© Libro N° 368. El Marxismo En La Obra De
Estanislao Zuleta. Alarcón Zapata, Santiago.
Emancipación.
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El Marxismo En La Obra De Estanislao Zuleta. Santiago Alarcón Zapata
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El Marxismo En La Obra De Estanislao Zuleta. Santiago Alarcón Zapata
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© Edición,
reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
EL MARXISMO EN LA OBRA DE
ESTANISLAO ZULETA
Santiago Alarcón Zapata
El Marxismo
En La Obra De Estanislao Zuleta
Santiago
Alarcón Zapata
EL MARXISMO EN LA OBRA DE ESTANISLAO
ZULETA
Santiago Alarcón
Zapata santiago.alarconz@udea.edu.co
Trabajo presentado como requisito para obtener el título de Sociólogo
Asesor
Wilmar Lince Bohórquez. Sociólogo
Magister Educación y Desarrollo Humano.
Universidad de Antioquia Facultad de Ciencias Sociales y Humanas
Departamento de Sociología Medellín 2019
A mi familia,
patria de mujeres de la clase trabajadora; a ellas que con el sudor de su
frente y su afecto
han satisfecho esas necesidades básicas sin las cuales no podría haber
logrado este
título. A mi abuela Aura Nelly por sus deliciosos tintos mañaneros y sus
atenciones
desinteresadas, a mis tías; Yesica Paola y Judi Andrea por la comprensión
para entender mis
luchas y no juzgarlas. A mi hermana Stefania Montoya por su apoyo
indeclinable
siempre dispuesto a tender la mano, y a mi madre, Norha Isabel Alarcón
cuyos años fregando
pisos siguen dejado huella en sus brazos, un dolor que vivo en lo más hondo y
más me acerca al marxismo.
De mi parte este
modesto reconocimiento, a ustedes que tanto les debo.
Agradecimientos
A los compañeros
del Centro de Estudios Estanislao Zuleta, pues en la formación y en los debates
me han permitido
forjar muchas de las ideas que aquí presento. Pero sobre todo, a ese valiente
paladín del legado
de Zuleta, Carlos Mario Gonzáles, pues con su esfuerzo de transmisión me puso
ante un Zuleta
complejo y rico en conocimientos que problematiza al marxismo a la vez que lo
enriquece. Sin la
influencia de Carlos, este escrito no sería una realidad.
A Wilmar Lince,
quien aparte de acompañarme en este proceso de estudio, sugiriendo y
proponiendo
análisis, me ayudo a mantener una visión objetiva sobre Estanislao Zuleta.
También
le agradezco por
sostener conmigo en buena parte de la carrera una interlocución constante sobre
el marxismo, un
dialogo que afortunadamente sobrepasaba las fronteras académicas.
3
EL MARXISMO EN LA
OBRA DE ESTANISLAO ZULETA
Santiago Alarcón
Zapata
Tabla de contenido
Resumen......................................................................................................................................
8
Introducción
..............................................................................................................................
11
Apuntes
metodológicos.............................................................................................................
18
Algunos estudios
sobre el marxismo en
Zuleta.........................................................................
20
Primera parte
1.
El devenir de las fuentes integrantes del
marxismo........................................................... 34
1.1.
El caso de
Marx..........................................................................................................
38
1.2.
Hegel: La totalidad como golpe de vista lógico
......................................................... 39
1.3.
Hegel: El golpe de vista
ilógico..................................................................................
48
1.4.
Hacia la política y la
economía...................................................................................
54
1.5.
La terrenalidad del
pensamiento.................................................................................
56
Segunda parte
2.
Pregunta
articuladora.........................................................................................................
66
Tercera parte
3.
El Marxismo en
Marx........................................................................................................
69
A manera de
síntesis
teórica..................................................................................................
69
3.1.
Totalidad.....................................................................................................................
71
3.2.
Estructura....................................................................................................................
76
3.3.
La totalidad estructurada en la economía política
...................................................... 79
3.4.
¿Cómo están aquí presentes las fuentes integrantes del marxismo?
.......................... 89
3.5.
Algunos ejemplos del análisis marxista de Estanislao
Zuleta.................................... 92
3.6.
Vertiente
macrosocial.................................................................................................
93
3.7.
Vertiente
cultural......................................................................................................
100
Cuarta Parte
4.
Zuleta y el debate marxista en Colombia y el
mundo...................................................... 104
4
4.1.
Los años sesenta: la discusión marxista con una
época............................................ 104
4.2.
Llegando a
Marx.......................................................................................................
109
4.3.
Evolución del marxismo en
Zuleta...........................................................................
115
4.4.
1960 / 1970: Zuleta y el momento leninista de un marxista
colombiano................. 119
4.5.
1970 / 1980: El momento de la economía política - Análisis iniciales de
los
socialismos
reales................................................................................................................
141
4.6.
Análisis iniciales de los socialismos reales
.............................................................. 151
4.7.
1980/ 1990 Marxismo: ¿Dictadura o democracia? / Retorno Zuletiano a la
fuente
filosófica..............................................................................................................................
168
4.8.
Proletariado y lucha de
clases...................................................................................
169
4.9.
Anticapitalismo y
democracia..................................................................................
179
4.10.
Retorno Zuletiano a la fuente
filosófica................................................................ 186
4.11.
Retorno que ratifica al
marxismo..........................................................................
197
Consideraciones
finales...........................................................................................................
209
Referencias..............................................................................................................................
212
5
Índice de tablas
Tabla 1: Periodos
del marxismo en Zuleta……………………………………………………..19
Tabla 2: Algunos
estudios sobre la obra de Zuleta……………………………………………..21
Tabla 3: Punto de
partida en la investigación y la exposición…………………………….........74
Tabla 4: Evolución
del marxismo en Zuleta…………………………………………...............117
6
Índice de figuras
Figura 1: El
devenir de las fuentes integrantes del marxismo……………………………......60
Figura 2: La
circulación del producto social…………………………………………………86 Figura 3: Derrotero de la
articulación de las fuentes………………………………………..210
Resumen
Toda la obra de
Estanislao Zuleta está signada por el hilo rojo del marxismo, su pensamiento
tiene como referente ineludible a Marx y los desarrollos que en torno a su obra
se hicieron durante el siglo XX. Desdelas elaboraciones teóricas hechas por el
estructuralismo yel existencialismo, hasta aquellas con una connotación
claramente política como el leninismo y el maoísmo, tuvieron una interlocución
permanente en la formación de Zuleta. Así se forjaron las ideas que adhería y
construía dentro del espectro teórico-político del marxismo. En tal dialogo hay
una apropiación y un desarrollo de las fuentes integrantes del marxismo,
pensadas y concebidas en consonancia con los fenómenos socio-políticos del
siglo XX, y que en la experiencia de Zuleta con esta época, dan cuenta de esa
continuidad que tiene el marxismo en su pensamiento; por los problemas que
abordó, la manera en que los trabajo y las propuestas de solución que ofreció,
se mantiene en Zuleta —al igual que en muchas críticas— una afinidad con el
pensamiento marxista.
Palabras claves:
Estanislao Zuleta, Marxismo, Fuentes integrantes, Revolución, Socialismo.
Abstract
All the work of
Estanislao Zuleta is marked by the red thread of Marxism, his thought has as an
inescapable reference to Marx and the developments that around his work were
made during the twentieth century. From the theoretical elaborations made by
the structuralism and the existentialism, even those with a clearly political
connotation such as Leninism and Maoism, had a permanent dialogue in the
formation of Zuleta. This is how the ideas adhered and constructed within the
theoretical-political spectrum of Marxism were forged. In such a dialogue there
is an appropriation and development of the integrating sources of Marxism,
thought and conceived in consonance with the socio-political phenomena of the
twentieth century, and that in the experience of Zuleta with this epoch, they
give an account of that continuity that the Marxism in his thought; dueto the
problems headdressed, the wayin which the work and theproposed solutions
heoffered, Zuleta remains —as in many critics— an affinity with Marxist thought
Keywords:
Estanislao Zuleta, Marxism, Integrating sources, Revolution, Socialism.
9
Me río de los
hombres que se dicen “prácticos” y de toda su
sabiduría. Si uno
quisiera ser un bruto, podría naturalmente dar la
espalda a los
sufrimientos de la humanidad y ocuparse de su propio
pellejo.
Karl Marx
10
Introducción
Como una ironía de
la historia estoy presentando a la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de
la Universidad de
Antioquia, el trabajo de grado que es requisito para obtener mi título de
sociólogo, trabajo
que versa sobre un autor que la misma facultad rechazó en el año 1970 para ser
profesor de su
recinto, a Estanislao Zuleta. Con una decisión administrativa, en la que muchas
veces la falta de
voluntad se encubre en excusas procedimentales, se le negaba a Zuleta la
posibilidad de ser
docente de sociología. Pero como recordaban por aquel entonces los profesores
Alonso Tobón y José
Fernando Ocampo, ambos miembros del Consejo Normativo del
Departamento de
Sociales, y que basándose más en el desarrollo de la sociología en Colombia
reconocían el
potencial de Estanislao para aportar a esta materia1; sus estudios e
investigaciones
históricas sobre
nuestro país lo aventajaban en conocimiento frente a otros académicos por
aquellos años2.
1 El Profesor
Alonso Tobón: ¿Por qué en el Consejo Normativo tomamos esa decisión? [que
Zuleta fuera profesor] Porque no tenemos a quien sepa más que nosotros. Eso es
un reto, un estímulo y un aprendizaje.
¿Cómo se obtienen
los conocimientos?
La universidad
tiene el criterio de que solamente se obtienen en ella, pero hay otra manera de
adquirir conocimientos: los aprendidos en el campo de la sociología, de la
física y de las ciencias naturales. Los conocimientos del Profesor Zuleta son
logrados en la práctica. Nosotros consideramos que los trabajos del Profesor
Zuleta son lo suficientemente serios para enseñar en una Universidad.
El Profesor Ocampo:
Considero que Zuleta y Mario Arrubla son las personas que han publicado
trabajos más serios en el campo de la Sociología (Consejo académico. Acta
número 91, 1970, p.3).
2 […] El Profesor
Tobón: Nos mantenemos al corriente de lo que se hace en Sociología en el país.
Conocemos a todos los Sociólogos y no creemos que se puedan parangonar con este
profesor.
El Profesor José
María Rojas: El Profesor Zuleta es mucho más idóneo para dictar el curso de
Teoría Sociológica II (Clases sociales) que cualquiera de mis propios amigos
(Consejo académico. Acta número 91, 1970, p.3).
11
En palabras de José
María Rojas, había profesores que teniendo sus magísteres y títulos
académicos carecían
de las investigaciones con las que si contaba Zuleta —quien padecía la
maldición de no
contar con un diploma que las certificara—, pero además de ello, tales
profesores
no tenían la mejor
relación magisterial con sus estudiantes3. Sin embargo, predomino la opinión
algunos miembros
del Consejo académico de la facultad, quienes arguyendo exclusivamente el
aspecto
administrativo4, tuvieron la mayoría para tomar la decisión el 26 de agosto de
1970, donde
finalmente se
rechazó la admisión de Zuleta con una votación de siete a tres. Habría que
decir que
esas trabas legales
que algunos argüían, no fueron luego ningún impedimento para que en la
Facultad de
Economía de la misma universidad o en Cali con la Universidad del Valle se le
permitiera a Zuleta
ejercer como profesor.
Este hecho sirve
para ejemplificar la paradójica relación que se tiene con Estanislao Zuleta; su
persona suele tener
un cierto reconocimiento entre los ambientes universitarios, difícil es que no
se conozca o se
asocie directamente su nombre con textos como Elogio de la dificultad, Sobre la
lectura, la
conferencia La Democracia y la paz ofrecida a los ex guerrilleros del M19
—quienes
3 El Profesor José
María Rojas: Hay10 profesores en el Departamento que dan cursos superiores, a
ellos les consulté y estos creyeron acertado el nombramiento del Profesor
Zuleta. Hizo un comentario acerca del Profesor Saturnino Sepúlveda N. con PhD y
2 rnagisters y de la Profesora Teresa Camacho, quienes tuvieron que retirarse
de la Universidad porque los estudiantes consideraban pésimas sus cátedras.
Acta número 91. 26 de agosto de 1970, (parece ser el mismo día, pero a las
5:30pm) (Consejo académico. Acta número 91, 1970, p.2).
4 Entre otros
comentarios se expresó al respecto, El Decano Asociado [Isaías Aguirre]: Leído
el currículo del Profesor Zuleta encuentro que no tiene título Universitario y
no creo que sea el candidato óptimo para el Departamento. En cambio opino que
sí se puede traer personal idóneo y pagarle más de lo que actualmente se paga
(Consejo académico. Acta número 91, 1970, p.1).
12
por entonces
estaban prestos a un proceso de desmovilización—, como otros textos más. Sin
embargo, existen
más aspectos que en relación al autor colombiano, no suelen percibirse en
algunos de los que
divulgan o hacen clara su empatía por Zuleta. Por poner un caso, un autor
actual con cierta
prestancia entre los escritores colombianos como lo es William Ospina,
despliega
una retórica muy
elocuente sobre las virtudes magisteriales de Estanislao Zuleta, pero en cuanto
corresponde exponer
los aspectos políticos, revolucionarios y sus posiciones de izquierda que eran
nutridas por una
teorización marxista, el silencio de Ospina abunda al respecto, un silencio
extensivo también a
otros autores y organizaciones sociales que en Colombia dicen sostener el
legado de
Estanislao Zuleta. Lo más común suele ser un reconocimiento formal y
superficial, pero
no un desarrollo de
las ideas marxistas que existen en la obra de Zuleta las cuales implican un
dialogo con el
marxismo mismo.
Lo que, por decir
lo menos, causa una enorme extrañeza porque tanto en su obra edita como la
inédita, la
literatura marxista está claramente presente en las reflexiones de Zuleta, es
desde donde
piensa una gama de
problemas sociales: la injusticia, la explotación económica, la transformación
de la sociedad, la
democracia etc., mantiene con la obra de Marx una interlocución constante, lo
mismo que con los
marxismos y las experiencias socialistas del siglo XX que le sirvieron a Zuleta
como escenarios de
análisis para interpelar las formas de llevar a cabo la revolución y construir
verdaderas
experiencias de justicia social.
Desde los años
sesenta del siglo XX hasta febrero de 1990 —año en que fallece Zuleta—, tal y
como trataré de
demostrar en el trabajo que aquí presento y como lo denota todo el contenido de
13
su obra, no hubo
momento en que él dimitiera del marxismo para desarrollarse como intelectual y
formarse
políticamente, ahora bien, ¿por qué entonces, ese evidente silencio
contemporáneo ante
a una de las
teorías más presentes en la obra de Estanislao Zuleta, y frente a la cual
versaron
muchos de los temas
que saltan a la vista en sus reflexiones? No se puede negar que esos silencios
obedecen en parte,
a la misma crisis de la izquierda, los errores que históricamente se han
cometido
no sólo han tenido
su repercusión política desplazándola del poder, sino que también la ha hecho
a un lado del
escenario intelectual desprestigiándose la vitalidad que el marxismo tiene y
que en
algún momento le
fue reconocida, ha perdido cierto peso en algunas discusiones sociales de las
que tiene mucho por
decir, quedando el camino más abierto para cierta senilidad teórica que
gustosamente hace
carrera en las academias, como tranquilamente lo viene haciendo el
posmodernismo sin
que de parte de los sesudos académicos se le presente una sólida oposición.
No obstante, la
crisis de la izquierda no justifica la miopía que algunos tienen en la lectura
que
hacen de Zuleta,
porque dicho sea de paso, él nunca actuó con tal simpleza en su propia revisión
crítica del
marxismo, para nada fue complaciente, por el contrario fue polemista y de mucha
altura
intelectual. Por
eso sus momentos de crisis, de ruptura, de distanciamiento político con las
organizaciones de
izquierda, coinciden en Zuleta con momentos de elevada cualificación teórica.
En detalle, el
cuarto capítulo de este trabajo se detiene en algunos de esos momentos
críticos,
donde resalta la
respuesta que Zuleta tenia para no dejar en vacío y en cómodos silencios los
distanciamientos
que tenía frente al marxismo, tratando de sustentar las modificaciones que iba
teniendo como
marxista.
14
La verdad es que,
más que miopía lo que hay en la lectura de algunos estudiosos de Zuleta es una
omisión voluntaria
de lo que era esencial para el pensador colombiano, denotando así un pésimo
entendimiento delo
quefueunadelas enseñanzas más significativas de Zuleta, la lecturarumiante.
Una lectura cuya
singularidad es la de adoptar una posición en el espíritu que transitando luego
por otras dos
transformaciones en el pensamiento5, asume el esfuerzo y la dedicación
necesarios
para captar con
atención los códigos internos que un texto presenta; la posición del camello
que,
como la mutación
hacia el león que critica y el niño que en sus ocurrencias descubre nuevas
ideas
y planteamientos
inéditos, posibilitan una experiencia del pensamiento donde en la lectura
hecha,
participa un sujeto
activo que es protagónico en la construcción de los sentidos de la obra que
tiene
ante sus ojos.
Ahora, el
pensamiento funciona con las tres categorías: capacidad de admiración:
idealización,
trabajo o labor; la capacidad de oposición: critica, rebelión, y otra: la
capacidad de
creación: sin oponernos a nada, de juego, de inocencia, de rueda que gira. El
espíritu es las
tres cosas; sólo si esas tres cosas se combinan funciona el pensamiento
filosófico; cuando
cualquiera de las tres se enuncia sola es una determinada frustración,
una filosofía
sombría, un dogmatismo o una idealización de cualquier tipo, o una filosofía
rebelde que no es
más que rebelión, o es también una filosofía que no tiene ni apoyo en
aquello a lo que
busca integrarse, ni en aquello contra lo que lucha sino que se predica sólo
como juego y que
como juego sólo es anarquismo vacío (Zuleta, l985, p.83).
5 Son las tres
transformaciones del espíritu que en Así hablaba Zaratustra expone Nietzche
como una de sus teorías del pensamiento y la retoma Zuleta en su ensayo, Sobre
la Lectura.
15
Pero ya que he se
aludido a las tres transformaciones del espíritu, se me permite hacer una
analogía
con la matriz
analítica desde la cual se centra la indagación que sobre Zuleta hago en este
trabajo,
las fuentes
integrantes del marxismo. Casualmente son también tres, y son las que
configuran la
anatomía de la
teoría marxista; la filosofía clásica alemana, el socialismo francés y la
economía
política inglesa.
Se da una fortuita coincidencia entre la forma de pensar en Zuleta desde lo que
nos comenta con las
tres transformaciones del espíritu, su fuerza radica en la combinación de
ambas posiciones
del espíritu y su debilidad en la separación o en la unilateralidad, mirada que
coincide con la
exigencia de articulación que hay con las fuentes integrantes del marxismo.
Podríamos emular a
Zuleta y decir que el pensamiento marxista sólo funciona si se combinan las
fuentes
integrantes, cada una de ellas es un contrapeso para las otras fuentes, las
limita o posibilita
en sus alcances.
Una filosofía exclusiva, ella en sí misma, con pretensiones de autosuficiencia
cae
en idealismo. Una
economía política sin mediación con la reflexión filosófica deviene en
cientificismo
positivista. Y la socio-política, sin reflexión filosófica y sin mediación
teórica de la
economía política,
cae, por tales vacíos, en los pragmatismos políticos que desdibujan la
orientación
revolucionaria y emancipadora que define a la praxis marxista.
Precisamente en el
primer capítulo se le ofrecerá al lector que no haya estado familiarizado con
la
denominación de las
fuentes integrantes del marxismo, un contexto para que se hagan a una idea
de donde provienen
dichas fuentes y, especialmente, ejemplificar con la trayectoria intelectual de
Marx la manera en
esas áreas de conocimiento se iban enhebrando en su vida y obra, como a la
par de ciertos
acontecimientos de su vida y de la época sus conceptos iban cobrando forma. Ver
que precisamente
hay elaboración de las fuentes, ruptura con algunas de ellas y una articulación
16
que respondía a la
explicación del fenómeno socio-político o económico-productivo que trataba.
Al contar con tal
panorama, el lector tendrá unas referencias para entender la pregunta
problematizadora
—segunda parte— desde la que indago por la apropiación del marxismo en
Zuleta, como luego
en la tercera y cuarta parte cuando comience propiamente con el análisis de la
obra de Zuleta,
cuando haga referencia a alguna de las fuentes y trate de dilucidar a partir de
éstas
los aportes de
Zuleta desde el marxismo que iba apropiando.
Este trabajo trata
entonces de ser una modesta pero clara respuesta a esa paradójica relación que
se tiene con Zuleta
en nuestra cultura, particularmente en la universidad colombiana, donde es
reconocido
formalmente, querido en las juventudes que comienzan sus carreras pero luego
olvidado en los
estudios académicos especialmente en las humanidades, desaprovechando así a
uno de los
pensadores cuyos aportes en materia sociológica, epistemológica y filosófica,
-por
nombrar aquellos
temas que este estudio pueden sustentar- son notables, pero bien pueden
reconocerse otras
áreas en la que Zuleta tiene importantes desarrollos, como en la psicología
pero
desde una clara
orientación psicoanalítica, en la lingüística, en el arte; especialmente en la
interpretación de
textos literarios, como se ven son caminos de conocimiento que hablan de una
visión compleja del
mundo y que integraba diversos frentes. Aquí presento pues, uno de esos
frentes que desde
el marxismo trata de profundizar en la recepción y en la continuidad que hizo
Zuleta del mismo.
Como se podrá apreciar, hay un tratamiento que se pone a la altura de lo más
neurálgico del
marxismo, hacer justicia entonces a lo que contribuyó Zuleta como pensador
marxista que fue,
prestando cuidadosa atención a algunos puntos de su obra, alzando la voz, hasta
donde pueda ser
escuchada, para expresar algo de eso que ha terminado por caer en el olvido por
cómodos y cómplices
silencios.
17
Apuntes
metodológicos
Esta es una
investigación de carácter documental que aunque versa sobre la historia
intelectual de
Estanislao Zuleta,
no se atiene a un mero recuento histórico de este pensador, sino que elabora
una
problematización
teórica que va más allá de la descripción de ideas que Zuleta iba adhiriendo en
relación al
marxismo, y se las inscribe en un campo teórico más amplio, donde la discusión
conceptual y la
precisión histórica permiten enhebrar aspectos propios de una investigación
sociológica y
acercarse a un ensayo de biografía intelectual.
Tomando como fuente
principal la obra de Estanislao Zuleta, desde los sesenta hasta fines de los
ochenta, se procede
a la construcción de hipótesis y planteamientos alrededor de los temas que
versaban sobre el
marxismo en Zuleta. En sintonía con esto, se procedió a buscar bibliografía
secundaria para
contrarrestar esas ideas de Zuleta, para tal propósito se accedió a literatura
histórica de los
años sesenta como a pensadores que trataban temas alrededor de los análisis que
sostenía Zuleta
sobre la lucha de clases y las revoluciones socialistas del siglo XX, además de
retornar a algunos
textos del propio Marx. Esto me permitió retratar la época en la que vivió
Zuleta
tanto en el
contexto colombiano como en el mundial y así tener una mayor comprensión de los
temas, las
discusiones y las aseveraciones políticas que el autor colombiano hacia sobre
el
marxismo.
Como este trabajo
además de preguntarse por la apropiación indaga por la continuidad del
marxismo en Zuleta,
fue preciso identificar las áreas espacio temporales y teóricas en las que se
18
desplego la
formación de Zuleta y correspondientemente periodizar los momentos de esa
apropiación y las
posibles modificaciones que Estanislao iba experimentando, tal periodización se
hace por décadas en
aras de precisar la discusión y contribuir así a una línea del tiempo que
reconozca el camino
transitado por Zuleta en lo referente al marxismo.
Tabla 1
Periodos del
marxismo en Zuleta
Áreas espacio
temporales Periodización
El marxismo en Marx
El marxismo en Colombia
El marxismo en el mundo
1960 / 1970 1970 / 1980
1980 / 1990
Fuente: Elaboración
propia.
Cada década como
veremos en el desarrollo de este trabajo, dan cuenta de unos temas particulares
que se expresaban
en la obra de Zuleta referente al marxismo, desde unos textos específicos y con
unas posiciones
particulares que se adoptaban frente a unas ideas de la obra de Marx.
Hay que decir que
en el movimiento entre décadas y temas en cuestión hay un hilo conductor que
esta soportado
desde una pregunta que es rectora y orienta todo el trabajo, la cual reza:
¿Cómo
apropia y articula
Estanislao Zuleta las fuentes integrantes que componen al marxismo: la
economía política,
la filosofía clásica alemana y la socio-política? Esta pregunta la justifico,
puesto que me
permite moverme en dos frentes simultáneamente; por una parte con la
19
configuración del
marxismo y de otro con la apropiación que iba haciendo Zuleta sobre eso que
constituía al
marxismo. La pregunta sobre la manera en que se iban articulando las fuentes
integrantes del
marxismo en la obrade Zuleta, sirveparahacer unabisagraquedialogue con ambos
escenarios de
análisis sin que uno termine por subsumir al otro, para no desdibujar los
aportes
singulares de
Zuleta en el amplio y complejo espectro del marxismo, pero tampoco para dejar
éste
último a merced de
lo que pensaba Zuleta pues podría ser que él estuviera incurso en algunos
errores sobre sus
interpretaciones del marxismo, desde la inquietud que propongo se espera darle
lugar a ambos
aspectos, al marxismo en sí mismo como a la apropiación de Zuleta, sin que haya
predominancia de
uno en detrimento del otro, de tal manera que no se pierda la perspectiva de
totalidad.
Algunos estudios
sobre el marxismo en Zuleta
En la búsqueda
bibliográfica de estudios y trabajos de grado que versaran sobre Zuleta, es
notoria
la diferencia entre
aquellos trabajos que versan sobre pedagogía y temas afines, frente a aquellos
que tomaban como
referencia los desarrollos marxistas de Zuleta. De hecho no se encontró ningún
trabajo de grado,
fuesedepregrado o maestría que versarásobreel marxismo en Zuleta, sólo fueron
hallados algunos
artículos, tres en total, que tomaban algunos planteamientos marxistas de
Zuleta
y les daban un
desarrollo. De resto, los estudios más extensos y sistemáticos que se han
realizado
tratan sobre
asuntos pedagógicos, magisteriales y estéticos.
20
Tabla 2
Algunos estudios
sobre la obra de Zuleta
Trabajos de grado o
tesis recientes sobre Algunos trabajos
sobre el marxismo en
Estanislao Zuleta Estanislao Zuleta
Aproximación a los
Conceptos Políticos y El Filosofar De Estanislao Zuleta y el
Educativos de
Estanislao Zuleta y su lectura Marxismo.
Pablo Guadarrama. Año: 2017.
en contexto
colombiano. Monografía de
Luis Fernando
Abello. Año: 2018. Entre Marx y Zuleta:
Pausa, Crisis y
Revolución. Boris
Salazar. Año: 2010.
Aportes de
Estanislao Zuleta a la educación
colombiana: ideario
para una contraescuela. Estanislao Zuleta o la voluntad de Trabajo de grado presentado para optar
al título comprender. Alberto
Valencia. Año: 2005.
de Magíster en
docencia. Sandra Yamile
Lozano, Diana
Carolina Castellanos, Wilson Jair
Hernández García.
Año: 2017
La Educación sin
disciplina a partir de
Estanislao Zuleta.
Monografía de Carlos
Javier Martínez
Díaz. Año: 2007.
Fuente: Elaboración
propia.
En lo referente a
los trabajos que abordan el marxismo en Zuleta que son los que me interesan,
encuentro en
Guadarrama (2017), su escrito El Filosofar De Estanislao Zuleta y el Marxismo,
que
21
hace un recuento
sobre algunos punto claves del marxismo en Zuleta, en los que van desde la
fuerza
epistemológica que se refrenda con algunos aportes del autor colombiano, lo que
lleva a
que Guadarrama
afirme que Zuleta apropio el núcleo duro de la teoría marxista (p.320) que
tiene
que ver con el
dominio de conceptos y planteamientos de la economía política. Lo cual refrenda
una continuidad de
Zuleta con Marx en lo relativo al materialismo, pero precisa también
Guadarrama que
Zuleta hizo contundentes replicas a Marx. Cuestionando que en ocasiones tuvo
un coqueteo
evolucionista con dicho materialismo que llevaba a inducirlo en miradas
teleológicas.
Zuleta le atribuía
al materialismo histórico una dimensión y posibilidades favorecedoras de
una comprensión
científica de la sociedad cualitativamente superior a todas las formas
anteriores de
materialismo, ante todo porque se sustentaba en el análisis del papel de la
división social del
trabajo (Zuleta, 1972, p.51) Sin embargo, le atribuye a Marx una
limitada
interpretación teleológica de la historia al analizar [algunas de sus tesis
sobre
estudios de las
formas sociales pretéritas al capitalismo] (Guadarrama, 2017, p.326).
La anterior mirada
es bastante fiel a lo que era la postura intelectual de Zuleta y a su forma de
posicionarse frente
al marxismo y ante cualquier teoría o pensador, una postura que penetra en las
ideas pero que no
titubea a la hora de señalar inconsistencias6. Y entre estas cercanías y
distanciamientos
que reconoce Guadarrama entre Marx yZuleta hayun aspecto que llama bastante
la atención, y que
en aras de lo que me propongo investigar en Zuleta es relevante. Algo que es
6 Su postura ante
el marxismo como concepción del mundo, como método, pero también su componente
ideológico, lo aproximan a aquellos heterodoxos que se apropiaron a esta teoría
no para construirle un altar, sino para utilizarla en todo lo valioso posible,
pero a la vez para desarrollarla en circunstancias nuevas que el pensador de
Tréveris jamás imaginó (Guadarrama, 2017, p.338).
22
hallazgo de este
recorrido por autores que han trabajado la obra de Zuleta, que como Alberto
Valencia o Damián
Pachón no otorgan la debida autonomía relativa al marxismo y se lo deja a
merced de la
interpretación que hizo Zuleta. El problema de estos autores es similar en
cuanto
toman el marxismo
en Zuleta bajo la exclusiva interpretación que éste hace de aquel saber, sin
dar
voz al marxismo
mismo y sin recrear los contextos históricos en que surgieron muchos de sus
planteamientos. En
plata blanca, dan cuenta de su ausencia de formación marxista, lo cual los
limita en muchos
aspectos. Por ejemplo Damián Pachón se queda en el plano descriptivo al
comentar que:
Zuleta criticó en
muchos aspectos al marxismo, por ejemplo, consideró que Marx idealizó
el proletariado,
despreció la pequeño-burguesía, dio demasiada importancia a la economía
sobre la ideología
(aunque sostuvo que en Marx no hubo economicismo); Zuleta no
compartía el
concepto de alienación como lo concibió Marx, así como el asunto de la toma
del poder, la
negación del conflicto y la propuesta de abolición del Estado. Además
consideró que si
bien Marx tuvo razón en criticar la formalidad de los derechos, su
concepción de los
derechos humanos no fue del todo correcta, pues aún en el comunismo
estos serían
necesarios (Guadarrama, 2017, p.312).
También Alberto
Valencia sostiene una idea similar7, pero frente a la ausencia de discusión
entre
elementos propios
de la teoría marxista y la interpretación que de estos hace Zuleta, resalta la
figura de Pablo
Guadarrama, quien, contando él sí, con una formación marxista que se evidencia
7 Zuleta fue toda
su vida un hombre de izquierda, y la tradición de la democracia política, como
bien sabemos, no hace parte necesariamente de la tradición de la izquierda
(Valencia, 2005, p.23).
23
en los comentarios
y contrastes analíticos que propone, tiene elementos de peso para establecer un
diálogo más fecundo
entre Zuleta y el marxismo y no quedarse en una mera descripción de esta
relación como hacen
otros autores. De tal manera que la postura de Guadarrama le permite
comprender
yentender el marxismo en Zuleta ya en el espectro teórico del propio
marxismo,donde
las
interpretaciones de Zuleta no son tomadas a priori como válidas sino que entran
en polémica
con otras, donde
Marx y Engels tienen voz a partir de los ejemplos y las construcciones que
Guadarrama trae a
colación, ateniéndose a los conceptos y a los contextos socio-históricos en que
surgieron junto con
las discusiones que desataron. Lo que trae como resultados otras
consideraciones,
otras conclusiones y el marxismo no queda sesgado.
A raíz de todo
esto, por ejemplo, a diferencia de otros intérpretes de Zuleta, Guadarrama es
de
esos pocos que ha
puesto en cuestión las aseveraciones de Zuleta de que “la democracia no hace
parte de la
tradición del marxismo”, o “que el pensamiento de Marx, no es propiamente un
pensamiento
democrático”, precisamente un autor que se ha movido entre los textos de Marx,
no
puede aceptar esto
debuenas aprimeras ycon ejemplos yexpresiones directas deMarx ydeEngels
rebate a Zuleta y
lo desmiente con fundamento.
En verdad, Marx y
Engels no consideraron ni a la democracia ni a los derechos humanos
como algo
absolutamente rechazable entre las conquistas de la modernidad, por lo que, en
verdad, se
plantearon la necesidad de una relación más equitativa, de ahí que expresasen
que: “el primer
paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado al Poder, la
conquista de la
democracia” (Manifiesto del Partido Comunista). Lo que nos podría
24
conducir a
cuestionarnos la plena validez de las ideas de Zuleta al respecto […] Otra
cuestión son las
experiencias de la democracia y los derechos humanos en el
autodenominado
“socialismo real”; pero las pretensiones de ambos pensadores eran
profundamente
democráticas, pues aspiraban a ofrecerle mejoras formas de participación a
los sectores
populares y en especial a los sectores populares en el ejercicio del poder
político y
económico (Guadarrama, 2017, p.333).
Sin pretender
saldar aquí tan candente discusión, pues las afirmaciones de Guadarrama también
son objetables, lo
que si queda claro es que en el tratamiento del marxismo en Zuleta, se exige el
dialogo mismo con
el marxismo para tener una interpretación más objetiva sobre lo que planteaba
Zuleta, de tal
manera que la pregunta que ha sido formulada en este trabajo sobre la
articulación
de las fuentes
integrantes del marxismo se justifica aún más para este abordaje que propongo.
Así
se podrá concebir
en este estudio que en algunos casos la posición o la interpretación de Zuleta
ante la obrade Marx
es la insuficiente o la errada por completo. Pero este tipo de contrastes
críticos
sólo pueden ser
emprendidos con un conocimiento fehaciente del marxismo y con el manejo de
sus conceptos en
propiedad, por tanto esta investigación se compromete a pasar página por las
fuentes integrantes
del marxismo para dejar constancia del dialogo entre escenarios. Otro tipo de
visiones no podrán
pasar de la mera descripción, una que por cierto siempre estará falta de
objetividad,
sesgada y errada.
En Salazar (2010)
su artículo Entre Marx y Zuleta: Pausa, Crisis y Revolución, nos presenta una
interpretación muy
original sobre el concepto de pausa en Zuleta que, en cruce con Marx, y con
25
otros autores
contemporáneos como Slavoj Žižek y Kojin Karatini encuentra resonancias y
puntos
de encuentro entre
los estudios de estos autores8.
El problema es el
papel de la pausa en el pensamiento de Zuleta y en los desarrollos
contemporáneos del
pensamiento marxista. Los textos son de Zuleta y de Kojin Karatani y
Slavoj Žižek –dos
autores que, sospecho, Zuleta nunca alcanzó a leer (Salazar, 2010, p.46).
Un cruce que
permite ver el alcance de los análisis de Zuleta en el marxismo, en este caso
el autor
se propone, desde
el concepto de pausa, desarrollar algunos puntos del estudio de Zuleta sobre el
primer capítulo del
Capital de Marx. Hace notar Salazar que hay un aspecto de Zuleta en sus
análisis sobre El
Capital que percibió en lo correspondiente a la reproducción del capitalismo,
un
punto de
intersección entre la producción y la circulación de mercancías donde se sitúa
una pausa,
un momento en el
que pueden presentarse situaciones inéditas que no pueden codificarse, no
pueden encasillarse
en unos paradigmas estáticos e inmóviles. Mirada que luego entroniza con la
manera que se
piensa las posibilidades de crisis en el capitalismo y de revolución social.
8 Vale la pena
reseñar la mirada que este autor hace de su lectura a destiempo de Zuleta Un
lector que lee, con atención y con sorpresa, lo que Zuleta escribió y lo que
otros, con esfuerzo y generosidad, han transcrito y reescrito a partir de sus
charlas públicas. Un lector antiguo y tardío, al mismo tiempo. Que lo leyó en
versiones mimeografiadas de textos casi clandestinos que iluminaban las
relaciones entre las formas del valor, la revolución y la organización
revolucionaria. O en la primera edición de Thomas Mann, la montaña mágica y la
llanura prosaica. Y que lo lee ahora, en el presente elusivo de la lectura, en
nuevas viejas versiones ahora fotocopiadas, y en nuevas ediciones de su
creciente trabajo de pensador en público. Un lector, en fin, que lee a
destiempo, y que en ese destiempo encontró que el concepto de pausa de Zuleta
permitía pensar, desde una perspectiva distinta, los problemas pasados de moda
de la revolución, la crisis y la reproducción del capitalismo (Salazar, 2010,
p.46).
26
Me refiero al
concepto de pausa y a sus implicaciones para las teorías del capitalismo, la
revolución, y la
lectura. No se trata de un concepto suelto, ni de un extraño destello en un
cielo por demás
despejado. Es un concepto que abre varias puertas y conecta varias
dimensiones. Parte
de la lectura de la forma valor, atraviesa la interpretación de la lógica
del capital y
termina en la teoría de la posibilidad de la revolución. [Zuleta] Piensa a Marx
desde Marx, pero
difiere del Marx convencional al mostrar que el tiempo de la revolución
política no es
idéntico al de la destrucción del capitalismo, y que la lucha por infringir la
lógica del capital
no cesa en ningún momento, porque el único límite para la reproducción
del capital es el
capital mismo (Salazar, 2010, p.47).
Aclaración
importante, pero, creo que habría que demostrar si eso no estaba prevenido en
Marx de
cierta manera, yo
por ejemplo ya pienso en un texto concretamente; el Prólogo de la Contribución
a la Crítica de la
Economía Política, donde Marx diferencia los tiempos de la revolución.
Cuando se estudian
esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre los cambios
materiales
ocurridos en las condiciones económicas de producción yque pueden apreciarse
con la exactitud
propia de las ciencias naturales, ylas formas jurídicas, políticas, religiosas,
artísticas o
filosóficas, en una palabra las formas ideológicas en que los hombres adquieren
conciencia de este
conflicto y luchan por resolverlo (Marx, 1973, p.518).
Sin embargo en lo
que concierne a Zuleta, me parece muyplausible la mirada que propone Salazar,
porque en efecto,
en Zuleta pueden identificarse esos cuidados de detalle al no hacer
equivalentes
la toma del poder y
la construcción del socialismo, punto que lo hacía diferir de otras
27
interpretaciones
marxistas que a su juicio caían en muchos mecanicismos al llevar sus análisis
marxistas a unos
economicismos que consideraban la muerte del capitalismo como algo
garantizado por la
ocupación del poder estatal por parte de la clase obrera. Pero además de la
estreches de miras
que dicha posición tenía en términos teóricos, fue una posición que fue llevada
a la práctica y no
tuvo ningún tipo de autocuestionamiento en la experiencia de los socialismos
reales como en la
Unión Soviética. Donde no se dio en ningún caso la destrucción del capitalismo
ni se subvirtió la
lógica de su reproducción. Más allá de las razones y las explicaciones
históricas
que permitan
entender porque no se dieron tales transformaciones, la realidad fue esa y
ratifica el
punto que
acertadamente diferenciaba Zuleta entre toma del poder y construcción del
socialismo,
y que sintetiza de
manera muy acertada el autor Boris Salazar con el concepto de pausa. Por eso
como sugestivamente
afirma éste autor, el concepto de pausa en Zuleta “Es un descubrimiento
con consecuencias
para la filosofía de la revolución y para el estudio del capital” (Salazar,
2010,
p.47). Por lo que
Zuleta no es un mero repetidor de Marx, sino que tiene desarrollos y aportes
propios. Recuerda
Salazar la definición que tiene Zuleta sobre el concepto de Pausa:
La mercancía es una
interrupción particular de ese proceso, un momento en el que el
resultado de la
producción se presenta como destinado al cambio, se compara con otros
objetos o se
distribuye en términos de propiedad, es una pausa. Lo que interesa es que el
producto esté
destinado a pasar por esa pausa antes de caer en el consumo donde
probablemente ya no
es mercancía. (Zuleta, 36) (48)
28
Es decir un momento
de interrupción dentro de la reproducción del capitalismo, pero esa pausa es
crucial, porque es
donde se juega el desarrollo de todo el sistema y, por tanto, la existencia del
capitalismo. Como
interesantemente lo analiza Salazar (2010),
Lapausa es,
entonces, el momento detodo lo posible. Pero no es un momento único. Ocurre
en cualquier punto
del sistema capitalista yen todos sus puntos al tiempo. Puede o no puede
producir reacciones
en cadena. Puede generar flujos de cooperación que conducen a
periodos de extrema
riqueza o a una crisis global del sistema y a su posterior reconversión
(p.49)
Interesante, más
allá de que el capitalismo es un sistema que ha garantizado su existencia por
un
buen tiempo, no
deja de ser un sistema abierto a las contingencias ya cierto azar para su
desarrollo.
De hecho, la
esencia del capitalismo tiene que ver con eso, con la incertidumbre del mercado
que
no lo gobierna
ningún capitalista en particular. Por ello es que el capitalismo ha entrado en
crisis
cíclicas y no puede
controlar el peligro de caer en las mismas. Es por ello, que en el audaz
análisis
que hace Zuleta
sobre la pausa comenta que es:
Ese momento [que]
es una cantidad de momentos. El carácter de mercancía se debe pensar
como pausa y no
como cosa. Momentos que son muchos y, sin embargo, cualquiera de
ellos decide la
historia futura y pasada: retrospectivamente, si se realiza como mercancía
en un cambio, si el
trabajo era productivo y si se va a producir algo. En la pausa de la
mercancía se
relaciona con otra, el oro, y a través del oro con muchas otras, como sus
equivalentes, se
piensan sus relaciones (Salazar, 2010, p.49).
29
Para finalizar con
los trabajos versados sobre el marxismo en Zuleta, debe considerarse el libro
de
Alberto Valencia
(2005) Estanislao Zuleta o la voluntad de comprender. Si bien este libro no se
propone un estudio
meticuloso y sistemático que desarrolle los puntos álgidos de las ideas
marxistas que
desarrolla Zuleta, su texto tiene un interesante ensayo llamado Un Intelectual
del
siglo XX, en cual
Valencia reconoce que Zuleta fue un anticapitalista radical y que su trasfondo
sociológico tiene
que ver con su crítica al capitalismo, además que la peculiaridad del marxismo
que Zuleta apropio
tuvo que ver con el hecho de que lo llevo a proponer una cultura alternativa a
la civilización
capitalista. “La crítica más importante se dirige al efecto que el capitalismo
tiene
sobre el desarrollo
de las posibilidades humanas” (Valencia, 2005, pp.22-23).
Como bien anota
Valencia, en Zuleta se acentúa la crítica sobre los efectos que la civilización
capitalista ejerce
sobre la vida cotidiana. Al estudio del proceso económico en el capitalismo se
le
articula una
dimensión socio-cultural que pone presente los efectos que dicho sistema tiene
sobre
los aspectos más
diversos de la vida. Sin embargo, en Zuleta no sólo hubo esta crítica cultural,
sino
también estructural
a las sociedades capitalistas. Pero para poder apreciar la magnitud de esos
análisis en Zuleta
se necesita de una formación en aspectos del marxismo en las que Valencia no
da cuenta en sus
afirmaciones, por ejemplo, al decir que:
El pensamiento de
Marx, del cual se reclamaba Zuleta, no es por lo demás un pensamiento
democrático; por el
contrario, en él se sustenta la necesidad de una dictadura del
30
proletariado para
imponer, por la fuerza del uso del poder, los criterios de una nueva
sociedad (Valencia,
2005, p.23).
¿Y qué es dictadura
del proletariado?, ¿qué es la clase social?, ¿cuál es la matriz de poder que
configura el
dominio de la clase dominante?, ¿se sabe, sí acaso es posible hacer cambios
estructurales en el
modo de producción sin que la clase dominante reaccione violentamente? Me
parece que se hace
un juicio abstracto sobre Marx donde no se concibe el problema sustancial de
la lucha de clases,
el antagonismo constituyente de las sociedades modernas. Es una crítica fallida
al marxismo pues se
hace a expensas de su constitución teórica. Como sucede cuando Valencia
habla de la URSS,
rechazando su experiencia por fuera de su historia concreta.
Lo que hace
discutible algunas aseveraciones de Valencia sobre la apropiación del marxismo
en
Zuleta, pues al no
poner presente elementos propios de la teoría marxista se limita en muchos
aspectos para
exponer con propiedad las posiciones del pensador colombiano. Hay mucha
reflexión desde
Marx, y herederos de su legado abordan cuestiones neurálgicas. De Zuleta no
cabe
duda de la
apropiación que logra sobre Marx, pero cualquier interpretación de su obra en
tanto
quiera moverse con
objetividad está obligada a una asimilación de aquellos saberes con los que
trabajaba Zuleta.
De la misma manera
que anotaba con Guadarrama por sus aportes para orientar un abordaje de
Zuleta que le diera
lugaral marxismo en sus propias elaboraciones, reafirmo ese camino de indagar
por la vía de las
fuentes integrantes. Y aunque discrepo específicamente de estas consideraciones
31
de Valencia sobre
el marxismo, me parece que son muy acertadas otras miradas que propone sobre
la posición de
Zuleta frente al conocimiento, en la filosofía y el arte:
La presencia
simultánea en tan diversos campos es un indicativo de que su pensamiento
está atravesado por
“un ideal de inteligibilidad de todas las formas y expresiones del
comportamiento
humano, sin discriminación alguna”. Nada puede escapar a las exigencias
de este ideal o ser
declarado “irracional” o carente de sentido (Valencia, 2005, p.24).
Un fragmento que
por demás refrenda la importancia de las fuentes integrantes del marxismo, pues
ellas son puntos
necesarios para conocer y explicar la realidad humana y social, de esto se
desprende
indefectiblemente la importancia del psicoanálisis. Sin él y sus aportes lo
humano y su
tratamiento queda
fragmentado e incompleto. En esta vía se hace pertinente la aguda pregunta que
Valencia se
plantea:
No obstante, la
heterogeneidad de las orientaciones intelectuales de Zuleta plantea al
investigador de las
características de su pensamiento una pregunta fundamental: ¿la
presencia
simultánea en tan diversas disciplinas tiene una justificación por sí misma, o
detrás de sus
múltiples intereses existe un campo fundamental de trabajo, una pregunta
fundadora que da
unidad a todo el conjunto? (Valencia, 2005, p.25).
32
Con esto que nos
comenta Valencia se hace necesario insistir que el marxismo en Zuleta es uno
entre otros
saberes, no el único, y mucho menos el que subsumía a los demás. Ahora bien, el
marxismo sí es un
saber que es en sí mismo articulador, él surgió como un pensamiento que
englobabaotras
áreas del conocimiento: la filosofía, la ciencia yla política. Deahí queel
marxismo
le ofreciera a
Zuleta unas ventajas analíticas para generar articulaciones con otros saberes,
problemáticas y
situaciones humanas. Y en esos diálogos de saberes, según lo que conocía Zuleta
con otros
pensadores o teorías llegó a cuestionar y a corregir al marxismo en diferentes
aspectos,
es por eso que,
aunque en Zuleta el marxismo articulaba no apabulla a otros conocimientos.
33
Primera parte
1. El devenir de
las fuentes integrantes del marxismo
Vladimir Lenin el
principal dirigente de la Revolución rusa, escribía para 1913 con su particular
tono divulgativo un
breve folleto donde resumía los elementos estructurantes que cimientan al
marxismo. En el
escrito Las tres fuentes y las tres partes integrantes del marxismo, Lenin
recuerda
sintéticamente la
trayectoria intelectual que tanto Marx como Engels vivieron conjuntamente a
partir de los años
cuarenta del siglo XIX en Europa: sus referentes teóricos, las discusiones y
las
polémicas
desatadas, como algunas correcciones y descubrimientos científicos que fueron
construyendo el
edificio teórico del marxismo.
El marxismo brota
de las entrañas de la filosofía clásica alemana, la economía política inglesa y
el
socialismo francés,
tres corrientes intelectuales a su vez situadas en tres contextos particulares,
donde el pensador
alemán hubo de residir en algún momento de su vida. Pero al nombrar estas
fuentes, habría de
insistirse en el modo en que son expuestas por Lenin, tales fuentes son una
adquisición y
suponen en el marxismo una continuación de las mismas.
[…] El marxismo no
tiene nada que se parezca al “sectarismo”, en el sentido de doctrina
encerrada en sí
misma, rígida, surgida al margen del camino real del desarrollo de la
civilización
mundial. Al contrario, el genio de Marx estriba, precisamente, en haber dado
solución a los
problemas planteados antes por el pensamiento avanzado de la humanidad.
34
Su doctrina
apareció como continuación directa e inmediata de las doctrinas de las más
grandes figuras de
la filosofía, la economía política, y el socialismo (Lenin, 1977, p.5).
No es, que
entonces, el marxismo constituya una filosofía propia, una ciencia económica
propia y
una política
propia. Más bien, lo propio del marxismo será que integra a las tres, en el
sentido de
articular y no de
sumar o acumular. Por lo tanto, como consecuencia de dicha articulación,
también, el
marxismo provoca una revolución en el pensamiento que impacta a las fuentes y
estas,
después de Marx, no
quedan inmunes, como nos lo recuerda Lincopi (2017) interpretando a
Bolívar Echeverría:
El pensamiento de
Marx y de sus discípulos, en efecto, abre, interroga, problematiza,
cuestiona, toda una
época (la modernidad capitalista) y, frente a esas interrogantes es que
todo el pensamiento
moderno ha tenido que definir, orientar, diseñar, una posición ante ese
genio crítico de la
modernidad [...] toda la época se ha visto obligada a tener como
interlocutor a
Marx, sea como “marxista” o como “anti-marxista” (p. 2).
Las fuentes pues,
no son una creación particular según unos intereses previamente existentes en
Marx y Engels,
sino, un resultado y una necesidad que se les fue haciendo evidente, de ahí en
más
la mirada para cada
fuente, se transforma a sí misma, como lo ejemplifica Lenin, concerniente a
la discusión
filosófica sobre el materialismo.
Pero Marx no se
paró en el materialismo del siglo XVIII, sino que llevó más lejos la
filosofía. La
enriqueció con adquisiciones de la filosofía clásica alemana, sobre todo el
35
sistema de Hegel,
que, a su vez, había conducido al materialismo de Feuerbach. La
principal de estas
adquisiciones es la dialéctica, o sea, la doctrina del desarrollo en su forma
más completa, más
profunda y más exenta de unilateralidad, la doctrina de la relatividad
del conocimiento
humano, que nos da un reflejo de la materia en constante desarrollo
(Lenin, 1977, p.7).
Ni Marx, ni ningún
otro pensador crítico en el seno del marxismo, han construido sus obras
teniendo desde el
inicio un plan definitivo que trazará todo el proceso de conocimiento, algo así
como dibujar el
mapa de un terreno que nunca ha sido explorado y estableciendo el paso a paso
frente a un camino
que es desconocido. Si hay un problema al que Marx le dedica atención en sus
investigaciones, es
al punto de partida del conocimiento y lo mejor que se le heredó de la
reflexión
epistemológica,
reiteran en este aspecto ¿por dónde comenzar? tanto en la fase investigativa
como
en el momento de
exponer resultados.
Aquí la enseñanza
es deudora de Hegel, todo aquello que brote como argumento para dar cuenta
de cualquier
fenómeno es algo que dimana del objeto mismo, es decir: es algo que se impone
por
su necesidad, algo
sin lo cual es inexplicable, yque el objeto exige paraser pensado, de lo
contrario
se corre el riesgo
de caer en a prioris arbitrarios adjudicando al objeto propiedades que no
contiene.
Por más que Marx
haya experimentado una ruptura con Hegel esta enseñanza fue una brújula en
su vida, al
pensador de Tréveris lo veremos siempre lanzado a la descomposición del objeto
que
estudia, no se
aferra a métodos dados, sino que mantiene el contraste entre referencias de
pensamiento y el
desenvolvimiento real del objeto que analiza.
36
Lo que es supuesto
debe ser de tal manera que se imponga por su necesidad.
Filosóficamente no
podemos invocar representaciones y tomar como punto de partida
principios que no
sean resultado de una elaboración antecedente. Los supuestos deben
poseer una
necesidad probada y demostrada. En filosofía no debe ser aceptado nada que no
posea el carácter
de necesidad, lo que equivale a decir que aquí todo debe tener el valor de
un resultado
(Hegel, 2002, p.14).
Pues bien, las
fuentes del marxismo brotan por su necesidad, les son inherentes a la
problemática
humana, histórica y
sociopolítica que atiende. Son éstas ineludibles, pero valga aquí tener otros
cuidados, nada
secundarios. Tales fuentes se hacen exigentes porque fueron tratadas en su
inmanencia, en la
anatomía de sus ideas, en el contenido mismo que las constituye, por tanto,
toda
fuente implica un
momento de apropiación, la formación fue y será ineludible. De un lado para
descubrir la
existencia de las fuentes y de otro, para develar en ellas los puntos nodales
de su
articulación con
las demás fuentes.
Ahorrarse el
momento de apropiación sobre la fuente, produce el mismo error que un a priori
arbitrario, sesgar
el contenido y el proceso de conocimiento, limitándolo en sus alcances. Decir
filosofía, economía
política, o socialismo son frases hueras, cuando en ellas no se nombra la
sustancia que las
compone. Para hacerla integrante y articulable la fuente exige ser apropiada no
simplemente
reconocida en la superficie.
Por eso, frente a
las fuentes también se pone en juego lo concerniente a la totalidad, en el
sentido
de perspectiva y de
tratamiento. En la mirada de conjunto y en el cuidado del detalle, ninguna
37
fuente es un
elemento aislado sin un peso específico, cada cual, ocupa un lugar y ejerce un
sentido
en el conjunto de
la totalidad. Por tanto, si una de las fuentes se excluye o no se hace
presente, el
sentido de conjunto
se modifica, cambiará porque operará una interrelación distinta entrelas partes
integrantes.
1.1. El caso de
Marx
Precisamente si se
quiere tener un ejemplo fehaciente del descubrimiento, apropiación y
elaboración de las
fuentes se tiene la historia intelectual de Marx para apreciar la manera en
cómo
a lo largo de su
vida, desde muy joven, fue asimilando las teorías de su época, discutiendo con
ellas
yelaborándolas e incorporarlas en sus análisis. Todo lo cual, nos evidencia que
lejos de haber
sido algo
premeditado que cumplía con el plan teórico de Marx, más bien, la adquisición
de las
fuentes, como la
nombra Lenin, fueron un descubrimiento, un punto de llegada, el resultado de un
proceso de
apropiación frente a las temáticas que las fuentes teóricas proponen. No se
llegó, de
facto, a las
fuentes, éstas se volvieron el manantial del marxismo luego de haberse cruzado
con
ellas por aguas
turbias y sinuosas.
De hecho, la manera
en cómo se llegan a las fuentes, tal y como veremos en el caso de Marx, es
determinante para
su desarrollo. Desde lo que percibirá el materialismo histórico, el error de
economistas,
filósofos y algunos lanzados a la lucha política, consiste en el material con
el que
llegan a las
fuentes a elaborar sus ideas. Ese material, un contenido presente en el tipo de
preguntas
que se plantean,
como son formuladas y las concepciones sobre la realidad humana que, por
ejemplificar;
llevaba a algunos hablar de historia por fuera de la historia, o de la sociedad
a partir
38
de situaciones que
ignoraban totalmente las relaciones entre individuos, etc., son una serie de
preconcepciones
teóricas de las que el mismo Marx no fue ajeno a sucumbir en ocasiones, pero
quien tuvo la
lucidez y la capacidad de superar.
En el caso de Marx
el punto de arranque de las fuentes se remonta a la filosofía clásica alemana,
esta era la que
configuraba el aparato epistemológico de la época, teniendo como principal
referente el
sistema filosófico hegeliano. Diversos pensadores se adscriben a tal sistema y
la
observación de los
hechos políticos, la crítica social y algunos análisis históricos tenían como
matriz el
pensamiento de Hegel. Entre estos se cuentan Arnold Ruge, Bruno Bauer y hasta
Proudhon, por
nombrar a aquellos con los que se elaboraron las discusiones más candentes.
Entablando relación
personal con algunos, compartiendo incluso proyectos intelectuales con otros,
estos neohegelianos
estuvieron muy de cerca en las posturas iniciales de Marx y particularmente
en el desarrollo
que éste haría de Hegel.
1.2. Hegel: La
totalidad como golpe de vista lógico
De la relación de
Marx con Hegel, de la apropiación que hizo éste de aquel, conveniente decir
algunas cosas, y no
por hacer una mero recorrido cronológico de los autores precedentes a Marx,
sino porque en el
tratamiento de la fuente filosófica el filósofo alemán es imprescindible, es
con
su obra, con sus
postulados epistemológicos y los conceptos que de ésta se desprenden que el
marxismo va
cobrando forma; dialéctica, materia, razón, abstracción, totalidad y estructura
son,
por nombrar
algunos, términos que encontraremos en la obra Marx y Engels, donde si bien
adquieren nuevos
sentidos, el asunto a demostrar es porqué se llegaron a esas nuevas
definiciones,
39
lo fácil es
tomarlos como conceptos ya dotados de un significado marxista, ignorando que su
sentido es también
el fruto de una polémica, especialmente de la lectura que hizo Marx de la obra
de Hegel. Dar
cuenta de esta disputa, -y esto es dar voz a las partes que se confrontan, no
dando
predominancia sólo
a una de ellas-, es más fructífero que tomar de entrada una posición a favor o
en contra de uno o
del otro pensador.
Además, porque
craza incoherencia abordar el problema de la fuentes del marxismo en Estanislao
Zuleta de forma
antizuletiana, si bien éste no hablo estrictamente de las fuentes, ni en sus
textos
haya una referencia
a dicha matriz para pensar el propio marxismo, lo que sí es muy claro en él es
que la discusión
que realizaba entre los autores y sus obras siempre tuvo la amplitud y los
desarrollos
necesarios contando con los elementos inherentes de las teorías en cuestión,
así trataba
de evitar a toda
costa las posturas axiomáticas que hasta en las formas más sofisticadas del
conocimiento
encubren dogmatismos.
La relación de
estos dos titanes del pensamiento es más compleja de lo que se cree a veces, ni
se
agota en los
vulgares rechazos de un empirismo que desprecia de facto todo lo proveniente de
la
filosofía,
tachándola en bloque de pura especulación, entre esto al propio Hegel. Como
tampoco,
el asunto se
resuelve situando en Marx una continuación armoniosa del sistema filosófico
hegeliano, en
efecto hay rupturas y discontinuidades respecto a Hegel, pero sólo por llamar
la
atención habría que
sospechar de la manera tan particular en que Marx se fue distanciando de la
filosofía alemana y
como iba incorporando en su obra los nuevos terrenos de conocimiento que
iba allanando. Así,
veremos que la totalidad como el golpe de vista lógico de Hegel es una arteria
del marxismo,
insuficientemente tratado por el propio Hegel, pero sobre todo por sus
herederos,
40
quienes aún con la
buena voluntad de hacer una defensa a la obra de su maestro, muy por el
contrario
reprodujeron errores que echaban por la borda lo que de acertado podía tener el
pensamiento de
Hegel. Es precisamente Marx el que debe salirle al paso en su momento a
Proudhon para
aclararle algunas nociones de la dialéctica hegeliana que el francés
desconocía,
justamente en un
texto donde era muy duro con la filosofía, Marx en cierta medida también la
defendía de sus
propios discípulos9, eran ellos quienes la malversaron, en este caso un
Proudhon
que:
En Francia puede
permitirse ser mal economista, porque pasa por ser un buen filósofo
alemán. En Alemania
puede ser mal filósofo, porque pasa por ser entre los economistas
franceses uno de
los más superiores. En nuestra calidad de alemán y economista a la vez,
hemos querido
protestar contra este doble error (Marx, 1999, p. 47).
La totalidad como
golpe de vista lógico, podríamos decir que plantea un punto muy acertado que
tenía Hegel
concerniente a una forma de conocimiento que inaugura caminos inéditos para la
formación de un
pensamiento lógico. Al punto de que sorprende como uno de los pensadores más
preocupados por la
objetividad y la demostración haya sido tachado de abstracto e idealista, como
en efecto lo fue en
algunos aspectos, pero digo sorprende porque en las intenciones del propio
Hegel hay muestras
de su confrontación contra lo que él criticaba como un pensamiento abstracto.
9 Pero está será
también la historia de Ruge y de Bauer, quienes fueron objeto de la implacable
crítica de Marx. Sin embargo: (...) los hegelianos no eran Hegel; los
discípulos podían ser modelo de ignorancia, pero el maestro figuraba entre las
cabezas más claras y profundas de la humanidad. Había en su pensamiento un
rasgo de sentido histórico que le diferenciaba de todos los demás filósofos y
le había permitido formarse una concepción grandiosa de la historia, aunque
fuese bajo forma puramente idealista, una forma que lo veía todo, por decirlo
así, como reflejado en un espejo cóncavo, representándose la historia del mundo
como una especie de experimento práctico, realizado para contrastar los
progresos de la idea (Mehring, 1971, p.140).
41
De manera muy
concreta demostraba como tal pensamiento servía de base y operaba a la vez en
el sentido común,
la emergencia de prejuicios y de opiniones inmediatas provienen de una forma
de pensar en la que
se atienden los fenómenos de manera fragmentaria, e instalando en una
cualidad del mismo
su sentido último y su razón de ser, sin ofrecer un análisis que se desplieguen
en conexión con
otros elementos, con otras partes que configuran el problema que se trata. No
abordar los objetos
en su totalidad apelando a una sola causa para explicarlo es lo que Hegel
denuncia como un
pensamiento abstracto.
Siguiendo con el
ejemplo que nos propone Hegel en su ¿Quién piensa abstractamente? donde la
existencia de un
asesino es condenada a priori, nos dice que pensar abstractamente significa:
“no
ver en el asesino
más que esto abstracto, que es un asesino, y mediante esta simple propiedad
anular en él todo
remanente de la esencia humana” (Macedo y del Rosario Acosta, 2007, p.154)
Aquí se sorprende
el empirista, quien desde su férreo realismo suele creer que Hegel no es más
que un compinche de
las ideas surgidas en la mente abstracta. Más esfuerzo “mental” -si los hechos
se lo permiten-
deberá hacer nuestro empirista para que nos logre explicar cómo se da el
supuesto
idealismo en el
pensamiento de Hegel.
De ahí que, Hegel
despertara una sensibilidad histórica y se reclamará en su pensamiento un
análisis desde la
totalidad con miras hacia una objetividad. Los acontecimientos humanos no
brotan de la nada,
estos tienen unas determinaciones históricas y sociales que implican su
reconocimiento para
dar cuenta fehaciente del fenómeno que se analiza. Hasta el delincuente más
peligroso es el
resultado de estas determinaciones, de ahí que, aunque el sentido común lo
juzgue
en la inmediatez de
su abstracción como un vil asesino, tal opinión será insuficiente en la medida
42
en que no vea más
que a un asesino yagote en esta definición la existencia y el ser de tal
individuo.
Este sujeto, al
igual que un fenómeno de índole social y política, sobrepasa la mera apariencia
que
se presenta ante
nuestros ojos, no reconocer sus determinaciones y el tejido de relaciones que
lo
componen es una
manera de des-conocerlo.
Sumado a esto,
Andrej Kojéve en sus estudios sobre la Fenomenología del espíritu de Hegel,
recuerda algo que
quedó como huella en la manera de Marx al tratar las fuentes integrantes
(Filosofía,
socialismo y economía) esto es, como momentos de verdad, ninguna de ellas
aisladamente puede
expresar toda la verdad, pues no son más que momentos y representan una
partenecesariadela
totalidad. “La fenomenología consideratodas las actitudes filosóficas posibles
en tanto que
actitudes exigenciales. Mas cada una no descansa sino sobre una única
“posibilidad”.
Cada una es por
tanto falsa si quiere expresar toda la verdad. Es verdadera en tanto que
“momento”
de la filosofía
absoluta” (Kojéve, 2006, p.40).
También Kojéve
reitera en que la totalidad de lo pensable se da a partir de su circularidad,
lo cual
coincide con el
inolvidable retorno al punto de partida, un movimiento del pensamiento en el
que
Marx insiste en
diferentes apartados de sus obras, por ejemplo, el constante retorno a la
mercancía
para con ello
abordar desde diversos frentes la teoría del valor, esta indagación se reitera
en su
obra El Capital.
El sistema debe ser
circular; solamente entonces es necesario y completo. La circularidad
es en consecuencia
el criterio de la verdad (absoluta) de la filosofía. Es en efecto el único
criterio
(inmanente) posible de la verdad en el monismo idealista (y tal vez en
general). Se
43
ha demostrado que
una filosofía implica la totalidad de lo pensable (es decir, que es
verdadera
absolutamente) cuando se ha demostrado que no se puede superar, sin volver al
punto de partida,
el punto de vista en el cual termina necesariamente el desarrollo lógico
del sistema (que
puede, además, comenzar casi donde quiere) (Kojéve, 2006, p.41).
Otro ejemplo
similar para reconocer el problema del pensar abstracto se nos presenta en la
película
de HenryFonda, Doce
hombres en pugna, allí se recuerdael camino trazado por un hombredudoso
que, junto con
otros once, tienen la tarea de dar un veredicto frente a un caso de homicidio,
donde
el sindicado del
asesinato es el propio hijo de la víctima. La decisión que tomen los hombres
debe
ser unánime, si uno
sólo de los doce está en desacuerdo debe discutirse hasta que todos se
encuentren
convencidos, ya que de tal decisión dependerá la vida del sindicado, está en
juego una
pena capital.
En contra de lo
evidente y en oposición a una mayoría, el hombre dudoso, uno sólo entre los
doce, se permite
expresar una duda razonable frente al caso de homicidio, lo que obliga a que
los
demás hombres,
quienes han tomado la postura de condenar como culpable al joven sindicado
presenten sus
argumentos y se justifiquen. Lo que se va develando detrás del discurso de
estas
personas es su
pensar abstracto, que va desde fallas analíticas hasta una serie de prejuicios
que
impiden que algunos
de ellos estén dispuestos a cambiar su posición aunque los hechos les
demuestren lo
equivocados que están. El trabajo meticuloso del hombre dudoso permite ir
desmontando una a
una las pruebas que habían sido presentadas por la fiscalía, se toman en cuenta
asuntos que fueron
descuidados inicialmente en el juicio, se analizan los testimonios de los
testigos
en donde se
encuentran muchas inconsistencias, todo lo cual obliga a los hombres a que
revisen
44
su postura inicial
y la confronten con los nuevos argumentos que se van presentando, que a la
manera de Hegel
trataban de abordar en su totalidad la complejidad de un problema que se estaba
condenando desde
visiones unilaterales.
De no haber sido
porque a uno de los hombres le dio por dudar se hubiese enviado de inmediato
un joven a la
muerte. Lo que subyace en Hegel y en la película de Henry Fonda es una crítica
en
común al pensar
abstracto, a la pretensión de agotar en una representación inmediata la
existencia
de un ser, un error
que comúnmente solemos cometer los seres humanos, cargados de prejuicios y
llevados por el
estado de ánimo en el que nos encontremos. Tomar a las personas bajo la
abstracción
unilateral que absolutiza en una posición, en una parte o en una profesión lo
que el
sujeto en cuestión
es, negando con ello su historia y las potencialidades humanas que les son
constituyentes pero
que dadas las relaciones establecidas, por ejemplo, en relaciones de autoridad,
anulan la
posibilidad de que esas potencialidades afloren, que el sujeto demuestre lo que
puede
llegar a ser,
incluso más allá de lo que normalmente muestra en ciertos casos. Incluso Hegel,
en el
texto que venimos
citando, crítica la relación que han establecido las clases potentadas frente a
sus
sirvientes en la
sociedad alemana y la contrasta con el lugar que la sociedad francesa le ha
dado a
tales:
El hombre común,
una vez más, piensa más abstractamente; él se da aires de gran señor
frente al sirviente
y se relaciona con él sólo en cuanto sirviente; a este único predicado se
aferra él
firmemente. El sirviente se encuentra mejor entre los franceses. El hombre
distinguido se
comporta con familiaridad con su sirviente, mientras que el francés llega
hasta ser su amigo.
Cuando están solos, el sirviente toma la palabra, como en Jacques et
45
son maître de
Diderot: el señor no hace otra cosa que inhalar rapé y mirar su reloj, y deja
al sirviente
ocuparse de todo lo demás. El hombre distinguido sabe que el sirviente no es
solamente un
sirviente, sino que también está enterado de las últimas noticias de la ciudad,
conoce a las
jóvenes, guarda buenas sugerencias en la cabeza; él le pregunta sobre estos
asuntos, y el
sirviente puede decir lo que sabe sobre aquello que el jefe le pregunta. Entre
los franceses el
sirviente no sólo tiene permitido esto, sino que puede también proponer un
tema de discusión,
tener su opinión y sostenerla, y cuando el señor quiere algo, no se trata
de una orden, sino
que debe argumentar a favor de su propia opinión y dar buenas razones
para mostrar que es
la correcta (Macedo y del Rosario Acosta, 2007, p.156).
Vemos entonces que
la totalidad tiene también una connotación temporal, su dimensión histórica
no es sólo pasado,
sino que se extiende hacia el futuro, la mirada que abarca totalidad no sólo
apunta a reconocer
las relaciones que preceden la existencia de algo, sino que concibe que otras
relaciones pueden
establecerse a futuro. El ser humano o la realidad social, no se agotan en lo
que
vemos porque los
determina un pasado que no se reconoce a golpe de vista, pero tampoco, porque
en lo que en un
presente son, no se eterniza y otra cosa podrían llegar a ser.
Y bien
puededecirseque este acierto lógico sesostieneen Marx, al punto deradicalizarlo
yllevarlo
más allá que su
propio maestro. La obra de Marx es una constante por, no sólo reconocer
formalmente la
existencia de las partes, superando miradas unicausales, sino avanzado a darle
nombre y apellido a
dichas partes; es decir, poniendo de presente que no sólo hay una integración
de unos elementos,
sino que cada instancia tiene una sustancia que merece ser descubierta, y es en
este aspecto donde
efectivamente Marx tendrá una marcada diferencia con Hegel. Pues sí bien es
46
correcta su
exigencia de totalidad, tal demanda se queda en el plano idealista, al darle
lugar a las
partes pero dejando
de lado la sustancia que las compone a cada una de ellas, así por más que se
lo quiera evitar,
el abordaje abstracto pervive.
Incluso, la
interrelación puede estar mal formulada si hay una concepción incorrecta de
alguna de
las partes
tratadas. Decir que lo uno tiene que ver con lo otro, es importante, pero de
ahí a
determinar el grado
de influencia con que un elemento afecta a otro, obliga necesariamente a
atender en detalle
la instancia señalada, a desintegrarla en sus partes y reconocer su
composición.
Tener la visión
panorámica en el tratamiento de los fenómenos es imprescindible, pero Marx nos
exhorta a no
descuidar el detalle, porque en este último se juega también la panorámica. La
estructura de una
totalidad no está configurada por relaciones horizontales, sino que entre los
puntosqueseconectan
hayaspectos específicos, o unadinámicapropiadelos elementos quehacen
de las relaciones
entre las partes una configuración particular, y que por ejemplo, hayan algunos
elementos de la
totalidad que en su configuración tengan más relevancia que otros. El trabajo
del
pensamiento debe
avanzar por tanto, teniendo la visión panorámica, a radiografiar la estructura
jerarquizada de la
totalidad, a señalar los puntos que son más influyentes y dar cuenta del
porqué,
representando en
las ideas que pretenden explicar la totalidad, el movimiento de lo real.
En términos
marxistas al utilizar el concepto de totalidad, conviene diferenciarlo de su
sentido
Hegeliano y pasar a
nombrarlo como una totalidad concreta, así lo señala Enrique De la Garza:
47
La totalidad
concreta no es el todo, es articulación entre aspectos de lo real que expresan
articulaciones
entre procesos (Luckács, 1969); articulaciones jerarquizadas en donde
intervienen las
categorías de determinación y pertinencia~ La primera hace referencia a
que los aspectos de
lo real no son igualmente determinantes y la segunda a que la
explicación no
implica la inclusión de todos los aspectos del objeto. La totalidad concreta,
desde el punto de
vista metodológico, no es un modelo teórico sino un conjunto de criterios
epistemológicos
acerca de la explicación en la perspectiva marxista. La totalidad concreta
no es el objeto
real sino un enfoque sobre la realidad (De la Garza, 2018, p.88).
Por eso Hegel, como
veremos enseguida, falló en lo atinente a su propio llamado epistemológico,
abordó el problema
del Estado sin su contenido específico y con el concepto de sociedad civil le
pasó otro tanto. Y
es en este tono que considero se debe apreciar la relación crítica de Marx con
Hegel, precisamente
es en Crítica a la filosofía del Estado donde Marx expone una polémica
directa con Hegel,
no es en la Fenomenología del Espíritu, ni en la Ciencia de la Lógica, sino
frente a un texto
de índole política y social más que filosófica. Y, estrictamente hablando,
Hegel
se quedó atrapado
en la fuente filosófica, porque por fuera de ella, en el terreno de la economía
(sociedad-civil)
yde la política (Estado) Hegel reproducirá la mirada sesgada que tanto le
criticaba
al sentido común.
1.3. Hegel: El
golpe de vista ilógico
Para ejemplificar
un poco la forma en que esa ruptura con la fuente filosófica se fue
desarrollando,
podemos remontarnos
a los años en que Marx terminaba de cursar sus estudios de derecho y
48
empezaba a tener
sus primeras experiencias en espacio políticos (1841-1842), entre estos dará
con
las iniciativas de
Arnold Ruge sobre el periodismo militante, a éste le presenta sus primeros
escritos críticos
en los que van apuntando su agudeza analítica.
Hayque recordar que
en aquella época, bajo la venia del propio Hegel, su filosofía era considerada
la oficial del
Estado Prusiano, la burguesía se servía de ella para justificarse a sí misma,
pero, como
señalará el mismo
Engels, —acudiendo un poco en favor de Hegel—, no lo hacían sin evitar caer
en una burda
tergiversación que vulgarizaba el pensamiento del filósofo alemán.
No ha habido tesis
filosófica sobre la que más haya pesado la gratitud de gobiernos miopes
y la cólera de
liberales, no menos cortos de vista, como sobre la famosa tesis de Hegel:
Todo lo real es
racional, y todo lo racional es real:
¿No era esto,
palpablemente, la canonización de todo lo existente, la bendición filosófica
dada al despotismo,
al Estado policiaco, a la justicia de gabinete, a la censura? Así lo creía,
en efecto, Federico
Guillermo III; así lo creían sus súbditos. Pero, para Hegel, no todo lo
que existe, ni
mucho menos, es real por el solo hecho de existir. En su doctrina, el atributo
de la realidad sólo
corresponde a lo que, además de existir, es necesario.
“la realidad, al
desplegarse, se revela como necesidad” (Engels, 1970, p. 356).
No obstante, como
recuerda Franz Mehring en su biografía de Marx, aunque Hegel gustoso había
puesto al servicio
del Estado prusiano su filosofía, tal posición política entraba en abierta
contradicción con
el método dialéctico que el filósofo profesaba (Mehring, 1971, p.25). Y será
49
Marx, quien aun
manteniéndose en las cercas del idealismo, franqueara sus fronteras y empezará
a percibir tales
contradicciones.
Digo que en las
cercas del idealismo, porque Marx hacia 1842 era un hegeliano convencido, lo
que se traducía
políticamente en un liberalismo, del cual hacía una férrea defensa, y veremos,
que
era tal ese
convencimiento de Marx por el liberalismo, que pronto irá descubriendo la
imposibilidad de
ser llevado a la práctica por sus propios profetas, son los liberales quienes
más
niegan el
liberalismo, son los neohegelianos mismos quienes se encargan de anular la
realización
de la razón.
Sea por
desconocimiento o por influencia ideológica, el problema del liberalismo recaía
en las
bases que
cimentaban sus análisis, tal cual, hacía Hegel, se había dotado al Estado de un
carácter
racional. Pero con
un poco de perspicacia ante los hechos políticos y sin tener mayor bagaje en el
análisis
socio-económico, Marx con mucha agudez presta atención a aquellas situaciones
que
evidenciaban la
profunda irracionalidad del Estado, casos como la censura impulsados en el
gobierno de
Federico, o la definición del delito que rezaba en la constitución frente al
robo de leña
por campesinos,
contrastaban notoriamente con la idea del Estado- razón, pero aun manteniéndose
en las toldas
hegelianas Marx hace eco de tales contradicciones.
Veremos en Las
Observaciones sobre la reciente ordenanza prusiana referente a la censura, algo
que será
característico de Marx para toda su vida, al llevar sus posiciones hasta las
últimas
consecuencias y así
percibir las inconsistencias de la postura adoptada y de los propios elementos
que la justifican.
Ese no temer a los resultados de sus análisis es signo de su vida y obra. Este
50
escrito es una
polémica donde “a nombre de un liberalismo intransigente Marx desenmascara y
desacredita al
pseudoliberalismo del Edicto real” (Rubel, 1957, p.34).
Durante veintidós
años actos ilegales han sido cometidos por una autoridad que tiene bajo
su tutela el más
alto interés de los ciudadanos, su espíritu, y que, más que los censores
romanos, no sólo
reglamenta la conducta de cada ciudadano, sino también la suerte del
espíritu público.
Una deslealtad tan obstinada, una actitud tan desprovista de escrúpulos
por parte de los
más altos servidores del Estado (Marx, 1843, citado en Rubel, 1957, p.35).
Llama la atención
en este fragmento el uso términos propiamente Hegelianos: Estado- espíritu-
sujeto. Lo
importantees quesevaponiendo depresente la realidad del objeto queanaliza,
contrasta
el concepto con el
hecho real en que sostiene empíricamente el objeto (El Estado, en relación con
la censura).
Es típico del
pseudoliberalismo, que se deja arrancar concesiones, sacrificar las personas,
simples
instrumentos, y conservar la cosa, la institución. La ordenanza recomienda a
los
censores "no
impedir la investigación seria y modesta de la verdad", en otras palabras,
orienta la
investigación hacia un objetivo exterior a la verdad, que es la
"seriedad" y la
"modestia"
(Rubel, 1957, p.35).
Este es un ejemplo
en que Marx nos presenta como un principio arbitrario es impuesto, en este
caso, a través de
un protocolo formal; "la investigación seria y modesta" Se espera que
se llegue
a un resultado
esperado, prescrito por anticipación, antes de realizar la investigación misma.
Lo
51
cual, no es más que
el propósito de conducir los resultados mismos del estudio emprendido
(pseudoliberalismo)
Los sujetos que piden tal "seriedad" y "modestia" ¿quiénes
son? estos tienen
una manera
particular de entender su pedido, que no vaya afectar sus intereses materiales
representados en la
institucionalidad estatal. Por lo que agrega Marx (1843) citado en Rubel
(1957):
La verdad es
universal; ella no me pertenece, pertenece a todos, me posee, yo no la poseo.
Mi propiedad es la
forma, que constituye mi individualidad espiritual. El estilo es el
hombre. ¡Y hasta
qué punto! ¡La ley me permite escribir, pero exige que lo haga en un
estilo diferente
del mío! Puedo mostrar el rostro de mi espíritu, pero primero debería
imponerle las
muecas prescriptas (p.36).
Para el Estado
prusiano el criterio de la verdad no estaría en los resultados mismos de la
investigación que
el estudioso presente, sino, en el temperamento o en la definición que el
censor
del gobierno tenga
sobre la seriedad y la modestia de una investigación. Se empieza a revelar en
los hechos la
falacia de la idea hegeliana del Estado fundado en la razón. Lo interesante, es
que
con este punto de
partida equivocado, Marx elabora una potente crítica, demostrando como hay
una inconsistencia
del propio Estado para fundarse sobre la razón. Lo que va a exigir es que los
liberales sean
consecuentes con esas inconsistencias del Estado y no las encubran, desprecien
o
minimicen su
relevancia. Por eso, como lo plantea Maximilien Rubel (1957) “¿en qué medida
Marx sigue siendo
hegeliano cuando redacta este primer ensayo político?” (Observaciones sobre
la censura
prusiana)” (p.36).
52
Particularmente
considero que en este momento Marx sigue manteniendo en la base un
hegelianismo en la
mirada política, pero que no es óbice para que vea la incapacidad del Estado
en ser encarnación
de la razón. Que a nombre del liberalismo se denunciara al pseudoliberalismo,
era bajo la
esperanza de que en algún momento ese liberalismo fuese una realidad, o que
previera
una supuesta
reforma estatal como solución al problema de la censura, daba cuenta de la
lucidez
de Marx para
diagnosticar el problema en sus condiciones reales y concretas, pero
manteniendo
como solución las
recetas idealistas, aún se creía en la supuesta racionalidad del Estado, el
punto
de partida pues, no
había sido corregido.
Lo que es indudable
es que Marx está allanando el camino de su ruptura con Hegel, donde la fuente
sociopolítica y la
económica empiezan a convocarlo para dar cuenta de los problemas que con la
fuente filosófica
no se podían resolver. Hegel y su filosofía, fueron detonantes de la formación
de
Marx, pero de
haberse quedado en su obra, lo hubiese paralizado.
Se comprende
entonces que Marx haya encontrado en la atrayente filosofía de Hegel el
primer gran
impulso, pero también el primer choque espiritual que le abría el camino hacia
el descubrimiento
de su propia vocación y lo orientaba hacia el socialismo revolucionario.
(Rubel, 1957,
p.25).
53
1.4. Hacia la
política y la economía
Marx ya está bien
lejos de las especulaciones puramente verbales de un Hegel que definía
el Estado como
"la realidad de la idea moral", como "el espíritu moral en tanto
voluntad
manifiesta,
explícita en sí, sustancial, que se piensa y se sabe" Ya no se trata más
de la
concepción de un
Estado "racional en sí y para sí", de un Estado que siendo
"realidad de
la libertad
concreta", se encarna soberanamente en el monarca (Rubel, 1957, p.41)10.
Hemos visto que
frente al Estado Marx percibió su ilógica en cuanto a la encarnación de la
razón,
que muy por el
contrario, la censuraba, la negaba y hasta sus funcionarios se escabullen para
no
confrontar los
debates que sus contradictores les plantean, no podía hablarse entonces del
Estado
como un lugar donde
se reconciliara la razón cuando este mismo se negaba a la contradicción.
Pero la crítica a
la idea de Estado en Hegel no se consume aquí, y van a exponerse otros aspectos
que sirven de
entronque con las fuentes socio-política y la economía política. En el concepto
de
Estado Hegel no se
percibe, tampoco, la configuración material de las clases sociales, lo que
equivale a
desconocer la anatomía de la sociedad civil; en plata blanca; las relaciones
sociales de
producción. Así,
por más que sea utilizado el término Estado en la jerga hegeliana, más allá de
su
expresión formal no
se dice nada sustancial del mismo, es una palabra vacía dado que no pone de
manifiesto su
materialidad.
10 Cursivas propias
54
Es la misma
situación que Marx en su texto de 1857, Introducción general a la crítica de la
economía política
nos recuerda con las representaciones caóticas de la economía política, las
generalidades sin
sentido donde se formulan abstracciones indeterminadas cual si fuesen datos de
la realidad caídos
como rayos desde un cielo sereno. Es el peligro de formular hipótesis o ideas
sin
desentrañar en el
objeto sus relaciones y su articulación, es verlo aislado e indeterminado.
La población es una
abstracción si dejo de lado, por ejemplo, las clases de que se compone.
Estas clases son, a
su vez, una palabra vacía si desconozco los elementos sobre los cuales
reposan, por
ejemplo, el trabajo asalariado, el capital, etc. Estos últimos suponen el
cambio,
la división del
trabajo, los precios, etc. El capital, por ejemplo no es nada sin trabajo
asalariado, sin
valor, dinero, precios, etc. (Marx, 1990, p.50).
Si en vez de
población decimos Estado la interpelación se sostiene para Hegel, no situar en
el
análisis aquellos
elementos materiales en los cuales reposa la existencia del Estado lleva a
generar
los mismos efectos
que las abstracciones de los economistas burgueses. No se reproduce
teóricamente la
composición ni el movimiento del objeto, es el desconocimiento de las clases
con
las relaciones que
establecen entre sí, relaciones contradictorias determinadas por su
reproducción
material en la
producción económica. El Estado por tanto no es ajeno a ello y será donde se
cristalizan tantos
los intereses materiales de las clases como sus pugnas.
Pedir una
racionalidad tan elevada que se colocara por encima del antagonismo de clases
es una
ilusión, ninguna
racionalidad por brillante que sea, puede, a punta de ideas y de una exclusiva
discusión teórica,
solucionar o conciliar los conflictos de clase que tienen su origen en las
55
determinaciones
materiales. Es una ingenuidad creer que se hará una política al margen de la
posición de clase,
que no se defenderán los intereses materiales, que dejará —la burguesía— de
propender por la
existencia de una formación social que funciona a condición de que un sector
mayoritario de la
sociedad no ostente la propiedad privada. Por más que un concepto jurídico
dictamine “la
libertad de propiedad” la reproducción del capitalismo la niega en la práctica.
Marx empieza así a
climar su concepción materialista de la historia, corre el año de 1844 y ya se
encuentra en París
donde al fragor de la lucha política que las organizaciones obreras adelantan
allí, la fuente
política, el socialismo francés empieza a permear su pensamiento.
1.5. La
terrenalidad del pensamiento
Ver el mundo con
los ojos del marxismo significa que las tesis del materialismo histórico sirven
para investigar la
realidad social. Y aunque alguno pueda alarmarse con esta expresión viendo en
ella una imposición
dogmática, es muy por el contrario, una exigencia de someter el marxismo a
una constante
elaboración de sí mismo, no por una supuesta capacidad omnisciente de estar
destinado a tener
siempre la razón, dando cuenta de cualquier problema epistemológico, sino,
porque este
pensamiento surgió precisamente de tener la fuerza para encarar el mundo tal
cual se
presentaba, con los
acontecimientos sociales y políticos que Marx y Engels presenciaron. Sí le
damos toda la
relevancia a la palabra investigación ello quiere decir poner a prueba los
conceptos
y reconocer su
vulnerabilidad, son falibles, son limitados y tienen un alcance histórico no
universal.
Significa que hay que establecer una constante relación con la materialidad del
mundo,
que exige ser
hábiles en la interpretación de éste y desarrollar las destrezas necesarias
para
explicarse lo
existente. Modificar la mirada materialista acorde a lo que el mundo va siendo,
tal es
56
la actitud
investigadora que permitirá seguir vivificando el marxismo y llevarlo más allá
de Marx,
sin abandonarlo.
Y ya hay que irlo
diciendo claramente, como al inicio de éste trabajo fue insinuado. Lo que está
en el centro de
gravedad como eje articulador que logró ensamblar las fuentes integrantes del
marxismo fueron los
hechos políticos y sociales que se expresaron en el siglo XIX, lo concreto
del mundo en esa
época, más que un principio epistemológico concebido a priori, es lo que hizo
detonar las
fuentes, lo que las fue reclamando para suplir lo que aisladamente ellas, por
sí solas,
no podían atender
ni explicar.
Así vemos a un Marx
en Francia, acuciado por entender la gran revolución que conmovió al mundo
detonándose en el
país galo en 1789. La necesidad de entender este hecho político lo llevó al
estudio de
materiales históricos de la Revolución francesa, en este proceso dio con
autores como
Guizot
yThierryquienes le permitieron identificar lo quedesdelafuentefilosóficano se
analizaba,
la existencia de
las clases sociales y su lucha permanente. En estudios donde dichos autores se
remontaban hasta el
siglo XI se rastreaba que tal conformación de grupos humanos se sostenía,11
lo que hace Marx es
reconocer la validez de estos planteamientos y configurarlos en su mirada del
mundo, con la
honestidad intelectual de quien se sabe heredero de los descubrimientos de
otros
11 Cuanto más
ahondaba Marx en la historia de la revolución de 1789, más movido tenía que
sentirse a renunciar a la crítica de la filosofía hegeliana como clave para
explicarse profundamente las luchas y las aspiraciones de aquellos tiempos (…)
El estudio de la Revolución francesa puso a Marx en contacto con aquella
literatura histórica del “tercer estado” que había brotado bajo la restauración
borbónica, cultivada por grandes talentos, y que se remontaba a investigar la
existencia histórica de su clase hasta el siglo XI, presentando la historia de
Francia desde la Edad Media como una serie no interrumpida de luchas de clases.
A estos historiadores –entre los cuales menciona a Guizot y a Thierry- debía
Marx el conocimiento del carácter histórico de las clases y de sus luchas, cuya
anatomía económica le habían de revelar luego los economistas burgueses, y
principalmente Ricardo. (Mehring, 1971, p.86)
57
autores y no los
usurpa como suyos. Marx mismo protesto cuando se le pretendía adjudicarle una
teoría de la lucha
de clases, en carta a Joseph Weydemeyer lo expresa así:
...Por lo que a mí
se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las
clases en la
sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos
historiadores
burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y
algunos economistas
burgueses la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de
nuevo ha sido
demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas
fases históricas de
desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce,
necesariamente, a
la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por
sí más que el
tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin
clases… (Marx,
1973, p.542).
Para los años que
hoy vivimos, con tanta agua que ha corrido debajo de los puentes, en especial
por la historia de
los socialismos en el siglo XX, mínimamente es discutible el carácter
inevitable
que Marx le
adjudica a la dictadura del proletariado en la lucha de clases, pero tan
compleja
discusión no es lo
que me corresponde tratar en este trabajo. Lo que me interesa mostrar, es el
ejemplo tan
contundente de elaboración y tratamiento de las fuentes, y como desde el hecho
político se
configuran sus articulaciones, lo que habían puesto de presente los
historiadores con la
noción de clases
sociales Marx lo va acentuar con un conocimiento que para los años de su
destierro en parís
empezará a descubrir, la economía política, -la otra fuente integrante del
marxismo-. Así, el
conocimiento delas clases empiezaadesarrollarsecon el estudio dela anatomía
económica, las
relaciones de poder son estructuralmente relaciones económico-productivas y lo
58
que llegará a ser
propiamente el aporte de Marx será la explicación de que las luchas entre
clases,
las crisis
políticas y muchos acontecimientos históricos van aparejados con la lucha
económica,
los movimientosen
éste terreno, en la industria, el comercio etc. determinan las formaciones
socio-
políticas.
Pero este devenir
de las fuentes y de su articulación, tendrá también algo de fortuito. Marx
conocerá a Engels
en 1842 y allende de la empatía personal que tendrá este encuentro de los que
serán camaradas de
por vida, es también el encuentro de las fuentes socio-política y la economía
política. Con el
conocimiento que ya hemos visto que fue adquiriendo Marx sobre el carácter
clasistadelas
sociedades desdesu estudio delaRevolución francesa, vendrá, por el lado
deEngels,
un descubrimiento
similar pero dado desde otro acontecimiento significativo a nivel mundial, la
Revolución
industrial.
El estudio de
Engels sobre la industria inglesaque lo llevó al descubrimiento similar de Marx
sobre
las clases
sociales, en el caso de Inglaterra tiene varias particularidades, pues a su
manera y un
siglo antes que
Francia ya había experimentado su propia Revolución burguesa, en tanto fue un
hecho económico
concreto, permitía identificar con más transparencia la estructura interna de
la
moderna sociedad
burguesa, se percibe claramente como un proceso tangible que destruye las
viejas clases e
instaura otras nuevas. Era más perceptible en el caso inglés que la lucha de
clases
fue un proceso que
tenía en la base un trastocamiento económico.
La historia y el
carácter de la industria inglesa enseñaron a Engels que los hechos
económicos [...]
eran, a lo menos en el mundo moderno, una potencia histórica decisiva,
59
que constituían la
base sobre la que se erigía el moderno antagonismo de clases, el cual
determina toda la
historia política en general (Mehring, 1971, p.107).
Figura 1: El
devenir de las fuentes integrantes del marxismo. Elaboración propia.
Vemos pues, dos
formas distintas en que se parte de una fuente (la filosofía alemana) y se
llegan
a otras fuentes,
Marx con el hecho político (socialismo francés) y Engels con el hecho económico
(economía
política), y aun así, arribaron cada uno por su cuenta -en un momento donde no
se
conocían- a un
punto común que eran las clases sociales. Esto nos da una idea de la fuerte
compenetración que
irán a tener los camaradas en lo concerniente al pensamiento, la empatía
teórica que
lograban hacía más sólida la adherencia ideológica. De hecho, este recuerdo,
lejos de
una mera anécdota
biográfica, nos revela algo que nos obliga a hacer un justo reconocimiento a
Engels en el
terreno teórico como un pensador de altas cualidades. Sino ha sido percibido
hasta
60
ahora, el estudio
de Engels sobre la industria inglesa, lo lleva, nada más y nada menos que a
realizar, incluso
antes que Marx, una crítica al capital, o por lo menos situar sus
contradicciones
en el campo teórico
donde se pretendía legitimar el mismo capitalismo, en la economía política.
Engels da los
primeros pasos de una crítica orgánica al capital, diseccionando en su cuerpo y
revelando el
desarrollo interno que produce indefectiblemente miseria y explotación.
Lo que es
importante de ir subrayando, es que las fuentes desplegándose desde el fenómeno
que
se analiza ejercen
un papel totalizador, dan una mirada compacta y completa del problema,
engranando en sus
conceptos una lógica que obedece a la determinación real del fenómeno más
que a una
formulación teórica, más bien esta última se subordina a la primera. Por eso
con las
fuentes, el
marxismo despliega una fuerza articuladora en el pensamiento, como lo vimos en
lo
apropiado por los
historiadores franceses hay una potenciación con Marx al vincularlo éste con un
análisis desde la
economía política, pero, como podremos ver en otros de sus textos, también, le
hará ver a los
economistas lo que de historia les faltaba en sus estudios. La debilidad de las
fuentes
está en su
separación y su unilateralidad para analizar los problemas, su fuerza reside,
por el
contrario, en las
interrelaciones que establecen, poniendo de relieve las limitaciones de una
fuente
frente a las otras.
Lo que es una
contradicción lógica desde una fuente no lo es tanto desde otra, por ejemplo,
la
existencia de la
propiedad privada desde la economía política no es tratada de la misma manera
desde la fuente
socio-política, esa es precisamente la discusión con Proudhon. Su noción de
valor
y la supuesta
indagación que dice hacer del mismo, dan cuenta de su ahistoricidad, sus
ejemplos
caen en las
robinsonadas que desconocen las formaciones sociales y las determinaciones que
estas
61
ejercen sobreel
modo de producción, la división del trabajo, etc. pero, Proudhon insistió en
deducir
el valor de las
mercancías desde una necesidad natural de los individuos a intercambiar los
productos para
subsistir, lo que lo llevó a apelar por una reforma donde se establecieran
intercambios
directos entre obreros, según Proudhon la existencia de la propiedad privada
impedía
que tal intercambio
se diera de forma equivalente, había por tanto que abolirla.
Esta metafísica
puesta en el terreno de la economía fue pan de cada día entre los economistas
burgueses del siglo
XIX, muchos de estos recibieron la crítica implacable por parte de Marx, lo
problemático con
Proudhon es que incurrió en tales equívocos siendo uno de los dirigentes del
proletariado
francés, lo que obligaba a matizar la crítica también en el terreno político y
desarrollarla con
toda contundencia evidenciando las flaquezas de las reformas que propone
Proudhon, quien
creyendo que desde una maraña económica se ahorrarían los antagonismos de
clase, aquí, por
ejemplo, la fuente socio-política en su sentido epistemológico no está
presente,
olvida que detrás
de las transacciones económicas hay clases sociales que defienden sus
intereses.
En este caso como
en muchos otros, los descubrimientos de Marx cobran la forma de la polémica,
son el resultado de
intensos debates donde se desarrollan también los contenidos de las fuentes.
Volviendo a los
años de los Anales franco-alemanes (1844), podemos apreciar otras polémicas
que son desatadas a
partir de la ruptura con la fuente filosófica, allí se expondrán unos estudios
que revelan como
varios seguidores de Hegel —entre ellos Ruge, codirector con Marx de la
revista— insisten
en el error de su maestro, no poner el acento en las condiciones materiales de
existencia, tanto
en la interpretación que se hacía del mundo (El Estado como cristalización de
la
62
razón en la visión
Hegeliana) como en las ideas que se formaban sobre la transformación de ese
mundo.
Dos artículos de
elaboración crítica de la fuente filosófica hacen el reconocimiento de sus
baches
en su propio
desarrollo, no por prejuicio -al estilo de algunos franceses- sino por
elaboración hasta
las últimas
consecuencias del idealismo alemán, estos textos van marcando ruptura con la
manera
filosófica de
abordar los problemas sociales y abriendo el camino para el materialismo
histórico.
Deahí la dificultad
de encasillara Marx, ni un hegeliano a ultranza, pero tampoco un antihegeliano
extremo que hizo
borrón y cuenta nueva.
Uno de estos textos
ya ha sido traído a colación, Crítica de la filosofía del Estado de Hegel, por
lo
que no es necesario
añadir mayor cosa, tan solo recordar que la crítica de la filosofía jurídica
hegeliana expone
que la clave del proceso histórico está en la sociedad no en el Estado, —en la
anatomía de la
sociedad—, se sustrae la idea de Estado de su ensimismamiento filosófico y se
lo
sitúa como un ente
material producto de las determinaciones sociales no como un ente suprasocial,
que se construye a
sí mismo, y se justifica a sí mismo porque se piensa a sí mismo.
El otro de los
escritos es, La Cuestión Judía, donde Marx diferencia entre emancipación humana
yemancipación
política. Aquí, Marx nos muestracómo la críticaneohegelianasequedabaatrapada
en la ideología
religiosa y armaba un rechazo de ésta en los límites de la propia religión.
Llevados
por un enfoque
teológico, Bruno Bauer planteaba que, ya que los Judíos habían sido superados
por
el cristianismo
entonces el judaísmo de la época había de recorrer un camino más largo y
espinoso
63
que el cristianismo
para llegar a la libertad política, los judíos, habían pues, de someterse a la
disciplina del
cristianismo (Mehring, 1971).
Marx le recuerda a
Bauer que ya había Estados donde la emancipación política tanto para judíos
como para
cristianos existía, y ello no redunda en una emancipación humana
necesariamente. El
Estado, se libera
de la traba religiosa, sin que el hombre como tal se vea librado de ella. Los
límites
de una revolución
política son esos, tal cual hizo la francesa, donde:
No emancipan al
hombre de la religión, sino que le confieren la libertad religiosa; no le
emancipan de la
propiedad, sino que le confieren la libertad de ser propietario; no le
emancipan de la
infamia de la ganancia, sino que le confieren la libertad industrial
(Mehring, 1971,
p.83).
En estos
cuestionamientos se puede leer en Marx una crítica a la ideología liberal, ella
socializa y
divulga sus
concepciones ideológicas de libertad pero privatiza el beneficio económico. Da
la
libertad de asumir
el contrato burgués entre propietarios —entre el propietario de la fuerza
trabajo
y el de los medios
de producción—, aunque, como luego muestra el mismo Marx en El Capital, el
capitalismo es el
primero en incumplir dicho contrato, no pagando la fuerza de trabajo por el
valor
que realmente
representa.
Bruno Bauer pues,
no daba con el hecho de que el Estado mismo tenía unos elementos
condicionantes que
impiden la emancipación humana. El Estado existe gracias a diferencias de
clase, de religión,
de propiedad. El Estado representa pues, no el interés general de la sociedad
64
como creía Hegel,
sino el de una parte de esa sociedad, el de un grupo, una clase, aquella la
cual
ostenta la
propiedad privada; la burguesía.
La crítica del
cielo es la crítica de la tierra, esta idea será un punto de entronque con la
fuente
socio-política y
marcará dentro de esta fuente la posición resuelta de Marx frente al
proletariado.
Sí el hombre crea a
Dios y no viceversa, pero ese hombre no es un ser abstracto sino que está
determinado por el
mundo, luchar contra la religión es por tanto luchar contra el mundo que la
genera, “el arma de
la crítica no reemplaza la crítica de las armas” (Mehring, 1971, p. 78), sólo
el
poder material
destruye el poder material. Marx identifica entonces al proletariado como el
sujeto
que encarnaría tal
lucha, como la clase radical que puede asumir la revolución radical; la
filosofía
encuentra en el
proletariado sus armas materiales.
De esto se
desprende la actitud característica de Marx y Engels con los movimientos
obreros de la
época, de mucho
respeto y valoración, con reservas críticas frente a algunos de ellos pero sin
negar
su importancia e
impulsarlos a que se cualificaran en sus luchas, y sobre todo, a que
fortaleciesen
teóricamente sus
consignas y objetivos. Justamente estos dos autores que arribaban a un potente
análisis
socio-político en un contexto minado por la filosofía, adoptan una actitud
distinta a otras
que sucumbieron al
desprecio, la indiferencia y la desconfianza ante la “masa” casualmente
actitudes típicas
de aquellos intelectuales sesgados hacia el análisis filosófico, donde reducían
a
ese importante,
pero estrecho ámbito, la complejidad humana y social.
65
Segunda parte
2. Pregunta articuladora
En resumidas
cuentas, la ciencia de la economía política, la filosofía clásica alemana y la
política
con el socialismo
francés se constituyen en ejes articuladores del conocimiento marxista, de ahí
que históricamente
éste haya sido un terreno donde han florecido diversas posturas teóricas,
políticas e
ideológicas. Por eso hay una pluralidad que se impone al hablar del marxismo,
no hay
una visión única
sino diversas tendencias dentro de esta teoría que ofrecen miradas e
interpretaciones
conducentes a polémicas, debates y rupturas en el seno del marxismo mismo y
que demuestran el
carácter inagotable de dicha teoría; su naturaleza crítica y su configuración
polémica han hecho
su historia, una que hasta el día de hoy sigue cobrando forma como
pensamiento
crítico. Es en este espectro donde se inscribe la figura de Estanislao Zuleta,
cuyo
desarrollo
intelectual está signado por el hilo rojo del marxismo, toda su obra tiene como
referente
ineludible a Marx,
la cuestión a saber es qué tipo de abordaje hizo del mismo, cuál fue
su evolución y las
posturas que a lo largo de su vida fue adoptando frente a la obra de Marx y
Engels. En pocas
palabras, ¿cuál fue la apropiación que hizo Estanislao Zuleta del marxismo?
¿De qué manera fue
Zuleta un Marxista y un anticapitalista, como el mismo se definió?
La pregunta, así
planteada, se compromete a tratar diferentes aspectos que se vinculan
necesariamente, por
la singularidad del marxismo como teoría apostada a la acción, su hacer
científico está
estrechamente ligado —hasta confundirse a veces— con la organización política
y/o
66
partidista, sin tal
imbricación de posiciones no se entiende el marxismo, ésta es una de sus
apuestas
y la línea que
demarca sus formas de conocer frente a otras teorías.
Esto me obliga a
intentar ser lo más específico que se pueda respecto a la pregunta sobre la
apropiación que
hizo Zuleta del marxismo, dado que no solo tiene que ver con la recepción y el
abordaje de algunos
postulados teóricos del materialismo histórico, sino que, ineludiblemente,
exige tratar el
problema del posicionamiento de Zuleta como marxista, lo cual no significa otra
cosa que indagar
por su toma de posición política frente al mundo concreto que se le presentaba,
en su caso
específico, aquel mundo desde los años sesenta hasta los noventa del siglo XX.
Tal
como hizo Marx, que
definió su pensamiento por su capacidad de interpretar las problemáticas que
el mundo le
presentaba.
La recepción, el
abordaje y ahora el posicionamiento político son asuntos que reclaman otro tipo
de pregunta, la que
considero se puede formular teniendo presente las fuentes integrantes del
marxismo, que como
se ejemplificó en el primer capítulo de este trabajo en el caso de Marx, su
ruptura con la
filosofía hegeliana y sus evoluciones intelectuales y políticas se definieron a
partir
del tratamiento de
tales fuentes, en ese sentido, me muevo de terreno; del siglo XIX al XX y, de
pensador; pasando
de Marx a Zuleta y pregunto:
¿Cómo apropia y
articula Estanislao Zuleta las fuentes integrantes que componen al marxismo:
la economía
política, la filosofía clásica alemana y la socio-política? Esta pregunta
apunta por el
desarrollo que
Zuleta hace de las fuentes integrantes en su obra y cómo resuelve, o no, el
gran
problema de la
articulación de dichas fuentes, pues en su interrelación es donde se constituye
el
mayor reto de la
teoría marxista.
67
Y es pensar las
fuentes integrantes del marxismo, no como algo que Marx y Engels inventaron,
sino, desde la
óptica que nos recuerda Lenin, como continuación de otras tradiciones de
pensamiento que
surgieron en Europa.
Tal preocupación,
además de reconocer los puntos de continuidad de Zuleta con Marx, obliga a
recrear y hasta en
cierta medida implica re-elaborar las discusiones que definieron la posición
crítica de Zuleta
desde los años sesenta, al detenerse en estás se puede identificar el
tratamiento de
la triada ciencia,
filosofía y política que están en la base del marxismo, y que en su conexión
tocan
y confrontan
elementos neurálgicos de la interrelación.
Tales discusiones
en la obra de Zuleta abarcan tres áreas espacio-temporales que exponen unas
posiciones
particulares en el marxismo del siglo XX y que fueron con las que Zuleta habría
de
encontrarse y
sostener una relación crítica:
-El marxismo en
Marx: Discusión con la obra de Marx, apropiación de conceptos ycrítica
de algunos.
-El marxismo en
Colombia: Crítica al movimiento armado, ruptura con organizaciones
políticas, ¿una
praxis alternativa?
-El marxismo en el
mundo: Debate con las posiciones del marxismo soviético y el chino.
Distanciamiento de
sus experiencias políticas
68
Tercera parte
3. El Marxismo en
Marx
A manera de
síntesis teórica
Luego del recorrido
histórico señalado con el devenir de las fuentes, es pertinente hacer algunas
acotaciones sobre
ciertos conceptos que están implicados en este recorrido, y que por haber dado
predominio a su
carácter histórico, no fueron tratados en detalle; son ciertos aspectos
conceptuales
que vale subrayar
en este punto. También, y especialmente, para hacer de esta síntesis una
especie
de bisagra entre
las fuentes integrantes del marxismo y Estanislao Zuleta empezando a abordar
tal
relación, en este
caso, en términos teóricos. Se podrá apreciar en esta instancia una recepción
epistemológica del
marxismo en Zuleta que se acompañará de una confluencia entre los aportes
de Marx y algunos
marxistas, donde la mirada propia de Zuleta con sus indagaciones e
interpretaciones,
enriquece y expande al marxismo.
Esa confluencia se
ratifica en la resonancia que tiene la reflexión de Zuleta al ponerse en
contexto
y contrastarse con
las reflexiones de otros autores de tradición marxista, como es el caso de
Karel
Kosik, Louis
Althuser, Georg Luckas, Jean Paul Sartre, Hugo Zemelman, Enrique De la Garza,
Jaime Osorio. Es
decir, los aportes Zuleta bien se pueden inscribir en las discusiones
neurálgicas
del marxismo que a
lo largo de su historia lo han caracterizado y que al día de hoy se siguen
desarrollando.
69
Atender el
tratamiento de la epistemología en Marx que hizo Estanislao Zuleta, es ya en sí
mismo
una expresión de la
manera cómo apropió la obra del pensador alemán. Desde este punto
estaríamos
comenzando a responder la pregunta que nos compete en este trabajo. Pues es un
lugar
que demostrará el
desarrollo de una base conceptual, pero sobretodo, de una manerade enfrentarse
a la realidad
social para investigarla y conocerla objetivamente, en la cual Zuleta habría de
reconocerse como
heredero de las elaboraciones hechas por Marx en el terreno epistemológico.
Basta con ver
algunas de sus obras para apreciar esa herencia y constatar en la aplicación
directa
a unos fenómenos
concretos la puesta en marcha de unas nociones teóricas cuya orientación es
innegablemente la
del materialismo histórico. Aquí estaríamos situándonos de manera específica
en la discusión de
las fuentes integrantes, a partir de su desarrollo científico.
En particular, esos
conceptos que son de carácter epistemológico sirven para ver la fuerza
articuladora del
marxismo desde dos términos que se relacionan mutuamente y que como lo he
comentado
estuvieron en la base de las reflexiones de toda la obra de Estanislao Zuleta,
estos son:
totalidad y
estructura.
Pero hagamos un
recuento sobre estos conceptos, pues como fue indicado en El devenir de las
fuentes, habría que
decir que la formulación teorética de estos términos se hace a la par de una
explicación
materialista. Esto quiere decir que tales conceptos están cargados de una
realidad
histórico-social,
que su validez se encuentraen la realidad misma, más que en su coherencia
lógica.
Por eso, los
conceptos señalados en la estructura epistemológica se construyen y explican al
compás de un
análisis en el que se alude indefectiblemente a fenómenos de índole
socio-política,
como lo son: Estado
ySociedad Civil. Recordemos que fueron precisamente estos conceptos sobre
70
los queversó la
polémica deMarx con Hegel yel Hegelianismo yaquellos quemarcaron su ruptura
con la fuente
filosófica obligando a Marx a acudir a los terrenos sociopolíticos y económico-
productivos para
explicar las problemáticas sociales que se presentaban en el siglo XIX.
3.1. Totalidad
Pero no la
totalidad a secas, sino la totalidad concreta como el paso de un concreto real
a un
concreto pensado.
Esta diferencia es sumamente importante porque hace parte de esas sutiles
diferencias de Marx
con Hegel, esos detalles sustanciales que llevan a construir ideas de formas
radicalmente
distintas. Aquí podemos ayudarnos de un autor contemporáneo que ha recordado el
carácter
epistemológico de la obra de Marx, insistiendo en la potencialidad
investigativa que
subyace en su obra,
Enrique De la Garza nos ayuda a entender mejor el concepto de totalidad en
Marx en sus
relaciones con lo que describe detalladamente como el concreto real y el
concreto
pensado.
[…] totalidad
concreta y concreto pensado son equivalentes; concreto pensado hace
referencia a la
teoría específica que explica, junto a los sujetos, el movimiento del objeto.
Aquí específico no
puede significar sólo lo singular, sino más bien la articulación entre lo
general ylo
particular. En tal sentido, la explicación se conseguirá cuando se haya
obtenido
esa teoría
específica, ese concreto pensado (De la Garza, 2018, p.87).
Para entender mejor
la equivalencia entre totalidad concreta y concreto pensado, es necesario
aclarar el lugar
quetiene el concreto real. Aquí debemos recordar la indicación deMarx al
hacernos
71
el llamado de que a
la hora de elaborar ideas se debe partir de la materia, o lo que es lo mismo,
de
un concreto real
para que de allí surja el pensamiento. Desde la perspectiva del materialismo
histórico las ideas
no surgen de las mismas ideas, sino de una atenta observación empírica de la
realidad que
mediante un proceso de conocimiento va descubriendo sus elementos
determinantes,
por tanto las
hipótesis, conceptos e ideas son un resultado, un constructo que tienen una
base
terrenal para
sustentarse. Es ver la totalidad como un proceso que va develando las partes
constituyentes del
objeto que se estudia ysus relaciones esenciales, no es la totalidad como un
ente
dado que se percibe
de inmediato cual si fuese un rompecabezas en el que se descifra un molde
preestablecido que
luego ha de armarse. Punto que ya vimos era donde fallaba Hegel, pues
reconocía la
necesidad de la totalidad en el proceso de pensamiento, más no daba con el
hecho de
sustraer la
sustancia delas partes queconfiguran la totalidad yquedemostrarían el hecho
deporque
se han estructurado
de tal o cual manera. Era un reconocimiento de la totalidad en la superficie
más no en su
estructuración interna.
Pero más allá de
ofrecer este camino, Marx precisa en decir que no es suficiente con tener como
punto de partida el
concreto real, o estar frente a un objeto tangible, pues se puede tener una
concepción
equivocada ante a ese concreto y entonces dar así con un inicio errado respecto
a la
maneraen que es
entendido cierto objeto. Por ejemplo, quien va a la Revolución rusasin un
estudio
del campesinado, de
la geopolítica a inicios del siglo XX, de la situación de Rusia en la primera
guerra mundial
etc., es decir, desconociendo una serie de elementos históricos ysociopolíticos
que
no brotan en la
inmediatez de la imaginación sino de la investigación meticulosa, y que de
ignorarse tales
elementos la Revolución de 1917 no se explica.
72
Por tanto, es
necesario desentrañar el contenido del concreto real y abstraer de él cuál es
su centro
de gravedad y los
elementos en los cuales reposa su existencia que no son perceptibles a las
sensaciones
inmediatas. Aparte de tener como punto de partida el concreto real, es
necesario ir
elaborando un
lenguaje -teórico que permita interpretar ese concreto real, pues hay aspectos
de la
realidad que solo
pueden verse y apreciarse —como afirma Karel Kosik— después de un rodeo en
el pensamiento.
Cuando se elabora tal lenguaje se está ascendiendo hacia un concreto pensado
que
en sus
abstracciones va logrando la reconstrucción de la totalidad concreta, lo que
“no significa
qué se parte solo
de las impresiones físicas del objeto sobre el sujeto. Si éstas intervienen, es
sólo
porque el
conocimiento del sujeto puede convertirlas en intuiciones y representaciones
que
implican ya cierto
nivel de abstracción” (De la Garza, 2018, p.78).
Es una advertencia
necesaria ya que se puede partir de un concreto real pero tomado
insuficientemente.
De ahí se desprende una diferencia importante, el punto de partida no equivale,
ni significa a la
vez, el comienzo de la investigación, ¿por qué? pues porque nada nos garantiza
que al enfrentarnos
al estudio de un objeto que nos es desconocido, lo hayamos abordado desde el
comienzo por un
camino acertado. Precisamente por el desconocimiento que tenemos no damos
de entrada con el
punto de partida indicado, se estará comenzando con la investigación que es
diferente, pero no
con aquello que nos sintetice la totalidad que configura al objeto que se
estudia,
aún no se han
captado sus múltiples determinaciones. Por eso al comenzar con la investigación
se
debe mantener la
sospecha de que no se está de primera mano ante toda la realidad del objeto,
ante
todo aquello que
determina y constituye su existencia material. Mantener conciencia de esta
ignorancia, permite
que a medida que se avanza en la investigación se vayan transformando
73
nuestras
concepciones sobre el concreto real que se analiza, modificar las ideas
iniciales y previas
al estudio en
cuestión, retornando al punto de partida, pero de manera enriquecida.
A manera de una
descripción gráfica, podemos representarnos lo dicho de la siguiente manera,
interpretando la
famosa división metodológica que realiza Marx al hablarnos del método de
investigación y el
método de exposición:
Tabla 3
Punto de partida
entre la investigación y la exposición
Método de
investigación
El camino que se
traza para investigar algo
desconocido.
Concreto Real - una
propuesta
para abordarlo
Relación inmediata
con el objeto.
(Prenociones,
impresiones, sensaciones)
Método de
exposición
El camino que se
construye para exponer lo
conocido.
Concreto Pensado -
una forma de organizarlo
y exponerlo
Relación
mediatizada con el objeto.
(Reflexión teórica,
conceptualización)
74
No sé:
-¿Qué hacer para
aprehender lo no
conocido?
Ya sé:
-¿De qué manera
presentar lo que se conoció?
-¿Cómo empezar a
exponer?
-¿Cómo empezar a
estudiar?
Fuente: Elaboración
propia.
De cierta manera,
el punto de partida en la investigación es indeterminable, pues es una
exploración no es
evidente de suyo, es un objeto complejo que tiene que ser explorado. Como dice
Zuleta (1987), el
punto de partida ya contiene en sí un trabajo previo, no es un objeto simple
que
se aprecie en la
inmediatez yque luego se va complicando progresivamente, no, el punto de
partida
es complejo desde
un inicio. No hay itinerario dado, la realidad empírica no anuncia como debe
ser estudiada, no
se sabe de antemano cual es el camino más apropiado para tomar. Un punto de
partida se logra
cuando éste es acorde a la presentación de la totalidad, con su conjunto de
relaciones y
determinaciones. Es idear una síntesis que es descubierta, la cual no debe
dejar por
fuera ningún
elemento necesario para la explicación de la totalidad.
Una de las tareas
más importantes en torno a esta concepción de totalidad, recae en el ejercicio
de
articular, y una
explicación de carácter materialista debe lograr la configuración pertinente de
sus
abstracciones
frente al objeto que se estudia. Totalidad, por ejemplo, en el terreno
histórico-social
no significa
reconstruir los hechos que se analizan a partir de la sucesión cronológica de
estos,
sino, una
reconstrucción a partir de las relaciones estructurales que configuran el hecho
social que
75
se trata,
enfatizando en estas relaciones sobre los puntos nodales en donde se establecen
los nexos
esenciales que
caracterizan al objeto estudiado12. Es por decir, de algún modo, detallar con
toda
claridad los
vínculos que hacen permanecer en el tiempo determinada realidad histórica, o
viceversa, aquello
que en determinado momento replantea sus relaciones y hace cambiar la
dinámica histórica.
De los criterios
metodológicos enunciados nos parece central el de la totalidad, el cual
implica la
reconstrucción, la articulación de niveles ysu redefinición, la apertura de la
teoría,
el proceso
reconstructivo, la intervención abierta de lo teórico y lo histórico, yla
explicación
como concreto
pensado (entendida ésta como teoría, como síntesis de múltiples
determinaciones)
(De la Garza, 2018, p.93).
3.2. Estructura
Este es un concepto
que en la obra de Marx se corresponde directamente con el de totalidad. En el
texto de Zuleta,
Comentarios a la Introducción General de la Crítica de la Economía Política se
expone con mucha
rigurosidad las relaciones entre los conceptos de estructura y totalidad, y en
las
interpretaciones de
Zuleta podremos identificar la recepción epistemológica que hizo de Marx, la
12 Unida a esta
noción de totalidad, proviene por ejemplo la peculiar manera en que se
construyen las explicaciones desde el materialismo histórico: “La explicación
se alcanza cuando se ha logrado generar la teoría específica del objeto
específico. Al mismo tiempo, a diferencia de la estrategia positivista, la
delimitación del objeto no se logra sino en el momento mismo de la explicación.
Arribar al concreto pensado es, en esta medida, lo mismo que reconstruir la
totalidad, la cual no se identifica con el todo, sino que implica el descubrir
los aspectos determinantes del proceso y sus articulaciones. Así, la noción de
totalidad subsume y no niega la causalidad; ésta no sería sino un aspecto
parcial de aquélla, no presuponible a priori, sino articulada en la
reconstrucción. (De la Garza, 2018, p.91).
76
apropiación de unos
conceptos pero sobre todo de unos modos de analizar la realidad social y de
enfrentarse a su
investigación.
A diferencia de
otros enfoques teóricos se comienza por un estudio de la totalidad de la cosa,
es
decir, busca el
conocimiento de la estructura que configura al objeto y se preocupa sobre todo
por
las relaciones de
interdependencia de las partes, no agota en una mera instancia la indagación
sobre el objeto,
tampoco lo reduce a un origen simple que explicaría la cosa en su devenir, “la
tesis
de que todo ha sido
siempre así, es decir de acuerdo a una presunta esencia o naturaleza humana,
inmutables y
ahistóricas” (Zuleta, 1987, p.43). No, cuando se dice totalidad en el marxismo
quiere
decir orientación
hacia el descubrimiento de la estructura que configura la cosa y el conjunto de
elementos que la
componen, detallando en el efecto que sus elementos producen al relacionarse
“en realidad solo
existe un solo camino metodológico científico, el cual consiste en estudiar
primero la
estructurade la cosa, su organización, sus leyes; para luego con estas
categorías estudiar
la historia de la
constitución de la cosa” (Zuleta, 1987, p.54).
Con esta mirada,
Zuleta pone de presente la peculiaridad de Marx a la hora de analizar la
historia,
recordándonos
aquello de que Marx es revolución en lógica y filosofía, y Zuleta puede decirlo
con
toda autoridad
debido a su exhaustivo conocimiento de otros autores precedentes y externos al
marxismo que se han
ganado un lugar incuestionable en la historia del pensamiento universal, por
nombrar algunos:
Sócrates, Platón, Aristóteles, Kant, Spinoza, Hegel. Varios de estos autores
que
fueron referentes
de Marx y con los cuales llegó a debatir en su momento, hay que decir que el
conocimiento de
tales pensadores le permitía a Zuleta estar armado de elementos teóricos cuando
Marx se refería a
ellos, o sea que no quedaba a merced de la interpretación que Marx hacía de
77
estos, sino que
tenía una mirada propia que le permitía sentar su posición con conocimiento de
causa, sea que
fuera para enriquecer la interpretación de Marx o para polemizarla.
Frente a una de
esas interpretaciones que hizo Zuleta de la obra de Marx en contraste con otro
autor, podemos
considerar una que versa sobre el concepto que estamos tratando de estructura.
En
este caso veremos
que Marx no solamente invirtió a Hegel como se suele decir, sino que también
lo hizo en gran
medida con Aristóteles —otro cambio en el terreno de la filosofía. Al poner la
mira en la
estructura que configura una época histórica, se descubre que lo esencial
—entendido
como lo
característico de una sociedad y de un periodo histórico— no está en las
similitudes que
dicha época tiene
con otras épocas, como consideraba el método comparativo de Aristóteles, sino
que en Marx lo
característico de un momento histórico recae precisamente en las diferencias de
ese momento con
otros, ¿por qué? Porque en esas diferencias se plantean unas interrelaciones
distintas de las
partes que constituyen la estructura social, esas diferencias hablan de lo
específico
que tiene la época
y del modo particular que tienen para organizarse.
[…] todas las
formas de sociedad […] tienen en cuanto a la producción se refiere rasgos
comunes.
Ciertamente, en todas ellas están presentes determinados elementos; por
ejemplo,
instrumentos de
trabajo, objetos de trabajo, trabajadores y en algunas de ellas los no
trabajadores. Esos
elementos comunes son producidos por el método de abstracción
aristotélica que
consiste en separar lo semejante de lo diferente, considerando lo primero
en cuanto
constante, lo esencial y lo segundo en cuanto variable, lo inesencial13
(Zuleta,
1987, p.55).
13 El comentario de
Marx desde el cual Zuleta hace su interpretación, dice así: “Pero todas las
épocas de la producción tienen ciertos rasgos común, ciertas determinaciones
comunes. La producción en general es una abstracción que tiene
78
Es decir, siempre
ha existido producción en la historia de la humanidad, pero en cuanto entramos
a detallar en cada
época las prácticas y las relaciones sociales bajo las que se establece dicha
producción, nos
damos cuenta que en un periodo de la historia, por ejemplo, los trabajadores
eran
dueños de los
medios de producción, cosa que en la moderna sociedad burguesa no acontece. Esa
pequeña diferencia,
entre muchas otras, como la manera en que la división social del trabajo se
plantea,
especifican la manera en que se produce en un momento determinado de la
historia. Si
nos quedamos, pues,
solo viendo las similitudes entre períodos históricos no percibimos tales
diferencias y por
tanto se desconocería lo específico que caracterizaría a una época y muy por el
contrario no
captaríamos lo esencial de ella.
Es esta diferente
articulación la que para Marx constituye lo esencial, en cuanto que en cada
conjunto o haz,
cada elemento queda redefinido en una nueva relación con los otros. Por
ejemplo, lo que
interesa saber es cómo se relacionan los trabajadores con los medios de
producción, si como
propietarios o expropiados. Los elementos son los mismos pero las
relaciones entre
ellos son diferentes (Zuleta, 1987, p.55).
3.3. La totalidad
estructurada en la economía política
El concepto
detotalidad seentiendeala par con el concepto deestructura ysus funciones
analíticas
se pueden ver en
detalle cuando Marx aborda el circuito de la economía política: Producción-
un sentido, en
tanto que pone realmente de relieve lo común, lo fija y nos ahorra así una
repetición. Sin embargo, lo general o lo común, extraído por comparación, es a
su vez algo completamente articulado y que se despliega en distintas
determinaciones” (Zuleta, 1987, p.54).
79
distribución-cambio-consumo,
como un todo articulado orientado por un proceso integral del cual,
el sello de Marx
está en identificar y dar muestra de la estructuración que hay entre esos
cuatro
elementos del modo
de producción de una formación social “la producción como el consumo y los
otros elementos ya
redefinidos como “articulaciones de una totalidad, están diferenciados dentro
de una misma
unidad” (Zuleta, 1987, p.79).
Esta mirada difiere
de otros economistas que en sus análisis separaban la producción del consumo,
las consideraban
como entes separados y no las integraban como elementos articulados que se
condicionaban
mutuamente, por ejemplo que, el consumo es condición de existencia de la
producción y
viceversa. De un lado el consumo plantea la necesidad que la producción
satisface,
pero de otro, un
producto es producto cuando cumple la finalidad para la que fue creado, o sea,
cuando se
cristaliza en su actividad como objeto. Necesita cumplir con esa actividad de
consumo
para concretar la
función de reproducir las relaciones sociales existentes.
Pero
adicionalmente, la producción ejerce una determinación directa sobre el consumo
porque:
“La producción, no
solamente crea el objeto de consumo, sino también el modo de consumo, lo
que la producción
produce no sólo se objetiva sino que también se subjetiva” (Zuleta, 1987,
p.78).
La producción
moldea pues al consumidor, ya que “no solamente produce un objeto para el
sujeto,
sino un sujeto para
el objeto” (Zuleta, 1987, p.78) El ejemplo de Marx a propósito de esto es
contundente, ocurre
a la manera del arte donde se forja el público apto para una obra, de no
existir
ese público
sensible, la obra de arte no puede generar su goce estético.
80
Al final de cuentas
es el análisis de los momentos de una totalidad, percibiendo sus articulaciones
y las acciones
recíprocas que hay entre elementos, en una frase, la interdependencia de las
relaciones entrelas
partes. Paradejar hasta aquí con lo referente al circuito dela
economíapolítica,
basta indicar
brevemente el lugar y el sentido que cobran en este circuito, la distribución y
el
cambio. Brevemente
porque mi propósito no es repetir todo lo que ya se encuentra en Marx y en
la extraordinaria y
aguda interpretación que hace Zuleta, y para lo cual solo habría que remitirse
a
la lectura del
texto citado, sino que mi intención es sustentar la apropiación que logró
Estanislao
Zuleta de la lógica
teórica de Marx expresada en estas interpretaciones.
Respecto a la
distribución, los economistas burgueses la conciben como la repartición de lo
producido, mientras
que para Marx, la distribución es la repartición que se hace en una sociedad
dividida en clases.
Pero esta conclusión a la que llega Marx, fue precedida por un análisis donde
planteó una
pregunta que empezaba a develar las inconsistencias de los economistas: “¿La
distribución existe
como una esfera autónoma junto a la producción y fuera ella?” (Zuleta, 1987,
p.84).
La pregunta era
formulada según la división que hacían algunos economistas entre la producción
y la distribución,
en la primera situaban “como agentes de la producción; la tierra, el trabajo y
el
capital. En la
segunda, la distribución; la renta, el salario, el interés y la ganancia”
(Zuleta, 1987,
p.85) Pronto se
verá que esta separación se revela como falsa, puesto que no capta la relación
interdependiente
entre las partes y las influencias que estas ejercen entre sí.
81
En consecuencia,
los modos y relaciones de distribución aparecen sólo como el reverso de
los agentes de
producción. Un individuo que participa en la producción bajo la forma de
trabajo asalariado,
participa bajo la forma de salario en los productos. La organización de
la distribución
está totalmente determinada por la organización de la producción (Zuleta,
1987, p.85).
No puede por tanto
dividirse del ámbito de la distribución el salario, como si fuese una entidad
autónoma frente a
la producción, dado que es lo que se hace, según en el ámbito productivo, lo
que determinará una
cantidad de salario para participar en la adquisición de los bienes que se
distribuyen en el
mercado. Lo que devela Marx y lo reconoce Zuleta es que son las relaciones
sociales las que
determinan los factores productivos y distributivos, por ejemplo, no es la
tierra la
que produce la
renta, sino:
[...] la propiedad
sobre la tierra y correlativamente la existencia de la no propiedad sobre la
tierra la que
produce la renta. [Tampoco el capital produce ganancia, creerlo es] confundir
los elementos
materiales del capital, edificios, máquinas, materias primas, o sea medios de
producción, con la
propiedad privada sobre los medios de producción y la correlativa
supeditación del
trabajador asalariado, no propietario, con respecto a los propietarios
privados de los
medios de producción. El capital no es una cosa sino una relación social14
[y respecto al
trabajo] ningún trabajo produce salario, es el trabajo en las condiciones
capitalistas de
producción el que aparece como trabajo asalariado. Es la separación de la
fuerza de trabajo
con respecto a los medios de producción y a los medios de vida, y el que
14 El subrayado es
mío
82
éstos se enfrenten
a ella en forma de capital, lo que engendra el trabajo asalariado (Zuleta,
1987, p.86).
Pero además de
poner presente la interdependencia de las partes que componen el circuito de la
economía política:
producción-distribución-cambio-consumo desde la visión de totalidad
estructurante, se
avanza más en la dirección de identificar las relaciones sociales que preceden
y
sustentan los
procesos económicos. Aquí el marxismo rebate toda forma de empirismo yno se
deja
embaucar por las
apariencias evidentes. Si habíamos visto que la producción, desde su forma
particular de
organizarse determinaba la forma en que se participaba en la distribución, no
por ello
Marx caerá en el
equívoco de creer que “lo que antecede en el tiempo es lo determinante”
(Zuleta,
1987, p.88), puesto
que antes de que la producción material ponga a rodar su maquinaria, ocurre
en el seno de la
sociedad una forma de distribución específica que determinará a su vez, el modo
y la manera en que
se pondrá en ejecución la producción material.
Eso que ocurre en
el seno de la sociedad, que puede ser mediante conquistas, revoluciones u otros
hechos históricos,
configurará una distribución específica dentro de la población en general,
ubicando a los
portadores de la fuerza de trabajo: esclavos, vasallos, o trabajadores
asalariados por
un lado, y por otro
a los poseedores de la propiedad privada; la tierra y los medios de producción.
Siendo relacionados
estos agentes dentro de la sociedad, y especialmente en la división social del
trabajo, como
poseedores y desposeídos. Luego de esta distribución se configura el proceso
productivo que
caracteriza a una formación social. Se define la manera en que se genera la
riqueza,
quienes la van a
usufructuar, y quienes disponen de su fuerza de trabajo bajo ciertas prácticas
sociales. “En todos
estos casos —y todos ellos son históricos— la distribución no parece estar
83
determinada por la
producción, sino, por el contrario, es la producción la que parece estar
organizada y
determinada por la distribución” (Zuleta, 1987, p.89).
De esta manera se
ve cómo los hechos históricos —conquistas, revoluciones— moldean y están
sobre la base de
las formaciones económicas de las sociedades y, no éstas últimas, las que
estarían
regidas por unas
supuestas leyes naturales. Para que exista una producción tal y como se
configura
en una formación
social, se precisa que antes se haya dado una distribución en clases, y como lo
muestra Marx en el
capítulo XXIV de El Capital, en un momento dado se crean las condiciones
sociales para
generar estas clases, si no haydesposeídos de medios de producción pues la
violencia
ejerce su papel
protagónico para ir creando esa clase social que luego se desempeñará como
trabajadora
asalariada en la producción. Al existir ese sujeto social que encarnaría tal
papel,
vendrán otras
distribuciones incluidas en la organización misma de la producción y
precedentes a
la distribución de
mercancías:
Antes de ser
distribución de productos, nos dice [Marx] es: 1) distribución de los
instrumentos de
producción, y 2) distribución de los miembros de la sociedad entre las
distintas ramas de
producción e inmediatamente después engloba estos conceptos bajo el
de relaciones de
producción. Ahora sí, explica la distribución de los productos como el
resultado de las
relaciones sociales de producción o distribución de la sociedad en clases
[...] se explica la
frase de Marx de que “considerar a la producción prescindiendo de esta
distribución que
ella encierra es evidentemente una abstracción huera (Zuleta, 1987, pp.
90-91).
84
En estos ejemplos
vemos el análisis de totalidad en Marx, con toda la complejidad que requiere y
la cual Estanislao
Zuleta nos la ayuda a comprender mejor. Vemos pues que el asunto no se agota
en derivar la
distribución de la producción o viceversa, la relación, sea cual sea la
instancia a la
que se le dé
primacía, estará mal formulada sino ha sido captada la sustancia que compone a
cada
una de las partes
tratadas. En Marx por ejemplo, no es sólo la precisión de una influencia
precedente en la
producción por la distribución en clases, sino que el concepto mismo de
producción es
aclarado.
[…] lo nuevo en
Marx no es mostrar la primacía de la producción, sino, haber transformado
el concepto de
producción en el que no se confunden producción en el sentido de proceso
de trabajo o
condiciones materiales y técnicas de la producción, con producción, en el
sentido de forma
social de producción (Zuleta, 1987, p.87).
Dentro de esta
visión de totalidad se considera el cambio al interior del circuito de la
economía
política, el que
tampoco es concebido de manera general, sino que es entendido desde un momento
histórico, así, en
la sociedad que rige el modo de producción capitalista el cambio se refiere a
la
circulación del
producto social entre las clases sociales.
Marx procede a
restringir o determinar el concepto de cambio; ya no se mantiene en el
nivel del cambio
general, como por ejemplo, cambio entre clanes primitivos, intercambio
en el interior de
familias más o menos autosuficientes, etc., sino que determina el concepto
de cambio con la
calificación de privado, ubicándolo en el marco de una sociedad en un
85
momento histórico
determinado, el de la producción privada, el modo de producción
capitalista
(Zuleta, 1987, p.97).
Visto el cambio
como la circulación del producto social entre las clases, pronto se cae en
cuenta
de que el cambio
cruza todo el circuito de la economía política de principio a fin. Hay cambio
entre la producción
y la distribución, cambio entre la distribución y el consumo. Así, en el
análisis
de totalidad que
Marx ofrece, aunque no estén dichas explícitamente, se abordan las siguientes
preguntas:
-¿Cuál es el
tránsito completo de los objetos producidos?
-¿Qué agentes
realizan los intercambios?
-¿Cómo estos
agentes participan en las instancias del circuito económico?
-¿El agente
productivo adquiere en el consumo lo que realiza o ayuda a crear en la
producción?
Figura 2: La
circulación del producto social. Elaboración propia
86
La manera de estar
en un lugar de este circuito, determinará el papel que se ejerce en otra
instancia.
Todos estos
intercambios están marcados por el sello de la producción, más específicamente
por
el lugar que se
ocupa en ella. Si por ejemplo, en el ámbito de la producción participo como
vendedor de mi
fuerza de trabajo, ya vimos que es porque en la distribución en clases sociales
soy
un no propietario
de medios de producción. Esto me marca unos límites en cuanto a la adquisición
del producto
social. De hecho, puede suceder que, entre los trabajadores que fabrican
automóviles
ninguno de estos
tenga la posibilidad —ya ubicados en el consumo— de comprarse uno de esos
carros que con su
inteligencia y destreza en la esfera productiva ayudan a crear. Todo porque en
cuanto trabajador
asalariado, no se es dueño de lo que se produce, la actividad creadora, sea
cual
sea su rendimiento
y calidad le pertenece a quien ha pagado por la fuerza de trabajo. “El
resultado
al que llegamos no
es que la producción, la distribución, el intercambio y el consumo sean
idénticos, sino que
constituyen las articulaciones de una totalidad, diferenciaciones dentro de una
unidad” (Zuleta,
1987, p.97).
Luego dever
ejemplificadala totalidad en el terreno dela economíapolítica, es
convenienteindicar
otros matices que
frente a este concepto pone presente Zuleta en sus contrastes y articulaciones
de
saberes, al igual
que en lo atinente al concepto de estructura, como el concepto de totalidad es
concebido en el
marxismo a diferencia de otros saberes y autores.
En antropología y
en sociología se utiliza el concepto de estructura en el sentido simple de
totalidad
interdependiente, sin embargo el concepto de estructura en Marx es radicalmente
87
diferente. Para él
las partes son interdependientes pero no tienen el mismo orden de eficacia
determinante, están
jerarquizadas (Zuleta, 1987, p.98)15.
La parte subrayada
fue por cierto una aclaración que ya había sido realizada en la discusión sobre
el concepto de
totalidad en Hegel y de cómo este concepto había sido retomado y reformulado
por
Marx, quien, a
diferencia de aquel, no se quedó en la totalidad descriptiva, sino que apuntaba
a
desentrañar la
sustancia de las partes que configuran la totalidad. Pero como si fuera poco
Zuleta
nos aclara aún más
la cuestión:
No deben
confundirse los conceptos de totalidad estructurada y determinación propios de
Marx, con la idea
de Hegel de totalidad de sentido o totalidad expresiva, donde las partes
constituyen una
totalidad orgánica que se refleja en un principio interno único, en un
sentido que habita
la totalidad; por ejemplo, Hegel concibe la edad media como una
totalidad
expresiva, una época o un momento del movimiento del espíritu en la cual éste
se
contrapone a la
naturaleza (Zuleta, 1987, p.98).
Analicemos estas
diferencias de miras frente a la totalidad que Zuleta nos pone presente. En
Hegel,
un sentido único
habita la totalidad y es desde aquel sentido que se concatenan las partes que
integran y componen
la totalidad, de ahí que todos los elementos de un momento histórico
expresarían ese
sentido. “Todos los elementos del mundo medieval: economía, política,
filosofía,
religión, arte,
etc., expresan ese principio único interno que caracteriza la época -en el
mundo
medieval- : la
contraposición el espíritu y la naturaleza” (Zuleta, 1987, p.98).
15 Subrayado mío.
88
En Hegel pues, el
sentido es preexistente a la estructura y es quien la moldea y organiza según
su
idea. Mientras que
en Marx, ocurre todo lo contrario, el sentido es un efecto de la estructura,
tal y
como se configuran
sus partes constitutivas hay un significado de la totalidad. Aunque es
importante indicar
que la estructura está en movimiento, no es estática, por tanto puede ser
modificada en sus
relaciones y a su vez determinar un nuevo sentido de totalidad.
3.4. ¿Cómo están
aquí presentes las fuentes integrantes del marxismo?
Desde unos puntos
epistemológicos se nos muestrala continuidad de Zuleta frente a las enseñanzas
de Marx, como se
ve, en muchas cuestiones de método. Entonces, frente a un asunto como lo
plantea mi pregunta
de investigación es bien evidente que Zuleta tiene muy claro el tema de la
articulación desde
los conceptos de estructura y totalidad, no sólo los entiende en Marx, sino que
los volcó a un
diálogo de autores y teorías.
De acuerdo a lo
anterior, podemos concluir respecto a Zuleta, que:
1. Hay apropiación
del análisis singular de Marx en la economía política, sobre todo de su
manera diferenciada
a la de los economistas burgueses. Lo visto en el circuito de la
economía política
así lo refrenda, donde al mejor estilo marxista los conceptos económicos
están cargados de
su realidad histórico social, lo cual se da desde la articulación entre las
fuentes integrantes
de marxismo, la fuente sociopolítica y la económica especialmente.
89
2. Ruptura con las
nociones ideologizadas de la ciencia. Este aspecto no fue tratado
específicamente en
este capítulo, pero se deriva del punto anterior. Muchas de las
inconsistencias de
los economistas burgueses provenían de una intencionalidad a priori
que tenían en sus
estudios, no eran simples errores teóricos, sino intencionalidades claras
de hacer una
defensa científica del capitalismo. No buscaban investigar objetivamente la
realidad, sino
hacer una constatación teórica de esa realidad existente como una situación
ineludible e
inmutable.
2.1. De un lado,
estaba la naturalización de la historia, expresada en diversos
ejemplos, cuyo
punto en común es la proyección al origen. Así se justifica la
realidad actual,
suponiendo que “todo ha sido siempre así, de acuerdo a una
presunta esencia o
naturaleza humana, inmutables y ahistóricas” (Zuleta, 1987, p.
45) Quien cuestione
o se oponga a ello, no es que contradiga un sistema económico
o un grupo
político, sino que se está oponiendo a un estado natural de las cosas.
2.2. Deotro lado,
la apología puede verseen los análisis directos de los economistas
que en las
divisiones que sostenían en el circuito de la economía política, como lo
interpreta Zuleta y
lo dice explícitamente:
[al derivar] de los
factores de la producción a las formas de distribución se
cae en una
concepción apologética del capitalismo, es decir, el pago de
los factores que
tiene la virtud de silenciar la explotación de la fuerza
de trabajo. Por
ejemplo, si el capitalista recibe utilidades, es porque se le
está pagando la
utilización del factor capital, sus edificios, sus maquinarias,
etc., sin que
aparezca por ninguna parte su condición de explotador de
90
la fuerza de
trabajo, y al trabajador con el salario, se le está pagando su
factor trabajo, sin
que aparezca por ninguna parte el problema de la
apropiación de la
plusvalía (Zuleta, 1987, p.86).
Este subrayado que
hago del fragmento de Zuleta, busca sustentar en base a una
apropiación
epistemológica del marxismo la posición ética y política que se deriva
de ella y que
caracteriza a todo buen marxista, posición con la que se identifica
Estanislao en este
momento de su vida (Año 1972) donde es sin lugar a dudas un
crítico y un
opositor acérrimo del capitalismo a partir del conocimiento
fundamentado que va
teniendo de este sistema económico. De manera que es
innegable esta
postura marxista y anticapitalisa de Zuleta, que como veremos se
mantendrá
irrenunciable años después en su vida.
3. Tratamiento del
concreto real y articulación de las fuentes integrantes del marxismo.
Zuleta, puede
decirse que ha apropiado lo que significa investigar la realidad social desde
una postura
materialista. Capta las múltiples relaciones que determinan al objeto que
estudia, fue algo
que vimos en sus interpretaciones sobrelas relaciones entre la producción,
la distribución, el
cambio y el consumo, entendiendo y concibiendo que hay que atenerse
al conocimiento de
sus condicionamientos reales y por ello identifica de la mano de Marx
la estructura
clasista de las sociedades, punto crucial para entender que los procesos
económicos están
articulados con la formación y reproducción de las clases sociales.
Además nos
demuestra una apropiación concreta frente a las fuentes integrantes del
marxismo, porque la
clase social es, precisamente, un concepto que engloba diferentes
áreas de
conocimientos, donde la economía se historiza, la política se imbrica con el
91
análisis económico,
la historia tiene un nuevo método de estudio y lo social engrana todo
lo anterior, todos
estos saberes que están implicados en las fuentes integrantes.
4. Acentúa la
crítica a la fuente filosófica en puntos epistemológicos, exponiendo la
revolución en el
pensamiento que produjo Marx, con la nueva lógica que funda y con su
nueva forma de
explicar y de concebir la causalidad, este es otro punto que coincide con el
tratamiento de las
fuentes integrantes en Zuleta, dado que la especificidad que trae a
colación con los
conceptos de estructura y totalidad, reconocen los puntos de vista
específicos del
marxismo que hacían ruptura con la manera en que la fuente filosófica los
abordaba, tal como
vimos en el caso de Aristóteles y Hegel. Es también el estilo crítico de
Marx, que a la hora
de abordar los conceptos, no los toma como definiciones cerradas, sino
que exige de estos
siempre el sustento histórico y social.
3.5. Algunos
ejemplos del análisis marxista de Estanislao Zuleta
El análisis
estructural de la sociedad
Un punto de gran
coincidencia de Zuleta con Marx es el análisis estructural de la sociedad que
tiene como piedra
angular el estudio del modo de producción capitalista, Zuleta es continuador
del
abordaje y la
crítica que hace Marx desde la economía política, donde las utilizaciones de
sus
conceptos son
aplicados a las realidades sociales, a más de ser los que le permiten a
Estanislao
fundamentar su
posición como anticapitalista.
92
Pero entonces, ¿en
qué escenarios y frente a qué objetos o problemáticas particulares de la
sociedad, Zuleta
puso en función analítica los aportes del marxismo? A la hora de identificar en
los trabajos de
Zuleta y en algunas de sus exposiciones tales aportes, resaltan tanto la
orientación
epistemológica como
ciertos conceptos económicos, históricos y sociopolíticos que desde el
marxismo se
entrelazan en la obra del pensador colombiano. Quisiera proponer un esquema
analítico para
situar la peculiaridad de la herencia marxista en Zuleta, pues en su obra el
análisis
materialista que se
forja desde el estudio de la estructura social deriva en dos vertientes, una
que
es histórico-social
y otra que se puede denominar como cultural. Ambas se articulan en la
indagación de los
fenómenos que Estanislao Zuleta trataba, por eso encontramos en sus estudios
desde problemas
macrosociales como el tema de la tierra o la historia económica de Colombia en
el siglo XIX y en
la época colonial, hasta fenómenos de carácter microsocial que atienden asuntos
de la vida
cotidiana, es decir, unas problemáticas que son vistas desde sus repercusiones
individuales
reconociendo en su singularidad las causas que las determinan desde el
funcionamiento de
la estructura social.
3.6. Vertiente
macrosocial
Un ejemplo para ver
el abordaje macrosocial que hay en Zuleta retomando elementos del
marxismo, puede
encontrarse en su investigación sobre la historia económica de Colombia. Allí
cuando se remonta a
los siglos XV y XVI recreando situaciones concretas de esta época, Zuleta
hace gala de sus
capacidades investigativas y que para situarlas en su influencia marxista las
podríamos denominar
bajo la expresión de dos referencias epistemológicas que ya hemos visto,
totalidad
estructurante y concreto real. Aquí conviene señalar la enorme habilidad del
pensador
93
colombiano
paraenfrentarseacuestiones demateriahistórica ysociológicacon todo rigor,
ydonde
las enseñanzas de
Marx no se quedaban en una mera repetición de sus conceptos, de su método de
investigación o de
sus propuestas políticas, sino que desde el aporte de Marx Zuleta hizo
investigaciones y
estudios propios sobre objetos específicos que lo llevaron a buscar material
histórico y
referentes teóricos externos al marxismo, los que por tanto lo condujeron en
muchos
casos a tratar
fenómenos que no habían sido estudiados en el marxismo, o en otros casos, a
llegar
a resultados
diferentes frente a problemas que Marx, Engels y algunos de sus herederos ya
habían
tratado.
Al texto que hago
referencia, Conferencias sobre Historia Económica de Colombia, el libro
comienza con una
aclaración sobre el método, desde una reflexión sobre la importancia de la
historia y una
crítica implacable a los modelos de investigación imperantes en la academia por
su
carácter técnicista
y empirista, Zuleta introduce la perspectiva de la totalidad estructurante que,
como observamos, es
de arraigo marxista. En este mismo texto nos dice:
Abordar lo social
como una estructura significa ante todo plantear la interdependencia de
las partes como su
característica fundamental. Una sociedad no es la suma de hombres,
técnicas,
instituciones, creencias, etc., que la componen, sino el sistema de relaciones
que
todos esos
elementos tienen entre sí (Zuleta, 2004, p.12).
El fragmento
anterior entra en plena coherencia con lo que expuse en la síntesis teórica
donde fue
ejemplificada la
totalidad estructurada en el circuito de la economía política. Y en la misma
página
94
del fragmento que
ha sido citado, se trae a colación a Georg Lukács toda una autoridad en el
marxismo y a quien
recordando su crítica al empirismo por su endiosamiento con los hechos,
comenta Zuleta:
Y los famosos
“hechos” al no encontrar su sitio en el seno de la totalidad a que pertenecen,
resultan
prácticamente inaprovechables, ya que lo que a la ciencia social le interesa en
ellos
son las relaciones
que ligan al conjunto de la estructura (Zuleta, 2004, p.12).
Un asunto como la
estructura de la propiedad rural son vistos desde esta orientación
epistemológica de
la totalidad, que puesta en contexto de la economía colonial es determinante
para ver el modo
que tuvo de organizarse y así poder identificar con más claridad el carácter de
las modificaciones
que se fueron dando en su estructura con el transcurrir del tiempo.
En nuestro propio
tema, la estructura del sector rural de la economía colombiana y de las
tendencias que
rigen hoy en él, no parece posible obtener una aproximación adecuada de
los hechos, si no
se parte de la organización inicial de la propiedad de la tierra y su forma
de explotación y no
se siguen las etapas de su modificación y el cambio de función
económica de los
elementos que han quedado aparentemente estáticos (Zuleta, 2004, p.13).
Desde tal visión se
plantea otras reconstrucciones de la realidad que vinculan otros elementos,
como la relación
del sector rural con el industrial, lo que implica a su vezla relación
campo-ciudad,
95
la densidad
demográfica en la ciudad que implica unas nuevas dinámicas en el terreno
económico
y que afecta
indefectiblemente las lógicas del campo aunque a primera vista así no parezca,
de
igual manera que
las características de la población en especial los indígenas, los intercambios
de
productos, la
política española y su pugna con otras potencias europeas son realidades que
están
implicadas en el
desarrollo de la economía colombiana durante la época colonial.
Las anteriores
consideraciones, como veremos serán cruciales en lo atinente a la
interpretación de
datos empíricos, a
tono con la perspectiva del concreto real, hay un tratamiento de los fenómenos
de la realidad a
partir de sus expresiones concretas, ya lo ejemplificaré con unos casos
específicos
en el texto de
Conferencias sobre historia económica de Colombia, donde a Zuleta lo veremos
como un exigente
investigador que no tiene nada que envidiarle a ningún sociólogo o historiador
pues da cuenta de
una versatilidad en el abordaje de estadísticas, fuentes históricas y demás
elementos empíricos
para la construcción de un análisis objetivo de la realidad.
El tratamiento del
concreto real desde la exigencia de la totalidad concreta toma dos caminos en
la investigación
que estamos analizando de Zuleta, uno de estos concierne con el abordaje de
fuentes empíricas
tales como las estadísticas demográficas y otros datos relativos a los niveles
de
producción, los
salarios yel flujo del oro. El otro camino es el diálogo con los autores yla
literatura
histórica y
sociológica que han tratado el tema de la economía y otros asuntos
socio-históricos
durante el
feudalismo. Autores propios de las ciencias sociales, algunos contemporáneos
con
Zuleta como el caso
de Fernan Braudel y de Wright Mills y otros insignes y a la vanguardia de
estas áreas de
conocimiento como el caso de Max Weber, esto por nombrar unos cuantos
referentes
96
de los que están
presentes en la obra de Zuleta que estamos citando. Es decir que todo lo que
vamos a encontrar
como análisis, hipótesis y construcciones teóricas en Zuleta tiene en la base
los
elementos empíricos
y la literatura histórica que he señalado. No son pues los análisis
macrosociales
partiendo de elucubraciones filosóficas, sino desde una indagación al mejor
estilo
materialista.
Para el caso del
primer camino, se consideran los datos recolectados por los autores: Hamilton,
Kirkland, Vincent
Vives y Braudel, quienes además de estar casi de acuerdo en los datos, “poseen
una elevada
conciencia crítica. Por lo tanto, si no podemos hacernos ilusiones sobre su
exactitud
estamos convencidos
de que representan un cuadro aproximado de la distribución demográfica en
el siglo XVI”
(Zuleta, 2004, p.22).
En lo relativo a
las estadísticas sobre la carrera inflacionaria durante los siglos XV y XVI se
analizan los datos
de Hamilton y Brito Figueroa, y de estos se puede llegar a deducir que en la
época en cuestión
se dio un desequilibrio entre el aumento de los precios y el de los salarios,
todo
ello a raíz del
ingreso en Europa del oro y los metales preciosos provenientes de América. Una
riqueza sin
precedentes que llegaba a levantar una serie de obstáculos que en esos momentos
tenía
la economía
europea; los precios subían en relación con los productos circulantes lo cual
significaba grandes
beneficios paralos comerciantes, la paradoja estaría en que el país
protagonista
de la colonización
sería el más afectado por el oro que entraba a Europa, dado que para estos años
España no contaba
con una productividad fuerte mientras otros países ya daban muestras de
grandes avances
industriales, “las consecuencias de la revolución de los precios, no fueron sin
97
embargo las mismas
para el capitalismo europeo, considerado en general, y para el español en
particular, fueron
más bien contrarias” (Zuleta, 2004, p.25).
En el caso del
segundo camino que decía, donde se dirime el tratamiento del concreto real y la
construcción
materialista de ideas, vemos a un Zuleta que no sólo hace meras alusiones
descriptivas a las
estadísticas, sino una revisión crítica de las mismas y demás fuentes
históricas.
No se aleja del
análisis objetivo contado con datos empíricos, pero no los positiviza, los
trata de
una manera
característica al marxismo que, vinculando la reflexión teórica con la
interpretación
rigurosa del dato,
lo toma como medio para la explicación más no como el fin que concluye y
demuestra en sí
mismo sin mediar ningún análisis. Es así como Estanislao establece el diálogo
con
los autores que le
son de referencia y los pone a discutir en los temas que se contraponen, por
ejemplo entre
Braudel y Hamilton que aunque manejan cifras similares en sus datos difieren en
su
interpretación.
[Braudel] cuando
considera en conjunto las consecuencias de la revolución de los precios,
llega a
conclusiones completamente opuestas a las de Hamilton: para él, la inflación no
tiene nada que ver,
en efecto, con la justicia distributiva. Afecta por igual a ricos y pobres,
pero no a todos los
ricos. Afecta a los industriales, a los mercaderes, a los financieros [...]
Afecta a cuantos
directa o indirectamente, se ven envueltos en los peligros y falaces
remolinos de la
moneda. Menos a los señores, a los terratenientes (Zuleta, 2004, p.29).
98
Este tipo de
contrastes son característicos en Zuleta, donde concibe y refrenda en el autor
lo
acertado, pero
también le cuestiona lo que de errado puede tener. Así pasa con Braudel con el
que
Zuletano está
plenamentedeacuerdo ysin embargo debereconocerlepuntossólidos en su análisis.
Por ejemplo, en
referencia al fragmento anterior, Zuleta indica un punto criticable: “Esta
concepción es muy
difícil de aceptar [...] tampoco se puede aceptar que los comerciantes se
vieran
perjudicados. Las
grandes empresas comerciales, como las compañías inglesas yholandesas de las
Indias Orientales,
daban enormes dividendos” (Zuleta, 2004, p.29).
Y lo que resalta
Zuleta a partir de ese mismo fragmento de Braudel:
Pero donde la
argumentación de Braudel es más sólida, es en lo que se refiere a las
consecuencias de la
inflación en la distribución de la riqueza y el poder entre las clases
poseedoras [...]
los grandes beneficiarios fueron los terratenientes, hasta el punto de
caracterizar el
período como una reacción señorial yuna bancarrota de la burguesía (Zuleta,
2004, p.30).
Difícilmente el
cientificista que aferra su confianza al dato pueda hacer este tipo de
contrastes, él
pierde en reflexión
histórica lo que supone ganar en la cuantificación estadística.
99
3.7. Vertiente
cultural
Una de las
peculiaridades del marxismo en Zuleta estuvo en acentuar la crítica sobre los
efectos
que la civilización
capitalista ejerce sobre la vida cotidiana. La crítica a los procesos
económicos
del capitalismo se
articula a una dimensión socio-cultural, poniendo presente las consecuencias
que dicho sistema
tiene en los aspectos más diversos de la vida humana. Por eso, tal como vamos
a ver, temas como
el tiempo, el sentido de vida, la subjetividad, la creatividad, el placer, el
gusto,
etc., son
considerados desde el conocimiento estructural del modo de producción burgués.
En textos como,
Ensayos sobre Marx Estanislao expone sus conocimientos acerca de un área como
la economía
política. En el ensayo Marx y el presente parte por ejemplo de la teoría del
valor que
es desarrollada
ampliamente en El Capital y con su singular forma de abordar los saberes,
Zuleta,
además de divulgar
con ejemplos claros conceptos como; mercancía, fuerza de trabajo, valor, valor
de cambio, modo de
producción, medios de producción y otros, los aterriza para entender casos
contemporáneos que
experimentan las sociedades regidas por el capitalismo, así, el análisis no se
queda en una mera
expresión erudita del marxismo, sino, en una forma cuestionar los efectos que
en la cotidianidad
tiene dicho sistema económico. Zuleta, nos logra mostrar que hasta en lo más
íntimo de nuestras
existencias repercute la sociedad burguesa, por ejemplo, al hablar del tiempo
Zuleta nos habla de
un nuevo afán que despliega el capitalismo.
[…] hay un mundo en
el que todo está de afán, todos estamos de afán. Ese es el mundo del
capital. El mundo
en el que a mayor circulación mayor eficacia, mayor velocidad de la
100
circulación. El
mundo moderno es un mundo del afán y de un afán que está
institucionalizado.
Estamos de afán (Zuleta, 1987, p.13).
La circulación a la
que está haciendo referencia Zuleta es la circulación de mercancías que
caracteriza a la
sociedad capitalista, donde una clave de su productividad está en el tiempo, la
rapidez en la
producción y el consumo de tales mercancías se vuelven claves para el
funcionamiento del
capital y su acumulamiento de riqueza. No es suficiente que el productor
capitalista sea
dueño de las fábricas, o de los medios de producción, es condición parasu
existencia
como capitalista
que las mercancías ingresen al mercado y cumplan su ciclo en la circulación,
así
podrá obtener el
dinero que le permitirá invertir de nuevo en fuerza de trabajo, los medios de
producción y, a la
vez, obtener un plus, una cantidad superior de dinero a la que invirtió
inicialmente, es
decir, la plusvalía.
Marx denomina lo
anterior bajo la fórmula D-M-D´ (Dinero-Mercancía-Dinero incrementado) en
contraposición a la
fórmula del obrero que es M-D-M (Mercancía- Dinero-Mercancía)
En la fórmula del
obrero se reproduce el capital, el trabajador vende una mercancía (M) que es su
fuerza de trabajo a
cambio de un dinero (D) que es su salario; el cual tiene como destino obtener
otras mercancías
(M) las que le permitirían reproducir sus medios de subsistencia. En tanto, en
la
fórmula del
capitalista se revela como éste acumula riqueza, o como Marx lo define,
convierte el
dinero en capital.
Al invertir en la producción con su dinero (D) el burgués compra esa particular
mercancía (M) que
es la fuerza de trabajo del obrero. Recordemos que es particular porque es la
única mercancía que
tiene la capacidad de crear otras mercancías y valorizarlas, así la fuerza de
101
trabajo produce
otros bienes que salen al mercado y al ser intercambiados retornan al
capitalista
un dinero
incrementado (D´) una cantidad superior a la que inicialmente había invertido,
y es este
interés por el
beneficio obtenido lo que motiva a todo capitalista a producir, pues, como
diría el
genio de Tréveris,
hasta ahora no se ha conocido al primero que lo haga por el simple amor al
arte de producir.
De ahí que entre
más rápido se haga el ciclo, entre menos tiempo se demore la compra y la venta
demercancías en el
mercado, más seráel dinero incrementado quese embolsillarán los capitalistas.
Pero Zuleta
enfatiza en el hecho de que esa rapidez y ese afán repercuten en la vida
concreta de
las personas, el
afán de las mercancías es el afán de los seres humanos.
Amarrada a la
velocidad del ciclo está la tendencia a convertirsetodo en mercancía, desde el
objeto
más simple hasta
algo como la sexualidad humana empieza a encontrar en el capitalismo su signo
distintivo, ser
valor de cambio:
Todo lo que
nosotros hacemos se está conviviendo progresivamente en mercancía, y todo
lo quenosotros
necesitamos sevaconvirtiendo en mercancía; la mercancía penetraen todos
los poros de
nuestra vida. Ahora ya ni siquiera la relación de la mamá con el niñito que le
acaba de nacer es
independiente de la mercancía. Necesita al pediatra al que hay que
comprarle su fuerza
de trabajo para que le indique los horarios y los teteros (Zuleta,1987,
p.16).
102
También estaría la
pérdida de la inteligencia del trabajador en la división social del trabajo,
“[…]
Él no decide ni qué
se hace ni cómo se hace ni para que se hace. Las leyes del capital lo deciden”
(Zuleta, 1987,p.15)
y se podrían continuar con otros ejemplos, que nos ponen presente las
relaciones
específicas que se tejen en una sociedad capitalista y que generan un tipo de
humanidad
acorde a los
requerimientos de tal sistema. El punto es que Estanislao llega a tal
explicación al
hacer su debida
indagación desde el estudio de lo que Marx denominó como la base material de
toda sociedad, la
estructura económica. El ser humano real y viviente no pierde acá su nexo
consustancial con
la sociedad, la coherencia entre lo subjetivo y lo social encuentra en este
ámbito
caminos para sus
explicaciones causales, pues todo lo que repercute en la cotidianidad de los
individuos se forma
en gracia al tipo de relaciones que establece socialmente, en el caso de
marxismo dándole
primacía al estudio del modo de producción.
103
Cuarta Parte
4. Zuleta y el debate marxista en Colombia y el
mundo
Para este capítulo
se abordarán las discusiones que sostuvo Zuleta con diferentes tendencias
políticas y
teóricas que giraban alrededor del marxismo durante el periodo de su actividad
intelectual
quecubreaproximadamentetreintaaños, comenzando con los inolvidables años
sesenta
y yendo hasta 1990,
año en el que fallece el pensador colombiano. Se tratarán pues problemáticas
específicas que en
el contexto colombiano e internacional se desataron en torno a la obra de Marx,
la lucha
revolucionaria y la práctica del socialismo. Son problemáticas que serán
consideradas
poniendo en el
centro de las discusiones y las polémicas dadas, la interrogación sobre la
articulación de las
fuentes integrantes del marxismo.
4.1. Los años
sesenta: la discusión marxista con una época
Esta época, como
contadas veces en la historia de la humanidad, viene a poner en discusión el
papel de las ideas
en la transformación del mundo, más específicamente el papel que debe asumir
el generador de
tales ideas, el intelectual. El llamado a tomar partido por las situaciones de
injusticia, a
condenarlas y rechazarlas en público se impuso casi como imperativo y era lo
que en
estos años sesenta
caracterizaba al intelectual comprometido. Estas exigencias vinculaban
directamente al
intelectual con la política, relación que no estuvo exenta de malestar y
desencuentros para
muchos pensadores, el mismo Estanislao Zuleta habría de experimentar su
104
inconformidad con
organizaciones partidistas, en este contexto ser marxista y afiliarse a un
partido
comunista era la
forma en que el intelectual consagraba su responsabilidad política, muchos lo
vivieron como
drama, sea porque fueran del partido o también porque no lo eran. Si no había
filiación política
el marxista estaba obligado a buscar caminos y experiencias para realizar su
praxis, ésta última
fue la vía que marcó la existencia de Zuleta.
Además, el siglo
XX, el siglo de los totalitarismos no dio lugar a posturas intermedias, hasta
el
punto de que puede
afirmarse que este siglo se partió en dos aguas, entre los marxistas y los
antimarxistas. Una
forma homologable de nombrar en el plano teórico la disputa sociopolítica que
a la fecha se
sostenía entre dos sistemas antagónicos, comunismo vs capitalismo. Definirse
por
una de las partes
fue una cuestión ineludible para quienes se movían públicamente en el plano de
las ideas.
Si queremos
comprender el mundo del cual salimos, es necesario recordar la fuerza de las
ideas. Recordarnos
del notable dominio que la idea marxista, en particular, ejercía sobre la
imaginación del
siglo XX. Esta atrajo una buena parte de los espíritus más interesantes de
la época, aunque
fuera solo por un tiempo: por sí misma o porque la quiebra del liberalismo
y el desafío del
fascismo aparentemente no ofrecían solución de recambio. Otros, entre los
que nunca fueron
tentados por el milagro de la Revolución, concentraron una buena parte
de su vida a
estudiar y combatir al marxismo. Tomaron el desafío en serio y, a menudo, lo
comprendieron mejor
que sus acólitos (Judt, 2012, citado por Tirado, 2014, p.233).
105
Por el lado de las
aguas rojas, los regímenes políticos que proclamaban su adherencia al marxismo
promovían el
ideario comunista con un marcado interés de autojustificación para sus
gobiernos, el
marxismo que se
encarnaba y se divulgaba no era homogéneo en todos los países socialistas: el
debate sobre la
toma del poder, sobre las medidas económicas, la lucha armada etc., fueron
delineados por la
orientación que a estos temas les daba la URSS, la China de Mao y en su
momento hasta la
misma Cuba. No era un asunto exclusivamente teórico sino que tenía una
connotación
ideológica, era una manera de legitimar o no ciertas experiencias políticas que
decían
basarse en los
aportes de Marx, como veremos, esto tuvo altas repercusiones políticas, además
que
significó,
paradójicamente, un obstáculo para el avance del marxismo en cuanto a su
cualificación
teórica. Por más
que se hayan divulgado algunas de sus obras, o los rostros de Marx y Engels
adornaran con las
banderas rojas las plazas y los pasillos de las sedes comunistas, estos
símbolos
revolucionarios no
pasaron de ser una imagen y un disfraz superficial que no correspondió con
una profundización
del marxismo como teoría crítica.
Fue en definitiva
el siglo XX una época radical, pero como si no fuera poco, la situación se
agudizaba porque la
toma obligada de posición hacía que el autodenominado marxista arreglara
cuentas con su
postura frente al país que hasta entonces hegemonizaba el discurso marxista y
comunista: la Unión
Soviética. Casi que de manera automática se asumía que el partidario de la
obra de Marx era un
simpatizante de la URSS, aunque aceptar esto sin matiz alguno sería no hacer
justicia con otras
posiciones dentro del marxismo que sin abandonar algunos de sus planteamientos
se distanciaban de
la orientación política del Kremlin. Por ejemplo, las organizaciones
trotskistas,
o lo que se
expresaba en la crítica de Guevara hacia la burocracia soviética y la ruptura
con la otra
106
potencia comunista
del momento como lo era China, son éstas muestras de la disidencia que
experimentó el
movimiento marxista.
Sin embargo, al
igual que con el marxismo, la posición frente a la Unión Soviéticaimplicó
también
una postura total.
O se estaba en favor de la URSS, o se estaba en contra de ella. Si por lo menos
frente al marxismo
había un margen de disidencia, frente la Unión Soviética, apostar por su apoyo
significaba no
escribir, divulgar, ni exponer ninguna crítica a su modelo político, ni al
marxismo.
Era adherir sin
crítica alguna las líneas trazadas por el partido y acatarlas, pues quien
difería, la
burocracia tenía el
poder de convertirlo así hubiese sido el militante más convencido, en un
traidor,
un reaccionario o
un contrarrevolucionario. Como lo vivió uno de los líderes y precursores de la
Revolución
Bolchevique Nikolai Bujarin, que pasó a convertirse de un héroe revolucionario
en
1917 aun villano
traidor en los años treinta16. Pero como hallamado la atención Bolívar
Echeverría
citado por Lincopi
(2017), ante quienes pretenden despacharse en bloque contra el marxismo
tildándolo de
autoritario, que frente a ese “marxismo ismático, religioso, como culto oficial
de
regímenes
despóticos, dogmático y sin capacidad de apertura al mundo, existirá un
marxismo del
todo autocrítico,
revolucionario, anti-despótico y abierto al mundo, a las novedades de la
ciencia
y el pensamiento”
(p.2).
16 no cabe duda del
tormentoso discurrir de quienes ingresaron en las filas de los partidos
comunistas. Esto se suele atribuir a la creciente transformación de dichos
partidos, que siguen la pauta soviética formando cuerpos rígidamente dogmáticos
y sin permitir ninguna desviación respecto a una ortodoxia que acabó abarcando
todo aspecto imaginable del pensamiento humano y que dejó muy poco campo a la
actividad de la que los intelectuales reciben su nombre (Hobsbawm, 1978, p.45).
107
No obstante, los
pocos que no abandonaron el marxismo, pero manifestaban su posición crítica
con el partido eran
condenados al ostracismo:
Los comunistas que
se separaban del partido —y esto fue durante mucho tiempo
consecuencia casi
automática de la disidencia— perdían toda posibilidad de ejercer
influencia alguna
sobre él. En países como Francia, donde el partido y el movimiento
socialista se iban
identificando cada vez más, abandonar aquél equivalía a quedar reducido
a la impotencia
política o a la traición a la causa, y para los intelectuales comunistas la
posibilidad de
situarse como destacados personajes académicos o culturales no suponía
ninguna
compensación. El destino de quienes se iban o eran expulsados era bien el
anticomunismo o el
olvido político, salvo en el caso de los lectores de revistas minoritarias.
Por el contrario,
la lealtad concedía por lo menos la posibilidad de ser influyente
(Hobsbawm, 1978,
p.49).
Esta imposibilidad
de adoptar posturas matizadas fueron contradicciones asumidas por autores
como Sartre, quien
sólo hasta 1968 tendrá su ruptura definitiva con la Unión Soviética a raíz de
la
invasión a
Checoslovaquia. Este sería el acontecimiento que rebasaría la copa de su
paciencia
frente al modelo
soviético. Y que lo haya hecho Sartre, quien por tanto tiempo defendió la
política
soviética asumiendo
no pocos conflictos como el que sostuvo con Albert Camus, muestran hasta
qué punto la
degeneración política de la URSS se hacía indefendible.
108
4.2. Llegando a
Marx
La mezcla que se
daba entre marxismo y política a partir de los regímenes socialistas que
dominaban en los
años sesenta, en Rusia y China particularmente, definieron el tipo de polémicas
que se desataron en
el seno del marxismo yaquí comprobamos lo que se había indicado en párrafos
anteriores, y es
que propiamente dicho, tales discusiones no se daban teniendo como base un
desarrollo
conceptual. Y en la exigencia de la posición del intelectual, predominaba una
demanda
moral más que una
consistencia teórica, aunque como en el caso de Sartre, ambas cosas llegaron
conjugarse hasta
cierto punto, la solidez de las ideas con un decidido compromiso por la
revolución.
Las polémicas, más
que explícitamente sobre el marxismo, giraban sobre la manera de
aprobar,
distanciarse o condenar acontecimientos de la Unión Soviética. Se daban en un
contexto
progresista y se referían al compromiso del intelectual con la sociedad y con
la
revolución, a los
métodos para hacerla, a la licitud del ejercicio de la violencia y a si se
podía acudir a
cualquier medio con el fin de alcanzar una sociedad mejor (Tirado, 2014,
p.238).
Y es precisamente
Sartre un referente invaluable para Zuleta, a su influencia le podemos
adjudicar
la búsqueda del
marxismo, que como lo comenta uno de sus amigos más entrañables, el poeta
colombiano Eduardo
Gómez, con quien sostuvo una amistad desde mediados de los años cincuenta
hasta los últimos
días de vida de Zuleta, fue Sartre quien persuadió a Estanislao para que se
109
enfrentara
directamente a la obra de Marx. En sus primeras conversaciones alrededor de la
participación de
Eduardo en la Juventud Comunista y en la Federación de Estudiantes
Colombianos FEC -la
vanguardia estudiantil que fue sumamente activa en la lucha contra el
gobierno de Rojas
Pinilla en la década de los cincuenta-, Zuleta ya se mostraba bastante crítico
con las
organizaciones de izquierda, captando las contradicciones que experimentaba
Eduardo con
su militancia17.
Pero aun cuando
Zuleta estuviera empapado de la obra de Sartre, todavía no lo era frente al
marxismo. A lo sumo
“Marx era mencionado por Zuleta con cautela, respeto y distancia y prefería
hacer la crítica de
las deformaciones de que había sido objeto en la praxis política de los
partidos
comunistas” (Gómez,
2017, p.33).
En sus círculos
cercanos y en las tertulias especialmente, las referencias intelectuales
francesas
eran infaltables
donde la revista Le Temp Moderns cobraba una singular importancia, cuya
traducción hacía
Zuleta del francés, desde allí nutrían los debates ylos temas de discusión
aquellos
jóvenes que estaban
ávidos de conocimiento por aquella época. Textos como Cuestiones de
Método, El
existencialismo es un humanismo, así como muchos otros de autores de renombre
por
aquel tiempo,
Merleau Ponty, Georg Lukács, daban la apertura para el análisis de diferentes
17 Era cierto que
los comunistas ayudaron a iniciarme políticamente en el siglo XX y que en el
trabajo de la FEC habían mostrado sagacidad y cierta lucidez, pero después de
un tiempo de militar en sus filas lo artificial y forzado de mi posición
comenzó a tornarse insoportable. [...] Zuleta hizo consciente el malestar
secreto que corroía mi papel como líder estudiantil y me mostró la
imposibilidad de desligar ese mundo dual que me desgarraba. Sus análisis
sartreanos de la “inautenticidad” de mi “situación”, sus observaciones sobre
cómo no se puede aspirar a cambiar el mundo sino “asumiendo” los propios
conflictos, suscitaron una crisis de mis convicciones políticas (Gómez, 2017,
pp. 31-32).
110
asuntos, desde una
visión filosófico-humanista como se aprecia en el existencialismo de Sartre
quien estableciendo
una diálogo entre el marxismo y el psicoanálisis, apuntaba a un tratamiento
sociológico y
psicológico de los problemas humanos. Esta compenetración que buscaba hacer un
autor de elevado
valor para Zuleta, fue sin duda alguna relevante para que hayamos contado con
un marxismo pensado
y apropiado por Estanislao en su configuración teórica.
La importancia de
señalar la influencia sartreana en el marxismo que iría a apropiar Zuleta, es
para
indicar que no fue
un partido político, ni ninguna organización social la que le ofreció tal
transmisión, más
bien, desde muy joven Zuleta mostró una renuencia a las organizaciones de
izquierda a las que
se rehusaba siempre en cuanto percibía un ambiente autoritario o dogmático.
Esta influencia de
Sartre, junto con la apropiación de psicoanálisis con la que ya contaba Zuleta
durante la década
de los cincuenta, nos explican en parte el desarrollo de un marxismo en Zuleta
que nunca se
sobrepone a otros escenarios del pensamiento sino que entra a discutir
directamente
con los contenidos
inmanentes a las teorías. Es decir, una apropiación de elementos filosóficos y
psicoanalíticos
pondrían a Zuleta en guardia contra esos dogmáticos comunistas que desde el
rechazo estéril,
sin fundamento y sin conocimiento riguroso desechaban a pensadores y a teorías
externas al
marxismo. Bajo aquel moralismo proletario que condenaba lo desconocido bajo una
supuesta perversión
política que inevitablemente recaía en todo autor por su origen burgués o
pequeñoburgués. El
marxismo en Zuleta pues, estaba vacunado de entrada contra esa tendencia
empobrecedora de
las ideas que adoptaban algunos de sus herederos.
111
Reiterar sobre
estos momentos iniciales en los que Zuleta llega a la obra de Marx, nos dan
cuenta
de la singularidad
del marxismo que veremos desarrollado en la obra del pensador colombiano.
Que lo especial no
tiene que ver solamente con que se haya ido al marxismo, lo cual era común
hacia los años
sesenta, sino la manera en cómo se fue al mismo, cómo lo trabajo y lo
discursaba,
donde
evidenciaremos claras diferencias a lo que eran otros abordajes en el seno del
marxismo,
tanto en el
contexto colombiano como en el mundo. Pero también, estos momentos iniciales
nos
sirven para hacer
un contraste del discurso que construía Zuleta en su llegada a la obra de Marx
y
a la de otros
referentes revolucionarios como Lenin, con aquellos discursos que hacía los
años
setentas y ochentas
elaboraba Zuleta sobre las ideas de revolución, transición socialista,
dictadura
del proletariado,
lucha de clases y otros temas.
Con esto lo que
pretendo es situar lo que serían las continuidades y/o rupturas que frente al
marxismo
experimentó Estanislao. Uno de los grandes vacíos que tienen respecto a Zuleta
muchos
de sus
comentaristas es que no indagan por el desarrollo que tuvo de las ideas y las
posturas que
adoptó en materia
política e intelectual. En lo referente al marxismo, al no poder negar la
presencia
del genio de
Tréveris en su pensamiento, acentúan en el distanciamiento que hacia el final
de su
vida tuvo Zuleta
con algunas ideas de la revolución socialista y con la obra de Marx
directamente,
lo cual es
innegable. El tema es, que con alusiones fragmentadas donde se criticaba a Marx
y a la
izquierda, sin
precisar los contextos históricos y las discusiones teóricas implicadas en
tales
críticas, se ha
tendido a dejar la imagen de un Zuleta que progresivamente fue abandonando el
marxismo y concluir
que hacia finales de su vida éste hizo un giro de la izquierda revolucionaria
hacia la democracia
liberal. Tal tesis, la defienden desde representantes políticos de este país
como
112
el exministro de
salud Alejandro Gaviria18 hasta académicos como Alberto Valencia, que en su
meritorio trabajo
documental —realizado junto con el hijo de Zuleta Juan José Zuleta—, en la
transcripción de
los audios de las conferencias de Estanislao Zuleta y en la correspondiente
organización
detales archivos, haescrito semblanzas sobreZuletaen las que mantienela
intención,
claramente
identificable, de establecer una dicotomía entre un marxismo configurado hasta
el
tuétano de una
naturaleza dictatorial y un Estanislao Zuleta demócrata más cercano a la
defensa
del liberalismo que
al propio socialismo marxista19.
El asunto pues,
implica formularse algunas cuestiones en términos de apropiación durante el
tiempo de la
actividad intelectual de Estanislao Zuleta, ¿mantiene en el tiempo la misma
apropiación sobre
el marxismo?, ¿es homogénea de principio a fin, o se transforma con el tiempo?,
y en caso de
haberse dado cambios: ¿respecto a qué se dieron éstos?
Si en Zuleta
pervivieron varios Marx a lo largo de su vida intelectual, habría que indagar
por las
interpretaciones
que irían modificándose en el tiempo, en tal sentido, situar esos cambios y ver
hasta qué punto en
el mismo Zuleta se hacían evidentes esos contrastes en diferentes momentos de
su vida yobra, si
hacía explícitos los virajes en sus interpretaciones ydabalas razones
paraexplicar
18 Al respecto
puede leerse la conferencia que impartió en la Universidad de Antioquia en el
año 2015, y cuyo título lleva: Zuleta y la democracia liberal (Gaviria, 2015).
19 El tema de la
democracia, a diferencia de la crítica del capitalismo, presenta algunos
matices que hacen mucho más complejo el problema. Zuleta fue toda su vida un
hombre de izquierda y la tradición de la democracia política, como bien
sabemos, no hace parte necesariamente de la tradición de la izquierda. Los
países que intentaron llevar a la práctica los ideales socialistas apelaron en
lo político a la construcción de regímenes totalitarios, bajo la idea de que la
lucha contra la desigualdad sólo era posible en el marco de la negación de las
libertades políticas, tal como ocurrió en la URSS, en Europa del Este, en Asia,
África y Cuba (Valencia, 2005, p.23).
113
el cambio de
posición. En tal sentido no hago más que explorar un camino ya transitado por
el
mismo Zuleta, donde
ejemplificaba en sus análisis de Marx lo que había sido la evolución de su
pensamiento, donde
se daban tanto continuidades y discontinuidades en la obra del pensador
alemán.
Voy a tomar en
conjunto, no porque crea ni mucho menos que la obra de Marx no haya
evolucionado o que
Marx no haya cambiado de ideas, ambas cosas son así; evolucionó
desde luego y
cambió de ideas, nadie puede imaginarse que Marx puso el marxismo como
una gallina pone un
huevo; pero creo que muchos de los temas de la juventud que casi no
menciona
posteriormente, son temas que siguen siendo vitales en su obra y que más bien
se pueden pensar,
porque eso también es pensable, que en su obra hay contradicciones, y
no sólo época, no
sólo el Marx de antes de y después de, sino también contradicciones
(Zuleta, 1987,
pp.9-10).
Pero al decir que
hay varios Marx en la evolución del pensamiento de Zuleta esto no debe
confundirse con una
posturapluralista, posmoderna yambigua, donde algo significa tanto una cosa
como su contrario,
donde el Marx que es crítico implacable del capitalismo puede ser conciliable
con
interpretaciones políticas que, con la buena intención de no caer en propuestas
dictatoriales,
olvidan la
explotación inherente y estructural del sistema burgués que Marx devela en toda
su obra
teórica. Hay que
decir que Zuleta más allá de algunos distanciamientos con Marx nunca cayó en
tales incoherencias
y por eso las interpretaciones de Alberto Valencia y Alejandro Gaviria sobre
el lugar de Marx en
Zuleta, corren el peligro de borrar el carácter crítico del marxismo que
sostuvo
114
Estanislao hasta el
final de su vida. El Zuleta crítico de la URSS, de China y de Cuba, nunca
abandonó a ese Marx
que le enseñó a poner en el centro de sus análisis sociales la crítica al modo
de producción
capitalista y a los efectos que este sistema genera sobre la vida concreta de
los seres
humanos.
Hay que indicar
además que esos cambios o continuidades también dan cuenta de la elaboración
de las fuentes
integrantes del marxismo en la obra de Zuleta. Voy a intentar ponerlo muy
presente,
pero especialmente,
en el análisis temporal que propongo sostener en los momentos de apropiación
del marxismo en
Zuleta, va a presentarse una discusión crítica entre la fuente filosófica y la
fuente
sociopolítica. Una
tensión entre estas fuentes que va a estar marcada principalmente por lo que
fue
del marxismo como
teoría y práctica política en el siglo XX, es por ello que no podemos ver la
apropiación de la
obra de Marx en Zuleta desde una continuidad armoniosa, sin crítica y
posicionamiento del
propio pensador colombiano. El contexto de los años sesenta ejerce su
influencia en la
mirada de Zuleta, la izquierda revolucionaria en Colombia, la experiencia
política
de los socialismos
reales y la cuestión de la lucha armada son hechos históricos que llevaron a
Zuleta hacia un
retorno reflexivo de nociones teóricas y propuestas políticas del marxismo con
las
que llegaría a
controvertir y a devenir en posturas alternas.
4.3. Evolución del
marxismo en Zuleta
Así las cosas, se
hace necesario organizar el abordaje de esa evolución del marxismo en Zuleta,
para tal propósito
propongo la siguiente periodicidad para situar en el tiempo y en el espacio el
115
tipo de apropiación
que iba teniendo Zuleta sobre Marx, y en general sobre algunos aspectos
esenciales dentro
del espectro teórico-político del marxismo. De igual manera para ubicar con
claridad las ideas
que Zuleta adhería en determinados años y de ahí realizar un contraste con las
ideas que
sostendría en otros años de su vida.
- 1960 / 1970: Zuleta y su momento
leninista.
- 1970 / 1980: El momento de la economía
política / Análisis iniciales a los socialismos
reales.
- 1980 / 1990: Marxismo: ¿Dictadura o
democracia? / Retorno Zuletiano a la fuente
filosófica.
Aclaro que esta
periodización metodológica obedece a los temas que entre los diez años de cada
periodo en cuestión
fueron los más característicos entre las obras yconferencias que expuso Zuleta
alrededor del
marxismo. No es que hayan sido los únicos tema tratados por Zuleta en esta
época,
tampoco agotan lo
atinente al marxismo, sino que estos son temas relevantes, en tanto expresan
algunos de esos
cambios significativos queexperimentó Zuletaentreperiodos, poniendo en tensión
dentro de la teoría
marxista ciertos asuntos y en particular aquellos que se refieren a la
articulación
de las fuentes
integrantes.
Para tener una idea
de a dónde provienen tales discusiones, haré alusión de los textos de Zuleta en
los que me apoyé
para situar los temas que considero característicos sobre el marxismo en cada
periodo, en dichos
textos se pueden encontrar el desarrollo de los temas señalados.
116
Tabla 4
Evolución del
marxismo en Zuleta
Año Temas Textos
1963: Revista
Estrategia; Introducción a un
1960/ 1970 Zuleta y su momento
debate sobre la política revolucionaria.
leninista 1964: Marxismo y psicoanálisis. En, Ensayos
sobre Marx
1972: Comentarios a
la “Introducción
1970/ 1980 El momento de la economía
política
general a la
crítica de la economía política”
de Carlos Marx
Análisis iniciales a los 1972: Sobre la teoría del reflejo.
En, Ensayos socialismos reales
sobre Marx
1975: El marxismo,
la educación y la
universidad. En,
Educación y democracia
1978: Acerca de la
naturaleza de las ciencias
sociales.
1981: Reflexiones
sobre el fetichismo. En,
117
1980/ 1990 Marxismo: ¿Dictadura o Ensayos sobre Marx
democracia?
Retorno Zuletiano a
la fuente
filosófica.
1981: Derechos
humanos y diversidad de
culturas.
Conversación con Ramón Pérez,
Ciro Roldán y Jaime
Galarza.
1983: Marx y el
presente. En, Ensayos sobre
Marx
1987/1989: La
democracia y la paz.
Conferencia al
M-19.- Ética, terror y
revolución. En,
Colombia: Violencia,
Democracia y
Derechos humanos.
1989: Texto
inédito. Teorías políticas
contemporáneas.
Fuente: Elaboración
propia.
A continuación haré
entonces alusión a los textos de estos periodos desde la pregunta que me
corresponde abordar
en este trabajo, la apropiación de las fuentes integrantes del marxismo y su
articulación en la
obra de Zuleta. Así que no será una exposición específica de cada artículo o
texto, sino que
tomaré de éstos algunos aspectos esenciales que desarrollan la discusión de las
fuentes, denotan
cambios de interpretación y ponen en el centro réplicas y polémicas elaboradas
por Zuleta frente
al marxismo.
118
4.4. 1960 / 1970:
Zuleta y el momento leninista de un marxista colombiano
Este periodo es
cardinal a la hora de pensar los asuntos de la apropiación yevolución del
marxismo
en Zuleta, pues
corresponde a los años en que se va acercando a unas ideas iniciales de la obra
de
Marx como ala
deotros autores insignes dela tradición revolucionariacomo es el caso
deVladimir
Lenin, frente al
que Zuleta sostendrá también a lo largo de su vida una discusión nutrida de
reconocimientos e
interpelaciones críticas.
El texto Marxismo y
psicoanálisis de 1964 nos indica la singularidad del marxismo en Zuleta que
desde el comienzo
de su abordaje teórico propugnaba por la configuración del saber social con el
conocimiento
delaestructurasubjetivadelos seres humanos, una exploraciónteóricaquedehecho
nunca abandonará.
Esta perspectiva se deja muy clara también en la presentación de la edición
número dos de la
revista Estrategia, con el sugerente tono provocador que Zuleta adoptabaa
veces.
Digámoslo sin
ambigüedades: Freud, para sólo citar el ejemplo más destacado, nos parece
un continuador de
la obra de Marx mucho más ortodoxo que todos los estalinistas y
kruchevistas
juntos, porque, si bien es cierto que su obra cayó a veces en el materialismo
vulgar y en el
individualismo pequeño-burgués, en cambio la dirección fundamental de su
pensamiento
permitió comprender que el hombre es un ser social, histórico y dramático en
todos los niveles
de su existencia. Rescató para la ciencia toda una dimensión de la vida
humana, individual
y colectiva, considerada hasta entonces como irracional: el
inconsciente,
nuestra capacidad de crear símbolos y de dejarnos esclavizar por ellos, la
119
historicidad de lo
sexual y de lo familiar, el peso real del pasado sobre el presente, y creó
los instrumentos
que permiten pasar del análisis de las estructuras sociales al estudio de las
situaciones
personales. En resumen, descubrió nuevos niveles de la alienación y desarrolló
audazmente la
concepción del hombre que tenía Marx (Zuleta y Arrubla, 1963, p.4).
Tanto desde esta
presentación como en el artículo que tiene Zuleta en la revista Estrategia,
Introducción a un
debate sobre la política revolucionaria de 1963 se develará una postura muy
singular que
adoptaba en sus acercamientos iniciales al marxismo y con la cual veremos que
hay
una divergencia muy
notoria a la posición tomada en años posteriores frente a la obra de Marx, la
revolución y el
socialismo. Por este contraste que se puede sostener con otros momentos de su
vida, le daré
predominancia al texto de Estrategia.
Se podría
sintetizar este periodo de la vida de Zuleta en lo que respecta al marxismo, y
de lo cual
da cuenta su
artículo en la revista Estrategia, con una clara intención de inscribirse en
una praxis
marxista. Por lo
menos, si en otros años no lo es, en esta épocadesu vidaesaintención de
encontrar
y fundamentar una
praxis revolucionaria es muy evidente en Zuleta. Precisamente el análisis que
nos ofrece de la
crisis del marxismo oficial contiene un diagnóstico que retoma análisis
políticos
del propio Marx,
donde cuestiona directamente la ausencia de desarrollos teóricos en los Estados
socialistas y en
las izquierdas revolucionarias, le preocupa a Zuleta el hecho de que la empresa
teórico-política
del marxismo cuyos referentes se esmeraron por la elaboración conceptual y
rigurosa de sus
ideas y proyectos políticos, no esté teniendo arraigo en los nuevos
revolucionarios
con la actitud de
estudio serio y meticuloso, una completa contradicción entre quienes se
120
autoproclamaban
herederos del marxismo. Esto es, en palabras de los directores de la revista,
Mario Arrubla y
Zuleta, la negación del elemento consciente en la lucha revolucionaria. En
particular para el
caso colombiano, lo expresaban así:
En Colombia
también, las izquierdas revolucionarias manifiestan una absoluta indiferencia
por el aspecto
consciente dela lucha. Preocupadas por canalizar el descontento delas masas
en la acción armada
o en la diplomacia revolucionaria, corren a inscribirse en las dos
grandes tendencias
de la revolución mundial y poco o nada les interesa la formación de
cuadros marxistas y
su vinculación orgánica a la clase obrera. Es como si Marx hubiera
resultado un
utopista, no por la imposibilidad de construir una sociedad comunista, sino
por la
imposibilidad de unificar en el combate el conocimiento objetivo y la acción
eficaz,
la crítica y la
transformación del mundo (Zuleta y Arrubla, 1963, p.3).
Esta inscripción en
los debates del marxismo, demuestra que Zuleta ya tiene sospechados ciertos
problemas de la
izquierda y de su praxis política, donde da muestras de su aguda observación de
la realidad
haciendo el llamado de atención a no seguir descuidando el análisis riguroso de
la
realidad social en
la tradición marxista.
Otro punto bastante
llamativo sobre la praxis marxista que está buscando Zuleta, tal y como se
verá en este número
de la revista Estrategia, es que adhiere la primacía del papel revolucionario
del proletariado
refrendando la posibilidad que este tiene para conjugar el saber con la teoría.
En
esta misma línea
son traídos a colación referentes como Lenin, quien fue precisamente ejemplar a
121
la hora de
desplegar el elemento consciente en la lucha. Esto es característico del
abordaje de
Zuleta sobre la
propuesta de praxis marxista, pues a diferencia de lo que veremos en años
posteriores, no se
entran a polemizar o a cuestionar de entrada los contenidos que forjan las
iniciativas
revolucionarias. Por ejemplo, luego veremos a un Zuleta que desde los años
setenta en
adelante, de facto
considera equivocada esa tendencia a dar excesivo protagonismo a la clase
obrera y al
planteamiento economicista que él considera entraña la relevancia dada al
proletariado.
Leyendo la
presentación del número dos de la revista Estrategia, lo que se hace es hablar
de la
dificultad de tal
empresa teórico-práctica, de lo complejo de llevar a la acción ciertas
propuestas y
sobre todo de
lograr la pretendida concienciación de los obreros. O a lo sumo se conciben los
objetivos del
marxismo como en pasado, es decir, como hablando de algo que no ha sido
concretado pero que
en sí mismo sería importante llevar a su realización, es decir, que integrar el
elemento consciente
a la lucha revolucionaria como un objetivo a perseguir no era en estos
momentos para
Zuleta algo errado, ni siquiera puesto en discusión tal y como se proyectaba
desde
Marx, Engels o
Lenin a quienes años más tarde Zuleta si llegará a interpelar directamente
sobre
tal aspecto.
De hecho, la
presentación de la revista declara abiertamente proponerse el trabajo de formar
cuadros marxistas
para que se muevan en el terreno de la lucha obrera y así divulgar el marxismo
buscando explorar
una nueva etapa para la revolución colombiana, frente a eso la revista dirige
sus esfuerzos hacia
una población específica, la juventud universitaria (Zuleta, 1963, p.6). Aquí
vemos un aspecto
que en términos de pensar la articulación de las fuentes en Zuleta, denotan una
122
clara incidencia
del papel de la fuente sociopolítica con la idea de revolución y que en sus
esfuerzos por ser
concatenada con la teoría, se vincula directamente con el análisis desde la
fuente
económico-política.
Cuando corresponda analizar la situación colombiana sobre el tema del
latifundio y el
asunto con la burguesía imperialista veremos la articulación que busca
establecer
Zuleta entre teoría
y praxis, en pocas palabras, apreciaremos los frutos de una teoría que en
búsqueda de dirigir
acertadamente la acción política llegaba a consideraciones inéditas y a
planteamientos
específicos sobre asuntos de la realidad económica, política y social
colombiana.
Planteamientos
distintos a los que sostenían otras tendencias políticas de izquierda, como las
del
Partido Comunista,
el MRL (Movimiento Revolucionario Liberal), el Liberalismo, y
posteriormente el
Maoísmo.
Pero antes de dar
el paso a ver esos contenidos singulares que iban caracterizando los primeros
estudios de Zuleta
alrededor del marxismo, detengámonos en un aspecto que llama bastante la
atención y que
merece relevancia porque marca un contraste significativo con otros períodos de
la
vida intelectual de
Zuleta. Esto es, la curiosa expresión “el elemento consciente en la lucha”
(Zuleta,1963,
pp.3), incluso se llega a hablar de “verdadera conciencia”, entiéndase ésta
como
teoría o saber
explicativo. Otra será la noción de conciencia que manejará en años
posteriores20,
20 Para apreciar la
contundencia del contraste sobre esta idea, el lector puede remitirse a la
conversación con Ramón Pérez, Ciro Roldán y Jaime Galarza del año 1981,
Derechos humanos y Diversidad de Culturas, incluida en el texto Conversaciones
con Estanislao Zuleta: El pensamiento siempre está en lucha con lo verosímil,
con los intereses, con lo imaginario, con una ideología que surge del fondo de
nuestro ser, y por consiguiente la libertad de la conciencia me parece una
concepción idealista. La conciencia nunca será libre; la conciencia es guerra y
confrontación contra la interpretación, contra lo imaginario, contra la
interpretación del otro sin la cual ni siquiera somos capaces de adquirir
conciencia de nosotros mismos. La libertad de conciencia es una de las peores
utopías que se pueden proponer. Una transparencia, independientemente de la
manera como se pueda concebir (empirista, idealista, racionalista, o en
cualquier otra forma) nunca será posible, ni deseable. La conciencia será
siempre combate, con los otros y consigo mismo (Zuleta, 2008, p.104).
123
puede ser que en la
revista Estrategia sea concebida metafóricamente como alusión a la necesidad
de la teoría y no
habría mayor problema con tal analogía. Sin embargo, el mismo Zuleta estaría de
acuerdo en que la
expresión es desafortunada en tanto que una conciencia verdadera es una
contradicción en
los términos, no porque la inserción de la teoría sea algo secundario para
orientar
la lucha política,
ni mucho menos, sino porque ligar la supuesta veracidad de la conciencia a una
teoría específica,
que en este caso sería el marxismo, contiene en sí mismo el peligro de
convertirla
en una ideología
que se pretenda autosuficiente, pues tal y como se definía con la expresión de
socialismo o
comunismo “científico” estos se dotaban de unos contenidos a los que se les
pretendía
dar unos alcances
interpretativos en terrenos de conocimiento que nunca habían sido estudiados
por dicha teoría. A
partir de lo que en un terreno se podría haber estudiado y demostrado
correctamente se
generalizaron ideas en otros escenarios de análisis.
Entonces, como el
marxismo analiza rigurosamente el capitalismo y conoce a cabalidad su
funcionamiento
estructural que es la base material de las sociedades modernas, se cree que por
consecuencia otros
fenómenos humanos con una marcada incidencia socio-cultural, tienen
resolución
implícita en el marco categorial de la economía política marxista (producción
de
mercancías, proceso
de trabajo, proceso de valorización, etc.). Así, el problema de la mujer, por
poner un caso, ha
terminado siendo desvirtuado y marginado. Dado que la explotación de la fuerza
de trabajo en el
seno modo de producción burgués no discrimina género, ciertas prácticas
sociales
en que se violentan
la condición humana de la mujer: abusos sexuales, violencia física, acosos
laborales, salarios
inferiores al de los hombres, etc., terminan siendo subsecuentemente tratadas y
desplazadas del
análisis, dado que lo “esencial” ya se tiene conocido; la matriz de la
explotación
económica que se da
en la relación trabajo asalariado-capital, donde la fuerza productiva del
124
trabajador
asalariado es siempre la generadora del valor sobre las mercancías. Apelando
exclusivamente a
esa estructura de explotación, se desdibujan las formas específicas en que esa
misma opresión
económica se ejerce pero de manera diferenciada sobre la mujer trabajadora en
el
capitalismo, de tal
manerael ortodoxomarxista despacha la discusión con la manida frase “la lucha
es de clase, no de
género”. Cuando por incluir en el análisis las situaciones de la mujer dentro
del
capitalismo, ni se
niega la lucha de clases, ni se rechaza la acertada explicación teórica que
devela
la explotación, lo
que hayes un esfuerzo materialista por reconocer el ropaje social en que se
ejerce
la opresión sobre
la mujer.
Ante el llamado de
atención que desde la presentación de la revista se hace con el descuido de
formación teórica
en el marxismo, tanto a nivel mundial como nacional, en el caso específico de
Colombia, Zuleta en
su artículo nos empieza situando una disyuntiva constituyente a todo proceso
revolucionario, la
tensión entre realismo e izquierdismo dogmático. Si el realismo busca apoyarse
en aquellas
estructuras e instituciones que tienen alguna influencia en las masas, como el
ejército,
el partido liberal,
burguesía nacional, caudillos, etc., creyendo que estas fuerzas en sí mismas no
suponen un
escamoteo para el logro de la revolución. Por el lado de un izquierdismo
dogmático,
se plantea el logro
de sus objetivos sin contar con las determinaciones que la realidad les impone,
antes que el
análisis concreto de la situación concreta, predomina un moralismo
revolucionario sin
ningún asidero en
la realidad (Zuleta, 1963, p.72).
125
Para Zuleta, estas
dos tendencias acechan siempre al marxismo y constituye uno de sus grandes
retos poder superar
tal disyuntiva, sin llegar a asentar demasiado una u otra posición, por lo que
advierte Zuleta
dando una pista para afrontar esta dificultad consustancial al marxismo que,
Ninguna crítica
teórica general permite escapar automáticamente a estas dos grandes
desviaciones que
amenazan al movimiento revolucionario, ya que su sentido depende
estrechamente del
contenido histórico concreto, y una línea política justa y eficaz en una
sociedad
determinada puede y suele resultar completamente inadecuada y perjudicial si se
traslada a otra
(Zuleta, 1963, p.73).
Elaborar la teoría
acorde al terreno donde se pretende construir el proceso revolucionario rige
como exigencia
según Zuleta para evitar las analogías forzadas con otros procesos políticos
que
difieren en sus
determinaciones y en sus condiciones de realización, refiere esto
específicamente
a la pretensión
homologar al contexto colombiano ciertas acciones acometidas por
revolucionarios
en Rusia, China y
Cuba, creyendo que sus aciertos son garantía de éxito en cualquier contexto. Y
es desde esta
exigencia de tener en cuenta el terreno desde el cual se lucha que Zuleta
sostendrá el
debate propuesto
sobre la política revolucionaria. Donde pone el acento no sólo en la estructura
de
las organizaciones
políticas sino también en los análisis teóricos con los que dichas
organizaciones
soportan y
justifican sus objetivos políticos y las líneas de acción que despliegan.
Acorde a las
tendencias que
señaló, Zuleta reconoce que en Colombia para estos años sesenta bajo la
tendencia
del realismo
político están: el Partido Comunista y algunos sectores de la izquierda del
MRL. Pero
126
aclara Zuleta
(1963), como una expresión de respeto, “son ajenos a todo coqueteo con la
reacción” (p.74).
Al MRL (Movimiento
Revolucionario Liberal) una facción política del partido Liberal dirigido
por Alfonso López
Michelsen, Zuleta les plantea una pregunta concreta:
[…] el sector
izquierdista del MRL, podrán escapar a los peligros del “realismo político”,
es decir, evitar
que las llamadas concesiones a la eficacia inmediata conserven una forma
de organización en
la que se mantiene la dispersión de las masas y el predominio de los
sectores
derechistas en el movimiento” (Zuleta, 1963,p.75).
Y en consonancia a
una respuesta de organización genuinamente revolucionaria, resalta Zuleta con
una actitud
política, más aún, con la demanda de una conformación partidista para evitar
esos
peligros del
realismo. Les dice a los del MRL, no es suficiente la lucha contra el
electorerismo, es
necesario una línea
marxista de organización.
Zuleta se mueve en
dos dimensiones en este texto, de un lado analiza la conformación de las
organizaciones
políticas que él ve potencialmente como revolucionarias y de otro lado, indaga
por
los soportes
teóricos de las mismas organizaciones para identificar el sustento conceptual
de sus
consignas
partidistas yproyectos políticos. Para la primeramirada, hace acotaciones sobre
algunos
elementos de la
estructuración política que deben mejorar o cambiar las organizaciones, en este
punto la
orientación predominante es leninista como bien se percibe en el comentario
anterior y en
127
otros que traeré a
colación más adelante. De esto da cuenta la interlocución sostenida de Zuleta
con los problemas
organizativos planteados por Lenin en escritos como ¿Qué hacer?, o El Estado
y la Revolución,
uno de esos de esos problemas es precisamente relacionado con la situación de
nuestro país frente
a la dirección del partido revolucionario ¿vanguardia o espontaneísmo? Al
respecto de esta
dicotomía Zuleta adopta una posición cerrada y vertical poco usual en él,
aplaudiendo que las
juventudes del MRL adoptaran para sí el camino de la vanguardia.
La juventud del MRL
ha comprendido esta necesidad de una organización de tipo
revolucionario
(...) una estructura rígida, disciplinada y vertical, que responda
efectivamente alas
necesidades detrabajo ydeluchaqueimponela conquista deun sistema
socialista para
Colombia (Zuleta, 1963, p.78).
Zuleta hace relucir
en este debate sobre la política revolucionaria, un carácter de estratega
político,
proponiendo una
organización de tipo leninista para la orientación de la revolución y la
inclusión
de las masas en
dicho proceso. “El enorme predominio de la burguesía neocolonial en Colombia,
aliada con el
imperialismo y confundida en gran parte con un latifundio de la especulación,
constituye un
terreno político que impone con particular urgencia una organización de tipo
leninista” (Zuleta,
1963, p.76).
Como veremos en
contraste con el periodo de los años setenta en adelante, es toda una sorpresa
ver esta postura de
Zuleta frente al tema partidista, el protagonismo de la clase obrera en la
revolución, la idea
de socialismo y otros asuntos inherentes a la praxis marxista que el pensador
128
colombiano valora
intelectual ypolíticamente de manera muydiferente durante estos años sesenta.
De hecho, me
gustaría indicar que sobre este punto se ve un Zuleta mucho más comprensivo e
historiador con la
hechura de los procesos revolucionarios. Si bien ya va siendo consciente de la
deriva autoritaria
que estaban teniendo los proyectos socialistas, en sus consideraciones
planteaba
contextos
históricos y situaciones políticas que mostraban la correlación de fuerzas que
estaban en
juego, un análisis
que luego en sus críticas de los años setenta y ochenta hacia los socialismos
reales no expondrá.
Tomando como
referencia la experiencia rusa, Zuleta ejemplifica la diferencia entre
revolución
socialista y
construcción del socialismo, la cual le sirve para hacerle una crítica al
dirigente
histórico del
Partido Comunista Gilberto Viera, quien al no comprender tal diferencia caía en
confusiones y
develaba por demás su ignorancia sobre el proceso socialista en Rusia. Pues
como
bien anota
Estanislao en este aspecto, unadela grandes divergencias entreunarevolución
burguesa
y una revolución
socialista, es que la primera se da cuando ya cuenta con el capitalismo andando
como modo de
producción dominante, mientras que, como ocurrió en Rusia, la revolución
socialista no puede
de facto empezar a establecer un modo de producción socialista dado que éste
aún no es un poder
económico real, por tanto, mientras van conquistando dicho poder económico
en la sociedad, el
socialismo indefectiblemente está obligado a convivir con relaciones
capitalistas
de producción. De
ahí el ejemplo de Zuleta con la colectivización en Rusia, aunque el poder fue
tomado por los
bolcheviques en 1917 sólo hasta 1929 pueden hacer la colectivización, es decir
19
años después.
“Tampoco el capitalismo desaparece repentinamente con la revolución. Continúa
existiendo al lado
de la economía nacionalizada y en el marco de una planificación dirigida hacia
la construcción del
socialismo” (Zuleta, 1963, p.82).
129
Pues bien, este
ejemplo citado, al igual que la acertada definición sobre las características
especiales de la
planificación socialista son análisis que en este escrito de Zuleta en
Estrategia
ofrecen un panorama
histórico que permite situar la complejidad de los procesos revolucionarios,
se identifica y se
muestra en la construcción analítica las condiciones reales y objetivas que por
ejemplo obligaron a
los soviéticos a desplegar un capitalismo de Estado. Pero ocurrirá, tal y como
veremos en los
textos de Zuleta durante los años setenta y ochenta, que esta perspectiva
histórica
dejará de estar
presente en sus conjeturas políticas. Zuleta pasa al ataque frontal de los
socialismos
y a menos que le
sirva para afilar su crítica no hará alusión a hechos o situaciones históricas
concretas que
denoten las limitaciones y las encrucijadas que determinaron a los rusos y los
sumergía en sus
contradicciones políticas. Cuando pase a considerar el periodo de 1970 a 1980
de
la evolución del
marxismo en Zuleta, enfatizare más este punto.
La otra dimensión
del análisis que sostiene Zuleta en este número dos de la revista Estrategia,
es
la que tiene que
ver con examinar las nociones teóricas y los estudios que soportan las
propuestas
políticas de las
organizaciones de izquierda, particularmente se entra a revisar en este texto
la
lectura y el
análisis teórico que a propósito sostiene el Partido Comunista colombiano sobre
diversos puntos de
la realidad colombiana.
El Partido
Comunista colombiano en los años 60 es un hijo de la III Internacional por lo
que adopta
una línea
prosoviética que para los años en cuestión acata la política de “coexistencia
pacífica con
los países
capitalistas”, lo que se traduce en establecer una serie de concesiones con las
burguesías
130
nacionales y sus
partidos liberales, posición que se tenía en rechazo a las posturas que
asientan sus
acciones en un
carácter organizativo-agitacional o devienen en la lucha armada, a quienes
promovíanestas
acciones selos consideraba acelerados quesepretenden saltar las etapas
históricas
y necesarias de la
lucha política, tal y como en algún momento fueron tildados, Lenin en Rusia y
Fidel en Cuba.
Zuleta reconoce en
el programa del Partido comunista la importancia de sus objetivos frente a la
revolución agraria
y comparte incluso la necesidad de apoyarlos, pero va a diferir con el análisis
desde donde los
dirigentes del Partido Comunista identifican la existencia del problema en el
campo, a propósito
de la concentración de la tierra estos concebían que el latifundio era un
rezago
dejado por el
feudalismo en Colombia y que era algo así como un residuo del pasado con el
cual
había que romper.
Nos muestra Zuleta
que en realidad el latifundio no es meramente un rezago feudal, sino que
encuentra en el
capitalismo colombiano un ambiente muy propicio y unas condiciones específicas
para su continuidad
que no obedecen al pasado colonial de nuestra economía. “Una gran parte de
los latifundios se
encuentra en manos de la burguesía industrial y comercial y no constituye la
herencia de una
casta señorial” (Zuleta, 1963, p.80). La concentración de la tierra de hecho
llega
a servir para los
negocios de la burguesía industrial, no hay pues contradicción entre el
latifundio
y el capitalismo,
sino que hay una imbricación de clases, la concentración de tierra se enraíza
en
la lógica misma del
capitalismo colombiano, uno que toma la tierra según Zuleta como una
alcancía y no tanto
bajo una lógica de producción, pues,
131
los inversores
escapan así a la devaluación, a la mayor parte de los impuestos y logran
valorización. Por
las mismas razones los antiguos propietarios tienen interés en conservar
sus propiedades y
es ese interés el que explica su permanencia y no un criterio feudal
hereditario
(Zuleta, 1963, p.80).
Este tipo de
conocimiento histórico y económico que tiene Zuleta obliga a un planteamiento
distinto sobre el
latifundio, no sólo por precisión teórica, sino porque en términos políticos
determinará otro
tipo de acciones para velar por un proceso de transformación de la estructura
rural, se exigen
otras acciones para confrontar a la burguesía que afinca sus negocios en el
campo
y en especial en la
concentración de la tierra. Pero sobre todo, en términos políticos demuestra la
ingenuidad de lo
que hasta entonces se había aceptado como estrategia en el Partido comunista
colombiano por
mandato de la Unión Soviética, que en su plan de coexistencia pacífica con los
países capitalistas
no hacía más que encubrir lo que eran en realidad concesiones con la burguesía
en pro de la
confusa idea de desmontar el latifundio feudal. “Por todo ello una reforma
agraria
verdaderamente
democrática como la que propone el P.C. es también una reforma anti-burguesa
en lo fundamental”
(Zuleta, 1963, p.81).
La consigna más apropiada es una reforma agraria
antiburguesa, no antifeudal porque las
intervenciones
también deben hacerse en otros escenarios, como hacer una ruptura con el
capitalismo
dependiente ylos mecanismos demercado queeste despliega. Además, en este
análisis
de Zuleta se puede
identificar una posición que diferenciaría a una postura marxista de otras
132
posiciones
políticas que habían surgido en décadas anteriores como el gaitanismo y cierto
liberalismo, las
cuales no eran enfáticas en su rechazo con aquella burguesía que se sostenía
del
latifundio. Un
enfoque marxista explicaría porque ante las medidas de redistribución de la
tierra
de López Pumarejo
con la ley 200, hubo una reacción del sector de la burguesía terrateniente
oponiéndose a la
reconfiguración de la propiedad rural que propugnaba la ley 200 con vistas a
potenciar un
capitalismo en el campo; modernizando la producción en diversas esferas y con
el
interés de promover
una clase media.
El asunto, es que
ni en el seno mismo del Partido Comunista que se suponía el heredero legítimo
del estudio
marxista de la sociedad daba cuenta de esta precisión teórica, lo que revelaba
su
desconocimiento de
la economía política marxista y de la realidad histórica colombiana. Por eso
Zuleta denota en
este aspecto una articulación de las fuentes integrantes, pues de la mano de la
fuente
sociopolítica se aprende que hay una diferenciación de las clases al interior
de la misma
burguesía, unas
diferencias esenciales definidas desde sus relaciones productivas, no es lo
mismo
la burguesía
latifundista a una burguesía que promueve una agroindustria, de ahí que se
tenga que
especificar en
términos políticos con qué sector se haría la alianza. Se cae en frases hueras
cuando
se dice sin
precisión alguna, “alianzas estratégicas con la burguesía nacional” como
reconoce
Zuleta, ni en el
seno del PCC se tenía claridad sobre este aspecto.
La lectura política
con el diálogo entre la fuente económico-política y la socio-política lleva a
una
comprensión de la
lucha de clases desde el caso particular de la situación colombiana con el
problema del
latifundio, y entra en disputa con aquella consigna soviética tan defendida por
el
133
PCC para
congraciarse con los rusos, la cual aludía a la transición pacífica hacia el
socialismo. Tal
consigna, basada en
una idea lógica teóricamente pero no comprobable empíricamente en términos
socio-históricos,
era aquella consideración de que entre la burguesía nacional y la burguesía
internacional se
daban unas contradicciones que podrían ser aprovechadas por los
revolucionarios,
básicamente
desarrollando unos acuerdos con la burguesía nacional en pro de favorecer los
intereses de la
clase obrera con algunas mejoras laborales y salariales, esta fue también una
concepción adoptada
por los maoístas en Colombia, como el MOIR. Aquí el problema es la
singularidad de
nuestro país, pues si bien es cierto que hay contradicciones económicas entre
la
burguesía
colombiana y el imperialismo, Zuleta —y esto otra muestra de la articulación
entre las
fuentes— no exagera
tal deducción y comenta que entre esas contradicciones y aquellas que tiene
la burguesía
nacional con el pueblo colombiano; con sus partidos de izquierda, sindicatos,
organizaciones
sociales y políticas, estas últimas son cualitativamente más relevantes y
perjudiciales para
la burguesía nacional. Lo que decide la actitud política no es la existencia de
contradicciones,
contradicciones hay en todo; lo que decide es el tipo y la importancia de las
contradicciones
(Zuleta, 1963, p.84).
Es llamativo
entonces como en este año de 1963, Zuleta en sus acercamientos al marxismo se
percata de los
problemas que van acechando al Partido Comunista Colombiano reflejados en su
forma de hacer
política, que, tal y como muestran los estudios históricos que sobre esta época
se
han hecho, el PCC
buscaba ser sobre todo aquel partido a imagen y semejanza de la URSS, y no
tanto desarrollar
una política propia acorde a las condiciones históricas colombianas de ahí que
en
este acomodo las
elaboraciones teóricas y las investigaciones socio-históricas de carácter
marxista
pasaban a un
segundo plano, y a lo sumo lo que se presentaba como análisis y estudios
científicos
134
era aquello que
justificara la línea política e ideológica que el PCC tenía de antemano en su
afán
por simpatizar con
los soviéticos.
Seguramente este
artículo que escribió Zuleta en la edición número dos de la revista Estrategia
sea en parte una
respuesta al IX congreso del PCC que se celebró en el año 1961, los puntos que
interpela Zuleta en
su texto coinciden con aspectos del programa que por entonces empezaba a
promover el
partido, el cual definió su viraje de la transición pacífica hacia el
socialismo
apoyándose sobre
todo en el electorerismo21, cambios que implicaron no pocas confrontaciones y
polémicas dentro
del partido, conflictos que se tramitaron al mejor estilo estaliniano,
purgando,
expulsando
yexcluyendo todo asomo de críticaque se presentara frente a la línea duraque
imponía
el comité central.
En el debate
interno que duró más de 10 años, el PCC perdió perspectiva política, decidió
“deshacerse” de
valiosos cuadros, afectando su tradicional liderazgo en la izquierda, que
en esos momentos
era disputada por el MRL y la ANAPO. Comunistas maoístas y
"prosoviéticos"
se trenzaron en una feroz lucha política e ideológica, llena de prejuicios,
sectarismos,
dogmatismos y descalificativos morales mutuos, que recogían la tradición de
la lucha política
partidista colombiana. El PCC no pudo dar salida a los nuevos liderazgos
que habían surgido,
cerró posibilidades de renovación y llevó a varios de sus miembros a
21 (...) el PCC
buscó resolver por la vía de la expulsión a los críticos y opositores de su
política de alianzas y de su concepción táctica de la lucha revolucionaria. El
PCC realizó el IX Congreso a mediados de 1961, planteando como táctica
principal para el período, la alianza electoral con el Movimiento
Revolucionario Liberal (MRL) de Alfonso López Michelsen, recién creado en 1960
(Gallego, 2010, p.233).
135
salir del Partido y
formar otras organizaciones, que a la postre aplicaron la herencia de las
prácticas contra
las que se revelaron (Gallego, 2010, pp.234-235).
El énfasis a
disputar el poder dentro del partido y los cargos de dirección se dio a la par
de un
abandono por la
formación sistemática y rigurosa dentro del propio marxismo, está senilidad
teóricadel Partido
Comunista colombiano que fue también la de otras organizaciones de izquierda,
ha sido una
característica de la izquierda colombiana que ha sido refrendada por diferentes
estudiosos de esta
época, una de las recientes investigaciones que tiene como fuente empírica los
mismos archivos de
la Unión Soviética22, corrobora lo que Carlos Medina Gallego, Mauricio
Archila, Rubén
Darío Jaramillo, Álvaro Tirado Mejía afirman en sus textos, la izquierda por
entonces no era
intelectual y la definición por el ser revolucionario no estaba definida por
una
consistencia
teórica que, por ejemplo, desde la investigación sobre las condiciones
históricas y
económicas del país
se orientara hacia la lucha, sino que se regía más por una especie de
voluntarismo
utópico y temerario que no reclamaba apropiación teórica de ninguna índole.
Frente al
pragmatismo del Partido Comunista con su pretendido vanguardismo subordinado
hacia
el electorerismo,
se dieron agudas polémicas que llevaron al surgimiento al del Partido Comunista
línea Marxista
leninista que se inclinó decididamente hacia la lucha armada y tomo partido por
la
vertiente maoísta
que para los inicios de los sesenta, a raíz de la ruptura entre las potencias
comunistas
Soviética y China, empezarían a desplegar sus pugnas por todas las latitudes
del
22 Me refiero a la
exhaustiva indagación que hicieron Klaus Meschkat y José María Rojas, cuya
investigación se expresa en el libro, Liquidando el pasado. La izquierda
colombiana en los archivos de la Unión Soviética. Editorial Taurus. 2009
136
mundo. Pero resultó
que los disidentes del PCC, aunque críticos y contundentes en su rechazo por
la deriva
revisionista que se había promovido desde el comité central, no hicieron más
que
reproducir un nuevo
dogmatismo en el que de igual manera los desarrollos teóricos dentro de las
propuestas
revolucionarias marxistas seguían brillando por su ausencia
El maoísmo no
produjo en Colombia ningún enriquecimiento del pensamiento marxista,
sino un nuevo
dogmatismo que sobrepasa al del viejo partido comunista [...] Una
comprensión del
marxismo que no puede entender la propia revolución sino como
imitación de
pasados movimientos revolucionarios, sólo está en condiciones de legitimar
cualquier
clasedepraxis (desdela luchaarmadahasta maniobras electorales sin principios),
no puede conformar
ninguna praxis nueva [...] Esto no sólo es válido para las variantes del
maoísmo sino
también para muchas otras corrientes marxistas que quieren basarse en una
tradición fundada
por Lenin (Jaramillo, 1998, p.168).
Es en este ambiente
donde realza y cobra importancia singular el marxismo de Zuleta. En medio
de este desierto
intelectual, es meritoria esa agudeza con la que percata el problema en ciernes
que
tiene la izquierda
al dejar de lado la formación intelectual, previendo en gran medida sus
consecuencias para
las luchas revolucionarias. Por eso Zuleta, junto con Mario Arrubla, han sido,
más que los propios
dirigentes de esta época del PCC, quienes han introducido significativos
aportes teóricos
con sus investigaciones sobre la historia económica de Colombia, dejando así un
legado para la
posteridad. Por eso afirma también Rubén Jaramillo que la tendencia socialista
a
diferencia de las
líneas comunistas rusa y china, fue la que aportó decisivamente en el campo
137
intelectual dentro
del marxismo en Colombia. “[...] en el proceso de los socialistas colombianos
se
destacó siempre un
elemento característico que debe ser tomado en consideración, el esfuerzo
intelectual y el
deseo de apropiarse del pensamiento de Marx” (Jaramillo, 1998, p.171).
Estas polémicas que
vimos de Estanislao Zuleta con el PCC, sobre sus análisis de la situación del
campesinado, del
problema del latifundio, especialmente en lo concerniente a la relación entre
capitalismo y
concentración de la tierra, el lugar del imperialismo en Colombia con sus nexos
con
la burguesía
criolla, todo ello manifiesta un desarrollo original del materialismo histórico
desde
las
particularidades de nuestro país. Son pues, versiones de un marxismo que
considero está en
plena sintonía con
la actitud de Marx y de Lenin donde se mantiene la exigencia de que la teoría
forje a la acción
política, sin creer que la mera convicción ideológica es suficiente para el
cambio
social. En este
punto asistimos a la emergencia de un marxismo teorizado y distante de los
esquematismos
imperantes entre las organizaciones de izquierda, que para esta época trabajos
teóricos de alta
envergadura no eran la nota común en la izquierda.
Pero hay que decir
que esa búsqueda de Zuleta por una praxis marxista, aunque captó con gran
lucidez los
problemas socio-políticos que enfrentaba todo proceso revolucionario desde el
análisis
marxista acorde a
la situación del país, en cuanto a su concreción política no pudo trascender,
ni
siquiera al
fortalecimiento del partido leninista que Zuleta tanto sugería para esta época.
El
proyecto político
que Zuleta y Arrubla buscaban fundamentar desde Estrategia, resultó ser un
fracaso pasado muy
poco tiempo, el PRS (Partido de la Revolución Socialista) no logró trascender
138
en su praxis
política según las orientaciones que vimos en el artículo de Zuleta
Introducción a un
debate de la
política revolucionaria.
Frente aesta
experiencia políticade Zuletaconvienepreguntar lo siguiente, paraquelos
intérpretes
liberales de la
obra de Zuleta se encuentren con algo de dificultad ante su pensamiento y no
hagan
fiesta con este
fracaso de su vida, intentando justificar con estas situaciones lo que sería
una
abdicación de
Zuleta al marxismo y a la revolución: ¿Por qué fracasó esa propuesta de
organización
política?, ¿por qué ella en sí misma era errada, o porque las dificultades que
ésta
encarnaba en el
contexto colombiano sobrepasaban las posibilidades de Zuleta y Arrubla para
encararlas? El PRS
tuvo un breve lapso de existencia, en parte, por algo que el mismo Zuleta había
anunciado, la
dificultad de la transmisión ideológica en un país como Colombia.
En algunos países,
el papel de la ideología es relativamente pequeño porque resulta
perfectamente
sencilla y hasta inevitable la identificación del enemigo común [...] Por el
contrario, en
estructuras complejas de dependencia económica, como la colombiana, el
problema de la
ubicación del enemigo y del camino hacia la victoria es muchísimo más
complejo y se
requiere un grado de desarrollo mucho mayor en la conciencia de las masas
para que las
energías revolucionarias no sean canalizadas por las maniobras de una
burguesía nacional
poderosa ni se pierdan en combates heroicos sin esperanzas. (Zuleta,
1963, p.77).
139
El problema
cultural fue uno que inquietó a Zuleta siempre, la formación de las masas y la
trasmisión de las
ideas siempre lo preocupo en el contexto colombiano, veía en esa apuesta una
potencialidad para
lograr transformaciones que pasarán por el convencimiento de la sociedad y no
por la mera
directriz de un partido. Aunque haya tenido su fracaso con el PRS, el mismo
Eduardo
Gómez comenta que
Zuleta no eramuyversado en lo que a praxis política se refiere, “por entonces,
[finales de los
años cincuenta] Zuleta no tenía una orientación suficiente, en cuestiones de
praxis
política. En este
campo sus puntos de vista eran todavía muy abstractos y estaban afectados por
una visión
intelectualista” (Gómez, 2017, p.35), pero con todo y eso, su vida y su obra
nunca
dejaron de
entreverarse coherentemente en la evolución de esa apuesta por elevar el nivel
de
reflexión y de
crítica de la sociedad.
Así era Zuleta, el
mismo que en su breve paso por el Partido Comunista se fue hasta el Sumapaz
para desarrollar un
proceso pedagógico con los campesinos, y aunque esa experiencia también fue
infructuosa y
decepcionante para él23, da cuenta de su decidido compromiso marxista y el
verdadero interés
que tenía por aportar su inteligencia a la causa de la revolución.
23 Comenta Eduardo
Gómez: (...) lo campesinos asistían a las conferencias extenuados de fatiga, se
dormían con frecuencia y no tenían la capacidad de asimilar el lenguaje culto
de los conferencistas” (2017, p.46)
140
4.5. 1970 / 1980:
El momento de la economía política - Análisis iniciales de los
socialismos reales.
Este período estará
marcado por una cualificación del conocimiento marxista en Estanislao Zuleta,
lo que será sin
duda uno de sus logros más significativos. Si en los años sesenta vimos que en
lo
político no
lograron calar los aportes y las orientaciones organizativas que Zuleta y
Arrubla
presentaban en la
revista Estrategia, su huella y repercusión en el ámbito de las ideas, será
innegable.
Su importancia real
radica propiamente en el campo de las ideas, en el enriquecimiento que
pudo haber
significado para muchos, por haberse planteado la necesidad de realizar una
aproximación
genuina al pensamiento ya la obrade Marx yde su tradición; la recuperación
de su potencial
crítico. (Jaramillo, 1998, p.175).
El esfuerzo
intelectual de los socialistas, a diferencia de las tendencias pro-soviética y
china que
fueron más apegadas
al manual y a los esquematismos no hicieron más que caer en nuevos
dogmatismos, así se
dijeran ser críticos y disidentes como en el caso del maoísmo frente a los
soviéticos: El
texto de Mario Arrubla, Estudios sobre el subdesarrollo colombiano24 es
ejemplar,
24 Klaus Meschkat
un estudioso del marxismo en Colombia reconoce la importancia de este texto de
Mario Arrubla así: “Se remite ciertamente a teóricos marxistas contemporáneos
como Paul Baran y Ernest Mandel, pero sus estudios representan una contribución
autónoma y original a la teoría de la dependencia que se anticipa a las líneas
centrales de la argumentación de la teoría marxista de la dependencia
desarrollada apenas a finales de los sesenta (A.G. Frank, Theotonio Dos Santos,
etc.), y sólo encontró poca resonancia en la discusión internacional sobre el
imperialismo, porque Colombia era un estado relativamente aislado cuyas
publicaciones apenas si se conocían por fuera del país. Arrubla retoma de otros
autores el intento de utilizar los esquemas marxianos de la reproducción, en
forma análoga a
141
precisamente como
texto de análisis marxista aplicado a la situación colombiana, pero como se
apreció en el
periodo intelectual de los años sesenta, los planteamientos que en el texto de
Estrategia Zuleta
deja traslucir, dan cuenta de lo que se reclama para un estudio marxista y
sobre
todo para una
postura revolucionaria que se proponga la intervención política, esto es,
desplegar
su accionar desde
un conocimiento del presente.
En los campos donde
se suponía que los marxistas y/o comunistas debían tener un dominio teórico,
más bien daban
cuenta de sus falencias formativas. No era solamente que rechazaran vulgarmente
el psicoanálisis,
la fenomenología, el existencialismo y otros saberes o autores no marxistas,
sino
que en los terrenos
donde se consideraban relevantes los desarrollos teóricos del marxismo,
también habían
flacos conocimientos en cuestiones económicas, históricas y sociopolíticas que
se
suponen son las de
mayor dominio en el marxismo. En contraste, el periodo de los años setenta de
la vida intelectual
de Zuleta frente al marxismo marca una apropiación del conocimiento de una
de sus arterias
vitales, la fuente de la economía política. En la tercera parte de este trabajo
cuando
se abordaron los
conceptos de totalidad y estructura se tomó como referencia un texto de Zuleta
que corresponde
precisamente a la década de los años setenta, Comentarios a la introducción
general de la
crítica de la economía política. Allí observamos en la conversación establecida
con
Marx la recepción
epistemológica y la comprensión que Zuleta mostraba sobre el modo de
producción
capitalista, captando con toda clarividencia que desde allí el estudio marxista
configura
su análisis de la
sociedad, la historia y la política, signo peculiar de esta teoría.
Rosa Luxemburgo,
para el análisis de la relación metrópoli-periferia; antes que otros desarrolla
él también una tipología de la dependencia neocolonial (Meschkat, s.f., citado
por Jaramillo, 1998, p. 174)
142
A lo que en
referencia al texto de Zuleta Comentarios a la introducción general de la
crítica de la
economía política
ya está expuesto en el tercer capítulo de este trabajo, agregaría, en aras de
la
indagación que
vengo realizando sobre la evolución del marxismo en la obra de Zuleta, que
dicho
texto da muestras
de una apropiación de la economía política correspondiente a los años setenta,
muy a sus inicios,
en 1972. Lo que denota una singularidad de la posición marxista que va
adoptando Zuleta,
yes que si bien los fracasos políticos de los años sesenta no le permitieron
llevar
a la práctica sus
ideas organizativas, la respuesta que dará Zuleta a esos impasses es llamativa
y
ejemplar, pues
lejos de reaccionar con una antipatía hacia el marxismo o denigrar de las
luchas
que defendía,
recordemos que en la misma izquierda Zuleta y Arrubla serán repudiados y
vilipendiados25 por
su antidogmatismo radical, y aún ante esos rechazos, con madurez Zuleta
asciende hacia una
cualificación intelectual, aprehendiendo y dominando el aparataje teórico del
marxismo,
exponiendo en esta década una serie de conferencias donde da a conocer la
configuración
epistemológica que tiene la obra de Marx, que su crítica política es
consustancial y
25 Entre esos
rechazos se cuenta, por ejemplo el de un miembro del PCC Nicolás Buenaventura,
para quien la gran afluencia del texto de Arrubla Estudios sobre el
subdesarrollo colombiano era un signo sospechoso de la pequeño burguesía. “[…]
es el best-seller de la ideología socialista pequeñoburguesa en la universidad
colombiana y en sus centros adscritos o a fines de investigación y estudio.
Basta simplemente ver el record de ediciones:
Primera: revista
Estrategia, N° 1y 2. Bogotá. 1.500 ejemplares
Segunda: La Oveja
Negra. Medellín. 1969. 3.000
Tercera: Ídem.
1970. 3.000
Cuarta: El Tigre de
Papel. Medellín. 1971. 4.000
Quinta: Ídem. 1971.
5.000
Sexta: Ídem. 1972.
5.000” (Buenaventura, 1973, citado por Tirado, 2014, p. 251)
Es decir, estos
dirigentes comunistas veían con preocupación que otros intelectuales lograran
hacer lo que ellos eran incapaces de hacer; canalizar y llegar a las masas.
Curiosa preocupación esa de basar una supuesta perversión ideológica por la
amplia difusión de un texto, ¿qué pensarían estos revolucionarios puros al ver
las grandes ediciones que textos como el Manifiesto Comunista tenían en el
mundo? Tal actitud lo único que hace es revelar la tendencia marginalista y
cristiana que tenía la izquierda por aquella época
143
consecuente con su
estudio de la formación social capitalista, que el marxismo no es sólo una
crítica al
capitalismo es también una forma de investigar la realidad social.
Reflexiones y
aportes que están en el mismo nivel de complejidad y rigurosidad que
desarrollan
los autores más
renombrados dentro del marxismo, dando cuenta de la continuidad que ese hilo
rojo,
inconfundible, iba generando en la obra de Zuleta. El marxismo y con él la
fuente de la
economía política
se van estructurando como una piedra angular dentro de sus ideas y así estarán,
presentes, hasta el
final de su vida y obra.
Pero tal
apropiación que se da en este periodo va estar marcada a su vez por lo que es
una tensión
entre la fuente
socio-política y la economía política, el contexto de los años sesenta viene
determinando la
lectura socio-política que el marxismo ofrece; especialmente las experiencias
de
los socialismos
realmente existentes serán aquí influyentes y servirán como escenarios desde
los
que Zuleta
interrogará la vertiente política del marxismo, tanto en su análisis
estructural como en
sus propuestas de
intervención práctica. Será fructífera y bastante importante tal posición
crítica
de Zuleta, porque
estas objeciones son hechas por alguien que con versatilidad ya maneja un
análisis
estructural de la sociedad, y que como ya lo he indicado cuenta con una
apropiación de la
fuente de la
economía política.
Aquí se juega una
discusión central, puesto que, en sí misma la fuente sociopolítica, no puede
ser
cabalmente
comprendida y analizada si de la mano no se desarrolla con un análisis desde de
la
fuente
económico-política. Por eso hay marxismo, por ello Marx escribió una obra como
El
144
Capital, la
estructuraclasista de la sociedades, el funcionamiento del Estado ysus actores
políticos,
es decir, las
clases sociales, no pueden ser entendidas en su funcionamiento si a su vez no
se capta
el proceso yla
configuración económico-productiva que las define. Por lo tanto, si tal como
denota
Zuleta con amplitud
y profundidad en este período dando cuenta de su dominio de la economía
política, ¿cómo
pone a conversar tal conocimiento en sus análisis y conjeturas sobre los
procesos
de los socialismos
reales?
Para captar con
toda claridad la implicación epistemológica que hay entre la relación de la
fuente
económica y la
fuente sociopolítica, es conveniente hacer la recordación sobre la
configuración
del concepto de
clase social que integra a ambas fuentes. De tal manera que se pueda contar con
un contexto teórico
que permita comprender mejor la apropiación de Zuleta frente a conceptos que
desarrolla el
materialismo histórico como: formación social, modo de producción, relaciones
sociales de
producción, fuerzas productivas etc., y ponerlos en función de explicar las
realidades
políticas del siglo
XX, por ejemplo, una de suma relevancia para el propio marxismo como lo son
los socialismos
reales. Tanto sus prácticas económicas como sus acciones políticas son un
escenario
excepcional para desplegar el análisis marxista, no sólo por su importancia
teórica e
histórica para
entender el transcurso geopolítico del mundo en el siglo XX, sino porque
interroga
a las propias
experiencias revolucionarias y la viabilidad de algunas de sus acciones.
Hagamos memoria
sobre la síntesis tan acertada que hace Zuleta sobre la clase social y su
configuración en el
modo de producción.
145
La producción
capitalista tiene como su consecuencia necesaria la producción de
individuos
separados de los medios de producción. o reproducción de la clase obrera, y la
producción de
individuos propietarios de los medios de los medios de producción, o
proceso de
acumulación de plusvalía. Por lo tanto, si se mira el proceso en su conjunto
resulta que esta
distribución de los individuos en clases es efecto del modo de producción,
el cual se
reproduce continuamente, yno el efecto deun acto inicial, deun reparto
originario
donde el destino o
las virtudes o los vicios hicieron que unos quedaran con medios de
producción y otros
sin medios de producción y que el presente no es más que el efecto de
ese momento
originario. Este tema se encuentra ampliado en el capítulo 24 de El Capital
(Zuleta, 1987,
p.88).
Como vemos en este
fragmento de Zuleta se alude al análisis sustancial que contiene el concepto
de clase social,
por lo que la noción de proletariado o burguesía contienen como tal un valor
epistemológico en
su formulación yen tanto que sean bien utilizados comoconceptos sociológicos
que son, tales
términos se atienen a una realidad socio-económica e histórico-política. La
clase
social al forjarse
en el modo de producción ejerce su papel como actor económico, pero en cuanto
pasa al escenario
de la política, por ejemplo, en el Estado, la clase social en su papel de actor
político no
sedesentiendedesu papel económico. El Estado es también un campo
dondesedisputa,
se defiende o se
intenta destruir un modo de producción. Tal concepción es la que rige en El
XVIII
Brumario de Luis
Bonaparte de Marx, donde en uno de sus textos más lúcidos de análisis político,
maneja esta
definición materialista de la clase social como actor político.
146
Es de anotar que el
fragmento de Zuleta referencia un texto en donde Marx está teniendo una
avanzada formación
económica, en 1857, pero, a su vez, la alusión específica que hace Zuleta al
capítulo XXIV de El
Capital y el uso el concepto de plusvalía como otros a los que alude durante
todos sus
comentarios, dan cuenta también que viene acompañando su formación marxista de
la
mano de una de las
obras más importantes de Marx como lo es El Capital. Pero lo que me interesa
subrayar es que él
ya está contando con una vertiente crucial para la fuente de la economía
política
como lo es la
teoría del valor. Que por demás, uno de los signos distintivos del pensamiento
de
Marx tiene que ver
en cómo abordó la teoría del valor, de donde provienen sus mejores aportes en
materia económica y
su implacable crítica al capitalismo.
Justamente en el
capítulo IV del Capital, puede situarse con mayor claridad el análisis del
proceso
productivo en el
que Marx muestra el encuentro de las clases sociales en sus papeles económicos:
de un lado el
propietario de la fuerza de trabajo (obrero -proletario), y de otro, al
propietario de los
medios de
producción (capitalista-burgués), éste último, el mismo que hace compra del
valor de
uso de la fuerza de
trabajo del obrero. En estas relaciones, se devela irrefutablemente el proceso
de explotación
consustancial al modo de producción burgués. Al poner la mira en los procesos
de
producción del
capital, se develan los mecanismos que reproducen a las clases sociales. A
diferencia de otras
miradas economicistas, despeja, o más bien, articula coherentemente en la
totalidad otros
elementos que siendo parte del análisis estructural del funcionamiento
capitalista
no explican, ni son
determinantes paraentender cabalmente la existencia de las clases, por ejemplo,
el mercado. En el
intercambio de mercancías, no se nos presenta el consumo de una mercancía
especial, la cual
es la generadora de valor, la fuerza de trabajo. Por tanto, aunque es
impensable el
capitalismo sin
mercado, es insuficiente quedarse en su observación sin pasar a indagar y a
unir el
147
estudio con aquel
ámbito donde hace aparición la fuerza de trabajo, la producción, es decir, lo
que
sucede allí,
puertas adentro de la fábrica.
El consumo de la
fuerza de trabajo, al igual que el de cualquier otra mercancía, se efectúa
fuera del mercado o
de la esfera de la circulación. Abandonamos, por tanto, esa ruidosa
esfera, instalada
en la superficie y accesible a todos los ojos, para dirigirnos, junto al
poseedor de dinero
y al poseedor de fuerza de trabajo, siguiéndoles los pasos, hacia la
oculta sede de la
producción, en cuyo dintel se lee: “prohibida la entrada, salvo por
negocios”. Veremos
aquí no solo como el capital produce, sino también cómo se produce
el capital (Marx,
2012, p.128).
Para el análisis
desde la fuente sociopolítica, puede decirse entonces que el posicionamiento de
clase es desde
donde se concibe el proyecto político que agencian los actores en el Estado,
éste
tiene una
connotación especial dentro de la sociedad, son unas intervenciones orientadas
a formar
un tipo de
relaciones económicas y políticas. Las disputas, las tensiones, las alianzas de
clase, en
una frase; la
correlación de fuerzas, tiene una sustancia material que es la reproducción de
sus
relaciones de
económicas. Incluso, muchas de las disputas partidistas e ideológicas se
subordinan
a la disputa
esencial que en términos de Marx, es material:
Sobre las diversas
formas de propiedad y sobre las condiciones sociales de existencia se
levanta toda una
superestructura de sentimientos, ilusiones, modos de pensar y
concepciones de
vida diversos y plasmados de un modo peculiar. La clase entera los crea
148
y los forma
derivándolos de sus bases materiales y de las relaciones sociales
correspondientes.
(Marx, 2003, p.38).
Y a propósito de la
apropiación que Zuleta está afianzando de la economía política, con la lectura
de un texto como El
Capital para estos años setenta, vale recordar la interpretación de un apartado
de Comentarios a la
introducción general de la crítica de la economía política, donde Zuleta
quiere exponer el
planteamiento de Marx acerca de que dentro del circuito de la economía política
(producción,
distribución, cambio y consumo) visto en conjunto y a partir de sus
articulaciones
internas con sus
respectivas relaciones y determinaciones, la producción es un elemento con una
jerarquíamayor
quelas demás instancias26. Desde esefragmento del texto de Marx, Zuletasostiene
la necesidad de
vincularlo con la lectura de El Capital para vislumbrar con claridad la
reflexión
que Marx ofrece.
Indudablemente el
texto permanece bastante misterioso si no se lo relaciona con las
elaboraciones
posteriores de El Capital. Allí demuestra cómo la producción material es
algo más que la
combinación de las condiciones materiales y personales del proceso del
trabajo, que se
trata de un proceso de producción de valor y de plusvalía, o sea, que los
26 El resultado al
que llegamos no es que la producción, la distribución, el intercambio y el
consumo sean idénticos, sino que constituyen las articulaciones de una
totalidad, diferenciaciones dentro de una unidad. La producción trasciende
tanto más allá de sí misma en la determinación opuesta de la producción, como
más allá de los otros momentos. A partir de ella, el proceso recomienza siempre
nuevamente. Se comprende que el intercambio y el consumo no puedan ser lo
trascendente. Y lo mismo puede decirse de la distribución en cuanto
distribución de los productos. (Zuleta, 1987, P.97).
149
procesos materiales
de la producción están determinados por los procesos sociales de
producción
(Zuleta,1987, p.100).
Ese llamado a poner
la mira en la producción que Marx hacía en 1857 se entiende más con lo que
veíamos
desarrollado en el capítulo IV del Capital, de ahí la pertinencia de la
sugerencia de Zuleta.
Pero ese énfasis en
la producción como análisis sociológico al que apunta, tiene ciertas
particularidades en
el marxismo que está apropiando Zuleta, especialmente pensando en lo que a
las clases sociales
se refiere. Y sobre todo para lo que esta década en cuestión se desarrolla en
la
apropiación del
marxismo en Zuleta. En la lectura de todos sus comentarios a la Introducción
general de la
crítica de la economía política, Zuleta nunca utiliza la expresión
proletariado.
Maneja un lenguaje
donde cuenta con los significados teóricos de la clase social, propiedad de
medios de
producción, propiedad de la fuerza de trabajo, trabajo asalariado, capital. Sin
perder de
vista que estas son
instancias dinamizadas por relaciones sociales y encarnadas a su vez por
ciertos
sujetos que en la
sociedad se configuran en clases sociales. Pero al hablar de esos sujetos, por
ejemplo, el no
propietario de medios de producción y cuya única propiedad es su fuerza de
trabajo,
Zuleta nunca
utiliza como tal, la denominación proletariado: ¿a qué se debe qué no lo haga?,
¿es
algo premeditado,
consciente en el autor colombiano, o simplemente una coincidencia? De la
edición que vengo
trabajando del texto de Zuleta -editorial Percepción (1987)- tanto en las
páginas
86, 88, 90, 97, 98,
y 100 por señalar algunas se puede constatar lo que afirmo, donde a todas luces
se hace un manejo
de los conceptos de clase social, pero sin decir burguesía o proletariado. Por
ejemplo:
150
El capitalismo es
una producción permanente de las condiciones capitalistas de producción,
la producción de
propietarios de los medios de producción, de trabajadores asalariados
expropiados de los
medios de producción, reproducción de las clases y en general de todas
las condiciones de
producción (Zuleta, 1987, p. 100)
Esto es bastante
significativo y sirve para contrastar con la crítica que Zuleta hará en la
década de
los ochenta a una
supuesta idealización del proletariado en Marx. Es decir, ya en estos años
setenta
cuando Zuleta está
cualificando su formación marxista, apropiando y dominando los conceptos de
la fuente
económico-política, se puede identificar en él un cierto cuidado en el uso de
ciertas
expresiones del
marxismo, una tan habitual y característica como la de proletariado. Sin
embargo,
aunque en Zuleta no
haya una expresión directa, tampoco hay un rechazo o una crítica explícita al
término. Y al no
desarrollarse interpelación alguna en estos años setenta sobre el concepto de
proletariado es
pertinente mostrarla y analizarla en el momento que se hizo, que será hacia la
década de los
ochenta. Así se podrá hacer más evidente la evolución y el cambio de posturas
de
Zuleta frente al
marxismo. Esta discusión entonces, y el contraste de visiones que Zuleta tiene
frente a la idea de
proletariado será retomado en último periodo que aquí se analiza (1980 - 1990).
4.6. Análisis
iniciales de los socialismos reales
Como ya lo había
indicado, la pertinencia de considerar estos análisis iniciales que Zuleta
hacía
sobre los
socialismos reales cobra importancia dado que desde estas experiencias pone en
función,
también, su
apropiación del marxismo. Por lo quelos cuestionamientos de Zuleta ala URSS,
China
151
o Cuba, sirven como
ejemplo para reconocer en estos contextos como articulaba las fuentes
integrantes frente
a problemas políticos. Además, porque desde estos estudios Estanislao sustenta
muchas de sus
críticas a Marx, a los marxistas a algunas de sus ideas y sobre todo a ciertas
propuestas
políticas.
¿Cómo Zuleta, iba
adquiriendo un argumentario político en consonancia con el materialismo
histórico? Y
recordemos que decir materialismo histórico, es decir investigación objetiva de
la
realidad. Basarse
en un terreno fértil para formular en cuestiones históricas y sociales unas
ideas
que cuentan con
sustento empírico. Por eso, la llamada concepción materialista de la historia
enhebra las fuentes
integrantes del marxismo (La filosofía, la economía y la socio-política) ¿las
enhebra Zuleta en
sus análisis de la URSS, por ejemplo? El problema entonces, no es la particular
posición que tome
Zuleta frente a los socialismos reales, que como veremos es abiertamente
crítica
y polémica con la
experiencia rusa. Sino que lo que debe preocupar es cómo elaboró sus ideas y
llegó a lo que
afirma, sea crítico o no.
En dos de los
textos que han sido publicados sobre conferencias de Zuleta en esta época, se
desarrollan
análisis críticos sobre el socialismo en la Unión Soviética El Marxismo, la
educación
y la universidad de
1975 y Acerca de la naturaleza de las ciencias sociales de 1978 como se podrá
apreciar en algunos
fragmentos pone en cuestión el socialismo que en Rusia se implantó. Alude a
muchas de sus
contradicciones políticas y económicas e incluso llega a poner en duda la
herencia
marxista de los
soviéticos, dado que para Zuleta hay muchas cosas que no son equivalentes entre
lo que pensaba Marx
y lo que los rusos llevaron a la práctica a nombre del genio de Tréveris.
152
En el segundo
capítulo de Acerca de la naturaleza de las ciencias sociales, llamado, Capital,
Trabajo y Técnica.
Zuleta hace referencia a las inconsistencias del socialismo de los soviéticos
en
las que por
ejemplo, en materia económica no se superó una división capitalista del
trabajo. A
partir de ahí,
diferencia al socialismo tal y como lo pensaba Marx a tal y como lo llevaron a
la
práctica los rusos
y lo pretendía sustentar Stalin.
La liberación de
los trabajadores directos implica, la superación de la división capitalista
del trabajo, de sus
formas del trabajo donde el trabajador directo pueda intervenir y tenga
capacidad no
solamente de decir que hace, sino también cómo lo hace, es decir, que el
proceso de trabajo
no sea sólo un elemento extraño para el trabajador directo, que le
convierta, decía
Marx, en una pieza de una máquina.
Un pensamiento
diferente sobre la técnica y sobre el proceso productivo, radical como el
de Marx, implica
una nueva concepción del socialismo, diferente de aquella que considera
la nacionalización
de los bienes de producción como su meta económica fundamental. Por
ejemplo, Stalin
consideraba que el socialismo en la URSS ya estaba hecho en el año 35
(Zuleta, 1978,
p.17).
En efecto, la
práctica económica desarrollada por el Estado Soviético no transformó las
relaciones
capitalistas de
producción, por tanto, así estuviere en el Estado un partido revolucionario, la
153
liberación de los
trabajadores del despotismo de la máquina, y de toda aquellas consecuencias que
las relaciones
capitalistas de producción ejercen sobre el trabajador; enajenación,
especialización
en una esfera
productiva, salarios que no se correspondían al valor invertido por la fuerza
de
trabajo,
predilección por el tecnicismo, ventajas económicas a las profesiones
ingenieriles y
generando con ello
abismos entre la clase obrera que al no tener condiciones para formarse en
dichas profesiones
no le quedaba más remedio que competir entre sí etc., todo ello se reprodujo
cual si fuere un
modelo de civilización burgués en un país que se decía ser socialista. Tal
situación
es cierta, sobre
todo viéndolo desde el punto de vista teórico y económico. Ahora, si el asunto
se
examina desde la
fuente sociopolítica, considerando la cuestión de la lucha de clases y las
condiciones
objetivas para llevar a la práctica algunas medidas políticas, se tendrían que
agregar
otros aspectos que
Zuleta no integra en sus críticas a la URSS.
Lo propio de la
fuente sociopolítica es el carácter histórico de los hechos sociales, y para
ello tiene
la exigencia de
indagar por los procesos reales y las experiencias concretas. Tal y como lo ha
indicado Marx al
anotar que el punto de partida de la investigación debe ser material. Lo cual
significa que la
formulación teórica o el análisis conceptual se inscriben en un campo empírico.
Cuando Marx por
ejemplo en el XVIII Brumario se mueve de terreno en sus análisis y realiza unas
interpretaciones
sobre hechos políticos, se atiene a una indagación por las situaciones
concretas
sin sobreponer a
éstas sus posturas ideológicas. Hace una periodización identificando en el
tiempo
los acontecimientos
que se han presentado y los que le permitirían ejemplificar en la realidad el
derrotero del golpe
de Estado de Luis Bonaparte. Es así como Marx cuestiona otros enfoques
analíticos que
estudiando ese mismo hecho social, como sucedía en los textos de Victor Hugo o
Proudhon,
descuidaban el acontecimiento como tal por darle excesiva importancia al papel
del
154
individuo,
atribuyéndole a Luis Bonaparte un poder de iniciativa para determinar el curso
de los
acontecimientos,
por tal camino se toma como criterio explicativo lo que es consecuencia de unas
condiciones
sociales que no se advierten en el análisis. A diferencia de los autores
citados, dirá
Marx, “Yo, por el
contrario, demuestro cómo la lucha de clases creó en Francia las circunstancias
y las condiciones
que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de
héroe” (Marx, 2003,
p.6) Es pues, la posición de un materialista histórico frente a los
acontecimientos y
hechos políticos.
Pues bien, una
construcción de esa índole no se ve desarrollada en Zuleta en sus conjeturas
sobre
la URSS, tanto
teórica como políticamente. Insisto, no es porque la posición de Zuleta devenga
en
una crítica, sino
porque la manera en cómo esa crítica está expuesta es sesgada y aprecia sólo un
fragmento de la
totalidad del fenómeno de los socialismos reales. Estanislao es muy versado en
su
análisis desde la
fuente de la economía política, y frente al socialismo de la URSS la mayoría de
sus críticas parten
de la base económica. Pero, en cuanto nos detenemos a ver el sustento
histórico,
las referencias a
los hechos y situaciones concretas por las que tuvieron que pasar los rusos en
la
creación de su
economía planificada, su capitalismo de Estado y hasta su tendencia a la
burocratización,
Zuleta no hace referencia en sus planteamientos a ningún ejemplo concreto que
retrate la
situación y permita así tener un panorama histórico de aquello que se está
criticando. En
otro de los textos
que se ubican en este periodo yque data del año 1975, El Marxismo, la educación
y la universidad
Zuleta parece ser un poco más ponderado en su análisis con el proceso
soviético,
sin embargo, más
allá de alguna que otra salvedad la ausencia de las referencias históricas
desde
las cuales parten
su juicios, se mantiene.
155
La Unión Soviética,
para tomar un ejemplo, se vio obligada después de 1917 a importar
directamente las
formas propias del capitalismo como fuerzas productivas. No digo que
haya sido un error.
Digo que se vio obligada. Tomaban, en incluso copiaban, los
procedimientos de
la Ford. Enviaban obreros que pretendían haber escogido la libertad,
pero que lo que
hacían era tomar diseños para implantarlos allá. No creo que hubieran
tenido otra opción.
Si hubo error fue el no haber tenido en cuenta la gravedad y los peligros
a que eso conducía.
Llegaron incluso a hacer elogios del taylorismo, que es una de las
formas en las que
el trabajo de los sectores directos queda más descalificado y más
parcializado y es
más impotente para comprender, diseñar y dirigir el proceso productivo.
Hacer de la
necesidad virtud, tomar una dolorosa necesidad histórica como un gran modelo
que debe seguirse
en cualquier caso, si es un error (Zuleta, 2009, p.112).
De ahí que cuando,
en contraste, se acude a estudios historiográficos sobre la URSS, se siente la
discordancia entre
lo que afirma Zuleta ylo que se encuentra en autores como Edward Halled Carr,
Eric Hobsbwam,
Isacc Deutscher, e incluso como los de algunos disidentes del estalinismo como
Victor Serge. En
éste último hay la crítica a la tendencia totalitaria de la URSS, pero
ofreciendo
elementos a su vez
para entender históricamente porque se tomaron ciertas medidas, como por
ejemplo, el
capitalismo de Estado. Lo cual lleva a una comprensión muy distinta a la que
tiene
Zuleta sobre este
aspecto, que él lo plantea como un culto a la técnica capitalista por parte de
los
rusos, haciendo de
la “necesidad una virtud” cual si estuvieran andando cómodamente por una
traición al
socialismo y al mismo Marx.
156
Ateniéndonos a las
circunstancias objetivas que enfrentaba el proceso revolucionario que
emprendieron los
bolcheviques, el periodo queva de1918 a1924, lejos de mostrarnos un armónico
y tranquilo
proceso, transcurre en medio de las convulsiones sociales más complejas, y una
de
ellas tiene que ver
precisamente con la puesta en cuestión de los principios socialistas. Dos
textos
históricos sirven
para interrogar aquello que define Estanislao Zuleta como un error de los
soviéticos al no
prever las consecuencias negativas a las que conducía la puesta en práctica de
relaciones
capitalistas en la producción. Uno es el texto de Victor Serge El año I de la
Revolución
rusa y el otro el
lúcido ensayo de Edward Hallet Carr La Revolución rusa de Lenin a Stalin, 1917
- 1929. Estos
textos contienen un material histórico que retrata esas cuestiones que tuvieron
que
enfrentar los rusos
en sus primeros años de gobernanza, que aunque la dirigencia del partido
bolchevique
estuviese formada por cuadros marxistas con un amplio conocimiento sobre esta
teoría, ello no los
hizo indemnes a tener que sortear contradicciones políticas. En la toma de
algunas decisiones
tuvieron que dejar de lado la pureza teórica y elegir entre opciones que no se
correspondían con
los objetivos revolucionarios que perseguían, es el caso del taylorismo, las
medidas
capitalistas para impulsar la industria y otras situaciones que en el seno del
bolchevismo
implicaron agudas
polémicas entre los revolucionarios.
A diferencia de lo
que afirmaba Zuleta, los textos de Serge y Halled Carr, nos recuerdan que sí
hubo de parte de la
dirigencia bolchevique medidas políticas que apuntaron a la socialización de
los medios de
producción y a propiciar el control obrero de la producción. En el sentido que
Marx
le daba al
socialismo, tales medidas eran fundamentales para la efectiva participación del
obrero
con su iniciativa e
inteligencia en la construcción de una nueva sociedad.
157
El decreto que
establecía el control obrero de la producción apareció desde el 14 de
noviembre. Con él
se legalizaba la injerencia de los obreros en la gestión de las empresas;
las resoluciones de
los órganos de control eran obligatorias y el secreto comercial quedaba
abolido [...] La
iniciativa de las medidas de expropiación partió de las grandes masas del
partido y no del
poder, y fueron dictadas más por necesidades de la lucha que persiguiendo
un plan socialista
(Serge, 1965, pp. 151- 152).
Ahora bien, puestas
en el terreno de la lucha de clases y la confrontación política, tales acciones
se encontraron con
unas dificultades concretas para que fuesen una realidad y tuvieran cierta
eficacia
revolucionaria. El mismo Serge muestra la complejidad que empezaba a plantear
ese
pretendido control
obrero de la producción y sus falencias organizativas. Pues luego de haber
promovido la
expropiación de los explotadores, se debía empezar a desarrollar la producción
por
iniciativa de la
clase obrera, pero lo que ocurre es que.
Tan pronto como nos
encontramos con sindicatos que fundan almacenes cooperativos y
que se dedican de
lleno a comerciar, comercio que asume fatalmente aspectos de
especulación, dada
la escasez que reina, como vemos que se producen dolorosos conflictos,
promovidos para
imponer reivindicaciones inmediatas, que demuestran un egoísmo
corporativo
completamente falto de razón ¡Hemos hecho la revolución, dupliquemos, pues,
los salarios! Ha
sonado para nosotros la hora de la abundancia… De igual manera, los
instintos
anárquicos se traducen en el campo de las requisas y de la nacionalización por
tentativas como las
de explotar una fábrica por cuenta de todos los que trabajan en ella, o
158
como la de
confiscar el primer tren cargado devíveres quepasapor la estación más próxima
(Serge, 1965,
p.155).
Es decir, la
claseobrerasehabía sentido conforme con quelos bolcheviques la hubiesen
convertido
en propietaria de
las empresas, pero no fue tan conforme cuando se le pedía reorientar la
producción por
iniciativa propia y de forma socialista, no predominaba un sentido colectivo
sino
individual que como
lo cita Serge se expresaba en aquellas pretensiones de subir los salarios y
aumentar beneficios
dado que se habían librado de los explotadores. Con tal mentalidad en los
propios
trabajadores, la concreción de un plan socialista se hacía demasiado difícil.
Máxime
cuando la industria
en Rusia era aún incipiente y las ciudades para su alimentación dependían de
la producción
rural, además para el año 1918 el gobierno de los trabajadores se enfrenta a
una
guerra civil y a
los intentos de invasión, por lo que las necesidades del Ejército Rojo eran
prioridad
para la industria
yla distribución de víveres. Este era el contexto yen el marco de estas
situaciones
es que el partido
bolchevique en las reuniones que adelantan buscan restarle injerencia a los
sindicatos y a los
consejos fabriles que por estar animados de sus intereses de grupo no habían
asumido el control
obrero de la producción.
En medio de la
espesa atmósfera de crisis de enero de 1918, Lenin, significativamente, citó
el familiar “el que
no trabaja no come” como “credo práctico del socialismo”; y el
comisario del
Pueblo para el Trabajo habló de “sabotaje” y de la necesidad de medidas de
coerción. Lenin se
pronunció a favor del destajo y del “taylorismo”, un sistema americano
159
muy de moda para
mejorar la eficiencia del trabajo, que él mismo había denunciado como
“esclavizamiento
del hombre a la máquina” (Carr, 1981, p.41).
Es pues en tal
ambiente que proviene la famosa propuesta del taylorismo que Zuleta cuestiona a
los rusos por ser
adherida ydefendida, como vemos, Lenin sabía muy bien lo que proponía ysobre
todo el momento y
las razones por las que lo hacía. Aquí entonces, el marxista en su inevitable
situación de tomar
una posición política se ve obligado a profanar sus justos ideales de
revolución,
¿incoherencia?,
¿antimarxismo?, ¿traición al socialismo? No, nada de eso, simple y llanamente
lucha de clases que
no está con fuerza en el análisis de Zuleta sobre la URSS, como tampoco la
fuente
sociopolítica.
Stalin podríani
siquierahaber existido, es todo el proceso ydentro de él la formaautoritaria
de la construcción
del socialismo, el culto de la técnica como variante independiente que
produce por si
misma sus consecuencias y sus cambios en las relaciones de producción, la
acumulación a toda
costa, el culto a las fuerzas productivas (Zuleta, 1978, p.89).
Por ejemplo, aquí
es algo ventajoso como crítica Zuleta el proceso Soviético, cuando él mismo
sabe que ninguna
instauración de una economía planificada puede sustraerse de las
determinaciones que
el capitalismo le impone, entre esas, las formas de la técnica burguesa en la
producción. No fue
un culto, fue una opción inevitable en la que se vieron forzados a tomar en
Rusia en la década
de los veinte, como ya lo anote, al no tener una industria desarrollada, ¿de a
dónde la iba a
sacar? en efecto, el capitalismo de Estado era lo que se imponía por la
situación. De
160
otra parte, con el
materialismo histórico sabemos que no se puede, es sesgado, limitado y carente
de objetividad
analizar un proceso político desde lo que las definiciones teóricas presuponen
que
es el socialismo,
sin llegar a contrarrestar esos procesos con las circunstancias objetivas.
Cuando
Zuletadice, pese
ahacer unabrevedescripción de Rusia en sus particularidades sociales, indicando
que el problema
consistió en no haber tenido un concepto correcto del socialismo, “si uno
define
el socialismo en
términos marxistas, como un proceso de liberación creciente de los trabajadores
directos, como un
proceso de liberación creciente de la división capitalista del trabajo, allá no
se
ha hecho eso”
(Zuleta,1978, p.99), en esto no se considera que el socialismo es el resultado
de una
lucha política, de
lo que se logre conquistar enfrentando las condiciones nacionales y
geopolíticas
tal y como se le
imponían a los rusos. Ellos no estuvieron a sus anchas para desarrollar su
socialismo por
tener una definición correcta del mismo, tuvieron que sortear las
intervenciones
extranjeras, la
guerra civil interna y los boicots a la industria que hicieron los mismos
trabajadores
incumpliendo el
pedido del control obrero de la producción.
La cosa tampoco es
negar entonces la deriva autoritaria de la URSS y menos justificarla
ciegamente, y de
hecho desde muy buenos referentes en la propia tradición marxista: Rosa
Luxemburgo, Antonio
Gramsci, Nicos Poulantzas, Göran Therbon Domenico Losurdo, tenemos
de donde tomar para
elaborar esos análisis críticos de la Unión Soviética, articulando las fuentes
socio-histórica y
económico-política comprendiendo el conflicto de clases que la revolución
desataba en dos
escenarios, en el aparato estatal y en el modo de producción.
161
Y decir
articulación no es simplemente una demanda epistemológica que se haga
formalmente,
sino que es un
desarrollo que se debe conquistar poniendo el contenido del concreto real en la
base
de la construcción
teórica. Es desarrollar la lógica en consonancia con los hechos históricos, de
tal
manera la
articulación de las fuentes es una conquista desde la perspectiva marxista. De
ahí que,
de acuerdo al hecho
histórico concreto o a la coyuntura social específica se debe reconocer a qué
instancia se le
dará más primacía, si al elemento político (el aparato estatal) o a la cuestión
económica (modo de
producción) pero en función de lo que el fenómeno que se estudia expresa o
desarrolla. El
énfasis que se hace en una u otra instancia, no es una elección subjetiva que
hace el
investigador previo
a su estudio, sino un punto de partida al que se llega por consecuencia misma
de la revisión y el
acercamiento que se ha hecho al fenómeno que se empieza a investigar. De no
ser así, la
realidad de ese fenómeno se sacrifica al subjetivismo del que lo analiza. Pero
además de
esa prioridad que
se da, sea a lo económico o lo político, al avanzar en el estudio se debe tener
la
capacidad para
moverse, según la situación o la cuestión que se analiza lo reclame, de
instancia y
articularse con
aquel otro elemento que no ha estado presente hasta el momento en la
investigación
y en la explicación
de los hechos.
En la indagación
que presente de Zuleta, es evidente que sus análisis y sus observaciones
críticas
sobre la URSS
descansan en la cuestión económica, Zuleta alude sobre todo a las
contradicciones
que en este campo
se dieron y sustentando allí sus críticas, no siendo tan enfático en las
problemáticas
socio-políticas, cuando tal perspectiva es una que debe tener su lugar en el
estudio
del socialismo
soviético. Por ejemplo, la cuestión del poder económico y la dominación estatal
¿cómo se entienden
a la luz de la luchapolítica? Y para abordar esa pregunta con rigurosidad desde
162
el marxismo, se
hace necesario tener unas claridades teóricas para entender la conjunción entre
las
clases sociales y
la política que se pone en juego.
Para evitar el
economicismo que se fue haciendo común en el marxismo al respecto, no es
suficiente con
afirmar que la política es simple y llanamente el escenario donde las clases se
disputan el poder,
uno que en esencia sería económico. Si bien tal hipótesis tiene algo de
certeza,
es insuficiente
quedarse con ella sin matizarla teniendo en consideración algunos casos que
sobrepasan la
determinación económica. Recordemos como ha planteado Lenin que también hay
una autonomía
relativa de la política, y que, por ejemplificar, puede suceder que no haya una
armonía entre las
clases que ostentan el dominio económico y aquella(s) que ejerce(n) un dominio
en el poder
estatal. Aunque el ideal de la clase dominante sea el de reproducir en el
aparato estatal
el carácter de su
clase, hay situaciones en que el dominio económico, sea por alianzas, o por
correlación de
fuerzas no depende del aparato estatal para su dominio y su funcionamiento.
Lo dicho, concierne
con el papel del Estado, tanto éste como las clases, se condicionan
mutuamente; no hay
clases sin Estado, no hay Estado sin clases sociales. (Therborn, 1979)
El Estado y la
lucha partidista que se da en su seno, expresan dos situaciones características
del
papel y transcurso
de las clases, a éstas las configura un movimiento que se dirime entre el
antagonismo yla
conciliación, es lo que la famosa expresión de Marx, “la lucha de clases”
plantea,
pero se hace
necesario analizarla en detalle para no descuidar en fraseología su pertinencia
teórica.
Es por eso que
ciertos autores, entre ellos Nicous Poulantzas, han acertado en afirmar que en
lo
concerniente a la
clase dominante, muchas veces esta no domina en solitario, sino que lo hace en
163
alianzas con otras
clases, por ejemplo; una burguesía con la pequeña burguesía, o, incluso, como
suele suceder en
los casos de la experiencias socialistas -y es el caso de la URSS- en sus
primeros
periodos, donde la
clase trabajadora ocupando el poder estatal se ve en la obligación de generar
alianzas con la
burguesía nacional.
Las clases,
entonces, no son homogéneas, y en su interior están constituidas por diversos
intereses
que no siempre
concilian, lo que lleva al fraccionamiento de clase y a que se propenda
también,
en términos
políticos, por el dominio ya no de una clase en general, sino de una fracción
de la
clase. Es la
situación concreta la que determina el movimiento de la clase y su accionar,
donde sus
intervenciones
conciernen, de una parte, a acciones específicas de una clase contra otras
clases
sociales, pero
también, al interior de su clase interviene de manera especial, se sitúa frente
a otros
sectores de la
clase a la que se pertenece, pero que cristalizan otro tipo de relaciones de
producción.
Por ejemplo, un
comerciante y un ganadero son burgueses, pero su posición frente al modo de
producción,
difiere.
Con lo expuesto se
cuenta con insumos para apoyar la afirmación de que la clase, o la fracción de
clase tiende a
reproducir en el Estado su carácter de clase, es decir, a velar por la
reproducción de
su posición en el
modo de producción, las cercanías o lejanías con otras clases, depende de tal
reproducción.
La dominación de
clase se ejerce dentro de un proceso constante de reproducción o
transformación
sociales, regido por la dinámica inherente al modo de producción de que se
trate, y por sus
relaciones con los otros modos de producción que coexisten con él. [...] El
164
Estado en cuanto
institución especial que interviene en el proceso social y las estructuras y
procesos que han de
ser reproducidos, de los que la clase dominante es, por esencia, el
soporte. (Therborn,
1979, pp. 217-218).
¿A qué viene todo
lo anterior?, pues a hacer lo que la buena teorización hace con los discursos,
a
aclarar los
términos y la utilización precisa de los conceptos. Cuando se llega al Estado
no
necesariamente se
obtiene el poder, porque el modo de producción y las clases dominantes que en
él se forjan son
las que tienen la capacidad para influir y decidir sobre la sociedad —por eso
la
burguesía le puede
causar daño a los gobiernos que no son afines a sus intereses y sabotear su
economía como ha
pasado en experiencias socialistas. La clase dominante domina porque tiene
como ejercer una
influencia en esa anatomía de la sociedad civil que es el modo de producción.
Así en la
experiencia de la Revolución Rusa se entiende que los bolcheviques tomaron el
aparato
estatal, no el
poder. Y se entiende que no tenían otra opción que desplegar una política
económica
emulando
inevitablemente las técnicas y métodos del capitalismo, se comprende que fue un
proceso político
que para ir consolidándose necesitaba conquistar el poder desde el dominio del
modo de producción.
Y valga decirlo, toda experiencia democrática que tenga entre ceja y ceja
enfrentar el
capitalismo se las va a tener que ver con esta situación, ayer, hoy, mañana, o
cuando
sea, siempre que el
capitalismo exista. Que los rusos le hayan dado a esa intervención en el modo
de producción una
forma autoritaria en lo político, es por supuesto muy criticable y se debe
mantener la
pregunta latente de porque nunca intentaron desmontar esas imposiciones con su
sociedad.
165
Viendo la cuestión
a partir de la situación nacional e internacional desde 1918, y la correlación
de
fuerzas que se
ponía en juego vemos que ese capitalismo de Estado que critica Zuleta, era, el
camino más viable
que tenían los bolcheviques para afrontar la encrucijada en que estaban. De
manera que en lo
concerniente a la articulación de las fuentes integrantes del marxismo, la
fuente
sociopolíticano
tiene una articulación suficiente con la fuente de la economía política en el
análisis
de Zuleta frente al
Unión Soviética.
Y esta posición que
tengo respecto a las conjeturas de Zuleta sobre la URSS, no tiene que ver con
hacer una defensa a
ultranza de los bolcheviques y el proceso soviético, sino en dejar la
conciencia
que la
interpelación a los soviéticos debe partir de unas situaciones concretas que
revelen los
verdaderos errores
que fueron cometidos. No tiene sentido criticar a los rusos por haber adoptado
una vía que
inevitablemente tenían que tomar. Eso no quiere decir justificar el abuso de
poder y el
conjunto de
contradicciones políticas que se fueron presentando y no se esmeraron por
corregir,
pero sería pedirle
peras al olmo, demandar que los bolcheviques se situarán por encima de unas
condiciones
económicas que no se sorteaban con la mera voluntad revolucionaria. Cualquier
tipo
de gobierno, así no
hubiese sido el dictatorial de Stalin, lo mejor que en materia económica habían
podido concretar
era el capitalismo de Estado. De ahí esa hiperbólica defensa del taylorismo
hecha
por Lenin y la
adopción de políticas capitalistas en el marco de la producción económica.
Si Rusia no se
convertía en potencia económica, tal como quedaba situada en el panorama
mundial
luego de 1918, por
el fracaso de las revoluciones en Europa y que, como en el caso de la alemana,
se albergaban las
esperanzas de que acudiera en apoyo de la Revolución bolchevique. El destino
166
y el futuro de los
rusos quedaba en ciernes, pues en su aislamiento y en la confrontación
internacional, con
pocos apoyos quedaban a merced de los ataques del imperialismo. En tal
encrucijada la vía
para defender, por lo menos la subsistencia, era la de potenciar a Rusia en su
desarrollo interno,
industrialmente, militarmente y económicamente.
Así que la
interpelación desde el capitalismo de Estado, no es un criterio fuerte para
cuestionar a
los soviéticos,
todo lo contrario, es para admirar que hayan logrado llevarlo a la práctica
ante tantos
obstáculos. Y que
en tan sólo treinta años hayan logrado tener ese desarrollo industrial tan
notable
del que dependió su
existencia política, además que fue un determinante en la victoria de la URSS
contra el
Nazifascismo, pues en el año 1943 Rusia logró superar en industria
armamentística a la
Alemania nazi, que
por entonces era la potencia en dicha industria militar.
En todo caso
considero que para hacer una crítica eficaz a la experiencia soviética, no se
les debe
imputar por aquello
que inevitablemente estaban obligados a hacer. Sino en cuestionar, la
necesidad de
adoptar aquellas acciones en el modo de producción bajo formas represivas
dentro
del aparato
estatal, tal ycomo sedieron en la gobernanzadeStalin, acciones quepor demás
podrían
haberse evitado y/o
corregido luego pero se mantuvieron en otros mandatos. Lo objetable es sin
lugar a dudas la
forma opresiva que los soviéticos les dieron a las lógicas económicas ya la
defensa
política de su
Estado.
167
4.7. 1980/ 1990
Marxismo: ¿Dictadura o democracia? / Retorno Zuletiano a la fuente
filosófica
En este periodo
Zuleta insiste en algunas de las críticas que desde los setenta venía
realizando al
marxismo y a los
socialismos reales. Al punto que la interpelación directa hacia términos como
dictadura o
proletariado se hacen más contundentes en esta época. Pero antes de pasar a
tratar estas
cuestiones en
detalle en diálogo con las obras de estos años ochenta, me parece de suma
importancia indicar
algo que singulariza demasiado el balance analítico de este periodo intelectual
de la vida de
Zuleta.
El análisis que he
propuesto hasta ahora se basa en un contraste de décadas, partiendo del
supuesto
que cada diez años
pueden darse cambios, continuidades y/o rupturas, en una palabra la evolución.
Ahora, resulta que
esta periodización puede dejar de lado los cambios que al interior de cada
década se pudieron
haber efectuado, o más aún ciertas divergencias que en un mismo periodo se
presentan. Pues
bien, llegados a este punto es pertinente hacer esta aclaración, dado que es
para
este momento de los
años ochenta donde nos encontramos con tal situación. Es lo que se
desarrollará con el
concepto de proletariado, que tiene diferentes formas de abordarse en algunos
de los textos que
corresponden a este periodo. La presentación conceptual y su desarrollo
analítico
difieren, por
ejemplo, a como es considerado el proletariado en el texto de Ética, Terror y
revolución y a como
se aborda en el curso del año 1989 Teorías políticas contemporáneas.
168
Lo anterior puede
dejar ciertas inquietudes al respecto, por ejemplo, esas inconsistencias que se
dan en la manera de
abordar una misma temática en diferentes momentos ¿a qué se debe?, ¿es un
efecto de la obra
predominantemente oral de Zuleta?, o es acaso, ¿una consecuencia de la ausencia
de una obra
sistemática sobre el marxismo en Zuleta escrita de su puño yletra?, con
sistematicidad
me refiero a
manejar unas definiciones específicas sobre algunos términos del marxismo, como
proletariado. Que
si llegado el caso, dichas acepciones tenían algunas modificaciones el mismo
Zuleta hiciera
explícito el cambio realizado, que situara la movida conceptual según el caso.
Es
decir,
sistematicidad no como una continuidad homogénea en el tiempo, sino como
consistencia,
una preocupación
por la coherencia en el uso de los términos. La cuestión es que hay ciertas
diferencias de
sentido frente algunos temas tratados por Zuleta, ciertas consideraciones y
análisis
que cobran un
sentido distinto y que no son equivalentes en ciertos casos como veremos. Tal
situación habla de
algunas inconsistencias que complejizan aún más el conocimiento sobre el tipo
de apropiación que
está haciendo Zuleta del marxismo.
4.8. Proletariado y
lucha de clases
En el texto
inédito, que versa sobre el curso de Teorías Políticas Contemporáneas de 1989,
Zuleta
ofrece dos
definiciones de proletariado que son posibles de identificar en el marxismo. Lo
especial
de la presentación
de ambas acepciones, es que lo hace introduciendo los contenidos económico-
productivos que
constituyen ambas definiciones, cosa que de hecho hace sin guardarse unas
críticas muy
pertinentes.
169
Hay dos
definiciones del proletariado que no son equivalentes, y nunca estamos seguros
por cual opta Marx,
lo cual es un gran problema. En unos textos, principalmente en los de
la historia crítica
de la teoría de la plusvalía, yen esa historia en un capítulo sobre el trabajo
productivo, Marx
opta por una definición: va a llamar proletariado, en un sentido preciso,
a los que son
productores de plusvalía; es decir aquellos cuyo trabajo efectivamente genera
valor y son
contratados porque su trabajo genera más valor de lo que reciben a cambio de
él como salario.
Vamos a considerar esa idea de proletariado, que hace que este quede
restringido al
sector social sobre el cual pesa la explotación económica directa.
Si se define el
proletariado de otra forma, que a veces también aparece en Marx, como
aquellos que
carecen de medios de producción y venden su fuerza de trabajo por un salario,
ya no interesa que
produzcan o no plusvalía. Esa es otra posibilidad; eso amplía el
proletariado
muchísimo; en el concepto entran la policía, los curas, hasta el diablo, porque
todos ellos venden
su fuerza de trabajo por un salario y carecen de medios de producción
propios (Zuleta,
1989, pp. 8-10).
Hay que darle la
razón a Zuleta en este aspecto, su cabal conocimiento del marxismo lo lleva a
identificar que hay
dos acepciones posibles en la obra de Marx sobre el término proletariado,
aunque no hay
necesariamente una contradicción directa como él parece insinuar cuando nos
comenta que “no son
equivalentes”, su uso distintivo si daría para llegar a conclusiones
diferentes.
Como dice Zuleta,
la segunda definición abarcaría a muchísimas más personas, aquellas que no
producen plusvalía
pero tampoco son dueñas de medios de producción, en tal caso entraría en la
170
definición de
proletariado no sólo los productores directos de mercancías, los que
transforman la
materia, sino
aquellos que despliegan labores en el ámbito de los servicios. Pero eso no
quiere
decir que en tal
divergencia las dos definiciones se excluyan entre sí. Por ejemplo, en la
primera
definición está
implícita la segunda, puesto que el productor de plusvalía carece a su vez de
medios
de producción. Por
tanto ahí no se excluyen los términos, más bien, se articulan.
Es cierto también
que no todo el que no tiene medios producción genera plusvalía, sin embargo la
cuestión que queda
por tratar es, entonces; ¿cuál es su grado de explotación?, al no haber
producción de
plusvalía de por medio ¿la magnitud de explotación es equivalente a la del
trabajador cuya
actividad si genera plusvalor?, se pueden reconocer tales trabajos en la
definición
de proletariado,
sin embargo no todos participan de la misma manera en tal categorización,
puesto
que tendríamos
grados de proletarización que diferenciaría los niveles de explotación al
interior
del proletariado.
En cuanto a Marx
habría que indicar que en el tomo I de El Capital es consciente de tales
detalles,
cuando hace la
diferencia entre proceso de trabajo y proceso de valorización. No en toda
actividad
productiva hay
generación de plusvalor, por tanto en el ámbito de los servicios puede haber
explotación sin que
haya generación de plusvalía, ya que la fuerza de trabajo no deja su huella
impresa en el valor
de uso de la mercancía. Lo importante de la interpretación que nos ofrece
Zuleta es que
permite la concatenación teórica para que desde la fuente de la
economía-política se
pueda articular con
una lectura de la fuente sociopolítica, ampliando el concepto de proletariado
171
hacia un sector
que, aunque esté en un nivel diferenciado de explotación económica, sea
reconocido para
construir las luchas anticapitalistas.
Pero así como
Zuleta es enfático en decir que con Marx no se sabe por cuál de las dos
definiciones
de proletariado
termina por optar, también debemos ser enérgicos con Zuleta ycuestionarlo
porque
con él tampoco
sabemos a cuál de las dos definiciones termina por darle relevancia, si hay un
error
o incongruencia
como él concibe que persistía en Marx ¿por qué no se preocupó Zuleta por
corregirlo yhacerlo
explícito en sus obras yen los abordajes que iría haciendo? Esto lo digo porque
si pasamos a un
texto de la misma época de entre los años 1987-1989 Ética, terror y revolución,
allí presenta el
proletariado en Marx sin la contextualización teórica que contiene. Toda la
implicación
económica que él bien conoce, tal como lo mostraban las definiciones anteriores
no
se consideran en
este escrito tan sólo hay cabida a un rechazo absoluto y que el marxismo sea
tildado como una
especie de pseudocristianismo, lo cual no deja de ser una caricatura del
pensamiento de
Marx.
La teleología de
Marx está articulada con su noción de revolución y particularmente con
su idea de
proletariado, que es tratado, en las obras de juventud, de una forma mítica.
La manera como Marx
presentó el proletariado por primera vez es particularmente
cristiana: el
proletariado es cristo. En su época de juventud sostiene que el proletariado,
al
que había
idealizado enormemente por lo demás, no puede redimirse a sí mismo sin redimir
a toda la
humanidad. En Marx hay un marcado espíritu cristiano como se expresa por
ejemplo en la
valoración del dolor. (Zuleta, 2008, pp.68-69).
172
Un lector no
desprevenido caería en cuenta de la mínima salvedad que hace Zuleta, al decir
“en su
época de juventud”,
o “como Marx presentó el proletariado por primera vez”, sin embargo, luego
Estanislao no nos
ofrece la definición más “madura” ni hace el llamado de atención de que ella
existe en otros
textos. De ahí que provoque la impresión, más bien, de que tal idea de
proletariado
era la predominante
en Marx, sin que entonces hubiese operado cambio alguno en su desarrollo
intelectual. Es la
presentación meramente ideologizada y metafórica del concepto lo que hace
limitada la
argumentación de Zuleta, toda esa mitificación que él percibe en la posición de
Marx
respecto al
proletariado, sería convincente si trajera a colación también la connotación
teórica que
implica pensar el
término proletariado.
Es a esto lo que
llamo las inconsistencias que hay en Zuleta frente al tratamiento de un mismo
asunto —el
proletariado en Marx— y que justo se presentan también en este periodo, la
década de
los ochenta. En el
texto Reflexiones sobre el fetichismo, Zuleta tiene una posición similar a la
del
texto anterior, la
idea de dictadura del proletariado, dice él proviene de una mezcla entre
teleología
y economicismo.
Zuleta lo denomina una filosofía de la historia, nuevamente con una muy
discutible
ejemplificación histórica.
[…] con semejante
filosofía de la historia resultaba inevitable considerar la conquista del
poder político como
una meta absoluta a la que podía ydebía subordinarse todo. [...] Luego
de nacionalizados
los medios de producción y puesto en marcha el plan de desarrollo de
las fuerzas
productivas, el partido y el Estado proletario vigilarán su cumplimiento y
173
ejercerán la
dictadura contra los enemigos del interior, miembros de las clases expropiadas,
residuos del
pasado, peligros de la pequeña producción y agentes extranjeros y preparará
la defensa nacional
contra la agresión imperialista. Entre tanto, ¿la población que hace?
Trabaja
“heroicamente” y espera los efectos de las causas y, sobre todo, se abstiene de
toda
iniciativa y de
toda lucha (Zuleta, 1987, p.168).
En alusiones como
estas se indica lo que Zuleta pensaba se había enquistado en el marxismo, una
configuración que
tanto en Marx y el marxismo iba forjando una mentalidad dictatorial que luego
en los bolcheviques
habríaderefrendarse, precisamenteaquí la teleología tal ycomo ha comentado
Zuleta se
desarrollaba en la experiencia de la toma del poder y en determinadas medidas
con
implacable
autoritarismo, aquel futuro comunista justifica cualquier barbarie en el
presente. Es con
el interés de
desnudar una aparente anatomía autoritaria que vertebra al marxismo, que Zuleta
aborda la noción de
proletariado que en los textos Reflexiones sobre el fetichismo y Ética, terror
y
revolución maneja y
deduce de Marx. La gran inquietud que queda es si la denuncia y la crítica
que hace Zuleta de
la configuración totalitaria que él supone constituye al marxismo, se
sostendría
cuando pusiera con
fuerza en sus análisis la fuente de la economía política que configura la
construcción el
concepto de proletariado.
Hay que decir que
en Teorias Politicas Contemporaneas donde Zuleta hace una ampliación de la
vertiente económica
del marxismo, realizando profundos desarrollos sobre los conceptos centrales
de El Capital de
Marx, y en el tratamiento de la clase social en particular, Zuleta no la reduce
al
teleologismo
cristiano que en otros textos le ha imputado a la idea de proletariado en Marx.
Pero
174
lo que sí hará
Zuleta frente al tema de la clase social, es afirmar que en el marxismo no se
cuenta
como tal con un
análisis exhaustivo de la lucha de clases, ni en El Capital de Marx, ni en
otros
textos del pensador
alemán.
La lucha de clases
no estuvo nunca analizada en “El Capital” y ese es uno de los grandes
vacíos del
pensamiento de Marx, del marxismo. Tras la muerte de Marx se precipitó el
dogmatismo y casi
que terminaron por completo los análisis reales. Marx en “El Capital”
no estudia las
clases sociales —es curioso decirlo—: el capítulo “Las Clases Sociales” es
el último, en el
que escribió 30 líneas y se murió. Y nadie siguió. Ni Engels, ni Lenin. [...]
Uno oye las
consignas, tan aspavientosas, de que la lucha de clases es el motor de la
historia, o que la
posición de clase es lo principal. Y ¿dónde está el análisis de las clases?
En ninguna parte.
Tenemos que ver lo que el marxismo tiene y lo que no tiene. Y ahí
tenemos un
problema: cada vez se hacen más consignas, más escuetas, más duras, casi
como fórmulas
rituales, sagradas; pero no análisis como los que hacía Marx. Ahora todo
el mundo monta el
partido único del proletariado, y vaya uno a preguntar qué es el
proletariado: no
existe ni la menor idea. Esto ha dañado muchísimo el instrumento de
análisis de un
proceso que estaba construyendo Marx (Zuleta, 1989, pp.5-6).
Vale la pena tomar
en consideración esta afirmación de Zuleta, de hecho se asemeja a la afirmación
de Nicos Poulantzas
cuando dice que propiamente hablando no existe un concepto de poder en el
marxismo27, que ni
en Marx, Engels, Lenin o Gramsci se puede rastrear dicho concepto. Puede
27 Las
consideraciones que preceden nos llevan a plantear el problema, capital para la
teoría política, del poder. Este problema es tanto más importante cuanto que
Marx, Engels, Lenin y Gramsci no produjeron teóricamente un concepto
175
que en verdad el
análisis de la lucha de clases sea un vacío en la obra de Marx y de algunos
marxistas, pero
¿que no esté ese análisis tan elaborado como se encuentra desarrollado el
estudio
económico en los
textos de Marx, desecha la posibilidad de que el marxismo contenga unas bases
teóricas para
desarrollar a profundidad ese estudio de la luchade clases? Tomando como
referencia
aquellos trabajos
de análisis políticos de Marx como La lucha de Clases en Francia o El XVIII
Brumario, ahí se
piensa la cuestión de la lucha de clases en el escenario político. Y estos
desarrollos
analíticos han sido retomados por otros autores, como el mismo Poulantzas, en
quien
vemos que su
cuestionamiento a la ausencia de un concepto de poder en los clásicos del
marxismo,
no equivale a creer
o suponer entonces que desde el aparataje teórico que tiene el marxismo, el
término poder no se
pueda construir. Esa es precisamente una diferencia de Zuleta con Poulantzas,
siendo este último
quien ofrece unos caminos, retomando a Marx y a Lenin especialmente, para
formular ese
concepto de poder. Ahora bien, Poulantzas no es retomado por Zuleta, cosa
bastante
curiosa porque la
intelectualidad francesa fue de la que más arraigo tuvo en Zuleta, y a parte
Poulantzas era
colega, amigo y camarada de Louis Althusser quien sería uno de los autores
marxistas más
trabajados por Zuleta, de manera pues que cuesta trabajo creer que Estanislao
no
conociera ni
tuviera referencia de Nicos Poulantzas.
De hecho, Zuleta,
haciendo un auto-balance de su postura marxista llegar a confesar: “Yo no creo
que el marxismo de
Marx sea una teoría de la sociedad válida en su totalidad. Yo he defendido la
teoría del valor,
pero no creo por ejemplo que la teoría del proletariado sea correcta” (Zuleta,
2008,
p.145). Pero hayque
cuestionar esa división que insinúa Zuleta en este punto, porque está en juego
de poder. Por lo
demás, en la teoría política este concepto de poder es actualmente uno de los
más controvertidos (Poulantzas, 1980, p.117)
176
la articulación de
las fuentes integrantes del marxismo. Estrictamente hablando, el concepto clase
social no está
separado en la obrade Marx de la teoría del valor, y Zuleta, conocedor a
profundidad
de El Capital,
tiene como reconocer esa imbricación teórica. Por tanto que hable de que
comparte
la teoría del valor
pero que no considera correcta la teoría del proletariado, debe llamar la
atención.
Habría que
preguntarle por tanto a Zuleta en qué considera errado a Marx frente al
proletariado,
pues en tanto
clasesocial su configuración económico productiva vincula directamente el
concepto
de valor.
Como vimos desde el
análisis económico, el concepto de valor se articula directamente con el de
clase social, por
tanto con el de proletariado, allí se sostiene mucha validez y queda la
sensación
de una
contradicción de Zuleta al decir que valida la teoría del valor pero niega la
del proletariado.
Pero si apreciamos
tal discusión más en términos políticos que económicos, puede haber una
respuesta
hipotética donde se entiende la divergencia de Zuleta. Lo que pretende sostener
Estanislao es que
el hecho de que el proletariado sea explotado en el proceso productivo, no
implica
necesariamente que devenga en una actitud revolucionaria en el plano político.
Por tanto,
el protagonismo que
Marx da a la clase obrera para la revolución entra en cuestión, más no la
explicación que
desde la economía política se da al proceso de explotación que integra en su
análisis la teoría
del valor.
La tesis de Marx
era que los países capitalistas más desarrollados estaban más
próximos a la
revolución, y que en ellos el proletariado iba a crecer más y a ser más
consciente. Pero en
la realidad nadie podía pensar eso: el proletariado
177
norteamericano,
alemán, inglés, francés o japonés están muy lejos de ser
revolucionarios.
Revolucionarios han sido los pueblos más atrasados, como China
y Angola. Los
países que llegaron a la revolución eran todos países con un mínimo
desarrollo
capitalista, incluida Rusia, que tenía el 83 % de población campesina,
86% de población
analfabeta, luego China (90% de población campesina), y Cuba”
(Zuleta, 1989,
p.14).
Pero en esto se
puede ejemplificar la complejidad de la articulación de las fuentes integrantes
del
marxismo, donde
manejar la coherencia entre las fuentes constituye uno de sus mayores retos.
Zuleta rechaza la
noción de proletariado desde el ámbito de la fuente sociopolítica, pero en
cuanto
recordamos la
vertiente económico-productiva que contiene el concepto de clase social, su
crítica
pierde fuerza
ytiene un marco de validez muyrestringido. No haypues una equivalencia
coherente
entre ambas fuentes
en este aspecto desde la mirada de Zuleta, pues darle la razón en su crítica al
proletariado, así
sin más, sería olvidar lo que el marxismo con la fuente de la economía política
desentraña con el
concepto de clase social. No es que se niegue la crítica política al
proletariado
que hace Zuleta,
sino que el reto es hacerlo sin sacrificar la validez que una de las fuentes ya
ha
logrado, la de la
economía política. En parte Zuleta cae en ello cuando afirma sin mayor
contextualización
“Marx incurrió en una idealización del proletariado”, tal cosa no es acertada
del
todo porque no hay
nada de idealización en la explicación teórica que Marx hace del proceso de
explotación en el
capitalismo, demostrando que la padece un sujeto concreto de esta sociedad, una
clase social que es
el proletariado.
178
4.9.
Anticapitalismo y democracia
Es muy paradójico
el discursar y la presentación de Zuleta sobre el proletariado, tal como vimos
en ciertos textos
silencia el desarrollo que la fuente de la economía política tiene sobre la
clase
social. Para
sustentar su crítica a Marx sobre la idealización del proletariado expone
fragmentos
de algunos de sus
textos que sí son considerados aislados del proceso teórico que Marx elaboró
sobre los fenómenos
de la explotación en el seno del modo de producción burgués, no resulta muy
justa la imputación
a Marx de idealista. En El Capital, Teorías de la plusvalía y el texto de
Introducción
general a la crítica de la economía política se da cuenta de esos procesos que
en su
concatenación
económica y política van forjando las clases sociales, por tanto la concepción
de
proletariado, con
toda y la prevención de Zuleta, surge de tal indagación al mejor estilo
materialista. Lo
cual dista mucho de un romanticismo cristiano.
Pero la misma
actitud con la fuente de la economía política no la tiene Zuleta respecto a la
URSS,
en su crítica a los
soviéticos, por el contrario, en al análisis de sus procesos económicos es
inflexible a la
hora de cuestionar el capitalismo de Estado que fue llevado a la práctica. Pone
en el
centro la crítica
las consecuencias que las relaciones capitalistas en la producción traen para
los
rusos. En tal
situación, está muy presente la economía política, no tanto así la fuente
sociopolítica
que lo obligaría a
conjugar la problemática económica con la correlación de fuerzas que se dirimía
en la lucha de
clases.
¿Cómo entender
entonces esta ambivalente posición de Zuleta frente a la idea de proletariado
en
el marxismo y la
experiencia política de la URSS? ambos casos como vimos tienen desarrollos
179
desiguales de las
fuentes integrantes del marxismo. Pero con todo y lo divergente, hay un punto
de encuentro desde
el cual cobran sentido las diferentes elaboraciones. Una de la razones
fundamentales por
las que se Zuleta basa su rechazo a la idea de proletariado en Marx y afirma
que en el marxismo
no se cuenta con un análisis exhaustivo de la lucha de clases, es porque se
encuentra haciendo
una crítica estructural a la idea de dictadura del proletariado que se ha
defendido en la
tradición marxista, ycuya propuesta de acción hegemonizó la imaginación
política
de los partidos
comunistas durante el siglo XX.
Esa crítica a la
dictadura del proletariado toma dos caminos. De un lado, pretende sustentar que
la
idea de
proletariado fue fruto de una idealización que se puede rastrear, según Zuleta,
desde el
mismo Marx. De otro
lado, que en la práctica se dieron abusos de poder, que los socialismos reales
no fueron más que
nuevas formas de opresión para los mismos trabajadores. La tal dictadura no
fue del
proletariado sino contra el proletariado. Y esto por más inconformidad que
pueda causar
por la falta de
contextualización teórica que Zuleta tiene a veces con temas como el
proletariado y
la clase social,
fue una realidad innegable en la URSS. Ni en el seno de los mismos partidos de
izquierda hubo una
democracia obrera.
Más allá de la
pertinente discusión teórica que es necesario sostener con lo que Zuleta deduce
de
Marx, cuestionando
las interpretaciones que hace contrastándolas con unos contextos históricos y
un espectro teórico
más amplio y complejo, tal y como lo he tratado de desarrollar. Del rechazo a
la dictaduradel
proletariado devendráuna propuesta política en Zuleta que sin renunciara la
crítica
de modo de
producción burgués tal y como se encuentra desarrollada en Marx, deviene
180
inconfundiblemente
en una praxis democrática anticapitalista, la cual es necesario considerar
porque desde el
rechazo a la dictadura del proletariado, la forma en cómo ha sido concebida la
toma y el ejercicio
del poder en el marxismo, Zuleta se repiensa la concepción de democracia con
una valoración
sobre los derechos humanos, de tal manera Zuleta reorientará su posición
marxista
con unas marcadas
diferencias respecto al marxismo y que se pueden sintetizar en los siguientes
tres puntos.
4.9.1. La
concepción de la toma y el ejercicio del poder
A diferencia de un
marxista como Lenin, o frente al propio Marx, Zuleta no concibe que el poder
se tome, sino, que
este ha de crearse. El poder debe tener una construcción de base, este
planteamiento lo
distancia de las tendencias marxistas que han sido simpatizantes de la lucha
armada o que se
adhieren a la idea de la dictadura del proletariado.
Nosotros hemos
cometido un error muy grave —y cuando digo nosotros me refiero a los
que hemos luchado
por el socialismo— y es que le hemos dado demasiada importancia a
la toma del poder
político. Algunos han ido tan lejos, que sólo creen en la lucha armada
como medio para la
toma del poder (Zuleta, 2008, p.59).
Vemos que en las
ideas que más se distancia Zuleta con el marxismo, son aquellas que tienen que
ver con su
vertiente política, especialmente aquellas que se proponen como vías para la
transformación
social, por ejemplo, Zuleta no cree, tal como lo expresan Marx, Engels y el
propio
181
Lenin que llegar al
poder estatal, es condición sine qua non para lograr cambios efectivos en la
sociedad, no porque
el Estado sea gobernado por los trabajadores se lograrán transformaciones
efectivas, la
propia Revolución bolchevique comandada por Lenin, expresa para Zuleta aquella
contradicción en
que el despliegue de la economía nacional fue en la práctica capitalista y
desarrolló la
división social del trabajo bajo la que opera dicho sistema, el capitalismo de
Estado.
En este caso el
poder adquirido por el proletariado no le permitió realizar cambios en las
relaciones
sociales de
producción, lo que supone, derivado de la crítica de Marx, que es donde se
genera la
enajenación en el
trabajo, la explotación, la división entre trabajo manual y trabajo
intelectual, en
resumidas cuentas,
donde se desarrolla aquello que Gramsci cuestionó desde muy iniciada la
Revolución rusa, la
estricta separación entregobernantes ygobernados. Por estas situaciones dadas
en los socialismos
reales, plantea Zuleta.
Yo creo que el
poder no se toma, el poder se crea. Es necesario que muchos grupos sociales
en los barrios, en
los sindicatos, en las universidades, en las revistas, creen muchos poderes
anticapitalistas, y
que la toma del poder sea la resultante de poderes ya creados, y no la
consecuencia de la
acción de un grupo cualquiera bajado de la montaña. La sociedad no va
a cambiar así. La
sociedad cambia cuando la toma del poder es el resultado del crecimiento
progresivo de
poderes creados, de poderes de confrontación que pueden ser intelectuales,
económicos,
sociales, de presión, sindicales, etc. Cuando los poderes anticapitalistas
superen el poder
del capital hayunatomadel poder, quees unacosa completamentedistinta
a una toma del
Estado (Zuleta, 2008, p.59).
182
4.9.2. La concepción de democracia
Como resultado de
las experiencias de los socialismos reales, Zuleta insiste en una praxis
política
que evite caer en
los totalitarismos a los cuales derivó la izquierda que se tomó el poder en
algunos
países de Europa en
el siglo XX, pero al cuestionar y rechazar estas experiencias políticas no
abandona, por
ningún motivo, la crítica al régimen capitalista.
Cualquier
revolución, aunque no sea sobre el modelo de Lenin, tiene que transgredir las
leyes del capital.
Unarevolución sepuedehacer por la democracia, no sólo con la dictadura.
Por ejemplo, si los
obreros conscientes y participantes se negarán a trabajar en lo que ellos
no consideren útil
para la sociedad, una democracia así ya no sería una ayuda para el
capitalismo
(Zuleta, 2008, p.92).
Consciente de la
disputa política y teórica que sostiene el marxismo con el liberalismo, Zuleta
reconoce el acierto
de la crítica de Marx a la “democracia burguesa”, por estar formulada desde el
individuo abstracto
y no desde el individuo concreto, por apelar a unos derechos sin pensar en las
posibilidades
efectivas y concretas para que tales derechos puedan ser ejercidos. Sin
embargo, a
diferencia del
pensador alemán Zuleta no rechaza en bloque la democracia, sino, que teniendo
en
cuenta la crítica
que hace Marx al liberalismo por su formulación abstracta, sigue considerando
la
democracia como una
praxis política en la que se deben dirimir los conflictos políticos y sociales
de la humanidad,
pues estos no se reducen solamente a las contradicciones económicas, los
conflictos no son
solo los atinentes a la lucha de clases, son de diversa índole, como los
culturales,
183
y es preciso que
los seres humanos aprendan a reconocerlos y a encontrar la forma más apropiada
de afrontarlos, ese
es el lugar de la democracia.
La democracia se
puede convertir en la forma de controlar el poder, “cualquier forma de
poder si no está
controlada por aquellos sobre quienes se ejerce, si es un poder que no es
objetable, ni
discutible, ni disputable, ni destituible, tiende inmediatamente al abuso del
poder, precisamente
por el hecho de no ser disputable, ni discutible, ni sustituible (Zuleta,
2008, p.17).
Y la izquierda
durante el siglo XX no fue ejemplar a la hora de encarar relaciones
horizontales y
transparentes, ni
siquieraen el seno de los mismosmovimientos revolucionarios. Deahí que Zuleta
quiera combatir la
concepción de dictadura como defensa de vanguardismo, organizaciones
verticales,
elitismos revolucionarios que se arrogan el dominio político y se atornillan en
cargos
de dirección. Tal
lógica tal como está cuestionada en Rosa Luxemburgo, no hacen más que
desconectar a las
masas y hacerlas pasivas, adoptando frente a ellas una relación instrumental y
no
de construcción
política. Bajo esa tendencia la revolución social no es más que un eslogan y
una
consigna vacía que
no cuenta con un proceso de construcción política de base.
Defender la
democracia es luchar en permanencia por la ampliación de los poderes
ideológicos,
culturales, económicos ypolíticos del pueblo; por su capacidad organizativa,
de decisión, y de
intervención. Y eso no es luchar por el capitalismo. Al contrario, es una
forma de poner en
cuestión la lógica del capital (Zuleta, 2008, p.26).
184
Uno puede diferir
con Zuleta por el abordaje yla presentación del proletariado que hace en
algunas
de sus reflexiones,
desconociendo aspectos que están imbricados en el desarrollo teórico de Marx,
pero en esta
crítica a las tendencias excluyentes y autoritarias en el seno del marxismo y
especialmente en
los partidos comunistas, tiene completa razón Zuleta. El siglo XX nos demostró
cuan fueron de
antidemocráticos los partidos de izquierda en su propio seno.
4.9.3. Los derechos humanos
En sintonía con la
crítica al liberalismo, el marxismo ha tendido a denunciar el carácter
abstracto
de los derechos
humanos, es cierto, y el mismo Zuleta recuerda el acierto de Marx al notar que
la
formulación de
tales derechos son erróneos, por ejemplo, tachándolos de que son burgueses y
por
tanto solo
benefician a aquellos que en la estructura económica están en posiciones
privilegiadas.
Entonces a un
trabajador común y corriente de nada le sirven esos derechos, que le digan que
tiene
derecho a la vida
cuando en ninguna fábrica lo contratan y él con su familia padecen la miseria,
aunque en la
formalidad se exponga un derecho a la vida, la realidad social le niega la
existencia
material
cotidianamente, pues que alguien no pueda comer por no tener trabajo es una
forma en
que la sociedad
niega la vida, aunque no se esté ejerciendo una agresión directa.
Pero Zuleta llegará
a diferir con Marx, pues no los considera como un logro del liberalismo
burgués, sino como
un logro de la humanidad, al igual que su preocupación por los totalitarismos
185
que sufrió el
mundo, Zuleta tiene a la mano el problema de la violencia y del conflicto
armado que
asedian a nuestro
país, razones de peso que lo llevan a polemizar con Marx sobre sus
consideraciones al
respecto de los derechos humanos.
[…] los derechos
humanos no constituyen una ventaja histórica, relativa a un determinado
modo de producción
o expresión suya (el modo de producción capitalista) o de la forma
burguesa de
concebir la vida. Por el contrario los considero como una adquisición, muy
difícil y
progresiva, pero al mismo tiempo definitiva. (Zuleta, 2008, p.106)
4.10. Retorno Zuletiano a la fuente filosófica
Cómo no recordar
aquí las dos interpretaciones desarrolladas por Zuleta sobre la idea de
retorno.
Como momento de
emergencia del pensamiento cuando las nociones preconcebidas no dan los
resultados
esperados. Y como una movida del pensamiento hacia el punto de partida, un
regreso
que se hace en el
camino del conocimiento hacia el que fuera el puerto de salida, pero retornando
a él con los nuevos
elementos que durante el viaje han sido aprehendidos y que no se tenían en los
momentos de partir.
La primera idea
sobre el retorno reflexivo se encuentra en Lógica y crítica, un texto que
recopila
unas conferencias
del año 1976, donde Zuleta retoma y reflexiona las ideas de la tradición
griega,
186
allí el retorno es
planteado como respuesta a una crisis que ha desatado en un sujeto la
incertidumbre y la
angustia sobre los presupuestos desde los que pensaba algo y que al no darle
los resultados que
esperaba le suscita una crisis, así este sujeto se encuentra en terreno fértil
para
la emergencia de un
nuevo pensamiento, pues tal situación lo obliga a que con la lógica retorne a
los presupuestos
desde los cuales se preconcebía y definía ciertas cosas.
La lógica resulta
necesaria cuando en el orden del pensamiento se produce una crisis;
cuando lo que
parecía derivarse con seguridad de la reflexión existente, de las categorías y
de los principios
vigentes, no resulta posible ahora; cuando lo que esperábamos que
ocurriera, según
las premisas con las que pensábamos, no ocurre efectivamente; cuando
habíamos previsto
que determinados acontecimientos producirían determinados resultados
y no los podemos
encontrar por ninguna parte; etc. En esas condiciones entonces nos
preguntamos cómo
estábamos pensando, qué valor tenían nuestras premisas, con qué tipo
de categorías
habíamos logrado deducir de ciertas causas ciertos efectos. Volvemos
entonces llenos de
sospechas sobre las seguridades que teníamos, y es en ese momento
cuando irrumpe la
lógica. Su aparición no es pues el resultado del ocio, sino de una crisis
particular (Zuleta,
2005, p.22).
La segunda noción
de retorno está desarrollada en un texto que ha sido bastante referenciado en
este trabajo,
Comentarios a la Introducción general de la crítica de la economía política.
Allí por
consideración del
propio Marx Zuleta denota el movimiento en espiral que caracteriza el
pensamiento del
genio de Tréveris, su proceso de conocimiento vuelve al punto de partida desde
187
varios frentes,
vinculando diversas relaciones, fenómenos y problemas que van configurando la
mirada teórica y
construyendo sus conceptos e ideas. Por tanto no desconecta el punto de partida
con desarrollos
ulteriores, como se haría en la escalera que para avanzar abandona el peldaño
anterior. De ahí
que ese retorno al punto de partida sea un retorno enriquecido. Hay una
articulación
progresiva que encuentra los nexos coherentes entre los elementos, no se
preocupa
tanto por su orden
de aparición, sino por la relación que estos establecen con el objeto que se
estudia. Es incluso
una manera de proceder en la que constantemente se pone a prueba lo que se
pensaba, sí lo que
se había afirmado se puede sostener a la luz de nuevos descubrimientos que en
la investigación se
van obteniendo.
[…] representarse
el asunto como una espiral, más bien que como una escalera, es decir,
como un proceso de
pensamiento que comenzando por una teoría del valor, vuelve
continuamente sobre
ella, pero a un nivel cada vez más profundo, más rico. Es
probablemente la
intuición de esa dirección real de su pensamiento, lo que le hace decir a
Marx que el viaje
de retorno no sería un retorno al origen, sino un retorno a un origen
enriquecido,
diferenciado. […] No es que se haya dejado atrás [ciertos] temas para pasar a
otros temas más
complejos, sino que un tema que se empezó a estudiar por un conjunto de
relaciones, se va
delimitando en más relaciones cada vez más múltiples y en
determinaciones más
complejas (Zuleta,1987, pp.103-104).
Pues bien, ambas
nociones del retorno constituyen el espíritu con el que Zuleta vuelve con
sospechas sobre las
seguridades que se tenían, hace el viaje al punto de partida con los problemas
188
del presente e
interroga todo, al marxismo y a los socialismos. Las crisis del siglo XX; el
conflicto
armado en nuestro
país y la deriva totalitaria de las experiencias socialistas fungen como hechos
históricos que
obligan a revisar los presupuestos desde los cuales se ha emprendido la tarea
de
cambiar el mundo en
el marxismo. Los horrores que se vivieron en el siglo XX llevan a Zuleta a
interrogar la
vertiente humanista del marxismo, para saber hasta dónde hay posibilidades de
que
se reoriente ética
y políticamente.
Además, Zuleta
vuelve a la filosofía y la dignifica en momentos donde era la cenicienta del
marxismo. Si bien
fue cierto que tanto Marx y Engels tuvieron su ruptura con la filosofía
especialmente con
Hegel y los jóvenes hegelianos, la tuvieron bajo razones muy distintas a las
que
durante el siglo XX
predominaron bajo el prejuicio y la dogmática en el seno del marxismo
mundial,
especialmente en los partidos comunistas, que decir ruptura sería elogiar lo
que no era
más que un rechazo
compulsivo de atrevida ignorancia. La suposición de un marxismo
cientificista,
objetivo y de implacables leyes histórico-naturales hizo carrera aprovechando
las
erratas de un
Engels o de un Lenin —por nombrar a los más respetables— para sustentar un
materialismo férreo
que nada tenía que ver con las especulaciones idealistas propias de la
filosofía.
Desde la II
Internacional algunos militantes comunistas comienzan con la actitud
ortodoxa28,
emulando las
críticas de los maestros hacia la filosofía pero sin análisis propios, sino
como mera
adaptación a la
autoridad incuestionable dieron cabida al socialismo “científico”, aquel que
superaba a la
filosofía llevando las discusiones al terreno objetivo de la economía política.
No se
28 Esta actitud
implica una interpretación negativa de las relaciones entre marxismo y
filosofía; es decir, una negación del contenido filosófico propio de la
doctrina de Marx. En este terreno se encuentran los intelectuales burgueses y,
particularmente, los teóricos marxistas de la II Internacional. El marxismo se
reduce así a una teoría de la sociedad o a una crítica científica de diversos
aspectos de la sociedad moderna burguesa que no desemboca necesariamente en una
praxis revolucionaria (Korsch, 1977, p.13).
189
percataron estos
marxistas de las sutilezas e ironías de Marx respecto a sus críticas con la
filosofía29. Tal
cosa, ha hecho demasiado daño al desarrollo del marxismo para que desde una
posición filosófica
retornara a la inquietud y se formulara sin temor al error y a la crítica, las
incógnitas que
surgían de su experiencia social y política.
Hay que aclarar
entonces que ese retorno a la filosofía no es a la manera hegeliana, no es con
la
pretensión de darle
vida al viejo idealismo, de hecho, en vez de Hegel, el filósofo que estará muy
presente en este
periodo donde Zuleta retorna hacia la filosofía con preocupaciones del marxismo
será Immanuel Kant,
el diálogo con tal pensador será bajo la inquietud de pensar las condiciones
de posibilidad de
una filosofía práctica. También hay un retorno a la tradición griega, pero en
particular para
estos años ochenta haciendo un repaso por la obra de Zuleta, el filósofo alemán
tiene una presencia
protagónica en sus reflexiones.
En el texto de
Teorías políticas contemporáneas vemos las singularidades que tiene este
retorno
filosófico, que en
este diálogo que se establece con la filosofía se hace desde la indagación de
problemas
universales, tales como la relación entre filosofía y política, la cual es la
misma
preocupación del
marxismo por la articulación entre teoría y praxis, tal asunto, muestra Zuleta
que
eraunaproblemáticadelos
griegos que en su momento llegaron aconsiderar yanalizar, planteando
29 Un fragmento de
la carta que Marx envía a Pavel Annenkov el 28 de diciembre de 1846, constituye
uno de los ejemplos para ver la singular relación de Marx con la filosofía, que
lejos de relegarla o rechazarla, cuestionaba para esta época los abordajes que
a su nombre se hacían, como el hecho por Proudhon al que Marx ironiza así: “Yo
también estoy muy lejos de imputar a la filosofía del señor Proudhon los
errores de sus investigaciones económicas. El señor Proudhon no nos ofrece una
crítica falsa de la Economía Política porque sea la suya una filosofía
ridícula; nos ofrece una filosofía ridícula porque no ha comprendido la
situación social de nuestros días en su engranaje” (Marx, 1973, p.531).
190
reflexiones que
sorprenden por su vigencia para interpretar con agudeza problemas mundiales que
se daban hacia
finales del siglo XX. Otro de esos problemas tiene que ver con el dilema
cultural
de sí es posible
una ética universal.
Vamos a tratar de
ver en este curso un conjunto de problemas básicos. Tales como: política
y ética, política y
ciencia, política y filosofía; tal como se discuten y como se podrían
ejemplificar hoy
los grandes acontecimientos modernos. Por ejemplo, la Perestroika en la
URSS, la crisis del
Estado en Latinoamérica y su desarrollo hacia la descentralización
política y
administrativa en los años 80; la conformación de los estados europeos: es
decir,
problemas de hoy
(Zuleta, 1989, p.1)
Es para tener muy
en cuenta entonces la particular forma en que Zuleta vuelve a la filosofía,
pues
se hace desde una
articulación de saberes, todos cruzados por la política y teniéndola como base
en su indagación.
Como vemos, no es una filosofía especulativa alejada de los hechos y
desplegando
cómodamente su imaginación al margen de la realidad social, tal y como se solía
criticar desde
cierto marxismo a los abordajes filosóficos.
Un punto desde el
que Zuleta justifica mucho su posición filosófica, es que pone a discutir lo
actual
con el pasado. Con
la referencia a los clásicos griegos, Sócrates y Platón hace el tratamiento de
unos asuntos de
carácter universal; la relatividad de las culturas y la disyuntiva entre el
filósofo y
el político que
identifica como problemas de actualidad.
191
Es muy bueno que
consideremos en detalle la oposición platónica, porque mucha parte de
la política moderna
se puede pensar como intentos de resolver la disyuntiva platónica (o
político o
filósofo). Por ejemplo, Marx es un intento —un intento serio ypor lo tanto
digno
de alta
consideración— de que no resulte ser una disyuntiva completa: o se piensa seria
y
científicamente o
se hace política.
La oposición que
arma Platón es muybrillante. Lo primero que dice es que el filósofo haría
reír, lo cual es
una manera de introducir el tema muy a su estilo; pero la argumentación se
va refinando cada
vez más, cuando ya se trata de saber por qué hace reír el filósofo que se
presente en la
plaza pública o frente a los tribunales, en el ámbito del derecho. Es un
problema que tiene
el pensamiento político contemporáneo, aunque se asume con nuevos
nombres: ahora no
se dice que el filósofo hace reír en la plaza pública sino que hay un
problema difícil de
solucionar —para decirlo en términos de Habermas— entre
conocimiento e
intereses; pero es lo mismo: en la plaza se va a defender intereses y no a
demostrar
conocimientos.
El problema está
tratado por Platón, pero se mantiene. Y vamos a ver cómo lo trata Platón,
para luego abrirlo
a nuestra época (Zuleta, 1989, p.7)
Precisamente en
este texto se propone Zuleta dar cuenta de la manera en como Marx intentó darle
solución a la
disyuntiva entre filosofía y política. Y algunos ejemplos desde los que analiza
tal
cuestión son los
atinentes a la revolución rusa, es decir, la cuestión propiamente política
contando
con referencias
empíricas, de tal manera que no son meros devaneos filosóficos. Se establece el
diálogo entre la
reflexión filosófica y lo sucedido en Rusia en un problema concreto que
tuvieron
que sortear los
revolucionarios en 1918, lo concerniente a las negociaciones de paz con los
192
alemanes en el
pacto de Brest Litovsk. Tanto Lenin, como Trotsky y Bujarin tienen posiciones
distintas respecto
a la posición de la guerra con Alemania, todos ellos políticos y pensadores
notables del
marxismo debaten las consecuencias de seguir o no la guerra, esa situación
extiende
el debate y acapara
gran parte de su tiempo, hasta que Lenin comenta.
Miren, camaradas,
lo que yo digo puede ser un error, lo que dice Bujarin también
puede ser un error,
y lo que dice Trotsky también puede ser un error; pero hay un
cuarto error, mucho
más grave que cualquiera de los tres, y es que sigamos
discutiendo aquí
dos o tres días más mientras las tropas alemanas siguen avanzando:
ese error es más
grave que los tres. Tomemos una decisión, porque no contamos
con tiempo (Zuleta,
1989, p.9).
Mientras que el
filósofo cuenta con el tiempo para investigar y hacer los desarrollos
necesarios
para pensar algún
problema que estudia, el político no tiene tal ventaja, está en la obligación
de
elegir a contra
tiempo sin la posibilidad de averiguar con certeza si la postura adoptada es la
correcta.
El político no
tiene el tiempo del saber, tiene que decidir sobre indicios, sobre
probabilidades: no
puede darse el lujo de establecer con tiempo qué es lo que se requiere
que es mejor. Ahora
bien, el hecho de que no tenga el tiempo del saber no implica que sea
independiente del
saber; ese es otro asunto (Zuleta, 1989, p.9)
193
El siguiente
fragmento con el cual termina la clase del ocho de septiembre de 1989 de
Teorías
políticas
contemporáneas, Zuleta sintetiza la indagación filosófica (el retorno a esa
fuente) donde
dialoga con los
problemas tradicionales en la filosofía e inscribe ahí a Marx, en la manera
como
trato de darle
solución a tales problemas.
Lo que vamos a
estudiar, porque es supremamente interesante y muy actual (por lo menos
para los que no
creemos que, porque ocurrió tal cosa aquí o allá, sea necesario botar al
cajón de la basura
todo el marxismo), es cómo trató Marx de resolver de una vez todo el
problema de la
defensa de un interés, y del sostenimiento de una posición científica. Es un
problema en el cual
es un continuador (como problema, no como posición) de los
planteamientos de
Platón y de las dificultades que ellos abren (Zuleta, 1989, p.19).
Luego de situarnos
en esta problemática Zuleta pasa a indicar la propuesta de Marx para superar
esta disyuntiva,
que tal como lo va a identificando esta descansará en un sujeto particular de
la
sociedad moderna,
el proletariado. Éste sintetiza tanto lo filosófico como lo político, o dicho
de
otra manera el
interés de una clase social y una posición científica, la articulación teoría y
praxis.
Precisamente Marx
llegó a definir El Capital como la economía política del proletariado.30
También la frase
expresada por Marx en La Cuestión Judía es característica al respecto. Así como
30 Este personaje
[Marx] se hace, pues, preguntas muy similares a aquellas que estábamos
considerando en esas célebres páginas de Platón sobre el filósofo, y encuentra
lo que podríamos llamar una solución de alcance histórico general. La solución
que encuentra (y voy a detallar este punto como introducción al pensamiento de
Marx y a todos los problemas que se plantean hoy en Política, para mostrar cómo
ese pensamiento está en pleno debate) es una noción que le resuelve toda la
problemática filosófica y política al mismo tiempo: la noción de proletariado.
Esto explica por qué dijo alguna vez, algo que puede sonar raro y que sin
embargo es central, que el proletariado es el gran filósofo: es platónico,
extranjero, no tiene patria; no está defendiendo antecedentes, nobleza, ni
ningún interés particular: su interés es el de toda la humanidad; no tiene
ninguna ventaja adquirida (Zuleta, 1989, p.4).
194
la filosofía
encuentra en el proletariado sus armas materiales, el proletariado encuentra en
la
filosofía sus armas
espirituales. “Y tan pronto como el rayo del pensamiento muerda a fondo en
este candoroso
suelo popular, llevará a cabo la emancipación de los alemanes en cuanto
hombres”
(Zuleta, 1989,
p.6).
La Filosofía tiene
un rasgo que Marx adjudicaba al proletariado: la vocación de
universalidad, la
negación de particularismos nacionales; considera que es como un
científico. […] Se
trata de una idealización curiosa de una lucidez que procede del “hecho”
de que como el
proletariado no tiene prejuicios (está por decirlo así, en un “punto cero”),
entonces no tiene
por qué no entender todo; lo que estorba son los prejuicios, los intereses,
las ganas de no
creer porque no interesa (Zuleta, 1989, p.17).
Volver a la
filosofía con un problema político de importancia central para el marxismo, la
revolución mundial,
lleva a que Zuleta en este retorno caiga en cuenta de algo que obliga a
replantear la
posición del marxismo frente al proletariado. En estas cualidades que Marx le
adjudica al
proletariado hay más de supuesto que de realidad; que el proletariado es
filósofo, que
no tiene una
posición prejuiciosa ni defiende un interés particular, sea económico o
nacional; que
no tiene patria,
que el alcance de su lucha es universal, tales connotaciones son presentadas
como
una esencialidad
revolucionaria, como un conjunto de cualidades que configuran la identidad
inherente de esta
clase social. Es preciso anotar, que en este retorno reflexivo cuando Zuleta
cuestiona todos
estos presupuestos que se daban por sentado en el marxismo frente al papel
revolucionario del
proletariado, interroga la deriva esencialista que se ha tenido en términos
políticos al
respecto. En Teorías políticas contemporáneas, a diferencia de otros textos,
Zuleta
195
muestra que el
proletariado padece un proceso de explotación, es decir, su cuestionamiento a
la
idea de
proletariado en Marx no desmiente, ni desconoce el análisis sociológico y
económico-
productivo que
elaboró el pensador alemán sobre el modo de producción capitalista y las clases
sociales que se
forjan en su seno. Dedonde el marxismo con todo su aparato teórico ha
demostrado
las diversas formas
de explotación que pesan sobre una parte mayoritaria de la sociedad, el
proletariado.
Zuleta frente a
Marx y su consideración del proletariado entonces, comparte la teoría de la
explotación que
desarrolla al respecto, más no concuerda en todo lo que se refiere a la
propuesta
revolucionaria que
Marx le adjudica al proletariado; a su protagonismo en la lucha política. En
Zuleta hay una
posición enfática de que no se puede esencializar al proletariado. Éste puede
no
llegar a ser
revolucionario, el origen de clase no define una posición anticapitalista, e
incluso,
sectores de la
sociedad que no padecen la opresión económica tal como la vive el proletariado,
pueden ser
potencialmente más revolucionarios que muchos obreros y llegar a solidarizarse
en las
luchas contra el
capitalismo. Pero tal posibilidad no ha estado considerada en el marxismo, ni
en
los textos de Marx
ni en algunos de los representantes más significativos del comunismo —con
contadas
excepciones podrían ser la omisión a la regla; Rosa Luxemburgo y Antonio
Gramsci —.
Más bien, con
demasiada arrogancia, se ha tendido a desechar la ampliación de la lucha con
sectores no
proletarios, bajo la condena anticipada de que sería contaminar la lucha con
elementos
pequeño burgueses.
La ecología es un
combate contra el capitalismo, pero también el feminismo y el arte son
un combate contra
el capitalismo. No hay que creer que sólo las huelgas obreras por más
196
salarios son un
combate contra el capitalismo, porque precisamente en sí mismas no lo son,
si no construyen
una gran idea anticapitalista, una gran cultura anticapitalista para que el
poder obrero, que
sí es un poder real, sea anticapitalista. El capitalismo se va a derrumbar
por la capacidad de
destrucción de las posibilidades del ser humano y por la defensa que
vamos a hacer en
todos los ámbitos obreros o no, de las posibilidades del ser humano
(Zuleta, 2008,
p.154).
En Marx pues había
un supuesto, un optimismo revolucionario sin el cual no hubiera escrito lo que
el mundo llegaría a
conocer bajo su puño y letra. No hubiese sido ese estudioso infatigable y el
crítico implacable
del capitalismo. Él consideraba que el proletariado podía asumir la máxima
kantiana del
“pensar por sí mismo”, bajo esa premisa está escrito cada capítulo, cada
concepto y
cada renglón del
Capital, ese móvil lo lleva a conocer el mundo de la producción burguesa. Un
supuesto
trascendental del que no se podían garantizar sus resultados.
4.11. Retorno que ratifica al marxismo
Como veremos a
continuación en el retorno que para el año de 1989 está haciendo Zuleta
directamente hacía
la obra de Marx, acentúa su conocimiento marxista sobre el capitalismo,
refrenda a Marx en
los resultados que obtuvo en sus investigaciones económicas, sociológicas e
históricas, y lo
hace, sin dar lugar a dudas en su posición política anticapitalista; su
inclinación
ideológica de
izquierda; y su postura teórica marxista.
197
Pero quiero mostrar
las cartas; no estoy ocultando ni hablando al sobrevuelo, como si no
tuviera posición.
Me refiero a las posiciones que más me interesan, que son las corrientes
de izquierda.
Generalmente la derecha suele decir hoy como siempre, que la idea de
izquierda y derecha
está superada y que quien diga que algo es de izquierda o de derecha
no se sabe a qué
alude; es decir, que se sabe que una persona es de izquierda —cualquiera
que sea su plumaje
y su pelaje— cuando es un adversario de la dominación y de la
explotación (sea
feudal, capitalista, socialista o de cualquier otro tipo) y, por lo tanto,
partidario de la
igualdad política, jurídica y económica. Es muy sencillo, no es ningún
enigma (Zuleta,
1989, p.1).
Este fragmento de
la clase del 22 de septiembre de 1989 es diciente al respecto, donde vemos que
Zuleta asume su
posición política e ideológica de izquierda, y la orientación inequívocamente
marxista que
sostiene para este momento de su vida, sin olvidar que a la fecha, estamos a
escasos
seis meses que
preceden al fallecimiento de Zuleta: “Creo que una concepción seria de los
problemas políticos
modernos necesita una discusión con el marxismo, sobre el marxismo, del
marxismo” (Zuleta,
1989, p.2)
Este retorno
reflexivo que se mantiene en el último periodo de la vida intelectual de
Zuleta, se
establece desde
unas preguntas que formula alrededor del marxismo y se dirigen a indagar hasta
qué punto en la
obra de Marx, en sus propios desarrollos, en sus conceptos, en su elaboración
teórica y política
ya se contenían errores o equívocos que no corrigieron luego sus herederos. Y
que, por ejemplo,
lo que él mundo llegaría luego a conocer que se hizo a nombre del pensamiento
198
de Marx, se le
pueda adjudicar a él, como algo a lo que conducía indefectiblemente su obra y
la
puesta en práctica
de sus ideas: el totalitarismo, los gulags, la represión política, la censura
etc.
¿En qué medida el
marxismo de Marx —porque eso es lo primero que hay que tratar como
concepción de las
sociedades, como crítica al capitalismo— es el punto más fuerte como
teoría de la
Historia, como método? ¿En qué medida el Marxismo de Marx era ya un error
o, más bien lo que
ha ocurrido luego es que con relación a los marxismos ha habido malas
interpretaciones o
desviaciones o crímenes, o como se quiera decir? ¿En qué medida el
marxismo de Marx
era ya él mismo equivocado? (Zuleta, 1989, p.1)
Esto era algo que
era tendencia en Zuleta, separar a Marx de los marxismos. Lo cual tiene sus
pros
y sus contras. Es
de valorar que fungió como un atento lector y analista de la obra de Marx. En
Zuleta había el
supuesto de que yendo al pensador que era fuente de la teoría, se tendría un
acercamiento más
ecuánime yobjetivo alos planteamientos deunateoría, en estecaso el marxismo
que, en ocasiones,
había sido reducido, simplificado y hasta vulgarizado por algunos de sus
herederos. En esto
Zuleta demostró, exegéticamente, su relación con la obra de Marx, conociendo
a cabalidad lo que
el pensador alemán produjo bajo su puño y letra. Sin embargo, así como el
llamado de Zuleta
por no confundir a Marx con otros autores afines al marxismo mismo, es una
prevención
necesaria, no lo es menos el cuidado frente a la especificidad de ciertos
contextos
históricos desde
los cuales, bajo otras condiciones y en otras posiciones pensaron el marxismo e
hicieron su
práctica política otros autores; hablo de un Lenin, de una Rosa Luxemburgo, un
199
Trotsky, un Stalin
o un Mao, quienes particularmente desde la arena política, ya no meramente
desde el debate
intelectual hicieron sus aportes al marxismo.
Así como hay que
considerar a Marx, hay que hacerlo con estos otros referentes, quienes tuvieron
que vérselas con
nuevos problemas y es a la luz de estos que hay analizarlos, entenderlos y
discutirlos, pero
no, sopesarlos bajo la sombra de Marx que es en ocasiones, como lo propone y lo
hace Zuleta. Como
si existiese una especie de marxismo originario que ya estaba en Marx y el
error consiste en
no acatarlo, y en juzgar como insuficiencias las desviaciones frente a lo que
el
pensador de
Tréveris ya tenía elaborado. De tal manera no se estaría bebiendo de la
historia, si hay
que hacer un
balance de estos autores hay que hacerlo pero desde el crisol de los problemas
a los
que se enfrentaron,
es preciso retratar la época, las disyuntivas a las que respondieron, aquello
que
los limitaba, los
retos que asumieron, en fin de cuentas; ¿qué se podía esperar de ellos? y no
tanto
ir bajo el supuesto
de una fidelidad a Marx, creyendo que ya de antemano se sabía lo que debían
hacer sin
considerar su contexto específico.
Una búsqueda
exegética no soluciona el problema, el marxismo no estaba consumado en Marx,
este sigue
forjándose con las nuevas experiencias del siglo XX. No es justo sobreponerle a
dicho
siglo los problemas
sociopolíticos desde los que pensó Marx, no son los mismos, y por tanto la
situación no se
puede equiparar, el marxismo del siglo XX se entiende a partir de los problemas
que los
revolucionarios de esa época tuvieron que enfrentar. Lo que es innegable es que
en ese ir
a Marx
directamente, Zuleta hace como pocos autores colombianos una apropiación muy
singular
200
del marxismo,
especialmente de la economía política, que como habíamos visto desde los años
setenta las fuentes
del marxismo iban configurándose en su pensamiento.
Y para estos años
ochenta esos desarrollos analíticos del marxismo se mantienen con la
discursividad y la
oratoria propia de quien tiene el interés de divulgar lo que sabe. Pero hay
otros
aspectos que bien
pueden ser considerados como elementos esenciales que hacen de Zuleta un
intelectual
marxista para estos años en los que ya está cercano a su fallecimiento. Y que
sin negar
sus variaciones y
sus críticas a la obra de Marx, a los proyectos socialistas y al marxismo en
general, sostiene
el estudio del capitalismo y la crítica al mismo, de la mano de Marx. De hecho,
para refrendar el
conocimiento con el que se fundamenta esa crítica, Zuleta (1989) se pregunta:
[…] ¿esa crítica es
equivocada? ¿En qué sentido? (puede serlo en varios sentidos: si es
equivocada, ¿en qué
sentido resulta que el capitalismo es tan malo como Marx pensó, o es
peor de lo que él
pensaba, o es simplemente distinto?) (Zuleta, 1989, p.3).
De tal pregunta,
desglosa y aborda el conjunto temático que hay en la obra de Marx donde se
desarrolla esa
crítica estructural al capitalismo, y Zuleta lo conjuga exponiendo ejemplos de
situaciones
concretas del contexto mundial, de tal manera resuena en su reflexión
socio-política el
estudio de la
economía política. De ello dan cuenta las clases del 22 y29 de Septiembre de
Teorías
políticas
contemporáneas donde pasa página sobre temas como:
201
-La composición
orgánica del capital
-La tendencia a la
caída de la tasa de ganancia
-La tendencia
monopólica del capitalismo
-La contradicción
entre la producción social y la apropiación privada
-La definición del
proletariado (identificando dos nociones posibles en la obra Marx)
-Teoría del valor,
definición del plusvalor
Esto por nombrar
algunos de los temas que Zuleta trabaja en estas clases, hay otros más, pero
con
los aludidos se
puede reconocer el interés investigativo de Zuleta, en cuya base teórica está
el
marxismo y su
conjunto de elaboraciones teóricas, desde allí en Zuleta se explican
situaciones
concretas que
experimenta el mundo para esta época, como el monopolio; donde se percata que
el
conflicto político
suscitado tiene sus raíces económicas, pues la intervención e injerencia de
unos
países
imperialistas sobre otros bajo el interés de extraer sus recursos naturales,
muestra Zuleta,
basado en el
marxismo, es una lógica con la que responde el capitalismo para enfrentar su
tendencia a la
caída de la tasa de ganancia.
Una medida para
volver a subir la tasa de ganancia puede ser invertir en un país donde haya
menos
tecnificación. Si uno invierte en un país donde hay menos tecnificación, donde
el
valor de la
producción está por un costo de trabajo superior, entonces en ese país obtiene
inmediatamente una
ganancia extraordinaria. Además hay otra cosa, que no es una
casualidad, y es
que un país donde haya menos tecnificación también hay una fuerza de
202
tecnificación más
barata. Esa salida, considerada en
términos de conjunto, se puede
denominar ingreso.
Supone, pues, comenzar a dominar económicamente países que tienen
grados de
tecnificación inferiores (Zuleta, 1989, p.4).
De igual manera
asuntos que son esenciales para la crítica que sostiene el marxismo al
capitalismo,
continúan en los
desarrollos analíticos de Zuleta, refrendando éste su validez y sosteniendo con
enorme esfuerzo
divulgativo la vigencia del pensamiento de Marx, exponiendo con elocuencia
esos contenidos que
forjan la teoría crítica que inauguró el genio de Tréveris. Así, por ejemplo,
con una sencillez
que no sacrifica la profundidad del tema que abordaba, Zuleta recuerda lo que
significaen Marx la
contradicción entreproducción social yapropiación privada, ideafundamental
para sostener una
crítica radical al capitalismo.
La producción, por
lo tanto, es calculada por su efecto en el nivel de lo que Marx
llamaba la unidad
productiva, es decir, la empresa. Se dejan entre paréntesis los
efectos sociales de
la producción, lo que le pase a los trabajadores, a los
consumidores y a
otros. Si una empresa de Yumbo da muy buenas utilidades
envenenando el río
Cauca, y tienen efectos desastrosos para una gran parte de la
sociedad, por
ejemplo los pescadores, eso no le interesa al capital: le interesan las
ganancias yel resto
que se friegue. Esta es la contradicción principal: la producción
es social, pero la
apropiación es privada. El criterio de la producción es entonces el
de la utilidad
privada y no el de la utilidad social. Esa es la mirada de sobrevuelo
que da Marx sobre
el sistema (Zuleta, 1989, p.3).
203
Además de lo
anterior, para esta década de los 80-90 se desarrollan en la obra de Zuleta, en
lo que
conocemos de su
obra edita e inédita, múltiples desarrollos teóricos que están consignados en
El
Capital de Marx,
con una particular articulación de saberes que era lo propio en Zuleta,
enhebrados
siempre desde la
coherencia del fenómeno que analizaba, de ahí que en su texto Marx y el
presente
del año 1983, haga
toda una reflexión sobre la inserción de las mercancías en la vida cotidiana.
Pero también como
se observó en Teorías políticas contemporáneas, se denota en Zuleta una
continuidad en el
marxismo que apropió y que lo acompañaría hasta los últimos días de su vida.
En este retorno
hacia la filosofía y a la obra de Marx, Zuleta se percató del error de Marx por
adjudicarle
cualidades innatas al proletariado como hacedor de la revolución y, también, al
haber
sido testigo de los
errores que durante el siglo XX cometieron los partidos comunistas y gran parte
del movimiento
revolucionario, considera que el marxismo para seguir vivificándose como teoría
crítica y praxis
revolucionaria, debe reconfigurarse políticamente para que en sus propuestas
anticapitalistas
integre otro tipo de luchas y sujetos revolucionarios. Que en esa conjugación
con
otros combates
políticos aprenda de una cosa de la que poco sabe la izquierda, no ser
vanguardia,
asumir que no
estará en la posición dirigente a la que paranoicamente se ha creído destinada
a
ocupar. Zuleta es
consciente de estas cosas y por eso en su obra, aunque ya no proponga la
formación de un
partido político sigue explorando las posibilidades de una praxis. De ello dan
cuenta los
siguientes puntos en los que desde algunos apartados significativos de su obra
se ratifica
su posición
marxista, anticapitalista y de izquierda.
204
4.11.1. La
necesidad de transformar la sociedad
Estanislao insiste
en la urgencia de propender por una transformación al modelo de civilización
imperante,
precisamente por el conocimiento que ha obtenido de Marx conoce los efectos que
el
capitalismo le
genera a la humanidad, ahí también coincide con Marx, no sólo es cuestión de
interpretar el
mundo sino de transformarlo.
Marx creía en la
lucha por una sociedad nueva, por una sociedad más igualitaria. Es
completamente
razonable. Le doy toda la razón, en principio. La necesidad de una lucha
por una sociedad
nueva. Por una sociedad que no importe automóviles de lujo mientras los
niños están
muriendo de hambre (Zuleta, 1987, p.21).
Fundamentado en el
marxismo que le permite un conocimiento cabal del funcionamiento del modo
de producción
capitalista, Zuleta concibe que una sociedad más justa y democrática se
conquista
si se da una
transformación radical del sistema económico. Así Zuleta no cae en el utopismo
o en
el moralismo que
idealiza el mundo “como debería ser” sino, que, conociendo ese mundo tal y
como es, con su
lógica económica y sus diversas relaciones con la política, enfatiza en su
crítica a
eseorden vigente
ydesdeahí prefiguralas posibles acciones quesirven paraoponerseradicalmente
al modelo de
civilización burgués. Zuleta es uno de esos pensadores que al preocuparse por
una
sociedad justa, se
pregunta también porque el ser humano ha sido capaz de tanta injusticia, que es
aquello que nos ha
determinado a que el mundo actual concilie la opulencia más desaforada con
la miseria más vil.
205
Es el compromiso
ético por una humanidad distinta que dialoga con la rigurosidad del pensamiento
en sus versiones
más elevadas, en la filosofía, el arte y en los saberes humanos, pero todo este
conocimiento es
politizado por Zuleta ya que apunta a logros concretos en la realidad, a que
tanto
en el plano
material como en el espiritual valores como la dignidad, la justicia y la
libertad se
vayan convirtiendo
en una experiencia cotidiana. Y para que ello pueda ser una realidad efectiva,
Zuleta comprende
que esto amerita tanto de una transformación de la base económica de la
sociedad, como de
los vínculos que entre los seres humanos se establecen, es decir, forjar una
nueva cultura. Pero
en Zuleta hay una claridad muy importante, y es que una lucha no subsume a
la otra, lo cual
caracteriza sustancialmente esa idea de transformación que defiende. Estanislao
se
distancia de algo
que él consideraba estaba implícito en el marxismo bajo una especie de
“antropología
optimista” la que indicaba como factor de los conflictos sociales a la
propiedad
privada, Estanislao
considera que hay otros aspectos de la vida social que generan conflictos y que
no se tramitan ni
solucionan simplemente bajo la abolición de la propiedad privada, es más, que
en sí mismos los
conflictos son consustanciales a la condición humana y que la apuesta no debe
ser por suprimirlos
sino de aprender a reconocerlos y vivir inteligentemente con ellos.
Bajo esta
perspectiva la posición Zuletiana de transformación social se identifica con el
marxismo
en la superación
del modo de producción capitalista en subvertir su orden y superarlo, pero no
reduciéndolo como
el único factor a intervenir para lograr transformaciones efectivas, se
entiende
que el capitalismo
más que sistema económico es un modelo de civilización que se caracteriza por
el tipo de
humanidad que genera, lo que lleva a la deducción de que la lucha por una
sociedad
distinta se dirime
también en otro ámbitos que no son propiamente económicos, tales como la
206
relación entre los
géneros, los derechos de las mujeres y los de la comunidad LGTBI, la ecología,
la cultura etc.,
“[…] tenemos que replantear la idea misma de la revolución. La revolución es
para
todos: los
pensadores, las mujeres, los artistas, los que aspiran a que su vida tenga un
sentido, los
enemigos de la
forma capitalista del sistema” (Zuleta, 2008, p.151).
Toda lucha que
apunte a minar la civilización que produce el capitalismo es una lucha digna de
librarse, hay una
serie de crisis que merecen ser atendidas y desde las cuales dimana la
confrontación
contra el capitalismo y la defensa de la dignidad humana.
Tenemos que
presentar la lucha contra el capitalismo como una lucha contra todos sus
efectos, en todos
los ámbitos de la existencia, en todas las clases. La superación del
capitalismo debe
ser obra de todas las clases y de todos los grupos, no de la clase obrera
porque tiene el
privilegio especial de que es explotada. (Zuleta, 2008, p. 151).
4.11.2. Estar del
lado de los explotados
Pues tal ycomo lo
dice el mismo Zuleta: “Estar a favor de Marx, sin duda alguna, es estar en
contra
del capitalismo. No
tengo que ocultar ninguna carta, estoy en contra del capitalismo” (Zuleta,
1987, p.9) Además
de propender por una transformación de la sociedad, para Zuleta, estar del lado
de aquellos en
quienes padecen con más crudeza los abusos del sistema económico actual, es un
principio que guía
sus posturas. Si bien Zuleta es partidario de aquella idea de que la revolución
es para todos,
incluso para los explotadores, enfatiza en un tipo de apoyo a los sectores más
marginados de la
sociedad, es desde ellos que se deben pensar también los cambios democráticos
207
“El abuso de poder
se ejerce sobre todo contra los sectores marginales de la sociedad y por eso
hay que tener la
mayor solidaridad con ellos en la lucha efectiva por la democracia” (Zuleta,
2008,
p.17).
Pero esta posición
no es una defensa moral de los pobres, no deviene en una caridad cristiana que
toma al pobre como
un receptor pasivo de limosna, sino que parte de entender su condición de
explotado de la
manera más objetiva posible, desde las múltiples consecuencias que padece en su
situación material,
la miseria económica que propicia las condiciones para que se desarrolle una
miseria espiritual,
esto es, que no permite el acceso al conocimiento en todas sus versiones, arte,
ciencia y
filosofía. Que a una gran parte de la humanidad las riquezas espirituales les
sean
expropiadas por
estarsometida al imperio del trabajo asalariado. Lamisma humanidad que, aunque
genera la riqueza
material de nuestro mundo no usufructúa ningún tipo de bien sea económico o
artístico. Mientras
la producción es social la apropiación es privada. De ahí que el apoyo a los
condenados de la
tierra pasa por el marxismo ypor Zuleta en cuestionar ytransformarla estructura
de una sociedad que
produce la miseria de esos explotados, y no, la escapatoria individualista que
mediante la limosna
o la caridad cristiana desestima la transformación estructural.
En cualquier
circunstancia en que nos encontremos, debemos luchar siempre en favor de
los explotados
contra los explotadores, de los dominados contra los dominadores, de los
que son más
vulnerables contra los que son más poderosos, sin que pensemos que a partir
de cierto momento
todo eso desaparecerá (Zuleta, 2008)
208
Hablan por el mismo
Zuleta las palabras que utilizó para referirse a Marx: “Siempre se declaró
situado, y situado
en un campo; en un campo que era definido precisamente por él como el campo
de los explotados”
(Zuleta, 1987, p.10).
Consideraciones
finales
Para concluir,
propongo redondear sobre el contenido de lo que ha sido expuesto. El primer
capítulo tuvo más
una fuerza histórica que conceptual, en aras de ofrecer un panorama para hacer
notar lo que era
más relevante en la investigación, la capacidad articuladora del pensamiento de
Marx cuya huella
quedo impregnada en sus estudios. De tal manera, como permiten evidenciarlo
los demás capítulos
esa huella permaneció imperecedera en Zuleta; en sus aportes y desarrollos
encontramos los
conceptos y planteamientos del marxismo en su pensamiento.
Pero esa huella,
tal como vimos no fue una mera calca en Zuleta, sino que tuvo su apropiación
singular y
correspondiente contribución del pensador colombiano, es decir, Zuleta apropio
el
marxismo
expandiéndolo, haciendo aportes propios y resinificándolo en algunas de sus
ideas,
llevándolo a decir
cosas que antes no habían sido dichas por Marx ni por otros marxistas.
Particularmente
desde el tercer capítulo logramos ver esas contribuciones de Zuleta y que
fueron
identificadas desde
la pregunta rectora que guio este trabajo, al interrogar sobre la apropiación
de
las fuentes
integrantes del marxismo en Zuleta.
209
Una construcción de
corte histórica es posible realizar contando con los resultados obtenidos en la
investigación y que
me permiten situar con cierta precisión el desarrollo de las ideas marxistas y
la manera en que la
articulación de las fuentes integrantes se iba dando en Zuleta. Lo visto en los
cuatro capítulos
que fueron trabajados en esta monografía se puede representar gráficamente de
la
siguiente manera.
Figura 3: Derrotero
de la articulación de las fuentes. Elaboración propia.
Vimos que hacia los
años sesenta Zuleta llego al marxismo por la vía de la fuente socio-política, a
partir de la
situación que vivía el país por aquellos años, en medio de la oleada de
violencia que se
seguía dando, el
Frente Nacional y la efervescente lucha revolucionaria que suponía la esperanza
de transformación a
todo lo anterior, Zuleta se vio arrojado al estudio del marxismo desde un
ánimo de praxis
revolucionaria, con espíritu de cambio y de intervención ante la injusticia
imperante, los
sesenta coinciden con su breve militancia en el PCC, su experiencia junto con
Mario
Arrubla en la
revista Estrategia cuyo propósito era la de servir de órgano teórico para el
naciente
(PRS) Partido por
la revolución socialista que esperaban impulsar en Colombia, dan cuenta de las
búsquedas iniciales
de Zuleta en el marxismo, lo que marcaba sus intereses y desde donde se
planteaba una serie
de preguntas y posibles respuestas.
210
Luego, al vivir lo
que fueron fracasos políticos por no poder concretar la praxis revolucionaria
que
buscaba, en Zuleta
tales experiencias no hacen que abdique del marxismo ni de la revolución. Por
el contrario, se
cualifica su formación marxista apropiando una vertiente fundamental del
materialismo
histórico. Así coincide el periodo de los años setenta con la recepción y el
desarrollo
en Zuleta de una
fuente integrante del marxismo, la economía política. Predominan para esta
época
los análisis y
estudios del modo de producción capitalista, tal como vimos en la tercera parte
(El
Marxismo en Marx).
También sucederá que para estos años setenta Zuleta hará más enfática su
interpelación
crítica sobre las experiencias socialistas, sin dejar de lado la piedra angular
del
marxismo que es la
crítica al capitalismo desde el estudio de la economía política.
El tema es que el
marxismo en Zuleta va dialogando, de un lado con la apropiación teórica y su
desarrollo
conceptual y de otro, con la situación concreta, la problemática contemporánea
en
Colombia o el
mundo. Es decir, un dialogo con la realidad, interpretando el desarrollo del
capitalismo desde
casos concretos como se ejemplificaba en la última sección del capítulo cuarto
cuando referencie
el curso de Zuleta Teorías políticas contemporáneas, donde también se
abordaban asuntos
sobre lo que había sido y estaba siendo de las experiencias políticas
socialistas
que decían basarse
en el marxismo. Por su transcurso, por las contradicciones yerrores que a
juicio
de Zuleta se
cometieron, se aprecia en su obra un retorno reflexivo del marxismo que se hace
en
clave filosófica,
pero ojo, no a la manera hegeliana sino desde aquella singularidad que es la de
pensar desde
problemas de carácter universal que habían sido abordados desde referentes
filosóficos, como
la relación entre la ciencia y la política que remiten a un problema esencial
para
el marxismo, el de
la praxis que se caracteriza precisamente por la búsqueda de la articulación
entre teoría y
practica
211
Es así pues, según
las búsquedas que he realizado que se puede dar cuenta de la articulación de
las
fuentes integrantes
en Estanislao Zuleta, aclarando, por supuesto, que es en torno al marxismo,
puesto que en
Zuleta éste no fueel único pensamiento o teoría que fueron abordados. Sería
absurdo
considerar que por
ejemplo la filosofía sólo vino a estar presente en Zuleta hacia los años
ochenta.
Es según desde el
marxismo que se puede rastrear el derrotero de la articulación que se fue
enhebrando en la
obra de Estanislao Zuleta, donde a partir de lo que caracteriza a las fuentes
(ciencia, filosofía
o política) se denotaban unos acentos en su pensamiento, unos momentos de
apropiación que le
daban algún lugar y peso a las fuentes.
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