Libro No. 311. ¿Terrorismo o Rebelión? Restrepo, José Albear.
Libro
No. 311. ¿Terrorismo o Rebelión? Restrepo,
José Albear. Colección Emancipación
Obrera. Marzo 24 de 2012.
Título
original: Versión Original: © ¿Terrorismo o Rebelión? Restrepo, José
Albear. Colección Emancipación Obrera. Marzo 24 de 2012.
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
¿Terrorismo O
Rebelión?
Colectivo
José Albear Restrepo
José Alvear Restrepo
4
enero de 2005, por Colectivo de
Abogados "José Alvear Restrepo"
Nace en Medellín el 1 de julio de
1913 en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas y bajo los
parámetros de la ideología del partido conservador. Realiza sus estudios en la
Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde se gradúa de Abogado
con una brillante tesis titulada: "Conflictos del trabajo: la huelga"
Intelectual,
humanista defensor asiduo de los derechos humanos en Colombia, por su
compromiso por las causas populares y tras la muerte del dirigente popular
Jorge Eliécer Gaitán, su amigo, compañero de trabajo e integrante de los
núcleos de intelectuales del movimiento liberal; abandona las relativas
comodidades que le ofrecía su posición social y académica para entregar sus
conocimientos y todos sus esfuerzos a la causa de los excluidos y perseguidos.
Se adentra en los Llanos Orientales y vive en carne propia las precarias e
inhumanas condiciones en que viven nuestros campesinos lo que contribuye a
fortalecer su conciencia, su compromiso político y social con los más
necesitados.
Sistematizó
las prácticas democráticas y progresistas de las comunidades llaneras en el
documento titulado ?La segunda ley del Llano?, donde se sintetizan las bases en
cuanto al nuevo poder, las formas de administrar justicia, el régimen
tributario, la preservación de recursos naturales, las relaciones de igualdad
entre hombres y mujeres, entre otros.
El
19 de agosto de 1953 muere ahogado en un aparente accidente en el río Meta,
truncándose de este modo la vida de uno de los pensadores más prestantes y
consecuentes que ha producido el proceso revolucionario colombiano: ideólogo de
las bases legales de la construcción del nuevo poder, que encarna la voluntad
colectiva del pueblo.
http://www.colectivodeabogados.org/Jose-Alvear-Restrepo
El Colectivo de
Abogados "José Alvear Restrepo" es una Organización No Gubernamental
de derechos humanos, sin ánimo de lucro, conformada por profesionales del
derecho y estudiantes que apoyados en otras áreas del conocimiento y la
participación de diferentes sectores sociaels y democráticos de la población,
defiende y promueve integralmente los derechos humanos y los derechos de los
pueblos, desde una perspectiva de indivisibilidad e interdependencia, con el
objetivo de contribuir a la construcción de una sociedad justa y equitativa en
la perspectiva de la inclusión política, económica, social y cultural.
Así mismo, defiende
y promueve el respeto a la soberanía, autodeterminación de los pueblos,
desarrollo y paz con justicia social.
El colectivo de
Abogados se encuentra afiliado a la organización Mundial contra la Tortura -
OMCT- (1991), la Federeación Internacional de Derechos Humanos - FIDH _ (1994)
y actualmente se encuentra registrada ante la Organización de Estados
Américanos (OEA)
La Corporación ha
recibido de la comunidad internacional varias distinciones, como expresión de
solidaridad por la grave situación de derechos humanos en Colombia, apoyo a las
víctimas, familiares y organizaciones, y como un reconocimiento a la labor de los
y las defensoras de derechos humanos, entre ellos el premio de derechos humanos
de la República Francesa (1996), Premio de la ciudad de Weimar (1996), Premio
Martín Ennals (2003) entregado a su entonces presidente Alirio Uribe Muñoz.
A todas las mujeres y hombres
que han ofrendado su vida o su libertad
por una sociedad en la cual los derechos de los pueblos
sean una realidad
¿Terrorismo O Rebelión?
José
Albear Restrepo
AGRADECIMIENTOS
A los prisioneros de guerra, a los presos políticos y
perseguidos por haber asistido a los diferentes talleres, por sus entrevistas y
aportes en la regulación del conflicto armado.
A los miembros de las diferentes organizaciones
sociales por sus entrevistas, participación en las actividades y aportes en
este trabajo investigativo.
A los funcionarios públicos que posibilitaron el
acceso a diferentes expedientes para obtener la información de los procesos y
ver la forma como éstos se han tramitado.
A quienes trabajaron tanto en las actividades
desarrolladas como en la investigación.
A los luchadores populares que con su labor anónima
han permitido que este trabajo se pueda realizar.
A Brodeling Deleng -de Bélgica- por haber hecho
posible esta publicación.
Introducción
Esta obra es fruto del esfuerzo de múltiples manos y pensamientos. En su
construcción colaboraron mujeres y hombres de sectores populares, campesinos,
obreros, estudiantiles e indígenas; población carcelaria; víctimas de la
represión política e intelectuales sensibles y comprometidos, quienes con su
participación en seminarios y talleres, y desde sus espacios naturales de
expresión y lucha, aportaron su granito de arena para hacer de estas páginas,
no un gran tratado, pero sí una opinión y una expresión sentida y querida; no
una erudita, impenetrable y rigurosa enciclopedia, sino un testimonio vivo,
sencillo, accesible y diciente.
¿Rebeldes o terroristas? Este texto aborda algunos elementos que tienen que
ver con la raíz del conflicto armado en Colombia y la manera como el mismo se
desarrolla, aspectos que nos acercan o nos alejan de las posibilidades de
encontrar caminos estables hacia la paz. No hay grandes pretensiones teóricas
en el tratamiento de la problemática, pero intentamos aportar, desde nuestra
práctica y compromiso con la vida, algunos reconocimientos desde dos enfoques
fundamentales: el primero, ligado a la presentación de la naturaleza del
surgimiento y desarrollo de los movimientos insurgentes armados, su tratamiento
punitivo y su reconocimiento político.
El segundo, desde las formas crudas de una guerra irregular en la que se
transita de una guerra de guerrillas a una guerra para defender territorios
conquistados, y en la cual los rebeldes, consolidados como ejército popular o
con dicha aspiración, dejan de ser un simple problema de orden público para
convertirse en un poder con perspectivas nacionales o con fuertes raigambres
regionales y, en este aspecto, los métodos de hacer la guerra cuentan no sólo
sobre su legitimidad, sino sobre la del propio Estado que ha sido cuestionado
desde la raíz del conflicto. Es aquí donde el Derecho Internacional Humanitario
(DIH) desempeña un papel importante para evitar la degradación de la guerra.
Reconocer que hay causas políticas, sociales, culturales y económicas que
explican el conflicto armado desde su origen y desarrollo, y que enfrentan a la
insurgencia con un régimen excluyente y sectario, tiene que ser el punto de
partida para cualquier proceso de negociación que haga viable la transformación
del país. Muchas han sido las voces desde el establecimiento -y decimos
establecimiento desde el sentido inglés del término: poder económico, político,
militar y religioso a los cuales habría que agregar el mediático como forma de
control social que ejercen las élites en su propio beneficio- que no han
querido reconocer en el rebelde a un interlocutor político, sino que,
asumiéndolo como bandido y ahora como terrorista, han pretendido y pretenden su
aniquilamiento.
En los años sesenta, con el triunfo de la Revolución Cubana y el auge de la
guerra fría, la política exterior norteamericana estuvo orientada a impedir o
enfrentar el desarrollo de procesos revolucionarios, progresistas o
reformistas. Colombia no fue la excepción y, en provecho de tal escenario, las
élites colombianas pidieron los favores norteamericanos para ahogar en sangre
los incipientes movimientos de campesinos colonizadores que desarrollaban
formas autárquicas de producción y defensa, en regiones como Marquetalia, el
Pato, Guayabero y Riochiquito, entre otras.
Entonces el Plan Colombia o la Iniciativa Regional Andina tomaban los
nombres de Alianza para el Progreso o Plan Laso: la zanahoria y el garrote. Se
puso fin a las llamadas repúblicas independientes y, lo que tendría que haberse
resuelto por la vía del diálogo, la concertación y las reformas, fue lo que
alimentó por medio de la represión la creación del grupo guerrillero más grande
del país.
Hoy en día, a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las
Torres Gemelas en Nueva York y contra el Pentágono en Washington, las élites
colombianas, ante la anunciada Alianza Mundial contra el Terrorismo, ven una
nueva oportunidad para que los Estados Unidos se decidan a vencer a los
movimientos insurgentes armados en Colombia, alentados por las palabras de
Francis X. Taylor, Coordinador de Antiterrorismo del Departamento de Estado,
quien declaró, en octubre de 2001 ante la Comisión de Relaciones
Internacionales de la Cámara de Representantes, que hoy el grupo terrorista
internacional más peligroso basado en este hemisferio son las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia, FARC.
Entretanto, en Colombia se aprobó una nueva reedición de la Doctrina de la
Seguridad Nacional, que dio lugar a tantos crímenes contra la humanidad en este
continente, a través de la ley 684 de 2001. Se pone así en marcha un nuevo
Estatuto Antiterrorista. En adelante, las acciones de los grupos insurgentes
serán señaladas inequívocamente como acciones terroristas y ya no se hablará de
grupos guerrilleros, sino de movimientos terroristas. ¿Servirá esto para acabar
la guerra en Colombia? No lo creemos. De cerrarse los escenarios de diálogo, de
renunciar a una salida política, sólo estaremos prolongando indefinida e
irresponsablemente una guerra que a diario encuentra caldo de cultivo para
reproducirse.
No hay definiciones precisas en el escenario internacional sobre lo que se
concibe como terrorismo. En las discusiones mismas para la adopción del
Estatuto de Roma, en el verano de 1998, que estipula la creación de la Corte
Penal Internacional, este tema fue dejado de lado por su complejidad para
enfrentarlo. Sin embargo, el Derecho Internacional Humanitario, DIH, proscribe
el terrorismo como una violación grave a las costumbres de la guerra que no
debe utilizarse.
Cualquier guerra de carácter internacional o de carácter interno se juega
no solamente en el terreno de lo militar, sino también en el de las
legitimidades, en la justeza de la lucha emprendida y en la forma como se
desarrolla la misma. Al tiempo es necesario reconocer que cualquier lucha
armada implica no solamente afectar vidas, sino bienes que tengan un valor
estratégico para la confrontación militar. El Ejército de los Estados Unidos,
tanto en la guerra del Golfo Pérsico como en la guerra de Kosovo, bombardeó
puentes, instalaciones eléctricas, carreteras, fábricas y afectó la vida de
cientos de civiles mermes. No obstante, estos hechos no merecieron el repudio
de la opinión pública mundial, como ahora en la guerra contra Afganistán.
Cientos de muertos, que incluyen niños, parecen no afectar la legitimidad de
quien así actúa, porque la opinión pública mundial está preparada para tolerar
ciertos excesos en nombre del acto punitivo llamado Justicía infinita o libertad
duradera.
En Colombia, los grupos insurgentes han cometido y cometen infracciones al
Derecho Internacional Humanitario, y algunas de ellas se enmarcan dentro de lo
que esta normatividad internacional conoce como crímenes de guerra. En la
degradación del conflicto -alentada principalmente por el desarrollo del
accionar paramilitar, que como estrategia de guerra sucia ha sido desplegada
por sectores muy importantes de las Fuerzas Armadas. Los grupos guerrilleros,
en su reacción, pretenden encontrar justificación a acciones que desbordan los
mínimos humanitarios, y explican que las razones de la guerra estarían por
encima del acatamiento de estos principios. Sin embargo, la guerrilla ha ganado
un reconocimiento como actor político ante la comunidad nacional e internacional
y, en las actuales circunstancias, debe ser más cuidadosa que nunca para no
desaprovechar tal acumulado. La propuesta de un acuerdo .humanitario o de
varios acuerdos humanitarios, debe estar en el centro de sus preocupaciones
para evitar que la degradación de la confrontación se siga profundizando. Este
libro pretende aportar algunos elementos de análisis sobre temas álgidos que no
son fácilmente comprensibles a la luz de la opinión pública.
¿Son delincuentes los rebeldes o debe reconocerse que hay una confrontación
armada interna de tal dimensión, que el tratamiento a los prisioneros políticos
no puede seguir siendo el que dicte el código penal, sino el que las partes
convengan en un acuerdo sobre tratamiento de prisioneros?
El ideal es detener la guerra, pero más responsable es construir el
consenso político y social para la superación de las causas que la generan.
Pero, entre tanto, aunque toda muerte es indeseable cuando es producto de la
violencia, tanto la social que mata por hambre, como la armada en la que se
mata alegando una causa justa; la opinión pública debe diferenciar entre
personas que son dadas de baja en combate -porque participan en él con las
armas en la mano y porque están preparadas para usarlas y deben reaccionar ante
un ataque sorpresa- y personas objeto de una ejecución extrajudicial o de una
masacre.
La opinión pública ha sido manipulada de tal forma que la naturaleza
terrorista del paramilitarismo y las acciones terroristas de estos grupos -que
Human Rights Watch denuncia en su informe 2001 como el accionar clandestino de
la VI División del Ejército- se presentan como acciones normales de los grupos
de autodefensa en contra de los movimientos guerrilleros. Sólo una sociedad
profundamente reprimida y enferma puede conciliar con el proyecto paramilitar.
Quienes han sido víctimas del secuestro o la extorsión pueden albergar
sentimientos de venganza, pero ¿cómo justificar la masacre de inermes
campesinos por el solo hecho de cohabitar en zonas donde la guerrilla ejerce
una presencia histórica?
El paramilitarismo es terrorista desde su gestación y es terrorista como
proyecto. El crimen, la masacre, la desaparición, confirman un ritual de muerte
que alimenta el miedo, que rompe tejidos sociales, que aniquila formas de
resistencias civiles, que hegemoniza a través del terror las conciencias para
que nadie se atreva a reclamar ni a protestar. ¿Cómo pueden llamarse grupos de
autodefensa o de justicia privada si ni siquiera ajustan sus procedimientos de
eventuales venganzas a la ley del Tallón del ojo por ojo y del diente por
diente?
Pero el paramilitarismo tiene un rostro que supera la figura vindicativa y
está ligado a minorías que por medio de la más extrema violencia defienden el statu
quo. El accionar militar-paramilitar hace parte de la misma estrategia y va
más allá de lo estrictamente contrainsurgente, para convertirse en un proyecto
de terror ligado al modelo económico neoliberal. Se elimina no sólo a la
población civil posiblemente afecta a la guerrilla, sino todo movimiento
social, sindical, popular o campesino que pueda cuestionar la consolidación de
megaproyectos, el desarrollo de capital transnacional o las políticas de ajuste
estructural impuestas por el Fondo Monetario Internacional o por la banca
mundial.
¿Podemos promover que, en aras de la paz, al paramilitarismo se le
reconozca estatus político? ¿Quién se atrevería hoy en el mundo a reconocer
políticamente a un grupo de fascistas? ¿Pueden ser acaso considerados
combatientes si sus objetivos militares son fundamentalmente civiles? No lo
creemos. Reclamamos por parte del Estado el desmonte del paramilitarismo y la
aplicación de sanciones disciplinarias y penales que correspondan para sus
promotores y para quienes, por acción u omisión, patrocinan sus crímenes. En
los últimos años se ha registrado en el país un promedio diario de 20 muertes
por razones políticas, de las cuales solamente cinco se relacionan con muertes
en combate. El secuestro supera el número de 3 mil 700 víctimas al año, de las
cuales más de un 50% son imputables a las guerrillas y cerca de un 10% a los
paramilitares. Más de 300 mil personas, en promedio, son desplazadas cada año,
con todo lo que ello implica en la destrucción de proyectos de vida
individuales, familiares y comunitarios, sin contar las desastrosas
consecuencias económicas, sociales y políticas que conlleva el hecho de tener 2
millones 500 mil personas desplazadas. Es una catástrofe humanitaria, pero
también es una tragedia institucional y política. A lo largo de este libro se
describen los principios políticos que constituirían la guía de acción de los
movimientos insurgentes desde su nacimiento, su justificación y desarrollo.
Como lo puede corroborar el lector, las propuestas no son dogmáticas, son
objetivos posibles de concertar en una mesa de negociación, si hay la voluntad
política para ello.
La transformación del país requiere un compromiso político sincero, pero
además urge, mientras se pacta un cese al fuego y de hostilidades de carácter
bilateral, que la guerra se desarrolle con unos límites irrenunciables de
respeto a reglas humanitarias. Por esta razón, al final y como producto de
numerosos talleres celebrados a lo largo y ancho del país con víctimas,
organizaciones sociales y de derechos humanos y en las propias cárceles en
debates con los presos políticos, se recoge una propuesta de acuerdo que debe
convertirse en insumo para alimentar esta discusión. El objetivo prioritario
con el cual nos debemos identificar todos es el de la búsqueda inclaudicable de
la dignidad humana.
¿Terrorismo O Rebelión? José
Albear Restrepo
TITULO I
EL DELITO POLÍTICO EN COLOMBIA
CAPITULO I
RESEÑA HISTÓRICA DE LA RESISTENCIA Y LA REBELIÓN DE LOS PUEBLOS
El 11 de septiembre de 2001 el mundo presenció en directo a través de la
televisión los atentados terroristas contra los mayores símbolos de la
civilización occidental: las Torres Gemelas del World Trade Center y el
Pentágono, expresión máxima de seguridad del mundo globalizado. La
superpotencia, gendarme único y autoproclamado del mundo desde el fin de la
guerra fría, demostró su vulnerabilidad. Todo el poder imperial que le ha
permitido sembrar odio, miseria y terror en distintos lugares del planeta en nombre
de la libertad y la democracia, originó estos hechos de venganza que han de
cambiar la historia de la humanidad. ¿En qué queda hoy el derecho de
resistencia de los pueblos frente a la opresión, el derecho a la
autodeterminación y soberanía de pueblos subyugados? ¿Cómo se afectarán los
alcances logrados en materia de derechos humanos? Frente a la guerra contra el
terrorismo que no tiene fronteras y la profundización de las asimetrías
militares, económicas y sociales, ¿en qué quedarán los nobles propósitos del
Derecho Internacional Humanitario?
En todo caso, la represión indiscriminada o selectiva contra todos aquellos
que sean calificados como terroristas, no impedirá que los sentimientos de
rebeldía se sigan expresando a lo largo y ancho del planeta. La única manera de
avanzar hacia la paz es asegurando un orden internacional justo, con seguridad
democrática; un Estado social de derecho universal sería la mejor forma de
prevenir toda clase de terrorismo, tanto el que practican los Estados como el
reactivo que asumen ciertas causas religiosas, sociales o políticas. Si todo lo
que se invierte en la represión del delito se invirtiera en prevenirlo, el
mundo sería más seguro.
En el mundo globalizado de hoy, entramos a la era del terrorismo, en el que
cualquier forma armada de resistencia, o incluso no expresamente armada, puede
llevar a esta odiosa calificación. Las vestiduras de occidente se rasgan en la
paranoia de la inseguridad y la Carta de las Naciones Unidas se invoca o se
interpreta al antojo de quienes gobiernan la aldea global o por sus subditos
que administran los precarios Estados-nación en grave crisis de soberanía. El
terrorismo se convierte en oportunidad para anular y desnaturalizar el derecho
de resistencia frente a poderes nacionales y transnacionales que someten a tres
cuartas partes de la humanidad a un estado permanente de miseria, de opresión y
de abiertas o sofisticadas formas de tiranía, incluso bajo el ropaje de
democracias formales. En la actualidad, se hace necesario plantear cuáles son
los problemas fundamentales por los que atraviesa la humanidad y si es legítimo
o justo el rebelarse contra estas formas de dominación en el orden mundial o
nacional. Los nuevos dueños del statu quo se proclaman dueños de la justicia,
de la libertad, de la democracia y de la razón. Todo el que atente contra el
sistema imperante ya no será tratado siquiera como delincuente político, sino
como terrorista y, por tanto, como un enemigo universal.
Para hacer frente a esta inercia, recordemos que en el itinerario histórico
los avances sociales, políticos, económicos, culturales e incluso científicos
han sido posible gracias a aquellas personas y aquellos pueblos que se han
rebelado contra los poderes establecidos.
Podemos afirmar que el derecho a la resistencia se ha utilizado a través de
la historia de la humanidad como un derecho de los pueblos para liberarse de la
tiranía y la opresión de quienes ejercen arbitrariamente el poder: "Hace
muchos siglos se denomina derecho de resistencia el ejercido por los subditos
para lograr la cesación de comportamiento tiránico asumido por autoridades que
abusan grave y reiteradamente de sus competencias. Este abuso se identifica con
el ultraje hecho a la justicia mediante actos violatorios de los bienes
jurídicos fundamentales -la vida, la integridad, la libertad, la seguridad,
etc.- cuya ejecución no han logrado los ciudadanos hacer prevenir y sancionar
con el auxilio de instrumentos pacíficos de control y freno del poder. Entre
esos instrumentos están el ejercicio de recursos y acciones judiciales, las
apelaciones al ministerio público y las campañas de denuncia por la prensa y
otros medios de comunicación. Cuando todos los mecanismos de refrenamiento
pacífico fracasan, los agredidos por la autoridad tiránica tienen, dadas
ciertas condiciones, el derecho inalienable a defenderse con el uso de la
fuerza: a entrar en insurrección contra la tiranía".
De esta definición derivamos que el derecho a la resistencia involucra
varias formas de exigibilidad y "justiciabilidad" de los derechos y
libertades, que pasa por la desobediencia civil y llega hasta el extremo de la
rebelión armada cuando las necesidades la imponen. El autor citado habla de
tres formas de resistencia: una resistencia pasiva fundamentada en
acciones de la no violencia; una resistencia activa que puede ser legal,
si emplea mecanismos previstos en el ordenamiento jurídico o insurreccional,
si opta por el recurso a la fuerza armada y se manifiesta como un
levantamiento.
Para precisar el tema de que se ocupa este escrito, cabe resaltar que:
"El derecho a la resistencia insurreccional bien puede ser definido como
el derecho inherente de todo ser humano a rechazar el acontecimiento de un
gobierno que se ha colocado en la posición del agresor injusto. Así como es
legítimo que una persona defienda un derecho propio o ajeno contra la injusta
agresión de un particular, y que el Estado rechace todo ataque armado
proveniente del exterior, no contraría ni el derecho ni la justicia que los
miembros de la comunidad política repelan a quienes, haciendo un uso retorcido
de la autoridad pública, amenazan los bienes jurídicos primordiales de los
ciudadanos. El derecho a resistir es el derecho del pueblo a la legítima
defensa" . Según el mismo autor Mario Madrid Malo: "Por
pertenecer al ámbito de la defensa legítima, el ejercicio del derecho de
resistencia tiene los mismos requisitos que exige el de la defensa privada:
necesidad de amparar derechos ciertos e indiscutibles, inexistencia de otro
medio idóneo para evitar o repeler el ataque, injusticia de la agresión,
actualidad o inminencia del peligro y, por último, proporcionalidad entre la
respuesta y la ofensa . La acción de un pueblo que se levanta contra
la tiranía participa esencialmente de los caracteres de la otrora llamada guerra
defensiva".
TIRANICIDIO
En la historia de la humanidad, la resistencia a regímenes tiránicos,
antidemocráticos y represivos no constituye delito alguno, sino que constituye
un derecho. Como antecedentes más inmediatos del derecho a la resistencia está
el tiranicidio, doctrina que en los siglos XV y XVI cobra su mayor fuerza. Tal
doctrina estableció que éste era un derecho cuando no hubiere forma distinta de
solución. Pensadores como Confúcio (quien los llamó ladrones del camino real),
Teofrasto, Séneca, Quintiliano y Luciano defendieron el tiranicidio como medio
de redención de los pueblos oprimidos. El mayor defensor de esta doctrina fue
el padre jesuíta Juan de Mariana, quien en su famoso libro De Regeet Regís
Institutione ad Philipus III, publicado en 1599, expresó: "Es
saludable que éste sepa (el príncipe) que si oprime la república, será expuesto
a ser asesinado, no sólo con derecho sino con aplauso y gloria de las
generaciones futuras". Tomás de Aquino también consintió la figura del
tiranicidio, aduciendo que la resistencia a una autoridad injusta no es
sedición. En Suma teológica, rechazó la doctrina del tiranicidio; sin
embargo, sostuvo la tesis de que los tiranos debían ser depuestos por el
pueblo.
Conceptos actuales nos enseñan "la voz tirano para referir en general
a aquél que gobierna por el terror -imponiendo, principalmente por la
violencia, su arbitrio-en perjuicio de las libertades fundamentales de los
subditos".
La tiranía es un sinónimo de un gobierno ilegítimo, y esa ilegitimidad
puede ser por la forma de acceso al poder o por los abusos cometidos durante su
ejercicio, para algunos "puede provenir ya de la forma como accedió al
poder (vgr. por golpe contra las autoridades legítimamente constituidas), ya de
la comisión de gravísimos y repetidos desafueros que desvirtúan de manera total
el sentido y el fin de la autoridad (vgr. suspensión generalizada de las
libertades públicas, cierre de las cámaras legislativas, aherrojamiento de la
judicatura, exterminio de los opositores, etc.)" . Para el caso
colombiano, ante una grave y sistemática violación de los derechos humanos cabe
preguntarnos si estamos frente a un gobierno legítimo, formalmente democrático
pero a su vez sustentado en la exclusión económica y política.
En la Edad Media, Juan de Salisbury, en su libro Hombre de Estado,
dice: "Cuando un príncipe no gobierna con arreglo a derecho y degenera en
tirano, es lícito y está justificado su deposición violenta", y recomienda
que contra el tirano se use el puñal aunque no el veneno.
Martín Lutero proclamó que cuando un gobierno degenera en tirano y vulnera
las leyes, los subditos quedan liberados del deber de obediencia. Su discípulo
Felipe Helanchton sostuvo que es legítimo el derecho de resistencia cuando los
gobiernos se convierten en tiranos. Calvino, el pensador más notable de la
Reforma, desde el punto de vista de las ideas políticas, postuló que el pueblo
tiene derecho a tomar las armas para oponerse a cualquier usurpación.
Nadie menos que un jesuíta español de la época de Felipe II, Juan Mariana,
en su libro De rege et regis institutions, afirma: "Cuando el
gobernante usurpa el poder o, cuando elegido, rige la vida pública de manera
tiránica, es lícito su asesinato por un simple particular, directamente o
valiéndose del engaño, con el menor disturbio posible".
El escritor francés Francisco Hosnan sostuvo que entre gobernantes y
subditos existe el vínculo de un contrato, y que el pueblo puede alzarse en
rebelión frente a la tiranía de los gobiernos cuando éstos violan aquel pacto.
Los reformadores escoceses Juan Knox y Juan Poynet sostuvieron que es
legítima la resistencia a los gobiernos cuando oprimen al pueblo y que es deber
de los magistrados honorables encabezar la lucha, y en el libro más importante
de ese movimiento, escrito por Jorge Buchman, se dice: "Si el gobierno
logra el poder sin contar con el consentimiento del pueblo o rige los destinos
de éste de una manera injusta y arbitraria, se convierte en tirano y puede ser
destituido o privado de la vida en último caso".
Juan Altusia, jurista alemán de principios del siglo XVII, en su Tratado
de política, dice: "La soberanía, en cuanto autoridad suprema del
Estado, nace del concurso voluntario de todos sus miembros; la autoridad del
gobierno arranca del pueblo, y su ejercicio injusto, extralegal o tiránico,
exime al pueblo del deber de obediencia y justifica la resistencia y la
rebelión".
Más cercano en el tiempo, en el siglo XVII, en Inglaterra, fueron
destronados dos reyes, Carlos I y Jacobo II, por actos de despotismo. Estos
hechos coincidieron con el nacimiento de la filosofía política liberal, esencia
ideológica de una nueva clase social que pugnaba entonces por romper las
cadenas del feudalismo. Frente a las tiranías del derecho divino, esa filosofía
opuso el principio del contrato social y el consentimiento de los gobernados, y
sirvió de fundamento a la Revolución Inglesa de 1688 y a las revoluciones
americana de 1775 y francesa de 1789. Estos grandes acontecimientos
revolucionarios abrieron el proceso de liberación de las colonias españolas en
América, cuyo último eslabón fue Cuba. El derecho de insurrección contra la
tiranía recibió entonces su consagración definitiva y se convirtió en postulado
esencial de la libertad política.
Ya en 1649, John Milton escribe que el poder político reside en el pueblo,
quien puede nombrar o destituir reyes, y tiene el derecho de separar a los
tiranos. John Locke, en su Tratado de gobierno, sostiene que cuando se
violan los derechos naturales del hombre, el pueblo tiene el derecho y el deber
de suprimir o cambiar de gobierno. "El único remedio contra la fuerza sin
autoridad es oponerle la fuerza".
Juan Jacobo Rousseau dice con mucha elocuencia en su Contrato social'."Mientras
un pueblo se ve forzado a obedecer y obedece, hace mejor recuperando su
libertad por el mismo derecho que se la han quitado... Renunciar a la libertad
es renunciar a la calidad de hombre, a los derechos de la humanidad, inclusive
a sus deberes. No hay recompensa posible para aquel que renuncia a todo. Tal
renuncia es incompatible con la naturaleza del hombre, y quitar toda la
libertad a la voluntad es quitar toda la moralidad a las acciones. En fin, es
una convicción vana y contradictoria estipular, por una parte, con una
autoridad absoluta y, por otra, con una obediencia sin límites..."
Sólo escritores reaccionarios se opusieron a este derecho de los pueblos,
como aquel clérigo de Virginia (Estados Unidos), Jonathan Boucher, quien dijo:
"El derecho a la revolución es una doctrina condenable derivada de
Lucifer, el padre de todas las rebeliones".
EL DERECHO DE RESISTENCIA EN LAS PRIMERAS CARTAS DE DERECHOS HUMANOS
Con la paulatina aparición de las constituciones demoliberales o burguesas,
se pasó de la doctrina del tiranicidio al derecho a la resistencia. Así por
ejemplo, la Declaración de Derechos de Virginia proclamada el 12 de junio de
1776, expresó:
"Que el gobierno es o debe ser instituido para el común provecho,
protección y seguridad del pueblo, nación o comunidad; que de los varios modos
o formas de gobierno, el mejor es aquél que es capaz de producir el mayor grado
de felicidad y seguridad, y ofrece mayor garantía contra el riesgo de una mala
administración; y que cuando un gobierno fuera manifiestamente inadecuado o
contrario a estos principios, una mayoría de las comunidad tiene el derecho
indiscutible, inalienable e imprescriptible de reformarlo, alterarlo o abolirlo
en la forma que juzgue más conveniente al bienestar público".
La Declaración de Independencia de los Estados Unidos, adoptada por el
congreso continental de Filadelfia el 4 de julio de 1776, firmada por John
Hancock, John Adams, Samuel Adams, Josiah Bartlett, Carter Braxton, Thomas
Lynch, Arthur Middleton, Thomas M'Kean, y Lewis Morris, dice: "Sostenemos
como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales, que
son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos
están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar
estos derechos, se instituyen entre los hombres los gobiernos que derivan sus
poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que
una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene
el derecho a reformarla o aboliría e instituir un nuevo gobierno que se funde
en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio
ofrecerá las mayores posibilidades de alcanzar su seguridad y felicidad... Pero
cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al
mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo
absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y establecer nuevos
resguardos para su futura seguridad".
Durante el siglo XVIII, la tiranía fue asimilada a la monarquía rescatando
las ideas de la Política de Aristóteles: "La tiranía es la monarquía que
tiende al interés del monarca... una monarquía en la que el soberano gobierna a
su antojo sobre la colectividad política".
En consecuencia, la insurgencia es legítima por cuanto el tirano rompe el
pacto social, desconoce las reglas del juego con el ejercicio del poder,
pasando de gobernante a un agresor injusto del pueblo, legitimándose este
último para asumir una defensa individual y colectiva para deponer al tirano.
Durante todo el siglo XIX, esa doctrina fue constantemente invocada por lo
independentistas latinoamericanos. El acta de la constitución del estado libre
e independiente del Socorro (15 de agosto de 1810) empezaba diciendo: "El
pueblo del Socorro, vejado y oprimido por autoridades del antiguo gobierno, y
no hallando protección en las leyes que vanamente reclamaba, se vio obligado...
a repeler la fuerza con la fuerza".
De igual manera, durante el siglo XX la Iglesia católica legitimó el
derecho a la resistencia. En 1937, en la encíclica Firmissimam Constantiam,
Pío XI afirma:
"...Cuando llegara el caso de que (los) poderes constituidos se
levantasen contra la justicia y la verdad hasta destruir aun los fundamentos
mismos de la autoridad, no se ve cómo podría entonces condenarse el que los
ciudadanos se unieran para defender la nación y defenderse a sí mismos con
medios lícitos y apropiados contra los que se valen del poder público para
arrastrarle a la ruina" . En 1967, en la encíclica Populorum
Progressio, Paulo VI sostiene que "en caso de tiranía evidente y
prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de las personas
y damnifícase peligrosamente el bien común del país" puede justificarse la insurrección
revolucionaria.
En la actualidad, el tema de la resistencia también ha sido extensamente
tratado por el filósofo francés Emmanuel Mounier: "Si ningún cristiano
puede combatir el poder establecido por ambición personal o por gusto, hay un
momento en que esta sumisión de hecho, según la tradición teológica, ya no es
un deber para los gobernados. Es aquél en que el régimen se convierte en
tiránico, es decir, en que el soberano, en lugar de gobernar en vistas al bien
común, lo hace en vista de su propio bien privado" . La consideración
es de pura estirpe tomista, porque presenta la acción resistente como un
remedio extremo contra la actividad del gobierno que ha perturbado el orden
justo.
También existe una declaración de una importancia mayúscula que ha sido
poco conocida, la Declaración de Argel o Declaración Universal de los Derechos
de los Pueblos, la cual fue promulgada el 4 de julio de 1976 por los pueblos
del Tercer Mundo, los pueblos explotados, los pueblos víctimas de la
expoliación imperialista. Esta declaración es un llamado a la unidad solidaria
de los pueblos del sur para el derribamiento de las estructuras nacionales e
internacionales del imperialismo y los sistemas coloniales. Es un clamoroso
llamado a la lucha por la liberación de los pueblos y la autodeterminación de
los mismos. En el artículo 28 de esta declaración, se lee: "Todo pueblo,
cuyos derechos fundamentales sean gravemente ignorados, tiene el derecho de
hacerlos valer especialmente por la lucha política o sindical, e incluso, como
última instancia, por el recurso de la fuerza".
Inclusive juristas de gran renombre se han pronunciado sobre el carácter de
deber y de derecho que tiene la resistencia al oprobio. Así por ejemplo, el
ilustre Pessina afirmó: "Hay momentos en la historia en los que no
solamente es lícito, sino obligatorio, tomar las armas contra el poder social
que traiciona su misión; y la revolución se convierte en necesidad
imprescindible para un pueblo oprimido que debe dignificarse, sea expulsando a
dominadores extraños, sea pisoteando el yugo de una casta que pisotea en lo
interno las sacrosantas normas de derecho".
La Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos, creada en Argel en
1976, en su parte considerativa dice: "Vivimos tiempos de grandes
esperanzas, pero también de profundas inquietudes; tiempos llenos de conflictos
y de contradicciones; tiempos en que las luchas de liberación han alzado a los
pueblos del mundo contra las estructuras nacionales del imperialismo, y han
conseguido derribar sistemas coloniales; tiempos de luchas y de victorias en
que las naciones se dan, entre ellas o en su interior, nuevos ideales de
Justicia; tiempos en que las resoluciones de la Asamblea General de las
Naciones Unidas, desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre,
hasta la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, han
expresado la búsqueda de un nuevo orden político y económico,
internacional".
"Pero son también tiempos de frustraciones y derrotas, en que aparecen
nuevas formas de imperialismo para oprimir y explotar a los pueblos".
"El imperialismo, con procedimientos pérfidos y brutales, con la
complicidad de gobiernos que a menudo se han autodesignado, sigue dominando una
parte del mundo. Interviniendo directa o indirectamente, por intermedio de la
empresas multinacionales, utilizando a políticos locales corrompidos, ayudando
a regímenes militares que se basan en la represión policial, la tortura y la
exterminación física de los opositores; por un conjunto de prácticas a las que
se les llama neocolonialismo, el imperialismo extiende su dominación a
numerosos pueblos".
"Conscientes de interpretar las aspiraciones de nuestra época, nos
hemos reunido en Argel para proclamar que todos los pueblos del mundo tienen el
mismo derecho a la libertad, el derecho de liberarse de toda traba extranjera,
y de darse el gobierno que elijan; el derecho, si están sojuzgados, de luchar
por su liberación, y el derecho de contar en su lucha con el apoyo de otros
pueblos".
"Persuadidos de que el respeto efectivo de los derechos del hombre
implica el respeto de los derechos de los pueblos, hemos adoptado la
Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos".
"Que todos los que a través del mundo libran la gran lucha, a menudo
con las armas en la mano por la libertad de todos los pueblos, encuentren en la
presente Declaración la seguridad de que su lucha es legítima".
Los postulados de la Declaración de los Pueblos y su parámetros en los
cuales es posible la plena vigencia de los derechos humanos, pueden
sintetizarse así:
• Derecho a la existencia. Del pueblo, la comunidad, la nación (hasta
llegar a ser Estado mismo); cada conglomerado, cada patria, en su propia
identidad, en los límites propios, pero con su cultura propia, auténtica,
original; respeto a su territorio (sin invasiones, sin violaciones, sin
criminales intervenciones); ni masacres, ni torturas, ni persecución, ni
deportaciones, ni implantación de condiciones que comprometan en todo o en
parte su propia identidad, su integridad como grupo humano.
• Derecho a la autodeterminación política. Determinarse a decidir su
destino por sí mismo; adoptar su forma política en el Estado: función básica,
en la administración y función técnica. Sin recorte a las libertades de cada
pueblo, rechazo al coloniaje, al imperialismo político o económico (Estados o
transnacionales), lo mismo a toda clase de racismo; la autodeterminación, sólo
limitada por el uso de la democracia real, que ampare a todo el conjunto
social, en acción decidida y persistente para asegurar las libertades
fundamentales.
• Derechos económicos. Las riquezas y recursos naturales de cada pueblo le
dan el derecho exclusivo de empleo a los mismos. Si hubiere expoliación, el
pueblo-víctima debe recuperar lo que le pertenece, obteniendo adecuada
apropiación ante el hecho injusto del que haya sido sujeto pasivo; la ciencia y
la tecnología al servicio de toda la humanidad para el uso, goce y usufructo de
cada pueblo; igualdad de trato en las relaciones internacionales, por ejemplo,
en el trato equitativo entre las partes contratantes; soberanía económica de
cada pueblo y solidaridad entre todos los pueblos para el adecuado ejercicio de
la economía nacional e internacional.
• Derecho a la cultura. Mantenimiento, enriquecimiento y buen uso de su
propio idioma, para expresar con claridad sus conceptos en lenguaje sencillo y
apropiado; defensa de sus riquezas artísticas, históricas y culturales. Todo
pueblo tiene derecho a que no se le imponga una cultura extranjera.
• Derecho al medio ambiente y a los recursos naturales. Es la importancia
de la ecología conservar, proteger, mejorar y velar por el medio ambiente:
nuestro habitat, el escenario de toda vida y la probabilidad de subsistencia de
la especie humana; propiedad común de algunos bienes de los pueblos del mundo
(la altamar, el fondo de los mares y el espacio extra atmosférico); solidaridad
internacional para desarrollo económico, empleo de los recursos naturales y
sana política de ecología.
• Derechos de las minorías. Respeto permanente a la identidad, acervo de
tradiciones, idiomas y, en general, del patrimonio cultural de la minoría que
conviva con otros sectores de la comunidad nacional; no podrá haber ninguna
diferenciación entre los derechos de las mayorías y los de las minorías y, por
consiguiente, la participación en la vida colectiva deberá estar garantizada
contra toda clase de discriminaciones, salvo a favor de los sectores
vulnerables.
• Garantías y sanciones.
a. El ataque o menosprecio a los derechos de los pueblos debe provocar la
sana reacción de la comunidad internacional.
b. Todo enriquecimiento ilícito de un pueblo a costa del perjuicio de otro,
debe dar lugar a la restitución de los beneficios mal habidos.
c. Tratados, acuerdos o contratos que conduzcan a situaciones injustas no
podrán tener efecto alguno y, por ende, el perjuicio que causa este tipo de
dolorosas conductas debe ser reparado a favor del pueblo perjudicado.
d. Cuando el endeudamiento extemo se hace asfixiante, insoportable y
oneroso, el pueblo perjudicado podrá alegar que la deuda no le pueda ser
exigida.
e. Los tribunales penales internacionales podrán juzgar los crímenes contra
los pueblos.
f. Los derechos conculcados de un pueblo deberán ser materia para la tarea
destinada a hacer valer las formas de lucha reivindicativas, advirtiéndose en
la declaración que "...incluso, como última instancia, por el recurso a la
fuerza".
g. Ante las organizaciones internacionales deberá permitirse la
representación de los movimientos de liberación.
h. Deberá imponerse el respeto al derecho humanitario, tanto en conflictos
extemos como en situaciones anómalas internas.
i. Cada pueblo tiene derecho a darse su propio modelo de desarrollo.
Como se ve, este instrumento contemporáneo es una carta de derechos sin la
cual se considera que no es posible redimir los derechos de los pueblos y de
los individuos para garantizar la erradicación de la miseria y todas las formas
de tiranía u opresión.
En suma, el derecho a la resistencia, el derecho a la rebelión, han sido
reconocidos a través de la historia. No obstante, cuando los pueblos se
levantaron (violentamente o no) contra la injusticia, contra la miseria, contra
la opresión, los Estados desconocieron el primigenio derecho a la resistencia y
a la rebelión; consignaron en sus códigos penales lo que hoy se conoce como delito
político que es el mismo derecho a la resistencia. Es decir, por obra y
gracia de la voluntad de los Estados, se convirtió el ejercicio de un derecho
en una conducta delictiva.
DERECHO DE RESISTENCIA COMO PARTE DEL DERECHO INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS
HUMANOS
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), promulgada el 10
de diciembre de 1948, en un considerando de su preámbulo, consagra:
"Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un
régimen de derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo
recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión".
La DUDH es el instrumento fundamental sobre los derechos humanos que deben
ser protegidos por un régimen de derecho, esto es, por un conjunto de
normas jurídicas que prevengan y repriman su violación. Cuando tal régimen es
desconocido por las propias autoridades, deja de cumplirse la primera finalidad
de la comunidad política: conservar los derechos del hombre. Allí donde los
gobernantes no reconocen efectivamente los derechos fundamentales de los
gobernados, sino que, por el contrario, los hacen objeto de atropello continuo,
surge una situación de injusticia, un estado de violencia institucional
que las víctimas del agravio tienen derecho a impugnar y a impedir. Si tal
situación se toma crónica e irremediable por vías menos rigurosas, la oposición
a sus causas y efectos puede incluso llevarse hasta el recurso a las
armas" .
El propio Concilio Vaticano II parece admitir la legitimidad del recurso a
la fuerza al enseñar: "Cuando la autoridad pública, rebasando su propia
competencia, oprime a los ciudadanos, éstos no deben rehuir las exigencias
objetivas del bien común; les es lícito, sin embargo, defender sus derechos y
los de sus conciudadanos contra el abuso de tal autoridad, guardando los
límites que señala la ley natural y evangélica" .
En constituciones como la colombiana, el derecho de resistencia es por lo
general un derecho innominado, es decir, un derecho que no aparece escrito pero
que existe en la medida en que se deriva de la dignidad humana; por ser
preexistente a la existencia misma de la organización política, se deriva
directamente de la soberanía popular que pregona la Constitución.
Por otra parte, el artículo 94 de la Constitución de 1991 advierte que la
enunciación de los derechos contenidos en el texto constitucional y en los
instrumentos jurídicos internacionales vigentes "no debe entenderse como
negación de otros que, siendo inherentes a la persona humana, no figuren
expresamente en ellos". Por ello el derecho a resistir no es un derecho
negado por el constituyente colombiano por el hecho de que no esté positivado.
Es un derecho no enunciado o innominado.
DEL DERECHO DE RESISTENCIA DE LOS PUEBLOS AL DELITO DE REBELIÓN
El derecho de resistencia deviene en delito de rebelión que, como parte de
la resistencia, se criminaliza. Las siguientes son acepciones extractadas del
diccionario Planeta de la Lengua Española sobre la palabra rebelde, las
cuales ayudan a determinar el concepto de este término.
"Rebelde: adj. y n.m. y f. Dícese del que se rebela o subleva// Dícese
de la persona que no comparece en el juicio, después de llamada en forma, o que
tiene incumplida alguna orden o intimación del juez// ad. Dícese de la persona
o animal difícil de gobernar, educar..."
"Rebelde: quien incurre en una rebelión (v) // Desobediente //
Insurgente // Sublevado // Revolucionario // Indócil // Insumiso // Insociable
// Inadaptado // Indomable // Sordo a la razón // Insensible al sentimiento //.
En las guerras civiles, bando opuesto al poder legítimamente constituido o del
que por tal se tiene. // Combatiente o partidario de esas fuerzas, denominadas
también facciosas (v)" . En otro grupo de significados, se
indica: "quien incurre en rebeldía (v). // El que no comparece ante llamamiento
de un tribunal militar o de otra jurisdicción. // El que se opone a las
resoluciones y mandamientos de tales autoridades o quien no les da
cumplimiento" .
"Rebelde: Que se opone o resiste a la autoridad, que se rebela o
subleva. Anticuado rebele 'rebelde', del latín rebellis 'rebelde, que hace la
guerra de nuevo, que vuelve a empezar la guerra', de re- de nuevo (véase re +
bellum también dellum) 'guerra (véase duelo)" .
Para Alejandro D. Aponte, el rebelde se enmarca dentro de los siguientes
parámetros: "El rebelde fue concebido a la sombra del combatiente (del
beligerante propio de los conflictos armados interestatales). La identidad de
clase de los combatientes permitió en gran medida la incorporación de estatutos
fundamentales de regulación y humanización de lo bélico, y dio claridad a la
respuesta estatal en cuanto a los sujetos del delito de rebelión" .
En el siglo XX "se inaugura una ambigüedad estatal, una falta de
claridad en la definición del estatus del rebelde. Obreros socialistas de los
años veinte, campesinos que emergían como nuevos actores y que alimentaban
reivindicaciones sociales, indígenas que luchaban por la tierra, todos ellos
como nuevos sujetos políticos de la protesta popular, comenzaron a ser
criminalizados en el horizonte de la rebelión" .
Las anteriores acepciones llevan a concluir que rebelde connota
cambio de la estructura social; insubordinación a la ley existente; no
comparecimiento a requerimiento judicial. En el proceso de ruptura, el rebelde
aboga por sus ideas y las contrapone al juez que lo juzga. Propugna por un
cambio en el sistema social imperante y a partir de ello establece el debate
jurídico rechazando las garantías procesales que el mismo sistema le otorga;
rechaza la defensa que se le impone para llevar a cabo sus propios alegatos
jurídicos que en la práctica son verdaderos discursos ideológico-políticos del
fin que su lucha persigue.
El poder supremo del Estado en la sociedad contemporánea lo destaca con
enfático empirismo Von Jhering, al expresar: "El derecho puede, en mi
opinión, definirse como el conjunto de normas en virtud de las cuales, en un
Estado se ejerce la imposición. Los reglamentos sociales sancionados por la
imposición pública constituyen el único derecho. El Estado es el poseedor
soberano de esta imposición". Primando siempre la razón última del Estado
en la Edad Moderna, como lo recuerda el maestro Maggiori: "La historia nos
enseña que, desde que existe el Estado, aunque sea en forma embrionaria, la
agresión contra su existencia y su seguridad ha sido considerada como delito.
En verdad, no se puede creer en el Estado y en su necesidad si impunemente lo
dejamos ofender y poner en peligro". Estas tesis dejan entrever el delito
político como un ataque al derecho de resistencia para impedir afectar la razón
de Estado.
Desde el punto de vista de la teoría objetiva, el delito político tiene
varias definiciones: para Barsanti, era un ataque contra el Estado, contra su
forma, sus poderes y su organización política, el cual se presenta como un acto
de oposición a la seguridad del Estado; Prins lo definió como "una acción
que unida a una intención conforma un atentado contra el orden político del
Estado y contra sus condiciones de existencia". Tristy lo definió diciendo
que es una infracción contra la cosa pública"; Napodamo, por su parte,
consideró al delito político como un acto natural cuya punición se funda en una
razón intrínseca, igual a la que justifica la sociedad, y sobre la cual se basa
la sanción de los delitos contra la sociedad misma. Conti señaló al respecto: "Ocurre
reiteradamente que en la vida de los Estados no siempre marchan de acuerdo la
conciencia jurídica y la conciencia política. La política admite que se han
engendrado nuevas necesidades, y el derecho no dicta normas adecuadas a su
protección y ejercicio. El equilibrio fundamental de las fuerzas políticas
resulta roto por esta divergencia".
Desde el punto de vista de la teoría subjetiva, Eugenio Florián
definió el delito político en sentido estricto, diciendo que son las acciones
que atacan directamente el orden político de un Estado determinado, es decir,
las instituciones y las funciones políticas del Estado. La incriminación del
delito político se funda en que constituye una violación de la ley de la
mayoría, considerándola como un centro de gravedad de la organización del
Estado.
Cuello Calón estima que los delitos políticos no constituyen peligros para
la sociedad y considera que por el carácter excepcional u ocasional de sus
infracciones se hacen acreedores del derecho público, y no merecen una sanción
penal que pueda constituir una lucha desde el punto de vista moral.
Dentro del pensamiento cristiano, en el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino
trata el tema bajo la denominación "De la sedición", y manifiesta que
es lucha entre partes de una misma sociedad o nación, calificándola como pecado
mortal, si es opuesta a la unidad pacífica de la multitud social y, con ello, a
la justicia y al bien común. En el punto 3°, precisa: "El levantamiento
contra el régimen tiránico no es sedicioso, pues el verdaderamente sedicioso es
el mismo régimen que antepone su bien particular al de la sociedad que
esclaviza. No obstante, la revolución contra el régimen no es lícita si acarrea
mayores males que la soportación de la tiranía" {Suma teológica,
tomo VII, p. 1.017).
La posición de la Iglesia y los últimos pontífices sobre lo que debe
entenderse por bien común ha sido fijada de la siguiente manera por Juan XXIII,
en Pacen in Terris: "El bien común consiste y tiende a concretarse
en el conjunto de aquellas condiciones sociales que consienten y favorecen en
los seres humanos el desarrollo integral de su propia persona".
En la Europa del siglo XVIII se teorizó sobre el derecho de resistencia a
la opresión y se pusieron límites a los poderes arbitrarios. A partir de
criterios morales se pusieron talanqueras a los poderes arbitrarios del tirano,
dándose un perfil ennoblecido al delincuente político, y un tratamiento
benevolente, a la vez que se prohibió la extradición del opositor político.
Sobre el particular, Sebastián Soler sostiene: "Hasta las modernas
constituciones, hijas del movimiento iluminista, la calificación de un hecho
como un crimen majestatis era la causa del mayor repudio y de las
sanciones más graves. En cambio, casi toda la doctrina de este delito
construida a partir del siglo XVIII está concebida como la teorización del
derecho de resistencia a la opresión. Los teorizantes políticos de la
Ilustración se preocuparon sobre todo de poner diques a poderes arbitrarios, de
manera que, juzgando con criterios morales, desde luego muy justos, trazaron
una silueta ennoblecida del delincuente político, el cual, en las leyes
democráticas fue considerado con especial benevolencia. El ejemplo típico de
ese cambio se halla en los acuerdos de extradición que en la época absolutista
miraban sobre todo a la entrega de esa clase de delincuentes, entrega que, en
la actualidad, por regla casi universal está expresamente excluida".
Debe circunscribirse el análisis del delito político dentro de un sistema
democrático real y no dentro de un sistema democrático formal como el
colombiano, donde no existe el principio de separación de las ramas del poder
público, que deberían garantizar un control armónico entre las mismas; donde
las libertades son una mera formalidad, y se convierten en "libertades
para nada"; donde el pueblo no se expresa libremente y no existe una
verdadera soberanía popular, siendo objeto y no sujeto de Estado, o sea, el
pueblo al servicio del Estado, y donde los derechos humanos no existen.
En el campo del delito político, la norma penal y la cárcel son el reflejo
de la venganza institucionalizada contra los opositores políticos, "cuando
los consejeros son el interés y el miedo, sin amor a lo justo; cuando los
jueces no son magistrados imparciales, sino las mismas partes interesadas, que
buscan la razón de sus decisiones en el cálculo de las propias fuerzas, de las
propias necesidades, de los propios temores o esperanzas; entonces resultan
ciertamente pueriles los esfuerzos del jurista que pretende, desde su humilde
escritorio, dictar preceptos que nunca serán escuchados por nadie"
(Carrara, Opúsculo 3.937).
¿Qué relación guarda la cita anterior con la reciente y actual historia
político-jurídica del país en el tratamiento de la delincuencia política? Su
juzgamiento se atribuía antes a la Justicia Penal Militar por procedimientos
abreviados (consejo verbal de guerra y artículo 590 del Código de Justicia
Penal Militar) y se juzgaba a los delincuentes políticos como asociados para
delinquir. En la actualidad, son juzgados por la Justicia Penal Ordinaria por
medio de procedimientos especializados (Estatuto Antiterrorista y Estatuto para
la Defensa de la Justicia), que superaron con creces la mentalidad represiva de
la jurisdicción castrense, juzgándosele como terroristas.
Eugenio Florián, en su obra Delitos contra la seguridad del Estado,
opina que el delito político debía ser beneficiado con especial represión, sin
incluir dentro de ellos las acciones que atenían contra los Estados donde el
pueblo es realmente el soberano.
Existe una nueva corriente dentro de los tratadistas de derecho penal, de
no considerar delitos políticos los actos que atenían contra el pueblo, los
intereses populares y la democracia, dejando fuera de esta distinción todos los
actos movidos por un interés antidemocrático.
Hart Santamaría afirma: "En un Estado socialista no puede existir el
delito político, pues es precisamente el sistema socialista el más avanzado en
sus relaciones económicas, políticas y sociales. Con el triunfo de la
Revolución de Octubre, surgió el primer Estado socialista del mundo, al cual se
opuso la reacción contrarrevolucionaria, conformada por la clase despojada de
sus antiguos privilegios que iba al rescate de sus intereses egoístas. Estas
conductas no podían calificarse con el móvil altruista que caracteriza a la
verdadera delincuencia política, pues pretendían el retroceso del poder de los
obreros y campesinos a un régimen sociopolítico basado en el poder de un clase
reaccionaria... A estos delitos, por sus propósitos retrógrados y reaccionarios,
se les denominó delitos contrarrevolucionarios y no políticos".
Jiménez de Asúa, al referirse al Código Penal soviético, planteó: "El
Código Penal soviético de 1992 trata con dureza extrema a los
contrarrevolucionarios y el uso de la pena de muerte en su forma de
fusilamiento, casi con preferencia, para los autores de delitos
políticos". Y, al referirse al Código Penal soviético de 1926, dijo:
"todavía se emplean rigores altos contra el delincuente político, puesto
que se declara terminantemente que esa especie de infracciones constituyen los
crímenes más graves".
Luis Carlos Pérez, al expresarse sobre la Revolución Soviética, dijo:
"Quien atente contra esa conquista que va en beneficio de todos los
hombres, sin distinción ninguna, quien se dirija contra el sistema igualitario,
es un criminal que debe ser eliminado si no existe posibilidad de que reconozca
su error, o si el daño ha tenido tan grandes dimensiones que con él se ha
perjudicado la comunidad entera".
Fidel Castro, en el caso Cúbela, definió el delito contrarrevolucionario
así: "El delito contrarrevolucionario es en gran parte una resultante del
medio; los individuos nacen y crecen dentro de una sociedad de clases que la
revolución trata de abolir. Este delito desaparecerá con la sociedad egoísta
que lo engendró. La responsabilidad de los hombres es en gran parte
condicionada por la realidad social donde se forma y la educación que recibe;
la sanción revolucionaria es por encima de todo, una sanción y no un
castigo".
El general Uribe Uribe demostraba en el Congreso, a propósito de una ley
sobre amnistía, que los delitos de rebelión siempre aparecen conexos con otros
y que lo que se debe juzgar es la rebelión misma y no los otros delitos
realizados, porque quien quiere una cosa tan grande como es derrocar al
gobierno, debe pasar por situaciones intermedias que no son las de las vías
pacíficas, las del lenguaje correcto, las de las buenas maneras, sino las de
los delitos comunes descritos en la ley penal respectiva. Y entendía Uribe
Uribe que el rebelde es rebelde porque ha sido vencido en su empresa.
En Colombia, el general Rafael Uribe Uribe, a quien unos recuerdan como
héroe y otros como mártir, dijo sobre el fin de su lucha y de las luchas
libradas por los delincuentes políticos: "¿Qué acto revolucionario hay que
no quepa dentro del concepto de rebelión? Todos van dirigidos, o contra las
autoridades, o contra las personas, o contra las propiedades. El revolucionario
se alza contra el orden constituido; desconoce los empleados de todas las
jerarquías y lucha contra ellos, puesto en armas; recluta, encarcela y recoge
prisioneros; se bate hiriendo o matando a sus adversarios; levanta empréstitos
forzosos, expropia mercancías para las tropas, toma ganado para su
sostenimiento y caballerías y monturas para la campaña; penetra en las
habitaciones y predios ajenos rompiendo puertas y cercas; en los combates, pone
fuego a edificaciones y plantaciones y, en suma, echa mano de cualquier medio
que esté al alcance para el logro de su fin... Triunfador, el revolucionario es
el hombre que sacrifica la tranquilidad, los bienes o la vida en aras de un
ideal. Es el salvador glorioso de la libertad, el padre de la patria y el
guerrero enérgico que subordinó a la adquisición de la victoria los intereses
individuales. Vencido, es encasillado dentro de las tristes y deshonrosas
clasificaciones del Código Penal con el nombre de rebelde, guerrillero, ladrón,
asesino, desalmado, sediento de botín y eterno enemigo del hombre, incapaz de
ganarse la vida por medios honrados.. " .
Y es que al delito político le son propios diversos actos que deben
conducir a la realización del mismo. Si los rebeldes no se apoyan en su lucha
con otras actividades que se enmarcan en los delitos comunes, para lograr su
fin de derrocar el orden constitucional, es obvio que nunca alcanzarán el
poder. Porque, ¿cómo se entendería una guerra irregular sin que los rebeldes
acudan a sabotajes, ataques, emboscadas, expropiaciones, falsedad en documentos
públicos, es decir, en una serie de delitos que son propios de un escenario
insurreccional o revolucionario?
Luis Carlos Pérez, uno de los pocos que ha escrito sobre delito político,
ha reiterado el carácter especial que éste tiene. En una de sus obras, sostiene
lo siguiente: "Las conductas rebeldes. Las descripciones del artículo 125
son las de un tipo compuesto, alternativo y acumulativo. Compuesto, porque cada
una de las conductas podría convertirse en tipo autónomo, perteneciente al
mismo bien jurídico. Alternativo, porque los rebeldes escogen cualquiera de las
varias finalidades determinadas. Y acumulativo, porque los agentes pueden
proponerse no un solo objetivo sino dos o más de los cinco previstos"
.
Bernardo Gaitán Mahecha, columnista de El Siglo y ex ministro de
Justicia, escribía: "...La violencia que no se acallará hasta cuando se
modifique la manera de pensar y cambie la ideología mercantilista, utilitarista
y egoísta de la clase dirigente; hasta cuando se modifiquen las condiciones infrahumanas
en que vive la mayoría del pueblo colombiano, se termine con las politicastros
que hacen de la política una profesión lucrativa y se aniquile la improvisación
gubernamental; se acabe con la corrupción administrativa; se produzca más y se
reparta mejor. Que por todas estas cosas lucha la rebeldía colombiana... pero
es algo más, es un hombre que se compromete con su ideal y que se pone en
contradicción con la sociedad a la cual pertenece y que al sacrificarse dentro
de ella, la incita a renovarse".
Es pertinente citar también a Juvenal Herrera Torres, actor del conflicto
interno, quien en su condición de preso político, decía: "Cuando los jefes
liberales y conservadores se pusieron al frente de las guerras civiles, eso era
¡patriotismo! ¡Valor civil! ¡Doctrinarismo! ¡Militancia en acción! Pero en
tratándose de los campesinos que luchan por recuperar la tierra, de los
indígenas que se defienden de los desafueros de los terratenientes, de los
obreros que reclaman lo que justamente merecen, los estudiantes que exigen
libertades democráticas, de los ciudadanos que organizan un paro cívico hasta
hacer sentir sus necesidades para impedir nuevas alzas en los servicios, o que
se dan formas organizativas para luchar por un futuro de paz y de progreso, por
una patria libre, por una sociedad sin opresores, eso es ¡Subversión! ¡Ilegal!
¡Ideas importadas! ¡Perturbación del orden! ¡Caos creado por agitadores
profesionales! ¡Ardides del comunismo internacional! ¡Intromisión del
castrismo! ¡Crimen organizado!"
"El egoísmo es al delito común lo que el altruismo al delito político.
En tanto que el egoísmo es el reflejo psicológico del instinto de conservación
del individuo, el altruismo es el del instinto de conservación de la especie,
esto es, de la colectividad. El egoísmo es la columna vertebral de la
concepción burguesa del mundo. El altruismo, la fraternidad de la humanidad
liberada, es la concepción proletaria del mundo, es la concepción
marxista-leninista".
"El delincuente colectivo priva de la vida o de la hacienda, no por
satisfacer su codicia o su odio contra el que personalmente le ofendió o
aborrece, sino a fin de procurar medios pecuniarios con qué sostener su causa,
o para combatir a los que la atacan; no persigue ni mata a un hombre como tal,
sino como defensor de lo que él quiere destruir como funcionario, como
autoridad, como representante de una institución, como parte de una casta o de
una clase".
El concepto de delito político ha pasado por las corrientes subjetiva y
mixta, predominando en la actualidad esta última, pudiéndose destacar como
principales elementos los siguientes: es una asociación político-militar contra
el sistema burgués imperante; está guiada por principios filosóficos que
trascienden los campos político, económico y social, ajena a los actos propios
de la delincuencia común, como una moral colectiva y propendiendo por una mejor
vida social; su accionar está orientado a transformar la realidad en que vive
para lograr un mejor sistema, mejores normas, mejores instituciones, mejores
gobiernos y, buscando que las viejas estructuras den paso a una nueva sociedad,
más justa, más igualitaria, surgiendo un nuevo orden social.
Con respecto a la conexidad, Luis Carlos Zarate afirma que no hay una
doctrina clara sobre el delito político y que la legislación nacional lo ha
tomado de esa manera; para este autor: "Es también raro, en la práctica,
que un delito político puro sea cometido sin estar precedidos de faltas o
delitos de derecho común con los cuales él se encuentre más o menos
estrechamente ligado, en razón del fin político único perseguido por uno o
varios autores. El autor o autores del mismo pueden ser detenidos con la ejecución
de sus planes políticos inmediatamente después de la perpetración del delito
común, a continuación de la intervención de la justicia.. " .
El delito político ha pasado por dos etapas: la primera, la que lo
consideró como un crimen majestatis donde debía tratarse con extrema
dureza y la severidad; y la segunda por distintas corrientes del pensamiento se
le atribuyen móviles altruistas, progresistas, ganando un tratamiento
privilegiado y gran simpatía entre los pueblos. En la actualidad, no se
consideran como delito político los actos que atenten contra los Estados
democráticos y socialistas, considerándose estos delitos como comunes y
contrarrevolucionarios, respectivamente, por atentar contra el pueblo, la
democracia y la revolución.
En los códigos penales se da formalmente un tratamiento preferencial a los
delitos políticos, lo cual se debe, por una parte, a la lucha de los pueblos en
favor de quienes han luchado y luchan por su libertad y, por otra, a que el
Estado burgués sólo usa su modelo represivo penal, cuando se ve obligado por
las circunstancias, cuando no usa la tortura, el asesinato, el genocidio, la
desaparición forzada, que no aparecen en sus constituciones y códigos.
En el caso colombiano han coexistido dos códigos penales: el Código Penal
Ordinario que, en apariencia, le da un trato benevolente al delito político, y
el Código Penal Especial de orden público, antiterrorista o especial,
constituido en su mayoría por toda la legislación extraordinaria expedida
durante el Estado de sitio, siendo sus máximos modelos, el Estatuto de
Seguridad, y más recientemente, el Estatuto Antiterrorista y el Estatuto para
la Defensa de la Justicia, donde se acaba prácticamente con el delito político
y, por exclusión de materia, con su tratamiento preferencial, de cuyas normas
todavía subsisten sistemas diferenciados para procesar a los rebeldes y/o
terroristas conforme al Código Penal.
El sistema carcelario colombiano es antro de vicios, corrupción,
inmoralidad y miseria; que busca aislar físicamente y aniquilar anímicamente al
rebelde, con el propósito de que se olvide de sus ideales nobles y altruistas
por los cuales luchó y fue encarcelado, y se contagie con los vicios allí
reinantes. Sobre el particular, afirma Miguel Castells:
"La cárcel es la antisociedad y la cárcel también es parte esencial de
una sociedad tangible, real y concreta que la necesita... La cárcel llena la
finalidad que puede perseguir un determinado sistema de proceso político: La
ejemplarización mediante el castigo; la eliminación, aislamiento del adversario
de cara a las masas; la destrucción del enemigo... Son variados los elementos
que juegan el proceso político. Pero no creo equivocarme si considero que en
las sociedades de nuestro hemisferio, uno de los ejes principales sobre el que
giran los sistemas políticos es la cárcel. La idea de la cárcel gravita
obsesivamente sobre el proceso político" (Los procesos políticos: de la
cárcel a la amnistía, pp. 13 y 16).
En Colombia, contra el preso político, además del aparato judicial, la
cárcel se convierte en un instrumento adicional de venganza para quebrar la
voluntad de resistencia de los individuos.
DEL DELITO POLÍTICO AL DELITO SOCIAL Y AL TERRORISMO
Pareciera que en la Segunda mitad del siglo XX y en los albores del actual
se comienza a relativizar el delito político, para descalificar de manera más
abierta al opositor político, y por ello se inicia una clasificación de puros y
relativos. Los delitos políticos puros son los realzados con un móvil político
y afectan exclusivamente el ordenamiento del Estado. Los delitos políticos
relativos son los que con ocasión de realizar un delito de esta clase, lesionan
un bien privado y que se asimilan a delitos comunes.
Poco a poco se elimina el concepto de delitos complejos pasando a la
concepción de delitos conexos. Es delito complejo, el que con un solo acto
lesiona el orden político y un bien privado; por ejemplo, el homicidio de un
jefe de Estado. Es delito conexo, el que lesiona un bien jurídico privado,
cuando se está en camino para la realización de un delito político; por
ejemplo, el robo de armas para utilizarlas en una revolución; o cuando,
originado por un móvil político, se atacan bienes privados como los transportes
o se secuestran personas para incrementar las arcas del movimiento rebelde.
Por otra parte, se acuña el concepto de delito social, que es asimilado al
delito común. Cuello Calón, observa: "Como delito social típico solía
presentarse el delito anarquista, generalmente realizado por medios
explosivos". Pero a continuación advierte: "En contra de esta
opinión, muy extendida, que mira el delito social, especialmente los crímenes
anarquistas como delictiva juris gentium, algunos autores, sobre todo en
Italia, los reputan como verdaderos crímenes políticos" (Delincuencia
Política, 1940, p. 17).
Si se consideran los grupos insurgentes colombianos como terroristas, no
podría haber en Colombia procesos de paz o de reconciliación; desde ese punto
de vista no hubiera sido posible que el M-19, el EPL, el PRT y el Quintín Lame
todas organizaciones insurgentes, se hubiesen acogido a las leyes de amnistías
o indultos que permitieron su regreso a la sociedad civil, porque todos
combatieron y mataron a los que consideraron sus adversarios, entonces por qué
no reconocer a los aún no desmovilizados ni reinsertados su condición de
rebeldes, cuando se propone el canje de prisioneros habría que pensar si
realmente la pena cumple alguna función frente a los rebeldes, habría que
pensar hasta dónde los rebeldes necesitan ser resocializados para que renuncien
a las utopías, o si la pena es simplemente una retaliación "El delito es
síntoma que denuncia enfermedades del organismo social".
Era infructuoso hasta hace unos años buscar en los códigos penales un
concepto de terrorismo porque no incluyen esa figura como delito, castigándose
como homicidio, lesiones, asociación para delinquir, rebelión, y otros delitos
de peligro común.
Hasta 1980, se introduce el delito de terrorismo en el Código Penal
colombiano que se caracteriza por incluir dos elementos característicos:
propósito de "crear o mantener un ambiente de zozobra o perturbar el orden
público".
En Colombia, la ambigüedad del tipo penal de terrorismo permite que se
entienda por éste, conductas que, incluso, pueden responder al ejercicio de los
derechos fundamentales a la huelga o a la protesta popular o social.
A raíz de los hechos del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos los
militaristas de todo tipo que pregonan la guerra, pero sólo quieren hacer
correr sangre ajena, han encontrado un pretexto para encasillar a las
agrupaciones insurgentes como organizaciones terroristas.
SURGIMIENTO DE LAS GUERRILLAS EN COLOMBIA COMO UNA FORMA DE RESISTENCIA
ARMADA
En una entrevista concedida por Gloria Gaitán, hija del caudillo liberal
Jorge Eliécer Gaitán, asesinado en 1948, declaró: "Si uno analiza los
momentos en que se inicia el genocidio al gaitanismo, que es en 1945, ve que no
son acciones que estén aisladas del contexto político; es decir, a medida que
el gaitanismo tiene más y más posibilidades de llegar al poder por la vía
electoral, cada vez se va incrementando el proceso de matar deliberadamente a
las figuras más connotadas del gaitanismo regionalmente. Eso, por un lado,
demuestra que hay una correlación directa entre crecimiento del movimiento
gaitanista y empleo de las matanzas colectivas sistemáticas, y no solamente
regionales sino nacionales a la dirigencia gaitanista".
"Pero si vemos por otro lado, también entendemos que hay la
utilización de dos elementos: uno, la chulavizacion de la policía. Hay
declaraciones muy directas y explícitas del gobernador de Boyacá, Pepe
Villareal, diciendo que eso se encuentra en dos documentos: uno, el libro de
Arturo Alape, sobre el bogotazo; y el otro, la recolección de memorias
individuales firmadas por María Valencia".
"Y ahí uno encuentra que la 'godificación', como lo han llamado, de la
Policía se hace en declaraciones de Villarreal de una manera deliberada para
tener una policía al servicio del régimen de la Unión Nacional, que era un
régimen presidido por Ospina Pérez, pero con miembros de partidos liberales y
conservadores. Los anteriores son los antecedentes del Frente Nacional. Y
también la utilización tradicional y consciente de los sentimientos atávicos
del pueblo hacia los partidos tradicionales".
"Como se trata siempre de borrar la autoría de todos los genocidios y
achacárselos al pueblo, es mucho más fácil decir que no fue una violencia
deliberada de la oligarquía liberal y conservadora para exterminar al
gaitanismo sino que fue una guerra bipartidista del pueblo liberal contra el
pueblo conservador, es decir, ya ; no es el Estado el que tiene la culpa sino
que es el mismo pueblo, es lo que sucede hoy. Es decir, las grandes masacres no
las comete el Estado sino que las cometen los paramilitares. Cuando los
paramilitares, tal como lo han denunciado organismos internacionales, están en
estrecha vinculación con el ejército, es el mismo mecanismo. Como ya no les
funciona tanto la violencia entre liberales y conservadores, ahora la tienen
que hacer entre guerrilleros y paramilitares, para echarle la culpa a la gente
común y corriente, a los campesinos y no al Estado".
"Creo que no conozco históricamente otros propósitos fuera de la
invasión de los españoles al continente, que haya sido un genocidio deliberado
por la toma del j poder, por dominar el Estado; eso sucede cuando se quieren
acabar los imperios | precolombinos para instaurar la colonia; es una lucha por
el poder y luego nuevamente se utiliza el genocidio a partir del 45. ¿Y por qué
el genocidio se ha continuado? Porque antes eran matanzas por razones sociales
y económicas, puntuales; por ejemplo, la lucha por la tierra; lo que sucedió en
todo el norte del Tolima y el sur de Cundinamarca y también en el caso de las
bananeras, que son por cuestiones económicas y sociales, y por lo tanto, son
puntuales desde el punto de vista regional. Pero, ¿cuándo se vuelven nacionales
y por qué el genocidio sigue siendo un instrumento, similar al que se inicia en
el 45? Porque efectivamente el pueblo, tal vez inconscientemente, pero ya
entiende que la solución de sus problemas económicos y sociales radican en
cuestiones de poder, no solamente en cuestiones coyunturales de tipo local. De
modo que analizar el genocidio de la década de los años cuarenta, nos permite
ver mecanismos idénticos con el genocidio de la Unión Patriótica; porque lo que
diferencia a la UP con otros movimientos políticos contemporáneos es que estaba
bajo las directivas de quienes querían la toma del poder, no compartir el poder
con la oligarquía; es decir, cuando se plantea el quítese la oligarquía para
que el pueblo se tome el poder, es cuando se aplica el genocidio" .
Esta entrevista con la hija del caudillo inmolado, en medio del genocidio
político decretado contra sus seguidores, muestra la relación existente entre
la violencia de los años cincuenta y la aparición de las guerrillas en la
décadas de los años sesenta y setenta.
Durante el siglo XIX, las ideas socialistas revolucionarias que inspiraron
las guerras civiles eran las ideas liberales; ideas progresistas que se
disputaban los escenarios políticos con los conservadores y la Iglesia, que
representaban el viejo orden feudal, que se declaraban anticomunistas.
Desde la Constitución de 1886, fruto de la victoria conservadora, hasta
1930, fecha en que termina la hegemonía liberal, se libraron grandes luchas
sociales, populares y obreras, bajo la modalidad de movimientos sociales y
alzamientos populares masivos, en los cuales convergían sectores liberales y
sectores de izquierda. Ya en el siglo XX, en el marco del movimiento obrero, se
empiezan a perfilar idearios de izquierda y revolucionarios que van tomando
distancia con las ideas del partido liberal. Hacia 1919 se crea el Partido
Socialista, que tiene como antecedente el Partido Obrero; allí aparece el
izquierdismo liberal y los intelectuales anarquistas. Esta propuesta se
concreta en 1927 con la creación del Partido Socialista Revolucionario en la
Convención de la Dorada, que luego da origen al Partido Comunista Colombiano.
Era un momento histórico de grandes luchas sociales y sindicales; por ese
entonces aparece Jorge Eliécer Gaitán como abogado de los trabajadores de las
telefónicas de Bogotá. Todas esas luchas sociales hacen que en 1930 el Partido
Eiberal llegue al poder, quedando en duda si realmente eran los proletarios los
beneficiarios o solamente la oligarquía liberal que se hacía a éste.
En 1928, se desata la crisis y la llamada masacre de las bananeras,
en el departamento del Magdalena, en las cuales el Estado se alindera con los
intereses de la multinacional United Fruit Company, desconociendo los derechos
de los trabajadores, utilizando el recurrente Estado de sitio para reprimirlos,
masacrando a los que iban a la huelga, encarcelando a otros que eran juzgados
en consejos verbales de guerra, y llenando las cárceles de presos y perseguidos
políticos, constante que se mantiene hasta nuestros días.
El nuevo gobierno liberal, en cabeza de Enrique Olaya Herrera, disipó la
crisis política, pero en poco tiempo las expectativas y promesas se vieron
incumplidas, arreciaron las protestas y las huelgas. Bajo ese escenario Gaitán
se perfila con un nuevo movimiento político liberal revolucionario que es la
Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria, UNIR, distanciándose de los
liberales institucionalizados. Ya en 1935, el Partido Comunista, en su
Conferencia se decide a impulsar el Frente Amplio contra el Imperialismo y la
Reacción, y se suma a la campaña electoral de Alfonso López Pumarejo, quien
introduce una reforma agraria mediante la ley 200; una reforma constitucional
con función social de la propiedad que buscaba responder a reclamos sociales de
los obreros y campesinos.
En ese período, Jorge Eliécer Gaitán se perfilaba como líder popular y por
fuera de las sendas oficialistas del Partido Liberal, esto sumado al clima
político existente en el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, que era
el retomo de los terratenientes al poder. Gaitán fue visto como un
revolucionario y como un peligro para la oligarquía liberal y conservadora, lo
cual precipitó su magnicidio el 9 de abril de 1948. Esto generó la etapa de la
Violencia, para acallar a los obreros organizados que afectaban la acumulación
de capital, y a su vez reversar los avances de la reforma agraria, facilitando
que los terratenientes liberales y conservadores justificaran con la violencia
anticomunista agenciada desde los Estados Unidos, la expropiación violenta y en
su propio beneficio de las tierras de los pequeños y medianos propietarios
liberales y conservadores.
Como una forma de repeler la violencia institucional, aparecen las formas
de resistencia armada, conocidas como las guerrillas liberales, que tienen su
máxima expresión en las guerrillas del Llano, que tuvieron un gran control
territorial, con legislación y constitución popular a bordo. Después de que los
guerrilleros son traicionados por el Partido Liberal, viene la dictadura del
general Rojas Pinilla, patrocinada por liberales y conservadores; luego fallan
los procesos de paz, el exterminio de los que entregaron las armas, la creación
del Frente Nacional, que implicaba el reparto del poder de manera sucesiva
entre liberales y conservadores, mientras a tiros se silenciaba a los
opositores políticos. Es en ese contexto que aparecen los movimientos guerrilleros
de carácter revolucionario.
Desde esas fechas hasta nuestro días todas las disidencias políticas han
sido cooptadas, sometidas, aniquiladas o reducidas. La historia del país conoce
la suerte del movimiento gaitanista, del Partido Comunista y de la Unión
Patriótica, entre otras expresiones alternativas, víctimas de la violencia
oficial y paraoficial.
SURGIMIENTO DE LAS FARC
Al comienzo las guerrillas liberales, compuestas por sectores del partido
liberal y por sectores comunistas, estuvieron muy unidas frente a un enemigo
común que era el gobierno, que las atacaba indistintamente; luego se van
diferenciando y aparecen los "limpios", que eran los liberales, y los
"comunes", que eran los comunistas. Estos últimos cada vez más van
comprendiendo que la lucha no era entre liberales y conservadores, sino una
lucha de clases entre la oligarquía liberal y conservadora contra los intereses
del pueblo. Con el golpe militar de Rojas Pinilla, las guerrillas liberales se
entregan, pero no lo hacen las comunistas. El movimiento guerrillero se alinea
en una lucha contra la dictadura de Rojas, pero fracasa, pues la oligarquía
autoderroca a la dictadura y da paso al Frente Nacional, fenómeno de monopolio
político liberal y conservador que funcionó perfectamente con un efecto
inercial hasta nuestro días.
Para comprender en las voces de las FARC su origen, cabe citar el siguiente
documento expedido bajo el título 34º Aniversario de las FARC-EP:
"Bajo el rugir de los aviones, las explosiones de las bombas y el
tableteo de fúsiles y ametralladoras, con impresionante despliegue militar, se
inició el 27 de mayo de 1964 la operación Marquetalia, para exterminar a 48
campesinos y sus familias, que bajo el mando del Comandante Guerrillero Manuel
Marulanda Vélez descuajaban montañas, fundaban fincas, las cultivaban y vendían
sus productos en colectivo y se dieron formas y normas de convivencia en lo que
el Estado colombiano, apoyado por el gobierno norteamericano, denominó
inaceptables "repúblicas independientes dentro del mismo territorio
colombiano", y como un peligroso experimento socialista. Nadie en
Marquetalia deseaba la confrontación militar. Fue el Estado colombiano bajo la
presión gringa quien desató la guerra e impuso la confrontación armada sumiendo
a nuestro país en un inmenso campo de dolor y muertes. Se quería la utilización
de la vía menos dolorosa para impulsar los cambios, pero como somos
revolucionarios que de una manera u otra tenemos que cumplir con nuestro deber,
nos vimos en la obligación de empuñar las armas. De allí vienen las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo, FARC-EP, que hoy 27
de mayo cumplen 34 años de ininterrumpido accionar político-militar. Nada ha
cambiado en Colombia que no sea para empeorar la situación. Las elecciones se
han convertido en gigantescos carnavales del derroche de los dineros públicos,
de inversión a corto plazo de capitalistas y terratenientes criollos, de las
transnacionales y de los que imponen los candidatos y hasta presidentes como en
el caso de Ernesto Samper Pizano. Todo lo que tocan lo corrompen, compran el
voto y la conciencia; prometen toda clase de prebendas, reparten los puestos
estatales, los créditos para la vivienda, los cupos universitarios y hasta dan
medalla de "oro" al municipio que mayor votación ponga, porque eso es
su "democracia".
"De ser una conquista democrática, las elecciones en Colombia pasaron
a ser una sinvergüencería y una tramposa manera de las clases dominantes para
perpetuar su dominio. Hoy las FARC-EP condenan este tipo de elecciones y llaman
a la abstención electoral y a la creación de los cabildos populares realmente
democráticos y participativos para la construcción real del poder desde abajo.
Allí daremos la pelea".
"Las FARC-EP prosiguen en la búsqueda de una salida política al
conflicto social y armado que vive Colombia, línea consecuente desde su
fundación. Ya no son el reducido grupo de campesinos. Tiene 60 frentes de
guerra agrupados en siete bloques dislocados en todo el territorio nacional.
Cuentan con una amplia dominación territorial apoyados por importantes núcleos
de la población urbana y rural y son una verdadera opción de poder. Han
cualificado su accionar militar propinando duros golpes a las fuerzas oficiales
como los recientes en Las Delicias, San Juanito, Patascoy y El Billar, cuyos
fracasos el ejército trata de ocultar recurriendo a la represión contra la
población civil desatando una orgía de sangre, realizando las masacres a
pobladores desarmados para implantar el terror en un vano intento de parar el
avance de la insurgencia".
"Los postulados de Marquetalia, recogidos en el programa agrario de
los guerrilleros, tiene plena vigencia al igual que la plataforma política de
diez puntos para un nuevo gobierno de reconciliación y reconstrucción nacional,
que abrirían las compuertas para iniciar una sana convivencia entre la familia
colombiana, por ello nuestras armas y nuestras banderas siguen en alto al
servicio del pueblo. Estamos abriendo caminos hacia la nueva Colombia"
.
Los siguientes son apartes de la introducción del libro Colombia, nunca
más, sobre los fundamentos dados por los mismos grupos alzados en armas en
sus manifiestos fundacionales o en sus documentos públicos, en los cuales
explican el porqué de su surgimiento: "Entre tanto, la insurgencia también
se fue estructurando. Como reacción a la Operación Marquetalia, mediante la
cual el Ejército colombiano arremetió con 16 mil hombres contra los grupos de
autodefensas campesinas que resistían a la expulsión de sus tierras en el sur
del Tolima, el 20 de julio de 1964 esas autodefensas armadas del sur del
Tolima, junto con las del Huila, Cauca y Valle, lanzaron una proclama nacional
para anunciar que constituían las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y
adoptaban un programa de siete puntos de reforma agraria por el cual se
comprometían a luchar. En la proclama manifestaban: 'Contra nosotros se han
desencadenado 4 guerras en el curso de 15 años. Una a partir de 1948, otra a
partir de 1954, otra de 1962 y ésta que estamos padeciendo a partir del 18 de
mayo de 1964, cuando los mandos militares declararon oficialmente que ese día
había comenzado la 'Operación Marquetalia'... Por eso nos ha tocado sufrir en
la carne y en el espíritu todas las bestialidades de un régimen podrido que se
asienta sobre el monopolio latifundista de la tierra, la monoproducción y la
monoexportación bajo el imperio de los Estados Unidos. Es por esto que en esta
guerra participan contra nosotros tropas, aviones, altos mandos militares y especialistas
norteamericanos. Es por esto que se lanzan contra nosotros 16 mil hombres
provistos de las armas más modernas y destructoras. Es por eso que contra
nosotros se emplea la táctica del bloqueo económico, del cerco, del exterminio,
de las acometidas por aire y tierra y, por último, de la guerra
bacteriológica... Nosotros hemos llegado a todas las partes donde había puertas
para golpear en procura de auxilio para evitar que una cruzada anticomunista,
que es una cruzada antipatriótica contra nuestro pueblo, nos llevara, y con
nosotros, a todo nuestro pueblo, a una lucha larga y sangrienta. Nosotros somos
revolucionarios que luchamos por un cambio de régimen. Pero queríamos y
luchábamos por ese cambio usando la vía menos dolorosa para nuestro pueblo: la
vía pacífica, la vía de la lucha democrática de las masas, las vías legales que
la Constitución de Colombia señala. Esa vía nos fue cerrada violentamente, y
como somos revolucionarios que de una u otra manera jugamos el papel histórico
que nos corresponde, obligados por las circunstancias arriba anotadas, nos tocó
buscar la otra vía: la vía revolucionaria armada para la lucha del poder. Desde
hoy 20 de julio de 1964 somos un movimiento guerrillero que lucha por el
siguiente programa:"
"Primero. A la política agraria de mentiras de la oligarquía, oponemos
una efectiva política agraria revolucionaria que cambie de raíz la estructura
social del campo colombiano, entregando en forma completamente gratuita la
tierra a los campesinos que la trabajan o quieran trabajarla, sobre la base de
la confiscación de la propiedad latifundista en beneficio de todo el pueblo
trabajador. La política agraria revolucionaria entregará a los campesinos... la
ayuda técnica y de infraestructura, herramientas y animales de labor para la
debida explotación económica de la tierra. La política agraria revolucionaria
es condición indispensable para elevar verticalmente el nivel de vida material
y cultural de todo el campesinado, librarlo del desempleo, el hambre, el analfabetismo
y las enfermedades endémicas que limitan su capacidad de trabajo; para liquidar
las trabas del latifundismo y para impulsar el desarrollo de la producción
agropecuaria e industrial del país. La política agraria revolucionaria
confiscará las tierras ocupadas por compañías imperialistas norteamericanas a
cualquier título y cualquiera que sea la actividad a la cual estén
dedicadas".
"Segundo. Los colonos, ocupantes, arrendatarios, aparceros,
terrazgueros, agregados, etc. de tierras de los latifundistas y de la nación,
recibirán los títulos correspondientes de propiedad de los terrenos que
exploten. Se liquidará todo tipo de explotación atrasada de la tierra, los
sistemas de aparcería, el arriendo en especie o en dinero".
"Se creará la unidad económica en el campo de acuerdo con la
fertilidad y ubicación de los terrenos, con un mínimo de 10 a 20 hectáreas,
cuando se trate de tierras planas y aledañas a poblaciones o ciudades y, en
otras tierras, de acuerdo con su fertilidad y red de comunicaciones".
"Se anularán todas las deudas de los campesinos con los usureros,
especuladores, instituciones oficiales y semioficiales de crédito".
"Tercero. El gobierno revolucionario respetará la propiedad de los
campesinos ricos que trabajen personalmente sus tierras. Se preservarán las
formas industriales de trabajo en el campo. Las grandes explotaciones
agropecuarias que por razones de orden social y económico deban conservarse, se
destinarán al desarrollo planificado de todo el pueblo".
"Cuarto. El gobierno revolucionario establecerá un amplio sistema de
crédito con facilidades de pago, el suministro de semillas, asistencia técnica,
herramientas, animales, aperos, maquinaria, etc., tanto para los campesinos
individuales como para las cooperativas de producción que surjan... Se creará
un sistema planificado de irrigación y electrificación y una red de centros
oficiales de experimentación agrotécnica. Se organizarán servicios suficientes
de sanidad para la atención completa de los problemas de la salud pública en
los campos. Se atenderá el problema de la educación campesina, la erradicación
total del analfabetismo y se creará un sistema de becas para el estudio técnico
y superior de los hijos de los trabajadores de la tierra. Se cumplirá un vasto
plan de vivienda campesina y la construcción de vías de comunicación de los
centros rurales productivos a los centros de consumo".
"Quinto. Se garantizarán precios básicos remunerativos y de
sustentación para los productos agropecuarios".
"Sexto. Se protegerán las comunidades indígenas otorgándoles tierras
suficientes para su desarrollo, devolviéndoles las que les hayan usurpado los
latifundistas y modernizando sus sistemas de cultivos. Las comunidades
indígenas gozarán de todos los beneficios de la política agraria
revolucionaria. Al mismo tiempo estabilizará la organización autónoma de las
comunidades, respetando sus cabildos, su vida, su cultura, su lengua propia y
su organización interna".
"Séptimo. La realización de este programa agrario revolucionario
dependerá de la alianza obrero-campesina y del frente unido de todos los
colombianos en la lucha por el cambio de régimen, única garantía para la
destrucción de la vieja estructura latifundista de Colombia. La realización de
esta política se apoyará en las más amplias masas campesinas, las que
contribuirán decididamente a la destrucción del latifundio. Para tal fin se
organizarán potentes uniones de lucha campesina, fuertes sindicatos, comités de
usuarios y juntas comunales. Por eso, este programa se plantea como necesidad
vital, la lucha por la forjación del más amplio frente único de todas las
fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias del país para librar un
combate permanente hasta dar en tierra con el régimen oligárquico al servicio
de los imperialistas yanquis, que impiden la realización de los anhelos del
pueblo colombiano".
"Octavo. Las FARC-EP en su momento promulgarán la primera ley de
política agraria revolucionaria. Por eso invitamos a los campesinos, obreros,
empleados, estudiantes, artesanos, pequeños industriales y comerciantes, a la
burguesía nacional que esté dispuesta a combatir contra el imperialismo, a los
intelectuales demócratas y revolucionarios, a todos los partidos y corrientes
de izquierda y de centro, que quieran un cambio en sentido del progreso, a la
gran lucha revolucionaria y patriótica por una Colombia para los colombianos,
por el triunfo de la revolución, por un gobierno democrático de liberación
nacional".
Como se observa, el 20 de julio de 1964 se aprobó en Marquetalia una
plataforma eminentemente campesina y reivindicativa del derecho a la tierra
ante las frustraciones de la reforma agraria de 1936, que generó grandes
expectativas incumplidas. En ese contexto surgen las FARC como una guerrilla
especialmente campesina.
Las FARC pasan por un proceso de cambios políticos e ideológicos que se
pueden contrastar con el programa aprobado en la octava conferencia en 1993 por
la organización rebelde, que es el documento titulado "Plataforma para un
gobierno de reconstrucción y reconciliación nacional" , que
dice:
"Invitamos a todos los colombianos que anhelan una patria amable, en
desarrollo y en paz, a trabajar por la conformación de un gobierno nacional
pluralista, patriótico y democrático, que se comprometa a lo siguiente:
1. Solución política al grave conflicto que vive el país.
2. La doctrina militar y de defensa nacional del Estado será bolivariana.
Dijo El Libertador que "el destino del ejército es guarnecer la frontera.
Dios nos preserve de que vuelva sus armas contra los ciudadanos".
Las FF.AA. serán garantes de nuestra soberanía nacional, respetuosas de los
derechos humanos, y tendrán un tamaño y un presupuesto acorde a un país que no
está en guerra con sus vecinos. La Policía Nacional volverá a ser dependiente
del Ministerio de Gobierno, reestructurada para que cumpla su función
preventiva, moralizada y educada en el respeto de los derechos humanos.
3. Participación democrática nacional, regional y municipal en las
decisiones que comprometen el futuro de la sociedad. Fortalecimiento de los
instrumentos de fiscalización popular.
La Procuraduría será rama independiente del poder público y el Procurador
General de la Nación será elegido popularmente. El parlamento será unicameral.
La oposición y las minorías tendrán plenos derechos políticos y sociales,
garantizándoles el Estado su acceso a los grandes medios de comunicación. Habrá
libertad de prensa.
La rama electoral será independiente. La Corte Suprema de Justicia, la
Corte Constitucional y el Consejo Superior de la Judicatura serán elegidos por
voto directo de todos los jueces y magistrados del país. Moralización de la
administración pública y de las instituciones civiles y militares del Estado.
4. Desarrollo y modernización económica con justicia social.
El Estado debe ser el principal propietario y administrador en los sectores
estratégicos: en lo energético, en las comunicaciones, servicios públicos,
vías, puertos y recursos naturales, en beneficio del desarrollo
económico-social equilibrado del país y las regiones.
El énfasis de la política económica será la ampliación del mercado interno,
la autosuficiencia alimenticia y el estímulo permanente a la producción, a la
pequeña, mediana y gran industria privada, a la autogestión, la microempresa y
a la economía solidaria.
El Estado invertirá en áreas estratégicas de la industria nacional y
desarrollará una política proteccionista sobre las mismas. La gestión económica
oficial se debe caracterizar por su eficiencia, su ética, su productividad y su
alta calidad. Habrá participación de los gremios, las organizaciones
sindicales, populares, entes académicos y científicos en la elaboración de las
decisiones sobre la política económica, social, energética y de inversiones
estratégicas.
El 50% del presupuesto nacional será invertido en el bienestar social,
teniendo en cuenta al colombiano, su empleo, su salario, salud, vivienda,
educación y recreación como centro de las políticas del Estado, apoyados en
nuestras tradiciones culturales democráticas y buscando el equilibrio de la
sociedad con su medio ambiente y la naturaleza. El 10% del presupuesto nacional
será invertido en la investigación científica.
Quienes mayores riquezas posean, más altos impuestos aportarán, para hacer
efectiva la redistribución del ingreso. El impuesto del IVA sólo afectará
bienes servicios suntuarios.
Política agraria que democratice el crédito, la asistencia técnica y el
mercadeo. Estímulo total a la industria y a la producción agropecuaria.
Proteccionismo estatal frente a la desigual competencia internacional.
Cada región tendrá su propio plan de desarrollo elaborado con las
organizaciones de la comunidad, liquidando el latifundio allí donde subsista,
redistribuyendo la tierra, definiendo una frontera agrícola que racionalice la
colonización y proteja nuestras reservas del arrasamiento. 5. Ayuda permanente
para el mercadeo nacional e internacional.
Explotación de los recursos naturales como el petróleo, el gas, el carbón,
el oro, el níquel, las esmeraldas, etc., en beneficio del país y de sus
regiones. Renegociación de los contratos con compañías multinacionales que sean
lesivos para Colombia. La comisión nacional de energía, con participación del
Estado, los trabajadores del sector y las regiones, planificará la política
energética.
Se construirán más refinerías y se desarrollará la industria petroquímica.
El gobierno le informará a la comunidad con transparencia, los términos del
contrato existente para la explotación de Cusiana. Tan solo los 5 mil millones
de barriles de petróleo de reserva que posee, a los precios de hoy y a la tasa
de cambio vigente, producirán $80 billones (80 millones de millones de pesos),
es decir, más de seis veces el presupuesto nacional de 1993. Colombia entera
conocerá cómo y a qué ritmo se explotará Cusiana y cómo insertamos su producido
en los planes generales de nuestro desarrollo. Hay que "sembrar el
petróleo" para las próximas generaciones, porque el crudo es de todos los
colombianos y sus beneficios también.
Relaciones internacionales con todos los países del mundo bajo el principio
del respeto a la libre autodeterminación de los pueblos y del mutuo beneficio.
Priorizar tareas por la integración regional y latinoamericana. Respeto a los
compromisos políticos del Estado con otros Estados. Revisión total de los
pactos militares y de la ingerencia de las potencias en nuestros asuntos
internos. Renegociación de la deuda externa, buscando un plazo de 10 años
muertos, en el pago de los servicios.
Solución del fenómeno de producción, comercialización y consumo de
narcóticos y alucinógenos, entendido ante todo como un grave problema social
que no puede tratarse por la vía militar, que requiere acuerdos con la
participación de la comunidad nacional e internacional y el compromiso de las
grandes potencias como principales fuentes de la demanda mundial de los
estupefacientes" .
Como se aprecia, las FARC-EP van pasando a demandas nacionales por fuera
del problema agrario, que sigue siendo uno de los problemas a resolver en el
marco de un proceso de paz, con temas tan importantes como las relaciones
internacionales y el narcotráfico.
SURGIMIENTO DEL EJÉRCITO DE LIBERACIÓN NACIONAL, ELN
El ELN nace del seno de las juventudes del Movimiento Revolucionario
Liberal, MRL, de estudiantes que, inspirados en la Revolución Cubana, querían
realizar una revolución similar. Muchos fueron estudiantes de la Universidad
Nacional, donde Camilo Torres Restrepo fue capellán y quien fundó el Frente
Unido para llamar a la unidad de la izquierda y de los movimientos populares.
Consideró que las propuestas reformistas obedecían más a un oportunismo
electoral populista y contra ello impulsó propuestas que se constituían en
revolucionarias para cambiar las estructuras de miseria y exclusión política
existentes. A esta propuesta se sumaron campesinos, obreros, intelectuales y
capas medias de la sociedad.
El 7 de enero de 1965, un grupo de combatientes se tomaba la población
santandereana de Simacota y desde allí anunciaba la constitución del Ejército
de Liberación Nacional. En su proclama afirmaban: "Un estudio serio de la
realidad colombiana nos ha llevado a la conclusión de que ni el imperialismo
norteamericano ni la oligarquía que lo apoya en nuestro país permitirán
pacíficamente el ascenso de las masas populares al poder y le impondrán, por lo
tanto, al pueblo, una guerra larga y sangrienta, con la cual pretenderán ahogar
para siempre la lucha popular por conquistar las más justas aspiraciones de
libertad, trabajo, democracia y justicia del pueblo colombiano. Ante esta
situación, determinada por la naturaleza agresiva y voraz de los explotadores
nacionales y extranjeros, nuestro pueblo se ve en la obligación de organizarse
para responder a la agresión oficial, tomar la iniciativa y desencadenar la
ofensiva revolucionaria mediante el desarrollo de la guerra del pueblo contra
los explotadores, utilizando la lucha armada y las más variadas formas de lucha
popular en todos los terrenos, con el propósito de arrancar el poder de las
clases dominantes y establecer un gobierno popular y democrático de liberación
nacional" .
La siguiente es la declaración política y el programa inicialmente aprobado
por el ELN en su Manifiesto de Simacota :
"La violencia reaccionaria desatada por los diversos gobiernos
oligarcas y continuada por el corrompido régimen Valencia-Ruiz, Novoa-Lleras,
ha sido una poderosa arma de dominación en los últimos 15 años".
"La educación se encuentra en manos de negociantes que se enriquecen
con la ignorancia en que mantienen a nuestro pueblo; la tierra es explotada por
campesinos que no tienen dónde caer muertos y que acaban sus energías y las de
su familia en beneficio de las oligarquías que viven en las ciudades como
reyes; los obreros trabajan por jornales de hambre sometidos a la miseria y
humillación de los grandes empresarios extranjeros y nacionales; los
profesionales e intelectuales jóvenes demócratas se ven cercados y están en el
dilema de entregarse a la clase dominante o perecer; los pequeños y medianos
productores, tanto del campo como de la ciudad, ven arruinadas sus economías
ante la cruel competencia y acaparamiento por parte del capital extranjero y de
sus secuaces vende patrias; las riquezas de todo el pueblo colombiano son
saqueadas por los imperialistas norteamericanos".
"Pero nuestro pueblo, que ha sentido sobre sus espaldas el látigo de
la explotación, de la miseria, de la violencia, se levanta y está en pie de
lucha. La lucha revolucionaria es el único camino de todo el pueblo para
derrotar el actual gobierno de engaño y de violencia. Nosotros, que agrupamos
el Ejército de Liberación Nacional, nos encontramos luchando por la liberación
de Colombia. El pueblo liberal y el pueblo conservador harán frente juntos para
derrotar a la oligarquía de ambos partidos".
"¡Viva la unidad de los campesinos, obreros, estudiantes,
profesionales y gentes honradas que desean hacer de Colombia una patria digna
para los colombianos honestos! ¡Liberación o muerte!, Ejército de Liberación
Nacional, Frente José Antonio Galán, Carlos Villarreal, Andrés Sierra,
Simacota, 7 de enero de 1965".
Los planes de acción de este grupo se pueden analizar a la luz de la
declaración programática del ELN, que dice :
"Programa de Simacota
El ELN lucha por la plena realización en nuestra patria del siguiente
programa:
1. La toma del poder para las clases populares, la instauración de un
gobierno democrático y popular, que libere a nuestro país de los monopolios
internacionales y de la oligarquía criolla y que garantice la plena igualdad de
nuestro pueblo, que otorgue plenas libertades democráticas a los sectores
populares, que conceda a la mujer sus legítimos derechos, que libere las
fuerzas creadoras de las masas, que garantice el respeto a la dignidad humana y
el libre desarrollo de los colombianos.
2. Una auténtica revolución agraria que contemple la eliminación del
latifundio, el minifundio y el monocultivo; que realice una distribución
técnica y justa de la tierra a los campesinos que la trabajan; que otorgue
créditos, abonos, aperos, semillas y herramientas de trabajo a los
agricultores; que impulse la mecanización y la tecnificación de la agricultura,
la creación de organismos adecuados de distribución que elimine los
intermediarios, los especuladores y los acaparadores; que asegure la asistencia
médica y educacional a los campesinos, así como el desarrollo del sistema de
riego, de electrificación, de vivienda y vías de comunicación adecuadas. Se
confiscarán los latifundios de propiedad de los terratenientes y se respetarán
las propiedades que beneficien la economía nacional, se fomentará la creación
de cooperativas de producción, distribución y consumo y de granjas estatales,
se fomentará la planificación de producción agropecuaria, buscando la
diversidad de los cultivos y el desarrollo de la ganadería.
3. Desarrollo económico-industrial mediante la protección de la industria
nacional, el impulso de la industria semipesada, la confiscación de los
intereses imperialistas y de las oligarquías traidoras a la patria; se
protegerá a los pequeños industriales y comerciantes no especuladores; mediante
una planificación científica, se buscará la diversificación de la industria y
el desarrollo de una economía industrial basada en nuestros propios recursos,
que garantice la plena utilización de nuestra mano de obra. Nacionalización
efectiva del subsuelo y de su explotación en beneficio de la economía nacional.
Elaboración y realización de un plan de electrificación, irrigación y
aprovechamiento recursos hidráulicos del país. Comercio con todos los países
del mundo, buscando el beneficio de nuestro pueblo sin otras consideraciones
que el interés colectivo.
4. Plan de vivienda y reforma urbana que garantice un hogar higiénico y
adecuado para los trabajadores del campo y la ciudad y elimine la explotación
de los casatenientes mediante la amortización a largo plazo, erradicación de
los tugurios, bohíos y ranchos en la ciudad y en el campo.
5. Creación de un sistema popular de crédito que elimine a los usureros y
agiotistas y fomente el desarrollo económico-industrial, agropecuario y
comercial e impulse el mejoramiento del nivel de vida de los trabajadores.
6. Organización de un plan nacional de salud pública que haga posible la
atención médico-farmacéutica y hospitalaria a todos los sectores de la
población sin gravar su economía; desarrollo de la medicina preventiva y la
lucha contra las enfermedades endémicas. Creación de puestos de salud y
hospitales en la ciudad y en el campo. Eficaz protección a la niñez y a los
ancianos y reglamentación del Seguro Social para que sirva a las necesidades de
nuestro pueblo. Creación de un organismo centralizado que se encargue de
proyectar y realizar los programas de salud pública.
7. Elaboración de un plan vial que sirva para articular la economía
nacional y preste un servicio eficaz a las regiones densamente pobladas y con
posibilidades de desarrollo económico. Centralización y planificación de este
programa con el fin de evitar gastos innecesarios. Penetración de las zonas
agrícolas y ganaderas; organización estatal del transporte y fijación de
tarifas técnicamente estipuladas por los organismos del Estado.
8. Reforma educacional que elimine el analfabetismo y promueva la
construcción de escuelas rurales y urbanas y la formación de maestros
competentes. La educación será obligatoria y gratuita. Reforma de los programas
de estudio para adecuarlos a las necesidades del país y a la ciencia moderna,
vinculación de los estudiantes con la realidad nacional y elevación del nivel
teórico de los trabajadores; nacionalización de la enseñanza superior,
normalista y universitaria, buscando que la universidad cumpla su función
social, que se ponga a tono con los avances científicos, que el pueblo tenga
acceso a ella, que elimine el oscurantismo y el dogmatismo de las cátedras y
que pueda así desempeñar el papel de la vanguardia intelectual y cultural de
los trabajadores colombianos. Creación de una Academia Nacional de Ciencias que
unifique las exigencias del desarrollo de la investigación científica. Así
mismo, se crearán comedores estudiantiles y se ampliará el número de becas
infantiles, se ampliará la red de bibliotecas públicas y se proveerá a los
establecimientos educacionales de los materiales académicos y docentes
necesarios. Se fomentará y estimulará el deporte y la cultura física. El Estado
se preocupará por la defensa, el estímulo y desarrollo de la cultura nacional,
del arte folklórico popular, de la protección de escritores y artistas
nacionales. Igualmente, se divulgarán con amplitud todas las manifestaciones
artísticas y libertarias que revistan formas populares y democráticas de otros
pueblos.
9. Incorporación de la población indígena a la economía y la cultura de la
nación, respetando sus costumbres, sus tierras, su lengua, sus tradiciones y el
desarrollo de su vida cultural. Otorgamiento de la totalidad de sus derechos de
colombianos a la población indígena.
10. Libertad de pensamiento y de culto. Separación de la Iglesia y el
Estado. Eliminación de todo tipo de discriminaciones por raza, género, origen
social o creencia religiosa.
11. Política exterior independiente basada en el respeto mutuo, la
autodeterminación de los pueblos y la no intervención de algún Estado en los
asuntos internos de otro, oposición a toda forma de opresión y de dominación
imperialista, colonialista o neocolonialista, defensa de la paz mundial y
solidaridad con la lucha de los pueblos oprimidos contra sus opresores por la
independencia nacional, anulación de los compromisos que lesionen la soberanía
nacional, expulsión de las misiones militares del imperialismo norteamericano.
Establecimiento de relaciones diplomáticas, culturales y comerciales con todos
los países del mundo sobre la base del respeto mutuo.
12. Formación de un ejército popular permanente, técnicamente dotado y
disciplinado, que garantice las conquistas populares, defienda la soberanía
nacional y sea el más firme apoyo del pueblo. Este ejército estará formado
inicial por los destacamentos del ELN y mantendrá una férrea y constante
vinculación con las masas populares, de cuyo seno han surgido sus cuadros y sus
combatientes. El ejército popular defenderá los más auténticos intereses
patrióticos y no será jamás instrumento de represión contra ningún pueblo del
mundo". (Tomado de Las verdaderas intenciones del ELN, Fundación
Corporación Observatorio para la Paz, 1999).
SURGIMIENTO DEL EJÉRCITO POPULAR DE LIBERACIÓN, EPL
Desde 1963 se fue creando una disidencia en el Partido Comunista
Colombiano, por parte de un grupo que simpatizaba más con la "línea
china" dentro del debate ideológico del comunismo mundial y criticaba las
estrategias "pacifistas" del PCC. Esa disidencia se cristalizó en una
conferencia de los marxistas-leninistas en marzo de 1964, desde la cual
convocaron al "X Congreso del Partido Comunista", congreso que tuvo
lugar en Soacha (Cundinamarca) en julio de 1965, en cuyas conclusiones se
afirma: "Para las condiciones colombianas es enteramente válido, y lo
hacemos nuestro, el planteamiento leninista de que ocultar a las masas la
necesidad de una guerra encarnizada, sangrienta y exterminadora como objetivo
inmediato de la acción próxima, es engañarse a sí mismo y engañar al pueblo. Y
es, hoy por hoy en Colombia, traidor a la revolución, quien no esté de acuerdo
con la lucha armada, no se prepare para ella o impida de cualquier manera su
desarrollo inmediato. Amigos y enemigos serán diferenciados con base en este
palpitante problema" .
Ya desde septiembre de 1964, este grupo había iniciado un implante
guerrillero en la zona del Alto Sinú y San Jorge, en el departamento de
Córdoba, pero formalizarían su opción, mediante el "juramento de
bandera" en febrero de 1967, constituyéndose como Ejército Popular de
Liberación .
Por otra parte, cuando se produce la ruptura al interior del Partido
Comunista de Colombia en 1965, se produce una declaración política por parte de
la nueva organización, que luego funda el EPL en 1966. Dice la declaración:
"Es así como el 20 de julio (fecha patria de la oligarquía colombiana)
de 1965, nace en Colombia el Partido Comunista (marxista-leninista),
presentando una línea política y una táctica completamente influenciada por la
orientación que el Partido Comunista Chino presentaba para los pueblos que se
encontraban bajo el yugo del imperialismo, el colonialismo y el
neocolonialismo" .
La siguiente es la resolución política que esta agrupación promulgó en el X
Congreso del Partido Comunista de Colombia:
"Unánimemente y en forma categórica, el X Congreso afirma las
siguientes tesis:
a. Vivimos la época del paso del capitalismo al socialismo. Nuestra
revolución patriótica, popular y antiimperialista en marcha al socialismo está
enmarcada dentro de este hecho mundial.
b. El imperialismo, fase final del capitalismo, es la fuente de todas las
guerras.
Mientras exista el imperialismo, habrá guerras o peligro de guerras. Pero
está asediado por todos los pueblos del mundo y puede ser vencido como lo
demuestran las revoluciones proletarias y el avance incontenible de las luchas
de liberación nacional.
c. El imperialismo norteamericano es el peor enemigo de todos los pueblos y
como tal debe ser combatido por éstos.
d. Son las masas, en último término, y no la calidad de las armas, quienes
deciden el rumbo de la historia. El espantajo atómico no puede detener la
revolución.
e. Las guerras de liberación son justas, necesarias e inevitables.
f. La violencia revolucionaria es la partera de la historia. La actual
situación política mundial evidencia la imposibilidad del tránsito pacífico del
capitalismo al socialismo, particularmente en América latina.
g. El internacionalismo proletario es un principio marxista-leninista que
no puede menoscabarse sin causar grave daño a la revolución. Lo mismo ocurre
con el principio de basarse en los propios esfuerzos.
h. Las contradicciones fundamentales de nuestra época sólo pueden
resolverse mediante el triunfo de la revolución. La contradicción entre el
campo socialista y el campo capitalista es muy importante, pero no sustituye a
la contradicción entre las clases explotadas y los explotadores en los países
capitalistas, ni a la contradicción entre los pueblos oprimidos y el
imperialismo, ni a la contradicción entre los países imperialistas y entre los
grupos monopolistas.
i. No puede plantearse la coexistencia pacífica entre las clases explotadas
y los explotadores o entre las naciones opresoras en ningún país, ni en ninguna
región.
j. La coexistencia pacífica no constituye la esencia de las relaciones
exteriores de los países socialistas, pues el apoyo a la lucha revolucionaria
de los pueblos y el respaldo y el apoyo recíproco entre los países socialistas,
son aún más importantes.
k. El campo socialista es patrimonio del proletariado mundial porque él lo
ha hecho posible. Es deber del proletariado mundial respaldarlo, defenderlo y
ampliarlo.
l. El principio de la igualdad y el respeto mutuo y el de la solución a
todos los problemas que surjan por la vía de la consulta mutua, tiene que
presidir e informar las relaciones entre los partidos comunistas hermanos.
m. El revisionismo moderno es la penetración de la ideología burguesa en el
partido del proletariado, constituye el mayor obstáculo para la lucha
revolucionaria, atenta contra la construcción del socialismo y es
irreconciliable con el marxismo-leninismo.
n. La lucha contra el revisionismo es de vida o muerte para los Partidos
Comunistas. Es una expresión permanente en la lucha revolucionaria entre lo
correcto y lo erróneo en los terrenos filosófico, económico y social, y hay que
llevarla hasta la victoria en cada etapa presente y futura. Sobre el
revisionismo moderno, nos corresponde triunfar como Lenin lo hizo sobre el de
su tiempo, y como les corresponderá a las generaciones futuras triunfar sobre
el que surja. No es posible la unidad con los revisionistas, no puede
transigirse con el revisionismo, la lucha contra él es implacable.
o. Sin partidos comunistas (marxistas leninistas), no puede garantizarse el
curso de la revolución. La hegemonía del proletariado es necesaria para la toma
del poder, para la conducción de la revolución popular y para la edificación
del socialismo.
p. Solamente la extinción completa de las clases sociales y el
aniquilamiento definitivo del imperialismo, pueden permitir, donde se cumplan,
las demás condiciones morales y materiales, prescindir del partido y de la
dictadura del proletariado. En este momento no existe en ningún país del mundo
esas condiciones.
q. Los pueblos oprimidos de Asia, África y América latina están en la
vanguardia de combate contra el imperialismo. Entre ellos y el imperialismo no
puede plantearse la coexistencia pacífica".
Como puede verse, estas extensas tesis expresan lincamientos bajo la
orientación de la ideología china en pugna con la dirigencia soviética.
El auge de las luchas a nivel mundial se formula como un "...auge de
la lucha antiimperialista a escala mundial... El imperialismo en su conjunto
retrocede cosechando derrotas políticas y militares en igual medida y con la
misma frecuencia con que arremete furioso; pero moribundo, contra los
pueblos".
Al referirse a la Revolución Cubana, la coloca como ejemplo para nuestros
pueblos y afirma de aquel documento que constituye la Segunda Declaración de La
Habana: "El Partido acoge la II Declaración de La Habana como el
Manifiesto Comunista para América latina, que demuestra el peculiar proceso
revolucionario de nuestros pueblos, desarrolla las tesis del carácter
continental de nuestra lucha, nos señala a Cuba como 'avanzada de la revolución
latinoamericana"
SURGIMIENTO DEL MOVIMIENTO 19 DE ABRIL, M-19
Más adelante, en la década de los años setenta, otras organizaciones
insurgentes se sumarán a las fuerzas rebeldes de los años sesenta. El fraude
consumado el 19 de abril de 1970 para desconocer la victoria electoral de la
Alianza Nacional Popular, Anapo, motivó a un grupo de profesionales, antiguos
militantes comunistas y posteriormente militantes de Anapo, a crear el
Movimiento 19 de Abril, M-19. En enero de 1974 en Bogotá, un comando de este
movimiento penetró en la casa-museo Quinta de Bolívar, y sustrajo la espada del
Libertador. En el comunicado emitido en ese momento, afirmaban: "No hay
dudas: Bolívar guerrillero y patriota; Bolívar pueblo; Bolívar nuestro, vuelve
a quitarle el sueño al opresor; a despertar al oprimido. Su espada empezó ya
los nuevos combates. Ahora se enfrenta al yanqui, al explotador, a quienes
entregan nuestra patria al dolor, a quienes ahogan a nuestro pueblo en la
miseria... El pueblo sabe que sin luchas y organización armada, Anapo no
logrará el triunfo, por más grande que sea el número de votos dejados en las
urnas. Lo aprendió el 19 de abril de 1970, cuando nos robaron la victoria. Y
esa historia no se repetirá jamás" .
OTROS GRUPOS INSURGENTES EN COLOMBIA
En 1976 surgió otro movimiento armado, construido alrededor del ex
combatiente brasileño, sobreviviente de un movimiento guerrillero carioca,
Giomar O' Beale, que tomó el nombre de Juan Manuel González Puentes. Este grupo
aglutinó a estudiantes y activistas populares y se llamó Auto-Defensa Obrera,
ADO. Tuvo sus acciones más impactantes a finales de los años setenta, sobre
todo con el asesinato del ex ministro de gobierno, Rafael Pardo Buelvas, en
quien quisieron tomar represalia por el asesinato de 50 personas un año antes,
en Bogotá, mientras participaban en protestas populares durante el desarrollo
del Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre de 1977. Al responder a una
entrevista en febrero de 1980, pocos días antes de ser asesinado, González
Puentes afirmaba: "Nuestro nombre de autodefensa se refiere al
aspecto estratégico, a la situación del pueblo delante de la oligarquía y la
burguesía que nos explota, nos ataca, nos obliga a la lucha armada en defensa
de nuestros derechos como seres humanos. Somos autodefensa porque no somos los
que desatamos esta guerra; ellos son los agresores, ellos son los que violan
los derechos del pueblo; ellos son los que responden a las huelgas y a las
manifestaciones pacíficas con la violencia; ellos son los que torturan y
asesinan. Cuando los obreros realizan una huelga, están manifestándose de
manera pacífica, luchando pacíficamente, porque nadie puede afirmar que los
brazos caídos son violencia; sin embargo, ¿qué hace la clase patronal? Lanza
sus aparatos represivos para golpear, encarcelar, atemorizar e incluso eliminar
físicamente a los trabajadores. Entonces, ¿Quién ataca militarmente? ¿Quiénes
son los violentos? ¿Quiénes son los que inician la guerra? ¿Quiénes son los que
atenían contra la paz? La clase explotadora y su sistema capitalista. Nuestro
deber de hombres agredidos es defendernos de esa minoría rapaz y
belicosa, porque entre otras cosas, sale más barato en vidas para nosotros una
guerra revolucionaria que los 100 mil muertos anuales por desnutrición".
(Boletín ADO, marzo/80).
La represión brutal que en los años setenta sufrían las comunidades
indígenas del departamento del Cauca por parte de ejército y de los
terratenientes, las llevó a conformar grupos de autodefensa indígena que más
tarde se convirtieron en una nueva organización guerrillera.
En diciembre de 1984 se conformó el Comando Quintín Lame como grupo armado.
En el comunicado a la nación, expresaban: "La represión contra el
Movimiento Indígena ha sido continua en los últimos años y nuestra lista de
mártires crece día a día. Pero esta vez el enemigo decidió declaramos la guerra
definitivamente. El 9 de noviembre (1984), fuerzas de la policía y el ejército
arrasaron la Recuperación de López Adentro, quemaron las viviendas de 150
familias indígenas y con maquinaria destruyeron todos sus cultivos. Estas
familias han quedado en la más completa miseria. El 10 de noviembre fue
asesinado el sacerdote indígena paéz Alvaro Ulcué. El padre ülcué había sido un
defensor de su pueblo y un luchador incansable de la lucha indígena.
No nos dejaremos exterminar. El movimiento indígena no se va a entregar ni
a retroceder por esta ofensiva del enemigo. El Comando Quintín Lame compromete
su honor en poner todas sus fuerzas al servicio de la resistencia de las
comunidades indígenas y en hacer lo posible por derrotar al enemigo que nos
está persiguiendo". Otros grupos insurgentes, como el MIR-Patria Libre o
el Partido Revolucionario de los Trabajadores, PRT, tendrían una existencia más
efímera en los años ochenta. El Movimiento de Integración Revolucionaria,
Patria Libre, había surgido en los años setenta como una instancia de
reunificación de las numerosas corrientes marxistas-leninistas dispersas. Más
tarde se integraría, ya como grupo armado, a la Coordinadora Nacional
Guerrillera y posteriormente se fusionaría con el ELN, conformando la
"Unión Camilista-ELN".
El PRT se dio a conocer en julio de 1984 en una conferencia de prensa
realizada en Santa Marta, en la cual se mostraban en contra del proceso de paz
tal como se estaba desarrollando. En un documento suscrito en febrero de 1986,
afirmaban: "Queda demostrado que en el país es imposible conseguir cambios
sustanciales a favor del pueblo por la vía de las reformas, dado el carácter
reaccionario del Congreso y de los partidos que ejercen el poder y la
resistencia de la oligarquía a los cambios progresistas... En el bloque
oligárquico y su gobierno ha ganado primacía la política de 'tierra arrasada',
de eliminación de las fuerzas revolucionarias por la vía represiva y de
destrucción a sangre y fuego de cualquier expresión de descontento
popular" (Revista Colombia Viva, abril de 1988, pp. 5-6).
Posteriormente, surge otra organización como consecuencia de la integración
de militantes de varias organizaciones el Movimiento Jorge Eliécer Gaitán por
la Dignidad de Colombia. En su programa explica lo que pretenden con su lucha:
"El Movimiento Jorge Eliécer Gaitán por la Dignidad de Colombia, más
conocido como JEGA, plantea:
A grandes rasgos, nuestro programa revolucionario (estrategia) de
transformación socialista de la sociedad -reiterando la necesidad de no olvidar
que el socialismo como modo de producción sólo puede consolidarse
universalmente- está orientado a conseguir los siguientes objetivos más o menos
inmediatos, es decir, que serán medidas de aplicación concreta una vez se
produzca la toma del poder :
• Estatización de la banca y de todo el sistema financiero para crear un
banco nacional único.
• Nacionalización general del transporte.
• Nacionalización del comercio exterior y del comercio interno en lo que tenga
que ver con los grandes medios de producción.
• Expropiación de las multinacionales y empresas extranjeras.
• Expropiación de los capitales extranjeros que existan en las empresas
nacionales a manera de acciones o aportes de capital.
• Expropiación y nacionalización de los grandes medios de producción.
• Expropiación y nacionalización de los grades medios de comunicación social.
• Expropiación de los latifundios y entrega de la tierra a los campesinos en
aquellas zonas donde tal medida constituya una reivindicación inmediata y
necesaria para los campesinos.
• Agrupación voluntaria de los campesinos en cooperativas agrícolas estatales.
• Explotación tecnificada del campo mediante planes nacionales de producción,
proletarizando a las masas campesinas con miras a acelerar nuestro desarrollo industrial.
• Declaratoria de extinción de la deuda externa.
• Creación de un gran mercado socialista.
• Creación de pequeños mercados sujetos a la ley capitalista de la oferta y la
demanda para aquellas zonas donde existan pequeños propietarios.
• Fortalecimiento del nuevo aparato estatal, especialmente de la estructura
militar con miras a crear un gran ejército revolucionario.
• Institución de las milicias revolucionarias para la defensa de la revolución.
• Impulsar, con base en nuestros recursos económicos y conjuntamente con la
cuestión militar, las medidas que tiendan a elevar de inmediato el nivel de
vida de las masas colombianas.
• Instituir la prestación de los servicios de salud y educación por parte del
Estado como obligatorios y gratuitos.
• Desarrollar una profunda reforma urbana tendiente a dotar de vivienda a todas
las familias colombianas. Se expropiará a quien tenga más de una vivienda. Se
incrementará la construcción de viviendas para eliminar el déficit que está
alrededor de un millón de soluciones. Se expropiará a las grandes urbanizadoras
privadas y piratas.
• Se decretará la obligatoriedad del trabajo.
De manera que en la fase de la toma del poder, la agitación política para
atraer a las masas hacia la revolución debe hacerse a través de una plataforma
táctica antigobiernista, y nunca mediante el programa estratégico
comunista. Por lo mismo, será allí, cuando lleguemos a la táctica, en
donde abordaremos este aspecto de la plataforma política y en donde
detallaremos su contenido posible" (Tomado de La toma del poder,
escrito por su máximo dirigente, Hugo Antonio Toro, 1999).
Todos los textos fundadores revelan que las decisiones de alzamiento en
armas se tomaban en medio de un mar de luchas no violentas por los mismos
objetivos, que habían llegado a un callejón sin salida debido a la represión
contra ellas.
Y, en efecto, cualquier recorrido histórico que se haga desde los años 60,
70, 80 y 90, mostrará un constante nacimiento y desarrollo de organizaciones
obreras, campesinas, estudiantiles, indígenas, políticas, académicas,
religiosas y humanitarias que propenden por un cambio de estructuras y que van
siendo, una tras otra, ahogadas en su propia sangre.
GUERRAS JUSTAS E INJUSTAS, EL CONFLICTO ARMADO INTERNO Y SU CALIFICACIÓN
POLÍTICA
El primer concepto de la "guerra justa" surge en la edad antigua
y específicamente en Roma. Gracias a la doctrina estoica, los filósofos
establecieron que no se debía hacer una guerra si no era por una causa justa.
Según los romanos, sin estar en estado de legítima defensa o para deshacer
entuertos, un colegio de sacerdotes, los fetiales, certificaban si una campaña
proyectada era bellum justum et pium.
Este concepto de guerra justa sería retomado posteriormente en la Edad
Media por el cristianismo con el fin de explicar el porqué la Iglesia permitía
y legitimaba la guerra, puesto que, según algunos de sus discípulos, había una
contradicción porque derramar tanta sangre también era castigado por las
escrituras; por lo tanto, la Iglesia debería justificar su actitud.
Es entonces cuando San Agustín y más adelante Santo Tomás de Aquino,
retoman la doctrina de la guerra justa. En aquel tiempo se decía que: "El
orden natural es un reflejo del orden divino. El soberano legítimo tiene el
poder de establecer y mantener este orden. Como el fin justifica los medios,
los actos de guerra cometidos por causa del soberano pierden todo carácter de
pecado. Esta guerra es declarada justa; Dios la quiere; a partir de este
momento, el adversario es enemigo de Dios y, como tal, sólo podría hacer una
guerra injusta" .
Posteriormente, aparece el teólogo español Francisco de Vitoria, de quien
según Alejandro Valencia Villa, sólo se conocen varias relecciones, de las
cuales se destaca la Relección segunda de los indios o del derecho de la guerra
de los españoles contra los "bárbaros", que trata cuatro puntos
fundamentales: Si es lícito a los cristianos hacer la guerra, en quién reside
la autoridad para declarar y hacer guerra, cuáles deben ser las causas de una
guerra justa y qué cosas pueden hacerse contra los enemigos en una guerra
justa. Para Vitoria, las circunstancias que ha de tener la guerra para que sea
justa son las siguientes: "a. autoridad legítima (que se haga con
autoridad de república perfecta, o de príncipe que presida o tenga las veces de
ella); b. causa justa (la injuria que se hace a su príncipe y a su reino), y c.
recta intención (que la intención en las guerras sea justa, es a saber, que no
se mueva por codicia, o por crueldad" .
Sobre las características de la guerra revolucionaria en China, el
estratega y dirigente de ese proceso, Mao Tse-Tung, escribe sobre el objeto de
la guerra lo siguiente:
"La guerra, ese monstruo de matanza entre los hombres, será finalmente
eliminada por el progreso de la sociedad humana y lo será en un futuro no
lejano. Pero sólo hay un medio para eliminarla: oponer la guerra a la guerra,
oponer la guerra revolucionaria a la guerra contrarrevolucionaria, oponer la
guerra revolucionaria nacional a la guerra contrarrevolucionaria nacional y
oponer la guerra revolucionaria de clase a la guerra contrarrevolucionaria de
clase. La historia conoce sólo dos tipos de guerras: las justas y las injustas.
Apoyamos las guerras justas y nos oponemos a las injustas; todas las guerras
contrarrevolucionarias son injustas; todas las guerras revolucionarias son
justas. Con nuestras propias manos pondremos fin a la época de las guerras en
la historia de la humanidad, y la guerra que ahora hacemos es indudablemente
parte de la guerra final. Pero la guerra que enfrentamos es al mismo tiempo,
sin duda alguna, parte de la más grande y más cruel de todas las guerras. Se
cierne sobre nosotros la más grande y más cruel de todas las guerras injustas
contrarrevolucionarias. Si no levantamos la bandera la de la guerra justa, la
gran mayoría de la humanidad será devastada. La bandera de la guerra justa de
la humanidad es la bandera de la salvación de la humanidad. La bandera de la
guerra justa de China es la bandera de la salvación de China. Una guerra
sostenida por la gran mayoría de la humanidad y del pueblo chino es
indiscutiblemente una guerra justa, es la empresa más sublime y gloriosa para
salvar a la humanidad y a China, y un puente que conduce a una nueva era en la
historia mundial. Cuando la sociedad humana progrese hasta llegar a la
extinción de las clases y del Estado, ya no habrá guerras, ni
contrarrevolucionarias ni revolucionarias, ni injustas ni justas. Ésa será la
era de la paz perpetua para la humanidad. Al estudiar las leyes de la guerra
revolucionaria, partimos de la aspiración de eliminar todas las guerras. Ésta
es la línea divisoria entre nosotros, los comunistas, y todas las clases explotadoras"
.
Entonces, cabe anotar que quien hace la guerra siempre buscará una razón
para justificarla, y para éste, invariablemente su guerra será justa y a través
de la historia hemos visto cómo los grandes dominadores siempre han intentado
justificar sus conquistas y el aplastamiento de sus adversarios por razones
religiosas o morales. Lo anterior no significa que en el mundo no se hayan dado
guerras por causas justas como son las guerras que han librado los pueblos para
liberarse del yugo de sus opresores o guerras independentistas, las guerras
defensivas y las guerras en busca de un orden social, económico, político y
cultural más justo.
Hasta hace muy poco tiempo, los Estados tenían derecho a hacer la guerra
por necesidad de su política; tal decisión dependía de su soberanía. Esta
situación cambió con la Carta de la Naciones Unidas, que prohibe la guerra e
incluso a recurrir a cualquier modo de violencia. En la actualidad, solamente
se puede iniciar la guerra por tres causas, a saber: las medidas emprendidas
por las Naciones Unidas para restablecer la paz, las operaciones llevadas a
cabo en legítima defensa y las guerras de liberación nacional.
No cabe duda que con esta prohibición se presentó un resurgimiento a la
doctrina de la guerra justa, pues si los conflictos armados tienen origen por
alguna de las razones anteriormente anotadas, tienen una justa causa.
Si para Clausewitz la guerra es la continuación de la política por medios
violentos, el proceso de paz es precisamente seguir en la política por medios
no violentos; por ello algunos teóricos sostienen que la política es guerra sin
derramamiento de sangre, en tanto que la guerra es política con derramamiento
de sangre.
La prueba de lo anterior es lo que sostienen teóricos en cuanto a que desde
tiempos remotos jamás ha habido una guerra que no tenga unos fines e intereses
de carácter político.
Hasta antes de la Revolución Francesa, en la Edad Media, en el desarrollo
de la guerra, tanto por sus instrumentos como por sus métodos, dejaba menos
espacio para la perfidia, entre otras cosas porque las armas no eran tan
sofisticadas, pues antiguamente se utilizaba la lanza y el escudo; la lanza
para atacar al adversario y el escudo para defenderse y conservarse a sí mismo,
y cumplir el objetivo primordial en el combate: "conservar las fuerzas
propias y destruir las enemigas". En la actualidad la lanza ha sido
sustituida por los fusiles, granadas morteros, entre muchos otros, y el escudo
ha sido sustituido por cascos, chalecos antibalas o refugios antiaéreos.
Al igual que los instrumentos utilizados en la guerra, los modos de hacerla
también han cambiado. En la Edad Media, los ejércitos escogían el campo de
batalla, la lucha era casi que cuerpo a cuerpo, los dos bandos se presentaban
en filas uno frente al otro, la ceremonia se iniciaba cuando sonaban las
cometas y se iniciaba la contienda.
Es a partir de Napoleón cuando extendió la Revolución Francesa por el resto
de Europa, que cambió la modalidad de la guerra, y ésta adquirió muchos más
astucia, en especial cuando se trataba de combatir a enemigos con mayor número
de hombres y con posiciones y territorios consolidados, y nace un factor
fundamental: la sorpresa. Sorprender al enemigo y atacarlo cuando esté
desprevenido, o cuando la región o circunstancias de lugar le dificulten su
defensa y "favorezcan el ataque" se justifica en aras de la victoria.
Los ejércitos aprendieron a "evitar el combate" cuando es el
adversario el que está mejor parado y en buenas condiciones de defensa.
Hay que distinguir también que la guerra regular, también denominada
guerra deposiciones, es aquella que normalmente se realiza entre
ejércitos fuertes que defienden un territorio como sus bases militares y bienes
de producción y económicos. Esta modalidad corresponde normalmente a las
guerras entre naciones o guerras donde los ejércitos ejercen control y
soberanía sobre un territorio, y otros ejércitos buscan quitarles esas
posiciones e invadir esos territorios sometiendo a sus subditos y apropiándose
de sus bienes.
Existe también la guerra irregular o guerra de movimientos o guerra
de guerrillas, que por contraposición a la anterior la ejercen pequeños
ejércitos que se encuentran en territorios enemigos y que no tienen zonas
territoriales bajo su control absoluto, y que permanecen en un desplazamiento
permanente ante la imposibilidad de desarrollar una guerra de posiciones contra
ejércitos mucho más fuertes y numerosos que los aniquilarían en corto plazo, o
incluso en una sola batalla, si pretendieran controlar o defender una posición.
Esta modalidad de guerra es la típicamente utilizada por los movimientos de
liberación en el mundo, sistema que ha sido la táctica empleada en Colombia por
los movimientos insurgentes.
Precisamente de ahí a estos grupos se les denomina guerrilleros, que
entre otras cosas, dicho término no sólo sería aplicable a los rebeldes con
inspiraciones políticas de izquierda como usualmente se hace, sino a todo
aparato militar que utilice la modalidad de guerra de guerrillas, sin
importar que fuese de derecha o izquierda. Incluso en ocasiones los ejércitos
regulares se vuelven irregulares cuando combaten en territorios ajenos, o para
enfrentar en su propio territorio a grupos guerrilleros; por eso en Colombia
algunos violentólogos han manifestado que las "brigadas móviles" son
fuerzas irregulares que utilizan la guerra de guerrillas y por ello permanecen
en constantes movimientos y de ahí su nombre de móviles, para combatir un
enemigo en permanente movimiento.
La guerra de guerrillas o guerra de movimientos parte de la
base de que son ejércitos pequeños, débiles, que no controlan territorios ni
posiciones, que permanecen en movimiento, que tienen que enfrentar ejércitos
mucho más numerosos y mejor armados, y que a través de la modalidad de combate
que realizan, es decir, golpear al enemigo y replegarse (con asalto y cortos
enfrentamientos), se van fortaleciendo, engrosando sus filas, consiguiendo
armamento más sofisticado hasta lograr la aspiración de todo "ejército
guerrillero" que es convertirse en "ejército regular", y
controlar un territorio y empezar a realizar una "guerra regular" es
decir una "guerra de posiciones", y acceder en el caso de las
guerrillas revolucionarias al poder por la vía de las armas derrocando al
gobierno existente.
En el desarrollo de todos estos años, los movimientos alzados en armas han
buscado por diferentes mecanismos que el Estado modifique su política
económica, social, de administración de justicia y de utilización de la fuerza
pública. No puede desconocerse históricamente lo que fueron las peticiones y
acuerdos firmados por el Estado con los movimientos cívicos que luchaban en lo
fundamental por servicios públicos esenciales (agua, luz, teléfono, vías,
suministro de alimentos, etc.), y que fueron sistemáticamente eliminados hasta
su exterminio.
Políticamente no puede desconocerse la experiencia de las FARC-EP cuando
firmaron una tregua con el gobierno de Belisario Betancur y el acuerdo político
al que se llegó para constituir la Unión Patriótica, alternativa democrática
para la paz ahogada en sangre desde el momento en que el nuevo partido
obtuviera, hasta ese momento, la más alta votación de la izquierda del país.
Alcaldes, diputados, parlamentarios, concejales y hasta dos candidatos a la
presidencia por este movimiento político fueron asesinados. El exterminio se
convirtió en genocidio político.
Tampoco puede olvidarse el esfuerzo realizado por un sector del movimiento
guerrillero, en particular el M-19, que se reinsertó para darle prioridad a la
política sobre las armas, y que logró que se convocara a una Asamblea Nacional
Constituyente que, al menos en el terreno formal, logró una nueva Constitución
con elementos importantes para afianzar una institucionalidad democrática. Pero
los nuevos espacios políticos fueron rápidamente cerrados; el establecimiento
no toleraría que las veleidades democráticas de la población pusieran en
peligro los intereses del statu quo.
Los movimientos sociales han luchado a lo largo de la historia para
reclamar reivindicaciones económicas, políticas, culturales y sociales a través
de la resistencia pacífica. Los gobiernos han preferido la represión antes que
el diálogo, el aniquilamiento antes que la concertación.
La investigación documentada por el proyecto Nunca Más da un ejemplo
de esta práctica, la cual puede sintetizarse, en el período de 1965 hasta 1998,
en unas 29 mil ejecuciones extrajudiciales, 4 mil 500 detenidos desaparecidos,
unos 8 mil casos de tortura, 3 mil 500 presos y perseguidos políticos, 2
millones 500 mil personas desplazadas, destrucción de las organizaciones
sindicales, campesinas, cívicas, indígenas y políticas, etc. Sin embargo, ni la
represión legal, ni los crímenes contra la humanidad cometidos, han logrado
doblegar la capacidad de resistencia del pueblo colombiano.
Notas:
1. Mario Madrid Malo, "Estudios sobre derechos fundamentales",
serie de textos de divulgación No 11, Defensoría del Pueblo, 1996.
2. Cfr. Rene Coste, Moral internacional, Ed. Herder, Barcelona,
1967, pp. 550-551. "La violencia y el cristiano", en Tierra Nueva, No
1, Bogotá, abril de 1972, pp. 39-40.
3. Mario Madrid Malo, "Estudios sobre derechos fundamentales",
serie de textos de divulgación Nº 11, Defensoría del Pueblo, 1996, p. 149.
4. Luis Pablo Sico, La defensa justa, Ed. Ateneo, Buenos Aires,
1949, pp. 130 y ss.
5. Mario Madrid Malo, "Estudios sobre derechos fundamentales",
serie de textos de divulgación No 11, Defensoría del Pueblo, 1996, p. 150.
6. Pedro E. Haba, La idea de totalitarismo y la libertad individual,
Ed. Temis, Bogotá, 1976, p.41.
7. Mario Madrid Malo, Estudios sobre derechos fundamentales, Serie de
textos de divulgación Nº 11, Defensoría del Pueblo, 1996, p. 151.
8. Aristóteles, Política, libro III, Capítulo V
9. Pío XI. Encíclica Firmissimam Constantiam.
10. Paulo VI. Encíclica Populorum Progressio, Nº 31.
11. Mounier Emmanuel, "Revolución personalista y comunitaria" en Obras
completas, Ed. Sígueme, Salamanca, 1992, T. I, p. 426.
12. Mario Madrid Malo, "Estudios sobre derechos fundamentales",
serie de textos de divulgación No 11, Defensoría del Pueblo, 1996, p. 147.
13. Rene Coste, Las comunidades políticas, Ed. Herder, Barcelona,
1971, pp. 350-351.
14. Diccionario de la Lengua Española, Editorial Planeta, S.A, 1982,
edición colombiana, enero de 1988, p. 1.060.
15. Diccionario militar aeronáutico, naval y terrestre, Bibliografía Omeba
Editores Libreros, Buenos Aires, Argentina, 1963, G. Cabanellas de Torres
(compilador), tomo IV p. 222.
16. Breve diccionario etimológico de la Lengua Española, p. 588. Fondo de
Cultura Económica, S.A., México, 1988. Guido Gómez de Silva (compilador).
17. Alejandro Aponte D., en revista Pensamiento jurídico No 5, p.
91.
18. Ibídem,p.92.
19. Luis Carlos Pérez, La guerrilla ante los jueces militares.
Editorial Temis, Bogotá, Colombia, 1987, p.129.
20. Luis Carlos Pérez, Derecho penal, tomo III, 2a edición,
Editorial Temis, Bogotá, Colombia, 1990,p.126.
21. Luis Carlos Zarate E., El delito político. Ediciones Librería
del Profesional. Bogotá, 1996, p.ll.
22. Entrevista con Gloria Gaitán.
23. Comisión Internacional Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia-Ejército del Pueblo, FARC-EP, 27 de mayo de 1998.
24. Programa agrario de las FARC, Ediciones Resistencia, 1974.
25. Tomado de Las verdaderas intenciones de las FARC, Corporación
Observatorio para la Paz. Intermedio Editores, 1999, documento: Plataforma para
un gobierno de reconstrucción y reconciliación nacional, p. 32 y ss.
26. FARC-EP, Octava Conferencia Nacional Guerrillera, comandante Jacobo
Arenas, estamos cumpliendo, 3 de abril de 1993. Las verdaderas intenciones
de las FARC, Corporación Observatorio para la paz, 1999.
27. Selecciones del boletín Insurrección, órgano del Ejército de
Liberación Nacional, mimeografiado, sin fecha, p. 11.
28. Tomado de Las verdaderas intenciones del ELN. Corporación
Observatorio para la Paz. Documento Manifiesto de Simacota, Intermedio
Editores, 2001, p. 45 y ss.
29. Tomado de Las verdaderas intenciones del ELN. Corporación
Observatorio para la paz. Documento Declaración Programática del ELN,
Intermedio Editores, 2001, p. 67 y ss.
30. Acta del X Congreso del PC M-L, 19-1, citada por Alvaro Villarraga y
Nelson Plazas, Para reconstruir los sueños. Fondo Editorial para la Paz,
Fundación Progresar, Bogotá, 1994, p. 29.
31. Cfr. Villarraga y Plazas, Op. Cit., p. 40.
32. Tomado de Origen y desarrollo del movimiento revolucionario
colombiano. Ulises Casas. 2a edición. Bogotá, enero de 1990.
33. Cfr. Patricia Lara, Siembra vientos y recogerás tempestades.
Editorial Punto de Partida, Bogotá, 5a edición, 1982, p. 185.
34. Tomado de Movimiento Jorge Eliécer Gaitán (JEGA), Proyecto Estratégico
y Táctico. Del Programa Revolucionario y de la Forma de la Revolución,
Editorial Fiat Lux, p. 35 y ss.
35. Jean Pictet, Desarrollo y principios del Derecho Internacional
Humanitario, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1997.
36. Ibídem.
37. Alejandro Valencia Villa, Derecho Humanitario para Colombia,
serie de textos de divulgación Nº 8, Defensoría del Pueblo.
38. Mao Tse-Tung, Obras Escogidas, tomo I, p. 197, Edición en
lenguas extranjeras. Pekín, 1972.

