Libro No. 310. Más Allá Del Capitalismo. Economía Mixta. Sullings, Guillermo Alejandro.
Libro No. 310. Más Allá Del Capitalismo. Economía Mixta. Sullings, Guillermo Alejandro. Colección
Emancipación Obrera. Marzo 17 de 2012.
Título original: Versión Original: © Más Allá Del Capitalismo. Economía Mixta. Sullings, Guillermo Alejandro
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Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
Guillermo Alejandro Sullings
Más Allá Del Capitalismo
Economía Mixta
INDICE
- Notas
preliminares y prólogo del autor
PRIMERA PARTE – Ensayo sobre Economía Mixta
1.
Introducción,
los sistemas económicos.
2.
Algunas
consideraciones sobre temas económicos fundamentales.
3.
Propuestas
SEGUNDA PARTE- Apéndices para una mayor comprensión de la temática de la
Economía Mixta
- Conferencias
e informes desarrollados por el autor en la Fundación Aconcagua.
- Preguntas
y respuestas en torno a consultas efectuadas al autor.
- Relatos
pedagógicos
- Apéndice
técnico.
Guillermo Alejandro Sullings
Más
Allá Del Capitalismo
Nota preliminar
Esta obra está dirigida al
lector no especializado, y su interés es el de introducirnos, del modo más
sencillo posible, en el mundo de la economía, incorporando nuevos puntos de
vista que puedan servir como aporte en la búsqueda de un sistema económico al
servicio del ser humano.
De ninguna manera los temas
aquí tratados quedan agotados, sino que este es más bien el punto de partida
hacia otros desarrollos futuros. Se ha tratado de expresar las ideas en el
lenguaje lo más simple posible, incorporando algunos necesarios pero sencillos
tecnicismos.
En la primer parte, conformada
por tres capítulos, se efectúa un breve repaso acerca de los sistemas
económicos, para luego analizar algunos temas fundamentales de la economía,
terminando con las propuestas para un Sistema de Economía Mixta.
En la segunda parte, se
incluyen cuatro apéndices: uno con la transcripción de algunas propuestas
desarrolladas en diversas ocasiones, referidas a la particular situación de la
economía argentina; el segundo, complementario del primero, incluye una serie
respuestas dadas por el autor ante consultas recibidas. En el tercer apéndice
se incluyen tres relatos pedagógicos, en forma de cuento. Finalmente, en el
último apéndice, y en el camino de encontrar las herramientas apropiadas para
que el estado coordine la economía con eficacia, se efectúa una breve
introducción, de corte más técnico, a lo que hemos dado en llamar la
Concatenación de las Variables, incorporando algunas rudimentarias herramientas
técnicas para su estudio.
G.S.
PROLOGO
Si la historia se detuviera hoy, quizás podría decirse
que la evolución de los sistemas económicos, luego de variadas e infructuosas
alternativas, ha encontrado finalmente su punto culminante en el definitivo
reinado del viejo y conocido capitalismo. Algunos dirán que este triunfo se
debió a la superioridad de la doctrina liberal de la economía de mercado, y
otros dirán que simplemente se debió al poderío económico de quienes lograron
imponerlo; no obstante, triunfalistas o resignados, casi todos asumen el fin de
la historia, subidos al carro triunfal de la globalización o aplastados por los
cascos de sus desbocados corceles.
Sin embargo, pese a la aparente invulnerabilidad del
gigante, algunas fisuras comienzan a dar la señal de su decadencia, y la
historia, que siempre continúa hacia la evolución, le dará al ser humano, una
vez más, una salida y un futuro.
Es por eso que los Humanistas, que miramos hacia ese
futuro, que tratamos de ver más allá de la aparente solidez del prepotente
sistema económico actual, afirmamos que hay algo más allá del capitalismo: La
Economía Mixta.
Mucho es lo que se ha intentado, y mucho es lo que se ha
aprendido de cada fracaso. Hoy sabemos que no se trata de imponer una economía
centralizada y burocrática en la que un estado burocrático digita y controla
todo, pero tampoco se trata de esperar que el mercado administre justicia
social ni planifique el desarrollo. Tampoco se trata de una “tercera vía” donde
el estado le pide permiso al poder económico para realizar tibias reformas
cosméticas, porque eso no es otra cosa que capitalismo disfrazado con buenos
modales. No se puede hablar de sistemas mixtos como si se tratara de mezclar
agua con aceite, porque el aceite siempre se las arreglará para terminar arriba
del agua; se trata de crear un nuevo sistema, una nueva sustancia que tal vez
rescate algunas propiedades del aceite y del agua, pero incorporando otras, más
adecuadas a un ser humano que está creciendo.
La Economía Mixta es un sistema apoyado en los pilares de
una democracia real y participativa, no en una democracia formal en la que los
seudos representantes del pueblo no son más que los socios y cómplices del
poder económico, encaramados en las cúpulas de los partidos tradicionales,
ofreciendo al electorado falsas opciones que inevitablemente terminan en
traición.
En una democracia participativa, el Estado ya no será un
ente disociado de los individuos, sino que se transformará en una suerte de
Estado Coordinador, en una suerte de inteligencia social que velará por el
interés del conjunto. El gobierno ya no será un botín de los arribistas sino
que será la herramienta de la organización social, manejada por representantes
genuinos y voluntarios.
Este concepto de Estado Coordinador, como inteligencia
conjunta, disolverá las contradicciones entre los intereses del estado y los
intereses de los individuos. Desde ese punto de vista, toda intervención del
Estado en la economía se deberá entender como la necesidad de ordenar el
funcionamiento económico desde una visión más amplia que la particular de las
empresas y los individuos, pero precisamente para favorecer equitativamente el
funcionamiento económico de los individuos y las empresas.
En un Sistema de Economía Mixta, se resolverá la raíz de
la inequidad en la distribución de la riqueza, transformando el funcionamiento
interno de las empresas a través de la participación de los trabajadores en las
ganancias, en la propiedad y en la gestión de las mismas. A su vez, la
implementación de reformas agrarias allí donde sean racionales y necesarias, y
una modificación sensata en el derecho de herencia, pondrán límite a los
excesos de poder económico que tanto daño han causado a la humanidad.
En un Sistema de Economía Mixta no se permitirá el
control monopólico de los recursos estratégicos y de los servicios
fundamentales por parte de grupos de poder que esquilman a la población. El
estado nunca podrá renunciar a su deber de hacerse cargo de que se respeten los
derechos humanos, entre los cuales están la salud y la educación públicas y
gratuitas en un nivel de excelencia y no de “lo mínimo para los pobres”. El
estado será el único que podrá terminar con la explotación irracional de los
recursos que destruyen el medio ambiente.
En un Sistema de Economía Mixta, no se dejará librada
únicamente al mercado la iniciativa para la inversión productiva y la
generación de empleo, sino que existirán políticas activas de desarrollo,
guiando los emprendimientos privados o interviniendo para generar inversión.
Allí donde la economía privada no llegue y existan recursos no explotados y
gente sin trabajo, allí estará el estado implementando políticas activas.
En un Sistema de Economía Mixta, se desarticulará la
especulación y la usura de la banca privada, mediante la creación de un Banco
Estatal sin Interés que financie el desarrollo y termine con el control de la
economía en manos de los capitales especulativos que se están adueñando de
todo. Seguramente la lucha contra la especulación financiera, será una de las
principales que deberá llevar adelante la humanidad; y esta vez el estado, los
trabajadores y los empresarios productivos estarán unidos, porque todos son
víctimas del monstruo de la banca.
En un Sistema de Economía Mixta, el estado garantizará la
igualdad de oportunidades, sin que la capacidad económica sea sinónimo de poder
sobre las personas, y sin que el bienestar económico sea sinónimo de una
carrera consumista desenfrenada.
Hoy más que nunca, ante la irracionalidad de los mercados que no sólo
conducen a la marginación de las mayorías sino que además tienden a implosión
del propio sistema capitalista, es necesario fusionar el interés social y el
interés económico en un nuevo sistema donde el estado se haga cargo de las
necesidades de la gente y del rumbo de la economía, a la vez que la gente se
haga cargo del funcionamiento y del rumbo del estado.
Guillermo
Sullings
PRIMERA PARTE
ENSAYO SOBRE ECONOMIA MIXTA
Introducción
En la historia de la
humanidad, mucho han tenido que ver las diferentes formas de organización
social, con las diferentes formas de organizar la economía; mucho han tenido
que ver las creencias y los valores de cada época, con las diversas
motivaciones que pusieron en marcha la economía de cada región. Sería necio
intentar imponer un orden económico artificial, ajeno a un momento histórico,
pero también lo sería negar la permanente evolución del ser humano, tratando de
mantener un orden económico que ya le queda chico, como la ropa a un niño en
crecimiento.
Desde la
perspectiva histórica, remontándonos a una época donde el trabajo de los
esclavos era algo dado y natural para la economía antigua, resulta más fácil
comprender a Platón cuando habla de los hombres de oro (los que tienen el
poder), plata (los auxiliares), hierro y bronce (agricultores y artesanos); o a
Cicerón cuando hablaba del trabajo manual como "un factor de
degradación moral y mental". Se puede comprender como este sistema de
valoraciones, que hoy nos produciría indignación, convivía con otros conceptos
que hoy a muchos les sonarían demasiado "moralistas", como el de
Aristóteles respecto a la usura: "la usura es considerada la más
despreciable, y con justa razón, pues concede ganancia del dinero mismo y no de
los objetos naturales que con él se pueden adquirir".
Es posible comprender,
desde esta perspectiva, la relación entre las políticas mercantilistas:
"vender más al extranjero que lo que de él se consume" al decir de
Thomas Mun, y una época del surgimiento de los estados nacionales. Y cómo
después, cuando el Imperio Británico necesita exportar su Revolución
Industrial, aparecen en la Inglaterra de fines del siglo XVIII y el siglo XIX,
una gran cantidad de economistas que desarrollan las bases teóricas de la
economía liberal, que ya con la Revolución Francesa había avanzado sobre las
viejas estructuras políticas y sindicales que le trababan su desarrollo. Como,
desde Adam Smith, David Ricardo y Thomas Malthus se trata de fundamentar estas
bases teóricas mezclando los conceptos de una supuesta naturaleza humana con la
voluntad de Dios, en un intento por conciliar las teorías darwinianas y los
preceptos de un extendido protestantismo. Y como Jeremy Bentham y sus sucesores
marginalistas, trataron de clasificar y cuantificar los diferentes dolores y
placeres que motivaban el comportamiento económico de dicha naturaleza humana,
en una época en la que todo se medía en la búsqueda del rigor científico.
Es posible comprender cómo
los excesos del "laissez faire", con niños de 5 años trabajando 16
horas en las minas de carbón, y cómo la pronta acumulación de riqueza y
explotación de las masas, provoca las reacciones que sientan las bases de los modelos
anarquistas, socialistas y comunistas; se pone en el banquillo de los acusados
a la propiedad privada y las libertades del mercado, donde la "mano
invisible" de Adam Smith, no garantiza ningún equilibrio social; tanto
Pierre Proudhon como Marx y Engels, sustentan cada uno a su modo la necesidad
de abolir el sistema vigente y reemplazarlo por una organización social y
económica diametralmente opuesta.
Y es comprensible como a través de esta puja entre dos concepciones
opuestas (aunque igualmente materialistas): la de una economía totalmente libre
y darwiniana, donde los ganadores explotan a los perdedores, y otra economía
planificada, donde un estado burocrático trata de que se repartan más
equitativamente las riquezas que no acierta en producir, esta puja generó la
búsqueda de alternativas intermedias, que encontraron sus más conocidos
exponentes entre las socialdemocracias de un Estado Providencia que se ocupara
de tapar los agujeros sociales del capitalismo, y también esta puja dio espacio
al surgimiento de experimentos totalitarios como los fascismos de la primer
mitad del siglo XX, que vieron en el corporativismo la llave de un equilibrio
de fuerzas que, más allá de las derrotas bélicas, llevaba en su seno la semilla
del fracaso por su concepción rígida, paternalista y autoritaria. Esta puja,
que dividió al mundo durante gran parte del siglo XX, pareció tener un claro
ganador hacia finales del siglo: Un capitalismo triunfante que mediante
metodologías imperialistas, llamadas globalización, arrasa con las economías
nacionales y amplía la brecha entre ricos y pobres.
Y aquí nos encontramos,
con una sociedad que se queja pero no acierta a reaccionar, porque pareciera
que el fracaso del socialismo real la dejó sin libreto para las alternativas.
Se alzan las voces clamando por un "capitalismo de rostro humano",
como si los ganadores de la carrera darwiniana se caracterizaran por su
compasión. Algunos gobiernos tratan de presentar como la "tercera
vía", a una nueva variante de la socialdemocracia, tratando de satisfacer
a su clientela electoral, pero no le aclaran que su poder político es tan
escaso frente al poder económico, que hasta los cambios cosméticos ya les
resultan difíciles de implementar.
Seguramente que estamos
ante un momento de necesidad de cambios en todos los sentidos, y también en el
de los sistemas económicos. Seguramente que el ser humano encontrará la salida
de este laberinto, aprendiendo de su historia y con el futuro abierto a nuevas
formas organizativas, superadoras de las anteriores. Seguramente habrá que
lograr un sistema económico donde la libertad no se oponga a la equidad, y
donde la avaricia no sea el motor de la eficiencia, ni la competencia el
sistema de relaciones entre las personas.
Seguramente que los
intentos de buscar sistemas intermedios, entre el liberalismo a ultranza y el
estatismo totalitario e ineficiente, serán un antecedente de interés en cuanto
a lo que ha sido la búsqueda de un rol adecuado del Estado en la economía; pero
el fracaso de estos intentos anteriores habla de la necesidad de replantear el
concepto de Estado y Democracia. Si coincidimos con que la búsqueda de una Economía Mixta, donde el Estado y lo
privado se complementen, es la dirección histórica hacia el equilibrio y la
equidad, debiéramos poner el acento en porqué los intentos anteriores no
lograron su objetivo: porque
no conformaron un verdadero sistema político y económico, sino que más bien
fueron válvulas de descompresión social dentro del mismo sistema liberal, o
injertos de economía de mercado dentro de algún sistema socialista.
Un Sistema de Economía Mixta (SEM),
sólo podrá sustentarse en los pilares de una democracia real y participativa, y
no en una democracia formal, donde los grupos de poder utilizan la pantalla
electoral para disimular la dictadura del capital.
En un SEM, el Estado deberá
garantizar que cada ser humano pueda satisfacer sus necesidades materiales,
utilizando todos los recursos a su disposición, incluyendo el incentivo a la
actividad privada cuando ésta confluya, el disciplinamiento de la actividad
privada, cuando esta se desvíe, y el
control estatal, cuando no existan alternativas. Si el estado es la gente
organizada, la resultante siempre deberá ser lo mejor para la gente.
CAPITULO I
LOS SISTEMAS ECONOMICOS
Qué es un Sistema Económico
Para Joseph Lajugie: "Conjunto coherente de instituciones jurídicas
y sociales en el seno de las cuales son puestos en práctica para asegurar la
realización del equilibrio económico, ciertos medios técnicos, organizados en
función de ciertos móviles dominantes".
Continúa luego Lajugie, diferenciando Sistema de Régimen: "El
Régimen es un elemento del Sistema, son el conjunto de reglas legales que, en
el seno de un Sistema Económico dado, rigen las actividades económicas de los
hombres, es decir, sus hechos y acciones en materia de producción y
cambio".
De acuerdo con estas definiciones, dentro del Sistema Capitalista, existe
el Régimen Liberal y el Régimen Dirigista. A su vez la propiedad privada es una
simple categoría histórica respecto al régimen de bienes. Puede haber Sistemas
de economía abierta y cerrada, desde el punto de vista del intercambio y la
división del trabajo, y dentro de los sistemas abiertos, pueden ser economías
de mercado o economías planificadas, por dar algunos ejemplos.
A su vez los regímenes, pueden pautar no sólo la relación de los hombres
con los bienes (propiedad colectiva, propiedad privada, propiedad del rey,
etc.), sino también la relación de los hombres entre sí (esclavitud,
servidumbre, castas, y libertades individuales).
Samuelson y Nordhaus, si bien no abordan este tema con detenimiento,
prefieren hacer las distinciones entre los sistemas económicos, según el nivel
de intervención del estado: "En un extremo, el gobierno toma la mayoría
de las decisiones económicas: las personas que ocupan los puestos jerárquicos
superiores dictan las órdenes económicas a los que ocupan puestos inferiores.
En el otro, las decisiones se toman en los mercados, en los cuales los
individuos o las empresas acuerdan comerciar voluntariamente los factores y los
productos por medio del dinero."...."Ninguna sociedad contemporánea
encaja perfectamente en una de estas categorías extremas. Son todas ellas
economías mixtas, en las que hay
elementos de las economías de mercado y elementos de las economías
autoritarias".
A nuestro entender, lo que define básicamente a un sistema económico, son
las reglas organizativas entre las personas, en lo que hace a producción y
distribución de la riqueza, sustentadas por un determinado poder real y
orientadas hacia un objetivo futuro.
Los medios técnicos que menciona Lajugie, no definen al sistema sino, en
todo caso, al nivel de desarrollo alcanzado por ese sistema. Las Instituciones,
si bien identifican a un sistema, no lo definen sino que se van conformando a
partir de su funcionamiento: la bolsa de valores, los bancos, las leyes
comerciales y laborales, son resultado de la necesidad de ordenar e
instrumentar la economía de mercado, pero no son el sistema mismo. Los sovjoses
y koljoses productivos y los torg y univermag de comercialización, fueron
instituciones que intentaron ordenar el sistema comunista de la URSS, pero no
eran el sistema mismo.
Por otra parte, las definiciones más generales y contemporáneas de
Samuelson y Nordhaus, distinguen las reglas
organizativas (mercado, estatismo y combinación de ambos), pero no nos
hablan del poder real que sustenta
dichas reglas, ni mucho menos la orientación a futuro de dichos sistemas, en
cuanto a imágenes que movilizan a las personas en su actividad económica.
No es lo mismo el Sistema Capitalista compitiendo con el poder político de
los reyes, que el Sistema Capitalista exultante del siglo XIX después de la
Revolución Francesa, ni cuando es intervenido por el estado en la primer mitad
del siglo XX, crack del 29 mediante, ni ahora que es dominado por el poder
financiero y las multinacionales: "Dime quién mueve los hilos, y te diré a
donde irá la marioneta del mercado".
No es lo mismo el estatismo colectivista romántico y caótico del inicio de
la URSS, "a cada uno según sus necesidades, sin importar el esfuerzo
hecho", que terminaron en el caos, que los planes quinquenales y las cartas de racionamiento donde un estado
todopoderoso controla todo, hasta la posibilidad de intervenir militarmente en
los países satélites. Tampoco pudo ser lo mismo cuando el poder del PC de fue
deteriorando por la creciente disconformidad interna con un sistema que ya no
llenaba estómagos, ni expectativas a futuro (desde mucho antes).
No es lo mismo la economía mixta de los corporativismos donde un estado
fuerte ejerce el poder con postulados nacionalistas, que la economía mixta de
las dictaduras militares, o la de una democracia formal donde el estado es
controlado por los poderes económicos.
Evolución de los Sistemas
Económicos
Los sistemas económicos
han ido avanzando desde una economía doméstica y pastoril, hasta la sofisticada
tecnología y división del trabajo de la actualidad.
Sin embargo, en lo que hace a los regímenes de la relación entre las
personas respecto a producción y distribución de la riqueza, salvo la abolición
de la esclavitud, bastante reciente por cierto, no ha habido mayores avances.
Seguramente que se ha ganado en lo que hace al trato de los trabajadores, y el
progreso tecnológico ha hecho superar los estándares de vida para una parte de
la población, pero lejos se está de una "democratización" de la
economía, y un tercio de la población mundial no recibe los beneficios del
progreso.
No estamos discutiendo la historia, porque en definitiva es la historia del
ser humano, y la hemos construido entre todos; estamos diciendo que, hasta
ahora, no ha habido un sistema económico en el que el poder real estuviera en
manos de la población, y por lo tanto la economía se organizara en función del
progreso material equitativo. Pero sí podemos ir rescatando, en esa historia,
la búsqueda de ese sistema ideal por parte de muchos pensadores y hacedores.
En las primeras economías de subsistencia, donde no se imponía la idea de
progreso material, donde la tecnología avanzaba muy poco de una generación a
otra, más que el problema de la distribución de la riqueza, estaba el problema
de la administración de la escasez, y la fuerza de las armas determinaba quién
decidía el reparto, y desde luego que el poder y la propiedad, siempre
estuvieron relacionados. No obstante, en sociedades en las que no existía la
abundancia de producción como en la época actual, en las que un rey tenía menos
recursos materiales que los que hoy tiene una persona de clase media, en esas
sociedades donde las diferencias sociales estaban más marcadas por razones de
casta, religión, sangre, títulos o fuerza bruta; en esas sociedades, las desigualdades
económicas, aunque existieran, no eran lo característico, y en todo caso lo
económico era un factor más de organización social, dentro de un sistema mayor.
En la medida que el poder económico de la burguesía, va reemplazando al
poder político; en la medida que el progreso tecnológico hace que la humanidad
descubra "el tesoro de la productividad", y en la medida que los
cambios de valores sociales ponen ante los ojos de la gente la zanahoria del
"progreso material", es que se empiezan a potenciar las desigualdades
materiales, y empieza a estar en el candelero el planteo de los diferentes
sistemas económicos.
Y es bajo este "ante predicativo materialista", que los liberales
plantean la necesidad de defender la propiedad privada para dar seguridad al
capitalismo que, con el "natural deseo del hombre de acumular
riquezas", motorizaban el desarrollo y el progreso material que iría
desbordando riquezas desde los ricos hacia los pobres. Y es desde este mismo
ante predicativo materialista que los anarquistas, socialistas y comunistas,
intentando representar los deseos de los más pobres, se replantean el régimen
de propiedad privada, de la tierra, de los medios de producción y de sus
frutos. Descubrieron el tesoro de la productividad, y comenzaron a pelearse por
él!!!
La economía, al convertirse el dinero en el valor central de la sociedad,
se convirtió en una carrera desenfrenada por acumular riqueza y consumir: como
en toda carrera, hay unos pocos ganadores y muchos perdedores, y entonces los
ganadores tratan de mantener las reglas del juego y los perdedores de
cambiarlas, y así se van tratando de perfeccionar diferentes modelos
económicos.
Decíamos al principio, que lo que define básicamente a un sistema
económico, son las reglas organizativas entre las personas, en lo que hace a
producción y distribución de la riqueza, sustentadas por un determinado poder
real y orientadas hacia un objetivo futuro.
En tal sentido, la evolución de los sistemas económicos, ha tenido que ver
seguramente con el desarrollo tecnológico, que a través de diferentes reglas
organizativas, ha sido más o menos productivo, más o menos equitativo en la
distribución, y en ello ha tenido mucho que ver quién detenta en cada momento
el poder real que sostiene al poder político, que establece las reglas
organizativas; pero también ha tenido mucho que ver la orientación hacia un
objetivo futuro: si la mayoría de la gente corre detrás del progreso material,
eso hace que las variantes de modelos económicos debieran necesariamente
contemplar ese tropismo, ya sea que lo exacerben, lo canalicen o lo repriman.
Si en algún momento los gobernantes han logrado imponer, por encima del
tropismo materialista, un "ideal" de otro tipo, ya sea la mística
social, o el nacionalismo, o el racismo, entonces nos podremos encontrar con
sistemas económicos más o menos disciplinados por el estado. Y en aquellos
momentos y lugares, donde la pobreza del pueblo ha generado algunos
"cargos de conciencia", el tropismo materialista ha debido convivir
con el sentimiento de culpa de algunos y el de solidaridad de otros, y entonces
se han intentado sistemas de economía capitalista atemperados.
Pero
en todos los casos, mucho ha tenido que ver lo que la gente quiere, lo que la
gente aspira; no estamos diciendo que los sistemas económicos han representado
las aspiraciones de la gente, estamos diciendo que lo que la gente quiere, ya
sea que sea utilizado, o reprimido, o concedido parcialmente, de un modo u
otro, lo que la gente quiere, es una fuerza que se ha tenido en cuenta en la
concepción de los modelos económicos.
Claro
que no creemos que lo que la gente quiere, sea algo estático ni natural e
inamovible, pero es lo sustancial, a la hora de hablar de un nuevo modelo de
economía.
La propiedad
En la antigüedad, existió la propiedad colectiva de la tierra, y variaba el
criterio de la propiedad para el resto de los objetos. Ya en el Imperio Romano
comienza a existir la propiedad "quiritaria", sobre la que el Derecho
Romano otorga derechos casi ilimitados.
En la edad Media, la tierra estaba bajo el control del Señor Feudal y los
siervos tenían derecho a usufructuarla, a cambio de compartir la producción con
su amo.
En la Edad Moderna se desestructura el régimen feudal, se desarrolla el
comercio y adquiere poder económico la burguesía, que con la Revolución
Francesa exportada por Napoleón, toma el poder político y a partir de allí
comienza el predominio del sistema de propiedad privada, a la que por momentos
se la defendió más que a los derechos de las personas.
En EEUU, los "founding fathers" fundamentaban al sistema
capitalista según una supuesta "naturaleza humana", en la que
existían desigualdades innatas, y la auto selección de los mejores debía
colocar a estos en el poder, y ese poder estaba muy ligado a la propiedad
privada.
Sostenía J.Madison: "...su poder reposará sobre el derecho de
propiedad que se halla legitimado por la diversidad de facultades
individuales...". "...el gobierno tendrá así como finalidad proteger
esta distribución desigualitaria de la propiedad, que se encuentra por
consiguiente justificada por la misma naturaleza humana. Esta es inmutable, y
ninguna democracia podrá modificarla...".
Y agregaba Richard Hofstadter: "... la libertad está ligada, no a
la democracia, sino a la propiedad...".
Desde luego que estos postulados de los "padres fundadores" de
EEUU, mucho tenían que ver con las doctrinas de los economistas ingleses, que
en plena Revolución Industrial, no concebían otro sistema de propiedad que no
fuera la individual y privada, con un estado que no interviniera. Para Smith: "...si
el gobierno conserva sus manos fuera de los asuntos económicos, la Ley Natural
hará florecer la economía...".
Diferente era la opinión de Pierre Proudhon, quien sostenía: “...la
propiedad es un robo!!...". Citando a Cousin, quien sostenía la
necesidad de adquirir la posesión mediante la ocupación y el trabajo, Proudhon
decía que "...Es preciso además llegar a tiempo, porque si sus primeros
ocupantes se han apoderado de todo, de qué se van a apoderar los
últimos?..".
Más adelante, citando a Comte, quien sostenía que por ser la tierra algo
ilimitado debería ser apropiada, Proudhon decía que lo lógico era todo lo
contrario. "¿...Puede la presente generación desposeer a la generación
futura...?", se preguntaba; para luego proponer la posesión individual
en reemplazo de la propiedad, igual derecho de ocupación para todos, para
terminar diciendo que "El más alto grado de perfección de la sociedad
está en la unión del orden y de la anarquía".
Marx, en cambio, se oponía al anarquismo de Proudhon, proponiendo la
propiedad de los medios de producción por parte del Estado Proletario. Sostenía
que la creciente acumulación de capital por parte de los empresarios, no era de
su propiedad, sino que era el resultado de la plusvalía despojada al
trabajador.
En este siglo recién terminado, además de los regímenes socialistas de
propiedad colectiva, ha habido algunas otras experiencias, dentro del sistema
capitalista, con respecto sobre todo a la propiedad de la tierra. Diversos
modelos de Reforma Agraria, se han implementado con diferentes resultados. A
veces han consistido en una simple redistribución, expropiación mediante, que
no afectó el régimen legal de propiedad privada, y en otros casos han implicado
sistemas de propiedad semicolectiva.
Los kibuts, con sus modalidades comunitarias (moshav oudium: cada familia
una casa y una explotación; y moshav shituf, sumando a la anterior una
explotación comunitaria); la reforma agraria de México en 1915, las de
Japón e Italia luego de la segunda
guerra (expropiación y reventa), la fracasada reforma de Bolivia en 1953, y las
de Venezuela, Chile y Colombia a principios de los años 60, son algunos de los
ejemplos, con diferentes resultados.
Con respecto a Argentina (que también tuvo un fallido intento de reforma
agraria en 1958 con Alende en la provincia de Buenos Aires), opina Vicente
Pellegrini, en una aparente defensa de la propiedad histórica de tierras que se
distribuyeron arbitrariamente luego de la conquista del desierto (hoy se
llamaría limpieza étnica): "...Cuestionar la legitimidad de posesión de
los actuales propietarios sería retrotraer la historia y desconocer la validez
de una solución que, en su tiempo, se consideró viable para el progreso del
país..."; sin embargo, el mismo Pellegrini cita a Pío XI en su
"Quadragésimo Anno", cuando este manifiesta: "...Salta a la
vista que en nuestros tiempos, no se acumulan solamente riquezas, sino también
se crean enormes poderes y una prepotencia económica despótica en manos de muy
pocos...".
Quizá estas dos últimas frases nos sirvan para, desmenuzando su
significado, plantear el problema de la propiedad desde un nuevo punto de
vista, más humanista.
Cuando se habla de que no se puede retrotraer la historia ¿De qué historia
se habla, de la reciente, de la antigua? ¿Podrían reclamar hoy los aimaras la
propiedad de las tierras que ocuparon los incas, y estos a su vez efectuar el
reclamo a España, y en última instancia a todos los inmigrantes? ¿Podrían hoy
reclamar los musulmanes sus posesiones en la península ibérica a los
descendientes de los Reyes de Castilla, con el mismo derecho que hoy declaran
tener los vascos? ¿Es válido el reclamo que hoy hacen las familias judías que
fueron despojadas durante el régimen nazi, o las familias acaudaladas del
régimen zarista, despojadas por el comunismo ruso? ¿Y entonces qué criterio
usar con Malvinas? Y Tierra del Fuego,
que ha sido motivo de disputa entre chilenos y argentinos ¿no debería
pertenecer a los ya exterminados Onas? ¿Cuál es la justicia histórica de la
propiedad actual?
¿Acaso la ocupación mediante la fuerza de una propiedad tiene un período de
prescripción, pasado el cuál su poseedor tiene títulos genuinos? ¿Y quien
determina el período de prescripción, el propietario actual?.
¿Y que pasa cuando la ocupación no es mediante la fuerza, sino mediante la
acumulación de riquezas? ¿Acaso pudieron las leyes laborales que protegieron a
los trabajadores, haber sido ser
retroactivas y fundamentar una hipotética expropiación de las fortunas amasadas
mediante la explotación de hombres mujeres y niños durante la revolución
industrial?.
¿Son válidos los intereses que cobra la banca por la deuda externa de los
países latinoamericanos? ¿Será válido entonces que los países latinoamericanos
reclamen el interés correspondiente a todo el oro y la plata que se llevaron
los conquistadores a Europa, que a una tasa del 8 % anual, durante los siglos
que han pasado, haría que sus descendientes europeos debieran trabajar toda su
vida para devolver lo que se llevaron sus antepasados?
¿Cuál es el corte histórico y el plazo de prescripción del saqueo, y cuál
es la posesión justa y la injusta?
Pellegrini dice que no se puede retrotraer "...Lo que en algún
momento se consideró viable para el progreso del país...", bien,
veamos entonces que es lo que consideramos viable para el progreso humano hoy,
año 2.000, y miremos al futuro, y a las modificaciones que haya que hacer en la
propiedad, no les llamemos retrotraer la historia, sino construir el presente y
el futuro del modo que para la gente resulte mejor.
Pío XI ya hablaba de que no sólo se acumula riqueza, sino poder. Entonces
tenemos dos problemas con la propiedad: la injusta distribución, que deja un
tercio de la población hambrienta, y el poder de decisión en manos de los
ricos, que hacen las leyes a su medida, para seguir siendo ricos.
En síntesis: algo hay que hacer con la propiedad, pues de seguir así, cada
vez son menos los que tienen más, y a la inversa. Pero, seguramente que no
habrá que repetir las ingenuidades colectivistas, ni apoyar el dirigismo en
regímenes totalitarios. Pero esto lo veremos en el capítulo de propuestas.
Los regímenes laborales:
Algo de Historia
Según
algunos, en la historia se ha ido pasando de una falta total de libertad
(esclavitud), a una total libertad incontrolada, para luego volver a un régimen
intermedio de libertad reglamentada; los actuales regímenes de flexibilización
laboral y los precarios contratos de trabajo, parecieran hablar de un
retroceso. Desde luego que cuando se habla de regímenes de libertad respecto a
la contratación laboral, la palabra libertad en esos casos significaba un total
sometimiento "voluntario" del trabajador a las condiciones que le
imponía el empleador, y es precisamente hacia allí adonde se quiere volver.
Entre el siglo XIII y XIV predominaron los sistemas corporativistas de
oficios y profesiones cerradas, organizadas como verdaderas castas que
regulaban la cantidad de personas habilitadas para ejercer el oficio.
En el siglo XVIII, primero Turgot y definitivamente la Revolución Francesa,
dejan abolidas los maestrazgos y veedurías, buscando el liberalismo en las
relaciones laborales. Pero la libertad de los trabajadores como individuos
aislados y desorganizados, pronto se convertiría en indefensión ante la
explotación del capital.
Se comienzan a levantar las voces de las escuelas socialistas y de
corrientes provenientes del cristianismo, hasta que la revolución de 1848
establece las primeras leyes del trabajo y libertad de asociación gremial, que
recién a fines del siglo XIX se empezarían a poner en práctica. En 1919 el
Tratado de Versalles crea la O.I.T.
En la primer mitad del siglo XX se regula cada vez más el régimen laboral,
hasta sustraer al salario del juego de oferta y demanda del mercado. Se
desarrolla la Seguridad Social. Surgen en algunos países los modelos del
llamado Corporativismo de Estado, asociados a los regímenes totalitarios de la
Italia de Mussolini, la Alemania de Hitler, la España de Primo de Rivera y el
Portugal de Oliveira Zalazar. Se concibe un equilibrio de fuerzas sociales a
través de corporaciones obreras, profesionales, empresarias y todo tipo de
entidades autárquicas, pero bajo un estado autoritario y paternalista. Eduardo
Aunós, ministro de trabajo español de la época, en su "Reforma Corporativa
del Estado", define los lemas del corporativismo como "servidumbre
hacia la colectividad", "disciplina en el esfuerzo" y "jerarquía
dentro de todas las esferas humanas", y nada de partidos políticos.
Mientras, en una Inglaterra siempre más liberal que el resto de los países,
los laboristas establecen en 1945 la Economic Planning, buscando entre otras
cosas mantener la plena ocupación; pero el concepto de intervención del estado
no es el de la coacción, sino el de la "Dirección planificada de la
Economía” de Lhomme: "Dirigismo en la penuria, liberalizar en la
abundancia".
Simultáneamente, en Francia y en Alemania, se efectuaban algunos intentos
de dar participación a los trabajadores en las decisiones y ganancias de las
empresas, aunque de modo muy limitado.
En la URSS, que en un principio había intentado distribuir la producción
entre la población sin importar el esfuerzo realizado por cada uno, luego de
una caótica experiencia incorpora a partir de 1936 las escalas salariales por
rendimiento (stajanovismo).
Diversas Posturas
Para Malthus y Ricardo, la población debía regularse con el hambre y las
pestes, y el obrero no debía ganar más que para su subsistencia, y de ese modo
si la población crecía más que los recursos, la miseria se ocuparía de volver a
poner las cosas en su lugar.
Otros justificaban los bajos salarios por la necesidad de que el empresario
se capitalice (lo que Marx denominaría plusvalía), para que de ese modo pudiese
invertir en nuevas industrias, y de ese modo generar desarrollo y progreso; si
no existiera la plusvalía, si todo lo producido se distribuyera entre los
trabajadores, estos se consumirían todo, y no se generaría ahorro y
capitalización.
Para los Founding Fathers de USA , la diferencia "natural"
justificaba todo. Decía John Adams: "...No solamente los hombres no son
buenos, sino que además entre ellos reina la desigualdad física e
intelectual...","...Casi nadie puede negar la existencia de una
aristocracia natural de virtudes y talentos en cada nación, en cada partido, en
cada ciudad y en cada pueblo...".
Thomas Jefferson, un poco menos rígido, dejaba abierta la posibilidad de
que esa aristocracia se autoseleccionara por la competencia, por la igualdad de
oportunidades que desembocó en el concepto del "self made man". La
sociedad de ganadores y perdedores estaba naciendo.
Desde ya que todas estas teorías daban "fundamento ideológico" a
la explotación del hombre por el hombre, ya que cualquier troglodita hábil para
los negocios y negociados, o al menos con capital suficiente para explotar a
otros, se sentía un "elegido" por amasar fortunas, mientras que los
perdedores merecían ser explotados por ser inferiores.
Los "economistas históricos", en cambio, intentaron ver en todas
estas posturas anteriores, una relación muy directa con los contextos
históricos, los esquemas de poder y hasta con las religiones. Max Weber asoció
el liderazgo comercial de ciertos países con el protestantismo (la
predestinación de los hombres y el ocio como el peor de los pecados, según Calvino ), afirmando que la ética
protestante hacía que el capitalista se sintiera bien con su conciencia de
explotador por ser un elegido, a la vez que tenía obreros aplicados que se
sentían bien por no ser ociosos. Para Warner Sombart en cambio, el capitalismo
y el comercio se desarrollaron merced a los judíos, que al ser expulsados de
España, regaron el norte de Europa con sus dotes comerciales. Friedrich List,
respecto a las relaciones económicas entre los hombres decía: "La
lección de la historia es que los poderes productivos de los individuos, no
dependen de su propia iniciativa ni habilidad, sino que forman parte de las
condiciones e instituciones sociales bajo las cuales la gente trabaja".
Los intentos colectivistas trataron de dignificar al trabajador como
proletario, aunque no tanto como ser humano libre. Se logró una mejor
distribución de la producción, pero no una mejor producción. La pretensión de
digitar las necesidades de la gente y ordenarles producir en consecuencia,
generó mucha producción sin demanda real a la vez que mucha escasez de
productos demandados. Los trabajadores no tuvieron el incentivo necesario ante
un horizonte gris y monótono que no pudieron alterar el adoctrinamiento
ideológico ni las medallas a la productividad. Los ejecutivos de planta,
regulaban la productividad de las mismas para no tener metas más exigentes al
año siguiente, "... Muchos dejan de lado las innovaciones propuestas
por la ciencia para que no les traigan dificultades...” comentaba el Ing.
Sirotkin, jefe de planta de vehículos en Bielorrusia. En síntesis, que la
postura comunista de convertir a los trabajadores en eslabones de un gran
aparato burocrático dirigido de modo centralizado no funcionó, a pesar del
estímulo moral de haber abolido la explotación capitalista.
En la actualidad, ante el aumento mundial de la desocupación, las posturas
modernas proponen una mayor flexibilidad en las regulaciones laborales y
consecuentemente en la organización de los sindicatos. Esta teoría de que, a
mayor flexibilidad, mayor empleo, se sustenta en el supuesto de que en una
economía en crecimiento, existen fluctuaciones en la demanda por parte de las
empresas, e inversiones potenciales, para potenciales inversores, que podrían
generar empleo sólo si se flexibilizan las condiciones laborales. Esta teoría,
que sólo se cumple en algunos sectores de algunas economías en crecimiento y en
momentos muy precisos, viene de la mano con otras teorías que si bien no se
hacen explícitas públicamente, son los verdaderos motores de esta ideología, y
no el declamado interés por combatir la desocupación: la precarización de las
condiciones laborales otorga al capital la posibilidad de lograr mayores
rendimientos a menor costo, ya que los trabajadores, al no tener una red de
contención, se supone que tratarán de rendir más para no perder su empleo,
aunque ello signifique trabajar más horas por menor salario (lo cual hace que
aumente el desempleo).
Capitalismo vs. Colectivismo;
Eficientismo vs. Equidad ; Liberalismo vs. Dirigismo.
Concluyendo con esta breve pasada sobre los sistemas económicos, y antes de
entrar de lleno en las propuestas para un Sistema de Economía Mixta Humanista,
mencionaremos las principales contradicciones de los diversos sistemas.
Para cualquier análisis, es necesario fijar el interés y el punto de vista;
para los humanistas, el interés de un sistema económico debe ser el de
brindar los recursos necesarios para que todos los seres humanos del planeta
cubran sus necesidades básicas y tengan una mejor calidad de vida, mediante un
estilo de vida que les permita ganar en libertad y crecer sin límites,
terminando con la violencia, la explotación y todo aquello que traiga dolor y
sufrimiento al ser humano.
Analizando los sistemas económicos desde este interés, queda claro que
tanto el capitalismo liberal, como el corporativismo autoritario, como el
socialismo burocrático y totalitario, han sometido al ser humano a la
explotación del hombre por el hombre, a la desigualdad de oportunidades, a la
injusticia, al hambre, a la violencia sicológica, al sometimiento moral, y a
todo tipo de prácticas antihumanistas.
La supuesta libertad e igualdad de oportunidades de los liberales, es sólo
una frase hueca a la luz de la explotación a la que son sometidos los pueblos,
en aras de la ganancia del capital y la especulación financiera, que sí tienen
total libertad para explotar, mientras que los explotados sólo tienen libertad
para elegir entre someterse o suicidarse. Está claro también que las supuestas
economías mixtas, donde el estado tiene injerencia en los asuntos económicos,
no son más que el capitalismo adueñándose del poder político, merced a las
democracias formales donde los gobernantes obedecen al poder económico.
Entonces, el estado, no solamente no equilibra la balanza entre el poder
económico y la gente, sino que es utilizado para inclinar más rápidamente la balanza
hacia el lado del capital.
Las famosas leyes del mercado, que regulan la economía, operan como un
plano inclinado donde quien más tiene más gana, y cuanto más gana más poder
acumula, y lo utiliza para ganar más; el mercado no tiende hacia el equilibrio
sino hacia la acumulación de riqueza en manos de unos pocos. Alguna vez alguien
dijo que el estatismo no funciona porque es ineficiente, mientras que la
economía de mercado sí funciona: en cierto modo es verdad, funciona, pero para
unos pocos.
En cuanto a los sistemas socialistas, que en un principio se pusieron en
marcha con el genuino interés de la justicia y la igualdad en la distribución
de la riqueza, se gestaron en la usina intelectual de los teóricos y
conformaron gigantescos manuales de procedimientos aplicados burocrática y
autoritariamente sobre la población, como si la gente fuera un simple engranaje
productivo que debe responder a órdenes propias de los mecanismos robóticos;
conclusión, el engranaje se empastó y la productividad fue tan baja que la
distribución igualitaria de la riqueza terminó siendo el racionamiento de la
pobreza. Si a todo esto le agregamos que, como toda concepción totalitaria,
termina conformando castas privilegiadas y abusos de poder, la mezcla resultó
fatal.
Desde luego que todas las herramientas desarrolladas por los economistas
liberales serán de suma utilidad a la hora de diseñar nuevos modelos
económicos, desde luego que hay mucho conocimiento que ha servido para avanzar,
pero la idea básica de "dejar actuar a los mercados", lleva al
sometimiento de muchos en manos de unos pocos.
Desde luego que los idearios solidarios del socialismo resuenan en el
sentimiento humanista, y la idea de que el estado intervenga en la economía es
fundamental si se quiere dar dirección adecuada a la economía, pero ni el
estado se puede convertir en el nuevo explotador de la gente, ni el idealismo
debe tener como correlato la acción ingenua.
Si el interés es la felicidad del ser humano, para empezar nadie, ni el
capital ni el estado, pueden ponerse sobre él. No podemos organizar un sistema
económico que funcione con el motor del individualismo, porque estaremos
fomentando la violencia entre los hombres, ni tampoco un sistema que pretenda
funcionar desde el control remoto del estado, porque estaremos fomentando el
encorsetamiento del ser humano.
Debemos crear un sistema económico donde cada ser humano pueda elegir entre
trabajar más o trabajar menos, entre consumir más o consumir menos, entre
pensar en hacer dinero o pensar en hacer con su vida lo que quiera sin por ello
quedar marginado. Un sistema económico donde quien quiera tener más, y lo
obtenga trabajando, pueda hacerlo, pero que ello no implique que tenga poder
sobre otro ser humano. Un sistema donde el poder político sea la representación
genuina de la gente y no la herramienta del poder económico. Un sistema
económico donde la eficiencia productiva sea una herramienta para la liberación
del ser humano y no un dogma que lo oprima y lo transforme en máquina de
producir.
Un verdadero sistema de economía mixta, donde la economía privada pueda
desarrollarse, pero donde el estado garantice la dirección y el sentido de la
misma, para que no quede marginado ni un sólo ser humano. Eso es lo que
desarrollaremos en las próximas páginas.
CAPITULO II
ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE TEMAS ECONOMICOS FUNDAMENTALES
En el primer capítulo efectuamos un somero análisis histórico sobre los
diferentes sistemas económicos y las diversas posturas respecto a algunos
puntos claves; a continuación comenzaremos a desmenuzar algunos temas,
incorporando nuevos puntos de vista que nos permitan luego arribar la las
propuestas para un SEM.
La propiedad
Algunos ejemplos sencillos, a modo de introducción
Las formas de
propiedad
Si tomamos el ejemplo de una familia que habita en una casa propia, podemos
ver que existen objetos que son personales, como la vestimenta y algunos
utensilios, mientras otros son de uso común, como algunos muebles y el
espacio mismo. Estos espacios comunes, por lo general son mantenidos mediante
acuerdos, tácitos o explícitos, de convivencia, y cualquier alteración en el
equilibrio, generalmente puede autorregularse mediante el diálogo entre los
familiares. Desde el punto de vista que nos interesa, que es la convivencia
armoniosa entre las personas, seguramente podríamos ver que se complicaría
bastante dicha convivencia, si todos los integrantes de la familia quisieran
ponerse la misma ropa, o si alguno pretendiera monopolizar el uso del baño o la
cocina, por ejemplo. Nadie posee títulos de propiedad sobre los utensilios
personales, y eso no dificulta el criterio de uso privado de los mismos, y la
vivienda que sí tiene un título, es de uso común.
Partimos de este ejemplo un tanto obvio, porque precisamente se trata del
sentido común aplicado a un tipo de propiedad. Claro que una cosa es ponerse de
acuerdo entre los miembros de una familia, unidos por fuertes lazos, y otra
cosa es ponerse de acuerdo en una sociedad de millones; pero sin embargo, los
criterios deberían ser parecidos.
En una sociedad, existen bienes que son de uso particular, y bienes que son
de uso público, y el criterio para definir lo que debe ser público y lo que
puede ser privado, siempre ha sido motivo de conflicto. Hay consenso en que las
calles, las veredas y los caminos, deben ser de uso público, pues de lo
contrario nadie podría desplazarse; hay consenso en que las viviendas
familiares sean de uso privado, pues de lo contrario sería muy difícil la
convivencia. Claro, hay consenso sobre lo obvio, pero, ¿qué pasa con el resto?
Decíamos antes, que en una vivienda sería ridículo que alguien quisiera
monopolizar el uso del baño, o de la cocina, sin embargo, si se tratase de una
casa que tiene tantos baños y cocinas como personas la habitan ¿qué dificultad
habría en que cada uno los utilizara respectivamente a su gusto, decorándolos y
ordenándolos como quisiera? ninguna, al menos desde el punto de vista de la
propiedad, (aunque socialmente tendríamos un problema de individualismo y
aislamiento rayano en el autismo, pero ese es otro tema). El tema acá consiste en que si aquello que
todos necesitan usar, es escaso, o sea, no hay uno por persona, entonces hay
que compartirlo; hay familias humildes que deben compartir hasta los abrigos,
por ejemplo. Y si aquello que todos necesitan usar, alcanza para que todos
tengan, pues entonces no hay problema en que lo posean.
Entonces, tenemos algunos criterios muy elementales de lo que podría ser la
propiedad individual, o privada, y la propiedad pública.
Uso y distribución de la propiedad
Ahora bien, supongamos que la familia de nuestro ejemplo, es una familia
numerosa que vive en una granja de la cual se abastecen para sus necesidades
básicas, cultivando frutos y hortalizas, y criando ganado. Supongamos entonces
que tenemos que resolver el problema de la propiedad de los medios de
producción y de la distribución de los productos.
Si hay una sola vaca, mejor será que uno sólo se encargue de cuidarla y
ordeñarla, porque si dividen la vaca en 20 partes, la cosa se dificulta, en
cambio, si alguien se ocupa de alimentar y ordeñar el animal, podrán tener
leche fresca todos los días, y claro, la leche sí que habrá que repartirla
entre todos los que necesiten tomarla. Pero el que se ocupa de la vaca, además
de tomar leche necesita comer hortalizas, y habrá alguien que se ocupe de
cultivarlas para todos. Y así podríamos seguir con ejemplos muy rudimentarios
de lo que significa la división del trabajo.
Ahora resulta que en esta familia numerosa, hay niños pequeños y también
ancianos, que no están en condiciones de producir lo que consumen, ni mucho
menos producir para que consuman otros; entonces, como debe ser, el resto de la
familia se ocupa de que no les falte nada.
Claro que en esta familia, no todos trabajan al mismo ritmo, hay quienes
prefieren trabajar lo necesario para cubrir lo indispensable, y luego descansan
o conversan o estudian, y hay otros que prefieren trabajar más tiempo, y en ese
tiempo fabrican con madera muebles de uso personal o se tejen ropas más
elegantes. Y todo está bien, porque quien más produce más tiene, pero no por
ello priva a otro de lo indispensable, y quien menos produce menos tiene, pero
está igualmente satisfecho porque ha elegido usar su tiempo del modo que mejor
le place, y si a eso le sumáramos una dosis de solidaridad y le restáramos una
de individualismo, seguramente los que más producen compartirán sus objetos con
los otros, y los otros enriquecerán la convivencia con cosas menos tangibles
pero igualmente valiosas. Y lógicamente que nadie está predeterminado a actuar
de un modo u otro, a veces un miembro de la familia se dedica un tiempo a
trabajar muchas horas porque quiere fabricar un mueble, y el mismo luego se
dedica unos días al descanso y la lectura.
¿Pero que pasaría si, por ejemplo, en esta familia tuviéramos algún egoísta
que quiere consumir pero no trabajar, que pretende utilizar los productos que
los demás generan con su trabajo, pero el no está dispuesto a trabajar para
generar productos para otros? pues en ese caso la familia se reunirá y tomará
alguna medida correctiva, poniendo en su lugar al desubicado, planteándole que
está rompiendo las reglas del juego, por lo cual ellos quedan en libertad de
acción para hacer lo mismo con él.
Errores e injusticias en torno a la propiedad
Estamos utilizando un ejemplo muy sencillo para ir afirmando algunos
conceptos en torno al tema de la propiedad. Hasta ahora, dentro de la sencillez
del ejemplo, donde el buen sentido de los miembros de una familia va regulando
el uso de la propiedad para el beneficio de todos, pondremos algunos casos
donde este buen sentido puede distorsionarse.
Sería una injusticia, por ejemplo, que algunos miembros de la familia
monopolizaran el uso de la propiedad, imponiendo condiciones poco equitativas,
ya sea mediante el uso de la fuerza o el engaño. Por ejemplo, si algunos
hicieran trabajar a otros más de la cuenta, para luego llevarse la mayor
cantidad de los productos, dejando muy poco para que se distribuyan los demás.
Sería igualmente injusto, que en la medida que la familia crece, los nuevos
miembros no puedan acceder a la propiedad por la sencilla razón que los demás
ya se apropiaron de todo. Sería injusto que habiendo tierras para trabajar y
gente sin trabajo, estas tierras no fueran trabajadas porque pertenecen a una
sola persona que no permite que otros utilicen su propiedad.
Sería un error, que por querer distribuir las propiedades igualitariamente,
nadie tuviera tierra suficiente para efectuar un cultivo eficiente, o nadie
pudiera tener espacio suficiente para criar el ganado, o las herramientas
suficientes para fabricar las telas.
Sería un error no dar cierta estabilidad en la posesión de las propiedades,
porque entonces la incertidumbre podría hacer que nadie se ocupe de cuidar las
mismas. Si alguien ocupa una máquina en fabricar muebles, pero no sabe si
mañana esa máquina le será quitada, quizá no se esmere demasiado en cuidarla,
ni mucho menos en mejorarla.
Interpretación
de las principales posturas respecto al tema de la propiedad
La propiedad de la fuerza bruta
La historia humana tiene un frondoso prontuario de barbarie en torno a la
apropiación de tierras y bienes mediante el uso de la violencia. Muchas guerras
han tenido que ver con eso, mucho sometimiento de unos pueblos por otros,
muchas conquistas y “limpiezas étnicas” disfrazadas de colonizaciones. Muchas
revoluciones, más o menos violentas, han modificado el esquema de la propiedad
dentro de las naciones.
Y en todos los casos, si en cada momento le preguntásemos al poseedor de la
propiedad sobre la legitimidad de sus títulos, este no dudaría en fundamentar
vehementemente su derecho, del mismo modo que un tiempo antes lo hubiese
fundamentado el propietario anterior, y del mismo modo que un tiempo más tarde
los fundamentará el nuevo conquistador.
Quien se apodera violentamente de una propiedad, en cierto modo está
convencido de que está tomando lo suyo, lo que por derecho le pertenece, ya sea
que fundamente ese derecho en las teorías del espacio vital, o en las teorías
de la colonización de la civilización sobre la barbarie.
La actual división del planeta en naciones, y la posesión de buena parte de
las propiedades dentro de las naciones, está relacionada, con mayor o menor
cercanía temporal, con alguna apropiación mediante la fuerza bruta.
Si nos pusiéramos a discutir todas las propiedades que tuvieron ese origen,
posiblemente debiéramos retrotraer la situación a los comienzos de la
civilización, ya que, invasión sobre invasión, conquista sobre conquista,
imperio sobre imperio, así se fueron haciendo las cosas, al menos hasta ahora. Pero
el hecho de que no sea posible rebobinar la historia, no significa que la
historia deba quedarse en el punto en que está ahora con respecto a la
propiedad; y cualquier modificación que se pudiera hacer en la misma, no
debería significar una venganza por los pecados anteriores, sino más bien un
avance sobre las necesidades actuales del ser humano, y por vez primera, sin el
uso de la fuerza bruta.
La propiedad del que llegó primero
No nos referiremos acá a los territorios que ocuparon los diferentes
pueblos, ya que el derecho del que llegó primero por lo general fue suplantado
por el derecho de la fuerza bruta del que llegó segundo, y así siguiendo. No
obstante, es posible realizar una reflexión: el llegar primero no puede dar
derecho absoluto de propiedad porque ese derecho puede estar limitando el
derecho de otro que también necesita hacer uso de esa propiedad. No se puede
dejar morir de sed a quien llegó segundo al río, porque el agua alcanza para
todos, pero el que llega segundo tampoco tiene derecho exclusivo, sólo porque
es más fuerte que el primero.
Donde suele persistir el derecho del que llegó primero, es en la
distribución de las tierras dentro de algunos países. En Argentina, por
ejemplo, luego de masacrar a los aborígenes, los conquistadores del desierto y
sus amigos se repartían las tierras como quien divide una torta infinita, y a
través del derecho a la herencia, aún existen grandes extensiones de tierras
que pertenecen a sus descendientes, quienes aseguran que sus títulos son
incuestionables. Las grandes extensiones de tierras, los grandes latifundios,
que en muchos países de Latinoamérica han sido muchas veces cuestionados y
motivos de diversos intentos de reformas agrarias, no sólo son cuestionables
desde el punto de vista del origen de los títulos, sino que además, son
cuestionables en cuanto su existencia limita la posibilidad de que otros seres
humanos puedan trabajar la tierra para su subsistencia. En Brasil, este
problema adquiere aún mayores dimensiones que en Argentina, y ha sido motivo
del surgimiento del movimiento de “los sin tierra”, que ocupan parte de los
territorios y comienzan a cultivarlos.
La propiedad intelectual
Una variante del derecho a la propiedad del que llegó primero, es el
derecho del que inventó o descubrió alguna tecnología o fórmula que resulta
generadora de riqueza. Se suele considerar que esa persona tiene derechos
exclusivos sobre su idea o descubrimiento. Esto debe relativizarse, porque si
bien puede parecer justo premiar la iniciativa y la inventiva, y si bien puede
parecer justo que alguien tenga derechos sobre lo que crea, tampoco se puede
monopolizar el conocimiento para medrar con él, especulando con la necesidad de
la gente de utilizarlo, habida cuenta de que en definitiva, toda idea nueva, o
todo invento, o todo descubrimiento, no es más que un eslabón en la cadena de
la evolución humana.
Con respecto a la utilización de estos derechos creativos para fundamentar
una renta excesiva en una empresa, cabe
recordar la cita que Paul Samuelson hace de L.T. Hobhouse: “ El organizador
de una industria que piense que él se ha “hecho” a sí mismo y que ha creado su
empresa, se ha encontrado con un sistema social completo dispuesto y a mano,
con obreros cualificados, maquinaria, un mercado, paz y orden, un enorme
aparato y un entorno favorable, todo ello creación colectiva de millones de
personas y multitud de generaciones. Prescindamos del factor social en su
totalidad y no tendremos más…que el puro
salvaje que vive de raíces, bayas y gusanos”.
Si a cada orgulloso creador, le cobráramos las patentes y los derechos de
autor de los que crearon el idioma con el que se comunica, las matemáticas con
las que calcula, los instrumentos con los que se maneja y todos y cada uno de
los inventos que la humanidad ha puesto en sus manos, para que él pueda llegar
a su modesto eslabón, seguramente que se volvería un poco más humilde en sus
pretensiones. Repetimos, no se trata de no premiar la inventiva para
estimularla, (aunque debiera ser la sed de desarrollo el mejor incentivo), se
trata de que nadie crea que tiene derecho a monopolizar un conocimiento y
especular con él para maximizar su lucro. Si además tenemos en cuenta que,
generalmente quienes monopolizan y especulan con esto, no son los creativos
sino sus productores, nos encontramos con la paradoja de un mundo donde los
trogloditas nos cobran patentes por una ciencia que ni siquiera entienden.
La propiedad por derecho de adquisición
Este tipo de propiedad, tan habitual en nuestros días, en realidad no
implica más que una transacción donde el derecho de la cosa comprada con
dinero, debería estar supeditado al derecho que sobre tal cosa hubiese tenido
el vendedor y al derecho que sobre el dinero hubiese tenido el comprador. Si
alguien le compra a un ladrón, o robó el dinero para poder comprar, obviamente
que su derecho sobre la propiedad del objeto es cuestionable.
No obstante, si analizamos el derecho que una dama tiene sobre su anillo de
oro, comprado en una joyería, que a su vez se lo compró a un importador, que a
su vez lo compró a otro, y que remontándonos en la historia, fue hecho con el
metal saqueado por los conquistadores al Imperio Azteca, cuestionar dicho
derecho, desde el punto de vista del origen, sería rebobinar la historia a un
punto tal que se nos enredarían las madejas. Ahora bien, si la señora compró el
anillo con dinero que su esposo ganó con la venta de los productos del campo
que heredó de su tío, heredados a su vez de su abuelo, y nos remontamos a una
división de feudos, otra vez deberíamos retrotraer la historia si intentáramos
cuestionar el origen de los fondos del comprador.
De modo que, salvo actos delictivos recientes, ámbito de la justicia,
deberíamos homologar las propiedades por adquisición como de derecho genuino.
Pero si la señora, en vez de comprar un inocente anillito, se comprara
todas las fábricas de un pueblo para convertirlas en un zoológico privado
¿deberíamos acaso dejar que los habitantes del pueblo pierdan su trabajo y
mueran de hambre, sólo por respeto a la propiedad de la señora? Pareciera ser
que en la actualidad la propiedad es un derecho que no termina donde empieza el
derecho de los demás, según reza un viejo principio de las libertades
individuales.
Ahora bien, supongamos que tenemos a un señor sumamente trabajador, que
empezó de la nada y con los ahorros de toda una vida decide hacer una
inversión. Hasta aquí muchos podrían decir que es incuestionable su derecho a
poseer sus ahorros y a comprar lo que guste. Pero supongamos que, por esas
maravillas que tiene el sistema de libre mercado, se haya empezado a
comercializar el aire, y este buen señor comprara todo el aire de una ciudad, y
que pudiera controlar su consumo ¿acaso podría este señor especular con la
necesidad de respirar de la gente, sólo porque compró el aire con ahorros
ganados honradamente? seguramente que no. Claro, este es un ejemplo muy obvio
de las propiedades que no pueden ser tales, y también resultaría obvio que
nadie puede adueñarse de los caminos, las calles ni otros bienes públicos. Sin
embargo, si el fondo de la cuestión es que nadie puede apropiarse de un bien
cuya pertenencia haga peligrar el uso de dicho bien por parte del resto de las
personas, que por el simple hecho de existir tienen derecho a ese uso, si esa
es la cuestión de fondo, que tan obvia resulta en los ejemplos vistos ¿por qué
no resulta tan obvio que hay muchas propiedades que son utilizadas de un modo
que afecta sensiblemente a los derechos humanos en sentido amplio? Los derechos
humanos, como todos sabemos, no son solamente el derecho a la libertad y a la
vida, son también el derecho a la alimentación, a la salud, a la educación, a
la vivienda y al trabajo, entre otros; y si hoy millones de personas no acceden
a esos derechos, es porque alguien los está violando, habida cuenta de la
desigual distribución de la riqueza. Sin embargo, cualquier cuestionamiento a
esta situación choca con la ideología del respeto a la propiedad, y al uso que
de esa propiedad se hace, toda vez que por derecho de adquisición dicha
propiedad fue legitimada.
Muchos podrán argumentar que no es válido cuestionar el derecho a la
propiedad por adquisición desde la corta visión de un simplificador
igualitarismo, o desde un absurdo sentimiento de envidia y resentimiento, pero
sí es válido cuestionarla desde el punto de vista de los derechos humanos.
La propiedad por
acumulación de capital
Este tipo de propiedad, ya
cuestionado por Marx en El Capital, en tanto la consideraba el resultado de una
plusvalía ganada sobre el trabajo de los proletarios, no se puede analizar a la
ligera, ni mucho menos con la afectación de una visión dolida por la
explotación que los capitalistas generaron, que es otra parte del problema.
Seguramente un Marx que vio morir a sus hijos en la miseria de una Revolución
Industrial, miseria potenciada en su caso por el empecinamiento de una
coherencia mal entendida, no pudo ver algunas facetas del funcionamiento
económico que resultarían fundamentales en el desarrollo desigual del
capitalismo y en el fracaso del comunismo.
La ganancia de las empresas, la plusvalía para Marx, en la medida que se
aumentaba de escala, ya no significaba simplemente la renta del capitalista,
que le asegurara un nivel de consumo mayor que el de los obreros, sino que iba
conformando una capitalización con la propiedad de multiplicarse a través de
nuevas inversiones y nuevas ganancias. Era una suerte de ahorro forzoso que,
despojado según Marx a los obreros, pasaba a ser propiedad del capitalista.
Para casi todos, tarde o temprano, fue quedando claro que, en tanto se deseara
el progreso material, no se debía consumir todo lo que se produjera, sino que
debía existir un ahorro que se capitalizara en nuevas inversiones; el problema
consistía en quien era el propietario de ese ahorro o de ese capital. Los
liberales sostenían que sólo el empresario, que por definición era emprendedor
e inversionista, motivado por las ganancias que obtendría, era capaz de manejar
ese ahorro para generar crecimiento económico, ya que difícilmente los obreros
fueran capaces de ahorrar los suficiente para invertir, ni tampoco serían
capaces de organizarse entre ellos para ponerse de acuerdo en un proyecto de
inversión; por lo tanto, la propiedad de la capitalización de las ganancias,
debía ser del empresario. Desde ya que los empresarios estaban muy de acuerdo
con estas teorías, ya que además de poder manejar las inversiones a su gusto,
también podían amasar una fortuna personal a expensas del trabajo de otros.
Los que cuestionaban esto, que evidentemente generaba mucha injusticia
social, cuestionaron “el paquete completo”, la propiedad original de los medios
de producción, la propiedad del nuevo capital como resultado del ahorro de las
ganancias, la distribución de los
ingresos, el sistema de precios, la moneda y todo lo que tuviera alguna pizca
del odiado capitalismo, y entonces dijeron: cortemos por lo sano, y que un
estado fuerte y totalitario sea el dueño de todo y todo lo controle. Claro, se
suponía que si el Estado representaba al pueblo, entonces la propiedad era del
pueblo, pero el pueblo, que no era una masa informe sino que estaba constituido
por personas con necesidades, intereses,
deseos y expectativas, no sentían que pudieran tomar ninguna decisión con su
parte de propiedad colectiva, no podían optar por ir en una dirección u otra, y
el horizonte se les volvió gris. Claro que se intentó llenar ese vacío con
ideales de un hombre nuevo, pero esto parecía más una imposición de unos pocos
“iluminados” que se atribuían el sentir popular, que una genuina aspiración
colectiva y simultánea de todas las personas.
Mientras tanto, los capitalistas, que gracias al desarrollo tecnológico
lograron multiplicar la producción y abaratar los costos, se auto denominaron
los creadores del progreso social y el desarrollo. Fue imposible negar el
progreso, que permitió que la población pudiera ir elevando el nivel de
consumo, y allí aparecieron los teóricos del “desborde de la riqueza desde los
ricos hacia los pobres”, insistiendo en que la acumulación de capital en manos
de los empresarios, era lo mejor que podía pasar, porque así se progresaría y
desbordaría la riqueza hacia la gente. Y entonces, dado el evidente progreso
social y el desarrollo material, muchos “compraron el paquete completo” del
capitalismo: la propiedad privada en todos los niveles y escalas, el mercado,
las finanzas y la distribución de la riqueza.
Hemos enfatizado en que tanto los defensores como los detractores de la
propiedad privada del empresario sobre la capitalización de la ganancia, han
aprobado o reprobado al capitalismo como “paquete completo”, porque, como
veremos más adelante, muchas veces ha faltado en el análisis económico una
visión más elaborada de lo que daremos en llamar la concatenación de las
variables y la escala de los fenómenos. En este sentido podríamos decir que, si es la
productividad una preocupación, como lo fue para los capitalistas y también
para los comunistas y los corporativistas, si ese es el interés, interés
materialista en definitiva ¿por qué habría que negar el interés de los
individuos respecto al desarrollo material, y negar la importancia que en la
escala perceptual tiene la propiedad privada, en tanto y en cuanto motiva y
pone en marcha emprendimientos productivos? ¿Pero acaso eso quiere decir que
entonces la distribución de la riqueza debe decidirla el propietario? No, una
cosa no lleva aparejada la otra necesariamente. ¿Y por qué habríamos de pensar
que el único modo de generar ahorro social para capitalizar e invertir
productivamente, es otorgándole la exclusividad de la propiedad de las
ganancias al empresario? ¿Acaso no abundan los ejemplos de empresarios que
destinan su ganancia al lujo y el despilfarro o a la especulación financiera?
¿Y por qué habría que suponer que lo que en una escala funciona, también
funciona en la siguiente? porque si un empresario invierte sus ahorros montando
un negocio, y trata de que éste sea rentable, y pone toda su energía en el
proyecto, podemos hablar de que en esa escala el sistema funcionó, pero cuando
ese empresario sigue creciendo, y maneja millones de dólares ¿quién nos asegura
que seguirá invirtiendo en fuentes de trabajo? quizá ya ni le preocupe la
productividad de sus fábricas, porque alcanzó una escala que le permite comprar
funcionarios que preparen licitaciones a su medida.
En definitiva, que este tema de la propiedad por acumulación de capital, es
un tema a revisar, hay que cambiar las reglas del juego, porque de este modo se
tiende a la concentración de la riqueza en pocas manos, pero cambiar las reglas
del juego, no puede significar una visión simplista de decir que nada sirve y
empecemos desde cero, para dentro de setenta años arrepentirnos. Cuando
desarrollemos las propuestas para el tema de la propiedad en un Sistema de
Economía Mixta, seguramente este tipo de propiedad será uno de los puntos
principales.
El rol del
Estado
Un tema central para las
diferentes posturas respecto a la organización de la economía, es el rol que
debe jugar el estado en la misma. Analizaremos las principales posiciones al
respecto, antes de definir, en el capítulo de propuestas, la función del estado
en un Sistema de Economía Mixta.
La postura liberal, el estado gendarme.
Como hemos visto en el
primer capítulo, cuando repasábamos la historia de los sistemas económicos, la
firme convicción del “laissez faire”, “dejar hacer, dejar pasar”, era que,
siendo el hombre un ser que naturalmente tendía a buscar un beneficio económico,
si se dejaba actuar libremente a esta tendencia, el juego de fuerzas del libre
mercado conduciría al progreso material equilibrado. Según esta postura, el
estado no tenía que intervenir en la economía pues sólo lograría entorpecerla,
y su única función era garantizar la seguridad interna (especialmente la
seguridad de la propiedad privada) y las fronteras (estado gendarme). Se llegó
a instaurar un verdadero culto a la “libertad”, mientras los teóricos trataban
demostrar con sus gráficos cómo las variables siempre encontraban un punto de
equilibrio. Este equilibrio, que muchas veces fracasó, tampoco aún cuando se
haya dado, no significa necesariamente un mérito para el sistema, al menos
desde un punto de vista que pretenda poner la economía al servicio de los seres
humanos. Decir que ante un exceso de población, la escasez de recursos generará
miseria y la miseria volverá a hacer decrecer la población, nos habla de un
criterio del equilibrio un tanto inhumano; y para quienes puedan pensar que ese
tipo de ideas Malthusianas y Ricardianas, son una antigüedad que no representa
el pensamiento de los liberales modernos, bastaría preguntarles qué opinan
sobre el hecho de que un tercio de la población mundial viva en la miseria
absoluta ¿dónde está la riqueza que el mercado se ocuparía de hacer desbordar
de los ricos hacia los pobres? Que no se diga públicamente por su crudeza, no
significa que buena parte de quienes manejan los hilos del poder económico
mundial, no sigan pensando, como sus antepasados liberales, que en el mundo
sobra gente.
La cultura liberal, confrontando no sólo con el socialismo y el comunismo,
sino también con las regulaciones estatales que dentro del mismo sistema
capitalista se empezaron a dar en el siglo XX, desarrolló una serie de
argumentaciones contra la intervención del estado en la economía. Estas
argumentaciones, en algunos casos se refieren a la supuesta “mayor eficiencia”
de la economía desregulada y totalmente privada, y en otros casos son
verdaderos alegatos a favor de la defensa de las libertades individuales.
Con respecto a la supuesta mayor eficiencia de lo privado sobre lo estatal,
mucho tiene que ver con el comportamiento de los administradores estatales, que
entre burócratas y corruptos se han esforzado por darle la razón a los
privatistas, cuando no han sido malos manejos intencionales para generar
consenso a las privatizaciones. Desde luego que en el planteo de una economía
mixta, no podemos pensar en un estado tal como se lo concibe ahora, sino en un
estado con vocación hacia el desarrollo y el progreso social, y en ese sentido
no puede haber lugar para los políticos tradicionales.
Si un funcionario a cargo de una empresa pública sostiene que hay que
privatizarla para que sea eficiente, el primer ineficiente es ese funcionario y
debe renunciar. Pero además hay que replantearse el criterio de eficiencia,
porque hasta ahora todo se ha planteado en términos de eficiencia para la
productividad y el consumo mientras que en realidad nos deberíamos plantear la
eficiencia en términos de la mayor o menor felicidad de los pueblos, pues para
ellos se supone que está la economía. Si nos planteamos todo en términos
eficientistas, pronto empezaremos a pensar, por ejemplo, que los ancianos
deberían desaparecer porque ya no son productivos, o que los discapacitados
deben ser exterminados, como en la Alemania nazi. ¿Para qué dialogar con
nuestros hijos, si eso nos resta tiempo productivo? ¡Cuánta monstruosidad ha
generado el eficientismo liberal!
Con respecto a la “defensa de las libertades individuales”, es tan grande
la hipocresía de los liberales, que pretenden que la regulación del estado se
limite a lo que a ellos les conviene. Porque si realmente están convencidos de
que hay que “dejar hacer, dejar pasar” ¿porqué entonces no sacar también a la
policía y el ejército? Que cada uno se las arregle como pueda en la ley de la
selva ¿no sería eso acaso la máxima libertad social, la del caos? Saquemos las
fuerzas de seguridad que defienden la propiedad privada y seguramente “las
leyes naturales darwinianas” harán que triunfen los más dotados, sólo que los
más dotados en ese caso serán los que tengan mayor fuerza bruta, porque
regresaremos a las organizaciones primitivas, donde unas tribus saqueaban a
otras; entonces, es posible que ese señor liberal que gracias a la organización
social y las leyes del mercado, logró amasar una fortuna, termine como esclavo
de alguna barrabrava que se adueñó de su country. Si esto pasara, los liberales
reclamarían a gritos la intervención de un estado que los defienda ¿Y porqué el
estado debe estar para defender sus propiedades, pero no debe estar para
defender la justicia social, la salud y la educación del pueblo? ¿Porqué no
puede intervenir en la economía cuando ve que las leyes del mercado excluyen a
las mayorías, mediante la desocupación y el hambre? ¿No será acaso la creciente
ola de inseguridad un síntoma de que las sociedades “tienden a su equilibrio”,
sólo que las poblaciones, antes de extinguirse por la miseria, tratan de
arrebatar lo que pueden?.
Detrás de todas las teorías de leyes del mercado, que en numerosos casos
son totalmente desmentidas en la práctica, y en otros sólo intentan darle
validez científica a la explotación del hombre por el hombre, como si se
tratara de explicar científicamente fenómenos naturales a los que es ridículo
oponerse, detrás de estas teorías, se intenta esconder el verdadero motor del
sistema capitalista: la avaricia, el afán de lucro, el deseo de Poder. Y el
resultado de ese motor, puesto en marcha libremente y sin control, solo lleva a
una carrera despiadada, llamada competencia, donde sólo es posible avanzar
dejando a otros en el camino, donde sólo es posible acumular despojando a
otros, donde sólo es posible mantenerse disciplinando a los que se oponen,
hasta concentrar el poder, negando paradójicamente (o hipócritamente), el
planteo de libertad de mercado, una vez que se llegó a la cima.
Mientras el motor de la economía sea la avaricia, el afán de lucro y el
deseo de poder, y las reglas del juego las establezcan precisamente quienes
concentran la riqueza ¿Por qué vamos a creer ingenuamente que habrá salarios
dignos, si precisamente cuanto más bajo es el salario más gana el empresario?
¿Por qué habríamos de creer que habrá mas puestos de trabajo, si los que
concentran la riqueza mejoran sus ganancias apropiándose de la tecnología que
suplanta mano de obra? ¿Por qué habría de extrañarnos que quiebren las PyMES,
si ya se sabe que en una competencia, los más débiles deben quedar atrás? ¿Por
qué habría que imaginar otro final que no sea el de la Banca apropiándose de
todo, si en definitiva la Banca es la más pura expresión del motor del capitalismo
(avaricia, afán de lucro, deseo de poder)? ¿Por qué habría de extrañarnos que
los políticos tradicionales, al convertirse en funcionarios públicos, respondan
al interés del Poder Económico, si en un mundo donde lo que más importa es el
dinero, ser cómplice de quien lo tiene, da buenos dividendos? ¿ Y por qué
habría de extrañarnos que estos políticos tradicionales siempre sean los que se
turnan en el poder, si precisamente el poder económico arma las condiciones de
la Democracia Formal, con los medios de difusión masivos a su servicio, para
que la gente crea que no hay otras opciones?.
La gran mentira del libre mercado consiste en que el desequilibrio de
fuerzas (capitalista versus asalariados; multinacionales versus PyMES;
hipermercados versus pequeño comerciante, etc.) permite siempre al más poderoso
establecer las condiciones, y sobre la base de esa competencia desigual
enriquecerse, y en base a ese enriquecimiento aumentar el poder, y así
siguiendo en un círculo vicioso, donde las variables no tienden a un
equilibrio, sino a la concentración de la riqueza, como lo demuestran todas las
estadísticas. Nos prometieron que la riqueza desbordaría desde los más ricos
hacia los más pobres, y por el contrario, este sistema es una gran aspiradora
controlada por la banca, que nos despoja a todos.
No hay salidas dentro del mismo
sistema, y la crisis cada vez mayor no conduce por si misma a su
autorregulación, sino al atrincheramiento de los poderosos en castillos
privados, mientras las poblaciones pauperizadas son marginadas a la periferia.
El desafío entonces es en este momento de la historia, organizarnos para crear
un poder en manos de la gente, que arrebate el poder político a los testaferros
del Poder Económico, para de ese modo cambiar las reglas del juego de la
economía, como único modo de garantizar que esta esté al servicio del ser
humano, de todos los seres humanos, y no de unos pocos.
Evidentemente la liberalización total de la economía, sin intervención del
estado, no existe como forma pura en la práctica, pero sí como ideología de un
capitalismo salvaje que domina al poder político para esterilizar su accionar;
entonces las democracias se tornan formales, y el poder económico embate con
sus iniciativas liberalizadoras que, disfrazadas de modernidad, buscan
reinstaurar el orden de explotación del siglo XIX: leyes de flexibilización
laboral, apertura comercial indiscriminada y privatizaciones, son algunas de
las medidas liberalizadoras que le convienen al poder económico, a la vez que
sus prácticas monopólicas, la manipulación de los precios internacionales y los
tipos de cambio a su medida (como la convertibilidad en Argentina), son algunas
de las “excepciones necesarias” a su doctrina liberal. En este sentido, el
proceso denominado de globalización, no es otra cosa que la expansión sin
barreras del poder del capital con características imperialistas adecuadas a la
tecnología moderna. El gran capital internacional, representado por las
multinacionales y la banca, apoyados en el poderío político y militar de EEUU,
y en la “diplomacia” de los organismos internacionales dependientes de dichos
poderes, como el Banco Mundial y el FMI, presionan a las naciones para que
debiliten el poder del estado y minimicen su participación en la economía. Así
como en el siglo XIX los empresarios de cada país podían explotar con total
libertad a los trabajadores, hoy las multinacionales son una suerte de barcos
pirata con patente de corso otorgada por el imperio, que presionan para
derribar barreras aduaneras y regulaciones laborales. Los defensores de la
globalización económica, se montan sobre el avance tecnológico y
comunicacional, y con ello pretenden otorgarle a su política imperialista la
impronta de una modernidad a la que sólo los necios podrían resistirse.
No se trata de resistir el proceso de mundialización y de integración entre
las diferentes culturas, ni se trata de poner trabas a la modernización, sino
que se trata de que esto debiera servir para el crecimiento del ser humano y no
para condenar a las grandes mayorías a la miseria, con el argumento de que “no
supieron adecuarse a los nuevos tiempos”, en una concepción darwiniana que no
tiene nada de moderno, sino que mas bien nos hace acordar a las barbaries
liberales del siglo XIX.
La postura socialdemócrata – el estado providencia – el capitalismo
reglamentado
Tal vez la condición de su origen, como respuesta refleja a la
desprotección social y a los ciclos de expansión y recesión del libre mercado
liberal, hizo que las diferentes formas de participación del estado en la
economía, fundamentalmente en el siglo XX, no resultaran ser otra cosa que
parches, más o menos profundos, pero parches al fin, de un sistema capitalista
que continuaba marcando el ritmo de la economía y que nuevamente, hacia fin del
siglo, doblegaría toda resistencia del poder político para convertirlo en su
títere.
No obstante, y en la búsqueda de un Sistema de Economía Mixta, así como no
se puede dejar de lado todo lo aprendido de la economía capitalista, tampoco se
puede soslayar la importancia de los diferentes intentos por encontrar el
adecuado rol del estado en la economía que, pese a la férrea oposición liberal,
se fueron manifestando desde la primer mitad del siglo XX, sobre todo a partir
de la crisis del 29.
El estado comienza a intervenir para regular el mercado laboral, los
precios, las tasas y el reparto de los productos, reemplazando también la
iniciativa privada para asegurar ciertos servicios como el transporte, la
minería y las finanzas. Se da lugar a un capitalismo intervensionista y a veces
a un capitalismo de estado.
En 1929, el belga Henri de Man planteaba que debían existir tres niveles:
un sector nacionalizado de industrias claves que en ese momento estaban en
manos de monopolios privados, un sector controlado que agrupara a industrias
cartelizadas que comprometían la competencia, y un sector libre para la
industria privada, que abarcara el agro y el comercio.
Después de la segunda guerra, una ola de nacionalizaciones sacudió Europa,
mediante indemnizaciones en dinero o títulos del estado.
John Maynard Keynes manifestaba: “No existe, salvo accidente, la
seguridad del equilibrio con ocupación total”; la intervención del estado
mediante la inversión pública que motoriza la reactivación económica, logra la
salida de la gran depresión y quizá la salvación del capitalismo en uno de sus
peores momentos históricos. El análisis de los grandes agregados nacionales
(ingreso, consumo, ahorro, inversión) por parte de Keynes, comienza a plantear
la posibilidad del manejo de la economía desde otra escala, la macroeconómica,
para resolver contradicciones del mercado. Sus opositores sostenían que había
que confiar en que en el largo plazo el mercado acomodaría las cosas, a lo que
Keynes respondía: “ En el largo plazo, estaremos todos muertos”.
Comienza entonces la era en que los estados intervenían en la economía y
creaban moneda para sus gastos, lo cual en un principio sirvió para generar
empleo y reactivar la economía, aunque posteriormente volvió el rebote
inflacionario, y nuevamente los liberales a ultranza comenzaron a posicionarse.
Milton Friedman, si bien acepta que en situaciones muy especiales como la de la
Gran Depresión del 29, la creación de moneda (M1) serviría para compensar la
destrucción del dinero bancario (M2), sostiene que con esa creación de dinero
se abre una caja de Pandora
Decía Philippe Simonnot, allá por los años 70: “Es posible que los
monetaristas no perdonen nunca a Keynes ni a sus discípulos, el haber salvado
el mundo capitalista de la recesión profunda que los amenazaba, haciendo
funcionar la máquina de emitir billetes. Evidentemente, la desocupación no ha
sido eliminada, pero no alcanza la gravedad que los economistas clásicos
calificaron, sin embargo, de “natural” y para lo cual pronosticaban una
reabsorción “natural”. En nuestros días, tan pronto como el subempleo alcanza
un 3 a 4 % de la población activa, la opinión pública se conmueve y presiona al
gobierno para que tome las medidas necesarias; y, en última instancia, éstas se
traducen en una creación de dinero. Desde entonces, todo contrato entre
gobernantes y gobernados encierra una “cláusula” implícita de “pleno empleo” y
se lo debemos a Keynes”.
Mucho tiempo ha pasado desde estas palabras de Simonnot y mucho agua corrió
bajo el puente; por una parte, el acelerado crecimiento del mercado monetario
internacional, alimentado por petrodólares y eurodólares y multiplicado por la
velocidad de las transacciones electrónicas internacionales, generó una gran
liquidez en el ámbito mundial, y los dueños de esa liquidez, los bancos
internacionales, se vieron necesitados de “prestar a lo grande” para reciclar
sus depósitos generando ganancia, y entonces presionaron para endeudar a los
gobiernos, de modo que estos fueran dejando de apelar a su Banco Central para
inyectar liquidez a su economía y a cambio de ello se fueran endeudando con la
Banca. Por otra parte, la Revolución Tecnológica aceleró el aumento de la
productividad con menor mano de obra, por lo cual se comenzaron a dar los
paradójicos “crecimientos con desempleo”, para los cuales ya no eran útiles las
herramientas keynesianas. Entonces, ocurrió que, “gracias” a la inyección de
liquidez de la banca internacional, aumentaba el consumo, y la gente se
compraba automóviles en cuotas, lo que incrementó notablemente el parque
automotor, no obstante ello, las plantas automotrices reducían su plantilla de
personal, comparada con los años 70. Y comenzó la nueva paradoja: crecimiento
con desempleo, y consumidores endeudados.
¿Qué fue pasando entonces con ese estado regulador, que se encargaba de
compensar los ciclos del capitalismo y de corregir las injusticias sociales,
redistribuyendo el ingreso?, pasó que no supo resolver las contradicciones
profundas del sistema, y la gran acumulación de riqueza en pocas manos fue una
poderosa tendencia que siguió arrasando con toda resistencia, inclusive la del
estado. Ocurrió que el poder del capital cambió de escala y se volvió más
poderoso que muchos estados, y muy influyente sobre algunos otros, entonces, ya
nadie pudo ofrecer resistencia.
Aciertos y errores del estado
regulador:
Desde luego que la idea de la intervención del estado en la economía, donde
convive con la economía privada, es lo que más se acerca, desde el punto de
vista de las proporciones, a lo que se podría denominar economía mixta, pero al
no conformar un verdadero sistema económico integrado, sino más bien la idea de
un “estado bombero” que intenta apagar los focos de incendio del sistema
capitalista, fracasó en su intención. Tal vez el principio de los economistas
ingleses, que sostenían que el estado debía intervenir en las malas y
liberalizar en las buenas, se pueda corresponder con la imagen de un bombero
contradictorio, que cuando el fuego es grande, socorre echando agua, pero
cuando las llamas se atenúan, le proporciona nafta al incendiario.
Uno de los grandes aciertos de los keynesianos, fue el de descubrir la
formidable herramienta monetaria con la que contaba el estado para intervenir
la economía y reactivarla, que si bien, tal como fue concebida, sirvió para el
corto plazo y determinada coyuntura recesiva, pero no se pudo sostener en el
largo plazo, tal concepto, con algunas importantes modificaciones que veremos
más adelante, puede volver a convertirse en un resorte de suma utilidad, a la
hora de liberarse de la dominación de la Banca
La concepción del estado como la cabeza de una organización social que se
debe hacer responsable de la salud y la educación públicas, que debe proteger a
la vejez, a los niños, a los discapacitados y a todo ser humano que no pueda o
no logre valerse por sí mismo, un estado que debe velar por la equidad social y
por la redistribución de la riqueza, esa concepción del estado protector que se
fue acuñando en las diversas experiencias de estados reguladores, que aún hoy
intentan sobrevivir, es una concepción cercana a la que debe tener un Sistema
de Economía Mixta.
La teoría de que el estado debe tener el control de ciertas industrias y
servicios básicos y estratégicos, como la energía, la minería, el transporte,
las comunicaciones, sigue siendo válida aunque no absoluta, ya que en realidad
se trata de que el estado pueda garantizar que estos servicios se presten a
satisfacción del pueblo, y que no se pierda el control de áreas estratégicas
dejando al país y a su gente debilitados frente a los especuladores
internacionales; que esto se logre
mediante la propiedad estatal, o mediante el control o la regulación, según el
caso, no es lo relevante. Lo que suele ocurrir es que, detrás de muchas
privatizaciones que se efectuaron levantando la bandera de la eficiencia, en
realidad se escondía la voracidad de las multinacionales.
En realidad son varios los elementos rescatables de la concepción de Estado
Regulador, tal como se la ha implementado, sólo que, volvemos a repetir, nunca
se resolvieron las contradicciones del capitalismo sino que se atemperaron sus
consecuencias. Algunos podrán pensar que algunas economías, principalmente las
europeas, mantienen sistemas bastantes cercanos al Estado Benefactor, brindando
una red de contención socioeconómica, y se las podría tomar como ejemplos a
seguir; sin embargo, sería un error simplificar tanto las interpretaciones de
los fenómenos.
En primer lugar, las economías europeas, con muchos años de acumulación de
capital, y con una población que tiende al decrecimiento demográfico, cuentan
con un “resto” que les permite todavía tener un estándar de vida elevado; no
obstante, esta pequeña elite que se asemeja a un country privado en un mundo
donde aumenta la pobreza, pronto sentirá que se multiplica la inmigración y se
desestabilizará su frágil equilibrio. Ocurre que la tan mentada globalización
lo que ha producido es que las contradicciones del capitalismo en cuanto a la
desigual distribución de la riqueza, caigan con todo su peso sobre los países
denominados del tercer mundo, y en esta desigual competencia internacional, los
países beneficiados tienen mayores posibilidades de sostener modelos
socialdemócratas, hoy llamados de la tercera vía, pero no porque el sistema
funcione, sino porque sus empresas tienen patente de corso en el tercer mundo,
al cual saquean para la corona.
Desde ya que no caeremos en el análisis simplista de adjudicar el stándard
de vida del denominado primer mundo, exclusivamente a la explotación del resto
del planeta, pues, como decíamos anteriormente, también pesa la acumulación de
capital en esos países, y la baja natalidad hace que el más mínimo crecimiento
del PBI se transforme en aumento del ingreso per-cápita, pero aunque ese modelo
funcionara en sí mismo, prescindiendo de la existencia del resto de los
habitantes de la tierra (lo cual ya de por sí sería una atrocidad) aunque funcionara como sistema cerrado, no
llegaríamos al “mundo feliz”, porque el haber mantenido intacto el sistema
capitalista, también significa mantener intactos sus principios filosóficos, de
un materialismo tan intrascendente que produce sociedades enfermas.
El Estado Corporativo
Es difícil prescindir en el análisis de este sistema económico, con una
fuerte presencia del estado en la economía, del totalitarismo sobre el cual fue
montado. La concepción paternalista hacia el pueblo y la violenta represión de
los opositores, fueron dos armas fundamentales a la hora de mantener para el
estado las riendas de un poder que en lo económico significó poner como
prioridad los intereses de “la patria”, entendiendo como patria a algo que está
por encima de las personas, y que no duda en inmolarlas para conseguir sus
objetivos, que en definitiva no eran otros que los de líderes enfermos de
poder.
La concepción de que fuertes organizaciones corporativas mantuvieran un
equilibrio, condujo a la manipulación por parte de quienes se encaramaron en el
poder de las mismas, mientras que el desprecio por la democracia y por la
capacidad del pueblo para tomar decisiones, así como eran el sustento del
autoritarismo estatal, también eran el pilar del autoritarismo en las
corporaciones.
¿Sería posible en una democracia participativa lograr que funcione
adecuadamente la economía, y esto significa que funcione al servicio del ser
humano, con equidad y eficiencia, en un esquema de Estado Corporativo? ¿Sería
posible quitarle el contenido autoritario y poner en marcha un sistema de
corporaciones, obreras, empresarias y profesionales, con la conducción de un
estado que impulse un fuerte desarrollo? . La respuesta es no, porque por un
lado, el esquema de corporaciones lleva implícita una rigidez de criterios
organizativos y una concepción estática y estructurada, sólo aplicables a un
mundo que no cambia, a un ser humano que no evoluciona, a una historia que
permanece; y, por suerte, las cosas no son así. Por otra parte, al no modificar
el funcionamiento del sistema capitalista, sino intentar convivir con él
manejando las riendas con firmeza, implica necesariamente que dicha firmeza
lleve aparejada el autoritarismo; de otro modo ¿cómo podría un estado
contrarrestar el poder del capital que ha dejado intacto?
Si un estado no logra reemplazar el sistema económico en su esencia, para
que éste funcione al servicio de la gente, si no desactiva el mecanismo por el
cuál este sistema se vuelve injusto y acumula el poder en pocas manos, o bien
termina siendo un títere de ese poder (Socialdemocracia), o bien se impone por
la fuerza del autoritarismo, y ese camino intentó seguir el Corporativismo.
Pero además de que el autoritarismo es malo en sí mismo, tampoco les funcionó,
independientemente de las derrotas bélicas de los principales países que
utilizaron ese modelo. No funcionó porque para poder sostener el poder del
estado, las corporaciones debían ser aliadas del mismo, y esto implicaba no
poder afectar sus intereses, que no siempre eran los de la gente, entonces todo
se vuelve acuerdo de cúpulas.
El comunismo y las economías planificadas
En otro extremo de lo que significa la participación del estado en la
economía, nos encontramos a las economías planificadas, donde el rol del estado
era sencillamente absoluto. Si bien desde el punto de vista empírico se podría
ser lapidario y terminante en cuanto al fracaso del socialismo real, no se
puede simplificar el análisis pues se correría el riesgo de obviar elementos de
juicio que serán fundamentales a la hora de diseñar un modelo de economía
mixta, ni tampoco se pueden dejar en el olvido los ideales de una sociedad
justa que movieron, al menos en principio a quienes lideraron estas
experiencias, y no se deben dejar de lado en dos sentidos: el primero es que no
puede pensarse un sistema económico sino a partir de la búsqueda del bienestar
para todos los seres humanos, el segundo, que tal cosa no se la puede imponer
en contra de la voluntad de las personas, sino orientando las voluntades hacia
el resultado deseado.
Decía Birman, citado por Bergson: “El defecto fundamental en la
planificación y la administración fue que se presumía que todo debía ser
decidido desde el centro, y como era imposible que éste conociera la situación
de cada empresa, procedía partiendo de condiciones promedio que en realidad no
existían en ninguna, y adicionando una tasa media aproximada de crecimiento,
que era baja para algunas e insostenible para otras…”
Y continúa Bergson: “…El denominado factor de seguridad en la URSS,
permitió a los gerentes negociar sus metas de producción, para limitar sus
deberes y ganar más fácil las primas por cumplimiento. Algunos trataban de no
sobrepasar objetivos, para que no les pidieran después metas más elevadas.
También se perjudicó la calidad por llegar a la cantidad, llegando a rechazarse
entre el 25 % y el 35 % de muchos productos, y también se bajó la vida útil de
los tractores en un 50 % para hacer mayor cantidad…”
Y tal vez lo dicho por Mijail Gorbachov en la 19° conferencia del PCUS en
junio de 1988, refleje lo que en ese momento se pensaba en la URSS: “ …Es
inadmisible que mediante los pedidos del Estado se obligue a las empresas a
lanzar una producción que no goza de demanda entre los consumidores, los
obligan solamente para asegurar la famosa Producción Global…”
En tanto el estado fijaba autoritariamente las necesidades de la sociedad,
lo que debía ser producido y consumido y al un precio fijado que no tenía
efectos económicos para equilibrar oferta y demanda, la economía se burocratizó
y distorsionó.
Pero ¿es que acaso de ningún modo el estado puede participar en la economía
interviniendo en lo que considere las necesidades de la gente, sin por ello
afectar la productividad y la calidad? No creemos que esto sea una constante,
en todo caso hay que tener en cuenta la escala de la necesidad social y las
dificultades para que ésta se resuelva desde el sector privado. También hay que
considerar que la intervención del estado, no necesariamente debiera implicar
que debe digitar hasta el más mínimo detalle de la cadena de producción. Por
ejemplo, si en la Argentina el estado hubiese mantenido el control sobre una
proporción de la producción y comercialización del combustible, hubiese podido
intervenir en el mercado para impedir que las empresas oligopólicas mantuvieran
los precios de la nafta a un valor muy superior al internacional; hubiese
bastado con adecuar el precio a los costos reales más una ganancia razonable, y
con ello obligar a bajar el precio por simple competencia. Si ninguna empresa
privada tiene la escala para invertir en industria pesada, puede tomar la
iniciativa el estado, pero no necesariamente debe controlar cada secuencia
productiva.
El estado puede velar por el funcionamiento adecuado de la economía sin
necesidad de controlar todo, puede impulsar, coordinar, proteger, invertir,
subsidiar, restringir…, es decir, puede hacer muchas cosas que direccionen la
economía, y hasta intervenirla en algunos casos vitales, pero no necesita
controlar todo, porque de ese modo todo se enlentece y se burocratiza.
El problema del comunismo, no era sólo el económico, había un problema
político e ideológico de fondo: se interpretaba que la sola existencia de la
economía privada, era perniciosa desde el punto de vista de la ética
socialista, y además, a la larga, se las arreglaría para acumular poder y
destruir las bases del socialismo. El individualismo, la competencia y el afán
de lucro, eran virus letales para el joven sistema comunista; sobre todo
teniendo en cuenta que, entre 1922 y 1928, luego del fracaso de las ingenuidades
iniciales (1917-1922), se intentó en la URSS incentivar la actividad privada, y
si bien se recuperó la producción, que había caído estrepitosamente, pronto se
formó la clase privilegiada de los Kulaks, que recuperaron la mentalidad
burguesa y amenazaban la revolución, y entonces, a partir de 1928, se vuelve a
la ortodoxia y comienzan los planes quinquenales.
El temor al funcionamiento de la democracia de los partidos políticos
denominados burgueses, en cuanto se los consideraba herramientas del
capitalismo, hizo que el totalitarismo fuera considerado como el único modo de
proteger al nuevo sistema.
Evidentemente, no era solamente un problema de manejo eficaz de la
economía, sino que de fondo existía un problema de quién detentaba el poder
sobre esa economía, poder que de ninguna manera debía ser tomado por la
burguesía. Se intentó educar a la población en los ideales socialistas, que se
suponían superiores al materialismo capitalista, pero con una concepción
igualmente materialista de producción global.
El capitalismo incentivaba a cada individuo con la zanahoria del
enriquecimiento personal, y el comunismo pretendió incentivar con una gran
zanahoria colectiva. Ambos olvidaron que los seres humanos no son asnos.
El rol del estado en
un Sistema de Economía Mixta
Cuando hablábamos de los sistemas económicos y de la definición de sistema,
mencionamos como fundamentales características de un sistema, el poder que
mueve a la economía y las motivaciones o imágenes a futuro de los individuos y
de los conjuntos sociales que motorizan dicho sistema, y las reglas
organizativas en lo que hace a producción y distribución de la riqueza.
En el sistema capitalista, con mayor o menor nivel de regulación, el poder
está en manos de los grupos económicos, mientras que el estado es una suerte de
mediador, y las motivaciones son la búsqueda del lucro y afán de consumo,
mientras que las reglas organizativas son las del libre mercado.
En el sistema comunista, el poder de la economía está en manos del estado y
las motivaciones se supone que deberían ser los ideales colectivos; las reglas
organizativas son pautadas por el aparato estatal, manejándose con objetivos o
metas de producción y con escalas preestablecidas de salarios.
Ni el corporativismo ni los modelos socialdemócratas y todas sus variantes,
modificaron la esencia del funcionamiento capitalista, sólo le pusieron más o
menos límites, más o menos regulaciones, más o menos contrapesos al poder del
capital, pero no modificaron su funcionamiento intrínseco.
Cuando hablamos del SEM como un nuevo tipo de sistema económico, no lo
hacemos en el afán de ser originales, (y de hecho todo nuevo sistema tiene
mucho que aprender de los anteriores, conservando los elementos positivos),
sino que hablamos de un nuevo sistema o categoría, porque en él se pretende
modificar los elementos sustanciales: el poder, la motivación y las reglas
organizativas.
El SEM no es un capitalismo humanizado ni un socialismo con injertos de
mercado: es un sistema integral diferente. Desde ya que quienes han estado
buscando humanizar el capitalismo y quienes han tratado de introducir elementos
capitalistas en el socialismo, han estado en la búsqueda de un sistema mixto,
pero, a nuestro modesto entender, no han podido lograr plenamente su objetivo
porque han intentado mezclar agua con aceite, cuando en realidad se trata de
producir una sustancia nueva, que tenga las virtudes del agua, las del aceite y
otras nuevas de las que hablaremos más adelante.
Ilustraremos lo que queremos significar con un ejemplo relacionado al
funcionamiento corporal, sin que ello signifique trazar paralelismos
organicistas, dejando en claro que las analogías siempre se refieren a
funciones dinámicas y no a estratificaciones estáticas; mucho ha sufrido la
humanidad por concepciones de castas, clases, jerarquías y todo tipo de
clasificaciones que, a veces con pretensiones de responder a un “ordenamiento
natural”, condenaban a muchos seres humanos a la explotación, la servidumbre, y
la discriminación
Supongamos que una persona debe subir por una escalera hasta un
estacionamiento, y luego conducir un vehículo hasta su casa para encontrarse
con su hijo y llevarlo al aeropuerto a una determinada hora. Esta persona hará
todos los movimientos que sean necesarios para llegar a su meta, porque tiene
una motivación principal, que es
encontrarse con su hijo y llevarlo al aeropuerto; en su inteligencia sabe qué escalera debe subir, donde está su auto y qué
camino debe tomar, y sobre la base de ese conocimiento su voluntad impartirá la orden a su cuerpo para que camine, ascienda y
conduzca, y su cuerpo hará esto eficazmente y automáticamente porque todos esos movimientos ya fueron aprendidos
y se realizan mecánicamente. A lo
largo del trayecto seguramente su cuerpo será tentado a detenerse para comer
algo en un bar, y la persona evaluará si el tiempo le alcanza o no, ya que no
quiere llegar tarde, y en todo caso efectuará una escala breve, necesaria y
suficiente; quizá también al detenerse le parezca de interés comprar un regalo
para su hijo, pero evalúa que el dinero no le alcanzará para eso pues tiene que
cargar combustible. Finalmente, esta persona llega a su meta a tiempo.
Ahora, utilicemos este ejemplo de la vida cotidiana, donde las personas se
mueven por sus intereses principales y su sentido común, y analizamos que
pasaría si las cosas funcionaran de otro modo.
Supongamos que la persona de nuestro ejemplo, no tuviera claro su
motivación principal (encontrarse con su hijo y transportarlo), y entonces se
entretuviera mirando vidrieras, o se detuviera demasiado tiempo a comer, o
comprar un regalo y se olvidara de que debía cargar nafta. En cualquiera de los
casos, llegaría demasiado tarde a su casa.
Supongamos que la persona de nuestro ejemplo, no tuviera buena memoria y se
la pasara caminando y subiendo escaleras mecánicamente sin saber donde está el
vehículo que debe conducir, y que una vez arriba del vehículo tomara diversos
caminos que no lo conducen a ninguna parte. Tampoco llegaría a su casa.
Supongamos que la persona de nuestro ejemplo no tiene suficiente fuerza de
voluntad, y entonces, aunque tiene clara su motivación y sabe lo que tiene que
hacer, se deja llevar por todo aquello que lo tienta a demorarse, y tampoco
llega a su destino.
Claro que alguien podría decir que los
mecanismos de autorregulación en el mediano plazo harán que si la persona
se detuvo a comer mucho tiempo, entonces le dará sueño y automáticamente irá
hacia su casa; claro, pero llegará tres horas más tarde y perderá el avión.
También alguien podría suponer que si esta persona se la pasara caminando y
subiendo escaleras mecánicamente, en algún momento se cansará y naturalmente pedirá ayuda y alguien lo
guiará hacia el auto, y si luego anda mucho tiempo a la deriva por los caminos,
en algún momento se le acabará el
combustible. Hasta se podría hacer un gráfico de coordenadas, calculando cuántas
calorías perdería según el nivel de distracción y cuántos litros de
combustible, hasta que el equilibrio
natural se reestablezca cuando alguien lo guíe hacia su casa, a la que
llegará demasiado tarde.
Podríamos tener un caso inverso, que la persona de nuestro ejemplo tenga
mucha fuerza de voluntad, que sea muy cerebral y tenga claro su interés, pero
no confía en su cuerpo y quiere controlar hasta el más pequeño de sus
movimientos, entonces, pretende dirigir cada uno de sus pasos al subir la
escalera, como si se tratase de guiar una marioneta, primero el pie izquierdo,
luego el derecho, y así sucesivamente, calculando la distancia entre escalones;
luego, al subirse al automóvil, tiene que pensar cada vez que aprieta los
pedales o efectúa los cambios de marcha, y, finalmente, si bien ha hecho mil
veces el camino a su casa, necesita detenerse en cada cruce de calles y guiarse
con el mapa. Seguramente esta persona, llegaría bastante tarde a su destino.
Además, como esta persona es muy moralista y estructurada y no quiere desviarse
de sus objetivos estipulados por su cerebro,
a pesar de sentir apetito, no se detiene ni un instante a comer un solo
bocado, por lo cual, además de llegar tarde a su casa, llega de muy malhumor.
Desde luego que en el primer caso alternativo estamos ilustrando los
problemas del libremercado, donde todo está sujeto a una autorregulación
natural, y en el segundo caso nos referimos a la burocratización de la economía
por parte de las economías monopolizadas por el estado, mientras que
aprendiendo del ejemplo de funcionamiento “normal” o de “sentido común”,
podríamos orientarnos hacia lo que habrá que tener en cuenta para un sistema
económico que funcione correctamente.
¿Qué significa que un sistema económico funcione correctamente?. Existen
muchas características, como la eficiencia, la equidad, la productividad, la
estabilidad monetaria, el desarrollo de la infraestructura básica, etc., que
podríamos definir como adjetivos de una
economía, y que lógicamente hacen a su funcionamiento, pero, desde un punto de
vista humanista, donde la prioridad
es lo que pasa con las personas, debemos dejar claro el interés, y en ese
sentido afirmar que:
Un sistema económico al servicio del ser humano, debe tener como
objetivo el continuo mejoramiento de la calidad de vida de todos y cada uno de
los habitantes del planeta; para
lograrlo, dicho sistema deberá sustentarse en el poder de una organización
social libre y verdaderamente democrática, que optimizando el uso de la tecnología vigente, explote los recursos
naturales de manera sustentable para garantizar la satisfacción de todas las
necesidades y derechos humanos, existiendo libertad para producir y consumir
por encima de dichas necesidades, en tanto no se afecte los derechos
anteriores.
La paradoja: pocos podrían estar en desacuerdo, palabra más o palabra
menos, con estas definiciones, que por responder a las legítimas aspiraciones
humanas, casi que hasta estarían de más por obvias; sin embargo ¿por qué los
seres humanos nos la pasamos organizándonos de un modo que termina con
resultados opuestos a los que la mayoría aspira? Tal vez lo obvio, no lo sea
tanto.
Entonces, si queremos que el SEM cumpla con estos requisitos, y habiendo
aprendido de los errores anteriores, deberíamos lograr que la organización
social funcione como una unidad coherente, donde el estado no sea un empleado
obsecuente al servicio del capital, ni tampoco un abuelo débil y bueno que hace lo que puede, ni un jefe autoritario
que todo lo controla. En el ejemplo de la persona que tenía que llevar a su
hijo al aeropuerto, vimos como, una cosa es que la cabeza (estado), decida el
rumbo, y otra cosa es que pretenda controlar cada movimiento del cuerpo (iniciativa individual); y una cosa es que se le brinde libertad al
cuerpo para moverse por reflejos o instintos o intereses inmediatos, y otra
cosa es que no exista una dirección e inteligencia conjunta con objetivos
claros.
Será fundamental que el estado responda fielmente a los intereses sociales,
para lo cual debiera modificarse el actual sistema de democracia formal, donde
el votante solamente puede optar entre las opciones de poder ya instaladas,
esterilizando así por definición toda posibilidad cambio, para transformarlo en
una democracia participativa, donde desde la escala barrial se vaya gestando
una verdadera representatividad. De ese modo “las conexiones nerviosas”
llevarán rápidamente la información desde la base social hacia los
representantes y a la inversa, y cualquier sufrimiento social no podrá pasar
desapercibido o ser anestesiado.
Será fundamental crear mecanismos, dentro de las mismas empresas privadas,
para que la riqueza no se acumule en pocas manos, lo cual, además de constituir
factor de sufrimiento social, suele servir para que el poder económico persuada
al poder político de anestesiarse frente a ese sufrimiento.
Será fundamental que el estado impulse los grandes proyectos económicos que
conlleven al desarrollo de toda la economía en general, sin esperar que la
decisión de los privados converja interesada por el conjunto.
Será fundamental que el estado no ahogue el tiraje de la iniciativa
privada, pero que marque los caminos por donde esta deba encauzarse; así como
no se puede ni conviene detener la corriente de un río, pero sí se puede crear
canales de riego para que sus aguas sean aprovechadas en lugar de inundar.
Será imprescindible que el estado se ocupe de la salud, la educación y el
cuidado del medio ambiente, porque el mercado nunca se ocupará de ello,
sencillamente porque no son rentables. Estos principios, que tuvieron vigencia
en los buenos tiempos del Estado Benefactor, han sido dejados de lado
paulatinamente, con el argumento de que todo lo que es privado funciona mejor,
y entonces resulta que el que no tiene dinero no puede tener una buena
educación y una buena atención de la salud; y si a esto le agregamos que los
estados cada vez deben restringir más su gasto para poder afrontar los
servicios de la deuda externa, las áreas que el estado debería cubrir
necesariamente, van quedando vacías.
Será muy importante también que, en todos los sentidos, la organización
social, a través del estado, le brinde a todo ser humano, la seguridad de que
no quedará desprotegido nunca, a menos que así lo elija; esto no significa que
entonces todos podrán quedarse de brazos cruzados esperando que el estado los
cobije y alimente sin hacer nada, pero sabrán que en todo momento tendrán
igualdad de oportunidades, pudiendo trabajar lo necesario para tener una
calidad de vida digna: un estado que no garantiza este derecho, está violando
los derechos humanos. La teoría liberal de que si las personas tienen una red
de contención, no se esmerarán en sus trabajos, porque total, en última
instancia serán protegidos por el estado, es una teoría antihumanista ¿por qué
entonces no proponen la silla eléctrica una vez al mes para el empleado menos
eficiente de cada empresa? de ese modo se garantizaría que todos se esmeren
para no salir últimos, aunque siempre haya un último. Este es un tema que
también merece analizarse, el de la eficiencia.
Eficiencia y eficientismo - Consumo y consumismo
Si una persona va a una repartición pública y tiene que hacer una cola de
tres horas, porque los empleados están tomando el té y no tienen deseos de
trabajar, podemos hablar de ineficiencia. Si a esta persona la atienden
adecuadamente, escuchándola el tiempo necesario, podemos hablar de eficiencia.
Si a esta persona la atiende en forma apresurada, el único empleado que hay,
que gana un sueldo miserable trabajando 10hs.diarias, hablamos de eficientismo, porque se está
tratando de bajar costos, aún a costa de las personas y también de la calidad
del servicio.
En la primer situación, una organización burocrática, donde las
responsabilidades se diluyen, y donde la indignación del público mal atendido
no opera como disparador de reacciones correctoras, una visión simplista y
lapidaria aseguraría que funciona así por la sencilla razón de que se trata de
una repartición pública; sin embargo, si profundizamos el análisis y vemos cada
una de las variables, observaremos que más que su condición pública, son otros
factores los que, concatenados, resultan en la ineficiencia, como veremos más
adelante.
En la tercer situación, propia de una concesionaria privada, el análisis de
costos y beneficios indica que el rendimiento marginal por incluir un empleado
más para cubrir los horarios pico, no justifica el costo a insumir, y por lo
tanto es más rentable exigir más a un solo empleado y hacer perder el tiempo al
público, lo que no representa costo para la empresa.
En una fábrica estatal, donde no hay un beneficiario personalizado por la
mayor o menor productividad, puede ocurrir que nadie se preocupe demasiado por
los rendimientos, tanto en los procedimientos como en las innovaciones
tecnológicas, y esto se llama ineficiencia,
En una fábrica privada, donde se premie el rendimiento e iniciativa de los
operarios, y donde todas las partes interesadas ganen más cuanto mayor sea la
productividad, seguramente esta mejorará continuamente, y esto se llama
eficiencia.
En una fábrica privada, donde se presiona a los trabajadores para que se
queden más tiempo, sin pagarles las horas extras, donde el cansancio genera
mayores accidentes de trabajo, donde se baja la calidad de algunos componentes
para reducir los costos, hablamos de eficientismo.
Existe el prejuicio, de que todo lo público es ineficiente y que todo lo
privado es eficiente; lo que podemos decir al respecto es que, en primer lugar,
esto no siempre es así, y analizar las excepciones puede servirnos para
encontrar los factores de la ineficiencia y los de la eficiencia, y ver de qué
modo se los puede aplicar, tanto en el campo de lo público como en el de lo
privado. En segundo lugar, no se puede considerar la eficiencia
sólo desde el punto de vista materialista, porque si el fin último de la
economía debe ser mejorar la calidad de vida, hay que tomar en cuenta que
muchas veces el punto de vista meramente rentable, se vuelve en eficientismo y
en baja calidad de vida para muchos de los involucrados, por lo tanto el
eficientismo resulta ineficiente desde el punto de vista humano, que es el que
nos interesa y no otro. Si la eficiencia se busca sólo desde el punto de vista
de la ganancia del empresario, nos encontraremos con las sociedades de ricos
cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres, y eso no es eficiencia social.
No obstante, si la ineficiencia de lo público llega a un extremo tal en el
cual ya ni se puede producir los bienes y servicios necesarios para la
población, es probable que el ciudadano de ingresos medios de una sociedad
donde predomina lo público, tenga una calidad de vida inferior al ciudadano de
bajos ingresos de una sociedad donde predomina lo privado.
Factores de eficiencia
Uno de los principales factores de la eficiencia en la producción de bienes
y servicios, es la relación directa que puede existir entre las personas que
producen con respecto al beneficio que reciben por su mayor o menor
rendimiento. Está claro entonces que, si el empresario gana más cuanto más
eficiente es su empresa, intentará dotarla de las mejores tecnologías y de los
más avanzados procedimientos; si además, sus gerentes y jefes tienen incentivos
por mejorar la productividad, se multiplicarán los factores de eficiencia; y si
los obreros también ganan en función de la productividad, entonces todo tenderá
a funcionar como un perfecto engranaje productivo. O sea, que estamos
extrayendo un elemento de eficiencia que es, la relación directa entre aquel
que puede optar por mejorar la producción y los beneficios que ello le depara.
No estamos entrando a juzgar los rendimientos marginales que los mayores
beneficios le deparan medidos contra el esfuerzo adicional; tampoco estamos
juzgando el exceso de esfuerzo que pudiera hacer caer en el eficientismo
alienante. Simplemente estamos extrayendo un elemento de eficiencia, que suele
existir en ciertos niveles de la empresa privada; tampoco estamos diciendo que
sean sinónimos, solo estamos diciendo de qué se trata.
Otro factor de eficiencia, es el desarrollo tecnológico, tener ideas que
mejoren la productividad e implementarlas a través del equipo necesario. En la
época de un rudimentario industrialismo, la inventiva solía surgir dentro de
los mismos talleres, ya que todo estaba por inventarse aún. Hoy en día, poco es
lo que se puede inventar de nuevo, si no se está en un laboratorio de
investigación, en una planta de desarrollo, y el costo de la investigación, que
no tiene un rédito inmediato y directo, es una inversión a plazo, que se puede
emprender desde una empresa (generalmente de gran envergadura), o desde alguna
Fundación, o desde una Universidad o algún organismo estatal.
Otro factor de eficiencia es el conocimiento del mercado, en cuanto a las
características de la demanda, la magnitud de ésta, y el conocimiento de los
proveedores, de modo de lograr optimizar el resultado de la ecuación entre
precios de venta posibles y costos.
Otro factor es la escala productiva, ya que dentro de ciertos parámetros, a
mayor escala menor costo unitario. No obstante, a veces esta mayor escala puede
llevar a organizaciones numerosas que se tornen burocráticas y esto opere como
factor de ineficiencia, como luego veremos.
Factores de ineficiencia
La falta de relación entre la dedicación y los beneficios que esta depare,
es uno de los principales factores de ineficiencia. Esto no quiere decir que
siempre que haya relación entre dedicación y beneficio, habrá eficiencia; puede
ocurrir que la relación existente sea tan lejana e indirecta, que la persona
que puede optar entre esmerarse más o menos, al no ver de cerca los beneficios
o perjuicios que una conducta u otra pueden ocasionarle, opta por el facilismo
de no ocuparse demasiado. Esto es muy común en las grandes burocracias
estatales, pero también ha empezado a ocurrir en muchas compañías privadas de
gran magnitud, las que de todos modos pueden resultar rentables, pero por otros
motivos, más relacionados con el posicionamiento en el mercado, el poder
económico y la escala de producción, pero no por el esmero que cada uno de sus
integrantes pone en la gestión.
Cuando el “virus” del “…para qué me voy yo a preocupar, si acá a nadie le
importa nada…” se vuelve contagioso y generalizado, comienza la ineficiencia
crónica, y esto es un fenómeno que tiene que ver más con el sobredimensionamiento y la
burocratización de las organizaciones que con el hecho de que estas sean
públicas o privadas; desde luego que este fenómeno ha sido más frecuente en el
sector público, al que además se le agregan otros factores de ineficiencia,
pero si desgranamos variable por variable, veremos donde está la raíz de la
ineficiencia.
Otro factor de ineficiencia es el monopolio y el mercado cautivo, ya que la
falta de competidores facilita la determinación del precio arbitrario, y
entonces no hay exigencias de bajar costos ni mejorar rendimientos para
optimizar resultados. A esto se le suele llamar falta de competencia, pero
preferimos cambiarle el nombre porque, siguiendo con nuestro procedimiento de
“desgranar variables y factores”, podremos ver que el mero competitivismo suele
desembocar en unos pocos ganadores de dicha competencia, que acumulan el poder,
se adueñan del mercado, produciendo la paradoja de que la competencia conduce
al monopolio. Este tipo de funcionamiento monopólico puede intentarse regular
desde el estado, pero es muy difícil detener una bola de nieve cuando esta ya
echó a andar, y la realidad actual demuestra que la concentración económica
avanza a pasos agigantados.
Otro factor de ineficiencia es la falta de capacitación y desarrollo
tecnológico, lo cual no merecería agregar mayores comentarios desde un enfoque
tradicional, y la solución sería, obviamente la capacitación y la educación y
el desarrollo de innovaciones técnicas; y en realidad, para que esto ocurra,
tanto en el ámbito estatal como en el privado, debe existir interés por parte
de quienes conducen. Pero ocurre que, en la sociedad moderna, la aceleración de
las innovaciones tecnológicas muchas veces supera el ritmo de capacitación, y
la obsolescencia de muchos procedimientos hace que mucho conocimiento acumulado
de pronto pase a tener valor cero. Como veremos en los párrafos que dedicaremos
al consumismo, la infinidad de alternativas de consumo, hace que muchas
empresas surjan y caigan como las estrellas fugaces, y otras deban trabajar con
altísimas tasas de retorno si quieren aprovechar su “cuarto de hora” sin perder
la inversión, y todo esto genera ineficiencia económica desde el punto de vista
de la utilización y rendimiento de los factores.
Otro factor de ineficiencia, como veremos en el apéndice técnico, consiste
en la formación de verdaderas castas gerenciales, sobre todo en las grandes
empresas, cuyo costo, tanto el remunerativo como el de los negociados a los
cuales muchas veces tienen acceso, termina inflando los gastos y bajando la
rentabilidad.
Finalmente, la formación de precios en el mercado, no como función directa
del costo sino tomando el costo como piso, y como techo la utilidad marginal
del producto para el consumidor, hace que muchas veces la sociedad pague demás
por muchos productos, restando poder de consumo para otros, y por ende frenando
la actividad económica. Por ejemplo, en el caso de Argentina, el costo de las
tarifas telefónicas ha generado inmensas ganancias a las empresas, para las
cuales el costo de una llamada telefónica adicional a cierto mínimo ampliamente
superado es cero; si el público hubiera pagado por este servicio solamente el
costo más un beneficio empresarial razonable, podría haber tenido un excedente
de bolsillo, ya sea para ahorro o consumo, que hubiese aumentado la eficiencia
económica de la sociedad. Lo mismo pasó con la nafta y los peajes. Desde luego
que este factor de ineficiencia se relaciona con los ya vistos de los
monopolios y los mercados cautivos, pero en este caso estamos poniendo el
énfasis en el mecanismo de formación de precios.
Bien, seguramente hemos omitido muchos otros factores de eficiencia e
ineficiencia, pero hemos analizado los que a nuestro parecer son más
significativos al efecto de considerar las opciones públicas y privadas, y su
factibilidad en un Sistema de economía mixta. Pero no podemos dejar de
mencionar un punto de vista, a veces considerado fuera del campo de la
eficiencia material, pero a nuestro criterio mucho más importante.
La eficiencia humana, no mensurable materialmente.
¿Cómo medir la eficiencia en la salud, en la educación, en la protección
del medio ambiente, en la protección a la vejez, la niñez y la discapacidad?
¿Cuántos enfermos debe atender un médico por hora para considerar que es
eficiente? ¿Cuántos exámenes por minuto debe corregir una maestra? ¿Cuánto vale
un espacio verde? ¿Y cuánto vale el sistema respiratorio de una persona que
aspira smog?.
El pensamiento economicista y eficientista, no repara en el costo social y
tiende a medir todo en función de la maximización de beneficios, y más allá de
la catadura moral de quienes conducen las empresas de este modo, muchas veces
el argumento que se utiliza es que, de no ser así quedarían fuera del mercado y
se perdería la fuente de trabajo. Por ejemplo, si una empresa de medicina
privada pretende bajar costos reduciendo su plantilla de médicos a domicilio,
exigiendo entonces mayor cantidad de visitas diarias por profesional, esto
seguramente irá en desmedro de la correcta atención y de la salud de los
pacientes. Sin embargo, quienes manejan dicha empresa pueden argumentar que de
no reducir los costos de ese modo, no podrían competir con las otras empresas
que hacen lo mismo. Se podría pensar que si los servicios decaen en calidad, la
gente dejará de estar asociada a dicha empresa de medicina privada, pero si
todas hacen lo mismo, la elección siempre será por la menos mala, nivelando
hacia abajo en lugar de hacia arriba.
La excelencia en el cuidado de la salud puede resultar costosa; una buena
educación, seguramente puede resultar costosa; producir protegiendo el medio
ambiente seguramente también. Por lo tanto, si dejamos que la salud, la
educación y el cuidado del medio ambiente dependan del mercado y la
competencia, vamos a tener dos graves problemas: la gente de escasos recursos
no va a tener salud, ni educación y vivirá en lugares contaminados lo que
representa una atrocidad, pero además, los que paguen, no necesariamente van a
tener un servicio acorde a lo que pagan; por ejemplo, es sabido que las
empresas de medicina privada, gastan un 65 % de su presupuesto en publicidad,
ventas y administración, y sólo un 35 % en costo real de prestaciones.
Es imprescindible que el estado, como responsable de la salud, la educación
y el medio ambiente, se haga cargo de estos temas, brindando servicios de
primera línea y regulando a los privados para evitar excesos de eficientismo.
Al humanismo le interesa la eficiencia social, y esta, en algunos aspectos
coincide con la eficiencia económica, y en otros es opuesta: educar a un niño
es económicamente deficitario, curar a un enfermo también, proteger la vejez lo
mismo, pero desde el punto de vista humano y social, es eficiente. Detrás de la
oleada privatizadora de los últimos años, bajo la pantalla de la eficiencia
privada reemplazando la ineficiencia pública, se esconde la exigencia por parte
de los grupos económicos de tener mayor mercado para sus inversiones, y con
ello han hecho retroceder los avances sociales de protección a los ciudadanos.
Consumo y consumismo
Tanto el sistema capitalista como el comunista partían de una premisa
materialista de que a mayor producción, mejor economía. Difícilmente pueda un
economista imaginar una sociedad próspera si no se incrementa el PBI y el
consumo per-cápita. A algunos les basta con las cifras del PBI, otros prefieren
analizar como se distribuye, pero nadie aceptaría una disminución como sinónimo
de una sociedad sin problemas con una economía sana.
Y desde luego que, desde el punto de vista estrictamente económico, y el
economista analiza desde ese punto de vista, el crecimiento es sinónimo de
buena salud, sin embargo, veamos si podemos flexibilizar este punto de vista.
Supongamos que uno en vez de economista es docente, y entonces tiene
interés en la educación de la población, lo cual es correcto. Supongamos que
uno, como docente, quiere medir el nivel de educación de una ciudad, y entonces
toma parámetros tales como, cantidad de horas que pasan los estudiantes en el
aula, cantidad de profesores por alumno, cantidad de asistencia a clase, total
de libros vendidos, etc. Seguramente, a mayor cantidad de todos esos
parámetros, uno interpretará que mejor está la cosa, y si tuviera modo de
influir para superar las marcas, lo haría. Pero, si el único punto de vista
fuese el educacional, tendríamos que la situación óptima, sería que todas las
personas de esa ciudad analizada, asistieran todo el tiempo a clase y se la
pasaran leyendo libros; de ese modo, tendríamos las mayores marcas de logros
educativos. Pero, si eso fuera así, la gente no tendría tiempo para trabajar,
para hacer deportes, para descansar, para conversar, etc.
Estamos queriendo decir que, si algo que es tan necesario y útil como la
educación, se desproporcionara demasiado con respecto a otras necesidades
humanas, podría ser positivo desde un punto de vista muy cerrado del educador,
pero no desde el punto de vista social; hasta es probable que por saturación,
nadie aprenda realmente nada, porque estarían sentados en las aulas, mirando
los libros, pero pensando en irse a jugar al fútbol, o a pasear, o a trabajar.
Claro, hemos dado un ejemplo algo grotesco para resaltar los efectos de la
desproporción, pero si hubiésemos nacido en una sociedad manejada por fanáticos
educadores, quizá nuestro punto de vista estuviera más condicionado y no
veríamos este ejemplo como tan exagerado.
Pues bien, hemos nacido en una sociedad consumista, materialista, donde se
asume que la vida es una carrera para tratar de ganar cada vez más, consumir
cada vez más y acumular cada vez más. Bajo este condicionamiento, los
economistas cumplen con la función de ver como mejoran los procedimientos
productivos y distributivos con un objetivo asumido de aumentar las marcas
anteriores. Y no está mal, que si la sociedad pide cada vez más consumo, el
economista estudie como satisfacerlo; el problema es que el armado de la
economía condicione a que las cosas no puedan ser de otro modo, al menos para
quienes pudieran querer elegir consumir menos a cambio de tiempo libre, por dar
un ejemplo.
Veamos otro ejemplo; supongamos que tenemos a un sastre, que por definición
debería hacer trajes a medida, o al menos estar preparado para ello; supongamos
que por alguna razón relacionada con las modas, de pronto todas las personas
hacen régimen para adelgazar y están muy delgadas, y todos quieren usar ropas
oscuras; si esto se mantiene durante mucho tiempo, el sastre de nuestro ejemplo
comenzará a estandarizar su producción, llegando a fabricar en serie trajes
oscuros para gente delgada; pasadas varias generaciones de consumidores y de
sastres con esos hábitos sociales, a nadie se le ocurriría que existe la
posibilidad de hacer un traje blanco para una persona obesa; por lo tanto, si a
alguien le gustase mucho comer y no desea mantenerse en forma, o le gustaran
los colores claros, esta persona sería un inadaptado social. Si empieza a haber
muchas personas ya cansadas de tanto cuidar la forma y usar colores oscuros,
posiblemente por ser muchos ya no se sientan tan solos, pero de todas maneras
se encontrarán con el problema de que no existen trajes para su medida,
sencillamente porque las fábricas de trajes parten de la premisa de que sólo
existen trajes oscuros para flacos.
Bien, algo parecido ocurre con la sociedad de consumo, todo está orquestado
para que el objetivo en la vida sea consumir y la economía está organizada en
base a ello; cuando alguien pretende optar por trabajar menos, aún a costa de
producir menos, no encuentra muchos lugares donde insertarse. Esta época de
contradicciones, donde hay personas que trabajan doce horas diarias mientras
millones carecen de empleo, es un reflejo de cómo están organizadas las cosas.
En tal sentido, el sistema económico se asemeja a un río torrentoso que no da
opciones: o uno se lanza al agua y es arrastrado por la corriente, o se queda
afuera sin siquiera poder mojarse un poco; cuando en realidad todo debiera
funcionar como una pileta, donde cada cual ve cuando y hasta donde se mete, y
cuando se sale o vuelve a entrar.
Estamos diciendo que el sistema económico capitalista, no deja mucho
margen, desde el punto de vista ideológico, ya que es mal visto quien rechaza
el juego de trepar y consumir, y desde el punto de vista de la organización
empresarial, y todo esto lleva a que también los economistas, cuando piensan
los modelos y evalúan las alternativas y realizan las ponderaciones, parten de
la premisa de que lo bueno es siempre más producción y más consumo, y no se
elaboran modelos que tengan la suficiente amplitud como para dar alternativas.
No se puede imponer a las personas un determinado modelo, ni ideológico ni
económico. No se puede caer en la negación total del deseo de consumir, como se
hizo en la URSS, donde ni siquiera los comercios podían exhibir sus productos
en vidriera para no “caer en la tentación”, pero tampoco se puede imponer un
modelo de consumismo donde “o te sumas o eres un marginal”, en tal sentido, en
el capítulo de propuestas, veremos cómo desde un Sistema de Economía Mixta, el
estado puede legislar para los privados e intervenir en parte, para generar una
mayor libertad de opción en lo que hace a producción y consumo.
También veremos en nuestro apéndice técnico, como el escalonamiento
salarial y la formación de precios sobre la base de la utilidad marginal del
dinero para los diferentes estratos de consumidores, condiciona a los
inversores privados a incentivar el productivismo y el consumismo, como si se
tratase de un callejón sin salida, como si se tratase de un monstruo que
necesita devorar para subsistir, y cuanto más devora más crece y más necesita
seguir devorando.
Y hablando de monstruos devoradores, pasaremos al tema del sector
financiero
LA BANCA
Recuerdo que cuando era niño, y estudiaba historia en la escuela, cuando se
hablaba de la época en que existían los esclavos, se lo hacía desde una
perspectiva lejana, como diciendo “¡qué barbaridad lo que ocurría en aquella
época!”, pese a que en esa época, no tan lejana después de todo, la esclavitud
era vista como la cosa más natural del mundo; quizás algún día, los niños del
futuro vean desde la misma perspectiva de extrañeza cómo, en algún momento de
la historia, existían personas inmensamente ricas, mientras un tercio de la
población mundial se moría de hambre.
También recuerdo como nos reíamos cuando la maestra nos decía que
existieron unos emperadores romanos como Nerón y Calígula que hacían cosas como
mandar a incendiar una ciudad o nombrar a un caballo en funciones públicas, y
decíamos “¡qué barbaridad, las cosas que se hacían en esa época!”; quizás algún
día, los niños del futuro vean con la misma sensación de ridículo las
contradicciones de un mundo donde a través de la democracia formal, los pueblos
elegían una y otra vez a los mismos gobernantes, que les robaban todo y los
condenaban a la miseria.
Recuerdo además cuán ignorantes nos parecían esas gentes que sostenían que
la tierra era plana y el centro del universo, y atacaban a quienes afirmaban
que la tierra era esférica y se movía en torno al sol; claro, si la apariencia era que todo era plano, y que el sol salía del este
y se ponía en el oeste ¿porqué esforzarse en pensar distinto a lo que para los
ojos era tan evidente?. Tal vez, algún día, esta monstruosa acumulación de
poder por parte del capital financiero, a través del mecanismo de la usura,
pueda dejar de ser visto como algo natural, propio del derecho privado, para
pasar a recordarse como una negra época de la historia humana, donde una suerte
de hipnosis colectiva llevó al caos económico y a la debacle de la economía
productiva.
Un poco de historia:
En el sistema capitalista, el fundamento del cobro de un precio (interés)
por el otorgamiento de un préstamo, parte de la premisa de que el prestamista
esta corriendo un riesgo al prestar, y porqué habría de hacerlo si no obtiene
una ganancia. Además se presupone que aquel que solicita dinero, a su vez podrá
hacer negocios con dicho capital, y es lógico que comparta sus beneficios con
quien le prestó. Así es como se fue estableciendo como verdad absoluta, que
todo préstamo genera intereses, y que las tasas tienen que ver con el nivel de
riesgo.
En realidad, se tomó al dinero como si fuera una mercancía más, que tiene
un precio, y se la trató como tal, dentro del marco de la ideología capitalista
que siempre pone el lucro por delante, y desde ese punto de vista, así como
alguien que presta maquinarias para un emprendimiento productivo, reclama para
sí una parte de las ganancias, el prestamista pone el dinero, y reclama su
ganancia. Claro que como el dinero, no es una herramienta específica, que
algunos necesitan y otros no, sino que, dado el esquema económico, todos
necesitan del dinero, éste se fue convirtiendo en un elemento vital e
irreemplazable, y quienes lo acumularon, acumularon el poder sobre los que no
lo tenían. Entonces el dinero, en manos de los financistas, adquirió la
facultad de multiplicarse a sí mismo.
Al ver el negocio que representaba multiplicar el dinero con bajo riesgo,
los financistas tentaron a otros inversores, que tenían excedentes de efectivo,
a participar del negocio, pagándoles una tasa obviamente menor a la que ellos
percibían de sus deudores. Así fue como se fueron organizando los bancos,
involucrando a mucha gente en el juego financiero. Claro que con el tiempo
descubrieron que para poder prestar dinero, no necesariamente había que
tenerlo, ya que el sistema de giro de cheques, transferencias, y otros
mecanismos, permitía que, al compensarse entradas y salidas, el efectivo que
tenia que disponer el banco, era menor al que se prestaba, lo cual significó en
otras palabras, que el mismo dinero se podía prestar varias veces
simultáneamente, y así seguir multiplicando las ganancias.
Claro que a esta altura, ya no se puede hablar de banqueros, sino más bien de un
conglomerado económico, donde los financistas compran empresas, y donde las
grandes empresas forman bancos para captar fondos de ahorristas, y así se van
entrelazando los poderosos, a veces asociándose, a veces devorándose unos a
otros.
Situación actual:
Semejante acumulación de riqueza, y semejante mecanismo para multiplicarla,
hizo que la Banca fuera incursionando en todos los niveles de la economía, y
comprando al poder político para ponerlo a su servicio. Así se fue produciendo
el endeudamiento de los países (Deuda Externa), así se fue produciendo el
endeudamiento de las empresas, que terminaron quebrando o absorbidas por las
más grandes, obviamente vinculadas a la Banca, así se fue produciendo el
endeudamiento de los agricultores, con sus tierras hipotecadas, así se fue
produciendo el endeudamiento de los trabajadores (compras a crédito, tarjetas,
etc.).Y nos acercamos al momento en el que cada ser humano dependa de la Banca.
En este mecanismo, ya no existe posibilidad de retorno, pues la complejidad
de la madeja de inversores y administradores de inversión, hace que la
dirección del proceso sea errática, y los flujos de capitales son tan grandes,
que según entren o salgan de un país, generan fugaces reactivaciones y
fatídicas recesiones.
Para ilustrar la dimensión del asunto con algunas cifras: George Soros, uno
de los inversionistas más conocidos, y con grandes intereses en Argentina,
administra fondos de inversores superiores a los 25.000 millones de dólares, (cifra equivalente a las reservas de
Argentina, y a la mitad de su presupuesto anual); Gary Brinson, administrador
de inversiones de Chicago, controla acciones por más de 30.000 millones; Thomas
O`Neill, administra más de 50.000 millones; Fred Tylor, administra 58.000
millones; también Ruper Murdoch, inversor en medios de comunicación, Jhond
Reed, presidente del Citicorp y el príncipe Al-Waleed bin Tatal, son algunos de
los casos.
El efecto Tequila, la crisis del sudeste asiático, y las altas tasas de
interés que soportó Brasil desatando una crisis en todo el MERCOSUR, son claros ejemplos, tanto del poder
descomunal del capital financiero mundial, como de la imprevisibilidad de sus
operaciones, y su impacto sobre la economía real.
Cuando a un grupo financiero le va mal, en esta lucha donde grupos
financieros más grandes quieren monopolizar el mercado, cuando les va mal,
también pierde la gente, porque algunos pierden sus ahorros, otros el crédito y
cortan la cadena de pagos, y a otros les aumentan la tasa de usura, como efecto
rebote. Y de todos modos, el Capital se sigue concentrando y especulando
irracionalmente.
Hasta hace poco tiempo nos querían hacer creer que los problemas
financieros eran de los países subdesarrollados, que no sabían administrarse.
La crisis del Sudeste asiático, dejó en claro que los defensores del modelo de
los Tigres Asiáticos, nos querían vender tigres de papel. Luego le
tocó el turno a Japón, donde a partir del derrumbe de la centenaria financiera
Yamaichi, que dejó deudas por 23.000 millones, se vio la punta del iceberg de una crisis que observan azorados los que
antes miraban admirados a la segunda economía mundial, ahora en franca recesión
¿Y qué pasará cuando la floreciente bolsa de los EE UU, inflada como un
gigantesco globo, explote al mejor estilo de la crisis del 29?.
Hoy convergen todas las
condiciones para los “globos” financieros; existe un gran abanico de
“futuribles” para tentar inversores en la bolsa, como por ejemplo las compañías
informáticas y de desarrollos de Internet, con valor de cotización
infinitamente superiores a sus activos; existe una gran liquidez, resultado de
la acumulación de riqueza, que necesita de nuevas inversiones para generar los
porcentajes de ganancia que justifiquen los fondos de inversión. Existen, como
contrapartida de los que acumulan riqueza, aquellos que necesitan endeudarse,
estados y naciones que emiten bonos que cuando no pueden pagar los refinancian
con nuevos bonos.
Se está “pateando para adelante” una situación insostenible, sencillamente
porque la creciente liquidez del capital financiero internacional, que necesita
endeudar para ganar, excede las posibilidades de generar suficiente
rentabilidad por parte de los deudores para pagar sus deudas, y eso lleva al
colapso, al efecto dominó de quiebras y a la ruptura de la cadena de pagos.
Si a una persona que tiene un kiosco, le prestan 10.000 dólares a devolver
en 12 cuotas, con un 20 % de interés, tendrá que pagar por mes 1.000 dólares,
los cuales tendrán que salir de su renta; puede ser que si logró hacer rendir
esos 10.000 que le prestaron, logre con mucho esfuerzo, devolver el préstamo.
Pero si le prestaron 50.000, la escala de su negocio no le permitirá tener
suficiente renta como para devolverlos, y si a eso le agregamos que lo mismo
hicieron los kioscos vecinos, tendríamos que aumentar tanto la demanda del
vecindario que les compra, que sería imposible que todos se mantengan en pie. Y
eso es lo que está ocurriendo en el mundo.
Veamos como funciona este mecanismo, recordando algunos conceptos
analizados en uno de los informes de la Fundación Aconcagua hace un tiempo.
La
aspiradora financiera
Definimos como Banca, no
sólo a los bancos propiamente dichos, sino a todo capital financiero que lucra
con el cobro de intereses por créditos, con la sobreutilidad de negocios
vinculados al otorgamiento de dichos créditos y con la posterior apropiación monopólica
de la producción de bienes y servicios claves.
La masa monetaria de un país, el
circulante, da vueltas varias veces al año, como medio de intercambio en la
sumatoria de operaciones económicas que terminan conformando el Producto Bruto
Interno. Si la masa monetaria se mantiene constante y en cada vuelta que da ese
circulante, hay que pagar el peaje de la Banca, llegará un momento en que esta
se quede con todo el dinero, ya que la suma algebraica de créditos y deudas
inexorablemente será cada vez más favorable a la Banca, por la sencilla razón
de que ésta gana dinero con el dinero. Si alguien acumulara y prestara agua, y
por cada litro hubiera que devolverle dos, llegará un momento en que tendrá
todo el agua del planeta.
En la medida que la Banca se apropie de todo el circulante, el dinero será
un bien escaso para el resto de la economía, por lo que el valor de los
salarios y de la rentabilidad empresarial, comenzarán a bajar con relación al
precio del dinero. Ahora bien como el negocio de la Banca es prestar, porque si
no presta no gana, deberá seguir prestando, aunque ya se haya apropiado de todo
el dinero, por lo cual comenzará a cobrarse en especies, adquiriendo empresas,
tierras e inmuebles, ampliando sus negocios.
Estas definiciones, que suenan a sentencias premonitorias, en realidad son
la descripción de lo que ya está sucediendo.
La trampa del crédito:
Cuando alguien tiene un ingreso mensual de $ 100, y consume por $100, no se
endeuda. Si lo tientan a consumir por 200, debe endeudarse. Claro que si muchos
se endeudan para consumir más, se produce una momentánea reactivación del
aparato productivo, por el aumento de consumo. Pero se producen al menos dos
efectos adicionales; en primer lugar, quien se endeuda, durante un tiempo va a
bajar su consumo hasta pagar su deuda, y en una proporción mayor al aumento
inicial, ya que como debe pagar un interés, en el momento 1 aumentó su consumo
en 100, y en el momento 2 bajó su consumo en 110. Claro que como nadie quiere
bajar su consumo, muchos seguirán endeudándose, hasta que llegue un momento en
el que buena parte de sus ingresos mensuales se destine a pagar intereses.
Este mecanismo se produce, tanto en los consumidores que se financian con
sus tarjetas de crédito, como en las empresas que se endeudan para poder
financiar sus gastos ante la baja de sus ingresos y luego se endeudan para
refinanciar sus deudas anteriores; también les ocurre a los gobiernos,
municipales, provinciales y nacionales. Y en la medida que el endeudamiento
aumenta, mayor es la proporción de los ingresos que se destina al pago de
intereses, y por lo tanto se produce el ahogo financiero que obliga a nuevas
refinanciaciones, en un círculo vicioso que sólo termina con la quiebra de
muchos y con la esclavitud de otros. En los Estados Unidos en 1999, 60 millones
de hogares pagaron en promedio mil dólares de intereses por el uso de tarjetas
de crédito; si a eso le sumamos las deudas hipotecarias y las deudas bancarias
comunes, nos encontraremos con una sociedad verdaderamente hipotecada. En la
Argentina, hemos avanzado rápidamente, en la última década, al endeudamiento y
la bancarización generalizados.
El siguiente relato, ilustra bastante el funcionamiento de la usura.
Un joven
prestamista le preguntó a un viejo usurero: "un cliente mío, que gana
$1.000 al mes, y gasta 600 en comida, me pide un préstamo, ¿hasta cuánto te
parece que debo prestarle?” a lo que el
otro respondió: "Depende: si quieres que te lo devuelva, no le prestes más
de 2.000; si quieres que nunca te lo devuelva, préstale 100.000, y si quieres
esclavizarlo de por vida, préstale 20.000 al 2 % mensual, y se pasará toda su
vida pagándote intereses, sin bajar la deuda."
Efectivamente, los mejores clientes de las tarjetas de crédito, no son ni
los que pagan puntualmente el 100 %, ni, obviamente, los que no pagan nada. El
mejor cliente es el que paga siempre el mínimo y se financia al 4 % mensual.
Y respecto a la deuda externa, el mejor estado deudor, no es el que pueda
pagar su deuda externa, ni el que no la pague. El mejor estado deudor, es el
que mantiene un nivel de déficit suficiente como para necesitar endeudarse,
pero no tanto como para dejar de pagar sus intereses. De hecho el FMI, siempre
pauta metas presupuestarias que prevean déficit manejables.
Tanto la asfixia financiera, como la tentación a consumir por adelantado,
(en lugar de ahorrar y después consumir), conducen a la trampa del crédito, y
ella no sólo genera ganancias a la Banca en concepto de intereses, sino también
por negocios colaterales. Por ejemplo, es común que cuando una persona saca un
crédito, quien se lo otorga lo obliga a tomar una póliza de seguro (con una
compañía ligada al prestamista), o a abrir una cuenta bancaria con gastos
fijos. Cuando un estado refinancia su deuda, para poder recibir el préstamo,
debe cumplir con algunos deberes, adicionales al interés financiero, como
privatizar las empresas públicas rentables, concesionar servicios con contratos
leoninos, quitar aranceles a la importación, etc.
De tal modo que la Banca, va esclavizando a los consumidores, a las
empresas, y a los estados, y se va
quedando con todo, derribando todo a su paso. El poder económico le permite
hacer negocios de gran escala, eliminando la competencia, como es el caso de
los shopings e hipermercados, que han destruido al pequeño comerciante.
Generalmente incursiona en negocios seguros de clientela cautiva, como los
servicios públicos, las commodities, los peajes, etc.
Cada vez son menos los productos que pueden venderse sin el aparato
publicitario al que sólo acceden los grandes capitales; cada vez son menos los
pequeños y medianos productores que logran sobrevivir, y de los que lo logran,
casi todos terminan siendo proveedores de una gran company de comercialización
que les impone condiciones tales que
minimizan su rentabilidad y los obliga a pagar salarios de miseria.
En este contexto, el valor del trabajo y la renta del capital productivo,
se va deteriorando cada vez más, en beneficio de "los grandes
negocios" de la especulación financiera. El crédito, que intenta exhibirse
como una herramienta para el desarrollo, termina siendo un arma para la succión
parasitaria de la usura, con el agravante que este comportamiento parasitario,
por su naturaleza expansiva, no puede convivir en una relación de equilibrio
con los factores productivos, tendiendo inevitablemente a absorberlos hasta
secarlos, avanzando hacia una inexorable pauperización de la población mundial.
Sólo la desarticulación del poder de la Banca, y su reemplazo por el
crédito de bancos que presten sin interés, podrán revertir esta dirección
nefasta.
El rol del estado en el sector financiero en un Sistema de Economía Mixta
Si bien en muchos
pasajes de este escrito nos referiremos a la problemática argentina, no es la
idea centrarnos en ello, sino intentar desarrollar algunos conceptos e ideas
que puedan ser de utilidad en cualquier economía. No obstante, cabe plantearse
a cada paso, si es posible aplicar algunas propuestas en un determinado país,
prescindiendo de la política económica internacional, habida cuenta del
fenómeno de la globalización. En este sentido, quizá el tema del sector
financiero sea el más dependiente de los avatares internacionales; y esto no es
casual, precisamente porque como ya dijimos, el poder financiero internacional
es quien se está apoderando de todo, a la vanguardia de una globalización que
funciona como una suerte de imperialismo financiero.
Tanto el engendro de
la convertibilidad en la Argentina, como la avanzada dolarizadora que está
queriendo hacer pie en Latinoamérica, tal vez comenzando con Ecuador, son
signos de una arremetida final contra el control por parte de los estados
nacionales del manejo de su sistema financiero. ¿Para qué tener como
prestamista de última instancia a los bancos centrales, pudiendo recurrir a la
“generosa” banca internacional?
El Nuevo Humanismo
confía en que en un futuro no muy lejano, el mundo sea una Gran Nación Humana
Universal, donde todos los habitantes del planeta vivan en armonía, y, en lo
que hace al tema económico, con todas sus necesidades básicas resueltas. En ese
momento tan deseado, es posible que la integración regional y la mundialización
sean facilitadas por el uso de monedas comunes; sólo que el control de las
finanzas en ese caso, deberá estar en manos de aquellos que representen los
genuinos intereses de la gente. ¿Pero qué debe hacer un país con su sistema
financiero mientras siga la banca internacional manejando los hilos de las
finanzas?
Seguramente que el
Banco Central debe tener un activo rol para regular la liquidez, incentivando
el desarrollo multiplicativo del gasto y equilibrando el presupuesto para
evitar desbordes inflacionarios. Si bien las prácticas keynesianas ya han
quedado en el pasado y deben ser superadas por un direccionamiento más
discrecional, casi de “precisión quirúrgica” en cuanto a la intervención
monetaria del estado, no cabe duda que el concepto de intervención del estado
en la política monetaria y crediticia, debe estar vigente en un Sistema de
Economía Mixta, en tanto el estado sea concebido como “la inteligencia social
organizada para el bien común”.
Todos sabemos que,
cuando existe recesión, los factores productivos están sub-utilizados; si
tenemos un campo sin trabajar, un tractor parado, y un peón desocupado, tenemos
todo lo que se necesita para producir, y sin embargo no producimos; esto ocurre
porque en el sistema capitalista, para unir los diferentes factores de
producción, hace falta un inversor que traiga dinero, para arrendar el campo,
comprar el tractor y pagarle el salario a los peones, para luego recuperar la
inversión con la cosecha. En realidad, lo que hace falta es el dinero, ¡o sea
papeles!.
¡Qué ironía! para
producir hacen falta papeles, porque en definitiva los billetes son papeles,
muy útiles para no tener que volver a la economía de trueque que nos haría
retroceder siglos, pero papeles en última instancia. Claro, que si esos papeles
abundan, entonces no valen nada, porque la economía no puede tener más
productos sólo porque imprimamos papeles, pero bajo ciertas condiciones
recesivas, en algunos sectores particulares, el dinero cumple con la única
función de hilvanar factores productivos que estaban latentes. En otras
palabras, que bajo ciertas circunstancias el dinero es sobre todo reserva de
valor, y bajo otras circunstancias es sobre todo unidad de medida y de cambio.
Pero estos temas más técnicos los veremos en el apéndice.
Entonces, el estado,
en un SEM, debiera poder intervenir para evitar la recesión por iliquidez, por
ahogo financiero, por endeudamiento. Y esto se puede hacer de dos maneras,
interviniendo directamente el estado en el impulso productivo, o financiando con
créditos más que blandos a los sectores productivos privados. Y cuando hablamos
de créditos más que blandos, no hablamos de tasas de interés bajas, estamos
hablando de algo quizás incomprensible desde la óptica actual: el Banco Sin
Interés.
Todos estos temas los
desarrollaremos en el capítulo de propuestas. Ahora cabe preguntarse, como hace
un país para prescindir de la banca internacional, teniendo en cuenta las
ataduras que hoy se tienen, tanto en Argentina como en muchos países del mundo
con el capital financiero y los organismos internacionales que los representan.
La deuda externa
Dimensión de la situación en la Argentina
La deuda externa actual nacional, es
de aproximadamente 120.000 millones de
dólares, lo que genera un flujo anual de
fondos al exterior, solo en concepto de intereses, de 8.000 millones de
dólares. A esta deuda hay que sumarle los más de 35.000 millones de deuda que
tienen las provincias con la banca acreedora.
Este es el resultado de una acumulación de intereses, nuevos créditos y
refinanciaciones, que tiene inicio
durante el gobierno de Isabel Perón, cuando la deuda era de 8.300 millones y
comienza a cobrar dimensión durante el
período del proceso militar, cuando se quintuplica, llegando a los 44.000
millones, para que luego tome la posta el gobierno radical que la lleva a
63.000 millones, y posteriormente el gobierno de Menem que con los 120.000 millones, ha duplicado la
deuda que le dejó el gobierno anterior y con el agravante de que remataron el
patrimonio nacional (privatizaciones mediante) y ahora estamos sin nada y
endeudados. No pareciera que el recientemente asumido gobierno radical, nos
saque de esta ciénaga, sino todo lo contrario ya que están obedeciendo pies
juntillas lo que dictamina el FMI.
Pero como estas son sólo cifras, tratemos de
dimensionarlas mediante un ejercicio de imaginación.
Imaginemos que suena el timbre en la
casa de un ciudadano común, con una familia tipo, y cuando el padre de esta
familia, abre la puerta, se encuentra con un señor vestido de negro, con una
galera, que le dice: señor vengo a recordarle que en esta casa tienen una deuda
de 20.000 dólares con la Banca Internacional, y tengo órdenes de embargar su
casa, salvo que Ud. pueda pagarme esta deuda de inmediato. Este pobre ciudadano, que supone que ese
señor tan elegante y con aspecto solvente, debe tener razón, le responde que
con su sueldo de 500 pesos mensuales, le es imposible afrontar esta deuda, y
que va a consultar con algunas personas que podrían ayudarlo; y (mientras el
señor de la galera mira su reloj impaciente), sale corriendo a buscar a sus
familiares y vecinos, para pedirles prestado a ellos y, para su sorpresa, se
encuentra con que en la casa de cada uno de sus familiares, vecinos y amigos,
hay otro señor de galera, reclamando exactamente la misma deuda en cada casa,
por lo cual, no solamente cae en cuenta que nadie podrá ayudarlo, sino que
además, tendría que ayudar a pagar la deuda de alguno de ellos que está
desocupado.
Regresa entonces y le manifiesta al acreedor, quien ya estaba empezando a
llevarse los muebles, que lamentablemente no pudo obtener ayuda, pero que tiene
interés en pagar como sea, con tal no quedarse sin techo, a lo que el acreedor
le dice que la única posibilidad, es que pague todos los meses los intereses,
que teniendo en cuenta que es una persona poco solvente, le deberán aplicar una
tasa mayor por el riesgo de incobrabilidad, lo que implicará que mensualmente
deberá abonar 200 pesos, desde ahora, hasta la eternidad. Y si algún mes no
puede pagar la cuota de interés, esta se capitalizará y le darán una
refinanciación, que irá haciendo crecer las siguientes cuotas.
Si imagináramos la situación propuesta, seguramente pensaríamos que se
trata de una película de ribetes kaffkianos, mezcla de terror y
ciencia-ficción. Pues bien, la realidad es exactamente así, sólo que los
gobiernos la disfrazan un poco.
Las cuentas, son exactamente esas, si dividimos el monto de la deuda
externa nacional y provincial por la cantidad de grupos familiares de la
Argentina, sólo que en lugar de ir el cobrador de la Banca a cada casa, envía
sus representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI) a exigir el pago a
los gobiernos, que cómplices ellos, se ocupan de cobrarle la cuota a cada
ciudadano a través de los impuestos y la recesión.
Es muy común, que cuando se habla de la Deuda Externa, la gente, si bien
sabe que es mucho dinero, no sabe hasta que punto se ha convertido en una
hipoteca para el futuro de los argentinos.
Además, existe la creencia de que tal deuda, es un problema del gobierno,
sin darse cuenta de que los fondos con los que el gobierno afronta el pago de
los intereses de esta deuda, salen del bolsillo del pueblo, ya que, cerca del
40% del salario de un trabajador se esfuma pagando impuestos en cada producto
que consume.
Pero la creencia más arraigada es aquella de que la deuda,
independientemente de su magnitud, es una deuda y hay que pagarla.
¿Quién se endeudó?
Está claro que no fuimos los ciudadanos comunes los que nos endeudamos, ni
los que pactamos intereses usureros con los acreedores, sino que fueron los
funcionarios públicos los que endeudaron al país, solicitando créditos para el
estado, o peor aun, pasándole al estado las deudas de las empresas privadas,
como hizo Cavallo cuando era funcionario del gobierno militar.
Claro que se supone que los gobernantes actúan en representación de los
ciudadanos, y si se equivocan, la Nación entera debe asumir los compromisos que
pactaron sus representantes.
Esta teoría, de la continuidad jurídica de los estados, que dice algo así
como que un estado sigue siendo el mismo, y debe respetar sus compromisos
internacionales, mas allá de que sus gobernantes cambien, porque de otro modo
un gobierno borraría con el codo lo que el anterior escribió con la mano, es
una teoría que tiene cierta lógica cuando se habla de gobiernos democráticos,
ya que se supone que los eligen las mayorías, y si las mayorías se equivocan,
debieran hacerse cargo.
Disentimos con este punto de vista, en por lo menos tres aspectos.
En primer lugar, en el caso de la deuda contraída por gobiernos militares,
que usurparon el poder bajo la amenaza de las armas, matando a decenas de miles
de personas, no parece que podamos hablar de funcionarios que actuaron en
representación del pueblo, y por lo tanto el pueblo tenga que hacerse
responsable de los compromisos que asumieron. ¿O acaso podemos creer que los
prestamistas obraron de buen fe, creyendo en la representatividad de las juntas
militares? Es tan grande la hipocresía de los poderes internacionales, que cuando el gobierno de
algún país no sigue sus reglas del juego, no vacilan en promover bloqueos
económicos, e intervenciones militares, con el argumento de que en esos países
no se respetan los derechos humanos, pero cuando los dictadores, sean de
izquierda o derecha, se prestan al juego del capitalismo, los apoyan y hacen negocios con ellos, a
espaldas de la gente, sin importarles los Derechos Humanos.
Es como si al padre de familia del ejemplo inicial, le invadiera la casa
una banda de delincuentes, y mientras lo tienen secuestrado, le hipotecaran la
casa con un prestamista amigo de la banda. Y después de que la banda abandonó
la casa, la deuda contraída mantuviera su legalidad y vigencia.
En segundo lugar, aquellas deudas contraídas por gobiernos democráticos, no
por ser en principio aparentemente genuinas, debe aceptarse que deban ser
pagadas a cualquier costo. La mayoría de las legislaciones prevén que, en el
caso de deudas contraídas por individuos, por cualquier concepto, pueden ser
reclamadas con ciertas limitaciones, al punto de no afectar la casa habitación
y la manutención mínima para la subsistencia: en otras palabras, le ley prevé
que el que genuinamente debe, pague sus deudas, pero no al costo de morir de
hambre. Por lo tanto, debería aplicarse el mismo criterio en las deudas
internacionales, ya que no se puede exigir que un país pague sus deudas al
costo de que parte de su población sea marginada y empobrecida.
En tercer lugar, y siempre refiriéndonos a deudas contraídas por gobiernos
democráticos, donde también se deberán investigar los procedimientos corruptos
por parte de los funcionarios y la banca, una cosa por verse es la validez de
la deuda contraída, y otra cosa es la validez de los intereses usureros que
aplican los acreedores, de modo arbitrario, establecidos unilateralmente, con
la única razón de su poder de presión internacional. Este fenómeno matemático
de los intereses, hace que los países se endeuden al punto de que llega un
momento en el que deben cada vez más, a pesar de haber pagado ya varias veces
el monto de deuda originalmente contraído. Y respecto a estas tasas, es bueno
aclarar, que, si bien algunas de las refinanciaciones, a través del plan Brady,
han contemplado menores intereses e ínfimas quitas, en realidad sólo se buscó
mejorar la situación de los bancos acreedores (Citicorp, Chase, Morgan
Chemical, Sanwa, Tokio y otros), al garantizarles el pago con bonos del Tesoro
de los EE UU, mediante la intervención del Banco Mundial y el FMI, significando
esto un mayor endeudamiento y durísimas condiciones de ajuste económico.
Responsables
Los primeros grandes responsables de esta deuda son los grupos financieros
internacionales, que en su voracidad por ganar cada vez más, y dado el volumen
de capitales con los que operan, en su necesidad de buscar clientes grandes a
quienes despojar, han presionado sobre los gobiernos para hacer endeudar países
enteros, y, una vez llevado el
endeudamiento a cifras inmanejables para las economías nacionales, se han
ocupado de tensar o aflojar las riendas de su poder, de acuerdo al momento, de
modo de poder seguir succionando.
Para explicarlo gráficamente, la deuda, es el arma con que la Banca apunta
a los gobiernos para que implementen, FMI mediante, las políticas que más
convengan a los grupos económicos.
De este modo, la ganancia de la Banca, no consiste sólo en los intereses de
la deuda, sino que además presiona para que se privaticen las empresas
publicas, y de ese modo se va quedando con todo; presiona para que se abran las
importaciones libremente, para de ese modo colocar los productos de sus
empresas, generando desempleo en nuestro país; presiona para que se liciten
obras a su medida, etc. Cuando parece que aflojan un poco el lazo, y
“bondadosamente” refinancian la deuda, lo que están haciendo es darle más vida
a la gallina de los huevos de oro, hasta tanto la gallina pueda poner huevos,
claro.
¿Y quiénes son los otros grandes responsables de este saqueo planetario? :
los gobiernos de los países endeudados, que generalmente aceptan de rodillas
los condicionamientos de la Banca, y otras veces se hacen los rebeldes si
necesitan consenso político, mientras entre bambalinas siguen obedeciendo.
Además, está el mal manejo de las finanzas publicas, propio de los gobernantes
que sólo les interesa llevarse su botín, y dejar tierra arrasada a su paso. En
Argentina, una gran parte del endeudamiento público es para cubrir una balanza
de pagos deficitaria en mas de 25.000 millones de dólares, para poder mantener
una convertibilidad que destruye la industria.
Y como si el endeudamiento público fuera poco, el pueblo también tiene que
hacerse cargo del endeudamiento privado; numerosas empresas (Alpargatas, Bunge
y Born, Bridas, Pérez Companc, y muchas otras), fueron favorecidas con la
estatización de la deuda externa privada llevada adelante por Cavallo. ¿Qué
pasará con la actual deuda privada en dólares, de los grupos empresarios, si
Argentina se viera obligada a devaluar? ¿Acaso acudirán al Gobierno para que
los salve? ¿Y quién se hará cargo de pagarla, nuevamente el pueblo?.
¿Qué hay que hacer?
Se debe crear una Comisión Investigadora que elabore un informe de como se
ha constituido la deuda, quien la contrajo, quien prestó, en que se utilizó, y
cuántos intereses ya se han pagado. Los organismos que pretenden cobrar,
deberán tener muy claras sus cuentas y sus facturas, y hasta tanto no esté
todo claro, habrá una moratoria.
Una vez que las cuentas estén claras, la decisión será, en principio, no
pagar la deuda contraída por gobiernos militares, tomando los pagos que sobre
la misma ya se hubieren efectuado, como pago a cuenta de la deuda tomada por
gobiernos democráticos. De la deuda que en definitiva quede aprobada como
genuina, no se abonarán mas intereses, pues ya se ha pagado demasiado, y
sobre el capital, deberá haber una financiación a largo plazo, donde las
cuotas de cancelación, no superen un porcentaje máximo del presupuesto
nacional.
Respecto a nuevos préstamos, deberá existir una ley que regule el
endeudamiento, limitando su monto de capital y la tasa de interés. Se
establecerá qué funcionarios tienen facultad para contraer deuda, evitando así
el endeudamiento arbitrario mediante decretos de necesidad y urgencia.
Deberá especificarse el destino del crédito, y se priorizará el destino
relacionado a la Salud, Educación, Empleo y Vivienda.
Bajo ningún punto de vista el Estado garantizará los préstamos que
contraigan las empresas privadas.
Se podrá pensar, respecto de la deuda externa, que la decisión unilateral
de investigarla, y no pagar buena parte de la misma, sin aceptar los
condicionamientos del FMI, puede crear problemas a nuestro país, por las
represalias que puede tomar el sistema financiero internacional y los
gobernantes de las potencias.
En primer lugar, parece que las potencias irán dejando de ser potencias, a
medida que la misma banca genera el caos, y parece que los pueblos empiezan a
despertarse de la creencia de que el Sistema funciona muy bien, y si un país
saca los pies del plato, es correcto castigarlo. De modo que no hay que temerle
tanto al gigante que se tambalea.
En segundo lugar, debe quedar claro, que procesalmente, el rumbo que se
lleva, conduce inexorablemente al vaciamiento total de nuestro país, a la
concentración de lo que quede en manos de unos pocos, y a la marginación de las
mayorías: y esto no es adivinar el futuro, esto ya está ocurriendo: la deuda
sigue aumentando, aunque se pague, las empresas estatales ya no están, y la
deuda crece, la desocupación aumenta y la deuda crece: ¿es que acaso alguien
puede pensar que vivimos en el paraíso, y vamos hacia un paraíso cada vez
mejor, y que no pagar la deuda externa nos enviara al infierno? ¿Es que alguien
cree que si nos dejamos despojar sin resistirnos, luego en premio nos van a
devolver lo que nos quitaron? ¿Qué puede
ser peor que esto? ¿Que la banca diga que Argentina no es un país confiable
porque no paga la deuda contraída por
los gobiernos de facto? ¿Que Argentina no es un país confiable para los
inversores, porque prioriza darle de comer a su gente antes de llenar las arcas
de la Banca?
Cuando digan eso, y mucho más, será la señal de que marchamos por el buen
camino, y tal vez otros países lo sigan.
Y ya que estamos con temas referidos al contexto internacional para un país
que quiera aplicar un SEM, analizaremos a continuación el fenómeno denominado
Globalización.
La Globalización
El reciente fracaso de la denominada Ronda del Milenio (Conferencia de la
OMC en Seattle), quizá ocasionado en mayor medida por la política interna de
EEUU, cuyo gobierno con elecciones por delante no quería perder simpatías entre
ecologistas y sindicatos, abrió un paréntesis en un proceso en que, de todas
maneras, los países del denominado tercer mundo, asisten como observadores.
La indiscriminada apertura comercial impulsada por los países más
desarrollados e impuesta con la presión de los organismos financieros
internacionales, ha empobrecido y endeudado aún más a los países del tercer
mundo, sobre todo en Latinoamérica (736.000 millones de endeudamiento).
Mientras tanto, los países más ricos mantienen los subsidios agrícolas, que en
1998 significaron 362.000 millones de dólares, trabando las exportaciones de
los productos primarios por parte de los países menos desarrollados.
Mientras el neoliberalismo habla de las supuestas bondades del libre
comercio, haciendo gala de argumentaciones anacrónicas, como la de las ventajas
comparativas de los países, que datan de hace dos siglos, la realidad demuestra
no sólo que el crecimiento en el comercio internacional, no se corresponde con
el crecimiento económico de los países, sino que además genera una creciente
regresión en la distribución de la riqueza.
Es tan grande la hipocresía de los ideólogos de la ruptura de fronteras
arancelarias que suelen corresponderse con los ideólogos de las restricciones a
la inmigración: el capital puede desplazarse libremente por todo el mundo, las
multinacionales tienen que poder colocar sus productos sin las molestas trabas
aduaneras, pero las personas no pueden desplazarse libremente por los países:
¡esa es la globalización!
Está permitido que los capitales golondrinas entren a un país, endeuden a
la gente, y levanten vuelo cuando mejor les convenga, generando quiebras en
cadena y mayor desempleo. Está permitido que las multinacionales se instalen
con tecnología de punta, haciendo desaparecer a las pequeñas empresas,
generando mayor desocupación. Está permitido que los lobbies multinacionales,
mediante la presión política de los gobiernos de los países centrales y
mediante la presión financiera de sus bancos y los organismos financieros
internacionales, consigan que se abran las fronteras para sus productos,
destruyendo las industrias nacionales y generando mayor desempleo. Pero no está
permitido que los desocupados, que perdieron su trabajo por los factores
anteriores, puedan salir de su país a buscar trabajo en los países centrales.
¡Esa es la globalización!
La Globalización, es el gobierno mundial por parte de un poder central que
disciplina al resto de las naciones. Es el predominio económico de las
multinacionales y de la Banca que condicionan la economía mundial a favor de
sus intereses. Es el sometimiento de los pueblos de las naciones
subdesarrolladas, que no pueden tener la más mínima posibilidad de influir
sobre semejantes poderes. Esas son las reglas del juego, y mientras esas sean
las reglas del juego, no se puede seguir jugando.
El Nuevo Humanismo aspira a la futura formación de una Nación Humana
Universal, como culminación de un proceso de regionalización y mundialización,
en el que las diferentes culturas se vayan integrando sin perder su diversidad,
y donde los pueblos puedan darse a sí mismos una organización que supere las
barreras de lo nacional para arribar a un mundo solidario. En lo económico,
esto significará que, efectivamente, entre toda la población mundial se
optimice la explotación de los diferentes recursos del planeta, de modo
sustentable, para lograr que todos los habitantes de la tierra tengan resueltas
sus necesidades básicas.
Pero este ideal es algo muy diferente a lo que ocurre con la globalización,
donde el poder económico utiliza la tecnología moderna, la informática, las
comunicaciones y el transporte, para imponer su explotación de modo uniforme en
todo el mundo.
Si el mundo tiene que tener un “Sheriff”, al menos queremos elegirlo entre
todos; si debe haber una moneda única, al menos déjennos controlar el Banco
Central Mundial; si somos ineficientes para producir autopartes o computadoras,
al menos permitan a nuestros obreros trabajar en las fábricas japonesas o
estadounidenses; si somos más eficaces produciendo cereales y carnes, al menos
quiten los subsidios a la agricultura en Europa para que podamos exportar.
Esta globalización, no es para todos, así que, hasta tanto logremos que se
transforme en una verdadera mundialización, en una nación humana universal,
tendremos que estar muy atentos al manejo de las economías nacionales, y en tal
sentido, el Sistema de Economía Mixta, tiene la flexibilidad suficiente como
para dar respuestas a la gente, en un mundo aún dominado por los poderes
económicos, y para abrir la economía solidariamente, en un futuro mundo
humanizado.
Desde luego que más allá de la problemática económica que tienen los países
víctimas de la globalización, está el problema político, donde las democracias
formales facilitan la alternancia en el poder de lo partidos políticos
tradicionales, financiados por el poder económico y atados de pies y manos a
los organismos financieros internacionales. Por lo tanto, toda determinación
económica que pretenda cambiar la situación actual, deberá partir de cambios
profundos en la estructura de poder.
Por otra parte, es menester aclarar, que si bien por ahora hablamos de que
la globalización afecta principalmente a los países en desarrollo por su
particular situación de indefensión, en rigor, las verdaderas víctimas son las
grandes mayorías, ya que en la medida que la inequidad del capitalismo
globalizado avanza, se van formando elites privilegiadas asociadas al poder
internacional, dentro de los países subdesarrollados, a la vez que aumentan las
poblaciones desocupadas en los países industrializados, ya que en definitiva,
el poder económico y financiero no tiene nacionalidad.
¿Qué se debe hacer en un SEM, inserto en la globalización?
En primer lugar, como vimos en el punto anterior, cuando mencionábamos el
encadenamiento de la deuda externa, se debe cortar con esas riendas con las
cuales el poder internacional domina la política económica. Cualquier
consecuencia que ello pueda producir, será menos nefasta que seguir camino al
abismo. Una vez recobrada la autonomía como nación, el estado debe intervenir
en todos aquellos frentes por donde se pueda filtrar la voracidad del poder
económico internacional, siempre listo para el saqueo. No se puede ordenar la
economía con una balanza de pagos crecientemente negativa, una balanza
comercial deficitaria y un presupuesto estatal que nunca alcanza por la sangría
de los servicios de la deuda externa.
Así como hablábamos de que la intervención monetaria debía tener una
precisión quirúrgica en lo que respecta a la inyección de fondos para activar
la economía sin generar inflación, así también se debe tener precisión en el
manejo arancelario para evitar que la importación desmantele la industria, a la
vez que se debe importar tecnología que apuntale el desarrollo.
La ventaja comparativa de un tipo de producción, no es una variable única a
tener en cuenta a la hora de incentivar las exportaciones, ya que es primordial
priorizar la generación de empleo, y de ninguna manera son opciones que deban
oponerse entre sí; en el caso argentino, por ejemplo, un tipo de cambio más
favorable para la exportación agropecuaria, no tiene porqué contraponerse a una
política de créditos y subsidios para un tipo de industria con posibilidades de
desarrollo y autofinanciamiento futuro. Una adecuada reacomodación de precios
internos generará una redistribución de ingresos de los diversos sectores
productivos, que aumentarán su capacidad contributiva, generando una
recaudación impositiva que permita reasignar recursos con precisión. Si en el
caso de Argentina, se intentara aplicar una política fiscal apropiada para
producir la redistribución de los ingresos que se hace necesaria, habría que
gravar con tasas confiscatorias a los sectores que concentran la riqueza,
siempre y cuando no la hayan sacado aún del país, a la vez que habría que
condonar impuestos y hasta subsidiar, a cientos de miles de productores a punto
de quebrar. En realidad, la base de la política fiscal debe partir de una
adecuada política económica, y la herramienta arancelaria y cambiaria es
fundamental en el mundo globalizado para el desarrollo equilibrado de todos los
sectores; sin un mercado interno fuerte, no es posible garantizar el bienestar
de los habitantes de un país.
Por ejemplo, en el caso de Argentina, donde tomar un café en un bar cuesta
lo mismo que 15 litros de leche en el tambo, o una llamada telefónica de larga
distancia cuesta lo mismo que una tonelada de trigo, y un litro de nafta cuesta
el doble que en el resto del mundo, y donde los peajes para hacer 400 Km. por la ruta Nº 2 valen más que el gasoil para recorrer esa distancia; ante estas
distorsiones, es tan grande la diferencia entre la rentabilidad de las
telefónicas, las petroleras, y las concesionarias frente a otros sectores
productivos, es tan grande la transferencia de ingresos de un sector a otro,
que ninguna política fiscal podría funcionar eficazmente.
En un Sistema de Economía Mixta, debe existir un verdadero plan en el que
se contemplen las variables internas y externas, viendo el modo de optimizar su
manejo para el bien común, y el bien común es el bien de la gente, no el de los
lobbies nacionales, que presionan para proteger su industria,
independientemente de analizar cuantos puestos de trabajo ocupan, como ocurrió
en el ámbito del MERCOSUR con la
industria automotriz. Ese plan debe partir de los intereses de todos los
habitantes, para sentar en la mesa a todos los sectores productivos y organizar
la estrategia junto con el estado.
En una economía globalizada, el estado no puede conformarse con algunos
datos estadísticos positivos de los grandes agregados económicos nacionales; no
siempre un incremento del PBI significa un mayor desarrollo económico; no
siempre un incremento del consumo implica una adecuada distribución de la
renta. No siempre un incremento en las exportaciones significa una mejor
situación de la balanza de pagos. Por ejemplo, en el caso argentino de las
explotaciones mineras de Catamarca, se invirtieron muchos dólares, se trajo
mucho equipo, se incrementó la producción minera y la salida del mineral
aumentó el renglón de exportaciones, sin embargo, sólo un 3 % de regalías para
la provincia y un puñado de puestos de trabajo es lo que fue quedando para
nuestro país.
La globalización produce en muchos países el efecto de una inmensa manguera
que extrae recursos y los saca hacia fuera: cuando entra la manguera, aumenta
el renglón de inversiones e importaciones, cuando la manguera extrae aumenta el
PBI y cuando la manguera expulsa hacia fuera, aumentan las exportaciones, y
entonces el gobierno muestra orgulloso las cifras, mientras tanto, los nativos
la ven pasar como convidados de piedra, y casi ni se hubiesen dado cuenta de
que pasó la globalización, si no fuera porque además, se quedaron endeudados.
No se puede cerrar la economía, pero no es cuestión de abrirla a cualquier
precio; desde luego que el chantaje del poder económico internacional presiona
para que las economías se abran a su gusto, por lo tanto lo primero es ganar en
libertad para liberarse de los chantajes.
CAPITULO III
PROPUESTAS
Finalmente, y luego del
ligero e inacabado análisis que hemos efectuado respecto de los diferentes
sistemas económicos y de los que a nuestro juicio son los temas más relevantes
en la economía, a la hora de analizar las opciones posibles, arribamos a las
propuestas para un Sistema de Economía Mixta.
Seguramente que estas propuestas sólo servirán como una breve introducción
a temas que mucho habrá que desarrollar y profundizar a la hora de llevar
adelante la implementación práctica, pero en todo caso nos conformaremos con
que sirvan como un aporte más hacia una economía al servicio del ser humano.
EL ESTADO COORDINADOR
Concepto
No sería posible definir el rol del estado en un SEM, sin antes reparar en
los que debería ser un estado en sentido amplio.
Juan Jacobo Rousseau, decía en su “Contrato Social”: “…Digo, pues, que
no siendo la soberanía sino el ejercicio de la voluntad general, no puede
enajenarse jamás, y el soberano, que no es sino un ser colectivo, no puede ser
representado más que por sí mismo: el poder es susceptible de ser transmitido,
más no la voluntad, …la voluntad particular tiende por su naturaleza al
privilegio y la voluntad general a la igualdad…”
Si bien, dos siglos después de estas palabras, no podemos coincidir con la
idea de una naturaleza humana que tienda mecánicamente al privilegio o a la
igualdad, sí podemos retomar estos conceptos, a la luz de que fueron, entre
otros, los que fundamentaron el fin del absolutismo y el inicio de la
representación popular. Las democracias
modernas, al menos en la teoría, intentan dar una forma organizativa a la
soberanía del pueblo, a través de los representantes elegidos por el voto
popular. Pero “…el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus
representantes…”, decía ya desde sus principios la Constitución Argentina.
Claro que muchas han sido las críticas que ha tenido la democracia tal cual
se la conoce, a la que sus defensores califican de “un mal sistema, pero el
menos malo de todos”; el arribismo político, el auge de las burocracias
enquistadas en la cúpula del poder, manipulando la opinión pública para obtener
los votos, y luego traicionar la voluntad popular, fueron rutina en el
funcionamiento de muchas democracias. La primera mitad del siglo XX fue un
mosaico de sistemas alternativos, en su mayoría de corte totalitario; desde la
crítica a la democracia burguesa que se hacía desde el comunismo, hasta las
críticas sobre la corrupción y la inoperancia deliberativa que le hicieron los
movimientos fascistas. En la segunda mitad del siglo XX, la oleada fascista
llegó de mano de los gobiernos militares a Latinoamérica, y si bien en las dos
últimas décadas se “reestableció la democracia”, se manipularon de tal modo los
supuestamente independientes poderes legislativo y judicial, que en la práctica
estas democracias resultaron de un neto corte autoritario y centralista. El
apoyo popular de militares “democratizados”, quienes prefieren más hablar de
gobierno republicano que de gobierno democrático, pareciera mostrar un retorno
al paternalismo y el caudillismo de otros tiempos.
La crisis del sistema democrático, habida cuenta de la corrupción, la
ineficacia y la falta de una verdadera representatividad de sus actos, hace que
corramos el riesgo de que vuelva a existir consenso para gobiernos
autoritarios; y la crisis del capitalismo global, que está generando
explosiones sociales en todo el mundo, puede desembocar en un “matrimonio por
conveniencia” entre los sectores autoritarios y un poder económico que necesita
disciplinar a la sociedad para poder continuar con la salvaje explotación.
El Nuevo Humanismo plantea la crisis de la Democracia Formal, y propone en
su lugar la Democracia Participativa. O sea, más poder a la gente. Una
democracia donde los líderes sociales surjan de los barrios, de la gente común,
y por lo tanto la representen en sus genuinos intereses; una democracia donde
la gente participe no solamente con su voto en una elección periódica, sino que
también tenga la posibilidad de impulsar plebiscitos y consultas populares
vinculantes para avalar o rechazar medidas de gobierno, a nivel municipal,
nacional y provincial; una democracia donde mediante una ley de responsabilidad
política se pueda sacar de sus funciones a los políticos que no cumplen con sus
promesas electorales; una democracia donde exista un foro comunal en el que la
gente delibere sobre el rumbo a seguir en su comuna.
En fin, no nos vamos a explayar en los detalles de la organización política
de una Democracia Participativa, porque no corresponde a nuestra área de
estudio, pero es importante comprender la idea, porque cuando hablemos del
Estado interviniendo en la economía, no estaremos hablando de una cúpula de
burócratas atornillados en el poder, ni de una gerontocracia que frena las
transformaciones, ni de un líder megalómano que cree que el pueblo es un
ejército de autómatas. Cuando hablemos del estado en la economía, estaremos
hablando de que la misma gente organizada busca el mejor modo de coordinarse en
los aspectos que hacen a la producción y distribución de la riqueza, y en este
sentido, las fronteras entre lo estatal y lo privado, aunque aún cueste verlo
de este modo, tenderán a desaparecer.
Si, como decía Rousseau, el poder puede ser transmitido, pero no la
voluntad, y si el estado es quien coordina la voluntad de las mayorías, y si
esas mayorías necesitan trabajar y no hay empleo: ¿Se puede interpretar
entonces que una intervención del estado para generar empleo es una
intervención ajena y extraña al cuerpo social? ¿Se puede interpretar acaso que
el estado no debe inmiscuirse en el manejo económico de los individuos, cuando
por definición el mismo estado es la organización que se dan los individuos
para coordinarse y vivir mejor?
Si se concibe al estado como un “aguantadero de arribistas”, que se
dedicaron a trepar en la partidocracia de los políticos tradicionales, como
ocurre en las democracias formales, es lógico pensar que su representatividad
no responde al apoyo de una militancia idealista ni a una petición popular sino
más bien responde al resultado de una serie de “trenzas”, chantajes y favores
que les permitieron encaramarse en el poder; y una vez encaramados en el poder,
¿cómo nos puede sorprender que llenen las reparticiones públicas con amigos de
su calaña, otros arribistas, acomodaticios e inútiles que sólo buscan su
interés personal? ¿Cómo nos puede sorprender entonces que la administración
pública sea ineficiente?.
Entonces, los empresarios que se beneficiaron con las prebendas de sus
amigos funcionarios, que les adjudicaron jugosos contratos y licitaciones, son
los primeros en decir que lo estatal es ineficiente, para tratar de conseguir
la privatización de alguna empresa pública que con clientela cautiva les
permitirá abusar de las tarifas, cambiando la ineficiencia estatal por la
ineficiencia del monopolio privado.
Si en cambio, concebimos al estado como una suerte de inteligencia social
que busca el bien común, por la sencilla razón de que tienen los mismos
intereses, entonces podremos concebir un estado que busque el equilibrio entre
la eficiencia y la equidad, entre la productividad y la distribución, entre lo
social y lo individual.
Entonces, la organización política de un estado que pretenda aplicar un
Sistema de Economía Mixta, debe ser la Democracia Participativa, y hoy como
nunca antes el mundo cuenta con posibilidades tecnológicas como para facilitar
la comunicación entre la gente y efectuar compulsas, sondeos, encuestas,
consultas y plebiscitos sobre temas de interés general. No estamos diciendo que
para que un funcionario cumpla con su cometido, deba estar sometiendo cada paso
que de a la deliberación popular, cayendo en un asambleísmo inoperante; pero existen
numerosas decisiones que pueden impactar sobre la gente de un modo importante,
que debieran ser motivo de consulta, a la vez que los ciudadanos puedan tener
ocasión de tomar iniciativas aunque nadie los haya consultado.
LAS AREAS DE COORDINACIÓN ECONOMICA POR PARTE DEL ESTADO
Salud:
La salud no puede ser un área abandonada a la iniciativa privada, porque el
abaratamiento de costos para maximizar ganancias buscando el eficientismo
económico, es un interés opuesto a la eficiencia social. El estado debe, no
sólo garantizar la atención de la salud de toda la población de modo gratuito,
sino que además debe hacerlo utilizando la mejor tecnología y empleando a los
mejores profesionales. Esto representa una inversión que deberá costearse con
el aporte de toda la sociedad, a través de la política fiscal, que deberá
comprenderse no como una quita a la propiedad privada, sino como una
contribución a la salud de todos. El desarrollo del área de la salud, será
además un factor de generación de empleo no solamente en lo que respecta a la
atención directa del público, sino también a la investigación científica y
tecnológica. Las empresas privadas que deseen competir en el mercado en el área
de la salud, podrán hacerlo, y deberán esmerarse para poder dar mejores
alternativas que la atención pública, volcando seguramente sus inversiones
hacia la hotelería médica, las innovaciones y las prestaciones alternativas.
La salud pública no puede terminar siendo “lo mínimo para los pobres”, que
terminan mal atendidos, hacinados en hospitales públicos que se caen a pedazos;
la salud pública debe ser la vanguardia; y ningún ser humano podrá estar mal
atendido por no tener recursos.
Seguramente los expertos en salud deberán diseñar el sistema más adecuado
para lograr estos objetivos, pero desde el punto de vista económico se deberá
implementar un sistema de pagos directos que eviten la cadena de
intermediaciones y de corrupción que hoy existe. Para que el presupuesto de
salud alcance para dar el nivel de atención que estamos proponiendo,
seguramente habrá que incrementar los presupuestos, pero antes que nada hay que
lograr que tales presupuestos efectivamente lleguen en prestaciones, y no que
se diluyan en los bolsillos de los funcionarios y sus prestadoras amigas. La
descentralización del manejo presupuestario y el control del mismo por parte de
los vecinos de cada comuna, serán una metodología a utilizar en muchas áreas de
manejo presupuestario, pero sobre todo en el de la salud.
Desde luego que la gestión administrativa de los hospitales deberá ser
controlada por sus usuarios, porque, desde el punto de vista económico, nada
más fácil para una empresa de medicina privada para captar pacientes, que tener un funcionario amigo al frente de la
administración hospitalaria para deteriorar el servicio y desalentar a los
pacientes con dinero.
Educación
Al igual que la salud, el presupuesto de educación debe ser el suficiente
como para garantizar que esta sea, no solamente gratuita, sino también de
excelente nivel, destinando importantes partidas presupuestarias para la
investigación científica. Seguramente el campo de la educación privada se
direccionará hacia especializaciones alternativas y otro tipo de valores
agregados que puedan tentar a las personas de mayores recursos, pero de ningún
modo podrá ser una alternativa forzada por la baja calidad de la educación
pública. Como en el área de salud, el desarrollo de un área educativa de mejor
nivel, implicará no sólo la mejora de las condiciones salariales de los
docentes, sino inversión en equipamiento y el empleo para mucha más gente, para
brindar más servicios.
Si en una sociedad, la tecnología permite que para fabricar productos de
consumo masivo cada vez haga falta menos mano de obra, bienvenido ese momento
para redistribuir ese plus económico hacia las áreas de servicios esenciales, y
no para que la riqueza se concentre en pocas manos. En un país donde la salud y
la educación públicas dejan mucho que desear, no puede haber gente desocupada,
porque hay mucho que trabajar para mejorar esos servicios; el problema es que
los recursos están mal distribuidos, y de solucionar eso se ocupará el estado.
Defensa del medio ambiente
Desde el punto de vista político y social, el estado debe ser el
responsable de la protección del medio ambiente; bienvenido el aporte de todas
las asociaciones ecológicas, que mucho han hecho en el sentido de la denuncia y
la instalación del tema en la sociedad, pero si los estados no encaran este
problema seriamente, nuestro planeta será cada vez menos habitable. Como
siempre, la valla que hay que atravesar para poder tomar serias decisiones en
todos los aspectos, y también en el ecológico, es la de los poderes económicos
centrales y la de la anarquía de un capitalismo depredador. Y la llave para
atravesar este obstáculo, no es otra que pasar de la democracia formal a la
democracia real, para que los funcionarios no sean cómplices complacientes e
hipócritas, que gastan dinero en propagandas televisivas con slogans sobre la
defensa del medio ambiente, como si se tratase de pedirle al ciudadano medio
que deje de contaminar, mientras hacen la vista gorda a la depredación de las
tierras, a la contaminación del aire y las aguas que llevan adelante ciertas
industrias.
Desde el punto de vista económico, la falsa disyuntiva entre mantener las
fuentes de trabajo contaminantes o defender el medio ambiente despidiendo
trabajadores, se soluciona destinando presupuesto estatal para financiar la
reconversión de las industrias contaminantes; y si un producto se encarece en
su precio de mercado porque su costo de producción se incrementa al incluir un
proceso de reciclaje de desechos, pues ese será el costo por mantener sano el
medio ambiente y por ende la salud de la gente. ¿Acaso sería razonable
argumentar que una fábrica de alimentos los debe vender en mal estado para
abaratar costos y competir en el mercado? seguro que no, al menos públicamente,
entonces ¿porqué se quiere hacer parecer como razonable el argumento de la
inviabilidad económica del desarrollo sustentable y no contaminante?.
En puntos anteriores hablamos del eficientismo y el consumismo como
contradicciones del sistema capitalista; si fuera necesario consumir menos
espejitos de colores porque el costo de la salud, la educación y la protección
del medio ambiente resultan de un alto costo económico, pues así deberá ser;
aunque todos sabemos que el desarrollo tecnológico actual permite mejorar la
calidad de vida de la población en todos los terrenos, siempre y cuando la
riqueza esté bien distribuida.
Los Servicios Públicos
El área de servicios públicos es de responsabilidad estatal, lo cual no
significa que no pueda delegarse la prestación de los mismos en empresas de
gestión privada; el punto es que las empresas privadas no pueden concebir dicho
servicio como la entrega de una cartera de clientes cautiva con la cual pueden
hacer lo que quieren y cobrarle lo que quieren. En este sentido, el mercado
competitivo no es de por sí garantía de buen servicio a menor costo, ya que la
escala de estos servicios hace que nunca puedan ser demasiados los prestadores
y no siempre es tan sencillo pasar de uno a otro, por lo cual es fácil caer en
situaciones de monopolios u oligopolios.
Claro que la función de los entes reguladores debiera servir para acotar el
margen de maniobras monopólicas u oligopólicas, pero para eso es necesario, y
nuevamente volvemos al mismo tema, que los funcionarios sean verdaderos
representantes del interés de la gente, porque si no, ningún sistema funciona.
La misma corrupción y desidia que ha impedido que las empresas estatales
funcionen eficientemente, es la que impide que los entes reguladores cumplan su
función, y es la que hace que se terminen firmando contratos con condiciones
leoninas a favor de las empresas privadas.
En todo el mundo, la privatización de las empresas de servicios públicos
con el argumento de obtener una mayor eficiencia, ha servido para que las
multinacionales se apropien de los buenos negocios, vulgarmente denominados
“vacas lecheras”. Paso uno, la banca internacional con complicidad de los
gobiernos títeres ha endeudado a muchas naciones; paso dos, se empezaron a
cobrar parte de la deuda externa con la entrega de las “vacas lecheras”; paso
tres, imponen un esquema de precios monopólico. En economía se dice que el
precio de un bien está por debajo de la utilidad marginal que representa para
el usuario, cuando este paga menos de lo que estaría dispuesto a pagar de no
tener alternativa; y este fenómeno, es muy común en los servicios públicos, ya
que, por ejemplo, una persona que paga por el servicio de suministro de
electricidad un promedio de $ 50 mensuales, por ejemplo, si la alternativa
fuera pagar $ 100 o quedarse sin electricidad, seguramente se quejaría pero
pagaría el mayor precio aún a costa de sacrificar otros consumos que para él
tienen menor utilidad marginal. Este concepto es habitualmente utilizado por
los grandes capitales a la hora de fijar los precios, y en mercados monopólicos
u oligopólicos, como suelen ser las prestaciones de servicios públicos, no
tienen limitaciones para fijar los precios, y por eso constituyen “vacas
lecheras”.
La función del estado en una democracia participativa y en un sistema de
economía mixta, será la de evaluar en cada caso la conveniencia de mantener las
prestaciones controladas por el estado, o privatizarlas con el control real de
entes reguladores, o también un sistema mixto, donde el estado sigue teniendo
el manejo económico, la dirección y la inversión en equipos, pero contrata
empresas privadas para efectuar la mayor parte de las prestaciones. Desde luego
que en todos los casos estas empresas deberán tener previstos mecanismos de
control por parte de los usuarios, y no estamos hablando de un libro de quejas
que nadie lee, ni de complejos laberintos burocráticos, sino de la posibilidad
de que cierta cantidad de usuarios organizados tenga legalmente derecho de
demandar el cese de las funciones de quienes no responden a las necesidades de
los mismos, así como también la suspensión de la contratación con aquella
empresa privada que no cumpla con el servicio correctamente. Así como las
asociaciones tienen sus asambleas generales soberanas, que toman las decisiones
importantes, así también deberá existir la figura de las asambleas de usuarios,
con poder para tomar resoluciones con respecto a la marcha de la empresa
pública.
Los recursos energéticos
El área energética forma parte de los recursos estratégicos que deben estar
bajo la responsabilidad del estado, ya que el resguardo de las reservas, la
política de precios y la inversión en nuevas explotaciones, implican decisiones
que inciden en el desarrollo general de la economía, y no pueden ser
abandonadas a los intereses privados, sobre todo cuando los capitales privados
que por su escala están en condiciones
de hacerse cargo de esas áreas, suelen ser multinacionales con su propia
estrategia de poder internacional, generalmente contraria a los intereses de la
gente.
Ceder el manejo de algún servicio menor a una empresa privada puede ser una
decisión correcta si con ello se genera una prestación eficiente y se promueve
la creación de fuentes de trabajo, y en caso de resultar mal, habrá que
efectuar las correcciones del caso; pero ceder el manejo de los recursos
estratégicos a las multinacionales, es como contratar a la mafia para que cuide
nuestra casa.
Si la explotación de los recursos energéticos requiere de una inversión en
bienes de capital y en tecnología inexistente en un país, se deberá importar
dichos bienes hasta tanto puedan producirse internamente, pero eso no tiene que
significar entregar los recursos a las aves de rapiña.
Si una empresa privada necesita utilizar equipos importados para mejorar su
producción, los puede comprar, y eso no significa que deba, junto con esos
equipos, importar a una empresa completa que reemplace la existente. Si además
de los equipos, es necesario traer especialistas extranjeros que capaciten al
personal, también se podrá. Es decir, que existen muchas graduaciones en lo que
a dependencia tecnológica respecta, y el estado, teniendo claro sus intereses,
deberá arbitrar los medios para lograr sus objetivos.
Si retomamos el concepto de que en un Estado Coordinador, los funcionarios
son genuinos representantes de la gente, consensuados permanentemente a través
de los mecanismos de la democracia participativa, entonces, ese Estado
Coordinador, tendrá que evaluar el contexto internacional en el que tiene que
manejarse económicamente. Si existiera un contexto regional o mundial de
relaciones solidarias entre pueblos, donde todos han logrado disciplinar al
capitalismo a favor del interés general, o sea, si estamos avanzando hacia una
nación humana universal, entonces cada vez habrá menos problema en abrir las
fronteras y en permitir que empresas de otros lados del planeta se ocupen de
algunas explotaciones de modo más eficiente. Pero si la situación es la actual,
donde la presión para abrir las fronteras es la presión económica de los
poderes internacionales que sólo buscan su provecho, lo que provoca una
creciente desigualdad en la distribución del ingreso y una depredación de los
recursos naturales, entonces el estado debe controlar muy de cerca el modo en
que se le da participación a los capitales extranjeros allí donde sean
estrictamente necesarios.
El Estado Coordinador, debe planificar el desarrollo estratégico
considerando el nivel de utilización de los recursos energéticos, evaluando el
nivel de reservas, las energías alternativas, el cuidado del medio ambiente y
las posibilidades de inversión; en base a esto, la inversión a efectuar en el
área energética implicará contrataciones por servicios: la rentabilidad de las empresas privadas deberá limitarse a la que obtengan
por la prestación del servicio, y de ninguna manera por manejar los precios de
la energía ni mucho menos por la manipulación del abastecimiento.
Sectores de producción de bienes y servicios en general
Involucramos aquí a todos los sectores que habitualmente en las economías
capitalistas, suelen estar bajo la exclusiva explotación privada: el sector
agropecuario, el sector industrial, el comercio y servicios en general.
No es la idea que el Estado controle todo, como si se tratase de una
economía planificada, pero tampoco puede el estado desentenderse de lo que pasa
en el mercado; si el mercado conduce a la desocupación creciente, a una
regresiva distribución de la riqueza y a la marginación social, pues alguna
herramienta deberá tener el estado para cambiar esa situación. Ya hemos visto que las herramientas con las que se suele contar hoy en la
mayoría de los países, no son suficientes para corregir el rumbo de las cosas,
porque si así fuera, estaríamos en el mejor de los mundos, habida cuenta de que
ya existe desarrollo tecnológico suficiente como para, al menos, garantizar
para todo el mundo la satisfacción de sus necesidades más elementales.
La legislación laboral, una de las herramientas fundamentales, donde
proponemos la participación de los trabajadores en las ganancias, en la toma de
decisiones y en la propiedad de las empresas, bajo un régimen compartido entre
los factores de producción, Capital y Trabajo, será desarrollada como tema
especial. El manejo financiero, como herramienta fundamental para la inversión
productiva, también merecerá considerarse como un tema especial.
Pero ¿puede la economía empresarial depender exclusivamente de la
iniciativa privada? ¿se puede confiar ciegamente en los equilibrios de los
mercados, cuando el interés es el desarrollo creciente y el bienestar de toda
la población?
Supongamos que tenemos una fábrica de prendas de vestir, otra de productos
alimenticios y una empresa constructora; supongamos que hemos resuelto la
inequidad en la distribución de los ingresos y hemos mejorado la condición de
los trabajadores mediante una ley de propiedad participada de los trabajadores;
supongamos que quien inicialmente invirtió el capital, si bien ya no puede
explotar a la gente, ha mejorado la productividad porque ahora todos están
interesados en que empresa progrese, y en época de vacas flacas todos han
puesto el hombro y resignado beneficios para poder continuar. Supongamos que
además, ya no existen los ahogos financieros porque la banca estatal facilita
las cosas con su política crediticia, desplazando las prácticas usureras.
Supongamos todo eso y estaremos suponiendo que en estas empresas, están todos
más o menos conformes.
Ahora bien, podría ser que estas empresas, tengan oportunidades de realizar
nuevas inversiones, y entonces amplíen su mercado, y entonces se creen nuevas
fuentes de trabajo; y seguramente la legislación impositiva incentivará para
que así sea, premiando a quien da más empleo. Pero, todo esto, no
necesariamente podrá garantizar de por sí, el pleno empleo para todo el que
quiera emplearse, ni garantizará de por sí que pueden explotarse todos los
recursos que son utilizables.
Supongamos que existe cierto número de personas desocupadas y sin recursos,
que no pueden acceder a una vivienda, que no pueden comprar alimentos ni
vestimenta. Si el estado deja operar al mercado, no necesariamente este por si
mismo se va a ocupar de producir bienes para esta gente, por la sencilla razón
de que no tienen recursos para adquirirlos. La empresa constructora no podría
invertir en un nuevo plan de vivienda, si nadie le garantiza que habrá usuarios
que le pagarán la construcción, y lo mismo cabe para la fábrica de alimentos y
la de vestimentas, a pesar de que tales empresas estén organizadas bajo un
nuevo régimen.
Desde luego que, lo primero que se nos ocurre pensar es que, ante semejante
emergencia, de millones de personas en la calle hambrientas y desnudas, el
estado debería intervenir cobrando fuertes impuestos a los que producen para
darle a los que no tienen oportunidad de producir; y lógicamente que la
asistencia social por parte del estado ante semejante situación, es algo que
damos por descontado. Pero analicemos este tema desde el punto de vista de los
factores de producción.
Tenemos una paradoja, típica de las recesiones: hay gente desocupada,
existen recursos naturales que explotar, y existe demanda y capacidad ociosa,
y, sin embargo, esto no es suficiente para que los factores de producción se
vinculen y se ponga en marcha un circuito productivo, donde algunos desocupados
trabajen en las canteras de cal y cemento, otros en las fábricas de ladrillos,
otros en la cosecha de algodón y lino, otros en los talleres de costura, otros
en la cosecha de frutas, otros en las fábricas de envases, y así siguiendo,
hasta que entre todos produzcan lo que necesitan consumir, y lo adquieran con
lo ganado en sus trabajos, y las empresas cobren el precio justo.
Esta paradoja recesiva, que no es desconocida para los
economistas, ha tenido diferentes intentos de solución. Uno es el dejar hacer,
dejar pasar del liberalismo ortodoxo, donde se supone que en el largo plazo
todo tiende a equilibrarse, ya que, siempre que se flexibilicen las condiciones
laborales, comienzan a abrirse canales de inversión productiva antes
descartados por el costo salarial, y, lentamente, se comienza a crecer y a
generar empleo, una cosa trae la otra y la rueda vuelve a andar. Claro que, como
decía Keynes, en el largo plazo estaremos todos muertos. Y, además de lo naturalista y antihumanista
de esta postura liberal, lo que ya de por sí es suficiente motivo para
descartarla por completo, además es falaz porque no tiene en cuenta que en esta
época, la velocidad de disminución del empleo por factores tecnológicos, supera
ampliamente el ritmo naturalista de recomposición del mercado, por lo que la
flexibilización salarial lo único que hace es echar combustible al fuego, al
bajar la capacidad de consumo de los trabajadores, alimentando la recesión.
Otro intento de solución, ha sido la intervención del estado a través del
gasto público, impulsando a través del consumo, el engranaje de la demanda y la
oferta; esto a la vez puede hacerse aplicando los fondos públicos sobre
sectores productivos multiplicadores (como la construcción) o también,
directamente mediante el mismo gasto en asistencia social, que genera demanda y
activa la producción. Ahora bien, tenemos un problema inflacionario, que se
agudiza si el estado emite moneda para hacer el gasto, y tenemos un problema de
presión impositiva para recaudar más para cubrir el gasto. Se supone que al
reactivarse el aparato productivo, la presión impositiva se diluye sobre una
mayor superficie de capacidad contributiva, y se realimenta la financiación del
sistema, pero esto no siempre tiene las mismas velocidades ni el mismo impacto
sectorial. Pero a estos problemas, que, perdido por perdido serían un mal menor
ante una catástrofe social, hay que sumarle el hecho de que la velocidad de los
procesos económicos actuales hace que este tipo de intervención por parte del
estado termine siendo tan ineficaz como tratar de vaciar con un dedal el agua
de un bote que se está inundando. Dicho
de otro modo: si en una economía que tiende a una acelerada concentración de la
riqueza en manos de unos pocos y a un veloz crecimiento de la desocupación,
quisiéramos utilizar la fórmula del gasto público para tapar los agujeros del
mercado, habría que emitir moneda a ritmo hiperinflacionario o habría que
cobrar tasas impositivas cada vez más altas. Y desde luego que lo de las tasas
impositivas, si se trata de gravar a los poderosos sería totalmente justo, y
como emergencia hay que hacerlo, pero no se puede concebir un sistema económico
como un plano inclinado, donde todo se deja caer todo el agua a un solo pozo
para que luego un estado cada vez más grande se ocupe de volver a llevar el
agua hacia arriba.
La idea es equilibrar el plano, y a eso apunta, entre otras medidas, la
propuesta de participación de los trabajadores en las ganancias de las
empresas. Pero ocurre que, la sociedad ha ido quedando tan dividida que, sin la
intervención del estado, no será posible la integración al desarrollo social de
vastos sectores marginados.
Por ejemplo, ya hablando en el plano internacional, el hecho de que en
América ya no hubiese inequidades en la distribución de la riqueza, en nada
beneficia a millones de africanos sumidos en la pobreza; y acaso una empresa
americana querrá invertir en Africa; ¿para venderles qué, y como lo pagarían?
Estamos ante una necesidad de resolución de problemáticas económicas a nivel
mundial. Ahora bajemos de escala, y pongamos el ejemplo de Argentina; ¿Qué pasa
si el ritmo de crecimiento de las empresas privadas bajo un régimen de PPT, y
con financiamiento blando, permite generar nuevos puestos de trabajo, pero no
al mismo ritmo que la pérdida de empleos por el avance tecnológico y el
crecimiento demográfico?
Volvamos al ejemplo del bote que se inunda: la política liberal de libre
mercado, equivale a juntar agua con un balde desde el mar y volcarlo en dentro
del bote. La política estatista rellenó el bote con plomo para tapar el
agujero. La política del estado interventor o asistencialista equivale a sacar
agua con un dedal agujereado, mientras el bote sigue haciendo agua. La economía
privada bajo régimen de PPT, permite tapar la rotura del bote para que no se
siga inundando, pero para ir sacando el agua que quedó dentro, hace falta algo
más.
Un Estado Coordinador, como inteligencia social que debe ser, debe ocuparse
de inyectar vitalidad a la economía mediante inversiones productivas paralelas
a las privadas en áreas en las que pueda competir con ellas, para de ese modo
vincular los factores productivos desactivados por la paradoja recesiva. Lo
puede hacer fomentando y financiando el surgimiento de nuevas empresas bajo el
régimen de PPT, o apoyando la expansión de las empresas privadas que ya
existen, proporcionándoles mercado y soporte financiero bajo ciertas
condiciones.
El estado, por su posibilidad de “ver el bosque desde arriba”, manejando
las herramientas econométricas adecuadas, contando con la información completa
de las variables económicas, y utilizando el análisis de la concatenación de
los factores, está en situación de “crear mercado”.
Volviendo a nuestro ejemplo de la empresa constructora, la fábrica de
prendas de vestir y la industria alimenticia, que no pueden ampliar su mercado,
existiendo demanda potencial de sectores sin ingresos, el estado puede, en esas
circunstancias, implementar un plan de producción, donde, por ejemplo, se
otorgue financiación a dichas empresas para incrementar la producción de
viviendas, alimentos y prendas de vestir, tomando mano de obra desocupada, que
con los ingresos obtenidos por su trabajo, consuma viviendas, vestimentas y
alimentos, pagando por ellos el precio de mercado a las empresas productoras
que de ese modo devolverán sus créditos.
Este es un ejemplo muy elemental para ayudar a la comprensión del
mecanismo; en la práctica se deberá contar con un desarrollado sistema de
información acerca de las capacidades ociosas, los factores subutilizados, una
matriz insumo-producto de cada actividad, y una estadística de la demanda
potencial por franja de ingresos, de modo de poder orientar la oferta. Porque,
¿qué pasaría si los desocupados, que no tenían ni vivienda, ni ropa, ni
alimentos, ahora que trabajan, cuando perciben sus primeros ingresos, en vez de
ropa, o casas o alimentos, decidieran comprar lavadoras o televisores? en ese
caso quedaría un stock sin vender, créditos sin pagar, y tal vez el exceso de
demanda de lavadoras y televisores haría subir los precios de los mismos ante
la falta de producción. Se podría pensar en forzar el consumo otorgando vales
en vez de dinero, pero las experiencias socialistas no dieron el resultado
esperado, aunque por muchos otros motivos adicionales, pero no es la idea de
digitar el consumo.
No obstante, cuando en el sistema capitalista, una empresa privada lanza su
planificación y empieza a producir calculando una determinada demanda, también
suele correr el riesgo de no vender todo lo que tiene. La diferencia es que
cuenta con un nivel de información más cercano a la realidad, por su
conocimiento del mercado. Precisamente, uno de los conceptos de la Economía
Mixta, es dejar de ver un divorcio entre el estado y lo privado, ya que en
definitiva son dos aspectos o dos escalas de una misma organización social. Por
lo tanto, la interconexión entre la información de la empresa que “ve el árbol”
y la información del estado que “ve el bosque”, permitirán un conocimiento
mucho más aproximado de lo que conviene producir.
Otro tema a resolver, en esta combinación de empresa privada con soporte
del estado con el objetivo de emplear desocupados que produzcan para su
consumo, es la capacitación de la mano de obra, y en tal sentido la educación
técnica debería complementarse con las necesidades del desarrollo. Volviendo al
ejemplo de la empresa constructora, la de ropa y la de alimentos; supongamos
que las proporciones de incremento en la producción coinciden con la demanda
potencial, podemos encontrarnos con el problema de que, en el pueblo del
experimento, donde están las tres fábricas, los desocupados del lugar, algunos
fueron despedidos de un taller mecánico, otros de una lavandería y otros de una
oficina comercial, y ninguno sabe de construcción, costura o alimentos. Tenemos
allí un problema de capacitación por delante, pero antes que eso tenemos un
problema de escala, ya que, seguramente habrá otro pueblo donde hay albañiles
desocupados o costureras sin trabajo. Este problema de escala, nuevamente,
requiere de un trabajo de inteligencia conjunto, y de una visión más amplia en
el ámbito regional y hasta nacional, habida cuenta de lo que la división del
trabajo representa para la eficiencia productiva, y es el Estado el que está en
condiciones de “sentar a la mesa” de coordinación a todos los factores, y de
contar con la información adecuada.
Y aquí llegamos a otra faceta del potencial que puede tener el concepto de
economía mixta; además de la posibilidad estatal de financiar empresas privadas
existentes, o impulsar nuevas, también puede facilitar esta “transparentación”
del mercado para aquellos potenciales inversores que, aún con fondos propios,
no encuentran canales visibles de inversiones productivas, por falta de
información y de certeza en la demanda potencial.
El costo de la puesta en marcha de un nuevo proyecto para imponer un
producto en el mercado, frente a la incertidumbre de la demanda potencial,
suelen ser el freno más común para las inversiones productivas; en ese sentido,
el impulso por parte del estado a producciones a escala de productos con
demanda casi asegurada, no solamente generará mercado para empresas existentes,
no solamente permitirá el surgimiento de nuevas empresas para esa demanda a
escala, sino que además, la reactivación producirá “succiones de demanda
subsidiaria” de menor escala, que, contando con la información adecuada,
permitirá canalizar las inversiones privadas frenadas que mencionamos
anteriormente. Por ejemplo, una producción a escala de barrios de viviendas,
por una parte multiplicará la demanda de todo tipo de insumos relacionados con
la fabricación de viviendas; esos insumos pueden tener proveedores habituales
con diferentes niveles de capacidad ociosa, pudiendo existir algunos que no
están dimensionados para una mayor producción, por ejemplo los fabricantes de
tornillos, por lo cual podrían tender a subir los precios, o a importar; y esa
información será útil para que un potencial inversor ponga un taller para
producir los tornillos que hacen falta, generando trabajo. Esa inversión, no
tendría el mayor costo de “romper el hielo del mercado”, porque ya nace con
demanda.
Bien, no nos pondremos aquí a profundizar sobre los detalles, porque la
idea de este libro es introducir el concepto de la Economía Mixta, y de ningún
modo agotar sus posibilidades teóricas, que por otra parte requerirían de un
texto más técnico, de modo que podríamos sintetizar lo que se refiere al rol
del estado en la economía productiva del siguiente modo:
El Estado Coordinador, como inteligencia conjunta de una organización
social, y contando con las herramientas financieras, técnicas e informáticas
apropiadas, puede impulsar y coordinar la inversión productiva de las empresas
privadas bajo el régimen de PPT, interconectando demanda con oferta, creando
mercado y financiando proyectos, para generar producción y consumo en aquellos
huecos sociales que la espontánea iniciativa privada no logre cubrir, o lo haga
a una velocidad que no satisfaga las necesidades sociales.
A estas alturas, cabe preguntarse, de donde saldrán los fondos para la
financiación de los emprendimientos productivos; algo de eso ya lo hemos visto,
pero lo completaremos en el próximo punto.
Política Fiscal
Encuadre conceptual
El concepto de un SEM, donde un Estado Coordinador se entrelaza con los
intereses de toda la población, que por definición son privados, (pero privados
de todos, no de unos pocos), llevará en el mediano plazo más a una función
sincronizadora que a una acumulación y concentración de poder; por lo tanto, no
será propio de un SEM un gasto público desproporcionado con relación al
desarrollo de la economía privada. En este sentido, y luego de una primer etapa
donde necesariamente una fuerte y decidida política fiscal contribuya a
repartir mejor las cargas y redistribuir el ingreso, la presión impositiva
deberá ser más baja respecto a las medias actuales, simplificando a su vez los
sistemas tributarios.
Con respecto al compromiso social hacia el fisco, se deberá partir de un
nuevo “Contrato Social”, a partir de la democracia real y participativa, donde
los ciudadanos, con mayor poder de opinión y de control sobre el manejo
presupuestario, sentirán que su impuesto es para una obra común, y no para el
barril sin fondo de una burocracia corrupta. Así las cosas, la figura del
evasor corresponderá a la imagen de alguien que atenta contra los intereses
conjuntos, y no la de un astuto “gambeteador” de los impopulares sabuesos
fiscales.
Los gastos
Empezamos por analizar los egresos, porque no se puede diseñar una política
fiscal sin tener claras las prioridades del gasto público. Si analizáramos el
caso argentino, por ejemplo, cuyo presupuesto ha sido crónicamente deficitario,
pensar en además contar con fondos para financiar la reactivación productiva,
parecería un despropósito. Pero el déficit fiscal, no es sólo un problema
argentino; el economista Nahum Minsburg, analizando la problemática del
equilibrio fiscal expresa: “La
obtención del superávit o del equilibrio
fiscal es un objetivo de la política económica estratégico y prioritario,
aunque su materialización resulta de largo plazo y de no fácil concreción.
Desde que en nuestro país comenzaron a llevarse las cuentas públicas a
mediados del siglo pasado, sólo en ocho ocasiones se logró alcanzar el
superávit fiscal. Durante la convertibilidad (1991-1999) se obtiene únicamente en 1993,
excluyendo lo aportado por las privatizaciones.
De los 134 países que analiza periódicamente el Informe del Banco
Mundial (1998/99) sólo 17 de ellos han
obtenido el equilibrio o superávit en 1996 que ha sido el último año analizado.
Resulta conveniente mencionar cuales países
han logrado tales objetivos. Ellos son: Camerún superávit 0,2; Rep. Del Congo equilibrio;
Chile 2,1; Filipinas 0,3; Indonesia 1,2; Jordania 1,1; Malasia 2,0; Noruega
1,9; Nueva Zelanda 5,2; Panamá 2,9; Perú 2,4; República Checa equilibrio; Rep.
Dominicana 0,8; Singapur 14,3; Tailandia 2,3; Venezuela 1,0; Zambia 0,7.
Como se
puede apreciar son países que se encuentran en diferentes estadios de
desarrollo económico, algunos de ellos particularmente los asiáticos, entraron
en 1997 en una crisis profunda de la que están emergiendo con grandes
dificultades.”
Cuando analizamos la problemática del
endeudamiento externo, vimos que el déficit fiscal de los países es uno de los
elementos que permite justificar el endeudamiento y como contrapartida los
jugosos beneficios para la Banca, y ya emitimos opinión respecto a esto. Si en
el presupuesto de una nación las prioridades y las partidas más importantes son
las del creciente servicio de la deuda externa, las del vaciamiento de la
corrupción estructural, el mantenimiento de aparatos burocráticos y en muchos
casos también el armamentismo, entonces hablar de educación y salud es
prohibitivo y pensar en que el estado invierta en motorizar la producción será
una utopía.
Cualquier ama de casa, cualquier jefe de familia sabe como tiene que hacer
para no tener un presupuesto deficitario: gastar menos de lo que ingresa o
ingresar más de lo que se gasta, y evitar endeudarse. Y si se trata de “época
de vacas flacas”, se deberán reestructurar los gastos de acuerdo a los niveles
de prioridad; a ninguna familia se le ocurriría recortar la comida de los
niños, o no comprarles medicamentos cuando están enfermos, con tal de poder
seguir pagando la cuota del automóvil; tampoco se les ocurriría quedarse sin
dinero para concurrir a sus trabajos, que son los que les generan los ingresos,
para pasar unas buenas vacaciones en el extranjero. Nadie imaginaría a una
familia donde alguien regañe a otro tratándolo de utópico cuando pide dinero para
comprar alimentos, argumentando que el dinero no alcanza porque hizo falta
renovar la TV.
Pero sí es común escuchar a los ministros de economía decir que no hay
presupuesto para la salud, para la educación, para los jubilados y para
protección social, dado que hay que mantener la superestructura de
funcionarios, pagar intereses a los bancos, y (no lo dicen pero lo piensan)
pagar descomunales sobreprecios a los proveedores del estado para poder recibir
los retornos (coimas), por los servicios prestados.
En el presupuesto del estado en un Sistema de
Economía Mixta, primero están la salud, la educación, la protección social y
del medio ambiente y el desarrollo productivo equitativo; y si queda poco
dinero para los sueldos de los funcionarios y nada para negociados, tanto
mejor, así el estado se nutre de voluntarios que aspiran al bien común y no de
trepadores que buscan su beneficio personal; y los servicios de la deuda, habrá
que investigar muy bien todos los actos de corrupción que la generaron antes de
seguir pagando.
En función de estas prioridades, es que no puede haber déficit, sino
superávit para el desarrollo, ya que el mismo permitirá incrementar a su vez
los ingresos fiscales.
Ingresos
Si hablamos de que el estado debe ser una
suerte de inteligencia de la sociedad organizada, que responde a los intereses
de la gente, utilizando su poder delegado y su visión del conjunto, no podemos,
desde el punto de vista tributario, concebir a un estado que se transforme en
parásito insaciable que esquilma a los sectores productivos, con una creciente
presión fiscal; pero una cosa será la política fiscal en un estado con
democracia real, con distribución equitativa de la riqueza y con un SEM funcionado
a pleno, y otra cosa debe ser la política fiscal en un primer momento, cuando
el punto de partida es un abismo entre los sectores más favorecidos y los que
viven en la miseria. Cuando en algún momento hemos hablado de la situación
particular de Argentina, como podremos ver en el anexo dedicado a conferencias,
reportajes, y consultas varias, hemos hablado de medidas de coyuntura, para
salir del modelo de la convertibilidad, incluyendo medidas fiscales de
emergencia. Hemos hablado de que un fuerte incremento en las alícuotas del
impuesto a las ganancias de aquellas empresas que hoy se llevan buena parte del
ingreso, sería una medida de importancia a la hora de redistribuir el ingreso y
de intentar revertir la regresividad de un esquema tributario que castiga
permanentemente a los consumidores.
Pero en este capítulo, la idea es esbozar un sistema tributario acorde a un
SEM, independientemente de la coyuntura de un país determinado.
En algún momento dijimos que si el mal manejo de las variables económicas
(intencional o no), llevaba a una distorsión en los precios relativos internos,
castigando a algunos sectores y beneficiando a otros, y si la distribución de
la renta era muy desigual, esto llevaba a una acelerada acumulación de riqueza
en pocas manos, y entonces, la voluntad estatal de redistribuir por vía fiscal
(si es que esa voluntad existiera), se encontraría con que debería imponer
gravámenes confiscatorios con elevadísimas tasas a los que más tienen; esto no
es para descartar en una emergencia, pero no es la política habitual en un SEM,
ya que precisamente, se trata de equilibrar las variables económicas, para que
no existan los “planos inclinados” que engordan al obeso y succionan al
raquítico.
En el caso argentino, donde existe una gama extensa de gravámenes del más
diverso tipo, con una complejidad tributaria rayana en el absurdo, la impericia
de quienes legislan se ve agravada por una realidad económica que permite que
las manifestaciones de riqueza se filtren por intersticios, y el pretender
perseguir fiscalmente por esos intersticios le agrega complejidad al sistema
tributario. Por ejemplo, si la economía da lugar a que alguien gane un millón
de dólares, no alcanzará con el impuesto a las ganancias, porque igual le queda
mucho, habrá que gravar también su consumo, pero como no se puede gravar el
consumo de una persona en particular, se deben gravar los bienes y servicios, y
entonces hay que categorizarlos para aplicarles distintas alícuotas, y si a eso
le agregamos la autonomía tributaria de diferentes provincias y municipios, nos
podemos encontrar con un esquema como el siguiente; una persona paga impuestos
por lo que gana, con lo que le queda consume y paga por lo que consume
impuestos nacionales y provinciales, y además paga por los servicios, y por los
bienes de uso de que disponga, etc. Y en esa cascada impositiva, para sacarle
alguna tajada al que más tiene, se termina castigando a los que menos tienen,
que terminan pagando impuestos por todo lo que consumen.
El regresivo impuesto al consumo, es también una señal de debilidad del
ente recaudador, que no puede recaudar lo suficiente mediante el impuesto a las
ganancias, y emplea el facilismo de aumentar las tasas al consumo, más fácil de
controlar mediante la registración de operaciones comerciales.
Conceptualmente el impuesto, es la contribución que una persona efectúa al
conjunto de la organización social para que se financien los gastos comunes, en
proporción a su capacidad contributiva. Por lo tanto, si fuera posible saber
cuál es exactamente la capacidad contributiva de una persona, bastaría con
cobrarle un solo impuesto. Si se estableciera que la persona que gana 1.000.000
al mes, debe contribuir con 700.000, pues eso hay que decirle que debe pagar, y
no decirle que pague 350.000, y después decirle que todo lo que compre le
saldrá un 30 % más caro por los impuestos, y que por todo lo que tenga deberá
pagar otro porcentaje, etc. El problema es que si no tenemos como saber que
ganó 1.000.000, y por desconocimiento le cobramos menos de lo que sería justo,
entonces necesitaremos tenderle otras emboscadas (otros impuestos) para cazarlo
cuando compre, o cuando disfrute de sus manifestaciones de riqueza. Pero ocurre
que con ese método, no solamente se nos torna regresivo el sistema impositivo,
sino que además, nuestro acaudalado contribuyente, si pudo evadir el impuesto a
las ganancias, con mayor razón se las arreglará, testaferros mediante, para
ocultar sus propiedades; y para compensar esa evasión, o esa no-imposición a la
verdadera capacidad contributiva, tendremos que, por cada millonario que se
escapa, gravar el consumo de productos elementales a miles de personas que
apenas ganan para vivir.
El efecto del derecho adquirido
Si al millonario del ejemplo anterior, le
dijéramos que de sus ganancias de 1.000.000 por mes, debe aportar 950.000 al
conjunto social, porque para vivir con 50.000 le sobran, habría graves
problemas para llevar adelante tal recaudación, porque este sentiría que se
están avasallando sus “genuinos derechos”. Desde luego que el estado deberá
hacerlo de ser necesario, pero ¿por qué no corregir el plano inclinado de la
distribución del ingreso, para luego poder nivelar las contribuciones
impositivas?
Si realizáramos una encuesta a toda la población y le preguntáramos si
creen que hay personas que ganan mucho más que lo que debieran o sería justo y
si creen que, inversamente, hay personas que ganan mucho menos que lo que
merecerían, seguramente el resultado de la encuesta sería una afirmación
abrumadora. Sin embargo, si a continuación le preguntáramos a cada persona, de
qué lado se considera que está, ¿de los que ganan de más o de los que ganan de
menos? entonces es muy probable que la mayoría afirme estar entre los menos
favorecidos, o a lo sumo dirán que ellos ganan lo correcto, pero casi nadie
dirá estar convencido de que gana más de lo que se merece.
¿Pues entonces quién lo tiene…? El gran bonete, decía un antiguo juego de
niños.
¿Cuál es el punto de inflexión?, si miramos a un conjunto social, y si
estableciéramos pautas brutalmente igualitaristas, diríamos que el parámetro es
el ingreso per-cápita, o visto de otro modo, el Ingreso Nacional dividido la
población activa, que en el caso de Argentina sería de unos 3.000 mensuales
¿conocen a alguien que gane menos que eso? . Claro, las cosas no son tan así,
pero sirve como parámetro.
Si estableciéramos que las necesidades de ingresos fiscales representan,
por todo concepto y para todo el país, supongamos un 20 % el Ingreso Nacional,
podríamos inducir que esa sería la tasa promedio de impuestos, y a los que
ganan por encima del promedio per-cápita de población activa les aumentamos la
tasa y a los que ganan por debajo se la disminuimos, avanzaríamos hacia una
equidad impositiva. Pero si de 10.000.000 de población activa, sólo un 10 %
superara el promedio, la tasa para ellos sería tan alta que les resultaría
irritante, desde aquel empleado jerárquico que gana poco más de la media
establecida, pasando por el gerente que la triplica, y siguiendo por los
directores y accionistas. Todos sentirán que les están “metiendo la mano en el
bolsillo”, y tratarán por todos los medios de evadir esa quita hacia un derecho
adquirido.
Desde luego que el sistema tributario no puede funcionar con la ingenua
creencia de que cada contribuyente va a aportar voluntariamente lo que
considera justo, de modo espontáneo en una alcancía estatal; es indispensable
la voluntad recaudadora y la fiscalización para controlar la evasión, y de ello
hablaremos en las próximas líneas; pero estamos diciendo que, a mayor inequidad
en la distribución del ingreso, mayor resistencia a pagar los impuestos
proporcionales a la capacidad contributiva. En el anexo técnico, veremos como
se conforman las escalas salariales en el libremercado capitalista, y como
llevan arraigarse los conceptos de derechos adquiridos, muy difíciles de
revertir a la hora de buscar la redistribución del ingreso por vía fiscal.
Otra variante del derecho adquirido, en el aspecto impositivo, es el efecto
que se produce cuando pasa un determinado tiempo desde que se produce el hecho
imponible hasta el momento en el que se debe efectuar el pago; una vez que la
plata entró en el bolsillo, es más difícil sacarla. Si alguien efectúa un
trabajo o una venta, y en el acto se le retiene el impuesto generado por la
operación, dicho contribuyente asume que su verdadero ingreso fue el que
recibió neto de impuestos, y se maneja con esa cifra. Si en cambio percibe un
importe bruto, y a los dos meses tiene que declarar su ingreso y pagar el 20 %
del mismo en concepto de impuestos, tendrá mayores resistencias a desembolsar
algo que ya sentía que era suyo, como derecho adquirido.
La política fiscal tendrá que atender a poder
disminuir este efecto, aplicando alícuotas razonables respecto al ingreso (una
vez lograda una distribución más equitativa del mismo), y avanzando en la
implementación de procedimientos de retención o débito simultáneos a las
operaciones que devengan el hecho imponible, mediante la utilización de la
tecnología informática, avanzando progresivamente hacia el objetivo de lograr
que el pago del impuesto no dependa de una decisión voluntaria del
contribuyente, posterior a la operación, sino que forme parte del costo
operacional.
El control de la evasión
Generalmente se suelen mezclar los conceptos,
adjudicando el término evasión para todo hecho de dejar de pagar los impuestos
que corresponden. Si analizáramos el caso argentino, veríamos que tenemos al
menos cuatro figuras diferentes, a la hora de hablar de impuestos que no se
pagan;
Por una parte está la simple mora, o falta de
pago, que no es otra cosa que dejar de pagar aquello que se reconoce que se
debe, mediante declaración jurada. Este problema, agudizado en épocas
recesivas, está relacionado con la desfinanciación de los contribuyentes, o con
la simple voluntad de eludir la obligación tributaria, o por una combinación de
ambas y que tiene que ver con la caída de la rentabilidad y las economías de
subsistencia, donde el costo fiscal termina representando el margen de ganancia.
Por otra parte está lo que se podría llamar
evasión propiamente dicha, y que nos es otra cosa que ocultar, u omitir
declarar hechos imponibles. En este campo encontramos lo que comúnmente se
denomina “facturación en negro”, o en el plano ya no impositivo sino
previsional, el denominado “trabajo en negro”. La causa de este tipo de
práctica suele ser la simple voluntad evasora para incrementar la rentabilidad,
a veces pretendidamente justificada para reducir costos en una economía de
subsistencia.
Otro factor es la elusión, donde se buscan
huecos en la legislación impositiva, muchas veces recurriendo a facilidades
internacionales como los “paraísos fiscales”, que permiten manipular la
realidad económica para pagar menos de lo que se debería; el caso típico son
las multinacionales que manejan sus operaciones de manera de generar pérdidas
en los países donde las tasas son altas y ganancias donde las tasas son bajas.
Existe otra figura, que en realidad es una
combinación de otras, y en rigor es una evasión, pero que analizamos aparte por
su relevancia; se trata de las empresas fantasmas o insolventes que emiten
facturas para generar gastos que bajen la base imponible de empresas más
grandes a las que le facturan por servicios que nunca se prestaron. Esto
permite por una parte manipular las tasas progresivas al atomizar la renta,
pero además, y por lo general, la evasión termina siendo total ya que estas
empresas fantasmas nunca pagan sus impuestos y no hay modo de que el reclamo
fiscal llegue a un final positivo, porque desaparecieron o son
insolventes. En este sentido, detrás de
las cifras de falta de pago en las estadísticas del organismo recaudador,
muchas veces se esconde la evasión de grandes empresas que utilizaron las
estrellas fugaces de sus testaferros para declarar una mínima ganancia. Este
tipo de evasión suele ser muy significativa, ya que generalmente la efectúan
las grandes empresas, y también sirve para crear aceitados mecanismos por donde
también puede canalizarse el lavado de dinero del narcotráfico y de la
corrupción, entre otros.
La falta de control de los mecanismos de evasión y elusión y la ineficacia
en los mecanismos de recaudación, no solamente repercuten enormemente en las
finanzas públicas, sino que además facilitan el trabajo informal, lo cual
genera el deterioro de las condiciones laborales. La complicidad de numerosos
funcionarios con el poder económico, ya sea el poder “legal” de los grandes
grupos o el ilegal de la corrupción y la delincuencia, favorecen la inoperancia
de los organismos recaudadores. Tratar de dimensionar, en el caso argentino la
magnitud de la evasión sería un contrasentido, ya que si se supiera lo que se
evade es porque se tendrían las cifras de la “contabilidad negra” de todos los
evasores, y si así fuera ¿por qué se les permitiría seguir evadiendo?. Pero más
allá de que no se pueda hablar de cifras exactas, se estima oficialmente entre
un 40% y un 50%.
En un estado donde la gente tenga mecanismos
de control sobre los funcionarios, deberá disminuir la posibilidad de
complicidad de los mismos con el poder económico, limitando la evasión y
elusión por parte del mismo, que es la mayor sangría del fisco. En un SEM donde
se redistribuya el ingreso y se equilibren los precios relativos, aumentará la
rentabilidad de las empresas que hoy apenas subsisten y no pueden afrontar su
carga fiscal. Con un estado que brinde apoyo financiero, los empresarios no
serán succionados por la usura ni deberán financiarse con el no pago de sus
obligaciones fiscales y previsionales. Se deberá utilizar además la tecnología
informática para avanzar hacia el uso del dinero electrónico, de modo que la
registración de cada transacción permita el veloz monitoreo fiscal y hasta el
débito automático de los impuestos que devenguen en cada operación.
Las tasas
En un Sistema de Economía Mixta, en una primer
etapa, para revertir la desigual distribución del ingreso, se deberá gravar con
el impuesto a las ganancias a los sectores más favorecidos, con tasas
progresivas que lleguen hasta el 75%; estas tasas irán disminuyendo en la
medida que las ganancias se capitalicen en reinversiones productivas bajo un
régimen de propiedad participada de los trabajadores (PPT). En una segunda
etapa estas tasas podrán oscilar entre mínimos del 10 % y máximos del 25 %, en
proporción a la renta, dado que cada vez serán menores las diferencias en la
distribución del ingreso, que si bien no será igualitario, las diferencias
serán razonables.
Los impuestos al consumo deberán simplificarse paulatinamente (para no
generar desfinanciamientos abruptos en el presupuesto estatal) hasta arribar a
un único impuesto a las ventas con tasas que oscilen entre el 10 y el 15 %.
El Banco Central y la Banca sin Interés
Seguramente que la herramienta financiera es
una clave en el manejo de la economía, así lo sabe la Banca Internacional, y la
utilizó para enriquecerse primero y para controlar a las naciones después. La
Convertibilidad en Argentina y las arremetidas para imponer la dolarización en
Latinoamérica, no son otra cosa que el intento de terminar de monopolizar el
manejo monetario por parte de los poderes financieros centrales.
Seguramente que la propuesta de recuperar el rol activo de los Bancos
Centrales, para competir con la banca privada en el financiamiento de la
economía real, será vista como una propuesta retrógrada ante la modernidad del
endeudamiento globalizado.
Seguramente que la propuesta de que el Estado Coordinador otorgue préstamos
sin interés para financiar el aparato productivo, será vista como una insolente
afrenta de la utopía contra la razón. No obstante, la “razón” de quienes nos
explican mediante argumentos pretenciosamente científicos, que esta economía es
muy razonable, y es lógico entonces aceptar la situación de millones de seres
humanos hambrientos y cientos de naciones endeudadas, mientras una demencial
carrera especulativa desborda la liquidez hacia la nada, esa “razón” nos tiene
sin cuidado. De todos modos, y a partir de una postura ideológica intransigente
respecto a que la usura internacional es en este momento el enemigo número uno
del ser humano en el aspecto económico, trataremos de demostrar además, la
razonabilidad de la utopía.
El dinero, ese extraño elemento
El dinero, incuestionable instrumento como
unidad de medida y de cambio para una economía en la que necesariamente debe
funcionar la división del trabajo, (salvo que quisiéramos regresar a una
rudimentaria economía de trueque de granjas autoabastecidas), seguramente
seguirá cumpliendo su función de unidad de medida, mas allá de su naturaleza
material o electrónica, más allá de que lo respalde un depósito, un lingote de
oro o la certeza de un consumo futuro.
Pero que el dinero deba ser siempre una reserva de valor, más valiosa que
bienes tangibles, está por verse. Que el dinero deba ser una suerte de Tótem al
que se debe adorar, es algo demencial. Que el dinero sea instrumento de pago,
es algo que se relativizará con el avance de la tecnología. Y que el dinero sea
un producto más que se alquila por un interés, eso es una concepción teórica
basada en una práctica pero no en un fundamento más razonable que el del
derecho a explotar en nombre de la libertad.
El dinero, que alguna vez no fue más que una promesa de entrega de
mercancías existentes en algún lugar alejado. El dinero, que alguna vez fue
piedra, otras veces metal, otras veces papel y hasta fue hoja de tabaco. El
dinero que como papel pudo multiplicarse en las imprentas para financiar
guerras mediante el impuesto inflacionario. El dinero que a veces tuvo efectos
casi mágicos al poner en marcha capacidades productivas que generaban riqueza,
y así se convertía en promesa de entrega de mercaderías que aún no existían. El
dinero que sirvió a los bancos para que lo multipliquen prestándolo varias
veces simultáneamente. Ese dinero, después de un largo camino, terminó
dominando la vida de los hombres. Sin embargo, aún sigue siendo un objeto
inanimado, que a veces ya ni es un objeto; pero tiene el atributo de otorgar un
inmenso poder a quien lo tiene, al menos a quien lo tiene en cantidades
suficientes, y al menos mientras los demás crean que ese alguien lo tiene.
También tiene el atributo de dividir a la sociedad, dividir a los amigos, y
dividir a las familias.
¿Pero, qué sería del dinero si no existieran los objetos que se pueden
obtener con él? ; ¿Qué sería del dinero si no existiera el deseo de consumir, o
de comerciar? ; ¿Qué sería del dinero si no existiera la ambición desmedida, el
afán de lucro y el ansia de poder? Quizás se acerca el momento de poner las
cosas en su lugar.
Ya a nadie se le escapa que, tecnología mediante, pronto se podrá
prescindir del dinero material; el dinero electrónico, mediante tarjetas con
créditos que se cargan y descargan pronto reemplazará a los billetes y a las
monedas. No estamos hablando de las tarjetas de crédito, con las que “se gasta
a cuenta”, sino que estamos hablando de que, por ejemplo, un trabajador que
cobra su salario, en lugar de recibir billetes, recibe créditos cargados en su
tarjeta u otro elemento similar, y realiza sus gastos del mes en diversos
lugares en los que le van descargando los créditos. Este mecanismo, seguramente
entre otras cosas facilitará el control de la evasión fiscal y disminuirá los
robos. Pero más allá de las ventajas técnicas y fiscales, esta flexibilidad en
el modo de representarnos al “elemento dinero”, nos acerca a otras reflexiones.
Para esa persona que carga sus créditos, el dinero significa que podrá
canjear sus horas de trabajo (sueldo o ganancia), por horas de trabajo de otros
(los que fabricaron los objetos que él consume), y en ese sentido se ve la
utilidad de la unidad de medida. Esta unidad de medida a su vez es relativa, ya
que la variabilidad de los precios relativos puede hacer que no sea una
constante; no obstante, en el corto plazo, y como promedio, difícilmente haya
diferencias sensibles, excepto que, existiese inflación. En el caso de
inflación, la unidad de medida se distorsiona, y el efecto es que las horas de
trabajo de la persona del ejemplo, se desvalorizarían con el paso de los días
respecto a los objetos que desea adquirir; esto no ocurriría si, por ejemplo,
los créditos representasen una subdivisión de una canasta de productos. Pero
dejemos por un momento este problema que requeriría de un análisis más
minucioso, y asumamos que la unidad de medida, al menos en el mediano plazo, es
relativamente uniforme.
Si una persona acumula más créditos que los que usa, estaría ahorrando,
electrónicamente hablando, o dicho de otro modo, acumularía una “reserva de
valor”; pero, ¿cuál es el respaldo de esa reserva de valor?, porque esta
persona no tiene toneladas de harina guardadas en su casa, ni un rebaño de
ovejas, ni barriles de petróleo; sólo tiene bits. El respaldo, sigue siendo su
posibilidad de transformar en algún momento sus créditos en esos u otros
objetos o servicios. ¿Pero quién le garantiza que esos objetos o servicios
siempre estarán a su disposición, como están los créditos en un soporte
magnético? ¿Acaso el mercado está haciendo reservas equivalentes a los
créditos?.
Por ejemplo, si sólo existieran dos personas, una produce alimentos y la
otra vestimenta, pero en vez de canjear los productos, utilizan el sistema de
créditos; el que fabrica alimentos consume los propios y le vende al otro
alimentos equivalentes a 10 créditos, y a su vez le compra ropa por 10
créditos. A partir de un determinado momento, le sigue vendiendo alimentos por
10 créditos, pero le compra ropa por sólo 5 créditos. Al cabo de un año esta
persona tiene acumulados 60 créditos, y entonces le pide al otro ropa por los
60 créditos; pero resulta que la persona que fabrica vestimentas, acostumbrado
a una demanda de 5 créditos, no tiene stock, ni mucho menos capacidad
productiva para atender el pedido, por lo cual, los 60 créditos de reserva de
valor que tenía el fabricante de alimentos, no representan nada, sencillamente
porque no hay reserva de valor en la economía real. Ahora bien supongamos que,
como la cantidad de créditos es limitada (como serían los billetes), los 60
créditos acumulados por el ahorro del productor de alimentos, implican como
consecuencia la iliquidez del productor de ropa, que, necesitado de alimentos y
sin créditos para comprarlos, no tendría otra opción que pedir un préstamo al
productor de alimentos, para efectuar la compra, ante lo cual, este podría
cobrarle un interés. De todos modos, antes que eso, es probable que el
productor de ropa, en este mundo hipotético de dos personas, intente convencer
al otro de que le compre su producción, pero quizá tenga que bajar el precio
para lograrlo, con lo cual podría llegar a lograr que el otro produjera mucha
más ropa de lo habitual, en un tiempo dado, por la misma plata.
Estamos tratando de decir, que el dinero, que sirve como unidad de medida e
instrumento de cambio, sólo sirve como reserva de valor en la medida que es
demandado, y si es muy demandado, puede hacer bajar el precio de los productos
que se ofrecen a cambio, con lo cual aumenta su valor de reserva.
Ahora supongamos que en vez de dos personas, tenemos 10, que producen 10
productos y servicios diferentes. El efecto de la división del trabajo hace que
nadie le venda su producto a la persona a quien necesita comprarle el suyo, por
lo cual, sería impensable el trueque, y todos necesitan el dinero para
comerciar, y cada uno dispone de 10 pesos, por lo cual en esta economía la masa
monetaria es de $ 100 (10x10), que circulando a determinada velocidad, alcanzan
para comprar y vender todos los productos. Supongamos que todos compran y
venden la misma cantidad de unidades mensuales y tienen adecuados sus
presupuestos para ese nivel de venta. Supongamos entonces que de pronto alguien
comienza a efectuar ahorro de dinero, comprando menos de lo habitual y vendiendo
lo mismo que siempre, al hacerlo, sus proveedores habituales, al seguir
comprando lo mismo pero vendiendo menos, tendrán menos dinero. Si esto se hace
durante algunos meses, pronto habrá iliquidez financiera en el mercado y para
hacer sus compras todos necesitarán conseguir dinero, porque recordemos que,
como nadie le vende al mismo que le compra, es imposible ponerse de acuerdo
mediante el trueque: tenemos una economía que cuenta con los factores de
producción y con la demanda potencial, pero por falta de dinero se comienza a
paralizar. Entonces, este señor que estuvo ahorrando, les ofrece dinero
prestado a los demás, cobrando una tasa de interés por realizar semejante
favor. Ahora todos reactivan sus compras y por lo tanto sus ventas, pero, si
quieren seguir consumiendo como antes deberán producir más y vender más, ya que
ahora tienen que devolver el dinero prestado más sus intereses; y en esa
necesidad de vender más, es probable que bajen sus precios. Entonces, quien
acumuló el dinero, no solamente ahora lo incrementará cobrando intereses, sino
que además logró que todos bajaran sus precios para tratar de colocar más
producción, por lo cual, el efecto deflacionario en el mercado revaloriza su
posición monetaria: la plata vale más. O sea, este señor tiene cada vez más
plata, y esa plata cada vez vale más respecto a los productos. Si esta persona
hubiese ahorrado hasta acumular $ 30 y por prestar $25 hubiese cobrado un 10 %
de intereses, y además los precios hubiesen bajado un 20 %, esta persona podrá,
a partir de entonces seguir consumiendo lo mismo que antes del ahorro gastando
solamente $ 8 mensuales, y utilizando el resto para seguir acumulando
intereses.
Desde cierto punto de vista, esta persona ejerció su libertad de evitar
consumir para ahorrar, y de común acuerdo con los demás recibió un beneficio
por prestar dinero, por lo cual se podría suponer que lo que hizo fue un
negocio tan lícito como producir y vender. Sin embargo, esto no ha sido tan
así.
Olvidemos por un momento el cobro del interés; supongamos que solamente
comienza a ahorrar, vendiendo por $ 10 y comprando por $ 5. Si lo hiciera
durante 20 meses, se quedaría con todo el dinero del mercado y la economía se
detendría porque nadie podría comercializar su producción; claro que antes que
eso, al ir disminuyendo las ventas en general porque todos están con menos
dinero, también disminuirán sus propias ventas, solo que en menor proporción a
su ahorro, en una décima parte; o sea que el primer mes del ahorro vendería por
10 y compraría por 5, el segundo mes vendería 9,5 y compraría por 5, y así
hasta equilibrar. Pero ocurre que, en el mercado, la caída de las ventas de los
demás productores hará que muchos empiecen a bajar los precios para no quedarse
con mercadería sin vender y con faltante de dinero. Entonces el nuevo punto de
equilibrio de los precios, favorecerá a quien está posicionado monetariamente,
pues con la misma plata podrá comprar más, o ahorrar más. Si de pronto comprara
por todo el dinero ahorrado, quizá provoque un alza de precios que vuelva a
equilibrar las cosas como en un principio, pero si se conforma con recuperar su
consumo, podrá seguir ahorrando.
Supongamos ahora que no se trata de dinero, sino de un circuito eléctrico,
donde 10 casas están encadenadas con un
circuito circular de alimentación eléctrica, y en cada casa hay
interruptores para cada artefacto. Si alguien
desea ahorrar energía y acciona los interruptores de los artefactos, está en
todo su derecho porque es su casa; ¿Pero podría con el argumento de ahorrar
energía, poner un interruptor en los cables de alimentación circular, si con
ello les corta el suministro de electricidad a sus vecinos? Seguramente no. ¿Y acaso podría luego
chantajearlos para volver a encender el interruptor? ¡Menos que menos!.
Estamos diciendo que el dinero, ese extraño
elemento, es un bien público, no una mercancía más, susceptible de ser
comercializada y mucho menos monopolizada; si alguien desea vender agua, que lo
haga si alguien quiere comprarle, pero el estado debe garantizar el suministro
de agua para todos. Una cosa es el mercado y otra cosa es el chantaje. Una cosa
es la competencia y otra cosa es la explotación y la especulación.
El
Dinero como bien público
Quizás el paralelo que hicimos entre la
corriente eléctrica y la circulación del dinero, es bastante parecido a la
verdadera sustancia de la cosa que es precisamente la no-sustancia, sólo existe
si se mueve. A nadie se le escapa que toda la fortuna del mundo en dinero y
metales preciosos, no sirve de nada guardada en una caja, lo que sirven son los
objetos y los servicios, desde el punto de vista económico. Sin embargo, veamos
este caso: en Argentina, existe un sistema de convertibilidad, donde en algún
lugar están guardadas las reservas en dólares y metales preciosos, que
respaldan a los pesos en circulación; supongamos que todos esos dólares están
guardados en un solo lugar, y de pronto un incendio devora todo; sería una
catástrofe financiera, con corridas bancarias, corte de cadenas de pago,
iliquidez y paralización de la economía real, todo porque desaparecieron unos
cuantos papeles y trozos de metal que nadie usaba ¿no es extraño? pero más
extraño sería que, si ese incendio pasara desapercibido durante un tiempo, y
nadie se enterara que las reservas ya no existen, la economía real seguiría
funcionando como si nada hubiese pasado.
Son muchas las cosas en este mundo que se mantienen funcionando gracias a
la denominada Fe Pública; si nadie creyera que mañana el mundo va a funcionar,
nadie haría lo que pensaba hacer mañana, y efectivamente el mundo no
funcionaría. Muchas instituciones, que a veces ya ni funcionan, logran que la
sociedad siga su rutina organizada, gracias a que la gente cree que esas
instituciones aún funcionan. El dinero es una de ellas, si toda la gente tiene
certeza de que su dinero valdrá lo mismo mañana, efectivamente así será; si
algunos desconfían y empiezan a desprenderse de los billetes, pronto habrá
corridas y todo se caerá.
En realidad, si hiciéramos abstracciones y el dinero fuera cada vez más
inmaterial e invisible, casi nos daríamos cuenta que en realidad no existe. Lo
que existe es la confianza en que cada uno gracias a su trabajo podrá ganar el
derecho a adquirir el fruto del trabajo de otros, en un intercambio equitativo
y razonable. Sin esa confianza, nadie produciría porque no sabe si podrá
cambiar su producción por la de otros, y nadie entregaría sus productos por
temor a no recibir en concordancia; y entonces todo se paraliza.
Semejante responsabilidad, la de asegurar esta
confianza pública, no puede quedar en manos de los banqueros, ni los
financistas ni los especuladores privados; mantener la confianza que motoriza
al aparato productivo es responsabilidad de la sociedad organizada, de la
democracia real, del estado coordinador.
Si una empresa privada monopolizara la
provisión de agua, o de energía eléctrica, o controlara los caminos, y
especulara para chantajear a la población y cobrarle cada vez más por sus
servicios y al que no paga se lo deja morir de sed, sin luz y sin poder
circular, sería inconcebible. ¿Por qué entonces habríamos de concebir que
alguien maneje la liquidez que necesita el aparato productivo para su
desarrollo, si eso implica el trabajo y el sustento para todo el pueblo?
Decir que el dinero es un bien público, decir que el dinero es sustancial
para la vida humana, sería otorgarle demasiada importancia a un pedazo de papel
o a un trozo de metal. Decir que tener mucho dinero es importante, sería
otorgarle demasiada importancia al consumismo. Lo verdaderamente importante es
que todo aquel que quiera producir pueda hacerlo, que todo aquel que quiera
trabajar pueda hacerlo, y que todo aquel que quiera consumir en forma acorde a
su esfuerzo, pueda hacerlo; y si alguien quiere trabajar mucho para consumir
mucho que lo haga, y si alguien quiere trabajar poco porque desea tiempo libre,
que también lo haga. Pero para poder optar, debe funcionar el circuito, debe
circular la corriente; se llame dinero, se llame crédito, o no se llame de
ningún modo. Y el estado debe garantizar eso.
La Banca Estatal
Desde luego que el interés de la banca privada
de manejar la liquidez de los mercados, responde a una intención monopólica en
busca de incrementar su lucro desde su posición de predominio, al igual que la
intención de monopolizar los servicios públicos, y en tal sentido, nuestra propuesta es similar a las
anteriores: el estado debe garantizar el servicio público de brindar la
liquidez monetaria necesaria, independientemente de que la banca privada
ofrezca sus servicios a la gente. En tal sentido, el banco central, como cabeza
de una red bancaria estatal que llegue hasta los municipios, debe tener un
activo rol como prestamista de última instancia de ese sistema, y no como
prestamista y garante de los especuladores financistas privados. La política
monetaria deberá ser expansiva, no para financiar un déficit fiscal que no
debiera existir, sino para aceitar el crecimiento productivo, acompañando la
iniciativa privada e incentivando los nuevos emprendimientos.
El equilibrio monetario para evitar tendencias inflacionarias, no deberá
responder a una política restrictiva brutalmente generalizadora, sino a una
política de expansión dirigida con precisión; el costo de subsidiar un
emprendimiento de interés deberá absorberse con ingresos fiscales genuinos,
mientras que el desarrollo autónomo se podrá financiar con expansión monetaria.
Como vimos anteriormente, el Estado Coordinador debe tener un rol sumamente
activo en la dinamización de la economía, entrelazado y complementado con la
iniciativa privada productiva, y trabajando por la disolución de los nudos
especulativos. En ese sentido, el Banco Central y la banca estatal en general,
serán una herramienta fundamental
La Banca sin Interés
Seguramente es esta una de las propuestas más
utópicas para la mirada del economista tradicional, para las creencias
arraigadas entre el común de la gente, y obviamente para quienes obtienen
ganancias haciendo dinero con el dinero.
Sin embargo, si hemos definido al dinero, o mejor dicho a la circulación
del mismo como un bien público ¿Por qué habría el estado de pretender lucrar
con el financiamiento del aparato productivo y el consumo de la gente? desde luego que sostener una estructura
bancaria tiene su costo, pero el mismo puede solventarse con el cobro de un
gasto administrativo, necesario y suficiente, y no mediante la aplicación de tasas de interés, y mucho menos con tasas
usureras.
El estado maneja suficiente cantidad de fondos
propios como para poner en marcha un flujo de préstamos y depósitos que
financien el desarrollo y la creación de empleo; también cuenta con suficientes
herramientas fiscales y legales como para lograr que muchos depósitos de
empresas privadas e instituciones de todo tipo se canalicen a través de la
banca estatal. También la seguridad y la garantía del estado puede captar
depósitos de particulares que no buscan el lucro sino la seguridad de sus
ahorros. O sea que, el argumento de que una banca sin interés captaría pocos
depósitos y demasiadas solicitudes de crédito, es bastante relativo cuando se
trata del estado.
Desde luego que los créditos sin interés deberán ser controlados en cuanto
a su posterior aplicación para los fines solicitados. Este tipo de monitoreo es
totalmente factible si se trata precisamente de un estado controlado por la
gente a través de la democracia participativa. Y, desde luego, que el hecho de
que los préstamos no incluyan una tasa de interés, no debe estar asociado a la
displicencia a la hora de garantizar el recupero de los mismos, para lo cual se
deberán tomar los recaudos necesarios.
Paulatinamente, esta iniciativa de una banca estatal que no cobra intereses
por sus préstamos, debiera ir transformando la idea acerca de los mercados
financieros, donde los especuladores seguramente podrán seguir existiendo
durante algún tiempo, pero siendo su operatoria cada vez más marginal.
A estas alturas resulta claro para todo el mundo el tremendo costo social y
económico que generan la usura y la especulación; a nadie escapa que el
monstruoso enriquecimiento de los sectores financieros a expensas de la
economía real, no solamente constituye una injusticia y un despropósito, sino
que además terminará por hacer estallar la economía. El elevado costo de los
intereses y la generalización del financiamiento crediticio que ha reemplazado
al autofinanciamiento empresario, hacen que sólo los emprendimientos con
altísimas tasas de retorno puedan sostener el ritmo de la usura. Ya es una
verdad sabida por todo el planeta, esto de que la especulación financiera está
destruyendo la economía, y sin embargo, hay mucha resignación al respecto, como
si se tratase de una fatalidad que hay que asumir.
No es verdad que para que haya créditos deben existir intereses; el interés
que en un principio era el lucro que motivaba a prestar, en la medida que la
banca se fue quedando con todo se convirtió en el chantaje para imponer
condiciones. Es hora que el estado se haga cargo de su responsabilidad de poner
las cosas en su lugar. Si un ahorrista quiere obtener ganancias de sus ahorros,
pues que los invierta productivamente y arriesgue; y si los quiere tener
seguros, que los deposite en la banca estatal, pero acostarse arriba de los
billetes esperando que se multipliquen, eso no es inversión.
El estado deberá, a través de su posición y sus posibilidades, brindar la
información y el asesoramiento adecuado, como vimos en puntos anteriores, para
que quienes busquen invertir productivamente, puedan hacerlo minimizando el
riesgo, ya sea individualmente o asociados con otros ahorristas; no a través de
un mercado de acciones especulativo como son las bolsas, sino a través de
mercados transparentes con el apoyo del estado y el motor de la iniciativa
privada.
El principio de que no puede existir financiamiento si no existe interés,
puede valer para la banca privada, pero no para la banca estatal. El principio
de que si no invierten los grandes capitales privados, la economía no puede
despegar, otorga demasiado poder a los papeles llamados billetes como valor de
reserva, y no contempla el poder multiplicador de la velocidad en la
circulación monetaria como activador de factores productivos, generadores de la
única riqueza posible: la de la economía real, la del trabajo y la producción.
El tipo de cambio
El caso argentino, con una moneda sobrevaluada
y un régimen de convertibilidad, es quizás un buen ejemplo de todo lo que no
debe hacerse. No obstante, como la idea de este trabajo no es explayarse en los
temas nacionales, y en los apéndices se desarrolla con amplitud el punto de
vista al respecto, analizaremos el tema del tipo de cambio desde una óptica más
general.
Desde una óptica de neto corte mercantilista, valdría la recomendación de
exportar más de lo que se importa, y para ello, los tipos de cambio elevados
son los recomendados. Si esto se aplicara en todo el mundo, cabría pensar que
habría una puja de devaluaciones por tiempo indefinido, ya que matemáticamente
no pueden tener todos los países del mundo balanza comercial favorable, y desde
luego que el auge de las posturas mercantilistas de otrora, estuvo vinculado a
una política colonialista.
La búsqueda de una balanza comercial favorable en los tiempos que corren,
suele estar condicionada por la necesidad de afrontar con divisas el pago de
las deudas externas, mientras que la banca tiene intereses opuestos, ya que la
necesidad de divisas por parte de los países deudores, garantiza que siga
girando la rueda del endeudamiento creciente. Dicho de otro modo, para la banca
internacional, no es negocio que los países se autofinancien.
Si existiera una moneda única en el mundo, el comercio exterior de cada
país no tendría condicionamientos por el stock necesario de divisas, sino
solamente por el desarrollo de sus potenciales productivos que exceden las
necesidades de su mercado interno. Desde luego que de existir una moneda única
en el mundo, es obvio que no habría problemas cambiarios. El tema es ¿quién
manejaría la liquidez mundial? ¿Acaso una Banco Central Mundial como propone
entre otros el financista Soros? ¿Y quién manejaría ese Banco, los
representantes de una democracia participativa universal o los testaferros del
poder económico privado?. La aceptación del dólar como moneda para
transacciones internacionales, ubica en posición de privilegio a los EEUU, ya
que desde allí se pueden imprimir “los vales de compra verdes”, y ubica en
situación de dependencia a las naciones con monedas no aceptadas. Si a esto le
agregamos el poder financiero de la banca, multiplicado a través de la
expansión desbocada desde los años 70, con los petrodólares y eurodólares, nos
encontramos ante una verdadera encerrona para los países como la Argentina, que
para poder participar de las transacciones internacionales, deben rendir culto
al dólar. Cuando los dólares escasean y no alcanzan para cubrir las necesidades
del comercio exterior y otros compromisos, el tipo de cambio puede subir hasta
límites insospechados. De ahí que desde siempre, las reservas en divisas hayan
desvelado a todos los gobernantes.
No estamos diciendo todo esto, que resulta obvio para cualquier ciudadano
medio, con el interés de analizar el tema en profundidad; sencillamente lo
recordamos, porque a la hora de plantear una política cambiaria, una cosa es lo
que se debe hacer en el contexto internacional actual, donde las finanzas
internacionales están dominadas por una combinación de políticas imperiales y
colonialistas y por la monstruosa especulación, y otra cosa será cuando el
mundo se maneje con relaciones complementarias entre naciones, sin aves de
rapiña sobrevolando.
O sea, no estamos diciendo que un Sistema de Economía Mixta haya que “usar
casco protector”, estamos diciendo que por un tiempo habrá que usarlo.
Habida cuenta de lo dicho, en un SEM, el estado deberá cuidar que su
balanza comercial y su balanza de pagos no lo lleven a la restricción de
divisas, ni mucho menos a la dependencia del crédito externo.
Tampoco se trata de atarse a un tipo de cambio demasiado alto, ya que ese
tipo de distorsión en los términos del intercambio, que se supondría
beneficiosa para incrementar las exportaciones, traería como consecuencia para
los países en desarrollo el encarecimiento excesivo de la tecnología; y si bien
es necesario apuntalar el desarrollo interno con la sustitución de
importaciones, este debe ser un proceso gradual y protegido y no algo brutal
que condicione a una generación a consumir tecnología de los años 50, mientras
el mundo acelera cada vez más su revolución tecnológica.
El balance ideal para el comercio exterior es un cierto equilibrio que
evite estrangulamientos financieros, pero potenciando el crecimiento de
exportaciones e importaciones, de modo de maximizar el potencial productivo
existente en un país de acuerdo a sus ventajas comparativas, a la vez que se
incorpora tecnología para apuntalar los sectores aún no competitivos. Desde
luego que para apuntalar al desarrollo de sectores productivos aún no
competitivos internacionalmente, se debe
producir una redistribución del ingreso para potenciar el mercado interno para
dichos sectores, a la vez que se los protege con aranceles a la importación.
En definitiva, que estamos hablando de un tipo
de cambio de “flotación”, donde se tiende al tipo de cambio de equilibrio (ni
sobrevaluación, ni subvaluación), pero con una política activa de fomento y
protección del desarrollo de ciertos sectores que interesa potenciar. El estado
debe reservarse la posibilidad de intervenir en el mercado de cambios para
contrarrestar ataques especulativos contra la moneda, y para ello debe contar
con reservas suficientes.
No obstante, se deberán realizar acuerdos regionales que contrarresten la
hegemonía del dólar, por la dependencia y el chantaje que ello implica. ¿Quién
dijo que si Brasil produce café y Argentina produce leche, se necesiten dólares
para poder tomar café con leche?. En ese sentido, los acuerdos monetarios entre
países de una misma región para comerciar con una moneda común, luego de
establecer pautas claras de complementación, serán un avance hacia la
disminución de las vulnerabilidades externas.
Regulación salarial y política de precios
Ya hemos dicho que
pretender digitar la formación de precios y salarios desde el estado, traía
como consecuencia la ineficiencia productiva y el desabastecimiento, como lo
indican las experiencias socialistas, y algunas políticas intervencionistas
dentro del mismo sistema capitalista; pero también hemos visto que el mercado,
librado a su antojo, lleva a la desproporción y a la pauperización de muchos
sectores.
En una economía de pleno empleo, con mucha demanda, los precios y los
salarios tienden a la suba, con presiones inflacionarias que generalmente
neutralizan el incremento salarial nominal y producen distorsiones en los
precios relativos. En una economía recesiva, existe presión deflacionaria, pero
la resistencia a bajar los precios hace que el hilo se corte por lo más delgado
y lo primero que bajan son los salarios. En una economía en crecimiento pero
con altos índices de desocupación, los salarios tienden a la baja, sobre todo
en los sectores menos cualificados. En
síntesis, el mercado siempre castiga al más débil; y ¿quién es el más débil?,
el que menos opciones tiene, el que más competidores tiene y el que menos tiene
para ofrecerle al mercado.
El mercado no premia la capacidad ni la laboriosidad, el mercado premia la
fuerza.
Alguien podría creer que quien más estudia y más se capacita, mejor se
podrá insertar en el mercado; sin embargo, esa teoría no condice con el hecho
de que en muchas partes un custodio gana más que un maestro, un deportista más
que un científico y una bestia con millones heredados gana más que un genio
nacido en un barrio marginal.
Alguien podría pensar, por ejemplo, que cuando un médico gana más es como
premio por estudiar medicina; en realidad eso, si es así, es sólo una parte de
la realidad, porque si dicho profesional tiene que trabajar en una ciudad donde
hay un médico cada dos cuadras, es muy probable que gane monedas, mientras que
si se instala en una ciudad donde es el único médico, seguramente le irá muy
bien. Hay jóvenes que, viendo que en su pueblo había pocos profesionales, se
capacitaron y lograron progresar, mientras que otros hicieron lo mismo, sólo
que la misma idea se les ocurrió a muchos, y entonces ya no les fue tan bien a
ninguno.
Ocurre
que, en realidad la capacitación funciona, cuando sirve para que alguien se
posicione mejor en el mercado, con respecto a la oferta y la demanda de los
servicios, pero no es la capacitación por sí misma sino la nueva posición de
fuerza de quien la tiene lo que puede llegar a favorecerle. Cuando la
capacitación no se corresponde con una mejor posición de fuerza, su valor de
mercado puede llegar a ser igual a cero.
Esto que decimos para el trabajador como individuo, también vale para los
precios de una empresa que produce un bien o un servicio. Si hay muchos que
fabrican sombreros, y muchos trabajadores que saben hacer sombreros, no
solamente será bajo el salario del operario que confecciona sombreros sino
también el margen de ganancia del fabricante. Aunque no necesariamente el
precio del sombrero en el mercado será económico, porque podría ser que el
comerciante gradúe la oferta y suba el precio de venta, sencillamente porque la
venta de sombreros no representa un renglón importante dentro de sus ventas
totales, y no tiene porqué tratar de bajar el precio para vender los sombreros,
sobre todo si la utilidad marginal del uso del sombrero para el cliente,
representa un valor mayor que el costo del sombrero.
También podría ser que hubiese muchos trabajadores que saben hacer
sombreros, mucha demanda por parte de la gente, por lo tanto los comercios
compiten y bajan sus precios para vender más y demandan a los fabricantes, pero
hay muy pocos fabricantes que tienen las máquinas para producir sombreros. En
este caso, el fabricante podrá especular con su posición de fuerza, pagando
salarios bajos a los obreros especializados que superan la cantidad que
necesita, y vendiendo muy caros los sombreros a los comercios.
En definitiva, por donde pase el cuello de botella de la oferta y la
demanda, quien allí se posiciona, lleva las de ganar. Este fenómeno, que desde
el punto de vista del análisis económico podría ser una mera descripción del
funcionamiento del mercado, debe ser tenido en cuenta por el Estado
Coordinador, a la hora de intervenir para "disolver” nudos de especulación
que restan eficiencia al sistema y distorsionan la distribución del ingreso.
Una
cosa es la motivación de la ganancia razonable, como motor de la empresa
privada, y otra cosa es la búsqueda de posiciones predominantes desde las que
se pueda condicionar las reglas del juego. Si la regla del juego es la igualdad
de oportunidades, el estado debe garantizarla ¿O acaso debe estar mal vista la
intervención del estado y bien vista la intervención privada especulativa para
manejar el mercado?
Desde luego que ante estas opciones, siempre será la intervención del
estado la que tenderá a garantizar el bien común, y no el predominio de un
especulador privado; pero, lo que puede estar en duda, habida cuenta de la
historia de las intervenciones estatales, es la eficacia de tal intervención,
ya que no es cuestión de generar males peores a los que se intenta corregir.
La fijación de un salario mínimo es una de las clásicas intervenciones del
estado en la formación de precios; al respecto, la ideología liberal siempre ha
interpuesto argumentos en el sentido de que se distorsionaba el mercado, y
últimamente arremete con la teoría de que los salarios mínimos atentan contra
la creación de empleo, ya que muchos emprendimientos potenciales quedan
abortados por no llegar a cubrir los costos. Mientras tanto, algunas propuestas
de aparente corte progresista, que plantean un salario mínimo tan elevado que
resulta imposible de cumplir, sólo han logrado acuñar el prejuicio social de
que los progresistas son fantasiosos y los liberales son realistas. Desde luego
que entonces han triunfado las posturas liberales, y si bien los salarios
mínimos siguen existiendo, en muchos casos, como el de Argentina, representan
una cifra irrisoria y simbólica que permite a los empresarios manejarse con un
amplio margen de arbitrariedad.
Contrariamente a los postulados liberales, y como demostramos en el
análisis del mercado laboral incluido en otro capítulo de este libro, en la
medida que los salarios bajan, el sostenimiento de la canasta familiar se
vuelve cada vez más difícil, por lo que deben salir a buscar trabajo muchas más
personas, lo que presiona hacia arriba los índices de desocupación haciendo
bajar más aún a los salarios, en un plano inclinado que tiene como primer tope
el salario mínimo de miseria para el trabajo en blanco, y tiene como segundo
tope el plato de comida para el trabajador en negro.
En esta caída libre del salario real, la competencia de las empresas
encuentra una variable flexible a la hora de ajustar sus precios de venta, y se
va conformando un mercado que luego resulta refractario a cualquier aumento
salarial, porque en esa situación no les cierran las cuentas a muchos. Se
podría pensar que si el salario mínimo aumenta en forma homogénea, y todos lo
respetasen, no variarían las reglas del juego de la competencia, pero esto
haría aumentar los precios de modo homogéneo, por lo que el aumento salarial
sería sólo nominal ante la estampida inflacionaria. Desde luego que habrá
muchas empresas que si bien aprovecharon el deterioro del salario real de
mercado para bajar sus costos, no trasladaron la rebaja a los precios porque no
tenían mayor competencia, y sólo incrementaron su plusvalía, y entonces al
incrementarse el salario mínimo, están en condiciones de absorber el mayor
costo sin aumentar el precio, lo cual ayudaría a una redistribución del
ingreso. Sin embargo, por la misma razón por la que en su momento este tipo de
empresas no bajaron los precios aunque bajaran sus costos, ahora, al subirle
los costos, podrían aumentar los precios sin que el mercado les ponga límites
de competitividad; la tentación sería entonces, ejercer el control de precios,
pero eso puede llevar al desabastecimiento y el mercado negro.
¿Estamos ante un callejón sin salida?
No cabe duda que si hubiese que ejercer control de precios sobre las
empresas que tienen margen de absorción de un mayor costo salarial, el estado
tendrá que hacerlo, priorizando siempre el interés común. Pero también puede
manejar la herramienta fiscal gravando las superutilidades de los
privilegiados. También puede orientar el desarrollo y nuevos emprendimientos
hacia las áreas donde existan nudos monopólicos, llevando competencia a donde
no la había.
Por otra parte, la deflación apuntalada en la caída del salario, modifica
los precios relativos y la composición del costo de las empresas, donde las
tarifas, el combustible, los insumos y otros gastos pasan a ser un renglón
preponderante en el costo empresarial. De modo que el aumento del salario
mínimo, si bien en algunas estructuras de costos impacta de un modo que obliga
a subir los precios, estos no serán proporcionales al incremento salarial, ya
que éste era un costo menor; por lo tanto, el mayor poder adquisitivo
reactivará el consumo y la rueda del empleo.
El estado debe establecer un salario mínimo acorde con el costo de la
canasta familiar y con las posibilidades económicas reales. Esto conformará un
piso a partir del cuál se conformarán las escalas salariales, priorizando el
desarrollo de la producción de bienes para el consumo de la mayoría y no la
producción de bienes de consumo sofisticados, para una sofisticada minoría.
Con respecto a los precios de los bienes y servicios de las empresas
privadas, es obvio que el estado no puede intervenir en el mercado de modo que
las empresas no pueden mantener los precios respecto de sus costos y se termine
en el desabastecimiento y el mercado negro. Pero ocurre que en innumerables
ocasiones, la formación de los precios al consumidor, no responde
necesariamente a los costos de producción sino a bolsones de especulación e
intermediación parasitaria, donde el monopolio de los compradores fija precios
irrisorios a los productores, obteniendo enormes ganancias al fijar precios muy
superiores para los consumidores.
La creación de mercados comunales de consumo impulsados por parte del
estado, que compitan con los canales de comercialización privados, permitirá
que los productores obtengan mejores precios y los consumidores compren más
barato, al minimizar el costo de intermediación parasitaria. Estos mercados,
donde se dará espacio para el surgimiento de empresas autogestivas de
comerciantes, que se encuadren dentro del sistema de precios preestablecido,
también potenciarán el mercado de proveedores de productos, al proporcionar una
información transparente sobre la orientación de la demanda. No se trata de
controlar y mucho menos de monopolizar, se trata de generar alternativas
eficientes desde el estado coordinador, para aquellos nudos especulativos que
generan ineficiencia.
La previsión social y la asistencia social
La previsión
Los sistemas previsionales de tipo solidario, donde los pasivos debían ser
financiados por el aporte de los trabajadores activos, partían del supuesto de
que la pirámide poblacional iría creciendo en una proporción que asegurara el
financiamiento del sistema. Este sistema ha tenido una primer crisis al
producirse con el tiempo un estrechamiento de la base de la pirámide, por el
menor crecimiento demográfico y por la mayor longevidad. A esta dificultad se
le agregó la problemática de los crecientes índices de desocupación mundiales,
que disminuyen la cantidad de trabajadores activos aportantes, con respecto a
los beneficiarios de una jubilación. En el caso de Argentina, la precariedad
laboral, el trabajo en negro y la evasión previsional por parte de los empleadores,
terminaron de hacer colapsar el sistema.
Analizado desde el economicista punto de vista de la autofinanciación del
sistema, se planteó la resolución con la implementación de las jubilaciones
privadas por sistema de ahorro personal, aprovechando el cambio de sistema para
brindarle otro bocadillo de suculenta rentabilidad a los grandes capitales
financieros, a través de las Aseguradoras de Fondos de Jubilaciones y
Pensiones, las cuales cobran importantes comisiones que se descuentan del
ahorro de los trabajadores, a quienes
sólo les retribuyen algunas migajas de la rentabilidad del capital ahorrado. Y
si las inversiones especulativas que se hacen con esos fondos, dan pérdidas,
por supuesto que las mismas impactan sobre el ahorrista.
El sistema de jubilaciones privadas es una verdadera bomba de tiempo, ya
que a la hora de que se empiecen a pagar a los millones de trabajadores hoy
activos lo que les corresponde, éstos podrán encontrase con muchas sorpresas:
desde enterarse que su empleador no efectuó los aportes correspondientes porque
se gastó el dinero en otra cosa, hasta enterarse que el financiamiento de este
sistema tampoco alcanza para retribuirles lo que les prometieron cuando un
sonriente vendedor les aseguraba una vejez libre de sobresaltos. Desde luego
que a esas alturas muchas AFJP ya no existirán, y el estado deberá hacerse
cargo; y desde luego que las que estén en pie, al ver que no les cierran las
cuentas para seguir lucrando, presionarán para que se eleve la edad jubilatoria
de los aportantes a los 80 años, por ejemplo.
Al respecto podemos decir que, mientras no se revierta la distribución del
ingreso, no habrá sistema que funcione, al menos con jubilaciones dignas; ¿o
acaso quien gana una salario de $ 300 mensuales, y aporta durante 30 años,
puede sobrevivir 15 años por sobre la edad jubilatoria con el ahorro obtenido
en base a ese salario?.
Acá hay muchas cosas para modificar:
En primer lugar, como decíamos en otros pasajes de este libro, se debe
generar una redistribución del ingreso que permita que los aportes
previsionales alcancen para pagar las jubilaciones; no puede haber lujos ni
dilapidaciones en una sociedad que no le paga a sus jubilados ni lo mínimo para
los alimentos.
En segundo lugar, los fondos del ahorro previsional, no pueden estar
manejados por la banca privada sino por la banca estatal, tanto por garantía y
protección de los ahorros de los trabajadores, como por el destino que se debe
dar al flujo financiero que tales fondos puedan generar.
En tercer lugar al incorporar a los trabajadores a la participación en las
ganancias y en la propiedad de la empresa, en muchos casos, la rentabilidad de
sus ganancias reinvertidas podrán seguir generando ingresos a muchos
trabajadores más allá de cese laboral.
En tercer lugar, se debe facilitar desde el estado, más allá de las
opciones privadas, la posibilidad del retiro anticipado para todo aquel que
desee dejar de trabajar sin necesidad de esperar la vejez, para dedicarse a
otra cosa. Desde luego que en esos casos el ingreso de estas personas guardará
relación con lo producido y ganado durante su actividad, pero, habida cuenta de
las mejoras salariales, de la participación en las ganancias de las empresas, y
de los avances tecnológicos que cada vez liberan más al hombre del trabajo,
empezará a ser cosa común que muchas personas puedan retirarse jóvenes, o
inclusive trabajar en ciertos períodos y tomarse otros libres, teniendo
asegurada la subsistencia. Este horizonte de seguridad social, posiblemente
ayudará también a cambiar una visión paranoica del futuro, por el temor al
desamparo, que hoy por hoy es el motor de mucha especulación y explotación de
una parte e inseguridad y sometimiento por la otra.
La asistencia
Desde el punto de vista de la protección social o de la asistencia social,
el Estado Coordinador, como herramienta de la sociedad organizada, debe hacerse
cargo, con la partida presupuestaria que sea necesaria y suficiente, de todas
aquellas situaciones de desamparo en las que la persona no puede valerse de sí
misma para autoabastecerse. Desde luego que entre estos casos, además de los
discapacitados, huérfanos, e indigentes, tenemos el caso de aquellos jubilados
que a la hora de producir los cambios que estamos proponiendo, ya son víctimas
de los errores e injusticias del pasado.
Con respecto a los desocupados y a los indigentes, si bien es obvio que
mientras existan dichos casos el estado se hará cargo de que tengan cubiertas
todas sus necesidades básicas, la idea es que el Estado Coordinador, como
activo impulsor de la economía, cubriendo los espacios en que la economía
privada no da respuestas satisfactorias, tal como vimos en puntos anteriores,
genere opciones laborales para que todo el que necesite trabajar pueda hacerlo
para autosustentarse. En tal sentido, el concepto de subsidio por desempleo,
que debe existir y en montos que aseguren la subsistencia, este concepto deberá
complementarse crecientemente con el del subsidio al empleo.
Toda vez que el estado quiera poner en marcha un emprendimiento productivo
que por su carácter de experimental e incipiente no garantice la
autofinanciación en una primer etapa, se podrá subsidiar mediante el pago de
salarios a los trabajadores que estén desocupados con fondos estatales, fondos
que de todos modos se deberían haber gastado en subsidio al desempleo. De ese
modo, no solamente se está dando respuesta a la situación del desocupado, sino
que además se está impulsando el desarrollo en áreas aún poco exploradas.
Los Derechos Humanos, desde el punto de vista económico
Los derechos humanos son mucho más que el derecho a la vida y a la
libertad. La violación de los derechos humanos en cuanto a la violencia física,
la discriminación, la privación ilegítima de la libertad y otras barbaries, si
bien lamentablemente por su cotidiana experiencia exigen una permanente y firme
acción de defensa, no requieren desde el punto de vista argumental mayor
análisis; ¿ o acaso a estas alturas será necesario fundamentar con argumentos
racionales que tales violaciones a la dignidad humana constituyen una
atrocidad? No nos parece, y en todo caso no forma parte de nuestra área.
Pero si es de interés recordar que además, existen otros derechos humanos
más vinculados con el área económica, aunque obviamente se relacionan con
decisiones políticas. El derecho a la salud, a la educación, a una vivienda, a
un trabajo digno, a un medio ambiente sano, son también derechos humanos que se
deben respetar. Desde ese punto de vista estamos en condiciones de afirmar que,
en un país donde la gente no tiene trabajo, no tiene vivienda, no tiene acceso
a una salud y educación gratuitas de primer nivel y están obligados a vivir en
un medio ambiente contaminado; en esa sociedad no se respetan los derechos
humanos.
Y cuando hablamos de que en un Sistema de Economía Mixta, debe existir un
Estado Coordinador, que representando a una organización social solidaria
garantice una vida digna para todos los habitantes, estamos hablando de que una
vida digna es aquella en la que se garantizan todos los derechos mencionados
anteriormente. Y esos derechos, desde el punto de vista económico, se
garantizan con la igualdad de oportunidades: que todo aquel que quiera
trabajar para tener una calidad de vida digna, pueda hacerlo: y que todo aquel
que esté impedido de hacerlo, sea asistido.
LA PROPIEDAD
Mucho hemos hablado de la propiedad, desde las diferentes ideologías hasta
el análisis de su naturaleza y sus implicancias. A la hora de las propuestas,
podemos decir lo siguiente.
La propiedad colectiva, la expropiación de todo tipo de propiedad privada,
no ha funcionado desde el punto de vista económico, y muchas veces ha
significado venganza y resentimiento, más que proyecto de justicia social. Ha
sido más fuerte la tozudez del “…si la realidad no coincide con la teoría,
mucho peor para la realidad…” de Lenin, que la búsqueda de un sistema que
funcione. La paranoia por no caer en el gatopardismo muchas veces justificó al
procedimiento brutal e irreflexivo.
Sin embargo, la tibieza socialdemócrata y reformista, que pretendió sujetar
al monstruo del gran capital con un hilo de costura, cuando no pedirle permiso
para ayudar un poco a los pobres,
terminó convirtiendo a la democracia en títere de los intereses
económicos, en lugar de herramienta del poder del pueblo.
Hoy la sociedad en su conjunto está ante un dilema, o continúa la ley del
mercado expulsando gente, llevando al caos de una guerra civil encubierta,
donde los marginados reaccionan inorgánicamente mientras las minorías se
atrincheran en barrios privados, o se asume la necesidad de producir un gran
cambio que, haciendo resignar ciertos privilegios de algunos, logren modificar
el sistema económico y colaborar en el surgimiento de un nuevo tipo de
organización social.
Para hacer ese gran cambio, desde el punto de vista de la propiedad, hay
que hacer al menos tres cosas:
Desarticular rápidamente las acumulaciones excesivas de poder económico,
esas que ejercen poder sobre el conjunto y no permiten que la economía se
organice de otro modo.
Modificar el sistema de propiedad en las empresas, de modo de que
paulatinamente se incremente la participación de los trabajadores, y comience
un nuevo sistema de distribución de los ingresos, que no permita las grandes
acumulaciones de riqueza.
Modificar la legislación sobre el derecho a herencia, limitando las
generaciones beneficiadas con el mismo y graduando las magnitudes mediante la
política impositiva.
En el primer caso, el avance de la banca nacional sin interés, en la medida
que se implemente en varios países, irá diluyendo el poder financiero de la
monstruosa banca internacional que domina al mundo. En el caso particular de la
acumulación de dinero por parte de la misma, más que la figura de la
expropiación, cabe la de la disolución, ya que, en definitiva, el capital
financiero son papeles, y el manejo monetario implica el manejo de la
circulación de la moneda, no obviamente el de la moneda en sí que se fabrica en
una imprenta.
Con respecto al gran poder económico de los monopolios, los grandes
terratenientes y los grandes grupos económicos, se debieran dividir en dos
grupos. La propiedad de medios de producción cuyo manejo pueda implicar poder
sobre la sociedad, por el tipo de bien que produce (energía, servicios
públicos, bienes indispensables monopolizados, etc.), deberán dar lugar a la
intervención del estado en cuanto a no permitir que se ejerza dicho poder de
forma arbitraria; ello podrá implicar, en algunos casos la expropiación
mediante compensación razonable pero no leonina, en otros casos el monitoreo
estatal a la administración privada, y en otros casos una veloz redistribución
de una parte del paquete accionario a los trabajadores más una fuerte presión
fiscal sobre la renta.
En todos los casos se deberá priorizar el equilibrio entre el bien común y
la no-destrucción de la empresa en marcha, pero sí la marcha sobre los rieles
del interés social. En este aspecto, el tema de la posibilidad de una reforma
agraria, deberá ser evaluado según las diferentes situaciones de cada país. En
el caso de Argentina, existen aún propiedades extensas de tierras que deberían
ser redistribuidas, pero también existen numerosas unidades productivas que no
pueden ser subdivididas, y que en todo caso, bajo el régimen gradual de la PPT
y las limitaciones del derecho a herencia, irán generando una mejor
distribución de la propiedad y la renta, sin que eso implique el desguace
irracional e improductivo. En el caso de Europa, no pareciera necesario profundizar
sobre reformas agrarias que ya se hicieron en su momento y que no han dejado
mayores casos de latifundios. En el caso de países como Brasil, mucho hay por
hacer seguramente con respecto a la asignación de tierras, donde en un país con
territorio inmenso, surgen movimientos como “los sin tierra”, que ocupan
territorios para tener donde trabajar, dada la inequitativa distribución de los
mismos; allí se impone una reforma agraria que reasigne la tierra, hoy en manos
de latifundistas, a los campesinos desamparados. Y desde luego que, cuánto más
exagerada sea la concentración de propiedades, más exigua deberá ser la
compensación a los propietarios. Y a los que se quejen del Estado que se mete
con ellos, se les podrá preguntar: ¿ya que tanto se quejan de que el estado
intervenga, no prefieren que el estado desaparezca por completo, incluyendo la
policía y el ejército, y que entonces vuestras propiedades y familias queden a
merced de las hordas enfurecidas?, ¿y cuál fue el origen de sus miles y miles
de hectáreas, acaso el trabajo de sol a sol y el ahorro del salario: o más bien
la distribución arbitraria de alguna autoridad corrupta amiga de sus
antepasados?
Existen otros tipos de propiedades fabulosas, que no necesariamente afectan
el interés económico social, como las empresas que producen bienes no
esenciales, y en ese caso bastará con aplicar el mismo régimen de participación
accionaria de los trabajadores a través de la capitalización de ganancias; y
también el caso de las denominadas fortunas personales, que si bien pueden
producir la envidia de muchos y el deseo de rebobinar la historia para
encontrar el punto donde su origen fue ilegítimo, en tanto no afecten el
interés general, y en tanto no sean el resultado de delitos comprobables, habrá
que dejar que se vayan diluyendo con la nueva legislación sobre el derecho a
herencia, y aplicarle los impuestos que se merezcan.
Con respecto al derecho a la herencia, podemos decir en principio, que es
una tremenda injusticia que los niños nazcan ricos o pobres, y en función de
eso no exista la igualdad de oportunidades. Todas las propuestas del SEM
apuntan a que el estado garantice una vida digna para todas las personas,
posibilitando la igualdad de oportunidades, sin que esto signifique un
igualitarismo ingenuo, donde todos los días se esté dividiendo el patrimonio
nacional por la cantidad de habitantes. La redistribución de los ingresos
producida a través de diferentes medidas, hará que paulatinamente ya no haya
posibilidades de amasar tremendas fortunas a costa del trabajo de otros; desde
luego que quien más se esfuerce posiblemente mejor le irá, y quien no se
interese por el aspecto material, no tendrá que reclamar para sí más que la
oportunidad de trabajar lo mínimo para sus necesidades, pero en todo caso las
diferencias económicas estarán dentro de ciertos parámetros razonables, y de
ningún modo serán las desproporciones actuales.
No obstante, una cosa es que un sistema económico premie al que más se
esfuerza, y otra cosa es que premie o castigue al que nace. Desde luego que
muchas personas realizan el esfuerzo no sólo para sí, sino también para los
suyos, y eso debe ser respetado, como también debe ser atendido el niño que por
alguna circunstancia nace desheredado. Al respecto citaremos las opiniones del
Ingeniero José Luis Montero de Burgos, en su ensayo sobre la Nueva Frontera
Empresarial, incluido en “Introducción a la Economía del Nuevo Humanismo”:
“…No se puede olvidar que hoy está comúnmente aceptada la permanencia del
poder empresarial, del poder del capital, a lo largo del tiempo. Quizá
convenga, para enjuiciar esto, recordar la propiedad intelectual. En general se
está de acuerdo conque esta propiedad se mantenga durante un limitado número de
años, que en muchos países alcanza hasta los 60; …si la propiedad intelectual,
obra de su autor, evoluciona, sea o no de forma brusca, no se entiende bien
que, si el objeto es una cosa, la propiedad permanece vinculada a su
propietario y a sus herederos por tiempo indefinido…. Es plenamente admisible
que el creador, que el inventor inicial disfrute de su obra, pues para eso la
crea y trabaja. También lo es que los hijos participen de ello, y quizá los
nietos, pues esto suele formar parte de las motivaciones del creador. Otra cosa
quitaría estímulos a la creación: nadie trabaja voluntariamente para el Estado.
Pero también es difícil sentirse estimulado para favorecer a descendientes que
ni siquiera se conocen. Una evolución atemperada a favor de los que trabajan
(entre los cuales puede estar el propietario en cuanto a gerente), pero que
mantenga los estímulos fundamentales de la inversión, es lo propiciable de cara
tanto a la creación como a la redistribución de los bienes de la tierra…”
La propuesta, respecto al derecho a la herencia, de ir limitando la
cantidad de generaciones de transmisión, a la vez que disminuir gradualmente su
cuantía. Será una medida a legislar en un Sistema de Economía Mixta.
En lo que hace a la propiedad de la empresa, modificar la relación entre
capital y trabajo, aparece como la llave para modificar la estructura básica
del capitalismo hacia una distribución más justa de las ganancias y la
propiedad. Por ser el tema de la Propiedad Participada de los Trabajadores de
suma importancia en el esquema de un SEM, lo desarrollaremos por separado, no
sin antes citar, a modo de introducción, lo expuesto por SILO en el Documento
Humanista:
“Los humanistas no necesitan abundar en argumentación cuando enfatizan que
hoy el mundo está en condiciones tecnológicas suficientes para solucionar en
corto tiempo los problemas de vastas regiones en lo que hace a pleno empleo,
alimentación, salubridad, vivienda e
instrucción. Si esta posibilidad no se realiza es, sencillamente, porque la
especulación monstruosa del gran capital lo está impidiendo.
El gran capital ya ha agotado la etapa de economía de mercado y comienza a
disciplinar a la sociedad para afrontar el caos que él mismo ha producido.
Frente a esta irracionalidad, no se levantan dialécticamente las voces de la
razón sino los más oscuros racismos, fundamentalismos y fanatismos. Y si es que
este neoirracionalismo va a liderar regiones y colectividades, el margen de
acción para las fuerzas progresistas queda día a día reducido. Por otra parte,
millones de trabajadores ya han cobrado conciencia tanto de las irrealidades del centralismo estatista,
cuanto de las falsedades de la democracia capitalista. Y así ocurre que los obreros se alzan contra
sus cúpulas gremiales corruptas, del mismo modo que los pueblos cuestionan a los partidos y los gobiernos. Pero es
necesario dar una orientación a éstos fenómenos que de otro modo se estancarán
en un espontaneísmo sin progreso. Es necesario discutir en el seno del pueblo
los temas fundamentales de los factores de la producción.
Para los humanistas existen como factores de la producción, el trabajo y el
capital, y están de más la especulación y la usura. En la actual situación los
humanistas luchan porque la absurda relación que ha existido entre esos dos
factores sea totalmente transformada. Hasta ahora se ha impuesto que la
ganancia sea para el capital y el salario para el trabajador, justificando tal desequilibrio con el
"riesgo" que asume la inversión...
como si todo trabajador no arriesgara su presente y su futuro en los vaivenes
de la desocupación y la crisis. Pero, además, está en juego la gestión y la
decisión en el manejo de la empresa. La ganancia no destinada a la reinversión
en la empresa, no dirigida a su expansión o diversificación, deriva hacia la
especulación financiera. La ganancia que no crea nuevas fuentes de trabajo,
deriva hacia la especulación financiera. Por consiguiente, la lucha de los
trabajadores ha de dirigirse a obligar al capital a su máximo rendimiento
productivo. Pero esto no podrá implementarse a menos que la gestión y dirección
sean compartidas. De otro modo ¿cómo se podría evitar el despido masivo, el
cierre y el vaciamiento empresarial? Porque el gran daño está en la
subinversión, la quiebra fraudulenta, el endeudamiento forzado y la fuga del capital,
no en las ganancias que se puedan obtener como consecuencia del aumento en la
productividad. Y si se insistiera en la
confiscación de los medios de producción por parte de los trabajadores,
siguiendo las enseñanzas del siglo XlX,
se debería tener en cuenta también el reciente fracaso del socialismo
real.
En cuanto a la objeción de que encuadrar al capital, así como está
encuadrado el trabajo, produce su fuga a puntos y áreas más provechosas ha de
aclararse que esto no ocurrirá por mucho tiempo más ya que la irracionalidad
del esquema actual lo lleva a su saturación y
crisis mundial. Esa objeción, aparte del reconocimiento de una
inmoralidad radical desconoce el proceso histórico de la transferencia del
capital hacia la banca resultando de ello que el mismo empresario se va
convirtiendo en empleado sin decisión dentro de una cadena en la que aparenta
autonomía. Por otra parte, a medida que se agudice el proceso recesivo, el mismo empresariado comenzará a considerar éstos puntos.
Los humanistas sienten la necesidad de actuar no solamente en el campo
laboral sino también en el campo político para impedir que el Estado sea un
instrumento del capital financiero mundial, para lograr que la relación entre
los factores de la producción sea justa y para devolver a la sociedad su
autonomía arrebatada.”
HACIA UNA LEY DE PROPIEDAD DE LOS TRABAJADORES
Introducción
El Nuevo Humanismo formula un replanteo al concepto
de propiedad de la empresa, diferenciándose tanto de la concepción de propiedad
estatal, propia de las economías socialistas, como de la propiedad del Capital,
propia del sistema Capitalista, tal como funciona en la actualidad.
Tal como se expone en “Introducción a la Economía del
Nuevo Humanismo”, donde el Ingeniero José Luis Montero de Burgos desarrolla
este nuevo enfoque, los humanistas consideran que se debe diferenciar entre
Propiedad del Capital y Propiedad de la Empresa, ya que el valor de esta es
mucho más que el Capital invertido, es también el valor del trabajo humano, son
las relaciones organizativas que mantienen los trabajadores para que la empresa
funcione. La empresa es una organización humana, y la propiedad sobre los
objetos no puede homologarse como poder sobre las personas, y no es coherente
que mientras se defiende la democracia para todos los campos del quehacer
humano, se siga aceptando como natural
la existencia de un poder absolutista dentro de la empresa, el del propietario
del capital invertido.
En el mismo texto, “Introducción a la Economía del
Nuevo Humanismo”, la Licenciada Paola Parra, cita numerosos casos donde se ha
dado a los trabajadores participación en las ganancias, en la gestión y en la
propiedad de la empresa, lo que ha contribuido, no solamente a mejorar la
situación económica de los trabajadores por el efecto de una mejor distribución
de la renta, sino que además ha aumentado la productividad, al ser los
trabajadores parte interesada en la rentabilidad, y ha dignificado la situación
de los trabajadores al brindarles la oportunidad de participar en la toma de
decisiones. Entre otros casos, la Lic. Parra cita 50 empresas de EEUU donde al
menos el 30 % de la propiedad es de los trabajadores, gracias al apoyo estatal,
que mediante una política de subsidios tributarios ha incentivado a numerosas
empresas a distribuir acciones entre sus trabajadores. Hoy hay en EEUU mas de
10.000 firmas, con un capital superior a los 300.000 millones de dólares, que
dan participación mas de 15 millones de trabajadores.
También se mencionan los casos de Rusia, Polonia,
Hungría, Jamaica, China, Inglaterra, Canadá, y algunas experiencias de
Cooperativas, donde sobresale el caso de las 105 cooperativas de Mondragón, en
el país Vasco.
En el caso de Argentina, si bien han existido
numerosos emprendimientos cooperativos y microemprendimientos de trabajadores,
la falta de una legislación seria en la materia, ha dificultado el
financiamiento de los mismos, además de dar lugar a la especulación por parte
de empresarios que utilizaron la figura cooperativa para evadir impuestos y
cargas sociales, y al uso arbitrario de fondos públicos supuestamente
destinados a financiar microemprendimientos, y en la practica utilizados para
negociados de los funcionarios de turno.
Todas estas experiencias demuestran que es posible
avanzar hacia una legislación que contemple la participación de los
trabajadores en la propiedad, las ganancias y la toma de decisiones en las
empresas.
Como bien dice la Licenciada Paola Parra, en el
punto “Desempleo y Propiedad de los
Trabajadores”, el desempleo creciente actual, producto de que la revolución
tecnológica libra al hombre de los trabajos más pesados, al haberse adueñado de
la tecnología los grandes capitales, en lugar de liberar al hombre,
paradójicamente la tecnología le genera el sufrimiento del desempleo y el
desamparo social. Esto debe ser resuelto mediante la propiedad participada de
los trabajadores. Hoy el quintil más rico de la población percibe el 53,3% de
los ingresos, mientras que el quintil más pobre sólo percibe el 5,2 %, continúa
Paola Parra, refiriéndose a la problemática de la distribución del ingreso.”
El concepto de democratización en las empresas, es
manifestado por Montero de Burgos del siguiente modo: “ Siendo la democracia
un valor universalmente admitido, cabe la afirmación de que si alguien piensa
que la empresa va a seguir manteniendo cerradas sus puertas a la democracia, ya
puede pensar también en arrojar esa idea al baúl de las cosas obsoletas”
Recomendamos
la lectura de Introducción a la Economía del Nuevo Humanismo, para profundizar
sobre los antecedentes de estas ideas, a la vez que somos concientes de que una
propuesta de este tipo tiene que desarrollarse con detenimiento, y como sugiere
Montero de Burgos, no hacer como algunos sistemas donde se utilizó a la gente
como conejillos de indias, para ensayar ideas que sólo estaban en las cabezas
de algunos; se debe proyectar muy bien las cosas, cotejarlas constantemente con
la realidad y sobre todo con la experiencia de los trabajadores y los
empresarios, y avanzar paulatinamente, aunque con la firmeza de quien tiene
claros los ideales. En este sentido, las siguientes líneas, no pretenden ser
más que otro paso en la dirección de un nuevo modelo de empresa privada, en la
que mucho habrá por desarrollar aún.
La distribución del ingreso en el sistema actual
Lejos quedaron aquellas épocas en las que, luego de
grandes esfuerzos de los sectores asalariados, organizados en sindicatos, se
logró que dicho sector participara en un 50% del Ingreso Nacional. El avance
del tiempo no solo no implicó la mejora de esta situación, sino el deterioro,
llegando en esta época menos de un 40 % de participación de los trabajadores en
el Ingreso, y más del 60 % lo lleva el Capitalista. El poder de compra del
salario ha disminuido en Argentina en un 27 % desde 1980 (fuente FIEL), y desde la década del 50 hasta
hoy se ha reducido a la mitad,
Según datos del INDEC, en Argentina, el 10 % más rico
de la población, que en 1974 se llevaba el 28 % del ingreso, hoy se lleva el 37
%, y el 20 % más pobre, en el mismo lapso de tiempo, paso de llevarse el 6,6
% del ingreso, al 4,4 % en la actualidad.
Estas cifras hablan de una tendencia que se irá
agudizando, si no se revierten las políticas económicas, que favorecen la
concentración de capitales hacia las grandes empresas multinacionales y hacia
la especulación financiera, barriendo con las PyMES y creando mayor
desocupación, y si por otra parte no se revierten las políticas laborales, que
hoy por hoy, flexibilización laboral mediante, solo apuntan a desproteger a los
trabajadores y favorecer a las grandes empresas que buscan mano de obra barata
para bajar sus costos.
Lejos están los tiempos en los que bastaba con que
trabajara una persona en la familia para que esta viviera dignamente. Hoy, al
bajar el ingreso de los asalariados, es más la gente que busca trabajar para la
subsistencia familiar, mientras que cada vez son menos los empleos ante la
crisis de las PyMES, o sea que los índices de desocupación, aumentan por
partida doble, desmintiendo las obsoletas leyes del equilibrio de la oferta y
la demanda.
Es necesario tener en claro este tema de la
distribución del ingreso, para no confundir el camino, ante la búsqueda de
alternativas para la creación de empleo, ya que si por ejemplo, en una familia
antes trabajaba una persona y ganaba mil pesos, y ahora trabajan dos personas
ganando cuatrocientos cada una, la calidad de vida de esa familia ha bajado,
mientras que las estadísticas de ocupación habrán subido.
La flexibilización laboral
En nuestro país, como en otras partes del mundo, al
fracasar el Neoliberalismo por su imposibilidad de generar un sistema económico
estable y creciente, y ante la evidencia de su incompatibilidad con la justicia
social, es que los poderes económicos, a través de sus representantes
políticos, ahora tratan de disciplinar a las poblaciones, para evitar que el
descontento pueda convertirse en una fuerza que haga peligrar sus intereses.
Así es como se incrementan los aparatos represivos para combatir los desbordes
sociales, así es como aumenta la seguridad pública y privada de los poderosos,
mientras aumenta la inseguridad del grueso de la población, así es como se
empieza a incentivar la discriminación a los inmigrantes, para que los
trabajadores luchen entre sí.
Y dentro de este contexto de disciplinar a las
poblaciones, la denominada Flexibilización Laboral, aparece como la herramienta
apropiada para someter a los trabajadores, quitándole la protección de derechos
adquiridos, desarticulando las organizaciones sindicales y facilitando la
explotación.
Claro que, en tanto los poderes económicos consideren
que necesitan la democracia (otras veces no han dudado en promover gobiernos de
facto), deberán dar a sus representantes políticos, argumentos para disfrazar
las cosas, para no perder votantes.
Es así como se ha llegado a plantear que la
desocupación, no es culpa de un modelo ni de un sistema económico, sino de una
suerte de fatalidad inmanejable, y que la Flexibilización Laboral, es la receta
para generar fuentes de trabajo.
Pues bien, nada más alejado de la realidad. En primer lugar, la creciente desocupación en
todo el mundo, es consecuencia directa del sistema económico de libre mercado y
poder absoluto del Capital sobre el trabajador, ya que esta combinación, en el
contexto de la Revolución Tecnológica, hace que las grandes empresas aumenten
su productividad utilizando menor mano de obra, bajando sus costos, y dejando
sin trabajo no solamente a sus propios empleados, sino también a los de las
PyMES, que quiebran, imposibilitadas de competir, al no contar con suficiente
capital para adquirir tecnología, ni adecuada financiación, ya que el Capital
Financiero, obviamente esta vinculado a las megaempresas, y se esta apropiando
de todo.
Las superganancias de las grandes empresas no se
reinvierten en el circuito productivo, sino en la especulación financiera,
ávida por hacer endeudar a personas, empresas y países, para multiplicar
fácilmente su capital mediante practicas usureras. Por lo tanto, y dado que
esta tendencia es la naturaleza misma del sistema económico vigente, es
imposible que se revierta la situación, si no se cambia de sistema.
En este contexto, la Flexibilización laboral, contra
lo que se dice desde el gobierno, produce diferentes efectos, todos nefastos
para los trabajadores.
1) Facilita el despido del trabajador, lo cual hace
aumentar la desocupación.
2) El temor ante la inestabilidad hace que los
trabajadores compitan entre sí para no estar dentro de los posibles despedidos
al finalizar su contrato, con lo cual aumentan el rendimiento para que el
empresario maximice beneficios con poco personal (mayor desempleo)
3) Es aprovechada principalmente por grandes empresas
que necesitan mucho personal con poca formación ( cadenas de supermercados,
comidas rápidas, etc.), ya que al rotar el personal permanentemente, logran por
un lado explotar al máximo a las personas temerosas de perder su trabajo y
esperanzadas de quedar efectivos, y por otro lado no deben previsionar
indemnizaciones en sus balances, lo que les da mayor rentabilidad. Desde luego
que esta cantidad de puestos bajo el régimen de flexibilidad, no implican creación
de nuevas fuentes de trabajo, sino precarización de las que ya existían.
4) Los empleos genuinamente nuevos que se crean con
este régimen (dejando de lado los empleos improductivos generados por intereses
electoralistas), mas que ser indicadores de reactivación, son indicadores de
desigualdad de ingresos, ya que en general corresponden a gente con altos
ingresos que contrata mas servicio doméstico, u otros servicios que ahora le
resultan sumamente económicos. En ese sentido, cabe recordar el tema de la
distribución del ingreso, que es lo más importante, si por ejemplo, en una sociedad
muy desigual, el 20 % de la población acaparara el 100 % de la riqueza, y
entonces cada uno de ese 20 % se diera el lujo de contratar una mucama, una
institutriz, un jardinero y un chofer a bajo costo, las estadísticas mostrarían
plena ocupación, pero la inequidad de la situación seria propia de una sociedad
feudal.
5) El irrisorio piso de salario mínimo junto a la
precariedad del empleo, dejan margen nulo para cualquier posibilidad de
subsidio al desempleo generalizado, ya que obviamente, y con toda razón, nadie
querría emplearse en esas condiciones, de existir un subsidio adecuado.
6) La precariedad del empleo hace que los
trabajadores desistan de organizarse gremialmente activamente, por temor a
perder su empleo.
7) La calidad de vida de los trabajadores disminuye
aceleradamente, no solo por sus bajos ingresos, sino por el nivel de
explotación, la cantidad de horas que deben trabajar bajo presión, y la
angustia permanente del temor a perder el trabajo.
En síntesis, la Flexibilización laboral, planteada
como instrumento de modernización que facilite la creación de nuevos puestos de
trabajo, es por el contrario, un instrumento de explotación y desprotección de
los trabajadores.
Trabajadores y empresarios, víctimas de un mismo sistema
En el Sistema Económico actual, la concentración de
la riqueza en pocas manos, no solamente va marginando a las poblaciones, en la
medida que genera desocupación y pobreza entre los trabajadores, sino que
también va arrasando con los empresarios de las PyMES, haciéndolos quebrar al
someterlos a los vaivenes del mercado manejado por los grandes, y haciéndolos
endeudarse a tasas usureras, con los mismos grandes que manejan la Banca. De
tal manera que en este momento es necesaria la unión entre trabajadores y empresarios,
para oponerse a este proceso de concentración, buscando alternativas que les
permitan sobrevivir, mientras la sociedad en su conjunto busca resolver la raíz
de las contradicciones de este sistema inhumano que arrasa con todo.
Así como hace un tiempo asistimos a la caída del
Socialismo Real, que como Sistema Económico
y Político no supo resolver sus contradicciones, hoy nos acercamos a la
crisis del Sistema Capitalista, en una economía globalizada donde abundan
ejemplos recientes de la fragilidad del sistema financiero internacional, y de
la dependencia que tiene el aparato productivo de ese sistema financiero. Y es
precisamente la sobredimensión del aparato financiero, el resultado de una
acumulación y concentración de riqueza como nunca antes hubo. Y esta
acumulación tiene su raíz en una de las contradicciones originales del
Capitalismo: la distribución de las ganancias en las empresas, ya que al
aceptarse que el libre mercado significaba que quien tenia el capital, por el
derecho de la ley del mas fuerte, podía determinar cuanto ganaba el trabajador,
y de ese modo pagarle lo menos posible, así el capital se fue multiplicando y
acumulando, comprando poder político para evitar sobresaltos y poder ganar más
aun. Y dada esa ley del mas fuerte, que se aplicó primero sobre los
trabajadores, finalmente se siguió aplicando desde las empresas grandes hacia
las chicas, y así siguiendo hasta que unos pocos peces grandes hayan terminado
con todos los peces chicos.
Así es que en el momento actual, esta ley de libre
mercado, que no ha sido mas que la ley de la selva, donde los más fuertes
acaban con los más débiles, ya no sólo ha marginado a los trabajadores, sino
que ahora también a muchos empresarios.
Tal vez haya llegado el momento de que la fuerza de
los débiles, que no es otra cosa que la organización de los seres humanos en
torno a principios de solidaridad y equidad, se ponga en marcha para cambiar
este estado de cosas.
La participación de los trabajadores como solución al desempleo
Ya vimos que este Sistema Económico acarrea cada vez
mas desocupación, vimos también que la denominada flexibilidad laboral, no solo
no resuelve la situación de los trabajadores, sino que la agrava. La solución
al problema pasa por comprender su raíz: la arbitraria distribución de las
ganancias y toma de decisiones en las empresas.
Ante esto la propuesta del Nuevo Humanismo consiste
en el replanteo de esta arbitrariedad, proponiendo que, si bien es razonable
que quien pone el capital, obtenga por ello su ganancia, porque está eligiendo
arriesgarlo en lugar de consumirlo, también es razonable que los trabajadores
participen de las ganancias, en lugar de tener solo un salario, ya que como
explicamos anteriormente, el hecho de pagar sólo un salario y ponerle a este el
menor valor posible, no surge como consecuencia de una evaluación de merecimientos
con criterios equitativos, sino mas bien que es la consecuencia de la
imposición del poder del más fuerte, sobre la impotencia del débil. Pero ocurre
que, en un verdadero sistema democrático, con representantes de la gente y no
de los poderes económicos, los económicamente débiles organizados pueden
organizar la sociedad y dictar las leyes, y una Ley de participación de los
trabajadores en la propiedad, ganancia y decisiones de la empresa, es el modo
de neutralizar el poder arbitrario del capital.
Es razonable que quien ahorra y dispone de un capital
para invertir, disponga de la propiedad de ese capital y obtenga una renta,
pero también es razonable que los trabajadores también obtengan otra parte de
la renta, ya que ponen su esfuerzo, su capacidad y arriesgan su futuro y el de
su familia.
Es razonable y necesario para la multiplicación de la
producción y las fuentes de trabajo, que en lo posible, no toda la ganancia que
produce la empresa sea consumida, sino que una parte se ahorre para reinvertir,
pero también es razonable que ese nuevo ahorro, ya no sea propiedad solamente
de quien puso el capital inicial, sino que sea el ahorro de todos los que
participaron en su formación, incluyendo a capitalista y trabajadores.
Es razonable que quien inicia un emprendimiento
productivo e invierte su capital, pueda decidir dónde y cómo lo hace. Pero
también es razonable que en la medida que se suman otras personas a la empresa,
estas también tengan injerencia en las decisiones que hacen al rumbo de la
misma, ya que los resultados en uno u otro sentido, afectarán no sólo al que
inició el emprendimiento, sino a todos los que participan en él.
Sólo un Sistema de Participación de los Trabajadores
en la propiedad, la ganancia y la toma de decisiones en la empresa, garantizará
la reinversión productiva que genere nuevas fuentes de trabajo, en lugar de la
inversión especulativa en el circuito financiero.
Y si los avances tecnológicos permiten producir sin
el trabajo humano, pues entonces, que todos disfrutemos de esa nueva era,
teniendo más tiempo libre y con nuestras necesidades satisfechas, en lugar de
unos pocos enriquecidos, y muchos marginados.
El nuevo rol del sindicalismo
Hace tiempo que en Argentina, se discuten las
diferentes condiciones de la flexibilización laboral, y si bien según la
oportunidad política se podrá ceder o no a alguna resistencia sindical sobre
algún aspecto de la Flexibilización, lo cierto es que la tendencia (marcada por
las imposiciones del Fondo Monetario Internacional y los grandes grupos
económicos) indica que se irá imponiendo la desprotección de los trabajadores.
Ocurre que el Sindicalismo, si no se replantea las
bases del sistema económico capitalista, en cuanto a la propiedad, distribución
de ganancias y toma de decisiones en la empresa, y continúa asumiendo como
inamovible la condición de simples asalariados de los trabajadores, quedará
atrapado en la inferioridad de condiciones cada vez mas marcada del sector
trabajador, ante el gigantesco poder del Capital. Quedará atrapado entre
disyuntivas como, o se bajan los salarios, o se despide gente.
Quedará impotente observando como los adelantos
tecnológicos se traducen en despidos, asumiendo tal hecho como una fatalidad. Y
al reclamar al estado por subsidios de desempleo, deberá asumir que un estado
endeudado no tiene presupuesto suficiente para la creciente cantidad de
desocupados.
Y aunque el sindicalismo llegue a comprender el
fatídico circuito por el cual, las enormes ganancias de las empresas que
incorporan tecnología y despiden gente, terminan en el circuito financiero, y a
través de él hacen endeudar a personas, empresas y países, que así van siendo
debilitados y controlados, para que el gran capital tenga más poder, y con ello
más ganancia, y esa ganancia va al circuito financiero, y así siguiendo; aún
así, esa comprensión aparece desconectada de las reales posibilidades que tienen
los trabajadores organizados para cambiar las cosas, en tanto se los vea como
meros asalariados, sin ninguna injerencia en las decisiones empresariales.
Si una fabrica, para optimizar su producción, y no
tener tiempos ociosos, necesita flexibilizar los horarios de trabajo y las
vacaciones, esto puede verse como comprensible, pero ¿por qué los trabajadores
deben hacer el sacrificio, flexibilizar sus horarios según la necesidad del
empresario, y luego la ganancia el sólo para este último?
Si una empresa, momentáneamente, por las condiciones
del mercado, para mantenerse, debe bajar sus costos, y esto se traduce en baja
de salarios, puede verse como comprensible, ante la opción del cierre de la
empresa, sin embargo, si el trabajador debe hacer ese esfuerzo ¿por qué
entonces no se lo considera parte también en la propiedad, en las ganancias y
en las decisiones?
Si un capitalista que desea invertir, no quiere
correr el riesgo de que si le va mal, tenga que indemnizar a los trabajadores,
suena razonable que para incentivar la inversión, se flexibilicen las
condiciones de contratación ¿pero por qué los trabajadores deben aceptar ser
contratados en condiciones precarias para disminuir el riesgo empresarial, si
ellos no participarán de los beneficios si la cosa sale bien?
En fin, podríamos ver cada punto de las diferentes
alternativas de flexibilización laboral, y llegaríamos siempre a la misma
conclusión: buscan facilitar el funcionamiento empresarial, pero solo desde el
punto de vista del empresario. Y la paradoja es que se argumenta que si al
empresario le va bien, el trabajador tendrá trabajo. Sin embargo, si al
empresario le va muy bien, puede ser que compre una maquina y despida al
trabajador, ese mismo que se sacrificó y flexibilizó todo para que al
empresario le vaya bien.
No, acá hay una gran contradicción en el planteo
desde su origen. La teoría de que la ganancia es para el capital y el salario
para el trabajador, transforma al trabajador en un simple costo, por lo tanto
en un factor que el capital buscará reducir como sea, porque son intereses
opuestos los de costo y beneficio.
La relación coherente debe ser: todos se esfuerzan
para que la empresa funcione, todos tratan de ser cada vez más eficientes,
todos tratan de que la tecnología libere al hombre de los trabajos mecánicos,
pero todos deben participar de los beneficios de estos logros. Y entonces no
habrá intereses opuestos, sino el desafío para todos, del progreso y el
desarrollo.
Entonces, el rol del sindicalismo en el momento
actual, deberá dirigirse, mas que a tratar de resistir el implacable avance de
la gigantesca maquinaria del poder del Capital, a desactivar esa maquinaria
inhumana, mediante la organización de los trabajadores en torno a propuestas de
transformación de las relaciones en la empresa.
Sistema de propiedad participada de los trabajadores
La lucha de los trabajadores deberá direccionarse
hacia el logro de una legislación que contemple mecanismos que regulen la
participación de los mismos en la ganancia, la propiedad y la toma de
decisiones de la empresa.
Esta lucha deberá darse en varios campos.
- Desarrollando propuestas de implementación práctica
en casos puntuales, incorporando el tema en las Convenciones Colectivas de cada
actividad.
- Presionar a los gobiernos para que promuevan una
legislación que en materia impositiva beneficie a las empresas que den
participación a sus trabajadores.
- Solicitar que toda empresa con dificultades
económicas, antes de ser declarada en quiebra, pueda reorganizarse con un
sistema de participación de los trabajadores, y de ese modo recibir ayuda
financiera del estado.
- Debatir entre trabajadores, empresarios y
especialistas, los distintos aspectos que hacen a la implementación, a los
efectos de prever dificultades prácticas en el funcionamiento, desarrollando
una profundo análisis que contemple desde los criterios de proporcionalidad en
la distribución de las ganancias, hasta los procedimientos de participación en
la toma de decisiones.
- Organizar seminarios, charlas y conferencias para
difundir las propuestas, de modo de generar en los trabajadores la certidumbre
de que se trata de un derecho real, fundamentado e implementable, para
contrarrestar la creencia arraigada de que sólo el Capital tiene derecho a la
ganancia, la propiedad y las decisiones, ayudando a revalorizar al ser humano
por encima del dinero.
El Nuevo Humanismo toma el desafío de, junto a los
trabajadores y empresarios productivos, desarrollar y difundir esta propuesta,
plasmando la utopía que anida en cada ser humano, en un proyecto concreto,
implementare y eficaz, que llegue a concretarse gracias a la fuerza de la
organización social, a la comprensión de toda la sociedad, y a pesar de algunos
pocos que se opongan, que aunque poderosos, no podrán detener la historia.
Algunos puntos a tener en
cuenta para una legislación sobre la PPT
Cómo se
determina hoy el salario:
El salario
se determina por una relación de fuerzas y alternativas. Si un trabajador
necesita imperiosamente trabajar, y no consigue empleo, estará dispuesto a
aceptar un salario mínimo, que al menos le permita comer. Si un trabajador
tiene una especialidad muy requerida por las empresas, y son pocos los de su
especialidad, podrá obtener condiciones salariales mucho más favorables. Desde
luego que en un sistema económico que genera altos índices de desocupación,
abundan los casos del primer ejemplo, y escasean los del segundo.
A los
grandes capitales les conviene el desempleo, porque entonces aumentan su poder
para poner las condiciones, llegando a hacer trabajar 14hs diarias a mujeres y niños, en algunos
países que las multinacionales utilizan para tener mano de obra barata.
Las
instrucciones que da el FMI para hacer ajustes presupuestarios, apuntan a
mantener alta la desocupación, mientras que las instrucciones de flexibilizar
el empleo, apuntan a quitar trabas legales para poder bajar los salarios y las
condiciones laborales: la combinación perfecta para conseguir mano de obra
cuasi-esclava.
Cuál debería
ser el valor del salario:
Algunos proponían que a cada uno se le dé según su
necesidad y que cada uno produzca según su posibilidad.
Otros han
dicho, que cada persona debe producir al menos lo que consume.
Otros dicen
que de esto se ocupa el mercado, con las leyes de oferta y demanda, ya que hay
que ver qué precio está dispuesto a pagar el mercado por el producto que dicha
mano de obra produce, y luego ver cuánto de ese precio está dispuesto a pagar
el empresario al trabajador
En todo
esto, hay medias verdades, y medias mentiras.
Por un lado,
deberíamos definir cuál es la necesidad de cada persona, cuál es su
posibilidad, y ver cómo hacemos para que produzca voluntariamente según esas
posibilidades, sin aspirar a recibir más de lo que se supone que necesita.
Eso de que
cada uno debe producir lo que consume, vale como ecuación social, pero no
individual, porque qué pasa entonces con los niños, los ancianos, los
inválidos, los que no pueden producir.
Lo de las
leyes del mercado, ya hemos visto cómo terminan, y sin embargo, no se puede
soslayar el hecho de que el valor de lo que se produce está íntimamente
relacionado al interés que los demás tienen sobre ese producto. Por ejemplo, si
una persona trabaja un mes para producir un alfiler, va a ser difícil que
alguien esté dispuesto a pagarle por ese alfiler, el equivalente a lo que ésta
persona necesita para vivir durante un mes.
De modo que
no es tan sencillo definir el valor del salario, lo que sí es seguro que si lo
determina libremente el empleador, este será lo más bajo posible.
Si partimos
de la premisa de que la economía debe estar al servicio del ser humano, y los
humanistas partimos de esta premisa, deberemos anteponer las necesidades de
toda la humanidad antes que cualquier otro criterio como la eficiencia
empresarial, la productividad y los éxitos macroeconómicos. Claro que si no se
atiende a la eficiencia y a la productividad, se puede correr el riesgo de caer
en un subdesarrollo equitativo, que tampoco es la idea.
Veamos como
podemos definir la necesidad:
Si
estuviéramos en la prehistoria, y nos propusiéramos atender a las necesidades
de cada uno, podríamos establecer que habría que garantizar a cada uno su
comida, y punto.
Si avanzamos
un poco más en el desarrollo, podríamos hablar también de la necesidad de
vestirse y de tener vivienda. Y si avanzamos más, podemos hablar de los
servicios públicos, de las comunicaciones, del esparcimiento, de la cultura, la
educación y la salud.
Está claro
que la necesidad de las personas, varía según sea el nivel de desarrollo del
conjunto social. No le sirve al ser humano una economía que hace
concentrar un consumo monstruoso, suntuario y sofisticado en un 10 % de la
población, mientras un tercio del planeta pasa hambre. Parece ser que a un
tercio del planeta le convendría vivir en la prehistoria, ya que en esa época
al menos cazaban y comían.
En
Argentina, si el Producto Bruto Interno se dividiera por grupo familiar, daría
aproximadamente unos 3.000 pesos mensuales por familia, por lo que sobradamente
se puede garantizar cubrir las necesidades de la canasta familiar mínima, de
1.030 pesos.
Claro que
para lograr esto, hay que efectuar una redistribución de los ingresos, que no
pasa solamente por restarle ganancias a los empresarios para aumentar los
salarios de los trabajadores, sino que también hay que producir una
redistribución interempresarial, ya que existen marcadas desproporciones entre
las grandes empresas y las pequeñas, muchas de las cuales tienen una estructura
de costos que no les permite mucho margen de mejora salarial, dado el bajo
precio al que pueden colocar sus productos o servicios.
Hay una
teoría eficientista que dice que sólo deben quedar las empresas más fuertes, y
desaparecer las ineficientes. Esa teoría explícita, va de la mano con otra
teoría implícita, la que dice que en el mundo sobra gente. Como si se tratara
de una carrera donde sólo los ganadores tienen derecho a seguir existiendo.
Lo cierto es
que, un aumento del salario mínimo, no podrá establecerse como medida aislada,
porque se corre el riesgo de que se traslade automáticamente a los precios, con
lo cual pierde sentido, o puede hacer inviables muchas pequeñas empresas que
hoy apenas se sostienen. Un incremento salarial, deberá complementarse, en el
caso de empresas que puedan absorberlos con sus ganancias, mediante un control
de precios, para evitar que dichas empresas eviten hacerse cargo del aumento, y
lo trasladen a los consumidores. Y en el caso de empresas que no puedan
absorberlos, se deberá implementar una
política de subsidios, con fondos que provendrán de los impuestos a los que más
tienen.
Reiteramos
que, el dinero para hacer estas reestructuraciones, está, lo que pasa es que
está mal repartido. Esta redistribución del ingreso, no solamente mejorará la
situación de los trabajadores por razones obvias, sino que además, disminuirá
el flujo de las superganancias empresariales a la especulación financiera, y
reactivará el aparato productivo, al incrementarse el consumo, por el mayor
poder adquisitivo real de los trabajadores, que consumirán los bienes que antes
no podían de la canasta familiar, reactivándose toda la industria vinculada a
la producción de dichos bienes.
Otro aspecto
a tener en cuenta es que hoy por hoy, los precios a los que se valúa la canasta
familiar, incluyen una elevada carga de impuestos regresivos, que también es un
tema a modificar, ya que no es equitativo, desde nuestro punto de vista, que
paguen igual porcentaje de impuestos los consumos para las necesidades
primarias, que los consumos para necesidades secundarias, o bienes
prescindibles, o que los bienes suntuarios no tributen lo suficiente, con
relación al poder adquisitivo que representan.
Los bienes
necesarios, no deben pagar impuestos, y los demás deben pagar impuestos
escalonados, muy altos en algunos casos, para compensar lo que se deje de
recaudar por los bienes exentos.
De este
modo, el costo de la canasta familiar básica, bajará sensiblemente.
Teniendo en
cuenta estas consideraciones, podríamos decir que un primer artículo para una
Ley de Propiedad Participada de los Trabajadores, debería decir algo así:
Art.
El
trabajador sostén de familia, deberá percibir, como mínimo y en concepto de salario básico, con
independencia de su participación en las ganancias de la empresa, el valor
correspondiente al costo de la canasta familiar, que será establecido por el
Ministerio de Trabajo, sobre la base de información proporcionada por el
Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. En el caso de trabajadores que no
sean sostén de familia, su salario podrá regularse en las Convenciones
Colectivas de Trabajo, de acuerdo a pautas que contemplen antigüedad y
categoría, pero en ningún caso podrán percibir una suma inferior al 75 % del
Salario Básico Mínimo ya mencionado.
Art.
En los casos en que el cumplimiento del
artículo anterior implique incremento en
los costos empresarios, estos no podrán ser trasladados a los precios. Las
empresas que invoquen la inviabilidad económica o financiera para implementar
dicho incremento, deberán solicitar la auditoría del Ministerio de Trabajo,
para evaluar la veracidad de su declaración e incluirse en alguno de los
programas establecidos en esta misma Ley, referidos a Subsidios, Asistencia
Financiera, y diferentes grados de participación de los trabajadores en la
propiedad de la empresa.
Algunas ideas sobre la
participación en las ganancias
Bien, hemos
visto el tema de la determinación del salario, y vimos que debe responder al
principio de garantizar, para todo ser humano, por el sólo hecho de haber
nacido, su derecho a tener cubiertas sus necesidades básicas, de acuerdo al
nivel de progreso que tenga la sociedad. Ahora avanzaremos hacia el concepto de
participación en las ganancias de la empresa.
Habrá quien
pueda pensar, que si el trabajador participa en las ganancias ¿por qué entonces
habría que garantizarle un salario mínimo, en vez de correr el riesgo, junto
con el empresario? La respuesta es sencilla: porque ningún ser humano puede
tener sus necesidades básicas insatisfechas, y si una empresa anduviera mal, y
sus ganancias fueran tan magras que aunque se dividan por partes iguales, no
alcanzaren para que cada uno cubra su canasta familiar, entonces el Estado, no
debe decir, como dice ahora: que desaparezcan los ineficientes (aunque eso
signifique quiebras y desocupación), ni tampoco el Estado debe decir, como dice
ahora, que hay que bajar el costo laboral, para que las empresas sean
competitivas (aunque eso signifique salarios de hambre). El Estado Humanista
debe decir, apoyemos a este grupo de personas para garantizar que sigan
produciendo, o que se dediquen otra cosa, pero que nunca dejen de cubrir sus
necesidades básicas. Es responsabilidad del Estado que todos los habitantes del
país tengan cubiertas sus necesidades, y el salario mínimo establece un piso.
Ahora bien,
imaginemos que tenemos resuelto el tema del salario básico, y que todas las
empresas pueden pagarlos, y además obtienen su ganancia empresarial.
¿Quién dijo
que deben ser así las cosas, que la ganancia es para el capital y sólo el
salario para el trabajador? En principio, lo dice el Capital, es su palabra
contra la del trabajador, claro que si la palabra es del Capital, éste tiene el
poder para aplicarla, mientras que la del trabajador, si no lo ampara el
Estado, no tiene tal poder. Es decir, hay una razón de fuerza. Pero veamos los argumentos de los economistas
que intentan defender el lucro del Capital, con teorías economicistas, con
pretensiones de vuelo científico.
La teoría
Capitalista
Se dice que
el capitalista es el que se tomó el trabajo de ahorrar, venciendo la tentación
de consumir, y con ese ahorro se capitalizó y puso en marcha una empresa,
arriesgando sus ahorros, generando trabajo y producción, y entonces, su
merecida recompensa es la ganancia. Y si así no fueran las cosas, si no
existiera el incentivo de la ganancia para invertir, nadie invertiría, y no
habría producción, ni trabajo, ni progreso, ya que el motor de la economía es
el tropismo por la ganancia. Y pareciera ser que las experiencias del
socialismo real, fracasaron, entre otras cosas, porque no existía incentivo
para desarrollar la economía, ya que nadie tenía la expectativa de salir de la
mediocridad generalizada, en un sistema burocrático y sin incentivos.
Acá también
hay medias verdades y medias mentiras.
En primer
lugar, el mito del Self Made Man, que empieza como un trabajador, ahorra,
invierte en una empresa y hace fortuna, es un mito con cada vez menos ejemplos
que invocar. Hay muchas fortunas que se originaron en el saqueo, en el reparto
arbitrario de tierras, en la estafa, en la componenda con los gobernantes, en
la explotación desvergonzada, en la competencia desleal, el narcotráfico y
otros orígenes pocos virtuosos. Y eso sin entrar a discutir sobre el derecho a
herencia, que premia económicamente a quien no tuvo más mérito que ser familiar
de alguien con fortuna.
Pero
supongamos que tenemos un ejemplo genuino de los defensores del capitalismo, el
caso de alguien que trabaja, ahorra e invierte poniendo en marcha una empresa.
Podría
parecer razonable pensar que no lo haga a cambio de nada, sino que lo haga
pensando en mejorar su situación económica. Ahora bien, si para poner en marcha
su empresa, además de sus ahorros, necesita de otras personas ¿cuáles deben ser las condiciones de la
sociedad? Como vimos anteriormente,
establecer un salario de hambre es una condición basada en una desigual
situación de fuerzas, donde el empleador trata de pagar lo menos posible.
¿Pero, quién dijo que eso es lo justo? , ¿Las leyes del mercado? ¿Y quién es el
mercado para dictar leyes que regulen las vidas de las personas?.
Aun cuando
aceptemos como genuina la propiedad del capitalista sobre su capital, porque
fue fruto de sus ahorros, esa propiedad le da derecho a explotar su capital,
pero no a explotar a los trabajadores, que por ende nunca podrán ahorrar e
invertir.
Es más, tomando los propios argumentos del
capitalismo, acerca del motor de la economía, podríamos decir que en realidad,
el sistema capitalista, incentiva el
tropismo a la ganancia de uno, el capitalista, y desincentiva a muchos, los
trabajadores, por lo cual es ineficiente desde su concepción.
Y,
finalmente, el mecanismo de multiplicación de la ganancia, que desproporciona
cada vez más la relación entre el
supuesto mérito del capitalista y los beneficios que obtiene, al
generar, en el caso de las grandes empresas, bancos y multinacionales,
capitales enormes, también opera como desincentivador de la inversión
productiva, ya que en esa escala, los grandes capitales, en buena medida, se
orientan hacia la especulación financiera, o a la compra de empresas que ya
funcionan (no crean nuevas).
La
Alternativa
Entonces, la participación de los trabajadores en las ganancias de las
empresas, además de corresponder a un tipo de asociación más equitativo entre
el Capital y el Trabajo, corresponde a un sistema económico orientado a una
continua reinversión productiva, por el incentivo que tendrán los trabajadores,
al sentirse parte.
Ahora bien ¿cuál sería la proporción adecuada en la que debería participar
el trabajador en las ganancias?
Este es un tema complejo, ya que nos encontramos con situaciones muy
diversas.
Por ejemplo,
si se estableciera un porcentaje homogéneo, por ejemplo el 50 % de las
ganancias son para los trabajadores, nos encontraríamos con los siguientes
casos:
Un productor
agrícola, con varios miles de hectáreas explotadas con tecnología de punta y,
que distribuya el 50 % de sus ganancias con los pocos trabajadores agrícolas
que trabajan en su campo, convertiría a estos trabajadores en gente muy
adinerada, mientras que un carpintero de pueblo que reparte sus ganancias con
sus empleados, posiblemente no logre que sus trabajadores siquiera dupliquen el
valor de su salario.
¿Y qué
pasaría con los empleados estatales, con las asociaciones y fundaciones, con
los docentes, y con todos aquellos trabajadores que no están en una empresa que
obtenga ganancias mensurables?.
Es evidente
que hay que analizar muchas variables, contemplar todos los casos, y legislar
adecuadamente para cada situación, pero el concepto, partiendo de las
asimetrías entre las diferentes ganancias de las empresas y su relación con la
cantidad de trabajadores, sería regular a través de diferentes tasas del
Impuesto a las Ganancias, la ganancia que se distribuye en una empresa, la
ganancia que se capitaliza, y la ganancia que en forma de impuesto va a parar
al Estado para redistribuir los ingresos sociales.
De modo tal que los artículos de la Ley que
establezcan la participación en las ganancias por parte de los trabajadores,
podrían expresarse así:
Art.
Todas las
empresas, Unipersonales, Sociedades de hecho y todo tipo de Sociedades
legalmente constituidas, con fines de lucro, cualquiera fuere su actividad,
deberán acogerse al Régimen de Distribución de Ganancias entre los
Trabajadores.
Art.
A los efectos de esta Ley, se considerará
ganancia a la renta obtenida en el ejercicio comercial, una vez deducido el
Impuesto a las Ganancias. Los montos abonados en concepto de Salario Básico,
conformarán parte del costo, y en ningún caso podrán ser computados como pago a
cuenta de la distribución de ganancias.
Art.
Los montos
establecidos previamente al momento de promulgación de esta Ley, en concepto de
salarios, en el valor que exceda al del Salario Básico y hasta un monto
equivalente a 5 salarios básicos, en el valor excedente serán considerados como
anticipos de la distribución de ganancias y no serán computados como costo de
producción.
Art.
Los salarios
que a la fecha de promulgación de esta Ley, superaran el valor equivalente a 5
salarios básicos, estarán condicionados en su continuidad, al resultado de
aplicar las normas de esta Ley referidas a criterios y mecanismos de asignación
de ganancias, con las limitaciones que la aplicación del Impuesto a las
Ganancias imponga a la empresa.
Art.
Los
titulares de la propiedad del capital empresario, a la fecha de promulgación de
la Ley, que realicen tareas operativas en la empresa, podrán computar sus
retiros como salario básico, hasta el límite establecido en artículos
anteriores, y el excedente se computará como anticipo de ganancias, con las
limitaciones del artículo anterior.
Art.
Todas las
personas que trabajen en la empresa tendrán una participación en las ganancias
de la misma, de acuerdo a los porcentajes que se establezcan en la misma, en un
común acuerdo entre la parte empresarial y los trabajadores, considerando los
alcances y limitaciones que prevea la reglamentación de esta Ley.
Art.
La
participación del total de trabajadores sobre el total de las ganancias de la
empresa, se determinará de acuerdo a la composición del Capital y la masa
salarial, según los parámetros que establezca la reglamentación de la ley, y en
ningún caso serán inferiores al 25 % ni superiores al 75 %.
Art.
Los
trabajadores que hayan capitalizado sus ganancias, participarán de las
ganancias futuras según su porcentaje de participación en el Trabajo, más su
proporción de participación en el Capital.
Observaciones
sobre los artículos anteriores
Como dijimos anteriormente, se debe prever las desproporciones que hay
entre las ganancias de diferentes empresas, con diferente tecnología y diversa
proporción de trabajadores empleados con relación a la ganancia obtenida. Al
establecer que la ganancia distribuíble es la que queda después de aplicar el
Impuesto a las Ganancias, dejamos en el Estado la herramienta para regular, con
tasas graduales, la equidad del sistema. La filosofía es que la mayor
eficiencia dada por los avances tecnológicos, debe ser patrimonio social y no
de un grupo que se apropia del mismo. No obstante, y para no castigar la
eficiencia futura, al aplicar mayor impuesto a la mayor ganancia, habrá que
prever que las alícuotas progresivas se gradúen teniendo en cuenta no sólo una
escala de ganancias, sino una proporción de trabajadores ocupados, ya que de
ese modo se estará también incentivando el empleo de mano de obra.
El tope de
los 5 salarios básicos, permitirá limitar las excesivas remuneraciones a
niveles gerenciales y directores, que muchas empresas pagan, y que tiene que
ver con la formación de verdaderos grupos de poder, que llevan a que un Gerente
General gane el equivalente a 50 o 100 obreros.
El hecho de
considerar como costo a los salarios básicos, y al excedente como anticipo de
distribución de ganancias, apunta a varios objetivos: en primer lugar, se
garantiza la cobertura de la canasta familiar, a la vez que se ata al riesgo de
la empresa todo lo que es ganancia, incluida la ganancia de los trabajadores,
(todo ingreso por encima del básico), lo que hará que todos se preocupen de que
la cosa funcione. Además, de haber problemas, primero se afrontarán con las
reservas, y luego con la contracción de las ganancias de todos, pero nunca
serán los despidos, ni la reducción de los salarios básicos la variable de
ajuste.
Por ejemplo,
hoy cuando una empresa baja su nivel de ventas, suele recortar gastos con
suspensiones y despidos de los trabajadores que menos ganan, mientras sus
niveles gerenciales se mantienen con sus elevados sueldos. La idea es que,
cuando la cosa va bien, todos ganen en proporción según las escalas que se
establezcan, y cuando la cosa va mal, la variable de ajuste sea una menor
ganancia para todos. El piso, el salario básico.
Si la
empresa anduviera tan mal que ni siquiera puede pagar los salarios básicos,
entonces deberá pedir la intervención del Ministerio de Trabajo.
Con respecto
a los diferentes porcentajes de distribución de ganancias, estos deberán
detallarse en la reglamentación de la Ley, ya que se abre un abanico muy grande
de posibilidades, ya que entran a jugar muchas variables, como por ejemplo, la
proporción del capital invertido, con relación a la cantidad de trabajadores
ocupados, y la rentabilidad obtenida. Y a su vez hay que considerar diferentes
ponderaciones del capital invertido, en función de su composición en activo
fijo, bienes de cambio y disponibilidades, con la tasa de riesgo de la
actividad. Sería muy extenso tratar cada
caso aquí, pero los primeros estudios sobre el tema nos hacen pensar en un piso
del 25 % y un techo del 75 % para la participación en las ganancias por parte
del conjunto de los trabajadores.
Es posible que así como será difícil para los
empresarios digerir la idea de garantizar un salario mínimo que cubre el costo
de la canasta familiar y la idea de dar participación en las ganancias a los
trabajadores: es posible que también sea difícil digerir para aquellos
trabajadores más calificados o profesionales, la idea de que lo que pudiesen
ganar por encima del básico, estará atado al buen desempeño de la empresa. Pero
hay que entender que la prioridad es que todos tengan garantizado lo básico, y
que lo que esté sujeto a vaivenes sea el plus.
Además, al
hablar de participación en las ganancias, necesariamente tenemos que empezar a
hablar de la participación en la gestión y en la toma de decisiones por parte
de los trabajadores.
Participación en la toma de
decisiones
Este tema también es complejo, por varias razones: la especialización de
los trabajadores suele no coincidir con el conocimiento que se necesita para
comprender la administración de una empresa, y los niveles gerenciales, que
disponen del conocimiento, suelen estar identificados con el interés del
empresario. Los Delegados Sindicales, que por definición deberían ser los
representantes de los intereses de los trabajadores, muchas veces forman parte
de una estructura corrupta, totalmente asociada al interés empresarial. Y la
génesis de esta situación hoy ya dada, permite inferir que aunque pudieran
cambiarse las personas, si no cambia la forma organizativa, tarde o temprano el
agua volverá al molino del capitalista.
¿De qué serviría dar participación a los trabajadores en las ganancias, si
el empresario se las arregla para manipular los resultados para exhibir poca
ganancia, evadiendo impuestos y limitándose a pagar los salarios básicos? Si no se corrige el monopolio que el
empresario tiene en la gestión, las propuestas anteriores, lejos de beneficiar
a los trabajadores, podrían perjudicarlos.
¿De qué serviría al trabajador tener participación en las ganancias, si no
puede modificar las decisiones que pudieran atentar contra sus intereses?
Seguramente el Ministerio de Trabajo tendrá un papel fundamental en el
diseño de un tipo de organización gremial inmune a la formación de cúpulas
enquistadas en el poder, en la capacitación de los cuadros de los trabajadores
y en el permanente control mediante auditorías externas.
Una redacción tentativa para este aspecto de la Ley de PPT, podría contener
los siguientes artículos:
Art.
Los trabajadores tendrán injerencia en la toma de decisiones de la empresa,
pudiendo contar con la supervisión y asesoría que el Ministerio de Trabajo
determine a tal efecto, la que podrá intervenir de oficio, o ante la solicitud
de los trabajadores, avalada por las firmas de un 30 % de los mismos, sin
importar su rango.
Art.
La designación de Presidente, Síndicos, Directores y Gerentes de la empresa
deberá ser puesta a consideración por la Asamblea de los Trabajadores, quienes
podrán proponer postulantes a los cargos respectivos. La remoción de cualquiera
de los cargos mencionados, podrá ser puesta a consideración por decisión de la
Asamblea de Trabajadores.
Art.
Los socios capitalistas podrán proponer todos los cargos, y someterlos a la
aprobación de la Asamblea de Trabajadores, pudiendo ésta aprobarlos por
completo, u objetarlos total o parcialmente, según se establece en el artículo
anterior.
Art.
La Asamblea de Trabajadores podrá designar delegados que los representen en
las reuniones de socios, directores y gerentes, contando con voz y voto para la
toma de decisiones. Si de acuerdo a las proporciones de votos que se
reglamenten, la representación de trabajadores estuviera en minoría, ésta podrá
solicitar la intervención del Ministerio de Trabajo, si considerara que la
parte empresaria aprobó medidas que atentan contra los intereses de los mismos.
Antes de seguir dándole forma a la participación de los trabajadores en la
toma de decisiones, será necesario incorporar un concepto fundamental, que
permitirá en definitiva asentar el poder de decisión de los trabajadores:
La participación en la propiedad
¿Quizá se podría pensar en por qué no, directamente expropiar los medios de
producción a favor de los trabajadores? . No son muy buenas las experiencias al
respecto.
No nos olvidemos que el capitalismo ha funcionado como una suerte de
carrera, donde los más fuertes, o más hábiles, fueron acaparando todo, y el
resto de la gente fue siendo sometido. Pero en esa carrera, se anotaron muchos,
y algunos ganaron y otros perdieron. Claro que los que perdieron se quejan de
los que ganaron, y los acusan, pero ¿acaso le hubiera ido mejor al mundo si los
ganadores de esa misma carrera, planteada en los mismo términos, hubieran
tenido otros nombres?. Acá no se trata de revanchas, ni de venganzas, acá se
trata de generar un nuevo sistema económico que funcione, que no se paralice,
que sea justo en la distribución, y que dé lugar a que todo ser humano que
quiera desplazar al dinero como valor central pueda hacerlo. Que todo aquel que
no quiera correr una carrera sino conformarse con cubrir sus necesidades
básicas, y disponer de su tiempo para otras cosas, pueda hacerlo con libertad,
y sin sobresaltos ni angustias. Y que el que quiera ganar mucho para consumir
mucho, si es su deseo, que pueda hacerlo, siempre y cuando no adquiera con ello
poder sobre otras personas, y siempre y cuando lo que gana y consume, responda
a su esfuerzo puesto en esa dirección y no a haber explotado el esfuerzo de
otros.
Más allá de que se puedan efectuar correcciones en la propiedad actual de
los medios de producción, apuntando al interés común, como medida de urgencia,
el objetivo de la Ley de PPT mirando al futuro, es crear un nuevo modo de
propiedad, que vaya haciendo crecer la proporción de ésta en manos de los
trabajadores, ya que, además de ser justo, es necesario para afianzar el poder
de decisión de los mismos en las empresas.
En este sentido, la capitalización de un porcentaje de las ganancias de los
trabajadores, y el incremento de su porcentaje de ganancias en función de dicha
capitalización, será una herramienta fundamental.
Aquí hay que tener en cuenta algunas
experiencias anteriores de distribución de acciones entre trabajadores, donde
rápidamente terminaron en manos de los capitalistas o de los sindicalistas o
burócratas, según el caso y el país. Será necesario entonces proteger esta
propiedad mediante cláusulas que impidan o regulen la transferencia de
acciones.
Tampoco se trata de que toda la ganancia se distribuya y se consuma, pues
entonces no se lograría afianzar la participación de los trabajadores en la
propiedad, de modo que habrá que establecer porcentajes de capitalización y
reinversión productiva de las ganancias.
Y también habrá que prevenir el hecho de que tanto empresarios como
trabajadores, se cierren en su interés propio, limitando la incorporación de
nuevo personal, para que haya menos entre quienes repartir. En este sentido, la
política fiscal, deberá alentar, a través de las tasas diferenciales del
Impuesto a las Ganancias, a que la prosperidad de una empresa, no sólo implique
mejoras para los que ya están adentro, sino que también se abran las puertas a
los desocupados.
Art.
Las ganancias que obtengan las empresas, netas de impuestos, tanto en la
parte correspondiente al Capital, como en la parte correspondiente al Trabajo,
no podrán distribuirse en su totalidad, sino que se deberá afectar un
porcentaje a una Reserva para la Reinversión Productiva,
Art.
Los porcentajes correspondientes a la Reserva mencionada, serán
establecidos en la Reglamentación de la Ley, en función de las características
de las empresas, pero en ningún caso serán inferiores al 20 %.
Art.
La Reserva mencionada constituirá parte del Capital, a los efectos de la
distribución de las acciones, lo que implicará que los trabajadores serán
propietarios de la empresa en la proporción que corresponda a su tenencia de
acciones, con todos los derechos que por dicha participación en el Capital les
correspondiesen, sin detrimento de los demás derechos que le correspondiesen
por su condición de trabajadores.
Art.
Las acciones correspondientes a los trabajadores, no podrán ser vendidas ni
transferidas mientras los mismos trabajen en la empresa, y en caso de
retirarse, tendrán opción de mantener su propiedad, con los derechos que
implique en cuanto a la distribución de ganancias, o de venderlas a otro
trabajador de la misma empresa.
Art.
La Reserva mencionada, podrá aplicarse en inversiones para el crecimiento
de la misma empresa o en participación con otras empresas. Las Reservas
líquidas no aplicadas deberán depositarse en la Banca Nacional Sin Interés.
Aquí es necesario detenerse para hacer otras consideraciones, que nos
llevarán nuevamente al tema de la participación de los trabajadores en la toma
de decisiones. Porque, ¿Qué pasa si el capitalista toma decisiones, sobre la
parte del Capital que le corresponde, que puede ser el 100 %, si aún no se
distribuyeron y capitalizaron ganancias, o un porcentaje menor, pero que en
definitiva se trata de “su propiedad” ?.
¿Qué pasa con esas decisiones, si afectan a la marcha de la empresa y a los
intereses conjuntos?.
Acá hay que tener en cuenta varios factores, donde no se puede escapar el
hecho de que la motivación de quien dispone de un capital para invertirlo
productivamente, es importante para el arranque de un emprendimiento, y hay que
mantener un equilibrio tal que permita encauzar y disciplinar al Capital y a la
Empresa al servicio del ser humano, sin abortar la iniciativa de quien está en
situación de decidir si invierte, o si gasta. Posiblemente esta situación irá
cambiando, en la medida que las proporciones de la propiedad cambien, en la
medida que las personas cambien sus escalas de valores, en la medida que el
temor al futuro, el consumismo y el deseo de poder, no sean los factores de
motoricen la actividad económica. Pero
en una transición, será importante no desactivar algunos mecanismos hasta tanto
no sean reemplazados plenamente.
Por ejemplo, supongamos el caso de una persona que ahorró durante algunos
años, y con esos ahorros se propone montar una pequeña empresa. Hoy esa persona
pensaría en contratar un par de empleados, por un sueldo lo más bajo posible,
de modo de obtener la mayor ganancia posible, y comenzaría ella misma a
trabajar, y a velar por la buena marcha de los negocios. Y sus empleados, si
bien no estarían conformes con el sueldo bajo, agradecerían al menos tener
trabajo, y agradecerían que este empresario sepa manejarse en el mercado y se le haya ocurrido invertir en esta
empresita, en lugar de irse unos cuantos meses a Europa, o construirse una
mansión. Ese es el momento uno.
Más tarde, este empresario, gracias
al éxito de la empresa, merced a su gestión, y merced al trabajo de sus
empleados, crece y obtiene muchas ganancias. Pero sus empleados, si bien quizá
tuvieron alguna mínima mejora, por haber trabajado a la par del empresario,
siguen percibiendo un salario, mientras el capitalista, ahora sí se compra la
mansión y contrata un gerente que le atienda la empresa en marcha, mientras él
viaja por Europa. Es el momento dos.
Si en el momento uno, al ahorrista futuro empresario, le dijeran que
ni bien contrate un empleado, por ese sólo hecho, deberá compartir sus
ganancias por partes iguales, la propiedad de la empresa será compartida, y al
otro día de iniciada la empresa el empleado tiene las mismas facultades que él
para la toma de decisiones, si le dijeran todo eso, es probable que lo piense
dos veces antes de arriesgar sus ahorros con esa perspectiva, es probable que trate de realizar un
emprendimiento sin tener que contratar empleados, o limitarse a trabajar con la
familia, o tal vez decida gastarse la plata.
Parece que en el momento uno, para que una persona rompa el umbral
de las dudas y temores antes de iniciar un emprendimiento productivo, debe
tener una motivación que guarde proporción con la resistencia.
En este sentido, arrancar con el salario básico garantizado, y un
porcentaje razonable sobre las ganancias para los trabajadores, parece ser una
condición más favorable. Dar un plazo de capacitación en la empresa a los
trabajadores, antes de que comiencen a tener participación en las decisiones,
parece ser más realizable. Una vez consolidada la empresa, los porcentajes de
ganancia de los trabajadores pueden ir creciendo, junto a su capitalización
dándoles participación en la propiedad, y cada vez mayor poder de
decisión. De modo que en el momento
dos, con la empresa en marcha, teniendo más claro el rumbo de las cosas, la
mayor participación por parte de los trabajadores, aunque no sea el ideal de un
empresario individualista y angurriento, no necesariamente serán motivo de que
quiera desarmar la empresa, porque aunque gane menos, igual le convendrá.
Ahora bien ¿qué pasa con las empresas que ya estén en marcha al momento de
aplicar la Ley de PPT? Aquí la
resistencia es al cambio, a no querer soltar el mango de la sartén ni el mango
del bolsillo Pues aquí habrá que saber
diferenciar entre las resistencias propias de sus mezquinos intereses, a las
que no se les deberá hacer lugar, de las resistencias razonables, donde
seguramente habrá que ubicar el punto de equilibrio para aplicar la PPT sin
que se desarme ni paralice la empresa, y
desde allí ir avanzando.
El interés es que haya empresas que funcionen bien, que den ganancias, y
que los trabajadores tengan participación. No nos interesa que funcionen bien
para el empresario y no para la gente, ni tampoco nos interesan organizaciones
hippies que se vayan a pique.
En este sentido, quizá los siguientes artículos puedan marcar estas pautas.
Art.
Los trabajadores que se incorporan a una empresa, tendrán garantizado su
salario básico, más un porcentaje sobre las ganancias que se establecerá en
función de su especialidad, y que, calculadas en base al ejercicio contable
anterior, determinen una remuneración equivalente al salario de su categoría,
de acuerdo a las Convenciones Colectivas de Trabajo.. Esta ganancia no será
capitalizable hasta que el trabajador tenga un año de antigüedad.
Art.
Los trabajadores con más de un año de antigüedad, tendrán una participación
en las ganancias adicional a la establecida en el artículo anterior, que se
establecerá según los parámetros que establezca la reglamentación de la Ley, en
lo que hace a porcentajes de distribución y capitalización.
Art.
Todos los trabajadores, independientemente de su antigüedad y del hecho de
que sean accionistas o no de la empresa, tendrán derecho a voz y voto en la
Asamblea de Trabajadores, la que tendrá reuniones ordinarias y extraordinarias,
de acuerdo a lo que establezca la Reglamentación de la Ley.
Art.
La Asamblea de Trabajadores designará delegados, en la proporción que la
Reglamentación establezca, quienes tendrán derecho a participar en las
reuniones de Directorio y Asambleas Societarias de la empresa.
Art.
Los Delegados que representen a los trabajadores tendrán el 33 % de los
votos, independientemente de la propiedad de acciones que pudieran tener dichos
trabajadores. Ese porcentaje se incrementará proporcionalmente a la
participación que los trabajadores tuvieran en la conformación del Capital
accionario.
Art.
De estar los trabajadores en minoría, y de tomarse decisiones con las que
estén en desacuerdo la mayoría de los delegados, se deberá convocar a Asamblea
Extraordinaria de Trabajadores, y de obtener mayoría de votos la moción de
impugnación a la decisión empresaria, se podrá solicitar el arbitraje del
Ministerio de Trabajo.
Aquí es bueno aclarar, que, para que no se entorpezca cada decisión
operativa, se deberá reglamentar taxativamente los puntos que serán
considerados de interés vital para los trabajadores y la empresa, como ventas y
compras importantes, distribución de ganancias, aprobación de inversiones,
etc., de modo que no se convierta la empresa en una continua asamblea que frene
todo.
Respecto al 33 % de poder de decisión para los trabajadores sin acciones,
se apunta a un mínimo de representación, que limite la discrecionalidad del
capitalista, para ir pasando gradualmente, y en la medida que los trabajadores
capitalicen sus ganancias, a superar el 50 % del poder de voto.
Síntesis
Este trabajo intenta avanzar en precisiones respecto a la Ley de PPT, y
poder y sacando algunos puntos más concretos que puedan servir para profundizar
el análisis, como por ejemplo:
1.
Todos los
trabajadores tendrán derecho a un salario básico que cubra el costo de la
canasta familiar, más una participación en las ganancias de la empresa.
2.
La
participación del conjunto de los trabajadores en las ganancias de la empresa
no podrá ser inferior al 25 %.
3.
Como mínimo
el 20 % de las ganancias del Capital y del Trabajador, conformarán un Fondo de
Reserva para la reinversión productiva, que garantice la generación de nuevos
puestos de trabajo.
4.
Los
trabajadores recibirán acciones de la empresa, por el valor de sus ganancias
que conformen el Fondo de Reserva, por lo que participarán en la propiedad de
la empresa.
5.
Los
trabajadores participarán en las decisiones empresariales, teniendo un poder de
voto del 33 % como mínimo, más los votos que les correspondan por ser
propietarios de acciones.
SEGUNDA PARTE
Apéndices Para una mayor comprensión de la temática de la Economía Mixta
APENDICE 1 – Conferencias e informes desarrollados por el autor en
la Fundación Aconcagua.
1 – Introducción de la conferencia de la Fundación Aconcagua, realizada el
28 de marzo de 1999, en la Sede Central del Partido Humanista: “ Frente a la
crisis económica, ¿la convertibilidad y la dolarización son las únicas
opciones?”.
LA PROPUESTA HUMANISTA PARA LA EMERGENCIA ECONOMICA
Nuestra propuesta económica, nace como respuesta a la necesidad histórica
de un Ser Humano que, asfixiado por un sistema económico que pone como valor
central al dinero y margina a las personas, siente la necesidad de ponerse de
pie, tomando el destino en sus manos para sacarse de encima a la dictadura del
dinero, poniendo a la economía al servicio de las personas, y no a la inversa.
Si nos detuviéramos en las palabras
que acabamos de decir, seguramente alguien podría establecer paralelos y
similitudes con la resignada expresión de deseo de muchos que se sienten
espectadores, con la inocua retórica de muchos bienpensantes, y hasta con el
discurso hipócrita de algunos socios del poder económico.
Pero ocurre que nos diferencia un
detalle, que nosotros queremos hacerlo en serio: y para eso, hay que cambiar
todo. Y para cambiar todo, necesariamente hay que afectar intereses, y
entonces, el poder económico empieza a decir que somos poco serios, los bienpensantes
se hacen los distraídos, y los resignados nos llaman utópicos.
Nuestro plan económico, no es una mejora de lo que ya existe, sino un
replanteo total de los fundamentos de la economía actual, teórica y
prácticamente. Tampoco tiene que ver con la concepción burocrática de un
socialismo que ya evidenció su fracaso. Lógicamente, este no es un plan que
pueda implementar este gobierno, ni la llamada oposición, sino un gobierno
humanista, que ponga al estado al servicio de la gente, y no de los poderes
económicos. Y en ese sentido, deberá ser un estado fuerte y con decisión, porque
fuertes son los enemigos de la gente. Pero no podrá ser un estado divorciado de
la gente, sino integrado por ella.
Decimos todo esto, porque debe
entenderse que nuestro plan económico, sólo es posible de llevar adelante en
una democracia real (y no formal como la actual), donde la gente organizada
desde la base, canalice lo que hoy son resignadas expresiones de deseo, en
acciones concretas, capaces de enfrentar el inmenso poder del enemigo, que no
es otro que la Banca Internacional.
¿Por qué el enemigo de la gente es
la Banca?, porque es la máxima expresión del poder económico doblegando a los
pueblos. La banca descubrió, desde hace mucho tiempo, que es posible hacer
dinero con el dinero, mediante la especulación y la usura. Entonces comenzó el
proceso de concentración del capital, que tuvo como principales actores a los
banqueros y los empresarios. Pero la banca, al tener el control del dinero,
especuló con las necesidades financieras de las empresas y no solamente acumuló
más riqueza, multiplicando el dinero, sino que además se fue adueñando de las
empresas. Su voracidad, y la necesidad de prestar para ganar intereses, hizo
que cada vez necesitara clientes más grandes, y comenzó a endeudar a las
naciones, en complicidad con los gobiernos títeres, y engañando al pueblo con
el atractivo de la “plata dulce”.
Argentina, fue un bocado apetitoso.
Con gobiernos militares adeptos, comenzaron a endeudarnos: el flujo de dólares
permitió cubrir el déficit de la balanza de pagos, por lo cual el dólar estuvo
barato un tiempo, y entonces, además del gobierno, se endeudaron las empresas y
la gente. Después se cerró el grifo y aumentó el dólar, y entonces Cavallo, con
el gobierno militar, estatizó la deuda de sus empresas amigas y los argentinos
empezamos a tener que hacernos cargo de una deuda que no contrajimos. Luego la
deuda fue creciendo crónicamente por sucesivas refinanciaciones, hasta que, con
la Ley de Convertibilidad, se aceleró su crecimiento, al utilizar el
endeudamiento para mantener artificialmente la paridad cambiaria y controlar la
inflación. Simultáneamente se multiplicó también el endeudamiento privado, al
mantener el dólar subvaluado. Los “capitales golondrinas” encontraron en
Argentina un paraíso: altas tasas de interés y un dólar anclado, les
permitieron altas rentabilidades, mientras se nos trataba de hacer creer a los
argentinos que estábamos en el mejor de los mundos, comprando todo en cuotas y
viajando al exterior. Claro que algunos empezaron a no tener trabajo, y empezó
a haber señales de que esta fiesta dejaba a muchos afuera. Con el peso sobrevaluado
y las puertas abiertas a la importación, buena parte de la industria nacional
tuvo que bajar sus persianas, mientras el resto se tecnificó, reemplazando
gente por máquinas, sin que invirtieran
sus ganancias en nuevas fuentes de trabajo.
El modelo de la convertibilidad ha
sido una formidable farsa disfrazada de éxito, que sólo benefició a la Banca y
a las multinacionales vinculadas a ella. Aún en los mejores momentos de la
convertibilidad, a la gente le fue mal, porque aumentó la marginación y la
desocupación. Y ahora nos anuncian que viene la recesión. Eso sí, somos
confiables para la banca, porque nos sigue prestando, y vamos a poder seguir
manteniendo la estabilidad.
Todas
las estadísticas que tienen que ver con la situación de la gente, muestran el
deterioro: mayor desocupación, salarios más bajos, mayores niveles de pobreza,
inseguridad, deterioro de la salud y la educación.
Las
estadísticas que nos exhiben del incremento de la producción y consumo, son
cifras globales que sólo reflejan el enriquecimiento de unos pocos, y el
endeudamiento de buena parte de la clase media.
La tan mentada estabilidad monetaria, tuvo
un alto costo porque se financió con endeudamiento: duplicándose la deuda
externa nacional, multiplicándose tres y cuatro veces la deuda de las
provincias, y alcanzando elevados índices de endeudamiento las empresas y la
gente.
Nuestro país es cada vez
más ajeno, ya no nos quedan empresas públicas, los principales terratenientes
son capitales extranjeros, y las principales industrias y bancos cada vez son
en mayor medida propiedad extranjera. EN ARGENTINA NO SE INVIRTIO PARA CRECER,
A ARGENTINA LA REMATARON.
¿Cuál es el futuro de seguir
así las cosas?
No muchos países le ofrecen al “capital golondrina” la rentabilidad que
nuestro gobierno les supo conseguir, por lo tanto, es posible que por un tiempo
más nos sigan endeudando, y se siga manteniendo la convertibilidad; hasta que
ya no haya a quien prestarle, entonces, todo el castillo de naipes se
derrumbará. El déficit de nuestra balanza de pagos, que ya suma 25.000 millones
anuales, entre vencimientos de deuda, intereses, regalías, giro de ganancias al
exterior y déficit de la balanza comercial, solo admitirá dos salidas: o una
devaluación acompañada de un brutal recorte presupuestario, o el salvataje de
los organismos financieros internacionales. Claro que estos “salvatajes”, que
nunca fueron gratuitos para nuestra soberanía, ahora significarían lisa y
llanamente la entrega de todo lo que nos quede, incluyendo las tierras.
El
futuro de los argentinos sería como el de los siervos de la edad media, que
vivían de favor en el territorio del amo, trabajando para él por la comida en
épocas de vacas gordas, y matándose entre sí en época de vacas flacas.
Ya se está adaptando la
legislación laboral, para que el amo tenga mano de obra barata (¿O qué creemos
que es la flexibilización laboral?)
Ya se están construyendo
los castillos donde el amo vive a salvo de los delincuentes (¿O qué creemos que
son los countrys con seguridad privada?)
Ya se está concentrando la
comercialización de los productos de primera necesidad, para que los siervos
sólo podamos comprarle al amo (¿O qué son los hipermercados?)
Y, en esta globalización
dirigida por un poder central, sólo falta terminar de globalizar a la justicia
y los ejércitos, para poder intervenir en cualquier territorio donde los
pueblos quieran rebelarse.
Hace unos días, el
Presidente Menem, afirmó que aún le faltaban 10 años para terminar su obra;
creemos que la obra puede estar terminada antes, sólo que no es suya, él sólo
fue un instrumento.
Hay que tomar decisiones,
antes de que esta obra macabra esté
acabada, pues de lo contrario pueden pasar siglos, antes de revertirla.
Que hay que hacer:
Ningún camino será fácil. Alguna vez dijimos que la propuesta del Nuevo
Humanismo, podía ser tomada como una escalera de incendios: si todo está bien
con este sistema, somos los primeros en alegrarnos, pero si la cosa no va bien
para la gente, existe una salida de emergencia.
Y ese es nuestro plan económico: una salida de emergencia; ninguna escalera
de incendio es cómoda, pero más daño nos hará el fuego. Por ello, cada uno de
los 20 puntos de nuestra propuesta para salir de la convertibilidad, y en el
camino opuesto a la dolarización, cada uno de esos 20 puntos, se complementa con los demás y está pensado
para poder revertir rápidamente la dirección que llevan las cosas, amortiguar
lo más posible las consecuencias de las reacciones que nuestras propuestas
puedan provocar, al afectar los intereses del poder económico, y comenzar a
construir una economía humanista que tenga al ser humano como valor central.
20 puntos del Plan de Acción
de Economía Humanista.
1 - Se derogará le Ley de
Convertibilidad, y se desdolarizará la economía,
permitiendo que todas las obligaciones dentro del país pactadas en dólares
puedan ser canceladas en pesos, al tipo de cambio de la fecha en que fueron
contraídas.
2 - Se modificará el tipo de
cambio, adaptándolo a las
necesidades del comercio exterior, lo que implicará una devaluación cercana al
100 %. El Banco Central manejará el flujo de divisas del comercio exterior, y
en caso de limitaciones en la existencia de las mismas, se priorizará la importación
de suministros imprescindibles y bienes de capital.
3 - Se establecerán acuerdos
bilaterales para comerciar con otros
países prescindiendo del uso del dólar como moneda de pago.
4 - El Banco Central tomará un
rol activo, impulsando la financiación
del aparato productivo, liderando a una Banca Nacional sin Interés, la que se
manejará con fondos del superávit fiscal, los fondos que hoy manejan las AFJP,
y los depósitos de los ahorristas que busquen mayor seguridad que la que le
brinda una banca privada al borde del colapso.
5 - Respecto a la entrada de
capitales extranjeros, se condicionará su ingreso a
una permanencia mínima de 1 año en el país.
6 - Para neutralizar expectativas
inflacionarias, habrá una primer etapa de
control de precios y se mantendrá una relación de equilibrio entre la masa
monetaria y el PBI, limitando la emisión de moneda a las necesidades de
crecimiento productivo, o a la compensación de la iliquidez que podría generar la
especulación del capital privado.
7 - A mediano plazo, se
utilizará la tecnología informática (hoy al
servicio de la banca especulativa), para implementar un progresivo reemplazo
del circulante, por un sistema de débitos y créditos. Tal mecanismo permitirá
además transparentar las transacciones
de las empresas, neutralizando la evasión y el giro de divisas al
exterior.
8 - Se buscará un inmediato
equilibrio fiscal con los fondos que hoy se destinan a pagar los servicios de
la Deuda Externa, pagos que serán suspendidos
hasta tanto se investigue la conformación de la misma. Esta determinación será
acompañada por una activa política exterior conjunta con otros países deudores,
para neutralizar posibles represalias de la Banca Internacional.
9 - Se iniciará una fuerte
política fiscal para lograr un superávit que
permita a la Banca Nacional sin Interés, promover el desarrollo. Existirá un
monitoreo permanente de las administraciones de grandes empresas para evitar
que continúen evadiendo y eludiendo
impuestos.
10 - Se incrementará la
alícuota del Impuesto a las Ganancias, en escalas
progresivas que podrán llegar hasta el 75 %, en los casos de grandes ganancias.
11 - Se reemplazará el
Impuesto al Valor Agregado a los intereses bancarios,
por un impuesto al lucro financiero, no trasladable al público.
12 - Existirá un impuesto a la
riqueza con tasas progresivas. En el mediano plazo se simplificará el sistema unificando impuestos.
13 - El Estado retomará el
control de los recursos energéticos,
promoviendo el uso de los abundantes recursos de gas natural, en lugar del
petróleo, permitiendo tener con éste último mayores saldos exportables.
14 - Se reformularán todas las
privatizaciones de los servicios públicos, en el
contexto de priorizar los intereses del público y de los trabajadores por
encima del lucro empresarial.
15 - Los recursos de la Banca
Nacional se canalizarán a través de créditos a empresas que adopten las
modalidades establecidas en una Ley de Propiedad de los Trabajadores, promoviendo el desarrollo de polos productivos.
16 - En el caso de las tierras
improductivas, se financiará su explotación
intensiva, en el marco de una paulatina reforma agraria acorde con la Ley de
Propiedad de los Trabajadores.
17 - Se dará especial empuje a
la agroindustria exportadora, a la industria pesquera y a la construcción, generando una veloz caída de los índices de desocupación, fomentando la
inmigración hacia los polos productivos en regiones poco pobladas.
18 - Se creará un Mercado
Alternativo de Comercialización, financiado
por la Banca Nacional, que permita, mediante la utilización de la técnica
administrativa e informática, eludir el excesivo costo de intermediación en la
comercialización de los productos.
19 - Las bocas de expendio se
organizarán autogestivamente, en el marco de la Ley de
Propiedad de Los trabajadores.
20 - Los recursos del
presupuesto destinados a Salud
(incluidas Obras Sociales), Educación y Asistencia Social, se distribuirán
mediante métodos de pago directo, evitando
las intermediaciones y redes de corrupción enquistadas de administraciones
anteriores, ello permitirá optimizar los recursos actuales, mejorando servicios
y salarios en forma inmediata.
Muchas
gracias, y cedo la palabra a mis compañeros de la Fundación.
2 –Los caminos futuros de la economía argentina
Nota del
Cdor. Guillermo Sullings, incluída en el Informe Nº 3 de la Fundación Aconcagua
Cuando en septiembre de
1998, los humanistas presentamos nuestro Libro Naranja, conteniendo las
propuestas para un plan de gobierno, muchas fueron las voces que se alzaron
contra la propuesta económica; el Plan de Emergencia de 20 medidas concretas,
para salir de la convertibilidad, seguramente iba en contra de la corriente.
Por aquellos tiempos, casi ningún economista y mucho menos los políticos,
incluída la izquierda, concebían la posibilidad de salir de la convertibilidad;
las pocas voces de aquellos que, conocedores de la trampa en la que se había
encerrado a la nación, se atrevieron a desafiar a la sacrosanta
convertibilidad, no tuvieron mayor espacio en los medios de difusión.
Y es que ha sido tan convincente la propaganda oficial, y tan apabullantes
los comentarios de los economistas del para-oficialismo, que hasta el ciudadano
medio se ha convencido de que la convertibilidad es la panacea, aún cuando a su
alrededor, todos los indicadores mostrasen una economía real en acelerado
proceso de destrucción.
¿Será que los argentinos tenemos vocación para la ceguera y el autoengaño?;
alguna vez muchos argentinos alabaron la "tablita" de Martinez de Hoz
y la "plata dulce" del "déme dos", y más tarde se
sorprendieron con una gigantesca deuda externa; alguna vez muchos dijeron ser
"derechos y humanos", y luego se despertaron con 30 mil
desaparecidos; alguna vez muchos argentinos victorearon a quienes nos
condujeron al suicidio de Malvinas, y luego se despertaron con una catástrofe;
alguna vez muchos se convencieron de que por llamarle Austral al peso, este se
haría fuerte por arte de magia, y luego se vieron envueltos en la
hiperinflación.
¿Cuánto falta para que los muchos que hasta hoy están convencidos de que
Argentina tiene una economía estable y sólida, se despierten con el cachetazo
de una crisis financiera que derrumbe el castillo de naipes de la
convertibilidad? No mucho. Y cuando todo se caiga, cuando la devaluación no sea una medida programada, sino un caballo
desbocado, cuando el débil hilo de las finanzas se les vaya de las manos y,
como siempre, las consecuencias las pague la gente, cuando todo eso pase, no
bastará con decir "Menem lo hizo", porque son muchos los que han
defendido, y aún defienden este modelo.
Aún quienes han dicho ser la oposición, se han limitado a criticar las
consecuencias sociales del modelo, pero no se han atrevido a proponer una
alternativa, y se alinearon detrás de la convertibilidad, por lo que seguirán
los ajustes, la recesión, la desocupación y la pobreza. Todos coinciden en que
el sistema financiero está sólido, y la estabilidad está garantizada; sólo
quedan por resolver "pequeños detalles", como la pobreza, la
desocupación, la destrucción del aparato productivo, y la imposibilidad de
competir teniendo un peso sobrevaluado, costo que se dice haber pagado a cambio
de la solidez monetaria.
Sin embargo, aquella oportunista frase de propaganda electoral de De La
Rúa, cuando afirmó que "conmigo, un peso, un dólar", en un futuro no muy lejano, quizás sea
recordada patéticamente en los programas humorísticos, como alguna vez lo fue
aquella frase del ex-ministro Sigaut: "el que apuesta al dólar
pierde", preludio de una fuerte devaluación. Y entonces muchos sentirán
que una nueva estafa se ha develado
Nos dicen que la estabilidad está garantizada porque hay reservas, pero no
nos dicen que el déficit anual de la balanza de pagos es equivalente a esas
reservas y se las devoraría rápidamente si no llegaran fondos del exterior.
Nos dicen que gracias a la convertibilidad podemos comprar de todo en
cuotas, pero no nos dicen que entonces, por los intereses usurarios, todo nos
cuesta el doble, y por lógica en el mediano plazo nuestro poder adquisitivo y
nuestro consumo bajan porque estamos endeudados, alimentando la espiral
recesiva.
Nos dicen que gracias a la apertura económica podemos comprar productos
importados más baratos, pero no nos dicen que por ese motivo la industria
argentina cierra sus persianas, exportar es cada vez más difícil, nos quedamos
sin trabajo y por lo tanto sin dinero para comprar esos productos
importados.
Nos dicen que aumentó el Producto Bruto Interno, pero no nos dicen que cada
vez se concentra en menos manos y en su mayoría extranjeras.
Primera
conclusión: desde la vigencia de la convertibilidad, la deuda externa nacional
se ha duplicado, la deuda de las provincias se ha cuadruplicado, y la deuda de
las empresas y de los ciudadanos ha llegado a niveles inéditos. La industria
nacional se ha destruído, la desocupación ha batido récords, y el poder
adquisitivo del salario ha bajado.
Y ante tal desastre, todavía se atreven a decir que la economía está bien,
y que el modelo es sólido. Aunque realmente fuese sólido, de poco nos serviría
a los ciudadanos, porque admirar esa solidez sería como que los prisioneros de
un campo de concentración admirasen la disciplina de la gestapo. Pero ocurre
que, segunda conclusión, ni siquiera el
modelo es sólido, por lo que el último espejismo de los argentinos, se
derrumbará ante el primer viento en contra de los flujos financieros
internacionales.
En
todos estos años, se tentó a los capitales extranjeros con bocados apetitosos:
privatizaciones, compras de paquetes de empresas privadas, explotaciones y
concesiones con contratos leoninos, tasas de interés para créditos al consumo
(que cuadruplicaron las tasas internacionales), y un sinnúmero de
"gangas" que incentivaron la entrada de capitales para sostener este
modelo de "hipotecarse para vivir".
Claro que como no basta con el ingreso de los capitales privados,
también se acudió a los favores del FMI y el Banco Mundial, representantes del
poder financiero internacional y herramienta del poder político de EEUU, y
estos organismos trajeron junto a sus créditos, las recetas de ajustes,
flexibilización laboral y apertura económica suicida.
Con este modelo, no se necesita ministro de economía, por la sencilla
razón de que este modelo depende exclusivamente de los hilos del poder
internacional, y no hay ni el más mínimo margen de maniobra para que un
ministro de economía tome medidas autónomas que justifiquen su cargo.
La mundialización y la
integración de los pueblos, es un
proceso bienvenido, en el camino hacia una Nación Humana Universal, pero la
llamada globalización económica, no
responde a los intereses de los pueblos, sino a los que se han adueñado del
poder económico. Hay quienes se refieren a la globalización como si fuera un
devenir inevitable ante el cual resulte ridículo y poco serio tratar de
resistirse. La globalización es la internacionalización a ultranza del poder
económico y financiero devorándose todo a su paso. Y una economía regida por
las leyes de la globalización, es una economía supeditada a los intereses de
tales poderes. Y esos poderes, necesitaron de un seguro de cambio como la
convertibilidad durante todos estos años de saqueo, pero pronto llegará el
momento en que ya no lo necesiten, porque ya se devoraron todo, y entonces poco
les importará lo que pase con los argentinos.
Y los argentinos, que nos
quedamos sin empresas públicas, que nos quedamos con cada vez menos empresas
privadas, con cada vez menos bancos, con cada vez menos tierras, y con cada vez
más deudas, cada vez más déficit
presupuestario, cada vez más recesión y desempleo, trataremos de imaginarnos
los caminos que puede seguir la economía en los próximos tiempos:
Una
posibilidad muy cercana, es que los capitales privados ya no vengan, e incluso
se vayan, porque ya compraron buena parte de lo que se podían comprar, porque
ya endeudaron a todo el que se podía endeudar, y el riesgo de un déficit fiscal
creciente les hace dudar de la posibilidad del gobierno de mantener el uno a
uno. En ese caso, habría una gran corrida, se terminaría de romper la cadena de
pagos, y la iliquidez produciría una cadena de quiebras, cayendo en una
devaluación recurrente, alimentada por la especulación de los tenedores de
divisas. El solo hecho de que los capitales financieros sepan de la fragilidad
de nuestra economía, puede de por sí incentivarlos a una presión especulativa
que acelere el derrumbe.
Otra posibilidad es que ante semejante panorama, el FMI podría intentar un rescate, ¿a cambio de...?, ¿quizá de la
privatización de los Bancos Nación y Provincia, para que la banca se quede la
cartera de las tierras hipotecadas?,¿Tal vez a cambio de una flexibilización
laboral que permita que los trabajadores argentinos puedan competir con los
presos chinos que fabrican productos baratos a
cambio de un plato de arroz, y de ese modo tener mano de obra barata
para las multinacionales?, ¿Quizá a cambio de la entrega de reservas naturales
y centros turísticos?, Y seguramente a cambio de más impuestos a los
consumidores, que cada vez consumen menos.
Intentar predecir exactamente cómo y cuándo ocurrirá cada hecho, sería tan
estéril e innecesario como intentar predecir el lugar exacto en el que caerá
cada gota de lluvia de un temporal, cuando en realidad lo que nos interesa
saber es que seguirá lloviendo y nos vamos a seguir inundando.
La Convertibilidad ya fracasó,
y el no haberla desmantelado a tiempo, puede hacer que la caída final arrastre
mucho sufrimiento de la gente.
Cuando los Humanistas dijimos que había que salir de la
convertibilidad, cuando dijimos que había que modificar el tipo de cambio, para
adaptarlo a las necesidades de nuestra industria y nuestros trabajadores,
estábamos proponiendo una salida planificada, con reservas en el Banco Central,
con el mantenimiento del valor de las cuotas de los créditos de la gente, para
que el costo de la devaluación la paguen los prestamistas, y con la firme
decisión de suspender el pago de la deuda externa, para frenar esa ilegítima
sangría. También proponíamos una reforma tributaria que grave a los que más
ganan, para lograr el equilibrio fiscal, que garantice estabilidad monetaria, (porque la verdadera razón de la
estabilidad monetaria ha sido la no
emisión de moneda para financiar el déficit fiscal, y no la convertibilidad,
pero que se ha logrado con endeudamiento, y no con equilibrio). De ese modo
planificado, sólo habría modificaciones en los precios relativos, al aumentar
los importados, pero de ningún modo una inflación generalizada.
Muy diferente es lo que puede terminar ocurriendo con este cogobierno
de oficialismo y oposición: una devaluación forzada, con corridas bancarias,
con efecto dominó de quiebras, y con inflación en los productos de consumo
masivo.
Si nuestra economía fuera sólida, no necesitaríamos estar suplicando
financiamiento al poder económico internacional; esta estabilidad está prendida
con alfileres, y a su propia fragilidad se le suma la del mercado financiero
internacional, donde los capitales especulativos pasan electrónicamente de un
país a otro, derrumbando economías en un abrir y cerrar de ojos. ¿ Qué pasará
si la Reserva Federal aumenta las tasas de interés para frenar una presión
inflacionaria en EEUU, y entonces los capitales del mundo fluyan hacia ese
país?. ¿ Qué pasará si el financista Soros apuesta contra el peso, como lo hizo
alguna vez contra la libra esterlina obligándola a devaluar ?, ¿Qué pasará si
el Mercosur termina siendo inviable porque se transforma en una competencia entre
países pobres y endeudados, que necesitan balanzas comerciales positivas para
pagar sus deudas?
La economía argentina está en medio de una autopista donde miles de
conductores delirantes y criminales pasan raudamente en múltiples direcciones,
y el impacto será inevitable.
Los
humanistas propusimos salir de esa locura y andar por un camino de una economía
al servicio de la gente, sostenida por los firmes pilares de un desarrollo
industrial sustentable, con recursos propios. El oficialismo y la
seudo-oposición que asumirá el poder en diciembre, continúan apostando a
entregar los hilos de la economía a las decisiones extranjeras, y pretenden
hacernos creer que a pesar de ello, algún día mejorarán las cosas para la
gente. Si realmente se quisiera salir de la recesión, habría que ocuparse de
mejorar la distribución de la riqueza, porque si el pueblo aumenta su
participación en el Ingreso Nacional, va a consumir dentro del país y va a
reactivar la industria y el empleo; pero mientras la riqueza esté en pocas
manos, no nos llamará la atención que
haya 100.000 millones de dólares de argentinos en el exterior.
En síntesis, no nos sorprendamos si el castillo de naipes se cae, y el
pueblo paga las consecuencias; no nos sorprendamos de que los políticos
tradicionales continúen entregando la economía al poder financiero
internacional; dejemos de esperar pacientemente que de sus negociados aparezca
algo que beneficie a los pueblos, y empecemos a organizar un Poder que los
enfrente y les arrebate el manejo de la economía. Hoy ya no tiene sentido la
dialéctica entre empresarios y trabajadores, pues ambos son víctimas del poder
financiero; una política económica de desarrollo, seguramente deberá
encontrarlos organizándose en forma conjunta.
Diciembre
de 1999
APÉNDICE II - PREGUNTAS Y
RESPUESTAS
Respuestas a consultas efectuadas por correo electrónico sobre diversos
temas
1-Preguntas efectuadas durante la campaña electoral
Hola Guillermo:
Quería hacerte una consulta: muchas personas que han leído las propuestas
sobre economia, sobre todo el no pago, salir de la convertibilidad, les
parece interesante como proyecto pero un poco fuera de la
"realidad". Lo
primero que dicen es:
.- EE.UU no se va a quedar cruzado de brazos y/o ...-mirá lo que le pasó
a Alfonsin por tratar de saltar el cerco, los mismos empresarios de este
país lo boicotearon, que medidas van a adoptar Uds. para evitar
represalias
externas y presiones internas.
La duda está en que no tengo en claro que responder. Agradecería tu
respuesta. Un abrazo, Carlos R. (Bahía Blanca)
Respuesta:
Para
responder a estas preguntas típicas, no podemos irnos en detalles, que por otro
lado son demasiado extensos y muchos hasta desconocidos, ya que tienen que ver
con la faz oculta de las negociaciones entre el Imperio y sus representantes
locales.
Creo que hay que tener la estructura argumental bien
sólida, con algunos datos significativos e irrefutables, y una visión procesal
de la cual suelen prescindir quienes nos cuestionan.
·
En primer lugar, la cuestión ética: no se puede plantear que la
organización social y económica de un país se debe basar en las condiciones ya
dadas de dependencia , aceptando como una fatalidad el hecho de ser títeres de
un poder central, y autocensurarse cualquier tipo de propuesta de modificar esa
realidad dada, por el sólo hecho de que se tiene temor a las supuestas
represalias. De allí a empezar a creer que "ellos" son superiores y
tienen derecho a controlar nuestras
vidas, hay sólo un paso, que consiste en un resignado gesto de aceptación para
maquillar la cobardía.
·
Debe quedar bien claro que el capital usurero internacional, y su
instrumento de poder político-militar que es el gobierno de EEUU, están
manejando los hilos de la llamada economía globalizada, para su provecho, y
están arrojando a millones de seres humanos a la marginación, el hambre, el
desempleo y la desintegración social. Debe quedar bien claro que la situación
económica de nuestros países, no es consecuencia de "nuestros
pecados", sino de la activa política del Poder económico, en complicidad
con los gobiernos locales que ellos mismos ayudan a instalar y perpetuarse, con
el manejo de los medios de comunicación y el chantaje.
·
Una rápida mirada sobre la situación económica y social, y algunos datos,
bastan para demostrar la contundencia de las afirmaciones anteriores: basta con
saber que desde la vigencia de la convertibilidad, el producto bruto creció,
pero también creció la pobreza, lo que indica que la riqueza se distribuye cada
vez peor. El aumento de la desocupación con la secuela de desintegración
social, nos exime de comentarios. La duplicación de la deuda externa, pese a
haber rematado todas las empresas públicas, y el creciente endeudamiento de las
provincias y municipios, hacen que en promedio, cada argentino tenga una deuda
pública de más de 5.000 dólares, además de sus propias deudas, y a tasas
usureras. Basta con ver el deterioro creciente de la salud y la educación,
cuyos presupuestos se recortan para poder pagar los crecientes intereses de la
deuda externa. Basta con ver las diarias protestas de todos los sectores, para
darse cuenta que todo va peor, mientras nos tratan de hacer creer que todo está
mejor.
·
Han rematado el país, han empobrecido y endeudado a la gente, han
hipotecado nuestro futuro. Los únicos argentinos beneficiados han sido algunos
grupos de poder económico y los funcionarios traidores. El resto del beneficio,
se lo llevó la banca, que se adueñó de todo. Podríamos seguir mencionando
ejemplos, pero nos extenderíamos demasiado. Y si alguien nos dice que a él le
va bien, y que los demás no le importan, bueno, con ese alguien no vale la pena
perder el tiempo.
·
Y con respecto a la mayoría, a los que les va mal, a los que les va cada
vez peor: acaso piensan que para que les vaya mejor, lo que hay que hacer es
agachar la cabeza y obedecer al poder económico, y dejar que termine de
devorarnos. No, eso no solamente no es ético, no solamente es de una cobardía
rayana en la sumisión, sino que además indica que no se están viendo las cosas
en proceso, ni siquiera se está viendo lo que va a pasar mañana. Mañana,
estaremos peor.
·
PRIMER IDEA: desde luego que el Capital Internacional
tiene mucho poder y maneja muchos resortes, pero no solamente es una actitud
cobarde no rebelarse, sino que además, la sumisión es ineficaz, ya que de ese
modo, cada vez estaremos peor. Así que eso de que nos va a ir mal si nos
rebelamos, parte de la idea equivocada de que estamos bien y cada vez nos irá
mejor si somos sumisos. Debe quedar claro que nos llevan al matadero, así que,
qué tanto miedo a las represalias de
quienes hace rato consideran que en este mundo sobra gente: acaso pensamos que
nosotros vamos a estar entre los que no sobran, entre sus elegidos?. Nos están
arriando hacia un abismo: ¿Que hacemos?,¿No nos rebelamos por miedo a los
golpes y nos dejamos despeñar con la esperanza de que a último momento se
derogue la ley de gravedad? ¿O nos rebelamos antes de que sea tarde?. Caer al
abismo es terminar todos sin trabajo, sin recursos, sin ayuda social, sin
educación, sin salud, y sin seguridad para que nos robemos y matemos entre
pobres, mientras Argentina termina siendo un Country para 3 millones de
personas, festejando el Hallowen; y detrás del alambrado, la guerra civil.
¿Alguien puede creer que falta mucho para eso y que a él no le va a tocar?
·
Ahora bien, si bien nos queda claro que hay que rebelarse, también nos
queda claro que no podemos hacerlo de un modo compulsivo y desorganizado. Es
por eso que, a nivel económico, se deben tomar todas las medidas necesarias
para amortiguar cualquier tipo de represalia y poder organizar la economía
aunque hubiera un total boicot contra un eventual gobierno humanista.
·
Hay que plantear, sin embargo, que más allá de que preveamos en nuestro
planteo económico, medidas hasta para los casos extremos de boicots y embargos,
estos muy difícilmente van a darse por varios motivos. En primer lugar, la
situación internacional ha ido cambiando, porque si bien desde un punto de
vista el poder del capital financiero ha ido ganado terreno, por otro lado ha
sido tan voraz y desestabilizador, que ya son muchas las voces que se alzan en
contra. Ya son muchas las voces que empiezan reclamar un replanteo de las
deudas externas; ya son muchos los gobiernos que mientras tratan de obedecer al
Fondo Monetario, deben a su vez lidiar con las explosiones sociales en su
interior. No nos olvidemos que hoy la deuda externa no es básicamente con países,
sino que está distribuida en bonos, y sus tenedores son bancos, financistas y
ahorristas. ¿Podrá el gobierno de EEUU imponer un bloqueo a un país que se
niega a pagar la deuda a los bancos y
financistas con el hambre de su pueblo? ; ¿Se plegarán a ese bloqueo otros
países, muchos de los cuales padecen situaciones similares? ¿Se podrá contener
una rebelión generalizada de un bloque de países deudores? . Existen muchos
ejemplos de bloqueos que no funcionaron por intereses económicos, como cuando
el mismísimo proceso militar argentino le vendía cereales a la Unión Soviética,
a pesar del bloqueo de EEUU. Claro que
no somos ingenuos, y sabemos que existen muchos modos de presionar y
chantajear, no sólo por la vía oficial de los embargos y bloqueos, no decimos que no vaya a pasar nada, no
estamos "fuera de la realidad", como te han dicho algunos en sus
cuestionamientos. Pero tampoco es tan grande el cuco, sobre todo teniendo en
cuenta que la alternativa es continuar empobreciéndonos.
·
SEGUNDA IDEA: si bien EEUU y el poder económico no se
van a quedar de brazos cruzados, tampoco las tendrán todas consigo, porque el
capitalismo internacional, ya está dando muestras de su inestabilidad, de la
fragilidad de sus cimientos, y está desnudando su aspecto más monstruoso, que
es la inequidad social, la marginación de las mayorías. De modo que en esta
lucha del David contra el gran Goliath, el gigante para defender sus intereses
voraces, tendrá que mostrar cada vez más su verdadero rostro, acelerando el
descontento de la gente hasta en los mismos países donde se asienta
políticamente, y crecerán sus contradicciones a la misma velocidad que crecerá
la certeza en el resto del mundo de que se necesita un gran cambio. Y todo esto
debilitará la fuerza de las supuestas represalias contra los rebeldes. Más aún, si alguien tiene miedo a las
penurias económicas, que se vaya preparando a tenerlas, pero no por las medidas
que tomaremos los humanistas, sino por el propio caos que el capitalismo irá
generando.
·
Finalmente, tenemos que decir, que Argentina, tiene un gran potencial de
producción, para que vivan en su territorio dignamente, no sólo los 35 millones
de argentinos, sino que hasta se podría fomentar la inmigración. No tenemos
porqué depender de los capitales extranjeros ni de que la banca nos preste
plata. Si por no pagar la deuda, o por salirnos de la convertibilidad, los
capitales no vienen a la Argentina, nos tiene que quedar claro que, en primer
lugar, la mayor parte de los capitales que hoy se traen, son para refinanciar
una deuda que estamos diciendo no vamos a pagar, por lo cual, mal podemos
necesitar esos nuevos préstamos para seguir refinanciándola eternamente. Otra
buena parte de esos capitales son para sostener artificialmente la estabilidad monetaria,
como hacía Martinez de Hoz durante el proceso militar: como no pueden resolver
el déficit fiscal, porque sus empresas amigas siguen evadiendo, y porque se
roban la mitad del presupuesto nacional, entonces apelan a préstamos del
exterior para no tener que emitir moneda y sostener la paridad cambiaria. Pero
los humanistas vamos a modificar el sistema impositivo, les vamos a sacar mucho
a los que más tienen, y con eso no sólo habrá equilibrio fiscal, para que no
haya inflación, sino que habrá superávit para invertir productivamente, sin
necesidad de que traigan plata de afuera. No obstante, si hay capitales
extranjeros, no golondrinas, sino productivos, que quieren invertir
productivamente en Argentina, desde luego que se pueden establecer acuerdos claros
para que se instalen, y ese tipo de capitales productivos, no tienen porqué
ofenderse de que hayamos perjudicado a los especuladores.
·
Controlaremos a la banca, para evitar la fuga de capitales. Con otro tipo
de cambio, argentina podrá exportar y recuperar las divisas que hoy se están
fugando, y las que terminarán de fugarse. Pero sólo se habrán llevado papeles
de color verde, porque no podrán llevarse los campos, ni las vacas, ni las
fábricas, ni los pozos de petróleo, ni el gas, ni los trenes, ni los teléfonos,
etc.; y los argentinos no comemos billetes verdes, ni le echamos billetes
verdes al tanque de nafta, así que tan mal no la vamos a pasar cuando se vayan
los especuladores. Mientras que hoy, cada vez más, son dueños de los campos, de
las vacas, del petróleo, de los teléfonos, etc, y deciden que cada vez menos
argentinos tengan esas cosas, porque hay que venderlas para pagar la deuda
externa y darle ganancia en dólares a los señores feudales.
·
Dicen que necesitamos billetes verdes porque tienen respaldo????, ¿Qué
respaldo??, el único respaldo es que con esos billetes se puede comprar cosas
en otras partes del mundo. Pues nosotros tendremos una moneda con la que se
podrán comprar cosas en Argentina, cosas que existen, por lo tanto hay
respaldo. Y para comprar cosas en el exterior, venderemos nuestros productos en
el exterior. En este mundo está todo
dado vuelta, y la especulación financiera ha armado las cosas para que la
economía real dependa del flujo financiero, y ellos tienen la manija. ¿Cómo es
posible que si Argentina tiene tierras, tiene recursos y tiene gente para
explotar tales recursos, tengamos que depender de los billetes verdes para
poder producir? Acá hay algo que no funciona, y precisamente, lo paradójico es
que al ser tan ridícula la situación, la solución no es compleja, sino de
sentido común.
·
TERCER IDEA: vamos a recuperar los recursos
argentinos para los argentinos. La producción argentina será el respaldo de su
moneda; no se necesita dolarizar ni tener convertibilidad para estabilizar la
moneda; hay que tener superávit fiscal, y para eso hay que sacarle a los que
más tienen; y hay que sacarles mucho. Hay que controlar la banca para que no se
fuguen los capitales. Hay que apretar a los grandes para que no evadan. Hay que
tener gente decente en la función pública para que no se robe el presupuesto.
En definitiva, hay que tener un Estado fuerte, capaz de lidiar con las
presiones internas y externas. Los partidos tradicionales no pueden hacer esto,
porque no les interesa lo que le pasa a la gente y porque construyen su poder
con el respaldo de los mismos intereses que deberían combatir, y con algunas
corporaciones corruptas. La gente se limita a votar. Cuando los Humanistas
lleguemos al poder, no va a ser porque una Multinacional nos financió la
campaña, ni porque hicimos trenzas con cúpulas corruptas; cuando los humanistas
lleguemos al poder, será porque hay una gran estructura social apoyando, y eso
no sólo legitima el poder, sino que además impide que las presiones internas y
externas tengan éxito. No se puede hacer la abstracción de imaginarse que se va
a tomar la decisión de abolir la convertibilidad y no pagar la deuda, y nada
más, sin un estado fuerte, sin tomar otras medidas, sin apoyo de la gente. Si
alguien hiciera un esfuerzo mental y se imaginara a Duhalde o de La Rúa
asumiendo el gobierno y diciendo que no van a pagar la deuda, a continuación se
imaginaría también una mano de atrás que los empuja desde el balcón. Si alguien
imagina a los humanistas en el poder, se debería imaginar un pueblo organizado
y a los crápulas haciendo las valijas.
SINTESIS
No hacer lo
correcto por temor a las represalias, no solamente muestra una debilidad moral,
sino que es tan necio como aferrarse al interior de una canoa que está por caer por una cascada,
en vez de salirse de ella por temor a mojarse.
Es una postura
individualista la del que teme que al enfrentar al poder económico, se
perjudicará su economía doméstica, porque tal vez se encarezcan sus viajes al
exterior, o le aumenten los productos importados, mientras ya hay gente que
vive en la peor de las miserias, precisamente por obedecer las órdenes de esos
poderes económicos.
El capitalismo
avanza hacia un caos y cualquier represalia que tomen los poderes financieros
contra una genuina rebelión de los pueblos lo debilitará aún más. Los
Humanistas planteamos ir avanzando hacia una postura conjunta de los países
deudores.
Argentina
tiene suficientes recursos para que sus habitantes vivan dignamente sin
necesidad de ayuda exterior; la única ayuda que necesitamos es que dejen de
saquearnos y endeudarnos. Desde luego que esta no es una postura aislacionista,
y estamos a favor de la mundialización y la integración, pero no en los
términos de un imperialismo globalizador de un mundo para pocos, sino en los
términos del Nuevo Humanismo, de una Gran Nación Humana Universal.
La presión de
los poderes económicos de adentro, opera en la democracia formal, donde los
funcionarios son sus títeres. No operará en una democracia real, con un Estado
Humanista fuerte, sencillamente porque no los vamos a dejar, y lo más que
pueden hacer es irse del país, pero por la aduana no podrán pasar la ni la
tierra, ni las vacas, ni el petróleo, ni el trigo.
No nos creamos
tanto los fantasmas que nos quieren vender los economistas del sistema, porque
cuando aparecen por televisión hablando, y vemos los avisitos publicitarios de
quienes los auspician, siempre encontramos a los bancos y las multinacionales.
En este país,
históricamente, y el asunto le explotó a Alfonsín, se emitió moneda para cubrir
el déficit fiscal, y por eso la inflación, y se gastaron las divisas en
endeudamiento externo y negociados, y de allí las continuas devaluaciones. En
esa circunstancia, resulta posible el boicot de los que especulan con el dólar;
Menem y Cavallo reemplazaron la emisión monetaria con endeudamiento para cubrir
los gastos públicos, y entonces, se desinfló el globo de la inflación, y se
siguió inflando aceleradamente el globo del endeudamiento externo. Los
Humanistas no nos vamos a endeudar, ni vamos a tener necesidad de emitir moneda
sin respaldo: sacaremos los recursos de los que más tienen, porque tienen
mucho, demasiado; y si alguno de ellos, o sus alcahuetes, no está de acuerdo
con nuestra postura que diga:"soy un individualista y no me importa la
gente", pero que no nos diga que somos utópicos, o irreales.
Un abrazo,
Guillermo.
Agosto
1999
2-Preguntas
efectuadas luego de la presentación del Libro Naranja
A continuación se exponen las
respuestas a una serie de preguntas formuladas por Isabel L. (Tucumán),
respecto a la propuesta difundida como los 20 puntos para salir de la
convertibilidad.
Contexto
general:
Antes de ir
a las preguntas puntuales, quisiera hacer las siguientes consideraciones.
El Sistema
Económico actual, está armado en función de los intereses de los grandes
capitales, y en particular del Capital Financiero Internacional. Basta ver como
entran y salen de los países, provocando descalabros, y como el FMI exige
políticas de ajuste a las naciones, siempre en función de que puedan pagar
puntillosamente sus deudas, en función de que abran su economía y den garantías
a las multinacionales, y a los capitales especulativos. En fin, no es interés
de este trabajo profundizar en este aspecto, ya desarrollado en otros
materiales; pero adonde quiero llegar es a que no creamos que una propuesta de
economía humanista, va a ser bien recibida por quienes operan con esos
capitales, y desde luego que podemos esperar consecuencias por las medidas que
proponemos.
Cuando
decíamos que la convertibilidad era una trampa, nos referíamos precisamente a
que toda esa política de endeudamiento y dolardependencia, nos había metido en
una situación que nos lleva hacia el desastre, y si nos queremos salir, se nos
dice que volverá la hiperinflación, que dejaremos de ser confiables para los
inversores, etc.; y claro, si vamos en un bote por un río y a cien metros vemos
una catarata, tenemos dos opciones, escondernos adentro del bote con los ojos
cerrados, para no ver cuando caigamos al abismo, o zambullirnos, mojarnos,
esforzarnos y nadar hacia la orilla, y seguramente nos rasparemos con las rocas de la orilla, pero finalmente,
estaremos en tierra firme, libres para caminar hacia nuestro destino.
En este
sentido, entiendo que nuestras propuestas, deben apuntar a construir
condiciones para un futuro con una economía al servicio del ser humano, a la
vez que, sabiendo las trabas que puede tener la transición, encontremos la
forma de ir sorteando las dificultades, pero que las habrá, ninguna duda.
Pregunta:
...respecto a la modificación del tipo de cambio, adaptándolo a las necesidades
del comercio exterior, lo que implicará una devaluación cercana al 100
%...¿Cuáles serán las consecuencias en el marco del comercio internacional?¿la
devaluación no traería la fuga de capitales?¿Qué pasa si se van los
inversores?¿Quién queda, con qué plata se sigue produciendo?
Respuesta: La devaluación cercana al 100 %, no es un
porcentaje antojadizo, sino que responde aproximadamente al valor que debiera
tener el dólar, en función de la estructura de precios internos. De hecho, lo
que hizo la convertibilidad es generar una progresiva sobrevaluación del peso,
que hace que hoy, un empleado administrativo que vive en Capital Federal, y
gana 600 pesos, con ese sueldo a duras penas sobrevive en Buenos Aires, y sin
embargo puede pasar una semana en Miami, con pasaje incluido.
Esta
distorsión en los precios relativos, donde todo lo que viene de afuera, o se
paga afuera, es sumamente barato, y lo de adentro del país es caro, tiene
varias consecuencias: por una parte, las inversiones extranjeras realmente
productivas son desalentadas, porque tienen costos de producción muy elevados
en dólares, y se les dificulta el comercio exterior, por ejemplo, en minería,
ha habido inversiones productivas para la extracción de metales (Bajo la
Lumbrera, Salar del Hombre Muerto, etc.), que han incrementado el PBI minero en
un 50%, y, si bien las condiciones de explotación, favorecen más a las
multinacionales que a la Argentina, de todos modos, estamos ante el caso de una
inversión de riesgo, de una inversión productiva, y en estos momentos, dicha
inversión peligra, porque los precios internacionales de los productos mineros,
han decaído, sobre todo después del terremoto del sudeste asiático, y en
Argentina, con el dólar sobrevaluado, es imposible exportar.
Este es un
ejemplo de que en realidad, el cuento de que la convertibilidad atrae
inversiones, y sin convertibilidad las inversiones se van, es algo que quizá
vale para los capitales golondrinas, pero no necesariamente para las
inversiones productivas: es mucho más probable que se instale una planta
productiva en nuestro país con otro tipo de cambio. Desde luego que ha
venido mucho capital especulativo al país, y de hecho, el déficit de 15.000
millones en la cuenta corriente se financia con dichos capitales. Antes los
gobiernos emitían moneda para cubrir su déficit, ahora se endeudan, y dejan
entrar al capital especulativo para que endeude a la gente.
Una
devaluación del peso, hará que las inversiones productivas del país encuentren
mercado en el exterior, hará que sea más atractivo invertir, porque los costos
internos serán más accesibles en términos de dólares, y el flujo del turismo
mejorará a favor de nuestro país. En definitiva, se favorecerá la entrada de
divisas productivas en lugar de especuladoras.
¿Que pasará con los capitales
especulativos ante una devaluación?
Es muy
probable que todo lo que pueda ocurrir con ellos, ocurra antes de que se
apliquen estas medidas.
Es
presumible que los que pusieron dólares
en el circuito financiero, para aprovechar las tasas del 20 y 30 % anual que
obtienen con los préstamos y los descubiertos, lo que les triplica el
rendimiento internacional, es probable que si presumen una devaluación, busquen
recuperar sus dólares, saliendo de sus posiciones en pesos, y traten de sacar
los dólares del país, esto puede provocar una corrida bancaria, y la caída de
las reservas, ya que, convertibilidad mediante, el Banco Central está obligado
a cambiar uno por uno.
¿Cómo remontar la situación?
En primer
lugar, muchos de los que tienen inversiones productivas y ahorros en el país y
que compraron dólares, una vez producida la devaluación, volverán a tomar
posiciones en pesos, para afrontar sus gastos internos, que sólo podrán
cancelarse en pesos, ya que el Banco Central concentrará el manejo de las
divisas, para que no se asfixie el comercio exterior. La expectativa
inflacionaria será disuadida al cubrir rápidamente el déficit fiscal, con la
suspensión de los pagos de la deuda externa, Es sabido que no habiendo emisión
monetaria, las presiones al alza de precios, no se convalidan y retroceden.
Sólo habrá modificaciones en los precios relativos, al aumentar los productos
más vinculados al tipo de cambio. Un sistema de precios controlados, en una etapa
inicial, ayudará a controlar los impulsos inflacionarios, y de inmediato el
equilibrio fiscal garantizará la estabilidad.
O sea que,
en un primer momento, el comercio internacional, puede verse restringido a la
compra de insumos imprescindibles, ante la escasez de divisas, pero
paulatinamente la situación mejorará, ya que el tipo de cambio favorecerá las
inversiones productivas con perfil exportador.
Por otra
parte, no sólo hay que pensar en inversión extranjera, para pensar en inversión
productiva, ya que todo lo que sea consumo interno, se maneja en pesos, y los
pesos no salen del país. Si existiera iliquidez por efecto de una corrida
bancaria, el Banco Central instrumentará una política monetaria acorde a la
situación, equilibrando la ecuación oferta-demanda.
Pregunta:
.....respecto a establecer acuerdos bilaterales con otros países para
comerciar, prescindiendo del dólar como moneda de pago...¿Qué pasaría con el
Mercosur, con el ALCA, con las negociaciones con la Unión Europea?
Respuesta:
Aquí no
estamos diciendo que de un día para el otro vamos a abolir el uso del dólar en
el comercio internacional. Cuando hablamos de desdolarización de la economía,
nos referimos al mercado interno, como algo a hacer rápidamente.
Con el
mercado externo, ocurre que desde la guerra mundial, se utiliza el dólar como
moneda internacional (antes se usaba el oro y luego la libra esterlina), y
mientras el patrón dólar sea aceptado y exigido por otros países para
comerciar, obviamente que deberemos contar con divisas para el comercio
exterior, no obstante, progresivamente, se irán haciendo acuerdos bilaterales,
para ir prescindiendo del dólar, dado que son muchos los países que tienen
similares dificultades de estrangulamiento por la acción del capital
especulativo, y es precisamente el uso del patrón dólar, uno de los chantajes
de este capital, para crear dependencia, y también es la herramienta de EEUU
para expandir su déficit comercial y subsidiarlo con la pobreza de los países
emergentes.
El Mercosur,
es el primer mercado donde se puede arribar al uso paulatino de una moneda
común, para comercio bilateral; es una paradoja que si un país tiene manzanas y
el otro bananas, no se las puedan intercambiar porque no tienen dólares para
comerciar. Se trata de ir saliendo de esta paradoja, primero donde sea más
factible, para de ese modo, restringir el uso de divisa-dólar, a los mercados
donde no sea posible manejarse de otro modo que no sea con el dólar, al menos
hasta que el contexto internacional cambie, por el avance del humanismo.
En síntesis,
el uso de monedas alternativas al dólar para comerciar, será algo paulatino,
pero que permitirá un ahorro de dólares, para estar menos expuestos a la
especulación financiera, que presta para endeudar y exprimir, y luego amenaza
con cortar créditos para castigar a los que no hacen los deberes a su modo.
Pregunta:....de
qué manera se recurrirá a los fondos de las AFJP, esas
administradoras¿desaparecen?¿cómo quedaría el sistema jubilatorio?
Respuesta:
Con todo lo
que se ha privatizado, hay dos cuestiones a tener en cuenta: la eficiencia
operativa y el interés común. Se ha dicho que el estado es ineficiente para
administrar, y en efecto, el estado en manos de los políticos tradicionales, ha
sido muy ineficiente, y se han robado todo. Ahora, para robar más
elegantemente, han privatizado, han obtenido jugosas coimas de las empresas
beneficiadas, a cambio de ofrecerles condiciones leoninas, que atentan contra
el interés común. Por lo tanto, todo replanteo de las privatizaciones, debe
basarse en la idea de que los negociados no tenemos porqué respetarlos, y las
administraciones eficientes, si se le reduce el margen de negociado, en
principio, podrían continuar, con un mayor control del Estado, y la orientación
a desenvolverse en el marco de la Ley de Propiedad de los Trabajadores.
El caso de
las AFJP, privatización de la administración de los aportes previsionales, que
pertenecen a los trabajadores, está claro el negociado: una elevada comisión
por administrar, que representa el 15 % promedio sobre los aportes. No está
clara la eficiencia del sistema, ya que la rentabilidad es tan baja, que ni aún
en los mejores momentos alcanzó a compensar la elevada comisión, y ahora con la
caída de la bolsa, la rentabilidad es negativa, o sea, los trabajadores
perdieron plata.
El argumento
privatizador puso el acento en la seguridad del trabajador, de que sus aportes
van a una cuenta personal, y que el Estado no dilapidará sus aportes, como se
hizo históricamente con el obsoleto sistema jubilatorio. Pero esto es como
decirle a la gente: “como yo, Estado, soy pésimo para administrar, los dejo en
manos del capital que lucrará con vuestro dinero”. Si el Estado fue pésimo
administrador, será porque pésimos fueron los funcionarios de los partidos
tradicionales que se vienen turnando en el poder. Los humanistas no nos
consideramos iguales a ellos, y no tenemos que hacernos cargo de sus vicios, y
pensamos que el sistema jubilatorio, si administra fondos del pueblo, debe ser
administrado por los representantes del pueblo, y no por los representantes de
la banca, que ya bastante capital tienen. El sistema jubilatorio, debe prever,
mediante un porcentaje de reparto más elevado, una jubilación mínima más digna
que la actual, antes de empezar a escalonar jubilaciones proporcionales al aporte.
El ahorro de los trabajadores, que hoy se usa para financiar a la banca, debe
usarse para financiar al Banco Nacional sin Interés, promoviendo la inversión
productiva, y obviamente sin cobrar comisiones a los trabajadores por
administrar sus fondos. De este modo, los jubilados no sufrirán las quitas que
hoy tienen en sus ahorros, y estos financiarán inversiones que den trabajo a
los aportantes, y no dividendos a los especuladores de la bolsa.
Pregunta:
...respecto a la entrada de capitales extranjeros, se condicionará su ingreso a
una permanencia mínima de 1 año en el país.....¿ no es poco un año?
Respuesta:
Esta medida apunta a
evitar la salida abrupta de capitales, que es la que genera los mayores
descalabros financieros. Si el capital puede irse cuando quiere, siempre está
la espada de Damocles, la amenaza de retirarse por cualquier medida que no les
guste, o por mejores perspectivas de lucro en otro horizonte.
No
estamos pensando, con esta medida, en el ingreso de inversiones productivas, ya
que éstas tienen de por sí la característica de que no pueden retirarse de un
día para el otro, ya que su capital está puesto en instalaciones, maquinarias,
materias primas y giro comercial.
Estas inversiones, en todo caso, vendrán si consideran que su producción
en Argentina, puede ser rentable, porque la estructura de costos internos le
permite colocar sus productos tanto en el mercado nacional como en el exterior,
y habrá que lograr un punto de equilibrio entre esta rentabilidad empresaria y
la equidad en la distribución de la riqueza.
Una vez
logrado este equilibrio, no tiene sentido poner plazos de permanencia, porque
las inversiones productivas, que, repito, no pueden abandonar el país de un día
para el otro, si vieran que les cambian las reglas del juego y entran a perder
plata, primero plantearían su problemática, porque retirarse necesariamente les
implica pérdidas y complicaciones.
Y, en
última instancia, si se obligara a una inversión productiva extranjera a
mantener sus fábricas en el país durante, por ejemplo 10 años, y dando pérdida,
terminarían cerrando la fábrica, y la tendríamos cerrada hasta que se cumplan
los 10 años. No tiene sentido.
Acá
el problema es la volatilidad del capital financiero, que entra y sale cuando
quiere, creando inestabilidad con sus especulaciones. La limitación de un plazo
determinado de permanencia, aunque sea de sólo un año, le corta las alas al
capital golondrina, porque en caso de irse, no será por oportunismos
coyunturales, sino por situaciones estructurales, por lo tanto más previsibles.
Y tampoco pueden irse todos juntos, ya que el plazo de un año genera diferentes
fechas de vencimiento, que a su vez serán renovables automáticamente si no
ejercieran la opción de irse en la fecha en que se cumple el año.
Y, volviendo con las
inversiones productivas, podemos decir que, en aquellos casos en que se
efectúen acuerdos de inversión que impliquen ciertas condiciones fiscales, o
beneficios de algún tipo para incentivarlas, así como esos acuerdos tienen que
tener un plazo de garantía para ser respetados por parte del Estado, así
también se podrá exigir que las inversiones permanezcan durante dicho plazo, y
aquí sí estamos hablando de más de 1 año.
Respecto a estas
condiciones a ser respetadas por el Estado, obviamente nos estamos refiriendo a
reglas del juego pactadas con un Gobierno Humanista, y no a los acuerdos pactados con el gobierno
actual, con quien los lobbies han arreglado condiciones leoninas a cambio de
coimas.
Pregunta:
.....respecto a eso de que a mediano plazo se utilizará la tecnología
informática para implementar un progresivo reemplazo del circulante, por un
sistema de débitos y créditos. Tal mecanismo permitirá además transparentar las
transacciones de las empresas, neutralizando la evasión y el giro de divisas al
exterior....¿funcionaría como una tarjeta?...¿sin circulante...cómo se hacen
las compras menudas del ama de casa, del escolar, del estudiante, etc.?
Respuesta:
En primer lugar, estamos
hablando de algo de mediano plazo y progresivo, que tendrá que estar acompañado
por el desarrollo tecnológico. Pero no estamos tan lejos de ello; en realidad
la tecnología ya existe, y cada vez es más usada: las tarjetas ya son de uso
difundido y hasta las usan los niños en algunos centros de entretenimiento. En
muchos centros de compra se utilizan las tarjetas de débito automático. No
falta mucho para que esta tecnología se pueda generalizar de modo tal de poder
usarla prácticamente para cualquier operación, por insignificante que sea.
Basta con la difusión masiva de los lectores.
No
obstante, hay muchas cosas a tener en cuenta: en primer lugar, hoy esta
tecnología la usa la Banca para poder dar más velocidad a las operaciones,
manteniendo el efectivo en sus arcas, y de ese modo incrementar el llamado
multiplicador bancario, que a su vez les permite prestar varias veces la misma
plata y aumentar sus ganancias. Por otro lado, la Banca se va convirtiendo en
un Paraestado, al cual le vine muy bien tener, mediante el uso de esta
tecnología, controlada a la gente, sabiendo cuánto gana, cuánto, donde y qué
consume, y muchas otras posibilidades que hacen la delicia de los guardianes de
la dictadura del capital financiero.
Nosotros
queremos usar esa tecnología para otra cosa,
de modo que trataré de no explayarme en las posibilidades técnicas, que
excederían la intensión de este trabajo, y podrían dar ¨buenas ideas¨ a quienes
aspiran a controlar a las personas. Pero en principio digamos que la
implementación de una suerte de moneda electrónica que reemplace al dinero, es
factible, y dicho sistema, bien usado, puede permitir varias cosas:
Controlar
al capital (no a las personas), para evitar la evasión impositiva, fuga de
capitales, coimas, y hasta estafas y robos, ya que todo movimiento de dinero
electrónico, tendrá un origen y una aplicación registradas automáticamente.
La
recaudación impositiva se podrá realizar casi en simultaneidad con las
operaciones comerciales.
Se podrán
realizar múltiples estadísticas, útiles para promover áreas productivas en
función del consumo.
La
velocidad de circulación, hoy aprovechada por la Banca para su lucro, servirá
para ponerla al servicio del crédito productivo, pudiendo medir con exactitud
los niveles de demanda, elaborando una matriz producto/crédito/consumo/insumo,
que permitirán potenciar el aparato productivo evitando recalentamientos
inflacionarios.
Es
complejo explicarlo, pero los capitales, tal como los conocemos, paulatinamente
dejarían de tener incidencia en el aparato productivo, y se cortarían
dependencias, reales y sicológicas.
Volviendo
a la pregunta textual, el sistema puede funcionar con tarjetas o métodos
similares, y hasta tanto llegue a suplir en forma completa al circulante, se
puede mantener el efectivo necesario para compras menudas, lo que ya acotaría
mucho las posibilidades de evasión y manejos espurios de capitales, porque
necesariamente el efectivo circulante debería estar en manos de los
consumidores.
Pregunta:
....¿Qué pasaría con el IVA? , ¿Se bajaría la alícuota?, ¿Se mantendrían o
desaparecerían los impuestos al consumo?
Respuesta:
Con respecto al tema
impuestos, una cosa es lo que podría hacerse en un primer momento, con la
situación actual, más el deterioro venidero, y otra cosa es lo que será una
economía humanista funcionando a pleno.
No nos
olvidemos que el trabajo de los 20 puntos para salir de la convertibilidad, son
propuestas que si bien se direccionan hacia una economía humanista, tienen en
cuenta el contexto de una sociedad que aún hace un culto del individualismo y
donde las relaciones de fuerzas no dan lugar a andar moviéndonos como pidiendo
permiso.
Los impuestos han sido
concebidos, en un principio, como una herramienta del Estado para atender a
necesidades conjuntas (salud, educación, caminos, energía, seguridad, etc.).
Luego, ante las inequidades del libre mercado capitalista, los reformistas trataron
de que el Estado cumpla un rol de redistribuidor de la riqueza, y los impuestos
pasaron a tener además una función social en tal sentido, (Asistencia,
subsidios, promociones, etc.). Cuando llegó el Neoliberalismo, vuelta para
atrás, lo que no es rentable no sirve, los impuestos para cuidar la propiedad
de los poderosos y para pagar los intereses de la deuda externa, y todo lo
demás, es gasto improductivo. En fin, esa historia la conocemos.
Por otro lado, la
voracidad del capital privado, para quien el impuesto es un costo que trata de
eludir de cualquier forma, generalizó la evasión, que combinada con la
corrupción de los funcionarios cómplices, llegó al 50 %. Y en una sociedad que fomenta el
individualismo, la solidaridad desaparece, y si a alguno le remuerde la
conciencia, piensa en lo que se roban los funcionarios, piensa en dónde va a
parar el dinero de los impuestos, y entonces terminan evadiendo todos. Y por
supuesto que estamos hablando de los que tienen capacidad contributiva, porque
obviamente los que tienen tan magros ingresos que no pueden pagar los
impuestos, no pueden ser considerados evasores.
Con este cuadro de
situación, con un déficit actual equivalente al 10 % del presupuesto, que de
por sí no cubre necesidades mínimas y con nuestra decisión de no endeudar más
al país, un gobierno humanista, en un primer momento, deberá implementar una
fuerte política fiscal de emergencia para atender las necesidades básicas y
recomponer el aparato productivo. Más adelante, paulatinamente, se podrá ir
reemplazando el concepto de impuesto por el de gastos comunes compartidos,
manejados en las Comunas, manteniendo un nivel más bajo de impuestos nacionales
y provinciales para necesidades de otra escala.
Entonces,
en un primer momento, no se pueden quitar impuestos regresivos al consumo (ej.,
IVA), hasta no garantizar el ingreso necesario por el aumento del impuesto a
las ganancias y la lucha contra la evasión. En un segundo momento, los
impuestos al consumo bajarán paulatinamente sus tasas, siendo cero la de los
que afectan a productos de primera necesidad, basando la mayor recaudación del
fisco en el Impuesto a las Ganancias.
Pregunta:...Que
se haría con otros recursos energéticos (hídricos y nucleares)?
Respuesta:
Los recursos energéticos
son patrimonio de la humanidad, presente y futura, no de la generación actual
ni mucho menos de unos pocos; la dilapidación de los recursos no renovables por
el abuso del derecho a la propiedad privada, es un atentado contra la propiedad
humana. En razón de esto, se regulará su utilización, en algunos casos mediante
restricciones, y en otros casos mediante la categorización en insumos
necesarios y superfluos, estando éstos últimos gravados con impuestos. Lo
recaudado por estos impuestos se destinará al desarrollo de fuentes de energías
alternativas, ya que éstas requieren de una inversión de largo plazo, antes de
poder consumirse y generar ingresos. En tal sentido, la energía hidroeléctrica
se potenciará, no sólo para completar el abastecimiento de electricidad para el
consumo actual de todo el territorio, sino también proyectando el crecimiento y
el cambio de hábitos de consumo a favor de este tipo de energía, (además del
gas, del que Argentina tiene enormes reservas). También se avanzará en el
desarrollo de energías como la solar y la eólica, que si bien implican una
inversión importante, amortizable en más largo plazo, deben ser concebidas con
una visión de largo plazo, y no con la miopía de las leyes del mercado.
Respecto a la energía nuclear, su utilización será inversamente proporcional al
nivel de riesgo que represente.
Hay un
punto que es importante entender, porque la inversión en el desarrollo de
fuentes de energía, en función no sólo del abastecimiento actual, sino de un
fuerte desarrollo productivo, es una prioridad que requiere de un esfuerzo
conjunto de la sociedad, la que deberá concebir el gasto en obras energéticas
como una ahorro para la inversión en el futuro. El esfuerzo implicará como
mínimo el pago de impuestos y el cambio de hábitos de consumo, ¿Pero acaso los
individuos no hacen esfuerzos para ahorrar cuando quieren comprar algo que
desean mucho?, pues bien, hay que incorporar la idea del ahorro social y
empezar a salir de él individualismo.
Pregunta:...Cómo
se pueden reformular las privatizaciones sin correr el riesgo de juicios por
parte de las empresas que ganaron las concesiones y que tienen un contrato?
Respuesta:
Hay numerosas propuestas
humanistas, no sólo del ámbito económico, cuya aplicación deberá estar
acompañada de una legislación acorde a un nuevo sistema de valores, donde el
ser humano sea el valor central. En la misma Constitución se enuncian
principios que en la práctica se vulneran, y nadie piensa que, por ejemplo, que
a un desocupado se le pueda ocurrir iniciar una demanda porque no se respeta su
derecho a trabajar, y mucho menos se nos ocurriría que tal demanda podría
ganarla, al menos con la actual legislación, y los actuales jueces.
Desde luego que son
muchas las cosas que deben cambiar, es un conjunto, es, casi todo. Hoy nos
resulta inimaginable la Institución de la esclavitud, y quizá nos imaginemos
que quienes la practicaban eran unos monstruos sumamente crueles; sin embargo,
aún no hace 200 años que se abolió la esclavitud, y aún en esa época de
cambios, la libertad de vientre fue un modo de tratar de no perjudicar tanto a
los propietarios de esclavos (el que era esclavo lo seguía siendo, y el que
nacía, ya era libre). Hoy todo eso parece inconcebible, y sin embargo, en
aquella época era tan normal, que para la gente era inconcebible pensar en
cambiarlo. No soy un experto en historia, pero me imagino que en esa época, en
la que hubo hasta guerras civiles entre esclavistas y no esclavistas, debió
haber entre los férreos defensores de la esclavitud, quienes argumentarían
sobre los derechos de los amos, sobre sus intereses económicos afectados ante
la eventual pérdida de una institución milenaria como la esclavitud.
Creo que toda
transformación en lo económico, no estará desvinculada de transformaciones en
la concepción del derecho y su aplicación. En tal sentido, el hecho de que una
reformulación de las condiciones contractuales de las privatizaciones, implique
demandas por parte de los intereses económicos afectados, seguramente traerá
largos debates, en los que habrá que decidir entre los intereses de los grandes
grupos económicos, o los intereses del conjunto social, y es de esperar que si
hay un gobierno humanista que aplica una economía humanista, será porque el
conjunto de la sociedad así lo quiso.
Entiendo
que tal reformulación, tendrá en cuenta las inversiones reales del capital
privado, los beneficios de su gestión, y la equidad en la distribución de sus
ganancias, como puntos a favor para mantener concesiones. Como también habrá
que tener en cuenta que si los contratos fueron con condiciones leoninas, y
atentan contra el interés de la gente, se los podrá considerar nulos, y en ese
caso seguramente al capital privado le va a disgustar tanto como al esclavista
que lo dejen sin esclavos ¿Corresponde indemnizarlo por el esclavo que perdió,
o meterlo preso por atentar contra la libertad de las personas?.
En todo
caso, como no se trata de cometer arbitrariedades, habrá que garantizar que
pueda recuperar el capital invertido, si hubo inversión genuina. Tampoco en
todos los casos la reformulación tiene que implicar necesariamente el absoluto
desplazamiento del capital privado, que en algunos casos puede continuar, pero
sí se deberá disciplinar a nuevas condiciones que resguarden el interés de los
usuarios y de los trabajadores.
Pregunta:...me
parece que para fomentar la inmigración no basta con la generación de fuentes
de trabajo, es necesario también tener obras de infraestructura: caminos,
viviendas, electrificación, agua potable, sanidad, escuelas. ¿Cómo se haría
todo eso?
Respuesta:
En primer lugar, aclaro
que cuando nos referimos a crear polos productivos y fomentar la inmigración,
no estamos diciendo que sólo porque haya fuentes de trabajo vamos a poder
recibir inmigrantes. En realidad estamos enfatizando en el perfil de
desarrollo que tiene nuestra propuesta, en el perfil expansivo, y en el perfil
solidario con respecto a otros pueblos. Es decir, que no sólo queremos
desarrollarnos para autoabastecernos, sino que también hay que pensar en más
gente.
Desde luego, y viene
bien la pregunta para aclarar, que el desarrollo tendrá que incluir todas las
obras de infraestructura imprescindibles para sustentarlo, obras que
de por sí estarán implicando también nuevas fuentes de trabajo. Respecto a los
recursos, estos no saldrán de una partida reservada que está escondida en algún
sitio. Los recursos habrá que generarlos con el mismo crecimiento: la
reactivación del aparato productivo y un nuevo esquema de distribución del
ingreso, incrementará el poder adquisitivo en la gente y del Estado,
incrementando la capacidad de ahorro para invertir en las obras necesarias para
saltar a otra escala en el aparato productivo, y así siguiendo.
La
economía puede estar estabilizada (círculo cerrado), o en recesión (espiral
decreciente), o en crecimiento (espiral creciente); los humanistas elegimos la
tercer opción, y ésta permite y contempla el crecimiento de la infraestructura
como prioridad antes que el consumismo. ¿Porqué hoy no se hace? Porque la
economía va hacia un mundo para menos gente (la gente sobra en el sistema
neoliberal), por lo tanto no se piensa expansivamente (más gente que consuma lo
necesario), sino poca gente que consuma caviar y cruceros en el caribe.
Pregunta:
.....se creará un Mercado Alternativo de Comercialización, financiado por la
Banca Nacional, que permita mediante la utilización de la técnica informática,
eludir el excesivo costo de intermediación en la comercialización de los
productos.....
Esto, de
algún modo, ya está comenzando a hacerse a través de Internet, ¿Cuál sería la
diferencia?, ¿O bien se haría una especie de sistema mixto?
Respuesta:
Se podría
comparar el uso actual de Internet, respecto a la circulación de información en
forma rápida y a distancia, y desde luego que hay mucho que hacer en esos
campos, pero lo que se propone va más allá, en el aspecto económico. Se
trata de utilizar la tecnología para transparentar la oferta y la demanda,
inyectando desde el estado suficientes opciones alternativas que disuelvan
comportamientos monopólicos, oligopólicos, y especulativos, a la vez que
fuercen a una determinación de precios en función de la fórmula costo +
ganancia razonable, en lugar del actual esquema de utilidades marginales.
Esto, que
suena complicado, en realidad lo es un poco, y de hecho forma parte de los
temas que se están desarrollando para un futuro ensayo sobre Teoría Económica,
donde se revisarán todos los conceptos que hoy existen acerca de la
determinación de precios, función de la moneda y sistema financiero. No
obstante, tratemos de ejemplificarlo.
Todos saben que el costo de un
producto en su origen, por ejemplo un cajón de manzanas en la finca donde se
produce, es varias veces inferior al valor de venta al público, a veces llega a
ser 10 veces más el valor de venta que el valor de origen. Esto es muy
variable, según se trate de productos perecederos o no, según las distancias,
según la abundancia o no del producto, y según la cantidad de intermediarios
que hay antes de llegar al consumidor.
Suena
razonable que exista un incremento sobre el valor de origen, porque es
imposible que todos compremos el producto en el campo, siendo necesario el
costo de transporte, fraccionamiento y distribución; sin embargo, dichos costos
pueden minimizarse y acotarse, si existe una distribución planificada que
cuente con el soporte informático necesario. Si todas esas operaciones son
pasos de un proceso llevado adelante por unidades autogestivas que no están
aisladas sino coordinadas por un organismo con la función de reducir los costos
superfluos, se evitarían los bolsones de especulación, costos muertos y pingües
ganancias de intermediarios. De hecho hoy existen algunos hipermercados que
cuentan con una cadena productiva que les permite bajar los costos, pero esa
ventaja comparativa se vuelca en un mínimo porcentaje al consumidor, y termina
siendo una superganancia para el capital.
En síntesis, si bien la
tecnología que se utiliza en Internet se podrá aplicar a la inteligencia de un
sistema de comercialización alternativo, deberá existir una voluntad
alternativa (la de un Estado Humanista) que garantice la comercialización de
productos de consumo masivo a bajo costo, eliminando intermediaciones y
bolsones especulativos, que la mera existencia de Internet no garantiza. Y
respecto al sistema mixto, si la pregunta se refiere a la posibilidad de que
existan otros circuitos de comercialización, efectivamente que podrán existir,
y por eso aclaramos que se trataría de un Mercado Alternativo, claro que si
este funcionamiento es eficaz y transparente, será difícil que alguien desee
utilizar mercados más costosos.
Por ejemplo,
supongamos que existen tierras improductivas en diferentes puntos del país, con
propietarios hipotecados y quebrados que no logran colocar sus productos a un
valor rentable. Supongamos que existen comerciantes a punto de cerrar sus
puertas ante la competencia de los hipermercados. Estamos ante un eslabón muy
simple de la cadena de producción y comercialización, que está con capacidad
ociosa y con recursos humanos desocupados. La Banca Nacional puede financiar la
reactivación, condicionando a que estos emprendimientos productivos y
comerciales adopten un régimen de participación
de los trabajadores, dotar al circuito de inteligencia informática para
optimizar volúmenes de producción en función de la demanda, optimizar stocks, y
eliminar intermediaciones. De ese modo, el productor obtendría un valor
rentable y el comerciante (quizá organizado con otros y con los trabajadores en
centros de comercialización), podría vender a precios más bajos. El ejemplo es muy
elemental, pero nos excederíamos a la extensión de estas explicaciones si
profundizáramos en el tema.
Pregunta:
....los recursos del presupuesto destinado a salud, educación y asistencia
social, se distribuirán mediante métodos de pago directo, evitando
intermediaciones y redes de corrupción enquistadas en administraciones
anteriores, y ello permitirá optimizar los recursos actuales, mejorando los
servicios y salarios de forma inmediata.....
.....Para
evitar las intermediaciones ¿ quién tendría a cargo el manejo de los recursos:
¿Organizaciones vecinales, no gubernamentales, como sería?
Respuesta:
En el desarrollo efectuado desde la
Secretaría de Economía para incluir en el Libro Naranja, se han descripto los
mecanismos de corrupción y de lucro que hacen que de los presupuestos
destinados a Salud, por ejemplo, son una mínima parte lo que realmente termina
convirtiéndose en una prestación médica. En el ejemplo del PAMI, veíamos como,
de un presupuesto original de más de 3000 millones al año, sólo una sexta o
séptima parte era prestación. Esto nos da una pauta, de que, previo a
incrementar los presupuestos, cosa que se logra recaudando más y distribuyendo
mejor, de modo inmediato, es posible optimizar la utilización de esos
presupuestos, sorteando la cadena de lucro y corrupción descripta. También
sabemos que no basta con cambiar uno o dos funcionarios, porque hay verdaderas
estructuras organizadas para este saqueo, formadas por funcionarios ubicados en
todos los niveles de la administración, enredados con el capital privado que
lucra con sus favores. El equilibrio entre la salvaguardia de las fuentes de
trabajo de los honestos y la desactivación de un sistema de relaciones
enquistado a través de décadas, es otro capítulo que habrá que tener en cuenta,
pero lo primordial es efectuar un “bypass” para que los fondos del presupuesto
lleguen de inmediato a destino a su destino.
Respecto a
la Salud, existen ya sistemas tales que a través de una tarjeta, cada paciente
no sólo está habilitado a recibir prestaciones, sino que además se pueden
registrar las ocasiones en que se hace uso, y hasta acceder a su historia
clínica, facilitando las auditorías que previenen abusos. Está claro que si
quien receta es parte interesada, lo hará en defecto si es del lado de los que
se tienen que hacer cargo del costo, y lo hará en exceso, si es del lado de los
que facturan las prestaciones. En fin, no quiero extenderme en el desarrollo de
este sistema, que además corresponde a otra secretaría, pero a lo que voy, es a
que, resuelto el control de prestaciones, para evitar abusos, la simple
prueba de que la prestación se realizó, permitirá al prestador cobrarla en la
red bancaria del Banco Nacional, que manejará los fondos presupuestarios para
tal área. De este modo, habrá una relación directa entre prestador en primera
instancia (médico o centro médico), y el pagador. La participación de
organizaciones vecinales o municipales, será necesaria, no tanto en el pago de
las prestaciones de beneficiarios de obras sociales, que se podrán hacer
directamente en el banco, pero sí deberán tener activa participación en todo lo
que haga a la puesta en marcha de nuevas unidades sanitarias (hospitales,
salas) dentro de cada municipio, para lo cual tendrán que administrar la
aplicación de fondos.
Respecto a las organizaciones vecinales, nos estamos refiriendo a unidades
vecinales humanistas, manejadas genuinamente por vecinos, y no a las actuales
unidades vecinales a cargo de los punteros políticos, primer eslabón de una
estructura obsoleta y corrupta.
En cuanto a la Asistencia Social, el manejo de fondos, también debería
estar en manos de estas Unidades Vecinales Humanistas, aún cuando eventualmente
pudieran sincronizar su accionar con ONG, para aprovechar experiencia, instalaciones y equipos, pero no se pueden
asignar partidas directas a estas entidades sin un control de cerca de los
vecinos, porque también hasta muchas ONG ha llegado la corrupción, el afán de
lucro, o la manipulación política y religiosa.
Respecto a
la Educación, donde un alto porcentaje del presupuesto actual corresponde a
salarios, es menor el margen de optimización de los recursos evitando redes de
intermediación y corrupción, y mayor la necesidad de incremento presupuestario,
tanto para mejorar la situación de los maestros como para impulsar la
investigación y la calidad del material didáctico. No obstante, dentro de los
recursos destinados a partidas que no son salarios docentes, existen muchos
malos manejos con los proveedores, y en tal sentido, la administración de
dichos fondos por parte de los municipios y unidades vecinales humanistas, en
coordinación con las cooperadoras, será un procedimiento que permitirá mejorar
la aplicación de los recursos.
Septiembre 1998
APÉNDICE III : ALGUNOS CUENTOS
ILUSTRATIVOS
Los siguientes son algunos relatos que intentan describir de un modo
vivencial la realidad económica que viven las personas.
Juan el carpintero
Juan era un carpintero desocupado que salió a buscar trabajo. Luego de
mucho deambular, tuvo que aceptar lo único que consiguió: trabajar en una
fábrica de muebles por un salario de $ 300 por mes.
El primer trabajo que le encargaron, para ponerlo a prueba, fue un juego de
muebles; Juan se puso a trabajar nueve horas diarias, día tras día, y al cabo
de un mes, terminó su tarea. Entonces le pagaron su sueldo, que si bien era de
$ 300, como le descontaron el 16% de cargas sociales, terminó cobrando $ 252
(Los $ 48 restantes fueron al fisco).
El dueño de la fábrica empezó a hacer sus cuentas para saber a qué precio
debía vender el juego de muebles al minorista encargado de revenderlo al
público.
Y se dijo: "para poder vender barato, no voy a considerar el costo de
la madera, porque me quedó de un sobrante, ni ningún otro costo de
infraestructura, ya que los amortizo con el resto de la producción; para que
este juego de muebles sea bien barato,
voy a calcular su precio solamente sobre la base del costo de la mano de obra
de Juan".
Y empezó a hacer las cuentas: "El sueldo de Juan son $ 300, pero como
mi empresa debe abonar $ 81 más de
contribuciones patronales a la DGI, el costo de mano de obra son $ 381. Sobre
eso mi empresa debe ganar el 30% de beneficio, pero como luego la DGI me
cobrará el 35% del impuesto a las ganancias, debo cargarle un 40% para estar
cubierto y sacar el 30% limpio. Por lo tanto el precio de venta será de $ 533.
Ahora bien, a eso hay que agregarle el 3% del Impuesto a los Ingresos Brutos, y
el 21% del IVA, por lo cual el precio de fábrica al revendedor minorista deberá
ser de $ 661, en total".
El revendedor minorista que compró el juego de muebles fabricado por Juan,
empezó a calcular a qué precio lo pondría en vidriera. Calculó su costo neto de
IVA, le agregó su 30% de beneficio (al que le agregó algo de más para cubrir el
Impuesto a las ganancias), le agregó el Impuesto a los Ingresos Brutos y el IVA
y, luego de todo eso, puso en vidriera el precio de $ 962 ....oferta!!!. Oferta
precio contado, por supuesto que con tarjeta es un poco más.
Un día pasó Juan, el carpintero, frente a la vidriera, y como necesitaba un
juego de muebles en su casa, quiso comprarlo; claro que con su sueldo de $252
por mes, sólo pudo acceder a un plan de
financiación en 24 meses, al 30% de interés anual: 24 cuotas de $ 64 ...una
ganga!!! Total $ 1540, de los cuales $
578 son intereses que cobra el banco financista. Ah, hubo un pequeño detalle,
las cuotas en realidad no vinieron exactamente por $ 64, sino por $ 74, porque
el vendedor omitió decirle a Juan que estaba el IVA sobre los intereses ($ 121
repartidos en los 24 meses) y los gastos administrativos de la tarjeta ($ 120,
también repartidos en 24 meses).
PRECIO TOTAL FINAL: $1.781
7 VECES MAS QUE EL SUELDO DE JUAN, COSTO INICIAL DEL JUEGO DE MUEBLES.
Quién se llevó los $ 1.781?
Juan: $ 252.
Dueño de la fábrica: $ 104.
Minorista: $ 165.
Estado (DGI/Rentas) $ 562
Banca: $ 698.
Claro que si tenemos en cuenta que el estado destina un 15 % del
presupuesto a pagar intereses de deuda externa, las cifras finales quedarán
así:
Juan: $ 252.
Dueño de la fábrica: $ 104.
Minorista: $ 165.
Estado (DGI/Rentas) $ 478
Banca: $ 782.
Cualquier parecido con personajes de la realidad, es mera coincidencia.
Las
preguntas de los niños
Este es un breve relato, armado en forma de dialogo irónico, cuyo objetivo
es facilitar la comprensión de los círculos viciosos del sistema económico.
Hace algunos
días, de paseo con mi hijo por la calle, tuve una sesión de preguntas, de esas
que hacen los chicos, que nos dejan pensando, y a veces sin respuestas, pero
como buenos padres, hay que contestar,
cueste lo que cueste, como si uno supiera.
-Papá, papá,
¿por qué este señor gordo que aparece en esa revista tiene una casa tan
grande???
-Porque
tiene mucha plata.
-¿Y por qué
tiene mucha plata?
-Porque gana
mucho.
-¿Y por qué
gana mucho?
-Porque
tiene un banco
-¿Y para qué
tiene un banco?
-Para
prestar plata y cobrar intereses.
-¿Y por qué
cobra intereses?
-Bueno…porque
esas son las reglas del juego.-
-¿Y quién se
la pide a la plata?
-Los que la
necesitan.
-¿Y por qué
la necesitan?
-Ay nene,
porque no tienen plata!!
-¿Y por qué
no tienen plata?
-Porque el
gordo de la revista tiene mucha!!-
-¿Y por qué
…tiene… mucha…?, ..ahh, no…eso ya te lo pregunté..
Dejó la
última pregunta pendiente, al darse cuenta que volvía al principio, se rascó la
cabeza y me miró desconfiado, creyendo que le estaba tomando el pelo.
Claro que la
cosa no quedó allí, ustedes saben como son los chicos…
-Papá, papá,
este otro señor pelado de la revista
debe tener un banco, porque mirá que auto que tiene!!
-No nene,
ese señor tiene mucha plata porque tiene una empresa.
-¿Y por qué
tiene una empresa?-
-Porque
fabrica cosas.
-¿Cómo, no
es que fabrica plata?
-Nooo,
fabrica cosas y las vende, y le dan la plata!!
-¿Y como hace él solo para fabricar taaantas
cosas ?
-Porque
tiene obreros que trabajan
-¿Y a los
obreros no les da la plata?
-Si, pero
les da mucho menos-
-¿Y por qué
les da menos?
-Bueno…,
porque así son las reglas del juego.
-¿Y los
obreros no dicen nada?
-Y…no tienen
más remedio,…si quieren trabajar-
-¿Y porqué es
él el que decide si les da trabajo?
-Porque él
es el dueño-
-¿Y por qué
él es el dueño?
-Porque
tiene mucha plata-
-Y
porqué…tiene…mucha..plata…?….ahh, no, eso ya te lo pregunté primero.
-
Nuevamente,
al ver que estaba repitiendo la primer pregunta, se quedó balbuceando, se rascó
la cabeza, y me miró de reojo, como diciendo, me estás tomando el pelo.
Claro que de
ningún modo esto iba a quedar allí, ustedes saben, cómo son los chicos.
-Papá, papá,
mirá estos otros, deben tener bancos y empresas, porque mirá en la foto de la
revista, las mansiones que tienen!!
-No querido,
esos son políticos, funcionarios y sindicalistas.
-¿Y esos que
hacen?
-Bueno,….
dictan leyes, toman medidas económicas, hacen acuerdos laborales.
-¿Y qué es
todo eso complicado que me dijiste?
-Bueno, para
que lo entiendas mejor, son los que ponen las reglas del juego.-
-¿Y por qué
son ellos?
-Porque los
votaron-
-¿Y por qué
los votaron a ellos y no a otros?
-Bueno…porque
son los que la gente más conoce, y la gente vota a los que conoce-
-¿Y por qué
la gente los conoce?
-Porque
salen en las revistas como ésta, y en la tele, y en los diarios-
-¿Y por qué
salen sieeempre ellos?
-Porque
tienen mucha plata.!!
-Ahh…….dijo
( mientras yo pensaba que por tercera vez la respuesta final lo había
conformado)
-….papá…,
¿..Yo ya te había preguntado de donde sacaban tanta plata los políticos,
funcionarios y sindicalistas, si no tienen empresas ni bancos…?
-Bueno…este….no
me acuerdo, me hiciste tantas preguntas!....
Miré de
reojo a mi hijo, mientras me rascaba la cabeza, y seguí caminando en silencio,
con la sensación de que alguien nos estaba tomando el pelo..
Don Aguirre,
productor agropecuario
Don Aguirre es uno de esos hombres de campo sencillos y trabajadores, que
tratan de mantenerse en pie, trabajando de sol a sol en un campito de unas
pocas hectáreas en la provincia de Buenos Aires.
En los últimos tiempos no le han andado muy bien las cosas: cada vez le
pagan menos por sus productos, los repuestos para el tractor y el combustible
cada vez le salen más caros, y para colmo la última inundación le hizo perder
media cosecha. ¡Y eso que el intendente dijo que esta vez sí se iban a realizar
las obras de los canales para evitar las inundaciones!, pero después, como
siempre, no se hizo nada.
Don Aguirre ha estado pidiendo préstamos en el banco del pueblo más
cercano, y él, que siempre ha sido muy cumplidor con estas cosas, esta vez ya
no tiene como responder; encima le han cambiado el gerente del banco, han
despedido al anterior, Don Molina que ahora se puso una rotisería, y han puesto
de gerente a un tal Dr. Karancho, porque ahora compró la sucursal un banco
extranjero, según parece. Y este Karancho le ha estado exigiendo que se ponga
al día con las cuotas; y parece que la única manera es ampliar el crédito
hipotecario, pero parece que como eso no es tan sencillo, porque hay que
presentar informes y evaluaciones de factibilidad, y esas cosas raras, hay que
viajar a la Capital para hacer los trámites.
Así que Don Aguirre preparó su valija, cargó atrás de su vieja camioneta
algunos productos de su campito para de paso venderlos y comprar algún regalo
para la familia, llenó el tanque de gasoil, y el termo con agua caliente para
el mate y salió rumbo a la Capital.
Cuando empezó a entrar en el conourbano bonaerense y se detuvo en un
semáforo, y un asaltante le robó la billetera, por lo que sólo se quedó con
unas monedas en el bolsillo; así que Don Aguirre tuvo que empezar a vender
algunas cosas de las que cargó en la camioneta, para poder afrontar los gastos
de su viaje. Por suerte tenía varias direcciones de intermediarios que compran
productos del agro, y pudo ir convirtiendo en efectivo el resultado de su
trabajo.
Primero vendió 100 Kg de
trigo, con lo cuál alcanzó a pagar el último peaje que le faltaba para llegar.
Al entrar a la Capital, se dió cuenta que debía llenar nuevamente el tanque con
gasoil, y se fue acercando a la estación de servicio, y por suerte había cerca
de allí otro intermediario, al que le vendió 300 Kg. de maíz para poder pagar
45 litros de gasoil ("menos mal que no tengo un naftero, pensaba Don
Aguirre")
En la estación de servicio
preguntó como llegar al centro, y le recomendaron moverse en subterráneo debido
a los problemas de tránsito y estacionamiento; por lo tanto Don Aguirre decidió
vender casi todo lo que le quedaba en la camioneta para poder afrontar los
gastos del día:
·
Vendió 100
Kg. de cebolla para afrontar los 4 viajes de subterráneo que estimaba
necesitaría utilizar.
·
Vendió 150
litros de leche para poder comer algo económico al paso.
·
Vendió 100
Kg. de Sorgo para poder hacer una breve llamada telefónica de larga distancia.
Finalmente
Don Aguirre llegó a la Casa Central del "Bank of the Raven", donde
luego de esperar unos minutos lo atendió un empleado administrativo quien lo
asesoró del siguiente modo:
"Sr. Aguirre, de acuerdo a lo que Ud. me dice y a los papeles que me
exhibe, su deuda con el banco es de 30.000 dólares, y su campo está valuado en
200.000, además si como me dice, necesita fondos para renovar su tractor y
financiar la próxima cosecha, yo le recomendaría aprovechar nuestra línea de
créditos "Bank Piro", a través de la cual Ud. puede obtener hasta
80.000 dólares a pagar en 5 años, en 60 cuotas mensuales de 2.000 dólares; o si
prefiere puede financiarlos a 120 meses, en cuyo caso la cuota mensual sería de
1.400 dólares"
Don Aguirre eligió la segunda opción, ya que la primera le resultaba
imposible de cumplir, y si bien la segunda era también muy dura, no le quedaban
muchas alternativas, y preguntó como había que hacer, a lo que el empleado le
respondió:
"Sr, Aguirre, para poder acceder a 120 cuotas, necesitamos que Ud.
presente un informe de factibilidad crediticia, para lo cual debemos derivar la
documentación a nuestra Consultora Paras&Taria y Asociados, donde le
prepararán el informe, por un arancel equivalente al 2% del valor de su
propiedad, monto que Ud. puede abonar sumado con las cuotas, al igual que los
gastos administrativos y la cuota de un seguro de vida obligatorio".
Don Aguirre, que de números mucho no entiende, pero que muchas salidas no
veía, y en cierto modo satisfecho por la eficiencia y la rapidez que mostraba
el empleado para resolver la asignación del préstamo, terminó por firmar la
solicitud, y luego de esperar una media hora, regresó el empleado con todos el
papeleo listo, (qué eficientes son estos bancos gringos, pensaba Don Aguirre)
"Adiós Don Aguirre, aquí le doy el talonario con las primeras 12 cuotas, y que le vaya muy bien con la
cosecha", dijo el empleado, con una gran sonrisa y la mano tendida (un
poco floja para el gusto de Don Aguirre).
A todo esto ya era hora de alimentarse, así que Don Aguirre preguntó donde
podía comer algo baratito y al paso, cosa de volverse rapidito, ya que no tenía
plata para pagar hotel. Le indicaron un
lugar que se llamaba, según recordó después, algo así como Pato Donald, donde
le sirvieron una feta de carne llamada hamburguesa, con una muestra de papas
fritas y una gaseosa. Aprovechó a comprar un períodico que le costó $ 1,20 (30
Kg. de maíz, pensaba Don Aguirre!), y se puso a leer, y en eso se le acercaron
unos niñitos pidiendo limosna. Don Aguirre, hombre de buen corazón pero ya sin
más fondos que los que necesitaba para regresar hasta donde había dejado la
camioneta, pensó como los podía ayudar, aunque más no sea para que comieran
algo, y entonces se le encendió la lamparita.
Don Aguirre recordó que en la camioneta aún le quedaba una bolsa de papas
de 50 Kg., y ya que en este lugar Pato Donald, vendían mucha papas fritas,
llamó al encargado y le ofreció hacerle enviar esa bolsa con su amigo
intermediario a cambio de que les dieran a los niñitos el equivalente a su
precio en papas fritas: el empleado, muy solícito y deseoso de agradar, aceptó
el trato, pero antes consultó al gerente a qué precio se compraba la papa al
productor, para poder hacer el cálculo de cuantas papas fritas podían entregar
a cambio de la bolsa de 50 Kg.
Al poco rato apareció el empleado, con un diminuto paquete con papas
fritas, que no pesaría más de 50 gramos, y le dijo a Don Aguirre : "Tome
señor, pero aún me debe 15 centavos".
Don Aguirre hurgó en los bolsillos, encontró unas monedas, le pagó al
empleado, que debía ser familiar del empleado del banco porque sonreía del
mismo modo, y se marchó rumbo a su camioneta.
Al llegar de regreso al campo, lo esperaba toda la familia, para saber las
novedades; empezó a contarles las anécdotas del viaje y el acuerdo crediticio,
mientras su hijo mayor, más ducho para los números, hacía cuentas con los
papeles que su padre firmó en el banco.
"Y bueno, dijo la Sra. de Don Aguirre, esperemos que ahora anden bien
las cosechas, y la nena consiga el trabajo de secretaria en el pueblo, porque
para pagar una cuota de 1.700 por mes, nos vamos a tener que restringir
bastante"
"Mirá, dijo Don Aguirre, si la cosa no mejora, vendo el campo, pago el
crédito y nos compramos una casa en el pueblo y pongo un negocito".
A lo que su hijo que había terminado de sacar las cuentas le respondió
"No papá, si vendés el campo a 200.000, todavía le vas a quedar debiendo $
4.000 al banco".
APÉNDICE TÉCNICO
1- Introducción a la
concatenación de las variables
Es muy común en los
análisis económicos, apelar a la herramienta visual de los gráficos de
coordenadas, donde la relación condicional entre dos variables establece una
secuencia de valores para la variable condicionada, en función de una
progresión de valores de la condicionante. Por ejemplo, si decimos que la
relación entre el nivel de precios del producto “P” y la paridad cambiaria “C”
es tal que: P=3C , estamos diciendo que el precio de P depende del valor de la
moneda extranjera, en una relación de 3, o sea que si aumenta C, aumenta P.
Esta es una relación lineal que se puede graficar así;
Esta es una relación lineal muy sencilla, que se grafica para poder
observar visualmente como aumenta el precio de P en la medida que aumenta el
tipo de cambio.
Supongamos ahora que el valor de P, depende de varios factores; por
ejemplo, el monto del salario mínimo “S”, el tipo de cambio “C”, la tasa de
impuestos “I”, y un incremental de demanda “D”:
Supongamos que la relación es: P = ((3,2S+1,5C) x (1+D)) x (1+I)
Si volcáramos diferentes valores para cada variable en una tabla,
tendríamos la siguiente secuencia, organizada en series de 5 momentos: en el
primero, mantuvimos constantes todos los valores menos S, y podemos ver como P
evoluciona en función de S, luego mantuvimos todos los valores constantes menos
C , y así sucesivamente, hasta allí, esta situación donde todas las variables
permanecen constantes menos una, se podría graficar de un modo similar al
anterior, ya que la variable P evolucionaría en relación directa con una sola
de las otras variables, dado que las demás las asumimos como constantes.
En cambio, en la última secuencia de 5 momentos, donde se modifican todas
las variables, y P varía en consecuencia, no podríamos graficar sobre un plano
la evolución de P con respecto a ninguna variable, excepto que consideremos al
tiempo 1,2,3,4 y 5 como variable condicionante de determinados valores de S, C,
D, e I respectivamente, dicho “truco” gráfico, nos serviría para visualizar los
diferentes valores de P, pero no para analizar su interdependencia concatenada
con las variables respectivas.
|
|
S |
C |
D |
I |
P |
|
1 |
200 |
1,80 |
0,02 |
0,24 |
812,89 |
|
2 |
220 |
1,80 |
0,02 |
0,24 |
893,83 |
|
3 |
240 |
1,80 |
0,02 |
0,24 |
974,78 |
|
4 |
260 |
1,80 |
0,02 |
0,24 |
1.055,73 |
|
5 |
280 |
1,80 |
0,02 |
0,24 |
1.136,68 |
|
1 |
200 |
1,50 |
0,02 |
0,24 |
812,32 |
|
2 |
200 |
1,70 |
0,02 |
0,24 |
812,70 |
|
3 |
200 |
1,90 |
0,02 |
0,24 |
813,08 |
|
4 |
200 |
2,10 |
0,02 |
0,24 |
813,46 |
|
5 |
200 |
2,40 |
0,02 |
0,24 |
814,03 |
|
1 |
200 |
1,80 |
0,01 |
0,24 |
804,92 |
|
2 |
200 |
1,80 |
0,02 |
0,24 |
812,89 |
|
3 |
200 |
1,80 |
0,03 |
0,24 |
820,86 |
|
4 |
200 |
1,80 |
0,04 |
0,24 |
828,83 |
|
5 |
200 |
1,80 |
0,06 |
0,24 |
844,76 |
|
1 |
200 |
1,80 |
0,02 |
0,24 |
812,89 |
|
2 |
200 |
1,80 |
0,02 |
0,26 |
826,00 |
|
3 |
200 |
1,80 |
0,02 |
0,28 |
839,11 |
|
4 |
200 |
1,80 |
0,02 |
0,19 |
780,11 |
|
5 |
200 |
1,80 |
0,02 |
0,15 |
753,89 |
|
1 |
200 |
1,80 |
0,02 |
0,24 |
812,89 |
|
2 |
200 |
1,90 |
-0,06 |
0,25 |
755,35 |
|
3 |
205 |
2,00 |
-0,07 |
0,25 |
766,09 |
|
4 |
205 |
2,20 |
-0,10 |
0,26 |
747,65 |
|
5 |
208 |
2,50 |
-0,12 |
0,26 |
742,18 |
Tabla I
Ahora bien si nos detenemos en la última secuencia vemos que aumenta el
salario S, aumenta la paridad cambiaria C y aumentan las tasas de impuestos I,
y sin embargo el precio P disminuye, por la incidencia de un valor negativo en
el incremental de demanda D. Esto, llevado a un comportamiento de un
determinado precio en la economía real, podría tener cierta lógica, porque
podíamos deducir que la fuerte presión impositiva y el elevado tipo de cambio,
que aumentan más que proporcionalmente que el salario, hacen retraer el nivel
de demanda del producto y por lo tanto los fabricantes e intermediarios deben
bajar el precio, absorbiendo los mayores costos para no tener que bajar los
niveles de venta. Seguramente, de tratarse de un producto con demanda menos
elástica, el precio quizá hubiese aumentado.
Esto significa, que el precio P, es dependiente de otras variables que a su
vez son interdependientes entre sí, ante lo cual el tradicional análisis
gráfico donde, por un problema de exposición, se asumen como constantes las
demás variables para analizar la relación entre dos variables elegidas, puede
llevar a conclusiones engañosas, ya que no permite observar la concatenación.
Por ejemplo, si en el caso anterior no tuviéramos en cuenta que la variable
D puede ser decreciente para cierta combinación de incrementos en las variables
S, C, I, y de ese modo neutralizar el crecimiento de P al punto de invertir su
crecimiento, quizá podríamos haber llegado a la errónea conclusión que P era el
resultado de una mera suma algebraica.
Veamos gráficamente los fenómenos descriptos:
![]()
Gráfico I
Si tomáramos a cada flecha que une dos variables, como una relación
matemática entre dos variables, que formaran una típica curva de coordenadas,
entonces este gráfico semejaría a un plano o mapa de curvas, visto desde
arriba, que permite visualizar la interrelación de las variables.
Si observamos el grafico de concatenación, vemos que si bien P es influido
por todas las demás variables, de modo creciente en casi todos los casos, la
influencia que a su vez tienen I (impuestos) y C ( tipo de cambio) sobre S
(salario), y la influencia que a su vez tiene el salario sobre D (demanda),
hacen que para cierta combinación de los primeros, D baje demasiado y entonces
haga bajar el valor de P.
Desde luego que este es un ejemplo sencillo, donde la interacción de las
variables, podría ser analizada de modo más intuitivo, pero si las variables
fueran más o de comportamiento más complejo, puede resultar de interés contar
con herramientas de análisis más adecuadas para visualizar dicha concatenación.
Si en el ejemplo visto gráficamente, incorporáramos las relaciones
matemáticas entre las variables, como partes de un polinomio cuyo resultado es
el valor de P, nos encontraríamos con el siguiente problema: tenemos el dato
del incremento impositivo, tenemos el dato del incremento salarial y el dato
del incremento en el tipo de cambio, pero en un primer momento no tenemos el
dato de la disminución en la demanda, ya que la misma es un elemento posterior,
por la repercusión en la misma del incremento impositivo y del tipo de cambio
ante un incremento menor del salario. Por lo tanto, si hubiéramos efectuado el
cálculo del precio en el momento 1 (M1), seguramente hubiésemos tenido un
incremento en el precio P como resultante (casos primeros de la tabla), y luego,
en un momento 2 (M2), tendríamos la baja de demanda que haría bajar a P.
Primer conclusión, las flechas que en el gráfico vinculan las variables no
corresponden todas a la misma unidad de tiempo.
Ahora, si vemos en profundidad la naturaleza de las variables, vemos que
algunas impactan directamente sobre otras, y otras lo hacen indirectamente, y
de allí también las diferencias de momentos: en el primer momento sólo tenemos
en cuenta el impacto interno (impuestos, tipo de cambio y salario sobre el
precio en particular que estamos analizando), y posteriormente tenemos el
impacto externo de las mismas variables, desde el punto de vista de cómo
afectan la demanda global, y desde allí es afectada la demanda incremental del
producto analizado, convirtiendo D en negativa.
Dicho de modo más simple, si una empresa tiene el dato exacto del
incremento en el tipo de cambio, en el salario, y en la tasa de impuestos,
puede estimar en base a eso un incremento en el precio de su producto, porque
internaliza como dato exacto todas esas variables, aunque provengan de
fenómenos externos. Pero el comportamiento del público frente a las
modificaciones en salarios, impuestos y tipo de cambio, no resulta previsible a
los efectos del comportamiento particular de un producto, por lo tanto no pueden
internalizarse como dato exacto hasta el momento 2 en el que se conoce en
cuanto disminuyó la demanda.
Segunda conclusión, las flechas que en el gráfico vinculan las variables,
no corresponden a la misma escala de análisis.
¿Se podría prever también el valor de D para determinado nivel de las demás
variables?
Desde luego que se pude prever con más o menos certeza el comportamiento de
D como resultado del nuevo valor de P, pero para saber en cuánto influye el
sistema de todos los precios de la economía en la demanda D del producto
analizado, habría que contar con una matriz de demanda/n-variables, sumamente
compleja; por ejemplo:
Si tuviéramos solamente 10 productos, uno es el producto analizado,
supongamos vinos finos, y los otros 9 son productos de primerísima necesidad,
al producirse un reposicionamiento negativo del poder adquisitivo del salario,
por un incremento menor de este con respecto al incremento en los impuestos y
tipo de cambio, el consumo de los productos de primerísima necesidad tendería a
mantenerse, y el menor poder adquisitivo impactaría fuertemente sobre los vinos
finos. Y si el análisis de rendimientos marginales de la empresa demuestra que
conviene más seguir vendiendo la misma cantidad a un menor precio, que vender
mucho menos a mayor precio, entonces los vinos finos bajarán de precio, pese al
incremento de las variables que lo influían, por caída de demanda. En este caso
de sólo 10 productos, y conociendo el impacto exacto sobre el poder
adquisitivo, se podría calcular con mayor exactitud el comportamiento de D.
Pero en una economía compleja, esto es en principio difícil de llevar a
fórmulas matemáticas precisas, porque no se cuenta con información de todas las
variables en juego; no obstante, empezar a contemplar estos fenómenos de modo
ordenado, puede ayudar a comprenderlos, y prever tendencias.
Por otra parte, no estamos pretendiendo descubrir la interrelación entre
fenómenos, sino intentando tener herramientas ágiles para su análisis, de modo
de ayudar a pensar las cosas de modo más concatenado y menos lineal.
Veamos otro caso, otro aspecto, ahora referido al fenómeno bancario.
La cadena de pagos
Es común en estas épocas,
donde existen tantos flujos y reflujos de liquidez monetaria, donde a un auge
de mercados sobreviene una caída, donde a una euforia consumista sobreviene una
recesión, escuchar hablar de la ruptura de la cadena de pagos. Esta, no es otra
cosa que el efecto dominó de la iliquidez, donde unos primeros deudores con
dificultades financieras comienzan a entrar en cesación de pagos, y entonces
sus acreedores que tampoco están en una situación holgada desde el punto de
vista financiero, al no percibir sus créditos también dejan de pagar sus
deudas, y así siguiendo, como una reacción en cadena.
Ahora bien ¿ Cuál es la verdadera dimensión de la dificultad financiera
cuando esto ocurre?
Supongamos que tenemos una cadena de 10 personas, todos muy ajustados en
sus finanzas, sin la más mínima reserva para afrontar contingencias. Supongamos
que cada uno le adeuda a otro, de forma encadenada, $ 10; la empresa A le debe
$ 10 a la empresa B, la empresa B le debe $ 10 a la empresa C, ésta a la D y
así sucesivamente. Supongamos además que no existe ninguna vinculación entre
estas 10 empresas, más que la que cada una tiene con su acreedor y con su
deudor, o sea, cada una sólo trata con otras dos. Si en esa particular
situación de laboratorio, la empresa A entrara en cesación de pagos, y no
cumpliera su crédito con B, entonces B, que como dijimos no tiene reservas para
afrontar la contingencia, también entraría en cesación de pagos con C y así
sucesivamente.
Si tuviéramos que dimensionar el problema financiero, diríamos que es de
$10, ya que si la empresa A contara con $ 10, podría pagar su deuda a B, B a C,
y así siguiendo, siempre con los mismos $ 10.
Sin embargo, como todas las empresas viven su problema financiero
aisladamente, podemos decir que cada una de ellas tiene un incobrable de $ 10,
y una deuda vencida de $ 10, para la cuál necesita financiamiento; entonces el
problema financiero conjunto, pasa a ser de $ 100.
Si todas las empresas concurrieran a los bancos a pedir créditos para
solucionar su endeudamiento, todas pedirían $ 10 en forma separada, y luego
cancelarían sus deudas, por lo cual, salvo la empresa A que volvería a quedar
en cero, todas las demás ahora estarían con mayor liquidez, pero con una deuda
bancaria, que medida globalmente sería 10 veces mayor al problema de
financiamiento real, que era de $ 10. Ahora bien, como esa deuda bancaria
tendría incluidos los intereses, y si suponemos que hasta que se recompuso la
cadena de pagos se hubieran devengado un 10 % de intereses, tendríamos que el
problema financiero se ha resuelto momentáneamente, pero desde el punto de
vista económico, ha habido una transferencia de ingresos a la banca.
Veamos las siguientes tablas y gráficos:
M1, M2, M3, M4 y M5 son diferentes
momentos de una ruptura y recomposición de la cadena de pagos,
A, B, C, D, E, F y G, son empresas que dentro de un circuito cerrado tienen
relaciones comerciales como acreedores y deudores.
|
M1 |
A |
B |
C |
D |
E |
F |
G |
NETO |
|
A |
|
|
|
-75 |
80 |
|
|
5 |
|
B |
|
|
|
40 |
|
50 |
-60 |
30 |
|
C |
|
|
|
|
|
70 |
110 |
180 |
|
D |
75 |
-40 |
|
|
|
|
|
35 |
|
E |
-80 |
|
|
|
|
|
40 |
-40 |
|
F |
|
-50 |
-70 |
|
|
|
|
-120 |
|
G |
|
60 |
-110 |
|
-40 |
|
|
-90 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
0 |
Tabla I
En la tabla I, se muestran los saldos que las empresas tienen entre sí,
leyendo en orden vertical vemos que, por ejemplo la empresa A, tiene una deuda
de $ 75 con la empresa D y un crédito a favor de $ 80 con la empresa E, por lo
cual tiene una posición neta positiva de $ 5; del mismo modo las siguientes
empresas, con diferentes posiciones netas, negativas y positivas, la sumatoria
de las cuales da cero, como es lógico por tratarse de un circuito cerrado.
|
M2 |
A |
B |
C |
D |
E |
F |
G |
NETO |
|
A |
30 |
|
|
-75 |
80 |
|
|
35 |
|
B |
|
20 |
|
40 |
|
50 |
-60 |
50 |
|
C |
|
|
25 |
|
|
70 |
110 |
205 |
|
D |
75 |
-40 |
|
25 |
|
|
|
60 |
|
E |
-80 |
|
|
|
20 |
|
40 |
-20 |
|
F |
|
-50 |
-70 |
|
|
15 |
|
-105 |
|
G |
|
60 |
-110 |
|
-40 |
|
10 |
-80 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
145 |
Tabla II
En la tabla II, agregamos en las intersecciones de las empresas consigo
mismas, los saldos monetarios disponibles que estas tienen en caja, o en banco,
donde vemos que la sumatoria es de $ 145, que vendría a ser la liquidez del
sistema cerrado que estamos analizando. Viendo el saldo de cada empresa, se
puede observar que las tres últimas, E, F y G están desfinanciadas, ya que
adeudan más que la suma de sus créditos y saldos monetarios.
Si viéramos estas relaciones desde un gráfico de concatenación, tendríamos
la siguiente perspectiva, donde la dirección de las flechas indica quien le
debe a quien:
![]()
Ahora veamos en las siguientes tablas, como el desfinanciamiento de algunas
empresas, genera una reacción en cadena:
|
M3 |
A |
B |
C |
D |
E |
F |
G |
NETO |
|
A |
30 |
|
|
-75 |
[80] |
|
|
-45 |
|
B |
|
20 |
|
[40] |
|
[50] |
-60 |
-40 |
|
C |
|
|
25 |
|
|
[70] |
[110] |
25 |
|
D |
[75] |
-40 |
|
25 |
|
|
|
-15 |
|
E |
-80 |
|
|
|
20 |
|
[40] |
-60 |
|
F |
|
-50 |
-70 |
|
|
15 |
|
-105 |
|
G |
|
[60] |
-110 |
|
-40 |
|
10 |
-140 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
-380 |
Tabla III
Al no poder las empresas E, F y G afrontar sus obligaciones, sus acreedores
quedan desfinanciados en proporción a los respectivos créditos que tenían con
ellas, y los que tenían menores saldos positivos también entran en cesación de
pagos. En la Tabla III puede verse entre corchetes los créditos que cada
empresa asume como no cobrables, lo que genera una nueva posición financiera
neta, negativa en todos los casos, excepto en el caso de la empresa C, que era
la única sin deudas y con saldo monetario.
Ahora bien, como todos siguen computando sus deudas como exigibles y sus
créditos como no cobrables, a menos en el corto plazo, la posición neta del
conjunto pasa a ser negativa en $ 380.
Si ante esta situación, todas las empresas concurrieran a pedir préstamos
al banco, de acuerdo con la particular situación financiera de cada una, ya que
ninguna puede prever que su acreedor va a solicitar a su vez un préstamo para
cancelarle la deuda, tendríamos la siguiente situación, visualizada en la
siguiente tabla:
|
M4 |
A |
B |
C |
D |
E |
F |
G |
NETO |
CREDITO |
|
A |
75 |
|
|
-75 |
80 |
|
|
80 |
45 |
|
B |
|
60 |
|
40 |
|
50 |
-60 |
90 |
40 |
|
C |
|
|
25 |
|
|
70 |
110 |
205 |
|
|
D |
75 |
-40 |
|
40 |
|
|
|
75 |
15 |
|
E |
-80 |
|
|
|
80 |
|
40 |
40 |
60 |
|
F |
|
-50 |
-70 |
|
|
120 |
|
0 |
105 |
|
G |
|
60 |
-110 |
|
-40 |
|
150 |
60 |
140 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
550 |
405 |
Tabla IV
La nueva situación, de acuerdo a la tabla IV, muestra como la incorporación
de la toma de créditos equivalentes a los anteriores saldos negativos de cada
empresa, reactiva la cadena de pagos. Supongamos que todos obtienen el crédito
el mismo día y llaman a sus acreedores para darles la buena nueva de que
cancelarán su deuda, tendremos una mayor liquidez del sistema, equivalente a $
550, claro que ahora con endeudamiento nominal por $ 405.
Claro que, si todos cancelan sus respectivas deudas en el circuito cerrado
de empresas, sólo quedarán pendientes las deudas de cada una con los bancos,
que al incluir los intereses, obviamente no serán equivalentes a los $ 405
recibidos en total, sino que llegarían a $ 466 asumiendo que los créditos se
tomaron a un año y a una tasa promedio del 15 % anual.
En la siguiente tabla puede observarse la nueva situación.
|
M5 |
A |
B |
C |
D |
E |
F |
G |
BCO. |
NETO |
|
A |
80 |
|
|
|
|
|
|
52 |
28 |
|
B |
|
90 |
|
|
|
|
|
46 |
44 |
|
C |
|
|
205 |
|
|
|
|
0 |
205 |
|
D |
|
|
|
75 |
|
|
|
17 |
58 |
|
E |
|
|
|
|
40 |
|
|
69 |
-29 |
|
F |
|
|
|
|
|
0 |
|
121 |
-121 |
|
G |
|
|
|
|
|
|
60 |
161 |
-101 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
466 |
84 |
Tabla V
En la tabla V, donde ya no existen deudas entre las empresas, sino deudas
de todas con el sistema bancario, tenemos una situación de mayor liquidez, pero
al tener como contrapartida una deuda bancaria que incluye intereses, la
posición neta del sistema pasa a ser de $ 84, lo que, comparando con las cifras
del inicio ($ 145), significa que económicamente se transfirieron $ 61 al
sistema bancario.
Podríamos suponer que las empresas también cobraran intereses a sus
deudores por los atrasos, pero eso no variaría la situación, ya que entonces se
deberían endeudar con la banca por más dinero para poder cancelar las deudas.
Variaría la situación relativa de las empresas, ya que estarían más
perjudicadas los que más deudas y atrasos tuvieron, pero el sistema como
conjunto no solo no mejoraría, sino que empeoraría, ya que, como dijimos, si
todas las deudas aumentaran, supongamos un 10 %, en la misma proporción
aumentaría la deuda con la banca y por lo tanto los intereses de esta y la
transferencia de recursos.
Podríamos suponer que las empresas, al encontrarse con una mayor e
inesperada liquidez (le asignaron un crédito y les pagaron sus deudores),
podrían cancelar sus deudas bancarias y disminuir los intereses, pero esto en
la práctica no es así, dado que no todas pagan simultáneamente, y además suelen
utilizar la mejor situación financiera para cubrir nuevos compromisos y
acometer nuevos negocios, aún a costa del costo financiero.
De este análisis surgen al menos dos conclusiones:
Si los bancos privados pueden manejar los flujos monetarios a voluntad, es
posible que intenten manejar el flujo de la liquidez provocando cíclicas
rupturas de cadenas de pagos, para generar la necesidad de créditos por parte
de la economía.
Si la banca estatal sin interés conociera la concatenación de la ruptura de
la cadena de pagos, podría resolverla con muchos menos fondos de los que
surgirían de la suma algebraica de las posiciones financieras individuales.
Veamos otro aspecto del análisis de la concatenación.
Los círculos viciosos o virtuosos
Son muy comunes en economía los procesos por los cuales los factores
económicos a veces se retroalimentan en espirales recesivas o de crecimiento,
de inflación o de deflación, de suba de
cotizaciones o de bajas, etc. Existen diferentes teorías con respecto a los
ciclos comerciales, intentando responder a la pregunta de ¿porqué ni la
expansión ni la contracción tienen duración infinita?, Y algunos principios de
respuestas se basan en la excesiva acción inversionista, el desorden monetario,
y el bajo consumo. Algunos teóricos monetaristas analizaron el fenómeno
producido ante una demanda en crecimiento que se topa con los límites de
productividad de la economía real, generando inflación y una consecuente
posterior restricción del crédito.
Hayek interpretaba estos fenómenos desde el punto de vista del destino del
dinero, hacia consumo o hacia inversión, según los ciclos, donde un incremento
en la inversión a la larga hacía disminuir los recursos destinados a consumo y
esto traía recesión.
Schumpeter analizó la duración de los diferentes ciclos, largos y cortos,
donde el factor de la inserción de nuevos productos en el mercado producía
prosperidad, pero el posterior desplazamiento de los viejos productos por los
nuevos generaba una depresión.
Mitchell estudió cómo una recuperación en el nivel de consumo incentiva la
inversión, y al generarse un clima de optimismo cada alza de precios ofrece un
incentivo para nuevas inversiones; luego, al llegar a los límites de capacidad
de producción por el incremento del costo marginal, las empresas
sobredimensionadas empiezan a tener problemas y se alimenta el posterior ciclo
recesivo.
En todos los casos, de algún modo, se ha analizado la interacción entre
diferentes variables, presionando hacia arriba o hacia abajo.
En los ejemplos anteriores de concatenación de variables, vimos como el
encadenamiento entre las mismas en una determinada dirección, podía ser
desatado por el particular comportamiento de algunas, como en el caso de la
ruptura de la cadena de pagos, donde el desfinanciamiento de algunas empresas
producía el desfinanciamiento del conjunto.
Veremos ahora este tema de los ciclos desde esa óptica, para intentar
contar con herramientas que permitan “intervenir con precisión quirúrgica” para
apuntalar la economía. Así como a veces un edificio se termina derrumbando por
unas pocas columnas mal construidas, así también suele pasar en la economía; y
lógicamente, cuando el derrumbe se desencadena, ya es imposible contenerlo,
pero diferente sería haber antes apuntalado las columnas débiles, y para eso
hace falta saber cuáles son y cómo apuntalarlas. Cuando los buscadores de
records intentan superar las marcas de caída encadenada de fichas de dominó, y
empiezan a preparar el espectáculo, con miles y miles de fichas paradas una al
lado de la otra, formando figuras espectaculares, cuando van preparando todo
ese armado cuyo punto culminante será un toquecito a la primer ficha,
produciendo el derrumbe en cadena, para evitar que por accidente todo se les
derrumbe antes de tiempo, estos profesionales del dominó lo que hacen es
colocar, cada determinada cantidad de fichas, un panel de contención, de modo
tal que cualquier caída accidental no signifique más que la caída de unas
cuantas fichas, entre panel y panel. De este mismo modo, los famosos “efectos
dominó” en la economía, ocurren por la falta de contenciones que acoten y
circunscriban los derrumbes. En tal sentido, el análisis de la concatenación
puede resultar útil a la hora de analizar donde poner las contenciones a la vez
que detectar por donde pueden venir los accidentes.
Supongamos una economía con 5 empresas que producen alimentos, vestimentas,
viviendas, vehículos y esparcimiento, donde cada una emplea a una cantidad de
personas, que con sus diferentes escalas de ingresos consumen los productos
mencionados. Los propietarios de las empresas, los contamos dentro de los
empleados, con niveles de ingresos mayores a los demás, por ahora prescindimos
del factor ahorro y asumimos también que todo se ingresa y se gasta dentro de
ese círculo cerrado de 5 empresas.
Veamos en el siguiente gráfico, una situación equilibrada.
![]()
|
Lógicamente, en este tipo de relación equilibrada, donde hay pleno empleo y
donde todo lo que producen estas 5 empresas es consumido, existen diferentes
proporciones de consumo; si efectuáramos una planilla con los consumos de cada
tipo de producto, por nivel de ingreso, veríamos que, seguramente, el nivel de
empleados y obreros, destina buena parte de sus ingresos a alimentos y
vestimenta, mientras que no mucho a vehículos, vivienda y esparcimiento; y en
la medida que ascendemos en nivel de ingresos, varía la composición del gasto.
No desarrollaremos el estudio minucioso de una matriz de consumo por nivel de
ingreso, porque excedería el alcance de este trabajo introductorio, pero es
fácil imaginar cómo según la distribución del ingreso, varía el tipo de consumo.
Esta situación de teórico equilibrio, podría verse alterada por muchas
variables, a veces concatenadas; supongamos que por ejemplo, en la fábrica de
vehículos, la aplicación de una nueva tecnología permite a los empresarios
reducir su plantilla de empleados y obreros en un 40 %, por lo cual estos
quedan desocupados. De modo que en el nivel de empleados y obreros, baja el
ingreso y el poder adquisitivo y por lo tanto el consumo. Pero esta baja de
consumo obviamente no es proporcional, porque no puede bajar demasiado el gasto
en alimento, y sí quizá el de los otros rubros, como vehículos y esparcimiento,
con lo cuál se podrían generar nuevos despidos en la fábrica de vehículos y en
la empresa de servicios de esparcimiento. No obstante habría que tener en cuenta
que los empresarios de la fábrica de vehículos, que habían tenido una mayor
ganancia por aplicar la nueva tecnología y reducir el costo de mano de obra,
podrían destinar sus mayores ingresos a construir viviendas, por lo que
crecería el ingreso de dicho sector. Claro que, los empresarios vinculados al
esparcimiento, al tener menos ingresos, quizá no despidan gente porque sus
mayores costos son de infraestructura y no de personal, y entonces absorban su
recesión con menores ganancias empresariales, y por lo tanto hay menos consumo
empresarial que repercute en una baja en la venta de viviendas. Pero como todos
estos movimientos no se producen simultáneamente, podría ocurrir que en un
momento 1 la empresa constructora, ante la mayor demanda por parte de los empresarios
automotrices, decida efectuar inversiones, incurriendo en mayores costos de
maquinarias, y luego, en un momento 2,
al retraerse la demanda de viviendas por el menor ingreso de los
empresarios del rubro esparcimiento, deban ajustar sus gastos y despidan
obreros y gerentes, por lo que bajará el consumo de vestimentas y de
automotores, etc…
Es decir, que pueden pasar muchas cosas, en diferentes momentos y en la
medida que se va abriendo el abanico de concatenaciones, podemos encontrarnos
con caminos diferentes.
Tal vez, si antes de que se abra esta caja de pandora, al incorporar la
empresa automotriz nueva tecnología, no hubiese despedido personal, sino que
hubiese bajado sus precios y aumentado su producción, tal vez podría haber
aumentado el consumo de automotores por parte del sector de obreros y
empleados, y se hubiese dado un nuevo nivel de equilibrio, en crecimiento y no
en recesión. O tal vez, si la mayor ganancia de la empresa automotriz hubiese
estado gravada con mayores impuestos, y estos se destinasen a financiar
emprendimientos productivos, quizá hubiese un nuevo punto de equilibrio con
mayor diversidad productiva.
En fin, no estamos acá intentando agotar las diversas opciones del
comportamiento de las variables ni mucho menos, sino que estamos tratando de
introducirnos a un modo de analizar las interacciones de las variables, para ir
desarrollando herramientas de estudio adecuadas para el análisis y la
resolución de ciertos problemas.
Y ya que hemos rozado el tema de los ingresos, veamos algunas
consideraciones sobre la conformación de los salarios y las escalas.
2-El círculo vicioso de la desocupación
Las causas del desempleo:
Por una parte los índices aumentan
por la pérdida de puestos de trabajo o el no crecimiento de la cantidad
de puestos de trabajo a igual velocidad que el crecimiento demográfico.
Por otra parte, los índices aumentan cuando hay una parte de la población,
que antes no buscaba trabajo y ahora sí lo busca (por ejemplo amas de casa,
jóvenes, ancianos y hasta niños); este fenómeno se relaciona directamente con
el empobrecimiento de las familias producido por el mismo desempleo y la caída
del salario real, y como veremos más adelante, genera un círculo vicioso de la
pobreza que contradice las teorías del equilibrio de los mercados de los
economistas clásicos.
Pero además, hay que considerar factores que hacen que los índices de
desocupación no suban tanto como deberían: por ejemplo, existe gran cantidad de
gente que desearía tener trabajo, pero no lo está buscando activamente porque
no cree posible hallarlo, y por lo tanto esa gente no aparece en las encuestas
como población económicamente activa que busca trabajo.
El desequilibrio del mercado
laboral:
Según los economistas clásicos, cuanto más alto es el salario, más gente quiere trabajar, por lo tanto aumenta la oferta laboral (ver gráfico I), y a la inversa, cuanto más bajo es el salario, menos gente está dispuesta a trabajar. En cambio, la demanda de trabajo por parte de las empresas, opera de modo inverso, cuánto más alto es el salario, están dispuestos a contratar menos personal, y cuánto más bajo es el salario, están dispuestos a contratar más personal, (ver gráfico II).
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De acuerdo a esta teoría, hay un punto de
equilibrio, en el cual es igual la cantidad de gente que desea trabajar por un
salario X que la cantidad de puestos de trabajo que los empleadores ofrecen
para ese salario X, que en caso de nuestro ejemplo se ubica en 3 millones de
puestos de trabajo para un salario de $ 5 , (ver gráfico III).
Este teórico punto de equilibrio tendría grandes implicancias para la
economía, ya que siempre estarían equilibrados los mercados del trabajo, ya que
si los empresarios quisieran pagar menos de $ 5, no conseguirían suficientes
trabajadores, y si los trabajadores quisieran exigir más de $ 5, por ejemplo $
7, como por ese salario ya habría 1 millón más de personas dispuestas a
trabajar, la presión de una mayor oferta de trabajo, con respecto a la cantidad
de puestos, haría restablecer el equilibrio rápidamente.
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Ahora bien, la hipótesis de que los empleadores demandarán más puestos de
trabajo cuanto más bajo sean los salarios, en general se cumple, ya que el
empresario siempre tiene la opción de invertir o no invertir, de crecer o no
crecer, y por lo tanto decidir en base a sus costos. Pero el asalariado, no
tiene opciones como no sea vivir de su trabajo; el asalariado no puede decidir
que si el nivel de salario es bajo, entonces se dedicará a poner empresas, o a
vivir de la caza y de la pesca. Entonces, no sólo está dispuesto a trabajar
aunque su salario sea más bajo, sino que si eso ocurre su economía familiar al
ver disminuido su ingreso, puede estimular a salir a buscar trabajo a otros
miembros de la familia que antes no se lo planteaban porque bastaba con un salario
para sostener la canasta familiar Y al ocurrir esto último, se genera un
comportamiento del mercado laboral, inverso al sostenido por los clásicos, o
sea que cuanto más bajo es el salario, más gente sale a buscar trabajo.
Si observamos el gráfico IV, vemos que para un salario demasiado exiguo, que por ejemplo no cubra ni los gastos de movilidad, la demanda laboral será baja (salario = a $1), pero ya en el nivel de $ 2, un salario que por ejemplo permita cubrir los gastos de una persona sola, la demanda de trabajo tenderá a ser igual al 100 % de las personas en condiciones de trabajar, incluidos ancianos y adolescentes. Ya que todos necesitarán trabajar para subsistir.
Luego, a medida que el nivel de salario aumenta, ya no buscarán trabajo los
niños, ni los ancianos ni algunas amas de casa, y por lo tanto irá bajando la
oferta laboral, hasta estabilizarse en el nivel en que haya al menos una
persona ocupada por familia.
Este comportamiento de la oferta laboral, produce una curva de sentido
inverso a la de los clásicos, y al combinarla con la curva de demanda laboral
por parte de las empresas, nos encontramos con que sólo son posibles los puntos
de equilibrio, en niveles muy bajos de salario. Si observamos el gráfico V,
vemos que hay dos puntos de equilibrio, lo cual demuestra que si los
empresarios bajan el nivel de salario, pueden lograr que más gente demande
trabajo y volver a nivelar.
Círculo vicioso del desempleo
y la pobreza:
El
comportamiento real del mercado laboral, mostrado en los gráficos, tiene
enormes consecuencias, ya que demuestra que los mercados no tienden a su
equilibrio, sino lo contrario. Entonces, si se genera desocupación por la
pérdida de fuentes de trabajo, como ocurrió en Argentina, la oferta de trabajo
por parte de los desocupados, hará bajar el nivel de salario ofrecido por las
empresas (cosa que ocurrió), y esto va haciendo que paulatinamente bajen las
pretensiones de los que tienen su trabajo, y por lo tanto baje el nivel de
ingresos de las familias, y por lo tanto tengan que salir a buscar trabajo,
miembros de la familia que antes no lo hacían, y eso vuelve a presionar hacia
la baja de los salarios, y así sucesivamente hasta que la tendencia sea
encontrar un punto de equilibrio con salarios de miseria.
Si se trata de que la economía logre equilibrar los mercados, llegando al
pleno empleo, esto podría lograrse con salarios muy bajos. Por ejemplo, en
EEUU, donde todos hablan de la baja de la desocupación, pocos hablan del nivel
de salarios, que si bien comparado con nuestro país es alto, comparado con la
situación anterior del pueblo norteamericano, es mucho más bajo en términos de
poder adquisitivo.
Por ejemplo, si en nuestro país se sigue avanzando en esta dirección puede
llegar a pasar que un 20 % de familias con alto poder adquisitivo, contrataran
el otro 80 % , por salarios de $ 200, para cuidar sus hijos, pasear los perros,
mantener el jardín, conducir sus autos, etc. Y en ese caso podríamos tener
pleno empleo, pero no necesariamente equidad social y mucho menos un pueblo
feliz.
La conformación de las escalas salariales
Un fenómeno digno de un análisis de concatenación es la conformación de los
niveles salariales en el libre mercado,
donde el principio de la utilidad marginal combinado con la diversidad
de funciones en una economía compleja, genera grandes desproporciones en la
asignación de los ingresos.
Supongamos que partimos de un salario mínimo de $ 300, ¿por cuánto más
estaría dispuesta una persona a cambiar de trabajo o a aceptar mayores
responsabilidades?, supongamos que, en ese nivel de salario, por $ 50 más esa
persona aceptaría cambiar de empleo, porque esos $ 50 adicionales, que
significan un 17% de aumento, pueden significar la diferencia entre comer mal o
comer bien la última semana del mes.
Es obvio que un gerente que gana $ 10.000, no moverá un dedo si le ofrecen
otro trabajo por 10.050, pero ¿aceptará irse a otra empresa, con nuevas
responsabilidades y riesgos, por un 17 %, que llevaría su remuneración a $
11.700?, es probable que tampoco, porque el beneficio adicional que le
representan esos 1.700 pesos más (¡5 veces más que el salario mínimo del caso
anterior!), no le representen una variación sustancial en su nivel de vida,
comparada con el costo de tener que salir de su cómoda rutina y enfrentar
nuevos desafíos. Tal vez, si le ofrecieran un 50 % más, lo tentarían.
Esto significa que, bajo ciertas circunstancias, la utilidad marginal del
dinero, no solamente varía en valores absolutos según la escala de ingresos,
sino que además varía en porcentajes incrementales.
En la siguiente tabla y el correspondiente gráfico, se muestra una
conformación de escala salarial, donde partimos de un salario mínimo de $ 200,
un porcentaje base de escala del 17 %, y un incremental de dicho porcentaje de
1,01 para cada escalón de 22 supuestos.
|
coeficiente |
1,01 |
|
|
|
|
|
|
|
|
SUELDO
MINIMO |
200 |
|
|
|
|
|
|
|
|
NIVEL |
INCREMENTO |
MONTO |
CATEGORIA |
|
INGRESO |
INCIDENTAL |
INGRESO |
LABORAL |
|
1 |
1,17 |
200 |
Obrero |
|
2 |
1,18 |
234 |
Obrero |
|
3 |
1,19 |
277 |
Obrero |
|
4 |
1,21 |
330 |
Obrero |
|
5 |
1,22 |
398 |
Obrero |
|
6 |
1,23 |
484 |
Empleado |
|
7 |
1,24 |
596 |
Empleado |
|
8 |
1,25 |
740 |
Empleado |
|
9 |
1,27 |
928 |
Empleado |
|
10 |
1,28 |
1.176 |
Empleado |
|
11 |
1,29 |
1.504 |
Supervisor |
|
12 |
1,31 |
1.944 |
Supervisor |
|
13 |
1,32 |
2.538 |
Jefe |
|
14 |
1,33 |
3.346 |
Jefe |
|
15 |
1,34 |
4.455 |
Jefe |
|
16 |
1,36 |
5.992 |
Gerente |
|
17 |
1,37 |
8.139 |
Gerente |
|
18 |
1,39 |
11.166 |
Gerente |
|
19 |
1,40 |
15.472 |
Gerente |
|
20 |
1,41 |
21.653 |
Gerente |
|
21 |
1,43 |
30.606 |
Director |
|
22 |
1,44 |
43.694 |
Director |
Si aceptáramos esta conformación de escalas de ingresos como el
funcionamiento habitual en una determinada economía de mercado, y decidiéramos
duplicar el salario mínimo, y no existiera restricción en los precios, todos
los salarios aumentarían en la misma proporción, para mantener las proporciones
entre escalas, con lo cual los precios se duplicarían. Pero si hubiera
restricciones en el precio de los productos, y la sumatoria de cada nivel de
ingreso multiplicada por la cantidad de personas de cada nivel, no puede pasar
de cierto valor absoluto, entonces el incremento del salario básico produciría
un achatamiento en las escalas, determinado por una disminución en el
coeficiente incremental.
|
coeficiente |
1,003 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
SUELDO
MINIMO |
400 |
|
||
|
|
|
|
|
|
|
NIVEL |
INCREMENTO |
MONTO |
CATEGORÍA |
|
|
INGRESO |
INCIDENTAL |
INGRESO |
LABORAL |
|
|
1 |
1,10 |
400 |
Obrero |
|
|
2 |
1,10 |
440 |
Obrero |
|
|
3 |
1,11 |
485 |
Obrero |
|
|
4 |
1,11 |
537 |
Obrero |
|
|
5 |
1,11 |
596 |
Obrero |
|
|
6 |
1,12 |
664 |
Empleado |
|
|
7 |
1,12 |
741 |
Empleado |
|
|
8 |
1,12 |
830 |
Empleado |
|
|
9 |
1,13 |
932 |
Empleado |
|
|
10 |
1,13 |
1.051 |
Empleado |
|
|
11 |
1,13 |
1.187 |
Supervisor |
|
|
12 |
1,14 |
1.346 |
Supervisor |
|
|
13 |
1,14 |
1.530 |
Jefe |
|
|
14 |
1,14 |
1.744 |
Jefe |
|
|
15 |
1,15 |
1.995 |
Jefe |
|
|
16 |
1,15 |
2.288 |
Gerente |
|
|
17 |
1,15 |
2.633 |
Gerente |
|
|
18 |
1,16 |
3.039 |
Gerente |
|
|
19 |
1,16 |
3.517 |
Gerente |
|
|
20 |
1,16 |
4.083 |
Gerente |
|
|
21 |
1,17 |
4.754 |
Director |
|
|
22 |
1,17 |
5.553 |
Director |
|
Como se puede observar, tanto en la tabla como en el gráfico, para poder
mantener los valores absolutos de los costos y no incrementar los precios, las
escalas de ingresos debieron achatarse, bajando al porcentaje base a un 10 % y
el coeficiente incremental del mismo a un 1,003; si observamos las cifras,
veremos que tal diferenciación de escalas hará crecer la disconformidad a
medida que subimos de escalón, por lo que habrá presiones para incrementar las
retribuciones de las categorías más altas. Esta presión puede implicar falta de
movilidad de un nivel a otro, produciendo “cuellos de botella”: “Yo por
solamente 300 pesos más no pienso aceptar responsabilidades de gerente”, podría
manifestar un candidato del nivel 15 al 16.
Esto puede volverse en contra de los niveles más bajos, ya que se puede
intentar recortar con despidos: si un jefe “eficiente” logra cumplir objetivos
con menos personal, tal vez merezca el “premio” de un porcentaje mayor con
respecto al escalón anterior.
Desde el punto de vista del mercado, este problema de la distribución del
ingreso no tiene solución, y cuánto más compleja es la diversificación de
funciones, más escalones existen y más se tiende a aplastar a la base.
Dos fenómenos aceleran este comportamiento de distanciamiento de escalas;
por una parte la desocupación que pone por debajo del salario mínimo el escalón
de la nada, y entonces la conformación de dicho salario mínimo tiende a ir
hacia abajo, legal o ilegalmente. En ese caso tiende a aumentar el coeficiente
incremental a favor de los niveles de mayor poder relativo, como gerentes,
directores, empresarios y algunas islas de sectores asalariados beneficiados
por una mayor demanda. Por otra parte,
la inversión tiende a orientarse hacia la producción de bienes y servicios
destinados a los niveles de mayores ingresos, que permiten mayores márgenes de
rentabilidad, por el fenómeno de la menor utilidad marginal del dinero frente a
la utilidad de los servicios ofrecidos; este fenómeno hace que se vaya
consolidando un nivel de consumo cada vez más sofisticado para esos niveles de
ingreso, que pronto se convierten en derechos adquiridos, y por lo tanto
generan fuertes resistencias a cualquier intento de achatamiento de las
escalas. El efecto del “derecho adquirido”, genera un nuevo tipo de
ineficiencia del mercado, ya que encarece crecientemente las dosis de energía
adicional que están dispuestos a emplear los que ocupan los escalones más
altos.
Indudablemente que la conformación de las escalas en un régimen de
participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas, deberá
tener en cuenta estos fenómenos, pero eso será parte de un próximo estudio más
profundo y especializado. La intención hasta aquí, no fue otra que una modesta
incursión en nuevos puntos de vista para analizar el comportamiento de algunas
variables.

