientará la dirección
del arma.
***
68.
«Rigor'> como exactitud
y precisión; transcribimos
literalmente para conservar
cierta ambigüedad de sentido matemático y moral, que - creemos
- se
aprecian en parte en la frase siguiente del texto.
***
69 Como en párrafos anteriores, conservamos
la forma «clarificado'>, más que aclarado o expresado, para, siguiendo el
original francés, establecer más nítidamente la relación
oscnro-clarificado-claro, que se supone en la marcha hacia el pensamiento
regulado y cibernético.
***
70 O sea, cuando dominemos la serie completa
de las actividades del espíritu pensante, en su fundamento y en sus diversas
tases, estableciendo cuantitativamente su actuación y sus enlaces íntimos. Nos
preguntamos si ello será completamente posible.
***
71.
Que no
sean regularmente sumables, es decir, conjuntos o
totalidades amorfos o indescomponibles, bloques cuyas partes son
imprecisas o imprecisables, indefinidas o indefinibles, indeterminadas o
indeterminables como tales partes o elementos de un bloque, conjunto o totalidad
- cosa compacta, estructura indescifrable, forma
unitaria y absolutamente conjuntada -. Remos denominado
pensamiento bloque al pensamiento molar, masivo, unitario e indeterminable en
sus partes o componentes.
***
72 El cálculo molecular no hace falta que
incluya obligatoria o específicamente cada elemento. Para calcular la
mentalidad de un hombre, no sería, tal vez, indispensable tener en cuenta todas
y cada una de sus neuronas. La claridad no
requeriría
llegar más allá del nivel de una máquina C que permitiera alcanzar el resultado
deseado.
Sobre
todo, es preciso tener en cuenta los artificios del cálculo. Si tuviéramos que
emplear tantos símbolos como partículas elementales contiene el universo, para
reproducir -pongamos por caso la mitad del universo necesitaríamos la materia
que constituye la otra mitad.
Pero, en
realidad, se puede representar un gran número de elementos con un pequeño
número de símbolos. El número lO representa a diez unidades con sólo das
signos. Una ley física resume una infinidad de movimientos. Una integral
representa muchos elementos con muy pocos signos. Sin embargo, no por ello deja
de ser un elemento de cálculo molecular, pues viene a resultar de todos esos
elementos y, en caso necesario, permitiría reconocerlos uno a uno. A diferencia
de los instrumentos del conocimiento molar, resulta un procedimiento acelerador
preciso (del mismo modo que una película proyectada en "aceleración»
Contiene todas las imágenes de la película normal), comprendiendo en sí la
resultante de todos sus elementos, con sus valores exactos y dispuestos para
volver a la vida.
***
73 Primeros o elementales, Constitutivos
previos de la realidad dividida o analizada. A través de la operación quedarán
como primarios y constituyentes.
***
74 La síntesis aditiva respecto a los
elementos y funciones de la totalidad podrá darnos - cuantitativamente
hablando- un resumen o resultado fiel, exacto, en cuanto a la totalidad misma y
sus constituyentes elementales.
***
75. En
lugar de aproximarse al detalle y a los elementos reales se prefiere la visión
conjunta y totalista, reuniendo los elementos indefinida e indeterminadamente
en un modelo o patrón que se convierte en «forma'> real o «estructura» total
y uniforme de la realidad y de cada realidad El autor parece colocarse aquí -
al hablar del pensamiento atomístico o molecular en oposición al pensamiento
bloque o molar frente a la postura gestaltista.
***
76.
En los
pitagóricos, en los
atomistas y en
otros presocraticos puede apreciarse dicho espíritu analítico y
de consideración a los constituyentes elementales. En la época moderna puede
apreciarse, por ejemplo, en Gassendi.
En Bacon y
Descartes, es discutible
a apreciación, aunque
puede
admitirse en determinado sentido empírico-analítico, por una parte, y
corpuscular, por otra. En Leibniz, genio de la teoría de las «mónadas», dicho
espíritu tiene una manifestación muy especial, quizá no exactamente
«molecular»
- dado el carácter espiritualista y dinamista de la filosofía leibniziana -,
sino más bien vital o psíquico, en cierta forma a la manera del antiguo
Anaxágoras o, mutatis mutandís, del más moderno Schopenhauer. En estos y otros
autores, acaso más que cuantitativismo, hablaríamos de cualitativismo.
***
77 La
zona, región o
dominio a que
se aplica la cibernética parece corresponder a
algo específicamente humano
o calificado así
(razón, pensamiento, alma racional, espíritu pensante), zona en la que -
según el autor - se presupone algún misterio o realidad supranatural,
inasequible. El aspecto regulado, controlado, prefijado, determinado,
subalterno'>, que corresponde a la cibernética (de acuerdo con el texto),
era tema de las técnicas elementales o de la visión del simple organizador de
empresa o del directivo en algún sentido, aunque presuponía un estudio
analítico y sintético de gran valor científico-filosófico. El aspecto humano -
viene a decirse- o no es humano o no es todo humano, puesto que es
cuantitativo, analizable, comunicable, mecanizable y, en especial, controlable.
***
78 Más difuso y, por ende, impreciso, más
basado en la mera especulación o en la inspiración intuitiva o emocional;
espíritu menos positivo y analítico, por lo tanto.
***
79 Se adapta, se adecua, se acerca, en el
clásico sentido de conformación o adecuación de la mente a las cosas; en este
caso se tratará precisamente de correspondencia o adecuación del conocimiento
científico al uso a la realidad auténtica o, verdaderamente, objetiva. El
conocimiento científico usual o adoptado hasta ahora no discriminaba, según el
autor, lo aparente de lo real auténtico, en la zona que corresponde al examen
analítico de la cibernética O a Su aplicación más peculiar.
***
80 Esto, claro está, manteniéndonos en el
campo del realismo inmediato de las ciencias y sin buscar otras dificultades.
***
81 Totalísta, unitario, compacto, de
bloque.
***
82 Son muchísimas las formas o estructuras
generales que se adaptan a una misma zona o ámbito de estudios.
***
83. Se
supone definitiva la representación gráfica molecular del campo, sector o zona
a tratar. En cambio, la representación o imagen molar tendría - al parecer,
como antes dijimos- múltiples variantes.
***
84 Un «díscours de la méthode», dice el
autor, recordando, en minúsculas, la famosa y fundamental obra de Descartes, no
menos que a su sentido y contenido. Ello
le sirve, especialmente, para
precisar el espíritu
epistemológico y, en particular, metodológico de la
cibernética, y para rememorar encomiásticamente - como buen francés y,
posiblemente, como buen europeo y occidental- el espíritu cartesiano, al que
considera con justicia mantenido y aplicado eficazmente por el pensamiento
anglosajón contemporáneo.
***
85 Se asigna
a la cibernética,
principalmente, una misión
clarificadora - tratando de
separar aspectos importantes de la zona oscura de la realidad y del
conocimiento y una misión analítico-sintética, en orden a un conocimiento
positivo de un sector fundamental de la ciencia, de la técnica y de la
filosofía. Este sector es el de la «regulación hacia un fin u objetivo». La
zona del o de lo asservi, zona de lo prefijado,
determinado, controlado; en
otra forma, la
zona de la autorregulación o del control automático.
***
86 Como
trazar, indicar, señalar
y, en cierta
forma, planificar, organizar, decidir, entendiéndose ello en un
sentido prefijado y mecánico.
***
87 Cada objetivo, mejor dicho, todos y cada
uno de los objetivos.
***
88 Suponerlo, ideario, inventarío.
***
89 Aparece como humano, lo semeja, es o se
aprecia como verosímilmente humano, aunque después se compruebe que no todo lo
era, que comprendía aspectos cuantitativos y mecánicos explicativos de gran
parte de lo humano.
***
90 En cl sentido de utilizar y, también,
actualizar.
***
91 Quiere indicarse que contiene el programa
a desarrollar por los elementos vinculados con las órdenes o directrices de la
máquina o aparato.
***
92 "Se acuerda" o
"recuerda" quiere decir que está regulado para producir, mediante
ciertas condiciones, las explosiones del motor, de un modo cíclico o periódico.
***
93 "Rectitud del
itinerario", indica cl
texto, que entendemos
como línea, dirección, curso,
precisión en el camino y, también, la regulación o, mejor, en tal caso, la
marcha regular del itinerario, el seguimiento recto u ordenado del mismo. La
retroacción o feed-back (literalmente, retroalimentación o "alimentación
de retorno") constituye el punto clave y fundamental de la cibernética.
***
94 Véase
un estudio detallado
de los feed-backs
en PIERRE DE
LATIL, La Pensée Artificielle.
Introduction a la Cybernétique. Gallimard, París, 5.a ed., 1953; ed. Esp.:
Buenos Aires, Losada, 1958.
***
95 Ajustador, técnico en el ajuste o
reparación de la máquina. Si la máquina está bien construida, funciona con toda
precisión, haciendo muy escasas las intervenciones del
reparador (no ya
simplemente «mecánico", sino
más bien
«técnico
especialista"). Siendo clarificables y mecanizables las actuaciones
específicas del reparador, éste puede convertirse asimismo en una máquina.
***
96 Conectada, relacionada íntimamente,
complementándola y supliéndola en su labor concreta, La cadena de suplementos
reparadores puede cerrarse con un tercer aparato o, si es posible, cerrarse en
la conexión entre la primera y la segunda máquinas.
***
97 Se detendría, seguramente; no podría
funcionar, en todo o en parte.
***
98 Determinadas y
determinables, prefijadas y
prefijables, reguladas y regulables. Pueden someterse, pues, una
vez precisadas con exactitud, a control mecánico-automático.
***
99 En
francés, machines-transfert. El
vocablo "transfer" se
utiliza abreviadamente para indicar,
muy en general,
transferencia o transmisión (traslado, envío) y, más
concretamente, en lenguaje técnico, para expresar la transmisión a distancia.
***
100 «Dirección» como ordenación, guía y,
especialmente, regulación prefijada.
***
101 Puede
girar, gira -
en efecto -
a derecha e
izquierda de un
modo automático.
***
102 El cañón ha ensayado - realizando
comprobaciones y selecciones- a fin de conseguir una posición óptima para el
disparo certero.
***
103 Conservar como mantener, constituir una
«memoria» (un recuerdo) y, en cierto modo, una «experiencia».
***
104 Principal tema del libro Matiére et
personne, al que el autor se ha referido en varias ocasiones.
***
105 Además de los analizadores diferenciales,
por ejemplo importante, existen aparatos para realizar las combinaciones
silogísticas (cálculo lógico) y la principal operatoria lógico-simbólica.
Pueden aplicar la calculatoria y las combinaciones de la lógica antigua o de la
matemática clásica y, también, de la matemática y la lógica más actuales.
***
106 Imitada, tratando de conseguir, en Su
aspecto y actuación, algo parecido, semejante o análogo a la apariencia y
actividades de los animales y del hombre.
***
107 Corregido,
regulado, dirigido. Rectificación
tiene aquí el
sentido de corrección y cuidado
atento y directivo.
***
108 Se dice, creemos, razonamiento en sentido
amplio, no meramente como capacidad de hacer razonamientos, acto o producto
correspondientes, sino como capacidad intelectual, en su acepción más extensa,
con referencia a todo conocimiento (sensible, intelectual; empírico, abstracto;
combinatorio, generalizador, creador...) y a toda actividad del mismo, sea
pensamiento reconocido como estrictamente tal o no. El pensamiento y el
razonamiento se emplean, entonces, en un sentido empírico-mecánico,
analítico-expresivo y cuantitativo-regulado. Lo racional se convierte en,
simplemente, mental, en su acepción más genérica, esto es, no propiamente de
"intelectual» o intelectivo, sino más bien de "conocimiento",
prefijado y expresable.
***
109 Quizá podría decirse que "mantiene
cierta semioscuridad". Cierta incógnita, derivada de su capacidad de
referirse a objetos no materiales.
***
110 La expresión parece tener aquí el carácter
de facultad, acto y contenido o producto. Así como
observamos que operamos,
en el caso
de nuestro pensamiento, o sea,
nos comprobamos pensando, nos "vemos» en actitud de pensar y
"vemos" que nuestros pensamientos son nuestros o pasan por nosotros,
en el caso de las máquinas, éstas no muestran, claro está, el pensar, no nos
hacen "ver" que piensan. No pueden mostrar sus
"pensamientos".
***
111 John Norris Tangen me ha escrito tres
extensas e interesantes cartas para demostrármelo.
***
112 Se trata de Suministrar, proveer,
abastecer y, en definitiva, producir.
***
113 El pensamiento regulado o determinado -
servidor, subalterno se admite como material, frente a la otra materia, es
decir, el resto de las realidades materiales.
***
114 Véanse las importantes obras de R. Ruyer,
principalmente:
R. RUYER, La Néa-finalisme, P.U.F., París,
1952; La Cybernétique et l'origine de l'information (ya citada); Eléments de
psychobiologie, P.U.F., París; «La Conscienze et la vie", en Le Probleme
de la vie, Ed. de la Baconniére, Neuchatel, Suiza; "La Cybertnétique et la
finalité", en Les Etudes Philosophiques, 1961, núm.
2, p.
165.
***
115 Para los problemas de la neg-entropía y la
información pueden consultarse las obras de Brilbuin citadas en la p. 00 y las
obras de Ruyer, La Cybernétique et l'origine de l'information (citada en la
nota anterior). También: F. BONSACK, Information, thermodynamique, vie et
pense'e, GauthierVillars, París, 1961, y A. MOLES, Théorie
de l'infarmatian et
perception esthétique, Flammarion,
París,
1958.
Previamente,
es útil, por no decir indispensable, ver estos problemas en un tratado de
física, reciente y amplio. La obra de P. FLEURY y J. P. MATHIEU, Physique
générale et expérimentale, Eyrolles, París, 8 vois. (1961-1963), satisface
dichas condiciones y resulta accesible a los lectores sin formación matemática
especial.
(Véase
principalmente el t. II, Thermadynamique, y el t. VIII, Atomes, molécules,
noyaoz.)
***
116 Ha proporcionado luz» para examinar mejor
el problema, lo ha hecho ver más claro; en cierta manera, pues, lo ha puesto en
evidencia, ha resaltado su dificultad, interpretándola y aclarándola. Podríamos
decir, también, que lo ha ilustrado, haciendo más luminosa la cuestión.
***
117 Se trataría de un camino en cierta forma
divagatorio, un «andar vagando», una especie de tanteo u olfato. Este andar
siguiendo o avanzando por laberintos significará, pues, una suerte de
vagabundeo o hasta de rastreo en los laberintos o redes de posibilidades y
dificultades, ante las cuales hay que seleccionar, elegir y decidir la
actuación. No es de extrañar, por lo tanto, que el autor hable de inspiración y
de olfato humano, en el sentido de.nariz» mental, tino o, acaso, razón
espontánea, buen sentido y sindéresis.
***
118 Explotación porque se aprovechan los datos
posibles o de lo posible en beneficio de la elección del camino a seguir.
***
119 El "cálculo operacional" ha venido
a ampliarse extraordinariamente en nuestros días, aplicándose a diversos campos
de la calculatoria, en el aspecto logístico y en el de la contabilidad en su
sentido administrativo-económico.
***
120 Véase
L. Mei{L, "La
Cybernétique et l'Administration", en
La Revue administratíve, París.
VII y VIII, 1957, p. 410; IX y X, 1958, p. 539; XI y XII. 1958, p. 667; III y
IV, 1959, p. 201; IX y X, 1959, p. 531.
***
121 La última guerra puso en marcha una parte
muy importante racional y calculada, dependiente de la investigación
operacional. El genio de los combates viene en parte a ser sustituido por la
ciencia del administrador de la guerra. Igualmente, la administración de una
gran ciudad depende cada vez menos del genio político que de la administración
científica.
Unicamente
las primeras directrices, las decisiones relativas a la vida, la libertad y la
dignidad de los hombres siguen siendo incumbencia de los elegidos por la
comunidad; es decir, de aquellos a quienes el grupo considera como los
representantes de su humanidad.
A
propósito de estos últimos temas, el pensamiento autónomo humano trabaja con
métodos totalmente diferentes a los del pensamiento regulado. Ningún título
específico ni ninguna prueba de aptitud racional es exigida a un diputado. Ni
tan siquiera es riguroso que deba saber leer o escribir y, en todo caso,
ninguna ley lo exige [el autor se refiere, concretamente, a Francia, y así lo
hace Constar; pero pudiera hacerse extensivo su aserto respecto a muchos
países; las leyes del pensamiento autónomo no son las mismas que las del
pensamiento regulado.
***
122 Vuelven a ser pensados de nuevo
racionalmente, es decir, empleando el método racional y determinativo de la
cibernética, tratando de sistematizar y clarificar los conocimientos
educativos, regulando su aprendizaje
***
123 Partición,
separación y, acaso,
escisión. En orden
muy distinto, nos recuerda la famosa escisión kantiana
entre hombre empírico - determinado, sujeto a causalidad - y hombre neuménico,
dotado de libertad.
***
124 Mecanicista o, si se quiere,
mecánico-mecanicista. El término tiene aquí - nos parece- una doble intención,
mecanista o mecanicista y. al mismo tiempo, mecánica o maquinarista, como
indicando al sujeto de la doctrina y al sujeto de la máquina.
***
125 Extraña a la máquina, distinta de ella.
***
126 Semejantes
en todo, con un parecido
fundamental; hemos anotado "iguales", entendiéndose no
absoluta igualdad, identidad, sino igualdad relativa, como completa semejanza.
***
127 Extravagante, caprichoso, antojadizo y, en
cierto modo, fantástico, sorprendente, imprevisto.
***
128 Entendiendo por "parte humana", la
parte anímica - la psique o alma -, resultaría de ello un alma única humana, o
sea, una para todos los hombres. La doctrina de la unidad anímica humana ha
sido defendida ya varias veces en la historia del pensamiento; la unidad del
entendimiento agente o activo, entendido como superior frente al pasivo o
paciente, se sostuvo por Averroes en la Edad Media. No creemos, sin embargo,
que el autor pretenda reinstaurar un "pansiquismo" o una postura
extremadamente espiritualista y unitaria de la psique humana. Por de pronto, se
sostiene en el texto la realidad material humana y una parte humana específica
- igual, o relativamente igual, en todos los hombres -, lo cual, en principio,
no quiere decir que se considere una e indivisible en su conjunto o totalidad.
***

