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Guillermo Molina Miranda febrero 02, 2025

   


© Libro N° 368. El Marxismo En La Obra De Estanislao Zuleta. Alarcón Zapata, Santiago. Emancipación.

 

Título Original: © El Marxismo En La Obra De Estanislao Zuleta. Santiago Alarcón Zapata

 

Versión Original: © El Marxismo En La Obra De Estanislao Zuleta. Santiago Alarcón Zapata

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL MARXISMO EN LA OBRA DE ESTANISLAO ZULETA

Santiago Alarcón Zapata

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Marxismo En La Obra De Estanislao Zuleta

Santiago Alarcón Zapata

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL MARXISMO EN LA OBRA DE ESTANISLAO ZULETA

 

 

 

Santiago Alarcón Zapata santiago.alarconz@udea.edu.co

 

 

Trabajo presentado como requisito para obtener el título de Sociólogo

 

 

 

Asesor

 

Wilmar Lince Bohórquez. Sociólogo

Magister Educación y Desarrollo Humano.

 

 

 

 

Universidad de Antioquia Facultad de Ciencias Sociales y Humanas

Departamento de Sociología Medellín 2019

 

 

 

 

 

 

A mi familia, patria de mujeres de la clase trabajadora; a ellas que con el sudor de su

 

frente y su afecto han satisfecho esas necesidades básicas sin las cuales no podría haber

 

logrado este título. A mi abuela Aura Nelly por sus deliciosos tintos mañaneros y sus

 

atenciones desinteresadas, a mis tías; Yesica Paola y Judi Andrea por la comprensión

 

para entender mis luchas y no juzgarlas. A mi hermana Stefania Montoya por su apoyo

 

indeclinable siempre dispuesto a tender la mano, y a mi madre, Norha Isabel Alarcón

 

cuyos años fregando pisos siguen dejado huella en sus brazos, un dolor que vivo en lo más hondo y más me acerca al marxismo.

 

 

De mi parte este modesto reconocimiento, a ustedes que tanto les debo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Agradecimientos

 

 

 

A los compañeros del Centro de Estudios Estanislao Zuleta, pues en la formación y en los debates

 

me han permitido forjar muchas de las ideas que aquí presento. Pero sobre todo, a ese valiente

 

paladín del legado de Zuleta, Carlos Mario Gonzáles, pues con su esfuerzo de transmisión me puso

 

ante un Zuleta complejo y rico en conocimientos que problematiza al marxismo a la vez que lo

 

enriquece. Sin la influencia de Carlos, este escrito no sería una realidad.

 

 

A Wilmar Lince, quien aparte de acompañarme en este proceso de estudio, sugiriendo y

 

proponiendo análisis, me ayudo a mantener una visión objetiva sobre Estanislao Zuleta. También

 

le agradezco por sostener conmigo en buena parte de la carrera una interlocución constante sobre

 

el marxismo, un dialogo que afortunadamente sobrepasaba las fronteras académicas.

 

 

 

 

 

EL MARXISMO EN LA OBRA DE ESTANISLAO ZULETA

 

 

 

Santiago Alarcón Zapata

 

 

 

 

Tabla de contenido

 

 

Resumen...................................................................................................................................... 8

Introducción .............................................................................................................................. 11

Apuntes metodológicos............................................................................................................. 18

Algunos estudios sobre el marxismo en Zuleta......................................................................... 20

Primera parte

1.     El devenir de las fuentes integrantes del marxismo........................................................... 34

1.1.      El caso de Marx.......................................................................................................... 38

1.2.      Hegel: La totalidad como golpe de vista lógico ......................................................... 39

1.3.      Hegel: El golpe de vista ilógico.................................................................................. 48

1.4.      Hacia la política y la economía................................................................................... 54

1.5.      La terrenalidad del pensamiento................................................................................. 56

Segunda parte

2.     Pregunta articuladora......................................................................................................... 66

Tercera parte

3.     El Marxismo en Marx........................................................................................................ 69

A manera de síntesis teórica.................................................................................................. 69

3.1.      Totalidad..................................................................................................................... 71

3.2.      Estructura.................................................................................................................... 76

3.3.      La totalidad estructurada en la economía política ...................................................... 79

3.4.      ¿Cómo están aquí presentes las fuentes integrantes del marxismo? .......................... 89

3.5.      Algunos ejemplos del análisis marxista de Estanislao Zuleta.................................... 92

3.6.      Vertiente macrosocial................................................................................................. 93

3.7.      Vertiente cultural...................................................................................................... 100

Cuarta Parte

4.     Zuleta y el debate marxista en Colombia y el mundo...................................................... 104

 

 

4.1.      Los años sesenta: la discusión marxista con una época............................................ 104

4.2.      Llegando a Marx....................................................................................................... 109

4.3.      Evolución del marxismo en Zuleta........................................................................... 115

4.4.      1960 / 1970: Zuleta y el momento leninista de un marxista colombiano................. 119

4.5.      1970 / 1980: El momento de la economía política - Análisis iniciales de los

socialismos reales................................................................................................................ 141

4.6.      Análisis iniciales de los socialismos reales .............................................................. 151

4.7.      1980/ 1990 Marxismo: ¿Dictadura o democracia? / Retorno Zuletiano a la fuente

filosófica.............................................................................................................................. 168

4.8.      Proletariado y lucha de clases................................................................................... 169

4.9.      Anticapitalismo y democracia.................................................................................. 179

4.10.        Retorno Zuletiano a la fuente filosófica................................................................ 186

4.11.        Retorno que ratifica al marxismo.......................................................................... 197

Consideraciones finales........................................................................................................... 209

Referencias.............................................................................................................................. 212

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Índice de tablas

 

 

 

Tabla 1: Periodos del marxismo en Zuleta……………………………………………………..19

 

Tabla 2: Algunos estudios sobre la obra de Zuleta……………………………………………..21

 

Tabla 3: Punto de partida en la investigación y la exposición…………………………….........74

 

 

Tabla 4: Evolución del marxismo en Zuleta…………………………………………...............117

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Índice de figuras

 

 

 

 

Figura 1: El devenir de las fuentes integrantes del marxismo……………………………......60

 

Figura 2: La circulación del producto social…………………………………………………86 Figura 3: Derrotero de la articulación de las fuentes………………………………………..210

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Resumen

 

 

 

Toda la obra de Estanislao Zuleta está signada por el hilo rojo del marxismo, su pensamiento tiene como referente ineludible a Marx y los desarrollos que en torno a su obra se hicieron durante el siglo XX. Desdelas elaboraciones teóricas hechas por el estructuralismo yel existencialismo, hasta aquellas con una connotación claramente política como el leninismo y el maoísmo, tuvieron una interlocución permanente en la formación de Zuleta. Así se forjaron las ideas que adhería y construía dentro del espectro teórico-político del marxismo. En tal dialogo hay una apropiación y un desarrollo de las fuentes integrantes del marxismo, pensadas y concebidas en consonancia con los fenómenos socio-políticos del siglo XX, y que en la experiencia de Zuleta con esta época, dan cuenta de esa continuidad que tiene el marxismo en su pensamiento; por los problemas que abordó, la manera en que los trabajo y las propuestas de solución que ofreció, se mantiene en Zuleta —al igual que en muchas críticas— una afinidad con el pensamiento marxista.

 

 

 

 

Palabras claves: Estanislao Zuleta, Marxismo, Fuentes integrantes, Revolución, Socialismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Abstract

 

 

 

 

All the work of Estanislao Zuleta is marked by the red thread of Marxism, his thought has as an inescapable reference to Marx and the developments that around his work were made during the twentieth century. From the theoretical elaborations made by the structuralism and the existentialism, even those with a clearly political connotation such as Leninism and Maoism, had a permanent dialogue in the formation of Zuleta. This is how the ideas adhered and constructed within the theoretical-political spectrum of Marxism were forged. In such a dialogue there is an appropriation and development of the integrating sources of Marxism, thought and conceived in consonance with the socio-political phenomena of the twentieth century, and that in the experience of Zuleta with this epoch, they give an account of that continuity that the Marxism in his thought; dueto the problems headdressed, the wayin which the work and theproposed solutions heoffered, Zuleta remains —as in many critics— an affinity with Marxist thought

 

 

 

 

 

Keywords: Estanislao Zuleta, Marxism, Integrating sources, Revolution, Socialism.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me río de los hombres que se dicen “prácticos” y de toda su

 

sabiduría. Si uno quisiera ser un bruto, podría naturalmente dar la

 

espalda a los sufrimientos de la humanidad y ocuparse de su propio

 

pellejo.

 

Karl Marx

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10 

 

Introducción

 

 

 

 

 

Como una ironía de la historia estoy presentando a la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de

 

la Universidad de Antioquia, el trabajo de grado que es requisito para obtener mi título de

 

sociólogo, trabajo que versa sobre un autor que la misma facultad rechazó en el año 1970 para ser

 

profesor de su recinto, a Estanislao Zuleta. Con una decisión administrativa, en la que muchas

 

veces la falta de voluntad se encubre en excusas procedimentales, se le negaba a Zuleta la

 

posibilidad de ser docente de sociología. Pero como recordaban por aquel entonces los profesores

 

Alonso Tobón y José Fernando Ocampo, ambos miembros del Consejo Normativo del

 

Departamento de Sociales, y que basándose más en el desarrollo de la sociología en Colombia

 

reconocían el potencial de Estanislao para aportar a esta materia1; sus estudios e investigaciones

 

históricas sobre nuestro país lo aventajaban en conocimiento frente a otros académicos por

 

aquellos años2.

 

 

 

 

 

 

1 El Profesor Alonso Tobón: ¿Por qué en el Consejo Normativo tomamos esa decisión? [que Zuleta fuera profesor] Porque no tenemos a quien sepa más que nosotros. Eso es un reto, un estímulo y un aprendizaje.

¿Cómo se obtienen los conocimientos?

La universidad tiene el criterio de que solamente se obtienen en ella, pero hay otra manera de adquirir conocimientos: los aprendidos en el campo de la sociología, de la física y de las ciencias naturales. Los conocimientos del Profesor Zuleta son logrados en la práctica. Nosotros consideramos que los trabajos del Profesor Zuleta son lo suficientemente serios para enseñar en una Universidad.

 

El Profesor Ocampo: Considero que Zuleta y Mario Arrubla son las personas que han publicado trabajos más serios en el campo de la Sociología (Consejo académico. Acta número 91, 1970, p.3).

 

 

2 […] El Profesor Tobón: Nos mantenemos al corriente de lo que se hace en Sociología en el país. Conocemos a todos los Sociólogos y no creemos que se puedan parangonar con este profesor.

El Profesor José María Rojas: El Profesor Zuleta es mucho más idóneo para dictar el curso de Teoría Sociológica II (Clases sociales) que cualquiera de mis propios amigos (Consejo académico. Acta número 91, 1970, p.3).

 

 

11 

 

 

 

 

En palabras de José María Rojas, había profesores que teniendo sus magísteres y títulos

 

académicos carecían de las investigaciones con las que si contaba Zuleta —quien padecía la

 

maldición de no contar con un diploma que las certificara—, pero además de ello, tales profesores

 

no tenían la mejor relación magisterial con sus estudiantes3. Sin embargo, predomino la opinión

 

algunos miembros del Consejo académico de la facultad, quienes arguyendo exclusivamente el

 

aspecto administrativo4, tuvieron la mayoría para tomar la decisión el 26 de agosto de 1970, donde

 

finalmente se rechazó la admisión de Zuleta con una votación de siete a tres. Habría que decir que

 

esas trabas legales que algunos argüían, no fueron luego ningún impedimento para que en la

 

Facultad de Economía de la misma universidad o en Cali con la Universidad del Valle se le

 

permitiera a Zuleta ejercer como profesor.

 

 

 

 

 

Este hecho sirve para ejemplificar la paradójica relación que se tiene con Estanislao Zuleta; su

 

persona suele tener un cierto reconocimiento entre los ambientes universitarios, difícil es que no

 

se conozca o se asocie directamente su nombre con textos como Elogio de la dificultad, Sobre la

 

lectura, la conferencia La Democracia y la paz ofrecida a los ex guerrilleros del M19 —quienes

 

 

 

 

3 El Profesor José María Rojas: Hay10 profesores en el Departamento que dan cursos superiores, a ellos les consulté y estos creyeron acertado el nombramiento del Profesor Zuleta. Hizo un comentario acerca del Profesor Saturnino Sepúlveda N. con PhD y 2 rnagisters y de la Profesora Teresa Camacho, quienes tuvieron que retirarse de la Universidad porque los estudiantes consideraban pésimas sus cátedras. Acta número 91. 26 de agosto de 1970, (parece ser el mismo día, pero a las 5:30pm) (Consejo académico. Acta número 91, 1970, p.2).

 

4 Entre otros comentarios se expresó al respecto, El Decano Asociado [Isaías Aguirre]: Leído el currículo del Profesor Zuleta encuentro que no tiene título Universitario y no creo que sea el candidato óptimo para el Departamento. En cambio opino que sí se puede traer personal idóneo y pagarle más de lo que actualmente se paga (Consejo académico. Acta número 91, 1970, p.1).

 

 

12 

 

por entonces estaban prestos a un proceso de desmovilización—, como otros textos más. Sin

 

embargo, existen más aspectos que en relación al autor colombiano, no suelen percibirse en

 

algunos de los que divulgan o hacen clara su empatía por Zuleta. Por poner un caso, un autor

 

actual con cierta prestancia entre los escritores colombianos como lo es William Ospina, despliega

 

una retórica muy elocuente sobre las virtudes magisteriales de Estanislao Zuleta, pero en cuanto

 

corresponde exponer los aspectos políticos, revolucionarios y sus posiciones de izquierda que eran

 

nutridas por una teorización marxista, el silencio de Ospina abunda al respecto, un silencio

 

extensivo también a otros autores y organizaciones sociales que en Colombia dicen sostener el

 

legado de Estanislao Zuleta. Lo más común suele ser un reconocimiento formal y superficial, pero

 

no un desarrollo de las ideas marxistas que existen en la obra de Zuleta las cuales implican un

 

dialogo con el marxismo mismo.

 

 

 

 

 

Lo que, por decir lo menos, causa una enorme extrañeza porque tanto en su obra edita como la

 

inédita, la literatura marxista está claramente presente en las reflexiones de Zuleta, es desde donde

 

piensa una gama de problemas sociales: la injusticia, la explotación económica, la transformación

 

de la sociedad, la democracia etc., mantiene con la obra de Marx una interlocución constante, lo

 

mismo que con los marxismos y las experiencias socialistas del siglo XX que le sirvieron a Zuleta

 

como escenarios de análisis para interpelar las formas de llevar a cabo la revolución y construir

 

verdaderas experiencias de justicia social.

 

 

 

 

 

Desde los años sesenta del siglo XX hasta febrero de 1990 —año en que fallece Zuleta—, tal y

 

como trataré de demostrar en el trabajo que aquí presento y como lo denota todo el contenido de

 

 

 

13 

 

su obra, no hubo momento en que él dimitiera del marxismo para desarrollarse como intelectual y

 

formarse políticamente, ahora bien, ¿por qué entonces, ese evidente silencio contemporáneo ante

 

a una de las teorías más presentes en la obra de Estanislao Zuleta, y frente a la cual versaron

 

muchos de los temas que saltan a la vista en sus reflexiones? No se puede negar que esos silencios

 

obedecen en parte, a la misma crisis de la izquierda, los errores que históricamente se han cometido

 

no sólo han tenido su repercusión política desplazándola del poder, sino que también la ha hecho

 

a un lado del escenario intelectual desprestigiándose la vitalidad que el marxismo tiene y que en

 

algún momento le fue reconocida, ha perdido cierto peso en algunas discusiones sociales de las

 

que tiene mucho por decir, quedando el camino más abierto para cierta senilidad teórica que

 

gustosamente hace carrera en las academias, como tranquilamente lo viene haciendo el

 

posmodernismo sin que de parte de los sesudos académicos se le presente una sólida oposición.

 

 

 

 

 

No obstante, la crisis de la izquierda no justifica la miopía que algunos tienen en la lectura que

 

hacen de Zuleta, porque dicho sea de paso, él nunca actuó con tal simpleza en su propia revisión

 

crítica del marxismo, para nada fue complaciente, por el contrario fue polemista y de mucha altura

 

intelectual. Por eso sus momentos de crisis, de ruptura, de distanciamiento político con las

 

organizaciones de izquierda, coinciden en Zuleta con momentos de elevada cualificación teórica.

 

En detalle, el cuarto capítulo de este trabajo se detiene en algunos de esos momentos críticos,

 

donde resalta la respuesta que Zuleta tenia para no dejar en vacío y en cómodos silencios los

 

distanciamientos que tenía frente al marxismo, tratando de sustentar las modificaciones que iba

 

teniendo como marxista.

 

 

 

 

 

 

14 

 

La verdad es que, más que miopía lo que hay en la lectura de algunos estudiosos de Zuleta es una

 

omisión voluntaria de lo que era esencial para el pensador colombiano, denotando así un pésimo

 

entendimiento delo quefueunadelas enseñanzas más significativas de Zuleta, la lecturarumiante.

 

Una lectura cuya singularidad es la de adoptar una posición en el espíritu que transitando luego

 

por otras dos transformaciones en el pensamiento5, asume el esfuerzo y la dedicación necesarios

 

para captar con atención los códigos internos que un texto presenta; la posición del camello que,

 

como la mutación hacia el león que critica y el niño que en sus ocurrencias descubre nuevas ideas

 

y planteamientos inéditos, posibilitan una experiencia del pensamiento donde en la lectura hecha,

 

participa un sujeto activo que es protagónico en la construcción de los sentidos de la obra que tiene

 

ante sus ojos.

 

 

 

 

 

Ahora, el pensamiento funciona con las tres categorías: capacidad de admiración:

 

idealización, trabajo o labor; la capacidad de oposición: critica, rebelión, y otra: la

 

capacidad de creación: sin oponernos a nada, de juego, de inocencia, de rueda que gira. El

 

espíritu es las tres cosas; sólo si esas tres cosas se combinan funciona el pensamiento

 

filosófico; cuando cualquiera de las tres se enuncia sola es una determinada frustración,

 

una filosofía sombría, un dogmatismo o una idealización de cualquier tipo, o una filosofía

 

rebelde que no es más que rebelión, o es también una filosofía que no tiene ni apoyo en

 

aquello a lo que busca integrarse, ni en aquello contra lo que lucha sino que se predica sólo

 

como juego y que como juego sólo es anarquismo vacío (Zuleta, l985, p.83).

 

 

 

 

 

 

5 Son las tres transformaciones del espíritu que en Así hablaba Zaratustra expone Nietzche como una de sus teorías del pensamiento y la retoma Zuleta en su ensayo, Sobre la Lectura.

 

15 

 

 

 

 

Pero ya que he se aludido a las tres transformaciones del espíritu, se me permite hacer una analogía

 

con la matriz analítica desde la cual se centra la indagación que sobre Zuleta hago en este trabajo,

 

las fuentes integrantes del marxismo. Casualmente son también tres, y son las que configuran la

 

anatomía de la teoría marxista; la filosofía clásica alemana, el socialismo francés y la economía

 

política inglesa. Se da una fortuita coincidencia entre la forma de pensar en Zuleta desde lo que

 

nos comenta con las tres transformaciones del espíritu, su fuerza radica en la combinación de

 

ambas posiciones del espíritu y su debilidad en la separación o en la unilateralidad, mirada que

 

coincide con la exigencia de articulación que hay con las fuentes integrantes del marxismo.

 

Podríamos emular a Zuleta y decir que el pensamiento marxista sólo funciona si se combinan las

 

fuentes integrantes, cada una de ellas es un contrapeso para las otras fuentes, las limita o posibilita

 

en sus alcances. Una filosofía exclusiva, ella en sí misma, con pretensiones de autosuficiencia cae

 

en idealismo. Una economía política sin mediación con la reflexión filosófica deviene en

 

cientificismo positivista. Y la socio-política, sin reflexión filosófica y sin mediación teórica de la

 

economía política, cae, por tales vacíos, en los pragmatismos políticos que desdibujan la

 

orientación revolucionaria y emancipadora que define a la praxis marxista.

 

 

 

 

 

Precisamente en el primer capítulo se le ofrecerá al lector que no haya estado familiarizado con la

 

denominación de las fuentes integrantes del marxismo, un contexto para que se hagan a una idea

 

de donde provienen dichas fuentes y, especialmente, ejemplificar con la trayectoria intelectual de

 

Marx la manera en esas áreas de conocimiento se iban enhebrando en su vida y obra, como a la

 

par de ciertos acontecimientos de su vida y de la época sus conceptos iban cobrando forma. Ver

 

que precisamente hay elaboración de las fuentes, ruptura con algunas de ellas y una articulación

 

16 

 

que respondía a la explicación del fenómeno socio-político o económico-productivo que trataba.

 

Al contar con tal panorama, el lector tendrá unas referencias para entender la pregunta

 

problematizadora —segunda parte— desde la que indago por la apropiación del marxismo en

 

Zuleta, como luego en la tercera y cuarta parte cuando comience propiamente con el análisis de la

 

obra de Zuleta, cuando haga referencia a alguna de las fuentes y trate de dilucidar a partir de éstas

 

los aportes de Zuleta desde el marxismo que iba apropiando.

 

 

 

 

 

Este trabajo trata entonces de ser una modesta pero clara respuesta a esa paradójica relación que

 

se tiene con Zuleta en nuestra cultura, particularmente en la universidad colombiana, donde es

 

reconocido formalmente, querido en las juventudes que comienzan sus carreras pero luego

 

olvidado en los estudios académicos especialmente en las humanidades, desaprovechando así a

 

uno de los pensadores cuyos aportes en materia sociológica, epistemológica y filosófica, -por

 

nombrar aquellos temas que este estudio pueden sustentar- son notables, pero bien pueden

 

reconocerse otras áreas en la que Zuleta tiene importantes desarrollos, como en la psicología pero

 

desde una clara orientación psicoanalítica, en la lingüística, en el arte; especialmente en la

 

interpretación de textos literarios, como se ven son caminos de conocimiento que hablan de una

 

visión compleja del mundo y que integraba diversos frentes. Aquí presento pues, uno de esos

 

frentes que desde el marxismo trata de profundizar en la recepción y en la continuidad que hizo

 

Zuleta del mismo. Como se podrá apreciar, hay un tratamiento que se pone a la altura de lo más

 

neurálgico del marxismo, hacer justicia entonces a lo que contribuyó Zuleta como pensador

 

marxista que fue, prestando cuidadosa atención a algunos puntos de su obra, alzando la voz, hasta

 

donde pueda ser escuchada, para expresar algo de eso que ha terminado por caer en el olvido por

 

cómodos y cómplices silencios.

 

 

17 

 

Apuntes metodológicos

 

 

 

 

 

Esta es una investigación de carácter documental que aunque versa sobre la historia intelectual de

 

Estanislao Zuleta, no se atiene a un mero recuento histórico de este pensador, sino que elabora una

 

problematización teórica que va más allá de la descripción de ideas que Zuleta iba adhiriendo en

 

relación al marxismo, y se las inscribe en un campo teórico más amplio, donde la discusión

 

conceptual y la precisión histórica permiten enhebrar aspectos propios de una investigación

 

sociológica y acercarse a un ensayo de biografía intelectual.

 

 

 

 

 

Tomando como fuente principal la obra de Estanislao Zuleta, desde los sesenta hasta fines de los

 

ochenta, se procede a la construcción de hipótesis y planteamientos alrededor de los temas que

 

versaban sobre el marxismo en Zuleta. En sintonía con esto, se procedió a buscar bibliografía

 

secundaria para contrarrestar esas ideas de Zuleta, para tal propósito se accedió a literatura

 

histórica de los años sesenta como a pensadores que trataban temas alrededor de los análisis que

 

sostenía Zuleta sobre la lucha de clases y las revoluciones socialistas del siglo XX, además de

 

retornar a algunos textos del propio Marx. Esto me permitió retratar la época en la que vivió Zuleta

 

tanto en el contexto colombiano como en el mundial y así tener una mayor comprensión de los

 

temas, las discusiones y las aseveraciones políticas que el autor colombiano hacia sobre el

 

marxismo.

 

 

 

 

 

Como este trabajo además de preguntarse por la apropiación indaga por la continuidad del

 

marxismo en Zuleta, fue preciso identificar las áreas espacio temporales y teóricas en las que se

 

18 

 

desplego la formación de Zuleta y correspondientemente periodizar los momentos de esa

 

apropiación y las posibles modificaciones que Estanislao iba experimentando, tal periodización se

 

hace por décadas en aras de precisar la discusión y contribuir así a una línea del tiempo que

 

reconozca el camino transitado por Zuleta en lo referente al marxismo.

 

 

 

 

 

Tabla 1

 

Periodos del marxismo en Zuleta

 

Áreas espacio temporales      Periodización

 

 

 

 

     El marxismo en Marx

 

     El marxismo en Colombia

 

     El marxismo en el mundo

 

    1960 / 1970     1970 / 1980

     1980 / 1990

 

 

 

 

Fuente: Elaboración propia.

 

 

Cada década como veremos en el desarrollo de este trabajo, dan cuenta de unos temas particulares

 

que se expresaban en la obra de Zuleta referente al marxismo, desde unos textos específicos y con

 

unas posiciones particulares que se adoptaban frente a unas ideas de la obra de Marx.

 

 

 

 

 

Hay que decir que en el movimiento entre décadas y temas en cuestión hay un hilo conductor que

 

esta soportado desde una pregunta que es rectora y orienta todo el trabajo, la cual reza: ¿Cómo

 

apropia y articula Estanislao Zuleta las fuentes integrantes que componen al marxismo: la

 

economía política, la filosofía clásica alemana y la socio-política? Esta pregunta la justifico,

 

puesto que me permite moverme en dos frentes simultáneamente; por una parte con la

 

 

 

19 

 

configuración del marxismo y de otro con la apropiación que iba haciendo Zuleta sobre eso que

 

constituía al marxismo. La pregunta sobre la manera en que se iban articulando las fuentes

 

integrantes del marxismo en la obrade Zuleta, sirveparahacer unabisagraquedialogue con ambos

 

escenarios de análisis sin que uno termine por subsumir al otro, para no desdibujar los aportes

 

singulares de Zuleta en el amplio y complejo espectro del marxismo, pero tampoco para dejar éste

 

último a merced de lo que pensaba Zuleta pues podría ser que él estuviera incurso en algunos

 

errores sobre sus interpretaciones del marxismo, desde la inquietud que propongo se espera darle

 

lugar a ambos aspectos, al marxismo en sí mismo como a la apropiación de Zuleta, sin que haya

 

predominancia de uno en detrimento del otro, de tal manera que no se pierda la perspectiva de

 

totalidad.

 

 

 

 

 

 

Algunos estudios sobre el marxismo en Zuleta

 

 

 

 

 

En la búsqueda bibliográfica de estudios y trabajos de grado que versaran sobre Zuleta, es notoria

 

la diferencia entre aquellos trabajos que versan sobre pedagogía y temas afines, frente a aquellos

 

que tomaban como referencia los desarrollos marxistas de Zuleta. De hecho no se encontró ningún

 

trabajo de grado, fuesedepregrado o maestría que versarásobreel marxismo en Zuleta, sólo fueron

 

hallados algunos artículos, tres en total, que tomaban algunos planteamientos marxistas de Zuleta

 

y les daban un desarrollo. De resto, los estudios más extensos y sistemáticos que se han realizado

 

tratan sobre asuntos pedagógicos, magisteriales y estéticos.

 

 

 

 

 

 

 

20 

 

Tabla 2

 

Algunos estudios sobre la obra de Zuleta

 

Trabajos de grado o tesis recientes sobre   Algunos trabajos sobre el marxismo en

 

Estanislao Zuleta Estanislao Zuleta

 

 

 

Aproximación a los Conceptos Políticos y El Filosofar De Estanislao Zuleta y el

 

Educativos de Estanislao Zuleta y su lectura       Marxismo. Pablo Guadarrama. Año: 2017.

 

en contexto colombiano. Monografía de

 

Luis Fernando Abello. Año: 2018.   Entre Marx y Zuleta: Pausa, Crisis y

 

Revolución. Boris Salazar. Año: 2010.

 

Aportes de Estanislao Zuleta a la educación

 

colombiana: ideario para una contraescuela.       Estanislao   Zuleta         o       la       voluntad     de Trabajo de grado presentado para optar al título       comprender. Alberto Valencia. Año: 2005.

 

de Magíster en docencia. Sandra     Yamile

 

Lozano, Diana Carolina Castellanos, Wilson Jair

 

Hernández García. Año: 2017

 

 

 

La Educación sin disciplina a partir de

 

Estanislao Zuleta. Monografía de Carlos

 

Javier Martínez Díaz. Año: 2007.

 

 

 

Fuente: Elaboración propia.

 

 

 

 

En lo referente a los trabajos que abordan el marxismo en Zuleta que son los que me interesan,

 

encuentro en Guadarrama (2017), su escrito El Filosofar De Estanislao Zuleta y el Marxismo, que

 

21 

 

hace un recuento sobre algunos punto claves del marxismo en Zuleta, en los que van desde la

 

fuerza epistemológica que se refrenda con algunos aportes del autor colombiano, lo que lleva a

 

que Guadarrama afirme que Zuleta apropio el núcleo duro de la teoría marxista (p.320) que tiene

 

que ver con el dominio de conceptos y planteamientos de la economía política. Lo cual refrenda

 

una continuidad de Zuleta con Marx en lo relativo al materialismo, pero precisa también

 

Guadarrama que Zuleta hizo contundentes replicas a Marx. Cuestionando que en ocasiones tuvo

 

un coqueteo evolucionista con dicho materialismo que llevaba a inducirlo en miradas teleológicas.

 

 

 

 

 

Zuleta le atribuía al materialismo histórico una dimensión y posibilidades favorecedoras de

 

una comprensión científica de la sociedad cualitativamente superior a todas las formas

 

anteriores de materialismo, ante todo porque se sustentaba en el análisis del papel de la

 

división social del trabajo (Zuleta, 1972, p.51) Sin embargo, le atribuye a Marx una

 

limitada interpretación teleológica de la historia al analizar [algunas de sus tesis sobre

 

estudios de las formas sociales pretéritas al capitalismo] (Guadarrama, 2017, p.326).

 

 

 

 

 

La anterior mirada es bastante fiel a lo que era la postura intelectual de Zuleta y a su forma de

 

posicionarse frente al marxismo y ante cualquier teoría o pensador, una postura que penetra en las

 

ideas pero que no titubea a la hora de señalar inconsistencias6. Y entre estas cercanías y

 

distanciamientos que reconoce Guadarrama entre Marx yZuleta hayun aspecto que llama bastante

 

la atención, y que en aras de lo que me propongo investigar en Zuleta es relevante. Algo que es

 

 

 

6 Su postura ante el marxismo como concepción del mundo, como método, pero también su componente ideológico, lo aproximan a aquellos heterodoxos que se apropiaron a esta teoría no para construirle un altar, sino para utilizarla en todo lo valioso posible, pero a la vez para desarrollarla en circunstancias nuevas que el pensador de Tréveris jamás imaginó (Guadarrama, 2017, p.338).

 

22 

 

hallazgo de este recorrido por autores que han trabajado la obra de Zuleta, que como Alberto

 

Valencia o Damián Pachón no otorgan la debida autonomía relativa al marxismo y se lo deja a

 

merced de la interpretación que hizo Zuleta. El problema de estos autores es similar en cuanto

 

toman el marxismo en Zuleta bajo la exclusiva interpretación que éste hace de aquel saber, sin dar

 

voz al marxismo mismo y sin recrear los contextos históricos en que surgieron muchos de sus

 

planteamientos. En plata blanca, dan cuenta de su ausencia de formación marxista, lo cual los

 

limita en muchos aspectos. Por ejemplo Damián Pachón se queda en el plano descriptivo al

 

comentar que:

 

 

 

 

 

Zuleta criticó en muchos aspectos al marxismo, por ejemplo, consideró que Marx idealizó

 

el proletariado, despreció la pequeño-burguesía, dio demasiada importancia a la economía

 

sobre la ideología (aunque sostuvo que en Marx no hubo economicismo); Zuleta no

 

compartía el concepto de alienación como lo concibió Marx, así como el asunto de la toma

 

del poder, la negación del conflicto y la propuesta de abolición del Estado. Además

 

consideró que si bien Marx tuvo razón en criticar la formalidad de los derechos, su

 

concepción de los derechos humanos no fue del todo correcta, pues aún en el comunismo

 

estos serían necesarios (Guadarrama, 2017, p.312).

 

 

 

 

 

También Alberto Valencia sostiene una idea similar7, pero frente a la ausencia de discusión entre

 

elementos propios de la teoría marxista y la interpretación que de estos hace Zuleta, resalta la

 

figura de Pablo Guadarrama, quien, contando él sí, con una formación marxista que se evidencia

 

 

7 Zuleta fue toda su vida un hombre de izquierda, y la tradición de la democracia política, como bien sabemos, no hace parte necesariamente de la tradición de la izquierda (Valencia, 2005, p.23).

 

23 

 

en los comentarios y contrastes analíticos que propone, tiene elementos de peso para establecer un

 

diálogo más fecundo entre Zuleta y el marxismo y no quedarse en una mera descripción de esta

 

relación como hacen otros autores. De tal manera que la postura de Guadarrama le permite

 

comprender yentender el marxismo en Zuleta ya en el espectro teórico del propio marxismo,donde

 

las interpretaciones de Zuleta no son tomadas a priori como válidas sino que entran en polémica

 

con otras, donde Marx y Engels tienen voz a partir de los ejemplos y las construcciones que

 

Guadarrama trae a colación, ateniéndose a los conceptos y a los contextos socio-históricos en que

 

surgieron junto con las discusiones que desataron. Lo que trae como resultados otras

 

consideraciones, otras conclusiones y el marxismo no queda sesgado.

 

 

 

 

 

A raíz de todo esto, por ejemplo, a diferencia de otros intérpretes de Zuleta, Guadarrama es de

 

esos pocos que ha puesto en cuestión las aseveraciones de Zuleta de que “la democracia no hace

 

parte de la tradición del marxismo”, o “que el pensamiento de Marx, no es propiamente un

 

pensamiento democrático”, precisamente un autor que se ha movido entre los textos de Marx, no

 

puede aceptar esto debuenas aprimeras ycon ejemplos yexpresiones directas deMarx ydeEngels

 

rebate a Zuleta y lo desmiente con fundamento.

 

 

 

 

 

En verdad, Marx y Engels no consideraron ni a la democracia ni a los derechos humanos

 

como algo absolutamente rechazable entre las conquistas de la modernidad, por lo que, en

 

verdad, se plantearon la necesidad de una relación más equitativa, de ahí que expresasen

 

que: “el primer paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado al Poder, la

 

conquista de la democracia” (Manifiesto del Partido Comunista). Lo que nos podría

 

 

 

24 

 

conducir a cuestionarnos la plena validez de las ideas de Zuleta al respecto […] Otra

 

cuestión son las experiencias de la democracia y los derechos humanos en el

 

autodenominado “socialismo real”; pero las pretensiones de ambos pensadores eran

 

profundamente democráticas, pues aspiraban a ofrecerle mejoras formas de participación a

 

los sectores populares y en especial a los sectores populares en el ejercicio del poder

 

político y económico (Guadarrama, 2017, p.333).

 

 

 

 

 

Sin pretender saldar aquí tan candente discusión, pues las afirmaciones de Guadarrama también

 

son objetables, lo que si queda claro es que en el tratamiento del marxismo en Zuleta, se exige el

 

dialogo mismo con el marxismo para tener una interpretación más objetiva sobre lo que planteaba

 

Zuleta, de tal manera que la pregunta que ha sido formulada en este trabajo sobre la articulación

 

de las fuentes integrantes del marxismo se justifica aún más para este abordaje que propongo. Así

 

se podrá concebir en este estudio que en algunos casos la posición o la interpretación de Zuleta

 

ante la obrade Marx es la insuficiente o la errada por completo. Pero este tipo de contrastes críticos

 

sólo pueden ser emprendidos con un conocimiento fehaciente del marxismo y con el manejo de

 

sus conceptos en propiedad, por tanto esta investigación se compromete a pasar página por las

 

fuentes integrantes del marxismo para dejar constancia del dialogo entre escenarios. Otro tipo de

 

visiones no podrán pasar de la mera descripción, una que por cierto siempre estará falta de

 

objetividad, sesgada y errada.

 

 

 

 

 

En Salazar (2010) su artículo Entre Marx y Zuleta: Pausa, Crisis y Revolución, nos presenta una

 

interpretación muy original sobre el concepto de pausa en Zuleta que, en cruce con Marx, y con

 

 

 

25 

 

otros autores contemporáneos como Slavoj Žižek y Kojin Karatini encuentra resonancias y puntos

 

de encuentro entre los estudios de estos autores8.

 

 

 

 

 

El problema es el papel de la pausa en el pensamiento de Zuleta y en los desarrollos

 

contemporáneos del pensamiento marxista. Los textos son de Zuleta y de Kojin Karatani y

 

Slavoj Žižek –dos autores que, sospecho, Zuleta nunca alcanzó a leer (Salazar, 2010, p.46).

 

 

 

 

Un cruce que permite ver el alcance de los análisis de Zuleta en el marxismo, en este caso el autor

 

se propone, desde el concepto de pausa, desarrollar algunos puntos del estudio de Zuleta sobre el

 

primer capítulo del Capital de Marx. Hace notar Salazar que hay un aspecto de Zuleta en sus

 

análisis sobre El Capital que percibió en lo correspondiente a la reproducción del capitalismo, un

 

punto de intersección entre la producción y la circulación de mercancías donde se sitúa una pausa,

 

un momento en el que pueden presentarse situaciones inéditas que no pueden codificarse, no

 

pueden encasillarse en unos paradigmas estáticos e inmóviles. Mirada que luego entroniza con la

 

manera que se piensa las posibilidades de crisis en el capitalismo y de revolución social.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8 Vale la pena reseñar la mirada que este autor hace de su lectura a destiempo de Zuleta Un lector que lee, con atención y con sorpresa, lo que Zuleta escribió y lo que otros, con esfuerzo y generosidad, han transcrito y reescrito a partir de sus charlas públicas. Un lector antiguo y tardío, al mismo tiempo. Que lo leyó en versiones mimeografiadas de textos casi clandestinos que iluminaban las relaciones entre las formas del valor, la revolución y la organización revolucionaria. O en la primera edición de Thomas Mann, la montaña mágica y la llanura prosaica. Y que lo lee ahora, en el presente elusivo de la lectura, en nuevas viejas versiones ahora fotocopiadas, y en nuevas ediciones de su creciente trabajo de pensador en público. Un lector, en fin, que lee a destiempo, y que en ese destiempo encontró que el concepto de pausa de Zuleta permitía pensar, desde una perspectiva distinta, los problemas pasados de moda de la revolución, la crisis y la reproducción del capitalismo (Salazar, 2010, p.46).

 

26 

 

Me refiero al concepto de pausa y a sus implicaciones para las teorías del capitalismo, la

 

revolución, y la lectura. No se trata de un concepto suelto, ni de un extraño destello en un

 

cielo por demás despejado. Es un concepto que abre varias puertas y conecta varias

 

dimensiones. Parte de la lectura de la forma valor, atraviesa la interpretación de la lógica

 

del capital y termina en la teoría de la posibilidad de la revolución. [Zuleta] Piensa a Marx

 

desde Marx, pero difiere del Marx convencional al mostrar que el tiempo de la revolución

 

política no es idéntico al de la destrucción del capitalismo, y que la lucha por infringir la

 

lógica del capital no cesa en ningún momento, porque el único límite para la reproducción

 

del capital es el capital mismo (Salazar, 2010, p.47).

 

 

 

Aclaración importante, pero, creo que habría que demostrar si eso no estaba prevenido en Marx de

 

cierta manera, yo por ejemplo ya pienso en un texto concretamente; el Prólogo de la Contribución

 

a la Crítica de la Economía Política, donde Marx diferencia los tiempos de la revolución.

 

 

 

Cuando se estudian esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre los cambios

 

materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción yque pueden apreciarse

 

con la exactitud propia de las ciencias naturales, ylas formas jurídicas, políticas, religiosas,

 

artísticas o filosóficas, en una palabra las formas ideológicas en que los hombres adquieren

 

conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo (Marx, 1973, p.518).

 

 

 

Sin embargo en lo que concierne a Zuleta, me parece muyplausible la mirada que propone Salazar,

 

porque en efecto, en Zuleta pueden identificarse esos cuidados de detalle al no hacer equivalentes

 

la toma del poder y la construcción del socialismo, punto que lo hacía diferir de otras

 

 

 

27 

 

interpretaciones marxistas que a su juicio caían en muchos mecanicismos al llevar sus análisis

 

marxistas a unos economicismos que consideraban la muerte del capitalismo como algo

 

garantizado por la ocupación del poder estatal por parte de la clase obrera. Pero además de la

 

estreches de miras que dicha posición tenía en términos teóricos, fue una posición que fue llevada

 

a la práctica y no tuvo ningún tipo de autocuestionamiento en la experiencia de los socialismos

 

reales como en la Unión Soviética. Donde no se dio en ningún caso la destrucción del capitalismo

 

ni se subvirtió la lógica de su reproducción. Más allá de las razones y las explicaciones históricas

 

que permitan entender porque no se dieron tales transformaciones, la realidad fue esa y ratifica el

 

punto que acertadamente diferenciaba Zuleta entre toma del poder y construcción del socialismo,

 

y que sintetiza de manera muy acertada el autor Boris Salazar con el concepto de pausa. Por eso

 

como sugestivamente afirma éste autor, el concepto de pausa en Zuleta “Es un descubrimiento

 

con consecuencias para la filosofía de la revolución y para el estudio del capital” (Salazar, 2010,

 

p.47). Por lo que Zuleta no es un mero repetidor de Marx, sino que tiene desarrollos y aportes

 

propios. Recuerda Salazar la definición que tiene Zuleta sobre el concepto de Pausa:

 

 

 

La mercancía es una interrupción particular de ese proceso, un momento en el que el

 

resultado de la producción se presenta como destinado al cambio, se compara con otros

 

objetos o se distribuye en términos de propiedad, es una pausa. Lo que interesa es que el

 

producto esté destinado a pasar por esa pausa antes de caer en el consumo donde

 

probablemente ya no es mercancía. (Zuleta, 36) (48)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

28 

 

Es decir un momento de interrupción dentro de la reproducción del capitalismo, pero esa pausa es

 

crucial, porque es donde se juega el desarrollo de todo el sistema y, por tanto, la existencia del

 

capitalismo. Como interesantemente lo analiza Salazar (2010),

 

 

 

Lapausa es, entonces, el momento detodo lo posible. Pero no es un momento único. Ocurre

 

en cualquier punto del sistema capitalista yen todos sus puntos al tiempo. Puede o no puede

 

producir reacciones en cadena. Puede generar flujos de cooperación que conducen a

 

periodos de extrema riqueza o a una crisis global del sistema y a su posterior reconversión

 

(p.49)

 

 

 

Interesante, más allá de que el capitalismo es un sistema que ha garantizado su existencia por un

 

buen tiempo, no deja de ser un sistema abierto a las contingencias ya cierto azar para su desarrollo.

 

De hecho, la esencia del capitalismo tiene que ver con eso, con la incertidumbre del mercado que

 

no lo gobierna ningún capitalista en particular. Por ello es que el capitalismo ha entrado en crisis

 

cíclicas y no puede controlar el peligro de caer en las mismas. Es por ello, que en el audaz análisis

 

que hace Zuleta sobre la pausa comenta que es:

 

 

 

 

 

Ese momento [que] es una cantidad de momentos. El carácter de mercancía se debe pensar

 

como pausa y no como cosa. Momentos que son muchos y, sin embargo, cualquiera de

 

ellos decide la historia futura y pasada: retrospectivamente, si se realiza como mercancía

 

en un cambio, si el trabajo era productivo y si se va a producir algo. En la pausa de la

 

mercancía se relaciona con otra, el oro, y a través del oro con muchas otras, como sus

 

equivalentes, se piensan sus relaciones (Salazar, 2010, p.49).

 

 

29 

 

 

 

 

Para finalizar con los trabajos versados sobre el marxismo en Zuleta, debe considerarse el libro de

 

Alberto Valencia (2005) Estanislao Zuleta o la voluntad de comprender. Si bien este libro no se

 

propone un estudio meticuloso y sistemático que desarrolle los puntos álgidos de las ideas

 

marxistas que desarrolla Zuleta, su texto tiene un interesante ensayo llamado Un Intelectual del

 

siglo XX, en cual Valencia reconoce que Zuleta fue un anticapitalista radical y que su trasfondo

 

sociológico tiene que ver con su crítica al capitalismo, además que la peculiaridad del marxismo

 

que Zuleta apropio tuvo que ver con el hecho de que lo llevo a proponer una cultura alternativa a

 

la civilización capitalista. “La crítica más importante se dirige al efecto que el capitalismo tiene

 

sobre el desarrollo de las posibilidades humanas” (Valencia, 2005, pp.22-23).

 

 

 

 

 

Como bien anota Valencia, en Zuleta se acentúa la crítica sobre los efectos que la civilización

 

capitalista ejerce sobre la vida cotidiana. Al estudio del proceso económico en el capitalismo se le

 

articula una dimensión socio-cultural que pone presente los efectos que dicho sistema tiene sobre

 

los aspectos más diversos de la vida. Sin embargo, en Zuleta no sólo hubo esta crítica cultural, sino

 

también estructural a las sociedades capitalistas. Pero para poder apreciar la magnitud de esos

 

análisis en Zuleta se necesita de una formación en aspectos del marxismo en las que Valencia no

 

da cuenta en sus afirmaciones, por ejemplo, al decir que:

 

 

 

 

 

El pensamiento de Marx, del cual se reclamaba Zuleta, no es por lo demás un pensamiento

 

democrático; por el contrario, en él se sustenta la necesidad de una dictadura del

 

 

 

 

30 

 

proletariado para imponer, por la fuerza del uso del poder, los criterios de una nueva

 

sociedad (Valencia, 2005, p.23).

 

 

 

 

 

¿Y qué es dictadura del proletariado?, ¿qué es la clase social?, ¿cuál es la matriz de poder que

 

configura el dominio de la clase dominante?, ¿se sabe, sí acaso es posible hacer cambios

 

estructurales en el modo de producción sin que la clase dominante reaccione violentamente? Me

 

parece que se hace un juicio abstracto sobre Marx donde no se concibe el problema sustancial de

 

la lucha de clases, el antagonismo constituyente de las sociedades modernas. Es una crítica fallida

 

al marxismo pues se hace a expensas de su constitución teórica. Como sucede cuando Valencia

 

habla de la URSS, rechazando su experiencia por fuera de su historia concreta.

 

 

 

 

 

Lo que hace discutible algunas aseveraciones de Valencia sobre la apropiación del marxismo en

 

Zuleta, pues al no poner presente elementos propios de la teoría marxista se limita en muchos

 

aspectos para exponer con propiedad las posiciones del pensador colombiano. Hay mucha

 

reflexión desde Marx, y herederos de su legado abordan cuestiones neurálgicas. De Zuleta no cabe

 

duda de la apropiación que logra sobre Marx, pero cualquier interpretación de su obra en tanto

 

quiera moverse con objetividad está obligada a una asimilación de aquellos saberes con los que

 

trabajaba Zuleta.

 

 

 

 

 

De la misma manera que anotaba con Guadarrama por sus aportes para orientar un abordaje de

 

Zuleta que le diera lugaral marxismo en sus propias elaboraciones, reafirmo ese camino de indagar

 

por la vía de las fuentes integrantes. Y aunque discrepo específicamente de estas consideraciones

 

31 

 

de Valencia sobre el marxismo, me parece que son muy acertadas otras miradas que propone sobre

 

la posición de Zuleta frente al conocimiento, en la filosofía y el arte:

 

 

 

 

 

La presencia simultánea en tan diversos campos es un indicativo de que su pensamiento

 

está atravesado por “un ideal de inteligibilidad de todas las formas y expresiones del

 

comportamiento humano, sin discriminación alguna”. Nada puede escapar a las exigencias

 

de este ideal o ser declarado “irracional” o carente de sentido (Valencia, 2005, p.24).

 

 

 

 

 

Un fragmento que por demás refrenda la importancia de las fuentes integrantes del marxismo, pues

 

ellas son puntos necesarios para conocer y explicar la realidad humana y social, de esto se

 

desprende indefectiblemente la importancia del psicoanálisis. Sin él y sus aportes lo humano y su

 

tratamiento queda fragmentado e incompleto. En esta vía se hace pertinente la aguda pregunta que

 

Valencia se plantea:

 

 

 

 

 

No obstante, la heterogeneidad de las orientaciones intelectuales de Zuleta plantea al

 

investigador de las características de su pensamiento una pregunta fundamental: ¿la

 

presencia simultánea en tan diversas disciplinas tiene una justificación por sí misma, o

 

detrás de sus múltiples intereses existe un campo fundamental de trabajo, una pregunta

 

fundadora que da unidad a todo el conjunto? (Valencia, 2005, p.25).

 

 

 

 

 

 

 

 

32 

 

Con esto que nos comenta Valencia se hace necesario insistir que el marxismo en Zuleta es uno

 

entre otros saberes, no el único, y mucho menos el que subsumía a los demás. Ahora bien, el

 

marxismo sí es un saber que es en sí mismo articulador, él surgió como un pensamiento que

 

englobabaotras áreas del conocimiento: la filosofía, la ciencia yla política. Deahí queel marxismo

 

le ofreciera a Zuleta unas ventajas analíticas para generar articulaciones con otros saberes,

 

problemáticas y situaciones humanas. Y en esos diálogos de saberes, según lo que conocía Zuleta

 

con otros pensadores o teorías llegó a cuestionar y a corregir al marxismo en diferentes aspectos,

 

es por eso que, aunque en Zuleta el marxismo articulaba no apabulla a otros conocimientos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

33 

 

Primera parte

 

 

 

 

 

 

1. El devenir de las fuentes integrantes del marxismo

 

 

 

Vladimir Lenin el principal dirigente de la Revolución rusa, escribía para 1913 con su particular

 

tono divulgativo un breve folleto donde resumía los elementos estructurantes que cimientan al

 

marxismo. En el escrito Las tres fuentes y las tres partes integrantes del marxismo, Lenin recuerda

 

sintéticamente la trayectoria intelectual que tanto Marx como Engels vivieron conjuntamente a

 

partir de los años cuarenta del siglo XIX en Europa: sus referentes teóricos, las discusiones y las

 

polémicas desatadas, como algunas correcciones y descubrimientos científicos que fueron

 

construyendo el edificio teórico del marxismo.

 

 

 

El marxismo brota de las entrañas de la filosofía clásica alemana, la economía política inglesa y el

 

socialismo francés, tres corrientes intelectuales a su vez situadas en tres contextos particulares,

 

donde el pensador alemán hubo de residir en algún momento de su vida. Pero al nombrar estas

 

fuentes, habría de insistirse en el modo en que son expuestas por Lenin, tales fuentes son una

 

adquisición y suponen en el marxismo una continuación de las mismas.

 

 

 

[…] El marxismo no tiene nada que se parezca al “sectarismo”, en el sentido de doctrina

 

encerrada en sí misma, rígida, surgida al margen del camino real del desarrollo de la

 

civilización mundial. Al contrario, el genio de Marx estriba, precisamente, en haber dado

 

solución a los problemas planteados antes por el pensamiento avanzado de la humanidad.

 

 

 

34 

 

Su doctrina apareció como continuación directa e inmediata de las doctrinas de las más

 

grandes figuras de la filosofía, la economía política, y el socialismo (Lenin, 1977, p.5).

 

 

 

No es, que entonces, el marxismo constituya una filosofía propia, una ciencia económica propia y

 

una política propia. Más bien, lo propio del marxismo será que integra a las tres, en el sentido de

 

articular y no de sumar o acumular. Por lo tanto, como consecuencia de dicha articulación,

 

también, el marxismo provoca una revolución en el pensamiento que impacta a las fuentes y estas,

 

después de Marx, no quedan inmunes, como nos lo recuerda Lincopi (2017) interpretando a

 

Bolívar Echeverría:

 

 

 

El pensamiento de Marx y de sus discípulos, en efecto, abre, interroga, problematiza,

 

cuestiona, toda una época (la modernidad capitalista) y, frente a esas interrogantes es que

 

todo el pensamiento moderno ha tenido que definir, orientar, diseñar, una posición ante ese

 

genio crítico de la modernidad [...] toda la época se ha visto obligada a tener como

 

interlocutor a Marx, sea como “marxista” o como “anti-marxista” (p. 2).

 

 

 

Las fuentes pues, no son una creación particular según unos intereses previamente existentes en

 

Marx y Engels, sino, un resultado y una necesidad que se les fue haciendo evidente, de ahí en más

 

la mirada para cada fuente, se transforma a sí misma, como lo ejemplifica Lenin, concerniente a

 

la discusión filosófica sobre el materialismo.

 

 

 

Pero Marx no se paró en el materialismo del siglo XVIII, sino que llevó más lejos la

 

filosofía. La enriqueció con adquisiciones de la filosofía clásica alemana, sobre todo el

 

 

 

35 

 

sistema de Hegel, que, a su vez, había conducido al materialismo de Feuerbach. La

 

principal de estas adquisiciones es la dialéctica, o sea, la doctrina del desarrollo en su forma

 

más completa, más profunda y más exenta de unilateralidad, la doctrina de la relatividad

 

del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en constante desarrollo

 

(Lenin, 1977, p.7).

 

 

 

Ni Marx, ni ningún otro pensador crítico en el seno del marxismo, han construido sus obras

 

teniendo desde el inicio un plan definitivo que trazará todo el proceso de conocimiento, algo así

 

como dibujar el mapa de un terreno que nunca ha sido explorado y estableciendo el paso a paso

 

frente a un camino que es desconocido. Si hay un problema al que Marx le dedica atención en sus

 

investigaciones, es al punto de partida del conocimiento y lo mejor que se le heredó de la reflexión

 

epistemológica, reiteran en este aspecto ¿por dónde comenzar? tanto en la fase investigativa como

 

en el momento de exponer resultados.

 

 

 

Aquí la enseñanza es deudora de Hegel, todo aquello que brote como argumento para dar cuenta

 

de cualquier fenómeno es algo que dimana del objeto mismo, es decir: es algo que se impone por

 

su necesidad, algo sin lo cual es inexplicable, yque el objeto exige paraser pensado, de lo contrario

 

se corre el riesgo de caer en a prioris arbitrarios adjudicando al objeto propiedades que no contiene.

 

Por más que Marx haya experimentado una ruptura con Hegel esta enseñanza fue una brújula en

 

su vida, al pensador de Tréveris lo veremos siempre lanzado a la descomposición del objeto que

 

estudia, no se aferra a métodos dados, sino que mantiene el contraste entre referencias de

 

pensamiento y el desenvolvimiento real del objeto que analiza.

 

 

 

 

 

36 

 

Lo que es supuesto debe ser de tal manera que se imponga por su necesidad.

 

Filosóficamente no podemos invocar representaciones y tomar como punto de partida

 

principios que no sean resultado de una elaboración antecedente. Los supuestos deben

 

poseer una necesidad probada y demostrada. En filosofía no debe ser aceptado nada que no

 

posea el carácter de necesidad, lo que equivale a decir que aquí todo debe tener el valor de

 

un resultado (Hegel, 2002, p.14).

 

 

 

Pues bien, las fuentes del marxismo brotan por su necesidad, les son inherentes a la problemática

 

humana, histórica y sociopolítica que atiende. Son éstas ineludibles, pero valga aquí tener otros

 

cuidados, nada secundarios. Tales fuentes se hacen exigentes porque fueron tratadas en su

 

inmanencia, en la anatomía de sus ideas, en el contenido mismo que las constituye, por tanto, toda

 

fuente implica un momento de apropiación, la formación fue y será ineludible. De un lado para

 

descubrir la existencia de las fuentes y de otro, para develar en ellas los puntos nodales de su

 

articulación con las demás fuentes.

 

 

 

Ahorrarse el momento de apropiación sobre la fuente, produce el mismo error que un a priori

 

arbitrario, sesgar el contenido y el proceso de conocimiento, limitándolo en sus alcances. Decir

 

filosofía, economía política, o socialismo son frases hueras, cuando en ellas no se nombra la

 

sustancia que las compone. Para hacerla integrante y articulable la fuente exige ser apropiada no

 

simplemente reconocida en la superficie.

 

 

 

Por eso, frente a las fuentes también se pone en juego lo concerniente a la totalidad, en el sentido

 

de perspectiva y de tratamiento. En la mirada de conjunto y en el cuidado del detalle, ninguna

 

 

 

37 

 

fuente es un elemento aislado sin un peso específico, cada cual, ocupa un lugar y ejerce un sentido

 

en el conjunto de la totalidad. Por tanto, si una de las fuentes se excluye o no se hace presente, el

 

sentido de conjunto se modifica, cambiará porque operará una interrelación distinta entrelas partes

 

integrantes.

 

 

 

 

 

1.1. El caso de Marx

 

 

 

Precisamente si se quiere tener un ejemplo fehaciente del descubrimiento, apropiación y

 

elaboración de las fuentes se tiene la historia intelectual de Marx para apreciar la manera en cómo

 

a lo largo de su vida, desde muy joven, fue asimilando las teorías de su época, discutiendo con

 

ellas yelaborándolas e incorporarlas en sus análisis. Todo lo cual, nos evidencia que lejos de haber

 

sido algo premeditado que cumplía con el plan teórico de Marx, más bien, la adquisición de las

 

fuentes, como la nombra Lenin, fueron un descubrimiento, un punto de llegada, el resultado de un

 

proceso de apropiación frente a las temáticas que las fuentes teóricas proponen. No se llegó, de

 

facto, a las fuentes, éstas se volvieron el manantial del marxismo luego de haberse cruzado con

 

ellas por aguas turbias y sinuosas.

 

 

 

De hecho, la manera en cómo se llegan a las fuentes, tal y como veremos en el caso de Marx, es

 

determinante para su desarrollo. Desde lo que percibirá el materialismo histórico, el error de

 

economistas, filósofos y algunos lanzados a la lucha política, consiste en el material con el que

 

llegan a las fuentes a elaborar sus ideas. Ese material, un contenido presente en el tipo de preguntas

 

que se plantean, como son formuladas y las concepciones sobre la realidad humana que, por

 

ejemplificar; llevaba a algunos hablar de historia por fuera de la historia, o de la sociedad a partir

 

 

38 

 

de situaciones que ignoraban totalmente las relaciones entre individuos, etc., son una serie de

 

preconcepciones teóricas de las que el mismo Marx no fue ajeno a sucumbir en ocasiones, pero

 

quien tuvo la lucidez y la capacidad de superar.

 

 

 

En el caso de Marx el punto de arranque de las fuentes se remonta a la filosofía clásica alemana,

 

esta era la que configuraba el aparato epistemológico de la época, teniendo como principal

 

referente el sistema filosófico hegeliano. Diversos pensadores se adscriben a tal sistema y la

 

observación de los hechos políticos, la crítica social y algunos análisis históricos tenían como

 

matriz el pensamiento de Hegel. Entre estos se cuentan Arnold Ruge, Bruno Bauer y hasta

 

Proudhon, por nombrar a aquellos con los que se elaboraron las discusiones más candentes.

 

Entablando relación personal con algunos, compartiendo incluso proyectos intelectuales con otros,

 

estos neohegelianos estuvieron muy de cerca en las posturas iniciales de Marx y particularmente

 

en el desarrollo que éste haría de Hegel.

 

 

 

 

 

1.2. Hegel: La totalidad como golpe de vista lógico

 

 

 

De la relación de Marx con Hegel, de la apropiación que hizo éste de aquel, conveniente decir

 

algunas cosas, y no por hacer una mero recorrido cronológico de los autores precedentes a Marx,

 

sino porque en el tratamiento de la fuente filosófica el filósofo alemán es imprescindible, es con

 

su obra, con sus postulados epistemológicos y los conceptos que de ésta se desprenden que el

 

marxismo va cobrando forma; dialéctica, materia, razón, abstracción, totalidad y estructura son,

 

por nombrar algunos, términos que encontraremos en la obra Marx y Engels, donde si bien

 

adquieren nuevos sentidos, el asunto a demostrar es porqué se llegaron a esas nuevas definiciones,

 

 

39 

 

lo fácil es tomarlos como conceptos ya dotados de un significado marxista, ignorando que su

 

sentido es también el fruto de una polémica, especialmente de la lectura que hizo Marx de la obra

 

de Hegel. Dar cuenta de esta disputa, -y esto es dar voz a las partes que se confrontan, no dando

 

predominancia sólo a una de ellas-, es más fructífero que tomar de entrada una posición a favor o

 

en contra de uno o del otro pensador.

 

 

 

Además, porque craza incoherencia abordar el problema de la fuentes del marxismo en Estanislao

 

Zuleta de forma antizuletiana, si bien éste no hablo estrictamente de las fuentes, ni en sus textos

 

haya una referencia a dicha matriz para pensar el propio marxismo, lo que sí es muy claro en él es

 

que la discusión que realizaba entre los autores y sus obras siempre tuvo la amplitud y los

 

desarrollos necesarios contando con los elementos inherentes de las teorías en cuestión, así trataba

 

de evitar a toda costa las posturas axiomáticas que hasta en las formas más sofisticadas del

 

conocimiento encubren dogmatismos.

 

 

 

La relación de estos dos titanes del pensamiento es más compleja de lo que se cree a veces, ni se

 

agota en los vulgares rechazos de un empirismo que desprecia de facto todo lo proveniente de la

 

filosofía, tachándola en bloque de pura especulación, entre esto al propio Hegel. Como tampoco,

 

el asunto se resuelve situando en Marx una continuación armoniosa del sistema filosófico

 

hegeliano, en efecto hay rupturas y discontinuidades respecto a Hegel, pero sólo por llamar la

 

atención habría que sospechar de la manera tan particular en que Marx se fue distanciando de la

 

filosofía alemana y como iba incorporando en su obra los nuevos terrenos de conocimiento que

 

iba allanando. Así, veremos que la totalidad como el golpe de vista lógico de Hegel es una arteria

 

del marxismo, insuficientemente tratado por el propio Hegel, pero sobre todo por sus herederos,

 

 

 

40 

 

quienes aún con la buena voluntad de hacer una defensa a la obra de su maestro, muy por el

 

contrario reprodujeron errores que echaban por la borda lo que de acertado podía tener el

 

pensamiento de Hegel. Es precisamente Marx el que debe salirle al paso en su momento a

 

Proudhon para aclararle algunas nociones de la dialéctica hegeliana que el francés desconocía,

 

justamente en un texto donde era muy duro con la filosofía, Marx en cierta medida también la

 

defendía de sus propios discípulos9, eran ellos quienes la malversaron, en este caso un Proudhon

 

que:

 

 

 

En Francia puede permitirse ser mal economista, porque pasa por ser un buen filósofo

 

alemán. En Alemania puede ser mal filósofo, porque pasa por ser entre los economistas

 

franceses uno de los más superiores. En nuestra calidad de alemán y economista a la vez,

 

hemos querido protestar contra este doble error (Marx, 1999, p. 47).

 

 

 

La totalidad como golpe de vista lógico, podríamos decir que plantea un punto muy acertado que

 

tenía Hegel concerniente a una forma de conocimiento que inaugura caminos inéditos para la

 

formación de un pensamiento lógico. Al punto de que sorprende como uno de los pensadores más

 

preocupados por la objetividad y la demostración haya sido tachado de abstracto e idealista, como

 

en efecto lo fue en algunos aspectos, pero digo sorprende porque en las intenciones del propio

 

Hegel hay muestras de su confrontación contra lo que él criticaba como un pensamiento abstracto.

 

 

9 Pero está será también la historia de Ruge y de Bauer, quienes fueron objeto de la implacable crítica de Marx. Sin embargo: (...) los hegelianos no eran Hegel; los discípulos podían ser modelo de ignorancia, pero el maestro figuraba entre las cabezas más claras y profundas de la humanidad. Había en su pensamiento un rasgo de sentido histórico que le diferenciaba de todos los demás filósofos y le había permitido formarse una concepción grandiosa de la historia, aunque fuese bajo forma puramente idealista, una forma que lo veía todo, por decirlo así, como reflejado en un espejo cóncavo, representándose la historia del mundo como una especie de experimento práctico, realizado para contrastar los progresos de la idea (Mehring, 1971, p.140).

 

 

41 

 

De manera muy concreta demostraba como tal pensamiento servía de base y operaba a la vez en

 

el sentido común, la emergencia de prejuicios y de opiniones inmediatas provienen de una forma

 

de pensar en la que se atienden los fenómenos de manera fragmentaria, e instalando en una

 

cualidad del mismo su sentido último y su razón de ser, sin ofrecer un análisis que se desplieguen

 

en conexión con otros elementos, con otras partes que configuran el problema que se trata. No

 

abordar los objetos en su totalidad apelando a una sola causa para explicarlo es lo que Hegel

 

denuncia como un pensamiento abstracto.

 

 

 

Siguiendo con el ejemplo que nos propone Hegel en su ¿Quién piensa abstractamente? donde la

 

existencia de un asesino es condenada a priori, nos dice que pensar abstractamente significa: “no

 

ver en el asesino más que esto abstracto, que es un asesino, y mediante esta simple propiedad

 

anular en él todo remanente de la esencia humana” (Macedo y del Rosario Acosta, 2007, p.154)

 

Aquí se sorprende el empirista, quien desde su férreo realismo suele creer que Hegel no es más

 

que un compinche de las ideas surgidas en la mente abstracta. Más esfuerzo “mental” -si los hechos

 

se lo permiten- deberá hacer nuestro empirista para que nos logre explicar cómo se da el supuesto

 

idealismo en el pensamiento de Hegel.

 

 

 

De ahí que, Hegel despertara una sensibilidad histórica y se reclamará en su pensamiento un

 

análisis desde la totalidad con miras hacia una objetividad. Los acontecimientos humanos no

 

brotan de la nada, estos tienen unas determinaciones históricas y sociales que implican su

 

reconocimiento para dar cuenta fehaciente del fenómeno que se analiza. Hasta el delincuente más

 

peligroso es el resultado de estas determinaciones, de ahí que, aunque el sentido común lo juzgue

 

en la inmediatez de su abstracción como un vil asesino, tal opinión será insuficiente en la medida

 

 

 

42 

 

en que no vea más que a un asesino yagote en esta definición la existencia y el ser de tal individuo.

 

Este sujeto, al igual que un fenómeno de índole social y política, sobrepasa la mera apariencia que

 

se presenta ante nuestros ojos, no reconocer sus determinaciones y el tejido de relaciones que lo

 

componen es una manera de des-conocerlo.

 

 

 

Sumado a esto, Andrej Kojéve en sus estudios sobre la Fenomenología del espíritu de Hegel,

 

recuerda algo que quedó como huella en la manera de Marx al tratar las fuentes integrantes

 

(Filosofía, socialismo y economía) esto es, como momentos de verdad, ninguna de ellas

 

aisladamente puede expresar toda la verdad, pues no son más que momentos y representan una

 

partenecesariadela totalidad. “La fenomenología consideratodas las actitudes filosóficas posibles

 

en tanto que actitudes exigenciales. Mas cada una no descansa sino sobre una única “posibilidad”.

 

Cada una es por tanto falsa si quiere expresar toda la verdad. Es verdadera en tanto que “momento”

 

de la filosofía absoluta” (Kojéve, 2006, p.40).

 

 

 

También Kojéve reitera en que la totalidad de lo pensable se da a partir de su circularidad, lo cual

 

coincide con el inolvidable retorno al punto de partida, un movimiento del pensamiento en el que

 

Marx insiste en diferentes apartados de sus obras, por ejemplo, el constante retorno a la mercancía

 

para con ello abordar desde diversos frentes la teoría del valor, esta indagación se reitera en su

 

obra El Capital.

 

 

 

El sistema debe ser circular; solamente entonces es necesario y completo. La circularidad

 

es en consecuencia el criterio de la verdad (absoluta) de la filosofía. Es en efecto el único

 

criterio (inmanente) posible de la verdad en el monismo idealista (y tal vez en general). Se

 

 

 

43 

 

ha demostrado que una filosofía implica la totalidad de lo pensable (es decir, que es

 

verdadera absolutamente) cuando se ha demostrado que no se puede superar, sin volver al

 

punto de partida, el punto de vista en el cual termina necesariamente el desarrollo lógico

 

del sistema (que puede, además, comenzar casi donde quiere) (Kojéve, 2006, p.41).

 

 

 

Otro ejemplo similar para reconocer el problema del pensar abstracto se nos presenta en la película

 

de HenryFonda, Doce hombres en pugna, allí se recuerdael camino trazado por un hombredudoso

 

que, junto con otros once, tienen la tarea de dar un veredicto frente a un caso de homicidio, donde

 

el sindicado del asesinato es el propio hijo de la víctima. La decisión que tomen los hombres debe

 

ser unánime, si uno sólo de los doce está en desacuerdo debe discutirse hasta que todos se

 

encuentren convencidos, ya que de tal decisión dependerá la vida del sindicado, está en juego una

 

pena capital.

 

 

 

En contra de lo evidente y en oposición a una mayoría, el hombre dudoso, uno sólo entre los

 

doce, se permite expresar una duda razonable frente al caso de homicidio, lo que obliga a que los

 

demás hombres, quienes han tomado la postura de condenar como culpable al joven sindicado

 

presenten sus argumentos y se justifiquen. Lo que se va develando detrás del discurso de estas

 

personas es su pensar abstracto, que va desde fallas analíticas hasta una serie de prejuicios que

 

impiden que algunos de ellos estén dispuestos a cambiar su posición aunque los hechos les

 

demuestren lo equivocados que están. El trabajo meticuloso del hombre dudoso permite ir

 

desmontando una a una las pruebas que habían sido presentadas por la fiscalía, se toman en cuenta

 

asuntos que fueron descuidados inicialmente en el juicio, se analizan los testimonios de los testigos

 

en donde se encuentran muchas inconsistencias, todo lo cual obliga a los hombres a que revisen

 

 

 

44 

 

su postura inicial y la confronten con los nuevos argumentos que se van presentando, que a la

 

manera de Hegel trataban de abordar en su totalidad la complejidad de un problema que se estaba

 

condenando desde visiones unilaterales.

 

 

 

De no haber sido porque a uno de los hombres le dio por dudar se hubiese enviado de inmediato

 

un joven a la muerte. Lo que subyace en Hegel y en la película de Henry Fonda es una crítica en

 

común al pensar abstracto, a la pretensión de agotar en una representación inmediata la existencia

 

de un ser, un error que comúnmente solemos cometer los seres humanos, cargados de prejuicios y

 

llevados por el estado de ánimo en el que nos encontremos. Tomar a las personas bajo la

 

abstracción unilateral que absolutiza en una posición, en una parte o en una profesión lo que el

 

sujeto en cuestión es, negando con ello su historia y las potencialidades humanas que les son

 

constituyentes pero que dadas las relaciones establecidas, por ejemplo, en relaciones de autoridad,

 

anulan la posibilidad de que esas potencialidades afloren, que el sujeto demuestre lo que puede

 

llegar a ser, incluso más allá de lo que normalmente muestra en ciertos casos. Incluso Hegel, en el

 

texto que venimos citando, crítica la relación que han establecido las clases potentadas frente a sus

 

sirvientes en la sociedad alemana y la contrasta con el lugar que la sociedad francesa le ha dado a

 

tales:

 

 

 

El hombre común, una vez más, piensa más abstractamente; él se da aires de gran señor

 

frente al sirviente y se relaciona con él sólo en cuanto sirviente; a este único predicado se

 

aferra él firmemente. El sirviente se encuentra mejor entre los franceses. El hombre

 

distinguido se comporta con familiaridad con su sirviente, mientras que el francés llega

 

hasta ser su amigo. Cuando están solos, el sirviente toma la palabra, como en Jacques et

 

 

 

45 

 

son maître de Diderot: el señor no hace otra cosa que inhalar rapé y mirar su reloj, y deja

 

al sirviente ocuparse de todo lo demás. El hombre distinguido sabe que el sirviente no es

 

solamente un sirviente, sino que también está enterado de las últimas noticias de la ciudad,

 

conoce a las jóvenes, guarda buenas sugerencias en la cabeza; él le pregunta sobre estos

 

asuntos, y el sirviente puede decir lo que sabe sobre aquello que el jefe le pregunta. Entre

 

los franceses el sirviente no sólo tiene permitido esto, sino que puede también proponer un

 

tema de discusión, tener su opinión y sostenerla, y cuando el señor quiere algo, no se trata

 

de una orden, sino que debe argumentar a favor de su propia opinión y dar buenas razones

 

para mostrar que es la correcta (Macedo y del Rosario Acosta, 2007, p.156).

 

 

 

Vemos entonces que la totalidad tiene también una connotación temporal, su dimensión histórica

 

no es sólo pasado, sino que se extiende hacia el futuro, la mirada que abarca totalidad no sólo

 

apunta a reconocer las relaciones que preceden la existencia de algo, sino que concibe que otras

 

relaciones pueden establecerse a futuro. El ser humano o la realidad social, no se agotan en lo que

 

vemos porque los determina un pasado que no se reconoce a golpe de vista, pero tampoco, porque

 

en lo que en un presente son, no se eterniza y otra cosa podrían llegar a ser.

 

 

 

Y bien puededecirseque este acierto lógico sesostieneen Marx, al punto deradicalizarlo yllevarlo

 

más allá que su propio maestro. La obra de Marx es una constante por, no sólo reconocer

 

formalmente la existencia de las partes, superando miradas unicausales, sino avanzado a darle

 

nombre y apellido a dichas partes; es decir, poniendo de presente que no sólo hay una integración

 

de unos elementos, sino que cada instancia tiene una sustancia que merece ser descubierta, y es en

 

este aspecto donde efectivamente Marx tendrá una marcada diferencia con Hegel. Pues sí bien es

 

 

 

46 

 

correcta su exigencia de totalidad, tal demanda se queda en el plano idealista, al darle lugar a las

 

partes pero dejando de lado la sustancia que las compone a cada una de ellas, así por más que se

 

lo quiera evitar, el abordaje abstracto pervive.

 

 

 

Incluso, la interrelación puede estar mal formulada si hay una concepción incorrecta de alguna de

 

las partes tratadas. Decir que lo uno tiene que ver con lo otro, es importante, pero de ahí a

 

determinar el grado de influencia con que un elemento afecta a otro, obliga necesariamente a

 

atender en detalle la instancia señalada, a desintegrarla en sus partes y reconocer su composición.

 

 

 

Tener la visión panorámica en el tratamiento de los fenómenos es imprescindible, pero Marx nos

 

exhorta a no descuidar el detalle, porque en este último se juega también la panorámica. La

 

estructura de una totalidad no está configurada por relaciones horizontales, sino que entre los

 

puntosqueseconectan hayaspectos específicos, o unadinámicapropiadelos elementos quehacen

 

de las relaciones entre las partes una configuración particular, y que por ejemplo, hayan algunos

 

elementos de la totalidad que en su configuración tengan más relevancia que otros. El trabajo del

 

pensamiento debe avanzar por tanto, teniendo la visión panorámica, a radiografiar la estructura

 

jerarquizada de la totalidad, a señalar los puntos que son más influyentes y dar cuenta del porqué,

 

representando en las ideas que pretenden explicar la totalidad, el movimiento de lo real.

 

 

 

En términos marxistas al utilizar el concepto de totalidad, conviene diferenciarlo de su sentido

 

Hegeliano y pasar a nombrarlo como una totalidad concreta, así lo señala Enrique De la Garza:

 

 

 

 

 

 

 

 

47 

 

La totalidad concreta no es el todo, es articulación entre aspectos de lo real que expresan

 

articulaciones entre procesos (Luckács, 1969); articulaciones jerarquizadas en donde

 

intervienen las categorías de determinación y pertinencia~ La primera hace referencia a

 

que los aspectos de lo real no son igualmente determinantes y la segunda a que la

 

explicación no implica la inclusión de todos los aspectos del objeto. La totalidad concreta,

 

desde el punto de vista metodológico, no es un modelo teórico sino un conjunto de criterios

 

epistemológicos acerca de la explicación en la perspectiva marxista. La totalidad concreta

 

no es el objeto real sino un enfoque sobre la realidad (De la Garza, 2018, p.88).

 

 

 

 

Por eso Hegel, como veremos enseguida, falló en lo atinente a su propio llamado epistemológico,

 

abordó el problema del Estado sin su contenido específico y con el concepto de sociedad civil le

 

pasó otro tanto. Y es en este tono que considero se debe apreciar la relación crítica de Marx con

 

Hegel, precisamente es en Crítica a la filosofía del Estado donde Marx expone una polémica

 

directa con Hegel, no es en la Fenomenología del Espíritu, ni en la Ciencia de la Lógica, sino

 

frente a un texto de índole política y social más que filosófica. Y, estrictamente hablando, Hegel

 

se quedó atrapado en la fuente filosófica, porque por fuera de ella, en el terreno de la economía

 

(sociedad-civil) yde la política (Estado) Hegel reproducirá la mirada sesgada que tanto le criticaba

 

al sentido común.

 

 

 

 

 

1.3. Hegel: El golpe de vista ilógico

 

 

 

Para ejemplificar un poco la forma en que esa ruptura con la fuente filosófica se fue desarrollando,

 

podemos remontarnos a los años en que Marx terminaba de cursar sus estudios de derecho y

 

48 

 

empezaba a tener sus primeras experiencias en espacio políticos (1841-1842), entre estos dará con

 

las iniciativas de Arnold Ruge sobre el periodismo militante, a éste le presenta sus primeros

 

escritos críticos en los que van apuntando su agudeza analítica.

 

 

 

Hayque recordar que en aquella época, bajo la venia del propio Hegel, su filosofía era considerada

 

la oficial del Estado Prusiano, la burguesía se servía de ella para justificarse a sí misma, pero, como

 

señalará el mismo Engels, —acudiendo un poco en favor de Hegel—, no lo hacían sin evitar caer

 

en una burda tergiversación que vulgarizaba el pensamiento del filósofo alemán.

 

 

 

No ha habido tesis filosófica sobre la que más haya pesado la gratitud de gobiernos miopes

 

y la cólera de liberales, no menos cortos de vista, como sobre la famosa tesis de Hegel:

 

Todo lo real es racional, y todo lo racional es real:

 

¿No era esto, palpablemente, la canonización de todo lo existente, la bendición filosófica

 

dada al despotismo, al Estado policiaco, a la justicia de gabinete, a la censura? Así lo creía,

 

en efecto, Federico Guillermo III; así lo creían sus súbditos. Pero, para Hegel, no todo lo

 

que existe, ni mucho menos, es real por el solo hecho de existir. En su doctrina, el atributo

 

de la realidad sólo corresponde a lo que, además de existir, es necesario.

 

“la realidad, al desplegarse, se revela como necesidad” (Engels, 1970, p. 356).

 

 

 

No obstante, como recuerda Franz Mehring en su biografía de Marx, aunque Hegel gustoso había

 

puesto al servicio del Estado prusiano su filosofía, tal posición política entraba en abierta

 

contradicción con el método dialéctico que el filósofo profesaba (Mehring, 1971, p.25). Y será

 

 

 

 

 

49 

 

Marx, quien aun manteniéndose en las cercas del idealismo, franqueara sus fronteras y empezará

 

a percibir tales contradicciones.

 

 

 

Digo que en las cercas del idealismo, porque Marx hacia 1842 era un hegeliano convencido, lo

 

que se traducía políticamente en un liberalismo, del cual hacía una férrea defensa, y veremos, que

 

era tal ese convencimiento de Marx por el liberalismo, que pronto irá descubriendo la

 

imposibilidad de ser llevado a la práctica por sus propios profetas, son los liberales quienes más

 

niegan el liberalismo, son los neohegelianos mismos quienes se encargan de anular la realización

 

de la razón.

 

 

 

Sea por desconocimiento o por influencia ideológica, el problema del liberalismo recaía en las

 

bases que cimentaban sus análisis, tal cual, hacía Hegel, se había dotado al Estado de un carácter

 

racional. Pero con un poco de perspicacia ante los hechos políticos y sin tener mayor bagaje en el

 

análisis socio-económico, Marx con mucha agudez presta atención a aquellas situaciones que

 

evidenciaban la profunda irracionalidad del Estado, casos como la censura impulsados en el

 

gobierno de Federico, o la definición del delito que rezaba en la constitución frente al robo de leña

 

por campesinos, contrastaban notoriamente con la idea del Estado- razón, pero aun manteniéndose

 

en las toldas hegelianas Marx hace eco de tales contradicciones.

 

 

 

Veremos en Las Observaciones sobre la reciente ordenanza prusiana referente a la censura, algo

 

que será característico de Marx para toda su vida, al llevar sus posiciones hasta las últimas

 

consecuencias y así percibir las inconsistencias de la postura adoptada y de los propios elementos

 

que la justifican. Ese no temer a los resultados de sus análisis es signo de su vida y obra. Este

 

 

 

50 

 

escrito es una polémica donde “a nombre de un liberalismo intransigente Marx desenmascara y

 

desacredita al pseudoliberalismo del Edicto real” (Rubel, 1957, p.34).

 

 

 

Durante veintidós años actos ilegales han sido cometidos por una autoridad que tiene bajo

 

su tutela el más alto interés de los ciudadanos, su espíritu, y que, más que los censores

 

romanos, no sólo reglamenta la conducta de cada ciudadano, sino también la suerte del

 

espíritu público. Una deslealtad tan obstinada, una actitud tan desprovista de escrúpulos

 

por parte de los más altos servidores del Estado (Marx, 1843, citado en Rubel, 1957, p.35).

 

 

 

Llama la atención en este fragmento el uso términos propiamente Hegelianos: Estado- espíritu-

 

sujeto. Lo importantees quesevaponiendo depresente la realidad del objeto queanaliza, contrasta

 

el concepto con el hecho real en que sostiene empíricamente el objeto (El Estado, en relación con

 

la censura).

 

 

 

Es típico del pseudoliberalismo, que se deja arrancar concesiones, sacrificar las personas,

 

simples instrumentos, y conservar la cosa, la institución. La ordenanza recomienda a los

 

censores "no impedir la investigación seria y modesta de la verdad", en otras palabras,

 

orienta la investigación hacia un objetivo exterior a la verdad, que es la "seriedad" y la

 

"modestia" (Rubel, 1957, p.35).

 

 

 

Este es un ejemplo en que Marx nos presenta como un principio arbitrario es impuesto, en este

 

caso, a través de un protocolo formal; "la investigación seria y modesta" Se espera que se llegue

 

a un resultado esperado, prescrito por anticipación, antes de realizar la investigación misma. Lo

 

 

 

51 

 

cual, no es más que el propósito de conducir los resultados mismos del estudio emprendido

 

(pseudoliberalismo) Los sujetos que piden tal "seriedad" y "modestia" ¿quiénes son? estos tienen

 

una manera particular de entender su pedido, que no vaya afectar sus intereses materiales

 

representados en la institucionalidad estatal. Por lo que agrega Marx (1843) citado en Rubel

 

(1957):

 

 

 

La verdad es universal; ella no me pertenece, pertenece a todos, me posee, yo no la poseo.

 

Mi propiedad es la forma, que constituye mi individualidad espiritual. El estilo es el

 

hombre. ¡Y hasta qué punto! ¡La ley me permite escribir, pero exige que lo haga en un

 

estilo diferente del mío! Puedo mostrar el rostro de mi espíritu, pero primero debería

 

imponerle las muecas prescriptas (p.36).

 

 

 

Para el Estado prusiano el criterio de la verdad no estaría en los resultados mismos de la

 

investigación que el estudioso presente, sino, en el temperamento o en la definición que el censor

 

del gobierno tenga sobre la seriedad y la modestia de una investigación. Se empieza a revelar en

 

los hechos la falacia de la idea hegeliana del Estado fundado en la razón. Lo interesante, es que

 

con este punto de partida equivocado, Marx elabora una potente crítica, demostrando como hay

 

una inconsistencia del propio Estado para fundarse sobre la razón. Lo que va a exigir es que los

 

liberales sean consecuentes con esas inconsistencias del Estado y no las encubran, desprecien o

 

minimicen su relevancia. Por eso, como lo plantea Maximilien Rubel (1957) “¿en qué medida

 

Marx sigue siendo hegeliano cuando redacta este primer ensayo político?” (Observaciones sobre

 

la censura prusiana)” (p.36).

 

 

 

 

 

52 

 

Particularmente considero que en este momento Marx sigue manteniendo en la base un

 

hegelianismo en la mirada política, pero que no es óbice para que vea la incapacidad del Estado

 

en ser encarnación de la razón. Que a nombre del liberalismo se denunciara al pseudoliberalismo,

 

era bajo la esperanza de que en algún momento ese liberalismo fuese una realidad, o que previera

 

una supuesta reforma estatal como solución al problema de la censura, daba cuenta de la lucidez

 

de Marx para diagnosticar el problema en sus condiciones reales y concretas, pero manteniendo

 

como solución las recetas idealistas, aún se creía en la supuesta racionalidad del Estado, el punto

 

de partida pues, no había sido corregido.

 

 

 

Lo que es indudable es que Marx está allanando el camino de su ruptura con Hegel, donde la fuente

 

sociopolítica y la económica empiezan a convocarlo para dar cuenta de los problemas que con la

 

fuente filosófica no se podían resolver. Hegel y su filosofía, fueron detonantes de la formación de

 

Marx, pero de haberse quedado en su obra, lo hubiese paralizado.

 

 

 

Se comprende entonces que Marx haya encontrado en la atrayente filosofía de Hegel el

 

primer gran impulso, pero también el primer choque espiritual que le abría el camino hacia

 

el descubrimiento de su propia vocación y lo orientaba hacia el socialismo revolucionario.

 

(Rubel, 1957, p.25).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

53 

 

1.4. Hacia la política y la economía

 

 

 

Marx ya está bien lejos de las especulaciones puramente verbales de un Hegel que definía

 

el Estado como "la realidad de la idea moral", como "el espíritu moral en tanto voluntad

 

manifiesta, explícita en sí, sustancial, que se piensa y se sabe" Ya no se trata más de la

 

concepción de un Estado "racional en sí y para sí", de un Estado que siendo "realidad de

 

la libertad concreta", se encarna soberanamente en el monarca (Rubel, 1957, p.41)10.

 

 

 

Hemos visto que frente al Estado Marx percibió su ilógica en cuanto a la encarnación de la razón,

 

que muy por el contrario, la censuraba, la negaba y hasta sus funcionarios se escabullen para no

 

confrontar los debates que sus contradictores les plantean, no podía hablarse entonces del Estado

 

como un lugar donde se reconciliara la razón cuando este mismo se negaba a la contradicción.

 

 

 

Pero la crítica a la idea de Estado en Hegel no se consume aquí, y van a exponerse otros aspectos

 

que sirven de entronque con las fuentes socio-política y la economía política. En el concepto de

 

Estado Hegel no se percibe, tampoco, la configuración material de las clases sociales, lo que

 

equivale a desconocer la anatomía de la sociedad civil; en plata blanca; las relaciones sociales de

 

producción. Así, por más que sea utilizado el término Estado en la jerga hegeliana, más allá de su

 

expresión formal no se dice nada sustancial del mismo, es una palabra vacía dado que no pone de

 

manifiesto su materialidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10 Cursivas propias

 

54 

 

Es la misma situación que Marx en su texto de 1857, Introducción general a la crítica de la

 

economía política nos recuerda con las representaciones caóticas de la economía política, las

 

generalidades sin sentido donde se formulan abstracciones indeterminadas cual si fuesen datos de

 

la realidad caídos como rayos desde un cielo sereno. Es el peligro de formular hipótesis o ideas sin

 

desentrañar en el objeto sus relaciones y su articulación, es verlo aislado e indeterminado.

 

 

 

La población es una abstracción si dejo de lado, por ejemplo, las clases de que se compone.

 

Estas clases son, a su vez, una palabra vacía si desconozco los elementos sobre los cuales

 

reposan, por ejemplo, el trabajo asalariado, el capital, etc. Estos últimos suponen el cambio,

 

la división del trabajo, los precios, etc. El capital, por ejemplo no es nada sin trabajo

 

asalariado, sin valor, dinero, precios, etc. (Marx, 1990, p.50).

 

 

 

Si en vez de población decimos Estado la interpelación se sostiene para Hegel, no situar en el

 

análisis aquellos elementos materiales en los cuales reposa la existencia del Estado lleva a generar

 

los mismos efectos que las abstracciones de los economistas burgueses. No se reproduce

 

teóricamente la composición ni el movimiento del objeto, es el desconocimiento de las clases con

 

las relaciones que establecen entre sí, relaciones contradictorias determinadas por su reproducción

 

material en la producción económica. El Estado por tanto no es ajeno a ello y será donde se

 

cristalizan tantos los intereses materiales de las clases como sus pugnas.

 

 

 

Pedir una racionalidad tan elevada que se colocara por encima del antagonismo de clases es una

 

ilusión, ninguna racionalidad por brillante que sea, puede, a punta de ideas y de una exclusiva

 

discusión teórica, solucionar o conciliar los conflictos de clase que tienen su origen en las

 

 

 

55 

 

determinaciones materiales. Es una ingenuidad creer que se hará una política al margen de la

 

posición de clase, que no se defenderán los intereses materiales, que dejará —la burguesía— de

 

propender por la existencia de una formación social que funciona a condición de que un sector

 

mayoritario de la sociedad no ostente la propiedad privada. Por más que un concepto jurídico

 

dictamine “la libertad de propiedad” la reproducción del capitalismo la niega en la práctica.

 

Marx empieza así a climar su concepción materialista de la historia, corre el año de 1844 y ya se

 

encuentra en París donde al fragor de la lucha política que las organizaciones obreras adelantan

 

allí, la fuente política, el socialismo francés empieza a permear su pensamiento.

 

 

 

 

 

1.5. La terrenalidad del pensamiento

 

 

 

Ver el mundo con los ojos del marxismo significa que las tesis del materialismo histórico sirven

 

para investigar la realidad social. Y aunque alguno pueda alarmarse con esta expresión viendo en

 

ella una imposición dogmática, es muy por el contrario, una exigencia de someter el marxismo a

 

una constante elaboración de sí mismo, no por una supuesta capacidad omnisciente de estar

 

destinado a tener siempre la razón, dando cuenta de cualquier problema epistemológico, sino,

 

porque este pensamiento surgió precisamente de tener la fuerza para encarar el mundo tal cual se

 

presentaba, con los acontecimientos sociales y políticos que Marx y Engels presenciaron. Sí le

 

damos toda la relevancia a la palabra investigación ello quiere decir poner a prueba los conceptos

 

y reconocer su vulnerabilidad, son falibles, son limitados y tienen un alcance histórico no

 

universal. Significa que hay que establecer una constante relación con la materialidad del mundo,

 

que exige ser hábiles en la interpretación de éste y desarrollar las destrezas necesarias para

 

explicarse lo existente. Modificar la mirada materialista acorde a lo que el mundo va siendo, tal es

 

 

56 

 

la actitud investigadora que permitirá seguir vivificando el marxismo y llevarlo más allá de Marx,

 

sin abandonarlo.

 

 

 

Y ya hay que irlo diciendo claramente, como al inicio de éste trabajo fue insinuado. Lo que está

 

en el centro de gravedad como eje articulador que logró ensamblar las fuentes integrantes del

 

marxismo fueron los hechos políticos y sociales que se expresaron en el siglo XIX, lo concreto

 

del mundo en esa época, más que un principio epistemológico concebido a priori, es lo que hizo

 

detonar las fuentes, lo que las fue reclamando para suplir lo que aisladamente ellas, por sí solas,

 

no podían atender ni explicar.

 

 

 

Así vemos a un Marx en Francia, acuciado por entender la gran revolución que conmovió al mundo

 

detonándose en el país galo en 1789. La necesidad de entender este hecho político lo llevó al

 

estudio de materiales históricos de la Revolución francesa, en este proceso dio con autores como

 

Guizot yThierryquienes le permitieron identificar lo quedesdelafuentefilosóficano se analizaba,

 

la existencia de las clases sociales y su lucha permanente. En estudios donde dichos autores se

 

remontaban hasta el siglo XI se rastreaba que tal conformación de grupos humanos se sostenía,11

 

lo que hace Marx es reconocer la validez de estos planteamientos y configurarlos en su mirada del

 

mundo, con la honestidad intelectual de quien se sabe heredero de los descubrimientos de otros

 

 

 

 

 

 

11 Cuanto más ahondaba Marx en la historia de la revolución de 1789, más movido tenía que sentirse a renunciar a la crítica de la filosofía hegeliana como clave para explicarse profundamente las luchas y las aspiraciones de aquellos tiempos (…) El estudio de la Revolución francesa puso a Marx en contacto con aquella literatura histórica del “tercer estado” que había brotado bajo la restauración borbónica, cultivada por grandes talentos, y que se remontaba a investigar la existencia histórica de su clase hasta el siglo XI, presentando la historia de Francia desde la Edad Media como una serie no interrumpida de luchas de clases. A estos historiadores –entre los cuales menciona a Guizot y a Thierry- debía Marx el conocimiento del carácter histórico de las clases y de sus luchas, cuya anatomía económica le habían de revelar luego los economistas burgueses, y principalmente Ricardo. (Mehring, 1971, p.86)

 

57 

 

autores y no los usurpa como suyos. Marx mismo protesto cuando se le pretendía adjudicarle una

 

teoría de la lucha de clases, en carta a Joseph Weydemeyer lo expresa así:

 

 

 

 

...Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las

 

clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos

 

historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y

 

algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de

 

nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas

 

fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce,

 

necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por

 

sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin

 

clases… (Marx, 1973, p.542).

 

 

 

 

Para los años que hoy vivimos, con tanta agua que ha corrido debajo de los puentes, en especial

 

por la historia de los socialismos en el siglo XX, mínimamente es discutible el carácter inevitable

 

que Marx le adjudica a la dictadura del proletariado en la lucha de clases, pero tan compleja

 

discusión no es lo que me corresponde tratar en este trabajo. Lo que me interesa mostrar, es el

 

ejemplo tan contundente de elaboración y tratamiento de las fuentes, y como desde el hecho

 

político se configuran sus articulaciones, lo que habían puesto de presente los historiadores con la

 

noción de clases sociales Marx lo va acentuar con un conocimiento que para los años de su

 

destierro en parís empezará a descubrir, la economía política, -la otra fuente integrante del

 

marxismo-. Así, el conocimiento delas clases empiezaadesarrollarsecon el estudio dela anatomía

 

económica, las relaciones de poder son estructuralmente relaciones económico-productivas y lo

 

58 

 

que llegará a ser propiamente el aporte de Marx será la explicación de que las luchas entre clases,

 

las crisis políticas y muchos acontecimientos históricos van aparejados con la lucha económica,

 

los movimientosen éste terreno, en la industria, el comercio etc. determinan las formaciones socio-

 

políticas.

 

 

 

Pero este devenir de las fuentes y de su articulación, tendrá también algo de fortuito. Marx

 

conocerá a Engels en 1842 y allende de la empatía personal que tendrá este encuentro de los que

 

serán camaradas de por vida, es también el encuentro de las fuentes socio-política y la economía

 

política. Con el conocimiento que ya hemos visto que fue adquiriendo Marx sobre el carácter

 

clasistadelas sociedades desdesu estudio delaRevolución francesa, vendrá, por el lado deEngels,

 

un descubrimiento similar pero dado desde otro acontecimiento significativo a nivel mundial, la

 

Revolución industrial.

 

 

 

El estudio de Engels sobre la industria inglesaque lo llevó al descubrimiento similar de Marx sobre

 

las clases sociales, en el caso de Inglaterra tiene varias particularidades, pues a su manera y un

 

siglo antes que Francia ya había experimentado su propia Revolución burguesa, en tanto fue un

 

hecho económico concreto, permitía identificar con más transparencia la estructura interna de la

 

moderna sociedad burguesa, se percibe claramente como un proceso tangible que destruye las

 

viejas clases e instaura otras nuevas. Era más perceptible en el caso inglés que la lucha de clases

 

fue un proceso que tenía en la base un trastocamiento económico.

 

 

 

La historia y el carácter de la industria inglesa enseñaron a Engels que los hechos

 

económicos [...] eran, a lo menos en el mundo moderno, una potencia histórica decisiva,

 

 

 

59 

 

que constituían la base sobre la que se erigía el moderno antagonismo de clases, el cual

 

determina toda la historia política en general (Mehring, 1971, p.107).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 1: El devenir de las fuentes integrantes del marxismo. Elaboración propia.

 

 

 

Vemos pues, dos formas distintas en que se parte de una fuente (la filosofía alemana) y se llegan

 

a otras fuentes, Marx con el hecho político (socialismo francés) y Engels con el hecho económico

 

(economía política), y aun así, arribaron cada uno por su cuenta -en un momento donde no se

 

conocían- a un punto común que eran las clases sociales. Esto nos da una idea de la fuerte

 

compenetración que irán a tener los camaradas en lo concerniente al pensamiento, la empatía

 

teórica que lograban hacía más sólida la adherencia ideológica. De hecho, este recuerdo, lejos de

 

una mera anécdota biográfica, nos revela algo que nos obliga a hacer un justo reconocimiento a

 

Engels en el terreno teórico como un pensador de altas cualidades. Sino ha sido percibido hasta

 

60 

 

ahora, el estudio de Engels sobre la industria inglesa, lo lleva, nada más y nada menos que a

 

realizar, incluso antes que Marx, una crítica al capital, o por lo menos situar sus contradicciones

 

en el campo teórico donde se pretendía legitimar el mismo capitalismo, en la economía política.

 

Engels da los primeros pasos de una crítica orgánica al capital, diseccionando en su cuerpo y

 

revelando el desarrollo interno que produce indefectiblemente miseria y explotación.

 

 

 

Lo que es importante de ir subrayando, es que las fuentes desplegándose desde el fenómeno que

 

se analiza ejercen un papel totalizador, dan una mirada compacta y completa del problema,

 

engranando en sus conceptos una lógica que obedece a la determinación real del fenómeno más

 

que a una formulación teórica, más bien esta última se subordina a la primera. Por eso con las

 

fuentes, el marxismo despliega una fuerza articuladora en el pensamiento, como lo vimos en lo

 

apropiado por los historiadores franceses hay una potenciación con Marx al vincularlo éste con un

 

análisis desde la economía política, pero, como podremos ver en otros de sus textos, también, le

 

hará ver a los economistas lo que de historia les faltaba en sus estudios. La debilidad de las fuentes

 

está en su separación y su unilateralidad para analizar los problemas, su fuerza reside, por el

 

contrario, en las interrelaciones que establecen, poniendo de relieve las limitaciones de una fuente

 

frente a las otras.

 

 

 

Lo que es una contradicción lógica desde una fuente no lo es tanto desde otra, por ejemplo, la

 

existencia de la propiedad privada desde la economía política no es tratada de la misma manera

 

desde la fuente socio-política, esa es precisamente la discusión con Proudhon. Su noción de valor

 

y la supuesta indagación que dice hacer del mismo, dan cuenta de su ahistoricidad, sus ejemplos

 

caen en las robinsonadas que desconocen las formaciones sociales y las determinaciones que estas

 

 

 

61 

 

ejercen sobreel modo de producción, la división del trabajo, etc. pero, Proudhon insistió en deducir

 

el valor de las mercancías desde una necesidad natural de los individuos a intercambiar los

 

productos para subsistir, lo que lo llevó a apelar por una reforma donde se establecieran

 

intercambios directos entre obreros, según Proudhon la existencia de la propiedad privada impedía

 

que tal intercambio se diera de forma equivalente, había por tanto que abolirla.

 

 

 

Esta metafísica puesta en el terreno de la economía fue pan de cada día entre los economistas

 

burgueses del siglo XIX, muchos de estos recibieron la crítica implacable por parte de Marx, lo

 

problemático con Proudhon es que incurrió en tales equívocos siendo uno de los dirigentes del

 

proletariado francés, lo que obligaba a matizar la crítica también en el terreno político y

 

desarrollarla con toda contundencia evidenciando las flaquezas de las reformas que propone

 

Proudhon, quien creyendo que desde una maraña económica se ahorrarían los antagonismos de

 

clase, aquí, por ejemplo, la fuente socio-política en su sentido epistemológico no está presente,

 

olvida que detrás de las transacciones económicas hay clases sociales que defienden sus intereses.

 

 

 

En este caso como en muchos otros, los descubrimientos de Marx cobran la forma de la polémica,

 

son el resultado de intensos debates donde se desarrollan también los contenidos de las fuentes.

 

Volviendo a los años de los Anales franco-alemanes (1844), podemos apreciar otras polémicas

 

que son desatadas a partir de la ruptura con la fuente filosófica, allí se expondrán unos estudios

 

que revelan como varios seguidores de Hegel —entre ellos Ruge, codirector con Marx de la

 

revista— insisten en el error de su maestro, no poner el acento en las condiciones materiales de

 

existencia, tanto en la interpretación que se hacía del mundo (El Estado como cristalización de la

 

 

 

 

 

62 

 

razón en la visión Hegeliana) como en las ideas que se formaban sobre la transformación de ese

 

mundo.

 

 

 

Dos artículos de elaboración crítica de la fuente filosófica hacen el reconocimiento de sus baches

 

en su propio desarrollo, no por prejuicio -al estilo de algunos franceses- sino por elaboración hasta

 

las últimas consecuencias del idealismo alemán, estos textos van marcando ruptura con la manera

 

filosófica de abordar los problemas sociales y abriendo el camino para el materialismo histórico.

 

Deahí la dificultad de encasillara Marx, ni un hegeliano a ultranza, pero tampoco un antihegeliano

 

extremo que hizo borrón y cuenta nueva.

 

 

 

Uno de estos textos ya ha sido traído a colación, Crítica de la filosofía del Estado de Hegel, por lo

 

que no es necesario añadir mayor cosa, tan solo recordar que la crítica de la filosofía jurídica

 

hegeliana expone que la clave del proceso histórico está en la sociedad no en el Estado, —en la

 

anatomía de la sociedad—, se sustrae la idea de Estado de su ensimismamiento filosófico y se lo

 

sitúa como un ente material producto de las determinaciones sociales no como un ente suprasocial,

 

que se construye a sí mismo, y se justifica a sí mismo porque se piensa a sí mismo.

 

 

 

El otro de los escritos es, La Cuestión Judía, donde Marx diferencia entre emancipación humana

 

yemancipación política. Aquí, Marx nos muestracómo la críticaneohegelianasequedabaatrapada

 

en la ideología religiosa y armaba un rechazo de ésta en los límites de la propia religión. Llevados

 

por un enfoque teológico, Bruno Bauer planteaba que, ya que los Judíos habían sido superados por

 

el cristianismo entonces el judaísmo de la época había de recorrer un camino más largo y espinoso

 

 

 

 

 

63 

 

que el cristianismo para llegar a la libertad política, los judíos, habían pues, de someterse a la

 

disciplina del cristianismo (Mehring, 1971).

 

 

 

Marx le recuerda a Bauer que ya había Estados donde la emancipación política tanto para judíos

 

como para cristianos existía, y ello no redunda en una emancipación humana necesariamente. El

 

Estado, se libera de la traba religiosa, sin que el hombre como tal se vea librado de ella. Los límites

 

de una revolución política son esos, tal cual hizo la francesa, donde:

 

 

 

No emancipan al hombre de la religión, sino que le confieren la libertad religiosa; no le

 

emancipan de la propiedad, sino que le confieren la libertad de ser propietario; no le

 

emancipan de la infamia de la ganancia, sino que le confieren la libertad industrial

 

(Mehring, 1971, p.83).

 

 

 

En estos cuestionamientos se puede leer en Marx una crítica a la ideología liberal, ella socializa y

 

divulga sus concepciones ideológicas de libertad pero privatiza el beneficio económico. Da la

 

libertad de asumir el contrato burgués entre propietarios —entre el propietario de la fuerza trabajo

 

y el de los medios de producción—, aunque, como luego muestra el mismo Marx en El Capital, el

 

capitalismo es el primero en incumplir dicho contrato, no pagando la fuerza de trabajo por el valor

 

que realmente representa.

 

 

 

Bruno Bauer pues, no daba con el hecho de que el Estado mismo tenía unos elementos

 

condicionantes que impiden la emancipación humana. El Estado existe gracias a diferencias de

 

clase, de religión, de propiedad. El Estado representa pues, no el interés general de la sociedad

 

 

 

64 

 

como creía Hegel, sino el de una parte de esa sociedad, el de un grupo, una clase, aquella la cual

 

ostenta la propiedad privada; la burguesía.

 

 

 

La crítica del cielo es la crítica de la tierra, esta idea será un punto de entronque con la fuente

 

socio-política y marcará dentro de esta fuente la posición resuelta de Marx frente al proletariado.

 

Sí el hombre crea a Dios y no viceversa, pero ese hombre no es un ser abstracto sino que está

 

determinado por el mundo, luchar contra la religión es por tanto luchar contra el mundo que la

 

genera, “el arma de la crítica no reemplaza la crítica de las armas” (Mehring, 1971, p. 78), sólo el

 

poder material destruye el poder material. Marx identifica entonces al proletariado como el sujeto

 

que encarnaría tal lucha, como la clase radical que puede asumir la revolución radical; la filosofía

 

encuentra en el proletariado sus armas materiales.

 

 

 

De esto se desprende la actitud característica de Marx y Engels con los movimientos obreros de la

 

época, de mucho respeto y valoración, con reservas críticas frente a algunos de ellos pero sin negar

 

su importancia e impulsarlos a que se cualificaran en sus luchas, y sobre todo, a que fortaleciesen

 

teóricamente sus consignas y objetivos. Justamente estos dos autores que arribaban a un potente

 

análisis socio-político en un contexto minado por la filosofía, adoptan una actitud distinta a otras

 

que sucumbieron al desprecio, la indiferencia y la desconfianza ante la “masa” casualmente

 

actitudes típicas de aquellos intelectuales sesgados hacia el análisis filosófico, donde reducían a

 

ese importante, pero estrecho ámbito, la complejidad humana y social.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

65 

 

Segunda parte

 

 

 

 

 

 

2.    Pregunta articuladora

 

 

En resumidas cuentas, la ciencia de la economía política, la filosofía clásica alemana y la política

 

con el socialismo francés se constituyen en ejes articuladores del conocimiento marxista, de ahí

 

que históricamente éste haya sido un terreno donde han florecido diversas posturas teóricas,

 

políticas e ideológicas. Por eso hay una pluralidad que se impone al hablar del marxismo, no hay

 

una visión única sino diversas tendencias dentro de esta teoría que ofrecen miradas e

 

interpretaciones conducentes a polémicas, debates y rupturas en el seno del marxismo mismo y

 

que demuestran el carácter inagotable de dicha teoría; su naturaleza crítica y su configuración

 

polémica han hecho su historia, una que hasta el día de hoy sigue cobrando forma como

 

pensamiento crítico. Es en este espectro donde se inscribe la figura de Estanislao Zuleta, cuyo

 

desarrollo intelectual está signado por el hilo rojo del marxismo, toda su obra tiene como referente

 

ineludible a Marx, la cuestión a saber es qué tipo de abordaje hizo del mismo, cuál fue

 

su evolución y las posturas que a lo largo de su vida fue adoptando frente a la obra de Marx y

 

Engels. En pocas palabras, ¿cuál fue la apropiación que hizo Estanislao Zuleta del marxismo?

 

¿De qué manera fue Zuleta un Marxista y un anticapitalista, como el mismo se definió?

 

 

 

 

 

La pregunta, así planteada, se compromete a tratar diferentes aspectos que se vinculan

 

necesariamente, por la singularidad del marxismo como teoría apostada a la acción, su hacer

 

científico está estrechamente ligado —hasta confundirse a veces— con la organización política y/o

 

 

 

66 

 

partidista, sin tal imbricación de posiciones no se entiende el marxismo, ésta es una de sus apuestas

 

y la línea que demarca sus formas de conocer frente a otras teorías.

 

 

Esto me obliga a intentar ser lo más específico que se pueda respecto a la pregunta sobre la

 

apropiación que hizo Zuleta del marxismo, dado que no solo tiene que ver con la recepción y el

 

abordaje de algunos postulados teóricos del materialismo histórico, sino que, ineludiblemente,

 

exige tratar el problema del posicionamiento de Zuleta como marxista, lo cual no significa otra

 

cosa que indagar por su toma de posición política frente al mundo concreto que se le presentaba,

 

en su caso específico, aquel mundo desde los años sesenta hasta los noventa del siglo XX. Tal

 

como hizo Marx, que definió su pensamiento por su capacidad de interpretar las problemáticas que

 

el mundo le presentaba.

 

 

 

 

 

La recepción, el abordaje y ahora el posicionamiento político son asuntos que reclaman otro tipo

 

de pregunta, la que considero se puede formular teniendo presente las fuentes integrantes del

 

marxismo, que como se ejemplificó en el primer capítulo de este trabajo en el caso de Marx, su

 

ruptura con la filosofía hegeliana y sus evoluciones intelectuales y políticas se definieron a partir

 

del tratamiento de tales fuentes, en ese sentido, me muevo de terreno; del siglo XIX al XX y, de

 

pensador; pasando de Marx a Zuleta y pregunto:

 

 

¿Cómo apropia y articula Estanislao Zuleta las fuentes integrantes que componen al marxismo:

 

la economía política, la filosofía clásica alemana y la socio-política? Esta pregunta apunta por el

 

desarrollo que Zuleta hace de las fuentes integrantes en su obra y cómo resuelve, o no, el gran

 

problema de la articulación de dichas fuentes, pues en su interrelación es donde se constituye el

 

mayor reto de la teoría marxista.

 

 

 

67 

 

Y es pensar las fuentes integrantes del marxismo, no como algo que Marx y Engels inventaron,

 

sino, desde la óptica que nos recuerda Lenin, como continuación de otras tradiciones de

 

pensamiento que surgieron en Europa.

 

 

 

 

 

Tal preocupación, además de reconocer los puntos de continuidad de Zuleta con Marx, obliga a

 

recrear y hasta en cierta medida implica re-elaborar las discusiones que definieron la posición

 

crítica de Zuleta desde los años sesenta, al detenerse en estás se puede identificar el tratamiento de

 

la triada ciencia, filosofía y política que están en la base del marxismo, y que en su conexión tocan

 

y confrontan elementos neurálgicos de la interrelación.

 

 

 

 

 

Tales discusiones en la obra de Zuleta abarcan tres áreas espacio-temporales que exponen unas

 

posiciones particulares en el marxismo del siglo XX y que fueron con las que Zuleta habría de

 

encontrarse y sostener una relación crítica:

 

 

 

 

 

-El marxismo en Marx: Discusión con la obra de Marx, apropiación de conceptos ycrítica

 

de algunos.

 

 

-El marxismo en Colombia: Crítica al movimiento armado, ruptura con organizaciones

 

políticas, ¿una praxis alternativa?

 

 

-El marxismo en el mundo: Debate con las posiciones del marxismo soviético y el chino.

 

Distanciamiento de sus experiencias políticas

 

 

 

 

 

68 

 

Tercera parte

 

 

 

 

3. El Marxismo en Marx

 

 

A manera de síntesis teórica

 

 

 

Luego del recorrido histórico señalado con el devenir de las fuentes, es pertinente hacer algunas

 

acotaciones sobre ciertos conceptos que están implicados en este recorrido, y que por haber dado

 

predominio a su carácter histórico, no fueron tratados en detalle; son ciertos aspectos conceptuales

 

que vale subrayar en este punto. También, y especialmente, para hacer de esta síntesis una especie

 

de bisagra entre las fuentes integrantes del marxismo y Estanislao Zuleta empezando a abordar tal

 

relación, en este caso, en términos teóricos. Se podrá apreciar en esta instancia una recepción

 

epistemológica del marxismo en Zuleta que se acompañará de una confluencia entre los aportes

 

de Marx y algunos marxistas, donde la mirada propia de Zuleta con sus indagaciones e

 

interpretaciones, enriquece y expande al marxismo.

 

 

 

 

Esa confluencia se ratifica en la resonancia que tiene la reflexión de Zuleta al ponerse en contexto

 

y contrastarse con las reflexiones de otros autores de tradición marxista, como es el caso de Karel

 

Kosik, Louis Althuser, Georg Luckas, Jean Paul Sartre, Hugo Zemelman, Enrique De la Garza,

 

Jaime Osorio. Es decir, los aportes Zuleta bien se pueden inscribir en las discusiones neurálgicas

 

del marxismo que a lo largo de su historia lo han caracterizado y que al día de hoy se siguen

 

desarrollando.

 

 

 

 

 

69 

 

Atender el tratamiento de la epistemología en Marx que hizo Estanislao Zuleta, es ya en sí mismo

 

una expresión de la manera cómo apropió la obra del pensador alemán. Desde este punto

 

estaríamos comenzando a responder la pregunta que nos compete en este trabajo. Pues es un lugar

 

que demostrará el desarrollo de una base conceptual, pero sobretodo, de una manerade enfrentarse

 

a la realidad social para investigarla y conocerla objetivamente, en la cual Zuleta habría de

 

reconocerse como heredero de las elaboraciones hechas por Marx en el terreno epistemológico.

 

Basta con ver algunas de sus obras para apreciar esa herencia y constatar en la aplicación directa

 

a unos fenómenos concretos la puesta en marcha de unas nociones teóricas cuya orientación es

 

innegablemente la del materialismo histórico. Aquí estaríamos situándonos de manera específica

 

en la discusión de las fuentes integrantes, a partir de su desarrollo científico.

 

 

 

En particular, esos conceptos que son de carácter epistemológico sirven    para ver la fuerza

 

articuladora del marxismo desde dos términos que se relacionan mutuamente y que como lo he

 

comentado estuvieron en la base de las reflexiones de toda la obra de Estanislao Zuleta, estos son:

 

totalidad y estructura.

 

 

 

Pero hagamos un recuento sobre estos conceptos, pues como fue indicado en El devenir de las

 

fuentes, habría que decir que la formulación teorética de estos términos se hace a la par de una

 

explicación materialista. Esto quiere decir que tales conceptos están cargados de una realidad

 

histórico-social, que su validez se encuentraen la realidad misma, más que en su coherencia lógica.

 

Por eso, los conceptos señalados en la estructura epistemológica se construyen y explican al

 

compás de un análisis en el que se alude indefectiblemente a fenómenos de índole socio-política,

 

como lo son: Estado ySociedad Civil. Recordemos que fueron precisamente estos conceptos sobre

 

 

 

70 

 

los queversó la polémica deMarx con Hegel yel Hegelianismo yaquellos quemarcaron su ruptura

 

con la fuente filosófica obligando a Marx a acudir a los terrenos sociopolíticos y económico-

 

productivos para explicar las problemáticas sociales que se presentaban en el siglo XIX.

 

 

 

 

 

3.1. Totalidad

 

 

 

Pero no la totalidad a secas, sino la totalidad concreta como el paso de un concreto real a un

 

concreto pensado. Esta diferencia es sumamente importante porque hace parte de esas sutiles

 

diferencias de Marx con Hegel, esos detalles sustanciales que llevan a construir ideas de formas

 

radicalmente distintas. Aquí podemos ayudarnos de un autor contemporáneo que ha recordado el

 

carácter epistemológico de la obra de Marx, insistiendo en la potencialidad investigativa que

 

subyace en su obra, Enrique De la Garza nos ayuda a entender mejor el concepto de totalidad en

 

Marx en sus relaciones con lo que describe detalladamente como el concreto real y el concreto

 

pensado.

 

 

 

[…] totalidad concreta y concreto pensado son equivalentes; concreto pensado hace

 

referencia a la teoría específica que explica, junto a los sujetos, el movimiento del objeto.

 

Aquí específico no puede significar sólo lo singular, sino más bien la articulación entre lo

 

general ylo particular. En tal sentido, la explicación se conseguirá cuando se haya obtenido

 

esa teoría específica, ese concreto pensado (De la Garza, 2018, p.87).

 

 

 

Para entender mejor la equivalencia entre totalidad concreta y concreto pensado, es necesario

 

aclarar el lugar quetiene el concreto real. Aquí debemos recordar la indicación deMarx al hacernos

 

 

71 

 

el llamado de que a la hora de elaborar ideas se debe partir de la materia, o lo que es lo mismo, de

 

un concreto real para que de allí surja el pensamiento. Desde la perspectiva del materialismo

 

histórico las ideas no surgen de las mismas ideas, sino de una atenta observación empírica de la

 

realidad que mediante un proceso de conocimiento va descubriendo sus elementos determinantes,

 

por tanto las hipótesis, conceptos e ideas son un resultado, un constructo que tienen una base

 

terrenal para sustentarse. Es ver la totalidad como un proceso que va develando las partes

 

constituyentes del objeto que se estudia ysus relaciones esenciales, no es la totalidad como un ente

 

dado que se percibe de inmediato cual si fuese un rompecabezas en el que se descifra un molde

 

preestablecido que luego ha de armarse. Punto que ya vimos era donde fallaba Hegel, pues

 

reconocía la necesidad de la totalidad en el proceso de pensamiento, más no daba con el hecho de

 

sustraer la sustancia delas partes queconfiguran la totalidad yquedemostrarían el hecho deporque

 

se han estructurado de tal o cual manera. Era un reconocimiento de la totalidad en la superficie

 

más no en su estructuración interna.

 

 

 

 

Pero más allá de ofrecer este camino, Marx precisa en decir que no es suficiente con tener como

 

punto de partida el concreto real, o estar frente a un objeto tangible, pues se puede tener una

 

concepción equivocada ante a ese concreto y entonces dar así con un inicio errado respecto a la

 

maneraen que es entendido cierto objeto. Por ejemplo, quien va a la Revolución rusasin un estudio

 

del campesinado, de la geopolítica a inicios del siglo XX, de la situación de Rusia en la primera

 

guerra mundial etc., es decir, desconociendo una serie de elementos históricos ysociopolíticos que

 

no brotan en la inmediatez de la imaginación sino de la investigación meticulosa, y que de

 

ignorarse tales elementos la Revolución de 1917 no se explica.

 

 

 

 

72 

 

Por tanto, es necesario desentrañar el contenido del concreto real y abstraer de él cuál es su centro

 

de gravedad y los elementos en los cuales reposa su existencia que no son perceptibles a las

 

sensaciones inmediatas. Aparte de tener como punto de partida el concreto real, es necesario ir

 

elaborando un lenguaje -teórico que permita interpretar ese concreto real, pues hay aspectos de la

 

realidad que solo pueden verse y apreciarse —como afirma Karel Kosik— después de un rodeo en

 

el pensamiento. Cuando se elabora tal lenguaje se está ascendiendo hacia un concreto pensado que

 

en sus abstracciones va logrando la reconstrucción de la totalidad concreta, lo que “no significa

 

qué se parte solo de las impresiones físicas del objeto sobre el sujeto. Si éstas intervienen, es sólo

 

porque el conocimiento del sujeto puede convertirlas en intuiciones y representaciones que

 

implican ya cierto nivel de abstracción” (De la Garza, 2018, p.78).

 

 

 

Es una advertencia necesaria ya que se puede partir de un concreto real pero tomado

 

insuficientemente. De ahí se desprende una diferencia importante, el punto de partida no equivale,

 

ni significa a la vez, el comienzo de la investigación, ¿por qué? pues porque nada nos garantiza

 

que al enfrentarnos al estudio de un objeto que nos es desconocido, lo hayamos abordado desde el

 

comienzo por un camino acertado. Precisamente por el desconocimiento que tenemos no damos

 

de entrada con el punto de partida indicado, se estará comenzando con la investigación que es

 

diferente, pero no con aquello que nos sintetice la totalidad que configura al objeto que se estudia,

 

aún no se han captado sus múltiples determinaciones. Por eso al comenzar con la investigación se

 

debe mantener la sospecha de que no se está de primera mano ante toda la realidad del objeto, ante

 

todo aquello que determina y constituye su existencia material. Mantener conciencia de esta

 

ignorancia, permite que a medida que se avanza en la investigación se vayan transformando

 

 

 

 

 

73 

 

nuestras concepciones sobre el concreto real que se analiza, modificar las ideas iniciales y previas

 

al estudio en cuestión, retornando al punto de partida, pero de manera enriquecida.

 

 

 

A manera de una descripción gráfica, podemos representarnos lo dicho de la siguiente manera,

 

interpretando la famosa división metodológica que realiza Marx al hablarnos del método de

 

investigación y el método de exposición:

 

 

 

Tabla 3

 

Punto de partida entre la investigación y la exposición

 

 

Método de investigación

 

 

El camino que se traza para investigar algo

 

desconocido.

 

 

Concreto Real - una propuesta

 

para abordarlo

 

 

Relación inmediata con el objeto.

 

(Prenociones, impresiones, sensaciones)

 

Método de exposición

 

 

El camino que se construye para exponer lo

 

conocido.

 

 

Concreto Pensado - una forma de organizarlo

 

y exponerlo

 

 

Relación mediatizada con el objeto.

 

(Reflexión teórica, conceptualización)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

74 

 

 

 

No sé:

 

 

 

-¿Qué hacer para aprehender lo no

 

conocido?

 

Ya sé:

 

 

 

-¿De qué manera presentar lo que se conoció?

 

-¿Cómo empezar a exponer?

 

 

-¿Cómo empezar a estudiar?

 

 

 

Fuente: Elaboración propia.

 

 

 

 

De cierta manera, el punto de partida en la investigación es indeterminable, pues es una

 

exploración no es evidente de suyo, es un objeto complejo que tiene que ser explorado. Como dice

 

Zuleta (1987), el punto de partida ya contiene en sí un trabajo previo, no es un objeto simple que

 

se aprecie en la inmediatez yque luego se va complicando progresivamente, no, el punto de partida

 

es complejo desde un inicio. No hay itinerario dado, la realidad empírica no anuncia como debe

 

ser estudiada, no se sabe de antemano cual es el camino más apropiado para tomar. Un punto de

 

partida se logra cuando éste es acorde a la presentación de la totalidad, con su conjunto de

 

relaciones y determinaciones. Es idear una síntesis que es descubierta, la cual no debe dejar por

 

fuera ningún elemento necesario para la explicación de la totalidad.

 

 

 

Una de las tareas más importantes en torno a esta concepción de totalidad, recae en el ejercicio de

 

articular, y una explicación de carácter materialista debe lograr la configuración pertinente de sus

 

abstracciones frente al objeto que se estudia. Totalidad, por ejemplo, en el terreno histórico-social

 

no significa reconstruir los hechos que se analizan a partir de la sucesión cronológica de estos,

 

sino, una reconstrucción a partir de las relaciones estructurales que configuran el hecho social que

 

 

75 

 

se trata, enfatizando en estas relaciones sobre los puntos nodales en donde se establecen los nexos

 

esenciales que caracterizan al objeto estudiado12. Es por decir, de algún modo, detallar con toda

 

claridad los vínculos que hacen permanecer en el tiempo determinada realidad histórica, o

 

viceversa, aquello que en determinado momento replantea sus relaciones y hace cambiar la

 

dinámica histórica.

 

 

 

De los criterios metodológicos enunciados nos parece central el de la totalidad, el cual

 

implica la reconstrucción, la articulación de niveles ysu redefinición, la apertura de la teoría,

 

el proceso reconstructivo, la intervención abierta de lo teórico y lo histórico, yla explicación

 

como concreto pensado (entendida ésta como teoría, como síntesis de múltiples

 

determinaciones) (De la Garza, 2018, p.93).

 

 

 

 

 

3.2. Estructura

 

 

 

Este es un concepto que en la obra de Marx se corresponde directamente con el de totalidad. En el

 

texto de Zuleta, Comentarios a la Introducción General de la Crítica de la Economía Política se

 

expone con mucha rigurosidad las relaciones entre los conceptos de estructura y totalidad, y en las

 

interpretaciones de Zuleta podremos identificar la recepción epistemológica que hizo de Marx, la

 

 

 

 

 

 

12 Unida a esta noción de totalidad, proviene por ejemplo la peculiar manera en que se construyen las explicaciones desde el materialismo histórico: “La explicación se alcanza cuando se ha logrado generar la teoría específica del objeto específico. Al mismo tiempo, a diferencia de la estrategia positivista, la delimitación del objeto no se logra sino en el momento mismo de la explicación. Arribar al concreto pensado es, en esta medida, lo mismo que reconstruir la totalidad, la cual no se identifica con el todo, sino que implica el descubrir los aspectos determinantes del proceso y sus articulaciones. Así, la noción de totalidad subsume y no niega la causalidad; ésta no sería sino un aspecto parcial de aquélla, no presuponible a priori, sino articulada en la reconstrucción. (De la Garza, 2018, p.91).

 

76 

 

apropiación de unos conceptos pero sobre todo de unos modos de analizar la realidad social y de

 

enfrentarse a su investigación.

 

 

 

A diferencia de otros enfoques teóricos se comienza por un estudio de la totalidad de la cosa, es

 

decir, busca el conocimiento de la estructura que configura al objeto y se preocupa sobre todo por

 

las relaciones de interdependencia de las partes, no agota en una mera instancia la indagación

 

sobre el objeto, tampoco lo reduce a un origen simple que explicaría la cosa en su devenir, “la tesis

 

de que todo ha sido siempre así, es decir de acuerdo a una presunta esencia o naturaleza humana,

 

inmutables y ahistóricas” (Zuleta, 1987, p.43). No, cuando se dice totalidad en el marxismo quiere

 

decir orientación hacia el descubrimiento de la estructura que configura la cosa y el conjunto de

 

elementos que la componen, detallando en el efecto que sus elementos producen al relacionarse

 

“en realidad solo existe un solo camino metodológico científico, el cual consiste en estudiar

 

primero la estructurade la cosa, su organización, sus leyes; para luego con estas categorías estudiar

 

la historia de la constitución de la cosa” (Zuleta, 1987, p.54).

 

 

 

Con esta mirada, Zuleta pone de presente la peculiaridad de Marx a la hora de analizar la historia,

 

recordándonos aquello de que Marx es revolución en lógica y filosofía, y Zuleta puede decirlo con

 

toda autoridad debido a su exhaustivo conocimiento de otros autores precedentes y externos al

 

marxismo que se han ganado un lugar incuestionable en la historia del pensamiento universal, por

 

nombrar algunos: Sócrates, Platón, Aristóteles, Kant, Spinoza, Hegel. Varios de estos autores que

 

fueron referentes de Marx y con los cuales llegó a debatir en su momento, hay que decir que el

 

conocimiento de tales pensadores le permitía a Zuleta estar armado de elementos teóricos cuando

 

Marx se refería a ellos, o sea que no quedaba a merced de la interpretación que Marx hacía de

 

 

 

77 

 

estos, sino que tenía una mirada propia que le permitía sentar su posición con conocimiento de

 

causa, sea que fuera para enriquecer la interpretación de Marx o para polemizarla.

 

 

 

Frente a una de esas interpretaciones que hizo Zuleta de la obra de Marx en contraste con otro

 

autor, podemos considerar una que versa sobre el concepto que estamos tratando de estructura. En

 

este caso veremos que Marx no solamente invirtió a Hegel como se suele decir, sino que también

 

lo hizo en gran medida con Aristóteles —otro cambio en el terreno de la filosofía. Al poner la

 

mira en la estructura que configura una época histórica, se descubre que lo esencial —entendido

 

como lo característico de una sociedad y de un periodo histórico— no está en las similitudes que

 

dicha época tiene con otras épocas, como consideraba el método comparativo de Aristóteles, sino

 

que en Marx lo característico de un momento histórico recae precisamente en las diferencias de

 

ese momento con otros, ¿por qué? Porque en esas diferencias se plantean unas interrelaciones

 

distintas de las partes que constituyen la estructura social, esas diferencias hablan de lo específico

 

que tiene la época y del modo particular que tienen para organizarse.

 

 

 

[…] todas las formas de sociedad […] tienen en cuanto a la producción se refiere rasgos

 

comunes. Ciertamente, en todas ellas están presentes determinados elementos; por ejemplo,

 

instrumentos de trabajo, objetos de trabajo, trabajadores y en algunas de ellas los no

 

trabajadores. Esos elementos comunes son producidos por el método de abstracción

 

aristotélica que consiste en separar lo semejante de lo diferente, considerando lo primero

 

en cuanto constante, lo esencial y lo segundo en cuanto variable, lo inesencial13     (Zuleta,

 

1987, p.55).

 

 

 

13 El comentario de Marx desde el cual Zuleta hace su interpretación, dice así: “Pero todas las épocas de la producción tienen ciertos rasgos común, ciertas determinaciones comunes. La producción en general es una abstracción que tiene

 

78 

 

 

 

 

Es decir, siempre ha existido producción en la historia de la humanidad, pero en cuanto entramos

 

a detallar en cada época las prácticas y las relaciones sociales bajo las que se establece dicha

 

producción, nos damos cuenta que en un periodo de la historia, por ejemplo, los trabajadores eran

 

dueños de los medios de producción, cosa que en la moderna sociedad burguesa no acontece. Esa

 

pequeña diferencia, entre muchas otras, como la manera en que la división social del trabajo se

 

plantea, especifican la manera en que se produce en un momento determinado de la historia. Si

 

nos quedamos, pues, solo viendo las similitudes entre períodos históricos no percibimos tales

 

diferencias y por tanto se desconocería lo específico que caracterizaría a una época y muy por el

 

contrario no captaríamos lo esencial de ella.

 

 

 

Es esta diferente articulación la que para Marx constituye lo esencial, en cuanto que en cada

 

conjunto o haz, cada elemento queda redefinido en una nueva relación con los otros. Por

 

ejemplo, lo que interesa saber es cómo se relacionan los trabajadores con los medios de

 

producción, si como propietarios o expropiados. Los elementos son los mismos pero las

 

relaciones entre ellos son diferentes (Zuleta, 1987, p.55).

 

 

 

 

3.3. La totalidad estructurada en la economía política

 

 

 

El concepto detotalidad seentiendeala par con el concepto deestructura ysus funciones analíticas

 

se pueden ver en detalle cuando Marx aborda el circuito de la economía política: Producción-

 

 

 

un sentido, en tanto que pone realmente de relieve lo común, lo fija y nos ahorra así una repetición. Sin embargo, lo general o lo común, extraído por comparación, es a su vez algo completamente articulado y que se despliega en distintas determinaciones” (Zuleta, 1987, p.54).

 

79 

 

distribución-cambio-consumo, como un todo articulado orientado por un proceso integral del cual,

 

el sello de Marx está en identificar y dar muestra de la estructuración que hay entre esos cuatro

 

elementos del modo de producción de una formación social “la producción como el consumo y los

 

otros elementos ya redefinidos como “articulaciones de una totalidad, están diferenciados dentro

 

de una misma unidad” (Zuleta, 1987, p.79).

 

 

 

Esta mirada difiere de otros economistas que en sus análisis separaban la producción del consumo,

 

las consideraban como entes separados y no las integraban como elementos articulados que se

 

condicionaban mutuamente, por ejemplo que, el consumo es condición de existencia de la

 

producción y viceversa. De un lado el consumo plantea la necesidad que la producción satisface,

 

pero de otro, un producto es producto cuando cumple la finalidad para la que fue creado, o sea,

 

cuando se cristaliza en su actividad como objeto. Necesita cumplir con esa actividad de consumo

 

para concretar la función de reproducir las relaciones sociales existentes.

 

 

 

Pero adicionalmente, la producción ejerce una determinación directa sobre el consumo porque:

 

“La producción, no solamente crea el objeto de consumo, sino también el modo de consumo, lo

 

que la producción produce no sólo se objetiva sino que también se subjetiva” (Zuleta, 1987, p.78).

 

 

 

La producción moldea pues al consumidor, ya que “no solamente produce un objeto para el sujeto,

 

sino un sujeto para el objeto” (Zuleta, 1987, p.78) El ejemplo de Marx a propósito de esto es

 

contundente, ocurre a la manera del arte donde se forja el público apto para una obra, de no existir

 

ese público sensible, la obra de arte no puede generar su goce estético.

 

 

 

 

 

80 

 

Al final de cuentas es el análisis de los momentos de una totalidad, percibiendo sus articulaciones

 

y las acciones recíprocas que hay entre elementos, en una frase, la interdependencia de las

 

relaciones entrelas partes. Paradejar hasta aquí con lo referente al circuito dela economíapolítica,

 

basta indicar brevemente el lugar y el sentido que cobran en este circuito, la distribución y el

 

cambio. Brevemente porque mi propósito no es repetir todo lo que ya se encuentra en Marx y en

 

la extraordinaria y aguda interpretación que hace Zuleta, y para lo cual solo habría que remitirse a

 

la lectura del texto citado, sino que mi intención es sustentar la apropiación que logró Estanislao

 

Zuleta de la lógica teórica de Marx expresada en estas interpretaciones.

 

 

 

Respecto a la distribución, los economistas burgueses la conciben como la repartición de lo

 

producido, mientras que para Marx, la distribución es la repartición que se hace en una sociedad

 

dividida en clases. Pero esta conclusión a la que llega Marx, fue precedida por un análisis donde

 

planteó una pregunta que empezaba a develar las inconsistencias de los economistas: “¿La

 

distribución existe como una esfera autónoma junto a la producción y fuera ella?” (Zuleta, 1987,

 

p.84).

 

 

 

La pregunta era formulada según la división que hacían algunos economistas entre la producción

 

y la distribución, en la primera situaban “como agentes de la producción; la tierra, el trabajo y el

 

capital. En la segunda, la distribución; la renta, el salario, el interés y la ganancia” (Zuleta, 1987,

 

p.85) Pronto se verá que esta separación se revela como falsa, puesto que no capta la relación

 

interdependiente entre las partes y las influencias que estas ejercen entre sí.

 

 

 

 

 

 

 

 

81 

 

En consecuencia, los modos y relaciones de distribución aparecen sólo como el reverso de

 

los agentes de producción. Un individuo que participa en la producción bajo la forma de

 

trabajo asalariado, participa bajo la forma de salario en los productos. La organización de

 

la distribución está totalmente determinada por la organización de la producción (Zuleta,

 

1987, p.85).

 

 

 

No puede por tanto dividirse del ámbito de la distribución el salario, como si fuese una entidad

 

autónoma frente a la producción, dado que es lo que se hace, según en el ámbito productivo, lo

 

que determinará una cantidad de salario para participar en la adquisición de los bienes que se

 

distribuyen en el mercado. Lo que devela Marx y lo reconoce Zuleta es que son las relaciones

 

sociales las que determinan los factores productivos y distributivos, por ejemplo, no es la tierra la

 

que produce la renta, sino:

 

 

 

[...] la propiedad sobre la tierra y correlativamente la existencia de la no propiedad sobre la

 

tierra la que produce la renta. [Tampoco el capital produce ganancia, creerlo es] confundir

 

los elementos materiales del capital, edificios, máquinas, materias primas, o sea medios de

 

producción, con la propiedad privada sobre los medios de producción y la correlativa

 

supeditación del trabajador asalariado, no propietario, con respecto a los propietarios

 

privados de los medios de producción. El capital no es una cosa sino una relación social14

 

[y respecto al trabajo] ningún trabajo produce salario, es el trabajo en las condiciones

 

capitalistas de producción el que aparece como trabajo asalariado. Es la separación de la

 

fuerza de trabajo con respecto a los medios de producción y a los medios de vida, y el que

 

 

 

 

14 El subrayado es mío

 

82 

 

éstos se enfrenten a ella en forma de capital, lo que engendra el trabajo asalariado (Zuleta,

 

1987, p.86).

 

 

 

Pero además de poner presente la interdependencia de las partes que componen el circuito de la

 

economía política: producción-distribución-cambio-consumo desde la visión de totalidad

 

estructurante, se avanza más en la dirección de identificar las relaciones sociales que preceden y

 

sustentan los procesos económicos. Aquí el marxismo rebate toda forma de empirismo yno se deja

 

embaucar por las apariencias evidentes. Si habíamos visto que la producción, desde su forma

 

particular de organizarse determinaba la forma en que se participaba en la distribución, no por ello

 

Marx caerá en el equívoco de creer que “lo que antecede en el tiempo es lo determinante” (Zuleta,

 

1987, p.88), puesto que antes de que la producción material ponga a rodar su maquinaria, ocurre

 

en el seno de la sociedad una forma de distribución específica que determinará a su vez, el modo

 

y la manera en que se pondrá en ejecución la producción material.

 

 

 

Eso que ocurre en el seno de la sociedad, que puede ser mediante conquistas, revoluciones u otros

 

hechos históricos, configurará una distribución específica dentro de la población en general,

 

ubicando a los portadores de la fuerza de trabajo: esclavos, vasallos, o trabajadores asalariados por

 

un lado, y por otro a los poseedores de la propiedad privada; la tierra y los medios de producción.

 

Siendo relacionados estos agentes dentro de la sociedad, y especialmente en la división social del

 

trabajo, como poseedores y desposeídos. Luego de esta distribución se configura el proceso

 

productivo que caracteriza a una formación social. Se define la manera en que se genera la riqueza,

 

quienes la van a usufructuar, y quienes disponen de su fuerza de trabajo bajo ciertas prácticas

 

sociales. “En todos estos casos —y todos ellos son históricos— la distribución no parece estar

 

 

 

83 

 

determinada por la producción, sino, por el contrario, es la producción la que parece estar

 

organizada y determinada por la distribución” (Zuleta, 1987, p.89).

 

 

 

De esta manera se ve cómo los hechos históricos —conquistas, revoluciones— moldean y están

 

sobre la base de las formaciones económicas de las sociedades y, no éstas últimas, las que estarían

 

regidas por unas supuestas leyes naturales. Para que exista una producción tal y como se configura

 

en una formación social, se precisa que antes se haya dado una distribución en clases, y como lo

 

muestra Marx en el capítulo XXIV de El Capital, en un momento dado se crean las condiciones

 

sociales para generar estas clases, si no haydesposeídos de medios de producción pues la violencia

 

ejerce su papel protagónico para ir creando esa clase social que luego se desempeñará como

 

trabajadora asalariada en la producción. Al existir ese sujeto social que encarnaría tal papel,

 

vendrán otras distribuciones incluidas en la organización misma de la producción y precedentes a

 

la distribución de mercancías:

 

 

 

Antes de ser distribución de productos, nos dice [Marx] es: 1) distribución de los

 

instrumentos de producción, y 2) distribución de los miembros de la sociedad entre las

 

distintas ramas de producción e inmediatamente después engloba estos conceptos bajo el

 

de relaciones de producción. Ahora sí, explica la distribución de los productos como el

 

resultado de las relaciones sociales de producción o distribución de la sociedad en clases

 

[...] se explica la frase de Marx de que “considerar a la producción prescindiendo de esta

 

distribución que ella encierra es evidentemente una abstracción huera (Zuleta, 1987, pp.

 

90-91).

 

 

 

 

 

84 

 

En estos ejemplos vemos el análisis de totalidad en Marx, con toda la complejidad que requiere y

 

la cual Estanislao Zuleta nos la ayuda a comprender mejor. Vemos pues que el asunto no se agota

 

en derivar la distribución de la producción o viceversa, la relación, sea cual sea la instancia a la

 

que se le dé primacía, estará mal formulada sino ha sido captada la sustancia que compone a cada

 

una de las partes tratadas. En Marx por ejemplo, no es sólo la precisión de una influencia

 

precedente en la producción por la distribución en clases, sino que el concepto mismo de

 

producción es aclarado.

 

 

 

[…] lo nuevo en Marx no es mostrar la primacía de la producción, sino, haber transformado

 

el concepto de producción en el que no se confunden producción en el sentido de proceso

 

de trabajo o condiciones materiales y técnicas de la producción, con producción, en el

 

sentido de forma social de producción (Zuleta, 1987, p.87).

 

 

 

 

Dentro de esta visión de totalidad se considera el cambio al interior del circuito de la economía

 

política, el que tampoco es concebido de manera general, sino que es entendido desde un momento

 

histórico, así, en la sociedad que rige el modo de producción capitalista el cambio se refiere a la

 

circulación del producto social entre las clases sociales.

 

 

 

Marx procede a restringir o determinar el concepto de cambio; ya no se mantiene en el

 

nivel del cambio general, como por ejemplo, cambio entre clanes primitivos, intercambio

 

en el interior de familias más o menos autosuficientes, etc., sino que determina el concepto

 

de cambio con la calificación de privado, ubicándolo en el marco de una sociedad en un

 

 

 

 

85 

 

momento histórico determinado, el de la producción privada, el modo de producción

 

capitalista (Zuleta, 1987, p.97).

 

 

 

Visto el cambio como la circulación del producto social entre las clases, pronto se cae en cuenta

 

de que el cambio cruza todo el circuito de la economía política de principio a fin. Hay cambio

 

entre la producción y la distribución, cambio entre la distribución y el consumo. Así, en el análisis

 

de totalidad que Marx ofrece, aunque no estén dichas explícitamente, se abordan las siguientes

 

preguntas:

 

 

 

-¿Cuál es el tránsito completo de los objetos producidos?

 

-¿Qué agentes realizan los intercambios?

 

-¿Cómo estos agentes participan en las instancias del circuito económico?

 

-¿El agente productivo adquiere en el consumo lo que realiza o ayuda a crear en la producción?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 2: La circulación del producto social. Elaboración propia

 

 

 

 

 

86 

 

 

 

 

La manera de estar en un lugar de este circuito, determinará el papel que se ejerce en otra instancia.

 

Todos estos intercambios están marcados por el sello de la producción, más específicamente por

 

el lugar que se ocupa en ella. Si por ejemplo, en el ámbito de la producción participo como

 

vendedor de mi fuerza de trabajo, ya vimos que es porque en la distribución en clases sociales soy

 

un no propietario de medios de producción. Esto me marca unos límites en cuanto a la adquisición

 

del producto social. De hecho, puede suceder que, entre los trabajadores que fabrican automóviles

 

ninguno de estos tenga la posibilidad —ya ubicados en el consumo— de comprarse uno de esos

 

carros que con su inteligencia y destreza en la esfera productiva ayudan a crear. Todo porque en

 

cuanto trabajador asalariado, no se es dueño de lo que se produce, la actividad creadora, sea cual

 

sea su rendimiento y calidad le pertenece a quien ha pagado por la fuerza de trabajo. “El resultado

 

al que llegamos no es que la producción, la distribución, el intercambio y el consumo sean

 

idénticos, sino que constituyen las articulaciones de una totalidad, diferenciaciones dentro de una

 

unidad” (Zuleta, 1987, p.97).

 

 

 

 

Luego dever ejemplificadala totalidad en el terreno dela economíapolítica, es convenienteindicar

 

otros matices que frente a este concepto pone presente Zuleta en sus contrastes y articulaciones de

 

saberes, al igual que en lo atinente al concepto de estructura, como el concepto de totalidad es

 

concebido en el marxismo a diferencia de otros saberes y autores.

 

 

 

En antropología y en sociología se utiliza el concepto de estructura en el sentido simple de

 

totalidad interdependiente, sin embargo el concepto de estructura en Marx es radicalmente

 

 

 

 

87 

 

diferente. Para él las partes son interdependientes pero no tienen el mismo orden de eficacia

 

determinante, están jerarquizadas (Zuleta, 1987, p.98)15.

 

 

 

La parte subrayada fue por cierto una aclaración que ya había sido realizada en la discusión sobre

 

el concepto de totalidad en Hegel y de cómo este concepto había sido retomado y reformulado por

 

Marx, quien, a diferencia de aquel, no se quedó en la totalidad descriptiva, sino que apuntaba a

 

desentrañar la sustancia de las partes que configuran la totalidad. Pero como si fuera poco Zuleta

 

nos aclara aún más la cuestión:

 

 

 

No deben confundirse los conceptos de totalidad estructurada y determinación propios de

 

Marx, con la idea de Hegel de totalidad de sentido o totalidad expresiva, donde las partes

 

constituyen una totalidad orgánica que se refleja en un principio interno único, en un

 

sentido que habita la totalidad; por ejemplo, Hegel concibe la edad media como una

 

totalidad expresiva, una época o un momento del movimiento del espíritu en la cual éste se

 

contrapone a la naturaleza (Zuleta, 1987, p.98).

 

 

 

Analicemos estas diferencias de miras frente a la totalidad que Zuleta nos pone presente. En Hegel,

 

un sentido único habita la totalidad y es desde aquel sentido que se concatenan las partes que

 

integran y componen la totalidad, de ahí que todos los elementos de un momento histórico

 

expresarían ese sentido. “Todos los elementos del mundo medieval: economía, política, filosofía,

 

religión, arte, etc., expresan ese principio único interno que caracteriza la época -en el mundo

 

medieval- : la contraposición el espíritu y la naturaleza” (Zuleta, 1987, p.98).

 

 

 

 

15 Subrayado mío.

 

88 

 

 

 

 

En Hegel pues, el sentido es preexistente a la estructura y es quien la moldea y organiza según su

 

idea. Mientras que en Marx, ocurre todo lo contrario, el sentido es un efecto de la estructura, tal y

 

como se configuran sus partes constitutivas hay un significado de la totalidad. Aunque es

 

importante indicar que la estructura está en movimiento, no es estática, por tanto puede ser

 

modificada en sus relaciones y a su vez determinar un nuevo sentido de totalidad.

 

 

 

 

3.4. ¿Cómo están aquí presentes las fuentes integrantes del marxismo?

 

 

 

 

Desde unos puntos epistemológicos se nos muestrala continuidad de Zuleta frente a las enseñanzas

 

de Marx, como se ve, en muchas cuestiones de método. Entonces, frente a un asunto como lo

 

plantea mi pregunta de investigación es bien evidente que Zuleta tiene muy claro el tema de la

 

articulación desde los conceptos de estructura y totalidad, no sólo los entiende en Marx, sino que

 

los volcó a un diálogo de autores y teorías.

 

 

 

De acuerdo a lo anterior, podemos concluir respecto a Zuleta, que:

 

 

 

1. Hay apropiación del análisis singular de Marx en la economía política, sobre todo de su

 

manera diferenciada a la de los economistas burgueses. Lo visto en el circuito de la

 

economía política así lo refrenda, donde al mejor estilo marxista los conceptos económicos

 

están cargados de su realidad histórico social, lo cual se da desde la articulación entre las

 

fuentes integrantes de marxismo, la fuente sociopolítica y la económica especialmente.

 

 

 

 

89 

 

2. Ruptura con las nociones ideologizadas de la ciencia. Este aspecto no fue tratado

 

específicamente en este capítulo, pero se deriva del punto anterior. Muchas de las

 

inconsistencias de los economistas burgueses provenían de una intencionalidad a priori

 

que tenían en sus estudios, no eran simples errores teóricos, sino intencionalidades claras

 

de hacer una defensa científica del capitalismo. No buscaban investigar objetivamente la

 

realidad, sino hacer una constatación teórica de esa realidad existente como una situación

 

ineludible e inmutable.

 

 

 

 

2.1. De un lado, estaba la naturalización de la historia, expresada en diversos

 

ejemplos, cuyo punto en común es la proyección al origen. Así se justifica la

 

realidad actual, suponiendo que “todo ha sido siempre así, de acuerdo a una

 

presunta esencia o naturaleza humana, inmutables y ahistóricas” (Zuleta, 1987, p.

 

45) Quien cuestione o se oponga a ello, no es que contradiga un sistema económico

 

o un grupo político, sino que se está oponiendo a un estado natural de las cosas.

 

2.2. Deotro lado, la apología puede verseen los análisis directos de los economistas

 

que en las divisiones que sostenían en el circuito de la economía política, como lo

 

interpreta Zuleta y lo dice explícitamente:

 

[al derivar] de los factores de la producción a las formas de distribución se

 

cae en una concepción apologética del capitalismo, es decir, el pago de

 

los factores que tiene la virtud de silenciar la explotación de la fuerza

 

de trabajo. Por ejemplo, si el capitalista recibe utilidades, es porque se le

 

está pagando la utilización del factor capital, sus edificios, sus maquinarias,

 

etc., sin que aparezca por ninguna parte su condición de explotador de

 

 

90 

 

la fuerza de trabajo, y al trabajador con el salario, se le está pagando su

 

factor trabajo, sin que aparezca por ninguna parte el problema de la

 

apropiación de la plusvalía (Zuleta, 1987, p.86).

 

Este subrayado que hago del fragmento de Zuleta, busca sustentar en base a una

 

apropiación epistemológica del marxismo la posición ética y política que se deriva

 

de ella y que caracteriza a todo buen marxista, posición con la que se identifica

 

Estanislao en este momento de su vida (Año 1972) donde es sin lugar a dudas un

 

crítico y un opositor acérrimo del capitalismo a partir del conocimiento

 

fundamentado que va teniendo de este sistema económico. De manera que es

 

innegable esta postura marxista y anticapitalisa de Zuleta, que como veremos se

 

mantendrá irrenunciable años después en su vida.

 

 

 

3. Tratamiento del concreto real y articulación de las fuentes integrantes del marxismo.

 

Zuleta, puede decirse que ha apropiado lo que significa investigar la realidad social desde

 

una postura materialista. Capta las múltiples relaciones que determinan al objeto que

 

estudia, fue algo que vimos en sus interpretaciones sobrelas relaciones entre la producción,

 

la distribución, el cambio y el consumo, entendiendo y concibiendo que hay que atenerse

 

al conocimiento de sus condicionamientos reales y por ello identifica de la mano de Marx

 

la estructura clasista de las sociedades, punto crucial para entender que los procesos

 

económicos están articulados con la formación y reproducción de las clases sociales.

 

Además nos demuestra una apropiación concreta frente a las fuentes integrantes del

 

marxismo, porque la clase social es, precisamente, un concepto que engloba diferentes

 

áreas de conocimientos, donde la economía se historiza, la política se imbrica con el

 

 

 

91 

 

análisis económico, la historia tiene un nuevo método de estudio y lo social engrana todo

 

lo anterior, todos estos saberes que están implicados en las fuentes integrantes.

 

 

 

4. Acentúa la crítica a la fuente filosófica en puntos epistemológicos, exponiendo la

 

revolución en el pensamiento que produjo Marx, con la nueva lógica que funda y con su

 

nueva forma de explicar y de concebir la causalidad, este es otro punto que coincide con el

 

tratamiento de las fuentes integrantes en Zuleta, dado que la especificidad que trae a

 

colación con los conceptos de estructura y totalidad, reconocen los puntos de vista

 

específicos del marxismo que hacían ruptura con la manera en que la fuente filosófica los

 

abordaba, tal como vimos en el caso de Aristóteles y Hegel. Es también el estilo crítico de

 

Marx, que a la hora de abordar los conceptos, no los toma como definiciones cerradas, sino

 

que exige de estos siempre el sustento histórico y social.

 

 

 

 

3.5. Algunos ejemplos del análisis marxista de Estanislao Zuleta

 

 

El análisis estructural de la sociedad

 

 

 

Un punto de gran coincidencia de Zuleta con Marx es el análisis estructural de la sociedad que

 

tiene como piedra angular el estudio del modo de producción capitalista, Zuleta es continuador del

 

abordaje y la crítica que hace Marx desde la economía política, donde las utilizaciones de sus

 

conceptos son aplicados a las realidades sociales, a más de ser los que le permiten a Estanislao

 

fundamentar su posición como anticapitalista.

 

 

 

 

 

 

92 

 

Pero entonces, ¿en qué escenarios y frente a qué objetos o problemáticas particulares de la

 

sociedad, Zuleta puso en función analítica los aportes del marxismo? A la hora de identificar en

 

los trabajos de Zuleta y en algunas de sus exposiciones tales aportes, resaltan tanto la orientación

 

epistemológica como ciertos conceptos económicos, históricos y sociopolíticos que desde el

 

marxismo se entrelazan en la obra del pensador colombiano. Quisiera proponer un esquema

 

analítico para situar la peculiaridad de la herencia marxista en Zuleta, pues en su obra el análisis

 

materialista que se forja desde el estudio de la estructura social deriva en dos vertientes, una que

 

es histórico-social y otra que se puede denominar como cultural. Ambas se articulan en la

 

indagación de los fenómenos que Estanislao Zuleta trataba, por eso encontramos en sus estudios

 

desde problemas macrosociales como el tema de la tierra o la historia económica de Colombia en

 

el siglo XIX y en la época colonial, hasta fenómenos de carácter microsocial que atienden asuntos

 

de la vida cotidiana, es decir, unas problemáticas que son vistas desde sus repercusiones

 

individuales reconociendo en su singularidad las causas que las determinan desde el

 

funcionamiento de la estructura social.

 

 

 

 

3.6. Vertiente macrosocial

 

 

 

 

Un ejemplo para ver el abordaje macrosocial que hay en Zuleta retomando elementos del

 

marxismo, puede encontrarse en su investigación sobre la historia económica de Colombia. Allí

 

cuando se remonta a los siglos XV y XVI recreando situaciones concretas de esta época, Zuleta

 

hace gala de sus capacidades investigativas y que para situarlas en su influencia marxista las

 

podríamos denominar bajo la expresión de dos referencias epistemológicas que ya hemos visto,

 

totalidad estructurante y concreto real. Aquí conviene señalar la enorme habilidad del pensador

 

 

93 

 

colombiano paraenfrentarseacuestiones demateriahistórica ysociológicacon todo rigor, ydonde

 

las enseñanzas de Marx no se quedaban en una mera repetición de sus conceptos, de su método de

 

investigación o de sus propuestas políticas, sino que desde el aporte de Marx Zuleta hizo

 

investigaciones y estudios propios sobre objetos específicos que lo llevaron a buscar material

 

histórico y referentes teóricos externos al marxismo, los que por tanto lo condujeron en muchos

 

casos a tratar fenómenos que no habían sido estudiados en el marxismo, o en otros casos, a llegar

 

a resultados diferentes frente a problemas que Marx, Engels y algunos de sus herederos ya habían

 

tratado.

 

 

 

 

 

Al texto que hago referencia, Conferencias sobre Historia Económica de Colombia, el libro

 

comienza con una aclaración sobre el método, desde una reflexión sobre la importancia de la

 

historia y una crítica implacable a los modelos de investigación imperantes en la academia por su

 

carácter técnicista y empirista, Zuleta introduce la perspectiva de la totalidad estructurante que,

 

como observamos, es de arraigo marxista. En este mismo texto nos dice:

 

 

 

 

 

Abordar lo social como una estructura significa ante todo plantear la interdependencia de

 

las partes como su característica fundamental. Una sociedad no es la suma de hombres,

 

técnicas, instituciones, creencias, etc., que la componen, sino el sistema de relaciones que

 

todos esos elementos tienen entre sí (Zuleta, 2004, p.12).

 

 

 

 

 

El fragmento anterior entra en plena coherencia con lo que expuse en la síntesis teórica donde fue

 

ejemplificada la totalidad estructurada en el circuito de la economía política. Y en la misma página

 

94 

 

del fragmento que ha sido citado, se trae a colación a Georg Lukács toda una autoridad en el

 

marxismo y a quien recordando su crítica al empirismo por su endiosamiento con los hechos,

 

comenta Zuleta:

 

 

 

 

 

Y los famosos “hechos” al no encontrar su sitio en el seno de la totalidad a que pertenecen,

 

resultan prácticamente inaprovechables, ya que lo que a la ciencia social le interesa en ellos

 

son las relaciones que ligan al conjunto de la estructura (Zuleta, 2004, p.12).

 

 

 

 

 

Un asunto como la estructura de la propiedad rural son vistos desde esta orientación

 

epistemológica de la totalidad, que puesta en contexto de la economía colonial es determinante

 

para ver el modo que tuvo de organizarse y así poder identificar con más claridad el carácter de

 

las modificaciones que se fueron dando en su estructura con el transcurrir del tiempo.

 

 

 

 

 

En nuestro propio tema, la estructura del sector rural de la economía colombiana y de las

 

tendencias que rigen hoy en él, no parece posible obtener una aproximación adecuada de

 

los hechos, si no se parte de la organización inicial de la propiedad de la tierra y su forma

 

de explotación y no se siguen las etapas de su modificación y el cambio de función

 

económica de los elementos que han quedado aparentemente estáticos (Zuleta, 2004, p.13).

 

 

 

 

 

Desde tal visión se plantea otras reconstrucciones de la realidad que vinculan otros elementos,

 

como la relación del sector rural con el industrial, lo que implica a su vezla relación campo-ciudad,

 

 

95 

 

la densidad demográfica en la ciudad que implica unas nuevas dinámicas en el terreno económico

 

y que afecta indefectiblemente las lógicas del campo aunque a primera vista así no parezca, de

 

igual manera que las características de la población en especial los indígenas, los intercambios de

 

productos, la política española y su pugna con otras potencias europeas son realidades que están

 

implicadas en el desarrollo de la economía colombiana durante la época colonial.

 

 

 

 

 

Las anteriores consideraciones, como veremos serán cruciales en lo atinente a la interpretación de

 

datos empíricos, a tono con la perspectiva del concreto real, hay un tratamiento de los fenómenos

 

de la realidad a partir de sus expresiones concretas, ya lo ejemplificaré con unos casos específicos

 

en el texto de Conferencias sobre historia económica de Colombia, donde a Zuleta lo veremos

 

como un exigente investigador que no tiene nada que envidiarle a ningún sociólogo o historiador

 

pues da cuenta de una versatilidad en el abordaje de estadísticas, fuentes históricas y demás

 

elementos empíricos para la construcción de un análisis objetivo de la realidad.

 

 

 

 

 

El tratamiento del concreto real desde la exigencia de la totalidad concreta toma dos caminos en

 

la investigación que estamos analizando de Zuleta, uno de estos concierne con el abordaje de

 

fuentes empíricas tales como las estadísticas demográficas y otros datos relativos a los niveles de

 

producción, los salarios yel flujo del oro. El otro camino es el diálogo con los autores yla literatura

 

histórica y sociológica que han tratado el tema de la economía y otros asuntos socio-históricos

 

durante el feudalismo. Autores propios de las ciencias sociales, algunos contemporáneos con

 

Zuleta como el caso de Fernan Braudel y de Wright Mills y otros insignes y a la vanguardia de

 

estas áreas de conocimiento como el caso de Max Weber, esto por nombrar unos cuantos referentes

 

 

 

96 

 

de los que están presentes en la obra de Zuleta que estamos citando. Es decir que todo lo que

 

vamos a encontrar como análisis, hipótesis y construcciones teóricas en Zuleta tiene en la base los

 

elementos empíricos y la literatura histórica que he señalado. No son pues los análisis

 

macrosociales partiendo de elucubraciones filosóficas, sino desde una indagación al mejor estilo

 

materialista.

 

 

 

 

 

Para el caso del primer camino, se consideran los datos recolectados por los autores: Hamilton,

 

Kirkland, Vincent Vives y Braudel, quienes además de estar casi de acuerdo en los datos, “poseen

 

una elevada conciencia crítica. Por lo tanto, si no podemos hacernos ilusiones sobre su exactitud

 

estamos convencidos de que representan un cuadro aproximado de la distribución demográfica en

 

el siglo XVI” (Zuleta, 2004, p.22).

 

 

 

 

 

En lo relativo a las estadísticas sobre la carrera inflacionaria durante los siglos XV y XVI se

 

analizan los datos de Hamilton y Brito Figueroa, y de estos se puede llegar a deducir que en la

 

época en cuestión se dio un desequilibrio entre el aumento de los precios y el de los salarios, todo

 

ello a raíz del ingreso en Europa del oro y los metales preciosos provenientes de América. Una

 

riqueza sin precedentes que llegaba a levantar una serie de obstáculos que en esos momentos tenía

 

la economía europea; los precios subían en relación con los productos circulantes lo cual

 

significaba grandes beneficios paralos comerciantes, la paradoja estaría en que el país protagonista

 

de la colonización sería el más afectado por el oro que entraba a Europa, dado que para estos años

 

España no contaba con una productividad fuerte mientras otros países ya daban muestras de

 

grandes avances industriales, “las consecuencias de la revolución de los precios, no fueron sin

 

 

 

97 

 

embargo las mismas para el capitalismo europeo, considerado en general, y para el español en

 

particular, fueron más bien contrarias” (Zuleta, 2004, p.25).

 

 

 

 

 

En el caso del segundo camino que decía, donde se dirime el tratamiento del concreto real y la

 

construcción materialista de ideas, vemos a un Zuleta que no sólo hace meras alusiones

 

descriptivas a las estadísticas, sino una revisión crítica de las mismas y demás fuentes históricas.

 

No se aleja del análisis objetivo contado con datos empíricos, pero no los positiviza, los trata de

 

una manera característica al marxismo que, vinculando la reflexión teórica con la interpretación

 

rigurosa del dato, lo toma como medio para la explicación más no como el fin que concluye y

 

demuestra en sí mismo sin mediar ningún análisis. Es así como Estanislao establece el diálogo con

 

los autores que le son de referencia y los pone a discutir en los temas que se contraponen, por

 

ejemplo entre Braudel y Hamilton que aunque manejan cifras similares en sus datos difieren en su

 

interpretación.

 

 

 

 

 

[Braudel] cuando considera en conjunto las consecuencias de la revolución de los precios,

 

llega a conclusiones completamente opuestas a las de Hamilton: para él, la inflación no

 

tiene nada que ver, en efecto, con la justicia distributiva. Afecta por igual a ricos y pobres,

 

pero no a todos los ricos. Afecta a los industriales, a los mercaderes, a los financieros [...]

 

Afecta a cuantos directa o indirectamente, se ven envueltos en los peligros y falaces

 

remolinos de la moneda. Menos a los señores, a los terratenientes (Zuleta, 2004, p.29).

 

 

 

 

 

 

 

98 

 

Este tipo de contrastes son característicos en Zuleta, donde concibe y refrenda en el autor lo

 

acertado, pero también le cuestiona lo que de errado puede tener. Así pasa con Braudel con el que

 

Zuletano está plenamentedeacuerdo ysin embargo debereconocerlepuntossólidos en su análisis.

 

 

Por ejemplo, en referencia al fragmento anterior, Zuleta indica un punto criticable: “Esta

 

concepción es muy difícil de aceptar [...] tampoco se puede aceptar que los comerciantes se vieran

 

perjudicados. Las grandes empresas comerciales, como las compañías inglesas yholandesas de las

 

Indias Orientales, daban enormes dividendos” (Zuleta, 2004, p.29).

 

 

 

 

 

Y lo que resalta Zuleta a partir de ese mismo fragmento de Braudel:

 

 

 

 

 

Pero donde la argumentación de Braudel es más sólida, es en lo que se refiere a las

 

consecuencias de la inflación en la distribución de la riqueza y el poder entre las clases

 

poseedoras [...] los grandes beneficiarios fueron los terratenientes, hasta el punto de

 

caracterizar el período como una reacción señorial yuna bancarrota de la burguesía (Zuleta,

 

2004, p.30).

 

 

 

 

 

Difícilmente el cientificista que aferra su confianza al dato pueda hacer este tipo de contrastes, él

 

pierde en reflexión histórica lo que supone ganar en la cuantificación estadística.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

99 

 

3.7. Vertiente cultural

 

 

 

Una de las peculiaridades del marxismo en Zuleta estuvo en acentuar la crítica sobre los efectos

 

que la civilización capitalista ejerce sobre la vida cotidiana. La crítica a los procesos económicos

 

del capitalismo se articula a una dimensión socio-cultural, poniendo presente las consecuencias

 

que dicho sistema tiene en los aspectos más diversos de la vida humana. Por eso, tal como vamos

 

a ver, temas como el tiempo, el sentido de vida, la subjetividad, la creatividad, el placer, el gusto,

 

etc., son considerados desde el conocimiento estructural del modo de producción burgués.

 

 

 

 

En textos como, Ensayos sobre Marx Estanislao expone sus conocimientos acerca de un área como

 

la economía política. En el ensayo Marx y el presente parte por ejemplo de la teoría del valor que

 

es desarrollada ampliamente en El Capital y con su singular forma de abordar los saberes, Zuleta,

 

además de divulgar con ejemplos claros conceptos como; mercancía, fuerza de trabajo, valor, valor

 

de cambio, modo de producción, medios de producción y otros, los aterriza para entender casos

 

contemporáneos que experimentan las sociedades regidas por el capitalismo, así, el análisis no se

 

queda en una mera expresión erudita del marxismo, sino, en una forma cuestionar los efectos que

 

en la cotidianidad tiene dicho sistema económico. Zuleta, nos logra mostrar que hasta en lo más

 

íntimo de nuestras existencias repercute la sociedad burguesa, por ejemplo, al hablar del tiempo

 

Zuleta nos habla de un nuevo afán que despliega el capitalismo.

 

 

 

 

[…] hay un mundo en el que todo está de afán, todos estamos de afán. Ese es el mundo del

 

capital. El mundo en el que a mayor circulación mayor eficacia, mayor velocidad de la

 

 

 

 

100 

 

circulación. El mundo moderno es un mundo del afán y de un afán que está

 

institucionalizado. Estamos de afán (Zuleta, 1987, p.13).

 

 

 

 

 

La circulación a la que está haciendo referencia Zuleta es la circulación de mercancías que

 

caracteriza a la sociedad capitalista, donde una clave de su productividad está en el tiempo, la

 

rapidez en la producción y el consumo de tales mercancías se vuelven claves para el

 

funcionamiento del capital y su acumulamiento de riqueza. No es suficiente que el productor

 

capitalista sea dueño de las fábricas, o de los medios de producción, es condición parasu existencia

 

como capitalista que las mercancías ingresen al mercado y cumplan su ciclo en la circulación, así

 

podrá obtener el dinero que le permitirá invertir de nuevo en fuerza de trabajo, los medios de

 

producción y, a la vez, obtener un plus, una cantidad superior de dinero a la que invirtió

 

inicialmente, es decir, la plusvalía.

 

 

 

 

 

Marx denomina lo anterior bajo la fórmula D-M-D´ (Dinero-Mercancía-Dinero incrementado) en

 

contraposición a la fórmula del obrero que es M-D-M (Mercancía- Dinero-Mercancía)

 

 

En la fórmula del obrero se reproduce el capital, el trabajador vende una mercancía (M) que es su

 

fuerza de trabajo a cambio de un dinero (D) que es su salario; el cual tiene como destino obtener

 

otras mercancías (M) las que le permitirían reproducir sus medios de subsistencia. En tanto, en la

 

fórmula del capitalista se revela como éste acumula riqueza, o como Marx lo define, convierte el

 

dinero en capital. Al invertir en la producción con su dinero (D) el burgués compra esa particular

 

mercancía (M) que es la fuerza de trabajo del obrero. Recordemos que es particular porque es la

 

única mercancía que tiene la capacidad de crear otras mercancías y valorizarlas, así la fuerza de

 

 

101 

 

trabajo produce otros bienes que salen al mercado y al ser intercambiados retornan al capitalista

 

un dinero incrementado (D´) una cantidad superior a la que inicialmente había invertido, y es este

 

interés por el beneficio obtenido lo que motiva a todo capitalista a producir, pues, como diría el

 

genio de Tréveris, hasta ahora no se ha conocido al primero que lo haga por el simple amor al

 

arte de producir.

 

 

 

 

 

De ahí que entre más rápido se haga el ciclo, entre menos tiempo se demore la compra y la venta

 

demercancías en el mercado, más seráel dinero incrementado quese embolsillarán los capitalistas.

 

Pero Zuleta enfatiza en el hecho de que esa rapidez y ese afán repercuten en la vida concreta de

 

las personas, el afán de las mercancías es el afán de los seres humanos.

 

 

Amarrada a la velocidad del ciclo está la tendencia a convertirsetodo en mercancía, desde el objeto

 

más simple hasta algo como la sexualidad humana empieza a encontrar en el capitalismo su signo

 

distintivo, ser valor de cambio:

 

 

 

 

 

Todo lo que nosotros hacemos se está conviviendo progresivamente en mercancía, y todo

 

lo quenosotros necesitamos sevaconvirtiendo en mercancía; la mercancía penetraen todos

 

los poros de nuestra vida. Ahora ya ni siquiera la relación de la mamá con el niñito que le

 

acaba de nacer es independiente de la mercancía. Necesita al pediatra al que hay que

 

comprarle su fuerza de trabajo para que le indique los horarios y los teteros (Zuleta,1987,

 

p.16).

 

 

 

 

 

 

 

102 

 

También estaría la pérdida de la inteligencia del trabajador en la división social del trabajo, “[…]

 

Él no decide ni qué se hace ni cómo se hace ni para que se hace. Las leyes del capital lo deciden”

 

(Zuleta, 1987,p.15) y se podrían continuar con otros ejemplos, que nos ponen presente las

 

relaciones específicas que se tejen en una sociedad capitalista y que generan un tipo de humanidad

 

acorde a los requerimientos de tal sistema. El punto es que Estanislao llega a tal explicación al

 

hacer su debida indagación desde el estudio de lo que Marx denominó como la base material de

 

toda sociedad, la estructura económica. El ser humano real y viviente no pierde acá su nexo

 

consustancial con la sociedad, la coherencia entre lo subjetivo y lo social encuentra en este ámbito

 

caminos para sus explicaciones causales, pues todo lo que repercute en la cotidianidad de los

 

individuos se forma en gracia al tipo de relaciones que establece socialmente, en el caso de

 

marxismo dándole primacía al estudio del modo de producción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

103 

 

Cuarta Parte

 

 

 

 

4.    Zuleta y el debate marxista en Colombia y el mundo

 

 

 

 

Para este capítulo se abordarán las discusiones que sostuvo Zuleta con diferentes tendencias

 

políticas y teóricas que giraban alrededor del marxismo durante el periodo de su actividad

 

intelectual quecubreaproximadamentetreintaaños, comenzando con los inolvidables años sesenta

 

y yendo hasta 1990, año en el que fallece el pensador colombiano. Se tratarán pues problemáticas

 

específicas que en el contexto colombiano e internacional se desataron en torno a la obra de Marx,

 

la lucha revolucionaria y la práctica del socialismo. Son problemáticas que serán consideradas

 

poniendo en el centro de las discusiones y las polémicas dadas, la interrogación sobre la

 

articulación de las fuentes integrantes del marxismo.

 

 

 

 

 

4.1. Los años sesenta: la discusión marxista con una época

 

 

 

 

Esta época, como contadas veces en la historia de la humanidad, viene a poner en discusión el

 

papel de las ideas en la transformación del mundo, más específicamente el papel que debe asumir

 

el generador de tales ideas, el intelectual. El llamado a tomar partido por las situaciones de

 

injusticia, a condenarlas y rechazarlas en público se impuso casi como imperativo y era lo que en

 

estos años sesenta caracterizaba al intelectual comprometido. Estas exigencias vinculaban

 

directamente al intelectual con la política, relación que no estuvo exenta de malestar y

 

desencuentros para muchos pensadores, el mismo Estanislao Zuleta habría de experimentar su

 

 

104 

 

inconformidad con organizaciones partidistas, en este contexto ser marxista y afiliarse a un partido

 

comunista era la forma en que el intelectual consagraba su responsabilidad política, muchos lo

 

vivieron como drama, sea porque fueran del partido o también porque no lo eran. Si no había

 

filiación política el marxista estaba obligado a buscar caminos y experiencias para realizar su

 

praxis, ésta última fue la vía que marcó la existencia de Zuleta.

 

 

 

 

 

Además, el siglo XX, el siglo de los totalitarismos no dio lugar a posturas intermedias, hasta el

 

punto de que puede afirmarse que este siglo se partió en dos aguas, entre los marxistas y los

 

antimarxistas. Una forma homologable de nombrar en el plano teórico la disputa sociopolítica que

 

a la fecha se sostenía entre dos sistemas antagónicos, comunismo vs capitalismo. Definirse por

 

una de las partes fue una cuestión ineludible para quienes se movían públicamente en el plano de

 

las ideas.

 

 

 

 

 

Si queremos comprender el mundo del cual salimos, es necesario recordar la fuerza de las

 

ideas. Recordarnos del notable dominio que la idea marxista, en particular, ejercía sobre la

 

imaginación del siglo XX. Esta atrajo una buena parte de los espíritus más interesantes de

 

la época, aunque fuera solo por un tiempo: por sí misma o porque la quiebra del liberalismo

 

y el desafío del fascismo aparentemente no ofrecían solución de recambio. Otros, entre los

 

que nunca fueron tentados por el milagro de la Revolución, concentraron una buena parte

 

de su vida a estudiar y combatir al marxismo. Tomaron el desafío en serio y, a menudo, lo

 

comprendieron mejor que sus acólitos (Judt, 2012, citado por Tirado, 2014, p.233).

 

 

 

 

 

105 

 

Por el lado de las aguas rojas, los regímenes políticos que proclamaban su adherencia al marxismo

 

promovían el ideario comunista con un marcado interés de autojustificación para sus gobiernos, el

 

marxismo que se encarnaba y se divulgaba no era homogéneo en todos los países socialistas: el

 

debate sobre la toma del poder, sobre las medidas económicas, la lucha armada etc., fueron

 

delineados por la orientación que a estos temas les daba la URSS, la China de Mao y en su

 

momento hasta la misma Cuba. No era un asunto exclusivamente teórico sino que tenía una

 

connotación ideológica, era una manera de legitimar o no ciertas experiencias políticas que decían

 

basarse en los aportes de Marx, como veremos, esto tuvo altas repercusiones políticas, además que

 

significó, paradójicamente, un obstáculo para el avance del marxismo en cuanto a su cualificación

 

teórica. Por más que se hayan divulgado algunas de sus obras, o los rostros de Marx y Engels

 

adornaran con las banderas rojas las plazas y los pasillos de las sedes comunistas, estos símbolos

 

revolucionarios no pasaron de ser una imagen y un disfraz superficial que no correspondió con

 

una profundización del marxismo como teoría crítica.

 

 

 

 

 

Fue en definitiva el siglo XX una época radical, pero como si no fuera poco, la situación se

 

agudizaba porque la toma obligada de posición hacía que el autodenominado marxista arreglara

 

cuentas con su postura frente al país que hasta entonces hegemonizaba el discurso marxista y

 

comunista: la Unión Soviética. Casi que de manera automática se asumía que el partidario de la

 

obra de Marx era un simpatizante de la URSS, aunque aceptar esto sin matiz alguno sería no hacer

 

justicia con otras posiciones dentro del marxismo que sin abandonar algunos de sus planteamientos

 

se distanciaban de la orientación política del Kremlin. Por ejemplo, las organizaciones trotskistas,

 

o lo que se expresaba en la crítica de Guevara hacia la burocracia soviética y la ruptura con la otra

 

 

 

 

106 

 

potencia comunista del momento como lo era China, son éstas muestras de la disidencia que

 

experimentó el movimiento marxista.

 

 

 

 

 

Sin embargo, al igual que con el marxismo, la posición frente a la Unión Soviéticaimplicó también

 

una postura total. O se estaba en favor de la URSS, o se estaba en contra de ella. Si por lo menos

 

frente al marxismo había un margen de disidencia, frente la Unión Soviética, apostar por su apoyo

 

significaba no escribir, divulgar, ni exponer ninguna crítica a su modelo político, ni al marxismo.

 

Era adherir sin crítica alguna las líneas trazadas por el partido y acatarlas, pues quien difería, la

 

burocracia tenía el poder de convertirlo así hubiese sido el militante más convencido, en un traidor,

 

un reaccionario o un contrarrevolucionario. Como lo vivió uno de los líderes y precursores de la

 

Revolución Bolchevique Nikolai Bujarin, que pasó a convertirse de un héroe revolucionario en

 

1917 aun villano traidor en los años treinta16. Pero como hallamado la atención Bolívar Echeverría

 

citado por Lincopi (2017), ante quienes pretenden despacharse en bloque contra el marxismo

 

tildándolo de autoritario, que frente a ese “marxismo ismático, religioso, como culto oficial de

 

regímenes despóticos, dogmático y sin capacidad de apertura al mundo, existirá un marxismo del

 

todo autocrítico, revolucionario, anti-despótico y abierto al mundo, a las novedades de la ciencia

 

y el pensamiento” (p.2).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

16 no cabe duda del tormentoso discurrir de quienes ingresaron en las filas de los partidos comunistas. Esto se suele atribuir a la creciente transformación de dichos partidos, que siguen la pauta soviética formando cuerpos rígidamente dogmáticos y sin permitir ninguna desviación respecto a una ortodoxia que acabó abarcando todo aspecto imaginable del pensamiento humano y que dejó muy poco campo a la actividad de la que los intelectuales reciben su nombre (Hobsbawm, 1978, p.45).

 

107 

 

No obstante, los pocos que no abandonaron el marxismo, pero manifestaban su posición crítica

 

con el partido eran condenados al ostracismo:

 

 

 

 

 

Los comunistas que se separaban del partido —y esto fue durante mucho tiempo

 

consecuencia casi automática de la disidencia— perdían toda posibilidad de ejercer

 

influencia alguna sobre él. En países como Francia, donde el partido y el movimiento

 

socialista se iban identificando cada vez más, abandonar aquél equivalía a quedar reducido

 

a la impotencia política o a la traición a la causa, y para los intelectuales comunistas la

 

posibilidad de situarse como destacados personajes académicos o culturales no suponía

 

ninguna compensación. El destino de quienes se iban o eran expulsados era bien el

 

anticomunismo o el olvido político, salvo en el caso de los lectores de revistas minoritarias.

 

Por el contrario, la lealtad concedía por lo menos la posibilidad de ser influyente

 

(Hobsbawm, 1978, p.49).

 

 

 

 

 

Esta imposibilidad de adoptar posturas matizadas fueron contradicciones asumidas por autores

 

como Sartre, quien sólo hasta 1968 tendrá su ruptura definitiva con la Unión Soviética a raíz de la

 

invasión a Checoslovaquia. Este sería el acontecimiento que rebasaría la copa de su paciencia

 

frente al modelo soviético. Y que lo haya hecho Sartre, quien por tanto tiempo defendió la política

 

soviética asumiendo no pocos conflictos como el que sostuvo con Albert Camus, muestran hasta

 

qué punto la degeneración política de la URSS se hacía indefendible.

 

 

 

 

 

 

 

108 

 

4.2. Llegando a Marx

 

 

 

 

La mezcla que se daba entre marxismo y política a partir de los regímenes socialistas que

 

dominaban en los años sesenta, en Rusia y China particularmente, definieron el tipo de polémicas

 

que se desataron en el seno del marxismo yaquí comprobamos lo que se había indicado en párrafos

 

anteriores, y es que propiamente dicho, tales discusiones no se daban teniendo como base un

 

desarrollo conceptual. Y en la exigencia de la posición del intelectual, predominaba una demanda

 

moral más que una consistencia teórica, aunque como en el caso de Sartre, ambas cosas llegaron

 

conjugarse hasta cierto punto, la solidez de las ideas con un decidido compromiso por la

 

revolución.

 

 

 

 

 

Las polémicas, más que explícitamente sobre el marxismo, giraban sobre la manera de

 

aprobar, distanciarse o condenar acontecimientos de la Unión Soviética. Se daban en un

 

contexto progresista y se referían al compromiso del intelectual con la sociedad y con la

 

revolución, a los métodos para hacerla, a la licitud del ejercicio de la violencia y a si se

 

podía acudir a cualquier medio con el fin de alcanzar una sociedad mejor (Tirado, 2014,

 

p.238).

 

 

 

 

 

Y es precisamente Sartre un referente invaluable para Zuleta, a su influencia le podemos adjudicar

 

la búsqueda del marxismo, que como lo comenta uno de sus amigos más entrañables, el poeta

 

colombiano Eduardo Gómez, con quien sostuvo una amistad desde mediados de los años cincuenta

 

hasta los últimos días de vida de Zuleta, fue Sartre quien persuadió a Estanislao para que se

 

 

109 

 

enfrentara directamente a la obra de Marx. En sus primeras conversaciones alrededor de la

 

participación de Eduardo en la Juventud Comunista y en la Federación de       Estudiantes

 

Colombianos FEC -la vanguardia estudiantil que fue sumamente activa en la lucha contra el

 

gobierno de Rojas Pinilla en la década de los cincuenta-, Zuleta ya se mostraba bastante crítico

 

con las organizaciones de izquierda, captando las contradicciones que experimentaba Eduardo con

 

su militancia17.

 

 

 

 

 

Pero aun cuando Zuleta estuviera empapado de la obra de Sartre, todavía no lo era frente al

 

marxismo. A lo sumo “Marx era mencionado por Zuleta con cautela, respeto y distancia y prefería

 

hacer la crítica de las deformaciones de que había sido objeto en la praxis política de los partidos

 

comunistas” (Gómez, 2017, p.33).

 

 

 

 

 

En sus círculos cercanos y en las tertulias especialmente, las referencias intelectuales francesas

 

eran infaltables donde la revista Le Temp Moderns cobraba una singular importancia, cuya

 

traducción hacía Zuleta del francés, desde allí nutrían los debates ylos temas de discusión aquellos

 

jóvenes que estaban ávidos de conocimiento por aquella época. Textos como Cuestiones de

 

Método, El existencialismo es un humanismo, así como muchos otros de autores de renombre por

 

aquel tiempo, Merleau Ponty, Georg Lukács, daban la apertura para el análisis de diferentes

 

 

 

17 Era cierto que los comunistas ayudaron a iniciarme políticamente en el siglo XX y que en el trabajo de la FEC habían mostrado sagacidad y cierta lucidez, pero después de un tiempo de militar en sus filas lo artificial y forzado de mi posición comenzó a tornarse insoportable. [...] Zuleta hizo consciente el malestar secreto que corroía mi papel como líder estudiantil y me mostró la imposibilidad de desligar ese mundo dual que me desgarraba. Sus análisis sartreanos de la “inautenticidad” de mi “situación”, sus observaciones sobre cómo no se puede aspirar a cambiar el mundo sino “asumiendo” los propios conflictos, suscitaron una crisis de mis convicciones políticas (Gómez, 2017, pp. 31-32).

 

110 

 

asuntos, desde una visión filosófico-humanista como se aprecia en el existencialismo de Sartre

 

quien estableciendo una diálogo entre el marxismo y el psicoanálisis, apuntaba a un tratamiento

 

sociológico y psicológico de los problemas humanos. Esta compenetración que buscaba hacer un

 

autor de elevado valor para Zuleta, fue sin duda alguna relevante para que hayamos contado con

 

un marxismo pensado y apropiado por Estanislao en su configuración teórica.

 

 

 

 

 

La importancia de señalar la influencia sartreana en el marxismo que iría a apropiar Zuleta, es para

 

indicar que no fue un partido político, ni ninguna organización social la que le ofreció tal

 

transmisión, más bien, desde muy joven Zuleta mostró una renuencia a las organizaciones de

 

izquierda a las que se rehusaba siempre en cuanto percibía un ambiente autoritario o dogmático.

 

Esta influencia de Sartre, junto con la apropiación de psicoanálisis con la que ya contaba Zuleta

 

durante la década de los cincuenta, nos explican en parte el desarrollo de un marxismo en Zuleta

 

que nunca se sobrepone a otros escenarios del pensamiento sino que entra a discutir directamente

 

con los contenidos inmanentes a las teorías. Es decir, una apropiación de elementos filosóficos y

 

psicoanalíticos pondrían a Zuleta en guardia contra esos dogmáticos comunistas que desde el

 

rechazo estéril, sin fundamento y sin conocimiento riguroso desechaban a pensadores y a teorías

 

externas al marxismo. Bajo aquel moralismo proletario que condenaba lo desconocido bajo una

 

supuesta perversión política que inevitablemente recaía en todo autor por su origen burgués o

 

pequeñoburgués. El marxismo en Zuleta pues, estaba vacunado de entrada contra esa tendencia

 

empobrecedora de las ideas que adoptaban algunos de sus herederos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

111 

 

Reiterar sobre estos momentos iniciales en los que Zuleta llega a la obra de Marx, nos dan cuenta

 

de la singularidad del marxismo que veremos desarrollado en la obra del pensador colombiano.

 

Que lo especial no tiene que ver solamente con que se haya ido al marxismo, lo cual era común

 

hacia los años sesenta, sino la manera en cómo se fue al mismo, cómo lo trabajo y lo discursaba,

 

donde evidenciaremos claras diferencias a lo que eran otros abordajes en el seno del marxismo,

 

tanto en el contexto colombiano como en el mundo. Pero también, estos momentos iniciales nos

 

sirven para hacer un contraste del discurso que construía Zuleta en su llegada a la obra de Marx y

 

a la de otros referentes revolucionarios como Lenin, con aquellos discursos que hacía los años

 

setentas y ochentas elaboraba Zuleta sobre las ideas de revolución, transición socialista, dictadura

 

del proletariado, lucha de clases y otros temas.

 

 

 

 

 

Con esto lo que pretendo es situar lo que serían las continuidades y/o rupturas que frente al

 

marxismo experimentó Estanislao. Uno de los grandes vacíos que tienen respecto a Zuleta muchos

 

de sus comentaristas es que no indagan por el desarrollo que tuvo de las ideas y las posturas que

 

adoptó en materia política e intelectual. En lo referente al marxismo, al no poder negar la presencia

 

del genio de Tréveris en su pensamiento, acentúan en el distanciamiento que hacia el final de su

 

vida tuvo Zuleta con algunas ideas de la revolución socialista y con la obra de Marx directamente,

 

lo cual es innegable. El tema es, que con alusiones fragmentadas donde se criticaba a Marx y a la

 

izquierda, sin precisar los contextos históricos y las discusiones teóricas implicadas en tales

 

críticas, se ha tendido a dejar la imagen de un Zuleta que progresivamente fue abandonando el

 

marxismo y concluir que hacia finales de su vida éste hizo un giro de la izquierda revolucionaria

 

hacia la democracia liberal. Tal tesis, la defienden desde representantes políticos de este país como

 

 

 

 

112 

 

el exministro de salud Alejandro Gaviria18 hasta académicos como Alberto Valencia, que en su

 

meritorio trabajo documental —realizado junto con el hijo de Zuleta Juan José Zuleta—, en la

 

transcripción de los audios de las conferencias de Estanislao Zuleta y en la correspondiente

 

organización detales archivos, haescrito semblanzas sobreZuletaen las que mantienela intención,

 

claramente identificable, de establecer una dicotomía entre un marxismo configurado hasta el

 

tuétano de una naturaleza dictatorial y un Estanislao Zuleta demócrata más cercano a la defensa

 

del liberalismo que al propio socialismo marxista19.

 

 

 

 

 

El asunto pues, implica formularse algunas cuestiones en términos de apropiación durante el

 

tiempo de la actividad intelectual de Estanislao Zuleta, ¿mantiene en el tiempo la misma

 

apropiación sobre el marxismo?, ¿es homogénea de principio a fin, o se transforma con el tiempo?,

 

y en caso de haberse dado cambios: ¿respecto a qué se dieron éstos?

 

 

 

 

 

Si en Zuleta pervivieron varios Marx a lo largo de su vida intelectual, habría que indagar por las

 

interpretaciones que irían modificándose en el tiempo, en tal sentido, situar esos cambios y ver

 

hasta qué punto en el mismo Zuleta se hacían evidentes esos contrastes en diferentes momentos de

 

su vida yobra, si hacía explícitos los virajes en sus interpretaciones ydabalas razones paraexplicar

 

 

 

 

18 Al respecto puede leerse la conferencia que impartió en la Universidad de Antioquia en el año 2015, y cuyo título lleva: Zuleta y la democracia liberal (Gaviria, 2015).

19 El tema de la democracia, a diferencia de la crítica del capitalismo, presenta algunos matices que hacen mucho más complejo el problema. Zuleta fue toda su vida un hombre de izquierda y la tradición de la democracia política, como bien sabemos, no hace parte necesariamente de la tradición de la izquierda. Los países que intentaron llevar a la práctica los ideales socialistas apelaron en lo político a la construcción de regímenes totalitarios, bajo la idea de que la lucha contra la desigualdad sólo era posible en el marco de la negación de las libertades políticas, tal como ocurrió en la URSS, en Europa del Este, en Asia, África y Cuba (Valencia, 2005, p.23).

 

 

113 

 

el cambio de posición. En tal sentido no hago más que explorar un camino ya transitado por el

 

mismo Zuleta, donde ejemplificaba en sus análisis de Marx lo que había sido la evolución de su

 

pensamiento, donde se daban tanto continuidades y discontinuidades en la obra del pensador

 

alemán.

 

 

 

 

 

Voy a tomar en conjunto, no porque crea ni mucho menos que la obra de Marx no haya

 

evolucionado o que Marx no haya cambiado de ideas, ambas cosas son así; evolucionó

 

desde luego y cambió de ideas, nadie puede imaginarse que Marx puso el marxismo como

 

una gallina pone un huevo; pero creo que muchos de los temas de la juventud que casi no

 

menciona posteriormente, son temas que siguen siendo vitales en su obra y que más bien

 

se pueden pensar, porque eso también es pensable, que en su obra hay contradicciones, y

 

no sólo época, no sólo el Marx de antes de y después de, sino también contradicciones

 

(Zuleta, 1987, pp.9-10).

 

 

 

 

 

Pero al decir que hay varios Marx en la evolución del pensamiento de Zuleta esto no debe

 

confundirse con una posturapluralista, posmoderna yambigua, donde algo significa tanto una cosa

 

como su contrario, donde el Marx que es crítico implacable del capitalismo puede ser conciliable

 

con interpretaciones políticas que, con la buena intención de no caer en propuestas dictatoriales,

 

olvidan la explotación inherente y estructural del sistema burgués que Marx devela en toda su obra

 

teórica. Hay que decir que Zuleta más allá de algunos distanciamientos con Marx nunca cayó en

 

tales incoherencias y por eso las interpretaciones de Alberto Valencia y Alejandro Gaviria sobre

 

el lugar de Marx en Zuleta, corren el peligro de borrar el carácter crítico del marxismo que sostuvo

 

 

 

114 

 

Estanislao hasta el final de su vida. El Zuleta crítico de la URSS, de China y de Cuba, nunca

 

abandonó a ese Marx que le enseñó a poner en el centro de sus análisis sociales la crítica al modo

 

de producción capitalista y a los efectos que este sistema genera sobre la vida concreta de los seres

 

humanos.

 

 

 

 

 

Hay que indicar además que esos cambios o continuidades también dan cuenta de la elaboración

 

de las fuentes integrantes del marxismo en la obra de Zuleta. Voy a intentar ponerlo muy presente,

 

pero especialmente, en el análisis temporal que propongo sostener en los momentos de apropiación

 

del marxismo en Zuleta, va a presentarse una discusión crítica entre la fuente filosófica y la fuente

 

sociopolítica. Una tensión entre estas fuentes que va a estar marcada principalmente por lo que fue

 

del marxismo como teoría y práctica política en el siglo XX, es por ello que no podemos ver la

 

apropiación de la obra de Marx en Zuleta desde una continuidad armoniosa, sin crítica y

 

posicionamiento del propio pensador colombiano. El contexto de los años sesenta ejerce su

 

influencia en la mirada de Zuleta, la izquierda revolucionaria en Colombia, la experiencia política

 

de los socialismos reales y la cuestión de la lucha armada son hechos históricos que llevaron a

 

Zuleta hacia un retorno reflexivo de nociones teóricas y propuestas políticas del marxismo con las

 

que llegaría a controvertir y a devenir en posturas alternas.

 

 

 

 

 

4.3. Evolución del marxismo en Zuleta

 

 

 

 

Así las cosas, se hace necesario organizar el abordaje de esa evolución del marxismo en Zuleta,

 

para tal propósito propongo la siguiente periodicidad para situar en el tiempo y en el espacio el

 

 

115 

 

tipo de apropiación que iba teniendo Zuleta sobre Marx, y en general sobre algunos aspectos

 

esenciales dentro del espectro teórico-político del marxismo. De igual manera para ubicar con

 

claridad las ideas que Zuleta adhería en determinados años y de ahí realizar un contraste con las

 

ideas que sostendría en otros años de su vida.

 

 

 

 

 

-      1960 / 1970: Zuleta y su momento leninista.

 

-      1970 / 1980: El momento de la economía política / Análisis iniciales a los socialismos

 

reales.

 

-      1980 / 1990: Marxismo: ¿Dictadura o democracia? / Retorno Zuletiano a la fuente

 

filosófica.

 

 

 

 

Aclaro que esta periodización metodológica obedece a los temas que entre los diez años de cada

 

periodo en cuestión fueron los más característicos entre las obras yconferencias que expuso Zuleta

 

alrededor del marxismo. No es que hayan sido los únicos tema tratados por Zuleta en esta época,

 

tampoco agotan lo atinente al marxismo, sino que estos son temas relevantes, en tanto expresan

 

algunos de esos cambios significativos queexperimentó Zuletaentreperiodos, poniendo en tensión

 

dentro de la teoría marxista ciertos asuntos y en particular aquellos que se refieren a la articulación

 

de las fuentes integrantes.

 

 

 

 

 

Para tener una idea de a dónde provienen tales discusiones, haré alusión de los textos de Zuleta en

 

los que me apoyé para situar los temas que considero característicos sobre el marxismo en cada

 

periodo, en dichos textos se pueden encontrar el desarrollo de los temas señalados.

 

 

116 

 

Tabla 4

 

 

Evolución del marxismo en Zuleta

 

 

Año Temas         Textos

 

 

 

1963: Revista Estrategia; Introducción a un

 

1960/ 1970 Zuleta         y       su      momento debate sobre la política revolucionaria.

 

leninista    1964: Marxismo y psicoanálisis. En, Ensayos

 

sobre Marx

 

 

 

 

 

 

1972: Comentarios a la “Introducción

 

 

 

1970/ 1980 El momento de la economía

 

política

 

general a la crítica de la economía política”

 

de Carlos Marx

 

 

Análisis    iniciales      a        los 1972: Sobre la teoría del reflejo. En, Ensayos socialismos reales                        sobre Marx

 

1975: El marxismo, la educación y la

 

universidad. En, Educación y democracia

 

 

1978: Acerca de la naturaleza de las ciencias

 

sociales.

 

 

 

1981: Reflexiones sobre el fetichismo. En,

 

 

 

 

 

117 

 

 

1980/ 1990 Marxismo:  ¿Dictadura  o Ensayos sobre Marx

 

 

democracia?

 

 

Retorno Zuletiano a la fuente

 

filosófica.

 

 

1981: Derechos humanos y diversidad de

 

culturas. Conversación con Ramón Pérez,

 

Ciro Roldán y Jaime Galarza.

 

 

 

1983: Marx y el presente. En, Ensayos sobre

 

Marx

 

 

1987/1989: La democracia y la paz.

 

Conferencia al M-19.- Ética, terror y

 

revolución. En, Colombia: Violencia,

 

Democracia y Derechos humanos.

 

 

1989: Texto inédito. Teorías políticas

 

contemporáneas.

 

 

Fuente: Elaboración propia.

 

 

 

 

 

A continuación haré entonces alusión a los textos de estos periodos desde la pregunta que me

 

corresponde abordar en este trabajo, la apropiación de las fuentes integrantes del marxismo y su

 

articulación en la obra de Zuleta. Así que no será una exposición específica de cada artículo o

 

texto, sino que tomaré de éstos algunos aspectos esenciales que desarrollan la discusión de las

 

fuentes, denotan cambios de interpretación y ponen en el centro réplicas y polémicas elaboradas

 

por Zuleta frente al marxismo.

 

 

 

 

118 

 

4.4. 1960 / 1970: Zuleta y el momento leninista de un marxista colombiano

 

 

 

 

Este periodo es cardinal a la hora de pensar los asuntos de la apropiación yevolución del marxismo

 

en Zuleta, pues corresponde a los años en que se va acercando a unas ideas iniciales de la obra de

 

Marx como ala deotros autores insignes dela tradición revolucionariacomo es el caso deVladimir

 

Lenin, frente al que Zuleta sostendrá también a lo largo de su vida una discusión nutrida de

 

reconocimientos e interpelaciones críticas.

 

 

 

 

 

El texto Marxismo y psicoanálisis de 1964 nos indica la singularidad del marxismo en Zuleta que

 

desde el comienzo de su abordaje teórico propugnaba por la configuración del saber social con el

 

conocimiento delaestructurasubjetivadelos seres humanos, una exploraciónteóricaquedehecho

 

nunca abandonará. Esta perspectiva se deja muy clara también en la presentación de la edición

 

número dos de la revista Estrategia, con el sugerente tono provocador que Zuleta adoptabaa veces.

 

 

 

 

 

Digámoslo sin ambigüedades: Freud, para sólo citar el ejemplo más destacado, nos parece

 

un continuador de la obra de Marx mucho más ortodoxo que todos los estalinistas y

 

kruchevistas juntos, porque, si bien es cierto que su obra cayó a veces en el materialismo

 

vulgar y en el individualismo pequeño-burgués, en cambio la dirección fundamental de su

 

pensamiento permitió comprender que el hombre es un ser social, histórico y dramático en

 

todos los niveles de su existencia. Rescató para la ciencia toda una dimensión de la vida

 

humana, individual y colectiva, considerada hasta entonces como irracional: el

 

inconsciente, nuestra capacidad de crear símbolos y de dejarnos esclavizar por ellos, la

 

 

119 

 

historicidad de lo sexual y de lo familiar, el peso real del pasado sobre el presente, y creó

 

los instrumentos que permiten pasar del análisis de las estructuras sociales al estudio de las

 

situaciones personales. En resumen, descubrió nuevos niveles de la alienación y desarrolló

 

audazmente la concepción del hombre que tenía Marx (Zuleta y Arrubla, 1963, p.4).

 

 

 

 

 

Tanto desde esta presentación como en el artículo que tiene Zuleta en la revista Estrategia,

 

Introducción a un debate sobre la política revolucionaria de 1963 se develará una postura muy

 

singular que adoptaba en sus acercamientos iniciales al marxismo y con la cual veremos que hay

 

una divergencia muy notoria a la posición tomada en años posteriores frente a la obra de Marx, la

 

revolución y el socialismo. Por este contraste que se puede sostener con otros momentos de su

 

vida, le daré predominancia al texto de Estrategia.

 

 

 

 

 

Se podría sintetizar este periodo de la vida de Zuleta en lo que respecta al marxismo, y de lo cual

 

da cuenta su artículo en la revista Estrategia, con una clara intención de inscribirse en una praxis

 

marxista. Por lo menos, si en otros años no lo es, en esta épocadesu vidaesaintención de encontrar

 

y fundamentar una praxis revolucionaria es muy evidente en Zuleta. Precisamente el análisis que

 

nos ofrece de la crisis del marxismo oficial contiene un diagnóstico que retoma análisis políticos

 

del propio Marx, donde cuestiona directamente la ausencia de desarrollos teóricos en los Estados

 

socialistas y en las izquierdas revolucionarias, le preocupa a Zuleta el hecho de que la empresa

 

teórico-política del marxismo cuyos referentes se esmeraron por la elaboración conceptual y

 

rigurosa de sus ideas y proyectos políticos, no esté teniendo arraigo en los nuevos revolucionarios

 

con la actitud de estudio serio y meticuloso, una completa contradicción entre quienes se

 

 

 

120 

 

autoproclamaban herederos del marxismo. Esto es, en palabras de los directores de la revista,

 

Mario Arrubla y Zuleta, la negación del elemento consciente en la lucha revolucionaria. En

 

particular para el caso colombiano, lo expresaban así:

 

 

 

 

 

En Colombia también, las izquierdas revolucionarias manifiestan una absoluta indiferencia

 

por el aspecto consciente dela lucha. Preocupadas por canalizar el descontento delas masas

 

en la acción armada o en la diplomacia revolucionaria, corren a inscribirse en las dos

 

grandes tendencias de la revolución mundial y poco o nada les interesa la formación de

 

cuadros marxistas y su vinculación orgánica a la clase obrera. Es como si Marx hubiera

 

resultado un utopista, no por la imposibilidad de construir una sociedad comunista, sino

 

por la imposibilidad de unificar en el combate el conocimiento objetivo y la acción eficaz,

 

la crítica y la transformación del mundo (Zuleta y Arrubla, 1963, p.3).

 

 

 

 

 

Esta inscripción en los debates del marxismo, demuestra que Zuleta ya tiene sospechados ciertos

 

problemas de la izquierda y de su praxis política, donde da muestras de su aguda observación de

 

la realidad haciendo el llamado de atención a no seguir descuidando el análisis riguroso de la

 

realidad social en la tradición marxista.

 

 

 

 

 

Otro punto bastante llamativo sobre la praxis marxista que está buscando Zuleta, tal y como se

 

verá en este número de la revista Estrategia, es que adhiere la primacía del papel revolucionario

 

del proletariado refrendando la posibilidad que este tiene para conjugar el saber con la teoría. En

 

esta misma línea son traídos a colación referentes como Lenin, quien fue precisamente ejemplar a

 

121 

 

la hora de desplegar el elemento consciente en la lucha. Esto es característico del abordaje de

 

Zuleta sobre la propuesta de praxis marxista, pues a diferencia de lo que veremos en años

 

posteriores, no se entran a polemizar o a cuestionar de entrada los contenidos que forjan las

 

iniciativas revolucionarias. Por ejemplo, luego veremos a un Zuleta que desde los años setenta en

 

adelante, de facto considera equivocada esa tendencia a dar excesivo protagonismo a la clase

 

obrera y al planteamiento economicista que él considera entraña la relevancia dada al proletariado.

 

 

 

 

 

Leyendo la presentación del número dos de la revista Estrategia, lo que se hace es hablar de la

 

dificultad de tal empresa teórico-práctica, de lo complejo de llevar a la acción ciertas propuestas y

 

sobre todo de lograr la pretendida concienciación de los obreros. O a lo sumo se conciben los

 

objetivos del marxismo como en pasado, es decir, como hablando de algo que no ha sido

 

concretado pero que en sí mismo sería importante llevar a su realización, es decir, que integrar el

 

elemento consciente a la lucha revolucionaria como un objetivo a perseguir no era en estos

 

momentos para Zuleta algo errado, ni siquiera puesto en discusión tal y como se proyectaba desde

 

Marx, Engels o Lenin a quienes años más tarde Zuleta si llegará a interpelar directamente sobre

 

tal aspecto.

 

 

 

 

 

De hecho, la presentación de la revista declara abiertamente proponerse el trabajo de formar

 

cuadros marxistas para que se muevan en el terreno de la lucha obrera y así divulgar el marxismo

 

buscando explorar una nueva etapa para la revolución colombiana, frente a eso la revista dirige

 

sus esfuerzos hacia una población específica, la juventud universitaria (Zuleta, 1963, p.6). Aquí

 

vemos un aspecto que en términos de pensar la articulación de las fuentes en Zuleta, denotan una

 

 

 

122 

 

clara incidencia del papel de la fuente sociopolítica con la idea de revolución y que en sus

 

esfuerzos por ser concatenada con la teoría, se vincula directamente con el análisis desde la fuente

 

económico-política. Cuando corresponda analizar la situación colombiana sobre el tema del

 

latifundio y el asunto con la burguesía imperialista veremos la articulación que busca establecer

 

Zuleta entre teoría y praxis, en pocas palabras, apreciaremos los frutos de una teoría que en

 

búsqueda de dirigir acertadamente la acción política llegaba a consideraciones inéditas y a

 

planteamientos específicos sobre asuntos de la realidad económica, política y social colombiana.

 

Planteamientos distintos a los que sostenían otras tendencias políticas de izquierda, como las del

 

Partido Comunista, el MRL (Movimiento Revolucionario Liberal), el Liberalismo, y

 

posteriormente el Maoísmo.

 

 

 

 

 

Pero antes de dar el paso a ver esos contenidos singulares que iban caracterizando los primeros

 

estudios de Zuleta alrededor del marxismo, detengámonos en un aspecto que llama bastante la

 

atención y que merece relevancia porque marca un contraste significativo con otros períodos de la

 

vida intelectual de Zuleta. Esto es, la curiosa expresión “el elemento consciente en la lucha”

 

(Zuleta,1963, pp.3), incluso se llega a hablar de “verdadera conciencia”, entiéndase ésta como

 

teoría o saber explicativo. Otra será la noción de conciencia que manejará en años posteriores20,

 

 

 

 

20 Para apreciar la contundencia del contraste sobre esta idea, el lector puede remitirse a la conversación con Ramón Pérez, Ciro Roldán y Jaime Galarza del año 1981, Derechos humanos y Diversidad de Culturas, incluida en el texto Conversaciones con Estanislao Zuleta: El pensamiento siempre está en lucha con lo verosímil, con los intereses, con lo imaginario, con una ideología que surge del fondo de nuestro ser, y por consiguiente la libertad de la conciencia me parece una concepción idealista. La conciencia nunca será libre; la conciencia es guerra y confrontación contra la interpretación, contra lo imaginario, contra la interpretación del otro sin la cual ni siquiera somos capaces de adquirir conciencia de nosotros mismos. La libertad de conciencia es una de las peores utopías que se pueden proponer. Una transparencia, independientemente de la manera como se pueda concebir (empirista, idealista, racionalista, o en cualquier otra forma) nunca será posible, ni deseable. La conciencia será siempre combate, con los otros y consigo mismo (Zuleta, 2008, p.104).

 

123 

 

puede ser que en la revista Estrategia sea concebida metafóricamente como alusión a la necesidad

 

de la teoría y no habría mayor problema con tal analogía. Sin embargo, el mismo Zuleta estaría de

 

acuerdo en que la expresión es desafortunada en tanto que una conciencia verdadera es una

 

contradicción en los términos, no porque la inserción de la teoría sea algo secundario para orientar

 

la lucha política, ni mucho menos, sino porque ligar la supuesta veracidad de la conciencia a una

 

teoría específica, que en este caso sería el marxismo, contiene en sí mismo el peligro de convertirla

 

en una ideología que se pretenda autosuficiente, pues tal y como se definía con la expresión de

 

socialismo o comunismo “científico” estos se dotaban de unos contenidos a los que se les pretendía

 

dar unos alcances interpretativos en terrenos de conocimiento que nunca habían sido estudiados

 

por dicha teoría. A partir de lo que en un terreno se podría haber estudiado y demostrado

 

correctamente se generalizaron ideas en otros escenarios de análisis.

 

 

 

 

 

Entonces, como el marxismo analiza rigurosamente el capitalismo y conoce a cabalidad su

 

funcionamiento estructural que es la base material de las sociedades modernas, se cree que por

 

consecuencia otros fenómenos humanos con una marcada incidencia socio-cultural, tienen

 

resolución implícita en el marco categorial de la economía política marxista (producción de

 

mercancías, proceso de trabajo, proceso de valorización, etc.). Así, el problema de la mujer, por

 

poner un caso, ha terminado siendo desvirtuado y marginado. Dado que la explotación de la fuerza

 

de trabajo en el seno modo de producción burgués no discrimina género, ciertas prácticas sociales

 

en que se violentan la condición humana de la mujer: abusos sexuales, violencia física, acosos

 

laborales, salarios inferiores al de los hombres, etc., terminan siendo subsecuentemente tratadas y

 

desplazadas del análisis, dado que lo “esencial” ya se tiene conocido; la matriz de la explotación

 

económica que se da en la relación trabajo asalariado-capital, donde la fuerza productiva del

 

 

124 

 

trabajador asalariado es siempre la generadora del valor sobre las mercancías. Apelando

 

exclusivamente a esa estructura de explotación, se desdibujan las formas específicas en que esa

 

misma opresión económica se ejerce pero de manera diferenciada sobre la mujer trabajadora en el

 

capitalismo, de tal manerael ortodoxomarxista despacha la discusión con la manida frase “la lucha

 

es de clase, no de género”. Cuando por incluir en el análisis las situaciones de la mujer dentro del

 

capitalismo, ni se niega la lucha de clases, ni se rechaza la acertada explicación teórica que devela

 

la explotación, lo que hayes un esfuerzo materialista por reconocer el ropaje social en que se ejerce

 

la opresión sobre la mujer.

 

 

 

 

 

Ante el llamado de atención que desde la presentación de la revista se hace con el descuido de

 

formación teórica en el marxismo, tanto a nivel mundial como nacional, en el caso específico de

 

Colombia, Zuleta en su artículo nos empieza situando una disyuntiva constituyente a todo proceso

 

revolucionario, la tensión entre realismo e izquierdismo dogmático. Si el realismo busca apoyarse

 

en aquellas estructuras e instituciones que tienen alguna influencia en las masas, como el ejército,

 

el partido liberal, burguesía nacional, caudillos, etc., creyendo que estas fuerzas en sí mismas no

 

suponen un escamoteo para el logro de la revolución. Por el lado de un izquierdismo dogmático,

 

se plantea el logro de sus objetivos sin contar con las determinaciones que la realidad les impone,

 

antes que el análisis concreto de la situación concreta, predomina un moralismo revolucionario sin

 

ningún asidero en la realidad (Zuleta, 1963, p.72).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

125 

 

Para Zuleta, estas dos tendencias acechan siempre al marxismo y constituye uno de sus grandes

 

retos poder superar tal disyuntiva, sin llegar a asentar demasiado una u otra posición, por lo que

 

advierte Zuleta dando una pista para afrontar esta dificultad consustancial al marxismo que,

 

 

 

 

 

Ninguna crítica teórica general permite escapar automáticamente a estas dos grandes

 

desviaciones que amenazan al movimiento revolucionario, ya que su sentido depende

 

estrechamente del contenido histórico concreto, y una línea política justa y eficaz en una

 

sociedad determinada puede y suele resultar completamente inadecuada y perjudicial si se

 

traslada a otra (Zuleta, 1963, p.73).

 

 

 

 

 

Elaborar la teoría acorde al terreno donde se pretende construir el proceso revolucionario rige

 

como exigencia según Zuleta para evitar las analogías forzadas con otros procesos políticos que

 

difieren en sus determinaciones y en sus condiciones de realización, refiere esto específicamente

 

a la pretensión homologar al contexto colombiano ciertas acciones acometidas por revolucionarios

 

en Rusia, China y Cuba, creyendo que sus aciertos son garantía de éxito en cualquier contexto. Y

 

es desde esta exigencia de tener en cuenta el terreno desde el cual se lucha que Zuleta sostendrá el

 

debate propuesto sobre la política revolucionaria. Donde pone el acento no sólo en la estructura de

 

las organizaciones políticas sino también en los análisis teóricos con los que dichas organizaciones

 

soportan y justifican sus objetivos políticos y las líneas de acción que despliegan. Acorde a las

 

tendencias que señaló, Zuleta reconoce que en Colombia para estos años sesenta bajo la tendencia

 

del realismo político están: el Partido Comunista y algunos sectores de la izquierda del MRL. Pero

 

 

 

 

 

126 

 

aclara Zuleta (1963), como una expresión de respeto, “son ajenos a todo coqueteo con la

 

reacción” (p.74).

 

 

Al MRL (Movimiento Revolucionario Liberal) una facción política del partido Liberal dirigido

 

por Alfonso López Michelsen, Zuleta les plantea una pregunta concreta:

 

 

 

 

 

[…] el sector izquierdista del MRL, podrán escapar a los peligros del “realismo político”,

 

es decir, evitar que las llamadas concesiones a la eficacia inmediata conserven una forma

 

de organización en la que se mantiene la dispersión de las masas y el predominio de los

 

sectores derechistas en el movimiento” (Zuleta, 1963,p.75).

 

 

 

 

 

Y en consonancia a una respuesta de organización genuinamente revolucionaria, resalta Zuleta con

 

una actitud política, más aún, con la demanda de una conformación partidista para evitar esos

 

peligros del realismo. Les dice a los del MRL, no es suficiente la lucha contra el electorerismo, es

 

necesario una línea marxista de organización.

 

 

 

 

 

Zuleta se mueve en dos dimensiones en este texto, de un lado analiza la conformación de las

 

organizaciones políticas que él ve potencialmente como revolucionarias y de otro lado, indaga por

 

los soportes teóricos de las mismas organizaciones para identificar el sustento conceptual de sus

 

consignas partidistas yproyectos políticos. Para la primeramirada, hace acotaciones sobre algunos

 

elementos de la estructuración política que deben mejorar o cambiar las organizaciones, en este

 

punto la orientación predominante es leninista como bien se percibe en el comentario anterior y en

 

 

 

127 

 

otros que traeré a colación más adelante. De esto da cuenta la interlocución sostenida de Zuleta

 

con los problemas organizativos planteados por Lenin en escritos como ¿Qué hacer?, o El Estado

 

y la Revolución, uno de esos de esos problemas es precisamente relacionado con la situación de

 

nuestro país frente a la dirección del partido revolucionario ¿vanguardia o espontaneísmo? Al

 

respecto de esta dicotomía Zuleta adopta una posición cerrada y vertical poco usual en él,

 

aplaudiendo que las juventudes del MRL adoptaran para sí el camino de la vanguardia.

 

 

 

 

 

La juventud del MRL ha comprendido esta necesidad de una organización de tipo

 

revolucionario (...) una estructura rígida, disciplinada y vertical, que responda

 

efectivamente alas necesidades detrabajo ydeluchaqueimponela conquista deun sistema

 

socialista para Colombia (Zuleta, 1963, p.78).

 

 

 

 

 

Zuleta hace relucir en este debate sobre la política revolucionaria, un carácter de estratega político,

 

proponiendo una organización de tipo leninista para la orientación de la revolución y la inclusión

 

de las masas en dicho proceso. “El enorme predominio de la burguesía neocolonial en Colombia,

 

aliada con el imperialismo y confundida en gran parte con un latifundio de la especulación,

 

constituye un terreno político que impone con particular urgencia una organización de tipo

 

leninista” (Zuleta, 1963, p.76).

 

 

 

 

 

Como veremos en contraste con el periodo de los años setenta en adelante, es toda una sorpresa

 

ver esta postura de Zuleta frente al tema partidista, el protagonismo de la clase obrera en la

 

revolución, la idea de socialismo y otros asuntos inherentes a la praxis marxista que el pensador

 

128 

 

colombiano valora intelectual ypolíticamente de manera muydiferente durante estos años sesenta.

 

De hecho, me gustaría indicar que sobre este punto se ve un Zuleta mucho más comprensivo e

 

historiador con la hechura de los procesos revolucionarios. Si bien ya va siendo consciente de la

 

deriva autoritaria que estaban teniendo los proyectos socialistas, en sus consideraciones planteaba

 

contextos históricos y situaciones políticas que mostraban la correlación de fuerzas que estaban en

 

juego, un análisis que luego en sus críticas de los años setenta y ochenta hacia los socialismos

 

reales no expondrá.

 

 

 

 

 

Tomando como referencia la experiencia rusa, Zuleta ejemplifica la diferencia entre revolución

 

socialista y construcción del socialismo, la cual le sirve para hacerle una crítica al dirigente

 

histórico del Partido Comunista Gilberto Viera, quien al no comprender tal diferencia caía en

 

confusiones y develaba por demás su ignorancia sobre el proceso socialista en Rusia. Pues como

 

bien anota Estanislao en este aspecto, unadela grandes divergencias entreunarevolución burguesa

 

y una revolución socialista, es que la primera se da cuando ya cuenta con el capitalismo andando

 

como modo de producción dominante, mientras que, como ocurrió en Rusia, la revolución

 

socialista no puede de facto empezar a establecer un modo de producción socialista dado que éste

 

aún no es un poder económico real, por tanto, mientras van conquistando dicho poder económico

 

en la sociedad, el socialismo indefectiblemente está obligado a convivir con relaciones capitalistas

 

de producción. De ahí el ejemplo de Zuleta con la colectivización en Rusia, aunque el poder fue

 

tomado por los bolcheviques en 1917 sólo hasta 1929 pueden hacer la colectivización, es decir 19

 

años después. “Tampoco el capitalismo desaparece repentinamente con la revolución. Continúa

 

existiendo al lado de la economía nacionalizada y en el marco de una planificación dirigida hacia

 

la construcción del socialismo” (Zuleta, 1963, p.82).

 

 

129 

 

 

 

 

Pues bien, este ejemplo citado, al igual que la acertada definición sobre las características

 

especiales de la planificación socialista son análisis que en este escrito de Zuleta en Estrategia

 

ofrecen un panorama histórico que permite situar la complejidad de los procesos revolucionarios,

 

se identifica y se muestra en la construcción analítica las condiciones reales y objetivas que por

 

ejemplo obligaron a los soviéticos a desplegar un capitalismo de Estado. Pero ocurrirá, tal y como

 

veremos en los textos de Zuleta durante los años setenta y ochenta, que esta perspectiva histórica

 

dejará de estar presente en sus conjeturas políticas. Zuleta pasa al ataque frontal de los socialismos

 

y a menos que le sirva para afilar su crítica no hará alusión a hechos o situaciones históricas

 

concretas que denoten las limitaciones y las encrucijadas que determinaron a los rusos y los

 

sumergía en sus contradicciones políticas. Cuando pase a considerar el periodo de 1970 a 1980 de

 

la evolución del marxismo en Zuleta, enfatizare más este punto.

 

 

 

 

 

La otra dimensión del análisis que sostiene Zuleta en este número dos de la revista Estrategia, es

 

la que tiene que ver con examinar las nociones teóricas y los estudios que soportan las propuestas

 

políticas de las organizaciones de izquierda, particularmente se entra a revisar en este texto la

 

lectura y el análisis teórico que a propósito sostiene el Partido Comunista colombiano sobre

 

diversos puntos de la realidad colombiana.

 

 

 

 

 

El Partido Comunista colombiano en los años 60 es un hijo de la III Internacional por lo que adopta

 

una línea prosoviética que para los años en cuestión acata la política de “coexistencia pacífica con

 

los países capitalistas”, lo que se traduce en establecer una serie de concesiones con las burguesías

 

 

130 

 

nacionales y sus partidos liberales, posición que se tenía en rechazo a las posturas que asientan sus

 

acciones en un carácter organizativo-agitacional o devienen en la lucha armada, a quienes

 

promovíanestas acciones selos consideraba acelerados quesepretenden saltar las etapas históricas

 

y necesarias de la lucha política, tal y como en algún momento fueron tildados, Lenin en Rusia y

 

Fidel en Cuba.

 

 

 

 

 

Zuleta reconoce en el programa del Partido comunista la importancia de sus objetivos frente a la

 

revolución agraria y comparte incluso la necesidad de apoyarlos, pero va a diferir con el análisis

 

desde donde los dirigentes del Partido Comunista identifican la existencia del problema en el

 

campo, a propósito de la concentración de la tierra estos concebían que el latifundio era un rezago

 

dejado por el feudalismo en Colombia y que era algo así como un residuo del pasado con el cual

 

había que romper.

 

 

 

 

 

Nos muestra Zuleta que en realidad el latifundio no es meramente un rezago feudal, sino que

 

encuentra en el capitalismo colombiano un ambiente muy propicio y unas condiciones específicas

 

para su continuidad que no obedecen al pasado colonial de nuestra economía. “Una gran parte de

 

los latifundios se encuentra en manos de la burguesía industrial y comercial y no constituye la

 

herencia de una casta señorial” (Zuleta, 1963, p.80). La concentración de la tierra de hecho llega

 

a servir para los negocios de la burguesía industrial, no hay pues contradicción entre el latifundio

 

y el capitalismo, sino que hay una imbricación de clases, la concentración de tierra se enraíza en

 

la lógica misma del capitalismo colombiano, uno que toma la tierra según Zuleta como una

 

alcancía y no tanto bajo una lógica de producción, pues,

 

 

 

131 

 

 

 

 

los inversores escapan así a la devaluación, a la mayor parte de los impuestos y logran

 

valorización. Por las mismas razones los antiguos propietarios tienen interés en conservar

 

sus propiedades y es ese interés el que explica su permanencia y no un criterio feudal

 

hereditario (Zuleta, 1963, p.80).

 

 

 

 

 

Este tipo de conocimiento histórico y económico que tiene Zuleta obliga a un planteamiento

 

distinto sobre el latifundio, no sólo por precisión teórica, sino porque en términos políticos

 

determinará otro tipo de acciones para velar por un proceso de transformación de la estructura

 

rural, se exigen otras acciones para confrontar a la burguesía que afinca sus negocios en el campo

 

y en especial en la concentración de la tierra. Pero sobre todo, en términos políticos demuestra la

 

ingenuidad de lo que hasta entonces se había aceptado como estrategia en el Partido comunista

 

colombiano por mandato de la Unión Soviética, que en su plan de coexistencia pacífica con los

 

países capitalistas no hacía más que encubrir lo que eran en realidad concesiones con la burguesía

 

en pro de la confusa idea de desmontar el latifundio feudal. “Por todo ello una reforma agraria

 

verdaderamente democrática como la que propone el P.C. es también una reforma anti-burguesa

 

en lo fundamental” (Zuleta, 1963, p.81).

 

 

 

 

 

La consigna        más apropiada es una reforma agraria antiburguesa, no antifeudal porque las

 

intervenciones también deben hacerse en otros escenarios, como hacer una ruptura con el

 

capitalismo dependiente ylos mecanismos demercado queeste despliega. Además, en este análisis

 

de Zuleta se puede identificar una posición que diferenciaría a una postura marxista de otras

 

 

132 

 

posiciones políticas que habían surgido en décadas anteriores como el gaitanismo y cierto

 

liberalismo, las cuales no eran enfáticas en su rechazo con aquella burguesía que se sostenía del

 

latifundio. Un enfoque marxista explicaría porque ante las medidas de redistribución de la tierra

 

de López Pumarejo con la ley 200, hubo una reacción del sector de la burguesía terrateniente

 

oponiéndose a la reconfiguración de la propiedad rural que propugnaba la ley 200 con vistas a

 

potenciar un capitalismo en el campo; modernizando la producción en diversas esferas y con el

 

interés de promover una clase media.

 

 

 

 

 

El asunto, es que ni en el seno mismo del Partido Comunista que se suponía el heredero legítimo

 

del estudio marxista de la sociedad daba cuenta de esta precisión teórica, lo que revelaba su

 

desconocimiento de la economía política marxista y de la realidad histórica colombiana. Por eso

 

Zuleta denota en este aspecto una articulación de las fuentes integrantes, pues de la mano de la

 

fuente sociopolítica se aprende que hay una diferenciación de las clases al interior de la misma

 

burguesía, unas diferencias esenciales definidas desde sus relaciones productivas, no es lo mismo

 

la burguesía latifundista a una burguesía que promueve una agroindustria, de ahí que se tenga que

 

especificar en términos políticos con qué sector se haría la alianza. Se cae en frases hueras cuando

 

se dice sin precisión alguna, “alianzas estratégicas con la burguesía nacional” como reconoce

 

Zuleta, ni en el seno del PCC se tenía claridad sobre este aspecto.

 

 

 

 

 

La lectura política con el diálogo entre la fuente económico-política y la socio-política lleva a una

 

comprensión de la lucha de clases desde el caso particular de la situación colombiana con el

 

problema del latifundio, y entra en disputa con aquella consigna soviética tan defendida por el

 

 

 

133 

 

PCC para congraciarse con los rusos, la cual aludía a la transición pacífica hacia el socialismo. Tal

 

consigna, basada en una idea lógica teóricamente pero no comprobable empíricamente en términos

 

socio-históricos, era aquella consideración de que entre la burguesía nacional y la burguesía

 

internacional se daban unas contradicciones que podrían ser aprovechadas por los revolucionarios,

 

básicamente desarrollando unos acuerdos con la burguesía nacional en pro de favorecer los

 

intereses de la clase obrera con algunas mejoras laborales y salariales, esta fue también una

 

concepción adoptada por los maoístas en Colombia, como el MOIR. Aquí el problema es la

 

singularidad de nuestro país, pues si bien es cierto que hay contradicciones económicas entre la

 

burguesía colombiana y el imperialismo, Zuleta —y esto otra muestra de la articulación entre las

 

fuentes— no exagera tal deducción y comenta que entre esas contradicciones y aquellas que tiene

 

la burguesía nacional con el pueblo colombiano; con sus partidos de izquierda, sindicatos,

 

organizaciones sociales y políticas, estas últimas son cualitativamente más relevantes y

 

perjudiciales para la burguesía nacional. Lo que decide la actitud política no es la existencia de

 

contradicciones, contradicciones hay en todo; lo que decide es el tipo y la importancia de las

 

contradicciones (Zuleta, 1963, p.84).

 

 

 

 

 

Es llamativo entonces como en este año de 1963, Zuleta en sus acercamientos al marxismo se

 

percata de los problemas que van acechando al Partido Comunista Colombiano reflejados en su

 

forma de hacer política, que, tal y como muestran los estudios históricos que sobre esta época se

 

han hecho, el PCC buscaba ser sobre todo aquel partido a imagen y semejanza de la URSS, y no

 

tanto desarrollar una política propia acorde a las condiciones históricas colombianas de ahí que en

 

este acomodo las elaboraciones teóricas y las investigaciones socio-históricas de carácter marxista

 

pasaban a un segundo plano, y a lo sumo lo que se presentaba como análisis y estudios científicos

 

 

134 

 

era aquello que justificara la línea política e ideológica que el PCC tenía de antemano en su afán

 

por simpatizar con los soviéticos.

 

 

 

 

 

Seguramente este artículo que escribió Zuleta en la edición número dos de la revista Estrategia

 

sea en parte una respuesta al IX congreso del PCC que se celebró en el año 1961, los puntos que

 

interpela Zuleta en su texto coinciden con aspectos del programa que por entonces empezaba a

 

promover el partido, el cual definió su viraje de la transición pacífica hacia el socialismo

 

apoyándose sobre todo en el electorerismo21, cambios que implicaron no pocas confrontaciones y

 

polémicas dentro del partido, conflictos que se tramitaron al mejor estilo estaliniano, purgando,

 

expulsando yexcluyendo todo asomo de críticaque se presentara frente a la línea duraque imponía

 

el comité central.

 

 

 

 

 

En el debate interno que duró más de 10 años, el PCC perdió perspectiva política, decidió

 

“deshacerse” de valiosos cuadros, afectando su tradicional liderazgo en la izquierda, que

 

en esos momentos era disputada por el MRL y la ANAPO. Comunistas maoístas y

 

"prosoviéticos" se trenzaron en una feroz lucha política e ideológica, llena de prejuicios,

 

sectarismos, dogmatismos y descalificativos morales mutuos, que recogían la tradición de

 

la lucha política partidista colombiana. El PCC no pudo dar salida a los nuevos liderazgos

 

que habían surgido, cerró posibilidades de renovación y llevó a varios de sus miembros a

 

 

 

 

21 (...) el PCC buscó resolver por la vía de la expulsión a los críticos y opositores de su política de alianzas y de su concepción táctica de la lucha revolucionaria. El PCC realizó el IX Congreso a mediados de 1961, planteando como táctica principal para el período, la alianza electoral con el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) de Alfonso López Michelsen, recién creado en 1960 (Gallego, 2010, p.233).

 

135 

 

salir del Partido y formar otras organizaciones, que a la postre aplicaron la herencia de las

 

prácticas contra las que se revelaron (Gallego, 2010, pp.234-235).

 

 

 

 

 

El énfasis a disputar el poder dentro del partido y los cargos de dirección se dio a la par de un

 

abandono por la formación sistemática y rigurosa dentro del propio marxismo, está senilidad

 

teóricadel Partido Comunista colombiano que fue también la de otras organizaciones de izquierda,

 

ha sido una característica de la izquierda colombiana que ha sido refrendada por diferentes

 

estudiosos de esta época, una de las recientes investigaciones que tiene como fuente empírica los

 

mismos archivos de la Unión Soviética22, corrobora lo que Carlos Medina Gallego, Mauricio

 

Archila, Rubén Darío Jaramillo, Álvaro Tirado Mejía afirman en sus textos, la izquierda por

 

entonces no era intelectual y la definición por el ser revolucionario no estaba definida por una

 

consistencia teórica que, por ejemplo, desde la investigación sobre las condiciones históricas y

 

económicas del país se orientara hacia la lucha, sino que se regía más por una especie de

 

voluntarismo utópico y temerario que no reclamaba apropiación teórica de ninguna índole.

 

 

 

 

 

Frente al pragmatismo del Partido Comunista con su pretendido vanguardismo subordinado hacia

 

el electorerismo, se dieron agudas polémicas que llevaron al surgimiento al del Partido Comunista

 

línea Marxista leninista que se inclinó decididamente hacia la lucha armada y tomo partido por la

 

vertiente maoísta que para los inicios de los sesenta, a raíz de la ruptura entre las potencias

 

comunistas Soviética y China, empezarían a desplegar sus pugnas por todas las latitudes del

 

 

 

 

22 Me refiero a la exhaustiva indagación que hicieron Klaus Meschkat y José María Rojas, cuya investigación se expresa en el libro, Liquidando el pasado. La izquierda colombiana en los archivos de la Unión Soviética. Editorial Taurus. 2009

 

136 

 

mundo. Pero resultó que los disidentes del PCC, aunque críticos y contundentes en su rechazo por

 

la deriva revisionista que se había promovido desde el comité central, no hicieron más que

 

reproducir un nuevo dogmatismo en el que de igual manera los desarrollos teóricos dentro de las

 

propuestas revolucionarias marxistas seguían brillando por su ausencia

 

 

 

 

 

El maoísmo no produjo en Colombia ningún enriquecimiento del pensamiento marxista,

 

sino un nuevo dogmatismo que sobrepasa al del viejo partido comunista [...] Una

 

comprensión del marxismo que no puede entender la propia revolución sino como

 

imitación de pasados movimientos revolucionarios, sólo está en condiciones de legitimar

 

cualquier clasedepraxis (desdela luchaarmadahasta maniobras electorales sin principios),

 

no puede conformar ninguna praxis nueva [...] Esto no sólo es válido para las variantes del

 

maoísmo sino también para muchas otras corrientes marxistas que quieren basarse en una

 

tradición fundada por Lenin (Jaramillo, 1998, p.168).

 

 

 

 

 

Es en este ambiente donde realza y cobra importancia singular el marxismo de Zuleta. En medio

 

de este desierto intelectual, es meritoria esa agudeza con la que percata el problema en ciernes que

 

tiene la izquierda al dejar de lado la formación intelectual, previendo en gran medida sus

 

consecuencias para las luchas revolucionarias. Por eso Zuleta, junto con Mario Arrubla, han sido,

 

más que los propios dirigentes de esta época del PCC, quienes han introducido significativos

 

aportes teóricos con sus investigaciones sobre la historia económica de Colombia, dejando así un

 

legado para la posteridad. Por eso afirma también Rubén Jaramillo que la tendencia socialista a

 

diferencia de las líneas comunistas rusa y china, fue la que aportó decisivamente en el campo

 

 

 

137 

 

intelectual dentro del marxismo en Colombia. “[...] en el proceso de los socialistas colombianos se

 

destacó siempre un elemento característico que debe ser tomado en consideración, el esfuerzo

 

intelectual y el deseo de apropiarse del pensamiento de Marx” (Jaramillo, 1998, p.171).

 

 

 

 

 

Estas polémicas que vimos de Estanislao Zuleta con el PCC, sobre sus análisis de la situación del

 

campesinado, del problema del latifundio, especialmente en lo concerniente a la relación entre

 

capitalismo y concentración de la tierra, el lugar del imperialismo en Colombia con sus nexos con

 

la burguesía criolla, todo ello manifiesta un desarrollo original del materialismo histórico desde

 

las particularidades de nuestro país. Son pues, versiones de un marxismo que considero está en

 

plena sintonía con la actitud de Marx y de Lenin donde se mantiene la exigencia de que la teoría

 

forje a la acción política, sin creer que la mera convicción ideológica es suficiente para el cambio

 

social. En este punto asistimos a la emergencia de un marxismo teorizado y distante de los

 

esquematismos imperantes entre las organizaciones de izquierda, que para esta época trabajos

 

teóricos de alta envergadura no eran la nota común en la izquierda.

 

 

 

 

 

Pero hay que decir que esa búsqueda de Zuleta por una praxis marxista, aunque captó con gran

 

lucidez los problemas socio-políticos que enfrentaba todo proceso revolucionario desde el análisis

 

marxista acorde a la situación del país, en cuanto a su concreción política no pudo trascender, ni

 

siquiera al fortalecimiento del partido leninista que Zuleta tanto sugería para esta época. El

 

proyecto político que Zuleta y Arrubla buscaban fundamentar desde Estrategia, resultó ser un

 

fracaso pasado muy poco tiempo, el PRS (Partido de la Revolución Socialista) no logró trascender

 

 

 

 

 

138 

 

en su praxis política según las orientaciones que vimos en el artículo de Zuleta Introducción a un

 

debate de la política revolucionaria.

 

 

 

 

 

Frente aesta experiencia políticade Zuletaconvienepreguntar lo siguiente, paraquelos intérpretes

 

liberales de la obra de Zuleta se encuentren con algo de dificultad ante su pensamiento y no hagan

 

fiesta con este fracaso de su vida, intentando justificar con estas situaciones lo que sería una

 

abdicación de Zuleta al marxismo y a la revolución: ¿Por qué fracasó esa propuesta de

 

organización política?, ¿por qué ella en sí misma era errada, o porque las dificultades que ésta

 

encarnaba en el contexto colombiano sobrepasaban las posibilidades de Zuleta y Arrubla para

 

encararlas? El PRS tuvo un breve lapso de existencia, en parte, por algo que el mismo Zuleta había

 

anunciado, la dificultad de la transmisión ideológica en un país como Colombia.

 

 

 

 

 

En algunos países, el papel de la ideología es relativamente pequeño porque resulta

 

perfectamente sencilla y hasta inevitable la identificación del enemigo común [...] Por el

 

contrario, en estructuras complejas de dependencia económica, como la colombiana, el

 

problema de la ubicación del enemigo y del camino hacia la victoria es muchísimo más

 

complejo y se requiere un grado de desarrollo mucho mayor en la conciencia de las masas

 

para que las energías revolucionarias no sean canalizadas por las maniobras de una

 

burguesía nacional poderosa ni se pierdan en combates heroicos sin esperanzas. (Zuleta,

 

1963, p.77).

 

 

 

 

 

 

 

139 

 

El problema cultural fue uno que inquietó a Zuleta siempre, la formación de las masas y la

 

trasmisión de las ideas siempre lo preocupo en el contexto colombiano, veía en esa apuesta una

 

potencialidad para lograr transformaciones que pasarán por el convencimiento de la sociedad y no

 

por la mera directriz de un partido. Aunque haya tenido su fracaso con el PRS, el mismo Eduardo

 

Gómez comenta que Zuleta no eramuyversado en lo que a praxis política se refiere, “por entonces,

 

[finales de los años cincuenta] Zuleta no tenía una orientación suficiente, en cuestiones de praxis

 

política. En este campo sus puntos de vista eran todavía muy abstractos y estaban afectados por

 

una visión intelectualista” (Gómez, 2017, p.35), pero con todo y eso, su vida y su obra nunca

 

dejaron de entreverarse coherentemente en la evolución de esa apuesta por elevar el nivel de

 

reflexión y de crítica de la sociedad.

 

 

 

 

 

Así era Zuleta, el mismo que en su breve paso por el Partido Comunista se fue hasta el Sumapaz

 

para desarrollar un proceso pedagógico con los campesinos, y aunque esa experiencia también fue

 

infructuosa y decepcionante para él23, da cuenta de su decidido compromiso marxista y el

 

verdadero interés que tenía por aportar su inteligencia a la causa de la revolución.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

23 Comenta Eduardo Gómez: (...) lo campesinos asistían a las conferencias extenuados de fatiga, se dormían con frecuencia y no tenían la capacidad de asimilar el lenguaje culto de los conferencistas” (2017, p.46)

 

140 

 

4.5. 1970 / 1980: El momento de la economía política - Análisis iniciales de los

 

socialismos reales.

 

 

 

 

 

Este período estará marcado por una cualificación del conocimiento marxista en Estanislao Zuleta,

 

lo que será sin duda uno de sus logros más significativos. Si en los años sesenta vimos que en lo

 

político no lograron calar los aportes y las orientaciones organizativas que Zuleta y Arrubla

 

presentaban en la revista Estrategia, su huella y repercusión en el ámbito de las ideas, será

 

innegable.

 

 

 

 

 

Su importancia real radica propiamente en el campo de las ideas, en el enriquecimiento que

 

pudo haber significado para muchos, por haberse planteado la necesidad de realizar una

 

aproximación genuina al pensamiento ya la obrade Marx yde su tradición; la recuperación

 

de su potencial crítico. (Jaramillo, 1998, p.175).

 

 

 

 

 

El esfuerzo intelectual de los socialistas, a diferencia de las tendencias pro-soviética y china que

 

fueron más apegadas al manual y a los esquematismos no hicieron más que caer en nuevos

 

dogmatismos, así se dijeran ser críticos y disidentes como en el caso del maoísmo frente a los

 

soviéticos: El texto de Mario Arrubla, Estudios sobre el subdesarrollo colombiano24 es ejemplar,

 

 

 

24 Klaus Meschkat un estudioso del marxismo en Colombia reconoce la importancia de este texto de Mario Arrubla así: “Se remite ciertamente a teóricos marxistas contemporáneos como Paul Baran y Ernest Mandel, pero sus estudios representan una contribución autónoma y original a la teoría de la dependencia que se anticipa a las líneas centrales de la argumentación de la teoría marxista de la dependencia desarrollada apenas a finales de los sesenta (A.G. Frank, Theotonio Dos Santos, etc.), y sólo encontró poca resonancia en la discusión internacional sobre el imperialismo, porque Colombia era un estado relativamente aislado cuyas publicaciones apenas si se conocían por fuera del país. Arrubla retoma de otros autores el intento de utilizar los esquemas marxianos de la reproducción, en forma análoga a

 

141 

 

precisamente como texto de análisis marxista aplicado a la situación colombiana, pero como se

 

apreció en el periodo intelectual de los años sesenta, los planteamientos que en el texto de

 

Estrategia Zuleta deja traslucir, dan cuenta de lo que se reclama para un estudio marxista y sobre

 

todo para una postura revolucionaria que se proponga la intervención política, esto es, desplegar

 

su accionar desde un conocimiento del presente.

 

 

 

 

 

En los campos donde se suponía que los marxistas y/o comunistas debían tener un dominio teórico,

 

más bien daban cuenta de sus falencias formativas. No era solamente que rechazaran vulgarmente

 

el psicoanálisis, la fenomenología, el existencialismo y otros saberes o autores no marxistas, sino

 

que en los terrenos donde se consideraban relevantes los desarrollos teóricos del marxismo,

 

también habían flacos conocimientos en cuestiones económicas, históricas y sociopolíticas que se

 

suponen son las de mayor dominio en el marxismo. En contraste, el periodo de los años setenta de

 

la vida intelectual de Zuleta frente al marxismo marca una apropiación del conocimiento de una

 

de sus arterias vitales, la fuente de la economía política. En la tercera parte de este trabajo cuando

 

se abordaron los conceptos de totalidad y estructura se tomó como referencia un texto de Zuleta

 

que corresponde precisamente a la década de los años setenta, Comentarios a la introducción

 

general de la crítica de la economía política. Allí observamos en la conversación establecida con

 

Marx la recepción epistemológica y la comprensión que Zuleta mostraba sobre el modo de

 

producción capitalista, captando con toda clarividencia que desde allí el estudio marxista configura

 

su análisis de la sociedad, la historia y la política, signo peculiar de esta teoría.

 

 

 

 

 

Rosa Luxemburgo, para el análisis de la relación metrópoli-periferia; antes que otros desarrolla él también una tipología de la dependencia neocolonial (Meschkat, s.f., citado por Jaramillo, 1998, p. 174)

 

142 

 

 

 

 

A lo que en referencia al texto de Zuleta Comentarios a la introducción general de la crítica de la

 

economía política ya está expuesto en el tercer capítulo de este trabajo, agregaría, en aras de la

 

indagación que vengo realizando sobre la evolución del marxismo en la obra de Zuleta, que dicho

 

texto da muestras de una apropiación de la economía política correspondiente a los años setenta,

 

muy a sus inicios, en 1972. Lo que denota una singularidad de la posición marxista que va

 

adoptando Zuleta, yes que si bien los fracasos políticos de los años sesenta no le permitieron llevar

 

a la práctica sus ideas organizativas, la respuesta que dará Zuleta a esos impasses es llamativa y

 

ejemplar, pues lejos de reaccionar con una antipatía hacia el marxismo o denigrar de las luchas

 

que defendía, recordemos que en la misma izquierda Zuleta y Arrubla serán repudiados y

 

vilipendiados25 por su antidogmatismo radical, y aún ante esos rechazos, con madurez Zuleta

 

asciende hacia una cualificación intelectual, aprehendiendo y dominando el aparataje teórico del

 

marxismo, exponiendo en esta década una serie de conferencias donde da a conocer la

 

configuración epistemológica que tiene la obra de Marx, que su crítica política es consustancial y

 

 

 

25 Entre esos rechazos se cuenta, por ejemplo el de un miembro del PCC Nicolás Buenaventura, para quien la gran afluencia del texto de Arrubla Estudios sobre el subdesarrollo colombiano era un signo sospechoso de la pequeño burguesía. “[…] es el best-seller de la ideología socialista pequeñoburguesa en la universidad colombiana y en sus centros adscritos o a fines de investigación y estudio. Basta simplemente ver el record de ediciones:

 

Primera: revista Estrategia, N° 1y 2. Bogotá. 1.500 ejemplares

 

Segunda: La Oveja Negra. Medellín. 1969. 3.000

 

Tercera: Ídem. 1970. 3.000

 

Cuarta: El Tigre de Papel. Medellín. 1971. 4.000

 

Quinta: Ídem. 1971. 5.000

 

Sexta: Ídem. 1972. 5.000” (Buenaventura, 1973, citado por Tirado, 2014, p. 251)

 

Es decir, estos dirigentes comunistas veían con preocupación que otros intelectuales lograran hacer lo que ellos eran incapaces de hacer; canalizar y llegar a las masas. Curiosa preocupación esa de basar una supuesta perversión ideológica por la amplia difusión de un texto, ¿qué pensarían estos revolucionarios puros al ver las grandes ediciones que textos como el Manifiesto Comunista tenían en el mundo? Tal actitud lo único que hace es revelar la tendencia marginalista y cristiana que tenía la izquierda por aquella época

 

143 

 

consecuente con su estudio de la formación social capitalista, que el marxismo no es sólo una

 

crítica al capitalismo es también una forma de investigar la realidad social.

 

 

 

 

 

Reflexiones y aportes que están en el mismo nivel de complejidad y rigurosidad que desarrollan

 

los autores más renombrados dentro del marxismo, dando cuenta de la continuidad que ese hilo

 

rojo, inconfundible, iba generando en la obra de Zuleta. El marxismo y con él la fuente de la

 

economía política se van estructurando como una piedra angular dentro de sus ideas y así estarán,

 

presentes, hasta el final de su vida y obra.

 

 

 

 

 

Pero tal apropiación que se da en este periodo va estar marcada a su vez por lo que es una tensión

 

entre la fuente socio-política y la economía política, el contexto de los años sesenta viene

 

determinando la lectura socio-política que el marxismo ofrece; especialmente las experiencias de

 

los socialismos realmente existentes serán aquí influyentes y servirán como escenarios desde los

 

que Zuleta interrogará la vertiente política del marxismo, tanto en su análisis estructural como en

 

sus propuestas de intervención práctica. Será fructífera y bastante importante tal posición crítica

 

de Zuleta, porque estas objeciones son hechas por alguien que con versatilidad ya maneja un

 

análisis estructural de la sociedad, y que como ya lo he indicado cuenta con una apropiación de la

 

fuente de la economía política.

 

 

 

 

 

Aquí se juega una discusión central, puesto que, en sí misma la fuente sociopolítica, no puede ser

 

cabalmente comprendida y analizada si de la mano no se desarrolla con un análisis desde de la

 

fuente económico-política. Por eso hay marxismo, por ello Marx escribió una obra como El

 

144 

 

Capital, la estructuraclasista de la sociedades, el funcionamiento del Estado ysus actores políticos,

 

es decir, las clases sociales, no pueden ser entendidas en su funcionamiento si a su vez no se capta

 

el proceso yla configuración económico-productiva que las define. Por lo tanto, si tal como denota

 

Zuleta con amplitud y profundidad en este período dando cuenta de su dominio de la economía

 

política, ¿cómo pone a conversar tal conocimiento en sus análisis y conjeturas sobre los procesos

 

de los socialismos reales?

 

 

 

 

 

Para captar con toda claridad la implicación epistemológica que hay entre la relación de la fuente

 

económica y la fuente sociopolítica, es conveniente hacer la recordación sobre la configuración

 

del concepto de clase social que integra a ambas fuentes. De tal manera que se pueda contar con

 

un contexto teórico que permita comprender mejor la apropiación de Zuleta frente a conceptos que

 

desarrolla el materialismo histórico como: formación social, modo de producción, relaciones

 

sociales de producción, fuerzas productivas etc., y ponerlos en función de explicar las realidades

 

políticas del siglo XX, por ejemplo, una de suma relevancia para el propio marxismo como lo son

 

los socialismos reales. Tanto sus prácticas económicas como sus acciones políticas son un

 

escenario excepcional para desplegar el análisis marxista, no sólo por su importancia teórica e

 

histórica para entender el transcurso geopolítico del mundo en el siglo XX, sino porque interroga

 

a las propias experiencias revolucionarias y la viabilidad de algunas de sus acciones.

 

 

 

 

 

Hagamos memoria sobre la síntesis tan acertada que hace Zuleta sobre la clase social y su

 

configuración en el modo de producción.

 

 

 

 

 

145 

 

La producción capitalista tiene como su consecuencia necesaria la producción de

 

individuos separados de los medios de producción. o reproducción de la clase obrera, y la

 

producción de individuos propietarios de los medios de los medios de producción, o

 

proceso de acumulación de plusvalía. Por lo tanto, si se mira el proceso en su conjunto

 

resulta que esta distribución de los individuos en clases es efecto del modo de producción,

 

el cual se reproduce continuamente, yno el efecto deun acto inicial, deun reparto originario

 

donde el destino o las virtudes o los vicios hicieron que unos quedaran con medios de

 

producción y otros sin medios de producción y que el presente no es más que el efecto de

 

ese momento originario. Este tema se encuentra ampliado en el capítulo 24 de El Capital

 

(Zuleta, 1987, p.88).

 

 

 

 

 

Como vemos en este fragmento de Zuleta se alude al análisis sustancial que contiene el concepto

 

de clase social, por lo que la noción de proletariado o burguesía contienen como tal un valor

 

epistemológico en su formulación yen tanto que sean bien utilizados comoconceptos sociológicos

 

que son, tales términos se atienen a una realidad socio-económica e histórico-política. La clase

 

social al forjarse en el modo de producción ejerce su papel como actor económico, pero en cuanto

 

pasa al escenario de la política, por ejemplo, en el Estado, la clase social en su papel de actor

 

político no sedesentiendedesu papel económico. El Estado es también un campo dondesedisputa,

 

se defiende o se intenta destruir un modo de producción. Tal concepción es la que rige en El XVIII

 

Brumario de Luis Bonaparte de Marx, donde en uno de sus textos más lúcidos de análisis político,

 

maneja esta definición materialista de la clase social como actor político.

 

 

 

 

 

 

146 

 

Es de anotar que el fragmento de Zuleta referencia un texto en donde Marx está teniendo una

 

avanzada formación económica, en 1857, pero, a su vez, la alusión específica que hace Zuleta al

 

capítulo XXIV de El Capital y el uso el concepto de plusvalía como otros a los que alude durante

 

todos sus comentarios, dan cuenta también que viene acompañando su formación marxista de la

 

mano de una de las obras más importantes de Marx como lo es El Capital. Pero lo que me interesa

 

subrayar es que él ya está contando con una vertiente crucial para la fuente de la economía política

 

como lo es la teoría del valor. Que por demás, uno de los signos distintivos del pensamiento de

 

Marx tiene que ver en cómo abordó la teoría del valor, de donde provienen sus mejores aportes en

 

materia económica y su implacable crítica al capitalismo.

 

 

 

 

 

Justamente en el capítulo IV del Capital, puede situarse con mayor claridad el análisis del proceso

 

productivo en el que Marx muestra el encuentro de las clases sociales en sus papeles económicos:

 

de un lado el propietario de la fuerza de trabajo (obrero -proletario), y de otro, al propietario de los

 

medios de producción (capitalista-burgués), éste último, el mismo que hace compra del valor de

 

uso de la fuerza de trabajo del obrero. En estas relaciones, se devela irrefutablemente el proceso

 

de explotación consustancial al modo de producción burgués. Al poner la mira en los procesos de

 

producción del capital, se develan los mecanismos que reproducen a las clases sociales. A

 

diferencia de otras miradas economicistas, despeja, o más bien, articula coherentemente en la

 

totalidad otros elementos que siendo parte del análisis estructural del funcionamiento capitalista

 

no explican, ni son determinantes paraentender cabalmente la existencia de las clases, por ejemplo,

 

el mercado. En el intercambio de mercancías, no se nos presenta el consumo de una mercancía

 

especial, la cual es la generadora de valor, la fuerza de trabajo. Por tanto, aunque es impensable el

 

capitalismo sin mercado, es insuficiente quedarse en su observación sin pasar a indagar y a unir el

 

 

147 

 

estudio con aquel ámbito donde hace aparición la fuerza de trabajo, la producción, es decir, lo que

 

sucede allí, puertas adentro de la fábrica.

 

 

 

 

 

El consumo de la fuerza de trabajo, al igual que el de cualquier otra mercancía, se efectúa

 

fuera del mercado o de la esfera de la circulación. Abandonamos, por tanto, esa ruidosa

 

esfera, instalada en la superficie y accesible a todos los ojos, para dirigirnos, junto al

 

poseedor de dinero y al poseedor de fuerza de trabajo, siguiéndoles los pasos, hacia la

 

oculta sede de la producción, en cuyo dintel se lee: “prohibida la entrada, salvo por

 

negocios”. Veremos aquí no solo como el capital produce, sino también cómo se produce

 

el capital (Marx, 2012, p.128).

 

 

 

 

 

Para el análisis desde la fuente sociopolítica, puede decirse entonces que el posicionamiento de

 

clase es desde donde se concibe el proyecto político que agencian los actores en el Estado, éste

 

tiene una connotación especial dentro de la sociedad, son unas intervenciones orientadas a formar

 

un tipo de relaciones económicas y políticas. Las disputas, las tensiones, las alianzas de clase, en

 

una frase; la correlación de fuerzas, tiene una sustancia material que es la reproducción de sus

 

relaciones de económicas. Incluso, muchas de las disputas partidistas e ideológicas se subordinan

 

a la disputa esencial que en términos de Marx, es material:

 

 

 

 

 

Sobre las diversas formas de propiedad y sobre las condiciones sociales de existencia se

 

levanta toda una superestructura de sentimientos, ilusiones, modos de pensar y

 

concepciones de vida diversos y plasmados de un modo peculiar. La clase entera los crea

 

148 

 

y los forma derivándolos de sus bases materiales y de las relaciones sociales

 

correspondientes. (Marx, 2003, p.38).

 

 

 

 

 

Y a propósito de la apropiación que Zuleta está afianzando de la economía política, con la lectura

 

de un texto como El Capital para estos años setenta, vale recordar la interpretación de un apartado

 

de Comentarios a la introducción general de la crítica de la economía política, donde Zuleta

 

quiere exponer el planteamiento de Marx acerca de que dentro del circuito de la economía política

 

(producción, distribución, cambio y consumo) visto en conjunto y a partir de sus articulaciones

 

internas con sus respectivas relaciones y determinaciones, la producción es un elemento con una

 

jerarquíamayor quelas demás instancias26. Desde esefragmento del texto de Marx, Zuletasostiene

 

la necesidad de vincularlo con la lectura de El Capital para vislumbrar con claridad la reflexión

 

que Marx ofrece.

 

 

 

 

 

Indudablemente el texto permanece bastante misterioso si no se lo relaciona con las

 

elaboraciones posteriores de El Capital. Allí demuestra cómo la producción material es

 

algo más que la combinación de las condiciones materiales y personales del proceso del

 

trabajo, que se trata de un proceso de producción de valor y de plusvalía, o sea, que los

 

 

 

 

 

 

 

26 El resultado al que llegamos no es que la producción, la distribución, el intercambio y el consumo sean idénticos, sino que constituyen las articulaciones de una totalidad, diferenciaciones dentro de una unidad. La producción trasciende tanto más allá de sí misma en la determinación opuesta de la producción, como más allá de los otros momentos. A partir de ella, el proceso recomienza siempre nuevamente. Se comprende que el intercambio y el consumo no puedan ser lo trascendente. Y lo mismo puede decirse de la distribución en cuanto distribución de los productos. (Zuleta, 1987, P.97).

 

 

149 

 

procesos materiales de la producción están determinados por los procesos sociales de

 

producción (Zuleta,1987, p.100).

 

 

 

 

 

Ese llamado a poner la mira en la producción que Marx hacía en 1857 se entiende más con lo que

 

veíamos desarrollado en el capítulo IV del Capital, de ahí la pertinencia de la sugerencia de Zuleta.

 

Pero ese énfasis en la producción como análisis sociológico al que apunta, tiene ciertas

 

particularidades en el marxismo que está apropiando Zuleta, especialmente pensando en lo que a

 

las clases sociales se refiere. Y sobre todo para lo que esta década en cuestión se desarrolla en la

 

apropiación del marxismo en Zuleta. En la lectura de todos sus comentarios a la Introducción

 

general de la crítica de la economía política, Zuleta nunca utiliza la expresión proletariado.

 

Maneja un lenguaje donde cuenta con los significados teóricos de la clase social, propiedad de

 

medios de producción, propiedad de la fuerza de trabajo, trabajo asalariado, capital. Sin perder de

 

vista que estas son instancias dinamizadas por relaciones sociales y encarnadas a su vez por ciertos

 

sujetos que en la sociedad se configuran en clases sociales. Pero al hablar de esos sujetos, por

 

ejemplo, el no propietario de medios de producción y cuya única propiedad es su fuerza de trabajo,

 

Zuleta nunca utiliza como tal, la denominación proletariado: ¿a qué se debe qué no lo haga?, ¿es

 

algo premeditado, consciente en el autor colombiano, o simplemente una coincidencia? De la

 

edición que vengo trabajando del texto de Zuleta -editorial Percepción (1987)- tanto en las páginas

 

86, 88, 90, 97, 98, y 100 por señalar algunas se puede constatar lo que afirmo, donde a todas luces

 

se hace un manejo de los conceptos de clase social, pero sin decir burguesía o proletariado. Por

 

ejemplo:

 

 

 

 

 

 

150 

 

El capitalismo es una producción permanente de las condiciones capitalistas de producción,

 

la producción de propietarios de los medios de producción, de trabajadores asalariados

 

expropiados de los medios de producción, reproducción de las clases y en general de todas

 

las condiciones de producción (Zuleta, 1987, p. 100)

 

 

 

 

 

Esto es bastante significativo y sirve para contrastar con la crítica que Zuleta hará en la década de

 

los ochenta a una supuesta idealización del proletariado en Marx. Es decir, ya en estos años setenta

 

cuando Zuleta está cualificando su formación marxista, apropiando y dominando los conceptos de

 

la fuente económico-política, se puede identificar en él un cierto cuidado en el uso de ciertas

 

expresiones del marxismo, una tan habitual y característica como la de proletariado. Sin embargo,

 

aunque en Zuleta no haya una expresión directa, tampoco hay un rechazo o una crítica explícita al

 

término. Y al no desarrollarse interpelación alguna en estos años setenta sobre el concepto de

 

proletariado es pertinente mostrarla y analizarla en el momento que se hizo, que será hacia la

 

década de los ochenta. Así se podrá hacer más evidente la evolución y el cambio de posturas de

 

Zuleta frente al marxismo. Esta discusión entonces, y el contraste de visiones que Zuleta tiene

 

frente a la idea de proletariado será retomado en último periodo que aquí se analiza (1980 - 1990).

 

 

 

 

 

4.6. Análisis iniciales de los socialismos reales

 

 

 

Como ya lo había indicado, la pertinencia de considerar estos análisis iniciales que Zuleta hacía

 

sobre los socialismos reales cobra importancia dado que desde estas experiencias pone en función,

 

también, su apropiación del marxismo. Por lo quelos cuestionamientos de Zuleta ala URSS, China

 

 

151 

 

o Cuba, sirven como ejemplo para reconocer en estos contextos como articulaba las fuentes

 

integrantes frente a problemas políticos. Además, porque desde estos estudios Estanislao sustenta

 

muchas de sus críticas a Marx, a los marxistas a algunas de sus ideas y sobre todo a ciertas

 

propuestas políticas.

 

 

 

 

 

¿Cómo Zuleta, iba adquiriendo un argumentario político en consonancia con el materialismo

 

histórico? Y recordemos que decir materialismo histórico, es decir investigación objetiva de la

 

realidad. Basarse en un terreno fértil para formular en cuestiones históricas y sociales unas ideas

 

que cuentan con sustento empírico. Por eso, la llamada concepción materialista de la historia

 

enhebra las fuentes integrantes del marxismo (La filosofía, la economía y la socio-política) ¿las

 

enhebra Zuleta en sus análisis de la URSS, por ejemplo? El problema entonces, no es la particular

 

posición que tome Zuleta frente a los socialismos reales, que como veremos es abiertamente crítica

 

y polémica con la experiencia rusa. Sino que lo que debe preocupar es cómo elaboró sus ideas y

 

llegó a lo que afirma, sea crítico o no.

 

 

 

 

 

En dos de los textos que han sido publicados sobre conferencias de Zuleta en esta época, se

 

desarrollan análisis críticos sobre el socialismo en la Unión Soviética El Marxismo, la educación

 

y la universidad de 1975 y Acerca de la naturaleza de las ciencias sociales de 1978 como se podrá

 

apreciar en algunos fragmentos pone en cuestión el socialismo que en Rusia se implantó. Alude a

 

muchas de sus contradicciones políticas y económicas e incluso llega a poner en duda la herencia

 

marxista de los soviéticos, dado que para Zuleta hay muchas cosas que no son equivalentes entre

 

lo que pensaba Marx y lo que los rusos llevaron a la práctica a nombre del genio de Tréveris.

 

 

 

152 

 

 

 

 

En el segundo capítulo de Acerca de la naturaleza de las ciencias sociales, llamado, Capital,

 

Trabajo y Técnica. Zuleta hace referencia a las inconsistencias del socialismo de los soviéticos en

 

las que por ejemplo, en materia económica no se superó una división capitalista del trabajo. A

 

partir de ahí, diferencia al socialismo tal y como lo pensaba Marx a tal y como lo llevaron a la

 

práctica los rusos y lo pretendía sustentar Stalin.

 

 

 

 

 

La liberación de los trabajadores directos implica, la superación de la división capitalista

 

del trabajo, de sus formas del trabajo donde el trabajador directo pueda intervenir y tenga

 

capacidad no solamente de decir que hace, sino también cómo lo hace, es decir, que el

 

proceso de trabajo no sea sólo un elemento extraño para el trabajador directo, que le

 

convierta, decía Marx, en una pieza de una máquina.

 

 

 

 

 

Un pensamiento diferente sobre la técnica y sobre el proceso productivo, radical como el

 

de Marx, implica una nueva concepción del socialismo, diferente de aquella que considera

 

la nacionalización de los bienes de producción como su meta económica fundamental. Por

 

ejemplo, Stalin consideraba que el socialismo en la URSS ya estaba hecho en el año 35

 

(Zuleta, 1978, p.17).

 

 

 

 

 

En efecto, la práctica económica desarrollada por el Estado Soviético no transformó las relaciones

 

capitalistas de producción, por tanto, así estuviere en el Estado un partido revolucionario, la

 

 

 

153 

 

liberación de los trabajadores del despotismo de la máquina, y de toda aquellas consecuencias que

 

las relaciones capitalistas de producción ejercen sobre el trabajador; enajenación, especialización

 

en una esfera productiva, salarios que no se correspondían al valor invertido por la fuerza de

 

trabajo, predilección por el tecnicismo, ventajas económicas a las profesiones ingenieriles y

 

generando con ello abismos entre la clase obrera que al no tener condiciones para formarse en

 

dichas profesiones no le quedaba más remedio que competir entre sí etc., todo ello se reprodujo

 

cual si fuere un modelo de civilización burgués en un país que se decía ser socialista. Tal situación

 

es cierta, sobre todo viéndolo desde el punto de vista teórico y económico. Ahora, si el asunto se

 

examina desde la fuente sociopolítica, considerando la cuestión de la lucha de clases y las

 

condiciones objetivas para llevar a la práctica algunas medidas políticas, se tendrían que agregar

 

otros aspectos que Zuleta no integra en sus críticas a la URSS.

 

 

 

 

 

Lo propio de la fuente sociopolítica es el carácter histórico de los hechos sociales, y para ello tiene

 

la exigencia de indagar por los procesos reales y las experiencias concretas. Tal y como lo ha

 

indicado Marx al anotar que el punto de partida de la investigación debe ser material. Lo cual

 

significa que la formulación teórica o el análisis conceptual se inscriben en un campo empírico.

 

Cuando Marx por ejemplo en el XVIII Brumario se mueve de terreno en sus análisis y realiza unas

 

interpretaciones sobre hechos políticos, se atiene a una indagación por las situaciones concretas

 

sin sobreponer a éstas sus posturas ideológicas. Hace una periodización identificando en el tiempo

 

los acontecimientos que se han presentado y los que le permitirían ejemplificar en la realidad el

 

derrotero del golpe de Estado de Luis Bonaparte. Es así como Marx cuestiona otros enfoques

 

analíticos que estudiando ese mismo hecho social, como sucedía en los textos de Victor Hugo o

 

Proudhon, descuidaban el acontecimiento como tal por darle excesiva importancia al papel del

 

 

154 

 

individuo, atribuyéndole a Luis Bonaparte un poder de iniciativa para determinar el curso de los

 

acontecimientos, por tal camino se toma como criterio explicativo lo que es consecuencia de unas

 

condiciones sociales que no se advierten en el análisis. A diferencia de los autores citados, dirá

 

Marx, “Yo, por el contrario, demuestro cómo la lucha de clases creó en Francia las circunstancias

 

y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de

 

héroe” (Marx, 2003, p.6) Es pues, la posición de un materialista histórico frente a los

 

acontecimientos y hechos políticos.

 

 

Pues bien, una construcción de esa índole no se ve desarrollada en Zuleta en sus conjeturas sobre

 

la URSS, tanto teórica como políticamente. Insisto, no es porque la posición de Zuleta devenga en

 

una crítica, sino porque la manera en cómo esa crítica está expuesta es sesgada y aprecia sólo un

 

fragmento de la totalidad del fenómeno de los socialismos reales. Estanislao es muy versado en su

 

análisis desde la fuente de la economía política, y frente al socialismo de la URSS la mayoría de

 

sus críticas parten de la base económica. Pero, en cuanto nos detenemos a ver el sustento histórico,

 

las referencias a los hechos y situaciones concretas por las que tuvieron que pasar los rusos en la

 

creación de su economía planificada, su capitalismo de Estado y hasta su tendencia a la

 

burocratización, Zuleta no hace referencia en sus planteamientos a ningún ejemplo concreto que

 

retrate la situación y permita así tener un panorama histórico de aquello que se está criticando. En

 

otro de los textos que se ubican en este periodo yque data del año 1975, El Marxismo, la educación

 

y la universidad Zuleta parece ser un poco más ponderado en su análisis con el proceso soviético,

 

sin embargo, más allá de alguna que otra salvedad la ausencia de las referencias históricas desde

 

las cuales parten su juicios, se mantiene.

 

 

 

 

 

 

 

155 

 

La Unión Soviética, para tomar un ejemplo, se vio obligada después de 1917 a importar

 

directamente las formas propias del capitalismo como fuerzas productivas. No digo que

 

haya sido un error. Digo que se vio obligada. Tomaban, en incluso copiaban, los

 

procedimientos de la Ford. Enviaban obreros que pretendían haber escogido la libertad,

 

pero que lo que hacían era tomar diseños para implantarlos allá. No creo que hubieran

 

tenido otra opción. Si hubo error fue el no haber tenido en cuenta la gravedad y los peligros

 

a que eso conducía. Llegaron incluso a hacer elogios del taylorismo, que es una de las

 

formas en las que el trabajo de los sectores directos queda más descalificado y más

 

parcializado y es más impotente para comprender, diseñar y dirigir el proceso productivo.

 

Hacer de la necesidad virtud, tomar una dolorosa necesidad histórica como un gran modelo

 

que debe seguirse en cualquier caso, si es un error (Zuleta, 2009, p.112).

 

 

 

 

 

De ahí que cuando, en contraste, se acude a estudios historiográficos sobre la URSS, se siente la

 

discordancia entre lo que afirma Zuleta ylo que se encuentra en autores como Edward Halled Carr,

 

Eric Hobsbwam, Isacc Deutscher, e incluso como los de algunos disidentes del estalinismo como

 

Victor Serge. En éste último hay la crítica a la tendencia totalitaria de la URSS, pero ofreciendo

 

elementos a su vez para entender históricamente porque se tomaron ciertas medidas, como por

 

ejemplo, el capitalismo de Estado. Lo cual lleva a una comprensión muy distinta a la que tiene

 

Zuleta sobre este aspecto, que él lo plantea como un culto a la técnica capitalista por parte de los

 

rusos, haciendo de la “necesidad una virtud” cual si estuvieran andando cómodamente por una

 

traición al socialismo y al mismo Marx.

 

 

 

 

 

 

156 

 

Ateniéndonos a las circunstancias objetivas que enfrentaba el proceso revolucionario que

 

emprendieron los bolcheviques, el periodo queva de1918 a1924, lejos de mostrarnos un armónico

 

y tranquilo proceso, transcurre en medio de las convulsiones sociales más complejas, y una de

 

ellas tiene que ver precisamente con la puesta en cuestión de los principios socialistas. Dos textos

 

históricos sirven para interrogar aquello que define Estanislao Zuleta como un error de los

 

soviéticos al no prever las consecuencias negativas a las que conducía la puesta en práctica de

 

relaciones capitalistas en la producción. Uno es el texto de Victor Serge El año I de la Revolución

 

rusa y el otro el lúcido ensayo de Edward Hallet Carr La Revolución rusa de Lenin a Stalin, 1917

 

- 1929. Estos textos contienen un material histórico que retrata esas cuestiones que tuvieron que

 

enfrentar los rusos en sus primeros años de gobernanza, que aunque la dirigencia del partido

 

bolchevique estuviese formada por cuadros marxistas con un amplio conocimiento sobre esta

 

teoría, ello no los hizo indemnes a tener que sortear contradicciones políticas. En la toma de

 

algunas decisiones tuvieron que dejar de lado la pureza teórica y elegir entre opciones que no se

 

correspondían con los objetivos revolucionarios que perseguían, es el caso del taylorismo, las

 

medidas capitalistas para impulsar la industria y otras situaciones que en el seno del bolchevismo

 

implicaron agudas polémicas entre los revolucionarios.

 

 

 

 

 

A diferencia de lo que afirmaba Zuleta, los textos de Serge y Halled Carr, nos recuerdan que sí

 

hubo de parte de la dirigencia bolchevique medidas políticas que apuntaron a la socialización de

 

los medios de producción y a propiciar el control obrero de la producción. En el sentido que Marx

 

le daba al socialismo, tales medidas eran fundamentales para la efectiva participación del obrero

 

con su iniciativa e inteligencia en la construcción de una nueva sociedad.

 

 

 

 

157 

 

El decreto que establecía el control obrero de la producción apareció desde el 14 de

 

noviembre. Con él se legalizaba la injerencia de los obreros en la gestión de las empresas;

 

las resoluciones de los órganos de control eran obligatorias y el secreto comercial quedaba

 

abolido [...] La iniciativa de las medidas de expropiación partió de las grandes masas del

 

partido y no del poder, y fueron dictadas más por necesidades de la lucha que persiguiendo

 

un plan socialista (Serge, 1965, pp. 151- 152).

 

 

 

 

 

Ahora bien, puestas en el terreno de la lucha de clases y la confrontación política, tales acciones

 

se encontraron con unas dificultades concretas para que fuesen una realidad y tuvieran cierta

 

eficacia revolucionaria. El mismo Serge muestra la complejidad que empezaba a plantear ese

 

pretendido control obrero de la producción y sus falencias organizativas. Pues luego de haber

 

promovido la expropiación de los explotadores, se debía empezar a desarrollar la producción por

 

iniciativa de la clase obrera, pero lo que ocurre es que.

 

 

 

 

 

Tan pronto como nos encontramos con sindicatos que fundan almacenes cooperativos y

 

que se dedican de lleno a comerciar, comercio que asume fatalmente aspectos de

 

especulación, dada la escasez que reina, como vemos que se producen dolorosos conflictos,

 

promovidos para imponer reivindicaciones inmediatas, que demuestran un egoísmo

 

corporativo completamente falto de razón ¡Hemos hecho la revolución, dupliquemos, pues,

 

los salarios! Ha sonado para nosotros la hora de la abundancia… De igual manera, los

 

instintos anárquicos se traducen en el campo de las requisas y de la nacionalización por

 

tentativas como las de explotar una fábrica por cuenta de todos los que trabajan en ella, o

 

 

 

158 

 

como la de confiscar el primer tren cargado devíveres quepasapor la estación más próxima

 

(Serge, 1965, p.155).

 

 

 

 

 

Es decir, la claseobrerasehabía sentido conforme con quelos bolcheviques la hubiesen convertido

 

en propietaria de las empresas, pero no fue tan conforme cuando se le pedía reorientar la

 

producción por iniciativa propia y de forma socialista, no predominaba un sentido colectivo sino

 

individual que como lo cita Serge se expresaba en aquellas pretensiones de subir los salarios y

 

aumentar beneficios dado que se habían librado de los explotadores. Con tal mentalidad en los

 

propios trabajadores, la concreción de un plan socialista se hacía demasiado difícil. Máxime

 

cuando la industria en Rusia era aún incipiente y las ciudades para su alimentación dependían de

 

la producción rural, además para el año 1918 el gobierno de los trabajadores se enfrenta a una

 

guerra civil y a los intentos de invasión, por lo que las necesidades del Ejército Rojo eran prioridad

 

para la industria yla distribución de víveres. Este era el contexto yen el marco de estas situaciones

 

es que el partido bolchevique en las reuniones que adelantan buscan restarle injerencia a los

 

sindicatos y a los consejos fabriles que por estar animados de sus intereses de grupo no habían

 

asumido el control obrero de la producción.

 

 

 

 

 

En medio de la espesa atmósfera de crisis de enero de 1918, Lenin, significativamente, citó

 

el familiar “el que no trabaja no come” como “credo práctico del socialismo”; y el

 

comisario del Pueblo para el Trabajo habló de “sabotaje” y de la necesidad de medidas de

 

coerción. Lenin se pronunció a favor del destajo y del “taylorismo”, un sistema americano

 

 

 

 

 

159 

 

muy de moda para mejorar la eficiencia del trabajo, que él mismo había denunciado como

 

“esclavizamiento del hombre a la máquina” (Carr, 1981, p.41).

 

 

 

 

 

Es pues en tal ambiente que proviene la famosa propuesta del taylorismo que Zuleta cuestiona a

 

los rusos por ser adherida ydefendida, como vemos, Lenin sabía muy bien lo que proponía ysobre

 

todo el momento y las razones por las que lo hacía. Aquí entonces, el marxista en su inevitable

 

situación de tomar una posición política se ve obligado a profanar sus justos ideales de revolución,

 

¿incoherencia?, ¿antimarxismo?, ¿traición al socialismo? No, nada de eso, simple y llanamente

 

lucha de clases que no está con fuerza en el análisis de Zuleta sobre la URSS, como tampoco la

 

fuente sociopolítica.

 

 

 

 

 

Stalin podríani siquierahaber existido, es todo el proceso ydentro de él la formaautoritaria

 

de la construcción del socialismo, el culto de la técnica como variante independiente que

 

produce por si misma sus consecuencias y sus cambios en las relaciones de producción, la

 

acumulación a toda costa, el culto a las fuerzas productivas (Zuleta, 1978, p.89).

 

 

 

 

 

Por ejemplo, aquí es algo ventajoso como crítica Zuleta el proceso Soviético, cuando él mismo

 

sabe que ninguna instauración de una economía planificada puede sustraerse de las

 

determinaciones que el capitalismo le impone, entre esas, las formas de la técnica burguesa en la

 

producción. No fue un culto, fue una opción inevitable en la que se vieron forzados a tomar en

 

Rusia en la década de los veinte, como ya lo anote, al no tener una industria desarrollada, ¿de a

 

dónde la iba a sacar? en efecto, el capitalismo de Estado era lo que se imponía por la situación. De

 

160 

 

otra parte, con el materialismo histórico sabemos que no se puede, es sesgado, limitado y carente

 

de objetividad analizar un proceso político desde lo que las definiciones teóricas presuponen que

 

es el socialismo, sin llegar a contrarrestar esos procesos con las circunstancias objetivas. Cuando

 

Zuletadice, pese ahacer unabrevedescripción de Rusia en sus particularidades sociales, indicando

 

que el problema consistió en no haber tenido un concepto correcto del socialismo, “si uno define

 

el socialismo en términos marxistas, como un proceso de liberación creciente de los trabajadores

 

directos, como un proceso de liberación creciente de la división capitalista del trabajo, allá no se

 

ha hecho eso” (Zuleta,1978, p.99), en esto no se considera que el socialismo es el resultado de una

 

lucha política, de lo que se logre conquistar enfrentando las condiciones nacionales y geopolíticas

 

tal y como se le imponían a los rusos. Ellos no estuvieron a sus anchas para desarrollar su

 

socialismo por tener una definición correcta del mismo, tuvieron que sortear las intervenciones

 

extranjeras, la guerra civil interna y los boicots a la industria que hicieron los mismos trabajadores

 

incumpliendo el pedido del control obrero de la producción.

 

 

 

 

 

La cosa tampoco es negar entonces la deriva autoritaria de la URSS y menos justificarla

 

ciegamente, y de hecho desde muy buenos referentes en la propia tradición marxista: Rosa

 

Luxemburgo, Antonio Gramsci, Nicos Poulantzas, Göran Therbon Domenico Losurdo, tenemos

 

de donde tomar para elaborar esos análisis críticos de la Unión Soviética, articulando las fuentes

 

socio-histórica y económico-política comprendiendo el conflicto de clases que la revolución

 

desataba en dos escenarios, en el aparato estatal y en el modo de producción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

161 

 

Y decir articulación no es simplemente una demanda epistemológica que se haga formalmente,

 

sino que es un desarrollo que se debe conquistar poniendo el contenido del concreto real en la base

 

de la construcción teórica. Es desarrollar la lógica en consonancia con los hechos históricos, de tal

 

manera la articulación de las fuentes es una conquista desde la perspectiva marxista. De ahí que,

 

de acuerdo al hecho histórico concreto o a la coyuntura social específica se debe reconocer a qué

 

instancia se le dará más primacía, si al elemento político (el aparato estatal) o a la cuestión

 

económica (modo de producción) pero en función de lo que el fenómeno que se estudia expresa o

 

desarrolla. El énfasis que se hace en una u otra instancia, no es una elección subjetiva que hace el

 

investigador previo a su estudio, sino un punto de partida al que se llega por consecuencia misma

 

de la revisión y el acercamiento que se ha hecho al fenómeno que se empieza a investigar. De no

 

ser así, la realidad de ese fenómeno se sacrifica al subjetivismo del que lo analiza. Pero además de

 

esa prioridad que se da, sea a lo económico o lo político, al avanzar en el estudio se debe tener la

 

capacidad para moverse, según la situación o la cuestión que se analiza lo reclame, de instancia y

 

articularse con aquel otro elemento que no ha estado presente hasta el momento en la investigación

 

y en la explicación de los hechos.

 

 

 

 

 

En la indagación que presente de Zuleta, es evidente que sus análisis y sus observaciones críticas

 

sobre la URSS descansan en la cuestión económica, Zuleta alude sobre todo a las contradicciones

 

que en este campo se dieron y sustentando allí sus críticas, no siendo tan enfático en las

 

problemáticas socio-políticas, cuando tal perspectiva es una que debe tener su lugar en el estudio

 

del socialismo soviético. Por ejemplo, la cuestión del poder económico y la dominación estatal

 

¿cómo se entienden a la luz de la luchapolítica? Y para abordar esa pregunta con rigurosidad desde

 

 

 

 

162 

 

el marxismo, se hace necesario tener unas claridades teóricas para entender la conjunción entre las

 

clases sociales y la política que se pone en juego.

 

 

 

 

 

Para evitar el economicismo que se fue haciendo común en el marxismo al respecto, no es

 

suficiente con afirmar que la política es simple y llanamente el escenario donde las clases se

 

disputan el poder, uno que en esencia sería económico. Si bien tal hipótesis tiene algo de certeza,

 

es insuficiente quedarse con ella sin matizarla teniendo en consideración algunos casos que

 

sobrepasan la determinación económica. Recordemos como ha planteado Lenin que también hay

 

una autonomía relativa de la política, y que, por ejemplificar, puede suceder que no haya una

 

armonía entre las clases que ostentan el dominio económico y aquella(s) que ejerce(n) un dominio

 

en el poder estatal. Aunque el ideal de la clase dominante sea el de reproducir en el aparato estatal

 

el carácter de su clase, hay situaciones en que el dominio económico, sea por alianzas, o por

 

correlación de fuerzas no depende del aparato estatal para su dominio y su funcionamiento.

 

 

 

 

 

Lo dicho, concierne con el papel del Estado, tanto éste como las clases, se condicionan

 

mutuamente; no hay clases sin Estado, no hay Estado sin clases sociales. (Therborn, 1979)

 

 

El Estado y la lucha partidista que se da en su seno, expresan dos situaciones características del

 

papel y transcurso de las clases, a éstas las configura un movimiento que se dirime entre el

 

antagonismo yla conciliación, es lo que la famosa expresión de Marx, “la lucha de clases” plantea,

 

pero se hace necesario analizarla en detalle para no descuidar en fraseología su pertinencia teórica.

 

Es por eso que ciertos autores, entre ellos Nicous Poulantzas, han acertado en afirmar que en lo

 

concerniente a la clase dominante, muchas veces esta no domina en solitario, sino que lo hace en

 

 

163 

 

alianzas con otras clases, por ejemplo; una burguesía con la pequeña burguesía, o, incluso, como

 

suele suceder en los casos de la experiencias socialistas -y es el caso de la URSS- en sus primeros

 

periodos, donde la clase trabajadora ocupando el poder estatal se ve en la obligación de generar

 

alianzas con la burguesía nacional.

 

 

 

 

 

Las clases, entonces, no son homogéneas, y en su interior están constituidas por diversos intereses

 

que no siempre concilian, lo que lleva al fraccionamiento de clase y a que se propenda también,

 

en términos políticos, por el dominio ya no de una clase en general, sino de una fracción de la

 

clase. Es la situación concreta la que determina el movimiento de la clase y su accionar, donde sus

 

intervenciones conciernen, de una parte, a acciones específicas de una clase contra otras clases

 

sociales, pero también, al interior de su clase interviene de manera especial, se sitúa frente a otros

 

sectores de la clase a la que se pertenece, pero que cristalizan otro tipo de relaciones de producción.

 

Por ejemplo, un comerciante y un ganadero son burgueses, pero su posición frente al modo de

 

producción, difiere.

 

 

 

 

 

Con lo expuesto se cuenta con insumos para apoyar la afirmación de que la clase, o la fracción de

 

clase tiende a reproducir en el Estado su carácter de clase, es decir, a velar por la reproducción de

 

su posición en el modo de producción, las cercanías o lejanías con otras clases, depende de tal

 

reproducción.

 

 

La dominación de clase se ejerce dentro de un proceso constante de reproducción o

 

transformación sociales, regido por la dinámica inherente al modo de producción de que se

 

trate, y por sus relaciones con los otros modos de producción que coexisten con él. [...] El

 

164 

 

Estado en cuanto institución especial que interviene en el proceso social y las estructuras y

 

procesos que han de ser reproducidos, de los que la clase dominante es, por esencia, el

 

soporte. (Therborn, 1979, pp. 217-218).

 

 

 

 

 

¿A qué viene todo lo anterior?, pues a hacer lo que la buena teorización hace con los discursos, a

 

aclarar los términos y la utilización precisa de los conceptos. Cuando se llega al Estado no

 

necesariamente se obtiene el poder, porque el modo de producción y las clases dominantes que en

 

él se forjan son las que tienen la capacidad para influir y decidir sobre la sociedad —por eso la

 

burguesía le puede causar daño a los gobiernos que no son afines a sus intereses y sabotear su

 

economía como ha pasado en experiencias socialistas. La clase dominante domina porque tiene

 

como ejercer una influencia en esa anatomía de la sociedad civil que es el modo de producción.

 

Así en la experiencia de la Revolución Rusa se entiende que los bolcheviques tomaron el aparato

 

estatal, no el poder. Y se entiende que no tenían otra opción que desplegar una política económica

 

emulando inevitablemente las técnicas y métodos del capitalismo, se comprende que fue un

 

proceso político que para ir consolidándose necesitaba conquistar el poder desde el dominio del

 

modo de producción. Y valga decirlo, toda experiencia democrática que tenga entre ceja y ceja

 

enfrentar el capitalismo se las va a tener que ver con esta situación, ayer, hoy, mañana, o cuando

 

sea, siempre que el capitalismo exista. Que los rusos le hayan dado a esa intervención en el modo

 

de producción una forma autoritaria en lo político, es por supuesto muy criticable y se debe

 

mantener la pregunta latente de porque nunca intentaron desmontar esas imposiciones con su

 

sociedad.

 

 

 

 

 

 

165 

 

Viendo la cuestión a partir de la situación nacional e internacional desde 1918, y la correlación de

 

fuerzas que se ponía en juego vemos que ese capitalismo de Estado que critica Zuleta, era, el

 

camino más viable que tenían los bolcheviques para afrontar la encrucijada en que estaban. De

 

manera que en lo concerniente a la articulación de las fuentes integrantes del marxismo, la fuente

 

sociopolíticano tiene una articulación suficiente con la fuente de la economía política en el análisis

 

de Zuleta frente al Unión Soviética.

 

 

 

 

 

Y esta posición que tengo respecto a las conjeturas de Zuleta sobre la URSS, no tiene que ver con

 

hacer una defensa a ultranza de los bolcheviques y el proceso soviético, sino en dejar la conciencia

 

que la interpelación a los soviéticos debe partir de unas situaciones concretas que revelen los

 

verdaderos errores que fueron cometidos. No tiene sentido criticar a los rusos por haber adoptado

 

una vía que inevitablemente tenían que tomar. Eso no quiere decir justificar el abuso de poder y el

 

conjunto de contradicciones políticas que se fueron presentando y no se esmeraron por corregir,

 

pero sería pedirle peras al olmo, demandar que los bolcheviques se situarán por encima de unas

 

condiciones económicas que no se sorteaban con la mera voluntad revolucionaria. Cualquier tipo

 

de gobierno, así no hubiese sido el dictatorial de Stalin, lo mejor que en materia económica habían

 

podido concretar era el capitalismo de Estado. De ahí esa hiperbólica defensa del taylorismo hecha

 

por Lenin y la adopción de políticas capitalistas en el marco de la producción económica.

 

 

 

 

 

Si Rusia no se convertía en potencia económica, tal como quedaba situada en el panorama mundial

 

luego de 1918, por el fracaso de las revoluciones en Europa y que, como en el caso de la alemana,

 

se albergaban las esperanzas de que acudiera en apoyo de la Revolución bolchevique. El destino

 

 

 

166 

 

y el futuro de los rusos quedaba en ciernes, pues en su aislamiento y en la confrontación

 

internacional, con pocos apoyos quedaban a merced de los ataques del imperialismo. En tal

 

encrucijada la vía para defender, por lo menos la subsistencia, era la de potenciar a Rusia en su

 

desarrollo interno, industrialmente, militarmente y económicamente.

 

 

 

 

 

Así que la interpelación desde el capitalismo de Estado, no es un criterio fuerte para cuestionar a

 

los soviéticos, todo lo contrario, es para admirar que hayan logrado llevarlo a la práctica ante tantos

 

obstáculos. Y que en tan sólo treinta años hayan logrado tener ese desarrollo industrial tan notable

 

del que dependió su existencia política, además que fue un determinante en la victoria de la URSS

 

contra el Nazifascismo, pues en el año 1943 Rusia logró superar en industria armamentística a la

 

Alemania nazi, que por entonces era la potencia en dicha industria militar.

 

 

 

 

 

En todo caso considero que para hacer una crítica eficaz a la experiencia soviética, no se les debe

 

imputar por aquello que inevitablemente estaban obligados a hacer. Sino en cuestionar, la

 

necesidad de adoptar aquellas acciones en el modo de producción bajo formas represivas dentro

 

del aparato estatal, tal ycomo sedieron en la gobernanzadeStalin, acciones quepor demás podrían

 

haberse evitado y/o corregido luego pero se mantuvieron en otros mandatos. Lo objetable es sin

 

lugar a dudas la forma opresiva que los soviéticos les dieron a las lógicas económicas ya la defensa

 

política de su Estado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

167 

 

4.7. 1980/ 1990 Marxismo: ¿Dictadura o democracia? / Retorno Zuletiano a la fuente

 

filosófica

 

 

 

 

 

En este periodo Zuleta insiste en algunas de las críticas que desde los setenta venía realizando al

 

marxismo y a los socialismos reales. Al punto que la interpelación directa hacia términos como

 

dictadura o proletariado se hacen más contundentes en esta época. Pero antes de pasar a tratar estas

 

cuestiones en detalle en diálogo con las obras de estos años ochenta, me parece de suma

 

importancia indicar algo que singulariza demasiado el balance analítico de este periodo intelectual

 

de la vida de Zuleta.

 

 

 

 

 

El análisis que he propuesto hasta ahora se basa en un contraste de décadas, partiendo del supuesto

 

que cada diez años pueden darse cambios, continuidades y/o rupturas, en una palabra la evolución.

 

Ahora, resulta que esta periodización puede dejar de lado los cambios que al interior de cada

 

década se pudieron haber efectuado, o más aún ciertas divergencias que en un mismo periodo se

 

presentan. Pues bien, llegados a este punto es pertinente hacer esta aclaración, dado que es para

 

este momento de los años ochenta donde nos encontramos con tal situación. Es lo que se

 

desarrollará con el concepto de proletariado, que tiene diferentes formas de abordarse en algunos

 

de los textos que corresponden a este periodo. La presentación conceptual y su desarrollo analítico

 

difieren, por ejemplo, a como es considerado el proletariado en el texto de Ética, Terror y

 

revolución y a como se aborda en el curso del año 1989 Teorías políticas contemporáneas.

 

 

 

 

 

 

 

168 

 

Lo anterior puede dejar ciertas inquietudes al respecto, por ejemplo, esas inconsistencias que se

 

dan en la manera de abordar una misma temática en diferentes momentos ¿a qué se debe?, ¿es un

 

efecto de la obra predominantemente oral de Zuleta?, o es acaso, ¿una consecuencia de la ausencia

 

de una obra sistemática sobre el marxismo en Zuleta escrita de su puño yletra?, con sistematicidad

 

me refiero a manejar unas definiciones específicas sobre algunos términos del marxismo, como

 

proletariado. Que si llegado el caso, dichas acepciones tenían algunas modificaciones el mismo

 

Zuleta hiciera explícito el cambio realizado, que situara la movida conceptual según el caso. Es

 

decir, sistematicidad no como una continuidad homogénea en el tiempo, sino como consistencia,

 

una preocupación por la coherencia en el uso de los términos. La cuestión es que hay ciertas

 

diferencias de sentido frente algunos temas tratados por Zuleta, ciertas consideraciones y análisis

 

que cobran un sentido distinto y que no son equivalentes en ciertos casos como veremos. Tal

 

situación habla de algunas inconsistencias que complejizan aún más el conocimiento sobre el tipo

 

de apropiación que está haciendo Zuleta del marxismo.

 

 

 

 

 

4.8. Proletariado y lucha de clases

 

 

 

 

 

En el texto inédito, que versa sobre el curso de Teorías Políticas Contemporáneas de 1989, Zuleta

 

ofrece dos definiciones de proletariado que son posibles de identificar en el marxismo. Lo especial

 

de la presentación de ambas acepciones, es que lo hace introduciendo los contenidos económico-

 

productivos que constituyen ambas definiciones, cosa que de hecho hace sin guardarse unas

 

críticas muy pertinentes.

 

 

 

 

 

169 

 

Hay dos definiciones del proletariado que no son equivalentes, y nunca estamos seguros

 

por cual opta Marx, lo cual es un gran problema. En unos textos, principalmente en los de

 

la historia crítica de la teoría de la plusvalía, yen esa historia en un capítulo sobre el trabajo

 

productivo, Marx opta por una definición: va a llamar proletariado, en un sentido preciso,

 

a los que son productores de plusvalía; es decir aquellos cuyo trabajo efectivamente genera

 

valor y son contratados porque su trabajo genera más valor de lo que reciben a cambio de

 

él como salario. Vamos a considerar esa idea de proletariado, que hace que este quede

 

restringido al sector social sobre el cual pesa la explotación económica directa.

 

 

 

 

 

Si se define el proletariado de otra forma, que a veces también aparece en Marx, como

 

aquellos que carecen de medios de producción y venden su fuerza de trabajo por un salario,

 

ya no interesa que produzcan o no plusvalía. Esa es otra posibilidad; eso amplía el

 

proletariado muchísimo; en el concepto entran la policía, los curas, hasta el diablo, porque

 

todos ellos venden su fuerza de trabajo por un salario y carecen de medios de producción

 

propios (Zuleta, 1989, pp. 8-10).

 

 

 

 

Hay que darle la razón a Zuleta en este aspecto, su cabal conocimiento del marxismo lo lleva a

 

identificar que hay dos acepciones posibles en la obra de Marx sobre el término proletariado,

 

aunque no hay necesariamente una contradicción directa como él parece insinuar cuando nos

 

comenta que “no son equivalentes”, su uso distintivo si daría para llegar a conclusiones diferentes.

 

Como dice Zuleta, la segunda definición abarcaría a muchísimas más personas, aquellas que no

 

producen plusvalía pero tampoco son dueñas de medios de producción, en tal caso entraría en la

 

 

 

170 

 

definición de proletariado no sólo los productores directos de mercancías, los que transforman la

 

materia, sino aquellos que despliegan labores en el ámbito de los servicios. Pero eso no quiere

 

decir que en tal divergencia las dos definiciones se excluyan entre sí. Por ejemplo, en la primera

 

definición está implícita la segunda, puesto que el productor de plusvalía carece a su vez de medios

 

de producción. Por tanto ahí no se excluyen los términos, más bien, se articulan.

 

 

 

 

 

Es cierto también que no todo el que no tiene medios producción genera plusvalía, sin embargo la

 

cuestión que queda por tratar es, entonces; ¿cuál es su grado de explotación?, al no haber

 

producción de plusvalía de por medio ¿la magnitud de explotación es equivalente a la del

 

trabajador cuya actividad si genera plusvalor?, se pueden reconocer tales trabajos en la definición

 

de proletariado, sin embargo no todos participan de la misma manera en tal categorización, puesto

 

que tendríamos grados de proletarización que diferenciaría los niveles de explotación al interior

 

del proletariado.

 

 

 

 

 

En cuanto a Marx habría que indicar que en el tomo I de El Capital es consciente de tales detalles,

 

cuando hace la diferencia entre proceso de trabajo y proceso de valorización. No en toda actividad

 

productiva hay generación de plusvalor, por tanto en el ámbito de los servicios puede haber

 

explotación sin que haya generación de plusvalía, ya que la fuerza de trabajo no deja su huella

 

impresa en el valor de uso de la mercancía. Lo importante de la interpretación que nos ofrece

 

Zuleta es que permite la concatenación teórica para que desde la fuente de la economía-política se

 

pueda articular con una lectura de la fuente sociopolítica, ampliando el concepto de proletariado

 

 

 

 

 

171 

 

hacia un sector que, aunque esté en un nivel diferenciado de explotación económica, sea

 

reconocido para construir las luchas anticapitalistas.

 

 

 

 

 

Pero así como Zuleta es enfático en decir que con Marx no se sabe por cuál de las dos definiciones

 

de proletariado termina por optar, también debemos ser enérgicos con Zuleta ycuestionarlo porque

 

con él tampoco sabemos a cuál de las dos definiciones termina por darle relevancia, si hay un error

 

o incongruencia como él concibe que persistía en Marx ¿por qué no se preocupó Zuleta por

 

corregirlo yhacerlo explícito en sus obras yen los abordajes que iría haciendo? Esto lo digo porque

 

si pasamos a un texto de la misma época de entre los años 1987-1989 Ética, terror y revolución,

 

allí presenta el proletariado en Marx sin la contextualización teórica que contiene. Toda la

 

implicación económica que él bien conoce, tal como lo mostraban las definiciones anteriores no

 

se consideran en este escrito tan sólo hay cabida a un rechazo absoluto y que el marxismo sea

 

tildado como una especie de pseudocristianismo, lo cual no deja de ser una caricatura del

 

pensamiento de Marx.

 

 

 

 

 

La teleología de Marx está articulada con su noción de revolución y particularmente con

 

su idea de proletariado, que es tratado, en las obras de juventud, de una forma mítica.

 

 

La manera como Marx presentó el proletariado por primera vez es particularmente

 

cristiana: el proletariado es cristo. En su época de juventud sostiene que el proletariado, al

 

que había idealizado enormemente por lo demás, no puede redimirse a sí mismo sin redimir

 

a toda la humanidad. En Marx hay un marcado espíritu cristiano como se expresa por

 

ejemplo en la valoración del dolor. (Zuleta, 2008, pp.68-69).

 

 

172 

 

 

 

 

Un lector no desprevenido caería en cuenta de la mínima salvedad que hace Zuleta, al decir “en su

 

época de juventud”, o “como Marx presentó el proletariado por primera vez”, sin embargo, luego

 

Estanislao no nos ofrece la definición más “madura” ni hace el llamado de atención de que ella

 

existe en otros textos. De ahí que provoque la impresión, más bien, de que tal idea de proletariado

 

era la predominante en Marx, sin que entonces hubiese operado cambio alguno en su desarrollo

 

intelectual. Es la presentación meramente ideologizada y metafórica del concepto lo que hace

 

limitada la argumentación de Zuleta, toda esa mitificación que él percibe en la posición de Marx

 

respecto al proletariado, sería convincente si trajera a colación también la connotación teórica que

 

implica pensar el término proletariado.

 

 

 

 

 

Es a esto lo que llamo las inconsistencias que hay en Zuleta frente al tratamiento de un mismo

 

asunto —el proletariado en Marx— y que justo se presentan también en este periodo, la década de

 

los ochenta. En el texto Reflexiones sobre el fetichismo, Zuleta tiene una posición similar a la del

 

texto anterior, la idea de dictadura del proletariado, dice él proviene de una mezcla entre teleología

 

y economicismo. Zuleta lo denomina una filosofía de la historia, nuevamente con una muy

 

discutible ejemplificación histórica.

 

 

 

 

 

[…] con semejante filosofía de la historia resultaba inevitable considerar la conquista del

 

poder político como una meta absoluta a la que podía ydebía subordinarse todo. [...] Luego

 

de nacionalizados los medios de producción y puesto en marcha el plan de desarrollo de

 

las fuerzas productivas, el partido y el Estado proletario vigilarán su cumplimiento y

 

 

173 

 

ejercerán la dictadura contra los enemigos del interior, miembros de las clases expropiadas,

 

residuos del pasado, peligros de la pequeña producción y agentes extranjeros y preparará

 

la defensa nacional contra la agresión imperialista. Entre tanto, ¿la población que hace?

 

Trabaja “heroicamente” y espera los efectos de las causas y, sobre todo, se abstiene de toda

 

iniciativa y de toda lucha (Zuleta, 1987, p.168).

 

 

 

 

 

En alusiones como estas se indica lo que Zuleta pensaba se había enquistado en el marxismo, una

 

configuración que tanto en Marx y el marxismo iba forjando una mentalidad dictatorial que luego

 

en los bolcheviques habríaderefrendarse, precisamenteaquí la teleología tal ycomo ha comentado

 

Zuleta se desarrollaba en la experiencia de la toma del poder y en determinadas medidas con

 

implacable autoritarismo, aquel futuro comunista justifica cualquier barbarie en el presente. Es con

 

el interés de desnudar una aparente anatomía autoritaria que vertebra al marxismo, que Zuleta

 

aborda la noción de proletariado que en los textos Reflexiones sobre el fetichismo y Ética, terror y

 

revolución maneja y deduce de Marx. La gran inquietud que queda es si la denuncia y la crítica

 

que hace Zuleta de la configuración totalitaria que él supone constituye al marxismo, se sostendría

 

cuando pusiera con fuerza en sus análisis la fuente de la economía política que configura la

 

construcción el concepto de proletariado.

 

 

 

 

 

Hay que decir que en Teorias Politicas Contemporaneas donde Zuleta hace una ampliación de la

 

vertiente económica del marxismo, realizando profundos desarrollos sobre los conceptos centrales

 

de El Capital de Marx, y en el tratamiento de la clase social en particular, Zuleta no la reduce al

 

teleologismo cristiano que en otros textos le ha imputado a la idea de proletariado en Marx. Pero

 

 

 

174 

 

lo que sí hará Zuleta frente al tema de la clase social, es afirmar que en el marxismo no se cuenta

 

como tal con un análisis exhaustivo de la lucha de clases, ni en El Capital de Marx, ni en otros

 

textos del pensador alemán.

 

 

 

 

La lucha de clases no estuvo nunca analizada en “El Capital” y ese es uno de los grandes

 

vacíos del pensamiento de Marx, del marxismo. Tras la muerte de Marx se precipitó el

 

dogmatismo y casi que terminaron por completo los análisis reales. Marx en “El Capital”

 

no estudia las clases sociales —es curioso decirlo—: el capítulo “Las Clases Sociales” es

 

el último, en el que escribió 30 líneas y se murió. Y nadie siguió. Ni Engels, ni Lenin. [...]

 

Uno oye las consignas, tan aspavientosas, de que la lucha de clases es el motor de la

 

historia, o que la posición de clase es lo principal. Y ¿dónde está el análisis de las clases?

 

En ninguna parte. Tenemos que ver lo que el marxismo tiene y lo que no tiene. Y ahí

 

tenemos un problema: cada vez se hacen más consignas, más escuetas, más duras, casi

 

como fórmulas rituales, sagradas; pero no análisis como los que hacía Marx. Ahora todo

 

el mundo monta el partido único del proletariado, y vaya uno a preguntar qué es el

 

proletariado: no existe ni la menor idea. Esto ha dañado muchísimo el instrumento de

 

análisis de un proceso que estaba construyendo Marx (Zuleta, 1989, pp.5-6).

 

 

 

 

Vale la pena tomar en consideración esta afirmación de Zuleta, de hecho se asemeja a la afirmación

 

de Nicos Poulantzas cuando dice que propiamente hablando no existe un concepto de poder en el

 

marxismo27, que ni en Marx, Engels, Lenin o Gramsci se puede rastrear dicho concepto. Puede

 

 

 

27 Las consideraciones que preceden nos llevan a plantear el problema, capital para la teoría política, del poder. Este problema es tanto más importante cuanto que Marx, Engels, Lenin y Gramsci no produjeron teóricamente un concepto

 

175 

 

que en verdad el análisis de la lucha de clases sea un vacío en la obra de Marx y de algunos

 

marxistas, pero ¿que no esté ese análisis tan elaborado como se encuentra desarrollado el estudio

 

económico en los textos de Marx, desecha la posibilidad de que el marxismo contenga unas bases

 

teóricas para desarrollar a profundidad ese estudio de la luchade clases? Tomando como referencia

 

aquellos trabajos de análisis políticos de Marx como La lucha de Clases en Francia o El XVIII

 

Brumario, ahí se piensa la cuestión de la lucha de clases en el escenario político. Y estos

 

desarrollos analíticos han sido retomados por otros autores, como el mismo Poulantzas, en quien

 

vemos que su cuestionamiento a la ausencia de un concepto de poder en los clásicos del marxismo,

 

no equivale a creer o suponer entonces que desde el aparataje teórico que tiene el marxismo, el

 

término poder no se pueda construir. Esa es precisamente una diferencia de Zuleta con Poulantzas,

 

siendo este último quien ofrece unos caminos, retomando a Marx y a Lenin especialmente, para

 

formular ese concepto de poder. Ahora bien, Poulantzas no es retomado por Zuleta, cosa bastante

 

curiosa porque la intelectualidad francesa fue de la que más arraigo tuvo en Zuleta, y a parte

 

Poulantzas era colega, amigo y camarada de Louis Althusser quien sería uno de los autores

 

marxistas más trabajados por Zuleta, de manera pues que cuesta trabajo creer que Estanislao no

 

conociera ni tuviera referencia de Nicos Poulantzas.

 

 

 

 

De hecho, Zuleta, haciendo un auto-balance de su postura marxista llegar a confesar: “Yo no creo

 

que el marxismo de Marx sea una teoría de la sociedad válida en su totalidad. Yo he defendido la

 

teoría del valor, pero no creo por ejemplo que la teoría del proletariado sea correcta” (Zuleta, 2008,

 

p.145). Pero hayque cuestionar esa división que insinúa Zuleta en este punto, porque está en juego

 

 

 

 

de poder. Por lo demás, en la teoría política este concepto de poder es actualmente uno de los más controvertidos (Poulantzas, 1980, p.117)

 

176 

 

la articulación de las fuentes integrantes del marxismo. Estrictamente hablando, el concepto clase

 

social no está separado en la obrade Marx de la teoría del valor, y Zuleta, conocedor a profundidad

 

de El Capital, tiene como reconocer esa imbricación teórica. Por tanto que hable de que comparte

 

la teoría del valor pero que no considera correcta la teoría del proletariado, debe llamar la atención.

 

Habría que preguntarle por tanto a Zuleta en qué considera errado a Marx frente al proletariado,

 

pues en tanto clasesocial su configuración económico productiva vincula directamente el concepto

 

de valor.

 

 

 

 

 

Como vimos desde el análisis económico, el concepto de valor se articula directamente con el de

 

clase social, por tanto con el de proletariado, allí se sostiene mucha validez y queda la sensación

 

de una contradicción de Zuleta al decir que valida la teoría del valor pero niega la del proletariado.

 

Pero si apreciamos tal discusión más en términos políticos que económicos, puede haber una

 

respuesta hipotética donde se entiende la divergencia de Zuleta. Lo que pretende sostener

 

Estanislao es que el hecho de que el proletariado sea explotado en el proceso productivo, no

 

implica necesariamente que devenga en una actitud revolucionaria en el plano político. Por tanto,

 

el protagonismo que Marx da a la clase obrera para la revolución entra en cuestión, más no la

 

explicación que desde la economía política se da al proceso de explotación que integra en su

 

análisis la teoría del valor.

 

 

 

 

 

La tesis de Marx era que los países capitalistas más desarrollados estaban más

 

próximos a la revolución, y que en ellos el proletariado iba a crecer más y a ser más

 

consciente. Pero en la realidad nadie podía pensar eso: el proletariado

 

 

 

177 

 

norteamericano, alemán, inglés, francés o japonés están muy lejos de ser

 

revolucionarios. Revolucionarios han sido los pueblos más atrasados, como China

 

y Angola. Los países que llegaron a la revolución eran todos países con un mínimo

 

desarrollo capitalista, incluida Rusia, que tenía el 83 % de población campesina,

 

86% de población analfabeta, luego China (90% de población campesina), y Cuba”

 

(Zuleta, 1989, p.14).

 

 

 

 

 

Pero en esto se puede ejemplificar la complejidad de la articulación de las fuentes integrantes del

 

marxismo, donde manejar la coherencia entre las fuentes constituye uno de sus mayores retos.

 

Zuleta rechaza la noción de proletariado desde el ámbito de la fuente sociopolítica, pero en cuanto

 

recordamos la vertiente económico-productiva que contiene el concepto de clase social, su crítica

 

pierde fuerza ytiene un marco de validez muyrestringido. No haypues una equivalencia coherente

 

entre ambas fuentes en este aspecto desde la mirada de Zuleta, pues darle la razón en su crítica al

 

proletariado, así sin más, sería olvidar lo que el marxismo con la fuente de la economía política

 

desentraña con el concepto de clase social. No es que se niegue la crítica política al proletariado

 

que hace Zuleta, sino que el reto es hacerlo sin sacrificar la validez que una de las fuentes ya ha

 

logrado, la de la economía política. En parte Zuleta cae en ello cuando afirma sin mayor

 

contextualización “Marx incurrió en una idealización del proletariado”, tal cosa no es acertada del

 

todo porque no hay nada de idealización en la explicación teórica que Marx hace del proceso de

 

explotación en el capitalismo, demostrando que la padece un sujeto concreto de esta sociedad, una

 

clase social que es el proletariado.

 

 

 

 

 

 

178 

 

4.9. Anticapitalismo y democracia

 

 

 

Es muy paradójico el discursar y la presentación de Zuleta sobre el proletariado, tal como vimos

 

en ciertos textos silencia el desarrollo que la fuente de la economía política tiene sobre la clase

 

social. Para sustentar su crítica a Marx sobre la idealización del proletariado expone fragmentos

 

de algunos de sus textos que sí son considerados aislados del proceso teórico que Marx elaboró

 

sobre los fenómenos de la explotación en el seno del modo de producción burgués, no resulta muy

 

justa la imputación a Marx de idealista. En El Capital, Teorías de la plusvalía y el texto de

 

Introducción general a la crítica de la economía política se da cuenta de esos procesos que en su

 

concatenación económica y política van forjando las clases sociales, por tanto la concepción de

 

proletariado, con toda y la prevención de Zuleta, surge de tal indagación al mejor estilo

 

materialista. Lo cual dista mucho de un romanticismo cristiano.

 

 

 

 

 

Pero la misma actitud con la fuente de la economía política no la tiene Zuleta respecto a la URSS,

 

en su crítica a los soviéticos, por el contrario, en al análisis de sus procesos económicos es

 

inflexible a la hora de cuestionar el capitalismo de Estado que fue llevado a la práctica. Pone en el

 

centro la crítica las consecuencias que las relaciones capitalistas en la producción traen para los

 

rusos. En tal situación, está muy presente la economía política, no tanto así la fuente sociopolítica

 

que lo obligaría a conjugar la problemática económica con la correlación de fuerzas que se dirimía

 

en la lucha de clases.

 

 

 

 

 

¿Cómo entender entonces esta ambivalente posición de Zuleta frente a la idea de proletariado en

 

el marxismo y la experiencia política de la URSS? ambos casos como vimos tienen desarrollos

 

179 

 

desiguales de las fuentes integrantes del marxismo. Pero con todo y lo divergente, hay un punto

 

de encuentro desde el cual cobran sentido las diferentes elaboraciones.      Una de la razones

 

fundamentales por las que se Zuleta basa su rechazo a la idea de proletariado en Marx y afirma

 

que en el marxismo no se cuenta con un análisis exhaustivo de la lucha de clases, es porque se

 

encuentra haciendo una crítica estructural a la idea de dictadura del proletariado que se ha

 

defendido en la tradición marxista, ycuya propuesta de acción hegemonizó la imaginación política

 

de los partidos comunistas durante el siglo XX.

 

 

 

 

 

Esa crítica a la dictadura del proletariado toma dos caminos. De un lado, pretende sustentar que la

 

idea de proletariado fue fruto de una idealización que se puede rastrear, según Zuleta, desde el

 

mismo Marx. De otro lado, que en la práctica se dieron abusos de poder, que los socialismos reales

 

no fueron más que nuevas formas de opresión para los mismos trabajadores. La tal dictadura no

 

fue del proletariado sino contra el proletariado. Y esto por más inconformidad que pueda causar

 

por la falta de contextualización teórica que Zuleta tiene a veces con temas como el proletariado y

 

la clase social, fue una realidad innegable en la URSS. Ni en el seno de los mismos partidos de

 

izquierda hubo una democracia obrera.

 

 

 

 

 

Más allá de la pertinente discusión teórica que es necesario sostener con lo que Zuleta deduce de

 

Marx, cuestionando las interpretaciones que hace contrastándolas con unos contextos históricos y

 

un espectro teórico más amplio y complejo, tal y como lo he tratado de desarrollar. Del rechazo a

 

la dictaduradel proletariado devendráuna propuesta política en Zuleta que sin renunciara la crítica

 

de modo de producción burgués tal y como se encuentra desarrollada en Marx, deviene

 

 

 

180 

 

inconfundiblemente en una praxis democrática anticapitalista, la cual es necesario considerar

 

porque desde el rechazo a la dictadura del proletariado, la forma en cómo ha sido concebida la

 

toma y el ejercicio del poder en el marxismo, Zuleta se repiensa la concepción de democracia con

 

una valoración sobre los derechos humanos, de tal manera Zuleta reorientará su posición marxista

 

con unas marcadas diferencias respecto al marxismo y que se pueden sintetizar en los siguientes

 

tres puntos.

 

 

 

 

 

4.9.1. La concepción de la toma y el ejercicio del poder

 

 

 

A diferencia de un marxista como Lenin, o frente al propio Marx, Zuleta no concibe que el poder

 

se tome, sino, que este ha de crearse. El poder debe tener una construcción de base, este

 

planteamiento lo distancia de las tendencias marxistas que han sido simpatizantes de la lucha

 

armada o que se adhieren a la idea de la dictadura del proletariado.

 

 

 

 

 

Nosotros hemos cometido un error muy grave —y cuando digo nosotros me refiero a los

 

que hemos luchado por el socialismo— y es que le hemos dado demasiada importancia a

 

la toma del poder político. Algunos han ido tan lejos, que sólo creen en la lucha armada

 

como medio para la toma del poder (Zuleta, 2008, p.59).

 

 

 

 

 

Vemos que en las ideas que más se distancia Zuleta con el marxismo, son aquellas que tienen que

 

ver con su vertiente política, especialmente aquellas que se proponen como vías para la

 

transformación social, por ejemplo, Zuleta no cree, tal como lo expresan Marx, Engels y el propio

 

181 

 

Lenin que llegar al poder estatal, es condición sine qua non para lograr cambios efectivos en la

 

sociedad, no porque el Estado sea gobernado por los trabajadores se lograrán transformaciones

 

efectivas, la propia Revolución bolchevique comandada por Lenin, expresa para Zuleta aquella

 

contradicción en que el despliegue de la economía nacional fue en la práctica capitalista y

 

desarrolló la división social del trabajo bajo la que opera dicho sistema, el capitalismo de Estado.

 

En este caso el poder adquirido por el proletariado no le permitió realizar cambios en las relaciones

 

sociales de producción, lo que supone, derivado de la crítica de Marx, que es donde se genera la

 

enajenación en el trabajo, la explotación, la división entre trabajo manual y trabajo intelectual, en

 

resumidas cuentas, donde se desarrolla aquello que Gramsci cuestionó desde muy iniciada la

 

Revolución rusa, la estricta separación entregobernantes ygobernados. Por estas situaciones dadas

 

en los socialismos reales, plantea Zuleta.

 

 

 

 

 

Yo creo que el poder no se toma, el poder se crea. Es necesario que muchos grupos sociales

 

en los barrios, en los sindicatos, en las universidades, en las revistas, creen muchos poderes

 

anticapitalistas, y que la toma del poder sea la resultante de poderes ya creados, y no la

 

consecuencia de la acción de un grupo cualquiera bajado de la montaña. La sociedad no va

 

a cambiar así. La sociedad cambia cuando la toma del poder es el resultado del crecimiento

 

progresivo de poderes creados, de poderes de confrontación que pueden ser intelectuales,

 

económicos, sociales, de presión, sindicales, etc. Cuando los poderes anticapitalistas

 

superen el poder del capital hayunatomadel poder, quees unacosa completamentedistinta

 

a una toma del Estado (Zuleta, 2008, p.59).

 

 

 

 

 

 

182 

 

4.9.2.        La concepción de democracia

 

 

 

Como resultado de las experiencias de los socialismos reales, Zuleta insiste en una praxis política

 

que evite caer en los totalitarismos a los cuales derivó la izquierda que se tomó el poder en algunos

 

países de Europa en el siglo XX, pero al cuestionar y rechazar estas experiencias políticas no

 

abandona, por ningún motivo, la crítica al régimen capitalista.

 

 

 

 

 

Cualquier revolución, aunque no sea sobre el modelo de Lenin, tiene que transgredir las

 

leyes del capital. Unarevolución sepuedehacer por la democracia, no sólo con la dictadura.

 

Por ejemplo, si los obreros conscientes y participantes se negarán a trabajar en lo que ellos

 

no consideren útil para la sociedad, una democracia así ya no sería una ayuda para el

 

capitalismo (Zuleta, 2008, p.92).

 

 

 

 

 

Consciente de la disputa política y teórica que sostiene el marxismo con el liberalismo, Zuleta

 

reconoce el acierto de la crítica de Marx a la “democracia burguesa”, por estar formulada desde el

 

individuo abstracto y no desde el individuo concreto, por apelar a unos derechos sin pensar en las

 

posibilidades efectivas y concretas para que tales derechos puedan ser ejercidos. Sin embargo, a

 

diferencia del pensador alemán Zuleta no rechaza en bloque la democracia, sino, que teniendo en

 

cuenta la crítica que hace Marx al liberalismo por su formulación abstracta, sigue considerando la

 

democracia como una praxis política en la que se deben dirimir los conflictos políticos y sociales

 

de la humanidad, pues estos no se reducen solamente a las contradicciones económicas, los

 

conflictos no son solo los atinentes a la lucha de clases, son de diversa índole, como los culturales,

 

 

 

183 

 

y es preciso que los seres humanos aprendan a reconocerlos y a encontrar la forma más apropiada

 

de afrontarlos, ese es el lugar de la democracia.

 

 

 

 

 

La democracia se puede convertir en la forma de controlar el poder, “cualquier forma de

 

poder si no está controlada por aquellos sobre quienes se ejerce, si es un poder que no es

 

objetable, ni discutible, ni disputable, ni destituible, tiende inmediatamente al abuso del

 

poder, precisamente por el hecho de no ser disputable, ni discutible, ni sustituible (Zuleta,

 

2008, p.17).

 

 

 

 

 

Y la izquierda durante el siglo XX no fue ejemplar a la hora de encarar relaciones horizontales y

 

transparentes, ni siquieraen el seno de los mismosmovimientos revolucionarios. Deahí que Zuleta

 

quiera combatir la concepción de dictadura como defensa de vanguardismo, organizaciones

 

verticales, elitismos revolucionarios que se arrogan el dominio político y se atornillan en cargos

 

de dirección. Tal lógica tal como está cuestionada en Rosa Luxemburgo, no hacen más que

 

desconectar a las masas y hacerlas pasivas, adoptando frente a ellas una relación instrumental y no

 

de construcción política. Bajo esa tendencia la revolución social no es más que un eslogan y una

 

consigna vacía que no cuenta con un proceso de construcción política de base.

 

 

 

 

 

Defender la democracia es luchar en permanencia por la ampliación de los poderes

 

ideológicos, culturales, económicos ypolíticos del pueblo; por su capacidad organizativa,

 

de decisión, y de intervención. Y eso no es luchar por el capitalismo. Al contrario, es una

 

forma de poner en cuestión la lógica del capital (Zuleta, 2008, p.26).

 

184 

 

 

 

 

Uno puede diferir con Zuleta por el abordaje yla presentación del proletariado que hace en algunas

 

de sus reflexiones, desconociendo aspectos que están imbricados en el desarrollo teórico de Marx,

 

pero en esta crítica a las tendencias excluyentes y autoritarias en el seno del marxismo y

 

especialmente en los partidos comunistas, tiene completa razón Zuleta. El siglo XX nos demostró

 

cuan fueron de antidemocráticos los partidos de izquierda en su propio seno.

 

 

 

 

 

4.9.3.        Los derechos humanos

 

 

 

 

En sintonía con la crítica al liberalismo, el marxismo ha tendido a denunciar el carácter abstracto

 

de los derechos humanos, es cierto, y el mismo Zuleta recuerda el acierto de Marx al notar que la

 

formulación de tales derechos son erróneos, por ejemplo, tachándolos de que son burgueses y por

 

tanto solo benefician a aquellos que en la estructura económica están en posiciones privilegiadas.

 

Entonces a un trabajador común y corriente de nada le sirven esos derechos, que le digan que tiene

 

derecho a la vida cuando en ninguna fábrica lo contratan y él con su familia padecen la miseria,

 

aunque en la formalidad se exponga un derecho a la vida, la realidad social le niega la existencia

 

material cotidianamente, pues que alguien no pueda comer por no tener trabajo es una forma en

 

que la sociedad niega la vida, aunque no se esté ejerciendo una agresión directa.

 

 

 

 

 

Pero Zuleta llegará a diferir con Marx, pues no los considera como un logro del liberalismo

 

burgués, sino como un logro de la humanidad, al igual que su preocupación por los totalitarismos

 

 

 

185 

 

que sufrió el mundo, Zuleta tiene a la mano el problema de la violencia y del conflicto armado que

 

asedian a nuestro país, razones de peso que lo llevan a polemizar con Marx sobre sus

 

consideraciones al respecto de los derechos humanos.

 

 

 

 

 

[…] los derechos humanos no constituyen una ventaja histórica, relativa a un determinado

 

modo de producción o expresión suya (el modo de producción capitalista) o de la forma

 

burguesa de concebir la vida. Por el contrario los considero como una adquisición, muy

 

difícil y progresiva, pero al mismo tiempo definitiva. (Zuleta, 2008, p.106)

 

 

 

 

 

4.10. Retorno Zuletiano a la fuente filosófica

 

 

 

 

 

 

Cómo no recordar aquí las dos interpretaciones desarrolladas por Zuleta sobre la idea de retorno.

 

Como momento de emergencia del pensamiento cuando las nociones preconcebidas no dan los

 

resultados esperados. Y como una movida del pensamiento hacia el punto de partida, un regreso

 

que se hace en el camino del conocimiento hacia el que fuera el puerto de salida, pero retornando

 

a él con los nuevos elementos que durante el viaje han sido aprehendidos y que no se tenían en los

 

momentos de partir.

 

 

 

 

 

La primera idea sobre el retorno reflexivo se encuentra en Lógica y crítica, un texto que recopila

 

unas conferencias del año 1976, donde Zuleta retoma y reflexiona las ideas de la tradición griega,

 

 

 

186 

 

allí el retorno es planteado como respuesta a una crisis que ha desatado en un sujeto la

 

incertidumbre y la angustia sobre los presupuestos desde los que pensaba algo y que al no darle

 

los resultados que esperaba le suscita una crisis, así este sujeto se encuentra en terreno fértil para

 

la emergencia de un nuevo pensamiento, pues tal situación lo obliga a que con la lógica retorne a

 

los presupuestos desde los cuales se preconcebía y definía ciertas cosas.

 

 

 

 

 

La lógica resulta necesaria cuando en el orden del pensamiento se produce una crisis;

 

cuando lo que parecía derivarse con seguridad de la reflexión existente, de las categorías y

 

de los principios vigentes, no resulta posible ahora; cuando lo que esperábamos que

 

ocurriera, según las premisas con las que pensábamos, no ocurre efectivamente; cuando

 

habíamos previsto que determinados acontecimientos producirían determinados resultados

 

y no los podemos encontrar por ninguna parte; etc. En esas condiciones entonces nos

 

preguntamos cómo estábamos pensando, qué valor tenían nuestras premisas, con qué tipo

 

de categorías habíamos logrado deducir de ciertas causas ciertos efectos. Volvemos

 

entonces llenos de sospechas sobre las seguridades que teníamos, y es en ese momento

 

cuando irrumpe la lógica. Su aparición no es pues el resultado del ocio, sino de una crisis

 

particular (Zuleta, 2005, p.22).

 

 

 

 

 

La segunda noción de retorno está desarrollada en un texto que ha sido bastante referenciado en

 

este trabajo, Comentarios a la Introducción general de la crítica de la economía política. Allí por

 

consideración del propio Marx Zuleta denota el movimiento en espiral que caracteriza el

 

pensamiento del genio de Tréveris, su proceso de conocimiento vuelve al punto de partida desde

 

 

 

187 

 

varios frentes, vinculando diversas relaciones, fenómenos y problemas que van configurando la

 

mirada teórica y construyendo sus conceptos e ideas. Por tanto no desconecta el punto de partida

 

con desarrollos ulteriores, como se haría en la escalera que para avanzar abandona el peldaño

 

anterior. De ahí que ese retorno al punto de partida sea un retorno enriquecido. Hay una

 

articulación progresiva que encuentra los nexos coherentes entre los elementos, no se preocupa

 

tanto por su orden de aparición, sino por la relación que estos establecen con el objeto que se

 

estudia. Es incluso una manera de proceder en la que constantemente se pone a prueba lo que se

 

pensaba, sí lo que se había afirmado se puede sostener a la luz de nuevos descubrimientos que en

 

la investigación se van obteniendo.

 

 

 

 

 

[…] representarse el asunto como una espiral, más bien que como una escalera, es decir,

 

como un proceso de pensamiento que comenzando por una teoría del valor, vuelve

 

continuamente sobre ella, pero a un nivel cada vez más profundo, más rico. Es

 

probablemente la intuición de esa dirección real de su pensamiento, lo que le hace decir a

 

Marx que el viaje de retorno no sería un retorno al origen, sino un retorno a un origen

 

enriquecido, diferenciado. […] No es que se haya dejado atrás [ciertos] temas para pasar a

 

otros temas más complejos, sino que un tema que se empezó a estudiar por un conjunto de

 

relaciones, se va delimitando en más relaciones cada vez más múltiples y en

 

determinaciones más complejas (Zuleta,1987, pp.103-104).

 

 

 

 

 

Pues bien, ambas nociones del retorno constituyen el espíritu con el que Zuleta vuelve con

 

sospechas sobre las seguridades que se tenían, hace el viaje al punto de partida con los problemas

 

 

 

188 

 

del presente e interroga todo, al marxismo y a los socialismos. Las crisis del siglo XX; el conflicto

 

armado en nuestro país y la deriva totalitaria de las experiencias socialistas fungen como hechos

 

históricos que obligan a revisar los presupuestos desde los cuales se ha emprendido la tarea de

 

cambiar el mundo en el marxismo. Los horrores que se vivieron en el siglo XX llevan a Zuleta a

 

interrogar la vertiente humanista del marxismo, para saber hasta dónde hay posibilidades de que

 

se reoriente ética y políticamente.

 

 

 

 

 

Además, Zuleta vuelve a la filosofía y la dignifica en momentos donde era la cenicienta del

 

marxismo. Si bien fue cierto que tanto Marx y Engels tuvieron su ruptura con la filosofía

 

especialmente con Hegel y los jóvenes hegelianos, la tuvieron bajo razones muy distintas a las que

 

durante el siglo XX predominaron bajo el prejuicio y la dogmática en el seno del marxismo

 

mundial, especialmente en los partidos comunistas, que decir ruptura sería elogiar lo que no era

 

más que un rechazo compulsivo de atrevida ignorancia. La suposición de un marxismo

 

cientificista, objetivo y de implacables leyes histórico-naturales hizo carrera aprovechando las

 

erratas de un Engels o de un Lenin —por nombrar a los más respetables— para sustentar un

 

materialismo férreo que nada tenía que ver con las especulaciones idealistas propias de la filosofía.

 

Desde la II Internacional algunos militantes comunistas comienzan con la actitud ortodoxa28,

 

emulando las críticas de los maestros hacia la filosofía pero sin análisis propios, sino como mera

 

adaptación a la autoridad incuestionable dieron cabida al socialismo “científico”, aquel que

 

superaba a la filosofía llevando las discusiones al terreno objetivo de la economía política. No se

 

 

28 Esta actitud implica una interpretación negativa de las relaciones entre marxismo y filosofía; es decir, una negación del contenido filosófico propio de la doctrina de Marx. En este terreno se encuentran los intelectuales burgueses y, particularmente, los teóricos marxistas de la II Internacional. El marxismo se reduce así a una teoría de la sociedad o a una crítica científica de diversos aspectos de la sociedad moderna burguesa que no desemboca necesariamente en una praxis revolucionaria (Korsch, 1977, p.13).

 

189 

 

percataron estos marxistas de las sutilezas e ironías de Marx respecto a sus críticas con la

 

filosofía29. Tal cosa, ha hecho demasiado daño al desarrollo del marxismo para que desde una

 

posición filosófica retornara a la inquietud y se formulara sin temor al error y a la crítica, las

 

incógnitas que surgían de su experiencia social y política.

 

 

 

 

 

Hay que aclarar entonces que ese retorno a la filosofía no es a la manera hegeliana, no es con la

 

pretensión de darle vida al viejo idealismo, de hecho, en vez de Hegel, el filósofo que estará muy

 

presente en este periodo donde Zuleta retorna hacia la filosofía con preocupaciones del marxismo

 

será Immanuel Kant, el diálogo con tal pensador será bajo la inquietud de pensar las condiciones

 

de posibilidad de una filosofía práctica. También hay un retorno a la tradición griega, pero en

 

particular para estos años ochenta haciendo un repaso por la obra de Zuleta, el filósofo alemán

 

tiene una presencia protagónica en sus reflexiones.

 

 

 

 

 

En el texto de Teorías políticas contemporáneas vemos las singularidades que tiene este retorno

 

filosófico, que en este diálogo que se establece con la filosofía se hace desde la indagación de

 

problemas universales, tales como la relación entre filosofía y política, la cual es la misma

 

preocupación del marxismo por la articulación entre teoría y praxis, tal asunto, muestra Zuleta que

 

eraunaproblemáticadelos griegos que en su momento llegaron aconsiderar yanalizar, planteando

 

 

 

 

29 Un fragmento de la carta que Marx envía a Pavel Annenkov el 28 de diciembre de 1846, constituye uno de los ejemplos para ver la singular relación de Marx con la filosofía, que lejos de relegarla o rechazarla, cuestionaba para esta época los abordajes que a su nombre se hacían, como el hecho por Proudhon al que Marx ironiza así: “Yo también estoy muy lejos de imputar a la filosofía del señor Proudhon los errores de sus investigaciones económicas. El señor Proudhon no nos ofrece una crítica falsa de la Economía Política porque sea la suya una filosofía ridícula; nos ofrece una filosofía ridícula porque no ha comprendido la situación social de nuestros días en su engranaje” (Marx, 1973, p.531).

 

190 

 

reflexiones que sorprenden por su vigencia para interpretar con agudeza problemas mundiales que

 

se daban hacia finales del siglo XX. Otro de esos problemas tiene que ver con el dilema cultural

 

de sí es posible una ética universal.

 

 

 

 

 

Vamos a tratar de ver en este curso un conjunto de problemas básicos. Tales como: política

 

y ética, política y ciencia, política y filosofía; tal como se discuten y como se podrían

 

ejemplificar hoy los grandes acontecimientos modernos. Por ejemplo, la Perestroika en la

 

URSS, la crisis del Estado en Latinoamérica y su desarrollo hacia la descentralización

 

política y administrativa en los años 80; la conformación de los estados europeos: es decir,

 

problemas de hoy (Zuleta, 1989, p.1)

 

 

 

 

 

Es para tener muy en cuenta entonces la particular forma en que Zuleta vuelve a la filosofía, pues

 

se hace desde una articulación de saberes, todos cruzados por la política y teniéndola como base

 

en su indagación. Como vemos, no es una filosofía especulativa alejada de los hechos y

 

desplegando cómodamente su imaginación al margen de la realidad social, tal y como se solía

 

criticar desde cierto marxismo a los abordajes filosóficos.

 

 

 

 

 

Un punto desde el que Zuleta justifica mucho su posición filosófica, es que pone a discutir lo actual

 

con el pasado. Con la referencia a los clásicos griegos, Sócrates y Platón hace el tratamiento de

 

unos asuntos de carácter universal; la relatividad de las culturas y la disyuntiva entre el filósofo y

 

el político que identifica como problemas de actualidad.

 

 

 

 

191 

 

Es muy bueno que consideremos en detalle la oposición platónica, porque mucha parte de

 

la política moderna se puede pensar como intentos de resolver la disyuntiva platónica (o

 

político o filósofo). Por ejemplo, Marx es un intento —un intento serio ypor lo tanto digno

 

de alta consideración— de que no resulte ser una disyuntiva completa: o se piensa seria y

 

científicamente o se hace política.

 

 

La oposición que arma Platón es muybrillante. Lo primero que dice es que el filósofo haría

 

reír, lo cual es una manera de introducir el tema muy a su estilo; pero la argumentación se

 

va refinando cada vez más, cuando ya se trata de saber por qué hace reír el filósofo que se

 

presente en la plaza pública o frente a los tribunales, en el ámbito del derecho. Es un

 

problema que tiene el pensamiento político contemporáneo, aunque se asume con nuevos

 

nombres: ahora no se dice que el filósofo hace reír en la plaza pública sino que hay un

 

problema difícil de solucionar —para decirlo en términos de Habermas— entre

 

conocimiento e intereses; pero es lo mismo: en la plaza se va a defender intereses y no a

 

demostrar conocimientos.

 

 

El problema está tratado por Platón, pero se mantiene. Y vamos a ver cómo lo trata Platón,

 

para luego abrirlo a nuestra época (Zuleta, 1989, p.7)

 

 

 

 

Precisamente en este texto se propone Zuleta dar cuenta de la manera en como Marx intentó darle

 

solución a la disyuntiva entre filosofía y política. Y algunos ejemplos desde los que analiza tal

 

cuestión son los atinentes a la revolución rusa, es decir, la cuestión propiamente política contando

 

con referencias empíricas, de tal manera que no son meros devaneos filosóficos. Se establece el

 

diálogo entre la reflexión filosófica y lo sucedido en Rusia en un problema concreto que tuvieron

 

que sortear los revolucionarios en 1918, lo concerniente a las negociaciones de paz con los

 

192 

 

alemanes en el pacto de Brest Litovsk. Tanto Lenin, como Trotsky y Bujarin tienen posiciones

 

distintas respecto a la posición de la guerra con Alemania, todos ellos políticos y pensadores

 

notables del marxismo debaten las consecuencias de seguir o no la guerra, esa situación extiende

 

el debate y acapara gran parte de su tiempo, hasta que Lenin comenta.

 

 

 

 

Miren, camaradas, lo que yo digo puede ser un error, lo que dice Bujarin también

 

puede ser un error, y lo que dice Trotsky también puede ser un error; pero hay un

 

cuarto error, mucho más grave que cualquiera de los tres, y es que sigamos

 

discutiendo aquí dos o tres días más mientras las tropas alemanas siguen avanzando:

 

ese error es más grave que los tres. Tomemos una decisión, porque no contamos

 

con tiempo (Zuleta, 1989, p.9).

 

 

 

 

Mientras que el filósofo cuenta con el tiempo para investigar y hacer los desarrollos necesarios

 

para pensar algún problema que estudia, el político no tiene tal ventaja, está en la obligación de

 

elegir a contra tiempo sin la posibilidad de averiguar con certeza si la postura adoptada es la

 

correcta.

 

 

 

 

El político no tiene el tiempo del saber, tiene que decidir sobre indicios, sobre

 

probabilidades: no puede darse el lujo de establecer con tiempo qué es lo que se requiere

 

que es mejor. Ahora bien, el hecho de que no tenga el tiempo del saber no implica que sea

 

independiente del saber; ese es otro asunto (Zuleta, 1989, p.9)

 

 

 

 

 

193 

 

El siguiente fragmento con el cual termina la clase del ocho de septiembre de 1989 de Teorías

 

políticas contemporáneas, Zuleta sintetiza la indagación filosófica (el retorno a esa fuente) donde

 

dialoga con los problemas tradicionales en la filosofía e inscribe ahí a Marx, en la manera como

 

trato de darle solución a tales problemas.

 

 

 

 

Lo que vamos a estudiar, porque es supremamente interesante y muy actual (por lo menos

 

para los que no creemos que, porque ocurrió tal cosa aquí o allá, sea necesario botar al

 

cajón de la basura todo el marxismo), es cómo trató Marx de resolver de una vez todo el

 

problema de la defensa de un interés, y del sostenimiento de una posición científica. Es un

 

problema en el cual es un continuador (como problema, no como posición) de los

 

planteamientos de Platón y de las dificultades que ellos abren (Zuleta, 1989, p.19).

 

 

 

 

Luego de situarnos en esta problemática Zuleta pasa a indicar la propuesta de Marx para superar

 

esta disyuntiva, que tal como lo va a identificando esta descansará en un sujeto particular de la

 

sociedad moderna, el proletariado. Éste sintetiza tanto lo filosófico como lo político, o dicho de

 

otra manera el interés de una clase social y una posición científica, la articulación teoría y praxis.

 

Precisamente Marx llegó a definir El Capital como la economía política del proletariado.30

 

También la frase expresada por Marx en La Cuestión Judía es característica al respecto. Así como

 

 

 

30 Este personaje [Marx] se hace, pues, preguntas muy similares a aquellas que estábamos considerando en esas célebres páginas de Platón sobre el filósofo, y encuentra lo que podríamos llamar una solución de alcance histórico general. La solución que encuentra (y voy a detallar este punto como introducción al pensamiento de Marx y a todos los problemas que se plantean hoy en Política, para mostrar cómo ese pensamiento está en pleno debate) es una noción que le resuelve toda la problemática filosófica y política al mismo tiempo: la noción de proletariado. Esto explica por qué dijo alguna vez, algo que puede sonar raro y que sin embargo es central, que el proletariado es el gran filósofo: es platónico, extranjero, no tiene patria; no está defendiendo antecedentes, nobleza, ni ningún interés particular: su interés es el de toda la humanidad; no tiene ninguna ventaja adquirida (Zuleta, 1989, p.4).

 

194 

 

la filosofía encuentra en el proletariado sus armas materiales, el proletariado encuentra en la

 

filosofía sus armas espirituales. “Y tan pronto como el rayo del pensamiento muerda a fondo en

 

este candoroso suelo popular, llevará a cabo la emancipación de los alemanes en cuanto hombres”

 

(Zuleta, 1989, p.6).

 

 

 

 

La Filosofía tiene un rasgo que Marx adjudicaba al proletariado: la vocación de

 

universalidad, la negación de particularismos nacionales; considera que es como un

 

científico. […] Se trata de una idealización curiosa de una lucidez que procede del “hecho”

 

de que como el proletariado no tiene prejuicios (está por decirlo así, en un “punto cero”),

 

entonces no tiene por qué no entender todo; lo que estorba son los prejuicios, los intereses,

 

las ganas de no creer porque no interesa (Zuleta, 1989, p.17).

 

 

 

 

Volver a la filosofía con un problema político de importancia central para el marxismo, la

 

revolución mundial, lleva a que Zuleta en este retorno caiga en cuenta de algo que obliga a

 

replantear la posición del marxismo frente al proletariado. En estas cualidades que Marx le

 

adjudica al proletariado hay más de supuesto que de realidad; que el proletariado es filósofo, que

 

no tiene una posición prejuiciosa ni defiende un interés particular, sea económico o nacional; que

 

no tiene patria, que el alcance de su lucha es universal, tales connotaciones son presentadas como

 

una esencialidad revolucionaria, como un conjunto de cualidades que configuran la identidad

 

inherente de esta clase social. Es preciso anotar, que en este retorno reflexivo cuando Zuleta

 

cuestiona todos estos presupuestos que se daban por sentado en el marxismo frente al papel

 

revolucionario del proletariado, interroga la deriva esencialista que se ha tenido en términos

 

políticos al respecto. En Teorías políticas contemporáneas, a diferencia de otros textos, Zuleta

 

195 

 

muestra que el proletariado padece un proceso de explotación, es decir, su cuestionamiento a la

 

idea de proletariado en Marx no desmiente, ni desconoce el análisis sociológico y económico-

 

productivo que elaboró el pensador alemán sobre el modo de producción capitalista y las clases

 

sociales que se forjan en su seno. Dedonde el marxismo con todo su aparato teórico ha demostrado

 

las diversas formas de explotación que pesan sobre una parte mayoritaria de la sociedad, el

 

proletariado.

 

 

 

 

Zuleta frente a Marx y su consideración del proletariado entonces, comparte la teoría de la

 

explotación que desarrolla al respecto, más no concuerda en todo lo que se refiere a la propuesta

 

revolucionaria que Marx le adjudica al proletariado; a su protagonismo en la lucha política. En

 

Zuleta hay una posición enfática de que no se puede esencializar al proletariado. Éste puede no

 

llegar a ser revolucionario, el origen de clase no define una posición anticapitalista, e incluso,

 

sectores de la sociedad que no padecen la opresión económica tal como la vive el proletariado,

 

pueden ser potencialmente más revolucionarios que muchos obreros y llegar a solidarizarse en las

 

luchas contra el capitalismo. Pero tal posibilidad no ha estado considerada en el marxismo, ni en

 

los textos de Marx ni en algunos de los representantes más significativos del comunismo —con

 

contadas excepciones podrían ser la omisión a la regla; Rosa Luxemburgo y Antonio Gramsci —.

 

Más bien, con demasiada arrogancia, se ha tendido a desechar la ampliación de la lucha con

 

sectores no proletarios, bajo la condena anticipada de que sería contaminar la lucha con elementos

 

pequeño burgueses.

 

 

 

 

La ecología es un combate contra el capitalismo, pero también el feminismo y el arte son

 

un combate contra el capitalismo. No hay que creer que sólo las huelgas obreras por más

 

196 

 

salarios son un combate contra el capitalismo, porque precisamente en sí mismas no lo son,

 

si no construyen una gran idea anticapitalista, una gran cultura anticapitalista para que el

 

poder obrero, que sí es un poder real, sea anticapitalista. El capitalismo se va a derrumbar

 

por la capacidad de destrucción de las posibilidades del ser humano y por la defensa que

 

vamos a hacer en todos los ámbitos obreros o no, de las posibilidades del ser humano

 

(Zuleta, 2008, p.154).

 

 

 

 

En Marx pues había un supuesto, un optimismo revolucionario sin el cual no hubiera escrito lo que

 

el mundo llegaría a conocer bajo su puño y letra. No hubiese sido ese estudioso infatigable y el

 

crítico implacable del capitalismo. Él consideraba que el proletariado podía asumir la máxima

 

kantiana del “pensar por sí mismo”, bajo esa premisa está escrito cada capítulo, cada concepto y

 

cada renglón del Capital, ese móvil lo lleva a conocer el mundo de la producción burguesa. Un

 

supuesto trascendental del que no se podían garantizar sus resultados.

 

 

 

 

 

4.11. Retorno que ratifica al marxismo

 

 

 

 

Como veremos a continuación en el retorno que para el año de 1989 está haciendo Zuleta

 

directamente hacía la obra de Marx, acentúa su conocimiento marxista sobre el capitalismo,

 

refrenda a Marx en los resultados que obtuvo en sus investigaciones económicas, sociológicas e

 

históricas, y lo hace, sin dar lugar a dudas en su posición política anticapitalista; su inclinación

 

ideológica de izquierda; y su postura teórica marxista.

 

 

 

 

197 

 

Pero quiero mostrar las cartas; no estoy ocultando ni hablando al sobrevuelo, como si no

 

tuviera posición. Me refiero a las posiciones que más me interesan, que son las corrientes

 

de izquierda. Generalmente la derecha suele decir hoy como siempre, que la idea de

 

izquierda y derecha está superada y que quien diga que algo es de izquierda o de derecha

 

no se sabe a qué alude; es decir, que se sabe que una persona es de izquierda —cualquiera

 

que sea su plumaje y su pelaje— cuando es un adversario de la dominación y de la

 

explotación (sea feudal, capitalista, socialista o de cualquier otro tipo) y, por lo tanto,

 

partidario de la igualdad política, jurídica y económica. Es muy sencillo, no es ningún

 

enigma (Zuleta, 1989, p.1).

 

 

 

 

Este fragmento de la clase del 22 de septiembre de 1989 es diciente al respecto, donde vemos que

 

Zuleta asume su posición política e ideológica de izquierda, y la orientación inequívocamente

 

marxista que sostiene para este momento de su vida, sin olvidar que a la fecha, estamos a escasos

 

seis meses que preceden al fallecimiento de Zuleta: “Creo que una concepción seria de los

 

problemas políticos modernos necesita una discusión con el marxismo, sobre el marxismo, del

 

marxismo” (Zuleta, 1989, p.2)

 

 

 

 

 

Este retorno reflexivo que se mantiene en el último periodo de la vida intelectual de Zuleta, se

 

establece desde unas preguntas que formula alrededor del marxismo y se dirigen a indagar hasta

 

qué punto en la obra de Marx, en sus propios desarrollos, en sus conceptos, en su elaboración

 

teórica y política ya se contenían errores o equívocos que no corrigieron luego sus herederos. Y

 

que, por ejemplo, lo que él mundo llegaría luego a conocer que se hizo a nombre del pensamiento

 

 

 

198 

 

de Marx, se le pueda adjudicar a él, como algo a lo que conducía indefectiblemente su obra y la

 

puesta en práctica de sus ideas: el totalitarismo, los gulags, la represión política, la censura etc.

 

 

 

 

 

¿En qué medida el marxismo de Marx —porque eso es lo primero que hay que tratar como

 

concepción de las sociedades, como crítica al capitalismo— es el punto más fuerte como

 

teoría de la Historia, como método? ¿En qué medida el Marxismo de Marx era ya un error

 

o, más bien lo que ha ocurrido luego es que con relación a los marxismos ha habido malas

 

interpretaciones o desviaciones o crímenes, o como se quiera decir? ¿En qué medida el

 

marxismo de Marx era ya él mismo equivocado? (Zuleta, 1989, p.1)

 

 

 

 

 

Esto era algo que era tendencia en Zuleta, separar a Marx de los marxismos. Lo cual tiene sus pros

 

y sus contras. Es de valorar que fungió como un atento lector y analista de la obra de Marx. En

 

Zuleta había el supuesto de que yendo al pensador que era fuente de la teoría, se tendría un

 

acercamiento más ecuánime yobjetivo alos planteamientos deunateoría, en estecaso el marxismo

 

que, en ocasiones, había sido reducido, simplificado y hasta vulgarizado por algunos de sus

 

herederos. En esto Zuleta demostró, exegéticamente, su relación con la obra de Marx, conociendo

 

a cabalidad lo que el pensador alemán produjo bajo su puño y letra. Sin embargo, así como el

 

llamado de Zuleta por no confundir a Marx con otros autores afines al marxismo mismo, es una

 

prevención necesaria, no lo es menos el cuidado frente a la especificidad de ciertos contextos

 

históricos desde los cuales, bajo otras condiciones y en otras posiciones pensaron el marxismo e

 

hicieron su práctica política otros autores; hablo de un Lenin, de una Rosa Luxemburgo, un

 

 

 

 

 

199 

 

Trotsky, un Stalin o un Mao, quienes particularmente desde la arena política, ya no meramente

 

desde el debate intelectual hicieron sus aportes al marxismo.

 

 

 

 

 

Así como hay que considerar a Marx, hay que hacerlo con estos otros referentes, quienes tuvieron

 

que vérselas con nuevos problemas y es a la luz de estos que hay analizarlos, entenderlos y

 

discutirlos, pero no, sopesarlos bajo la sombra de Marx que es en ocasiones, como lo propone y lo

 

hace Zuleta. Como si existiese una especie de marxismo originario que ya estaba en Marx y el

 

error consiste en no acatarlo, y en juzgar como insuficiencias las desviaciones frente a lo que el

 

pensador de Tréveris ya tenía elaborado. De tal manera no se estaría bebiendo de la historia, si hay

 

que hacer un balance de estos autores hay que hacerlo pero desde el crisol de los problemas a los

 

que se enfrentaron, es preciso retratar la época, las disyuntivas a las que respondieron, aquello que

 

los limitaba, los retos que asumieron, en fin de cuentas; ¿qué se podía esperar de ellos? y no tanto

 

ir bajo el supuesto de una fidelidad a Marx, creyendo que ya de antemano se sabía lo que debían

 

hacer sin considerar su contexto específico.

 

 

 

 

 

Una búsqueda exegética no soluciona el problema, el marxismo no estaba consumado en Marx,

 

este sigue forjándose con las nuevas experiencias del siglo XX. No es justo sobreponerle a dicho

 

siglo los problemas sociopolíticos desde los que pensó Marx, no son los mismos, y por tanto la

 

situación no se puede equiparar, el marxismo del siglo XX se entiende a partir de los problemas

 

que los revolucionarios de esa época tuvieron que enfrentar. Lo que es innegable es que en ese ir

 

a Marx directamente, Zuleta hace como pocos autores colombianos una apropiación muy singular

 

 

 

 

 

200 

 

del marxismo, especialmente de la economía política, que como habíamos visto desde los años

 

setenta las fuentes del marxismo iban configurándose en su pensamiento.

 

 

 

 

 

Y para estos años ochenta esos desarrollos analíticos del marxismo se mantienen con la

 

discursividad y la oratoria propia de quien tiene el interés de divulgar lo que sabe. Pero hay otros

 

aspectos que bien pueden ser considerados como elementos esenciales que hacen de Zuleta un

 

intelectual marxista para estos años en los que ya está cercano a su fallecimiento. Y que sin negar

 

sus variaciones y sus críticas a la obra de Marx, a los proyectos socialistas y al marxismo en

 

general, sostiene el estudio del capitalismo y la crítica al mismo, de la mano de Marx. De hecho,

 

para refrendar el conocimiento con el que se fundamenta esa crítica, Zuleta (1989) se pregunta:

 

 

 

 

 

[…] ¿esa crítica es equivocada? ¿En qué sentido? (puede serlo en varios sentidos: si es

 

equivocada, ¿en qué sentido resulta que el capitalismo es tan malo como Marx pensó, o es

 

peor de lo que él pensaba, o es simplemente distinto?) (Zuleta, 1989, p.3).

 

 

 

 

 

De tal pregunta, desglosa y aborda el conjunto temático que hay en la obra de Marx donde se

 

desarrolla esa crítica estructural al capitalismo, y Zuleta lo conjuga exponiendo ejemplos de

 

situaciones concretas del contexto mundial, de tal manera resuena en su reflexión socio-política el

 

estudio de la economía política. De ello dan cuenta las clases del 22 y29 de Septiembre de Teorías

 

políticas contemporáneas donde pasa página sobre temas como:

 

 

 

 

 

 

201 

 

-La composición orgánica del capital

 

 

-La tendencia a la caída de la tasa de ganancia

 

 

-La tendencia monopólica del capitalismo

 

 

-La contradicción entre la producción social y la apropiación privada

 

 

-La definición del proletariado (identificando dos nociones posibles en la obra Marx)

 

 

-Teoría del valor, definición del plusvalor

 

 

 

 

 

Esto por nombrar algunos de los temas que Zuleta trabaja en estas clases, hay otros más, pero con

 

los aludidos se puede reconocer el interés investigativo de Zuleta, en cuya base teórica está el

 

marxismo y su conjunto de elaboraciones teóricas, desde allí en Zuleta se explican situaciones

 

concretas que experimenta el mundo para esta época, como el monopolio; donde se percata que el

 

conflicto político suscitado tiene sus raíces económicas, pues la intervención e injerencia de unos

 

países imperialistas sobre otros bajo el interés de extraer sus recursos naturales, muestra Zuleta,

 

basado en el marxismo, es una lógica con la que responde el capitalismo para enfrentar su

 

tendencia a la caída de la tasa de ganancia.

 

 

 

 

Una medida para volver a subir la tasa de ganancia puede ser invertir en un país donde haya

 

menos tecnificación. Si uno invierte en un país donde hay menos tecnificación, donde el

 

valor de la producción está por un costo de trabajo superior, entonces en ese país obtiene

 

inmediatamente una ganancia extraordinaria. Además hay otra cosa, que no es una

 

casualidad, y es que un país donde haya menos tecnificación también hay una fuerza de

 

 

202 

 

tecnificación más barata. Esa salida, considerada en términos de conjunto, se puede

 

denominar ingreso. Supone, pues, comenzar a dominar económicamente países que tienen

 

grados de tecnificación inferiores (Zuleta, 1989, p.4).

 

 

 

 

De igual manera asuntos que son esenciales para la crítica que sostiene el marxismo al capitalismo,

 

continúan en los desarrollos analíticos de Zuleta, refrendando éste su validez y sosteniendo con

 

enorme esfuerzo divulgativo la vigencia del pensamiento de Marx, exponiendo con elocuencia

 

esos contenidos que forjan la teoría crítica que inauguró el genio de Tréveris. Así, por ejemplo,

 

con una sencillez que no sacrifica la profundidad del tema que abordaba, Zuleta recuerda lo que

 

significaen Marx la contradicción entreproducción social yapropiación privada, ideafundamental

 

para sostener una crítica radical al capitalismo.

 

 

 

 

La producción, por lo tanto, es calculada por su efecto en el nivel de lo que Marx

 

llamaba la unidad productiva, es decir, la empresa. Se dejan entre paréntesis los

 

efectos sociales de la producción, lo que le pase a los trabajadores, a los

 

consumidores y a otros. Si una empresa de Yumbo da muy buenas utilidades

 

envenenando el río Cauca, y tienen efectos desastrosos para una gran parte de la

 

sociedad, por ejemplo los pescadores, eso no le interesa al capital: le interesan las

 

ganancias yel resto que se friegue. Esta es la contradicción principal: la producción

 

es social, pero la apropiación es privada. El criterio de la producción es entonces el

 

de la utilidad privada y no el de la utilidad social. Esa es la mirada de sobrevuelo

 

que da Marx sobre el sistema (Zuleta, 1989, p.3).

 

 

 

203 

 

 

 

 

Además de lo anterior, para esta década de los 80-90 se desarrollan en la obra de Zuleta, en lo que

 

conocemos de su obra edita e inédita, múltiples desarrollos teóricos que están consignados en El

 

Capital de Marx, con una particular articulación de saberes que era lo propio en Zuleta, enhebrados

 

siempre desde la coherencia del fenómeno que analizaba, de ahí que en su texto Marx y el presente

 

del año 1983, haga toda una reflexión sobre la inserción de las mercancías en la vida cotidiana.

 

Pero también como se observó en Teorías políticas contemporáneas, se denota en Zuleta una

 

continuidad en el marxismo que apropió y que lo acompañaría hasta los últimos días de su vida.

 

 

 

 

 

En este retorno hacia la filosofía y a la obra de Marx, Zuleta se percató del error de Marx por

 

adjudicarle cualidades innatas al proletariado como hacedor de la revolución y, también, al haber

 

sido testigo de los errores que durante el siglo XX cometieron los partidos comunistas y gran parte

 

del movimiento revolucionario, considera que el marxismo para seguir vivificándose como teoría

 

crítica y praxis revolucionaria, debe reconfigurarse políticamente para que en sus propuestas

 

anticapitalistas integre otro tipo de luchas y sujetos revolucionarios. Que en esa conjugación con

 

otros combates políticos aprenda de una cosa de la que poco sabe la izquierda, no ser vanguardia,

 

asumir que no estará en la posición dirigente a la que paranoicamente se ha creído destinada a

 

ocupar. Zuleta es consciente de estas cosas y por eso en su obra, aunque ya no proponga la

 

formación de un partido político sigue explorando las posibilidades de una praxis. De ello dan

 

cuenta los siguientes puntos en los que desde algunos apartados significativos de su obra se ratifica

 

su posición marxista, anticapitalista y de izquierda.

 

 

 

 

 

 

204 

 

4.11.1. La necesidad de transformar la sociedad

 

 

 

Estanislao insiste en la urgencia de propender por una transformación al modelo de civilización

 

imperante, precisamente por el conocimiento que ha obtenido de Marx conoce los efectos que el

 

capitalismo le genera a la humanidad, ahí también coincide con Marx, no sólo es cuestión de

 

interpretar el mundo sino de transformarlo.

 

 

 

 

 

Marx creía en la lucha por una sociedad nueva, por una sociedad más igualitaria. Es

 

completamente razonable. Le doy toda la razón, en principio. La necesidad de una lucha

 

por una sociedad nueva. Por una sociedad que no importe automóviles de lujo mientras los

 

niños están muriendo de hambre (Zuleta, 1987, p.21).

 

 

 

 

 

Fundamentado en el marxismo que le permite un conocimiento cabal del funcionamiento del modo

 

de producción capitalista, Zuleta concibe que una sociedad más justa y democrática se conquista

 

si se da una transformación radical del sistema económico. Así Zuleta no cae en el utopismo o en

 

el moralismo que idealiza el mundo “como debería ser” sino, que, conociendo ese mundo tal y

 

como es, con su lógica económica y sus diversas relaciones con la política, enfatiza en su crítica a

 

eseorden vigente ydesdeahí prefiguralas posibles acciones quesirven paraoponerseradicalmente

 

al modelo de civilización burgués. Zuleta es uno de esos pensadores que al preocuparse por una

 

sociedad justa, se pregunta también porque el ser humano ha sido capaz de tanta injusticia, que es

 

aquello que nos ha determinado a que el mundo actual concilie la opulencia más desaforada con

 

la miseria más vil.

 

 

 

205 

 

 

 

 

Es el compromiso ético por una humanidad distinta que dialoga con la rigurosidad del pensamiento

 

en sus versiones más elevadas, en la filosofía, el arte y en los saberes humanos, pero todo este

 

conocimiento es politizado por Zuleta ya que apunta a logros concretos en la realidad, a que tanto

 

en el plano material como en el espiritual valores como la dignidad, la justicia y la libertad se

 

vayan convirtiendo en una experiencia cotidiana. Y para que ello pueda ser una realidad efectiva,

 

Zuleta comprende que esto amerita tanto de una transformación de la base económica de la

 

sociedad, como de los vínculos que entre los seres humanos se establecen, es decir, forjar una

 

nueva cultura. Pero en Zuleta hay una claridad muy importante, y es que una lucha no subsume a

 

la otra, lo cual caracteriza sustancialmente esa idea de transformación que defiende. Estanislao se

 

distancia de algo que él consideraba estaba implícito en el marxismo bajo una especie de

 

“antropología optimista” la que indicaba como factor de los conflictos sociales a la propiedad

 

privada, Estanislao considera que hay otros aspectos de la vida social que generan conflictos y que

 

no se tramitan ni solucionan simplemente bajo la abolición de la propiedad privada, es más, que

 

en sí mismos los conflictos son consustanciales a la condición humana y que la apuesta no debe

 

ser por suprimirlos sino de aprender a reconocerlos y vivir inteligentemente con ellos.

 

 

 

 

 

Bajo esta perspectiva la posición Zuletiana de transformación social se identifica con el marxismo

 

en la superación del modo de producción capitalista en subvertir su orden y superarlo, pero no

 

reduciéndolo como el único factor a intervenir para lograr transformaciones efectivas, se entiende

 

que el capitalismo más que sistema económico es un modelo de civilización que se caracteriza por

 

el tipo de humanidad que genera, lo que lleva a la deducción de que la lucha por una sociedad

 

distinta se dirime también en otro ámbitos que no son propiamente económicos, tales como la

 

206 

 

relación entre los géneros, los derechos de las mujeres y los de la comunidad LGTBI, la ecología,

 

la cultura etc., “[…] tenemos que replantear la idea misma de la revolución. La revolución es para

 

todos: los pensadores, las mujeres, los artistas, los que aspiran a que su vida tenga un sentido, los

 

enemigos de la forma capitalista del sistema” (Zuleta, 2008, p.151).

 

 

Toda lucha que apunte a minar la civilización que produce el capitalismo es una lucha digna de

 

librarse, hay una serie de crisis que merecen ser atendidas y desde las cuales dimana la

 

confrontación contra el capitalismo y la defensa de la dignidad humana.

 

 

 

 

 

Tenemos que presentar la lucha contra el capitalismo como una lucha contra todos sus

 

efectos, en todos los ámbitos de la existencia, en todas las clases. La superación del

 

capitalismo debe ser obra de todas las clases y de todos los grupos, no de la clase obrera

 

porque tiene el privilegio especial de que es explotada. (Zuleta, 2008, p. 151).

 

 

 

 

 

4.11.2. Estar del lado de los explotados

 

 

 

Pues tal ycomo lo dice el mismo Zuleta: “Estar a favor de Marx, sin duda alguna, es estar en contra

 

del capitalismo. No tengo que ocultar ninguna carta, estoy en contra del capitalismo” (Zuleta,

 

1987, p.9) Además de propender por una transformación de la sociedad, para Zuleta, estar del lado

 

de aquellos en quienes padecen con más crudeza los abusos del sistema económico actual, es un

 

principio que guía sus posturas. Si bien Zuleta es partidario de aquella idea de que la revolución

 

es para todos, incluso para los explotadores, enfatiza en un tipo de apoyo a los sectores más

 

marginados de la sociedad, es desde ellos que se deben pensar también los cambios democráticos

 

 

207 

 

“El abuso de poder se ejerce sobre todo contra los sectores marginales de la sociedad y por eso

 

hay que tener la mayor solidaridad con ellos en la lucha efectiva por la democracia” (Zuleta, 2008,

 

p.17).

 

 

 

 

 

Pero esta posición no es una defensa moral de los pobres, no deviene en una caridad cristiana que

 

toma al pobre como un receptor pasivo de limosna, sino que parte de entender su condición de

 

explotado de la manera más objetiva posible, desde las múltiples consecuencias que padece en su

 

situación material, la miseria económica que propicia las condiciones para que se desarrolle una

 

miseria espiritual, esto es, que no permite el acceso al conocimiento en todas sus versiones, arte,

 

ciencia y filosofía. Que a una gran parte de la humanidad las riquezas espirituales les sean

 

expropiadas por estarsometida al imperio del trabajo asalariado. Lamisma humanidad que, aunque

 

genera la riqueza material de nuestro mundo no usufructúa ningún tipo de bien sea económico o

 

artístico. Mientras la producción es social la apropiación es privada. De ahí que el apoyo a los

 

condenados de la tierra pasa por el marxismo ypor Zuleta en cuestionar ytransformarla estructura

 

de una sociedad que produce la miseria de esos explotados, y no, la escapatoria individualista que

 

mediante la limosna o la caridad cristiana desestima la transformación estructural.

 

 

 

 

 

En cualquier circunstancia en que nos encontremos, debemos luchar siempre en favor de

 

los explotados contra los explotadores, de los dominados contra los dominadores, de los

 

que son más vulnerables contra los que son más poderosos, sin que pensemos que a partir

 

de cierto momento todo eso desaparecerá (Zuleta, 2008)

 

 

 

 

 

208 

 

Hablan por el mismo Zuleta las palabras que utilizó para referirse a Marx: “Siempre se declaró

 

situado, y situado en un campo; en un campo que era definido precisamente por él como el campo

 

de los explotados” (Zuleta, 1987, p.10).

 

 

 

 

 

 

Consideraciones finales

 

 

 

 

 

Para concluir, propongo redondear sobre el contenido de lo que ha sido expuesto. El primer

 

capítulo tuvo más una fuerza histórica que conceptual, en aras de ofrecer un panorama para hacer

 

notar lo que era más relevante en la investigación, la capacidad articuladora del pensamiento de

 

Marx cuya huella quedo impregnada en sus estudios. De tal manera, como permiten evidenciarlo

 

los demás capítulos esa huella permaneció imperecedera en Zuleta; en sus aportes y desarrollos

 

encontramos los conceptos y planteamientos del marxismo en su pensamiento.

 

 

 

 

 

Pero esa huella, tal como vimos no fue una mera calca en Zuleta, sino que tuvo su apropiación

 

singular y correspondiente contribución del pensador colombiano, es decir, Zuleta apropio el

 

marxismo expandiéndolo, haciendo aportes propios y resinificándolo en algunas de sus ideas,

 

llevándolo a decir cosas que antes no habían sido dichas por Marx ni por otros marxistas.

 

Particularmente desde el tercer capítulo logramos ver esas contribuciones de Zuleta y que fueron

 

identificadas desde la pregunta rectora que guio este trabajo, al interrogar sobre la apropiación de

 

las fuentes integrantes del marxismo en Zuleta.

 

 

 

 

 

209 

 

Una construcción de corte histórica es posible realizar contando con los resultados obtenidos en la

 

investigación y que me permiten situar con cierta precisión el desarrollo de las ideas marxistas y

 

la manera en que la articulación de las fuentes integrantes se iba dando en Zuleta. Lo visto en los

 

cuatro capítulos que fueron trabajados en esta monografía se puede representar gráficamente de la

 

siguiente manera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 3: Derrotero de la articulación de las fuentes. Elaboración propia.

 

 

 

 

Vimos que hacia los años sesenta Zuleta llego al marxismo por la vía de la fuente socio-política, a

 

partir de la situación que vivía el país por aquellos años, en medio de la oleada de violencia que se

 

seguía dando, el Frente Nacional y la efervescente lucha revolucionaria que suponía la esperanza

 

de transformación a todo lo anterior, Zuleta se vio arrojado al estudio del marxismo desde un

 

ánimo de praxis revolucionaria, con espíritu de cambio y de intervención ante la injusticia

 

imperante, los sesenta coinciden con su breve militancia en el PCC, su experiencia junto con Mario

 

Arrubla en la revista Estrategia cuyo propósito era la de servir de órgano teórico para el naciente

 

(PRS) Partido por la revolución socialista que esperaban impulsar en Colombia, dan cuenta de las

 

búsquedas iniciales de Zuleta en el marxismo, lo que marcaba sus intereses y desde donde se

 

planteaba una serie de preguntas y posibles respuestas.

 

 

 

 

210 

 

Luego, al vivir lo que fueron fracasos políticos por no poder concretar la praxis revolucionaria que

 

buscaba, en Zuleta tales experiencias no hacen que abdique del marxismo ni de la revolución. Por

 

el contrario, se cualifica su formación marxista apropiando una vertiente fundamental del

 

materialismo histórico. Así coincide el periodo de los años setenta con la recepción y el desarrollo

 

en Zuleta de una fuente integrante del marxismo, la economía política. Predominan para esta época

 

los análisis y estudios del modo de producción capitalista, tal como vimos en la tercera parte (El

 

Marxismo en Marx). También sucederá que para estos años setenta Zuleta hará más enfática su

 

interpelación crítica sobre las experiencias socialistas, sin dejar de lado la piedra angular del

 

marxismo que es la crítica al capitalismo desde el estudio de la economía política.

 

 

 

 

 

El tema es que el marxismo en Zuleta va dialogando, de un lado con la apropiación teórica y su

 

desarrollo conceptual y de otro, con la situación concreta, la problemática contemporánea en

 

Colombia o el mundo. Es decir, un dialogo con la realidad, interpretando el desarrollo del

 

capitalismo desde casos concretos como se ejemplificaba en la última sección del capítulo cuarto

 

cuando referencie el curso de Zuleta Teorías políticas contemporáneas, donde también se

 

abordaban asuntos sobre lo que había sido y estaba siendo de las experiencias políticas socialistas

 

que decían basarse en el marxismo. Por su transcurso, por las contradicciones yerrores que a juicio

 

de Zuleta se cometieron, se aprecia en su obra un retorno reflexivo del marxismo que se hace en

 

clave filosófica, pero ojo, no a la manera hegeliana sino desde aquella singularidad que es la de

 

pensar desde problemas de carácter universal que habían sido abordados desde referentes

 

filosóficos, como la relación entre la ciencia y la política que remiten a un problema esencial para

 

el marxismo, el de la praxis que se caracteriza precisamente por la búsqueda de la articulación

 

entre teoría y practica

 

 

211 

 

 

 

 

Es así pues, según las búsquedas que he realizado que se puede dar cuenta de la articulación de las

 

fuentes integrantes en Estanislao Zuleta, aclarando, por supuesto, que es en torno al marxismo,

 

puesto que en Zuleta éste no fueel único pensamiento o teoría que fueron abordados. Sería absurdo

 

considerar que por ejemplo la filosofía sólo vino a estar presente en Zuleta hacia los años ochenta.

 

Es según desde el marxismo que se puede rastrear el derrotero de la articulación que se fue

 

enhebrando en la obra de Estanislao Zuleta, donde a partir de lo que caracteriza a las fuentes

 

(ciencia, filosofía o política) se denotaban unos acentos en su pensamiento, unos momentos de

 

apropiación que le daban algún lugar y peso a las fuentes.

 

 

 

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